A propósito de la tecnologia educativa

DE AYER A HOY. Nuestra sociedad, entrenada a lo largo de los últimos siglos de Revolución Industrial (XVI-XX) para la producción de objetos de todo tipo en forma progresivamente estandarizada, ha logrado alcanzar grados de bienestar material no conocidos anteriormente.

La base fundamental de estos avances ha sido la aplicación de la ciencia en su vertiente tecnológica. En la cadena de valor, la contribución del factor humano se ha ido sustituyendo por la tecnología. De hecho, el factor humano tan sólo se ha seguido preservando en aquellas funciones y/o tareas que están estrechamente relacionadas con el talento, el nuevo conocimiento y la capacidad competencial.

Las nuevas perspectivas de desarrollo científico y tecnológico que abre la ciencia computacional dan paso a una cuarta Revolución Industrial, Así, pues, nuestro patrón mental no concibe la construcción de lo nuevo si no está necesariamente ligado a la tecnología. Pero esto tan sólo es una verdad a medias. Aunque la tecnología sigue siendo un instrumento de primer orden sigue quedando subordinada a la decisión del experto, hoy llamado “profesional del conocimiento”.

 

LOS PROFESIONALES DEL CONOCIMIENTO. Esta clase de profesional busca, identifica y decide sobre problemas complejos que la dirección de las organizaciones, sea al nivel que sea, no conoce, pero necesita conocer. Esta relación exige complicidad y no sólo el ejercicio del mando y del poder.

Pero, a su vez, esta dinámica profesional requiere de comprensión por ambas partes. Ni una parte puede exigir que se aporte talento por simple imposición ni es esperable que la otra parte quiera aportarlo si no se dan las condiciones adecuadas, es decir que exista un ecosistema apropiado.

Que la semilla pueda desarrollarse en su máximo esplendor no es tan sólo una cuestión genética, depende en gran parte del ecosistema en el que se encuentre.
Los humanos también podemos y debemos encontrar aquel ecosistema que más se ajuste a nuestras condiciones. Por todo ello decimos que no basta con la tecnología, no podemos prescindir del factor humano predispuesto y preparado.

 

ORGANIZARSE. Es preciso repensar la forma de organizarse. Para empezar, necesitamos organizar los datos para obtener información. Una vez la comprendemos, nos comunicamos y así compartimos nuestro conocimiento.
No debemos olvidar que la comunicación humana se enriquece a partir de lo que se siente. Los componentes emocionales se convierten en un filtro que facilita o bloquea el pensamiento, limitando de este modo la capacidad de la mente para discernir sobre el todo y no quedarse sólo con una parte. La robótica aspira a crear los transhumanos, seres que pueden resultar complementarios de la especie humana durante mucho tiempo, aunque no sustitutorios. Vayamos siguiendo las epopeyas de este proceso, sabiendo cada uno donde se sitúa. Más que nunca, toca recordar al gran matemático Pascal al decir “que el corazón tiene razones que la razón no puede entender”.

 

LA CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL. En un reciente artículo de opinión publicado en el diario ARA (edición del 8 de febrero de 2016) el catedrático de la Universidad de Princeton, Carles Boix, hace una reflexión a propósito del Forum de Davos sobre los efectos tecnológicos y laborales y no tanto por el crecimiento de la desigualdad en las últimas décadas, si no por el significado de la cuarta revolución industrial y la posibilidad de que la aplicación sistemática de la inteligencia artificial y la robótica permitan liquidar definitivamente el componente humano de la actividad productiva….Más adelante, afirma en este mismo artículo: ¿Quiere ello decir que nos acercamos a un mundo sin ocupación?…Es imposible de decir…En cambio, la aplicación de tecnologías informáticas en la educación a larga distancia, se ha saldado, de momento, en un gran fracaso.

 

¿METODOLOGÍAS Y/O TECNOLOGÍAS? No conviene separar ambas, puesto que se necesitan indefectiblemente. Pero este orden aparente queda a veces oculto. A menudo consideramos prioritaria la tecnología y le damos un valor superior a cualquier otro aspecto. A veces, el engaño está en pensar que la tecnología nos conducirá hacia el dinero, con lo cual, sin decirlo, orientamos nuestra acción al tener y no al ser.

Si aceptamos que la tecnología es un medio, convendremos que una de sus funciones es contribuir a enriquecer las metodologías (entendidas como la ordenación de nuestros comportamientos hacia la acción).

La opinión que nos aporta Carles Boix, valorada desde su prestigio, nos lleva a evidenciar que la reforma educativa, aún necesitando tecnología, precisa todavía más de metodologías para pensar el método educativo que precisa la sociedad de hoy.

En nuestra opinión deberíamos conceder mayor importancia a este reto. No se trata de disponer de tecnologías para hacer más fácil lo que ya tenemos, sino que estas tecnologías pueden garantizarnos la transformación de nuestro sistema educativo. Se trata de contribuir a desarrollar la simiente, de facilitar que los alumnos adquieran altas capacidades para articular (pensar) nuevos metamodelos que den respuesta a los complejos problemas que se presentan a la humanidad. De todos ellos, los más relevantes se concentran, precisamente, en nosotros mismos en particular y en la educación en general.

La reforma educativa y la experiencia de Finlandia

La prensa ha dado extensas explicaciones sobre la reforma educativa que se desplegará en Finlandia a partir del próximo año escolar 2016-17. Lo más impactante, a criterio nuestro, es la decisión de abandonar la enseñanza por disciplinas de conocimiento y substituirla por el aprendizaje colaborativo basado en proyectos a resolver a partir de la imbricación de diversas disciplinas.

Ya hace cierto tiempo que Sangakoo trabaja en la misma dirección y nos satisface enormemente que un Estado se decida a dar formalmente el paso, por otra parte osado, de implementarlo con todas sus consecuencias. Desde nuestra experiencia con Sangakoo.com hemos detectado varios elementos a tener cuenta que quizás no se ven en la intención pero sí en la ejecución de esta revolución educativa y que explicamos a continuación:

1. La reforma exige otra manera de abordar la educación, fruto de las condiciones y cambios de la sociedad así como de sus necesidades. Resulta obvio que la sociedad industrial de los últimos siglos ( y todavía ahora en muchos sectores), necesitaba universalizar lo que las élites ya hacían con los preceptores e institutrices de forma individual. Preparaban al sujeto en todos aquellos ámbitos de conocimiento necesarios para poder ejercer un papel en los procesos de trabajo, más allá de los sistemas de producción artesanal de los gremios. La estandarización, la mecanización progresiva, el trabajo en cadena (fragmentando las competencias y promoviendo el ejercicio de una imprescindible jerarquización) inician la era del asalariado. Esta relación, en sí misma, comportaba un vínculo entre capital y trabajo de naturaleza potencialmente alienante. Las tesis marxistas apuntaban, con acierto, al empobrecimiento individual ocasionado por no tener acceso a los medios de producción. Una situación creada por la apropiación por parte del capital de los excedentes,tanto en términos económicos como sociales, generados por la tarea del trabajador. Este tipo de relación crea las condiciones para que las partes se pongan de acuerdo en la manera de mitigar esta situación: la negociación colectiva.

Conclusión: una educación para hoy y para mañana debe ir más allá del foco del “trabajo” y debe orientarse hacia el foco de la “vida”.

 

2. Nace la escolarización progresivamente obligatoria. Y nace con la Ilustración, sin otra misión que la preparación, en todos los sentidos, de los niños para su incorporación al mundo del trabajo con una garantía acreditada de su especialización y competencia. Se crean las estructuras precisas (aulas) donde encajar a los alumnos. Un lugar en el que, primero un maestro y más adelante diversos profesores conocedores de una materia en particular, transmiten el conocimiento especializado. Lo más importante era saber la parte de un todo, sin necesidad de saber o entender el todo. Y se desarrollaron las especialidades en el ámbito del trabajo físico pero también, por contagio, en el ámbito de las profesiones. Así, por ejemplo, si se quiere hacer medicina es preciso elegir especialidad, si se quiere ejercer la abogacía o la ingeniería, también, etc…La división del trabajo, en cualquiera de sus formas, se hace imprescindible.

Conclusión: una educación efectiva debe superar el “especialismo” de saber algo y trabajar para que se adquiera la competencia de aportar excelencia a una parte, conociendo el todo al que sirve.

 

3. Esta visión especializada otorga, sin otra opción, una visión causalista de la realidad. Toda parte forma parte de un todo, pero el todo no es tu trabajo. El trabajo es secuencial, una cosa después de la otra. Además, la incorporación de una tecnología cada vez más potente permite sustituir de forma inteligente el factor humano por otra forma más efectiva, más previsible y más eficiente. Estamos hablando de la repetición ad-limitum de montones de objetos que han ido configurando la sociedad del bien-estar material.

Conclusión: una educación efectiva tiene que generar metamodelos preparados con una visión a la vez sistémica y holística.

4. En el siglo XIX ya no es sólo la tecnología, cada vez más potente, la que se incorpora a la cadena de valor sino que es la ciencia la que proporciona los principales elementos para avanzar en el progreso social. La ciencia introduce paulatinamente una manera de hacer propia. Una metodología (los paradigmas de Khun) para acercar el todo y la parte, la parte y el todo. Los dos se hacen indisolubles y tanto la comprensión de las necesidades como su resolución requiere que el conocimiento se enriquezca mediante la interacción de sistemas y subsistemas interrelacionados. Vuelve a aflorar una visión sistémica y holística que hace posible acercarse a la complejidad sin traicionarla con reduccionismos que la empequeñezcan. Sólo enfocándonos en el “para qué” y dejando de lado el “por qué” es posible abrir la mente y ver lo intangible, más allá de las limitaciones de la percepción sensorial directa.

Conclusión: Una educación efectiva tiene que superar el sistema cartesiano de ver la realidad.

 

5. Esta oleada científica invade la sociedad a todos los niveles y va creando elementos progresivos de conciencia, más allá de los mitos del poder establecido. La conciencia atrapa la ciencia y se abre al propio “ser” del sujeto, entendiendo, aplicándo el propio funcionamiento biológico de la especie a la computación. Las neurociencias y lo que de ellas se deriva dan un vuelco copernicano a la comprensión de nuestro yo y establecen fundamentos en diversas direcciones. Por una parte se potencia el antropocentrismo (todo gira a nuestro alrededor y nos convierte en soberanos de todo lo existente) pero a la vez también adquirimos la infinita conciencia biomimética de no ser más que partículas cósmicas interactuando. Estamos desbordados y separados. La complejidad y la diversidad están presentes de forma visible, afectando a la cotidianidad de nuestras vidas. Pero la masa social no llega a captar la magnitud de una transformación que ya no afecta sólo a los objetos sino que ejerce su acción transformadora sobre el sujeto. Emerge así con fuerza el pensamiento socrático clásico de la sabiduría  que impone como reto fundamental el “conócete a tí mismo”.

Conclusión: Una educación efectiva no se fundamenta en la prosperidad material, en el bien-estar, sino en el bien-ser. El gran pecado del sistema en su estadio actual se llama “desigualdad social”

 

6. Desde esta nueva perspectiva los vestidos del conocimiento se han vuelto pequeños, las costuras encorsetan al sujeto y las culturas sobre añadidas no dan respuesta a los anhelos del SER. Nuevas dimensiones pugnan por salir y expresarse, por volar más alto y ser más libres.  No se trata sólo tener los pies bien puestos en la tierra, sino de soñar futuros llenos de esperanza, algo imposible con las reglas conocidas. Cae la economía hegemónica y también la humillante política servil, las formas de convivencia ya no quedan justificadas por las condiciones de supervivencia que las hacían necesarias. Las relaciones se tecnifican, pierden su alma y no precisan de la imposición de los posthumanos bióticos, en tanto ya están presentes. Una nueva especie ya se formula por parte de las élites pensantes.

Conclusión: Una educación efectiva no se consigue conociendo lo que vendrá sino preparando y adquiriendo las más altas cotas de integración de nuestras funciones cerebrales para tener la capacidad de construir el futuro.

7. Prepararnos para lo que aún no sabemos puede resultar incomprensible para las mentes dirigistas que se rigen por objetivos lineales. Pero no hay ninguna duda que la capacidad de estar preparados ante las incertidumbres y las situaciones imprevisibles sólo puede realizarse con una sólida capacitación humanística, social y filosófica. No puede haber una buena práctica sin una teoría que la sustente y toda práctica, aunque no se conozca, obedece a una determinada teoría. Cambian las reglas de juego en las interacciones humanas. Lo local requiere la visión global y lo global debe tener el grado de especificidad adecuada a lo local. La persona preparada huye de la estandarización y al servir al sujeto, sirve a la singularidad.

Conclusión: una educación efectiva aprecia la diversidad, la correspondencia de niveles, la polaridad y el fluir como elementos esenciales para poder crear en cualquier situación.

 

Compendio de todo lo expuesto:

A. La reforma educativa no es tecnológica sino metodológica y se sustenta en la tecnología apropiada ya existente.
B. La reforma educativa es necesariamente (y en grado muy elevado), vivencial y experiencial.
C. La reforma educativa es colaborativa o no será. El individualismo exarcebado está en la génesis de los disparates en los que nos encontramos inmersos.
D. No hay ninguna duda que cambian los roles de los agentes educativos y especialmente la relación escuela-hogar. Los maestros son los grandes prescritores del cambio transformativo. Resulta prioritario prepararlos previamente.
E. El sensor de la bondad y buena evolución de la reforma educativa se encuentra en el restablecimiento de la confianza entre las partes del sistema.
F. El entrenamiento riguroso para deshacer convicciones ancladas en los patrones mentales ya obsoletos debe basarse en evidenciar, identificar y reconocer su grado de obsolescencia.
G. La integración social es clave, no un valor añadido, es un factor de alto impacto tanto a nivel económico como en términos del sentido de la especie humana.

La Salle Sant Celoni i Sangakoo a l’InfoK del Club Super3

El repte està llençat! Aprendre matemàtiques, creant els propis problemes, compartint-los amb els companys, i a més de forma més fàcil i divertida. Això és el que opinen l’Otger, l’Alba, el Pol o la Gisela, alumnes de la classe de 1r d’ESO de l’escola La Salle de Sant Celoni que ja estan utilitzant Sangakoo des de fa uns mesos.

No cal dir que ens sentim molt identificats amb les seves paraules i el que comporten. Seguirem treballant per estar a l’altura del seu repte. Aconseguir que l’aprenentatge sigui un camí que valgui la pena recòrrer. Per aprendre a aprendre.

Podeu veure el reportatge clicant aquí

tv3

¿Control externo o control interno?

El reto de garantizar una educación que fomente la responsabilidad individual y el respeto a los demás.

La idea de desarrollar este tema partió de una visita a una escuela que daba al alumnado una lista de 15 normas que establecían desde cómo vestirse, a cómo moverse por el centro, e inluso de qué manera y en qué tono debían dirigirse a los profesores.

La sacralización, en definitiva, de la norma como mejor medio de conseguir comportamientos adecuados. ¿Qué evidencias tenemos de que la ley, las normas, las obligaciones -todas ellas mecanismos de control externo- sean efectivas y fomenten la responsabilidad individual? ¿No será precisamente al revés? ¿Por qué no fomentar la responsabilidad y el respeto? Tal vez así logremos hacer propias las normas de convivencia que establezcamos.

Pero no podemos hablar de ello pensando sólo en la escuela. Al fin y al cabo, las escuelas fueron y siguen “pensadas” para enseñar y/o instruir y en unos pocos casos (por suerte, cada vez más numerosos) para educar. Sólo hay que ver que es lo que se evalúa al final de cada año académico. Dime qué incentivos ofreces y te diré que obtendrás.

Así pues, la creación de hábitos y rutinas adecuadas para promover la responsabilidad y el respeto no sólo obtienen escaso éxito, sino que además, como ya se ha dicho, ni se tienen en cuenta en la cuantificación de resultados. La medida del éxito, por lo general, no atiende a otra cosa que establecer una calificación cuantitativa de competencias en campos diversos de conocimiento y disciplinas fragmentadas.

Se progresa en los conocimientos que no en los comportamientos. Las exigencias de los exámenes y la titulación parecen importar más que las propias exigencias de la vida.

La enseñanza se topa siempre contra el mismo muro cuando el “enseñado” tiene poca o ninguna motivación y más cuando
no se parte de las necesidades del alumno sino de la obligación de impartir unos conocimientos reglados y homogéneos para todos.
Bajo estas condiciones no se da, en definitiva, el contexto apropiado y necesario para el aprendizaje.

¿Y qué hacer? Todos buscamos recetas para aplicar y pronto recurrimos a lo habitual: culpabilizar al sistema educativo. La presión social logra así que cada poco tiempo surjan nuevas medidas. Un ejemplo reciente de esta insensatez: españolizar a los alumnos por medio de una nueva ley. La educación no es adoctrinamiento, ni tan siquiera instrucción. La educación es cultura. Pero la cultura hay que amarla, al igual que hacen los buenos profesores con su clase.

Lógicamente, si la pregunta a responder está mal formulada todas las respuestas que se obtengan serán, cuando menos, inadecuadas. Creemos que no es tiempo de buscar y aplicar recetas, sino de pensar qué es lo que no funciona en la sociedad, en lugar de culpabilizar a las escuelas. Las recetas son siempre esquemas, una simple reducción del arte de cocinar. Enseñar a pensar es aprender a cocinar, no tanto por la receta en sí, sino por el “saber hacer” que se ha practicado.

La pregunta no es la que nos hemos hecho siempre: enseñar para tener un empleo, una profesión, un trabajo. Ahora la pregunta es otra: ¿qué necesitamos para vivir autónomamente en una sociedad compleja y diversa, de marcado carácter transcultural, inmersa en potentes flujos de refugiados e inmigración, sin mecanismos de integración reales (y muchas veces humillantes), sometidos a guetos donde sobrevivir, con una disparatada y creciente desigualdad social?

Seguimos sin dar respuesta a las demandas de una importantísima parte de la sociedad, la juventud, preparándola para adquirir competencias aunque dejando de lado la mayor de todas ellas, la competencia para la vida.
Estamos hablando de saber afrontar una vida de incertidumbre, de obligada improvisación cambiando nuestro paradigma mental, comprendiendo mejor nuestras funciones cerebrales y tomando conciencia de nuestras actuales coordenadas antropocéntricas y no biomiméticas. Ya no estamos en la era newtoniana de los cuerpos físicos.

En un mundo donde la física cuántica establece que todo es energía y todo está conectado parece cuanto menos esperpéntico que sigamos pensando de forma causal y mecanicista.
Nos organizamos todavía mediante una pirámide de cargos jerárquicos y esperamos esperanzados que sean las tecnologías, y no las metodologías, las que nos aporten las soluciones.

Pensamos que todos son clavos y sólo vemos martillos, trabajamos en lo que se ve y no sabemos distinguir en lo intangible. No hemos entendido que el iceberg enseña una décima parte de su volumen total y que es justo lo que permanece bajo la superficie lo que hundió al Titanic.

Escuela y sociedad están íntimamente relacionadas, no existe la una sin la otra.

Quizás no se trate de dar recetas para aplicar tecnología en las aulas sino de aportar metodologías participativas para estimular el empoderamiento, la confianza y la autoestima de los alumnos.

Quizás esta estima que tanto se echa en falta no puede trasladarse a la educación porque tampoco está en casa, en los barrios, en las oficinas, en el trabajo, en la sociedad.

Quizá hemos convertido nuestra existencia en una carrera por la suprvivencia en una jungla en la que, como afirman los“malos darwinistas”gana el más fuerte y no el que mejor se adapta.

Quizás nuestros ídolos actuales (el dinero y la tecnología) no sean las llaves del progreso.

Quizás deberíamos dejar de buscar el progreso fuera de nosotros mismos y ocuparnos en desarrollar todas nuestras potencialidades, nuestras múltiples dimensiones humanas.

Quizás debamos cambiar la pregunta o quizás no nos atrevamos a preguntar. Por miedo a que no nos respondan o por miedo a lo que nos respondan.

Si nos atenaza la duda, siempre podemos seguir pensando como hasta ahora , aunque, claro está, no cabrá esperar nada nuevo.
No hace falta ver más allá del recodo de ese camino. Todos sabemos a dónde nos conduce.

Conectar y compartir: correspondencia educativa entre la familia y la escuela

Sólo estos dos verbos ya explican por sí mismos lo que debería ser totalmente normal. Las relaciones de familia precisan de estas dos acciones: por razones substantivas propias de unas vidas entrelazadas y también por razones instrumentales, fruto de una larga convivencia. Esta relación es, o debería ser, similar a los vasos comunicantes donde las partes se aportan mutuamente lo necesario para mantenerse en equilibrio armónico.

Nuestras formas de vida y de relación provocan muy tempranamente que se rompan estos lazos naturales y se establezcan otros tipos de relación muy diversas pero en absoluto complementarias.

Recientemente, una madre muy inquieta por la educación de sus hijos me contó lo siguiente:

“Es fundamental que aquello que se vive en el seno de la familia tenga un reflejo en lo que se experimenta y se transmite en la escuela, y a la inversa, para no crear distorsiones en la educación de los niños. Yo, si me permites (decía ella), iría un paso más allá y también haría referencia a la necesidad de romper las fronteras que a veces se establecen para “proteger” al niño de no se sabe bien qué. Podemos estar seguros que las competencias de padres y educadores resultan mucho más enriquecedoras cuando se aportan en colaboración y con total implicación”

“En este sentido, comparto con vosotros la experiencia que vivimos este sábado en la escuela de mi hija donde se celebró una Jornada de puertas abiertas para participar del Día del Bricolaje y realizar tareas de mantenimiento entre los padres y madres. Como resultado, El lunes siguiente los peques de Infantil y Primaria pudieron disfrutar de una casita de madera o de una pared musical gracias al esfuerzo de padres y madres”.

 Sin embargo, no nos confundamos. Ensalzamos la cooperación y la implicación, pero no necesariamente para hacer tareas de mantenimiento o bricolaje. Sin duda puede estar muy bien, pero lo que decimos es que colaborar y ejercer el compromiso en realidad son los elementos esenciales que necesita toda educación. Luego vendrán los aprendizajes necesarios para poder discernir adecuadamente y poder llevar adelante nuestros compromisos. Pero primero debemos comprometernos seriamente. Porque descubrir aquello en lo que uno quiere comprometerse es aprender a saber qué es lo que uno quiere y saber lo mucho que lo quiere. No se trata de saber hacer. Se trata de saber hacer lo que sea bueno hacer.

Una postura que requiere coherencia y solidez y que nos recuerda la situación de aquel que, tras recordar que detrás de los números hay personas, es replicado “por el que lo cuenta todo”: pues apartad a las personas.

La colaboración y la implicación -conectando con afines y con menos afines- es, con toda seguridad, lo que nos permite dar la vuelta a un sistema marcado por la corrupción en la que las camarillas tratan de impedir que se actúe con transparencia.

Conectar y compartir es educar en el compromiso como individuo social. Fomentar el sentido de pertenencia a una especie humana que comparte con otras especies un planeta cuyo recursos naturales cada vez son más limitados. Esta es la parte más importante de la educación que podemos lograr para nuestros hijos.

La correspondencia educativa entre la familia, la propia comunidad y la escuela no pretende fomentar el humanismo sino prepararnos para la supervivencia. Se trata de aprender a formular y desarrollar nuestro Proyecto de Vida. El de cada uno de nosotros.

La reforma educativa no puede enseñar mejor, debe asegurar que se aprenda lo que es vital para vivir una vida con auténtica dimensión humana.

En el pasado, en el WISE (World Innovation Summit for Education) se afirmó con contundencia que no se trata de separar familia y escuela, escuela y comunidad, una comunidad y otras comunidades. No se trata de crear fronteras que nos separen ni muros que encierren, sino de conectarnos con todos y cada uno de los aspectos reales de la vida y de sus valores. En síntesis, debemos centrar nuestros esfuerzos en todo lo que compete a la dimensión humana.

 

Els alumnes d’Escola Pia Sarrià i Sangakoo al Catakrac de BarcelonaTV

Tenim el plaer de compartir amb vosaltres el reportatge sobre Sangakoo a Escola Pia de Sarrià emès el dissabte 21 de novembre al programa Catakrac de BTV. Ens agrada especialment perquè els absoluts protagonistes són els alumnes de l’escola. Ells el presenten, el protagonitzen i ens expliquen en primera persona quines són les seves experiències creant i compartint problemes amb la metodologia. Ens quedem amb la frase d’en Nico “les matemàtiques són quasi la base de la vida, perquè les mates ens ajuden a fer quasi tot”. Doncs esperem seguir ajudant als nens i les nenes a seguir gaudint i aprenent de les matemàtiques per a la vida.

Educación en valores

Claro que también podríamos hablar de los valores de la educación. ¿Por qué no? Siempre hay que dar la vuelta a la hoja. Probablemente veremos que la otra cara no está escrita y queda libre para escribir lo que uno siente y quiere, en vez, de lo que te dicen que debes leer y aceptar.

Veamos el ejercicio en base a “Educación en valores”:

Si se trata de educar en valores puede entenderse que determinados conceptos representan valores que deben ser enseñados. Forman parte de la educación para que los comportamientos se adecúen a estos valores.
¿Qué pregunta suscita esta reflexión?
¿Por qué estos valores que nos vienen dados y no otros que sentimos con mayor intensidad?

Recuerdo que en épocas de la dictadura había cuatro asignaturas clave para obtener nota: Urbanidad, Disciplina, Aplicación al estudio y Formación del espíritu nacional. ¿Es que alguien que se encuentre hoy en edad escolar puede reconocer como suyos estos valores, aceptando lo que estos significados esconden? ¿Cómo pueden existir determinados “textos” sin que tengan relación con su “contexto”?

Es por ello que el maestro filósofo José Antonio Marina nos dice en su libro “La educación del talento”:

“Todos estamos construyendo una catedral, grandioso proyecto de mantener la humanidad de nuestra especie, de garantizar el futuro, de edificar un mundo habitable, y eso libra a nuestras acciones diarias de la insignificancia y el sin sentido. Con la pequeñez de nuestras acciones estamos creando un mundo, haciendo realidad una utopía.”

Veamos ahora el ejercicio planteado en base a “Valores de la educación”

Desde esta otra perspectiva, prevalece el valor de la educación en sí misma sin necesidad de atribuirle atributos predefinidos. Cada época, cada contexto, debe ser valorado y tenido en cuenta porque cada situación exige valores que encajen con su tiempo. No podemos dar por sentado “lo que toca”. Debe ser repensado, redefinido y es preciso hacerlo en forma apropiada. Antes alguien decía lo que se consideraba adecuado para todos. Hoy todos quieren decir algo para sentirse implicados individualmente.

Y cuando el contexto exige esto o aquello, cuando el valor democrático deja ya de querer ser sólo representativo, resulta esperpéntico considerar que la norma sigue siendo intocable e inmodificable.

Quizá sin ahondar más en el tema podemos afirmar nuestra conformidad con lo que un ex ministro de Cultura, en otros momentos más creativos de nuestra sociedad, dejó dicho:

“No debemos pensar sólo en el mundo que dejamos a nuestros niños, sino en los niños que dejamos a nuestro mundo.”

Jorge Semprún