<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/" xmlns:blogger="http://schemas.google.com/blogger/2008" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356</atom:id><lastBuildDate>Wed, 02 Oct 2024 07:53:03 +0000</lastBuildDate><category>RELATOS</category><category>Escritor:UKIO</category><category>Escritor:ASTAROTH</category><category>Escritor:Rokhsa</category><category>Escritor:NOIRY</category><category>Escritor:MEPHISTO</category><category>Escritor:MORGANA</category><category>EVENTO 100</category><category>Escritor: SKEITH</category><category>Ilustraciones</category><category>Evento 200</category><category>EVENTOS</category><category>Escritor:KITE</category><category>Encuesta: mejor personaje</category><category>ESCRITOR:Egalestrenge</category><category>Escritor:IRVIN</category><category>Info</category><category>mp3</category><category>Diario de</category><category>Entrevistas</category><category>Escritor:Will-o&#39;-the-wisp</category><category>avisos</category><category>normas</category><category>Anuncios</category><category>ESCRITOR: HACKSBITS</category><category>ESCRITOR: ROKHSA</category><category>ESCRITOR: SINH</category><category>Escritor: VALENT</category><category>Escritor:DRAZHARM</category><category>Escritor:HADES</category><category>armas</category><category>guia</category><category>offtopic</category><category>participar</category><category>personajes</category><title>Azoteas de Midgar</title><description>Cadena de relatos ambientados en la ciudad de Midgar (Final Fantasy VII)</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Lectora de cómics)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>172</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-2344706177430686632</guid><pubDate>Fri, 09 Aug 2013 21:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2019-12-06T11:16:11.499+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor: SKEITH</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>226</title><description>&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
A pesar de los días transcurridos tras
la confesión de su despido las cosas no iban mucho mejor en casa de
Elliot. La relación con Marie se había vuelto tensa. No discutían,
pero el científico casi habría preferido eso al silencio que seguía
y que remarcaba cada cosa que se dijeran. Marie estaba ofendida, y
sumamente decepcionada. Comprendía por lo que estaba pasando su
marido, pero al mismo tiempo se sentía herida. En una relación que
casi podría tildarse de perfecta, aquel era el primer golpe serio, y
Elliot no tenía del todo claro cómo arreglarlo. El enfado de ambos
(tanto el  justificado de ella como el arrebato de él) había
pasado, sí, pero le iba a costar mucho recuperar su confianza. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Elliot maldijo, no por primera vez, ser
capaz de manipular la corriente vital en un laboratorio y al mismo
tiempo ser incapaz de arreglar su matrimonio. Su trabajo no había
sido perfecto, pero sí su habilidad para llevarlo a cabo. Su
matrimonio sí que había ido a las mil maravillas, pero ahora
quedaba claro que sortear aquella situación no era tan sencillo como
ajustar un colector de salida de mako. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Por eso, al igual que antes de contarle
su ignominiosa marcha de las oficinas de Shinra, ahora pasaba
bastante tiempo fuera. Concretamente, en cualquier bar que tuviera
hueco suficiente para un fracasado más con ganas de ahogar sus
problemas empujándolos a unos rápidos de alcohol. Para un bebedor
ocasional como Elliot esto era bastante fácil. A veces bebía
cerveza en casa, para acompañar a la cena o por puro capricho, y los
únicos días que tenía costumbre de tomar algo más era cuando
quedaba con sus viejos amigos de la universidad. Así que cuando
terminó de cogerse la borrachera había ahorrado mucho en tiempo y
dinero en relación a otras personas más resistentes al alcohol.
También consiguió una preciosa resaca, que le pareció la cosa más
dolorosa e intensa que cualquier enfermedad o herida que hubiera
tenido hasta la fecha.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Marie no dijo nada al respecto de sus
ausencias. La situación no era de su agrado en absoluto, pero ¿qué
podía decir? Seguía haciendo el día a día como de costumbre. El
dinero entraba en casa gracias a su labor de redactora, con lo que
había bastado con suprimir un par de cosas superfluas para compensar
gastos domésticos. En cuanto a Elliot, ni se preocupaba ya por el
dinero. No tenía ganas de ponerse a buscar otro trabajo. Además,
¿para qué? Con el Meteorito brillando sobre sus cabezas, sus
pensamientos tenían un tinte aún más fatalista. Cualquier cosa que
se le pasara por la cabeza, tanto buena como mala, se convertía en
una trivialidad al lado de la gran bola de fuego. Y la resaca no se
le sacaba de encima esas ideas. Para alguien racional que se servía
de la mente para casi todo, era lo mismo que la invalidez.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Durante una de sus visitas a la Tower
of Arrogance se encontró con Sigurd y Ranier, dos de sus viejos
compañeros, que acababan de dejar la zona VIP del local al terminar
un concierto. Hacía cerca de una semana que no los veía. El único
contacto con la panda en ese tiempo era la llamada de Edmond. Ed
sabía quedarse callado, y lo hacía, pero sólo cuando se acordaba
de ello. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Como esperaba, no había tardado ni una
hora en comentar los detalles de su confesión (los que Elliot le
había contado, claro, sumado a sus propias impresiones y conjeturas)
tanto a Sigurd como a Ranier. El primero estaba visiblemente
preocupado. A Ranier, cuya cara solía permanecer siempre seria, se
le notaba interesado. Sus reacciones no solían ser lo que se dice
entusiastas, pero era bueno escuchando, justo al revés que Ed.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Prolongar la agonía de la confesión
sólo os habría supuesto más dolor en llegando el temido momento.
Creo que has hecho bien – manifestó con su manía de hablar a la
antigua.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Claro, no iba a poder ocultárselo
toda la vida. ¿Qué otro remedio me quedaba?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Ninguno sincero, amigo mío. Ninguno
sincero.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Lo que no me gusta es que hayas
decidido darte a la bebida. Si lo hubieras hecho en la universidad o
con motivo de una cena sería otra cosa, pero así... Esto no te está
sentando nada bien. Mírate. ¿Cuánto tiempo llevas en este estado?
- le reprochó Sig.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
En honor a la verdad cabe destacar que,
junto al atildado y flemático Ranier, o el trajeado y apuesto
Sigurd, Elliot parecía aún más desaseado en su ropa de calle. No
se había preocupado de peinarse o afeitarse, y el rebelde cabello
castaño estaba a su aire. La camisa blanca estaba arrugada, como si
la hubiera estado usando varios días seguidos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- ¿Qué te piensas? Sólo he tenido una
pequeña borrachera, eso es todo. No es como si fuera alcohólico –
dijo hoscamente.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Puede ser, pero tú nunca has sido de
darle a la botella, y que lo hagas no me parece buena señal.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- ¡Para señales estamos! ¿Quieres una
señal? ¡Mira al cielo! Hay una señal preciosa, roja como un bom de
miles de toneladas. Tranquilo si ahora la ves mal, no tienes por qué
preocuparte… ¡porque se verá mejor conforme se acerque! –
estalló. Ni Sigurd ni Ranier se lo tomaron a mal, ni tampoco se
contagiaron con su pesimismo. Elliot estaba en el bar desde antes de
que llegaran y el alcohol ya empezaba a obrar su efecto.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- ¡Oh, deja que Shinra se encargue de
eso! Si por problemas fuera, también Arma lo es, uno bien grande, y
no te veo despotricar sobre él. De todos modos, ¿no crees que si el
cañón de Junon está aquí ahora puede ser precisamente para
destruir ese pedrusco?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Sigurd lleva razón en esto: le das
muchas vueltas al majador, pero los únicos ingredientes que en él
viertes son los pasados, los malos y los que están más allá de tu
alcance. En lugar de tomar como propios problemas a los que no puedes
poner coto y de los que no gastas responsabilidad, deberías
centrarte en lo que puedes atajar – apuntó Ranier.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Ya… ¿Y qué sugieres? – preguntó
hoscamente. Sin embargo, fue Sigurd el que contestó.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Para empezar, estaría bien que te
saques de encima todo el asunto del despido, de Marie, y de Meteorito
y Arma, y cualquier cosa que no puedas arreglar tú mismo. Lo que más
necesitas es una ducha, un afeitado y algo de ropa decente. Después,
cuando empieces a ser persona, podrás ponerte a buscar un trabajo.
Tienes estudios y un buen currículum, algo te saldrá. Apuesto a que
en cuanto Marie te vea de nuevo volver a tu antiguo tú, se lleva una
alegría.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Te olvidas de algo: esos estudios y
ese currículum están especializados en el trato de materia y
energía mako. Y Shinra ahora tiene paralizados unos cuantos de sus
departamentos por culpa de ese dichoso cañón y su parafernalia.
¿Qué otra empresa conoces que trabaje con mako, Sig?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
El administrativo abrió la boca
dispuesto a responder, pero no dijo nada. La lógica de Elliot,
aunque apestase a alcohol, era correcta. Claro que si se lo proponía
encontraría trabajo, le pasaba a mucha gente. O así debía ser,
porque era una frase que se escuchaba mucho entre otros técnicos de
Shinra que habían recibido la patada de sus respectivos
departamentos. Los tres se enmudecieron durante unos minutos, en los
que no hicieron nada salvo beber en actitud pensativa y mirar
fijamente la barra o ese punto tan
atrayente que se encuentra más allá de todo lo que se tiene delante
y que nadie más ve. En eso, Ranier giró la cabeza y miró a Elliot.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- ¿Qué hay de ese innovador industrio
tuyo?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Elliot le miró sin comprender.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- ¿Qué pasa con eso? - inquirió
volviendo a beber.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- ¿Aún tienes el proyecto, no? Si mal
no recuerdo, no llegaste a alumbrarlo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Sabes que no – admitió –. Leman no
quiso oír hablar de ello. Ya os he contado cómo es para con las
cosas nuevas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- ¿Y qué hay de construirlo tú mismo?
Que sepamos, nunca llegaste a construir un prototipo de tu creación
– aseveró. Sigurd le giró para mirar a su serio compañero. Creía
saber por dónde iba Ranier.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- ¡Claro que no! Costaría demasiado.
Necesitaría piezas, materiales caros… sin mencionar acceso a
materia y a energía mako. De lo contrario sería incapaz de probar
su funcionamiento – replicó, intrigado por ver a dónde quería
llegar su amigo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Pero si tuvieras contante, lo
fabricarías, ¿verdad? - dijo con intención. La sonrisa de Ranier
se perfiló como un espejismo en el desierto.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Las asépticas salas de aquel lugar (un
hospital de uso exclusivo para los SOLDADO, en la planta inferior a
la de su departamento) eran de todo menos acogedoras. Muchos de los
agentes detestaban tener que pasar por allí, tanto por lo que
implicaba su estancia como por el aspecto de las habitaciones, que
parecían haber sido hechas con el mismo patrón frío y anodino de
una cubitera. Eso por no mencionar al personal; se asemejaba a la
mezcla entre la típica imagen del enfermero siniestro y el médico
autómata. Aunque podía ser peor; por suerte, en la mayoría de
casos no se requería de la visita del jefe del departamento
científico, alguien cuya atención absolutamente nadie deseaba.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Susurro había ido de visita. Su ración
de cuidados médicos había durado un día, justo tras el incidente
con el monstruo desconocido. Dado que la magia de regeneración curó
la mayor parte del daño, únicamente necesitaba que le comprobasen
la fractura del brazo. Todavía lo tenía en cabestrillo. No dolía,
pero sí le irritaba de cuando en cuando. El Contable se había
servido de eso para mantenerle en reserva. Y eso a pesar de haber
demostrado que aún era capaz de causar problemas en combate.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Salvo eso, últimamente no había
tenido grandes problemas con él. El director, en venganza por
haberle pateado su amor propio, le dejaba encargado de trabajo
administrativo o del entrenamiento de nuevos reclutas. A Susurro no
le gustaba demasiado, y tampoco a la escuadra bajo su mando. Era un
oficial terrible que no dejaba pasar una. Un par de días atrás, no
obstante, había apoyado a uno de sus chicos, Álex Cove, en su
futura promoción a Segunda Clase. Aún le quedaban cosas por hacer,
pero ya estaba casi todo en marcha para su ascenso. Otro montón de
papeleo, que al menos resolvería gustoso. Pero antes tenía algo que
hacer.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
El agente herido durante la desastrosa
misión de búsqueda en el interior de la placa se encontraba en la
siguiente habitación. Él era el motivo de la visita del Segunda
Clase. Había formado parte de su unidad durante esa agobiante
aventura por los túneles, y junto con el propio Susurro era el único
superviviente. Llevaba más de una semana encamado. El resultado para
él había sido de un brazo roto y heridas menores gracias a la
regeneración mágica, pero su subordinado tenía casi todas las
costillas fracturadas o astilladas, un brazo fisurado, y contusiones
y rasguños varios. El monstruo le había aplastado el pecho con un
latigazo de su cola, haciendo que saliera volando hasta dar contra la
pared y arrollándolo. Un humano normal no habría durado mucho, pero
él, como sus compañeros, no era del todo normal.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Susurro llamó a la puerta. Se escuchó
un carraspeo y un “adelante”. El SOLDADO entró y echó una
ojeada a la habitación. Las paredes eran lo bastante blancas como
para deslumbrar si les daba luz directa. Tan fría y condenadamente
sobria como todas las demás. La calefacción hacía que la
temperatura fuera, por el contrario, un poco agobiante. Por suerte,
le había tocado una de las pocas habitaciones con ventana (el resto
tenía, como mucho, un gran marco electrónico con imágenes del
exterior), que se encontraba abierta para paliar el calor.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Kal estaba tendido en la cama, con los
brazos por encima de las sábanas. El derecho estaba en idéntico
estado al izquierdo de Susurro. El agente de Tercera Clase había
estado mirando por la ventana hasta que escuchó la llamada en la
puerta. Habida cuenta de su cara de asombro, Kal no esperaba ni por
lo más remoto una visita por parte de su superior.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Buenos días, Kal. ¿Cómo te
encuentras?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Buenos días, señor…&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Deja a un lado el trato oficial. No
estamos trabajando ahora.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Oh… de acuerdo entonces. Pues de
momento, no voy mal… aunque cada vez que estornudo tengo la
impresión de que me va a estallar el pecho. Cuando llegué me crujía
todo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Susurro asintió satisfecho. Se acercó a la mesita, donde depositó unas revistas. No tenía idea de qué temas le interesarían a su subordinado, de modo que se decidió por traer varias: una de coches, otra de geografía del continente y una tercera sobre mitos y leyendas que él mismo solía comprar. Hubo una
pausa de varios segundos, en la que ambos se dedicaron a mirar hacia
la ventana. Fue Kal el primero a quien se le hizo incómodo el
silencio.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Gracias por venir a verme, Susurro. La
verdad, estaba pensando que si todo seguía igual durante más
tiempo, más me valdría largarme a las bravas, o saltar por la
ventana. No te puedes hacer a la idea de lo jodidamente aburrido que
es este sitio. Mucha tecnología punta pero no hay ni una maldita
radio que me quite de darle vueltas a la cabeza.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Tranquilo, ya no necesitas preocuparte
por el monstruo. Lo abatimos hace unos días mientras
intentaba escapar a través de los suburbios.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- ¿Sí? Estupendo, un engendro menos.
Lamento habérmelo perdido. Si hubiera estado ahí te aseguro que lo
habría pasado aún peor antes de diñarla.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Susurro se permitió una sonrisa.
Llevaba con Kal desde que le asignaron a SOLDADO. Era un buen tipo,
que no se metía con nadie. Sin embargo, como ocurría con todos
salvo con Mallet, no trataba al Segunda Clase más que en lo
estrictamente laboral, hablando lo mínimo posible de cualquier otra
cosa. No es que le cayera mal; simplemente, el oficial parecía
preferirlo así.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Mallet. Un bastardo que bien merecía
jugar en Primera Clase, o eso pensaba. Al final  había terminado más
o menos como esperaba, zurrándose con un monstruo. Claro que
seguramente le habría gustado un fin algo más épico que correr por
un túnel, medio desangrándose por la falta del brazo y maldiciendo
a la criatura. Y con él se habían ido su unidad y la del propio
Susurro. Las heridas de Aeren, Linsen y Retrid ya eran demasiado
graves para que nadie pudiera hacer nada por ellos. Como si supiera
que sus pensamientos giraban en torno a ellos, Kal habló.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Los demás... Los enfermeros no
quisieron decirme nada, pero supongo que están...&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Sí – la contestación fue tan
lacónica que parecía hasta cruel, aun con el tono neutro de
siempre.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Me lo imaginaba. Maldita sea...&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Hubo otra pausa, en la que ambos se
centraron en el escaso frescor que pugnaba por atravesar la cálida
atmósfera de la habitación. No había mucho más que decir. Susurro
ya había cumplido al informar del trabajo terminado, y no se le daba
demasiado bien dar ánimos. Tampoco es que pudiera hacer nada por
sacar a Kal de allí primero.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- He de irme. Tú descansa, y tranquilo.
Te traeré algo más para que leas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
“Así no pensarás más en ello, al
menos durante un rato. Porque no es algo que vayas a olvidar mientras
vivas”. Susurro se calló esto. No era bueno dando ánimos, pero sí
procuraba no desanimar. Eran hechos que el propio Kal descubriría,
para su desgracia, a su debido momento. Se acababa de dar la vuelta y
agarrar el pomo de la habitación cuando el convaleciente le llamó
de nuevo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Hay una cosa... No se lo he contado a
nadie aún. Antes quería confirmarlo. Contigo, ya que no con el
resto de los chicos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Susurró se volvió y le miró con
curiosidad. ¿Algo que no ha contado? ¿De qué hablaba?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Recuerdas... el último ataque del
monstruo, ¿no? - Susurro lo recordaba sólo en parte, pues había
sido el primero en ser golpeado por la espalda. El engendro había
aparecido detrás de ellos, y tras arrollar al Segunda Clase y tras
ensartar en sus garras a uno de los agentes y deshacerse de Kal,
había cargado contra los demás y rematado a Mallet. Al último
guerrero lo había asesinado casi junto al ascensor. Susurro asintió,
dándole pie a seguir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Lo cierto es que no estaba seguro de
si había visto algo. Casi ni lo estoy ahora... pero por más que lo
repaso me digo que sí lo vi. Cuando ese... cuando eso se nos echó
encima me di la vuelta. Al principio ni me di cuenta, porque tenía
al bicho delante. Entonces sólo me pareció divisar un brillo más
lejos, en el túnel por el que íbamos. Luego, medio inconsciente por
el golpe contra la pared, seguía mirando en la misma dirección. Je,
no podía ni girar la cabeza... Me pitaban los oídos, ni siquiera
fui capaz de escuchar qué pasaba, sólo podía ver. Te vi a ti
tendido en el suelo, con las heridas en un fulgor verde, y los
reflejos de varios fogonazos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Sin duda, lo de sus heridas era la
magia de la materia de Recuperación. Lo otro seguramente habrían
sido los fútiles intentos de los SOLDADO de contener a la bestia.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Entonces me fijé mejor en lo que
tenía delante. Me centré en esa lucecita. Era amarilla... un brillo
afable. No estaba en la pared, sino en medio del corredor, así que
no debía ser un piloto encendido. Vi que se movía poco a poco, y
luego, cuando se acercó, me di cuenta de que había una sombra menos
oscura que el fondo. Era una silueta que me recordó a una persona...
pero antes de quedar inconsciente me dije “no puede ser, los que
quedamos estamos aquí”.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Susurro escuchaba con interés, sobre
todo al llegar al punto del “brillo en medio del corredor”. Tanto
él mismo como su equipo habían sido recogidos por otro grupo de
SOLDADO y fuerzas de seguridad de apoyo despachados en su busca en
cuanto no contactaron ni regresaron a la central. Ellos, y los
cuerpos de sus compañeros, eran lo único que había salido de allí
entonces.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Tú... ¿Tú lo viste? Estabas más
cerca que yo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
El Segunda Clase negó con la cabeza.
No recordaba haber visto nada así. Pensó que ojalá lo hubiera visto. Kal bajó la cabeza, meditabundo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Ya veo... quizá lo imaginé todo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- No te preocupes por eso ahora.
Hablaremos largo y tendido cuando salgas de aquí. Hasta entonces descansa – recomendó, y salió de la habitación. Su cara tenía
algo más que la seriedad habitual. El ceño estaba levemente
fruncido, y los párpados algo entrecerrados. Las palabras de Kal
estaban haciendo que se perfilara en su cabeza cierta posibilidad. Ya
era hora de aprovechar su tiempo libre en algo constructivo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Por fin todo estaba dispuesto de nuevo.
No había sido sencillo hacer el traslado desde el anterior refugio,
pero consideraba que era un esfuerzo bien invertido. Si habían
irrumpido una vez en la placa, bien podían volver a hacerlo. Había
confiado en que al despedir al monstruo la atención se centrara en
él. El éxito fue rotundo, o al menos a nadie se le ocurrió fisgar
mientras se mudaba.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Trabajo, trabajo, trabajo... Parecía
que nunca fuera a terminar. Ah, pero ya estaba algo más cerca. Le
había costado mucho tiempo y esfuerzo alcanzar ese punto, pero la
constancia daría sus frutos. Era una lástima que todavía quedara
tanto por hacer. Por eso mismo, dentro de poco tendría que volver a
hacer uso de su pequeño recadero. Una vez que comprobase que todo
funcionaba después del traslado, necesitaría seguir consiguiendo
piezas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Sus otros subordinados continuaban
funcionando también. Prométele droga gratis a un yonki y
prácticamente te venderá su alma. Bastaba con enviciarles un poco
con algo de mercancía. Robada, claro, y sin represalias por parte de
nadie. A fin de cuentas, no era lo mismo robar a un camello y matarlo
sin miramientos que añadir ciertos... toques monstruosos. El hecho
de que desapareciera la bolsa de la mierda era lo de menos. Una vez
muerto el mensajero, cualquiera podía hacerse con ella. Y nadie se
iba a poner a buscar a un monstruo para convencerle por las buenas de
no matar a cada infortunado de los suburbios porque esas cosas son
malas para el negocio.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Así que los pobres diablos se pasaban
horas rebuscando en los montones de chatarra piezas y tuberías que
el óxido no hubiera echado a perder. A los que parecían más
listos, les encargaba buscar piezas más específicas, aunque nunca
les pedía nada que pudiera tener relación entre sí. Y por
supuesto, el hecho de que les suministrara la droga debía quedar en
secreto, o los traficantes se encargarían de buscarle para cerrar el
grifo gratuito. Y así la cosa se iba manteniendo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
El hecho de estar relativamente cerca
de los suburbios del sector 3 ayudaba. No eran pocos los locos de la
velocidad que se dejaban caer por ahí. De cuando en cuando, alguno
tenía más que un roce contra una pared. Otro buen momento para
escarbar en la carroña, sin contar que en aquel agujero las fuerzas
del orden solían estar de más por su propio bien. Con todo lo
demás dispuesto, ya sólo quedaba una cosa. Una sonrisa curvó su
amplia boca y convirtió sus labios en líneas más finas de lo que
ya eran, revelando más dientes y colmillos de los que un humano
tendría. La mano garruda rebuscó entre las cajas apiladas hasta dar
con un puñado de papeles. No tardó mucho en garabatear una nueva
misiva en uno de ellos. Luego uno de sus niños lo llevaría hasta su
destinatario.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2013/08/226.html</link><author>noreply@blogger.com (Eld)</author><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-7241498343888396983</guid><pubDate>Sat, 22 Jun 2013 04:58:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-09-01T07:57:16.237+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:UKIO</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>225</title><description>Hace unas semanas, en la zona VIP de la Tower of Arrogance, los Rooftop Ravens acababan de dar su impresionante primer concierto ante un público entregado, y ahora la fiesta posterior estaba en pleno descontrol. Helmutt ya se había ido con su familia, pero el resto del grupo disfrutaban de su juventud y popularidad en una fiesta de la que eran los protagonistas. Marc, el bajista y vocalista entretenía a cuatro mujeres, mientras que Megan, la batera, hablaba de artes marciales con dos hombres del personal de seguridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Y dime... ¿Cómo es ver las miradas de las fans desde ahí arriba, guitarrista?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han sonrió. Tomó su vaso y dio un trago lento, ganando tiempo para dar una respuesta interesante. La despampanante rubia que compartía su mesa le dedicaba retorcidas miradas con sus atractivos ojos azules, y había posicionado muy bien su top. Con una ojeada al objetivo, el guitarrista decidió ser humilde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Bueno... Helmutt fue más espectacular, y Marc es el frontman...&lt;br /&gt;
- Pero tú eres el solista oscuro y misterioso, que solo da un paso al frente para clavarnos al suelo con su música. - La chica sabía halagar, había que reconocerlo... - Además, Helmutt ya se ha ido con su familia, y Marc está ocupado con esa banda de grupies.&lt;br /&gt;
- No sabía que tuviesemos grupies. ¿Eres grupie nuestra?&lt;br /&gt;
- La verdad es que para muchos soy una musa, pero nunca una grupie. - &quot;Ya, claro...&quot; pensó Han. &quot;Miss rubiaza impresionante&quot;. El whisky se le había subido, acostumbrado como estaba a la cerveza, y la barra libre no había ayudado. Toda su concentración estaba fija en mantener su compostura. No podía hacer el ridículo, o todo el éxito del concierto se iría a la mierda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Te he preguntado que es lo que te inspira! - Dijo ella alzando la voz y bajando la mirada. La de su interlocutor se había desviado ligeramente.&lt;br /&gt;
- Perdona... Es cansancio, y bueno...&lt;br /&gt;
- Si, de levantar el vaso.&lt;br /&gt;
- ¡Eh!&lt;br /&gt;
- No te preocupes, no soy tu madre. - Rió ella al ver que Han se ofendía. - ¿Cuanto tiempo lleváis preparando esto?&lt;br /&gt;
- Unos meses, desde que Helmutt entró en el grupo, pero en realidad... Sueñas con esto toda la vida, ya sabes.&lt;br /&gt;
- Si. Tiene que ser genial.&lt;br /&gt;
- Lo es, en serio. - Ella sonrió al ver a Han algo más espabilado. - Estás ahí, y la gente te menosprecia, pero entonces, ven lo que eres, y lo que has llegado a ser con esfuerzo, y eres un dios. Y lo mejor es la incredulidad.&lt;br /&gt;
- ¿La incredulidad?&lt;br /&gt;
- Si... Ahora mismo ni yo me lo acabo de creer, es decir, vas a conciertos y ves a los músicos tocando, triunfando, y tienes la sensación de que son dioses, y ves que están ahí, pasándoselo bien, tocando para ti y llevándote a otro nivel. Y entonces de repente, eres tú el que tiene que mirar hacia abajo y ver todas esas caras emocionadas por lo que tú estás haciendo... Es genial. No hay palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Realmente no las hay. - Dijo una tercera voz, tomando asiento en la mesa y robándole a Han su copa, que mató de un solo trago.&lt;br /&gt;
- ¡Rolf! ¡Búscate tu propia bebida! ¡Y tu propio entretenimiento!&lt;br /&gt;
- Claro que si, ídolo de masas. - Dijo el tirador con sorna, sin dejar de mirar a la chica. - ¿Ya habéis tenido el placer de conoceros?&lt;br /&gt;
- No, solo hablábamos. - Dijo ella, inquieta.&lt;br /&gt;
- Oye, Rolf, borracho de los cojones. Vete a tomar por culo. ¡En serio! ¿Cómo es que no te están violando en los urinarios ahora mismo? - Dijo Han, entre la broma y el incordio.&lt;br /&gt;
- ¿No? Oh, permíteme entonces... - Rolf lo ignoró.&lt;br /&gt;
- No es necesario. - Insistió ella.&lt;br /&gt;
- Han, guitarrista, vividor, estrella del rock y yonki de la adrenalina, te presento a Yvette, novia de nuestro amigo el príncipe rubio. Yvette, te presento a Han, guitarrista, etcétera, etcétera, etcétera...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han palideció. Memorias no deseadas se agolparon en su frente, despejando la neblina del alcohol. Memorias, y oscuras posibilidades, que convergían sobre una idea muy clara. Alzó sus cejas con gesto de resignación y se levantó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Un placer... Si me disculpas.&lt;br /&gt;
- Pero ¿qué? - Dijo ella, echando hacia atrás su silla, preparándose para levantarse.&lt;br /&gt;
- Me tengo que ir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando Yvette se giró, buscando furiosa a ese Rolf que los había interrumpido, este ya estaba escabulléndose entre la multitud, y no quería montar un escándalo. Sin embargo, Han ahora mismo caminaba torpemente hacia la barra. Ofendida por el trato recibido, fue a por él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿A donde crees que vas, estrella del rock? - Dijo tomándolo del brazo a medio camino.&lt;br /&gt;
- A donde quiera, supongo que tengo ese derecho.&lt;br /&gt;
- ¿No me vas a dar ninguna explicación?&lt;br /&gt;
- Deberías habérmela dado tú, pero está todo dicho. Preferiría no hablar más contigo, ni con tu novio.&lt;br /&gt;
- ¿Por qué? ¿Tienes miedo? - Han lo tenía. Tenía miedo de lo que era Paris, y de lo que era capaz de hacer. Había oído de Rolf como se convirtió en una especie de bestia inhumana y le atacó, y después de como acabó el grupo, no quería morir apuñalado en un callejón oscuro. Que lo fuese a reconocer delante de ella, era otra cosa.&lt;br /&gt;
- No me asusto fácilmente.&lt;br /&gt;
- No, pero huyes enseguida. - Han sonrió con cinismo durante unos segundos, pensando seriamente en lo que iba a hacer. - ¡Eres un maricón!&lt;br /&gt;
- Mira, pedazo de puta... Me voy a ir. ¿Y tú vete a que te la clave tu novio, vale? - Dijo encarándola enfurecido. Ella le dio un leve empujón.&lt;br /&gt;
- Dímelo en la calle. ¡Maricón!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto llegaron al callejón, Han se giró para encararla, pero ella ya estaba preparada. El primer puñetazo le cayó en la cara casi por sorpresa. Retrocedió cubriéndose, pero ella no quiso seguir con el ataque. Prefirió provocarle.&lt;br /&gt;
Han decidió que ese sería su error fatal. Lanzó dos puñetazos, y el segundo se quedó corto, como él esperaba. En cuanto ella retrocedió para esquivarlo, Han le lanzó una patada al estómago, que ella encajó mejor que nadie lo había hecho antes. Agarró su pie y aguantando el dolor lo lanzó hacia un lado, desequilibrándolo. Entonces le dio un empujón contra la pared y se puso a su espalda, presionando un codo contra su nuca y castigándole el hígado a puñetazos. Han intentó darle un codazo, pero ella pateó la parte de atrás de su rodilla, y mientras él maldecía, lo agarró del pelo y estampó su cara contra la pared. Han recibió algunos golpes antes de ser capaz de interponer su brazo. Entonces ella, sin soltarlo, de un tirón lo lanzó contra el suelo de espaldas.&lt;br /&gt;
Aún estaba aturdido por el golpe en su nuca cuando sintió la bota de ella apoyarse en su cara y dar un tirón de su brazo, inmovilizando el codo y retorciéndole los dedos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Quieres saber ya hasta donde llegará tu carrera musical, gilipollas? ¿Quieres una sorpresa?&lt;br /&gt;
- ¡Zorra! - Escupió Han, intentando liberarse. Aturdido por el alcohol y los golpes, apenas fue capaz de moverse, y solo logró que ella incrementase la presión de su bota contra su cara.&lt;br /&gt;
- No aprendes, ¿eh? Entonces lo mejor va a ser que tengas unos meses para pensártelo antes de volver a cagarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Alto! - La voz vino de las sombras del callejón. Han no era capaz de distinguir quien hablaba, el dolor daba latigazos en su brazo, y sentía palpitaciones en las sienes, mientras que el pavimento se le clavaba en la cara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Asunto de TURK, vete a tomar por culo!&lt;br /&gt;
- No estoy de humor para eso. - En ese momento, Han reconoció la voz. Entre el dolor, la humillación y la rabia, no fue capaz de decir nada. - Y no voy a dejar que le hagas daño a mi hermano, Yvette.&lt;br /&gt;
- ¡Mal! ¡Escucha, tu hermano...!&lt;br /&gt;
- ¡Silencio! ¡No pienso hablar contigo hasta que le sueltes!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yvette obedeció avergonzada. En cuanto fue capaz, Han intentó apartarla de un empujón, pero ella ya había previsto esa jugada y se había apartado. Mirándolos a ambos enfurecido, con el dolor aún presente, le costaba reprimir las ganas de saltar otra vez a por ella. Acababa de ser apaleado por una rubita, y le había salvado su hermano el homosexual. La situación no podía ser más humillante. Gritándo de rabia, pateó los contenedores de basura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Con esos si que puedes... - Dijo Yvette con desprecio. Han se giró y el odio ardía en su mirada. Ella le ignoró, pero bajó la mirada ante la reprimenda silenciosa que le dedicó Malcolm.&lt;br /&gt;
- Han... Tienes la cara deshecha. - Dijo el barman, tendiéndole un paño. Han lo tiró al suelo de un golpe y empezó a caminar hacia el fondo del callejón. - ¡Han! - Gritó de nuevo. En medio de la oscuridad se le oyó buscar algo en los bolsillos y las llaves de un coche cayeron a los pies de Malcolm.&lt;br /&gt;
- ¿Tienes dinero para un taxi?&lt;br /&gt;
- ¡Que te den por culo! ¡No quiero un puto taxi!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- No deberías dejar que te hable así. - Dijo Yvette, cuando el músico se hubo ido.&lt;br /&gt;
- Silencio. - Dijo Malcolm dándole la espalda y empezando a caminar.&lt;br /&gt;
- Pero...&amp;nbsp;Él me... - Ella se lanzó tras él.&lt;br /&gt;
- ¡Silencio! - Malcolm alzó la voz con autoridad pero sin gritar. - Primero, es mi hermano, y como me hable es problema nuestro, no tuyo, y segundo: Os veo discutir, vengo y te encuentro dándole una paliza y destrozando su noche de gloria, ¡amenazando con romperle los dedos!&lt;br /&gt;
- Si me escuchas...&lt;br /&gt;
- Hoy no, Yvette.&amp;nbsp;Él es mi hermano, y no hablaré contigo hasta haberlo hecho con él. Y puede que entonces no vuelva a hablar contigo.&lt;br /&gt;
- No es justo.&lt;br /&gt;
- No. No has sido justa...&lt;br /&gt;
- ¡¿Yo?!&lt;br /&gt;
- Una agente de TURK dándole una paliza a un borracho en un callejón. Un borracho que, pese a lo borde que pueda ser, es mi hermano. Adios, Yvette. Debo volver al trabajo, por favor, no agredas a ninguno más de mis seres queridos. Al menos, hoy no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Incrédula, Yvette vio como su amigo le daba la espalda y echaba a andar. No entendía que había pasado, ni por qué se habían torcido las cosas cuando ese cabrón extraño mencionó a Paris. ¿Sabían algo que ella ignoraba? Lo único que sabía era que no había tenido noticias suyas en un mes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han llevaba semanas encerrado en la misma vida. De casa al taller, y del taller a casa, matando los ratos libres con la guitarra o con la cabeza metida bajo el capó del Fenrir. El taller estaba sin nada interesante que hacer, trabajos habituales de mantenimiento, o algo de chapa, a la espera de que el nuevo motor de Supreme llegase, para instalarlo en el coche del nuevo.&lt;br /&gt;
Y el nuevo era todo un personaje. Un ex-convicto, actualmente en libertad provisional, que había sido aceptado en un programa de reinserción social por trabajo. Remache recibía una buena cantidad al mes por darle empleo, de la que salía su sueldo, y este absorbía cualquier dato sobre mecánica con la ansiedad de un niño pequeño ante un juego. Por lo visto, había entrado en la cárcel siendo un adolescente, por un tema de bandas, y había cometido más delitos estando dentro. Tras quince años, un puto amante de los muscle cars daba el callo como un condenado de nueve de la mañana a siete de la tarde, a cambio de un salario miserable y un plus decentillo bajo mano. Remache siempre había defendido que un trabajo digno merece un salario acorde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Han no le importaría lo más mínimo si ese ex-presidiario no se llamase Simón Kurtz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que los vio juntos fue espeluznante. El mayor de los Kurtz, con su ojo izquierdo cubierto de cicatrices y su pelo castaño oscuro rebelde, con el aspecto impoluto de su traje, y el menor, más fibroso, con el pelo negro y engominado hacia atrás. Se le hacía especialmente estremecedor, ya que era como ver al turco sin cicatrices y sin que el ejército y el servicio hubiesen enderezado su vida. Sin embargo, el joven Kurtz no tardó en caer bien. A pesar de que no le gustasen los coches de verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Solo una semana más... - Dijo, mientras marcaba el día en el calendario. - Una semana, y tendré un motor de verdad.&lt;br /&gt;
- Ejem... - Han exageró la tos a sus espaldas. - Tendrás un ladrillo.&lt;br /&gt;
- Ya llegó el mariquita con sus turbos, sus intercoolers y sus zarandajas. ¡Un v8 es lo que necesitas!&lt;br /&gt;
- Mira, cabrón, ¿por qué no te subes a mi seis cilindros en línea, doble turbo, tracción cuatro por cuatro y sistema de suspensión ATTESA E-TS y aprendes lo que es ir en coche?&lt;br /&gt;
- ¡Por que le quitarían la condicional! - Interrumpió Remache. - ¡A currar!&lt;br /&gt;
- ¡Estamos currando, viejo! ¡Estoy supervisando un cambio de aceite! - Gritó Han. Remache se acercó y los vio a ambos bajo el elevador, que contenía el utilitario con el que estaban trabajando.&lt;br /&gt;
- ¡Lleva aquí casi una puta semana! ¿Le has pedido ayuda? - Simón negó con la cabeza, mientras cogía el cubo lleno con el aceite usado. - ¿Ves? ¡No te ha pedido ayuda para una tarea rutinaria cuando lleva casi una semana aquí, no es subnormal! ¡Así que tú estás haciendo el vago!&lt;br /&gt;
- ¿Me ocupo del pick up de allí?&lt;br /&gt;
- No, es de Henderson, y prometí a ese hijo de puta que no volverías a tocar su coche, así que me tengo que ocupar yo. Enséñale a cambiar los filtros, y donde se tira el aceite usado para reciclaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Simón iba muy atento, mirando hacia todos lados, antes de preguntar en voz baja.&lt;br /&gt;
- ¿Qué le hiciste a Henderson?&lt;br /&gt;
- Dijo que mi coupé deportivo de quinientos caballos era un coche de nena, comparado con su paleto-movil, así que conecté su radio a una entrada USB oculta tras la consola. Estropeé todos los controles, de modo que una vez la encendiese, no la pudiese apagar.&lt;br /&gt;
- ¿Qué es un USB? - Han lo miró sorprendido. Luego hizo un gesto de asentimiento y respondió.&lt;br /&gt;
- Es un tipo de conexión informática. Puedes conectar el móvil, o discos duros pequeños, y cosas así.&lt;br /&gt;
- Tengo que meterme con los ordenadores. ¡Hacéis virguerías con ellos!&lt;br /&gt;
- No hables así. Parece que tengas sesenta años.&lt;br /&gt;
- ¿Por que no tengo ni puta idea de informática?&lt;br /&gt;
- Nadie dice &quot;virguerías&quot;. - Simón sonrió al oír esto. - El caso: El USB estaba conectado a un mini disco duro de esos que te dije, que son más pequeños que un dedo, y solo tenía una canción: Una de una diva pop que les encanta a los gays. A todo volumen. ¡Y no podía quitarla!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Menos risas, colegialas! - Oyeron a Remache protestar desde el otro lado del taller. Han hizo un gesto quitándole importancia, mientras le indicaba donde se encontraban los filtros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- El caso es que el gordo cabrón de Henderson volvió hecho una furia.&lt;br /&gt;
- ¿Y se lo arreglaste?&lt;br /&gt;
- No me quedaba otra. Tuve que volver a conectar los controles de la radio, y Remache me obligó a hacerlo fuera de horario de trabajo, para que aprendiese. La radio funciona normal, puede reprodicir CDs, pero no le quité el USB, que sigue escondido. Cada vez que me toca los cojones, le sigo por la calle, y le pongo pop de princesitas con un mando a distancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Bájalo despacio. - Dijo Han mientras supervisaba al nuevo utilizando los controles de la grúa. - Bien, para.&lt;br /&gt;
- Dame eso, chaval. - Remache tomó el mando de las manos de Simón. - ¡Tira p&#39;allá!&lt;br /&gt;
- ¡Estaba teniendo cuidado! - Protestó este.&lt;br /&gt;
- Tienes que ayudarme a colocarlo. Este pedazo de mierda mal fundido pesa mil cojones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando finalmente el motor estuvo en su sitio, Simón no cabía en sí de gozo. Sentado al volante del muscle car clásico, disfrutaba acariciando el volante de cuero gastado por el uso. Miraba los retrovisores, y todos los compartimentos del vehículo, como un niño con juguetes nuevos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Simón, tío. Vente, tenemos que sacarlo.&lt;br /&gt;
- ¿Qué? - Preguntó desencajado. - ¿Por qué?&lt;br /&gt;
- ¿Sabes qué coche es este?&lt;br /&gt;
- Shin-Ra Supreme Fastback Mach I del 73.&lt;br /&gt;
- Edición SCS. - Concluyó Han. - El original montaba un motor Blackbeast experimental, con un par de niveles insensatos. Si ha aguantado tanto es por que tu hermano no desactivó demasiado el limitador, y luego utilizaba un motor diesel, que van a revoluciones bajas. Si vamos a meterle este V8 de cuatro coma seis litros, vamos a tener que reforzar el chasis o al segundo mes irás dejando piezas atrás.&lt;br /&gt;
- ¿Cuanto va a tardar?&lt;br /&gt;
- Dos semanas. - Remache cortó por lo sano, mientras se alejaba al oír el teléfono del taller. - Tres. Hay que ver como está eso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sueño de Simón volvía a alejarse y se quedó decaído en el asiento del conductor, mientras Han accionaba el mando con el que la grúa volvía a retirar el motor del vehículo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Dos semanas. - Dijo Han en voz baja, mirando a sus espaldas. - Menos si le echamos horas. - Simón sonrió, pero al instante su gesto se congeló.&lt;br /&gt;
- No es necesario.&lt;br /&gt;
- ¿Tienes algo mejor que hacer?&lt;br /&gt;
- Tengo que cuidar de Aang, y a veces pasear al perro... - Dijo con tono evasivo. En su situación, desconfiar de los favores no era extraño.&lt;br /&gt;
- Bueno... Un día nos podemos poner con este, y al siguiente con mi Fenrir.&lt;br /&gt;
- ¿Qué le quieres hacer? ¿No es un supercoche, con su super motor turbo, y su cuatro por cuatro?&lt;br /&gt;
- Necesita un intercooler nuevo, y voy a ver si esta noche lo consigo. El viejo tiene fugas, así que los turbos no dan la presión suficiente. - Simón quedó pensativo unos instantes.&lt;br /&gt;
- ¿Un trato?&lt;br /&gt;
- Un trato. - Afirmó Han. - Por cierto, ¿ya tienes el carné de conducir?&lt;br /&gt;
- ¡Que va, aún tengo el teórico en un mes!&lt;br /&gt;
- Putos Kurtz impacientes...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El PHS de Han interrumpió la conversación con el sonido propio de un mensaje de texto. En silencio, echó un ojo a la pantalla, mientras Simón volvía al trabajo. Su respuesta fue breve:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&quot;Ok. Nos vemos allí&quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noche caía sobre Midgar. Los neones de los suburbios, siempre encendidos, relucían con más fuerza, y sus parpadeos se hacían notables. El ambiente en el sector 3 estaba cargado con el rugido de motores y el sonido de música electrónica.&lt;br /&gt;
Han avanzó con su Fenrir, atraído por el olor a gasolina y goma quemada. Circuló hasta un polígono industrial abandonado, donde se hallaba el cadáver de la única factoría mecánica que hizo frente a Shin-Ra en Midgar: Khron. Algunos de sus vehículos aún se ven por las calles de la ciudad, pero hará aproximadamente una década, la fábrica cerró sus puertas definitivamente. Se habló de sabotaje, y las cuentas de la empresa tuvieron serios problemas fiscales. Mucho se dijo, pero siempre en voz baja.&lt;br /&gt;
Hoy, queda una nave industrial con restos de una cadena de montaje y dos edificios de aparcamiento de cinco plantas de altura: Uno para los vehículos de los trabajadores, y otro para la producción a la espera de su venta y exportación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En lo alto de ambas plantas se veían luces, y el ruido de coches a toda velocidad atronaba hasta unos cien metros de distancia, sin embargo, la carencia de vecinos en el pequeño polígono industrial, así como el adecuado untamiento de ciertas manos evitaba problemas de tipo policial.&lt;br /&gt;
Antes de acceder, Han fue detenido por un par de hombres, ambos bastante corpulentos, que controlaban una barrera. Uno de ellos era de piel negra, con brazos fuertes como prensas hidráulicas, que exhibía con su camiseta sin mangas. El otro era blanco. Llevaba una camisa abierta, con mangas cortas, dejando visibles los tatuajes que cubrían la mitad superior de su cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Pase?&lt;br /&gt;
- ¡Soy yo, joder!&lt;br /&gt;
- Y yo también soy yo. ¿Pase? - Dijo el negro sin inmutarse. Han bufó de frustración. Por lo visto, su leyenda no había sobrevivido a su ausencia. Tomó su PHS y buscó el mensaje con su invitación, mostrándoselo a los de seguridad. El mensaje contenía un código QR que estos procedieron a leer con otro PHS, en cuya pantalla apareció la respuesta. - ¿Han &quot;la muerte&quot;? ¡Hostia, así que ese es &quot;yo&quot;!&lt;br /&gt;
- Ya solo &quot;Han&quot;. - Dijo con cierto alivio.&lt;br /&gt;
- ¡Déjale entrar! - Dijo el negro a su compañero, que estaba dentro de la garita, navegando por la red con un portátil.&lt;br /&gt;
- Dos minutos. Están a punto de salir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se oyó una jauría de gritos procedente de una de las torres, acompañada del ruido de varios motores. Han apagó el suyo y se bajó del coche para verlo mejor. Pudo ver como las luces de ambos se movían trazando espirales, mientras descendían del aparcamiento de operarios. Una de ellas utilizaba faros azules de Xenon, lo que le hizo bufar. Siempre creyó en la mecánica por encima de la estética, sin embargo, este era un truco sucio habitual en los malos perdedores. Un juego de luces muy deslumbrantes para intentar forzar un error de su oponente. Ambos coches aparecieron de repente, saliendo del aparcamiento y cruzando el patio, para entrar en la nave principal. Su ruido sonó distorsionado por el amortiguado eco del edificio, mientras corrían esquivando maquinaria. &quot;Ya han de estar a punto de salir&quot;, pensó el piloto, viendo como, efectivamente, atravesaban la puerta situada al otro lado de la nave. Este era el momento en que pasarían ante la entrada. El que iba delante conducía un Shin-Ra Supreme e intentaba ganar distancia, pero su oponente le acosaba, pegándose a su parte trasera y buscando aprovechar todo el rebufo. De vez en cuando, asomaba a uno u otro lado, poniendo nervioso a su rival con el destello de sus faros delanteros. A Han le llamó especialmente la atención su coche: Un Waisser 9001. Un pequeño constructor de Junon los hacía a mano con un equipo de expertos. A Han le encantaba su motor Boxer, pero no era fan de situarlo detrás del eje trasero. Demasiado esfuerzo para compensar el peso, que se podía dedicar a mejorar el rendimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Está igualado. - Dijo el negro. - Pero los Supreme son muy potentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han prefirió callarse. Waisser no te vende un coche para que su reputación quede por los suelos cuando mueras en la primera curva. Es un desembolso importante, además, y aunque no sean especialmente mejores que el nuevo Fenrir, que ya no se llama así, sino GTR a secas, sigue siendo una obra maestra de competición. Arrancó el coche mientras le levantaban la barrera, y al pasar oyó como el negro maldecía. El Supreme acababa de ser adelantado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entró, camino del segundo bloque de aparcamientos, allí donde se encontraba la meta. Muchos de los viejos Khron se encontraban allí, oxidándose. Muchos habían sido robados, o él mismo había acudido para despiezarlos o llevárselos. Ahora, apenas quedaba material aprovechable. Apenas viejas carcasas, sin ruedas ni motor, utilizados para delimitar el trazado del circuito. Otro miembro de la organización lo llevó por un carril paralelo a las vías hacia la azotea. Allí estaba la fiesta. Había dos rampas para ir de un piso a otro, de menos de cinco metros de ancho. Muy pocos elegían adelantar ahí, y muchos menos lo lograban con éxito o mucho menos con seguridad.&lt;br /&gt;
Cuando llegó arriba, decidió aparcar fuera de la multitud y acercarse caminando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han no había completado el día de su gran concierto de muy buen humor y llevaba esas dos semanas rehuyendo a la gente. Iba a trabajar, pero Remache, Simón y Bessie eran los únicos con los que mantenía contacto. A veces respondía a algún mensaje de texto, para que sus amigos supiesen que seguía vivo, o su grupo que no dejaba la guitarra de lado, pero prefería alejarse. Se sentía derrotado, pisoteado, y sin confianza para subirse a un escenario, así que decidió que siempre le quedaba conducir, pero bueno... Cuando tuviese un coche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La azotea era una fiesta brutal. Música electrónica, motores y chicas guapas por doquier, al menos, dos de las cosas que más gustaban al piloto. Avanzó curioseando motores y cuerpos, reconociendo a pilotos de su época y viendo caras nuevas, y sobre todo, en que se movían estas caras nuevas. Disfrutaba de las acompañantes, y saludó a sus viejos compañeros, los Devil Drivers, viendo que sin su tiránico liderazgo, un par de ellos se habían especializado en carreras de diez segundos en línea recta. Sonriendo, se encogió de hombros y se despidió para ir a saludar a su anfitrión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Hola, Mac! - Dijo acercándose.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bruce McAllister era conocido en gran parte del mundillo de las carreras, y en el mundo bajo la placa en general. Intentó ser piloto, pero nunca de gran talento. También quiso ser luchador de foso, jugador de baloncesto callejero, corredor profesional e incluso se planteó ser jinete de chocobo. Nunca tuvo gran éxito en ninguno de estos mundos, pero si en algo vinculado a todos ellos: Las apuestas.&lt;br /&gt;
Asentado en una afición que satisfacía tanto a su necesidad de competición como a su codicia, se había convertido en uno de los mejores organizadores de eventos de Midgar, siempre visible con dinero de por medio, y con una hoja de antecedentes limpia como una patena. Su mejor inversión, diría él.&lt;br /&gt;
Mac se acercó a Han. Esta vez lucía su color pelirrojo natural, corto y de punta, con largas y bien recortadas patillas. Sus ojos eran grises, mostrando su ascendencia norteña, pero iba bien bronceado. Vestía un traje caro, de color crema, y una camiseta de color azul marino, lista para ser levantada mostrando abdominales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Hijo de la gran puta! ¡Vuelves a la vida! - Respondió el organizador dándole un abrazo. - Daz estuvo corriendo con tu coche, pero se rumorea que lo perdió corriendo contra alguien mejor.&lt;br /&gt;
- Pocos son mejores que él. - El piloto se quiso hacer el tonto, pero su vanidad lo traicionó con una sonrisa.&lt;br /&gt;
- Entiendo... ¿Donde se habrá metido esa zorra?&lt;br /&gt;
- ¿Ya estas con zorras otra vez?&lt;br /&gt;
- ¿Conoces a alguna que no lo sea?&lt;br /&gt;
- Ninguna lo será tanto como la que te rompa la cara y te rocíe con spray de pimienta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cogió aire. Los ojos le escocían, y la garganta se le había secado de repente, sintiendo un gran malestar. Llevó las manos a su nariz y notó sangre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Hija de puta, te juro que vas a...! - No pudo acabar: La agarraron de los pelos y estamparon su cara contra una columna.&lt;br /&gt;
- ¿Voy a qué, Susan? - Preguntó. Iba a añadir algo más, pero recordó lo que había aprendido. Pateó a la turca en el suelo y se sentó encima, cacheándola. Encontró su pistola en la parte interior de la chaqueta, y bajo la otra solapa, la porra electrificada. - Mucho mejor así.&lt;br /&gt;
- ¡Puta! - El grito de Susan Soto le costó dos puñetazos más que le quitaron de la cabeza la idea de levantarse. Alzó las manos para cubrirse y notó algo metálico en su muñeca. Vio entre lágrimas como las esposas se cerraban e intentó apartar la otra mano, pero al hacerlo, recibió otro golpe en la cara, esta vez con su propia porra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Qué vas a hacer conmigo? - Esposada, cegada y tumbada en el suelo, Susan Soto estaba a merced de su agresora. Pensaba en lo que le haría a esa zorra, sin duda, y no sería agradable. Pensaba si moriría aquí mismo. - ¡Soy de Turk, sabes lo que puede pasarte!&lt;br /&gt;
- ¿Y quien va a saber que fui yo?&lt;br /&gt;
- ¡Mis amigos lo sospecharán!&lt;br /&gt;
- ¿Y qué dirán cuando les pregunten por mi móvil? ¿Que la agente de Turk a la que drogamos, agredimos, casi violamos y abandonamos desnuda en una zona transcurrida quiso vengarse? Ni Van Zackal ni Grim harán eso por ti.&lt;br /&gt;
- ¡Te matarán!&lt;br /&gt;
- No me cogerán desprevenida, cariño. - Rió la agresora, mientras se sentaba sobre el vientre de su víctima de nuevo. Sujetó la cadena de las esposas, cargando su peso contra el suelo e inmovilizando los brazos de su presa sobre la cabeza de esta. - No como yo te cogí a ti.&lt;br /&gt;
- ¡Hija de... Ah!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue una exclamación breve, pero intensa. Los ojos de Susan, enrojecidos, se abrieron de par en par, y el miedo desfiguraba su cara más aún que su nariz rota. Tenía una navaja, una navaja fea y negra, de estilo militar, a cinco centímetros de su cara. Tras ella, veía dos ojos azules mirándola fijamente, y una sonrisa despiadada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡No me mates! ¡Por favor!&lt;br /&gt;
- Eso era exáctamente lo que quería oír. - Respondió Yvette. - Tranquila... no voy a matarte. - Y diciendo esto, clavó la punta de la navaja en la cara interior del brazo de Susan. Esta gritó, e Yvette sacó la hoja inmediatamente. - Pero voy a hacerte daño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho esto, se acercó a las manos de su presa e hizo un corte poco profundo en una de ellas. Lo justo para que dejase cicatriz. Se levantó y sujetó las manos de su compañera con el pie, reteniéndola contra el suelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Y ahora... - Apoyó la hoja en el pecho de Susan, justo sobre su esternón. Agarró su vestido y lo rajó con un solo corte vertical. - Voy a ser mejor persona que tú, no voy a tocar tu chaqueta. Solo tendrás que dar explicaciones por haber perdido tus armas, y si no me gusta lo que dices... - Puso la punta del cuchillo a escasos centímetros de los ojos de Susan. - Sabré que no me puedo fiar de tí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Tío, Han, ¡necesito alguna zorra al lado para presentar esto! Es una cuestión de imagen, entiéndelo.&lt;br /&gt;
- Una tía, Mac. ¡Aprende sinónimos, joder!&lt;br /&gt;
- ¡Lo que quieras! Date una vuelta, saluda a la gente y mira lo que hay. Yo me busco una zor... Una tía y a montar el evento especial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han pasó la siguiente media hora paseando entre coches modificados de muy diversas maneras. Algunos pensando en la estética, otros en el rendimiento. Modificaciones hechas con más o menos dinero. Incluso le hizo gracia ver algún Shin-Ra Cavalier entre los que habían venido, sin embargo, estaba intrigado por ese Waisser 9001. Estaba distraído buscándolo, cuando oyó como lo llamaban. Una mujer, de rasgos wutáicos. Guapa, con un mechón de color azul eléctrico y otro violáceo, muy juntos. Un bonito efecto, pero lo que más le llamó la atención fue el resto de su vestuario. Llevaba una camiseta holgada, con un ligero escote, unos leggins de vinilo negros, y calzaba deportivos de suela fina. Las mujeres que vienen a acompañar no van calzadas para correr.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Han &quot;La Muerte&quot;?&lt;br /&gt;
- Han a secas. - Respondió él. - Coche nuevo, vida nueva.&lt;br /&gt;
- Un Fenrir blanco, ya lo vi. R32. Tu viejo coche era un R34.&lt;br /&gt;
- Ya ves... - Dijo él. - No tiene tanta apariencia, y quizás me gusta más así.&lt;br /&gt;
- ¿Blanco? - Rió ella. - Es mucho cambio. ¿Eres confidente de la pasma, o algo así? - Preguntó mientras empezaba a caminar, guiando a Han.&lt;br /&gt;
- Vida nueva, pero no tanto. Antes era la imagen, la leyenda, la apariencia... Ahora simplemente quiero correr, pero cuando haya acabado de montarlo, así que hoy no va a ser.&lt;br /&gt;
- Bueno, no te buscaba para eso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ese momento, ella giró el rostro, mirando hacia algo o alguien que estaba detrás de Han. Al darse la vuelta, el piloto se encontró con un desconocido y una cara conocida. Se alarmó al instante, pero intentó no reflejarlo, mientras cerraba el puño alrededor de su navaja multiusos e intentaba abrirla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Han...&lt;br /&gt;
- Daz...&lt;br /&gt;
- Te presento a mi hermana: Hariko Zutsume. - Han se sintió estúpido: Dazzul. Daigo Zutsume, el hombre que intentó acabar con el Pájaro al volante de La Muerte. El piloto que Turk usó para darles caza. Se maldijo a si mismo por no haber previsto que iría a un evento como este.&lt;br /&gt;
- Un placer... - Dijo, mientras ella le daba un beso en la mejilla.&lt;br /&gt;
- Este es Imir. Es mecánico. ¿Por qué no te tomas una birra con nosotros? Te doy mi palabra de que no correrás peligro.&lt;br /&gt;
- ¿Solo estáis vosotros tres? - Han seguía desconfiando. Hariko los miraba a ambos extrañada, mientras que el extraño mecánico, un tío rubio, de metro ochenta, con el pelo largo y desgreñado, pasaba de lo que sucedía a su alrededor.&lt;br /&gt;
- Han, por favor. Tienes mi palabra. - El piloto asintió. Los padres de Daz habían venido de Wutai años antes de la guerra, y él se había educado con una idea muy clara acerca de la disciplina y la propia palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dazzul se fue quedando atrás, mientras mostraba sus nuevos coches al piloto. Dos Shin-Ra Predator, modelo X, de color negro metalizado, con reflejos azul eléctrico. Él mismo llevaba un mechón teñido del mismo tono azul, igual que su hermana. Estaba intentando crear una especie de escudería, con un color propio y una marca reconocible. Hariko e Imir se fueron a ver a dos oponentes menores que se preparaban para competir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Escucha, Han. He roto relaciones con... Esa gente. Me consideran un inútil, aunque les dí un par de buenas capturas. No quieren que se sepa que un civil estuvo involucrado, así que me dieron algún dinero y un portazo. Reparar La Muerte era demasiado caro, aunque se lo quedaron, junto con algunas lecciones rápidas sobre conducción. Compré estos dos Predator X, y mi hermana, que apunta maneras, se unió a mi. Imir apenas lleva unas semanas en la ciudad, y no conoce a nadie. De no ser así, nadie habría querido estar conmigo.&lt;br /&gt;
- Saben quien fue tu aliado.&lt;br /&gt;
- No exáctamente, pero llegué con ese coche, me fui de chulo, y gané carreras. La gente no quería competir conmigo, y los Red Ifreets ya no quieren saber de mi, pero es importante que sepas una cosa.&lt;br /&gt;
- ¿Lo qué? - Preguntó Han, extrañado.&lt;br /&gt;
- Que no te guardo rencor.&lt;br /&gt;
- ¿Rencor? - Dijo Han, incrédulo. - Perdona, colega, pero lo que yo recuerdo es que intentaste echarnos de la carretera a hostias, en medio de una black op para asesinar a un periodista incómodo.&lt;br /&gt;
- Eh... Vale, Han. Lo siento. Solo sabía que se lo querían llevar. Me habían dicho que le iban a dar un susto, o algo así. Me pagaban mucho y me dieron un Blackbeast. ¡Y por cierto! ¡Tú también tenías uno! ¡Algo tuviste que hacer para obtenerlo! - Han lo miró unos segundos en silencio.&lt;br /&gt;
- Bueno... No lo has dicho como una pregunta, así que no voy a responder. Mejor olvidarnos del tema.&lt;br /&gt;
- Te lo agradezco. - Dijo Dazzul, sintiéndose más tranquilo.&lt;br /&gt;
- Bueno... ¿Solo querías saludar?&lt;br /&gt;
- No. He conducido el que creí que era el mejor coche del mundo y he perdido. Estoy empezando con un nuevo equipo, y quiero al mecánico que preparó el que de verdad era el mejor coche del mundo.&lt;br /&gt;
- Primero, soy ingeniero mecánico, no mecánico a secas. Y segundo, Daz... Hemos sido rivales demasiado tiempo. - Su rival asintió, pero mostró una cierta tristeza. No le gustaba, pero lo entendía. - No enemigos, claro. Si vienes por el taller, les echaré un vistazo y a ver que puedo hacer junto con tu colega Imir.&lt;br /&gt;
- Gracias, Han.&lt;br /&gt;
- No hay de que. Yo mismo tengo un coche nuevo, un Fenrir, ya te diría Hariko, y aún lo estoy montando. Tu dinero me vendrá muy bien.&lt;br /&gt;
- Ningún problema. - Asintió de nuevo Dazzul. - Pero... Tengo que ganarme ese dinero. ¿Podrías hablar con Mac? No quiere ni verme, y me gustaría que Hariko corriese. Tú aún tienes buena reputación, si se lo pides... - Han asintió. Los Giles de Dazzul sonaban como su intercooler nuevo, y quizás hasta unos discos de freno ventilados. La culata nueva y el doble embrague cerámico ya serían palabras mayores, pero quizás con tiempo...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Han! ¡Aquí estás! - Gritó Mac, yendo hacia él. - ¡Tengo una carrera final cojonuda!&lt;br /&gt;
- ¿Ah si? Yo también tengo algo que proponerte.&lt;br /&gt;
- Tú primero, colega. - Dijo mientras se guardaba las gafas de sol en la chaqueta.&lt;br /&gt;
- Por cierto, ¿no decías que necesitabas una tía cerca?&lt;br /&gt;
- ¡Tengo una cojonuda, mejor que la anterior! - Exclamó con una sonrisa pícara. - La otra era de Corel, y tenía ese toque exótico, pero esta es un diez.&lt;br /&gt;
- Eres incorregible... Bueno: Tengo una amiga que quiere correr. Tiene un Predator X, de unos doscientos ochenta, trescientos caballos. ¿Tienes rival?&lt;br /&gt;
- Para ese nivel si, pero un X... ¿No será la que va con Dazzul?&lt;br /&gt;
- Mac... ¿Me vas a hacer la putada? - Preguntó Han. No tenía nada para conseguir que el promotor cediese, salvo su propia reputación, aunque no le apetecía recurrir a ella a la ligera. Este se lo pensó unos segundos.&lt;br /&gt;
- Sin problema. - Respondió. Sin embargo, parecía mucho más alegre de lo que era de esperar. No había llegado hasta ahí dejando de lado la cautela. - ¿Te cuento ahora cual es el evento estelar? - Han asintió. - Pues verás... Hay un tío local que se ha estado creciendo bastante los últimos meses. Lleva un Fenrir GTR de los nuevos, y lo usa bien.&lt;br /&gt;
- Eso es mucha potencia...&lt;br /&gt;
- Y va a correr contigo. - Han se sobresaltó al oír esto. No temía competir, pero...&lt;br /&gt;
- No puedo, Mac. No tengo coche para vérmelas con eso, y me niego a hacerle de sparring para que crezca a mi costa.&lt;br /&gt;
- ¡Ah, venga! ¿No puedes correr con un coche prestado?&lt;br /&gt;
- Mac... ¡Eso es aún peor!&lt;br /&gt;
- ¿Ni siquiera con el mio? - La voz llegó desde fuera de la conversación. Una voz femenina y segura de si misma.&lt;br /&gt;
- ¡Hey! - Dijo Mac atendiendo a la recién llegada. - ¡Aquí está mi belleza de diez!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han estaba paralizado. Era el maldito día de las sorpresas desagradables. Caminando lentamente hacia él, con unas botas por encima de la rodilla, unos shorts y un top de látex turquesa ajustado, el pelo suelto y una bien aplicada sombra de ojos de un tono más oscuro y azulado que el top, a medio camino entre este y el azul de sus ojos, estaba la razón de que se hubiese pasado las últimas semanas recluido: Yvette.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hola, guapo... ¿Este es el piloto legendario? - Dijo contoneándose en un tono meloso, mientras se colgaba al cuello del promotor y le daba un beso en la mejilla.&lt;br /&gt;
- Si, cariño... ¿Le confiarías tu coche? ¿Es bueno?&lt;br /&gt;
- Bueno... No está modificado, pero es muy rápido.&lt;br /&gt;
- ¿Y que coche es? - Preguntó el promotor.&lt;br /&gt;
- Ehh... Uno rojo. Lo tengo en el primer piso.&lt;br /&gt;
- ¡Yo me piro de aquí! - Exclamó Han, dándose media vuelta. Entonces oyó jurar al promotor y antes de que pudiese hacer nada, este ya estaba tirando de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco minutos después, Han estaba en el ascensor blasfemando para sí. Mac estaba al lado opuesto, mientras que Yvette, tras pulsar el botón del piso correspondiente, se colocó entre ambos. No hubo un viaje en ascensor más incómodo en toda la vida del piloto. Mientras, ella iba describiendo su coche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Es un deportivo, de esos con el motor detrás. Y es un motor enoooorme.&lt;br /&gt;
- ¿En linea o en uve? - Preguntó Mac, disfrutando de la &quot;ignorancia&quot; de su ligue.&lt;br /&gt;
- ¿El motor? No sé, es cuadrado, como todos... - Respondió ella, en su papel. - No es descapotable. ¡Me encantaría que fuese descapotable!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las puertas se abrieron y se encontraron en una planta casi vacía. Ni siquiera se habían molestado en encender más de un par de luces, teniendo en cuenta que allí solo aparcarían los que no tuviesen reputación suficiente para estar en la planta superior. Han se temió lo peor. Estaban en un sitio sin testigos, y conociendo a la turca, es muy posible que fuese armada. Mac se comería las primeras hostias, y él probablemente fuese su presa. Por suerte, reconocía la planta y sabía donde encontrar su propio coche en ella, y lo que era más importante: La Aegis Cort que guardaba en la guantera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, se olvidó de eso al instante. Ni siquiera oyó a Mac exclamar &quot;Hostia, un Cavalli!&quot;. Completamente en trance, Han avanzó hacia el vehículo con pasos lentos y aturdidos, ajeno a todo lo que sucediese a su alrededor.&lt;br /&gt;
Anonadado, deslizó su mano por el capó, caminando hacia el techo y posándolo sobre la tapa del habitáculo del motor, en la parte trasera. Estaba frío, pero inconscientemente sintió un gran poder emanando de allí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Increíble! ¡Un Cavalli GTS de los años ochenta! - Exclamó Mac. - Eres una chica divertida, ¿lo sabías?&lt;br /&gt;
- Soy una caja de sorpresas. - A Yvette se le escapó el tono de furcia por un momento, por uno un tanto más malévolo.&lt;br /&gt;
- No... - Interrumpió Han. - No es un GTS. Tiene el cuerpo más ancho, y no tiene las tomas de aire del capó en &amp;nbsp;plástico negro, así que tampoco es un 208 turbo. - Se dio media vuelta y miró a Mac como si le estuviese avisando de la presencia de un asesino con ellos. - Es un GTO&lt;br /&gt;
- ¡Un GTO! ¿Estás de broma? ¡Pero si...!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han se alejó y se quedó unos segundos mirando al vacío. Su dilema era enorme. Por un lado, una persona a la que detestaba con rabia. Por otro, su sueño de la infancia. La máquina que le metió en vena la pasión por el motor. Probablemente, nunca más en su vida tuviese la ocasión de estar cerca de uno de estos. Sintió asco de sí mismo. Y más que iba a sentir, pero sería más tarde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Y dices que puedo conducir esto?&lt;br /&gt;
- Bueno... Si Mac dice que eres tan buen piloto... - Parecía empezar a dudar, pero Han veía tras la facha de estupidez las ganas maliciosas de hacerle suplicar.&lt;br /&gt;
- ¡Es Han &quot;La Muerte&quot;! ¡Hará que esto corra más rápido de lo que se imaginaron nunca sus creadores!&lt;br /&gt;
- Entonces déjanos, Mac. - Dijo ella, encarándose al piloto. - Tenemos que negociar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el promotor se hubo ido, Han recordó con quién acababa de quedar a solas. Su mano volvió al bolsillo donde guardaba la navaja, y rompió el hechizo del poderoso automóvil para encararse con la turca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Ahora no está tu hermano para salvarte...&lt;br /&gt;
- Me cago en tu puta madre. - Masculló el piloto entre dientes. - ¿Qué mierda haces aquí?&lt;br /&gt;
- Tranquilo. La verdad es que no esperaba encontrarme contigo...&lt;br /&gt;
- ¿No? ¡La turca que me dio la paliza de mi vida, aparece en un lugar cerrado al que solo se puede acceder con invitación con el coche de mis sueños! ¿No es raro?&lt;br /&gt;
- No hace falta invitación si eres guapa y te camelas a alguno que la tenga. Segundo, es el coche de mi padre. Dejó de conducirlo por que se volvió a la vida familiar y yo simplemente me lo quedé. No tiene que ver contigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han dio una vuelta alrededor del coche. Pudo ver los pequeños arañazos en la chapa, y el óxido bajo alguno de ellos. Esta belleza había tenido la desgracia de ser usado como coche de a diario por alguien que no apreciaba lo que tenía, y eso hizo que su odio se intensificase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- No tienes puta idea de lo que es, ¿verdad? - Ella lo miró en silencio. - ¡Es el último puto sueño de Cavalli de participar en las carreras de Supercoches de Midgar, antes de que los incidentes de las centrales Mako en Nibelheim y Corel acabasen con los eventos de motor para siempre! ¡Es un puto sueño que ha muerto antes de nacer! ¡Es el heredero exiliado de una estirpe de velocistas!&lt;br /&gt;
- Y es el coche de tus sueños. - Concluyó ella. Han se giró, y su rostro mostraba evidente desesperación.&lt;br /&gt;
- ¿Por qué me haces esto? - Eso le hizo sonreír.&lt;br /&gt;
- Oh... Me encanta cuando suplicáis. - Sonrió despacio. Luego empezó a caminar en círculos alrededor del piloto, disfrutando como este se giraba, con cuidado y temor de no tenerla fuera de su vista. - No te acuerdas, ¿verdad? La primera vez estabas a otra cosa y la segunda simplemente borracho y desbordado por tu ego.&lt;br /&gt;
- ¿Qué quieres decir?&lt;br /&gt;
- Fuiste muy borde conmigo aquella vez, diciendo que mi Shin-Ra Supreme era una mierda, mientras te llevaba para que tu grupo tocase y Kurtz le pidiese a su novia que volviese con él. - Han hizo memoria.&lt;br /&gt;
- El Supreme es una mierda y punto.&lt;br /&gt;
- Pues ahora, demuéstrame lo bien que conduces.&lt;br /&gt;
- ¿Y si choco?&lt;br /&gt;
- Yo correré con los gastos, pero no creo que te atrevas a chocar. - Su mirada se volvió gélida. No quedaba nada de la &quot;tontuela&quot; que fingía ser para Mac. Han se pensó bastante su siguiente frase.&lt;br /&gt;
- ¿Y el dinero de las apuestas?&lt;br /&gt;
- Yo lo cubro. Te llevas el cincuenta por ciento.&lt;br /&gt;
- Vale. - Suspiró, mirando al coche. El verdadero motivo por el que no había salido corriendo aún.&lt;br /&gt;
- Aún no te decidas, hay una última condición. - Han la miró en silencio, rabiando por dentro al ver como ella disfrutaba con esto. Ella prosiguió, tras hacerle esperar unos segundos. - Yo voy contigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han la miró unos segundos, con aire distante. Quiso oponerse, lo quiso con todas sus fuerzas. Quiso que su odio fuese más fuerte que su pasión, que su orgullo fuese superior a su anhelo. Sin embargo, su alma ansiaba esta experiencia más que nada. Y aunque tuviese sentado al propio Rufus Shinra en el asiento de copiloto, sabía que entonces, y aún ahora mismo, en su mundo solo existirían dos: El coche y él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Lo que quieras. - Dijo girándose, sin darle importancia en absoluto. - Esto va a necesitar trabajo. - Han tomó su PHS y encontró al fondo de la agenda el número de Dazzul. Lo llamó al instante, ignorando las preguntas de Yvette sobre ese supuesto trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al rato estaban en la misma planta Dazzul e Imir. Hariko estaba preparándose por su cuenta para correr. Mac acababa de llegar, y había hecho un claro gesto de desagrado al ver a Daz y a su mecánico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Y ellos?&lt;br /&gt;
- Necesito equipo, Mac. - Dijo Han. - Necesito dos gatos hidráulicos decentes, herramientas y recambios.&lt;br /&gt;
- ¿Recambios? - Preguntó Yvette. - ¿Piezas?&lt;br /&gt;
- ¿Quieres correr? Vale. Corremos. Pero si quieres ya no solo ganar, sino que el coche viva para llevarte a casa vas a tener que hacer una pequeña inversión.&lt;br /&gt;
- ¿Que necesitas, Parker?&lt;br /&gt;
- Un juego de neumáticos. Blandos, deportivos, pero no slicks. Aceite de competición y exactamente... Treinta litros de gasolina, alto octanaje, y una máquina de aire a presión.&lt;br /&gt;
- ¿Algo más? - Preguntó con sorna el promotor. - ¿Una mamada?&lt;br /&gt;
- No te estoy pidiendo bielas, filtros ni un puto eje de transmisión. Y me comprometo a tener el coche preparado para... Tres cuartos de hora, desde que lo tenga todo.&lt;br /&gt;
- ¿Cuanto me va a costar? - Preguntó Yvette.&lt;br /&gt;
- Los neumáticos mil doscientos... El resto, cien giles más.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La rubia se quedó mirando al piloto fijamente unos segundos, pero acabó por ceder. Al fin y al cabo, era su propio coche el que recibiría una puesta a punto. Ahora, habría que ver si este no era un bocazas. Ante el bombardeo de tecnicismos sobre el modelo de las ruedas, el tipo de aceite y la revisión y teorías sobre desmontado de la culata para hacer modificaciones milimétricas, decidió que no tenía paciencia ni ganas y que mejor se iba a dar un paseo por el lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le llamó la atención el mundillo. Algunos se fijaban en ella, e incluso intentaban atraerla, exhibiendo sus coches como las plumas de algún pavo real. Mucho ruido, música reproducida por amplificadores enormes, y entonces recordaba las palabras de Kurtz. Estética. Conoces realmente a alguien cuando lo ves obligado a decidir entre estética y efectividad. Vio que los grandes juerguistas tenían coches vistosos, con luces y música, y solían estar alrededor de su vehículo, atendiendo a mirones y chicas, mientras que los pilotos estaban más aislados, con la cabeza hundida bajo el capó. Muchos también atraían público, sin embargo, muy lejos de la atracción que causaban los más fiesteros.&lt;br /&gt;
La diferencia esencial se veía cuando corrían. Allí simplemente competían en dos ligas distintas. Tras un cuarto de hora de inmersión en el mundo de la gasolina, la goma quemada y los egos desmesurados, decidió volver.&lt;br /&gt;
Al llegar, el espectáculo era aterrador. Al coche le faltaban dos ruedas, la tapa del motor y varias piezas estaban desperdigadas sobre una lona, y la pintura estaba manchada de aceite. Acabó por meter la cabeza junto a la de Han.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Que haces con mi coche?&lt;br /&gt;
- Rutina... Limpiar un poco los conductos de salida del intercooler. Me gustaría poder bajar la culata un par de milímetros para mejorar la compresión, pero no da tiempo. La correa de distribución está bastante gastada, yo diría que le quedan menos de cinco mil kilómetros. El aceite y los filtros no están mal, pero es un aceite normal. Esto funciona con muchas revoluciones, así que mejor algo que esté preparado para ello.&lt;br /&gt;
- Vale, doctor. ¿Vivirá?&lt;br /&gt;
- Ganará. - Yvette estaba un tanto frustrada: El miedo y la incomodidad se habían desvanecido, dispersados por un aura de concentración. - Lo has tratado como el culo, pero ganará.&lt;br /&gt;
- ¿Qué? ¡No lo he tratado mal! Vale, tiene algunos roces, pero soy cuidadosa y nunca lo golpeo.&lt;br /&gt;
- Has vaciado el depósito de gasolina algunas veces, hemos tenido que limpiar la bomba además de cebarla. Además, usas este coche a diario.&lt;br /&gt;
- ¿Y qué? - Preguntó ella, sabiendo la trampa de la pregunta.&lt;br /&gt;
- Esto no es un medio de transporte, es un competidor. ¡Es como usar un caballo de carreras para tirar de un carro!&lt;br /&gt;
- ¡Mi coche, mi propiedad, y lo convertiré en una jardinera si me da la gana! - Yvette lo separó de un tirón del motor que Han ya estaba acabando de montar.&lt;br /&gt;
- Hablo en serio. Este motor funciona a un rendimiento muy superior al que sería seguro usar en una carretera normal. ¡Es un lanzallamas! ¡Lanza un maldito chorro de fuego por el tubo de escape cada vez que sueltas el acelerador para cambiar de marcha! No puedes usar marchas altas, o los límites de velocidad urbanos se van a la mierda. Y si abusas de las marchas cortas, el motor funcionará a más revoluciones de lo debido. Si este fuese un vehículo diesel, las piezas se habrían dilatado de más y habría gripado. ¿Entiendes? - Yvette lo miró durante unos segundos. Odiaba que le dijesen lo que tenía que hacer. Por encima de todo, odiaba que le dijesen lo que tenía que hacer cuando tenían razón. Aún así, no quiso salir de sus trece.&lt;br /&gt;
- Tu problema es ganar. - Ahora fue Han el que la miró en silencio.&lt;br /&gt;
- Te has manchado. - Dijo él, volviendo a su trabajo con el motor.&lt;br /&gt;
- ¿Qué? ¿Donde? - Preguntó Yvette confundida. Han se giró, la miró y pasó su dedo pringado de grasa por su nariz.&lt;br /&gt;
- Aquí.&lt;br /&gt;
- ¡Diez minutos para presentaros en la linea de salida! - La voz de Mac salvó a Han de recibir otra paliza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dazzul acababa de colocar las ruedas. Las había frotado ligeramente con una lija fina para librarse de la película protectora que tienen los neumáticos nuevos. Se le pasó un paño rápido al coche, y finalmente, Han giró la llave del contacto. El motor rugió como si estuviese troceando acero, con un sonido gutural y profundo. Con ansia, como si cada vez que Han soltaba el acelerador se sintiese frustrado.&lt;br /&gt;
Dio un par de vueltas rápidas por el aparcamiento medio vacío, intentando hacerse con el radio de giro y el peso. Conducía pocos coches de motor central, y nunca uno tan bien equilibrado. Se detuvo y esperó a que Yvette se montase. Al hacerlo, esta lo veía sonreír. Lo que más le llamó la atención era que no se trataba de las sonrisas salvajes de Kurtz o maníacas de Grim. No era la sonrisa de un depredador. No daba la misma imagen que cuando estaba entrando en escena para aquel concierto. Esta vez, simplemente, sonreía. Era un hombre feliz y confiado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Detuvieron el coche al lado de un GTR. El nuevo modelo, veinte años posterior al que había traído a Han hasta aquí. Un hombre jóven, rubio de ojos claros, lo miraba con una sonrisa voraz mientras Mac esperaba para presentarlos. En cuanto Han se bajó, le tendió la mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Un placer... Ah, ¿vas con compañía? - Dijo al ver a Yvette.&lt;br /&gt;
- El coche es suyo, simplemente me deja conducir. - Respondió Han, encogiéndose de hombros.&lt;br /&gt;
- Ya... Oye, lo siento. Quiero que sepas que esto no me gusta.&lt;br /&gt;
- ¿Qué? - Han estaba confundido. - ¿Lo qué? - Preguntó marcando cada sílaba.&lt;br /&gt;
- Bueno, ya sabes... Yo soy una estrella ascendente, y vienes tú, con un coche que ni siquiera es el tuyo... Muchas veces estas cosas se... Decoran.&lt;br /&gt;
- ¿Decorado? - Preguntó Han. - Perdona, ¿crees que soy un puto decorado?&lt;br /&gt;
- No. - Dijo el oponente con respeto. - Eres Han &quot;La Muerte&quot;. Y me habría encantado competir contra ti.&lt;br /&gt;
- ¡Estás a punto de competir contra mi! No lo entiendes... ¿Ves este coche? El tuyo se hizo para la velocidad, este para la competición. - Han lo encaraba muy de cerca, haciéndole retroceder a él y a su equipo. - ¡Soy Han, tengo el coche de mis sueños, el coche que me metió el motor en la sangre, y tú, eres el desgraciado que se va a enfrentar hoy a eso! Lo siento por ti, pero esta será mi oportunidad de llevar este GTO, y créeme... ¡Te vas a enfrentar a todo lo que sé hacer! ¡A todo lo que tengo! ¡A todo lo que soy! - Han se giró hacia Mac. - ¿Como están las apuestas?&lt;br /&gt;
- Uno coma tres contra uno a su favor.&lt;br /&gt;
- ¡Apuesto el R32!&lt;br /&gt;
- Y yo diez mil giles. - Se giraron a mirar a Yvette. - ¿Puedes cubrirlo? - Mac asintió sorprendido.&lt;br /&gt;
- Haz lo que creas... - Dijo el oponente dándose media vuelta para ocupar su lugar. Han lo retuvo.&lt;br /&gt;
- Y no olvides esto: Ya no soy &quot;La Muerte&quot;. Ahora soy mejor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yvette lo miraba fascinada. Metió un CD en la radio y escuchó despacio como el Rock&#39;n&#39;Roll llenaba el aire, mientras que la aguja del cuentarrevoluciones alcanzaba las ocho mil revoluciones. El embrague estaba hundido hasta el fondo, y Han tensaba los labios, enseñando los dientes cada vez que pisaba el acelerador. Ante ellos, la mayoría de los vehículos, el de Mac incluido, partieron. Les esperarían en la meta. Eso significaba que en cuestión de minutos empezaría todo. Estaban a una señal de radio de distancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Este es el plan. - Dijo el piloto. - ¡No hay plan! No conozco los tiempos de este coche en el circuito, no conozco la reacción, así que dejaremos esta canción puesta y a lo que salga. - Yvette estaba confundida. No entendía a que venía lo de la música. - Su cero a cien es mejor que el mío por casi dos segundos, suponiendo que haya eliminado el limitador electrónico de su motor, cosa que probablemente habrá hecho, por lo tanto, empezaremos persiguiendo. Buscaré el rebufo, así que no te preocupes si me acerco.&lt;br /&gt;
- ¿Si te acercas a qué?&lt;br /&gt;
- ¡Cinturones!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una joven belleza se plantó en medio de ambos coches. Levantó ligeramente su minifalda y con las dos manos, en un movimiento lento y deliberado retiró un delicado tanga violeta de encaje. La falda apenas cubrió todo el acto, cayendo después como un telón a las tentaciones. Levantó el brazo, exhibiendo la prenda como si de un trofeo se tratase y lo dejó caer.&lt;br /&gt;
En cuanto hubo tocado el suelo, ambos coches se lanzaron a toda velocidad. A cuatrocientos metros ante ellos, una curva de ciento ochenta grados marcaba la bajada al piso. No sería lo suficientemente ancha para ambos deportivos. El GTR tomaba la delantera poco a poco, pero Han atacaba el acelerador con ferocidad. Veía como el otro coche ganaba distancia, centímetro a centímetro, ni siquiera lo suficiente para cerrar el paso. Yvette iba a gritar. La barrera de hormigón se acercaba a toda velocidad y Han no tenía las de ganar, pero no parecía que fuese a ceder. Yvette gritó. El bloque estaba ahí, con la presencia de un final prematuro. Recordaba las bendiciones de Samedí. Recordaba su tarea pendiente, y sin embargo, ahora mismo todos sus pensamientos estaban bloqueados por el miedo.&lt;br /&gt;
En el último segundo, Han pisó el embrague y redujo una marcha. El doble turbo rugió, mientras el coche daba un volantazo y se situaba a menos de diez centímetros de su oponente. Tomaron la curva cuesta abajo pegados el uno al otro, y siguieron en esa posición mientras seguían una ruta trazada por conos. Avanzaban en línea recta contra el siguiente descenso, y Han se asomaba varias veces a los lados de su oponente, forzando la transmisión con bruscas bajadas de marcha a cada vez. ¡Mas potencia! ¡Esa era la única consigna!&lt;br /&gt;
Su adversario intentaba cerrarle el paso, pero el Cavalli galopaba con la fuerza de una tempestad. En la siguiente bajada, la maniobra era la misma. Esta vez, el tramo a lo largo del piso era sinuoso y estaba lleno de curvas, marcadas por los mismos conos y los coches de los espectadores. El GTR y el Cavalli atacaban cada curva apoyándose en todos sus vértices, utilizando hasta el último newton de las fuerzas G que producían. Toda la ganancia de la potencia superior del GTR se perdía en cada curva al ver su piloto como la bestia roja trazaba cada curva con una precisión superior a la suya.&lt;br /&gt;
En ocasiones, el Cavalli se veía obligado a corregir la trazada. Esos eran los puntos que esperaba. Sin embargo, él mismo estuvo a punto de caer en un error al atender demasiado al retrovisor. Pagó caro ese fallo, perdiendo su ventaja. La siguiente bajada daría a la planta baja, y seguía con su perseguidor clavado a sus talones, aún más próximo que su propia sombra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hazlo... - Murmuró Han.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La curva de la bajada estaba ahí, y el GTR, con tracción a las cuatro ruedas, pesaba seiscientos kilos más que su adversario. Eso le suponía una clara desventaja, pero a cambio, tenía ciento treinta caballos más de potencia, con la ayuda de los sistemas electrónicos de tracción y estabilidad, comparada con la lucha de su adversario por controlar toda esa potencia en crudo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hazlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron a toda velocidad. Esta vez se saltarían el primer piso del garaje en su descenso, haciendo una espiral completa. En la entrada, el GTR redujo intentando generar inercia para lanzarse en cuanto saliesen de la bajada. El Cavalli GTO rompió el agarre, y su oponente creyó que ahí acababa todo, sin embargo, al hacerlo, vio como un contravolanteo rápido y un acelerón le hicieron meter el morro del coche entre el GTR y el muro. El peso del GTR y su potencia superior lo lanzaban contra el exterior de la curva, mientras que la técnica del acelerador de su oponente le daba un punto de ataque desde el interior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Hazlo!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desesperado, el piloto del GTR accionó un botón oculto en la cara interna de su volante. Un inyector electrónico introdujo un chorro de óxido nitroso en la mezcla de carburante, y de su tubo de escape empezaron a surgir destellos azules a medida que el motor se sobrerrevolucionaba. El acelerón fue tan súbito que al llegar al final de la curva, su velocímetro se estaba disparando. Lo último que vio antes de encarar la recta fue como &quot;La Muerte&quot; sonreía al volante de su viejo supercoche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Si! - Rápido como una exhalación, Han hundió el acelerador hasta el fondo, cambiando de marcha en fracciones de segundo mientras tomaba el rebufo de su rival ahora que el óxido nitroso apenas empezaba a hacer efecto. Al pegarse a su rival, producía un túnel de viento, liberándole de la resistencia del aire, a la vez que mejoraba también el efecto aerodinámico de su rival.&lt;br /&gt;
Ambos tomaron la recta que iba desde un piso al otro acelerando como demonios. El velocímetro estaba en los doscientos veinte y subiendo, sin embargo, el GTR, pese a ganar ventaja poco a poco, no lograba dejar atrás a su rival. La distancia entre ellos aumentaba: Cinco, diez, doce metros, pero el final de la recta se acercaba a toda velocidad, y la aguja ya había superado los doscientos setenta kilómetros por hora.&lt;br /&gt;
El piloto del GTR alternaba miradas entre el velocímetro y la primera curva de subida: Una espiral de dos pisos de altura. La pared exterior, pintada en blanco y con adhesivos fosforescentes se iluminaba como una señal de alarma, mientras el infierno rugía tras él. Clavó freno con la intención de sobrevivir a la curva, temblando por el subidón de adrenalina, y cuando fue consciente, fue sobrepasado por el destello rojo de los faros traseros del Cavalli.&lt;br /&gt;
Los faros del GTO eran escamoteables, lo cual suponía un perjuicio a la aerodinámica del vehículo. Han simplemente renunció a ellos, utilizando los de su oponente y su propia memoria. Retrasó hasta el último segundo la frenada y al entrar volvió a romper el agarre, trazando la curva como un espectacular derrape sobre las cuatro ruedas, con el volante orientado hacia el lado contrario de la curva y el acelerador a fondo. Con esta maniobra bloqueó a su oponente cualquier posibilidad de adelantamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yvette estaba paralizada. Las distancias se hacían nada, y las paredes y columnas de hormigón pasaban a centímetros de su cuerpo sin que el vehículo las tocase. Tenía la sensación de haberse vuelto etérea. El miedo presionaba su estómago, y le producía la sensación de que su cuerpo estuviese a punto de volverse del revés. Sus oídos, atronados por el rugido del motor y del doble turbo, la confundían, mareando su sentido del equilibrio con un vaivén frenético. Nunca, desde que tomó por primera vez este coche y su anterior propietario la advirtió de cual era su velocidad máxima, concibió tal velocidad. Nunca concibió tal precisión.&lt;br /&gt;
A la vez que todos sus órganos y sentidos le gritaban que detuviese esa locura, sentía su cuerpo como si le fuese ajeno. Se sentía como un fantasma, siendo arrastrada por la realidad fuera de control. Nunca había vivido esta sensación. Pese a que su estómago iba a explotar, sus pulmones iban a colapsarse y su corazón latía como si el fin del mundo estuviese pasando ahora mismo, sentía una vitalidad y un ansia desbordantes. Su pulso se aceleró de júbilo y miedo, mientras veía el muro interior de la subida a través del parabrisas, y el coche de su adversario por su ventanilla lateral derecha.&lt;br /&gt;
No le importaba. El cometa auguraba un destino fatídico, y con esa situación, una locura era ahorrar para una jubilación. Lo que ella estaba haciendo ahora mismo era simplemente vivir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La curva acabó, y siguió un tramo de curvas. El piloto del GTR supuso que su rival se concentraría ahora en una conducción defensiva, en el último tramo antes de la subida final. Sin embargo, Han rompió sus expectativas. Salió de la curva acelerando, buscando ese punto de capacidad que los creadores de su coche no habían sido capaces de ver. Atacaba cada curva con agresividad y abandono, arañando cada milésima de segundo, buscando la mayor velocidad punta posible en un insensato intento por romper las leyes de la física.&lt;br /&gt;
Fue en ese momento cuando su moral se rompió. Jonathan Cranston descubrió la extraña realidad presente en la mente de su rival: Ni su coche ni él estaban allí, compitiendo. Una vez el Cavalli hubo ganado la delantera, solo estaban Han y el circuito. Hombre y máquina hechos uno se exploraban en un ejercicio descontrolado por romper sus propios límites.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Cavalli llegó a la meta, los presentes no salían de su asombro. Nadie activaba el óxido nitroso en una carrera de circuito, y menos aún en este, un garaje, lleno de obstáculos que supondrían una muerte inmediata al menor error. Cuando Han se bajó del coche, aún oía como los vigías de la planta baja intentaban describir el adelantamiento. La pasión y la habilidad habían vencido a la tecnología. El nuevo GTR había llegado como un mito, aplastando rivales más allá de la habilidad de sus pilotos, sin embargo, en esta ocasión había sido derrotado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo había terminado. En la mente de Yvette, el recuerdo de la reciente experiencia se agolpaba contra la realidad que estaba percibiendo en ese preciso momento. Sus órganos internos se estabilizaban poco a poco, y el vértigo ya había desaparecido. Había sido brutal.&lt;br /&gt;
Se acercó a Han. Había dejado al coche enfriar unos minutos, había llenado el depósito, arrancado el motor y disfrutaba viéndolo ronronear al ralentí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hola... - Dijo Yvette torpemente. - No deberías hacer eso, tengo la correa de distribución casi gastada.&lt;br /&gt;
- El ralentí apenas la fuerza, y simplemente no puedo resistirme a esto. Es una delicia de sonido.&lt;br /&gt;
- ¿Qué te dijo el otro piloto?&lt;br /&gt;
- Nada... Simplemente que nunca había esperado encontrarse a nadie así. - Han la miró y rió. - Nadie tan loco.&lt;br /&gt;
- Lo tenías todo controlado, ¿verdad? - El piloto puso una sonrisa incómoda y se encogió de hombros. -¿verdad?&lt;br /&gt;
- Bueno... Con algunos coches que he conducido mucho podría hacer esto casi sin mirar, y me sé de memoria las especificaciones técnicas del GTO, pero...&lt;br /&gt;
- ¿Pero?&lt;br /&gt;
- ¡Joder, era la primera vez que conducía uno de estos! ¡Dame un respiro! - Rió al ver el gesto de horror de la turca.&lt;br /&gt;
- Entonces... ¿Ha sido suerte?&lt;br /&gt;
- Ha sido técnica, intuición y experiencia. Y si, algo de suerte. - Yvette bufó.&lt;br /&gt;
- Una vez más, estoy viva de milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se produjo un silencio incómodo. Ella necesitó agarrarse al techo del coche y posó su cabeza sobre sus propias manos. Respiraba profundamente. Han la contempló unos segundos, y nuevamente, el sonido del motor recuperó su hechizo mesmerizante y atrajo su mirada. Suspiró, ocupó el asiento del piloto y lo apagó. Se levantó y tendió las llaves a Yvette.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- No te odio. - Dijo simplemente. - Ya no. - Ella levantó la vista, aún apoyada, y alzó una ceja con gesto sarcástico.&lt;br /&gt;
- Vaya, ¡gracias! ¿Eso es todo?&lt;br /&gt;
- No es poco... Después de nuestro anterior encuentro, estuve encerrado, tocando, trabajando y deseando poder borrarte de la existencia solo con mi odio. Sin embargo, me has dado esto... - Señaló al coche, anonadado, como si lo estuviese viendo por primera vez.&lt;br /&gt;
- Es una maravilla... - Le concedió ella. Había tenido ese coche cinco años, y sin embargo ahora era algo totalmente nuevo ante sus ojos.&lt;br /&gt;
- ¿Sabes? Si me dejasen elegir entre follarme a las cincuenta, ¡no! A las cien tías más buenas de Midgar cuando quisiese el resto de mi vida, o lo que he tenido hoy, elegiría el coche once de cada diez veces. - Han se acercó a ella, apoyó la mano en su mejilla y le dio un beso en la frente. - Y tú me lo has dado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yvette, sonrojada y sorprendida, lo miró marchar. De repente, recordó algo importante, pero fue demasiado tarde. Han ya se encontraba hablando con el piloto que les había ayudado a preparar el coche, mientras subían al Fenrir blanco y se iban a otro piso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han bajó del bus. Un par de ancianos se apartaron encantados para dejarle pasar. Con su melena mal peinada, sus enormes ojeras y su barba de tres días, tenía un aspecto terrible. Tras correr el viernes, el sábado estuvo lo suficientemente animado para asistir al ensayo y demostrar que no había abandonado la guitarra durante este tiempo. El domingo había dormido la resaca, celebrando que ya había podido encargar las piezas que le faltaban para acabar de preparar su coche. Era lunes... Y si bien, los lunes eran terribles, este, con un ligero dolor de cabeza y sequedad de garganta, con el estómago medio del revés, caminó un par de manzanas hacia el taller de Remache. Bessie lo olió y corrió a saludarlo, y antes de que pudiese doblar la esquina, Simón lo esperaba, limpiándose la grasa de las manos con un trapo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Tío! - Exclamó Han. - ¡Ya pude encargar las piezas para acabar el Fenrir!&lt;br /&gt;
- Si, ya... Conseguiste el dinero. - Respondió este con gesto sarcástico.&lt;br /&gt;
- ¿Qué pasa?&lt;br /&gt;
- ¡La que habrás liado! - Exclamó el nuevo, girándose y acompañándole hacia el taller.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al entrar, vieron a Remache, todo reverencias y atenciones, tratar a un cliente como solo trata a los que han venido a dejarse mucho dinero. Y esos normalmente son pocos. Han recordó a Dazzul, aunque le extrañó que apareciese a estas horas, y se acercó para saludar, cuando Bessie volvió junto a su dueño y este se encaró con Han.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Aquí está nuestro experto en ingeniería mecánica! - Han sospechó que se había pasado con el alcohol ese sábado. Remache hablando así de él solo podía ser delirium tremens.&lt;br /&gt;
- Si, ya tuve el placer de conocerlo. - Al pasar del exterior mañanero, cerca de translúcida pared de plexiglás, y con los tubos fluorescentes de la placa eternamente iluminados, el paso del exterior al interior producía unos instantes de ceguera, debido a la falta de costumbre de las pupilas. - Fue muy preciso acerca de que mantenimiento le vendría bien a mi coche, y quiero que sea él y solo él quien se ocupe. - Han entró y frotó rápidamente sus párpados mientras reconocía al fondo ese Cavalli GTO que lo había enamorado. - El dinero, como ya dije, no es problema.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han estaba intentando asumir la noticia: Su cerebro empezaba a producir alucinaciones por la mala vida y la falta de sueño. Si. Eso. Seguro que era eso. ¿Que le había dado Mark para fumar? Porque, a su modo de ver, el daño cerebral era una posibilidad más agradable a que lo que veía fuese cierto.&lt;br /&gt;
Se agarró a Simón intentando superar su confusión para poder afrontar los hechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Han! ¡Nos va a dar una provisión de veinte mil giles para ponerle ese cochazo a punto!&lt;br /&gt;
- Ah, si... ¡Qué buena noticia!&lt;br /&gt;
- ¿No te alegra?&lt;br /&gt;
- Dímelo tú, señor ex-convicto en libertad condicional. ¿Quieres ver regularmente a una turca?&lt;br /&gt;
- Bah, seguro que conoce a mi hermano.&lt;br /&gt;
- ¿Y tu hermano se lleva bien con los turcos jóvenes y chulitos? - Preguntó Han, consciente de que Yvette no pertenecía a ese grupo indeseable.&lt;br /&gt;
- No sé. - Respondió Simón. Entonces Remache se alejó a buscar los papeles al taller, dejándo a la clienta sola un segundo. - ¡Eh, perdona! ¿Eres turca?&lt;br /&gt;
- ¡Eres sutil, Simón! ¡Eres ninja! ¡Eres tan ninja que hasta ahora no me había dado cuenta de lo ninja que eras!&lt;br /&gt;
- Eh... Si. ¿Por? - Preguntó ella con el gesto inconsciente de acercar las manos a la pistolera que llevaba en la cadera, mirando extrañada a la cara del que había preguntado.&lt;br /&gt;
- No conocerás a mi hermano...&lt;br /&gt;
- ¿Hermano? - Interrumpió Yvette. - Disculpa un segundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yvette se acercó a Simón. Con una mano le revolvió un poco el pelo, que acostumbraba a llevar engominado y peinado hacia atrás, y con la otra le tapó el ojo izquierdo. Simón respondió con una sonrisa lobuna, marca de la casa de la familia Kurtz, y los ojos de la turca se abrieron como platos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Kurtz! - Rió. - ¡¿Eres otro maldito Kurtz?! ¡Nunca supe que tuviese hermanos!&lt;br /&gt;
- Somos tres, él es el mayor, y luego está nuestra hermana pequeña. Simón Kurtz, a su servicio. - Dijo inclinándose levemente.&lt;br /&gt;
- Ohhh... ¡Joder! ¿Puedo sacarte una foto? - Preguntó, tomando el PHS. - Tengo que veros a los dos para creérmelo.&lt;br /&gt;
- Bueno, si él no habla de la familia, igual no le gusta... Por no ponernos en peligro y eso. - Yvette hizo caso omiso. Se puso a su lado y sacó una foto de ambos.&lt;br /&gt;
- ¡Se la voy a enviar!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han aprovechó el momento de distracción para acercarse a su compañero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Maldito traidor! - Murmuró entre dientes.&lt;br /&gt;
- Han... He estado entre rejas la mitad de mi vida. - Dijo Simón mirándolo a los ojos. - Si no hablaba con una mujer que no fuese la novia de mi hermano o mi hermana, tú entrarías en mi lista. - Concluyó con un guiño. - Además, es maja. No sé que tienes con ella. - Han se pensó la respuesta un par de segundos.&lt;br /&gt;
- ¡Es una...! - No pudo acabar.&lt;br /&gt;
- ¡Ya me ha respondido, llamándome de todo! - Dijo riendo. - Tu hermano es un gran tío, pero a veces es divertido hacerle rabiar un poco. ¡Por cierto, soy Yvette!&lt;br /&gt;
- Encant...&lt;br /&gt;
- ¡Tú! ¡Nuevo! ¡Deja de charlar, tienes que seguir montando el motor de prácticas! - Gritó Remache. Luego suavizó el tono. - La señorita quiere hacer consultas a nuestro ingeniero. - Dijo guiñando un ojo a Han, haciéndole con ello sentir náuseas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- No te alegras de verme. - Dijo ella, suspicaz.&lt;br /&gt;
- No mucho...&lt;br /&gt;
- No era una pregunta. - Interrumpió Yvette. - ¿Podemos caminar un rato? - Han se resistió unos segundos, pero acabó por ceder.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Un puto fin de semana! - Exclamó cuando estuvieron un poco alejados, en la explanada en la que Han daba lecciones a Daphne. - ¡Un puto fin de semana y ya me has rastreado! ¿Por qué? ¡Creía que estábamos en paz!&lt;br /&gt;
- Mmmmsi. - Respondió Yvette, buscando las palabras. - Mira, mi coche te encanta, y te morías por trastear en él y ponerlo a punto...&lt;br /&gt;
- Y tú eres tan generosa que me estabas esperando el lunes aquí, llegando antes que yo.&lt;br /&gt;
- Tengo que entrar a trabajar, era la hora que mejor me venía. - Mintió malamente.&lt;br /&gt;
- Esto es un soborno, ¿verdad?&lt;br /&gt;
- ¿Qué? - La pregunta hizo suspirar a Han.&lt;br /&gt;
- Me traes el coche de mis sueños para que juegue, pones una gran cantidad de pasta en manos de mi jefe para que no diga nada, y ¿qué sacas a cambio?&lt;br /&gt;
- Lo primero, ¡que pongas el coche a punto! - Han iba a responder de forma sarcástica. - ¡Hablo en serio! Es el coche que usaba mi padre, antes de que mi abuelo y mi tío muriesen y tuviese que convertirse en un empresario serio. Es mi principal recuerdo de que en el fondo es una persona bohemia y divertida. ¡Es sagrado para mi! - Han sintió respeto. Amar un coche, fuese por el motivo que fuese, era algo que no podía pasar por alto.&lt;br /&gt;
- ¿Lo segundo? - Preguntó buscando la trampa.&lt;br /&gt;
- Lo segundo es... Esto va a ser difícil.&lt;br /&gt;
- Has llegado hasta aquí. Ahora, acaba.&lt;br /&gt;
- Tu hermano. - Dijo Yvette. - Malcolm es uno de mis mejores amigos, sino el mejor. Vivo con mucha presión en el trabajo, tengo miedo de volverme una especie de loca violenta. - Vio el efecto de sus palabras en la cara del hombre al que había dado una paliza semanas atrás. - Lo siento, Han. Lo siento mucho. No me tomo bien lo que pasó con... Mi ex. Confié en él como no había confiado en nadie, y simplemente un día desapareció. Ni siquiera respondió a los mensajes.&lt;br /&gt;
- No te lo tomes a mal... Pero es mejor así. - Yvette iba a responder pero entonces entendió por la mirada del piloto, que este sabía más de lo que parecía. Recordó cuando aquel hombre guapo le mencionó a Paris y Han quiso desentenderse de ella de golpe. - Si quieres saber más, que te lo diga el hermano de Simón. Yo prefiero, ya sabes... Tener esa puerta cerrada.&lt;br /&gt;
- Bueno. - Concluyó. - Dijiste que estabas en paz conmigo, pero necesito a Malcolm en mi vida. Puedes usar mi coche lo que quieras. ¡Incluso sería capaz de regalártelo!, pero... Dile que me perdone. Si ve que tú me has perdonado...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han sonrió. Suspiró y se frotó la barba con los nudillos, como solía hacer de forma casi inconsciente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Nunca podría quedármelo, no podría mantenerlo bien, ni sentiría que fuese mío o que me lo hubiese merecido. - Yvette se sorprendió al oír esto. - Nah, lo único que quiero es que si mi hermano te perdona, lo trates bien.&lt;br /&gt;
- Trato hech...&lt;br /&gt;
- ¡Y conducir el GTO de vez en cuando!</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2013/06/225.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total>10</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-8683350612785344665</guid><pubDate>Thu, 02 May 2013 16:38:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-05-02T18:38:52.507+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Diario de</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:ASTAROTH</category><title>Diario de... Gerald McColder</title><description>&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Mi nombre es Gerald, pero nadie me conoce por ese nombre. Ni
siquiera por Jerry.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Todo comenzó hace años, demasiados, cuando era joven. Intenté
ingresar en la división de investigación de ShinRa, los Turcos, la sección de élite
que secretamente realizaba todo lo que la compañía no quería que saliese a la
luz.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Y fallé.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Fracasé mientras realizábamos un ejercicio, una pequeña
simulación de una acción conjunta entre SOLDADO y Turk, preparación para la
guerra que estábamos librando para conquistar el mundo. Cometí el mayor error
de mi vida, y mis compañeros decidieron vengarse de mí: me encerraron dentro de
un armario atado con cinta y sin más compañía que la de una granada de humo. Pasé
días allí, sin poder respirar, hasta que uno de mis superiores me encontró;
pero mi piel y mis pulmones ya no volvieron a ser los mismos. Meses de
injertos, colirios y oxígeno me apartaron del servicio activo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Así me gané mi apodo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Me llaman “Blastskin”, el blastodermo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
No soy más que un viejo decrépito, que se dedica a
investigar para sobrevivir en esta ciudad. Hace tiempo, intenté alejarme de
todo, irme de este sitio, pero tiene algo que te atrapa y no te deja escapar. Tras
un breve periodo en un pequeño pueblo de Mideel, volví, y comencé mi carrera
como detective privado. Descubrí que no era malo en este negocio: llegué a
convertirme en uno de los mejores.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Llegué a ser tan bueno que fue contratado por los mismos que
me repudiaron.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Turk me contrató para rastrear y encontrar a un asesino en
serie que acababa de surgir de lo más profundo de la ciudad, pero que ya se había
hecho con un nombre: Frank Tombside, “Blooder” según la prensa por su firma
sangrienta. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Seguí su patrón y poco a poco le cercamos. Le teníamos
apresado. Pero escapó, disfrazado del mismo turco al que dejo lisiado. El mismo
turco que me dejó encerrado en aquel mueble.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Tras aquello, caí en desgracia. Perdí todo lo que me
quedaba, convertido en poco más que un vagabundo, recibiendo limosnas hasta que
fui recogido por un joven que conocí durante mi estancia en Mideel. Alguien a
quien yo consideraba parte de mi familia, a quien le confiaba mis pensamientos,
que me ayudó a seguir adelante.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Que resultó ser quien perseguía.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Intenté protegerle. Salvar a mi sobrino. Y para ello tuve
que matar, ocultar pruebas. Pero le cogieron y le ejecutaron. Ahora, no sé qué
hacer con mi vida.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Al fondo del abismo, sigue habiendo caída. &lt;/div&gt;
</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2013/05/diario-de-gerald-mccolder.html</link><author>noreply@blogger.com (Astaroth)</author><thr:total>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-2203241718429592214</guid><pubDate>Sat, 27 Apr 2013 17:19:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-04-29T19:56:20.745+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">ESCRITOR: ROKHSA</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>224.</title><description>&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Las cuatro de la madrugada
era una hora más que razonable para que Jack dejase la verja a media altura y
colocase el palo de la fregona frente a la puerta cual paladín protector; y más
aún cuando su licencia sólo le permitía abrir hasta la una.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Frente al cuadro de
interruptores que reposaba junto a la máquina registradora, el dueño del
Blackson’s fue pasando los dedos con calma mientras iba barriendo el local con
la mirada. La luz de los baños, apagada. Las lámparas de la zona de las mesas,
apagadas. Los focos que colgaban en la calle resaltando la fachada del bar,
apagados. Tan sólo quedaban las bombillas que iluminaban la barra, reluciente y
aún con restos de agua y jabón. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ya sólo le quedaba el momento
más doloroso de los seis últimos meses, noche tras noche: abrir la caja
registradora y contar las ganancias del día. Sabía de sobra lo que se iba a
encontrar al apretar el botón de la máquina, pero anticiparse a las bajas
cifras no hacía que la decepción disminuyese.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ya no sabía si achacar semejante declive al
estado de excepción, si es que su bar había perdido el renombre que tanto le costó
alcanzar hace ya unos años, o si simplemente se hacía mayor y ya no aguantaba
tanta tontería. Ahora el único cliente asiduo que le hacía disfrutar de su
trabajo era aquél esperpéntico Arguish y no tenía intención de dejar de
aparentar que ese hombre disfrazado le traía más problemas que alegrías. En su
cabeza tenía el momento más reciente, cuando le dejó la marca de los dedos a
aquél joven que tuvo la desfachatez de mancillar un licor de primera con un
refresco… No puedo evitar formar una sonrisa al acordarse de la anécdota.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Avanzó dos pasos y retrocedió después otros tres, cuando su lado más escrupuloso le
obligó a coger la bayeta una última vez y raspar la huella que un vaso había
dejado en la barra, frente al grifo de cerveza; después de observar detenidamente
el reflejo impoluto que proyectaba la luz sobre la madera barnizada, se dio por
satisfecho y volvió a dejar la bayeta en su sitio. Entonces recordó que no
quedaban suficientes batidos de chocolate en la cámara y tendría que…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Venga Jack, déjate de tonterías- se dijo en
voz alta, refugiado en la intimidad del silencio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Llegó a la caja y dejó
escapar el temido suspiro de profunda decepción.&lt;br /&gt;
Cincuenta guiles. Cincuenta
míseros guiles fruto de casi doce horas de trabajo, tan tediosas y&amp;nbsp;desesperantes&amp;nbsp;que no valía la pena el esfuerzo, teniendo en cuenta que sólo habían entrado diez personas aquél día en el local… Una pequeña gota de
sudor afloró en su cada vez más amplia frente y resbaló hasta alcanzar su ceja
derecha.&lt;br /&gt;
&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Joder, si sólo con pagar al distribuidor
este mes ya me he dejado seiscientos…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Por no hablar de los gastos
de luz y agua, para después con lo que restase, intentar sacar para comida… Dos
o tres meses así y el Blackson’s no tendría más remedio que cerrar sus puertas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Jack podía sentir que se le
escapaban las fuerzas para seguir adelante, para intentar sacar a flote un bar
que iba a la deriva, cada vez más alejado de la costa. No consideraba la opción de quedarse en la calle, llevaba 30 años tras la barra, no sabía hacer otra cosa que no fuese
servir copas; y además a sus cincuenta años…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Cogió aire, se enfadó consigo
mismo y con el mundo, cerró la caja registradora de un empujón y se acercó a su
estantería más preciada. Ahí, junto a una ginebra de una abadía oculta en las
montañas de Modeoheim, y un licor con extracto del veneno de la cuchilla de un
tomberi, reposaba aquella botella que, dadas las circunstancias y a estas
alturas, tenía más valor que el propio bar en sí. Sacó un vaso del
lavavajillas, agarró la botella por el cuello e iluminó tan sólo una de las
mesas para poder sentarse tranquilamente en ella; Silla balanceándose, los pies
puestos en la mesa y el primer trago de licor de un solo trago.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque fuese
una solución pasajera, ya podía notar cómo los problemas se esfumaban, se
diluían en una suave, débil y gentil vorágine de placentero descanso. El cosquilleo
del mako hecho alcohol empezaba en la garganta y se dispersaba por
todo el cuerpo como si de un fractal se tratase; curvas sinuosas,
ramificaciones microscópicas dispersándose por todo su flujo sanguíneo
hasta llegar al cerebro, sumiéndolo en un momentáneo letargo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Jack tembló con un repentino
escalofrío y cerró los ojos por un momento. Tenía tantos recuerdos en aquél
bar… Incluso con los ojos cerrados podía crear un mapa mental de dónde estaba
absolutamente todo. Nada más entrar, en la hoja de la puerta ya había un raspón
astillado, del segundo día de apertura del local, cuando limpió tanto el
cristal que un hombre se pensó que estaba abierta. Tras la máquina tragaperras,
parte del enchufe tenía una mancha negra y una zona de plástico derretido,
cuando un borracho intentó hacer trampas metiendo la mano donde no debía. Junto
al grifo de cerveza rubia había una marca en la barra, imperceptible para los
demás, pero imborrable para Jack. Una pequeña muesca en la madera del mismo día que
compró el local y lo celebró con su primera mujer, una diosa de melena dorada
procedente del norte más alta que él; ella acabó con una rodilla lesionada y un
polvo a medias. Un poco más allá, junto al grifo de cerveza tostada, otra
muesca similar con su segunda mujer, oriunda de Costa del Sol con un carácter
tan intenso que le costó un punto de sutura en la coronilla y un trío a
medias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Sin embargo ahora se sentía
estancado, hastiado… Desde luego treinta años habían dado para infinidad de
anécdotas, pero desde hacía demasiado tiempo sentía que subía la verja del bar
todos los días sin ganas, sólo para aguantar de pie un tiempo que a él le
parecían siglos. La única y última vez que se volvió a sentir vivo otra vez fue
cuando se hizo con esta botella mágica, en aquella escapada de fin de semana
improvisada hace ya tantos años. Si tan sólo pudiese permitirse volver a hacer
algo así… Echarse la mochila al hombro, salir de Midgar sin una ruta fija,
encontrarse pueblos abandonados, intentar volver a ver a aquella chica del
bosque…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Qué ganas de jubilarme joder…!-maldijo
mirando a la bombilla del techo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Entonces, cuando se disponía
a rellenar el vaso de nuevo y dar el último y placentero trago, se pudo oír
cómo la fregona y el cubo de la entrada se caían estrepitosamente; a Jack no le
importó tanto aquél sonido como el del agua esparciéndose por el suelo recién
fregado a conciencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Pero es que no veis que está cerrado
hostias!- gritó con verdadero mal humor sin llegar a ver al culpable de la
broma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Pero pasados unos segundos pudo
percibir una respiración desacompasada, fuerte y aguda, pese a que en la puerta
no había nadie. Con el instinto del oficio, la experiencia de un balazo en el
brazo derecho y el amargo recuerdo de la caja registradora reventada en dos
ocasiones, se incorporó para llegar corriendo tras la barra y sacar el libro de
reclamaciones en forma de bate de madera. Enarbolándolo por encima de sus
hombros, se quedó en el sitio buscando con la mirada al ladrón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Me has pillado en un mal día, así que no te
aconsejo que intentes nada- avisó con los efectos vigorizantes del alcohol
todavía presentes- Si no quieres probar a qué sabe este barniz, vete por donde
has venido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Pero nada, no ocurría
absolutamente nada, tan sólo seguía ahí esa respiración costosa acompañada de
ligeros resuellos. Con pequeños pasos, Jack se acercó al cuadro de luces y, sin
apartar la vista de la entrada, encendió varias bombillas para poder ver algo.
En cuanto se acercó un poco más…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡La puta en technicolor! ¿Arguish?- exclamó
con un tono tan agudo que le sonó extraño a sus propios oídos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Joder Jack- susurró el aludido tirado en el
suelo- ¿Cómo dejas esto en medio? La gente se puede tropezar….&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Justo en el umbral de la
puerta, caído de mala manera y rodeado de un charco de agua sucia y jabón, el
enmascarado hablaba con un lado de la cara pegado al suelo. Jack dejó
rápidamente el bate en la barra y salió para ayudar a su parroquiano preferido;
no sin cierta dificultad, consiguió echárselo en un hombro y levantarlo con
impulso. Fue entonces, cuando Arguish dejó caer el peso de su cabeza sobre el
hombro de Jack y éste notó algo rojo y viscoso en el pecho de su camisa. Entonces fue consciente de en qué condiciones se encontraba el sicario. A la luz cenital de
la entrada, dibujaba unos macabros destellos ahí donde todavía le quedaba
máscara y unas sombras siniestras de tono escarlata ahí donde se le abría la
carne; su cara no dejaba de gotear sangre y la piel del cuero cabelludo
desprendía un desagradable olor a pelo y plástico quemado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Pero qué cojones has hecho, intentar volar
el edificio Shin-Ra?- verdaderamente alarmado por el estado de salud de su
amigo, no podía evitar dejar de mirar aquél ojo azul descubierto, brillante y
con la pupila completamente dilatada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;-Ya ni puede uno dar un paseo por la calle
sin que te disparen un lanzamisiles en la cara, que vergüenza…-murmuró el
herido con un hilo de sangre y saliva colgando del mentón.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp; &amp;nbsp;-¿¿Qué??- Otra vez con aquél tono agudo
fuera de lugar.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Nada, olvídalo, si te lo contase tendría
que matarte…- bromeó Arguish quitándose aquél hilo con la manga del traje-
déjame descansar en esa silla un momento y tráeme lo más fuerte que tengas
tabernero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Dando traspiés y
cojeando de una pierna, Jack consiguió llevarle hasta la silla donde antes
había estado sentado él. Le dejó ahí, con los hombros caídos y el cuerpo echado
hacia delante, y se acercó un momento a su colección de botellas para coger un
aguardiente de Bom.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Desde ahí Arguish daba
verdadero miedo. Su pierna derecha tenía el pantalón destrozado y la herida que
supuraba en el muslo haría desmayarse a cualquiera con pavor a las heridas
abiertas. Su camisa apenas tenía rastros de tejido blanco, estaba prácticamente
empapada en rojo. Su máscara… O mejor dicho, lo que quedaba de ella, era lo que
realmente asustaba; tan sólo quedaba la parte que se ajustaba al
cuello, la cual ascendía para tapar su oreja izquierda, cubrir toda la parte
posterior del cráneo y seguir por arriba hasta llegar al círculo negro que
tapaba el ojo izquierdo. Lo demás eran jirones de látex unidos entre sí,
tapando finas líneas de la cara y parte de la nariz. Aún así, Jack no conseguía
definir un rostro identificable, sólo podía quedarse con aquél ojo azul que
parpadeaba con gotas de sudor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Se frotó la cara y los ojos y
volvió con un vaso y la botella de aguardiente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Pero si estás para el arrastre Arguish, tienes
que ir a un hospital a que te curen esas heridas o algo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Me ves a mí con cara de ir a un hospital
Jack?- le reprochó al barman con tono irónico-No… Ya dejé que me operaron de
fimosis cuando era un crío, no pienso dejarles que me quiten nada más…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Que estas operado de fim…?- pero se calló
a tiempo de terminar, sin saber si aquello había sido una broma o había dicho
la verdad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Que Arguish mantuviese ese
humor peculiar era una buena señal, pero se encontraba más sombrío, más…
¿Preocupado? Le podía faltar una ceja, pero sus gestos transmitían un
nerviosismo alarmante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Joder Arguish, que yo sólo soy un puto
camarero ¿Cómo me metes en este lío? No… No puedes quedarte aquí, si alguien te
ha visto entrar…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Sólo será un momento Jack, sólo… Sólo
necesito descansar un momento. Tomar algo de aire y me largo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Pero qué pasa si viene alguien a
preguntar? ¡Como venga Turk me la lías pero bien!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Ay joder… Me vas a dar tú más dolor de
cabeza que ese misil de antes…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Misil? ¿MISIL? ¡Ay la virgen! Si ya lo
dicen todas las madres, no te juntes con extraños.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Entonces antes de que Jack
pudiese seguir agitando los brazos y jurando a los cielos, Arguish le pilló de
improviso y le agarró de una muñeca. El barman se esperaba cualquier cosa,
cualquier tontería, menos esa mirada. Podía sentir la mano de Arguish temblando
sobre la suya, podía ver su mandíbula tensa por el dolor y aquel ojo clavándose
fijamente en los suyos, buscando algo más que un lugar donde esconderse de
madrugada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Mira Jack, yo no llamo amigo a nadie pero…
He acabado peor parado de lo que pensaba…- le costaba completar una frase,
hablaba entrecortado, pero mantenía la mirada fija en los ojos de Jack- No
sabía dónde ir y entonces pensé… Jack, tú me conoces ¿Quién crees que me
tomaría en serio? No sé, me divierto hablando contigo… Sólo te pido eso, una
noche… Déjame quedarme aquí esta noche y te juro que mañana me largo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ahí le pilló con la guardia
baja, eso fue jugar sucio, con esa torpe explicación por parte de Arguish, Jack
tenía ya un motivo al que agarrarse para seguir adelante con el Blackson’s, un
pequeño empujón para mandarlo todo a la mierda y colgar el cartel de SE VENDE.
Le costó poco decidirse, pese a que ese charco oscuro cada vez más grande a los
pies del enmascarado estaba desafiando su obsesión por la limpieza hasta
límites insospechados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Está bien, está bien! Puedes quedarte,
pero hay que hacer algo con esas heridas Arguish- le dijo acercándose- Pero yo
no tengo ni idea de curar esto, primero habrá que quitarte esa máscara para ver
si…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Si me quitase la máscara tendría que
matarte Jack.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Si, ya, ya se me yo esa…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -No Jack, esta vez lo digo en serio- le dijo
volviendo a cambiar a esa mirada inquietante, hierática.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Pues ya me dirás que hacemos!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Antes de que pudiese añadir
nada más, Arguish cogió la botella de aguardiente, desenroscó el tapón con los
dientes y dejó caer el líquido transparente, primero en la herida de la pierna
y después sobre su cabeza. Después echó un gran trago y dejó que se le
escurriese el vidrio de entre las manos, para caer y hacerse añicos frente a
Jack.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡La madre que te parió!-gritó el dueño dando
un salto instintivo hacia atrás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
La enorme gradación de ese
extraño aguardiente hizo efecto inmediato y Arguish cerró los puños haciéndose
daño con las uñas, profiriendo algún que otro gruñido cuando perdía fuerza y
dejaba de apretar los dientes. Esas heridas no tenían para nada buena pinta,
pero cuando toda esa espuma blanca salió desinfectando la zona, quedó patente
que eso era un hervidero de bacterias. Arguish permaneció en el sitio,
temblando de arriba abajo, cerrando los ojos con todas sus fuerzas. Cuando todo
aquél pus desapareció, se levantó a duras penas y se dejó caer de espaldas
sobre la mesa, con las rodillas dobladas justo en el borde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Gracias Jack- dijo camino de la
inconsciencia- Ya puedes recoger todo esto…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Cinco horas después, la
alarma del PHS de Jack les dio un susto a ambos, despertándoles al mismo tiempo
con la estridente melodía de inicio de las noticias de la mañana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Las autoridades confirman que el fuego ya ha sido controlado y que todavía no se ha encontrado origen o culpable, pero las pruebas apuntan a que aquél almacén pertenecía a toda una red de tráfico de....”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Arguish se levantó con el
cuerpo totalmente entumecido y dolorido. Se llevó una mano a la pierna herida y
para su sorpresa se encontró con que estaba vendada. Se llevó por instinto la
otra mano a la cabeza y se topó con otra venda, sujeta con unas tiras de
esparadrapo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -No sé si lo que he hecho estará bien-
bromeó Jack desde la otra punta del bar, dejando una manta en la silla sobre la
que había dormitado, le dolía la espalda horrores y tenía unas ojeras bien
marcadas- pero al menos así dejabas de mancharme el bar de sangre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp; &amp;nbsp;-Gracias de nuevo Jack- le respondió con, lo
que le pareció a Jack, una sonrisa muy sincera- Y ahora…- anunció
incorporándose con un quejido- Lo prometido es deuda, me voy.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Eso, lárgate cabrón, en vaya líos que me
metes…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ahora su cojera era mucho más
pronunciada y el cansancio era como una losa, pero al menos ya no estaba tan pálido y se encontraba más lúcido .
Antes de marcharse, se dio la vuelta una vez más y miró a Jack de perfil, desde
su lado izquierdo, el que aún conservaba gran parte de la máscara.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Y lo que te diviertes qué?&lt;span style=&quot;font-size: 11pt;&quot;&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2013/04/224.html</link><author>noreply@blogger.com ( )</author><thr:total>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-3180305456554602204</guid><pubDate>Sat, 06 Apr 2013 03:15:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-04-09T23:45:06.115+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:ASTAROTH</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>223.</title><description>&lt;div style=&quot;text-align: left;&quot;&gt;
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&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Hola,
mierdecilla. Te vienes conmigo, pequeño hijo de puta, te guste o no.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Lo que en
esos instantes le hubiera gustado a Yief era que aquel matón estuviese tirado
en el suelo con la cara machada por sus puños, pero ese plan tenía dos
problemas. El primero era que Yief no estaba en su mejor condición física,
después de que Arguish hubiera recibido el impacto de un misil Flauros M9A1
mientras él corría para auxiliarle. Y aunque hubiera estado en plena forma y
hubiera entrenado durante años, existía un segundo inconveniente: resulta
difícil pegar a alguien cuando éste te apunta directamente entre los ojos con
una Rhino calibre .50AE mientras sostiene una sonrisa siniestra. Todo eso
sumado resultaba acojonante para el norteño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Acababa de
volver a casa de Lucille, y nada más cerrar la puerta, alguien había llamado.
Pensando que era Arguish, que le había seguido, abrió sin detenerse a mirar.
Mala idea. Los reflejos plateados de la pistola que brillaban en el pulido
metal tras los cuales un largo brazo envuelto en un abrigo negro fue lo primero
que vio tras el golpe en la cara con la pistola. El pelo castaño claro que caía
por los hombros, rozándolos, tapando ligeramente la fruncida frente bajo la
cual unos ojos marrones le miraban con una furia casi asesina. Si las miradas
matasen, no sólo hubiera caído Yief: también estarían muertos los pájaros de la
pintura que tenía a sus espaldas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;El detalle
más siniestro, el que más nervioso le ponía, era la mascarilla blanca, pálida
como una hoja de papel recién fabricada, como el hueso al sol.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¡Qué
bien! Has venido para llevarme al baile de fin de curso, y me has traído flores.
– espetó Yief, de forma desganada. Se encontraba agotado y dolorido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Escucha,
marica – dio un paso al frente, obligando a Yief a retroceder otro hasta
golpear la pequeña pintura, que quedó descolgada y sujeta por la presión de su
espalda. La bota del visitante resonó en el parqué, de una forma seca y
apagada. Avanzaba con el brazo tenso, tembloroso mientras sujetaba los dos
kilogramos de metal con una sola mano. Por su parte, el hombre de Modeoheim
había optado por poner sus brazos frente a su pecho, con las manos levantadas
como se mostraba en numerosas escenas de películas que veía con Lucille en sus
ciclos de cine, acurrucados en el sofá bajo una manta mientras devoraban
palomitas. Se mostró rendido ante un hombre con mayor potencia de fuego que
exhibía esta a escasos centímetros de su nariz. – Me has tocado los cojones, y
me estás jodiendo. Mucho. Cada vez que iba a buscarte, te escapabas. Mira lo que
me ha tocado hacer. No se caga donde se come. Y mucho menos se caga donde yo
como.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¿Ah,
sí? ¿Y qué vas a hacerme? ¿Me vas a disparar? – Yief no se creía que esas
palabras estuvieran saliendo de su boca. No sabía de dónde estaba sacando ese
valor, no parecía propio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Créeme,
me cuesta mucho no dispararte. Me dan ganas de pintar ese cuadro de pájaros tan
feo que tienes detrás con tus sesos. Me encantaría volarte la puta cabeza,
gilipollas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Sí,
pero no puedes dispararme. Coño, soy lo más necesario de tu puta vida. Tu as en
la manga, tu agua en el desierto. La panacea, el puto maná celestial. Soy –
bajó los brazos y sacó a relucir una sonrisa burlona, socarrona, acorde con su
acento – tu jodido seguro para que tu cabeza siga teniendo una melena que
cuelgue sobre tus hombres. Me necesitas, a mí y a mi cajita mágica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Tienes
razón, no voy a matarte – bajó el arma, mientras que bajo la máscara de
quirófano se adivinó una sonrisa diabólica – porque te necesito. Me eres útil,
no creas que te protege la justicia, el miedo al castigo divino o Tombside.
Pero la tierna Lucille no nos es necesaria. Y tu hijo nonato tampoco. – hizo un
gesto con el brazo de la pistola en dirección al dormitorio, desde el que
llegaba una suave melodía del crepitar de las gotas de agua unido al tarareo de
la joven mientras se duchaba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Yief tragó
saliva, y la expresión de su rostro cambió por completo. De la seguridad más
completa, unida a la socarronería absoluta e incluso el desprecio, a la
preocupación extrema, el miedo y los nervios. Su cabeza daba vueltas,
sintiéndose como si toda la placa se hubiera derrumbado sobre sus hombros con
todo su peso y la fuerza de la caída le hubiera desmoralizado por completo. ¿Cómo
había averiguado ese bastardo que Lucille estaba embarazada? Si él mismo acababa
de enterarse. ¿Le habían seguido, vigilado? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¡Sorpresa!
¿No te lo esperabas, eh? Pues espera, que ése no es el plato gordo. – Su
sonrisa se volvió más macabra todavía, incluso las comisuras de sus labios
asomaron por los laterales de su protección higiénica - ¿Lo has pillado? Gordo
como la vaca marina que era tu amigo Richard Blackhole. ¿O era el amigo de
papá? Una pena que antes de hablar de él la palmase…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;El rostro
de Yief se congestionó. Le daban nauseas terribles, y hubiera vaciado el
contenido de su estómago allí mismo si éste contuviera algo. Las palabras del
traficante se clavaban en él como un puñal. El cabrón que le encañonaba sabía
cosas que únicamente conocían él, Lucille y el vecino pintor bipolar. ¿Acaso
había sido traicionado por el asesino que a veces regaba las plantas de su
novia?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Bueno,
señorita, ahora tienes dos opciones: – Carl volvió a encañonarle, con la cabeza
ligeramente ladeada – Puedes venirte conmigo a pasar un buen rato y acabar
rápido con toda esta gilipollez, o puedes verme mientras me follo a tu chica antes
de dejar que cinco puteros inflados a viagra para diceratops la empalen al
mismo tiempo. Incluso mientras está muerta, la gente con esa mierda metida en
el cuerpo sólo piensan en meterla. Podría sacarle el bebé para que lo vieras,
para que presencies tu descendencia muerta estrellarse contra la pared. Quizás
luego, después de eso, te eche encima a los chicos de negro: tu amigo el gordo
tenía amigos en las altas esferas, y no dudarían en freírte en la silla
eléctrica. Tú decides.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;El norteño
apretó los puños con rabia, lleno de ira, clavándose los dedos en la palma de
su mano mientras sentía sus uñas en la carne, sin importarle el dolor. Odiaba a
ese tipo con todo su ser, y si pudiera, se abalanzaría sobre él para obligarle a
tragarse su mascarilla. Pero no podía. No le quedaba más remedio que obedecer,
al menos durante un tiempo. Tragó saliva de una forma ruidosa, asintiendo
torpemente con la cabeza, muy despacio. Sudaba, y se notaba pesado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Bravo,
chico. – Carl hizo ademán de aplaudirle, moviendo la mano libre para hacer como
que golpeaba el puño que sostenía la pistola, sin dejar de apuntarle – Ahora
coge el regalo y demos una vuelta en el auto de papá. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Yief tenía
que reconocerlo: O’Toole había jugado bien sus cartas. Había movido todas las
piezas del tablero y le tenía arrinconado sin posibilidad de juego. Había
destruido su propia torre para salvar a su reina, pero ahora corría peligro. Su
lado del tablero estaba lleno de fichas enemigas, cercándolo hasta ahogarlo,
consumiéndolo como si fuera un pequeño islote blanco en un océano de aguas
negras. Tenía que conceder este asalto para intentar ganar el combate.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Seguido
por la pistola y el hombre que la empuñaba, cogió la pequeña caja que se
ocultaba tras los libros de la estantería.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;---&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Notaba el
brazo pesado, tembloroso. Se le estaba cansando, pero no podía dar síntomas de
debilidad, no podía bajarlo o perdería toda su ventaja. Lo tenía tan rígido que
podía sentir el incesante hormigueo recorriendo el dedo que tenía apoyado
contra el gatillo. “Contrólate, joder” se dijo a sí mismo, obligándose a
mantener su posición. “Pronto acabará todo. Pronto podrás tomarte una cerveza
fría, en un lugar limpio, sin gérmenes.” No le gustaba aquella casa. Sabía que
el tipo se había instalado con la tal Lucille, y cometió el error de pensar que
por ser mujer sería limpia y ordenada. Pero aquello estaba desordenado, y había
polvo en las estanterías. No se sentía a gusto desde que &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Big Hole&lt;/i&gt; le dijo que propenso a contraer infecciones después de su
improvisada cirugía, se había vuelto meticuloso, remilgado, siempre preocupado
por ácaros y enfermedades. Echaba de menos su bazo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;El hombre
al que apuntaba con su arma estaba rebuscando tras unos libros pertenecientes a
una colección por fascículos. Un lugar poco apropiado para algo tan importante.
Se estaba tomando su tiempo para coger la caja hermética, poniendo nervioso a
Carl. “Lo guarda tras la estantería como en una película mala con pasadizos
secretos. No había sitio más seguro para un material tan importante.” O eso
pensaba él.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Desconocía
el contenido de la caja. Realmente no lo desconocía, el problema era que no
alcanzaba a comprenderlo por completo. Pero era su obligación recogerla y
custodiarla hasta que llegase el momento. “Si me ocurre algo, lo que sea,
quiero que cojas esto y lo escondas todo lo que sea posible a cualquier precio.
Si eso que me ocurre es que muero, tienes que llevárselo a cierta persona.” Eso
fue lo que Tombside le había dicho hacía tiempo; tanto, que parecía que habían
pasado tres años desde la última vez que se habían visto. Cuando adquirieron
confianza por ambas partes, el asesino le había deslizado un papel arrugado y
doblado de forma apresura en el bolsillo de su largo abrigo mientras salían de
aquella cervecería que tanto le gustaba al traficante. Sin embargo, el
recipiente de misterioso contenido lo conservó dentro de su gabardina roja.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;“Y ahora
se lo ha dado a este mamón.” Se lo había entregado a un desconocido que
encontró en la calle, a un tirado que simplemente pasaba por allí y llamó su
atención. “¿Y yo qué? ¡Salvé tu vida, cabrón desagradecido!” Podía haberle
dejado allí tirado. Se sentía utilizado, como si fuese una marioneta, un
juguete que un niño caprichoso había usado y que luego había dejado tirado y olvidado
por un muñeco que otro estaba cogiendo. Era el protagonista de una obra
eclipsado por un secundario que acaparaba los aplausos. Eso le cabreaba. Y la
dirección y la persona que debía recibir la caja no ayudaban a mermar esa
sensación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;O’Toole no
dejaba de apuntarle en ningún momento. Había estado pendiente del norteño desde
hacía bastante tiempo; le había seguido de cerca incluso cuando aquel tipo de
la máscara le sacó del Blackson’s y habían sido disparado con misiles. Se tensó
todavía más cuando este cogió un cofre de madera similar a un joyero y extraía
del interior el ansiado trofeo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Vamos,
- el proxeneta hizo un gesto con la cabeza en dirección a la puerta – tenemos
cosas que hacer. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Carl se
giró mientras Yief avanzaba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;---&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Había subido en el asiento del conductor a
petición de su captor, sin que éste dejase de amenazarle con su pistola. Vigilado
desde el asiento trasero del Ranish Bom de aquel tipo con pinta de heavy
trasnochado, Yief buscaba y daba vueltas a miles de hipotéticos planes de huida:
desde entregar a las autoridades al cómplice del famoso “Blooder”, hasta una
pelea en un oscuro almacén que acaba incendiado mientras los huesos de Carl
ardían junto con la dichosa caja negra, no sin antes pasar por estrellar
aquella cafetera y dejar al traficante irreconocible en comparación con un
cadáver de gurami masticado y escupido por un Zolom.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Pero
ninguna de esas opciones era válida: le tenían bien cogido por las pelotas, y
poco a poco se las iban retorciendo más. Y bien pensado, se lo merecía: había
encabronado a ese hombre, había jugado con él, y se había cabreado. Una tarea
más, una cosa más, y estaría libre. Podría alejarse de todos esos líos con
mafiosos, traficantes, asesinos y empresarios cabrones. Quería darle una buena
vida a su futuro vástago, proteger a Lucille. Empezaba a estar harto de los
líos con Tombside y O’Toole, de Blackhole y su padre. Ya no estaba seguro de si
quería saber la verdad. “Podría mudarme con Lucille, salir de esta ciudad e
irnos lejos. Podríamos volver a las costas nevadas de Iciclos. Modeoheim ahora
está desierta, podríamos establecernos allí y refundar la ciudad. O irnos a
Gold Saucer. Seguro que al bebé le gustan las luces de colores, y a Lucille
montar en las atracciones. Yo podría jugar a las máquinas y sacar dinero. O
podríamos irnos a la granja de chocobos de Kalm. Me gustaría ver nacer a un
pequeño chocobo. Podría crecer junto a mi hijo”. Pero, en el fondo, Yief sabía
que estaba siendo idealista. No sabía cómo iba a acabar esa historia, pero
auguraba que nada bien.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Estaba
jodido, muy jodido. Era posible que no sobreviviese.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;“Lo
siento, Lucille. Siento que tengas que sufrir tanto por mi culpa. Un poco más,
nena, sólo un poco más. Si pudiera, te daría todo lo que te mereces, pero no
tengo esa carta en mi manga”. Baraja de nuevo, haz trampas, fue lo que pensó
que diría su antiguo yo, aquel empresario en la cima del poder que firmaba
papeles, asistía a reuniones, esnifaba y follaba. ¿Qué más necesitaba? Era un
buen súbdito para su padre, haciendo lo que le pedían, sin meterse en asuntos
ajenos. Siendo el perfecto hijo de puta pijo y arrogante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¿Y
a dónde nos dirigimos? – seguía las vagas instrucciones de Carl, que se
limitaba a indicarle una dirección u otra, sin hablar más de lo debido - ¿Me
llevas de compras?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Algo
así, bonita. A la derecha.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;No
es por meterme donde no me llaman, pero hay una cosa que me pregunto. ¿Se puede
saber cómo un tipo que trafica con putas y drogas, que debería estar podrido de
dinero negro, tiene como medio de transporte un Bom del 97? Y ni siquiera es un
coche que esté en buen estado, parece que lo hayas sacado del desguace. – miró
por el retrovisor, y al ver el gesto del ocupante trasero supo que había dado
en el clavo, o que al menos se había aproximado mucho – Siendo como eres, esperaba…
no sé, un Supreme, o un Cavalier. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¿Siendo
como soy? – hizo esa pregunta extrañado, imitando un burlón gesto de sentirse
ofendido - ¿Y cómo soy?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Un
chulo de los cojones arrogante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¡Vaya,
me lo dijo el marica vagabundo! Sigue recto y coge la salida M-14 en cuanto la
veas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Durante un
buen rato, se hizo el silencio dentro del coche. El sonido de las ruedas
girando sobre el asfalto y el ruido del motor eran los únicos que conversaron
durante unos eternos minutos. Hasta que O’Toole rompió el silencio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Este
coche es provisional, hasta que llegue ese Cavalier que tanto pregonas. Tenía
un Vendetta, pero nuestro amigo común lo dejó irreconocible, junto con los
discos de música que llevaba dentro. Este modelo utiliza cintas, aunque ese
casete ni siquiera funciona. Sal ahora, la M-14.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Volvió a
hacerse el silencio. Esta vez, la conversación de asfalto y motor estaba
presidida por la fuerte combustión del último, denotando una vez más el ruinoso
estado del coche.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¿Se
puede saber por qué tienes esa obsesión conmigo? Sólo soy una mierda que se
cruzó con el tipo equivocado en el momento equivocado. Él se aprovechó de mí, me
ha utilizado, y ahora ya no está. Entregué a ese tipo, sí, pero era él o yo. Tú
no sabes de lo que era capaz…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¿Qué
no sé de qué era capaz? – Carl rió sarcásticamente – Era su puta mano derecha,
chaval. Y no me refiero a la de hacerse pajas. Sin mí, Tombside no hubiera
podido realizar varios de sus golpes. Le he ayudado a deshacerse de cadáveres,
a conseguir información, e incluso robamos un banco los dos solos. Seguro que
viste algo de eso en las noticias.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Creo
que leí algo en un periódico. ¿Un millón de guiles?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Redondeando,
sí. – carraspeó, aclarándose la garganta, relajando el brazo del arma hasta
apoyarlo sobre su pierna pero sin dejar de apuntar al asiento del conductor – Así
que no me digas que no sé de lo que era capaz. Sé muy bien, mejor que nadie,
qué era lo que hacía, lo que pensaba. Lo que tenía planeado. Gira aquí a la
izquierda y ve hasta el final. Estamos llegando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;El tono
con el que el traficante habló no admitía discusión. Yief había tocado una
fibra sensible, aunque no sabía bien qué podía haber sido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;La
dirección a la que Carl le había dirigido era un almacén de los suburbios, en
el sector 6, situado de forma colindante con el desaparecido sector 7 y los
escombros que la caída de la placa había dejado. No se trataba de un edificio
particularmente grande, pero sí de uno especialmente oculto a la vista pública,
junto con otros almacenes y algún descampado. El suelo de la zona era de tierra
batida y arena, y una densa nube de polvo parecía dominar el ambiente. Un lugar
poco apropiado para un hipocondríaco de gérmenes, infecciones y bacterias. El
paisaje estaba dominado por bloques de hormigón envejecidos y oxidadas placas
metálicas, y el almacén al que le había llevado Carl no era una excepción.
Sobre una pequeña puerta metálica lacada en color verde estaba pintado el
número 35 con spray de color rojo, a un tamaño considerable.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Hemos
llegado. Ahora vamos a entrar ahí, me vas a ayudar con unos asuntos, me darás
la caja, y habremos acabado para siempre. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¿Asuntos
de Tombside?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;No.
– dijo Carl Loc O’Toole de forma tajante – Asuntos míos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;---&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;El
interior del almacén era oscuro, aunque lucía un aspecto bastante pulcro para
encontrarse en una de las zonas más pobres de la ciudad. Era de un tono
intermedio entre la crema y el color terroso del suelo del exterior, y bastante
más amplio de lo que parecía por fuera. Estaba lleno de altas estanterías
metálicas llenas de cajas de cartón, con anotaciones de números y letras
siguiendo un código de ordenación estricto. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Recorrieron
una larga procesión de estanterías y cajas, hasta llegar casi al fondo, donde
habían despejado una amplia zona para situar, en el centro de ese círculo, un
pequeño recinto estéril cubierto de plástico, con potentes focos exteriores que
iluminaban el habitáculo. En su interior, dos borrosas figuras se movían
alrededor de lo que parecía ser, en opinión de Yief, una caja grisácea. Parecía
que estaban examinando la caja, con determinación. Aquellas blancas y para nada
definidas criaturas tras la pared de plástico se movían poco a poco,
lentamente, y sólo de cintura para arriba; parecía que sus pies estaban pegados
al suelo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¿Ingenieros
nucleares creando una bomba? – dijo Yief con sarcasmo - ¿Estás construyendo un
explosivo para volar la ciudad y cumplir la última voluntad de nuestro amigo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Qué
gracioso. – Carl se lo dijo con desprecio, como si estuviese aburrido – No te
preocupes, ahora mismo entraremos, en cuanto mis chicos acaben.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;No tardó
mucho en romperse la monotonía de la espera. En una silla de ruedas mecánica
bastante estrafalaria, apareció sentado un hombre mayor que desconocía. Al
menos, era extraño para Yief, pero no para Carl: ese hombre de sesenta y pocos
años, con unas gafas redondas, cinta en la frente, largo pelo liso y plateado y
semblante aburrido era el hombre que le había criado. Llevaba una manta de
cuadros azules y rojos con líneas negras cubriéndole las piernas, aunque unas
zapatillas deportivas de tobillo alto de color negro con goma blanca. Tenía las
mejillas ligeramente hinchadas, y una perfilada perilla que, en contraste con
su hijo, no se unía con las patillas mediante delgadas y finas líneas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Carl sabía
que no hablaba, pero inició una conversación que más bien parecía un monólogo:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¿Qué
tal, padre? ¿Cómo te encuentras? ¿Bien? – dejó de apuntar a Yief y se acercó a
la silla, acuclillándose, aunque siempre atento a su cautivo – He hablado con
Jimmy Zarcone, ese jefecillo gordo de la familia Petrullio, los que dirigen el
asunto en el sector 2. Hemos negociado un acuerdo, un pequeño intercambio: les
podemos ofrecer 200 kilos de cocaína para distribuir en ese sector, y los
derechos del sector 3 en cuanto contribuyamos a acabar con los Bonpensiero, a
cambio de ofrecernos la red de distribución de los sectores 4 al 6 y un lote de
chicas procedentes de Wutai, pero ellos se quedan las que quieran como “gumar”.
Sólo son 5 chicas: una para el jefe, otras tres para los capitanes, y una para
el sobrino de Zarcone. Parece que perdemos dinero con la operación, pero es un
buen trato; nos quitan de en medio a una de las 8 familias de Midgar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;El padre
permaneció impasible, mirando al frente. No contestó, no se movió. Carl sabía
que no lo haría, que parecería que ni pestañeaba. Aún así, agachado, apoyando
su brazo sobre la silla mientras apuntaba sin prestar atención a Yief. Carl no
estaba seguro de si su padre le hacía caso, de si le escuchaba, pero no le
importaba demasiado: le reconfortaba contarle cosas, hablarle con ese tono
calmado que rara vez mostraba, y estaba seguro de que verle allí animaba a su
padre. Desde hacía años, aquel hombre no se movía de esa silla, aparecía cuando
menos lo esperaba uno y desaparecía con la misma facilidad. Aquellas
conversaciones que le daba eran como hablarle a una pared, pero en el fondo
Carl sentía que servían para algo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;O’Toole se
levantó, y se volvió hacia Yief, apuntándole nuevamente con su Rhino.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Sal
a dar una vuelta, padre. La zona de los almacenes es tranquila y segura, nadie
te molestará. Podrás tomar algo de aire, seguro que llevas tiempo encerrado
aquí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Con su
rostro pétreo, movió la palanquita de control y se movió, al frente,
dirigiéndose hacia la puerta. Carl Loc O’Toole vio a su padre perderse en la
oscuridad del almacén, mientras él y Yief (quien se había girado para ver al
hombre de la silla de ruedas salir de allí) observaban. En cuanto la puerta
metálica se cerró y oyeron el ruido, ambos cruzaron nuevamente la mirada, solo
que esta vez Carl volvió a su habitual tono de mandato.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Mi
pobre padre… Gracias a él soy todo lo que soy, me acogió, me enseñó, me dio un
oficio. Siendo muy joven ya me introdujo en este mundo, me llevaba con él y me
mostraba cómo era lo que iba a encontrar en el futuro. Me dio mi primer
encargo: fue pasar unos simples gramos, una muestra para una de las grandes
Familias, pero la cosa se torció… La milicia apareció y empezaron a llover las
balas. Me salvé de los tiros porque era pequeño y pude esconderme tras unos
barriles metálicos del bar en el que esos tipos realizaban sus trapicheos.
Aquello fue una carnicería. ¿Alguna vez has visto esas películas en las que la
acción se detiene, todo va tan despacio que casi puedes esquivar las balas?
Para mí, aquella experiencia fue igual: todo iba despacio, a cámara lenta,
podía ver la estela de los disparos, las gotas de sangre fluir del cuerpo
recién impactado de un gordo de Gongaga, los destellos de una materia Rayo
antes de que el olor a carne quemada invadiera el pequeño espacio. Y sin
embargo, no podía moverme. Estaba paralizado, aterrado y fascinado. No cerré
los ojos, no pestañeé ni un momento, ni siquiera cuando me empezaron a escocer
por la sequedad. Lo que vi… Me transformó. La sangre mezclada con los licores,
la pólvora y el humo formando una densa nube, y los cadáveres de los milicianos
y los mafiosos… Ricos y pobres, todos tuvieron una muerte horrible, sin que a
nadie le importase, hundidos en la mierda, los fluidos corporales, quemándose
sin compasión. Entonces lo comprendí: da igual cómo vivas, al final la muerte
es horrible para todos. Así que, en definitiva, poco importa que seas un
cabrón, un corderito, un lobo ricachón, un muerto de hambre, un yonki, una
puta. La vida es lo único que tienes, así que mejor que vivas a lo grande sin
importarte nada más. Esa es mi filosofía. Y aquí es donde entras tú, – hizo un
gesto extraño con la mano, como si intentase señalarle con la mano que sujetaba
la pistola – pequeña ramera. Vamos a ver qué se esconde tras la cortina número
uno.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Ambos se
acercaron al pequeño habitáculo de plástico. Las difusas sombras del interior
comenzaron a hacerse más visibles a medida que se acercaron, y la traslúcida
pared dejó entrever a dos hombres vestidos completamente de blanco, salvo en la
mitad superior de la cara, en donde se podía distinguir que esa parte del
rostro estaba al descubierto. Operaban alrededor de una camilla metálica, en
donde había algo que desde fuera era inidentificable, parecía cubierto por una
especie de sábana o manta verde, junto al que una caja blanca con tapa abombada
de color rojo. Carl ya sabía lo que iban a encontrar dentro, pero estaba seguro
de que el hombre al que apuntaba no alcanzaba a imaginar lo que iba a ver. O
por lo menos, no intuía toda la verdad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;---&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Una
bofetada de calor sacudió la cara del norteño. Aunque llevaba años, más de la
mitad de su vida, viviendo en Midgar y se había acostumbrando al microclima
propio de esa ciudad, en el fondo tenía la sangre fría y no soportaba bien las
temperaturas cálidas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;No tenía
la sangre tan fría como pensaba en cuanto entró.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Una
tremenda arcada le sobrevino. Las blancas figuras eran dos hombres con trajes
de plástico que les cubrían por completo a excepción de los ojos, mientras que
sobre la mesilla portátil de acero reposaba lo que parecía ser el cuerpo de una
mujer cubierta por una sábana quirúrgica, con la apertura cuadrada centrada en
el pecho y vientre. Por la tersura de la piel y el color, debía tratarse de una
chica de Costa del Sol o Corel, muy joven. Lo que hizo que el estómago de Yief
se revolviera fue ver las tetas rajadas de la mujer mientras uno de los
encapuchados extraía un implante ayudado por una especie de garfio que abría
los músculos pectorales de la joven. Y el hecho de ver cómo el otro metía una
mano en el abdomen de la joven con un bisturí para extraer lo que parecía ser
un riñón (o esa impresión le dio a Yief) no ayudó a mitigar esa sensación. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Le daban
terribles nauseas, pero no apartó la mirada. Era a la vez un espectáculo
grotesco y fascinante. Aunque, en opinión de Yief, y si le daban a escoger,
ganaba la parte grotesca y asquerosa. “Dioses ¿En qué puto lío me he metido?”
fue lo que pensó. Miró a Carl, y vio que sonreía mientras cogía el implante
recién sacado de la bandeja metálica en la que lo habían depositado usando la
mano libre, la izquierda. Sonreía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¿Ves
este color? – el contenido, sumado al exterior cubierto de sangre, tenía un
color terroso, achocolatado, pero bastante claro y traslúcido, dejando pasar la
potente luz de los focos exteriores a través del viscoso líquido – Debería ser
transparente… Pero esto no es silicona. Heroína. Traída desde Corel, un
ingenioso sistema para traer mercancía y chicas al mismo tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Volvió a
dejar la bolsa de droga en la bandeja, y poco segundos después el encapuchado
dejó el segundo postizo, para después rociar el contenido con agua a presión,
limpiándolos. El otro hombre de blanco comenzó a extraer el órgano que parecía
un riñón, y lo colocó en lo que al principio parecía una caja de abombada tapa
roja, que finalmente resultó ser una nevera portátil que una marca de refrescos
había regalado hacía tiempo como campaña de publicidad. Acto seguido, volvió a
introducir las manos en el cuerpo de la muchacha.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;La
chica nos llegó con algo de fiebre, y mientras veníamos hacia aquí se desmayó.
Comenzó a respirar fuerte, a sudar mucho. Mis chicos dicen que es posible que
sea sepsis, que haya tenido algún problema mientras los de Corel le ponían los
implantes. – Había seriedad en su rostro, pero Yief estaba seguro de que no
había pena alguna – Cuando llegamos aquí, prácticamente no había forma de
salvarla sin ir a un hospital que, como comprenderás, no iba a dejarla entrar
sin hacer preguntas y numerosas revisiones. Lo que ves aquí es su cadáver.
Estamos sacando de ella todo lo que sea posible aprovechar en el mercado negro;
ya tenemos compradores para uno de sus riñones y el hígado. Sí, ahora también
trafico con órganos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¿Y
por qué no le arrancas el bazo y te lo coses? – dijo Yief burlón, sin saber
bien por qué lo hacía – Así dejarías de lado esa ridícula mascarilla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Muy
gracioso, -arrugó el ceño, dejando de apuntarle con su pistola – chavalote. Ni
drogado cogería nada de esta tía para trasplantármelo. ¿No acabo de decir que
tiene sepsis y fiebre? Y no, no es lo que te piensas. No vamos a robarte tus
riñones y dejarte tirado en una cuneta. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Yief
suspiró de alivio, aunque sólo para sus adentros. En el fondo seguía muy
nervioso, sin saber qué hacía allí exactamente. Empezaba a pensar que todo este
asunto no tenía que ver sólo con la caja.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;No,
no, te necesito para un fin más productivo. Lo primero de todo, quiero la caja.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Ni
hablar – espetó Yief, aferrándola fuertemente desde el exterior del apretado
bolsillo de su abrigo. La caja, aunque pequeña, era lo suficientemente grande
como para caber a duras penas y haciendo bastante presión en el interior de su
destrozada prenda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¿Todo
el tiempo queriendo deshacerte de ella y ahora no quieres soltarla? No me
toques los cojones. Te lo voy a repetir: no se come donde se caga, ni se caga
donde se come, ni sobre todo cagas donde yo como. Dame la caja.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Quiero
que me expliques primero de qué coño va todo esto. Que me digas el por qué de
esta caja, qué tiene que ver conmigo. ¡Me lo merezco, hostia!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Tienes
razón, te mereces una hostia – Carl abofeteó en la cara a Yief, dejándole una
mancha de sangre procedente del implante que había cogido con la mano izquierda
- ¿Quieres explicaciones? Bien, te las voy a dar para que dejes de darme el
coñazo. ¿Te han contado la historia de los Tombside? ¿Qué no son uno, que son
varios? Muy bien, – Yief había asentido, con la mejilla enrojecida del rubor y
la diluida sangre - &lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;ya tienes medio
camino hecho. Esa caja contiene algo muy importante para Frank, para el último,
el que tú y yo conocemos. Tiene todo el esfuerzo que ha estado haciendo estos
últimos años, contiene algo que simplemente es vital para todo lo que ha
planeado. Supongo que será un arma, o información importante. Se podría decir
que si le llegan a encontrar con eso, su ejecución hubiera sido inmediata, sin
juicio, y a ti te hubiera ocurrido lo mismo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¿Me
estás diciendo…? – Yief no podía creerlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Sí:
Frank Tombside, “Blooder”, el asesino en serie de Midgar, te salvó la vida.
Irónico, viniendo de quien viene. El caso es que el próximo Tombside tiene que
tener esa caja.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¿Vas
a ser tú el próximo Tombside? ¿Vas a traer terror a las calles, vas a asesinar
a personas, a quemar y arrasar? – Yief no soltaba la caja, aferraba el bolsillo
con tanta fuerza que empezaba a dolerle. No le parecía buena idea soltar esa
caja.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;No
te interesa quién vaya a ser el próximo Tombside. Lo único que te interesa –
volvió a apuntarle con&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;la pistola – es
darme esa caja de una maldita vez.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;El espacio
dentro del habitáculo de paredes de plástico no era demasiado grande, pero aún
así no estaban apretados, había suficiente espacio para ellos dos, la pareja de
trabajadores de O’Toole extrayendo implantes y órganos, y el cadáver de la
mula. Yief quiso dar un paso atrás, pero el ruido que hizo el plástico le instó
a no moverse demasiado. Temía que si tropezaba no se volvería a levantar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¡Ah,
sí! Te preguntarás el por qué de estar aquí, ese “plan más productivo” que te
tengo preparado. Verás, Tombside te tenía por alguien importante, te tenía bajo
su amparo y protección. Pero ahora él no está. Y con todo esto del estado de
excepción, el cadáver de una chica a la que le faltan sus órganos y toda esta
mierda levantarían muchas sospechas. Sería algo muy contraproducente para mí.
Necesito un chivo expiatorio. Y nadie mejor que el cómplice de un famoso
asesino, que mata a una puta y se come sus órganos, que es un drogadicto,
traidor, hijo de puta asqueroso. Además te odio. – Bajo la mascarilla, volvió a
adivinarse esa sádica sonrisa – No es nada personal Yief. Pero si lo piensas
bien, en realidad sí que lo es. Vete al infierno, hijo de puta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Por suerte
para Yief, el espacio era lo bastante grande como para no estar apretados, pero
era lo suficientemente pequeño como para estar a distancia de su brazo. Y tenía
los sucesos con Arguish demasiado recientes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Otra de
las ventajas es que Yief tenía una pequeña materia escondida en el pequeño baúl
por si se daba el caso de que tuviera que defenderse en asuntos relacionados
con Tombside o la caja. Al principio le pareció una idea tonta, pero ahora se
alegró profundamente de contar con esa materia amarilla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¿Sabes
que las costillas tienen un nombre mucho más potente? – saboreó las palabras,
como si le hubieran dado fuerza - ¡Arcos viscerales!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;La materia
Golpe de Duende brilló dentro del apretado bolsillo, bajo la cajita negra. Su
puño impactó con fuerza en el costado del traficante, por debajo de sus
costillas. Carl soltó un gritó al mismo tiempo que soltaba la pistola,
doblándose de rodillas mientras se sujetaba ahí donde le habían golpeado. Los
dos cirujanos, que estaban observando la escena sin desatender sus
obligaciones, comenzaron un ataque contra Yief, quien no se había quedado
quieto y había empezado a dar marcha atrás en busca de una salida. Bisturí en
mano, el primero se acercó, intentando apuñalarle de forma torpe y directa, sin
la precisión que caracterizaba a su profesión. Lo manejaba como si fuera una
navaja en una pelea de bares, lo que le hizo pensar que realmente ese tipo no
debía ser lo que aparentaba. Por suerte para él, había estado en numerosas
refriegas durante su etapa de mendicidad, y sabía cómo desenvolverse en aquella
situación. Esquivó la primera estocada, lateral, encogiendo el estómago y
echando ligeramente el cuerpo ligeramente hacia atrás, y volvió a lanzarse
hacia atrás cuando la cuchillada volvió, evitando el tajazo pero enredándose
con los plásticos que servían como pared. Yief no tuvo más remedio que echarse
hacia atrás lo más rápido que pudo mientras que con sus manos hacía numerosos
gestos para quitarse de encima aquel estorbo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;El aire
fresco del exterior de la cúpula de plástico le alivió inmensamente. Aunque los
focos seguían funcionando y hacía muchísimo calor, la sensación de salir de
aquel invernadero fue de lo más placentero. Respiró de forma intensa y
profunda, refrescando sus pulmones. El matón con el bisturí salió corriendo,
amenazante con el instrumental, acompañado por el otro cirujano, algo más bajo y
rechoncho que él, que se quitó los guantes y apretó los puños. En el interior,
la masa negra que representaba a Carl seguía tirada en el suelo, inmóvil. Así
que se centró en ellos en lugar de salir corriendo: si el del bisturí le
alcanzaba, podía darse por muerto, aunque fuera sólo por un pequeño corte.
Corría el riesgo de una infección puerperal, producto de la carne muerta en
contacto con su torrente sanguíneo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;En cuanto
al de los puños, parecía un tipo duro, mejor sería no correr riesgos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;El primero
en lanzarse a por él fue el que iba armado. Directo, de frente, al tiempo que
lanzaba un grito, de forma aún más torpe y precipitada que sus ataques
anteriores. Esperó a que estuviera a una distancia corta y se ladeó a su
izquierda, teniendo abierto el costado derecho del atacante, que recibió un
duro golpe seguido de una patada, potenciadas por la materia oculta. A pesar de
haberle dado fuerte, el tipo no se rindió, y continuó intentando acuchillar a
Yief, que no hacía otra cosa más que esquivar hacia atrás e intentar golpear a
la menor oportunidad, cuando dejaba al descubierto algún punto. Mientras tanto,
el tipo de los puños al descubierto seguía inmóvil, quieto, como si no quisiera
intervenir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;El golpe
final lo recibió en el hígado, justo después de un puñetazo que impactó en su
oído derecho. Yief sudaba bastante, los focos irradiaban un calor sofocante,
alimentando de luz el interior del improvisado quirófano. El asalto contra es
cirujano matón no había durado más de dos minutos, pero se le había alargado
bajo la pesadez del sopor. Hacía tanto calor que parecía que el plástico se
estaba derritiendo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;En
realidad, el plástico sí que se estaba derritiendo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;La figura
negra se había puesto en pie, momentos antes de que una bola de fuego impactase
contra el gordito cirujano, que se había quedado de brazos cruzados mientras
contemplaba como su compañero caía al suelo, acribillado a puñetazos. Las llamas
habían fundido y agujereado una de las paredes de plástico, ennegreciendo los
bordes por los que la flama había salido disparada. En el interior, la negra
silueta se movió, y el calor se hizo más patente. Yief sentía deseos de quitarse
el pesado abrigo, pero sabía que llevaba una carga demasiado valiosa en él como
para dejársela quitar con tanta facilidad. Era un seguro de vida por si algo
salía mal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Carl
atravesó el plástico derretido, y Yief observó su semblante. Las mangas de su
largo abrigo se habían quemado de forma irregular hasta la altura de los codos,
dejando al descubierto los largos antebrazos del traficante. Llevaba el abrigo
más abierto de lo normal, y en el lugar donde le habían golpeado la camiseta se
veía chamuscada y manchada de sangre, dejando entrever por los agujeros una
rojiza y amarillenta cicatriz, producto de la operación que le dejó sin parte
del bazo, amén de otros órganos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;El detalle
que más llamó la atención de Yief fue la expresión de Carl Loc O’Toole. Estaba
serio, rabioso, con el ceño fruncido. Pero lo más importante era que no llevaba
la mascarilla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Bajo ella
se escondía una perilla unida a un bigote, recortados para dar forma pero
voluminosos, y en su boca los dientes apretados, a juego con los puños
encendidos. Encendidos de forma literal, pues el fuego parecía formarse a su
alrededor, emanar de sus poros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Carl
estaba cabreado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Yief salió
corriendo justo cuando su agresor lanzó una bola de fuego, que impactó
estruendosamente contra la primera estantería de una larga hilera. Muchas de
las cajas de cartón se desintegraron, quedando reducidas a cenizas, y unas
pocas saltaron por lo aires, encendidas, desparramando su contenido: papeles
que ardían, piezas metálicas, y objetos que no había visto en su vida y que no
sabría para que servían. Tampoco se detuvo a mirar, corrió a esconderse tras la
tercera hilera de estanterías, al tiempo que esquivaba llamaradas de fuego y
violentas olas de calor. Tenía que ir en sentido zigzagueante para evitar ser
pasto de las llamas, no podía exponerse a correr. Carl estaba furioso, y
parecía que ya poco le importaba todo: la pequeña habitación de plástico estaba
completamente fundida y quemada, junto con su contenido. El olor de la carne chamuscada
emanando del cadáver de la chica se mezcló con el del secuaz fornido, junto a
la esencia de caramelo derretido que Yief identifico como heroína quemada. La
iluminación de los focos habían desaparecido, bien porque habían caído presas
del arranque de ira de O’Toole y estaban calcinadas, o bien porque se habían
precipitado contra el suelo, rompiéndose. La iluminación de la enorme sala
procedía de los diversos fuegos encendidos, repartidos entre las cajas,
estanterías derribadas, y el fuego que emanaba de los brazos del
narcotraficante y proxeneta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;“Tengo que
salir de aquí. Robar su coche, recoger a Lucille y largarnos a Junon por la vía
rápida. Si nos quedamos aquí, este tipo nos mata”. En los breves segundos que
se tomo para respirar, fue todo lo que le dio tiempo a pensar. El impacto del
fuego contra la estantería que le protegía le empujó violentamente, y las
seguidas acometidas le dejaron bajo un amasijo de hierros, cartón y materiales
diversos. Una de las cajas contenía líquidos, que empaparon a Yief, quien no
tuvo más remedio que hacer acopio de todas sus fuerzas unidas a la materia del
bolsillo de su abrigo mojado en algo que, por el olor, contenía alcohol,
arrojando la estantería lo más lejos que pudo para, después, quitarse
rápidamente parte de la ropa: si realmente era alcohol lo que contenían
aquellas botellas, no quería arriesgarse a arder. Se quedó únicamente con su
camisa y su ropa interior, desprendiéndose incluso de su característico gorro.
Por suerte para él, la estantería había obligado a Carl a desplazarse, haciendo
que este dejase su acoso durante unos momentos. Fue entonces cuando Yief se
fijó en que el fuego de sus puños había aumentado, desvaneciendo la totalidad
de las mangas y costados del abrigo, así como de la camiseta que había debajo.
Unos jirones negros eran todo lo que quedaba de la prenda superior, a modo de
capa, mientras que de la inferior se había revelado una camiseta negra en la
que cuatro caras, en blanco y negro, aparecían realizando diferentes gestos.
Sin embargo, la piel permanecía igual, una piel ligeramente tostada, bronceada,
con una fibrosa musculatura que era imposible de adivinar bajo las numerosas
capas de ropa que acostumbraba a llevar. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Puede que
fuera cosa de la luz del fuego, pero la impresión que daba a ojos del vagabundo
fue que todo el pelo del cuerpo de O’Toole se había aclarado, se había vuelto
más rubio, de un color brillante que parecía irradiar luz propia. “Seguro que
el calor me está afectando. Tengo que salir de aquí”. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Era más
fácil pensarlo que decirlo. Arrojar aquel amasijo de hierros que había sido una
estantería había hecho que su atacante comenzase a moverse, lentamente, pero
sin cesar en sus ataques ígneos. Cubierto por otra estantería, la bola de fuego
a una altura considerable, dejando caer sobre él numerosas cajas, que
esparcieron su contenido. Algo golpeó su cabeza, como si hubieran dejado caer
una piedra. Una pequeña esfera amarilla rodó por el suelo, junto con otra verde
y una rosada. Lo que llamó la atención de Yief fue que aquella materia le
resultaba familiar: el cristal de mako condensado estaba rajado, como si de una
veta se tratase. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;No podía
creerlo; aquella materia había llegado a él en un incendio, y el fuego se la
había devuelto. No recordaba bien cuándo la había perdido, si fue durante el
ataque de Turk contra Tombside, o bien durante el asalto contra la casa de
Blackhole. Cuando quiso darse cuenta, aquella materia no estaba, había
desaparecido. Y ahora había vuelto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Aquella
materia era el origen de todos los problemas que había tenido con el asesino y
su perro faldero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;No le dio
tiempo a pensar mucho más, una nueva ráfaga de bolas de fuego impactó, haciendo
que llovieran sobre él más trozos de cartón ardiendo. Recogió las tres materias
y se encomendó a cualquier deidad presente para poder salir vivo de allí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Si quería
escapar, tenía que llegar a la puerta por la que habían entrado, la única forma
de escape posible. Ya había una buena parte del almacén que se había
incendiado, y el fuego ascendía con rapidez. El avance de Carl parecía alentar
a las llamas a crecer, como si avanzasen tras él. No le quedaba otra opción que
no fuera la de arriesgarse.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Comenzó a
correr por ese pasillo, y cuando llegó al cruce intentó utilizar a ciegas la
materia mágica. Un rayo salió disparado justo enfrente de él, e impactó contra
una estantería, derribándola, que por desgracia estaba bastante alejada del
agresor. Por el suelo rodaron un par de Rhinos, un revólver que Yief no
conocía, varios cartuchos de escopeta y un cargador. Mierda. Al menos ya sabía
qué materia tenía entre manos, pensó Yief, quien tuvo que saltar y tirarse al
suelo para evitar un nuevo ataque. En cuanto cayó al suelo, se levantó y avanzó
a cuatro patas torpemente hasta levantarse y echar a correr, dispuesto a probar
qué hacía aquella materia independiente. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;En el
siguiente cruce que encontró, volvió a ver a su agresor, que estaba preparado
para lanzarle una inmensa bola de fuego, igual de ancha que la mitad de una de
las estanterías metálicas. La esfera rosada brilló en conjunción con la esfera
verde, y el relámpago volvió a aparecer. Sólo que esta vez, el rayo se bifurcó,
e impactó en tres estanterías diferentes, en el hombro de Carl y en la espalda
del secuaz que estaba tirado en el suelo. Ni siquiera recordaba que aquel
tipejo no estaba muerto. La sacudida eléctrica hizo que comenzara a gritar y
revolverse, mientras que el traje blanco se había prendido en el punto de la
espalda en el que le había golpeado el relámpago, rondando para intentar
extinguir el fuego. El llameante hombre resolvió el problema de su subordinado:
le arrojó una llamarada que hizo que prendiera todo su cuerpo. Los chillidos se
hicieron insoportables hasta que cesaron, poco después de dejar de moverse.
Carl ni siquiera se inmutó al matar a aquel hombre: tras eso, continuó atacando
a Yief con la misma rabia, la misma expresión furiosa en el rostro. Poco a
poco, las llamaradas iban aumentando su velocidad, al tiempo que el incendio de
la parte trasera del almacén comenzaba a descontrolarse. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Una
materia que afectaba a todo. Ese era el poder de la materia independiente:
hacer que el resto de magias impactaran en todo lo posible. Por desgracia para
él, parecía que el impacto del rayo en el hombro no le había surtido demasiado
efecto más allá de, simplemente, empujarle y magullarle ligeramente. Y para más
desgracia, el impacto en el secuaz había desencadenado la muerte de este,
aunque de forma indirecta. Yief no se sentía como un asesino, pero ya era la
tercera persona que moría por su culpa en los últimos meses. Debía acabar con
todo aquello.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Sentía que
no tenía más remedio que forzarse a leer la mente de su rival.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;La pequeña
esfera amarilla brilló desde el bolsillo de su camisa. Las voces impactaron en
su cerebro como un torrente contra las rocas, haciendo presión. Intentó
focalizar, centrarse únicamente en su adversario, pero era imposible. Eran
demasiadas las voces que le llegaban. Sentía que su cabeza iba a estallar, que
nunca había sentido tantos pensamientos al mismo tiempo. Eran centenas.
Millares.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;“Perdóname”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;“Te quiero”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;“Hijo de puta”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;“Juntos hasta el final”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;“Yo a ti también”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;“No… por favor”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;“¡Perdónale, no es más que un
crío!”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;“¡Vas a matarle, por Dios!”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;“Ahora sois libres, Black Candy”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;“Mierda, era el azul”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Yief dejó
de usar la materia. Arrojó con todas sus fuerzas la pequeña esfera rosa, que
afectaba a todos los objetivos, y volvió a intentarlo, pero el barullo de voces
era el mismo. Allí estaban los miles de pensamientos, simplemente había dejado
de escuchar los últimos pensamientos del secuaz, quien había agonizado pensando
en el dolor de las quemaduras. No sabía bien qué ocurría con su materia Sentir,
parecía que no funcionaba igual. Lo único que le quedaba era el ataque puro y
duro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Carl se
había acercado a él, demasiado, mientras estaba tirado en el suelo sujetándose
la cabeza, intentando no volverse loco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Debiste
darme la caja cuando te lo pedí, Yief. – Era la primera vez que lo llamaba por
su nombre – Todo hubiera sido más fácil y menos doloroso. Ahora sólo te queda
ver cómo las llamas te derriten los ojos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Se
encontraba cerca, bastante cerca. Podía sentir el calor que desprendían sus
puños, y sin embargo, Carl no sudaba ni un ápice.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Veo
que has encontrado tu pequeña materia. Frank me hizo recogerla, aunque no sé
qué tiene de especial. Nunca he sido partidario del uso de materia, me parece
algo fantasioso, artificial. Aunque reconozco que, a veces, resulta muy útil. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Tú…
Encontraste la materia. – Se encontraba cansado, muy cansado, por el esfuerzo
realizado con la materia de lectura de mentes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Claro.
Soy putamente omnisciente. Soy como un puto Dios. La jodida deidad del fuego. –
La voz de Carl sonaba más grave, distorsionada, diferente. “Me vuelvo loco”,
pensó el hombre del suelo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 20.25pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 20.25pt; text-indent: -18.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-list: Ignore;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;¡Pues
permite que presente mis respetos!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Yief lanzó
un rayo, utilizando cada gota de energía que tenia en impactar con ese
relámpago mágico. Sólo tenía una oportunidad, y si fallaba todo sería en balde.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;El grito
resonó en el almacén como suena la erupción de un volcán. Yief no tenía ninguna
práctica, ninguna experiencia con el uso de materia mágica, y menos con una desconocida.
Pero a una distancia de apenas 3
 metros y medio, le resultaba difícil no dar, o incluso
rozar, en la zona de la cicatriz de Carl Loc O’Toole. Algo había sacado en
claro de cuando golpeó allí, y es que parecía ser el punto débil de aquel tipo
duro. La corriente eléctrica sacudió y encendió aquella cicatriz, recorriendo
el cuerpo entero del traficante. Arqueando la espalda, tensando las
articulaciones, cayó al suelo, derribando en su caída numerosas cajas que se
prendieron al contacto con sus puños. Aunque agotado, Yief se levantó, y
haciendo acopio de todas sus fuerzas agarró la estantería hasta volcarla sobre
aquel sujeto indeseable, haciendo que todos los cartones y sus contenidos
comenzasen a arder sobre él. Poco a poco, se dirigió hacia la puerta entre
toses y con los ojos llorosos por el humo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Al
alcanzar la puerta, lanzó una mirada hacia atrás. Un infierno se estaba
desarrollando en aquel almacén, las llamas lamían las envejecidas paredes y
consumían todo lo que encontraban a su paso. Lo último que vio Yief antes de
cerrar la puerta fue como las llamas tumbaban estanterías como si fuera un
dominó sobre el lugar donde había dejado el cuerpo de O’Toole. En cuanto las
llamas lo cubrieron, cerró.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Ya eran
cuatro personas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Cogió
aire, y gritó con todas las fuerzas que le quedaban, que eran pocas. Estaba
rabioso, dolorido, sucio. Pero aliviado. Se había acabado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Se había
deshecho de toda su relación con Frank Tombside y su legado. El único cómplice
que quedaba del asesino era él mismo, y todas las pruebas de su implicación con
él se encontraban dentro de aquel edificio en llamas. Algunos de los cristales
que coronaban la parte superior de las paredes se rompieron, como afirmando sus
pensamientos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Se había
acabado. No quedaba nada que pudiese volver para recordarle ese pasado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;El ruido
del motorcillo de la silla de ruedas le sacó de sus pensamientos. El padre de
Carl había aparecido doblando una esquina de otro almacén, con su expresión
apática y aburrida. “Mierda” pensó Yief, pero estaba agotado y medio desnudo.
Aunque resultase ridículo acabar así, le daba igual que un hombre hastiado,
paralítico, acabase de alguna forma con él, que estaba destrozado y vestía
exclusivamente con zapatillas, calzoncillos y camisa. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;El hombre
se puso a su altura, junto a él, y giró la silla para mirar el almacén ardiendo
donde el cadáver de su hijo y sucesor se convertía en cenizas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Lo
siguiente que hizo fue girase hacia Yief. Le miró a los ojos, y se levantó de
la silla, sacudiéndose las rodillas. Se dio la vuelta y desapareció por la
misma esquina que vino.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Yief
suspiró, y se carcajeó. Parecía que por fin iban a irle las cosas bien. Tendría
que volver al piso de Lucille caminando medio desnudo, puesto que sus llaves,
el móvil prestado, todo, estaba en la cazadora que ahora ardía en el interior.
Lo único que le quedaba era…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Metió la
mano en el bolsillo de su camisa. Allí estaba, el origen de todo ese embrollo:
aquella materia rota, amarillenta, que parecía mirarle desde una pupila rajada.
Todo empezó con eso. Todo lo malo. Todo lo bueno. Si no hubiera conseguido
aquello, jamás hubiera conocido a Tombside. Ni a Lucille. Blackhole seguiría
vivo, y él odiándole por lo que le hizo, mientras mendigaba e intentaba
subsistir. Aquella materia le había dado cosas, y quitado otras. Casi le había
costado la vida en varias ocasiones, y también había puesto en peligro a
Lucille. Pero gracias a esa cristalina esfera iba a ser padre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Cerró la
mano alrededor de la materia, apretando fuertemente, sintiéndola contra su
dolorida carne. Una pequeña alcantarilla a sus pies podía librarle de todo
aquello. Pero quizás prefería continuarlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Como un
antiguo emperador de una civilización perdida, giró su puño y abrió la mano,
dictando la sentencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2013/04/223.html</link><author>noreply@blogger.com (Astaroth)</author><thr:total>7</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-3127042909334712939</guid><pubDate>Thu, 26 Jul 2012 03:22:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-07-26T05:22:03.193+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Diario de</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:UKIO</category><title>Diario de... Han Parker Cliff</title><description>&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Soy Han.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Han, “La Muerte”.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Me han dado ese apodo por ser el
perseguidor más duro de todo Midgar. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Partimos de una premisa simple: Dos
tíos con gran ego tienen coches rápidos, pero solo uno puede ser el
mejor, así que compiten. &lt;br /&gt;A veces, salen a la vez y el ganador es
el primero en llegar a la meta. Cuando el circuito es demasiado
difícil para eso, uno será el escapista, y otro será el cazador.
&lt;br /&gt;Y nunca es un circuito. Siempre es una carretera. Un tramo
secundario, medio abandonado y mal conservado, oculto en lo más
hondo de la placa. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Y siempre es difícil.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Yo persigo, o más bien, perseguía.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
He hecho una pequeña fortuna en estas
pequeñas apuestas, despojando a mis oponentes de su dinero y sus
coches. Obligándolos a volver a casa a pie, llenos de rabia y
sensación de derrota. He gastado una gran fortuna en perfeccionar mi
propio coche.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Hasta que lo vendí, voluntariamente.
Solo para conseguir las piezas del coche definitivo. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Muchas veces me he sentido como el
guitarrista más rápido de Midgar, pero sé que no lo soy. Igual que
sé que si soy el piloto más rápido de Midgar. &lt;br /&gt;No importa el
tipo de vehículo: Nadie ha sido capaz de atrapar al pájaro. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Cuando persigo, siempre recuerdo mi
infancia. Recuerdo correr contra un amigo y perder. Ambos
imaginábamos una situación que nos motivase a correr más y nos
lanzábamos, cruzando la calle a la carrera, tan rápido como
nuestras piernas y pulmones nos dejasen. &lt;br /&gt;Siempre perdía. Me
preguntó en que pensaba y le dije que me imaginaba perseguido por un
lobo. El lobo más grande, oscuro, violento, terrible y hambriento
que pudiera haber existido nunca, y viene a por mí.  &lt;br /&gt;Mi amigo se
rió. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
“Yo me lo imagino siendo yo el lobo”.
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Mi amigo murió a los veintiuno,
atropellado por un coche. Lo echo mucho de menos. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Yo era el lobo. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Por encima del miedo que te ataca en
cada curva, en cada luz en el carril contrario, en cada cambio de
rasante o en cada tramo sin visibilidad, existen fuerzas más fuertes
que dominan a ese miedo. La ambición, la ira, el orgullo... El
Hambre. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Ahora soy escapista. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Mi coche ya no es la muerte. Es el
Pájaro. El Pájaro plateado de libertad. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Y nada puede atraparme. Me siento más
vivo que nunca. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Sé que hay un lobo detrás de mí,
pero no puede cogerme, y cada segundo... Cada paso sobre ese bosque
imaginario, cubierto de nieve medio derretida, oscuro y lleno de
negros árboles, es la plenitud de la vida misma. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;En los últimos meses de mi vida,
he colaborado con una célula terrorista. He encarado experimentos de
Shin-Ra. Experimentos humanos. “Experimentos” a los que habré
llamado alguna vez “amigo”. &lt;br /&gt;He facilitado la huida de gente
que ha cometido auténticas masacres. He causado el caos entre mis
perseguidores, he provocado accidentes, y, simplemente, ignoro que
habrá sido de la gente implicada. Si son civiles, lo siento. Pero no
miro atrás. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
No soy una buena persona, ni una mala
persona. Simplemente soy rápido. Y solo tengo una vida.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Y la vida, es esa cosa que empieza a
partir de las tres mil quinientas revoluciones por minuto y acaba con
la muerte. &amp;nbsp;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2012/07/diario-de-han-parker-cliff.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total>5</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-7094671306617171376</guid><pubDate>Sat, 25 Feb 2012 02:58:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-02-25T04:55:40.637+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mp3</category><title>El mp3 de...</title><description>&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;span  &gt;&lt;u&gt;&lt;br /&gt;&lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;Rolfhelm Vassally&lt;/span&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;span &gt;Rolfmao para los amigos, o simplemente Rolf, es uno de los personajes recurrentes de mis relatos. Pervertido, refinado, infame, célebre, un buenazo y un cabrón. La única forma que tienen sus amigos de definirle depende solo de como esté de humor en ese preciso segundo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;span &gt;A la hora de escuchar música, al igual que prácticamente todo en su vida, le gusta que las cosas no sean simples. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiAnWw_CQypoYxMe7moFodlBRO520WCRB-od3E3n9sAlPWP1_E-SczO2ByW6m69HamKyDmj5hzy2YUsvDglAgLSFlYo9K1xHWhjpH0dOOPj2yco8j4uIvcc5l-m_2G4D_RFnSYdJf30qrC7/s1600/rolfmao.JPG&quot;&gt;&lt;img src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiAnWw_CQypoYxMe7moFodlBRO520WCRB-od3E3n9sAlPWP1_E-SczO2ByW6m69HamKyDmj5hzy2YUsvDglAgLSFlYo9K1xHWhjpH0dOOPj2yco8j4uIvcc5l-m_2G4D_RFnSYdJf30qrC7/s320/rolfmao.JPG&quot; border=&quot;0&quot; alt=&quot;&quot; id=&quot;BLOGGER_PHOTO_ID_5712903381215188674&quot; style=&quot;display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 163px; height: 234px; &quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br class=&quot;Apple-interchange-newline&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;Hoy, el mp3 de... Rolf. &lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=GpXr31S56CU&quot;&gt;1: Midnight - Joe Satriani&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=hucz0qsXEUQ&quot;&gt;2: Butterflies and Hurricanes - Muse&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=kMmw6RD_12s&amp;amp;feature=related&quot;&gt;3: Cantaloupe Island - Herbie Hancock&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=PoPL7BExSQU&quot;&gt;4: Blue in Green - Miles Davis&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=WKnVaDwUg5s&quot;&gt;5: Space Lion - The Seatbelts&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=oasnbzEMV08&quot;&gt;6: On the backs of angels - Dream Theater&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=WJDnJ0vXUgw&quot;&gt;7: The Rolling Stones - Gimme Shelter&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=TCeD_6Y3GQc&quot;&gt;8: Good Vibrations - The Beach Boys&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=nVXmMMSo47s&amp;amp;feature=related&quot;&gt;9: Lola - The Kinks&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=BU5MkyE2OTQ&quot;&gt;10: Fairy Feller&#39;s Master Stroke - Queen&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=UmFFTkjs-O0&amp;amp;feature=related&quot;&gt;11: Pictures of You - The Cure&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=_1uunRdQ61M&quot;&gt;12: At Last - Etta James&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=v--IqqusnNQ&amp;amp;ob=av2n&quot;&gt;13: Life on Mars - David Bowie&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=JH5xdrlE2dM&quot;&gt;14: Ain&#39;t that a Bitch - Aerosmith&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=WhF6dpY5E3A&quot;&gt;15: Let me put my Love into You - AC/DC&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;Si buscáis el nexo común, principalmente lo tenéis en el hecho de ser canciones rebuscadas. Los ritmos de Dream Theater, los efectos de Muse o el increíble coro vocal de los Beach Boys (sin olvidar la producción, de la mano de Brian Wilson), junto con algo de emotividad por parte de Aerosmith, por poner un ejemplo, para acabar con la clara idea de que, en el fondo, estamos ante un pervertido. ¿Quien sabe que dos canciones reafirman eso?&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;font-family: Georgia, serif; font-size: 100%; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; &quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2012/02/el-mp3-de.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiAnWw_CQypoYxMe7moFodlBRO520WCRB-od3E3n9sAlPWP1_E-SczO2ByW6m69HamKyDmj5hzy2YUsvDglAgLSFlYo9K1xHWhjpH0dOOPj2yco8j4uIvcc5l-m_2G4D_RFnSYdJf30qrC7/s72-c/rolfmao.JPG" height="72" width="72"/><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-6491537458859128583</guid><pubDate>Tue, 08 Feb 2011 02:12:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-03-06T03:25:10.950+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:UKIO</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>222</title><description>&lt;br /&gt;
Empezando en silencio, como un ligero ritual que pretende resumir la eternidad. Y ahí, en los pequeños momentos cotidianos, emular a los grandes artistas de la meditación trascendental.&lt;br /&gt;
Con el rock clásico en los oídos y la cara del público en el recuerdo, Mark, vagaba por las calles. Había estado un rato en uno de los bares habituales. No suyo, sino de cierto colega suyo, dado a la herboristería. Su colega era sin duda un tío raro, pero no tanto como lo eran otros clientes del garito, como el yonki ese del rostro familiar, o el tipejo de la careta, que afortunadamente no estaban, pero sin duda, estarían al caer. Sin duda, un mal sitio, pero un fumeta del calibre de su colega prefería sin duda los lugares “peculiares” como el Blackson&#39;s, justo a juego con su adulterada percepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mark caminó a lo largo de las calles hasta una parada de bus, donde cogió una linea de largo recorrido. Una que lo subiría hasta lo alto de la placa, en uno de los principales distritos.&lt;br /&gt;
El trayecto siempre era algo fascinante de ver, y más aún para alguien que había empezado con los psicoactivos a hora tan temprana, o tarde, para los asiduos al té de las 5.&lt;br /&gt;
Disfrutó del trayecto igual que se disfruta de una especie de video juego antiguo: Una secuencia de fases con desplazamiento lateral cuyo fondo va alterándose a medida que se avanza en él.&lt;br /&gt;
Se subió en medio de contenedores sin recoger y asfalto desconchado y bajó sobre pavimentos de piedra traída de “aquienleimportadonde”, de primera calidad, y caminó entre trajeados y escorts de lujo que practicaban su tarea de forma directa, o disimulada bajo la apariencia de un noviazgo o matrimonio con el ricachón salido de turno, pero indistintamente, con eficiencia ejemplar.&lt;br /&gt;
Mark miraba a un lado y a otro con desconfianza, temeroso de que cualquier guardia o soldado lo parase. Tenía que salir de las calles pronto, ante la posibilidad de una detención y registro, muy de moda con el estado de excepción. Y él no podría decir que fuese precisamente limpio.&lt;br /&gt;
La que si estaba limpia era su ropa: Una camiseta y un pantalón prácticamente nuevos y unas bambas impolutas, todo ello bajo una nueva chupa de cuero, todos ellos trofeos de la imponente recaudación de su concierto y premio de la guerra de bandas organizada por la Tower of Arrogance. Todo ello con no otro fin que disuadir a los agentes del orden de la idea de que el era un simple tirado o un camello, fuera de su lugar. Intentaba parecer al menos el vástago rebelde de alguien importante, o al menos que lo dudasen el tiempo suficiente para poder escapar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Maravillado por el bonito espectáculo de filas de farolas con todas y cada una de ellas en perfecto funcionamiento, o el lujo de plazas y jardines cuyo cuidado se mantenía a diario con experta pulcritud, acabó por alcanzar la puerta que estaba buscando, y con ella, el timbre que había venido a pulsar: El ático.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al salir del ascensor, ya lo estaban esperando. Era una bonita imagen, pero también era una dura verdad. Daphne era muy guapa, había que reconocerlo, pero Mark no estaba dispuesto a cambiar de acera por una cara bonita y un culo de infarto, y menos aún sabiendo lo que había bajo esos pantalones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hola. - Lo saludó ella, con una sonrisa ligeramente forzada, mientras salía a darle dos besos.&lt;br /&gt;
- Hola, ¿Y Rolf?&lt;br /&gt;
- Está en el salón. ¡Trajiste cervezas! ¡Gracias!&lt;br /&gt;
- Si, y algo para picar, además de lo otro... Lo acordado...&lt;br /&gt;
- Ya... Oye, Mark... Quería preguntarte...&lt;br /&gt;
- ¿Sabes algo de Han? - La voz de Rolf los interrumpió desde la puerta. Tras él vagaba Henton, el gigantesco novio de la dueña de la Tower. Tenía algunos moratones en la cara y los brazos, pero ese tío era luchador profesional. Y por su postura de orgullo y agresividad, parecía estar del tipo de humor que tiene alguien con mucha testosterona y ganas de celebrar algo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div&gt;
Rolf vestía una camiseta holgada de manga larga, un pantalón de hilo, e iba descalzo sobre el suelo de moqueta, al igual que sus amigos. Henton vestía un pantalón de chandal y una camiseta sin mangas, y Daphne llevaba medias largas de lana, un short y una camiseta de los Rooftop Ravens. Por detrás pasaba Megan, en su imagen habitual de ropa deportiva. Probablemente habría estado charlando de peleas y cosas de machos con Henton, y probablemente él habría aprendido un par de cosas nuevas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Mark entró, dejando la bolsa que traía en manos de la transexual, y se sentó en el taburete que el anfitrión tenía en la entrada para descalzarse. Al dejar sus bambas en el mueble que había al lado de la puerta, alzó la vista y respondió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- No sé a vosotros, pero todas las veces que yo he llamado, me ha cogido el teléfono.&lt;br /&gt;
- ¿Y? - Preguntó Daphne.&lt;br /&gt;
- Y no ha dicho una sola palabra. Puso el manos libres y me dejó oír como tocaba la guitarra, hasta que me cansé y colgué.&lt;br /&gt;
- Igual que a nosotros. - Dijo Rolf. - Le he llamado cada día, y está claro que no quiere hablar. Por lo visto, su lado competitivo salió encendido del concierto.&lt;br /&gt;
- Espero que sea eso... - Mark se levantó y se acercó a él, dejando que lo guiasen hasta un pequeño salón, en el que todos los sofás y sillones estaban orientados hacia una tele de plasma tan grande que podría ser usada como mesa.&lt;br /&gt;
- Malcolm tampoco me quiere decir nada. ¿Y a vosotros? - Rolf acompañó el comentario con una mirada furtiva a su amiga, solo para verla ruborizarse un poco. Una pequeña maldad. &lt;br /&gt;
&lt;div&gt;
- Bueeeno... - Sentenció el anfitrión al ocupar su rincón en uno de los sofás. - Sois libres de ocupar vuestro lugar en esta mi pequeña morada. - No pudo evitar sentirse extraño al ver a Henton, sin saberlo, ocupar el sillón favorito de Han.&lt;br /&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;
Mark depositó ante ellos entonces una bolsa llena de hierba de la mejor calidad, encargada con días de antelación y conseguida tras una dura negociación por el precio. Tenía sus propias plantas, como buen fumeta que se preciase, pero visto el cometa en el cielo, no tenía demasiadas esperanzas de que llegase a verlas creciditas. Depositó también algunos picadores, papel de liar y tabaco, y tomó la iniciativa, preparando el primer porro de la noche mientras aparecían en la pantalla los típicos anuncios antipiratería de Shin-Ra. A la altura de los créditos iniciales, él ya tenía un buen ejemplar psicoactivo en la mano, listo para “experimentar el visionado de un film ilógico, humorístico y bizarro”: El ataque del adamantaimai gigante. Se llevó su obra a los labios, encendió el mechero, y...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era una explosión. No. No una explosión, era una colisión. ¡No! ¡Un derrumbamiento! ¡Era todo eso junto! Parecía que un trueno hubiese destrozado media ciudad. No un trueno normal, sino algo de tamaño descomunal. Los gritos alertando de la caída del meteorito llenaron las calles de la placa superior, pero los habitantes de Midgar estaban equivocados: Era algo muy distinto.&lt;br /&gt;
Desde el balcón, Megan y Henton habían sido los primeros en verlo. Al ser los más sobrios, llegaron antes, pero al instante desearon no haberlo hecho. Confundidos y turbados, intentaban dar crédito a lo que tenían ante sus ojos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Apartaos! - Gritó Rolf, mientras se hacía un hueco entre ellos. Olvidando toda precaución, alzó su rifle Farsight y usó la mira. - ¡Joder!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bajo la placa, en una pequeña redada que había desmontado otra de esas estúpidas sectas apocalípticas, Mashi miraba con fastidio como Seranzolo y Gerstchen alardeaban mientras transmitían el comunicado al sargento Van Zackal. A su lado, Harlan e Yvette lo acompañaban en su resignación. Svetlana había sido atacada con un cuchillo, y los enfermeros de la ambulancia estaban dándole un par de puntos de sutura en el brazo. Así era siempre el reparto: Unos las cicatrices y otros las medallas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Acostúmbrate... - Le dijo Yvette, alardeando un poco de su experiencia con los veteranos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mashi iba a responder. Iba a decir que era lo que esperaba, o que era la misma mierda desde otro lado, pero sin embargo, no pudo. Un estruendo arrollador lo dejó sin habla y le hizo saltar a cubierto, arrastrando a sus compañeros en el impulso. Los tres cayeron dentro del portal de un supermercado cerrado, convertido en templo del supremo lo-que-fuese. A Harlan le pilló por sorpresa la fuerza que fue capaz de desplegar ese muchachito rubio de mechas verdes y violáceas y lentillas doradas, pero su principal preocupación era otra: ¿Qué había sido eso? ¿Una explosión? ¿Un derrumbamiento? ¿Habría caído otra placa? ¿Cómo era posible que ellos no supiesen nada?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Seranzolo! ¿Qué dice Van Zackal? - Preguntó Yvette. - ¿Qué mierda está pasando?&lt;br /&gt;
- ¡Dice que espere!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El idiota no estaba bien preparado. Kurtz había hecho lo que podía, pero el novato tardó en fijarse en que él era el único que no había corrido a ponerse a resguardo. Se sintió desnudo, solo, de pie, en medio de la calle mientras una nube de polvo se acercaba a gran velocidad desde el norte. Cuando llegó al soportal en el que se había resguardado su compañero, su traje estaba gris, sus ojos rojos, y no dejaba de toser. Gerstschen no tardó un segundo en arrancarle el PHS y empezar a pegar voces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Esperando instrucciones! - Gritó. - ¡Sargento, por favor! ¿Qué está pasando? - Tras unos segundos de incertidumbre, respondió una voz distinta. Tosió dos veces para aclararse la garganta, y encontró la forma de hablar con firmeza, pese a un ligero temblor en la voz.&lt;br /&gt;
- Pongan a todas las unidades en activo. Repito: Todas las unidades en activo. Entramos en código rojo. El presidente está haciendo los preparativos para convertir el estado de excepción en un estado de sitio. - Dijo el capitán Jacobi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jonás olía el rico sabor de las especias. En Wutai no había término medio con la comida: O delicado sushi cortado con esmero o platos picantes solo apto para los estómagos más preparados. Su novia era más dedicada a los segundos, aunque últimamente rebajaba la receta, por miedo a que tanto picante pudiese hacer daño al bebé.&lt;br /&gt;
Acababa de cruzar la puerta y soltar la correa de Etsu, que corrió a saludar a su ama a la espera de que algún trozo de carne le animase la dieta. Jonás oyó como Aang lo recibía con mimos en su idioma natal, mientras él colgaba el abrigo y buscaba las zapatillas por el salón. Descalzo y cómodo, caminó despacio hacia la cocina. Estaba a punto de asomarse por la puerta cuando el mundo tembló como si fuese a romperse. No había durado lo suficiente para ser un terremoto, pero su intensidad solo hallaba comparación en la memoria del turco con el día en que la placa se derrumbó sobre el sector siete.&lt;br /&gt;
Asustado, cogió el PHS. Mientras buscaba en la agenda, corrió a la cocina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Aang! ¡Aang! ¿Estás bien? - Cuando cruzó la puerta, vio que su hermosa y ágil novia se las había arreglado para mantener el equilibrio, la compostura y las ollas aún sobre el fuego. Etsu parecía asustado, pero se interponía entre ella y la puerta. El turco sonrió, un poco más tranquilo.&lt;br /&gt;
- ¿Jonás? ¿Que ha sido eso, Jonás? - Su mirada era suplicante, y evidenciaba que la mujer que había dirigido soldados, esta vez estaba asustada por el delicado ser que llevaba en el vientre.&lt;br /&gt;
- Lo averiguaré. - Dijo con seguridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devolvió su atención al PHS, pero mientras buscaba el número, se encontró con la sorpresa de que este lo llamó a él. Entró apresuradamente en la habitación y entrecerró la puerta, mirando por la rendija, antes de responder a la llamada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hace mucho que no hablamos... - Dijo el turco al coger. Su rostro tenía la seriedad que muchos hombres habían visto antes de tener que pelear por su vida.&lt;br /&gt;
- Señor mío, déjese de poses, se lo ruego. - Respondió la voz al otro lado del teléfono. Inconfundible, tanto por su timbre agudo e inseguro como por su habla refinada. - Esto es... Es totalmente inaudito.&lt;br /&gt;
- ¿Qué mierdas ha pasado? ¿Meteorito? ¿Terroristas? ¿Han volado un reactor?&lt;br /&gt;
- Le... No soy capaz de explicárselo. Le estoy enviando una imagen. Véala y haga lo que crea conveniente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kurtz empezó a rebuscar entre el menú del PHS. Sabía que no tenía porqué cortar la llamada, pero la cobertura bajo la placa tenía algunas pérdidas. El PHS del trabajo lo sorprendió rompiendo a sonar en ese momento, reforzando su idea de que esto era grave, pero el turco esperó. Mantuvo sus ojos fijos en la pantalla y en segundos obtuvo su respuesta. La primera imagen era un mapa de Midgar, con un punto rojo marcando la zona del incidente. Calculó que, si era bajo la placa, podría llegar en menos de quince minutos, dependiendo de las calles. Si fuese sobre la placa, tendría suerte si tardaba menos de una hora. El PHS de Shin-Ra seguía sonando, indiferente e implacable. Lo descolgó y se lo llevó al oído sin apartar los ojos de la pantalla de su propio comunicador. Al oído le llegaba la cháchara asustada de una de las telefonistas, instándole a que se personase en el edificio Shin-Ra tan rápido como fuese posible. Sin embargo, en ese momento, llegó la imagen.&lt;br /&gt;
Era un puto muñeco. Un muñeco feísimo, mal hecho y grande como una montaña. Un bicho de formas poligonales, con pies desproporcionadamente grandes y sin dedos. Sus brazos eran como columnas de forma extraña, cuadriculada, y su cara no tenía facciones. Solo dos enormes ojos azules y un horrendo peinado amarillo en punta. Vestía con lo que parecía ser un uniforme de SOLDADO.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Es una puta broma? - Dijo a Fixer, intentando mantener el tono de voz bajo. - ¿Quieres tocarme los cojones?&lt;br /&gt;
- Su “puta broma” ha devastado tres edificios y está causando serios daños a la estructura superior del sector 1, agente. - Respondió con seguridad el hombre al otro lado de la línea. - Soy incapaz de impedirlo, pero confío en sus habilidades para lograrlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kurtz colgó. Abrió el armario de par en par mientras apretaba los dientes, intentando negar una realidad incapaz de ser mínimamente cabal. Dio aviso al departamento de Investigación de que iría directo al lugar del incidente y colgó el PHS de la compañía. Cuando volvió a la cocina, más que un turco parecía un soldado, cubierto de kevlar y armado hasta los dientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Jonás... - Suplicó Aang. Su novio negó con la cabeza.&lt;br /&gt;
- Creo que puedo morir de una forma jodidamente absurda... Pero voy a intentar volver, ¿vale? - Dijo mientras la besaba. - ¡Como sea!&lt;br /&gt;
- ¡No digas eso, Jonás! - El grito llegó cuando él ya se había dado la vuelta, y sintió como sus pies se paralizaban.&lt;br /&gt;
- Yo... - Dijo, buscando una forma honesta de tranquilizarla. - Ten las llaves del coche a mano, y prepara rápido algo para llevar...nos. Cuando vuelva, nos vamos de vacaciones. - Kurtz quitó los palillos, y tomó un bocado de los tallarines udon picantes con pollo, antes de salir corriendo. Ella asintió entre lágrimas, y aún cuando los pasos de su amado se alejaban por las escaleras del edificio, ella seguía sin apartar la vista de la puerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El enorme monstruo cuadriculado se encogió. Con la punta de sus brazos, acabados en una especie de muñones cuadrados, se frotó la cara, cerrando esos grandes y grotescos ojos azules, que eran sus únicos rasgos faciales. Rookery había usado un Gunger, pero sus disparos, aunque precisos, no habían sido suficientes para derribar al monstruo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Harlan?&lt;br /&gt;
- Presente, Rook. Ya lo veo: No cae.&lt;br /&gt;
- No, amigo. Espero que tú puedas hacer algo. ¿Alguna noticia de Kurtz, o Svetlana?&lt;br /&gt;
- Nada. Yvette en camino, Mashi también desaparecido, y Peres y StDivoir atascados en los suburbios del seis.&lt;br /&gt;
- Jo-Puto-Der. - Dijo para sí el francotirador, mientras introducía un nuevo cargador en el rifle. Estaba seguro de no haber fallado ninguno: Todos en la cabeza, de los cuales, cinco habían impactado en la pupila, pero el engendro ese respondía como si la amenaza no fuese más que un mosquito. No quedaba otra que insistir, y ver que se lograba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Harlan lo veía avanzar desde una azotea. A cada paso, el suelo temblaba, mientras el monstruo se abría paso a través de la placa. Avanzaba como un borracho en una exposición de maquetas, reventando todo a su paso como si no se diese cuenta. El turco-sacerdote no estaba en medio de su camino, pero si lo suficientemente cerca de él como para sentir las sacudidas. Su punto de ataque no iba a recibir al monstruo de lleno si este conservaba su actual trayectoria, pero no podía saber con seguridad si alguno de los edificios derribados caería hacia el suyo. Las tareas de evacuación eran una lucha contra el caos. Los turcos novatos habían resultado ser útiles con su carismática imagen juvenil para atraer a la gente e inspirarla para que estuviese tranquila. Van Zackal estaba haciendo un buen trabajo, pero la orden de retirarse de Grim no llegó antes de que disparase a un par de civiles por quedarse rezagados. Ahora mismo, eso era problema del departamento legal.&lt;br /&gt;
Tomando su cadena de materia, Harlan empezó una oración a todos los Loa presentes y favorables, que serían bien pocos, mientras intentaba ganar tiempo para el equipo de asalto. Demasiados fondos dedicados a mantener la apariencia de estabilidad de Shin-Ra a lo largo del mundo, demasiados destinados a cazar a Sephiroth. Hoy, Midgar parecía una ciudad sin rival, en la cima del mundo, pero pronto olvida uno que en un mundo donde la fuerza de la naturaleza se manifiesta en la forma de magia y criaturas extraordinarias, uno nunca debe olvidar su propia pequeñez ante el planeta.&lt;br /&gt;
Y Shin-Ra había creído durante muchos años que el planeta era su campo de juegos y su despensa inagotable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando sintió la energía llenándole, lanzó la descarga. La primera orden era intentar derribarlo. Si no se lograba, habría que intentar desviarlo fuera de la ciudad, o al menos, lejos del sector cero, y secundariamente de las vías de evacuación.&lt;br /&gt;
Mientas el cielo se oscurecía y el relámpago se preparaba para caer sobre el monstruo, Harlan Inagerr se alegró más que nunca de ser sacerdote: No necesitaba dejar de conjurar para rezar todo lo que supiese.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
El PHS de Rolf estuvo sonando unos segundos antes de que tanto él como sus amigos se percatasen de ello.  Daphne lo oyó primero y corrió a cogerlo, al ver que era Han. Rolf le dedicó una mirada desde la ventana, pero luego retomó la tarea de abrir fuego contra el gigante con su gran rifle de francotirador. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¡Han! &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Daphne? Dile al marica que estoy en camino. Estaré ahí en menos de quince minutos. - Su interlocutor hablaba a gritos, por encima del ruido del motor y de la música a todo volumen.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Desde los suburbios? ¡¿Cómo?! &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- No hay tráfico, están todos concentrados en huir, no en ir a la placa. Dile que tenga las llaves del &quot;Pájaro&quot; y el rifle grande. Necesitaremos material extra.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Que material extra?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Toma nota...&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Por el pasillo del piso sesenta y siete, Kurtz avanzaba en hosco silencio. Había dejado su chaqueta en el vestuario junto con su chaleco táctico, cambiándolo por un traje de kevlar que incluía mangas y un portaequipo de combate, llamado &quot;peco&quot; en sus tiempos. Granadas, materia y finalmente, el lanzagranadas MF203 para acoplar al cañón de su MF22. Perfecto. Tenía que reunirse en el hangar en cinco minutos con un destacamento selecto, sacado tanto de SOLDADO como de la 90 de Fuerzas Especiales. Los despreciaba a todos, pero alguien con buen sentido había decidido ponerlo a él al mando. Mientras se vestía, habían seleccionado para él a un piloto, un artillero y un par de expertos en materia para redondear el asunto, y un helicóptero Garuda para transportarlos a todos, junto con algunos lanzamisiles modelo STGR. &lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Sin embargo, como buen veterano, se detuvo un minuto antes de lanzarse a por todas, nada más y nada menos que para entrar en los urinarios. Ningún soldado que se precie entra en liza con las vejigas llenas. Uno está dispuesto a la muerte, pero no a la vergüenza de que su última sensación sea una combinación de dolor y pérdida de control de sus músculos inferiores a medida que se debilita, ni a que encuentren su cadáver en ese estado. Deslizó la bragueta y dio comienzo al que sería su último minuto de relax cuando una voz a su espalda estropeó sus planes.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- No te gires, agente &quot;Scar&quot; Kurtz. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Es más cómodo que ya no uses mi nombre de pila. - Por medio de los pulidos espejos del baño de ejecutivos, el turco pudo reconocer vagamente la silueta que había a sus espaldas: Alta, vestida de negro y con un brillo áureo en la cabeza. Suficientes pistas para evocar al único hombre con la pericia necesaria para traspasar la seguridad del edificio Shin-Ra sin ser descubierto. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Me alegro de que no sea una situación tan violenta. - Dijo el intruso. - Sigue con lo tuyo, no te diré que no voy armado, pero no estoy empuñando nada.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Qué pretendes? &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Ayudar. Llámame &quot;agente lo que quieras&quot;, pero quiero que me lleves hasta eso. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Y después?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Después ya no seré asunto tuyo. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
El turco asintió. Un segundo después, no sin cierto nerviosismo, pudo despachar sus asuntos. Ni siquiera se giró a mirar a su perseguidor. De refilón vio que llevaba traje y tenía el pelo recogido en una coleta, con unas grandes gafas de sol para disimular sus rasgos. Sus pasos a su lado a lo largo del pasillo que llevaba al hangar eran suficiente prueba de su presencia. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Al llegar ya había varios hombres esperándoles, mientras revisaban su materia y equipo.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Muy bien, nenas. Nosotros seis somos el último recurso de la ciudad: Los mejores de los mejores.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Quien es él? - Preguntó uno de los SOLDADO.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- El agente Baka. ¿Alguna pregunta?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Si... - Se adelantó el otro SOLDADO.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¡A callar! - Interrumpió Kurtz. - Soy el agente Kurtz y estoy al mando. Si no me equivoco, vosotros dos sois los especialistas en materia - Dijo refiriéndose a los SOLDADO, cuyos rostros le eran familiares. - Tú el piloto y tú por descarte el artillero. ¿Nombres?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Soldado de primera Diastraefen.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Soldado de segunda  Weisz. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Cabo Treyan, de la 90.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Teniente Nikopoulos de la 288 aerotransportada.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Un segunda? - Kurtz miró su hoja de servicios en el informe. - Vienes recomendado, ¿eh? A ver si es verdad que eres el más listo de la clase. - Al turco le gustó que asintiese en lugar de decir ninguna gilipollez. - El plan es simple: Vamos a sobrevolarlo, tirarle encima todo lo que tengamos y encabezar el ataque. Cuando acaben de sacar civiles, se nos unirán más helicópteros, así que entonces habrá que tener cuidado con el tráfico y el fuego amigo. Hasta entonces, tenemos carta blanca para usar toda la artillería que tengamos. Ahora si. ¿Preguntas?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Es una misión de las que se vuelve? - Preguntó Treyan.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Es una misión de las que, o se hace, o mueren millones. - El turco pudo ver asentimientos entre su equipo, a los que el artillero acabó por unirse. - ¿Es todo? Bien: Cables amarrados, paracaídas preparados y tenéis cinco segundos para recordar por que cojones estáis aquí hoy. - &quot;O por quien&quot;...&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¡Puta furgoneta! - Svetlana no paraba de maldecir su torpe vehículo, lleno de civiles aterrorizados. El pánico se había extendido como las llamas en polvorín, y los gritos casi le impedían oírse pensar. Acabó por sacar uno de sus subfusiles por la ventanilla y lanzar una ráfaga al aire.&lt;br /&gt;
Desde el retrovisor, Larry StDivoir pudo ver como su compañera maldecía una y otra vez, sin embargo él no pudo hacer nada más que seguir con su tarea: Llevar la sirena a todo volumen y abrir paso con su coche, ayudado por una escolta de la división motorizada de SOLDADO. Los refugiados se desplazaban en camiones confiscados, autobuses urbanos y trenes, intentando evacuar la ciudad. Mientras tanto, a los de los suburbios se les pedía que permaneciesen en sus casas para evitar colapsar las salidas. Larry sabía que pocos o ninguno estarían obedeciendo esas órdenes, y que muchos ya se habrían abierto camino fuera de la ciudad. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Chaval, ¿cómo va lo tuyo? &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Tenemos medio barrio detrás, y vamos más o menos bien. ¿Y tú, viejuno?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Un convoy de cinco autobuses. - Respondió Dawssen. - Con esto ya casi tenemos despejado el sector uno. El problema vendrá con los suburbios. - Al oír eso, Larry no pudo evitar dedicar una mirada de compasión a Svetlana, que parecía haber logrado algo de tranquilidad.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Mejor hacerlo bien, y prepararse para lo peor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Chaval, baja ahora mismo!&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
De las escaleras del piso superior bajó
un silencio hosco, que nació al morir una canción interrumpida. Se
oía el zumbido del amplificador de fondo, junto a los pequeños
ruiditos cotidianos de las cosas al ser colocadas en su sitio, y de
los pasos bajando la escalera. Ojeroso y macilento, Han apareció en
el piso inferior.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- ¡Joder, chaval! Deberías dormir
 un poco...&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- No tengo sueño.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Bueno... Escucha. - Dijo Remache,
 mientras señalaba hacia su camioneta con un gesto de la cabeza. -
 ¿Recuerdas que ayer venía un tío nuevo?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Si... El que viene con el servicio
 de reintegración social.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Eres mayorcito, ya no tienes por
 que temer al hombre del saco. - Lo interrumpió el viejo. Han miró
 sobre la espalda de este y pudo ver como el aludido levantaba la
 cabeza, mirándolos de reojo. - Oye, está bien que toques, pero
 tienes que trabajar un rato. Me voy a por un motor para ese Supreme
 en el que está trabajando... Échale un cable.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Vale.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Han se acercó a la nevera y abrió un
refresco, mientras esperaba a que la camioneta abandonase el taller
para bajar un poco la persiana metálica. Luego se dio media vuelta y
caminó hacia el novato y el coche.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Hola. - Le dijo este, viéndolo
 venir. Le esperaba con ambas manos apoyadas al borde del hueco del
 motor, mirando despectivamente su contenido. - Así que tú eres
 Han. - Dijo con una sonrisa inquietante.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Sip... ¿Te gustan los muscle
 cars?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Son lo puto mejor.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
El nuevo levantó la vista. Tenía los
ojos marrones, con un toque levemente rojizo en el iris, como una
chispa de agresividad en su interior, bien contenida. El pelo moreno
estaba engominado hacia atrás, y llegaba hasta la mitad del cuello,
pero lo más característico eran sus dientes: Cuando sonreía se le
veían unos incisivos y colmillos pronunciados, como una especie de
animal. Estaba tranquilo, pero había algo en ese coche que le
cabreaba y le hacía dar esa impresión. El piloto había visto esos
rasgos en otra parte...&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Perdona, ¿decías? - Dijo Han,
 volviendo a la realidad. Se acordó de que iba a ofrecerle un
 refresco, pero cuando se dio cuenta, el nuevo ya estaba bebiendo de
 él. ¿Tanto lo había perturbado esa cara? ¿A quien se parecía?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Este motor: Me encanta el Supreme.
 Es mi deportivo favorito, ¿sabes? Un motor capaz de volar un
 edificio, y unas lineas que muestran dominio... Control. La fuerza
 para hacer lo que quieras y la majestuosidad para no necesitarlo,
 ¿sabes? Esa es la palabra: Majestuoso.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
Han alzó una ceja y lo miró con
detenimiento. Sabía que se iba a encontrar al mirar bajo ese capó,
sabía al milímetro cada cable y cada soldadura, y joder: Aquello
había sido una obra maestra de ingeniería.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Un motor v6 de dos litros y medio.
 Mucha mejor relación potencia-cilindrada que el antiguo, mejor
 consumo y una respuesta decente, para mover un coche de ese peso.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- ¿Decente? ¡Joder, míralo! ¡Es
 una birria!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Es el respetable motor de
 doscientos cuatro caballos de un Shin-Ra Cavalier. Si te quejas por
 ese, entonces no quiero ser yo quien te aguante cuando nos pasemos
 los días reparando utilitarios, monovolúmenes familiares o
 furgonetas con más años que la propia historia de la automoción.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Cierto... Es un motor cojonudo, lo
 reconozco. Pero no es un motor de muscle car. No tiene la fuerza, el
 corazón, ni el sonido... Y yo quiero, cuando conduzco,
 experimentarlo, ¿sabes? Quiero la sensación, la adrenalina y el
 poder. Este coche es para mí, ¿sabes? Un regalo. Y quiero ese sonido para mi
 coche. - Han sonrió. “Lo que llega a ver uno...”, pensó para
 sí, despectivo de alguien que viese en un coche algo que no fuese
 una máquina capaz de romper la realidad, pero respetuoso de alguien
 con esa pasión por conducir.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- ¿Le das rápido?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Aún acabo de apuntarme a la
 autoescuela... Pero he soñado con esto durante muchos años... -
 Dijo alargando las palabras.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- ¡Vamos a por ello! - Exclamó el
 piloto, dejando sobre el armario de herramientas su refresco y
 tendiéndole la mano al nuevo. - Soy Han.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
- Yo soy Sim...&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
El taller tembló. Segundos después,
cuando las luces dejaron de parpadear, y el polvo empezó a asentarse
en el ambiente, empezaron los gritos de pánico en las calles. Midgar
estaba entregada al caos, y sus habitantes empezaban la pelea contra
algo que nunca habían esperado. &lt;br /&gt;
Dentro del taller, mientras
ambos corrían hacia la puerta, compartían una idea acerca de lo que
podía estar sucediendo, y una plegaria por que no fuese cierto.
&lt;br /&gt;
Evidentemente, no estaban preparados para lo que vieron.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¡Joder! ¿Tú no sabías forzar puertas?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¡Lo siento, señorito! ¡Los pasos de coloso me estresan!&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Apartaos...&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Varios golpes y un horrible crujido después, Henton les apartaba los restos de lo que antes había sido la puerta de aluminio de una ferretería. La alarma sonaba de forma estridente y continua, pero no parecía que nadie fuese a molestarse en acudir a interrumpirlos. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Muy bien. - Dijo Mark. - Henton gana.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Recuerdas lo que nos dijo? - Preguntó Rolf, abriéndose paso hasta la trastienda.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Si. Después de esto, aún tendremos que ir a buscar una tienda de deportes un poco grande. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Localicé un par de ellas antes de que se cayese la red pública. Vete al coche y vigila, Henton y yo buscaremos por aquí. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Mark se apartó, mirando a su alrededor por la costumbre de esperar a los PM cuando oía alguna alarma, a la Policía, o si había mala suerte, cabrones uniformados en negro. Si había un día en el que fuese posible que pasasen por alto su infracción por tener asuntos más graves, sin duda solo podía ser ese, pero siempre era mejor pasarse de prudente. Sacó el PHS, vio que aún había cobertura y aprovechó para volver a llamar a Han, para estar seguro de que realmente había salido de su aislamiento.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Hola, Mark. - Respondió su amigo tras pocos tonos.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Hola, tío. Primera parada lista, queda la segunda. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Bien, cuando esté, tráete a la peña, coges el Fenrir, incrustas ahí a todos los que quepan y sales pitando. El marica y yo nos vamos de caza. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Vosotros sabréis lo que hacéis. - Mark no pudo evitar pensar que en condiciones normales se burlaría de su amigo al reconocer que él y alguien de sexualidad poco escrupulosa como Rolf se &quot;iban juntos de caza&quot;. No era el momento, pero... - ¿Cazaréis de tu tipo o del tuyo?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Mira, Mark... A veces pareces tonto.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Joder, Han... Es por relajar el ambiente.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Vamos a por un mostrenco grande como un rascacielos, con una polla que ha de medir varios pisos. ¡Claramente, su tipo, tío! - Mark se permitió reír un momento. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¡Y luego dicen que no tienes sentido del humor! - Rió, encendiendo un cigarrillo. Necesitó varios intentos. Aún entre carcajadas no le había dejado de temblar el pulso. - ¿Te queda mucho?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Yo estoy preparado, y al &quot;Pájaro&quot; ya le queda poco. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¡Fuego vengador! ¡Fuego vengador! ¡Aquí Vigía uno! ¿Me copia?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Hola, Har. - Respondió Kurtz. - ¡A todos los Vigías, aquí Fuego Vengador! Descansen. Repito la orden: Descansen, consigan Eter y reposiciónense. Tenemos unos cuantos helicópteros de seguridad para espantar a este pedazo de mierda colosal. Le vamos a meter tanto plomo encima que su peso hundirá la placa. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Recibido, cabronazo. ¡Jódelo como tú sabes! - Confirmó Harlan haciendo gestos al helicóptero, antes de coger la radio para concretar un punto de retirada. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
La llegada del improvisado escuadrón de ataque aéreo fue como una tempestad: Misiles y munición de alto calibre empezó a llover sobre el monstruo con la intensidad del granizo. El fuego logró que el siguiente paso que daba fuese más lento... Más lento... Cada vez más lento... Hasta que llegó la orden de lanzar misiles, su enorme superficie se vio cubierta de humo y llamas por unos segundos.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Sobrevoladlo en círculos, pero no quiero ver a ninguno al alcance de ese cabrón. ¿Ha quedado claro? Si nos pilla va a parecer que nos han violado, masticado y vomitado, y no necesariamente por ese orden.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Señor, ¿es necesario emplear ese lenguaje? - Preguntó una voz insegura desde el otro lado de la radio. - Ya me siento bastante estresado con la situación. - Kurtz había olvidado que no solo hablaba con soldados, sino también con los operarios que manejaban los helicópteros no tripulados. Gruñó antes de confirmar su orden.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Contened el fuego. Vamos a ver lo que queda de él, tenemos que salvar la ciudad, no destruirla nosotros.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Mientras volaban, el polvo se mantenía. Centenares de cristales habían saltado y sumado a los edificios derruidos a su paso, el monstruo prácticamente caminaba dentro de lo que ya no parecía una nube, sino una tormenta de arena. Muchos pilotos se quejaron de la visibilidad, buscando mayor altitud para proteger las tomas de refrigeración de sus helicópteros. El aire olía a pólvora quemada y los segundos parecían eternizarse. Hasta las aspas de las hélices se ralentizaban, mientras todas las miradas estaban concentradas en el hueco que antes había ocupado el monstruo. Aún con la visibilidad turbia, un ruido metálico empezó a atronarles. Primero poco a poco, como un fuerte golpe contra el suelo por parte de un objeto pequeño. Luego otro, y otro, y finalmente los golpes sucedían a millares.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Qué mierda? - Preguntó el piloto, Nikopoulos. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Que me jodan con un puto misil Bahamut... - Juró Kurtz. - ¡Son las putas balas! &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Ciertamente: Miles de balas estaban cayendo desde la piel y la ropa de la criatura, contra la que habían quedado aplastadas para, perdida la fuerza del disparo, caer inertes sobre el pavimento, como un granizo que sonaba a fatalidad e impotencia. Su intensidad varió mientras la criatura se sacudía de encima la munición que pudiese quedarle y empezó a caminar de nuevo.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- No tenemos tiempo. - Al lado del oído del turco a cargo, sonó la voz de aquel al que había anunciado como su compañero. Sus pelos se tornaron escarpias al ver con que facilidad se había deslizado tras su espalda sin que tan siquiera se hubiese dado cuenta. - Haz lo que te pedí y acércame a él. - El hombre al mando asintió. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Piloto, acércate a su cabeza. ¡Ten cuidado! Espera cualquier cosa: Manotazos, rayos láser en los ojos, aliento de fuego... Las cosas están muy lejos de ser lógicas. El resto, preparad un fogonazo de materia, cualquier cosa menos hielo, y después una lluvia de balas, para cubrir al agente Baka. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Qué pretende hacer, señor? - Preguntó el tal Diastraefen. Su voz apenas se oía por encima del ruido del helicóptero. Paris lo miró de reojo y no respondió, y Kurtz se interpuso.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Diastraefen, lo tuyo es el rayo. Apunta a los ojos, para cegarlo. Y tú, Weisz, usa fuego. Algo amplio, una cortina que no le deje ver. Treyan...&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Tengo mucha cinta de munición, señor. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Mientras, en la cabina, Nikopoulos no daba crédito a lo que estaba oyendo. Miró hacia los controles situados sobre el parabrisas, donde siempre llevaba una fotografía de su familia. Sabía que estaban lejos de la zona de desastre, pero no por ello se relajaba. Los oía y creía que estaban locos, pero él estaba tan desesperado como ellos. Una idea le rondaba por la cabeza, y pese a que se lo negase a sí mismo, no quería alejarla del todo.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;
El Fenrir blanco se detuvo con un derrape. Han dejó el motor en marcha con la caja de cambios en punto muerto, cruzándose con Mark, mientras Megan pasaba hacia el asiento trasero.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Han... - Lo llamó Daphne, sin decidirse a entrar.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- No te pares. - Respondió el piloto. No fue frío, en su rostro se veía la preocupación. Se notaba que estaba a punto de convertirse en el hombre que los había sacado de aquel hospital. Parecía ya tanto tiempo atrás... - Nos vemos en unas horas.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Me alegro de verte, Han. - Dijo ella, guiñándole un ojo incapaz de sonreír con total sinceridad. Ocupó su sitio en la parte trasera.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Realmente ese va a ser más rápido que este? - Preguntó Mark confundido, viendo el cupé deportivo que era el Fenrir y el sedán de alta gama que era el otro. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Este es el mejor coche del mundo, Mark. - Respondió el piloto mientras abría la puerta y contemplaba el interior. Sonrió tristemente. - Henton, haz el favor y rompe la luna trasera desde dentro. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Cuando hubo acabado, ocupó su lugar en el asiento de copiloto del Fenrir, mientras Rolf se acomodaba en la parte trasera del otro coche. Mientras el deportivo blanco arrancaba, Han se sentó al volante, calándose los guantes.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- El Cavalier... - Dijo Rolf. - El mejor coche del mundo, ¿eh?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Lo he construido yo, ¿no? - Respondió Han, acariciando el volante en dirección hacia la ranura para la llave. - El Pájaro plateado de libertad. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
El helicóptero estaba cada vez más cerca. El monstruo se desplazaba entre los edificios, sembrando caos y devastación a su paso, y Nikopoulos, el piloto, evadía los cascotes y las columnas de humo caliente con pericia y pulso firme. Al fondo se veían explosiones de coches aplastados, camiones, depósitos de calefacción o conductos de gas y agua. El asfalto se resquebrajaba, y Nikopoulos se preguntaba cuanto podría resistir la placa. No estaba seguro de que Midgar pudiese sobrevivir a un segundo desastre, tan próximo al primero. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
En medio del ruido del motor y las aspas y la elevada tensión, el sonido del PHS de Kurtz rompió el silencio. Al ir a apagarlo, miró antes la pantalla, con miedo de que fuese su hermano, quien había quedado a cargo del resto de la familia, Aang incluida. Sin embargo, no pudo evitar la sorpresa al ver al viejo comando desquiciado que lo había llevado a jugarse el cuello por un ideal. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Qué cojones queréis? No. Ya lo veo: ¿Qué cojones vais a hacer?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Cuanto tiempo sin hablar contigo, querido. ¿Quieres que dé saludos a Han? - Se mofó Rolf al otro lado del PHS-&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Y tú, quieres que yo se los dé a Paris? - Susurró, mirando de reojo al joven asesino, que permanecía inmutable, asomado a la puerta lateral del helicóptero, junto al artillero. - No preguntes y responde: ¿Qué vais a hacer?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Vamos a derribarlo, confía en nosotros. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Yo me fío, pero no me hago responsable. ¿Necesitáis apoyo? &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Dos minutos de &quot;alto el fuego&quot; serían de agradecer, Kurtz. Vamos a tener que acercarnos. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Cuándo? - Pudo oír al otro lado del teléfono como repetían la pregunta al conductor, y este respondía a gritos, entre el sonido atronador del heavy metal a volumen alto. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Llegamos en tres minutos, en seis nos habremos ido. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Jonás colgó. Guardó el PHS despacio, con cuidado de que quedase bien afianzado en su bolsillo, y acercó la radio a su cara. Era una maniobra desquiciada, pero era una situación desquiciada. Pulsó el botón de emitir. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Aquí &quot;Scar&quot; Kurtz desde Vigía uno. Preparados para un alto el fuego a mi señal. Listos para reabrir el fuego con toda la potencia posible al siguiente aviso. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
A medida que se aproximaban a la gran avenida donde se desarrollaba la acción, el ruido y el caos se impusieron sobre la música. Rotores de helicópteros, tanques y demás maquinaria bélica luchaban contra un titán salido de la nada que devastaba la ciudad a su paso, con movimientos erráticos y extraños. El coche redujo su velocidad, pero siguió deslizándose entre los socavones dejados por derrumbes, sobre el asfalto destrozado por las orugas de los tanques. El conductor apretaba los dientes inconscientemente, mientras viraba el volante con una mano, y la otra realizaba rápidos viajes desde este hacia la palanca de marchas, y viceversa. En la parte trasera, el tirador esperaba con su rifle listo. Tenía los ojos cerrados y descansaba sobre la bandeja que cubría el maletero, dentro de lo permitido por el traqueteo y los volantazos. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
A la vista de la criatura, se encontraron con que el horror era superior a sus espectativas. Gritos de pánico se hacían audibles al aproximarse, entre el sonido de la maquinaria bélica, mientras que los furgones oficiales evacuaban a la población tan rápido como eran capaces de hacerlo. Estos mismos furgones les daban las luces de emergencia o pitidos de claxon para hacerles desistir. Eran sin duda la imagen de la locura, avanzando a ciento veinte entre transportes blindados y camiones de refugiados que huían del caos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡No veo ningún control! ¡Ni barrera! - Gritó Han.&lt;br /&gt;
- No creyeron que nadie estaría tan loco como para ir contra tal monstruo.&lt;br /&gt;
- ¡En la carretera de ascenso a la placa si que lo había!&lt;br /&gt;
- Pues si lo ves, haz lo mismo: Crúzalo. Da igual como.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Cavalier cruzó entre tanques estacionados y vehículos de artillería móvil. El traqueteo era especialmente intenso, y el asfalto desgarrado por el paso de las orugas dificultaba la tracción, pero el peor obstáculo era el humo. Una nube de polvo, pólvora quemada y estruendo parecía cubrir el mundo, imposibilitando la visión a más de algunos metros. Al fondo, solo una silueta sobre el gris: El monstruo.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¿Puedes pasar entre sus piernas? - Preguntó Rolf, aún sin mirar hacia delante. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- ¡Ni de puta broma! Además, me haría dar más brusco el giro. Mejor tomar esa curva de forma abierta. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
- Acércate más desde el sur. Es más alto que la nube de polvo, intentemos que el sol lo deslumbre. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Una leve corrección del sentido de la marcha les puso en el mejor ángulo de ataque posible, listos para el siguiente paso. Mientras el Cavalier surcaba los cada vez más escasos metros que lo separaban de su objetivo, este inició un nuevo paso. Lento, y torpe, que provocó que al concentrar su peso en el pie de apoyo, el asfalto se resquebrajase bajo su carga. El pie izquierdo del monstruo se levantaba, y daba la impresión de que esa rodilla se estaba flexionando de forma casi mecánica, con movimientos cuadriculados y forzados. &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Han bajó una marcha y pisó a fondo, haciendo que el ruido del motor despegase, mientras que desde detrás el olor a humo se intensificaba. La vibración del interior del vehículo era un desafío para su chasis de mitrilio, y la dura suspensión deportiva no era de ninguna ayuda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Rolf, si te queda algo por decir, suéltalo ahora, o calla para siempre.&lt;br /&gt;
- No me dejes morir como un puto gilip...&lt;br /&gt;
- ¡Tres! - Le interrumpió el piloto. - Dos, uno...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un volantazo y un tirón a la palanca del freno de mano y el coche se revolvió, mientras su piloto hundía el pie derecho en el acelerador. Con las ruedas traseras bloqueadas, el coche empezó a rotar sobre sí mismo, perdido el agarre sobre el asfalto destrozado. Apenas un segundo después, el maletero estaba orientado hacia el monstruo, sin dejar de girar. Sobre ese maletero había un rifle de francotirador del calibre 50, cargado con algo especial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Desde el corazón del infierno, yo te apuñalo! - Gritó Rolf desde la parte trasera, tumbándose en el asiento. Apoyó los pies en la puerta y agarró tan fuerte como pudo el cinturón de seguridad del lado contrario. Han ya había retomado la maniobra en cuanto oyó el disparo, y su acelerón le costó a su amigo un par de serias magulladuras. Hundió el pedal de nuevo, completando el giro de trescientos sesenta grados y aceleró hacia el lado izquierdo del monstruo, rompiendo otra vez el agarre sobre el asfalto con el freno y rodeándolo mientras derrapaba, para cerrar el radio todo lo posible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kurtz intentaba que no le viesen sonreír sus compañeros en el helicóptero. Ese maldito coche infernal había vuelto a nacer, y esos dos hijos de puta habían tenido una idea mejor que todo el aparato militar de Shin-Ra junto. El coche estaba rodeando el monstruo, y con ayuda de unos prismáticos, pudo ver como estaban enrollando una especie de cable alrededor de sus pies. Dieron tres, cuatro, cinco vueltas, antes de que el rollo de cable de metal saliese disparado del maletero arrancando la tapa, y se alejaron del lugar dejando un rastro de humo y un rugido de victoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Todo tuyo, Kurtz! ¡Dispuesto y con lacito, como una puta virgen!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tripulantes del helicóptero vieron al turco recobrar su sonrisa lobuna, mientras guardaba su PHS y se acercaba la radio a la cara.&lt;br /&gt;
- ¡Aquí Fuego Vengador, a todas las unidades! ¡Fuego! ¡Fuego, maldita sea! ¡Tiradselo todo y hacedlo ya!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La tormenta volvió a encenderse. Como el infierno desatado, centenares de lanzadores de hechizos vaciaban todo su éter en descargas flamígeras, gélidas y eléctricas sobre el monstruo, mientras munición de todos los calibres existentes era disparada contra él. Las llamas y el humo lo cegaban todo a lo largo de manzanas a la redonda, mientras que destellos irregulares surcaban la nube caótica, y un estruendo de pólvora estallando y plomo surcando el aire para impactar contra lo desconocido ensordecía el ambiente. Durante varios minutos, que parecieron eternos, la ciudad lanzó toda su ira y su fuerza contra el invasor. Miles de militares, SOLDADO, turcos e incluso milicianos civiles arrojaron toda la furia de que les quedaba hasta agotar el último cartucho. El último hechizo. El último ápice de esperanza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el polvo se despejó de nuevo, se oía aún el sonido de la munición y los cascotes cayendo al asfalto. Las lecturas infrarrojas y térmicas se volvían locas, sin embargo había una certeza, vista en cuanto el humo empezó a disolverse. La criatura seguía en pie. Se tambaleaba, e intentaba continuar su avance, entre los sonoros chasquidos de un cable de acero a punto de romperse. No mostraba heridas, no había sangre visible, pese a que le había caído encima todo lo que la ciudad podía dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Sigue vivo! - Exclamó Nikopoulos, mientras Treyan gritaba de terror y se lanzaba por la puerta lateral del helicóptero. Kurtz no hizo nada por impedírselo. Suficiente hacía por intentar no hacer él lo mismo. A su alrededor, Diastraefen, Weisz y Nikopoulos lo miraban esperando cualquier tipo de instrucción, algunos con más entereza que otros. Paris se acercó a su espalda.&lt;br /&gt;
- Olvídate de ellos. Haz lo que te pedí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kurtz asintió. Cerró los ojos dos segundos, y cuando los abrió tenía su Aegis Cort en la mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Muy bien, tripulantes, esto es lo que vamos a hacer. - Mientras hablaba, tomó asiento en la cabina, junto al piloto, y sujetó la palanca de dirección. - Vosotros os vais.&lt;br /&gt;
- No tenemos ningún miedo. - Respondió Diastraefen.&lt;br /&gt;
- ¡Asunto clasificado de Turk! ¡No tenéis competencia aquí! ¡Si no abandonáis la zona, abriré fuego contra vosotros!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tripulantes, confusos, se miraron entre ellos, pero Weisz, ofendido, fue el primero en actuar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Haced lo que os dé la gana, me uniré al primer equipo Vigía que encuentre. - Diastraefen no dijo nada, pero saltó a la vez que su compañero. Nikopoulos fue el último, y se detuvo al ir a recoger su foto familiar.&lt;br /&gt;
- ¿Sabe, señor? A mí me ha dado suerte.&lt;br /&gt;
- Tengo la mía propia. Gracias, Nikopoulos. - Respondió Kurtz, guardando su pistola y sacando su navaja, para sujetarla con los dientes.&lt;br /&gt;
- Gracias otra vez, señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el asustado piloto hubo saltado, Paris tomó el asiento que este había dejado libre, mientras su antiguo compañero empezaba a encaminar el helicóptero contra el monstruo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- No sabía que podías pilotar uno de estos. ¿Lo aprendiste haciendo guerra sucia? - Miró con sorna al hombre, con la navaja en la boca, listo para saltar como un filibustero en un abordaje en el mar de Corel. - No respondas, ya veo que estás ocupado... - Kurtz se quitó la navaja de la boca y la clavó sobre el cuadro de mandos, enfurecido.&lt;br /&gt;
- ¿Qué mierda quieres, puto niño mutante de los cojones? - Paris soltó una risita al oír eso. Encaró a Scar y apartó ligeramente sus gafas de sol, mostrando su antinatural mirada, con esas pupilas felinas y afiladas.&lt;br /&gt;
- No es bueno ofender a los &quot;niños mutantes&quot;, agente Scar Kurtz. Somos malas personas por naturaleza. A menudo, mucha gente inocente acaba herida.&lt;br /&gt;
- ¡Pues mátame y pilota tú esta mierda! No sabes, ¿eh? ¡Jódete! ¡Haber estado luchando en guerras sucias! ¡Así tendrías las habilidades necesarias para salvar esta mierda de ciudad! - El asesino se tornó serio. Sin embargo, se relajó al instante.&lt;br /&gt;
- Aún estás a tiempo de hacer como ellos, Jonás.&lt;br /&gt;
- ¿Y tú que harás? ¿Saltar doscientos putos metros?&lt;br /&gt;
- Yo me las arreglaré. Igual que antes de conocerte, igual que hago ahora.&lt;br /&gt;
- ¡Que te jodan! - Gritó el turco. - ¡Ya te di de hostias una vez, apuesto a que ahora puedo destrozar a ese pedazo de mierda colosal más y mejor que tú!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Paris quiso replicar, noquearlo y tirarlo en paracaídas, pero listo como estaba para saltar en el último segundo, no se había sujetado al asiento, y en cuanto el turco aceleró el motor hasta el extremo e inclinó el helicóptero contra la cara de la criatura, tuvo que destinar toda su atención a sujetarse y prepararse. Mientras tanto, Kurtz, con una mano en los mandos y la otra en el borde de la puerta, que había arrancado a patadas, hacía repaso mental de lo que llevaba encima, notando su peso, tal y como estaba acostumbrado: Su pistola, dos cargadores adicionales, cuatro granadas y algunas piezas de materia. Sin embargo, ninguna de esas cosas le pesó tanto como su cartera, con la foto de Aang en ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡COME MIERDAAAA!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El golpe resonó en todo el lugar. El dolor le quemó en la cara, pero se disipó en seguida. Aturdido, se frotó la cara y miró a su alrededor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Mark! ¡Mark! ¿Estás con nosotros?&lt;br /&gt;
- ¿Eh? - Fue todo lo que pudo responder. Megan estaba inclinada sobre él, lo que le daba una gran panorámica de su camiseta, sin embargo, Mark apenas era consciente de que estaba sucediendo. Miró a su alrededor y sus gestos delataron su esfuerzo por reconocer las caras que lo rodeaban. - ¿Y Han? ¿Donde está? - Miró a Rolf. - No está con...&lt;br /&gt;
- Han está consigo mismo, y lo sabes, idiota. - Respondió Rolf despectivamente, mirando hacia Daphne que había apartado la mirada, con preocupación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Mark, ¿estás bien? Te quedaste flipado viendo el primer trailer. - Megan se preguntó si no debería darle otra bofetada, pero notó como una especie de fuerza natural la apartaba de su amigo.&lt;br /&gt;
- Déjame a mi. - Dijo Henton.&lt;br /&gt;
- ¡Oh, joder no! - Gritó Mark, pero su amigo al acercar la mano, lo único que le hizo fue tomar el porro que este sostenía. Lo miró fijamente, como intentando reconocerlo, y dio una calada.&lt;br /&gt;
- Pues si... Es fuerte. - Dijo, y volvió a su asiento, donde se apropió de las palomitas.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2013/03/222.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-464381745684600967</guid><pubDate>Thu, 02 Dec 2010 20:53:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-01-13T23:37:25.945+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:Rokhsa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>221</title><description>¿Dónde ir cuando no haces más que comerte la cabeza?&lt;br /&gt;A beber. Esa parecía ser la solución, el único propósito para el que el alcohol había sido creado. Daba igual el aroma, los reflejos que desparramaba el líquido sobre la barra o el suave, pero intenso y delicioso sabor que desprendía aquél licor de hierbas; una parte de mi disfrutaba a cada trago y la otra decía “emborráchate ya”. Y eso me avergonzaba aún más. Había dejado a Lucille sola en casa, prometiéndola volver en un rato, mintiéndola al decir que ya no había peligro alguno… No, las cosas no podían seguir así… Ahora ya no era sólo ella, también era la pequeña criatura que estaba cobrando vida en su interior. Me lo hizo prometer, me suplicó que no hubiese más peligro a nuestro alrededor… ¿En qué me convierte eso? ¿Qué imagen tiene de mí que me tiene que decir entre sollozos que quiere tener una vida tranquila?&lt;br /&gt;Una chispa se había encendido detrás de mi cabeza, pero por suerte la rueda del mechero parecía averiada. Era una chispa pequeña, minúscula, pero terriblemente dolorosa: “Si yo me evaporase… ¿Tendría Lucille una vida mejor? No… ¡No! Y mucho menos ahora. Me sentía enormemente feliz de aquella noticia, no paraba de imaginarme como sería aquél bebé, nuestro bebé, al nacer. Si heredaría ese azul océano en los ojos de su madre, la vagancia del padre…Tomé otro trago del licor de hierbas, amargo y rasposo al darme cuenta de que los hielos se habían derretido hace tiempo. Llevaba ya tres horas con pasos vagabundos, yendo de un bar a otro y pidiendo siempre lo mismo. Ahora me encontraba en un local elegante, con asientos de cuero y una luz dorada que hacía brillar todas las botellas que decoraban el interior de la barra, cada una con un licor distinto. El Blackson’s era un bar elegante para estar bajo la placa y el camarero parecía ser todo un entendido en bebidas espirituosas; de hecho, aquél licor de hierbas estaba hecho, según me dijo, con un tipo de planta ya extinta, arrasada y quemada en Wutai por los soldados de Shin-Ra. En ese momento entró alguien mascando con bastante ruido un caramelo y comentando el último rumor de las calle para que todos los presentes se enteraran.&lt;br /&gt;Yo me disponía a sacar la cartera para pagar la copa y marcharme de una vez, pero una mano fría y ruda me lo impidió antes de añadir:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Déjalo chico, a ésta te invito yo, además… Jack, saca esa maldita botella tuya que tanto amas y ponle un chupito al señor Vanisstroff.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No corras tanto Lucille!&lt;br /&gt;-Déjala mujer… Ahora mismo se debe sentir la muchacha más feliz de todo Midgar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;luz de un atardecer explosivo se colaba entre las hojas de unos ciruelos e incidían en el resbaladizo metal de los toboganes del parque, arrojando sinuosos reflejos en la arena. El sol, totalmente flamígero, se hundía rápidamente en la línea del horizonte, transformando loas voluptuosas nubes en un incendio aéreo.&lt;br /&gt;Una niña, enfundada en un pequeño abrigo de rugosa tela gris y falda marrón sobre unos leotardos oscuros, subía y bajaba del mismo tobogán una y otra vez, el más alto de todo el parque. Su cara se transformaba en una mueca de absoluta felicidad cuando su pequeño cuerpo se deslizaba hasta abajo, para segundos después, volver a levantarse con una aguda risa y subir las escaleras de nuevo. Sus oscuros mechones oscuros se escapaban del dominio del gorro de lana marrón que cubría su cabeza y se alborotaban a cada caída, mientras que sus ojos chisporroteaban de diversión con un azul eléctrico. No quedaba nadie más en aquél parque, salvo aquella niña y sus padres; los demás chicos se habían marchado refunfuñando, exigiendo a sus padres más diversión a cambio de acallar sus llantos. Incluso un par de niños se habían ganado un moratón en la espinilla por parte de Lucille, que reclamaba aquél alto tobogán como su bastión personal. Sus padres observaban a la pequeña, él enlazando una mano en la cintura de ella y ella apoyando la cabeza sobre su hombro. Se sentían contagiados de la sonrisa de su hija, disfrutaban de su felicidad igual o incluso más que ella, adorando su sonrisa infantil e inocente desde un segundo plano. Su madre, tapándose la boca con una bufanda color caqui, siempre miraba las rápidas y desacompasadas piernas de su hija con ansiedad, temiendo que se tropezase y que aquella velada acabase con una sesión de lloros desconsolados y una tirita en la rodilla. Su padre Robert, sin embargo, la observaba absorto en su propio placer, adorando, bendiciendo y alabando a todos los dioses posibles por otorgarle semejante regalo. De él había heredado Lucille sus ojos del color del océano y esas pestañas oscuras, mientras que el revoltoso pelo oscuro era cosa de Saioa, su madre. Ambos eran incapaces de negarla nada cuando sonreía de ese modo, así que ella seguía subiendo y bajando, subiendo y bajando… Mientras el cielo incendiario de hace un momento se convertía en un espectáculo cárdeno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está bien-cedió Saioa dándole un codazo a su marido- Pero tú te encargas de bañarla esta noche.&lt;br /&gt;-Serás tonta, si sabes que eso me encanta- contestó él con una amplia sonrisa- Además, hoy va a dormir como una reina. ¡Pequeñaja, venga que nos tenemos que ir!&lt;br /&gt;-¡Una más papá, sólo una más!&lt;br /&gt;-¿Robert Kingston?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La armonía de aquella escena se evaporizó en un momento cuando cuatro hombres trajeados hicieron su aparición en el parque. Todos con el semblante serio menos uno, que parecía resguardarse detrás de los dos más altos con una sonrisa precavida; guardaespaldas. La voz provenía del hombre más bajo de los tres, que permanecía en actitud desenfadada pero autoritaria, con las manos en los bolsillos y el humo de un cigarro entre sus labios. Se sacó una de las manos y tiró la colilla al suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Puede acompañarme un momento? Sólo será un segundo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Robert abrazó a su mujer más fuerte en señal de protección y echó un vistazo a su pequeña, que permanecía callada y quieta como una piedra sobre el tobogán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y con quién tengo el placer de hablar?- preguntó desconfiado.&lt;br /&gt;-Miezko Vanisstroff, tranquilo, no somos turcos ni nada parecido… Sólo quiero hablar de… Negocios con usted.&lt;br /&gt;-¿Y por qué debería fijarse un hombre como usted en mi pequeño taller de mecánica?&lt;br /&gt;-Si me concede unos minutos… -contestó el trajeado, señalando un shin-Ra supreme al otro lado del parque, con una puerta abierta y el motor en marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se prolongó un silencio incómodo. Robert no daría su brazo a torcer tan fácilmente, aquello era lo más sospechoso que le había ocurrido en toda su vida. EL tal Miezko se aclaró la garganta y añadió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Será mejor…- dirigió una mirada a la pequeña Lucille a propósito y deshizo la pausa- para todos si viene conmigo un momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soplé aquél resplandor verde que ardía en el borde del vaso y me bebí el licor. Tenía una textura melosa, pero parecía deslizarse por mi garganta a toda velocidad. Sabía a menta suave de las montañas de Corel, al agua de los cocos de Costa del Sol, a frutas silvestres, vainilla, a hierba mojada… Y sobre todo a un fuego que parecía acariciarte la lengua y dejártela dormida. Su calor bajaba hasta el estómago, pero no con la fuerza del alcohol, si no de una manera reconfortante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vaya…- llegué a balbucear; todavía sentía cosquillas en toda mi boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Observé al camarero, Jack, que ponía el tapón a la botella con fuerza y la volvía a colocar en la estantería, mientras dejaba salir de su boca un reguero de amenazas e insultos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Juro por mis muertos que ésta es la última… ¿Me oyes Arguish? ¡La última! Ni aunque te quites esa jodida máscara te pienso volver a dar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras, el objeto de su rabia estiraba la rendija de la máscara con un dedo y dejaba caer el líquido verdoso sobre sus labios, secos y con llagas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ah… ¿Increíble verdad?- dijo con un gran suspiro, apartándose un par de gotas que habían caído en el látex color hueso- En teoría nos estamos bebiendo a nuestros antepasados, pero… ¡Qué demonios, así sirven para algo! No creo que ellos nos ayuden a parar al meteorito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez fuese por aquél chupito, pero sentía que podía confiar en aquél desconocido. Con aquél traje, aquella máscara macabra… Eran motivos de peso para salir corriendo, pero por algún motivo que desconocía, me sentía a gusto con él.Se sacó un chupachups del bolsillo de la americana y pidió un ron añejo de las playas de Costa del Sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿De qué me conoces?- me atreví a preguntar.&lt;br /&gt;-Yief, has aparecido en las televisiones de todo Midgar… Es cierto que la mitad de gente no te reconocería por la calle y la otra mitad te escupiría, pero yo me creo lo que dijiste en el juicio, ese tal Tombside no se fijaría en alguien como tú sin ningún motivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya lo creo… Toda esa historia comenzó estando en el lugar equivocado, leyendo los pensamientos equivocados. Quien me mandaría a mí tener una materia rota tan peculiar… No recuerdo en qué momento ni en qué lugar la perdí, pero tampoco la echaba de menos, no había hecho más que traerme problemas. Tras agitar el ron, el borde del vaso desapareció entre los labios de Arguish. Yo todavía tenía el licor de hierbas, pero los hielos no eran más que dos barcazas a la deriva en un mar aguachinado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Conocías a Blackhole verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni siquiera sé por qué se me ocurrió aquello, era una locura. Si resultaba ser un sicario de mi padre o algo por el estilo, ya me podía dar por muerto. Sin embargo, él se dedicó a soltar una pequeña risa y mirarme fijamente a través de esas cuencas, tan negras como la muerte que representaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vendo tornillos a mucha gente Yief, pero tranquilo, he venido a hablar contigo, ha sido una casualidad que nos encontremos.&lt;br /&gt;-No me has respondido- le insistí.&lt;br /&gt;-Y eso es lo único que saldrá de mi boca. No te lo tomes a mal hombre,- me dijo dándome una palmada en el hombro.- Esta máscara oculta algo más que un bello rostro.&lt;br /&gt;-Debería estar loco para confiar en ti…&lt;br /&gt;-Lo mismo podría decir yo, le acabo de invitar a un chupito al cómplice del mayor psicópata de Midgar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se por qué me dio por reír, pero me atraganté con el licor y se me llenaron los ojos de lágrimas. Resultaba irónico, pero era cierto. Me imagino que mis días de ciudadano ejemplar quedaban demasiado lejos de mis expectativas. Ya ni un hombre enmascarado con una calavera se podía sentir a salvo a mi lado. Él también se rió, mientras se oía el chasquido del caramelo contra sus dientes; mascó los trozos con sabor a fresa y se dejó el palo de plástico en la boca. Tal vez era parte de su juego, pero que comiese tantos dulces contrarrestaba con el negro de las cuencas pintadas, que traslucían con tanta sutileza que apenas se veían sus verdaderos ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos a dar una vuelta Yief- me ofreció él terminando su copa de ron tostado- Nos marchamos Jack, gracias de nuevo por compartir tu tesoro.&lt;br /&gt;-¡Iros a tomar por el culo!- gritó él con medio cuerpo sumergido en una de las cámaras bajo la barra. Se incorporó con las manos llenas de refrescos de naranja y frunció el ceño a verlos- ¿Es que todavía seguís aquí? ¡Iros de una puta vez!&lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;    &lt;w:usefelayout/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate=&quot;false&quot; latentstylecount=&quot;156&quot;&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable  {mso-style-name:&quot;Tabla normal&quot;;  mso-tstyle-rowband-size:0;  mso-tstyle-colband-size:0;  mso-style-noshow:yes;  mso-style-parent:&quot;&quot;;  mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;  mso-para-margin:0cm;  mso-para-margin-bottom:.0001pt;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:10.0pt;  font-family:&quot;Times New Roman&quot;;  mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;  mso-ansi-language:#0400;  mso-fareast-language:#0400;  mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;br /&gt;Mercado Muro bullía de actividad, pero sólo donde abundaban las tiendas de armas y prostíbulos. Por donde nosotros caminábamos se podía sentir hasta el frío del asfalto y la soledad de las casas abandonadas. Incluso de vez en cuando descubría ventanas con la luz encendida que eran engullidas por la oscuridad y escondidas tras persianas. Un perro comenzó a ladrar en las sombras de algún callejón, pero un siniestro golpe hueco y metálico convirtió sus quejas en gimoteos lastimeros.  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Arguish caminaba con las manos en los bolsillos, mascando un nuevo chupachups y acompañado de un continuo y extraño tintineo metálico; a cada paso que daba, algo sonaba en sus bolsillos.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-Dime una cosa Yief, si de dos gemelos sin nombre uno te dice la verdad y el otro te miente… ¿A quién creerías?&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-¿Es un acertijo?&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-No lo creo… Si el que te miente te dice que es verdad que miente, la mentira se convierte en verdad; y si el que te dice la verdad quiere mentirte, te va a visar de ello porque es incapaz de no ser sincero.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-¿Entonces no hay solución?&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-La mentira se convierte en verdad y la verdad en mentira. El don de la palabra es tan maleable que no te puedes fiar de nadie, esta ciudad está demasiado podrida para ello.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-No creo que todo el mundo sea así…- era una excusa sin argumentos, pero me negaba a pensar de manera tan drástica.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-Claro que no, pero el tamiz de esa criba es increíblemente fino, sólo un par de piedras grandes se quedan sobre la rejilla. Incluso convendría hacer un destilado posterior y quedarse solamente con la mejor sustancia…&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-¿Entonces estamos hablando de encontrar tu alma gemela?&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-No tanto como eso, cosas así sólo ocurren en los cuentos. Pero si tienes que confiar tus secretos, que sea a una sola persona, la más adecuada. Tú, por ejemplo, llegaste a confiar en la seguridad que seguro te ofrecía Tombside y mira lo que te ocurrió. Y me apuesto una caja de caramelos a que Tombside también llego a confiar en ti, pero tú te chivaste a los hombres de negro.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Me avergoncé como un niño pequeño al que regañan por esconder comida que no le gusta, y eso me sentía como una patada en el culo. ¿Acaso debía sentir vergüenza por aquello? No, aquello ya no era un colegio si no una mole de edificios grises en los que en cada esquina acechaba la muerte, Midgar me debería agradecer eternamente lo que hice…&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Mientras tanto seguía sonando ese extraño tintineo. Incliné el cuerpo hacia delante y observé que Arguish jugueteaba con algo bajo el bolsillo derecho, pero no tenía la menor idea de lo que podía ser… ¿Las llaves tal vez? No… Era un sonido distinto.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-¿Recuerdas un videojuego de hace tiempo…- prosiguió él- En el que una pequeña bola cogía toda la mierda que veía mientras iba rodando, haciéndose cada vez más grande? &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-Me alegra saber que tuviste infancia, eso te hace más humano bajo la máscara.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-¡Cuando quieras echamos una partida!- me desafió. Incluso juraría que le vi una sonrisa burlona bajo el látex- ¿Pero no crees que ocurre lo mismo con los secretos y las mentiras?&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-Se agrandan y se agrandan…&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-Solo que todas y cada una tienen una pizca de pólvora en su interior y es cuestión de tiempo que la bola recoja una mecha y una cerilla entre tanta mierda.&lt;/p&gt;  La noche era fría y oscura en esas calles, pero cada comentario salido de la boca de Arguish arrojaba una mancha más de tinta negra. Me estaba tiñendo la conciencia de negro y encharcando la cabeza de resentimiento.&lt;br /&gt;Pero aún así me sentaban como un empujón, como una bofetada que me devolvía a la realidad, las cosas no podían seguir así, tenía razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está bien- dije en alto- Ya es hora de que Lucille conozca la verdad.&lt;br /&gt;-Así que Lucille eh…- se burló dándome un codazo- Me la tendrás que presentar algún día- sacó su PHS con dificultad del bolsillo de la americana y toqueteó algunos botones- Me has caído mejor de lo que pensaba Yief, dame tu teléfono y te…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que ninguno de los dos nos dimos cuenta, pero de repente Arguish e chocó contra una mole de músculos y soltó un suspiro de sorpresa. Frente a nosotros se alzaba un hombre de casi dos metros, con el pecho al descubierto y un chaleco de cuero negro que se ceñía a sus enormes hombros como si las costuras estuviesen a punto de estallar. Lo mismo ocurría con los pantalones, de cuero también, pero con un estampado que imitaba la piel de cocodrilo. Además llevaba la cabeza rapada, arrojando brillos de la farola más cercana en su piel tostada, y unas gafas de sol de montura fina. Sus brazos eran como mi cabeza y su espalda podría quedar encajada en un callejón estrecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Disculpe caballero, no le he visto- se excusó Arguish recomponiéndose del encontronazo.&lt;br /&gt;-Así que tú eres el Hombre Calavera- contestó el corpulento sin miramientos.&lt;br /&gt;-¿Nos conocemos?- preguntó Arguish extrañado. La verdad es que ni siquiera había reparado en mí.&lt;br /&gt;-Estas calles ven muchas cosas y dicen más aún. Y cuando cuatro de los míos desaparecen sin dejar rastro, los rumores me dirigen hacia un extraño hombre en mascarado que por lo visto tiene un amigo imaginario…- sus palabras eran pasadas y lentas y, a juzgar por su pronunciación y su ceceo, nadie le había enseñado a hablar en condiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arguish se rascó la coronilla y al momento chascó los dedos en señal de aprobación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Edd el Malhablado verdad?- Arguish se giró hacia mí  y señaló al grandullón con el dedo pulgar- El líder de una pandilla bastante cañera y ruidosa por estas calles, Shin-Ra ha puesto precio a su cabeza para que los PH’s se entretengan un poco… Sí que te tengo que caer mal para que te dejes ver así.&lt;br /&gt;-¡Uno de ellos era mi hermano hijo de puta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un bloque de cemento musculazo voló a mi lado e impactó en Arguish. No me dio tiempo a ver nada, pero del impacto se le despegaron los pies del suelo y cayó de espaldas, frotándose el antebrazo con una risa siniestra; había bloqueado el golpe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vaya…- dijo Arguish incorporándose- Veo que no tienes paciencia. Entonces comencemos, Yief, no interfieras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me aparté instintivamente y Arguish metió las manos en los bolsillos de pantalón. Eso era lo que tintineaba al ritmo de sus pasos, un juego de puños americanos, de un dorado desgastado y llenos de muescas, seguramente por culpa de algún diente de peleas anteriores. El Hombre Calavera se ajustó las armas en cada mano y se desabrochó el botón de la americana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Te voy a matar hijo de puta!- gritó el Malhablado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a atacar él en primer lugar, pero esta vez Arguish estaba preparado. Esquivó el puñetazo girando su cuerpo hacia la izquierda y aprovechó la inercia para lanzar su puño al codo son flexionar de su adversario. Sonó un extraño crujido y el brazo del otro hombre pareció doblarse hacia el lado que no debía. El metal del puño americano hizo vibrar todos sus huesos hasta la clavícula con un agudo dolor y le durmió de codo para abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Hijo de puta!- gritó sacudiéndose el brazo.&lt;br /&gt;-Renueva tus insultos, si te oyese mi madre ya te habrías meado en los pantalones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El combate comenzó de nuevo y Arguish concentró todo el giro de la cadera en su mano derecha. Su contrincante dio un paso hacia atrás, un segundo antes de que aquellos nudillos metálicos consiguieran darle la vuelta al cuello, y después se abalanzó hacia Arguish aprisionándole en un abrazo de granito. El aire se le escapaba a cada gruñido y los pulmones se encogían bajo las costillas oprimidas. Arguish pataleaba con las piernas colgando pero no conseguía nada y justo cuando Edd el Malhablado soltaba una apresurada risa de victoria, el enmascarado cogió impulso con la cabeza y ambos cráneos chocaron con un estruendo.&lt;br /&gt;Arguish cayó mareado hincando una rodilla en el suelo y con un bulto hinchándose en la frente. El otro corrió peor suerte y de la ceja izquierda manaba sangre en abundancia, obligándole a cerrar el ojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Parece que te he infravalorado- dijo Arguish jadeando- esos brazos tuyos son peores que un torno hidráulico.&lt;br /&gt;-¡Pienso hacer que esa calavera sangre por dentro!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arguish parecía mareado mientras sus pulmones volvían a funcionar a pleno rendimiento y Edd el malhablado no dejaba de apartarse regueros de sangre y sudor de la cara, pero la pelea había ascendido a un ritmo frenético. Los puños de Arguish eran destellos dorados que chocaban contra los antebrazos de su enemigo, ablandando el hormigón que parecía correr por sus venas. También intentaba golpear de nuevo la brecha de la frente, pero la adrenalina aumentó los reflejos del grandullón. En una ocasión llegó a acertarle y el tejido se desgarró más aún, mostrando grasa y hueso bajo la carne al descubierto. En respuesta, Eddie usó el mismo truco y golpeó el chichón, que tampoco resistió la tensión de la piel y comenzó a extender una mancha oscura bajo el látex, cayendo por la nariz. El Malhablado aprovechó la conmoción y hundió una rodilla en el estómago de Arguish, el cual se dobló en el momento menos oportuno, cuando un puñetazo voló y le impactó en la boca. Cayó al suelo de rodillas y se arrancó con los dedos parte de la máscara, allí donde estaba dibujada la dentadura, para vomitar una mezcla de lo último que se había llevado a la boca y sangre. En ese momento daba realmente miedo, con el látex desgarrado y un tornillo de titanio allí donde debería haber un paleto, el cual había salido disparado con el último golpe. Sus arcadas eran aparatosas y se atragantaba con la sangre. Yo estaba a punto de interferir y ayudarle, convencido de que el tal Edd iba a rematarle, pero le vi echarse precipitadamente hacia atrás, alzando la mano hacia un edificio lejano.&lt;br /&gt;-¡Ahora! ¡Ahora maldita sea!- gritó a la vez que empezaba a correr.&lt;br /&gt;Entonces se encendió una pequeña mota de luz roja en el pecho de Arguish, temblorosa y oscilante. Algo sonó en una ventana, un sonido fuerte seguido de un silbido y lo último que recuerdo antes de que todo se volviese negro fue una columna de humo volando hacia nosotros, volando hacia donde había estado la luz roja del pecho de Arguish, para después explotar .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;    &lt;w:usefelayout/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate=&quot;false&quot; latentstylecount=&quot;156&quot;&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable  {mso-style-name:&quot;Tabla normal&quot;;  mso-tstyle-rowband-size:0;  mso-tstyle-colband-size:0;  mso-style-noshow:yes;  mso-style-parent:&quot;&quot;;  mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;  mso-para-margin:0cm;  mso-para-margin-bottom:.0001pt;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:10.0pt;  font-family:&quot;Times New Roman&quot;;  mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;  mso-ansi-language:#0400;  mso-fareast-language:#0400;  mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-Bueno, bueno, bueno, que tenemos aquí ¿cómo te llamas pequeña?&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Lucille se escondió tras la piernas de su madre instintivamente, agarrando con fuerza la tela desgastada de los pantalones vaqueros. Sus ojos azules relucían con el brillo de la desconfianza y parecían a punto de descargar sus lágrimas a la más mínima señal. Aquél hombre era grande, olía raro y sonreía siempre, se parecía demasiado a la gente mala que aparecía en los cuentos de su padre.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-No seas tímida pequeña- insistió el hombre malo agachándose para mirarla a la misma altura.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Lentamente se fue incorporando, observando la esbelta figura de Saioa, abrigada con una chaqueta de lana gris y la bufanda color caqui, hasta que se topó con sus ojos. Aquellos ojos eran dos círculos pardos emanando furia y cautela a partes iguales. Además, aquél atardecer sangrante arrojaba destellos dorados que les dotaban de una belleza arrebatadora.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-Richard Blackhole, encantado de conoceros a las dos, no me puedo resistir a dos rostros tan bellos como los vuestros- dijo ofreciéndole la mano a Saioa.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Ella aceptó el saludo de mala gana y se subió la bufanda un poco más, esperando que aquél hombre no captase el rubor que le ascendía por las mejillas.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-Mi marido es un buen hombre, no ha hecho nada malo. Podemos vivir sobre la placa a duras penas y…&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-Tranquila- la cortó acercándose más a ella y cogiéndola una mano con suavidad- Sé que Robert es un buen hombre…&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Blackhole hizo una pausa y soltó un largo suspiro. Saioa sentía la angustia en el pecho y no podía frenarla. Sólo quería abandonar aquél lugar, quería llegar a casa, acostar a su hija y ver una película abrazada a Robert.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;El rostro de aquél hombre cambió repentinamente y la sonrisa le desapareció por completo. Sus ojos eran oscuros pero en aquél momento parecieron apagarse un poco más. Parecía… ¿triste? “No, no le creas” pensó Saioa.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-Que Turk te de por el culo y te guste Vanisstroff… Yo me derrumbo cuando una mujer lo pasa mal... Escucha Saioa, no tienes por qué tener miedo, a Robert no le pasará nada, lo prometo, no son más que… Tonterías de negocios, ya sabes.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;El silencio se hizo inevitable, largo e incómodo, a la espera de que aquél coche volviese lo antes posible. Richard Blackhole daba pasos cortos, siguiendo con la suela de los zapatos una de las líneas del adoquinado, mientras que Saioa permanecía quieta, con la mirada fija en la calle por donde había desaparecido su marido. Ajena a todo, Lucille decidió sentarse en el suelo y sumergirse en sus fantasías, acompañada por la charla imaginaria que le daban dos hormigas que corrían por el suelo.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-¿Cómo te llamas pequeña?- preguntó el hombre. Parecía incapaz de estar cinco minutos sin hablar y eso la estaba sacando de quicio a Saioa.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Lucille alzó la cabeza un instante, justo cuando acababa de aplastar una de las hormigas con la palma de la mano, miró a Blackhole y volvió a su coloquio con los insectos.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-Tenéis una hija preciosa- dijo de nuevo, haciendo como que no se fijaba en la mirada fulminante de su madre- Pero esa cosa que tiene detrás de la oreja no tiene que ser nada cómoda…&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Ambas se quedaron extrañadas y se miraron al unísono. Lucille se llevo una de sus pequeñas manos a la cabeza y se rascó por debajo del gorro, pero no sintió nada extraño, así que miro a Blackhole con unos ojos tan llenos de inocencia como de frustración.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-No, no, en la otra oreja- Lucille obedeció y se llevó las manos a la otra oreja, pero allí tampoco había nada- déjame que te eche una mano.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Y de repente, con un movimiento fugaz, Richard Blackhole pasó sus dedos por un mechón de aquél pelo tan liso y los retiró con la misma velocidad, pero agarrando una piruleta. La chiquilla abrió la boca de par en par, llevándose las manos a la oreja de nuevo, intentando agarrar algo invisible. Ella no había notado nada bajo su gorro en toda la tarde, estaba convencida de que si hubiese tenido una piruleta, se la hubiese comido hace mucho tiempo. Pero sin embargo ahí estaba, el hombre malo, con el dulce entre los dedos.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-¿Ves como si tenías algo? Toma, disfrútala, que para eso la llevabas escondida- dijo él ofreciéndosela. &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Justo en ese momento se pudo escuchar el roce de las ruedas sobre el asfalto y el rugir silencioso de un motor. El Shin-Ra Supreme aparcó con suavidad a diez metros de distancia y Robert abrió la puerta un instante después, con un semblante totalmente inexpresivo. El señor Mieszko se movió en el interior del asiento para cerrar la puerta de nuevo y cruzó una mirada con Richard Blackhole. Había sido una mirada fugaz, casi imperceptible, pero Saioa se dio cuenta, esos ojos coincidieron para transmitir un mensaje que sólo ellos entendían.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Entonces Blackhole se dio la vuelta y agarró la mano de Saioa con las dos suyas, con una mueca triste en sus labios y sus ojos oscuros medio cerrados.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-Una hija encantadora… Espero verla crecer.&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;---------------&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;El humo se iba dispersando poco a poco, justo cuando yo recuperaba la consciencia. El suelo estaba totalmente negro, con una mancha de hollín que se esparcía como una estrella, y los hierbajos que crecían entre los deteriorados adoquines chisporroteaban hasta consumirse.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Me sentía totalmente mareado y notaba como me ardía el costado, seguramente habría caído contra el bordillo y las costillas se habían llevado la peor parte. De pronto caí en la cuenta y busqué a Arguish con la mirada. &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Me lo encontré tres metros más atrás, resoplando con fuerza. Una miríada de hexágonos relucían frente a él con multitud de colores, apagándose poco a poco, lentamente, mientras el intenso brillo que surgía de un bolsillo interior de su americana perdía su poder. “¿Eso ha sido Materia?” pensé inseguro.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Sólo cuando aquella luz desapareció por completo me di realmente cuenta del estado en el que se encontraba Arguish. Parte del pantalón había ardido y su muslo derecho estaba al descubierto, mostrando una fea quemadura, de color rosáceo, sangrante y con pus. Además, parte de su máscara también se había incinerado, dejando esta vez a la vista todo su ojo izquierdo y parte del pómulo; el látex se le había pegado al cuero cabelludo al derretirse y le faltaba una ceja.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Resollaba con una sonrisa en su resentida boca; la encía seguía sangrando ahí donde faltaba la prótesis dental y el labio superior se le había hinchado.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-¡Un jodido Flauros M9A1!- gritó con sorna señalando con el dedo índice hacia la ventana de donde había surgido aquella serpiente de humo- ¡Ese puto bestia me ha querido volar por los aires con un jodido Flauros M9A1!&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;A lo lejos, en el edificio abandonado de enfrente, un hombre soltaba una lista de maldiciones y se quitaba del hombro un lanzacohetes humeante para depositarlo en el suelo. Ahora entendía la exagerada incredulidad de Arguish, nos habían intentado matar con un lanzacohetes, ni más ni menos… ¿Pero cómo habíamos conseguido sobrevivir a eso? Estaba claro que Arguish había salido peor parado, pero lo normal es que nuestros sesos estuviesen en una acera y el resto de órganos desparramados por la carretera. Entonces caí en la cuenta, eso de antes debía ser una Materia barrera.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Entonces una cabeza quiso aparecer por un callejón cercano, morena, rapada, con gafas de sol y una brecha en la ceja, para enterarse de lo que había sucedido. Al vernos a los dos de pie, su cara se descompuso y echó a correr calle abajo.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-¡En eso si que has sido listo, correr es lo mejor que puedes hacer!- gritó Arguish mientras el Malhablado huía- Da la casualidad de que ese Flauros es un modelo de un solo uso, así que como no tengas un puto hangar lleno de misiles en esa puta casa, eso significa que ya no tienes nada más para lanzarme.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Edd el Malhablado seguía corriendo tan rápido como podía y su figura se hacía cada vez más pequeña a medida que se alejaba. Yo estaba agotado y la explosión me había dejado medio sordo, pero no entendía por qué Arguish continuaba allí parado. ¿Acaso había llegado al límite? Entonces hurgó dentro de su americana (¿cuántos bolsillos tenía este hombre?) y sacó una pitillera, esta vez de un color dorado similar al de sus puños americanos e igual de rayada y cogió un cigarrillo.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;-A tomar por el culo, ya estoy hasta los cojones… -dijo llevándose el cigarro a los labios- Terminaré esto y cada uno se ira a su casa.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;      &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Un nuevo brillo, esta vez verde, iluminó el rostro de Arguish. Cuando me quise dar cuenta, ya estaba corriendo a una velocidad impresionante. Cada paso que daba Edd eran dos de Arguish. El líder de la pandilla, viendo que su rival se acercaba, apretó el ritmo y giró en una de las calles perpendiculares.&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Hasta allí pude ver yo.&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Una farola en aquella calle arrojaba&lt;span style=&quot;&quot;&gt;  &lt;/span&gt;dos alargadas y difusas sombras sobre la pared de un hostal destartalado. Parecían fundirse en una sola y separarse continuamente, hasta que un grito desgarrador acabó con la danza. Una de las sombras desapareció y la otra se fue haciendo cada vez más pequeña, cada vez más pequeña, hasta que Arguish apareció por la esquina con paso lento y cojeando. Cuando llegó hasta mi posición, tenía las manos tan llenas de sangre que los puños americanos ni siquiera destellaban con sus brillos dorados. Su único ojo visible, de un verde intenso se cerraba con el sólo peso del párpado. &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Todavía seguía teniendo aquél cigarro en los labios, así que lo cogió, con cuidado para mancharlo lo menos posible de sangre, le quitó el papel blanco y se comió el chocolate de su interior.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;&quot;&gt;&lt;/span&gt;  -Yief…- me dijo con la mirada perdida- ¿Sabes que las costillas tienen un nombre mucho más potente? Arcos viscerales…- saboreó la palabra a la vez que el chocolate y añadió- Yo estoy agotado Yief, mañana será otro día.&lt;/p&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/12/221.html</link><author>noreply@blogger.com ( )</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-1349702069930793751</guid><pubDate>Sun, 28 Nov 2010 22:50:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-11-29T16:14:29.238+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:ASTAROTH</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mp3</category><title>El mp3 de...</title><description>Carl Loc O&#39;toole:&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgplp9_BTTCOoB52qxzBFtl3oJAXhKJSHat6jAEWAU-eBOVHxgGssYITI7berZFzHl0-0eT2jRNWAqxUtz0c8vSrFGgT39X1vtRx6hSm8aNPWFlxM7ml1PzxN6zex0_v8msT8VG5zYz8Kg/s1600/Imagen+bodegong+001.jpg&quot;&gt;&lt;img style=&quot;display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 274px; height: 320px;&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgplp9_BTTCOoB52qxzBFtl3oJAXhKJSHat6jAEWAU-eBOVHxgGssYITI7berZFzHl0-0eT2jRNWAqxUtz0c8vSrFGgT39X1vtRx6hSm8aNPWFlxM7ml1PzxN6zex0_v8msT8VG5zYz8Kg/s320/Imagen+bodegong+001.jpg&quot; border=&quot;0&quot; alt=&quot;&quot;id=&quot;BLOGGER_PHOTO_ID_5544930936070518946&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Traficante de drogas y mujeres es la mejor manera de calificarle. Se ha pasado los últimos años dedicado a sus turbios asuntos, y desde que un día conoció a Tombside ha ido cada vez evolucionando su comportamiento hasta convertirse en un ser agresivo y reservado, preocupado por sí mismo. Cada vez se preocupa más por su salud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a sus gustos musicales, le gustan las canciones de sonidos potentes y fuertes, agresivas, procendentes del Trash Metal y del Death Metal, aunque no negará nada con un buen sonido. Double Nature es la canción para viajar en el coche y relajarse, eliminar los agobios de la circulación de camino a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=7KsPZ1f7MDs&amp;feature=related&quot;&gt;01. Raining Blood - Slayer&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=rtsD2tBPZgo&quot;&gt;02. Hangar 18 - Megadeth&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=uGhZ6mH7P-g&quot;&gt;03. Cowboys from Hell - Pantera&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=O1FkbvGl-IU&quot;&gt;04. Take This Life - In Flames&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=aWxBrI0g1kE&quot;&gt;05. Indestructible - Disturbed&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=OkAxpDn5W_Y&amp;feature=fvst&quot;&gt;06. Heretic Anthem - Slipknot&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=z77Fspd5hlg&quot;&gt;07. Double Nature - Mustasch&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=mebSi4PDC34&quot;&gt;08. Morphogenesis - Scar Symmetry&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=_z-hEyVQDRA&quot;&gt;09. Master of Puppets - Metallica&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=4yG0QE9ce3U&quot;&gt;10. Biggest &amp; The Best - Clawfinger&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=EqQuihD0hoI&quot;&gt;11. Dragula - Rob Zombie&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=P3WJX1cIuY4&quot;&gt;12. Twilight of the Thunder God - Amon Amarth&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=szmjWDaI504&quot;&gt;13. Rex Regi Rebellis - Turisas&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=IDggqnnNuDo&quot;&gt;14. Go into the Water - Dethklok&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=7RJsRQOneMY&quot;&gt;15. Replica - Fear Factory&lt;/a&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/11/el-mp3-de_28.html</link><author>noreply@blogger.com (Astaroth)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgplp9_BTTCOoB52qxzBFtl3oJAXhKJSHat6jAEWAU-eBOVHxgGssYITI7berZFzHl0-0eT2jRNWAqxUtz0c8vSrFGgT39X1vtRx6hSm8aNPWFlxM7ml1PzxN6zex0_v8msT8VG5zYz8Kg/s72-c/Imagen+bodegong+001.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>10</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-1784242988248038077</guid><pubDate>Mon, 15 Nov 2010 01:18:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-09-07T13:24:53.484+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:UKIO</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>220</title><description>La vaina era de madera, preciosa: Cerezo, lacado en los tonos rojos del amanecer. Al extremo superior tenía un reborde en cobre rojizo que completaba el conjunto. Delicioso. Ese mismo reborde rozaba con la hoja del tanto que esa vaina contenía, emitiendo un suave y lento roce. &lt;br /&gt;La puerta se abrió de golpe, chocando duramente contra la pared y el estruendo hizo sobresaltarse al aún medio dormido prisionero. Dos hombres uniformados entraron en tropel y lo levantaron por la fuerza, solo para que uno de ellos recibiese un cabezazo en la boca que le hizo perder varios dientes. El sargento, un hombre de metro setenta, casi tan ancho como alto, entró en la celda. Llevaba la guerrera abierta y su cuerpo estaba cubierto de un vello hirsuto, al igual que el de su cabeza y patillas mal rapadas. Mientras el prisionero forcejeaba para librarse del otro guardia, el sargento lo agarró del hombro, lo giró de un brusco tirón y le atizó en la cara con un poderoso gancho. El prisionero cayó rodando sobre el suelo cubierto de paja empapada, hasta detenerse contra la pared. Abrió los ojos, miró hacia su agresor y sonrió.&lt;br /&gt;- Buenos días, camarera… ¿Cuál es el desayuno del día? &lt;br /&gt;El sargento no respondió. Solo se hizo a un lado, con el tanto presente en su mano derecha. A su espalda apareció un joven oficial. Un hombre de cuerpo fibroso, con la musculatura de un atleta, que vestía un uniforme impoluto del ejército de Wutai. Su gesto era la disciplina militar personificada, con el mentón alzado y la vista firme al frente. Desde luego, no sonreía, y el prisionero tampoco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kurtz llegó con una retorcida sonrisa en los labios. Nada como la satisfacción del sonido de las broncas y los rumores de pifias procedente de las dependencias de SOLDADO. Todas esas consideraciones acerca del disfrute del mal ajeno le importaban tres cojones, comparado con el disfrute de ver como los heroicos niños bonitos de Midgar las pasaban putas por culpa de los mismos mandos que cambiaron las vidas de centenares de soldados de infantería por el impacto propagandístico de ver a los impresionantes cuerpos de élite de Shin-Ra saliendo en la foto. &lt;br /&gt;El turco no podía evitar sentir una cierta comprensión con ese tipejo de nombre impronunciable y reputación blindada que había organizado una partida de caza para dar caña a un bichejo en los suburbios. Un monstruo que podía aniquilar a decenas de civiles, cazado al coste de no pocas vidas, y eso que ellos eran la fuerza de choque. &lt;br /&gt;- Hola… - Mashi apareció de la nada, husmeando y buscando ver las manos de su compañero. Sus horribles lentillas de color rosa hicieron a Jonás fruncir el gesto, y daban un efecto raro a su pelo, teñido de gris con mechones púrpura. ¿Has oído? Los niños guays andan a palos porque por lo visto ellos también tienen un cabrón malencarado que sabe montar emboscadas… &lt;br /&gt;- ¿Yotoomaru? &lt;br /&gt;- ¿Sí? – El chaval levantó la vista, con curiosidad e inocencia. El cambio, desde su anterior rubio con brillos áureos y sus ojos de color azul eléctrico eran notorios. - ¿Ahora te me pones formal?&lt;br /&gt;- Agente Katsumashi, si quiere dejo de ser formal y le suelto una patada en los huevos… Porque con esas pintas de moñas…&lt;br /&gt;- Habló el coletillas… - Respondió este entrecerrando los ojos y levantando la vista para buscar los de Kurtz, que sintió un nuevo escalofrío ante ese efecto bizarro. – El coletillas al que le tocaba hoy pasarse por el Fatso a por los cafés. &lt;br /&gt;Kurtz sonrió. Apoyó sus manos sobre los hombros del niñato, mirándolo con cierto orgullo al ver como su confianza se iba sobreponiendo al miedo inicial que el veterano inspiraba. Mashi le sonreía, con ese matiz de duda: ¿Lo siguiente sería compartir una pose de compenetración masculina o esquivar un golpe? Kurtz, sin embargo, le hizo dar media vuelta y le pasó un brazo sobre los hombros, hablándole con familiaridad.&lt;br /&gt;- ¿Ves ese pasillo? Sigue por ahí y dobla hacia la izquierda y encontrarás la sala de recreo. ¿Sabes llegar? – Mashi lo miró con desagrado, como si su compañero lo estuviese tomando por tonto. Este, sin embargo, lo miraba con una sonrisa de vendedor de coches usados poco honesto.&lt;br /&gt;- Sé donde está la sala de recreo, gracias… - Respondió con gesto borde, y el veterano asintió.&lt;br /&gt;- Bien: Ahí es donde están los cafés. – Cuando la cabeza de Mashi se giró hacia la sala, la palma de Kurtz impactó en su cuello causando un gran eco en todo el pasillo. - ¡Corre para que no se te enfríe! – Gritó antes de encaminarse hacia la sala de recreo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sveta venía desde el otro lado del pasillo, charlando con Harlan. Ella acababa de entrar, y se iría en pocos minutos de patrulla con su nuevo y horrible gotiquillo visualero galáctico. Har e Yvette, sin embargo, llevaban ya varias horas de patrulla, y tras el descanso para el informe del día, volverían a salir a la calle unas cuantas horas más. En el estado de excepción, la única excepción era tener un solo día libre a la semana. &lt;br /&gt;Sveta y Har llegaron antes y se adentraron en la sala de recreo. Katsumashi avanzaba hacia confiado, pero su compañero dijo algo que lo incomodó.&lt;br /&gt;- Que raro… &lt;br /&gt;- ¿Qué pasa, Kurtz?&lt;br /&gt;- No han dicho hola, y no me creo que a estas horas, la sala de recreo esté vacía. – Mashi frunció el entrecejo. Tampoco oyó nada negativo, como imprecaciones o juramentos, pero sabía que Svetlana Varastlova y Harlan Inagerr no acostumbraban a ladrar antes de morder, salvo que lo considerasen que un caso especial merecía una advertencia previa.&lt;br /&gt;Al volverse vieron el motivo: Harlan y Sveta seguían cerca de la puerta, envueltos en un silencio amenazante. Sus cuerpos no hacían ningún movimiento hostil, pero sus ojos estaban clavados al fondo de la sala, y sus caras transmitían un mensaje muy poco amistoso. &lt;br /&gt;Entraron, y entonces el motivo se volvió evidente. Allí estaban: Dos de las modelos locuelas y uno de los sicofantes que aún no habían aprendido a no cerrar los ojos al apretar el gatillo estaban riéndole las gracias a tres de los “líderes del nuevo mundo”: Sobre una silla, con los pies calzados en zapatos de diseño, Susan Soto reía con gesto lánguido. Montes estaba como siempre, sentado sobre el mueble lateral, al lado del mini bar. La sorpresa fue ver a Gerstschen a su lado, como uno más. Se ve que el chaval había sabido aprender de Kurtz a dar hostias como uno de los mejores y luego aprender de Van Zackal a medrar en la empresa. Él sentado y sus compañeros de promoción de pié. Eso lo decía todo. &lt;br /&gt;Sin embargo, no estaban mirando a las paredes, sino que hacían dos cosas en ese preciso momento. La primera, reírle las gracias al líder de turno: El sargento van Zackal. Erguido, con su conocida cresta azul, su tatuaje sobre la ceja izquierda y su sonrisa viperina. Además de eso, estaban bebiendo café y comiendo donuts. &lt;br /&gt;- ¿Querían algo? &lt;br /&gt;- Habíamos venido por nuestros cafés, señor. – Respondió Svetlana en tono glacial. – Estaban en una bolsa como esa. – Indicó, señalando hacia una destrozada bolsa del Happy Fatso’s, que estaba tirada en el suelo. Paradójicamente, Francis, el simpático camarero y propietario también conocido como “Fatso”, tenía la costumbre de aprenderse los gustos de sus clientes, y tenía los pedidos listos para la hora adecuada. Cada vaso con una marca de un determinado color para un determinado cliente, desde el rosa de Yvette, hasta el púrpura de Mashi, el negro de Har, el azul de Sveta y el rojo de Kurtz. No era casualidad que ese mismo vaso de cartón con un asterisco rojo, lleno de un café doble cargado con leche y azúcar estuviese en la mano de van Zackal. &lt;br /&gt;- Oh, vaya… Phinogg nos había dicho que eran del catering y los cogimos. – Respondió el sargento, negando una merecida disculpa. &lt;br /&gt;- Finolis… ¿Es eso cierto? – Sus compañeras rieron nerviosas, y Gerstschen sonreía levemente incómodo. Ninguno quería que Kurtz sacase apodos delante de sus nuevos amigos. El sicofante, por otra parte, sonreía deseando que lo tragase la tierra en ese preciso momento. &lt;br /&gt;- Finolis… ¡Ja! – Escupió una voz con socarronería desde la puerta. &lt;br /&gt;Jim “Grim” Garrison, con una majestuosa entrada triunfal, entró en la sala. Sus andares siniestros hicieron a algunos de los novatos echarse contra la superficie sólida más próxima, haciendo todo lo posible por pasar desapercibidos. Este miró alrededor, sonriendo con agresiva lascivia y contemplando tanto los gestos de miedo mal oculto de los más bisoños, al gesto incómodo de sus compañeros de promoción para acabar con los desafiantes gestos de desprecio de la vieja guardia. &lt;br /&gt;Saboreando el goloso placer de ser el centro de atención, caminó hasta encarar a Finolis, que palideció ante su escrutinio. Grim se irguió y apoyó sus manos en las caderas, echando hacia atrás su chaqueta en un modo en el que su Blackraven quedaba a la vista en su funda bajo la axila. &lt;br /&gt;- ¡Fuera de ahí, Finolis! ¿No querrás que te tenga que violar para abrirme paso hasta la nevera, verdad? – Su víctima retrocedió dando tumbos para acabar trastabillando y cayendo de culo sobre los restos de la bolsa del Fatso’s. – Muuuuy bien… &lt;br /&gt;Grim abrió la nevera en la que Phinogg había estado apoyado, sacó una petaca con un post-it donde habían escrito “No tocar” y luego lo habían regado con algunas gotitas de un líquido rojo no determinado. Kurtz decía que probablemente sería laca de uñas. &lt;br /&gt;- Tenemos informe de reunión en cinco minutos. – Intervino van Zackal, severo.&lt;br /&gt;- Nunca trabajo antes de mi primera mamada del día. – Dijo mientras se encaminaba hacia la puerta, antes de dar un trago a la petaca y exhalar fuertemente. – Dime, aerotransportado… - Se dirigió hacia Kurtz. - ¿La absenta de las ocho a.m. es comparable al napalm por la mañana? – Luego se giró hacia sus antiguos amigos. – ¿O es el café robado lo que sabe a victoria?&lt;br /&gt;Un silencio incómodo quedó flotando en el aire, como la nube de pólvora posterior a un tiroteo. Estaba claro que la jugadita de los cafés había sido una pequeña y calculada invasión territorial: Joder, pero sin llegar al punto de justificar una respuesta agresiva. Algo para quedar guay delante de los novatos y del público. Sin embargo, Grim sigue siendo un factor hostil y descontrolado. El grupo prefirió desmarcarse de él y así no verse envuelto en la espiral de locura, violencia y sexo con daños colaterales en la que se había convertido la vida social y profesional del agente Garrison. Van Zackal vio la oportunidad y el cabronazo de Mordekai no dudó en aceptar su postulado, especialmente después del cristo que se montó en la Tower. Si Grim seguía sintiéndose fuerte, era capaz de organizar una intifada para vengar a Dravo, cuando lo que necesitaban era alguien sutil, y capaz de abrirse paso sin destacar. &lt;br /&gt;Dekk, aún incómodo por la interrupción de su antiguo amigo, hizo un gesto a Soto, que tomó a una de las “modelos” y salió tras él. Como sargento designado por Jacobi, tener controlado al incontrolable era una de sus tareas. Luego miró a Kurtz, su antiguo compañero de rango, ahora degradado de nuevo a agente, que parecía estar a punto de empezar a aplaudir. Haciendo acopio de dignidad, mientras su grupo abandonaba la sala, se retrasó para sacar un billete de cincuenta giles de su cartera y dejándolo sobre la mesa. “Los cafés de toda una semana, pringaos… Porque por mucho que os riais, el que tiene sueldo de sargento sigo siendo yo”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Última oportunidad: Nombre, rango, unidad y ubicación. &lt;br /&gt;No hubo respuesta, ni ulteriores amenazas. El sargento hizo un último esfuerzo, pero solo sirvió para salpicarse algo más de sangre en los nudillos. En medio de su andanada, el oficial superior, un coronel, lo detuvo. Lo apartó con un leve gesto y apoyó el filo del cuchillo sobre el rostro del prisionero. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una explosión rompió el silencio. Pudo reconocer, aún en la distancia el tipo de carga y el impacto de la metralla en las paredes. Un sonido agradable, de metralla afilada. No esas toscas bolas de acero que usan los de wutai. Podía oír los gritos y las explosiones. Podía oír el caos y la muerte, y le relajaba. Música para sus oídos. No estaba seguro si sería un allegro triunfal o un canto del cisne, pero música, sin duda. &lt;br /&gt;Seguía con los ojos cerrados. Atado a una argolla en la pared, no podía arriesgarse a que la sangre le entrase en los ojos y lo cegase, así que solo podía escuchar y esperar. La puerta estalló contra la pared, nuevamente. &lt;br /&gt;- ¡Rápido! ¡Nombre, rango, unidad y ubicación!&lt;br /&gt;- ¡Cállate y haz lo que has venido a hacer! – Respondió el prisionero, sin girarse ni mirar.&lt;br /&gt;- ¡He dicho que…!&lt;br /&gt;- Ya sé lo que has dicho, Galatea, pero corta la broma: Aparte de haber reconocido tu voz, por mucho que la cambies, mis guardias habrían abierto la puerta usando una llave, no reventando las bisagras a tiros. &lt;br /&gt;- Me acabas de costar cincuenta giles, cabrón… - Respondió la tal Galatea. Una mujer difícil de describir para cualquier observador, ya que iba cubierta con un uniforme negro, del mismo color que su chaleco táctico, sus protectores de brazos y piernas y que su pasamontañas. &lt;br /&gt;- ¿Y eso por…?&lt;br /&gt;- Por mí. – La grave voz del segundo rescatador, de igual indumentaria, inundó la estancia, mientras el caos seguía desatándose a su alrededor. &lt;br /&gt;- Santo… Eso hace reforzar algunas teorías… - Dijo, mientras a sus cegadas su compañero se acercaba, con un gran revolver negro mate en una mano y un cuchillo en la otra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Van Zackal fue quien se ocupó de la exposición a la hora de dar el informe del día. Algo cada vez más habitual: Jacobi delegaba esa parte en su nueva mano derecha. Su enlace con el músculo de la organización veía su autoridad reforzada con estas pequeñas sesiones, y sin saberlo, se convertía en la cara que daba a la vieja guardia las órdenes de las misiones jodidas. El nuevo enemigo, al menos, para los que se creyesen que él decidía las guardias. &lt;br /&gt;Los SOLDADO acaban de anotarse un tanto gordo, sin embargo, otro tarado del cometa con mako en las venas lleva semanas aterrorizando el sector seis. Asaltos rápidos a tiendas veinticuatro horas con robo de suministros: Comida, alcohol y armas. Era ilegal venderlas sin licencia, y más aún con los severos controles del estado de excepción, pero los vecinos de los suburbios se sentían inseguros y creaban una demanda dispuesta a pagar mucho por algo que creían que les daría seguridad. Un PM había logrado infiltrarse, y sus informes indicaban que su líder era un soldado de segunda, lejos del poder desatado por muchos primeras con los que se las habían visto, pero dotado con una mente táctica genial a la vez que perturbada, que había organizado a unos cuantos seguidores en una guerrilla a la espera de su líder, Sephirot. Su retorno a Midgar a lomos del cometa, como montura mitológica de la perdición, con el que castigaría el mal y la corrupción de este mundo, cuyos pecados están ya muy lejos de cualquier tipo de redención. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El plan había sido organizado con prisas, pero con mano firme y ojo experto: El PM tenía órdenes de buscar cualquier agujero en el que meterse hasta que los fuegos artificiales hubiesen acabado. Mientras tanto, un asalto con armas pesadas por parte de Turk con apoyo de un pelotón de infantería, aniquilaría al objetivo y a todos sus seguidores sin distinción. Cuatro equipos se harían cargo del asalto: Alfa, Bravo, Charlie y Omega. Alfa era el equipo principal, liderado por el agente “Scar” Kurtz, cuya misión era lanzar un ataque frontal en cuanto Charlie les diese el aviso de que el camino estaba despejado. Bravo, con el agente Montes al frente, lanzaría un asalto secundario desde la retaguardia para crear caos y hacer cundir el pánico. Charlie estaba formado por tiradores expertos, bajo el mando de Rookery, y su misión consistiría en abatir a los guardias de forma silenciosa y apoyar durante la refriega. Por último, Omega, liderado por el propio sargento van Zackal, estaba compuesto por expertos en el uso de materia, y su cometido era, en caso de encontrar mayores dificultades, asegurar el objetivo de la misión por medio de una gran descarga mágica. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Muy bien, chavales, esta es la peli: Vamos a coger todo eso que hemos aprendido acerca de armas de fuego, despliegue táctico, disparar al centro de gravedad del cuerpo o el tipo de herida que produce nuestra munición, y lo vamos a aplicar sobre civiles. Muchos de ellos tienen poca o ninguna experiencia de combate, algunos no saben que pintan ahí, y muchos de ellos se irían si creyesen que pueden. Puede que hace una semana, aún conservasen su antiguo empleo, conduciendo autobuses, enseñando mates a los críos o perdonándole un par de monedas a las viejecitas que iban a su panadería a comprar el pan. ¿Jode? ¡Pues es lo que hay! ¡Hoy trabajáis para el departamento de investigación de Shin-Ra! ¡Llevamos armas de guerra, kevlar, y tenemos permiso para el uso a discreción de fuerza letal! ¡Ese es el trabajo!&lt;br /&gt;Kurtz permanecía apoyado contra la puerta del camión de transporte de tropas que llevaba a su equipo. Con él iban Sveta, Mashi y el agente que le había sido asignado como compañero desde una semana antes: Maravloi. Junto a ellos iban un teniente de PM, con su cantoso uniforme rojo, y un par de sargentos, para hacer de enlace con la tropa.&lt;br /&gt;- Bien. Ahora que todos habéis tragado la noticia de abrir fuego contra civiles, es cuando os cuento las malas noticias: Esto no va a ser fácil ni limpio. Muchos de esos tarados de secta abrirán los ojos cuando tengan dos balas dentro y estén agonizando. Vamos a abrir fuego entre gritos y súplicas, y no vamos a hacer caso de ninguna. Son un ejército de corderos, pero el lobo que hay al frente es un hijo de puta de primer nivel, de modo que sin concesiones. “Elige mejor a tus amigos la próxima vez”, “más suerte en tu próxima vida” y toda esa mierda… - Su rostro parecía ensombrecido ante la idea de cómo iban a ser los siguientes minutos. No quedaba nada del brutal regocijo del instructor al que “Mariflori” había conocido, pero la determinación sigue ahí. – El problema principal es su líder: Lars Rozmann, soldado de primera, capaz de despacharnos a todos en un solo segundo de despiste. El objetivo es decapitar al grupo cuanto antes. Si os dan pena los civiles, id a por él y a lo mejor se rendirán sin ofrecer resistencia cuando haya caído. Y tened por segura una cosa: Van Zackal ha dicho cinco, pero no confío en que retrase el bombardeo mágico más de tres minutos. Y no solo eso: Probablemente sea después de ese bombardeo cuando el equipo bravo entre a apoyarnos. – Kurtz guardó silencio. Miró alrededor y vio rostros serios y graves. Todos ellos rodeados de gestos de baja confianza: Miradas caídas, manos ocultas en bolsillos, armas interpuestas tapando el pecho… Kurtz sonrió. – Menos mal que me he rodeado de los mejores para esto. – Todas esas miradas caídas se centraron en él, pero seguía sin haber confianza en esas caras. - ¿Qué pasa? ¿No lo sois? ¿Por qué? ¿Es porque no sois tan guapos como Van Zackal? ¡Tú, Richardson! ¡A ti te he visto derribar a tres terroristas a culatazos! ¡A ti, Carballo, te vi entrar en una casa en llamas y salir con una niña y un perrito, y lo hiciste tan rápido que ni tuvimos tiempo a sacar el cronómetro! ¡Y tú, Kogazukai! ¿Eres tú ese Kogazukai que se dice que entró en un veinticuatro horas sin armas y logró que se rindiesen tres atracadores con automáticas?... ¿Y yo?... ¿Quién soy yo? – Esos ojos se iluminaron, y se rodearon de sonrisas sarcásticas. &lt;br /&gt;- ¡Un hijo de puta imposible de tumbar! – Dijo una voz&lt;br /&gt;- ¡Eh! – Se mostró ofendido. - ¡Mi madre es una santa! ¡Y además, si la tuviese aquí, podría resolver esa misión sin vuestra ayuda, panda de nenas! ¡Vamos! ¡Quedaré mal delante de mi madre si se entera de que necesito un equipo para un loco y una panda de civiles, pero a la mierda! ¡Yo soy imposible de tumbar, y vosotros venís conmigo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un profesional nunca dispara un arma sin comprobar que está cargada y bien mantenida… Siempre que tenga tiempo para asegurarse. Un MF22 exige además un cuidado exquisito. Han sido necesarios muchos encasquillamientos en combate para sacar la nueva versión, que además su unidad usaba como experimental. &lt;br /&gt;- Ya sabes lo que toca, Tigre: Hay que recuperar tu arma como sea. – Dijo Santo. – Te hemos traído un KRG y un par de granadas. Maza-patatas de Icicle.&lt;br /&gt;- Ya sabes lo que pienso de esas cajitas de canicas… - Respondió el prisionero, tanteando la posibilidad de obtener minas de fragmentación.&lt;br /&gt;- Estás debilitado por tu cautiverio, Tigre… - Intervino Galatea, cautelosa. – Y tu cara…&lt;br /&gt;- No necesitabas las rayas para creerte tu apodo, campeón. – Dijo Santo, antes de una nueva carcajada. – Pero la chica tiene razón: No estás en plena forma, y si te cazan, que no sea con más armas características.&lt;br /&gt;Tigre los miró, incómodo. Tenía que reconocer que estaba debilitado por la pérdida de sueño, la tortura y las malas condiciones de su encarcelamiento, pero no era un buen perdedor. Si lo fuese, no estaría en esa selva de mierda. &lt;br /&gt;- ¿Cómo es que no habéis venido a silenciarme? – Preguntó, mirándolos a los ojos, incómodo al encontrarse medio desnudo, frente a dos soldados de élite completamente equipados y a los que nunca había visto la cara. Ahora sentía que ellos tenían ventaja sobre él. Discretamente, uno de los puños de Tigre estaba cerrado a su espalda, y su otra mano empuñaba firmemente el rifle KRG. &lt;br /&gt;- Las órdenes eran que si podías andar, mejor no tener que entrenar a otro. – Respondió Galatea. Su mirada era franca, y Santo tampoco hizo movimiento sospechoso alguno. &lt;br /&gt;- Y la misión principal te va a encantar… - Anunció Santo. – Hemos venido a rajar a Tenkazu. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El general Tenkazu Soichiro es uno de los militares más brillantes de Wutai. Sus estrategias lograron frenar el avance de Shin-Ra muchas veces, y muchas veces solo lograron pasar sus defensas con ayuda de SOLDADO, o de la noventa y nueve fantasma. Está reconocido como un héroe de la nación, y ha servido durante más de veinte años. Tenkazu Takezawa, su hijo, es Coronel, y lleva una guarnición de medio tamaño en la zona norte del país. Es un experto en artes marciales, extremadamente disciplinado y fanático defensor del orgullo patrio de Wutai, y eso que apenas cuenta treinta años.&lt;br /&gt;Tigre sonrió. Se colgó la bandolera con las granadas, amartilló una vez más su rifle y caló bien la bayoneta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rookery parecía totalmente inerte. Incluso los leves movimientos torácicos de su respiración eran difíciles de percibir. Ni siquiera su característica sonrisa inquietante era visible, en medio de tanta concentración. Satisfecho, bajó la tapa de su mirilla y acercó la boca a la radio.&lt;br /&gt;- Tengo al alto. ¿Vosotros? – Una serie de asentimientos le dieron la respuesta. – Bien. Jefe Alfa. ¿Qué tal le va al pelotón de los pendencieros? &lt;br /&gt;- Espero la orden, como todos… - Dijo una voz cansada en la radio. &lt;br /&gt;- Se te ve que te vendría bien un cigarro. – Rookery volvió a abrir su mira telescópica y buscó a su compañero, asomado a la parte trasera del furgón. – ¡Y no estás fumando!&lt;br /&gt;- Necesito los pulmones. En media hora, todo estará listo y disfrutaré de un maravilloso puro coreliano y de una llamada por teléfono a una tía buena. &lt;br /&gt;- No te sobrará alguno de esos maravillosos puros corelianos, ¿verdad? – Preguntó Rookery.&lt;br /&gt;- Solo para los amigos. – Rió Kurtz. – Asumo que este canal es seguro. ¿Tus chicos saben las instrucciones?&lt;br /&gt;- Las saben. Todas. &lt;br /&gt;- Perfecto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se iluminó un piloto en la radio y todos cambiaron al canal principal. Allí la voz de Van Zackal se oía clara y diáfana. El sargento al mando estaba sentado en un mirador, en lo alto de una nave abandonada desde la que se veía el antiguo edificio de viviendas que el tal Rozmann usaba como cuartel general. Unos cuantos metros más alto, en los andamios que rodeaban uno de los pilares que sustentan la placa, Rookery y el equipo Charlie de tiradores esperaban. &lt;br /&gt;Los hombres del equipo Alfa, disfrazados de albañiles, se agolpaban alrededor de una furgoneta de comida rápida en cuyo interior, un siniestro veterano se preparaba junto con algunos hombres para encabezar el asalto. Bravo estaba en camino para asaltar desde el tejado, desembarcados desde helicópteros. Eso lo había dejado claro: Primero llegarían las explosiones, luego Bravo. &lt;br /&gt;Todos los equipos dieron su confirmación al oficial al mando, mientras este repasaba sus planos. Con todo seguro, Van Zackal se acercó la radio a la boca, pulsó el botón y habló alto y claro.&lt;br /&gt;- Bien: A mi señal.&lt;br /&gt;En ese momento, los “albañiles” empezaron a sacar armas de gran calibre mientras la furgoneta se abalanzaba contra la puerta principal de la guarida de Rozmann. Medio segundo antes de eso, los guardias de las ventanas caían abatidos por los certeros disparos del equipo Charlie. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El odio era el único motor que movía el cuerpo magullado y maltratado de Tigre. Acostumbrado a las privaciones y entrenado para resistir la tortura, se esforzó para subir al piso superior de la vieja casa colonial que presidía el pueblo: Sin duda, ese era el cuartel general. Muros de sólida piedra, tres pisos, balcones tan sólidos como sus paredes, ideales para apostar una guarnición… Tigre agradecía tener un fusil KRG. Su característico sonido le permitía confundirse con los defensores. Mientras ninguno de sus compañeros le disparase por la espalda, todo iría bien. &lt;br /&gt;Trepó hasta uno de los balcones, quedando oculto bajo la plataforma de este. Silencioso como un animal nocturno, se deslizó hasta una repisa, desde la que aniquiló a los centinelas desde la retaguardia. &lt;br /&gt;Como operativo veterano, Tigre sabía exactamente que era lo siguiente que tenía que hacer: Uno de los guardias recibió un solo disparo en la sien. El otro fue acribillado hasta que cayó del balcón. Los gritos atraerían a alguien, pero uno de los fiambres seguía quieto, apoyado contra la barandilla y con su fusil colgando del hombro. Un joven oficial, probablemente un cabo, entró a la carrera. Probablemente habría visto que el centinela no estaba disparando y se acercó a ver si estaba herido. No sería raro, ya que el guardia no respondía a sus órdenes. El cabo había estado cerca en todo momento y no oyó ruido alguno distinto al esperado sonido de fusil KRG. En cuanto se asomó, sintió una serie de impactos candentes en la espalda, lacerando su carne y destrozando sus órganos internos, y lo que más le confundía, lo que más le dolía no entender, era el sonido que acompañaba a esos disparos: Un fusil KRG de Wutai. &lt;br /&gt;Tigre entró en la casa en medio de la oscuridad. Unos pasos siguiendo los gritos y encontró una sala de mando, en uno de los antiguos salones de aquella vieja casona. Allí varios oficiales discutían la forma de repeler el ataque, entre ellos, el brutal sargento encargado de darle los buenos días cada mañana. En ese momento, Tigre agradeció la forma cilíndrica de las “machaca patatas”. La hizo rodar hasta colocarla bajo la mesa. Fue increíble la velocidad a la que reaccionó el sargento: Nada más oler el fulminante de la granada a punto de fundirse, agarró a dos de los presentes y los interpuso, usándolos de escudo humano. Cuando el humo se asentó, el sargento estaba tirado en el suelo, rodeado de cadáveres despedazados por las bolitas de metralla y las astillas que habían saltado de la destrozada mesa. Tigre entró, antes de que el maldito sargento pudiese sacar su arma. &lt;br /&gt;- Si eres hombre, maldito gaijin, te enfrentarás a mí de igual a igual. &lt;br /&gt;Tigre abrió fuego sin dudarlo, sin parpadear tan siquiera. Disparó una corta ráfaga en el estómago de su enemigo haciéndolo caer en una lenta agonía. El sargento gruñó, intentando sujetarse las heridas, y en ese momento recibió una patada en la cara.&lt;br /&gt;- Has tenido diecisiete días para serlo tú, mientras yo estaba atado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenkazu estaba sentado sobre sus talones, en el suelo, en la posición que en Wutai se llama seiza. Una katana, que a juzgar por la seda de su empuñadura, y el lacado de su saya, debía ser de una calidad excelente, estaba posada a su izquierda, y su propietario sostenía el wakizashi, apuntando a su torso desnudo.&lt;br /&gt;- El prisionero, ¿eh? – Sonrió con amargura. – A mí no lograrás capturarme, Gaijin. – Tigre lo miró en silencio. Posó el fusil en el suelo y sacó un cuchillo.&lt;br /&gt;- No he venido a ello. &lt;br /&gt;Tenkazu parecía sorprendido, pero al instante entendió el mensaje: Volvió a guardar el wakizashi y se levantó, sosteniendo la katana envainada apoyada contra su cadera izquierda, como si la llevase colgando de la cintura. Miró a los ojos a su enemigo y, sin apartar la mirada, le dedicó una reverencia. Tigre inclinó la cabeza en respuesta. Echó el torso hacia delante y avanzó hacia él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenkazu combinaba de forma brutal el karate y el kenjutsu. Tigre intentaba acercarse hasta el extremo en que la katana fuese más un impedimento entorpecedor que un arma homicida, pero en ese momento siempre salía despedido por una carga con el hombro, o se alejaba trastabillando a causa de un barrido. Al cuarto intento, el pie del oficial de Wutai encontró su talón y su espalda cayó al suelo, rodando primero hacia atrás hasta quedar boca abajo. Cuando creyó que era su oportunidad de levantarse, con las palmas apoyadas en el frío suelo de tierra comprimida, a medio incorporar, se dejó caer de nuevo, sintiendo como el golpe volvía a abrir las heridas de su rostro. De haberse quedado inmóvil habría perdido la cabeza. &lt;br /&gt;Tigre vio un segundo ataque, vertical y descendiente y rodó, para luego abalanzarse sobre Tenkazu, derribándolo. Rodaron en el suelo, en un brutal forcejeo: La fría fuerza de la disciplina enfrentada a la incandescente llama de la locura. Tigre logró ponerse sobre él, pero la zurda de Tenkazu lanzó un puñetazo sobre su pómulo derecho antes de que lograse lanzar la puñalada mortal, y aprovechó esos segundos para colar la hoja de su katana entre ambos. La mano izquierda de Tenkazu buscaba el encrespado cabello de la nuca de su enemigo para arrastrarlo hacia la muerte contra su hoja, pero Tigre se había agarrado firmemente a su codo, empujándolo y apartando la amenaza de ese mortal filo wutaico. &lt;br /&gt;Enzarzados en ese empate, Tenkazu sentía que su cuerpo, no afectado por maltratos y privaciones, ganaría en cuestión de tiempo, pero la mente de Tigre era un hervidero de ira y astucia. Con la sangre de las heridas de su rostro chorreando por su cara, aspiró una bocanada y la escupió a los ojos de su oponente, momento en el que este cambió su postura intentando defenderse, y la hoja de la katana volvió a interponerse con una fuerza inusitada. Sin embargo, Tigre ya no estaba ahí, pero antes de irse se acordó de hundir su rodilla entre las piernas de su enemigo. &lt;br /&gt;Tras unos segundos de reposo, todo había vuelto al estado inicial: Ambos contendientes erguidos, cada uno en la postura inicial. Tigre había cambiado la orientación de su hoja, que esta vez asomaba hacia el exterior de su puño, pegada a su antebrazo, y Tenkazu había alzado su katana, en una posición vertical, con la pierna izquierda adelantada, y la empuñadura a la altura de la cabeza.&lt;br /&gt;- Tonbo… La libélula. – Dijo Tigre.&lt;br /&gt;- Veo que no eres un gaijin inculto… Y aunque tu forma de luchar sea infame e impráctica, tu corazón es valiente y agresivo.&lt;br /&gt;- Demasiados movimientos innecesarios, ¿eh?&lt;br /&gt;- Soy uno de los últimos descendientes de la más pura casta de guerreros que ha pisado este planeta, gaijin. – Dijo Tenkazu, ignorando las pullas de su oponente. – Tú eres un patán tosco e innoble, pero un guerrero ejemplar. Quiero disculparme por mi trato hacia ti. Ha sido impropio de un guerrero. &lt;br /&gt;- La guerra es muy puta… ¿O qué te crees que he estado haciendo yo desde que me liberé? – Tigre intentaba que su tono fuese sarcástico. Intentaba insultar toda aquella nobleza que el coronel enemigo representaba, pero simplemente no era capaz: Dos hombres dispuestos a ganar y nada más, con el abismo insondable de luchar en bandos distintos. Nacidos en extremos opuestos del mundo, crecidos en mundos tan distintos como el día y la noche, no eran más que dos caras del mismo guerrero. &lt;br /&gt;- Gracias por entenderlo. &lt;br /&gt;Tenkazu gritó. Tigre gritó. Ambos cruzaron a la carrera los escasos metros que los separaban, el primero lanzando la katana en un arco descendente, y el segundo empuñando el cuchillo con ambas manos, listo para hundirlo. &lt;br /&gt;En el último segundo, medio paso antes del último encontronazo, Tigre se desvió medio paso hacia su derecha. Con un potente movimiento de cadera, usando todos los músculos de su torso, giró hacia su izquierda, y sus manos chocaron con las de su oponente, desviando su golpe y apartando su arma. La afilada punta de la bayoneta esperaba al oficial de Wutai, hundiéndose profundamente en su pecho. &lt;br /&gt;Era un hecho seguro que esa bayoneta había alcanzado el corazón del joven coronel Tenkazu Takezawa. Tigre seguía asiendo firmemente esa empuñadura, consciente de que su enemigo, mortalmente herido, se desangraría en segundos en cuanto retirase su arma de la herida. &lt;br /&gt;Tenkazu lo miraba a los ojos. Su rostro estaba imbuido de la serenidad más absoluta. &lt;br /&gt;- ¿Cómo se llama el hombre que me ha vencido? – Suplicó como última merced. Tigre cerró los ojos unos instantes. Su rostro seguía sangrando, y le ardía como mil demonios. Su cuerpo estaba totalmente agarrotado y entumecido, tras los días de privaciones sufridos y el desgaste de este último esfuerzo. Finalmente, los abrió y acercó el rostro al oído de su adversario. Habló durante un par de segundos y luego se apartó. Tenkazu sonrió despacio. - Un buen hombre para guardar mi daisho y el recuerdo de cómo he luchado y encarado mi final.&lt;br /&gt;Tigre asintió. Asió con ambas manos la bayoneta y la arrancó de un solo tirón. Un chorro de sangre salió tras la hoja, y siguió brotando a cada latido. Tenkazu volvió a adoptar la posición Seiza, cerró los ojos, e irguiéndose, respiró profundamente dos veces, sumiéndose en un profundo trance meditativo. No llegó a respirar una tercera vez. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Objetivo caído! ¡Repito! ¡Objetivo caído! ¡Loco uno baja confirmada! ¡Abortar equipo Omega! ¡Que Bravo venga y nos ayude a pacificar el terreno! – La voz de Kurtz sonó alta y clara en el canal abierto de la radio. El líder Charlie lanzó un breve grito de júbilo, y desde Bravo solo había silencio. &lt;br /&gt;- Aquí líder Omega: Si es un truco para  entorpecer el curso de la operación, ha sido una mala decisión.&lt;br /&gt;- Coja el phs, Sargento… &lt;br /&gt;Cuando van Zackal oyó eso sintió al mencionado aparato vibrando en el interior de su chaqueta, no fue consciente de lo apretadas que estaban sus mandíbulas. A su lado, Gerstschen, cubriendo a su líder con su carabina, había descuidado su cometido, impresionado por el cambio de gesto del oficial. En su mano había un phs de última generación del que van Zackal no era capaz de apartar la mirada. La imagen de la pantalla era Lars Rozmann, inmovilizado por la combinación de un conjuro de hielo y otro que había alzado varias esquirlas de roca desde el suelo, marca de la casa de Kurtz. Con las piernas clavadas al suelo y su espada adherida a la pared, consumida por un bloque de hielo que alcanzaba hasta su muñeca, fue acribillado a tiros por media unidad Alfa. &lt;br /&gt;- Se han anticipado… No han podido tener tiempo de hacerlo de otra forma. – Entendió, y al hacerlo, su ceño fruncido se agravó aún más. – Rookery no vio ninguna amenaza, simplemente se pusieron de acuerdo para ganar tiempo… - La mirada de Gerstchen iba desde el edificio cuyo interior estaba acabando de ser tomado por el equipo Alfa, de menor número que el enemigo y enfrentado a un hombre capaz de destrozar individualmente a cualquiera de sus componentes, “Scar” incluido. Ese cabrón no solo era ingenioso para los apodos. Mientras Gerstschen estaba distraído analizando los méritos del mentor al que había dado la espalda, la voz de su superior a su espalda lo sorprendió. – Bravo, entra y acaba. Vámonos cuanto antes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tigre estaba paralizado. Un chaval joven, un soldado enemigo al que el ataque había pillado con una chica en medio de la selva, no era más que eso, y ahora, ni siquiera eso: Tigre lo había oído venir, saltó tras él y lo degolló de oreja a oreja. Una baja más y a seguir adelante. El brutal momento en el que quitar algo tan individual e irrepetible como una vida se vuelve mecánico y monótono, como caminar o respirar. &lt;br /&gt;El rostro de Tigre seguía siendo el mismo: Cansancio, hastío y ganas de una cama y una comida dignas de tal nombre. Huía sin dignarse siquiera a mirar al hombre que agonizaba a su espalda. A escuchar su último aliento y cerrar sus ojos. Ese deber quedó para la mujer que había aceptado, a regañadientes, ir con él al bosque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta se abrió con el crujido habitual. La luz del rellano inundó el recibidor del viejo edificio. Kurtz dio un par de pasos al interior y esperó a que Etsu caminase hacia él para pedirle ese paseo que siempre ansiaba tanto, pero Etsu no vino. Al principio, se sintió extrañado, pero entonces una sonrisa le llenó el rostro. Abrió la puerta del salón y allí estaba el perro: Fuera de su sillón imperial, tirado en el sofá de al lado, con la cabeza apoyada en el regazo de Aang. Estaba claro que el animal conocía el significado de su desarrollado vientre, y quería darle calor. Su alteza canina ni siquiera parpadeó cuando su dueño le usurpó el trono.&lt;br /&gt;Jonás llevaba unos segundos sentados, antes de ver la katana y el wakizashi apoyados en la mesita del salón. Ambos lacados a juego, maravillosamente conservados y cuidados con esmero durante años. Podría decirse que durante generaciones incluso: Una herencia familiar, símbolo de nobleza en Wutai, y extrañamente guardados en el armario de un hombre de dudoso historial al otro lado del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- La tele está al otro lado. – Murmuró Aang, sin cruzar su mirada con la de su novio, que la observaba fijamente.&lt;br /&gt;- He visto mucha tele estos meses, pero a ti no tanto.&lt;br /&gt;- Hai, eso es cierto. Sin embargo, este programa acabará en diez minutos. – Respondió ella, aún resistiéndose. – Pero a mí me verás el resto de tu vida. – Kurtz sonrió. Solo con esa frase había ganado todas las apuestas del mundo. Incómodo, jugó un rato con su trenza, sin poder apartar la mirada del vientre de su novia.&lt;br /&gt;- ¿No deberíamos ir a hacer compras para esos?&lt;br /&gt;- Hoy no, Jonás. Hoy descansas, ¿hai? – Dijo ella levantándose pesadamente, y rechazando la oferta de Kurtz de ayudarla. – Corbata fuera, chaqueta fuera y botas fuera. Hoy has vuelto a salvar la ciudad, ¿hai?&lt;br /&gt;- Bueno… - Reconoció el turco. – Si. Y a sobrevivir a una nueva intentona de matarme por parte del cabrón de van Zackal. La verdad es que el enano ese, Katsumashi, fue el que me ayudó a lograrlo: El cabrón sabe hacer virguerías con la materia. Solo había visto a Har y a algunos en la noventa y nueve tirando magia de esa potencia. Rook hizo lo que tenía que hacer por su parte, y todo funcionó como una máquina perfecta. &lt;br /&gt;- Sigues siendo un militar, Jonás Kurtz. – Dijo ella mientras se sentaba sobre las rodillas de su novio. – Una perfecta máquina de matar y amar.&lt;br /&gt;- Esas reflexiones vienen por... ¿Eso? - Preguntó Jonás, desviando su mirada hacia las armas. &lt;br /&gt;- El daisho de Tenkazu.&lt;br /&gt;- Lo reconoces...&lt;br /&gt;- Evidentemente. - Respondió Aang. - Tú mataste al hombre que quería pedir mi mano esa noche. No lo amaba, pero... Bueno, era la guerra. Reconocería estas armas en cualquier lado. Pertenecieron a su familia durante generaciones. Estoy segura de que podrían cortar una roca... Y ahora las tienes tú.&lt;br /&gt;- ¿Crees que las robé? &lt;br /&gt;- No, Jonás. Tú eras un prisionero que había sido torturado durante días, la parte instintiva y animal de tu cerebro sabría perfectamente que lo importante era vivir para curarse, comer, dormir y reponer fuerzas. No habrías perdido tiempo en buscar algo que robar y que te entorpeciese. - Sonrió mientras sacaba el arma de su vaina. Dedicó unos segundos a ver sus ojos oscuros reflejados en la hoja y luego la guardó. Antes de envainar el último centímetro, pasó su meñique por el filo, cortándose y manchando de sangre la hoja. Kurtz se sobresaltó, levantándose del sillón, listo para correr a socorrer a su novia, pero la tranquilidad de esta lo detuvo, confundiéndolo. - La hoja no debe salir si no va a probar sangre, ¿hai?. - Dijo de forma sensual, antes de chupar su dedo. - Tenkazu te pidió que guardases tú sus armas. - Jonás asintió.&lt;br /&gt;- Compartí sus últimos momentos. - De reojo, Jonás miraba a su mujer, esperando ese gesto de entendimiento: Estaba reconociendo haber matado al oficial wutaico. &lt;br /&gt;- Una máquina de matar y amar...&lt;br /&gt;- Soy un tío que entra, ficha y se muere de ganas de salir a casa con su mujercita. Lo único que al menos, no me aburro en el tajo. &lt;br /&gt;- ¿Y en la cama?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Etsu hundió la cabeza… Aang no veía los dibujos, cosa que le frustraba ya que no le veía la gracia a los concursos, pero empezaba a temerse en serio que lo iba a tener difícil para conservar esos paseos en cuanto su amo llegaba de trabajar. De hecho, por el estruendo que llegaba desde el dormitorio, parecía que el amo siguiese trabajando. Asomó el hocico por la puerta, pero se retiró enseguida, entendiendo que a él también le molestaba mucho que le viniesen a molestar mientras comía, de modo que, a falta de más posibilidades, tomó el mando con los dientes y se tiró a su trono a reinar sobre los viejos tablones del parqué mientras pisoteaba el mando, buscando esos dibujos tan violentos que tanta gracia le hacían.</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/11/220.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-5780194982721445306</guid><pubDate>Tue, 26 Oct 2010 11:17:00 +0000</pubDate><atom:updated>2019-12-06T11:18:30.463+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Entrevistas</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor: SKEITH</category><title>Entrevistas: Skeith, Susurro, Lagarto</title><description>&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;El ambiente en la habitación estaba impregnado a partes iguales con el relente a botes de pintura viejos y el olor habitual de un pequeño taller. Gran cantidad de trastos apilados en cajas de mudanza se habían apartado para hacer sitio, y ahora una mesa redonda con tres sillas aguardaba en el centro. El cuarto era angosto, y su estrechez la realzaba aún más la escasa luz procedente del portalámparas que colgaba del techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentado a la mesa había un tipo de pelo oscuro y corto, con una perilla algo descuidada que pugnaba por convertirse en barba de pleno derecho y gafas. Llevaba un chaleco negro sobre una camiseta de manga larga, y unos vaqueros algo pasados. Sus ojos se movían de izquierda a derecha mientras leía unos cuantos papeles. Tenía los párpados algo entrecerrados y el gesto torcido en una mueca de disgusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detrás de él, apartado del cono luminoso que irradiaba la bombilla, se encontraba otra persona. La mayoría de él estaba tan cubierta de ropa y harapos que era complicado saber si se trataba de un hombre o una mujer. Fuera lo que fuese, debía tener el termostato roto. No hacía precisamente frío en aquel zulo. Este segundo personaje parecía un vagabundo. Iba con una capucha calada hasta los ojos y no se apreciaban sus rasgos. Mientras esperaba, se apoyaba pesadamente en un objeto alargado, también envuelto en tela. Era metálico, sin duda: el de pelo negro lo había oído tintinear al entrar su dueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y bien? No parece que vaya a venir, Skeith.&lt;br /&gt;-Y bien nada. Ahora toca esperar. Él lo tiene más fácil que nosotros para venir aquí.&lt;br /&gt;-¿Y vendrá?&lt;br /&gt;-Supongo. Le he dado motivos para venir, y aunque parezca tímido, no es un cobarde. Ha tragado mucha mierda, durante bastante tiempo. Sólo le faltaba encontrarse con esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de poder replicar al que se llamaba Skeith, una puerta se abrió por encima de ellos. Otro hombre, también moreno, acababa de entrar en escena. Por encima de ellos se oyeron los pasos, seguros y pesados, de sus botas. Iba vestido de manera informal, como Skeith, pero a diferencia de él, llevaba la ropa con bastante más estilo, y la llenaba bastante mejor. Tenía un cuerpo fuerte y atlético, vestido con una camisa blanca y unos pantalones marrones. En el cuello brillaban las placas con su nombre, rango y unidad en SOLDADO. Iba afeitado, y en su cara resaltaban los ojos de aquellos que han sido tratados con mako. Parecía enfadado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué hacéis aquí?&lt;br /&gt;-Pues por de pronto, esperarte, Dwight. Tenemos unas cuantas cosas que tratar entre los tres. Antes de que preguntes, no, no hay ningún monstruo en este sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tipo envuelto en harapos hizo un ruidito, casi como una risa que se cortó abruptamente. Susurro miró extrañado a Skeith, y después dedicó una mirada tranquila a su acompañante. La serenidad de su cara no alcanzaba a encubrir el hecho de que estaba alerta ante aquellos dos. Sin embargo, también estaba intrigado. Conocía al tipo sentado en la mesa. El otro no le sonaba de nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tranquilo, está en tu misma situación.&lt;br /&gt;-¿También le envías a matar bestias pardas con un séquito de novatos? – ante el comentario del soldado, el encapuchado volvió a reír. Skeith gruñó ante lo que consideraba una comparación con el Contable.&lt;br /&gt;-No es momento de andar con tonterías, que tenemos trabajo. Al grano. Me han llegado estos días unos cuantos correos. Pensaba que eran spam y estaba por borrarlos, pero resulta que no van sólo dirigidos a mí, sino también a vosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se hizo el silencio ante aquella noticia. Para empezar, el vagabundo carecía de correo, y no le conocía absolutamente nadie... de manera que no se le ocurría que alguien pudiera ponerse en contacto con él, ni siquiera a través de terceros. En cuanto a Susurro, todo aquello empezaba a olerle a violación de intimidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y qué son?&lt;br /&gt;-Preguntas. Simples preguntas de gente desconocida. Como os decía, al principio pensaba borrarlo, pero luego pensé que puede ser interesante contestar.&lt;br /&gt;-¿Por algún motivo en concreto?&lt;br /&gt;-No, son sólo preguntas que hace la gente. Hasta ahora me han estado apoyando desde la sombra y me parece adecuado devolverles el favor.&lt;br /&gt;-¿Qué gente?&lt;br /&gt;-Vuestras preguntas luego, por favor, estos otros interrogantes son más urgentes. Veamos, hice una lista para poder agilizar el proceso. Las tuyas son éstas, están marcadas como “Susurro”. Aquí están las tuyas. No sé por qué las marcaron como “Lagarto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el silencio, se escuchó a Susurro atragantarse. Cuando le miraron, estaba completamente serio. Ninguno se había percatado, centrados como estaban en los papeles, de la sorprendente (y escasamente vista) sonrisa del SOLDADO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bien, ¿quién quiere empezar?&lt;br /&gt;-Yo. Cuanto antes acabe, antes podré volver a mis asuntos. No me ha sido sencillo llegar hasta aquí, de modo que prefiero aprovechar el tiempo. ¿Tienes un lápiz?&lt;br /&gt;-No hace falta, yo apuntaré – comentó Skeith sacando una grabadora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin pensarlo dos veces, el encapuchado plantó el papel en la mesa y con la uña recortó la palabra “Lagarto”, como si estuviera usando un cúter. Luego se puso a leerlo. Mientras leía, murmuraba para sí, repitiendo las preguntas. Conforme posaba sus ojos en algunas de ellas, los dedos se le crispaban. Un movimiento a sus espaldas tiró una caja, y un temblor de pura rabia recorrió su cuerpo. Parte de las capas de ropa cayeron al suelo cuando se levantó bruscamente y dio un puñetazo en la mesa. Susurro le miró asombrado, mientras que Skeith se tapó la cara con la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Joder, que aún no tenía que ver nadie tu aspecto entero…&lt;br /&gt;-¡¿Pero qué se creen esos bastardos?! ¡No tengo intención de responder algo como esto!&lt;br /&gt;-Yo creo que sí la tienes… - replicó Skeith sacando un pequeño objeto de su bolsillo. Se trataba de un pedazo rectangular de una sustancia blanca y flexible. Skeith la hizo bailar sobre los dedos como si fuera una moneda, mientras en su otra mano sostenía un pliego de papel. El vagabundo reconoció la goma de borrar y tragó saliva. Junto con la saliva, se tragó la rabia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Oye, si yo no debía ver esto, ¿ahora qué? ¿Para el siguiente relato sabré cómo es?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Skeith miró a Susurro y le tranquilizó con un gesto. Lo que parecía un bolígrafo en su bolsillo tenía un cierto parecido a un neuralizador, junto a unas gafas de sol. El confiado tipejo sonrió para sí, puso en marcha la grabadora y empezó a preguntar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Skeith: ¿Qué es lo que dices cuando entras en un restaurante tradicional de Wutai y no tienen tu plato favorito?&lt;br /&gt;&lt;s&gt;Lagarto&lt;/s&gt;: Nunca he ido a un restaurante tradicional de Wutai. Ni falta que hacía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sk: ¿Cuándo mantuviste tu primera relación sexual?&lt;br /&gt;L: Nunca. Yo no he “mantenido relaciones”. No es fácil con mi aspecto… pero ya lo verás. Lo verás tú y todos.&lt;br /&gt;Sk: Claro, claro, lo que nos faltaba, sexo reptiliano…&lt;br /&gt;L: Que quede claro: yo no soy un reptil.&lt;br /&gt;Sk: Vale, lo que tú digas, pero ellos lo creen así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sk: ¿Cuánto te miden las uñas?&lt;br /&gt;L: Y yo qué sé. ¿Crees que no tengo nada mejor que hacer que tomarme las medidas?&lt;br /&gt;Sk: Susurro, mira si hay un metro…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un breve forcejeo, quedó comprobado: las uñas le miden más cuanto más ganas le tiene a la persona que tenga enfrente. Skeith decidió juiciosamente, tras vendarse los cortes, que había que conformarse con eso. Frotándose las heridas, pasó al siguiente punto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sk: ¿El jabón del mismo nombre que tú, Lagarto, te paga royalties? ¿Es así como compras los caramelos con los que sobornas a los niños?&lt;br /&gt;L: No esperes ni por lo más remoto que responda eso…&lt;br /&gt;Sk: Al menos podrías contestar a lo de los niños.&lt;br /&gt;L: Yo no soborno a nadie. No cuenta como soborno si luego los matas y recuperas lo que pagaste.&lt;br /&gt;Susurro: De modo que tenemos un delincuente aquí mismo.&lt;br /&gt;Sk: Eh, nada de deformación profesional. ¿Desde cuándo trabajas gratis para el Contable?&lt;br /&gt;Ss: Cierto…&lt;br /&gt;L: De todos modos, no he sobornado nunca a un niño. Sólo secuestré a su madre y le pedí que me hiciera un recado, que luego ya le llevaría con ella.&lt;br /&gt;Ss: …&lt;br /&gt;L: ¡Vale, no fue un secuestro! ¡Le partí una pierna cuando la niña no miraba y me la llevé! No hace falta ser un genio para saber que la llevarían a un hospital. Luego la cría se creyó perdida, así que me acerqué y la convencí de que le diera mi mensaje a Elliot, que si lo hacía la acompañaría con su madre. Y eso hice, la dejé a la puerta del hospital y me largué.&lt;br /&gt;Ss: Todo un samaritano…&lt;br /&gt;L: Hey, si las hubiera matado habría tenido más agentes buscando “monstruos” o asesinos por los rincones. Ya me tocó liquidar a uno que me había visto desde demasiado cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sk: Sigamos (antes de que al SOLDADO se le pase por la cabeza sacar la albaceteña)… ¿Como logras colarte con tus horrendas pintas en lugares tales como edificios de oficinas o así?&lt;br /&gt;L: Nunca he entrado en ningún sitio así. Por suerte, nunca me faltan voluntarios. Cualquiera en Midgar a quien le ofrezcas dinero o droga es capaz de tirarse de cabeza a un reactor.&lt;br /&gt;Sk: Miles fue un ejemplo perfecto.&lt;br /&gt;L: Pues no era el más tonto de los que “contraté”. Además, como Miles hay miles esperando un poco de droga imaginaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sk: ¿Tienes alguna relación particular con Eliott o la jefa Lehman?&lt;br /&gt;L: A la tal Leman no la conozco. En cuanto a Elliot, soy un ángel custodio… siempre que haga lo que le digo.&lt;br /&gt;Sk: Vale, sí, pero ¿qué relación tienes con él?&lt;br /&gt;L: Chantaje, o como yo prefiero, extorsión. Es una buena relación, si eres el que manda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sk: ¿Cada cuanto haces cambios de pieles? ¿Duelen?&lt;br /&gt;L: Por última vez: no soy un lagarto. La siguiente pregunta quedará sin responder, da igual lo que hagas.&lt;br /&gt;Sk: Bueno, no te sulfures. Tampoco a mí me atrae que te llamen así. A fin de cuentas, eres mi creación. Soy como tu padre.&lt;br /&gt;L: Mi padre… Me están dando ganas de decirte lo que piensa Sefirot de su padre. Si él le detesta por convertirle en un asesino de masas con la popularidad por las nubes, figúrate lo que pienso yo de ti siendo un engendro furtivo que vive en alcantarillas.&lt;br /&gt;Sk: Un engendro furtivo que comanda monstruos enormes, dilo todo.&lt;br /&gt;Ss: De modo que era cosa tuya…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí la grabación se interrumpió, justo cuando el siseo que se produce al desenfundar una espada se entrecruza con un rifle al ser cargado y de ello nace un chillido de dolor. Al momento, la grabación se reanuda, aunque parece que ha habido un lapso de tiempo en el cual a Skeith le han extraído una bala y cosido una herida de arma blanca, ambas aparecidas misteriosamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sk: Bueno, calma ya de una vez, u os borro a ambos y hago venir a otro personaje, ¿eh?&lt;br /&gt;Ss: Tus reclamaciones al maestro armero. Para eso creaste a uno.&lt;br /&gt;Sk: Va, venga, las dos últimas para… para este. ¿Cuántos caimanes de los que pueblan las alcantarillas has cosido juntos para hacer esa mascota?&lt;br /&gt;L: ¿Se refiere al monstruo que usé? Lo encontré por ahí… Pensaba que era un bégimo. Ya me estaba imaginando montado en él y lanzando Meteo a la gente de arriba, pero resulta que no tiene ese poder. Aún así, fue un excelente guardián, pero muy costoso de mantener.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sk: A veces me pregunto por qué pareces un loco homicida… Y finalmente: ¿A que saben los SOLDADOS?&lt;br /&gt;L: ¿Crees que como carne humana? Ni que fuera el Midgar Zolom.&lt;br /&gt;Sk: No, pero lo de que no eres un reptil aún lo tienen que mirar los herpetólogos. Bueno, tu parte está terminada. ¿Vas a irte ya?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, esperaré a ver lo que contesta nuestro soldadito. Nunca está de más disponer de algo de información extra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Susurro no parecía muy contento de oír aquello. La privacidad era para él algo de suma importancia. Nunca compartía gran cosa sobre su vida con los demás compañeros de trabajo, y a la empresa le daba la información mínima necesaria para trabajar en ella. Desgraciadamente, en una compañía como Shinra la información era importante. Y había que tener cuidado con quienes llevaban los archivos, pues estaban bastante cerca del departamento de los Turcos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sk: Bueno, vamos allá. Dwight Distr… Diastro… no, eso es un arma del Baldur.. “Diastraefen”. SOLDADO de 2ª clase, alias Susurro. La gente quiere saber… ¿Cuántos decibelios alcanzó tu grito más alto?&lt;br /&gt;Ss: ¿Es una broma? ¿De verdad hay gente tan aburrida como para interesarse por eso?&lt;br /&gt;Sk: No sé. Responde a la pregunta.&lt;br /&gt;Ss: No lo sé. Nunca me ha dado por medirlo.&lt;br /&gt;L: ¡Ja! A mí me intentas medir las uñas y a él nada, ¿no? ¿Es porque soy negro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sk: Anda, calla, que ni siquiera se sabe si eres humano, reptil o un tendal andante. A ver, Susurro, ¿por qué entraste en SOLDADO, y cómo lograste ascender?&lt;br /&gt;Ss: Cuando vine a Midgar, estuve un tiempo en la universidad, pero mis padres no son lo que se dice ricos. Tuve que trabajar al tiempo que estudiaba, hasta que decidí que, puestos a trabajar, que fuera eso lo único que hiciera. En SOLDADO pagaban bien y daban un entrenamiento completo, de manera que no hacía falta tener una carrera terminada.&lt;br /&gt;Sk: … Creo que es la primera vez que hablas tanto de una vez.&lt;br /&gt;Ss: Si prefieres me callo.&lt;br /&gt;Sk: No, no, está bien. Y de los ascensos…&lt;br /&gt;Ss: En parte fue por méritos, en parte por las deserciones que ha habido recientemente.&lt;br /&gt;L: “Deserciones”. Así es como llaman ahora a la chifladura por sobreexposición al mako en reacción a las células de Jénova, ¿eh?&lt;br /&gt;Ss: Eso es confidencial. Cuando esto acabe, vas a tener que acompañarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sk: Chicos que nos descentramos. Alguien quiere saber también qué te diferencia del otro millón de tíos duros silenciosos e inquietantes que pueblan estos lares.&lt;br /&gt;Ss: …&lt;br /&gt;Sk: …&lt;br /&gt;Ss: …&lt;br /&gt;Sk: … Ya veo. Eres más silencioso.&lt;br /&gt;Ss: No sólo eso. No conozco a todos los tíos “duros y silenciosos”, pero apuesto a que cuando dicen lo de duros va a que son cracks en combate o algo así. Lo mío no es tanto el combate como el uso de materia y la planificación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sk: Vale, sigamos. ¿Qué es lo que más echas de menos de tu compi el calvo?&lt;br /&gt;Ss: ¿Mallet? Era mi amigo… más o menos.&lt;br /&gt;Sk: ¿Más o menos?&lt;br /&gt;Ss: Sí. Por alguna razón, la gente no suele acercárseme demasiado, y yo no soy muy sociable tampoco. Mallet metía puyas a todos y a todo, y fue de los pocos en dirigirme la palabra más allá de las comunicaciones en misión. Podría decirse que era mi único amigo. Echo de menos su conversación y el intercambio de puyas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;L: Ya ves, y ahora está mue- GRUMFG&lt;br /&gt;Sk: Caaallaaa, que la lías… A ver…¿Te criaste en Midgar? Si es así, ¿en que sector? Si no, ¿donde?&lt;br /&gt;Ss: Me crié en una granja a las afueras de Nibelheim. Como dije, mis padres no son ricos; son granjeros y vivían en las afueras. Después de que el pueblo se incendiara, se mudaron a la zona de Corel. Con los ahorros que tenían lograron hacerse con un terreno y empezar de nuevo. Aún tenemos la granja de Nibelheim, pero hace tiempo que nadie vive allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sk: Ajá, interesante. ¿Practicas alguna religión en particular?&lt;br /&gt;Ss: No. Me gusta la mitología, pero soy ateo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sk: ¿Como te haces oír en discotecas y otros lugares ruidosos?&lt;br /&gt;Ss: ¿Quién tendría que oírme? Si voy, voy solo; los de la barra se entienden bien por signos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;L: Es aún más soso que yo. Y mira que yo…&lt;br /&gt;Sk: Lo tuyo digamos que es por necesidad, ¿vale? Bueno, y por último: ¿tienes algún amigo próximo? ¿Novia? ¿Familia? ¿Mascota?&lt;br /&gt;Ss: Sólo mis padres, y el perro que tienen, Rust.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno, vuestra parte ya está… Queda la mía, que ya la haré y…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las miradas del vagabundo y Susurro, ambas frías y duras como pedazos de hielo, se clavaron en Skeith. Ahora sonreían ambos. La sonrisa del encapuchado revelaba más dientes de lo debido, todos incómodamente afilados. La del SOLDADO no era mucho mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-De eso nada.&lt;br /&gt;-Nos has tenido aquí un buen rato para esta tontería. Ahora te toca a ti y vamos a estar aquí hasta que acabes - Una mano garruda aferró la grabadora y la encendió de nuevo, cogiendo el papel mientras Susurro se colocaba estratégicamente tras la silla de Skeith. Si se le ocurría intentar algo, tendría las fuertes y poco amables manos del agente prestas a hacer un nudo con sus piernas y mantenerle quieto. Aún sonriendo, el vagabundo cogió la hoja de papel. La información que saliera de allí bien podría ser usada para otro buen chantaje. O como prefería él, extorsión. Sin embargo, al leer las preguntas, su mueca risueña se convirtió en una de estupor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué demonios son estas preguntas? No hay por dónde coger la mayoría de ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que ninguno de los otros dos pudiera reaccionar, Skeith se quitó las gafas, se puso las de sol y activó el neuralizador. Tanto el encapuchado como Susurro se quedaron completamente inmóviles y dejaron caer los brazos, inertes. Sus ojos se dedicaron a mirar al vacío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno, creo que mejor yo me interrogaré a mí mismo, que vosotros tenéis demasiada experiencia. Por partes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Observaremos nuevos encuentros entre Lagarto y miembros de SOLDADO?&lt;br /&gt;-Sin duda. El Lagarto es el pj con el que quise entrar a Azoteas originalmente, desmarcándome de Turcos, asesinos, SOLDADO y demás clásicos del género... pero me di cuenta de que no sería sencillo utilizarlo sin alguien que mediara por él. Las relaciones con el resto de los mortales serían un reto de no haber contado con su divertido sistema de intermediarios. De ahí vino Elliot. En cuanto a los SOLDADO… su trabajo es cazar monstruos, ¿no? ¿Qué monstruo hay peor que uno dotado de la inteligencia de un humano?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Veremos a la jefa Leman en “actitudes picarescas” con sus empleados?&lt;br /&gt;-Podría ser que apareciera más adelante, pero no es algo que tenga contemplado de momento. Por ahora, el único con lazos con Shinra es Susurro, y su departamento es completamente diferente… lo que no quita que la administrativa no pueda encontrarse con otros pjs fuera del trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo descubriste azoteas?&lt;br /&gt;-Fue hace tiempo, y si mal no recuerdo, debió ser a través del blog de Noiry. A través de Noiry fue fijo… ahora, que fuera su blog o alguno de los dibujos de los personajes de Azoteas con un link a la página no lo tengo tan claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Te sientes raro delante de las iguanas?&lt;br /&gt;-No… Si acaso, ellas se sentirían raras delante de mí. De todas formas, la única iguana que vi en carne y hueso estaba algo pasada (muerta, en un plato. La trajo un amigo de mi tío, a saber por qué, yo era un crío y la vi de pasada).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Con quién te apuntarías a un crossover?&lt;br /&gt;-Hombre, hay variedad. Tengo bastante que aprender de cualquiera de los escritores de Azoteas. Por si no se nota, hice bachiller de Ciencias (lo mismo vosotros también), así que sí, podría asimilar bastante de vuestros estilos. Si me pasa con Reverte, con Tolkien y con cualquier cosa que me lea, por qué no con vosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Con qué personaje estás más cómodo? ¿Cual es más fácil de usar?&lt;br /&gt;-El Lagarto, sin duda. Tengo claro lo que quiere, cómo lo quiere, cuándo lo quiere y qué medios usará para conseguirlo (todos). En el caso de Elliot, no es sencillo de manejar en algunos puntos (imagino que se habrá notado). En cuanto a Susurro, es fácil de usar… pero buscar las situaciones y crear las oportunidades para no convertirle directamente en un brutaco con espada más ya no es tan sencillo. Y luego está Gilford. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué personaje de otro escritor querrías pedir prestado?&lt;br /&gt;-Buena pregunta. El problema es que aún no conozco bien a todos los personajes, y que no siempre dedico mi tiempo a andar leyendo por Internet. De los que conozco… Rolf es entrañablemente cabrón, para qué negarlo, aunque no estoy seguro de poder llevarlo bien. Soy más de personajes con cara de palo que se dedican a ser cabrones políticamente correctos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y sin más, os dejo por hoy. Tengo que salir de aquí antes de que estos dos espabilen. Molaría ponerles recuerdos chungos, pero… realmente, no deben conocerse todavía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno, qué, ¿cómo ha ido la cosa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elliot observó a Skeith a través de sus gafas y se fijó instantáneamente en las tres líneas rojas que aparecían sobre la venda del brazo. Tampoco escapó a su mirada el otro vendaje, que cubría el hombro, y en la cojera de la pierna izquierda. Casi lamentó haber preguntado, pero la curiosidad le podía. Skeith se sentó en una silla mientras el científico servía café en dos tazas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bastante bien. No las tenía todas conmigo respecto a Susurro. Al final apareció, pero aún me pregunto por qué vino con ropa de calle.&lt;br /&gt;-Ah, pues eso… Al parecer, le pillé cuando estaba de permiso. No veas con qué cara entró. Que si cómo tenía su número, quién era, etc… No le dije que me lo habías dado tú, descuida. Cuando le mencioné  que era una emergencia, y eso del monstruo, es cuando realmente decidió bajar. Antes de eso me había dicho que llamara a la sede central si tenía algún problema, que él tenía fiesta.&lt;br /&gt;-Ya veo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elliot se sentó también a la mesa y sorbió un poco de café. Eran ya las siete y media, y había estado en casa prácticamente todo el día. Seguía sin trabajo, y tenía demasiado tiempo libre. Se había propuesto, al menos para pasar el rato, ponerse a limpiar el garaje, que estaba atestado de trastos, pero la inesperada visita de Skeith le había dado otras cosas en qué ocuparse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿A qué hora vuelve Marie? Tengo que irme antes de que llegue.&lt;br /&gt;-Aún le queda un rato, así que hay tiempo para el café. ¿Han salido ya esos dos?&lt;br /&gt;-¿Ellos? ¡Qué va! Tienen calambre cerebral. Despertarán dentro de poco. Les instalaré unos preciosos recuerdos aleatorios. Posiblemente acaben creyendo que pasaron una tarde escuchando algo de música o echando un vistazo a un bestiario de las minas de mitrilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un tenue rugido interrumpió la conversación. Ambos miraron en dirección a la ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Oh, oh… Se está acercando.&lt;br /&gt;-¡No jodas! ¿Ya? ¡Vamos, vamos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos recorrieron un trecho de escaleras y sin decir nada más que “¡Joder, joder, deprisa!” agarraron a Susurro y al vagabundo, aún zombificados, para sacarlos de ahí. En esas estaban cuando una gran puerta se abrió de golpe y dos puntos luminosos se ensañaron con sus retinas. Un rugido ominoso llenó el garaje al tiempo que el coche de Marie hacía su entrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sk y E: ¡AAAAAAAAHH!&lt;br /&gt;Ss y L: Ooohhh... Aaaghhh...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/10/entrevistas-skeith-susurro-lagarto.html</link><author>noreply@blogger.com (Eld)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-8421565944698154770</guid><pubDate>Mon, 25 Oct 2010 10:02:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-10-25T12:35:43.220+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:UKIO</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mp3</category><title>El mp3 de...</title><description>Se me ocurrió esta pequeña chorradita para darnos vida y dar a conocer un poco a nuestros personajes de una forma ridícula, y a la vez, divertida. Y así de paso, compartir algo de cultura musical. &lt;br /&gt;Esto funciona igual que las &quot;Tracklist from hell&quot; de mi blog, pero con una temática distinta. Hay que poner una lista de quince canciones que te podrías encontrar en el reproductor mp3 del personaje (sea este real o hipotético. Algún personaje puede ser un momio o un friki de los discos de vinilo, o tal, pero vamos, esto es lo de menos). &lt;br /&gt;El fin es simplemente divertirse. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora las reglas: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prácticamente, no hay. Piensa en una lista de canciones que le podría pegar al personaje por el motivo X y ponla con links a youtube. No hace falta pedir turno ni esperar.&lt;br /&gt;El único requisito es que tienes que hablar de un personaje que se conozca, y por lo tanto, tienes que haber participado en Azoteas. Aunque seas partícipe, no vale poner la lista de &quot;mi nuevo personaje secreto que veréis dentro de 5 relatos&quot;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin más dilación... para muestra, mi personaje insignia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jonás &quot;Scar&quot; Kurtz:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur=&quot;try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}&quot; href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEinzGY7LJU7JNRHEmLT7WvYvvW2uDD7k1T_M2AM-sZNbluytXvfun2XUGPWXtA6xLYN705S0KGBjXBxRKwc3DHo23tH1nitDTprY-NlbtIqRzlIOTGwKDaVnrzz-kR6IT_yW5SSH6MbjRtv/s1600/kurtzrealfin.jpg&quot;&gt;&lt;img style=&quot;display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 303px; height: 400px;&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEinzGY7LJU7JNRHEmLT7WvYvvW2uDD7k1T_M2AM-sZNbluytXvfun2XUGPWXtA6xLYN705S0KGBjXBxRKwc3DHo23tH1nitDTprY-NlbtIqRzlIOTGwKDaVnrzz-kR6IT_yW5SSH6MbjRtv/s400/kurtzrealfin.jpg&quot; border=&quot;0&quot; alt=&quot;&quot;id=&quot;BLOGGER_PHOTO_ID_5531922353378952402&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kurtz es un veterano de guerra, amante de todas esas canciones que sonaban en la radio durante su estancia en Wutai. El rock clásico es una religión para él, aunque tiene un pasado de pandillas, callejones y garitos llenos de oscuridad y decibelios, con gusto hacia la nwojhm (new wave of junon heavy metal). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De modo que... Ahí va: El mp3 de Jonás &quot;Scar&quot; Kurtz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=oZjEk2QEb8c&quot;&gt;1 Ace of Spades - Motörhead&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=KO2DYwvseiY&quot;&gt;2 Exciter - Judas Priest&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=ec0XKhAHR5I&quot;&gt;3 Fortunate Son - Creedence Clearwater Revival&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=qP9lVlVF2FU&quot;&gt;4 Machine Gun - Jimi Hendrix&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=Y80XM_k-0u4&quot;&gt;5 Aces High - Iron Maiden&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=C5RaQwEtrgE&quot;&gt;6 Burning Up - Tygers of Pan Tang&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=NUAdgt5Glk0&quot;&gt;7 Seek and destroy - Metallica&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=rGRwUJk8bnA&quot;&gt;8 Mötley Crüe - Bastard&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=CDAkoTStuhI&quot;&gt;9 Corre Corre - Leño&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=QXoFeK-82WY&quot;&gt;10 Hijos de Caín - Barón Rojo&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=t0ryRksbQvU&quot;&gt;11 Bad Company - Bad Company&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=a3HemKGDavw&quot;&gt;12 Led Zeppelin - Ramble On&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=o2ZxV7wul8A&quot;&gt;13 Great King Rat - Queen&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=pfzv3bf9-OY&quot;&gt;14 Burn - Deep Purple&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=n4RjJKxsamQ&quot;&gt;15 Winds of Change - Scorpions&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como veis, la mayoría tira de clásicos de rock o cosas de su época de bandarra, donde había colegas con los que cambiar casettes y tiempo para ir a conciertos cutres en garitos cutres de grupos que serían enormes en el futuro. Me faltó meter quizás un poco más de Thrash metal en general, o quizás un poco de Alice Cooper o Black Sabbath, pero bueno... Quince canciones dan para lo que dan. &lt;br /&gt;Y por supuesto, Winds of change es para esos minutos de recostarse, olvidarse del curro 5 minutos y pensar en Aang. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hala, si os gustó, animaos. Y si se os ocurre alguna canción que podría caber aquí, los comentarios están para eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PD: Como siempre, gracias a Noiry por el dibu.</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/10/el-mp3-de.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEinzGY7LJU7JNRHEmLT7WvYvvW2uDD7k1T_M2AM-sZNbluytXvfun2XUGPWXtA6xLYN705S0KGBjXBxRKwc3DHo23tH1nitDTprY-NlbtIqRzlIOTGwKDaVnrzz-kR6IT_yW5SSH6MbjRtv/s72-c/kurtzrealfin.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>6</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-2462251632641300205</guid><pubDate>Thu, 05 Aug 2010 14:50:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-03-02T21:23:56.268+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor: SKEITH</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>219</title><description>&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;La copa sonó con un agudo &quot;clinc&quot; cuando la posó sobre la mesa de cristal. Ya había vaciado la mitad de su contenido, para intentar animarse. No tuvo demasiado éxito. Elliot estaba alicaído desde el día anterior. El científico seguía con la mirada vacía el movimiento de los rayos de sol que se colaban por los agujeros de la persiana. Era lo que llevaba haciendo desde que se había levantado, a las ocho. Marie ya se había ido a trabajar. Ahora el reloj de la sala marcaba las diez y veinte y le daba el compás a sus dedos nerviosos, que tamborileaban sobre su pierna. La televisión estaba encendida, y daban un programa llamado &quot;de variedades&quot;, a pesar de que siempre salían más o menos los mismos personajes vendiendo su vida ante las cámaras. Y lo peor era que realmente les pagaban. Curiosamente, ese día habían aparcado los temas que envolvían a los habituales bufones e invitados, y en su lugar estaban hablando sobre un incidente ocurrido en el Midgar Ring. Por lo visto, algún desaprensivo había ido recorriendo la carretera circular que rodeaba Midgar con un coche de gran cilindrada y armando un ruido impresionante; impresionante para cualquier vehículo que no esté dotado de al menos cinco motores y un remolque lleno de los monstruos más ruidosos del continente. Los PMs estaban puestos en el asunto buscando el vehículo en cuestión y a su conductor, al que le iban a caer varias denuncias por desorden público y conducción temeraria. Al terminar eso, que debía ser lo único de relativo interés, volvieron a salir el presentador, los colaboradores y los invitados, hablando del tema con tanta autoridad y sapiencia como hablaría un fabricante de espadas de Wutai de los entresijos de una escopeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Como si el desorden público no estuviera en el menú del día en los tiempos que corren... - masculló antes de apagar el televisor. Ya estaba bastante atontado, no necesitaba matar más neuronas. Elliot se levantó del sofá con un suspiro mientras trataba de organizar un poco su destartalada cabeza. El día anterior había logrado por fin reunir coraje para hablar con Marie acerca de su despido. Le había costado mucho empezar, pero como suele ocurrir con las cosas que resultan difíciles de tratar, una vez que comenzó no pudo parar. Le contó todo: la reunión inesperada con Leman, la charla con la desabrida jefa, la noticia del despido y la causa del mismo. Todo ello regado con la frustración de no haber tenido ocasión de desarrollar su proyecto personal, y carecer de apoyo para esa iniciativa en el laboratorio. Al final se había dejado llevar por el pesimismo, aduciendo que según Leman era casi seguro que no volvieran a contratarlo en el mismo puesto, al menos mientras el cañón siguiera siendo necesario, y quién sabe lo que pasaría cuando no lo fuera. Eso contando con que Meteorito fuera destruido; de no ser así, todo daba igual, ya no tendrían más de lo que preocuparse. En ese punto Marie le detuvo. Al principio, ella le había escuchado con tranquilidad, pero cuando terminó, lo primero que hizo fue darle la mayor colleja que jamás le habían dado, ni siquiera en el instituto. Elliot fue a quejarse, pero se encontró con el rostro furibundo de Marie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Idiota! ¡Me has tenido preocupada! Sabía que algo te rondaba la cabeza, que por algo estabas tan callado. Llamé a Sigurd, pero no me quiso decir nada. ¿Por qué no me lo has contado primero? ¿Pensabas que te iba a reprochar algo o qué? ¡Si te hubieran echado por hacer el vago en el laboratorio, todavía! Elliot, pensaba que me conocías mejor, o al menos lo bastante como para saber que tu despido no va a hacer que te eche nada en cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese punto, Marie enmudeció y se sentó frente a él, pero no le miró a los ojos. Elliot bajó la cabeza; se dio cuenta de que sus amigos tenían razón y había sido una estupidez retrasar tanto la noticia. Se preguntaba qué estaría pasando por la morena cabeza de su esposa. No tuvo que esperar demasiado para saberlo. Ella se irguió, le miró a los ojos y Elliot vio en ellos una tormenta muy peligrosa que se dirigía hacia él. Marie tenía demasiada deformación profesional como redactora de una revista como para permitirse  usar palabras malsonantes, aun en casa, pero el tono de voz ponía de manifiesto su ira tanto como la colleja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Lo que más me molesta - dijo como si masticara las palabras - es que me hayas engañado al contarme esa milonga de la &quot;reducción de jornada&quot;. Sabes que detesto las mentiras, y más en temas importantes. Llevabas trabajando ahí bastante tiempo, y era la posibilidad de hacer tu proyecto realidad. Si te habían despedido, debiste habérmelo contado en el momento. ¡Qué más da que fuera culpa del cañón, de Arma o del Meteorito! ¡No me importa si ha sido porque te pillaron robando material de oficina - en este punto, Elliot tragó saliva visiblemente afectado. Marie no pareció notarlo o no le dio igual - o porque insultaras a Leman a la cara! Eso no me importa, siempre que me lo digas. Entre los dos podemos encontrar una solución, pero parece que no quieres que te ayuden. Entiendo que es algo que te ha alterado mucho, pero ¡es que nos afecta a ambos, no sólo a ti! ¡Aún no entiendo por qué te lo callaste!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Porque llevo meses dándote la espalda por trabajar en ese proyecto! ¡Meses que has tenido que aguantarme el mal humor y que no te prestara la menor atención! Has estado soportándome todo ese tiempo para al final no tener resultados. No quería que supieras que todo eso ha sido para nada. ¡No quería que me vieras como un fracasado! - estalló Elliot finalmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marie estaba enfadada, pero eso era temporal. Lo peor para la redactora era la decepción. Había confiado siempre en su esposo, y nunca habían tenido secretos. Es decir, nunca hasta el momento en que él había traicionado su confianza. El hecho de sentirse engañada tardaría mucho más en desaparecer que el enfado. En cuanto a Elliot, acababa de pronunciar la palabra que llevaba rehuyendo toda la vida mientras buscaba la oportunidad de eludirla definitivamente. Su proyecto personal habría sido la manera de conseguirlo, de alzarse por encima de esa implacable perseguidora. Pero esa taimada palabra, &quot;fracaso&quot;, le había alcanzado al fin, y había llegado más allá del ámbito laboral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa misma noche ambos cenaron sin intercambiar una sola palabra. Marie acabó la primera, y se fue directa al dormitorio. Elliot aún se quedó un rato en la cocina, terminando una cerveza que se le iba haciendo cada vez más amarga. Cuando fue a la habitación, Marie estaba echada de espaldas. Él se desvistió y se tumbó a su lado. Ella ni siquiera se movió, pero Elliot creyó escucharla sollozar un par de veces. Aquella era la primera discusión de todo su matrimonio. Antes de que el sueño se llevara sus preocupaciones temporalmente, alcanzó a susurrar un &quot;lo siento&quot;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;***&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los PMs habían armado un buen revuelo al salir. De hecho, tendrían que haber salido la noche anterior, pero eran pocos los que estaban de servicio entonces, y el área a cubrir (el Midgar Ring) era demasiado extensa sólo para ellos, de manera que tuvieron que esperar al día siguiente para poder movilizar a más personal e para investigar a fondo. Aquello distrajo un poco su pensamiento de lo que le iba a tocar afrontar en breve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segunda clase repasó mentalmente lo ocurrido hacía unos días. Recordó la misión donde se suponía que debía mantenerse al margen y dar apoyo estratégico. Al principio había hecho lo que se suponía que debía hacer; órdenes del director (aquel mismo director al que lanzaría sin remordimientos a una orgía de boms sólo para ver si sus cenizas cabían en una caja de cerillas). Aquello pronto se convirtió en una partida de ajedrez donde el rey enemigo, en vez de escapar cuando le hacían jaque, se dedicaba a comerse sistemáticamente las piezas que le amenazaban. Literalmente. Al final, cansado de tanto baile de lucecitas en aquel panel, encerrado en aquella furgoneta al margen de toda la zona acordonada, Susurro decidió tomar cartas personalmente. No fue complicado dirigir al monstruo hacia su posición. Una vez fue avistado, los de su unidad tuvieron que prepararse para lo que se avecinaba, y nadie se quejó cuando él se unió a la refriega. Sabía que el director le montaría el pollo con su voz chillona, pero se encargaría de eso en su momento. Y se encargó, sí. Disgustado, apartó de su mente la charla con su superior. En cambio, prefirió rememorar la pelea con el monstruo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel bicho se había cargado a casi toda su unidad. Más aún, había acabado con la de Mallet, y al propio Mallet primero le había dejado manco (un poco como él se había sentido durante el combate por su brazo roto) y luego lo había matado. Según el informe, le había aplastado la cabeza con esas mismas mandíbulas que veía chasquear ante él. No habría necesitado ningún incentivo para combatir contra un monstruo; para eso eran creados los SOLDADO, entre otras cosas. Pero tenía realmente un par de motivos para luchar. Uno de ellos implicaba a Mallet, que era de los pocos con los que se llevaba medianamente bien; otro era él mismo. Había oído una vez a uno de los veteranos hablando sobre lo que eran. &quot;Un SOLDADO es un guerrero pensado para vencer. Si un monstruo mata a un SOLDADO, éste muere, sin más. En caso de que el SOLDADO sobreviva, significará que ha tenido la oportunidad de vencer y no la ha aprovechado, o de lo contrario habría muerto.&quot; Y consideraba que tener la oportunidad de vencer y desaprovecharla, por el motivo que fuese, era una derrota inadmisible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Susurro no compartía del todo su punto de vista, y se había dicho que aquel veterano tenía una mente un poco cuadriculada. De todos modos, era cierto que enfrentarse a un enemigo y ser derrotado de alguna manera que no le dejase medio muerto le corroía. Le daba la impresión de no haberse esforzado lo suficiente. Y no se había sometido a un proceso del que algunos salían rebotados, en un trabajo donde se arriesgaba la vida enfrentándose a engendros de pesadilla y rarezas de la fauna, sólo para hacerse la víctima. Con esos dos acicates en mente, había salido de aquella furgoneta listo para dejarse la piel alrededor del cuello del monstruo y asfixiarle con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bestia había salido del laberinto mezcla de desguace y vertedero. Era imposible confundirlo con otro: cuerpo negro, seis extremidades, escamas negras recubriendo su lomo y cabeza y piel correosa en las patas. La cola de hueso con forma de lanza, la cabeza cónica con sus pequeños ojos depredadores y su aterrador cuerno de marfil se unían a sus garras para formar un conjunto de armas formidables. El monstruo hizo lo propio cuando vio lo que tenía delante. El furgón era un obstáculo, y lo primero que hizo fue girar su grotesca cabeza hacia otro lado en su búsqueda de una vía de escape. Además, junto al vehículo estaban algunos SOLDADO de tercera clase y unos cuantos PMs, que le habían visto venir y preparaban la ofensiva. Los de seguridad ya habían empezado a disparar sus armas. Las balas llovían certeramente sobre la dura cabeza del monstruo, que soltó un chillido estridente. Algunas se encajaron ligeramente en su cuerpo, pero otras rebotaron inofensivas. Las materias de los agentes de SOLDADO, al ser simples escoltas, eran más de tipo independiente, comando y algo de apoyo, y no servían para el combate a distancia. Por tanto, se colocaron delante de los de seguridad con las espadas a punto. Su superior inmediato era el propio Susurro, y al no recibir ninguna orden suya, no tenían muy claro qué hacer, de modo que se limitaron a prepararse y mantener sus posiciones. El segunda clase, por su parte, había salido de donde el director pretendía encajonarlo durante la misión y se había puesto en marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo primero fue una generosa ración de Piro+ directamente contra la criatura. Para declarar intenciones. El fuego rugió en dirección a la cabeza astada, que al ver el fuego trató de esquivarlo. Tuvo suerte, y la mayor parte del ardiente proyectil pasó inofensivo a su lado, aunque la piel correosa de las zonas carentes de escamas siseó. El olor a piel chamuscada se sumó al propio hedor del ser. Con un chirrido, dio media vuelta y trató de escabullirse. No muy lejos de allí aguardaba la unidad E-3, que antes había obligado al monstruo a dirigirse hacia el furgón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡E-3, cortadle el paso!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los agentes se permitieron un momento de duda. No era poca cosa parar los pies de un bicho como aquel, que sería capaz de ensartar a cualquiera de ellos con su cuerno frontal o de mandarlos por los aires sin muchas complicaciones. Sin embargo, habían reconocido en la voz de Susurro la de quien les había estado mandando instrucciones minutos antes, y se rehicieron a tiempo. El astuto engendro iba de frente, hasta que reparó en que le estaban esperando. Rápido como el pensamiento, dio un salto formidable para una criatura de su tamaño y trepó por un montón de chatarra. Pocos segundos despues se dejaron de escuchar sus rápidas pisadas. Los SOLDADO le perdieron de vista. Susurro murmuró una maldición. Era justo lo que quería evitar. Si se separaban o se despistaban un sólo momento, estaban jodidos. Susurro se volvió. Cerca de la furgoneta, se encontraba el técnico que le habían asignado para ayudarle a manejar los aparatos de seguimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Vuelve dentro! ¡Infórmanos de sus movimientos si aparece de nuevo en pantalla! Estamos fuera del área acordonada. Si no quieres que abandone el perímetro, ¡haz lo que te digo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El técnico no titubeó. A fin de cuentas, no era militar, y no le hacía demasiada gracia quedarse fuera del acogedor interior del furgón. Susurro carecía de comunicador, así que con pasos largos se reunió con los SOLDADO de E-3. El cabo estaba intranquilo. Manoseaba continuamente la empuñadura del arma, y miró preocupado el brazo en cabestrillo de Susurro. Quizá creía que no estaba capacitado para luchar. Susurro lo advirtió y su expresión se endureció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No hay rastro de ese cabrón. Lo mejor es que nos separemos y...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Separarnos equivale a meternos en su boca con una manzana en la nuestra - repuso el segunda clase serenamente, mirando ceñudo al cabo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Entonces podemos intentar emboscarle cuando salga de...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eso funciona cuando sabes dónde está tu enemigo y él no sabe dónde estás tú. Es ese hijo de puta el que intenta emboscarnos a nosotros. Un cebo tampoco funcionaría, es demasiado rápido - dijo negando con la cabeza. Ya habían caído unos cuantos precisamente por dispersarse para buscarle, y ya había comprobado que aun estando como cebo toda una unidad, el monstruo se limitaba a atacar por la espalda a cualquiera de ellos y luego desaparecer. Desde luego, el muy cabrón sabía aprovechar el elemento sorpresa mejor que un asesino profesional. El cabo se encogió de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si al menos no fuera capaz de esconderse despues de atacar... - masculló uno de los soldados rasos. Susurro se le quedó mirando. Los demás se apartaron un poco de su compañero, temiendo que el normalmente sereno y taciturno SOLDADO de pronto pudiera convertirse en un avatar de Heidegger. Susurro dio un par de pasos y se colocó frente al SOLDADO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Nombre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tímido tercera clase tragó saliva visiblemente nervioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Álex Cove, sargento, digo señor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con deliberada lentitud, Susurro levantó el brazo derecho y lo posó sobre el hombro del tercera clase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Acabas de darme una idea. Usa tu trasto y llama al tipo del furgón. Dile que ordene a E-4 unirse a nosotros. Que se retiren los demás. De esa manera sólo tendrá un grupo al que hincar el diente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal como había ordenado, las unidades E-1 y 5 se retiraron más allá del perímetro designado para la misión, cerca del equipo médico donde se encontraban los SOLDADO heridos de E-2. Pronto la unidad E-4 se reunió con ellos entre las pilas de metal y desperdicios. Cuando llegaron, Susurro les puso al corriente del plan. Los agentes escucharon con atención. Lo expuesto no les parecía menos desesperado o abocado al fracaso que los movimientos anteriores, pero podía funcionar. Tenían que confiar en que Susurro conociera bien al enemigo, y afortunadamente, ese era el caso. Durante unos minutos, el segunda clase mantuvo una conversación con el técnico de la furgoneta. Cuando consiguió la información que necesitaba, se ajustó la espada y fue a reunirse con los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bien, el punto clave es ese - dijo señalando un gran montón de chatarra, formado por una gran máquina medio destrozada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Está seguro de que es buena idea, señor? Es decir, antes ya intentamos conducirle a una trampa, y no es que diera resultado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí, estoy seguro. No le gusta enfrentarse abiertamente. Colocad vuestra materia como os he indicado. Ven, Cove. La idea es tuya y tendrás parte activa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Susurro sacó su espada y quitó de ella una materia de fulgor verdoso y una que brillaba afablemente y se las dio. A cambio, tomó un par de las materias independientes de Álex. Al hacer el intercambio, el tercera vio sus dientes destacando durante apenas un segundo en una mueca feroz. La sonrisa se fue como vino, dejando al guerrero con la incertidumbre de haberla visto. Cuando todo estuvo dispuesto, los SOLDADO tomaron posiciones según el plan y esperaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;***&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El grupo de agentes avanzó cautelosamente por uno de los desfiladeros entre los restos de la ciudad. Iban con las espadas desenvainadas, atentos a la menor señal de peligro. Olían a metal, a sudor y a materia. Iban muy juntos, como si temieran un ataque. Hacían bien en temer. El brillo azulado de aquellos iris no les llamó la atención desde el interior de la pila de hierro retorcido. Ya no olía a los demás. Estaban solos. La criatura se relamió. Uno a uno, todos caerían. Con un quedo gruñido, se impregnó del mal contenido olor del miedo. Estaban ya cerca de su escondrijo. No habría que esperar mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La unidad E-4 avanzaba de forma lenta, pero firme. No se molestaban en moverse con sigilo; no era parte de su misión. El nerviosismo aumentaba. Llevaban unos minutos de caminar entre los restos, y aún no habían visto ni oído nada que no fueran sus propias pisadas. Presa de un súbito temblor que se esforzó en dominar, uno de ellos se retrasó ligeramente. Apenas un par de pasos. Ese fue el momento. En una explosión de piezas de maquinaria, desperdicios y tornillos, emergió una cabeza negra seguida de dos par de garras aceradas. Las afiladas zarpas se dispararon en dirección al SOLDADO rezagado, que apenas tuvo tiempo de levantar la espada. Habría muerto si una violenta descarga eléctrica no hubiera frenado en seco las intenciones asesinas del monstruo. Ahora al descubierto y con un grupo enemigo delante, la criatura salió completamente de su escondite y echó a correr velozmente en dirección opuesta a la que llevaban. Tras un recodo, los SOLDADO lo perdieron de vista nuevamente, y la criatura saltó dispuesta a zambullirse nuevamente en la seguridad de los desechos. Los metales y restos no supusieron gran obstáculo para su fuerza y sus cuatro garras, así que pronto estuvo bajo lo que en tiempos debió haber sido un viejo panel inferior de la placa, alrededor de la cual se habían desplomado varios cascotes. Lo hizo sin problemas, pero justo cuando se estaba acomodando para esperar de nuevo a sus víctimas, un dolor agudo y un brillo azulado le hicieron aullar de dolor y sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que desde uno de los montones de chatarra, uno de los escoltas de Susurro, equipado con materia Electro, había saltado sobre la estructura derribada. Clavando la hoja en el metal, canalizó el poder de la magia por toda la superficie metálica. Un destello azulado se generó en el punto donde la espada había entrado, y se expandió por todo el panel, hasta alcanzar al monstruo. Con un estremecedor chillido, abandonó la estructura con la misma velocidad con que había atacado antes. El SOLDADO se tambaleó, pero consiguió mantener el equilibrio a tiempo. Sus compañeros se reunieron con él. La criatura, al verse de nuevo descubierta, huyó buscando un nuevo lugar desde donde poder emboscarlos. Ese comportamiento, astuto e instintivo, siempre le había dado resultado, pero no esta vez. Cada vez se refugiaba, no tardaba mucho en tener que abandonar la seguridad del amasijo de hierro, presa del dolor y con las escamas chamuscadas. Lo intentó tres veces más, y al ver que era imposible, trató de escapar. Sus patas estaban entumecidas por las descargas, y le costaba poner tierra de por medio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su huida se vio cortada por los agentes de E-4, que venía por una &quot;cañada&quot; lateral formada por escombros. Los tercera clase tuvieron tiempo de alcanzar con sus espadas las desprevenidas patas delanteras. La criatura aulló y retrocedió. Las materias brillaron y un par de bolas de fuego se estrellaron cerca de sus patas traseras. Pero el entumecimiento había pasado ya, y era demasiado rápido para ellos. Pronto fue capaz de dejarlos atrás. Agobiado, el ser buscó con sus ojos rasgados un lugar seguro donde ocultarse. A apenas cien metros, divisó un enorme montón de metal: se trataba de los restos de una vieja maquinaria. Estaba rodeada de estructuras caídas, que quizá fueran grúas cuando estaban en pie. Por un momento, algo brilló en la vieja máquina, pero no pudo distinguir de qué se trataba. Por si acaso, el astuto monstruo se acercó con cautela, bordeando los escombros de alrededor, para no ser visto. Escuchó gritos tras él. Los humanos se acercaban. Acosado, dio un gran salto y se metió entre los hierros de las grúas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un nuevo grito hizo que se volviera a medias. Por encima de él había otro SOLDADO. Álex Cove, al igual que los otros, no le atacó a él. Su espada, vibrando con la electricidad contenida, se descargó en el metal, y a través de éste llegó hasta las garras aferradas a la estructura. Una nueva oleada de dolor le invadió, más intenso que antes. Su primer impulso fue revolverse y arrancarle la cabeza de una dentellada al autor de su sufrimiento. Al dar media vuelta, se fijó en que detrás de él, venían el resto de sus compañeros blandiendo sus armas. Sabiendo que un ataque frontal podía acabar en más daño, optó por huir. La única manera posible de hacerlo ahora era subir hasta la gran máquina oxidada. Aguantando el dolor, la bestia trepó hasta situarse por encima de la grúa. Álex seguía electrizando el metal, y la duda ensombreció su rostro cuando vio que aquella monstruosidad, sobreponiéndose a los aguijonazos de la electricidad, seguía moviéndose. A pesar del temor que empezaba a hacer mella en él, aguantó y mantuvo el contacto de la espada electrificada con la grúa. La criatura, chillando, se preparó para encaramarse al industrio descompuesto, que aguardaba con la promesa de una vía de escape a un salto de distancia. Los poderosos músculos de las patas traseras le impulsaron en el aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de nuevo el mismo brillo de antes. En el mismo lugar hacia el que saltaba. El fulgor era verdoso y se reflejaba en la hoja de otra espada y en unos ojos azules colmados de despiadada frialdad. Ya era demasiado tarde para corregir la trayectoria, demasiado tarde para escapar. Sus garras delanteras ya estaban arañando el fuselaje de la máquina, y sus ojos se abrieron como platos, dejando las pupilas reducidas a estrechas rendijas a causa de la luz. En ellos se reflejó la cara, ceñuda y sonriente, de Susurro. El SOLDADO apuntaba con su espada directamente hacia el monstruo. Incapaz de detener su avance, el monstruo se encontró con la espada y parte del brazo de su oponente prácticamente dentro de su boca. Pero no tuvo tiempo de cerrarla. Sólo pudo dejar escapar un gemido chirriante, cortado bruscamente por las palabras del SOLDADO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mallet te espera, hijo de puta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La espada alcanzó una luminosidad rojiza cuando la materia Piro+ se activó, y una explosión sacudió el metal abollado de la maquinaria. La cabeza de la criatura estalló, arrojando pedazos de hueso y sesos. El fuego siguió su recorrido a través de las entrañas de la bestia y explotó en su interior. Susurro alcanzó a cubrirse detrás del panel tras el que se había escondido en espera de que llegase el momento adecuado. Había esperado demasiado para estar seguro, y se había chamuscado un poco. Desde abajo, Álex contemplaba la explosión, y tuvo el buen sentido de apartarse cuando cayeron los despojos del monstruo. Desde su aventajada posición, el segunda clase vio cómo el cadáver abrasado chocaba contra los tubos de la grúa y éstos se doblaban bajo su peso. Sus ojos no reflejaban ya nada, y únicamente le dedicaron una mirada fría e indiferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Dale recuerdos mientras él y sus chicos te masacran en el infierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Despues de aquello, se reunió los demás; le vitoreaban. Él lo tomó con indiferencia, aunque no le resultó sencillo evitar contagiarse de parte del entusiasmo de los demás. Estaba algo cansado. No había sido demasiado duro, a fin de cuentas; al menos no para él, que sólo tenía alguna quemadura. Los tercera clase lo habían pasado bastante mal, como podían dar fe los heridos de E-2. Pero aún quedaba lo peor. Mientras los PMs se quedaban para limpiar la zona y un grupo del departamento científico llegaba como una manada de chacales para hacerse con la carcasa abrasada del monstruo, les llegaron órdenes de arriba. El director quería verle en su despacho. De inmediato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;***&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El director había recibido una desagradable sorpresa en los comentarios que habían llegado a sus oídos. El técnico que manipulaba los detectores del transporte le había contado la manera de trabajar de Susurro. Inicialmente correcta, pero cuando le contó que había tratado de atraer al monstruo (con éxito) hacia el borde del área vigilada, el director torció el gesto. Y cuando el técnico le refirió la intervención del segunda clase, su cara se tornó roja, congestionada por la ira. Había sido eso lo que le había impulsado a llamar a los grupos destinados a esa misión al completo. Estaba decidido a que la desobediencia no quedara sin consecuencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde su despacho escuchó un gran alboroto cuando entraron los agentes. Muchos vitoreaban y aplaudían el plan del sargento insubordinado. A juzgar por lo que escuchaba, tomar una medida contra la desobediencia de Diastraefen podía resultar en una insubordinación mayor... si lo hacía en público. El director se rascó la incipiente calva extrañado; no recordaba que fuera tan popular. De hecho, siempre había creído lo contrario. Decidido a acabar con el jolgorio, salió del despacho. Al verlo, las unidades bajo el mando de Diastraefen y el propio sargento formaron ante el director. Todos estaban firmes, con la mirada hacia adelante y los hombros erguidos. La mirada y la cara enrojecida del director rebosaban indignación mal contenida. Susurro se hallaba a un lado, adelantado un par de pasos y en idéntica posición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Descansen - masculló. Con un gesto, hizo una seña al segunda clase y se dirigió hacia su despacho. Una vez en su interior, se sentó en su castigado sillón y le miró ceñudamente. Cuando habló, lo hizo entre dientes, como si masticara las palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Esto es el colmo de la irresponsabilidad! ¡Desobedeció una orden directa! ¡Le dije claramente que no podía intervenir!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No lo hice por gusto, señor. El enemigo amenazó con atacar la furgoneta. ¿Debería haberme quedado de brazos cruzados, en el interior, mientras el objetivo nos pasaba por encima y escapaba de la zona, señor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡No me venga con esas! El técnico asignado a su unidad me lo ha contado todo. ¡Debió dejar que sus escoltas se encargaran de él! - barbotó el Contable (apodo que le dedicaban los agentes a sus espaldas).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Con el debido respeto señor, eso habría sido una locura. Los escoltas que iban conmigo carecían de materia de largo alcance. Y eran escasos. Lanzar a unos tercera clase contra una criatura así sin ninguna clase de apoyo es mandarles a la muerte. Fue por eso que decidí intervenir, señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El director pareció estar a punto de decir algo, pero casi se atragantó. Era como si las palabras se le atropellaran en la garganta. Cuando se recuperó de su indigestión de ira, estrechó los ojos y se enjugó el sudor con un pañuelo blanco. No podía permitirse tener a Diastraefen suspendido de empleo; él mismo había repetido varias veces que no contaban con muchos agentes con experiencia. No obstante, estaba decidido a no dejarle marchar sin aplicarle un correctivo por su falta de disciplina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tiene suerte de que la misión haya sido un éxito y de que no haya resultado herido - empezó a decir -. Ya le avisé: no tenemos muchos efectivos ahora mismo, y de segunda clase menos aún; no quiero arriesgarlos cuando el trabajo puede ser hecho asignado a los tercera clase. Y de hecho...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- De hecho, tiene razón, señor - cortó bruscamente Susurro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El director estuvo a punto de atragantarse de nuevo, y sus cejas subieron cómicamente en su cara como si intentaran ser un patético remedo de pelo en sus entradas. Susurro le alargó una hoja escrita por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Aquí tiene el informe, señor - dijo tranquilamente -. Realmente es un borrador, dado que no he tenido tiempo de hacerlo como es debido. Como podrá comprobar, al final sólo hicieron falta dos unidades bien coordinadas y yo mismo. No era necesario haber enviado tantos agentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El director la arrancó el papel de la mano y leyó rápidamente el informe. Estaba bastante claro para haber sido hecho de prisa y corriendo. Casi al final, miró a Susurro con incredulidad; luego frunció el ceño de nuevo y terminó la lectura. Sus labios se fruncieron mientras depositaba de malas maneras el informe sobre su mesa. Estaba claro que había actuado de manera correcta, pero la desobediencia no pensaba pasársela por alto a pesar de haber conseguido su objetivo. Y encima, haberlo conseguido con menos efectivos de lo prescrito por su superior. Miró con ira a Diastraefen: no había nada que pudiera hacer despues de aquello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No crea que esto va a quedar así. Su insubordinación y desobediencia irán a parar a su expediente. Y no creo que al señor Heidegger le haga gracia ver que cuenta con rebeldes entre sus agentes. Si no es capaz de cumplir las órdenes, me aseguraré de que le saquen del servicio activo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí, señor - repuso suavemente Susurro. En su interior, estaba contento. Que aquel gordo tomase las medidas que creyera oportunas. Había sido modificado para ser un SOLDADO y eso sería. Y en el peor de los casos, ¿qué iba a hacer? ¿Despedirle? Él mismo había admitido andar corto de personal. A una seña del malcarado director, abandonó el despacho y se reunió con los tercera clase. Al ver su gesto neutro, pensaron que le había caído una reprimenda severa. Susurro se acercó a donde estaba Álex Cove. El SOLDADO le miraba sin saber bien qué hacer. Sin una palabra, Susurro le devolvió sus materias independientes. Todos bajaron la cabeza, dando por hecho que eso significaba lo peor. El director había ganado aquella baza. Luego, con un papirotazo, Susurro cogió de la espada de Cove sus materias Electro y Salto y se las guardó. Los agentes se animaron de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Gracias, Cove. Me harán falta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El siguiente día que tuvieron de permiso no hablaron de otra cosa que de la patada que Susurro debía haber dado al amor propio del Contable.</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/08/219.html</link><author>noreply@blogger.com (Eld)</author><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-3735982590972921774</guid><pubDate>Fri, 30 Jul 2010 04:40:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-07-30T06:44:33.301+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:UKIO</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>218</title><description>Han tenía un buen día. Un día cojonudo, de hecho, de esos en los que la ilusión y el optimismo convergen en un torrente de energía positiva con la que encarar un gran momento vital. Malcolm vio impresionado como su hermano estaba despierto cuando él llegó a casa, una hora después de amanecer, y compartieron un desayuno. &lt;br /&gt;Charlaron durante media hora, compartiendo risas, zumo y cereales, y cuando su hermano se hubo ido a dormir, no sin antes desearle suerte, Han cogió y sus llaves y se subió al coche. El recorrido lo conocía perfectamente, pues aun no siendo un viaje diario, si que lo hacía varias veces al mes. Y esta, posiblemente, sería la última vez que se viese obligado a hacerlo. El alivio sumado a la ilusión y el optimismo.&lt;br /&gt;Han nunca había hecho este viaje acompañado. Siempre le ha gustado hablar, y no le importa hablar de sí mismo, pero tampoco le gusta contar cosas importantes. Le gusta esa sensación, ya que así se siente como un hombre que oculta un gran secreto a la luz del día, a la vista de todos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han es estudiante de la escuela superior de ingeniería de Midgar, en la especialidad de ingeniería mecánica. Remache le ha enseñado muchas cosas, pero sin el conocimiento otorgado por la formación no habría podido comprender, y por ende, conducir, los coches tal y como lo hace. Es aquello que le ha permitido volar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A primera hora de la mañana, tras un trayecto fugaz a lo largo de la ciudad, en el que casi incrusta su deportivo en un camión de mudanzas, Han se presentó frente al tablón de anuncios principal, encontrándoselo extrañamente vacío. Encogiéndose de hombros e incapaz de quebrantar su buen humor, recorrió pausadamente la facultad, mirando distraídamente anuncios, orlas o cualquier otra cosa que colgase de las paredes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El edificio le gustaba, aunque nunca fuese alguien interesado en la arquitectura. Simplemente era bonito: Un edificio de estilo falso moderno, algo construido hace décadas, con la intención de que pareciese genial y futurista que ahora mismo evidenciaba ser anticuado. Exactamente igual que muchos de sus coches favoritos.&lt;br /&gt;Una hora después, desde la cafetería, mientras disfrutaba del relajado placer de leer la prensa, a la luz del claro sol que inundaba el local desde las ventanas, vio a uno de los conserjes colgar un anuncio en el tablón que había estado vigilando. Lleno de ilusión, se levantó dejando un puñado de monedas al azar en la mesa y corrió hacia su destino. Sonrió, repasó los nombres y notas y…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Me cago en su puto dios! ¡Voy a follármelo con una puta sierra de calar! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Releyó la nota una y otra vez, asegurándose de que correspondía a su nombre. Incapaz de dar crédito se dio la vuelta, frotándose los ojos mientras algunos compañeros de clases a las que él no asistía, y por lo tanto, no conocía, intentaban abrirse paso para ver sus notas, mirándolo con miedo o desconfianza. Se volvió, pero el mensaje escrito en el papel era el mismo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han Parker Cliff. Notable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Si? &lt;br /&gt;- ¿Malcolm? – El camarero miró el número que aparecía en su PHS, pero no lograba reconocerlo y era evidente que la agenda del teléfono tampoco.&lt;br /&gt;- Si. ¿Quién eres? La voz me es familiar…&lt;br /&gt;- Soy Rolf. – A Malcolm se le atragantaron varios insultos. Sucedió porque intentaban salir todos a la vez. Finalmente hubo un ganador.&lt;br /&gt;- ¿Cabroputochupapollas? ¡Que cojones le echas para llamarme! &lt;br /&gt;- ¿Algún nuevo motivo para que te portes como un subnormal conmigo, escanciador?&lt;br /&gt;- ¡Tu rubio maricón lleva meses sin hablar con mi amiga! ¡Lo niega, pero está destrozada! ¡Él y tú tenéis una deuda que saldar!&lt;br /&gt;- Malcolm, negué toda responsabilidad sobre él, e incluso aconsejé un distanciamiento prudencial. &lt;br /&gt;- ¡A ella no le puedes decir que hacer! – Protestó el camarero nuevamente.&lt;br /&gt;- Inténtalo. – Rolf se detuvo a suspirar, recordando a su antiguo compañero y las complicadas circunstancias de la disolución del grupo. – Te he llamado para otra cosa: Sé que hoy le dan a tu hermano la nota de su proyecto de fin de carrera.&lt;br /&gt;- Vaya, ¿te lo ha dicho? Suele ser bastante reservado con el tema. Solo se lo dice a sus mejores amigos.&lt;br /&gt;- Tú lo has dicho. – Insistió Rolf, pillando a su rival en su propia lógica. – Le tengo preparado un regalo para esta noche y necesito tu ayuda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han tuvo que comer en la facultad. Las revisiones no serían hasta la tarde, y él se negaba a volver a subir a su coche sin una explicación. Durante la hora de la comida, la gente de las mesas contiguas se negaba a mirarlo tan siquiera, por miedo a que lo considerase un desafío. Su lenguaje corporal exudaba ira y un aura de odio intenso era casi tangible alrededor de su persona. Más que masticar la comida, la torturaba, mientras repasaba mentalmente el diseño de carburador que había entregado en su proyecto, intentando buscar fallos que enturbiasen su absoluta perfección.&lt;br /&gt;Como un fantasma vengativo, recorrió los pasillos de la facultad con el ceño fruncido, mientras la gente se apartaba a su paso con temor. Ese hijo de la gran puta había tenido la enorme amabilidad de poner las revisiones a las siete de la tarde, probablemente para que fuese la menor cantidad de gente posible. Han había esperado ante la puerta del despacho desde las cinco. A las seis y cuarto, su reproductor mp3 murió, y la batería del PHS no estaba como para gastarla para entretenerse. En hosco silencio, esperó su turno de ser atendido, mientras el resto de sus compañeros, que también esperaban su turno para la revisión, lo miraban de reojo, visiblemente colérico. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pueden pasar de uno en uno para la revisión de sus proyectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El profesor no llegó a cerrar la puerta, antes de que Han la retuviese para entrar. Miró atrás y vio con desdén como el típico alumno con pintas de macarra parecía decepcionado porque su ridículo proyecto no habría aprobado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pase. Deje que cuelgue la chaqueta y dígame su nombre.&lt;br /&gt;- Han Parker Cliff. – Respondió este, secamente. El profesor, un cincuentón prepotente, llamado Maragnani, que se tomaba muy a mal no ser tratado por su título de doctor, rebuscó con desgana entre una pila de proyectos encuadernados, separando uno de factura y presentación cuidada, pero sin destacar a simple vista.&lt;br /&gt;- Parker… Pocos tienen la desfachatez de venir a la revisión con un notable, y menos aún con su trabajo. ¿Qué nota quiere por esto? ¿Un sobresaliente?&lt;br /&gt;- Quiero una matrícula de honor. – Dijo con fría calma. Maragnani respondió con un bufido, conteniendo una carcajada, que luego se tornó en un gesto mucho más serio.&lt;br /&gt;- ¿Es consciente de lo que dice? ¿Esto? ¿Una matrícula de honor? – Han asintió.&lt;br /&gt;- No veo por que no la merezco. Es funcional y perfecto.&lt;br /&gt;- ¡Es un carburador, señor Parker! ¡Un carburador! ¿Ha oído hablar de los motores de inyección? – Preguntó con sorna, pero el alumno lo miró impasible. – Hace casi veinte años que es el único método usado en la automoción. ¡Y me dice usted que su carburador, un vestigio del pasado, es perfecto! Abusa usted de mi generosidad, señor Parker. He revisado sus cálculos, su “teórico motor” en el que lo aplica, un v10 de combustible, de gran cilindrada y con capacidad para quemar combustible a una velocidad atroz. ¡En la época de los motores de bajo consumo crea un depredador de carreras! ¿Le parece serio?&lt;br /&gt;- Me parece plenamente en serio.&lt;br /&gt;-  Mire… Un carburador, que además depende de un motor utópico… ¿Sabe que? Me ha convencido. – El alma de Han se alzó en vilo. ¿Realmente no sería el doctor Maragnani tan cabrón como lo pintaban? – Le bajo la nota a un aprobado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo explotó en el interior del piloto: Una furia sin precedentes, combinada con el ansia de resolverlo todo a hostias inmediatamente. Sin embargo, cuando estaba a punto de levantarse, sintió un escalofrío en el pecho, justo donde Rolf le había apoyado una navaja días atrás. “Antes de actuar, piensa en lo que puedes perder”: Si se atrevía a tocar al ilustre catedrático Inazio Maragnani, su carrera como ingeniero habría muerto antes de empezar. &lt;br /&gt;Sin embargo, el piloto no era famoso por su falta de voluntad. Apretó los dientes y clavó sus pupilas en las de su profesor, que había alzado la barbilla, esperando su respuesta con gesto de desafío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tendré esa matrícula de honor. Esta noche.&lt;br /&gt;- ¿Y que va a hacer? ¿Secuestrarme? – Se burló el catedrático, intentando que su creciente temor no trascendiese sus formas. Han cogió aire y respondió con toda la educación que le fue posible.&lt;br /&gt;- Le invito a comprobar esta misma noche las capacidades de ese carburador.&lt;br /&gt;- ¿Qué quiere decir?&lt;br /&gt;- Quiero decir que sé que funciona porque lo he construido. Esta noche a las nueve. – Dijo mientras se levantaba. &lt;br /&gt;Inazio Maragnani no podía quitarse de la cabeza esa última mirada que le había dedicado al cerrar la puerta, mientras pronunciaba su siniestra despedida: Pasaré a recogerle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran las nueve y cuarto, y el catedrático Maragnani ya se hallaba más relajado. Estaba en uno de los bares más elegantes del sector dos, el Gentlemen’s, mientras disfrutaba de un gin tonic y de la conversación de algunos de sus amigos, todos ellos venidos de su elevado estrato social. &lt;br /&gt;El local no era precisamente ningún agujero de chusma: Decorado con maderas nobles, los camareros uniformados de punta en blanco servían cócteles y cigarros de las marcas más selectas del mercado. Sus aperitivos tenían una gran reputación entre los mejores círculos culturales, más aficionados a un toque clásico pero sin renunciar a la inventiva experimental de algunos de los mejores cocineros de Midgar. Muy pocos de sus clientes no iban de traje, y los que no, vestían ropa de sport, relajada sin ser del todo informal. El Gentlemen’s era, sin duda, el lugar donde los hombres poderosos de la ciudad disfrutaban de un relajado Vermouth a la salida del trabajo, antes de volver al infierno de sus esposas florero viejas y amargadas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inazio Maragnani no alcanzaba a ponerse cómodo: Sus amigos habían ocupado un sitio, cerca de la esquina del local, frente a un enorme Bengal disecado y a un viejo reloj de pared. Como fue el último en llegar, tomó el último asiento libre, y la blanca esfera del carillón lo contemplaba como un cíclope amenazador. Acercarse a las nueve fue inquietante. Pasarlas tantos minutos y que no haya sucedido nada aún era un canto a la paranoia. Probablemente ese alumno se haya pensado mejor las cosas, pero… Hay mucho loco suelto con esto del cometa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué te pasa, Naz? No se te ve cómodo… - Preguntó uno de sus colegas. - ¿Acaso no te gusta la idea de unas buenas vacaciones?&lt;br /&gt;- Pete, sabes que mis billetes para Gold Saucer han sido comprados hace meses. – Bromeó el catedrático. – Tengo unas ganas de dejar Midgar… ¡Que le caiga el meteorito encima de una maldita vez y se lleve a todo por delante! ¡A los alumnos idiotas, a los turcos, a los alborotadores y a la propia Shin-Ra al infierno con él! – Maragnani levantó la vista, más relajado por su bravata, y al hacerlo vio que sus colegas habían palidecido. &lt;br /&gt;- Naz…&lt;br /&gt;- ¿Qué os pasa? ¿Sahayid? ¿Pete? ¿Sergei? Parece que hayáis visto…&lt;br /&gt;- Señor Inazio Maragnani, según tengo entendido… - Interrumpió una voz grave a sus espaldas. El catedrático entendió la reacción de sus compañeros. El reloj de pared tenía una cubierta de cristal en la que mostraba el péndulo y algunos mecanismos. En ella podía ver con bastante nitidez el reflejo de un traje negro a sus espaldas.&lt;br /&gt;- Doctor… - Alcanzó a decir con voz trémula. – Soy el doctor Inazio Maragnani.&lt;br /&gt;- Acompáñeme. – Dijo el turco con indiferencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aterrorizado catedrático recorrió las calles de la ciudad, alejándose cada vez más del Sector 0, camino de los bordes de la placa superior. Allí se alzaba la autopista, y el llamado Midgar Ring: un anillo de carreteras, actualmente en obras por la caída del Sector 7. Llevaba mucho tiempo cerrado al público, y los últimos rumores apostaban a que Shin-Ra estaba adaptándolo como circuito de competición, reabriéndolo para uno de sus antiguos usos, en busca de la típica estrategia de “panem et circenses”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante todo el viaje, el turco lo llevó sentado en el asiento de copiloto de un potente Shin-Ra Supreme oficial, acompañado del rugido de un motor que era incapaz de callar los potentes latidos de su maltrecho y asustado corazón. Cuando Ya se veía el horizonte entre los edificios, coronado por los últimos rayos de la puesta de sol. El turco, cuyo lado derecho le quedaba a la vista, ahorrándole la imagen de su desfigurado lado izquierdo, mal oculto por unas gafas de sol, lo miró de reojo. Maragnani se dio cuenta del gesto y lo miró a su vez. Entonces el turco empezó a hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Muy bien, doc, estas son las condiciones: El motor es propiedad de Shin-Ra, y el coche es alto secreto. Usted no investigará ni revelará la existencia del motor ni del coche a nadie. Así mismo, tampoco podrá pilotar el coche ni realizar ningún tipo de estudio o control informático del estado del motor. – El Supreme iba reduciendo su velocidad, y el turco se había quitado las gafas de sol, ya más un incordio que un alivio, con la oscuridad ya reinante. Luego lo miró, y en sus ojos y sonrisa había una promesa de violencia expeditiva y de una tumba anónima en las llanuras, más allá de la ciudad. – Sé que tiene usted los planos de ese carburador. Mañana quiero un mensaje del señor Parker Cliff confirmando su devolución. Si descubro que ese carburador sale a la luz, y no lo ha sacado su inventor, tomaré medidas. ¿He sido claro? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maragnani solo pudo apretar las piernas y asentir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al detenerse el coche, se encontraron al alumno, tirando unos guantes de látex manchados de gasolina y aceite de motor. Un último vistazo repasó todas las piezas de mecánica del “Pájaro”, la monstruosidad mecánica que había surcado la ciudad como un relámpago a ritmo de heavy metal, sembrando el caos circulatorio a su paso. En palabras de su piloto, con ese coche había volado, y ninguno de sus pasajeros iba a discutírselo. &lt;br /&gt;Cerró el capó con gesto meditado y rodeó el vehículo, limpiando algunos últimos restos de polvo y comprobando la presión de los neumáticos con unos ligeros apretones. Acto seguido, tomó un par de mitones de cuero de uno de sus bolsillos, calándoselos en las manos con el lento y meditado gesto de un villano que dispone la máquina de tortura mientras sus secuaces le traen al héroe. Sonrió, animado por esa idea, y abrió la puerta del copiloto a su profesor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenas noches, doctor Maragnani. – Lo invitó con una sonrisa, antes de ocupar el puesto de piloto. – Está usted a punto de subirse al mejor coche del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unas cuantas horas y una orgía lésbica más tarde, tres hermosas mujeres compartían un cómodo y amplio sofá con un hombre. Las mujeres eran todas exuberantes, y a la vez variadas. Todas llevaban cómodas camisetas viejas, a las que la gente caracteriza como “de dormir”. Sin embargo, sus atavíos también variaban bajo estas prendas: La primera mujer, de rasgos orientales y belleza delicada con un toque malévolo, había optado por brillante lencería de látex negro. La segunda, rubia de perfectos y pálidos matices, había preferido el encaje. La última era una pelirroja ardiente, con una sonrisa traviesa y unos ojos grises fulgurantes, cuyos gustos se inclinaban más por el cuero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio de esas tres bellezas, había un hombre. Un hombre delgado y atlético, que se cuidaba y tenía unos abdominales realmente envidiables, a juego con una musculatura marcada pero no exagerada. También era atractivo, ya que acostumbraba a cuidar su imagen. El hombre, además, era homosexual, de modo que lo único que había podido ofrecerles a sus invitadas eran unos margaritas cojonudos y una serie entretenida para ver, mientras se lamentaba por su estúpido hermano ausente: ¿Dónde cojones se habrá metido Han?</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/07/218.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-1647452006689117918</guid><pubDate>Wed, 14 Jul 2010 13:21:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-09-21T21:59:34.906+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:Rokhsa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>217</title><description>Aquellos primeros minutos de la mañana se habían convertido ya en una tradición. Después de tantos años durmiendo en cualquier esquina de los suburbios, una de las cosas que más adoraba era la luz del sol que entraba lentamente, casi sumiso, por las rendijas de la persiana. Y eran esas finas láminas de luz las que luego se dispersaban y escalaban la altura de la cama, avanzaban cada pliego en las sábanas a igual velocidad y terminaban impactando en mi adormilada cara. Era mi despertador particular, pero nada más abrir un ojo con pereza, ya sabía lo siguiente que iba a hacer.&lt;br /&gt;A mi lado dormía Lucille, siempre de costado, con el oscuro pelo totalmente revuelto y echa un ovillo, agarrando y llevándose para si en sueños gran parte de las sábanas. &lt;br /&gt;Yo había cogido por costumbre despertar en cuanto la luz me daba de lleno, me incorporaba con el máximo cuidado y el mínimo ruido y me quedaba sentado con las piernas cruzadas frente a ella. La franja luminosa avanzaba lentamente en diagonal a lo largo de la cama a medida que pasaban los minutos. A los diez minutos de levantarme estaba a la altura de los muslos y Lucille ladeó la cabeza sólo para protestar en algún tipo de sueño incómodo y absorberse más aún en las sábanas. Al cuarto de hora ya había descendido las caderas y parecía moverse al ritmo de una respiración tranquila y relajada, a la vez que la parecía transformar en un magnífico regalo envuelto en un lazo luminoso.&lt;br /&gt;Durante todo ese ritual no hacía más que preguntarme qué coño hacía yo allí, que pintaba yo en una casa como esa, con una mujer como ella. No me lo merecía, no merecía nada de lo que había allí, no estaba alcance de mis manos, era demasiado perfecto para ser verdad.&lt;br /&gt;La luz se acercó a su cuello y pareció molesta por el picor del calor, pero no llegó a despertarse. Su camiseta añil llena de agujeros quedó bañada por un tono amarillento. Me acerqué con sumo cuidado y la aparté un mechón que cubría su cara. Lucille pareció despegar los labios y mostrar apenas los paletos, giró bruscamente y se quedó de nuevo dormida, pero mirando al techo.&lt;br /&gt;En fin, yo no dejaba de ser un vagabundo, ¿no? Mi vida había sido una auténtica mierda y encontré dentro de la miseria un tipo de miseria que al menos me otorgaba una dosis de evasión de la realidad; la cocaína. Daba asco, era un yonqui y nada me aseguraba que al día siguiente pudiese seguir con vida. Sin embargo aparece ella un día y me lo da todo a cambio de nada, le ofrece la mano a un drogadicto desconocido y se va con él a tomar una cerveza. Realmente había una parte de mí que no paraba de preguntarse qué había hecho para merecer algo tan bueno. Y era esa parte la que también me repetía sin cesar que ahora tampoco mi vida perfecta; es más, ahora mi vida era más complicada que intentar parar el Meteorito con un guante de cocina. Ser excómplice involuntario de un psicópata y estar amenazado de muerte por un desconocido no ayudaban a que por las mañanas me pudiese tomar un café tranquilamente con ella.&lt;br /&gt;Me quedé observando cómo a cada segundo la luz avanzaba un milímetro por su nariz imperfecta hasta llegar a sus ojos cerrados con pestañas oscuras. Entonces la respiración se tornó menos letárgica y su brazo izquierdo se movió con pereza. Yo me incliné sobre ella y tapé con mi espalda el chorro de luz solar, arrugó la nariz y abrió los ojos con una sonrisa de oreja a oreja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -¿No te cansas de hacer todas las mañanas lo mismo?-me preguntó con voz ronca.&lt;br /&gt;  -Ni pretendo dejar de hacerlo... Buenos días-la besé cuando aún ella se estaba quitando las legañas y salté de la cama para ir a preparar café.&lt;br /&gt;  -Yief…&lt;br /&gt;  -Dime- le grité desde la cocina. Ella se había acercado al lavabo y ahora se secaba la cara con una pequeña toalla azul.&lt;br /&gt;  -Hoy se muda finalmente Alex… Le dije que comeríamos en su casa para despedirnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto, Alex… Aquél simpático vecino que se le daba bien eso de pintar cuadros se había convertido un día en el exnovio vengativo de Lucille y en el asesino a sueldo que se cargó a Blackhole en otro. Ya le amenazó mi Rhino de que no volviese a acercarse a Lucille o la cosa saldría bastante mal, pero nunca pensé que a los dos días del suceso anunciaría su marcha del edificio, para irse a vivir con su novia Iris. La verdad es que ese cambio me pilló de improviso, no me esperaba una respuesta tan tajante, pero agradecía que cortase con ello de raíz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -¿Es necesario?- pregunté con un tono desenfadado.&lt;br /&gt;  -Yief… Hazlo por mí. No sé que habrá pasado entre vosotros últimamente, pero Alex es mi amigo y es el último día que le veo.&lt;br /&gt;  -Está bien, está bien…-venga Yief, aguanta unas horas y ya no volverás a verle el pelo a ese artista que tal vez haya escrito (o dibujado) tu sentencia de muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lazarus acababa de salir de su clase de grabado con las manos apestando a aguarrás y con las uñas manchadas de una tinta azul que se negaba a desaparecer. Llevaba una camiseta negra llena de salpicaduras de todos los colores y unos vaqueros tiznados de carboncillo, como si el hecho de estar estudiando la carrera de artes conllevase ir siempre hecho una mierda. A un lado llevaba una bandolera negra llena de bolsillos y del interior de la camiseta salían dos auriculares con el cable retorcido. Se los ajustó en los oídos y comenzó a caminar hacia su cafetería favorita a ritmo de blues. Pidió su habitual bocadillo y un refresco y se sentó en una de las sillas de plástico que hacían de terraza.&lt;br /&gt;La verdad es que no se quejaba con lo que la vida le estaba ofreciendo. Había hecho unos cuantos amigos en clase, sacaba buenas notas y había llegado a caer bien a varios profesores, hasta el punto de recomendarle y presentarle a grandes artistas de la talla de Alexandre Da Silva. Sus únicos sacrificios consistían en no dormir en cuanto le mandasen algún trabajo y descubrir que dibujar todos los días personas desnudas no era tan emocionante.&lt;br /&gt;En esos momentos estaba dando los últimos mordiscos a su bocadillo cuando algo le hizo atragantarse con las migas. Según la definición, algo pintoresco es algo que merece ser pintado, y lo que había frente a Lazarus lo era sin duda alguna. Abrió la bandolera rápidamente y sacó un bloc tamaño folio junto con un lapicero dentro de las anillas.&lt;br /&gt;Un hombre se había sentado en la mesa de enfrente con un vaso largo de cerveza en su mano derecha, observando cada movimiento que ocurría en ambas aceras. Lazarus se puso manos a la obra, a juzgar por los tragos que le daba a la cerveza, tenía poco tiempo para realizar el apunte.&lt;br /&gt;Dibujó primero unas líneas para guiarse y situarlo en el papel. Pronto tuvo un círculo irregular que, con u par de líneas más, formaron una calavera de perfil. Insinuó el cuello y siguió los hombros de una americana negra impoluta. Olvidó de momento la parte superior y trazó rápidamente unas piernas cruzadas y unos mocasines brillantes, con tal de obtener un dibujo lo más completo posible. Poco a poco había conseguido un trazo propio, en el que no utilizaba curvas, sino diversas líneas rectas que engañaban al ojo y conseguían un dinamismo y un estilo peculiar. &lt;br /&gt;Justo en el momento en el que se disponía a definir aquella corbata roja y blanca, el inconsciente modelo se giró bruscamente y el lápiz de Lazarus cayó al suelo del susto. El dibujante intentó disimular como podía, se puso a hurgar en sus bolsillos hasta sacar el reproductor de música y comenzó a pasar canciones con tal de que pasasen los segundos. Con la cabeza agachada alzó las cejas un momento pero enseguida volvió a bajar la mirada al darse cuenta de que aquél enmascarado tan extraño había girado la silla y le observaba atentamente. Ahora se sentía avergonzado y nervioso, girando el cuello continuamente para cruzarse siempre con la mirada de esos ojos negros por un instante. ¿Acaso le estaba retando? Esa repulsiva máscara parecía sonreír con socarronería, como si estuviese esperando a cualquiera que fuese la reacción de Lazarus.&lt;br /&gt;Justo cuando el joven parecía dispuesto a recoger todo y largarse, el enmascarado se levantó con un gruñido y se acercó hasta su mesa, girando con una mano el bloc de dibujo y contemplando su obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -¿Eres Lazarus no?- le preguntó ofreciéndole la mano libre.&lt;br /&gt;  -¿Le conozco?- preguntó el dibujante totalmente intimidado. De pie, aquél hombre era mucho más imponente.&lt;br /&gt;  -No, pero yo a usted sí. Llámame Arguish.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin que Lazarus pudiese añadir nada, Arguish le dio la espalda y volvió a por su cerveza en la mesa de al lado, para bebérsela de un trago y arrastrar su silla hasta su él de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Me gusta, tienes talento… ¿Puedo quedarme el dibujo?&lt;br /&gt;  -S-sí… &lt;br /&gt;  -Verás, tengo bastante prisa así que iré directo al grano. Tengo entendido que dentro de tus capacidades también está la de escribir.&lt;br /&gt;  -P-pero…&lt;br /&gt;  -Y que tienes una novela a medias.&lt;br /&gt;  -¿Cómo sabe tanto de mí si yo no le he visto en mi vida?&lt;br /&gt;  -Digamos… Que es una de las ventajas de mi trabajo. El caso es que estoy muy interesado en que continúes esa novela.&lt;br /&gt;  -Pero apenas tengo tiempo, pronto empezaré los exámenes y…&lt;br /&gt;  -Te pagaría por ello. ¿Estarías dispuesto a ello?&lt;br /&gt;  -Hmm… Sí, pero la cosa es que…&lt;br /&gt;  -Perfecto, cuento contigo, no te preocupes, cuando quiera verte te encontraré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin apenas darle tiempo a abrir de nuevo la boca, Arguish dobló el dibujo un par de veces, se lo metió en un bolsillo de la americana y se largó con largas zancadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucille me rodeó la cintura por detrás y me besó en una mejilla poniéndose de puntillas para después llamar al timbre de Alex.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Sé bueno- fue lo único que la dio tiempo a decir antes de que la puerta se abriese.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos dio la bienvenida una chica guapísima de pelo castaño, recogido habilidosamente en un pañuelo de color azul, que a la vez hacía juego con sus ojos. Llevaba una camiseta roja debajo de un peto vaquero que acababa en los muslos y unas medias negras con las que andar descalza por la casa. Enseguida cogió a Lucille de la mano y tiró de ella con una sonrisa espléndida. Yo atravesé el umbral y me quedé quieto, con las manos en los bolsillos y observando lo poco que quedaba de piso. Ahora no era más que un local de cien metros cuadrados al que le quedaba una pila de cajas junto a una columna y cuatro caballetes de pintura apoyados en otra. Al otro lado habían reservado una pequeña mesa de madera y habían improvisado unas sillas de camping&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Lo siento mucho chicos, pero los de la mudanza han venido hace un par de horas y han querido llevarse todo de golpe…-se excusó la chica del pelo abarcando el piso entero con un gesto de brazos- ¿Os gusta la comida china?&lt;br /&gt;  -Iris no lo hagas tan obvio, que vamos a quedar fatal con los invitados…- En ese momento surgió Alex desde un punto en el que una columna me impedía verle. Estaba atareado moviendo unos lienzos y le brillaba la frente de sudor- Ya es bastante deprimente comer en un piso vacío como para llamar a un sitio de comida rápida…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alex se acercó primero a Lucille y la dio un sincero abrazo, después se acercó hasta mí y me ofreció un apretón de manos, pero la sonrisa que me mostraba no pegaba con la tensión que afloraba en su mirada.&lt;br /&gt;  -Me encantan los rollitos de primavera, no importa en absoluto- añadí al darle unas palmadas en el hombro. Por Lucille me portaría como un santo, pero me aseguré de que Alex se percatase de mi mirada de pocos amigos.&lt;br /&gt;  -¡Entonces hecho! Ven Lucille, vamos a elegir qué pedir- dijo Iris cogiendo un teléfono móvil y un panfleto de propaganda del restaurante más cercano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces Alex me invitó a que le siguiera con una mano para enseñarme una serie de cuadros que tenía apoyados al lado de los caballetes, pero en cuanto le seguí vi que su intención no era alardear de su arte. Él disimulaba alzando uno de los cuadros por sus bastidores y yo ponía cara de interesado, pero mientras las chicas hablaban por teléfono con el encargado del restaurante, nosotros teníamos una conversación totalmente distinta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -¿Sirve de algo pedirte perdón ahora?- preguntó mirándome de reojo.&lt;br /&gt;  -Para nada, me has condenado a muerte y lo peor es que no sé por quién.&lt;br /&gt;  -Yo no.&lt;br /&gt;  -¿Qué?- elevé el tono de voz más de lo que quise y Lucille desvió la mirada hacia nosotros durante un instante- ¿Cómo te atreves a decir eso?&lt;br /&gt;  -No me malinterpretes, sé que no merezco tu perdón, pero yo no sabía nada de esto. Acudí en tu ayuda porque yo también quería rescatar a Lucille, pero para nada sabía que Lambb tenía encargado matar a Blackhole, así que cuando me dormí con la morfina…&lt;br /&gt;  -Distinta personalidad, mismo asesino.&lt;br /&gt;  -Lo sé, por eso ha sido idea mía mudarme. A Lambb se la suda mientras pueda seguir a su rollo, pero lo mínimo que puedo hacer es alejarme de vosotros… ¿Lucille sabe algo?&lt;br /&gt;  -Nada.&lt;br /&gt;  -Bien, es mejor así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La conversación quedó zanjada, no tenía ni ganas ni paciencia para darle más vueltas al asunto. A partir de ese momento, aquella tarde se convertiría en una agradable velada y yo me esmeraría en conseguirlo, por Lucille.&lt;br /&gt;Me acerqué hasta donde se encontraban las chicas, riéndose del acento del que las había atendido al otro lado del teléfono, y rodeé a ambas por la cintura, dando un beso en la mejilla a Lucille.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Dejemos que los de la mudanza terminen su trabajo a gusto, comeremos en nuestro piso.&lt;br /&gt;  -Oh, no importa Yief, en serio…&lt;br /&gt;  -De verdad, vuestro suelo parece muy cómodo… Pero algo me dice que estaremos mas a gusto en el sofá del piso de arriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo hicieron falta un par de bromas más para que Iris no se sintiese incómoda con la proposición y pronto el repartidor estuvo apretando con insistencia el botón del timbre. Antes de bajar los cuatro en el ascensor, Lucille me dio un tirón en la manga de la camisa y me regaló un fugaz abrazo, señal de que estaba encantada de mi amabilidad con Alex e Iris.&lt;br /&gt;Con nuestras ocho manos ocupadas agarrando los envases de tallarines y molbol agridulce, la jovial Iris demostró que se podía dar al botón del ascensor con la nariz y Alex, por su parte, que se podía meter el cambio de un billete de diez guiles en el bolsillo del pantalón con dos movimientos de cintura.&lt;br /&gt;Y realmente la reunión no dio para más. Fueron dos horas en las que charlamos de tonterías, cantamos alguna canción pasada de moda y nos reímos de algún chiste de mal gusto, momento en el que a Lucille la cambió la cara y necesitó ir corriendo al baño, situación que sólo sirvió para reírnos aún más, hasta que pudimos oír sus arcadas y nos preocupamos.&lt;br /&gt;Fue el momento en el que los de la mudanza llamaron al teléfono de Alex y llegó el momento de la despedida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Hasta otra chicos, espero volver a veros alguna vez- les dije cordialmente, aún sabiendo que eso no ocurriría nunca más.&lt;br /&gt;  -¡Por su puesto! Nos llamaremos de vez en cuando y volveremos a comer morrrrbol aggggridulce- Bromeó de nuevo Iris con el acento del dependiente con esa risa tan inocente- ¡Hasta luego Lucille, recupérate!- gritó para que ella la escuchase desde el baño.&lt;br /&gt;Alex se acercó hasta tenerle a escasos centímetros y me dio unas palmadas en la espalda, susurrándome unas palabras con tono melancólico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Lo siento por todo, despídete de Lucille por mi…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, con un último sonido del cerrojo, nuestra casa quedó en silencio, bañada por unos tonos ambarinos que danzaban a través de las ventanas, anunciando un atardecer cárdeno. Lucille salió del baño con un gran suspiro y se sentó sobre el cuero blanco del sofá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -¿Estás bien?&lt;br /&gt;  -Por favor, siéntate comigo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo obedecí tras tirar lo que había sobrado de comida a la basura, sentándome a su lado y rodeándola con un brazo.&lt;br /&gt;  -¿Tan mal te ha sentado esa salsa?- bromeé en voz baja, arrepintiéndome a cada letra que salía de mi boca; siempre solía elegir malos momentos para bromear…&lt;br /&gt;  -No hables, solo… Sigue abrazándome.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así estuvimos cinco, diez, veinte minutos. Ella apoyó su cabeza sobre mi hombro y cerró los ojos, aún con el rostro pálido. Yo, por mi parte, permanecí totalmente callado, acariciando su piel con los nudillos, hasta que decidió incorporarse y mirarme directamente con unos ojos a punto de desbordarse.&lt;br /&gt;  -Prométeme que no habrá más psicópatas.&lt;br /&gt;  -Cariño… ¿A qué viene esto?&lt;br /&gt;  -¡Prométemelo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo no iba bien, eso estaba claro, pero yo también era muy torpe para aquello. Sabía que había un problema, pero no conseguía enlazar ninguna de las señales que me guiaban hasta él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Está bien, te lo prometo… Pero eso ya lo hablamos, todo aquello es cosa del pasado, nunca más volverá a ocurrir algo…&lt;br /&gt;  -Prométeme que no habrá más asesinos, que no habrá más traficantes, que no habrá más mafiosos que busquen tu muerte…- En ese momento fue cuando el mar contenido en sus párpados decidió desbordarse, provocando una tempestad en su piel tersa, como si un diluvio arrasase los finos surcos de un desierto. Su nuez subía y bajaba rápidamente a cada suspiro descontrolado, a cada entrecortado sollozo propio de un niño pequeño. Yo intenté secar sus ojos con el dedo pulgar y ella se abalanzó sobre mi cuello- No más droga, no más pistolas, no más desapariciones, no más turcos, no más nada…&lt;br /&gt;  -Está bien, está bien- la dije con un ligero tono de alarma. La cogí por los brazos y la aparté el pelo de la cara- Pero dime qué es lo que ocurre.&lt;br /&gt;  -No quiero que te pase nada malo Yief, yo sería incapaz de seguir sin ti. Eras tú el que no tenía nada y vivía en la calle, pero tú me diste todo… Todo. Y con todas las cosas que han pasado… Sólo de pensar que cualquier día alguien te puede disparar…&lt;br /&gt;  -Eh, eh… Yo estaré contigo siempre, te quiero demasiado como para ir por ahí jugándome la vida…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella hizo una larga pausa, intentando controlar sus sollozos, intentando asimilar lo que la acababa de decir. Una bombilla se iluminó en mi cabeza, aunque parpadeó un par de veces y volvió a apagarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Yief… Tengo algo que contarte… &lt;br /&gt;  -Dime- la bombilla volvió a intentar encenderse.&lt;br /&gt;  -La salsa picante no me ha sentado mal… Es la salsa picante, el café de por la mañana, un trozo de pescado…&lt;br /&gt;  -¿Quieres que llame a un médico?- la bombilla realmente lo estaba intentando, pero con mi dura mollera no había manera de que se encendiese. De hecho, Lucille soltó un pequeño bufido burlón, riéndose de mi velocidad de reacción.&lt;br /&gt;  -Yief… hace dos semanas no le di importancia, pero la cosa no ha cambiado… Tengo naúseas al despertarme, me cansó más que antes… - las lágrimas volvieron a caer, pero más lentas, rodeando las pequeñas curvas que ahora formaban sus carrillos, en forma de tímida sonrisa- Yief… Creo que estoy embarazada.</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/07/217.html</link><author>noreply@blogger.com ( )</author><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-5066089466192780410</guid><pubDate>Tue, 22 Jun 2010 03:32:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-06-22T05:35:28.180+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:UKIO</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>216</title><description>Era un bar sucio y grasiento, frecuentado por tarados, maleantes y gente rara a rabiar. “Todos tenían una historia”, había pensado años atrás, como joven y ambicioso periodista, viendo la fauna de este bar suburbial. Años más tarde, pocas de esas historias se desviaban demasiado de “los extraterrestres me introdujeron sondas rectales para averiguar el secreto de los fetos cetra morados, pero por supuesto, ¡no les dije nada! ¡Me comí todas las pruebas! ¡Y las sondas también!”. Con el tiempo, había llegado a echar de menos a uno de los parroquianos habituales más típicos de la escena matutina: Richard Blackhole.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Grayson echó una carga extra de su manoseada petaca en el café, con un par de plegarias. Una por el viejo “Blackie”, esté donde esté, porque aquí nadie desaparece así por las buenas, y la otra para que la hermosa dama fortuna aleje a la policía de tráfico de su viaje de vuelta a la redacción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bar le gustaba, de eso no había duda. Era una referencia en su vida, de inicios idealistas y energías incombustibles, las mismas sin duda que le habían proporcionado el apodo de “Bahamut”, antes por su meteórico ascenso, ahora por su dracónico mandato en las oficinas del Midgar Lights.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Gray… ¿Seguro que no quieres que te cambie ese doble expreso por una infusión, o algo? Se te huele el estrés a millas.&lt;br /&gt;- Ya, bueno… Es lo que tiene tener por primera vez en muchos años un periodista estrella.&lt;br /&gt;- ¿Tomberi? Es cojonudo… Me hizo gracia su entrada sobre videojuegos, comparando la realidad con una extraña aventura con zombis y científicos locos.&lt;br /&gt;- Si, bueno… La coña es que no se porqué, desde que salió del anonimato, tengo a miles de niñatos, algunos con la licenciatura, otros la tienen a medias y hasta uno o dos conspiranoides tarados. Mira esto… - El editor tomó una pila de legajos de su cartera y la depositó sobre su mesa con el sonido de un trueno. – Doscientos currículos, listos para pasar por la criba.&lt;br /&gt;- Jooooder. ¡Pero tranquilo! ¡Eso significa que va bien el negocio! – Exclamó el camarero.&lt;br /&gt;Grayson asintió, dando un sorbo al café. Arrugó el gesto en cuanto lo probó, señal sin duda de que se le había ido un poco la mano. Bueno… Tampoco importaba tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jules Letterier miraba una y otra vez a su reloj, comparando su hora con la del reloj de pared que coronaba la redacción y con la de cualquier otro visible. Con un margen de un minuto de diferencia, culpa sin duda de aquellos relojes que había encontrado en cubículos privados y otras estancias de empleados. Todos los relojes públicos de la redacción dependían del propio Letterier, y todos y cada uno de ellos estaban a la hora perfecta según el canal de noticias oficial de Shin-Ra. El mundo se movía, a una velocidad de rotación pasmosa, y en una redacción nada era tan importante como tener la noticia lista al segundo de haberse producido.&lt;br /&gt;Sentado en su mesa, el periodista repasaba uno por uno los currículos de los nuevos aspirantes al Midgar Lights, desechando inmediatamente aquellos que ni siquiera habían tenido en cuenta acompañar su presentación con uno o dos artículos de muestra. Otros estaban en medio de la carrera, y como casi siempre, se creían nuevos hitos del periodismo aún por descubrir, infravalorados por profesores anquilosados en un modo de pensar prehistórico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo sus implacables manos, la perfecta pila de papeles se iba reduciendo en tres ramas al instante: Candidatos, que podían recibir en breve alguna llamada para una entrevista, o cubrir algo pequeño; futuribles, a los que a lo mejor se llamaba en un futuro, probablemente cuando acabasen la carrera; y la tercera categoría, era la papelera. Todo ello, realizado en el perfecto orden matemático que distinguía el lugar de trabajo de Jules “el robot” Letterier. Con el tiempo, los artículos se volvían repetitivos, y las presentaciones también. Algunos eran extraños, ofreciéndose a escribir desde el anonimato, como si pretendiesen ser nuevos King Tomberi. Algunos de estos últimos incluso habían logrado llamar su atención.&lt;br /&gt;Sin embargo, Tomberi solo había uno, y en ese momento se encontraba de pie, apoyado de espaldas a la máquina de café, con un vaso vacío en una mano y una moneda apoyada en su frente, horizontal. La mirada perdida, el tiempo perdido… Y era su maldito periodista estrella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jules se sobresaltó. La rabia le había hecho apretar un bolígrafo de plástico hasta reventarlo, y se había clavado las astillas en la mano. Molesto consigo mismo por su pérdida de autocontrol, Jules corrió a tomar un pañuelo de papel para evitar que la sangre manchase su impoluto lugar de trabajo. Corrió al baño, y allí se limpió la herida. En su camino, se cruzó con la máquina de café, y con ese niñato apoyado en ella como si fuese un murciélago, que se interesó por su herida, con una cortés pregunta que se vio llena de vacía educación. Letterier respondió con un gruñido y una mirada de desprecio, sin detenerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caprice vio la escena y dejó de escribir la entrevista que estaba preparando para ir por su bolso. Allí cogió algo de calderilla, operación que le habría durado menos, de no ser por los segundos que se tomó para comprobar que tenía ahí su pistola, y que esta estaba cargada.&lt;br /&gt;Caminó hacia su pareja, que seguía buscando musas entre las humedades del techo y lo apartó para servirse un café de máquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Pero si a ti el que te gusta es el de cafetera! ¿Por qué compras este?&lt;br /&gt;- ¿Qué opinas de Letterier? – Preguntó esta, ignorando la pregunta.&lt;br /&gt;- ¿Robbie el robot? No es mal tipo, no te preocupes, y siempre ha sido un borde.&lt;br /&gt;- Desde luego no le caes bien.&lt;br /&gt;- Nadie le cae bien. – Dijo Kowalsky, con la mirada nuevamente perdida, esta vez orientada hacia el pasillo que daba a los baños. - ¿Quieres decir que le caigo especialmente mal? – Caprice asintió. – Entiendo… Lo suficientemente mal para… - Nuevo asentimiento, mientras se llevaba el vaso a los labios.&lt;br /&gt;- ¡Dios! ¡Esto es asqueroso! ¿Cómo puedes beberlo? – Kowalsky se encogió de hombros, tomó el vaso y le dio un sorbo, sin que le cambiase el gesto.&lt;br /&gt;- Por que este café tan malo significa que no estoy en las oficinas de Pollard. – Ambos compartieron una sonrisa cómplice, pero breve. - ¿En que has pensado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jules abrió el botiquín del baño, que él mismo se preocupaba de tener lleno al principio de cada semana. Entre maldiciones, tomó gasas y alcohol para desinfectar su herida y vendarla, con la ayuda de algo de esparadrapo. Se miró fijamente, y su aspecto parecía trastornado. Su cabello corto, rizo y rubio, con ese bucle rebelde que siempre se le caía sobre la frente… Sus gafas de buena marca, aunque un poco anticuadas, y su impecable nudo de corbata. Su única licencia a un aspecto más relajado de trabajador era arremangarse la camisa, pero eso era para evitar manchas de tinta. Su rostro era, como siempre, saludable y pulcro, fruto de unos horarios de sueño controlados, una vida sana y ejercicio regular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando volvió a la sala de redacción su aspecto era más sosegado. Kowalsky estaba sentado en su escritorio, haciendo malabares con un lápiz mientras miraba la pantalla de su ordenador, probablemente cubierta por una hoja en blanco. En ese momento, Grayson cruzaba las puertas. Ni siquiera había esperado a llegar a su despacho para desabotonarse el chaleco, y su panza ya desbordaba el cinturón como siempre. Letterier caminó tras él para entrar a la vez en el despacho del redactor jefe, cuya placa tenía la forma del dragón de leyenda del que había salido su apodo. “Tranquilo, Jules… Te harán una igual con un robot cuando tengas despacho”, le había dicho ese día. Jules quiso matarlo, pero se conformó con responder con una fría sonrisa, mientras mentalmente se recordaba que él no era un gordaco borracho y torpe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Como va el repaso de candidatos? – Preguntó, evidenciando que él no había mirado nada.&lt;br /&gt;- Fácil. Ya solo quedan unos treinta.&lt;br /&gt;- Bien… - Dijo mientras se desplomaba en la silla. – ¿El día de mañana? ¿Alguna última conclusión acerca de la instalación del cañón? ¿Ideas apocalíptico-chungas sobre el cohete fallido? ¿Tenéis la última conferencia de prensa del presidente Rufus?&lt;br /&gt;- Riedell se ocupó. Tenemos comentarios de los vecinos dañados por la instalación y gracias a un pequeño favor, hemos logrado un borrador con la estimación de daños y las ayudas que van a destinar.&lt;br /&gt;- ¿Y las van a dar al final?&lt;br /&gt;- Probablemente no, pero tenemos que publicarlo: Ese es el favor. – Grayson gruñó.&lt;br /&gt;- ¿Algo más?&lt;br /&gt;- Deportes, algo de sociedad, la guía de la tele… Pan y circo en su mayoría. Y sucesos. Muchos sucesos, como siempre.&lt;br /&gt;- Elige los que sean importantes o jugosos, ya sabes… - Grayson dio un último trago a su petaca antes de desterrarla al fondo de un cajón. Letterier sabía de esta no saldría de ahí hasta el final del día. Luego cogió aire y se abofeteó la cara con ambas manos a la vez. Era su pequeño ritual, como una especie de deportista supersticioso antes de saltar al terreno de juego. Ahora era Bahamut, y ahora era cuando a Jules le caía bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día transcurrió, y como siempre, media hora antes del cierre de la redacción en un día sin noticias sorpresa de última hora, solo quedaban Bahamut, charlando con el jefe de imprenta para preparar el borrador definitivo. Letterier preparaba con celo el trabajo para el día siguiente, mientras de vez en cuando alzaba la vista sobre sus gafas de montura metálica, mirando con desprecio a Kowalsky, que aún no había acabado su maldita columna. Él mismo tenía que escribir una columna de redacción, analizar varios artículos sobre política, repasar, corregir, maquetar… ¿Y ese maldito “genio” haragán no había escrito una maldita columna?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su rabia le hacía mascullar, pero su profesionalidad lo volcaba en su trabajo con una concentración propia de un maestro de la meditación. El periódico de cada mañana era su mantra, y él estaba dispuesto a llevarlo a rajatabla. Los pasos de Grayson lo llevaron de nuevo a su despacho, donde probablemente se echaría una siesta mientras esperaba a que el chico maravilla hiciese su magia segundos antes de que sonase la bocina. Letterier mataba el tiempo repasando páginas web de prensa de otras ciudades, ya que aunque no estaba obligado, él no abandonaría la redacción hasta el cierre.&lt;br /&gt;Iba a curiosear Gold Saucer, cuando algo frío y cilíndrico lo sorprendió al apoyarse en su nuca. Se preguntó ultrajado que clase de broma era esta, pero cuando hizo ademán de levantarse, un fuerte empujón lo disuadió de intentar nada brusco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es una pistola, Letterier. Tengo una Matryona PMM apuntándote a la nuca, y te juro que como no tengas cuidado la voy a usar. – Jules levantó la vista, y vio como Kowalsky, con cierto gesto de fastidio, miró hacia ambos lados y fue hacia ellos.&lt;br /&gt;- ¿A que viene esto, Riedell?&lt;br /&gt;- Yo hago las preguntas. Ahora, quiero que entres a revisar tu cuenta bancaria, Jules. No quiero trucos.&lt;br /&gt;- ¿Qué es esto? ¿Vas a robarme? ¿Es eso? Esto no os puede salir bien…&lt;br /&gt;- Mira, Letterier… - Él pudo oír la voz de la periodista a pocos centímetros de su nuca, susurrante. – Puedo comprobar si de verdad eres lo que creo que eres para no cometer ningún error, o puedo asegurarme de que no lo seas. La diferencia está simplemente en apretar un dedo. – Notó que le temblaba la voz, pero la pistola seguía ahí, de modo que acabó por ceder. Accedió a su cuenta del banco privado de Shin-Ra, siguiendo las indicaciones de su subordinada. Le mostró su activo, que apenas llegaba a los tres millares de giles tras años de ahorro e hipoteca, y esta pareció confundida.&lt;br /&gt;- ¿Seguro que es tu única cuenta?&lt;br /&gt;- La única. – Confirmó él, mientras Kowalsky llegaba.&lt;br /&gt;- Coge tus cosas, vas a acompañarme a dar un paseo hasta el lavabo de señoras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El subjefe de redacción caminaba entre ambos, con Kowalsky abriendo la marcha. Letterier aprovechó el viaje para buscar el bulto de un arma similar entre sus ropas. Lo encontró bajo la chaqueta, en uno de sus bolsillos interiores. Sonrió con cinismo y entró en el lavabo de señoras, mientras sentía como fríos sudores empezaban a cubrir su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaron y Caprice lo encañonó, mientras Kowalsky lo cacheaba. Una pluma estilográfica, llames, cartera… Nada raro. Revisaron su móvil, preguntando por cada número de la agenda. Jules no entendía nada, pero no se puede discutir con las pistolas, ni con las mujeres incomprensiblemente furiosas que las empuñan. Tras unos minutos de registro, Letterier pudo volver a ponerse su traje y recoger su material, pero esta sin duda no la dejaría pasar. Había llegado su turno de recibir explicaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Verá, Letterier… Ni siquiera sé por donde empezar… - Dijo ella, mientras organizaba sus ideas.&lt;br /&gt;- ¡Empiecen por decirme por qué diantres se han creído con el derecho a traerme aquí y registrarme a punta de pistola! ¡Y no se atrevan a omitir nada! ¡Como tenga la sensación de que lo hacen los denunciaré sin dudarlo!&lt;br /&gt;- Nosotros… - Empezó a decir Caprice, antes de ser interrumpida por Kowalsky, que se encontraba serio y decidido.&lt;br /&gt;- Temíamos que usted estuviese a sueldo de un importante enemigo mío para hacernos daño.&lt;br /&gt;- ¿Woodrow S. Pollard Jr?&lt;br /&gt;- Supongo que lo de la grapadora no se olvida… - Confirmó Kowalsky. – ¿Recuerda mi baja por un atropello? Pues lo que me atropelló fue un matón.&lt;br /&gt;- Entiendo… Pero no, señores Kowalsky y Riedell. Yo no prostituyo la santidad de mi trabajo con el periodismo por sobresueldos mafiosos. Lo que usted tenga con ese hombre más le vale que no llegue a poner en peligro a nadie de esta redacción o le prometo que usted y yo tendremos más que palabras. – Dijo encarándolos a ambos. Se había olvidado totalmente de las armas de fuego, y no veía a pistoleros en ellos, sino a subalternos que habían perdido el norte y necesitaban un correctivo importante.&lt;br /&gt;- Lo siento, señor Letterier…&lt;br /&gt;- ¿Ahora me llama “señor”, Riedell?&lt;br /&gt;- Entiéndalo… Usted siempre ha parecido odiar a Kazuro.&lt;br /&gt;- Despreciar.&lt;br /&gt;- ¿Qué? – Preguntaron ambos al unísono.&lt;br /&gt;- Despreciar, señorita Riedell. Es lo que sucede cuando se tiene a alguien en una estima muy pobre y sin embargo, no se le da la importancia suficiente a esa persona para odiarla. El señor Kowalsky amarga mis días, es cierto, pero la verdad es que no entiendo como los demás trabajadores – dijo resaltando esa palabra -, y por ello me refiero a perfectos trabajadores del periodismo, pueden soportarlo. Usted llega a la redacción y se dedica a pasear, charlar, tomar cafés o jugar a jueguecitos por la red hasta que se le ocurre alguna idea tonta sobre la que escribir… Y lo cierto es que lo hace increíblemente bien, pero lo que hace usted no es periodismo. Usted escribe un blog cuya tirada cubre todo Midgar, pero he de reconocer que es un blog muy popular…&lt;br /&gt;- Oiga, no tiene derecho… - Empezó Caprice, antes de ser interrumpida.&lt;br /&gt;- ¡Oiga usted!&lt;br /&gt;- ¡No! ¡Óigame usted! – Insistió la periodista furiosa. – ¡Este hombrecillo al que ve aquí, cuyo aspecto y persona me llegaron a ser repulsivos, ha logrado con eso que usted llama blog, tocar mi alma, haciendo que quisiese dedicarme al periodismo más puro posible! ¡Este hombre me ha convertido en una devota de la información profesional, objetiva e inmediata, de la que usted tanto alardea! ¡He renunciado a ser la puta cara de las noticias por darle a la tecla en un diario de los suburbios por los escritos del maldito King Tomberi, y al igual que yo, media ciudad se ha visto conmovida por él, así que haga el favor de tener un poco de respeto!&lt;br /&gt;- El maldito factor humano, ¿eh? – Preguntó con sorna.&lt;br /&gt;- ¿Qué quiere decir, Letterier? – Preguntó ella. Kowalsky miraba en silencio, aún ruborizado.&lt;br /&gt;- Lo que quiero decir es que este niño maravilla llega, se pasa el día sin dar palo para luego, al finalizar la jornada, encontrarse con que ha vuelto a ser tocado por las musas y alrededor de los kioscos, los madrugadores esperarán por su maldita columna poética. ¡Yo mismo escribo varios artículos al día, y al igual que yo, muchos otros colaboradores! ¡Estamos aquí, como hormiguitas anónimas, desgranando la noticia! ¡Nos pegamos con la actualidad, nadamos en redes de mentiras de los de arriba y seguimos al pie del cañón! ¡Somos malditos soldados con un teclado y mucha vista! ¡Pero no! ¡Hay que leer poesía urbana midgariana en prosa, para que nos toque el alma y nos haga felices! ¿Dónde está la información? ¿Dónde está la objetividad? ¡¿Dónde está el maldito periodismo, joder?!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caprice y Kowalsky lo miraban en silencio. Ni uno ni otro había encontrado la forma de negar su argumento, ni la encontraría: Era cierto. Kowalsky antes cubría alguna que otra noticia, con artículos rechazados por Pollard, pero desde su desenmascaramiento, no había vuelto a hacerlo: Era un escritor cojonudo, pero no estaba siendo un periodista. Había hecho falta un subjefe de redacción colérico, con un traje a medio vestir y con todo el rostro congestionado por la ira, despeinado por sus furiosos aspavientos y coronado con una mirada capaz de derretir el hormigón.&lt;br /&gt;En ese momento, un grito procedente del despacho de Bahamut les indicó que solo quedaban cinco minutos para el “maldito” cierre de redacción, acompañado de una pequeña mención que simplemente servía para remarcar su prisa o hacer llorar a sacerdotes, dependiendo del contexto en que fuese usada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Váyanse de aquí! – Dijo Letterier, recobrando el tono relajado y serio.&lt;br /&gt;- Lo siento… - Dijo Kowalsky mientras abría la puerta.&lt;br /&gt;- Yo… Señor Letterier… Robbie… - Dijo Caprice, haciendo que una de las cejas del subjefe se alzase con furia, y que su novio casi se pusiese así. Caprice no entendía nada.&lt;br /&gt;- Fuera de aquí… Ya. – Susurró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pudo oír como en el pasillo Kowalsky, aún horrorizado, corregía a Caprice “¡Se llama Jules! ¡Y odia lo de Robbie el Robot!”. Negó con la cabeza y puso los ojos en blanco, mientras pensaba en lo estúpida que era muchas veces alguna gente. “Otra entrega fuera de tiempo…”, pensó, “pero entrega al fin y al cabo, y aún desde el hospital nos siguieron llegando sus columnas”. Finalmente acabó por suspirar, arreglar su aspecto y salir del baño. Que vayan armados, que estén paranoicos, que jueguen a seducirse en horas de trabajo o que hagan lo que quieran, mientras cumplan con su trabajo y no ultrajen la sacrosanta redacción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, Jules se encontró con su jefe en el ascensor. Grayson tenía el habitual aspecto desastrado, necesitado de café para entrar en plena actividad laboral, mientras que Letterier mantenía su aspecto pulcro habitual.&lt;br /&gt;Grayson, sin embargo, estaba extrañamente alegre. Jules no preguntó por ello, pero el viejo Bahamut le tendió un ejemplar del Lights del día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Lee a Kowalsky! – Insistió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;La historia la escriben los vencedores. Este es un principio básico que cualquiera puede reconocer, pero emocionándonos en celebrarla, no debemos olvidar el esfuerzo de aquellos que la han hecho posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vencer es siempre un evento, y como también nos recuerda la sabiduría popular, todo el mundo quiere a los vencedores. Yo creo que no es cierto: Lo que queremos es unirnos a ellos para ser vencedores nosotros también. Apuntarnos el tanto, de uno u otro modo. Por ello, celebramos victorias de nuestro equipo, nuestra familia, o cualquier otro vencedor al que podamos llamar “nuestro”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pregunta es: ¿Es esto justo? Sin duda no, pero esto no tiene por que ser malo. Muchos vencen no para sí, sino para otros, y para obtener el reconocimiento de estos. Otros simplemente han luchado a lo largo de todo el camino, para encontrarse ahora con que en su ascenso a la cima, miles de ciudadanos de a pié corren a apuntarse el tanto. Esto siempre es injusto, a todos los niveles. Cuando has alcanzado la cima del monte Nibel, puede que mucha gente te aplauda, y se enorgullezca por haber crecido en el mismo barrio que tú, pero tu triunfo es egoísta, y tú sabes que es tuyo porque tú eres el único que ha visto el mundo desde la cumbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué sucede, sin embargo, cuando la victoria, tú victoria, ha servido para que sean otros los que vean la cumbre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A vosotros os quiero dedicar el día de hoy, anónimos vencedores del día a día, y que con esta columna, la gente os vea como lo que sois. Vosotros, que hacéis funcionar el mundo, logrando una victoria en el trabajo del día a día, luchando en más frentes de los que ningún héroe de SOLDADO se las ha tenido que ver en la vida…&lt;br /&gt;Porque vosotros dejáis claro que, aunque seamos ciudadanos de a pié, en infantería también hay héroes. Tened un gran día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kazuro “King Tomberi” Kowalsky.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Lo has visto? ¡El chico me ha dedicado la columna! – Presumía Bahamut. - ¡Ah, siempre te lo dije! ¡Es un gran chaval! ¡Muy trabajador!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Letterier no dijo nada a Bahamut, viéndolo tan animado y decidido a entrar en la redacción a devorar el mundo. Hoy, Grayson daría una lección de labor periodística a mucha gente gracias a la inyección de moral que había recibido. Letterier, simplemente, se limitó a sonreír y seguirle.</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/06/216.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-5709583352473758478</guid><pubDate>Wed, 09 Jun 2010 21:06:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-06-10T15:30:15.664+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:Rokhsa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>215</title><description>Mi vida parecía tornarse más deprimente a la par que emocionante. Me encontraba tumbado en mi destartalada cama, repasando uno a uno los pequeños pasos que había dado en esta asquerosa ciudad. ¿Por qué vine aquí? Cierto, así empezó todo, con un piso embargado y un padre sepultado. Pero eso sonaba demasiado sencillo. No, la cosa tenía que enredarse, tenían que regalarme un ataúd vacío en el sentido completo de la palabra; sin cadáver, sin un padre del que despedirse por última vez, sin la oportunidad de dormir tranquilo. ¿Siguiente paso? Emborracharme hasta perder el conocimiento. Ya sabía de sobra que esa no era la solución a los problemas, tenía experiencia sobre ello, pero creo que tenía la ligera esperanza de morir alcoholizado, sin preocuparme de dónde estaba mi padre ni de si a mi también me meterían en un ataúd o no.&lt;br /&gt;Aún así desperté en mi casa sin saber cómo, con un garabato en una mano que aseguraba darme explicaciones. Y claro, eso me dio esperanzas de que tal vez pudiera zanjar el asunto de una vez por todas. ¿Cuál es mi sorpresa cuando llega la hora de conocer al susodicho informador? Que es un hombre con una máscara macabra que come caramelos continuamente y está como una regadera… Totalmente absurdo.&lt;br /&gt;Cuando me invitó a entrar en su casa fue extraño. Se trataba de un pequeño edificio a las afueras de Mercado Muro, totalmente destartalado y mohoso. El exterior parecía algo más elegante, con una capa de pintura blanca ensombrecida por los años y una puerta bien asegurada, pero el interior parecía decir a gritos “¡Me voy a caer encima de ti!”. La entrada se iluminaba gracias a una parpadeante bombilla que colgaba del techo, sujeta a unos cables con cinta aislante. Las paredes, mohosas y con el yeso mordido por los ratones, parecían brillar con un color de alcantarilla y soltar vapores de otro planeta. Arguish, que así se llamaba el dueño del “hogar” me invitó con la mano a que le siguiera y así llegué a lo que se supone, era el salón. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Perdona que esto esté tan asqueroso, pero es que mi compañero nunca se digna a limpiar… ¡No, no me vengas ahora con esas! Tienes tiempo de sobra, lo que pasa es que eres un… Bah, déjalo es inútil hablar contigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Genial, definitivamente estaba como una jodida regadera. Yo lo estaba pasando realmente mal, todo parecía sacado de una película de terror. Una bombilla, idéntica a la de la entrada, lanzaba sombras sobre esa máscara de látex y me ponía los pelos de punta. De no ser porque podía verle el cuello rojizo entre la máscara y la camisa, seguramente hubiese salido corriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -¿Pero tú vives aquí?- Me fue inevitable hacerle la pregunta, no encajaba que alguien así, con un traje que valía más que los ahorros que yo tenía, viviese en tal basurero.&lt;br /&gt;  -¡No hombre! Éste es… Uno de mis lugares de trabajo- esa pausa no sonó nada bien- Tengo otras en el Sector 5 y en el 3, además mi casa está sobre esa galleta metálica, en el apacible sector 5. De todas formas ya te puedo decir que… Dado mi trabajo, puede que todo lo que te este diciendo sea mentira, que parte de ello sea verdad y la otra parte una farsa o que incluso todo sea verdad. Harías bien en no fiarte de mis palabras, lo hago de forma inconsciente. Aún así, prometí ayudarte con ese pequeño problemilla con Callisto y de eso sí que puedes fiarte.&lt;br /&gt;  -Pero… ¿Entonces en qué trabajas?&lt;br /&gt;  -Vendo tornillos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pareció totalmente complacido con tal respuesta así que yo me hice el despistado y anduve con pasos torpes por el salón. Tan sólo había un sofá orejero con un sucio tapizado rojo y una chimenea mugrienta de piedra ennegrecida. En eso consistía la habitación, salvo por las cajas; cajas por todos lados, apiladas en las esquinas, tiradas por el suelo… Arguish se llevó la mano al pecho y sacó una pitillera, pero soltó una maldición al ver que ésta estaba vacía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -No pasa nada… Debe haber más por aquí… Piensa Arguish, piensa… ¡Ahora no me toques los cojones, que esto es serio! Ah, ya sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se acercó a la caja más próxima a la chimenea, sacó un tarro lleno de chupachups y empezó a colocar uno a uno en la pitillera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Lo bueno… De este vicio- explicó con un exagerado esfuerzo al levantar un brazo y volver a guardarse la pequeña metálica- Es que ya no me queda ningún diente sano- y lo intentó demostrar introduciendo el dedo índice por la pequeña hendidura de la máscara y golpeándose uno de los paletos- Todos son prótesis de la más alta calidad. ¡Y doy gracias al cielo que no soy diabético!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él se rió con fuerza, yo le seguí con un resoplido fingido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Bueno basta de tonterías. Si te digo la verdad, aquél día ibas peor que borracho y no vocalizabas en absoluto. Conseguí entenderte que vivías justo al lado del bar y te llevé como pude a casa. Fue entonces cuando distinguí la letra de Callisto en una carta que había sobre el televisor. Perdona por meter mis narices donde no me llaman, pero su contenido está intacto, sólo vi su firma en el dorso del sobre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -¿De qué conocías a mi padre? –le dije sin rodeos. No quería estar más tiempo en un lugar como ese, en el que las paredes parecían tener vida propia y exudar moho.&lt;br /&gt;  -Bueno… Es complicado… Digamos que él me ayudaba a vender tornillos. Lo conocí cuando vino a esta ciudad y no… Oh perdona, tengo que contestar la llamada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, a la segunda vibración en uno de los bolsillos del pantalón, comenzó a sonar una suave melodía, una de estás que vienen incluidas con el teléfono. Al tercer timbre lo copio y me dio la espalda para hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Dime… ¿Tiene que ser ahora? Es que ando algo ocupado… Entiendo. Si no hay más remedio estaré allí en media hora.-colgó la llamada y volvió a mirarme de frente con esa horrible cara de calavera.- Lo siento Max, nos tendremos que ver en otra ocasión, tengo que acudir a una reunión importante.&lt;br /&gt;  -No pasa nada- mentí yo, no me gustaba la idea de haber ido para nada- Ya nos veremos en otra ocasión…&lt;br /&gt;  -Mañana. A las diez, en el Blackson’s. Está por aquí cerca, no tiene perdida- dicho esto pasó a mi lado con grandes zancadas y abrió la puerta apresuradamente- Me voy, cierra la puerta cuando salga Huragis.&lt;br /&gt;  -¿Cuándo salga quién?- le dije sin entender nada. Él se dio la vuelta y pareció meditar sus anteriores palabras.&lt;br /&gt;  -Da igual, no importa. Nos vemos mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso ocurrió hace dos días. Al siguiente, tras dar tres vueltas frente al bar sin conseguir verle y dar una cuarta, entré en aquél local en penumbra lleno de botellas extrañas y esperé a que Arguish apareciera. El dueño pareció fijarse en mi preocupación la enésima vez que dirigí la mirada a la puerta dando un trago de mi refresco.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;  -¿Espera a alguien?-Me preguntó para conseguir algo de conversación; el bar estaba cerrado y por lo que parecía, era algo habitual por la mañana.&lt;br /&gt;  -Lo cierto es que sí, pero tengo albergo pocas esperanzas de que venga- disimulé con una sonrisa- Es que apenas le conozco y es… Bastante extraño.&lt;br /&gt;  -¡La leche! Me apuesto una copa de lo que quieras a que estás esperando a Arguish.&lt;br /&gt;  -¿Cómo lo sabes?- pregunté incrédulo.&lt;br /&gt;  -Porque es lo más extraño que pisa por aquí… Y que yo sepa, por suerte, sólo hay uno como él.-bromeó llevándose un trapo mojado al hombro- Pero debo decirte que es posible que no venga, a veces desaparece durante un par de días, una semana… Pero sí, por lo general viene a tomarse algo aquí todas las mañanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eché un rápido vistazo al reloj de mí muñeca; las diez y media. Algo me decía que no iba a aparecer. Pensé rápidamente en qué hacer, saqué un bolígrafo de plástico de mi sudadera de hace tres años y cogí una servilleta de papel de la barra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Aquí está mi número- le informé al camarero- ¿Si Arguish aparece por aquí podría avisarme?&lt;br /&gt;  -Eso está hecho, vaya a aprovechar la mañana con algo, que ya le llamaré cuando Arguish se digne a pasear su máscara por aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mentira, no aproveché la mañana, volví a recluirme en casa, tirado en las amarillentas sábanas, esperando a que en cualquier momento sonase el teléfono.&lt;br /&gt;Pero fue al día siguiente cuando decidí enfrentarme a la verdad y abrir aquella fatídica carta. Me levanté de la cama de un salto, como si lo hubiese decidido ya en sueños y separé el pegamento de la solapa con facilidad. Tal vez fue porque esperaba algún mensaje oculto, alguna verdad que sólo yo podría entender al descifrar aquellas palabras, algo más allá del papel, pero lo que decía me desanimó completamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    &lt;span style=&quot;font-style:italic;&quot;&gt;Max… ¿Te acuerdas de aquella vez que te enfadaste conmigo porque no te compraba una golosina? Tú no parabas de llorar y te cogí de los brazos. Te dije “¿Qué quieres que te diga? ¿Quieres volar?” Paraste de llorar al instante, intentando comprender lo que había dicho, intentando ver de qué manera podía hacerse posible aquello, intentando hacer real aquella ilusión de que yo era el mejor del mundo. Volví a repetírtelo: “¿Qué quieres que te diga? ¿Quieres volar?” Te quitaste las lágrimas con dos manotazos y asentiste de la manera más torpe posible. No era una regañina, no quería enseñarte que todo en esta vida no se puede tener. No, yo te lo decía totalmente en serio, haría que volases, haría lo posible para que fueses feliz en todo momento, haría lo imposible para lo imposible. Te lo repetí una última vez: “¿Qué quieres que te diga?” &lt;span style=&quot;font-weight:bold;&quot;&gt;qué quieres que te diga, dímelo, te diré lo que me pidas, lo que sea.&lt;/span&gt; “¿Quieres volar?” &lt;span style=&quot;font-weight:bold;&quot;&gt;¿Quieres hablar con los perros, quieres ser gigante, quieres tocar una estrella? Yo lo conseguiré, haré todo lo posible para ello.&lt;/span&gt;  Esta última vez no dudaste, gritaste tan fuerte que sí que toda la calle se quedó mirándonos y me estrujaste el cuello con tus manitas de seis años. Al día siguiente estábamos en mi taller, los dos llenos de energía, montando la cabina de un avión de madera, un avión que no conseguiría volar según las leyes de la física, pero que nos haría felices a los dos.&lt;br /&gt;Aquí no hay aviones hijo, aquí es imposible ser feliz… No se ni por qué escribo esta carta si jamás vas a poder verla, si no hace más que reafirmar que mi tumba está entre este humo repugnante y cemento vomitivo. Es imposible, lo he intentado, lo he intentado mil veces, pero escupo sobre esta ciudad. ¿Realmente la habrá? ¿Habrá gente sin corromper en este estercolero? Doy vueltas por el barrio, por los sectores, busco a personas que quieran malgastar algo de tiempo con un viejo como yo, que quieran volar como lo hicimos tú y yo. Lo que pasa es que aquí no hay personas, hay tarjetas de crédito. No hay personas, hay coches de alta gama para los ricos y triciclos de plástico corrompido para los pobres. No hay personas, hay bañeras de dos metros, televisores con home cinema, hay móviles de última generación, sillones de marca que realmente valen una mierda… Pero tampoco hay personas, sino un chute de heroína, un polvo a diez guiles, una Archer&amp;Grossman dentro de la boca de alguien… Soñaba contigo con que ese avión iba a volar, pero ¿acaso es más difícil soñar con que aún exista gente civilizada? Ah… Ya lo entiendo… Claro… Es que esto en lo que vivo es lo que llaman civilización… Civilización, desarrollo, modernización… ¡AVANCE! Matemos nuestros sentimientos, aniquilemos nuestra intimidad, mutilemos nuestros recuerdos. Quiero que me despierte una máquina a que lo haga alguien a mi lado, quiero que unas ruedas me lleven a la vuelta de la esquina en vez de andar, quiero que los rascacielos me tapen el cielo porque tan sólo veo un amasijo de hierro… Con lo que me gustan a mí las nubes. ¿Te acuerdas Max? Éramos capaces de estar tardes enteras observando cómo se iba desarrollando una gran masa de nubes hasta ver cómo descargaba en forma de tormenta.&lt;br /&gt;¿En qué momento se me ocurrió marcharme de nuestro hogar? ¿EN QUÉ MOMENTO? &lt;br /&gt;¡Maldita sea! Yo quería lo mejor para vosotros, soporté el dolor de mi corazón al marcharme, soporté aquél dolor de dejaros porque sabía que era lo mejor. Ahora quiero volver joder… Quiero abrazaros… No puedo ni recordar cuántos años tienes ahora………..er ese avión de nuevo y charlar contig……………………………..Quiero volver……………….QUIE……..VER.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era imposible leer lo último, las lágrimas de mi padre lo habían borrado y ahora las mías ayudaban que se emborronase más. Cada letra me llevaba a otra parte, me trasladaba a un rincón oscuro donde veía a mi padre cansado, triste, amargado, melancólico, desesperado, hastiado… Mi corazón se partía al leer como se había partido el suyo. Volví a llorar como hace unos días, al venir a este repugnante humo y a este vomitivo cemento, como bien sabía mi padre. Me hice un ovillo y lloré como aquél niño pequeño que quería una golosina, solo que ahora era un llanto distinto. Ahora no había avión que valiese ni padre que me consolase.&lt;br /&gt;Y eso era lo que realmente me jodía, lo que me mataba por dentro, que no había padre por ningún lado. No había un padre al que abrazar aunque tuviese gusanos comiéndoselo o no quedasen más que huesos.&lt;br /&gt;De repente sonó el teléfono. No dejé ni terminar de sonar el primer toque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -¿Sí?&lt;br /&gt;  -¿Maximilian White?- una nueva punzada de dolor, sólo llamaban así a mi padre.&lt;br /&gt;  -Max, si no te importa.&lt;br /&gt;  -Eh… Vale Max, Arguish está aquí, dice que se disculpa por el plantón de ayer.&lt;br /&gt;  -Dile que no se mueva, que voy enseguida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colgué y salí de casa escopetado sin haberme duchado y secándome las lágrimas con la manga del chándal. En efecto, cuando llegué al Blackson’s con la lengua fuera y apoyándome en el marco de la puerta, Arguish se tomaba su último trago y se despedía del camarero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Vamos, ya sé donde está enterrado tu padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podía ser cierto. ¿Así de fácil? ¿Cómo lo había conseguido tan rápido? ¡Si Midgar es gigantesco! Le seguí el paso como pude, a veces corriendo y a veces andando todo lo rápido que me dejaban las piernas. Era un hombre enorme y sus zancadas eran casi como dos pasos míos.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;  -¿A dónde vamos?-pregunté entre resoplidos.&lt;br /&gt;  -Al cementerio de trenes-me contestó en su faceta más pragmática, como si malgastar más aire fuese totalmente innecesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos a dicho lugar en menos de media hora y las piernas se quejaban dándome incómodos pinchazos. Arguish miraba concienzudamente de lado a lado, como si supiese el lugar exacto del cadáver de mi padre. Yo le seguía totalmente mudo, sólo pensaba en ver al fin la cara de Maximilian White, el auténtico Maximilian White y no yo, después de tantos años. &lt;br /&gt;Arguish torció un par de veces a la izquierda, después me hizo atravesar un vagón volcado totalmente lleno de óxido, para después pedirme silencio absoluto porque rondaban por la zona una cuadrilla de buscatesoros. Todo era demasiado tenso y excitante, aunque también me deprimía pensar en cómo cojones había acabado mi padre en un lugar así. Cien metros por un raíl destrozado, otros cincuenta enzarzados en un laberinto de vagones en los que yo perdí el sentido de la orientación totalmente, hasta llegar a un claro en el bosque, por llamarlo de alguna manera, en el que tres vagones formaban un triángulo irregular. La tierra allí era seca y polvorienta, prácticamente roca, y el aire estaba muy cargado.&lt;br /&gt;Arguish paró en seco y se rascó la cabeza con el dedo índice. Después dio media vuelta y me miró a través de esas falsas cuencas negras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Esto… No sé cómo decírtelo, pero se han vuelto a llevar a tu padre.</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/06/215.html</link><author>noreply@blogger.com ( )</author><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-7056737302658808414</guid><pubDate>Tue, 25 May 2010 17:59:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-05-25T20:05:22.862+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:UKIO</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>214</title><description>El joven Tepec no hizo ni un ruido. Su respiración se redujo al mínimo, en un esfuerzo por controlar sus latidos, justo igual que le había enseñado su tío Ron. Piensa en un número alto. El número más alto que se te venga a la mente, y empieza a contar hacia atrás. Quinientos… Cuatrocientos noventa y nueve… Cuatrocientos noventa y ocho… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un contenedor de basura se interponía entre su refugio, la entrada de uno de los túneles de ventilación de las alcantarillas, y el peligro, representado por un loco violento armado con un palo de golf y el hombre al que este había llamado “agente”. “Tepec, si no te ven, no habrá chance de que te vuelen la chola”. El viejo tío Ron sabía como escapar de los problemas. Por eso había llegado hasta la avanzada edad de treinta y cuatro años. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se fueron, y Tepec pudo salir de su escondrijo. Entre los callejones, una rata más no llamaría la atención en los suburbios. Ver al crío corriendo por el sector uno, aún en los suburbios, sería todo un impacto para los vecinos, pero en este sector nadie vería con ojos extraños al hijo de unos inmigrantes corelianos. &lt;br /&gt;Su familia llevaba ya muchas generaciones viviendo en Midgar. Es sabido que esta es de sobra una de las ciudades más antiguas del mundo, por no decir la que más. Sus cimientos de hormigón hunden sus garras en la tierra donde antes muchas otras edificaciones se alzaron antes de esta megalítica monstruosidad gris. Todas estas culturas, todos estos habitantes vieron como sus viviendas eran sepultadas por una cúpula que les cambiaría el sol por neón. Vieron como barrios enteros eran borrados para construir los soportes sobre los que se alzaría el vergel de las clases pudientes. Sin embargo, aquello que quedó abajo no fue olvidado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tepec había cumplido los quince años esta semana, lo que le daba derecho a convertirse en un huaquero, igual que lo habían sido antes su padre y su abuelo, y que lo era su tío. Así se llamaba en la zona de Corel y Costa del Sol a los saqueadores de ruinas: Hombres valientes y astutos, listos para burlar peligros, tan mundanos como las trampas o los derrumbamientos, y tan temibles como las maldiciones de los muertos, cuyo descanso eterno estaban perturbando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Catorce años atrás, Tehuan, el padre de Tepec, no había vuelto. A los pocos meses, a su tío ya todo el mundo lo llamaba Ron, hasta dejar atrás su verdadero nombre. Había que protegerse, y los muertos nunca olvidaban nada. Tehuan murió aplastado por un derrumbamiento cuando dejaban atrás un cementerio de más de mil años de antigüedad. Otros compañeros de la expedición tampoco llegaron a ver la luz, sucumbiendo en su huída. Los dos últimos en morir, lo hicieron cuando ya habían vuelto a la civilización: Cayeron enfermos y sus cuerpos se vieron consumidos por la maldición. Debilitados y macilentos, antes de que la muerte les diese reposo, llegaron a tal extremo de delgadez que parecían esqueletos. Solo uno vivió para contarlo: el astuto tío Ron. Nadie lo ha vuelto a llamar por su verdadero nombre, por miedo a que los muertos lo encuentren. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nervioso por empezar su aventura cuanto antes, Tepec llegó a casa. Allí le esperaba su madre, una mujer regordeta, de rasgos achaparrados, llenando un termo de café mientras le insistía una y otra vez a Ron para que usase sus mañas para proteger a su hijo. Tepec era lo único que le había quedado del amor de su vida. Era su único hijo y no quería perderlo. Al fondo de su chabola, una casa desocupada de la que se apropiaron aún cuando el cabeza de familia vivía, la abuela paterna del nuevo huaquero ultimaba las puntadas de un jersey de lana, en cuyas mangas había cosido sendos bolsillos ocultos. En uno había guardado una estampa de una santa de Corel, para que velase por su vida. En otro, un par de monedas viejas, para que si el cuerpo de su nieto quedaba perdido en las entrañas de la tierra, aún insepulto, pudiese pagar al barquero y llegar al otro mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué hubo, man? ¿Ya estas listo? ¡Claro que sí! ¡Mírate! ¡Ya eres más alto que yo! – Saludó el tío Ron a su sobrino, revolviéndole su espesa mata de pelo con los dedos. Escupió en el fregadero de la cocina y volvió a introducirse un puñadito de tabaco de mascar en la boca. - ¿Quieres?&lt;br /&gt;- No, gracias, tío… - Dijo con un acento menos marcado que el de su pariente, mientras sacaba tímidamente una cajetilla de tabaco y se introducía un cigarrillo entre los labios.&lt;br /&gt;- ¡Orale, Tepec! ¿Y ahora tú también con el fumeque?&lt;br /&gt;- Déjalo, Rosita, déjalo… Ya es un hombre. ¿A que sí, Tepec? – El joven asintió, conteniendo un arranque de tos. – Ya sabes que tu tío Ron siempre te trae un regalo, ¿no? – El joven asintió. – ¡Pues eso se acabó! – El joven no encajó bien la noticia, pero su tío sonreía. – ¡Ahora eres todo un chavón, y ya tienes que procurarte tú mismo la platita para ir por la vida como un hombre! ¡No puedes dejar que tu mamacita esté toda la vida limpiando casas de la gente rica para vivir! ¿O te paga ella el tabaco?&lt;br /&gt;- No… Ahorro.&lt;br /&gt;- ¿De dónde sale la plata para pagar eso, Tepec? -  Su madre señalaba a la cajetilla de tabaco, de nombre escrito en caracteres orientales. Tabaco barato, comprado a un tendero de wutai, pero no así el mechero, que estaba fabricado en plata, con incrustaciones de marfil. &lt;br /&gt;- Lo encontré… - Su madre no parecía convencida con sus excusas. – ¡Es la verdad! ¿Crees que lo robé? ¡Mira! – Levantó la cabeza, ofendido. - ¿Ves algún fierro? – Su madre lo rodeó, buscando algún revolver o cuchillo, pero no lo encontró. No acabó de estar satisfecha, pero cedió ante la insistente mirada de su cuñado.&lt;br /&gt;- ¿Dónde te cuelas tú a buscar esos tesoritos, chavón?&lt;br /&gt;- En las oficinas del ferrocarril. – Confesó el joven. – Están las cosas que la gente pierde, y ahí estaba el microondas. &lt;br /&gt;- ¿Ves, Rosita? – Sonrió el tío. – Tu hijo ya apunta maneras de hombre, mirando por su familia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La discusión no duró mucho más, pero cuando todo acabó, las dos mujeres veían como los huaqueros se iban, envalentonados por unos chupitos de aguardiente. A lo lejos se oía a Ron, contando las hazañas del difunto Tehuan. Sin embargo, lo único que se oía en la vivienda era a la anciana, murmurando con evidente descontento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tardío apagado de las luces de la placa, que sumían a los suburbios en un batiburrillo de pequeños neones comerciales de vistosos colores, un grupo de gente de aspecto extraño y diverso se reunió en la taberna Quetzalcoatl, en el sector seis. Allí esperarían tomando café reforzado con aguardiente a la hora de cierre del servicio de trenes para caminar hasta la estación de la zona despejada del Sector 7 y adentrarse en los viejos túneles ferroviarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Avergonzado, Tepec caminaba intentando mantener el paso de los demás huaqueros. Si iba igual de rápido que ellos, sus pisadas se oían resonar por todo el túnel. Si iba en silencio, lo dejaban atrás en cuestión de segundos. Su tío iba en la parte frontal de la columna, mirando hacia atrás de vez en cuando y dedicándole una sonrisa al joven Tepec para animarlo. Los recovecos por los que caminaban habían sido abandonados décadas atrás. Los raíles seguían allí, oxidados y negruzcos, mientras que los travesaños lucían mohosos y podridos. Ratas grandes como perros huían de la luz de las linternas, pero sus ojillos eran visibles en la oscuridad, observándolos como extraños invasores. Tepec no lograba ir cómodo. Acostumbraba a hacer sus pequeños allanamientos sin más equipo que una navaja multiusos, linterna y a veces una palanqueta o unos metros de cuerda. Ahora tenía que llevar casco, pico, una vara de hierro de dos metros, que según le habían enseñado, servía para horadar la tierra, en busca de bultos de cuerpos o algún otro objeto a desenterrar, y lo que más le había sorprendido: A escondidas, cuando se hubieron alejado unos cuantos metros de su casa, el tío Ron le había entregado un viejo revolver envuelto en un paño. “Por precaución”, fue todo lo que le dijo al respecto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se adentraban metro a metro, deslizándose y deteniéndose cada vez que aparecía alguna sombra sospechosa. Algunas veces pequeños destellos los sorprendieron, y más aún sorprendieron a Tepec: Nunca habría esperado ver aquellas cosas en semejante lugar: Viejo cableado de un bunker de guerra lleno de cadáveres con uniforme militar, ya despojados de sus medallas y posesiones de valor años atrás, un viejo altavoz de algún sistema de túneles que nadie se había acordado de apagar, que emitía música antiquísima interrumpida por un ocasional aviso que repetía como un mantra: En estos momentos, el servicio se encuentra suspendido por reformas. Rogamos, disculpen las molestias. Les recordamos que en caso de que vean aparecer un Bahamut, el gobierno les aconseja huir hacia el refugio más próximo. El gobierno no se hace responsable de los daños sufridos por desatender este consejo”. Nadie sabía lo que significaba ese mensaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tepec llegó a pasar bastante miedo cuando, después de algo más de una hora de camino, todos se detuvieron. El camino pasaba junto a un canal. Todos se sumergieron en él y volvieron a salir, reemprendiendo la marcha. Tras unos minutos más de camino, el tío Ron le mostró a su sobrino el motivo de su baño:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mira, chavón. – Le señaló con la linterna. - ¿Lo viste? – Ante los ojos del joven huaquero se mostraba una criatura extraña, y nunca antes vista ni imaginada. Era como una especie de sierpe, como un lagarto cuyas patas eran demasiado pequeñas y casi inútiles, y que avanzaba serpenteando con su cuerpo alargado y sinuoso, de un inquietante color blanco lechoso. Era enorme, larga como un autobús, y sus fauces eran tan grandes que podrían arrancarle la cabeza de un bocado. &lt;br /&gt;- Es enorme… - Susurró Tepec.&lt;br /&gt;- Es una blancota. – Explicó su tío. – Comen carne y aunque son ciegas tienen muy buen olfato.&lt;br /&gt;- ¡Por eso nos metimos en el agua! – Su tío asintió. &lt;br /&gt;- No le apuntes con la linterna mucho rato o notará el calor de la luz y se pondrá alerta. Son muy sensibles.&lt;br /&gt;- ¿Y qué vamos a hacer, tío? ¿Hay chance de rodearla?&lt;br /&gt;- No. – Dijo un hombre extraño detrás de Tepec. Rubio, de ojos azules, pálido y amenazador. Lo llamaban “el Waingro”, y era conocido por ser de pocas palabras y menos dudas. Tenía un hacha en la mano y aunque su rostro apenas era visible en la oscuridad, el tono de su voz dejaba claro que su gesto era de determinación. – Silencio todo el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rubio avanzó y con él iba otro hombre. Tepec no lo reconoció en la oscuridad. Sus pasos eran apenas audibles, y sus siluetas se perdieron de su vista en cuestión de segundos. Iban muy despacio, y mientras avanzaban, el resto de la expedición contenía el aliento a la espera. Les esperaba el sonido seco del hachazo. Había una linterna encendida, pero estaba apuntando contra el suelo para no dar luz directa que pudiese advertir a la monstruosa sierpe. &lt;br /&gt;Entonces, un grito les hizo estremecerse a todos, seguido del sonido de un disparo. Corrieron a asomarse, armas en mano y lo que vieron detuvo a bastantes de ellos, sobrecogidos por el terror. &lt;br /&gt;Tepec reconoció entonces al hombre que había seguido al Waingro: Era Oliveira. Un huaquero apenas cuatro años mayor que él. Era muy popular en su barrio, porque tenía una moto, y su novia era la más guapa de todo el vecindario. Oliveira iba cubriendo las espaldas del Waingro: Contra las blancotas, el mejor sistema era que el más veterano le atacase a la nuca mientras que otro se sentaba sobre su lomo y le golpeaba para evitar que huyese o se pudiese enroscar para atacar. Sin embargo esos extraños seres eran más listos de lo esperado, y el que vieron era solo el señuelo. Otra blancota más grande había alcanzado a Oliveira en el pecho y lo zarandeaba como un muñeco de trapo, mientras que una tercera desaparecía a lo lejos con una de las piernas del joven huaquero. El Waingro, preparado por años de enfrentarse a lo desconocido, no dudó en echar mano de una escopeta recortada y vaciar los dos cañones sobre la sierpe que los había atraído para poder concentrarse en luchar contra el ejemplar mayor que estaba destrozando a su compañero. Con la llegada del grupo las linternas recorrieron toda la sala, y acabaron con las dos sierpes restantes a tiros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tepec estaba paralizado viendo el cadáver de Oliveira, al que el Waingro lo había mirado unos segundos, planteándose dar uso a una materia de “cura”, pero decidió ser compasivo y lo remató con bastante poca delicadeza de un hachazo en la frente. A sus espaldas, los demás huaqueros recargaban sus armas a toda velocidad mientras discutían por donde seguir su camino. El tío Ron, al ver a su sobrino atontado, lo despejó de un tortazo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Vamos chavón! ¡Como te quedes quieto te doy una golpiza que no te vuelves a detener en la vida! – Tepec se giró, pero en lugar de mirar a su tío, tenía la mirada perdida a espaldas del viejo Ron.&lt;br /&gt;- Tío, ¿Dónde está Blasquez? – Preguntó el joven, señalando al grupo. Ron se giró, alarmado. En medio del pelotón de huaqueros, aún en tensión por el tiroteo, había un hueco en el que nadie había reparado aún. De él se iba un rastro de sangre que se perdía en una de las anchas grietas de la pared.&lt;br /&gt;- ¡La concha que lo…!  – Gritó. Tomó una de las botellas de barro que llevaba en su mochila y le arrancó el tapón, metiéndole un pañuelo por el orificio. Le prendió fuego y lo lanzó contra el lado de la estancia por el que se habían llevado a Blasquez y a la pierna de Oliveira. Luego revolver en mano, se encaminó hacia la dirección contraria, dando orden de seguirle. Ya solo había cuatro pares de pasos a sus espaldas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los corredores lóbregos y húmedos seguían, y el grupo de huaqueros continuó su avance. Su  ánimo se había ensombrecido, pero no así su determinación. Todas las historias acerca de una tumba olvidada seguían frescas en sus mentes, y su intención era llevarse todo lo posible y desaparecer para no volver a mencionar nunca más este lugar. Esos dos desdichados sabían a que habían venido. &lt;br /&gt;Burlando otras amenazas subterráneas, llegaron hasta un pozo sin fondo visible. Allí Ron les obligó a detenerse y sacar algo de sus respectivas mochilas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hay que dejar algo para llevarse algo.  – Explicó el viejo huaquero. – Debes pagar un tributo voluntario o la tierra se lo llevará todo por la fuerza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, uno por uno, tomaron alguna prenda de sus mochilas y la arrojaron a ese pozo, cuyo fondo no era visible a la luz de las linternas. Tanto si el valor de lo arrojado era monetario o personal, todos pagaron su precio. A la tierra no le importaba cuanto valiese lo que le dabas, sino cuanto importaba para uno mismo, y cada quien bien debía elegir su tributo. Si la tierra lo considerase insuficiente él mismo debería pagar las consecuencias. &lt;br /&gt;Cuando le tocó a Tepec, pensó en su mechero de plata y marfil. Funcionaba igual que cualquier otro encendedor de plástico barato, pero le concedía un cierto estatus que lo ponía por encima de los demás chavales de su barrio. Sin embargo ya no era un chaval, era un huaquero, y un simple encendedor no valía tanto como lo que pudiese sacar de esta gruta. Tepec vio al mechero desaparecer entre las sombras. En pocos segundos salió del alcance de su linterna, pero por más que esperó nunca lo oyó caer contra el fondo. Su tío lo tomó del hombro y lo apremió a seguir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Dime, tío Ron. – Preguntó el novato. - ¿Qué vamos a buscar? ¿Una sucursal de banco? ¿Una oficina de Shin-ra? &lt;br /&gt;- ¿Bancos? No, chavón… Esto es de mucho antes de que hubiese bancos. – Rió el veterano. – Ni bancos, ni  Shin-ra, ni otras yararás por el estilo. &lt;br /&gt;- ¿Entonces qué? ¿Qué vamos a…? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La respuesta vino por si sola: Un par de recodos descendiendo una gruta llevaron a Tepec a una sala distinta, abierta y tan grande que no era capaz de ver el techo. Las paredes ya no eran de roca excavada, ni de cemento, sino de mampostería. Piedras talladas una por una y unidas entre sí con mortero, tan antiguo y desgastado que daba la impresión de que podía venirse abajo en cualquier momento. También anunciaban esa posibilidad un par de rocas, caídas desde las insondables alturas. Aunque destrozadas, se reconocía al mismo estilo de rocas talladas que componían toda la muralla de la estancia. Tenían el peso suficiente para destrozar a cualquiera que tuviese la desdicha de ser alcanzado por una de ellas. Sin embargo, mientras los demás apuraban el paso entre contenidas exclamaciones, Tepec no pudo sino detenerse a contemplar aquello que tan grande sala contenía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un extraño edificio, de construcción piramidal escalonada. Apenas tenía tres &lt;br /&gt;pisos, pero todos ellos estaban hechos de roca primorosamente tallada y cubierta de relieves, muchos de los cuales Tepec solo había visto en algunas de las piezas que había visto de niño, cuando los huaqueros buscaban auténticos lugares sagrados abandonados, y no cualquier lugar que tuviese algo vendible o trocable por aguardiente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo ello tenía un aura de misticismo sobrecogedor que hizo al joven sentirse minúsculo e insignificante. Muchos años atrás, mucho antes de la energía Mako y de los intereses empresariales, desde lo alto de ese pináculo algún extraño sacerdote contemplaría las estrellas, o recitaría algún extraño cántico ritual. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Aquí se sacrificaban personas, Tepec. – Comentó el tío Ron. – Sé respetuoso, pero no olvides que vinimos a buscar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los huaqueros avanzaron a lo largo de las escaleras que subían por la cara frontal de la pirámide, hasta una puerta situada en lo alto, cuyas jambas tenían a cada lado una serpiente en relieve. Una sostenía el sol en sus fauces, y la otra la luna. Al cruzarlas, Tepec sintió algo frío en su pecho, tan terrorífico que no se atrevió a compartirlo con su tío, que caminaba tan solo un par de pasos a sus espaldas, cerrando la expedición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al frente de la marcha, se habían detenido a contemplar el hoyo de los restos de una escalera de caracol. El Waingro, decidido e impasible, ya estaba preparando una soga para descender. Los otros tres, un hombre enjuto y moreno llamado Gruschov, otro larguirucho y delgado llamado Sangchiao y el propio Tepec miraban indecisos al tío Ron, que supervisaba en silencio el nudo que el Waingro dejó en una de las estatuas, con forma de extraño felino. Junto a ella había una con forma de sierpe y una última con forma de ave. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- El jaguar significa que aquí hay un guerrero, la serpiente que también era sacerdote, y el pájaro que su familia era muy próspera. Podemos sacar mucho, pero debemos darnos prisa si no queremos que el fantasma se despierte. – Los demás asintieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Waingro empezó el descenso, con el hacha colgando de la muñeca por una correa, sosteniendo su linterna con los dientes. Tras él iban Sangchiao y Tepec. Ron y Gruschov se quedaron arriba, guardando la cuerda y asegurando la huída. &lt;br /&gt;El descenso fue largo, tanto que Tepec supuso que estarían unos cinco o seis metros por debajo del nivel de la estancia exterior. El Waingro los esperaba, y dejó caer una bengala para marcar el lugar. Una vez hubieron bajado todos, emprendieron el camino a lo largo de un pasillo, estrecho y sinuoso, cubierto de relieves. El olor a humedad y a moho era difícil de soportar, y todos llevaban el rostro cubierto con un pañuelo empapado en alcohol. El corredor giraba varias veces, hasta un tramo amplio, con baldosas de piedra lisas, separadas con líneas doradas entre ellas. El Waingro se detuvo a examinarlas, y Tepec se agachó junto a él, mientras Sangchiao seguía avanzando despacio, con paso cuidadoso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De repente, el escuálido huaquero se detuvo en su posición anticipada. Su linterna había enfocado un gran relieve al fondo, señalizando una gran serpiente que miraba hacia el frente, como si pretendiese amenazar a los intrusos. El Waingro gruñó y Tepec entendió que algo no iba bien. Empezó a caminar esforzándose por seguir exactamente los mismos pasos que había dado Sangchiao, pero entonces se oyó un crujido: Una de las baldosas, mucho más fina que las demás se había roto bajo el pie del huaquero. Tepec miraba paralizado su cara de horror mientras lo veía arrojarse hacia un lado. En ese momento sintió un fuerte golpe: Era el Waingro, que lo había golpeado con el canto del hacha para derribarlo. Algo cruzó el aire sobre sus cabezas, emitiendo un desagradable silbido. Tepec se acurrucó a cuatro patas como si fuese una tortuga, y entonces oyó como algo caía desde el techo y golpeaba el suelo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven huaquero abrió los ojos y se lo encontró cubierto de dardos, uno por cada baldosa. No había sentido pinchazo alguno, así que miró a su alrededor. El Waingro, tras golpearlo, había corrido a refugiarse en la entrada de la sala. Uno de sus pies había quedado fuera y el dardo se había clavado en la suela de su bota, librándose por los pelos. Cuando Tepec se giró hacia Sangchiao, se lo encontró de pie: Varios dardos lo habían alcanzado, en la mano, en el hombro y en una pierna. Se arrancó el de la mano y vio con horror como la zona alrededor de la herida se volvía de color azul, extendiéndose rápidamente. Mientras se miraba la mano, gritando cada vez de forma más entrecortada, a medida que sus pulmones se paralizaban, la infección de su hombro empezó a ascender por su cuello, alcanzándole la cabeza. Tosió y de su boca empezaron a surgir espumarajos negruzcos. Sangchiao se desplomó, demasiado débil incluso para llevarse las manos al cuello e intentar respirar. En apenas segundos, era ya un cadáver azul, víctima de violentos espasmos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tepec gritó. Empezó a palparse, temeroso de haber sido alcanzado el también. No se creía que no le hubiesen dado, y sentía extraños dolores por todo el cuerpo, creyéndose ya envenado. El Waingro caminó hacia él y lo derribó de una brutal bofetada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tienes uno clavado en la mochila. Si te hubiese dado ya estarías como él. – Dijo, obligándolo a tranquilizarse. Tepec guardó silencio, prefiriendo no provocar al corpulento veterano a que le atizase otra vez, ya que no recordaba golpiza alguna en su vida que hubiese dolido tanto como ese golpe. Asintió, sin abrir la boca, y se puso en pie. – Sígueme y cállate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaron al fin del pasillo, y ante ellos se alzaba un sarcófago puesto en pie. Estaba tallado en piedra, imitando la figura que el cadáver había debido tener en vida. En una mano empuñaba un ornamentado sable de bronce, y en la otra un cetro enjoyado, y toda su superficie estaba cubierta de oro y piedras preciosas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Espera aquí. – Dijo el Waingro, y caminó cuidadosamente hasta llegar al sarcófago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus pasos habían sido calculados, evitando pisar en sitios sospechosos, o tocar nada. Al llegar ante la majestuosa figura, se detuvo. Tepec lo observó en silencio, casi aguantando la respiración. El Waingro permanecía quieto, como si estuviese observando una y otra vez el sarcófago. No se movió en minutos. Tepec no le quitaba el ojo de encima, inquieto, esperando a que lo abriese o a que le indicase que podía acercarse. &lt;br /&gt;Ni una cosa ni otra sucedió. De repente, una mano espectral apareció en medio de la espalda del Waingro, como si lo hubiese atravesado. La mano avanzó, y tras él apareció el resto del rey sacerdote. Era un ser majestuoso y terrible, cubierto de collares y brazaletes de oro, vistiendo una túnica brillante, tachonada en oro y jade, y una capa de piel de jaguar. Sobre su cabeza lucía una corona, decorada con oro, esmeraldas, plumas y materia. A través de su translúcida figura, Tepec pudo ver como el cuerpo del poderoso Huaquero se secaba y caía al suelo convertido en un pequeño montón de cenizas. El joven saqueador empezó a correr, perseguido por un aullido de ultratumba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la entrada de la pirámide, Gruschov seguía vivo, pero no por mucho tiempo. El viejo y astuto tío Ron le había soplado, espolvoreándole un polvo que lo paralizó. En ese momento, sacó un extraño cuchillo de obsidiana y se lo clavó en el pecho. Eso había sido minutos atrás. Ahora mismo, Gruschov, que no era capaz de entender porque seguía vivo, estaba viendo como el líder de la expedición se había pintado la cara con su sangre y alzaba en una mano su corazón, mientras que con la otra sostenía la daga empapada de sangre. Lo más horrible era que el corazón aún seguía latiendo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Oh, Tlaloctiz, sumo señor de la noche! ¡Vuelvo como cada siete años, y traigo conmigo el sacrificio que reclamas! ¡Te ruego, mi señor, que por esta vida que te entrego, olvides mi pecado, mi castigo y mi nombre, y que este no sea pronunciado! ¡Una vez más, Tlaloctiz, te entrego sangre de mi propia sangre!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sangre de su sangre… - Dijo el espectro con voz temblorosa y profunda. Tepec lo observaba, paralizado por el terror e indefenso. – Si, hijo de hombre, reconozco el olor de tu sangre, pues ya lo he probado en el pasado. Me fue ofrecida por aquel que juró lealtad eterna y tributo en almas a cambio de su miserable vida. Me ocultó su nombre, para que no pudiese reclamar su alma y me suplicó por su cuerpo, para que no pudiese torturar su carne… Intruso… Infiel… &lt;br /&gt;- Mi… Tío… - Susurró Tepec, postrado boca arriba, intentando huir arrastrándose. Sobre su cabeza podía ver el hueco por el que había descendido, y bajo sus manos sentía la cuerda, cortada e inerte al fondo de la cripta. – Mi tío Ron.&lt;br /&gt;- Ah, hijo del hombre… Has sido traído como esclavo al sacrificio, pero conoces la identidad de quien va a entregarte… ¿Qué significa tu captor para ti?&lt;br /&gt;- No… - Dijo Tepec, haciendo acopio de valor. – El tío Ron no ha podido…&lt;br /&gt;- Conozco tu nombre, Tepec, que me habías sido prometido, hijo de Tehuan, quien me fue entregado hace catorce años a cambio de la propia salvación. ¡Piensa ahora! Sabes quién te ha sacrificado, igual que sabes quién sacrificó a tu padre hace catorce años. ¡¿Quién te traicionó, Tepec, hijo de Tehuan?!&lt;br /&gt;- ¡No! ¡Tío Ron! – Gritó el joven huaquero, entendiendo entonces el apodo por el que se conocía supersticiosamente a su tío, y el motivo por el que él tanto había insistido en que no se pronunciase su verdadero nombre. - ¡Athumoc! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tío Ron, había guardado su daga, y huía llevándose todo objeto de valor que pudo sacarle a Gruschov. Se hacía una idea del valor de los tesoros que habría en la tumba, pero sabía que la propia vida era suficiente botín para estas expediciones. Bajaba las escaleras saltando los escalones a grandes zancadas y en pocos segundos se encontraba ya corriendo hacia el túnel de la entrada. Se introdujo en él y buscó a tientas su linterna. Cuando la hubo encendido, vio para su horror que algo había cambiado: No era capaz de vislumbrar el final del túnel, y todo parecía acabar en una gran roca, como si el pasadizo nunca hubiese existido. Se abalanzó sobre ella y empezó a arañarla, consciente de que mientras era retenido ahí, unos pasos que no emitían sonido alguno pero que si retumbaban en el interior de su cabeza estaban cada vez más cerca. El maligno rey Tlaloctiz, que había desafiado al Señor de la Muerte y de algún modo vencido, no necesitaba caminar para darle caza, pero encontraba un cruel divertimento en su pánico. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡No puede salir del territorio sagrado! – Repetía una y otra vez Ron. - ¡No puede, o el Señor de la Muerte lo reclamará!&lt;br /&gt;- Oh, pero tú nunca bajaste a mi tumba, ¿verdad? – Respondió una voz en su cabeza. – Las marcas del territorio sagrado cubren mucho terreno, y aunque no pueda sobrepasar sus fronteras, si puedo recorrer su interior, ¿y sabes qué? Dentro de ellas, mi poder es absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento, el muro que había cubierto su salida cobró vida y se abalanzó sobre Ron, empujándolo de nuevo hacia la cámara que contenía la tumba. Incapaz de resistirse, el huaquero se volvió y vio la figura de su sobrino, vestido con los ropajes reales, esperándole con una maligna sonrisa en el rostro. En sus ojos relucía una luz verdosa y al hablar su voz parecía salir de las paredes, del suelo y del aire mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Mi señor! – Suplicó Ron - ¡He cumplido mi parte!&lt;br /&gt;- Puedo hacer muchos pactos, mortal, y no me importa tu conveniencia al respecto. ¡Sobre todo si lo que intentas es encubrir un crimen contra mí!&lt;br /&gt;- ¡No! ¡Soy inocente! ¡Tepec, díselo! ¡Dile que tu viejo tío Ron es inocente!&lt;br /&gt;- ¡Un nombre falso no borrará tus pecados, Athumoc! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuerpo poseído de Tepec empezó a iluminarse con resplandor de ultratumba, y su brillo del color del jade inundó la estancia, cubriendo el grito de desesperación del condenado, hasta hacerlo desaparecer por completo.</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/05/214.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-7420128511730466871</guid><pubDate>Tue, 11 May 2010 17:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-05-13T18:47:36.424+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor: VALENT</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>213 (Incompleto)</title><description>&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;El ruido del tren lo despertó. Abrió lo ojos y contemplo la habitación mientras se daba cuenta de que se habían olvidado de apagar la minicadena, continuando con la recopilación de viejos temas de stoner rock. Las notas fluían en cascada a través de la habitación mientras el vocalista iniciaba un misterioso canto chamánico.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;&quot;¿Que me está tratando de decir?&quot;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;El enigma zumbó como un abejorro mientras le daba una calada al pitillo. El alquitrán sabia a rutina. La misma sensación diciendo &quot;Una y otra vez más volvemos a estar en el punto de partida. El cigarro encontró reposo mientras el se relajaba en el colchón, bocarriba, mirando como manchas de humedad comenzaban a surgir en en techo. No quería girar la cabeza, no quería verla. Prefería estar así, aguardando a que la princesa despertase, teniéndole a él dentro del cambio de visión. Se llevo la cabeza a la nuca, secuestró el Grial de su reino, y volvió a darle una calada.Una mano comenzó explorar el vello de sus pectorales. Una ráfaga de dulce y ardiente frescura se restregaba contra el. Tal y como esperaba, sintió posarse sus ojos en el sin necesidad de abrir los ojos. Sonrió. Satisfacción. El placer de acertar una vez mas.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- ¿Que tal, león? - ella iba agarrando diversos mechones del vello de su pecho mientras enunciaba la pregunta. Su sonrisa se amplió. Abrió los ojos y con un giro rompió el hechizo. La verdad, se le reveló a su vista: Era fogosa y tranquila a la vez, la inocencia que denotaba su cara se veía traicionada por su mirada astuta.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Tu compañía ya me hace sentirme mucho mejor de lo que ya me sentiría solo – las palabras iban saliendo con un leve toque de seguridad y autoafirmación. Buscó el despertador a la vez que sonreía tranquilamente. Ella aprecio aceptar sumisamente ese ligero desdén. -Vaya, que tarde es. ¿No tenias turno hoy a primera hora?&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Si, como tu – respondió con infantil malicia. El se sento, apoyando la espalda en la pared, adoptando una pose de concentración.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Creo que va siendo hora de movernos, o ya podremos tirarnos cuanto queramos en la cama todo lo que resta del día..&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;La gorra le encantaba. El aire marcial que exudaba tenia la guinda en el águila imperial posándose firmemente en la esvastica. Se puso los guantes lentamente, y cerro los puños, sintiendo como el cuero se estiraba. Volvió a repetir la misma operación varias veces, hasta darse por satisfecho. Busco el espejo de cuerpo entero de su habitación. Le gustaba lo que veía reflejado: Un bastardo de mirada cruel enfundado en un hermoso conjunto formado por la susodicha gorra, una camiseta de un viejo grupo heavy, enfundada dentro de un chaleco de cuero marrón; finalizado en un pantalón unas botas de cuero, ambas negras. Era el uniforme de guerrero. Un dragón de ardiente rabia surcaba el interior de su psique. Sentía ganas de mas. Dolor, destrucción y más dolor.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;El palo de golf semejaba un cetro de sus manos. Su caminar y el ritmo de sus pasos trasmitían un incesante mensaje a todo el que el lo cruzase: &quot;Esto es una cloaca y voy a incendiarla&quot;. La inmensa mole del cañón se recortaba a la lejanía, recordandole la oleada de terror que trataba de retener su silueta. Comenzó a cavilar, buscando algo con lo que matar el resto del día(era mediodía). El paisaje le resultaba cautivador. Podía vislumbrar en cada gesto de la gente como se trataba de retener el horror y pánico que trataban de aflorar. Una canción se reproducía en su mente.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;&quot;La decadencia esta servida...&quot;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;La creación se unió en un todo. Interior y exterior. Realidad e imaginación. Midgar entera se convirtió en un videoclip de rutilantes escenas mostrando un mundo marchito y degenerado a punto de sucumbir. El fin de tan largo invierno pronto iba a ser celebrado con un espectacular carnaval. Y el no se lo pensaba perder. El halo lleno de repugnancia del vagabundo corto sus reflexiones. Era asqueroso. ¿Quien se creía ese apestoso borracho para meterse en la película?. En un rápido movimiento, alzo el palo y lo convirtió en un destello metálico que impacto en su rostro. El mendigo callo de rodillas mientras de su boca comenzaba a manar sangre y dientes. Pensaba &quot;Eso ya esta mejor&quot;, cuando la vibración del móvil se convirtió en una nueva interrupción. Rebusco tranquilamente en el bolsillo hasta hallarlo. La pantalla avisaba de un nuevo mensaje. Lo miró.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;&quot;Pub, tomamos unas rondas y vemos el partido. Después al Korova a maquinar como pasar la noche&quot;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;Devolvió el móvil a su lugar rápidamente, pero con suavidad. Ya tenia algo que hacer. Enfilo el camino hacia el lugar de encuentro con la misma fría calma que llevaba. Una sonrisa de malévola ilusión surcaba su cara. Enfiló el pasó de cebra sin fijarse en el semáforo en verde, tan absorto se hallaba en sus meditaciones que todo lo era ajeno. Hasta que una voz fuerte y chillona lo devolvió sus pies a la tierra.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- ¡Has agredido a un viejo! - El generador de tan potente voz era una mole de ciento veinte quilos de peso, una buena parte de ella concentrada en su voluminosa panza. Tenía el pelo cortado a cepillo y la delgada barba no lograba ocultar un eterno mohín de mala leche. Incluso las gafas de sol eran incapaces de contener el torrente de ira aflorando de su mirada.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- ¿Me habla a mi, caballero? - El muchacho, confiado y altanero, contemplaba con diversión a ese paleto pueblerino, con su ridicula camiseta a cuadros y esos pantalones cortos que mostraban unas piernas fofas y palidas.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Si, tu, chaval. ¿Quien coño te crees que eres, maldito niñato? No me jugué el cuello en Wutai para ver a cabrones como tu pateando a la gente. - Aquello se estaba poniendo interesante: El gordo quería pelea. No vendría mal un precalentamiento antes de la noche. Adopto una pose de inmensa chulería a la par que se iba acercando. No pudo evitar una sorpresa cuando, de forma lenta y calmada, se dibujo una sonrisa en su cara.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- ¿Y que piensa hacer, señor? - Vocalizaba lenta y sibilinamente, como una cobra acercandose a su presa. - ¿Pegarme un par de azotes y llevarme ante mi progenitores para decirles que soy un niño muy malo.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Será que no me calientes chaval, estas agotando tu credito. Estas muy cerca de conocer el dolor. - La pistola apareció en su mano derecha, de metal frio y duro, remarcando la naturaleza asesina y brutal de ese objeto. Pero no fue la pistola lo que evaporó toda su confianza y lo sumió en la duda y el miedo. Las siglas enmarcadas en la placa, que sostenia en la zurda, surcaron su mirada escupiendo, como balas de cañón, el mesaje duro, frio y brutal de su oficio: T.U.R.K.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;Efectivamente, la ha cagado.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Vas a conocer el dolor si dejas de portarte, ¡como un puto gilipollas! ¿Me has entendido, capullo? – Las malas pulgas, lejos de irse, punzaban su cuerpo, mantiendo constante la furia.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Si..vale, señor agente, mantengamos la calma – Intentaba denotar calma, el miedo apenás se notaba, bajo su sonrisa. Podía salir bien de esta. – Seguro que podemos llegar a entendernos. ¿Sabes quien soy yo?&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Ya lo creo – Esa sonrisa, era mala seña. Muy mala señal. -Tu y yo vamos a realizar un viaje. Estaba en mi día libre, pero con alguien como tu, vale la pena dedicarle unas horas más a mi trabajo.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Así que lo tienes en una celda, aguardando un interrogatorio. Muy bien, Walker, de puta madre. ¿Ahora me puedes explicar que cojones vas a hacer con el?&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;La bolera no estaba llena, como de costumbre. No había sido un mal lanzamiento. Ocho de un golpe, los otros dos en el siguiente. Hoy estaba de racha. Tomo asiento, y recogió la copa para darle un trago. Un coreliano blanco, como siempre, y en buen momento. No había sido ayer un buen día precisamente. Walker estaba sentado frente a el, y detrás suya, Bouzas.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;El trió estaba compuesto tres figuras completamente distintas. El primero, el que acababa de hablar. Un hombre de complexión fuerte y algo musculosa, de melena y bigote con perilla rubias; vestido con una vieja camiseta de un antiguo grupo de rock psicodélico. Otro, de complexión delgada, una declinante mata de oscuro cabello que intentaba ocultar inútilmente, con una camisa de botones blanca y unos pantalones negros que remarcaban su delgadez. El último, Walker, es nuestro turco protagonista de la escena anterior. Se hallaban allí reunidos, como cada domingo por la noche.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Evidentemente, voy a darle un pequeño escarmiento. A estos mocosos malencarados hay que meterlos en cintura antes de que sea tarde. - Se reclinó, mientras su escuálido compañero se levantaba para efectuar su turno, para ponerse más cómodo, mientras sostenía su cerveza. - Además, teniendo en cuenta su vestimenta nada barata, es evidente que su familia tiene un patrimonio, o sea, clase acomodada, lo cual significa que asustandolo un poco quizá nos den algo a cambio de sacarlo lo antes posible.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- ¿Pero que cojones me estás diciendo? ¿Es que no te puedes quedar tranquilo ni en tu puto dia de descanso? Joder, Walker, es solo un puto niñato que se dedica a hacer el vándalo. El mundo se está yendo al carajo, ¿ y no tienes nada mejor que ponerte a detener a putos niñatos que se dedican a hacer el vándalo? - Se sentía desconcertado y confuso. Llevaba una mala racha, y ahora su amigo le venia con toda esa mierda. Tomo otro trago, intentando expulsar las sensaciones negativas que lo invadían&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Jeff, ¿Te has parado a pensar en toda la gente a la que habrá hecho daño ese pequeño sinvergüenza? - Se agacho hacia delante, acercándose su cara a la suya, con el objetivo de remarcar sus gestos. - Está claro que tiene que hay que bajarle los humos. Shinra está demasiado ocupada con todo este cirio del meteorito y el cañón. Ahora mismo, tienen tantos asuntos entre manos, que les da absolutamente igual el destino del chaval. Como si lo ejecutamos y tiramos el cuerpo a un triturador de comida.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Precisamente por eso, Walker – Iba a ser su último intento de razonar con el - ¿No crees, tal y como están las circunstancias deberíamos estar en lo que hay que estar, centrarnos en cosas más urgente?&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- ¡Eso mismo decía mi sargento! - El nuevo aumento en decibelios acababa de indicar el fracaso. - ¡Y al final le voló una pierna un puto mocoso de ojos rasgados que trabajaba de limpiabotas! ¡Decenas de compañeros muertos por no estar atentos en todo! ¡Era como estar asediado, pero con el enemigo dentro de la fortaleza! -&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Bueno, vale, lo que tu digas. Que te den por el culo, tio. - Encendió un pitillo. Estaba harto de todo esto, el trabajo, ella y Walker. El tercer acompañante había vuelto a su asiento, con ganas de participar en la conversación&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- ¿A quien has detenido, Walker?&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- ¡Bouzas, no estás en tu elemento! - Bouzas se calló, intentando ubicarse en la conversación.- Cambiando de tema, ¿que tal te fue con tu amiguita pelirroja? - Walker tenía un defecto a parte de ser como un burro tirando como un arado, terco y sordo a todo. Además era incapaz de interpretar el lenguaje corporal de los demás. Jeff se llevo una mano a la cara y se masajeo los parpados con los dedos. Inspiró aire. Ya se sentía algo mejor.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Fatal tio. Empiezo la mañana con ella, toda cariñosa y calientapollas, y termino en un puto restaurante vegetariano escuchando soplapolleces acerca de qué busca en una pareja. Por lo menos podía haberme invitado, ya que me dejaba... Ni siquiera esperó al final, lo dijo nada más empezar a comer. Allí nos veías a los dos: Rumiando como vacas nuestras ensaladas en un silencio sepulcral evitando mirarnos.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Las mujeres de hoy en día son todas unas arpías – Walker, se llevó la birra a la boca – ¡Ni siquiera mi esposa es capaz de mantener un compromiso!&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size:130%;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:times new roman;font-size:130%;&quot;  &gt;- Margaret no tiene nada que ver con en maldito tema. Esa tia simplemente se tiro el puto rollo conmigo para dejarme claro que aquello solo fui alguien con quien follar una temporada. - Si no te importa, voy a lanzar la bola que es mi turno.&lt;/span&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/05/213-incompleto-y-sin-enlace.html</link><author>noreply@blogger.com (Nmogadah)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-106141289073250325</guid><pubDate>Mon, 03 May 2010 21:53:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-05-15T16:06:19.832+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:ASTAROTH</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>212 (incompleto)</title><description>Se filtraba una pálida luz azulada por el ligero resquicio de la ventana, producto resultante del brillo de una luna que distaba mucho de ser llena y por el suave parpadeo celeste del neón situado junto a la ventana. Todo tenía una tonalidad negra o gris en enorme contraste, proyectando oscuras sombras y reflejando luces en los muebles, en los objetos, en la lisa piel de la chica que se encontraba sobre la cama.&lt;br /&gt;Un fino rocío de sudor bañaba su piel desnuda, lanzando ligeros destellos cuando la luz incidía directamente sobre las perlas acuosas a través de las diminutas rendijas que dejaba la persiana. La suave cabellera cobriza caía sobre los hombros en forma de ondas similares a las de las olas del mar, bailando al ritmo de los tenues balanceos de la mujer, cuyos leves gemidos se acompasaban con el movimiento de sus caderas. Su respiración, profunda y penetrante era lo único que cortaba el silencio de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gran mano de su acompañante le había atrapado uno de sus pechos, el izquierdo, mientras que la otra se había apoderado de la humedad que tenía entre las piernas; el hombre se hallaba tumbado bajo ella, con las rodillas de su compañera pegadas a sus flancos y apretando ligeramente. Retiró el dedo índice de la cara interna de sus muslos para introducir dos, lo que supuso una explosiva sorpresa llena de placer para ella. Echó su cuerpo hacia delante y acarició el vello en el torso de él, mientras pasaba la fina punta de su lengua por el lateral de su cuello hasta lamer el lóbulo de su oreja, recreándose en la redondez y suavidad hasta finalizar con un suave mordisco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se irguió en todo su esplendor y extrajo la mano que se introducía en su coño para, con la otra, agarrar el erecto miembro con fuerza e introducírselo en la boca, realizando un rítmico movimiento mientras rodeaba la morada cabeza con la saliva que escapaba de su lengua. La sacó hasta llegar a la punta y dio un ligero mordisquito, para volver a lamer. Tras varios bamboleos con el cuello, la sacó de su cavidad bucal y se apresuró a llevar la polla hasta sus chorreantes muslos, para deleite de ambos. Los gemidos se pronunciaron más, y comenzaron a aumentar su intensidad a medida que la velocidad del coito aceleraba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El grito anunció el clímax, y la mujer cesó sus movimientos para tumbarse sobre el pecho de su compañero. Estaba exhausta, agotada, y jadeaba fuertemente, como un animal que hubiera perseguido a su presa incansable durante eternas distancias hasta, por fin, recrearse en el cansancio sobre el cadáver de su víctima. Arañó suavemente con sus uñas en el pecho sobre el que se apoyaba, mientras escuchaba la fuerte respiración del torso que subía y bajaba, mientras escuchaba el latir del corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sabes que tiene un ritmo demasiado irregular? Esos latidos no son normales. – intentaba no hacer demasiado ruido, temerosa de romper el encanto y extasiada por el agotamiento físico – A veces va rápido, y otros va más lento.&lt;br /&gt;- ¿En serio? – pasó la enorme mano por la espesa melena negra corta, y rodeó con un musculoso brazo a su compañera, atrayéndola hacia sí mismo y besándola ligeramente – Será que tengo arritmias. Igual me muero.&lt;br /&gt;- Idiota… - acarició el pezón izquierdo, y lo mordió, haciendo que su compañero de cama diese un respingo.&lt;br /&gt;- Eh, podrías tratarme mejor. ¿Acaso no te apetece que haya una segunda?&lt;br /&gt;- Preferiría que me follases durante mucho más tiempo. Ojalá no tuvieras que irte.&lt;br /&gt;- Seguro que si estamos todos los días dale-que-te-pego tu novio va a acabar pillándonos – acarició el pecho de la chica, y apretó el derecho – Además, mañana van a venir a buscarme pronto, salimos a mediodía para Wutai. ¿No te doy pena? ¿Acaso no merezco una compensación? – puso una sonrisa picaresca, y se sorprendió cuando la mano de la chica le retiró el condón y le introdujo el miembro, todavía mojado, en el empapado coño.&lt;br /&gt;- Anda, calla y córrete dentro, que ya le echaré la culpa a mi novio, Sargento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hollín llenaba los pulmones mientras que las brasas quemaban la piel alrededor de las fosas nasales cada vez que alguien respiraba.  Las explosiones cada vez eran más frecuentes y cercanas, y levantaban más trozos de tierra y vegetación. Las criaturas de la jungla avanzaban en una dirección mientras que los humanos lo hacían en la contraria, acercándose al llameante NAPALM y a las minas antipersona. El cielo tenía un tono rojizo, casi granate, cubierto de grandes nubes de espeso humo del mismo color que el carbón que comenzaba a arder, a través del cual apenas conseguía filtrarse una luz amarillenta producto de los últimos rayos de sol de aquella tierra alejada de toda civilización moderna. Una ráfaga de disparos atravesó la selva de forma aleatoria, alcanzando a dos hombres: uno tuvo suerte de ser golpeado en el pecho, en una zona cubierta por el chaleco, al contrario que su compañero, que recibió el cálido beso del proyectil en pleno cuello, regando con sangre la alta maleza.&lt;br /&gt;La unidad había contado con cincuenta hombres en sus mejores tiempos, pero en aquellos momentos el número se había reducido a la quinta parte. Se movían por aquella salvaje tierra con cada vez más dificultad, debido a las numerosas trampas que los habitantes locales habían colocado para defender el pequeño poblado. El suelo se hundió a tres metros de distancia, tragándose a un hombre que fue devorado por afilados dientes de bambú que atravesaron carne y tela con la fuerza de un gigante. La compañía estaba siendo diezmada por el ataque enemigo, y los que no lo hacían bajo las balas o sobre estacas de madera ocultas eran asesinados por fuertes fiebres producto de la malaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cielo se tornó negro de forma que era similar a una gota de tinta que había caído en el agua formando ondas y sinuosas figuras, para poco después quebrarse como si se tratase de fino cristal roto a martillazos. Un ave inmensa, de color dorado y envuelta en nubes eléctricas surcó el cielo en dirección al poblado, lanzando un chillido que se asemejaba a un trueno atravesando el aire en medio de una noche aparentemente tranquila. Un relámpago atravesó como una lanza el cielo, y de pronto una hondonada de rayos cayó en la misma zona, devastando el poblado en una gigantesca explosión. La descomunal ave chilló de nuevo, y se perdió entre las nubes, que retomaron el color ceniciento en un infinito naranja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quién cojones ha usado esa puta materia de invocación? – Gritó el militar con el rango más alto, que iba en cabeza y en esos momentos atendía al hombre que había sido disparado en el pecho - ¡No he dado la puta orden! ¡No he dado ninguna puta orden de ataque!&lt;br /&gt;- ¡Con su permiso, Sargento, pero nos atacaban! ¡Las putas últimas frases del Coronel decían que matásemos a los puto amarillos!&lt;br /&gt;- ¡No me toques los cojones, Torpe! – avanzó hacia él, y le golpeó con la culata del fusil en el estómago, mientras propinaba una fuerte patada a la mano que aún poseía un mortecino brillo carmesí - ¡El puto Coronal está muerto, te puedes meter sus frases por el culo! ¡Te someteré a un consejo de guerra!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sargento Ixidor Bryce, sabe qué hace aquí, ¿verdad? – un hombre corpulento y calvo le miraba con una penetrante mirada.&lt;br /&gt;- Sí, señor.&lt;br /&gt;- ¿Se da cuenta de que sus cargos son demasiado graves, y que al ser reportado a Midgar pasará toda la vida en una prisión militar, si no es condenado a muerte por crímenes de guerra?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pequeño de la granja había vuelto a meterse en problemas. Había golpeado a uno de los criadores y lo había atacado con la horca clavando esta en el brazo derecho. Los chocobos se habían agitado ante la visión de la sangre brotando, y habían salido corriendo del establo, agitados. El chico había tenido que responder personalmente ante su abuelo, y ahora se encontraba allí, frente a su madre, cubierto de arañazos y envuelto en polvo, con el pelo revuelto lleno de plumas amarillentas y la parte izquierda de la cara enrojecida y con el labio sangrando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y todo eso te lo ha hecho Saltador? – preguntó su madre mientras le aplicaba un desinfectante barato en la herida del labio partido, cada vez más hinchado, a la vez que le interrogaba sobre el suceso.&lt;br /&gt;- No, eso me lo hizo el abuelo cuando se enteró de que tuve una pelea. Si no hubiera venido corriendo me hubiera seguido pegando. El abuelo me odia.&lt;br /&gt;- ¿Por qué dices eso, hijo? Tu abuelo no te odia. – su madre comenzó a quitarle del pelo plumas, mientras frotaba con un paño húmedo el rostro de su hijo, limpiando la suciedad que se había agarrado en la cara de este.&lt;br /&gt;- Todos lo dicen. Por eso me he pegado. Dicen que soy un bastardo, y que mi padre te violó, mamá. Que por eso el abuelo no me quiere, y tienen razón.&lt;br /&gt;- Hijo… Tienes doce años, creo que ya eres suficientemente mayor para saber la verdad. Yo quería a tu padre, y de hecho quise casarme con él cuando supe lo de mi embarazo. Pero a tu abuelo no le gustaba la idea de casar a su única hija con un pobre mozo de cuadras que doblaba la edad a su hija. Me recuerdas mucho a tu padre, eres su vivo retrato, Ixidor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ixidor despertó. Se había quedado dormido sentado en el tren, y varias veces había pasado ya su parada. No recordaba nada de lo que había soñado, pero sentía que no había sido nada agradable, dejándole una mala sensación además de un humor bastante agrio.</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/05/212.html</link><author>noreply@blogger.com (Astaroth)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-1067624124008023107</guid><pubDate>Tue, 27 Apr 2010 22:33:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-06-11T18:21:09.461+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:Rokhsa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>211</title><description>-Te digo que si los hielos son demasiado grandes el alcohol no se mezcla bien.&lt;br /&gt; -Y yo te digo que la chatarra que tengo por máquina hace los hielos así y punto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocho de la tarde en Blackson’s, un bar elegante, dentro de lo que cabe, de Mercado Muro. Es elegante por varias razones, como que los vasos están perfectamente limpios, la gente no se queda pegada a la barra o que los frutos secos que te ponen a veces no caducaron hace un año. Pero sobre todo destaca la galería de licores que reposan en inestables estanterías, en antiguas botellas de cristal cuya etiqueta ha perdido su color e incluso ha sido mordisqueada por ratones en oscuras bodegas. Distintos rones de Costa del Sol, tan oscuros como las manos que lo mimaron, magníficos licores de flores recogidas en Wutai… El orgullo de un hombre sibarita que en un tiempo viajó de aquí para allá deleitándose con las más diversas bebidas, pero que ahora las vendía en pequeñas copas para mantener un techo donde dormir. Su idea fue montar un bar y disfrutar sus tesoros entre amigos, tomando un buen copazo de whiskey o cogiéndose una cogorza a base de un licor cuya fruta creció cerca de un reactor Mako. Pero con el tiempo los amigos se murieron de sobredosis, se casaron o simplemente se largaron de Midgar.&lt;br /&gt;Cual cuadro tenebrista propio del barroco, todo el bar parecía en absoluta oscuridad salvo una sección de la barra, en la que conversaban dos personas. Los demás parroquianos, antes sentados en los amplios sofás, discutiendo sobre banalidades o leyendo el periódico, parecían estar callados por alguna razón, dando pequeños sorbos a su taza de café y mirando de reojo al dueño del bar y su acompañante.&lt;br /&gt;La barra barnizada con tono ambarino, una copa y una botella con un líquido amarillento y las bombillas arrojando luces doradas conformaban la gama de colores del tapiz. Más allá del bodegón, las dos personas charlaban tranquilamente. El dueño, pasando un trapo por la madera, enarcaba las pobladas cejas y asentía a su interlocutor. No alcanzaba los cuarenta, pero su calva lanzando destellos y su barriga apretando los botones de la camisa negra, dejaba claro que su vida era monótona y descuidada. Tenía una cara grande y redonda, con una nariz ancha que respiraba de manera brusca y un cuello que enrojecía al mínimo contacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Pero Jack, es que no puedes presumir de tal colección de licores si luego no se pueden degustar en su máxima expresión…&lt;br /&gt; -Hace tiempo que eso me la suda Arguish… ¡De qué me sirve servir de lo mejor si va a venir cualquier gilipollas y lo va a mezclar con un refresco de naranja!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jack se dio cuenta del error y se mordió la lengua, pero le bastó con levantar un poco la mirada para ver que tres personas volvieron a sus cosas disimulando y otras dos se marcharon ofendidas. Resopló y miró a su compañero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -No te molestes en pedir disculpas mi querido barman, la gente es así. Escucha conversaciones que no les incumben y después se hacen las víctimas- el cliente echó un suave sorbo a su vaso y lo volvió a dejar sobre su correspondiente posavasos, señalando con su índice izquierdo a una botella con cordón de terciopelo- Alcánzame esa botella por favor.&lt;br /&gt; -¿Para qué?-preguntó el camarero con cierta desconfianza- Ya te he servido.&lt;br /&gt; -Tengo la ligera impresión de que si añado un poco de esa botella, esto estará mucho mejor- explicó agitando su vaso.&lt;br /&gt; -Ni hablar.&lt;br /&gt; -Oh venga, esto no es lo mismo que mezclar un refresco de naranja, quiero mezclar este magnífico licor de avellana con un poco de aquella botella del cordón tan bonito.&lt;br /&gt; -¡Que he dicho que no copón!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces llega el momento de levantar el telón, de destapar la bandeja, de abrir la caja con interrogante. Es como si una cámara ficticia hubiese estado observando la situación, grabando el escenario, los gestos… Pero siempre enfocando al mismo sitio, aquél tapiz barroco en el que uno de ellos nos da la espalda y el otro dirige la mirada al espectador. Ahora la cámara se mueve lentamente, como si tuviese un par de pequeñas alas o un ligero motor acoplado. Se va acercando con ritmo constante, ya podemos ver como va vestido el que se hace llamar Arguish. Está sentado en un taburete de cuero blanco, al igual que los sofás, con los pies apoyados en una fina barra de metal. Su espalda es amplia, nuestro teleobjetivo se sitúa sobre sus hombros mostrándonos una cara chaqueta americana de un perfecto negro; le queda un poco larga, pues el final termina colgando y tapa prácticamente el cuero blanco del taburete. Pero de todas formas es un hombre bastante alto y su cabeza supera prácticamente la altura a la que están las pequeñas bombillas de la barra, así que su rostro permanece en una misteriosa penumbra. Nuestra cámara imaginaria decide resolver el misterio y comienza a girar en torno a él hasta colocarse de espaldas al camarero, encuadrando un contrapicado del rostro misterioso. La americana va acompañada con su camisa blanca de rigor, abrochada hasta su último botón, y una corbata pintoresca que alterna franjas de color blanco y rojo, apretada con un nudo doble.&lt;br /&gt;Y simplemente, cuando todos están expectantes, se quedan más extrañados que antes.&lt;br /&gt;No hay rostro.&lt;br /&gt;En efecto, no hay rostro, sino una máscara de látex que lo cubre. Es un plástico fino y translúcido, incluso se adivina ligeramente una barba de dos días bajo el color óseo que lo recubre. ¿Por qué están los demás clientes tan incómodos con su presencia? He ahí la respuesta. Aquella máscara de látex no emula otra cosa que una blanca calavera ceñida al cuello. Bajo ella se averiguan perfectamente sus rasgos, una mandíbula ancha y una nariz no muy grande, pero con el tabique torcido. Los ojos son dos simples círculos negros incapaces de mostrar expresión alguna; en algún dibujo, en alguna figura, el hecho de inclinar más o menos una línea te da ya la posibilidad de crear alguna expresividad, ya sea alegría, enfado, llanto… Pero esos ojos son distintos, castigados a no mostrar gesto alguno. La boca, cuya línea recta de la mandíbula superior no hace más que parecer una siniestra sonrisa, además tiene una pequeña abertura por donde asoman las comisuras de los labios, gruesos y mordidos, y unos dientes blancos que no hacen más que jugar de lado a lado con un chupa-chups de fresa, a juego con su vistosa corbata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Oh, ya sé lo que pasa… -intuyó Arguish sacándose el chupa-chups de la boca y señalándole con él.&lt;br /&gt; -¿El qué?&lt;br /&gt; -Sabía que había algo, lo sabía desde el primer día que vine aquí… Me ha costado un mes averiguarlo pero te he pillado Jack- Sus ojos negros seguían inmóviles, pero bajo la máscara era evidente su mirada burlona y su sonrisa victoriosa- Esa botella no es cómo las demás, tiene algo de diferente… ¿Me equivoco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La víctima del descubrimiento dejó caer los hombros y soltó un largo soplido, cual delincuente se da por vencido cuando ve una grabación de su fechoría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -No, no te equivocas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una sonora pero escueta carcajada resonó en las oscuras paredes del Blackson’s y los demás clientes sintieron un escalofrío en todo su cuerpo. No era porque hiciese frío, no era porque los asientos les hubiesen dado a cada uno un calambrazo, sino porque aquél hombre daba palmadas en la mesa y reía a pleno pulmón, dejando ver su propia boca bajo la de la máscara.&lt;br /&gt;Sencillos y absurdos prejuicios corrompiendo sus entrañas… A Arguish no le hacía falta darse la vuelta para saber qué cara tenía cada uno, los gestos que ponían, los desvaríos que les pasaban por la cabeza. Da igual que fuese un honrado empresario que había decidido tomarse una copa, que tal vez fuese un soldado retirado, un físico teórico que había contribuido al correcto uso del Mako, un héroe que arriesgó su vida repartiendo medicamentos tanto a soldados de Wutai como de Shin-Ra… Yonqui, traficante, asesino a sueldo, mafioso, putero… Era lo más fácil, para qué complicarse más, joder, que era un tío enorme con una calavera en la puta cabeza.&lt;br /&gt;Arguish tosió un par de veces, echó un leve sorbo a su vaso y volvió a meterse el caramelo en la boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¿Y cuál es el misterio de esa botella?&lt;br /&gt; -No hay nada que contar…&lt;br /&gt; -Anda, no seas así, si apenas hay gente ya en el bar.&lt;br /&gt; -¡Claro! Yo tengo que hacer como que tú eres el hombre más normal del mundo sin rechistar y yo te tengo que contar todo lo que me pidas…&lt;br /&gt; -¿Acaso me has preguntado por qué voy así?&lt;br /&gt; -Está bien… ¿Por qué vas así?&lt;br /&gt; -No te lo voy a decir.&lt;br /&gt; -Te odio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento la única pareja de clientes restantes decidió que era momento de marcharse y se acercaron a la barra con sus vasos aún por la mitad. Uno de ellos, con el pelo rapado, la nariz y las cejas llenas de piercings y una camiseta tan ajustada como sus brazos llenos de vitaminas se lo permitían sin romperse, tuvo el coraje de situarse junto a Arguish y dirigirle miradas furtivas mientras su compañero, con las mismas pintas llamaba la atención de Jack.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¿Nos lo puedes poner en vasos de plástico?- solicitó cuando el camarero se les acercó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jack puso mala cara, sacó unos vasos estrechos de plástico transparente y echó el vodka de las elegantes copas cuadradas sin tener cuidado de si se caía algo fuera. Arguish se inclinó ligeramente hacia la derecha, miró a aquél chaval por encima de su hombro y soltó un bufido hinchando los carrillos. “El gesto indicado en el momento indicado hace saltar muchos resortes.” Eso lo sabía muy bien Arguish, que observaba la reacción del joven sin que se diese cuenta, mirando al frente, hacia un pequeño espejo que colgaba en la pared. Entonces la víctima de su pequeño juego hizo lo que esperaba que hiciese, esperó unos segundos después del bufido y volvió a observarle de reojo, esta vez con una ceja levantada. Entonces el hombre calavera giró su taburete todo lo rápido que pudo y se quedó frente a frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¿Pasa algo?&lt;br /&gt; -N-no…-aquella pregunta le pilló de improvisto, pero tampoco se echó atrás. Ante él tenía a alguien que le sacaba dos cabezas y cuya máscara podía expresar de todo y a la vez nada. Aún así, su orgullo no le permitía echarse atrás- Es que… Con ese traje… Pensaba que eras un Turco.&lt;br /&gt; -¿Podría un Turco hacer esto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;Con los vasos de plástico servidos en la barra, Arguish levantó el brazo derecho y su mano, con la palma abierta, cruzó el aire como un obús hasta impactar en la nuca del joven. La colleja sonó como un látigo y le empujó hacia delante hasta tirar las bebidas con la cara; cuatro dedos perfectamente marcados en el cuello del muchacho, las lágrimas costosamente retenidas en los ojos marrones, su amigo sin atreverse a levantar la mirada del suelo y Jack maldiciendo y limpiando el vodka derramado con una bayeta.&lt;br /&gt;A Arguish le estaba costando un infierno contener la risa, mordiendo el palo de chupa-chups con fuerza. Se imaginaba perfectamente todo lo que le rondaba a aquel chaval por la cabeza, veía cómo apretaba los dientes y tensaba los nudillos, pero no le quedaba más remedio que tragar y agachar la cabeza. ¿Estaba un turco en su derecho de asestarle semejante hostia? Por supuesto. Y no podía arriesgarse a descubrir si de verdad era un agente de Shin-Ra o no.&lt;br /&gt;Con el orgullo herido, giró sobre sus pies y se marchó sin su vodka y el cuello rojo, seguido de su indeciso amigo; así que el Blackson’s quedó vacío a las diez de la noche y Arguish se tiró sobre la barra desternillándose de la risa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Jajaja… ¿Has visto qué leche le he dado?&lt;br /&gt; -¿No eres de Turk verdad?&lt;br /&gt; -¡Qué coño voy a ser yo de esos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al barman se le contagió la risa y cogió la botella misteriosa junto con un vaso de vidrio rojizo lleno de arañazos y muescas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Este vaso me acompañó durante quince años por todo el mundo. Se lo compré a un vagabundo del sector 6 por un guil diciendo que lo fabricó soplando y moldeando una extraña esfera de color rojo- se echó un par de hielos y quitó el enmohecido corcho de la botella, aspirando el aroma encerrado en ella durante largo tiempo.&lt;br /&gt; -¿Me estás diciendo que ese vaso fue una materia invocar?&lt;br /&gt; -Ni más ni menos. En cambio, este licor… En uno de mis viajes me vi envuelto en la peor tormenta que he presenciado en toda mi vida. Al salir de Kalm ya me advirtieron de que el tiempo estaba cambiando, pero ignoré sus consejos. A media mañana comenzaron a formarse nubes en el horizonte, unas nubes bajas y vaporosas. Cuando me quise dar cuenta tenía sobre mí un cielo totalmente gris y turbulento y se levantó un viento que formaba remolinos aquí y allá. Te lo juro Arguish, era la naturaleza en estado puro. El viento parecía un grupo de camorristas zarandeándome de un lado a otro, el cielo parecía romperse a cada nuevo trueno… Yo ya pensaba que no llegaba a Midgar, que en cualquier momento me caía un rayo en la puta cabeza. Y es que encima, no sé cómo todavía, me perdí.&lt;br /&gt; -¿Te perdiste de camino a Midgar?&lt;br /&gt; -Ya se que suena absurdo, pero pronto empezó a anochecer y yo estaba bajo un jodido árbol esperando a que escampase. El suelo embarrado, charcos gigantescos, unas gotas tan grandes como canicas… Yo ya pensaba que me iba a dar una hipotermia o algo, tenía la ropa tan calada que el agua simplemente resbalaba por ella. El caso es que cuando ya era prácticamente de noche, vi una pequeña luz a lo lejos. Resultó ser una mujer con un pequeño candil, enfundada en un yukata de color caqui y un paraguas de color rojo.&lt;br /&gt; -Eso te lo estás inventando…&lt;br /&gt; -¿Me dejas seguir o no? Te juro por todo el alcohol de este bar que pasó de verdad.&lt;br /&gt; -Continúa, continúa… Pero dame otro chupa-chups de esos que tienes ahí, que se me ha acabado este.&lt;br /&gt; -Anda que eres raro… ¿Y ese vicio por los caramelos?- preguntó Jack sacando de un tarro de cristal un dulce de fresa.&lt;br /&gt; -Saben mejor que el tabaco...&lt;br /&gt; -Bueno…- continuó Jack, que había alargado el silencio para esperar una respuesta más extensa- Pues ella se acercó hasta mí y me cogió de la mano. Era una joven preciosa, de veinte años tal vez. Tenía el pelo, de un castaño color miel, recogido con una coleta, pero un par de mechones le caían empapados sobre la frente. Su piel era pálida y junto a la lluvia y la luz del candil, parecía frágil y suave.&lt;br /&gt; -Se te da bien relatar eh…&lt;br /&gt; -¿Quieres dejar de interrumpirme? El caso es que se me quedó mirando un buen rato y después tiró de mi brazo con fuerza. Sin que me diese cuenta estábamos corriendo por el bosque, sin poder ver apenas lo que había delante por culpa de la lluvia. Aquella chica tenía una agilidad impresionante, parecía saberse la posición de cada árbol, de cada piedra que podría hacerte tropezar, de cada desnivel… Imagínate yo, con una mochilla hasta arriba de frascos y botellas de alcohol, pocas veces lo he pasado tan mal. Aún así conseguía seguirla el ritmo, conseguía ser igual de rápido que ella con tal de que no soltara mi mano, como si el hecho de separarnos durante el trayecto supusiese que no volvería a verla jamás. Entonces apareció de repente una sencilla cabaña de madera de la nada, entre una salvaje vegetación tan verde que contrastaba con la oscuridad de la tormenta. Un escalón, una veranda, un tejado hecho con unas cuantas ramas… Entramos atropelladamente y yo caí rendido sobre la mohosa madera con los pulmones casi fuera. Yo la dije “muchas gracias por ayudarme”, pero ella ya estaba ajetreada como si aquella choza fuese su casa. Sacó una materia piro de entre los ropajes… Sí, no me mires así, no sé de dónde la sacaría pero tenía una materia piro. Entonces salió de nuevo cubriéndose la cabeza con las manos y volvió con unas cuantas ramas; las tiró en el centro del oscuro cuarto y te juro que las prendió aporreando el suelo con la materia. Al cuarto golpe salieron unas cuantas chispas y al quinto un chorro de fuego formó la hoguera. Yo quería ayudar de alguna manera pero ella no dejaba de moverse de manera sistemática y con una precisión que sólo podía haber heredado de la experiencia. Después fue hasta una esquina, levantó una tabla y sacó dos pasteles de arroz y un pequeño recipiente de madera con tapón, tallada de manera inexperta.&lt;br /&gt; -¿Y eso era el licor que tenemos aquí delante?&lt;br /&gt; -Así es, pero déjame acabar. Yo le agradecí mil veces su amabilidad, pero ella simplemente se quedaba quieta, mirándome fijamente con una sonrisa tan pura e inocente… Allí estuvimos, junto al fuego, mientras fuera, el bosque se convertía en una mancha totalmente negra y uniforme. Pues fue ofrecerme ella echar un trago y caí totalmente inconsciente. En el mismo momento en el que volqué su contenido por mi garganta, perdí el conocimiento. Además, fue una noche muy confusa, no sé si era que tenía fiebre por culpa de la lluvia o es que el alcohol realmente me había sentado tan mal, pero entre el sueño y la vigilia no hacía más que oír voces, gritos, susurros, llantos, risas… Desperté al día siguiente con cierta pereza. Esperaba algo de resaca o tal vez dolor de cabeza, pero era al contrario, me sentía totalmente reconfortado… ¿Quieres saber el verdadero secreto de este licor?&lt;br /&gt; -¡Joder Jack, te he aguantado hablando durante media hora, cuéntamelo ya!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El barman se sacó un mechero del bolsillo de la camisa y lo suspendió en el aire con una sonrisa del que sabe que está generando expectación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Cuando desperté, salí de aquella caseta que había resistido la fuerza de semejante tormenta con vehemencia y busqué a aquella chica. La encontré unos metros más lejos agachada en la hierba, recogiendo flores de distintos colores y tamaños. Yo me acerqué con disimulo y ella me respondió con una de sus sonrisas inocentes- dicho esto, Jack giró la rueda del mechero y acercó la llama a la bebida. El alcohol prendió al instante, pero con un color verdoso intenso, casi fosforescente- En aquel bosque, tras la caseta, aquella chica recogía flores que luego hacía fermentar. Pero esas flores no crecían en cualquier sitio, sino que, formando un corro, se elevaban enérgicamente en torno a una minúscula brecha en la tierra. Una brecha que brillaba con un intenso y fluctuante color verde…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arguish se echó para atrás y la máscara se estiró, formando una gran O en la abertura de la boca y dejando caer sin querer su querido chupa-chups.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -No puede ser…&lt;br /&gt; -Exacto, corriente vital atrapada en este licor. Ahora dejemos de hablar tanto y brindemos con ello joder…- Arguish se bebió lo que quedaba en su copa y Jack le echó un escaso chorro de su tesoro, flambeándolo como había hecho con el suyo. Ambos brindaron y el líquido bajó por sus gaznates de un tirón- Y bien… ¿Qué te ha parecido?&lt;br /&gt; -Pues la historia es verdaderamente bonita… ¡Pero esto está podidamente asqueroso! Ahí te quedas, otro día me cuentas qué pasó con aquella chica de los bosques.&lt;br /&gt; -¡Que te jodan Arguish! No te vuelvo a dejar probar nada jamás- pero su último cliente de la noche ya había bajado del taburete y se despedía de él agitando la mano- ¡Y tú algún día me dirás por qué coño llevas esa ropa y esa máscara!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya por la noche las calles cambiaban totalmente. Mercado Muro seguía con su ritmo frenético, con sus luces caóticas por allí y sus prostitutas por allá, pero bastaba con alejarse unas cuantas calles para envolverse en una urbe solitaria y silenciosa.&lt;br /&gt;En su paseo hacia ningún lado, Arguish apenas se encontró con gente, tan sólo un grupo de amigos que marchaba hacia la estación de trenes con ritmo hebrio y una pareja que, poseídos por las hormonas, les pareció conveniente ponerse a follar en una esquina hasta que se dieron cuenta de que un tío enorme con cara de calavera les observaba sin apartar la mirada. Ella pegó un grito tremendo y cayó al suelo al intentar echar a correr y tropezarse con las bragas; él la ayudó a levantarse y ambos se largaron a paso ligero por un callejón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¡Por mí no os cortéis eh…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arguish siguió a lo suyo caminando con las manos en los bolsillos. Se pasaba la lengua por los labios continuamente y tragaba saliva con cierto placer. La verdad es que aquél chupito le había encantado, no había probado algo similar nunca. Sentía la potencia del alcohol aún rascando su garganta, pero aquél cosquilleo reposó un momento en estómago y fue extendiéndose por todo su cuerpo después. Sin duda haría lo que fuese con tal de que Jack le volviese a dejar beber de aquél brebaje espirituoso.&lt;br /&gt;Caminaba imaginándose a si mismo en aquél bosque bajo la tormenta, respirando aquél aroma tan delicioso de la hierba mojada y la corteza húmeda, que apenas se dio cuenta de que frente a él habían aparecido cuatro personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Perdonen caballeros, pero me bloquean el… ¡Anda, si vosotros sois los dos que estaban en el bar antes!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, los dos jóvenes con ropas ajustadas, orejas llenas de pendientes y cabeza rapada que se fueron intimidados del Blackson’s estaban allí con los brazos cruzados. Sólo que ahora estaban respaldados por otros dos grandullones, cual camorristas ansiando su zurra diaria. Todos llevaban una ropa y un estilo parecido, uno con un brazo totalmente tatuado, otro con varios tubos metálicos que le atravesaban la nariz…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Tú no eres turco… -se aventuró a decir el que fuera el compañero del golpeado en el bar. Ahora se sentía protegido entre los suyos, pero su voz no dejaba de ser débil. Desde luego aquél no era el líder del grupo.&lt;br /&gt; -Sí lo soy- contestó simplemente Argish.&lt;br /&gt; -Enséñanos la placa- el más grande de todos, el del brazo tatuado, habló con una voz torpe y lenta, pero que destacaba sobre todas las demás.&lt;br /&gt; -Caballeros…- Argish estaba totalmente sereno, viendo a través de su máscara todas y cada una de las expresiones y gestos que ponían, leyendo perfectamente sus posibles reacciones- Obviemos el hecho de que a simple vista parezco un hombre peligroso, con traje de marca y una calavera que cubre mi bello rostro. Obviemos también que pueda llevar un arma bajo la chaqueta y que en cualquier momento os pueda coser a tiros. Voy a ser sincero caballeros, no soy turco…- entonces levantó el brazo y señaló con el dedo índice una señal de stop situada en la esquina de la acera de enfrente- Pero mi amigo sí y él si que es peligroso.&lt;br /&gt; -Ahí no hay nada gilipollas- este vez fue la víctima de su colleja la que habló, sacando pecho con claro gesto de resquemor.&lt;br /&gt; -Claro que sí. ¿No le veis? Ahí, atado a la señal con una cadena. Lo que pasa es que es bastante más informal que yo. Lleva la misma corbata que yo, pero ni siquiera la lleva anudada… Y su camisa, bueno, la lleva totalmente arrugada… También lleva una máscara, pero tiene mucho peor gusto que yo, es una de esas máscaras que se usan en las orgías de masoquismo y esas cosas… Yo ya le he dicho que no me gusta nada, pero él insiste en llevarla…&lt;br /&gt; -¿No está vacilando?-preguntó de nuevo el grandullón tatuado a sus amigos.&lt;br /&gt; -Yo no miento señores. Lo que pasa es que es mi amigo imaginario, pero bueno…- los muchachos estaban a punto de abalanzarse a por él y lo sabía, así que tranquilamente, y prologando el silencio que había creado, se llevó la mano a un bolsillo interior de la chaqueta. Sacó una pulcra pitillera metálica y sacó de ella un nuevo chupa-chups. Después hundió las manos en los bolsillos del pantalón con toda la calma que le era posible y los volvió a sacar con dos puños americanos en cada una, de color dorando aunque totalmente desgastado- Que no exista para vosotros no quiere decir que no exista… ¿No? Venga, acabemos con esto cuanto antes que me está pidiendo que le desate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hubo falta más palabras, el más canijo de los cuatro, harto de tanta palabrería absurda, corrió hacia él. Argish echó a un lado el chupa-chups en el interior de su boca y adoptó una posición de boxeo con sus armas en los nudillos. El chaval no conocía más allá de las simples peleas callejeras, donde lo importante era pegar más que el otro sin importar lo que recibieras, así que a Arguish no le costó ni un suspiro. Esquivó el primer puñetazo moviéndose rápidamente hacia la izquierda, desvió el brazo del contrario para desequilibrarle y hundió el metal de su mano derecha en estómago del rival. El chico despegó los pies del suelo por un momento y se elevó medio metro en el aire con el puño de Arguish aún apretándole. Al caer vomitó en el acto y después perdió el conocimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Caballeros, atended aquí por favor- les dijo llamando su atención. Arguish mostró el interior de su chaqueta; en uno de los bolsillos estaba la pitillera con los caramelos, pero en la otra todavía surgía un tímido brillo amarillo- Esto de aquí es materia, en concreto, materia golpe mortal. Con vuestro amigo me he contenido, pero si buscáis más leña… La tendréis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquellos chicos no atendían a razones. Al hecho de haber pegado a uno de sus amigos, ahora se le unía el que el más grande de todos había dado un paso hacia delante, así que el resto se vio con suficientes ganas y energías como para dar una paliza a Arguish. El primero de ellos, el de la nariz perforada, intentó tirarle al suelo agarrándole por la cintura, pero el puño del enmascarado bajó hasta su coronilla y le dejó fuera de batalla nada más empezar. El cuerpo sin conocimiento le sirvió para empujarlo contra el resto de luchadores, que se vieron indefensos al intentar agarrar a su amigo. Ese fue tiempo suficiente para que Argish saltase sobre el que había vomitado y acabase propinando una patada en los riñones al que iba con una camiseta de tirantes negra. La materia brilló bajo la chaqueta y el chico salió despedido hasta chocar contra una farola cuatro metros más lejos. Las cosas estaban mal para ellos, así que el gorila del grupo decidió pasar a mayores sacando una navaja mariposa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Muchacho… Eso no te va a servir de nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en efecto así ocurrió. Aquél contrincante era igual de alto que él e incluso más ancho, pero carecía de la agilidad necesaria. Primero intentó sacarle las tripas con un tajo horizontal, pero Arguish se echó hacia atrás. Después dibujó una diagonal hacia arriba con la cuchilla, pero de nuevo consiguió esquivarla y el metal del puño americano rompió cúbito y radio desgarrando músculo de por medio. El enmascarado ignoró sus gritos de dolor y le asestó otro puñetazo en la cara, arrancando la mandíbula y deformando parte del cráneo.&lt;br /&gt;Ahora ya solo quedaba el más miedoso de los cuatro, el que no sabía si quedarse ahí e intentar ayudar a sus amigos o salir corriendo y abandonarles a su suerte. Arguish se agachó y tomó prestada la navaja, que se había caído al romperle el brazo al grande. Temblando de arriba abajo, se encontró con un Arguish distinto al del bar, con una sombra más alargada, más siniestro, respirando agitadamente y con una sonrisa que incluso se veía a través del látex. Sintió cómo su cuello se oprimía y sus pies se levantaban del suelo, sentía que le faltaba el aire y que por primera y última vez era más alto que aquél asesino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -A mi amigo imaginario le van mucho estas cosas, pero yo no soy muy partidario… ¿Sabes lo que me está gritando desde el otro lado de la calle? Que te raje de arriba abajo, que te deje morir sujetándote las tripas o demás aberraciones que son realmente asquerosas. Yo odio esas cosas, de verdad, pero es que si no le hago caso de vez en cuando… Pues se vuelve un pesado. Así que ya lo siento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Clavó la navaja justo bajo el esternón y bajó como si fuese una cremallera. Entonces dejó de asfixiarle y lo lanzó al suelo, viendo cómo los intestinos se manchaban con la suciedad de la acera, cómo intentaba metérselos de nuevo y tapar con unos dedos cada vez más débiles el enorme tajazo. Pasados unos minutos la calle volvía a estar en silencio, pero con más de diez litros de sangre desparramados en el cemento.&lt;br /&gt;Arguish sacó un minúsculo PHS del pantalón y marcó un número de trece cifras. Esperó paseando por la calle, teniendo cuidado de que la sangre no manchase sus caros zapatos, hasta que una voz modulada le contestó al otro lado de la línea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¿Qué ocurre?&lt;br /&gt; -Necesito limpiar una calle cerca de Mercado Muro. Dos muertos, tal vez tres no sé… Tiene una brecha muy fea en la coronilla.&lt;br /&gt; -Eso te costará…&lt;br /&gt; -ya lo sé joder, pero qué remedio…&lt;br /&gt; -Está bien, ten una buena noche, del resto nos ocupamos nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arguish resopló y colgó, echó un último vistazo a la escena y cruzó la carretera para acercarse hasta la señal de stop. Hizo como que desataba una cadena invisible de la barra metálica y comenzó a andar de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Ya has tenido tu puto espectáculo, así que calladito. ¡Qué puto asco me das…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noche cerrada cerca de Mercado Muro, más bien ya altas horas de la madrugada. Un hombre vestido con americana negra y camisa blanca, acompañada de una corbata que recuerda a un caramelo de fresa y nata, una máscara de látex con forma de calavera y un palillo de plástico entre sus dientes camina hacia su casa. Parece cansado, tal vez ha tenido una noche ajetreada. Sólo tiene ganas de llegar a la cama y caer rendido en el colchón. Antes de llegar a su casa ya está sacando las llaves y juega dando vueltas a una arandela que tiene por llavero. Cuando llega a su portal, ve a un hombre de piel tostada hecho un ovillo, durmiendo. Se agacha y le zarandea hasta que despierta. Tras unos segundos de incertidumbre, el joven se levanta y le ofrece la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¿Fuiste tú quien me dio esta dirección?&lt;br /&gt; -Y tú eres…- el hombre enmascarado parece desconcertado.&lt;br /&gt; -Maximiliam… Max White. Es que verás, aquella noche estaba borracho y no me acuerdo de nada, pero… Creo que fuiste tú quien me dijo que sabía cosas de Callisto.&lt;br /&gt; -¡Ahh! Sí, ya sé quien eres. Pasa, pasa, como si estuvieses en tu casa.</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/04/211.html</link><author>noreply@blogger.com ( )</author><thr:total>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-8213212606906879545</guid><pubDate>Sat, 17 Apr 2010 00:31:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-03-02T21:59:14.240+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor: SKEITH</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>210</title><description>&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;- &lt;strong&gt;Mirad, parece que va a haber bronca… &lt;/strong&gt;- dijo uno de los tipos trajeados, mientras posaba la botella y observaba el fondo del local. Los otros dos parroquianos a su lado se volvieron un poco y centraron su mirada en el espacio reducido entre dos de las mesas de billar.&lt;br /&gt;Estaba con sus compañeros de facultad, como cada jueves… sólo que no era jueves en absoluto. Desde su despido, con demasiado tiempo libre en su haber, y con ganas de evitar en lo posible a su esposa, el científico (ex científico, como se recordaba a menudo) quedaba más con los amigos. Elliot no tenía intención de contarle a Marie nada sobre su ignominiosa marcha de la compañía. Se le había pasado por la cabeza disimular y seguir con la misma rutina de siempre, para ahorrarse preguntas incómodas, pero al final lo había descartado. No podía dejar pasar la ocasión de dormir más, sobre todo teniendo en cuenta que le costaba cada vez más conciliar el sueño. Así que había dejado de madrugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al preguntarle Marie sobre ese cambio de horario, Elliot se dio la vuelta, para que no le viera la cara.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;- Ah… es que con todo el lío del cañón, y el estado de excepción… pues se ve que nos han reducido la jornada, y entramos más tarde.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Sorprendida, pero confiada, Marie se había alegrado por él. Como todas las mañanas, ella tendría que acudir a su cita con la redacción, pero aquel día no le importó llegar algo más tarde. Marie le abrazó, dejando caer el ondulado río negro de su cabello sobre su hombro y enlazando las manos por delante de él. Elliot las cogió entre las suyas y las besó, secretamente consolado en aquel abrazo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- Bueno, estos días parecía que estabas como más inquieto. Puede que tener menos horas de trabajo te siente bien. Ojalá yo también pudiera ir más tarde &lt;/strong&gt;- susurraba mientras le rodeaba con los brazos, besándole -. &lt;strong&gt;Y más lástima aún que no me den vacaciones. Tengo días libres, pero estamos hasta arriba. A este paso, no sé cuándo podremos hacer ese viaje, con la ilusión que te hacía &lt;/strong&gt;- había contado haciendo un mohín. Le besó de nuevo y, con reticencia, se apartó de él para ir a trabajar, no sin despedirse.&lt;br /&gt;Cierto, habían planeado hacía ya tiempo un viaje, como una segunda luna de miel. El destino era un hotelito en Costa del Sol, o quizá una escapada al Gold Saucer. Algo típico, pero siempre agradecido. Elliot sólo había ido al Gold Saucer un par de veces, de pequeño y tenía ganas de volver. Le encantaba pasearse por Wonder Square, y también era aficionado a los sustos del hotel que había en el interior del parque. A despecho de sus aventuras, Elliot deseaba con toda el alma hacer ese viaje con ella. Casi se sintió agradecido con su ahora silencioso chantajista; desde que había llegado su primer mensaje, había dejado de tener esas “excursiones”, y estaba más en casa, cosa que la encantaba. En eso pensaba, mientras sus pupilas reflejaban continuamente la desaparición de las burbujas en la cerveza, cuando la voz de Sigurd le sacó de su ensimismamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;- ¿Tío, estás bien?&lt;br /&gt;- Has estado completamente ido desde que nos sirvieron. Diría que tu nivel de patetismo ha subido un 50% y sería quedarme corto &lt;/strong&gt;- soltó Edmond con una risita.&lt;br /&gt;Elliot se apartó un mechón castaño de la cara y se puso de espaldas a la barra. Dos de sus amigos le observaban preocupados, y otro, preocupado y conteniendo mal la risa por su comentario. Era una panda en la que había de todo dentro de un abanico de edades limitado. Sigurd Lander era su viejo compañero de cuarto; de su misma edad, había empezado los mismos estudios que Elliot, pero aunque tenía buena cabeza para los números, lo del mako no se le daba bien, y en lugar de en un laboratorio, había terminado como uno de los administrativos de la compañía. No estaba casado, aunque tenía pareja estable. Posiblemente, de los tres, fuera el más cercano a Elliot, y el que mejor comprendía lo que le pasaba por la cabeza.&lt;br /&gt;Luego estaba el más joven de los tres: Edmond Clerk, un sujeto relativamente alto y esbelto, con una increíble habilidad tanto manual como verbal. Muchas veces se habían librado de broncas, tanto en el instituto como más adelante, gracias a su verborrea (aunque ésta también les metía en líos a menudo). Cuando su palabrería no bastaba, era más que capaz de vérselas con cualquiera, pero le gustaba más ganar batallas con el ingenio. Jugador, bebedor y aventurero, decía que trabajaba en una cadena de montaje, pero no como obrero, sino como supervisor, algo que no creía casi nadie cuando lo contaba.&lt;br /&gt;Finalmente, siempre envuelto en humo, Ranier C. Hind, el mayor, un tipo algo bajo, ancho de hombros, atildado y serio. Hablaba poco, salvo con sus amigos. Tenía por costumbre expresarse de forma completamente pasada de moda o definitivamente arcaica, una de sus no pocas rarezas. Había estudiado historia y lengua, algo que no dejaba de ejercitar, y muchas veces Edmond hacía traducciones no siempre correctas (¡y lo que se reía cuando le creían!) cuando alguien decía no entenderlo. No hacía mucho que había abierto su propia librería, tras años de currar en una de ellas. Pese a su rara parlamenta y gusto por el tabaco caro, era buen tipo, y había tenido concurso en muchas de las correrías de los otros tres. Cuando necesitaban algo y Edmond no podía conseguirlo, normalmente era Ranier, el de posición más acomodada, quien se encargaba de todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaban los tres trajeados, como era propio al salir de sus respectivos horarios, y destacaban bastante. Sigurd estaba tal cual iba en la oficina, mientras que Edmond tenía la chaqueta abierta, los dos primeros botones de la camisa desabrochados y la corbata le hacía un bulto en el bolsillo derecho de la primera. Ranier iba formal, pero sin corbata. Hacía rato se había quitado la gorra color marrón claro. Otra de sus peculiaridades era precisamente no llevar la cabeza descubierta salvo estando bajo techo. Elliot iba vestido de manera más informal; detestaba el traje, y si lo llevaba era a requerimiento de la empresa, de modo que ahora iba más a su gusto. Los cuatro compartían su bebida y vivencias cuando empezó a haber jaleo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;- Ah, conozco a ese tío moreno. Viene de cuando en cuando y a veces la lía justo en el mismo sitio.&lt;br /&gt;- ¿Hace nada que la han vuelto a abrir y ya tenemos buscalíos?&lt;/strong&gt; – inquirió Sigurd.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- Tal parece&lt;/strong&gt;- repuso Ranier secamente.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;- ¿Cómo es que no le han echado ya? Conociendo a los gemelos, a poco que alborote le prohíben la entrada a él y sus monos…&lt;br /&gt;- …Con las clavas de emergencia&lt;/strong&gt;… - puntuó Edmond.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- Poderoso caballero es don Dinero, que todas puertas abre y todas bocas cierra&lt;/strong&gt;- sentenció Ranier en una de sus citas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- Quizá les guste pagar tacos rotos, sí. Bueno, a ver si esta vez no… ¡Ouch! ¡Joder, eso tiene que hacer daño! -&lt;/strong&gt; comentó Edmond, no sin alborozo. Han acababa de aplicarle al tipo moreno un bolazo en plena nuca.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- ¿Hacer daño? ¡Le ha collejeado con una bola de billar! ¡Eso no hace daño, directamente te revienta la cabeza! &lt;/strong&gt;- exclamó Sigurd, llevándose inconscientemente la mano a la nuca.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;- Pues aún se alza buscando más, y el fulano que le zurra gusta de dárselo.&lt;br /&gt;-Elliot, te lo estás perdiendo…&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Elliot no estaba para nadie que no fuera la jarra de cerveza que había delante. Tenía la mirada perdida, como si buscara algo en una de las miles de burbujas doradas y, al desvanecerse esa, buscaba otra donde prender la vista. Mientras, Rolf zancadilleaba vilmente a uno de los pandilleros, para risa discreta de los tres compadres, que no perdían detalle. Al cabo, terminó la trifulca, saldada, a decir de Ranier, con buena mano de bastos servida para los pandilleros.&lt;br /&gt;Una mano se posó en su hombro y le zarandeó suavemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- Oye, para ser la primera vez en tiempo que quedas con nosotros entre semana… &lt;/strong&gt;- empezó Sig.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- Sin ser jueves… &lt;/strong&gt;- apostilló Edmond, atento a todo, bebiendo a morro de la botella.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- … Sin ser jueves, sí, gracias, Ed. Pues eso, que te veo poco animado. ¿Ha pasado algo con Marie?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-No, aún no. Pero no sé lo que dirá cuando sepa que me han despedido. No, no se lo he dicho, y como a alguno se le ocurra comentarle algo se acuerda de mí &lt;/strong&gt;- advirtió, cortando los posibles reproches -&lt;strong&gt;. Es complicado, ¿sabes? Buscar otro trabajo es lo de menos. Por poder, puedo meterme en cualquier sitio… pero es que todo, todo lo hecho hasta ahora, no ha servido de nada. Me revienta. Y me jode mucho más tener que decírselo a Marie. Pasé mucho tiempo sin prestarle atención por culpa de mi proyecto, metiendo horas y faltando de casa. Luego, años sin poder presentarlo, años de quejas que ha aguantado con paciencia de santa; y ahora me encuentro con que no tengo manera de hacerlo realidad y que se ha ido todo a la mierda. Trabajo, esfuerzo y tiempo, perdidos sin remedio para nada.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edmond y Ranier se volvieron hacia ellos. Los tres colegas quedaron en silencio, mientras la trifulca a sus espaldas terminaba con tres tipejos inconscientes o dolientes, y un cuarto que ponía tierra de por medio. Por su lado pasó el bando ganador, en dirección a la puerta, mientras Aiden se llevaba la mano al bolsillo. A no tardar, entre él y Garth sacaron a los tipejos noqueados al callejón, quedándose con las caras por si volvían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó una hora en la que los compañeros siguieron en la taberna, comentando la pelea y otras minucias. Varios intentos de animar a Elliot se sucedieron, pero realmente había poco que decir. Tras una partida en una de las mesas de billar, ahora vacías, en la que Edmond apostó con Sigurd una ronda del copazo más caro del local, y el trasiego de dicha ronda (que pagó Sigurd, como era de prever), salieron del bar. Ya era hora de cada mochuelo a su olivo, que al día siguiente todos menos Elliot madrugaban. Todos vivían en la placa, pero de vez en cuando cambiaban de aires y bajaban a un par de sitios bien escogidos de los suburbios, como era el caso. Iban andando en dirección a la estación del sector 3, conversando. Ranier llevaba de nuevo puesta la gorra de piel y acababa de encenderse otro de sus caros cigarros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;*** &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Susurro se levantó una vez más. Llevaba aún el brazo en cabestrillo, y el torso vendado. A pesar de los avances médicos del departamento, los daños recibidos habían sido considerables y tardaría en volver al servicio activo, a decir de los especialistas y del director. Varias costillas rotas, que tardarían poco en soldarse, pero con las que había que andarse con cuidado para no ir a peor. Y luego, el brazo roto. Según el médico, estaba roto y astillado en varios puntos; fue gracias a la materia Cura que el dolor no le dejó inconsciente antes de ser encontrado. El atropello por parte del monstruo le había pillado por sorpresa, y combinado el peso de la bestia con la mala caída, el resultado había sido bastante malo. Aunque estaba vivo. De su unidad, sólo quedaba vivo otro agente, Kal, mientras que tanto el resto como la unidad de Mallet al completo, estaban muertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, no todos. Recordó cómo alguien mencionó de pasada a uno al que habían encontrado casi exangüe. No había podido verlo, de modo que ignoraba de quién se trataba. Pudo escuchar que había sufrido heridas de importancia y tuvieron que hacerle una transfusión que casi resultó inútil, pues estaba más muerto que vivo. Milagrosamente, o quizá científicamente, tratándose del experimento andante que eran considerados los SOLDADO por algunas personas, había salido adelante. No había oído de ninguno más de sus subordinados o los de Mallet. Supuso que sus cadáveres ya habían sido recogidos de los túneles, y más tarde se lo confirmaron. Antes de caer inconsciente a causa del dolor, Susurro les había informado sobre la presencia del monstruo, de modo que fueron precavidos. Por lo visto, los encargados de recoger a los caídos habían ido con una fuerte escolta que trató de no internarse demasiado en los túneles. No encontraron más rastro del monstruo que grandes marcas de arañazos en las paredes metálicas y sangre, que bien podía ser de los SOLDADO y no de la criatura. Al final del recuento de bajas, faltó uno, al que encontraron días más tarde bajo la placa, convertido en una grotesca y sangrienta pegatina. El monstruo negro le había mandado volando fuera de una pasarela, y el suelo de los suburbios del sector 2 se había convertido en testigo de su caída y receptor de su maltrecho cuerpo. Cuando lo hallaron, faltaba la espada y la materia. Los carroñeros del suburbio, humanos y bichos, hacían su trabajo rápida y eficazmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El agente volvió a acercarse a la ventana, desde la que se apreciaba una buena panorámica de la urbe. Las luces de Midgar, que desafiaban a las estrellas a brillar sin parpadeo, iluminaban continuamente la ciudad. En alguna parte de ella se encontraba la Tower of Arrogance, con las luces acordes al evento que se celebraba en su interior. Un evento para el que Susurro tenía entradas… aunque carecía de ánimo para ir a disfrutar de la música y el ambiente. El plan habría sido ir con Mallet y otros compañeros de permiso… No tenía demasiados amigos (de hecho, prácticamente no tenía), así que se las había dado al primero de su promoción que encontró. El compañero le había mirado con extrañeza al principio, hasta que lo atractivo de la oferta venció su estupor y las entradas cambiaron de manos. El agente prometió brindar a su salud y se lo agradeció sin cuestionar el motivo del regalo.&lt;br /&gt;Eso había sido hacia las siete, y eran las ocho y veinte. Se encontraba en las dependencias de SOLDADO, prácticamente solo. Había ido, como todos los días, pero no podía hacer realmente nada en ellas y era igual que si no se hubiera levantado esa mañana. El director le había obligado a darse de baja hasta estar completamente restablecido. Ni entrenar, ni combatir, ni tan siquiera patrullar por el más tranquilo y pacífico de los barrios pijos, y por supuesto nada de salir de la placa. Era un SOLDADO inhabilitado para luchar por sus superiores, a pesar de tener aún un brazo sano y en perfecto estado. Lo único que Susurro hacía era pensar. En sus vueltas y revueltas al tema del director, le vino a la mente Lazard Deusericus, que no hacía tanto tiempo había dirigido el departamento de SOLDADO, llegando incluso a estar bastante más cerca de la línea de frente de lo que le era recomendable. Era, además de un administrativo, un buen estratega e intendente. Se le echaba de menos, tanto a él como a su manera de hacer las cosas. Desgraciadamente, había desaparecido, como varios 1ª clase, por el mismo tiempo en que a Sefirot se le dio por muerto. Seguramente, Lazard se habría encargado de darle ocupación, por mísera que fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El actual director de SOLDADO (un administrativo puesto por Heidegger, poco más que un contable que no tenía nada que ver con el anterior) le había amenazado con suspensión de empleo y sueldo, y hasta confiscación de su equipo y materia si se negaba a permanecer de baja, o si le pillaba yendo por su cuenta. Los agentes consideraban que aquel administrativo únicamente valía para asignar su número de identificación a las misiones que le llegaban y reducir el salario, pero era el que mandaba. Le podían las cifras, y más desde que muchos de los agentes se vieran afectados por una rara chifladura y se volvieran contra sus antiguos camaradas. “No tenemos tantos 2ª clase como para desperdiciarlos por ignorar los consejos de un médico”, le había dicho al salir del hospital, acompañando su advertencia de un gesto prepotente y la amenaza de suspensión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;- Qué sabrás tú de los SOLDADO, sean de segunda o decimoquinta clase… Sólo eres un cabronazo chupatintas en un cargo que le permite jugar con nosotros como si fuéramos soldaditos de plomo&lt;/strong&gt; - murmuró irritado por enésima vez, pensando que le hubiera gustado decírselo de frente y ver qué cara se le ponía. Desgraciadamente, había dejado pasar la ocasión. Ahora no quedaba otra que aguantarse y esperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Bueno, ¿ahora qué? ¿Tienes algún plan?&lt;/strong&gt; -dijo Sigurd.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;-¡Ya lo creo, Sig! El otro día conocí a una rubia que…&lt;br /&gt;-Me refería a Elliot, Ed.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Oh…&lt;/strong&gt; - dijo visiblemente decepcionado.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;-Antes o después tendrás que decírselo. No puedes ocultárselo toda la vida. Marie notará que no entra el mismo dinero en casa, se preguntará qué ocurre, y no puedes refugiarte siempre en los bares.&lt;br /&gt;-¿Crees que no sé todo eso? ¡Lo he pensado y dado vueltas hasta que me ha dolido la cabeza!&lt;br /&gt;-Dar la veraz noticia puede resultar complicado, pero es lo mejor. El mal trago, que pase rápido. Intentar fingir o engañar mucho tiempo puede dañar más que un segundo de verdad desnuda.&lt;br /&gt;-Ya lo sé, ya lo sé, pero… necesito tiempo. Se lo diré, pero antes tengo que pensar la mejor manera de hacerlo y escoger el mejor momento. No quiero empezar a contárselo y terminar sollozando de pura frustración, y que me vea convertido en una patética imitación de mí mismo.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-A veces me pareces más estirado que Ranie, aquí presente, Elliot&lt;/strong&gt; - empezó Edmond, apoyando a los demás -. &lt;strong&gt;Nunca hubiera pensado que le dieras tanta importancia a las apariencias, y menos en lo que respecta a tu esposa. Ni siquiera le has escondido tu inferioridad a la media. ¡Que esa mujer te ha visto desnudo, hombre! ¿Qué más da que te desnudes ahora por dentro delante de ella? Lo mismo hasta te ayuda, o hace que se sienta mejor con su elección de marido. Además, si nos cuentas esto a nosotros, que sólo te aguantamos porque nos invitas cuando estás de buen humor, bien puedes contárselo a alguien que te quiere de verdad.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;A pesar del eterno tono de chanza, Elliot sabía que Ed tenía razón, al igual que sus otros dos compañeros, que le observaban con afecto. Sigurd le palmeó el hombro, satisfecho de que su amigo empezara a dejarse llevar por los ánimos que le daban.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-¡Y cuando lo hayas arreglado y estés contento otra vez, nos volverás a invitar! &lt;/strong&gt;-&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;saltó Ed, sonriente.&lt;br /&gt;El científico se le quedó mirando. Tardó apenas un segundo en intentar rodearle el cuello con el brazo, llamándole interesado, gorrón, buitre y lindezas más malsonantes, apropiadas todas. No fue complicado, porque Edmond se había echado a reír al ver la cara que se le había quedado y casi no tenía fuerzas para resistirse al agarre.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Edmond tiene razón; es justo un pago por un servicio, Elliot. Si de verdad te dices amigo nuestro, nos devolverás la ayuda que te estamos prestando con obras y rondas. Y a no tardar esperamos otro incidente, para de nuevo socorrerte y ver crecer la deuda.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-¿Tú también?&lt;/strong&gt; - exclamó el aludido, completamente desprevenido ante la situación.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;-¡Ja, ja! ¡Agárrate, mundo, Ranie ha hecho su primera broma! No está mal para ser la primera, chaval.&lt;br /&gt;-Lo dije hace años: que cuando Ranier hiciera una broma y tú fueras serio, se acabaría el mundo. Ahí tienes, Meteorito sobre nuestras cabezas y la broma. Creo que mejor te ponemos un bozal, no sea que se nos caiga encima antes de que encuentren la manera de destruirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;A pesar de lo serio del tema, el alcohol se encargaba de convertirlo en algo trivial. Siguieron durante un rato las chanzas y anécdotas de última hora, hasta que cuando el tren llegó a la placa, los compañeros de universidad se separaron para volver a casa. Ranier decidió que Edmond no estaba en condiciones de conducir, así que le acercó con su coche tras despedirse de los demás. Sigurd acompañó a Elliot hasta que enfiló su calle con un andar algo inestable. El científico iba relativamente contento. Parte de ello tenía que ver con el alcohol, pero la otra estaba alegre al contar con un poco más de resolución. Había decidido hacerles caso. Mañana por la mañana se lo contaría. Marie merecía saber la verdad dicha por él y sólo él, y ya vería lo que le deparaba el futuro, si es que había futuro con un amenazante asteroide sobre sus cabezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, Susurro se vistió de uniforme, ese uniforme con el que decían que parecía haber nacido. Se puso el arnés, no sin complicaciones, y colgó en él la espada. También cogió su materia, y volvió de nuevo a la sede central como si fuera un día normal. Afortunadamente, el imbécil del director no había dicho nada en contra. Bastante le había costado convencer al tozudo agente de permanecer alejado de las misiones, hasta el punto de amenazar con la suspensión. Susurro estaba alegre, todo lo que se podía en su caso, de poder escapar de casa. Se sentía como un mueble más de su apartamento, y prefería cualquier cosa antes que quedarse apalancado ante la televisión hasta convertirse en una prolongación de los presentadores farsantes y los colaboradores chillones y cutres de la basura rosa. Antes le quitaría el trabajo de oficina a uno de los recepcionistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día comenzó como los otros tres desde su salida del hospital. Identificación a la entrada, saludos insustanciales a un par de conocidos, aburrimiento en el ascensor hasta la planta 53, y tramo de escaleras hasta las dependencias para evitar el embotamiento y pereza típicos de las mañanas. Luego, horas de aburrimiento en las que trataba de encontrar algo que hacer en los terminales de la sala de reuniones, o comprobando sus puntuaciones en la sala de entrenamiento. Lo poco que le animaba el día era las charlas del resto de agentes.&lt;br /&gt;Sin embargo, ocurrió algo que no esperaba. Estaba sentado en la sala de reuniones, moviendo inconscientemente la mano del brazo roto mientras con la otra tecleaba buscando noticias y comentarios sobre la juerga de la Tower of Arrogance del día anterior, cuando un SOLDADO de 3ª clase entró y le saludó, al tiempo que consultaba una libreta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;-¿SOLDADO de 2ª clase, Dwight Dastre… Diaestraf…? Oh, al diablo. ¿Susurro?&lt;br /&gt;-Sí, ¿qué quieres?&lt;/strong&gt; - contestó en voz baja, como siempre.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Te llama el Contable… digo, el director, a su despacho&lt;/strong&gt; - corrigió con voz trémula el 3ª clase. Susurro tenía una expresión completamente neutra, pero el chaval parecía intimidado.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;-Qué sorpresa. Si mal no recuerdo, estoy de baja gracias a él. ¿Te ha dicho para qué quiere verme?&lt;br /&gt;-No, pero parecía preocupado. Estaba nerviosísimo, no paraba quieto y sudaba como un cerdo&lt;/strong&gt; - la cara del 2ª clase se movió en una socarrona sonrisa al escuchar eso.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-No podría sudar como otra cosa aunque quisiera. De acuerdo, ahora voy. Y el apellido es Diastraefen.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;-Ya era hora, soldado Diastraefen.&lt;br /&gt;-Siento el retraso, señor&lt;/strong&gt; - murmuró Susurro.&lt;br /&gt;Tal como había dicho el emisario del director, éste estaba sudando, su cara ancha brillante enjugada a ratos con un pañuelo. Contable era el mote más suave que le daban los del departamento, y cuadraba bastante con él: un tipo algo bajo, rechoncho, con lentes y una incipiente calvicie, que se frotaba las manos como un tendero avaricioso. Apenas se cerró la puerta, alzó su voz de cotorra.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;-Bien, vayamos al grano. El bicho ha aparecido.&lt;br /&gt;-¿El bicho, señor?&lt;/strong&gt; - a pesar del tono de sorpresa, Susurro siguió manteniendo su cara de póker.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;-Sí, el monstruo de nombre, características fisonómicas y hábitos desconocidos. Usted ya lo conoce, Dwight, es el que acabó con casi toda su unidad hace menos de una semana en el interior de la placa.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Los músculos del brazo sano se contrajeron con fuerza, y ambas manos de Susurro se crisparon, pero su expresión no cambió un ápice. La causa de su reacción eran tanto que aquel cerdo se tomase confianzas con su nombre como la mera mención de aquel asqueroso engendro.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;-Una de nuestras patrullas que deambulaba por los suburbios lo ha encontrado. Se toparon con él cerca de la salida del sector 3, que estaba cerrada. Pensaban que era un Bégimo joven, pero coincide con la descripción que usted nos facilitó. Los muy idiotas no pensaron otra cosa que plantarle cara creyendo que estaba acorralado. Ahora mismo están en el hospital, y tenemos a nuestros efectivos y los PMs cerrando el tráfico a la zona y vigilando para que no salga. Cuando hayan acabado con eso, nuestros agentes dejarán a los de seguridad cuidando la retaguardia y rebuscarán entre la chatarra hasta enviarle al infierno.&lt;br /&gt;-No veo que tiene eso que ver conmigo, señor. Por si no lo recuerda, estoy de baja&lt;/strong&gt; - replicó, sin importarle demostrar su resentimiento.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-¡Ya sé que está de baja, maldita sea! ¡Yo mismo se lo ordené! Sin embargo, hay una tarea que quiero que desempeñe en esta misión.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;La ceja derecha de Susurro se alzó de manera casi cómica. Aquello no lo esperaba en absoluto.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Quiero que usted acompañe a un equipo de 3ª clase y que dirija la captura. Nada de temeridades; permanecerá fuera del perímetro dispuesto para la misión, sin separarse de su unidad. Su único cometido será dirigir a los demás grupos y coordinar sus acciones por radio. Usted ha combatido a esa cosa, espero que algo habrá aprendido que nos sea de utilidad&lt;/strong&gt; - concluyó secamente el director.&lt;br /&gt;Al SOLDADO no dejaba de resultarle divertido ver a aquel tipejo patético referirse a sí mismo como parte del departamento o aun a considerar a los demás agentes “los nuestros”; y que encima se hubiera referido a la unidad que le acompañó en el desastre bajo la placa como de su propiedad, como si le culpara a él de sus muertes. Casi sonrió. Casi.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Sí, señor, a la orden&lt;/strong&gt;- masculló de forma casi inaudible.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Así que por eso le llaman Susurro, ¿eh? Pues cuando hable conmigo más vale que le entienda, o le quitaré las ganas de poner motes a la gente. ¡Vamos, la compañía no le paga por asentir como un tonto! Un transporte le espera con su unidad. Espero que no la vaya a pifiar haciendo alguna locura. ¡No se le ocurra desobedecer y lanzarse a combatir, Diastraefen! No necesitamos a más locos en el departamento.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No habían tardado gran cosa en llegar a los suburbios del sector 3. Alrededor de aquel rincón de los suburbios se habían desplegado numerosos efectivos de seguridad, con pequeñas escuadras de SOLDADO como refuerzo para asegurarse de no dejar ni una brecha en la vigilancia. Contento de estar por fin cerca de la acción, tras algo más de una semana (que le parecía más de un mes) a Susurro le costaba no sentirse satisfecho. Ponía coto a su disfrute el hecho de que, si se le ocurría salir del vehículo donde se encontraba para ir a vérselas con el monstruo, los PMs serían testigos, y sin duda sus compañeros darían parte. No les caía bien el director, pero eh… era el jefe, y había que hacer puntos de alguna forma.&lt;br /&gt;Así pues, estaba confinado a la parte de atrás de un furgón oculto tras una vieja grúa, conformándose con unos auriculares, un micrófono y el terminal portátil que marcaba las posiciones del resto de agentes. Junto a él, un técnico destacado para acompañarles controlaba a los pequeños autómatas de Shinra. Los diminutos droides usaban detectores de infrarrojos para localizar a la criatura. Era una apuesta segura, dado su tamaño, y no tardaron en detectar su presencia y transmitirla al terminal del furgón.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-E-1, se dirige hacia vosotros. Aguantad la posición&lt;/strong&gt; - ordenó con voz serena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A eso se reducía la misión encomendada por el director. A dirigir a otros y perderse la diversión. Susurro no sabía si creer que aquello era una compensación por su malestar o una venganza especialmente refinada: poner la miel en los labios, como se decía. Pero no estaba enfadado.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;-E-4 y E-3, avanzad desde donde os encontráis y aprovechad para atacar por los flancos.&lt;br /&gt;-Es rápido, señor. Y no sólo eso, también es escurridizo. Cuando intentaron…&lt;br /&gt;-E-1, retroceded unos cien metros, recoged a los heridos de E-2 y replegaos, salid de ahí ya&lt;/strong&gt; - Susurro ignoró el comentario, y el técnico que controlaba los autómatas se interrumpió lo justo para ojear por encima del hombro de Susurro. Luego continuó con su charla.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;-El muy cabrón se entierra bajo la chatarra, como si fuera tierra, señor y así puede llegar a burlar los detectores térmicos. Me han dicho que, antes de que usted llegara, intentó salir de la zona cerrada. No lo vieron venir hasta que un montón de basura saltó por los aires y cayó sobre la tropa. Por suerte pudieron rechazarlo, pero aún así…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Aún así no era fácil. Era un hijo de puta grande, sí, y metía ruido al moverse. Sin embargo era negro, y bajo el manto de oscuridad que lanzaba la placa, un segundo de despiste le garantizaba un blanco seguro. Tener contacto visual no servía de mucho cuando podía desaparecer tras cada montón de hierro oxidado y desperdicios. Se quedaba completamente quieto para no ser escuchado hasta que se le acercaban. Y siempre atacaba por sorpresa, dando escasa oportunidad a los soldados para plantarle cara. Cuando empezaban a rehacerse del susto y reforzar su ofensiva, el bicho huía y esperaba mejor ocasión. Ahí era donde la guía desde el furgón marcaba la diferencia. El monstruo debió sorprenderse cuando llovieron espadas de izquierda y derecha mientras avanzaba hacia los agentes de E-1, y el punto rojo que le representaba se fue por donde había venido rápidamente, seguido de cerca por dos luces amarillas que indicaban las escuadras.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;-E-5, fuego de cobertura con materia de largo alcance. Haced bailar a ese cabrón hasta que se le derritan las patas.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Los puntos titilaban en la pantalla y se movían siguiendo una compleja danza de la que Susurro no perdía detalle. Ya le había cogido el punto a su adversario. Atacaba por sorpresa a grupos o agentes aislados. Si acababa con ellos, se ocultaba y aguardaba a que otros pasaran en ayuda de los que acababan de caer. Ya había perdido a la mitad de E-2 de esa manera, cuando fueron a socorrer a los compañeros. Si resistían, escapaba y buscaba un lugar desde el que acecharles. El 2ª clase no tardó en darse cuenta del sitio donde podía estar en aquel momento, por suerte para los que estaban a su cargo, y se dio cuenta también de que la mejor manera de acabar con él era usar una presa que no hubiera visto hasta el momento.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-E-1, retiraos hasta alcanzar el cordón de seguridad. E-3, avanza unos cincuenta metros y espera mi orden.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El técnico miró la pantalla. Sobresaltado, salió de la furgoneta y, pidió silenciosamente unos prismáticos de infrarrojos a uno de los 3ª clase de la escolta. Con ellos, distinguió las rojizas siluetas de la unidad E-3, a lo lejos. Un sudor frío le recorrió la espalda cuando un espantoso chirrido rompió el silencio, primero a la izquierda de la unidad en espera, luego de la derecha… ¿o se trataba de un eco? Al agudo sonido siguieron otros, rítmicos, como los latidos de un corazón acelerado, si es que un corazón acelerado podía latir a esa velocidad. Tuvo el tiempo justo de volver al interior del furgón para observar a Susurro y escuchar su orden. Habría jurado que sonreía, enseñando los dientes como haría un lobo de Nivel que ha visto una liebre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;-¡E-3, lo tenéis enfrente mismo! ¡Está cargando hacia vosotros! ¡Fuego de supresión, ya!&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El fulgor de numerosas bolas de fuego cortó el aire oscurecido de la placa y fueron a impactar entre la chatarra, con gran estruendo. De nuevo, algo chilló, y al hacerlo, heló la sangre en las venas del técnico. El acelerado pulso se escuchó más cerca. Al poco, acompañando otra instrucción de Susurro para E-4, el ruido de truenos y el brillo de las materias Electro sacudió otra vez los montones de basura. El técnico se acercó al 2ª clase, casi apartándolo de un empellón. El gran punto rojo iba derecho hacia ellos, escapando de las luces amarillentas que lo hostigaban.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family:trebuchet ms;&quot;&gt;&lt;strong&gt;-¡¿Pero está loco?! ¡Lo está trayendo directamente aquí!&lt;br /&gt;-¿De veras? Qué torpe soy… no se me dan bien estos trastos. Pero tranquilo…&lt;/strong&gt; - dijo entre dientes.&lt;br /&gt;Haciendo a un lado al técnico, Susurro se levantó, posó los auriculares y movió un poco el hombro derecho. En la espada, las mismas materias que había llevado durante la última misión brillaban amenazadoras, como anticipando lo que se avecinaba. Lentamente, el SOLDADO se encaminó a la puerta del furgón, mientras la mano derecha se cerraba fuertemente en torno a la empuñadura del arma y la desenganchaba del arnés. Antes de salir, dirigió otra mirada lobuna al técnico. Los ojos característicos de los que habían sido tratados con mako igualaron el brillo de la materia. Nuevamente una sonrisa se adueñó de su habitual rostro serio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Ahora mismo lo arreglo…&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/04/210.html</link><author>noreply@blogger.com (Eld)</author><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-4626381549997088923</guid><pubDate>Sat, 10 Apr 2010 22:53:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-10-19T04:39:57.374+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:UKIO</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>209</title><description>Al fondo de un garito mal iluminado, en una suerte de bar sórdido y barato, hay una puerta medio oculta junto a la del almacén. Si llamas, se abrirá una mirilla, tras la que un hombre de piel parduzca te dedicará una mirada torva. Se llama Roman, se está quedando calvo y siempre lleva un feísimo sombrero de ala corta, excepto cuando trabaja, ya que su jefe se lo ha prohibido terminantemente. Esto le frustra. Además, Roman es un hombre con muy poca imaginación. Le gusta su trabajo, porque aunque su jefe sea un gilipollas, puede follar gratis una o dos veces a la semana. “Roman el castigador”, lo llaman las fulanas de su jefe. Él cree que porque siempre las deja reventadas. Puede follar, puede pegarle a la gente y hacer que le tengan miedo, y le pagan. Realmente es todo lo que alguien como él podría pedir, tantas horas aburrido junto a esa puerta con la única compañía de una peli porno y una escopeta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si Roman no te para, llegarás a un local con una barra, unas cuantas mesas donde se juega a diversos juegos de azar y una gran sala privada detrás. Ahora mismo la sala está en silencio, con la luz apagada, pero todo el mundo sabe lo que sucede dentro: Rolando “3d” Hernansaez vigila como un halcón. Se dice que pasa las horas a oscuras, comiendo comida a domicilio y bebiendo una extraña mezcla de café, ron y una bebida energética. Alerta, contempla sin parar la pantalla de un ordenador portátil con el que, a través de las cámaras que hay en los techos del local, los gestos de los jugadores, las manías, los estilos… Llega a conocerlos mejor que ellos a sí mismos, y es capaz de vislumbrar una partida quinientas veces, si cree que se le ha escapado algún detalle. Pocos juegan con él. Pocos son invitados, y menos aún son los que aceptan. Rolando lo entiende, es lógico que la gente desconfíe de alguien que ha llenado un local de póker con cámaras de vigilancia. Sin embargo, se tiene por un jugador honrado y realmente nunca hace trampas mientras juega. Simplemente estudia, y va más allá de los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un tipejo recorría las mesas, persiguiendo a la camarera con gesto desesperado. Llevaba el pelo desarreglado y sucio, y una sudadera gris cubierta de lamparones. Era evidente que no se la había quitado en días. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Venga! ¿Por qué tienes que ser tan zorra?&lt;br /&gt;- Porque eres un payaso, un idiota y un pringao. Tienes menos futuro aquí que como conejillo de indias para inyecciones letales, y debes dos mil giles. &lt;br /&gt;- ¡No seas zorra! ¡Solo necesito una buena mano! ¡Confía en mí, tengo una corazonada!&lt;br /&gt;- ¡Una cabezonada es lo que tienes! No gastes más saliva porque no te volveré a responder. Para responder a la chusma como tú tenemos a Roman. – Al fondo se oyó el grito de placer de la actriz porno de turno experimentando su orgasmo. Quizás un poco teatral de más, pero muy oportuno: El insistente deudor entendió que por ese camino sería él quien acabase gritando como una furcia.&lt;br /&gt;- ¡Está bien, traeré el dinero, ya lo verás! – Dijo mientras abandonaba la sala a zancadas, ante la mirada indiferente del portero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de media hora, un estallido hizo estremecerse a los jugadores. Le siguieron un par de ellos, pero segundos después, el silencio que sobrevino persistía inalterable. Solo Roman, con la polla a medio guardar, miraba paranoico por su mirilla, escopeta en mano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué cojones? – Preguntaba un cuarentón barrigudo con un engominado tupé.&lt;br /&gt;- Idiota. – Dijo la camarera, sin levantar la vista. &lt;br /&gt;- ¿Qué pasó, hija mía? – Preguntó otro de los jugadores, calvo, con gafas y una impecable camisa negra que indicaba que había un alzacuellos escondido en uno de los bolsillos. &lt;br /&gt;- El payaso de antes, que debía dinero a la casa. Se fue jurando traer el dinero, y supongo que habrá intentado atracar al viejo armero de la esquina. &lt;br /&gt;- Espero que no sea juzgado muy duramente…&lt;br /&gt;- ¡Bueno, que! – Gritó un ejecutivo treintañero con los aires de suficiencia de quien se cree superior a esto pero cuyo temperamento ha logrado que se le prohibiese la entrada en varios casinos. - ¿Jugamos o no?&lt;br /&gt;- ¡Calla! ¡Concentra en juego! ¡Quinta carta! ¡Quinta carta! – Gritaba un hombre de cuerpo fibroso, pero con una barriga delatora de la vida cómoda. Sus rasgos orientales dejaban claro su origen, y explicaban además sus extraños modales y su poco dominio del idioma.&lt;br /&gt;- Te diré una cosa… - Dijo el último jugador, mientras ponía la cuarta carta de la mesa boca arriba. – Mi padre solo me atizó una vez. Yo tenía once años, y él estaba viendo el campeonato internacional de póker en la tele. Wilson Tungsiao contra Petrevko, en la final. Mi padre veía ese video miles de veces, viendo como se retaban el uno al otro con pequeños gestos, intentando cada uno descubrir la jugada del otro. Mi padre era jugador profesional, además de camionero, y de vez en cuando se sacaba algún fajo adicional con el que nos compraba regalos, y cosas para la casa. Otras veces comíamos arroz y pasta durante meses. – Intrigados por su historia, el joven jugador los miraba tras sus gafas de espejo. Tenía el pelo negro y liso recogido en una coleta, y mientras hablaba hacía pausas para encender un cigarrillo con un mechero de gasolina prácticamente nuevo. &lt;br /&gt;- ¿Y qué pasó, jovencito?&lt;br /&gt;- Bueno, yo ya tenía el gusanillo metido, y me gustaba sentarme con él a ver los vídeos. Le sacaba todo lo que podía a mis colegas y practicaba todos los trucos que me enseñaba mi viejo.&lt;br /&gt;- ¿Tu viejo te dejaba jugar? ¡Vaya padre! – Exclamó el ejecutivo, distraído.&lt;br /&gt;- ¡Calla! ¡Calla! – Gritó el oriental. - ¡No palabras, quinta carta!&lt;br /&gt;- Jodido Tung… Siempre repitiendo la mierda de siempre: ¡Quinta carta! ¡Quinta carta! – Imitó el joven, al que le había tocado repartir en esa mano. – Mi viejo me dejaba, era legal, pero nada de jugarme las pelas hasta los dieciséis. &lt;br /&gt;- Seguías siendo un crío… - Dijo el rockabilly. - ¿Y qué le dijiste para que te diese?&lt;br /&gt;- Lo miré a los ojos y dije “Papá… ¿tú por qué no sales en la tele con este juego?”. De la bofetada que me dio me tiró del sofá.&lt;br /&gt;- Le tocaste el ego al viejo… - Empezó el ejecutivo, pero se detuvo al ver una sonrisa torcida en su compañero de juego. Éste dio una calada a su cigarrillo y se lo pasó a la mano antes de seguir.&lt;br /&gt;- No fue ego. Me pegó por decir que el póker era un juego. “Puede que así lo llamen muchos idiotas”, me dijo, “pero si es un juego se va a perder el dinero, la dignidad e incluso mucho más. Para esos dos de la tele no es un juego, para mí no es un juego, y si vas a coger un solo naipe en tu vida, más te vale saber que vas a hacer con él.”&lt;br /&gt;- Vaaaaaya… - Dijo el gordo. Nadie le respondió y las tandas de apuestas se hicieron en silencio, hasta llegar al turno del fumador. &lt;br /&gt;- Mierda… - Dijo mirando sus cartas. - ¿Alguien acepta esto? Es un bajo: un Rockenbach de cinco cuerdas, recogido después de ser destrozado en un concierto por Ian Willis y reparado. Se podría vender en una tienda de música por mil doscientos.&lt;br /&gt;- ¡Iye! ¡Iye! ¡No! ¡Dinero! ¡Diineeeerooooo! – Gritó el oriental.&lt;br /&gt;- Pues yo lo veo… - Dijo el Rockabilly.&lt;br /&gt;- Si… Seguro que a las tías les encanta. – Dijo el empresario. &lt;br /&gt;- ¿Hecho entonces? – Preguntó el joven, apagando su cigarrillo. – Bien: Tung tiene dobles parejas. Quiso un full, pero no lo pudo ligar con este último dos. Míster tupé ha logrado su color, pero con esa dama de tréboles y esos dos doses, el trajeado si tiene full. &lt;br /&gt;- ¿Y tú que tienes, hijo? – Preguntó el sacerdote, aliviado por no haber confiado en su mano. &lt;br /&gt;- Los otros dos doses. – Dijo el chaval levantándose, guardando las gafas de sol antes de recoger sus fichas y el estuche de su instrumento. – Un placer, señores, pero hoy tengo un bolo, y mi micro nuevo no puede esperar ni un segundo. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daphne se bajó corriendo del deportivo blanco de Han y se lanzó corriendo hacia el interior del taller. Remache tuvo que apartarse de un salto, ante una fiera bajita e impetuosa que recorría su local con mirada ansiosa y eufórica. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuál es?  - Preguntaba una y otra vez, antes de darse cuenta de que Han no le podía responder: Aún estaba cerrando su coche. En ese momento se fijó en Remache y se giró hacia él. - ¡Mira! – Exclamó mostrando un nuevo e impoluto carné de conducir. Provisional, pero válido. Remache asintió, rascándose con gesto vago.&lt;br /&gt;- Felicidades, chico…- Daphne hizo un mohín. &lt;br /&gt;- ¡Viejo amargado! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remache no dejaba escapar ninguna oportunidad de meterse con la transexual. A Han le hacía gracia, porque él sabía que la causa había sido la sorpresa de descubrir que esa chica tan guapa no era tan chica. A él le había tocado su parte de vacile con forma de insinuaciones acerca de su amistad. En ese momento estaba cruzando las puertas, pero su amiga ya se le había adelantado, corriendo hacia la parte trasera, donde los coches estaban cubiertos con una lona. Ella se había lanzado a retirársela a uno bajo, a todas luces un cupé deportivo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Si tocas ese lo vuelves a limpiar tú! ¿Me has oído, chaval? – Gritó Remache desde la oficina. – Han lo confirmó negando con la cabeza: Ese no era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la lona correcta estuvo tirada en el suelo, Han sonreía de nuevo con satisfacción, a diferencia de Daphne, que con una cara bastante larga se planteaba la posibilidad de darle un par de golpes. Aunque sabía que su amigo no habría hecho esto sin motivo, estaba visiblemente decepcionada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué es esto? &lt;br /&gt;- Es tu coche-pum. &lt;br /&gt;- ¿Coche-pum? ¿Estás de broma?&lt;br /&gt;- En absoluto. Créeme, me lo agradecerás. – Dijo mientras le pasaba el brazo por los hombros, gesto que a ella le produjo la incómoda sensación de ser objeto de una broma. Sintió el impulso de buscar a Rolf, partiéndose de risa, oculto en algún rincón del taller. – Es un RS5: En el ochenta, Shin-Ra buscó un coche práctico para el rally de Corel, así que cogieron el R5, un coche para chavales jóvenes y le hicieron unos apaños. Hicieron un motor de mil cuatrocientos centímetros cúbicos, con turbocompresor, y lo situaron atrás para no tener el subviraje típico de los coches de tracción delantera. Le he puesto un liberador de presión, rebajado la culata dos milímetros para mejorar la compresión del motor y cambié las válvulas por otras más grandes. Entre eso y que va por carburación y no por inyección, bebe como una docena de juerguistas, pero es cojonudo: Le he logrado sacar unos ciento setenta caballos, aunque las versiones de rally llegan hasta los cuatrocientos.&lt;br /&gt;- Ya… ¿Del ochenta, dijiste? ¿Año ochenta? ¿Y donde ha estado todos estos años? ¿En un desguace?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a los halagos de Han, siendo honestos, al coche simplemente se le habían hecho apaños para que funcionase, y a Daphne, ciento setenta caballos no le sonaba a cifra excesiva, al compararla con los deportivos que tenían algunos de sus compañeros de profesión con más éxito. El coche no había recibido más arreglos que los mecánicos y algunos de seguridad, reducidos a dos asientos deportivos con buenos cinturones de arnés de cinco puntos. &lt;br /&gt;Sin embargo, la estética no había sido tenida en consideración, y su color azul estaba quemado por el sol, los embellecedores metálicos estaban todos oxidados, con la excepción de los que simplemente no estaban. Un faro estaba roto y el interior tenía un aspecto lamentable. Daphne se subió con reparos, mientras Han ocupaba el asiento del copiloto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué es eso? – Preguntó ella, al fijarse en la radio. - ¿Un lector de cd?&lt;br /&gt;- Con mp3. – Dijo el piloto, mientras pulsaba el play. Un rugido de death metal a volumen atronador inundó el habitáculo. &lt;br /&gt;- ¿Qué mierda?&lt;br /&gt;- Te mantendrá cabreada, y te mantendrá concentrada. – Dijo Han, con una sonrisa confiada. – Aquí tienes las llaves, sabes lo que hay que hacer, ¿no?&lt;br /&gt;- Sé conducir… - Dijo ella con paciencia.&lt;br /&gt;- Mentira: Sabes mover un coche y sabes circular. Conducir es lo que vas a aprender ahora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los corrillos seguían, no tan discretos como creían serlo, en la oficina de la pequeña asegura. Pequeñas voces, susurrando teorías en torno a una vetusta máquina de café, intrigadas, despiertas y conspirativas. Intercambiaban opiniones y teorías, sin dejar de mirar de reojo al extraño trabajador silencioso. Este hombre, paradigma del oficinista gris y tranquilo, de la noche a la mañana había dado un cambio brutal. Empezó de golpe a exigir tiempo para sí mismo, como si fuese un nuevo y joven macho alfa, desafiando a todas las instituciones del pequeño universo laboral. Los cambios desde entonces habían sido sutiles, pero ciertos: Un hombre gris, sin carisma, sin amigos, y que nunca abría la boca en cenas de trabajo o quedadas para tomar copas después del curro, se había convertido en el primero en levantarse en cuanto el reloj alcanzaba la hora de salida, dejando su escritorio mas lleno de trabajo resuelto que ningún otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ensimismados en su telaraña de pequeñas intrigas y curiosidades, siguieron un buen rato, hasta que uno de ellos notó a un profano y dio la alarma con dos rápidas palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Hostia! ¡Radbruch!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tan espontáneamente como se organizó, la pequeña multitud corrió a guarecerse en sus respectivos escritorios, ante papeleo y teléfonos, allí donde el depredador no pudiese alcanzarlos con su ira. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Radbruch, reforzada su autoridad oficial, se tomó un par de segundos para elegir pausadamente el café y dar un pausado sorbo a su expreso. A su mente en blanco en este pequeño intervalo le sucedió al instante el asalto del tema del día, solo que Radbruch, solo en la cima no tenía con quien someterlo a debate. Tampoco lo necesitaba, ya que él no tenía problema alguno en acercarse y salir de dudas.&lt;br /&gt;Un nuevo sorbo para envalentonarse y se acercó a su extraño subordinado. Había dado cambios en su actitud últimamente, muchos de ellos en los que había llegado incluso a sentir que cuestionaba o incluso confrontaba su autoridad. Sin embargo no: El trabajo seguía siendo impecable, por parte del extraño cabrón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días…&lt;br /&gt;- Buenos días, señor Radbruch. – Le interrumpió. Sin dejar de teclear, él se giró unos instantes, mirando a su superior como quien mira a un leve impedimento, al que va a arrollar como este ose a crecer lo suficiente para convertirse en molestia. Esos ojos… Esos ojillos grisáceos pequeñitos lo miraban con la intensa llama de un depredador rabioso y violento. Sus dedos seguían con el tranquilo martilleo a las teclas, pero había algo que simplemente no… &lt;br /&gt;- Buenos días. Siga con el buen trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Radbruch se sintió afortunado al ver que no le respondían. Odiaba reconocer ante sí mismo que no se había atrevido a preguntar, pero ahí estaba… ¿Qué mierda significaría ese corte de pelo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te vas? – Sonó la voz. Suplicante y desvalida, como su cuerpo desnudo entre las sábanas.&lt;br /&gt;- Si. – Dijo con voz tranquila. Al fin y al cabo, no era la primera vez que pasaba por este tipo de situaciones. – No sabía que estuvieses despiert…&lt;br /&gt;- No pude dormir en toda la noche. – Interrumpió con la voz neutra de quien la usa como disfraz de una compostura frágil. – Y probablemente hoy tampoco pueda. Esto… Esto ha sido hermoso…&lt;br /&gt;- Vicioso, diría yo.&lt;br /&gt;- Si, también, pero… Ha sido natural. ¿Entiendes? – Se había parado y se había vuelto a hablarle. ¡Había una posibilidad! - ¡Después de tantas dudas! ¡Después del autodesprecio y de la ira reflejada!... &lt;br /&gt;- Si… Sienta bien… Y se me da bien. ¿O no?&lt;br /&gt;- Demasiado bien… Podría rendirme a ti cada noche… Cada hora… - Esta vez su súplica cobró un leve matiz insinuante, lascivo. Se ve que hay gente que aprende rápido.&lt;br /&gt;- ¿Acaparas para ti lo bueno? ¡Que mala persona! – Rió desde la puerta con desdén. &lt;br /&gt;- Hablo en serio, con la sinceridad con la que no he hablado nunca a nadie: Ni a mis padres, ni a mis mejores amigos ni a nadie. Mi vida ha cambiado esta noche, y quiero que este cambio perdure… ¡Mira el meteorito! ¡No se cuanto tiempo nos queda, pero…!&lt;br /&gt;- ¡Coge ese tiempo y disfrútalo! ¡Aún eres un crio, joder!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rolf salió del piso de estudiantes con paso tranquilo pero inmisericorde, sin volver la vista atrás. Si algo odiaba de los jovencitos recién salidos del armario era la maldita llantina de Julieta. Conocía el ritual de memoria: Llegaban con paso inseguro a un local de ambiente al que pocos se atrevían a entrar. Algunos más y otros menos tímidos, y sin embargo todo era más o menos igual: Primero no se atrevían a soltarse, pero mostrabas algo de naturalidad y se dejaban llevar. Había que tirar siempre un poco de ellos, con esa mierda de timideces y pasividades, pero al final valía la pena. Dos días después bailaban como putas locas, sin camiseta, refocilando como expertos ante viejos salidos que les pagaban las copas que necesitaban para desinhibirse aún más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su PHS, aún en silencio, no había parado de iluminarse y vibrar. Ya eran altas horas de la tarde, por mucho que esta mierda de pantomimas fuese antes del amanecer en las películas. ¿Quién cojones es capaz de levantarse al amanecer después de todo este pifostio? Nah… Rolf prefería que le dejasen dormir en paz. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cogió el maldito aparato y llamó. Han le había dejado un mensaje para ir a recoger a Daphne a un rodaje y tomar una cerveza de relax. Era una propuesta a la que no podría negarse, pero la única condición era que él elegiría el sitio. Había sido una noche intensa, e iba a necesitar un buen desayuno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los suburbios, en el sector dos, había un gimnasio pequeño, pero popular. Era el típico local de barrio que había estado abierto durante décadas, y era conocido entre todos los vecinos.&lt;br /&gt;En ese momento, Mark surcaba el pasillo principal con tranquilidad, mientras evitaba cruzar la mirada con los cachas que estaban machacándose en la sala de musculación que tenía a su izquierda. A su derecha un grupo de mujeres practicaba el aerobic, lo cual se lo ponía fácil. &lt;br /&gt;Al fondo del pasillo vino el característico sonido de un cuerpo al ser estampado contra las colchonetas. Aula de defensa personal. Megan estaría preparando a un grupo de chavales para algún campeonato, o a algún grupo de marujas para convertirlas en el terror de violadores y atracadores. Se plantó ante la ventana desde que la clase era visible y la vio, erguida ante sus alumnos. Ellos quedaban de espaldas a la ventana y no podían verlo, pero ella hacía enormes esfuerzos por mantener la concentración. A espaldas de todos esos futuros campeones de Judo, Mark disfrutaba como un crio actuando como tal, haciendo muecas contra el espejo, o fingiendo bajar por una escalera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Haciendo un esfuerzo por ignorar las payasadas de su amigo, Megan prosiguió con la instrucción. Siempre le habían gustado las artes marciales, pero hace pocos meses que se dio cuenta realmente de cuanto: El día que empezó como instructora en el gimnasio, al retirarse su viejo sensei. Ella era justa, pero sus castigos eran más temidos. Ahora mismo, Izumi, una joven vanidosa, obligada a venir como medida desesperada de sus padres para inculcarle algo de gusto por el esfuerzo, estaba padeciendo su último día como “tonta de la semana”, y Megan veía en los ojos rasgados de su amiga la determinación de no volver a serlo nunca más. Algunos de los alumnos más difíciles, o más avanzados y confiados en sus habilidades, habían abandonado el gimnasio por despecho. No le importaba: Para ella se habían roto por no ser lo suficientemente fuertes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Venga: Por parejas, diez repeticiones cada uno y podéis ir a las duchas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Algún día, pedazo de cabrón, te voy a meter ahí dentro y te voy a usar de sparring hasta que llores. – Juró la instructora, mientras dejaba atrás a sus alumnos, practicando.&lt;br /&gt;- Me encanta cuando te pones lasciva, cariño. Precisamente he venido a buscarte porque me encanta como te mueves. – La luchadora lo miró con desprecio, y el efecto era mayor al ser esta más alta que él. Sin embargo, aunque Mark conservaba esa sonrisa insolente que le hacía destacar ante el micro, su mirada no tenía ni un ápice de irrespetuosa.&lt;br /&gt;- ¿Hiciste la compra?&lt;br /&gt;- Dos micros de voz y un juego de micros de batería. Serie 500 SSG. &lt;br /&gt;- ¿La 500 SSG? ¿Pero tú de dónde sacas el dinero?&lt;br /&gt;- Tú no me preguntas y yo no te miento. – Mark se quedó mirando fijamente a su amiga, hasta que esta asintió.&lt;br /&gt;- Espérame en la puerta. – Dijo mientras le retorcía suavemente la mejilla. – Estaré en diez minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En veinte minutos, ambos estaban montados en el coche de Han, cruzando ya el sector tres, camino de la Tower of Arrogance, donde Mark y Megan montarían su parte del equipo. Han había quedado después, y volvería para la prueba de sonido. &lt;br /&gt;El piloto fluía entre el tráfico como la mente de un maestro zen abriéndose paso entre los entresijos de un acertijo. No sabes como, pero lo hace, y en este caso implica que no eres un amasijo de hierros salpicados de algo que no es pintura roja. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Ansioso, conductor? – Preguntó Megan desde el asiento de atrás.&lt;br /&gt;- ¿Ansiosa, psicoanalista? – Respondió este, acompasando volante, pedales y corte de mangas al gilipollas del coche de al lado.&lt;br /&gt;- No hace falta psicoanalizarte, Han. Es suficiente con psicoanalizar a tu coche. – Intervino Mark. – Por cierto, ¿le has puesto nombre ya?&lt;br /&gt;- No… De momento no se me ha ocurrido nada, pero tampoco está completo. – Indicó, señalando al capó, recién lijado y aún sin pintar.&lt;br /&gt;- ¿A que a este tampoco te atreverás a ponerle un nombre femenino?&lt;br /&gt;- ¿La Muerte no era femenino? – Respondió el piloto a su baterista. &lt;br /&gt;- La muerte es un símbolo del que los hombres os habéis apropiado. Se puede feminizar, como “la dama de la guadaña” o “la parca”, pero “muerte” por si solo es más bien neutro masculinizado. &lt;br /&gt;- Entonces, ¿femenino como cual?&lt;br /&gt;- Gacela… Avispa… &lt;br /&gt;- Dos animales que son más veces presa que depredador. Además, lo mío es perseguir y dar caza, no tomar la delantera y escapar. – Mintió Han, sintiendo un latigazo de nostalgia por el “Pájaro”. – Además, por sexy que sea una mujer piloto, cumplís normalmente otro papel en las quedadas para correr. &lt;br /&gt;- Furcias… - Maldijo Megan, pensando en las mujeres florero de los pilotos callejeros.&lt;br /&gt;- No lo ha dicho ninguno de nosotros. – Intervino Mark, rompiendo una lanza a favor de la caballerosidad.&lt;br /&gt;- Ni falta que hace. &lt;br /&gt;- Sí, pero es cierto. Mira. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han vio como uno de los semáforos se le cerraba, aunque no de forma contraria a sus cálculos. Los siguientes semáforos se abrirían poco a poco, pero la gente acostumbraba a lanzarse. Así llegaban demasiado pronto al siguiente semáforo y tenían que detenerse, momento en el que Han aprovechaba para tomar la delantera y disfrutar unos segundos más de una carretera despejada. &lt;br /&gt;En ese semáforo en concreto solo había otro coche parado, aunque una buena fila de ellos se acercaba tras el Fenrir blanco. Faltaba poco para las cinco de la tarde, y en breve los currantes de los suburbios de Midgar abandonarían sus lugares de trabajo camino de un bendito viernes de reposo. El otro coche era un Supreme negro. Han señaló hacia la insignia de la corona que lucía donde deberían estar la inscripción con el nombre del modelo. Era el detalle que indicaba que era el modelo más alto de gama. Consciente de las limitaciones de ese vehículo, mucho más impresionante y moderno que el suyo, Han bufó despectivamente y se situó a su derecha. Las ventanillas estaban bajadas, tanto en el Supreme negro como en el Fenrir blanco, y era posible distinguir a los ocupantes del otro vehículo. En el negro había un hombre corpulento, con la cabeza rapada y los ojos rasgados. Su gesto era abiertamente hostil, pero no así el de su copiloto. Ella era una mujer joven, con una densa mata de pelo negro, y un par de gafas de sol dando un toque de misterio a unos labios bien curvados con picardía. Ambas miradas presentaban un desafío en toda regla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Doctora… - Preguntó Mark, mirando preocupado el detalle que Han parecía aún no haber visto: Los trajes negros que vestían sus vecinos. – ¿Nuestro aguerrido piloto se ha tomado la medicación de hoy?&lt;br /&gt;- Parece que no, y eso podría implicar un correctivo. – Amenazó Megan desde atrás. – Un seveeeero correctivo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ya era tarde: Han los ignoró a ambos. Su mirada iba desde las manos del otro piloto a sus ojos, en claro gesto de desafío, pero solo en intervalos breves. Acababa el reto ignorándolo, mostrándole que no lo consideraba una amenaza, mientras dedicaba sonrisas a su compañera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te gusta el coche? – Le preguntó ella. Era un caso habitual: Algunos se quedaban impresionados ante el Supreme, pero tenían la cautela de intentar no provocar a sus pasajeros.&lt;br /&gt;- La verdad es que no. – Respondió Han. &lt;br /&gt;- ¿No te gustan los coches rápidos? – Insistió la turca, sorprendida. &lt;br /&gt;- Los adoro. Precisamente por eso no me gusta el coche. – El piloto del Supreme dio claros gestos de no encajar bien la puya.&lt;br /&gt;- ¿El tuyo es mejor? – Escupió este, manteniendo la compostura.&lt;br /&gt;- El mío es increíble. – La respuesta de Han seguía dirigida hacia la turca. – En velocidad, pero también en resistencia.&lt;br /&gt;- Páralo. – Dijo esta a su compañero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Supreme arrancó aún con el semáforo en rojo, cruzándose sobre el paso de cebra y bloqueando la salida al Fenrir. Su conductor salió rápidamente, pistola en mano, pero fue la pasajera la que se anticipó, plantándose con brazos en jarras ante la puerta de Han.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Apague el motor y salga del vehículo, por favor. – El piloto había sido sorprendido, y sus compañeros lo miraban con odio. Especialmente Mark, consciente de que su reserva de marihuana no superaría un simple registro. - ¿No me ha oído? &lt;br /&gt;- ¡Mierdamierdamierdamierda! – Se oyó al bajista murmurar desde atrás.&lt;br /&gt;- ¡Joder, Han! &lt;br /&gt;- ¡Silencio vosotros dos! ¡Tú! ¡El guerrero de la carretera! ¡Bájate! – Por encima del Fenrir, el turco miró a su compañera sorprendido, pero ella lo ignoró.&lt;br /&gt;Han obedeció en silencio, mientras la turca animaba a su compañero a calmar sus ánimos. Con brusquedad, ella lo giró y lo empujó contra su coche, ordenándole poner las manos contra el techo. &lt;br /&gt;- Quietecitos… - Dijo el turco a Megan y Mark. Esto no tenía pinta de ser oficial, y eso los libraría del registro… A lo mejor. No discutieron.&lt;br /&gt;- Dale una hostia de mi parte. – Dijo Megan a la turca, haciéndola reír. Pese a intentar mantenerse tranquila, era plausible su nerviosismo.&lt;br /&gt;- Seguro que eres uno de esos conductores suicidas… - Prosiguió la turca mientras cacheaba a Han. &lt;br /&gt;- Me gusta la vida.&lt;br /&gt;- ¡Silencio! - Tomó su cartera y leyó su documentación. Luego prosiguió el registro, subiendo desde los tobillos hasta la cadera para acabar tomándose unos segundos con su culo. Luego se inclinó hacia delante, hundiendo una mano por su entrepierna. – Han Parker Cliff… Está limpio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han no vio el gesto con el que ella indicó a su compañero que volviese al coche para apartarlo del tráfico. Empezó a girarse, pero ella lo retuvo agarrándole el hombro. Por el rabillo del ojo vio como ella sacaba un bloc y un bolígrafo, maldiciendo su suerte y su arrogancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Aunque fardes de ser un demonio de la carretera no te he visto cometer delitos contra el tráfico, pero obstaculizar la labor del departamento de investigación es bastante grave con el estado de excepción. – Dijo mientras escribía. – Tienes suerte de no venirte al calabozo. ¿Y sabes qué? Me iba a encantar retenerte un par de días…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente arrugó el papel y lo tiró dentro del Fenrir, que cayó en el regazo de Mark. Han los vio arrancar y perderse entre el tráfico. Luego se subió a su coche con gesto de fastidio y suspiró profundamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Considérate afortunado, cabrón! ¡Casi nos dejas sin concierto! ¡Te juro que te voy a crujir en cuanto te bajes del escenario! – Tronó desde el asiento de atrás.&lt;br /&gt;- ¡Joder, Megan! ¡Ya viste sus miraditas de superioridad de mierda! ¡Puede que mi coche no esté completo, pero puedo ganarles mientras me saco la polla y les dejo un rastro de meados para que no se pierdan cuando los deje atrás! ¡No soporto que me reten, joder! – Protestó Han en respuesta. Luego suspiró y se giró hacia Mark. - ¿Muchos dígitos? – Preguntó con resignación.&lt;br /&gt;- ¡Joder! ¡Nueve! – Los otros dos palidecieron de la impresión. &lt;br /&gt;- ¡¿Qué cojones…?! – Alcanzó a preguntar Han, en cuanto logró sobreponerse a la impresión. &lt;br /&gt;- ¡Esto es un número de teléfono, tío! ¡Un puto número de teléfono! ¡Y en “tipo de infracción” pone “mi día libre son los jueves”!&lt;br /&gt;- Señores… - Dijo Megan, desde el asiento de atrás, mientras se calaba unas oscuras gafas de sol con gesto teatral. – ¡Esto es una señal de Odin! ¡Hoy solo podemos triunfar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras el Fenrir quemaba asfalto, con la misma fiereza con la que su tocayo mitológico se lanzaría para devorar el sol, una voz desgarrada gritaba desde la radio una frase lapidaria: “It’s calling me&quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Highlander Tavern, ya totalmente reconstruida y con los clientes habituales acostumbrados ya al servicio ofrecido por los gemelos. Aiden era el dueño y señor de la barra, mientras que Garth se dedicaba a vagabundear de una mesa a otra. No pocas veces habían tenido que hacer honor a su reputación familiar, saliendo armados con sendas clavas de detrás de la barra. Las armas, las clásicas mazas de madera que usaban los pastores norteños, eran el alma de la Highlander, expulsando por las malas a bebedores poco resistentes y amigos de la trifulca durante cinco generaciones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fondo, varias mesas de billar ocupaban una sala aparte del mismo local. Eran seis en total, colocadas de modo que se aprovechaba todo el espacio posible para jugar, a cambio de que los jugadores tuviesen que verse apiñados, y muchas veces dejar tirar al vecino antes de poder tirar uno mismo. En esta situación, los choques se sucedían continuamente. Sin embargo, los clientes habituales lo asumían, y solían tomárselo con paciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Hijo de puta, me has movido! ¡Por tu culpa he fallado y quizás pierda! – Gritó un joven corpulento, de piel oscura típica de Corel al igual que su acento. El que lo había provocado se pasó una mano por la cara, limpiándose los salivazos con gesto serio y tranquilo.&lt;br /&gt;- ¡No mientas! ¡Cuando te dio ya habías tirado y fallado! – Gritó una chica desde el otro lado de la mesa del que estaba siendo abroncado.&lt;br /&gt;- ¿Qué? ¿Me estás llamando mentiroso? ¿Me estás llamando mentiroso, pedazo de zorra? ¿Es eso lo que dices? – Los otros tres que iban con él, más o menos de su mismo corte y maneras, se acercaron, atentos a cualquier desenlace de la conversación. &lt;br /&gt;- ¿Se está metiendo contigo, T-Shak? ¡Deberíamos disciplinar a esa furcia! &lt;br /&gt;- ¡Sí! ¡Enseñarle que es lo que debe hacer con esa boquita! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre que había empezado todo se giró hacia su amiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Daphne, por favor, no interrumpas. – Esta, asustada por lo que pasaba, miró a su otro amigo, mientras se llevaba la mano al bolso, en busca del tacto tranquilizador de la pistola. – Siento haberte estropeado la partida. Si pierdes, te invito a una.&lt;br /&gt;- ¡Ya lo creo que me vas a invitar a una, mariconazo! – El matón, envalentonado, hablaba cada vez más alto, para que lo oyesen todos. &lt;br /&gt;- Creo que te acabas de quedar sin partida…&lt;br /&gt;- Han, ¿nos vamos? – Preguntó el que había estado jugando contra él. Era un joven atractivo, de llamativos ojos verdes. Iba bien vestido, y se podía ver que tenía una oreja mutilada.&lt;br /&gt;- No te vas a ir a ningún lado. – Dijo el tal T-Shak. - ¿Me oyes? ¡Mírame cuando te hablo! – Gritó empujando a Han contra la mesa de billar.&lt;br /&gt;- Lo siento, es que aquel de allí te estaba imitando y era bastante gracioso.&lt;br /&gt;- ¿Qu…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto sus ojos no estaban fijos en el piloto, el matón se encontró con una bola de billar en la nuca. No sintió la patada en la rodilla tanto como el suelo al chocar contra su cara, pero Han se cuidó de pisarle la cabeza para asegurarse de que no se levantaba. Rápidamente, fue a por el más próximo de sus adversarios, arrojándole la bola a la cara sin parar de correr. El pandillero alzó las manos. No fue lo suficientemente rápido para evitar que la bola le diese de refilón en la frente, pero si para taparse los ojos durante los pocos segundos que Han necesitó para patearle la entrepierna. &lt;br /&gt;El piloto estaba concentrado en estampar una y otra vez la cabeza del que acababa de patear contra la esquina de la mesa, de modo que no pudo ver como el tercero del grupo corría hacia él con una navaja en la mano. Cuando iba a pasar entre dos mesas, algo le hizo trastabillar. Rolf se había colocado discretamente al lado del pasillo por el que iba a ir, y le coló el taco de billar entre las piernas, derribándolo. Miró sus caros zapatos de diseño un par de segundos, antes de decidir que no los estropearía pisándole la cabeza. Esperó a que se levantase unos centímetros para saltar sobre su espalda, estampándole la cara contra el suelo y sonrió con satisfacción al ver que su nariz se había encontrado con las baldosas una segunda vez, celebrándolo con un sonido húmedo y desagradable. &lt;br /&gt;El cuarto había sido el más listo de todos. Sigilosamente sacó su navaja y avanzó hasta el que estaba estampando la cara de su amigo contra la esquina de la mesa. Ese cabrón lo había empezado todo, y no se iba a ir de rositas a estas alturas. Agarró firmemente su arma, se agachó, ocultándose tras la mesa, se preparó para salir y…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Si das medio paso más te agujereo, chupapollas de mierda! – ¡Esa zorra había ido directa a por él y le había plantado una pistola en toda la puta cara! ¡Hasta se le había puesto la voz más ronca con la tensión de la pelea! El piloto alzó la vista y vio a su amiga con gesto furioso. &lt;br /&gt;- Daphne, baja eso. – Dijo mientras dejaba caer al pandillero que tenía agarrado. Este estaba demasiado aturdido para moverse y había perdido unos cuantos dientes. – Bájalo, o te meterás en problemas. – Tomó un palo de billar y apartó a su amiga, interponiéndose entre ella y el último pandillero.&lt;br /&gt;- ¿Estas seguro? Tiene un pincho…&lt;br /&gt;- Ya lo veo, y sí, lo estoy. – Respondió sin dejar de mirar a su oponente. – Y tú, hijo de la gran puta… ¡Ven aquí y demuéstrame como te las gastas! ¡Ven a jugar una partida conmigo! – El pandillero miraba a Han fijamente, cubierto de un sudor frío. ¡Nadie le plantaba cara a T-Shak! Todos sabían eso en su barrio, y sin embargo, el chaval este le había estampado una bola de billar en la cabeza y lo había noqueado en dos golpes. Han tenía el gesto decidido, y no parecía intranquilo en absoluto. &lt;br /&gt;Esgrimía su taco, esperando a que su rival tuviese los cojones de ir a por él, o en caso contrario, a que se le acabase la paciencia y fuese él quien tomase la iniciativa. En cualquier caso, ni el idiota ese ni sus armas iban a ser suficientes para amedrentarlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Treinta segundos después, Aiden estaba a la puerta de la sala de billar, con la escopeta de los debates apoyada en el hombro, preguntando quien era ese moreno que acababa de cruzar su taberna a toda prisa, como si lo persiguiese el mismísimo demonio. Rolf le dejó un billete de cien guiles en el bolsillo, con sus disculpas por las molestias, de modo que el tabernero entendió en seguida lo que había sucedido: Cuatro bandarras de los suburbios que no sabían aguantar el alcohol se habían peleado. Se despertarían en el callejón y tenían la entrada prohibida desde ya mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se estaba relajando para retomar la partida, Han sintió un fuerte pellizco en el costado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ay, so hijaputa! ¡Eso dejará moratón!&lt;br /&gt;- ¡Te está bien por liarlas, broncas de los cojones! – Respondió Daphne.&lt;br /&gt;- ¿Qué yo qué? ¿Pero tú oíste lo que te llamaron?&lt;br /&gt;- Lo oímos todos, Han, pero Daphne tiene razón. ¿Qué cojones sucede contigo? Te creía más listo que eso…&lt;br /&gt;- Venga ya… Son cuatro mierdosos. Carne de obra, o algo peor.&lt;br /&gt;- Si, Han… Pero las navajas son de verdad y matan. ¿Eres carne de hospital o de cementerio? – Repuso el tirador. – ¡Y precisamente hoy!&lt;br /&gt;- ¡Cállate, joder! – Gritó furioso el piloto, acordándose del incidente con los turcos. Inmediatamente bajó la voz. – Tú deberías entenderlo mejor que nadie.&lt;br /&gt;- ¿Qué debería entender? – Preguntó Rolf. Ambos miraron hacia Daphne, pero esta vez ella se negaba a ser excluida. -  Daphne… - Ella negó con la cabeza, y Han suspiró.&lt;br /&gt;- Es por tu amigo “alfa”. – Rolf asintió, entendiendo a quien se refería el piloto. - ¿Crees que después de vérmelas con alguien así, puedo tener miedo de estos maricones?&lt;br /&gt;- No es tan sencillo… - Intentó argumentar el tirador.&lt;br /&gt;- No, pero sí: Son cuatro idiotas sin futuro ni beneficio que solo saben gritarse y no tienen ni idea de pelear. Tenerles miedo es faltar al respeto a todo lo que he pasado, y a mí mismo.&lt;br /&gt;- Ya he oído a demasiada gente llenarse el pecho y la cabeza con esa basura de hombría, valor y respeto.&lt;br /&gt;- Se llama “ser un hombre”, pijo comenabos, y requiere cierta dedicación.&lt;br /&gt;- Me alegro de no habérsela dado nunca. – Intervino Daphne.&lt;br /&gt;- ¡Vete a la mierda! ¿Qué vas a entender tú? &lt;br /&gt;- Entiendo lo que duelen las patadas en los cojones, Han, y tú tienes una muy cerca. – Rolf se interpuso.&lt;br /&gt;- ¿Eso es todo? ¿No te sientes hombre si no vas abriéndote paso a hostias? ¿Así es como quieres ser? ¿Un amargado, deforme y mutilado? &lt;br /&gt;- Sabes de sobra que eso no es lo que es.&lt;br /&gt;- Si nos ponemos cabrones, es parte de lo que es, Han. La otra parte es que es listo y elige sus peleas, no se lanza hacia delante a cualquiera que lo mira mal.&lt;br /&gt;- Y tú eres un hipócrita. ¿Acaso no aceptas tus desafíos?&lt;br /&gt;- Han… No estás teniendo en cuenta una cosa. – Dijo el tirador, acercándose al piloto y encarándolo.&lt;br /&gt;- ¿Qué?&lt;br /&gt;- Que si no fuésemos amigos, ya estarías muerto. – Los ojos de Rolf bajaron y los de Han lo siguieron, encontrándose con una navaja que el tirador había tomado del pandillero del que se ocupó. Estaba abierta, y su punta afilada y un poco curvada estaba quieta a un centímetro del torso del piloto, justo debajo del esternón. Rolf cerró la navaja para que ambos se tranquilizasen antes de seguir hablando. – Mira Han. Me las he visto con el que se suponía que era el mejor tirador de Midgar y he salido con vida, de modo que he de ser el mejor en activo… Pero te aseguro una cosa, y quiero que tú también la oigas, Daphne: Tengo miedo. Cada vez que tengo que vérmelas con alguien del gremio me asusto de cojones. ¡Me vuelvo paranoico! No me atrevo a repetir rutinas, ni ir más de dos veces por el mismo camino en una semana. No me fio de que acate las reglas, ni de que no intente jugármela. Me he confiado muchas veces en el pasado, y dos veces he estado a punto de perderlo todo. La primera vez, la bala pasó a un palmo de distancia, y la segunda… Miradlo vosotros mismos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos contemplaron al tirador en silencio, sin saber que decir. Daphne apartó la mirada, disgustada, pero Han seguía con el gesto de determinación. Erguido, le sacaba una cabeza al tirador. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Se merecían las hostias más que nada en el mundo.&lt;br /&gt;- ¡Amén! ¡Los cien giles mejor gastados de mi vida! – Rió el tirador, acabando con la tensión reinante. – Y es cierto: Nadie que haya encarado a quien encaramos nosotros podría tenerle miedo a estos idiotas. - Ambos sonrieron, y el piloto se giró para ir a recuperar su bola blanca, cuando el tirador lo retuvo, serio de nuevo. En su otra mano estaba la navaja. – Quédatela, como recordatorio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un sedán familiar recorrió los callejones de los suburbios del Sector 4. Esquivaba el tráfico con un cuidado casi quirúrgico, mientras se apartaba de los demás coches con un pánico evidente a dañar la pintura con cualquier roce, por pequeño que fuese. Finalmente, el vehículo logró aparcar y de su parte trasera salieron dos chavales, con gesto hosco y aburrido. El mayor vestía prendas holgadas, entre las que destacaban una gorra puesta del revés y una sudadera varias tallas mayor, ambas decoradas con diseños estilo graffiti. El otro, muy parecido a él en su aspecto ligeramente rubicundo, tenía el pelo engominado y peinado de punta, pero vestía un jersey de punto, un polo y unos pantalones de pinzas. A sus nueve años no le quedaba otra que asumir que su madre elegiría su indumentaria. Cuando esta se bajó, lo hizo llamando a ambos al orden. Era una mujer de figura ancha, con una cintura que había sido estrecha tiempo ha, antes de dos embarazos y una vida más dedicada a la carrera profesional. Tenía el pelo suelto y lucía maquillaje, pero se la veía poco acostumbrada a ir arreglada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡No es Wilhelm! ¡Es W-street! – Protestó el mayor, en lo que parecía un día más de lucha para que sus arcaicos progenitores entendiesen que su apodo no era un capricho: Era un nombre de guerra.&lt;br /&gt;- Wilhelm es tu nombre, jovencito, y a tu abuelo le parecería muy feo ver que rechazas ese nombre que te pusimos en su honor. &lt;br /&gt;- ¡W-street mola más! – Apoyó su hermano menor.&lt;br /&gt;- ¿Ves, vieja? ¡Sig-boy me da la razón!&lt;br /&gt;- ¡No me llames así! ¡Y no llames así a tu hermano! ¡No te atrevas a…! – Mientras pensaba como acabar la frase, la mujer se vio interrumpida por el contundente sonido del maletero al cerrarse. Se giró y vio a su marido cerrando el coche. &lt;br /&gt;- ¿Vamos, Frida? Hemos tardado demasiado en aparcar y estamos bastante lejos. No quiero llegar tarde.&lt;br /&gt;- ¡Bah! ¡Tú y tus caprichos de mediana edad! ¡Mira otra vez que pinta tienes! ¡Casi me da vergüenza ir contigo así por la calle! ¿Qué van a decir nuestros vecinos, los Schmidt?&lt;br /&gt;- No hay nadie por los suburbios a estas horas. &lt;br /&gt;- ¿Cómo lo sabes? – De repente, la astrofísica residente en el apacible pueblo de Kalm se dio cuenta de que ella y su familia se encontraban en medio de una de las llamadas zonas peligrosas de Midgar. Podrían ser asaltados, asesinados, atracados, violados, asesinados otra vez… - ¿Estás seguro de que quieres hacer esto, querido? – Dijo ella, intentando conmoverlo.&lt;br /&gt;- Más que nada en el mundo. – Dijo su marido, mientras avanzaba decidido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los dos minutos de caminata, la gran sala de fiestas conocida como Tower of Arrogance ya era visible entre las restantes estructuras del sector: Almacenes, naves industriales abandonadas y algunas reconvertidas en edificios de viviendas de protección oficial. Un poco más cerca ya podían oír el rugido del heavy metal que manaba de su interior. Hoy era la final de la batalla de bandas y se esperaba un llenazo absoluto. La cola daba la vuelta al local antes de adentrarse en el aparcamiento. Frida vio como su marido avanzaba con tranquila indiferencia hacia un fornido portero de aspecto amenazador. El matón vestía un caro traje, pero sin camisa ni camiseta debajo, luciendo su pecho cubierto de tatuajes. Estos cubrían también las manos y el cuello del sujeto, que con su pelo rapado al nueve miraba fijamente a su marido mientras sonreía de forma amenazante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- A dond’ vas, ¿viejo? ¿Te has creído que el garito es de esos de entretenimiento familiar?&lt;br /&gt;- Vera: me esperan ahí dentro, porque…&lt;br /&gt;- No hay porque, viejo. – Lo interrumpió el matón. – No se me ocurre quien cojones querría verte con tus pintas de rockerillo cuarentón salido aquí dentro, junto con tu fulana y los críos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frida miró a su alrededor. Temió que Wilhelm pudiese lanzarse, siempre tan gallito, pero esta vez estaba visiblemente asustado. Sigfrid sin embargo, miraba tranquilamente a su padre, confiando en que encontraría la forma de vencer a ese “hombre malo”. Temía que su hijo pequeño estaba a punto de llevarse una decepción. No pudo evitar pensar en que su marido si iba un poco ridículo: Se había puesto una camisa de manga corta, negra con llamas naranjas, y la llevaba abierta, luciendo bajo ella una camiseta de su antiguo grupo. Tenía unas gafas de sol en uno de los bolsillos de la camisa, pese a que había anochecido una hora atrás, y se había dejado crecer un poco el pelo para llevarlo de punta. Su bigote también era más largo por los lados, y se había dejado una pequeña perilla, del grosor de un dedo, desde el labio inferior hasta la barbilla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vera… Insisto en que debería comprobarlo: Yo tengo que estar ahí dentro. &lt;br /&gt;- Mira vejete, este es mi último aviso: O te das el piro a la de ya o donde vas a entrar es en el hospital. ¿Me he espresano con claridá?&lt;br /&gt;- Se dice “expresado”…&lt;br /&gt;- ¿Me acabas de corregil? ¿Te he oído bien? ¿Me acabas de corregil? – El cuarentón se alejó varios pasos, dándose la vuelta, mientras a sus espaldas el portero lo insultaba con obscenos desvaríos lingüísticos. Sacó el PHS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Helmut? – Frida se giró al oír llamar a su marido y vio a un joven melenudo, con barba corta, saludándolo de forma amistosa, como si tuviesen mucha confianza. El joven iba vestido con unas horribles botas de motero, unos vaqueros desgastados y una camiseta igual de horrible y pueril que la de su marido. - ¿Qué tal, tío?&lt;br /&gt;-  Hola, Han. Te presento a mi mujer, Frida, y los chavales: Wilhelm y Sigfrid. – Dijo el guitarrista a su compañero, señalando hacia su familia con una mano abierta, sin ser capaz de apartar la vista de lo que sucedía a espaldas del recién llegado. – Oye, ¿Qué pasa con el portero? – Han se giró y vio como otros tres trajeados le daban una paliza con saña, mientras Keith, el principal asistente de Isabella, caminaba hacia ellos con su eterno cigarrillo en la boca.&lt;br /&gt;- ¿Es este? – Preguntó el motero retirado. – No me lo imaginaba así.&lt;br /&gt;- Keith, ¿recuerdas a los Atomic Wasteland? Te presento a Hell Mouth. – Keith se apartó el flequillo de delante de los ojos, intentando creérselo. &lt;br /&gt;- ¿Hell Mouth? ¿Eres… Es usted ese tío que compuso Corpse paved way, con un solo de dos minutos brutal solo para dejar claro que Avenging Atom no sería capaz de tocarlo cuando ocupase su lugar?&lt;br /&gt;- También la compuse para usarla de tarjeta de visita para otros grupos, pero nunca llegué a buscar más. La vida… - Dijo encogiéndose de hombros. – Por cierto… ¿Qué pasa con ese portero?&lt;br /&gt;- Está siendo despedido. – Respondió Keith. – Ahora mismo, como puede ver. No queremos un portero que insulta a los vips. Pero acompáñenme al interior… &lt;br /&gt;- Eh… Gracias… - Dijo el administrativo de la aseguradora, mientras lo seguía acompañado de su familia y de Han. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El interior de la Tower hacía honor a su reputación: Un escenario inmenso para ser de un local cerrado, ante un patio en el que cabían fácilmente más de mil personas, y muchas más en las plantas superiores, viendo los conciertos por medio de pantallas gigantes instaladas para el evento. Su familia desentonaba enormemente en el lugar, repleto de macarras, heavys, rockers, hedonistas, borrachos, liantes, moteros… La más selecta clientela de los suburbios se daba cita en la colosal estructura para entregarse a fiestas legendarias, incitadas por su conocida propietaria Isabella Sciorra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Antes mencionó las tarjetas de visita, señor Liebermann&lt;br /&gt;- No recuerdo haberle dicho mi nombre… Señor Keith.&lt;br /&gt;- Usted está inscrito para tocar hoy, ¿recuerda? Yo me ocupo de parte del trabajo aunque la señorita Sciorra es meticulosa y profesional en todo lo referido a los negocios. – Mientras hablaba, sacó un tarjetero de un bolsillo de su chaqueta y le ofreció una a Helmut. Este la miró: Era de color blanco, con un toque violáceo muy leve y las iniciales I.S. en color lavanda. – Aquí tiene. Con esto podrá consumir gratis y acceder a cualquier lugar del recinto.&lt;br /&gt;- Vamos tío… - Intervino Han. – Hay que preparar el show.&lt;br /&gt;- Eh… Si, gracias. ¿Podría alguien acompañar a mi familia a un lugar cómodo, por favor?&lt;br /&gt;- En la zona VIP serán tratados como reyes. – Indicó Keith, con una sonrisa amarilla por efecto del tabaco, a la vez socarrona y servicial. – Y tendrán una vista inmejorable del espectáculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Espectáculo! ¡Bah!”, bufó para sus adentros Frida, abiertamente disgustada: El local era ruidoso, sucio… El camarero un afeminado con una desagradable afición al látex y al cuero. ¡Menos mal que sabía preparar combinados sin alcohol! No estaban mal… &lt;br /&gt;Allí estaba ella, una eminente astrofísica, con una tesis a medias y todos esos cálculos pendientes, acerca de la trayectoria del cometa y formas de desvío. Con tan poco tiempo para estar con los suyos, y tenía que tirarlo en este sitio. Pero Helmut se lo había pedido, y casi nunca le pedía nada. Ya no tenía edad para subirse a hacer el idiota en un escenario, sin embargo, había que dejarle: Las decepciones se curan, pero los anhelos incumplidos no lo hacen nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sitio, que tanto la incomodaba estaba decorado con una grotesca afición por lo gótico y tenebroso, aunque la propietaria al menos no vestía como si fuese un fantasma del siglo pasado. ¡Menos mal! &lt;br /&gt;La propietaria le causó una impresión aceptable. Si: Aceptable. Su cabello era de un extraño color lavanda, y las mallas que cubrían sus piernas eran ceñidas como una segunda piel. La mandíbula de Wilhelm estuvo cerca de descoyuntarse, pero ese hombre tan educado, Keith, pese a su peste a tabaco, le dijo discretamente que aquel forzudo de dos metros que había al fondo de la sala era su novio. ¡Eso tendría a W-street callado un rato! Sigfried, por su parte, se dedicaba a mirar a todos lados con un ligero temor en los ojos y una sonrisa llena de ilusiones infantiles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sala vip, situada en la última planta, estaba rodeada de pantallas gigantes, desde las que era posible contemplar todo el local. Estaba también llena de gente de todas las raleas: Degenerados, borrachos, gritones, punkarras, heviatas, niños de papá ansiosos de emociones… Desde su repentina aparición, meses atrás, se había convertido en poco tiempo en uno de los puntos neurálgicos de Midgar, tanto para estas fiestas como para algunos eventos culturales o deportivos, Wilhelm estuvo pesado toda la semana hablando al respecto. &lt;br /&gt;Puede que Helmut no fuese un dios del rock, pero al menos la había llevado hasta la sala vip del local de moda. Hacía tiempo que eso no sucedía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Atención! – Isabella se había subido a un taburete. Con su abrigo largo, su corpiño, sus mallas y esas botas altas parecía una suerte de corsaria. A Frida no le extrañó esa ausencia de un “por favor”, tan típica de la gente acostumbrada al mando. ¿Sería ella así en casa? – Señores: He de anunciar al grupo, así que todos abajo: Hora del rock’n’roll.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El escenario, totalmente vacío y en calma, era como la calma en el ojo del huracán. A su alrededor, el mundo daba vueltas a una velocidad vertiginosa: El público, la bestia inmisericorde que devora a aquellos incapaces de satisfacer su infinita ansia de emociones, se movía como una marabunta, atronadora en sus miles de murmullos expectantes. Tras el figurativo telón, se retorcían clavijas y se tensaban cuerdas, en busca de la perfecta afinación. Se apuraban cervezas y se gastaban bromas, mientras se saludaba a amigos, se pisoteaban colillas y se intentaban contener gestos de nerviosismo. Algunos dudaban, cierto. ¿Todo estaría bien? Afinación, conexiones, instrumentos… La prueba de sonido había sido buena, pero… Pero…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no todo el mundo dudaba. Erguido tras el escenario, con la guitarra preparada, aunque con el volumen al mínimo, Hell Mouth, el devastador, miraba a sus pies, mientras sus dedos surcaban los trastes como estrellas fugaces. Las luces de su afinador se encendían y apagaban, alocadas por ese incesante cambio de notas, pero él lo ignoraba. Todo estaba probado y todo funcionaba, él incluido. Se tomó un último segundo para mirarse a sí mismo de abajo a arriba. Sus botas de motero, sus vaqueros rotos y su camisa en llamas. La última camiseta de su época con los Atomic Wasteland, guardada como oro en paño, como la espada clavada en la piedra, a la espera de la llegada del verdadero rey. Se planteó unas gafas de sol, pero sus compañeros le dijeron que con ellas solo lograría parecer una especie de policía de película. Lástima que fuese miope... Lo que sí le habían prestado, para ponérselo justo antes de subir al escenario, cuando Frida no tuviese posibilidad de impedírselo, eran sendas muñequeras cubiertas de tachuelas. Aquí se había venido a tocar lo que se iba a tocar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Nervioso? – Pregunto Megan a sus espaldas. La joven baterista y luchadora no tardó en cogerle afecto a Helmut, con su apariencia apacible y mansa. Sin embargo, Megan conoció el alcance de su furia el día de su presentación, cuando Han y Helmut tuvieron su primer choque de egos.&lt;br /&gt;- ¿Hell Mouth nervioso? – Respondió este, mirándola de reojo para darse aires de masculinidad.&lt;br /&gt;- ¡Nunca! – Concedió ella. Megan si estaba algo nerviosa, y agradeció la broma. – Lo has echado de menos, ¿a que si?&lt;br /&gt;- Megan… - Esta vez, el macho se desvaneció en una nueva imagen, paternal y tranquila. – Ya sabes cómo es la vida: Llega la hipoteca, los hijos, las letras del coche…&lt;br /&gt;- Y sin embargo, aquí estas: Listo para volver a los escenarios con un grupo veinte años más joven que tu.&lt;br /&gt;- Es que ya acabé de pagar la hipoteca. &lt;br /&gt;- Pues no te cargues estos micros o los pagas tú también. – Advirtió Mark, que se acercó a ellos tras afinar su bajo. Estaba dándole las últimas caladas a un porro, mientras les acercó unas cuantas cervezas mediadas. – No podemos subirnos a un escenario teniendo asuntos pendientes.&lt;br /&gt;- Ni tampoco bajarnos. – Completó Megan, alzando su birra para un brindis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando estas entrechocaron, una cuarta mano se unió, con su respectiva botella mediada. Era un brazo crispado, con algo de vello, y a su otro extremo había un guitarrista crispado y enfurecido. Han siempre estaba furioso en las grandes ocasiones. Por lo visto, la mentalidad combativa le hacía superar sus límites. Con su camiseta metalera, su melena revuelta y su barba, parecía más un raro berserker norteño que un músico, pero eso tampoco importaba demasiado: Megan parecía que fuese a hacer deporte, Helmut a salir de excursión con un grupo de moteros cuarentones urbanitas, y Mark… Esta vez Mark no era un fumeta con sudadera. Era un vocalista principal, con ajustados pantalones de cuero negro, deportivas blancas, una camiseta hecha jirones y mitones de tachuelas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡A por todas! – Sentenció Han. En ese momento, Keith aparecía en el backstage, encendiendo un cigarrillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El telón cayó, y rugió el sonido. Como un solo animal de gesto impasible, el público se volvió. Gestos de entusiasmo aparecieron de la nada,  como estrellas en un mar de negrura celeste. El resto, se debatían entre la curiosidad y el desinterés, cuando no era directamente la risa. El cardado de Mark no era algo para el día a día, ni el aspecto de sus dos compañeros, pero las pupilas convergieron claramente en un punto: ¿Qué cojones hacía ese viejuno en medio del grupo? ¿Era algún tipo de coña?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la coña les explotó en la cara. Tras un rápido rasgueo atronador, se hizo el silencio mientras el grupo miraba al público, devolviéndoles ese desprecio. Helmut permanecía impasible tras sus gafas de sol (graduadas, por necesidad). Mark sonreía con lascivia, con el bajo apoyado en la entrepierna mientras buscaba rostros femeninos con cuerpos que se merezcan una canción. Megan simplemente sonreía. Sonreía y contaba mentalmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un, dos, tres y… Blam. La batería abre camino mientras las guitarras rasguean sus cuerdas apagadas, emitiendo un sonido espasmódico, que lleva a un nuevo rugido. Así empieza el concierto: Como una paliza. Debes dar un gran golpe inicial, para dejar claro a que has venido. Pero no empiezas dándole duro, sino que sigues una especie de ritual de cortejo. Unas reglas no escritas, pero respetadas en todos los antros a medio civilizar. &lt;br /&gt;Primero, una mirada. Haces llamar la atención del enemigo y le muestras con claridad a que has venido y cuales son tus intenciones. Es una mirada con desdén y falta de respeto. Así se empieza también un concierto: Con ganas, para llamar su atención, pero con calma. &lt;br /&gt;Los mejores golpes se guardan, pero sin embargo, esto es una pelea. No quieres amenazarle y que se vaya, sino que se quede, creyendo que puede contigo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Queréis coger aire? – Gritó Mark al público. - ¿Necesitáis respirar? ¿No? ¿Qué necesitáis entonces?... Ah… Entiendo… ¡Queréis guerra! ¿Eh? ¿Queréis guerra? ¡No os oigo! ¡¿Queréis guerra joder?! ¡Pues somos los Rooftop Ravens, y hoy habéis encontrado al mejor grupo para que os dé guerra!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las siguientes canciones son un poco más suaves, pero movidas. Tonadas de metal llenas de distorsión, pero sin grandes ataques, como el doble bombo, o los efectos más crujientes de las guitarras. Es el momento para que el cantante, como buen frontman, brille con luz propia mientras llama la atención de todos. Es el momento de enganchar a la gente, de conectar con ella… De buscar a esa persona sola, al fondo de la sala, si, esa, y enseñarle a que ha venido: A ser parte de algo: De un concierto. A hacer que la noche sea putamente inolvidable… Y dejarle claro que es uno del grupo, lo quiera o no. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces se acaba el ritual de cortejo. El público mira al grupo, a la espera. Algunos gritan y animan, otros se burlan, y los que quedan, simplemente contemplan. Es suficiente: Ya son parte de esto, quieran o no. Ahora tienes su atención y vas a por todas. Hell Mouth se aparta el sudor de la frente y se acerca al micro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Corpse paved way. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Megan esperaba la señal de pie. Alza una de sus baquetas y se deja caer, machacando la batería con todo el impulso. En ese momento, el escenario explota, ardiendo en una tormenta de decibelios. En distintas octavas, el mismo solo ruge en ambas guitarras a la vez. A veces se separa, y luego vuelve a rugir. “El rock no ha muerto. El metal no ha muerto. Solo os ha dado un descanso.” Helmut mira al público, sonriendo para sí mismo mientras, a sabiendas de que ya no es tan joven. Esas ideas no le sirven. No le ayudan a despegar. Sin embargo, viendo al público, sabe que la pista de despegue, hace tiempo que quedó mucho atrás, y la tierra no es más que un pequeño borrón azul a la cola. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Megan golpea el bombo, haciendo que este retumbe en el interior de su cuerpo, alzándolo y haciéndole vibrar. A su izquierda, Han mantiene su gesto, mientras parece mirarle con odio. Es un hombre brutalmente competitivo, y ahora mismo parece estar echando fuego por la boca. Iguala su solo, en cada nota, como un perfecto reflejo, pero se le ve sudar. A veces aprieta la mandíbula, y acaba cada tramo difícil con un gruñido. Es una forma de subirse a tocar terriblemente mezquina y destructiva, pero ¡que se le va a hacer! Es Han, y antes se comería su propia guitarra que quedar atrás en un simple rasgueo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Helmut había tocado Corpse Paved Way miles de veces, tanto con la guitarra como sin ella. Había surcado tanto en la realidad como en la imaginación cada una de sus notas, buscando formas de mejorarla y hacerla aún más brutal. Había analizado miles de variantes, algunas de las cuales no había tocado nunca, pero sabía perfectamente la manera en la que iban a sonar. Era su mantra de paz, y su refugio, más allá del estrés, de las frustraciones y de los desprecios, Corpse Paved Way era la prueba de que muchos podían tocar la guitarra, pero solo uno podía ser Hell Mouth, de los Rooftop Ravens.&lt;br /&gt;Helmut se sumergió en la canción. “Abandona toda esperanza, tú que entras”, dice la inscripción sobre la puerta. Abandónalo todo, y sumérgete en la música. En el rock. &lt;br /&gt;En el ojo de un huracán sónico, el guitarrista no era consciente del mundo. Simplemente aceleraba, tocaba y clavaba algún armónico de vez en cuando. Un buen barrido de sweep picking iba a abrir bocas, y cinco o seis seguidos romperían alguna mandíbula. “Esto es una pelea”, había dicho Han. ¡Que lo sea! El grupo estaba tocando, pero Hell Mouth no estaba con ellos. Surcaba el borde del infinito a lomos de una secuencia de notas perfecta y hermosa, y a la vez brutal y violenta, como una bestia salvaje sacada de los ensueños de la fantasía. Sus manos surcaban una pradera de trastes y cuerdas, prendiendo fuego al mundo a cada nota, como explosiones atómicas concentradas en el interior de un nervio a la vez óptico y auditivo. El mundo se desdibuja, y el tiempo es un solo instante repetido eternamente, aquí, al borde del infinito. El mundo carece de importancia, solo existe la canción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La música dejó de sonar. Mark y Megan acabaron de tocar, luchando por mantener la concentración, pero Helmut seguía con su solo. Han dejó de tocar también, rindiéndose ante esa aplastante avalancha de virtuosismo. En un escenario a oscuras, rodeado de silencio y admiración, Hell Mouth seguía tocando como si la guitarra acabase de ser creada, y un dios estuviese naciendo en ese preciso lugar, en ese preciso instante. &lt;br /&gt;Cuando volvió a ser consciente de sí mismo, Helmut Liebermann se sintió un poco ridículo por una milésima de segundo. Estaba erguido al borde del escenario, con su guitarra blanca con forma de flecha alzada sobre la cabeza, y el rostro congelado en un hierático gesto de superioridad. “¡Que se jodan!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su izquierda, en medio del silencio, otra guitarra empezó a sonar de nuevo. Alzándose de entre sus cenizas, como un fénix de llamas negras, Han apareció erguido, con su guitarra de ébano gimiendo a la vez de dolor y placer. La música es el maltrato, amando e hiriendo a un instrumento para tu gozo y lucimiento. Sin dejar de tocar, se lanzó corriendo contra una de las pantallas, subiéndose a una de ellas y tocando como un demonio vengativo. &lt;br /&gt;Ardía. No había otra forma de describirlo. Helmut era como el átomo primigenio del universo surfeando en un tsunami, y Han era como el relámpago que incendia el mundo. Fuerzas de la naturaleza opuestas, enemigas y aliadas a la vez. Eran vida y muerte, eran luz y oscuridad, eran todo y nada. Eran rock. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han acabó por bajarse de la pantalla entre vítores. Caminaba hacia su lugar cuando se encontró a su compañero interponiéndose ante él. La guitarra blanca estaba dispuesta, y la negra inmediatamente se le opuso. El concierto sigue adelante. La pelea está ganada, pero aún no ha transcurrido ni la mitad. Todo lo que se haga de ahora en adelante, es ensañamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde la sala vip, todo era más relajado, pero no habían logrado escapar del ambiente. Se gritaba y se rugía, se saltaba y se entregaba el alma en cada nota. Wilhelm y Sigfried no habían dicho nada en bastante rato, salvo alguna expresión suelta de alucine. Ella misma reconoció encontrarse bastante conmovida, de ver al hombre de su vida alzarse como un dios sobre la multitud. Había venido al concierto con la triste idea de ver a Helmut tocar, más o menos dignamente, ante un público joven que no le iba a perdonar ser un cuarentón, y estaba mentalmente preparada para darle consuelo por ello, pero el resultado había machacado todas sus expectativas. Hell Mouth, el brutal y apasionado guitarrista que le había echado el ojo desde el escenario, nunca había muerto, y era una parte importante e inseparable del tranquilo y amable Helmut que la había enamorado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento, el tronar del metal se apagó. Se aclararon un poco las luces y el cantante apareció detrás de un teclado, dando las primeras notas de una poderosa balada. Una que Frida nunca había podido olvidar, tan profunda y tan parte de sí misma como su sangre o el aire que respiraba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No,  Helmut, por favor. – Susurró suplicante. – “Flame of Passion” no. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ya era inevitable. La canción había superado su introducción instrumental, y cruzaba un claro punto de no retorno: El teclado quedaba atrás, y entraban las dos guitarras. Lentas y pasionales, como la súplica de un amante necesitado. La astrofísica, la fría mujer de ciencias, no fue capaz de superar la oleada de sentimiento, de nostalgia y de amor que la sobrecogieron, y le hicieron entender porque siempre acababa aceptando las protestas de su marido y sus negativas a vender o tirar la guitarra. Nunca había oído esa canción, desde la última vez que sonó en lo alto de un escenario, casi veinte años atrás. &lt;br /&gt;Nunca la había olvidado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Mamá! – Oyó la voz trémula de Sigfried. - ¿Mamá? ¿Estás llorando? – Frida lo miró en silencio, pero tras aguantar unos segundos, acabó por rendirse.&lt;br /&gt;- Si, cariño. Solo un poco… &lt;br /&gt;- ¿Por qué? &lt;br /&gt;- Porque esta canción siempre emociona a mamá. Y tu padre la está tocando maravillosamente.&lt;br /&gt;- Mamá… - Insistió Sigfried, volviendo a su pregunta. - ¿Papá es guay?&lt;br /&gt;- Papá es el puto amo. – Respondió Wilhelm. - ¡El puto amo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente llega el bis. El bis es la única parte del concierto que no parece una pelea. Es la parte en la que hay que dejar una última tarjeta de visita, y asegurarte de que el público la toma. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Quiero dedicar esta canción… - Dijo Han, tomando el micro para hablar por primera vez en todo el concierto. – Pero antes, ya que va a ser la última, quiero un aplauso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡A la batería, la diosa de múltiples brazos e ira terrible! ¡La mujer capaz de causar trastornos sísmicos con su ritmo imparable, cuyas baquetas deberían catalogarse como armas de destrucción masiva!: ¡Megan Fowler!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡A la voz, bajo y teclado, el mago, el hombre de las mil caras y del millón de tretas! ¡El gesto insolente y seductor! ¡El enemigo de todos los novios celosos del mundo!: ¡Mark Khaspard Owen! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la guitarra… ¡El portavoz de la condenación! ¡La pasión! ¡La llama eterna! ¡La leyenda!: ¡Hell Mouth!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y a la otra guitarra… El fénix negro. – Han se giró, sorprendido por la interrupción, y pudo ver a Helmut en el micro. – ¡El vengador furioso! ¡El trueno arrollador! ¡Mi hermano en alma e instrumento!: ¡Han Parker Cliff!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos se miraron. Para sorpresa de Helmut, el rostro de Han tenía una expresión serena y a la vez solemne. Lo miró desde su extremo del escenario, sostuvo la guitarra como una espada e hizo una reverencia. Él la devolvió, igual en respeto e inclinación. Así hay que hacer un concierto: Con pasión, camaradería y ganas de hacer explotar la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras el grupo hacía reverencias y posaba para las fotos de los presentes, sonriendo orgullosos ante su conquista, desde las mesas del piso superior, Daphne no podía dejar de manosear su vaso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pareces inquieta… ¿No te ha gustado?&lt;br /&gt;- No seas idiota, Rolf. &lt;br /&gt;- ¿Entonces?&lt;br /&gt;– Ha sido brutal. - Sonrió mientras intentaba relajarse. - Han... Han ha estado tan sexy que… ¡Dios! ¡Me lo follaría aquí mismo! &lt;br /&gt;- Una pena que él no vaya a dejarse hacer eso… - El tono de Rolf insinuaba una cierta decepción, pero sus ojos estaban atentos a otro sitio, mientras hacía un gesto con la mano. Daphne había seguido hablando, de forma entrecortada, hasta que fue interrumpida.&lt;br /&gt;- ¿Otra copa? – Dijo el recién llegado. – Esta bien que asumas tu papel de reinona vieja en ciernes, y vayas cambiando los niñatos por… La ginebra te pega bastante. ¿Un dry Martini, tal vez?&lt;br /&gt;- Y otro para mi amiga. ¿Nunca te la había presentado? Daphne, este es Malcolm. Un buen camarero, pese a sus continuas insolencias. Malcolm, esta es mi hermosa amiga Daphne.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se giró a mirar, esta se encontró con un hombre increíblemente atractivo. Jugaba con la androginia sin abandonar la masculinidad. Vestía un ajustado pantalón de cuero y una extraña camiseta de spandex negro cerrada en torno a su cuello como una gargantilla pero abierta desde su pecho hasta sus abdominales bien definidos. Tenía las mangas largas hasta casi los dedos, y las uñas de estos, pintadas de negro, creaban un efecto gótico bien logrado. &lt;br /&gt;Su cara estaba perfectamente afeitada y blanqueada con maquillaje, y su melena lisa caía hacia atrás, recogida en una coleta suelta. Era a todas luces un animal nocturno, al que Daphne había visto muchas veces tras la barra, aunque de mejor humor. Esos ojos marrones siempre le habían resultado extrañamente familiares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Oh, hoy toca esa acera? Más de algún niño se ha librado hoy de su primer desengaño amoroso.&lt;br /&gt;- Mal… No seas grosero… Estás delante de una señorita.&lt;br /&gt;- Disculpa. Aunque Rolf sea un íncubo bastardo de una monja zoófila, tú no debes pagar por sus, más que incontables pecados.&lt;br /&gt;- ¡Habló la reinona de cuero y látex!&lt;br /&gt;- Pijo… En fin. Es un placer, Daphne, pero hoy es un día ajetreado: Todos los que han estado viendo el concierto están asediando la barra por sus consumiciones. ¿Te traigo algo antes de irme?&lt;br /&gt;- El… El dry Martini estará bien… - Dijo ella, ligeramente turbada ante tal giro hacia la simpatía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vieron como el camarero se iba abriéndose paso entre la multitud, saludando a conocidos o apartándolos con la bandeja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Le estás mirando el culo, ¿a que si? – Preguntó Rolf. Su amiga se ruborizó como una colegiala.&lt;br /&gt;- ¿Cómo…? Joder, está buenísimo.&lt;br /&gt;- ¿Y qué es lo que más te gusta de él? – Insistió con malicia.&lt;br /&gt;- ¿Aparte del morbo, y el físico, y todo? No se… Tiene algo que…&lt;br /&gt;- ¿Familiar?&lt;br /&gt;- Si… Pero no alcanzo a saber lo que es. No es algo igual, solo parecido… - Dijo ella, aún mirando como Malcolm hablaba con una de las camareras antes de meterse hacia el almacén.&lt;br /&gt;- Piensa en alguien a quien te querrías tirar ahora mismo. Ahora ponle un estilo más trabajado, quítale esa barriga fruto de incontables cervezas, mejora su aspecto y hazlo gay.&lt;br /&gt;- Creo que te entiendo, pero no me lo creo. – Respondió ella tras pensarlo unos segundos, mirándole a la cara con cautela.&lt;br /&gt;- Si no sé que es lo que crees, no te puedo sacar de dudas. – Insistió Rolf, obligándole a decirlo, mientras se recreaba en el último sorbo de su copa y en la confusión de su amiga.&lt;br /&gt;- ¿Me estás diciendo que esa es la versión gay gótico-fetichista de Han?&lt;br /&gt;- Su mismísimo hermano gemelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mierda… ¿Dónde se supone que está el vermouth bueno? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Malcolm levantó una caja y la depositó a un lado segundos después, sonriendo al fin ante su hallazgo. La situación en la barra estaba bastante más que desbordada, y tenía que volver a su puesto cuanto antes, pero su orgullo le impedía que ese cabrón de Rolf tuviese una mala copa que reprocharle. Cuando se agachó para coger un par de botellas, oyó una voz desde la puerta que lo sorprendió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me encanta que te vayas preparando, pero prefiero disfrutar un poco más de los preliminares.&lt;br /&gt;- ¿Quién? Ah… Eres la amiga de Rolf. – Ella había cerrado la puerta y le esperaba recostada contra esta. Había levantado una pierna, insinuándose con la abertura de su falda, luciendo ligueros y medias de rejilla, mientras con una mano bajaba un top al que un simple lazo impedía caer. – Oye, lo siento mucho, pero creo que Rolf te ha gastado una broma pesada. – Dijo mientras caminaba hacia ella. – Verás, tú y yo no jugamos en el mismo equipo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Malcolm alargó el brazo para girar el pomo de la puerta, Daphne lo tomó de la muñeca. Se lo acercó a la boca y, tranquila y sensualmente, dio un suave lametón a la yema del dedo corazón, mientras clavaba sus pupilas en las de su víctima. Luego, sin perder la sonrisa lasciva, posó las yemas de esos dedos en su esternón y fue bajando, hasta esconder esa mano bajo su falda. El brazo de Malcolm, interpuesto entre ambos, se tensó con la sorpresa inicial, para luego relajarse, mientras su rostro aún seguía marcado por la sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y… ¿De qué equipo me hablas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué tal?&lt;br /&gt;- Jonaaaas… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro lado de la mesa, una mujer lo miraba. No una mujer cualquiera, sino el ideal perfecto de mujer. Ante un hipotético caso de extinción humana, una foto de Aang en ese momento habría sido suficiente para que la idea de la femineidad perdurase para siempre: Tranquila, reposada, fuerte, vital… Embarazada… Apenas un par de semanas faltaban ya, y en su vientre hinchado y lleno de vida, Jonás sentía algo a lo que hablar, tocar y considerar parte de sí mismo. &lt;br /&gt;Aang, sin embargo, no dejaba de pensar en esa maldita manía de preocuparse por ella a cada segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sé que no eres capaz de dejar de preguntar, ¿hai?, pero tienes que tranquilizarte. &lt;br /&gt;- Ya, bueno… El concierto ha sido ruidoso y no quisiera que el ruido o el estrés pudiesen alterar…&lt;br /&gt;- El concierto ha sido maravilloso y conmovedor, Jonás. – Dijo ella con una fuerza y una serenidad que no dejaban de impresionar a su novio. Ella se acercó a él, mientras este jugueteaba con su pequeña trenza. – Aunque yo no sea muy “heavy”, siempre recordaré al grupo de Han en el momento en que vinieron a tocar para nosotros. ¿Hai? A todos nos encanta su música, y nos encanta venir a verlo.&lt;br /&gt;Mientras decía esto, con una mano había tomado la de Kurtz, y con la otra, acariciaba su vientre con gestos amplios y protectores. El turco no se quitaba una cosa de la cabeza: Ese cabrón de Krauser tenía toda la puta razón. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre bastidores, todo era un incesante movimiento dondequiera que uno mirase. En medio de un silencio atronador y apabullante, creado por el vacío de su música, que el dj de la Tower no fue capaz de contener, la gente se apresuraba para recogerlo todo mientras llegaban informes de espectadores intentando invadir el backstage para ponerse en contacto con los Ravens. Entre los cuatro componentes del grupo, todo eran miradas de complicidad y sonrisas nerviosas. Fanfarronadas, bromas y gente que traía cervezas, aguas y toallas. Gente que felicitaba, o hacía preguntas que apenas se podían oír. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Grupo… - Mark tomó la palabra a medida que la realidad iba sobreponiéndose a la adrenalina. Se situó entre todos ellos, apartando a los trabajadores con sus cervezas. – La fiesta que nos espera ahora será apoteósica, y la resaca de mañana será como una caída a los infiernos, pero antes de entregarnos a la bebida y renunciar a nuestra consciencia, quiero pediros un favor: Cerrad los ojos. Recordad sus caras. Recordad sus voces, sus gritos, sus gestos, sus súplicas… Somos dioses, gente. – Sonrió mientras abría los ojos y estiraba sus brazos, tocando las frentes de sus compañeros que a su vez le devolvieron ambos gestos. – Somos dioses. Recordadlo pasado mañana en el ensayo: ¡Así es como tiene que ser!&lt;br /&gt;- ¡Dioses! – Gritó Han, alzando la primera birra de una nueva era del rock midgariano.&lt;br /&gt;- ¡Dioses! – Lo acompañó Megan.&lt;br /&gt;- ¡Los jodidos cuatro cabrones ruidosos del apocalipsis! – Rió Helmut.&lt;br /&gt;Cuando las cervezas bajaron y los cuellos volvieron a su posición normal, ahí estaba Keith, inquietante y servicial, con sus dientes amarillentos y su eterno cigarrillo encendido en la mano.  Parecía haber aparecido de la nada, pero ninguno de los músicos podía afirmar en este momento ser demasiado consciente de su entorno.&lt;br /&gt;- Seguidme. – Dijo el fumador trajeado. Las puertas se abrieron, y los cuerpos de seguridad de la Tower of Arrogance formaron un pasillo por el que el grupo se abriría paso hasta la zona vip. Un camino entre matones trajeados hacia la gloria. El público gritaba y los esperaba ansioso. - ¿Vamos?&lt;br /&gt;- Tú delante, Keith. Tener a los de seguridad abriendo paso dará la imagen de ser un grupo grande. – Dijo Megan. – Luego, a una distancia Mark que es el frontman. Luego… &lt;br /&gt;- Helmut. – Dijo Han sin dudar. – Y luego…&lt;br /&gt;- Luego va Megan, idiota. – Interrumpió Mark. – El bastardo oscuro y misterioso siempre debe ir al final. – Ambos sonrieron. – Y ahora, ¡seguid el camino de flashes!</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/04/209-incompleto.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total>6</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-8717912029618423954</guid><pubDate>Thu, 18 Mar 2010 10:32:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-09-12T23:47:17.257+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor: SKEITH</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>208</title><description>Los ruidos de la colocación del cañón habían llegado a su fin. Era un alivio, porque incluso bajo la placa el ruido de la maquinaria pesada y el estruendo provocado por el movimiento del cañón eran algo patente. Cuando fue colocado sobre la estructura, los pilares maestros de soporte retemblaron, y en las chabolas más cercanas los cristales vibraron, como si un trueno se hubiera descargado sobre los suburbios. Luego, todo en calma, como si hubiera pasado la tormenta. La radio sobre el mostrador anunciaba, en casi todas las emisoras, menos las de música “sin interrupciones”, que las obras habían finalizado. Una mano grande y callosa cambió el dial, hasta encontrar una suave melodía de jazz que le quitara de encima la voz chillona de los cuatro patanes tertulianos del programa de noticias. La mente que dirigía la mano estaba pensando en tres recuerdos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos ojos dorados de pupila rasgada miraban fijamente a través del local. Rodeado de estantes y fotos variadas (de gente, de armas y de algún paisaje lejano e indudablemente mejor), el dibujo ocupaba una de las pocas partes de la pared que estaba vacía. Era un viejo recuerdo, el primero de los tres, relacionado con un pasado que prefería olvidar. Ciertamente no era algo para ser recordado a no ser que fuera con vergüenza y algo fuerte a mano para alejarlo. Sin embargo, a una parte de él le gustaba tenerlo ahí. La figura, algo vaga, era un tigre pintado con brillantes colores naranjas, blancos y líneas negras algo temblonas. Un dibujo que había hecho su propio hijo cuando era pequeño, hacía más de quince años. Lo que mejor había quedado eran los ojos, muy vivos. Entonces podía haber llegado a algo decente, estudiando arte, o al menos una carrera. Ahora, el muy idiota se encontraba zascandileando con un grupo de reaccionarios que repartía panfletos en contra de Shinra y su forma de hacer las cosas. Ya se había llevado alguna paliza que otra por parte de los PM. Afortunadamente, el estado de excepción le había forzado a dejarlo, a no ser que prefiriera llevarse un castigo peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras pensaba en ello, Gilford Schmidt limpiaba a conciencia su veterano revólver, un arma grande y no demasiado manejable. Sus manos, grandes, de dedos largos y fuertes, se movían con habilidad, sacando hasta el menor rastro de suciedad. El modelo, un Lohengrin bastante añejo al que llamaba “Viejo Fiel”, llevaba con él desde después de su primer exilio. Había pistolas más ligeras, y sin duda menos ruidosas, pero aquella era depositaria de su confianza y afecto; lo mismo despachaba a un monstruo de los suburbios de un par de tiros bien dirigidos que a un pipiolo aprendiz de atracador. Aunque no había muchos que intentasen atracar, al menos conscientemente, una tienda de armas.&lt;br /&gt;Se encontraba la tienda en el sector cuatro, en los suburbios. Detrás de la tienda había cantidades ingentes de chatarra, no siempre oxidada, que protegía con fiereza. Dicho material era usado ocasionalmente para fabricar piezas de repuesto, en trueques con mecánicos y, en ocasiones, para mantener encendida la chispa de artesano. Para ello se servía de una pequeña forja artesanal que había instalado en un cuartucho de la trastienda. Parecía ser costumbre de la gente que vivía a la sombra de la placa competir por los mayores montones de hierro retorcido. Una pena no vivir más cerca del sector siete, donde ahora lo había de sobra.&lt;br /&gt;No lamentaba demasiado lo sucedido a raíz de aquel ataque terrorista. Consideraba a la gente de Midgar un puñado de idiotas esclavizados que alimentaban sin saberlo a sus capataces. Las máquinas que surtían de electricidad al centro de su mundo convertían en un desierto todo lo que rodeaba la ciudad. Le sorprendía que, sabiendo que en los límites de Midgar eran incapaces de cultivar nada, los ingratos habitantes de la misma consideraran toscos o ignorantes a los que vivían en los pueblos. Pueblos de cuyos trabajadores y tierras se obtenía el sustento. En su opinión, les estaba bien empleado. Bufó, mientras seguía limpiando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su alrededor, prácticamente todo era metálico. Los rifles, las pistolas, las escopetas, las municiones… y hasta las espadas, que mantenía guardadas fuera de la vista de la gente. En Midgar no estaban bien vistas, salvo quizá entre las tropas de elite, pero él tenía varias. Eran todas íntegramente obras suyas, menos dos sables largos y curvos, uno de ellos carente de guarda, ambos grabados con el nombre “Yoshiyuki”. Habían sido ideados para ser similares a los que se forjaron hacía ya tiempo por el legendario artesano que creó aquella rareza de dos metros treinta. Esos dos sables artesanales e irreemplazables eran el segundo recuerdo, esta vez de su maestro, que se combinaban con los ojos del tigre colgado en la pared para traerle más cosas a la memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gilford Schmidt era un inmigrante. Su país de procedencia era Wutai, pero no era enteramente nativo. Únicamente su madre lo era, mientras que su padre era un pobre buscador de fortuna que había llegado todo lo lejos que era capaz. Se había afincado en Wutai, se había casado, y el resultado fue él. Pelo negro lacio, ojos ligeramente rasgados, pómulos un tanto marcados, constitución robusta y piel pálida. La casa no era precisamente un palacete, y pronto tuvo que dejar atrás la infancia para trabajar. Se hizo aprendiz de forjador, aprovechando que siempre había sentido debilidad por las armas. Aprender a forjar espadas perfectas bajo la tutela de su mentor y jefe era vivir su sueño, y fue bien. Disfrutaba viendo a su maestro y patrón doblegar el metal a su antojo, deseando mientras observaba que llegara el momento de hacerlo él. Con el pasar de los años fue capaz de hacerse cargo de la forja en solitario, y ya pensaba en abrir su propia armería… hasta que la guerra envolvió el país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los intentos “pacíficos” de Shinra para que las gentes aceptasen la energía mako y las comodidades de la vida moderna terminaron abruptamente, iniciándose una sangrienta campaña. Los civiles se reunieron y formaron pelotones armados con espadas y objetos improvisados. Haciendo uso de su conocimiento del terreno, realizaron ataques sorpresa sobre los convoyes de Shinra que avanzaban en dirección a la capital. Frente a las armas de fuego de la compañía, contra las que las espadas no eran demasiado eficientes, los defensores atacaron furtivamente en una serie de ataques tras los que procuraban desaparecer en los bosques y montañas. Echaron abajo puentes, llenaron los bosques de trampas y defendieron hasta la muerte sus hogares, prefiriendo vender caras sus vidas a dejarse expulsar. Durante la guerra, Gilford había sido uno de tantos civiles que habían ayudado a ralentizar a los soldados de Shinra. Emboscadas, trampas, incluso suicidios pensados para llevarse por delante al enemigo… todo valía, y todo honor esperaba a quien diera la vida por su gente. Pero no sirvió de nada. Ni las emboscadas, ni las trampas, ni el honor.&lt;br /&gt;Poco antes de que las tropas de Shinra cercaran su pueblo, Gilford regresó, reunió a su familia (su padre, su esposa, sus hijos) y la preparó para marcharse. Con ellos fueron también la hermana de su mujer y su marido, que compartía su punto de vista. Estaba harto de la guerra y de ver morir a su gente. Sólo quería acabar con todo, y luchando no iba a terminar. Sabía que algunos le llamarían cobarde, pero prefirió afrontar el desprecio de sus compatriotas a la muerte de sus seres queridos.&lt;br /&gt;Aprovechando que las tropas del pelotón Selenia rompieron el bloqueo enemigo para poder enviar más tropas al frente, Gilford y su familia escaparon en la oscuridad. Realmente, muy pocos civiles contemplaron la posibilidad de refugiarse en otros lugares. Los que lo hicieron se sentían abrumados por el dolor y la vergüenza, pero el miedo que les impulsaba era mayor que ambos. Fue entonces cuando enterró su nombre y se buscó uno menos conflictivo. Soportando estoicamente el pesar y aguantando el llanto, alcanzaron la costa, escaparon por mar y llegaron a Corel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Permanecieron allí un tiempo. Shinra ya había pasado por el lugar, esparciendo su tan cacareada comodidad. No le faltaban detractores en Corel, pero se mantenían con un perfil bajo. Eran mayoría los que disfrutaban de las ventajas del mako y la forma de vida de Shinra. Durante unos años, Gilford se ganó la vida primero como afilador y reparador de cacharros metálicos, y luego reparando maquinaria minera para los pocos que no querían dejar de lado el preciado carbón. No le costó mucho aprender mecánica, pero su pasión por las armas pronto le llevó de nuevo a ellas. Las armas de fuego, lejos de fascinarle tanto como las espadas, eran interesantes, y no tardó en cogerles el truco.&lt;br /&gt;Y justo en el punto en que la vida parecía mejorar, la guerra regresó. El reactor estalló por un fallo de causas desconocidas. Shinra anunció que se trataba de una facción rebelde y procedieron al sistemático incendio de la comunidad minera y el exterminio de gran parte de la población. Forzado a huir de nuevo, Gilford tomó una decisión: ya que cuanto más lejos de Shinra más conflictos se desataban, iría al lugar donde con total certeza no emprenderían una guerra. Se dirigió a Midgar. A buen seguro, en un lugar plagado de gente acomodada, asalariada por la empresa y adicta a los lujos que ésta podía ofrecer, no habría demasiados disturbios. Al menos, no uno que le forzara a salir a escape de nuevo. Actualmente, menos su esposa y su hijo mayor, el resto de su familia vivía en Kalm. El pueblo era como una extensión de Midgar, así que no se preocupaba por ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gilford había llegado a los suburbios sin mucha idea de qué hacer. Tenía ahora más arrugas, más amargura. Era más viejo y las cosas estaban empezando a importarle menos que antes. Sólo tenía ganas de tener un trabajo que les diera para vivir a su mujer y a él mismo, y tiempo para dedicarse a sus asuntos sin ser molestado. Finalmente, había adquirido con sus exiguos ahorros un cuchitril y lo había restaurado hasta convertirlo en lo que era ahora. El forjador envidiaba a su homólogo del Mercado Muro, en el sector seis. Se decía que el muy cabrón tenía incluso un tanque. ¡Un jodido tanque! &lt;br /&gt;Así y todo, su negocio, Schmidt &amp; Wilson, era rentable. Mientras hubiera gente insegura, impulsiva, ambiciosa y monstruos, no se quedaría sin trabajo. Tenía hasta algo de fama por los cuatro gatos que veían con aprecio su manufactura de Wutai en las armas blancas. Algunos de ellos le preguntaban por el tal Wilson; eran clientes conocidos que lo usaban para dar a entender que buscaban las excelentes espadas de Wutai. En cuanto al resto de curiosos, les devolvía la pregunta con un “¿Ves a Wilson aquí? Eso es que no está.” Gilford resopló, guardando los trapos y limpiándose las manos en el mandil de herrero, lleno de puntos negros y olor a hollín (le importaba poco que sus clientes le vieran con él). Harto de la mirada penetrante del tigre en la pared y de la radio, guardó al “Viejo Fiel” donde siempre, apagó el viejo trasto de un manotazo y se dispuso a ir a la trastienda. Apenas se dio la vuelta, la puerta de entrada se abrió con un chasquido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un cascado carillón casero sonó al moverse la hoja de metal remachado. Gilford se giró y vio a un tipo joven. No tendría más de veintipico. Llevaba ropa deportiva no demasiado limpia y se tapaba la cabeza con la capucha gris de la sudadera. Por debajo se veía una cara poco agraciada, con algunos mechones largos y negros. Se movía de manera chulesca. Las manos estaban en sus bolsillos, pero pronto salieron de él para manosear los estantes, repletos de herramientas, limpiadores, expositores y algunas armas de exhibición clavadas a la pared. Cuando terminó su inspección, fue al mostrador. Gilford no le sacaba la vista de encima desde que había puesto un pie en sus dominios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;– ¿Querías comprar algo, chico?&lt;br /&gt;– Pues… sí. Quiero cuatro pistolas… y un par de escopetas. Y munición, claro.&lt;br /&gt;– Muchas armas son ésas. ¿Vas a hacer una exposición? Y más importante, ¿puedes pagar todo eso?&lt;br /&gt;– Claro que puedo &lt;/strong&gt;– dijo sacando del bolsillo un montón de billetes doblados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la vista del dinero, Gilford se agachó un poco, sin quitarle ojo. Echó un vistazo bajo el mostrador. Había varios modelos de pistolas, menos algunos de los utilizados por los MP o el ejército. Esos estaban en la trastienda, reservados. En la trastienda estaban también las escopetas. Antes de sacar nada, preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;– ¿Te sirve cualquiera o buscas algo concreto?&lt;br /&gt;– Me vale cualquiera que dispare.&lt;br /&gt;– ¿Y tu ID?&lt;br /&gt;– ¿Mi qué? &lt;/strong&gt;– el vendedor de armas resopló de nuevo, armándose de paciencia.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;– Tu ID, esa tarjetita que dice quién eres y la edad que tienes,  con una foto horrenda tuya y que ahora se usa hasta cuando vas en tren hasta la placa. Esa ID. Enséñamela. No pienso venderte nada si no la veo antes.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con evidente reticencia, el tipo volvió a meter la mano en el bolsillo, echando mano a una raída cartera de cuero. De ella sacó una tarjeta plastificada. El vendedor esperaba la peor falsificación jamás impresa, pero se llevó una sorpresa al ver que la tarjeta era auténtica. Al menos en apariencia. Tomó nota del nombre y el domicilio. Era mayor de edad, otro dato importante. No quería quejas de madres histéricas por haber vendido un arma de fuego al inconsciente de su pequeño. Le devolvió la tarjeta y fue a la trastienda, dejando la puerta de la misma abierta. Los modelos bajo el mostrador eran bastante modernos y buenos, así que prefería dejarlos donde estaban. Con un poco de suerte, podría colarle algo de mercancía cutre y así sacársela de encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a un espejo ingeniosamente colocado, no le perdió de vista a pesar de estar de espaldas. Que uno no llegaba a viejo sin precauciones. Miró entre las cajas apiladas hasta dar con lo que buscaba, y cuando volvió al mostrador, lo hizo en dos viajes: la primera vez dejó un alargado maletín negro, en cuyo interior descansaba una Bonfire en perfecto estado. Sobre él, dos cajas más pequeñas, negras también, con las palabras “Hayter M1914” grabadas en una esquina. En el segundo viaje trajo exactamente lo mismo, (sólo que esta vez las pistolas eran revólveres Archer &amp; Grossman) para un total de dos escopetas y cuatro pistolas, lo pedido por el chaval, que no había dejado de pasearse por la tienda. Al regresar al mostrador, el chico golpeó suavemente la mesa, dejando el fajo de billetes en ella. Gilford lo cogió, lo contó y con la rapidez fruto de la práctica, lo metió a la registradora.&lt;br /&gt;Entretanto, su cliente acababa de abrir el estuche de una de las escopetas y la inspeccionaba como quien coge una pieza de motor de cuya función no está muy seguro. Luego echó una ojeada a las pistolas, haciendo la pose varias veces, mientras Gilford suspiraba con resignación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;– ¿Cómo piensas llevarte todo esto? No vas a tener manos para abrir la puerta siquiera.&lt;br /&gt;– Nah, tengo la furgoneta fuera. Oye, podrías ayudarme a meterlo atrás. Así terminaremos antes.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un gruñido, Gilford agarró el maletín de una de las escopetas por el asa. Con la otra mano, colocó las pistolas sobre el otro maletín, que fue cogido por el chico. Éste parecía más nervioso ahora que cuando había entrado, y se movía y agitaba mucho, fingiendo que cambiaba de postura para agarrar mejor su carga. El vendedor asió el pomo de la puerta con la mano libre y abrió. Nada más dar dos pasos, se encontró encañonado por otro chaval. De edad similar, ropa vaquera y sudadera blanca, éste le había puesto una pistola junto a la cabeza nada más asomarse. El corto cañón del arma se apoyaba frío contra su sien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;– Vamos, viejo, termina de salir de una puta vez.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer chaval le dio un empujón desde dentro de la tienda. Llevaba aún los maletines y, como había dicho, se dirigió hacia una furgoneta aparcada justo delante del local. Tenía las puertas traseras abiertas, y un tercer compinche, rubio, con greñas y gorra a juego, le esperaba para ayudarle. Gilford no se movió del sitio, pero su cara adoptó una expresión ceñuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;– ¡Ha sido más fácil de lo que esperaba! ¡No sospechó nada, el muy idiota!&lt;br /&gt;– Pues mejor, estará senil. Ahora miraremos dentro. Cogeremos más armas y recuperaremos la pasta que reunimos para “pagar”, y más, si tiene algo de valor en ese cuchitril. Esos hijos de puta del sector 3 no van a saber de dónde les llueven las balas.&lt;br /&gt;– Primero regístrale, puede que lleve algo encima.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras el más cercano a la furgoneta se ponía a meter la carga de su compadre, el que había entrado en la tienda se colocó detrás de Gilford y palpó bajo los hombros, las piernas y la cintura. Al llegar a ésta, se encontró con que en la espalda, sujeta al cinto, llevaba una pistola, una Maytrona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;– Ésta me la quedo yo. ¿No te importa, no?&lt;br /&gt;– Déjate de chorradas y entra, tenemos que vaciar la tienda y no quiero pasarme aquí todo el puto día&lt;/strong&gt; – dijo el que apuntaba al vendedor.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;– Cuando un barco se hunde las ratas escapan, pero veo que aunque tengamos un meteorito sobre la cabeza y estado de excepción, los pandilleros siguen siendo una puta plaga. Hasta las ratas son más listas que…&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gilford no terminó de hablar, ya que la culata le golpeó antes de poder acabar la frase. Un fuerte pitido le privó del oído, aunque veía al niñato que le apuntaba mover la boca, seguramente insultándole. El vendedor, que se había echado hacia atrás por el golpe, empezó a sentir cómo un calor abrasador se expandía desde su pecho, mientras que más abajo sentía algo frío. Aquellos pequeños hijos de puta pensaban vaciarle la tienda, tanto de mercancía como de dinero. Y sus recuerdos. ¿Y qué le quedaba después? Una denuncia apenas escuchada o marcharse a otro lugar. Otra vez. Huir otra vez. Una voz ronca atravesó la línea de su pensamiento y despertó por completo su furia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;– Venga, dame ese maletín.&lt;br /&gt;– Todo tuyo.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vendedor se lo tiró a la cara, dándole de lleno. El aprendiz de atracador no lo vio venir y cayó al suelo, soltando su arma. El que había ido dentro salió con una navaja en la mano y se le echó encima. Sonó un estampido. Bajo la capucha gris, la cara del chaval reflejaba un dolor desbordante. No tardó en gritar mientras se agarraba la pierna. El tercer niñato miraba al vendedor, incrédulo. Estaba paralizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;– Habéis visto demasiadas películas, niños. Parece que sabéis imitar a los actores, y como ellos ni siquiera tenéis puta idea de registrar a alguien. Os habría salido mejor de coger de los tobillos y agitar hasta que cayera todo. Hasta una rata lo habría hecho mejor.&lt;br /&gt;– ¡Pero si te quitó el arma!&lt;br /&gt;– Es evidente que no.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gilford sopló el cañón humeante del “Viejo Fiel”, que había sacado de debajo del mandil de herrero, mientras asestaba una furibunda mirada al chaval. El de capucha gris no iba a poder moverse en un tiempo, y no le preocupaba, aunque preferiría que no se desangrara en su puerta. El vendedor les hizo una seña para que entraran en la tienda. El de greñas color paja ayudó a levantarse a su compadre herido, mientras que el restante, ahora desarmado, se frotaba la maltrecha cara. Los cuatro entraron a la tienda; Gilford seguía apuntándoles. Mientras les miraba ceñudamente, se puso tras el mostrador, echó mano del teléfono y marcó el número mágico que haría aparecer dentro de poco a un grupo de MP y una ambulancia, que se encargarían de librarle de los tres pandilleros. Uno de ellos seguía farfullando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;– Pero si te quitó el arma… &lt;/strong&gt;–  una vez más, Gilford resopló, desdeñoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una inscripción pulcramente grabada en el arma brilló por un momento. Era el tercer recuerdo, un nombre olvidado y enterrado. Lo había escuchado en su cabeza; le había hecho reaccionar. Quizá no había perdido del todo el orgullo que creía abandonado en Wutai. Supuso que apalizar a las ratas de Midgar le hacía sentirse bien. Miró nuevamente al frustrado asaltante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;– Por las escamas empapadas de Leviatán, muchacho. Soy vendedor de armas desde hace años. ¿De verdad creías que sólo llevaría una?&lt;/strong&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/03/208.html</link><author>noreply@blogger.com (Eld)</author><thr:total>4</thr:total></item></channel></rss>