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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/rss2full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356</atom:id><lastBuildDate>Sat, 06 Feb 2010 14:27:24 +0000</lastBuildDate><title>Azoteas de Midgar</title><description>Cadena de relatos ambientados en la ciudad de Midgar (Final Fantasy VII)</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Noiry)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>140</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/rss+xml" href="http://feeds.feedburner.com/AzoteasDeMidgar" /><feedburner:info xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" uri="azoteasdemidgar" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-6859752976639475466</guid><pubDate>Sun, 31 Jan 2010 23:24:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-02-05T00:57:40.404+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">ESCRITOR: ROKHSA</category><title>201</title><description>Ya me estaba vistiendo cuando el sol apenas se dignaba a romper la barrera del horizonte con una fina explosión que convertiría la noche en un espectáculo cárdeno. No había conseguido dormir, aunque tampoco me esforcé en intentarlo. Sábanas viejas, frías, amarillas, una almohada hueca en el centro, un colchón que se hundió en cuanto me apoyé un poco… ¿Qué te pasó padre? Esa no era la cama de alguien que vino a &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;Midgar&lt;/span&gt; a hacer fortuna y hacer feliz a su familia, esas eran las sábanas con las que saliste de Costa del Sol y que te arropaban ajenas al mundo exterior. &lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Sí, mi padre era carpintero, un oficio humilde que elevaba a su máxima categoría esforzándose como ninguno, sin ganar dinero como todos. En su monotonía preparaba marcos de puertas, grandes tablas, en su artesanía hacía cosas como el reloj de arena que ahora reposaba encima del televisor. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Llegó una guerra y él se fue con ella, arrancándole lo que yo más apreciaba, su gusto por la vida cómoda, sencilla, sin preocupaciones, su buen humor. Volvió con el rostro hundido por algo más que la delgadez, extrañamente silencioso y sin ganas de crear sus pequeñas maravillas de madera. ¿Qué te pasó allí? Decía mi madre por la tarde cuando los tres nos sentábamos frente al televisor. No me preguntes por ello, jamás. Contestaba él con una fiera chispa de locura en los ojos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Luego, un día, cuando yo cumplía diecisiete, se marchó.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Y ahora, sus únicas palabras después de aquél día, me venían a través de una carta que apareció en lugar de su cuerpo aplastado.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Me puse una camiseta negra, que ya me quedaba pequeña dos años atrás, y el abrigo para salir a la calle antes que el amanecer, cruzando las húmedas paredes del piso sin girar el cuello, sin dirigir la mirada a ningún objeto, sin querer ver la carta que reposaba junto al reloj de arena.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Era una costumbre de mi padre, todavía me acuerdo &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;perfectamente&lt;/span&gt;, comprar el periódico a primera hora y leerle &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;tranquilamente&lt;/span&gt; en su bar de siempre, tomando un café.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Nada más salir del portal, busqué con la mirada el bar más cercano, del que mi padre se habría convertido seguramente en parroquiano. La luz artificial a través de dos grandes cristales todavía llamaba la atención en la penumbra de las calles, reclamandoa los &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;madrugadores&lt;/span&gt; en el preludio del amanecer.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Ese tenía que ser, en la acera de enfrente, haciendo esquina a escasos metros. Crucé la carretera con el cuello hundido en el abrigo y empujé la destartalada puerta, de dos sucias piezas de cristal.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Buenos días- me dijo el dueño, que todavía estaba bajando taburetes de la barra- ¿Qué te pongo?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Un café con leche- le contesté sentándome en uno que yo mismo bajé. La verdad es que agradecí esa cortesía de reglamento, esas pequeñas frases que todo camarero debería recitar siempre, esa simpatía que, aunque falsa, me hizo sentirme más a gusto.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Vas a tener que esperar unos minutos…La máquina es una antigualla y aún no se ha calentado lo suficiente.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Así que esperé los minutos de rigor, observando cómo aquél hombre con delantal negro, delgado y con perilla oscura ejercía su rutina con un ánimo estoico, aunque la mitad de las sillas estuviesen cojas y dos bombillas fundidas. Él seguía adelante, pasando la bayeta por las tres mesas que había pegadas al cristal, con pegajosos círculos de refrescos. Supongo que te terminas acostumbrando, pensaba mientras le miraba, será &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;concienciarse&lt;/span&gt; de que te podría ir peor, de que podrías haber acabado aplastado bajo el sector siete como mi padre…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;El café llegó humeando, con una cucharilla y un sobre de azúcar. Me echó un chorro de leche y le pagué.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Gracias- él se dio la vuelta y metió las monedas en la caja registradora. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-No me suena tu cara…-me dijo apoyando los brazos en la barra- ¿Eres nuevo en esta pocilga?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Se podría decir que no soy ni nuevo- tenía ganas de hablar con alguien, de dejar de pensar en mis tormentos pasados y presentes, así que entablé &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_5"&gt;conversación&lt;/span&gt; con él – Vine ayer mismo desde Costa del Sol…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_6"&gt;Joder&lt;/span&gt;, casi nada… ¿Y cómo es que has venido? Con el &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_7"&gt;calorcillo&lt;/span&gt; que hace allí…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Mi padre murió y…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-¡Oh, lo siento!&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-No pasa nada, el caso es que…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;En ese momento se abrió la puerta y los dos miramos hacia esa dirección, contemplando a un gran hombre trajeado, silbando totalmente risueño una canción.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Buenos días &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_8"&gt;Richard&lt;/span&gt;- Saludó el dueño. Por lo visto era un cliente habitual.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Sí, porque no… Aunque como sea verdad lo que dicen, tened preparado un bote de pastillas para el dolor de cabeza- el nuevo cliente se sentó a mi lado y cogió el periódico alzando las cejas. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;El camarero debió ver mi gesto de confusión y rió con suavidad, dándome la espalda de nuevo y apretando un interruptor junto a la cafetera; Ya entraba suficiente luz en el local y las bombillas eran innecesarias.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Lo que &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_9"&gt;Richard&lt;/span&gt; quiere decir es que se rumorea que hoy van a colgar ese maldito cañón gigante.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-¡&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_10"&gt;Joder&lt;/span&gt; se rumorea dice! Mira- y enseñó un artículo del &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_11"&gt;Midgar&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_12"&gt;Lights&lt;/span&gt; con una imponente fotografía panorámica de los andamiajes- Como se caiga ese &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_13"&gt;jodido&lt;/span&gt; tubo nos vamos a reír todos de lo que pasó en el sector siete…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Esa frase sentenció&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_14"&gt;conversación&lt;/span&gt;, un comentario que sólo pareció&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;afectarnos al camarero y a mí, detalle que percibió el tal &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_15"&gt;Richard&lt;/span&gt; y agachó la cabeza enfrascándose en la lectura del periódico.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Claro, como no, no hacía falta más que verle, un hombre dentro de semejante traje no podía vivir bajo la placa… Y esa gordura, desde luego que no se correspondía con los sueldos que se repartían allí abajo. Ya me había &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_16"&gt;jodido&lt;/span&gt; la buena mañana, la buena impresión de aquél bar, humilde, siempre ajetreado. La gente sobre la placa no debería bajar para fardar de su fortuna, de lo fácil que es la vida para ellos, de todo lo encima que están de nosotros. Esas ideas me pasaban por la cabeza entre sorbos de café amargo, yo, que llevaba día y medio en &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_17"&gt;Midgar&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Perdona…- continuó el dueño del bar secando un vaso con un trapo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-&lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_18"&gt;Oh&lt;/span&gt;, sí…- disimulé dando otro trago de café. Claro que sabía que aquél &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_19"&gt;jodido&lt;/span&gt; adinerado me había cortado la &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_20"&gt;conversación&lt;/span&gt;- Es que mi padre vivía por aquí y&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;tenía la costumbre de tomar un café a primera hora, a lo mejor le conocías…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Pues a estas horas sólo vienen dos personas, el que tienes aquí…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_21"&gt;Richard&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_22"&gt;Blackhole&lt;/span&gt;- se &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_23"&gt;autopresentó&lt;/span&gt; ofreciéndome la mano. Yo acepte el saludo por educación.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-…Y &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_24"&gt;Callisto&lt;/span&gt;. Pero hace mucho que no viene ya por aquí.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;- Es cierto- añadió &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_25"&gt;Richard&lt;/span&gt;- ese cabrón solía quitarme el &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_26"&gt;Lights&lt;/span&gt; de las manos. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-¿Con barba y una cicatriz en el tabique nasal?- pregunté esforzándome en imaginar su cara, más envejecida y chupada que la última vez que la vi. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Entonces recordé aquella descuidada cicatriz en su nariz, un día en el que yo apenas tendría seis años, un día de sol y cielo azul, sin nubes que distrajeran la atención de un monótono tapiz. Mi padre cogía una piedra lisa y la lanzaba con fuerza. Botaba una, dos, tres, cuatro… A veces incluso perdía la cuenta totalmente concentrado en el vasto mar. Estaba ofuscado, enfadado, cabreado de que a mí no me saliera, pero tan lleno de orgullo y admiración hacia él y su risa inocente que no me cansaba de intentarlo. Encontré la piedra perfecta, plana como ninguna. Empecé a dar vueltas sobre mí mismo, como si la fuerza me ayudase a hacer que rebotase diez, cien, mil veces sobre el agua. Ya me estaba mareando, no calculé el momento de lanzarla y el resto de la historia culminó en el hospital con dos puntos y una aterradora aguja de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_27"&gt;antitetánica&lt;/span&gt; que inyectó todo mi sentimiento de culpa en las napias de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_28"&gt;Maximilian&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_29"&gt;White&lt;/span&gt;. No pude evitar reírme levemente allí, en el bar.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Ese mismo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;¡Pero eso no hace más que &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_30"&gt;enrevesar&lt;/span&gt; las cosas! Grité para mis adentros. Un padre que muere sin cadáver y que encima se ponía el sobrenombre de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_31"&gt;Callisto&lt;/span&gt;… Y para colmo estaba esa dichosa carta…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Bueno, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_32"&gt;ponme&lt;/span&gt; un &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_33"&gt;whiscazo&lt;/span&gt;- dijo &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_34"&gt;Richard&lt;/span&gt; golpeando la barra con la palma de la mano. Ese “&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_35"&gt;whiscazo&lt;/span&gt;” fue respondido con una “&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_36"&gt;propinaza&lt;/span&gt;”- ¡Va, qué coño, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_37"&gt;pon&lt;/span&gt; una ronda! Total, no sé cómo va a acabar el día…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;-------------------&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 6pt;"&gt;-No podrían haber cambiado un poco las cosas no…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Me entretenía resoplando y &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_38"&gt;formando&lt;/span&gt; vaho en la ventanilla, con el codo apoyado en el &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_39"&gt;reposabrazos&lt;/span&gt; y una mejilla pegada al frío cristal.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;-¿Qué dices ahora?- &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_40"&gt;gruñó&lt;/span&gt; O´&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_41"&gt;toole&lt;/span&gt; sin mover un solo músculo en su asiento de conductor, dirigiéndome una mirada iracunda a si acompañante, en los asientos traseros- ¡Y quita los pies de ahí &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_42"&gt;joder&lt;/span&gt;!&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Es verdad, lo siento, que te puedo pegar la &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_43"&gt;putitis&lt;/span&gt;…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;De las escasas veces que había coincidido con O’&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_44"&gt;toole&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_45"&gt;Yief&lt;/span&gt; ya había sacado la conclusión de que nunca le tragaría, que nunca nos llevaríamos bien. Claro, él es un putero, camello y &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_46"&gt;coleguilla&lt;/span&gt; de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_47"&gt;Tombside&lt;/span&gt; y yo no soy nada.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Sólo quería salir de la cárcel, lavar mi cara, tanto la pública como la física, consolidar de una puta vez la cómoda vida que todavía no había podido saborear. Una tarde tranquila de domingo, música de fondo… O tal vez una película. &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_48"&gt;Lucille&lt;/span&gt; y yo tumbados en el sofá, abrazados, sin una muestra más grande de amor que el permanecer callados, grabando ese pequeño y simple recuerdo en nuestra mente…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Pero claro, era salir de la cárcel y saber que &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_49"&gt;Blackhole&lt;/span&gt; tenía a &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_50"&gt;Lucille&lt;/span&gt;, que me había ofrecido ir a recuperarla yo mismo, que todavía tenía ganas de seguir &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_51"&gt;jodiéndome&lt;/span&gt; la vida, mis sueños de una tarde de un domingo cualquiera. ¡Por no hablar del otro tema! También era salir de la cárcel y saber que una &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_52"&gt;jodida&lt;/span&gt; caja negra, escondida vete tú a saber dónde, me ligaba todavía a una gilipollez de enormes dimensiones, a un accidente y un pensamiento en voz alta en las puertas de un hospital, que picó el hormigón de la carretera que era mi destino y construyó un &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_53"&gt;looping&lt;/span&gt; para acabar ayudando al peor homicida de la historia de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_54"&gt;Midgar&lt;/span&gt;. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;A lo primero ya me había concienciado, voy a por &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_55"&gt;Blackhole&lt;/span&gt;, le pregunto un par de cosas, me lo cargo y vuelvo a casa con &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_56"&gt;Lucille&lt;/span&gt; como un héroe de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_57"&gt;videojuegos&lt;/span&gt;, a sentarme en el sofá y ver una película.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Pero tenía que estar mi novio, como dijo el turco idiota que me quitó las esposas, el colega &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_58"&gt;hipocondríaco&lt;/span&gt; de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_59"&gt;Tombside&lt;/span&gt; para darme la bienvenida y ordenarme entrar en el coche porque “tenía órdenes secretas”.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Que estoy hasta los &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_60"&gt;cojones&lt;/span&gt;, eso digo… Además,- dije quitando los pies del la imitación de cuero- ¿Tú no tenías un coche más grande que éste?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Mira, mientras tú has estado en tu &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_61"&gt;nidito&lt;/span&gt; de amor con barrotes fuera han pasado cosas. Cosas que me ponen de mala hostia como lo de mi antiguo coche.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Vale, vale, ya capto el mensaje- eché los brazos sobre el respaldo del &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_62"&gt;copiloto&lt;/span&gt;-&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Tuerce en la siguiente calle a la izquierda.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;O´&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_63"&gt;toole&lt;/span&gt; se rió bajo la ridícula mascarilla, golpeando el claxon con el puño y llamando la atención de los transeúntes del sector 5, con una luz matinal que llevaba poco tiempo sobre el cielo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Esto no es un puto taxi chaval. Si he ido a recogerte es porque tienes cosas que hacer y…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-No- le interrumpí yo- ya te dije que primero tengo un asunto pendiente, así que tuerce a la izquierda en la siguiente calle.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;El putero se giró en el asiento y me miró con una cara que parecía estallar de un momento a otro, pero sin apartar la mirada del semáforo con su bombilla roja aún encendida.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Mira, tú y yo sabemos que nos caemos como el culo, pero no estás en condiciones de exigir nada y menos aquí dentro, que es mi coche.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_64"&gt;Ah&lt;/span&gt;, que ese es el problema, entonces tranquilo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Realmente no puedo decir que no estuviese disfrutando con aquello, era cierto morbo que me gustaba, cabrear de esa manera a un tío más grande que yo, a un proxeneta que se la sudaba todo pero que había desarrollado una habilidad increíble para esquivar los ácaros que flotan en el aire. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Dicho aquello abrí la puerta y salí del coche, di unas palmadas al capó de su &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_65"&gt;Shinra&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_66"&gt;Levrikon&lt;/span&gt; y avancé a pasos cortos hasta alcanzar el paso de cebra que había a unos metros. Poco tardé en oír la puerta del coche abrirse y el ligero pero totalmente reconocible sonido de una pistola apuntándome. Situación peligrosa, sí, pero yo sonreía de espaldas a él, porque había actuado tal y como yo pensaba.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-¡Me cago en la puta, ahora por mis &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_67"&gt;cojones&lt;/span&gt; vas a entrar en el coche y vas a ir donde yo te diga!&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Te repito que antes tengo que hacer una cosa, ¿qué mas te dará…?- su &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_68"&gt;Rhino&lt;/span&gt; me apuntaba al pecho, pero era simplemente eso, un cañón amenazante- Entra y &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_69"&gt;déjame&lt;/span&gt; en paz un rato, el semáforo ya se ha puesto verde.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;En efecto, la luz había cambiado de color y el &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_70"&gt;Levrikon&lt;/span&gt; de O’&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_71"&gt;toole&lt;/span&gt; estaba desocupado, formando un atasco bastante &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_72"&gt;considerable&lt;/span&gt; y una orquesta improvisada de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_73"&gt;cláxones&lt;/span&gt; de diferentes tonos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-¿Te crees que por haber intimado con…- se mordió la lengua en el último momento, consciente de lo que aquél nombre acarreaba en la sociedad- y tener una &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_74"&gt;jodida&lt;/span&gt; cajita negra te hace que los demás no te puedan tocar el pelo? Pues estás muy equivocado, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_75"&gt;entrá&lt;/span&gt; de una puta vez o la primera bala irá a la garganta.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-¿Recuerdas lo que me dijiste al salir de los calabozos?- asalté de nuevo- “No te puedo matar de momento, de momento…”&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Me di media vuelta y me despedí agitando la mano, sólo para oír cómo el gatillo de una pistola era apretado una vez, otra, pero sin salir bala alguna. O´&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_76"&gt;toole&lt;/span&gt;, con cara de gilipollas, aulló con un cabreo monumental.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Dejar la pistola en el asiento del &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_77"&gt;copiloto&lt;/span&gt; no ha sido una de tus mejores ideas, ni siquiera te has dado cuenta de que te he quitado la munición cuando me he echado hacia delante. Así que ahora sí, señores, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_78"&gt;Yief&lt;/span&gt; se marcha… Y no intentes seguirme o la primera bala irá a la garganta gracias a la pistola que me regalaste antes.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;-------------------&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_79"&gt;Alexandre&lt;/span&gt; esperaba en las calles del sector 5, sentado sobre el respaldo de un banco de madera y escuchando su grupo de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_80"&gt;punk&lt;/span&gt; de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_81"&gt;Wutai&lt;/span&gt; a través de unos grandes auriculares que le &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_82"&gt;amortiguaban&lt;/span&gt; del ruido; unos pantalones vaqueros desgastados con un par de rotos y una camiseta blanca ajustada. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Movía de manera inquieta la pierna derecha al ritmo de la música, pero de un modo instintivo, alejado y ausente del fuerte sonido de la batería. Estaba claro que se encontraba nervioso, que lo que iba a ocurrir aquella noche sería complicado y además no estaba convencido del todo. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Sacó de uno de los bolsillos un sobre de su marca favorita de tabaco y con la habilidad que le habían dado los años de fumador se lió un cigarrillo en cuestión de segundos. Sacó un bolígrafo del otro bolsillo y escribió en el papel “Por &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_83"&gt;Lucille&lt;/span&gt;” para prenderlo y exhalar una larga bocanada de humo. Justo apareció &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_84"&gt;Yief&lt;/span&gt; a paso rápido por una calle paralela, haciéndole señas con la mano. &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_85"&gt;Alex&lt;/span&gt; bajó del banco con un brinco y se echó los auriculares al cuello, esperando a que el otro cruzase un paso de cebra.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Ya estoy aquí- dijo &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_86"&gt;Yief&lt;/span&gt; a secas, con aire distraído, como si no estuviese frente al hombre que causó sus días de reclusión- ¿Vamos?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_87"&gt;Alexandre&lt;/span&gt; no contestó, pasó a su lado y abrió su coche con el mando a distancia. Era un vehículo antiguo pero elegante, con un diseño &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_88"&gt;aerodinámico&lt;/span&gt; y redondeado, con un color cenizo y apagado. Ambos entraron y el pintor puso en marcha el motor, con un sonido limpio y potente.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Dos manzanas más y ya estaremos allí, no queda muy lejos… Me gusta tu coche- añadió &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_89"&gt;Yief&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_90"&gt;contemplando&lt;/span&gt; la tapicería de color blanco- No entiendo mucho de coches y nunca me han gustado pero este tiene algo especial ¿De donde lo sacaste?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Lo siento pero no lo entiendo…- Suspiró Alex- Todavía no me fío de ti y el hecho de que trabajemos juntos…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Hombre, yo no lo llamaría trabajar.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-¡Déjame acabar! Digo que los dos queremos salvar a Lucille, así que sería estúpido que me estuvieses mintiendo, pero por mi culpa Turk te cogió y hoy llegas como si nada hubiera pasado y fuésemos amigos de toda la vida… ¡No me cabe en la cabeza!&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Digamos que hay cosas en mi vida que quiero tomármelas de otra manera, con vistas al futuro. Pienso que todo esto se va a resolver, que volveré a estar con Lucille mañana y que tú te convertirás en un buen amigo y vecino. Tal vez sea una manera de engañarme a mí mismo, pero me da igual.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Un breve silencio indicó que Alex trataba de comprenderlo, que era un argumento pobre pero con cierto sentido, pero que aún así no le entraba en la cabeza. Se encogió de brazos en señal de resignación y continuó con la conversación anterior.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Este coche ya lo tenía mi padre cuando yo era pequeño y por aquél entonces ya tenía piezas de otros vehículos más antiguos. Lo único que he hecho yo es cambiarlo por dentro, un lavado de cara al motor, a la suspensión… Esas cosas,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;ya sabes. Pero si quieres saber su nombre, yo a veces le llamo Revolver.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Revolver…- repitió Yief como si le envolviese un halo de misterio- Dime una cosa- prosiguió sacándose &lt;st1:personname productid="la Rhino" st="on"&gt;la Rhino&lt;/st1:personname&gt; del pantalón- ¿Esta pistola es buena?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Esto es una broma, pensaba Alexandre, esto tiene que ser una broma. No llegaba a alcanzar cómo un hombre como él había acabado ayudando a Tombside, sin tener idea alguna de armas, ni de vehículos, ni de…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Es bastante potente, pero tal vez algo pesada, sin contar que pierde toda la gracia que puede llegar a tener un revolver- explicó señalando a su par de Archer&amp;amp;Grossman que descansaban en los asientos traseros, cargados, relucientes, dentro de las fundas de un cinturón y con destellos propios de la materia que había encajada cerca de los tambores.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Revolver…-repitió por segunda vez Yief.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;-------------------------&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Satisfecho con el espectáculo televisivo que había sido la ejecución de Frank Tombside, Samuel se acercó a la barra del bar y pidió el segundo vaso de vermouth, por mucho que él dijese que llevaba siete. El camarero le atendió pasados diez minutos, totalmente ajetreado y con la frente sudada. Se lo sirvió con mala leche y le cobró de más.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Hijo de puta, ya verás como te pille por la calle…- dijo en un tono de voz que solo él podía oír.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Se dio media vuelta y apoyó los codos en la barra, observando el panorama del bar. Lazarus y Axel hablando de sus típicas chorradas y de lo mucho que le estaba gustando al antiguo forense la carrera de bellas artes, un grupo de muchachas adolescentes que estaban dejando el suelo asqueroso y lleno de servilletas mojadas, un viejo que iba de vinos hasta arriba y se presentaba a las chicas de la servilletas… Una noche de alcohol en un bar que tenía por costumbre ser tranquilo. Salvo ese día, que cualquier persona con algo de dinero estaba dispuesta a gastarlo en una copa mientras vitoreaban las chispas que recorrían el cuerpo del homicida.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Entonces se dio cuenta de que el que estaba a su lado, con los brazos sobre la barra y la cabeza hundida, o se había dormido o había perdido en conocimiento. Su copa estaba llena de agua, lo que antes fueron hielos y un último trago de whiskey. Samuel le zarandeó pero no obtuvo respuesta así que decidió consultar al camarero.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;-¿Y a éste que le pasa?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Pobre chico, me da pena- dijo el dueño del bar con un gesto condescendiente, consciente de que tenía que hacer algo con él- Vino ayer desde Costa del Sol y ha perdido a su padre… Ha venido esta mañana prontísimo, se ha ido a comer a su casa y ha vuelto hasta ahora…No se cuánto ha bebido ya, pero…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-¡Bah, yo ya llevo doce de estos!&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;-------------------------------&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;De todas las cosas que había visto en mi vida, esa sin duda era de las más extrañas. Aparcamos cerca de la gran casa de Blackhole, blanca, proporcionada, de un estilo totalmente calculado y racional que le daba una presencia imponente y horizontal. Todas las casas de ese lugar eran grandes y ostentosas y se dejaban unos metros de distancia entre ellas, como si mantuviesen una tregua secreta sobre el grado de riqueza de cada dueño. La casa de Blackhole tendría unos trescientos metros cuadrados incluyendo el pequeño jardín que rodeaba al edificio, de tres plantas de altura. Y ese fue el primer sentimiento de inseguridad, esa sensación que se tiene en ciertas ocasiones cuando algo no va como hubieras planeado. Yo esperaba algo de vigilancia, dos hombres en la puerta o algo así, pero no había absolutamente nadie.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Pero eso no fue lo que me dejó alucinado sino lo que hizo Alex antes de salir del coche. Primero sacó de la guantera un pequeño estuche de cuero y calculó una dosis mínima de somnífero en una jeringuilla.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Es una mezcla muy diluída, así que no creo que dure más de diez minutos- me explicó antes de inyectarse el líquido en el cuello, directo al riego sanguíneo- Cuando pasen diez minutos intenta despertarme.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Y en efecto pronto perdió el conocimiento, con la cabeza echada hacia delante y los brazos sin fuerza. Yo seguía allí sentado, como un gilipollas, y cuando pasaron los diez minutos que me propuso, empecé a zarandearle y a darle pequeñas bofetadas en la cara. Se despertó a los doce minutos llevándose la mano al cuello, allí donde se había pinchado, me miró enarcando una ceja y me ofreció la mano.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Tu debes ser Yief- me dijo con un semblante algo más serio, propio de alguien que sabe mantener las distancias en todo momento- Lambb Schnapps, Alex ya me ha contado todo este embrollo, así que hagámoslo cuanto antes.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Nada más acabar de hablar, se partió de risa al ver mi desconcierto; desde luego mi cara tenía que ser de chiste, pero en aquél momento me sentía el objeto de una broma sin sentido e inoportuna.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Ya veo…- dijo él girando medio cuerpo y cogiendo el cinturón con los revólveres- Siempre me toca explicarlo a mí.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Entonces me explicó lo de su trastorno, algo tan raro e increíble que aún todavía me resulta de locos, aunque lo haya consultado en libros. “trastorno de identidad disociativo” me dijo de un tirón, dos personalidades independientes en un mismo sujeto. Ya desde el principio se notaban grandes diferencias en cuanto a su carácter. Lambb lo llevaba bien, disfrutaba contándolo y más aún viendo las reacciones de la gente, pero Alexandre lo mantenía como un secreto, como algo que no aportaba ningún bien y solamente tocaba los cojones. Y eso me llevó a otra duda. Si Lucille estuvo saliendo con él, sabría algo o sólo conocería a una parte… Y si era así a qué parte…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Eso nos llevo otros diez minutos y cuando yo ya iba a abrir la puerta del copiloto, echó mano del estuche de cuero de nuevo y sacó una minúscula bolsita de plástico atada con una goma. La desató con cuidado y esnifó el fino polvo blanco de su interior.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Anfetaminas- aclaró él con cierto cargo de conciencia- Lo hago cuatro veces contadas, cuando algún encargo es realmente importante- que esa era otra, resulta que Lambb era un asesino a sueldo que poca gente conocía, el solicitante con sospechosos contactos y la víctima- No puedo permitirme caer dormido de cansancio o inconsciente o algo así… Ese inútil de Alexandre es el que cuida mis pistolas, pero no tiene lo que hay que tener para usarlas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Así que después de aquél disparatado capítulo, los dos salimos del coche. Yo portando &lt;st1:personname productid="la Rhino" st="on"&gt;la  Rhino&lt;/st1:personname&gt;, temblando de arriba abajo pero decidido, y Alexandre, o Lambb mejor dicho, con sus dos Archer&amp;amp;Grossman y los sentidos alerta a causa de la droga. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Llegamos hasta la tapia sin problemas, nadie a esas horas deambulaba por las calles y menos aquél tipo de gente, que se sentían tranquilos en la reconfortante seguridad de sus casas. Primero me aupó Lambb para que alcanzase el borde del muro y luego yo le ayudé ofreciéndole una mano desde arriba. Saltamos al oscuro jardín, sin ningún tipo de luz adornándolo salvo en una pequeña y lejana fuente que había dejado de soltar su chorro a través de la boca de una pétrea quimera.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Sin luces, sin seguridad… Esto no me gusta- dijo el asesino con una pistola en cada mano y con las dos cuchillas fuera de su compartimento.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Eso no era más que afirmar lo obvio y sobre todo cuando, avanzando casi a ciegas, nos topamos con una ventana en el lado oeste, &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;abierta con unos cortinajes blancos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Me ha dejado el camino hecho…- pensé en voz alta. Pero entonces me fijé en un ligero detalle, en algo que, si no me equivocaba, podría darme algo de ventaja- Pero a ti no te espera, piensa que voy a venir sólo… Escóndete y ve cerca de mí.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-De acuerdo- aceptó él- Estás yendo a la boca del lobo, ten cuidado… Yo mientras intentaré buscar a Lucille.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Apenas tuvimos que levantar un poco las piernas para cruzar la ventana y ya estuvimos dentro. Nos vimos dentro de un austero baño, en el que solamente había un lavabo y una bañera. Abrí la puerta con extremo cuidado, intentando hacer el mínimo ruido, y nos adentramos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;en el interior de la verdadera cueva, un amplio pasillo con alfombra roja que daba a todas las habitaciones de la planta baja. Todas, cinco en cada pared y una sola con la puerta entreabierta, con la luz de una chimenea arrojando una enorme sombra y una suave melodía de una caja de música de fondo. Era como seguir un camino de migas y el panadero ya me había descubierto.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Adelante Yief, te prometo que no te voy a hacer nada… Si tú tampoco haces nada.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Resoplé decepcionado, decepcionado por todo el tinglado que había montado para llegar hasta Blackhole a hurtadillas, para cogerle desprevenido en su propia casa, pese a que fue él el que me ofreció el envite cuando me visitó en el calabozo. Así que me guardé la pistola en la parte de atrás del pantalón, dije a Lambb con gestos que permaneciese escondido y decidí entrar a charlar con el cabronazo de Richard Blackhole.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Era una biblioteca enorme, grandiosa, con aspecto gótico que hacía que las llamas de la chimenea se reflejasen en los gigantescos ventanales. Justo en el centro estaba él, sentado en una de las dos sillas de terciopelo y moviendo papeles de un sitio para otro de una mesa baja de mármol.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Siéntate-dijo con un acento extraño, con poca pronunciación.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-¿Estás borracho?- y ahí estaba yo, el momento esperado de mi cara a cara con Blackhole y haciéndole tal pregunta.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-¿Y qué si lo estoy? Siéntate joder. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Yo obedecí, lleno de una falsa valentía, de un sentimiento de superioridad al contemplar a un Richard aparentemente agotado, cansado, hastiado, borracho. Obedecí, me senté y le miré a los ojos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-¿Dónde está Lucille?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-¡A la mierda tu Lucille! Ahora ella estará durmiendo tranquilamente a tomar por el culo de aquí… ¿Todavía no te has dado cuenta? ¿Tan ciego eres? Bueno claro, nunca has sido capaz de ver las cosas como son en realidad.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-¿A qué te refieres?- pregunté con un nerviosismo totalmente nuevo, como si hubiese algo oculto en todo aquello, algo secreto.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Toma, antes de empezar con lo importante, esto es tuyo- me dijo sacando de su bolsillo una caja negra. &lt;st1:personname productid="La Caja" st="on"&gt;La Caja&lt;/st1:personname&gt;, pensé ahogando un grito de sorpresa. Un asunto menos del que preocuparse. La guardé en el bolsillo del pantalón y miré a Blackhole, que también me ofrecía un taco de papeles- ¿Sabes qué son esos informes?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Yo miré las hojas llenas de números, balances y letras pequeñas sin entender nada. Entonces vi en la esquina superior derecha un logotipo inconfundible, tres curvas formando un volante, la fábrica de coches de Blackhole, la misma que antes perteneciera a mi padre.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Las cuentas de la empresa que nos quitaste- le dije yo con un odio bullente.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Fíjate en la fecha- me señaló con el dedo índice mientras se bebía media copa de whiskey. En efecto, la fecha cuadraba a los tiempos en los que mi padre seguía vivo y manejaba la empresa- Y Ahora fíjate en las ganancias.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Observé las hojas grapadas varias veces, tiempo que Richard aprovechó para cargarse otro vaso hasta arriba y dar un trago largo. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-¿Y bien? Espera, no me digas nada, déjame adivinarlo. Tú pensabas que tu padre estaba forrado, que siempre le había ido bien en los negocios, pero en esos papeles no hay ganancias ¿verdad? Hay un coladero descomunal y el dinero se desparrama en vete tú a saber donde. Tu padre se arruinaba Yief…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Pero…- balbuceé yo sin comprenderlo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Déjame seguir a mí por favor- continuó con una pronunciación cada vez peor- Pensarás también que fui yo quién mató a tu padre, de hecho todas las miradas se dirigían hacia mi cuando ocurrió. Y entonces… ¿Qué interés tendría yo en cargarme a tu padre y quedarme con una fábrica que se iba a pique?-fui a decir algo, pero de nuevo me interrumpió- Muy sencillo Yief, yo no maté a tu padre… Imagínate, doscientos puestos de trabajo, todos ganando un sueldo decente y no se enteraron hasta dos meses después de declararse en bancarrota que su dinero se había esfumado en pagar las deudas de su jefe. Eso hace a doscientas personas en sospechosos del crimen.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-¿Pero como que en deudas? –no entendía nada, me encontraba hundido en el sofá orejero, pálido y desconcertado.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Sí…deudas. Deudas que nadie entiende. Tu padre hacía inversiones de lo más disparatadas y nunca hacía caso a ninguno de los socios, entre los que me incluyo. Inversiones disparatadas que acababan en números que no existían, en la apertura de cuentas bancarias en las que aparentemente no se ingresaba nada, en la incorporación de subcontratas… Estaba claro Yief, tu padre era un jodido corrupto y se le fue todo de las manos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Hizo una breve pausa, intencionada, para saborear la victoria aplastante de su superioridad, de dar a conocer que él lo sabía todo sobre mi padre, que yo estaba justo donde él quería. Sacó un vaso de un pequeño cajón bajo la mesa y sirvió whiskey para mí. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Bebe, lo vas a necesitar, esto no es lo gordo- hice caso sin apenas prestar atención al ofrecimiento, necesitaba el sabor del alcohol, el tacto ardiente bajando por mi garganta para deshacerme de la incredulidad- Bien, sigo… No quiero que te pase nada Yief, ha llegado un momento en el que eres importante para mí, por muy extraño que esto te parezca. Reconozco que soy un hijo de puta, un hombre que usa su dinero para vivir bien y aplastar a los que no lo tienen para reírme de ellos. Por consiguiente, soy igual de cabronazo a la hora de ayudar. Si no te has dado cuenta, hoy es el día en el que tu padre murió, hace ya doce años. Hace doce años que murió para unos pocos, sin rastro del desafortunado incidente, sin cadáver, con la única y escueta noticia de que se había lanzado al gélido mar del norte, sin poder vivir con el peso de las deudas. Eso fue lo que nos contaron a los más cercanos, a los únicos… Hace doce años y doce son las cartas que me han llegado desde entonces un día como este…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Ya sólo faltaba eso, el último mal trago, la última retorcida noticia, la que daría mil vueltas a todo lo anterior. Doce sobres en la mesa, con doce trozos de papel y veinticuatro fotos, dos en cada uno, una de una panorámica de la fábrica de coches y otra de un retrato mío de cuando era pequeño.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Cogí uno de los papeles con la mano temblando descontroladamente y eché un vistazo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Devuélvemelo, MV- eso es lo que decían todos y cada uno de los papeles. MV, Mieszko Vanisstroff. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Yief, le hice una promesa a tu madre- sería mucho más tarde, con la sensación de estar viendo una película , cuando recordaría que en ese momento Richard Blackhole estaba llorando sin control- Yo la quería mucho, la quería más de lo que tu padre la quiso jamás. Por eso cuando Mieszko desapareció la dije que la ayudaría, que cuidaría de ti. Entonces empezaron a llegar estas cartas, todos los años. ¡Y yo tenía miedo de ti! De que realmente tu padre no estuviera muerto y quisiese algo de ti. ¡Maldita sea, ese hombre era un monstruo con sus hijos! Mira lo que le hizo a tu hermano… ¿Lo comprendes ahora Yief? Por eso me quedé impedí que heredases la empresa, la saqué a flote como pude, por eso te dejé tirado en la calle, siempre con vigilancia, siempre con pequeñas ayudas, por eso hice que te metiesen en el calabozo enseguida. Cuando vivías en la calle estabas protegido, eras un mendigo anónimo, pero por culpa de ese asesino saliste en todas las televisiones. Te metí en la cárcel porque allí estarías seguro.¿El fin justifica los medios... No?&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Una nueva pausa, esta vez inconsciente, en la que Richard se secó las lágrimas. Fue a beber más whiskey, pero se le resbaló el vaso y estalló en pequeños fragmentos de cristal, dejando una mancha oscura sobre la alfombra roja.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Por eso estoy borracho ahora, porque estoy hasta los cojones, porque ya no puedo más con esto, porque te he hecho pasar de todo sin pensar realmente si esas putadas eran necesarias, sino solamente en tu anonimato costase lo que costase. Al fin y al cabo soy un cobarde, ya no puedo protegerte más, la responsabilidad me pesa ya demasiado y ni siquiera sé más para poderte ayudar. No sédónde fue a parar el dinero que gastó tu padre, quién ese el jodido chalado que me manda estas cartas o si sólamente es una broma de mal gusto, no sé si tu padre está vivo o no y no sé por qué quieren encontrarte… &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Yo estaba en otro mundo, en un mundo feliz lleno de colorines, en el que todo lo que me había contado Blackhole nunca había ocurrido, en el que yo me sentaba en el sofá con Lucille un domingo para ver una película. Frente a mí tenía a un hombre destrozado, debilitado, borracho, gordo, calvo… En un momento se me olvidó todo lo que sufrí por su culpa, en un momento sentí la más absoluta compasión por él, en un momento quise levantarme y abrazarle, decirle que ahora que ya lo sabía todo daríamos con el hijo de puta que le mandaba esas cartas y se acabaría todo. Todas esas cosas, sensaciones, totalmente contrarias, diferentes, paradójicas a todo lo que sentía antes hacia aquella persona. Todo hubiese sido perfecto, los dos trabajando juntos, recopilando información, hallando la verdad, ya me lo estaba imaginando, como dos detectives de película. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Pero no, estas cosas funcionan así, cuando un giro comienza, la inercia le hace dar otros dos o tres, hasta que vuelve a su posición original, pero totalmente desordenado e invertido. Y como estas cosas funcionan así, entró Lambb con sus dos revólveres y vació los humeantes cargadores sobre Richard Blackhole, doce balas sobre su pecho, como las doce amenazas que colmaban la baja mesa de mármol.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-6859752976639475466?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/02/201.html</link><author>noreply@blogger.com (Rokhsa)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-825655768971283753</guid><pubDate>Thu, 21 Jan 2010 04:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-02-03T05:41:16.148+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Evento 200</category><title>Evento: 200 relatos</title><description>Lo primero, muchas gracias a todos por vuestra participación. Sois vosotros los que con vuestro empeño, perseverancia, imaginación y habilidad, habéis dado vida a Azoteas hasta convertirla en lo que creo que ha de ser, si no el mejor, uno de los fanfics de más calidad que hay en la red.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otra parte, en los ya tres o cuatro años que llevamos en esto, hemos tenido cambios de plantilla: Nuevas incorporaciones, abandonos... Sin embargo, la puerta sigue abierta, pues las reglas son inflexibles en ese punto y así es como queremos que sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro punto que agradeceros es vuestra participación a la hora de leer y comentar relatos. Vuestras críticas siempre han sido constructivas, hasta el punto de no haber tenido nunca que moderarlas, y vuestra participación ha servido para animarnos a muchos a sentarnos frente al teclado una vez más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De modo que Azoteas de Midgar alcanza su relato 200, que coincide con la instalación del cañón de Mako en el edificio Shin-Ra, y como siempre, toca votar. Estas son las categorías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#CC0000;"&gt;- Mejor escritor&lt;br /&gt;- Mejor personaje&lt;br /&gt;- Mejor relato (y subcategorías)&lt;br /&gt;- Mejor relato dramático&lt;br /&gt;- Mejor relato de terror&lt;br /&gt;- Mejor relato cómico&lt;br /&gt;- Mejor relato extraño&lt;br /&gt;- Mejor relato de acción&lt;br /&gt;- Mejor trama (secuencia de relatos con varios personajes que hace un solo escritor)&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#CC0000;"&gt;- Mejor One Shot&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#CC0000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#CCCCCC;"&gt;Los votos se harán en los comentarios, poniendo el número de cada uno relato votado y su autor (y quizás una descripción de que pasaba en ese relato, para recordárnoslo). &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#CCCCCC;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#CCCCCC;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#CCCCCC;"&gt;Una vez más, gracias por vuestra participación y que gane el mejor. Espero seguir contando con todos vosotros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#CCCCCC;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#CCCCCC;"&gt;&lt;br /&gt;Ukio. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-825655768971283753?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/01/evento-200-relatos.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">8</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-220389518310765848</guid><pubDate>Tue, 19 Jan 2010 00:36:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-01-19T01:38:01.981+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Evento 200</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:ASTAROTH</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>200.</title><description>- ¡Joder, mamá, te he dicho mil veces que llames a la puerta!&lt;br /&gt;- Lo siento, cielo, sólo quería colocar tu ropa interior en los cajones – Dora Sanks entró con una gran pila de camisetas blancas de tirantes y calzoncillos de colores que abarcaban todos los colores posibles. Entró golpeando con el muslo la puerta, que se abrió de par en par mientras la mujer, que rondaba los cincuenta, dejaba en un cajón medio abierto toda la colada. – Veo que por fin me haces caso y utilizas pañuelos de papel, no sabes lo molesto que es ver esas manchas blancuzcas que acartonan todo.&lt;br /&gt;- ¡Me cago hasta en la puta de oros! Largo de aquí, mamá.&lt;br /&gt;- Espera que coloque un poco tu cuarto. Parece que por aquí haya pasado un tornado. – Dora empezó a recoger cajas de videojuegos del suelo e insertó dentro los correspondientes discos, puso las revistas en las estanterías y dejó en un rincón un juego de pesas que no había sido tocado nunca, salvo para ser robado del gimnasio del barrio. Después, se acercó a la pantalla del ordenador, mientras su hijo escondía sus partes bajo la chaqueta del chándal – No sabía que te gustase ver a dos mujeres comiendo helado. Porque es helado, ¿verdad?&lt;br /&gt;- ¡Joder, joder y joder, mamá! ¡Déjame tranquilo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su madre salió riéndose, y Samuel volvió a concentrarse en lo suyo. Le encantaba ver aquel video e imaginarse que estaba allí, con ellas. Por supuesto, suponiendo que aquella cosa era chocolate y nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ligero sonido traqueteante de fondo comenzó a ascender en potencia, hasta convertirse en un molesto ruido que le impedía concentrarse. Cuando le resultó imposible subir más el volumen, se fijo en que la tenía como un gusano y salió a encarar a su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Me cago en la puta de oros! ¡Quita la puta aspiradora, mamá!&lt;br /&gt;- Cielo, no tengo puesta la aspiradora. ¿Qué tienes puesto tú para que haya tanto ruido?&lt;br /&gt;- Mamá, no creo que necesites ser un genio para adivinar que si he preguntado es porque no tengo ni idea de qué coño es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, la ciudad que nunca dormía se despertó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para muchos, siempre era de noche, pero en aquel momento los reflejos del amanecer eran más débiles que nunca bajo el siniestro brillo de Meteorito. Sin embargo, sobre la Placa la gente veía cómo los destellos dorados rebotaban sobre la superficie lisa del gran cilindro metálico, mientras era elevado por grúas y helicópteros. Poco a poco, el cañón fue elevándose desde las afueras de la ciudad, ascendiendo primero diez metros, después veinte, luego cincuenta. Los fuertes cables de acero trenzado parecían resistir el peso de la estructura, aunque la tensión ejercida amenazaba con partirlos de un momento a otro. Cien metros, ciento cincuenta. La grúas, inmensas y sujetas bajo bloques de hormigón y férreos cimientos comenzaron a combarse bajo las miles de toneladas de poder bélico. Doscientos metros. Fue entonces cuando el primero de los cables se partió, y los alambres de acero austenítico recubierto de molibdeno restallaron en el aire como si fuese el látigo de una cruel deidad, burlándose de los seres humanos que pretendían lograr una hazaña imposible. A los doscientos cincuenta, la grúa situada en el borde externo de la ciudad empezó a doblarse. William Grace, capataz de construcción de aquella zona y encargado de manejar el titánico brazo de hierro tuvo que soltar el enganche al cilindro para evitar que cediese la estructura, pero fue demasiado tarde. Tanto Bill como otros cinco operarios cayeron junto con su maquinaria. Casi arañando la cara exterior de la pared que separaba la ciudad del resto del mundo, descendieron cada vez más rápido, gritando, descendiendo cincuenta, cien, doscientos, trescientos metros, hasta convertirse en un cadáver de hierro con entrañas de carne y sangre junto a la puerta de bienvenida a la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trescientos metros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, otras dos gruesas cuerdas de acero niquelado se rompieron, restallando en el aire como bífidas lenguas. Una de esas lenguas cayó sobre otra de las grúas, rompiendo el cristal que protegía al ocupante y matándolo al instante; ahora no era más que un cadáver con los brazos llenos de cortes y diminutos vidrios, mientras que su cara era pura pulpa y arañazos bajos el cable de diez centímetros de diámetro.&lt;br /&gt;El otro cable fue a parar sobre una carretera que por fortuna estaba despejada, pero destrozó el pavimento e hizo que trozos de asfalto cayeran sobre un bloque de edificios situados en el sector cinco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trescientos cincuenta metros, cuando uno de los gigantescos vehículos aéreos tuvo que cesar su empeño. Cuatrocientos metros. El objetivo ya estaba cerca, pero lo complicado no había sido levantarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los cuatrocientos cincuenta metros, dejó de ascender. Sobre las cabezas de la gente flotaba un enorme cilindro cuya longitud era similar al diámetro de la ciudad. La gente estaba aterrada ante la posibilidad de que en cualquier momento los cables volvieran a ceder y aplastasen sus cuerpos, sus hogares, su vida.&lt;br /&gt;Las inmensas estructuras comenzaron a girar sobre su propio eje al tiempo que los helicópteros empezaban a desplazarse. Susan Trade miraba, desde el pequeño balcón de su octavo piso del sector 3 como proyectaba su ancha sombra envolviendo en un halo de oscuridad hasta donde su vista alcanzaba. Su rosada bata de algodón se tiñó de un color amoratado a la altura de la ingle cuando el cañón pasó por encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo la placa, todo era desconcierto. ¿Qué era aquel ruido? ¿De dónde procedía? Nadie tenía forma de saberlo, pero todo el mundo se temía lo peor: había llegado Meteorito, alarmas de evacuación, el ataque de un monstruo como el que atacó Junon o Mideel. El caos empezaba a estallar en los barrios marginales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin, el grandioso cilindro de miles de toneladas se situó encima de miles de andamios que recubrían un soporte de hierro y acero. Por encima sólo se alzaba el edificio ShinRa, que observaba con desprecio al cañón usando sus ojos de cristal. Yo he llegado más alto, decía el edificio, y por mí murieron cientos o miles de personas. Tú estás bajo mi mando, eres mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lentamente, grúas de hierro y helicópteros de combate empezaron a bajar. La gente comenzó a respirar aliviada, incluso algunos lo celebraban. Vítores a Rufus, cánticos a dioses y otras formas de alegría se manifestaron en el aire cuando apenas faltaban veinte metros para acoplar definitivamente el cañón.&lt;br /&gt;Soltaron los anclajes, las grúas dejaron de ejercer su fuerza, y el cañón descendió vertiginoso sobre la plataforma de sujeción. La precipitada caída sobre el andamiaje hizo que parte de este cayera sobre calles, edificios, coches, y arruinó el negocio de Ted Knukers, que a falta de tres meses para jubilarse, había visto como su pequeña pescadería era arrasada por meteoros de madera y metal. Mientras el mundo lo celebraba, un hombre arrugado de piel tostada lloraba arrodillado en el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras miles de técnicos ocupaban sus puestos, haciendo llover chispas sobre la urbe mientras soldaban, o mientras algunos comenzaban a reparar desperfectos ocasionados en la maquinaria. Pero, por encima de todo, se alzó una voz:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡No os relajéis! ¡Aún queda mucho por mover! ¡Empezad con los condensadores de mako!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El club conocido como Antro de Chora estaba bastante vacío aquel día. El ruido de las obras era insoportable, y eso hacía que los clientes prefiriesen estar en sus casas que disfrutando de los exóticos bailes que ofrecían las estupendas bailarinas de Wutai, o los sensuales masajes de las chicas de Corel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un par de parroquianos habituales estaban disfrutando del baile en la barra de una recién llegada de diecinueve años, rubia de melena lisa y carnosos labios rojos. La joven había decidido obtener beneficio extra y se había quitado la parte superior de su conjunto, mostrando un par de pechos poco abultados, pero que en su pequeño cuerpo se hacían inmensos. Hasta el momento, había conseguido que aquella pareja de viejos verdes le lanzasen un buen fajo de billetes mientras babeaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además del hombre calvo peinado con cortinilla y el de la incipiente papada triple, había otros dos hombres en cabinas privadas. En la número cuatro acababa de entrar un hombre, que cerró la puerta tras de sí e introdujo una moneda en la ranura, levantando la opaca barrera metálica que impedía ver a la mujer que se encontraba tras el cristal.&lt;br /&gt;La mujer era ya mayor, podría decirse que una anciana para esa profesión, pero se conservaba muy bien: a pesar de rondar los cuarenta años, su piel estaba tersa y su vientre liso. Por los hombros caía una melena llena de rizos y ondulaciones, de un brillante color carbón a juego con sus ojos. Llevaba un conjunto de dos piezas de color rojo carmesí, imitación de cuero, y un largo fular negro de plumas que se extendía por los brazos y por la zona posterior del cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, al contrario que cualquiera de las bailarinas de Puño, dueño del local, no bailaba. Estaba sentada sobre los mullidos cojines de pluma, fijándose en el hombre de casi cincuenta años que esperaba, paciente. Tenía el rostro surcado de arrugas, y el pelo encanecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué, a pasarlo bien, Jerry?&lt;br /&gt;- No soy de esa clase de pervertido que se pajea viendo como su hermana se desnuda, María – McColder se pasó una mano por el pelo, alisándolo – Vengo a lo de siempre.&lt;br /&gt;- Ya lo sé, estúpido. Sólo quieres ver a tu hermana cuando tienes que desahogarte. ¿Qué coño pasa?&lt;br /&gt;- ¿No lo sabes? Debes ser la única que no vea la tele en esta mierda de ciudad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sala era, de suelo a techo, de madera. O de algún plástico que imitaba la madera. Y estaba abarrotada de gente. Cámaras de televisión que monitorizaban toda la actividad del juzgado, curiosos que habían conseguido colarse para asistir a la sesión, vigilantes de seguridad, un abogado defensor recién salido de la facultad y el más experimentado de los fiscales. El novato, con traje azul y pelo de punta, sudaba a chorros, mientras que el fiscal, trajeado de color carmesí y con un pañuelo al cuello como si de una burla al letrado se tratase. El juez era totalmente opuesto a ambos, su edad ya era más cercana a los setenta que a los sesenta, y contrarrestaba la lisa calva con una espesa barba en tonos blancos y negros, no exenta de grises profundos.  Tenía un rostro severo con un ceño marcadamente fruncido, lleno de arrugas que le aportaban sabiduría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El público asistente hablaba organizando un alboroto digno de una plaza de mercado, que unos secos martillazos con la maza de madera silenciaron. Todo el mundo se puso en pie mientras el venerable juez iniciaba la sesión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nos encontramos en el último aplazamiento del juicio con Edward Lambert, alias Frank Tombside. Hoy será el último día del juicio, donde por fin se decida el veredicto del acusado. ¿Está preparada la acusación, señor Bladeworth?&lt;br /&gt;- Sí, señoría.&lt;br /&gt;- Señor Gryphoon, ¿está preparada la defensa?&lt;br /&gt;- L… lo está, señoría – el abogado sudaba a chorros, y en su cara se podían ver las ojeras marcadas.&lt;br /&gt;- Bien, en ese caso, procederemos a entablar contacto con el acusado. Dado que hoy, bajo petición del gobierno, estamos televisando esta sesión, el acusado permanece bajo arresto en una celda de contención especial custodiada por Turk, y conectaremos con él gracias a una cámara integrada. Procedamos con la conexión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pantalla en cuestión era un sistema bastante extraño y novedoso, era circular y rodeaba una caja que conectaba en tres puntos diferentes con el panel. Estaba situada en pleno centro de la sala, curiosamente encendida mostrando la extraña niebla blanca y negra que sólo aparecía en las pocas televisiones que alguien podía permitirse en los suburbios. Al poco, la imagen se hizo nítida.&lt;br /&gt;Presentaba un cuarto oscuro, donde una figura ataviada con una camisa de fuerza blanca situada en las sombras caminaba de un lado para otro sin detenerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Que el acusado haga el favor de acercarse a la cámara, por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al oír esas palabras, el acusado se quedó inmóvil, respiró fuertemente y se acercó. Poco a poco, los rasgos de la cara se fueron haciendo más visibles, hasta que por fin se distinguió el biselado mentón cubierto de una fina barba de guerrilla de varios días, la nariz hinchada y el pelo revuelto largo y sucio cayendo sobre uno de los ojos. En un movimiento de cuello, el pelo se apartó lo suficiente como para ver un par de párpados de un tono violáceo. No había duda: habían pegado una paliza, o varias, a Blooder, el asesino sanguinario. Posiblemente hubieran sido los miembros de Turk, dado que habían intentado disimular las marcas con un poco de maquillaje barato y una iluminación insuficiente para causar “buena impresión” durante el juicio.&lt;br /&gt;Un ojo de color dorado, similar a una moneda, asomó en la parte derecha de la cara. El rostro se repetía tres veces alrededor de la pantalla, apuntando una vez a su abogado, otra al acusador y una más al magistrado. Algunas personas se estiraron en los bancos para ver mejor, mientras otras se agolparon hasta casi abalanzarse encima del pobre defensor. Nadie se atrevió a hacer lo mismo en los bancos del fiscal, conocedores del carácter del mismo. “Esto ya no es un juicio, es un circo mediático” pensó Bladeworth.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Que el acusado se presente, para que conste en acta.&lt;br /&gt;- Detenido número 15834, Edward Lambert. – escupió en el suelo – También conocido como Frank Tombside, alias Blooder. – un fino hilo que mezclaba sangre con saliva corrió por la comisura del labio y se perdió en el bosque de pelos negros que tenía ahora por barba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Está hecho una piltrafa, y más muerto que vivo. Dará igual el resultado del juicio, su futuro está decidido”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bien, recapitulemos lo acontecido hasta ahora – dijo el juez, que estaba haciendo gala de su mejor actuación hasta el momento. – En las pasadas sesiones se debatió, sin mucho éxito debido a los numerosos aplazamientos – dirigió una fría mirada al abogado, que volvió a gotear en torno a las axilas – si el hombre que teníamos aquí era el conocido como Frank Tombside, y las condiciones de ese nombre.&lt;br /&gt;- Señoría – dijo el fiscal, seguro de sí mismo y en una pose extraña, que consistía en curvar el cuerpo ligeramente hacia atrás y levantar una mano al frente -. No creo que debamos seguir con esto mucho más tiempo.&lt;br /&gt;- ¿Cómo dice? – sobreactuando, el juez puso una cara de asombro que consistía en elevar las cejas y abrir exageradamente la boca en forma de o.&lt;br /&gt;- Señoría, da igual que este hombre sea o no el citado asesino. Lo que está claro – sonrió – es que fue descubierto en el lugar de los hechos, rodeado por varias patrullas de Turk y de SOLDADO que estaban siendo atacadas por este individuo. Atacó, mató y mutiló a varias, e incluso se sabe que su abrigo apareció hace meses en el sistema de alcantarillado envolviendo a un agente de Turk con un puesto importante. ¿Me está diciendo que además de las condiciones especiales que le rodean, es coincidencia que dicho agente apareciera muerto en extrañas circunstancias el mismo día de su detención? Señoría, este hombre es culpable. No necesitamos de ningún nombre o seudónimo para llegar a esa conclusión. – hizo una reverencia y finalizó.&lt;br /&gt;- ¿Algo que alegar, señor Gryphoon?&lt;br /&gt;- Umm… bueno, verá… yo, quiero decir, esto… - nervioso, manoteó una serie de papeles que salieron volando, causando risas entre los asistentes. Salvo en el juez, cuya avinagrada cara no hizo más que acentuarse. – Debemos considerar… la opción de que mi cliente sufre… diversos, glups, trastornos basados en la múltiple personalidad, delirio paranoico y otras afecciones que han podido ser confirmados por el personal especialista tanto de Turk como de SOLDADO.&lt;br /&gt;- ¡Ah, sí! La supuesta doble personalidad que hace que sus ojos se conviertan en los de alguien diferente, esos ojos verdes. Esos que todavía nadie ha conseguido ver. – Bladeworth lanzó un rápido vistazo a la pantalla, para ver como en la dorada moneda que le observaba atisbaba una pequeña brizna de hierba.&lt;br /&gt;- ¡Basta! No permitiré infantiles puyas en mi sala. Señor fiscal, llame a su primer testigo.&lt;br /&gt;- Como desee, señoría. – Hizo una reverencia – Que pase el testigo, nombre clave “Cosmos” –dijo al levantarse, hablando con un guardia cercano que se acercó a la puerta y llamó al testigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una impresionante chica rubia, alta y de dotes majestuosas entró en la sala, ataviada con su uniforme: el traje negro. “Está todo el pescado vendido”, pensó el fiscal cuando entró en la sala. “Ni siquiera tendré que jugar mis cartas secretas”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nombre y profesión, señorita – dijo el juez, mirando a la chica que se colocó en el estrado, justo a su lado.&lt;br /&gt;- Agente Yvette Marie Giulianna Louise de Castellanera e Bruscia. Miembro activo de Turk, como es evidente – su voz era despectiva y furiosa, y no conseguía apartar la mirada de la pantalla.&lt;br /&gt;- Orden, por favor. Bien, relate todo aquello relacionado con el caso.&lt;br /&gt;- Hace meses tuvimos una redada. No puedo precisar el día, debido a que toda la información de aquella operación está clasificada. Sólo puedo citar los datos que se revelaron a las fuentes de información: veinte muertos, y dos heridos: uno fue el agente Jack Kened, y la otra víctima fui yo. Salí mejor parada, seguramente porque me dio por muerta. Lo siguiente que recuerdo fue la cama del hospital.&lt;br /&gt;- Bien. Continúe, por favor.&lt;br /&gt;- Mucho tiempo después, un tipo bastante extraño se presentó en mi casa. Me hizo preguntas, algunas sobre Tombside, pero cuando empezó a tocarse le golpeé y le cerré la puerta. Horas más tarde, otro joven vino por lo mismo, y ya no tuve tanta paciencia. Lo extraño era que ese joven no me sonaba en principio, pero durante la última incursión de Turk, con colaboración del primer joven que fue a visitarme, pude ver de nuevo al acusado. Sus ojos no me engañaron esa vez: el era Tombside. Agredió a varios de mis compañeros, a civiles y emprendió la fuga. Poco después le encontramos tirado en un solar.&lt;br /&gt;- Y ahí me golpeaste, puta arpía.&lt;br /&gt;- ¡Orden! ¡No toleraré ese lenguaje!&lt;br /&gt;- Poco después, un único disparo procedente de un edificio cercano acertó al acusado en el hombro, alojando la bala cerca del omóplato. Se extrajo la bala de urgencia, a pesar de que su vida no corría peligro. Según nuestra investigación, o era un mensaje o bien el tirador tenía poca experiencia, quizás mal pulso.&lt;br /&gt;- A propósito – el hombre de la camisa de fuerza se recogió un poco más en la sombra -, esto me tira un poco y me duele la herida. ¿Nadie puede desabrocharme una correa al menos?&lt;br /&gt;- ¡Silencio! – el juez sobreactuó en demasía la falta de paciencia, provocando la risa de unos pocos, bochorno en el acusador y miedo en el abogado, que parecía a punto de morir deshidratado por el continuo goteo de sus glándulas sudoríparas. – Si nadie tiene nada más que preguntar, procederemos a escuchar el alegato del siguiente testigo&lt;br /&gt;- Sí, señoría – Viejo cabrón, pensó el fiscal mientras pasaba la mano por el grisáceo pelo, no has permitido que nadie interrogue a este. Así sólo vamos a tardar más. – “Caos”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez, pasó un hombre algo más mayor, posiblemente sacaría quince años a la joven. Tenía el pelo moreno y corto, el pecho amplio y cara de aspecto chulesco. Otro agente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nombre y profesión, por favor.&lt;br /&gt;- Michael Wallace, agente de Turk.&lt;br /&gt;- Proceda a contar su versión de los hechos – pidió el fiscal.&lt;br /&gt;- Bien. Yo participé en la detención del acusado. Y pude ver los ojos verdes de los que se habla. Tenían el brillo del mako, igual que los Soldados. Pero en ninguno de los registros hemos encontrado que Edward Lambert, Frank Tombside ni nadie con el ADN del acusado hubiera pasado por el proceso.&lt;br /&gt;- ¿Entonces se ha demostrado que el acusado posee un nivel de mako en sus células equivalente al de un miembro de SOLDADO? – el abogado dejó a todos impactados, parecía resurgir de sus cenizas como un fénix. &lt;br /&gt;- Los resultados del análisis aún no han podido ser obtenidos, no es una prueba que se realice en cinco minutos. Se precisa de meses para encontrar los retazos del mako en el cuerpo de un anfitrión mediante un análisis de fluidos, la prueba más fácil de realizar es la de los ojos.&lt;br /&gt;- Bien. No haré más preguntas. – se había vuelto a acobardar.&lt;br /&gt;- Me gustaría mostrar una prueba a su señoría – el fiscal levantó un papel sobre su cabeza – Es la prueba clasificada bajo el nombre clave “Artema” – “La prueba definitiva, el nombre no podría haber sido mejor puesto” – La confesión escrita y firmada del testigo con nombre codificado “Omega”, Yief Vanisstroff. Se puede leer claramente, y cito textualmente: “Ese hombre me obligó a actuar bajo sus órdenes, a riesgo de matarme. Me amenazó a mí, y a mi actual pareja. Me obligó a espiar, y estuve a punto de asesinar bajo su yugo por miedo. Por suerte, no tuve que hacerlo, pero estuvo a punto de matarme por no hacerlo.” Como pueden ver, las pruebas son concisas y claras: ¡Este hombre es culpable, y merece un castigo ejemplar acorde con sus crímenes!&lt;br /&gt;- ¡Un momento! – gritó, golpeando la mesa el abogado, de nuevo renacido - ¿Y ese testigo, dónde se encuentra?&lt;br /&gt;- Está retenido por sus actos. Tenemos la grabación donde realiza y firma esta confesión, pero hicimos un trato con él considerando que fue instigado por el acusado a realizar sus fechorías, y no fue bajo motivación propia. – el abogado volvió a sudar chorros.&lt;br /&gt;- Bien. Pónganse todos en pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sala entera se puso en pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Edward Lambert, has sido acusado por delitos varios y reiterados de homicidio, asesinato, robo, tortura, extorsión, chantaje, violación, y una lista que continúa mostrando crímenes y agravantes. En vista de las pruebas, declaro que definitivamente eres el asesino conocido como Frank Tombside, y por tanto te condeno a morir en un plazo de una semana, a las 21:00 horas del próximo miércoles por electrocución en la silla eléctrica. Que Dios se apiade de tu alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La conexión se cortó y las pantallas se apagaron. Bletf Gryphoon deseó que Dios se apiadase de su puesto, en su primer caso había conseguido que su protegido fuera condenado a muerte. El martillazo casi hizo que todos los esfínteres de su cuerpo abrieran a la vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Jerry – dijo María a la salida del club, ya vestida y cubierta con un largo abrigo negro – No sé si lo sabes, pero el “honorable” juez Gropius lleva viniendo una semana seguida y cogiendo a las mejores chicas. Por ahí se dice que después del juicio recibió una buena compensación por ello. Sí conseguimos una confesión grabada, podemos apelar y…&lt;br /&gt;- María, no lo entiendes. ¡No he venido para liberarle! Simplemente no quiero estar frente a una pantalla en estos momentos. El juicio se celebró hace justo una semana. Le van a ejecutar justo ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yief estiró los pies y los brazos nada más salir de su pequeña celda. Había estado encerrado semanas, y sentir de nuevo la brisa, aunque fuera pestilente y desagradable en aquella prisión infestada de mierda y piojos le había devuelto a la vida. Incluso durante el tiempo que estuvo detenido rememoró con melancolía su etapa en el arroyo, cuando no tenía nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vanisstroff – dijo el carcelero – Tienes suerte de haber sido declarado inocente, porque a tu amiguito le espera la silla – hizo un gesto con la mano, como si bajase una palanca fantasma. -. Y si no hubieran pagado una fuerte suma para que nos alejemos de ti, ten por seguro que en estos momentos estaríamos pegados a tu culo para vigilarte. Al menor descuido te la meteríamos todos a la vez, y aquí no tenemos vaselina. Enchironaríamos tu polla en menos que canta un gallo.&lt;br /&gt;- Me alegra escuchar piropos por las mañanas.&lt;br /&gt;- Que te jodan y no te guste. Con el puño. Ha venido tu novio a recogerte.&lt;br /&gt;- ¿Quién? – no esperaba a nadie, a menos que hubiese venido el hijo de puta de Richard.&lt;br /&gt;- Un tal Thomas Daniels. Un puto estirado con pinta de heavy viejo. Ve a que te lleve a recoger flores, ya no creo que tengas tiempo de llegar a la ejecución de tu puta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un heavy estirado y viejo. Sólo uno encajaba con esa descripción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Hijo de puta! – empotró a Carl contra la valla en cuanto estuvieron fuera, sujetando su largo abrigo con ambas manos – Llevo semanas encerrado, y no has dado la cara, todos te dan por muerto. ¡Y ahora vienes a acabar el trabajo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Rhyno que se posó bajo su barbilla le impidió decir más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mira, putita. No me caes bien, pero sigo órdenes. De momento no puedo matarte. De momento. Así que supongo que hasta que reciba nuevas órdenes o me salga de los huevos si todo sale mal, soy tu niñera. Ponme en peligro de nuevo con esos movimientos estúpidos y te vuelo los huevos hasta que dentro de la bolsa sólo queden casquillos. ¿Entendido? – Yief asintió – Bravo por tu cerebro. Toma – le tendió una Rhyno similar a la que le apuntaba, bajando el arma tan solo unos centímetros pero aún encañonándole. - ¿Tienes la caja?&lt;br /&gt;- Por supuesto – no podía confesar que la había perdido, podía ser su único seguro en esos momentos. Tampoco tenía la materia, la había escondido en la derruida casa cuando Tombside le empujó, justo antes de desmayarse. Había hecho bien, pues todos los cuerpos de seguridad habían ido a buscarle. – Pero no he podido abrirla.&lt;br /&gt;- Acabarás haciéndolo. Hasta entonces, tenemos asuntos pendientes.&lt;br /&gt;- Sí – comprobó el cargador, y volvió a desplazarlo hasta su posición. Tengo un asunto pendiente. Con Richard Blackhole.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Joder, mamá, te digo que me voy! ¡Que he quedado con mis amigos para ver cómo matan al cabrón ese en público! ¡Si me lo pierdo, ten por seguro que te mato!&lt;br /&gt;- Cariño, antes límpiate, no vayas a manchar de nuevo los calzoncillos.&lt;br /&gt;- ¡Si papá aún viviese, ten por seguro que no te haría ni puto caso, me cago en la puta de oros!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su hijo desapareció tras un portazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ha llegado la hora de ir a su trono, majestad – En el nivel cinco de Black Down, la pareja de Turk pasó entre celdas de máxima seguridad hasta llegar a la del prisionero número 15834. Unos ojos verdes asomaron por la pequeña ranura.&lt;br /&gt;- Genial, supongo que vosotros me coronaréis.&lt;br /&gt;- Ya nos hubiera gustado, pero los honores de la ejecución son para Jack Kened. Hijo. Mutilaste a su padre, ¿recuerdas?&lt;br /&gt;- ¿Cuál de todos? – los turcos rieron.&lt;br /&gt;- ¡Qué cabrón, cómo se regodea! Hubo muchas quejas por eso. Todos querían darte el chispazo. Incluso uno propuso plantar el cañón encima de tu cabeza. Pero ya sabes, tenemos órdenes…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La aguja entró limpia en el cuello del asesino, sin que este viera nada, y sus ojos se cerraron poco a poco. No supo en que momento alguien entró en la celda ni se acercó a él, pero lo último que pudo ver fueron los zapatos negros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- María, tengo ganas de ir un día a tu casa. No veo a mi cuñado ni a mis dos sobrinos desde que estos aún podían colarse bajo mis piernas. ¿Qué tal están?&lt;br /&gt;- Bueno… John sigue como siempre, insistiendo en que debo cambiar de vida. El pequeño Alex ya se ha convertido en todo un hombre, está preparándose para entrar en Turk. Y Rachel está acabando la carrera de Fisioterapia, estamos pidiendo préstamos para abrir su propio centro de masajes.&lt;br /&gt;- Turk… - María supo entonces que había hundido un poco más el puñal, y cambió de tema.&lt;br /&gt;- ¿Y tú, cuándo me presentarás a la señora de McColder, mi cuñada?&lt;br /&gt;- María, ya sabes que eso no va a ocurrir por mi parte. Como mucho, te podría presentar a tu cuñado, si tuviera un hombre esperándome en casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente ovacionó dentro de la taberna. El joven, que a duras penas sobrepasaba la veintena, dejó de gritar en la silla. Sangraba por la nariz, aunque sus rasgos no podían verse bajo la máscara de cuero que le cubría gran parte del rostro. Por todas partes habían puesto pantallas gigantes para ver la ejecución, pero Samuel había elegido verla mientras se tomaba un par de cervezas heladas. Al principio le impactó ver al joven de pelo corto, con menos años que él, pero en cuanto la primera descarga de miles de voltios recorrió su espina dorsal animó como el que más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Señoras y señores, los médicos determinan que aún sigue vivo. Procedemos con la segunda descarga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pitido de la gente silbando, como si de una carrera de chocobos se tratase, dejó sordo a Samuel. Había prometido no enfadarse aquel día, pero tuvo que girarse cuando alguien derramó cerveza en su hombro. Se perdió cómo la electricidad atravesaba la columna del joven, que comenzó a gritar de nuevo en un aterrador y desgarrado espasmo, violento al principio y luego en forma de convulsión más relajada, hasta que la corriente cesó al tiempo que el condenado cerraba los ojos, que poco a poco se hacían más opacos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Habitantes de Midgar. Frank Tombside, el asesino, acaba de fallecer según nuestros médicos. ¡Volvemos a estar a salvo!&lt;br /&gt;- ¡Que se joda el cacho hijo de puta! – dijo Samuel mientras terminaba de atizar a un pobre señor de sesenta años.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-220389518310765848?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2010/01/200.html</link><author>orco_ronco@hotmail.com (Astaroth)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">7</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-482508901937897014</guid><pubDate>Tue, 22 Dec 2009 01:09:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-22T02:14:14.341+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:MEPHISTO</category><title>199</title><description>Posteo el principio, que es lo único que tengo escrito decente, para que Astaroth pueda enlazar; acabaré pronto. Dudo de un momento en el que pudiera haberme pillado peor todo, la verdá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------&lt;br /&gt;Un espeluznante crujido se abrió paso por encima de los gritos de ánimo del público, transformando estos en exclamaciones de júbilo o insultos malsonantes dependiendo de por quién había apostado cada uno. Valeriy Schatkov, el nuevo luchador tan prometedor al que muchos llamaban “El señor del foso” antes incluso de que participara en un solo combate legal, acababa de transformar el cráneo de su rival en un complejo rompecabezas tridimensional de un rodillazo contra la verja metálica de la jaula. Las muertes en el Foso ya apenas causaban una sombra del estupor de antaño, cuando pocas personas conocían el local; ahora prácticamente eran rutinarias, y la gente se mostraba más preocupada por los pocos guiles que habían ganado o perdido que por el cadáver que ahora mismo derramaba sangre por todos los orificios de su cara mientras los secuaces de Iván Quouhong lo arrastraban. La parte del público afortunada en el juego acudía entusiasmada a cobrar sus apuestas, mientras que algunos derrotados perdedores apuraban el licor de sus vasos preguntándose como iban a explicarles a sus esposas o familiares que habían perdido gran parte de sus ahorros en apenas diez minutos.&lt;br /&gt;- Te lo juro tío, cada vez me gusta menos este sitio.&lt;br /&gt;- En serio, ¿que te hicieron en ese interrogatorio, Johan? No pareces el mismo desde entonces.&lt;br /&gt;- Nadie que no se acercara lo suficiente como para observar sus ojos diría que eran miembros de SOLDADO; vestían de paisano cada uno a su estilo. Johan lucía unos vaqueros desgastados por los años junto a una camisa negra con detalles blancos de formas onduladas y unas deportivas oscuras con punta roja. Daithi, por su parte, vestía con esa sobriedad que siempre le caracterizaba: Traje gris hecho a medida, camisa amarilla con el último botón desabrochado y zapatos de ejecutivo.&lt;br /&gt;- Ya te lo he dicho Dai... No me hicieron nada. - Dio un generoso trago a su whiskey mientras hacía un ligero gesto con la maño, indicando que iba a continuar – Fueron unos auténticos hijos de puta. Me tuvieron cinco jodidas horas esperando para después hacerme cuatro preguntas sobre cosas que no les importaban una puta mierda, como si mi grupo sanguíneo o mi domicilio se correspondían con los de mi ficha. Esos cabrones hasta me preguntaron con una sonrisa si estaba contento con mi labor al servicio de Shin-Ra y si consideraba atractivo al Presidente... - Hasta el mejor de los amigos habría soltado una carcajada a esta altura, pero Daithi no se caracterizaba precisamente por su sentido del humor – Fue un aviso claro y rotundo: Te tenemos vigilado, sabemos lo que piensas y no necesitamos decirte lo que pasará si volvemos a ver una actitud similar. No, no es el interrogatorio lo que se me pasa por la cabeza.&lt;br /&gt;- ¿Tan fuerte te dio esa chica?&lt;br /&gt;- Como una jodida bola de demolición tío...&lt;br /&gt;Y era cierto. Desde el momento en el que Eve entró en su vida, lo hizo para quedarse. No había conseguido dormir ni dos horas seguidas desde entonces, preguntándose constantemente qué le estarían haciendo; consciente de que ella estaba en una prisión con un destino más que negro. Lo peor de todo es que, por mucho que se devanase los sesos, no se le ocurría manera alguna de ir a verla, no hablemos ya de ayudarla. &lt;br /&gt;Desde el momento en el que entró por primera vez al edificio ShinRa después del interrogatorio cada uno de sus movimientos había estado controlado hasta el mas mínimo detalle. Su superior, el sargento Grey, no le quitaba el ojo de encima ni por un segundo; ni siquiera se molestaba en disimularlo. Ser un miembro de SOLDADO era más que un contrato: Era un modo de vida. Desde el momento en el que alguien se comprometía a ser sometido a los tratamientos de Mako, era consciente de que nunca volvería a cambiar de trabajo o tendría retiro alguno; quien se convierte en SOLDADO, muere como tal. Johan era consciente de ello, al igual que de lo que les sucedía a aquellos que en algún momento se arrepentían... Nadie hablaba de ello; nadie se atrevía a mencionarlo; pero ningún SOLDADO con dos dedos de frente se jugaría el cuello a que todos los compañeros que se mandaba asesinar por la locura del Mako realmente la sufrieran. Tal acto, al cual se vería sometido si mostraba signo alguno de acercamiento hacia Eve, era conocido con el siniestro nombre de “La caza”.&lt;br /&gt;- ¿Y qué piensas hacer al respecto? Te conozco lo suficiente como para saber que no te quedarás cruzado de brazos.&lt;br /&gt;- No tengo ni puta idea, ahora mismo me tienen cogido por los huevos. Pero algo haré. Alguna manera encontraré, tenlo por seguro.&lt;br /&gt;- ¿No crees que estás yendo un poco lejos con todo esto Johan? No es un jugueteo inocuo lo que estás haciendo... - Giró un par de veces los hielos de su vaso de bourbon a medio llenar y esperó a que se detuvieran del todo para beber un corto trago y continuar – te estás jugando la vida.&lt;br /&gt;- ¿Qué vida me voy a jugar, Dai? Yo no tengo ninguna vida ahora mismo. Pertenezco a ShinRa, vivo por ShinRa, mato por ShinRa y más que probablemente moriré por ShinRa. Si mañana el excelentísimo y divino de la muerte Sargento Grey decide que tengo que despedazar a una docena de mendigos porque amenazan el orden social, tendré que desmembrarlos. Si mañana la generala decide que hay que ir a por el Arma que se avista de vez en cuando bajo el mar uniformados con manguitos de piscina y gafas de buceo, tendré que hacerlo. Si mañana a Rufus se le ocurre destruir el Meteorito a base de lanzar al espacio SOLDADOS en un tirachinas gigante para que se lo carguen a espadazos, yo seré el primero al que lancen... Yo no nací para esto; debí haberme quedado en PM. Ahí la vida era la misma mierda pero al menos tenía la ilusión de poder jubilarme algún día.&lt;br /&gt;- La verdad, no se que decirte. Los dos hemos sido adiestrados igual, Johan, y durante todo el tiempo que compartimos instrucción tuve claro que te gustaba este trabajo. ¿Es que los años te han vuelto cada vez mas agrio y cascarrabias?&lt;br /&gt;Tío, llamame idiota, pero cuando me apunté a las oposiciones para PM fue para... Yo que se, luchar por el bien, la justicia y la puta paz mundial, ¿sabes? Esos valores de Miss Universo me duraron hasta la tercera busca y captura de presuntos terroristas armados, ¿los recuerdas? Eran una familia activistas de GAIA, el grupo ecologista, que habían creado y repartido panfletos en defensa de las familias obreras cuyos padres murieron, en el mejor de los casos, durante la construcción de los reactores; la sobreexposición al Mako les hizo verdaderas atrocidades. No volví a saber nada de ellos. Desde ese momento todo se convirtió en un trabajo, en un trabajo de mierda en el que me jugaba y ganaba la vida acabando con gente que, en la mayoría de las veces, era inocente. He arrestado, detenido o matado a muchísimas más personas que atentaban contra los intereses de Shinra que aquellas que realmente atentaban contra la ciudadanía. Años después, aquí me tienes. Soy la misma basura que antes solo que ahora resulto muchísimo más útil para la compañía que un simple PM.&lt;br /&gt;- Sigue sin ser peor que otros trabajos. - La mirada de Daithi raramente se apartaba de los ojos de aquel con el que estaba hablando, ya que lo consideraba una falta de respeto; pero una voz metálica procedente del megáfono, que anunciaba el inicio de otro combate, distrajo su atención y sus retinas hacia la gigantesca jaula metálica que hacía a la vez de ring. - Además, no se que tiene que ver todo esto con que deje de gustarte el que ha sido tu antro favorito durante toda tu vida. ¿Que será lo próximo? ¿Decir que el whiskey es basura?&lt;br /&gt;- Eso nunca, y lo sabes. - Johan sonrió levemente, apurando los restos de su vaso ante el recordatorio al que su amigo le había sometido. - Lo de que el foso me gusta cada vez menos tiene su lógica: Desde que Henton Jackson pasó a la liga privada, ya no puedo apostar sobre seguro; y yo odio perder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los haces de luz en constante movimiento provocados por los faros del coche asustaron al par de gatos que rondaban el cubo de la basura, alejándolos de su propósito inicial durante el breve tiempo que este permaneció alumbrado. Como un fantasma solitario, el vehículo se desplazaba sin impedimento alguno sobre la placa por el extrarradio del sector 6. Midgar nunca dormía del todo, pero conforme más se alejaba uno del edificio ShinRa, el cual dominaba en altura y posición a toda la urbe, más tranquilos se volvían los barrios; siempre que se tratara de la placa superior, claro está.&lt;br /&gt;El coche finalmente se detuvo ante un edificio cuyo conductor conocía bien: Un apartamento de nueve plantas situado prácticamente en el borde de la ciudad. El piloto, tras apagar el motor, abandonó el coche no sin antes recoger una bolsa de mano del maletero, la cual profirió un sonido metálico al asirse evidenciando así su contenido. La puerta de la casa estaba abierta; “Todo según lo planeado”, pensó mientras atravesaba el umbral seguido de un montón de buzones, uno de los cuales observó a modo de comprobación innecesaria.&lt;br /&gt;El ascenso por las escaleras se le antojó más largo de lo que hubiera deseado. Nueve pisos son demasiados como para tener el ascensor estropeado, y la mala fortuna hacía que justo esa vez tuviera que subir hasta la azotea. Dedicó el tiempo que tardó en subir la centena y pico de escaleras en mantener la mente lo mas despejada posible; después de todo, la situación exigía mucha frialdad. Finalmente, se encontró ante la puerta que daba a la azotea. Durante medio minuto, reflexionó acerca de si lo mejor era dar media vuelta y no volver a saber del tema o atravesar esa puerta y afrontarlo de una vez por todas, con el resultado que fuera. Finalmente pudo más la resolución de encarar el destino y, aferrando la bolsa con fuerza, abrió la puerta metálica.&lt;br /&gt;Pese a estar preparado para ello, su corazón palpitó con fuerza cuando vio la figura frente a el. Estaba apoyado en el borde del muro de un metro de altura que delimitaba la azotea separándola del vacío, dándole la espalda. Los mechones de su pelo caían sobre una chaqueta de traje azul marino, formando algunas ondas dentro de su perfecta rectitud. Su pose era despreocupada, como resignada a que este momento debía llegar tarde o temprano. Sin embargo, lo que más acaparó la atención del hombre que acababa de atravesar la puerta fue la culata de la Aegis Cort que asomaba por el cinturón del hombre. Tras unos cuantos segundos de silencio, este finalmente habló.&lt;br /&gt;- Así que finalmente has decidido acudir... - Su voz denotaba cansancio, arrastraba las palabras como si cada una requiriera de un gran esfuerzo para ser pronunciada.&lt;br /&gt;- Sí. - Fue tajante. No podía demostrar debilidad, esto exigía una actitud totalmente rígida y tenaz.&lt;br /&gt;- ¿Sabes que aun estás a tiempo de dar media vuelta y seguir con tu vida no?&lt;br /&gt;- Si, pero no voy a hacerlo.&lt;br /&gt;El sujeto se giró, mostrando su rostro. Unas gafas de aspecto frágil aumentaban considerablemente unos ojos grises que se clavaron en los suyos. Era bastante más joven que el y apenas había cambiado físicamente desde la última vez que se vieron, pero esa mirada, su actitud, sus palabras... evidenciaban un cambio exponencialmente mayor a nivel interno.&lt;br /&gt;- Después de lo que va a suceder esta noche, no va a haber marcha atrás, piénsalo una última vez si quieres, Roy.&lt;br /&gt;- Basta de tonterías, Érissen. - Su voz sonó gélida. La bolsa volvió a emitir el mismo sonido metálico cuando la abrió para empuñar su contenido. - Acabemos con esto de una vez.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-482508901937897014?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/12/199.html</link><author>noreply@blogger.com (Mephisto)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-7266692958718735785</guid><pubDate>Wed, 09 Dec 2009 19:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-21T16:44:08.045+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">ESCRITOR: ROKHSA</category><title>198</title><description>El autobús frenó bruscamente con el vengativo pie del conductor. Había sido un viaje largo y agotador patrocinado por una línea barata de viajes. El niño que da patadas en el asiento, la pobre mujer que se marea, el anciano que se queja de lo mal que están los tiempos… Lo tuvo todo, cosa que hizo que el conductor perdiese los nervios más de una vez. &lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Agarré mi destartalada maleta y respiré profundamente, absorbiendo el viciado aire del vehículo, un aire que sabía que venía de mi tierra y ya no podría volver a respirar. La estructura de la maleta tembló de terror al saltar el último escalón del autobús y yo temí que tuviese que cargar con ella, pero las ruedas resistieron el asalto. Así me sentía yo, con miedo a que algo saliese mal, alguna pequeña cosa que me devolviese a la realidad y derrumbase aquél muro emocional que parecía haber alzado.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;El sol había desaparecido hace horas, la placa se lo había comido, pero un leve resplandor asomaba por el sector siete. A nadie le gustaba aquél meteorito, pero yo lo odiaba. Lo odiaba por odiar algo, lo odiaba porque todo pareció empezar a salir mal desde que apareció, como una cuchilla circular que corta sin tocar, con herida profunda y sal.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Una anciana de pelo blanco y alborotado, que estuvo todo el viaje durmiendo, me cogió del brazo y me miró con ojos confundidos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-perdona chico, ¿No sabrás cómo se va a al Mercado Muro ese?-Los surcos de su cara se movían con vida propia a cada movimiento de la mandíbula como un océano de arena.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Lo siento, nunca he venido a Midgar- me excusé con cierta aspereza.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Oh, vaya… ¿De Costa del Sol, verdad?-yo asentí- Se nota por el moreno… Y tienes unos ojos marrones de lo más bonitos. Yo vengo de Ciudad Cohete…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Disculpe, pero tengo que irme- la dije con disimulada prisa.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;En parte tenía razón, pero estaba claro que aquella mujer pretendía contarme toda la vida de cada uno de sus nietos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Comencé a caminar entre grises paredes y sucias aceras, todas ellas con la etiqueta de “ciudad evolucionada”. Algún día volveré Max, dijo mi padre cuando se marchó de Costa del Sol. Pero nunca volvió, se quedó entre humos de coches y placas en el cielo hasta que se le vinieron encima, con todo el peso de la ciudad que no deja de devorarse a sí misma.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Yo no entendía nada. Me habían hablado alguna vez de Midgar y siempre me la imaginaba como un monstruo metálico, pero no me imaginaba a mi padre viviendo en ella. Y el hecho de que un marinero durante el viaje en mar me contase sólo cosas malas acrecentó mi repulsa hacia la ciudad. Que el sector siete lo destruyó Shinra me dijo… Era una idea tan descabellada que hasta podía tener sentido. Y mi padre justo paseando por allí ese día, qué suerte la suya… Y sería yo, meses después, el que me enteraría de que lo habían encontrado bajo una piedra, como los cangrejos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-Pero mi padre no es un cangrejo- dije en voz alta al entrar en un conjunto de bloques de edificios- Mi padre nunca caminó hacia atrás.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Era cierto, nunca caminó hacia atrás, siempre hacia delante, dándolo todo de sí. Incluso marchó a Wutai llegado el momento, enviándonos dinero todos los meses. Y así se lo agradeció la ciudad que le atrapó durante quince años, con una parte de ella abriéndole el cráneo y aplastándole el pecho.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Yo tenía ahora treinta y dos y ni siquiera le vi la noche que se marchó, de puntillas para que no me despertara, el día que cumplía los diecisiete.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Metí la mano en mi abrigo marrón y saqué un sobre arrugado, en el que figuraba, con letra fina y estirada, mi nombre y apellidos. Una pequeña llave cayó entre los dedos de mi mano izquierda, fría e impasible, dispuesta a abrir la puerta a un nuevo inquilino y, sin embargo, sin cambiar a su antiguo dueño. Me quedé inmóvil, como si no supiese cómo se utilizaba aquél objeto, pensando en lo que significaba, temiendo encontrar dentro lo que no veía hace tanto tiempo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Un joven rubio pasó con aire distraído por la calle con ropa de lo más extraña. Incluso llevaba un esqueleto metálico cosido a la espalda. Esqueletos maquillados, pensé, eso es lo que son la gente de esta ciudad.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Y sin embargo yo me iba a convertir en uno de ellos. Al día siguiente intentaría abrirme paso con mis estudios en ingeniería de caminos sin ilusión, augurando que sólo acabaría trabajando mucho, mal, y nada parecido a eso.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Finalmente introduje la llave en el portal y me adentré en el edificio. Me tocó subir la maleta por tres pisos de escaleras deterioradas y paredes resquebrajadas, heridas desde el derrumbamiento de su sector vecino, hasta que llegué a una puerta de madera con el barniz raspado. Saqué la segunda llave del sobre, ésta de forma triangular, y abrí sin pensarlo demasiado. Un aire cargado, de meses de edad, me atizó en la cara al empujar la puerta y avanzar por el pasillo de la casa. Paredes blancas, de yeso lleno de humedades, que me guiaron hasta un pequeño salón, lleno de la presencia de mi padre, Maximilian White. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;El ornamentado reloj de arena que fabricó cuando yo tenía ocho años descansaba sobre una televisión en la esquina. Su colección de libros preferidos en una discreta estantería junto a la ventana y sobre ella una foto suya con mi madre y conmigo en la playa de Costa del Sol, cuando apenas sabía gatear.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Era una ciudad distinta pero todo me recordaba a él. Sentía su sonrisa despreocupada en el aire, sus chistes malos, su afición a las excursiones… Fue aquél salón el que definitivamente derrumbó ese muro emocional de un solo martillazo, diciéndome con rotunda seguridad que mi padre ya no estaba. Daba igual que llevase quince años sin verle, siempre sabía que estaba allí, lejos de casa pero cerca de la vez, sabiendo que algún día volvería sin avisar para darnos una sorpresa. Me senté en el único sofá y lloré. Lloré por él, por mi madre que se fue de paseo con el cáncer de pulmón hace ya años, por mis abuelos que apenas recuerdo, porque en ese momento me sentía sólo y desprotegido, con mi casa de Costa del Sol embargada, con mi problema con el whisky barato y con mi asquerosa soledad.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Lloré hasta que me sentí reconfortado, como si los problemas ya no estuviesen allí aunque todavía me ahogasen. Me peiné malamente con la mano delante de un pequeño espejo y con el pelo negro revuelto volví a salir a la calle. Sólo quedaba una cosa por hacer, decirle adiós en persona.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Avancé por estrechas calles decidido a acabar con el ritual en el menor tiempo posible. Entre dos amigos que mi padre tenía, que fueron los que me informaron del desastre, dos hombres que contraté para enterrarle y yo hacíamos cinco, en una ceremonia a la que sólo yo pertenecía de verdad.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;El jardín apareció de la nada, entre los gruesos muros de cuatro edificios, como un pequeño paraíso dentro de Midgar que se escondía de malas miradas, con una vieja y oxidada verja rodeándolo y no más de de veinte piedras que hacían de epitafios. Por lo visto allí reposaban los restos de gente con la misma suerte que mi padre, víctimas del derrumbamiento.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Y allí también estaban los amigos, con la cabeza gacha y arropados con gruesos abrigos, viendo como otros dos hombres cavaban con esfuerzo. No me moví, sólo observaba la escena de lejos. No quería acercarme y ver cómo cavaban, todo el mundo sabe que siempre falta tierra, da igual todo lo que saques. A su lado descansaba una caja de madera de dos metros de largo, con los clavos relucientes. ¡Mi padre se merecía más joder, no una mierda de caja de zapatos gigante!&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Terminaron de cavar y yo me disponía a dar media vuelta y no volver a ver a aquellas personas pero aquél presentimiento que ya me atenazó cuando las ruedas de la maleta se quejaron se materializó en ese preciso instante, cuando con absurda idiotez se les resbaló el féretro y cayó al agujero de lado, abriéndose la tapa. Los amigos de Maximiliam ahogaron un grito y se llevaron las manos a la cabeza al ver que dentro no había más que sacos de arena y una carta con la letra de mi padre dirigida a mi nombre.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-7266692958718735785?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/12/198.html</link><author>noreply@blogger.com (Rokhsa)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-4418690035414046347</guid><pubDate>Fri, 04 Dec 2009 13:13:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-04T14:14:21.074+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:UKIO</category><title>197</title><description>Desde su asiento de copiloto, Mashi miraba con gesto distraído a una mujer hermosa, envuelta en seda y coronada con un gesto triste, que cruzaba la acera en silencio. Parecía etérea entre la multitud, y le dio al turco un par de ideas para alguna que otra entrada en tono poético en su blog. &lt;br /&gt;- ¿Qué haces esta noche, cachorro? – Preguntó Svetlana, a su lado. &lt;br /&gt;- ¿Yo? – Se sorprendió el joven turco. – Uhhh… Nah, supongo que escribiré algo y me iré a dormirla. Con la mierda esa del cañón nos están haciendo encadenar un turno tras otro, y me siento como un zombi con resaca. &lt;br /&gt;- Yo voy a darle otra pasada a la zagyev en la galería de tiro antes de irme, pero no mucho. No es plan dejar a Jorik tirado con los enanos. – Mashi sonrió. Siempre le hacía gracia ver a una agente de Turk tan expeditiva como Svetlana, actuando de esa forma tan maternal. Sin embargo, su compañera tenía la mirada en el retrovisor, desde el que veía su nueva escopeta, depositada en el asiento trasero, lista para la acción. &lt;br /&gt;El sonido del PHS de Svetlana los interrumpió. Miró su pantalla, que le anunciaba la llegada de un mensaje de texto de su esposo. La turca temió por su sesión de tiro, pero esperó a que un semáforo en rojo le diese la oportunidad de leerlo. &lt;br /&gt;“Vanya ha vuelto a meterse en una pelea. A las ocho tenemos una cita con el jefe de estudios del colegio. NO FALTES”.  El humor de Svetlana se turbó al instante. Vanya siempre había sido un niño con un temperamento rebelde y algo agresivo, pero bien atemperado por la educación que Jorik le había dado. No era malo, y no hacía falta más que conocerlo un poco para ver que era bondadoso y protector. Sin embargo, nada comparable a la amabilidad y ternura de sus hermanos, Rozaliya y el pequeño Grigori. Probablemente, alguien se habría metido con ellos, y Vanya le partió la cara. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mashi vio como el monovolumen familiar de Svetlana se alejaba a toda prisa hacia la salida del garaje del edificio Shin-Ra, mientras las puertas del ascensor se cerraban ante su cara. Tenía algo de tiempo libre, y ante la indecisión de cómo llenarlo, llegó incluso a plantearse ir al gimnasio a buscar a Kurtz para un repaso, pero cabalmente decidió en seguida que no quería ser él quien se lo llevase. &lt;br /&gt;Tres pisos antes de alcanzar la planta que Turk tenía asignada para sus oficinas, Mashi abandonó el ascensor, despidiéndose del resto de ocupantes (un par de miembros de SOLDADO y algún que otro funcionario) con un leve gesto con la cabeza. &lt;br /&gt;Subió sigilosamente las escaleras, mirando a su alrededor con precaución, cuando se encontró a Harlan e Yvette discutiendo frente a la máquina de café. Los llamó en voz alta, acercándose hacia ellos, que se apresuraron a saludarlo. Mashi odiaba el café de máquina, pero era un pequeño precio a cambio de su integridad física. Al fondo podía ver la fría mirada de Grim, clavada en él desde una rendija entre las persianas venecianas de su despacho. Tras él, Soto y Tex discutían. Nadie olvidaba a Creedan Dravo, ni la lección que supuso acerca de lo que puede suceder a alguien que se descuida y va por ahí solo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- La entrevista terminó hace un cuarto de hora, Svetlana… - Jorik Varastlov esperaba sentado ante la puerta del colegio, sobre el capó de su coche: Un sedán de lujo, regalo de su esposa por un pasado aniversario de bodas.  &lt;br /&gt;- Lo siento… ¿Cómo ha ido? – Preguntó. Al fondo veía a Grigori y Rozaliya tirando de Vanya, que tenía un ojo morado, hacia un kiosco. Jorik les había dado dinero para chucherías y que así desapareciesen unos minutos.&lt;br /&gt;- Deberías haber venido. – Su marido no era un hombre que se enfureciese de forma vistosa ni exacerbada: Nunca perdía los papeles, y atacaba usando un tono glacial. &lt;br /&gt;- Jorik, se donde debería haber estado, pero tú deberías recordar en que situación estamos y lo mucho que me aprecia el capitán Jacobi. &lt;br /&gt;- Sigue siendo un trabajo, y su importancia no debería ser comparable a la de tus propios hijos. &lt;br /&gt;- Eres un civil y no lo entiendes: ¡Estado de excepción! – Insistió Svetlana, intentando moderar su tono y gestos para que sus hijos no notasen nada raro. - ¡Es casi como estar en guerra! &lt;br /&gt;- Yo lo entiendo… Pero ¿realmente vale la pena? Los niños y yo nos estamos hartando de oír saltar alarmas sobre el fin del mundo, y tú nunca estás en casa para tranquilizar a los niños.&lt;br /&gt;- Si el mundo se acaba, no entiendo que cojones haces tú preocupándote por tu ascenso a catedrático. – Acusó Svetlana. &lt;br /&gt;- Si, tienes razón. Estoy siempre con mi tesis… ¡En casa! – Alzó una ceja, mientras la miraba con aires de superioridad. – ¡Mírate! ¡Te presentas con todo el uniforme arrugado, el chaleco puesto y esas dos metralletas abultando bajo la chaqueta! ¿Qué imagen es esa? ¿Cómo quieres que Vanya no se meta en peleas, viendo así a su madre? – Svetlana se echó hacia atrás, como si hubiese sido abofeteada. Miró un segundo a sus hijos, asegurándose de que aún seguían eligiendo chucherías, y se acercó a su marido, encarándolo.&lt;br /&gt;- De modo que es eso, ¿no? ¡Sigues guardando rencor a Vanya! ¡Vanya es el mal hijo! ¡El agresivo! ¡El hosco! ¡El brutal! – Jorik había lanzado un golpe muy bajo, y muy certero.&lt;br /&gt;- Tienes razón. No es culpa suya: Solo ha heredado las maneras de ese troglodita que es su padre. – Svetlana tragó saliva. Tras la puñalada anterior, con esto acababa de retorcer el cuchillo completando el golpe. Sin embargo, había llevado la discusión a un campo que le iba a salir caro.&lt;br /&gt;- Puede que no te hayas dado cuenta, Jorik Varastlov, pero cuando te casaste conmigo, Vanya aún estaba en mi vientre. ¡Tú y solo tú eres el único padre que ha conocido nunca! ¿Quién es el troglodita entonces? – Cazado en su propia red, Jorik apretó los puños. Respiró profundamente e hizo un gesto con la cabeza a Svetlana hacia los niños, que ya caminaban hacia ellos, contentos con su nuevo botín. &lt;br /&gt;- ¡Yo les enseñé a actuar de forma lógica! ¡Y sin embargo, le partió la cara a dos compañeros! – Svetlana se quedó mirando a su marido en silencio, calmándose súbitamente su enfado. Su rostro parecía pesaroso, pero no dejaba de mirar de reojo hacia los críos, cada vez más cerca, para que no la viesen así.&lt;br /&gt;- Deberías ponerte de vez en cuando en el lugar de tu hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mashi comprobó su blog una vez más. Pocas entradas. La verdad, sabía que no hacía esta publicación por autobombo o por convertirse en una especie de “gurú online”. Sin embargo, Yabun Gobei había perdido mucho ritmo de visitas desde su separación del grupo de turcos. No era de extrañar: ¿Quién esperaría ver a perros viejos chateando o usando internet? Solo tenía los comentarios habituales, amén de un nuevo seguidor anónimo cuya identidad conocía bien pero que no delataba por no tener problemas. Eran cerca de las doce de la noche, y la cena ya era un grato recuerdo del pasado. Sin embargo, sabía de antemano que cualquier intento de ir a dormir acabaría siendo infructuoso. Decidió vestirse. Nada complicado, solo “casual”, y luego a dar un paseo. Incluso tardó menos de media hora en arreglarse el pelo.&lt;br /&gt;La idea de Mashi de “casual” le hacía destacar enormemente entre la multitud, con su abrigo adornado con una placa de aluminio en la espalda, cortada con la forma de una especie de torso esquelético demoníaco, sobre tela malva. Sus botas estaban cubiertas de puas, romas todas ellas, por lo que pudiera pasar, y sus pantalones negros, holgados y llenos de desgarrones, mostraban por debajo unas mallas de color malva que completaban su indumentaria, junto con un leve toque de maquillaje. Algo discreto, a su modo de ver. Sin embargo, Katsumashi hubo de reconocer una cosa: Después de las semanas sirviendo junto a gente como Svetlana, Kurtz, Inagerr o Peres, se vio raro a sí mismo, de nuevo, maquillándose o buscando su ambiente habitual en el entorno visual. Buscó un espejo improvisado en algún escaparate, para ver si él también se había hecho viejo, pero no fue así, para su alivio. Sin embargo, algo era distinto: Ahora sentía una suerte de comprensión hacia sus compañeros: Una vieja guardia curtida en mil infiernos y apaleada, deseosa de un nuevo asalto por una mezcla de orgullo y tozudez. &lt;br /&gt;Decidido a no pensar en el trabajo, por bien que le cayesen sus nuevos compañeros, Yotoomaru Katsumashi sonrió ante el cartel del Karasu. Una sala de conciertos a medio tomar por los góticos, pero que siempre acababa dando ventaja a los conciertos visual. Lleno a medias por puristas y la otra mitad por fans de los grupos, el Karasu era de las mejores salas de conciertos que se podían encontrar en el sector 8. La caída de su placa vecina le había causado graves problemas: Cierre para una inspección de urbanismo por si había sufrido daños estructurales, y una gran pérdida de su flujo habitual de clientes por la destrucción de los accesos desde el sector 7. Sin embargo, los grupos se habían apoyado mutuamente, y a fuerza de dar conciertos agotadores por precios meramente simbólicos, lograron mantener el local abierto. Desde el Karasu, todo el barrio logró crecer de nuevo, y mantenerse como territorio de los Visual Kei. &lt;br /&gt;Mashi decidió no pedir alcohol. No le gustaba tanto la cerveza como los combinados de sabor más dulce, pero tenía la obligación de mantenerse sobrio ante la posibilidad de una llamada de emergencia. Svetlana lo despellejaría si llegaba a descubrir que había salido de casa sin chaleco, y con su triste revólver como toda potencia de fuego. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Svetlana tenía la mirada perdida. De repente, en menos de un segundo, se concentró y se arrojó hacia delante, donde un saco lleno de arena esperaba sus golpes. Sobre él, una foto de Mordekai Jacobi cada vez más destrozada sonreía con su habitual desdén, mientras una lluvia de golpes caía incesante sobre ella. Svetlana giraba en torno al saco, repartiendo golpes, esquivando las venidas, en las que su imaginario adversario intentaba alcanzarla, cansarla, y finalmente, derrotarla. Eso habría funcionado con cualquier pipiolo, pero ella había recibido demasiados golpes y partido demasiadas caras como para dejarse atrapar así como así: Dosificaba sus energías, coordinaba su respiración con sus movimientos, exhalando fuertemente en cada ataque. Podía combatir durante mucho tiempo antes de notar el cansancio. Le gustaría creer que horas, pero es mejor ser realista. Se lanzó contra el saco de nuevo, atacando en corto y rotando. Siempre atacando, nunca dando un respiro entre golpe y golpe. Los respiros al enemigo son una traición a uno mismo, como bien aprendió por las malas cuando ingresó en la 90 de fuerzas especiales.&lt;br /&gt;Acabada su combinación dio un paso atrás y lanzó una potente patada lateral que debería haber lanzado el saco contra el fondo, pero este se chocó con algo y casi es Svetlana la que sale proyectada. &lt;br /&gt;- ¿Tregua? – Preguntó Jorik, tras el saco. Traía una botella de agua y una toalla limpia. Svetlana refunfuñó y lanzó un golpe más contra el saco, pero tomó asiento. &lt;br /&gt;- ¿Qué quieres? – Svetlana tenía la costumbre de aislarse en el trastero, tres pisos encima de su casa, donde se había construido un pequeño cuarto de entrenamiento. Era tan disciplinada que se frustraba enormemente cuando alguien que no fuesen sus hijos la interrumpía. Incluso a veces, sus hijos se encontraban un severo correctivo al llegar. &lt;br /&gt;- Quiero acabar la discusión. &lt;br /&gt;- ¿Y qué vas a decir al respecto? – Jorik sonrió. Él era el único con el privilegio de sacar de sus casillas a su mujer. No era algo que hiciese a propósito, sino que le salía sin pensar. Normalmente, de la agente Varastlova se conocía su faceta fría y violenta, y su faceta simplemente violenta. Con sus compañeros era amistosa, pero se comportaba como un hombre más, soltando bromas soeces y repartiendo golpes amistosos, pero que a Jorik le hacían bastante daño cuando le tocaba recibirlos. Sin embargo con él, era cuando tenía ante sí a Svetlana la mujer. Femenina, preocupada, y aunque a veces costase creerlo, vulnerable.&lt;br /&gt;- Voy a decirte que ya sabía que yo era el único padre al que Vanya conoce, y para ello, voy a confesarte algo que he tenido miedo de que supieses. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Joder, como mola tu pelo! -  Dijo una joven rubia cuando Mashi apareció a su lado en la barra. Tenía la voz un poco ronca, aunque el joven turco supuso que era por el vaso casi vacío que tenía ante ella. – Si me cuentas el truco, te invito a un trago. &lt;br /&gt;- Solo voy a tomar un refresco, y no estoy seguro de que mi secreto valga tan poco… - Dijo con picardía, haciéndose el interesante. La chica pareció pensárselo. &lt;br /&gt;- Vale, te lo plantearé de esta forma, a ver si te gusta más: Si me das conversación, te invito a ese refresco. &lt;br /&gt;- Gracias. – Pidió un mosto y luego se giró hacia ella. – Y la respuesta a tus dudas es esta: Mascarilla marca Mogu cada tres días, corte de puntas cada cuatro meses y laca de buena calidad para no quemar el pelo. &lt;br /&gt;- Euh… Tomo nota. – Dijo la chica. Aún era una adolescente, pero más bien una adolescente tardía. Aparentaba unos diecinueve años, y su aspecto era una especie de Visual de fin de semana. Debía de ser universitaria para estar de fiesta un jueves. Se arregló un poco más el pelo, con un gesto casual que abrió un poco más su escote y se pegó a Mashi, casi tocándolo, e inundando sus fosas nasales con su perfume. – Por otro mosto, o algo un poco más fuerte… ¿Me responderías a otra pregunta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Jorik avanzaba a zancadas a lo largo de la taberna Highlander Cavern. Sus pasos llamaron la atención de los parroquianos, pero nadie hizo preguntas al joven extraño delgado y algo desgarbado. Estaba furioso, y su cabello estaba revuelto. Encontró al hombre al que había venido a buscar y se sentó, quitándose las gafas y posándolas sobre la mesa ante una eventual escena violenta a punto de estallar. &lt;br /&gt;- ¿Prefieres aquí mismo o fuera, hijo de puta? – Preguntó Jorik, con el tono dubitativo de alguien que no está acostumbrado a llegar a este nivel.&lt;br /&gt;- Aquí mismo tendría un problema con el dueño. Fuera no, pero no veo como mierda va a acabar bien esto si te… - El otro hombre dudó apenas un segundo. - Si tú y yo nos damos de hostias.&lt;br /&gt;- No me voy a ir sin lo que he venido a buscar.&lt;br /&gt;- Pues lo tendrás que conseguir como siempre has dicho: Hablando. – Jorik sonrió. Precisamente él, ese neandertal, le venía a decir al licenciado cum laude y uno de los profesores universitarios más jóvenes de la universidad de Midgar, que iban a resolver las cosas hablando.&lt;br /&gt;- Veo que evolucionamos… Incluso te han puesto una jarra, con asa y todo, para que las uses como un organismo desarrollado.&lt;br /&gt;- Mira, tío… Que quiera resolver esto tanto como tú, no significa que te permita insultarme. – Dijo con tono firme y sombrío, mientras sus ojos parecían relucir en la oscuridad del rincón en el que estaba sentado. &lt;br /&gt;- Bien. – Concedió Jorik. – Yo también me comportaré. – El otro asintió. Jorik tomó aire y esperó unos instantes, antes de decidirse a hablar. Apenas dos segundos. - ¿Por qué cojones no le echaste huevos y tomaste la iniciativa en lugar de dejar que yo siguiese adelante con la boda?&lt;br /&gt;- No te casaste engañado, Jorik… - El extraño dio un trago a su pinta de cerveza negra, mirándolo desde encima de su vaso.&lt;br /&gt;- No, eso es cierto. Sin embargo, ella tampoco. No creo que debiera haberme dicho que sí.&lt;br /&gt;- ¿Por? – Preguntó el otro, a medio camino entre divertido y sorprendido.&lt;br /&gt;- Porque cada vez estoy más seguro de que te quiere a ti. – Esta vez su interlocutor posó su vaso. Hizo sonar sus nudillos y se acomodó en su banco, con movimientos muy pausados. De repente, su puño estalló contra la pared con un sonoro golpe, pertinentemente ignorado por los parroquianos. A este le sucedieron otros, y cuando finalmente se calmó, juntó las manos sobre la mesa. La diestra estaba cubierta de sangre. &lt;br /&gt;- ¿Sabes por qué me cabreo así? – Dijo con la voz llena de ira contenida. Jorik negó con la cabeza. – Porque has dudado de ella. &lt;br /&gt;- ¿Dudar? No dudo. Es ya una certeza.&lt;br /&gt;- ¿Qué certeza, idiota? ¡Ella lleva tu hijo! ¡Tu segundo hijo! ¡En su vientre! ¡Y también ha tenido tu niña!&lt;br /&gt;- Muchas personas se casan por los motivos equivocados y tienen hijos juntos. – Respondió Jorik, fríamente. Ya se había planteado esa pregunta y tenía la respuesta preparada. &lt;br /&gt;- Ella no. ¿Nunca te dijo como acabamos liados?&lt;br /&gt;- Nunca quise saberlo.&lt;br /&gt;- Pues ahora te jodes y lo oyes. – Jorik hizo un gesto de contrariedad. – Si no te gusta, no hubieras venido, aunque de todos modos no es nada del otro mundo: Nos emborrachamos. &lt;br /&gt;- Por mucho que bebiese, no justifica…&lt;br /&gt;- No. No lo justifica. Ella me explicó por qué lo hizo cuando hubo recuperado la razón: Le daba miedo casarse y cometer un error. Le daba miedo sentirse desgraciada.&lt;br /&gt;- Al final yo fui un error… - Admitió el joven profesor.&lt;br /&gt;- ¡Mira que eres idiota! Tu mujer es una tía orgullosa, fuerte e independiente. Tenía miedo de perder esa independencia. ¡No quería ser una jodida ama de casa! ¡Es una puta guerrera, maldita sea! ¡No está hecha para la aspiradora y las cocinitas! &lt;br /&gt;- Pero eso… No llegó a suceder. Incluso vosotros, cabrones, hacíais chistes sobre mí, llamándome “su mujercita”. &lt;br /&gt;- Ella nos pateó la cara, en cuanto hicimos medio chiste fuera de tono. Concretamente, a mí me soltó un puñetazo que me dejó flipando, y me hizo tragarme la coña por no tener un problema serio. – El otro dejó tiempo a Jorik para decir algo, pero este solo lo miraba, estupefacto. – Solo me había pegado más fuerte en una ocasión: Cuando se despertó a mi lado. &lt;br /&gt;- Entonces…&lt;br /&gt;- ¡Entonces nunca me quiso, idiota! &lt;br /&gt;- Pero Vanya… Es decir… Sé que es hijo tuyo. Siempre lo supe.&lt;br /&gt;- Pues yo debo de ser el único que nunca supo nada. Bueno, somos dos. Vanya y yo: Yo nunca he sido un padre para él. Y tú eres el único padre que él ha conocido, y que reconoce como tal. &lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡¿Entonces no estás con el grupo?! – Preguntó la chica, medio histérica.&lt;br /&gt;- ¿Por qué iba a estarlo? – Se defendió Mashi. &lt;br /&gt;- ¡Joder, he estado pagándole los zumitos a un marica rarito cualquiera!&lt;br /&gt;- ¡Oye, loca, que fuiste tú la que me buscó a mí! ¡Además, aún no has pagado nada!&lt;br /&gt;- ¿Qué no te invité? ¿Me estás llamando mentirosa? ¡Y me llamas loca! &lt;br /&gt;Tras ella, una pequeña multitud se estaba formando, rodeando a Mashi contra la barra. Por lo visto, la joven histérica tenía amigos. Amigos que contaban con pases, irse de fiesta con estrellas del rock y esas cosas. Por lo visto, las tías hacían de gancho. La sección femenina eran ella y otras cuatro igual de aputonadas y cubiertas de maquillaje barato. Sin embargo, tras ellas, estaba la habitual cohorte de novietes o aspirantes a ello, ansiosos por ganar puntos a ojos de sus conquistas apaleando a un pobre chavalín maquillado. “Así que eso es lo que hay, ¿eh?” pensó Mashi, “todos vosotros juntos sois tan duros como medio pedo de cualquiera de mis compañeros”. &lt;br /&gt;- Hora de nadar o hundirse… - Dijo por lo bajo, mientras con un gesto llamativo, sacaba su porra extensible reglamentaria. – En total, entre chulos y putas sois nueve. – Dijo mientras levantaba la cabeza, sonriendo maliciosamente. – Alguno ha de ser el número uno. ¿No?&lt;br /&gt;La multitud que tan rápido se había juntado, tardó algo más en dispersarse, con desgana, miradas de reojo y murmullos en voz baja. El camarero se acercó a Mashi para sugerirle otro local, pero este al sacar la cartera para pagar su consumición dejó entrever la placa, acabando el asunto. En vista de que solo le quedaba un tipo de contactos al que recurrir para entretenerse, sacó su PDA y la conectó a la red wifi del Karasu. Le habían dejado un mensaje.&lt;br /&gt;- LOL! Tu dama ahora es una loli sin bragas. Raep you sai? &lt;br /&gt;Mashi movió su rey hacia una posición más protegida. En el ajedrez por internet vio que su oponente estaba online y había recibido su envite, pensando su jugada. &lt;br /&gt;- Ima chargin mah lazor. &lt;br /&gt;- Habla como si fueras humano, cabrón. – Respondió Mashi. No soportaba que su oponente usase ese lenguaje, y aún era peor cuando usaba el 1337. Sin embargo, era el mejor de todo el foro. &lt;br /&gt;- IMA CHARGIN MAH LAZOR! – Viniendo de él: Jaque mate.&lt;br /&gt;- ¿En cuantas jugadas?&lt;br /&gt;- Over 9000!&lt;br /&gt;- ¡Vete a tomar por culo, Darius!&lt;br /&gt;- Vale,noob. 3&lt;br /&gt;- Algún día te cazaré… - Mientras acababa de teclear y enviar el mensaje, Mashi estaba saliendo por la puerta del Karasu. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mashi estaba esperando más temprano de lo habitual a Svetlana, la cual casualmente también se había dado prisa. Su compañera parecía de buen humor. Sin embargo, lo primero que le extrañó fue ver que los chavales no ocupaban su lugar habitual en el asiento trasero. Ante la pregunta, Svetlana le dijo que hoy los llevaba al colegio su padre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Papá… - Dijo Vanya, algo asustado por una posible reprimenda ante lo que iba a decir a su padre. Tenía la mirada fija en la nuca de este, como si a través de ella lo estuviese vigilando sin dejar de atender a la carretera.&lt;br /&gt;- Dime, Vanya. – Respondió este de un buen humor que se fue enfriando al ver que el chaval tardaba en responder.&lt;br /&gt;- Yo… Ayer me dijiste que no, pero si que actué con lógica. ¡Te juro que lo hice! – Jorik no opinaba igual, pero en ese momento recordó lo que le dijo su mujer.&lt;br /&gt;- ¿Y por qué es lógico pegarle varios compañeros?&lt;br /&gt;- Porque estaban abusando de Grigori. – Respondió el crío, con la seguridad que le daba estar en un terreno conocido.&lt;br /&gt;- ¿Y qué habría que hacer entonces? – Preguntó Jorik atento, mirando a su hijo a los ojos por el retrovisor.&lt;br /&gt;- Chivarse. Pero pensé que mientras iba a buscar un profe, a Grigori le iban a pegar, y como yo soy más mayor que él, mejor que vaya Grigori a chivarse mientras me pegan a mí.&lt;br /&gt;- Está bien, pero se dice “mayor”, no “más mayor”. Cuando eres mayor se entiende que lo eres más, no se dice “menos mayor”.&lt;br /&gt;- Mayor… Vale… - Dijo el niño, un poco frustrado por la interrupción. &lt;br /&gt;- ¿Algo más? &lt;br /&gt;- Si: Si me iba a quedar peleando yo solo contra dos, lo más lógico era defenderme, ¿no?&lt;br /&gt;- ¡Vanya solo se estaba defendiendo! ¡No lo castigues! ¡Es bueno! – Rozaliya corrió a ayudar a su hermano.&lt;br /&gt;- Vanya es bueno, pero a veces es despistado. ¿No viste aún donde falla tu lógica? – Preguntó el padre. Vanya no respondió, aunque por la cara que Jorik podía ver en el retrovisor, parecía algo avergonzado. – Antes de decírtelo, tienes que prometerme que solo te pelearás con dos condiciones.&lt;br /&gt;- ¿Cuáles? – Preguntó el niño, a la defensiva, temiendo algún tipo de castigo.&lt;br /&gt;- La primera: Solo debes pelear como último recurso. &lt;br /&gt;- ¡Esa ya me la sabía! – Bufó.&lt;br /&gt;- Y la segunda: Solo para protegerte a ti mismo, a tus hermanos o a algún amigo, contra alguien más fuerte. – Vanya asintió. – Lo digo muy en serio. Si defiendes a los débiles, eres bueno. Si los atacas, eres un abusón, como los que querían pegarle ayer a Grigori.&lt;br /&gt;- ¡Yo no soy ningún capullo! ¡Ni tampoco un abusón! – Protestó el niño.&lt;br /&gt;- Entonces no tendrás problema en prometer que aceptas mis condiciones, porque… ¿Sabes qué? ¡Los que abusan de los débiles no merecen tener videojuegos!&lt;br /&gt;- ¡Lo prometo! ¡Lo prometo! – Jorik aprovechó la detención en un semáforo para girarse y estrecharle la mano a su hijo. Luego se giró hacia los otros dos.&lt;br /&gt;- ¡Sois testigos! ¡Vanya me ha hecho una promesa! – Los niños asintieron. &lt;br /&gt;- Ahora dime en que no fui lógico. – Quiso saber el niño.&lt;br /&gt;- Vanya: Si vas a chivarte, chívate. Si vas a defenderte, defiéndete. Si haces las dos cosas, cuando llegue el jefe de estudios te verá pegándole a otros dos y te castigará a ti. ¡Tienes que ser más listo!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-4418690035414046347?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/12/197.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">7</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-5856425350438479592</guid><pubDate>Thu, 03 Dec 2009 13:27:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-03T14:32:56.137+01:00</atom:updated><title>Manifiesto por los derechos fundamentales de internet</title><description>Sé que, desde un principio, Azoteas de Midgar es el blog soporte para un juego en el que nosotros convertimos el escenario de un videojuego (cuya autoría y propiedad nunca hemos negado a Square/Enix) en todo un mundo lleno de personajes, escenas, situaciones, y en resumen: Vida. &lt;br /&gt;Así que para decirlo claramente: Estamos creando. Somos el "sector de contenidos" del que habla la ministra Salgado, y nunca hemos recibido un céntimo por nuestro tiempo, esfuerzo y trabajo. Lo sabemos, lo aceptamos y seguimos adelante. &lt;br /&gt;De modo que, aun reconociendo la internacionalidad de Azoteas, que aunque la mayoría de escritores seamos españoles, no cerramos la puerta a nadie, y el hecho de ser una obra literaria, ficticia, y para nada, política, considero necesario tomar parte aquí. &lt;br /&gt;Por lo tanto, como creador de azoteas y gestor del blog (Noiry no ha tenido que ver en esta decisión, pero supongo que estará de acuerdo conmigo), posteo aquí y uno a Azoteas de Midgar y Rutas de Ivalice al Manifiesto por los derechos fundamentales de internet. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si estáis a favor o en contra, usad los comentarios y pronunciáos al respecto. Si os oponéis, lo retiraré (Azoteas somos todos). Sin embargo, os pido que no solo lo apoyéis, sino que lo copiéis y posteéis en vuestros respectivos blogs. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ukio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manifiesto 'En defensa de los derechos fundamentales en Internet'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-5856425350438479592?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/12/manifiesto-por-los-derechos.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">6</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-4005472631261628690</guid><pubDate>Mon, 30 Nov 2009 19:32:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-30T20:37:01.209+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">ESCRITOR: ROKHSA</category><title>196</title><description>Cierre los ojos. Intente no pensar en nada. Si el experimento está surtiendo efecto, no verá más que un telón negro.&lt;br /&gt;Resulta de lo más difícil no pensar en nada; incluso podría decir que eso es pensar en algo, pensar en no pensar, pero lo que en realidad debe conseguir es desconectar de los sentidos.&lt;br /&gt;El cerebro es una máquina de lo más compleja y fascinante y explicar alguna de sus más curiosas funciones nos llevaría demasiado tiempo. ¿Sabe usted que sólo un diez por ciento es la parte consciente? Incluso el propio consciente se encarga de convertir acciones cotidianas en inconscientes. Por eso es imposible hacernos cosquillas, porque antes de pasar nuestros dedos por el pie, ya sabemos e intuimos cómo van a moverse.&lt;br /&gt;Pero seamos sinceros, ha desconectado hará unas… Diez líneas. Y el telón negro se habrá sustituido, seguramente, por la imagen de un pie.&lt;br /&gt;Concéntrese. Bien, prosigamos. &lt;br /&gt;Como ya he dicho, esto es un experimento, pero la experiencia no es estrictamente necesaria. Un ejemplo. Imagínese que está en la selva, rodeado de hojas, de ramas, tierra, insectos… Angustiado ante la humedad y el calor del clima. ¿En su cabeza se arremolina esa sensación, verdad? Pero seguro que nunca ha estado en la selva, nunca ha tenido esas ramas atizándole la cara, ni ha tenido el placer de oler una superva de Wutai. Y sin embargo, aunque no conozcamos esa flor, ya intentamos atribuirle un aroma dulzón y un color vivo.&lt;br /&gt;El cerebro analiza y completa con la información que mejor encaja, a su libre albedrío, tomándose completa libertad inventándose sensaciones y experiencias que jamás hayamos tenido.&lt;br /&gt;Entonces la pregunta es: ¿Cómo crea el cerebro esa sensación virtual? ¿De dónde surgen esas imitaciones? ¿Reencarnación? ¿Quizá hayamos tenido otra vida como serpiente y nos hemos reptado por el suelo orgánico y oscuro de aquella selva? &lt;br /&gt;Otra teoría sugiere que la mente humana se introduce en un imaginario éter donde se reúne toda la información del mundo y vuelve con las sensaciones necesarias al cráneo. Pero imagínese la cantidad de personas que hubiesen intentado alcanzar ese grado de concentración, intentado alcanzar la inteligencia infinita a su antojo. En unos antiguos escritos aseguran que un tal…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -¿Te has quedado con algo, Lucille?- preguntó Blackhole cerrando el pequeño libro con tapas de cuero.&lt;br /&gt;  -Hay algo que no entiendo-dijo ella hundiéndose en el sofá orejero, piernas rectas y manos apoyadas a los lados.&lt;br /&gt;  -Adelante-dijo el comensal agitando los brazos- Me muero por escuchar lo que estás pensando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se encontraban en una amplia biblioteca, con góticos ventanales y una crepitante chimenea de mármol que arrojaba la única y anaranjada luz sobre una alfombra de exquisitos bordados. Sólo estaban ellos dos, en el centro de la alfombra y con una mesilla con sendas copas de whiskey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -¿No puede ser que esas sensaciones que inventa el cerebro sean a causa de la razón? Quiero decir que nos imaginamos cómo es la selva porque hemos vivido lo mismo en una escala mucho más pequeña. Hemos visto la hierba de un jardín, hemos olido alguna flor común. Racionalmente, montamos una recreación a lo grande de lo que ya tenemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Richard chascó los dedos y elevó los labios hasta formar una tremenda sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -¡Efectivamente! Pero también es una respuesta de lo más arriesgada. No son pocos los pensadores que han primado la razón sobre todo, pero lo que tú acabas de plantear es como decir que es la razón la que nos engaña, y no los sentidos. Es el tacto el que nos dice que el fuego quema y no la razón, que nos dice cómo puede ser la sensación de ser quemado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Pero los sentidos son de lo más engañosos-rebatió ella echándose hacia delante- La vista es un complejo de acciones que la mayoría de las veces interpreta lo que le sale de las narices. Si estamos mirando hacia la izquierda, sin saber lo que hay a la derecha, y barremos el espacio con la mirada, va a inventarse lo que hay de por medio fijándose en lo de alrededor.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -¿Me estás diciendo que en este mundo no podemos fiarnos ni de ninguna parte de nuestro cuerpo? Realmente somos como un ciego de nacimiento. Siempre me he preguntado qué es lo que ven ellos. Pueden llegar a llevar una vida perfectamente normal, pero en un mundo muy muy lejano al nuestro. Si tienes una conversación con él, habla de mesas, de de agua, de frigoríficos… ¡Incluso es capaz de hablar sobre la selva! ¿Y cómo narices sabe esas cosas? Si coge una mesa, pasa los dedos por su patas, acaricia la madera, puede hacerse una imagen metal de ella, hace un reconstrucción mental en tres dimensiones, algo que es propio de los ojos y su visión estereoscópica- Blackhole paró un segundo y volvió a abrir el pequeño libro de bolsillo para después dejarlo en una mesilla de madera tallada- Pero entre tú y yo…Este libro es una soberana bazofia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -¿Y eso?-preguntó ella confundida. Había visto a su captor leerlo más de una vez con entusiasmo.&lt;br /&gt;  -Porque, si te das cuenta, al principio pide que cierres los ojos y, que yo sepa, todavía no somos capaces de leer con los ojos cerrados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez, con su horonda panza, simplemente producto de un excesivo buen vivir (sólo los ricos son gordos, se decía hace mucho tiempo) se levantó y acercó a la chimenea. Agarró un par de maderos y le dio de comer a la gran boca de fuego. La corteza comenzó a chisporrotear e impactar contra la rejilla que impedía que saliesen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Y bien… ¿Qué piensas hacer cuando te vayas de aquí? No te recomiendo que lo denuncies a Turk o algo parecido. Sería una locura, para ti y para Yief.&lt;br /&gt;  -Tampoco me has dado tu palabra de que después de esto nos dejarás en paz- contestó ella pasando su manos por la delicada seda roja de su brillante vestido, regalo de Blackhole.&lt;br /&gt;  -Es que eso, querida amiga, no lo haré. Me rompe el corazón tener que involucrar a una magnífica mujer como tú, de verdad que incluso he llegado a enamorarme de esos ojos tuyos, pero Yief sufrirá hasta que yo me muera.&lt;br /&gt;  -¿Pero qué es lo que te ha hecho?-gritó en un escueto acceso de histeria- ¿Qué ha hecho para que le atormentes de esta manera?&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Blackhole se dio la vuelta y cogió una caja de música que había sobre la chimenea. Una bella bailarina de cristal comenzó a interpretar su danza al son de una suave, melancólica melodía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Te equivocas… Él no me ha hecho nada, si no su padre. Pero ese tema se quedará entre Yief y yo- Tras un largo silencio, la bailarina paró y la caja se cerró mediante un resorte- Espero que mi trato haya sido el adecuado estos días, Lucille, lo que menos querría en el mundo es que lo hayas pasado mal en mis paredes. Mañana podrás irte, uno de mis hombres te dará la dirección de la casa- la ancha mano de Richard bajó el pomo de la puerta y las bisagras se doblaron- Y recuerda, no te lo tomes a mal, pero el plan debe seguir en marcha. Yief saldrá mañana de la cárcel, si contactas con él…Le mataré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Avanzaba por los pasillos de su casa, ladeando la cabeza, qué lástima de chica, con lo guapa que es… La puerta del recibidor se abrió de golpe y uno de sus hombres entró dando largas zancadas, con una capa de cemento que ya amenazaba con endurecerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -¿Un mal día?-bromeó Blackhole viendo al guardaespaldas con aquél ungüento surcando su cejas- Quítate eso o la gente te confundirá con un zombi.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-4005472631261628690?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/11/196.html</link><author>noreply@blogger.com (Rokhsa)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-8912551514530454457</guid><pubDate>Tue, 17 Nov 2009 20:39:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-17T22:25:35.832+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">ESCRITOR: ROKHSA</category><title>195</title><description>Tobías Marstrom ya le estaba dando de nuevo a su hobby favorito.&lt;br /&gt;Un día soleado, relajante, estático, sería un día perfecto si no fuese por el tremendo ruido que montaban en el sector cero con ese monstruoso andamiaje.Además ese mismo día estaban haciendo aparatosas maniobras para colocar un titánico cilindro metálico sobre las obras. Todo el mundo rumoreaba, todos sabían de qué tenía forma ese cilindro, pero nadie lo decía en alto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajando el pomo de la puerta con el codo, apareció en la azotea de su edificio con una silla plegable en un brazo y una botella de ron en el otro. Tampoco había hecho falta insistirle mucho, tan solo un par de comentarios subidos de tono y un susurro al oído con las palabras mágicas: vamos a follar a la jodida azotea otra vez.&lt;br /&gt;Por una vez que Tobías se estaba tomando su trabajo en serio y ya le habían engatusado. Llevaba horas llamando a la casa de Alexandre da Silva, artista que se iba a encargar de la portada de un reciente best seller, pero nadie cogía el teléfono. Fue entonces cuando, oyendo los furiosos alaridos de su jefe, Silvia, su secretaria preferida, entró para tranquilizarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Para que luego digan de los clichés de la secretaria-Tobías ya se había sentado y Silvia abalanzado sobre si regazo, mechones rubios sobre su pecho-No dejes nunca de trabajar para mí.&lt;br /&gt;-Jaja… ¿Y qué pasaría si me fuese a otra empresa?-dijo ella mordiéndole en el cuello.&lt;br /&gt;-Que iría hasta el despacho de ese cabrón y te secuestraría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La secretaria se zafó un instante y lleno los dos vasos con el caro ron de Costa del Sol, con dos hielos cada uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tengo una sorpresa para ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tobías alzó las cejas todo lo que los músculos le dejaron y puso una sonrisa de excitante emoción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué es? Venga, dímelo ya.&lt;br /&gt;-Primero vamos a bebernos las copas-dijo ella dando un largo trago. El obedeció al instante y en cosa de diez minutos su vaso estaba vacío.&lt;br /&gt;-Venga, ya está, ahora la sorpresa.&lt;br /&gt;-Si ya te la has tomado, tonto-dijo con una carcajada propia de una niña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tobías tardó en comprenderlo, en parte porque la droga de la bebida ya comenzaba a hacer efecto. Los contornos de Silvia comenzaron a brillar y formar una silueta fluctuante. Miró a los edificios colindantes, miró a la mesa y finalmente alzó sus manos para observárselas. En cualquier lugar ocurría lo mismo: ondulados contornos que abarcaban todo el espectro de colores y se desplazaban por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué mierda me has metido?-dijo empezando a asustarse y notando como la temperatura de su cuerpo ascendía.&lt;br /&gt;-¿No es divertido?-rió ella tambaleándose y colocándose de rodillas para comenzar la función.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silvia también se había tomado lo que fuese que había echado en las copas y eso por lo menos le relajó, ya no era algún asunto de venganza o algo similar. ¿Pero a qué coño jugaba entonces? Ahora Tobías no podía dejar de pensar en qué tipo de drogas podían causar esas alucinaciones, haciendo un repaso mental de todo lo que probó en su adolescencia.&lt;br /&gt;Pero no pudo ni llegar a concentrarse porque la secretaria ya le había bajado los pantalones y comenzado a jugar con su miembro como sólo ella sabía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Más vale que luego no me acuerde de nada, Silvia, esto no me hace ni puta gracia-sin embargo no era consciente de que no se le quitaba una estúpida sonrisa de la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo estaba “flipando” literalmente. La cabeza de la rubia se había convertido en un tormentoso borrón con el vaivén y la melena parecía tinta de colores que se esparcía por todas direcciones. Ahora le costaba mantener la cabeza quieta, como si los músculos de su cuello pareciesen de gelatina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ay la hostia!&lt;br /&gt;-Me lo ha dado un colega de mi primo-habló ella sacando la boca de su entrepierna. Entonces se le fue la mirada y se cayó de costado; se levantó con gran torpeza y emitió una risa distinta, con un matiz de nerviosismo tal vez- Son cristales de no se qué…Espero no haberme pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tobías sudaba a chorros y su cerebro, a parte de coordinar con dificultad, comenzaba a cruzar neuronas formando un revoltoso nudo marinero. El cielo le parecía morado y oía chapoteo de lodo, el suelo amarillo y olía a salsa de tomate, el aire parecía electrificado y le procuraba chispazos de placer directos a la espina dorsal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Joder Silvia…Esssssto esunaputalocura-dijo humedeciéndose los labios. Incluso a él le sonaba extraña su voz, con velocidades incontrolables y mala pronunciación-¿Silviiaa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ella no contestaba. Bajó la mirada y una supernova le estalló en los ojos, cegándole momentáneamente. Segundos después vio la mancha difusa que era Silvia con su mano derecha aún sujetando sus testículos, pero totalmente inconsciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pfffff… Serás gilipollas…Noooo aguantasnada-dijo riéndose en vez de preocuparse por la salud de su subordinada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces no supo cuánto tiempo pasó, pero se puso a pensar algo, a intentar recordar lo que solía hacer después de follar en la azotea. A ver, follamos, yo dejo el condón en la otra silla…No un eclipse si no tres fueron los que dieron un nuevo significado a la palabra oscuridad…No joder, eso es de la novela que me estoy leyendo ahora…Ella vuelve a su despacho y continúa trabajando…Tobías hijo, di hola a tu prima de Nibelheim…Es cierto, qué buena está mi prima, todavía me acuerdo del día que nos pillaron…Entonces yo cojo algo de la mesa. ¡Sí! Unos prismáticos y me pongo a mirar algo…La madre que me parió, pero si el meteorito ya está aquí. ¡Vamos a morir todos! Dame la patita Linneo, dame la patita… ¡Qué inteligente era ese perro! Puto el turco que se lo cargó cuando le meó en los pantalones… Observo a alguien del edificio de en frente…Me apetece un kebab, de esos que tiene dos carnes distintas… Hijo, te voy a meter dos hostias, tú verás cómo las esquivas. ¡No me puedes prohibir leer libros, estás matando mi cultura!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Coño ya sé! ¡La jodida modelo que da el tiempo en el canal seis!-gritó a pleno pulmón en cuanto se acordó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La aludida, asomada a la ventana, se quedó perpleja al oír aquél alarido. Entonces su novio apareció también entre los marcos de la ventana y alcanzó a Tobías con la mirada. Da igual cómo fuese físicamente, el jefe de la editorial vio a un hombre de dos metros, de unos cuarenta años, calvo, con una barba totalmente desordenada y un ojo de cristal.&lt;br /&gt;Gritó algo desde el otro edificio, pero las palabras no llegaron hasta los oídos de Tobías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué dices puto zombi?-gritó de nuevo entrecerrando los ojos para ver si así los edificios dejaban de moverse.&lt;br /&gt;El “zombi” dijo algo, desapareció y volvió a asomarse con un palo de golf. Esta vez Tobías sí que le escuchó perfectamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Espérame ahí hijo de la gran puta, que te voy a meter esos prismáticos por el culo!&lt;br /&gt;-¿Va en broma no?-dijo él hablando sólo-Ahora vendrá el poli guay y me salvará del zombi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero algo en su trastornada cabeza le decía, con la poca cordura que mantenía, que eso no ocurriría y que un tipo cabreado le quería sacar la mandíbula con un hierro 9.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Hostias, hostias!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pegó un bote y la silla cayó hacia atrás. Ni siquiera reparó en la durmiente Silvia cuando dando tumbos abrió la puerta de la azotea y comenzó a bajar las escaleras hacia su despacho.&lt;br /&gt;Ya había aprendido que cada ve que movía la cabeza bruscamente, otra supernova le estallaba en los ojos, así que con apariencia estúpida, intentaba mantener el cuello erguido.&lt;br /&gt;Dejó atrás la salida de emergencia que daba al tejado e intentó parecer sereno caminando por los pasillos de su editorial. ¡Como si fuese tan fácil! Entre que le bailaban los ojos e iba más tieso que una espiga, lo raro es que no le dijesen nada.&lt;br /&gt;Torció la esquina y se dio de morros con el encargado de la limpieza, que pasaba la fregona con parsimonia y unos auriculares a todo volumen que colgaban cuando se inclinaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Está bien, jefe?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tobías se quedó quieto, aguantando la respiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eso depende… ¿Eres tú el zombi?&lt;br /&gt;-¿Qué si soy qué?&lt;br /&gt;-Es cierto, el otro era más grande y calvo y… bueno, da igual. Me voy a mi despacho, si ves a un zombi con palo de golf le dices que no estoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dio unas palmaditas en el hombro y siguió andando erguido. Entonces se paró de nuevo y chascó los dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya se quién eres tú… ¡Eres Arcturus Black, el rebelde del Nexo!&lt;br /&gt;-Ehh… ¿Jefe está bien?&lt;br /&gt;-Que si joder, que sepas que eres un jodido cabrón, se te va mucho la cabeza, mira que matar a un pobre niño…Oh y me tienes que presentar a Lulu, tiene que estar como un queso, si no fuese porque ya se la ha quedado ese cabronazo de Wolt…&lt;br /&gt;-Vaya a su despacho y duerma un poco-dijo el atónito empleado, que ya había decidido ignorar sus desvaríos-Catalogar tantas novelas le ha fundido los sesos.&lt;br /&gt;-No sé qué has dicho pero lo haré…Recuerde avisarme si viene el zombi-ya se estaba yendo de nuevo cuando volvió y le zarandeó totalmente asustado-¡Tío, que tienes dos serpientes metiéndose por tus orejas!&lt;br /&gt;-¿Pero qué coño te pasa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Minutos después, el conserje se había encargado de llamar a un taxi y el empleado de la limpieza llevaba a Tobías en volandas hacia la puerta principal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No se preocupe jefe, aquí no hay nada importante que hacer, el taxi le llevará a casa.&lt;br /&gt;-Eres un buen colega… ¿Te dije que una vez estuve hablando con Rufus? Resulta que es un jodido alienígena con trompa de elefante. Lo que pasa es que viajó en el tiempo hacia el futuro y consiguió que… ¡Me cago en la puta! Te dije que me avisaras si venía el zombi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, entrando por la puerta circular de la editorial, apareció el gigante calvo y con barba, con el ojo de cristal emitiendo una luz roja que cegaba a Tobías y el palo de golf dispuesto a partir cráneos. Parecía exhausto, como si correr hasta el edificio de al lado le hubiese costado un gran esfuerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Maldito pervertido, ahora te vas a enterar.&lt;br /&gt;-¡Rápido hay que ir a una iglesia o algo!&lt;br /&gt;-¡Que no es un zombi, que este tío te quiere moler a palos!-ya hasta el de la limpieza gritaba, no se sabe si porque había respirado la droga de Tobías a través del sudor o porque estaba hasta los cojones del alocado día que le estaban dando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tobías se zafó de sus brazos y comenzó a correr, yendo de lado a lado y agitando los brazos. Entonces se tropezó con un cordón de sus caros zapatos y cayó justo cuando el palo del zombi pasaba a la altura de su cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No podrás conmigo puto zombi, los palos de golf no me afectan-dijo incorporándose viendo millones de polillas de colores volar a su alrededor-Ahí te quedas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta giró y Tobías se largó con viento fresco, riéndose descontroladamente y llorando a la vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Joder… ¿Cuándo se va a acabar esta jodida cogorza? Yo quiero irme a dormir ya… ¡Calla idiota, no pienso subirme a ese avión!-dijo incluso imitando dos voces distintas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El calvo salió segundos después y comenzó a correr para intentar atrapar a Tobías, que ya torcía por una bocacalle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[...]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lazarus… ¡Oh dios, menos mal que me has cogido la llamada!-susurró a su móvil escondido tras un contenedor-Estoy hecho mierda tío. Veo colores que ni siquiera existen, me va a explotar la cabeza y me persigue un zombi… ¿Qué? Que sí, no te rías de mí. Aiba espera, no cuelgues, que acabo de ver a un erizo naranja disfrazado de turco…Que sí, lleva un pelo la hostia de raro…Bueno, erizo, nutria, qué más da, creo que lleva el pelo pegado...Ya está, se ha metido en un local. Ven a recogerme tío… ¡Mierda, joder, si yo tenía un taxi en la puerta! Da igual, quedamos en el bar de la calle Rose… ¿Que ese bar es de gays? ¿Y por qué nadie me lo ha dicho hasta ahora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[...]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eh, eh…-dijo el camarero cuando vio entrar a Tobías a toda prisa, con la única premisa de usar el lavabo y marcharse-Si quieres usar el servicio, mínimo una consumición.&lt;br /&gt;-Veeenga tío, un poco de compasión-su voz era ahora ronca y pastosa, los efectos se iban pasando poco a poco, aunque todavía veía cosas que sólo existían en su imaginación- Si no te lo voy a manchar ni nada.&lt;br /&gt;-No cederé, de alguna forma tendré que ganarme el pan.&lt;br /&gt;-¿Sabes? Me habían dicho que tú molabas, pero parece que estaba equivocado-sacó su cartera de cuero negro y sacó unos cuantos guiles- Ya que estamos…Ponme una copa de ron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dueño del bar se dispuso a preparar su bebida, mientras Tobías observaba atónito con los brazos y el mentón apoyado en la barra. Cuando los tres hielos cayeron en el vaso, emitió una gran exclamación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tiiio… ¿Cómo has hecho eso?&lt;br /&gt;-¿Hacer el qué?&lt;br /&gt;-bah, déjalo-dijo sabiendo que la sinfonía que había oído salir del vaso era fruto de su quebrada imaginación y era tontería seguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces entró Lazarus, excitado y nervioso, agitando los brazos para que su amigo le mirase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos Tobías, ese tipo está a punto de llegar y no creo que lo del cemento le haya hecho mucha gracia.&lt;br /&gt;-Ya va, ya va-respondió acordándose de que todavía le perseguía un loco-voy a mear y nos piramos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se bebió la copa de un trago y fue al servicio arrastrando los pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Pero qué haces loco, eso era ron?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hizo falta respuesta. Con la puerta abierta de los servicios se pudo oír perfectamente la tremenda arcada que emanó de las entrañas de Tobías, cual dragón que ruge en su cueva. Cuando salió pasándose una manga por la boca, apuntó al camarero con el dedo pulgar y le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Puedes ponerme otra de ron? Es que la mía se me ha caído en el retrete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lazarus pasó un brazo por sus hombros y se llevó a su amigo semiinconsciente fuera del bar, donde les esperaba un coche directo al fin de la intoxicada aventura de Tobías. Minutos después entraría un hombre de dos metros, calvo, con barba, palo de golf y una capa de cemento cubriéndole hasta el cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Señor, parece usted un zombi-bromeó el camarero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ira del muerto viviente se cebó con él y el bar estuvo cerrado durante tres semanas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-8912551514530454457?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/11/195.html</link><author>noreply@blogger.com (Rokhsa)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-692329135583666130</guid><pubDate>Fri, 13 Nov 2009 23:11:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-16T20:18:39.814+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:ASTAROTH</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>194.</title><description>El brusco sonido del motor del vehículo se abrió camino entre el resto de sonidos de la zona, y embotó la mente del recién llegado a la división de Turk. El pelo le caía desde lo alto de la cabeza en diversos jirones que iban desde un profundo negro en la raíz hasta un naranja chillón en las puntas, pasando por toda una variedad de tonalidades fulgurantes. Los seis mechones colgaban y caían hasta casi los hombros en un orden casi simétrico, como si fuesen radios de un hexágono regular. Llevaba profundas sombras pintadas bajo los ojos, ocultando la ya de por si oscurecida piel que se adentraba en las cuencas de una marcada calavera.&lt;br /&gt;Tenía las orejas cubiertas, de lóbulos a hélix, cubiertas de pendientes de todas las formas y tamaños posibles, contando más de una decena en cada una. Dos franjas afeitadas en los exteriores de cada ceja, y un tatuaje inidentificable que ascendía desde algún punto perdido entre la vestimenta hasta la zona posterior de su oído derecho completaban los rasgos más significativos del joven, que se encontraba más cerca de los veinte que de los veinticinco años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevaba la chaqueta negra completamente abierta, a punto de resbalar por sus enjutos brazos y caer. Le quedaba casi obscenamente larga y grande, y había pretendido solucionar ese exceso de longitud abriendo esas mangas con aberturas, de forma que los puños fuesen abiertos. Para contrarrestar el tamaño, se había puesto unos pantalones bastante ajustados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía la mirada perdida hacia el infinito, o lo que hubiera sido el infinito si no hubiera una marea de edificios coronados por una descomunal estructura cubierta de andamios, herraje retorcido y ennegrecido que convertía el sector 0 en una maraña de metal.&lt;br /&gt;El joven perteneciente a la nueva hornada se volvió en dirección a una parada de taxis, donde llamó a uno de los pequeños modelos de color amarillo auto mientras jugaba con un pequeño mechero zippo con grabados en toda superficie, moviendo su tapa constantemente de un lado a otro hasta que por fin se decidió a encender un cigarro de tabaco rubio. Sacó de la negra chaqueta un paquete que representaba un animal jorobado sobre fondo de color crema, y extrajo de su interior el pitillo con la boca. Inspiró profundamente, y expulsó el humo por una pequeña ranura que se abrió entre sus labios, que aún sujetaban el cigarro mientras las manos reposaban pesadas en los bolsillos de la cazadoras, apoyado con la espalda y el pie derecho sobre un poste de llamada para taxis. Cogió el tabaco con la mano después de inspirar otra profunda aunque más corta calada, e introdujo el cuerpo dentro del habitáculo trasero del vehículo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Señor, aquí dentro no puede fumar – al igual que en los tópicos de muchas películas y series de televisión, el conductor era un extranjero con la piel del color del caramelo oscurecido, y un marcado acento de Costa del Sol. – Tengo que pedirle que… ¡Oh!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El silenciador acoplado al cañón de la Rhino se clavó en el respaldo del asiento del conductor, y este lo notó como si de un cuchillo se tratase. Lo había sentido ya muchas veces, demasiadas en su poco tiempo viviendo en la gran urbe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mira, gilipollas de mierda – el turco inclinó la cabeza hacia delante, llevando el cuerpo consigo hasta que la nariz aguileña se clavó en el reposacabezas – ¿Alguna vez te has topado con uno de esos hijos de puta rapados llenos de bazofia ideológica sobre el poder de la raza blanca que se dedican a patear culos negros como el tuyo? – el conductor asintió, confundido – Bien, pues yo soy peor. Para empezar, mira mi placa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le acercó a la cara la mano derecha y le mostró la placa que lo identificaba como trabajador de ShinRa. Lo acercó tanto y a tal velocidad, que le golpeó el ojo derecho y le melló uno de los incisivos superiores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Comprendes quién soy? – lo dijo con una entonación suave, una burla que pretendía decir “intento ser amigable y cariñoso”. El conductor volvió a asentir. – Bien. Pues ahora me vas a llevar a la calle Cariátide, sector 5. Ya - su tono se volvió tajante, y no admitía discusiones – No hace falta que pongas el cuentakilómetros, puto sin-papeles.&lt;br /&gt;Pegó una suave calada mientras el hombre, aún escupiendo sangre mezclada con restos de diente, encendía el vehículo y soltaba lentamente el embrague mientras pisaba el acelerador. Conducía torpemente, muy nervioso, de manera similar a la de aquella primera vez que había cogido un coche.&lt;br /&gt;El conductor no hablaba, ni siquiera pensaba en aquella licencia de armas que no había podido obtener ni aquella arma que no quiso comprar por su condición de ilegal. Tenía mujer, y tres hijos esperando a que llevase dinero a su casa del sector 8 para poder comer algo que no estuviese duro o en proceso de putrefacción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven Turk sacó su PHS del bolsillo y se fijó en la hora. No era muy tarde, así que todavía podía entretenerse un rato más con su compañero de viaje. No quería que su visita disfrutase de comodidades, ni tampoco quería que aquel tipo al que tanto odiaba por su condición inmigrante se marchase sin recibir un trato justo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viaje se alargó más de lo previsto debido en gran medida a una explosiva combinación de nervios por parte del hombre de Costa del Sol, que no dejaba de calar el motor de su coche, y los gritos y golpes del joven turco, que hacían aún más mella en el delicado estado del conductor. Cada vez que el coche se paraba por un movimiento en falso o un despiste, el hombre de negro golpeaba el reposacabezas y comenzaba a gritar insultos xenofóbicos, repartiendo puñetazos con la oreja y la nuca de su chófer, lo que hacía que se asustase más y cometiese más descuidos, que a su vez desembocaban en más palabrería y violencia en un vórtice sin fin. Cuando por fin llegaron, la piel de ébano se había convertido en una hinchada masa roja, morada y negra por todas las zonas de la cara, lo que había inspirado un nuevo acertijo para el joven, que encontraba diversión en preguntar “¿Qué es negro, rojo y morado? ¡Tú!” al tiempo que golpeaba el asiento de una patada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El coche amarillo paró casi en seco cuando llegó a la entrada de la calle Cariátide. Los sollozos del hombre, que debía rondar los cincuenta, no mellaron la conciencia del hombre, que mandó “al puto negro avanzar hasta que el dijese que la puta escoria podía detener aquella mierda enlatada”. A la altura de una callejuela, que acababa en una pared llena de bolsas de basura, el vehículo se detuvo a petición del pasajero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se bajó, no sin antes advertir que “si el coche partía sin que el hubiera vuelto, le buscaría a él y a su familia y todos arderían combinando materia Fuego y litros de gasolina introducidos a fuerza por la garganta”. Puso un pie en el suelo, con tan mala fortuna que sus caros zapatos negros de marca Searched fueron a parar en un charco del que mucho dudaba fuera agua. &lt;br /&gt;- ¡Joder! – pegó un portazo, y de nuevo pegó a la puerta. El conductor chilló – Arreglaremos esto cuando salga – dijo señalando con el índice derecho al suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejó llorando acurrucado sobre su asiento al inmigrante, y se encaminó con gesto asqueado al interior del callejón. Se tapó la nariz con la larga manga, horrorizado por el olor que emanaba de los cubos de basura y las bolsas repletas que se amontonaban contra las paredes. Por suerte para él, el callejón era lo bastante ancho como para que tres bolsas alineadas no cortasen el paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo graffittis de colores rojizos y negros se habían empezado a agolpar sobre las paredes, comiéndose terreno los unos a los otros con gritos libertarios y frases de represión, símbolos olvidados mucho atrás y malsonantes palabras. Bajo una palabra que bien podía haber sido en un pasado “Coño” había una puerta de metal cuya pintura azul ya se había desprendido en su buena mayoría. Estaba ligeramente abombada hacia dentro, seguramente fruto de chiquillos que vienen a golpear la puerta y salir corriendo, según las palabras del joven miembro de Turk.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Golpeó una, dos, tres veces. Cuando nadie contestó, volvió a llamar, estas tres veces mucho más fuerte. Tenía poca paciencia, y no quería creerse que un tipo cuya edad era más cercana a los cincuenta que a los cuarenta había salido a dar un alegre paseo por un parque que no existía con los hijos que no tenía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sacó una materia amarilla del alejado bolsillo de su larga cazadora, que centelleó en contacto con sus huesudos dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tú lo has querido, Bryce – dijo al tiempo que cargaba el puño hacia atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Justo en ese momento se abrió la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Limpiándose los ennegrecidos dedos con un manchado pañuelo de papel se encontraba un hombre ancho de espaldas, cargado de hombros y rostro poco agraciado. Tenía una fea herida vieja a la altura de la ceja izquierda, y manos tan grandes que podía haber cogido al joven por la cara y cubrírsela completamente. La negra perilla estaba cubierta de un fino polvillo del color del carbón, al igual que un trozo de mejilla. Llevaba el pelo bastante enmarañado, y la piel áspera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los profundos ojos azul oscuro escrutaban con poca simpatía al hombre, y con menos gracia la materia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tú no sabes cómo se ponen mis manos de carboncillo, no querrás que vaya dejando todo hecho un asco.&lt;br /&gt;- Cualquiera diría que esto hubiera empeorado mucho – el recién llegado a Turk entró sin esperar una invitación, y se lanzó sin mucha educación sobre el sillón de alto respaldo y bajo asiento, quedando su espalda apoyada sobre un reposabrazos y sus piernas sobre el otro, dejando sus zapatos de marca colgando sobre el suelo.&lt;br /&gt;- ¿En serio pensabas tirarme la puerta, hijo de puta? – se pasó  el pañuelo por la perilla, extendiendo el polvillo por toda la mejilla derecha. Varias pasadas más lo difuminaron, dejando una leve mancha negra convertida en una extensión de color gris suave.&lt;br /&gt;- ¿Y qué coño querías que hiciera, mamón? Me debes un mes, y hoy te toca pagar otro – encendió un cigarro sin pedir permiso alguno - ¿Tienes mi pasta?&lt;br /&gt;- No. Tengo doscientos, pero no sé de dónde coño voy a sacar otros cuatrocientos para dentro de un mes – abrió un cajón, y sacó un sobre abultado del que se adivinaban varias monedas pequeñas y alguna grande.&lt;br /&gt;- Para dentro de una semana, capullo – inspiró una amplia calada, poniendo una cara rara que mezclaba una expresión de placer y “me están apretando tanto los huevos que me van a estallar” – Dentro de ocho días voy a estar aquí para cobrarte esos cuatrocientos machacantes que faltan, más los correspondientes intereses mundanos… Digamos que pongo, no sé, unos ciento cincuenta más.&lt;br /&gt;- ¿Estás loco, cabrón?&lt;br /&gt;- Ixidor, Ixidor, Ixidor… - el turco se levantó del sillón mientras decía aquello, apagando su tabaco empujándolo contra el sillón, dejando una quemadura de bordes negros - ¿Qué prefieres, pagarme o tener que largarte de aquí?&lt;br /&gt;- Preferiría reventarte la puta cara de gilipollas que tienes, pedazo de mamón – apretó el puño derecho estrujando el pañuelo, con los brazos muy estirados.&lt;br /&gt;- ¡Ah! Se siente. ¿Ves esto? – dijo alzando su placa – Agente Quentin Torgle, de la unidad de Turk. ¿Y qué es esto? – se golpeó el pecho - ¡Kevlar! Dios mío, debe ser un estado de excepción… pegarme sería un suicidio. Piénsalo, paleto criachocobos. O me pagas, o me pegas. De una forma u otra, yo gano.&lt;br /&gt;- Hijo de puta… Pago.&lt;br /&gt;- Bien. Veo que dejar las armas por los pinceles te ha dado un bonito cerebro del tamaño de tus pelotas para pensar. Y creo que un cobarde como tú no tiene muchas pelotas, pero suficiente cerebro para él.&lt;br /&gt;- ¡Qué te follen! Si no me tuvieras cogido de los cojones por detrás, haciéndome bailar tu mierda de música, te partiría el cuello. Ya veremos qué ocurre cuando se acabe tu salvoconducto – levantó su dedo índice y lo hincó en la pechera protectora de Quentin – Eres un mierda, maricona.&lt;br /&gt;- Me lo dicen mucho, “soldadito”. Mi novio está encantado de mamármela y decirme guarradas al mismo tiempo. Me pega unos mordisquitos alucinantes, quizás deberías buscar una mujer a la que tirarte.&lt;br /&gt;- Eres una aberración –puso cara de asco al oír aquellas confesiones sobre su vida privada.&lt;br /&gt;- Y tú un subnormal. Ya no estamos en Wutai, ya no estamos en una jungla. Estás en mi territorio, y aquí son mis reglas. Si quiero que saltes, saltas. Si digo que ladres, ladras. Y sobre todo, si pido que pagues, pagas.&lt;br /&gt;- Guau, guau. Te estaré esperando, putita de ojos verdes.&lt;br /&gt;- “Welcome to the jungle, baby”. Más concretamente, a mi jungle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien llamó a la puerta de metal. Fue un golpe flojo, pero suficientemente audible. Tanto el turco como el artista se giraron en dirección al rítmico sonido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Abra, señor Ixidor! Soy Timmy. Vengo a que me cuente más historias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El turco le lanzó una mirada de incredulidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡No me jodas! ¿Tú, soldadito, convertido en mamá?&lt;br /&gt;- Una palabra más y te reviento la cara de gilipollas que tienes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El turco abrió la puerta, y el niño entró cojeando con su gorra sobre la cabeza calva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- En fin – el turco encendió un cigarro, el último que quedaba en su paquete, que se vio reducido en cuanto lo arrugó y lo lanzó a una pila llena de productos químicos, donde empezó a arder. – Nos vemos la próxima semana, Bryce. Acuérdate de mi regalo, niñera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerró la puerta tras de sí con un sonoro estruendo, dejando solos a Ixidor el artista y Timmy el niño vagabundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quién era, señor Ixidor? ¿Es su cumpleaños la próxima semana? – Timmy parecía contento - ¿Va a darle su regalo en una fiesta? ¿Puedo venir?&lt;br /&gt;- Niño, será mejor que cierres la put…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un disparo silenció al veterano soldado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A través de la puerta metálica de desconchada laca azul situada en un retirado callejón de la calle Cariátide del sector 5, se podía oír gritos de personas, pero sobre todo a un hombre joven gritando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  - ¿Qué cojones pasa? ¿Qué coño importa un puto negro frente a un hombre de negro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El PHS comenzó a vibrar sobre el asiento del copiloto, lanzando intermitentes destellos. Lo cogió, esperando que fuese Paris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -  ¿Diga?&lt;br /&gt;  -  ¿ Agente Yvette Marie Giulianna Louise de Castellanera e Bruscia? - la voz era de una mujer. Por su tono, parecía la clásica mujer bien educada, de buena formación.&lt;br /&gt;  - Sí. ¿Con quién tengo el gusto de hablar?&lt;br /&gt;  - Soy Helen Walter, de la oficina del Fiscal General. Necesitamos su cooperación en una sesión de tribunal.&lt;br /&gt;  - ¿Qué me está usted contando? - dijo visiblemente enfadada - ¿Para qué quieren que coopere?&lt;br /&gt;  - Para el juicio contra Frank Tombside.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-692329135583666130?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/11/194.html</link><author>orco_ronco@hotmail.com (Astaroth)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">5</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-2219349953773113150</guid><pubDate>Wed, 04 Nov 2009 02:58:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-05T01:07:48.007+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:UKIO</category><title>193</title><description>Han se limitaba a esperar instrucciones. Ni siquiera pensaba acerca de ello. Kurtz acababa de sentarse, y les había dado órdenes de ir hasta su propia casa. Bien. Sin problema. Media hora de conducción relajada, sin llamar la atención y a ver como se resuelve esto. No lo quiso reconocer, pero se sintió aliviado al ver que esto se podría solucionar sin tiros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Han, estoy cambiando de idea… ¿Podemos ir a tu taller?&lt;br /&gt;- Por mí… - Respondió el piloto.&lt;br /&gt;- Bien, he dejado ahí la moto. – Rolf levantó la vista al oír a Paris. Su moto, la que él le había regalado. Miró a su lado y vio a Kurtz, aún apuntando a Paris a través del respaldo de su asiento. El cabrón sabía fingir como un auténtico maestro. Nadie se había dado cuenta de que el muy cabrón permanecía atento para ser el único que saliese con vida del coche si fuese necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Fenrir serpenteaba entre el tráfico, superando ligeramente el límite de velocidad. El motor hacía un ruido bastante brusco, la suspensión no era suave y el habitáculo mucho más incómodo al del Cavalier al que se habían acostumbrado, pero Han estaba igualmente feliz. Poco a poco las calles fueron empeorando, mientras el coche se adentraba más y más en los suburbios, hasta llegar al garaje. El piloto se bajó para abrir la puerta y volvió a entrar para meter el coche. Una vez dentro, mientras Han apagaba el motor, Kurtz dio un toque a Paris en el hombro, antes de que se quitase el cinturón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Póntelas a la espalda. – Dijo, mientras arrojaba unas esposas sobre su regazo.&lt;br /&gt;- Kurtz, ¿Qué broma es est…? ¡¿Qué?! – El turco se movió rápidamente, pegando un tirón del cinturón de seguridad y atrapando a Paris en el asiento.&lt;br /&gt;- ¡Kurtz! ¿Qué cojones estás haciendo?&lt;br /&gt;- Resolver este puto lío. – Respondió el turco. – Y por cierto, rubiales, te estoy apuntando con una pistola. Ni tú puedes esquivarme con estas condiciones. – Paris bajó la frente y cogió las esposas. Sintió el peso de su pistola en la cadera, y el de Katherinna a la espalda.&lt;br /&gt;- No te entiendo… - Dijo mientras acataba las órdenes. No lo entendía, pero sospechaba lo que había pasado. A sus espaldas sonó el ruido de las esposas al cerrarse.&lt;br /&gt;- ¿Se las ha puesto, Han?&lt;br /&gt;- Si… - Respondió el piloto, mientras lo comprobaba.&lt;br /&gt;- Mas te vale no mentirme, chaval, o ni tú ni yo saldremos de aquí con vida. – Soltó el cinturón y lo desenganchó, liberando al asesino. – Baja. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paris Obedeció, entorpecido por las esposas. Han fue detrás, con las manos en alto, azuzado por un gesto de la mano de Kurtz. Los hizo ponerse el uno al lado del otro y entonces algo brilló en el interior de su cazadora: La materia Terra hizo moverse el cemento bajo los pies de ambos, aprisionándolos. Entonces, salió el turco, e instó a punta de pistola a Rolf a salir y colocarse junto a los otros dos, donde fue sometido al mismo proceso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Paris, quítate la cazadora. Luego metéis todos la artillería dentro y la arrojáis hacia ese lado. – Indicó con la mano libre. – Materia incluida, por supuesto.&lt;br /&gt;- Jonás, no entiendo a que viene esto. – Dijo Paris, preocupado.&lt;br /&gt;- ¡Venga ya! – Bufó Rolf a su lado. – Tú lo sabes, yo lo sé y ahora también lo sabe Kurtz. – Paris enrojeció a causa de la Ira. Se sentía traicionado. En un primer impulso fue a golpear a Rolf, cuando lo detuvo el sonido de un disparo, contenido por silenciador.&lt;br /&gt;- Hijo de puta, traidor… - Murmuró el asesino sin apartar la mirada de Kurtz.&lt;br /&gt;- No lo culpes, Paris. – Intervino el turco, extrañamente conciliador. - Lo único que Rolf sabía era que no tenía posibilidades de salir con vida, pero si lo que me ha dicho es cierto, tiene un motivo para creer que se está metiendo en un fregao de cojones y querer salir de ahí deshaciéndose de nosotros.&lt;br /&gt;- Pues me gustaría oírlo… - Han se adelantó, con cinismo. Paris no dijo nada, pero sus gestos evidenciaban que él mismo lo iba entendiendo antes de que nadie dijese nada.&lt;br /&gt;- Han, ven conmigo. – Dijo Kurtz, mientras usaba la magia para liberar al piloto. Traeme las armas de Paris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han cacheó al asesino, que entre ira contenida,  se dejó desarmar.  Su Starlight, su daga y unas cuantas materias acabaron en su propia cazadora, que fue depositada fuera de su alcance. Han dejó una navaja multiusos y luego siguió a Kurtz hasta el fondo del taller. Avanzaron en silencio, el turco caminando de espaldas para no perder de vista a los otros dos. Se detuvieron frente a una mesa de trabajo donde había una vieja radio, que Kurtz encendió a bastante volumen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Dependen de ti.&lt;br /&gt;- ¿Puedo preguntar qué pasa? – Insistió Han. - ¿Y por qué dependen de mí?&lt;br /&gt;- Piensa: Rolf ha sentido la necesidad de matarnos a los tres, porque nos vio como una amenaza. ¿Tú eres una amenaza?&lt;br /&gt;- ¡Joder! ¡Le quiero partir la cara, pero tampoco es como para volarme la cabeza! – Protestó, y siguió la deducción. – Quedáis Paris y tú, tío. Tú eres turco, de modo que decir que tú estás con Shin-Ra… Nada nuevo bajo el sol, vamos. Queda Paris.&lt;br /&gt;- ¿Y entiendes mi situación?&lt;br /&gt;- Si: Sabes que Paris tiene un secreto jodido que no me quieres decir, y temes que Rolf vuelva a intentar volarte la cabeza. Como el pringao del piloto solo ha disparado en videojuegos, no lo considero ni amenaza, ¿no? – Rió, sin desprenderse del sarcasmo. – Pero no cuela, tío.&lt;br /&gt;- ¿No cuela? – El turco alzó una ceja.&lt;br /&gt;- Soy un testigo. Estas haciendo esto de forma demasiado profesional como para dejarme libre.&lt;br /&gt;- Hay una salida, y por eso dependen de ti. Necesito confiar en ti, Han. Necesito obtener toda la información posible sobre estos dos, y poder decidir con las cartas al descubierto: Necesito hablar con Fixer.&lt;br /&gt;- ¡Ah, bien, vale! ¡Maravilloso! ¿Solo esa tontería? – Gritó, con un falso tono de buen humor. – Y… ¿Quién cojones es Fixer? ¿Dónde lo encuentro? ¿Cómo lo reconozco? ¿Cómo lo traigo?&lt;br /&gt;- ¡No levantes la voz, idiota! – Lo reprimió el turco, apuntándole con la pistola, lo que casi fue un conjuro de mudez. – Es simple: Cojes el PHS, lo llamas hasta que responda y lo traes en tu coche. Que se traiga toda la información que tenga sobre nosotros. ¡Y no se te ocurra intentar huír!&lt;br /&gt;- Tranquilo, tío…&lt;br /&gt;- ¡Hablo en serio, cabronazo! – Susurró el turco, entrecerrando los ojos y pegándose al piloto de forma intimidante. – Si desapareces, te encontraré y te haré desaparecer otra vez. Después a tu mentor, el vejete del taller, y su perro. Luego tu hermano, el camarero marica, tus compañeros de las carreras de coches y tu grupo de música. ¿Me crees?&lt;br /&gt;- Joder, Kurtz…&lt;br /&gt;- Entenderé eso como un sí. Ya sabes: Si vuelves, puede que mueras. Si te vas, te llevarás a quince personas contigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me has jodido… - Murmuraba Paris, sintiéndose estúpido por haber confiado en el tirador.&lt;br /&gt;- ¡Que te den! – Respondió Rolf, sin molestarse. – ¡Tú y tus mierdas de secretos! ¿Por qué no lo dijiste cuando tuviste oportunidad?&lt;br /&gt;- ¿Crees que es tan fácil? ¡Seguro que para ti sí, largando mierda sobre los demás y desentendiéndote! – Acusó el asesino.&lt;br /&gt;- Mira, por lo que sé de ese amable señor de la pistola, si hubieses ido a la cara, ahora no estaríamos aquí a punto de morir en este agujero de mierda. – Rolf mostraba una frialdad que rayaba lo inhumano. Prácticamente asumía la fatalidad de su destino e intentaba mantener toda la entereza y concentración posibles.&lt;br /&gt;- ¡Dijiste que lo entendías! ¿Por qué quisiste matarme?&lt;br /&gt;- Porque surgieron cosas nuevas que ya no entendía, mi querida rubia tonta. – Respondió con sorna insultante el tirador. - ¿Recuerdas cuando leí ese dossier sobre Kurtz en tu casa?&lt;br /&gt;- Si.&lt;br /&gt;- ¿Recuerdas los años en blanco?&lt;br /&gt;- ¡Vete al puto grano!&lt;br /&gt;- Pues yo he descubierto que pasó entonces… - Empezó a decir Rolf, pero se cayó de golpe. Paris siguió su mirada hacia el turco, que caminaba lentamente hacia ellos, quitando el seguro a su pistola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Paris. Quítate la camiseta.&lt;br /&gt;- Jonás… - Dijo el aludido, con los ojos abiertos de par en par. Sentía miedo y confusión. El hombre que tenía ante él volvía a ser igual al que le había apoyado una navaja en la garganta, meses atrás en el sótano de un generador Mako. – Jonás, soy tu amigo…&lt;br /&gt;- No intentes ganar tiempo, Paris. – Respondió el turco con frialdad. – Te aseguro que cada segundo que logres arañar será un segundo muy doloroso. Quítate la camiseta. ¡Ahora!&lt;br /&gt;Paris obedeció. Retiró su camiseta, de color azul marino, y la sostuvo en la mano, echando los hombros hacia atrás, de modo que pudiese leerse claramente.&lt;br /&gt;                                                             &lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;                             SHIN-RA&lt;br /&gt;                          -----------&lt;br /&gt;                          BALANCE #02&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Kurtz reaccionó muy mal. Por muchos motivos, había albergado la esperanza de que Rolf hubiese mentido para salvar su despreciable pellejo, pero una parte de su interior le decía que no era así. La gente normal no esquivaba balas ni metralla de granada. La gente normal no tenía una hermana muerta de la que se negaba a hablar, y por último, la gente normal no iba por ahí cometiendo asesinatos para vengarse. Jonás dejó ir su ira, arremetiendo contra piezas destrozadas, contra un viejo coche abollado, tirado en una esquina del taller, a medio desmontar, o contra lo que fuese. Gritó de rabia, y arremetió a golpes contra la pared con una tubería de metal hasta que esta se hubo doblado. Le dolían las manos y sentía los brazos entumecidos, pero todas esas sensaciones se quedaban en nada contra la rabia de sentirse engañado. Contra la impotencia de todos esos meses en la inconsciencia, y especialmente contra la preocupación: Paris conocía a Aang. Si trabajaba para Shin-Ra, entonces Shin-Ra también conocía a Aang.&lt;br /&gt;Tiró al suelo la barra de hierro. Tan torcida no serviría demasiado bien a sus propósitos. Abrió el armario de las herramientas y sonrió con malicia al encontrar en su interior lo que buscaba. Luego, se encaminó a zancadas hacia Paris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te acuerdas de esto, rubiales? – Dijo mientras descargaba una llave inglesa de gran tamaño contra el vientre del asesino. Lanzó varias estocadas con ella, pero este las apartó con sus manos aún esposadas.&lt;br /&gt;- ¡Jonás! ¡Por favor! – Suplicó este, sintiendo con gran dolor los impactos de la llave en sus manos. - ¡Para!&lt;br /&gt;- ¡Una mierda! – Bramó y golpeó de nuevo. – ¡Maldito follaperros mentiroso!&lt;br /&gt;- ¡Te lo contaré todo! – Jonás se detuvo.&lt;br /&gt;- ¿Todo? – Preguntó, alzando una ceja.&lt;br /&gt;- ¡Si! ¡Por favor! ¡No hay necesidad de esto!&lt;br /&gt;- ¡Tarde! – La llave impactó contra el brazo derecho del joven, en un contundente revés que lo derribó y lo lanzó contra Rolf, que cayó a su vez. Paris intentó levantarse, pero el pesado pie de Kurtz apareció sobre su pecho, inmovilizándolo contra el suelo. Ante sus ojos, la pesada herramienta oscilaba como la espada de Damocles, antes de estallar contra el suelo, a apenas dos centímetros de su oído. - ¿Cuál es la diferencia entre haber hablado hace meses y hacerlo ahora?&lt;br /&gt;- Jonás… - Suplicó una vez más el asesino.&lt;br /&gt;- La diferencia, pequeño Paris, es que entonces, habrías sido un compañero… Un amigo, confiando en mí el más oscuro de sus secretos. Contándolo ahora, no tengo garantías de que esto no sea una mentira rápida para salvarte.&lt;br /&gt;- ¡Tú tienes tus propios secretos! ¡Yo los respeté! – Protestó Paris. Kurtz sonrió, de esa forma tan desagradable que solo él sabía, y cargó todo su peso sobre el pecho de Paris.&lt;br /&gt;- Tú me reclutaste a mí y aceptaste mis condiciones.&lt;br /&gt;- ¡Y tú las mías, turco! – Intervino Rolf. - ¡Creía que todos tendríamos intimi… Ough! – La pesada cabeza de la llave inglesa se hundió en el estómago del tirador, que de repente se vio intentando recuperar el aire, mientras una arcada subía por su garganta.&lt;br /&gt;- El problema es que ahora mismo soy un hombre de familia ocupado, y ninguno de vosotros, pedazos de mierda, vale ni una puta mirada de mi novia. Así que si creéis que no os mataré para asegurarme de que vivo para volver a verla, es que no os hacéis a la idea de lo que va a pasar aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde su piso en los suburbios, Kowalsky tenía la mirada perdida, a través de la ventana. Caprice estaba a su lado, tomando la mano del periodista entre las suyas. En las noticias podían ver la lluvia cayendo esa noche sobre las obras megalíticas que llevaban meses organizando alrededor del edificio Shin-Ra. Un día absolutamente depresivo.&lt;br /&gt;Lo único que había supuesto un leve alivio era que Daphne había dejado de sollozar, aunque aún no se había asomado fuera de su cuarto. Caprice se puso en pié y empezó a caminar hacia la cocina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Quizás debería ir yo… - Propuso Kazuro.&lt;br /&gt;- No. – Respondió su novia, mientras reaparecía camino del cuarto de Daphne, con pañuelos de papel y helado en la mano. – Cosas de chicas. – Se sorprendió a sí misma, por lo que estaba diciendo y por la persona de la que lo decía.&lt;br /&gt;- Ya, pero Rolf también es mi amigo, y…&lt;br /&gt;- En serio, Kazuro. Yo me ocupo. – Caprice le dedicó una cálida sonrisa que le hizo sentirse un poco más optimista. – Tú mira a la caja tonta o coge mi portátil. Hay que averiguar que pasa ahí fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentada al volante de su deportivo rojo, Yvette veía a Harlan caminando hacia casa, mientras Amira y Rubanza la saludaban desde la ventana. Ella apenas les devolvió un gesto distraído con una mano, mientras con la otra pulsaba una vez más la tecla de llamada. Por lo visto, a Paris se lo había tragado la tierra. Cortó la llamada y se quedó mirando al aparato, pensando en intentarlo una vez más. Con esa serían ya ocho. Despacio, dejó caer al PHS sobre el asiento de copiloto y arrancó el potente motor, incorporándose despacio al tráfico de Midgar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mesa estaba preparada, cuando  el pequeño grupo de música de cámara que interpretaba piezas clásicas desde su equipo de alta fidelidad sufrió un leve salto de estática. Algo acababa de “tropezar” con las ondas de radio, causando una turbación en el programa. Tomó su PHS y lo encontró vacío de toda actividad. Ni llamadas, ni mensajes de texto, ni triste spam. Con un suspiro, asumió que solo podía ser su “teléfono rojo”. Un aparato irrastreable, protegido por todo un baluarte de cortafuegos y contramedidas electrónicas que hacía prácticamente imposible a la mayoría de los expertos en telecomunicaciones intervenir ese PHS. Sin embargo, ahí estaba, sonando, con las iniciales HPC en su pantalla táctil. Dejó su mesa bien puesta, y su pequeña tartera plateada emitiendo calor desde el centro, sobre un elegante salvamanteles de madera de olivo.&lt;br /&gt;Caminó despacio, con cierto fastidio, los metros que lo separaban hasta una librería llena de ejemplares antiguos que decoraba el fondo del salón. Con las puntas de los dedos, apartó un panel artificial, compuesto por falsos libros, tras el que se ocultaba una pequeña caja de seguridad que sobresalía de la pared. En ese momento, las interferencias se detuvieron, haciéndole detenerse en seco. Miró hacia un lado y otro, confundido, cuando el sonido se reinició.  Apretó los labios con fastidio y abrió la puerta, aceptando la llamada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenas noches, señor Parker.&lt;br /&gt;- Corta el rollo, tío. Eres tú, ¿verdad?&lt;br /&gt;- Independientemente de quien yo sea, la respuesta a esa pregunta siempre podría ser “si”. Pero sí, señor Parker. Soy yo.&lt;br /&gt;- Fixer. – Insistió&lt;br /&gt;- Si: Fixer. – Respondió con fastidio el aludido. – ¿Quiere poner un anuncio? ¡Soy Fixer!&lt;br /&gt;- Bueno. Si no le vale, dígame su apellido y le dispensaré el mismo trato que recibo, señor… - El piloto dejó ese silencio típico para que alguien se presente. Hizo al hacker sentirse enormemente incómodo.&lt;br /&gt;- Discúlpeme. – Dijo mientras se masajeaba las sienes con el índice y el pulgar. – Me encuentra usted a punto de cenar, aunque reconozco que ya no es precisamente temprano. ¿Tendría la amabilidad de ser breve?&lt;br /&gt;- ¡Brevísimo! – Exclamó el piloto. – Mete la cena en un trasto hermético, recoge tu ordenador con nuestros historiales y dime donde tengo que recogerte. – Fixer se quedó un rato en silencio, antes de responder.&lt;br /&gt;- Sintiéndolo por mi cena, señor, quizás podría ser un poco menos breve. ¿Dónde está el fuego?&lt;br /&gt;- Pues probablemente en la colección de materias de Kurtz: Rolf acaba de intentar matarnos a todos, y por lo visto ha destapado algo muy duro sobre Paris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora mismo están en mi garaje, jugando a la del poli malo, poli peor, y supongo que o se le cuenta al jefe algo que lo tranquilice, o nuestra pequeña hermandad de la justicia acabará en unas cuantas bolsas para cadáveres.&lt;br /&gt;Fixer tenía las pupilas dilatadas por el miedo, y la espalda y la frente cubiertas por un sudor gélido. Conocía a Kurtz de sobra, y la situación ante la que se encontraba ahora no era halagüeña en absoluto: Scar ahora mismo estaría interrogando a esos dos pobres desgraciados, y él era el único que podía salvarlos. Sin embargo, para tan elevado propósito tendría que sacrificar su mejor baza dentro del grupo: El anonimato. Fuera de él, de la distancia y de la informática de por medio, sus posibilidades de supervivencia serían las de un herbívoro herido en la cueva del depredador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Esquina Antoleón con Natak. – Repitió el piloto las palabras que acababa de oír. – Sector tres, placa superior. Bien. Tardaré quince minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fixer se quedó en silencio. No fue consciente de que había aceptado hasta oír al piloto repetirle la dirección que él mismo había dado en su estupor. Con el gesto descompuesto, miró de nuevo la pantalla del PHS, encontrándose con que su interlocutor había cortado. Los minutos seguían transcurriendo en el reloj digital del aparato, dejando cada vez más lejos la llamada. Fixer suspiró, y entró en la cocina en busca de algún recipiente con el que transportar su cena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han miraba con los ojos desorbitados a la extraña figura que estaba entrando en su Fenrir. Sus movimientos eran pausados y muy torpes, costándole horrores introducirse por la puerta o tan solo agacharse lo suficiente para ocupar el bajo asiento del deportivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tío… Ni de lejos te imaginaba así.&lt;br /&gt;- Lamento enormemente decepcionarle, Parker…&lt;br /&gt;- Llámame Han.&lt;br /&gt;- Muy bien, Han. – Respondió el pasajero, respirando pesadamente en cuanto hubo ocupado su asiento. – Usted llámeme Fixer, por favor. No creo que tarde en averiguar mi nombre, aunque me gustaría posponer ese momento todo lo posible. Ahora, tenga la amabilidad de contarme… ¿Qué pasa?&lt;br /&gt;- ¿Eso es comida? – Dijo el piloto, señalando hacia la bolsa que tenía su pasajero en el regazo.&lt;br /&gt;- Si: Mi cena.&lt;br /&gt;- Espero que esté bien cerrada.&lt;br /&gt;- ¿No puedo suplicar por un viaje tranquilo? – Fixer no había olvidado ni un solo segundo de lo que había visto en miles de cámaras de seguridad y reportajes informativos censurados, acerca de la terrorífica destreza de su chofer. De hecho, no podía dejar de recordarlo ahora mismo.&lt;br /&gt;- No. Pero tendremos que ser discretos, así que sin alardes. – Dijo mientras comprobaba el tráfico. - ¿Cinturón?&lt;br /&gt;- Oh, ah, si… - El pasajero encontró al fin el modo de abrocharlo sin soltar la comida. – Y ahora… Cuéntemelo todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han tardó un rato en empezar a hablar. Al principio se limitó a conducir envuelto en un silencio taciturno, dejando que el ruido del motor cubriese su aislamiento. Mientras tanto, su pasajero iba preocupado, con una mano bien firme sobre su bolsa llena de envases y la otra fuertemente sujeta a la agarradera que había sobre su puerta. Esquivaba a los demás conductores, cada vez menos lentos, y cada pocos minutos se veía obligado a soltar el acelerador un buen rato para no llamar la atención más de lo que lo estaba haciendo ya. A su lado, Fixer contuvo una tras otra varias imprecaciones, dejando al piloto avanzar en silencio. Cada vez estaba más preocupado ante la posibilidad de verse envuelto en una escena de tensión sin ningún modo de sobrevivir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Se ha vuelto loco, tío… - Fixer en principio buscó algún patrón raro en los demás conductores, pero no tardó nada en darse cuenta de quien le estaban hablando. – Está loco, pero a la vez es perfectamente comprensible, lo que hace que me pregunte si no estaré loco yo también.&lt;br /&gt;- Es posible, Han. – Respondió el hacker. – Al fin y al cabo, aún es pronto para que usted empiece a congeniar con sus captores. Por favor, cuéntemelo desde el principio. – Han lo miró en silencio, medio segundo, como si le costase entender que quería decir.&lt;br /&gt;- Claro… Desde el principio… - Se rascó la mandíbula con los nudillos, antes de responder. – Rolf debe de haber descubierto algo. Algo de Kurtz y de Paris, y lo suficientemente gordo como para que intentase matarnos.&lt;br /&gt;- ¿Usted sabe de qué se trata, Han? – Interrumpió Fixer.&lt;br /&gt;- Bueno… Soltaste mucha mierda en el hospital, pero ha llovido desde eso. No se que pensar.&lt;br /&gt;- Ha dado usted cerca. – Sonrió el pasajero, conteniendo una leve tos. – Por favor, aminore. Necesitamos tiempo para ir preparados.&lt;br /&gt;- Bien…  El tema es que Kurtz esperó a Rolf. Nos dijo que le iba a sacar todo y luego se ocuparía de él. Lo hablamos y decidimos que era lo mejor. Habíamos sobrevivido de suerte, y no podíamos arriesgarnos a que se nos acabase. Hasta ahí todo lógico y bonito. El problema es que Rolf debió decir algo a Kurtz que le hizo ponerse en plan inquisidor. Ahora quiere la base de datos de la que salió todo y leer el informe por sí mismo o nos podemos dar por muertos.  Los tres… O los cuatro.&lt;br /&gt;- No es ilógico que el señor Kurtz se pusiese así, si no sabía lo de Barans. – Murmuró Fixer.&lt;br /&gt;- Yo no me olvidaría de que Kurtz, Paris y yo vivimos solo porque Rolf falló los tiros.&lt;br /&gt;- Por supuesto, lo estoy teniendo en cuenta, pero déjeme decirle, Han, que los mayores secretos oscuros los tienen Kurtz y Paris. Rolf es un asesino a sueldo, hedonista y algo chabacano para mi gusto, pero de las conversaciones que tengo grabadas, todas las cartas están a la vista.&lt;br /&gt;- Pues entonces, deja de decirme que no hay, tío. Dime que es lo que si hay. – El Fenrir paró al lado del aparcamiento que había alrededor de un restaurante en carretera, a unos doscientos metros del peaje del túnel que descendía hasta los suburbios. Fixer jugueteó con sus propios dedos, moviéndolos nerviosamente. Lucía unos cuantos anillos que recolocó con milimétrica precisión mientras organizaba sus ideas.&lt;br /&gt;- Bien: Escúcheme atentamente, señor Parker. – Dijo recobrando la seriedad, mientras abría el portátil y empezaba a abrir carpetas protegidas con contraseñas de alta seguridad. – El señor Kurtz es un veterano de Wutai. Primero la doscientos ochenta y ocho aerotransportada, y luego la noventa y nueve fantasma. ¿Ha oído hablar de estos escuadrones?&lt;br /&gt;- En mi vida.&lt;br /&gt;- La doscientos ochenta y ocho se ocupa de tareas bastante típicas de la infantería: Saltar tras las líneas enemigas y molestar mientras ganan tiempo para que el grueso principal del ejército entre a saco. La noventa y nueve ya es otro tema distinto: Para empezar, no existe. Hay rumores acerca de formas de guerra sucia que Shin-Ra usó en Wutai, pero no hay pruebas, no hay datos, no se sabe nada.&lt;br /&gt;- ¿Y entonces como sabes…?&lt;br /&gt;- Porque siempre hay registros. Siempre quedan datos al borrar, y siempre queda algo que recuperar si se sabe como hacerlo, Han, pero esa es mi magia particular, igual que la suya es… Volar. – Sonrió con complicidad. – La noventa y nueve fantasma podría haber ganado la guerra por sí misma, con sus ataques a suministros, sabotajes o asesinatos. Sin embargo, SOLDADO como fuerza de choque heroica daba mejor impresión de cara al mundo.&lt;br /&gt;- ¿Y Kurtz sigue ahí?&lt;br /&gt;- No, la noventa y nueve no ha vuelto a hacer operaciones desde el asesinato del general Tenkazu, de nombre en clave “sol poniente”. Sus miembros volvieron y se ganan la vida de formas distintas. Hay algunos en Turk, otros en el sector privado y otros se han incorporado a la vida civil. De todos modos, se mantienen sus registros. Lo más curioso es que ninguno conoce el nombre ni el rostro de sus compañeros.&lt;br /&gt;- Es raro… ¿Y Paris?&lt;br /&gt;- Aquí llega lo problemático: Incluso mi información sobre Barans es incompleta, pero al menos se que no es Barans, sino Balance. – El piloto alzó una ceja, reprimiéndose las ganas de interrumpir. – Casi no hay nada al respecto, pero por lo visto Shin-Ra intentó varios proyectos para recuperar algo. Una estirpe o algo, no hay información al respecto, más allá de algunos escuetos memorándums. El señor Balance, o Paris Barans, como lo conoce, apareció de la nada junto a una hermana, en casa de una amable señora llamada Alaina Lys-Carrol. El epítome de la “viejecita afable”.&lt;br /&gt;- ¿Hermana? – Esta vez no pudo contenerse.&lt;br /&gt;- Gemela, muerta hace año y medio. – Han apretó los dientes, como si prestase sus condolencias al asesino, pese a encontrarse este ausente. - ¿Alguna pregunta?&lt;br /&gt;- ¿Paris ha trabajado para Shin-Ra, o hecho algo alguna vez?&lt;br /&gt;- Nada. Nunca. Al menos, no según mis registros, y puedo asegurar que sería imposible encontrar unos más exhaustivos.&lt;br /&gt;- Entonces, no hay razón para todo este fregao de mierda… - Suspiró el piloto.&lt;br /&gt;- Así es, suponiendo que Kurtz se conforme con esto. Shyun Tsuun Foo Aang acaba de entrar en su sexto mes de embarazo. Toda esa paranoia defensiva no deja de ser comprensibl… - El piloto abrió la puerta de golpe y salió del vehículo, rodeándolo y abriendo la puerta del copiloto. - ¿Qué pasa?&lt;br /&gt;- Levántate, Fixer. Ahí tienes la parada de taxis. – Lo sorprendió Han. – No voy a hacerte la putada: No voy a entregarte al verdugo por que sí. Me llevo tu portátil y le enseñaré todo al turco. ¡Si no le gusta, que le jodan!&lt;br /&gt;- ¿Y usted, Han? ¿Va a ir al matadero sin rechistar? - Fixer estaba confundido. Llevaba desde que recibió la llamada del piloto buscando la forma de apaciguar a Kurtz, sin encontrar ninguna idea que le sirviese y ahora iban a dar la cara por él. En ese momento, sintió que había acertado al elegir a que grupo apoyar. Solo quedaba que ellos también se diesen cuenta.&lt;br /&gt;- Tío… Deja de tratarme de usted. Te debo algunas por la última carrerita, ¿no? – Sonrió, aunque tras la seguridad de su gesto se veía claramente la resignación. – Coge tu cena, ve a casa y espera a tener noticias nuestras, ¿vale? ¡Y disfruta eso!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hacker lo miró en silencio, sintiendo un leve momento de debilidad. ¡Él no estaba hecho para estas escenas de hermandad masculina! Tragó saliva, despacio, y se dio media vuelta mientras rebuscaba en la bolsa. Han podía oírlo respirar pesadamente mientras lo hacía, y esperó en silencio. Esperaba sinceramente que la situación no fuese para tanto, pero la verdad era que tal y como estaban las cosas, no podía saberlo. Entonces Fixer se volvió, tendiéndole un envase de plástico lleno de comida. Su superficie transparente cubierta de vaho indicaba que esta aún estaba caliente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Toma, Han. Disfruta tú también de tu cena: Faisán con salsa de trufas de Kalm. – El piloto alzó las cejas, sorprendido.&lt;br /&gt;- Vaya, gracias… - Dijo mientras lo tomaba. Al hacerlo, se sobresaltó al notar el frío plástico de una pistola bajo el envase.&lt;br /&gt;- Encuentra la forma de seguir volando, amigo mío. – El piloto asintió en silencio.&lt;br /&gt;- A ver…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-2219349953773113150?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/11/193.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-2985299255719293237</guid><pubDate>Thu, 29 Oct 2009 01:29:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-29T03:35:02.263+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Evento 200</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Anuncios</category><title>Preparación del evento 200 relatos</title><description>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_TM19ml1OhbA/SujwHhmIhyI/AAAAAAAAA5g/hT1VOEOJN9k/s1600-h/midgar+cannon.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 224px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_TM19ml1OhbA/SujwHhmIhyI/AAAAAAAAA5g/hT1VOEOJN9k/s400/midgar+cannon.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5397828165471602466" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se acerca el relato número 200, gente, y vamos a ir preparando las cosas. Como ya sabemos los que hemos jugado al juego, Rufus ordena la instalación del Cañón de Junon en Midgar para defender la ciudad contra el posible ataque de un Arma. En el relato número 200 y los siguientes, escribiremos que hacen nuestros personajes durante este suceso, y el procedimiento será el estandar: El que escriba el relato número doscientos deberá contarnos que hacen todos sus personajes en ese tiempo, disponiendo las escenas como prefiera, y los siguientes serán "relatos de evento", en los que los demás haremos lo mismo. Estos relatos son simultáneos, y por lo tanto no tienen por que llevar enlace. Cuando acaben, el primer relato de fuera del evento se enlazará con el último del evento. &lt;br /&gt;La regla de turnos también cambia, de modo que todos los turnos de evento se resuelven antes que los normales, atrasándose estos hasta que todos los participantes de azoteas hayan tomado parte en él. &lt;br /&gt;Tras eso se retoma la normalidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tema, como ya sabéis es la instalación del cañón, y esto no sucede en un chasquear de dedos. Por lo tanto, vamos a tomarnos nuestro tiempo. Vamos a suponer que ya han empezado las obras hace tiempo. En el relato 195, el cañón llega a Midgar, y en el 200 está ensamblado, pero no preparado del todo, de modo que aunque sigue el montaje, los andamios, soportes, obras, ruidos y todos los efectos y molestias, que deben verse reflejados en los relatos. Confío en vuestra habilidad, de sobra demostrada, para plasmar eso. Cualquier duda, ya sabéis...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que os habréis fijado en que he dicho "el que escriba el relato 200". Pues bien, he aquí la mala noticia. Noiry no va a ser. Ella misma nos contará los motivos cuando vuelva. Por lo tanto, reabrimos la votación, sin Noiry. Pero bueno... Se que esta, en cuanto esté libre, vuelve. Ella misma me lo dijo.&lt;br /&gt;Si el ganador no se presenta en tres días, escribe el segundo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, cuando se postee el 200, haremos la clásica votación, con las categorías:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mejor escritor&lt;br /&gt;- Mejor personaje&lt;br /&gt;- Mejor relato (y subcategorías)&lt;br /&gt;  - Mejor relato dramático&lt;br /&gt;  - Mejor relato de terror&lt;br /&gt;  - Mejor relato cómico&lt;br /&gt;  - Mejor relato extraño&lt;br /&gt;  - Mejor relato de acción&lt;br /&gt;- Mejor trama (secuencia de relatos con varios personajes que hace un solo escritor)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De modo que, solo quedan los agradecimientos: Muchas gracias a todos vosotros por acompañarme en este proyecto. Desde a los que habéis estado aquí desde el principio (Sinh, Noiry, Kite y Charlie, aunque Charlie no haya vuelto a escribir. Podría contar a Meph, que fue el primero en pedir turno, no me olvido), hasta los que habéis ido llegando con los años (unos 3, ya). Os estoy agradecido por participar, por compartir vuestras historias conmigo y por darme un lugar desde el que compartir las mías. Honestamente, creo y defenderé ante quien sea, que probablemente este sea uno de los grupos de fanfic de más calidad que haya. No seremos escritores, pero tampoco somos infames "fanfickers". Somos relateros, y somos cojonudos. Hemos cogido un mundo, pero le hemos dado una impronta personal, unos personajes, unas situaciones propias y en resumen, una especie de carisma universal. Ya no es el Final Fantasy VII. Es Azoteas. &lt;br /&gt;Gracias, y espero teneros por aquí, mientras el meteorito no caiga... Y luego, ya veremos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ukio. Creador de Azoteas de Midgar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-2985299255719293237?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/10/preparacion-del-evento-200-relatos.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_TM19ml1OhbA/SujwHhmIhyI/AAAAAAAAA5g/hT1VOEOJN9k/s72-c/midgar+cannon.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-6671741800574196399</guid><pubDate>Mon, 26 Oct 2009 09:18:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-26T10:18:29.558+01:00</atom:updated><title>Simplemente LOL</title><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_TM19ml1OhbA/SuVo7QOO_WI/AAAAAAAAA44/WSBq2HWRoWM/s1600-h/striphandler.ashx.gif"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 110px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_TM19ml1OhbA/SuVo7QOO_WI/AAAAAAAAA44/WSBq2HWRoWM/s320/striphandler.ashx.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5396835095649647970" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Texto:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rolf era un mirón en busca de atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hey, estoy aquí fuera! Mírame! Te estoy grabando!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cualquier comentario adicional es simplemente innecesario.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-6671741800574196399?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/10/simplemente-lol.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_TM19ml1OhbA/SuVo7QOO_WI/AAAAAAAAA44/WSBq2HWRoWM/s72-c/striphandler.ashx.gif" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-4989329299681751829</guid><pubDate>Sat, 24 Oct 2009 04:34:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-01T05:12:10.656+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:UKIO</category><title>192</title><description>Kurtz entró bostezando en el ascensor.  Había dormido poco y mal, dándole vueltas a la discusión entre el piloto y el francotirador, días atrás. No alcanzaba a imaginar hasta que punto había llegado, pero comprendía a Han. El piloto había renunciado a su posesión más preciada, el Fenrir conocido como “La Muerte”, para poder pagar la preparación de un coche para sus “juerguecitas”, coche que no podía usar fuera de las misiones. Y ahora, para colmo de males, Shin-Ra había contratado los servicios de uno de sus rivales directos, había preparado a “La Muerte” para correr a la velocidad de la luz y se lo había regalado. Poniéndose en su lugar, él mismo estaría pegando tiros y repartiendo hostias y puñaladas por doquier. Sin embargo, si se ponía en el lugar de Rolf… Bueno… ¿Quién cojones entendía a Rolf? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al abrir se sorprendió al cruzarse con uno de los novatos. Un soplapollas cuyo nombre no recordaba, al que conocían simplemente como “Cremalleras”, porque tenía millones de ellas por todo el “uniforme”, menos la realmente necesaria en su puta bocaza. El turco, ya no un novato, se tuvo que recordar Kurtz a sí mismo, se estremeció al encontrárselo por sorpresa cuando se abrió la puerta del ascensor, pero la sonrisa maliciosa del veterano le hizo recobrar una forzada compostura, acompañada de una mirada de desprecio. Jonás no quiso seguir el juego. Ya bastante dormido estaba, ahora que madrugaba para ir cada día bien aseado y dar imagen de disciplina a sus polluelos, y hoy, además, había quedado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hola, Clarisa. – Saludó a la recepcionista del piso dedicado al cuartel de Turk. – Tengo correo, ¿verdad? – La aludida lo miró fijamente, intrigada por tanta seguridad. &lt;br /&gt;- Sí, señor Kurtz. ¿Cómo lo ha sabido? – La recepcionista era una mujer rellenita, con los cambios de humor propios de una menopausia que nadie mencionaba en su presencia. &lt;br /&gt;- Instinto de veterano. – Rió el turco. &lt;br /&gt;- Supongo que ese instinto le ha hecho venir media hora antes a por el correo… ¿Debería pasarlo por el scanner anti bombas? Tiene algo abultado dentro.&lt;br /&gt;- ¿Buscando cosas abultadas en lugar de trabajar? – La mujer se quedó mirándolo con ira, quieta, como si un relámpago la hubiese fulminado allí mismo. Jonás se fue, sonriendo para sí y escuchando la respuesta de Clarisa mientras se cerraban las puertas del ascensor. &lt;br /&gt;- ¡A mí no me mire! ¡Hablamos de su correo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han tenía unas ojeras que parecían llegarle a los pies. Él no era de madrugar, y le daba igual trabajar en el taller hasta las mil, con música puesta. Se concentraba, y el tiempo parecía dejar de existir, a veces hasta que Remache llegaba a primera hora para abrir, y lo encontraba dando los últimos toques a alguna reparación, o durmiendo en el cómodo asiento de la camioneta del taller, si se encontraba demasiado cansado como para ir a casa a dormir. Sin embargo, ahora ese cabrón de Kurtz lo había citado para primera hora de la mañana. De hecho, aún faltaban veinte minutos para que fuese “primera hora”. El piloto esperaba en una cafetería, leyendo el periódico de la noche anterior mientras sorbía el café más cargado que pudieron servirle sin tener que echar keroseno en la taza. Kurtz apareció finalmente por la puerta, llamándolo con un gesto de cabeza, para que pagase y saliese. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué horas son estas, tío? – Kurtz miraba detenidamente la cara del piloto, mientras este le hablaba. Había visto muchas películas de zombis, pero la cara de Han iba realmente mucho más allá.&lt;br /&gt;- La única que tengo disponible, chaval, así que se siente. Ya dormirás en un rato.&lt;br /&gt;- Bueno, pues que sea rápido… - Bostezó de nuevo. - ¿Qué quieres?&lt;br /&gt;- ¿Qué cojones hace el coche ahí?&lt;br /&gt;- ¡¿Qué?! – &lt;br /&gt;- Sígueme, maldita sea…  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kurtz se había girado, guiando a Han poco a poco hacia una de las entradas del edificio Shin-Ra. Un gesto al vigilante y las luces rojas de las cámaras de seguridad se apagaron a su paso. El camino llevó a Han a lo largo de unos cuantos pasillos, hasta que el turco metió al piloto en un cuarto de baños perdido en las entrañas del edificio, destinado para minusválidos, con lo que no serían interrumpidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es una broma, ¿no? – Preguntó el piloto.&lt;br /&gt;- ¡Hablo jodidamente en serio! ¿Qué cojones hace el coche ahí?&lt;br /&gt;- ¡Qué conduzca el puto Rolf! – Respondió Han, reticente a alzar la voz, por miedo a oídos indiscretos. &lt;br /&gt;- ¿Qué cojones pasa con Rolf?&lt;br /&gt;- ¡Eso quisiera saber yo! – El piloto esperó unos segundos, pero el turco seguía mirándolo fijamente, esperando una respuesta. - ¿No lo sabes? Por lo visto le dio un ataque, o algo. Hace poco participó en un duelo, contra otro tirador, y Daphne se quedó toda jodida, por…&lt;br /&gt;- ¿Quién es Daphne? &lt;br /&gt;- ¿Daphne?  Joder, la amiga de Rolf y Kowalsky, la del pelo rubio y rosa. Estaba con Kowalsky y su novia cuando los saqué del hospital. – Kurtz asintió.&lt;br /&gt;- Si, Steffan, el travelo.&lt;br /&gt;- Transexual. – Corrigió Han. Kurtz se desentendió con un gesto.&lt;br /&gt;- Sigue. – Ordenó, con un tono implacable que no dejaba margen a oposición alguna.&lt;br /&gt;- El caso es que me llevo con Daphne. Es una tía maja, y tal. Intentó evitar que Rolf fuese al duelo, pero no lo consiguió, y cuando le fue llorando, para decirle lo asustada que había estado, Rolf se rió en su puta cara, llamándola “engendro”.&lt;br /&gt;- ¿Estabas ahí?&lt;br /&gt;- ¡Joder si estaba! La hostia que se llevó el cabrón no la vio venir. Luego, el hijoputa sacó una pistola y nos amenazó. Me echó en cara que conduzco solo porque él paga… Me jodió la hostia.&lt;br /&gt;- ¿Te insultó sin más? ¿Seguro? – Kurtz estaba intrigado, desde luego, la actitud del tirador no era normal en absoluto.&lt;br /&gt;- Recuerdo sus palabras: Si fueses mínimamente inteligente, tendrías un grupo decente, un coche propio y quizás incluso una mujer de verdad. &lt;br /&gt;- Y todo eso mientras te apuntaba con una pistola… Pues si. Entiendo que te cabreases, pero no puedes dejar el coche ahí, Han. Nos pones en peligro a todos.&lt;br /&gt;- Tiene matrículas “limpias”, me he cuidado de eso, pero no puedo sacarlo. Dejé las llaves en el buzón del marica. &lt;br /&gt;- Mierda… Llamaré al rubio. Esta noche nos toca ir a sacar el coche y arreglar esto.&lt;br /&gt;- ¡No quiero arreglar una mier…!&lt;br /&gt;- ¡No seas idiota! ¿No te das cuenta? – Lo increpó el turco, encarándolo. Pese al tono autoritario de su voz, esta vez no había amenaza en él. - ¿No recuerdas por qué hacemos esto? ¿Qué sacamos a cambio? – Preguntó. - ¿Vas a dejar a toda la puta ciudad tirada por un pique? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han no respondió. Se quedó mirando a Kurtz fijamente, en silencio, pero sus gestos lo traicionaron. El turco tenía razón. Se giró para ir a lavarse la cara, teniendo que agacharse, ya que el lavabo estaba a la altura de una persona en silla de ruedas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vale, pero quiero una explicación.&lt;br /&gt;- Todos la queremos. – Dijo Kurtz, mientras abría la puerta. – Y ahora…&lt;br /&gt;- No, antes responde a mi pregunta. ¿Es una broma?&lt;br /&gt;- ¡No, joder! ¡Hablo en serio! ¿Es que no te enteras? &lt;br /&gt;- No, idiota. ¡El baño! ¿Siempre hacéis los “interrogatorios” en un baño de minusválidos? ¿Es para que el interrogado se haga a la idea de cómo va a ser su vida?&lt;br /&gt;- Eso solo cuando el interrogado tiene suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han salió primero, y esperó incómodo en el pasillo a que el turco le tomase la delantera. Lo siguió hasta la recepción, donde decenas de ciudadanos madrugadores y responsables intentaban cumplimentar trámites administrativos antes de que se llenase el edificio a media mañana de gente que pedía un visado para abandonar la ciudad o para traer a sus parientes. Unos creían que estarían más seguros en Midgar, otros creían que estarían mejor fuera, pero todos estaban de acuerdo en que en algún refugio tenían que estar como ese pedrusco celeste cayese. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El turco se metió detrás de las oficinas donde los burócratas trabajaban, seguido por el piloto, cuyos ojos volaban de un lado a otro, cada vez más nervioso. A su alrededor todo eran miradas de desconfianza por parte de funcionarios y guardias, y cámaras de vigilancia. Entraron en un ascensor, Kurtz giró una llave en los mandos, haciendo que el ascensor bajase hasta el último piso de la lista, al nivel del suelo de los suburbios.  Cuando las puertas se abrieron, los ojos del piloto se abrieron más aún. Allí había coches. Muchos coches. Una cantidad obscena de vehículos, requisados, confiscados, decomisados, robados… Han no tardó en darse cuenta de que no había coches de lujo, todos eran de tipo medio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Todo es chatarra…&lt;br /&gt;- Si. Los buenos se venden bajo mano. Normalmente tenemos incluso una lista de espera. – Respondió el turco, con la mirada perdida entre los coches. &lt;br /&gt;- Y… me traes aquí, ¿para? – El piloto tenía en los ojos el brillo nervioso de un niño pequeño minutos antes de su fiesta de cumpleaños.&lt;br /&gt;- Evidentemente, para darte un regalo. He logrado reservarte uno, pero lo tienes que pagar tú.&lt;br /&gt;- ¿Y cual es? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han saltó sobre un utilitario gris y algo desvencijado, mirando a su alrededor en busca de un coche para él. Su coche. Algo que tenía que llamarlo. Kurtz había sido su copiloto, de modo que conocía sus gustos y su agresividad, por no hablar de su reputación. Tenía que ser un coche fuerte, pero también exigente. Algo que tuviese que domesticar, pero nunca del todo, dejando un margen de salvajismo para que la máquina pudiese rugir y dominar la carretera como un soberano implacable. Sin embargo, también estaba el cambio experimentado al volante del “pájaro”. Ahora no era cuestión de perseguir y cazar, sino de volar. Ser su el propio enemigo de uno mismo, volar con las propias alas de uno, hasta un lugar más allá de la gravedad, el tiempo o el universo. Sin embargo, un coche capaz de eso tenía que ser algo que no destacase, un diamante en bruto, lo suficientemente poco lujoso como para que ningún millonetis untase a un par de seguratas para llevárselo de noche. Han pensó todo esto con los ojos cerrados. Los abrió y giró, mirando a su alrededor, y deteniéndose en seco. &lt;br /&gt;Kurtz mientras tanto, se entretenía viendo al piloto. Su extraño comportamiento le hacía gracia, y a la vez lo intrigaba. Sin embargo, no tenía duda de que acabaría por acertar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tiene que ser este.  – No había ninguna excitación en su voz, sino que pronunció las palabras con la calma de quien afirma algo evidente y natural, como el día, el viento o la lluvia. – Fue corriendo por encima de cochambrosos sedanes y berlinas viejas hasta detenerse delante de un cupé de unos veinte años de antigüedad. Tenía varias abolladuras, y muchos desconchones en su pintura blanca, sucia y deslucida. &lt;br /&gt;- ¿Estás seguro?&lt;br /&gt;- ¡Es un Fenrir R32! – Han había desaparecido tras el coche, acariciando con los dedos el desconchón donde habían arrancado una insignia. – No solo eso: ¡Es el GTR! ¡Este coche aquí es como un dios caminando entre cucarachas! – De repente, su semblante se puso serio. - ¿Cuánto te ha costado? – Kurtz respondió arrojándole un sobre de color marrón, grande, que llevaba escondido bajo el chaleco de kevlar. En él, Han reconoció el bulto de los dos juegos de llaves, pero los ignoró, sacando un documento con varios sellos oficiales de Shin-Ra, que estudió con gran concentración. Kurtz no pudo evitar reírse de su cara de sorpresa.&lt;br /&gt;- No es tan raro. Nadie puja contra un turco. &lt;br /&gt;- ¿Cien giles?&lt;br /&gt;- Lo podría haber tenido por uno, pero hay puja mínima. &lt;br /&gt;- ¡Joder, casi me parece insultante para esta belleza!&lt;br /&gt;- Págame lo que creas… - El turco se encogió de hombros, riendo. Han le lanzó un juego de llaves, que casi se le cae al pillarlo desprevenido.&lt;br /&gt;- Entra, pon punto muerto y ábreme el capó. &lt;br /&gt;- Oye, que yo tengo que entrar a trabajar… - Se defendió Kurtz.&lt;br /&gt;- Si, si, si, si, sin problema… Solo será un minuto… - El piloto parecía poseído, mirándolo desde delante del capó con la impaciencia ardiéndole en el rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que pasó entonces ante los ojos de Jonás le causó una impresión sobrecogedora: Un deja vú, una experiencia ya vivida antes, muchos años atrás, ante un general de Wutai, al que tuvo el honor de contemplar practicando la ceremonia de té. Han echó un vistazo detallado a la superficie del motor, antes de extraer la varilla del aceite y examinarla con atención para luego devolverla a su sitio. Vio la sonrisa nerviosa en la cara del piloto, que tuvo que esforzarse por apartar la vista de la bestia mecánica para pedirle que arrancase. El estruendo del motor se dispersó por el aire como una onda expansiva, rápido y atronador. Han lo estuvo observando vibrar, mientras hacía gestos a Kurtz para que acelerase. El aceite estaba algo seco, probablemente el coche no lo habían arrancado en más de una semana, pero no lo suficiente como para dañar la maquinaria. Luego el piloto rodeó el coche, mirando el humo que salía del escape. Un poco negruzco, síntoma de que el motor quemaba aceite. Habría una fuga en algún lugar. Volvió al motor, indicando al turco que apagase. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te gusta? – Preguntó este cuando iba a salir del coche, pero se detuvo ante un ademán del piloto, que estaba sacando una navaja multiusos de un bolsillo.&lt;br /&gt;- Casi perfecto… - Dijo sumergiéndose tras el capó. Kurtz oyó un chasquido y un murmullo de satisfacción.&lt;br /&gt;- ¿Qué acabas de hacer?&lt;br /&gt;- Tú arranca.&lt;br /&gt;Si antes el motor sonó como un trueno en una llanura, esta vez su intensidad sorprendió al turco, que soltó el acelerador de golpe. El capó bajó, y tras él apareció Han con una sonrisa de depredador y algo amarillo en la mano.&lt;br /&gt;- ¿Qué es eso?&lt;br /&gt;- En el ochenta y tres, un grupo de ingenieros de Shin-Ra propuso cambiar el coche oficial para Turk, cambiando el clásico Supreme por el Fenrir, mucho más potente y agresivo. Sin embargo, se rechazó por varios motivos. – Dijo mientras hacia un gesto al turco para que dejase libre el asiento del piloto. – El principal era que la imagen del Supreme se había hecho conocida, y su presencia solía causar la incomodidad que Turk deseaba. También se habla de la reticencia de los propios turcos, satisfechos con sus modelos, aunque las malas lenguas dicen otra cosa.&lt;br /&gt;- Sorpréndeme…&lt;br /&gt;- En el maletero de un Supreme caben más personas. – Respondió el piloto, exhibiendo una mueca macabra. - ¿Es cierto?&lt;br /&gt;- Secreto de estado. – Se burló el turco. – ¿Y mi pregunta?&lt;br /&gt;- Ah, si… Esto. El Fenrir tenía un diseño cojonudo, y decidieron venderlo como coche de lujo. La edición GTR tiene exactamente el mismo motor que ofrecieron a Turk, pero con esto. – Dijo poniendo la pieza a la vista. – Un limitador. Ahora, si me disculpas, tengo quinientos caballos a los que hacer correr juntos por primera vez en su vida. &lt;br /&gt;- ¿No te estás lanzando? – El turco recobró la seriedad.&lt;br /&gt;- Esta misma noche estaré corriendo. – Aseveró el piloto.&lt;br /&gt;- Esta misma noche estaremos resolviendo la que Rolf y tú habéis liado. Luego… Ya veremos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kurtz entró en las dependencias de Turk con el tiempo justo para lo que tenía pensado. Él mismo quería ser riguroso con la puntualidad y la disciplina, a ver si lograba inculcarles algo, lo que fuese, a esa panda de desgraciados. Encontró a Maravloi, tal como contaba con verlo, esperándole delante del cuchitril que le habían asignado como despacho, sosteniendo  un portapapeles bajo el brazo, que le acercó en cuanto Kurtz estuvo junto a él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Aquí no. Dentro. – Indicó mirando a su alrededor para incitar al novato a ser discreto. Este imitó su gesto, un tanto preocupado por la posibilidad de estar metiéndose en problemas, antes de seguir a su instructor a su despacho y cerrar la puerta a sus espaldas. Dentro, Kurtz tomó el portapapeles y hojeó su interior, alzando sus cejas en un gesto de sorpresa que se convirtió en una especie de sonrisa inquietante, enmarcada en sus retorcidas cicatrices. Sacó dos sobres, del interior, tirándolos sobre su mesa y dejó uno dentro. &lt;br /&gt;- Señor… ¿Usted no quería…?&lt;br /&gt;- Tengo lo que quiero. El de Van Zackal es para ti. – La cara de perplejidad de Maravloi no cambió. – Mariflori, sabes de sobra que aquí se están formando dos bandos. Por un lado están Cagarruta y Travelo, que aunque soy un cabrón, parecen haberme cogido cariño. Por otro están los demás, y luego en medio estás tú. &lt;br /&gt;- ¿Y? ¿No puedo querer mantenerme al margen? &lt;br /&gt;- Puedes… ¿Pero cuánto durará eso? ¿Hasta que uno de los veteranos crea que eres un niñato y pase de protegerte para salvar su culo? ¿Hasta que los niñatos te apliquen la de “con nosotros o contra nosotros”? &lt;br /&gt;- ¿Harían eso? ¿Me…?&lt;br /&gt;- ¿Matarían? No. Matar a un turco es condenarse a uno mismo. Pero… - Kurtz dejó la respuesta en el aire, pero el novato no tardó en cogerla.&lt;br /&gt;- No tienen porque apretar ellos el gatillo. ¿Cierto? Y quedarán libres. – El instructor asintió. – Aún así, sigo sin ver a Van Zackal yendo tan lejos. Y… - Tragó saliva. Se sentía asustado, pero tenía la sensación de que Kurtz no le iba a pegar. No por decir la verdad. – A usted sí. &lt;br /&gt;- A mí ya me conoces: Pandillero violento, licenciado con deshonor, y un historial de tanganas más grande que tu casa. Sé todo lo que necesito saber sobre ese cabronazo de Van Zackal. Ahora quiero que tú sepas donde estás entrando. – Maravloi lo miró en silencio, serio y meditabundo. Siempre adoptaba la misma postura cuando se detenía a pensar, Kurtz lo consideraba un defecto. Era como mostrar sus cartas, hacer saber al adversario que dudaba. Cuando eres un cabrón trajeado, no dudas: Golpeas, y mientras vas pensando algo.&lt;br /&gt;- Lo estudiaré detenidamente, señor. Gracias por la advertencia. – Kurtz le abrió la puerta, y la cerró cuando se hubo ido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El entrenamiento transcurrió con la rutina habitual: Tiro, asalto a zonas de conflicto, un edificio semiderruido que conservaban en la zona de entrenamiento, algo de lucha contra monstruos… Si se ponían, o veían una amenaza demasiado directa, eran capaces de actuar como una unidad: Cubrirse, pasarse cargadores o coordinar ataques, pero solo unos  cuantos. La mayoría simplemente esperaban ansiosos, murmurando algo sobre la segunda parte del entrenamiento. Por lo visto, Van Zackal iba a llevarse a algunos de sus “elegidos” de juerga, a “patrullar la noche”. El veterano había decidido no ser compasivo, y al día siguiente tendrían que estar allí a las seis y media de la mañana, aunque se veía venir que su “patrulla instructiva” no acabaría hasta bien entrado el día siguiente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Señor… ¿Puedo hacerle una pregunta? – El que se había acercado a él era Margarito: Mario Seranzolo, un figurín anoréxico al que había pillado varias veces vomitando el rancho. Tenía un aspecto desastroso: Su debilidad apenas le permitía aguantar la carabina MF22 estándar, y movía mal el brazo derecho por los golpes del retroceso. Además, los restos de pólvora tan fijos en su cara confirmaron a Kurtz sus sospechas: Usaba base de maquillaje.&lt;br /&gt;- Pregunta, Margarito, y serás respondido.&lt;br /&gt;- Sé que usted me odia, pero…&lt;br /&gt;- ¿Te qué? – Kurtz tuvo que aguantarse la risa, y no lo logró del todo. - ¿Qué yo te odio?&lt;br /&gt;- Señor, seamos serios: Me tiene en el último puesto de la lista, me mira con desprecio y hace mofa de mí.&lt;br /&gt;- Vale, Seranzolo. Voy a ser serio: Lo primero es que me dan igual tu maquillaje, tus esteticiennes o como mierda se diga, y tus manías, que no querría para mí mismo ni bajo tortura. Pero no te odio especialmente, sino que te desprecio igual que a los demás cachos de mierda. &lt;br /&gt;- ¡Usted no es igual con todos! ¡Kaluta, Traviesa o Gertschen reciben trato de favor, los favoritos, de la primera fila!&lt;br /&gt;- Ellos son distintos: Ellos vivirán. – La insinuación de Kurtz, junto con la dejadez con la que fue pronunciada, logró estremecer al novato.&lt;br /&gt;- Vi… ¿Vivirán? Entonces nosotros…&lt;br /&gt;- Vosotros lo lleváis claro: No sabéis defenderos, apenas sois capaces de resistir un par de golpes, desenfundar rápido un arma, responder a una amenaza o venir prevenidos.&lt;br /&gt;- ¡Somos turcos! ¡Nadie ataca a los turcos! El sargento Van Zackal…&lt;br /&gt;- El sargento Van Zackal es una estrellita del pop que se dedica a pavonearse por los clubs molones de la placa superior. Nadie le ataca, todos le admiran, y si alguien le hace algo, él saca una pistola y grita cuatro amenazas ingeniosas mientras le vuela la rótula a algún desgraciado. ¡Y tú no eres turco! ¡No mientras no acabe la puta instrucción!&lt;br /&gt;- Si, pero se deja ver. Es una presencia continua del orden y de su fuerza, y con ello disuade a los delincuentes de actuar. – Argumentó el novato.&lt;br /&gt;- Eso te ha dicho, ¿no? ¿Te ha contado cuantas veces ha patrullado bajo la placa el último año? ¿Cuantas operaciones de riesgo ha tenido que realizar? ¿Redadas? ¿Asaltos?&lt;br /&gt;- Para esas cosas está SOLDADO… - Eso enfureció al infante aerotransportado que vivía dentro de su sargento.&lt;br /&gt;- ¿SOLDADO? ¿Los putos SOLDADO? ¿Los “llevo una espadita y me convierten en un monstruo de feria para ganar una guerra a base de propaganda”? ¿Esos soldado? &lt;br /&gt;- Eh… Si, señor.&lt;br /&gt;- ¡Mierda, Margarito! ¿Tú no te enteras?- Se detuvo un momento, recordando que la información acerca de los Soldados que se volvían locos era clasificada. – Vas a durar menos que una cucaracha en un microondas. Tú, y toda esa panda de vedettes, furcias, posers, modelos y estrellas del pop. &lt;br /&gt;- Con el debido respeto, eso está por ver, señor. – “Parece que míster maquillaje tiene huevos”, pensó el sargento.&lt;br /&gt;- Si, por ver. Si me equivoco, seréis turcos. Si te equivocas tú, seréis pasto de los gusanos. Como te veo cansado y seguro de tus posibilidades, no tienes por que seguir entrenando si no quieres. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El novato parecía a punto de responder, pero Kurtz se fue, volviendo a prestar atención al entrenamiento de los demás, corrigiendo errores a gritos y tomando su fusil, cargado con balas de goma, para emboscar a un grupo de novatos que se dedicaban a actuar como si estuviesen en una puta peli. Mientras se marchaba, el recluta Seranzolo se dejó caer sobre unos escombros, sentándose con la mirada perdida que iba desde su propio fusil hasta sus compañeros, algunos de los cuales dejaron de entrenar para ir a sentarse con él. Estuvo tentado de hablarles de su conversación con el sargento, pero alguien sacó un PHS y puso música, y otra persona empezó a hablar de que ropa se pondría para esa noche. De ese modo, el recluta Seranzolo se dejó arrastrar de nuevo a una vida cómoda y cálida, lejos de soldados, armas de fuego y amenazas proferidas por ex-militares paranoides. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaluta esperaba solo en el gimnasio, trajeado y polvoriento por la sesión de tiros, aunque contento. Ahora tocaba posar con el modelito, pero antes tendría media hora para poner en aprietos al sargento. Sin embargo, no dejaba de mirar el reloj: Kurtz estaba llegando tarde. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Cagarruta!  - El novato levantó la cabeza, buscando a quien le había llamado. Encontró a la tal Yvette, la rubia que se quedaba intercambiando golpes con Kurtz cuando ellos se iban con Van Zackal. &lt;br /&gt;- ¡Tú no puedes llamarme así!&lt;br /&gt;- Lo siento… Es fácil acostumbrarse a él. – Se subió al ring, dejando una bolsa de deportes a un lado. – Tu sarge me ha dicho que sea tu anfitriona, que él &lt;br /&gt;hoy no puede.&lt;br /&gt;- Me debe una pelea. – Murmuró molesto el novato.&lt;br /&gt;- Conseguir una pelea con Scar Kurtz es más fácil que mojarse en una piscina descubierta, un día de lluvia intensa, así que yo me preocuparía por problemas más inmediatos… Cagarruta.&lt;br /&gt;- ¡Me cago en tu p…! – Se contuvo justo a tiempo. Los soldados de élite están entrenados para dar siempre buena imagen y no ser malhablados. &lt;br /&gt;- Cagarte si que te vas a cagar encima, pero mientras seas novato, te quedas el apodo. – Dijo mientras lanzaba los primeros golpes contra Kaluta, cogiéndolo desprevenido. - ¡Cagarruta! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una suerte de intuición hacía que Traviesa se encontrase inquieta en ese momento.  Abrió la puerta, y un suave torrente de música salió: Rock melódico y potente, cantado con una voz desgarrada. Dentro de su despacho, por llamar a ese agujero hediondo de alguna forma, el sargento revisaba papeles, y sin levantar la vista, le hizo un gesto con la mano para que se acercase, mientras cerraba dos carpetas de cartulina marrón y las colocaba bocabajo. &lt;br /&gt;La novata se sentó en la silla metálica sin la sonrisa de seguridad que la había caracterizado, mientras Kurtz levantaba la cabeza, llevándose un puro a la boca y encendiéndolo relajadamente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Tu nombre, recluta? &lt;br /&gt;- Traviesa, señor. – Kurtz miró por encima de ella, comprobando que la puerta estaba bien cerrada.&lt;br /&gt;- Mira, no sé si me han puesto bichos en el despacho, pero puedes contar con mi discreción. ¿Nombre?&lt;br /&gt;- Bich… Ah, micros. – Susurró al darse cuenta. – Traviesa, señor. – Kurtz sacudió la cabeza en un gesto de negativa. Respuesta equivocada.&lt;br /&gt;- Entonces, Traviesa… - Dijo mientras daba la vuelta a ambas carpetas. Cada una de ellas tenía una foto de una mujer morena sujeta con un clip. Las fotos estaban a la vista, y las mujeres eran tan parecidas como diferentes. De aproximadamente la misma edad, complexión y por lo que parecía, familia, una de ellas llevaba el pelo castamente recogido, y una sonrisa agradable que se reflejaba en sus brillantes ojos marrones.  La otra tenía una mueca de asco y desprecio, con el rostro maquillado para hacerlo más pálido, los labios pintados de negro y una cantidad inmensa de sombra de ojos. – ¿Cuál de estas dos es más guapa? – La novata sintió que le fallaban las fuerzas. Kurtz había ganado la mano, siendo jodidamente listo. ¿De dónde coño había sacado eso?&lt;br /&gt;- Yo soy esta. – Confesó, señalando hacia la que estaba a su izquierda, con la mujer formal y agradable. &lt;br /&gt;- Guadalupe Verona… - Kurtz sonrió. – Alumna de matrículas, estudiante de la escuela de empresariales con beca, graduada cum laude, voluntaria en un comedor social de los suburbios del sector cuatro… - Pasó página y se entretuvo leyendo y dando una calada a su puro. Apenas unos segundos, pero en ese momento “Guadalupe” estaba apretando con fuerza los apoyabrazos de su silla. – Ha tenido dos novios y trabajaba en una tienda de mascotas. &lt;br /&gt;- Aha… - Respondió nerviosamente. Por como sonreía ese cabrón parecía estar viéndola desnuda en ese preciso momento, o al menos, así era como ella se sentía. &lt;br /&gt;- Y sin embargo, es Adalia la que tiene un tatuaje igual al tuyo. – Dijo el turco, mientras abría la otra carpeta, quedando una foto de la segunda mujer a la vista. – Y no es precisamente discreto: Un pájaro negro, un cuervo, supongo, cuyas  alas y cola se extienden a lo largo de la espalda, como si fuesen llamas. Las alas llegan casi hasta el codo, y la cola baja por una pierna hasta la pantorrilla. Precioso, si quieres mi opinión. Yo también me puse algo de tinta en su tiempo, y tampoco fui discreto. &lt;br /&gt;- Mi… Mi pobre hermana está…&lt;br /&gt;- En el hospital, en coma. – Interrumpió el turco. – Un asalto en las poco seguras calles de Midgar. &lt;br /&gt;- Y el tatuaje, ambas tenemos el mismo.&lt;br /&gt;- ¿En serio? – Sonreía, y su incredulidad era notoriamente fingida, pero la novata seguía con la mirada hundida en la carpeta de “Guadalupe”. – Que poco le pega a una chica cum laude con solo dos novios en veintitrés años…&lt;br /&gt;- Veintidós. – Corrigió. – Veintitrés tiene mi hermana mayor, Adalia.&lt;br /&gt;- Perdón, fallo mío… Debería leer esto con más atención. A ver… Domicilio familiar en el sector ocho de la placa superior. – La miró a los ojos. – No está nada mal. Yo mismo vivo en los suburbios, pero porque me gusta la zona, y no me apetece una mudanza ahora. &lt;br /&gt;- Ah… &lt;br /&gt;- Mierda, sigamos: La agresión fue un miércoles, en los suburbios del sector cuatro. &lt;br /&gt;- Eh… Mi hermana salía de juerga por esa zona. – Respondió a una pregunta que no había sido formulada.&lt;br /&gt;- Claro, claro… ¿Un miércoles? Los miércoles no hay fiesta, salvo en zonas raras y para gente que tiene dinero para salir todos los días. La agresión fue hace dos años, y… - Se detuvo un instante. - ¿Dos años? Es decir, ¿acabaste la carrera con veinte? ¡Eres un genio, Guadalupe! – Hizo un gesto de disculpa por desvariar y siguió. – Alguien con veintiuno no suele poder pagarse una juerga miércoles, jueves, viernes y sábados. Y además, viviendo sobre la placa, igual no sabía que sitios abrirían los miércoles.&lt;br /&gt;- Mi hermana tenía dinero. – Respondió la novata. – No lo quería mencionar, pero había trapicheado con droga. – Kurtz alzó las cejas, sorprendido.&lt;br /&gt;- Todo un elemento, tu hermana, ¿no? – Preguntó, mientras se inclinaba sobre la mesa. Traviesa se sentía cada vez más arrinconada. - ¿Y vuestros padres? Una putada, seguro: Por un lado todo disgustos, por otro todo alegrías…&lt;br /&gt;- Ya… &lt;br /&gt;- Y tu hermana, agredida un miércoles cuando iba de fiesta… ¡Joder! Vivo casi al lado de esa zona y no se me ocurre ninguna zona de fiesta… - Kurtz clavó sus pupilas en ella y redujo su tono de voz, masticando las palabras y lanzándolas como si fuese una presa en torno al cuello de la novata. - Pero si varios comedores sociales… &lt;br /&gt;- ¡Es cierto! Eh… No había ido de fiesta, sino que había venido a buscarme… Nuestros padres… Eh… Ellos no querían que me arriesgase sola, y… - Kurtz se levantó.&lt;br /&gt;- Mira… Adalia. ¡O empiezas a cantar ahora mismo o vamos al hospital a la de ya a despelotar a tu hermana, a ver si tiene al pajarraco tatuado! &lt;br /&gt;- ¡Oiga, no tiene derecho! Yo…&lt;br /&gt;- No lo entiendes… - Kurtz se quitó el puro de la boca y puso su cara a escasos centímetros de la de su pupila. – Yo soy turco. Eso significa que sois todos los demás los que no tenéis derechos. &lt;br /&gt;Adalia se quedó quieta. Sus ojos se tornaron vidriosos y empezó a notar un nudo en la garganta, pero logró sobreponerse. Alzó la vista y vio como el sargento se relajaba y se sentaba de nuevo en su silla. De un bolsillo interior de la chaqueta sacó una petaca, que ella aceptó gustosa. El vodka ardió por su garganta, pero abrió el camino para que le saliesen al fin las palabras.&lt;br /&gt;- Lo primero, prométame que no se lo dirá a nadie. – Kurtz alzó las cejas al encontrarse con la exigencia y ella se dio cuenta, capitulando levemente. – Por favor se lo pido: No quiero que mis padres lo sepan, ni que lo sepa nadie.&lt;br /&gt;- ¿No lo saben? – Kurtz estaba sorprendido. - ¿No saben que te has dado el cambiazo por tu hermana en coma?&lt;br /&gt;- No: Ella siempre usaba ropa holgada, y yo les había escondido el tatuaje y los piercings durante toda la vida, de modo que les dolió creer que era yo la que tenía la vida truncada, pero no tanto como les dolería descubrir que quien está en coma es la buena hija.&lt;br /&gt;- ¿Eso explica porque una mujer sobresaliente en los estudios deja todo para ingresar en el cuerpo de defensa como PM? – Preguntó el turco, sorprendido.&lt;br /&gt;- ¡Por supuesto! Quería que no se repitiese lo que le pasó a “mi hermana descarriada”. – Kurtz sonrió. Esta vez era un gesto genuino y amistoso. Adalia se sintió incómoda, pero en cierto modo aliviada. &lt;br /&gt;- Lamento lo que le pasó a tu hermana. – Dijo mientras cerraba las carpetas. – Puedes irte.&lt;br /&gt;- ¿Qué? – La novata se levantó. Su cuerpo estaba tenso, como si estuviese a punto de golpear a Kurtz, pero se contuviese por miedo o respeto. Este la miraba en silencio, a la espera. - ¿Para qué mierda me ha hecho pasar por esto, señor?&lt;br /&gt;- Te negaste a decirme tu nombre. – Respondió con voz tranquila.&lt;br /&gt;- ¿Eso es todo? ¿Por esa mierda?&lt;br /&gt;- ¿Te voy a confiar mi retaguardia en un tiroteo si no sé ni cómo te llamas? ¿Voy a depender de una mujer sin pasado y sin más distintivo que un apodo? ¿Voy a permitir que otro agente dependa de ti, sin conocerte? ¿Sin saber si eres de fiar?&lt;br /&gt;- Creía que usted confiaba en mí, señor. – Respondió furiosa.&lt;br /&gt;- Más que en el resto de la unidad, Adalia, pero alguien que se niega a dar algo tan básico, lo hace por algo. - La novata lo miró con los ojos enrojecidos por la ira, mientras apretaba los puños, sin embargo, suspiró y se dejó caer en la silla, relajándose.&lt;br /&gt;- ¿Ahora qué puede usted confiar en mí, puedo yo confiar en usted?&lt;br /&gt;- En mi entero apoyo y discreción. &lt;br /&gt;- Perfecto. Tengo curiosidad por saber algo más de esas cicatrices…&lt;br /&gt;- ¡No es una historia para reclutas, Travelo! ¡Y ahora levanta el culo de mi silla y lárgate a tu puta casa si es que tienes! ¡Esta noche el sargento pelo azul y tú tenéis una salida!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Pasa, mozo, pasa! - Paris saludo a Remache, el jefe de Han, que había salido a abrirle la puerta del taller. Junto a él estaba Chispa, una viejísima perra de ninguna raza en concreto, que lo seguía con aire cansado hacia la furgoneta. – ¿No queda ninguno más?&lt;br /&gt;- Uno, pero ya lo iremos a buscar. – Respondió Paris, quitándose el casco y sacudiéndose el pelo.&lt;br /&gt;- Ah, bien, bien. Me voy a casa, dale las llaves al chaval. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo mecánico y su perra pasaron a su lado, camino de la camioneta que había estacionada ante el taller. Paris cerró tras él y llevó la moto despacio hacia el interior del lugar. Al fondo podía ver a Han bajando del elevador un coche blanco, de aspecto bastante destartalado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Aleja ese objeto blasfemo de aquí! – Exigió el mecánico.&lt;br /&gt;- ¿Qué? &lt;br /&gt;- ¡La moto! ¡Ponla lo más lejos que te sea posible! &lt;br /&gt;- ¿Qué cojones te pasa con mi moto? – Paris estaba confundido. ¿Cómo podía un amante de la velocidad odiar así una moto?&lt;br /&gt;- Los motoristas sois todos unos maricas: Un cuerpo ligero,  que necesite poca potencia y hala: ¡A correr! ¡No tenéis puta idea de mecánica! ¡No sabéis lo que es preparar un perfecto “cuatro ruedas” para hacerlo volar sobre el asfalto! ¡No sabéis lo que es competir! &lt;br /&gt;- Eh… Yo aún no me he atrevido a pasar de sesenta.  No la domino mucho, y tal… - El piloto se quedó en silencio, mirándolo sorprendido. &lt;br /&gt;- ¿No? – Paris respondió negando con la cabeza. – Bueno… Al menos no tendré que mantener otra vez la típica discusión de mierda “motos contra coches”. &lt;br /&gt;- ¡Pero si empezaste tú! – Protestó el asesino, pero el piloto ya había vuelto a sumergirse bajo el capó del coche blanco. Paris se acercó en silencio, recogiéndose el pelo en una coleta para no manchárselo e introdujo la cabeza a su vez, atento a ver si podía aprender algo que le sirviese para la moto.&lt;br /&gt;- Como te oiga decir algo como “destartalado”, “viejo” o “cacharro”, te mato. – Murmuró Han. Paris asintió.&lt;br /&gt;- ¿Qué coche es?&lt;br /&gt;- Un Fenrir.&lt;br /&gt;- ¿Cómo el que os atacó la otra vez? ¿El que tenías? – Han sonrió. &lt;br /&gt;- Sí, pero este es un modelo anterior. Aunque también es bonito, ¿no? No tan ancho y agresivo como el otro, pero es un bastardo fuerte y poderoso. – Paris asintió. Estaba empezando a perderse. – Y tienen el mismo motor, pero el otro, el R34 lo tiene mejor optimizado, lo que significa tragar dos litros menos a los cien, y eso se nota.&lt;br /&gt;- Aha…&lt;br /&gt;- El motor es un RB26DETT, fabricado para Turk, pero rechazado, de modo que se vendió limitado electrónicamente como deportivo. Ya le he quitado el limitador y acabo de limpiarle de carbonilla el asiento de válvulas e instalar filtros nuevos. &lt;br /&gt;- Entiendo… - Paris no entendía una mierda.&lt;br /&gt;- Fliparías: En ese cubo tienes toda la que saqué y los filtros viejos. – Paris miró y vio un par de piezas raras, y un montón inmenso de suciedad. – También he mejorado el encendido, y tengo pedidos unos discos ventilados. Va a ser genial.&lt;br /&gt;- ¿Y cuanta potencia va a ganar con los discos ventilados? – Han se levantó y lo miró con el rostro descompuesto. En ese momento Paris supo que su tiro a ciegas había salido por la culata.&lt;br /&gt;- ¡Discos de freno, idioto! ¡Son ventilados para que se enfríen mejor y no se desgasten por las altas temperaturas y el rozamiento!&lt;br /&gt;- Siempre se aprende algo… - Han sopesó en serio la llave inglesa que tenía en la mano, pero acabó por dejarla en el banco de trabajo que tenía a su izquierda, después de cerrar el capó del Fenrir. &lt;br /&gt;- Me cambio y vamos a por Kurtz. &lt;br /&gt;- Vale, te esperaré aquí… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kurtz los esperaba. Estaba paseando a Etsu, y cuando vio llegar el deportivo subió corriendo a devolver a su alteza a su sillón y coger sus cosas. Como correspondía a un turco con una doble vida, incluía un arsenal decente, junto con el PHS, la cartera y las llaves de casa. Rellenó los cuencos de comida y agua del perro y se fue. El viaje hacia la casa de Rolf fue incómodamente silencioso. Han se negaba a hablar, centrándose en conducir y estudiar las sensaciones que le producía su coche nuevo, frustrado porque algún cabrón del depósito de coches le hubiese robado la radio. Paris, por otra parte, mantenía su habitual carácter taciturno, como siempre que subían hasta la superficie de la placa. Estaba sentado en medio del asiento trasero, mucho más pequeño e incómodo que el del Cavalier, con los ojos cerrados, escuchando música a volumen atronador con sus auriculares. A pocas calles de la casa del tirador, Kurtz tuvo que dar un grito para llamar la atención de sus compañeros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- A ver, par de autistas. ¿Cuál es el plan?&lt;br /&gt;- Eso es cosa tuya. – Respondió Han, sin dejar de mirar hacia la carretera.&lt;br /&gt;- Si, Jonás. – Dijo Paris, alzando la vista. – Además, ¿necesitamos un plan?&lt;br /&gt;- Bueno, al menos uno sabe de qué va esto. – Agradeció el turco. – Básicamente, es ir, saludar a Rolf, pedirle las llaves y charlar un rato. Por lo visto estamos algo tensos últimamente. &lt;br /&gt;- ¿A qué hora habías quedado con él? – Volvió a preguntar el asesino desde el asiento de atrás.&lt;br /&gt;- Dentro de quince minutos, así que vamos bien de tiempo. ¿Qué tal el coche, por cierto? &lt;br /&gt;- Necesita un cambio de frenos, pastillas, un equipo de sonido y algo de mantenimiento, y voy a tardar un par de meses en tener esta suspensión al cien por cien, pero promete. &lt;br /&gt;- Cuando lleguemos, yo me llevo este y tú el Cavalier.&lt;br /&gt;- ¿Y por qué no vas tú en el pájaro? – Preguntó el piloto, molesto por tener que ceder tan pronto su nueva montura.&lt;br /&gt;- Porque seguro que yo soy un piloto experto, capaz de controlar semejante bestia y evadirme si me reconoce alguna patrulla. &lt;br /&gt;- ¡Si has llevado ese motor durante años! – Volvió a protestar Han.&lt;br /&gt;- Con limitador. ¡De modo que no discutas, joder! ¡Llevo décadas conduciendo, así que sabré llevar un coche sin incidentes! Además, ¿de qué tienes miedo? ¿De qué lo arañe? – El piloto cedió con un gruñido, acabando el trayecto de peor humor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pasad. La puerta está abierta. – Dijo la voz del tirador, desde el interfono del caro edificio. Kurtz respondió con una sonrisa a la cámara y un gesto a Paris y Han para que lo siguiesen. El segundo torciéndole el gesto a la lente, y el primero agradecido por volver a tener un techo sobre su cabeza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rolf los esperaba, cierto, y no solo por haberse citado con ellos. Llevaba meses pensando en este momento, sospechándolo, desde que acompañó a un atractivo asesino hasta la presencia del turco con peor reputación de la ciudad. El francotirador podía ser un hombre díscolo, vanidoso, lascivo, superficial y un millón de cosas más, pero por encima de todo, era un superviviente. Un hombre inteligente, dedicado a calcular riesgos, elegir una posición y defenderla. Y desde luego, aunque precoz, sabía lo suficiente para no fiarse de una sonrisa rodeada de cicatrices, una actitud impulsiva y aparentemente fácil de desentrañar y una cara bonita. Pulsó el botón que daba comienzo a su plan y corrió hacia la ventana, por la que llegó de un salto hasta el tejado de enfrente, a un metro de distancia y uno y medio más baja que su casa, desde el que trepó hasta el tejado del siguiente edificio, quedándose aproximadamente a la misma altura que el gran ventanal de su salón. Este estaba en una esquina de la estructura del edificio, de modo que el ventanal abarcaba dos paredes, dándole una espectacular vista panorámica de todo Midgar. Todo estaba preparado a la perfección: Había cronometrado el tiempo que tardarían en tener el ascensor, que había dejado en su piso, el veintitrés, y dejado sus cosas preparadas dentro de una de las chimeneas del edificio que usaría de nido, la cual, además, le daría una cobertura excelente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pasad. Hay algo para picar y cervezas en el salón. Me reuniré con vosotros en cuanto salga del baño. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paris y Kurtz saludaron, agradeciendo el detalle. Se pusieron cómodos, mientras Han recorría repisas y muebles con la mirada, buscando las llaves para abandonar el lugar cuanto antes. Se pusieron cómodos. La tele estaba encendida, con la retransmisión de un combate de artes marciales mixtas. Paris hizo algún comentario, sobre si lucharía ese Henton Jackson, antes de sentarse ante la tele y tomar un puñado de patatillas. Kurtz estaba paseando, de un lado a otro de la habitación, y también de un lado a otro de la mira de punto rojo de Rolf. El tirador estaba demasiado cerca como para usar la mira telescópica de su Farsight, de modo que la había cambiado por esta: Una simple lámina de plexiglás transparente con un punto rojo en el centro, con dos aumentos. Suficiente como para abatir a alguien a esa distancia con precisión. El problema era Han. Había colocado un temporizador en el cuadro eléctrico de su casa, que apagaría todas las luces en cuestión de segundos. Kurtz y Paris estaban perfectamente ubicados en el blanco, pero Han no. Ese cabrón no paraba de moverse de un lado a otro. Rolf tendría aproximadamente pocos segundos para disparar, y tras mucho meditarlo, Kurtz sería su primer objetivo. Los reflejos de Paris serían muy superiores, y saltaría a cubierto mucho más rápido, pero el turco tenía la mente táctica necesaria para sobrevivir y los recursos y los conocimientos para hacer que el resto de su vida fuese breve e infernal. Definitivamente, el turco debía morir a toda costa. Pero Han… Han podía salir con vida, delatar la ubicación de su casa, denunciarlo… Aunque Kurtz muriese, si los turcos obtenían una sola pista que apuntase hacia él… La imagen más halagüeña era la de su cuerpo mutilado y carente de vida, siendo devorado por las alimañas en una cloaca de la ciudad. El resto eran mucho peores. Sin embargo, Han lo había jodido todo. Él la había jodido por cabrear al piloto y predisponerlo en su contra, ya que él tenía que ser el primero en coger una cerveza, un puñado de aperitivos y coger el rincón más cómodo del sofá. Y la luz estaba a punto de apagarse…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Se acabó! ¡Voy a sacar a ese marica del baño y coger las putas llaves! – Gritó Han, mientras salía corriendo del salón. &lt;br /&gt;- Me cago en tu dios… - Murmuró Kurtz levantándose, justo cuando las luces se fueron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ruido de cristales rotos inundó la habitación, seguida de los gritos de confusión que este provocó. No habían oído disparo alguno, pero las balas parecían seguirles por la habitación. Han estaba tirado tras la pared, mientras Kurtz reventaba la puerta del baño, lejos de la zona expuesta por el ventanal del salón. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, el piloto vio sorprendido como Paris colgaba del techo, con las manos apoyadas en una viga y los pies en la pared, como una extraña araña dorada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Me cago en su puto dios! – Gritó Kurtz desde el baño. - ¡Una grabadora! ¡El chupapollas nos la ha jugado!  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El turco escuchó en silencio las imprecaciones de sus compañeros, mientras su cerebro era un hervidero de actividad. Instintos entrenados durante años tomaron el control. Se echó al suelo y avanzó a rastras hasta la entrada de la sala. El tirador, desde su nido, buscaba y esperaba. Su mira tenía efecto de visión nocturna, y aún así no lograba ubicar a ninguno de sus objetivos. La propia mira, que mostraba el cuarto en una escala de verdes, no le permitía distinguir mancha de sangre alguna, y cadáveres, evidentemente, tampoco encontró. Se puso en la peor situación posible: Todos habían sobrevivido, o por lo menos algunos, ya que a sus auriculares seguían llegando algunos ruidos, y los buscaba frenéticamente en cada ventana de la casa. &lt;br /&gt;Kurtz agarró el tobillo de Han, y cuando este se giró, con una blasfemia aflorándole en los labios, se encontró al turco llevándose el índice a los suyos. La orden era clara. Silencio. Rolf había preparado todo al milímetro, de modo que no sería raro que hubiese instalado micrófonos para ubicarlos. Se llevó la mano al pelo, haciendo un gesto de anuncio de champú que han entendió enseguida, respondiéndole con su índice, que apuntaba hacia el escondite de Paris. Cuando alzó la vista, se lo encontró con un gesto de fastidio. Una vez tuvo la atención de ambos, Kurtz gesticuló un mensaje, al que ambos respondieron con un asentimiento: Fuera de aquí. ¡Ya!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rolf corría por la azotea, en busca de su segundo nido: Una cornisa desde la que podía ver su propia puerta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Joder, nos miran como si estuviésemos locos. – Protestó Han.&lt;br /&gt;- Cierra la boca y sigue avanzando… O no te importará como cojones nos miren. – Respondió Paris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rolf murmuró una maldición: Se habían anticipado a ese gesto con algo que él no había calculado: En su caro edificio de lujo, el portero iba de piso en piso recogiendo la basura, cargándola en un contenedor de acero inoxidable con ruedas y dejándola fuera al final del día para que se la llevase el camión. Ahora esos hijos de puta lo habían cogido y avanzaban escondidos tras él, acabando con sus opciones, rodeados de civiles curiosos. Con el silenciador, su rifle no tendría la potencia suficiente como para atravesar el acero a esa distancia. Sin él, todo el mundo se alarmaría, y siendo esta una de las zonas más lujosas de la ciudad, la zona no tardaría en llenarse de PM. En un estado de excepción, seguro que enviarían a uno o dos de esos robots propulsados con hélices, y armados con ametralladoras vulcan de gran calibre. Definitivamente, no. Así no tendría opción alguna. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rolf ignoraba cuanto tiempo había permanecido tumbado sobre el tejado, mirando hacia las estrellas. El dinero le sobraba y también las posibilidades de trabajo. Siempre había alguien que odiaba a otro alguien, o simplemente lo necesitaba muerto, y estaba dispuesto a pagar por ello. Aunque la verdad era que probablemente no necesitaría trabajar en absoluto. Fuera de Midgar podría entregarse al libertinaje hasta que la edad, la mala vida o las venéreas pusiesen fin a sus días. Viajaría en su propia moto hasta Kalm, donde conseguiría uno de esos apestosos chocobos y lo usaría para cruzar los marjales y evitar al famoso Zolom. Luego solo tendría que llegar a Junon, sobornar a un par de oficiales y desaparecer en la costa del sol, llenar el mundo de bastardos y asegurarse de dejar una huella imborrable en la que prometía ser una lista interminable de amantes exóticos y extranjeros. Si la cosa lo aburría, siempre podía seguir viajando: Cañón Cosmo, Ciudad Cohete, Wutai… Cualquier lugar, cualquier ciudad, cualquier vida. Podría comprárselas todas. Recogió el estuche para pesca donde estaba guardado el Farsight y sacó una gorra, con la que disimuló su rostro. Encontró la trampilla que daba al interior del edificio y forzó la cerradura. Descendió y salió, dando un rodeo hasta su casa. Al entrar se cruzó con el portero, que murmuraba acerca de los jóvenes energúmenos de hoy en día, que robaban hasta los contenedores de basura.&lt;br /&gt;Cuando salió del ascensor aún sonreía. Sacó la llave y abrió la puerta, saboreando la idea que le hacía reírse del pobre portero: “Hace falta estar ciego de cojones para llamar joven a Scar Kurtz…”. Rolf pasó, cerró la puerta con llave y dejó el rifle dentro del armarito de la entrada, que localizó sin necesidad de encender la luz. Luego se dirigió hacia los fusibles, desactivando el interruptor temporizado y volviendo a dar luz eléctrica a la casa. Estaba pulsando el interruptor de la caja de fusibles cuando se dio cuenta: Han es joven, Paris es joven… Kurtz no iba con ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Has tardado dos horas en salir del baño, Rolf…  Deberías comer más fibra. El corazón del tirador dio un vuelco. Empezó a girarse, necesitaba ver al turco ahí, ante sus ojos, para creerse que realmente se la había jugado. – ¡No! – Ordenó. - Si te mueves sin que te lo ordene, date por muerto. Si hablas y no es para responder a mis preguntas, date por muerto. ¿Has entendido?&lt;br /&gt;- ¿Puedo respirar? – Preguntó con sorna.&lt;br /&gt;- Interpretaré eso como un sí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kurtz se levantó. Rolf seguía de espaldas a él, con la caja de fusibles ante él.  De un golpe le quitó la gorra, y le pasó la mano entre el pelo, buscando cualquier cosa. Rolf sintió el frío tacto de la pistola de Kurtz en la nuca durante medio segundo, lo justo para captar el mensaje: Ni parpadees. El cacheo que vino a continuación fue minucioso e intensivo. Kurtz encontró la Aegis Cort 26 que el tirador llevaba para imprevistos. Una versión de menor tamaño que una mano extendida, fácil de ocultar pero igual de efectiva. Rolf no pudo ver que hacía con ella. &lt;br /&gt;Acabado el cacheo, Kurtz retrocedió paso y medio, ordenándole que avanzase hacia el salón. Allí, le ordenó tumbarse bocabajo en el sofá y pasar una mano entre las piernas y dejar la otra a la espalda. Sacó un juego de esposas y cerró las manos del tirador, una por delante y otra por detrás, encadenadas entre las piernas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- A esto lo llamamos “el sobre”. Normalmente, lo que viene después implica porras, bates, tuberías o palanquetas, aunque supongo que tú serás cooperativo. &lt;br /&gt;- No veo porque iba a serlo. – Respondió el tirador. – Te dispones a matarme. - Kurtz se sentó en el otro sofá, enfrente del tirador.&lt;br /&gt;- Puedes sentarte, si encuentras el modo. Por cierto, para matar el rato estas dos horas, he encontrado un par de micros.  – El tirador se revolvió hasta una postura más o menos bocarriba. Al volverse vio a Kurtz. Estaba en camiseta, y bajo ella podía reconocer el bulto de un chaleco de Kevlar.&lt;br /&gt;- Joder… ¡El puto estado de excepción! &lt;br /&gt;- Si: Tenemos que ir con el equipo estándar siempre: Chaleco, pistola, esposas y arma cuerpo a cuerpo. – Respondió el turco, cuya Aegis Cort apuntaba directamente a la cara del tirador. Rolf se fijó enseguida en un añadido del arma.&lt;br /&gt;- ¿Silenciador? – Preguntó sorprendido. - ¿Puedes llevar silenciador?&lt;br /&gt;- A veces hasta es una necesidad, para algunos trabajos que me tocan. – Respondió. – Pero te había dicho algo de no hablar.&lt;br /&gt;- Dispárame entonces. – Bufó el tirador. – Se honesto: Me quieres vivo.&lt;br /&gt;- ¿Por cuánto tiempo? – El rostro de Kurtz se desfiguró en una horrenda mueca de malicia, recordándole a Rolf algo en lo que él también había pensado: ¿Cuánto tiempo? &lt;br /&gt;- No veo porque voy a decirte nada, Kurtz. – Desvió la mirada con desprecio.&lt;br /&gt;- Porque merezco una explicación. – Respondió el aludido. – Los tres la merecemos. &lt;br /&gt;- ¡No merecéis una mierda! ¡Yo me merezco la puta explicación! Además, si voy a hablar. ¿Por qué no están aquí los demás para participar de la “fiesta”? – Los ojos verdes del tirador se clavaron en Kurtz con ira, antes de abrirse en lo que se convirtió una mueca de burla. – Entiendo… Maldito santurrón, quieres ser el que se manche las manos, ¿verdad? Quieres ahorrarle a los demás el trabajo sucio, así ellos podrán ser héroes, mientras tú eres el que sacrificó su reputación y mantuvo el poder en la sombra. – Rió con evidente desprecio. – Conmovedor… Enormemente conmovedor. En la cocina tengo un cubo. ¿Me lo puedes traer para que vomite? – Kurtz se levantó y le pateó en el estómago. Luego se sentó lentamente. Su gesto impasible no se perturbó ni un ápice. &lt;br /&gt;- No tienes puta idea de lo que significa ser el cuchillo en la sombra. &lt;br /&gt;- Kurtz… ¡Soy asesino a sueldo! ¡Mato gente para que otra gente progrese o satisfaga sus bajos instintos! – Bufó en cuanto pudo recuperar el aliento. &lt;br /&gt;- Bah… ¡No tienes ni puta idea! – Rolf se lo pensó unos segundos.&lt;br /&gt;- Tienes razón: Tú lo sabes mejor. – El tono de Rolf se relajó, de la duda a una tranquilidad más honesta, y admitió no tener razón, sorprendiendo al turco. – De modo que quieres saber porqué he intentado mataros, ¿verdad?&lt;br /&gt;- Si eres tan amable… - El sarcasmo de Kurtz no apartaba la pistola de su cara ni un segundo. Un movimiento en falso y Rolf estaría lleno de agujeros. Al menos, si iba a morir, mejor joder a esos hijos de puta.&lt;br /&gt;- Os he descubierto. – Afirmó. &lt;br /&gt;- ¿Ah, sí? ¿Tan torpes hemos sido?&lt;br /&gt;- Casualidades, más bien. – Respondió ignorando el tono irónico del turco. – Aunque claramente, alguien como yo tiene que ser un perfecto estúpido para recibir la invitación de un turco para luchar contra Shin-Ra y no desconfiar.&lt;br /&gt;- Recuerdo que Paris dijo que te sentías… “Romántico”, cuando aceptaste. &lt;br /&gt;- Claro que sí. Uno siempre se siente melancólico cuando aprieta el gatillo contra alguien a quien… ¡Bah! – Bufó. – Que te vaya a contar como os descubrí no tiene que ver con esto. Esta historia es mía y solo mía. – Kurtz asintió, callándose para que prosiguiese. – Todo empezó a caer la noche que murió Darren, el hermano de Henton: Yo estaba jodidamente borracho, y Paris me llevó a su casa para que no tuviese que volver hasta aquí desde la Tower of Arrogance. Han dormía en la cárcel y tú volviste al cuartel de Turk para resolver lo que quedó del asunto de esos hijos de puta, como quiera que lo hicieses. &lt;br /&gt;- Tú no me preguntas, yo no te miento. – Kurtz no quería airear temas que consideraba privados de su vida como turco. – Sigue. &lt;br /&gt;- ¡Qué prisas! ¡Es mi canto del cisne! ¡Déjame llevarlo a mi ritmo! – Kurtz asintió, la pistola siguió quieta. – Ese día descubrí que Paris trabajaba para Shin-Ra, de modo que tú probablemente también estarías implicado. No tengo pruebas con Han, pero cuando le quise contar el asunto, me lo encontré con el PHS desconectado, y al no devolverme la llamada, asumí que se había reunido con vosotros, y mi hora se estaba acercando. Si él era un pringado fichado fuera, como yo, tendría que matarlo igualmente, las medias tintas no me servían.&lt;br /&gt;- Solo nos queda descubrir cuando confirmaste que yo era tu enemigo. &lt;br /&gt;- Esa me llevó dos pasos, los dos algo enrevesados, pero simples cuando puedes ver el puzle completo. Por un lado, en la habitación de Kowalsky, ese tal Fixer te hizo una pregunta muy concreta: ¿Existe el comandante Elfo Oscuro? Dijo confirmarlo, pero no compartió ese secreto con nosotros. La semana pasada, yo tuve un duelo, contra un hombre de mediana edad que disparaba con una precisión diabólica usando un rifle fabricado a mano, sin mira telescópica de ningún tipo. Un maestro, aunque bastante trastornado. En medio del duelo, perdió la paciencia y empezó a abrir fuego contra los transeúntes. &lt;br /&gt;- Luchasteis cerca del Mercado Muro, ¿verdad? – Rolf asintió. La noticia corría entre los rumores populares, pero Shin-Ra aún no había dado confirmación oficial, ni confirmaría ningún incidente de ese estilo con todo el asunto del estado de excepción en vigor. &lt;br /&gt;- De ese hombre me llevé una placa militar muy extraña: No tenía nombre, solo el tipo sanguíneo, y un apodo escrito: Pastor. En el reverso, estaba llena de pequeñas muescas y cortes. – La mirada de Kurtz se endureció, lo cual hizo sonreír a Rolf mientras avanzaba en su relato. – Me pregunté durante días que podían ser esas muescas hasta que me di cuenta: Palitos y puntos. Código Morse. &lt;br /&gt;- ¿Y que ponía? – Kurtz mantenía la cara de póker, pero no servía para engañar a alguien que ya tenía toda la información necesaria.&lt;br /&gt;- Ponía “99 Fantasma”. Existen miles de mentideros en la red de comunicación Shin-Ra acerca de esa unidad militar. Muchos de ellos leyenda, otros tantos más creíbles, pero casi todos coinciden en el nombre en clave de su líder: Elfo Oscuro. – Jonás negó con la cabeza, en un gesto que denotaba incredulidad. - ¿Puedo ver tu placa antes de morir, Kurtz?&lt;br /&gt;- No tiene sentido: Yo también he leído al respecto y la información es clara en otro punto: La unidad se creó para la guerra de Wutai y se disolvió a su fin. &lt;br /&gt;- Mentira. Si así fuese, tú no estarías haciendo black ops. ¿O me vas a volver a decir que las haces por un ansia de justicia social y defensa de los desvalidos? ¿eh? Venga… ¡Enséñame tu placa! ¿Cuál es tu nombre en clave? – Kurtz se recostó, sonriendo triste y vagamente.&lt;br /&gt;- Tigre…&lt;br /&gt;- ¡Que apropiado!&lt;br /&gt;- Pero te equivocaste, Rolf. – Dijo el turco. – Soy turco, porque tras la guerra, y tras la noventa y nueve, había conseguido una serie de habilidades por las que Shin-Ra estaba dispuesta a pagar bien, siempre que las usase con el uniforme adecuado. Yo estaba tan cabreado que solo pensaba en el día a día, destrozando a hostias cualquier cosa que se interpusiese en mi camino.&lt;br /&gt;- Seguro que sufrías mucho… - Se burló el tirador. – Rico y con carta blanca para mearte en los derechos de la gente. &lt;br /&gt;- Habló el asesino a sueldo de buena familia… &lt;br /&gt;- ¡Ouch! ¡Touché! &lt;br /&gt;- Mi vida se volvió una mierda desde que una mina de fragmentación me rajó la cara, y eso solo fue el principio de lo que ves. – Se señaló a las cicatrices con un gesto. – Pero no, Rolf. El mundo se va a la mierda, y aunque nadie lo sepa, yo voy a ser padre en cuestión de muy pocos meses. Semanas, apenas. No quiero para mi hijo la misma mierda que tuve que tragar yo, o que se quede indefenso si le falto algún día. &lt;br /&gt;- Realmente conmovedor… Lástima que no lo trague. &lt;br /&gt;- ¡Créete lo que te dé la gana! – Jonás se enfureció. - ¡No te dejaré vivir para que cualquier día me vueles la cabeza y no pueda conocer a mi hijo! Simplemente, Rolf, no puedo permitírmelo. - Rolf le devolvió una sonrisa triste, comprensiva.&lt;br /&gt;- Es lógico… Toda tu parte encaja, Jonás. Esa resignación, esa forma de asumir la violencia como algo normal que muestras cuando hablas de hacer operaciones sucias, o aceptas mancharte las manos… Yo he matado gente, y no es que esté orgulloso, pero conozco mis motivos y vivo con ello. - Levantó la vista, lentamente. - Pero tú, si es cierta la mitad de la mierda que circula sobre la noventa y nueve, te has follado a un país entero. &lt;br /&gt;- ¿Y que falla? – Preguntó incómodo. Ya había revelado más de lo que quería, aunque Rolf tuviese los segundos contados. &lt;br /&gt;- ¡Por favor! – Exigió indignado. – ¡Mi canto del cisne! ¿Recuerdas? – Kurtz hizo un gesto de disculpa, aunque evidenciaba que le daba igual. Rolf lo ignoró y se dispuso a proseguir. – Han está limpio. No tiene pasado en Shin-Ra, y aunque debería coleccionar denuncias por conducción temeraria, que saltarían a por él cuando lo cazaron la noche que murió Darren. Sin embargo, su historial delictivo está limpio como una patena. Probablemente Fixer estará detrás de eso. – Se recostó, regocijándose en su propia genialidad. – ¿No podrías darme agua? ¿O una de esas cervezas? Tengo algo de sed, de tanta charla. – Kurtz negó con la cabeza. - ¿Quieres oírme o no? – Esta vez el turco asintió, y su pistola ya no apuntaba a la cabeza del tirador, sino a su rodilla. – Entiendo: Eres un negociador implacable…  Bien. ¿Por dónde iba? – Kurtz alzó una ceja. Eso parecía ser la última señal. – Paris… Paris es el que no encaja.&lt;br /&gt;- ¿En qué? – Kurtz volvió a alzarse, interesado. &lt;br /&gt;- ¿Qué cojones es el “proyecto Balance”? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han esperaba aparcado en doble fila, a pocos metros de la puerta de casa de Rolf. Era noche cerrada, y llovía a cántaros. La lluvia era una experiencia poco habitual para un habitante de los suburbios, y al piloto lo frustraba enormemente no poder dar rienda suelta a sus ansias de probar al Fenrir con el desafío de un terreno mojado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ahí vienen… Los dos. – Murmuró Paris. Han se giró. Ante sus ojos, Rolf se estaba empapando. Llevaba un abrigo puesto, y otro sobre las manos, que llevaba juntas por delante. El piloto supuso que ocultaría unas esposas. Kurtz iba detrás. El coche solo tenía dos puertas, de modo que Paris tuvo que salir para que entrasen. Primero Rolf, y cuando el joven rubio se disponía a ocupar la otra plaza del asiento de atrás, Kurtz lo retuvo y entró él. Encogiéndose de hombros, Paris se sentó de nuevo en el asiento del copiloto, cerrando la puerta.&lt;br /&gt;- Arranca. – Han obedeció a Kurtz en silencio, incorporándose al tráfico. &lt;br /&gt;- ¿A dónde vamos?&lt;br /&gt;- A mi casa. Los cuatro. – Respondió Kurtz. El sonido de una pistola al ser amartillada acompañó a sus palabras. – Tenemos mucho de qué hablar. – Dijo mientras apoyaba cañón del arma en el respaldo del asiento de Paris.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-4989329299681751829?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/10/192_24.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">5</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-4891618582152720678</guid><pubDate>Thu, 15 Oct 2009 01:22:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-20T04:54:59.764+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">ESCRITOR: HACKSBITS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>192 (borrado)</title><description>Relato ilegal. Inclumple demasiadas normas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-4891618582152720678?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/10/192.html</link><author>noreply@blogger.com (HacksBits)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">7</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-4610949030341603024</guid><pubDate>Tue, 13 Oct 2009 20:07:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-13T22:30:55.464+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">ESCRITOR: ROKHSA</category><title>191</title><description>El sueño de Lazarus estaba siendo de lo más inquieto. No, esa no era la palabra, no ocurría nada que le pusiese nervioso, pero algo le decía que no iba a acabar bien.Se encontraba en una ciudad desconocida y había viajado en autobús. No sabía cómo había llegado hasta allí, pero segundos antes se encontraba en un enorme lago, en el centro de unas tierras vírgenes, repleto de pinos jamás vistos por el hombre.La pequeña barca en la que se encontraba tumbado, con el paso de los años visible en la seca madera y la pintura blanca desconchada, apenas provocaba ondas en el agua.La tarde, oscura aunque no hubiese empezado el atardecer, irrumpió el silencio con la furia de sus nubles plomizas. Un rayo atravesó toda la esfera celeste ramificándose como si intentase aferrarse a algo y detener su fugaz movimiento; el trueno apareció dos segundos después con tal violencia que los pinos parecieron apartarse temerosos de ser alcanzados por la tormenta.Lazarus sonrió y cerró los ojos. Cientos, miles, millones de gotas golpeando el liso y voluble espejo que era el lago, deformándolo y agitándolo suavemente. No era un mal presagio, realmente disfrutaba con ello, siempre le habían gustado las tormentas, siempre le llenaban de paz.Pero de repente no había lago, ni barca, ni tormenta ni nada. Acababa de llegar en autobús a una ciudad que no conocía. Así eran los sueños.Una puerta acristalada apareció frente a él, como si hubiese venido andando sola hasta aquél lugar. Entonces sintió un puñetazo en el brazo izquierdo y se llevó la mano contraria a la zona dolida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¡Au!-era la primera vez que hablaba en todo su sueño.&lt;br /&gt; -Venga hombre, que te quedas dormido.&lt;br /&gt;No sabía si estaba allí desde el principio o había aparecido igual que la puerta, pero a su lado se encontraba una joven (de unos dieciocho años calculó él). No sabía quien era, pero sentía que la conocía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¿Qué hacemos aquí?&lt;br /&gt; -¿Estás tonto? Pues ver esto-dicho esto ella le rodeó la cintura y apoyó la cabeza en su hombro.&lt;br /&gt;Un embriagador aroma a almendras y frutas silvestres pareció atravesar la barrera de la ensoñación e inundar el piso de Lazarus. La lluvia, ahora esto…El sueño estaba siendo de lo más vívido, como cuando te muerde una serpiente o cuando crees que te has caído de algún lugar. “Ese pelo castaño…Con sus rizos y su flequillo liso… ¿Acaso es una amiga o…?”&lt;br /&gt;En cuanto empujaron la puerta la escena cambió de nuevo. Ahora estaban sentados en una larga mesa, llena de estuches, botes de pintura acrílica y barras de carboncillo.&lt;br /&gt;Una luz de atardecer entraba por un enorme ventanal y caía directamente sobre ella, que jugaba con las suaves cortinas de seda roja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Me gusta este sitio, si al final te quedas…&lt;br /&gt;A la luz de aquél sol, era mucho más hermosa que antes. Sus ojos marrones parecían convertirse en miel y su sonrisa, más pura. La verdad es que el sueño se estaba volviendo bastante pasteloso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ah, estáis aquí.&lt;br /&gt;Igual que todo lo anterior, un hombre apareció de repente en la sala, con esmoquin, sombrero de copa y una máscara de porcelana cubriéndole todo el rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¡Oh,&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Lazarus&lt;/span&gt;! Cuanto tiempo.&lt;br /&gt;¿Lazarus? Pero si Lazarus soy yo ¿Quién es ese?”Entonces la chica corrió hacia él y le abrazó fuertemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo siento, pero Reyes es mía- dijo aquél extraño hombre. Llevaba máscara, pero estaba seguro de que en ese momento se estaba riendo tras ella.&lt;br /&gt;Comenzó a sonar un pitido. El despertador. El sueño comenzaba a diluirse y Lazarus iba recuperando la consciencia poco a poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Espera, eh, espera!&lt;br /&gt;Ya era demasiado tarde. Aquél micromundo se sesgó y desapareció para dar la bienvenida a la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Muy bien, veamos lo que habéis aprendido. Barrote número tres: ¿Cuántos son tres por tres? Número cinco… ¡Silencio!&lt;br /&gt;Sí, desde luego aquél calabozo me estaba afectando a la cabeza. Cuando no convertía a los barrotes de la celda en amigos imaginarios, jugaba con las piedras que había por el suelo.&lt;br /&gt;A falta de cualquier ventana o rendija por la que se filtrara luz, ya no sabía en qué hora vivía. Los dos primeros días me fijé en los cambios de turno que hacían dos jóvenes turcos, pero pronto los minutos se me hacían horas y las horas segundos. Lo que realmente me jodía es que me hubiesen arrebatado mi materia y no pudiese escuchar los pensamientos de la gente nunca más. Seguramente verían que estaba rota y la destruirían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¡Joder, siete y ocho! ¿Cuántas veces os tengo que decir que no se folla en clase?&lt;br /&gt; -Por todo el puto Mako de la ciudad… ¡Cállate ya!&lt;br /&gt;Frente a mí, al otro lado de las verjas, sobre una silla plegable se encontraba mi vigilante; un joven turco rubio de la última hornada que, como regía la moda, ya había costumizado su uniforme añadiendo bolsillos y abarrotándolos de cremalleras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¿Me das una chapa de Sephiroth si me callo?-le dije sentándome en una esquina.&lt;br /&gt; -Joder…-bufó él mientras yo seguía minando su paciencia- Casi prefiero que ese cabronazo de Kurtz me de una paliza a tener que aguantar a este gilipollas.&lt;br /&gt; -¡Jajaja!-la carcajada fue inevitable- ¿Te han castigado con la insoportable misión de aguantarme? Sabes, cuando yo era pequeño mi hermano me contaba cosas de su instrucción que harían que te hicieses cacota encima… A ti ni siquiera te han dado las llaves de la celda para que puedas pegarme.&lt;br /&gt; -Mira gilipollas de mierda-me chilló sacudiendo los barrotes desde el otro lado- Ahí fuera hay un estado de excepción que hará que te pudras en esta jodida celda mientras yo pueda ir por la calle y decir a una chica que me la chupe por el bien de Midgar. Puede que Turk sea ahora un saco de imbéciles, pero si yo me estoy convirtiendo en uno de ellos es para vivir de puta madre hasta que caiga el meteorito. Porque estoy seguro de que terminará cayendo. Y me da igual que no pueda pegarte, mañana ya no habrá nadie aquí, poco a poco se olvidarán de ti, hasta que un día encuentren tu cadáver descompuesto y digan “No sabíamos si era culpable o no, pero por lo menos ya no dará problemas”.&lt;br /&gt; -Lo sé…-dije yo con cierta melancolía. Las asquerosas palabras de ese pesudoturco tenían toda la razón del mundo-Lo sé y por no pensar en todo lo que he perdido al entrar en este zulo, me entretengo volviéndome loco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Pues resulta que mi tío iba ayer por la calle y vio a un amigo suyo con un tractor en una azotea. “Pero Pepe… ¿Qué haces ahí arriba?” y entonces le responde el otro… ”¡Sembrar el pánico!”&lt;br /&gt;Lazarus explotó con una gran carcajada. Ese tipo de chistes eran sus preferidos; escuetos y malos, pero te hacían reír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Oh, Axel, de verdad necesitaba esto-dijo secándose las lágrimas de los ojos- Mira que se te da bien la palabra, da igual que sean consejos o chistes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Para, para, que me voy a sonrojar. Aquí el que sabe usar la palabra eres tú, novelista.&lt;br /&gt; -Ya bueno pero…&lt;br /&gt;La puerta se abrió y dejó entrar a un ser canijo con bigote y una chupa de cuero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Eh, Sam, aquí-El aludido les reconoció y se sentó con ellos en la misma mesa.&lt;br /&gt; -Había unos cuantos SOLDADO en el sector siete, no sé qué harían por allí…Voy a pedirme algo.&lt;br /&gt;Esas cuatro últimas palabras activaron un radar interno que el dueño del bar había desarrollado. En cuanto Samuel entraba, su buen humor se iba al traste y no paraba de recordar las tres jarras de cerveza que ya había estrellado contra la pared en lo que llevaban de mes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¡Hasta que no me pagues las jarras no te sirvo nada!&lt;br /&gt; -¿Me lo dices en serio?&lt;br /&gt; -¡Como si fuese normal tirarlas contra la pared de mi local no te jode!&lt;br /&gt;Lazarus dio un gran trago a su cerveza mientras observaba la discusión. De verdad que no sabía por qué Samuel y él eran grandes amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¿Y entonces qué aparecía en ese sueño?-siguió con la conversación Absalon.&lt;br /&gt; -Si te digo la verdad ya apenas lo recuerdo. Estaba una amiga que tuve hace años y un enmascarado que me decía “Lo siento, pero es mía”. Parezco gilipollas contándote esto.&lt;br /&gt; -No hombre, si a mí esto de los sueños me fascina. Mira, yo lo veo así. Tú te sacaste la carrera de medicina, pero en realidad te habría gustado hacer ilustración, de ahí que soñases con una facultad de artes. Luego está la chica… ¿Pasó algo entre vosotros en el mundo real?&lt;br /&gt; -Lo intenté, pero no surgió nada…&lt;br /&gt; -Entonces está claro, simplemente necesitas un cambio drástico en tu vida.&lt;br /&gt; -Un… ¿Cambio?&lt;br /&gt; -Así es, hacer lo que siempre has querido. Yo por ejemplo, soy vago de cojones, pero odio la monotonía. Si normalmente me afeito dos veces a la semana, voy un día y decido dejarme barba. Si tomo la leche con café, una mañana decido tomarla con miel. Pequeñas cosas que me ayudan a evadirme de la rutina- Samuel se acercaba peligrosamente hacia ellos, así que Axel decidió zanjar el tema- Tú, en cambio, no eres vago, pero eres muy calmado, te has acomodado en una vida que aunque no te des cuenta, no te gusta. Por eso necesitas un cambio radical, algo que deje patas arriba tu aburrida existencia. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;"Saltar. Subir al cielo en espectáculo pirotécnico. Pasar de la línea recta a las curvas y a la fractalidad y caer como lluvia sobre la tierra, la mente y la red de las palabras&lt;/span&gt;."-Su amigo pareció saborear las palabras y continuó- No se de quién es, pero siempre me gusta decirlo.&lt;br /&gt; -Chicos chicos, el camarero me ha contado algo increíble-misteriosamente, el barman ahora se desternillaba de risa tras la barra y les saludaba con una cerveza en la mano. Nadie sabía cómo pero habían hecho las paces- Resulta que en la axila hay cierto tendón o algo así. Y las mujeres, al depilarse con cera, si lo hacen mal y se lesionan ese tendón… ¡Se les puede quedar una teta colgando!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -No malgaste palabras con este señor-dijo una voz grave y ronca que acababa de entrar en los calabozos.&lt;br /&gt; -¿Y usted es?-dijo el turco levantándose de la silla y alzando la ceja.&lt;br /&gt; -Tranquilo, me han dejado pasar, pregúntaselo a tus jefes si quieres.&lt;br /&gt;Eso le bastó al vigilante para volver a su silla sin rechistar. Yo estaba sentado en el suelo así que no tenía ángulo de visión. Se oyeron unos pasos, primero apareció una enorme barriga y luego la cara de mi gran amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¡Blackhole!&lt;br /&gt; -Richard Blachole Arranz, si te gusta más. Saludos mi preso amigo.&lt;br /&gt; -¡Qué has hecho con Lucille hijo de puta! Como la toques un pelo ten por seguro que iré a por ti.&lt;br /&gt; -Pero un pelo de la cabeza o…Porque he de confesarte que tu chica tiene un coño de lo más lindo.&lt;br /&gt;Al turco, que no se enteraba de nada, le pareció de lo más gracioso y se echó a reír a pleno pulmón. Yo perdí los estribos y me abalancé hacia Blackhole sacando los brazos por los barrotes. Mala jugada, ni siquiera me había fijado en que venía acompañado por uno de sus gorilas. El enorme guardaespaldas, de cabeza rapada y cara redonda, me cogió las manos y las bajó con tremenda fuerza hasta dar con el barrote horizontal. Sonó un choque metálico cuando mis codos golpearon el acero y mis brazos se durmieron momentáneamente. Luego dio paso a un dolor horrible que me llegaba hasta las manos, como si millones de hormigas mordiesen con afán mi piel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -No se quien eres, pero te lo agradezco-añadió el turco ofreciéndole la mano a Blackhole en un gesto de hombría y compañerismo.&lt;br /&gt;Sólo de pensar en lo que había dicho el jodido millonetis, sólo de pensar que Lucille estaba a su merced, obedeciendo tal vez a alguna de sus enfermizas perversiones…Eso me estaba doliendo más que el ardor en los brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Te mataré con mis propias manos, te lo juro…Te enrollaré alambre de espino en la polla y te mataré- No era una amenaza, me juré a mi mismo que eso pasaría.&lt;br /&gt;El semblante de Blackhole cambió y miró seriamente al turco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¿Puedes dejarnos un momento a solas?&lt;br /&gt; -Pero sólo si le dais una patada en los huevos de mi parte-bromeó el joven rubio mientras se iba con una sonrisa de tonto.&lt;br /&gt; -Bueno, bueno Yief… ¿Cómo has dejado que te metan en un sitio así?&lt;br /&gt; -Ya claro, como si tú no tuvieses nada que ver.&lt;br /&gt; -Pues si te digo la verdad, esta vez no he intervenido, no me conviene que estés encerrado. Verás, en una ocasión como ésta, el villano desvela todo su plan maléfico al héroe moribundo, pero en realidad yo no tengo ningún plan. Solamente te puteo-el guardaespaldas se rió bobamente y se sacudió la americana gris que llevaba- No recuerdo cómo te convertiste en mi pasatiempo favorito, pero es apasionante la de cosas que has sobrellevado. Lo de Tombside me sorprendió enormemente, la verdad es que si os hubieseis puesto de acuerdo, acabar conmigo hubiese sido fácil…El caso es que si sigues aquí yo me aburro así que haré algo al respecto.&lt;br /&gt; -¿Se la vas a chupar a alguien para sacarme de aquí?-no podía creer lo que me estaba diciendo. Yo, un puto juego de niños, un puto entretenimiento del que tiene dinero y tiempo suficiente para ello, una puta marioneta protagonista del show.&lt;br /&gt; -Hablando de chupar, No veas que bien lo hace Lucille- ya no sabía si lo decía para joderme o si realmente hablaba en serio. Quería pensar en lo primero- No me voy a andar con más rodeos. Dentro de unos días supongo que conseguiré sacarte de aquí, pero me seguiré quedando con Lucille, tendrás que ser tú el que vaya a rescatarla, cual princesa del castillo.&lt;br /&gt;Y dicho esto, el señor agujero negro salió de los calabozos para volver a su guarida del mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya estaba anocheciendo y los tres amigos se habían dividido para ir cada uno a su casa. Lazarus caminaba pensativo por las calles del sector 4. &lt;i style=""&gt;Subir al cielo en espectáculo pirotécnico. &lt;/i&gt;Sentía cierto miedo, pero la idea de cambiar le parecía cada vez más sugerente, más atractiva. Se volvería más jovial, más distraído, más despreocupado…Las farolas se encendieron de repente y dieron a la calle un tinte anaranjado. Sí, le fascinarían los amaneceres en vez de las tormentas y por qué no, dejaría de diseccionar cadáveres. Todavía era lo suficientemente joven para entrar en la universidad y estar en la onda. Se matricularía en bellas artes y conocería a mucha gente.&lt;br /&gt;Quería empezar ya con ello y como si fuese una señal divina, frente a él vio su primer indicio. Una chica, con el pelo castaño ondulado y ojos melosos paseaba por la calle alzando los brazos con un cartel: “Abrazos gratis”. Había visto lo mismo en una cadena de televisión, un experimento sociológico en forma de broma en la que una chica guapa ofrecía abrazos. Pero se sentía tan lleno de un sentimiento desconocido que le daba igual aparecer en la pequeña pantalla. Sí, porque uno de los primeros pasos sería perder la vergüenza.&lt;br /&gt;Llegó hasta ella totalmente decidido y la abrazó fuertemente, acercándola a él y elevándola ligeramente. Su melena olía a almendras y frutas silvestres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Gracias-dijo mirándola a los ojos. Se quedaron unos segundos así y luego Lazarus retomó su vuelta a casa agitando la mano- Gracias de veras.&lt;br /&gt;Sí, a partir de ahora saltaría y pasaría de la línea recta a la curva y después al fractal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Axel, te tengo que hacer un monumento-bromeó consigo mismo mientras pensaba en preparar la matrícula para la universidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su amplio piso, con la única luz del foco que usaba para iluminar a sus modelos, Alexandre, se colocaba su gorro de lana verde y una camisa del mismo color. En su bolsillo derecho, una bolsita con tabaco, en el izquierdo, mechero y papel de liar. Frente a él, en la baja mesa de cristal, descansaban los dos revólveres Archer&amp;amp;Grossman, con una materia mutis y una prisa en cada uno. Resopló un par de veces y se las llevo a las fundas que colgaban de su cinturón de cuero.&lt;br /&gt;Echó un vistazo a su último cuadro, reposando casi en completa oscuridad en un caballete. Había pintado todo el lienzo de negro y luego fue añadiendo los motivos. Una silueta completamente blanca ocupaba la mayor parte del cuadro y en ella se adivinaba las formas de una mujer saludando con la V de la victoria. Su melena al viento se se separaba cada vez más hasta poder ver cada uno de los cabellos, salpicados con más pintura blanca. A la mitad del cuadro, a la altura del corazón de la chica, había escrito &lt;span style="font-style: italic;"&gt;“Sry”&lt;/span&gt; con un tono bermellón.&lt;br /&gt;Se sentía tremendamente mal con Iris, pero tampoco aceptaba quedarse sin hacer nada así que optó por zanjar el tema cuanto antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Es hora de hacerse el héroe-murmuró mientras cerraba la puerta de su casa, sin saber si volvería a abrirla alguna vez.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-4610949030341603024?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/10/191.html</link><author>noreply@blogger.com (Rokhsa)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">7</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-8749330258879683048</guid><pubDate>Thu, 08 Oct 2009 04:10:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-09T17:58:47.709+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:MEPHISTO</category><title>190</title><description>Tres asaltos simbólicos representados por unos pitidos especialmente incómodos fue lo que duró el despertador digital antes de hacerse añicos contra el gotelé de la pared del dormitorio. Gruñendo y maldiciendo repetidas veces, su propietario se incorporó con movimientos torpes de la cama y examinó los restos del quinto reloj del mes, cuyo pedazo mas grande se veia adornado por un post-it en el que podía apreciar su propia letra formando la frase “Ni se te ocurra romper este, maldito capullo inutil”. Pensó con dificultad en la posibilidad de comprar alguno diseñado específicamente para resistir golpes, como uno que creía recordar haber visto en algún anuncio especialmente absurdo despues del telediario, pero la descartó rapidamente. Realmente era una buena forma, aunque algo cara, de desfogarse en un mal despertar. Tenía la seguridad de que si algún dia de los que se despertaba con ese humor no rompía algo antes de salir de casa lo haría con la mandíbula del primero que le pidiera la hora. Bastante tenía con aguantar todos esos sueños estrambóticos que parecían salidos de una alucinación propia de alguien que hubiera ingerido ácido. Prácticamente todos los dias se despertaba entre sudores con un torbellino de nombres e ideas que no eran suyas propias invadiéndole la cabeza. Sephiroth, Jénova, la corriente vital, ese coro de voces llamándole continuamente, el repentino deseo de partir hacia el norte…  Era francamente molesto. Con gestos perezosos, se incorporó y tiró de la cuerda que abría la persiana. Ni una sola rendija de luz natural se coló por la despejada ventana. Ni siquiera había amanecido y no se podían apreciar los únicos minutos en los que el astro rey iluminaría los suburbios de la ciudad con el desequilibrio económico mas grande del mundo, antes de desaparecer por encima de la placa para bañar de luz a todos aquellos a los que la vida sí sonreía.  Un ligero brillo rojizo se colaba por el borde de la placa, visible desde el apartamento bajo el sector 2 en el que se encontraba. No hacía falta estar muy puesto en actualidad para saber de donde venia. Venia de ese. Si, ese. Ese puto montón de roca espacial incandescente que el sabía que iba a impactar contra el planeta. Ese Sephiroth que  tanto le llamaba lo había invocado para destruir todo. Muy simpático el. Apartó la mirada de la ventana y, desprendiendose de sus calzoncillos, se metió en el baño rumbo a la ducha. Cinco minutos después el espejo le devolvía la misma imagen de cada mañana. El verde esmeralda característico de los ojos de SOLDADO se fundía con el marrón caoba que su madre le había otorgado. Se pasó la mano por su cabeza, donde unas pronunciadas entradas se dibujaban entre la ligera pelusa de su rapada cabellera. Un dia mas, pero todo sigue igual, se dijo a si mismo. Contuvo las ganas de golpear al clon que le devolvía la mirada mas allá de la delgada capa de plata y aluminio sobre el vidrio y volvió a su habitación, dispuesto a ponerse su uniforme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-  ¡Brunetti! ¡Nimasso! ¡Por la derecha! ¡Clover! ¡Ruhama! ¡Por la izquierda! ¡Spark! ¡Jeriel! ¡Guardad la entrada y no dejeis escapar a nadie! ¡Al menor movimiento comunicadlo! ¡Si os superan en grupo retroceded hasta la entrada! ¡Ninguno de los que estan  ahí dentro puede abandonar este puto edificio mientras su corazón lata! ¡Vamos allá!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los SOLDADO de 3º se desplegaron a una velocidad muy superior a la habitual de un humano a la orden del primera clase, empuñando sus espadas reglamentarias y maniobrando con agilidad por los estrechos pasillos del edificio. En la entrada, Johan escupió al suelo con amargura y se sentó apoyándose en la cara exterior de la pared, mirando con desgana la placa superior sobre su cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Johan, no seas capullo.&lt;br /&gt;- Tio, sabes tan bien como yo que nadie va a aparecer por esta puerta aparte de los otros cinco cubiertos hasta arriba de salpicaduras de sangre – Sacó de su bolsillo un cigarrillo y se lo puso entre los labios.&lt;br /&gt;- Como el capitán Grey se entere de que te has pasado la misión fumando sentado tranquilamente mientras el resto están luchando… - Daithi suspiró, estaba mas que acostumbrado a la actitud de su compañero y amigo, pero no podía evitar reprocharsela cada vez. Intentaba actuar como su conciencia, ya que la original parecía haberse tomado unas largas vacaciones.&lt;br /&gt;- De entrada,  el excelentísimo capitán Grey puede meterse su opinión al respecto por su perfecto culo de primera. Para seguir, esto no es una misión Dai, lo sabes perfectamente, es una puta masacre. – Encendió su cigarrillo y dio una amplia calada antes de continuar. – Ahí dentro hay diez personas, posiblemente desarmadas, cuyo máximo delito fué matar a uno de los nuestros tras que este hubiera aniquilado a unas quince o veinte personas mas.&lt;br /&gt;- El SOLDADO solo estaba defendiendose, la masa de gente se le echó encima.&lt;br /&gt;- Porque están desesperados joder. Son los putos suburbios del sector 8, no hace ni tres meses que un grupo de primeras enloquecidos carbonizaron a una comunidad entera. No quieren vernos ni en pintura, nos odian y no entienden que hacemos en Midgar mas que matarnos entre nosotros. Todo el mundo se está volviendo paranoico, hace tiempo que Meteorito dejó de ser un punto brillante en el cielo, ya es casi mas grande que el sol, y hay Armas vagando por el puto mundo causando estragos. La televisión y la prensa principal están manipuladas por ShinRa y no dan evidencias de peligro alguno, pero aquí abajo la gente lee el Midgar Lights, insilenciable y verídico casi en su totalidad. – Apartó la mirada de la placa, mirando directamente a los ojos de mako de su compañero.- He leido el informe de lo que pasó, el SOLDADO de marras debió pasarse de la raya con la Materia fuego y quemó practicamente toda una calle para acabar con uno de los locos. La gente no supo diferenciar entre cuerdo y demente y atacaron a aquel que vieron que destruía todo. Esto no es Le Renard Blanc, aquí estan las personas mas puteadas, pobres, amargadas y con el instinto de supervivencia mas desarrollado de todo Midgar. No quisieron matar a alguien gratuitamente, simplemente el miedo pudo mas que la pobre moral a la que estan acostumbrados. Y ahora van a ser masacrados por ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El silencio se adueñó de la situación, Daithi se fijó en un par de vagabundos que pasaban arrastrando un carrito al otro lado de la calle, no sabría distinguir si su mirada era de odio, de miedo o de una mezcla muy equitativa de las dos. Su compañero, ajeno a ellos, retomó la palabra con una voz que evidenciaba un cabreo en aumento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y ademas ese capullo de Grey, con el pecho tan hinchado por su nuevo cargo que no se como cabe en su puto uniforme de primera clase recien estrenado, va y reclama seis soldados para una misión de matar civiles. ¡Seis! Ese mariconazo podría destripar a todos los que hay dentro con un cepillo de dientes mientras se depila las piernas. Dos de nosotros nos sobraríamos para esta misión. No se como no se la han encargado a los Turcos.&lt;br /&gt;- Hay muy pocos Turcos ahora mismo, están reclutando nuevas remesas para solucionarlo. SOLDADO cuenta con bastantes efectivos actualmente, especialmente terceras y segundas.&lt;br /&gt;- Y precisamente por eso están ascendiendo a capullos como Grey. – Johan escupió nuevamente a su derecha antes de volver a dar otra calada de su cigarrillo y apagarlo contra el esputo. – Por favor, en que coño están pensando. Ese chico que subió hace unos meses a segunda, Alban, tiene mas cabeza que siete como él juntos. Grey no es mas que una puta mula que corta por la mitad lo que le pongan delante.&lt;br /&gt;- Pareces resentido con el tema de los ascensos, pero si no fuera por el reclutamiento masivo por el estado de excepción tu y yo seguiríamos siendo PM’s. – Daithi había sido compañero de trabajo de Johan desde hacía once años, cuando hicieron la instrucción juntos.&lt;br /&gt;- Sinceramente, no sabria decirte si lo preferiría.&lt;br /&gt;- No entiendo por qué, estamos en la élite de combate de la ciudad mas desarrollada del mundo, se nos respeta y se nos paga cuantiosamente, además de la fuerza que adquirimos gracias al Mako. ¿Recuerdas a ese tio tan prepotente que solia ir en nuestro grupo de acción cuando eramos PM? ¿William? Ayer le partió la cara un tio cualquiera al que retó en un callejón. ¿Qué razón hay para no ser SOLDADO? Es un privilegio que muy pocos alcanzan.&lt;br /&gt;- El Mako no solo da fuerza. A mi me da unas pesadillas de cojones.&lt;br /&gt;- Tu tambien lo escuchas, ¿No? Lo cierto es que ultimamente…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La frase fue interrumpida por el ruido que la ventana bajo la que estaban situados hizo al romperse. Una de las personas del interior del edificio había saltado por ella huyendo de la masacre que se estaba produciendo dentro. El hombre, de unos cuarenta años, cayó al suelo bruscamente pero consiguió levantarse con rapidez, ignorando el dolor por la adrenalina. Miró un segundo con  el terror reflejado en sus ojos a los dos SOLDADO, uno de los cuales se estaba levantando del suelo tambien. Sin pensarselo, salió corriendo a trompicones como mejor pudo. Su trote no duró mas de cuatro segundos, un fuerte ardor recorrió la espalda del desdichado y avanzó en su interior. La pobre victima pudo apreciar justo antes de que sus ojos se cerraran para siempre como la punta de una gigantesca espada salía de su pecho, atravesando su columna y la caja torácica. Johan Jeriel aguantó la espada en el mismo sitio soportando el peso del cadaver unos instantes, despues la sacó de su cárnica funda para devolverla a la original, en su espalda. El peso del cuerpo al caer fue bastante desagradable. Gruñó con desgana y volvió a su sitio, aunque esta vez no se sentó, solo se apoyó en la pared. Su compañero, siempre serio, le miraba sin mostrar mucha sorpresa, pero habló con su tono neutro habitual de todos modos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Por un momento pensé que le dejarías escapar.&lt;br /&gt;- Grey es un retrasado que no diferenciaría un bolígrafo de un consolador, pero ni siquiera el se creería que una persona normal y corriente hubiera podido escapar de dos SOLDADO, por muy de tercera que sean. Esto es mi trabajo, mi puto trabajo, nunca fue mas de eso. Que le jodan a la generala en su discurso de promoción con lo de “SOLDADO antes que persona”, que le jodan a Sephiroth y a su Meteorito, que le jodan al Mako, a la corriente vital y al puto mundo. ¿Salen de una jodida vez o qué? Quiero irme de este puto sitio ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día estaba resultando una auténtica tortura. Primero los suburbios del Sector 8, luego casi cinco horas de mierda patrullando los restos del Sector 7 en busca de un enloquecido de segunda que según el informe se le había visto sembrando el caos por ahí, para al final no encontrarlo. Despues de una pausa para comer de diez minutos llegaron las sesiones de Mako habituales y un entrenamiento extremo para los de tercera y segunda. Para colmo durante la parte del entrenamiento de lucha otro SOLDADO se había resentido al perder una pelea contra el y le había intentado atacar por la espalda al salir del ring, con la consecuente rotura de su tabique nasal al estrellarse el codo de Johan contra el. Como castigo por agredir a un compañero, le había tocado hacer guardia nocturna en el reactor numero tres, una tarea que normalmente les tocaba a dos o tres PM. Y ahí estaba el, recordando a su amigo hablar con cierto orgullo de que eran la flor y nata del ejercito de la mejor ciudad del mundo, mientras se encontraba en un trabajo propio de un vigilante de una empresa de seguridad de tres al cuarto. Atacó su cuarto café de la noche, luchando contra el sueño que poco a poco se iba haciendo mas evidente en su cuerpo. A sus treinta y dos años de edad, tenía que convivir dia a dia con miembros de SOLDADO mucho mas jóvenes que el, la mayoría monísimos de la muerte, con peinados estrafalarios y mas mako del que sus cerebros aguantaban. Realmente lo único que salvaba a su trabajo de ser una puta mierda aparte del dinero era la compañía de Dai, que a pesar de ser un tipo jodidamente serio y tranquilo había demostrado a lo largo de los años ser un buen amigo. No era el tipo de tio que amenizaba una velada, sino mas bien de los que calla, escucha y responde cuando le preguntan con cruda sinceridad. Eso a Johan no le importaba lo mas mínimo, casi lo prefería. Despues de todo, con los indecentes turnos de trabajo a los que le somentía SOLDADO poco tiempo podría tener para salir de fiesta, no hablemos ya de ganas. Un par de visitas semanales al foso para hablar con su amigo y apostar algo de pasta eran mas que suficientes para el. Si había algo que caracterizaba a Johan, aparte de su mal despertar, era el hecho de ser una persona de gustos sencillos. Ganaba una pasta mas que considerable, pero el seguía en el piso de los suburbios que había heredado de su padre, fumaba la misma marca de tabaco cutre de siempre y no tenía mas gastos que el de la televisión por cable y alguna prostituta de vez en cuando. Una vida algo decepcionante para una persona normal, y muchísimo para un SOLDADO, pero a pesar de estar en el cuerpo de élite del ejercito Johan se seguía considerando una persona normal, y se cagaba en todo aquel compañero de trabajo que se sintiera superior solo por poder matar mucho mas efectivamente que un ser humano común. Todo en el discrepaba con la actitud de un SOLDADO habitual, incluso el Mako le afectaba menos que al resto, sus ojos ni siquiera habían abandonado totalmente su color inicial.&lt;br /&gt;Un sonido metálico hizo levantar la vista al tercera del vaso de plástico que contenía el café. Guardando silencio, esperó a ver si se producían mas ruidos extraños. Y así fue. El ruido de unos pasos, totalmente inperceptibles si no se escuchaba con atención, avanzaba por el piso superior. Johan se incorporó, tomando el mango de su espada reglamentaria con su mano derecha, mientras con la otra se apoyaba en la mesa. Solo era una persona, a juzgar por la cantidad de pisadas y su frecuencia. Fuera quien fuera, estaba caminando por la sala del cableado auxiliar de energía, y eso solo significaba que no quería ser visto. Se fijó en el plano que había en la pared y se dirigió a la habitación por la que preveía que iba a salir el intruso: Una sala de operaciones para regular el flujo de energía. Subió las escaleras con celeridad, pero manteniendo el sigilo. Llegó a la sala casi a la vez de que las pisadas llegaran tras la puerta con el letrero de Alta tensión y un ligero sonido metalico empezara, signo de que se estaba forzando la cerradura. Johan desenfundó la espada y esperó a que terminara su labor, pegado a la izquierda de la puerta y escuchando atentamente por si llamaba a algún complice por el movil o desistía. Finalmente, con un ligero chirrido, la puerta se abrió, ocultando al SOLDADO de la vista del intruso. Con un rápido movimiento, Johan cogió el manillar y empujó la puerta de modo que golpeara al distraido. El sonido del golpe y un quejido evidenciaron la efectividad de la maniobra. Echandose a un lado, el SOLDADO bordeó la puerta y quiso poner la espada en el cuello del tipo, pero al verlo se sorprendió. La persona a la que había derribado era una chica que dificilmente superaría la veintena, la cual se tapaba con las manos la brecha que se había formado en su frente por el golpe y contenía las lágrimas de dolor. Esta le dirigió una mirada rápida y al ver su uniforme palideció. Pasaron así tres segundos, mirándose el uno al otro con incredulidad. Finalmente la chica reaccionó, llevandose la mano a la espalda. Johan fue bastante mas rápido que ella y le sujetó el brazo, retorciéndoselo para que soltara la pistola que acababa de agarrar. Ella gritó e intentó soltarse pero cuanto mas lo intentaba mas daño se hacía. Sin salir del todo de su estupor, Johan le arrebató la mochila a la chica y utilizó las esposas que colgaban de su cinturón para sujetarle las manos a la espalda por detrás de una tubería cercana, inmobilizándola casi totalmente. La chica no dejó de gritar e intentar resistirse en ningún momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡JODER! ¡Sueltame cabronazo! ¡Sueltame! ¡Pedazo de hijo de puta! ¡Un puto SOLDADO ni mas ni menos! ¡Me cago en tu puta madre sueltame desgraciado! ¡Que te jodan! ¡Vete a…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tanda de insultos se continuó a lo largo de varios minutos, tiempo en el cual avisó por radio al departamento de de investigación administrativa. Turk, para los amigos. En quince minutos llegarían dos miembros de la unidad a llevarsela. Vaya con la niña, pensó mientras volvía a mirar el contenido de la mochila. Un cargamento de unos diez kilos de explosivo unido a un temporizador, todavía sin activar. No era suficiente para volar un reactor entero, pero si lo bastante para dejarlo inutilizado una buena temporada. Examinó la pistola: Una Giordano. No tenia muescas en la boquilla ni arañazo o mancha alguna en la superficie, por lo que dedujo que debía ser muy nueva. Lo más probable es que la chica no hubiera pegado un solo tiro en su vida. Esta dejó de gritar, para pasar a sollozar entrecortadamente. Johan la miró y ella apartó la mirada, intentando no mostrar debilidad. Era bastante bonita, con el pelo rúbio ondulado cayéndole hasta los omoplatos y unas facciones muy agraciadas. Se preguntó que demonios llevaba a una chica tan joven y bonita a intentar dinamitar un reactor, enfrentándose a la compañía mas poderosa del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y ahora que? ¿Vas a matarme tú o lo harán los amigos a los que has llamado? – El llanto se transformó en una risa amarga. – Quedará genial en los medios de comunicación. Ya lo imagino. “Valiente miembro de SOLDADO impide una acción terrorista llevaba a cabo por un grupo de jóvenes trastornados. La única superviviente será ejecutada públicamente.”&lt;br /&gt;- Mira niña, no me toques los cojones. Has intentado cargarte el recurso energético de una octava parte de la ciudad de forma pésima y yo te he detenido. Solo estoy haciendo mi puto trabajo.&lt;br /&gt;- Oh, y estarás orgullosísimo de tu trabajo, ¿Verdad? “¡Mirad! ¡Ahí va uno de los salvadores! ¡Un héroe de Midgar!” – Dijo en un tono irónico, exagerando mucho los elogios. - Seguro que te haces pajas con la foto del SOLDADO de pelo canoso ese, Sefiros o como coño se llame y te corres cuando piensas en llegar a ser igual que el. – El llanto, la risa, o lo que fuera cesó. La chica le mostró una mirada tras los restos de las últimas lágrimas que evidenciaba un desprecio total. No le temía, no le odiaba, le veía como si fuera la cosa mas detestable, inferior y asquerosa del mundo. Johan empezó a cabrearse por la insolencia de la niñata, podría haberla cortado por la mitad y nadie preguntaría nada y lo único que hacía ella es provocarle y despreciarle.&lt;br /&gt;- Al menos no soy tan patético de intentar bombardear un reactor yo solo. ¿Qué esperabas? ¿Una alfombra roja hasta la sala principal? Mucho te debe poner el rollo antisistema para intentar imitar a unos terroristas asesinos tu sola, niñata de los cojones.&lt;br /&gt;- ¿Asesinos? ¿AVALANCHA? ¡Y una mierda! – La ira se apoderó de la chica, la cual retorció los brazos tras la columna y se zarandeó, sin resultado alguno. – AVALANCHA son las únicas personas que intentaron mover un puto dedo contra la injusticia y la tiranía en esta puta ciudad, ¡Y para acabar con ellos, pedazo de hijos de puta, destruisteis un sector entero! ¡Y me vienes llamándolos asesinos a ellos pedazo de comemierda mutante de los cojones!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto ya rozaba lo absurdo. La niñata tenía que tener heces de bégimo en lugar de cerebro para pensar que la mayor catástrofe en la historia de la ciudad había sido provocada por la compañía que la gobernaba. Se descubrió a si mismo discutiendo con una persona a la que sacaría mas de diez años y se calmó. Decidió dejar las cosas claras y no volver a hablar con tal idiota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mira criaja, no se que mierda de rumores has escuchado pero tienes que estar jodidamente mal de la cabeza para creertelos. No pienso seguir di…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cria en cuestión interrumpió su frase. Había empezado a reirse a voz en grito, una risa cruda, ligeramente forzada pero no del todo. Johan acabó de convencerse de que, realmente, tenía algun tipo de problema cerebral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Rumores! ¡Rumores dice! Dios… - Cesó su risa - ¿Asi que no sabes realmente para quien trabajas? Te lo voy a decir: Trabajas para la mayor puta panda de asesinos, manipuladores, tiranos, criminales, villanos e hijos de puta jamas existida: ShinRa S.A&lt;br /&gt;- Para empezar, no trabajo para ShinRa, trabajo para el ejercito que es independiente de…&lt;br /&gt;- ¡Oh si claro! Y es una puta casualidad de que el Presidente de esta nuestra bella y perfecta ciudad sea a la vez el directivo de la empresa mas poderosa del mundo, ¿Verdad? Vosotros, pedazos de mierda uniformada, no luchais por la justicia, no luchais por la ciudad, luchais por los putos intereses de una compañía. Y esa compañía no conoce límites a la hora de exprimir, ya sea a la energía del planeta como a cada puta persona que habite en este. ¿Quién controla los putos bancos principales, listillo? ¿Quién controla la economía? ¿Quién maneja los medios de comunicación? ¿Quién está al mando de la investigación y el desarrollo tecnológico mundial? ¿Quién está al mando de todas las putas ciudades de este planeta entonces? – Johan no supo contestar, se sentía estúpido frente a una jodida cria de veinte años - ¿Y que pasa cuando un gobierno se resiste a pasar por el aro? ¿Eh, calvorota? Te lo diré, provincia de Hanado, año 1992. ¿Te suena? En todos los medios de comunicación dijeron que Wutai empezó la puta guerra bombardeando un barco de nuestro gobierno. ¡Y todo el mundo se lo cree! ¡Una puta provincia que en su vida había querido saber nada del mundo y que se basa en tradiciones arcaicas, conceptos como el honor, la sabiduría y el respeto, ¡Y todo el mundo se traga que de pronto les ha dado por declarar la guerra a la ciudad mas desarrollada y poderosa del mundo! ¿Pero tu eres idiota? ¿En serio sigues creyendo que luchas por la justicia? No eres mas que el último puto tentáculo de la compañía que está matando al planeta y a la gente por el dinero, ¡Eres la puta espada en manos de el asesino mas despreciable que jamás haya existido y que deja que le metan Mako por el culo para hacerse mas fuerte y poder matar mejor! No eres un ser humano, eres escoria,  ¿Me oyes? ¡ESCORIA!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El corazón de Johan latía muy fuerte, no podía entender exactamente que le estaba pasando a su cuerpo, pero era como si acabara de encontrar el sentido a muchas cosas. Lo que esa chica estaba diciéndole no dejaba de ser una verdad detrás de otra, pero su cerebro simplemente nunca se había parado a pensarlo. ¿Sería realmente cierto? ¿Sería esa la razón por la cual odiaba su trabajo, su vida y era incapaz de ser feliz desde hacía tanto tiempo? Levantarse cada mañana y sentir como su vida no tenía mas sentido que el de trabajar matando a la gente que le mandaban, volver a casa, ver las noticias que la misma gente que le decía a quien matar dirigía, dormir y que todo volviese a empezar… ¿Cómo no se había planteado nada de esto antes? Pero algo seguía sin encajar…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero… - Tragó saliva, sin terminarse de creer la situación en la que se encontraba. - ¿Qué gana ShinRa derribando un sector entero de su propia ciudad?&lt;br /&gt;- De entrada acabar definitivamente con el grupo de personas que mas ha llegado a amenazarles jamás, y para seguir, los impuesto subieron casi un treinta por ciento para paliar los daños de la masacre y retirar los escombros. ¿Pero has visto tu alguna puta maquina excavadora en el sector siete? Claro que no… Ni la verás nunca. ShinRa se embolsa ese dinero constantemente, exprimiendo a las personas lo máximo posible, pero le importa una mierda lo que ocurre con los suburbios, no es mas que un estorbo para ellos ya que es donde ocurren mas problemas. Toda esa gente que murió en los suburbios, incluida toda mi familia, murió para que esos hijos de puta para los que trabajas tengan mas dinero. Igual que todos los muertos de la guerra, igual que todas las personas que murieron construyendo estos reactores … Solo seré una niñata con dinamita para ti, pero al menos he intentado hacer algo para parar todo esto, al menos moriré sabiendo que jamás podria arrepentirme de lo que he hecho hoy. ¿Y tu? ¿Puedes decir lo mismo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La respuesta era clara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No. No puedo.&lt;br /&gt;- Pues aún estás a tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Johan miró a los ojos de la chica. Fue como mirar a una mujer por primera vez en su vida. Se dio cuenta de lo que esa persona era realmente, era la verdad, la justicia, la lógica… Era mucho mas que una niñata con dinamita, esa chica era la realidad, la primera cosa auténtica que había visto en su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo te llamas? – No sabía por que lo preguntaba. Era como si acabara de despertar de un sueño, y estuviera intentando recomponer la realidad. Ella era lo primero que había visto, deseaba conocerla. La chica le miraba extrañada también, vió la duda en su mirada, en esos preciosos ojos mezcla de verde y azul.&lt;br /&gt;- Eve… ¿Y tú?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pudo responder, la puerta de la sala se abrió de golpe, dejando ver a dos individuos con el traje propio de Turk. El primero, que avanzaba hacia ellos, había personalizado su uniforme, de manera que unas cuantas cadenas colgaban de uno de los remaches de su pantalón para ir a parar a su bolsillo trasero. Carecía de corbata y su camisa, con el cuello levantado, estaba desabrochada hasta el segundo botón, dejando ver parte de su pecho decorado con un llamativo tatuaje que solo se veia parcialmente. La chaqueta estaba abierta, y era algo mas corta de lo habitúal. Tenía el pelo negro engominado hacia arriba y atrás sin estar excesivamente tieso, sino cayendo ligeramente. Unas gafas de sol fijaban el pelo en su sitio. Era atlético aunque bastante delgado, y caminaba con seguridad y una expresión muy seria en su rostro. Sin embargo, ni con un cartel luminoso habría llamado mas la atención para Johan que el segundo turco, el cual se había quedado apoyado en la puerta, con los brazos cruzados. Su uniforme era el estándar, sin modificación alguna, tenía el pelo corto y canoso, era extremádamente delgado y parecía perderse en el traje. Unas gafas oscuras de cristales redondos ocultaban su mirada, pero sabía perfectamente que estaba clavada en la suya, que le estaba escrutando, como si pudiera ver mas allá de carne y hueso, como si estuviera viendo sus ideas, sus sentimientos. Su complexión física parecía deplorable, como si fuera a romperse con tocarlo, pero la seguridad de su gesto, esa media sonrisa, esa presencia… Algo en ese hombre, que parecía un espantapájaros, le resultaba temible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Soldado de tercera Johan Jeriel? – El primero se le dirigió cuando hubo llegado a su altura. – Somos el agente Legendre y el agente Rookery. Le agradecemos su colaboración a la hora de detener a la terrorista, puede estar seguro de que sus superiores estarán al corriente de ello cuando termine de colaborar con nosotros.&lt;br /&gt;- ¿Cuando termine de colaborar? ¿Que se supone que tengo que hacer? – Eso no tenía ninguna lógica, Turk y SOLDADO no se llevaban especialmente bien, y no solian colaborar salvo que fuera estrictamente necesario.&lt;br /&gt;- Oh, detalles sin importancia, pura rutina si se me permite la apreciación… Espero que no tenga problema en acompañarnos y responder a unas cuantas preguntas sin importancia. Descuide, ya hemos avisado a una patrulla de PM’s para que cuiden del reactor en su ausencia.&lt;br /&gt;- ¿Algunas preguntas? ¿Sobre ella? Ya les he dicho todo lo que sé en el aviso de radio. ¿Desde cuando Turk necesita de testimonios de SOLDADO para este tipo de casos?&lt;br /&gt;- Verá, señor Jeriel… - El hombre mostró una ligera sonrisa – Me temo que no serán preguntas acerca de ella, sino sobre usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando Johan se dio cuenta de la cámara situada encima suyo, y de que su actitud respecto al discurso de la chica que ahora le miraba pidiendo auxilio no había sido precisamente la mas adecuada. Estaba jodido, estaba muy jodido.  Lo mas curioso de todo es que, de camino al coche de los Turcos, al pasar por delante del extraño hombre de pelo canoso, lo único en lo que podía pensar es que aún no le había dicho su nombre a la chica.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-8749330258879683048?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/10/190.html</link><author>noreply@blogger.com (Mephisto)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">7</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-3763100771283195255</guid><pubDate>Wed, 30 Sep 2009 01:12:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-02T05:33:41.994+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:UKIO</category><title>189</title><description>Los neones iluminaban la noche bajo la placa, entre el ruido de los coches. El tráfico era más o menos denso, especialmente el peatonal. Miles de almas salían de trabajar o entraban, en los duros turnos de noche.&lt;br /&gt;Tomgha caminaba con gesto compungido a su lado mientras Henton recorría los callejones de los suburbios, frotándose un cardenal en la mejilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tío... - Dijo Tomgha, viendo que Henton lo estaba mirando de forma inquisitiva, mientras apoyaba una botella de agua fría en su moratón. - ¿Realmente era necesario pasarse tanto?&lt;br /&gt;- ¿Pasarse?&lt;br /&gt;- Henton, la patada en la boca del estómago ya fue muy fuerte, pero esos dos puñetazos al caer ya sobraban. - Henton no respondió. No era dado a las quejas sobre su modo de combatir. Peleaba y punto. - ¡Joder, con lo guapa que era!&lt;br /&gt;- ¡Yo no empecé, tú lo viste! - Se defendió el luchador más grande. - Llegué, pedí el plato que me dijo Iván que pidiese y ella se abalanzó sobre mí como una zorra histérica.&lt;br /&gt;- Henton... El "plato" que pediste era la momia de la puta bruja de su abuela en salsa agridulce.&lt;br /&gt;- ¡Yo no hablo wuta...! Wu... ¡Ese idioma! ¡Yo me pego con la gente y punto! &lt;br /&gt;- Y lo hiciste maravillosamente, si quieres mi opinión, pero vamos... Llevamos una noche que... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su conversación se interrumpió cuando una niña de apenas diez años de edad chocó con Henton al girar una esquina. Cuando levantó la cabeza, buscando el rostro del hombre con el que había chocado, se encontró con un mastodonte que desde donde ella miraba, parecía capaz de tocar la placa solo con alzar el brazo. Tomgha también parecía asustado, y se temió lo peor cuando Henton se agachó, sujetó a la niña por las axilas y la levantó sin ningún esfuerzo visible. Miró de frente a la aterrorizada pequeña, mientras con un índice duro y rugoso, que acababa en un magullado nudillo, le apartó el pelo rubio de la frente, antes de posarla en el suelo con delicadeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vé con cuidado - Le dijo, y la vio marchar correteando por las calles. Tomgha esperó a que acabase de alejarse, antes de hablar.&lt;br /&gt;- Realmente estaba convencido de que ibas a pegarle a ella también. - La mirada de Henton le dejó claro a quien le acabaría pegando su amigo, si decía algo más al respecto. - ¡A mí no me mires así! ¿Cuantos van ya? El viejo santurrón que hacía yoga, la camarera del restaurante oriental, el operario de la factoría del sector ocho, aunque ese no me importó mucho, ya que era tan grande como tú... &lt;br /&gt;- El loco que me mordió.&lt;br /&gt;- Si, ese, que también es mala suerte. - Dijo recordando como ese tío tan raro había saltado sobre Henton, que se libró de él lanzándolo lejos. Cayó sobre un cartel de neón, electrocutándose gravemente. Ya parecía bastante perturbado antes, y no parecía que eso fuese a ayudar. En cualquier caso, la pelea había quedado zanjada en ese momento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno... ¿Ahora que toca? - Preguntó Henton, extrañando a Tomgha, acostumbrado a los silencios taciturnos de su compañero.&lt;br /&gt;- La casa de...&lt;br /&gt;- ¡Alto! ¡Vosotros dos! - Ambos se giraron hacia el hombre que los increpaba. Un soldado corpulento, rubio, con el pelo cortado al cepillo, aunque más largo de lo normal. Llevaba el casco bajo el brazo, y lo dejó en una de las mesas de una terraza, donde su compañero estaba acabando una caña, en un descanso al acabar la ronda. - ¿No sois mayorcitos para jugar a los médicos con niñas?&lt;br /&gt;- No pretendíamos nada, agen... - La inmensa manaza de Henton se había interpuesto ante el pecho de Tomgha, haciéndolo callarse.&lt;br /&gt;- ¿Un soldado que bebe de servicio me reprende por decirle a una niña que tenga cuidado por donde va?&lt;br /&gt;- ¿Que coño sabes tú que estoy de servicio? ¡No lo estóy, payaso! ¡Y eso significa que puedo partirte la cara sin ningún tipo de problema!&lt;br /&gt;- William... - Dijo su compañero llamando a la calma.&lt;br /&gt;- ¡Cállate, Charlie! Me toca los cojones esa gente que se cree que por ser grandes y estúpidos como animales de carga, puede ir por ahí avasallando.&lt;br /&gt;- Dijo el tío que pretende abusar de autoridad... - Henton se giró hacia su amigo. - Tommy, ¿qué hora es?&lt;br /&gt;- Las diez. - Respondió este, adivinando sus intenciones.&lt;br /&gt;- Si lo crujo rápido, podremos estar antes de las once y media en el sector uno. - A sus espaldas, Tommy veía como el militar se le acercaba. Se había quitado la guerrera, y llevaba solo una camiseta de tiras, mientras alzaba los puños.&lt;br /&gt;- ¡Cuando quieras, niñato! ¡Te voy a enseñar el estallido sónico que se hace al romper la barrera del sonido!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A una señal del compañero del militar, algo menos corpulento que él y más discreto, caminaron hacia el callejón que había tras la taberna de la que habían salido los soldados. En ella convergían las escaleras de incendios de dos edificios, así como la salida de humo de la cocina de aquella taberna, hecha al estilo de Mideel. El soldado más tranquilo, al que habían llamado Charlie, se había quedado en segundo plano, vigilando que Tomgha no interfiriese, mientras que el tal William se estiraba.&lt;br /&gt;Henton estiró brevemente las muñecas y sacudió los brazos para estirar él también, apartándo su pelambrera rebelde de sus ojos, mientras avanzaba hacia el militar. De repente, su rival se abalanzó sobre él corriendo, con un ímpetu que hizo retroceder al luchador. Pese a su rapidez de reflejos, pudo sentir como la bota de su adversario pasaba rozando su barba en una trayectoria ascendente. El tipejo, pese a ser grande, le había intentado patear la barbilla dando una voltereta hacia atrás.&lt;br /&gt;Henton no esperó al siguiente golpe, y cargó con el hombro contra el militar mientras caía, pero este ya esperaba la represalia al haber fallado el golpe. Sin embargo, Henton logró descolocarlo con el ímpetú de su carga, levantándolo y lanzándolo contra una de las paredes. &lt;br /&gt;El militar fue rápido, y aunque el golpe contra los duros ladrillos lo dejó sin aliento, logró apartar la cara antes de que el pie de Henton la convirtiese en un sello. Se incorporó para responder, pero el luchador ya había vuelto a alzar la guardia. &lt;br /&gt;El tal William empezó a lanzar puñetazos contra Henton, para hostigarlo, siempre con los puños en alto, e intercalando alguna patada de vez en cuando. Dio un empujón a Henton que no acabó de desplazarlo y se agachó para intentar un barrido con todas sus fuerzas, que tuvo el mismo efecto que patear una tubería de hormigón incrustada en el suelo. &lt;br /&gt;Su maldición sabía a polvo y a goma. Proyectado por la patada que le acababa de hacer saltar media dentadura, cayó al suelo aturdido, mientras Henton saltaba sobre él. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quien cojones es tú amigo? - Preguntó a Tomgha el tal Charlie.&lt;br /&gt;- Un luchador profesional. &lt;br /&gt;- Siempre le dije a William que esto acabaría por pasar. &lt;br /&gt;- Ya...&lt;br /&gt;- ¡Ni ya ni pollas! - Su exabrupto sorprendió al sparring. - ¡Debería deteneros por agredir a un PM, pero al menos William dejará de tocarme los huebos un buen tiempo! ¡Coge al luchador e id los dos a tomar por culo ya!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Teníamos que ir andando...&lt;br /&gt;- ¡Deja de insistir, maldito gorila sin cerebro!&lt;br /&gt;- Pero es que es verdad... ¿Para que vamos a ir sentados? &lt;br /&gt;- Para ir más rápido&lt;br /&gt;- Tenemos tiempo de sobra.&lt;br /&gt;- ¡Mira Henton! - Tomgha lo encaró, pero al ver que había llamado la atención del resto de pasajeros decidió controlar el tono y ser más discreto. - ¡Le partiste la cara a un sargento! ¿Creías que nos íbamos a ir tan felices?&lt;br /&gt;- Joder, si él lo buscó.&lt;br /&gt;- Su palabra contra la tuya, y estamos en pleno estado de excepción. - Henton volvió la vista al frente, pasando su inmensa manaza por entre su nuca, desenredando su pelo revuelto y rebelde mientras parecía recapacitar sobre lo que había hecho. &lt;br /&gt;- Siento haberte metido en líos, Tommy.&lt;br /&gt;- No pasa nada... Céntrate. Tenemos que cobrar una deuda, así que deberías descansar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vaho era insufrible, en el distrito oriental del Sector 1. La casa de baños parecía estar abierta las veinticuatro horas del día, con la opción de ser atendido masajistas exóticas, atractivas y amables, con la posibilidad de que la propina adecuada lo llevase a uno al anhelado final feliz. &lt;br /&gt;Henton miraba distraído los elaborados tatuajes que lucían muchos de los usuarios de los baños. Había oído que en Wutai prohibian acceder a baños públicos a gente tatuada, de modo que supuso que ese baño se había centrado en esa clientela para asegurarse clientes fijos.&lt;br /&gt;Era cierto que los clientes eran fijos, fuese por las masajistas, por lo agradable que era el lugar, o porque a veces su función era más de empleados que de clientes. &lt;br /&gt;El inmenso luchador caminaba entre miradas suspicaces y gestos torcidos, siguiendo a una hermosa asistente que lo llevó hasta un compartimento privado del local. Llamó con los nudillos al marco de madera de la puerta de papel y se fue, tan rápido que ambos luchadores sospecharon. &lt;br /&gt;El señor Edmond Horuichi debía de pesar cerca de los doscientos kilos, pero sus andares no eran los torpes y bamboleantes pasos de un simple gordo, sino las zancadas firmes y seguras de alguien fuerte e impetuoso. Tenía el pelo recogido en una especie de moño, y su mandíbula era tan ancha que parecía capaz de masticar una sandía entera. Sus ojos se posaron sobre Tomgha, visiblemente decepcionados, pero cuando vio a Henton empezó a sonreír con hambrienta malicia. Luego, tranquilamente, deslizó la ligera puerta, cerrándola en las narices de los recién llegados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hay que entrar... - Murmuró Henton. - Hay que cobrarle la pasta. &lt;br /&gt;- ¿Era mucho? - Preguntó asustado Tomgha.&lt;br /&gt;- Unos diez mil guiles. &lt;br /&gt;- No es suficiente.&lt;br /&gt;- Hay que entrar. - Resolvió Henton, y caminó hacia la puerta con paso firme, abriéndola de forma brusca. Al hacerlo, pudo ver como el mastodonte oriental cargaba hacia él, inclinando la cabeza a modo de ariete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ivan Quouhong acababa de tumbar a otro sparring. Espoleado por la presencia de su protegido, Henton, sentía la necesidad de recuperar su estado de forma de antaño. Interrumpió su sesión de entrenamiento para atender al teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué tripa se te ha roto, Tommy?&lt;br /&gt;- Es Henton, señor... Llevamos toda la noche partiéndonos la cara con gente rarísima y...&lt;br /&gt;- ¡Ya se que os estáis partiendo la cara con gente rara! ¿Para que cojones creéis que os envié? - El mafioso sujetaba el teléfono delante de su cara y gritaba a pleno pulmón.&lt;br /&gt;- Bueno, pero es que este es muy grande. Debe de pesar doscientos kilos, por lo menos.&lt;br /&gt;- ¡Pues que le pegue doscientas veces! ¡Y quiero mis quince mil!&lt;br /&gt;- Eran di...&lt;br /&gt;- ¡Quince!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tal Edmond sonreía anticipando su victoria: Había levantado al esbirro de Quouhong y le estaba aplastando las costillas sin piedad con un abrazo del oso. Tenía la cabeza hundida en el esternón del esbirro y apretaba con fuerza, por eso no lo vio venir. Los dos puños de Henton estallaron contra sus orejas, haciendo que casi le estallase el cerebro. Intentó resistir, pero Henton volvio a golpear y aprovechó el aturdimiento de su rival para zafarse de su agarre y retroceder un par de pasos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Diez. Mil. Guiles. - Dijo con seguridad, esforzándose en recuperar el aliento. - ¡Ahora!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edmond Horiuchi gruñó enfurecido y se volvió a lanzar a la carga, pero Henton esta vez lo estaba esperando. Tal y como esperaba, el mastodonte agachó la cabeza en el último segundo de su embestida para goplear con más fuerza, y Henton aprovechó ese momento para darle un rodillazo en pleno salto, incrustándole la rótula en la nariz. La carga perdió fuerza, aunque empujó a Henton, que en su caída golpeó con el codo en la cabeza de su adversario justo cuando Tomgha volvía a entrar en el reservado de la casa de baños. Henton sostenía a su rival por el cuello, contra la pared, y se estaba cebando con su cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Henton, dice Ivan que ahora son quince mil...&lt;br /&gt;- ¡Pago! - Gritó el hombre. - ¡Pago, pefo que be defe decoged bid diedted! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Última parada... - Suspiró Tomgha. - Y mira lo que toca. - Henton tomó la lista que Ivan les había dado. En su habitual silencio taciturno, empezó a sonreir, y su sonrisa poco a poco se fue agrandando hasta convertirse en una inmensa carcajada. Tommy acabó por contagiarse de ella, y al final estaban ambos en medio de la calle, en los suburbios, en el barrio oriental, partiéndose de la risa en medio de prostitutas, trileros, pandillas y algún que otro cabecilla local que los miraba como si estuviesen locos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En silencio, ambos miraban la entrada de un local público que se alzaba en el sector seis de los suburbios. Su calle desembocaba en el célebre Mercado Muro, y a lo lejos podían ver su bullicio y sus luces. Ante el local había una moto cara aparcada. &lt;br /&gt;En la puerta del local, se leía claramente en varios idiomas: Dojo Gouken. Henton cruzó la puerta, seguido de Tomgha. Cruzó la puerta y subió unas estrechas escaleras hasta llegar a un piso superior despejado, donde una multitud de tidas kas edades se esmeraba en practicar karate, golpeando sacos de arena o unos contra otros. Al fondo, un anciano de barba blanca y cuerpo bien mantenido observaba el entrenamiento de los que parecían ser los dos mejores alumnos: Uno de ellos era oriundo de Wutai. Tenía el pelo corto, y una cinta de color rojo en la frente. Su kimono blanco estaba muy deslucido y gastado por el uso. Su oponente, que compartía con el anterior la forma atlética, tenía el pelo rubio y largo, y los ojos azules. Parecía oriundo de Midgar. Su kimono era de color rojo. Cuando el luchador se acercó a ellos detuvieron su entrenamiento para mirar con curiosidad al tio tan raro que se acercaba. Henton estaba erguido, y los miraba con una plácida sonrisa en su rostro. En cada centímetro de piel visible lucía algún tipo de herida o hematoma. Su sudadera, gris, estaba deshilachada y habían saltado un par de costuras, por las contínuas trifulcas, sus pantalones de chandal también estaban machacados, con una salpicadura de sangre en la rodilla que había incrustado en el rostro de su último rival. Sus deportivas estaban desgastadas y salpicadas de sangre. Tenía el pelo revuelto y la barba descuidada, y los miraba como si todo fuese una especie de broma extraña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Er... Hola. - Dijo Henton tímidamente. - Verás, vengo de parte de Ivan Quouhong. Tengo apuntado un recado en wutaico y probablemente será un insulto para provocar una pelea, así que... Vamos a saltarnos los preeliminares: ¿Uno por uno o venís los dos a la vez?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-3763100771283195255?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/09/189.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">8</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-1530774078162902322</guid><pubDate>Tue, 01 Sep 2009 00:44:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-09-16T02:23:12.679+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">avisos</category><title>Descanso por exámenes 1-15 de Septiembre del 2009 (Terminado)</title><description>Es bien sabido que muchos tenemos exámenes por estas fechas, fiestas del pueblo o lo que sea, de modo que como ya se hizo en navidades, voy a declarar un descanso oficial voluntario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A diferencia de lo que hicimos en navidades de parar la maquinaria y punto, vamos a hacer un pequeño experimento: El descanso es voluntario. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto se va a llevar de la siguiente forma: Todo aquel que tenga un turno en la lista, puede acogerse al descanso pidiéndolo en los comentarios de esta misma entrada (aparte de opinar o sugerir, evidentemente, que los comentarios están pa lo que están). &lt;br /&gt;Entonces, todo aquel que NO se haya acogido, escribe YA, saltándose los turnos de los que descansen. Eso significa que si no queda nadie que no descanse y tú quieres escribir, pides turno y te pones a ello.&lt;br /&gt;La única excepción es que no puedes aprovechar esta regla para tener dos turnos seguidos (no importa que seas veterano o no. Solo puedes tener turnos consecutivos si los turnos que hay entre los tuyos se modifican). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si alguien se acoge al descanso no tiene porque estar inactivo hasta el día 15, sino que puede volver al estado activo cuando le dé la gana. El único límite es que no toquéis los huevos: Si vuelves, se entiende que lo haces de forma definitiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por último, creo que no es necesario decirlo ya que Azoteas se rige por la norma absoluta del colegueo, pero no useis el descanso para alargar malintencionadamente un turno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin más, creo que queda todo dicho. Los turnos de los que descansen se marcarán en la lista. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ukio, creador de Azoteas de Midgar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-1530774078162902322?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/09/descanso-por-examenes-1-15-de.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-7686193560171875438</guid><pubDate>Thu, 27 Aug 2009 19:17:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-08-28T03:38:06.803+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor: SKEITH</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><title>188</title><description>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:90%;"&gt;&lt;strong&gt;-… Y esa es la manera más satisfactoria de llevar a cabo el proceso. Te lo aseguro, si Leman tuviera realmente idea de cómo hacer su trabajo y de lo que tiene en su departamento, hacía ya tiempo que me habría ascendido.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La diatriba de Metroy siguió un rato más, mientras Elliot Rigar se echaba hacia atrás un mechón castaño bastante rebelde y trataba de concentrarse en sus exiguas, y excesivas a un tiempo, obligaciones. Exiguas, porque no eran realmente nada para él. Excesivas, porque era lo único que llenaba su horario de trabajo, y pasada la primera hora de labor ya sólo era capaz de distinguir las cifras y datos del monitor y de hacer las cosas por hábito puro y duro, mientras sus pensamientos divagaban en los profundos socavones que rodeaban su vida. Las escasas veces que se levantaba para controlar la cámara de refinamiento o para revisar una materia defectuosa llegada desde otro departamento le devolvían la vida a sus piernas, pero su mente se veía poco o nada reanimada por la decena de pasos escasa que separaban su puesto de la máquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella mañana se antojaba especialmente dura. No sólo porque Dylan Metroy, uno de sus “compañeros”, le estaba calentando los cascos con el resultado de una reunión a la que había asistido como ayudante de la señorita Leman, sino porque además había llegado tarde, con el consiguiente sermón de la jefa, siempre puntual como un reloj y exigente para con el resto en ese tema. Todo por un problema en las vías del tren, no por su causa. Amargamente, Elliot se preguntó si no sería también puntual a la hora de hacer el amor, y si pasados dos minutos le sonase una alarma interna que le hiciera detenerse para fumar, dormir, o lo que demonios hiciese después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Y eso suponiendo que alguien se la haya tirado alguna vez… Si ahora es como es, cuando su cara sea la de una vieja arpía tendrá ya un master en vuelo con escoba&lt;/em&gt;, pensaba amargado. El hecho de que a sus cuarenta y pocos años Leman ya aparentara cerca de cincuenta era muy poco consuelo para él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-… Te lo aseguro, es algo genial. Cuando les presenté sin darme cuenta esta hoja junto con los datos de evaluación de la semana pasada creyeron que era algo mío, se sintieron intrigados y me pidieron que les explicara lo demás. Les dije que no podía hacerlo sin más, que necesitaba del resto de mis notas para hacerlo más gráfico y que se entendiera mejor. Ellos me dijeron que de acuerdo, que para la siguiente reunión. ¿Te lo puedes creer? Claro que es normal. Tratándose de mí, no me sorprende que creyeran que era idea mía. Y eso que si no fuera por este papelito que encontré tirado en el suelo, nunca se me…&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El científico ya se estaba hartando de seguir el juego a Dylan, mientras se lanzaba flores a sí mismo. Estaba deseando que se largara, que dejara de recordarle indirectamente sus propios y fallidos intentos, o las ganas de mejorar siquiera un poco su situación laboral; pero seguía aguantando. Ya tenía bastantes problemas. Elliot levantó un poco la cabeza, lo justo para parecer interesado, o al menos cortés, y vio el papel que Dylan sostenía. Sus ojos azules se abrieron mucho de repente, quitándole de la cara su aspecto aburrido y cambiándolo por otro: completo estupor. Notó la boca reseca como la misma arena de un desierto, y se le quedó entreabierta, como si estuviera extasiado. Naturalmente no era precisamente éxtasis lo que sentía. Eran demasiadas cosas a la vez. Primero sorpresa, seguida de confusión. Luego algo le apretó las entrañas con fuerza, y supo que era angustia. Lo último que sintió fue ira y esa ira se llevó todo lo demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había reconocido a la perfección aquel escrito. Era parte de su proyecto, ese que guardaba en el fondo del cajón. Ese que nunca vería la luz, porque, ¿cómo iba a lograr que alguien se interesara por ello? Para alguien de su cargo, era imposible hacérselo llegar a alguien que realmente pudiera darle luz verde para realizarlo, y la estirada de Leman tenía un eslogan, uno de sus muchos conjuros de bruja: si funciona, ¿para qué cambiarlo? Ella nunca admitiría un cambio, y por supuesto tampoco accedería a enviárselo a alguien que pudiera hacerlo. Así pues, aquel plan concienzudo, revisado y teóricamente eficaz estaba destinado a permanecer sin aplicación alguna, acumulando polvo y haciendo de amarillenta alfombra para otros documentos en el interior de aquel cajón. Y ahora una parte aparecía de la mano de Dylan Metroy, que había sido capaz de presentarlo en una reunión, hecho que le había valido el interés de los asistentes. Un interés que no merecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo, en nombre de todo lo sagrado, era posible que Metroy tuviera aquel fragmento? El primer impulso de Elliot fue analizar sus palabras. Decía que lo había encontrado en el suelo. Era posible: el cajón tenía más usos que ser un vertedero de ideas irrealizables. Podía haberse caído al coger otro documento. El segundo impulso fue considerar la afirmación de Dylan una mentira. Era imposible. Con toda seguridad aquel pedante había aprovechado un descuido o un momento en la cámara de refinamiento para echar un vistazo por sus cajones en busca de algo interesante o simplemente para gastar una broma. Si aquel había sido su propósito, la broma era más pesada de lo que Elliot estaba dispuesto a tolerar. Estaba a punto de saltar, cuando Dylan siguió hablando. Dylan siempre seguía hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-¿Sabes? Es una pena no encontrar algo más con que acompañar este documento. No sé de quién es, pero no me importaría ayudar a su dueño con los peces gordos, ahora que me han dado pie a ello, te lo aseguro. Ya me entiendes, si ellos se mostraron sorprendidos al verlo, es que no se lo había presentado nadie aún. Ahora que tengo su atención, yo podría presentarlo en otra reunión al completo, ver qué les parece y dividir el mérito y los beneficios del proyecto entre ambos. La pena es que sin saber a quién pertenece, no tengo nada…&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elliot hizo lo posible por calmarse sin hacer evidente la debacle emocional que le estaba atravesando. Cuando lo logró y recuperó algo de lógica, se dijo que Dylan debía haber encontrado realmente aquella parte de su proyecto o no lo comentaría tan a la ligera. Ni siquiera parecía que intentase hacerse el listo, o que le estuviera diciendo todo aquello consciente de que él era el padre de aquella idea. Su manera de hablar indicaba que estaba claramente entusiasmado con la perspectiva de un aumento o incluso de un ascenso gracias a su buena suerte, y que seguramente no dividiera nada con nadie, pero también denotaba que estaba en un callejón sin salida. Sin la colaboración del dueño del documento no tenía nada. Elliot recordó vagamente a Dylan yendo de un escritorio a otro y hablando con la gente. Cabía la posibilidad de que se hubiera pasado la mañana esquivando a Leman y comentando con el resto de compañeros. ¿Esperaba dar con el creador de aquellas notas así?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-¿Tienes tú idea de quién puede ser el dueño, Rigar?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elliot se sobresaltó ligeramente. Miró a Metroy. Parecía completamente sincero en su pregunta. Bajó un poco la cabeza, apartando de nuevo el mechón rebelde, se quitó las gafas que usaba para trabajar y miró de soslayo al monitor. Quería dar la impresión de estar pensando, y era bueno en ello desde hacía tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro que sabía quién era el dueño. Y sabía también que quería recuperarlo. Fugazmente, se le pasó por la cabeza decir la verdad y hacer causa común con aquel tipo. Inmediatamente lo desechó. Él era el único que podría acudir a la siguiente reunión. ¿Qué le impediría, estando frente a los jefes de departamento, atribuirse todo el mérito? Cualquier reclamación hecha después sería inútil y llevaría mucho tiempo hacer que la tuvieran en cuenta siquiera, y entonces habría perdido su oportunidad. Eso nunca. Había trabajado demasiado como para compartirlo con nadie, ni en buenos términos. No obstante, si admitía ser el creador de aquellos bocetos y se negaba a tratar con su compañero, inmediatamente Metroy le atosigaría incansable con tal de tomar parte. En el caso de que se negara, él aún tenía el documento. Elliot podía rehacer esa parte, pero aunque Metroy no era lo suficientemente inteligente como para determinar la utilidad de la misma, había otros que quizá sí. Si se juntaba con otras personas más inteligentes, terminarían robándole la idea de otra manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, eso jamás. No estaba dispuesto a consentirlo. Tenía que evitar que Metroy siguiera divulgando el contenido de aquel folio. Más tarde se encargaría de recuperarlo. Con toda la calma que pudo, volvió a mirar a su repelente compañero. Con un ademán le pidió la hoja. La cogió con ambas manos, controlando su pulso agitado. Mientras observaba aquella letra (su propia letra) con aire interesado, se acordó de algo que podía ayudarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-No estoy seguro, pero… creo que puede ser de Mike Earwigh. Alguna vez he pasado por su mesa y tenía cosas parecidas. Si mal no recuerdo, ahora está de vacaciones. Tendrás que esperar a que vuelva para preguntarle.&lt;/strong&gt;-respondió, al tiempo que devolvía aquel pedazo de su propia inspiración al muy pedante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-¿Ah, sí? Bueno, pues esperaré. Gracias por la ayuda, Rigar. Si esto funciona y me ascienden, me acordaré de ti, te lo aseguro.&lt;/strong&gt;-comentó Dylan con aire ligeramente decepcionado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No hará falta&lt;/em&gt;, rumiaba para sí Elliot. Transcurrieron las horas, tanto las de trabajo como la del almuerzo, y finalmente llegó la de salir. Todos recogieron sus cosas, apagaron los terminales, colgaron sus batas a la entrada del laboratorio y se dirigieron a la salida con la ordenada pulcritud de la runita diaria. Mientras, intercambiaban alegremente chismes o planes para aquella tarde o fin de semana. Alguien apagó las luces del techo y cerró. Elliot, por su parte, no salió con los demás, ni colgó su bata ni apagó su terminal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa mañana había hablado con Leman para hacer horas extras. La jefa estaba encantada con ello, pues siempre había trabajo atrasado, y no tuvo problema en darle una tarjeta llave para que pudiera irse a casa después de que se cerraran las puertas del laboratorio. El cambio dado recientemente por uno de sus más díscolos subordinados (a quien siempre encontraba en el centro de cada broma del departamento, o con ideas novedosas cuando aún funcionaban los viejos sistemas) la complacía enormemente. Y es que no era consciente, como no lo era nadie, de que la alteración de su comportamiento venía dada por algo ajeno a él. Pues al salir del trabajo el día anterior le llegó una nueva misiva de “su custodio”. Así llamaba ahora a aquel chantajista que parecía saber hasta con qué frecuencia iba al servicio, y que le “protegía” de sí mismo y de sus secretos. O más bien, de la revelación de éstos. Como las otras veces, la nota vino en un sobre en blanco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En total había recibido tres en una semana: la primera, que tanto le asustó, de manos de un niño antes de entrar en la sede central de Shinra. La segunda se la entregó un vagabundo al salir del tren. En ella le pedía que entregase al siguiente mensajero una lista de las materias de comando con las que había trabajado últimamente. Justo entonces Elliot había comentado a la señorita Leman el asunto de las horas extras. Había decidido que, siempre que el chantajista le enviase algún recado, intentaría aprovechar esos momentos en los que estaba sólo él en el laboratorio para llevarlos a cabo. El día antes había entregado dicha lista a otro vagabundo distinto del anterior, y éste le había dado a cambio la tercera carta que ahora leía.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;“Ha sido un buen trabajo. Espero que la lista sea fiable. Sé que no tienes control de todas las materias que entran en tu departamento, pero con las que has anotado tendré suficiente. Ahora, presta atención. En notas anteriores te dije que no me importaba lo que tardases en conseguir lo que te pidiera, pero hay algo que necesito cuanto antes. En esta ocasión no será como hacer un inventario.”&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tras asegurarse de que estaba solo y que todos los demás habían salido, el científico esperó a oír el característico “clack” que anunciaba que la puerta estaba cerrada. Ahora únicamente con una tarjeta llave se podría entrar o salir. Elliot se sentó frente a su terminal, que junto con su pequeña lámpara de escritorio era lo único que le daba algo de luz en ese momento. Inmediatamente se puso a leer el resto de la carta, con las letras pequeñas, retorcidas y puntiagudas que ya conocía tan bien. El primer párrafo tenía razón: su siguiente cometido no era para nada como hacer un inventario, sino más bien a la inversa. No sería fácil llevarlo a cabo. Si lo hacía sin cuidado, las sospechas recaerían automáticamente sobre él. De hecho… era imposible hacerlo sin convertirse automáticamente en sospechoso. De todo punto imposible. Pero si no lo hacía… un escalofrío recorrió su espalda. El chantajista tenía suficiente sobre él como para arruinar su vida. Con la primera carta había llegado una muestra de ello: una descripción completa de la última furcia con la que estuvo; en la segunda aparecían descritas con pelos y señales unas líneas acerca de ciertas apuestas impagadas en un garito (eso sólo había sido una vez, maldita sea); sin contar con sus opiniones personales acerca de su jefa y sus compañeros, o su proyecto secreto, ahora tan cerca de echarse a perder; y lo más importante, sabía lo suficiente como para poder matarle a él o a su mujer en el trayecto del trabajo a casa, o aun en su propia casa. Un súbito temblor se apoderó del científico. Enfrentarse a la ley siguiendo las instrucciones de la carta y acabar en prisión o algo peor, o no cumplir con el chantajista y arriesgarse a que su vida se convirtiera en un infierno, o a perderla. Terminó de leer las últimas líneas de la carta. Por lo visto, el siguiente mensajero se encontraría con él mañana mismo. El sudor empezó a escapar tan rápido de su cuerpo que pensó que iba a licuarse… algo no exento de tentación para él en ese punto. No tenía apenas tiempo de pensar en otra forma de hacer las cosas, si es que la había.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo interrumpió el preludio de su entrada en la desesperación total. En la puerta del pasillo pudo escuchar un ruido, que parecía el de alguien andando con pasos suaves. También se dejó oír el raspar de una tarjeta en la ranura del lector de la puerta. No se abrió, y al continuar los intentos, Elliot se levantó de su mesa y se acercó a la entrada del laboratorio. Desde ahí clavó la mirada en la puerta del pasillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-¿Quién es?&lt;/strong&gt;- preguntó Elliot, temeroso. Aún no había hecho nada, y sin embargo, sudaba como si estuviera intentando ocultar el cadáver de alguien a quien hubiera asesinado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-¿Rigar? ¿Aún estás ahí?&lt;/strong&gt;-respondió la voz de Metroy. Elliot suspiró. Por un momento creyó que le iban a fallar las piernas. Metroy se movió, ahora sin preocuparse de si hacía ruido. Elliot usó su tarjeta para abrir desde dentro.- &lt;strong&gt;¿Cómo es que sigues en el laboratorio?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El científico no respondió de inmediato. Primero se recuperó del susto, y volviendo a su puesto se acomodó tanto como lo permitía la silla. Cuando se relajó, miró detenidamente a Metroy. Había vuelto al laboratorio, aún sabiendo que no podría entrar sin una tarjeta llave. ¿Había venido a coger algo que se le había olvidado? De ser así no hacía falta que fuera con tanto sigilo. A no ser, claro… Elliot sonrió para sí mismo. Por lo visto, Dylan no tenía paciencia para esperar a que Earwigh volviera de vacaciones. Quería el resto de los documentos del proyecto, y lo quería ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Estaba metiendo un par de horas extras. No ando con mucha soltura financiera últimamente. ¿Y tú? ¿Te has dejado algo? Ibas con mucho cuidado…&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Ah… sí, creo que me he dejado las llaves del coche encima del escritorio. No es la primera vez que me pasa, y alguna vez que Leman se ha quedado hasta tarde me ha pillado y me ha echado una bronca por tener que abrirme… Menos mal que hoy no está, ¿eh? En fin, voy a buscarlas.-&lt;/strong&gt;dijo dominando sus nervios a duras penas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Deberías dar la luz, o acabarás encontrando antes un golpe con una mesa que las llaves. Tranquilo, Leman sabe que estoy, no creo que te dijera nada si ve esto encendido hoy. Por cierto, ¿cómo pensabas entrar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Oh, eso… Tenía una tarjeta llave, la que me dejó la jefa para la reunión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y no funciona?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, pero Leman me hará devolvérsela mañana, así que la dejé aquí. Si la pierdo, esa petarda es capaz de despedirme.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con una risita, Dylan se acercó al interruptor y dio la luz. Elliot aprovechó ese momento para echar una ojeada discreta a su mesa. Desde donde estaba, podía ver que no había ningún manojo de llaves encima de su puesto. Volvió la cabeza hacia el monitor, mientras dejaba que Metroy fingiera lo que le diera la gana y él hacía otro tanto, tecleando esporádicamente letras al tuntún. Escuchó sus pasos, y también una maldición seguida del ruido de un cajón, y un tintineo. Cuando terminó su actuación, Dylan agitó las llaves como para que las viera. Elliot estaba seguro de que acababa de sacarlas del bolsillo y las hacía sonar para ser más convincente. El muy traidor se dirigió de nuevo hacia la puerta, y apagó de nuevo la luz del techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Bueno, me voy ya, y no le digas nada a nadie de esto, ¿eh? Venga, no trabajes demasiado.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Tranquilo, saldré en seguida y no te preocupes, no le diré nada a nadie.&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;Será cabrón, ese pedante hijo de puta… Menos mal que no le dije que el papel era mío&lt;/em&gt;, pensó Elliot, furioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Metroy salió y se escuchó el cierre de la puerta del pasillo, Elliot volvió a sus cábalas. Tenía que llevar a cabo las instrucciones de la carta, y mañana era el plazo límite. Cuando llegara el mensajero y no le entregase nada, su suerte estaría echada. Desesperado, volvió a la nota.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;“Necesito urgentemente dos cosas: quiero que cojas, o robes, si eres de pensamiento estricto, el mecanismo de concentración de mako de una de las cámaras de refinamiento de tu laboratorio. Da igual si no está en buen estado, pero debes obtenerlo. La segunda cosa que debes conseguir es un panel de estabilización. No importa lo que tengas que hacer para conseguirlo. Preferiría, eso sí, que no te dejaras pillar. Sé que tienes recursos, algo se te ocurrirá.”&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Eso era más fácil de decir que de hacer. Nuevamente, Elliot sintió que su cuerpo temblaba. Presa del temor, revivió una antigua sensación: la de que todo aquello no era más que un sueño, o algo que estaba leyendo o viendo por televisión. Una de suspense. Nuevamente se obligó a pensar y lo repasó todo con frialdad, como si no estuviera envuelto en la representación que interpretaba y de la cual el chantajista, su “custodio”, era el director de escena. Podía llevarse las piezas. La alarma no iba a saltar a no ser que intentase entrar reiteradamente sin una tarjeta llave apropiada, se forzase la puerta o alguien intentase hackearla. Naturalmente, al notar la desaparición de la maquinaria la investigación del robo se centraría en él, pero si las había entregado al mensajero para cuando le interrogasen, nadie podría encontrar ninguna prueba en su contra. Sin eso, confiaba, no podrían retenerlo. Sólo le quedaba confiar en que el yonki que enviase su desconocido amigo esta vez llegase pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la mente algo más clara al respecto, se levantó y se dirigió hacia una de las máquinas. Automáticamente fue a la contigua a la que él usaba, aun sabiendo que no importaba cuál de ellas faltase. Con cuidado y ayudado por los guantes de trabajo con materia, abrió la máquina y extrajo el pequeño mecanismo cilíndrico, no mayor que el pistón de una motocicleta, y el cableado que lo conectaba. Luego fue al fondo del laboratorio, a una habitación que hacía las veces de almacén de repuestos. Una vez allí, no tuvo problemas en dar con una interfaz de estabilización nueva. Cogió ambos objetos, y una vez los tuvo, se preguntó una vez si lo que estaba haciendo era su única salida. Y entonces se dio cuenta de algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Metroy había entrado porque él le había abierto la puerta… pero no había necesitado de la tarjeta llave de Elliot para salir. Seguramente, Metroy había ido pensando que tenía la tarjeta con él. Tuvo suerte de que Elliot estuviera dentro o de lo contrario no habría podido entrar. Con la pantomima de las llaves, al tiempo que mantuvo las apariencias, se aseguró de haber cogido la tarjeta llave. La única aparte de la suya que podía haber dentro de la habitación. Era la única explicación que se le ocurría. Seguramente Dylan pensaba volver, una vez que él se hubiera ido, y hacerse con los planos que creía en el puesto de Earwigh, pues según él mismo había dicho, tenía que devolverla mañana y le quedaba tanto tiempo como tenía él para robar las piezas. Una nueva posibilidad se abrió ante Elliot y sonrió al pensar en ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La codicia te puede, ¿eh, Metroy? Has pisado mierda, escoria traidora, y lo peor es que todavía no lo sabes.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez acabó sus asuntos en el laboratorio, Elliot guardó las dos piezas robadas y apagó el terminal. Colgó la bata, tomó su abrigo, y se detuvo. Se olvidaba de algo. El científico se dio la vuelta y fue derecho al escritorio de Dylan. En uno de los cajones cerrados con llave estaba una parte de su proyecto. Una vez más sus labios se curvaron con malicia. Había decidido hacer la jugada completa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se detuvo unos segundos para cerrar la puerta con la tarjeta llave. Hecho eso, se puso el abrigo y se fue pasillo adelante. Habían pasado menos de cinco minutos cuando Dylan Metroy salió de detrás de la otra esquina del pasillo. Seguro de que Rigar no estaba ya cerca, sacó la tarjeta llave que le había dado Leman y abrió la puerta. Entró sin ruido, como había pretendido hacer antes, y se acercó al escritorio de Earwigh, donde creía estaba el resto del proyecto. Una vez junto a él, sacó una pequeña linterna y echó una ojeada a los cajones, todos cerrados con llave. Fue forzando uno por uno, incluido el pequeño armario que todas las mesas de trabajo del laboratorio tenían a la derecha. Fue justo al registrar éste (apartando un par de aparatos que no se molestó en identificar) cuando se abrió la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elliot llegó a la primera planta y se encontró con varios guardias bloqueando la salida. Ellos le miraron, y le dijeron que a causa de la alarma silenciosa nadie podía salir, que esperase allí con ellos mientras sus compañeros iban a echar un vistazo. Por lo que pudo averiguar, algunos guardias más habían subido a un tiempo por las escaleras y los ascensores hasta el piso 34, donde estaba su departamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Elliot le hicieron varias preguntas, desde qué hacía a esas horas (a lo que contestó la verdad) hasta si había visto a alguien sospechoso (a lo que respondió que no, tal como prometió a Metroy) y lo registraron. Una vez detenido el sospechoso, le dejaron marcharse. Que estuviera localizable, no saliera de Midgar y demás jerga de guardia de seguridad. Le registraron, sin encontrar nada más que sus papeles. No quería volver a correr riesgos de perderlos. Ahora estaban en el interior de la cartera en vez de en el cajón, y en su lugar descansaban las dos piezas robadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Dylan Metroy le encontraron dentro del laboratorio, haciendo uso de una tarjeta llave entregada por su jefa de departamento, mientras rebuscaba en los cajones de un compañero. Los cajones habían sido forzados y vaciados. Multitud de documentos estaban tirados por el suelo, junto con la pieza que faltaba de la cámara de refinamiento, aún abierta. Elliot había forzado antes el armario del escritorio de Earwigh y colocado en su interior el mecanismo de concentración de mako, tras lo cual había ido a por otro distinto al almacén, guardándolo en su propia mesa. El mecanismo de concentración del almacén no funcionaba correctamente, pero según la carta, no era necesario mientras lo entregara a tiempo. La conmoción haría que durante un tiempo la gente no se fijara en pequeños detalles como la falta de dos piezas de repuesto. Al salir, Elliot había hackeado deliberadamente la puerta, sabedor de que la alarma silenciosa tardaba unos cuatro minutos en activarse para poder pillar a los ladrones in fraganti delito. Eso había pasado con Dylan, que juraba y perjuraba que sólo estaba buscando las llaves y que quería un abogado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la tarde siguiente la entrega se efectuó, como siempre, en el camino del trabajo a casa. Elliot sintió alivio al desprenderse de las piezas. El mensajero (esta vez una niña pequeña) había acudido a verle por la tarde, justo antes de que le requirieran para ser interrogado en relación al robo en el departamento. En esta ocasión, la joven mensajera no le dio ninguna carta a cambio. El científico no supo si verlo con alivio o con temor al desconocer el significado de que no hubiera otra nota.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;* * *&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align?"justify"&gt;Mientras toda la conmoción que sacudía la sede central de Shinra iba en aumento a medida que se daban a conocer los datos del robo, una mujer se despertaba en un hospital. Por su aspecto y la ropa con la que fue encontrada, se trataba de una residente de los suburbios. Al despertar le dolían la cabeza y el costado, y sentía arder la pierna derecha. Confusa, trató de recordar lo que la había sucedido, y la causa de que estuviera encamada en un hospital. Cuando pasó una enfermera la llamó, pidió agua y que se presentara el médico. Mientras llegaba, la enfermera se detuvo a contarle los pormenores de su estancia. Una llamada anónima había dado aviso de que una mujer herida yacía en una callejuela. Al poco, una ambulancia la trasladaba al hospital más cercano, donde fue tratada. En su inconsciencia, había dicho un par de palabras, y un nombre femenino. El médico que la atendió asumió que se trataba de su hija, pues la llamaba a menudo a “su pequeña”. Éste no tardó mucho en llegar; un hombre joven, que habría acabado su carrera hacía relativamente poco y aún tenía el poco rodaje necesario para parecer amigable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-¡Vaya, veo que ha despertado! No se preocupe, la herida es fea, pero se curará bien, no le quedará ni la marca. Tuvo suerte de quedarse inconsciente, ¿sabe? El dolor de una pierna rota no es poco y más si lo está como la suya. Tendrá que quedarse una temporada…&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Mi hija… mi pequeña, ¿está aquí…?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-¿Su hija? Pues… no, lo siento. El informe dice que la encontraron a usted sola en un callejón, tirada en el suelo, con la cara ensangrentada. Hemos tenido que darle unos puntos y su pierna…&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Mi hija estaba conmigo… mi Sara… Iba conmigo… y se alejó para ver una tienda de dulces. Estaba ahí, justo al lado y luego… no recuerdo nada más.&lt;/strong&gt;-susurró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El médico hizo una pausa y revisó el informe. Su expresión dejó de ser jovial a la vista de lo explicado, y cuando bajó el informe su cara estaba completamente seria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Sólo la encontraron a usted en el callejón. No había nadie más.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al escuchar las palabras del médico, la mujer gritó y quiso levantarse. El hombre trató de impedir que se levantara, pero tuvo que llamar a la enfermera para que le ayudase. Entre ambos la sujetaron, pero no sirvió de nada, no pudieron calmarla. Finalmente tuvieron que drogarla para lograr que se estuviera quieta.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;* * *&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En la calle, la tarde se hacía noche (ahora un eterno crepúsculo debido al brillo rojizo del meteorito) mientras un mendigo pedía en una esquina del sector 3. Parecía un montón de basura y harapos, colocados de manera que se asemejaba vagamente a un humanoide, hasta que se dejaba oír su cascada voz, pidiendo una limosna. Alguna vez le dieron algo, que guardó velozmente, pero lo que más le daban eran miradas desagradables, algún que otro insulto por lo bajo y en el caso de un guardia, una patada para que se moviera. Pero aún estaba en su sitio, a pesar de todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una niña pequeña, de pelo rubio desgreñado y con un vestido estampado mayor de lo que la correspondía se acercó a él corriendo por la calle. Sus pies calzados con viejos zapatos de cuero se detuvieron a escasa distancia de él. La chiquilla alargó una mano en la que llevaba una bolsa. Tenía que ser pesada para ella, a juzgar por su cara de esfuerzo para levantarlo. El mendigo alargó una mano cubierta con unos guantes ajados que le quedaban grandes y escondió la bolsa entre sus harapos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Lo has hecho bien, mi pequeña. Ahora vamos.&lt;/strong&gt;-dijo al tiempo que se levantaba trabajosamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pordiosero se estiró y echó a andar. La niña le cogió de la mano, recibiendo de él un pequeño gruñido. No podía verle la cara, oculta en la sombra de la capucha. Quizá estuviera enfadado con ella por cogerle la mano, pero aquel señor decía saber dónde estaba su madre y no quería perderse otra vez. Además, no le asustaba. Cuando se dirigía a ella su voz, que iba de ronca a ronroneante según lo que dijera, tenía un tono cálido y agradable. El vagabundo la fue llevando por las calles, siempre de la mano. Al ir a entrar a una de ellas, se detuvo e hizo una pausa. La niña le miró con sus grandes ojos castaños. Antes de que pudiera preguntar, el mendigo echó a andar de nuevo, en otra dirección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-¿Me vas a llevar ya con mamá? Antes dijiste que sabías dónde estaba.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Y así es, jovencita. Ven conmigo. Pronto la verás de nuevo-&lt;/strong&gt;respondió afablemente, como si fuera un pariente amistoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la estrecha calleja dejada atrás por el mendigo podía oírse un “plic, plic”. Como un goteo. Sin embargo, llevaban días sin llover. Si alguien hubiera reparado en eso, seguramente se habría percatado de que otras cosas, además del agua, también goteaban. También, como el agua, formaban charcos en el suelo que se deslizaban hasta el sumidero más cercano. Aquel goteo era algo normal. Normal, si se asume era sangre; sangre que pertenecía al cadáver, reconocible sólo por el uniforme, de un guardia muerto colgado boca abajo en una oxidada escalera de incendios.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-7686193560171875438?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/08/188.html</link><author>noreply@blogger.com (Skeith)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-2834327388248498580</guid><pubDate>Fri, 21 Aug 2009 13:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-08-22T12:26:49.660+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">ESCRITOR: ROKHSA</category><title>187.</title><description>No se si escribir estas líneas servirán de algo para futuras investigaciones, pero me siento en el deber de relatar lo sucedido, aunque sea por cuestiones personales y a razón de que pueda dormir una noche entera sin pesadillas.&lt;br /&gt;Mi nombre es Jacob Andersson y no se si de verdad he perdido la cabeza por completo o si lo que he presenciado durante estos últimos días pertenece a un campo no muy lejano de la realidad.&lt;br /&gt;Nací en Kalm, aunque ese pequeño pueblo es ahora un vano recuerdo emponzoñado por la amnésica urbe de Midgar. Mis padres, una gente honrada ante todo, traían comida a casa todos los días gracias a una tienda de antigüedades. Recuerdo las horas pasadas en aquella tienda, la fascinación que despertaban en mí diversos y extraños artilugios. Trasteaba con enormes relojes el doble de grandes que yo intentando descifrar para que servía cada rueda dentada, jugaba con soldados de madera que habían pertenecido a algún niño de tres o cuatro generaciones anteriores. Mis padres no se quejaban, yo era un chico muy silencioso y nunca rompía nada.&lt;br /&gt;Hice los estudios básicos en una pequeña escuela, sacando sobresalientes en Historia y Lengua, asignaturas que desde siempre me han gustado.&lt;br /&gt;Un día, un extraño hombre vino al pueblo y entró en la tienda. Yo sentí un escalofrío al verle; parecía alguien sacado de los cuentos de terror para que los niños se coman toda la comida.&lt;br /&gt;Con una larga y canosa barba que le llegaba hasta el cuello y unas cejas igual de pobladas saludó al entrar en el establecimiento. Una gabardina negra le tapaba un cuerpo tremendamente abultado y unos mocasines hacían leves chirridos en el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vaya frío hace en este pueblo-bromeó el extranjero con un acento cargado de tonos graves. Pero lo cierto es que era invierno y hacía un tiempo terrible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis padres sonrieron educadamente y enseguida el hombre se puso a revisar todos lo estantes; en total seis agrupados en tres filas. Aunque parecía no encontrar lo que quería, iba con una idea clara y desechaba el resto de antigüedades. A menudo se pasaba la mano por la barba y se quedaba unos segundos pensativo para luego buscar con más insistencia.&lt;br /&gt;Como yo ya tenía doce años, dejé de jugar con los trastos y me encargaba de vigilar que nadie robase, así que seguí al anciano en todo momento.&lt;br /&gt;-Chico-me dijo haciendo un gesto con la mano-Ven, ven…Estoy buscando un artilugio un poco peculiar.&lt;br /&gt;-Si no me da más pistas no podré ayudarle-me excusé cortésmente.&lt;br /&gt;-Ya…Es que es complicado. Seguramente el que os lo vendió pensaba que era una cafetera o algo parecido, de latón y con quemaduras a los lados… ¡Ah, ahí está!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando empezó a ponerse nervioso de alegría y cuando yo me fije en sus temblorosas y envejecidas manos; tenían costras y llagas por todas partes y las uñas chamuscadas.&lt;br /&gt;Se preguntarán por qué les explico esto. Este hecho no tiene más relevancia hasta más avanzado el relato, pero ese día ocurrió algo que me hizo poder seguir con los estudios. Aquel hombre salió de la tienda y volvió con un pesado maletín. Decía que quería ese trasto a toda costa y pagaría lo que hiciese falta (yo recordaba haber estudiado esa chatarra varias veces sin encontrarle utilidad).&lt;br /&gt;En cuanto el hombre se marchó, mis padres dieron saltos y gritos de alegría.&lt;br /&gt;-¿Qué ocurre?-pregunté yo.&lt;br /&gt;-¿No lo entiendes hijo?-dijo mi padre, un hombre curtido en el campo durante la juventud y de manos grandes-¡Con este dinero podrás ir a Midgar a estudiar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así fue como proseguí los estudios, adentrándome en la gran metrópolis donde, según decían, era todo oportunidades. Era obvio que quién decía eso era porque nunca había estado.&lt;br /&gt;Terminé la secundaria en la ciudad, hospedándome en la casa de un tío lejano por parte de mi madre. Como parte de la familia dejaba mucho que desear; él me daba dónde dormir, pero por lo demás tenía que buscarme la vida.&lt;br /&gt;Contactaba con mis padres mediante correo cada seis días y ellos me mandaban algo de dinero, pero decidí buscarme algún trabajo a media jornada cuando tuve dieciséis para ganar algo de libertad.&lt;br /&gt;En los dos últimos años de enseñanza obligatoria, me hice bastante amigo de un chico llamado Kyle Bwoski. No sólo compartíamos los mismos intereses sino que nuestros hígados se convirtieron en almas gemelas durante la infinidad de borracheras que vivimos juntos. Él era un joven donjuán y aunque yo tampoco me quejaba de mi vida amorosa, carecía del talento y la picardía que poseía Kyle con las mujeres.&lt;br /&gt;Para cuando entramos en la universidad él se especializó en filología y yo en Historia, compartiendo piso en una residencia del sector 5, cuyas paredes amenazaban con aparecer en la primera página de los periódicos al caerse encima de los estudiantes.&lt;br /&gt;Definitivamente no era mi idea de Midgar.&lt;br /&gt;La juventud y el alcohol me pasaron factura, pero mis notas seguían siendo aceptables. Durante los dieciocho y los veinte años mi corazón estaba dividido en dos romances: uno las ciencias ocultas y las extrañas cábalas de chiflados sobre el origen del mundo, y otro una chica llamada Queen Pullman.&lt;br /&gt;Era una mujer preciosa, con el pelo castaño y rizado y unos ojos almendrados que repetían una mueca que a mí me encantaba. Ella estudiaba una ingeniería y vivía con una amiga en un piso, así que no nos conocíamos de nada.&lt;br /&gt;Un día me armé de valor y me colé en la fiesta de su facultad para declarar lo que sentía. Yo tampoco era tan reservado y tímido como parece, pero con ella era distinto, me costaba horrores atreverme a hablar con ella.&lt;br /&gt;Ese día fue el fin de mi amistad con Kyle. Fue como si me sacasen las tripas y me las enseñasen riéndose. Incluso le hablé a mi amigo de lo que sentía por Queen pero poco le importó cuando le vi en la fiesta metiéndola la lengua hasta el fondo.&lt;br /&gt;Ni siquiera se enteró de que yo estuve esa noche y les vi, y tampoco le hizo falta afrontar mi rabia porque al día siguiente recogí mis cosas y dejé la residencia para vivir en un hostal del sector 6.&lt;br /&gt;Fue un duro golpe para mí, aparte de Kyle no tenía más amigos y además me había robado a Queen. A ella no la culpo, ni siquiera me conocía, pero si alguna vez me cruzaba con Kyle por la universidad le lanzaba la mirada más asesina posible y no le dirigía la palabra.&lt;br /&gt;En cambio, en mi nuevo hogar me sentía a gusto. El precio era bastante bajo y me lo podía permitir; además eran cincuenta metros cuadrados para mí sólo. A quince minutos en bici, el hostal Margaret mostraba una fachada con pintura blanca desconchada y una puerta de acero oxidada. Tenía solamente tres pisos y en cada uno cuatro viviendas. Yo me encontraba justo en el medio, en el piso dos, letra C, es decir, según salías de las escaleras al fondo a la derecha. En mi piso sólo vivíamos dos personas, yo y una cariñosa mujer de cuarenta y tres años que enseguida me cogió cariño. Bajo mi suelo sólo vivía Margaret, la dueña, una mujer pequeña y rechoncha provista de bata y rulos en la cabeza que a menudo invitaba a sus inquilinos a tomar un café. Por último y sobre todo más interesante, sobre mi cabeza, en el tercer piso, vivía un hombre soltero algo huraño que pocas veces salía de su habitación.&lt;br /&gt;Para entonces yo comencé a despreocupar mi figura y me dejé una barba de dos semanas. Blanca, la mujer que vivía justo en frente de mi puerta, apareció el primer día con un gran bizcocho dándome la bienvenida; yo la invité y nos sentamos en una pequeña mesa con mantel de ganchillo. Las sillas de madera chirriaron al sentarnos y Blanca soltó una tímida risotada.&lt;br /&gt;-Esta casa tiene más años que yo…-bromeó señalando la vieja estantería que adornaba una esquina y el rascado parqué del suelo.&lt;br /&gt;-No me importa, es más que suficiente para los dos años que me quedan de carrera.&lt;br /&gt;-Oh, vaya, así que estudias.&lt;br /&gt;-Así es.&lt;br /&gt;-Pues te prometo que cuando necesites concentración no haré ruido-dijo levantándose de la silla con una amplia sonrisa-Espero que te guste el pastel.&lt;br /&gt;Y así fue durante los días en que yo estaba hasta arriba de exámenes: ni un solo ruido que perturbase mi concentración. Después supe que Blanca se había divorciado hace diez años y que yo le recordaba a su hijo. Me lo dijo ella misma en una de las reuniones de café con Margaret. No tenía pelos en la lengua, decía lo que pensaba, pero a menudo se la veía melancólica y abatida; añoraba a su hijo.&lt;br /&gt;Como ya he dicho, tenía dos amores y como uno de ellos se desvaneció, comencé a pasar horas muertas leyendo grandes volúmenes sobre sectas que adoraban a dioses naturales y teorías sobre la creación del mundo. Alguna me cautivaba más que otra, pero en ningún momento me llegaba a creer alguna, simplemente me fascinaba leer cosas que de algún modo podrían encajar con la realidad. La Materia era un complejo asunto al que se le había atribuido una explicación lógica: concentración de energía Mako alterada mediante diversos procesos. Pero había infinidad de libros que planteaban el origen de esa energía. Vivir en un mundo tan civilizado y poder lanzar fuego por las manos al mismo tiempo era algo que traía quebraderos de cabeza a muchos teóricos.&lt;br /&gt;Una noche estaba leyendo un extenso artículo de una revista de ocultismo sobre la transmutación cuando, sin saber exactamente el origen, comenzaron a sonar unos débiles gemidos.&lt;br /&gt;Enseguida encontré una explicación acorde. No era la primera vez que Blanca se traía a un hombre tras salir un poco de marcha. Pese a sus cuarenta y tres años se mantenía como una jovenzuela y muchos caían rendidos cuando hacía agitar su melena rubia en las discotecas. Incluso yo, llegado un momento, inicié un extraño pacto con ella. Fue un día en el que me invitó a tomar el café y la conversación pasó de “¿Cómo van los estudios?” a algo más candente. Por aquél entonces yo tenía veintidos y fue una experiencia totalmente diferente a las demás. Desde aquél momento, si a ella le apetecía, yo no me negaba.&lt;br /&gt;Pero esa noche llegué a la conclusión de que no era Blanca la que gemía. Era un sonido ronco, carrasposo, y parecía venir de arriba. Dejé la revista encima del libro de Historia del Arte y me subí con extremo cuidado a la desvencijada silla. El techo no era muy alto y en cuanto acerqué el oído pude afirmar que los gemidos provenían del piso de arriba.&lt;br /&gt;A los pocos minutos se puedo oír el abrir de una puerta y los gemidos cesaron.&lt;br /&gt;No le di mayor importancia.&lt;br /&gt;Al día siguiente tocaba pagar a Margaret así que bajé y llamé a su puerta. Como mujer a punto de jubilarse, no le apetecía que Midgar se quedase con el dinero de sus impuestos, así que nos hacía pagar en mano.&lt;br /&gt;-¡Ay que salao! –dijo al abrir la puerta-Siempre eres el primero en pagar.&lt;br /&gt;-Las obligaciones primero, ya lo sabes-dije sacando el pecho en señal de broma-Oye, El hombre del tercer piso… ¿En qué letra vive?&lt;br /&gt;-¿Robert? En la A.  Es un hombre raro, apenas sale de ahí y…&lt;br /&gt;-Ya veo…-la corté yo. Si no, seguramente seguiría hablando de él durante media hora más- ¿Y encima de mí no vive nadie?&lt;br /&gt;-¿En la C? No, en el tercero sólo vive Robert.&lt;br /&gt;-No te preocupes-la dije cuando empezó a poner cara de desconfianza-Yo nunca haría nada sin tu permiso Margaret, sólo que pensaba que Robert vivía en la C.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Haber preguntado aquello me perturbó aún más. La noche anterior había alguien en ese piso, de eso estoy seguro. Pero si ese piso estaba vacío algo no encajaba. Lo primero que pensé fue que lo habían ocupado pero esa idea fue rechazada cuando Margaret, con la espina de la desconfiada aún clavada, subió, abrió la puerta y vio que dentro no había nadie.&lt;br /&gt;El siguiente sospechoso era Robert. Quizá él también decidió llevar una chica aquella noche. Pero no, era absurdo. Si ya tienes un piso ¿porque entrar en uno ajeno?¿Para no tener que cambiar las sábanas? Además, Blanca le comentó una vez que Robert no se relacionaba con nadie y menos para tener un rollo de una noche.&lt;br /&gt;Borrón y cuenta nueva. Decidí olvidar aquél extraño incidente.&lt;br /&gt;Este último año, al acabar el curso me ha tocado estudiar porque al profesor de Historia del Arte no le pareció bien que relacionase las esculturas la ciudad de los Ancianos con el culto a un panteón orgiástico de hace siglos en el examen. Mi afición por las religiones esotéricas me pasó factura y me obligó a hincar codos para recuperar la asignatura unos meses más tarde.&lt;br /&gt;Por primera vez en lo que yo llevaba de inquilino, Robert se dignó a bajar una tarde para tomar el café con nosotros. No exagero si digo que fue la primera vez que le vi la cara.&lt;br /&gt;Era una persona alta pero delgaducha y portaba una espesa barba que debía cuidar todos los días. El pelo, echado hacia atrás, pintaba ya alguna cana.&lt;br /&gt;-¿Y tú eres…?&lt;br /&gt;-Jacob Andersson-le dije ofreciéndole la mano.&lt;br /&gt;Él hizo caso omiso del saludo y señaló la revista que estaba leyendo.&lt;br /&gt;-Un pasatiempo, me gustan las teorías místicas-dije con una carcajada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Margaret dejó un plato con pastas en la mesa (idéntica a la mía) y levantó el dedo índice frunciendo el ceño hacia Robert.&lt;br /&gt;-Robert Gladew, vale que seas como uno más de la familia en este hostal, pero cuatro meses a deber me parecen muchos.&lt;br /&gt;-Perdóname Margaret-dijo educadamente el soltero- Mañana mismo lo tendrás en tu puerta, siento el retraso pero he tenido problemas últimamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Margaret se le pasó el enfado enseguida y seguimos con la típica tarde de café de los miércoles.&lt;br /&gt;-Pues lo llevo bastante bien, gracias. Espero acabar la carrera en cuanto apruebe ese examen.&lt;br /&gt;-Te echaremos mucho de menos si te vas al acabarla-dijo Blanca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestras miradas se cruzaron durante unos segundos. ¿Acaso nuestro encuentros esporádicos significaban algo más? De repente sentí una punzada en el pecho al pensar que no volvería a verla nunca más.&lt;br /&gt;-Tranquilos, si no se ni lo que voy a hacer mañana-dije intentando quitar hierro al asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el hecho es que Blanca estuvo con la mirada perdida en su taza la mayor parte del tiempo.&lt;br /&gt;-Si te interesan esas cosas-me dijo Robert señalando la revista al irnos- Ven un día a mi casa. Tengo bastantes libros al respecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por una parte eso afirmaba que mi vecino era un tanto raro, pero por otra lo catalogué como una persona introvertida pero amable y educada. En el fondo se parecía bastante a mí.&lt;br /&gt;Esa noche leí sobre el por qué la gente de Wutai tiene los ojos rasgados, un pequeño libro que exudaba racismo y etnocentrismo por todas sus páginas. Lo tiré directamente a la basura.&lt;br /&gt;Al día siguiente acepté la oferta de Robert y decidí hacerle una visita. Tardó en abrir cuando apreté el botón del timbre, pero me recibió pidiendo disculpas.&lt;br /&gt;-Es que justo estaba preparando la comida y cuando has llamado el jodido filete me ha escupido aceite-era cierto, tenía un par de tiritas y pegotes de pomada en cada mano-Entra, entra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el momento en el que entré en el hogar de Robert Gladew, tuve la sensación de haberme sumergido en algo más, un ponzoñoso y oscuro lugar del que ya no había marcha atrás.&lt;br /&gt;La casa era indéntica a las demás que había en el hostal, pero ésta estaba totalmente desordenada: pilas de libros casi tan altas como yo apoyadas en el suelo, montones de folios desparramados en la mesa…Me acerqué a las hojas para echarlas un vistazo mientras Robert terminaba de freírse aquél filete. La mitad de ellos no tenían más que borratajos y caracteres totalmente desconocidos para mí; el resto contenían complejos cálculos y multitud de parábolas dinujadas.&lt;br /&gt;-¿Qué es esto?-le pregunté con curiosidad.&lt;br /&gt;Él llegó dando trompicones y con gesto enfadado.&lt;br /&gt;-Cavilaciones-dijo simplemente. Después recogió los papeles y los metió en un cajón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dio la impresión de que no le gustó nada que hurgase en sus cosas así que dije lo primero que me vino a la cabeza.&lt;br /&gt;-Me preguntaba si tenías ese libro sobre la energía Mako que salió hace años…&lt;br /&gt;-¿El que sacó Shin-Ra para hacer publicidad?&lt;br /&gt;-No, el que escribió aquél científico chiflado…No me acuerdo de su nombre.&lt;br /&gt;-Creo que ya se cuál dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho esto, entró en su habitación y cerró la puerta. “¡Cómo le gusta la intimidad al hombre!” pensé cuando me quedé de pie en mitad del salón, esperando a que saliese con el libro; hacía un calor espantoso y el aire estaba viciado.&lt;br /&gt;Yo no sabía qué hacer, la verdad es que pretendía pasar la mañana estudiando y no quería perder mucho tiempo co Robert. Me pasé la mano por la frente para secarme el sudor y me acerqué a la puerta de su habitación.&lt;br /&gt;-¿Quieres que te ayude a buscarlo?-no hubo respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esperé un par de minutos más y arrime la oreja a la puerta. Lo cierto es que no se oía nada, ni cajones abriéndose, ni libros apartándose, nada.&lt;br /&gt;-¿Robert?-Un infarto, pensé de manera rápida e irracional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Giré el pomo y entré apresuradamente. Nadie. Ante mi sorpresa Robert se había esfumado. Sí que había señales en una pequeña estantería de que mi vecino había buscado el libro, pero de repente no estaba.&lt;br /&gt;Ese fue el segundo incidente extraño que aconteció en el hostal, pero tampoco fue el último.&lt;br /&gt;Yo bajé al piso de Blanca y le pregunté que se había visto a Robert, pero pasaron casi dos semanas hasta que el aludido volviese a aparecer, murmurando cosas sin sentido y como si hubiese envejecido treinta años. El pelo había encanecido considerablemente y la piel de sus brazos era oscura y llena de manchas.&lt;br /&gt;-Sí, ellos me han visto, pero no saben que yo también les vigilo…-decía al subir las escaleras hacia su piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día que comenté su desaparición, Margaret le quitó importancia argumentando que no era la primera vez que lo hacía.&lt;br /&gt;-De repente se va y vuelve tras una semana, un mes, depende…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó el día de mi examen. Me desperté a las seis de la mañana porque los nervios podían más que el sueño. A la diez salí con una bandolera y cuatro cafés en el cuerpo. La verdad es que me estresé demasiado, salí de la prueba bastante conforme y con la fuerte confianza de que estaba aprobada.&lt;br /&gt;-Ven, esta noche celebraremos tu éxito-me dijo Blanca al llegar al hostal.&lt;br /&gt;-Pero si aún no se si he aprobado.&lt;br /&gt;-Bueno, pero dices que te ha salido muy bien ¿no?&lt;br /&gt;Fue una noche bastante extraña. Yo apenas conocía Midgar, tan sólo las calles de los alrededores y poco más, así que fue ella la que eligió el sitio: la Tower of Arrogance. “Madre mía” pensé al ver el edificio. Y eso es precisamente lo que me produjo un escalofrío; si un día Blanca me confesó que le recordaba a su hijo… ¿Suponía aquello que también se acostaba con su hijo? Desde aquél momento nuestra relación me pareció muy bizarra.&lt;br /&gt;Al final, creo que bebí tanto ron que lo sudaba por la frente cuando me animé a bailar en la pista. Salimos del local al mismo tiempo que otro hombre, respaldado por dos gorilas y con un cabreo más que manifiesto.&lt;br /&gt;Llegamos al hostal de Margaret hombro con hombro y recorriendo la calle de lado a lado. Ella me arrastró hasta su puerta, pero yo la rechacé. “Me recuerdas a mi hijo” me retumbó en la cabeza. Además, todo el café de la mañana, los nervios del examen y el ron me habían dejado destrozado. Blanca se enfurruñó y cerró su puerta con fuerza.&lt;br /&gt;Yo subí las escaleras al segundo (no sin dificultad) y caí rendido en la cama, con la cabeza hundida en la almohada y la ropa aún puesta.&lt;br /&gt;Si llegamos a las tres de la mañana, a eso de las cinco algo me despertó.&lt;br /&gt;Otra vez aquellos gemidos.&lt;br /&gt;Me quedé tumbado boca arriba, con los ojos abiertos como platos y el efecto del alcohol aún presente. Todo estaba en silencio menos los quejidos. De repente algo cambió.&lt;br /&gt;Se oyó la apertura de una puerta, después unos pies presionando la tarima del tercer piso y luego bajando las escaleras lentamente. La temperatura subió repentinamente y las sábanas se pegaron a mis brazos.&lt;br /&gt;No sabía qué hacer. ¿Si eran ladrones e iban armados? La idea de coger un cuchillo de la cocina y plantarles cara no me resultaba muy gratificante. Entonces me di cuenta de que las pisadas continuaron bajando y según el tiempo que tardaron en pararse, deduje que se quedaron en el primer piso.&lt;br /&gt;Si lo pienso ahora, hubiera salido corriendo enseguida para evitar el desastre, pero en aquél momento cogí los extremos de la almohada y me tapé los oídos.&lt;br /&gt;Hasta que aquél grito desgarrador recorrió los cimientos del hostal y reverberó durante unos segundos.&lt;br /&gt;Fue entonces cuando salté de la cama y decidí salir con el cuchillo más grande que poseía. No quise dar la luz del pasillo porque no sabía si se habían ido o aún seguían rondando por allí, así que anduve en completa oscuridad apoyándome en la pared.&lt;br /&gt;La puerta de Blanca estaba entreabierta. Entré con el mayor sigilo posible pero no sirvió de nada; Blanca no se encontraba dentro. Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, sentí un miedo irracional, un mal presentimiento que me oprimía el corazón.&lt;br /&gt;Seguí hacia abajo, me agaché en las escaleras y eché un vistazo (la luz de una farola bañaba el primer piso a través de una ventana en el extremo del pasillo). No había nadie, pero el calor allí era asfixiante. El suelo de madera presentaba arañazos negros, como si hubiesen rascado con varios hierros candentes, y esos arañazos habían arrancado astillas de la puerta de Margaret.&lt;br /&gt;Intenté abrirla, pero el pomo estaba ardiendo y retiré la mano rápidamente. Entonces bajó Robert gritando juramentos y dando zancadas que hacían crujir a las tablas.&lt;br /&gt;-¡Ya han venido! ¡Esos cabrones han venido y ya han empezado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sostenía una linterna en la mano derecha y cada vez que agitaba los brazos, la luz enfocaba un rostro totalmente desencajado por la locura, con la mandíbula formando gestos macabros y los ojos desorbitados.&lt;br /&gt;-¿Quiénes?-pregunté yo aterrorizado. Aquél hombre hizo que se me erizasen los pelos de la nuca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me cogió del brazo fuertemente y me llevó hasta la ventana.&lt;br /&gt;-¡Ellos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguí la dirección de su dedo índice hacia la calle y después al cielo. Parte de una gran bola ardiente asomaba por el derruido techo del Sector 7, cegando al resto de estrellas a su alrededor.&lt;br /&gt;Yo también quedé fascinado cuando ese meteorito apareció en el cielo hace tiempo, pero pese a mi afición por lo esotérico, no me pareció más que un gran meteorito y ya está. Supongo que si cae, las consecuencias serán catastróficas, pero espero que si no lo hace la locura, una soga en el cuello me ayudará a no estar aquí cuando ocurra.&lt;br /&gt;-¿Crees que ese meteorito viene sólo? ¡Ellos van dentro y hoy han conseguido llegar hasta aquí!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces pareció olvidar la conversación y se dirigió hacia la puerta de Margaret para abrirla de una fuerte patada.&lt;br /&gt;En cuanto el pestillo cedió, el nauseabundo olor a carne quemada inundó el pasillo y una copiosa cantidad de humo ascendió por el marco de la puerta.&lt;br /&gt;-¡Esto sólo es el principio, vendrán miles de ellos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, con la terrible sensación de esperar lo peor, me acerqué al piso de la dueña y encendí la luz de la entrada. Una terrible arcada me sobrevino al contemplar aquél horror.&lt;br /&gt;En el centro del salón, con sus cuerpos cubiertos de una capa de piel carbonizada, descansaban Margaret y Blanca, en posición fetal y el rostro desencajado por el dolor y el terror.&lt;br /&gt;-¡Pero conmigo no! ¡NO!-gritaba Robert totalmente demente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corrió hacia las escaleras y las subió hasta el tercero. Yo le seguí, no quería quedarme ni un segundo más viendo ese calcinado horror.&lt;br /&gt;Para mi desgracia, la noche no había acabado.&lt;br /&gt;Al entrar en casa de Robert le vi colocando un artefacto en la mesita del salón.&lt;br /&gt;-¡No estaré aquí cuando ellos vengan! ¡No me pillarán!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí estaba, diez años después, la extraña cafetera que mis padres vendieron al anciano con barba, sólo que ahora no presentaba quemaduras y de los fino tubos que sobresalían a los lados ascendía un vapor ennegrecido.&lt;br /&gt;-¿De dónde has sacado eso?&lt;br /&gt;-¿No lo entiendes?-me contestó con una risa burlona que me ocasionó otro escalofrío-Me la vendieron tus padres. Sólo que iré a comprarla cuando yo tenga setenta y cuatro años y tú tengas doce.&lt;br /&gt;No recuerdo más. Robert apretó un interruptor y un tremendo fogonazo seguido de un estruendo me hizo perder el conocimiento.&lt;br /&gt;Desperté hace tres días en la cama de un hospital y me dieron el alta ayer. Tan sólo mostraba una fuerte quemadura en el antebrazo en forma de mano y un traumatismo en la cabeza producido por la caída.&lt;br /&gt;-Te encontraron tirado en una calle del sector 6-me explicó una enfermera poco después de recuperar la consciencia.&lt;br /&gt;-¡Tenéis que ir al hostal Margaret!-grité aturdido y asustado-¡Alguien ha matado a dos personas! Margaret Blascow y Blanca Irons.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La enfermera también se asustó al oír aquello y salió corriendo para avisarlo. Diez minutos después vino un doctor y me miró los ojos con un bolígrafo con bombilla.&lt;br /&gt;-Señor Andersson, no existe ningún hostal Margaret en el sector 6 y menos las dos personas que ha mencionado.&lt;br /&gt;-¿Y Robert Gladew?&lt;br /&gt;-Tampoco, señor Andersson.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo quedé mudo. Me debieron tomar por un loco o un un yonqui con alucinaciones así que me empastillaron y me dieron el alta.&lt;br /&gt;Ahora estoy en un pequeño hotel escribiendo estas líneas y cuando las acabe me colgaré con la soga. No puedo seguir así, desde que desperté en el hospital tengo pesadillas hasta despierto y no creo que esté loco. La marca que tengo en el antebrazo está justo donde Robert me agarró para señalarme el meteorito. He llamado a mis padres y se acuerdan del hombre que hace años compró el artefacto. Ahora miro al cielo y tengo miedo, miro esa gigantesca roca ardiente y palidezco de terror. No quiero seguir así, además está empezando a hacer calor en la habitación, el aire acondicionado debe estar estropeado.&lt;br /&gt;Un momento…Oigo pisadas. ¡La puerta se está quemando! ¡Han venido a por mí! ¡Son ellos! ¡Noooo...!&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-2834327388248498580?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/08/187.html</link><author>noreply@blogger.com (Rokhsa)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-5639536631530080284</guid><pubDate>Thu, 13 Aug 2009 00:13:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-23T05:59:39.754+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:UKIO</category><title>186</title><description>El ruido de un taladro irrumpía de vez en cuando desde el fondo del taller. Remache estaba acabando algunos detalles con la bomba de combustible de un utilitario familiar cuyo dueño había llamado unas tres veces al día interesándose por su coche. Aún faltaba una semana para el plazo de entrega, pero los dos mecánicos le dedicaban marchas forzadas, con tal de librarse de ese grandísimo gilipollas obsesivo de una mísera vez. De vez en cuando, adornaba su trabajo mascullando insultos hacia el propietario, ya que no paraba de llamar con insistencias y exigencias al taller, cuando la avería se debía a su propia negligencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No... No... No lo se... - Farfullaba Han, sujetando el PHS con el hombro y limitándose a responder, mientras intentaba fijarse en los detalles del asiento de válvulas que estaba limpiando. No quería tener que repetir el trabajo más tarde, pero Daphne estaba siendo realmente insistente y cada vez le era más difícil concentrarse en su tarea. - Mira, tienes que entenderlo: Rolf es el primero en algo. El pez gordo. El jodido rey. Ser el primero significa que hay un orden, una competición y que la gente se enfrenta entre sí por cuestiones de orgullo o por la promoción que supone eliminar competidores que en principio son superiores a uno. &lt;br /&gt;- ...&lt;br /&gt;- Si. Lo estoy defendiendo. Si no hubiese hecho lo que hizo, tú a lo mejor eras capaz de seguirle y ponerte en peligro. ¿Qué? Mira, yo mismo compito de lo mío, y me juego la puta vida en cada curva, ¿no lo habías pensado? - Joder, y para colmo de males ese era un aburrido modelo familiar: Diesel, bajo consumo... El típico coche para alguien que ve su vehículo como un trasto más, igual que la nevera o el televisor. Definitivamente, esa máquina estaba hecha para llevar niños a clase, apenas capaz de superar mínimamente algún límite de velocidad. Han se preguntó si sería posible hacer saltar algún radar de tráfico con un coche tan flojo. Se preguntó si sería posible tan siquiera forzar un poco, con una suspensión tan pobre y mal equilibrada. Y también se preguntó lo insufrible que sería la insistencia de Daphne si no tuviese estas cosas para pensar en ello. - ¿O es que te diviertes tanto cuando vas a doscientos por hora sobre el duro asfalto y rodeada de conductores ineptos que reaccionan de forma estúpida y aleatoria, que te olvidas que un fallo de cálculo y serás puré? ¿Qué? ¡Es la verdad! ¿Me vas a decir que no me juego la vida? &lt;br /&gt;- ...&lt;br /&gt;- Ya lo sé: Lo mío no implica necesariamente que vaya a morir alguien. &lt;br /&gt;- ...&lt;br /&gt;- ¡Mira, vete a tocarle la polla a otro, o a tí misma si lo prefieres así! ¡No voy a...! - Y entonces la voz de Daphne se quebró nuevamente. Han odiaba eso. Odiaba tener que ceder, y odiaba hacerlo por cuatro lagrimitas, pero aún no se había quitado de la cabeza la imagen de su amiga llorando. Confundida y aún aturdida por los últimos coletazos del éxtasis, permanecía encogida en posición fetal, tirada sobre su cama. Lo peor era que el motivo de sus lágrimas no era el trago por el que acababa de pasar, sino el miedo por que alguien matase al hombre que se lo había hecho. - Hablaré con él, ¿vale?, pero no me atosigues y relájate: Me tocan días ocupados en el trabajo. ¿Esta noche? ¿En la Tower? Vale. Chao...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han dejó el phs tirado en una mesa, y aún lo estuvo contemplando con desconfianza durante unos cuantos segundos más, pero pronto decidió ignorar al trasto y volver a su trabajo... Después de apagar el maldito trasto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la oscuridad de su casa, un hombre solitario permanecía despierto a altas horas de la madrugada, sentado ante la pantalla de su ordenador, acompañado únicamente del ruido del teclado, mientras la orquesta sinfónica de Midgar interpretaba el cuarto movimiento de la tercera sinfonía de Streiberg en su caro equipo musical. Cuando hubo concluído su tarea, sonrió con malicia antes de confirmar la orden de impresión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ya te daré yo a tí "Mariflori"!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;"Os echo de menos a todos, pero también siento que crezco mucho con este viaje. Como persona, y especialmente como habitante del Planeta. Shin-Ra nos roba, Izzy. Shin-Ra chupa la sangre del planeta, y lo está matando, igual que un vampiro mata a sus víctimas para satisfacer su blasfema adicción. &lt;br /&gt;¿Lo ves? Me paro a pensar y veo que hace meses no habría sido capaz de pensar en palabras como "blasfemo" o en comparaciones como la del vampiro. Estoy aprendiendo gran cosa de Wam-tanka, la chavala que me guía, me ha hablado del mako, y de la energía del Éter, y cuando esté preparado, me hablará de la Corriente Vital. Ya te contaré... Y de lo que más ganas tengo es de que me dejen conocer al jefe de todo el cotarro, el viejo ese tan raro que se llama Bugenhagen. Me muero de ganas de mirar por ese gran telescopio que se ve desde kilómetros a la redonda. &lt;br /&gt;Bueno, Izzy, de momento eso. Saludos al mastodonte, al pervertido y al periodista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Doran&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PD: Siento mucho lo de Darren. Dale mis condolencias a Henton."&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Isabella cerró la carga con una sonrisa de genuína alegría, la primera que lucía desde la muerte de Darren. Henton no había vuelto a ser el mismo. Cada vez más violento y expeditivo en los combates, se entregaba a la lucha con una motivación fría y destructiva. Había seguido estando ahí cada vez que Izzy necesitó consuelo, pero él no lo buscó nunca, abandonándose a la violencia controlada para sobrellevar su pérdida. Al menos estaba Malcolm, siempre atento para formar la clásica pareja entre el gay y su amiga, y arrancarle alguna pequeña alegría. El camarero odiaba ese papel a rabiar, pero estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de animar a Izzy. En ese momento él se encontraba en la planta principal, sirviendo combinados para los clientes, cosa que le pareció apropiada, ya que así no se metería con ella por ponerse sentimental con la carta, o con Rolf.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rolf miraba el vaso. Quedaba aproximadamente la mitad del caro whiskey, y a través del vidrio podía ver la botella mediada a la que había estado desangrando a lo largo de toda la noche, y sonriendo con cinismo. Tenía muy claro por que se había puesto a beber: Lo hizo porque sentía que tenía que pensar. El alcohol embotaba la mente, pero la resaca era la mejor amiga de aquellos que querían encarar la verdad teniendo las ideas claras. Aún no sentía ninguno de los efectos del alcohol que denotaban que había pasado varios puntos de no retorno, pero si podía notar algunos: Sentía dificultad para concentrarse, una ligera lentitud de reflejos y una dosis extra del cinismo que acompañaba todas sus temporadas de mal humor. &lt;br /&gt;Su pequeña utopía, una mesa solitaria en la zona vip de la tower, se vió quebrada con el sonido de una de las sillas al ser arrastrada hacia atrás. Al levantar la vista pudo ver a Daphne y Han tomar asiento a su lado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Joder... - Apuró el vaso, antes de depositarlo boca abajo sobre la mesa. - La extraña pareja ataca de nuevo.&lt;br /&gt;- Creía que eramos un trío... - Respondió Daphne con cinismo.&lt;br /&gt;- Nunca lo fuimos: El piloto nunca tuvo huevos de probar. - Rolf rió solo su propia ocurrencia. - Hacedme un favor: Largaos. Id a mi casa a jugar a la consola, a beber, a conducir, a follar... Entre vosotros o con más gente, no me importa... Pero dejadme en paz hoy ¿vale? Y tú, Han, tenemos que hablar mañana de...&lt;br /&gt;- ¡No! - La palabra rompió el silencio, haciendo que ambos hombres se girasen hacia Daphne. El tirador perdió su gesto de fastidio, y el piloto el de indiferencia. - Me has tenido paranóica, Rolf. Casi pierdo la cabeza, temiendo que te la hubiesen volado a tí, y  lo peor es que como me drogaste no era capaz de resistirme o intentar detenerte. ¿Entiendes lo que es eso? ¡¿Te imaginas como me sentí?! - Rolf no la miraba. Sus ojos permanecían en el vaso, colocado boca abajo sobre la mesa, en señal de que la fiesta había terminado. Sopesó la botella, planteándose un chupito de despedida, pero lo dejó correr. Tras un incómodo silencio, encaró a Daphne y habló.&lt;br /&gt;- Cierra la puta boca, ¡engendro! - El insulto, gritado a la cara, dejó a la transexual completamente paralizada. Han se giró sorprendido: Nunca había creído a Rolf capaz de atacar así a una persona que se suponía que era su amiga. &lt;br /&gt;- Rolf... - Fue la única respuesta que fue capaz de dar.&lt;br /&gt;- Ni "Rolf" ni "escucha" ni nada. - Dijo mientras cambiaba de idea y servía una última copa. - Lo he dejado muy simple: Eres una maldita aberración amorfa y no me interesa saber nada de tí. ¿Que es lo que no entiendes? - Daphne era incapaz de hablar. Sentía como un nudo se había formado en su garganta y la oprimía hasta el punto de no dejarle respirar. Una lágrima cayó, deslizándose a lo largo de su mejilla. No era sino la primera de muchas, pero el tirador simplemente se carcajeó aún más. - Veo que lo de llorar si que sabes hacerlo como una mujer. &lt;br /&gt;- ¿Cómo puedes...? ¿Cómo puedes decir? - Daphne estaba confusa, pero sobre todo dolida. Había llorado de rabia e impotencia, por miedo a que Rolf estuviese tirado en un basurero con la cabeza abierta de un balazo, y ahora se encontraba con que quien estaba acabando abatida era ella. &lt;br /&gt;- ¡Lávate las lágrimas y compórtate como un hombre de verdad! - Gritó Rolf, mientras estiraba el brazo para coger el vaso, pero Han fue más rápido, y a por la botella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En menos de un minuto, Rolf estaba tirado en el suelo, sangrando por el labio, que tenía partido, mientras dos de los vigilantes de seguridad trajeados, antaño moteros de los Dragones de Neón, sujetaban al piloto, evitando que siguiese golpeando al tirador. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Hijo de puta! ¿Así es como aprecias a la gente que se preocupa por tí? ¿Así es como devuelves el cariño que esa tía te tiene, pedazo de maricón? - Rolf se reía mientras el de seguridad lo ayudaba a levantarse. Su rostro permanecía cubierto, dando la espalda al piloto. "¿Esa es tú respuesta?", pensó Rolfhelm, "pues bien. Sea." &lt;br /&gt;- ¿A quién has llamado maricón? - Preguntó mientras se erguía y alisaba su camisa.&lt;br /&gt;- ¡Sal fuera, donde los pingüinos estos no se metan en medio, y te hago un mapa! - Gritaba Han, intentando zafarse.&lt;br /&gt;- ¿Y qué me vas a decir, si eres tú el que ha traído al bicho con trompa? ¿Eh? ¿Quién es el maricón ahora? ¿eh? - Rolf se volvió, y en su mano había una Aegis Cort cargada y lista para abrir fuego, a tan solo medio metro de la cara del piloto. - ¿Quién?&lt;br /&gt;- ¡Rolf! ¡No! - Gritó Daphne, siendo ignorada por el tirador.&lt;br /&gt;- ¡Cagón! - Escupió el piloto. Los vigilantes se apartaron, confusos. Uno de ellos dio un corrió a por refuerzos, mientras el otro intentaba tranquilizar a Rolf.&lt;br /&gt;- Dí lo que quieras: Yo gano, y tú eres un puto fracasado: Te ganas la vida por la mínima, en un antro de mala muerte. Estás aquí gracias a un servicio oportunista, pero no eres nada, ni lo serás. - El piloto lo miraba con auténtico odio, encarando la pistola. Daphne pudo ver como le temblaba el pulso, pero Han tuvo el autocontrol suficiente como para mantenerse erguido. &lt;br /&gt;- ¿Y qué mierda ganas tú, triunfador? - Logró preguntar.&lt;br /&gt;- Soy autosuficiente. &lt;br /&gt;- ¡Claro que lo eres! - Han no sabía si lo que lo había ofendido de repente e instado a responder era la afirmación o la sonrisa jactanciosa que la subrayaba. - ¡Eres una puta vívora indigna de confianza, que quema a todas aquellas personas con las que contacta, sacándo todo aquello que puede de los demás para su propio beneficio y yéndose por la puerta de atrás antes de que nadie pueda pedir nada de él! ¿A que no me equivoco? &lt;br /&gt;- Y tú, mi estimado indigente, eres un currante de sol a sol que se resiste a abandonar sus esperanzas por vanas que sean. Quema sus escasos talentos por su propia estupidez y nunca llegará a nada. ¿Me equivoco? - Han no respondió, y Rolf concluyó su afirmación. - Si fueses mínimamente inteligente, tendrías un grupo decente, un coche propio y quizás incluso una mujer de verdad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daphne pudo ver claramente un espasmo de ira sacudiendo todo el cuerpo del piloto como si fuese una descarga eléctrica. Rolf acababa de traspasar una línea de la que no había vuelta atrás, y si ella no lo impedía, se corría el riesgo de acabar de la peor forma posible. Corrió a interponerse entre ambos, pero Han la apartó de un empujón. Entonces ella se tranquilizó al ver una presencia temible erguirse tras el tirador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Rolf, ya has bebido más que de sobra. - La voz de Henton resonaba como el tañir de un gong: Contundente, y tan potente que cuando dejaba de oírse, quedaba un vacío que llenaba el aire. &lt;br /&gt;- ¿Crees que el problema es por el whisky? - Preguntó con sorna el asesino, confiado por la bebida, el arma y su amistad con el coloso.&lt;br /&gt;- Creo que el problema será tener que sacarte del culo esa puta pistolita como no desaparezcas de aquí antes de que tenga que decir una sola palabra más. - Pocas veces se le veía hablar tan en serio. Rolf lo vió, a menos de un metro de distancia, y luego vio su arma, en su mano, extendida hacia el piloto. La mirada de Henton era elocuente y directa: No te dará tiempo. Rolf decidió tomar en serio la amenza. Rompió a reir un rato, antes de empezar a hablar, pero no antes de bajar el arma.&lt;br /&gt;- Vale, grandullón. Entiendo que la he montado bastante. Supongo que ya nos veremos. Pringao, engendro... Espero que eso no os incluya. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un andar arrogante, el tirador se fue caminando despacio. Keith había llegado junto a Rolf, avisado por el otro agente de seguridad, y estaba dando órdenes de que no le dejasen coger la moto y le llamasen a un taxi. Han no se había movido ni un ápice, e ignoraba las disculpas de Keith. Por lo visto, a los vips no los registran. Son los únicos que pueden entrar armados en el local. Daphne contenía las lágrimas, mientras se acercaba al piloto, pero cuando apoyó la mano en su hombro, este la apartó de un manotazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es por lo que ha dicho, ¿verdad? - Han asintió, sin mirarla. - Oye, no quiero que te sientas mal por mí. Somos amigos y nunca ha pasado nada, así que...&lt;br /&gt;- ¿Tú? - Han la miraba, confundido. - ¡No seas idiota! La verdad es que me gustaba Pearl, la de la orgía, pero como es amiga del cabrón ese, para mí, como si hubiese muerto. Es lo otro.&lt;br /&gt;- ¿Lo otro? ¿Tú grupo?&lt;br /&gt;- Eres idiota... - Han sacudió la cabeza. - Tiene razón, ¿no te das cuenta? Soy el mejor piloto de todo Midgar, y ni siquiera tengo un coche para competir. ¡Es como si fuese un puto tetrapléjico!&lt;br /&gt;- No te habrás ofendido por... - El piloto ni siquiera se quedó a escucharla, sino que acababa de apartar una silla de un golpe para abrirse camino, y se marchaba a largas zancadas. Intentó correr tras él, pero le fue imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era bien temprano, apenas estaba empezando a amanecer, pero a Kurtz no le sorprendió ya que los nuevos reclutas estuviesen preparados antes que él. Intentó imponer un ritmo atroz, obligándolos a acogerse a una disciplina casi militar, empezando por hacerlos madrugar como nunca en sus putas vidas, pero al segundo día se encontró con que no solo habían madrugado, sino que aún encima se habían levantado con tiempo para prepararse y arreglarse para el desfile de modas que habían creído que era el servicio en Turk. Probablemente ese imbécil de Van Zackal no había hecho sino animarles a anteponer su imagen a su preparación. El tiempo diría quien tenía razón y quien no. &lt;br /&gt;Al segundo día se encontró con que muchos de sus pupilos sìmplemente venían de reenganche, tras pasar la noche de juerga relajada. Era fácil reconocer cuales practicaban ese modo de vida: Pupilas dilatadas, ojos enrojecidos, risa tonta... "Vitaminas" para mejorar la resistencia.  Ahora solo era cuestión de tiempo que eso le estallase a alguien en la cara. Decidió desentenderse. Meterse en la vida de cada uno fuera de las horas en las que estaban bajo su mando únicamente llevaba a que llegasen quejas a Van Zackal, y de ahí a Jacobi, de modo que Kurtz solo se tomaba la molestia cuando creía que era alguno de los pedazos de mierda que valía mínimamente la pena. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que se iba acercando a la sala de entrenamiento, mirando su reloj para llegar como siempre a las seis cero uno horas, un rumor de risas iba creciendo, más fuerte cuanto más se aproximaba. Esos graciosos estaban teniendo un buen día, y se preguntó por que. Encontró la respuesta adherida a la puerta de la entrada: Dos fotos de rostro, frente y perfil, a tamaño natural. Un chaval de unos diecisiete años, despeinado, con una sombra incompleta de barba de tres días, miraba desafiante a la cámara, marcado con los múltiples moratones de una de las detenciones más disputadas de ese año. En el cartel que sostenía en la mano, con un descarado corte de mangas a la cámara, se leía junto al número de expediente: Kurtz, J. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando entró, con una luminosa sonrisa en el rostro, las risas de los chavales se congelaron. ¿Qué esperaron? ¿Cabrearlo? ¿Cómo? ¿Recordándole lo guapo que era con diecisiete? Mucho que aprender, y mucho por andar les quedaba a esta panda de críos. Kurtz se cuadró ante ellos y miró fijamente a cada uno a los ojos, antes de avanzar hasta un extremo de la formación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Truñelkovna! - Llamó a una de las novatas, una rubia maquillada cuyo uniforme parecía listo para presentar cualquier programa sobre música para adolescentes sin criterio. - Aquí. Y Margarito a su lado. - Dijo al anoréxico al que había visto vomitando tras la hora de la comida. El rancho que les servían en el campo de entrenamiento si que era para vomitar. Las raciones servidas en Turk, en comparación, eran el paraíso. Y así siguió llamándolos, por sus despectivos apodos hasta que hubo recolocado la formación al completo a su gusto, dejándolos a todos confusos, sin saber a que venía el reajuste. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Supongo que os preguntaréis por que os he colocado así. - Coro de murmullos, preguntas y chistes. Solo tres permanecían en silencio: Kaluta, Traviesa y Maravloi. El primero en un extremo de la fila, erguido, orgulloso y desafiante. El tercero, en un lugar poco visible, en la segunda hilera, sudando y con evidentes gestos que delataban su miedo. Traviesa, por último, estaba cerca de Kaluta, pero con algunos otros novatos en medio, curiosa y ansiosa por empezar. - Es muy simple: Ocupáis el lugar que os corresponde según vuestras habilidades a la hora de... Partir caras. - Se alzaron una serie de murmullos, entre orgullo y protesta, que Kurtz ignoró sin gesticular si quiera. - Sé que se os ha dicho que ser turco es algo más que salir a la calle a golpear a la gente, pero me parece que no se os ha explicado exactamente lo que supone el uniforme, o como cojones llaméis a eso: La reputación del departamento de investigación siempre nos ha marcado como agentes expeditivos y eficaces. Pasamos por encima de quien sea, como sea, y nunca dejamos que nadie nos mire por encima del hombro, y vosotros, como agentes, tenéis el deber de responder a estas espectativas. ¿Qué los nuevos turcos de Rufus no son una panda de neanderthales violentos y agresivos? ¿Qué tenéis que ser guapetones e ir divinos? Me importa una mierda, siempre y cuando seáis capaces de partir caras. El traje es una diana. La gente os verá con respeto, odio y temor, y vosotros tenéis que demostrarles que realmente hay algo a lo que temer. Si os dan de hostias u os humillan y no podéis impedirlo o responder, toda la oficina queda mal. Si la oficina queda mal por culpa de un idiota, las represalias irán contra los que os agredieron y contra vosotros, de modo que os lo diré ahora y solo ahora: Si tuviese que tomar hoy la decisión, solo los seis primeros de la fila pasarían el ingreso, y aún así tendrían que seguir entrenándose intensivamente. El problema es que mi opinión no se tendrá en cuenta, como probablemente os habrá dicho el sargento Van Zackal, de modo que vosotros veréis. ¿Alguna pregunta? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se formó un murmullo de protestas, maldiciones e insultos, que Kurtz prefirió ignorar. Aún así había un par de casos en los que tenía pensado de antemano dar explicaciones, y uno de ellos tenía la mano levantada y un gesto de estupidez bovina bien marcado en el rostro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días, Envenao. - Saludó al novato: Era un mastodonte unos cuantos centímetros más alto que él mismo, y tan ancho como el propio Henton. Ni siquiera llevando la chaqueta abierta conseguía disimular su inmensa musculatura. Los dos únicos puestos que lo separaban del final de la clase eran dos novatas que creían que ser turco era como ser modelo, pero con pistola y permiso para pegarle a la gente. &lt;br /&gt;- Envers, señor. - Corrigió, preguntándose por que su sargento aún no era capaz de pronunciar su nombre.&lt;br /&gt;- Envenao. ¿No te has preguntado en estos días de donde viene tu apodo?&lt;br /&gt;- ¿Apodo? ¡Ah! - Se formó un pequeño coro de risas, y el novato decidió disimular, erguirse y mirar de forma amenazadora a los que parecían disfrutar con su torpeza. - Señor, yo quería preguntarle por que soy del final si soy el más cachas del grupo.&lt;br /&gt;- Te voy a responder a las dos, Envenao, pero solo porque me encanta darle caña a los maricas de gimnasio como tú. Tú no tienes paciencia, ¿verdad?&lt;br /&gt;- ¿Qué quiere decir, señor? - Kurtz sonrió y siguió tanteando.&lt;br /&gt;- Si por tí fuese, ahora mismo estarías patrullando la ciudad aún a riesgo de no estar lo suficientemente preparado. ¿Me equivoco?&lt;br /&gt;- Yo y muchos más... - Respondió con timidez.&lt;br /&gt;- Tampoco has tenido paciencia para tus musculitos de marica: Te he visto en las duchas, y tienes los brazos llenos de marcas de agujas. ¿Creías que no me iba a fijar? ¡Tu resistencia es de risa, apenas eres capaz de moverte solo por el tamaño que ocupa tanta mierda y para colmo no eres ni la mitad de fuerte de lo que aparentas! &lt;br /&gt;- ¡Señor, puedo levantar más de cien kilos!&lt;br /&gt;- Sí, pero no podrías ni siquiera pegarte con la primera mujer de la lista, como para aún encima darle permiso a Cagarruta, Truñensen o Virgen para que te crujan. &lt;br /&gt;- ¡Puedo con cualquiera de ellos! &lt;br /&gt;- ¿Algún voluntario? - El brazo alzado de Traviesa fue la confirmación: Todo tal y como el sargento había planeado. - ¡Travelo! ¡Paso al frente! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Realmente fue un espectáculo de lo más patético. Era como una niña escapando de un gordo, solo que aquí la "niña" se paraba a castigarle el hígado y el ciático cada vez que lo pillaba por la espalda, lo cual era demasiado a menudo como para estar hablando de un aspirante a turco. El marica de gimnasio no solo parecía estar dando palos de ciego, como si intentase dar puñetazos a un mosquito, sino que además sus golpes eran lentos, y parecidos a esos puñetazos de western clásico, que se ven venir a kilómetros. Solo una vez logró alcanzar su objetivo, en plena mejilla de la aspirante a agente, para obtener un "me esperaba otra cosa" como respuesta. Kurtz juraría que Traviesa se dejó dar. &lt;br /&gt;Tras un par de minutos, el penóso espectáculo llegó a su fin cuando el payaso, jadeante e incapaz de levantar los brazos recibió una patada en la nariz y otra en el cuello. El sargento aún tuvo que frenar a la aspirante, deseosa de dejarle alguna muestra de deportividad mientras estaba en el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Travelo ostenta el número seis en la lista, pero al final de esta sesión podrá pegarse con Virgen por el cinco. Tú eres el dieciocho. - Kurtz tenía que sujetar la barbilla del novato y obligarlo a mirarle la cara. Respirar le estaba costando un infierno, y quería asegurarse de que no caía inconsciente todavía. - Mañana no vengas si no quieres... Ni nunca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maravloi había contemplado con evidentes gestos de pánico como se había desarrollado la escena: Kurtz estaba creando una especie de tiranía, un gobierno de los más fuertes y los más violentos, e incitando a los que estaban fuera a derrocarlo por la fuerza bruta. En resumen: En lugar de enseñarlos a comportarse como una unidad, los motivaba para que se apaleasen entre ellos, poniendo en pleno centro de la diana a Kaluta, el aspirante que lo había desafiado abiertamente. &lt;br /&gt;Por otra parte, no era cierto que Kurtz necesitase usar al resto del grupo como su ejército personal para plantar cara a Kaluta, como había visto cada día de entrenamiento, durante el descanso antes de pasar a disposición de Van Zackal. Solo Traviesa era la única con ganas de probar suerte después de que el veterano de las fuerzas especiales recibiese su dosis diaria de humillación. Y él, desde luego, se negaba a participar en semejante acto de barbarie, aunque también era cierto que a menudo se quedaba a ver. Siempre aprendía algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cagarruta, Travelo y cualquiera que se haya encontrado los cojones esta mañana al vestirse y crea que sepa como funcionan, hoy os toca esperar un rato. - Dijo jactancioso el sargento, refiriéndose al acostumbrado ritual del cuadrilátero post entrenamiento. Mientras tanto, Maravloi lo veía acercarse a él y se sintió condenado. - Mariflori, a mi despacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Concentrando todos sus esfuerzos en mantener cerrados sus esfínteres, Jensen Pyetronovich Maravloi caminó tras su sargento con paso vacilante. Tanto que su superior se giraba tras doblar cada esquina para asegurarse de que seguía ahí, riéndose como si estuviese anticipando algo de lo que solo se iba a reír él. Finalmente, abrió la puerta y entró a toda prisa, sacando uno de sus cigarros y encendiéndolo con visible alivio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Putas normas anti-tabaco... ¿No crees que solo deberían referirse a esos cigarrillos apestosos? &lt;br /&gt;- Eh... No se. - Preguntó el novato. Se pasaba la mano por el pelo, preocupado. Su imagen buscaba ser una especie de "clásico moderno bohemio", pero ahora mismo era más del estilo del "clásico cadáver en ciernes". - Yo... yo... no fumo. Ni cigarrillos, ni... Bueno... Si que lo he probado, pero...&lt;br /&gt;- No estamos aquí para hablar de tabaco. - El rostro del sargento adquirió una seriedad repentina e inusitada, que dejó al novato descolocado. ¿Era esa la señal de que la trampa se cerraba? De Kurtz se esperaba algo más del estilo de carcajadas violentas y arranques de ira, pero su rostro era igual de terrorífico, dando una imagen totalmente neutra, de la que la única sensación que obtenía era la amenaza evidente de esos ojos fijos en él, rodeados de cicatrices. - ¿Verdad?&lt;br /&gt;- Eh... Supongo. - Kurtz sonrió y se levantó de nuevo. La trampa se cerraba ahora mismo, y él paralizado en su sitio, intentando no cagarse encima. En un segundo se volvió, tomó un papel y lo estampó en el modesto escritorio de contrachapado, delante de sus mismísimos ojos, antes de sentarse, poner su rostro a la misma altura del del novato y sonreír maliciosamente.&lt;br /&gt;- Has sido tú, Jensen Pyetronovich, a mi no me engañas ni con un ejército de asesores políticos. - En el papel, una versión adolescente de su sargento lo miraba con desprecio desde una ficha policial de hace, así a ojo, media eternidad. Lo que realmente desarmó cualquier argumento defensivo por parte del novato fue ver a su sargento encarándolo, con su miserable mesa de contrachapado interponiéndose entre ellos (había visto el caro escritorio de diseño del otro sargento, y su despacho, mejor situado y más grande). En el rostro de Kurtz no había amenaza, sino certeza. De algún modo sabía que había sido Maravloi quien colocó los carteles, y eso que el novato se aseguró de no quedar registrado en ningún momento por las cámaras de vigilancia que llenaban el edificio Shin-Ra. Esa misma certeza era tal que Kurtz no veía necesidad de respaldarla con amenazas. &lt;br /&gt;- ¿Como lo supo, sargento? - Asumiendo sus hechos, el novato se vio, de repente, más sereno. &lt;br /&gt;- Uno: Es el trabajo de una impresora de calidad, de modo que no ha pasado por imprentas ni copisterías de barrio, y además ha sido obtenido informáticamente. Tú tienes el suficiente dominio de los ordenadores y esas mierdas como para conseguir la ficha, y eso que mis antecedentes preescribieron anticipadamente por el servicio militar, y además tienes esa mania de usar solo cosas de la mejor calidad. &lt;br /&gt;- ¿Cómo sabe lo del dominio informático, señor? &lt;br /&gt;- Se que tipo de solicitud habéis rellenado cada uno para entrar, como lo habéis hecho y cuanto habéis tardado en hacerlo. Siguiente punto: La pulcritud. Es una impresión perfectamente alineada, con márgenes perfectos y en papel satinado de gran calidad, tan suave que podrías limpiarte el culo con él. Tú eres tan pijo que vienes a hacer entrenamiento físico con zapatos de diseño y chaleco. &lt;br /&gt;- No soy el único que se arregla de un modo especial.&lt;br /&gt;- Eso es cierto, Jensen, pero mientras los demás son "fashion", tú eres, más bien eso: Pulcro. De todos modos, estoy un poco hasta los cojones. Te vas a buscar un calzado que sirva para partir caras, resista impactos y no resbale, o me ocuparé personalmente de que te arrepientas de no hacerlo. Ah, y lo olvidaba: El tercer dato que apunta a tí es que te has quedado en todas las "lecciones extra", aunque sin atreverte a recibir ninguna por tí mismo. Sin embargo has visto cada paliza que dí a tus compañeros, cada pulla que lancé y cada amenaza. Probablemente yo mismo dejé caer a Kaluta que aprendí a dar hostias en la calle, o que ya estaba jodiendo gente a lo grande cuando era mucho más jóven que él. Lo único que me extraña es que no hayas encontrado también la foto de mi licencia militar con deshonor. Habría sido bastante más jodida.&lt;br /&gt;- Sinceramente, señor... No era tan graciosa. - A Kurtz le dio la risa. Desde luego que no: Un adolescente rebotao en un arresto por disturbios si que tiene gracia. Un militar trastornado, condenado por varios homicidios ya no tanto. &lt;br /&gt;- La idea era joder, pero no cabrear, ¿no? - El sargento se sentó, repasando mentalmente nuevas posibilidades. - ¿Y por qué no quieres cabrearme, Mariflori? - Volvió a usar el apodo para provocarlo.&lt;br /&gt;- Porque usted se comporta como un maníaco violento ante las provocaciones, señor. He oído... cosas.&lt;br /&gt;- ¿Estrés post traumático? ¿Fatiga de combate? ¿Esquizofrenia? He llegado a oír rumores acerca de que he sido usado como conejillo de indias para psicofármacos de combate. En realidad simplemente soy un cabrón muy hostil, pero no me creo que te inhibas solo por miedo. Tambien has visto que aún no he hecho ningún daño permanente, sino que siempre que he partido caras han sido más en plan "lecciones", forzando la rendición del otro. Lo has visto cada día en Kaluta y Traviesa.&lt;br /&gt;- Si, señor. Supongo que usted se expondría a una sanción si nos hiriese.&lt;br /&gt;- Cabreo mil veces más a los jefes haciendo otras cosas, no creáis que me importáis tanto, ni que temo a ninguna puta sanción administrativa. Mira, pipiolo, ya hemos dado bastantes vueltas: Eres el número quince en la lista de tíos duros. Eso te coloca encima de dos modelos anoréxicas, un marica de gimnasio adicto a los anabolizantes y un icono pop anoréxico con problemas de coordinación. Tus posibilidades de sobrevivir ahí fuera son pocas, y pasan necesariamente por caerle bien a Van Zackal y salir en las fotos de sociedad en lugar de ser un turco de verdad. ¿Tú quieres eso?&lt;br /&gt;- Eh...&lt;br /&gt;- ¿Es una pregunta demasiado complicada, novato? - Kurtz realmente estaba sorprendido al ver que se lo pensaba tanto.&lt;br /&gt;- Si. Quiero decir, lo es, señor. Mi primera... Esto... ¿Permiso para hablar libremente, señor? - Su sargento asintió. - Mi primera respuesta es "no". He estado viendo toda esa propaganda de Turk, y además me gustaría hacer algo por los disturbios en las calles, ahora que con el estado de excepción los desórdenes son tan frecuentes. En resumen, no he venido para ser una estrella de prensa rosa, a diferencia de lo que parece una tendencia general. Sin embargo, señor, usted lo pinta con una disyuntiva evidente: O me convierto en un "turco mediático" o voy a morir, y la verdad...&lt;br /&gt;- La verdad... - Interrumpió el veterano. - Es que con el periodo de entrenamiento al que se sometía a los agentes antes del nombramiento de Jacobi como capitán, el setenta por ciento de vosotros, de haber sido aceptados en el entrenamiento, ya habríais muerto. &lt;br /&gt;- Yo incluido, supongo... Señor. &lt;br /&gt;- Tú incluido, Jensen Pyetronovich Maravloi. Tu puntería no es nada destacable, y por lo que he visto, cualquier pandillero con un poco de experiencia podría hacer que te vayas a casa llorando, pero al menos has demostrado algo con esto. - Señaló a la foto de la ficha policial. - Sabes investigar, y en Turk no solo tenemos que saber partir caras, sino también saber a quien partírsela. Demuestra que eres capaz de obtener información sobre cualquier cosa y yo firmaré gustosamente tu aptitud en las pruebas físicas, con una condición. &lt;br /&gt;- Le escucho, sargento.&lt;br /&gt;- ¡Claro que me escuchas! ¡No te jode! - Kurtz rio con sarcasmo. - Este es el trato: Quiero un dossier completo sobre tu compañera, Traviesa, que no dice ni su nombre, y otro sobre tu otro sargento, Van Zackal. Los quiero sobre mi mesa antes de que acabe el periodo de instrucción y sin que nadie lo sepa nunca. Y la condición de tu aprobado es que sigas con tu preparación física aunque ya hayas pasado la instrucción.&lt;br /&gt;- ¿Puedo preguntar por qué esas dos personas en concreto? - El veterano lo miró fijamente unos segundos, antes de contestar.&lt;br /&gt;- En cuanto a tu compañera, parece un hueso duro de roer en lo referido a todo su pasado. No podrás obtener nada de ella, y no responde a la intimidación, coacción ni chantaje. Tengo curiosidad por saber que pinta aquí, en Turk, y por que la cogieron. En cuanto a Van Zackal, creo que si te vas a quedar, estará bien que sepas como son las cosas aquí dentro. - Kurtz se volvió a levantar. - ¿Alguna última pregunta? &lt;br /&gt;- Si se nos elige como una especie de "casting", ¿qué cree que pinta alguien como Kaluta en el grupo?&lt;br /&gt;- Esa es fácil: Lo han alistado para que me partiese la cara y les salió mal. ¿Algo más? - El novato no se levantó, señal de que si había otra pregunta, pero por lo visto no le era fácil plantearla.&lt;br /&gt;- ¿Realmente cree que nuestras posibilidades de sobrevivir son tan pocas?&lt;br /&gt;- ¿Con el estado de excepción? Yo mismo me las he visto con unos cuantos miembros de SOLDADO. Un par de ellos eran primeras. ¿Realmente crees que tenéis alguna posibilidad contra alguien así? Durariais menos que el tío ese que sale en la prensa barata esquivando trenes con los ojos vendados. &lt;br /&gt;- Si nos han seleccionado, será por algo...&lt;br /&gt;- Te apuesto aquí y ahora cien giles y un maravilloso puro coreliano de plantación tradicional, liado a mano, a que palman un mínimo de tres en las primeras cuatro semanas. - El novato le tendió la mano en silencio. Kurtz pudo ver la esperanza reflejada en sus pupilas, y la tomó, estrechándola brevemente. - Si me disculpas, Mariflori, me voy a pegarle a tus compañeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Realmente lo ves tan mal? - Desde las cintas elípticas, Mashi y Svetlana fingían entrenar, cuando en realidad lo único que estaban haciendo era espiar el entrenamiento especial que Kurtz dedicaba a Yvette y a sus nuevas incorporaciones. Les sorprendió ver que Yvette no solo no se había frustrado al perder su exclusividad, sino que disfrutaba con su superioridad sobre Traviesa y Maravloi, cuando se presentaba.&lt;br /&gt;- Piénsalo, chaval. Os eligieron por vuestra apariencia. Har fue policía durante años. Yo serví en la 90 de fuerzas especiales y luego en los SWAT, y Kurtz es un veterano curtido de la guerra de Wutai&lt;br /&gt;- Ya lo se... Lo se de sobra. Pero Montes es cinturón negro de tres artes marciales. - Comentó el novato.&lt;br /&gt;- Si fuese tan duro estaría sobre el ring, y no entrenando allá al fondo, enseñando técnicas mortales de película a cuatro payasos impresionables. - Escupió la veterana.&lt;br /&gt;- Realmente parece que te moleste que prefieran entrenar con Montes antes que con Kurtz...&lt;br /&gt;- ¿Cómo no me va a molestar? ¡No tiene sentido! Montes es un payaso, y ha estado al frente en tantas misiones en todos sus... meses de servicio, como yo en las dos últimas semanas. ¿Qué esperan aprender? ¿Cómo hacer mamadas a Jacobi?&lt;br /&gt;- Si, ese es un buen ejemplo. - Svetlana miraba a Mashi con indignada sorpresa, como si acabase de insultarla. - Se hacen amigos de Van Zackal durante la instrucción, y de Montes en estas sesiones extra. A eso le sumas que logran arreglarse y ser más fashion todavía y lo único que les dispararán en toda su vida, serán flashes de paparazzi. - La veterana lo miraba con un gesto amargo y desencantado. - ¿Ves como todo es cuestión de perspectiva, mamá oso?&lt;br /&gt;- Cachorro, sé perfectamente como reconocer el gesto extasiado de un par de novatos aprendiendo nuevas formas de partir caras. &lt;br /&gt;- Es posible. No me metí en este trabajo por la carta blanca para ser un cabrón violento. &lt;br /&gt;- ¿Quien crees que si? - Svetlana estaba intrigada por como había dicho Mashi aquello de "Cabrón violento". En ese preciso momento, sobre el ring del gimnasio, Kurtz acababa de detener un puñetazo a medio centímetro de la sien de uno de los novatos, al que antes había derribado y estaba retorciendo varios dedos, dejándolo indefenso. Parecía estar disfrutando mucho con ello.&lt;br /&gt;- Es evidente... - Mashi levantó la vista. &lt;br /&gt;- Dilo, Cachorro. Quiero oír como lo dices. &lt;br /&gt;- ¿Kurtz? ¿Yvette? &lt;br /&gt;- Por lo que se, la petarda rubia está ahí por que es una rica aburrida y ansiosa de emociones. Eso no quiere decir que quiera agredir a nadie. &lt;br /&gt;- ¿Y Kurtz? ¿A cuanta gente ha matado? ¿A cuanta ha herido? &lt;br /&gt;- ¿Qué importa? - Svetlana realmente parecía no darle importancia al asunto.&lt;br /&gt;- ¿Cómo que qué importa? ¡Hablo de vidas! ¡Hablo de gente a la que mató!&lt;br /&gt;- ¿Hablas de cuando luchaba por su supervivencia en la jungla, o de cuando se vistió un traje negro y empezó a salir a la calle para asegurar mediante el terror el dominio de una compañía que pretende asentar su recién adquirida dominación mundial, para la que, por cierto, tú trabajas?&lt;br /&gt;- ¿Y con ese gusto por las múltiples morales, tú, le dices a tus hijos lo que está bien o mal? - Suspiró Mashi casi derrotado. - Pero un homicidio siempre es un homicidio. &lt;br /&gt;- ¿Que quieres que te diga? Kurtz mata, yo mato, los locos a los que abatimos matan, las enfermedades matan, los ganaderos matan... ¿Has olvidado que de no ser por él, la seguridad de la Tower of Arrogance te habría llenado de plomo? Tú mismo me lo contaste. &lt;br /&gt;- ¿Entonces las acciones se compensan? - Preguntó ya abandonando el tema, ante la imposibilidad de seguir con el debate. - ¿Cuántos cadáveres han quedado compensados con mi salvación? ¿Cuanto valgo?&lt;br /&gt;- No es una cuestión de compensación, Mashi: Mañana, un ejemplar padre de familia puede tomar la decisión equivocada y coger un arma o un pedazo de materia, y yo le volaré la cabeza sin pensar en ello. Una mala decisión y toda una vida a la mierda, y te aseguro que no me importará. Después de apretar el gatillo, todas esas buenas o malas acciones quedan en el recuerdo de quien lo quiera conservar.&lt;br /&gt;- Y tú simplemente te desentiendes. &lt;br /&gt;- Yo me preocupo de cosas a las que doy más importancia, como evitar que mis hijos o mi marido tomen algún día una mala decisión. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rolf caminaba de un lado a otro de su piso sin detenerse en ningun lugar. Los últimos rayos de sol despuntaban sobre las azoteas de la ciudad, pero él acababa de levantarse. Al fondo, el pitido del microondas insistía una y otra vez en que su café ya estaba preparado, pero Rolf tenía otras preocupaciones mayores que el propio desayuno. Se dejó caer en el sofá, mirando sus manos. En una, tenía un mensaje de texto ya escrito en su PHS, breve y conciso, según el código acordado: "Hay una peli interesante a punto de ser estrenada. ¿Quedamos para verla? Me urge ir.". En la otra mano, estaba la placa que había arrancado al tirador misterioso, con sus muescas y su única palabra reconocible: Pastor. A miró hacia la mesita del salón, donde su ordenador portatil estaba encendido, con las últimas páginas web que había estado consultando (una sobre teorías de la conspiración y la otra era una guía del código Morse), y pulsó una tecla en su PHS, mientras su mirada se desviaba hacia la Aegis Cort preparada, al lado del teclado. En la pantalla apareció la confirmación de un nuevo mensaje de texto enviado a SK. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos minutos más tarde, sentado, con la mirada perdida en su taza de café, oyó como el timbre de la puerta sonaba. "Llega pronto", pensó el tirador. Con el dolor y el aturdimiento de la resaca, Rolf caminó hasta la puerta y extendió el brazo hasta la pantalla del interfono, cuando su PHS se iluminó. Lo cogió corriendo, dejando de lado la puerta de la calle. "Otro día, hoy trabajo hasta tarde. SK".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quien cojones...? - Se preguntó mientras la persona que esperaba a que le abriesen la puerta insistía, y pulsó el boton que encendía la pantalla. En ella apareció el rostro de Han. &lt;br /&gt;- ¡Abre de una puta vez, hijo de la gran puta! - "Tan poco original como siempre..." Rolf Pulsó el botón. Para su sorpresa, Han no entró. Levantó una mano ante la cámara, de la que colgaban lo que parecían ser dos juegos de llaves. Han los arrojó en la entrada del edificio de su ex compañero. - Antes de aceptar ser tu mantenido, prefiero renunciar a él. Lo tienes aparcado a pocos metros, hacia el final de la calle. ¡Que te jodan!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-5639536631530080284?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/08/186.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">8</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-7216343958909444234</guid><pubDate>Wed, 12 Aug 2009 01:25:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-08-12T03:27:55.627+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:MEPHISTO</category><title>185</title><description>Incompleto. Si, soy consciente de que es mi segundo relato que dejo a medio completar, pero me han pillado en medio de las vacaciones y me he apañado como buenamente he podido, estoy escribiendo esto mientras termino de hacerme la maleta para irme en dos horas.. Posteo solamente la mitad del relato, la otra mitad la tengo que apañar para que quede como quiero, volveré en 5 dias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un coche que le resultaba extrañamente familiar pasó muy cerca de la acera donde se encontraba, creando una corriente de aire que le levantó el bajo de la gabardina. Se sentía muy extraño con la nueva vestimenta que llevaba. Aang le había dicho que si seguía vistiéndose únicamente con traje cualquier memo le podría reconocer fácilmente, pero esto le parecía excesivo. Giró la cabeza para observarse en el escaparate por decimoquinta vez desde que salió del apartamento cinco minutos antes y nuevamente le chocó. La gabardina beige ya de por si resultaba estrambótica pero… ¿El sombrero de ala corta? Se sintió ridículo y le dieron ganas de volver por donde había venido a probar con otra cosa. Vaqueros, ropa deportiva, una camiseta de algún grupo… Lo que fuera, cualquier cosa la parecía menos absurda que como iba vestido en ese momento. Se lo planteó seriamente durante el tiempo que tardó en volver a recordar que lo realmente importante no era lo ridícula que resultara su ropa, sino el hecho de que le hicieran mucho menos reconocible. Volvió a mirarse. Érissen dudaba que su propia madre, de seguir viva, le reconociera si apareciera en su portal con tales pintas.&lt;br /&gt;Caminaba despreocupadamente por los suburbios del sector 2, en dirección a la estación de tren que le subiría a la placa. Resultaba difícil hasta para el creer que no hacía ni dos meses habría sido incapaz de salir al exterior de su refugio compartido sin otear constantemente en busca de algún reflejo de la mirilla de un rifle francotirador en una ventana, desconfiar de cada mirada que se cruzaba o tener que contener la respiración cada vez que veía algún tipo trajeado. El peligro no había disminuido, de hecho, después de los acontecimientos en el centro comercial, lo más probable es que le estuvieran buscando con mucha más insistencia que anteriormente. No, nada relacionado con lo peligroso que resultaba salir a la calle había cambiado a mejor. Pero él si. Recordó la conversación que había tenido con Aang antes de salir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Estas seguro?&lt;br /&gt;- No creo que haya mucho problema, el único que sabe donde vivimos ahora es tu novio.&lt;br /&gt;- Ya, pero esta es la única vez que decides salir por ti mismo de casa aparte de cuando que dijiste que te ibas y apareció Irina. – Aang sonrió, el carácter de Érissen había cambiado notablemente desde que vieron a Kurtz. Había mañanas en las que se levantaba de un humor sorprendentemente bueno, solían conversar con muchísima mas fluidez que anteriormente, incluso sobre anécdotas de su pasado que incluían a su novia. Realmente parecía una persona totalmente distinta al hombrecillo tembloroso que recogió la noche en la que apareció el Meteorito.&lt;br /&gt;- Ya. Supongo que las cosas han cambiado un poco, creo que ahora estoy mas seguro en la calle que aquí, donde él sabe que estoy.&lt;br /&gt;- No digas bobadas – Rió. – Jonás nunca te haría daño si no le das un motivo.&lt;br /&gt;- Entonces, por si acaso, intenta no ir mostrando por ahí el cortecito que te hiciste en el dedo el otro día con las tijeras – Érissen bromeaba, pero no pudo evitar recordar la última frase que le dedicó el turco. La voz de Kurtz sonó en su cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Si algo le ocurre a ella, por mísero y aleatorio que sea. Le cae un rayo, coge la gripe, se hace una ligera quemadura mientras cocina algún frito… Lo que sea, entonces la culpa será tuya. Y créeme, desearás haber muerto hoy.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No te tomes al pie de la letra todo lo que te dijo, simplemente quería asegurarse de que te preocuparas por mi. ¿Hai?&lt;br /&gt;- Bueno, no se puede decir que no esté preocupado. – Admitió con una media sonrisa.&lt;br /&gt;- Cualquiera diría que le has perdido el miedo a esa organización.&lt;br /&gt;- No creo que exista alguien tan idiota o loco en el mundo como para no tener miedo en mi situación. Nada ha cambiado, sigo temiendo que puedan hacerte daño a ti o acabar conmigo, tal y como hicieron con ella… - El rostro de Érissen se ensombreció ligeramente, fue apenas un momento, pero Aang pudo comprobar que en el fondo los sentimientos de su amigo no habían cambiado. – Pero no ganaré nada quedándome recluido y esperando que la próxima vez tenga tanta suerte como hasta ahora. Tú y Kurtz me habéis protegido, me habéis dado un nuevo futuro. Ahora tengo que amoldarlo al pasado. Puede que me arrebataran el eje de mi vida, pero creo que hay cosas que aun puedo recuperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aang asintió, ligeramente orgullosa de la determinación que su amigo había adoptado, y más contenta que nunca de haber decidido ayudarlo desde un principio, pese a los problemas y peligros que ello había provocado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Está bien, pero recuerda lo que dijimos, tienes que variar tu forma de vestir. – Desapareció por la puerta durante unos instantes, para después volver con un conjunto de prendas en sus brazos y un sombrero en la cabeza. – Hoy te pondrás esto. ¿Hai?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Érissen miró atónito las prendas que le ofrecía su compañera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No importa qué me digas, no pienso ponerme eso ni muerto.&lt;br /&gt;- Claro que te lo vas a poner.&lt;br /&gt;- Ni de coña.&lt;br /&gt;- ¿Y si llamo a Jonás diciéndole que me has hecho este corte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya había sobrevivido las tres veces que habían intentado atacarle, aunque era totalmente consciente de que si seguía con la cabeza pegada al cuerpo era gracias a las compañías que había tenido hasta el momento. Él no podía permitirse mas ser una carga. Palpó la Aegis Cort que descansaba en la parte trasera de sus pantalones junto a dos cargadores y la navaja que Aang le dio en su día, que descansaba en su bolsillo derecho. Se sintió maá seguro.  Casi había olvidado lo que era tomar las riendas de una vida propia, y en cierto modo estaba disfrutando levemente de ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino hasta la estación resultó mas corto de lo que había esperado, casi hubiera preferido caminar un poco más. El aire viciado y residual de los suburbios mezcla de la falta de ventilación y los atascos habituales no era agradable de respirar, pero no sentirse encerrado era una sensación bastante reconfortante. Se paró a comprobar los horarios que reposaban sobre la marquesina de la estación. Había tardado menos de lo que esperaba, aún quedaban siete minutos para que llegase el tren. Había un par de personas que compartían su espera: Una anciana que asía el asa de un carrito de la compra a medio llenar y un adolescente que jugaba distraído con una consola portátil. Se sentó en uno de los bancos y tomó prestado un periódico que alguien se había olvidado. Ya había ojeado los titulares poco antes de salir de casa, nada interesante, buscó el artículo de King Tomberi para leerlo tranquilamente. Costaba relacionar lo que escribía con la foto que acompañaba el titular, la verdad, parecía un tío de lo más normal. Cuando hubo acabado, decidió que no tenía interés en leer nada más, y se dedicó a observar a su alrededor. La estación estaba bastante oxidada, como la mayoría de las estructuras de metal de los suburbios. Se notaba que no había sido atendida en varios años, a Shin-Ra bien poco le importaba si la gente de los suburbios cogía el tétanos o se le caía una viga encima… O un sector entero. Contento debía estar de que las vías siguieran funcionando y no se partieran al paso del tren. ¿Qué coño…?&lt;br /&gt;Tuvo que quitarse las gafas, frotarlas con suavidad con la tela de la camisa y volver a mirar para asegurarse de que lo que estaba viendo era cierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre, que aparentaba unos cuarenta y tantos bienes conservados o unos treinta y pocos mal, estaba situado en medio de la vía. Si esto ya resultaba de por sí chocante, el hecho de que llevara los ojos vendados lo hacía aún peor. Iba vestido con un traje gris bastante feo que le iba una o dos tallas mas ceñido de lo que debería sobre una camisa beige con una corbata francamente horrible sujeta al cuello. No acababa de entender si era un loco que quería suicidarse, un borracho o simplemente un idiota al que le habían hecho una broma pesada. Fuera la opción que fuera, no podía quedarse sentado esperando que el tren convirtiera su cuerpo en un montón de alimento para perros callejeros. Se levantó y se situó al borde del escalón que bajaba a las vías, de metro y medio de alto, a unos cinco metros de distancia del hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Oiga, usted…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hubo respuesta, el tipo siguió en su sitio como si no hubiera escuchado absolutamente nada. Fijándose de cerca, pudo apreciar que el hombre movía constantemente los labios, como murmurando algo para si mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Eh! ¡Caballero! – Fue alzando la voz, se giró para ver que hacían la anciana y el joven. Ella miraba al tipo y después a él como si estuviera viendo lo más normal del mundo, y el joven negaba con la cabeza desganadamente mientras seguía jugando con su consola. “¿Cómo demonios pueden ignorar la situación?” Se preguntó para si mismo, está claro que la vida de los suburbios quitaba a la mayoría el sentimiento de ciudadanía y generosidad, pero de ahí a no hacer nada para evitar que un tren arrolle a alguien… - ¡Señor! ¡Usted! ¡Oiga! ¡Escúcheme! ¡SEÑOR!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuevamente el tipo permaneció imperturbable. El silencio reinó la estación, y finalmente pudo comprobar por qué no lo oía. De los oídos del tarado salían sendos cables que se juntaban para después introducirse en el bolsillo de su chaqueta, pudo escuchar desde ahí el sonido de la música a todo volumen. No hubiera oído ni al Meteorito estrellarse contra el planeta. Nervioso, Érissen echó una mirada al reloj. ¡Menos de un minuto! Tendría que bajar a las vías y tirar de el. Se acuclilló, dispuesto a saltar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No coges este tren a menudo. ¿Verdad joven?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Érissen se giró, la anciana le miraba con tranquilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ese hombre va a matarse!&lt;br /&gt;- No, no lo hará.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabía si debía confiar en una absoluta desconocida que probablemente chocheara. Ese tipo no podía ver ni oír, y el tren… Se le hizo un vacío en el estómago, el tren ya giraba la curva de camino a la estación, en apenas 10 segundos llegaría hasta el tipo. Se sintió totalmente impotente y se maldijo mil veces por no haber decidido saltar en su momento. Ahora solo podía asistir impasible al terrible espectáculo que se avecinaba. No quería mirar, pero al mismo tiempo era incapaz de apartar la mirada. El tipo no se movía. El tren se aproximaba y había empezado a frenar para parar en la estación pero seguía llevando una velocidad mas que suficiente para matar a cualquier ser vivo que se encontrara por delante. Finalmente llegó el momento, el tren llegó a la estación… Y en el último segundo, cuando esperaba ver el cadáver del tipo desmembrado en todas las direcciones, se apartó hacia el lado contrario a la estación. El tren le pasó a apenas medio metro de la cara, pero no le hizo daño alguno. Érissen se quedó paralizado, sin acabar de creerse lo que acababa de ver. El tren, que le impedía ver que había sido del tipo, se detuvo finalmente y abrió las puertas de los vagones, de las que se bajaron un par de personas, que no parecían sorprendidas en absoluto. El adolescente se metió en el vagón como si lo que acababa de observar fuera lo más normal del mundo. La anciana se levantó y se paró a su altura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vamos joven, no querrás perder el tren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La miró, todavía estupefacto. Se subió al transporte junto a ella, sin acabar de creerse del todo lo que había visto. Cayó en la cuenta y se pegó a las ventanas que estaban enfrente suyo, donde vio al tipo quitarse la venda de los ojos, mirar al tren con aburrimiento y apuntar algo en una libreta. Acto seguido, sacó de su bolsillo un reproductor de música, pulsó un botón, se quitó los cascos y se marchó como si nada hubiese pasado. Nadie en el tren parecía sorprendido tampoco. Érissen, definitivamente, pensaba que el que se había vuelto loco era el y estaba viendo visiones. Mirando los rostros de los diferentes viajeros, volvió a toparse con la cara de la anciana, la cual le sonrió y palpó el asiento libre que tenia al lado, indicándole que se sentara. Decidido a encontrar alguna respuesta, se situó al lado de ella sin dudarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No me has contestado antes. – Le hablaba con suavidad, pese a la avanzada edad, tenía una voz bastante agradable – No sueles coger el tren a menudo. ¿Verdad?&lt;br /&gt;- No. - Reconoció Érissen. – Pero… ¿Me está diciendo que lo normal es que haya gente que juegue a la gallinita ciega con el tren?&lt;br /&gt;- A mi también me chocó la primera vez que lo vi, hará ya dos meses. Cada día está en una estación diferente, una de cada sector tanto sobre como bajo la placa, y hace exactamente lo que acabas de ver. Al principio resultaba difícil de creer y mucha gente intentaba bajar a impedírselo, pero él nunca se mueve salvo cuando el tren estaba a menos de cinco metros de distancia. No se exactamente como, pero lo calcula.&lt;br /&gt;- Es una locura…&lt;br /&gt;- Puede ser. - La anciana se encogió ligeramente de hombros – Aunque reconocerás que no es que en esta ciudad ocurran pocas diariamente. Creo que llegar a mi edad ya resulta menos habitual que volverse loco, especialmente desde que esa enorme cosa en el cielo apareció.&lt;br /&gt;La serenidad con la que la anciana hablaba del deplorable estado de la ciudad sorprendía a Érissen. Se lamentó de haberla confundido en un principio con una simple vieja que chocheaba. Ella le dedicó una sonrisa, entendiendo que no había otro tema del que hablar y volvió a mantener la mirada perdida en algún punto enfrente suyo. El viaje transcurrió sin más incidentes poco comunes y en menos de veinte minutos ya se encontraba en la estación del sector 4, sobre la placa. Se apeó dedicándole una despedida con la mano a la anciana, pero ella no se enteró, parecía haberse dormido. Observó la estación, mucho mejor cuidada que el amasijo de hierros que resultaba cualquiera situada en los suburbios. Así era Midgar, pensó negando con la cabeza, la ciudad más prospera y más pobre del mundo al mismo tiempo. Siguió oteando con detenimiento en busca de una persona, pero no parecía encontrarse ahí. Observó su propio reloj. Pasaban nueve minutos de la hora a la que habían quedado en reunirse. No se culpaba, pero desde luego, si decidía no aparecer, no podía negarle que tenía sus motivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-7216343958909444234?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/08/185.html</link><author>noreply@blogger.com (Mephisto)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-5525320600935501306</guid><pubDate>Thu, 23 Jul 2009 02:52:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-08-12T00:17:35.175+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:UKIO</category><title>184</title><description>En la soledad de su celda, Simón pensaba. Realmente no podía hacer otra cosa al respecto: Habían pasado nada menos que ocho años desde que lo encerraron en el bloque de celdas 00, destinado a los convictos peligrosos. Eso fue por aquella trifulca en el comedor, de cuando aún cumplía condena en la prisión norte, al extremo del sector 4, donde había estado cuatro años. A eso le sumamos tres años más en uno de los institutos correccionales de Shin-Ra. &lt;br /&gt;Una simple paliza, con una condena de tres años, se vio incrementada una y otra vez hasta haber llegado al punto de pasar exactamente la mitad de su vida entre rejas. Y no importaba cuantas veces insistiese: No había sido culpa suya. Con quince años tuvo que saltar a ayudar a su hermano mayor en una pelea. No se lo dijo al juez, porque el abogado insistió una y otra vez en callarse todo el asunto de las bandas, pero los Centinelas responden a las amenazas, todos y dándolo todo. A pocos días de librarse del reformatorio, tres de los chavales recluídos con él, de otros distritos, decidieron darle un "regalo de despedida". Él lo rechazó con educación y con un cascote de hormigón que había soltado de la pared a la que daba el cabecero de su cama. Salió bien parado de esa, pero con un prolongamiento de condena a unos cuantos años. &lt;br /&gt;En la prisión norte, se encontró con un miembro de la banda del tío al que habían apaleado su hermano y él tres años atrás, lo que entonces le parecía una eternidad. Sin embargo, los Scythers son rencorosos y usan juguetes afilados para demostrarlo. Simón simplemente se limitó a agarrarle la muñeca, retorcer, forcejearon, y cuando los hubieron separado, el shiv estaba hundido hasta la empuñadura en el hígado del Scyther, y con las sacudidas de los guardias, el desgarro hizo que el tío cayese tieso allí mismo. Simón insistió una y otra vez en que él solo había sujetado la muñeca de su asaltante para no ser apuñalado, pero la ampliación de condena le cayó sí o sí. Tres años después, el primo del hombre que se había matado intentando asesinarle (Simón era reacio a admitir discrepancias en ese punto) llegó al la prisión norte, lleno de malas intenciones y con uno de los inventos más desagradables de la vida entre rejas: El llamado "árbol de navidad". Una variante del clásico pincho carcelario con bordes aserrados y ganchudos hacia ambos lados, pensado para apuñalar. El pincho entra directo, con apenas un poco de resistencia más que un cuchillo normal, pero los pequeños garfios se enredan en todo lo que encuentran en las entrañas del pobre desgraciado, y al tirar para sacarlo la escena es dantesca. Cuando los guardias entraron de nuevo en las duchas, se encontraron a Simón cubierto de sangre y vísceras ajenas, mientras el recién llegado agonizaba en el suelo. De los cuatro guardias, dos aún siguen en shock, de modo que solo quedaron los otros dos para cargar y reducirlo a porrazos. Uno de ellos, por cierto, nunca ha vuelto a comer carne. &lt;br /&gt;Y este último asesinato nos lleva al bloque 00, situado en lo más hediondo de la zona industrial de los suburbios del sector 8. Un centro de máxima seguridad y vida indecente donde las puñaladas y las palizas se suceden con la misma frecuencia que los partidos de las ligas profesionales. &lt;br /&gt;Este parecido llevó a la gran idea de organizar apuestas. Se jugaban cigarrillos, comida y pornografía por determinar quien sería el siguiente en ser atacado. Si moría, la apuesta valía doble. Valía apostar por uno mismo, si elegia un "heredero". Por supuesto, un suicidio anulaba la apuesta. &lt;br /&gt;Las apuestas las organizaba Jack Hackett, conocido en los titulares de hace treinta años como Jack Hatchet, por su instrumento elegido a la hora de cumplir su papel como ejecutor de la mafia local de Midgar. El viejo sicario se dedicaba a disfrutar de su cadena perpetua cerrando firmemente la boca acerca de cualquier asunto concerniente a su antígua organización. A veces, no solo cerraba la suya, sino también la de algún otro. &lt;br /&gt;Hatchet era el compañero de celda de Simón, en el ala este del bloque 00, pasillo C segundo piso, celda número 16. Tenía sesenta y un años, y la nariz deformada por un porrazo durante su detención. También lucía varias cicatrices en todo el cuerpo, destacando una que iba desde el mentón hasta la oreja, por la que acostumbraba a deslizar la yema de los dedos cada vez que se paraba a pensar algo. Hatchet vivía como una especie de caudillo territorial. Para empezar, vestía con ropa de calle, siempre nueva, que algún pariente se preocupaba de llevarle cada dos meses para que renovase vestuario. Por supuesto, Jack recibía un trato muy especial en la lavandería. &lt;br /&gt;El viejo sicario no era rival para los duros matones carcelarios con más músculo que mollera que saturaban las celdas los últimos años, pero era astuto y sabía un truco o dos. Ni siquiera los guardias se atrevían a llevarle la contraria, por miedo a que sucediesen cosas a sus familias, que vivían aparentemente seguras en sus casas, a kilómetros de distancia de esta prisión de máxima seguridad. &lt;br /&gt;Hatchet, por otra parte, no era un hombre que olvidase los favores ni las muestras de respeto, y su opinión era ley en el bloque. Simón le había comentado una vez acerca de como se había convertido en una especie de juez supremo carcelario, pero Jack le había quitado importancia al asunto. "Hijo... Yo tengo una perpetua por delante. Los chavales esos me importan una mierda. Son todos unos hijos de puta jóvenes y pringaos de los que gran parte morirá aquí. Lo único que quiero es que se organicen un poco para poder dormir tranquilo de vez en cuando. ¿Sabes lo que te digo?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jack se había interesado en Simón, prácticamente desde su llegada al bloque 00. Había visto como uno de los matones locales había decidido robarle el postre, y Simón le enseñó que lo malo de las cucharas de plástico es que en un forcejeo pueden romperse y perder la cabeza, quedando solo el asta con una punta rota y afilada en el extremo, una especie de punzón improvisado, muy peligroso. &lt;br /&gt;Simón se pasó dos días en el agujero, aunque todo había sido un terrible accidente, a ojos de cualquiera menos a los de Jack, que estuvo el primero de esos dos días mirando la cuchara rota, a la que habían quitado ya los trozos de la bolsa escrotal del pobre matón. El segundo estuvo todo el rato rompiendo cucharas, pero sin lograr un resultado tan bueno como el que había logrado Simón. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Simón salió del agujero, lo informaron de que lo habían cambiado de celda, lo cual era bastante cómodo. Hatchet había vivido los últimos veinte años en una celda individual, de modo que hubo que traer una litera a su cuarto, pero los guardias estuvieron encantados de hacerle ese favor al viejo. Lo primero que se encontró Simón en la celda fue una cuchara de plástico y la orden de mostrar el truco. En ese momento le dio rabia tener que enseñar su jugada sin recibir nada a cambio, pero lo que logró supuso un cambio crucial en su vida: Ser amigo del hombre más importante del bloque 00. Nadie volvió a alzar la mano contra él, ni mucho menos a sacar un arma, de modo que al incidente de la cuchara lo siguieron ocho años de buena conducta, y la creciente necesidad de espacio en prisión debido al estado de excepción concedió a Simón la oportunidad que había estado deseando durante tantos años: La libertad condicional. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Simón conocía su suerte, y no se lo dijo a nadie. Ni siquiera a Jack. El viejo se molestó muchísimo al enterarse esa misma mañana, pero Simón no podía arriesgarse. La vida se las había ingeniado para meterlo en un nuevo lío cada vez que estaba a punto de superar el anterior, de modo que esta vez no le dio la oportunidad. &lt;br /&gt;Cuando llegó el consabido día, Simón caminó por última vez a lo largo del pasillo central del bloque 00, escoltado por cuatro guardias y sujeto con grilletes y esposas interconectados. Uno de los guardias llevaba una bolsa de basura con sus pertenencias, mientras que los otros formaban una barrera de escudos antidisturbios y porras, reforzada por una escopeta Bonfire. El viejo se había marchado de su celda echando pestes en cuanto vio que los guardias venían a buscarle. Simón no lo culpó por sentirse traicionado, pero le prometió venir a verlo de visita. &lt;br /&gt;En cuanto le soltaron los grilletes, Simón corrió a quitarse la ropa de preso. Su ropa civil le había quedado pequeña, pero su madre había tenido el detalle de preguntar su talla y enviarle unos pantalones y una camisa, que eligió no ponerse. Prefirió su camiseta blanca más nueva, ya que no tenían permitido llevar ropa con eslóganes o imágenes dentro de la prisión, y por encima se puso su vieja cazadora vaquera de los Centinelas, a la que había tenido que arrancar las mangas para caber dentro. &lt;br /&gt;Recibió sus cosas y se despidió de los guardias, conteniendo muchos insultos por el camino. Luego siguió escoltado por otros dos guardias, ya sin esposas ni equipo de represión de motines, hasta la gran puerta automática que bloqueaba el único acceso a la prisión, la cual solo era posible abrir desde una torre situada junto a ella, sobre el muro, a ocho metros sobre el nivel del suelo. &lt;br /&gt;Cuando la gran puerta corredera de acero empezó a separarse de la pared, Simón pudo entrever un viejo Shin-Ra supreme negro, del año 71. El favorito de su hermano, lo cual acabó por nublar su ánimo: Su hermano. Su puto hermano, el hombre que lo había traicionado y abandonado en el puto reformatorio, vendiéndose y aceptando el trato que le ofreció el fiscal. Y con el descaro añadido de venir a recibirle con la chaqueta de los Centinelas. El muy cabrón venía a verle alguna vez, y Simón no se negaba a recibirlo, pero le costaba mucho confiar en él. Era posible que Simón fuese un presidiario, y que hubiese matado a un par de idiotas, pero su hermano se había convertido en algo mucho más bajo y ruín en la escala de valores de cualquier criminal de Midgar. &lt;br /&gt;Su puto hermano mayor... Cuando se suponía que ambos iban a protegerse mutuamente...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Eh, Kurtz! - Ambos se giraron hacia la torre de control de la puerta, viendo al viejo Hatchet saludando a Simón con la mano. - ¡Ven a verme, cabronazo! ¡Y traeme revistas, que ya sabes que me aburro mucho por aquí!&lt;br /&gt;- ¡Adiós Jack! ¡Vendré siempre que pueda!&lt;br /&gt;- ¡Acuérdate de que mis favoritas son las de negras! - Simón iba a responder, pero su ex-compañero ya estaba volviendo a su celda. Contempló la escena con una sonrisa tonta, que se fue borrando de su cara a medida que se encaraba hacia su hermano.&lt;br /&gt;- ¿Eres el único que ha venido, Jonás?&lt;br /&gt;- Ya sabes como son las cosas en la familia. - Respondió encogiéndose de hombros. - Mamá está preparando todo a última hora, con prisas, y el viejo está viendo la prensa. Me encarga a mí el trabajo y a otra cosa.&lt;br /&gt;- Me esperaba a Salomé. - El semblante de Jonás se ensombreció esta vez.&lt;br /&gt;- Salomé está hasta arriba de curro...&lt;br /&gt;- Y tú tienes que ver en ello. - Atacó Simón.&lt;br /&gt;- No solo yo, pero los míos. - Dijo mientras cerraba el maletero, guardando las pertenencias de su hermano. - Es necesario...&lt;br /&gt;- ¿Necesario? - Simón estaba empezando a enfurecerse. - ¿Sabes lo que dice la gente de lo que hacéis los putos perros?&lt;br /&gt;- Simón, no...&lt;br /&gt;- La "llamada de teléfono a Rufus", el "Elefantito"... ¿Es necesario? - Kurtz se levantó, rodeó su coche y encaró a su hermano menor, encerrándolo contra el lado del Supreme. Para Simón era como verse en un espejo, pero con el pelo revuelto en lugar de engominado hacia atrás, y una serie de cicatrices en la cara que lo hacían mucho más siniestro.&lt;br /&gt;- ¡Escúchame, pedazo de mierda cagón! En los dos primeros días de aparición del meteorito, los tarados del apocalipsis salieron a la calle a liarla. Algunos saltaron al tráfico y causaron accidentes mortales. Otros se suicidaron en masa, ¡y los putos peores de todos cogieron un arma, materia o explosivos y se llevaron a la hostia de personas con ellos! ¡La puta hostia de personas! ¿Sabes la cifra oficial de muertos? ¡Ciento setenta y seis! ¡Ciento setenta y seis personas en dos días! ¿Y sabes por qué ninguno de esos tarados ha entrado en prisión últimamente? - Simón lo miraba en silencio. - ¿Lo sabes?&lt;br /&gt;- Porque los matáis.&lt;br /&gt;- Porque los freímos ahí donde aparecen. Si. Sin dudar. ¿Nos saltamos derechos civiles? Si. ¿Nos fumamos eso de no maltratar, torturar o eliminar? Si. ¡Te jodes! ¡Tú y todos los comemierdas que la palmaríais si no estuviesemos nosotros para contener la mierda!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Simón lo miró en silencio, sin que cambiase el gesto hosco. Había oído amenazas de los mejores, y hacía falta algo más que su hermano el soldadito desfigurado para acojonarlo. Pero Jonás estaba igual de decidido a no ceder. Él había visto a compañeros ingresar en urgencias o perder la vida. Había respirado cenizas de seres humanos, y le cabreaba especialmente aguantar a lloricas que vivían de prestado quejarse por ello. Él no se quejaba. Sobrevivía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sigues siendo un hijo de puta. - Respondió Simón.&lt;br /&gt;- Es mi trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente con ambos hermanos de acuerdo, montaron en el coche y este arrancó en dirección al sector 3, donde los esperaban para comer. Durante veinte minutos, ambos avanzaron en siencio entre el espeso tráfico inferior de Midgar, escuchando la radio mientras circulaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me alegro mucho de que estés fuera. - Dijo Jonás, sin mutar el gesto. &lt;br /&gt;- Gracias. - Simón sonrió levemente, y el gesto se le contagió a su hermano mayor. - Yo también me alegro de estar fuera, aún con la condicional.&lt;br /&gt;- Salomé es una genio. - Reconoció el mayor, sonriendo orgulloso, pensando en su hermana pequeña: Una abogada de oficio inteligente, metódica y dotada con la característica mala hostia familiar. &lt;br /&gt;- Ningún otro se habría implicado tanto en mi caso. - Sonrió el ex-presidiario. - Ni con tanta cabezonería.&lt;br /&gt;- Somos de risa, ¿no crees? Los Kurtz: El turco, el presidiario y la abogada. &lt;br /&gt;- Lo peor es que ninguno tiene un trabajo gracioso. ¿Eh, Soldadito? - La sonrisa de Jonás se volvió una mueca de resignación.&lt;br /&gt;- Aún me la guardas. - Ni siquiera era una pregunta. &lt;br /&gt;- ¿Cómo cojones no te la voy a guardar? ¡Me dejaste tirado en un puto reformatorio!&lt;br /&gt;- Para empezar, no tenías por que haber entrado. Yo había confesado toda la culpa. &lt;br /&gt;- Y yo confesé que no habías sido tú solo para no ser el único culpable. Quería ir contigo al reformatorio y cubrirnos las espaldas mútuamente. ¡Confié en tí!&lt;br /&gt;- Y yo quería que tú no entrases en un puto reformatorio. Iría a Wutai, me las arreglaría para salir con vida, volvería y con suerte tú estarías estudiando.&lt;br /&gt;- Salomé fue más lista... - Suspiró Simón. &lt;br /&gt;- Y tú un cabezón. Me sacrifiqué por tí y al no aceptar nos jodimos los dos. &lt;br /&gt;- Y los dos más de lo que iba a ser en el principio. - Simón estaba mirando su propio reflejo en el retrovisor, aún mirando fascinado el coche por el que ambos habían suspirado tantos años atrás. Intentaba imaginarse como sería su cara, normalmente parecida a la de su hermano, si tuviese él las cicatrices. &lt;br /&gt;- Yo no cambiaría nada de lo mío... &lt;br /&gt;- ¿Ni las cicatrices? ¿Ni la licenciatura con deshonor? ¿Nada?&lt;br /&gt;- Si lo cambiase a lo mejor nunca habría entrado en Turk, no tendría los amigos que tengo ahora, y no habría conocido a Aang. Las cicatrices no importan una mierda en comparación.&lt;br /&gt;- No dices nada de la licenciatura...&lt;br /&gt;- Te contaré esa cuando seas mayor. - Rió Jonás.&lt;br /&gt;- Pues cuéntame la de las cicatrices. Nunca me lo has querido decir. &lt;br /&gt;- Nunca me había importado tan poco. Había asumido el apodo de "Scar" aunque me jodía un poco que la gente se acordase de mí por que tenía la cara cubierta de cicatrices. &lt;br /&gt;- Yo me acuerdo de tí porque eres un cabrón.&lt;br /&gt;- La gente también... - Ambos rieron un buen rato, quedando en silencio ambos. Jonás reconoció en el mutismo la cabezonería de su hermano pequeño. Decidió ceder. - Fue un torturador de Wutai, bajo las órdenes del general Hazatsuyama Touken. Querían saber las cuatro preguntas: Nombre, rango, unidad y ubicación.&lt;br /&gt;- ¿Te ofrecieron alistarte por confesar? - La broma fue de mal gusto, pero Jonás contuvo una mala respuesta.&lt;br /&gt;- Me rajaron la cara una vez por cada día que me negué a hablar. Aguanté veintisiete, hasta que fui liberado. - Simón asintió, mirando fijamente a su hermano, que permanecía impasible.&lt;br /&gt;- Hay algo que no acabo de entender: Los soldaditos siempre lleváis el nombre y el emblema de la unidad en el uniforme, como los colores de una banda. Además, siempre llevais esas chapas para identificaros si os apiolan. &lt;br /&gt;- Yo no, y aquí se acaban las preguntas sobre eso. Hazme un favor y no se lo digas a nadie.&lt;br /&gt;- ¿O qué? - Simón rio con socarronería.&lt;br /&gt;- O morirás. Y quizás yo también. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Supreme se detuvo, pillando por sorpresa a su copiloto, que se encontraba ante un edificio antiguo, situado en el sector 2 lejos de donde esperaban acabar. Las aceras estaban llenas de gente ocupada, que caminaba de un lado a otro, movida por sus interminables quehaceres cotidianos. Jonás mostraba su identificación a un guardia de tráfico para espantarlo, mientras Simón miraba a su alrededor perplejo. &lt;br /&gt;- ¿Qué cojones hacemos aquí?&lt;br /&gt;- Esperar.&lt;br /&gt;- ¿Y por qué esperamos? - Jonás salió del coche, y la respuesta cruzó la puerta, instalándose en el asiento trasero.&lt;br /&gt;- ¿Os dais cuenta de que si hubieseis tenido un accidente mientras veníais, los índices de seguridad ciudadana se habrían disparado a mejor? - Salomé sonrió y abrazó a su hermano mediano, radiante al verlo en libertad.&lt;br /&gt;- ¿Me lo parece a mí o lo quieres más a él? - Preguntó Jonás, mientras su hermana se echaba hacia atrás y él ocupaba su lugar al volante. &lt;br /&gt;- Él me dio un motivo para elegir mi carrera. - Le respondió. - Aunque tú sin embargo, me dejas sin trabajo cada vez más y más.&lt;br /&gt;- ¿Te qué?&lt;br /&gt;- Muy simple: Cada vez que tú o los tuyos tomáis parte, yo tengo un cliente menos. &lt;br /&gt;- ¿No será un cliente más? - Preguntó Simón desde atrás.&lt;br /&gt;- No. Uno menos. Turk no hace detenciones. &lt;br /&gt;- Considéralo un aviso, Simón... - Dijo Kurtz mientras arrancaba, incorporándose al lento y aparatoso tráfico de la zona empresarial de los suburbios. &lt;br /&gt;- Dame tu tarjeta de visita y me haré una camiseta con ella. Si voy de tu parte, no debería tener problemas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salomé iba a manifestar su indignación, pero sus hermanos mayores estaban allí, delante de ella. Descojonándose como los dos adolescentes irresponsables que siempre habían sido. Ellos siempre habían sido así, tan parecidos a su padre: Masculinos, hoscos, con los ojos oscuros y el cabello rebelde, con sus rasgos masculinos. La misma sonrisa socarrona, las mismas actitudes chulescas, los tatuajes, las cicatrices... Dos luchadores. Se meten en broncas, sufren las consecuencias, las aguantan y siguen adelante. Nada más lejos de ella, hija de su diligente madre, y orgullosa de su propia diligencia. Salomé había sabido superar sus desafíos con inteligencia y esfuerzo, allí donde sus hermanos habían usado los puños. Siempre habían estado allí para meterse en problemas en lugar de ella. Siempre listos para saltar a pegarse con el mundo por cualquier causa que creyesen justificada. Formaron los Centinelas cuando cada vez más y más chavales del barrio buscaban su protección. De la protección pasaron a las conquistas y al respeto, y la cosa acabó con decenas de peleas en cada calle, y una que simplemente fue a más y una navaja que nunca debió ser sacada para intentar intimidar a un rival.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora los tenía delante a ambos, por primera vez en quince años, en libertad, charlando como siempre, con sus chaquetas de pandilleros, sus parrafadas arrogantes y sus chistes de mal gusto. No quería que las cosas fuesen como antes, pero asumía que no sería así. Jonás tenía una vida, y Simón tenía que luchar a la desesperada por encauzar la suya. Sin embargo, los muy idiotas no paraban de hablar de este coche viejo y aparatoso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tío, al final has ido a por él... &lt;br /&gt;- Te dije que lo tendría, Simón. &lt;br /&gt;- Motor v8, con bloque de hierro...&lt;br /&gt;- Cinco en linea y diesel, con bloque de aluminio. - Corrigió el mayor. &lt;br /&gt;- ¿Lo has cambiado? ¿Por qué lo cambiaste? - Simón parecía realmente indignado al enterarse de eso. Salomé no daba crédito a la estupidez de su hermano. Acababa de salir de la cárcel, aún no se había reunido con sus padres y se indignaba porque el muy idiota de su otro hermano había cambiado el motor a un coche viejo. &lt;br /&gt;- Porque un coche necesita un motor.&lt;br /&gt;- ¡Si, pero tenía que ser un motor igual! ¡Sin el v8 no es lo mismo!&lt;br /&gt;- Bueno, pues se compra uno y se instala.&lt;br /&gt;- ¿Qué? ¿Estás loco? ¿Cuanto puede costar eso? - Preguntó Simón. &lt;br /&gt;- Soy turco, y mi sueldo normalmente alto se ha triplicado con el estado de excepción. No creo que ese sea un problema. ¿Te animas a montarlo?&lt;br /&gt;- ¡Joder, claro que sí!&lt;br /&gt;- Pues móntalo, y cuando acabe tu periodo de condicional, te lo quedas. &lt;br /&gt;- ¡Promételo! - Respondió Simón, tras un par de segundos de incredulidad.&lt;br /&gt;- ¡Por escrito! - Se sumó Salomé. &lt;br /&gt;- ¡Y con los viejos por testigos, joder, pero no me toquéis más los huevos! Ya hemos llegado. - Dijo mientras el coche se detenía en la entrada del garaje de una casa unifamiliar, en cuya entrada, una pareja de cincuentones veían a sus retoños volver al hogar, por primera vez en quince años.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/258642454128520356-5525320600935501306?l=azoteasdemidgar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://azoteasdemidgar.blogspot.com/2009/07/184.html</link><author>noreply@blogger.com (Ukio sensei)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">6</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-258642454128520356.post-1105334650558327818</guid><pubDate>Tue, 21 Jul 2009 22:11:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-07-22T00:44:13.008+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">RELATOS</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritor:Rokhsa</category><title>183.</title><description>Pasé los dedos por el frío cristal y bebí un trago del licor de hierbas. Lo hacía de forma automática, sin apartar la mirada de la gente que esperaba frente a un pequeño escenario; bebía por beber, no quería pensar en nada. Aparté la manga de una camisa blanca y arrugada y miré la hora en el reloj de pulsera: las dos de la madrugada.&lt;br /&gt;¿Cuánto tiempo había pasado desde que tomé aquella cerveza con Lucille? El bar ahora parecía totalmente cambiado. Había tirado la pared que ocultaba el almacén y donde antes se guardaban las botellas ahora se encontraba un escenario a un metro de altura, para que grupos desconocidos tuviesen una oportunidad los sábados por la noche. Dos jóvenes se ganaban algo de dinero llevando de aquí para allá cables, moviendo amplificadores y probando el sonido.Yo no prestaba atención a lo que ocurría en el bar, no hacía más que pensar sin llegar a ninguna conclusión. Miré a mi derecha y allí estaban.&lt;br /&gt;No se de qué me sorprendía, desde el incidente de Tombside no hacían más que vigilarme. Uno de ellos iba de paisano, bebiendo una copa de ron añejo. Llevaba el pelo rubio hasta los hombros sujeto con una gorra de piel de color caqui, dando sombra a unos ojos almendrados que no paraban de observarlo todo. Camisa color crema bajo un chaleco de lana con rombos por arriba y unos pantalones de pana marrones le hacían parecer que iba a jugar al golf. Parecía disfrutar del sabor de su copa y del ambiente del local, no como su compañero, un hombre enorme de piel tostada que no dejaba de observar todos mis movimientos. Éste había dejado su americana en casa, pero no le preocupaba mostrar la camisa y la corbata negra propios de su trabajo. Fumaba un purillo con aroma a vainilla y parecía no aguantar las bromas de su joven compañero.&lt;br /&gt;Dio igual las cientos de veces que se lo expliqué a Turk cuando al fin acabaron con Blooder, no se creían nada de lo que confesé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -¡Les estoy diciendo la verdad!-les grité en la pequeña sala de interrogatorios cuando me sacaron del cobertizo donde me lanzó Tombside y me llevaron al edificio Shin-Ra con un coche de lunas tintadas- Lo único que hice para él fue formularle unas preguntas a una de vuestras compañeras. Ni siquiera sabía por qué me lo mandó.&lt;br /&gt;  -Pues resulta que ese hijo de puta hirió a nuestra compañera una vez y quería asegurarse de que no servía como testigo- me explicó un turco a mis espaldas, con el nudo de la corbata suelto y cara de cansancio. Seguramente hubiese participado en la persecución del asesino-¿Y qué me dices de esos dos camellos que murieron en la casa de…-echó mano de una carpeta de papel prensado y ojeó la primera página de su interior-Lucille?&lt;br /&gt;  -Eso ya se lo dije en su día, fue en defensa propia-bueno, mas o menos pensé en aquel momento- Además, yo estaba atado a una silla, no tuve nada que ver.&lt;br /&gt;  -¿Y cómo sabemos que no te encargó liquidarlos?&lt;br /&gt;  -¡Porque aún no le conocía! Fue justo después, en las puertas de un hospital.&lt;br /&gt;  -Y te dijo “Soy Blooder, encantado”.&lt;br /&gt;  -No...&lt;br /&gt;  -¿Entonces? ¿Cómo cojones supiste que era él?&lt;br /&gt;El turco se puso a mi lado, con las manos sobre la mesa y la mirada clavada en mí. A mi me picaban los ojos y tenía la nuca sudorosa.&lt;br /&gt;  -T-tengo…Poderes. Leo el pensamiento.&lt;br /&gt;Poco tardó en reírse a carcajadas de mí, pero eso era mejor que descubrir mi secreto de brillo amarillo. Además fue una buena estrategia.&lt;br /&gt;  -Soltad a este jodido vagabundo trastornado, se ha metida tanta mierda que se cree superhéroe.&lt;br /&gt;Me soltaron las esposas y me sacaron de la sala, pero el turco me agarró por el hombro y me dijo al oído:&lt;br /&gt;  -No creas que esto ha acabado. Seguiremos tu culo hasta que cometas algún fallo y te podamos tirotear como al cabrón de Tombside.Así que ahí estaba yo, días después, emborrachándome con licor de hierbas mientras dos turcos me seguían hasta para mear. Si supieran lo de la caja…&lt;br /&gt;La caja. Ni siquiera se por qué me la quedé cuando Tombside me la metió en el bolsillo del pantalón, pero ahora era demasiado tarde para deshacerse de ella. Tenía cuatro ojos vigilándome veinticuatro horas al día y seguro que rebuscaban hasta en la basura que tiraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cantante subió al escenario y saludó a su público. Se hacían llamar Sweet Damage y tocaban rock, pero sólo les conocían sus amigos y cuatro gafapastas que buscaban la música de grupos indie.Primero presentó al grupo y luego a sus integrantes. Él tenía el pelo castaño bastante corto, pero iba alborotado con algo de gomina; llevaba una camiseta roja y unos vaqueros desgastados.&lt;br /&gt;-Y a la guitarra mi compañero Wilfred-un ligero aplauso animó al guitarrista a ocupar su puesto.&lt;br /&gt;La gente empezaba a poner caras raras y a rumorear sobre las pintas que llevaba cada uno. Wilfred cogió una Klark Wetson con acabados en caoba y se la pasó por el torso desnudo y atlético, saludando con la mano izquierda. Una chica le lanzó un gorro de pescador gris y él se lo puso tapando la corta melena rubia. Se llevó la mano a uno de los muchos bolsillos que decoraban su holgado pantalón negro y sacó una púa gruesa de nylon.Entonces comenzaron a tocar. El batería no había tenido mucha suerte con la iluminación y parecía estar en un segundo plano, pero la acústica no estaba mal y su ritmo lento se oía perfectamente.El turco de la gorra chifló desde el otro lado de la barra y aplaudió excitado.Era una canción lenta, con una suave melodía de fondo y una letra sobre una mujer de cabellos de oro, pero la gente parecía aburrirse; era tarde y había sueño. Incluso alguno se terminó la bebida y se marchó del bar adormilado. Pero entonces llegó el momento de Wilfred y el cantante dejó caer sus últimas palabras como un susurro. La Klark pareció cobrar vida con una melodía en La menor mientras los dedos del guitarrista se deslizaban por el mástil con maestría y rasgaban las cuerdas con perfecto conocimiento. Una pulcra melodía con notas agudas y secas, después una sucesión de acordes rápidos para terminar dejando en el aire un último rasgueo. El tema se acabó y el bar quedó en silencio. Incluso el dueño tras la barra se quedó mudo, como si no supiese qué coño había contratado para aquella noche. El cantante miró de reojo a sus compañeros y les dijo en voz baja:&lt;br /&gt;  -Me parece que no les hemos gustado.&lt;br /&gt;Pero una explosión de aplausos y gritos les hizo abandonar la duda y les llenó de un orgullo que nunca habían experimentado. Wilfred lanzó la púa y fue a parar al turco de la gorra, que agitaba la copa con vítores y ganas de pedir un bis. Incluso yo me quedé sorprendido con la habilidad de aquél guitarrista, que sería unos años más joven que yo.No me sorprendería que a la mañana siguiente apareciese en la cama de su casa con una chica en cada brazo.&lt;br /&gt;Pero otra parte de mi cerebro estaba pendiente de otra cosa y en cuanto vi que el turco rubio se abalanzaba hacia la primera fila de fans, tironeado por el aguafiestas de su compañero, me di cuenta de que tenía la oportunidad de marcharme con algo de libertad. Dejé unos guiles en la barra y fui hacia la puerta justo cuando tres amigos dejaban el local.&lt;br /&gt;  -¡Hombre John, cuánto tiempo!-le dije a uno dándole unas palmadas en la espalda.&lt;br /&gt;  -Eh, que yo no te conozco.&lt;br /&gt;  -Ah, bueno, me habré equivocado.&lt;br /&gt;Pero ya estaba fuera cuando se zafaron de mi y los turcos no se habían dado cuenta. Tampoco quería nada fuera de la ley, simplemente quería estar un tiempo solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sopló un poco la taza y el humo bailó entre jirones de aire. Entonces bebió un sorbo pequeño y degustó el sabor del café de madrugada.Lucille estaba en el bar que había frente a su casa, con los ojos hinchados de sueño. Llevaba puesto el pijama, pero no importaba porque ya no había nadie alternando.&lt;br /&gt;  -¡Qué complicada es la vida!&lt;br /&gt;  -Y que lo digas.&lt;br /&gt;El cartel de “cerrado” adornaba el cristal de la puerta y a la verja le faltaba un palmo para estar cerrada del todo.Su vecino Alexandre pasaba un cepillo por el suelo con vagancia mientras ella daba ligeros tragos al último café que la máquina había preparado.&lt;br /&gt;  -Deberías irte a la cama y dormir un poco-dijo el pintor, que había dejado el cepillo y ahora pasaba una bayeta por las mesas.&lt;br /&gt;  -Eso dilo por ti, no se de donde sacas el tiempo.&lt;br /&gt;  -Bueno, camarero sólo soy los sábados-dijo con una risa cansada.&lt;br /&gt;  -esperaré un poco más, Yief estará al caer.&lt;br /&gt;Ambos miraron más allá de la puerta, pero en vez de Yief, lo único que había a esas horas era un Shinra Supreme con dos agentes comiendo una hamburguesa en su interior.Uno parecía una mujer, pero al otro no llegaban a verle bien.&lt;br /&gt;  -Casi preferiría que Tombside siguiese vivo, así me dejarían en paz.&lt;br /&gt;  -No digas esas cosas, a ver si va a volver como en una película de miedo.&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;Él no, pero en mi casa sigue habiendo algo suyo&lt;/span&gt; pensó moviendo con la cuchara la espuma del café. A veces tenía pesadillas en las que Yief tenía la cara de Tombside y la golpeaba con esa maldita caja metálica, haciendo saltar los números que formaban la combinación de cierre y sacando de su interior los mayores horrores jamás soñados.&lt;br /&gt;  -Venga, no te desanimes, ahora tú y Yief podéis vivir tranquilos.&lt;br /&gt;  -¿Vivir tranquilos? Esta mañana por la calle unos chicos se han hecho una foto con “la novia del cómplice de Tombside” y un viejo se ha pensado que era la hija del asesino y me ha dado un cachabazo-se quejó sintiendo el golpe de la espinilla.&lt;br /&gt;  -Déjalo pasar, la gente se termina cansando de esas cosas.&lt;br /&gt;  -¿Qué cosas?&lt;br /&gt;  -Ves, ya le vas cogiendo el truquillo. Ambos rieron con amargura y Alexandre se sacudió las manos en el pantalón; el sucio delantal le tapaba la mayor parte de una camiseta azul.-Anímate, si el cómplice del asesino más buscado de todos los tiempos ha movido cielo y tierra para protegerte, no puedes encontrar a nadie mejor-la revolvió el pelo como si fuese una niña pequeña y apartó la reja para que pudiesen salir-Deja la taza en la pila y vámonos de este antro.&lt;br /&gt;El metal oxidado produjo un agudo chirrido cuando la verja se cerró.&lt;br /&gt;Fuera hacía frío y el pijama de Lucille no le protegía los brazos, que se frotó con la palma de las manos.&lt;br /&gt;  -Toma mi chaqueta-le ofreció su amigo.&lt;br /&gt;  -Da igual, sólo hay que cruzar la carretera.&lt;br /&gt;A esas horas todos dormían sobre la placa. Hasta las discotecas habían ya cerrado a apenas un par de horas del amanecer. La noche parecía tener vida propia, en un estado de inquietante tranquilidad. Varios insectos ejecutaban torpes danzar alrededor de las farolas y algún gato rebuscaba entre la basura. Uno de ellos le miró a la muchacha con sus ojos dorados y fue a refugiarse a un callejón.&lt;br /&gt;Uno de los turcos había salido a tirar los envoltorios de su cena y cuando vio que Lucille pasaba, aceleró el ritmo hasta llegar al coche.Entraron en el portal y pulsaron el botón del ascensor. El café poco efecto la hacía ya. Había visto una película, había seguido con el libro que había comprado hace un par de días y finalmente había decidido bajar a charlar con su vecino, pero ahora apenas podía mantenerse del sueño.&lt;br /&gt;  -Si quieres puedes quedarte en mi casa hasta que llegue tu chico. Así te olvidas de esos idiotas de Turk-él la apartó un mechón de la cara y acarició un pómulo. Sabía que estaba traspasando la línea, pero algo se aferraba a no abandonarle, clavándole las uñas en el corazón.&lt;br /&gt;  -Eso fue hace tiempo Alex, ahora estoy con Yief-dijo ella echándose hacia atrás. El ascensor se detuvo y el artista introdujo su llave en la cerradura; una mecla de olor a aguarrás y óleos inundó el ascensr. Lucille se lo pensó mejor e intentó suavizar su advertencia- No te preocupes, estaré bien.&lt;br /&gt;  -No dejaré que te pase nada, lo sabes-dijo antes de cerrar la puerta y apoyarse sobre la madera al otro lado, suspirando por tiempos pasados.&lt;br /&gt;A ella también la dolió recordar aquella relación, fueron tres años muy felices para ella y cuando lo dejaron acabó liándose con el camello al que ella misma había matado después.&lt;br /&gt;  -Quiero que todo acabe-dijo en voz alta al atravesar el umbral de la puerta y hacerse un ovillo en el mullido sofá de piel crema.&lt;br /&gt;Seguía totalmente cansada, pero ahora el problema eran los nervios. “Voy a dar una vuelta” dijo Yief hacía cinco horas; y según estaban las cosas no podía parar de pensar en lo peor. Se levantó, pasó por todos los canales de televisión sin nada que buscar, se lavó la cara con agua helada en el lavabo, miró a través de las persianas de las ventanas.La única actividad ahí abajo era la de los incansables turcos, vigilando a todas horas. Desde su piso podía ver cómo uno de ellos dormía y el otro hacía la guardia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Es por su seguridad, nos han mandado protegerla-la dijo uno de ellos el día anterior.Había bajado un momento porque se le había acabado la leche y la acompañaron hasta la sección de lácteos del supermercado.&lt;br /&gt;  -Proteger y vigilar son cosas distintas. Protejan a Yief que es el que lo necesita. Si no fuese por él seguro que ese asesino seguiría haciéndoos la vida imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las estrellas se iban apagando en el cielo y el sueño había acudido a Lucille durante media hora cuando llamaron al timbre.&lt;br /&gt;  -Aquí está-dijo desperezándose.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las estrellas se iban apagando una a una como parte de un juego de bombillas que perdían la vida.&lt;br /&gt;Pero lo q
