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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/rss2full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947</atom:id><lastBuildDate>Sun, 12 Jul 2009 07:46:38 +0000</lastBuildDate><title>Bitácora de un bibliotecario</title><description>Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias, borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso de una idea, de un sueño o de una esperanza.</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>238</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" href="http://feeds.feedburner.com/BitcoraDeUnBibliotecario" type="application/rss+xml" /><feedburner:browserFriendly></feedburner:browserFriendly><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1871199570448201946</guid><pubDate>Sat, 02 Aug 2008 12:23:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-05-05T14:22:16.977-03:00</atom:updated><title>A modo de cierre...</title><description>&lt;a href="http://galerias.ojodigital.com/albums/userpics/10002/Escena6-bis-O.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://galerias.ojodigital.com/albums/userpics/10002/Escena6-bis-O.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Oscar Wilde decía que “no hay hombre que no sea, en cada momento, lo que ha sido y lo que será.” Tampoco nuestras líneas han dejado de ser, en cada momento, lo que hemos andado o lo que hemos leído -en un libro, sobre la tierra, mirando las estrellas- y, sin duda, dejarán su huella en nuevas páginas...&lt;br /&gt;Con errores, con aciertos, con satisfacciones y con tropiezos hemos llegado hasta aquí, un lugar que no queda ni cerca ni lejos, que es de ustedes y es nuestro, que hemos compartido y del que hoy nos despedimos...&lt;br /&gt;Tal vez, como escribía Alejandro Dolina, “no está mal ... de vez en cuando ... darle cierta ventaja a la vida. ... Y una cosa más. Si no podemos enorgullecernos de lo que hemos hecho, que nos quede por lo menos el orgullo de lo que no hemos querido hacer.”&lt;br /&gt;Muchas gracias por habernos acompañado hasta aquí, y hasta cualquier momento…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sara &amp;amp; Edgardo, Edgardo &amp;amp; Sara&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; HEIGHT: 144px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://sites.google.com/site/edgardocivallero/archivo-01/cabecera01.jpg?attredirects=0" border="0" /&gt; El camino iniciado en la "Bitácora de un bibliotecario" hace 5 años continuará, aunque bajo otra forma, centrado en temáticas similares: los libros, el saber, la información... y la escritura. Cambiaron las condiciones, la dirección del sendero viró hacia otros rumbos. Pero las ganas de escribir y de compartir siguen intactas...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quedan invitados a visitar el nuevo blog, "&lt;a href="http://www.bitacoradeunescritor.blogspot.com/"&gt;Bitácora de un escritor&lt;/a&gt;".&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un fuerte abrazo, como siempre... y gracias por continuar de ese lado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1871199570448201946?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/08/modo-de-cierre.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">9</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-3214975648512869426</guid><pubDate>Fri, 25 Jul 2008 18:10:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-07-25T15:13:50.325-03:00</atom:updated><title>“De escribir me dieron ganas otros escritores...”</title><description>&lt;a href="http://www.goldendoorschool.org/writing-2.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.goldendoorschool.org/writing-2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos días terminó en Córdoba, Argentina, la 1ª Feria Infantil del Libro Córdoba 2008, celebrada del 4 al 20 de julio. Ubicada en el Paseo del Buen Pastor, que celebra ahora su primer año de andadura cultural, la Feria ha recibido la visita de miles de personas, entre las que me he encontrado apretujada contra los estantes cada una de las tardes que la he visitado. De pie, en cuclillas, apoyada sobre alguna de las enclenques paredes de sus casetas, recibiendo codazos a la altura de las rodillas cuando estaba parada y rodillazos a la altura de los hombros cuando me sentaba en el suelo, he podido curiosear menos páginas de las que me hubiera gustado, pero aún así nuestra biblioteca ya cuenta con más de media docena de libros nuevos y se han hecho un hueco entre los viejos, autores como Laura Devetach, Graciela Montes, Javier Villafañe y Liliana Bodoc.&lt;br /&gt;Edgardo y yo habíamos intentamos ir a escuchar una tarde a Laura Devetach quien, junto con Gustavo Roldán, participaba en una charla con los lectores. Al pasar a retirar nuestras invitaciones una hora antes ya no quedaba ninguna, así es que tres días más tarde, cuando se esperaba la visita de Liliana Bodoc, fui con una hora y media de antelación. Esta vez sí que conseguí una entrada y pude asistir a la presentación del último libro de la autora, “Amigos por el viento”.&lt;br /&gt;Las primeras líneas de esta autora las leí hace unos años en España a través de Internet. Allí encontré un par de capítulos de la obra que me pedí hace un año por mi cumpleaños, “La Saga de los Confines”, una trilogía compuesta por las novelas “Los días del Venado”, “Los días de la Sombra” y “Los días del Fuego”. Disfruté y me emocioné muchísimo con su lectura completa cuando me tocó el turno. Les cuento que el culpable de esta bitácora, y regalador de La Saga, no pudo resistir la tentación de leérsela primero, así es que yo seguí los pasos de Dulkancellin y me acuné con las historias de Vieja Kush, algunas noches después de que Edgardo hubiese recorrido los senderos de aquella inmensa geografía que recreaba su autora. La obra nos maravilló a ambos y le agradecimos silenciosamente el tremendo trabajo de lectura que, suponíamos, había tenido que realizar previamente para poder escribir una historia así.&lt;br /&gt;Cuando pude escucharla hace unos días en la Feria y me acerqué después a felicitarla y darle las gracias en voz alta, me sentí tan feliz que apenas pude pronunciar un puñadito de palabras a través de mi enorme sonrisa. Había tanta alegría dentro de mí que, cuando le pedí que nos dedicase su último libro de cuentos, tuve que desenredar mis dedos primero para poder entregárselo porque, de nerviosa que estaba, lo había aferrado con extraordinaria fuerza entre mis manos.&lt;br /&gt;Durante la charla con las 60 personas que nos habíamos reunido para conversar con ella, quienes llevaron la voz cantante de la entrevista fueron los más pequeños, que le hicieron innumerables preguntas a las que ella respondió de manera extraordinariamente generosa, regalándonos pedazos de su vida, páginas de sus libros, versos de colores que inventaba para ella su papá, la lectura de uno de su cuentos para los más pequeños, y un puñado de respuestas que fui anotando en un trocito de papel y ahora quisiera compartir con ustedes.&lt;br /&gt;Cuando los chicos le preguntaron por su inspiración, Liliana les contó que la inspiración es una cosa muy cortita, que viene y nos visita sólo un ratito para irse enseguida a otra parte. Por eso les animó a todos a que para ser lo que cada uno quisiera ser trabajasen hasta sentirse satisfechos con lo que hubieran logrado. Les dijo que empezó a escribir siendo casi una anciana de 40 años, pero a los chicos no les debió parecer tan mayor (a mí tampoco) cuando quisieron saber si iba a retirarse pronto o pensaba hacerse viejita escribiendo. La autora les contestó que su sueño era hacerse muy viejita y muy chiquitita escribiendo, más chiquitita, incluso, que el lápiz. Nos contó también que de escribir le dieron ganas otros escritores y que ella no pensaba en el libro ya publicado mientras escribía, sino en la historia que quería contar. Dijo que las ideas se le ocurrían de muchas maneras, yendo en el colectivo, recordando y teniendo siempre la oreja parada. Explicó que no se pone nerviosa cuando escribe y que lo hace junto a su mate y su gato, y que para corregir lo escrito lo lee con mucho cuidado muchas veces y, a veces, lo lee también otra persona. Los más pequeños le preguntaron si se ponía feliz al terminar un libro y ella les dijo que sí, que muy feliz. Los niños tenían curiosidad por saber a quiénes estaban dedicados sus libros y si los escribía para las personas que ella quería. Entonces Liliana les contestó que sus libros estaban dedicados a su papá, a sus dos mamás, a su esposo, a sus hijos, a amigos, y que cuando se sentaba a escribir cuentos, ella sentía que quería a casi todo el mundo y que era amiga de mucha gente, así es que, de algún modo, sí que escribía para las personas que quería. Los pequeños lectores también le preguntaron si se había arrepentido de escribir algún libro y ella les dijo que no, que escribir lleva mucho tiempo y normalmente uno se arrepiente de los arrebatos, de las cosas que hace sin pensarlas mucho, por eso es más difícil arrepentirse de un libro. Entre el público adulto también se levantaron manos para saber qué hay que hacer para empezar a escribir. La autora respondió que hay que tener paciencia y amor por las equivocaciones y el trabajo; que no hay que tener un afán desmedido por el resultado y que hay que apasionarse con el proceso de creación. Una cuentera le preguntaró qué se siente al escuchar a otro contar sus historias y ella dijo que se sentía muy contenta de ver su obra iluminada por otras luces y que le gustaba que esos narradores usasen de algún modo sus propias palabras para enriquecerla. Liliana Bodoc insistió en una Literatura Infantil y Juvenil con “l” mayúscula, para los lectores más jóvenes, con códigos que ellos pudiesen entender e interpretar y ante la cual pudieran transformarse de alguna manera, cambiar a lo largo de sus páginas, no permanecer indiferentes, ser un poco distintos al salir de ellas. Por eso dijo que no le gustaban los cuentos ñoños, llenos de lugares comunes y con moraleja, y defendió una y otra vez una literatura comprometida con la libertad.&lt;br /&gt;La hora que Liliana Bodoc estuvo hablando con nosotros se me hizo tan cortita que, mientras volvía caminando a casa, pensaba que así debían ser las visitas de la inspiración a quienes se encuentran en medio de un proceso creativo. En el bolso llevaba sus últimos cuentos y un manojo de letras escritas por su propia mano. Esta vez me lo leí yo la primera y al cerrarlo me sentí un poquito distinta... Supongo que del cambio se encargaron la escritura de Liliana y la lectura de esta enamorada de la letra impresa, de las palabras que viajan con el viento, las que se susurran junto al fuego, las que se murmuran en las cocinas, las que se comparten alrededor del mate... Imagino que también se encargaron los caminos que he ido recorriendo por este lado del mundo al sur del sur, a lo largo de su torcida espina, a través de su piel callosa y las arrugas de sus entrañas. Entre los surcos sembrados con infinidad de nuevos sueños, de la mano de personas que luchan por verlos crecer, que participan en su desarrollo, que sosteniendo los tallos más tiernos...&lt;br /&gt;Pasito a paso, letra a letra, sonido a sonido, bocado a bocado, no sólo me ha transformado la literatura de esta tierra, sino la tierra misma y quienes me han enseñado a caminarla. Gracias. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-3214975648512869426?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/07/de-escribir-me-dieron-ganas-otros.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1149431792552687200</guid><pubDate>Sat, 19 Jul 2008 12:36:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-07-21T17:53:05.775-03:00</atom:updated><title>Claustros para novicias, ninfas, diosas y criollas</title><description>&lt;a href="http://www.javinavarro.es/blog/ficherosPosts/Fotos/Viajes/Roma/SombraReja.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.javinavarro.es/blog/ficherosPosts/Fotos/Viajes/Roma/SombraReja.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenemos una joyita en nuestra biblioteca con el sello del Patronato de Misiones Pedagógicas que se pusieron en marcha durante los años de la Segunda República Española. Se trata de la obra teatral “Don Juan Tenorio” de Don José Zorrilla. Según se indica en una de las primeras hojas del libro “este drama ha sido aprobado, para su representación, por la junta de censura de los teatros del reino en 4 de junio de 1849”. Inmediatamente después se lee la dedicatoria que hiciera su autor “Al Señor Don Francisco Luis de Vallejo en prenda de buena memoria. Su mejor amigo, José Zorrilla. Madrid, Marzo de 1844”. Y en seguida comienza la acción allá por los años de 1545 en Sevilla. El libro es y está muy viejito. Lo encontré hace más de dos años tras recorrer las empedradas calles de Pedraza, en la provincia de Segovia (España), subir las escaleras de madera de una de sus engalanadas tiendas y rebuscar entre los libros de segunda mano que se apilaban en varias estanterías sin orden ni concierto. Acaricié el lomo de varios volúmenes y el título de muchos clásicos abriendo, sólo muy de vez en cuando, las hojas amarillentas de algunos, pero cuando mis ojitos miopes se detuvieron en ese sello de las Misiones Pedagógicas ya no pude hacerlos caminar por las páginas de ningún otro libro. Parpadeé varias veces, me sonreí, me emocioné, lo cerré, lo volví a abrir, se lo mostré a mis acompañantes, me dirigí a la caja, lo compré, lo envolví, lo guardé en mi mochila, lo subí a un avión y lo deposité entre las manos de Edgardo un par de meses después.&lt;br /&gt;Algún tiempo antes, él había conseguido una maravillosa obra en versión original, ilustrada por Giovanni Caelli y escrita por el norteamericano Thomas Bulfinch, conocida como “The Illustrated Bulfich’s Mythology”. Se trata de tres volúmenes titulados “The Age of Fable”, “The Age of Chivalry” y “Legends of Charlemagne”. El primero de ellos fue publicado por primera vez en 1855 y, principalmente, recoge mitos y leyendas de la antigua Grecia y de héroes y heroínas romanos, junto con historias de guerreros nórdicos, de sabios celtas, de quienes adoraban al sol, de faraones egipcios, de varios monstruos -entre ellos el Fénix y el Unicornio- y de la triada hindú Brahma, Vishnu y Siva. Edgardo también se había emocionado con su hallazgo, pues le devolvió a muchas de sus lecturas infantiles y a las fotografías de cuadros y esculturas renacentistas de las que se enamoró su retina adolescente.&lt;br /&gt;Hace tan sólo un mes nos regalamos “Mujeres en la Sociedad Argentina. Unas historia de cinco siglos” de la socióloga argentina Dora Barrancos. Y de su mano llevamos recorridos quinientos años de la historia de las mujeres de este país y revisados varios tópicos y no pocos mitos sobre su lugar y su papel en esta esquina del mundo.&lt;br /&gt;Así llegaron a nosotros esos tres libros y a través del entramado que sus autores tejieron en sus páginas descubrimos los caminos que anduvieron los protagonistas varones de sus historias y supimos de las distintas murallas que encerraron los pasos de las protagonistas.&lt;br /&gt;En la escena primera del acto tercero de la primera parte del Don Juan Tenorio, nos encontramos en la celda de Dña. Inés. La Abadesa está comunicándole la decisión que ha tomado su padre, Don Gonzalo de Ulloa, Comendador de Calatrava, de que permanezca en el convento y no se despose con Don Juan Tenorio, al quien considera un miserable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Abadesa&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Con que me habéis entendido?&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Dña. Inés&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sí, señora.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Abadesa&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Está muy bien;&lt;br /&gt;la voluntad decisiva&lt;br /&gt;de vuestro padre tal es.&lt;br /&gt;Sois joven, cándida y buena;&lt;br /&gt;vivido en el claustro habéis&lt;br /&gt;casi desde que nacisteis;&lt;br /&gt;y para quedar en él&lt;br /&gt;atada con santos votos&lt;br /&gt;para siempre, ni aun tenéis,&lt;br /&gt;como otras, pruebas difíciles&lt;br /&gt;ni penitencias que hacer.&lt;br /&gt;Dichosa mil veces vos;&lt;br /&gt;Dichosa, sí, doña Inés,&lt;br /&gt;Que, no conociendo el mundo,&lt;br /&gt;No le debéis de temer.&lt;br /&gt;¡Dichosa vos que del claustro&lt;br /&gt;al pasar en el dintel,&lt;br /&gt;no os volveréis a mirar&lt;br /&gt;lo que tras vos dejaréis!&lt;br /&gt;Y los mundanos recuerdos&lt;br /&gt;del bullicio y del placer&lt;br /&gt;no os turbarán, tentadores,&lt;br /&gt;del ara santa a los pies;&lt;br /&gt;pues ignorando lo que hay&lt;br /&gt;tras esa santa pared,&lt;br /&gt;lo que tras ella se queda&lt;br /&gt;jamás apeteceréis.&lt;br /&gt;Mansa paloma, enseñada&lt;br /&gt;en las palmas a comer&lt;br /&gt;del dueño que la ha criado&lt;br /&gt;en doméstico vergel,&lt;br /&gt;no habiendo salido nunca&lt;br /&gt;de la protectora red,&lt;br /&gt;no ansiaréis nunca las alas&lt;br /&gt;por el espacio tender.&lt;br /&gt;Lirio gentil, cuyo tallo&lt;br /&gt;Mecieron sólo tal vez&lt;br /&gt;las embalsamadas brisas&lt;br /&gt;del más florecido mes,&lt;br /&gt;aquí a los besos del aura&lt;br /&gt;vuestro cáliz abriréis,&lt;br /&gt;y aquí vendrán vuestras hojas&lt;br /&gt;tranquilamente a caer.&lt;br /&gt;Y en el pedazo de tierra&lt;br /&gt;que abarca nuestra estrechez,&lt;br /&gt;y en el pedazo de cielo&lt;br /&gt;que por las rejas se ve,&lt;br /&gt;vos no veréis más que un lecho&lt;br /&gt;do en dulce sueño yacer,&lt;br /&gt;y un velo azul suspendido&lt;br /&gt;a las puertas del Edén...&lt;br /&gt;¡Ay! En verdad que os envidio,&lt;br /&gt;venturosa doña Inés,&lt;br /&gt;con vuestra inocente vida,&lt;br /&gt;la virtud del no saber.&lt;br /&gt;Mas, ¿por qué estáis cabizbaja?&lt;br /&gt;¿Por qué no me respondéis&lt;br /&gt;como otras veces, alegre,&lt;br /&gt;cuando en los mismo os hablé?&lt;br /&gt;¿Suspiráis...? ¡Oh! Ya comprendo;&lt;br /&gt;de vuelta aquí hasta no ver&lt;br /&gt;a vuestra aya, estáis inquieta;&lt;br /&gt;pero nada receléis.&lt;br /&gt;A casa de vuestro padre&lt;br /&gt;fué casi al anochecer,&lt;br /&gt;y abajo en la portería&lt;br /&gt;estará; ya os la enviaré,&lt;br /&gt;que estoy en vela toda la noche.&lt;br /&gt;Conque, vamos, doña Inés,&lt;br /&gt;recogeos, que ya es hora;&lt;br /&gt;mal ejemplo no me deis&lt;br /&gt;a las novicias, que há tiempo&lt;br /&gt;que duermen ya; hasta después.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Dña. Inés&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Id con Dios, madre abadesa.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Abadesa&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Adiós, hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el capítulo III del libro “The Age of Fable”, en la historia sobre Apolo y Dafne, se cuenta cómo Cupido, respondiendo al desafío de Apolo que le dice al dios del amor que sus flechas no son tan poderosas como las de él, dispara una flecha de plomo hacia la ninfa Dafne y una de oro hacia el dios del sol, quedando éste enamorado de la joven y ella aborreciendo al amor. Mientras Apolo corre tras ella por el bosque, ella implora a su padre Peneo, el dios del río, que abra la tierra para que ella pueda escapar o bien que cambie su forma. En ese mismo instante comienza a convertirse en una planta y Apolo al tocar su corteza y abrazarse a sus ramas exclama, “Ya que no puedes ser mi esposa, te convertirás en mi árbol. Te llevaré en mi corona; decoraré contigo mi arpa y mi aljaba; y cuando los grandes conquistadores romanos se encaminen triunfales hacia el Capitolio serás tejida con forma de corona para lucir en sus frentes. Y, como la eterna juventud me pertenece, tú también estarás siempre verde y tus hojas no se caerán.” Y así fue como nació el laurel.&lt;br /&gt;En el capítulo VII de ese mismo libro se narra la historia de Proserpina, la hija de la diosa Ceres. Estando la joven jugando con sus compañeras juntando flores, fue descubierta por Plutón, el dios del Tártaro, a quien también había herido Cupido con una de sus flechas. Plutón se enamoró de ella y se la llevó por la fuerza al inframundo, donde se convirtió en la reina de Erebo. Ceres imploró a Júpiter que le devolviese a su hija, pero como ésta ya había probado una granada del inframundo que le había ofrecido Plutón no pudo ser rescatada del todo. A partir de entonces debió pasar medio año con su esposo y el resto acompañando a su madre.&lt;br /&gt;En el capítulo III del libro de Barrancos, en el apartado que se refiere al Código Civil argentino y la incapacidad de las mujeres, se da cuenta de “las vicisitudes que vivió Amalia Pelliza Pueyrredón a causa del encierro doméstico que le impuso su esposo, el conocido médico Carlos Durand. Las nupcias justamente ocurrieron en el mismo año de sanción del Código. Durand era mucho mayor y es probable que Amalia, como era la costumbre, hiciera la voluntad de la familia casándose con él, puesto que el facultativo, aunque era un cincuentón mientras ella sólo tenía 15 años, poseía el encanto de una estimable fortuna. Era el médico obstetra de las familias más importantes de Buenos Aires y vaya a saber a ciencia cierta qué lo llevó a clausurar a Amalia en la casona que ocupaba. Ésta pleiteó la separación pero no la obtuvo, lo que probablemente enfureció más al Dr. Durand. Redobló el encierro, pero también, frente a los reclamos, la humilló alquilando un espantoso carruaje –es que poseer un carruaje empavesado era una señal de distinción-, obligándola a andar horas y horas sin detenerse. Durand enfermó y Amalia descontó los años de encierro, pudo salir, entretenerse con compañías y frecuentar reuniones (...) Pero una vez repuesto, el castigo de la clausura fue insoportable y Amalia huyó. Años más tarde nuestro médico fallecía y legaba una parte importante de sus bienes a la construcción de un nosocomio, el que hoy lleva su nombre. El resto de la fortuna –probablemente como escarmiento- se entregó, según su determinación, a parientas y criadas, todas mujeres. Felizmente Amalia pudo hacerse con algo de los bienes gananciales y utilizarlos con gran derroche, como correspondía a quien habían sido sustraídos tantos años de goce. Este caso emblematiza las circunstancias de la indefensión femenina en el primer Código Civil. Con certeza, no todos los maridos encerraban a sus mujeres, pero sí todos estaban facultados por la normativa para ejercer su potestad”.&lt;br /&gt;Tras los muros de un convento o de una casa, bajo la corteza de un árbol o de la Tierra, hemos visto distintos ejemplos de mujeres secuestradas por quienes se creían -y las leyes divinas o de los hombres así se lo confirmaban- sus dueños, y las encadenaban dentro de sus dominios para preservar su honor, su orgullo, su fuerza, su poder y su buen nombre. Curioseando entre las leyendas de la mitología clásica, el teatro del Romanticismo, y el Código Civil Argentino sancionado en 1869, durante el periodo de la organización nacional, podemos observar que tanto la literatura como la norma civil sostienen la incapacidad relativa de la mujer y el hecho de que a todos los efectos su representante era el padre o el marido. En el presente siglo XXI se aprueban leyes y se crean ministerios de igualdad pero siguen existiendo innumerables barreras, altísimos muros y gruesas cortezas que limitan derechos y libertades de las personas, hombres y mujeres, de todo el mundo. Sólo reconociéndolos podremos empezar a superarlos, escalarlos, horadarlas. Están en los libros y están en la vida: leámoslos y escribámosla entre todos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1149431792552687200?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/07/claustros-para-novicias-ninfas-diosas-y.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-3420496918855721437</guid><pubDate>Sat, 12 Jul 2008 12:23:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-07-12T09:30:11.085-03:00</atom:updated><title>Pregones y crónicas coloniales...</title><description>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SHijyp5vWBI/AAAAAAAAAXk/Vfa3pO21xp0/s1600-h/misturera+y+sahumadora+1850.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5222103858572908562" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SHijyp5vWBI/AAAAAAAAAXk/Vfa3pO21xp0/s400/misturera+y+sahumadora+1850.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escucho, de mi colección de discos de folklore latinoamericano, un tema del grupo argentino Los Trovadores, renombrado por sus cuidados arreglos vocales. Se llama “Pregones coloniales”: empiezan por el pregón del aceitunero -“Aceituna, una...”- y siguen por el del velero y el aguatero. De esa canción salto a otra del mismo grupo: los “Pregones del altiplano”. Allí, los que suenan son los gritos del vendedor de mantas, del de mazamorra y del platero...&lt;br /&gt;Cuando era niño, la estampa de los pregones era una de las más me gustaba cuando me enseñaban la (deformada) historia colonial de mi país. Quizás aquellos anuncios callejeros tenían algo que ver con la música, elemento que siempre me pareció un maravilloso lenguaje universal. La costumbre de pregonar había llegado de España, en los mismos barcos que trajeron muchos de los productos que se pregonaban.&lt;br /&gt;Hace poco, leyendo las páginas de las inigualables “Tradiciones peruanas” de Ricardo Palma, me encontré con un fragmento que quiero compartir con ustedes por recuperar esta partecita del espíritu colonial americano, un espíritu que no ha desaparecido: simplemente ha adquirido otra forma. Viajen, si no, en algún transporte público en Argentina, en Ecuador, en Bolivia, y esperen a que suba algún vendedor ambulante...&lt;br /&gt;El fragmento que quiero compartirles es un tanto complejo. Se refiere a la historia colonial peruana. Muchos de los personajes y productos pregonados son poco conocidos en otros ámbitos. Sin embargo, creo que un par de explicaciones posteriores bastarán para aclarar algunas dudas...&lt;br /&gt;Palma explica como los pregones en las calles del barrio de su niñez servían de reloj no-oficial...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La lechera indicaba las seis de la mañana.&lt;br /&gt;La tisanera y la chichera de Terranova daban su pregón a las siete en punto.&lt;br /&gt;El bizcochero y la vendedora de leche-vinagre, que gritaba “¡a la cuajadita!”, designaban las ocho, ni minuto más ni minuto menos.&lt;br /&gt;La vendedora de zanguito de ñajú y choncholíes marcaba las nueve, hora de canónigos.&lt;br /&gt;La tamalera era anuncio de las diez.&lt;br /&gt;A las once pasaban la melonera y la mulata del convento vendiendo ranfañote, cocada, bocado de rey, chancaquitas de cancha y de maní, y fréjoles colados.&lt;br /&gt;A las doce aparecían el frutero de canasta llena y el proveedor de empanadillas de picadillo.&lt;br /&gt;La una era indefectiblemente señalada por el vendedor de ante con ante, la arrocera y el alfajorero.&lt;br /&gt;A las dos de la tarde, la picaronera, el humitero y el de la rica “causa de Trujillo” atronaban con sus pregones.&lt;br /&gt;A las tres, el melcochero, la turronera y el anticuchero o vendedor de bisteque en palito clamoreaban con más puntualidad que la Mari-Angola de la Catedral.&lt;br /&gt;A las cuatro gritaban la picantera y el de la piñita de nuez.&lt;br /&gt;A las cinco chillaban el jazminero, el de las caramanducas y el vendedor de flores de trapo, que gritaba: “¡Jardín, jardín! Muchacha, ¿no hueles?”.&lt;br /&gt;A las seis canturreaban el raicero y el galletero.&lt;br /&gt;A las siete de la noche pregonaban el caramelero, la mazamorrera y la champucera.&lt;br /&gt;A las ocho, el heladero y el barquillero.&lt;br /&gt;Aún a las nueve de la noche, junto con el toque de cubrefuego, el animero o sacristán de la parroquia salía con capa colorada y farolito en mano pidiendo para las ánimas benditas del purgatorio o para la cera de Nuestro Amo. Este prójimo era el terror de los niños rebeldes para acostarse.&lt;br /&gt;Después de esa hora, era el sereno del barrio quien reemplazaba a los relojes ambulantes, cantando entre pitea y pitea: -¡Ave María Purísima! ¡Las diez han dado! ¡Viva el Perú, y sereno!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para los desconocedores, vayan las siguientes anotaciones.&lt;br /&gt;La tisanera vendía hierbas medicinales, y la chichera, chicha, bebida fresca hecha a base de maíz, muy consumida en la actualidad en el área andina, tanto en su versión no fermentada como en la otra, que tiene alcohol y equivale a una cerveza.&lt;br /&gt;La leche-vinagre es cuajada, producto lácteo típicamente hispano. El zango de ñajú es un guiso de un fruto ya olvidado, que era de la forma de un pimiento y con una sustancia viscosa o gomosa en su interior.&lt;br /&gt;La tamalera vendía tamales, pastelillos a base de pasta de maíz rellena de carne o verduras y envuelto, todo ello, en “chala” (hoja de la mazorca). Los productos de la “mulata del convento” eran dulces, obras maestras de repostería típicas de claustros de monjas.&lt;br /&gt;Al “ante con ante” era el clásico arroz con leche. El alfajorero vendía una variedad de dulces hispanos, los alfajores, aún muy consumidos en América Latina. Los picarones, choncholíes y la “causa de Trujillo” son dulces peruanos parecidos. Los primeros eran especies de buñuelos de zapallo y harina, fritos y bañados en miel.&lt;br /&gt;Las melcochas eran especies de caramelos de azúcar y mantequilla. El humitero vendía humitas, muy parecidas a los tamales. Los anticuchos son especies de “pinchos morunos” hechos con lascas de corazón de vaca, y aún hoy son muy apreciados en Bolivia y Perú.&lt;br /&gt;El jazminero y demás vendedores de flores las vendían para que las mozas se engalanaran para sus paseos de media tarde, una costumbre explicada por Palma en su libro. Para arreglo de las damas también existía el raicero, que despachaba unas raíces blandas que equivalían al cepillo y pasta dental antiguos.&lt;br /&gt;La mazamorra -vigente hasta hoy en medio Sudamérica- es una especie de cocido de granos de maíz blanco, usualmente dulce, al que se le agrega distintos aditamentos para darle un sabor característico, y es, generalmente, un delicioso postre.&lt;br /&gt;Finalmente, el sereno era una especie de vigilante nocturno, y el animero, un monje que, en procesión, salía a pedir limosnas para las ánimas del purgatorio...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El libro de Palma recoge muchas otras historias, y recomiendo su lectura para los ávidos curiosos de las costumbres y tradiciones de antaño. Entre las incluidas en la obra del insigne peruano se encuentran la tradición del Manchaypuyto; la de la partida de ajedrez del inca Atahuallpa; la historia de Aguirre el traidor; la llegada del primer ratón, el primer gato y el primer melón a tierras peruanas; las crónicas del tabaco; numerosas historias sobre dichos y refranes americanos; reseñas sobre hechos históricos relacionados con la Conquista y la Independencia de Perú; y numerosas reseñas de distintos lances y anécdotas que tienen como actores a religiosos, virreyes, nobles y ciudadanos bien conocidos...&lt;br /&gt;Así como los volúmenes de nuestras bibliotecas pueden darnos la fuerza para que nuestras ramas crezcan y fructifiquen, también proporcionan la tierra en la que nuestras raíces deben afirmarse para que el ramaje pueda seguir creciendo. Porque sin raíces, el menor ventarrón tumba a un árbol. Y ventarrones, en el mundo moderno, es lo que sobra...&lt;br /&gt;Con un puñado de estas lecturas, uno se sonreirá -sobre todo si es latinoamericano- cuando, en el metro o en el bus, escuche el pregón de los modernos vendedores ambulantes... Y se dará cuenta de que, a pesar de todo, muchas cosas sólo cambian la fachada, pero jamás mueren...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota: El libro “Tradiciones peruanas” de Ricardo Palma puede descargarse desde la colección digital de la Biblioteca de Ayacucho (Perú) a través de este &lt;a href="http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&amp;amp;backPID=103&amp;amp;tt_products=7"&gt;link&lt;/a&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-3420496918855721437?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/07/pregones-y-crnicas-coloniales.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SHijyp5vWBI/AAAAAAAAAXk/Vfa3pO21xp0/s72-c/misturera+y+sahumadora+1850.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1411835116770629707</guid><pubDate>Sat, 05 Jul 2008 12:27:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-07-05T09:30:51.228-03:00</atom:updated><title>¿Sabemos lo que nombramos?</title><description>&lt;a href="http://konradd.de/bilder/popup_pix/g_pix/Conrad_Dornberger-ElPueblo.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://konradd.de/bilder/popup_pix/g_pix/Conrad_Dornberger-ElPueblo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;¿Sabemos lo que nombramos cuando utilizamos términos como “el campo” o “el pueblo”?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue tratando de entender los últimos conflictos en Argentina cuando me hice, junto con Edgardo, la pregunta que da título a esta entrada. Hace más de tres meses que este país está inmerso en una problemática que, lejos de caminar hacia su solución, parece alejarse más y más de ella a medida que pasan los días. Durante este tiempo las posturas de sus protagonistas o bien se han radicalizado o bien se han vuelto completamente contradictorias. Nadie se salva del descrédito y el asunto se ha complicado de tal modo que sus ya borrosos márgenes han desaparecido de nuestra vista. Por más que ambos escuchamos la radio y leemos uno tras otro los artículos que aparecen tanto en la prensa nacional como en la internacional, créanme si les digo que seguimos arrastrando un profundo desconocimiento sobre la cuestión. Sin embargo, hemos aprendido algunas cosas y seguimos confiando bastante en nuestro sentido común a la hora de interpretar ciertos discursos y opinar sobre las declaraciones que vierten unos y otros con el fin de esclarecer nada y confundirlo todo.&lt;br /&gt;Ese sentido común, ese espíritu crítico que ambos tenemos bastante arraigado, nos ha permitido hacernos un par de preguntas e intentar algunas respuestas. Como buenos inconformistas y eternos curiosos tratamos de averiguar en primer lugar qué era eso que todos los medios llamaban “el campo” y en segundo a quiénes se referían tanto “el campo” como el gobierno cuando hablaban de “el pueblo”. En la edición argentina de la revista “Le Monde diplomatique” de mayo de 2008 podrán encontrar varios artículos sobre la crisis mundial de alimentos y los conflictos en Argentina. En el que firma Axel Kicillof, el autor nos habla de “...la enorme diversidad de situaciones que distinguen a los numerosos actores involucrados dentro de lo que genérica y abusivamente se denomina ‘el campo’ – desde los pools de siembra hasta el postergado peón rural“, y en el que escribe Hugo Sigman encontramos incluso un boceto de clasificación del sector agropecuario:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“... para analizar el conflicto y llegar a soluciones de mutuo beneficio es necesario realizar una apertura de lo que se llama sector rural, empezando por dividir la palabra agropecuario. Un resultado ha sido el obtenido por el sector del agro y otro el del sector pecuario. Con el aumento del precio de los cereales y sus derivados industriales –aceites y biocombustibles- el agro ha tenido muy buena rentabilidad, a pesar de las retenciones. Pero el sector pecuario, leche y carnes bovinas, ha tenido un pésimo resultado económico.&lt;br /&gt;También es necesario diferenciar entre ‘productores’, ya que existen grandes, medianos y economías rurales familiares. Les ha ido mejor a los primeros y peor a los últimos. Otra división necesaria para el análisis es entre zonas de producción agraria o pecuaria: en las zonas centrales los resultados han sido mucho mejores que en las marginales, donde los rendimientos por hectárea son mucho menores y los constes, principalmente de fletes, mucho mayores.&lt;br /&gt;Si por último del conjunto del sector se distinguen productores agrarios, productores pecuarios, industrializadores (frigoríficos, usinas lecheras y productores de aceites y biocombustibles) y comercializadores (en particular propietarios de silos y exportadores), resulta evidente que los industriales y comercializadores del sector se han apropiado, como resultado de la política del gobierno, de parte de los beneficios de los productores pecuarios o agrarios”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mejor definición que hallamos sobre “el pueblo” nos la proporcionó León Tolstoi en las páginas de Anna Karenina que yo había estado leyendo un mes antes. Constantino Dmitrievich (Levin) está discutiendo con su hermano Sergio Ivanovich, en presencia de su suegro (el Príncipe) y de un amigo común (Kosnichev), sobre los voluntarios rusos que se estaban movilizando en ese momento para participar en el conflicto armado contra los turcos que tenía lugar en los Balcanes... Merece la pena que echen un vistazo a todo el capítulo XV de la parte VIII; yo les dejo a continuación sus últimas líneas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“–En este caso, las opiniones personales no significan nada –respondió Kosnichev–; las opiniones personales no tienen ningún valor ante la voluntad de toda Rusia expresada con unanimidad.&lt;br /&gt;–Perdone, pero no lo veo. El pueblo es ajeno a todo eso –repuso el Príncipe.&lt;br /&gt;–No papá. Acuérdate del domingo en la iglesia –dijo Dolly, que escuchaba la conversación–. Dame la servilleta, haz el favor ––dijo al anciano, que contemplaba, sonriendo, a los niños–. Es imposible que todos...&lt;br /&gt;–¿Qué pasó el domingo en la iglesia? –preguntó el Príncipe–. Al cura le ordenaron leer y leyó. Los campesinos no comprendieron nada. Suspiraban como cuando oyen un sermón. Luego se les dijo que se iba a hacer una colecta en pro de una buena obra de la Iglesia y cada uno sacó un cópec, sin saber ellos mismos para qué.&lt;br /&gt;–El pueblo no puede ignorarlo. El pueblo tiene siempre conciencia de su destino y en momentos como los de ahora ve las cosas con claridad –declaró Sergio Ivanovich categóricamente, mirando al viejo encargado del colmenar, como interrogándole.&lt;br /&gt;El viejo, arrogante, de negra barba canosa y espesos cabellos de plata, permanecía inmóvil sosteniendo el pote de miel y mirando dulcemente a los señores desde la elevación de su estatura sin entender ni querer entender lo que trataban, según se evidenciaba en todo su aspecto.&lt;br /&gt;–Sí, señor –afirmó el viejo, moviendo la cabeza, como contestando a las palabras de Sergio Ivanovich.&lt;br /&gt;–Pregúntenle y verán que no sabe ni entiende nada de eso –dijo Levin. Y añadió, dirigiéndose al viejo–: ¿Has oído hablar de la guerra, Mijailich? ¿No oíste lo que decían en la iglesia? ¿Qué te parece? ¿Piensas que debemos hacer la guerra en defensa de los cristianos?&lt;br /&gt;–¿Por qué hemos de pensar en eso? Alejandro Nicolaevich, el Emperador, piensa por nosotros en este asunto y pensará por nosotros en todos los demás que se presenten...Él sabe mejor... ¿Traigo más pan? ¿Hay que dar más a los chiquillos? –se dirigió a Daria Alejandrovna, indicando a Gricha que terminaba su corteza de pan.&lt;br /&gt;–No necesito preguntar –dijo Sergio Ivanovich–. Vemos centenares y millares de hombres que lo dejan todo para ayudar a esa obra justa. Llegan de todas las partes de Rusia y expresan claramente su pensamiento y su deseo. Traen sus pobres groches y van por sí mismos a la guerra y dicen rectamente por qué lo hacen. ¿Qué significa esto?&lt;br /&gt;–Eso significa, a mi juicio –dijo Levin que comenzaba a irritarse otra vez–, que en un pueblo de ochenta millones se encuentran, no ya centenares, sino decenas de miles de hombres que han perdido su posición social, gente atrevida, pronta a todo, que siempre está dispuesta a enrolarse en las bandas de Pugachev o cualquier otra de su especie, y que lo mismo va a Servia que a la China...&lt;br /&gt;–Te digo que no se trata de centenares ni de gente perdida, sino que son los mejores representantes del pueblo ––dijo Sergio Ivanovich con tanta irritación como si estuvieran defendiendo sus últimos bienes–. ¿Y los dineros recogidos? ¡Aquí sí que el pueblo expresa directa y claramente su voluntad!&lt;br /&gt;–Esa palabra ‘pueblo’ es tan indefinida... –dijo Levin–. Sólo los escribientes de las comarcas, los maestros y el uno por mil de los campesinos y obreros saben de qué se trata. Y el resto de los ochenta millones de rusos, como Mijailich, no sólo no expresan su voluntad, sino que no tienen ni idea siquiera de sobre qué cuestión deben expresarla. ¿Qué derecho tenemos, pues, a decir que se expresa la voluntad del pueblo?”&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Imagino que a estas alturas también ustedes se estarán haciendo algunas preguntas y quizás estas líneas les proporcionen unas pocas claves para empezar a intentar sus propias respuestas. Mi intención con esta entrada era compartirles un par de dudas y las explicaciones que encontramos entre las páginas de la prensa y la literatura. Considero que una y otra pueden ser buenas fuentes de información si les sumamos una dosis generosa de espíritu crítico. Estaremos aprendiendo así a “juzgar razonablemente las cosas” aunque aún nos quede lejos su comprensión. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1411835116770629707?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/07/sabemos-lo-que-nombramos.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-3442843326256586505</guid><pubDate>Sun, 29 Jun 2008 14:31:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-06-29T11:32:06.413-03:00</atom:updated><title>Un compendio de estupidez humana</title><description>&lt;a href="http://www.upenn.edu/ARG/archive/goya/goya4.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.upenn.edu/ARG/archive/goya/goya4.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminamos con Sara por las destrozadas calles de nuestro barrio de Córdoba. Duele mucho verlos. Vamos indignados, charlando sobre los altos impuestos que debemos pagar los ciudadanos para (sobre)vivir en una urbe con un aspecto y un funcionamiento deplorables. A nuestro lado pasan una docena de carros de cartoneros, tirados por caballos flacos como el famoso Rocinante, toda una estampa del tan mentado “subdesarrollo”. Conducen niños. Duele aún más. Entramos a un supermercado y padecemos el desabastecimiento, los exagerados precios de la inflación y los manejos especuladores de los comerciantes. Compramos muy poco, lo básico para poder seguir comiendo. Hay alimentos que no vemos o no podemos comprar desde hace meses. De retorno a casa, nos cruzamos con varias unidades de transporte urbano que parecen sacadas de una película de la Guerra Mundial (la Primera). Antes de llegar a la puerta de nuestro edificio, debemos sortear basuras no recogidas desde hace dos días y tres derrames de aguas fecales que inundan las aceras... y que nadie se preocupa por reparar.&lt;br /&gt;Tras eso, encendemos la radio y escuchamos las noticias y los discursos políticos y presidenciales. Hablan del “crecimiento” y el “bienestar” del país, de “políticas redistributivas” para “los pobres”, y de las cifras y porcentajes (datos falsos, todos lo sabemos) que el Instituto Nacional de Estadísticas argentino genera para dar placer a la cúpula presidencial, que de esa forma puede mantener su discurso “salvador”. Hablan también de los planes presidenciales para construir un tren de alta velocidad y para construir algunos hospitales y escuelas...&lt;br /&gt;Al lado de esas declaraciones oficiales, escuchamos las denuncias de escuelas rurales, que cuentan como sus niños deben viajar tres o cuatro horas a lomo de caballería para llegar a clases, padeciendo fríos de bajo cero, para luego soportar el mismo frío dentro del aula, pues no hay ni gas ni electricidad... Son los mismos niños que llevan los carros cartoneros. Escuchamos las narraciones de los que trabajan en las rutas del interior del país, esas que son apenas transitables... Escuchamos las quejas de los ancianos, que apenas si pueden comprar un medicamento... Y vemos, con nuestros propios ojos, el funcionamiento de los hospitales y transportes públicos... que, por cierto, funcionan cuando quieren o pueden.&lt;br /&gt;En ese punto, tanto Sara como yo nos permitimos preguntar lo siguiente: los que escriben los discursos oficiales ¿creen que somos estúpidos? ¿Creen que no vivimos todos los días una realidad opresiva, que apesta, que nos toma a todos los ciudadanos de rehenes de una situación deprimente, contra la cual nada podemos hacer, por mucho que luchemos?&lt;br /&gt;¿O quizás los estúpidos son ellos? ¿O los medios de comunicación, que aún difunden esas noticias? ¿O los libros de historia y sociología, que en años venideros escribirán verdaderos mitos, lejanos a la vida real de la gente de la calle, de todos nosotros?&lt;br /&gt;Hace casi medio siglo, el escritor húngaro Paul Tabori escribió un libro que considero magnífico. El título original era “Natural History of Stupidity”. En castellano se tradujo como “Historia de la Estupidez Humana”.&lt;br /&gt;Además de intentar definir el término “estupidez” en un denso primer capítulo, Tabori realiza una revisión más o menos académica de numerosos documentos (manuscritos, archivos, incunables, ediciones antiguas) y extrae de ellos una colección variopinta de ejemplos de verdadera estupidez humana. Tales ejemplos abarcan temas como el ansia por el oro, el ceremonial de las cortes, los árboles genealógicos falsos, la densa (y ridícula) burocracia, las leyes (muchas de ellas, más ridículas aún), las dudas, los mitos y el amor.&lt;br /&gt;El libro no tiene desperdicio. Cada párrafo es asombroso, y el lector va saltando de estupidez en estupidez -a cual más increíble, todas ellas bien documentadas- a lo largo de la historia de la humanidad. Si pueden conseguirlo, no dejen de leerlo. (Podemos “prestarles” una versión pdf en castellano, si nos escriben...).&lt;br /&gt;Creo que Tabori olvidó incluir, en su libro, un capítulo sobre discurso político y medios de comunicación. Porque las cosas que allí se creen, se dicen y se hacen (al menos en este país nuestro) son magníficos ejemplos de idiotez profunda. Una idiotez contra la que nada podemos hacer. Sólo podemos soportarla y aprender a tomárnosla con risas (por no llorar, claro).&lt;br /&gt;Paul Tabori nació en Budapest, Hungría, en 1908. Se educó en Hungría, Austria y Alemania, y se graduó como doctor en Ciencias Económicas y Políticas por la Universidad de Budapest. Entre las dos guerras mundiales, vivió en 17 países como corresponsal. En 1937 se asentó en Londres, donde desarrolló una actividad verdaderamente febril, como periodista y autor. Entre 1943 y 1948 escribió numerosos guiones para London Films, y en los 50’ hizo lo mismo en Hollywood. Para la década de los 70’, Tabori había escrito más de 30 guiones cinematográficos y un centenar para series de televisión. Participó como miembro en numerosas asociaciones internacionales de escritores, siendo co-fundador de la International Writer’s Fund. En sus últimos tiempos dictó clases en universidades como la Fairfield Dickinson, el City College de Nueva York y la University of Illinois.&lt;br /&gt;“Historia de la estupidez humana” comienza con el siguiente párrafo. ¿Necesita este libro mejor presentación que la que proporciona el propio autor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Este libro trata de la estupidez, la tontería, la imbecilidad, la incapacidad, la torpeza, la vacuidad, la estrechez de miras, la fatuidad, la idiotez, la locura, el desvarío. Estudia a los estúpidos, los necios, los seres de inteligencia menguada, los de pocas luces, los débiles mentales, los tontos, los bobos, los superficiales, los mentecatos, los novatos y los que chochean, los simples, los desequilibrados, los chiflados, los irresponsables, los embrutecidos. En él nos proponemos presentar una galería de payasos, simplotes, badulaques, papanatas, peleles, zotes, bodoques, pazguatos, zopencos, estólidos, majaderos y energúmenos de ayer y de hoy. Describirá y analizará hechos irracionales, insensatos, absurdos, tontos, mal concebidos, imbéciles... y por ahí adelante. ¿Hay algo más característico de nuestra humanidad que el hecho de que el Thesaurus de Roget consagre seis columnas a los sinónimos, verbos, nombres y adjetivos de la “estupidez”, mientras la palabra “sensatez” apenas ocupa una?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algún día, alguien escribirá una “historia de la estupidez política”. Y estoy seguro de que encontrará bastante material en los periódicos y anales argentinos. Aunque, si debo ser sincero, en ningún periódico internacional, nacional o regional se muestra todo lo que vivimos a diario muchos argentinos (situación que quizás se replique en otros países). Sólo se publica y difunde el discurso oficial, o el opositor, igual de vacío. Los de abajo, los de siempre, quedamos mudos y con las manos atadas. Quizás ese libro futuro debería incluir también a los medios de comunicación entre sus temas...&lt;br /&gt;Aunque, ahora que lo pienso, me pregunto si debería hablar de estupidez o de hipocresía, opresión y abuso.&lt;br /&gt;Un abrazo desde esta Córdoba que nos duele tanto, quizás porque la queremos tanto...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;PD. Para aquellos desinformados, les comento que acabamos de “salir” de un conflicto entre el gobierno nacional argentino y parte del sector agrario, que ha durado 100 días. Los problemas que motivaron el conflicto han comenzado a discutirse en el Congreso de la Nación. Eso ha sido lo que han cubierto los periódicos internacionales. Pero nadie ha hablado de lo que padecía antes de ese conflicto el pueblo argentino, ni de lo que sigue padeciendo. Como pantalla de humo para ocultar otros problemas más graves, el conflicto ha sido estupendo. Mientras tanto, nosotros seguimos aquí. Sobreviviendo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-3442843326256586505?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/06/un-compendio-de-estupidez-humana_29.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-8511202996550200349</guid><pubDate>Sat, 21 Jun 2008 12:32:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-06-21T09:37:52.658-03:00</atom:updated><title>La universidad sigue doliente 90 años después...</title><description>&lt;a href="http://mnrtecnologico.com.ar/info/images/manifiesto1.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://mnrtecnologico.com.ar/info/images/manifiesto1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza y Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Chile, profesores y estudiantes de enseñanza secundaria y universitaria convocaron hace días una huelga indefinida en protesta por el proyecto de ley de Educación del Gobierno...&lt;br /&gt;En las universidades españolas han tenido lugar diversos actos de protesta en contra del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES, más conocido como Bolonia, la ciudad donde tuvo lugar la declaración). Sus detractores opinan que ayudará a privatizar y mercantilizar la universidad pública, a degradar los títulos, a subordinar el conocimiento a los intereses del mercado, y a hacer de la universidad una escuela de formación profesional donde primen las enseñanzas prácticas sobre la reflexión, el debate, la crítica, la investigación y la discusión...&lt;br /&gt;El Congreso Regional de Educación Superior celebrado en mayo de 2008 en Cartagena, Colombia, por el Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (Iesalc/Unesco) limita la participación de miles de investigadores, no recoge las actuales problemáticas ni plantea nuevas ideas, y excluye una gran parte del pensamiento latinoamericano. A la vez, asume el papel que durante tiempo criticó al Banco Mundial, convirtiéndose así en un mercado donde se silenció a la comunidad educativa con documentos estériles -elaborados por economistas en su mayoría- y se repitieron hasta la saciedad términos neoliberales como eficiencia, eficacia, calidad, acceso y equidad, competitividad, innovación, pertinencia, financiamiento, gestión, gobernabilidad, acreditación de programas, evaluación...&lt;br /&gt;Éstas son informaciones aparecidas en distintos medios de comunicación durante los últimos días. Curiosamente, leemos estas denuncias -expresadas por distintos actores de la comunidad educativa- cuando se está celebrando el 90º aniversario de la Reforma Universitaria que tuvo lugar a partir de los reclamos de los estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Argentina. Éstos, al ver que no eran escuchados, irrumpieron en la Asamblea Universitaria que elegía nuevo rector el 15 de junio de 1918 y se declararon en huelga indefinida, a la que se adhirieron estudiantes y obreros de todo el país. El día 21 de ese mes apareció en “La Gaceta Universitaria” el Manifiesto Liminar de la Reforma escrito por Deodoro Roca y firmado por los dirigentes de la Federación Universitaria de Córdoba. Durante el mes de julio se clausuró la universidad –que ya había sido intervenida en abril, por orden del entonces presidente Hipólito Yrigoyen, al incrementarse las protestas estudiantiles-, el rector elegido por la asociación clerical Corda Frates renunció al cargo y el gobierno intervino la UNC, reformándose sus estatutos, renovándose la plantilla docente y siendo introducidos muchos de los reclamos de los estudiantes.&lt;br /&gt;Entre las denuncias que vertía el Manifiesto –el texto completo lo pueden leer &lt;a href="http://bitacoradeunbibliotecario02.blogspot.com/2008/06/se-celebra-el-90-aniversario-de-la.html"&gt;aquí&lt;/a&gt;- podemos encontrar algunas de las que se lanzan hoy a los actuales modelos universitarios a uno y otro lado del Atlántico:&lt;br /&gt;“Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. (...) Nuestro régimen universitario –aun el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. (...) Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclaman el sentido y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. (...) La juventud universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo cuestión de nombres, ni de empleados. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de ‘hoy para ti y mañana para mí’ corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la universidad apartada de la ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición de viejos textos, amparaban el espíritu de rutina y de sumisión.”&lt;br /&gt;La universidad argentina a la que se refería Deodoro Roca hace 90 años estaba atada “a la antigua dominación monárquica y monástica”. La universidad española a la que actualmente los estudiantes visten con pancartas que dicen “NO a Bolonia” parece dolerse de los intereses mercantiles transnacionales que quieren sujetarla, a los que tampoco ha sido ajeno el Congreso Internacional de Educación Superior celebrado en Cartagena. En 1918 el sentimiento religioso que inspiraba la Compañía de Jesús – “[c]uriosa religión que enseña a menospreciar el honor y deprimir la personalidad. Religión para vencidos o esclavos”, escribía Roca- amordazaba aquella universidad. En el momento actual son las tesis del Banco Mundial derivadas de la teoría del capital humano (manifestando que “el estado no debe invertir en educación superior” porque “la inversión en educación superior es regresiva”) y la resolución de la Organización Mundial del Comercio (esa que afirma que la educación superior es un bien negociable) las que coaccionan la libre expresión de la comunidad universitaria.&lt;br /&gt;No parece que hayamos avanzado mucho si en el lugar que ocupaban los religiosos de entonces se encuentran ubicados los economistas de hoy... Quizás no esté de más recordar los principios reformistas de 1918 para impulsar y discutir las leyes educativas de 2008. Entonces se pedía la autonomía de las universidades respecto de los gobiernos. Hoy habría que añadir también respecto de los mercados, las empresas, la OMC, el BM... Sigue siendo deseable que el gobierno de las universidades quede en manos de sus principales actores, es decir, los claustros de profesores, los estudiantes y los graduados. Habría que seguir defendiendo la gratuidad de la enseñanza pública. Y también la extensión universitaria: el hecho de que la universidad, su comunidad y sus conocimientos no se alejen de los problemas y debates sociales sino que intervengan en ellos. Sin duda es fundamental mantener la libertad de cátedra y renovar periódicamente los cargos docentes. Y sigue siendo necesario que la docencia esté en estrecha relación con la investigación. Si entonces ya se proponía una unidad latinoamericana, ¿por qué no discutir hoy el Espacio Europeo de Educación Superior sin confundir convergencia con una única forma de pensar, hacer y decir las cosas, sin excluir la diversidad, reconociendo las dificultades, las presiones, los errores y los desaciertos para compartir y debatir nuevas propuestas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mercantilismo que afecta a todas las facetas de nuestra vida en esta enorme “aldea global” -que cada vez parece menos “unificada” y más “colonizada”- no deja de lado la producción, uso y disfrute de los conocimientos. Así como presiona deliberadamente en la educación (un factor estratégico en el crecimiento, desarrollo y progreso de los pueblos) también lo hace en la gestión de la información. Nuestras bibliotecas y centros de documentación ofrecen pruebas palpables de la aplicación de “estrategias de gestión”, “medidas de calidad y eficacia” y un sinnúmero de técnicas y herramientas que sólo buscan convertir a las unidades de conocimiento en negocios de los cuales obtener pingues beneficios. La cultura mercantilista se filtra en todos los rincones: mientras las leyes de copyright golpean duramente la circulación y uso de documentos y software, se alzan los debates por las políticas de “cobro de tasas” en bibliotecas. Al mismo tiempo la brecha digital se abre, los roles sociales de los profesionales de las bibliotecas se difuminan o esfuman, el analfabetismo informativo crece... La bibliotecología -al igual que la educación- se ve bombardeada por un nuevo modelo, cuyos defensores ni dan tregua, ni ofrecen caminos intermedios ni adaptaciones, ni oyen razones. Parece una batalla sin cuartel en la que los perjudicados son los de siempre.&lt;br /&gt;En 1918, la Reforma de Córdoba se extendió a través de Latinoamérica, y fueron muchas las subsiguientes protestas estudiantiles que, usando el texto cordobés de Deodoro Roca como base, lograron cambios en varios sistemas universitarios nacionales. Hoy... ¿quiénes darán el nuevo ejemplo, tanto en la educación como en otros ámbitos? ¿Quiénes alzarán la bandera de la libertad de pensamiento y acción? ¿Quiénes se rebelarán contra los nuevos yugos que intentan colocarnos?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-8511202996550200349?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/06/la-universidad-sigue-doliente-90-aos.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1718884091934946848</guid><pubDate>Sat, 14 Jun 2008 12:28:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-06-14T09:31:15.801-03:00</atom:updated><title>El calentamiento global y nosotros</title><description>&lt;a href="http://www.contractlaboratory.com/www/images/objects/environmental.gif"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.contractlaboratory.com/www/images/objects/environmental.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Evaluando nuestra responsabilidad ambiental y profesional&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Elaine Harger&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Traducido por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras iba conduciendo por las Montañas Rocosas en Montana el verano pasado, se me rompió el corazón al ver un montón de árboles de color óxido esparcidos entre los bosques de un verde imponente habitualmente. En algunos lugares parecía que entre un 20 y un 30 % de ellos estuvieran muertos, y de hecho lo están – asesinados por un escarabajo cuyo único depredador es el frío extremo de los inviernos de Montana, ellos mismos enfrentados a la amenaza de verse extinguidos debido al calentamiento global.&lt;br /&gt;¿Qué tiene que ver la muerte de los pinares con la bibliotecología? ¿Es el calentamiento global una “cuestión bibliotecaria”? Muchos bibliotecarios opinan que la provisión de libros, programación y otro tipo de información relacionada con temas medioambientales es suficiente para cumplir con las obligaciones de la bibliotecología. Algunos consideran que necesitamos equilibrar la crisis medioambiental con fuentes que nieguen la responsabilidad humana en ella. Sin embargo, me he dado cuenta de que el calentamiento global está en el corazón de nuestras preocupaciones profesionales de varias formas.&lt;br /&gt;Hace poco, participando en un grupo de discusión del &lt;em&gt;Northwest Earth Institute&lt;/em&gt;, denominado: &lt;em&gt;Changing CO2urse&lt;/em&gt;, calculé mi perfil de CO2. La producción media de emisiones de CO2 por persona en los Estados Unidos es de 122 libras [una libra equivale a 454 gramos]. Alrededor de 65 libras están bajo el control de cada individuo, mientras que las otras 57 libras es la parte proporcional que le corresponde a cada persona de las emisiones producidas por los negocios, las industrias, los generadores eléctricos y los sistemas de transporte que constituyen parte de nuestra sociedad actual.&lt;br /&gt;Comparativamente, la media diaria de las emisiones de CO2 por personas en el resto del mundo es de 24 libras. Y, según parece, los ecosistemas terrestres pueden procesar completamente solo 9 libras de CO2 por día por persona.&lt;br /&gt;Para calcular nuestro perfil personal de carbono, recogemos las facturas de gas de nuestros vehículos y las de nuestros servicios públicos, y contabilizamos el número de viajes en avión que realizamos al año.&lt;br /&gt;Mi producción de CO2 alcanza las 34 libras por día, más baja que la media norteamericana, en primer lugar porque voy caminando al trabajo y utilizo mi coche lo menos posible.&lt;br /&gt;Esta información planteaba una cuestión profunda y desencadenó un periodo de total desmoralización surgida al contemplar sus implicaciones: ¿Cómo puedo reducir mi producción personal de CO2 de 34 + 57 = 91 libras por día a 9? Lo que me permitió salir de mis sentimientos absolutamente derrotistas fue darme cuenta de lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- En primer lugar, yo &lt;em&gt;personalmente&lt;/em&gt; no tengo la responsabilidad de reducir 57 de esas libras: es una tarea que corresponde a toda la sociedad, incluida la bibliotecología.&lt;br /&gt;- Segundo, cualquier reducción de mis 34 libras personales tendría que incluir mis viajes en avión a los congresos profesionales, que normalmente son los únicos vuelos que realizo.&lt;br /&gt;- Tercero, formo parte de la tercera generación de productores de CO2. La mayoría de mis antecesores vivieron bien produciendo mucho menos de 9 libras de CO2 por día.&lt;br /&gt;- Cuarto, la tarea de convertir nuestras vidas de destructoras de la tierra en sostenedoras de la misma está llena de aventura y es tan prometedora como cualquiera de las tareas que ha encarado siempre la humanidad. Todo lo que necesitamos es reactivar algo de ese espíritu humano tan positivo de poder hacerlo, y la bibliotecología puede ayudar enormemente a ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para quienes comienzan, podéis organizar en vuestra biblioteca una proyección del documental del año 2006, &lt;em&gt;Who Killed the Electric Car?&lt;/em&gt;, y preguntarle a la audiencia que imaginen cada estación de gas albergando baterías recargables de energía solar en lugar de gasolina.&lt;br /&gt;Patrocinar y participar en los grupos de discusión del &lt;em&gt;Northwest Earth Institute&lt;/em&gt;, de manera que vuestra comunidad pueda explorar las posibilidades de crear relaciones sostenibles con vuestra región bio-región.&lt;br /&gt;Viajar por el mundo a través de los libros en lugar de hacerlo como turistas escupiendo CO2.&lt;br /&gt;Y por último, vamos a repensar los congresos del ALA [Asociación Estadounidense de Bibliotecas]. Dar a los encuentros de invierno y anuales del ALA un toque “verde” no consiste en discutir si los centros de convenciones reciclan o no el papel. Necesitamos repensar la necesidad real de estos encuentros nacionales porque no son sostenibles dadas las actuales condiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elaine Harger es bibliotecaria de la Mount Si High School en Snoqualmie, Washington, y miembro del consejo del ALA.&lt;br /&gt;American Libraries / April 2008 / On my Mind / Opinion&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1718884091934946848?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/06/el-calentamiento-global-y-nosotros.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-6954148097194568720</guid><pubDate>Sat, 07 Jun 2008 12:18:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-06-07T09:30:46.284-03:00</atom:updated><title>La voz no se les devuelve escribiéndoles el guión</title><description>&lt;a href="http://jfcbookstore.org/images/VoiceForVoiceless.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://jfcbookstore.org/images/VoiceForVoiceless.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace un par de meses proyectaron en el &lt;a href="http://www.cineclubmunicipal.org.ar/"&gt;Cineclub&lt;/a&gt; Municipal “Hugo del Carril” de Córdoba (Argentina) “Invisibles: Una sola mirada y cinco historias”, película-documental producida por Javier Bardem y dirigida por Mariano Barroso, Isabel Coixet, Javier Corcuera, Fernando León de Aranoa y Wim Wenders, recientemente galardonada con el premio Goya 2008 a mejor documental. En la reseña que apareció en el número 55 de abril de 2008 del boletín “Metrópolis” que edita el propio Cineclub, podía leerse lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;INVISIBLES es una historia de historias. Un acercamiento a aquellas personas que residen en nuestro olvido. Un deseo de dar voz a varios de los que se quedaron mudos por la indiferencia. Y un humilde homenajea esas otras &lt;/em&gt;&lt;a href="http://www.msf.org.ar/"&gt;&lt;em&gt;personas&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt; que nunca apartaron su mirada de ellos. Pero sobre todo es la voluntad de cinco directores por hacer visibles a sus verdaderos y únicos protagonistas, a aquellos que creemos y preferimos seguir creyendo invisibles.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Particularmente, no me gustó esta presentación. Últimamente desconfío bastante de la tan manoseada expresión “dar voz a los que no tienen voz”. Primero por artificiosa, segundo por engañosa. Creo que es una afirmación de gran doblez y expresa lo opuesto de lo que finalmente se hace. Para empezar no creo que las personas del mal llamado y peor entendido “Tercer Mundo” sean mudas, y tampoco estoy de acuerdo con que escribiéndoles un guión se les devuelva la voz. Por el contrario, muchos de los diálogos y monólogos que aparecen en la película sólo permiten al “Primer Mundo” escuchar lo que está dispuesto a oír.&lt;br /&gt;Así sobre la industria cinematográfica estadounidense, el crítico de cine, Carlos Boyero escribía hace un par de meses (EL PAÍS, 26 de abril de 2008):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Hace tiempo que Hollywood se toma un poquito más en serio el tercer mundo y las ancestrales e interminables putadas que éste tiene que padecer. Lo hace lleno de buena intenciones, con esforzado tono crítico hacia los desastres que han perpetuado sus colonizadores, pero sin descuidar jamás los filones que engordan la taquilla, las sagradas convenciones y el transparente o subterráneo happy end”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en una entrevista publicada en el mismo medio unas semanas después (10 de mayo de 2008), el director de cine independiente norteamericano, John Seyles, se sonreía ante una etiqueta, “independiente”, que ahora parece que gusta en Hollywood:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Es una falacia que se han inventado los grandes estudios para ahorrar dinero. Crean divisiones más pequeñas en las que producen películas más baratas, a las que llaman independientes, y con esa excusa pueden pagar menos a actores y directores. Pero si luego deciden entrar en la carrera por el oscar, se gastan cuarenta millones de dólares en publicidad”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jesús Carrión, del Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG) que mantiene vínculos con la Universidad Politécnica de Barcelona, opinaba en un artículo (EL PAÍS, 17 de mayo de 2008) no sobre cine sino sobre el activismo accionarial de algunas ONGs, que “[e]l peligro es que las grandes empresas utilicen a las ONGs para legitimarse” y afirmaba que, en su opinión, los programas de Responsabilidad Social Corporativa de las multinacionales españolas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Hacen pequeños donativos y tienen gran capacidad mediática para rentabilizarlos como publicidad mientras siguen adelante con programas que destrozan comunidades y territorios”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El escritor uruguayo, Eduardo Galeano, en su último libro “Espejos: Una historia casi universal”, bajo la entrada “Americanos” se pregunta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?&lt;br /&gt;¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?&lt;br /&gt;Lo escucharon los peregrinos de Mayflower: Dios decía que América era la tierra era la Tierra Prometida. Los que allí vivían, ¿eran sordos?&lt;br /&gt;Después, los nietos de aquellos peregrinos del norte se apoderaron del nombre y de todo lo demás. Ahora, americanos son ellos. Los que vivimos en las otras Américas, ¿qué somos?”.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Curiosamente, en el diario EL PAÍS del sábado 24 de mayo de 2008, el suplemento literario “Babelia” llevaba por título:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Reinventar América&lt;br /&gt;La feria del Libro de Madrid da voz a los nuevos narradores del otro lado del Atlántico&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí estaba nuevamente el “Primer Mundo” escribiendo el guión para el “Tercero” al que sigue creyendo mudo, ciego y sordo y del que sigue hablando con un profundo desconocimiento porque, como anoté al principio, jamás escucha lo que no desea oír.&lt;br /&gt;Mi sorpresa fue descubrir que hay lugares en el “Primer Mundo” que tampoco han podido explicarse a sí mismos. Así lo expresaba la escritora Simonetta Agnello en una entrevista (EL PAÍS el 17 de mayo de 2008):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“La tragedia es que hay mucho escrito sobre Sicilia, pero la inmensa mayoría ha sido por extranjeros, no por sicilianos. Tiene que haber una razón”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Tendrá que ver con un “Primer Mundo” que para seguir haciéndose el sordo insiste en considerar mudo al “Tercero”? &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-6954148097194568720?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/06/la-voz-no-se-les-devuelve-escribindoles.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1890366214610869211</guid><pubDate>Sat, 31 May 2008 12:33:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-05-31T09:45:07.982-03:00</atom:updated><title>La ruta de la tinta en África</title><description>&lt;a href="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/dd/Djingareiber_cour.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/dd/Djingareiber_cour.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si les pido que piensen en “bibliotecas africanas”, probablemente la mayoría de ustedes verá, en su imaginación, las unidades modernas de las distintas naciones del gran continente. Pero si les pido que piensen en “bibliotecas africanas de hace cinco siglos”, de esa época en la que aún gran parte de esas tierras era un misterio para los europeos que luego las “descubrieron”... ¿en qué pensarían?&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Si esto fuera un auditorio, éste sería el odioso momento en el cual todo el mundo se queda callado y revisa concienzudamente sus manos, la nuca de la persona de delante, los desperfectos del suelo...).&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Nos han vendido muchas veces la imagen del “África tribal”, del “continente negro”, de “la tierra del tam-tam y la tradición oral”, de las “expresiones artísticas como medio de transmisión de saberes”... Los clásicos de Hollywood, los libros de viajes de los exploradores del s. XIX, y el enorme imaginario popular creado de a poco probablemente hagan que pensemos en un África hecha de danzas exóticas y cantos más exóticos aún, y en pueblos sin escritura, sin libros y, por supuesto, sin bibliotecas...&lt;br /&gt;Quizás algunos se sorprendan cuando les cuente que uno de los grandes centros de saber de ese continente -uno de la talla de otros grandes núcleos contemporáneos- estaba en el borde mismo del desierto del Sahara, en uno de los cruces de rutas comerciales más importantes de aquella región del planeta.&lt;br /&gt;Se llamaba -y aún se llama- Timbuktu. Y hoy pretendo contarles un poco de su historia y de la de sus libros.&lt;br /&gt;Timbuktu (o Tombuctu, por su grafía francesa) se encuentra en el actual estado de Malí, en el África occidental. Fue fundada hace diez siglos por los Tuareg o Targui, los famosos “hombres azules de desierto”, nómades de origen bereber que deambulaban en sus dromedarios a través de ese enorme país sin dueño que era el desierto del Sahara (por cierto, ¿sabían que “Sáhara” significa precisamente “desierto” en árabe?). Estos pueblos -que, curiosamente, ya habían desarrollado un milenario sistema de escritura- fundaron la villa, aunque fueron mercaderes de la vecina ciudad-estado de Djenne los que la poblaron inicialmente, levantando un gran número de mercados y asentamientos mercantiles. Muy pronto Timbuktu se convirtió en un lugar próspero, pues se encontraba en el cruce de las caravanas trans-saharianas. Esas caravanas intercambiaban bienes entre el norte islámico (sal) y la zona del Níger, al sur (oro, esclavos, marfil, frutas), y era lugar de descanso para las interminables tropas de camellos porteadores, y para sus conductores.&lt;br /&gt;Para el siglo XI había un buen número de comerciantes de las etnias Fulani, Mandé y Tuareg asentados allí. Todos ellos eran musulmanes. La ciudad perteneció a varios imperios: al de Ghana, al de Malí desde 1324, al Songhay desde 1468... Dentro del Imperio Songhay, Timbuktu fue “la joya de la corona”, siendo esa su época de máximo esplendor.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Resulta increíble la enorme cantidad y variedad de ciudades-estados, imperios y confederaciones que surgieron y desaparecieron en África antes de que la historia europea alcanzara a esos pueblos. Muchas veces estamos dispuestos a creer que allí no hubo historia ni nada digno de mención hasta la llegada de exploradores como Livingstone, Stanley, Burton... Pero, como dije al principio, no son más que partes del imaginario popular).&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;En 1591, la ciudad fue capturada por una banda de aventureros marroquíes capitaneados por un renegado español, el llamado “Pachá Joder”. Pachá era título honorífico, y la otra palabreja era la interjección que salía más a menudo de la boca de ese malhablado individuo (interjección que nuestros lectores ibéricos sabrán reconocer, sin duda). Ese fue el inicio del fin del esplendor de Timbuktu. En 1893 cae bajo el poder colonial francés -no sin la dura resistencia de los Tuareg- y en 1960 gana su independencia junto con todo el Sudán francés (actual Malí). En los 90, la ciudad sufrió el ataque de los Tuareg, que pretendían crear su propio estado. La llamada “Rebelión Tuareg” no duró mucho, y terminó con una quema de armas en 1996.&lt;br /&gt;Hoy es una ciudad bastante empobrecida, pero durante siglos constituyó un misterio para los europeos, especialmente porque, al ser un centro musulmán, estaba prohibida la entrada a todo aquel que no profesara la religión de Mahoma. Se contaban leyendas sin fin sobre sus riquezas -muchas de ellas basadas en hechos reales- y fueron numerosos los individuos y organizaciones occidentales que quisieron “descubrir” (ese era el verbo usado) Timbuktu y sus tesoros de fábula. En 1788, un grupo de ingleses formó la &lt;em&gt;African Association&lt;/em&gt; para lograr encontrar la ciudad y ponerla sobre el mapa del continente. La Sociedad de Geografía de París ofreción, en 1824, un premio de 10.000 francos al primer no-musulmán que entrara a la ciudad y volviera con información. El escocés Gordon Laing llegó en 1826, pero fue asesinado. El francés René Caillié lo hizo en 1828, disfrazado de musulmán, y pudo regresar para contarlo y adueñarse del premio y dudoso honor de haber sido el primer europeo en entrar en la legendaria villa. Sólo otros tres europeos pudieron imitar su hazaña antes de 1890.&lt;br /&gt;Es un &lt;em&gt;UNESCO World Heritage Site&lt;/em&gt; desde 1988, debido a sus mezquitas hechas de adobe y barro, una imagen que proporciona a esa ciudad -y a otras de la región- un tremendo halo de misterio. Según se dice, las siluetas de esas construcciones inspiraron al arquitecto catalán Antonio Gaudí. Lamentablemente, la ciudad se está desertificando, y ha sido declarada en peligro desde 1990. Tan misteriosa es que una encuesta de 2006 realizada entre jóvenes británicos arrojó que el 34 % no creía que la ciudad existiese, y que un 66 % la consideraba “un lugar mítico”.&lt;br /&gt;A lo largo del s. XV se levantaron un buen número de instituciones islámicas en Timbuktu. La más famosa es la mezquita de &lt;a href="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/2/2b/Timbuktu_Street_Scene_with_Sankore_Mosque.jpg"&gt;Sankore&lt;/a&gt;, también conocida como “Universidad de Sankore” por la &lt;em&gt;madrassa&lt;/em&gt; o escuela islámica que alojaba. Esa fue construida en 1581, y se convirtió en el centro de la comunidad académica islámica de esa región, aunque otras mezquitas aún sobrevivientes -la de Djinguereber o la de Sidi Yahya- son mucho más antiguas.&lt;br /&gt;Una &lt;em&gt;madrassa&lt;/em&gt; islámica no tiene nada que ver con una universidad medieval europea (por comparar instituciones de la misma época). La &lt;em&gt;madrassa&lt;/em&gt; estaba compuesta por un grupo de escuelas independientes, cada una gestionada por un maestro o &lt;em&gt;imam&lt;/em&gt;. Los estudiantes se asociaban a un determinado profesor, y las clases tenían lugar en los &lt;a href="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/ea/Medersa_Sankore.jpg"&gt;espacios&lt;/a&gt; abiertos de la mezquita o en residencias privadas. El foco básico de las clases era el estudio del Corán, pero también se enseñaba lógica, astronomía, historia, música, botánica, religión, comercio, derecho y matemáticas. Los académicos escribían sus propios libros como parte de un modelo socio-económico basado en la investigación. Los beneficios obtenidos por la venta de libros era el segundo negocio de la ciudad, después del comercio de oro y sal. Más de 100.000 manuscritos se conservaban en la villa, la mayoría escritos en árabe o pulaar (lengua de los fulani) y con contenidos didácticos sobre los temas tratados en la madrassa.&lt;br /&gt;El nivel alcanzado por la producción de libros y conocimientos entre el s. XVI y XVIII hicieron que se acuñara un refrán, que sirve como testamento a esa brillante era: “La sal viene del norte; el oro, del sur; pero la palabra de Dios y los tesoros de la sabiduría vienen de Timbuktu”.&lt;br /&gt;Se cree que había más de 120 bibliotecas en la ciudad, que formaban parte de la “ruta de la tinta” africana. Esta arrancaba desde el norte de África y, siguiendo las rutas de las caravanas, llegaban al este del continente, también dominado por comerciantes árabes. En tiempos recientes, las &lt;a href="http://www.sum.uio.no/research/mali/timbuktu/libraries.html"&gt;bibliotecas&lt;/a&gt; se redujeron a unas 60-80 instituciones privadas, que se dedicaban a conservar los invaluables manuscritos. Entre ellas destacan hoy las bibliotecas Mamma Haidara, Kati, Al-Wangari y Mohammed Tahar. La biblioteca de la familia Kati posee 3.000 documentos de origen andalusí: los más antiguos están datados entre los s. XIV y XV. Hay más de un millón de &lt;a href="http://www.loc.gov/exhibits/mali/mali-exhibit.html"&gt;documentos&lt;/a&gt; originales conservados hoy en Malí, y se supone que hay otros 20 millones en otras partes de África, en especial en la vecina región de Sokoto, Nigeria. Muchos de ellos son conservados como tesoros por familias que no revelarán su existencia...&lt;br /&gt;Existen varios proyectos internacionales conjuntos que pretenden rescatar todo ese patrimonio. En agosto de 2002 se mantuvo el &lt;em&gt;Ink Road International Symposium&lt;/em&gt; en Bamako (capital de Malí). En 2006, un esfuerzo conjunto de los gobiernos de Malí y Sudáfrica permitió comenzar la investigación al respecto. UNESCO ha iniciado el &lt;em&gt;Timbuktu Manuscrit Project&lt;/em&gt;, y en la ciudad, una fundación se dedica a la preservación de documentos históricos. No quedan artesanos del libro, aunque existen muchos recuerdos de ese oficio, que constituyó una industria floreciente hace mucho tiempo...&lt;br /&gt;La historia que nos suelen enseñar -la de los libros, y tantas otras- parece demasiado concentrada en Europa, y muy pocas veces presta debida atención a otros espacios geográficos y culturales. El esbozo aquí realizado sobre África occidental podría también elaborarse sobre América Central prehispánica, sobre su producción de bellos códices y sobre su industria de papel de higuera &lt;em&gt;amatl&lt;/em&gt;. ¿Cuánto nos han dicho sobre eso? ¿Cuánto hemos aprendido? ¿Cuánto sabemos?&lt;br /&gt;Lejos de pretender “dar la voz a los sin voz” -Sara ya hablará un poco sobre ese tema la semana que viene-, quizás en este espacio podamos “refrescar las memorias”. Memorias de mundos que tuvieron, ellos también, diestros encuadernadores, magníficos ilustradores y expertos investigadores. Como los de Timbuktu.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1890366214610869211?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/05/la-ruta-de-la-tinta-en-frica.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-7875723631243769161</guid><pubDate>Sat, 24 May 2008 12:29:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-05-24T09:33:46.143-03:00</atom:updated><title>¿Se leen los conflictos de manera distinta con el paso del tiempo?</title><description>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SDgLGo1WyYI/AAAAAAAAAW0/VQSheWo0viA/s1600-h/private.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5203921578094938498" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SDgLGo1WyYI/AAAAAAAAAW0/VQSheWo0viA/s400/private.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No deja de ser curioso observar cómo han ido evolucionando las distintas lecturas de los conflictos -tanto de los que ya terminaron, como de los que perduran- a lo largo del tiempo. A veces, ni siquiera tienen que pasar siglos pues bastan unos pocos años para hablar de modo distinto de un mismo problema que, indudablemente, con el paso del tiempo habrá sufrido numerosos cambios para permanecer sin solución o terminar resolviéndose.&lt;br /&gt;Se acaban de cumplir 60 años desde la creación del Nuevo Estado de Israel en una región cuyos límites y nombres han variado a lo largo de la historia.&lt;br /&gt;Hagamos un poco de memoria y repasemos un pedacito de la que enmarca esa zona.&lt;br /&gt;Los primeros restos humanos datan de hace 500.000 años. Doce milenios a.C. la cultura Natufiense elaboraba herramientas de madera, piedra y hueso, y las primeras comunidades agrícolas se asentaron en aquellos territorios entre el 10.000 y el 5.000 a.C. Nuevos grupos migratorios que utilizaban el cobre llegaron de una cultura originaria de Siria, y entre el 3.000 y el 2.200 a.C. fueron creadas las primeras ciudades-estado cananeas independientes. Las civilizaciones de Egipto, Mesopotamia, Siria y Fenicia tuvieron gran influencia en Canaán a través de las relaciones comerciales y diplomáticas que establecieron entre sí, y en 1190 a.C. arribarán los filisteos, quienes se mezclarán con las poblaciones locales e introducirán el uso del hierro y del carro tirado por caballos.&lt;br /&gt;Se estima –aunque algunos historiadores cuestionan incluso su autenticidad- que entre 2.000 y 1.000 años a.C., Abraham marchó desde la antigua ciudad de Ur (antigua Mesopotamia) hasta Harán (actual Turquía), y que una vez allí se apartó de su tribu y dejó de lado la idolatría para encaminarse, junto a su familia y rebaños, hacia Canaán y fundar –por mandato celestial- un pueblo monoteísta. Los cananeos denominaron a Abrahán, Ibri y quienes le acompañaban serían conocidos como ibrim (“del otro lado”), palabra que dio origen al término “hebreo”. Se cuenta que Isaac, el hijo de Abraham, se trasladó todavía más al sur de esa “Tierra Prometida”, hasta el desierto de Néguev y que el menor de sus hijos, Jacob, después de engañar al mayor, Esaú, huyó a Mesopotamia, donde pasó a llamarse Israel (“El que disputó con Dios”). También se dice que Israel tuvo 12 hijos y que su favorito fue José. Él fue el primero de los hermanos en marchar a Egipto. Años más tarde, el hambre en Canaán obligaría a los demás y a su padre a seguir sus pasos. Con la llegada al poder de Ramsés II los judíos fueron esclavizados y no sería hasta la aparición de Moisés –al parecer llamado también por Dios para refrendar el acuerdo celebrado con Abraham y guiar a los israelitas a la tierra prometida-, y el azote de aquellas famosas siete plagas cuando el faraón permitió salir a los esclavos de Egipto. Durante 40 años estuvo Moisés en el desierto, al cabo de los cuales regresó a Canaán. El testigo pasará entonces a su discípulo, Josué, quien recorrerá el Jordán y tomará Jericó, para conquistar después toda Canaán y repartirla entre las 12 tribus de Israel.&lt;br /&gt;Durante los primeros siglos en Canaán, los israelitas fueron gobernados por una sucesión de “jueces”. De ellos, quizás el más famoso fuese Sansón, traicionado por la filistea Dalila. El primer rey judío fue un guerrero campesino, Saúl, a quien sucedería en el trono su yerno David, vencedor en la lucha frente al gigante filisteo Goliat. Con el tiempo David conquistó una pequeña población en la colina de Salim y la convirtió en Jerusalén. Bajo la dirección de su hijo, Salomón, estos pueblos alcanzaron su máximo esplendor, pero a su muerte las discordias internas desgarraron el territorio en dos nuevos reinos: Israel al norte y Judá al sur (de ahí vendrá la palabra “judío”). Estos reinos coexistieron junto a otros, entre ellos varias ciudades-estado filisteas.&lt;br /&gt;Las tribus del norte fueron vencidas por los asirios 200 años más tarde y pasaron a ser conocidas como las “Diez Tribus Perdidas”. En el 587 a.C. Nabucodonosor capturó Jerusalén y los judíos, junto al resto de los sobrevivientes, fueron llevados cautivos a Babilonia. Solamente se les permitió volver cuando Ciro, el rey persa, conquistó Babilonia en el 538 a.C. El Imperio Persa caerá ante las tropas griegas de Alejandro Magno y a los judíos de Judá se les limitará su autonomía religiosa y administrativa. Fascinados por la cultura griega algunos judíos reformistas se enfrentaron a los más ortodoxos y esta división interna, que terminaría en guerra civil, posibilitó la invasión del sirio Antíoco IV Epifanes. Los sirios serán expulsados de Jerusalén por Judas Macabeo en el 167 a.C. y los judíos volverán a progresar bajo los macabeos por un corto espacio de tiempo. En el 63 a.C. aparecen los romanos y llamarán Judea a Judá, convirtiéndola en colonia y nombrando, años después, a Herodes el Grande como “rey de los judíos”. Judea se rebelará contra el Imperio Romano en el 66 d.C. y el territorio será asolado por las legiones de Vespasiano y Jerusalén tomada por su hijo Tito en el año 70. Los judíos se diseminarán y Judea junto con Galilea, Samaria e Idumea serán conocidas a partir de entonces como una nueva provincia romana denominada Siria Palestina en honor a los filisteos.&lt;br /&gt;En los siguientes siglos esta zona sufrirá otras muchas ocupaciones. Entre ellas las de los árabes allá por el 636, de los cruzados en 1099, de los tártaros en 1244 y de los turcos en 1517. Para ser nuevamente ocupada en el siglo pasado, durante casi tres décadas, esta vez por los británicos. Al finalizar la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña había vencido a los turcos otomanos con la ayuda de rebeldes árabes, pero no pudo cumplir su promesa de crear un gran Estado árabe independiente porque en el 1920 Francia expulsará al rey Faisal de Damasco y Gran Bretaña dará prioridad a los acuerdos con los franceses. En 1920, el Consejo Supremo Aliado (Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Italia y Japón) se reunió en San Remo y Gran Bretaña aceptó un mandato para Palestina, aunque quedaron pendientes las condiciones y los límites del mismo. En 1922, la Liga de Naciones le conferirá a Gran Bretaña dicho mandato internacional en esa región, donde ya se había concedido a los judíos el derecho a organizar su hogar nacional. Habían pasado cinco años de la declaración de Balfour, en la que se reconocía la conexión histórica del pueblo judío con Palestina. Durante el mandato, mientras Gran Bretaña favorecía a los judíos, éstos mantuvieron una política de negación de la población autóctona.&lt;br /&gt;En los años que siguieron a las Segunda Guerra Mundial, el control británico sobre Palestina se volvió cada vez más incierto. Finalmente, a principios de 1947 el gobierno británico anunció su deseo de finalizar el mandato argumentando que era incapaz de encontrar una solución aceptable para ambas partes, la judía y la árabe, y cedió su responsabilidad sobre Palestina a las Naciones Unidas. Éstas aprobaron la partición del Mandato de Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío, quedando el área de Jerusalén bajo control internacional. Los líderes judíos estuvieron de acuerdo, pero no así los árabes palestinos. No obstante, el Nuevo Estado de Israel fue proclamado el 14 de mayo de 1948, y los estados y ejércitos árabes vecinos atacaron Israel inmediatamente después de su declaración de independencia provocando la guerra árabe-israelí de 1948. Durante esta guerra, de acuerdo a las estimaciones de Naciones Unidas, alrededor del 80% de la población árabe tuvo que abandonar el país. Al finalizar el conflicto armado, Israel quedó establecido la mayor parte del territorio mientras que la restante, que comprendía la Franja de Gaza, el margen occidental del río Jordán y Jerusalén del este, fue ocupada por Egipto y Jordania, y conquistada con posterioridad por Israel durante la Guerra de los Seis Días en 1967.&lt;br /&gt;Hasta aquí el ejercicio de memoria y esbozo de la historia que les proponía.&lt;br /&gt;Veamos ahora cómo se han tratado un par de momentos de la más reciente en dos textos que estuve consultando estos días mientras revisaba lo expuesto hasta ahora en un par de enciclopedias. Uno de ellos es el artículo “El sufrimiento como identidad” escrito por el periodista especialista en política internacional, Andrés Criscaut, en la edición internacional para Argentina del diario Le Monde diplomatique, “el Dipló” de mayo de 2008. El otro es un libro titulado “Israel” de Robert St. John y los redactores de LIFE en español, publicado en 1962 perteneciente a la colección “Biblioteca Universal de LIFE en Español”.&lt;br /&gt;Así es como Andrés Criscaut escribe sobre lo sucedido entre 1936 y 1939:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Los árabes de Palestina, tanto urbanos como campesinos, se vieron por primera vez solos y ante una colonización judía que creció de 12.500 personas en 1932 a 66.000 en 1935, cuando se intensificó la huida de la Alemania nazi.&lt;br /&gt;Entre 1936 y 1939 se produjo una revuelta espontánea –similar a la ocurrida en la última década con las dos Intifadas- compuesta básicamente por campesinos y marginados de los centros urbanos, conocida como al Gran Revuelta árabe de Palestina, y que tomaría por sorpresa a la pequeña elite de dirigentes palestinos (sólo un 9% participó, y menos de un 5% dirigió acciones armadas o de guerrilla).&lt;br /&gt;El levantamiento, si bien fue disparado por los desafíos y las inequidades ante el creciente enclave judío en el Mandato, tuvo una orientación abiertamente antibritánica, ya que la Corona era responsable directa de este desequilibrio. Pero en su etapa final terminó siendo una verdadera guerra civil entre palestinos. La revuelta puso en serios aprietos a la administración del Mandato, que desplegó más tropas en la pequeña zona de Palestina que en todo el subcontinente indio”. (p. 33)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de esta manera lo hace Robert St. John:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“A mediados de la década de 1930, el antisemitismo de Alemania, Austria y Checoslovaquia, y la renuencia de Australia y de los países aún poco poblados de América a abrir sus puertas a los judíos que huían de Europa Central para salvar sus vidas, hizo que muchos de éstos optaran por buscar refugio en Palestina. Ahora los árabes, en señal de protesta, organizaron una rebelión en gran escala que principió durante la primavera de 1936. Los motivos comenzaron en Jaffa y se extendieron a todos los lugares donde había árabes y judíos. Hubo muchos muertos y la vida en las poblaciones se trastornó por culpa de un paro general decretado por los árabes. Los británicos enviaron fuerzas militares desde Egipto, Malta y la propia Inglaterra y finalmente el orden fue restaurado”. (pp. 39-40)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habría mucho en lo que fijarse, pero lo que primero llamó mi atención fue que el primero denomina revuelta a lo que el segundo considera rebelión, y la espontaneidad atribuida a la primera se contrapone con la organización de la segunda. De lo que no quedan muchas dudas es de los métodos británicos.&lt;br /&gt;Fijémonos ahora en cómo ha cambiado, en el transcurso de los 44 años que separan la escritura de St. John de la de Criscaut, la denominación de la contienda que finalizó en 1948, un año después de que las Naciones Unidas decidieran dividir el territorio de la Palestina británica en dos estados, uno judío y otro árabe.&lt;br /&gt;Criscaut explica:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Para los israelíes, 1948 fue el año en que los judíos ganaron la ‘Guerra de la Independencia’ y crearon el Estado de Israel. Para los palestinos, fue el año de la Nakba (el Desastre), el año en que perdieron Palestina y su sociedad fue devastada”. (p. 33)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;St. John manifiesta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Pero durante la guerra que siguió al retiro de las fuerzas británicas en 1948, [Jerusalén] fue escenario de sangrientos combates entre israelíes y árabes ... desde que rechazaron a los ejércitos árabes ... [los israelíes] orgullosamente llaman a esta contienda ‘Guerra de la Liberación’”. (pp.12-14)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las líneas extractadas ambos textos hablan de los mismos hechos, ¿cómo pueden parecerles tan distintos a sus autores? ¿Ha sido el tiempo el causante de sus diferentes miradas? ¿Se ha modificado con él nuestro propio análisis? Opino que el tiempo juega un papel importante, pero quizás nuestros prejuicios intervengan mucho más. En muchos casos, cuando no contamos con la experiencia o la información suficientes –o recibimos información incorrecta- los autores y los lectores seguimos partiendo de ideas preconcebidas para llegar a conclusiones preconcluidas.&lt;br /&gt;Antes de finalizar esta entrada, les invito a que busquen y hagan lo posible por encontrar y sentarse a ver la estupenda película del director Severio Costanzo, “Private” (Italia, 2004, 35mm, AM13, 90’). Fue premiada en varios festivales y Costanzo recibió el David di Donatello al director revelación en 2005. Podrán ponerse un poquito en la piel de una familia palestina a quienes el ejército israelí les confisca su casa. Tendrán oportunidad de hacerse un montón de preguntas y posiblemente no encuentren muchas respuestas, pero vale la pena quedarse con la duda y seguir pensando sobre ello. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-7875723631243769161?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/05/se-leen-los-conflictos-de-manera.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SDgLGo1WyYI/AAAAAAAAAW0/VQSheWo0viA/s72-c/private.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-8254902529879558637</guid><pubDate>Sun, 18 May 2008 13:23:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-05-18T10:25:47.488-03:00</atom:updated><title>Enciclopedias</title><description>&lt;a href="http://artfiles.art.com/images/-/Lf-Labrousse/Inhabitants-of-French-Guyana-Preparing-Annatto-from-Encyclopedie-Des-Voyages-Giclee-Print-C12064193.jpeg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://artfiles.art.com/images/-/Lf-Labrousse/Inhabitants-of-French-Guyana-Preparing-Annatto-from-Encyclopedie-Des-Voyages-Giclee-Print-C12064193.jpeg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enciclopedia. Su nombre deriva de una lectura ligeramente errónea del original griego “enkyklios paideia”, que significa “educación general”. Ese nombre saltó del griego al latín, y de allí a casi todas las lenguas europeas, para convertirse, más tarde, en un sinónimo de “saber general”.&lt;br /&gt;Las enciclopedias constituyeron uno de los cimientos más firmes de las colecciones de referencia de nuestras bibliotecas. Y, aún en un mundo dominado por muchos soportes digitales, continúan siendo el escalón inicial de cualquier investigación o acercamiento a una materia. Buen ejemplo de la importancia que tienen en la actualidad es el asombroso desarrollo y la difusión de la Wikipedia, en la cual, bajo la dirección de un equipo plural de editores, un conjunto aún mayor de contribuyentes aporta conocimientos referidos a tópicos de su especialidad.&lt;br /&gt;Un proceso similar ocurrió, hace siglos, durante la elaboración de la enciclopedia más famosa en el ámbito europeo: la de Diderot y d’Alembert. Su historia no está desprovista de curiosidades. Permítanme compartirla con ustedes.&lt;br /&gt;En 1728, Ephraim Chambers publicó en Londres su “Cyclopaedia”, subtitulada “Un diccionario universal de artes y ciencias”. Eran dos densos volúmenes in folio, con casi 2500 páginas, que pronto se convirtieron en una de las primeras -y más célebres- enciclopedias generales en lengua inglesa. Contaba con un sistema de referencias cruzadas bastante sólido y con una clasificación de los artículos por áreas de conocimiento (de las cuales el autor anotó 47). Basada en trabajos anteriores (como los de John Harris en 1704), la obra de Chambers destacó por haber sido elaborada con seriedad y buen juicio. De hecho, mantuvo su popularidad por años y fue el origen de la famosa “Encyclopédie” francesa.&lt;br /&gt;La “Encyclopédie”, o “Diccionario razonado de ciencias, artes y oficios” se publicó en Francia entre 1751 y 1772, con revisiones y suplementos tardíos (1772, 1777 y 1780) y con numerosas traducciones y derivados posteriores. Originalmente, pretendía ser una sencilla traducción de la obra de Chambers al francés. A tal efecto, el editor André Le Breton encargó, en 1743, la labor de traducción a un inglés residente en París, John Mills, hasta entonces un modesto escritor que había elaborado algunos textos sobre agricultura en su país natal. En mayo de 1745 -dos años después- Le Breton anunció que el trabajo estaba listo para la venta. Grande fue su sorpresa cuando se enteró que Mills no sólo no hablaba ni escribía correctamente el francés (muchos dicen que apenas lo balbuceaba), sino que ni siquiera tenía una copia de la “Cyclopaedia” para comenzar su trabajo. Un trabajo que, como supondrá el atento lector, no estaba ni siquiera iniciado.&lt;br /&gt;Le Breton había sido descaradamente estafado. Lleno de rabia, buscó a Mills y le propinó tal paliza (unos dicen que con una caña, otros que con un bastón) que el “traductor” presentó cargos contra el editor a las Cortes. Estas, tras estudiar el caso, dieron la razón a Le Breton, pues, de acuerdo a su juicio, la agresión estaba “justificada por la incompetencia del agredido”.&lt;br /&gt;Le Breton reemplazó a Mills por Jean Paul de Gua de Malves en 1745. Entre los contratados por Malves para realizar el enorme trabajo de traducción se encontraban Étienne Bonnot de Condillac, Jean le Rond d’Alembert y Denis Diderot. En agosto de 1747, Malves fue despedido por Le Breton, debido a sus rígidos métodos de trabajo. Otras versiones explican que el propio Malves se marchó, hastiado de la labor. Le Breton contrató entonces a Diderot y a D’Alembert como nuevos editores. Y el inicial trabajo de traducción se convertiría en uno de redacción.&lt;br /&gt;Diderot permanecería en su puesto 25 años, pudiendo ver su obra finalizada.&lt;br /&gt;El trabajo contó con 35 volúmenes, 71.818 artículos y más de 3.000 ilustraciones. Muchas de las más grandes figuras de la Ilustración francesa colaboraron en esos artículos: Voltaire, Rousseau, Montesquieu... Louis de Jaucourt fue el contribuyente que batió el récord de artículos escritos: 17.266. Ocho por día, entre 1759 y 1765...&lt;br /&gt;El mismo Le Breton se dio el lujo de escribir un artículo de la “Encyclopédie”: el dedicado a la tinta negra, “Encre noire”. También se dio otro lujo: el de censurar un buen número de textos, para hacer la obra menos “radical”. Este hecho ocasionaba frecuentes ataques de ira de Diderot. Los recortes de Le Breton se ensañaron con artículos como “Sarracenos o Árabes” y “Filosofía pírrica”... En todos los casos, existían motivos políticos para realizar las censuras.&lt;br /&gt;Los escritos de la “Encyclopédie” eran revolucionarios, debido a su enfrentamiento abierto con los dogmas católicos. De hecho, la totalidad del trabajo fue prohibido por decreto real en 1759. Afortunadamente, debido al apoyo que tenía de parte de ciertas personas influyentes -como la célebre Madame de Pompadour- el trabajo continuó “en secreto”. En realidad, las autoridades civiles no querían deshacer una actividad comercial que daba trabajo a muchas personas. La prohibición fue, en realidad, una tapadera para acallar las furibundas quejas de la Iglesia.&lt;br /&gt;La “Encyclopédie” se transformó en una obra célebre, tanto por sus ideas como por sus autores. Sin embargo, hubo trabajos mucho más relevantes, realizados con siglos de antelación y por parte de autores unitarios. Lamentablemente, muchas de esas obras han desaparecido, o han caído en el olvido más absoluto. Algunos ejemplos pueden ser los siguientes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- La enciclopedia médica de 30 volúmenes escrita por Abu al-Qasim al-Zahrawi, el padre de la cirugía moderna, en el año 1000.&lt;br /&gt;- La primera enciclopedia científica conocida, “Kitab al-Shifa”, de Ibn Sina o Avicena, escrita entre 1000 y 1030. Poseía 9 volúmenes sobre lógica, 8 sobre ciencias naturales, 4 sobre aritmética, astronomía, geometría y música, y otros tantos sobre filosofía, psicología y metafísica.&lt;br /&gt;- El “Canon de la Medicina”, una enciclopedia de 14 volúmenes escrita también por Avicena hacia 1030. La obra fue referencia y modelo en las universidades europeas y musulmanas hasta el siglo XVII. En ella se presentaba la medicina experimental, el descubrimiento de las enfermedades infecto-contagiosas y un largo etcétera.&lt;br /&gt;- El “Canon Masudicus” de Abu al-Rayhan al-Bisudi (1031), una extensiva enciclopedia sobre astronomía.&lt;br /&gt;- La enciclopedia de 43 tomos de Ibn al-Nafis (1242-1244) titulada “El Libro Comprehensivo sobre Medicina”, una de las mayores enciclopedias médicas de la historia, aunque solo unos pocos volúmenes hayan sobrevivido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lamentablemente, la mayoría de las grandes obras del saber islámico -cuyos conocimientos fueron precursores de los “descubrimientos” realizados en Europa mucho más tarde- desaparecieron bajo el peso de las invasiones mogolas en Bagdad, las Cruzadas o la conquista de Andalucía por los reinos hispanos. Mucho fue quemado y destruido. Solamente aquellos textos que habían sido traducidos al latín -durante el siglo XII y XIII- en centros de cultura y saber como Toledo, Segovia, Cataluña, Sicilia o el sur de Francia, pudieron conservarse para la posteridad.&lt;br /&gt;Siglos después, fueron muchos los que se adjudicaron descubrimientos y pasaron a los libros de historia y de ciencia como grandes figuras, cuando en realidad esos descubrimientos ya habían sido realizados siglos antes. Cosas de la historia.&lt;br /&gt;En realidad, cosas de la historia eurocentrista....”Eurotodo”, diría Eduardo Galeano al respecto, titulando un texto en la página 103 de su último libro, “Espejos”:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Copérnico publicó, en agonía, el libro que fundó la astronomía moderna.&lt;br /&gt;Tres siglos antes, los científicos árabes Muhayad al-Urdi y Nasir al-Tusi habían generado teoremas que fueron importantes en el desarrollo de su obra. Copérnico los usó, pero no los citó.&lt;br /&gt;Europa veía el mundo mirándose al espejo.&lt;br /&gt;Más allá, la nada.&lt;br /&gt;Las tres invenciones que hicieron posible el Renacimiento, la brújula, la pólvora y la imprenta, venían de China. Los babilonios habían anunciado a Pitágoras con mil quinientos años de anticipación. Mucho antes que nadie, los hindúes habían sabido que la Tierra era redonda y le habían calculado la edad. Y mucho mejor que nadie, los mayas habían conocido las estrellas, los ojos de la noche, y los misterios del tiempo.&lt;br /&gt;Estas menudencias no eran dignas de atención”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mismo Galeano afirma en la misma página del mismo libro, en el texto titulado “Sur”:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Los mapas árabes todavía dibujaban el sur arriba y el norte abajo, pero ya en el siglo trece Europa había establecido el orden natural del universo [el norte arriba y el sur abajo]”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Galeano nos cuenta que la biblioteca imperial de Pekín tenía, en el siglo XV, 4000 libros en los que reunía el saber del mundo. Seis libros tenía, por entonces, el rey de Portugal...&lt;br /&gt;Cosas de la historia. Cosas de la memoria. Afortunadamente, las actuales enciclopedias virtuales -como la ya citada Wikipedia- permiten la existencia de versiones en chino, árabe, ruso, griego, y tantos y tantos otros idiomas. Pero, por desgracia, los que sólo sabemos leer el alfabeto latino y un par de idiomas europeos tenemos que quedarnos con los artículos que nos cuentan todo desde este lado del espejo.&lt;br /&gt;Vuelvo, para cerrar esta entrada, al principio. La palabra “enciclopedia” deriva del griego, y significa “educación general”. Quizás algún día tengamos una “generalidad” que abarque y tenga en cuenta a todos y a todo. Tal vez ese día podamos aprender algo nuevo, diverso y realmente valioso. Mientras tanto, deberemos conformarnos con la “generalidad” de siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-8254902529879558637?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/05/enciclopedias.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-3004839697255863360</guid><pubDate>Sun, 11 May 2008 13:31:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-05-11T10:32:43.707-03:00</atom:updated><title>Las páginas de un libro son como el hombro de un amigo</title><description>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SCb1Zz_NAuI/AAAAAAAAAWk/NK3ufG_RDkM/s1600-h/untitled03.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5199112643646653154" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SCb1Zz_NAuI/AAAAAAAAAWk/NK3ufG_RDkM/s400/untitled03.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Andábamos Edgardo y yo revisando nuestra biblioteca y redescubriendo viejos tomos en las estanterías más bajas, cuando me di de bruces con una edición viejita en inglés de “Anna Karenina”. Sus tapas estaban raídas y su encuadernación seriamente dañada. Sus hojas amarilleaban por los bordes y al pasar despacito sus casi mil páginas se desprendió de ellas ese aroma a papel viejo tan característico de los depósitos de bibliotecas y archivos. Había otras joyas en aquellos estantes pero por alguna razón especial mis ojos recalaron en ésta. Sin incorporarme aún, me había sentado en el suelo y a mi alrededor tenía pequeños montones de libros que intentábamos ordenar entre ambos, comencé a leer las palabras del conde León Tolstoi y ya no pude parar hasta que sentí el cosquilleo de una de mis piernas que se me había quedado dormida. Entonces sí, ordené en la librería los libros que aún quedaban por el suelo -si no recuerdo mal Edgardo andaba tan ensimismado como yo frente a sus propios descubrimientos- y, levantándome despacito para no despertar de golpe aquella extremidad dolorida, fui dando pasitos cortos hasta mi silla. Ahora sí, un poco mejor sentada –suelo subir los pies al asiento y apoyar mi barbilla en las rodillas mientras leo- continué descubriendo aquella sociedad rusa de finales del XIX. A las puertas del capítulo veintinueve de la primera parte del libro me encontré con unas líneas tan fascinantes que no pude evitar volver sobre ellas varias veces y compartirlas ahora con ustedes. Me trajeron tantos recuerdos de otras lecturas, de mis muchos kilómetros “arriba de un bus” –como cantaba Miguel Ríos- siempre con un libro en mi bolsón negro de tela, de todas las veces que me quedaba mirando a través de sus ventanillas jugando con el separador en una mano y dibujando con la otra el horizonte, de cuando se me cerraban los ojos y aprovechaba para soñar despierta con la vida de aquellos personajes que, sin darme yo cuenta, se habían sentado sobre las rodillas del viajero que ocupaba el asiento de al lado y se sonreían al comprobar mi sorpresa sabiéndoles fuera de aquellas páginas que habían quedado abiertas. Esos libros y esos paisajes a través de las ventanillas han sido los interlocutores de una buena parte de mi vida, sobre ellos apoyaba mis ojos, mis manos, mis pensamientos y en ellos encontraba algo así como el hombro de un amigo sobre el que descansar proyectos y quejas, enojos e ilusiones. Tolstoi me los trajo todos a la memoria y Anna Karenina se encargó de revivirlos con toda su fuerza. Aquí les muestro el pedacito de la novela donde reconocí muchos de mis pasos como lectora, quizás les rememore alguno de los suyos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«¡Gracias a Dios que ha terminado todo esto! », pensó Ana al separarse de su hermano, quien hasta que resonó la cam&amp;shy;pana permaneció obstruyendo con su figura la portezuela del vagón.&lt;br /&gt;Ana se acomodó en el asiento junto a Anuchka, su cama&amp;shy;rera.&lt;br /&gt;«¡Gracias a Dios que voy a ver mañana a mi pequeño Ser&amp;shy;gio y a Alexis Alejandrovich! Al fin mi vida recobrará su ritmo habitual», pensó de nuevo.&lt;br /&gt;Presa aún de la agitación que la dominaba desde la mañana, empezó a ocuparse de ponerse cómoda. Sus manos, pequeñas y hábiles, extrajeron del saco rojo de viaje un almohadón que puso sobre sus rodillas; se envolvió bien los pies y se instaló con comodidad.&lt;br /&gt;Una viajera enferma se había tendido ya en el asiento para dormir. Otras dos dirigieron vanas preguntas a Ana, mientras una mas vieja y gruesa se envolvía las piernas con una manta mientras emitía algunas opiniones sobre la pésima calefacción.&lt;br /&gt;Ana contestó a las señoras, pero no hallando interés en su conversación, pidió a su doncella que le diese su farolillo de viaje, lo sujetó al respaldo de su asiento y sacó una plegadera y una novela inglesa.&lt;br /&gt;Era difícil abismarse en la lectura. El movimiento en torno suyo, el ruido del tren, la nieve que golpeaba la ventanilla a su izquierda y se pegaba a los vidrios, el revisor que pasaba de vez en cuando muy arropado y cubierto de copos de nieve, las observaciones de sus compañeras de viaje a propósito de la tempestad, todo la distraía.&lt;br /&gt;Pero, por otra parte, todo era monótono: el mismo traque&amp;shy;teo del vagón, la misma nieve en la ventana, los mismos cam&amp;shy;bios bruscos de temperatura, del calor al frío y otra vez al ca&amp;shy;lor; los mismos rostros entrevistos en la penumbra, las mismas voces, y Ana acabó logrando concentrarse en la lectura y en&amp;shy;terándose de lo que leía.&lt;br /&gt;Anuchka dormitaba ya, sosteniendo sobre sus rodillas el saco rojo de viaje entre sus gruesas manos enguantadas, uno de cuyos guantes estaba roto.&lt;br /&gt;Ana Karenina leía y se enteraba de lo que leía, pero la lectura, es decir, el hecho de interesarse en la vida de los de&amp;shy;más, le era intolerable, tenía demasiado deseo de vivir por sí misma.&lt;br /&gt;Si la heroína de su novela cuidaba a un enfermo, Ana ha&amp;shy;bría deseado entrar ella misma con pasos suaves en la alcoba del paciente; si un miembro del Parlamento pronunciaba un discurso, Ana habría deseado pronunciarlo ella; si lady Mary galopaba tras su traílla, desesperando a su nuera y sorpren&amp;shy;diendo a las gentes con su audacia, Ana habría deseado ha&amp;shy;llarse en su lugar.&lt;br /&gt;Pero era en vano. Debía contentarse con la lectura, mien&amp;shy;tras daba vueltas a la plegadera entre sus menudas manos.&lt;br /&gt;El héroe de su novela empezaba ya a alcanzar la plenitud de su británica felicidad: obtenía un título de baronet y unas propiedades, y Ana sentía deseo de irse con él a aquellas tierras. De pronto la Karenina experimentó la impresión de que su héroe debía de sentirse avergonzado y que ella partici&amp;shy;paba de su vergüenza. Pero ¿por qué?&lt;br /&gt;«¿De qué tengo que avergonzarme?», se preguntó con in&amp;shy;dignación y sorpresa. Y dejando la lectura, se reclinó en su bu&amp;shy;taca, oprimiendo la plegadera entre sus manos nerviosas.&lt;br /&gt;¿Qué había hecho? Recordó la sucedido en Moscú, donde todo había sido magnífico. Se acordó del baile, de Vronsky y de su rostro de enamorado enloquecido, de su conducta con respecto a él... Nada había que la pudiese avergonzar. Y, no obstante, al llegar a este punto de sus recuerdos, volvía a re&amp;shy;nacer en ella el sentimiento de vergüenza. Parecía como si en el hecho de recordarle una voz interior le murmurase, a propósito de él: «Tú ardes, tú ardes. Esto es un fuego, es un fuego». Bueno, ¿y qué?&lt;br /&gt;«¿Qué significa todo eso?», se preguntó, moviéndose con inquietud en su butaca. «¿Temo mirar ese recuerdo cara a cara? ¿Por ventura, entre ese joven oficial y yo existen otras relacio&amp;shy;nes que las que puede haber entre dos personas cualesquiera?»&lt;br /&gt;Sonrió con desdén y volvió a tomar el libro; pero ya no le fue posible comprender nada de su lectura. Pasó la plegadera por el cristal cubierto de escarcha, luego aplicó a su mejilla la superficie lisa y fría de la hoja, y poco faltó para que estallara a reír de la alegría que súbitamente se habla apoderado de ella.&lt;br /&gt;Notaba sus nervios cada vez más tensos, sus ojos cada vez más abiertos, sus manos y pies cada vez más crispados. Pade&amp;shy;cía una especie de sofocación y le parecía que en aquella pe&amp;shy;numbra las imágenes y los sonidos la impresionaban con un extraordinario vigor. Se preguntaba sin cesar si el tren avan&amp;shy;zaba, retrocedía o permanecía inmóvil. ¿Era Anuchka, su don&amp;shy;cella, la que estaba a su lado o una extraña?&lt;br /&gt;«¿Qué es lo que cuelga del asiento: una piel o un animal? ¿Soy yo a otra mujer la que va sentada aquí?»&lt;br /&gt;Abandonarse a aquel estado de inconsciencia le causaba terror. Sentía, sin embargo, que aún podía oponer resistencia con la fuerza de su voluntad. Haciendo, pues, un esfuerzo para recobrarse se incorporó, dejó su manta de viaje y su capa y se sintió mejor durante un instante.&lt;br /&gt;Entró un hombre delgado, con un largo abrigo al que le fal&amp;shy;taba un botón. Ana comprendió que era el encargado de la ca&amp;shy;lefacción. Le vio consultar el termómetro y observó que el viento y la nieve entraban en el vagón tras él. Luego, todo se volvía confuso de nuevo. El hombre alto garabateaba algo apoyándose en el tabique, la señora anciana estiró las piernas y el departamento pareció envuelto en una nube negra. Ana escuchó un terrible ruido, como si algo se rasgase en la oscu&amp;shy;ridad. Se diría que estaban torturando a alguien. Un rojo res&amp;shy;plandor la hizo cerrar los ojos; luego todo quedó envuelto en tinieblas y Ana sintió la impresión de que se hundía en un precipicio. Aquellas sensaciones eran, no obstante, más diver&amp;shy;tidas que desagradables.&lt;br /&gt;Un hombre enfundado en un abrigo cubierto de nieve le gritó algunas palabras al oído.&lt;br /&gt;Ana se recobró. Comprendió que llegaban a una estación y que aquel hombre era el revisor.&lt;br /&gt;Pidió a su doncella que le diese el chal y la pelerina y, po&amp;shy;niéndoselos, se acercó a la portezuela.&lt;br /&gt;–¿Desea salir, señora? –preguntó Anuchka.&lt;br /&gt;–Sí: necesito moverme un poco. Aquí dentro me ahogo.&lt;br /&gt;Quiso abrir la portezuela, pero el viento y la lluvia se lan&amp;shy;zaron contra ella, como si quisieran impedirle abrir, y tam&amp;shy;bién esto le pareció divertido. Consiguió al fin abrir la puer&amp;shy;ta. Parecía como si el viento la hubiese estado esperando afuera para llevársela entre alaridos de alegría. Se asió con fuerza con una mano en la barandilla del estribo y sostenién&amp;shy;dose el vestido con la otra, Ana descendió al andén. E1 viento soplaba con fuerza, pero en el andén, al abrigo de los vagones, había más calma. Ana respiró profundamente y con agrado el aire frío de aquella noche tempestuosa y contem&amp;shy;pló el andén y la estación iluminada por las luces.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-3004839697255863360?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/05/las-pginas-de-un-libro-son-como-el.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SCb1Zz_NAuI/AAAAAAAAAWk/NK3ufG_RDkM/s72-c/untitled03.bmp" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-5764146890878379864</guid><pubDate>Sun, 04 May 2008 13:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-05-04T10:59:25.018-03:00</atom:updated><title>La libertad del saber</title><description>&lt;a href="http://www.divus.cz/images/umelec/enkniha.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.divus.cz/images/umelec/enkniha.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando el ser humano tuvo memorias y necesitó transmitirlas a sus descendientes, buscando que no murieran, el saber comenzó a circular de mano en mano y de boca en boca.&lt;br /&gt;Y el saber era libre. Era la base del desarrollo de cualquier sociedad. Era la información que permitía ordenar las cosechas, perseguir las manadas, curar las enfermedades y las heridas, levantar una casa o un templo, entender el orden del mundo y recordar los designios de las divinidades.&lt;br /&gt;A su vez, la imaginación humana estalló en mil y una expresiones artísticas: desde la música y el canto al baile y el cuento, y desde la pintura de arena y la escultura en hueso a la talla de piedras y la confección de cestos.&lt;br /&gt;Era mucho ese saber, y, debido a la lógica imposibilidad de ser recordado por una sola persona, su custodia y supervivencia comenzó a depender de grupos determinados. Así, los artistas vivieron, trasmitieron y perpetuaron sus destrezas, los agricultores las que les concernían y los artesanos, las propias.&lt;br /&gt;Muchos hicieron de eso una forma de vida, y se la ganaron, pues, haciendo lo que sabían. Una gran parte del conocimiento disponible, sin embargo, continuó siendo un bien común, necesario para el progreso del grupo.&lt;br /&gt;Desafortunadamente, poco a poco las cosas comenzaron a cambiar. La información comenzó a representar un factor de poder, y fue atesorada por las clases dominantes. El control del calendario -que permitía regular el éxito de las cosechas- y el conocimiento de las sustancias curativas quedaron en manos de unos pocos elegidos, que debían superar arduas pruebas para lograr poseerlo. Con la escritura ocurrió algo similar. Y así sucesivamente. Lo que en principio había sido un bien comunitario en una sociedad horizontal, pasó a ser un bien de consumo en una sociedad vertical. De hecho, quizás fuera uno de los pilares sobre los que dicha estructura piramidal se sustentara.&lt;br /&gt;En la actualidad, aún somos testigos de cómo el saber estratégico se compra y se vende. Estamos tan habituados a ello -veinte o treinta siglos de experiencia nos han domesticado al respecto- que a veces no tomamos conciencia de lo dañina que tal práctica puede resultar. Nuestros médicos, arquitectos, ingenieros, biólogos y demás profesionales de las ciencias deben comprar el saber más avanzado -manejado por compañías editoriales que obtienen enormes beneficios de sus actividades- para poder formarse de manera adecuada. Los que no pueden acceder a esa información -los que no tienen recursos para ello- se ven relegados a una educación y a una capacitación incompletas, empobrecidas, carentes de actualización... Como profesionales de la información, somos partícipes de esos movimientos: al contratar una base de datos para proveer información a nuestros usuarios, estamos aceptando este sistema cruel, y, de alguna forma, permitiendo que se perpetúe.&lt;br /&gt;Parece que no quedan muchas alternativas que tomar, al menos si queremos que nuestras bibliotecas sigan funcionando. Sin embargo, las hay. Los archivos de acceso abierto son un claro ejemplo de ello.&lt;br /&gt;Las discusiones actuales al respecto se están centrando en los derechos intelectuales de los autores. Pocos se enteran de que tales autores apenas si ven beneficios de los desembolsos económicos que realizamos para adquirir el saber que produjeron. La mayor parte de ello queda en manos de los intermediarios, de esos que no escribieron, no investigaron, no se fatigaron, no estudiaron, sino que aprendieron como aprovecharse de la necesidad de los profesionales de publicar y difundir, y de la del resto de leer y aprender.&lt;br /&gt;Esos derechos de autor se mencionan mucho más cuando se habla de música, de literatura y de programas informáticos, en especial en un medio moderno en el cual tales bienes culturales pueden descargarse gratuitamente desde Internet. Las grandes compañías se encolerizan, y recuerdan a los potenciales compradores de sus productos que con la “piratería” se está perjudicando a los artistas, a los escritores, a los músicos... Es curioso saber, sin embargo, que esos mismos artistas -excepto el mínimo puñado de grandes consagrados que tienen contratos jugosos- apenas si ven beneficio alguno.&lt;br /&gt;Nos encontramos, pues, ante una situación que debe ser conocida y reconocida por todos nosotros. No se trata ya de escuchar a las grandes multinacionales ni a sus mensajeros. Se trata de saber qué es lo que ocurre realmente. ¿Por qué se vende conocimiento estratégico cuando una gran parte de la población mundial no lo puede adquirir pero lo necesita vitalmente...? ¿Por qué los artistas se mueren de hambre, sus productoras crecen cada vez más y sus productos cuestan cada vez más caros...? ¿Dónde va el dinero que invertimos en conocimiento estratégico o en bienes artísticos y culturales? ¿Va a manos de sus productores? ¿Ven ellos el beneficio? ¿Estamos alimentando a aquellos que, en nuestra sociedad, han decidido y elegido perpetuar nuestra memoria y nuestro saber? ¿O estamos dando de comer a unos zánganos que, aprovechándose de las leyes de mercado y de las del copyright, nos engañan y engordan a expensas de todos?&lt;br /&gt;En reiteradas ocasiones, desde estas mismas páginas, hemos animado a la publicación de saberes académicos en forma abierta, y hemos informado sobre los distintos caminos para hacerlo. Asimismo, hemos difundido muchos documentos y recursos valiosos para ello. Hemos ido más allá, y, coherentes con nuestra manera de pensar, hemos colocado toda nuestra producción en forma de acceso abierto, libre y gratuito, como documentos de Open Access o blogs. Y es ahora cuando queremos difundir la aparición de la traducción del &lt;a href="http://www.blogger.com/"&gt;"&gt;Dossier Copia/Sur&lt;/a&gt;, la versión en español de un conocido manual -el Dossier Copy/South- elaborado por un grupo de investigación internacional y multidisciplinario. El Dossier analiza, desde varios puntos de vista, el problema del copyright, en especial en los contextos del mal llamado “tercer mundo”. Estudia y expone las férreas leyes de derecho de autor, los intereses ocultos tras ellas, la visión de los productores de conocimiento, la hipocresía que se esconde tras los llamados en contra de la “piratería”.&lt;br /&gt;Desde estas páginas, celebramos la aparición de esos documentos. Y si bien reconocemos que es lógico y adecuado que nuestros modernos “perpetuadores de cultura” puedan ganarse la vida con lo que hacen -así lo han elegido, y son necesarios para que nuestra sociedad crezca saludablemente- también sabemos que, en la actualidad, cada vez son menos lo que pueden vivir de esa actividad. Quizás sea hora de identificar a los explotadores y de buscar alternativas que nos liberen -al menos un poco- de sus nefastas influencias y sus redes invisibles.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-5764146890878379864?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/05/la-libertad-del-saber.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-5824108917715239858</guid><pubDate>Sun, 27 Apr 2008 13:33:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-04-27T10:39:15.842-03:00</atom:updated><title>Poemas en prosa</title><description>&lt;a href="http://jpdubs.hautetfort.com/images/medium_moutons.gif"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://jpdubs.hautetfort.com/images/medium_moutons.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo ese título aparecieron algunos escritos de Oscar Wilde en “The Fortnightly Review” en julio de 1894. Yo los he encontrado en una recopilación de las historias breves del autor irlandés que se encargó de editar Ian Small para Penguin Classics con el título “Oscar Wilde, Complete Short Fiction”. Entre esos textos difícilmente clasificables –que pueden leerse como poemas o como narraciones en prosa-, el que lleva por título “The Artist” se me antoja como marco ideal para el barullo que está levantando estos días la conmemoración de los 40 años de mayo del 68, parte del cual resonaba hace una semana en las páginas del suplemento literario “Babelia” de la edición internacional del diario El PAÍS.&lt;br /&gt;En “El Artista”, Oscar Wilde cuenta en primera persona que una tarde sintió el deseo de modelar “El placer de un instante” y fue por todo el mundo en busca de bronce para tallar esa obra, porque pensó que sólo podía estar hecha de dicho material. Sin embargo, en todo el mundo no quedaba más bronce que el de otra figura que él mismo había esculpido y a la que dio el título de “La pena que siempre perdura”. Ésta se encontraba en la tumba de lo que él más había amado en su vida y podía significar que el amor del hombre no muere o ser símbolo de la pena que queda para siempre en él. Pero como estaba hecha del único bronce que quedaba en el mundo fue a buscarla, la introdujo en un gran horno y la prendió fuego. Y así, a partir de “La pena que siempre perdura”, que él mismo había creado, dio forma a “El placer de un instante”.&lt;br /&gt;He leído y releído la historia y sigo sin poder decidir si su primer trabajo terminó siendo pasto de las llamas porque efectivamente no quedaba más bronce en el mundo o porque al artista se le acabaron el amor y la pena sucesivamente. Mayo del 68 también tuvo mucho de obra artística y, según leía en el “Babelia” del sábado 20 de abril, tampoco queda en el mundo más material del que utilizaron sus creadores entonces. Incluso da la sensación de que a algunos de ellos también se les ha acabado el sentimiento revolucionario que les inspiró. Aunque quizás la inspiración esté relacionada con la primera Ley de la Termodinámica, esa que nos enseña que nada se pierde sino que todo se transforma, y el material de aquel mayo contestatario sigue formando parte de la mucha poesía y la no poca prosa a que ha dado lugar después de 40 años. Juzguen ustedes mismos a partir del conglomerado de opiniones que, con no poco lirismo, presentaba “Babelia” el sábado 20 de abril. Y es que había mucha metáfora en los títulos de algunos artículos, fíjense si no en los siguientes versos de Fernando Savater, “La elocuencia de las paredes” y de Juan Goytisolo, “Instantáneas en sepia de un mes excepcional”. O en estos bocetos de estrofa que aparecen en algunas frases como la de Catherine François y Santiago Auserón, “La juventud no quería un porvenir asegurado, sino un presente apasionante”, o la que ellos recogen de Gilles Deleuze y Félix Guattari, “Por mucho que el acontecimiento sea ya antiguo, no consiente en quedarse atrás, porque es apertura hacia lo posible”.&lt;br /&gt;Claro que lo verdaderamente emocionante de la lectura llegó cuando, mientras intentaba esclarecer si la rima de este suplemento literario era consonante o asonante, Josep Ramoneda y Antonio Muñoz Molina sumaron una opción más con la que no había contado hasta entonces: la disonante. El primero volvía sobre la actualidad de lo sucedido entonces, pero lo hacía de manera distinta, “Ha costado entender que el tiempo pasa para todos y la patente de modernidad no tiene dueño”. Y el segundo prácticamente volvía la espalda a los hechos en sí, “A mí, sinceramente, tanta conmemoración de Mayo del 68 me produce un aburrimiento invencible. Ya me lo sé todo: lo de la imaginación al poder, lo de ser realista y pedir lo imposible, lo de los adoquines y la arena de la playa, etcétera. Otros hechos coetáneos me importan mucho más, y reciben mucha menos literatura”. A su vez, en el artículo “Los ecos de la revuelta”, Octavi Martí repasaba el pensamiento de otro conjunto de voces que también discrepaban sobre la importancia del movimiento estudiantil y si cambió el mundo –para mejor o para peor- o no cambió nada. Entre ellas se encontraba la del actual presidente francés durante la pasada campaña presidencial, a quien, como bien acotaba Martí “solo le faltó darle a Mayo del 68 influencia retrospectiva, culparle del nazismo, la trata de esclavos o del hundimiento de la torre de Babel”.&lt;br /&gt;Pese a que durante las últimas cuatro décadas han corrido ríos de tinta, seguimos bajo el riesgo de inundaciones a la vista de las nuevas publicaciones que van a sacar a la luz en los próximos meses un número nada desdeñable de editoriales. No obstante, nunca está de más revisar nuestra propia opinión en las circunstancias actuales. Probablemente encontremos en ella algunos tópicos y no pocos lugares comunes, es decir que sigamos desconociendo bastante sobre el asunto aunque nos sepamos de memoria sus lemas. Claro que, a veces, nuevas lecturas no sirven para desmontar viejos clichés, sino que los perpetúan. De manera que tendremos que hacer un pequeño esfuerzo por descubrirlos y polemizarlos. Siempre es saludable un poco de inconformismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;He dicho, a veces, que fuimos mucho mejores hijos –en la medida en que supimos plantar cara a nuestros padres- que padres –en la medida en que no supimos plantar cara a nuestros hijos-. Con nuestra actitud –y la potencia integradora de las contradicciones que el capitalismo tiene- les hemos dejado sin espacio para la trasgresión&lt;/em&gt; &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; Extracto del artículo “Contestación mundial” de Josep Ramoneda en EL PAÍS del sábado 20 de abril.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-5824108917715239858?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/04/poemas-en-prosa.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-6404206079652494865</guid><pubDate>Sun, 20 Apr 2008 13:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-04-20T10:34:17.775-03:00</atom:updated><title>El Diccionario del Diablo</title><description>&lt;a href="http://blog.lomasinteresante.net/wp-media/diablo.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://blog.lomasinteresante.net/wp-media/diablo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encontré un puñado de citas del “Diccionario del Diablo” de Ambrose Bierce mientras revisaba el sitio web de la Dokupedia francesa, con el cual colaboré hace unos días. Para aquellos interesados en participar en wikis documentalistas, les sugiero una visita a la &lt;a href="http://es.dokupedia.org/index.php/Portada"&gt;Dokupedia&lt;/a&gt; hispana y a la &lt;a href="http://136.145.83.33/egctiwiki/index.php/EGCTIWIKI:Community_Portal"&gt;ECGTI Wiki&lt;/a&gt;. Sin olvidar, para los amantes de la ya clásica Wikipedia, el evento &lt;a href="http://wikimania2008.wikimedia.org/wiki/Main_Page"&gt;Wikimanía&lt;/a&gt; que se prepara para julio de este año en Alejandría, Egipto.&lt;br /&gt;Pero permítanme -tras este pequeño exabrupto divulgativo- volver al tema de esta entrada.&lt;br /&gt;Ambrose Bierce fue un tipo curioso, dotado de un humor negro, cínico y mordaz que le ayudó a ganar un puesto reconocido en la literatura norteamericana. Nació en 1842 en un pueblito de Ohio (EE.UU.). Fue el décimo de trece hermanos a los que su padre -casi con afán maníaco- había bautizado con nombres que empezaban invariablemente con la letra “A”. Al comienzo de la Guerra Civil estadounidense, Bierce se alistó en el ejército de la Unión como topógrafo. Luchó en varias batallas, de las que guardó, como recuerdo, algunas heridas y profundas impresiones que marcarían muchas de las páginas que posteriormente escribiría.&lt;br /&gt;En 1871 se casó. Tuvo tres hijos, dos de los cuales morirían antes que sus padres, en circunstancias funestas. En 1888 su matrimonio se vino abajo tras descubrir algunas cartas comprometedoras de un admirador secreto a su esposa, la cual murió poco después. Con este historial de vida, Bierce formó su carácter.&lt;br /&gt;Si bien vivió algún tiempo en Londres por motivos de salud, su vida se desarrolló principalmente en la ciudad de San Francisco, en donde desplegó una intensa actividad literaria en periódicos como &lt;em&gt;The San Francisco Newsletter&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;The Argonaut&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Overland Monthy&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;The Wasp&lt;/em&gt; y el &lt;em&gt;San Francisco Examiner&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Escribió ensayos y artículos periodísticos -que le ganaron fama en su entorno-, poesía y muchos relatos cortos, casi todos relacionados con historias de guerra. Pero su trabajo más conocido es el “Diccionario del Diablo” (&lt;em&gt;The Devil’s Dictionary&lt;/em&gt;). Las entradas de este curioso diccionario se fueron publicando en diversos periódicos durante una larga serie de años (1875-1906), y sólo fueron compiladas en un volumen tardíamente, en 1906, bajo el título de “&lt;em&gt;Cynic’s Word Book&lt;/em&gt;” (El glosario del cínico). En esas definiciones, Bierce hizo gala del estilo único que lo inmortalizó.&lt;br /&gt;En octubre de 1913, el septuagenario autor emprendió un largo viaje que lo llevó, como destino final, a México, en donde se preparaba la revolución de Pancho Villa. Unido a sus fuerzas como observador, Bierce desapareció sin dejar ningún rastro en 1913-1914. Es la más famosa de las desapariciones literarias norteamericanas. En su última carta, dirigida a una sobrina, el escritor desvela parte del enigma, a la vez que muestra -una vez más- su profundo cinismo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Adiós - Si te enteras que fui puesto contra un muro de piedra mexicano y fusilado, debes saber que pienso que es una buena manera de partir de esta vida. Causas como la ancianidad, la enfermedad o una caída por las escaleras quedarán así eliminadas...&lt;br /&gt;Ser gringo en México - ¡ah, eso es eutanasia!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La visión sardónica de la naturaleza humana que impregnó su obra, junto con su vehemencia y su crítica implacable le ganaron el apodo de “Bitter Bierce” (Amargo Bierce). Los críticos actuales remarcan el empleo de un inglés puro en sus trabajos, y una redacción que expresaba densos conjuntos de ideas (a veces contrapuestas por el doble sentido) en una única y reducida frase.&lt;br /&gt;En 1911 se publicó el diccionario bajo el título actual, “The Devil’s Dictionary”, dentro de una edición de las obras completas de Bierce. En 1967 se compiló una versión extendida del texto, con numerosas entradas que faltaban en ediciones anteriores. Finalmente, en el 2000 vio la luz una edición revisada, que sumaba entradas y eliminaba unas 200 definiciones falsamente atribuidas a Bierce.&lt;br /&gt;Algunos ejemplos tomados del “Diccionario...” les permitirán hacerse una idea de la mordacidad, ironía y uso del doble sentido de su autor. Fíjense, por ejemplo, las durísimas definiciones siguientes, que, lamentablemente, recogen sentimientos reales de principios de siglo (algunos extendidos hasta hoy):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Aborígenes&lt;/strong&gt;, s. Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Africano&lt;/strong&gt;, s. Negro que vota por nuestro partido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Infiel&lt;/strong&gt;, adj. y s. Dícese, en New York, del que no cree en la religión cristiana; en Constantinopla, del que cree.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Inmigrante&lt;/strong&gt;, s. Persona inculta que piensa que un país es mejor que otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Aire&lt;/strong&gt;, s. Sustancia nutritiva con que la generosa Providencia engorda a los pobres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Distancia&lt;/strong&gt;, s. Único bien que los ricos permiten conservar a los pobres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bierce analizó el carácter humano con un genio ilimitado...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Acusar&lt;/strong&gt;, v.t. Afirmar la culpa o indignidad de otro; generalmente, para justificarnos por haberle causado algún daño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Adherente&lt;/strong&gt;, s. Secuaz que todavía no ha obtenido lo que espera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Amistad&lt;/strong&gt;, s. Barco lo bastante grande como para llevar a dos con buen tiempo, pero a uno solo en caso de tormenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Celoso&lt;/strong&gt;, adj. Indebidamente preocupado por conservar lo que sólo se puede perder cuando no vale la pena conservarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Humildad&lt;/strong&gt;, s. Paciencia inusitada para planear una venganza que valga la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Idiota&lt;/strong&gt;, s. Miembro de una vasta y poderosa tribu cuya influencia en los asuntos humanos ha sido siempre dominante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un par de definiciones que podrían haber valido para él mismo son las siguientes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cínico&lt;/strong&gt;, s. Miserable cuya defectuosa vista le hace ver las cosas como son y no como debieran ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Loco&lt;/strong&gt;, adj. Dícese de quien está afectado de un alto nivel de independencia intelectual; del que no se conforma a las normas de pensamiento, lenguaje y acción que los conformantes han establecido observándose a sí mismos; del que no está de acuerdo con la mayoría; en suma, de todo lo que es inusitado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre las propias definiciones y diccionarios, Bierce tenía una opinión bastante particular:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Diccionario&lt;/strong&gt;, s. Perverso artificio literario que paraliza el crecimiento de una lengua además de quitarle soltura y elasticidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Magnético&lt;/strong&gt;, adj. Dícese de lo que sufre la influencia del magnetismo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Magnetismo&lt;/strong&gt;, s. Lo que ejerce influencia sobre algo magnético. Estas dos definiciones están condensadas de la obra de un millar de eminentes hombres de ciencia, que han arrojado sobre el tema una luz deslumbrante, con indecible progreso del conocimiento humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asimismo, tenía su propio punto de vista sobre los escritores y la escritura:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Gramática&lt;/strong&gt;, s. Sistema de trampas cuidadosamente preparadas en el camino por donde el autodidacto avanza hacia la distinción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ganso&lt;/strong&gt;, s. Ave que suministra plumas para escribir que, gracias a un proceso oculto de la naturaleza, están impregnadas, en distinta medida, de la energía intelectual y el carácter del ganso, de suerte que al ser entintadas y deslizadas mecánicamente sobre un papel por una persona llamada “autor”, resulta una trascripción bastante exacta de los pensamientos y sentimientos del ave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Folletín&lt;/strong&gt;, s. Obra literaria, generalmente una historia que no es verdadera y que se prolonga insidiosamente en varios números de un periódico o una revista. Cada entrega suele venir precedida de un “resumen de lo publicado”, para los que no la han leído, pero sería más necesario un “resumen de lo que sigue”, para los que no piensan leerlo. Lo mejor sería un resumen de todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las costumbres humanas no se le escaparon, por supuesto:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Gato&lt;/strong&gt;, s. Autómata blando e indestructible que nos da la naturaleza para que lo pateemos cuando las cosas andan mal en el círculo doméstico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mamíferos&lt;/strong&gt;, s. Familia de vertebrados cuyas hembras, en estado natural, amamantan a su cría, pero cuando se vuelven civilizadas e inteligentes la dan a la nodriza o usan el biberón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mendigo&lt;/strong&gt;, s. El que ha confiado en la ayuda de los amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Lamentable&lt;/strong&gt;, adj. Estado de un enemigo o adversario después de un encuentro imaginario con uno mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si bien se enfocó en estas “debilidades humanas”, incluyó en su diccionario entradas de lo más variadas. Por ejemplo, la política:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Amnistía&lt;/strong&gt;, s. Magnanimidad del Estado para con aquellos delincuentes a los que costaría demasiado castigar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Batalla&lt;/strong&gt;, s. Método de desatar con los dientes un nudo político que no pudo desatarse con la lengua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cañón&lt;/strong&gt;, s. Instrumento usado en la rectificación de las fronteras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ejemplos de otros temas pueden ser:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cerbero&lt;/strong&gt;, s. El perro guardián del Hades, que custodiaba su entrada, no se sabe contra quién, puesto que todo el mundo, tarde o temprano, debía franquearla, y nadie deseaba forzarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Circo&lt;/strong&gt;, s. Lugar donde se permite a caballos, “ponies” y elefantes contemplar a los hombres, mujeres y niños en el papel de tontos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Fe&lt;/strong&gt;, s. Creencia sin pruebas en lo que alguien nos dice sin fundamento sobre cosas sin paralelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Historia&lt;/strong&gt;, s. Relato casi siempre falso de hechos casi siempre nimios producidos por gobernantes casi siempre pillos o por militares casi siempre necios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mitología&lt;/strong&gt;, s. Conjunto de creencias de un pueblo primitivo relativas a su origen, héroes y dioses, por oposición a la historia verdadera, que inventa más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin... Una pequeña muestra de un gran trabajo que no debería faltar en nuestra biblioteca particular. Para aquellos interesados en la lectura completa del texto -y que, por supuesto, dispongan de un buen acceso a Internet y posibilidad de leer a través de una computadora- la descarga del libro es factible desde el sitio web El Aleph. La versión original en inglés -recomendable, si se domina dicho idioma- es posible a través del Proyecto Gutemberg. Y, para todos los que encuentren dificultades en el empleo de estos dos métodos, les recomendamos escribirnos: con gusto les haremos llegar el documento en castellano (formato pdf, tamaño 353 Kb).&lt;br /&gt;Permítanme despedirme con una definición más, y una intriga que nunca podré desvelar: ¿qué hubiera escrito Bierce, con su peculiar estilo, de haber vivido en la actualidad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sabiduría&lt;/strong&gt;, s. Tipo de ignorancia que distingue al estudioso.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-6404206079652494865?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/04/el-diccionario-del-diablo.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-8331153714577234670</guid><pubDate>Sun, 13 Apr 2008 13:24:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-04-13T10:44:07.330-03:00</atom:updated><title>[La “Sociedad” conoce] “El precio de todo y el valor de nada”</title><description>&lt;a href="http://www.fashion-era.com/images/Paintings/hydepark.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.fashion-era.com/images/Paintings/hydepark.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sociedad con “S” mayúscula a la que se refería &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Oscar_Wilde"&gt;Oscar Wilde&lt;/a&gt; a finales del siglo XIX era la aristocracia londinense de la época victoriana. Un grupo al que el autor irlandés parodió en muchas de sus obras, destacando la impotencia del bien para lograr un final feliz entre los altos muros de su superficialidad. Una superficialidad que sigue manteniéndose más de un siglo después en otras muchas “clases altas” del mundo. Altas no por su estatura moral sino por las cifras astronómicas de sus cuentas bancarias y sus elevados niveles de corrupción e hipocresía.&lt;br /&gt;Esa sociedad que para escucharse a sí misma necesita silenciar las voces disonantes, tiene muy poco que decir y mucho de lo que avergonzarse. Esa sociedad que sabe cuánto cuesta todo, se encarga de que una gran mayoría de personas piensen que no valen nada. Esa sociedad que se cree sus propias mentiras, habla de tener fe en la verdad. Esa sociedad que desprecia la memoria, es la que nos cuenta la historia. Esa sociedad que desprecia la vida de muchos, tiene un “plan” que “asegura” la suya. Esa sociedad que no se cocina pero gusta de la buena mesa, está desforestando los montes, envenenando los ríos, hiriendo de muerte enormes pedazos de tierra. Esa sociedad que se prodiga en dádivas miserables, se apropia de lo que no es suyo y se considera dueña de lo que nos pertenece a todos.&lt;br /&gt;A esa sociedad en la que tienen cabida muy pocos se han opuesto muchos, pero el estruendoso avance de millones de pies descalzos, de millones de manos agrietadas, de millones de bocas hambrientas, de millones de miradas apagadas, de millones de sueños desterrados sigue sin derrumbar sus paredes ni hacer temblar demasiado sus cimientos. En algunos puntos quizá no sean tan fuertes como antaño pero su estructura sigue siendo ejemplo de eficacia arquitectónica. Su vigor tiene mucho que ver con el desencanto de quienes en su día vieron marchitarse muchos de sus proyectos y de quienes no encuentran hoy dónde plantar la simiente de los suyos.&lt;br /&gt;Hace unas semanas, mientras Edgardo y yo visitábamos a mi familia en España, el bibliotecario que siempre va con él puso en mis manos uno de los tomos en los que mis padres han ido encuadernando todos los números de la revista “Bustarviejo” que editaba la Asociación Cultural “El Bustar” en mi &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bustarviejo"&gt;pueblo&lt;/a&gt;, y lo abrió en la número 35-1 de febrero de 1980. En ella aparece una entrevista que el cura párroco de entonces les hacía a mis abuelos maternos. Yo no recordaba haberla leído a mis siete años, así es que fue todo un descubrimiento a mis treinta y cinco. El artículo se titula “Mariano y Jesusa. El sufrimiento de los pobres” y comienza con estas palabras de mi abuela: “Yo ya se lo he dicho a mi hija, yo lo único que le puedo decir a Antonio son penas, nada más que penas. Así que cuando venga lo único que le contaré son penas”. Las finales las pronunció mi abuelo después de escuchar la pregunta de por qué ha abandonado la gente joven el campo: “El campo es lo más despreciado y tirado de todo. El trabajo es más duro, siempre mirando al cielo, a expensas de la lluvia, del clima. Ahí no hay permiso, ni vacaciones, ni pagas extras. Pocas veces el campo da recompensas. Por eso la gente joven, al tener posibilidad de otros trabajos, ha abandonado el campo, pero ha sido por obligación y por falta quizá de que las autoridades no hayan recompensado esto. El campesino tiene que vivir al mismo nivel que los demás. El medianero y el pobre han tenido que abandonar y no han tenido más que disgustos. El único que siempre saca es el terrateniente fuerte. El abandonar el campo no beneficia nada a la nación. El gobierno, en eso, no ha estado acertado. Ha dado de lado al agricultor y este siempre lleva el timón. Yo creo que hay muchos sindicatos y muchas cosas que se podrían reducir y atender más el campo y la ganadería”. Inmediatamente después, el entrevistador llamaba la atención sobre las no pocas denuncias que van impresas en esa intervención de mi abuelo y no pude evitar sonreírme. Claro que hay denuncias entre sus palabras, y no dejaron de sorprenderme en una entrevista en la que mis abuelos recordaban algunas de las derrotas que sumaron a lo largo de su vida. También me sorprendió el buen humor que mostraron sus respuestas en un par de ocasiones pese a su sabor amargo general, y me dolió la aspereza con que mi abuelo habló del desencanto al que me referí antes. Yo sabía que él había elegido luchar en el bando republicano durante la Guerra Civil y que estuvo en un campo de concentración en Francia cuando terminó. Sabía también que nunca quiso hablar de ello y que una y otra vez les pidió a sus hijos que no se metiesen en política. Al ser preguntado sobre la misma durante la entrevista responde: “Yo me lavo las manos, me corté la coleta. Desde que estuve en Francia renuncié a la política”.&lt;br /&gt;Sin duda la guerra, la pobreza, la falta de trabajo, el tener que abandonar el lugar donde uno ha vivido porque dentro de sus fronteras está condenado a muerte o a morirse de hambre, ofrecen motivos más que suficientes para el desencanto, la desilusión y la decepción. Pero los herederos de quienes los experimentaron no deberíamos olvidar que esos son los nutrientes con los que se fortalece la superficialidad que envuelve a las minoritarias “clases altas” del mundo y con los que se revitaliza la injusticia que rodea a las muchísimo más numerosas “clases bajas”. Esos son los elementos indispensables para que las primeras sigan poniendo precio a todo y para que las segundas no reconozcan su propio valor. Por ello, aunque sobren las razones para el desánimo, no tendrían que faltar las que nos impulsen a denunciar una y otra vez el origen y la causa del mismo, pues es en el terreno que conquistemos a la decepción donde germinará la semilla de nuestros proyectos, mientras que en el que fertilicemos con desencanto sólo aumentará la impotencia del bien para lograr un final feliz, tanto en la sociedad con “S” mayúscula como en el resto.&lt;br /&gt;Hace ya algunos años que uno de mis maestros me animó a descubrir los escritos de Wilde y hace sólo unas semanas el culpable de este blog depositó entre los dedos de la cómplice un volumen en el que pude leer a mis abuelos. Al docente y al bibliotecario gracias por las páginas que me descubrieron; a sus respectivos autores gracias por escribirlas y pronunciarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Nota: El título del artículo pertenece a palabras de Lord Darlington en Lady Windermere’s fan del escritor irlandés Oscar Wilde.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-8331153714577234670?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/04/la-sociedad-conoce-el-precio-de-todo-y.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-6060637135333319684</guid><pubDate>Thu, 06 Mar 2008 10:52:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-04-05T18:03:31.997-03:00</atom:updated><title>No hay peor ciego que quien no quiere ver</title><description>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/R_fpFPv44oI/AAAAAAAAAVA/hU928FSz8w0/s1600-h/bear-covering-eyes.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5185869772276425346" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/R_fpFPv44oI/AAAAAAAAAVA/hU928FSz8w0/s320/bear-covering-eyes.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se van a dar cuenta en las siguientes líneas, pero aún así anoto este breve aviso para navegantes: estoy enojada mientras las escribo.&lt;br /&gt;Es una de esas perezosas mañanas de domingo en las que el mundo se levanta mucho después que yo, que madrugo lo mismo todos los días de la semana. Todavía brillan los charcos en el asfalto y en algunas azoteas, restos silenciosos de la tormenta veraniega que estremeció anoche el firmamento de este rincón al sur del sur, donde todas las miradas se dirigen al norte... Quienes hoy caminamos por estas latitudes aún recorremos las rutas que trazaron aquellos conquistadores que volvieron a su casa con todo lo que pudieron robar en ellas. No se arreglarán nunca los baches de la 40 que recorre la Patagonia (esquivados con increíble parsimonia por aquel viajante que nos recogió a mi mochila y a mí en Esquel, cuando quien les escribe, con los cuatro tomos de “La Patagonia Rebelde” de Osvaldo Bayer en la mano, se fue tras las huellas de aquellos hombres que se enfrentaron a las tropas del Teniente Coronel H. Benigno Varela a principios del siglo pasado), pero pronto contaremos con un tren de alta velocidad entre Buenos Aires y Córdoba, algo así como un moderno Camino Real, que quién sabe si no tendrá parada en Potosí en un futuro cercano.&lt;br /&gt;Esta indignación que siento hoy tiene que ver con la que experimenté hace un par de meses leyendo un artículo de Norman Gall, donde en un par de líneas explicaba que “[l]a mejora de los transportes hace que la gente pobre pueda recorrer grandes distancias para emigrar, hacer visitas o realizar actividades comerciales” &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=9425947&amp;amp;postID=6060637135333319684#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;. A veces me preguntó qué es lo que analizan los analistas y en qué se basan para llegar a sus conclusiones, porque no sé cómo lo hacen para que estén tan alejadas de las opiniones y la realidad de la gente. Me pregunto si no inventarán una realidad a la medida de sus cifras y de sus porcentajes, si no tendrán mucha más imaginación que quienes somos tachados de utópicos y soñadores.&lt;br /&gt;Uno no puede por menos que seguir haciéndose preguntas similares cuando encuentra “joyitas” dialécticas parecidas entre las palabras que escribió el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación español, Miguel Ángel Moratinos, quien, tras finalizar una gira por el continente africano hace un mes, se expresaba de este modo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Sin duda, África es un continente problemático, pero sobre todo es un continente vivo. Todos los días sus habitantes han de superar mil y una pruebas para sobrevivir. La gran mayoría lo hace con una sonrisa amplia y sincera, que se refleja en los peinados ensortijados, en los ojos imantados y en unos cuerpos elegantes que desatan su ritmo cuando la música irrumpe. Ese movimiento se traslada a todo el continente. Un continente deseoso de toparse con la felicidad. Todo está condicionado a su búsqueda. Esa fuerza interior explica el alto nivel de sacrificio y de sufrimiento de la gran mayoría de los ciudadanos.&lt;/em&gt; &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=9425947&amp;amp;postID=6060637135333319684#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;[2]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces me pregunto si no será que a los ministros de exteriores, cuando visitan el interior de un continente, les colocan algún tipo de lente a través de la cual perciben una realidad que en nada se parece a la que viven realmente sus habitantes. Me pregunto cómo saben ellos que las sonrisas que ven a través de las ventanillas de sus autos blindados son o no sinceras, cómo pueden afirmar tan irresponsablemente que millones de personas hambrientas, enfermas, rodeadas de miseria y en medio de interminables guerras, se ponen a bailar en cuanto suena la música. Me pregunto de dónde se sacan que el sacrificio y el sufrimiento son los motores para encontrar la felicidad...&lt;br /&gt;Ese mismo día, hallé en las opiniones que el escritor Antonio Muñoz Molina vertía sobre la película “Cuatro meses, tres semanas, dos días”, muchísima más verosimilitud que en los comentarios de las dos “autorizadas” fuentes que les acabo de mostrar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;... yo ahondaba mi percepción de esas dos vidas jóvenes zarandeadas por el infortunio y el miedo, salvadas por una fraternidad que está hecha de inocencia y coraje, de una rara aleación femenina de fragilidad y fortaleza. Atravesaba con ellas la noche sórdida de una tiranía, y no hacía falta que se vieran uniformes o se escucharan declaraciones políticas para sentir en la nuca el frío de una vigilancia despótica, y en los hombros toda la pesadumbre de un régimen cuya mayor crueldad parece que acaba siendo su desolada duración. Hay vidas que son fulminadas por la saña quirúrgica de los ejecutores: otras, la mayoría, van siendo envilecidas a lo largo de los años por dosis diarias de sumisión y conformidad, se van deteriorando como los edificios mal hechos y los coches viejos que permanecen en uso, se gastan y ensucian como el papel pintado de las habitaciones que nadie cuida.&lt;/em&gt; &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=9425947&amp;amp;postID=6060637135333319684#_ftn3" name="_ftnref3"&gt;[3]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No dejo de hacerme preguntas y trato de hallar unas pocas respuestas, de buscarlas al menos, mientras sigo avanzando subida a un colectivo, navegando entre las páginas de un libro o de un diario, charlando con quienes me rodean, escribiendo a quienes están lejos, y por eso me disgusto tanto cuando las encuentro tan insatisfactorias como las de Gall o Moratinos. No hablo de que sean ciertas o no, hablo de que me permitan seguir indagando, curioseando, aprendiendo, criticando. Y las explicaciones de esos dos señores son tan superficiales que uno no puede tomárselas en serio. Sobre ellas no se puede construir nada, y mucho menos algún conocimiento válido. Lo que me preocupa de veras es que esas respuestas sean los cimientos de nuevos proyectos de cooperación y desarrollo. Porque sobre apoyos tan débiles no veo cómo podrán edificar su presente y pensar en su futuro los hijos de quienes vivimos en países y continentes con unas heridas tan profundas como las que todavía sangran en América Latina, África o Rumania.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=9425947&amp;amp;postID=6060637135333319684#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; Norman Gall es el director ejecutivo del World Economy Fernand Braudel Institute de São Paulo. La cita pertenece al artículo “El olvidado progreso de América Latina”, publicado en la edición internacional de EL PAÍS, sábado 19 de enero de 2008.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=9425947&amp;amp;postID=6060637135333319684#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;[2]&lt;/a&gt; En el artículo “Una mirada a África”, publicado en la edición internacional de EL PAÍS del sábado 9 de febrero de 2008.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=9425947&amp;amp;postID=6060637135333319684#_ftnref3" name="_ftn3"&gt;[3]&lt;/a&gt; En el artículo “Regreso al cine”, publicado en el suplemento “Babelia” de la edición internacional de EL PAÍS del sábado 9 de febrero de 2008.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-6060637135333319684?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/03/no-hay-peor-ciego-que-quien-no-quiere_06.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/R_fpFPv44oI/AAAAAAAAAVA/hU928FSz8w0/s72-c/bear-covering-eyes.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-5343911651443439498</guid><pubDate>Wed, 05 Mar 2008 11:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-29T15:51:14.512-03:00</atom:updated><title>Caminos de pastores</title><description>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/R-6Pfvv44lI/AAAAAAAAAUo/AXxomg86elY/s1600-h/453450467_fd2035157c.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183237996706062930" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/R-6Pfvv44lI/AAAAAAAAAUo/AXxomg86elY/s320/453450467_fd2035157c.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos parando, durante este mes de marzo, en un pequeño pueblo de la llamada “sierra pobre” de Madrid, que en su día perteneció a la provincia de Segovia. El pueblo en cuestión se llama Bustarviejo, y es un lugar en el que todavía -a pesar del avance de “lo moderno”- se conserva bastante de la vida tranquila de las villas del interior castellano.&lt;br /&gt;Por aquí, por Bustarviejo, desde donde les escribo hoy, pasaba la Cañada Real, una de las rutas de los pastores trashumantes. En tiempos pasados -y aún hoy, aunque sólo sea una débil sombra de lo que fue- los rebaños de ovejas (una de las principales fuentes de riqueza de la antigua Castilla, que a veces contaban con millares de cabezas) debían moverse de sur a norte y viceversa en busca de zonas de invernada y de pastos para comer en verano. Así se formaban caravanas que, desde la Edad Media, fueron conducidas por las “cañadas”, caminos especiales que evitaban el destrozo de campos sembrados y permitían a la corona recaudar los “debidos” y consabidos impuestos.&lt;br /&gt;La vida de los pastores trashumantes estaba asociada a una cultura particular: a instrumentos musicales determinados, que hoy apenas si sobreviven en las manos de algunos ancianos memoriosos y en la de algunos jóvenes que quieren rescatar esos recuerdos tan bellos; a unos tipos determinados de comida, usualmente vinculadas a chacinados, quesos, pan y frutos de estación; a unos cantos y unos cuentos muy particulares; a unas costumbres y hábitos tradicionales (relativos a la vida nómada que llevaban esos individuos); y, en fin, a toda una serie de costumbres, refranes, técnicas y actitudes.&lt;br /&gt;Esa misma cultura -salvando todas las distancias- se encuentra entre los caravaneros de llamas que cruzan el altiplano boliviano llevando papas desde la puna a los lagos salados, para cambiarlas allí por bloques de sal y transportar ese preciado bien blanco a los valles cálidos para trocarlos por hojas de coca, verduras, frutas, queso... Esa cultura incluye ritos ancestrales de propiciación y protección de viajeros y animales; incluye instrumentos musicales únicos, decires, ceremonias, costumbres...&lt;br /&gt;Y encontrarán rasgos similares entre los camelleros del África subsahariana; y entre los conductores de las recuas de yaks que cruzan el Himalaya entre India y Nepal o Pakistán; y entre los Saami (lapones) que mueven sus renos a través de Escandinavia; y entre los Masai que pastorean sus preciados rebaños de vacas a través del África oriental...&lt;br /&gt;Son patrones y características que conforman el inmenso mosaico humano del que formamos parte. Algo de ellos está plasmado en los documentos que habitan los estantes de nuestras bibliotecas. Pero es sólo una parte mínima, el saber que ha sido escrito. La mayor parte de esa cultura sigue mostrando su cara y dejando sus marcas sobre la superficie de nuestro planeta. Viviendo, cambiando, evolucionando, desapareciendo a veces. Es cuestión de no olvidar que todo el conocimiento no está en nuestras manos: muchas cosas siguen latiendo fuera de los muros de las bibliotecas, lejos de catálogos, bases de datos e Internet. Y ese conocimiento es muy importante: son los últimos restos de una época en la que el hombre todavía (re)conocía los ritmos de la naturaleza.&lt;br /&gt;Como les decía, mucha de esa cultura tradicional sigue viva en algunos rincones de nuestro mundo. Como aquí, en Bustarviejo, donde todavía se recuerdan las nubes de polvo que levantaba el paso de las grandes majadas ovinas, camino a los pastos...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-5343911651443439498?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/03/caminos-de-pastores.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/R-6Pfvv44lI/AAAAAAAAAUo/AXxomg86elY/s72-c/453450467_fd2035157c.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-7518064953180354657</guid><pubDate>Wed, 05 Mar 2008 11:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-23T05:36:37.365-03:00</atom:updated><title>Reflexiones sobre las herramientas manuales</title><description>&lt;a href="http://farm2.static.flickr.com/1364/597539788_f5e889d68b.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://farm2.static.flickr.com/1364/597539788_f5e889d68b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Jan Stürmann&lt;br /&gt;Extraído del libro &lt;em&gt;The Hand-Sculpted House&lt;/em&gt; escrito por Ianto Evans, Michael G. Smith, y Linda Smiley&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La creencia incuestionable de la carpintería actual revela que sin el uso extensivo de herramientas eléctricas no podemos construir eficazmente ni de manera rentable, ni siquiera bien. Yo cuestiono esa creencia.&lt;br /&gt;Yo construyo tanto casas convencionales, donde lo primero que te encuentras es la electricidad, como casas naturales, donde a menudo se incorpora con posterioridad.&lt;br /&gt;Trabajar en estas casas naturales me ha servido para confrontar mis propios prejuicios y los placeres de utilizar herramientas manuales.&lt;br /&gt;De ellas obtengo un sentido de profunda satisfacción que jamás he encontrado en las herramientas eléctricas. Al entrar en la caseta de las herramientas, mis manos automáticamente alcanzan mi formón favorito, el hacha, la hachuela. Una necesidad de tocar, de acariciar. Sopeso el formón de tres pulgadas de grosor. Le encontré oxidado en un viejo granero, el filo mellado, el hueco del mango enmohecido donde algún idiota lo había golpeado con un martillo. Me lo llevé a casa como a un animal herido, le retiré la rebaba, limpié la herrumbre, tallé el mango a partir de un trozo de madera de arce y lo afilé. El formón revivió para mí, canta en mis manos, recortando gruesos bucles de madera. Me encanta mirarlo, sostenerlo. Nunca me he sentido así con una herramienta eléctrica. Mi mano nunca se estira para alcanzar esos pesos muertos de plástico y metal en la estantería.&lt;br /&gt;¿Por qué cuando uso una sierra circular, el taladro o la sierra de cadena durante cierto tiempo me siento como el hombre biónico, duro, rígido, en guerra con alguien o algo, forzado a llevar gafas protectoras, protección en los oídos y mascarillas para proteger mi frágil cuerpo? ¿Por qué después de un día utilizando el berbiquí y la barrena, los formones, un cepillo, mi cuerpo está relajado, mi mente tranquila, como cuando se puede escuchar el silencio del universo después de hacer el amor? Una cosa te debilita, la otra te nutre. Un misterio.&lt;br /&gt;Sin embargo, el poderío seduce. El peso bruto de una sierra de cadena en tus manos. Los berridos del motor, agridulces volutas de humo ascendiendo a través de la cavidad nasal hasta el cerebro. Los árboles caen como alfileres. Menudo subidón, una euforia que no tenemos la responsabilidad de manejar.&lt;br /&gt;Las herramientas eléctricas nos dan un poder que no nos pertenece. Nos lo prestan de manera indiscriminada. Pero en algún punto de la cadena lo tenemos que devolver – con intereses. Inevitablemente terminamos pagando mucho más por el poder que no es nuestro de lo que ganamos con él. Poco a poco me voy dando cuenta de que esto es verdad, no abstracta o intuitivamente, sino prácticamente.&lt;br /&gt;Mientras escribía esto conseguí un trabajo para colocar unos armarios en una casa enorme de Los Ángeles. Juntas complejas, piezas a la medida – un dolor de cabeza, pero una oportunidad para examinar el sentido práctico de utilizar herramientas manuales cuando las convenciones dictan herramientas eléctricas. Cada mañana, para apaciguar al contratista, desenrollé los alargues, pero a partir de ese momento actué y experimenté.&lt;br /&gt;Trabajar con madera consiste sobre todo en cortar elementos de una cierta longitud y colocarlos en su lugar. Si todo fuese lo mismo, yo trabajo más rápido con una sierra mecánica y una pistola de clavos que con un serrucho y un martillo. Pero me di cuenta de que no todo es igual. Tardo un minuto en inclinarme hacia mi cinturón de herramientas, donde se encuentran mi martillo y mi serrucho. Sin embargo me lleva veinte minutos desenrollar los alargues, luchar con las distintas cuchillas, arrastrar el compresor, colocar los tubos de aspiración y conseguir que la electricidad llegue hasta donde yo quiero.&lt;br /&gt;Tardo medio minuto en cortar 1 x 4 con el serrucho kataba japonés, o diez segundos con una mecánica. Pero si quiero seguir escuchando a Beethoven y leyendo Funny Times a los ochenta, necesito ponerme gafas protectoras y protectores en los oídos antes de apretar el interruptor; por ende, hay que sumar algunos segundos más. El susurro del serrucho no requiere ningún tipo de protección.&lt;br /&gt;Un serrucho deja polvo grueso que rápidamente se asienta en el suelo, pero las sierras mecánicas lanzan un polvo tan fino que se queda suspendido en el aire hasta que nosotros lo aspiramos, tapando senos nasales, provocando alergias y asma. En una profesión que cada vez utiliza más colas tóxicas y productos químicos en los laminados y aglomerados, haríamos bien en reducir al mínimo el polvo transportado por el aire si queremos respirar profundamente y poder oler las rosas en nuestros años dorados.&lt;br /&gt;El serrucho pesa media libra, la sierra mecánica diez. Utilicé tanto esfuerzo –calorías- para levantar y maniobrar la pesada sierra mecánica como para colocarme y realizar el corte con el kataba. Incluso si hubiera tenido que introducir algo más de aire en mis pulmones, el placer de usar un serrucho que ha evolucionado durante setecientos años, bien valdría el tiempo y esfuerzo extras.&lt;br /&gt;Tengo unas pocas hojas de serrucho intercambiables que coloco en el mango de madera: una hoja de apertura, tres hojas de través con dientes suficientemente finos para las ensambladuras de cola de milano y lo suficientemente gruesos para cortar palos de 12 pulgadas, una hoja curva para comenzar un corte en el medio, una estrecha de pelo para cortar curvas y una para el metal. Todas estas hojas y el mango los envuelvo en una bolsa de lona. El coste total pueden ser unos $120. Una vez pensé en ser un verdadero carpintero y tuve que gastarme miles en sierras mecánicas. Ahora nunca más.&lt;br /&gt;Agarro la tabla, la corto y la atornillo en su lugar. Clavar con la pistola de clavos lleva un segundo. Utilizar el martillo, cinco. Pero un martillo cuelga siempre de un cinturón de herramientas. Sólo hace falta un sencillo movimiento para agarrar el mango con la palma y dejar la cabeza balanceándose. A la pistola de clavos la tengo que levantar y arrastrar como si se tratase de un albatros muerto. El tubo de aspiración es demasiado corto, hace falta mover el compresor. Con todo este mover de un sitio a otro y ponerse de nuevo los protectores, prácticamente he gastado los cuatro segundos que me separaban de la manera actual de clavar. Además, disfruto balanceando el martillo con gracia. Cualquier estúpido puede apretar el gatillo.&lt;br /&gt;Consideremos de nuevo la economía. Mi martillo, un Hart Decker, me costó $25 hace siete años. No se ha roto ni una sola vez. Un compresor y una pistola de clavos costarán $500. Calcula el coste de las reparaciones y del tiempo muerto durante siete años. Los clavos para la pistola cuestan cinco veces más que los ordinarios. Pero ¡qué demonios!, paga el dueño de la casa (con un préstamo del banco, así es que el precio se multiplica si incluimos el porcentaje de interés de una hipoteca a 30 años).&lt;br /&gt;Puedo desvelar costes escondidos. Accidentes, por ejemplo. Nunca he oído de alguien que se cortase un dedo con un serrucho, pero gracias a las hojas mecánicas que motores imparciales hacen girar con fuerzas extraordinarias, hay un montón de carpinteros sin dedos de la mano o de los pies. Lo mismo que pequeños trabajos de acupuntura sobre el terreno con la pistola de clavos, globos oculares perforados, oídos sordos... pero bueno, para eso están las compensaciones. Con esto no quiero decir que no sucedan accidentes con las herramientas manuales, pero su gravedad y su frecuencia son muchísimo menores.&lt;br /&gt;Me estoy fijando en la economía y en la velocidad porque formo parte de una cultura que valora la productividad por encima del proceso, tener las cosas terminadas por encima de hacerlas, la complejidad sobre la creación. Pero para llegar al corazón de este cuestionamiento necesito mirar más profundamente lo que no es cuantificable.&lt;br /&gt;Los carpinteros fueron una vez artesanos que sabían cómo hacer, adaptar y ajustar sus herramientas de manera que reflejasen su singularidad y sus necesidades individuales. Ahora los carpinteros son operarios de la máquina, trabajadores de una fábrica sin la fábrica, que ensamblan unidades modulares. El orgullo de lo artesanal se ha perdido. Ya no se utilizan más herramientas de carácter personal sino las de producción masiva diseñadas y comercializadas de acuerdo al mínimo común denominador. Unas herramientas que son inadaptables y demasiado complejas para que uno mismo las pueda reparar. El ciclo vital de una herramienta eléctrica es de unos pocos años, y estos cada vez disminuyen más debido a la obsolescencia planificada. Mis hijos o mis nietos que aún no han nacido, no podrán heredar mi sierra circular, ni mi taladro ni mi lijadora. Sin embargo, sí podrán disfrutar mis herramientas manuales – que ya han visto una o dos generaciones.&lt;br /&gt;No hay ninguna duda, las herramientas eléctricas facilitan algunos trabajos. Se tarda mucho menos en serrar media pulgada de 4 x 4 con una sierra eléctrica que haciéndolo con un serrucho. Pero he notado una pequeña diferencia en mi cuerpo entre los días que trabajo utilizando sobre todo las herramientas manuales y los que paso trabajando con las herramientas eléctricas. Usando herramientas manuales puedo trabajar con atención, con alegría y con garbo durante más tiempo: al final de una jornada de nueve o diez horas puedo estar cansado pero nunca exhausto, mientras que después de cinco o seis horas con una máquina estoy agotado; aunque gaste menos calorías, me han exprimido todo el jugo de la vitalidad.&lt;br /&gt;¿Por qué? La potencia que estas herramientas tienen para dañarme consume mis fuerzas. Mi cuerpo –asustado, tenso-, al estar en alerta continua, transforma la sutil flexibilidad en músculos rígidos y tensos. Los reflejos se vuelven más lentos, la mente falla, se cometen errores y la sangre corre. En cuerpos tensos, las posibilidades de padecer problemas de espalda son mayores que en aquellos que todos los días se ejercitan y estiran con ejercicios moderados mientras utilizan herramientas manuales. Tal vez de aquí venga la vitalidad extra. Cuando mis células son alimentadas regularmente con sangre llena de oxígeno y nutrientes, mi cuerpo responde con más vida.&lt;br /&gt;Además está la fatiga que producen los decibelios de todos los sonidos estridentes que hallamos en una obra. Cada vez más, esta es la razón predominante por la que me inclino hacia las herramientas manuales. Nuestros oídos, en sintonía con los suspiros de un amante, el sonido de la lluvia al caer, la risa de un amigo, los susurros del viento, no están adaptados para las frecuencias de los ruidos fuertes. Nos retraemos dentro de un caparazón insensible, sordos ante el mundo. Yo quiero trabajar en un ambiente donde mis tímidos sentidos se revelen en el silencio para participar de la creación, donde el flujo de la conversación o el pensamiento tenga libertad para circular, explorar y volver a caer en el silencio sin la censura, las interrupciones y las rupturas que provocan las máquinas.&lt;br /&gt;Mucha de la mala prensa que han cosechado las herramientas manuales está justificada. Sin la minuciosa vigilancia de los artesanos demandando lo mejor, el fabricante de herramientas moderno vende unas herramientas de calidad lamentable. No causa sorpresa que el comprador se de media vuelta disgustado y busque la fuerza eléctrica para realizar el trabajo. Es raro el negocio cuyos empleados sean vendedores competentes y donde se pueda encontrar una amplia selección de herramientas manuales. ¿Pero qué se puede comparar con la alegría de encontrar casi por casualidad una herramienta de calidad en una feria de objetos usados?&lt;br /&gt;Con la cada vez mayor falta de accesibilidad a las herramientas de calidad, la sabiduría de cómo usarlas también se está perdiendo y necesita ser redescubierta si queremos sacar el mayor partido de su potencial. ¿Cuál es la mejor manera de fijar, asegurar y sostener el material mientras lo cortamos, lo tallamos o lo lijamos? ¿Cómo utilizo la fuerza de mi cuerpo de manera eficiente y garbosa para que no parezca que estoy luchando contra la herramienta o contra la madera, sino que el trabajo se convierta en algo así como una danza? Este es un estudio, una investigación que requiere mi atención.&lt;br /&gt;Trabajar manualmente permite sopesar el tiempo: ¿Es mejor cuanto más rápido? ¿Que hemos ganado con el exceso de potencia? Construir de forma manual nos anima a hacerlo de manera deliberada, reflexiva, consciente de las acciones que se extienden más allá de nosotros. ¿Habría permitido la dignidad humana la construcción de arterias de salida, McMansions y super autopistas con sólo la mano de obra directa? ¿Qué les ocurre a nuestras almas recubiertas con objetos de aburrida perfección hechos mecánicamente? Para saber que existimos como seres humanos necesitamos el toque de alguien más en las creaciones que nos rodean.&lt;br /&gt;No soy un purista. Mis herramientas eléctricas, bien utilizadas, cuidadas, continuarán siendo usadas, aunque con menos frecuencia a medida que redescubra la alegría de emplear mi cuerpo para impulsar a las herramientas a hacer su magia. Porque la magia está ahí, un misterio. Me alimento con cereales y miel, pan, queso y pimientos morrones. Aspiro el aire con grandes dosis del oxigeno que transpiran los árboles. Y milagrosamente mi cuerpo convierte todo eso en movimiento, fuerza, destreza. Levanto el cepillo, afilado y a punto y lo apoyo para trabajar la madera. Entonces en algún lugar del reino infinito entre mi mano y la herramienta, sucede la alquimia. La carne, el acero y la madera se combinan en el movimiento, y recibo traslúcidos jirones de virutas que se rizan a través de mis dedos, liberando su aroma, revelando su belleza. Un obsequio. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-7518064953180354657?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/03/reflexiones-sobre-las-herramientas.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-5549912803736169237</guid><pubDate>Wed, 05 Mar 2008 11:03:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-15T07:58:13.767-02:00</atom:updated><title>Aspiración e inspiración</title><description>&lt;a href="http://www.gratisblog.com/weblogs/piedelmundo/escribir.gif"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.gratisblog.com/weblogs/piedelmundo/escribir.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si todos nos hemos planteado alguna vez qué es lo que pretendemos profesionalmente, por eso tal vez resulte ilustrativo lo que piensan quienes sí lo han hecho. El escritor valenciano Juan Gil-Albert escribió: “Aspiro a ser lo más subjetivo posible. Sólo hablando en nombre propio logra el hombre coincidir, si no con la verdad, que resulta una meta demasiado abstracta, con la autenticidad al menos. Ser auténtico vale tanto como ser verdadero y está más al alcance de nuestra buena voluntad”. Sin embargo, Graham Green era de la opinión de que había que escribir con un pedacito de hielo en el corazón, a cuya propuesta se suma el autor británico Ian McEwan, quien considera fundamental alejar de sí mismo a los personajes de sus historias...&lt;br /&gt;Por otro lado, algo me dice que existe una línea muy fina entre la literatura y la vida y que laten bastante a la par. Mucho me temo que ese trocito de hielo terminaría derritiéndose a golpe de latido, pues creo que hay que ser capaz de reconocer el mundo y de reconocerse a sí mismo antes de reinventar cualquiera de los dos. Me parece que lo que hacemos tiene mucho que ver con quienes y cómo somos, de ahí que las distintas aspiraciones de estos autores me sirvan para reflexionar un poco sobre las de los seres humanos en general.&lt;br /&gt;Si como decía el poeta, el camino le hacemos andando, golpe a golpe, verso a verso, lo que somos y lo que aspiramos a hacer no puede permanecer ajeno a cada una de nuestras elecciones, a cada una de las decisiones que tomemos. Es por eso que considero importante cierta fidelidad hacia uno mismo. Fidelidad que haríamos bien en salpicar de curiosidad. Curiosidad que tiene que ver con las ganas de aprender un poco más y de desconocer un poco menos.&lt;br /&gt;Profesionales, artistas, aprendices, artesanos, todos tenemos algo de brujos y de magos: nos transformamos. Lo de menos es si utilizamos encantamientos, sortilegios o pócimas... lo de más es mantener cierta coherencia y renovar ganas e ilusiones a golpe de optimismo. Lo dijo hace poquito en una entrevista el músico camerunés Manu Dibango: “Yo me defino como un viejo capacitado ... Soy un abuelete capaz. En África se respeta al anciano. No en vano es el guardián de algo. Por fuerza, incluso a tu pesar, has almacenado experiencias. Todos los días sucede algo y además está tu propia transformación”.&lt;br /&gt;Precisamente por eso, porque nos vamos poniendo viejos, mejor que aspirar a ser subjetivos, a enfriar nuestro corazón o a alejar nuestras producciones de nosotros mismos, cuando escribimos, pero también cuando componemos, ponemos ladrillos, cultivamos la tierra, manejamos información, accedemos a ella... sería volver un poquito la vista atrás mientras damos un nuevo paso adelante, imaginar lo posible recordando lo imposible. Porque mientras hacemos cosas&lt;br /&gt;no dejamos de ser personas,&lt;br /&gt;porque mientras creamos&lt;br /&gt;no dejamos de vivir,&lt;br /&gt;no dejamos de respirar.&lt;br /&gt;Porque somos eso: aspiración e inspiración.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-5549912803736169237?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/03/aspiracin-e-inspiracin.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1902687742176313200</guid><pubDate>Wed, 05 Mar 2008 11:02:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-10T08:02:09.504-02:00</atom:updated><title>Voces del pasado</title><description>&lt;a href="http://www.authenticmaya.com/images/k%20j%20STELA.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.authenticmaya.com/images/k%20j%20STELA.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los libros que conservamos en nuestras bibliotecas son, en muchos casos, voces del pasado que buscaron el refugio de la letra escrita para seguir gritando sus mensajes a través de los siglos y por los siglos... Esas voces que intentaron preservarse, perpetuarse y reproducirse, intuyeron -en su momento- que lo que contaban era valioso, y que podía servir a generaciones vendieras. Porque el mundo es una rueda que gira, y si bien la historia no se repite -o, al menos, eso dicen los historiadores modernos- el ser humano suele tener la rara virtud de tropezar dos veces en la misma piedra.&lt;br /&gt;Preparando un texto sobre la civilización maya del periodo post-clásico -es decir, del momento en el que la llama de esa magnífica cultura comenzaba a apagarse lentamente- me encuentro con una historia que vale la pena recordar. La hallé en las páginas de uno de los libros del Chilam Balam. Estos textos merecen, por sí solos, un comentario aparte.&lt;br /&gt;Tras la conquista española del territorio maya (situado en México y parte de Guatemala), los sacerdotes católicos enseñaron a los mayas las destrezas de la lecto-escritura, con el único objetivo de facilitar su conversión a la religión cristiana. Sin embargo, los “alumnos” utilizaron tal poder para recoger su saber antiguo -que, conservado en códices, había desaparecido gracias al memoricidio perpetrado por los conquistadores y los propios sacerdotes- y los sucesos que vivían en aquel momento (siglo XVI). Salvaron así del olvido su memoria, condenada de antemano a desaparecer bajo el peso de la historia oficial.&lt;br /&gt;Se escribieron varios libros en numerosas regiones del antiguo territorio maya, en lengua nativa pero sobre papel español y usando el alfabeto latino. Aquellos manuscritos escritos en el norte del Yucatán (probablemente por los grupos étnicos mayas Itzá y Yucateco) son llamados, genéricamente “Libros de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Chilam_Balam"&gt;Chilam Balam&lt;/a&gt;”. En la actualidad se conservan fragmentos importantes de diez o doce de ellos, identificados por el nombre del pueblo en el que se redactaron. Lo que voy a narrarles lo encontré en el libro de Chilam Balam de Chumayel, uno de los más completos.&lt;br /&gt;Este libro cuenta un acontecimiento sucedido en Chichén Itzá muchos años antes de la llegada de los hispanos, un suceso que, por su importancia, se transmitió oralmente, de boca en boca, salvándose del olvido gracias a que los escritores lo recordaron y anotaron. Chichén Itzá era una de las ciudades-estados más poderosas del post-clásico maya. Ubicada en la península del Yucatán, en el antiguo territorio de los Itzá (y actual territorio mexicano), era -y es- famosa por su bellísima arquitectura, y, en especial, por el llamado “pozo de los sacrificios”.&lt;br /&gt;Este pozo era una abertura natural, de las tantas que abundan en la península yucateca, donde la roca caliza es horadada fácilmente por las lluvias y genera hundimientos, cavernas, grutas subterráneas y enormes bocas que se abren en la superficie, colmadas de agua. Llamados “&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cenote"&gt;cenotes&lt;/a&gt;” por los arqueólogos modernos (del maya “tsonoot”), los pozos eran usados, a veces, como lugar de sacrificios al dios de las lluvias, &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Chaac"&gt;Chaac&lt;/a&gt;, que para un pueblo dependiente de la agricultura, era uno de los principales del panteón. Tal era la función del de Chichén Itzá. Tan importante era ese cenote, que originó el nombre de la ciudad: Chi Cheen Itzá, “el brocal de los Itzá”.&lt;br /&gt;A las aguas verdosas de aquel pozo se arrojaban adornos propiciatorios -resina de copal, objetos de oro, plumas, orejeras de jade- y víctimas humanas escogidas. Se suponía que el pozo conducía directamente a los dominios de Chaac: allí, el dios recibiría a los sacrificados y, si tenía algo que comunicar a los vivos -que esperaban atentamente en la superficie- dejaría volver a alguno de los inmolados con su mensaje.&lt;br /&gt;Lamentablemente, y como es de suponer, nadie, nunca, regresó como mensajero divino. Drogados antes de ser sacrificados, atenazados por el pánico de la muerte inminente, las víctimas eran tragadas por las aguas cenagosas del cenote antes de que pudieran pensar en intentar salir a flote.&lt;br /&gt;Sin embargo, cuenta el “Libro de Chilam Balam” que un joven noble -de nombre &lt;a href="http://www.selecciones.com/acercade/art.php?id=79"&gt;Hunac Ceel&lt;/a&gt;-, tras presenciar unos sacrificios en el cenote, tuvo una idea reveladora. Cansado de los eventos que conmocionaban la vida política de la región en aquel momento, se dirigió a la plataforma desde la cual se lanzaban las ofrendas -votivas y humanas- y, ante la mirada atónita de la población asistente y de los sacerdotes, se lanzó de cabeza al agua. Pasaron algunos minutos sin que la superficie verdosa se moviera siquiera, y luego, entre burbujas y espuma, aquel hombre salió a la superficie, respirando ávidamente. Ante el asombro de todos y la incredulidad de algunos, gritó que el dios Chaac le había hablado, y le había dicho que, desde aquel momento, él, Hunac Ceel, de la casa de los Cocom, sería el regente de aquella ciudad-estado.&lt;br /&gt;Inmediatamente, el pueblo lo aclamó. Atados de manos por sus propias costumbres y tradiciones, y aún a sabiendas de la ágil y astuta jugada de aquel advenedizo, los nobles y los sacerdotes -sin poder contradecir su religión- debieron aceptar, tragándose la ira a duras penas, aquella decisión “divina”.&lt;br /&gt;Lo que siguió fue una de las dictaduras más implacables que hayan soportado los mayas de aquella época. Hucan Ceel y los de su casa manejaron los hilos de la intriga política y de las guerras a sus adversarios. Con su corte instalada en la ciudad de Mayapán, dirigió sus fuerzas hacia Chichén Itzá, y, según suponen algunos historiadores, fue él el que la arrasó, convirtiéndola en el conjunto de ruinas -magníficas, pero ruinas al fin- que son hoy.&lt;br /&gt;La historia, por sí sola, amerita escribir una novela. Si bien el “Libro de Chilam Balam” agrega muchos acontecimientos legendarios en este relato, el análisis de los investigadores actuales rescata los hechos históricos. La historia fue verdadera, así como las consecuencias de aquel acto, que, si bien rozó la locura, sirvió a su principal protagonista para alzarse con un poder que no le correspondía.&lt;br /&gt;Este tipo de relatos deberían hacernos reflexionar sobre nuestro presente. Pues Hunac Ceel no sería el primer “gobernante” que pasase por encima de todo su pueblo amparado en las costumbres de su sociedad. Amparados en ellas son muchos los que rigen la vida de sus naciones en forma abusiva. Usando en su beneficio los códigos civiles y legislativos, las leyes electorales, las costumbres, los hábitos, son muchísimos los que abusan de nosotros, los que se olvidan de nuestros derechos y necesidades, los que nos explotan y utilizan...&lt;br /&gt;El recordatorio de todo eso, de todo lo que pasó y sigue pasando, está en nuestras bibliotecas. Para algo fueron escritos tantos libros. Y debería estar también entre nuestros recuerdos. Porque sólo conociendo el pasado se entiende el presente y se planea el futuro.&lt;br /&gt;Pero parece ser que el hombre tiene una memoria muy frágil. Y que no consulta los libros adecuados en los estantes de su biblioteca más cercana.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1902687742176313200?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/03/voces-del-pasado.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-8349628627014713691</guid><pubDate>Sat, 01 Mar 2008 11:42:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-01T09:45:52.870-02:00</atom:updated><title>¿Tener o no tener prejuicios? ¿Es ésa la cuestión?</title><description>&lt;a href="http://www.csusm.edu/cwis/newsmedia/releases/03-04/Foto%20Marco%20Polo%20copy.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.csusm.edu/cwis/newsmedia/releases/03-04/Foto%20Marco%20Polo%20copy.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace un par de semanas estaba leyendo una edición viejita en inglés de “Los viajes de Marco Polo” y en el capítulo XLI del primer libro, “Sobre la provincia de Khamil”, me encontré con una historia que me hizo recordar aquella otra de “Cien años de soledad”, donde si bien no se hablaba de la fertilidad de la tierra, sí se hacía referencia a la de los animales... Siete siglos y un buen puñado de accidentes geográficos separan una de otra, pero las dos nos hablan de los dones que otorga una naturaleza complacida con las infidelidades de los seres humanos, que yo me pregunto si en el devenir de la historia no nos habrán mantenido fieles a nosotros mismos. Pero aunque sí quiero compartirles ese capítulo sobre Khamil, el propósito que me lleva a hacerlo no es el engaño sino los prejuicios...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La provincia de Khamil fue un reino en tiempos pasados y tiene numerosas ciudades y pueblos. La principal de sus ciudades lleva el nombre de Khamil. Esta región está situada entre dos desiertos, a un lado el gran desierto de Lop y hacia el otro uno mucho más pequeño que puede ser atravesado al cabo de tres días de viaje. Sus habitantes son idólatras y tienen una lengua muy particular. Viven de los frutos de la tierra, los cuales obtienen en gran cantidad y ofrecen además a los viajeros. Son gente que se toma las cosas con tranquilidad, pues sólo les importa tocar, cantar, bailar y divertirse.&lt;br /&gt;Es completamente cierto que cuando un extranjero llega a la casa de alguno de ellos en busca de alojamiento, el anfitrión está encantado y deseoso de que su esposa quede a disposición del inquilino. Él, mientras, les deja el camino libre y sólo regresará una vez que el extraño se haya ido. El invitado puede quedarse y disfrutar de la compañía de la esposa tanto tiempo como desee, pues el esposo no se avergüenza en absoluto por ello, sino que lo considera un honor. Y así, todos los hombres de esta provincia saben que sus mujeres les son infieles pero no les importa. Las propias mujeres no tienen prejuicios y son disolutas.&lt;br /&gt;Sin embargo, durante el reinado de Mangu Khan sucedió que, como su señor que era, vino a enterarse de esta costumbre y envió a decirles que les ordenaba abandonarla y limitarse sólo a ofrecer alojamiento a los viajeros, si no querían sufrir un doloroso castigo. Cuando la gente del lugar tuvo noticia de esta orden se preocuparon muchísimo y durante casi tres años la cumplieron. Pero se dieron cuenta de que sus tierras ya no eran productivas y que habían tenido muchos contratiempos desde entonces. De modo que se reunieron y decidieron preparar un gran regalo, el cual enviaron a su señor rogándole gentilmente que les permitiese mantener su vieja costumbre, tal y como la habían heredado de sus ancestros; ya que mientras así lo hicieron los dioses les habían proporcionado todo lo bueno que poseían, y sin ella no sabían cómo iban a poder sobrevivir. Cuando el príncipe escuchó su petición la respuesta que les dio fue “Si necesitáis mantener vuestra vergüenza, hacedlo”, y les dio libertad para continuar con su mala costumbre. Y siempre la han conservado, y lo hacen todavía.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Parece ser que la mencionada costumbre no era del agrado de Marco Polo, pero desconocemos si el conocimiento que de ella tuvo fue por boca de otros o por experiencia propia, cuando realizaba alguno de sus maravillosos viajes a lo largo y ancho de Persia, allá por el siglo XIII. El libro en el que se relatan está lleno de anécdotas similares, unas le sobrecogen y otras le estremecen, le parecen loables algunas y detestables otras, encuentra muchas dignas de mención y se excusa por no relatar las que considera poco interesantes. Eso sí, siempre opina sobre ellas, siempre las juzga, siempre cuestiona su moralidad o inmoralidad. Las religiones están muy presentes y, mientras alaba la que él mismo profesa, se muestra poco condescendiente con el resto. Ni que decir tiene que quienes siguen una y otras reciben el mismo tratamiento. No intentaba ser objetivo nuestro viajero ni parece haber estado entre sus preocupaciones la neutralidad.&lt;br /&gt;Conceptos ambos que sí tienen muy preocupados a algunos profesionales de la educación y la bibliotecología, que pretenden educar e informar de manera aséptica, como si tal cosa fuese posible. Como si estuviese en sus manos desprejuiciarse junto a los estantes o las pizarras. Prejuicios los tenemos todos, y estaría bien que nos preguntásemos por los nuestros e intentásemos averiguarlos. En primer lugar para ser conscientes de ellos. En segundo para evitar los actos de discriminación a los que pueden inducirnos. Y en tercer lugar para darnos la oportunidad de superar unos cuantos: impidiendo que nos entorpezcan el paso y no permitiendo que se lo cierren a los demás. No tenemos que estar todos de acuerdo, pero para darnos cuenta de que pensamos distinto no nos queda más remedio que saber qué pensamos nosotros y qué es lo que piensa el otro, y por tanto intentar conocernos... Marco Polo observa y cuenta. Cuenta lo que ve y lo que piensa sobre ello, y no me parece mal. No me parece mal porque a sus lectores siempre nos quedará la asignatura pendiente de contrastar sus líneas con las de otros autores para forjarnos una opinión propia. Y eso es fantástico. Les aseguro que ponerse a investigar y aprender a ser críticos es una aventura apasionante.&lt;br /&gt;En particular, si deciden agarrar unos cuantos mapas antiguos y dibujar sobre ellos los caminos que siguió el veneciano, creo que no van a arrepentirse. Y si escogen otro autor, otro tiempo y otro horizonte imagino que tampoco. Los libros de viajes son una delicia. Uno no puede por menos que reírse a veces y sonrojarse otras. En ocasiones se sienten ganas de correr tras los pasos de sus protagonistas y en momentos de hacerlo en la dirección opuesta. Resulta asombroso de lo que esos personajes fueron capaces, y verdaderamente increíble lo que acontecía a los habitantes de aquellos remotos rincones. Los autores de las guías de viaje “The Lonely Planet” o “El trotamundos” tienen poco que envidiar al hijo de Nicolás Polo, que ya por entonces estimaba el tiempo de viaje, el coste y señalaba los puntos de interés comercial tal y como ahora se indican los de interés turístico.&lt;br /&gt;En definitiva, después de leer sobre viajes no es difícil darse cuenta de que se ha leído sobre mucho más que los trayectos de ida y vuelta, pues están todas las sendas y todos los atajos intermedios que tomaron sus autores, y suelen estar llenos de sorpresas. Al terminar dan ganas de preparar la mochila y salir a recorrer, sin olvidarse de llevar lápiz y papel y estar dispuestos a verlo y escucharlo todo. No me atrevo a animarles a probarlo ni a tocarlo todo, porque corren tiempos difíciles y les van a hacer pagar la factura con recargos. Pero sí les sugiero que viajen y lean con sus prejuicios a un lado, que no es lo mismo que desprejuiciadamente, y les brinden la posibilidad de perderse por el camino a aquellos que les pesen demasiado. Mi experiencia es que se lee y se viaja mejor cuando se va ligero de equipaje. Además, de esa manera, siempre nos quedará sitio para traernos todo lo que hemos aprendido. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-8349628627014713691?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/03/tener-o-no-tener-prejuicios-es-sa-la.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-3657006008153146017</guid><pubDate>Sat, 23 Feb 2008 11:13:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-23T09:17:53.334-02:00</atom:updated><title>Un populu diventa poviru e servu quannu ci arrubannu a lingua</title><description>&lt;a href="http://flan.csusb.edu/images/hands_world_sm.gif"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://flan.csusb.edu/images/hands_world_sm.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Castigo de Dios. Eso fue.&lt;br /&gt;Parece ser que, en el principio, todos los hombres hablaban un mismo idioma. Hasta que se les ocurrió construir una ciudad y edificar en ella una torre tan alta que alcanzase los cielos. En castigo de tamaña presunción, Dios confundió todas sus lenguas, de forma que no pudieran entenderse entre ellos y les fuera imposible continuar la edificación de esa construcción: la famosa torre de Babel.&lt;br /&gt;Así lo cuenta el Génesis (xi, 9), la colección de antiguas tradiciones orales semíticas más leída de todos los tiempos. Miles de lenguas y de hablantes, todas distintas, todas incomprensibles para los demás. Castigo de Dios.&lt;br /&gt;Esta impresionante variedad de hablas, palabras, gramáticas y sonidos, conforman una parte importante de nuestra diversidad cultural, la cual, de acuerdo a la Declaración Universal sobre Diversidad Cultural de la UNESCO de 2002 (&lt;a href="http://unesdoc.unesco.org/images/0012/001271/127160m.pdf"&gt;link&lt;/a&gt;), es uno de nuestros mayores tesoros como especie. Sin embargo, y para no perder la costumbre, el ser humano está ocupándose de destrozar ese milagro con sus propias manos a cada paso que da. Basta examinar algunos datos provistos por la propia UNESCO en 2005:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Sólo el 4 % de los idiomas son usados por el 96 % de la población mundial; el 50 % de las lenguas del mundo se encuentran en peligro de extinción; el 90 % de ellas no están representadas en la Internet; cinco países monopolizan el negocio de la industria cultural mundial”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;(Tomado de Knowledge versus information societies: UNESCO report takes stock of the difference, &lt;/em&gt;&lt;a href="http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001418/141843e.pdf"&gt;&lt;em&gt;link&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;).&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ciertamente, el uso de algunos idiomas como vehículos de intercambio (inglés, francés, español, árabe, chino) para superar las barreras lingüísticas y facilitar la comunicación es algo bastante útil. Sin embargo, estos idiomas han dejado de ser sólo un “vehículo” y se han transformado en “lenguas dominantes”, presionando a las demás y logrando eliminar muchas de ellas de la faz de la memoria humana.&lt;br /&gt;¿Qué ocurre cuando se pierde la lengua? Comparto con ustedes un poema, “Lingua e dialettu”, escrito por Ignazio Buttitta en su lengua/dialecto natal: el siciliano.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;Un populu&lt;br /&gt;mittitulu a catina,&lt;br /&gt;spuggghiatulu,&lt;br /&gt;attuppatici a vucca:&lt;br /&gt;é ancora libiru.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Livatici u travaggghiu,&lt;br /&gt;u passaportu,&lt;br /&gt;a tavula unni mancia,&lt;br /&gt;u lettu unni dormi:&lt;br /&gt;é ancora riccu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un populu&lt;br /&gt;diventa poviru e servu&lt;br /&gt;quannu ci arrubanu a lingua&lt;br /&gt;addutata di patri:&lt;br /&gt;é persu pi sempri.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Encadenad un pueblo,&lt;br /&gt;despojadlo,&lt;br /&gt;tapadle la boca:&lt;br /&gt;todavía es libre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quitadle el trabajo,&lt;br /&gt;el pasaporte,&lt;br /&gt;la mesa donde come,&lt;br /&gt;el lecho donde duerme:&lt;br /&gt;todavía es rico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un pueblo&lt;br /&gt;se vuelve pobre y esclavo&lt;br /&gt;cuando le roban la lengua&lt;br /&gt;heredada de sus padres:&lt;br /&gt;está perdido para siempre.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sin las palabras que decimos, que usamos a diario, nuestra vida no tiene ningún sentido. Desaparecían muchos conceptos que son únicos a nuestras culturas, muchas ideas que nacieron entre nuestras manos y que luego fueron adoptadas por otros (usando incluso nuestra propia lengua). Muerta la palabra, murió también la idea, por más que otras lenguas intenten describirla igual de bien. ¿Qué sería la música latinoamericana sin palabras locales como joropo, huapango, cueca o huayno? ¿Cómo nombrar animales y plantas si nos quitan términos como ñandú, vicuña, quirquincho o colibrí? ¿Cómo harán los Inuit para nombrar su entorno si les reemplazan todos sus términos para referirse a la nieve por el genérico snow inglés?&lt;br /&gt;Nuestra lengua es el vehículo de expresión de nuestra cultura, un vehículo hecho a la medida. Sin ella, no seríamos nada; o quizás sí, seríamos un pueblo que habría perdido el norte.&lt;br /&gt;Y ya son muchos los pueblos que lo han perdido, que han debido adoptar lenguas extranjeras y que han olvidado los sonidos que sus padres y abuelos utilizaban. América Latina es un gran continente lleno de memorias rotas y voces apagadas. Nosotros deberíamos saber, mejor que nadie, cómo se siente perder el idioma propio, y cuáles son las consecuencias de tamaña pérdida. Algo que también ocurre en África, en Asia, o con las minorías europeas.&lt;br /&gt;Como bibliotecarios, como agentes de información y promotores de cultura, ¿qué hacemos al respecto? Nuestras colecciones ¿albergan todas las lenguas habladas en nuestra comunidad, en nuestro país, entre nuestros usuarios? Permítanme dudarlo. La economía de recursos y espacios hace que se apueste siempre por lo “dominante”. Lo “pequeño” -por valioso que sea- no importa. Eso ocurre también entre los medios de comunicación, las empresas editoriales y tantos otros canales culturales e informativos. El mundo ha sido organizado -en todos los sentidos- para respetar una ley “evolutiva”: la supervivencia del más fuerte. Lo “minoritario”, lo “débil”, lo “mínimo”, debe desaparecer.&lt;br /&gt;Y lo hace. Vaya si lo hace.&lt;br /&gt;La buena noticia es que existen muchos que no se resignan a callar, y otros que, en forma independiente y arriesgando mucho, se dedican a estudiar, recuperar, publicar y difundir sus lenguas y tradiciones literarias. Y somos muchos, también, los que empezamos a enamorarnos de su trabajo y de los sonidos de otras palabras.&lt;br /&gt;Para aquellos interesados en conocer un poco más sobre los problemas y las características de la diversidad lingüística de nuestro planeta, les recomiendo la lectura del artículo “Lenguas en peligro” (&lt;a href="http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001471/147185s.pdf"&gt;link&lt;/a&gt;) publicado en septiembre del 2006 en “El mensajero del patrimonio inmaterial” de la UNESCO; el artículo de Luisa Maffi “Lenguas amenazadas, saber amenazado” (&lt;a href="http://unesdoc.unesco.org/images/0012/001284/128436s.pdf#128432"&gt;link&lt;/a&gt;), publicado en 2003 en la “Revista internacional de ciencias sociales”; la “Recomendación sobre la promoción y el uso del plurilingüismo y el acceso universal al ciberespacio” (&lt;a href="http://portal.unesco.org/ci/en/ev.php-URL_ID=13475&amp;amp;URL_DO_TOPIC&amp;amp;URL_SECTION=201.html"&gt;link&lt;/a&gt;) de la UNESCO (2003); el atlas de lenguas en peligro elaborado por el Sector de Cultura de la UNESCO (&lt;a href="http://portal.unesco.org/culture/es/ev.php-URL_ID=8270&amp;amp;URL_DOTOPIC&amp;amp;URL_SECTION=201.html"&gt;link&lt;/a&gt;); y, para aquello que manejen inglés y francés, el sitio Omniglot (&lt;a href="http://www.omniglot.com/"&gt;link&lt;/a&gt;), el Languages homepage de la BBC (&lt;a href="http://www.bbc.co.uk/languages"&gt;link&lt;/a&gt;), el sitio Euromosaic de la Comisión Europea (&lt;a href="http://www.uoc.edu/euromosaic"&gt;link&lt;/a&gt;), el sitio cuatrilingüe Linguapax (&lt;a href="http://www.linguapax.org/"&gt;link&lt;/a&gt;), el proyecto Terralingua (&lt;a href="http://www.terralingua.org/"&gt;link&lt;/a&gt;), la iniciativa francesa Babel (&lt;a href="http://www.unesco.org/webworld/babel"&gt;link&lt;/a&gt;) y el MSST Clearing House Linguistic Rights de la UNESCO (&lt;a href="http://www.unesco.org/most/ln1.htm"&gt;link&lt;/a&gt;).&lt;br /&gt;Para aquellos que quieran aprender una lengua extranjera, la Internet puede ser (o no) un entorno privilegiado. Me gustaría recomendarles, para los que tienen gustos “exóticos”, los Manuales del Cuerpo de Paz de la ONU, para aprender en forma veloz lenguas como el rumano, el guaraní, el estonio, el filipino, el wolof, el uzbeko, el azerí, el ucraniano, el árabe, el swahili, el kazajo, el búlgaro, el ruso o el armenio. Están en inglés (pequeño problema) y pueden ser descargados libremente desde ERIC. Abundan además las páginas de recursos lingüísticos, y este aviso va dirigido para aquellas bibliotecas especializadas en lenguas, que suelen depender de los libros que tienen y de los recursos “dominantes”, sin darse cuenta que, bajo acceso abierto, cuentan con miles de sitios que pueden ser de utilidad para sus usuarios.&lt;br /&gt;Ustedes pensarán que el mío es un discurso utópico, y que dominando la lengua propia y una general (o séase, el inglés) podemos movernos por el mundo sin problemas. Quizás tengan razón. Pero he viajado mucho, y, si bien hablo inglés fluidamente y me defiendo muy bien en otro conjunto de lenguas “conocidas”, siempre he tenido la precaución de aprender la mayor cantidad posible de frases, expresiones y palabras en esos idiomas que nadie aprendería porque son “minoritarios”. Y siempre me han servido. En Corea, en Malasia, en Suecia, en Noruega, en Ecuador... Porque resultó que no todos hablaban inglés, o español, o francés. Y porque, aunque pensemos que algunas lenguas son “minoritarias”, sus hablantes no opinan lo mismo. Y si bien podemos usar alguna lengua “dominante” como puente, sólo será eso: un puente. Comprender al otro, acercarse a él y a su cultura, implicará aprender su idioma. Y viceversa.&lt;br /&gt;Un mundo donde suenen muchas voces distintas no tiene porqué ser un mundo anárquico e incomunicado. Pensar lo contrario sería apoyar discursos homogeneizadores y totalitarios, que tantas desgracias han traído a la humanidad a lo largo de la historia. Conservemos la pluralidad, conservemos nuestra identidad, y acerquémonos a las de otros. Será la única manera de establecer lazos más humanos, basados en la comprensión real, y de empezar a eliminar barreras que sólo llevan a separarnos cada día más.&lt;br /&gt;Y si, al fin y al cabo, se trató de un castigo divino, demostremos que no fue así, y que quizás la antigua historia está mal contada. O que el autor del castigo no logró su cometido.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-3657006008153146017?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/02/un-populu-diventa-poviru-e-servu-quannu.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-3802049895324901775</guid><pubDate>Sat, 16 Feb 2008 11:21:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-16T09:29:14.908-02:00</atom:updated><title>¿De manera que la tolerancia no era tan buena?</title><description>&lt;a href="http://centros4.pntic.mec.es/cp.santiago.ramon.y.cajal4/integracion.JPG"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://centros4.pntic.mec.es/cp.santiago.ramon.y.cajal4/integracion.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No lo era y no lo es. Digamos que no del todo, que no tanto, que quiso pero no pudo, que lo intentó pero no le salió bien. Y en esas estamos, hablando de aceptación del otro, de reconocer la diferencia, de valorarla incluso. Pero de ahí no pasamos. Una nota folklórica en nuestros sistemas homogéneos, globales e insípidos. Un punto de color en la gris estandarización de nuestras maneras y usos, de nuestras costumbres. Un leve matiz que aclare u oscurezca ese tono pastel sin estridencias en el que estamos inmersos. Que parezca que todo está bien. No importa si en realidad está todo mal. Da lo mismo si tenemos intención de mejorarlo siquiera.&lt;br /&gt;Hace unas semanas, leía en el diario unas líneas del escritor peruano Iván Thays en las que aconsejaba:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Desterremos la palabra “tolerancia”, muy del agrado de estos escritores dispuestos a tolerar con buen humor a los que consideran minorías hegemónicas o excluidas, y propongamos a cambio “pluralidad”. Y en vez de pelearnos por estar falsamente unidos en torno a una obligación, hagámoslo por defender la diferencia de los demás.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus reflexiones tenían que ver con la tremenda bronca que se había organizado meses atrás entre escritores peruanos “hegemónicos” y “excluidos”, o “criollos” y “andinos”, para ver quiénes de ellos, representaban más y mejor a la literatura de su país. Pero me parecen igualmente atinadas para referirse a otros campos, no sólo al literario. Precisamente, porque como también indicaba en ese mismo medio el autor limeño:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Basta leer cualquier biografía de escritores, cualquier historia de una época, para enterarse de peleas y más peleas. Cambian los actores, cambian los argumentos, cambia todo y lo que sea, cambia la calidad literaria y la calidad humana, pero no cambia el instinto de enfrentamiento y la necesitad de derrotar (con argumentos o sin ellos) al otro.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Acaso será necesario tolerar primero para derrotar después? ¿Será la tolerancia el primer paso hacia la victoria? Digamos, me acerco, tomo confianza, y ¡zas! lo hago añicos después. Pero, eso sí, con una sonrisa.&lt;br /&gt;En esas estaba, analizando con humor todas y cada una de las acepciones que mi diccionario propone de la palabra “tolerancia”, y decidiendo si me parecía peor “la diferencia que se consiente” o la “disposición a admitir en los demás una manera de ser, de obrar o de pensar distinta a la propia, especialmente en cuestiones y prácticas religiosas” -deseché la de “capacidad del organismo para soportar dosis cada vez más elevadas de una droga”-, cuando retrocediendo unas páginas me encontré con las poco esclarecedoras explicaciones sobre “pluralidad”. Y me quedé pensando si la “calidad de ser más de uno” era mejor que “la acción de tolerar”, para lo cual tuve que buscar “tolerar”: soportar con indulgencia en los demás [una cosa que desaprobamos]. Francamente, en caso duda los diccionarios aclaran tan poco como los curas. Y si no pregúntenselo a Ramón, uno de los personajes de la novela de Mario Benedetti, “Gracias por el fuego”:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No tengo ningún pecado, dije en el confesionario. Hijo, no hay que ser tan soberbio, ¿acaso no tienes alguna mirada pecaminosa para las niñas de tu colegio? A partir de ese momento me propuse perder mi soberbia. No me había fijado en las chiquilinas. Pero al día siguiente hice todo lo posible por mirarlas pecaminosamente. Hoy sí tengo un pecado, dije el domingo en el confesionario. Este cura era más viejo y me miró desconfiado. ¿Cuál? Miré pecaminosamente a las chiquilinas de mi colegio. Yo rebosaba satisfacción porque había vencido mi soberbia. No hay que ser soberbio, dijo entonces el cura más viejo, nunca te enorgullezcas de ser pecaminoso. Recé de apuro los treinta padrenuestros y me fui corriendo. Abrí el diccionario en la palabra pecaminoso: perteneciente o relativo al pecado o al pecador. Un poco más arriba estaba la palabra pecado: hecho, dicho, deseo, pensamiento u omisión contra la ley de Dios y sus preceptos. Sí, claro, yo había mirado a las chiquilinas con omisión.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía sonriendo, compartí mis hallazgos con Edgardo (lo de la lectura silenciosa nunca me gustó y suelo comentar cada línea con quienes me rodean, mostrando muy poco respeto, debo confesarlo, hacia su propia concentración en otros menesteres), y me senté después a hacerles partícipes de ellos también a ustedes. Hasta ahora yo había escuchado eso de “la caridad mal entendida”, y Edgardo y yo hemos alargado muchas sobremesas discutiendo sobre la pluralidad cultural, la multiculturalidad, la transculturalidad pero nunca me había puesto a pensar en otro montón de términos -y las acciones, habilidades, capacidades, etc. asociadas a ellos- tan poco acertados para hablar de cómo deberían ser las cosas, y que, sin embargo, definen maravillosamente el enorme listado de las que están como están y no son como deberían.&lt;br /&gt;El poder de nombrar es extraordinario, pero no estoy tratando de sugerir que haya que poner más cuidado en el decir que en el hacer, tal vez el mismo. Tenemos que estar atentos a la intencionalidad de nuestras palabras. Importa mucho, muchísimo. Y ser conscientes de su fuerza quizás nos ayude a emplearlas mejor a saber qué estamos diciendo y por qué lo estamos diciendo. No obstante, hay mucho más en las palabras que su intencionalidad pues encierran nuestros pensamientos, por más que no los sintamos prisioneros.&lt;br /&gt;Permítanme terminar con algunas más de Ramón, en el ya citado libro de Benedetti:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ya no llueve más. Pero no refrescó. A Gustavo el Viejo lo arrincona todas las veces que quiere. Para eso usa y abusa de su elegante prepotencia. Anoche quiso obligarlo a que fundamentara su actitud política. Luego, de a poco, con sonrisas, con ironías, con chistes, con retruécanos, incluso con algunos argumentos, lo fue desanimando hasta dejarlo mudo y resentido. Sentí de pronto un gran cariño por Gustavo, no el de siempre, no el manso afecto de saberlo mi hijo, sino uno activo, renovado, militante. El Viejo está inseguro, pero despliega una gran seguridad. Gustavo está seguro, pero no sabe explicar su propia seguridad. El Viejo es un veterano, un campeón de la polémica, un experto en sus tretas. En ese sentido, el pobre Gustavo es un lactante. Sin embargo, como quisiera apostar por él. En el núcleo de su inexperiencia hay una convicción.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-3802049895324901775?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/02/de-manera-que-la-tolerancia-no-era-tan.html</link><author>noreply@blogger.com (Edgardo Civallero)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item></channel></rss>
