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	<title>Alberto Lacasa</title>
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	<description>Autor de &#34;Madreperla&#34;</description>
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		<title>Impuestos y libertad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[asdafsdfsd]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 May 2026 08:22:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
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					<description><![CDATA[Cuando el bitcoin se convirtió en mainstream, me propuse entender su funcionamiento técnico y económico. Era la época en la que parecía que el blockchain cambiaría la forma en que gestionamos los activos, especialmente los digitales y, singularmente, las monedas. Leí algunos libros complementarios que reflexionaban sobre ello para comprenderlo de principio a fin. El [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2026/05/impostos-i-llibertat-1024x683.png" alt="" class="wp-image-81" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2026/05/impostos-i-llibertat-1024x683.png 1024w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2026/05/impostos-i-llibertat-300x200.png 300w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2026/05/impostos-i-llibertat-768x512.png 768w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2026/05/impostos-i-llibertat.png 1536w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el bitcoin se convirtió en mainstream, me propuse entender su funcionamiento técnico y económico. Era la época en la que parecía que el blockchain cambiaría la forma en que gestionamos los activos, especialmente los digitales y, singularmente, las monedas. Leí algunos libros complementarios que reflexionaban sobre ello para comprenderlo de principio a fin.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El diseño técnico me maravilló, pero respecto a sus propiedades para convertirse en la herramienta con la que los bancos centrales, los fondos de inversión y nosotros mismos garantizaremos nuestra riqueza de la misma manera que ahora lo hacemos con el oro o los dólares, tengo mis reservas, aunque debo reconocer que el bitcoin ha ganado espacios de legitimidad. Sus defensores le atribuyen todas las virtudes necesarias para sustituir a los dos grandes valores de referencia: es escaso, duradero, divisible, fungible, verificable… Y, además, es más rápido que operar con oro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El argumentario, sin embargo, no termina ahí. Destacan también su privacidad. Sin entrar en detalles, los bitcoin se acumulan en una especie de cuentas bancarias representadas por códigos alfanuméricos que no están asociados a ningún nombre. Por tanto, potencialmente cualquiera podría operar con su dinero sin supervisión del Estado. Y es que, dicen, el Estado sabe demasiado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hay duda de que la voracidad de la administración por obtener datos nuestros es desmesurada. Conocer nuestras transacciones no solo proporciona información sobre nuestra economía, sino también sobre lo que hacemos, adónde vamos, qué nos gusta, con quién nos relacionamos… ¿Es necesario que el Estado sepa todo eso?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La libertad individual, una de las bases sobre las que se sustenta el humanismo que forjó las democracias contemporáneas, encuentra en el Estado a veces un aliado y a veces un enemigo. La aspiración de los gobernantes por obtener datos de sus rivales internos para presionarlos, perseguirlos, desprestigiarlos o incluso asesinarlos es tan antigua como la humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por desgracia, no hace falta remontarse mucho ni irse demasiado lejos para encontrar ejemplos. Los envenenamientos de los opositores a Putin son, quizá, los ejemplos más extremos de la Europa contemporánea. Pero en la propia España tenemos a un músico en prisión por acusar de ladrón al rey emérito (sic), encarcelamos durante una semana a dos titiriteros acusados de terrorismo, infiltramos policías en colectivos tan peligrosos como los profesores, y creamos, manipulamos y pervertimos pruebas, además de realizar escuchas ilegales, a decenas de personas por un delito despenalizado desde tiempos de Aznar, lo que acabó con condenas injustas y exilios. Todo ello con el beneplácito o la mirada estrábica de los medios que, en muchos casos, actúan como caja de resonancia del discurso que más interesa a los gobernantes. Y, por desgracia, probablemente España no sea una excepción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los riesgos de que alguien, ya sea la administración u otra institución, acumule demasiada información privada son altos. El conocimiento de dónde gastamos nuestro dinero no es neutro y puede utilizarse contra los ciudadanos que no pertenecen al grupo que gobierna. No es, por tanto, una cuestión menor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, los defensores del bitcoin, en realidad, no hablan de nada de todo esto. Al contrario, nos alertan de que la administración lo hace para exigirnos después el pago de impuestos. Unos impuestos que sirven para financiar sus corruptelas, lo que legitima el uso de la tecnología que elude los controles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los humanos, como animales sociales, siempre hemos renunciado a espacios de libertad individual en favor del colectivo. Por tanto, un discurso que rechace completamente que puedan exigirse responsabilidades económicas hacia el grupo huye de la condición humana por puro egoísmo. Pero la discusión sobre si los impuestos se ajustan a lo que deberíamos pagar es legítima. Siempre podremos preguntarnos si pagamos suficiente, demasiado, si el conjunto recibe suficiente compensación por aquello que aporta y si distribuimos bien las cargas fiscales. No negaré que los impuestos reducen la libertad de quien los paga. Perdemos margen de decisión sobre a qué destinamos nuestros recursos, desde la cerveza más banal que dejamos de comprar, hasta el reciclaje formativo que nos permitiría ascender profesionalmente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero si nos mantenemos en este esquema de ejercicio y privación de libertades, es necesario reconocer que también las otorgan. Los recursos no solo van a aprovechados y corruptos —y corruptores, los grandes olvidados—. También compran tiempo o margen —y, por tanto, libertad— a quienes reciben esos recursos de forma justa. El extremo más difícil de rebatir son los años de vida extra para enfermos que no habrían podido pagarse el tratamiento. Décadas de libertades imposibles de disfrutar desde el camposanto. Desde esta perspectiva, incluso el que paga impuestos y tiene la fortuna de no recibir un tratamiento de coste prohibitivo gana capacidad de gasto porque no se ve obligado a ahorrar para cubrirse de las contingencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las cuestiones más interesantes relacionadas con los impuestos no tienen nada que ver con la capacidad recaudatoria —ni con los “metadatos” que la administración obtiene de ellos—, sino con la asignación de recursos, el exceso de burocracia, la fijación de prioridades e incluso la definición de cuáles son los niveles óptimos de impuestos —después de debatir para conseguir qué—.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Reducir la comprensión de las libertades individuales al derecho a no pagar impuestos es una trivialización de los fundamentos democráticos que, por desgracia, se ha extendido por la sociedad. Lo que delata este discurso es el total desinterés que sus defensores muestran hacia otras libertades. Tampoco nunca, o casi nunca, se oponen a empresas que acumulan la misma o incluso más información. Ni siquiera cuando ese poder les permite apropiarse de nuestra riqueza de una forma más o menos directa, situadas en posiciones privilegiadas dentro de las cadenas de valor productivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta donde soy capaz de ver el futuro, tendremos que defendernos de la persecución de la administración y de sus connivencias. Debemos estar alerta. Las minorías, los colectivos minorizados, las oposiciones ―de derechas y de izquierdas, esto va por barrios―, los movimientos alternativos y, de hecho, los ciudadanos en general están hoy peor que hace una década. Es aquí donde hay que centrar la defensa del individuo como individuo libre, donde debemos plantar cara para defendernos de los abusos de las maquinarias estatales. De todos sus mecanismos, el de apropiarse de una parte de nuestro dinero no es, ni de lejos, el más limitante para nuestras libertades. No niego la necesidad de esos debates. ¿Están los impuestos en el nivel que toca? ¿Qué obtenemos colectivamente? ¿Para qué los hace servir la administración? Es necesario y legítimo. Pero reducir el concepto impuestos a aniquilación de libertad y gasto público a corrupción es infantil. Confunde su alcance e importancia, y toma una parte pequeña por el todo.</p>
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		<title>Información rica en colesterol</title>
		<link>https://www.albertolacasa.com/es/2025/12/18/informacion-rica-en-colesterol/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[asdafsdfsd]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Dec 2025 14:56:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph">El fenómeno de la creación de noticias falsas y su sistematización no es en absoluto nuevo. En <em>El gran rumor</em>, el experto en rumorología Marc Argemí, analiza las estrategias que siguieron las autoridades inglesas durante la Segunda Guerra Mundial. Al leerlo, te das cuenta de que las fórmulas actuales son las mismas que ya se utilizaban entonces, con el único añadido de que las redes sociales e internet se han demostrado un terreno fértil para hacerlas crecer y popularizarlas. Basta con un pequeño grupo de mentirosos para construirlas; del resto nos encargamos los demás, distribuyéndolas de manera acrítica cuando encajan con nuestros prejuicios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá si los medios tradicionales no sufrieran un gran descrédito social —ganado a pulso— la situación sería menos grave, porque, a pesar de todo, los mecanismos de control de la veracidad que ofrecían eran mejores que los actuales. Pero antes de poder investirlos de nuevo con esta responsabilidad, tendrán que repensarse, porque el <em>tsunami</em> de la desinformación es tan grande y devastador que también los ha transformado a ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El papel de los medios de comunicación clásicos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe una gran controversia sobre el papel de quienes han sido históricamente nuestra fuente de información. Su función social era —y es— explicarnos qué pasa en el mundo y darnos elementos de criterio para formarnos una opinión propia. Gestionaban nuestra dieta informativa, que todos queremos equilibrada y sana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto implica selección y priorización —de las que hablaremos más adelante—, condicionadas por la mirada del medio en cuestión. Es un juego de equilibrios entre el editor —que es la propiedad y tiene intereses cruzados políticos y económicos—, la dirección —que debería resultar incómoda para el editor—, los lectores —la verdadera razón de ser—, los anunciantes —que representan el grueso de los ingresos— y, por supuesto, multitud de grupos de interés —políticos, económicos, sociales…—. Todas estas partes mantienen un delicado juego de equilibrios que, bien gestionado y aunque pueda generar suspicacias, ha demostrado ser funcional durante muchos años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el centro están —o deberían estar— los ciudadanos, con necesidades distintas según la persona, la proximidad a los hechos, e incluso el momento del día… Y los medios, según su naturaleza, responden a ellas: la radio con inmediatez, la televisión haciendo tangible la noticia, y la prensa, con profundidad y análisis.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Información plana vs. jerárquica</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">A primera vista, internet parece ofrecerlo todo: más rápida que la radio, tan visual como la televisión y con acceso al análisis gracias a blogs como este. Un avance maravilloso, deslumbrante, que yo mismo defendí con vehemencia, convencido de que espolearía a los medios tradicionales a mejorar. El empujón que necesitaban para inclinar la balanza a favor de los lectores tras años en los que los intereses económicos habían primado. Me equivoqué.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay tanta gente publicando que el valor del contenido ha disminuido —y, en consecuencia, también la capacidad de pagarlos y, por tanto, el tiempo dedicado a elaborarlos y, finalmente, su calidad—, con incentivos muy perversos, como la primacía de la velocidad sobre la veracidad —es más costoso no haber sido el primero en publicar que la reina Isabel ha muerto que tener que corregirse porque todavía estaba viva—.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluso si asumimos que la voluntad de estos publicadores independientes es honesta, es imposible leerlo todo. Dejando de lado el problema de los algoritmos —lo recuperaremos más adelante—, la recepción de la información no tiene cribado. Es demasiado plana —o lo parece—. Esto hace recaer sobre nosotros, los ciudadanos, el esfuerzo de identificar qué es relevante. Esta tarea, en un periódico, la realiza una redacción, donde trabajan equipos que, además, disponen de herramientas —notas de prensa, teletipos de agencia, contactos…—. Es una labor inalcanzable para una sola persona.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí es donde el modelo de los medios tradicionales se vuelve indispensable. Su principal misión es, precisamente, señalar qué es relevante y qué no. En otras palabras, jerarquizar la información. La alternativa —seductora— es la falacia de hacerlo nosotros mismos. En realidad, esta ilusión de libertad nos deja a la intemperie frente a las acometidas de los intereses de los creadores de contenido, sean o no <em>fake news</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Internet y el formateo de la información</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La información siempre llega a través de una forma que la organiza. El titular, la fotografía o la estructura del texto son elementos que condicionan la impresión que se lleva quien la recibe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cualquiera que quiera hacer un periódico en papel debe atender a unas reglas. Los lectores a menudo ni siquiera son conscientes de que existen —esa aparente banalidad es su fuerza y conlleva una gran responsabilidad, porque se puede hacer un mal uso de ellas—, pero, si desaparecieran, las echarían de menos. Por ejemplo, nadie aceptaría que, al pasar la primera página de un diario generalista, se encontrara una sección de entretenimiento —como pasatiempos o deportes— en lugar de una considerada “importante” —como internacional o política—.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluso los artículos tienen una estructura que los hace inteligibles:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>El titular resume la esencia de la información con rigor —con mirada propia, pero honesta, y claramente separada de la opinión—. Este punto es fundamental: si no quiero profundizar, leer el titular debe ser suficiente.</li>



<li>Hay destacados, que permiten saber un poco más, sin entrar todavía en el detalle.</li>



<li>Finalmente, el cuerpo del texto, que va de lo más relevante a lo más específico, de modo que puedes abandonar la lectura cuando sientes que no necesitas profundizar más, sin perder elementos clave.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Todo esto requiere de oficio y solo los buenos cocineros le encuentran el punto a la sal. Pero Google llegó a comienzos de siglo y cambió las reglas del juego. Los formatos antiguos estaban desfasados porque no eran óptimos para el consumo online. Desde el principio insistieron a los creadores de contenidos en la importancia de la longitud de los artículos —ni demasiado cortos, ni demasiado largos— y en la presencia —a ser posible con repeticiones— de las palabras que los usuarios utilizan para encontrarlos, cuanto más cerca del inicio del artículo, mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, muchas publicaciones ni tienen la longitud adecuada para lo que quieren explicar ni empiezan por lo más importante. Saben que nos saltamos su lectura, pero un relleno inicial con un montón de palabras relacionadas mejora los resultados de las búsquedas. Esto es muy evidente en las recetas de cocina, que a priori no requieren grandes explicaciones, pero que suelen iniciarse con contenido irrelevante para la preparación, como este estofado de <em>Directo al paladar</em>.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="895" height="410" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/12/image.png" alt="" class="wp-image-65" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/12/image.png 895w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/12/image-300x137.png 300w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/12/image-768x352.png 768w" sizes="(max-width: 895px) 100vw, 895px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Google también estableció un mecanismo para dar autoridad a las páginas —dependiendo del número de visitas y no de la calidad intrínseca del texto— que, además, se transmite a otras si la página con autoridad tiene enlaces. Como consecuencia, si quieres promocionar un artículo, tienes que citarlo en otras publicaciones, lo que provoca que los periodistas fuerzan la presencia de referencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El golpe final llega con la popularización del consumo de contenidos a través del móvil. Todos los contenidos en línea se han adaptado a él. La filosofía de diseñadores y programadores es <em>mobile first</em>: el contenido se maqueta primero para el móvil y después se adapta al resto de pantallas. El impacto más obvio son las fotografías, que han dejado de hacerse apaisadas, aunque suelen ser la mejor opción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Naturalmente, los medios tradicionales no han sido ajenos a este formateo visual y de jerarquía de la información que, a su vez, nos formatea a nosotros mismos. Ya no va de calidad, sino de volumen. Se buscan las visitas, no que entiendas. Por eso interpretar la realidad es hoy mucho más difícil, como si viviéramos en un McDonals informativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comparemos un mismo día en un mismo medio: la portada de <em>La Vanguardia</em> del lunes 15 de diciembre de 2025 muestra claramente los dos temas principales. Es fácil fijar la vista y dedicarles unos segundos, para después repasar rápidamente pequeños temas que están en la periferia. Fácil.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="632" height="813" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/12/image-1.png" alt="" class="wp-image-66" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/12/image-1.png 632w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/12/image-1-233x300.png 233w" sizes="auto, (max-width: 632px) 100vw, 632px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La versión web cambia un poco en función de la hora, pero tiende a mantener el contenido todo el día. Claramente buscan el equilibrio entre la inmediatez y la apuesta por ciertos contenidos. Los temas que están más arriba —lo que, como lectores, entendemos como más importante— tienen todos un tamaño similar y representan cuatro temáticas no relacionadas. Comprenderlo de un vistazo ya no es tan fácil como en el papel. Después hay un bloque de tres artículos relacionados bien estructurados, pero enseguida tenemos la sección de actualidad, con tres artículos desconectados entre sí. Cuesta más entender qué es importante y, por eso, es más probable que nos deslicemos por encima.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="513" height="945" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/12/image-2.png" alt="" class="wp-image-67" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/12/image-2.png 513w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/12/image-2-163x300.png 163w" sizes="auto, (max-width: 513px) 100vw, 513px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El móvil es precisamente el medio más confuso, porque es sencillamente un hilo de noticias desconectadas unas de otras, como se puede ver en este vídeo:</p>



<figure class="wp-block-video"><video height="480" style="aspect-ratio: 852 / 480;" width="852" controls src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/12/lv.mp4"></video></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Se hace imposible llevarse una imagen clara de qué es importante y qué no. Y recordemos que el diseño crece del móvil a las pantallas grandes, lo que las contamina. Pero eso no es todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Salud, psicología, tecnología y las nuevas jerarquías transparentes</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema de los soportes clásicos —TV, radio y prensa— con el exceso de dependencia de la publicidad se ha agravado. Para los “nuevos” medios gratuitos, el lector no es más que la oportunidad de impresionar un anuncio en un dispositivo y cobrar un poco de dinero. Para ser rentables, se necesitan muchas de estas impresiones. Y, como es lógico, estos consumidores de publicidad se cazan en los buscadores —que ya hemos analizado superficialmente— y en las redes sociales, que tienen una lógica interna completamente distinta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En sus webs y aplicaciones, las redes muestran los titulares de los artículos. Si estos cumplen su función —resumir la noticia—, los clics caen en picado —y, a su vez, las deseadas impresiones publicitarias—. Por eso ahora sufrimos esta lacra de titulares que, en lugar de explicar, preguntan (“los cinco tips para saber si…”, “no creerás lo que le dijo el futbolista al entrenador después del partido…”), lo que rompe por completo la lógica informativa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra forma de generar visibilidad es a través de las interacciones. Cuanto más polémico sea el artículo, mejor. Da igual que los comentarios sean críticos. Incluso el hecho de que un usuario abra el hilo de comentarios —aunque solo quiera leer sin participar— ya tiene un impacto positivo en el posicionamiento. Por eso medios serios se han abonado a poner el enlace de la noticia en el primer comentario, en lugar de en el encabezado, donde sería natural. Los usuarios abren el hilo, lo que las redes computan como interés.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y falta una tercera pata, silenciosa pero hoy muy relevante: los agregadores tipo <em>Google Discovery</em> o <em>MSN</em>, que muchos tenemos en el móvil y el ordenador. Están llenos de artículos “blancos” sobre salud, psicología, tecnología, famosos… Con el menú gigantesco de opciones que tenemos, el premio se lo lleva lo llamativo, claro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los lectores no abren un artículo sobre la importancia de comer legumbres —eso ya lo saben—; van al que detalla los riesgos de ingerir gluten —aunque esté lleno de imprecisiones científicas y sea contraproducente—. No leen el que describe por qué superar una depresión cuesta tanto, sino el que explica los cuatro pasos infalibles para lograrlo, como si fuera un manual —absurdo— que hace más daño que bien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas prácticas, propias de pseudomedios, también las utilizan las grandes cabeceras. De cara al público, nos muestran las “noticias” en un formato más clásico —aunque imperfecto, como hemos visto—, pero por detrás sus webs se están llenando de contenidos premiados por los “proveedores” de usuarios —buscadores, redes y agregadores—.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El sueño de la información plana, sin jerarquías, con la que podíamos fijar nuestros criterios, ha apuntalado una nueva jerarquía dominada por los algoritmos. Por si fuera poco y como es sabido, los algoritmos nos dan más raciones de lo que nos gusta, por lo que el sueño de la autogestión de la dieta informativa tiene un sesgo brutal. No solo condicionan lo que vemos —lo más polémico—, condicionan lo que se escribe —que necesita ser llamativo—, con el obvio impacto en la propia estructura de la información. El problema, por tanto, no son solo las <em>fake news</em>, sino el sistema en su conjunto.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La historia, que no se repite, pero rima</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La prensa ya vivió un proceso similar con la aparición de la <em>penny press</em>. Hasta mediados del siglo XIX, solo los ricos podían permitírsela, pero la aparición de la máquina de vapor y la impresión automática democratizaron su acceso. Por un penique podías comprar un tabloide, pero con un gran coste oculto: la competencia, feroz, llamaba la atención con sensacionalismo que, a su vez, genera inseguridad ciudadana y miedos sociales compartidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos una época similar en lo informativo. Demasiada información no sirve para entender la realidad, sino que, más bien, la vuelve incomprensible. Y como el clic lo gana el sensacionalista, todos los medios lo son más de lo que eran, lo que amplifica los miedos sociales sin atender a ninguna realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La jerarquía de contenidos es justo lo que da sentido a dejar que alguien decida por ti dónde poner la mirada. Su asuencia es, en realidad, una jerarquía transparente y banal. Indetectable, pero presente. Que ya no domina una redacción, sino un algoritmo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si los medios mezclan artículos de calidad con otros vacíos de contenido, los lectores tenemos que volver a trabajar para separar el grano de la paja. Voluntariamente o no, alimentan la rueda de la desinformación en la que vivimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora se nos presenta el reto de la IA generativa. Los pioneros en analizar cómo afectará a las búsquedas de los usuarios —y, por tanto, al reparto del pastel de las visitas— nos dicen que lo más importante será la forma en que se conectan las ideas en el texto. Veremos qué ocurre. Pero, de nuevo, la forma natural de explicar los hechos se verá condicionada y podríamos dar un paso más en la dirección equivocada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La desaparición de los aspectos negativos de la <em>penny press</em> llevó décadas, con la especialización de la prensa —algunos medios se quedaron con el “amarillismo”— y la consolidación de los grandes diarios urbanos —ver el mundo desde un lugar con mirada propia—.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Abandonar el colesterol informativo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Otorgar a las cabeceras la confianza de la selección de contenidos no implica hacerlo de forma acrítica. Es una gran responsabilidad y hay que exigirles en consecuencia. Han cometido muchos errores —y aún los cometen— y hay que estar alerta. Quizá necesitemos nuevos actores, no lo sé.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sea como sea, alguien tiene que ayudarnos a escapar de la lógica del algoritmo. Que jerarquice y elija bien y nos evite el esfuerzo titánico de separar qué es cierto y qué es falso, qué es importante y qué es prescindible. No hace falta que haga la misma selección que haríamos nosotros; por eso es bueno tener más de un medio de referencia. Y, obviamente, no hay que abandonar internet; más bien aprovechar lo que hemos aprendido en lo analógico para mejorarlo, y no al revés.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las sociedades sanas son capaces de tener debates sobre temas que afectan de verdad al día a día. El papel de los medios ha de ser generar el contexto donde eso es posible. Con toda seguridad, la respuesta está más en el contenido propio que en las visitas y las audiencias, que no pueden ignorar, pero tampoco deben ser la medida de su éxito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los medios han de recuperar un modelo informativo funcional, o sufriremos las consecuencias de un sistema esclerótico, incapaz de debatir sobre temas importantes, taponado por el exceso de noticias falsas e irrelevantes. Y los ciudadanos, asumir que ellos solos no pueden. Que el triaje previo es imprescindible, y que quedar en manos del youtuber o tiktokero de turno  —o grupo de ellos— los deja a su merced.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí está en punto donde las dos partes se necesitan. Esperemos que nos demos cuenta antes de que llegue el infarto, o pagaremos las consecuencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>La moda del plano secuencia</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Oct 2025 11:26:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Narrativa]]></category>
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					<description><![CDATA[El recurso del plano secuencia en el cine y las series se ha convertido en una herramienta de marketing. Es la última moda. Una parte importante de los estrenos destaca por momentos de virtuosismo o expresividad en escenas clave o, incluso, en el metraje completo. Adolescence, The Studio, Colapso, Kidding, Vidas Pasadas, Presence o Better [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">El recurso del plano secuencia en el cine y las series se ha convertido en una herramienta de marketing. Es la última moda. Una parte importante de los estrenos destaca por momentos de virtuosismo o expresividad en escenas clave o, incluso, en el metraje completo. <em>Adolescence</em>, <em>The Studio</em>, <em>Colapso</em>, <em>Kidding</em>, <em>Vidas Pasadas</em>, <em>Presence</em> o <em>Better Man</em> son solo algunos ejemplos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando los realizadores toman esta decisión, tienen en cuenta lo que la técnica les aporta. Pero no hay que perder de vista también lo que les quita. Para entenderlo, me gustaría comparar dos escenas con premisas similares: una rodada en continuidad y otra, montada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sabemos que un plano secuencia no es más que un plano anormalmente largo, que puede durar desde unos segundos hasta más de una hora. Pero esta definición no basta para comprenderlo en profundidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El campo/contracampo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, los primeros rodajes de los Lumière eran largos y estáticos. ¿Podríamos considerarlos planos secuencia? No exactamente. Porque no existía la conciencia de que se podía hacer de otra manera. No era un recurso: era, sencillamente, la única forma de hacerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que da forma al cine tal como lo entendemos se desarrolló, sobre todo, a lo largo de la década de 1910. Se dieron cuenta de que la realidad fotografiada podía fragmentarse. El espacio y el tiempo son dúctiles, flexibles y plásticos en el cine. La principal consecuencia de esto es lo que conocemos como montaje. En definitiva, descubrieron los elementos constitutivos básicos de una secuencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De forma esquemática, las escenas tienen:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Inicio</strong>: se presenta en plano general, para situar.</li>



<li><strong>Desarrollo</strong>: dos personajes toman el protagonismo y se muestran sus reacciones faciales de forma alternativa. A esto lo llamamos campo/contracampo, y permite infinitas variantes. La cámara puede acercarse o alejarse, mostrar escorzos, eliminar o añadir obstáculos entre el objetivo y el personaje&#8230;</li>



<li><strong>Clausura</strong>: volvemos al plano general y cerramos la secuencia.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir, empezamos en plano general, pasamos a planos cortos y terminamos, de nuevo, en plano general.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="801" height="480" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image.png" alt="" class="wp-image-43" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image.png 801w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-300x180.png 300w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-768x460.png 768w" sizes="auto, (max-width: 801px) 100vw, 801px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Podemos verlo en una de las primeras secuencias de <em>Los Soprano</em>, cuando Tony visita a la psicóloga. La entrada a su despacho es en plano general (1), seguida de un campo/contracampo (2, 3) y, finalmente, cuando el mafioso se marcha enfadado, regresamos al plano general (4).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además de mostrar a los dos personajes, también hay otra herramienta: el plano detalle. En la vida, los ojos y el cerebro forman un equipo magnífico capaz de ignorar la inmensa cantidad de información irrelevante del entorno. La cámara necesita del montaje y del plano detalle para simularlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>Crimen Perfecto</em>, un hombre contrata a un asesino para acabar con la vida de su esposa. Le pide que se esconda detrás de una cortina cercana al teléfono antes de que él llame a una hora concreta. Inocentemente, ella se acercará y él solo tendrá que estirar el brazo.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="850" height="241" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-4.png" alt="" class="wp-image-47" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-4.png 850w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-4-300x85.png 300w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-4-768x218.png 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">A punto de esconderse, el asesino consulta el reloj, y es gracias al plano detalle (y, por tanto, al montaje) que sabemos que está a punto de llegar la hora.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La renuncia al campo/contracampo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La radicalidad del plano secuencia consiste, precisamente, en renunciar al recurso del campo/contracampo: a su versatilidad y a su capacidad de centrarse en lo importante. De alguna forma, el montaje nos permite ver lo que se esconde detrás de la imagen con un simple corte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si la cámara enfoca a Tony Soprano y es un plano secuencia, la única manera de mostrar las reacciones de la psicóloga es girando la cámara, lo que nunca será tan inmediato como un corte. O, en el caso de <em>Crimen Perfecto</em>, tendremos que imaginar la hora y percibir la tensión mediante otros recursos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A cambio, el plano secuencia ofrece naturalidad. En realidad, es muy abstracto lo que hace el cine al cambiar el punto de vista mediante cortes. Rodar en continuidad se asemeja más a nuestra experiencia humana, como si fuera subjetiva. Lo acerca al documental. Es lo que ocurre, por ejemplo, en <em>Presence</em>, la última película de Soderbergh, rodada con planos secuencia desde el punto de vista de un fantasma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como los espectadores están educados en la estructura de las secuencias (plano general, campo/contracampo, plano general), un plano general después de una conversación rodada campo/contracampo, les anticipa que la escena se acaba. El plano secuencia es más imprevisible. Nada visual advierte del final.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Una historia, dos soluciones</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Analicemos dos escenas con premisas similares: los finales de <em>Los puentes de Madison</em> y <em>Vidas pasadas</em>.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Son triángulos amorosos. En ambos casos, ellas tienen pareja estable.</li>



<li>Tratan sobre un amor deseado pero imposible. En <em>Los puentes&#8230;</em>, el amante representa experimentar la vida a la que ella había renunciado por responsabilidad. En <em>Vidas pasadas</em>, se trata literalmente de consumar el amor platónico de la infancia.</li>



<li>Son escenas de despedida: ellas decidirán seguir con sus parejas actuales.</li>



<li>Son elegantes y sobrias. No sobra ni falta nada.</li>



<li>Son poco dialogadas, lo justo para reforzar ciertos puntos. Son, por tanto, muy cinematográficas: de acción más que de verbo.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">La solución, sin embargo, es muy distinta:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><em>Los puentes de Madison</em> utiliza el clásico campo/contracampo.</li>



<li><em>Vidas pasadas</em> es casi un plano secuencia. Ya hablaremos de ese “casi”.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La expresividad del campo/contracampo en <em>Los puentes de Madison</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Clint Eastwood aprovecha muchas de las herramientas que aporta el montaje tradicional, imposibles de obtener con un plano secuencia:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Nos muestra con detalle las reacciones de ambos personajes.</li>



<li>Sumando otros recursos para que el punto de vista sea el de ella (escuchamos sus pensamientos, vemos lo que se ve desde su coche y no al revés&#8230;), va más allá: la cámara está siempre más cerca de ella que de él. Es una forma sutil de ponerse del lado de ella.</li>
</ul>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="576" height="165" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-6.png" alt="" class="wp-image-49" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-6.png 576w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-6-300x86.png 300w" sizes="auto, (max-width: 576px) 100vw, 576px" /></figure>



<ul class="wp-block-list">
<li>En el intercambio de campo/contracampo, un plano refuerza la soledad y el patetismo de él bajo la lluvia, en medio de la calle. Con un plano secuencia, habría que decidir entre acercarse o alejarse.</li>
</ul>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="849" height="478" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-8.png" alt="" class="wp-image-51" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-8.png 849w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-8-300x169.png 300w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-8-768x432.png 768w" sizes="auto, (max-width: 849px) 100vw, 849px" /></figure>



<ul class="wp-block-list">
<li>Cuando la tensión aumenta, se cierra hasta un primer plano para acentuar el dramatismo.</li>
</ul>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="850" height="478" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-7.png" alt="" class="wp-image-50" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-7.png 850w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-7-300x169.png 300w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-7-768x432.png 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></figure>



<ul class="wp-block-list">
<li>Gracias al plano detalle, podemos ver claramente cómo ella duda al agarrar el picaporte de la puerta para marcharse.</li>
</ul>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="850" height="474" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-5.png" alt="" class="wp-image-48" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-5.png 850w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-5-300x167.png 300w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-5-768x428.png 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></figure>



<ul class="wp-block-list">
<li>Y lo más sutil: sin montaje, un movimiento dura lo que dura. Con montaje, un movimiento puede estirarse como un chicle, para reforzarlo y aumentar el dramatismo. A esto lo llamamos “dilatar el tiempo cinematográfico”. Eastwood lo utiliza cuando su personaje desaparece para siempre. Los dos coches, el de él y el de ella con su marido, están detenidos en un semáforo. Se pone en verde y el primero gira a la izquierda; la pareja sigue recto. Todos entendemos que es la última oportunidad que ella tendrá para verlo. Primero, vemos el movimiento desde el frontal del coche de ella; después, desde dentro; y, finalmente, desde atrás. Con un único plano, habría sido imposible insistir tanto.</li>
</ul>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="576" height="338" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-3.png" alt="" class="wp-image-46" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-3.png 576w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-3-300x176.png 300w" sizes="auto, (max-width: 576px) 100vw, 576px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El silencio tenso del plano secuencia en <em>Vidas pasadas</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Renunciar a este catálogo de emotividad es arriesgado y debe hacerse con un objetivo concreto. En <em>Vidas pasadas</em>, Celine Song, la directora, quiere que sintamos el silencio<strong> </strong>entre ellos en el momento previo a la despedida. Esto justifica el plano largo, casi eterno, que nos incomoda tanto como a ellos.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="851" height="455" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-2.png" alt="" class="wp-image-45" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-2.png 851w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-2-300x160.png 300w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-2-768x411.png 768w" sizes="auto, (max-width: 851px) 100vw, 851px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Celine demuestra inteligencia porque, cuando los personajes hablan, el recurso se vuelve limitante. No podríamos ver las reacciones de él. En lugar de atar el destino del relato a un único recurso narrativo, toma la decisión de cortar a un campo/contracampo clásico.<br>Finalmente, cuando él se ha ido, el plano vuelve a la continuidad sin cortes. La acompañamos a ella de camino a casa, sola y llorosa. El plano tiene mucha fuerza porque nos permite asumir que sabe que ha hecho lo correcto, pero ha dejado escapar el deseo. Caminar a solas con ella subraya el dramatismo a la perfección.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="851" height="459" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-1.png" alt="" class="wp-image-44" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-1.png 851w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-1-300x162.png 300w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2025/10/image-1-768x414.png 768w" sizes="auto, (max-width: 851px) 100vw, 851px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Arte o paja mental?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para elegir entre una opción y otra, hay más elementos técnicos, estéticos y narrativos que los expuestos aquí. Lo que está claro es que un plano secuencia no debería ser solo una demostración de virtuosismo: debe ser, sobre todo, la mejor alternativa para contar la historia al espectador. ¿Es siempre así?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La serie <em>The Studio</em>, rodada en una sucesión de planos secuencia, reflexiona sobre ello en el segundo capítulo. Dejemos que sean los personajes quienes lo analicen:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Los planos secuencia son ridículos. Es un director haciéndose una paja mental mientras hace la vida de los demás miserable. Al público le da igual.<br>—¡Venga ya! Los planos secuencia son la cima. El matrimonio perfecto entre arte y técnica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pues eso: ¿arte o paja mental?</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El consenso de la mala política</title>
		<link>https://www.albertolacasa.com/es/2024/11/10/el-consenso-de-la-mala-politica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[asdafsdfsd]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 Nov 2024 23:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
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					<description><![CDATA[El sustrato del malestar No hace muchos años, era fácil ponerse de acuerdo en aspectos esenciales incluso con personas que tenían opiniones distintas a las nuestras. Sin embargo, a lo largo de la última década, esto ha dejado de ser así, con una excepción. Compartimos que los políticos son incompetentes y corruptos, que solo aspiran [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><em>El sustrato del malestar</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">No hace muchos años, era fácil ponerse de acuerdo en aspectos esenciales incluso con personas que tenían opiniones distintas a las nuestras. Sin embargo, a lo largo de la última década, esto ha dejado de ser así, con una excepción. Compartimos que los políticos son incompetentes y corruptos, que solo aspiran a medrar por una escalera que paga el pueblo. Es indiscutible que hay miríadas de ejemplos con los que sustentar cualquiera de estos calificativos. Por eso, la crítica generalizada y sin sujeto en singular es la verdadera centralidad de nuestro tiempo. Sea cual sea la cuestión a debate, o es culpa de todas las fuerzas sin distinción, o existen pruebas suficientes para asegurar que todas hubieran actuado igual (de mal).</p>



<p class="wp-block-paragraph">El descrédito de la política no es un hecho aislado. Las instituciones sufren un severo distanciamiento social, pero la de los partidos es quizás la más relevante para el día a día de la ciudadanía. No usan mascarillas, pero los votantes se tapan la nariz de forma preventiva sin importar a quién dan su apoyo. La opinión es tan transversal y unánime que nadie la discute. Incluso hasta el punto de que, si dos personas confrontan ideas, no es extraño que los observadores piensen que lo hacen, no porque genuinamente creen en lo que defienden, sino porque los políticos los han inducido a discutir de forma artificial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hay duda de que los partidos se han ganado a pulso la mala prensa. Hay montañas de decisiones pésimas, la gestión comunicativa es terrible y han tolerado conductas inapropiadas habitualmente. Y lo más grave ha sido primero alimentar y luego ignorar el mayor consenso social que venía del s. XX y que vertebraba las aspiraciones de las sociedades occidentales: el progreso social. La garantía de mejora a lo largo de los años que, además, revertía en que los hijos vivirían mejor que sus padres. Este fracaso es el substrato del malestar social que ahora alimenta a las fuerzas iliberales. La globalización ha enriquecido a muchos de nosotros gracias a la reducción del precio de miles de productos, pero también ha generado millones de perdedores en sus cientos de procesos de desindustrialización. Enormes bolsas de población que ahora quieren desalojar a los que les mintieron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, los ciudadanos, cuando hablan sobre política, en seguida consensuan el punto de vista respecto a los líderes que manejan el país, sea el que sea. Los políticos roban y son inútiles. Punto.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La política del aquí y el ahora</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El único problema es que una explicación tan simple no puede incorporar toda la realidad. Es fácil percibir el chirrido de los engranajes argumentativos por mucho que, efectivamente, los gobernantes lo han hecho mal y nos han llevado a donde estamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una descripción tan plana, tan igualitaria con todos los partidos, aparte de ingenua, es terriblemente peligrosa. No es casual que, cuando más adeptos tiene este discurso, más crecen las fuerzas iliberales. Pero ¿por qué?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que la imagen que mejor lo explica en nuestro tiempo es el triunfo de las nuevas tecnologías. Su gran virtud es la capacidad de optimizar procesos, característica utilizada también en política. El caso más conocido es el de las fake news, que se esparcen y reverberan en minutos y de las que hablaremos más adelante. Hay otros más sutiles, pero no menos penosos y autodestructivos. En especial, la propia razón por la que el ser humano moderno considera la optimización como un proceso esencialmente positivo. Nos encanta el aquí y el ahora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Corren miles de publicaciones de psicología haciendo apología de la importancia de vivir el ahora, de ignorar el pasado porque ya está atrás, y no preocuparse por un futuro incierto. Por supuesto, un futuro que siempre llega y que es más incierto conforme más lo ignoramos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo se traduce esta necesidad en términos políticos? En que la parte de nuestros problemas que interfiere con lo público ha de solucionarse de inmediato. Significa «tengo este problema y me lo tiene usted que resolver hoy mismo». Aunque sea emocionalmente comprensible, las necesidades complejas llevan tiempo y no se resuelven como cuando el capricho es un helado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recordemos la voracidad de los votantes previa a la crisis del 2008, cuando todos los pueblos necesitaban un pabellón deportivo, una sala de actos y piscina municipal. O que todas las provincias construyeran su propio aeropuerto. Aquí, ahora, y cerca. Porque desplazarse al pueblo de al lado cuando queremos hacer una actividad de teatro es inasumible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en el cénit de la trivialización ideológica, la mayoría de la gente se reclama apartidista, como si eso los inmunizara a la manipulación. Hordas de libre pensadores que todos piensan y razonan igual. Nunca como hoy ostentamos la desinformación consciente como muestra de independencia. Leer siempre había sido símbolo de autonomía, excepto si tiene que ver con actualidad, parece. Mucho mejor vivir al margen porque así no te manipulan, dicen… Una tormenta perfecta que nos deja a merced del titular y de telediarios que dedican más de la mitad del tiempo de antena a hablar de sucesos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La falta de información lleva a la simplificación del discurso y nos hace hipersensibles a la contradicción. Si un gobierno toma la mayoría de las decisiones con una sensibilidad parecida a la nuestra, al mínimo distanciamiento, se señala como una grave crisis y hace inasumible votarlos sin autojustificarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La lista es interminable y nuestra actualidad está repleta de ejemplos de respuestas sencillas a problemas complejos. No queremos que los precios suban, pero queremos que se fabrique cerca de casa para generar empleo. Es obligatorio decrecer para salvar el planeta, pero ni hablar de reducir la capacidad de compra, cuando decrecer implica necesariamente disponer de menos bienes para la misma gente. Naturalmente, queremos pacificar nuestras calles, pero desplazarnos en coche ha de seguir siendo rápido y cómodo. Nos molesta que la inmigración crezca de forma exponencial y vemos la causa en lo corruptos que son los gobiernos de los países que expulsan a su juventud. Ahora bien, cuando tenemos una crisis económica, exigimos a nuestros poderes que recuperen el crecimiento lo más rápido posible, lo que suele hacerse con políticas monetarias que, indirectamente, arruinan a los países en vías de desarrollo, lo que aumenta la presión migratoria. Queremos energía verde, pero no al lado de casa, ni en antiguos cultivos, ni modificar paisajes encantadores… Nos molesta que otros lleguen a nuestra ciudad con los mismos billetes baratos con los que nosotros viajamos a otras ciudades. Turist go home y regulación de alquileres, pero Airbnb echa fuego cuando valoramos opciones de alojamiento. Salarios mínimos dignos, pero Glovo y Uber no dejan de crecer en la última milla a través de puro esclavismo moderno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que la política debería ser, más que la del yo ahora, la del mañana de todos. En otros términos, la buena política está a las antípodas de lo que reclamamos como ciudadanos. Y, en esa batalla entre nuestro yo presente y el nosotros futuro, suele ganar el primero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gobiernos y oposición discuten por la tarde en el parlamento lo que han concluido que les beneficiará según la encuesta de la mañana, lo que, a su vez, impide que los partidos resuelvan problemas reales porque la mayoría de ellos requieren pensar más allá de los cuatro años de legislatura. Y el círculo de descrédito no para de dar vueltas y vueltas, lo que hace la bola más grande. Además, las encuestas dependen de la coyuntura y son más volátiles que los principios ideológicos, lo que difumina las diferencias entre los partidos de nuevo y alimenta el imaginario de que tanto da a quién votes. Y todo ello es un campo labrado donde los ultras crecen con alegría.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El nuevo (y falso) consenso social</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La comprensible equiparación de las fuerzas políticas frente a cualquier hecho que evaluemos comporta un coste oculto. Cuando renunciamos a señalar los errores (y aciertos) específicos de cada partido, pildorizamos la política. La aplanamos. Todo el mundo llega porque todo el mundo sirve para decir que los políticos son la misma basura. Para eso, no hacen falta conocimientos, ni estar al día. Ahí, sí, todos somos iguales. Es la mediocridad por la parte baja del espectro. Nos convierte en tan inservibles como los políticos a los que criticamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero lo más grave es que resulta imposible una discusión sobre si cierta decisión es más o menos próxima al ideario del partido en cuestión. Por ejemplo, nos impide discutir si la peatonalización de Consell de Cent en Barcelona se ajusta o no a la ciudad prometida por la Colau porque firmó la llegada de la Copa América. ¿Significa eso que Colau no tiene valores? ¿Es imposible que tomara una buena y una mala decisión? ¿Podemos compartir una y no la otra? ¿O compartir las dos y justificarlo bien? ¿O ninguna de las dos? Es más, podemos votarla sin sentir vergüenza, aunque no todas sus decisiones nos hayan gustado. Hablo de Colau porque ni la hubiera votado, ni la votaría. Pero merece una mirada compleja, como el resto de los partidos. Los democráticos, quiero decir. Incluso aunque ella contribuyera con su discurso a la política del aquí y ahora cuando ganó las primeras elecciones aprovechándose de una mentira que publicó El Mundo e insistiendo que los precios de los alquileres subían porque no había voluntad política municipal de resolverlo. Y, como ella, todos los partidos, que entienden el desgaste del rival como consustancial a la estrategia comunicativa que lleva a ganar comicios. Ellos mismos se ponen una trampa mortal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta hipersimplificación del debate, la trivialización que supone asumir la maldad de todos los liderazgos políticos, genera un enorme consenso social. Bajo esta cosmovisión, el verdadero mal, pues, no es la decisión que ha tomado tal o cual partido, sino la suspicacia con la que los políticos toman las decisiones. Porque la crítica asume que el mal radica, precisamente, en su propia naturaleza partidista, en que se ha diseñado para confrontarla al rival. La bondad no existe, solo hay intereses, y esos intereses se presentan no como lucha ideológica (derecha vs izquierda, centralismo vs descentralización…) sino políticos vs. sociedad civil. Una sociedad civil que somos todos: trabajadores y empresarios, policías y manifestantes, funcionarios, trabajadores por cuenta ajena y autónomos, mujeres y hombres, menores, adultos y jubilados… Son sus intereses vs los nuestros. Una política que no piensa en lo que la sociedad necesita sino en lo que le permite seguir ostentando el poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la gran trampa es que el consenso es puramente denotativo. Todos nos encontramos en «los políticos son unos inútiles». Sin embargo, lo connotado, lo que se esconde detrás de esa frase, lo que de verdad queremos decir, es absolutamente antitético. El anarcocapitalista y el comunista, la feminista y el de «los hombres están desprotegidos delante de la justicia», el independentista y el «esto del catalán es como con Franco, pero al revés», dicen lo mismo sobre los políticos, pero por razones contrapuestas. Porque son «inútiles» por incapacidad de llevarnos a una sociedad «mejor», que sí tiene significados distintos para cada uno de nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto es aún más grave ahora, que los espacios ideológicos compartidos se han extinguido. Lo que antes llamábamos centralidad, hoy es exigua. La polarización impide los acuerdos, excepto ese pobre y pequeño reducto; el del «ya les vale a los políticos».</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El abono de los ultras</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">No es casual que los movimientos ultra crezcan con tanta fuerza en la época que más consenso genera la idea de que la política es un estercolero. Tampoco debería sorprendernos que algunas de las fuerzas «regeneracionistas» nominalicen su causa únicamente enfocada en esta nueva centralidad para pescar en todos los caladeros, como Se Acabó La Fiesta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que reconocerles que se mueven con inteligencia aprovechando las redes del «aquí y ahora». En la tragedia de la Huerta Sur de Valencia tenemos un ejemplo claro. Además de mandar a gente bajo su bandera para que se manchen los pantalones de barro (de forma más o menos teatralizada), difunden videos en los que un tipo, al que la mayoría no conocemos, expresa con sensatez que «todos los partidos lo han hecho mal aquí». Todo el mundo lo comparte porque hay consenso. Un consenso que impide cuestionarse quién era responsable de qué, que igualan los errores de las partes, sean cuales sean, y con independencia de la gravedad de lo que hizo cada una de ellas. Y el clip corre como la pólvora sin que nadie se haya molestado en averiguar quién es el chico del vídeo ni qué había publicado antes. Somos mejores pidiendo responsabilidades que ejerciéndolas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y mientras la publicación viaja más y más, el autor o autores van ganando seguidores. Y lo que un día era la igualación de todas las fuerzas políticas filtradas a través de la misma mirada «apartidista», se acaba traduciendo en cientos y en miles de visualizaciones de nuevas publicaciones posteriores donde, ¡oh, sorpresa! aparecen mensajes en contra de libertades, que eran consensos no tanto tiempo atrás. Difundiendo una «razonable» enmienda a toda la plana política, acabamos esparciendo un relato que, poco a poco, desplaza nuestra sociedad hasta tesis iliberales. Y, con ello, la normalizamos. Y nos acostumbramos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es la demostración de la teoría política de la ventana de Overton, que asegura que se puede pasar de lo impensable y radical a lo sensato y popular si se avanza de forma gradual. Ahí tenemos las cunas de la república democrática (Italia), la del parlamentarismo (Reino Unido), y la de las libertades del individuo (Francia) dando el poder, o muy cerca de hacerlo, a líderes con pulsiones autocráticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cuánto tardaremos en justificar que la gente ha votado a un señor que va a un mitin con una motosierra porque «necesitaban probar algo nuevo»? ¿Cuándo será normal que gane alguien que quiera construir muros pagados por las personas a las que intenta impedir el paso? ¿Cuándo aceptaremos que alguien cite al «innombrable Franco» para darle las gracias por lo que sea que hiciera durante su infausta dictadura? ¿Cuándo votaremos a señores que hacen carteles electorales montados a caballo como iban los señoritos que maltrataban a sus trabajadores? ¿Cuándo lo anormal será tan normal que lo aceptemos como una posibilidad de futuro? ¿O es este ya nuestro presente?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La necesidad del debate persiste</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quien lea en estas líneas una apología a los partidos políticos no ha comprendido la esencia del texto. De hecho, los políticos han alimentado con sus estrategias de acción y comunicativas este universo. Han prometido lo que no estaba en su mano ofrecer y, con su actitud, cada vez más frívola, solo aceleran una dinámica que los llevará a su destrucción, ya sea por la vía de la sustitución por otras siglas, o por la colonización en sus propias bases.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una sociedad madura ha de ser capaz de debatir sobre los valores que quiere compartir sin tildar de ser de tal o cual partido a quien defiende posturas similares a una fuerza política. Ha de estar preparada para análisis complejos, capaz de debatir aspectos concretos del desarrollo de unos hechos o la elaboración de nuevas leyes. También para votar o militar en partidos que no defenderán exactamente lo que piensa. Un cierto grado de contradicción es, incluso, saludable. Sin debate, las ideas se esquematizan y empobrecen. Tomar partido no es tener el cerebro lavado. Al contrario, vivir en la ignorancia nos debilita y nos pone al servicio de gente peligrosa. Ahí están los populistas al acecho para demostrarlo y retroceder decenas de años de progreso. Quizás en la defensa de esos mínimos comunes podamos reconstruir nuevos consensos. Hagámoslo antes de que sea tarde.</p>
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		<title>Madreperla</title>
		<link>https://www.albertolacasa.com/es/2022/11/22/madreperla/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[asdafsdfsd]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Nov 2022 23:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[«Un semáforo rojo, un estruendo y todo se apaga». Así comienza mi novela «Madreperla», un thriller político, que es uno de mis subgéneros favoritos y que, aunque estos últimos años hemos podido disfrutar de algunas ficciones maravillosas, se ha explorado menos de lo que se merece. Ya la primera frase introduce al lector en la [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2022/11/Madreperla-rotated-1-1024x768.jpeg" alt="" class="wp-image-15" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2022/11/Madreperla-rotated-1-1024x768.jpeg 1024w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2022/11/Madreperla-rotated-1-300x225.jpeg 300w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2022/11/Madreperla-rotated-1-768x576.jpeg 768w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2022/11/Madreperla-rotated-1-1536x1152.jpeg 1536w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2022/11/Madreperla-rotated-1.jpeg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">«Un semáforo rojo, un estruendo y todo se apaga».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así comienza mi novela «Madreperla», un thriller político, que es uno de mis subgéneros favoritos y que, aunque estos últimos años hemos podido disfrutar de algunas ficciones maravillosas, se ha explorado menos de lo que se merece.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya la primera frase introduce al lector en la trama a través de un accidente de causas desconocidas. Laura, la protagonista, se verá interpelada porque la víctima, Manu, es periodista y la expareja más importante de su juventud. No tendrá más remedio que abandonar su vida tranquila para aclarar las causas que llevaron a Manu a su final fatal. Además de una compleja red de intereses, no podrá evitar preguntarse por los sueños abandonados, las razones por las que se apartó y si estos son compatibles con su vida actual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otros dos personajes protagonizan las principales subtramas; Julio es un ambicioso e ilustrado político que aspira a todo para reparar el fracaso de su padre que, postrado en una cama como un vegetal durante años, había luchado por lo mismo. Finalmente, Sergio creó una startup en el sector biomédico que acaba en fracaso, pero recibe una misteriosa oportunidad que lo salvaría de la quiebra y, de pasada, de perder a su hijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me he tomado con calma su escritura, dejándola solo para cuando de verdad me apetecía y, tras muchas relecturas y ajustes, estoy orgulloso del resultado final. Incluso las decisiones pequeñas han sido emocionantes. Me encantaría compartir una relevante para que se entienda a qué me refiero. Cuando me decidía por un subtítulo, opté por “lo que el poder esconde” porque, ciertamente, es de lo que va la historia. Sin embargo, durante tiempo, estuve decidido a formular una pregunta que los tres personajes se hacen en diferentes momentos de sus tramas. ¿Cuál es el precio de la honestidad? No es que sea una cuestión muy explícita, pero es fundamental en el desarrollo de las pericias de cada uno de ellos, y me seduce ese nivel de sutilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las intrigas, los claroscuros y las persecuciones al límite son los ingredientes fundamentales con los que he trabajado. No he dejado de lado las relaciones amorosas ni, por supuesto, las familiares y las toneladas de contradicciones con las que vivimos el día a día. Pero, sobre todo, espero que a los lectores los acompañe durante muchas páginas una pregunta: ¿Qué demonios es Madreperla?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://amzn.to/3UT6UY4">Puedes comprarlo a través de este link.</a></p>
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		<title>El deseo inalcanzable</title>
		<link>https://www.albertolacasa.com/es/2021/06/16/el-deseo-inalcanzable/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[asdafsdfsd]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Jun 2021 22:10:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Narrativa]]></category>
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					<description><![CDATA[El deseo es la materia prima sobre la que crecen la mayoría de las ficciones, y pocos son más poderosos que el sexual. Suntuoso, empuja nuestro ánimo por derroteros con destinos cubiertos con la niebla de la incerteza, donde se agazapa la frustración de lo que nunca sucederá. «Deseando amar» es uno de los films [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">El deseo es la materia prima sobre la que crecen la mayoría de las ficciones, y pocos son más poderosos que el sexual. Suntuoso, empuja nuestro ánimo por derroteros con destinos cubiertos con la niebla de la incerteza, donde se agazapa la frustración de lo que nunca sucederá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Deseando amar» es uno de los films que mejor lo expresa. Sus dos protagonistas y vecinos son engañados por sus parejas. Tratando de reconstruir la relación de sus conyuges se despierta en ellos un deseo casi imposible de contener. Sin embargo, sus anhelos sólo tienen cabida en su imaginación porque los separa un velo tan transparente como irrompible.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="561" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2021/06/suzanne-wei-yin-de-bruine-in-the-mood-for-love-1024x561.jpg" alt="" class="wp-image-17" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2021/06/suzanne-wei-yin-de-bruine-in-the-mood-for-love-1024x561.jpg 1024w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2021/06/suzanne-wei-yin-de-bruine-in-the-mood-for-love-300x164.jpg 300w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2021/06/suzanne-wei-yin-de-bruine-in-the-mood-for-love-768x421.jpg 768w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2021/06/suzanne-wei-yin-de-bruine-in-the-mood-for-love-1536x842.jpg 1536w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2021/06/suzanne-wei-yin-de-bruine-in-the-mood-for-love.jpg 1638w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La relación entre Su Li-zhen y Chow Mo-wan es el arquetipo de la imposibilidad. De miradas que quieren cruzarse pero pasan de largo. Del contacto físico interpuesto a través de objetos, que deviene casi en caricias. Sólo consuman por vía interpuesta, a través de sus parejas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay quien dice que «Deseando amar» es la mayor alegoría del amor no realizado de la historia del cine, pero no es el único ejemplo importante. En ocasiones los limitan las circunstancias. En otras, la maldad. Sin duda, quien mejor encarna ese papel es la&nbsp;<em>femme fatale</em>, que ensalza sus virtudes en el&nbsp;<em>thriller</em>. Multitud de protagonistas renuncian a su amor tras reconocer que sólo les llevará a un callejón sin salida. O a la muerte. Otros no conseguirán escapar a sus fauces, como el protagonista de «El ángel azul», con Marlene Dietrich, que acaba convertido en el ridículo payaso que ignora al inicio del film.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La conquista inasequible no necesita más protagonismo que el de una subtrama para manifestarse con toda su fuerza. Así lo demuestra Bergman en su soberbia «Gritos y susurros». En su cine es constante la confusión del amor carnal y el parentesco. Pero si hablamos estrictamente de pasión, Maria, el personaje interpretado por Liv Ullman, y David, el doctor de la familia al que da vida Erland Josephson tiemblan cuando están a solas. Una pulsión que no va a más porque él la rechaza.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="488" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2021/06/gritos_y_susurros.png" alt="" class="wp-image-18" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2021/06/gritos_y_susurros.png 768w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2021/06/gritos_y_susurros-300x191.png 300w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Maria no es, ni de lejos, el primer personaje femenino que sueña con imposibles. Las raices prototípicas de este personaje se nutren, sobre todo, del cliché romántico de las novelas del s.XIX, como la «Madame Bovary» de Flaubert, dotada de una sensualidad expresiva y profunda, y una de las primeras protagonistas dispuestas a engañar a su marido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, mi ficción favorita sobre la imposibilidad amorosa es la ópera de Wagner «Tristan Und Isolde», una obra introspectiva donde el amor no consumado de sus protagonistas los lleva, incluso, a la muerte. La obra, de cuatro horas de duración, explora los límites de un amor en la que el contacto les está prohibido. La tensión se palpa en cada nota de la composición, que ya anuncia el famoso acorde de Tristan sólo unos segundos después del inicio del espectáculo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No será hasta el final que ese amor se sublime a través de la muerte de los protagonistas. En especial, con la última aria de la soprano y, a mi juicio, una de las más espectaculares de la historia de la música. Para vivir el crescendo es mejor escuchar la obra completa, pero el Liebestod no necesita nada más para embargarnos y, poco a poco, llevarnos, con ella, hasta los cielos en un clímax apoteósico.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="656" height="370" src="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2021/06/tristan.jpg" alt="" class="wp-image-19" srcset="https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2021/06/tristan.jpg 656w, https://www.albertolacasa.com/es/wp-content/uploads/2021/06/tristan-300x169.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 656px) 100vw, 656px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Wagner ofrece una solución a los deseos imposibles propio de su época; la muerte. Una propuesta que solo muestra belleza en la ficción. La vida, menos prosaica, no requiere de estos extremos. Pero hay algo de verdad en la sugerencia del compositor alemán. ¿No es la frustración una forma de muerte de una parte de nosotros? ¿De un «algo» que pudo ser y, finalmente, no fue?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los deseos inalcanzables son dolorosos y angustiantes, pero también son los ojos entreabiertos de Liv Ullman, la mano de Maggie Cheung acariciando el marco de la puerta, o un centenar largo de instrumentos ahogando la voz de Isolda. La ficción es capaz de convertir el padecimiento en algo hermoso y sugestivo a la vez que exorciza nuestros propios fracasos.</p>
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