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Siempre lo he dicho, Stephen King está mal de la cabeza, precisamente por eso es que es el nombre más repetido en mi pequeña biblioteca (mejor llamarla la pila de libros detrás de mi escritorio) en fin, he aquí una historia que creo que merece ser leída y recomendada: desde la colección de relatos de "El umbral de la noche" les traigo Basta S.A. disfrútenla y mediten, y si me lo quieren echar en cara: sí, soy de esos "estúpidos petulantes"&lt;/i&gt; &lt;hr /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="color: #ff9900; font-family: Calibri; font-size: 105%;"&gt; No se haga humo&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: Calibri; font-size: 125%;"&gt;BASTA, S. A.&lt;br /&gt;
Morrison esperaba a alguien que había quedado retrasado por el atascamiento del tráfico aéreo sobre el aeropuerto Kennedy, cuando vio una cara conocida en el extremo de la barra y se encaminó a su encuentro.&lt;br /&gt;
—¿Jimmy? ¿Jimmy McCann?&lt;br /&gt;
Era él. Estaba un poco más gordo que cuando Morrison lo había visto el año anterior en la Exposición de Atlanta, pero por lo demás tenía muy buen aspecto. En la Universidad había sido un fumador empedernido, flaco y pálido, oculto detrás de unas gafas con armazón de carey. Aparentemente las había trocado por lentes de contacto.&lt;br /&gt;
—¿Dick Morrison?&lt;br /&gt;
—Sí. Tienes un aspecto estupendo. —Le tendió la mano e intercambiaron un apretón.&lt;br /&gt;
—Tú también —respondió McCann, pero Morrison sabía que era mentira. Últimamente&lt;br /&gt;
trabajaba demasiado, comía demasiado y fumaba demasiado—. ¿Qué vas a beber?&lt;br /&gt;
—Whisky y bitter —dijo Morrison. Se sentó sobre un taburete, rodeándolo con las&lt;br /&gt;
piernas, y encendió un cigarrillo—. ¿Esperas a alguien, Jimmy?&lt;br /&gt;
&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
—No, voy a una conferencia en Miami. Un cliente importante. Nos compra seis&lt;br /&gt;
millones. Se supone que debo tratarlo con cuidado porque perdimos una cuenta importante para la próxima primavera.&lt;br /&gt;
—¿Sigues con «Crager y Barton»?&lt;br /&gt;
—Ahora soy vicepresidente ejecutivo.&lt;br /&gt;
—¡Fantástico! ¡Te felicito! ¿Cuándo sucedió todo esto? —Intentó convencerme de que&lt;br /&gt;
el gusanillo de la envidia que le carcomía el estómago no era más que un problema de&lt;br /&gt;
acidez. Sacó un tubo de pildoras antiácidas y trituró una entre los dientes.&lt;br /&gt;
—En agosto pasado. Sucedió algo que transformó mi vida. —Miró a Morrison en forma&lt;br /&gt;
inquisitiva y sorbió el contenido de su vaso—. Tal vez te interesará.&lt;br /&gt;
«Dios mío —pensó Morrison con un respingo interior—. Jimmy McCann se ha hecho&lt;br /&gt;
religioso.»&lt;br /&gt;
—Claro que sí —asintió, y vació su vaso de un trago cuando se lo sirvieron.&lt;br /&gt;
—No me encontraba muy bien —explicó McCann—. Problemas personales con Sharon,&lt;br /&gt;
mi padre murió de un infarto, y yo empecé a tener unos accesos de tos espas-módica. Un día Bobby Crager pasó por mi oficina y me endilgó un sermón paternal. ¿Recuerdas cómo son?&lt;br /&gt;
—Sí. —Morrison había trabajado dieciocho meses en «Crager y Barton» antes de pasar a&lt;br /&gt;
la «Morton Agency»—. O entras en razón o te ponen de patitas en la calle.&lt;br /&gt;
McCann se rió.&lt;br /&gt;
—Eso es. Bien, para rematarlo, el médico me dijo que tenía un principio de úlcera. Me ordenó que dejara de fumar. —McCann hizo una mueca—. Me habría resultado más fácil dejar de respirar. &lt;br /&gt;
Morrison hizo un ademán de neto asentimiento. Los no fumadores podían permitirse el&lt;br /&gt;
lujo de ser petulantes. Miró con disgusto su propio cigarrillo y lo aplastó, seguro de que encendería otro al cabo de cinco minutos.&lt;br /&gt;
—¿Lo dejaste? —preguntó.&lt;br /&gt;
—Sí, lo dejé. Al principio pensé que no podría... Hacía trampas como un loco. Hasta que conocí a un tipo que me aconsejó visitar un instituto de Forty-sixth Street. Especialistas.&lt;br /&gt;
Me dijo que no tenía nada que perder y fui. Desde entonces no he vuelto a fumar.&lt;br /&gt;
A Morrison se le desencajaron los ojos.&lt;br /&gt;
—¿Qué hicieron? ¿Te inyectaron una droga?&lt;br /&gt;
—No. —Había sacado la billetera y hurgaba en su interior—. Aquí está. Sabía que tenía una conmigo. —Depositó sobre la barra, entre ellos, una tarjeta comercial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
BASTA, S. A.&lt;br /&gt;
¡No se haga humo! 237 East 46th Street Pida hora para su tratamiento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
—Quédatela, si quieres —dijo McCann—. Te curarán. Te lo garantizo.&lt;br /&gt;
—¿Cómo?&lt;br /&gt;
—No puedo contártelo.&lt;br /&gt;
—¿Eh? ¿Por qué no?&lt;br /&gt;
—Eso forma parte del contrato que te hacen firmar. De todos modos, durante la&lt;br /&gt;
entrevista te explican cómo es el sistema.&lt;br /&gt;
—¿Firmaste un contrato?&lt;br /&gt;
McCann hizo un ademán de asentimiento...&lt;br /&gt;
—Y sobre esa base...&lt;br /&gt;
—Sí. —Le sonrió a Morrison, que pensó: «Bien, ha sucedido. Jim McCann se ha&lt;br /&gt;
sumado a las filas de los estúpidos petulantes.»&lt;br /&gt;
—¿Por qué el secreto, si el instituto es tan fantástico? ¿Por qué nunca he visto publicidad en la TV, ni carteles, ni anuncios en las revistas...?&lt;br /&gt;
—Consiguen todos los clientes que necesitan por las referencias que se transmiten de&lt;br /&gt;
forma personal.&lt;br /&gt;
—Tú trabajas en publicidad, Jimmy. No puedes creer&lt;br /&gt;
eso.&lt;br /&gt;
—Lo creo —insistió McCann—. Tienen un promedio de curación del noventa y ocho&lt;br /&gt;
por ciento.&lt;br /&gt;
—Espera un momento —exclamó Morrison. Pidió otra copa y encendió un cigarrillo—.&lt;br /&gt;
¿Estos individuos te atan y te obligan a fumar hasta que vomitas?&lt;br /&gt;
—No.&lt;br /&gt;
—¿Te hacen ingerir algo para que te descompongas cada vez que enciendes...?&lt;br /&gt;
—No, no se trata de nada de eso. Compruébalo por ti mismo. —Señaló el cigarrillo de&lt;br /&gt;
Morrison—. No te gusta realmente, ¿verdad?&lt;br /&gt;
—Nooo, pero...&lt;br /&gt;
—Cuando dejé de fumar mi vida cambió radicalmente —prosiguió McCann—. Supongo&lt;br /&gt;
que no les sucederá lo mismo a todos, pero en mi caso fue una reacción en cadena. Me sentí mejor y mi relación con Sharon se enmendó por completo. Tenía más energías y rendía más en el trabajo.&lt;br /&gt;
—Escucha, has despertado mi curiosidad. ¿No podrías...?&lt;br /&gt;
—Lo siento, Dick. Realmente no puedo hablar de eso. —Se mostró categórico.&lt;br /&gt;
—¿Aumentaste de peso?&lt;br /&gt;
Por un momento le pareció que Jimmy McCann tenía un talante casi lúgubre.&lt;br /&gt;
—Sí. En verdad me excedí. Pero volví a adelgazar. Ahora tengo el peso casi justo. Antes era enclenque.&lt;br /&gt;
«Los pasajeros del vuelo 206 deben embarcar por la Puerta 9», anunció el altavoz.&lt;br /&gt;
—Ése es mi avión —exclamó McCann, mientras se levantaba. Dejó caer un billete de&lt;br /&gt;
cinco dólares sobre la barra—. Tómate otra copa, si quieres. Y piensa en lo que te he dicho.&lt;br /&gt;
En serio.&lt;br /&gt;
Entonces desapareció, abriéndose paso entre la multitud hacia la escalera mecánica.&lt;br /&gt;
Morrison cogió la tarjeta, la miró con expresión cavilosa, la guardó en su billetera y la olvidó.&lt;br /&gt;
Un mes más tarde la tarjeta cayó de su billetera sobre otra barra. Había salido temprano de la oficina y había entrado allí para pasar la tarde bebiendo. Las cosas no marchaban bien en la «Morton Agency». En realidad, marchaban terriblemente mal.&lt;br /&gt;
Le dio a Henry un billete de diez para pagar la bebida, y después levantó la tarjetita y volvió a leerla: 237 East Forty-sixth Street. Estaba a sólo doscientos metros. Era un día fresco y soleado de octubre, y quizá, para distraerse un poco...&lt;br /&gt;
Cuando Henry le trajo el cambio, terminó su bebida y salió a caminar.&lt;br /&gt;
Basta, S. A., se hallaba en un nuevo edificio donde el alquiler mensual de las oficinas debía ser equivalente al sueldo anual de Morrison. A juzgar por el tablero con la nómina de empresas que se exhibía en el vestíbulo, sus oficinas ocupaban toda una planta. Y esto era un testimonio de riqueza. Mucha riqueza.&lt;br /&gt;
Subió en el ascensor y desembocó en un recinto suntuosamente alfombrado, de donde&lt;br /&gt;
pasó a una sala de recepción decorada con excelente gusto, y con un amplio ventanal desde donde se veían los insectos que se desplazaban velozmente por la calle. Tres hombres y una mujer ocupaban las sillas alineadas a lo largo de las paredes, y estaban leyendo revistas.&lt;br /&gt;
Todos tenían porte de ejecutivos. Morrison se acercó al escritorio.&lt;br /&gt;
—Un amigo me dio esto —explicó, entregándole la tarjeta a la secretaria—. Supongo&lt;br /&gt;
que se podría decir que fue un alumno del instituto.&lt;br /&gt;
La joven sonrió e introdujo un formulario en la máquina de escribir.&lt;br /&gt;
—¿Su nombre, señor?&lt;br /&gt;
—Richard Morrison.&lt;br /&gt;
Clak-clakety-clak. Pero un tecleo muy apagado. La máquina era una IBM.&lt;br /&gt;
—¿Su domicilio?&lt;br /&gt;
—29 Maple Lane, Clinton, Nueva York.&lt;br /&gt;
—¿Casado?&lt;br /&gt;
—Sí.&lt;br /&gt;
—¿Hijos?&lt;br /&gt;
—Uno.&lt;br /&gt;
Pensó en Alvin y frunció ligeramente el ceño. «Uno» no era el término preciso. Habría sido más correcto decir «Medio». Su hijo era retrasado mental y estaba internado en una escuela especial, en New Jersey.&lt;br /&gt;
—¿Quién lo ha recomendado, señor Morrison?&lt;br /&gt;
—Un viejo condiscípulo. James McCann.&lt;br /&gt;
—Muy bien. ¿Quiere sentarse y esperar un momento? Éste ha sido un día muy ajetreado.&lt;br /&gt;
—De acuerdo.&lt;br /&gt;
Se sentó entre la mujer, que usaba un severo traje sastre azul, y un joven ejecutivo de americana espigada y patillas a la moda. Extrajo un paquete de cigarrillos, miró en torno y vio que no había ceniceros.&lt;br /&gt;
Volvió a guardar los cigarrillos. Estupendo. Les seguiría la corriente y encendería uno al salir. Si lo hacían esperar mucho incluso dejaría caer la ceniza sobre la peluda alfombra marrón. Cogió un ejemplar del Time y empezó a hojearlo.&lt;br /&gt;
Lo llamaron un cuarto de hora más tarde, después de la mujer del traje azul. Su centro nicotínico ya estaba clamando a gritos. Un hombre que había entrado después que él había extraído una pitillera, la había abierto con un chasquido seco, había visto que no había ceniceros y la había guardado..., con expresión un poco culpable, según le pareció a Morrison. Eso lo hizo sentir algo mejor.&lt;br /&gt;
Por fin la secretaria lo miró con una sonrisa radiante y dijo:&lt;br /&gt;
—Puede pasar, señor Morrison.&lt;br /&gt;
Morrison pasó por la puerta situada detrás del escritorio y se encontró en un corredor iluminado con luces indirectas. Un hombre corpulento, de cabello blanco y aspecto taimado, le estrechó la mano, sonrió afablemente y dijo:&lt;br /&gt;
—Sígame, señor Morrison.&lt;br /&gt;
Guió a Morrison frente a una serie de puertas cerradas, desprovistas de identificación, y por último abrió una de ellas, situada más o menos en la mitad del pasillo, utilizando una llave. Se trataba de una austera habitación con dimensiones reducidas, cuyas paredes estaban forradas con paneles blancos de corcho perforado. El único mueble era un escritorio con una silla a cada lado. En la pared situada detrás del escritorio había algo que parecía ser una pequeña ventana alargada, pero estaba cubierta con una cortinilla verde. En la pared situada a la izquierda de Morrison colgaba la foto de un hombre alto, de cabello gris acerado. Sostenía una hoja de papel en la mano. Le pareció vagamente conocido.&lt;br /&gt;
—Soy Vic Donatti —se presentó el hombre fornido—. Si resuelve someterse a nuestro&lt;br /&gt;
programa, yo seré su supervisor.&lt;br /&gt;
—Mucho gusto en conocerlo —dijo Morrison. Estaba ansioso por fumar un cigarrillo.&lt;br /&gt;
—Siéntese.&lt;br /&gt;
Donatti depositó el formulario de la secretaria sobre la mesa, y después extrajo otro del&lt;br /&gt;
cajón. Clavó sus ojos en los de Morrison.&lt;br /&gt;
—¿Quiere dejar de fumar?&lt;br /&gt;
—Sí —murmuró.&lt;br /&gt;
—¿Quiere firmar esto? —Le entregó el impreso a Morrison. Éste lo leyó por encima. El&lt;br /&gt;
firmante se compromete a no divulgar los métodos o técnicas, etcétera, etcétera.&lt;br /&gt;
—Por supuesto —asintió, y Donatti le colocó una estilográfica en la mano. Garabateó su nombre y Donatti firmó abajo. Un momento después el papel desapareció en el cajón de la mesa.&lt;br /&gt;
«Bien —pensó Morrison irónicamente—, he prestado juramento. No era el primero. Una&lt;br /&gt;
vez había aguantado dos días íntegros.»&lt;br /&gt;
—Correcto —dijo Donatti—. Aquí no nos molestamos en hacer propaganda, señor&lt;br /&gt;
Morrison. Ni en formular preguntas sobre su estado de salud, su presupuesto o su condición social. No nos interesa saber por qué desea dejar de fumar. Somos pragmáticos.&lt;br /&gt;
—Me alegro —respondió Morrison con tono apático.&lt;br /&gt;
—No empleamos drogas. No recluíamos a discípulos de Dale Carneggie para que lo&lt;br /&gt;
sermoneen. No recomendamos ninguna dieta especial. Y no aceptamos dinero hasta que ha transcurrido un año de que ha abandonado el vicio.&lt;br /&gt;
—Dios mío —exclamó Morrison.&lt;br /&gt;
—¿El señor McCann no se lo informó?&lt;br /&gt;
—No.&lt;br /&gt;
—¿Cómo se encuentra el señor McCann, entre paréntesis? ¿Está bien?&lt;br /&gt;
—Sí.&lt;br /&gt;
—Magnífico. Excelente. Ahora..., sólo unas pocas preguntas, señor Morrison. Son un&lt;br /&gt;
poco personales, pero le aseguro que esta información es estrictamente confidencial.&lt;br /&gt;
—¿Sí? —murmuró Morrison con indiferencia.&lt;br /&gt;
—¿Cómo se llama su esposa?&lt;br /&gt;
—Lucinda Morrison. Su apellido de soltera era Ram-sey.&lt;br /&gt;
—¿La ama?&lt;br /&gt;
Morrison levantó bruscamente la vista, pero Donatti lo miraba con expresión plácida.&lt;br /&gt;
—Sí, desde luego.&lt;br /&gt;
—¿Ha tenido problemas conyugales? ¿Alguna separación, quizá?&lt;br /&gt;
—¿Qué relación tiene esto con el hecho de dejar de fumar? —preguntó Morrison. No&lt;br /&gt;
había querido reaccionar con tanto enfado, pero deseaba, diablos, necesitaba, un cigarrillo.&lt;br /&gt;
—Tiene mucha relación —contestó Donatti—. Por favor, sea paciente.&lt;br /&gt;
—No. Nada por el estilo. —Aunque últimamente la convivencia había sido un poco&lt;br /&gt;
difícil.&lt;br /&gt;
—¿Tiene un solo hijo?&lt;br /&gt;
—Sí. Alvin. Asiste a una escuela privada.&lt;br /&gt;
—¿Qué escuela?&lt;br /&gt;
—Eso no se lo diré —espetó Morrison con tono hosco.&lt;br /&gt;
—Está bien —asintió Donatti afablemente. Desarmó a Morrison con una sonrisa—.&lt;br /&gt;
Todas sus preguntas las contestaré mañana durante la primera sesión del tratamiento.&lt;br /&gt;
—Me alegro —dijo Morrison, y se levantó.&lt;br /&gt;
—Una última pregunta —agregó Donatti—. Hace más de una hora que no fuma. ¿Cómo&lt;br /&gt;
se siente?&lt;br /&gt;
—Bien —mintió Morrison—. Sencillamente bien.&lt;br /&gt;
—¡Lo felicito! —exclamó Donatti. Contorneó el escritorio y abrió la puerta—. Disfrute&lt;br /&gt;
de sus cigarrillos esta noche. A partir de mañana jamás volverá a fumar.&lt;br /&gt;
—¿De veras?&lt;br /&gt;
—Se lo garantizamos, señor Morrison —afirmó Donatti solemnemente.&lt;br /&gt;
Al día siguiente, a las tres en punto, estaba sentado en la antesala de Basta, S. A. Había&lt;br /&gt;
pasado la mayor parte del día preguntándose si faltaría a la cita que le había dado la&lt;br /&gt;
secretaria al salir, o si concurriría con un espíritu de terca recuperación... Endilgúeme su mejor discurso, amigo.&lt;br /&gt;
Al fin, algo que había dicho Jimmy McCann lo indujo a asistir a la entrevista... Sucedió algo que transformó mi vida. Dios sabía que a su vida le vendría bien un cambio. Y además sentía curiosidad. Antes de entrar en el ascensor fumó un cigarrillo hasta el filtro. «Si es el último, paciencia», pensó. Tenía un sabor horrible.&lt;br /&gt;
Esta vez no tuvo que esperar tanto tiempo. Cuando la secretaria lo invitó a entrar,&lt;br /&gt;
Donatti lo estaba esperando. Le tendió la mano y sonrió, y Morrison tuvo la impresión de que esa sonrisa era casi rapaz. Empezó a sentirse un poco tenso y esto le hizo desear un cigarrillo.&lt;br /&gt;
—Acompáñeme —dijo Donatti, y lo guió hasta la pequeña habitación. Volvió a sentarse&lt;br /&gt;
detrás del escritorio y Morrison ocupó la otra silla—. Me alegro mucho de que haya venido —continuó Donatti—. Muchos posibles clientes no vuelven después de la entrevista inicial.&lt;br /&gt;
Descubren que no tienen interés como creían en dejar de fumar. Será un placer cooperar con usted en esto.&lt;br /&gt;
—¿Cuándo empieza el tratamiento? «Hipnosis —pensaba—. Debe de ser hipnosis.»&lt;br /&gt;
—Oh, ya ha empezado. Empezó cuando nos dimos el apretón de manos en el corredor.&lt;br /&gt;
¿Lleva cigarrillos encima, señor Morrison?&lt;br /&gt;
—Sí.&lt;br /&gt;
—¿Puede dármelos, por favor?&lt;br /&gt;
Morrison se encogió de hombros y le entregó el paquete a Donatti. De todos modos sólo quedaban dos o tres.&lt;br /&gt;
Donatti depositó el paquete sobre la mesa. Después, sonriendo, y sin dejar de mirar&lt;br /&gt;
fijamente a Morrison, cerró el puño y empezó a descargarlo sobre el paquete de cigarrillos, que se arrugó y aplastó. La punta de un cigarrillo roto salió despedida. Se dispersaron las hebras de tabaco. Los puñetazos de Donatti retumbaron con fuerza en la habitación cerrada.&lt;br /&gt;
A pesar de la violencia de sus golpes la sonrisa seguía estereotipada en su rostro, y le produjo un escalofrío a Morrison. «Quizás es sólo el estado de ánimo que quieren inspirar», pensó.&lt;br /&gt;
Por fin Donatti cesó de martillear. Cogió el paquete, triturado y maltrecho.&lt;br /&gt;
—No creerá cuánto placer me produce esta operación —dijo, y dejó caer el paquete en la papelera—. Incluso después de repetirla durante tres años, me sigue regocijando.&lt;br /&gt;
—Como tratamiento deja bastante que desear —comentó Morrison afablemente—. En el&lt;br /&gt;
vestíbulo de este mismo edificio hay un quiosco de periódicos. Y allí venden todas las marcas.&lt;br /&gt;
—Como usted diga —respondió Donatti. Cruzó las manos—. Su hijo, Alvin Dawes&lt;br /&gt;
Morrison, está en la Escuela Paterson para Niños Retardados. Nació con una lesión&lt;br /&gt;
cerebral. Coeficiente intelectual 46. No entra en la categoría de los retardados reeducables.&lt;br /&gt;
Su esposa...&lt;br /&gt;
—¿Cómo averiguó eso? —rugió Morrison. Estaba sobresaltado y furioso—. No tiene&lt;br /&gt;
derecho a meter sus condenadas narices en mi....&lt;br /&gt;
—Sabemos mucho acerca de usted —prosiguió Do-natti apaciblemente—. Pero, como&lt;br /&gt;
dije, todo es estrictamente confidencial.&lt;br /&gt;
—Me iré de aquí —siseó Morrison. Se levantó.&lt;br /&gt;
—Quédese un poco más.&lt;br /&gt;
Morrison lo estudió atentamente. Donatti no estaba turbado. En verdad, parecía un poco divertido. Su semblante era el de un hombre que había presenciado la misma reacción docenas de veces..., centenares, quizá.&lt;br /&gt;
—Está bien. Pero espero que sepa lo que hace.&lt;br /&gt;
—Oh, claro que lo sabemos. —Donatti se repantigó en su asiento—. Le expliqué que&lt;br /&gt;
somos pragmáticos. En este contexto, tenemos que empezar por comprender hasta qué&lt;br /&gt;
punto es difícil curar la adicción al tabaco. El índice de recidivas es de casi el ochenta y cinco por ciento. La tasa de recaídas de los adictos a la heroína es menor. Se trata de un problema extraordinario. Extraordinario.&lt;br /&gt;
Morrison miró hacia la papelera. Uno de sus cigarrillos, aunque torcido, aún parecía&lt;br /&gt;
estar en condiciones de ser fumado. Donatti se rió jovialmente, metió la mano en la&lt;br /&gt;
papelera v lo rompió entre los dedos.&lt;br /&gt;
—A veces alguien propone en las legislaturas de los Estados que el sistema carcelario suprima la ración semanal de cigarrillos. Estas mociones son derrotadas invariablemente.&lt;br /&gt;
En los pocos casos en que fueron aprobadas, se desencadenaron terribles motines. Motines, señor Morrison, ¿Qué le parece?&lt;br /&gt;
—No me sorprende —contestó Morrison.&lt;br /&gt;
—Pero piense en las connotaciones. Cuando usted manda a un hombre a la cárcel lo&lt;br /&gt;
priva de su vida sexual normal, del alcohol, de la actividad política, de la libertad de&lt;br /&gt;
movimiento. No se subleva..., o las sublevaciones son escasas, cuando se las compara con el número de prisiones. Pero basta que le quite los cigarrillos y... ¡zas! —Descargó el puño sobre la mesa, para dar mayor énfasis a sus palabras—. Durante la Primera Guerra Mundial, cuando en el frente interno alemán nadie conseguía cigarrillos, era común ver a los aristócratas alemanes recogiendo colillas del arroyo. Durante la Segunda Guerra Mundial, muchas mujeres norteamericanas recurrían a las pipas cuando escaseaban los cigarrillos. Éste es un problema fascinante para un auténtico pragmático, señor Morrison.&lt;br /&gt;
—¿Podemos pasar al tratamiento?&lt;br /&gt;
—En seguida. Acérquese aquí, por favor —Donatti se había levantado y estaba junto a&lt;br /&gt;
las cortinillas verdes que Morrison había visto el día anterior. Donatti las corrió y dejó al&lt;br /&gt;
descubierto una ventana rectangular a través de la cual se veía una habitación vacía. No,&lt;br /&gt;
totalmente vacía no. Sobre el suelo había un conejo, que comía granulos de una escudilla.&lt;br /&gt;
—Lindo animalito —comentó Morrison.&lt;br /&gt;
—Es cierto. Obsérvelo. —Donatti pulsó un botón contiguo al marco de la ventana. El&lt;br /&gt;
conejo dejó de comer y empezó a brincar como enloquecido. Cada vez que sus patas&lt;br /&gt;
tocaban el piso parecía saltar a mayor altura. Tenía la piel erizada en todas direcciones, y&lt;br /&gt;
los ojos desencajados.&lt;br /&gt;
—¡Deténgase! ¡Lo está electrocutando! Donatti soltó el botón.&lt;br /&gt;
—De ninguna manera. La corriente que circula por el suelo es muy débil. ¡Mire al&lt;br /&gt;
conejo, señor Morrison!&lt;br /&gt;
El animal estaba agazapado a unos tres metros de la escudilla de alimento. Agitaba los morros. De pronto se fue saltando a un rincón.&lt;br /&gt;
—Si el conejo recibe una descarga con suficiente frecuencia mientras come —explicó&lt;br /&gt;
Donatti—, asocia en seguida los dos hechos. El comer genera dolor. Por consiguiente, no come. Unas pocas descargas más y el conejo se morirá de hambre delante de su alimento.&lt;br /&gt;
Esto se denomina terapia de aversión.&lt;br /&gt;
A Morrison se le iluminó la mente.&lt;br /&gt;
—No, gracias. —Se encaminó hacia la puerta.&lt;br /&gt;
—Espere, por favor, señor Morrison. Morrison no se detuvo. Cogió el pomo de la&lt;br /&gt;
puerta... y lo sintió resbalar bajo su mano.&lt;br /&gt;
—Traiga la llave y abra esto.&lt;br /&gt;
—Señor Morrison, tenga la gentileza de sentarse...&lt;br /&gt;
—Abra esta puerta o haré que la Policía les caiga encima antes de que tengan tiempo de decir «Hombre de Malboro».&lt;br /&gt;
—Siéntese. —La voz fue tan fría como el hielo. Morrison miró a Donatti. Sus ojos&lt;br /&gt;
marrones estaban turbios y eran sobrecogedores. «Dios mío —pensó—, estoy encerrado&lt;br /&gt;
aquí con un psicópata.» Se humedeció los labios. Nunca en su vida había sentido tantos deseos de fumar un cigarrillo.&lt;br /&gt;
—Permita que le describa con mayor detalle el tratamiento —manifestó Donatti.&lt;br /&gt;
—No me entiende —respondió Morrison con fingida paciencia—. No quiero tratarme.&lt;br /&gt;
He decidido renunciar.&lt;br /&gt;
—No, señor Morrison. Usted es el que no entiende. No tiene otra alternativa. Cuando le anuncié que el tratamiento ya había empezado, le estaba diciendo la pura verdad. Pensé que usted va se había dado cuenta de ello.&lt;br /&gt;
—Está loco —dijo Morrison, pasmado.&lt;br /&gt;
—No. Sólo soy un pragmático. Le hablaré del tratamiento.&lt;br /&gt;
—Sí —contestó Morrison—. Siempre que usted entienda que apenas salga de aquí me&lt;br /&gt;
compraré cinco paquetes de cigarrillos y los fumaré en el trayecto hasta la Comisaría. —De pronto se dio cuenta que se estaba mordiendo la uña del pulgar, que la estaba succionando, y se forzó por interrumpir ese acto.&lt;br /&gt;
—Como quiera. Pero creo que cambiará de idea cuando tenga una imagen más&lt;br /&gt;
completa.&lt;br /&gt;
Morrison permaneció callado. Volvió a sentarse y cruzó las manos.&lt;br /&gt;
—Durante el primer mes de tratamiento, nuestros supervisores lo vigilarán&lt;br /&gt;
constantemente —anunció Donatti—. Localizará a algunos. No a todos. Pero siempre lo&lt;br /&gt;
seguirán. Siempre. Si ven que fuma un cigarrillo, me telefonearán.&lt;br /&gt;
—Y supongo que usted me traerá aquí y repetirá el viejo truco del conejo —dijo&lt;br /&gt;
Morrison. Intentaba que su tono fuera frío y sarcástico, pero de pronto se sintió despavorido.&lt;br /&gt;
Era una pesadilla.&lt;br /&gt;
—Oh, no —lo corrigió Donatti—. El truco del conejo se lo haremos a su esposa, no a&lt;br /&gt;
usted.&lt;br /&gt;
Morrison lo miró estúpidamente. Donatti sonrió.&lt;br /&gt;
—Usted —agregó—, mirará.&lt;br /&gt;
Después de que Donatti le abrió la puerta, Morrison caminó durante más de dos horas&lt;br /&gt;
totalmente aturdido. Era otro día hermoso, pero no le prestó atención. La monstruosidad del rostro sonriente de Donatti eclipsaba&lt;br /&gt;
todo lo demás.&lt;br /&gt;
—Verá —le había dicho—, un problema pragmático&lt;br /&gt;
exige soluciones pragmáticas. Debe darse cuenta de que&lt;br /&gt;
lo hacemos por su bien.&lt;br /&gt;
Según Donatti, Basta, S. A., era una especie de fundación, una organización sin fines de lucro creada por el hombre cuyo retrato colgaba de la pared. Ese caballero había acumulado&lt;br /&gt;
una gran fortuna con varias empresas familiares..., que abarcaban, entre otras cosas, máquinas tragamonedas, salones de masajes, quinielas, y un comercio activo (aunque clandestino) entre Nueva York y Turquía. Mort Tres Dedos Minelli había sido un fumador empedernido..., de hasta tres paquetes por día. El papel que sostenía en la foto era un diagnóstico médico: cáncer de pulmón. Mort había fallecido en 1970, después de dotar a Basta, S. A., con fondos familiares.&lt;br /&gt;
—Procuramos equilibrar las salidas y las entradas, en la medida de lo posible —había&lt;br /&gt;
agregado Donatti—. Pero lo que más nos interesa es ayudar al prójimo. Y, por supuesto, tenemos ventajas fiscales.&lt;br /&gt;
El tratamiento era de una sencillez escalofriante. A la primera transgresión, introducirían a Cindy en lo que Donatti llamaba «el cuarto del conejo». A la segunda, Morrison recibiría su dosis. A la tercera, los introduciría a los dos juntos. La cuarta transgresión demostraría que existían graves problemas de cooperación que se corregían con medidas mucho más drásticas. Enviarían un agente a la escuela de Alvin para darle una paliza al chico.&lt;br /&gt;
—Imagínese —manifestó Donatti, sonriendo—, qué horrible sería para el chico. No lo&lt;br /&gt;
entendería aunque alguien se lo explicara. Sólo sabría que lo están castigando porque papá se ha portado mal. Se asustaría mucho.&lt;br /&gt;
—Cerdo asqueroso —exclamó Morrison, impotente. Se sentía al borde del llanto—.&lt;br /&gt;
Sucio hijo de puta inmundo.&lt;br /&gt;
—No me interprete mal —prosiguió Donatti. Sonreía con expresión afable—. Estoy&lt;br /&gt;
seguro de que eso nunca sucederá. El cuarenta por ciento de nuestros clientes no han sido castigados nunca... Y sólo un diez por ciento ha cometido más de tres infracciones. ¿No le parece que estas estadísticas son muy tranquilizadoras?&lt;br /&gt;
Morrison no las encontraba tranquilizadoras sino terroríficas.&lt;br /&gt;
—Claro que si incurre en una quinta transgresión...&lt;br /&gt;
—¿A qué se refiere?&lt;br /&gt;
Donatti sonrió de oreja a oreja.&lt;br /&gt;
—La habitación para usted y su esposa, una segunda paliza para su hijo y una paliza&lt;br /&gt;
para su esposa.&lt;br /&gt;
Morrison, que se hallaba fuera de sí, se abalanzó sobre Donatti, pasando por encima del escritorio. Donatti se movió con una rapidez que resultaba asombrosa en un hombre que parecía estar totalmente relajado. Deslizó la silla hacia atrás, levantó ambos pies sobre la mesa y los clavó en el estómago de Morrison. Éste retrocedió, haciendo arcadas y tosiendo.&lt;br /&gt;
—Siéntese, señor Morrison —lo exhortó Donatti amablemente—. Discutamos todo esto&lt;br /&gt;
como seres racionales.&lt;br /&gt;
Cuando por fin recuperó el aliento, Morrison hizo lo que le ordenaban. Las pesadillas tenían que terminar alguna vez,¿verdad?&lt;br /&gt;
Donatti siguió explicando que Basta, S. A., operaba con una escala de castigos de diez intensidades. La sexta, la séptima y la octava consistían en nuevas incursiones en el cuarto de los conejos (con mayor voltaje) y en palizas más violentas. La novena intensidad consistiría en fracturarle los brazos a su hijo.&lt;br /&gt;
—¿Y la décima? —preguntó Morrison, con la boca seca.&lt;br /&gt;
Donatti meneó la cabeza tristemente.&lt;br /&gt;
—Llegados a ese punto nos damos por vencidos, señor Morrison. Usted entra a formar&lt;br /&gt;
parte del dos por ciento de incorregibles.&lt;br /&gt;
—¿Se dan realmente por vencidos?&lt;br /&gt;
—Es una manera de decir. —Abrió uno de los cajones del escritorio y depositó sobre la mesa una 45 con silenciador. Sonrió mirando a los ojos de Morrison—. Pero ni siquiera el dos por ciento de incorregibles vuelve a fumar. Se lo garantizamos.&lt;br /&gt;
La película del viernes por la noche era Bullitt, una de las favoritas de Cindy, pero después de aguantar durante una hora los movimientos impacientes y los refunfuños de Morrison, no pudo seguir concentrándose.&lt;br /&gt;
—¿Qué te sucede? —le preguntó, mientras pasaban la carta de ajuste del canal.&lt;br /&gt;
—Nada... todo —gruñó él—. He dejado de fumar. Cindy rió.&lt;br /&gt;
—¿Desde cuándo? ¿Desde hace cinco minutos?&lt;br /&gt;
—Desde las tres de la tarde.&lt;br /&gt;
—¿Verdaderamente no has fumado desde entonces?&lt;br /&gt;
—No —respondió Morrison, y empezó a mordisquearse la uña del pulgar. Estaba&lt;br /&gt;
mellada, roída hasta la cutícula.&lt;br /&gt;
—¡Es fantástico! ¿Qué fue lo que te hizo tomar semejante decisión?&lt;br /&gt;
—Lo hice por tí —contestó—. Por tí... y por Alvin. Los ojos de Cindy se dilataron, y&lt;br /&gt;
cuando se reanudó la proyección de la película no lo notó. Dick no mencionaba casi nunca a su hijo retrasado. Se acercó a él, observó el cenicero vacío junto a su mano derecha, y luego lo miró a los ojos.&lt;br /&gt;
—¿De veras estás tratando de dejarlo, Dick?&lt;br /&gt;
—De veras. —Y si recurriera a la Policía, agregó mentalmente, la pandilla local de&lt;br /&gt;
gorilas vendría a cambiarte la cara, Cindy.&lt;br /&gt;
—Me alegro. Aunque no lo logres, los dos te agradecemos esta iniciativa, Dick.&lt;br /&gt;
—Oh, creo que lo lograré —afirmó él, pensando en la expresión velada, homicida, que&lt;br /&gt;
había aparecido en los ojos de Donatti cuando le asestó el puntapié en el estómago.&lt;br /&gt;
Esa noche durmió mal, con un sueño intermitente y sobresaltado. Aproximadamente a&lt;br /&gt;
las tres se despertó por completo. Las ansias de fumar un cigarrillo eran intensísimas. Bajó y entró en su estudio. La habitación estaba en el centro de la casa. No tenía ventanas. Abrió el cajón superior del escritorio y miró adentro, fascinado por la caja de cigarrillos. Miró en tomo y se humedeció los labios.&lt;br /&gt;
Vigilancia permanente durante el primer mes, había dicho Donatti. Dieciocho horas por día durante los dos siguientes..., pero nunca sabría cuales serían esas dieciocho. Durante el cuarto mes, que era el momento en que la mayoría de los clientes reincidían, el «servicio» volvería a abarcar las veinticuatro horas del día. Después, doce horas de vigilancia escalonada cada día, durante el resto del año. ¿Y después? Una cierta vigilancia durante el resto de la vida del cliente.&lt;br /&gt;
Durante el resto de su vida.&lt;br /&gt;
—Es posible que lo controlemos cada dos meses —había dicho Donatti—. O cada dos&lt;br /&gt;
días. O durante toda una semana, dentro de dos años. Lo importante es que usted rao lo sabrá. Si fuma, jugará con dados cargados. ¿Estarán vigilando? ¿Estarán llevándose a mi esposa en este mismo momento, o enviando un hombre en busca de mi hijo? Magnífico, ¿no le parece? Y si da una chupada a hurtadillas, tendrá un sabor inmundo. El sabor de la sangre de su hijo.&lt;br /&gt;
Pero no podían estar vigilándolo en ese instante, en mitad de la noche, en su propio&lt;br /&gt;
estudio. En la casa reinaba un silencio sepulcral.&lt;br /&gt;
Miró durante casi dos minutos los cigarrillos de la caja, sin poder apartar la vista.&lt;br /&gt;
Después fue hasta la puerta del estudio, espió el pasillo vacío, y volvió a contemplar los cigarrillos durante otro rato. Cobró forma una imagen macabra: toda su vida se extendía ante él y no encontraba ni un cigarrillo. En nombre de Dios, ¿cómo podría volver a proponerle una campaña difícil a un cliente desconfiado, sin un cigarrillo consumiéndose plácidamente entre sus dedos mientras él movilizaba los gráficos y los diseños? ¿Cómo podría soportar las interminables exposiciones de jardinería de Cindy, sin un cigarrillo? En fin, ¿cómo podría levantarse por la mañana y enfrentar el día sin fumar un cigarrillo mientras bebía el café y leía el periódico? Se maldijo por haberse metido en ese embrollo. Maldijo a Donatti. Y maldijo, sobre todo, a Jimmy McCann. ¿Cómo podía haberle hecho eso? El muy hijo de puta lo sabía. El deseo de estrangular a Jimmy McCann hizo que le temblaran las manos.&lt;br /&gt;
Volvió a pasear la mirada por el estudio, sigilosamente. Metió la mano en el cajón y&lt;br /&gt;
extrajo un cigarrillo. Lo acarició, lo sobó. ¿Cómo decía el viejo eslogan publicitario? Tan redondeado, tan firme, tan compacto. Nunca había oído una mayor verdad. Se llevó el cigarrillo a la boca y después se detuvo, con la cabeza inclinada.&lt;br /&gt;
¿Había oído un ruidito en el armario? ¿Un ligero desplazamiento? Claro que no. Pero...&lt;br /&gt;
Otra imagen mental: el conejo brincando demencial-mente bajo los efectos de la&lt;br /&gt;
electricidad. Figurarse a Cindy en ese cuarto.&lt;br /&gt;
Escuchó atentamente y no oyó nada. Se dijo que le bastaría con acercarse a la puerta del armario y abrirla de un tirón. Sin embargo, era demasiado terrorífico pensar en lo que podría hallar. Volvió a la cama, pero tardó mucho en dormirse.&lt;br /&gt;
Aunque esa mañana se sentía pésimamente, le encontró buen sabor al desayuno. Después&lt;br /&gt;
de vacilar un momento, complementó su acostumbrado plato de copos de maíz con otro de huevos batidos. Estaba lavando la sartén, enfurruñado, cuando Cindy bajó vestida con su bata.&lt;br /&gt;
—¡Richard Morrison! No has comido un huevo con el desayuno desde los tiempos de&lt;br /&gt;
Maricastaña.&lt;br /&gt;
Morrison lanzó un gruñido. A su juicio «desde los tiempos de Maricastaña» era una de&lt;br /&gt;
las frases más estúpidas de Cindy, sólo comparable a «iría sonriendo al patíbulo».&lt;br /&gt;
—No.&lt;br /&gt;
—Reincidirás antes del mediodía —proclamó Cindy sarcásticamente.&lt;br /&gt;
—¡Gracias por la ayuda que me prestas! —bramo él, enardecido—. Tú y los demás que&lt;br /&gt;
no fuman, creen todos... oh, no importa.&lt;br /&gt;
Pensó que Cindy se enfadaría, pero vio que lo miraba con una expresión próxima a la&lt;br /&gt;
admiración.&lt;br /&gt;
—Lo dices realmente en serio —exclamó—. Realmente.&lt;br /&gt;
—Claro que sí.&lt;br /&gt;
Ojalá que nunca sepas hasta qué punto lo digo en serio.&lt;br /&gt;
—Pobrecillo —dijo Cindy, acercándose a él—. Pareces la imagen recalentada de la&lt;br /&gt;
muerte. Pero estoy muy orgullosa de ti.&lt;br /&gt;
Morrison la abrazó con fuerza.&lt;br /&gt;
Escenas de la vida de Richard Morrison, octubre-noviembre:&lt;br /&gt;
Morrison y un colega de «Larkin Studios» en el bar de Jack Dempsey. El colega le&lt;br /&gt;
ofrece un cigarrillo. Morrison aprieta su vaso con un poco más de fuerza y dice: Lo he dejado. El colega se ríe y contesta: Te doy una semana.&lt;br /&gt;
Morrison espera el tren de la mañana, y mira por encima del Times a un joven de traje azul. Ahora ve al joven casi todas las mañanas, y a veces en otros lugares. En «Onde's», donde se reúne con un cliente. Mirando discos en San Goody's, donde Morrison ha ido a buscar un álbum de Sam Cooke. Una vez en un grupo de cuatro, detrás del de Morrison, en el club local de golf:&lt;br /&gt;
Morrison se embriaga en una fiesta, tiene ganas de fumar un cigarrillo..., pero no está tan borracho como para encenderlo.&lt;br /&gt;
Morrison visita a su hijo, le lleva un gran balón que chilla cuando lo aprieta. El beso baboso y complaciente de su hijo. Quién sabe por qué no tan repulsivo como antes. Abraza con fuerza a su hijo, y descubre lo que Donatti y sus colegas han comprendido con tanto cinismo antes que él: que al fin y al cabo la droga más perniciosa es el amor. Los románticos pueden seguir debatiendo su existencia. Los pragmáticos lo aceptan y lo utilizan.&lt;br /&gt;
Morrison pierde poco a poco la compulsión física de fumar, pero no se libra por&lt;br /&gt;
completo del anhelo psicológico, ni de la necesidad de tener algo en la boca: pastillas contra la tos, caramelos, un mondadientes. Sustitutos insuficientes, todos ellos.&lt;br /&gt;
Y, finalmente, Morrison detenido en el Midtown Tunnel en un atasco de tráfico de&lt;br /&gt;
increíbles proporciones.&lt;br /&gt;
Oscuridad. Estridencia de claxons. Atmósfera pestilente. El tráfico irremisiblemente&lt;br /&gt;
embotellado. Y de pronto, abre la guantera y ve un paquete de cigarrillos parcialmente abierto.&lt;br /&gt;
Los miró un momento y luego cogió uno y lo prendió con el encendedor del tablero de&lt;br /&gt;
instrumentos. Si sucede algo la culpa será de Cindy, se dijo con ánimo desafiante. Le había ordenado que se deshiciera de todos los malditos cigarrillos.&lt;br /&gt;
La primera chupada le hizo toser convulsivamente el humo. La segunda lo hizo&lt;br /&gt;
lagrimear. La tercera lo hizo sentirse ligero y mareado. «Tiene un sabor inmundo», pensó.&lt;br /&gt;
E inmediatamente después: ¿qué estoy haciendo?&lt;br /&gt;
Los claxons sonaron impacientemente detrás de él. Delante, la columna de vehículos se había puesto nuevamente en marcha. Aplastó la colilla en el cenicero, abrió las dos ventanillas delanteras y las aletas de ventilación y después abanicó impotentemente el aire como un chico que acaba de hacer correr por el inodoro su primer cigarrillo.&lt;br /&gt;
Su coche siguió a los otros con una serie de sacudidas espasmódicas y condujo hasta su casa.&lt;br /&gt;
—Cindy —exclamó—. Ya he llegado. Silencio.&lt;br /&gt;
—¿Cindy? ¿Dónde estás, cariño?&lt;br /&gt;
Sonó el teléfono y él se abalanzó sobre el aparato.&lt;br /&gt;
—¿Sí? ¿Cindy?&lt;br /&gt;
—Hola, señor Morrison —respondió Donatti. Su tono era placenteramente conciso y&lt;br /&gt;
formal—. Creo que tenemos que dilucidar un pequeño asunto de negocios. ¿Le resultará&lt;br /&gt;
cómodo venir a las cinco?&lt;br /&gt;
—¿Mi esposa está con usted?&lt;br /&gt;
—Claro que sí —rió Donatti de forma indulgente.&lt;br /&gt;
—Escuche, déjela salir —balbuceó Morrison—. No volverá a suceder. Fue un desliz,&lt;br /&gt;
sólo un desliz, y nada más. ¡Sólo le di tres chupadas y le juro que ni siquiera sabía bien!&lt;br /&gt;
—Qué lastima. ¿Lo espero a las cinco, entonces?&lt;br /&gt;
—Por favor —suplicó Morrison, al borde del llanto—. Por favor...&lt;br /&gt;
Estaba hablándole a un teléfono incomunicado.&lt;br /&gt;
A las cinco de la tarde la antesala estaba desierta, con excepción de la secretaria que le dedicó a Morrison una sonrisa rutilante sin hacer caso de su palidez y su desaliño.&lt;br /&gt;
—¿Señor Donatti? —dijo la secretaria por el interfo-no—. El señor Morrison ha venido&lt;br /&gt;
a verle —le hizo un ademán con la cabeza a Morrison—. Puede pasar.&lt;br /&gt;
Donatti lo esperaba frente a la habitación no identificada, acompañado por un hombre&lt;br /&gt;
que ostentaba la camiseta con la leyenda SONRÍA y empuñaba una 38. Tenía la&lt;br /&gt;
complexión de un gorila.&lt;br /&gt;
—Escuche —le dijo Morrison a Donatti—. Podemos llegar a una transacción, ¿verdad?&lt;br /&gt;
Le pagaré. Le...&lt;br /&gt;
—Cierre el pico —espetó el hombre de la camiseta con la leyenda SONRÍA.&lt;br /&gt;
—Me alegra verlo —manifestó Donatti—. Aunque lamento que sea en una circunstancia&lt;br /&gt;
tan penosa. ¿Quiere acompañarme? Lo abreviaremos lo más posible. Le aseguro que a su&lt;br /&gt;
esposa no le ocurrirá nada malo..., esta vez.&lt;br /&gt;
Morrison se preparó para abalanzarse sobre Donatti.&lt;br /&gt;
—Vamos, vamos —exclamó Donatti, con expresión fastidiada—. Si hace eso, mi amigo&lt;br /&gt;
Junk le dará una paliza y su esposa recibirá igualmente las descargas. ¿Qué beneficio podría reportarle eso?&lt;br /&gt;
—Ojalá se pudra en el infierno —siseó Morrison. Donatti suspiró.&lt;br /&gt;
—Si me hubieran dado cinco céntimos por cada vez que alguien ha enunciado ese&lt;br /&gt;
mismo deseo, ya podría jubilarme. Que esto le sirva de lección, señor Morrison. Cuando un romántico trata de hacer una buena obra y fracasa, le dan una medalla. Cuando un pragmático tiene éxito, lo mandan al infierno. ¿Vamos?&lt;br /&gt;
Junk hizo una seña con la pistola.&lt;br /&gt;
Morrison entró en la habitación, delante de ellos. Se sentía aturdido. Habían corrido la cortinilla verde. Junk lo empujó con el cañón del arma. «Así debían de sentirse quienes presenciaban lo que ocurría en las cámaras de gas», pensó.&lt;br /&gt;
Miró hacia dentro. Cindy estaba allí, y miraba azorada en tomo.&lt;br /&gt;
—¡Cindy! —gritó Morrison angustiado—. Cindy, ellos...&lt;br /&gt;
—No puede oírlo ni verlo —le informó Donatti—. El cristal es transparente en una sola dirección. Bien, terminemos con esto. En realidad sólo fue un desliz insignificante. Creo que bastarán treinta segundos. ¿Junk?&lt;br /&gt;
Junk pulsó el botón con una mano mientras con la otra seguía clavando implacablemente la pistola en la espalda de Morrison.&lt;br /&gt;
Fueron los treinta segundos más largos de su vida. Cuando terminó la sesión, Donatti apoyó la mano sobre el hombro de Morrison y le preguntó:&lt;br /&gt;
—¿Va a vomitar?&lt;br /&gt;
—No —respondió Morrison débilmente. Tenía la frente apoyada contra el cristal. Sus&lt;br /&gt;
piernas se habían trocado en gelatina—. No lo creo.&lt;br /&gt;
Dio media vuelta y vio que Junk se había ido.&lt;br /&gt;
—Venga conmigo —dijo Donatti.&lt;br /&gt;
—¿A dónde? —inquirió Morrison apáticamente.&lt;br /&gt;
—Creo que tendrá que explicar algunas cosas, ¿no le parece?&lt;br /&gt;
—¿Cómo podré enfrentarla? ¿Cómo podré decirle que yo... yo...?&lt;br /&gt;
—Sospecho que va a recibir una sorpresa, señor Morrison —comentó Donatti.&lt;br /&gt;
En la habitación sólo había un sofá. Cindy estaba sentada en él, sacudida por sollozos impotentes.&lt;br /&gt;
—Cindy —le dijo suavemente. Ella levantó la vista, con los ojos dilatados por las lágrimas.&lt;br /&gt;
—¿Dick? Oh... Oh, Dios... —Morrison la abrazó con fuerza—. Dos hombres —balbuceó&lt;br /&gt;
ella contra su pecho—. En'la casa. Al principio pensé que eran ladrones y después pensé que me iban a violar y después me llevaron a un lugar con los ojos vendados y... y... oh, fue&lt;br /&gt;
horrible...&lt;br /&gt;
—Shhh —dijo él—. Shhh.&lt;br /&gt;
—¿Pero por qué? —preguntó Cindy, alzando la vista—. ¿Por qué me...?&lt;br /&gt;
—Por mí —contestó él—. Debo contarte una historia, Cindy...&lt;br /&gt;
Cuando Morrison concluyó, permaneció un momento callado y después agregó:&lt;br /&gt;
—Supongo que me odias. No te culparé por ello. Morrison tenía la mirada clavada en el piso y Cindy le cogió el rostro entre las manos y lo volvió hacia el de ella.&lt;br /&gt;
—No —murmuró—. No te odio. «Vale la pena —prosiguió Cindy—. Bendita sea esta&lt;br /&gt;
gente. Te han sacado de una prisión.&lt;br /&gt;
Él la miró, enmudecido por la sorpresa.&lt;br /&gt;
—¿Lo dices en serio?&lt;br /&gt;
—Sí —contestó Cindy, y lo besó—. ¿Ahora podemos volver a casa? Me siento mucho&lt;br /&gt;
mejor. Mejor que nunca.&lt;br /&gt;
El teléfono sonó una tarde, una semana más tarde, y cuando Morrison reconoció la voz&lt;br /&gt;
de Donatti, dijo:&lt;br /&gt;
—Sus hombres se equivocan. Ni siquiera me he acercado a un cigarrillo.&lt;br /&gt;
—Lo sabemos. Tenemos que conversar con usted sobre una última cuestión. Entre&lt;br /&gt;
paréntesis, le felicito por su ascenso.&lt;br /&gt;
—¿Cómo se enteró?&lt;br /&gt;
—Nos mantenemos informados —respondió Donatti con tono indiferente, y cortó.&lt;br /&gt;
Cuando entraron en la pequeña habitación, Donatti dijo:&lt;br /&gt;
—No se ponga tan nervioso. Nadie va a morderlo. Suba ahí, por favor.&lt;br /&gt;
Morrison vio una balanza de baño.&lt;br /&gt;
—Escuche, he aumentado un poco de peso, pero...&lt;br /&gt;
—Sí, es lo que le sucede al setenta y tres por ciento de nuestros clientes. Suba, por favor.&lt;br /&gt;
Morrison subió, y la aguja de la balanza señaló ochenta y siete kilos.&lt;br /&gt;
—Correcto. Ya puede bajar. ¿Cuánto mide, señor Morrison?&lt;br /&gt;
—Un metro ochenta.&lt;br /&gt;
—Muy bien, veamos. —Extrajo de su bolsillo delantero una tarjetilla plastificada—. Oh, no está tan mal. Le daré una receta para unas pildoras dietéticas muy ilegales. Utilícelas con moderación y ciñéndose a las instrucciones. Y fijará su peso máximo en... veamos... —&lt;br /&gt;
Volvió a consultar la tarjeta—. Noventa y un kilos, ¿qué le parece? Y puesto que hoy es primero de diciembre, lo esperaré todos los primeros de mes, para controlar su peso. Si no puede venir no se preocupe. Bastará con que nos telefonee por anticipado.&lt;br /&gt;
—¿Y qué sucederá si me excedo de los noventa y uno? Donatti sonrió.&lt;br /&gt;
—Enviaremos a alguien a su casa para que le corte el dedo meñique a su esposa —&lt;br /&gt;
sonrió—. Puede salir por esa puerta, señor Morrison. Le deseo un buen día.&lt;br /&gt;
Ocho meses más tarde:&lt;br /&gt;
Morrison se encuentra en el bar de Dempsey con su colega de los «Larkin Studios».&lt;br /&gt;
Morrison se mantiene en lo que Cindy llama orgullosamente su peso de batalla:&lt;br /&gt;
ochenta y cinco kilos. Hace gimnasia tres veces por semana y está en perfectas condiciones&lt;br /&gt;
físicas. En cambio, su colega de Larkin parece un despojo traído por el gato.&lt;br /&gt;
Colega: Jesús, ¿cómo conseguiste dejar de fumar? Yo estoy prisionero de este maldito&lt;br /&gt;
vicio.&lt;br /&gt;
El colega aplasta el cigarrillo con auténtica repulsión y vacía su whisky.&lt;br /&gt;
Morrison lo mira pensativamente y luego extrae de la billetera una tarjetita comercial blanca. La deposita sobre la barra, entre ellos. Sabes, dice, estos tipos cambiaron mi vida.&lt;br /&gt;
Doce meses más tarde:&lt;br /&gt;
Morrison recibe una factura por correo. La factura dice:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
BASTA,S. A.&lt;br /&gt;
237 East 46th Street Nueva York, N.Y. 10017&lt;br /&gt;
1 Tratamiento 2.500,00 dólares&lt;br /&gt;
Asesor (Victor Donatti) 2.500,00 dólares&lt;br /&gt;
Electricidad 0,50 dólares&lt;br /&gt;
TOTAL (Rogamos abonar esta suma) 5.000,50 dólares&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Hijos de puta!, ruge. Me cobraron la electricidad que usaron para... para...&lt;br /&gt;
Paga y cállate, dice ella, y lo besa.&lt;br /&gt;
Veinte meses más tarde:&lt;br /&gt;
Morrison y su esposa se encuentran por casualidad con Jimmy McCann y señora en el&lt;br /&gt;
«Helen Hayes Theatre». Hacen las presentaciones. Jimmy está tan rozagante como aquel&lt;br /&gt;
día, hace tanto tiempo, en la terminal del aeropuerto. O está aún mejor. Morrison no&lt;br /&gt;
conocía a su esposa. Es muy bella, con ese encanto rutilante que a veces irradian las muchachas sencillas que son muy, muy felices.&lt;br /&gt;
Le tiende la mano a Morrison y éste se la estrecha. Nota algo raro y en la mitad del segundo acto descubre qué es lo que le ha llamado la atención. Le faltaba el dedo meñique de la mano derecha. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="color: #ff9900; font-family: Calibri; font-size: 105%;"&gt; Cuidado con lo que deseas... puede hacerse real &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: Calibri; font-size: 125%;"&gt; Es un anochecer frío, las nubes gris oscuro cubren el cielo casi en su totalidad, no se ven estrellas, sólo la luna grande y amarilla asomando por el horizonte semejante a un enorme grano purulento en la cara de un enfermo con la cara gris hecha jirones. Había salido de casa un poco más temprano de lo habitual, previendo el mal clima que sin duda nos aplastaría más tarde, el viento es intenso y se ven ya menos autos en la calle.&lt;br /&gt;
Dos cuadras antes del lugar donde suelo esperar a la movilidad que me lleva a la planta de textiles, hay una gasolinera con una tienda que tiene un café instantáneo servido de máquina que es bastante aceptable, ya que tenía algunos minutos decidí esconderme un rato de la cara de muerto que me escudriñaba desde lo alto con su grano purulento. &lt;br /&gt;
&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
Al ingresar suena la campanilla y el dependiente apenas y despega la vista de la contraportada del diario amarillista que está ocupando sus sentidos, la habitual pseudo-modelo no tan agraciada que, escasa de ropas, espera alcanzar la fama en ese tipo de contraportadas. Me dirijo a la expendedora de café, pongo las monedas y escojo el capuccino de vainilla, mientras el aparato comienza su traqueteo, giro para buscar unas tostadas, en ese instante ingresa al lugar una mujer policía del cuerpo Fénix, trae la cara triste o quizá abatida, si no fuera el uniforme, podría apostar a que no tenía más de 15 años, es muy delgada y menuda; me pregunto qué hace a una niña así decidirse por el cuerpo policial, con lo mal que pagan y los riesgos que enfrentan, no parece una decisión inteligente en estos días.&lt;br /&gt;
Mi café está listo, recojo el vaso de cartón plastificado y me dirijo al dependiente para pagar las tostadas. La &lt;i&gt;Fénix&lt;/i&gt;, ya está pagando un paquete de galletas, miro hacia fuera, desde aquí se ve mi paradero, no está aún la movilidad, ni que estuviera mal de la cabeza para salir a tomar mi café a la vereda. &lt;br /&gt;
La mujer paga sus galletas y pago yo luego mis tostadas. Me decido a tomar una de las sillas de la barra junto a la ventana, la &lt;i&gt;Fénix &lt;/i&gt;ya está ahí con su cara triste y sus galletas solitarias, no quiero incomodar, escojo la silla más lejana a la de ella, y bebo mi café mientras contemplo las islas surtidoras de combustible, allá afuera hace un frio espantoso, pareciera como si el sol no hubiera salido aquel día, ya sólo nos iluminan los faroles de la calle y los de la gasolinera, y, por supuesto, el grano purulento desde su dominante posición cada vez más alta en el cielo sucio.&lt;br /&gt;
Adentro, no se está del todo mal, el café calienta mis entrañas, sólo me acompañan el sonido de mis tostadas y el del paquete de galletas que se abre y cierra muy cerca de mí. De hecho intento ignorar el trillado y repetitivo sonido de la “número uno de la semana en Radio La Pachanga” que me tiene hasta la corinilla en taxis, combis, estaciones de servicio y ringtones de celulares de los compañeros de trabajo. No hay forma de huir de la maldición pachanguera, igual que no hay forma de ocultarse del ojo amarillo enfermizo que ya me mira desde el cielo hacia dentro de la estación de servicio.&lt;br /&gt;
Me pregunto nuevamente qué hace una niña vestida con ese uniforme, encajaría mejor con el de las &lt;i&gt;Girl Scout&lt;/i&gt;, quisiera preguntarle, pero no quiero ser impertinente, sólo volteo a observar y casualmente la &lt;i&gt;Fénix &lt;/i&gt;voltea también, intento esbozar una sonrisa y sólo consigo una mueca que veo macabramente reflejada en el ventanal, ella no sonríe, por el contrario, hace un gesto de asco, achica los ojos y de pronto los abre grandes como faroles, iba yo a desviar la mirada, pero esto último capta totalmente mi atención: la oficial &lt;i&gt;Fénix &lt;/i&gt;deja caer su última galleta al piso, comienza a toser y se desploma. Dejo mi café sobre la barra y me aproximo a ayudarla, quizá tiene un trozo de galleta atorado en la garganta, no tengo realmente idea de qué hacer en esos casos, pero acercarme, considero que es mejor que mantenerme quedo y pasivo.&lt;br /&gt;
Cuando estoy junto a ella un nuevo espasmo de tos sacude fuertemente su débil cuerpo y se coloca ahora sobre sus rodillas y se apoya en el piso con una sola mano, mientras con la otra golpea débilmente su pecho, La tomo de los hombros y le pregunto si se encuentra bien, intento incorporarla, la pongo nuevamente sobre su silla, y ella me aparta con una mano, sin responder ni levantar la mirada.&lt;br /&gt;
—¿Se encuentra bien? —Insisto, y mientras intento escudriñar su rostro, le digo—: Le traeré algo de beber.&lt;br /&gt;
Ella menea la cabeza en negativa y con su mano toma mi hombro, por fin levanta la cabeza y deja ver su rostro pálido y enfermo, ahora parece una niña de diez años.&lt;br /&gt;
—¿Señorita, le sucede algo? Yo podría… —No alcanzo a terminar la frase, pues me interrumpe un nuevo espasmo de la agente, esta vez es más fuerte y la derriba nuevamente al piso, al intentar ayudar veo que un líquido amarillo oscuro se derrama desde su boca de manera abundante, es un líquido viscoso, parece bilis, pero, no lo creo. Recuerdo vívidamente haber estado enfermo hace ya varios años y haber arrojado bilis después de vaciar todo lo que había en mi estómago, y creo que la bilis es más bien verde. La oficial intenta incorporarse y resbala, ahora está junto a mí el dependiente de la estación de servicio y me ayuda a levantarla.&lt;br /&gt;
Afuera no hay autos en las islas, sólo dos dependientes que no se dan cuenta de lo que ocurre dentro, comparten algo de un termo en tazas de plástico; aquí adentro ha comenzado a sentirse un olor rancio, como de coles hervidas que alguien olvidó de echar a la basura y se quedaron pudriendo por un par de semanas, la agente del orden no luce nada bien, ha manchado el uniforme, que curiosamente, ahora me parece que le queda más grande. No puedo dar crédito a mis ojos, realmente se ve ahora más pequeña, no venida a menos por las convulsiones, se ve de menos edad.&lt;br /&gt;
Ahora tiene la mirada atormentada de una niña que ha visto los horrores del infierno, tiembla, está pálida y tiene las manos como témpanos. Los ojos abiertos como platos, grandes, oscuros, acuosos, sus ralas cejas poco pueden proteger esos ojos del torrente de sudor helado que cae de su frente. Intento ignorar el hecho de que hace poco menos de un cuarto de hora, esta niña entró al establecimiento vistiendo un uniforme casi ceñido y aparentando 15 años, esta niña ahora parece una criatura de 6 años que se ha puesto la ropa de trabajo de su hermana mayor; no puedo, no es posible ignorar eso, contemplo su aterrorizada cara y por fin habla.&lt;br /&gt;
—Por favor, ayúdeme —Logra decir con mucho esfuerzo y escupiendo un poco de ese líquido maloliente—. Tengo este… —Nuevamente hay una interrupción, otro espasmo que parece que le hace vomitar el alma, la sostenemos de los brazos para que no caiga nuevamente al suelo. Tengo la impresión de que dentro de mis manos, su brazo se hace más pequeño, más delgado y frágil. El dependiente no atina a comentar nada, pero la expresión en su cara lo dice todo, está tan incrédulo como yo, asistimos como testigos a un prodigio que no podemos comprender. Vemos que efectivamente, la niña en nuestras manos es ahora más pequeña, sus pies ya no alcanzan al piso, se le han caído las botas dejando al descubierto un par de medias blancas arrugadas demasiado grandes para los pies que contienen, el rostro aún más infantil frente a nosotros no refleja nada de inocencia, es una mueca macabra que nos mira con pavor y desconcierto, ahora intenta hablar pero sólo los balbuceos apenas inteligibles de una niña de 3 años me dan a entender que saque algo del estuche de cuero que lleva junto al del arma. &lt;br /&gt;
Hay dos libretas: una que es la que utilizan los agentes de tránsito para escribir las infracciones; y otra más pequeña, con tapas de cuero duro sin tratar, tiene una cinta igualmente de cuero que la envuelve para mantenerla cerrada, esta libreta tiene una apariencia vieja, deshago el nudo y la abro, las hojas son amarillas y toscas, en la primera página hay garabatos que parecen haber sido escritos con una especie de carboncillo, son símbolos como runas, eso creo (mi hijo mayor ha estado leyendo ese libro de Tolkien y estos garabatos tienen la apariencia de aquellos que mi hijo llama Runas). El dependiente de la tienda estira el cuello para intentar atisbar lo que hay escrito, pone cara de desconcierto y finalmente anuncia que abrirá la puerta para ventilar el lugar, doy mi asentimiento, casi no se puede respirar con este hedor a coles podridas, una niña de 3 años me mira desde su asiento envuelta en ropas grandes, desconcertada, asustada, triste y macabra a la vez, como un pequeño súcubo castigado por un demonio mayor.&lt;br /&gt;
Cuando el dependiente vuelve, he revisado las cuatro primeras páginas y son este conjunto de runas que no comprendo, el dependiente ve que la niña se estabiliza y recobra un poco de color en el rostro y decide ir por un trapeador y un cubo de agua, yo, entretanto, continúo revisando la misteriosa libreta, la quinta página tiene jeroglíficos que parecen egipcios, serpientes, halcones, círculos y figuras humanas en actitud de labrador, de sacerdotes, sólo he visto esto en películas, son trazos finos y cuidadosos a diferencia de los primeros. Tampoco los comprendo. Página 6, esto ya se parece a algo, pero no logro leer nada, me interrumpe un nuevo espasmo de la que hace un rato era una agente de policía.&lt;br /&gt;
Esta vez, la desgraciada criatura vomita más profusamente este líquido amarillento sobre el recientemente trapeado piso, no cae al piso porque la sostengo en su silla como puedo, no puedo evitar mancharme las ropas, cuando de pronto caigo en la cuenta que tengo en brazos una nena llorona de menos de un año, pálida, escuálida, fría. Llora inconsolablemente, la envuelvo como puedo en lo que solía ser su ropa de adulta, pero no logro calmarla, la acuno, la meso pero nada parece funcionar, es un llanto como de dolor, no tengo la menor idea de qué debo hacer, todo esto ha sucedido tan rápido que no me da tiempo a pensar, es una locura, es increíble, pero es verdad, lo estoy viendo, sé que no estoy soñando ni alucinando, es real aunque me niegue a creerlo. El llanto se intensifica, es una bebé que llora con gritos desgarradores y de pronto se sofoca, su rostro adquiere una tonalidad azul y vomita más de ese líquido viscoso, sólo que esta vez en menor cantidad.&lt;br /&gt;
El dependiente se acerca junto a mí, tan callado como todo este tiempo, vemos que la bebé deja de llorar, se encoje literalmente, decrece su tamaño a tal punto que cabe en la palma de mi mano, adquiere un color entre pardo y gris, se lleva el dedo pulgar a la boca y aun que no lo quiero creer, tengo un feto de casi 6 centímetros en mi mano, ahora de 5, de 4, va deformándose, su cuerpo se hace más pequeño que su cabeza, 3 centímetros, luego 2, su decremento de edad es cada vez más acelerado, tengo algo parecido a un renacuajo rojo en la palma, se dobla como un caracol y al final sólo tengo una mancha de ese líquido amarillento y viscoso con un punto rojo que parece  sangre en el medio. Intercambio miradas con el dependiente sin mediar palabra, son miradas de estupefacción, estamos pasmados por todo lo que acabamos de presenciar. Me dejo caer en la silla que estuve ocupando hace rato, cuando parecía una noche típica de invierno y el antojo de un café me trajo a presenciar semejante evento.&lt;br /&gt;
Voy cayendo en la cuenta que se supone que debería ir a trabajar, miro hacia mi paradero, veo el reloj. El transporte ya debe haberse ido sin mí. Afuera no hay mayor actividad, nadie parece haberse dado cuenta de lo que sucedió aquí dentro. Tengo aún la mano manchada, tomo unas cuantas servilletas de papel de encima de la barra quito como puedo el líquido viscoso, entro a los servicios, me lavo bien las manos y me arrojo agua al rostro, quiero asegurarme bien de que no estoy en una pesadilla, definitivamente estoy en la realidad.&lt;br /&gt;
Al salir, veo al dependiente junto a la máquina de café esperando a que ésta termine su traqueteo, me acerco a las ropas de la oficial que han quedado sobre su silla y tomo nuevamente la libreta misteriosa y busco la página que me quedé intentando leer, son letras como las que usamos hoy en día, al menos se parecen bastante, los trazos son de líneas rectas y describen ángulos cerrados en sus intersecciones, lo que alcanzo a leer parece latín: &lt;i&gt;opto vivire in craterellus&lt;/i&gt;. No me dice nada, no comprendo. Sigo revisando la libreta y veo diferentes lenguas, diferentes símbolos, hay letras que parecen griegas, hay escritura hebrea, árabe, y todas están en frases cortas, cada frase en una página. La libreta sólo tiene dos páginas limpias al final, antes de éstas, la inscripción en tinta azul y letra corrida: &lt;i&gt;No deseo envejecer nunca&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;hr /&gt;&lt;i&gt;Ha pasado casi un año desde el último post y éste marca una especie de resurrección del blog, con la que es probablemente la historia más larga que hasta ahora haya escrito, me ha demandado tiempo, investigación y hasta la invención de un juego. A los interesados, armense de paciencia y adéntrense en la oscuridad de esta historia, como siempre los comentarios y las críticas son bienvenidas, sobre todo las críticas que son (o por lo menos deben ser) como el papel de lija: ásperas para ayudar a pulir.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;hr /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="color: #ff9900; font-family: Calibri; font-size: 105%;"&gt;&lt;br /&gt;
Empty they say.&lt;br /&gt;
Death, won't you let me stay?&lt;br /&gt;
Empty they say.&lt;br /&gt;
Death, hear me call your name!&lt;br /&gt;
Oh, call your name!&lt;br /&gt;
(Cyanide - Death magnetic [Metallica])&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: Calibri; font-size: 125%;"&gt;&lt;br /&gt;
El sol se ha ocultado hace ya mucho ensangrentando las nubes del cielo que se van congregando en jirones cada vez menos rojizos tornándose grises. En el parque, bajo el único farol que hay en el medio, una figura femenina aplasta con la punta de la bota el cigarrillo que acaba de arrojar, una sutil malla de nylon negro cubre las piernas de la dama bajo el farol, al igual que la menuda llovizna cubre con un filtro gris todo el paisaje, una escasa falda deja poco a la imaginación, un chaleco corto se ciñe a la contorneada figura por encima de una blusa blanca, y para protegerse del frío, tiene un abrigo elegante que no se ha molestado en cerrar quizá para mostrar la sensualidad de su figura, el abrigo es gris oscuro de solapas amplias y cuyos faldones llegan casi hasta el nacimiento de los bajos tacones de las botas igualmente elegantes.&lt;br /&gt;
&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ella percibe una presencia, eleva la mirada hacia el lado menos iluminado del parque y como si las sombras tomaran forma, emerge otra mujer de ropas igualmente oscuras pero visiblemente mucho menos elegantes, su vestir es más bien recatado rozando tal vez con lo mojigato, tiene un abrigo negro por encima de su largo vestido negro cubierto de botones hasta el cuello, un moño sencillo corona su cabeza y su rostro pálido apenas logra superar los 45 grados de inclinación hacia el piso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Hermanita, ha pasado tiempo -dice con frivolidad la mujer que estuvo bajo el farol y ahora se ha aproximado a la recién llegada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Sí -responde tímidamente la segunda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera mira a la segunda como inspeccionándola, su larga cabellera rojiza cubre sus hombros con majestuosidad y le confieren a la expresión de su rostro una altivez intimidante. La segunda mujer sólo trata de ocultar su mirada de la vista inquisidora de su hermana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Saludos hermanas -oyen éstas a sus espaldas el acento anticuado de una tercera mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al girar ambas, encuentran unos ojos grandes y oscuros, engastados en un rostro serio y hasta ceremonioso, cubierto por una amplia capucha verde oscuro, la mujer dentro del abrigo verde inclina levemente una venia a cada una de las otras dos y les dedica una muy breve sonrisa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Henos aquí. ¿Y la que nos congrega? Seguro que llegará tarde como es su costumbre -dice la mujer de verde sin poder ocultar su impaciencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Yo siempre llego cuando tengo que llegar, ni antes ni después, lo sabes muy bien -una voz suave pero firme envuelve a las tres mujeres que giran sus cabezas en todas direcciones buscando la fuente de esa voz. Sentada en un banco cerca del farol, otra mujer de rostro apacible y ropas sencillas, dirige su mirada reposada a las otras, es una mirada casi maternal, dulce, serena como la superficie de un lago olvidado, contrastante con la llovizna gris que las rodea. Las tres mujeres se acercan a la última, casi con sumisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Las he reunido, amigas mías, puesto que es probable que tenga que cumplir una entrega.-. Dedica una breve mirada a la pelirroja y mientras señala con el dedo hacia una de las esquinas del parque. -Estoy segura de que conoces a ese hombre-.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pelirroja de ojos vivaces sonríe coquetamente y afirma que en efecto conoce al hombre que ahora se dispone a cruzar el parque. -Lo he llevado muchas veces a conocer y reencontrarse con los placeres de la carne, ha sido un fiel pupilo.&lt;br /&gt;
La mujer del moño le increpa, aun que con timidez, no sin cierto enojo -Tus caminos rojos lo han llevado con prostitutas en un inicio y como te encaprichaste con él, ha dirigido sus asquerosas manos hacia mujeres casadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Cálmate, hermanita. Nadie le ha puesto una pistola en la cabeza para que se enrede con la mujer de su jefe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Lo interesante del caso -, dice la mujer de verde- es que ahora su jefe está a punto de saber de las correrías de estos dos -No puede ocultar la satisfacción que le produce pronunciar estas palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-No tendrá porqué enterarse. Sus pasos han sido raudos, eso sí, pero cuidadosos. ¿Qué hay de malo en esto? la pobre mujer tiene grandes necesidades que el impotente marido no puede satisfacer, y nuestro amigo que se acerca tiene los recursos…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-¡Ya cállate! Todas estas cosas no deberían pasar -el pálido rostro de la mujer del moño ha adquirido un rubor encendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Creo que queda claro lo que aquí se debe definir, yo como siempre, esperaré pacientemente, son ustedes quienes deben decidir -y dicho esto, la última mujer en aparecer, da un paso hacia atrás y se desvanece en las sombras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al hombre cruza el parque, el sonido de sus pisadas sobre el asfalto mojado retumba en los alrededores, la lluvia se hace más intensa, y el tipo apura el paso. De pronto, justo después del cruzar el área de luz que cubre el farol una voz lo sobresalta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-¿Tienes fuego?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hombre saca un encendedor del bolsillo interior de su abrigo y le ofrece a la extraña pelirroja el fuego que pide, puede ver en el reflejo de sus ojos la flama que enciende el cigarrillo. No termina de comprender de dónde ha salido esta mujer, que ahora se despide con un coqueto “gracias”, mientras gira en redondo y se aleja. El hombre, perplejo por el misterio de aquellos ojos flameantes, vuelve a tomar sus pasos, y a los pocos segundos decide que desea ver nuevamente a esa sensual figura alejarse en la lluvia, voltea y sólo ve un parque vacío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-No deberías dejarte ver, con razón siempre ocasionas problemas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Ay, hermanita, es sólo un jugueteo inocente, no le hace daño a nadie.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Juguemos, hermanas -corta la discusión la tercera, sacando del interior de su abrigo una envoltura de terciopelo negro, la desdobla y extrae de él una baraja de cartas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De pie, las tres, ante la baraja apilada sobre una banqueta, en el umbral de la luz del farol, convocan al Azar, amo del juego que probablemente sea origen de otros, no sea de extrañarnos que cierto personaje de cabellos de fuego haya hecho incursiones enseñando lo que no debe a los mortales, siempre ávidos de cualquier placer que los conduzca a su decadencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el antiguo juego del Sahbardastan se considera a todos los ases como Visires, las cartas entre 2 y 8 son todas Peones, las de valor 9 son Caballos, las Sotas que valen 10 son Elefantes, los Caballeros, de valor 11, son Torres y los Reyes siguen siendo Reyes con un valor de 12. Tres jugadores se disputan la conquista del reino más codiciado: el Rey de Oros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue así que el Azar mezcló y repartió las cartas, seis a cada una y quiso que jugara primero la tímida mujer del moño quien tenía en sus manos el Visir de copas, dos Peones de bastos, uno de ellos 8 y el otro 7, un Peón de copas de valor 7, el Rey de espadas y el 7 de oros, un peón. Tomó al peón de Bastos 8 y lo puso sobre la mesa, quizá con la intención de hacer creer a las otras que no tenía cartas más poderosas. Siguiente en jugar fue la de capucha verde, con su mirada afilada parecía atravesar las gargantas de las otras dos, esa misma mirada luego se posó sobre su mano: el Elefante y un Peón de espadas, dos Visires, uno el de oros, muy valioso y el otro el de bastos, el de menor rango; tenía además un Peón de oros y el Caballo de copas. Puso sobre la mesa el Elefante de espadas para aplastar al Peón de la primera, pero debía aguardar el turno de la última jugadora, la de mirada de fuego que había estado estudiando su mano, menos favorecida que la de sus predecesoras, tenía en su mayoría Peones, dos de copas, otros tres de espadas y la Torre de bastos, la cual puso sobre la mesa para capturar al Elefante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este punto del juego, los participantes deben manifestar si sus cartas tienen el respaldo de algún Rey, y la tímida mujer lo tenía, puso sobre la mesa su Rey de espadas, que sumado al 8 de su peón hace un total de 20 puntos, que supera al valor del Elefante de espadas y de la Torre bastos, cuyas apoderadas no tienen un rey para respaldar. Por lo que este primer movimiento es conquistado por la tímida mujer del moño recatado, dándole el derecho de elegir de entre las otras dos a quien desea arrebatarle una carta oculta, elige a la pelirroja, ésta coloca sus cartas boca abajo sobre la mesa y la ganadora toma de ella guiada por el Azar el dos de copas, un peón con poco valor para su nueva dueña. Para continuar con la partida, cada una recoge de la pila de cartas sin repartir una carta más para su mano, 9 de bastos para la primera, 6 de oros para la segunda y 7 de copas para la tercera, lo que significa que la primera tiene ahora un caballo de bastos y las otras dos sólo obtuvieron un peón de diferente valor cada una.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras la partida se ha ido desarrollando, el hombre que cruzó el parque siente que debe regresar sobre sus pasos, no necesariamente a buscar a la mujer del parque, es más bien como un remordimiento que le impide continuar a casa de su amante, su andar se hace más lento y la expresión de su rostro más pensativa, evalúa y sopesa la situación, muchas dudas se acumulan en su cabeza, su conciencia va tomando vigor en su interior y detiene su marcha, coge un cigarrillo del interior de su abrigo y cubre de la llovizna la lumbre con la que le incinera la cabeza al canceroso, se apoya en un farol de la calleja a pocos metros de su intentado destino, mira a lo lejos mientras se avergüenza de su comportamiento y se queda meditando como si el humo que mete a su cuerpo lo alimentara de sabiduría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo movimiento del juego da inicio sin demora, la moñuda pone su recientemente obtenido Caballo de Bastos, la de afilada mirada pone sobre la mesa su Visir de bastos, decidida a llevarse este movimiento, aunque los bastos son la categoría más baja, las probabilidades de que la última jugadora tenga un Visir de mayor categoría son bajas, y siendo verdad esto último, la pelirroja, sabiendo que no puede ganar este movimiento pone su Peón menos valioso como sacrificio, el 4 de espadas cae sobre la mesa y sin el respaldo de ningún Rey, la de capucha verde se hace con la victoria temporal, eligiendo como víctima a la personificación de la lujuria y quiso el Azar que le sea arrebatado el 5 de copas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En algún remoto lugar de la ciudad, un teléfono suena, un hombre sumergido en su trabajo se sobresalta y duda en contestar, perezosamente deja a un lado el lápiz con que ha estado pulsando una calculadora y haciendo apuntes numéricos sobre un enorme cuaderno y contesta el teléfono para sólo oír un clic y luego el pitido de la línea telefónica libre para marcado, refunfuña y vuelve a lo suyo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuevas cartas para las jugadoras, 2 de bastos para la primera, 8 de copas a la segunda y una valiosa Torre de copas para la última. La primera carta en caer sobre la mesa es el Visir de copas, el Visir de Oros cae luego y finalmente, sabiendo que no puede ganar, un peón de espadas es sacrificado. Según las reglas del Sahbardastan, las cartas tienen mayor poder según su categoría, es así que las cartas más poderosas son las de oro, siguientes las de espadas, siguientes las de copas y las de menor valor son las de bastos, cuando dos Visires son enfrentados, si no tienen respaldo de un Rey, el Visir de mayor poder se hará con la victoria, siendo en este caso el Visir de oros que derrota al de copas, nuevamente es la de la capucha verde quien orgullosa, afila más su mirada sobre sus hermanas derrotadas… temporalmente. Cambia de víctima y el Azar le entrega la carta menos valiosa proveniente de su tímida hermana, el 2 de bastos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El teléfono vuelve a sonar, el hombre de las cuentas vuelve a romper su concentración, malhumorado toma el teléfono y oye una voz que se le antoja familiar, pero que no logra identificar plenamente, parece más lejana, como oculta o filtrada, la voz sólo dice que deje de trabajar, que suba a su auto y vuelva a su casa, una sorpresa desagradable le espera y cuelga. El hombre de las cuentas no da crédito a lo que oye, duda y menea la cabeza, finalmente vuelve sobre su cuaderno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta vez las jugadoras han recibido, la primera, el Elefante de oros, la segunda, el Caballo de espadas y la última el Elefante de bastos; inician colocando el Elefante de Oros, una carta fuerte para disminuir las posibilidades de perder esta movida, la segunda no puede competir con esta carta y decide que ya que no podrá ganar esta vez, sin importar qué carta ponga luego la pelirroja, sacrifica su Peón de bastos, la última sonríe pícaramente y pone su Torre de copas, cree que su hermana no puede tener un rey que la respalde o ya lo habría jugando antes y como no se equivoca es ella quien conquista este movimiento y pide al Azar que elija una carta de la mujer del moño, quien le entrega el 6 de copas que borra un poco su sonrisa, pero no por mucho, ha ganado esta movida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cigarrillo se ha terminado y es aplastado sobre el piso mojado, el dueño de la bota que lo pisa es ahora un tipo con una mirada más decidida, ha tomado nuevos bríos, infla su pecho en un largo suspiro y continúa su marcha hacia delante. Mientras tanto, una mujer en su casa, unta cremas perfumadas sobre su recién aseada desnudez, mientras observa con hipnotizada mirada la lencería rosada, lista sobre la cama para ser usada durante muy poco tiempo cual envoltorio de regalo que luego de desgarrado, poco importa su valor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2 de espadas para la primera jugadora, 2 de oros para la segunda y la pieza objetivo del juego el Rey de oros para la última, la pila de cartas disponibles se hace más pequeña cada vez contrario a las ansias de ganar el juego que van creciendo. La moñuda no tiene cartas fuertes, su mejor pieza es el 7 de oros, un peón que sólo podría ganarle a cualquier peón de valor menor o igual a 7, y en definitiva, no es lo que pondrán sobre la mesa las otras dos, la segunda jugada es el Caballo de oros y la última define la situación colocando un Elefante de bastos que aplasta a las otras dos fichas carentes de respaldo, la pelirroja se alza con la victoria y con el 7 de bastos de la moñuda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El regalo está envuelto ya en su delicada lencería, se cubre además con una corta y transparente bata, el hombre en la calle apura su paso, las manos en los bolsillos del abrigo juguetean con una caja que ha obtenido recientemente en una farmacia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuevas cartas, nuevas jugadas, son entregados en orden el 5 de oros, el Elefante de copas y un peón de valor 3 también de copas, estas tres fichas son puestas en juego aun que no necesariamente porque esa sea la regla, cada mujer ha supuesto que esa es su mejor estrategia para este movimiento, lógicamente el Elefante aplasta a sus contrincantes y le da a su dueña la victoria esta vez y el Azar le entrega el codiciado Rey de oros a la encapuchada personificación de aguda y fría mirada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un lápiz ha caído sobre la mesa partido en dos, un hombre consternado por las conclusiones que ha estado sacando además de las cuentas palideció de pronto encajando piezas lógicas en su cabeza que por el momento parecen tomar sentido. Deja las cuentas, coge su abrigo y sube a su auto, llegará a su casa en menos de una hora, y eso es mucho antes de lo que acostumbra llegar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pelirroja no puede ocultar su enojo su mirada sigue siendo de fuego pero esta vez es por la cólera más que por la picardía, la otra tampoco se esfuerza mucho en ocultar su orgullo mientras que la primera se impacienta y se apresura a coger la primera carta de la pila, un Caballo de oros, mientras que un Peón de espadas de valor 3 es obtenido por la hasta ahora victoriosa mujer y la Torre de espadas por la última, que sonríe agradecida con el Azar, se pone en juego primero el Caballo de oros, la segunda mujer tiene en sus manos solamente cartas inferiores a esa, excepto por el Rey de oros que no participa más que como trofeo, así que se decide por el sacrificio de su peón 2 de oros y la última pone su Torre de espadas que la hace victoriosa esta vez, sabiendo que la mujer de verde tiene la carta deseada, decide que el Azar le arrebate una carta para sí, pero sólo obtuvo un peón de copas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El timbre suena, la mujer se presta a mirar por la mirilla y es él, su amante, que ha venido a satisfacer sus necesidades más oscuras, a la vez que satisface las suyas propias. Hay mucho tráfico en la ciudad, los autos avanzan difícilmente, la lluvia ha hecho que hay un triple choque de autos que hace aún más lento el avance en la avenida, el hombre de las cuentas, comienza a dudar de sus propias conclusiones y se relaja, enciende la radio y también un cigarrillo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo quedan 12 cartas en la pila, se reparten las tres siguientes y corresponden a las damas en secuencia: el Rey de copas, un Peón de oros y el Rey de bastos. La primera mujer juega su Peón de espadas de valor 2, la segunda intimida a la primera con su Caballo de espadas, y la última coloca con picardía un peón de espadas de valor 8, cuando la encapuchada sonríe creyéndose victoriosa una vez más, la del moño recatado respalda a su peón con el Rey de copas, se sonroja y mira tímidamente a la pelirroja que decide dejar las cosas así, no respalda su jugada y la moñuda sonrojada escoge tentar al Azar con la mujer de capucha verde, sólo obtiene un Peón de copas, pero ha ganado este movimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Tal vez no debí venir -dice ahora con un repentino ataque de conciencia moral el hombre en el umbral de la puerta, ve a la mujer dispuesta a entregarse, cubrir su parcial desnudez con un abrigo que suele estar colgado junto a la puerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Tengo temor de que mi esposo llegue y esta vez nos descubra -aún cuando ella sabe que es muy temprano para que él llegue como de costumbre, siente repentinamente que debe despedir a su amante y quizás no volver a verlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tres cartas más, la Torre de oros corresponde a la primera jugadora, y la pone en juego segura de ganar también esta vez, el Peón de bastos 3 corresponde a la segunda, y el Peón de bastos 4 a la tercera, pero ambas últimas deciden jugar peones más altos y enfrentan un Peón de espadas 3 y un Peón de copas 8, cuando comienza a dibujarse otra tímida sonrisa en la mujer del moño, ésta es inmediatamente aplastada por el Rey de bastos que respalda al Peón de copas de la pelirroja.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vergüenza se hace a un lado, un nuevo fuego se enciende en los ojos de los amantes en el umbral de la puerta de entrada, el hombre toma a la mujer por la cintura con la palma de la mano bien abierta, haciendo uso de innecesaria fuerza, la atrae hacia él y comienza a dar pequeños pero intensos mordiscos en los labios de ella, quien no opone resistencia, si el frio de la entrada no los detiene, se entregarían allí mismo ante la morbosa mirada de una vecina que desliza la mano por debajo de su camisón hacia su entrepierna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin mediar palabra alguna, la mujer arrastra a su amante al interior de su casa, cierra la puerta y dejando un rastro de ropas húmedas en el camino a la habitación principal, no dejan de besarse y acariciarse. La lujuria ha ganado otro movimiento en el juego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes de iniciar el siguiente movimiento, la reciente victoriosa escoge tomar una carta de la mujer de la capucha verde, el Azar ha decidido esta vez entregarle el codiciado Rey de oros. Reparten el siguiente grupo de cartas, las cuales tienen muy poco valor, juegan sólo peones y el de más rango corresponde a la mujer del moño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vecina en su ventana, ha estado tratando de atisbar lo que ocurre dentro de aquella casa, alguna cortina mal cerrada, o una ventana entreabierta, frustración y vergüenza, una lágrima se escapa salando lentamente su mejilla, quita la mano de la entrepierna, cierra los ojos con fuerza y estampa su puño contra la mesa de noche. Del otro lado de la calle, los amantes han terminado el primero de los varios asaltos planeados para esa noche, se entregan miradas agradecidas que de pronto se ensombrecen con un manto de repentina moralidad. ¡Qué hemos hecho! Parecen decirse sin hablar, la mujer se cubre el pecho con la sábana y el hombre da la vuelta y se sienta al borde de la cama hundiendo su cara en el cuenco que hace con las manos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La moñuda, intuyendo que el Rey de oros está en posesión de la pelirroja, la elige como víctima, pero el Azar caprichoso, le entrega sólo un Peón de espadas, con los ojos brillosos, oculta su miserable trofeo entre sus cartas y reparten las tres últimas cartas del juego: un Peón de bastos para la moñuda, un importante Visir de espadas para la segunda, quien sonríe con frialdad y otro Peón de bastos va a la tercera y por ahora victoriosa hermana de este variado trío. La primera y última mujer no tienen mejores cartas que sendos Peones, si piedad la segunda pone en juego su recientemente obtenido Visir que no encuentra competencia equiparable entre sus contendoras, carentes de respaldo, entregan la victoria a la oscuridad de esos ojos fríos, que, sabiendo que la pelirroja tiene la carta que movidas antes le había arrebatado, la elige como víctima; la observa con cuidado a los ojos, pone su dedo índice sobre cada una de las cartas que su hermana tiene en la mano, lo desliza con calculada suavidad sin quitar la mirada de los ojos de su hermana, una ligera variación en su expresiva mirada le da la pauta de la carta que quiere y se la arrebata, el Rey de oros tiene nueva y definitiva dueña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una avergonzada mujer, avergonzada de su voyeurismo, agobiada por su soledad, lacrimosa en la oscuridad de su habitación vuelve a coger el teléfono, marca el mismo número de hace un rato, sólo el timbre constante de un teléfono que no es contestado. Deja el aparato a un lado y se aproxima a su ventana porque escucha unos pasos lentos sobre el asfalto mojado, el tintineo de unas llaves armoniza con el goteo constante de una sincera lluvia que no deja tregua. El hombre de las cuentas abre la puerta de su casa, ve tirado en el piso un abrigo que no es suyo, más adelante en dirección a su alcoba, un camisón transparente que reconoce de su mujer aun que no se lo ha visto puesto en mucho tiempo, sigue con la mirada el reguero de prendas y lo comprende muy bien, se queda inmóvil en medio de su sala, tiene la vista fija en el piso, de pronto alza la mirada como despertando de su letargo temporal y se dirige sigilosamente a la cocina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-¡He vencido! -En efecto, la fría mujer ha vencido y con un Visir de espadas, su arma favorita, aquella que en otros tiempos ha puesto en manos de otros hombres para hacer justicia propia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha hecho con el Rey de oros a punta de espada y eso la satisface, sonríe y sus vacuos ojos voltean hacia el otro lado del parque, allá a donde la luz del farol apenas puede alcanzar, emerge una silueta ya conocida y sentencia -Es decisión tuya entonces-&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hombre de las cuentas encuentra en la alacena lo que ha estado buscando, un paquete de velas, cuatro en total, las toma y parte en dos, tiene ahora ocho velas, se quita el abrigo y lo pone sobre la mesa después de sacar su encendedor, se quita los zapatos y con el mismo sigilo del principio avanza siguiente el camino de ropa, encuentra la puerta de su habitación entreabierta, están ahí, su empleado de confianza sentado desnudo al borde de la cama arañando su cabellera con ambas manos; su mujer del otro lado de la cama, cubierta con una sábana, echada de lado dando la espalda a su amante. Contempla la escena al principio con tristeza, luego con frialdad, se oculta esperando la oportunidad que no tarda en llegar, el tipo desnudo se pone en pie y se dirige al baño, cuando oye la puerta cerrarse, el ahora hombre de las velas no lo duda e ingresa con la agilidad de un gato en su habitación, toma a su mujer desde atrás tapándole con fuerza la boca y la nariz, al mismo tiempo utiliza todo su peso y se coloca encima de ella para evitar que se zafe, en pocos minutos la mujer comienza a desvanecerse, la falta de oxígeno apaga poco a poco su cerebro, hasta quedar desmayada, cuando no se sienten más movimientos, el atacante la suelta y se aparta de la cama moviéndose rápidamente a la puerta del baño, justo en el instante en que ésta se abre. Con un certero golpe de puño en la nuca logra desmayar a su empleado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rápidamente se dirige a la mesa de noche de su mujer coge de allí un aceite natural que ella suele utilizar para suavizar su piel, vacía el frasco untando con el óleo a la pareja , mancha las sábanas y acomoda sus ocho velas distribuyéndolas por toda la habitación, las enciende y se encamina a la puerta, contempla desde ahí la escena, la estudia, mira fijamente cada detalle, finalmente tumba una de las velas, la más cercana a la cama, y ésta derrama un poco de cera derretida y comienza a esparcir su flama hacia la cama. El hombre descalzo puede ver que los cuerpos comienzan a moverse un poco, a la vez que son alcanzados por el infierno que acaba de desatar, cierra la puerta, corre a la cocina, se calza los zapatos y el abrigo y sale de su casa. Ha tenido la precaución de dejar el auto lejos y corre hacia él. Muy cerca de su auto hay 4 figuras femeninas, una de ellas se adelanta y toma rumbo hacia la casa que ahora comienza a quemarse, camina ahora más despacio, mira esos tres rostros y simpatiza con la mirada vacía que se deja ver debajo de una capucha verde, sube a su auto y al arrancarlo apenas puede distinguir que una voz del trío dice tímidamente -Juguemos nuevamente, hermanas. Nuestro trabajo esta noche aún no acaba-.&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
Otro sujeto, John Hinckley Jr, conocido por intentar el asesinato de Ronad Regan en el 81, un hombre perturbado, un poco chiflado que perdió la cabeza por Jodie Foster, y que intentaba hacerse notar por ella, nada menos que intentando asesinar a un presidente. ¡Vaya loco! Se declaró también obsesionado con el libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Robert John Bardo, se dice que portaba el libro el día que fue a casa de Rebecca Schaeffer para asesinarla disparándole en el pecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los sensacionalistas de aquel entonces logicamente se aprovecharon para poner la culpa sobre el libro. Lo cierto es que la historia es tan fascinante que le puede haber gustado a cualquiera que la haya leído y seguramente entre los declarados fanáticos de Salinger (Ahora me declaro como uno) habrá alguno que otro desadaptado, como los hay también entre aquellos lectores de la Biblia, sin que esto signifique que el Libro Sagrado del Cristianismo te impulse a matar si lo lees. Siempre habrá crítica en contra de lo que es realmente bueno, hubo un tiempo que se culpaba a los que oían Heavy Metal de ser influidos para alzar culto a Satan, déjenme decirles que en mi vida he conocido muchos metaleros y ninguno es violento, no dejen que la pinta ruda los engañe; hay tanto violador y asesino que escucha regetón y nadie dice nada, lo mismo con Calabozos y Dragones, decían que volvía locos a los que lo jugaban, que asesinaban gente y que se suicidaban alucinando que eran inmortales y que eran guerreros o magos, yo he jugado C&amp;amp;D y es una de las experiencias que más satisfacciones me ha traído, he conocido mucha gente interesante, y a un grupo de mis mejores amigos los tengo desde ahí. Un día de estos van a salir con que Tongo es satánico y que "sufre peruano" es una invitación a la violencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Perdonen, ya me salí del tema... Lo que quería graficar es que no hay razón para pensar que Salinger inspira el asesinato, no hay razón para pensar que Holden Caulfield (el adolesente protagonista de esta historia) es un modelo a seguir, es sólo un personaje, lleno de conflictos, es el mejor retrato de un adolesente que jamás haya yo visto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Les recomiendo mucho esta lectura, no se van a arrepentir. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&amp;lt;&amp;lt; -- Actualización: 28.Ene.2010: Murió el autor de esta genial obra: J.D. Salinger ha dejado de existir físicamente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="color: #cccccc; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;...Después de haber obtenido la fama y la notoriedad con El guardián entre el centeno, Salinger se convirtió en un eremita, apartándose del mundo exterior y protegiendo al máximo su privacidad. Se mudó de Nueva York a Cornish -New Hampshire, donde continuó escribiendo historias que nunca publicó.&lt;br /&gt;
Salinger ha intentado por todos los medios escapar de la exposición al público y de la atención del mismo (según él, los sentimientos de anonimato y oscuridad de un escritor constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida, declaró él mismo). Sin embargo, se vio obligado a luchar continuamente contra toda la atención no deseada que recibe, como figura de culto que llegó a ser en vida. Cuando supo de la intención del escritor británico Ian Hamilton, de publicar J. D. Salinger: A writing life, una biografía que incluía cartas que Salinger había escrito a amigos y a otros escritores, Salinger interpuso una demanda para detener la publicación del libro. El libro apareció finalmente con los contenidos de las cartas parafraseados. El juez determinó que aunque es posible que una persona sea el propietario de una carta físicamente, lo que está escrito en ella pertenece al autor.&lt;br /&gt;
Uno de los resultados no intencionados de este juicio fue que muchos de los detalles de la vida privada de Salinger, incluyendo el hecho de haber escrito dos novelas y muchos relatos que no habían sido publicados, salieron a la luz pública a través de las transcripciones del juzgado.&lt;br /&gt;
Salinger aparece como personaje en la novela Shoeless Joe de W. P. Kinsella, en la que se inspiró la película &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;a class="new" href="http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Field_of_dreams&amp;amp;action=edit&amp;amp;redlink=1" title="Field of dreams (aún no redactado)"&gt;&lt;span style="color: #cccccc; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Field of dreams&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color: #cccccc; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;. En la película el personaje tiene el nombre cambiado y es convertido en ficción. Estudió a lo largo de toda su vida el hinduismo Advaita Vedanta. Este hecho ha sido descrito extensamente por Sam P. Ranchean en su libro An adventure in Vedanta: J. D. Salinger's the Glass Family (1990). La relación de un año que mantuvo en 1972 con la aspirante a escritora Joyce Maynard, de dieciocho años, fue también causa de controversia cuando ella subastó las cartas que Salinger le había escrito. Ha mantenido, igualmente, más de veinte relaciones con aspirantes femeninas a escritoras, siempre muy jóvenes.&lt;br /&gt;
En 2000, su hija, &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;a class="new" href="http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Margaret_Salinger&amp;amp;action=edit&amp;amp;redlink=1" title="Margaret Salinger (aún no redactado)"&gt;&lt;span style="color: #cccccc; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Margaret Salinger&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color: #cccccc; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;, publicó El guardián de los sueños. En su libro de “confesiones”, la señorita Salinger afirma que su padre se bebía su propia orina, sufría &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Glosolalia" title="Glosolalia"&gt;&lt;span style="color: #cccccc; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;glosolalia&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color: #cccccc; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;, rara vez tenía relaciones sexuales con su madre, la tenía como una “prisionera virtual” y se negaba a permitirle ver a sus parientes y amigos.&lt;br /&gt;
En 2002, se publicaron más de ochenta cartas a Salinger escritas por escritores, críticos y admiradores, bajo el título: Letters to J. D. Salinger (ed. Chris Kubica).&lt;br /&gt;
Falleció de muerte natural el 28 de enero de 2010. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="color: #cccccc; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="color: #cccccc; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Fuente: Wikipedia&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;Espero que algún día puedan verse publicadas esas historias que escribió durante su encierro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;-- &amp;gt;&amp;gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-4902018729951047027?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/4902018729951047027/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=4902018729951047027" title="5 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/4902018729951047027?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/4902018729951047027?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/nVbgQSJ2qRE/el-guardian-entre-el-centeno.html" title="El guardián entre el centeno" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><thr:total>5</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2009/01/el-guardian-entre-el-centeno.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0MBRnk7cSp7ImA9WxBXF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-6345151854622993466</id><published>2008-07-23T21:20:00.007-05:00</published><updated>2010-01-29T15:04:17.709-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-01-29T15:04:17.709-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="prostituta" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="chalina" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="despedida de soltero" /><title>( * ) La Despedida</title><content type="html">&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;hr /&gt; &lt;em&gt;Este es un cuento urbano que podría ocurrirle a cualquiera, no olviden colocar los cerrojos y "que la noche os sea propicia".&lt;/em&gt; &lt;hr /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;- Hola, Nico. Después de tiempo ¿Verdad?&lt;br /&gt;- Perdone, señorita, creo que me confunde con alguien más.&lt;br /&gt;- No, no lo creo, yo siempre recuerdo una cara, y otros detalles —dice la mujer con una sonrisa más que coqueta, el intervenido y desconcertado sujeto traga saliva y pone cara de pánico, la cual intenta disimular—.&lt;br /&gt;- Aún creo que se equivoca, señorita. Yo no me acuerdo de usted, es más ni por asomo me parece familiar su rostro.&lt;br /&gt;- Ay, Nico, por favor, no te molestes en disimular, veo que estás solo, o sea, no veo a nadie a tu lado, no tienes por qué fingir que no me conoces, a menos que tu esposa o novia ande por otro pasillo del supermercado.&lt;br /&gt;- Mujer, por favor, baja la voz, no seas indiscreta —el tipo menea la cabeza y alza la mirada en un gesto de incredulidad— ¿Qué pasó con eso de máxima discreción?&lt;br /&gt;- ¡Ajá!, sabía que eras tú, no podía estar equivocada, yo raras veces olvido a alguien, querido, y de ti me acuerdo especialmente.&lt;br /&gt;- Te dije que bajaras la voz, por lo que más quieras, baja la voz.&lt;br /&gt;- Ok &lt;em&gt;baby&lt;/em&gt;, tranquilo.&lt;br /&gt;- Ya, bueno, soy yo, Nico no es mi nombre pero sí, me acuerdo de ti. ¿Contenta? Ahora desaparece.&lt;br /&gt;- No, no estoy contenta.&lt;br /&gt;- Era una pregunta retórica. —Se da un palmazo en la frente y mira a su alrededor.&lt;br /&gt;- Ay, Nico, o como te llames, qué graciosa fue esa noche, cuando se lo contamos a las demás chicas del B. no paramos de reír hasta el día siguiente. Eres toda una celebridad, ¡te cuento ah! Todas querían conocerte.&lt;br /&gt;- Maldita noche, será para burlarse en mi cara, seguramente.&lt;br /&gt;- No. ¿Cómo crees? —La ironía no podía ser disimulada, sobre todo en una lengua tan indiscreta—. Pero dime. ¿Llegaron a tomar la foto tus amigos? Por que si es así, y las quieren publicar en Internet tienes que pedirles que no se muestre mi cara, ah, ya sabes cómo son estas cosas, además creo que no es difícil con ese programa de la computadora, ¿cómo se llama? Fotoshó, creo. ¿No?&lt;br /&gt;- Sí, eso, pero no te preocupes, no llegaron a tomar ninguna foto, estaban más ocupados en revolcarse de la risa. Malditos, ya me vengaré.&lt;br /&gt;- Ay, por favor, no seas así, yo creo q sólo era una broma, querían tomarte la foto mientras tú y yo hacíamos cositas ricas —La mujer lanza una palmada fuerte en la espalda del ya demasiado avergonzado “Nico” a la vez que suelta una grosera carcajada—. Pero las cosas se dieron así pues, Nico.&lt;br /&gt;- Ya cállate por Dios, todo el supermercado nos está mirando. —“Nico” hunde su cabeza entre sus hombros como si así pudiera ocultarse, se agacha y se da cuenta que lo poco que lleva en el carrito tampoco lo camufla.&lt;br /&gt;- Siempre me acuerdo y siempre lo cuento a todos mis clientes. Ese &lt;em&gt;depa &lt;/em&gt;era del que se iba a casar, ¿no? El pobre ni había comprado muebles, tengo que confesarte ahora que nunca lo había hecho en el suelo pelado, y por supuesto, nunca lo llegamos a hacer realmente, estabas sentado ahí en el suelo apoyado a la pared y yo te lo estaba chupando. Mira, déjame decirte que yo nunca me había esmerado tanto ah, porque normalmente no me tocan clientes guapos. Contigo era otra cosa, pues, realmente me gustaste.&lt;br /&gt;- Mira, por favor, no quiero que me cuentes esto que yo ya sé de sobra.&lt;br /&gt;- No, pero espérate pues, es que quiero explicarte, no quiero quedar mal. Entonces, cuando yo escuché que se abría la puerta y todo ese ruido que hacían tus &lt;em&gt;patas&lt;/em&gt;, ¡&lt;em&gt;pucha&lt;/em&gt;, me asusté pues!, entonces justo te estaba apretando con los labios porque ya parecía que ibas a terminar y cuando volteo para ver por qué tanto ruido, me doy cuenta que tengo el condón en la boca. Todos me miraron y se empezaron a &lt;em&gt;cagar &lt;/em&gt;de risa, seguro por mi cara de susto y con un condón vacío en la boca, entonces veo que se ríen peor y más fuerte y volteo y te veo ahí derramando toda tu lechita en el piso.&lt;br /&gt;- Y el huevón de Julio que había recibido su &lt;em&gt;depa &lt;/em&gt;recién tres días antes con su piso de DD, me quería matar.&lt;br /&gt;- Ay sí, pobrecito —La mujer no paraba de reír y llamar la atención de todos los clientes del supermercado— ¿Y qué se te dio por agarrar esa chalina que estaba en la esquina junto con todas las mochilas y casacas?&lt;br /&gt;- Es que yo sabía que esa chalina se la había regalado el cura, director del colegio, por ser bien &lt;em&gt;chancón&lt;/em&gt;, al &lt;em&gt;huevas &lt;/em&gt;de Toño, y yo sabía también que eso de entrar a tomar la foto era idea suya. De alguien tenía que vengarme pues.&lt;br /&gt;- Ay, Nico, Nico, ¿ya ves? Recordar es volver a vivir.&lt;br /&gt;- Carajo, ya quisiera no recordar eso, y quisiera que toda esa sarta de patanes se olvide también, pero me queda de consuelo que no llegaron a tomar la foto y que le &lt;em&gt;cagué &lt;/em&gt;la chalina a Toño limpiando el piso. —Ahora “Nico” sonríe con picardía, mira a la mujer y le dice que ya debería olvidar esa historia.&lt;br /&gt;- Bueno, trataré, pero no te prometo nada. —Hace una pausa, abre su cartera y saca una tarjeta rosada— Llámame, a ver si terminamos lo que comenzamos ese día —.Le da un beso chiquito en los labios a Nico y se va—&lt;br /&gt;- Belinda Samadoval, consultora de belleza —lee la tarjeta en voz baja, sonrié y se dice a sí mismo— de consultora nada, carajo, que bien encubierto tiene el negocio esta pendenciera —. Mira la tarjeta, hace una mueca y la guarda en su billetera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:85%;" &gt;Etiquetas en PeruBlogs: &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/despedida" target="_blank" rel="tag"&gt;despedida&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/chalina" target="_blank" rel="tag"&gt;Chalina&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/prostituta" target="_blank" rel="tag"&gt;Prostituta&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-6345151854622993466?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/6345151854622993466/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=6345151854622993466" title="7 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/6345151854622993466?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/6345151854622993466?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/Ogh5CeO-VFA/la-despedida.html" title="( * ) La Despedida" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><thr:total>7</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/07/la-despedida.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0MNRXY_eSp7ImA9WxBXF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-8901634775762432943</id><published>2008-06-24T00:18:00.007-05:00</published><updated>2010-01-29T15:04:54.841-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-01-29T15:04:54.841-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="olvidables" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="destino" /><title>( * ) El Destino de los Olvidables</title><content type="html">&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;hr /&gt; &lt;em&gt;Advertencia, la que sigue es una narración triste, oscura y no debe ser, bajo ninguna circunstancia, interpretada, o tomada como apología. Es simplemente el producto de mi imaginación.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;hr /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;“Todo concluye al fin, nada puede escapar, todo tiene un final, todo termina”– suena el estribillo en mi cabeza, lo tarareo mentalmente, medito sobre el significado. ¡Cuánta razón tiene, carajo! De verdad, nada ni nadie puede escapar a un destino común, nada es eterno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los científicos dicen que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. He meditado al respecto, pues es inevitable tratar de unir las dos ponencias o, en todo caso, tratar de confrontarlas. Si una piedra es ahora piedra, y con el paso de los años, golpe tras golpe, en un continuo rodar y un continuo sometimiento a la erosión, luego se transforma en arena, sigue siendo la misma materia, pero como piedra ha dejado de existir, ya no sirve como tal, ya no puede ser cargada en el cuero de una resortera y servir como proyectil de caza, si alguna vez fue plana, ya no puedes tomarla y lanzarla para dar botes sobre la superficie de un lago. Ahora se te escurre entre los dedos, ora se te mete en los ojos con el soplar del viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué pasará con nuestros cuerpos cuando dejen de ser piedras rodantes. Cuando no seamos más que polvo dentro de un nicho. ¿Nos habremos acaso simplemente transformado? O nos hemos destruido y dejado de existir y nos escurrimos cual arena entre los dedos de las memorias de quienes tendrían que recordarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El recuerdo es frágil, la memoria desvanece lo que no tiene presente en lo cotidiano, eso impulsó a muchos antiguos a hacer cosas increíblemente inmensas, grandes hazañas se hicieron simplemente en nombre de la inmortalidad, habían motivos que empujaban a las personas a querer ser inmortales, algunos lo lograron, Cervantes, Atila, Aquiles, Lennon, Mozzart, y tantos más. Otros se desvanecieron en el tiempo como si nunca hubieran existido, pasaron por este mundo como muchos otros ahora pasamos, sin pena, sin gloria, sin notoriedad, sin motivación, sin esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Somos los demás como fantasmas, somos como simples patas de un ciempiés, ayudamos a que algo se mueva en el mundo, pero el mundo puede moverse tranquilamente sin nosotros, los olvidables, los prescindibles, los que sobran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le quitamos aire útil a un mundo que podría respirar mejor si no usásemos su oxígeno para hacer funcionar maquinarias corporales inútiles y despreciables. Consumimos recursos que bien podrían dotar de mejores condiciones a existencias más notables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le robamos la oportunidad de ser felices a seres que merecen serlo, en nuestro inútil intento por seguir existiendo, por el simple instinto de supervivencia, nos convertimos en parásitos de nuestra propia especie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso caminé sobre aquella calzada sin cuidado, llegué hasta este lugar y ahora, contemplando el mar a lo lejos, sintiendo el viento en mis ojos que se llenan de lo que alguna vez fueron piedras, quizá hasta fueron montañas, me doy cuenta de la insignificancia de mi existir, me doy cuenta de que soy sólo un grano de arena que cuando me haya transformado, el viento llevará y me posará en los ojos de alguien más, aún en ese instante seguiré siendo una molestia, un fragmento de mierda del que sólo quiere uno deshacerse y que olvida pasados unos pocos instantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quede o me vaya, me mantenga o me transforme, exista o no, da lo mismo, contemplo el pavimento allá abajo, vuelvo a mirar el inmenso mar, otra vez el pavimento y me doy cuenta de que en ese instante, me habré convertido en una molestia más, alguien tendrá que limpiar ese desorden, ese amasijo de huesos rotos y de inmundicia desparramada. Si me quedo sobre el puente, tendré que volver sobre mis pasos y continuar siendo un parásito de la felicidad y de las oportunidades que otros, mejores que yo, podrían aprovechar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí, en caída libre iré, dejo esta nota para que, quien quiera seguirme, encuentre más motivos para ir detrás de mí. O para que pueda ser digno de tomar las oportunidades y arrancarlas de las manos de otros que inevitablemente habrán de seguirme. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:85%;" &gt;Etiquetas en PeruBlogs: &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/destino" target="_blank" rel="tag"&gt;destino&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/olvidables" target="_blank" rel="tag"&gt;Olvidables&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-8901634775762432943?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/8901634775762432943/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=8901634775762432943" title="6 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/8901634775762432943?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/8901634775762432943?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/b8RgW27Xgp0/el-destino-de-los-olvidables.html" title="( * ) El Destino de los Olvidables" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><thr:total>6</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/06/el-destino-de-los-olvidables.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CE8FQn8zfyp7ImA9WxdSFEU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-6825452208001379056</id><published>2008-05-02T13:24:00.009-05:00</published><updated>2008-05-22T14:00:13.187-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-05-22T14:00:13.187-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="poesia encadenada multiautor" /><title>La poesía encadenada</title><content type="html">&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Hola a todos. Sin salirme de la corriente literaria del blog, voy a atreverme a coquetear una vez más con la poesía, pero esta vez en una idea un tanto diferente. Quiero, esta vez, que sea algo digamos "Interactivo". Voy a dejar lo que podría ser el inicio de un verso, y cada quien puede ir completándolo posteando comentarios. Vamos a ver los distintos rumbos que toma el texto de acuerdo a cómo se conciben los previos en la cabeza de cada uno. Espero que les parezca interesante y ojalá se enganchen a la idea... corran la voz.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_lWfV8GZPHoc/SBtg4ZCOAKI/AAAAAAAAAFc/_HGrNLRM6eY/s1600-h/poesia-encadenada.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5195853117011132578" style="FLOAT: left; MARGIN: 0pt 10px 10px 0pt; CURSOR: pointer" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_lWfV8GZPHoc/SBtg4ZCOAKI/AAAAAAAAAFc/_HGrNLRM6eY/s400/poesia-encadenada.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Ese agridulce recuerdo golpeaba a la puerta cerrada de sus reflexiones.&lt;br /&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(204,153,51)"&gt;Recuerdo hondo como un abismo donde cae en las noches, &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(204,153,51)"&gt;rozando caricias, besos y promesas que alguna vez fueron historia feliz &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(204,153,51)"&gt;en un tiempo que ya no esta&lt;/span&gt;.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;(gracias Alneida)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Aquella fugaz historia que existió, experiencias consigo trajo, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;tanto alegría como amargura &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;recaen sobre la efimera capa del recuerdo que eres hoy.&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:78%;"&gt;(gracias Wantanboy)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:85%;" &gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:85%;" &gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:85%;" &gt;Etiquetas en PeruBlogs: &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/poesia" target="_blank" rel="tag"&gt;poesia&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/encadenada" target="_blank" rel="tag"&gt;encadenada&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/multiautor" target="_blank" rel="tag"&gt;multiautor&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/interactiva" target="_blank" rel="tag"&gt;interactiva&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:85%;" &gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:85%;" &gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:85%;" &gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-6825452208001379056?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/6825452208001379056/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=6825452208001379056" title="5 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/6825452208001379056?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/6825452208001379056?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/v3kCqPICvks/la-poesa-encadenada.html" title="La poesía encadenada" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_lWfV8GZPHoc/SBtg4ZCOAKI/AAAAAAAAAFc/_HGrNLRM6eY/s72-c/poesia-encadenada.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>5</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/05/la-poesa-encadenada.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0IASHs4eyp7ImA9WxBXF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-5607166373999090978</id><published>2008-04-27T22:12:00.009-05:00</published><updated>2010-01-29T15:05:49.533-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-01-29T15:05:49.533-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="proverbios" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="desesperanza" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Pasos" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Días" /><title>( * ) Días y Pasos</title><content type="html">&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;em&gt;&lt;hr&gt;Después de una prolongada ausencia, ajena a mi voluntad, estoy de retorno en la blogósfera. Esta vez les traigo un cuento más corto de lo habitual. Estuve viendo el otro día una película llamada “My blueberry nights”, (cuidado, lo que sigue puede malograrte la película si planeas verla, aunque el cuento en sí, no delata nada de la película) Es una historia que empieza triste pero tiene final feliz. Me sorprendió ver a Norah Jones actuando, y no lo hace mal. El punto es que aun que la historia sea feliz, traté de enfocarme en la parte triste que la origina. ¿Qué se diría a sí misma la protagonista en los primeros minutos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejo esta historia tipo monólogo mental a consideración, espero que les guste, igualmente, toda crítica es bienvenida.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;hr&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Diente roto, pie titubeante:&lt;br /&gt;la confianza en el pérfido, el día de la angustia,&lt;br /&gt;como quitar el vestido en día helado,&lt;br /&gt;poner vinagre sobre el salitre,&lt;br /&gt;es cantar canciones a un corazón triste&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Proverbios 25:19-20.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Pasos rutinarios, son estos pasos que andas todos los días, cuando estos pasos de pronto los andas tomando decisiones, elaborando planes y proyectos para armar o desarmar, para construir o deshacer, entonces se convierten en pasos fuera de la rutina normal. Al día siguiente son éstos, pasos históricos, pasos para recordar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay días como el que fue ayer, pero pocos como hoy, pues hay días en que uno toma decisiones drásticas y luego no pasan de ser ideas y proyectos echados al olvido, y siempre es por cobardía. Y luego vives arrepintiéndote de no haber hecho lo correcto en el momento indicado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy anduviste sobre los pasos históricos, aquellos rutinarios que se convirtieron en decisivos. Hoy, cada uno de esos pasos te duele, cada uno de esos pasos tiene una navaja filosa que se hunde en el alma como si ésta fuera de mantequilla. Quisieras desandar estos pasos, pero no puedes, no debes. Pues estos dolorosos pasos te llevaron a la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad, dicen, libera. Y sientes que la verdad te purifica. Lo hace como el fuego de la hoguera que purifica a la víctima de una inquisición a quien se ha condenado sin cometer falta ni pecado. Fuego doloroso, fuego mortal, fuego que te despierta del sueño de una vida despreocupada, y por mucho que desees que sea más bien la entrada en una pesadilla de la cual puedes escapar con sólo abrir los ojos, no es así, al abrir los ojos la cruel realidad se te caga de risa en la cara y la verdad se asoma con esa macabra mueca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay pasos y días como los de ayer, hay pasos y días como los de hoy, y hay condenados que deben andarlos una y otra vez. Penitencia implacable como lección de vida para no olvidar que nadie está libre del dolor y la desesperanza. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:85%;" &gt;Etiquetas en PeruBlogs: &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/dias" target="_blank" rel="tag"&gt;dias&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/pasos" target="_blank" rel="tag"&gt;pasos&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/desesperanza" target="_blank" rel="tag"&gt;desesperanza&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/proverbios" target="_blank" rel="tag"&gt;proverbios&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-5607166373999090978?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/5607166373999090978/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=5607166373999090978" title="2 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/5607166373999090978?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/5607166373999090978?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/Zxp5HR3wk7k/despus-de-una-prolongada-ausencia-ajena.html" title="( * ) Días y Pasos" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/04/despus-de-una-prolongada-ausencia-ajena.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0cCQng8fSp7ImA9WxBXF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-5162995287246807261</id><published>2008-03-17T18:18:00.007-05:00</published><updated>2010-01-29T14:57:43.675-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-01-29T14:57:43.675-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Dragón" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Inmortal" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Alma de Fenix" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Vanimaiel" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Venganza" /><title>( * ) Inmortalidad y Venganza</title><content type="html">&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;&lt;hr /&gt;&lt;em&gt;Ya que estoy en esto de la Fantasía Medieval, presento a ustedes algo de este estilo explorando una faceta diferente, esta vez la poética. Poesía oscura y de renacimiento y venganza, inspirada también en mi esposa.&lt;/em&gt; &lt;hr /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como alma de fénix renacida de las cenizas&lt;br /&gt;Llegué a tu puerta temblando por el miedo y la timidez&lt;br /&gt;Al verte a los ojos un fuerte rugido sacudió mi pecho cual ángel caído del cielo&lt;br /&gt;Luego de cruenta batalla con los demonios de la oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La furia de todos los titanes encadenados a las entrañas de la tierra&lt;br /&gt;Son brisa cálida de verano comparado al poder de mi enojo&lt;br /&gt;Cada vez que te veo alejarte e internarte en la oscuridad&lt;br /&gt;Cada vez que otros ojos te miran, cual si te tocaran asquerosos tentáculos de infernales criaturas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el libro de las sombras escrito estaba desde el inicio&lt;br /&gt;Que mi alma renacería al amanecer de los nuevos días&lt;br /&gt;Tomaría vida con el sol y obtendría su poder de la noche&lt;br /&gt;Criaturas nocturnas somos y hacia las estrellas volamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me burlo de la muerte, escupo su pálida y podrida cara&lt;br /&gt;Y me elevo de las brumas, porque la luz de tus ojos me hace inmortal&lt;br /&gt;En mi primera muerte caí con el corazón dentro de mi puño furioso&lt;br /&gt;Esperando tu venida que me diera las fuerzas para enfrentar el caos infernal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Soy inmortal! —Grité a los cuatro vientos y mi voz como rugido de dragón&lt;br /&gt;Viajó a desde lo más claro de la luz hasta las profundidades del averno&lt;br /&gt;Para que sepan vivos y muertos&lt;br /&gt;Que la muerte sobre mí nunca triunfó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rompiste tus alas de mariposa y las quemamos en las grietas del destino&lt;br /&gt;De las cenizas renacieron&lt;br /&gt;Dos pares de alas de dragón, poderosas, hermosas y centellantes&lt;br /&gt;Con ellas volaremos siempre tú y yo hasta el reino de los inmortales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuestros pozos beberemos&lt;br /&gt;Ambrosía y aguamiel&lt;br /&gt;Para celebrar nuestro triunfo&lt;br /&gt;Y conminar al infierno a nuestros enemigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:85%;" &gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;Etiquetas en PeruBlogs:&lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/vanimaiel" target="_blank" rel="tag"&gt;Vanimaiel&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/alma+de+fenix" target="_blank" rel="tag"&gt;Alma de Fenix&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/venganza" target="_blank" rel="tag"&gt;Venganza&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/inmortal" target="_blank" rel="tag"&gt;Inmortal&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/dragon" target="_blank" rel="tag"&gt;Dragón&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:85%;" &gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-5162995287246807261?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/5162995287246807261/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=5162995287246807261" title="3 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/5162995287246807261?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/5162995287246807261?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/mn7Z0GkDF-A/inmortalidad-y-venganza.html" title="( * ) Inmortalidad y Venganza" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><thr:total>3</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/03/inmortalidad-y-venganza.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0YERHg6fSp7ImA9WxBXF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-209234290051122818</id><published>2008-03-13T23:35:00.011-05:00</published><updated>2010-01-29T14:58:25.615-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-01-29T14:58:25.615-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="epica" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="medieval" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Vanimaiel" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Batalla" /><title>( * ) La última batalla</title><content type="html">&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;hr /&gt; &lt;em&gt;Esta es una historia que escribí hace mucho tiempo al conocer a mi esposa, me sentí inspirado y estaba influenciado por las aventuras épicas que libraba con los amigos jugando rol. Ahora, saco a la luz esta historia para reafirmar la inmortalidad del amor. Te amo Fabricia.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;hr /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;Veo el cielo cubierto de plateadas nubes hechas girones al amanecer, a lo lejos veo volver al explorador que envié para observar al ejército enemigo, no soy hombre de creer en rumores, pero una corazonada me impulsó a pensar que podría ser cierto lo que dijo esa extraña mujer. Lo veo aproximarse, no parece cabalgar erguido, sacudo la cabeza desechando las malas sospechas pero sus sangrantes vestiduras me dan la contraria— ¡Ha sido herido a traición! —. Puedo ver la flecha de penacho negro en la parte baja de su espalda al momento que se desploma de su caballo, me apeo del mío y llego hacia él junto con mi primer oficial; apoyo mi rodilla en la arena húmeda, mi fiel soldado, con el rostro entumecido por el viento frío y por la sangre perdida, me estremezco, puedo sentir ese frio mortal en mis propias venas, la brisa del mar nos trae ese olor a sal, sal que se verterá sobre nuestras heridas para que queden marcadas por la eternidad, para no olvidar.&lt;br /&gt;—Mi señor, estamos perdidos, nada hay por hacer, son muchos más que nosotros, he sido visto por sus exploradores de avanzada y me han herido de muerte, regresemos a casa, estamos perdidos, he ofrendado mi vida por el reino, no entregues por favor la tuya también, he sido hombre solitario, y nadie habrá de llorarme, tú, en cambio, el pueblo entero depende de ti, eres la guía, sus vidas dependen de tu … —No pudo continuar, tosió y una burbuja de sangre brotó de su boca.&lt;br /&gt;—No hables muchacho —Interrumpí—, no ha llegado tu hora.&lt;br /&gt;—Mi vista está nublada, mi señor —logró interpelar con dificultad—. Sus vidas dependen de tu supervivencia, no arriesgues lo que tus ancestros… —tosió una vez más, y luego otra vez, la arena recibió su sangre, mis manos recibieron su cuerpo inerte, y el cielo su alma sacrificada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los valientes hombres que me acompañan están cansados del viaje, poco acostumbrados a la humedad de este clima de costa que los ahoga, llevan en sus rostros la determinación de la bravura amargamente mezclada con el cansancio y la añoranza de la tierra seca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi primer oficial, se aproxima, pone rodilla a tierra y con la mirada sombría dice con voz cansada pero decidida —Mi señor, seremos fieles hasta la muerte, lucharemos a tu lado, bajo el emblema del Dragón Centellante, mejor morir de pie que vivir de rodillas —. Baja la cabeza, observa al explorador que yace sobre la playa, cierra los ojos, aspira profundamente como tomando fuerzas y agrega—. El pobre Giwjan estaba cansado, habló por las heridas, la falta de sangre le nubló los sentidos, no me lo imagino intentando no ser valiente o intentando hacer un llamado absurdo a la retirada, hemos venido hasta estas costas a evitar el avance del enemigo —hizo una pausa, tragó saliva y añadió con la voz seca —. O a morir en el intento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi mente está tu imagen, la primera imagen que tuve de ti, la primera impresión, la primera vez que vi un ángel bajado del cielo, aquel día que entré en la posada, sediento y con hambre, después de una larga campaña, volví a casa, volví a mis tierras, y te encontré, como se encuentra un tesoro largamente buscado, como se encuentra un camino cuando se ha vagado sobre dunas de sal, como se encuentra la luz en las tinieblas, como un ave que por fin encuentra la rama ideal del árbol perfecto para su nido. Ahí estabas tú, bella, hermosa, radiante, Vanimaiel pronunciaron mis labios sin saber porqué utilizando un lenguaje antiguo y perdido en las arenas del tiempo, tu rojiza cabellera sujeta con delicados lazos de cuero, tu vestido amplio de otoñales colores, estrellas y lunas adornando tu cintura, y la más bella sonrisa jamás vista en todo el reino, y quizás en ningún otro reino sobre la tierra. Me era imposible dejar de mirarte, eres un hechizo hecho mujer, inevitable enamorarse de ti, difícil escapar al abismo de tu mirada, no se puede cerrar los ojos ante el enceguecedor fulgor de tu rostro. Escogí un asiento, te acercaste a mí y nuestras miradas se cruzaron, se unieron, establecimos un lazo, observaste la fresca cicatriz en mi frente, y me ofreciste comida y bebida, y yo, que aún no salía del asombro, solamente atiné a asentir con la cabeza. Yo que había enfrentado a poderosos enemigos, grandes guerreros, terribles hordas de bárbaros, nunca me había sentido tan vulnerable como aquel día frente a tu mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora siento miedo, no miedo a la muerte, no al enemigo, mas es el miedo a no volver a verte, miedo a no contemplar nuevamente tu rostro que sería como no volver a ver el cielo. Entonces un juramento germina en mi pecho: traspasaré las barreras de la muerte, franquearé los muros del infierno y volveré a ti, volveré a la calidez de tus abrazos y a la ternura de nuestros hijos, juro por ellos dos, y por el que está en camino, y por el amor que te tengo que volveré, porque el día que de ti me enamoré y logré que me amaras, supe que sería inmortal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Levanto la rodilla de la arena, miro con firmeza a mi primer oficial, doy una asentimiento que me imagino debe ser sombrío así que intento sonreír, junto con ese atisbo de sonrisa le digo que ah llegado la hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hermanos míos —Alzo la voz y me aseguro de que todos me oigan, al tiempo que voy avanzando hacia mi caballo— hemos llegado hasta aquí a proteger lo que es nuestro por derecho, a proteger el legado ancestral y a proteger a quienes nos dan la razón para vivir. Quiero que miren al hombre que tiene cada uno a su lado, vean en sus ojos —hago una brevísima pausa para montar—. Verán en esos ojos, la mirada de un hombre que está dispùesto a morir, que entregará el aliento y que recorrerá este sendero de muerte junto con ustedes, verán en esa mirada, la mirada de sus hijos, la mirada de sus esposas, la de su Rey —.Desenfundo la espada y su reluciente hoja brilla como tocada por algún hechizo al reflejar los primeros rayos del sol, la elevo y añado —: Dragones, la inmortalidad es nuestra pero hay que ganárnosla, y esta playa no la habrá de entregar —. A mi grito de batalla responden mis tropas con un rugido animal propio de su estirpe, somos mucho menos numéricamente que el enemigo invasor que ha desembarcado cerca de esta playa, pero confío que el ánimo infundido nos haga parecer más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo a retrasado al Duque y su ejército del norte, con quienes se supone debíamos encontrarnos en este lugar, pero tenemos que hacer frente, detener su avanzada, no podemos dejar que lleguen a las ciudades, el enemigo no esperará y no tendrá piedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Larga vida al rey! —se oye el grito animado de mi primer oficial cuando caigo en la cuenta de que el enemigo está próximo&lt;br /&gt;—¡Por Ilfirin! —rugen las tropas.&lt;br /&gt;Espoleo mi caballo, señalo al enemigo con la espada y los cuatrocientos hombres a mi mando, inician una carrera mortal. Se inicia la cruenta y sangrienta carnicería, muchos caen, mi espada ha batido a muchos de ellos, de pronto una flecha de oscuro penacho alcanza su objetivo, atraviesa mi armadura y el amargo veneno se mezcla con mi sangre, caigo de mi caballo y se nublan mis ojos, me aferro a tu pañuelo que tengo atado en mi guantelete, grito tu nombre y escucho el cuerno que anuncia la llegada de las tropas del Duque. Pero ya es muy tarde para mí, la oscuridad cubre mis ojos y entrego el alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;** -- **&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas generaciones han pisado aquella playa de ese país lejano del cual solamente tengo vagos recuerdos que vienen a mí en mis pesadillas, han pasado siglos desde aquel distante día, he cruzado, como lo prometí, los límites de la muerte, en busca de tu amor sincero, puro y verdadero. Te volví a encontrar, en circunstancias más felices que el pie de guerra que nos atormentaba en aquellos días de incertidumbre, pero no por ello, circunstancias diferentes, tú ahí, derramando carisma, hechizando con tu sonrisa, cautivando con tu mirada, contemplaste la fresca cicatriz que llevaba, pero esta vez no en la frente, sino en el corazón, me sentí otra vez vulnerable, y supe que te había encontrado, eras tú inya lisse Vanimaiel, y tú, que no habías escuchado mi juramento, te negabas a creer, tenías tus dudas y me pediste una prueba, te enseñé la imagen que llevo bajo mi piel, fiel reflejo de la imagen que siempre llevé en mi corazón para poder reconocerte cuando te viera. Me había tatuado un ángel con tu rostro sin haberte encontrado en esta vida. Yo no pedí pruebas, sabía que eras tú y aunque no las pedí, me las diste, me ayudaste a descubrir los antiguos versos que habíamos creado para nuestras nupcias, conocías los versos tan bien como yo, juntos volvimos a escribir y recitar el Cantar de los Inmortales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy soy feliz, plenamente, completamente, sin embargo hay algo aún que nos falta traer a nuestro reino, los suaves pasitos de pequeños pies descalzos que nos buscan tiernamente, las pequeñas manos que se sujetan de las nuestras para no caer en sus primeros días, el dulce trino de sus risas resonando por toda nuestra casa. Pero muy pronto Vanimaiel, muy pronto estarán nuevamente con nosotros y esta vez no nos separaremos, y aunque la muerte nos lo quiera impedir, le diremos que somos inmortales.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:85%;" &gt;Etiquetas en PeruBlogs: &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/batalla" target="_blank" rel="tag"&gt;Batalla&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/vanimaiel" target="_blank" rel="tag"&gt;Vanimaiel&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/epica" target="_blank" rel="tag"&gt;Epica&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/medieval" target="_blank" rel="tag"&gt;Medieval&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-209234290051122818?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/209234290051122818/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=209234290051122818" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/209234290051122818?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/209234290051122818?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/fciNQTBU0g8/la-ltima-batalla.html" title="( * ) La última batalla" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/03/la-ltima-batalla.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DU8ASXwzfSp7ImA9WxZXGEQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-4226654759417117219</id><published>2008-03-06T12:44:00.005-05:00</published><updated>2008-03-07T08:50:48.285-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-03-07T08:50:48.285-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="gary  gygax" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="señor de los anillos" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="tolkien" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="calabozos dragones" /><title>El Señor de los Anillos</title><content type="html">&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.poster.net/lord-of-the-rings/lord-of-the-rings-lord-of-the-rings-4800286.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://www.poster.net/lord-of-the-rings/lord-of-the-rings-lord-of-the-rings-4800286.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;embed src="http://static.boomp3.com/player.swf?id=817686dab376" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="200" height="20" allowScriptAccess="always" align="middle"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;a style="font-size: 9px; color: #ccc; letter-spacing: -1px; text-decoration: none" href="http://boomp3.com/m/817686dab376/blind-guardian-lord-of-the-rings-orchestral"&gt;boomp3.com&lt;/a&gt;&lt;img style="visibility:hidden;width:0px;height:0px;" border=0 width=0 height=0 src="http://counters.gigya.com/wildfire/CIMP/Jmx*PTEyMDQ4OTc*MTk2MDEmcHQ9MTIwNDg5NzQzNzE5NSZwPTcwNzUxJmQ9Jm49.jpg" /&gt;Mucho se ha escrito, dicho, discutido y filmado sobre esta fabulosa saga. Todo a propósito de la película que se hizo, me permito aquí hacer un poco de jactancia personal al afirmar que estos libros llegaron a mí mucho tiempo antes de que se hicieran las tres películas sobre ellos. Estuve leyendo un artículo de revista, y creo recordar que fue el año 1997, época en la qu&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;e estaba comenzando a dar mis primeros pasos como jugador de rol con la segunda edición de Calabozos y Dragones. Tal artículo era una serie de entrevistas a algunas personas que habían leído el libro y que eran coleccionistas de miniaturas y algunos de ellos también jugadores de Rol, había una pequeña reseña al Libro y a su autor y comenzaba diciendo que lo que hizo que Tolkien se animara a escribir este libro era hacer la continuación de un cuento (uno muy largo que luego terminó siendo novela) "El Hobbit" que había comenzado a escribir para su hijo. Decía que Tolkien habíe escrito en un pedazo de papel esta frase "En un agujero en el suelo vivía un hobbit", y que a partir de ella fue construyendo una trama fantástica que no solo encandiló a su hijo, si no aun gran número de personas a nivel mundial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Este post tiene doble intención, la segunda es comentar el libro, pero la primera y más poderosa razón es hacer mi humilde homenaje a Gary Gygax, quien el 04 de marzo, se ha unido inevitablemente a los Inmortales a la edad de 69 años. Este tejedor de ilusiones es quien, inspirado en historias épicas y fantásticas como es El Señor de los Anillos, nos ha entregado un juego cuya única limitación es la propia imaginación de los participantes. Muchos de los que alguna vez jugamos D&amp;amp;D hemos inspirado nuestros personajes y aventuras emulando las habilidades del mago Gandalf (nunca igualable por cierto), del intrépido ranger/guerrero Aragorn, el hábil luchador élfico Légolas, o el más grande de los en&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;anos Gimly (disculpen, no es un chiste, me gustan los juegos de palabras). Muchos Amos del Calabozo inspiraron sus villanos de aventura en las oscuras artes de Sauron. Quién de nosotros no se divertía pateando orcos, previa la siempre divertida de "Ah, sólo son unos orcos". Horas interminables de juego y tertulia, la mayor parte de mis más grandes y mejores amigos los he conocido gracias al rol, gente de bien, gente instruida y culta. Gracias Gary por crear un juego al que siempre pude llamar un Sano Vicio, un vicio que te pe&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;ga a la lectura y despierta la curiosidad y la creatividad. Un juego que puede ayudar a muchos a plantear paralelismos con la vida y resolver sus problemas y conflictos del mundo real en un mundo de juego.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Gracias a Gygax tengo a grandes amigos, Christian, mi primer DM, ahora muy felizmente casado (por fin, tío, ya era hora); Alfredo el pollito, eterno ladrón de ochenta mil habilidades; Stuart, el bardo de creatividad ilimitada; Christopher, cada personaje tuyo era de locura como el jocker aquel; Lucho, el paladín de la espada cevichera; Carlitos, el sombra espía; Freddy, porqué no puedo recordar tu personaje más característico? Fico, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://projects.thomashandkeefe.com/note/image/10/normal/wp_31.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://projects.thomashandkeefe.com/note/image/10/normal/wp_31.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;el tanquecito-ambulancia, un enano sacerdote que siempre iniciaba las aventuras con la consigna de volverse asquerosamente rico; Andy, el gigante que una vez tuve que encoger mágicamente para que pueda salir de no sé que cueva en la que nos habíamos metido. &lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Yo mismo me convertí en DM alguna vez y gracias a eso comencé a escribir la historia del juego que lideraría, Gary y su invento despertó mi creatividad y le estoy agradecido pues esa curiosidad es la que me ha animado a ser un contador de historias. Y como puse ya en una respuesta al post del Fabber: Gracias Gary por las aventuras, gracias por la ilusión, gracias por los amigos y las largas tertulias.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomo ahora el segundo motivo de este post, Al verme frente a tres libros gruesos como biblias, me desconcerté y hasta casi me desanimo, es la verdad, nunca había leído libros tan extensos hasta entonces, no obstante, me lancé  y abrí la primera página, y luego la segunda y poco a poco y sin darme cuenta ya estaba inmerso en una historia mágica. Tolkien es un genio de la narrativa y la imaginación. Cuando vas leyendo el libro, las palabras parecen convertirse en imágenes, Tolkien casi no te dice nada, todo lo muestra, las descripciones son tan precisas y tan detalladas que puedes “ver” hasta las piedras de los caminos por donde andan sus personajes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Es sorprendente que años después, cuando se hiciera la película, muchos de los que habíamos leído la obra coincidimos en que la gran mayoría de escenas visuales quedaron tal y como las habíamos imaginado leyendo.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Tolkien, no solamente ha logrado una narración interesante y rica en detalles, ha logrado crear caracteres con marcadas personalidades. Y estos personajes tenían que andar en un mundo, que no es el nuestro. Aquí nos sorprende otra vez el genio del autor, pues ha creado un mundo, complejo y diverso, con razas, lenguajes y climas diversos.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;La trama es igualmente interesante, ha sido capaz de construir intriga para una historia cuyo final podríamos fácilmente adivinar, me refiero a lo siguiente: Sabíamos que Frodo lograría su objetivo, pero el hecho genial está en cómo el autor cuenta la historia, cómo enlaza las historias periféricas, cómo divide la trama principal y la vuelve a unir, está el dramatismo de las escenas mostradas.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Siempre sostendré que el Señor de los Anillos es un libro mágico, me arrastró desde el encanto de la comarca y me hizo caminar por la tierra de Mordor sin darme cuenta de los signos de puntuación o de la tipografía, era como si hubiese sido absorbido por sus páginas y como si hubiera contemplado las escenas como un testigo neutral aun que con muchas ganas de intervenir en las grandes batallas épicas que se narran.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Altamente recomendado, una experiencia completamente distinta a la película, sin desmerecer el trabajo de Peter Jackson y compañía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(204, 204, 204);font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"  &gt;Etiquetas en PeruBlogs: &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/calabozos+dragones" rel="tag" target="_blank"&gt;calabozos dragones&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/gary+gygax" rel="tag"  target="_blank"&gt;gary gygax&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/senor+de+los+anillos" rel="tag" target="_blank"&gt;señor de los anillos&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/tolkien" rel="tag" target="_blank"&gt;tolkien&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-4226654759417117219?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/4226654759417117219/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=4226654759417117219" title="2 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/4226654759417117219?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/4226654759417117219?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/g6P2CZaE3XQ/el-seor-de-los-anillos.html" title="El Señor de los Anillos" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/03/el-seor-de-los-anillos.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;C0ADR3wzfSp7ImA9WxZXFUs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-234620991648435740</id><published>2008-03-03T10:41:00.006-05:00</published><updated>2008-03-03T11:29:36.285-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-03-03T11:29:36.285-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Golpe de gracia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="narratopedia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Pontificia Universidad Javeriana" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Jaime Alejandro Rodríguez" /><title>Informativo: Narratopedia</title><content type="html">Esta vez voy a salirme un poco de mi papel de Contador de Historias, pues he encontrado algo interesante en la Web y que me gustaría compartir. Esto está orientado sobre todo a quienes, como yo, estamos en el intento de escribir. Se trata de Narratopedia, una iniciativa que nació en la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia y cuyo padre es el profesor Jaime Alejandro Rodríguez, cuyo nombre, confieso, hasta ahora no había escuchado ni leído. Este profesor es ganador del premio &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Literaturas en Español, del Texto al Hipermedia&lt;/span&gt;, con su obra OnLine &lt;a href="http://javeriana.edu.co/golpedegracia/" target= "_blank"&gt;Golpe de Gracia&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La iniciativa se ve interesante y lo más bonito del asunto es que es libre, no hay más que inscribirse y comenzar a contar historias, una nueva puerta a la fértil densidad de las Oportunidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nota completa haciéndo click &lt;a href="http://www.papelenblanco.com/2008/03/03-narratopedia-un-taller-literario-en-forma-de-wiki" target="_blank"&gt;aqui&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(204, 204, 204); font-family: trebuchet ms;font-size:85%;" &gt;Etiquetas en PeruBlogs:&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"&gt;&lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/narratopedia" rel="tag"&gt;Narratopedia&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/pontificia+universidad+javeriana" rel="tag"&gt;Pontificia Universidad Javeriana&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/jaime+alejandro+rodriguez" rel="tag"&gt;Jaime Alejandro Rodríguez&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/golpe+de+gracia" rel="tag"&gt;Golpe de gracia&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-234620991648435740?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/234620991648435740/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=234620991648435740" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/234620991648435740?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/234620991648435740?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/8GzzLz-oEvc/informativo-narratopedia.html" title="Informativo: Narratopedia" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/03/informativo-narratopedia.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DUcARHwzeCp7ImA9WxZXFEo.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-4588453851042680627</id><published>2008-03-02T08:49:00.006-05:00</published><updated>2008-03-02T11:57:25.280-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-03-02T11:57:25.280-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="lester del rey" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ciencia ficción" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="canto del crepúsculo" /><title>Comentario: El canto del Crepúsculo</title><content type="html">&lt;span style=";font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"  &gt;La edad dorada de la ciencia ficción nos ha dado a Lester del Rey. Pongo aquí uno de sus cuentos escrito en 1967 en el que nos muestra junto con una impecable redacción, su propia visión de la humanidad como raza contaminante y su tendencia a la destrucción. Aun que no podría decir que se trata precisamente de un relato de especulación científica, es en realidad una visión autocrítica si uno se considera humano. Para quien no lo haya leído, no voy a adelantar detalles que le estropeen el final de la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"  &gt;El canto del Crepúsculo&lt;br /&gt;Lester del Rey&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando alcanzó la superficie del pequeño planeta, incluso las heces de su poder se habían agotado. Ahora descansaba, extrayendo reluctantemente y con lentitud un poco de fuerza del amarillo sol que brillaba en los verdes prados a su alrededor. Sus sentidos estaban debilitados por un cansancio definitivo, pero el miedo que había aprendido de los Usurpadores lo empujaba en busca de algún nuevo atisbo de refugio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dio cuenta de que era un mundo pacífico, y ese descubrimiento avivó su miedo. En sus días jóvenes había apreciado una multitud de mundos donde el juego del flujo y el reflujo de la vida podía ser jugado hasta el fondo. Era entonces un universo lleno de vitalidad por donde vagabundear. Pero los Usurpadores no soportaban los rivales en su propia ilimitada avidez. La paz y el orden que reinaban en aquel lugar significaban que aquel mundo les había pertenecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los buscó vacilante mientras un leve soplo de energía fluía dentro de él. No había ninguno allí en aquel momento. Hubiera podido captar inmediatamente la presión de su cercana presencia, y no había el menor rastro de ello. Las lisas y herbosas extensiones se abrían ante él en interminables praderas y campos hasta las distantes colinas. Había estructuras de mármol en la lejanía, de blancura resplandeciente al sol del atardecer, pero estaban vacías; su desconocida finalidad había sido alterada hasta convertirse en un simple decorado sobre aquel planeta ahora abandonado. Su atención regresó; cruzó un riachuelo hasta el otro lado del amplio valle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí descubrió el jardín. Rodeado por un muro bajo, sus kilómetros y kilómetros de extensión estaban llenos de bosques dispuestos aparentemente como una reserva. Pudo sentir la agitación de vida animal de apreciable tamaño entre las ramas y a lo largo de los senderos sinuosos. Faltaba el alborotado vigor de toda auténtica vida, pero su abundancia podía ser suficiente para enmascarar su propio vestigio de fuerza vital en caso de búsqueda profunda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al menos era un refugio mejor que esta pradera descubierta. Deseaba dirigirse hacia allí, pero el peligro de traicionarse con su movimiento lo mantuvo inmóvil donde estaba. Había pensado que su anterior escapatoria estaba asegurada, mas estaba aprendiendo que incluso él podía equivocarse. Aguardó mientras buscaba una vez más indicios de una trampa de los Usurpadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había aprendido la paciencia en la prisión que los Usurpadores habían diseñado para él en el centro de la galaxia. Había reunido furtivamente sus energías mientras preparaba su evasión en torno a la repugnancia de los otros en tomar la decisión final. Luego se había proyectado fuera en una trayectoria que hubiera debido llevarle hasta mucho más allá de los límites de su dominio en el universo. Y había descubierto su fracaso antes incluso de haber podido recorrer la distancia hasta el extremo de aquel brazo en espiral de una fortaleza galáctica. Sus redes de detección estaban por todas partes, al parecer. Sus grandes líneas de captación de energía formaban una red demasiado fina para ser cruzada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las estrellas y los mundos estaban unidos entre sí, y sólo una serie de milagros le habían permitido llegar hasta tan lejos. Y ahora su pérdida de energía hacía que la prosecución de tales milagros estuviera fuera de su alcance. Desde que casi habían fracasado en atraparle y secuestrarle, habían aprendido demasiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora buscaba delicadamente, temeroso de activar alguna alarma, pero más temeroso aún de no detectar su existencia. Desde el espacio, aquel mundo había ofrecido la única esperanza en su aparente inmunidad a sus redes. Sin embargo, entonces sólo había dispuesto de microsegundos para comprobarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, hizo regresar a sus percepciones. No podía captar la menor evidencia de sus cebos y sus detectores allí. Había empezado a sospechar que ni siquiera sus mayores esfuerzos iban a ser suficientes ahora, pero no podía hacer más. Lentamente al principio, y luego en una repentina acometida, se proyectó hacia el laberinto del parque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada procedente de los cielos le golpeó. Nada surgió del centro del planeta para detenerle. No hubo ninguna interrupción en el susurro de las hojas y el canto de los pájaros. Los sonidos animales continuaron. Nada pareció consciente de su presencia en el jardín. En un tiempo eso hubiera sido impensable en sí mismo, pero ahora extrajo de ello algo de alivio. En aquel momento no debía ser más que una sombra, ilocalizado e ilocalizaba a su paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo avanzó sendero abajo hacia donde descansaba, haciendo resonar ligeramente sus cascos, que apenas rozaban la alfombra de hojas muertas. Alguna otra cosa saltó rápidamente por entre la maleza del borde del camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejó que su atención se fijara en ellas cuando ambas salieron al sendero juntas. Y un frío horror lo rodeó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una era un conejo, que en aquel momento mordisqueaba las hojas de trébol que allí había mientras agitaba sus largas orejas y avanzaba su rosado hocico. El otro era un joven venado, llevando aún las manchas de cervatillo. Cualquiera de ellos hubiera podido ser hallado en cualquiera de miles de mundos. Pero ninguno habría sido exactamente del tipo que tenía ante él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel era el Mundo del Encuentro… el planeta donde había descubierto por primera vez a los antepasados de los Usurpadores. ¡De todos los mundos en la apestada galaxia, había tenido que ir a buscar aquél como refugio!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los lejanos días en que él poseía toda su gloria eran meros salvajes, confinados en aquel único mundo, procreando y siguiendo su camino hacia la legítima autodestrucción de todos los salvajes como ellos. Y sin embargo había algo extraño en ellos, algo que entonces llamó su atención y despertó incluso una vaga piedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debido a esa piedad, había tomado a unos pocos de ellos y los había conducido hacia la elevación. Hasta había alimentado poéticos sueños de hacer de ellos sus compañeros y sus iguales, puesto que las expectativas de vida de su sol estaban tocando a su fin. Había respondido a sus gritos de socorro y les había proporcionado al menos algo de lo que necesitaban para dar sus primeros pasos hacia la dominación del espacio y la energía. Y le habían recompensado con un orgullo arrogante que negaba incluso el menor rastro de gratitud. Finalmente, los había abandonado a su propio salvaje fin y se había marchado a otros mundos, para realizar proyectos más amplios y ambiciosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquélla había sido su segunda locura. Habían avanzado ya demasiado en su camino hacia el descubrimiento de las leyes que controlan el universo. De un modo u otro, incluso evitaron su propia autodestrucción. Tomaron los mundos de su sol y los lanzaron hacia delante, hasta que pudieron competir con él por los mandos que él había hecho suyos. Ahora los poseían todos, y él no tenía más que aquel minúsculo lugar allí en el mundo de ellos…. por un cierto tiempo al menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El horror de constatar que aquél era el Mundo del Encuentro menguó un poco al recordar con qué facilidad sus crecientes hordas poseían y abandonaban mundos sin ninguna razón aparente. Y de nuevo sus comprobaciones le demostraron que no había ninguna evidencia de ellos allí. Empezó a relajarse de nuevo, sintiendo una súbita esperanza en lo que había sido temporalmente desesperación. Con toda seguridad, ellos también pensarían que aquél era el único planeta donde él jamás iría a buscar refugio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apartó a un lado sus temores y empezó a dirigir sus pensamientos hacia el único camino que podía ofrecerle esperanzas. Necesitaba energía, y la energía era algo disponible en cualquier lugar no tocado por las redes de los Usurpadores. Había sido drenada al espacio durante eones, una dilapidación de energía que podía hacer estallar soles o crearlos en legiones. Era energía para escapar, quizás incluso para prepararse finalmente a enfrentarse con ellos con ciertas posibilidades de obligarles a una tregua, si no de conseguir una victoria. Si podía conseguir unas pocas horas sin ser detectado, podría atraer y retener aquella energía para sus necesidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Empezaba a tenderse para alcanzarla cuando el cielo retumbó y el sol pareció oscurecerse por un momento!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El miedo que anidaba en él asomó a la superficie y lo envió a ocultarse lejos de la visión del cielo antes de poder controlarlo. Pero por un breve momento hubo aún un rastro de esperanza en él. Podía tratarse de un fenómeno causado por su propia necesidad de energía; quizás había empezado a atraer la energía demasiado intensamente, demasiado ávido de fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego el suelo se agitó, y entonces supo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había engañado a los Usurpadores. Sabían que estaba allí… nunca lo habían perdido. Y le habían seguido con toda su enorme falta de sutileza. Una de sus naves exploradoras había aterrizado, y el explorador vendría a buscarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luchó por controlarse, y lo consiguió lo suficiente como para hacer que su miedo penetrara en lo más profundo de él. Luego, con un cuidado que no agitó ni una brizna de hierba ni una hoja sobre una ramita, empezó a retroceder, buscando las densas espesuras del centro del jardín, allí donde la vida era más intensa. Con aquello para protegerle, podría al menos absorber un débil hilillo de energía, la fuerza suficiente para rodearse de una sutil aura animal que le permitiera ocultarse entre las bestias. Algunos exploradores de los Usurpadores eran jóvenes e inmaduros. Si era uno de ellos podría engañarlo y tal vez se fuera. Luego, antes de que su informe llegara a los demás, podría tener una oportunidad…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supo que aquel pensamiento no era más que un deseo, no un plan, pero se aferró a él mientras se cobijaba entre la espesura en el centro del jardín. Y entonces incluso ese deseo le fue arrebatado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sonido de pasos era firme y seguro. Se oía el crujir de ramas rompiéndose mientras los pasos se acercaban, sin la menor desviación de la línea recta. Inexorablemente, cada firme zancada llevaba al Usurpador más cerca del lugar donde se había ocultado. Ahora había un débil resplandor en el aire, y los animales escapaban en todas direcciones llenos de terror.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sintió los ojos del Usurpador sobre él, y se obligó a apartarse de aquel conocimiento. Y como el miedo, descubrió que había aprendido la plegaria de los Usurpadores; rezó desesperadamente a la nada que conocía, y no hubo respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Sal! Este suelo es un lugar sagrado y tú no puedes permanecer en él. Hemos emitido nuestro juicio y se ha preparado un lugar para ti. ¡Sal y déjame llevarte hasta allí!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz era suave, pero tenía una fuerza que congeló incluso el susurrar de las hojas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejó que la mirada del Usurpador lo alcanzara finalmente, y la plegaria en él era muda y dirigida hacia fuera… y sin esperanzas, como sabía que debía ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero… - Las palabras eran inútiles, más la amargura en su interior obligó a las palabras fuera de él. - Pero ¿por qué? ¡Yo soy Dios!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por un momento, algo parecido a la tristeza y a la piedad asomó a los ojos del Usurpador. Luego desapareció, mientras llegaba la respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Lo sé. Pero yo soy el Hombre. ¡Ven!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente asintió, en silencio, y le siguió despacio, mientras el amarillo sol se ocultaba tras los muros del jardín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aquellos fueron el crepúsculo y la mañana del octavo día.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_lWfV8GZPHoc/R8q17-FxHuI/AAAAAAAAAD0/bHJmDh_1wq8/s1600-h/cresp.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_lWfV8GZPHoc/R8q17-FxHuI/AAAAAAAAAD0/bHJmDh_1wq8/s320/cresp.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5173147163872534242" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(204, 204, 204); font-family: trebuchet ms;font-size:85%;" &gt;Etiquetas en PeruBlogs:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: trebuchet ms;font-size:85%;" &gt;&lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/canto+del+crepusculo" rel="tag"&gt; canto del crepusculo&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/ciencia+ficcion" rel="tag"&gt;ciencia ficción&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.perublogs.com/tags/lester+del+rey" rel="tag"&gt;lester del rey&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-4588453851042680627?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/4588453851042680627/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=4588453851042680627" title="1 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/4588453851042680627?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/4588453851042680627?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/WTDYnsGiGK8/comentario-el-canto-del-crepsculo.html" title="Comentario: El canto del Crepúsculo" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_lWfV8GZPHoc/R8q17-FxHuI/AAAAAAAAAD0/bHJmDh_1wq8/s72-c/cresp.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/03/comentario-el-canto-del-crepsculo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0EFR38zeip7ImA9WxBXF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-636015155804512669</id><published>2008-02-24T11:41:00.011-05:00</published><updated>2010-01-29T15:06:56.182-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-01-29T15:06:56.182-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="maquina del tiempo" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="deja vu" /><title>( * ) Deja Vu</title><content type="html">&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;hr&gt;En el taller del que ya hablé antes, una de las personas que conocí, es Carlos Enrique, (ver link revista argonautas). Él me sugirió la idea de hacer un relato de Ciencia Ficción. Yo tenía una idea hace mucho tiempo pero no tomaba forma del todo. En esta oportunidad me puse a jugar con tal idea y resultó en este cuento SciFi que está aquí igual que los demás a la espera de su crítica.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;hr&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;—¡Vaya Estaban! Es la cuarta vez que me sucede hoy día. ¿Sabes lo que es un &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;déjà vu&lt;/span&gt;? —le comenta muy emocionada Silvia a un novio y éste responde casi con indiferencia, más por compromiso y haciendo una mueca que aparenta un poco de interés.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;—Pues, creo que sí, o sea, creo que he oído esa palabra en… bueno, no sé, por ahí, supongo. ¿Qué importancia tiene?, mejor sigamos haciendo lo nuestro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Es lo único que tienes en la cabeza!, Escúchame, mira. ¿Nunca has tenido acaso la sensación de que un instante de tiempo ya lo viviste?, a mí me parece alucinante, ves, o sea, es como ahorita por ejemplo, me estabas besando y cuando tocaste el primer botón de mi blusa, y la canción en la radio justo cuando dice “I’m a demon speeding” —Silvia trata graciosamente de imitar la voz de Rob Zombie— Todo eso junto, ¿me entiendes?, es como si ya lo hubiera vivido, es como si de pronto recordara que … —Esteban interrumpe bruscamente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;—Ya pues flaca, sí, ya te entendí, no soy tan bestia, el que tu papá sea un científico no te dice que el resto del mundo es tonto. Sí, ya me acordé ese rollo del &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;déjà vu&lt;/span&gt;, es solo un… no sé, un error de la Matrix pues —comenta esta vez con cierta ironía— aunque ahora creo que es más bien un pretexto, si no quieres hacerlo en el auto porque te da vergüenza o tienes miedo de que alguien nos capture en la playa, normal pues, dímelo y nos vamos a un hostal, pero no empieces a tratar de explicarme científicamente cosas que realmente no tienen importancia.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;—Tú si que eres tonto ¿verdad? —Silvia le increpa ya más incómoda— La matrix, la matrix. ¡Esa es una película, tarado! Mira, algunos estudios dicen que… —Silvia se ve interrumpida&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt; nuevamente por el impaciente novio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya para por favor, te dije que no me interesa. Mejor regresamos, te dejo en tu casa y conversamos mañana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;Esteban enciende el auto y junto a Silvia dejan el solitario rincón al que solían acudir a finales del verano. Dejan atrás en enfurecido ruido de las olas golpeando la playa de piedras, aun que ese furioso embate continúa azotando a la pareja en el interior del vehículo. La noche cerrada y con pocas estrellas parece haber llegado también a sus corazones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente Silvia se levanta y se alista para ir a la universidad, prepara el desayuno para ella y su padre y se sienta a esperar a que éste baje al comedor.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;—Anoche volviste más temprano de lo usual, hija. Y, a juzgar por cómo azotaste la puerta del auto de Esteban, y la carita que traes esta mañana…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;—No es nada papá —interrumpe antes de que su padre comience a deducir todo, Silvia no quiere hablar de la discusión con su novio. Tiene una relación cercana y confidente con su padre, pero ella juzga que es mejor esperar a que su mal humor se disipe un poco más antes de contarle a su padre que en el camino de regreso la tempestad arreció más y más y terminaron por mandarse cada uno a la respectiva madre que los parió; hecho que hirió gravemente a Silvia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;—Hijita, no hace mucho que tu mamá ya no está, pero puedes confiar en mí y…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo sé papá —lo toma de la mano y lo mira con ternura— ya te contaré después, ahora quiero ocupar mi cabeza con otros asuntos. Mejor cuéntame tú, cómo va el proyecto ese en el laboratorio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;—¡Ay hija! —Dice el padre con tono algo cansado— Llevamos casi cuatro años intentando. El construir la máquina con los conceptos y las ideas de Hawking y de Einsten, no fue difícil, pero sí laborioso, como ya sabes, pero el problema es que siempre falla cuando hacemos las pruebas. Hay un tipo nuevo en el laboratorio, ha venido de Europa, y según dicen tiene mucha experiencia trabajando con campos magnéticos y ha trabajado con los grandes en el CERN, y es un experto en el acelerador de partículas, en resumen, hija, el tipo es una eminencia. He llegado a saber también que ha conseguido documentos del proyecto Filadelfia…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;—¿Ese del buque o submarino o no sé qué nave del ejército norteamericano que supuestamente se teletransportó?— Los ojos de Silvia ocupan casi la total superficie de su rostro.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;—Sí, ese mismo —responde con una sonrisa orgullosa—. Supuestamente no ha quedado registro alguno de ese experimento, pero según se comenta, muchos de los aportes de Irving Jessup (así es como se llama), provienen de esta base de conocimiento. Él le está dando un buen impulso al proyecto y esta noche tendremos otra prueba, espero que nos vaya mejor que anoche.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;—Yo también lo espero papá, y me emociona saber que vas bien encaminado con el proyecto. Yo quisiera acompañarte, pero ya me dijiste que no me pueden permitir la entrada, sólo espero terminar la universidad pronto y ojala puedas ayudarme a conseguir un trabajo en el Laboratorio, aun que sea para limpiar el piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre de Silvia sonríe, acaricia la cabeza a su hija, le da un sorbo a su café y le muestra lo orgulloso que se siente del empeño que ella pone en su objetivo. Sin embargo, ni siquiera asoma por su cabeza la sospecha de que ella, nunca terminará la universidad.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"&gt;Esa misma noche…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Vaya Estaban! Es la cuarta vez que me sucede hoy día. ¿Sabes lo que es un &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;déjà vu&lt;/span&gt;?&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_lWfV8GZPHoc/R8LFYk7mhsI/AAAAAAAAACk/N-qu2Qc6M9c/s1600-h/001.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5170912348195948226" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: pointer; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_lWfV8GZPHoc/R8LFYk7mhsI/AAAAAAAAACk/N-qu2Qc6M9c/s320/001.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-636015155804512669?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/636015155804512669/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=636015155804512669" title="6 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/636015155804512669?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/636015155804512669?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/5_9Qrnv0xKE/deja-vu.html" title="( * ) Deja Vu" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_lWfV8GZPHoc/R8LFYk7mhsI/AAAAAAAAACk/N-qu2Qc6M9c/s72-c/001.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>6</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/02/deja-vu.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0UNQHk7fSp7ImA9WxBXF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-5793401520193491929</id><published>2008-02-13T08:41:00.007-05:00</published><updated>2010-01-29T15:01:31.705-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-01-29T15:01:31.705-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Laertes" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="genio" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Diablo botella" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="norm" /><title>( * ) Los Cuatro Destinos de Laertes.</title><content type="html">&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;hr /&gt; &lt;em&gt;Aquí dejo a consideración un segundo relato de mi autoría, Esta vez inspirado por el genio Norm (ver Padrinos Mágicos) y por el cuento del Diablo en la Botella (Bottle Imp) del escritor escocés Robert Louis Stevenson.&lt;/em&gt; &lt;hr /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Algunos bares son lugares de perdición, algunos otros lo son de alegrías y reencuentros, otros, de lágrimas y penas, hay muchos tipos de bares y muchas cosas que en ellos acontecen. Pero principalmente, creo yo, indistintamente del tipo de bar que sea, son todos mares de historias. Una noche de invierno en la que me encontraba navegando en uno de estos mares, conocí a un sujeto muy singular, cuya historia merece ser contada. Su apariencia desaliñada, su barba de varios días y sus cabellos sin peinar, construían la apariencia de quien no tiene motivos para volver a casa. Había, sin embargo, una vivacidad tremenda en su mirada y su hablar elocuente que me animaron a escucharlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi nombre es Laertes, solía trabajar, cuando joven, como mecánico automotor, harto de la poca paga y los malos tratos del dueño del taller, decidí aventurarme como mecánico de motores en un barco carguero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zarpamos del puerto del Callao y luego de ocho meses entre arribos y salidas, llegamos al puerto de Alejandría en la costa norte de Egipto, lugar donde el carguero permanecería seis días. Terminadas mis labores de mantenimiento preventivo obtuve permiso para descender a tierra, aproveché entonces para pasear por el puerto y recorrer sus alrededores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis pasos me llevaron a un mercado cercano, ruidoso y caótico, la gente gritaba y regateaba y aun que parece que pelean, es la forma usual de negociación por estas latitudes. Un puesto en particular me llamó la atención por tener piezas de apariencia antigua pero que visiblemente son réplicas de objetos de arte del antiguo Egipto, uno de estos objetos logró cautivarme de manera especial, estaba cuidadosamente bien hecho, me refiero a que aparentaba real antigüedad. Pronto me ví en posesión de un pequeño ídolo de vidrio negro que representa al dios egipcio Anubis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasados los seis días, partimos con rumbo sur a Ciudad del Cabo. Con rumbo fijo y sin mucho trabajo, dedicaba algo de tiempo a la lectura en mi camarote. Una noche, al colocar mi taza de café sobre la mesa de noche, empujé accidentalmente el ídolo de Anubis y éste fué a dar contra el suelo metálico y para mi sorpresa, no se rompió, sin embargo noté que la cabeza del Señor de la Necrópolis se había torcido, cosa que me pareció por demás extraña en un adorno de vidrio. Al examinar la pieza pude notar que la cabeza es una especie de tapa, con algo de esfuerzo y con la ayuda de una navaja, logré destapar la pequeña botella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al instante experimenté una sensación de mareo, al mismo tiempo que un olor rancio y podrido inundaba la habitación, coloqué la botella sobre la mesa de noche, y justo cuando me dirigía a abrir la venta, me sorprendió la visión de algo increíble y escalofriante:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente a mí, vi materializarse lo que al principio pensé que era un niño, su rostro era joven pero aparentaba experiencia y en definitiva, no era humano, su mirada: fija y severa, sus ojos rojos como la sangre, su piel cobriza y sus cabellos negros como noche sin luna, iba ataviado con una rústica túnica de color negro sin ornamentación alguna. Descalzo y parado frente a mí, hizo una breve reverencia y pronunció palabras que no pude entender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo la suerte impidió que caiga yo desmayado por la impresión o muerto de un infarto. Aún muy asustado y sin entender bien lo que estaba sucediendo, llegué a decirle que no le comprendía. Este ser me observó fijamente como si tratara de leer mi mente, y al cabo de unos segundos se presentó de esta manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Kayhan Ben-Ahmadineyad es mi nombre —me dijo. Y luego continuó explicando— mis enemigos, haciendo uso de poderosos encantamientos, unieron fuerzas y me encerraron en esta botella hace muchos años y me abandonaron en este plano de existencia —lo que dijo dentro de todo este contexto se me antojó salido de un cuento para niños y ya después reflexioné que historias de genios y lámparas maravillosas se habían contado miles de años atrás y que quizás tendrían algún asidero en la realidad misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y... ¿Qué eres exactamente? —pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Soy un efrit y en agradecimiento por mi liberación habré de concederte 3 deseos al final de los cuales seré libre incondicionalmente —respondió con solemnidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podía creer lo que me estaba ocurriendo y mucho menos lo que estaba escuchando, llegué a pensar que estaba alucinando. He oído decir que cuando uno se vuelve loco comienza con alucinaciones, algunos creen hablar hasta con Dios. ¡Y vaya que esto era una locura!. Tenía frente a mí nada menos que a una especie de geniecillo de botella mágica y me lo estaba creyendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Entonces. ¿Qué vas a desear? —Me dijo, interrumpiendo así mis cavilaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Muy bien —Le dije, recobrando un poco la calma.— Primero vas a decirme por qué es que te encerraron y castigaron de esa manera—&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Deseas saber el motivo de mi encierro? No comprendo por qué pero te diré mi historia —y comenzó entonces a relatarme más o menos lo que le había acontecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otro tiempo, muchos años atrás, fue convocada una gran cantidad de efrits desde nuestro plano natural de existencia. Una fuerza poderosa abrió un paso a tu mundo y llegué junto con una legión de setenta y dos miembros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rey Sulaymán, tenía en su poder un libro grimorio muy antiguo, en el que se detallan los pasos para conjurarnos, este libro también contiene todo el conocimiento y los métodos para obligar a los seres de mi especie a cumplir favores a tu raza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No le fue fácil a Sulaymán tener el dominio de la legión, aun que finalmente logró forzar a algunos a servirle y a hacer grandes y magníficas edificaciones en nombre de su Dios y su religión y a conseguir para sí cuantiosas riquezas. Algunos otros nos revelamos y opusimos fuertemente a su mandato y es así que se desarrolló una batalla en la que los rebeldes no pudimos salir victoriosos. Siendo seres inmortales en este plano, fuimos encerrados en recipientes de representaciones sagradas, como ese de Anubis, y abandonados en diversos lugares, condenados a esta prisión hasta el día la Rendición de Cuentas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sulaymán ofreció pergaminos de libertad a los efrits que estuvieran de su lado, pergaminos que entregaría el día de su muerte. En tales escrituras se detallan los encantamientos necesarios para volver a nuestro plano natural de existencia. Y cuando deje yo de ser tu esclavo dedicaré mis días a encontrar esos hechizos.&lt;br /&gt;—Tu deseo ha sido concedido, he concluido mi historia —me dijo, y tras una breve pausa añadió— Te quedan ahora dos deseos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿De qué estas hablando? —Exclamé sorprendido— Yo solamente quise saber la razón de tu encierro para tener una idea de...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es así —me interrumpió— que pregunté si era tu deseo el conocer mi historia y con tu silencio y venia aceptaste, pues, he cumplido tu primer deseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ah embustero! El muy astuto ser me había engañado. Tenía que tener más cuidado si no quería desperdiciar mis otros dos deseos. Tenía que pensar con calma y claridad, así que me dispuse a traerme otra taza de café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Deseas otra taza de café? —me preguntó astutamente este embaucador de otro mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ja! —respondí.— ¿Acaso me crees tan tonto como para caer nuevamente en tu zancadilla? Ni lo pienses. Este café lo quiero preparar yo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues, como desees amo, te concedo preparar tu propio café — dijo con mucha ironía provocando mi furia. El maldito lo volvió a hacer y tonto de mí que dije que lo quería preparar, eso expresaba claramente un deseo y éste efrit me lo concedió, ahora me quedaba sólo uno y no podía desperdiciarlo. Sabía que cualquier cosa que yo dijera, la usaría el efrit para liberarse de mí lo antes posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Escúchame bien, Kayhan, voy a formular mi deseo, pero no me interrumpirás ni cumplirás nada hasta que hayas escuchado decir la frase: Es esto cuanto deseo. —Sin darle tiempo a responderme o repreguntar, continué inmediatamente.— Me vas a entregar un mapa de mi mundo, en él vas a marcar los lugares donde se encuentran las botellas de los efrits que aún quedan prisioneros. En la parte de atrás del mapa escribirás en mi idioma y en caracteres que yo pueda leer fácilmente, instrucciones precisas de cómo hallar las botellas, la forma y el dios que representa cada una de ellas. La calidad del papel en el que esté el mapa será de la mejor, al igual que la tinta, deben ser muy resistentes. Es esto cuanto deseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Podrías —dijo el geniecillo, encarnando perfectamente la ironía y la soberbia— haber deseado tener todas esas botellas aquí delante de ti, pero ya que quieres un mapa, pues, concedido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y diciendo esto, desapareció junto con su fétido olor. El ornamento con la forma de Anubis yacía roto en varios fragmentos sobre mi mesa de noche, debajo de los pedazos de vidrio negro estaba el mapa que pedí con todos sus pormenores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así es, amigo mío, que aprovechando mi trabajo en el buque mercante y los viajes a los que me lleva, me dispongo a buscar las cuatro botellas que están señaladas en el mapa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vaya tipo simpático este Laertes, trae consigo una historia de lo más increíble, me pone a pensar qué es lo que le impulsaría a contarle tal cosa a un extraño en un bar. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-5793401520193491929?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/5793401520193491929/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=5793401520193491929" title="1 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/5793401520193491929?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/5793401520193491929?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/LglYmuNyzCE/los-cuatro-destinos-de-laertes.html" title="( * ) Los Cuatro Destinos de Laertes." /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/02/los-cuatro-destinos-de-laertes.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CUEHQHgzfSp7ImA9WxZQGEo.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-1005038171887005625</id><published>2008-02-08T14:02:00.001-05:00</published><updated>2008-02-24T12:20:31.685-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-02-24T12:20:31.685-05:00</app:edited><title>Comentario: Soberanía nacional</title><content type="html">&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Los conflictos armados son absurdos, pero los hay unos más que otros, Vietnam por ejemplo, hasta ahora muchos nos preguntamos qué rayos tenían que hacer los gringos por esas latitudes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro conflicto absurdo fue uno que vivimos más de cerca allá por el año 1982, haciéndo matemáticas yo tenía 7 años, estaba en el colegio y de esa edad lo único que recuerdo son algunas menciones que se hacían en la televisión interrumpiendo los dibujos animados, en los que se podía oir algo de una guerra en las Malvinas. En ese momento no tenía idea de dónde quedaban las dichosas islas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El colegio en que estudié la primaria era inmenso y quedaba a medio camino subiendo un cerro, sí, en la ruta hacia Saqsayhuamán -Quienes conocen el Cusco ya saben de cuál colegio hablo- Recuerdo que la salida acondicionada para automóviles era una ladera que tenía a un lado un pabellón de aulas y al otro lado una especie de barranco, no muy alto, pero sí empinado, suficientemente peligroso cuando tienes siete años y los curas te han metido la idea de que es peligroso, ya viéndolo cuando mayor, no lo era tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El punto es que a ese pequeño barranquito, dada su peligrosidad, algunos de los chicos de secundaria le llamaron "Las Malvinas". Y se contaban historias de algunos de los más avezados, que Fulanito se fue ayer por las Malvinas, que Sutanito lo siguió, que Mengano se resbaló y terminó con algunos rasguños, etc. Era un riesgo innecesario, pero, como dijo alguna vez un buen amigo mío "La aventura es sólo para los valientes", y es verdad, muchos por el solo hecho de sentirse valientes en relación a los demás, tomaban el riesgo de ir por Las Malvinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es todo lo que de esa guerra recuerdo mientras fuí niño, ya de adulto supe que fue una guerra &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;que enfrentó a Argentina contra Inglaterra y el resto es historia que muchos ya conocen de sobra y que no es objeto de este espacio tampoco. A lo que viene tamaña introducción es a un cuento de Rodrigo Fresán llamado Soberanía Nacional. Nos muestra con una muy buena dosis de humor, lo absurdo de la guerra, nos caricaturiza los estereotipos de los participantes y hace gala de una impecable narrativa multipersonaje. Les dejo aquí el cuento en cuestión para su deleite. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;La Soberanía Nacional&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Rodrigo Fresán&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Ayer a la tarde vi a mi primer gurkha. Estaba sentado, de rodillas frente a un pequeño fuego que no sé cómo se mantenía encendido bajo la llovizna. Sonreía a la nada y limpiaba su daga con la misma devoción cansada con que una madre le cambia los pañales a su hijo.&lt;br /&gt;Yo me había alejado de mi grupo casi sin darme cuenta. La idea era buscar un lugar tranquilo para escribir una carta que no iba a &lt;a href="http://www.epdlp.com/fotos/fresan.jpg"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;img style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left; width: 200px;" alt="" src="http://www.epdlp.com/fotos/fresan.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;ningún lado. Escribimos muchas en estos días. Parecemos estatuas inclinadas sobre hojas de papel, ubicadas de espaldas al viento, sosteniendo lápices con el puño cerrado para que no se vuelen las letras. Escribimos nuestras cartas con la plena seguridad de que nadie va a leerlas porque, se sabe, el correo nunca fue muy eficiente que digamos. Lo que hacemos entonces es escribirlas y leérnoslas en voz alta. De este modo nos convertimos en novias y familias y amigos y se atenúa un poco la sensación de estar escribiendo en vano. El sargento Rendido nos regala una hora por día para que nos perdamos y nos encontremos en este ejercicio de dudosa utilidad.&lt;br /&gt;Pero ayer tenía ganas de escribir a solas. Porque iba a escribir la carta más inútil de todas. Iba a escribir a Londres y no tenía ganas de leerla en voz alta. Mejor no. Nunca falta un loco, como el tipo ése que no para de remendar su uniforme, que va a pensar que soy un traidor o algo por el estilo por el solo hecho de escribir a Londres. Allí está mi hermano mayor. Trabaja en un restaurante y no puedo evitar preguntarme qué puede estar haciendo mi hermano en un restaurante de Londres. Misterio no tan misterioso. Supongo que la idea, como siempre, es mandarlo lejos: mi hermano mayor tiene lo que muchos entienden como personalidad problemática. La cuestión es que ahí está ahora. Y yo estoy acá. Y yo le estaba escribiendo cuando vi a mi primer gurkha.&lt;br /&gt;Hablábamos sobre ellos todo el tiempo pero hasta ahora nadie se había cruzado con uno y, esto va a sonar idiota, lo primero en que pensé fue en pedirle un autógrafo. Pero enseguida me subió el miedo. Los gurkhas cortaban orejas o al menos eso dicen. La cuestión es que me quedé ahí, agarrándome la cabeza. El gurkha vino dando saltitos hasta donde yo estaba. Se desplazó sin desperdiciar un solo movimiento y no pude evitar sorprenderme cuando abrió la boca y me habló en un correctísimo inglés.&lt;br /&gt;–¿Qué hay de nuevo, viejo? –me dijo, con la voz de Bugs Bunny.&lt;br /&gt;Largué un suspiro largo mientras pensaba que, claro, entonces todo esto era una pesadilla y yo me voy a despertar en cualquier momento; porque la existencia de un gurkha que imite a Bugs Bunny era aún más imposible y ridícula que toda esta guerra junta.&lt;br /&gt;Pero no. Abrí y cerré y abrí los ojos y ahí estaba la limpia sonrisa de Bugs Gurkha. Me preguntó si yo hablaba inglés y le dije que parte de mi familia era inglesa.&lt;br /&gt;–¿En serio? –dijo–. La verdad que no deja de ser gracioso.&lt;br /&gt;Sacó un paquete de cigarrillos y me ofreció uno. Fumamos en silencio.&lt;br /&gt;–¿Y cómo anda todo por ahí? –preguntó después de unos minutos.&lt;br /&gt;Le contesté que no entendía a qué se refería con por ahí.&lt;br /&gt;–Por ahí... –hizo un gesto vago que bien podía incluir el resto del mundo–. Ya sabes.&lt;br /&gt;–Supongo que bien –contesté para no contrariarlo. Yo cargaba mi fusil al hombro y el gurkha tenía, aparentemente, nada más que una daga. Pero yo apenas había apretado alguna vez el gatillo mientras que el gurkha hablaba y hacía malabares con su cuchillo como si se tratara de una prolongación de su brazo. Dejé caer mi fusil y volví a llevarme las manos a la cabeza. Todo había terminado. Iban a tomarme prisionero. Pensé en el fanático de los Rolling Stones allá en el cuartel, en el puerto. Lástima que no esté acá, pensé.&lt;br /&gt;El gurkha parpadeó varias veces como si no entendiera y al final estalló en una carcajada inesperada. Como si se riera en ideogramas pintados con tempera negra.&lt;br /&gt;–No entiendes... no entiendes –decía agarrándose el estómago. Y, cuando intentaba explicarme, otra vez la carcajada de él y la sensación mía de estar siendo soñado por otra persona, por un desconocido.&lt;br /&gt;–Yo soy tu prisionero –dijo por fin a la vez que me entregaba el cuchillo con la empuñadura para mi lado.&lt;br /&gt;Le dije que no, que de ningún modo, que el prisionero era yo. El seguía negando con la cabeza, moviéndola de un lado a otro con la misma intensidad de quien supo resistirse a tomar la sopa en más de un momento de su vida.&lt;br /&gt;–YO-SOY-TU-PRISIONERO –repitió pronunciando con mayúsculas y golpeándose el pecho con la mano abierta.&lt;br /&gt;Intenté explicarle que no le convenía. Si yo lo tomaba prisionero le podía llegar a ocurrir alguna de esas cosas espantosas que siempre me están pasando. Le dije que no era casual que yo anduviera solo por el frente de combate. Nadie quería tener nada que ver conmigo. Por eso lo mejor era que me tomara prisionero, que me entregara a sus mayores y me encerraran en una habitación hermética de alguno de los acorazados. O en el Queen Elizabeth. Tenían lugar de sobra. Y yo necesitaba ese lugar para poder pensar tranquilo.&lt;br /&gt;Finalmente le dije que, después de todo, yo me había entregado primero. La Convención de Ginebra estaba de mi lado.&lt;br /&gt;–No, amigo, el hecho de que sea gurkha no significa que tenga que ser supersticioso. Puedes guardarte todo eso para los adoradores de la diosa Khali... porque yo soy tu prisionero. Así que vamos. ¿Para qué lado queda el cuartel?&lt;br /&gt;Le dije que muy bien; que no me tomara prisionero, pero que se fuera rápido porque no le convenía estar cerca de mí. Le dije que tengo una suerte espantosa y que traigo mala suerte. Pero no sirvió de nada.&lt;br /&gt;–Prisionero yo soy –me explicó como si cambiando el orden de las palabras pudiera convencerme.&lt;br /&gt;Entonces se inclinó para agarrar el fusil y dármelo y entonces el fusil se disparó, claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad que los hacía más petisos a los gurquitas ésos. No sé, los chinos son todos petisos, ¿no? Pero éste era casi tan alto como yo. Tal vez lo que pasa es que se estiran un poco cuando están muertos, ¿no? Lo trajeron anteayer al gurquita. Pobre flaco. Será el enemigo y todo lo que quieras pero morirse así, la verdad que te la regalo. Con el agujero de la bala justo entre los ojos. Y quién iba a decir que el mufa de Alejo tenía tanta puntería. O que era tan valiente. El asunto es que la guerra se acabó tanto para uno como para otro. El gurquita bajo tierra y Alejo en el hospital y del hospital a casita. Y de eso se trata, unos viven y otros mueren. Es sólo rocanrol pero me gusta. Parece que el gurquita se le tiró encima por detrás, venía arrastrándose como una serpiente y clavó el cuchillo en el brazo. Se pusieron a luchar, Alejo se soltó, hizo puntería y, ¡bang!, paint it blac y a otra cosa, loco. Venir a morirse tan lejos. Y lo exhibieron por todo el cuartel como si fuera el cadáver de Brian Jones.&lt;br /&gt;Y aquí estamos, en la guerra. ¿A quién se le iba a ocurrir? Yo en la guerra. Y de voluntario, además. Algunos flacos me miran como si estuviera loco. Pero yo la tengo super clara. Lo que pasa es que no puedo decirles por qué me anoté en ésta. Tengo que jugarla tipo viva la patria, alta en el cielo, tras su manto de neblina, se entiende, ¿no? Porque si Rendido se entera, el bardo que se arma va a ser groso. Rendido es el sargento Rendido. Pobre gordo, milico y con ese nombre. Rendido es el que está más o menos a cargo de nosotros. Digo más o menos porque la verdad que acá nadie tiene la más puta idea de lo que está pasando. Hay días en que parecen todos fumados y ¡qué lo parió, cómo extraño el fumo! I can get nou –tananán–, I can get nou –tananán–, satisfácshon, nou satisfácshon...&lt;br /&gt;Extraño al fumo casi tanto como a Susana. Si no fuera porque la última noche Susana entregó, extrañaría más al fumo. Pero la verdad que se portó, la colorada. Y todo el rollo de que era virgen y que por eso no quería. La verdad que, después del inicio de las hostilidades, como dicen acá, se me hace bastante dudoso eso. Pero no importa. Ahora la tengo bajo mi pulgar.&lt;br /&gt;Cuando reciba mi primera carta desde Londres se va a volver loca. Porque éste es el plan: apenas salgamos a patrullar y la cosa se ponga densa, yo me voy para un costado, me hago el herido y me entrego. Así de corta, loco. Se los digo en inglés. Meic lov not uar y ya pueden irme arreando. Porque la idea es que me lleven prisionero a Londres, esperar que se acabe el tema éste de la uar y entonces sí, pase para concierto de los Rolling y la gloria, man. ¿Cómo no iba a aprovechar ésta? ¿Cómo los iba a ver a Mic y a Keit si no era así? Y te juro que después de los bises yo me mando para el fondo y hasta no hablar con Keit no paro. De repente hasta me tiran un laburo y todo. Yo con la electricidad me defiendo. De mirarlo a mi viejo. ¿Te imaginás?, plomo de los Estóns. Por eso me mandé de frente mar y derecho a la hermanita perdida. Bien cul, man. Te cagás de frío, pero no es para tanto. Y Rendido te hace bailar mucho menos que cualquiera de los pesados que me tocaron en la colimba el año pasado.&lt;br /&gt;Ahí se lo llevan al gurca. Voy a ver si me puedo sacar una foto con el fiambre y se la mando a Susana.&lt;br /&gt;Misiu, beibi.&lt;br /&gt;No siempre podés conseguir lo que querés; no siempre podés conseguir lo que querés; no, no siempre podés conseguir lo que querés... pero si tratás con todo, podés llegar a descubrir que conseguís lo que necesitás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cuando los descubran a esos dos hijos de puta, yo ya voy a ser famoso. Yo ya voy a ser un héroe. Por eso estoy tranquilo; casi no pienso en el tema. No hay mucho tiempo para pensar tampoco. Estamos aquí reclamando lo que es nuestro por derecho legítimo y de aquí no nos van a sacar.&lt;br /&gt;Nuestra bandera jamás ha sido atada al carro del enemigo. Y nosotros somos los hijos de nuestros próceres. No debemos defraudarlos.&lt;br /&gt;El problema es que no todos piensan como yo. El problema es el material humano. Muchos de los oficiales pensaron que todo esto iba a ser fácil, pensaron que no iban a mandar la flota.&lt;br /&gt;Error.&lt;br /&gt;Un auténtico guerrero siempre debe pensar que va a perder. Analizar las causas de su hipotética derrota y, después, ir neutralizándolas una por una, como quien apaga velas con la punta de los dedos. Sin quemarse.&lt;br /&gt;Pero hablo por mí; desgraciadamente no puedo hablar por los otros. Y los otros son casi todos. Ahí están jugando al fútbol en la lluvia. Se caen al barro, chocan entre ellos, sucios como cerdos, con el uniforme a la miseria. Para ellos el uniforme no es importante. Y hasta se ríen de mí. Se ríen de cómo cuido mi uniforme, de cómo repongo los botones y remiendo los agujeros. El uniforme es la piel del soldado. No pueden entender eso. No tienen conciencia del heroísmo.&lt;br /&gt;Y yo voy a ser un héroe. Cuando los encuentren yo ya voy a ser famoso y quién va a pensar en eso después de todo lo que yo hice por la patria querida, por la madre patria. Me pregunto si los habrán encontrado; pero no tanto como antes. Cada día que pasa pienso menos en ellos y más en mí.&lt;br /&gt;Y está bien que así sea. Porque se aproxima el día de la Gran Batalla. Ayer volví a soñar con el día de la Gran Batalla. En realidad, al principio estaba soñando con ellos. Los vi abrazados sobre ese colchón mugriento, después los disparos se fundieron con los disparos de la Gran Batalla y me vi corriendo por la nieve. El brazo en alto llevando a mi pelotón hacia la victoria definitiva. Esa victoria de donde se regresa diferente. Porque en la acción de vencer radica la diferencia entre dioses y mortales.&lt;br /&gt;Me vi como un dios. Con un uniforme digno de un dios.&lt;br /&gt;Todas mis balas encontraban su blanco y la muerte del enemigo era algo hermoso para ellos porque no era su muerte, porque su muerte pasaba a ser parte de mi vida y de mi gloria. Yo los miraba caer y los sentía morir, orgulloso como un padre porque todos ellos habían nacido para que yo los matara. Habían nacido tan lejos y habían llegado hasta el fin del mundo para que, en el último acto de sus existencias, yo les regalara el verdadero sentido de sus vidas.&lt;br /&gt;Me desperté excitado y me masturbé pensando en si ya los habrán encontrado. Hijos de puta. Ni tiempo de vestirse tuvieron. Cerré la puerta de ese departamentito de mierda y de ahí al cuartel y del cuartel a los aviones. Me dio lástima tirar el revólver. Era de mi abuelo.&lt;br /&gt;La lluvia golpea contra los costados de las bolsas de arena. El pozo se está llenando de agua. Desperté a varios pero no me hicieron caso. Siguen durmiendo, mojados, como esos pescados pudriéndose en el barro. Fui a avisarle al sargento Rendido. Me dijo que no le hinchara las pelotas, que mañana lo arreglamos, que me vaya a dormir.&lt;br /&gt;Estoy fuera de la cueva, cubriéndome con el capote, los ojos cerrados. Quería volver a meterme en mi sueño de la Gran Batalla.&lt;br /&gt;Sueño con la Gran Batalla desde que tengo memoria, desde los cinco años más o menos. Antes soñaba con una Gran Batalla diferente. Con otros uniformes. Como en las series de televisión y en las películas. Mis compañeros tenían nombres extranjeros y la verdad que eso me molestaba un poco, por más que fueran mejores soldados que los de acá. Pero pienso que el cambio me conviene. Soy el mejor; ayer nos pasó un coronel y me puso como ejemplo. Mi uniforme está impecable. Está mejor que cuando me lo dieron.&lt;br /&gt;Tengo aguja e hilo.&lt;br /&gt;Tengo la mejor puntería de todo el pelotón.&lt;br /&gt;Ayer rompí todas las botellas.&lt;br /&gt;Diez botellas.&lt;br /&gt;Diez balas.&lt;br /&gt;No hay que desperdiciar munición.&lt;br /&gt;Como con esos dos. A esta altura me imagino que deben de estar apestando todo el edificio. No, seguro que ya los encontraron. Pero no me van a relacionar con todo eso. Ni siquiera van a pensar en mí. Fui muy cuidadoso, además. Todo limpio y brillante. Sin sangre.&lt;br /&gt;Igual que mi uniforme para la Gran Batalla.&lt;br /&gt;Vuelvo a soñar con la Gran Batalla pero no es lo mismo. Esta Gran Batalla tiene defectos. Estoy dormido pero enseguida me doy cuenta de que es un sueño. Hay errores. Aparece el tipo ése que mató al gurkha y también el otro.&lt;br /&gt;El que no paraba de hablar de los Rolling Stones, el que Rendido mandó a estaquear porque lo agarraron robando chocolate. Estuvo toda la noche cantando a los gritos. En inglés. Cuando lo desatamos a la mañana siguiente no reconocía a nadie, le temblaban los dientes y no paraba de decirme Keith. Tenía los pies violeta. Dicen que se los tuvieron que amputar. A mí no me consta. De todas maneras así se castigaba a los ladrones antes. No lo volvimos a ver. Por eso esta versión de la Gran Batalla me irritaba un poco: el ladrón corría a mi lado y no paraba de cantar en inglés. Yo le gritaba para que se calle y, de golpe, les estaba diciendo a Inés y a Pedro que se callaran, que no les iba a servir de nada pedirme perdón.&lt;br /&gt;Perdón, decía Inés, la muy puta, desnuda.&lt;br /&gt;Tranquilo..., me sonreía Pedro. Tardó un rato en darse cuenta de que con el tranquilo y la sonrisita no le iba a alcanzar. Entonces trató de explicarme. Me dijo que había sido ella la que llamó para contarle que me mandaban a la guerra y que estaba mal y que por qué no pasaba a tomarse un café. Te juro que la idea fue de ella, me dijo.&lt;br /&gt;Inés empezó a putearlo como una loca. Y yo ahí sentado, con el revólver en la mano, moviendo la cabeza de arriba abajo y de derecha a izquierda, frotándola contra la pared. Me encanta hacer eso. Tengo el pelo corto y parado. La sensación es agradable y ellos que gritan y gritan y se echan la culpa el uno al otro.&lt;br /&gt;Entonces Rendido me despierta de una patada. Camina con dificultad. Le cuesta mantener el equilibrio y me mira como se mira a alguien importante, a la historia misma.&lt;br /&gt;Estamos ganando, me dice Rendido.La venganza es mía, dijo el Señor.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-1005038171887005625?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/1005038171887005625/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=1005038171887005625" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/1005038171887005625?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/1005038171887005625?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/x6rHKY53_9s/comentario-soberana-nacional.html" title="Comentario: Soberanía nacional" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/02/comentario-soberana-nacional.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CkMHQH47fCp7ImA9WxZRGUw.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-618151436572616338</id><published>2008-02-08T09:06:00.001-05:00</published><updated>2008-02-13T08:47:11.004-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-02-13T08:47:11.004-05:00</app:edited><title>Comentario: Discurso de las Pulgadas. [Any given Sunday]</title><content type="html">&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Hace algún tiempo, un amigo mío, fanático de lo que los norteamericanos se empeñan en llamar Football, y en esto estará de acuerdo conmigo Santiago, el amigo del que les hablo, que lo único de Foot que tiene es la patada inicial de cada despeje y la del gol de campo... en fin, me estoy saliendo por la tangente. A lo que iba es a que este amigo me sugirió ver una película que trata sobre este juego, me confieso a estas alturas un total antifanático de los deportes de cualquier tipo, pero, ¿Qué me motivó a ver esta película?.... este discurso, Al Pacino, encarna al personaje que es el entrenador de un equipo que ha tenido altibajos y que está, a tres minutos de iniciar el juego más importante de sus carreras, un equipo que ha dejado de funcionar como tal y que se ha ido desmembrando gracias al engreimiento y enriquecimiento repentino de algunas de sus estrellas. Este es, si no el mejor, uno de los mejores discursos que he oído, independientemente del cliché deportivo que pueda significar esta película para algunos, este discurso es muy motivador, hace que uno se ponga a pensar en la importancia del trabajo en equipo, y esto aplica para la vida misma también, no sólo en el deporte se trabaja en equipo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejo aquí una traducción que intenté hacer del discurso y el video de esa escena, la música de fondo le da un matiz muy acorde a la situación. Disfrútenlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/Vz5H62O-72g&amp;amp;rel=" width="425" height="355" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé que decir realmente, tres minutos para la mayor batalla de nuestras vida profesionales. Todo llega hasta hoy. O sanamos como un equipo, o vamos a desmenuzarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pulgada por pulgada, jugada por jugada, hasta que hayamos terminado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos en el infierno ahora, caballeros, créanme, y podemos quedarnos aquí, y que nos saquen la mierda, o podemos luchar por nuestra vía de vuelta hacia la luz. Podemos escalar del infierno, una pulgada a la vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, yo no puedo hacerlo por ustedes, estoy muy viejo. Miro alrededor y veo estos rostros jóvenes y pienso... Quiero decir, he hecho cada mala elección que un hombre de mediana edad puede hacer: Yo... yo derroché todo mi dinero, aunque no lo crean, espanté a todo aquel que me ha amado y últimamente, ni siquiera puedo soportar la cara que veo en el espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Saben? Cuando uno se vuelve viejo en la vida las cosas te las van quitando. Eso es parte de la vida. Pero sólo aprendes eso cuando empiezas a peder cosas. Te das cuenta que la vida es solo un juego de pulgadas. Y también lo es el Football. Porque ya sean en la vida o en el football, el margen de error es tan pequeño, quiero decir… medio paso muy tarde o muy temprano y no lo logras. Medio segundo muy lento o muy rápido y no lo atrapas. Las pulgadas que necesitamos están por todas partes a nuestro alrededor. Están en cada pausa del juego, en cada minuto, en cada segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este equipo, nosotros luchamos por esa pulgada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este equipo, nos partiremos en pedazos, y a todo el que este a nuestro alrededor, por esa pulgada. Nos arrastramos con las uñas por esa pulgada. Porque sabemos que cuando acumulemos todas esas pulgadas, Eso va a hacer la PUTA DIFERENCIA ENTRE GANAR Y PERDER, ENTRE VIVIR Y MORIR.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les diré esto, en cualquier lucha es el hombre que esta dispuesto a morir, el que va a ganar esa pulgada. Y yo se, que si estoy dispuesto a tener una vida es porque todavía estoy dispuesto a luchar y morir por esa pulgada, porque ESO ES LO QUE SIGNIFICA VIVIR, LAS SEIS PULGADAS AL FRENTE DE TU CARA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, yo no puedo obligarlos a hacerlo, tienen que mirar al hombre que tienen a su lado, mirarlo a los ojos, y yo creo que van a ver a un hombre que esta dispuesto a recorrer esa pulgada con ustedes. Van a ver a un hombre que esté dispuesto a sacrificarse por este equipo porque él sabe que cuando llegue el momento, ustedes harán lo mismo por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso es un equipo, caballeros, y, O SANAMOS AHORA, COMO UN EQUIPO, o vamos a morir como individuos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso es football, chicos. Es todo lo que es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Ahora. ¿Que es lo que van a hacer?&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-618151436572616338?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/618151436572616338/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=618151436572616338" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/618151436572616338?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/618151436572616338?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/TBTtxKz9u60/hace-algn-tiempo-un-amigo-mo-fantico-de.html" title="Comentario: Discurso de las Pulgadas. [Any given Sunday]" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/02/hace-algn-tiempo-un-amigo-mo-fantico-de.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D08DRHY4cCp7ImA9WxZXFEo.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-3733083704854591529</id><published>2008-02-06T14:21:00.001-05:00</published><updated>2008-03-02T11:37:55.838-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-03-02T11:37:55.838-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="daniel f" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="leinad" /><title>Comentario: El señor Leinad</title><content type="html">&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_lWfV8GZPHoc/R6px6fDZtVI/AAAAAAAAABI/UrPkl0FANnU/s1600-h/leinad.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5164065172315813202" style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center;" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_lWfV8GZPHoc/R6px6fDZtVI/AAAAAAAAABI/UrPkl0FANnU/s200/leinad.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;He asistido a algunas de las presentaciones de Luesemia, he asistido a alguna que otra de Daniel F como solista y a duo con Rafo Ráez, es posible comprender su mente sólo escuchando lo que dice Daniel entre canción y canción, sólo escuchando a la gente que pide uno u otro tema que a veces provoca en Daniel cierto tipo de respuestas que, si uno no lo conociera, resultarían inesperadas. Pero lo cierto es que siempre te esperas que conteste algo locamente inteligente, o algo inteligentemente loco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de escuchar sus canciones, he llegado a la conclusión de que Daniel está loco, sí, él mismo lo dice -he desterrado al fin la locura de no ser loco...- a él le gusta estarlo y le gusta estar rodeado de gente así -porque a los locos hay que tenerlos bien encerrados, porque son un peligro para la sociedad y para el status quo mental, porque los locos, porque los locos todavía podemos construir imágenes en el cielo; todavía podemos emocionarnos con la luz de una sonrisa; todavía podemos hacer canciones cursis y decir te quiero; porque hay muchos locos que aún creen en la utopía y salen a las marchas y a las manifestaciones en contra de dictaduras y opresores... por eso me gusta estar entre tanto loco de mierda conchasumadre...- este fragmento que pone a modo de epílogo a su propia versión de la canción de Serrat "De cartón Piedra" creo que lo pinta de cuerpo entero, lo define, es su propia definición de locura y de cordura, es como una especie de resumen de su C.V.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La locura es un tema recurrente en su prosa y lírica, Daniel F, nos ha dado, entre otras cosas, un cuento donde nos expone su visión futurista de sí mismo, nos desnuda sus complejos y nos hace ver una cara de la realidad que muchos nos negamos a ver. Aquí les dejo el cuento "El señor Leinad" (si no se han dado cuenta es Daniel al revés) lo pueden leer en línea o se lo bajan de aqui: &lt;a href="http://rapidshare.com/files/89684481/El_se__or_Leinad.doc.html" target="_blank"&gt;http://rapidshare.com/files/89684481/El_se__or_Leinad.doc.html&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El señor Leinad&lt;br /&gt;Por Daniel F.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi abuelo siempre se mantuvo ocupado resolviendo crucigramas y llenando pupiletras. Era un adicto a los entretenimientos bizantinos. Su hijo, mi padre, heredó sus costumbres y se dedicaba a cubrir las tardes de ocio -y las noches-, jugando con mi madre al Dominó, al Ludo o al Monopolio. Creo que yo he sido el resultado de esas adicciones al “matarrato” y me convertí en un terrible vicioso de los juegos de Vídeo: Ataris, Nintendos, Play Station, Nintendo 64, Game Boy... Los devoraba todos. No me mal entiendan, no era uno de esos que dejan sus zapatos o las DNI en los dispendios interactivos. Solo lo hacía para... para “matar el rato” y eso era todo. Total, no me gustaban las fiestas, los bailes, las modas y tampoco tenía hembrita alguna. Mi padre y mi abuelo decían “es preferible eso a que sea un pastelero o un maricón chupapinga” . A lo que mi madre agregaba “..o un rocanrolero desaliñado, como ese Señor Leinad”. Siempre estuve intrigado por saber quién mierda era ese “Señor Leinad”. “Es un cincuentón feo y huraño, que enseña guitarra en el Centro para Adictos a los Fármacos” me dijo mamá “es un loco que nunca se a casado, y hasta dicen que nunca tuvo, siquiera, una enamorada” . “Pero claro pe’ mujer -sentenciaba papá, entre idiotas carcajadas- con esa cara que se maneja.. lo único que le ha quedado por hacer a ese tío es seguir corriéndose la paja”. Fue entonces que decidí ir a ver al sibilino Señor Leinad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la excusa de querer aprender a tocar la guitarra, me enrumbé hacia el Centro para Adictos, ubicado muy cerca de otras instituciones estatales encargadas de la salud y el bienestar: hogares para enfermos mentales, colegios para niños especiales, casa de expósitos, alojamientos para gente de la tercera edad, hospicios, albergues, orfanatos, manicomios y esas cosas un tanto deprimentes. El sitio donde llegué se llamaba Centro de Recuperación Bartolomé de las Casas, un lugar gigantesco, al cual acudían todos los malogrados de la zona. A pesar de lo ascético del lugar, uno no puede mantenerse ajeno a esa atmósfera entre glacial y siniestra, entre metílicos y cloroformos, que despiden los muros del mesón. En uno de los patios se encontraban los pastrulos, regados por todo el piso, barbudos, flacos y pulguientos. Uno de esos se me acercó y quiso picarme un cigarro o un sencillo, lo que caiga primero. Tuve que decirle que estaba misio -lo cual era cierto- y que solo venía a tomar unas lecciones de guitarra. “Puta que eres bien malo, barrio -me dijo el trulo- ya, ya, anda vete nomás conchatumadre”. Yo seguí buscando la Sala de Música y al tal señor Leinad. De pronto, comencé a escuchar unas consonancias algo infrecuentes, un cromatismo desusado. Seguí los extraños e insólitos sonidos hasta que, por fin, pude hallar su procedencia. Era el tan mentado Sr. Leinad. Aquel hombre, con casaca negra de cuero y jean desgastado, estaba impartiendo una clase. Pero, más que una lección, era un coloquio, una broza con sus eventuales alumnos. Hablaban de las relaciones interpersonales, de romances estropeados, de enamoramientos prematuros, pero también de computadoras, de psico acústica, de física básica y, por supuesto, de música. Y, contra todos mis principios abúlicos, todo lo que allí se decía me interesó como mierda. Y me interesó aún más, cuando aquel viejo Sr. Leinad, dijo ser un descarriado a muerte de los Juegos de Vídeo, y que sus video games favoritos eran el Golden Eye, Killer Instinc, Vicker Mouse y el Doom 64, Counter Strike que también eran mis favoritos.&lt;br /&gt;Después que impartió su clase, me acerqué a él y le dije que quería tomar unas lecciones. Me dijo que sí, que “komo las huevas” . Y por fin lo vi de cerca. De verdad era uno de los tipos más feos que haya visto en toda mi vida. Su nariz prominente, su barbilla desproporcionada, su manojo de cabellos quebradizos y orquillados, su extrema delgadez y su amarillenta piel, daban una pista -sino la respuesta- al porqué se ha mantenido oculto y ajeno a la vida en sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Kómo te llamas? -me dijo, mirando a otro lado.&lt;br /&gt;- Daniel -le contesté- ¿Cuánto me van a salir las clases?&lt;br /&gt;- Nada. -me dijo, al tiempo que abría un paquete de galletas integrales- El mejor pago es ke salgas de akí tocando. Y si es una kanción tuya... pues ¡mejor!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los días siguientes me enteraría de la vida y avatares de ese hombre. Nacido en el Callao, el Sr. Leinad nunca fue lo que se dice un alumno aplicado, por lo que dejó el colegio antes de completar el mínimo de condena que les dan a los niños por llegar a este mundo. Carece del sentido del olfato y su sentido del gusto está reducido a la mínima percepción. Su vista, en cambio, es envidiable, así como su sentido de la audición. Asténico, cariátide y con una ligera tendencia a tartamudear, el Sr. Leinad vivía en el Centro de Recuperación, rodeado de pastrulos y alcohólicos. No era un interno. Lo que pasa es que los encargados le dieron un cuarto y comida, a cambio de las clases de guitarra y nociones de música que él impartía, amen de ayudar en algo por las noches. Luego me iría enterando por ahí, que cuando pasó la adolescencia llegó a tener una agrupación de música rock, que grabaron discos y que fueron muy reconocidos tanto por la prensa complaciente como por la crítica más seria y underground. Fanático de la música progresiva de los 70s, el Punk Rock y el Metal, el Sr. Leinad hizo obras musicales bastante alejadas de las figuraciones y las modas, y por ello siguió siendo un misio de mierda. Pero su retiro de las canchas de concierto no fue por el inexistente “éxito” comercial. Su retiro se debió a su extrema fealdad. Claro, no me imagino que sea muy agradable el subir a un escenario con ese físico y que miles de personas se queden ahí, mirándolo a uno, como si fuera un ser extraño o el sucesor del lordótico Hombre Elefante. El Sr. Leinad, por todo aquello, solo aguantó unos cuantos años esa vida azorosa de autógrafos, primeras planas y vídeos. Al parecer, tuvo su buen cuarto de hora, el tío. Un buen día agarró sus canciones y se encerró en su hogar para no salir nunca más a la vida pública.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Porqué no siguió con las presentaciones y esas cosas que deben ser experiencias bien bacanes? -le pregunté un día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ni tanto -respondió el Sr. Leinad con gesto desganado- al menos yo, las más de las veces, lo ke sentía al estar parado frente a tantas personas, era vergüenza. Vergüenza y nada más ke eso. La mayoría de las presentaciones eran para mí una verdadera tortura. Y si kontinuaba kon todo eso era porke mucha gente me empujaba a ello. Lo ke pasa es ke yo siempre viví sumergido en una eterna adolescencia, siempre me sentí como de 17 o 21 años. Siempre andaba rodeado de gente muy, pero muy joven. Ellos me daban esa fuerza, ese espíritu para continuar. Sus palabras, los agradecimientos que les salían del corazón, los constantes obsequios y tantas cosas, me comprometían a seguir en eso, en todo akello ke me estaba oprimiendo el alma. De pronto, kuando ya tenía komo 40 o 41 años, la adolescencia se me fue un tanto de golpe. Se me comenzaron a caer los dientes, perdía más y más pelo. Mi piel y mis huesos comenzaron a sentir el paso irremediable de los años. Si bien siempre he sido feo -y lo sabía perfectamente- en esos días me puse aún más feo, impresentable, inmostrable. A partir de allí, solo me quedó hacer grabaciones y luego nada.... hasta llegar a este Centro...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Pero no le satisfacía el cantar, el hacer música y que mucha gente lo aprecie y le reconozca su talento, su valor como artista?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me satisfacía por lo ke, después de kada koncierto, tenía varios nuevos amigos. Eso era todo. Nunca hice plata, nunca gane dinero, fama o fortuna, pero gané lo ke nunca tuve de chibolo: amigos; gente ke me escuche y personas a kienes escuchar. Y eso era suficiente. Tu debes saber ke el no doblegarse ante los embates de la moda y lo fácilmente masivo, tiene sus desventajas... -dijo el Sr. Leinad, mientras dibujaba una cínica sonrisa en su rostro-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero en nuestro medio -traté de hacerme el polémico- el hacer las cosas con el corazón lo dejan a uno fuera de carrera. Todos van por la marmaja o por levantarse alguna hembrita. El que se dedica a artista: o es un gran farsante o es un loco de mierda...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eso de “todos tenemos algo de loco” es bien cierto. Y es ke arte y locura, van de la mano. Se supone ke el arte es una forma, o el resultado, de un tipo de locura. Solo un loco podría tener en su mente ‘melodías’, ‘imágenes’, ‘historias’... ke luego las plasma en una partitura, un lienzo o un libro. El arte es una válvula de escape por donde los individuos kanalizan y discurren todas sus angustias, ansiedades, represión, en fin: el sufrimiento. Imagínate ke no existiera el arte... El número de, lo ke la sociedad llama ‘locos’, se incrementaría como la putamadre. Porque, eso si, ‘locura’ es una cosa y ‘demencia’ es otra. La locura es, lo ke klínikamente se konoce komo la pérdida, transitoria o por un largo período de tiempo, del racionalismo normal, mientras ke la demencia es la desintegración, irreparable muchas veces, de la vida psíquica komo la konocemos. Un loco, por lo general, ‘habla’ o ‘dice’ disparates, o tiene pensamientos voladores y puede terminar haciendo una banda rock o poemas. Un demente, en cambio, es alguien ke puede ser kapas de hacer volar un edificio kon gente adentro, solo porke el color de las ventanas lo angustia.&lt;br /&gt;- Pero ¿no le jode el tener que vivir en medio de pastrulos y rajados? -pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Prefiero vivir kon drogos, a estar cerka de los defensores de la infamia o la impunidad, aunke akellos no sean más ke el resultado de estos. Las autoridades solo se preocupan por encerrar drogadíctos y estorbar el diario vivir de prostitutas, homosexuales, obreros y de los chicos en edad escolar. Prohíben conciertos de rock, porke dicen ke son perniciosos, hacen mucho ruido y suele haber peleas. Pero no hacen lo mismo kon salsódromos, chichódromos o kon los estadios de futbol, donde las drogas, la violencia y la muerte, son los ingredientes habituales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco fui comprendiendo porqué el señor Leinad había terminado envuelto en todo ese halo medio de fábula, de mito y de cuchichería. ‘Es un loco ’ decían. Pero en clase, el Sr. Leinad, el ‘loco’, el ‘feo’, era el mejor maestro que conocí. Sus charlas eran fabulosas, sus historias eran fabulosas: cuentos anarquistas, anécdotas universales, movimientos anti-taurinos, Diógenes, Antonín Artaud, Nietszche, Francisco de Asis, las drogas, sexo y rock’n’roll. La manera que tenía para enseñar era sencillísima y amena. Le gustaba explicar hasta lo que para cualquier domine le hubiera parecido de lo más absurdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hay personas ke kreen ke los trastes son los espacios destinados en la guitarra para hacer los akordes korrespondientes -decía el Sr.Leinad- pero en realidad ‘trastes’ son los pequeños filamentos, a veces metálicos, a veces de hueso, ke están dispuestos en el mástil del instrumento...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y todo lo explicaba tan chévere que daba gusto estar en su clase. Inclusive cuando se volvía medio complicado, era un tío animado. Como la vez en que trató de adentrarnos en el uso y funcionamiento del Metrónomo de Doble Tiempo, inventado por el británico John McLaughlin&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-McLaughlin fue uno de los grandes guitarristas de los 70 -explicaba el señor Leinad- él decía ke tomando el tiempo principal, al kual llamaremos Tempo A, el kual se puede subdividir hasta en 99 tiempos, lo kombinabas kon el Tempo B, ke también estaba subdividido en 99 tiempos, teniendo, si lo deseas, 98 tiempos en kontra. Después tenemos la palanka C. Ahora bien: si kiero un ciclo de siete, sakado del B, me dará un golpe sobre el “uno” de kada siete del B, y si empujo el kontrol hacia adentro, llegaremos a tener cinco de kada ciclo de A. Vamos a suponer ke tienen 60 golpes por minuto y la letra A está dividida en, por decir, cinco. Después tienen el ciclo B dividido por siete, entonces para kada “uno” Uds. tendrían cinco y siete A y B. Es el mismo compás subdividido diferentemente. Kon la palanca C puedo decir ‘dame uno’ cada tres del siete, lo cual solamente va a aparecer tres veces kada 21 golpes. Bajas luego el volumen del B y tienes solo el C, lo kual es una variación del B -ke no se escucha- en kontra de cinco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Sr. Leinad sabía llevarse bien con todos y nadie lo jodía en clase, pues, a pesar de la falta de atributos físicos, muchos lo respetaban y le tenían ley. Otros le tenían miedo. Decían que era un satanísta y que había matado a varios pastrulos solo por mirarlo. Cargaba siempre una Smith &amp;amp; Wesson calibre 38, ligera, de cañon corto. Los menos interesados decían que simplemente era un viejo onanista, un pajero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al comienzo, en las primeras reuniones a las que asistí, todo estuvo bacán. Casi todos nos reíamos de las ocurrencias de tan singular maestro y de su manera de explicar las cosas. Todos, después de una primera, y chocante impresión, nos terminábamos acostumbrando a su rostro, a sus rasgos tan poco beneficiados y a su voz.&lt;br /&gt;Pasado algunos días, empero, las cosas comenzaron a cambiar un tanto. En cada nueva clase, al Sr. Leinad se le veía cada vez más triste y taciturno. Hubo sesiones en que casi no hablaba y solo se limitaba a los ejercicios en el diapasón, afinaciones en FA sostenido, escalas pentatónicas, giros y saltos de octavas menores... pero nada más. Algunos alumnos no entendían muy bien que huevada le estaba ocurriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La respuesta, el motivo a este cambio súbito de humor, fue aquella tarde de Otoño en que llegó al Centro, una dama muy linda, muy hermosa. El Sr. Leinad, como cada tarde, estaba tomando un refrigerio en el cafetín del local. Aquella chica lo vió y se acercó a su mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Está ocupado este asiento? -preguntó la dama, que llevaba un sencillo traje azul.&lt;br /&gt;- No -le contestó el Sr. Leinad, sin mirarla.&lt;br /&gt;- ¿Puedo sentarme? -dijo aquella señorita con voz muy suave.&lt;br /&gt;- No sé. Si kiere. -dijo el Sr. Leinad con aire misógino pero con inocultable vergüenza.&lt;br /&gt;- Pues claro que quiero -le dijo la chica con una gran sonrisa, y procedió a tomar asiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Sr. Leinad, al ver su espacio invadido, hizo lo que cualquier otro feo hubiera hecho en su lugar: intentar arrancar despavorido. Pero ella se lo impidió&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Porqué te vas? -inquirió la chica- ¿Te he molestado acaso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No, pero.... tal vez quieras estar sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Por favor, lo que menos deseo en estos momentos es estar sola -se apresuró en decir la damisela que parecía estar pasando por algún tipo de crisis- solo quiero conversar con alguien. Estoy un poco desorientada y el alma se me está cayendo a pedazos. Por favor, no te vayas.&lt;br /&gt;- Pero... ¿y ke podría hacer yo? -inquirió el Sr. Leinad, un tanto perplejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No sé. Pero no me abandones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Disculpa. No lo voy a hacer. –dijo el Sr. Leinad, bajando la mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tal vez te parezca algo trivial o tonto, pero el hombre que me gustaba me dijo que me vaya a la mierda, que nunca se fijaría en mi porque soy fea...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Fea TU? ¡Pero si tu eres una mujer preciosa! -dijo el Sr. Leinad, sin poder ocultar el súbito enrojecimiento de sus cachetes. La chica lo miró, sonrió y siguió hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo siempre veía a este chico cada vez que salía de su Instituto. Y me gustaba, me gustaba mucho. Hace unos días me armé de valor y decidí decircelo, decidí confesarle lo que por él sentía&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Muy mal hecho -aseveró el Sr. Leinad, como gran conocedor de estos menesteres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si, mal hecho -confirmó la dama- Pero lo peor es descubrir que la persona de la cual una se a enamorado, es un patán de mierda que no tiene el más mínimo respeto por las personas, por los sentimientos... El muy roña tuvo la desfachatez de reírse de mí, delante de todos sus amigos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sé de lo que hablas -decía el Sr. Leinad, con la mirada clavada en su taza de café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Alguna vez te han desairado o humillado de esa forma? -preguntó la chica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tengo un promedio.... “normal” de humillaciones públicas. Pero últimamente no le he dado la oportunidad a nadie. -respondió el hombre- Además, tengo la ventaja de saberme no muy atractivo, así ke, de antemano, siempre supe ke iba a rebotar y nunca me hice ilusiones kon nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero yo creo que uno debe confiar en lo que le dicte su corazón -dijo ingenuamente aquella pálida señorita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero mírate a tí -dijo el Sr. Leinad- ¿Kómo has kedado después de seguir ‘los dictados de tu corazón’?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tienes razón -dijo la chica, y ambos se quedaron en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se miraron un largo rato, en completo mutismo. Ella parecía tratar de buscar algo en los ojos del Sr. Leinad, tan oscuros, lóbregos, rodeado por esa maraña hirsuta de cejas y por algunos pocos cabellos que descanzaban en su frente. El Sr. Leinad, olvidándose totalmente de sus deficiencias estéticas, también la miraba, de frente, sin miedo, algo que no había hecho con persona alguna en muchos años. Afuera, una perezosa niebla húmeda comenzaba a envolver la zona, haciendo descender la temperatura considerablemente, frío que, al parecer, no parecía importarles a ninguno de los dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- A mi, kuando era chibolo -contaba el Sr. Leinad, ya con más valor para hablar- me decían ke el físico no era lo esencial, y ke más valor tenía la personalidad y el buen hablar. Al tiempo komprobé ke todas esas kosas eran puras babosadas, y ke lo más importante para estar en este mundo de las apariencias, es el físico, el aspecto externo de las personas. Yo una vez tuve una konversa bastante agitada kon uno de esos defensores de la teoría de ke el buen hablar, la ‘labia’, basta para konkistar a una mujer, y ke el físico es kosa sekundaria. Yo le decía ke No, ke el físico es lo primordial. Ke lo primero ke vé una mujer es el kuerpo, el rostro, el físico del hombre. Este pata me decía ke no. Pero después, él mismo me dio la razón kuando rekordó algo ke a él le había pasado: dice ke él estaba con una hembrita muy linda y estaba ke la palabreaba y la palabreaba. El es un tipo nada guapo pero kon muy buen chamullo. Es más: diría que es un tipo algo feo pero nada soporífero. Pero en fin, dice ke la chica ya estaba ‘por kaer’, kuando de pronto llega un pata rekóntra pintonázo, un churro el tío, y la chica se olvidó de mi amigo. La tía kedó embobada kon el nuevo llegante y terminó lléndose con el chico guapo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Con el pintonazo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si. Y ese tío lindo no necesitó desahacerse en lisonjas, discursos o caravanas. El chico guapo no dijo ni una sola frase inteligente o kabriolesca. Solo la miró, se la presentaron y se la llevó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Que fácil -dijo ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ke fácil -dijo él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se miraron y guardaron un soplo de silencio. El encargado del cafetín, el Sr. Enzo Bracamonte, los miraba desde el corredor. Mirno Marino, el cocinero, también estaba sorprendido de ver al Sr. Leinad conversando con una mujer... o viceversa.&lt;br /&gt;La dama, mientrastanto, le agradeció al Sr. Leinad por haberse quedado. El Sr. Leinad hizo lo mismo, y notó que la mujer llevaba una de sus manos siempre cerrada, haciendo un pequeño puño o como guardando u ocultando alguna cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué llevas en tu mano izquierda? -preguntó intrigado el Sr. Leinad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No sé -respondió aquella mujer- tal vez solo sea un balcón...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Eh? -se admiró el Sr. Leinad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ... tal vez una idea, una melodía o tal vez solo sea una nube -dijo la dama, sin mirarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Huásu... -exclamó el Sr. Leinad- tal vez sea la nube ke estuvo bailando anoche en mi ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La dama, con una gran sonrisa, tomó la mano del Sr. Leinad, la abrió y puso la suya, como dándole lo que llevaba oculto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Lo tengo! -dijo el Sr. Leinad, quien no abriría su mano en todo el resto de la tertúlia- ojalá no se me escape.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ojalá -dijo ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cafetín, por lo general tan ruidoso y mugidor, parecía esta vez querer crear un marco de sosiego y quietud a tan inusual reunión. Al Sr. Leinad se le notaba visiblemente contento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es la primera vez ke alguien me obsekia una nube -dijo el Sr. Leinad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Lo malo con la mayoría de la gente -comenzó a establecer la dama- es que ya nadie quiere creer en la fuerza de la imaginación. Todo tiene que ser material, tocable, tactáble. Solo creen en aquello que sea suceptible de ser probado. Tienen más seguridad frente a un hardware que a un software.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es ke también está el miedo -dijo el Sr. Leinad- la gente le teme a lo ke no conoce, a lo ke no puede ver y a lo ke no se puede sobornar. Muchos dicen no kreer, por ejemplo, en fantasmas, platillos voladores o en el amor, pero en el fondo lo ke esperan es ke en realidad no existan. Tienen miedo. El úniko software humano, las únicas sensaciones humanas ke han inkrementado su popularidad a traves de los siglos, son el sexo y la maldad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- De ese software deben de estar viviendo muchos piratas de Wilson -dijo la dama con una sonrisa- deben de salirles pedidos a montones...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Es ke lo malo kon la mentalidad de Occidente -se puso a discernir el Sr. Leinad- es ke todos miran hacia fuera, todos miran lo más fácil de ver, lo evidente. Imagínate ke, de pronto, deje de haber toca-cintas, VHS’s, leedor de CDs, televisión... ¡carajo! Todos se irían a la mierda, la humanidad no tendría nada ke ver u oír. Sus vidas obtúzas, programáticas y alienadas, no tendrían sendero alguno...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sería un desastre de proporciones apocalípticas -dijo la chica, quien seguía con mucho interés lo que decía el Sr. Leinad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- En kambio –continuó el Sr. Leinad- eso no pasaría en civilizaciones ke no están akostumbradas a mirar hacia fuera, sino hacia dentro: los hindúes, los chinos, los penachudos del Nepal, nuestra gente de las serranías ke aún tienen kontacto kon sus fuerzas invisibles, algunos artístas, en fin. Kreo ke tipos komo yo serían menos despreciados en culturas komo ésas... –sentenció el Sr. Leinad con una cínica mueca a modo de sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es que en verdad la gente sólo aprecia los exitos materiales y se han olvidado del espíritu -dijo la chica al tiempo que se arreglaba el cabello- es por eso que a mí me gustan aquellas personas que son tildadas de ‘locos’; son mentes libres, creadoras y habitantes de mundos mágicos e idílicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es por eso ke los encierran -dijo muy seriamente el Sr. Leinad- son gente peligrosa para la salud del sistema. El sistema, el establishment, no puede tolerar el hecho ke los seres humanos funcionen komo entidades individuales, komo entes aislados del mundo. Todos tienen ke estar sujetos a las normas sociales kreadas por unos infradotados ke lo úniko ke desean es la sujeción del hombre al dominio del montón, la integración a la manada. Para eso tienen a la policía, a los políticos, a los comerciantes creadores de necesidades, a los medios masivos basura y a los psicólogos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Psicólogos! ¡Puágghh! -acotó sabiamente la chica- Esos sabelotodos tienen una pseudo explicación para todo. Dicen que encierran a la gente para ‘protegerlos’ del mundo y todavía se hacen llamar ‘Psicólogos’, ‘Psiquiatras’, cuando en realidad ninguno de ésos se ocupa realmente de la ‘psique’, del alma, del espíritu, y solo se ocupan de la mente y de observar la conducta de los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es por eso ke hubo kienes kisieron kambiar la denominación ‘Psicología’ por ‘Mentología’, el estudio de la mente -acotó enteradamente el Sr. Leinad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ‘Mentología’, ‘Anti-psiquiatría’, ‘Conductismo’, ‘Praxiología’... ¡todas son la misma y destructiva tontería! -dijo la chica, con evidente enfado- pues al final siempre recurren a las terapias a base de fármacos, al electroshock, la insulina y a la leucotomía. Son unos malditos fabricadores de sofismas que lo único que quieren es crear robots que hagan lo que los estatutos dicen que tienes que hacer. Solo quieren crear sustitutos, imitaciones de seres humanos, sin ninguna de las cualidades básicas de los verdaderos seres humanos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es por eso ke todos los sustitutos de la vida -decía el Sr. Leinad- todos los sucedaneos de nuestra existencia, los reeplazantes, tienen éxito: los travéstis, por ejemplo, los homosexuales, sin tener nada en kontra de estas personas, son más exitosos ke las mujeres; los demagogos tienen más éxito ke los pensadores libertarios, los artístas comerciales tienen más figuración ke los artístas probos. Hasta las flores de plástico son preferidas a las flores reales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y la gente prefiere los aromas envasados a los perfumes naturales -sumó la chica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La gente no aprecia lo policromático de la naturaleza -continuó Leinad- y solo llega a disfrutarla en un fotograma o una película. Ahí recién se dan kuenta ke el mundo está lleno de kolores. Las mujeres del mundo ‘civilizado’ no gustan de los sensitivos, de los ke hacen del afecto su bandera. No. Las mujeres prefieren a los patanes, a los engañadores, a los mujeriegos, tipos ke tienen más kontácto kon lo material y están menos comprometidos kon alguna causa noble. Les parecen audáces y graciosos. ¡De ésos se enamoran las mujeres!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tienes una evidencia delante de ti -dijo la chica y luego sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Un chibolito o un perro están más cerca de lo humano ke toda la humanidad adulta y presuntamente konciente. El afecto es algo ya en desuso, un anacronismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí. El afecto está en extinción -dijo la dama, mirando al vacío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Kreo ke los epitimólogos deben estar muriéndose de hambre -dijo el Sr. Leinad, y la chica comenzó a reír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí.... -dijo la dama, entre risas- también los timopsicólogos -y volvió a soltar una carcajada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al Sr. Leinad le parecía un sueño. No podía creer que esté sosteniendo una conversación tan larga con una dama tan bella y que esta no se haya ido aún. Al contrario: parecía que ella disfrutaba mucho con la plática.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero por ejemplo tu -dijo la chica mirando directamente a los ojos del Sr. Leinad- tu a mí me pareces un tipo atractivo, tu mirada, tu forma de hablar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Ke?! -dijo el hombre, sin poder esconder su perplejidad- no seas kruel, niña...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡En serio! Tu me pareces un tipo guapo. Y encima pareces alguien muy culto, que no parece que esté apegado a las cosas materiales... y no eres aburrido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Solo falta ke digas ke soy gracioso y ke bailo muy bien... -dijo el Sr. Leinad, intentando ser procaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Puede ser -dijo la chica, con una coqueta mirada- aún no te conozco bien, tal vez pa’ la próxima vayamos a bailar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- UUuuuu... y eso kuándo será -dijo Leinad, esperando una propuesta imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pues mañana. Yo puedo venir acá a la misma hora. Si estás aquí, de seguro podríamos seguir conversando o, si quieres, podríamos salir a algún lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ....... Me gustaría muchísimo -musitó el Sr. Leinad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pues entonces... hasta mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la dama se levantó, dio media vuelta y se fué. El Señor Leinad, el misógino, el duro, el hombre de los arpegios diatónicos y los acordes de séptimas disminuidas, de tricordes de acentos quebradizos y destructor de estructuras melífluas... se encontraba totalmente amartelado, ido, prendado, seducido, lelo, cautivo, camelado, absorto, idiota, embabosado... pero radiante, fulgente. Casi casi felíz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarde siguiente, dicen que el Sr. Leinad estuvo sentado en el mismo sitio, a la misma hora y con evidente y tangible excitación. Pero, la hora pasó y la chica nunca llegó. Aquella mujer de la cual nunca supo ni su nombre, no se acercó para nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Era lo lógiko -mascullaría luego el Sr. Leinad, amargamente- ¿Kómo chucha se me iba a okurrir ke akella mujer tan linda, regresaría?. Deben de haber tantos kompadres revoloteándola komo satélites. Kreo ke, ahora si, me pasé de huevón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ello, al profesor Leinad, cada vez que se sentaba a tomar un café, o almorzaba, se le humedecían los ojos, de rabia, de vergüenza, de pena, pero parecía que solo yo me daba cuenta. Luego, a unos días de suceder esto, me enteraría de la razón por la que aquella mujer nunca se apareció: la dama en cuestión fue una de las tantas enfermas mentales que escaparon del manicomio del costado. Una chica que, humillada por un idiota que la rechazó hacía ya tres años, buscó refugio en el ensimismamiento, el autismo extremo, algo que los médicos suelen calificar como: ‘locura’. Una hermosa dama que intentó suicidarse varias veces y se le dio por escapar de su casa con angustiante regularidad. ‘Desquiciamiento por Causas Sociales’, explicaron los doctores. Hasta que por fin, al no tener otras soluciones a la mano, decidieron internarla.&lt;br /&gt;Y aquella chica, justamente ella, la más bonita de las internas de aquel sanatorio, tuvo que irse a sentar, precisamente, donde se encontraba el Sr. Leinad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca pude averiguar el nombre de aquella dama. Solo sé que estuvo en el cuarto 7, del pabellón 18, del Albergue de Tratamiento Mental de las Hermanas de la Caridad, un lugar superpoblado donde van a parar todos los esquizoides, psicóticos y enajenados, cuyos familiares ya no desean hacerse cargo. De allí, tras aquella fuga, la dama fue trasladada, junto con otras internas, a un nosocómio del norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es por eso que, aún hoy, me sigo preguntando si debiera o no decirle lo que sé al Señor Leinad. Lo único que me a quedado por hacer es continuar asistiendo a sus cátedras, a sus tristes soliloquios sobre armonía, a los ejercicios de solfeo y a las lecciones de música del atribulado Señor Leinad, el hombre que, en una tarde de Otoño, se encontró con una dama que le dio momentánea compañía, una fugaz esperanza, un recuerdo y... una nube.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;By Gustavito Producciones™&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-3733083704854591529?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/3733083704854591529/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=3733083704854591529" title="1 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/3733083704854591529?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/3733083704854591529?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/LPCDk9QNyxc/comentario-el-seor-leinad.html" title="Comentario: El señor Leinad" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_lWfV8GZPHoc/R6px6fDZtVI/AAAAAAAAABI/UrPkl0FANnU/s72-c/leinad.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/02/comentario-el-seor-leinad.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0cFRHs6fip7ImA9WxZREkk.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-7288415054049518346</id><published>2008-02-05T15:33:00.000-05:00</published><updated>2008-02-05T15:56:55.516-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-02-05T15:56:55.516-05:00</app:edited><title>Comentario: El que jadea</title><content type="html">&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Juan josé Millás, ganador del Premio Planeta 2007 por su obra El mundo, autobiografía que según él fue inesperada, ya que tenía el encargo de hacer un reportaje sobre sí mismo, rebuscando entre sus hábitos se tropieza con el disparador de una novela. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Trebuchet MS;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Nos trae, entre otros relatos, este cuento que sencillamente me parece genial. Sin mucho ruido alrededor de los personajes, diálogos rápidos, ágiles y divertidos sobre todo si uno se imagina a los personajes con el peculiar acento de los españoles. disfrútenlo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;strong&gt;El que jadea&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;strong&gt;Juan José Millás&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Descolgué el teléfono y escuché un jadeo venéreo otro lado de la línea. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–¿Quién es? –pregunté.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–Yo soy el que jadea –respondió una voz neutra, quizá algo cansada. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Colgué, perplejo, y apareció mi mujer en la puerta del salón. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–¿Quién era? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–El que jadea –dije. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–Habérmelo pasado. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–¿Para qué? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–No sé, me da pena. Para que se aliviara un poco. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Continué leyendo el periódico y al poco volvió a sonar el aparato. Dejé que mi mujer se adelantara y sin despegar los ojos de las noticias de internacional, como si estuviera interesado en la alta política, la oí hablar con el psicópata. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–No te importe –decía–, resopla todo lo que quieras, hijo. A mi no me das miedo. Si la gente fuera como tú, el mundo iría mejor. Al fin y al cabo, no matas, no atracas, no desfalcas. Y encima le das a ganar unas pesetas a la Telefónica. Otra cosa es que jadearas a costa del receptor. La semana pasada telefoneó un jadeador desde Nueva York a cobro revertido. Le dije que a cobro revertido le jadeara a su madre, hasta ahí podíamos llegar. Por cierto, que Madrid ya no tiene nada que envidiar a las grandes capitales del mundo en cuestión de jadeadores. Tú mismo eres tan profesional como uno americano. Enhorabuena, hijo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;A continuación escuchó un poco sofocada dos o tres tandas de jadeos, y colgó con naturalidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Yo intenté reprimirme, creo que cada uno puede hacer lo que le dé la gana, pero no pude. Me salió la bestia autoritaria que llevo dentro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–No me parece muy edificante la conversación que has tenido con ese degenerado, la verdad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Ella se asomó a la página de mi periódico y al ver las fotos de las amantes de Clinton por orden alfabético respondió que un lector de pornografía barata no era quién para meterse con un pobre jadeador que vivía con su madre paralítica, y cuyo único desahogo sexual era el jadeo telefónico.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Me mordí la lengua para no discutir, porque era sábado y quería empezar bien el fin de semana. Pero el domingo, mientras mi mujer estaba en misa, telefoneó de nuevo el jadeador y le mandé a la mierda.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–Se lo voy a contar a tu mujer –respondió en tono de amenaza–. Le voy a decir cómo tratas tú a la gente educada y te vas a enterar de lo que vale un peine.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–Tampoco es para ponerse así –dije dando marcha atrás, no tenía ganas de líos domésticos–. Es que me has cogido en un mal momento. Discúlpame.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–Está bien, está bien. ¿Y tu mujer?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–Se ha ido a misa. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–Dile que luego la llamo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Me quedé un rato pensativo. Desde pequeño, siempre había deseado jadear por teléfono, pero mis padres decían que era una cosa de enfermos mentales. Me he perdido lo mejor de la vida por escrúpulos morales, o por prejuicios culturales, no sé. Pero al ver aquella relación tan sana entre mi mujer y el jadeador pensé que no podía ser malo. Así que marqué un número al azar y me puse a jadear como un loco, intentando recuperar los años perdidos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–¿Quién es? –preguntó con cierta alarma una mujer cuya voz me resultó familiar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–Soy el jadeador –dije con naturalidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–Espere, que le paso a mi marido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;El marido resultó ser mi padre, nos reconocimos enseguida: inconscientemente, había marcado su número. Me dijo que ya sabían los dos que acabaría así y colgó. Luego llamaron a mi mujer y le contaron todo. Ella dice que quiere abandonarme, por psicópata, y me ha pedido que le firme unos papeles.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;–Jadear a tu propia madre. ¿Dónde se ha visto eso?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Nunca acierto, sobre todo cuando imito a los demás para ponerme al día. Total, que ahora ya no puedo dejar de jadear, pero de angustia, aunque mis padres creen que lo hago por vicio.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-7288415054049518346?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/7288415054049518346/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=7288415054049518346" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/7288415054049518346?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/7288415054049518346?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/o86vNlS5Xr0/el-que-jadea.html" title="Comentario: El que jadea" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/02/el-que-jadea.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CkEFSXg7eyp7ImA9WxZREkk.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-3768954587744276054</id><published>2008-02-05T14:19:00.000-05:00</published><updated>2008-02-05T14:43:38.603-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-02-05T14:43:38.603-05:00</app:edited><title>Comentario: La Armonía de los Mapas</title><content type="html">&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_vMrRU6N5i3o/Rz3uUOcY6GI/AAAAAAAAAiw/zvxIVCxM-V8/s320/portada+99.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 208px; CURSOR: hand; HEIGHT: 312px" height="386" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_vMrRU6N5i3o/Rz3uUOcY6GI/AAAAAAAAAiw/zvxIVCxM-V8/s320/portada+99.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;He aquí, una de las mejores narraciones que he leído, y no lo digo porque tenga yo el libro autografiado o porque conozca personalmente al autor (&lt;a href="http://editorialzignos.blogspot.com/2007/11/la-armona-de-los-mapas-de-omar-salom_10.html" target= "_blank"&gt;Omar Salomé&lt;/a&gt;). Es en verdad, una de las historias mejor contadas por múltiples personajes que yo haya leido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cosa es así, el libro nos cuenta la historia de Héctor Berríos, un tipo que comienza a hacer remembranzas de su vida a partir de una escena de aeropuerto, una escena común y corriente, como las que todos los que alguna vez hemos viajado por aire, hemos presenciado, vivido y seguramente pasado por alto... Siguiente por favor, suena así la voz monótona de la persona que atiende en los &lt;em&gt;counter&lt;/em&gt; de cualquier aerolínea. Esa sola escena, desata en Héctor una serie de recuerdos desde su adolescencia y luego el viaje y luego más recuerdos, historias con las que estoy seguro, muchos se sentirán identificados. Y a propósito de adolescencia, me pregunto sobre la procedencia de la palabra, no será que a esa edad, todos adolescemos de algo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un libro inteligente, bien contado y podría decir que hasta es musical. Lleno de referencias a la buena música, historias neutrales, nada moralistas, sobre la amistad y la familia, la complicidad y la competencia, las traiciones y los desengaños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy recomendado. Invito a quien lo haya leído a colocar aquí su parecer.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-3768954587744276054?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/3768954587744276054/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=3768954587744276054" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/3768954587744276054?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/3768954587744276054?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/cQUEYejFqlM/comentario-la-armona-de-los-mapas.html" title="Comentario: La Armonía de los Mapas" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_vMrRU6N5i3o/Rz3uUOcY6GI/AAAAAAAAAiw/zvxIVCxM-V8/s72-c/portada+99.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/02/comentario-la-armona-de-los-mapas.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0QBQ3c9eCp7ImA9WxBXF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-4887900418977489500</id><published>2008-02-05T13:32:00.005-05:00</published><updated>2010-01-29T15:02:32.960-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-01-29T15:02:32.960-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="bomba avion" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Bawitdaba" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Dan Cooper" /><title>( * ) Triple Salto Vital.</title><content type="html">&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;hr /&gt; &lt;em&gt;Este vendría a ser algo así como mi primogénito en su segunda versión, la primera versión tuvo algunas limitaciones, ésta en cambio, gracias a los comentarios, sugerencias y críticas de &lt;/em&gt;&lt;a href="http://bluehawk.monmouth.edu/~pgacarti/oollecarmen.htm" target="_blank"&gt;&lt;em&gt;Carmen Ollé&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt; (quien dirige el taller al que afortunadamente me inscribí por sugerencia de mi buen amigo &lt;/em&gt;&lt;a href="http://editorialzignos.blogspot.com/2007/11/la-armona-de-los-mapas-de-omar-salom_10.html" target="_blank"&gt;&lt;em&gt;Omar Salomé&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;) y algunos compañeros del taller; ha tomado cuerpo y es ahora lo que es. Les dejo aquí este primer intento literiario basado en la leyenda de Dann B. Cooper, y bautizado inicialmente como Bawitdaba, como la canción de Kid Rock de 1998, en la que hace la referencia "...and for D. B. Cooper and the money he took"&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;hr /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Boston, Invierno de 1971&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pasajeros con destino a Nueva York, sírvanse abordar por la puerta de embarque número 7— La voz monótona y metálica del altoparlante envolvió todos los ambientes del aeropuerto Logan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Personas de todo tipo y condición cruzaron por la puerta de embarque número 7, entre ellos, un hombre de rostro sereno, aparenta unos 35 años, complexión atlética y escaso cabello, elegantemente vestido de traje y corbata negros y gabardina gris oscuro. En su mano izquierda, un libro; en su mano derecha, un &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_lWfV8GZPHoc/R6sfafDZtWI/AAAAAAAAABQ/YFikqvucJaY/s1600-h/dbcoopN.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5164255937583232354" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_lWfV8GZPHoc/R6sfafDZtWI/AAAAAAAAABQ/YFikqvucJaY/s200/dbcoopN.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;portafolios negro, de aquellos que algunos se empeñan en llamar un James Bond, en alusión a los que utilizaba, según Hollywood, el mítico agente del Servicio Secreto Británico para transportar los muy útiles gadgets que le fabricaba el ingenioso Q.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Connor Baped, por alguna razón prefiero llamar así a este elegante sujeto, y es que aún no se cuenta entre los muertos; ya se encontraba sentado serenamente en la sala de embarque número 7, no parecía distraerlo de su lectura ni el rumor de voces desconocidas, de idiomas extranjeros, de niños nerviosos; ni el ruido de pasos, acaso apresurados algunos, tristes y arrastrados otros. De pronto, parece recordar algo, arranca la última página del libro que estaba leyendo, extrae un lapicero de su elegante gabardina y hace una breve anotación en aquel pedazo de papel. No bien hubo terminado de escribir y es preciso moverse, todos se mueven, ha llegado el momento de abordar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espera pacientemente a que los demás pasajeros hayan escogido sus asientos y se terminen de acomodar, los observa con atención disimulada, acaricia su barbilla como inspeccionándose a sí mismo la calidad de una impecable afeitada. El ambiente parece un poco más denso que en la sala de espera, siguen siendo las mismas personas, pero su excitación es mayor, hay risas nerviosas, voces alzadas de personas que viajan en grupos, niños que comienzan a llorar; además del leve zumbido de las turbinas del avión. Cuando ve que casi todos están acomodados, se dirige hasta un asiento que puede utilizar sin tener acompañante al lado, se acomoda en el que da al pasadizo y coloca el James Bond y el libro en el asiento de ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La señal para abrocharse los cinturones de seguridad se enciende, aquel leve zumbido de turbinas se convierte en un agresivo rugido y el avión comienza su marcha y despega. Después de las indicaciones de seguridad por parte de una de las azafatas de abordo, otra de ellas abrió unas cortinas en la parte posterior del Boeing 727 y salió a ofrecer bebidas a los pasajeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bourbon con soda si fuera tan amable— dice Connor, con mucha cortesía, mientras se coloca sobre el rostro unas grandes gafas oscuras sin perder la serenidad ante los bellos ojos grandes color miel y la sonrisa casi verdadera de Layla Cooper, la tripulante que ahora le entrega a Connor su bebida y a cambio recibe un trozo de papel doblado en cuatro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Layla, acostumbrada a recibir proposiciones indecentes de algunos pasajeros, números telefónicos y otro tipo de flirteos, resta importancia al asunto y, no sin indiferencia, guarda el papel en su bolsillo, entendiendo que este elegante caballero es otro improvisado seductor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al finalizar su recorrido por el pasadizo de clase turista, Layla se posiciona al otro lado del carrito—bar y esos ojos casi dorados miran a todos los pasajeros con el aire ausente de quien sólo hace una observación de rutina, una observación que es representante digna de la ironía de unos enormes ojos y una diminuta mirada. Intenta estar atenta a que alguna persona desee algo más. De cualquier manera, ella tendrá que recorrer el pasadizo por segunda vez para ofrecer más bebidas y recoger recipientes vacíos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la precisión que da la costumbre, inicia su segundo recorrido y llega al lugar de Connor y cumple con la rutina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Algo más que pueda ofrecerle señor?— pregunta ella, esta vez sin sonreír y frunciendo ligeramente el ceño cual si fuera agua reposada que ora forma ondas como reacción a una piedrecilla que ha alterado su superficie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De hecho, sí, señorita Layla— responde Connor leyendo el bordado en el uniforme azul marino de la tripulante. —Creo que no me ha prestado atención, es decir. Yo le entregué una nota hace unos minutos y usted la ha ignorado—&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí señor. La verdad es que no acostumbro a hacer caso a ciertas proposiciones, pues no me parece correcto que... —&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Connor no permite que ella termine lo que estaba a punto de sustentar, la interrumpe con moviendo la cabeza como signo de negación, haciendo chasquidos con la boca mientras toma delicadamente la mano de la mujer diciendo —Este es un mensaje que sí le va a interesar, por favor léalo— termina haciendo un ligero asomo de sonrisa y un coqueto guiño que se nota a pesar de las grandes gafas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Layla está desconcertada y dubitativa, pero los ademanes elegantes y la simpatía de este hombre en traje negro, conforman un carisma que casi seduce sin mucho esfuerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La leeré luego.— Concede, a la vez que borra las ondas de su entrecejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ah, y por favor, cuando lo haya leído, vuelva aquí.— Le dice Connor con la suavidad de una invitación agradable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Layla concluye su recorrido con el carrito, lo guarda, y saca la nota de su bolsillo. Todo parece tan quieto, tan silencioso en este momento, sólo el lejano y ahora delicado zumbido de los tres motores del 727 a casi diez mil metros de altura. Despliega el papel, sus grandes ojos reflejan la incredulidad, ahora parecen más grandes que lo usual, haciendo un contraste con sus pupilas que se han contraído mostrando los iris ahora más dorados y brillantes, su rostro palidece, comienza un sudor frío a erizar los vellos de su espalda, diez mil metros abajo está la tierra sobre la que quisiera reposar, tranquila y segura, quisiera no haber cambiado de turno para que le toque este vuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora reúne todos los pedazos de su mente que han quedado flotando allá a diez mil metros, se da ánimos y quiere pensar que esto es una cruel broma, —cuando Pandora abrió su cajita, lo último que quedó dentro fue la esperanza— se dijo a sí misma. No lo comenta, prudentemente obedece uno de los párrafos de la nota. Con una mezcla de esperanza inocente e incredulidad se dirige lentamente al asiento de Connor, lo mira y esta vez no con aire ausente, mas con atención y solicitud, su mirada puede decir muchas cosas, le ahorra las palabras, esos ojos de miel dorada hablan por ella. Connor la ve y entiende que ella ha comprendido su mensaje, es así que sin quitarle la mirada extiende su mano izquierda, levanta y luego abre el James Bond de modo que sólo Layla puede ver su contenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un golpe que asesina cruelmente su inocente esperanza, —Pandora la ha dejado caer de la caja y ahora la pisotea sin piedad—, siente que se desmorona pero logra controlarse, se erizan nuevamente los vellos de su espalda, traga saliva y respira profundamente, mientras Connor se lleva el dedo índice a la boca y es casi un susurro el shhhh que hace, luego se baja un poco las gafas usando sólo un par de dedos y hace un gesto que parece indicar a Layla que debe dirigirse a la cabina de los pilotos. Layla se retira presurosa pero calmada, Connor cierra su portafolios y ahí no ha pasado nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la nota explica que está tomando secuestrado el avión, que el contenido del maletín es una bomba y que debe informar a los pilotos y sólo a los pilotos; que desea que el avión aterrice con normalidad y que no debe informarse a los pasajeros ni a los demás tripulantes sobre esta situación. Deben comunicarse con su destino en tierra para preparar como condición de rescate, la suma de medio millón de dólares en billetes de 20 sin marcar, combustible para la nave, además de 3 paracaídas. Una vez recibido el rescate, permitirá el descenso de los pasajeros y la tripulación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo cuanto Connor ha solicitado, se ejecuta al pie de la letra, ni los pilotos ni las autoridades comunicadas en tierra quieren arriesgarse ante la frase final de la nota: “no intenten tonterías o hago explotar el avión, si no obtengo mi dinero, estoy dispuesto a morir”. Los pilotos consideran prudente obedecer incondicionalmente, quieren evitar que algún remedo de héroe improvisado intente algo en contra del secuestrador y éste en su desesperación evapore la aeronave en segundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veinte minutos más tarde...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Está todo conforme señor?— inquiere a Connor cuando sale del baño del avión, el agente que ha abordado en Nueva York.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Todo es conforme, muchas gracias, que baje también la tripulación, sólo es necesario que se quede el capitán y la azafata aquella, la de los ojos grandes— sonríe y le extiende la mano al agente, éste lo mira con extrañeza, no responde al gesto, en cambio, toma el radio portátil de su cinturón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Luz verde, todo en orden— da media vuelta y baja junto con los demás pasajeros, quienes ni se imaginan que estuvieron secuestrados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es hora de partir capitán, tomaremos rumbo sur, a Virginia.— Dice el misterioso hombre sin perder nunca su característica serenidad, amabilidad y elegancia. Luego se dirige a Layla —Por favor, si fuera tan amable, un bourbon con soda— mientras la joven se dirige a preparar la bebida, Connor da instrucciones precisas al piloto sobre la altura a la que deben volar, la velocidad y la posición de las alas del avión, indica además que no debe guardar el tren de aterrizaje en ningún momento y que no debe tampoco sellar la puerta posterior del avión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Layla está de vuelta, él recibe su bebida, la invita a entrar en la cabina de mando, y sale cerrando la puerta asegurándola con una cuerda que saca de su bolsillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Atención base, atención base, Águila calva 3 reportando, un paracaídas se abre a pocos metros del Boeing 727— el piloto del F-16 de la fuerza aérea, ha sido enviado a seguir el avión secuestrado, transmite las coordenadas del salto y a los pocos minutos, justo antes de retornar a su base, divisa otro paracaídas, vuelve a transmitir las coordenadas y doce minutos más tarde, otro paracaídas se aleja del avión. El secuestro ha terminado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras varios días de búsqueda intensa, utilizando complejos cálculos logran determinar lugares probables de descenso de los paracaídas, se hallaron solamente éstos en tres diferentes puntos muy distantes unos de otros. El hallazgo más meridional es un bulto de ropa atado a un paracaídas junto con un James Bond negro que contiene rollos de cartulina roja unidos con bandas elásticas y adornados con viejos cables de colores.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-4887900418977489500?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/4887900418977489500/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=4887900418977489500" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/4887900418977489500?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/4887900418977489500?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/HDPQxd9IE_U/triple-salto-vital.html" title="( * ) Triple Salto Vital." /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_lWfV8GZPHoc/R6sfafDZtWI/AAAAAAAAABQ/YFikqvucJaY/s72-c/dbcoopN.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/02/triple-salto-vital.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkYGQ3k4fSp7ImA9WxZXFEo.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-82843728863307365</id><published>2008-02-05T13:15:00.001-05:00</published><updated>2008-03-02T11:08:42.735-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-03-02T11:08:42.735-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Tagaki-san" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Sofía Vasilievna" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuento" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Boris Pilniak" /><title>Comentario: Cuento sobre cómo se escriben los cuentos</title><content type="html">&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Una historia interesante dentro de otra historia contada por Boris Pilniak. Este es un cuento importante y, creo yo, fundamental para quienes quieren escribir. La historia se narra en primera persona, es sobre un escritor que conoce a otro, éste último ha escrito un libro muy vendido tomando como "objeto" de investigación lo que para su país resultaba incógnito en los tempranos años 20. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Trebuchet MS;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Trebuchet MS;"&gt;Pilniak nos muestra la biografía de una mujer y nos cuenta cómo debió haber sido escrita, toma partes de la historia de esta persona y nos la muestra a manera de cuento y las razones que la impulsan a escribir. No adelanto más y les dejo aquí esta narración fría, pero interesante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Trebuchet MS;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://galeon.hispavista.com/letrasperdidas/imagenes/consagrados/pilniak.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px 0px 10px 10px; float: right; width: 84px; height: 122px;" alt="" src="http://galeon.hispavista.com/letrasperdidas/imagenes/consagrados/pilniak.jpg" border="0" height="219" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;UN CUENTO SOBRE CÓMO SE ESCRIBEN LOS CUENTOS&lt;br /&gt;BORIS PILNIAK&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Conocí en Tokio por casualidad al escritor Tagaki-san. Nos presentaron en un círculo literario japonés, aunque después no volvimos a vernos; he olvidado las pocas palabras que allí intercambiamos, y de él sólo me quedó la impresión de que había estado casado con una rusa. Era verdaderamente sibuy (sibuy en japonés equivale a chic; su sencilla elegancia era algo que muy pocos logran poseer); extraordinariamente sencillos eran su kimono y sus ghetta (esa especie de coturnos de madera que usan los japoneses en vez de zapatos), llevaba en la mano un sombrero de paja, sus manos eran bellísimas. Hablaba ruso. Era moreno, de baja estatura, delgado y hermoso, si es que a los ojos de un europeo los japoneses pueden parecer hermosos. Me dijeron que había alcanzado la fama con una novela en la que describía a una mujer europea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se habría borrado ya de mi memoria, como tantos encuentros ocasionales, a no ser...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el archivo del consulado soviético en la ciudad japonesa de K. me cayó entre las manos el expediente de una tal Sofía Vasilievna Gniedij-Tagaki, quien pedía la repatriación. Mi compatriota, el camarada Dyurba, secretario del Consulado General, me llevó a Mayo-san, el templo de la zorra situado en lo alto de una de las montañas que rodean la ciudad de K. Para llegar allí es necesario tomar primero un automóvil, luego el funicular, y, al final, continuar a pie entre bosquecillos que crecen sobre las rocas hasta la cima de la montaña, donde había un espeso bosque de cedros, en medio de un silencio sólo turbado con el infinitamente triste tañido de una campana budista. La zorra es el dios de la astucia y de la traición: si el espíritu de la zorra penetra en un hombre, la raza de ese hombre está maldita. A la sombra espesa de los cedros, sobre la explanada de una roca cuyos tres costados caían a pico sobre un desfiladero, surgía un templo con aspecto de monasterio, en cuyos altares reposaban las zorras. Reinaba un silencio profundo; desde allí se abría el horizonte por encima de una cadena de montañas y sobre el inmenso océano que se perdía en la infinita lejanía. No obstante, encontramos una pequeña fonda con cerveza inglesa fresca no muy lejos del templo pero a mayor altura todavía, desde donde era visible también el otro flanco de la cadena montañosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo la acción de la cerveza, al rumor de los cedros y frente al océano, dos compatriotas pueden conversar bastante bien. Fue entonces cuando el camarada Dyurba me contó una historia que me hizo recordar al escritor Tagaki y que me hace ahora escribir este cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel día en Mayo-san reflexionaba yo sobre la manera en que se escriben los cuentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, ¿cómo se escriben los cuentos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella misma mañana saqué el expediente en que Sofía Vasilievna Gniedij-Tagaki desarrollaba su biografía desde el momento de su nacimiento, pues no había comprendido bien el instructivo según el cual todo repatriado debe proporcionar sus datos biográficos. Para mí, la biografía de esta mujer comienza en el momento en que el barco llegaba al puerto de Suruga; era una biografía extraña y breve, muy diferente a la de millares y millares de mujeres rusas de provincia, cuyas vidas podrían perfectamente escribirse con un método estadístico —monográfico— de conducta, porque se parecen como una cesta a otra: la cesta del primer amor, los sufrimientos y alegrías, el marido, los pequeños engendrados para bien de la patria, y tantas otras cosas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;En mi cuento existen él y ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo una vez he estado en Vladivostok. Fue a finales de agosto, y recordaré siempre Vladivostok como una ciudad de días dorados, de amplios horizontes, de recio viento marino, de mar azul, cielo azul, horizontes azules; en aquella áspera soledad que me recordaba Noruega, porque allá también la tierra se desploma hasta el horizonte en lisos bloques de piedra, sobre los cuales, solitarios, se yerguen los pinos. A decir verdad, estoy siguiendo el método de costumbre: completar con descripciones de la naturaleza los caracteres de los protagonistas. Ella, Sofía Vasilievna Gniedij, nació y creció en Vladivostok.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trataré de presentarla:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había terminado sus cursos en el gimnasio para convertirse en profesora de primera enseñanza, en espera de un buen partido: era una de tantas señoritas como existían por millares en la vieja Rusia. Conocía a Pushkin, por supuesto, pero sólo en las estrictas proporciones exigidas por los programas escolares, y con seguridad confundía los conceptos que entrañan las palabras "ética" y "estética" de la misma manera que los confundí yo cuando escribí un ensayo ampuloso sobre Pushkin, cuando cursaba el sexto año en el Colegio de Ciencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era evidente que la pobre ni siquiera podía imaginar que Pushkin comenzara precisamente donde terminaba el programa escolar, así como tampoco había pensado nunca que los hombres creen medir todo por el grado de inteligencia que tienen, y que todo lo que queda por encima o por abajo de su comprensión le parece al hombre un poco estúpido o rematadamente estúpido si él mismo es algo mentecato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había leído todo Chéjov por haber sido publicado en el suplemento de la revista Neva que recibía su padre, y Chéjov conocía a aquella muchacha, "perdónala, Dios mío, era una pobre tonta..." Pero si queremos volver a Pushkin, esta muchacha podría ser (y yo deseo que así sea) un poco boba, como lo es la poesía, lo que por otra parte puede ser muy agradable cuando se tienen dieciocho años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía ideas propias: sobre la belleza (son muy bellos los kimonos japoneses, especialmente los que fabrican los japoneses sólo para los extranjeros), sobre la justicia (y al efecto con toda razón le retiró el saludo al alférez Ivantsov, quien se había jactado de haber obtenido de ella una cita), sobre la cultura (porque en el concepto común que se tiene de la cultura, existe la convicción de que los Pushkin y los Chéjov —los grandes escritores— son sobre todo hombres extraordinarios, y, en segundo lugar, de que constituyen una especie ya extinguida como la de los mamuts, pues en nuestros tiempos no existe nada ni nadie extraordinario; en efecto, los profetas no nacen ni en la propia patria ni en los propios tiempos). Pero, si se puede aplicar la regla literaria según la cual el carácter de los protagonistas se complementa con las descripciones de la naturaleza, digamos entonces que esta muchacha como un poema —¡el Señor nos perdone!—, un poco boba, era limpia y diáfana como el cielo, el mar y las rocas de la costa rusa del Extremo Oriente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sofía Vasilievna supo escribir su biografía con tal habilidad, que yo y el funcionario consular no podíamos sino quedarnos perplejos (aunque en mi caso no demasiado) ante el hecho de que aquella mujer apenas si había sido desflorada por los acontecimientos vividos durante aquellos años. Como es sabido, el ejército imperial japonés estaba en 1920 en el punto más oriental de Rusia con el propósito de ocupar todo el Extremo Oriente, y, como también es sabido, los japoneses fueron expulsados por los revolucionarios. En la biografía no aparece una sílaba siquiera sobre esos acontecimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él era oficial del estado mayor general del ejército imperial japonés de ocupación, y vivía durante su estancia en Vladivostok en el mismo apartamiento en que Sofía Vasilievna alquilaba una pequeña habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fragmento de la autobiografía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"...todo el mundo lo conocía con el mote de el Macaco. No había quien no se asombrara de que se bañase dos veces al día, usara ropa interior de seda, durmiera por las noches en piyama... Después se le comenzó a estimar... Por las noches jamás salía de casa, y leía en voz alta libros rusos, poemas y cuentos de autores contemporáneos para mí entonces desconocidos: Briusov y Bunin. Hablaba bien el ruso, aunque con un solo defecto: en vez de r pronunciaba l. Y eso fue lo que hizo que nos conociéramos: me encontraba yo junto a su puerta, él leía poemas y luego comenzó a cantar en voz baja:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche murmuraba...&lt;br /&gt;"No pude contenerme al oír su pronunciación y solté una carcajada; él abrió la puerta antes de que lograra alejarme y me dijo: "&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Perdone que me atreva a solicitarle un favor, mademoiselle ¿Me permite usted que le haga una visita?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Me quedé muy aturdida, no comprendí nada; le dije que me excusara y me encerré en mi habitación. Al día siguiente se presentó a hacerme la visita anunciada. Me entregó una caja enorme de chocolates, y luego me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"—¿Recuerda que le pedí permiso para hacerle una visita? Por favor, tome usted un chocolate. Dígame, ¿cuál es su impresión sobre el tiempo?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El oficial japonés demostró ser un hombre con intenciones serias, todo lo contrario del alférez Ivantsov, quien concertaba las citas en callejones oscuros y estiraba las manos. El japonés invitaba a la muchacha al teatro a una buena localidad y después de la función la llevaba a un café. Sofía Gniedij le escribió una carta a su madre en la que le refería las intenciones serias del oficial. En su confesión autobiográfica, describe minuciosamente cómo una noche el oficial, que estaba en la habitación de ella, palideció de golpe, cómo su rostro adquirió luego un color violáceo y la sangre le afluyó a los ojos, y cómo se retiró apresuradamente, por lo que ella comprendió que en él había estallado la pasión... y luego lloró largamente sobre la almohada, sintiendo miedo físico hacia aquel japonés tan diferente, por raza, de ella. "Pero fueron precisamente esos arrebatos pasionales, que él sabía contener a la perfección, los que después encendieron mi curiosidad de mujer." Y comenzó a amarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él le hizo la proposición de matrimonio muy al estilo de Turgueniev, en uniforme de gala y guantes blancos, la mañana de un día de fiesta, en presencia de los patrones de casa, según todas las reglas europeas, y le ofreció su mano y el corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Dijo que volvería dentro de una semana al Japón y me pidió que lo siguiera, porque muy pronto los revolucionarios tomarían la ciudad. Según el reglamento del ejército japonés, los oficiales no pueden contraer matrimonio con mujeres extranjeras, y los oficiales del estado mayor tienen prohibido, en términos generales, casarse antes de cierto límite de edad. Por tales motivos me pidió mantener en el más estricto secreto nuestra situación, y vivir, hasta el día que lograra obtener el retiro, al lado de sus padres, en un pueblo japonés. Me dejó mil quinientos yenes y una carta de presentación para que pudiera reunirme con sus padres. Le dije que sí..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los japoneses eran odiados en toda la costa del Extremo Oriente ruso: los japoneses capturaban a los bolcheviques y los asesinaban, quemando a algunos en las calderas de los acorazados estacionados en la bahía, a otros los fusilaban o los quemaban en hornos construidos sobre pequeños volcanes de lodo... los revolucionarios echaban mano de toda su astucia para destruir a los japoneses (Kolchiak y Sionov habían ya muerto)... Los moscovitas se acercaban como un torrente enorme de lava... pero Sofía Vasilievna no dedica siquiera una línea a esos acontecimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;La verdadera y auténtica biografía de Sofía Vasilievna comienza el día en que puso pie en el archipiélago japonés. Esta biografía constituye una confirmación a las leyes de las grandes cifras con sus excepciones estadísticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No he vivido en Suruga, pero sé muy bien lo que es la policía japonesa y lo que son esos agentes que hasta los propios japoneses llaman inu, es decir perros. Los inu actúan de una manera aplastante, porque tienen prisa, hablan un ruso imposible, piden las generales comenzando con el nombre, patronímico y apellido de la abuela materna; su explicación es que "la policía japonesa necesita saberlo todo"; se enteran, casi sin que el interrogado se dé cuenta del "objeto de la visita". Escudriñan las cosas con la misma brutalidad con que inspeccionan el alma, según el sinobi, o sea el método científico de la escuela de policía japonesa. Suruga es un puerto pequeño, donde fuera de las casas de estilo japonés no existe siquiera un edificio europeo; un puerto donde abunda la pesca del pulpo, al que revientan para obtener la tinta y ponen luego a secar en las calles. En aquella provincia japonesa contribuía a sembrar la confusión, además de la policía, el hecho de que un gesto que en Vladivostok significa "ven acá" quiere decir en Suruga "aléjate de mí"; los rostros de los habitantes, por otra parte, no dicen nada, conforme a las reglas del hermetismo japonés que exige ocultar cualquier intimidad y no revelarla ni siquiera por la expresión de los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin duda le preguntaron a Sofía Vasilievna "el objeto de su visita" y ella no debió recordar con exactitud los apellidos de su abuela materna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ese propósito escribe brevemente: "Me interrogaron sobre el objeto de mi viaje. Me tuvieron arrestada. Permanecí un día entero en la delegación de policía. Constantemente me preguntaban sobre mis relaciones con Tagaki y por qué me había dado una carta de presentación: declaré que era su prometida, porque la policía me amenazó con repatriarme en el mismo barco si no hablaba. Tan pronto como confesé me dejaron tranquila y me llevaron un plato de arroz con dos palillos, que entonces todavía no sabía usar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa misma noche llegó Tagaki-san, el novio, a Suruga. Ella lo vio desde la ventana dirigirse resueltamente a la oficina del jefe de la policía. Le pidieron cuentas sobre la muchacha. Tagaki se comportó virilmente y declaró:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, es mi prometida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le aconsejaron devolverla a su patria, pero él se negó. Le dijeron que sería expulsado del ejército y desterrado a algún lugar remoto: él lo sabía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces quedaron en libertad él y ella. Él, a la manera de Turgueniev, le besó la mano y no le hizo el menor reproche. Después la acompañó al tren y le dijo que en Osaka encontraría a su hermano; que él por el momento "estaría un poco ocupado".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desapareció en la oscuridad; el tren se internó entre montes oscuros. La muchacha permaneció en la más absoluta soledad, y se convenció de que él, Tagaki, era la única persona por quien sentía cariño y devoción, hacia la cual se sentía ligada y llena de gratitud, y también de incomprensión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vagón estaba bien iluminado; afuera todo eran tinieblas. Todas las cosas que la rodeaban le parecieron horribles e incomprensibles, sobre todo cuando los japoneses que viajaban en su compartimiento, hombres y mujeres, se desvistieron para dormir, sin ninguna vergüenza de mostrar el cuerpo desnudo, así como cuando, en algunas estaciones, vio comprar a través de las ventanillas té caliente en pequeñas botellas y cajas de madera de abeto que contenían una cena de arroz, pescado, rábanos, una servilleta de papel, un mondadientes y un par de palillos, con los que había que comer. Después se apagó la luz y los pasajeros comenzaron a dormir. Sofía Vasilievna no logró pegar un ojo en toda la noche, víctima de la soledad, de la incomprensión, del espanto. No entendía nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Osaka fue la última en bajar al andén y se encontró inmediatamente ante un hombre en kimono de tela oscura a rayas, con los pies atados a dos trozos de madera. Se sintió muy ofendida por el silbido con que aquel individuo acompañó su propia reverencia, apoyando las manos abiertas sobre las rodillas, y de la tarjeta de visita que le entregó sin tenderle la mano: ella ignoraba que tal era la manera de saludar entre los japoneses; mientras ella estaba dispuesta a abrazar a su pariente, él ni siquiera se dignaba a estrecharle la mano... Se quedó paralizada, sintiendo que ardía de humillación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él no sabía una sola palabra de ruso: le dio una palmadita en un hombro y le indicó la salida. Se pusieron en movimiento. Entraron en un automóvil. La ensordeció y la cegó la ciudad, comparada con la cual, Vladivostok era una aldea. Llegaron a un restaurante donde les sirvieron un desayuno a la inglesa: no comprendía por qué debía comer la fruta antes que el jamón y los huevos. El otro, dándole siempre una palmadita en el hombro, le indicaba lo que debía hacer, sin articular siquiera un sonido, sonriendo inexpresivamente de cuando en cuando. Después del desayuno la condujo a los excusados: ella no sabía que en Japón el retrete era común para hombres y mujeres. Aterrada, le hizo señas de que saliera, el otro no comprendió y comenzó a orinar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvieron a tomar el tren; él le compró una ración de alimentos empacada en una cajita de madera de pino, una botella de café y le puso en las manos los dos palillos para que comiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche bajaron del tren, y él la hizo sentarse en una ricksha: la sangre se le subió a las mejillas por esa sensación casi insoportable de desagrado que experimenta todo europeo al subir por primera vez en una ricksha... pero ya para entonces carecía de voluntad propia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atravesaron la ciudad de calles estrechas, siguieron después por callejones y senderos bordeados de cedros, al lado de cabañas escondidas entre el verdor del follaje y las flores; la ricksha los condujo, siguiendo la pendiente de una montaña, hacia el mar. Sobre una roca que caía a pico, en una pequeña explanada sobre el mar, en la bahía, bajo la fronda de los árboles, había una cabaña; se detuvieron frente a ella. De la cabaña salieron un anciano y una anciana, varios niños y una mujer joven, todos vestidos con kimonos, que le hicieron profundas reverencias sin tenderle la mano. No le permitieron entrar de inmediato; el hermano del novio le señaló los pies: ella no comprendía. Entonces la hizo sentarse, casi a la fuerza, y le quitó los zapatos. En el umbral de la casa las mujeres se arrodillaron rogándole que entrara. Toda la casa parecía un juguete: en la última habitación una ventana se abría sobre el amplio mar, el cielo, las rocas: aquel lado de la casa estaba situada sobre el abismo. En el suelo de la habitación había muchos platos y recipientes, y al lado de cada recipiente había un almohadón. Todos, ella también, se sentaron sobre esos almohadones, en el suelo, para cenar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...Al día siguiente se presentó Tagaki-san, el prometido. Entró en kimono, y ella por un instante no reconoció a aquel hombre que se inclinó en una profundísima ceremonia primero ante el padre y el hermano, luego ante la madre y, finalmente, ante ella. Sofía Vasilievna habría querido arrojarse en sus brazos, pero él retuvo por un minuto sus manos y, con aire de profunda cavilación, le besó una de ellas. Llegó por la mañana. Le hizo saber que había estado en Tokio, que lo habían licenciado del ejército y, como castigo, exiliado durante dos años, concediéndole pasar el tiempo del exilio en su pueblo, en casa de su padre: de aquella casa y de aquel peñasco no debería alejarse durante dos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella estaba feliz. Él le había llevado de Tokio muchos kimonos. Ese mismo día fueron a registrar su matrimonio en la oficina correspondiente; ella en kimono azul, con los cabellos rubios peinados a la japonesa, el obi (cinturón) que le dificultaba la respiración, oprimiéndole dolorosamente el pecho, y los coturnos de madera que le oprimían un callo entre los dedos de un pie. Dejó de ser Sofía Vasilievna Gniedij para convertirse en Tagaki-no-okusan. Y la única cosa con la que pudo pagarle al marido, al amado marido, no fue con gratitud, sino con auténtica pasión, cuando por la noche, en el suelo, envuelta en un kimono de noche, se le entregó y en las pausas de la ternura, el dolor y el deseo, oían el estallido de las olas bajo ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IV&lt;br /&gt;En otoño se marcharon todos, dejando solos a los jóvenes esposos. De Tokio les enviaron cajas con libros rusos, ingleses y japoneses. En su confusión, ella no cuenta casi nada sobre cómo pasaba el tiempo. Es fácil imaginar cómo soplaban los vientos del océano en otoño, el estruendo de las olas al golpear los peñascos, el frío y la soledad ante la estufa doméstica cuando se sentaban solos durante horas, días, semanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto ella aprendió a saludar: o-yasumi-nasai, a despedirse: sayonara, a dar las gracias: do-ita-sima-site, a pedir que tuvieran la amabilidad de esperar mientras iba a llamar a su marido: chotomato-kudasai... En su tiempo libre aprendió que el arroz, igual que el trigo, podían cocinarse de las maneras más diversas, y que así como los europeos no saben preparar el arroz, los japoneses no sabían hacer el pan. A través de los libros que el marido había recibido, aprendió que Pushkin comenzaba precisamente donde terminaba el programa escolar, que Pushkin no era algo muerto como un mamut sino algo que vive y que vivirá siempre; por su marido y por los libros se enteró de que la literatura más grande y el pensamiento más profundo eran los rusos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su tiempo transcurría con la severa regularidad de la vida en el campo; con ciertas asperezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la mañana el marido se sentaba en el suelo con sus libros; ella cocinaba el arroz y los demás platos; bebían té, comían ciruelas en salmuera y arroz sin sal. El marido no era exigente: habría podido vivir meses enteros sólo de arroz, pero ella preparaba también algunos platos de la cocina rusa; iba por la mañana a la ciudad a hacer las compras y se asombraba de que los japoneses no vendieran los pollos enteros sino en piezas, podía comprar separadamente las alas, la pechuga, los muslos. En el crepúsculo, iban a pasear por la orilla del mar, o por las montañas hasta un pequeño templo; ella se acostumbró a caminar con los coturnos, a saludar a los vecinos a la manera japonesa, haciendo reverencias profundas con las manos en las rodillas. Por la noche leían. Muchas noches las dedicaban a hacer el amor: el marido era apasionado y refinado en la pasión, por la larga cultura de sus antepasados, distinta a la europea; el primer día del matrimonio, la madre de él, sin decirle una palabra —ya que no tenían ningún medio común de expresión— le regaló unos cuadritos eróticos en seda, que ilustraban ampliamente el amor sexual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella amaba, respetaba y temía a su marido; lo respetaba porque era fuerte, noble y taciturno, y lo sabía todo; lo amaba y lo temía porque cuando ardía de pasión lograba subyugarla por completo. Había días en que su marido se comportaba de modo sombrío, cortés, esquivo, y, a pesar de su noble conducta, la trataba con severidad. A fin de cuentas era muy poco lo que sabía de él, nada de su familia: su suegro poseía en alguna parte una fábrica, algo relacionado con la seda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces llegaban a visitar a su marido algunos amigos de Tokio o de Kioto; en esas ocasiones él le pedía que se vistiera a la europea y que recibiera a los huéspedes a la manera europea; es decir, bebían el sake, el aguardiente japonés, junto con las visitas; después del segundo vaso sus ojos se inyectaban de sangre, hablaban sin cesar, y luego, ebrios, cantaban algunas canciones y se iban a la ciudad poco antes del amanecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivían en medio de una gran soledad, el frío de invierno sin nieve se transformaba en el sopor del verano, el mar se encrespaba durante las tormentas, pero era sereno y azul a la hora del reflujo; las diarias jornadas de ella no se parecían siquiera a las cuentas de un rosario, porque éstas pueden ser contadas y recontadas, como suelen hacer los monjes europeos y los budistas, mientras que ella no podía contar sus días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí puede terminar el cuento sobre cómo se escriben los cuentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó un año, otro, otro más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se cumplió el término del exilio, sin embargo se quedaron a vivir allí todavía otro año. Más tarde comenzó a llegar a su ermita mucha gente, que saludaba con profundas reverencias tanto a ella como a su marido; lo fotografiaban ante su biblioteca con ella al lado; le preguntaban sobre sus impresiones del Japón. Le pareció que toda aquella gente caía sobre ellos como guisantes salidos de un costal. Supo entonces que su marido había publicado una novela con enorme éxito. Le hicieron ver las revistas donde estaban fotografiados los dos: en casa, cerca de casa, durante un paseo hacia el templo, durante un paseo a la orilla del mar, él en kimono japonés, ella vestida a la europea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya para entonces hablaba un poco de japonés. Muy pronto aprendió a desempeñar el papel de esposa de un escritor célebre, sin advertir el cambio que tiene lugar de manera misteriosa, ese cambio que consiste en no tener ya miedo de los extraños, sino en considerarlos como gente dispuesta a rendirle alguna cortesía. Pero no conocía la célebre novela de su marido ni el argumento. A menudo le hacía preguntas a su marido quien respondía a su pregunta con un silencio convencional; tal vez porque en realidad el asunto no le interesaba demasiado ella dejó de insitir. Pasó el rosario de jaspe de sus días. Unos jóvenes cocineros preparaban ahora el arroz, y a la ciudad ella iba en automóvil, dándole órdenes en japonés al chofer. Cuando su suegro se presentaba, le hacía una reverencia más respetuosa que la que ella hacía para saludarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No cabe duda de que Sofía Vasilievna habría sido la mujer perfecta del escritor Tagaki, igual que la mujer de Heinrich Heine, que acostumbraba preguntarle a los amigos de su marido: "Me han dicho que Heinrich ha escrito algo nuevo, ¿es cierto?..." Pero Sofia Vasilievna acabó por enterarse del contenido de la novela. Había llegado a casa el corresponsal de un periódico de la capital, quien hablaba ruso. Llegó cuando el marido estaba ausente. Fueron a pasear hasta el mar. Y junto al mar, después de conversar sobre algunas trivialidades, ella le preguntó cómo se explicaba el éxito de la novela de su marido, y qué era lo que consideraba fundamental en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V&lt;br /&gt;...Y esto es todo. Cuando en la ciudad de K. encontré en el archivo consular la autobiografía de Sofía Gniedij-Tagaki, compré al día siguiente la novela de su marido. Mi amigo Takahashi me refirió el contenido. Conservo todavía este libro en mi casa, en la calle Povarskaia. El cuarto capítulo de este cuento no lo escribí dejándome llevar por la imaginación, sino siguiendo casi punto por punto lo que me tradujo mi amigo Takahashi-san.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El escritor Tagaki, durante todo el tiempo que duró su exilio, había escrito sus observaciones sobre la esposa, esa rusa que no sabía que la grandeza de Rusia comenzaba precisamente después de los programas escolares, y que la grandeza de la cultura rusa consistía en saber meditar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La moral japonesa no tiene el pudor del cuerpo desnudo, de las funciones naturales del hombre, del acto sexual: la novela de Tagaki-san había sido escrita con minuciosidad clínica... y con meditaciones al estilo ruso. Tagaki-san meditaba sobre el tiempo, sobre los pensamientos y sobre el cuerpo de su mujer... Cuando a la orilla del mar, el corresponsal del periódico de la capital discurría con Tagaki-no-okusan, la mujer del célebre escritor, puso ante ella no un espejo sino la filosofía de los espejos, ella se vio a sí misma vivir entre las páginas de papel; no era tan importante el hecho de que en la novela se describiera con detalles clínicos cómo temblaba ella en los momentos de pasión y el desorden de sus vísceras; no, lo terrible, lo terrible para ella era otra cosa. Comprendió todo, allí comenzaba lo horrible; eso era un traición excesivamente cruel a todo lo que ella alentaba. Fue entonces cuando pidió, por medio del consulado, ser repatriada a Vladivostok.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He leído y releído con la mayor atención su autobiografía: que toda su vida había sido material de observación, que el marido la había estado espiando cada momento de su vida... estaba escrita siempre con la misma sensibilidad, con monotonía, sin efectos; las partes de la autobiografía de esta mujercita insignificante donde —a saber por qué— se describían la infancia, la escuela y la vida de Vladivostok y también las jornadas japonesas, estaban escritas con la misma insipidez con que se escriben las cartas de amigas de sexto año de la escuela municipal, o del segundo curso de los institutos para muchachas nobles, según las reglas de composición escolar; pero en la última parte (en la que arrojaba alguna luz sobre su vida conyugal) esta mujer había sabido encontrar palabras verdaderas y grandes de simplicidad y claridad, como supo encontrar la fuerza para actuar simple y claramente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abandonó la condición de mujer de un escritor célebre, el amor y las costumbres adquiridas y volvió a Vladivostok a las habitaciones desnudas de las profesoras de escuela elemental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VI&lt;br /&gt;Eso es todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella: vivió su autobiografía hasta el fondo; yo escribí su biografía, escribiendo que pasar a través de la muerte es bastante más cruel que matar a un hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él: escribió una novela hermosísima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que sean los otros quienes juzguen, no yo. Mi trabajo se reduce a meditar: sobre todas las cosas, y, también, en particular, sobre cómo se deben escribir los cuentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La zorra es el dios de la astucia y de la traición: si el espíritu de la zorra penetra en un hombre, la raza de ese hombre está maldita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡La zorra es el dios de los escritores!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uzkoie, 5 de noviembre de 1926&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-82843728863307365?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/82843728863307365/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=82843728863307365" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/82843728863307365?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/82843728863307365?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/dj3N5ujRvec/comentario-cuento-sobre-cmo-se-escriben.html" title="Comentario: Cuento sobre cómo se escriben los cuentos" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/02/comentario-cuento-sobre-cmo-se-escriben.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEYFRn46fip7ImA9WxZXFEo.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-5331203390589879387.post-5908103638394342589</id><published>2008-02-04T19:46:00.001-05:00</published><updated>2008-03-02T11:41:57.016-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-03-02T11:41:57.016-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="introito" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="armando historias" /><title>Introito</title><content type="html">&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;No hace mucho que se me dió por hacer algunos intentos literarios, me seducía mucho la idea de escribir, sin embargo, me sentía muy profano para ello... No había leído lo suficiente. Cómo rayos pensaba yo escribir si ni siquiera había leído.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Es una situación que felizmente tuvo un remedio simple: Me puse a leer, luego de casi diez años y de varios abortos literarios que no pasaron la propia barrera de la autocrítica, estoy envuelto en un proyecto algo más serio, creo que más maduro. Mientras lo vaya logrando y mientras vaya tomando forma, iré compartiéndolo aquí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;La intención de este espacio es múltiple, la idea es compartir mis opiniones sobre los pocos libros que he leído. Otra parte de la idea es compartir algunas historias que voy armando, pues mi nombre lo dice, Armando, así que estoy en eso... Armando historias.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5331203390589879387-5908103638394342589?l=armandohistorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://armandohistorias.blogspot.com/feeds/5908103638394342589/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5331203390589879387&amp;postID=5908103638394342589" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/5908103638394342589?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/5331203390589879387/posts/default/5908103638394342589?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ArmandoHistorias/~3/UfHmP0BKYs4/presentacin.html" title="Introito" /><author><name>Armando García Becerra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02439920591662761199</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://bp2.blogger.com/_lWfV8GZPHoc/SJCVEywRJGI/AAAAAAAAAF0/sZ54ekBN088/S220/AGB2.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://armandohistorias.blogspot.com/2008/02/presentacin.html</feedburner:origLink></entry></feed>

