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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/atom10full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" gd:etag="W/&quot;A0AESXgyeyp7ImA9WhRaGEs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955</id><updated>2012-02-21T18:15:08.693-06:00</updated><category term="g" /><category term="ansiedad" /><category term="problemas" /><category term="viento" /><category term="calma" /><category term="Taller de cuento" /><category term="recordar" /><category term="azul-violeta" /><category term="recuerdos" /><category term="espera" /><category term="Mario solo" /><category term="Nostalgia" /><category term="bienestar" /><category term="vida" /><category term="reflexiones" /><category term="satisfacción" /><category term="busqueda" /><category term="ficciones" /><category term="violencia" /><category term="conversación" /><category term="felicidad" /><category term="presente" /><category term="Cadaver exquisito" /><category term="ejercicio" /><category term="Textos desempolvados" /><category term="olor" /><category term="alegría" /><category term="anecdotario" /><category term="belleza" /><category term="introspección" /><category term="esperanza" /><category term="libertad" /><category term="Cuentos de antaño" /><category term="Andrés" /><category term="entradas oníricas" /><category term="amor" /><category term="Basura" /><category term="Mario y cecilia" /><category term="¿Novelas?" /><category term="lucidez" /><category term="relación" /><category term="añoranzas" /><category term="emociones" /><category term="melancolía" /><category term="odio" /><category term="lluvia" /><category term="pasado" /><category term="muerte" /><category term="Cecilia sola" /><category term="alma" /><category term="futuro" /><title>Borchácalas</title><subtitle type="html">Ejercicios literarios anodinos y circunstanciales.</subtitle><link rel="http://schemas.google.com/g/2005#feed" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/posts/default" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://borchacalas.blogspot.com/" /><link rel="next" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25&amp;redirect=false&amp;v=2" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><generator version="7.00" uri="http://www.blogger.com">Blogger</generator><openSearch:totalResults>65</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/atom+xml" href="http://feeds.feedburner.com/Borchacalas" /><feedburner:info uri="borchacalas" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><link rel="license" type="text/html" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/" /><logo>http://creativecommons.org/images/public/somerights20.gif</logo><entry gd:etag="W/&quot;Ck8CSH46fip7ImA9WhRUGEs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-1434219596523131993</id><published>2012-01-28T21:40:00.002-06:00</published><updated>2012-01-29T12:14:29.016-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2012-01-29T12:14:29.016-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ejercicio" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="¿Novelas?" /><title>El número</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ponga usted que le da su número telefónico a una mujer en un aire de optimismo. Suponga que esto no es algo tan espontáneo, sino algo ya previamente pensado gracias a pequeñas sonrisas que ha usted intercambiado con dicha persona. Ha sido por un par de semanas, pero definitivamente no todos los días, pues en realidad pocas veces han cruzado miradas comparado con la cantidad de veces que ha usted visto a un amigo cercano. En realidad, se han visto usted y ella unas cuatro veces –usted tal vez la ha visto más puesto que pasa por donde ella se sitúa por lo común, pero no siempre tienen la bondad de poder compartir por largo tiempo el mismo espacio-, pero esas veces han sido las suficientes para que usted pueda creer que darle su número es una opción viable. Y es que usted debe asumir que esas miradas y sonrisas son realmente cálidas y honestas; que el trato que se tienen, aunque esporádico, es diferente al común.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imagine usted que ella le parece en verdad distinta, sin que realmente pueda decir porque. Será esta la razón por la cual usted considerará que el trato le gustaría que fuese más que esporádico, más allá de su espacio confinado por algunas horas y de donde ella no puede sino ser cómo se le dicta dentro de ese espacio. Entonces tal vez usted querrá saber si el trato cálido es sólo cosa del lugar o si en verdad ella le gusta sonreírle a usted sin decoro. Entonces usted querrá saber un poco más de ella y entonces pondrá atención a lo que ella platicará con sus iguales y lo que ellos a su vez le contestan. Desmenuzará usted los movimientos que ella tiene en dicho lugar, con las demás personas, sus iguales, sus superiores, sus inferiores, sus distintos, sus algo. Habrá usted de aguzar el oído para poder distinguir a lo lejos cómo es el tono de su voz y así saber con certeza el estado de ánimo de ella. Usted hará todo esto por verdadero interés, pero tenga usted cuidado de mencionarlo a los demás, ellos pensarán que usted es alguien de quién preocuparse. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Usted entonces pensará en algún pretexto, basado en la información que ha obtenido de los iguales de ella con preguntas sutiles –o al menos eso creerá usted-, para poder abordarle de una manera sin deferencia, casual, que vaya más allá de las normas que le han establecido tácitamente el tiempo y lugar donde coinciden únicamente. Pensará cuales deberán ser las palabras exactas y correctas, su postura y tono de voz. Es de suma importancia que usted tenga en cuenta cuando hacer contacto visual: debe usted verla a los ojos, pero no a través se sus anteojos, sino por encima de ellos para que este sea directo y contundente. Repasará los movimientos de sus manos, de sus cuerpos. ¿Estará usted sentado y ella de pie? ¿Viceversa? ¿Los dos de pie? Debe tener en cuenta todas las posibilidades para saber cómo improvisar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando tenga usted ya todo aclarado esperará al momento indicado, ese que ya ha previsto. Actuará con naturalidad, a veces incluso con un poco de indiferencia al mundo, pero jamás a ella. A ella le hará notar que le pone atención, pero que sólo cuando esta es requerida. Para esto habrá de fingir que realmente no le está poniendo atención en todo momento, sino que tiene otras cosas más importantes a hacer como son escribir en su cuaderno o leer. De este modo ella notará que no es el centro del universo, pero que usted se da el tiempo de incluirla en su atareada jornada de introspección. Esto, es evidente, será pura fachada, pues en realidad usted no estará más que con el corazón temblándole en la garganta y sin poder poner atención a otro pensamiento que no sea ella. Pero esto ella no debe notarlo, cualquier falla hará que ella crea que usted no es más que un obsesivo que pudiera secuestrarle en cualquier momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ensimismado en estas líneas de pensamiento, notará que ella empieza a abandonar el lugar y que no parecerá que tenga intenciones de regresar. Entonces entrará usted en pánico pues no tenía esta situación contemplada y arruinaría sus planes. Saltará usted de su lugar, dejando todas sus pertenencias ahí mismo y correrá en su búsqueda. La verá usted de lejos y tendrá que apresurar el paso si querrá alcanzarla. Lo logrará y llamará su atención de una manera poco sutil, al contrario de lo que usted tenía planeado. Verá usted cómo ella volteará con sobresalto. Masticará usted algunas palabras que ella esgrimirá con una argumento que las refutará y dejará en ridículo el pretexto que usted tenía pensado para darle su número. Con torpeza le extenderá un pequeño pedazo de papel que tendrá su nombre y número para que ella lo tome. Lo tomará con timidez, lo verá con extrañeza y entonces los dos se irán en direcciones opuestas. Regresará usted a su lugar y el resto de lo que suceda ya no importará.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suponga usted que le ha dado su número telefónico a una mujer con todo el optimismo posible. Pero sabe usted que ella no marcará. Se dirá usted que ella puede que no marque porque  tiene ya un novio, porque no le ha entendido a los garabatos que pretendían ser números, porque se le ha perdido o tal vez porque esté esperando a un momento mejor para marcar. Tal vez, piense usted, ella no quiere verse muy impaciente y está planeando qué le dirá y el tiempo adecuado para marcarle. Tiene usted muchas teorías que serían válidas asumir y que no serían del todo extrañas ni podría usted culparla si ella tomara dichas medidas. Pero sabe usted en realidad que ella no marcará por el simple hecho de que la ha sobresaltado y ha dejado una impresión poco favorable en ella. En realidad no importa, porque usted lo único que quería era abrir la posibilidad entregando su número telefónico a una bella muchacha.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-1434219596523131993?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/CSVc4xzwufk" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/1434219596523131993/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=1434219596523131993" title="1 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/1434219596523131993?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/1434219596523131993?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/CSVc4xzwufk/numero.html" title="El número" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2012/01/numero.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkACQHo4eyp7ImA9WhRSEUs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-4240940586095079471</id><published>2011-11-13T01:19:00.000-06:00</published><updated>2011-11-13T01:19:21.433-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-11-13T01:19:21.433-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ejercicio" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Basura" /><title /><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tomar el camino largo a casa en la noche. El frío de la calle apenas alumbrada por los faroles tapados por los árboles cuesta arriba. La noche solitaria porque no hay nadie. Dar vuelta y bajar la cuesta pateando una botella que poco a poco se va desintegrando con el adoquín hasta que no queda más que restos de vidrio verde desperdigados. Una metáfora de todo lo que se deshace en las manos. Seguir caminando con una triste canción de blues en los oídos que penetra en la noche. El sonido de la armónica que no se puede imitar, el saxofón, la voz desgarradora. La ausencia de luz, de camino, de compañía. El sabor amargo de la tristeza, de la introspección. No ser consciente de nadie más porque no hay nadie nunca que sonría, nadie que nunca hable, nunca hay eco en las pupilas dilatadas de alguien más.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los parques en la noche mienten. Mienten porque prometen alegría en sus juegos, sus bancas y fuentes. Mienten con la promesa de gente, pero sólo hay luz blanca sobre el pasto. Los parques mienten y reflejan la soledad. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mentir. Mentir cuando no hay soledad. El frío es imaginario y la botella no es metáfora, sólo una botella que se rompe al ser pateada cuesta abajo. Engaño que sean noches solitarias, que no haya eco ni alguien que te comparta a diario una sonrisa. El gusto de sentirse falsamente identificado con las letras del blues y la armónica que no suena igual pues no se practica lo suficiente; la voz no se desgarra porque no se ha gritado de desesperación en mucho tiempo. Sólo la noche es cierta y el resto fantasías para poder justificar en grandes días el sentir una gran melancolía.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-4240940586095079471?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/-_ct9Afvm9U" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/4240940586095079471/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=4240940586095079471" title="1 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/4240940586095079471?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/4240940586095079471?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/-_ct9Afvm9U/tomar-el-camino-largo-casa-en-la-noche.html" title="" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2011/11/tomar-el-camino-largo-casa-en-la-noche.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;C0AFR385fCp7ImA9WhdWEUs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-8511958848793705630</id><published>2011-09-04T13:41:00.000-05:00</published><updated>2011-09-04T13:41:56.124-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-09-04T13:41:56.124-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Nostalgia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="viento" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Andrés" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="melancolía" /><title>Otoño</title><content type="html">&lt;br /&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;En esta ciudad, el frío es perpetuo durante dos escasos meses al año. El resto del tiempo, siempre habrá un momento en el día cuando, al menos, uno pueda quitarse el suéter. Se dice que las estaciones no existen en la ciudad. Son los menos, pero a veces me gusta darles la razón. Entonces llega el veintiuno de septiembre y no me parece que la tengan. Es el otoño y las mañanas son frías, el mediodía muy cálido y en las tardes el viento sopla para convertir la noche a una frescura que es gustosa. Las muchachitas todavía no reparan bien en esto y van, en la anaranjada hora del día, titiritando por el viento sobre sus mallitas negras y minifaldas; dan ganas de abrazarlas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las tardes de otoño, o mejor dicho, los días de otoño se escuchan con el crujir de las hojas a las cuatro de la tarde cuando los abrigos más bien estorban y el cabello vuela; cuando el sol pinta todo de una tonalidad extraña que hace resaltar el verde, el amarillo, el rojo, el azul. Porque es en estos días de octubre y noviembre cuando los edificios parecen tener vida y ya no hay esa espesa bruma eterna del verano que convierte a este mundo en blancuzco y anacrónico. Es tal la claridad que las palabras parecen sonar mejor y las promesas se avivan. La claridad permea también en las pieles de esas bufandas ligeras que cuelgan de delgados y blancos cuellos que el viento apenas si puede besar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es en estos días de sol quemante por las doce que uno se queda bajo la sombra de un árbol a leer, se introduce a una biblioteca a buscar desconocidos, se aburre en las calles con su propia soledad esperando al aire que se mueve a partir de las tres y convierte la luz en algo mucho más pertinente a esas horas. Se disfruta de la soledad cuando uno se despeina al caminar, viendo a la gente pasar, a los niños correr, a las mujeres tan coquetas agarradas del brazo de alguien que no se percata de que la ciudad está siendo cómplice, con su clima, del romance que está apenas aflorando. No ven que la ciudad le pone a disposición tantos de los juegos que más tarde odiarán porque, en primavera, algo sucedió entre la bruma y el calor eterno que los hizo separarse, que el crujir de las hojas bajo sus pies es el verdadero sonido de la seducción. El único que lo sabe es el hombre solitario que boga por calles de edificios viejos, por parques con árboles que algún jardinero poda para dejarlos enanos, en librerías prometiendo historias igual de increíbles que las de la ciudad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno sale de la biblioteca, sale de un café, sale casa, sale de cualquier lugar sin saber qué hacer con el abrigo pues el calor no termina de irse y el viento es frío. Siempre con el abrigo en la mano. A veces desde temprano para ver las horas caer en forma de hojas y la lluvia de semillas de las jacarandas que caen girando sobre ellas mismas en lo verde afuera de un cine más bien caro. El solitario ve con recelo a aquella pareja que, entre risas, rueda por una colina. Los ve con rencor por no ser él quien, bajo esta época tan llena de color, disfruta de esa cercanía y felicidad. Tanta claridad debería ser siempre compartida; el momento donde la realidad es palpable en el pasto debe tener eco en la mirada de alguien más. Quitarse los lentes y, por ende, quitarse las barreras para mostrar el amor de uno a esta época siempre más romántica que el agobiante calor de primavera, que el bochorno del verano, que lo seco y frío del invierno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es en estos días cuando no se sabe si debe uno utilizar la chamarra delgada o la gruesa. Ni uno ni ellas. En otoño las precauciones no importan, siempre será lo contrario. Las chicas usan ropa escotada y hará frío; si se cubren, hará calor. Y es que el otoño siempre nos toma por donde menos lo esperamos, nos sorprende, nos alumbra y sólo podemos confiar en que hará viento y que, llevemos lo que llevemos con nosotros, revoloteará con las ráfagas aprisionadas entre todos los pliegues. Es lo único permanente de los otoños, el viento removiendo sentimientos, añoranzas y demás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y uno se queda en la grama, sentado con el corazón revuelto cuando se da cuenta en soledad de la llegada improvista del invierno y del fin la claridad, de las tardes naranjas, del viento refrescante y del calor de mediodía. El pasto ahora es amarillo y las muchachitas ya saben que siempre deben estar cubiertas. Llega el inverno de improvisto y, si se tuvo suerte, lo sorprenderá acompañado. Si no, uno queda igual de solo que antes.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-8511958848793705630?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/aJhlQs8zfxo" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/8511958848793705630/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=8511958848793705630" title="4 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/8511958848793705630?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/8511958848793705630?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/aJhlQs8zfxo/otono.html" title="Otoño" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>4</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2011/09/otono.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkYASXk4fip7ImA9WhdSE0s.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-6644184437676134360</id><published>2011-07-22T15:50:00.002-05:00</published><updated>2011-07-22T15:55:48.736-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-07-22T15:55:48.736-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="anecdotario" /><title /><content type="html">&lt;div align="justify" class="MsoNormal"&gt;Se encuentra ahí, esperando junto la entrada de la heladería cuando sale el otro. Se sienta frente de él y lo observa con cautela. Pero no flaquea y le mantiene la mirada. El otro desvía su mirada y busca, sin encontrar, un lugar donde fijarla. Desiste y regresa a la heladería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Saca, ahora que se encuentra sin guardián, un separador previamente preparado y juega con él. Espera y relame las palabras una a una. Vuelve a salir el otro, ahora teniendo una conversación, que él no escucha, con otro compañero. Hay un espacio entre ellos donde cabe una persona que resguardan con recelo. Alguien que tarda todavía un poco en salir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aparece ella. Con esbelta blusa de rayas rojas y blancas, ocupa el lugar vacío entre los otros dos. Él se incorpora, deja de jugar con el separador y gira sobre sí mismo para encararla. Se postra frente a ella. El inesperado acortamiento de distancia parece sorprenderle. Los otros le figuran inexistencia. Le alcanza el separador. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
"Sé que sólo fue un billete de cincuenta pero, si vuelves a perder otro, márcame". &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le ve a los ojos. Ella toma el separador, lo ve con extrañeza y luego le regresa la mirada azul con una sonrisa. Se despide de ella y hace un ademán de respeto a los otros con la cabeza y la mano, ahora sí reconociendo su existencia, y parte en su camino nuevamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;span style="mso-fareast-language: ES-MX;"&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-6644184437676134360?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/eU5YtPNh1tU" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/6644184437676134360/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=6644184437676134360" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/6644184437676134360?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/6644184437676134360?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/eU5YtPNh1tU/se-encuentra-ahi-esperando-junto-la.html" title="" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2011/07/se-encuentra-ahi-esperando-junto-la.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEcGR389cSp7ImA9WhdTFEk.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-1053011661341978875</id><published>2011-07-11T22:32:00.008-05:00</published><updated>2011-07-11T23:47:06.169-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-07-11T23:47:06.169-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ejercicio" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="lluvia" /><title /><content type="html">&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Salir sin un centavo en la bolsa ni teléfono móvil, tomar la ruta de siempre al norte, por la acera del carril que viaja al sur. Un suéter azul abierto y arremangado hasta los codos corona este andar solitario, desmedido, despreocupado y, sobre todo, dirigido al lugar de siempre. Sobre la acera se encuentran los indicios de una lluvia dura e implacable que resultó sólo ser pasajera, de cinco minutos. Se nota por el concreto seco que simula una sombra de un poste de teléfono. La calle sube y baja, desentendida de los transeúntes que van sobre las falsas colinas antes de llegar al declive definitivo. Mucho más adelante, una florecilla naranja se asoma de entre las rajadas de la entrada a una casa, desentonando con el gris de su alrededor. Empieza a lloviznar y el suéter azul sigue caminando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llega a una banca. Las demás prendas también caminan. No todos son suéteres sino una gama de vestidos, playeras, chamarras. En la banca de enfrente, unas mallas negras con chamarra negra hacen cariños a un pantalón gris, playera a rayas y chamarra de cuero. Las mallas negras también son un moño que se acerca alegremente a la playera a rayas. No se han dado cuenta que atrás de ellos, camina despreocupada una rata. Entra y sale de los arbustos y espía al suéter azul. Pasa vestido durazno con un hula-hula que logra subir desde los tobillos de los pantalones de mezclilla deslavados hasta arriba de los tirantes con puro movimiento ondulante. Junto a la banca, otro vestido marrón y gorro morado, acompañado por sudadera, también azul, van al encuentro de otras playeras a rayas y chamarras negras de piel. La rata sigue observando y se esconde cuando cruza la mirada con el suéter azul arremangado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las gotas de agua caen sobre el suéter azul y éste no se inmuta ni se mueve de su lugar: observa la escena. De otro abrigo negro brillante cuelga una bolsa que deja tirar un papel por accidente. Suéter azul corre a salvar de la triste perdición y soledad al papel abandonado y lo restaura a la bolsa. Luego regresa a su banca solitaria y ve pasar a blusón rosa con medias negras junto con su acompañante de prenda marrón. Sin chiste, pero ya van varias vueltas que dan. Vestido marrón y gorro morado van y vienen de distintas playeras a rayas, a veces acompañadas por suéter morado y blusa blanca con sombrero. Estas prendas tan juveniles que no habrían de ser más grandes que el departamento de niñas adolescentes, parecen indecisas con qué grupo de ropa para juniors quedarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mallas negras y chamarra negra con playera a rayas y pantalón gris se levantan sin haberse dado cuenta de la rata que cruzó desde su jardín hasta el de suéter azul, pasando muy cerca de los zapatos de éste. Se van y suéter azul ya perdió la mitad de su entretenimiento. Las prendas adolescentes dejaron de pasar y sólo queda blusón rosa y su acompañante dando vueltas. Suéter azul decide que debe también cambiar de aires y penetra en más prendas que bogan por la plaza dividida por una calle. Pero no encuentra nada, ninguna prenda que llame la atención, ningún juego de pantalones, medias, blusa, vestido, botas con suéteres largos flotando sobre ellas: sólo prendas comunes. Suéter azul nota que ya no llovizna y que el regreso es inevitable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin dinero ni comunicación emprende las mismas calles que lo trajeron. Se encuentra con una placa de auto que tiene sed, cuatrocientas ochentaisiete veces sed. No le bastó la lluvia y quiso más. Suéter azul compadece a esta pobre placa y memoriza que tenga cuatrocientas ochentaisiete veces sed y espera él también que todo se moje hasta la saciedad con un chaparrón y, después, llueva mucho tiempo más. La florecilla naranja sigue ahí, altanera, inalterable, bella y solitaria en medio de todo el gris del mundo. Las nubes, nota suéter azul, amenazan, pero duda que vayan a cumplir pronto su declaración silenciosa. El aire se empieza a ennegrecer y suéter azul llega a reja blanca. Sube escaleras y cruza puerta de madera para encontrar que fue inútil olvidar el aparato: nadie llamó de cualquier manera.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-1053011661341978875?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/1KbDTCEHCY0" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/1053011661341978875/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=1053011661341978875" title="2 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/1053011661341978875?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/1053011661341978875?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/1KbDTCEHCY0/salir-sin-un-centavo-en-la-bolsa-ni.html" title="" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2011/07/salir-sin-un-centavo-en-la-bolsa-ni.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0QMQ3Y9cSp7ImA9WhZVFk4.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-8840619294388017926</id><published>2011-05-28T17:34:00.003-05:00</published><updated>2011-05-28T21:16:22.869-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-05-28T21:16:22.869-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Taller de cuento" /><title>Distancia</title><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;¿Por qué nos separamos? Esa pregunta me rondaba de vez en cuando la cabeza. Ahora es una pregunta perpetua y hostigosa. Si hay grandes memorias de nosotros juntos, ¿qué nos alejó? La respuesta me elude y sólo logro sentir el vacío de la melancolía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Recuerdo las tardes en las que salíamos a pasear. De esas cuando el adoquinado de Tlalpan se ve más rústico a media tarde. Darle vueltecillas al centro y sus pequeñas cuadras y sentarse en los pastos de los parques públicos. Las lluvias a veces nos sorprendían. Disfrutábamos de humedecernos y nos daban un pretexto para caminar abrazados &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Olvidarte es una cosa imposible. Ese último día te veías delgada y elegante con esas estéticas lágrimas que rodaban sobre tu cara. Tú, en ese vestido que dejaba ver la piel de tus hombros y espalda, temblabas llorando sobre mi pecho cuando nos dijimos adiós. ¿Por qué nos dijimos adiós? Al día siguiente ya estabas en camino a España y, desde entonces, no he sabido de ti. Si tan sólo conociera España, podría imaginar todo lo que podrías estar haciendo. ¿Qué se hace en España? Desearía que la última imagen hubiese sido aquella en la que tú vas al tocador y yo bajo por alguna botella de vino al mostrador del hotel en aquél país extranjero. Pero en cambio tengo una imagen bellísima de ti en lágrimas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tal vez te extrañe. Sin embargo, no podemos comunicarnos. No tengo manera de hacerlo. Los medios electrónicos parecen no tener efecto en ti y desconozco donde te hospedas. Si pudiese contactarte, te contaría de aquellos días en Chapultepec donde nos reíamos de la multitud y corríamos después de gritar algún insulto al aire como si fuese razón de encarcelamiento. Me pregunto si accederías a tener una de esas tardes lluviosas en las cuales nos dedicábamos a ver películas clásicas. Una de esas donde nunca terminábamos de ver las películas por terminar siempre desnudos en la cama y dejando vuelo libre a nuestros cuerpos. Extraño esas tardes tan amorosas donde faltaba nada y el mundo se reducía a nuestro pequeño departamento. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero ahora estás lejos. Allá donde montañas y mares nos separan. Me pregunto si algún día podré volver a hablarte. ¿Cuál fue el motivo de esta insoportable separación? No lo sé. Prefiero no recordarlo &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*** &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Finalmente logré contactarte. No fue sencillo. Tu madre con cierta renuencia me dio los datos de tu departamento. Rogar fue la única opción, pero debo volver a contactarte. Innumerables recuerdos no pueden morir tan fácilmente. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Te escribí primero. Me pareció lo más correcto pues no sabía cómo podrías tomarlo al principio. Sabes bien que siempre he sido más elocuente con el papel en momentos de nerviosismo. Te conté sobre mi vida en estos meses dentro del tedio y el aburrimiento de la ciudad y sobre cómo se ha convertido en un gran recordatorio de nuestro tiempo juntos. Me abstuve en ese momento de decir cuánto te quería, el momento podría no ser el adecuado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Contestaste en un tono muy alegre. Me hablaste de Toledo y Madrid -tal vez algún día sean esas nuestras ciudades-, de tus compañeros de cuarto y sobre la dificultad de estar en un país extranjero en carne propia. Sonabas alegre de estar ahí, pero a su vez, podía leer en tus letras cierta añoranza hacia tu hogar. Me pediste mantener contacto. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No necesitaba siquiera la respuesta y fui mandando más cartas; cada una hablando de cosas más íntimas que la anterior y tú contestabas en la siguiente con algún guiño. Las cartas eran el vestigio de nuestra vida y no era pasado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No es sorpresivo entonces mi insomnio. Es la emoción. Esa emoción que se origina en las puntas de los pies y de una manera ligerísima te invade el cuerpo. Esa que es la espera deseada e interminable. Mañana regresarás y mi añoranza desaparecerá en el aeropuerto cuando traiga tus maletas de regreso a casa. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*** &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hace dos meses ya de tu regreso y me resultas insoportable. Nos hemos peleado tres veces en dos semanas. Entre cada pelea, días de silencio o frases cortantes. Más que roces, parecemos arrastrarnos sobre el pavimento. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La primer pelea se suscitó a la semana de tu regreso. Yo llevaba un café para despertarte. Explotaste y el día comenzó con gritos. Aclamabas un hartazgo con mis atenciones y que habías regresado de España, no de la muerte. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La siguiente la inicié diez días después. Leía una novela sobre la revolución española. Al verme dijiste que el libro te parecía inverosímil. Empezaste a hablar sobre el nieto de un viejo anarquista y sobre cómo era muy maduro y conocedor del tema –no como yo, simple mortal. Tú siempre lista para desacreditar a todos menos a aquellos personajes increíbles –según palabras tuyas. Cerré mi libro y me salí de casa con un portazo sin decir nada. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Así se sucedieron. Cada una más ridícula que la anterior. Cada reproche descarapelaba más el engaño. Te acusé de gorda y de parecer un embutido dentro de ese vestido que dejaba ver tus regordetes brazos. Criticaste las películas clásicas y las tachaste de “cine sin visión artística, a diferencia del que se hace hoy en Europa”. En nuestros paseos, caminamos separados, cada quién observando a la gente pasar y desnudándola con la mirada. El departamento: el lugar a donde no quieres regresar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Encerrado, debía soportar aquella actitud de fémina superior presumiendo siempre su inteligencia y tan llena de obstinación. Cuando no querías discutir decías con falso aire benevolente: -no me voy a pelear por eso- y entonces enmudecías. Tus pláticas profundas de temas filosóficos complicadísimos que no eran menos banales que hablar de ropa. Tu llanto con cara de compungida porque no te sentías dentro de esta sociedad tan inmadura e incivilizada –tan diferente de España, decías. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fue entonces que recordé porque nos separamos. Viendo esa grotesca cara regordeta brotando lágrimas, saliva y jadeos, me llegó la respuesta. Nos separamos, querida, porque no te soporto. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Andrés Sierra Gómez Pedroso.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-8840619294388017926?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/wrh6IeJgI_I" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/8840619294388017926/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=8840619294388017926" title="1 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/8840619294388017926?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/8840619294388017926?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/wrh6IeJgI_I/distancia.html" title="Distancia" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2011/05/distancia.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEQDSXk5cCp7ImA9WhZQE0o.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-2517272593643269198</id><published>2011-04-21T02:52:00.000-05:00</published><updated>2011-04-21T02:52:58.728-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-04-21T02:52:58.728-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ejercicio" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="¿Novelas?" /><title>Orgasmos olvidados</title><content type="html">&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Tenía unas revelaciones extrañas durante el orgasmo. Tal vez me esté refiriendo erróneamente y deba reformular. Siempre tenía revelaciones extrañas durante sus orgasmos mientras veía pornografía. Eran un estilo de epifanías sublimes y efímeras sobre la vida que se hacían evidentes durante esos breves momentos del orgasmo y que se lograban prolongar a lo mucho unos minutos más como dejos de sombras de la idea original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No pasaba mucho tiempo viendo pornografía y el tiempo que lo pasaba era corto. Prefería el sexo común y corriente. Más que el sexo, prefería ese dejo de conexión que se tiene con alguien, pero hacía ya largo tiempo que debía conformarse con simple sexo de una o dos noches o la masturbación –fuese con pornografía o sin ella. Sin embargo, sólo durante sus sesiones con aquellos videos en internet de bajísima calidad visual le llevaban estas epifanías. Jamás veía un video completo, siempre se saltaba la típica escena del sexo oral y saltaba a la primer penetración. Daba unas cuantas brazadas a su sexo y terminaba rápidamente mientras cavilaba lo falso que eran las películas –pero era mejor que darse al ejercicio mental de crear una fantasía. Que durara en esto más de diez minutos sería una gran exageración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero mientras reflexionaba sobre la verosimilitud de un video de contenido sexual a unos segundos del orgasmo, le saltaba a la mente ideas que deslumbrarían al mundo si tan sólo no fueran tan efímeras como es el orgasmo y lo que uno se tarda en limpiar. Entre los gemidos –Ah ah ah-, el rechinar de la cama –cuiji cuiji cuiji- y los pujidos de él mientras masculla algo –urgh foc lle, yost laic dat, guorc dat coc beibi urgh-, venían ideas iluminadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las más simples empezaron con cosas sexuales: -Qué tal sí el fuera más atento… Si ella babeara menos el pene durante el sexo oral… Tal vez si se acercaran más el uno al otro…- Y empezaron a evolucionar a asuntos fuera del contexto sexual. De modo que empezaba a cuestionarse durante el sexo plástico de la pantalla si acaso uno requeriría realmente sexo puro para ser feliz. O a veces el qué tal si no fuese el tamaño, sino la técnica. Esto último terminaría por evolucionar a si tal vez no hiciéramos las cosas tan al aventón para llegar rápido podríamos lograr mejores resultados en un proceso más placentero y la humanidad podría beneficiarse de disfrutar sus labores cotidianas con paciencia. Y de la paciencia diría que tal vez la humanidad quiere ser muy rápida y que incluso él mismo personalmente fuese demasiado acelerado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De modo que las epifanías fueron evolucionando a cosas cada vez más complejas y personales. Como aquella vez que durante las voluptuosidades de Cory White en pleno sexo a cuatro extremidades se le ocurrió que la mejor forma para resolver su vida serí—Ah! ¡Qué bien que ya haya terminado esto! Limpiemos y, ¿qué estaba pensando? No era importante seguramente. O tal vez esa otra donde Sasha Stark, montada en algún treintón tatuado le había disparado el momento cumbre que pudo haber tenido su carrera con la idea que pudiera revolucionar el mundo y que se fue en un pañuelo envuelta de esperma al drenaje. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así era en cada sesión esporádica de autocomplacencia. Epifanías que cada vez rayaban más en la genialidad y que podrían haber revolucionado el mundo. Pero, todo esto se le olvidaba en el clímax y entonces se dedicaba a quedarse igual que como empezó: sin satisfacción de un orgasmo ni relajación ni aquella pequeña comunión universal que se obtiene con un orgasmo bien logrado. Solamente le quedaba el olvido.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-2517272593643269198?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/DJ2v0fnjjmE" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/2517272593643269198/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=2517272593643269198" title="1 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/2517272593643269198?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/2517272593643269198?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/DJ2v0fnjjmE/orgasmos-olvidados.html" title="Orgasmos olvidados" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2011/04/orgasmos-olvidados.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D08AQ3k7fSp7ImA9WhZQE0g.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-3698817275437352767</id><published>2011-04-20T22:17:00.002-05:00</published><updated>2011-04-20T22:17:22.705-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-04-20T22:17:22.705-05:00</app:edited><title /><content type="html">&lt;a href="http://borchacalascomenta.blogspot.com/2011/04/vivelibro-2011.html"&gt;Click Acá&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-3698817275437352767?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/2Ufu0kgqmIY" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/3698817275437352767/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=3698817275437352767" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/3698817275437352767?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/3698817275437352767?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/2Ufu0kgqmIY/click-aca.html" title="" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2011/04/click-aca.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;A08DQX4_fyp7ImA9WhZSEk0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-40298445499696838</id><published>2011-03-27T01:11:00.000-06:00</published><updated>2011-03-27T01:11:10.047-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-03-27T01:11:10.047-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="¿Novelas?" /><title>Todo se ha perdido</title><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;La mesa todavía puesta después de esperar dos semanas a que timbrase la campana de la puerta. Las copas vacías, la botella de vino vacía y los platos vacíos. La soledad que inundaba el departamento con la presencia de nadie más que de un cuerpo marchito por el alcohol y la falta de aseo. Una sombra en cuyos oídos sonaba todavía el tintinear de la campana de teléfono. Una mano que alza el auricular a la luz de las velas a medio consumir después de una hora de espera y el zumbido de la declaración. El constante tintineo y circular recuerdo que termina donde empieza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejaba el auricular y se quedaba esta sombra vestida de traje elegante. Una propuesta en la lengua y un letargo de varias horas en la misma posición: frente al cuadro de la Gioconda, viendo al infinito sin ninguna palabra que decir. Se hizo silencio después de varios minutos que el tocadiscos dejó de reproducir la música; la obscuridad llegó dos horas después. La calma ligeramente quebrantada por unos ligeros pasos en la obscuridad, el sonido de una botella alzarse, el rumor de líquido chocar contra vidriosas paredes y el degustar sonoramente con la garganta y a grandes tragos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esperar que el vino bajara el nudo por la garganta era lo que hacía. Aguardar que el licor se llevase la habitación con las paredes, los pisos, los focos, la vajilla y los muebles. Esas manos suyas que tensas deseaban destrozar algo y lo más cercano –su cuerpo-, descuartizarlo –su alma-, pedazo a pedazo –tomar una navaja- y acobardarse al último momento. Esa piel que aguardaba un sincero retorno de algo que no iba jamás a suceder. Ojos que quisieran verse cruzar a la cabeza de una carrera invisible con alguien con quién jamás cruzara palabra por alguien quién no querría jamás volver a oírle. Y ahogar los gritos de la muchedumbre que espectadora gritaba en su contra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La obscuridad, el cuarto, las sábanas frías, el goteo de una llave de agua con el empaque dañado, el ligero viento que hacía golpear las ramas del árbol contra la ventana e intentar discernir un rasguño contra el otro inútilmente. El deseo de cosas imposibles que florecen en la mente y el líquido purpúreo que se desliza entre los labios y el esófago, cálido y llenador. El acompañamiento únicamente del sentirse desprovisto y destirpado de todo. Él que había dado todo por todos, sacrificios de vida que jamás se le redituarían ya y que ahora sólo yacen en el fondo de una botella totalmente disueltos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El transcurrir lento del tiempo, el amanecer y lo vacuo de la botella –ya se ha acabado-, el ritmo de ir por más botellas en donde buscar son el único reloj que tiene. Las cortinas siempre cerradas desde aquella noche. ¿Dos semanas? ¿Tres? ¿Ocho meses? ¡Qué va! El tiempo es nada sin rutina que seguir. Todo se queda intacto si no se mueve de su lugar y él lo sabe bien. La mesa arreglada todavía, la cocina, la sala, todos iguales desde tiempo atrás. Y el resonar de lo mismo. El teléfono gritar, el auricular levantarse y las palabras que detienen el tiempo y lo regresan en una banda eterna animada. Recorrer con la lengua sus labios como para saborear el amargo sabor del recuerdo. El último recuerdo &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tiempo se detiene, piensa él. Se detiene con noticias de esta índole como se detiene en el orgasmo. Pero del orgasmo uno reanuda su tiempo y regresa reanimado, vivo. De esto uno no regresa. Es la muerte. ¿La muerte chiquita? No, estás pensando en otra cosa. ¿Cómo se sentirá su pecho? El sudor del cuerpo mezclado. Las ingles ardiendo en las piernas del otro. ¿Qué sentirá su espalda cuando las uñas se entierren en ella y recorran desde los hombros hasta los costados? Ver su cara de placer y todos los músculos tensados. ¿Qué se sentirá ese fuerte y apretado abrazo de orgasmo de donde regresan más vivos que antes? Los puedo ver desde aquí, sudando, con los cabellos desalineados, sudando y gimiendo. Las pieles escurriendo de sudor y sus pechos contra su pecho. Las caras deformadas de placer, grotescas pero sabiéndose deliciosamente placenteras. Las caderas rítmicas y los sexos… &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y agrega esta línea de pensamiento a su recuerdo cíclico. Cada vez más vívida. Cada vez más excitante y dolorosa. El sexo que lo destruye pero lo excita. La soledad que lo agobia. La masturbación solitaria de despecho y tristeza. Una masturbación resignada a imágenes de alguien que no volverá a tener bajo su yugo. Esa maldita habilidad de imaginar y dejar volar el pensamiento. Alimentar la soledad con una botella y descorche tras descorche. Siempre vino, siempre el nudo. Aguardar a que suene la campana de la puerta y saber a su vez que todo se ha perdido.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-40298445499696838?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/TyiCDrutGcA" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/40298445499696838/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=40298445499696838" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/40298445499696838?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/40298445499696838?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/TyiCDrutGcA/todo-se-ha-perdido.html" title="Todo se ha perdido" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2011/03/todo-se-ha-perdido.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;A0MFQXo4eSp7ImA9WhZTEE0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-207960407458323122</id><published>2011-03-13T03:43:00.002-06:00</published><updated>2011-03-13T03:43:30.431-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-03-13T03:43:30.431-06:00</app:edited><title>Servicio Técnico</title><content type="html">&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Habrían pasado muchos días antes de que en aquél día se formulase la pregunta más ridícula que jamás se hubiese planteado en todo el curso de su conocerse. Varias veces habría él de haber sacrificado días enteros al mantenimiento del ordenador de ella. Una computadora portátil cuyo mantenimiento era un asunto terrible y tedioso. La situación no la mejoraba ella tampoco. Al contrario, entorpecía el proceso. Toda acción dentro de ese ordenador era estrictamente vigilado y cada cero y uno fieramente resguardado por su dueña. Era halagador para él que ella creyese que podía leer lenguaje de máquina.                 Estos días no eran frecuentes, pero sí tediosos como para no querer desear tenerlos nunca. No sólo se encontraba él bajo la mirada vigilante de ella, sino de toda la familia. Él se convertía en el experto inmediato que debía dejar todo a punto en el menor tiempo posible para el fácil uso del ordenador portátil. Era su responsabilidad como erudito de las tecnologías nuevas y complicadísimas que representaba dar dos o tres clicks y leer una pantalla. Sólo un experto como él era capaz de llevar a cabo tan majestuosa tarea de traer de los muertos el espíritu informático de este ser inanimado que representaba el centro de comunicación para ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se desarrollaban de la siguiente manera: él despertaba temprano, desganado y con hambre. Se metía a la regadera, salía de ella, tomaba lo necesario para la complejísima tarea del día y salía sin desayunar. Tomaba el transporte público, caminaba y llegaba a las diez de la mañana a casa de ella a desayunar. Para hacer el proceso más lento aún en un ordenador lento, desayunaban algo laborioso que tardase más de una hora en preparar. El estómago rugía y el ordenador sufría reproduciendo música de una manera intermitente. Terminado el desayuno, él se daba a la tarea de meter y sacar discos de la charolita que escupía este aparato portátil. Tecleaba furiosamente en algunas ocasiones dos o tres líneas de no más de tres palabras cada una. Luego esperaba dos horas a que terminara de procesar la última instrucción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era algo parecido a la relación con ella. Se debía seguir un protocolo más bien lento, más bien tedioso, más bien rutinario y que probablemente tendría más de un problema en el proceso de inicio y final. Sólo que con ella, el día de mantenimiento duraba una o dos semanas. Ella o él se descomponían y él llegaba a reinstalar cosas, limpiar y organizar. Metía discos y tecleaba varias líneas furiosas en su propio ordenador para mandarlas luego a alguna computadora intermedia que le mandaría luego el furioso mensaje a ella; ella luego respondería de la misma manera y es la única forma en la que ella tocaría un teclado para dar mantenimiento a algo. Y más que mantenimiento, parecía que cada vez era borrón y cuenta nueva. Pero imagínese usted que el borrón era ejecutado con una goma dura, sucia y chupada. Un borrón de esos que se ven en los cuadernos de los jardines de niños. Y sobre cada borrón se escribía algo nuevo. Y entonces había que volver a poner nuevas reglas y nuevas configuraciones y apariencia y cambio de sonidos de alertas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de que se terminaba una instalación, se pasaba a la siguiente, y en el mientras, los dos se disponían a matar el tiempo viendo alguna película o poniéndose aún más al servicio del hogar: haciendo tareas domésticas para la señora madre de ella. Ir al banco mientras el ordenador se quedaba sin atender para luego regresar y ver que el proceso ya había terminado hace tiempo y que todo sería más ágil. Poner otro proceso y seguir de ayudante durante el día. Y esto se repetía hasta que diesen las nueve de la noche y el proceso de terminación aún en pendiente. Dos tres besos de despedida y luego él salía a su casa a dormir para desear no tener que volver a pasar por ese martirio. Pero era una falsa ilusión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue así como, después de varios mantenimientos, el ordenador -¡pobre de él!- y ellos cedieron. El ordenador por viejo, usado y maltratado; ellos por darse tantos borrones que no se veía nada más que una mancha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se dispusieron con todos los ánimos a pelearse en alguna semana. Ya era costumbre quererse dar mantenimiento y reinstalar todo desde cero cada dos semanas. Pero esta vez, se encontraron con un error fatal. Tremenda batalla que libraron una tarde que terminó en el conocimiento que el sistema completo, tenía que ser desechado. El acuerdo parecía ser mutuo pero un tanto escandaloso de parte de ella. Llanto, alertas y jaloneos hubo. Hasta el final, los pocos acuerdos que existen. Entre ellos, jamás volverse a ver las caras. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue entonces el glorioso momento. Fue entonces cuando se hizo la pregunta más ridícula hecha después de él decirle que jamás quería volver a verla: “¿Y mi compu?”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sinceramente querida, no me importa un carajo.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-207960407458323122?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/ZhTa9LkSPGo" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/207960407458323122/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=207960407458323122" title="3 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/207960407458323122?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/207960407458323122?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/ZhTa9LkSPGo/servicio-tecnico.html" title="Servicio Técnico" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>3</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2011/03/servicio-tecnico.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;C0EHRXszfip7ImA9Wx9XF08.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-5589555519953754039</id><published>2011-01-10T22:53:00.000-06:00</published><updated>2011-01-10T22:53:54.586-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-01-10T22:53:54.586-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="conversación" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="¿Novelas?" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="entradas oníricas" /><title /><content type="html">&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Cuando en clase de francés nos pidieron que describiésemos un problema nuestro, me di cuenta que nadie toma en cuenta los sueños. Es trágico. Parecían nimiedades para ellos. Busca otra fuente de inspiración, decían, medita, duerme mejor. Relájate, fue muy común. No saben nada de los sueños. Gente que va por las calles creyendo que los sueños terminan al despertar y no van más allá de balbuceos nocturnos que parecen no tener sentido. No son, para ellos, una extensión de esta realidad, la continuación del día. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo explicarles que los sueños son mi realidad tangible? Cala más un sueño que una caminata de veinte kilómetros. La caminata deja un dolor sonso por unos días; un sueño deja un memento que cambia tu percepción. Como mi maestra de literatura hace ya tantos años que dejó de hacernos un examen por un sueño que tuvo. Como dejar pasar tantas experiencias vívidas que se sienten parte de la experiencia. Recuerdos de otra dimensión que van postrándose en los huesos de uno para definir la rectitud con la cual uno caminará ese día y los que a este le sigan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las victorias saben mejor, las derrotan pesan más. Los terrores profundos que se expresan en gritos y sudores fríos mientras uno esta engullido por la obscuridad de su habitación y la seguridad de las cuatro paredes que en un sueño podrían llevarme a algún lugar remoto y que en este mundo tedioso sólo representan la claustrofobia cerrándose sobre mí. Es amanecer cansado de tanta actividad, de haber corrido kilómetros, de haber volado, de haber tenido sexo con… ¿cuál era su nombre esta vez? Manos que no son manos, golpes que no sientes pero puedes darlos. La oportunidad de ser el súper-ego cada noche. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Encuentra otra fuente de inspiración. Si tan solo supiesen que en el sueño de la realidad relato la realidad del sueño en la cual siempre vivo…  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-5589555519953754039?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/E3p_4NIGg9I" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/5589555519953754039/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=5589555519953754039" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/5589555519953754039?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/5589555519953754039?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/E3p_4NIGg9I/cuando-en-clase-de-frances-nos-pidieron.html" title="" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2011/01/cuando-en-clase-de-frances-nos-pidieron.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEMNQn85eyp7ImA9Wx9QE0g.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-5404487150557519890</id><published>2010-12-26T02:29:00.003-06:00</published><updated>2010-12-26T02:34:53.123-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-12-26T02:34:53.123-06:00</app:edited><title>Ceci n'est pas un post</title><content type="html">&lt;a href="http://borchacalascomenta.blogspot.com/2010/12/sobre-borchacalas.html"&gt;Sobre Borchácalas&lt;/a&gt; &amp;lt;------------ Click&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los interesados: Parto a Hermosillo a las 7 de la noche este lunes 27. Regreso al DF el 8 u nueve de Enero. En ese lapso, no esperen mucha actividad mía en estos lares cibernéticos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-5404487150557519890?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/AGdwpyrBBvk" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/5404487150557519890/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=5404487150557519890" title="4 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/5404487150557519890?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/5404487150557519890?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/AGdwpyrBBvk/ceci-nest-pas-un-post.html" title="Ceci n'est pas un post" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>4</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2010/12/ceci-nest-pas-un-post.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CkAHR3wyfyp7ImA9Wx9REk4.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-2342851845614551684</id><published>2010-12-13T02:44:00.002-06:00</published><updated>2010-12-13T02:58:56.297-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-12-13T02:58:56.297-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="¿Novelas?" /><title>La caja fuerte (borrador primero, capítulo primero)</title><content type="html">&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;¿Fue coincidencia o azar del destino que tu cumpleaños fuese justamente la combinación de la vieja caja fuerte que me haya heredado mi abuelo? Yo no escogí ser heredado, ni la combinación, ni conocerte, ni tu cumpleaños y sin embargo todo se alineó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me enteré de tu fecha pocas semanas después de que fuese a casa de mi abuelo a recoger la caja. Nos conocíamos lo suficiente como para que te informara del suceso, no lo suficiente como para pedirte que me acompañases o que siquiera dieras seguimiento al siniestro. No tenía verdadera importancia, al abuelo tenía años sin verlo y me sorprendió que yo estuviese mencionado en el testamento. Ya en casa marqué los números como quién debe saberlos y la caja abrió sin problemas. Sólo había papeles viejos sin verdadera importancia. El abuelo me había dejado una caja fuerte vieja –aunque robusta-, con papeles cuya vigencia habían expirado con su muerte: cartas, títulos de propiedades que ya había vendido largo tiempo atrás, algunos escritos suyos, un cuaderno con sus vivencias. Me había dejado, esencialmente, sus recuerdos antiguos y una caja donde guardarlos. Parecía broma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Guardé los papeles en otro lado y decidí usar la caja para lo mismo que él la había usado. Tomé mis papeles importantes –diarios viejos, viejas cartas de amor y desamor, uno que otro libro y los borradores de dos o tres novelas que jamás me he puesto a terminar de escribir. Y así los dejé, sin más importancia, en mi estudio, guardada en una de las compuertas de mi escritorio –la única en la que cupo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida pasó poco a poco las siguientes semanas. Poco de lo acontecido en esas semanas es digno de relatarse. Mis caminatas por la ciudad se iban elongando cada vez un poco más. Varias veces pasé frente a tu casa sin darme cuenta. Un día me lo mencionaste, y desde entonces elongaba aún más mis caminatas e intencionalmente pasaba por debajo de los que asumía ser tus residencias. Realmente jamás esperé mucho de estas caminatas, pasando las dos cuadras donde podrías vivir, se me olvidaba tu existencia. La ciudad es mucho más grande y contiene mucha más sustancia de la que jamás podrás llegar tú a tener. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El peso de las memorias siempre será mucho mayor que una mujer cualquiera como tú. De repente me encuentro viendo que las calles tienen memorias. Me daban ganas de poder tomar uno de estos recuerdos y meterlo en la caja fuerte. Aceras, movimientos, y se ligan uno con uno en distintas temporalidades. El caminar por la ciudad últimamente, me había hecho notar eso. Ir rondando las distintas zonas y ver que hay memorias separadas por la corta distancia de dos cuadras y años de temporalidades. Memorias que se cruzan en dos calles y se vuelven conflicto como el de dos coches queriendo cruzar al mismo tiempo en el entronque. Y uno jamás se da cuenta, pues caminaba por calles perpendiculares muy ensimismado en su situación del momento. Pero ninguna repetida. No, no eres tan importante como para ahogar con dos cuadras de suposición toda una ciudad de memorias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Regresaba de las caminatas desgastado y pensando que debería hacerlo más seguido. Mis piernas no pensaban lo mismo. Tomaba agua y me daba a la tarea de leer. Acaso porque los libros también me evocaban memorias. Una o dos horas en leer; una o dos horas para sacar mis papeles de la caja fuerte y plasmar más memorias en mi diario; una o dos horas para escribir cartas y dirigirlas con diferentes tonos. ¿Cómo estás, querida? Me complace informarle… También me encuentro bien. ¿Me extrañas? Yo te extraño en demasía. Espero saber pronto de usted. Espero puedas viajar pronto para tomar un trago juntos. Te amo, no puedo sino esperar tu regreso. Firmar con tu nombre. Después, dormir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue al día siguiente que, caminando –lejos de tu casa-, te topé y nos sentamos en un café. Pediste un expreso, yo un americano. Hablamos un poco más de lo que habitualmente hablábamos y salió tu cumpleaños a relucir. De momento no lo noté sino hasta que lo releí de mi libreta de apuntes. Mientras, disfrutamos la hora y media de conversación antes de que cada quién partiese por su camino. Esa tarde no hice ni menos de la mitad de mi caminata usual. Regresé y me dediqué a lo mismo de siempre. Anoté en mi diario lo acontecido y no fue hasta entonces que puse la fecha de cumpleaños poco tiempo después de haber abierto la caja fuerte con la misma fecha traducida en números. En su momento fue gracioso y se me olvidó. No tenía más importancia que el café que habíamos tomado. Banal, hasta cierto grado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue hasta la noche que me atormentó. Soñé que sabías la extraña coincidencia y entonces penetrabas en la caja fuerte. Todas esas memorias de la ciudad las elevabas con banalidad leyéndolas. Leías mis cartas. Yo también te extraño. Nuestra estupidez nos separa. ¿Crees que no tengo miedo? ¿Crees que no sufro yo también? Se me acaban las palabras. Yo no me daba cuenta sino hasta muy tarde y te burlabas de ello. De tomar mi vida en tus manos y hacerte pasar por mí con mis sellos, burlona. Una desconocida que irrumpía en mis memorias y le daba una ligereza insoportable a las memorias. Y eso me molestaba. Me molestaba en demasía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desperté con mal sabor de boca. No pude resistirme ir a la caja fuerte y asegurarme que todo estuviese en orden. Lo estaba. Tampoco había señal de que hubiese alguien entrado a casa. Ni te había yo dicho donde vivía. Era ridículo pensar que fuese real. Sin embargo, me preocupaba ahora que la caja estuviese en un lugar tan poco propio para una caja fuerte. Que estuviese arrumbada en un cajón que le quedaba holgado. Fui entonces directamente a que le hiciesen un nicho en la pared para que pudiese esconderla muy al estilo las cajas fuertes de las películas de la mafia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era una medida ridícula, pero me hacía sentirme menos incómodo con la situación. Los papeles del abuelo seguro jamás fueron irrumpidos; mi abuela y él no se comunicaban demasiado y dudo que jamás le hubiese confiado su combinación. No era importante. Al menos no me llamaba la atención. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las próximas semanas, no pude sino estar a la defensiva contigo. Algo en ti ahora me ponía incómodo, nervioso. ¿Por qué este sueño con una completa desconocida? Era más fácil evitarte. Tenía cosas más importantes en que preocuparme como en mi supuesto matrimonio que estaba a punto de colapsarse. Digo supuesto porque jamás firmamos papeles aunque vivíamos juntos desde hace ya tiempo. No parecía importante darle nombre. Las cosas muchas veces son como son solamente porque sí, sin la necesidad de nombrarlas o avalarlas en ningún tipo de burocracia. Y esto era mucho más importante que aquejarme con un sueño en el que aparecías. El hecho de que hubiese obra en mi casa para la caja fuerte -y otros arreglos que decidí hacer en vista de que si iba a tener que penar incomodidades, podía hacerlas todas de una sola vez- no ayudaba tampoco. Las caminatas tuvieron que ser detenidas mientras hubiese obra en mi casa. No había nadie más que yo para poder estar al tanto de esta casa sola que ahora rebosaba de albañiles.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Incompleto)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-2342851845614551684?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/KU_xG0cc86I" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/2342851845614551684/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=2342851845614551684" title="1 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/2342851845614551684?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/2342851845614551684?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/KU_xG0cc86I/la-caja-fuerte-borrador-primero.html" title="La caja fuerte (borrador primero, capítulo primero)" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2010/12/la-caja-fuerte-borrador-primero.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D08HQnk_fCp7ImA9Wx9SE0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-2514914929029384108</id><published>2010-12-03T11:02:00.001-06:00</published><updated>2010-12-03T11:03:53.744-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-12-03T11:03:53.744-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="entradas oníricas" /><title>La casa blanca</title><content type="html">&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Curiosos son los sueños de los cuales te despiertas haciendo lo que estabas soñando. Como el de esta noche contigo, que estábamos en una casa blanca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En realidad, no era blanca, pero al entrar se tornaba blanca por fuera gracias a los acabados de adentro. Por fuera, parecía uno de esos edificios oficiales del centro de la ciudad como palacio de correo o Banco de México. ¿Por qué entraba yo a este edificio? El vestíbulo mostraba techos altos con paredes decoradas en tallados muy barrocos que encerraban pinturas igual de barrocas. Mármol blanco erigiéndose en tantísimos metros hacia lo vertical que ver el techo representaba torcer el cuello hacia arriba. Dos de estos se mostraban a los costados, mientras al centro se veía una cúpula que coronaba escaleras blancas de mármol y barandales del mismo material. Estos, sin ningún decorado mayor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ascendía y del aire te presenciabas a mi lado, en el derecho. A la mitad de la escalonada, estabas allí, subiendo conmigo tan contentos como siempre. Al llegar al final de la escalera, la planta alta se había vuelto la planta baja, y estábamos en un lugar cálido, pero la casa era fresca. Paredes blancas con luz tenue de día se mostraban entre los pasillos y las múltiples escaleras que llevaban de un piso a otro. Puertas decoraban la compleja y enredada disposición de los pasillos y varias daban a las mismas habitaciones. Enormes habitaciones con paredes verdes turquesa. Cada habitación con dos camas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la casa, había una reunión. Algo perverso tal vez, tal vez sólo mi imaginación. Por lo pronto, las habitaciones, vacías. Tus ojos y los míos se veían con la amorosa complicidad de siempre de sabernos en un lugar vacío y para nosotros solos. Tomábamos el único que tenía las camas tendidas y entonces venía el beso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sí, ese beso eterno que dura menos que la eternidad. De golpe, me desnudaba y te desnudabas. Nuestras pieles saboreándose ya a lo lejos. Calidez radiando desde ellas hacia el otro y entonces el abrazo y otro beso eterno. Manos que se pierden en los pliegues de la otra persona; piernas que se comienzan a entrelazar poco a poco. Ese abrazo que con el beso se empieza a volver más tenso, más íntimo, como cuando uno quiere fusionarse con el otro y existe la piel –piel barrera que nos acerca y aleja a la vez- para impedirlo. Tu cuerpo tenso, mi sexo erecto y entonces la penetración. Sí, esa cálida sin preocupaciones. Suavidad en la penetración que se abre el camino entre lo húmedo y que se siente avanzar con cada milímetro. Suave y que abraza no sólo los sexos sino el alma. Penetración cálida y natural, sin preocupaciones a nada más que la unión de los dos cuerpos. La tan deseada fusión –o lo poco que de ella se puede tener en tan poca superficie comparado con el resto de los dos seres. Y entonces llegar al fondo de tu ser, las piernas completamente enredadas en un cuarto ajeno de una casa desconocida que se llenaba de calidez por nuestros cuerpos. Amor desbordante en el beso, el abrazo, las pieles, la penetración, más besos y las manos que lo quieren contener inútilmente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero luego la interrupción. Gente que entra al cuarto para utilizar la otra cama. Gente sin amor que sólo tiene sexo por impulso animal. Sexo sin amor que culmina sólo en el placer propio; en el placer del cuerpo que no se puede contener. Interrupción y envenenamiento del amor nuestro que se combina con el asco. La privacidad interrumpida, lo íntimo vuelto público en cuestión de instantes con esa desgraciada interrupción de dos seres malditos y viles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces decidimos buscar en esta casa blanca amueblada frívolamente, un espacio que llenar. Sin vestirnos y sin separarnos emprendemos la búsqueda. Una búsqueda donde te conviertes en mi abrigo. Tu piel se vuelve mi piel, tus piernas las mías. Me cubres completamente y tu mano derecha remplaza la mía. Estás dentro de mi cuerpo, de mi piel, pero también me envuelves por fuera y lo que reemplazas mío con lo tuyo es mi mano derecha. Penetración y erección todavía válidas, todavía vigentes en lo que parece ser mi cuerpo con el tuyo, nos acompañan en esta caminata por una casa de gente banal, preocupada por el estatus. Somos invisibles para ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Puerta por puerta buscamos cada rincón de la casa. Subiendo escaleras, bajándolas de nuevo. Irrumpiendo en puertas con cuartos vacíos y camas destendidas. La terrible combinación de un cuarto vació y camas destendidas, esperando a la servidumbre de esta gente a que vengan a arreglarlas. Inminente interrupción del amor y la intimidad. Seguir buscando puerta por puerta y perderse en la enormidad de los cuartos con más de tres puertas cada uno. Llegar a cuartos perfectos para que junto a nosotros, se vean invadidos también por esa gente que no sabe nada del amor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegamos al último piso, al piso de la servidumbre. Ellos encima de toda esta casa, en la punta del escalafón social. Un solo cuarto. Enorme con camas tendidas, pero mucho movimiento. Sin sexo, pero con gente. Entonces la desesperación de estar en una casa sin amor irradiando amor. Pero también la alegría de ser el foco cálido entre tanta frivolidad. Lo único real, lo verdaderamente sensual de una casa mal decorada, fría e invadida. Y entonces abrazarme a mí que es abrazarte a ti y besarte los dedos. Besarme la mano derecha y jugar mis dedos tiernamente en la boca. Escuchar tu voz y tu regocijo dentro de mi cuerpo mientras lo hago. El calor que se despide de tu alma dentro de la mía y besarte los dedos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y entonces despertarme en mi cama, solo, a media madrugada. Darme cuenta de un cuerpo vacío, sin ese peso que eras tú en el mí, todo mientras me beso todavía los dedos y siento las cosquillas de mis labios sobre sus puntas.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-2514914929029384108?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/IpwSnOcgyLs" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/2514914929029384108/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=2514914929029384108" title="1 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/2514914929029384108?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/2514914929029384108?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/IpwSnOcgyLs/la-casa-blanca.html" title="La casa blanca" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2010/12/la-casa-blanca.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkcGSXkyfSp7ImA9Wx5aFU4.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-1342868131525318763</id><published>2010-11-11T23:00:00.000-06:00</published><updated>2010-11-11T23:00:28.795-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-11-11T23:00:28.795-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ejercicio" /><title /><content type="html">&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Recorrer línea tras línea las líneas del libro cuya historia es la misma de todos los demás. Siempre la misma historia desgarradora de amor con sus respectivas escenas de sexo, aderezadas al gusto del autor. La misma relación terrible de amor y desesperación; de engaño corporal y fidelidad en el alma. Tantas mujeres de la vida pobre que tuvieron sus amoríos con aquellos doctores o escritores mientras se cultivaban en la pintura, fotografía o la lectura, retratadas en tantas novelas, con tantos nombres y que son la misma. Tantos hombres que quieren libertad y sufren cuando ellas se van y se escurren entre las líneas del libro. Casi puedes sentir las lágrimas de los personajes correr por tus muñecas y humedecer el papel que constituye el libro. Y el libro de siempre, pero con diferente título, grosor parecido, autor en la contraportada con un cigarrillo, se te desmorona en el alma cuando volteas hacia arriba, apartando la vista desde sus páginas color crema. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces te das cuenta que tu vida no ah tenido sentido. Que no has tenido ese amor desgarrador que regresa para estar pos siempre bien, o que termina en la muerte de los personajes. LA locura también te sentaría bien. Volverse loco como en esos textos. Locura de amor y de saciedad sexual; de cavilaciones intelectuales tan profundas que te tocan el nervio del alma al leer aquellas letras que paso a paso van tus ojos recorriendo. Y tu vida pierde sentido porque no es de novela. Porque un personaje ficticio mejoró la vida que esperabas tener y él no se tiene que preocupar jamás por entrar en hambre si el autor no lo decide así. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deseas ser uno de esos personajes que, muy tirados de la pena, viven en cuartos de cinco por cuatro sin preocuparse más que por el amor sexual que se tienen ellos con el mundo. Ser esa tensión sexual eterna que demuestran ellos y que tan fácilmente encuentran. Deseas ser esa frase correcta en el momento correcto. Convertirte en un “Frankly my dear, I don’t give a damn.” Que dure por toda la eternidad y que algún lector incauto te subraye, marque y luego te cite en conversaciones o en el cubículo de un baño público. Es el deseo de ser el imaginario y no el real.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-1342868131525318763?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/RWKEOoLaP9g" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/1342868131525318763/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=1342868131525318763" title="3 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/1342868131525318763?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/1342868131525318763?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/RWKEOoLaP9g/recorrer-linea-tras-linea-las-lineas.html" title="" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>3</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2010/11/recorrer-linea-tras-linea-las-lineas.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CkECRHk7fSp7ImA9Wx5VF0o.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-3450163631431952136</id><published>2010-10-10T23:17:00.000-05:00</published><updated>2010-10-10T23:17:45.705-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-10-10T23:17:45.705-05:00</app:edited><title>Prohibido saborear</title><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;Lo que más me dolió que me prohibiesen, fue la canela. De la lista de alimentos a evitar, podía sobrevivir evitando a todos menos la canela. Desde chico tuve un gusto especial por ese condimento que viene en varitas que se desmoronan en espiral. Tal vez por eso los roles son de canela. De la varita natural, a la canela en polvo, estaba completamente prohibido. “¡Prohibidísimo acercarse a la rajita de canela!” me dijo enfáticamente cuando le puse pero a esta restricción. No hubo vuelta a atrás. La canela era algo que quería tener y no podía por razones de salud.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Jamás entendí bien la razón. Me dijo algo que si el colesterol, la gastritis con las úlceras, que irritante, que si se me hinchaba la piel o se me ponía roja, entre otros pretextos de mi médico para prohibirme la canela. “Le va a dar a usted más problemas estomacales que gustos en la lengua”, era su argumento. ¿Qué iba a saber un mequetrefe de mis gustos y preferencias? ¿Acaso no sabía el qué prefería yo el dolor de estómago a probar el arroz con leche espolvoreado y cocinado con canela? Eran cosas absurdas. Yo prefería estas incomodidades a dejar el sabor de la canela. Pero el orgullo monetario me ganó. Si estaba gastando seiscientos pesos la consulta, lo menso que podía hacer era seguir las consideraciones del “profesional”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Así empezó mi martirio. Uno no sabe la cantidad de platillos que no se pueden ingerir gracias a las prohibiciones. Pero uno las sobrellevaba bien hasta el postre y la hora del café. En este momento, tenía que preguntar discretamente si el platillo que yo pedía, podía ser servido sin canela. La reacción siempre era de extrañeza, pero la mayoría de las veces era afirmativa. Parecía que el mundo conspiraba con mi médico para que yo no tuviese canela en mi vida. Para despojarme de aquél sabor amargo, picante y dulce a la vez. Esa tenue sensación de sabor que parecería que le daba un sentido a las cosas que yo más disfrutaba de la comida. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El problema no era externo. En el mundo hay platillos sin canela, y pocas bebidas que no tienen inherencia de canela, pueden ser despojadas de ella. Pero la batalla era conmigo mismo. Con no sucumbir al deseo de ponerle canela hasta a los frijoles. De chupar una barrita de canela, de siquiera probar un chicle o dulce con ese sabor tan característico. Era un esfuerzo por no pensar en ello: por no salir a buscar un café de esos invisibles cuando uno los busca y pedir un té de canela. Es impresionante la cantidad de cafés que existen cuando uno no los busca. Aparecen por todos lados y te estorban en la banqueta con esos olores. Y justo aparecen cuando uno sale a caminar para no pensar en una obsesión culinaria. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entonces, no lo puedes evitar. No lo puede evitar yo. Entré en el primer café vació que me encontré y del cual despedía un olor amargo a café y canela; a leche y canela; a canela. Como avergonzado, me busqué la mesa más recóndita del local, donde menos personas pudiesen verme aterrorizado por mí mismo y avergonzado. Llegó la mesera y, como si estuviese pidiendo algo ilegal, pedí un capuccino con mucha canela. Llegó y de un trago me lo terminé. Seguido pedí un té de canela, y arroz con leche, y de esos postres como pastel que están recubiertos de canela y así hasta que mi bolsillo no pudo seguir pidiendo uno tras otro cada línea del menú que tuviese canela. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tal como lo dijo mi médico: vómitos esa misma noche. Un increíble dolor de estómago que disfruté de la misma manera que disfruté toda esa canela en la tarde. El dolor era parte del gusto; era parte de la experiencia. Pero no todo es bello. Al día siguiente, nada fue ingerible, y tuve que volver a mi régimen sin canela, a la monotonía de la comida sin condimentos. A una vida sin sabor a canela.  &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-3450163631431952136?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/tl82UArpxOo" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/3450163631431952136/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=3450163631431952136" title="1 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/3450163631431952136?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/3450163631431952136?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/tl82UArpxOo/prohibido-saborear.html" title="Prohibido saborear" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2010/10/prohibido-saborear.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CE8BSHw7fSp7ImA9Wx9SFUU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-6786673339235397165</id><published>2010-10-06T13:10:00.001-05:00</published><updated>2010-12-05T15:00:59.205-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-12-05T15:00:59.205-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="añoranzas" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="recuerdos" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="amor" /><title>La mesera</title><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;Jamás crucé palabra significativa contigo. Más allá de las simples cortesías que dos personas en nuestras situaciones se encontraban, jamás compartimos palabras. Te había visto en varias ocasiones antes. Solía yo caminar por esos lares cuando pasaba por enfrente de tu café y te veía sentada en la entrada, esperando cual Penélope a que algún cliente entrara. Ahora veo que desperdicié más de una oportunidad para hacerlo. Siempre supuse que estarías ahí, esperando a que un día entrase a tu local y te pidiese dos cafés y que te sentaras conmigo a tomarlo en lo que llegaban otros clientes. Yo y mi manía de asumir los mejores escenarios siempre. Pero no fue así. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que fui y entré, fue mala suerte. Iba acompañado y el local tenía otros dos clientes. Los dos teníamos situaciones adversas. Yo no podía dejar a mi compañero y tú no podías dejar a los clientes. De reojo, sin embargo, nos veíamos discretamente. Tú en tu atuendo muy de mesera: pantalón negro, blusa blanca, delantal negro con bolsas para el pequeño bloc y la pluma; yo observando tus movimientos con la charola. Era como saber que el tiempo no nos favoreció en ese momento. Ni tampoco en los siguientes que fui acompañado. Tuve la mala suerte de tener labores dignos de mi carrera y no poder tener esa tarde libre para pasar un día a la soledad de tu café. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las siguientes veces fueron iguales. Yo me sentaba en la parte del fondo del café y tú nos servías té, café, frappés o cualquier cosa que se nos antojara. Me sentía incómodo al pedirte cosas y hacía cierto énfasis al pedirlos por favor. Siempre me dirigías una sonrisa y me sentía menos mal al ordenarte tal o cual cosa. Yo festejaba cuando traías la orden y te regresaba la sonrisa. No había una sola vez en que no se me olvidara a propósito pedirte tal o cual cosa con el pretexto de que regresases a mi mesa. Era obvio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jamás supe lo que pensabas. Ni siquiera de tu nombre me enteré –ni tú del mío. Fue una convivencia entre una tensión tácita entre sorbo y sorbo de café; entre orden y orden. Nuestras dolorosas partidas era pedir la cuenta y dejarte propina. Esa sucia propina que parecía decirte que te pagaba yo por la felicidad que me brindabas más tú que mis acompañantes a la hora del café. Un pago mundano como si te dijera que eras buena y te festejaba ello con unas monedas en vez de verdaderas loas. Jamás te di un beso y me quedé con el sabor de tu cafetería en la boca como si fuese el tuyo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me tardé demasiado y un día ya no estabas. Ese terrible día en que finalmente pasé en soledad, el café se encontraba desierto. Tú no estabas y el té de Jamaica me sabía a ti. Esperé sentado al momento que aparecieras; esperando que llegases tarde o que hubieses tenido un día libre. Pero jamás llegaste. Regresé varias veces, siempre en distinto horario, distinto día, pero rendía los mismos frutos. Sólo había una mesa vacía, café y té con un sabor a ti y el recuerdo casi tangible tuyo. Una memoria aberrante que caminaba por el café en forma de una mesera vestida igual que tú pero carente de toda tu belleza y gracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue como si hubieses muerto y yo me hubiese quedado penando el gran amor que sólo pudimos explotar en una fría relación de cliente-mesera. Jamás te toqué ni jamás me besaste. El roce de tu piel quedó para mí siempre desconocido y el único calor tuyo que me quedó fue el de todas las bebidas que me trajiste; el frío que a ti te quedó fue el de mis pesos en forma de propina. Maldito soy yo como humano, que siempre te vi eterna en esa belleza: inmarcesible, inagotable; maldito sea yo por jamás pensar que pudieses desvanecerte. Maldito sea yo que jamás me tomé ese café contigo.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-6786673339235397165?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/20SV8i9c508" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/6786673339235397165/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=6786673339235397165" title="2 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/6786673339235397165?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/6786673339235397165?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/20SV8i9c508/la-mesera.html" title="La mesera" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2010/10/la-mesera.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CkENRHs-eCp7ImA9Wx5WEkQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-8114606014571961131</id><published>2010-09-22T22:40:00.003-05:00</published><updated>2010-09-23T20:11:35.550-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-23T20:11:35.550-05:00</app:edited><title /><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;Me gusta ver llover. El sonido de la lluvia y el viento sobre el pavimento y los árboles me relaja. Si hay tormenta y la lluvia golpea el piso y las ventanas, el viento hace ulular las rendijas de las puertas, el granizo retumbar el domo del baño y los truenos las paredes de este pequeño departamento, soy feliz. Podría vivir en una tormenta eterna y vivir feliz, relajado, disfrutando del fuerte pero relajante sonido de una buena tormenta. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La humedad de la lluvia y su característico olor son muy distintos a la humedad común. La primera huele a nuevo, a una humedad de baño frío y refrescante en una tarde calurosa de verano. Huele parecido a la piel húmeda del cuerpo de la mujer recién salida de bañar y que se seca al aire, sin pasarse toalla. El segundo huele a viejo, a estancado, le falta la vivacidad. Huele a animal muerto. La primera me gustaría poderla llevar por doquier y la segunda simplemente desearía jamás volver a encontrármela. Sin embargo, pasa al contrario, la segunda me persigue en la ropa, los zapatos, el salón de clases; la primera sólo aparece en días específicos que, al terminar la lluvia, llaman días de contingente. Clasificar las tormentas como un contingente, como si hubiese algo terrible en ellas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me gusta salir a caminar cuando llueve y disfrutar de estas sensaciones frías mientras me dirijo a la plaza. Paso junto a los pórticos y portones de la ciudad y veo a quienes tienen miedo de mojarse y se esconden inútilmente de la lluvia. Es fútil el intento, pues el agua en el piso busca los lugares secos e inevitablemente terminará en el dobladillo de aquellos que huyen de la lluvia. En cambio, yo me peleo con la vista. Sin anteojos, no veo ni mi nariz; con ellos, la lluvia se aferra a las lentes y me nubla la vista. De cualquier modo, jamás puedo ver bien la lluvia. No puedo ver como me mojo mientras doy el siguiente paso hacia un charco que inundará mi zapato y convertirá mi calcetín en un pesado trapo inútil. Y ya que uno tiene los pies mojados, no importa nada. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo anodino de tener el cabello escurriendo de agua, la playera empapada y agua hasta las rodillas. Tiene poca importancia porque es mi caminata bajo la lluvia. Entonces puedo disfrutar la tormenta desde adentro. Ser parte del ruido que provoca el golpeteo de las gotas; sentir el viento como si yo fuese los árboles gigantes que en vano intentan abrigar la calle de la lluvia. Oler la tierra húmeda mientras camino sobre el camellón donde ya hay charcos que piden a gritos ser irrumpidos en un estrepitoso splash con mi zapato. En esos momentos nada importa. Rodeado del olor a tierra y piel húmeda, el retumbar de los relámpagos en el aire y que me llega a los huesos, el sonido del agua y los alisios entre mis piernas y mi lucha contra todo de ello, estoy en paz con el mundo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero la lluvia disminuye, el viento calma y los relámpagos se espacian. En poco tiempo la gente comenzará a sacar sus paraguas para poder moverse en la amainada lluvia que anuncia su fin. El escampado está por llegar y yo me quedo viendo cómo la gente camina con sus paraguas a pesar de que las únicas gotas que caen son las reminiscencias de agua en las copas de los árboles. Veo los charcos como espejos en la calle y entonces marcho con toda la tristeza del mundo a mi casa a sufrir la paz y tranquilidad de la calma después de la tormenta. &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-8114606014571961131?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/UXPb30gYeAI" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/8114606014571961131/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=8114606014571961131" title="6 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/8114606014571961131?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/8114606014571961131?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/UXPb30gYeAI/me-gusta-ver-llover.html" title="" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>6</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2010/09/me-gusta-ver-llover.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;C04ERXo4fCp7ImA9Wx5XGUs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-5850248352266831046</id><published>2010-09-20T00:48:00.001-05:00</published><updated>2010-09-20T00:51:44.434-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-20T00:51:44.434-05:00</app:edited><title /><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;Habías dormido en ese vestido. Llegamos tarde por la noche al hotel donde estábamos hospedándonos y el cansancio no te dejó otra opción más que dormir sobre las sábanas vestida. No hubo poder humano que te despertara entonces. Mi esperanza de que pudiésemos acariciarnos fue muerta por ello.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero la mañana siguiente, me despertaste con un abrazo en tu desnudez. Te habías quitado el vestido minutos antes y escurrido entre las sábanas para abrazar mi espalda y posar tu mano sobre mi vientre desnudo. En mi espalda pude sentir tus senos y pezones de la manera que tanto me gusta sentir. Mis piernas se entrelazaron con las tuyas. Tus muslos se estrujaron contra los míos. Me besaste el cuello para despertarme un poco más. El amodorramiento seguía presente en mí, pero tus manos recorrían mi pecho y vientre mientras presionabas todo tu cuerpo a mi espalda. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;De repente tus manos me giraron mientras tú girabas también tu cuerpo. Yo medio dormido y tu despierta, intercambiamos posiciones. Ahora era mi pecho contra quién te apretujabas y mis manos recorrían tus pechos y tu vientre. Tus nalgas se apretaban contra mi sexo cubierto todavía por el bóxer. Con las piernas enlazadas, te besaba el cuello un poco más despierto mientras sentía tu espalda contra mi pecho. Esa espalda suave, cálida que en su silueta me llevaba hacía esos delicados pechos que terminaban en un pezón obscuro que encantaba de enredarse en mis dedos. Tu espalda que también me dirigía a tus piernas en una ensoñación hacia tus piernas tan torneadas y que siempre querían estar ellas tan juntas entre sí. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me desnudabas por completo, ahora que estaba yo despierto. Sentía entonces aquél trasero suave sobre mi sexo. La calidez de dos glúteos sobre el pubis y el vientre que me incitaban a llevar mis manos a los tuyos para sentir tu humedad bajo mis manos que se alternaban entre el pubis y tus pechos. Tan apretados nosotros dos, por la mañana con los rayos del sol entrando levemente por alguna rendija formada por las cortinas, nos besábamos tiernamente. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Con las manos nos empezamos a manipular. Había un ritmo tan nuestro esa mañana. Un ritmo íntimo que se apretaba entre nosotros dos, que cobraba fuerza y vida propia. Un ritmo que nos revitalizaba a ambos sin importar el cansancio. Las humedades de casa uno impregnándose en nuestros cuerpos, nuestras manos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fue entonces momento en que dejamos que el rimo fuera de nuestros cuerpos y no solamente de las manos. Rompimos el eterno abrazo y sobre tu espalda, comencé a abrazarte. Frente a frente, tú acostada y yo sobre de ti, empezamos ese ritual rítmico. Ver tu cara en esa posición, con la boca entre abierta y los ojos con esa mirada de no saber si cerrarse o abrirse. La calidez de tu cuerpo por dentro y por fuera. La humedad y tus piernas apretando las mías. Sentir tus pechos sobre el mío mientras se frotan nuestros vientres a nuestro único e irrepetible ritmo. Escuchar nuestros jadeos aumentar. Tus brazos en mi espalda los míos en tus hombros. La posición que usábamos para poder yo tener más fuerza. El aumento de las respiraciones y el calor aumentando. Uno tras otro, cada vez más rápido y enérgico. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Después, el descanso, verte a los ojos y besarte. Descansar mi cuerpo sobre el tuyo y sentirte rodarme. Ahora estoy yo de espaldas y tu sobre de mí. Te eriges de repente ante mí, sin habernos separado nunca, y me muestras tu hermosa desnudez. Esos pechos tan bellos con tu silueta. Tu cara sudada y el cabello enmarañado que te dan ese aspecto de hermosura inigualable. Arqueas tu espada para mostrarme todo tu frente. Tu vientre se estira aún más y tu cintura se acentúa. El ritmo vuelve a comenzar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mis manos desesperadas buscan tu cuerpo, tu cara, tus labios, tus pechos. Se postran en la cadera, juegan con tu vientre y tu cuello. Te atraen ocasionalmente a mí para un beso. Ocasionalmente yo me levanto para besarte y sentirte más cerca. No hay delicia más grande que un beso durante el sexo que se hace bien. Veo tus pechos llevar el ritmo, veo tu cuerpo llevarlo. Es ver aquél latir intangible nuestro en acción. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El ritmo acelera, intercambiamos posiciones nuevamente. Tus muslos cerrados y flexionados, me abrazas con las piernas en esta posición y las siento sobre mi espalda. Te abrazo y siento tus muslos sobre mi pecho mientras sentimos como nos aceleramos y nuestro palpitares aumentan con cada empujón que nos damos –porque tanto tú como yo empujamos el uno al otro. El sudor se vuelve más intenso y a medida que aumentamos, tus muslos comienzan a perder la fuerza para mantenerse cerrados y deslizan hacia los lados. Mi pecho recae sobre el tuyo nuevamente y siento tu vientre contra mi vientre. Cada empujón llega a tu fondo y tus piernas abrazan mi espalda baja. Mis brazos debajo de tu espalda facilitan a mis manos llegar a tus hombros para abrazarte con mayor fuerza. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El fin se acerca. Cada vez más fuerte, gemimos los dos. El sudor nos recorre y llega el momento. Ese momento en donde dejamos ir todo. Tres o cuatro empujones enérgicos y espaciados anuncian la gloria del momento. Tus ojos se abren, los míos se cierran. Los cuerpos se tensan y el último empujón termina en un desplome de mi cuerpo sobre el tuyo. Besos furtivos caen sobre nuestras caras, cuellos y labios. Un ligero te amo resuena con un eco. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Queda entonces el sudor y ese alivio de la conjunción. El fuerte abrazo eterno de dos respiraciones agitadas y dos almas tranquilas. Sí, definitivamente la mejor manera de despertar.  &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-5850248352266831046?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/rUKWT_90E9o" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/5850248352266831046/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=5850248352266831046" title="1 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/5850248352266831046?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/5850248352266831046?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/rUKWT_90E9o/habias-dormido-en-ese-vestido.html" title="" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2010/09/habias-dormido-en-ese-vestido.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DUYGSXwyfSp7ImA9Wx5XEEU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-2375896082962448961</id><published>2010-09-09T15:37:00.002-05:00</published><updated>2010-09-09T21:52:08.295-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-09T21:52:08.295-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="emociones" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="vida" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ejercicio" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="viento" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="olor" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="espera" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="amor" /><title>Penélope en el parque</title><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;Se encontraba en el parque observando a la nada. Era un parque tranquilo donde la gente no solía pasar entre semana. En los fines de semana era un tanto concurrido, sin embargo, pues al centro había una pequeña capilla donde se celebraban matrimonios. Pero en días laborales, eran pocas las personas que se encontraban ahí. Ocasionalmente veía a una pareja paseando un perro, o algún señor entrado en edad, pero nadie que hiciera bullicio. Más que parque, era una plaza, pero en los letreros venía anunciado como Parque Concepción. Carecía de juegos, pero también de una gran explanada. La que había era una pequeña con algunas bancas que daban a la entrada de la capilla. El resto eran áreas verdes con angostos senderos entre la vegetación que servían para pasear. De estos senderos emergía de vez en cuando algunos de los transeúntes y desembocaban en la plaza, tal como lo había hecho ella y como lo haría después él. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella ya se encontraba ahí cuando él apareció. Era un desconocido. Pero era uno de esos desconocidos que le erizaron la piel. No tenía nada en especial. Era de estatura media, tal vez un poco más alto que ella, vestimenta común de pantalón de mezclilla. Una playera un poco holgada, cabello un tanto descuidado y sin lentes. Tenía una tez blanca y ojos como los de cualquier persona. No se veía ni escuálido ni fornido. Una persona que bien podía pasar desapercibida y qué le había enchinado la piel con tan sólo verlo. Vio su vida pasar con él en su trayecto de la desembocadura del sendero a la banca del otro lado de la plazoleta.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ni por un momento pudo despegar la mirada discreta –porque siempre debe una ser discreta- del joven. Hechizada vio la brazada y el movimiento de hombros tímido que tenía ese hombre que ni porte tenía. Encorvado, parecía deslizarse sobre el parque hacia la banca y sentarse. Encendió un cigarrillo y ella no pudo sino pensar en hacer lo mismo. Prendió el encendedor y lo vio a través de la llama. Todo su cuerpo ahora se veía ardiente. Su cigarrillo tomo el centro de atención y lo encendió. Ahora los dos fumaban y era como si estuvieran compartiendo el mismo cigarrillo con saliva.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Compartir un cigarrillo  para ella era una manera de compartir aspiraciones, anhelos y aliento. El mismo aire que entraba a los pulmones de ella, entrarían a los de él y se esparciría del mismo modo por su sangre, por los músculos y las miradas. Los ojos se volverían penetrantes y se hundirían en los cabellos de otro. Era un ofrecimiento de paz y de comunión con el otro. Compartir un cigarrillo era compartir alma y vida por el corto periodo de unos minutos y ahora parecía que lo estuviesen haciendo a pesar de la distancia.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En general, cuando dos personas hacían la misma actividad solitaria en pareja, le parecía una comunión extraordinaria. No había cosa más deleitable que hacer esas actividades solitarias con alguien más. Las comidas, las eternas esperas, las lecturas y el llanto, entre otras, cabían dentro de esas actividades. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los cigarrillos comenzaban a volar como cenizas en el ligero viento de la tarde anunciando su fin. Apagó el suyo en cuanto vio que él se desprendía del que tenía en mano. Del bolsillo trasero de su pantalón, sacó un libro, no muy grueso y empezó a hojearlo. No parecía verse muy interesado, tal vez era aburrimiento lo que tenía. Lo observó con detenimiento pasar las páginas de una manera apresurada, como si buscase algo sin ganas de buscarlo. Sus manos tenían un espectro divino. Desde la manera de agarrar el cigarrillo hasta como pasaban las páginas una a una, parecían no responder a los deseos de su dueño, sino a los propios. Parecían del tipo de manos que pudiesen deslizarse con suavidad sobre su piel. Podía sentir el viento llevando el tacto de sus yemas a los vellos de sus brazos, su hombros y la nuca; como llevaba su aliento y como se mezclaba con su tacto en su piel. Lo sentía inmiscuirse entre sus ropas y acariciar su piel desnuda.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;De golpe se dio cuenta que tenía los ojos cerrados y los labios entre abiertos como esperando un dulce beso. Lástima que no pudiese sentir los labios en los suyos. Él seguía hojeando el libro. Ahora estaba ansiosa. No sabía qué hacer. Le atraía ese hombre de una manera insospechable y solamente había estado en presencia de él unos minutos. Jugó con sus manos y sus llaves. No podía intentar ponerse a leer, la distraería de verlo y podría pasar la oportunidad de tener un primer contacto visual y justo cuando estaba en este tren de pensamiento, él subió la mirada y la observó fijamente durante unos segundos y sonrió. Le sonrió de regreso, esperando que no se notase su emoción por dicho evento.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ahora ya no podía ignorarlo. Tenía que hacer algo al respecto. Él volvió a alzar la mirada y volvió a sonreír. Guardó sus cosas y decidió tomar acción. Se sentaría junto a él y compartiría un momento en silencio. Después, algo habría de suceder. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Se levantó y dio el primer paso. El corazón empezó a acelerarse. Dio el segundo y el tercero. Parecían eternos y la distancia también. El cuarto y los demás llegaron con más naturaleza. El viento traía su olor y el dulce aire lograba acelerar más su cuerpo. Las manos le temblaban.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A la mitad del camino, algo inesperado pasó. El volteó a su derecha, sonrió y dejó su asiento. Ella volteó para verlo reunirse con una mujer, de su propia estatura y muy parecida a ella. La recién llegada lo besó y volteó a verla. Dio la media vuelta y se llevó al hombre, quien apenas si se dignó a voltear y dirigirle una última sonrisa antes de irse con quién bien podría haber sido su hermana.  &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-2375896082962448961?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/SjoggJDlTeg" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/2375896082962448961/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=2375896082962448961" title="1 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/2375896082962448961?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/2375896082962448961?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/SjoggJDlTeg/en-el-parque.html" title="Penélope en el parque" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2010/09/en-el-parque.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DUQHQn49cCp7ImA9Wx5XEEU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-5965234306192495006</id><published>2010-09-07T21:04:00.002-05:00</published><updated>2010-09-09T21:55:33.068-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-09T21:55:33.068-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ejercicio" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Mario y cecilia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Mario solo" /><title>Mario en la Escuela</title><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;Era difícil que comentara algo en clases. Pero cuando llegaba la ocasión, su palabra solía poner en fin las discusiones del grupo. Jamás eran comentarios largos. Solían ser frases concisas y llenas de fuerza. Sus compañeros no tomaban esto a bien. Generalmente lo veían con desprecio o simplemente rodaban los ojos al cielo cuando el profesor deba su visto bueno. Cuando el profesor no lo hacía, y estas eran las raras ocasiones donde no se acallaba la conversación, los comentarios sarcásticos referentes a su comentario solían pulular en el tema. Cuando esto sucedía, jamás concluían el tema.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es bastante seguro decir que Mario no tenía muchos amigos en la escuela. En realidad, eras algunos conocidos. Amigos sólo tenía uno o dos. En sus horas libres, mientras los demás iban al billar o por cervezas clandestinas, él se detenía en algún lugar silencioso y poco concurrido a leer. Sus lecturas iban desde las escolares hasta cualquier cosa que le cayera en las manos. Le gustaba leer, y comprendía los temas, pero pocas veces sus compañeros lo tomaban en serio. En realidad, era considerado uno de los lentos de la clase por su poca participación social. De él se pensaba que era de aquellos estudiantes que pasaban horas enteras en casa haciendo tarea o estudiando el material. En realidad, en casa jamás podía levantar un libro. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Varias veces los compañeros abusaban de él, pero jamás daba señas de que le importase mucho. No sufría ni guardaba rencor alguno a ellos. Simplemente ellos no existían para él a menos que hicieran contacto físico. Entonces era imposible ignorarlos. Pocas veces llegaron a golpearlo, pero no se fueron limpios, a pesar de que perdiese las batallas. Lo que le dolía no eran los golpes realmente, sino la humillación en frente de las mujeres de la escuela. En realidad era lo único que le molestaba. Sabía él que si pudiese y tuviese el tiempo, podría hablarle a las mujeres que el interesasen, pero sabía que no los tenían y que ellas pocas veces lo tomaban en serio. La mayor parte del tiempo, ellas se dejaban llevar por el grupo social. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sin embargo, llegó a tener algunos encuentros sencillos con mujeres. No duraban mucho tiempo y ellas lo olvidaban fácilmente –o eso aparentaban hacer. Jamás encontraba un tema fijo para charlar con ellas y ellas jamás parecían disfrutar del silencio y la contemplación que Mario tanto disfrutaba. Siempre terminaban aburridas o desconcertadas por alguna pregunta que Mario llegaba a plantear al aire como para ser observada. Era una lástima, pues Mario buscaba alguien con quién charlas y contemplar al vacío cuando alguna pregunta surgiese. No le molestaba platicar, pero prefería la compañía intrínseca que se tiene con alguien cuando se sabe que están cavilando la misma pregunta. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Él realmente se ponía atento a si ellas mostraban algún signo de conexión. Pero ninguna lo había mostrado hasta el momento. No sabía realmente como sería, pero sabía que lo reconocería porque sabía reconocer el tedio, la alegría, el aburrimiento, la tristeza y demás emociones. En realidad, era bueno, y eso le ayudaba en su vida cotidiana. Sobre todo en la escuela, pues sabía especialmente que días sus compañeros tenían ánimos para llevarle la contra o meterse con su persona. Si podía evitar ese tipo de distracciones, no le venía mal esta habilidad. Le venía tan bien que incluso podría haber imitado sin problemas al grupo social y encajar a la perfección, pero algo en las personas no llegaba jamás a cuadrarle. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sus momentos de soledad eran varios, algunos eran por elección y los disfrutaba. Eran los momentos aciagos de soledad que él no elegía los que llegaban a pesarle. De vez en cuando, sí le hacía falta la compañía de un ente ajeno a él que le diese una respuesta distinta a la suya y al resto del mundo. Lo que él realmente buscaba en esos momentos no era la mera compañía, sino un estímulo del universo que el dijera que no todo era tan homogéneo como le parecía la sociedad. Era en esas ocasiones cuando más disfrutaba de caminar solitariamente por la ciudad, incluso si era por sólo unas pocas horas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-5965234306192495006?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/aC26I_A-Vus" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/5965234306192495006/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=5965234306192495006" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/5965234306192495006?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/5965234306192495006?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/aC26I_A-Vus/mario-en-la-escuela.html" title="Mario en la Escuela" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2010/09/mario-en-la-escuela.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CkUMR3s7eSp7ImA9Wx5QGE4.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-5049362811297837614</id><published>2010-09-06T22:31:00.000-05:00</published><updated>2010-09-06T22:31:26.501-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-06T22:31:26.501-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ejercicio" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Mario y cecilia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Mario solo" /><title>Mario en la ciudad</title><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;En sus días libres, Mario salía a las seis y media de la madrugada a caminar. Tomaba un pequeño morral con algunas cosas necesarias: la cartera, una agenda, cuaderno y pluma.  Las llaves también estaban incluidas en el pequeño morral de mezclilla que llevaba a todos lados que no fuese el trabajo o la escuela. Odiaba cargar cosas en los pantalones, entonces prefería llevar el morral deslavado con el tiempo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus caminatas duraban todo el día. Prefería salir a rondar las calles de la ciudad que quedarse en casa. No era particularmente afín a la ciudad, mucho menos en horas pico o medio día. Le parecía que a esas horas se concentraba un calor propio de la ciudad que se convertía sofocante para él. A esas horas prefería tomarse un descanso en alguna área verde que encontrase. Estas eran especialmente buenas para tomar una siesta después de varias horas de haber caminado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque si bien no siempre dormía –a veces llevaba alguna novelilla corta que Cecilia llegaba a traerle de su trabajo- , la mayor parte de esos descansos no podían llamarse activos. Si no dormía, contemplaba alguna escena, ave, perro o gato que se cruzaran. Tampoco era muy afecto a observar personas, aunque había adquirido la manía de hacerlo si estas resaltaban en algo. Fuera un sombrero, facciones o actividades, no podía evitar ver a la persona. Tal vez que fuesen fuera de lo común le llamaba la atención y dejaban de ser personas comunes.  Pero eran raras las personas que causaban este efecto en él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes y después de sus descansos, se dirigía sin rumbo alguno. Jamás tomaba transporte público para evitar conglomeraciones y para no romper con la cadencia de sus pasos en la ciudad. Salía a pie y regresaba a pie. A veces topaba con algún lugar carismático de la ciudad y otras veces en barrios que parecían más rurales que urbanos. Jamás lo habían asaltado en una de sus caminatas y eso lo sorprendía un poco. Él se sentía particularmente vulnerable en las caminatas que incluso para él no tenían mucho sentido. En su rumbo errante, jamás había aprendido el nombre de las calles y callejuelas secundarias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero era bueno ubicándose. En realidad, él podía dar indicaciones muy precisas de cómo llegar a distintos lugares, pero jamás podía saber el nombre de las calles. Así que cuando le preguntaban por una calle en específico, no sabía que contestar, pero sus habilidades de dirección excedían cuando le preguntaban específicamente por un lugar. Si la persona le ponía la suficiente atención y tenía buena memoria, no tendría problemas algunos para llegar. Incluso en las calles torcidas y poco definidas podía ubicarse. Así que jamás se perdía en la ciudad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No pensaba en muchas cosas. Disfrutaba de salir y caminar como si pudiese realmente viajar por el globo entero sólo a pie. Le hubiera gustado poder ir a varios otros lugares como Europa a caminar. Sólo a caminar. Pocas veces entraba a algún museo y las iglesias sólo eran buenos lugares para dormitar sin ser interrumpido. Ni monumentos ni bustos famosos veía. El gustaba sólo de conocer y aprenderse la dirección y ubicación de los edificios de la ciudad sin tener la necesidad de entrar a ellos. Era como organizar la ciudad en su cabeza. El monumento tal se encuentra tres calles después de la esquina con el puesto de periódicos viajando hacia el oeste. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El regreso a casa era difícil. Pero su dificultad no tenía que ver con la ubicación, sino con sus pocos deseos de regresar. Incluso si llegaba a estar muy cansado para medio día, él debía regresar a las ocho como muy temprana hora. Su casa representaba un lugar lúgubre y sin protección alguna más que la de su hermana. Fuera de casa, cualquier cosa podía pasar, pero la incertidumbre era menso pesada que vivir ahí. La incertidumbre representaba una posibilidad, y las libertades se dan por posibilidades –o al menos así pensaba él. Entonces, la ciudad era un lugar libre, sin problemas a los cuales responder y donde cabía la posibilidad de que algo bueno pasase. Desde encontrarse cinco pesos hasta tener conversación con alguna persona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sí, solía hablar con algunas personas, pero no llegaba ser muy común. Se daba el caso cuando le pedían indicaciones y tenía el buen humor como para dirigirlo a su destino. A veces los acompañaba en largas caminatas y muchas otras eran verdaderamente cortas. Rara vez se encontraba a la misma persona dos veces. Cuando esto sucedía, por lo general, no solían reconocerlo. Pero él sí los recordaba y eso le dolía un poco al principio. Incluso saludaba, pero no todos respondían y pocos lo reconocían en una segunda vez. Después, se volvió cotidiano y ya no sentía molestia social si alguien no llegaba a reconocerlo o saludarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así se manejaba Mario en la ciudad en sus días libres. De madrugada a noche caminaba, sin esperar nada y disfrutando la sensación en sus piernas de cansancio y el arrastre de los pies sobre el concreto de las aceras.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-5049362811297837614?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/-G8KZWqFViE" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/5049362811297837614/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=5049362811297837614" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/5049362811297837614?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/5049362811297837614?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/-G8KZWqFViE/mario-en-la-ciudad.html" title="Mario en la ciudad" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2010/09/mario-en-la-ciudad.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CkADQX89fSp7ImA9Wx5RFEs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-8598128950021474503</id><published>2010-08-15T22:31:00.002-05:00</published><updated>2010-08-22T02:06:10.165-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-08-22T02:06:10.165-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ejercicio" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="olor" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Mario y cecilia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Cecilia sola" /><title>Cecilia y los olores</title><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;Cecilia era extremadamente sensible a los olores. ­­El más sutil podía dispararle una reacción de emociones y recuerdos. Pero jamás lograba identificar el olor si no se encontraba frente a la fuente. Lo reconocería, y su memoria empezaría a trabajar; se llenaría de sensaciones y emociones. La piel se enchinaría y tendría ya lágrimas en los ojos, lista para desahogarse, pero jamás sabría qué era aquél olor.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En numerosas ocasiones se había visto en la necesidad de sentarse a media calle a desahogar su ronco pecho por algún olor proveniente de algún pasto u hogar cercano. Comúnmente lloraba por desamparo. Su nariz se había convertido en una herramienta del mundo para hacerla llorar, para evocar nudos en su pecho y paralizarla. Señores la intentarían reconfortar en más de una ocasión, pero fallarían miserablemente. Cuando los olores penetran en la piel, no hay nada que pueda quitarlos. Esto lo sabía muy bien Cecilia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Numerosas veces, los perros de casa habrían dejado su olor en la casa y Cecilia sabía bien que no había una manera efectiva de remover el olor. Podía intentar enmascararlos, pero la muerte solamente es más necia que los olores. Un olor en el cuerpo de Cecilia era terrible. Entraba por cada poro y lo sentía en la piel. Pegajosos, la mayoría de ellos -los pocos suaves y delicados siempre habían sido arruinados por algún insensible que metiera un segundo olor o que la hiciera asociarlo con malas experiencias- se impregnaban en el cabello y se instalaban en su nariz y boca. Viajaban por los pulmones y el estómago hasta que lo tuviera metido bien en las entrañas y emanar incluso por los ojos. Era un martirio. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Día con día debía sobrevivir a un mundo infestado de recuerdos y emociones intangibles que podían llegar en el aire y que se instalarían en todo su cuerpo. El olor a sudor, levadura, cloacas, flores, chocolate, a humano, el característico olor suyo y el de su hermano, de sus amigos, del plástico quemado, de una vela consumiéndose, de la ropa nueva, de la usada, de la roída. Cada uno de ellos, era un recordatorio de algo, una bala en el alma que la hacían olorosa y llena de dolor. Eran agentes que hacían que temblara y se estremeciera.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sólo el olor a papel le reconfortaba de manera exitosa. El papel donde escribía un pequeño diario y no el de los libros nuevos. Un olor a papel viejo de cuaderno en el cual escribía sus vivencias con terribles faltas de ortografía –las cueles ella ignoraba. Era en ese cuaderno donde estaba a salvo de todo olor, de todo recuerdo terrible. Era el lugar seguro, seco de cualquier lágrima y generadores de olores. Lo abría con delicadeza y escuchaba como el lápiz y su olor a madera escribían raspando el papel palabra a palabra, haciendo un discurso casi impecable de su vida. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tal vez por ello había decidido trabajar en una tienda de libros viejos. El olor era parecido, pero no igual. Era una sensación cercana a la tranquilidad de un deshago bien. Sin nada, la tranquilidad de sentirse en confianza con ella misma por medio de los olores y la sensación  del papel viejo en sus manos. Ponía los números del precio en la primera página con un lápiz casi sin punta –mientras más raspara el lápiz, mejor- y era la experta en la clasificación. Cada libro era un recuerdo preciado y eso sabía organizarlo bien. Había convertido la librería de viejo en su propia biblioteca de recuerdos aunque hubiese leído apenas dos o tres de ellos. Temía que si leía demasiado y en presencia de los olores, pudiese empezar a tener recuerdos de cada libro en los momentos más inoportunos y empezar a sufrir con olores gracias a recuerdos que no serían suyos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sin embargo, a veces hojeaba uno que otro libro cuando el día estaba flojo y lograba aprenderse pasajes completos con tan sólo leerlos mientras comía una barra de chocolate, por ejemplo. Capacidad no le faltaba. Era su extrema sensibilidad la que la detenía a poder hacer cosas que ella deseaba hacer. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y así es como Cecilia se perdía de muchas cosas.  &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-8598128950021474503?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/aFroIytUG7I" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/8598128950021474503/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=8598128950021474503" title="4 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/8598128950021474503?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/8598128950021474503?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/aFroIytUG7I/cecilia-y-los-olores.html" title="Cecilia y los olores" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>4</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2010/08/cecilia-y-los-olores.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CE4CSH44eyp7ImA9Wx5SFko.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-91060333346763471</id><published>2010-08-12T23:16:00.000-05:00</published><updated>2010-08-12T23:16:09.033-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-08-12T23:16:09.033-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ejercicio" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Mario y cecilia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Cecilia sola" /><title>Cecilia sola.</title><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;Mario siempre me protegió incluso cuando no lo necesitaba. Jamás se lo he dicho, pues sé que es algo que lo hace sentir bien: poder cuidar de mí. Sin embargo, pocas veces ha sido necesario. Muchas veces él a tenido problemas con los demás por meterse en conflictos míos. Varios hombres que me han pretendido le han tirado al suelo. No es muy bueno peleando. O no lo era hasta el día que quisieron asaltarnos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el único que me defendió cuando mi tío entrara con su volumen de grasa a mi cuarto aquella noche. Yo dormía y me despertó el rechinar de la puerta. Me estremecí de frío bajo las sábanas y sentí como una gran masa que se posaba sobre mi colchón me obligaba a rodar hacia ella en más de un sentido. Me tomó primero del brazo y luego las sábanas volaron. El sólo recordar su peso sobre el mío, sus manos regordetas girándome y forzándome me traen lágrimas a los ojos. No fue sino hasta que terminó que pude pedir ayuda a Mario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salimos aquella noche con lo poco que pudimos cargar y nos adentramos en la noche. Desde entonces vivimos donde podemos y en casa de varios amigos. Esto fue mucho después del asalto y eso me hacía sentir segura al lado de mi hermano quién llamaba mi nombre de vez en vez mientras caminábamos en silencio. Sabía que con nuestros padres poco se podía hacer, y tener un encuentro con ellos sólo nos traería peores momentos. Para ellos sólo existe su familia y nosotros no estamos incluidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recuerdo que jamás tuve un juguete. Tenía que improvisar con los utensilios caseros y no siempre era una tarea exitosa. Muchas veces terminaba siendo reprendida por mi madre quién siempre argumentó que yo no servía más que de sirvienta, y qué esa siempre había sido la razón por la cual había nacido. Era de esperarse que mi abuela, cuando visitaba en la ausencia de mis padres –y más bien la teníamos como gran matriarca- siempre me pusiera a mí a hacer casi todos los quehaceres de la casa y se desquitase conmigo por cualquier disturbio que llegara a presentarse. Mi hermano ayudaba, peor numerosas veces fuimos los dos azotados por ello. Mario siempre la retaba para que fuera él quien tuviera la mayor reprimenda al principio y, de esa manera, yo sólo sintiera una furia amainada de mi abuela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noche del asalto, veníamos de regreso de nuestros respectivos trabajos. Nos quedaba a una cuadra de diferencia: yo era mesera en un café y él reparaba utensilios del hogar. Él pasaba por mí a mi trabajo y caminábamos juntos hacia casa que quedaba a unas quince cuadras. Preferíamos llegar tarde y caminar a llegar temprano y lidiar con los padres. De un arbusto alto mal podado, salió un tipo con pantalón holgado, sucio y sin playera. Traía un chuchillo en la mano que brillaba como un lucero de la noche. Nos pidió todo lo que trajéramos y yo pensaba obedecer. Sin embargo, Mario saltó sobre él y logro desarmarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Regresamos a casa con todas nuestras cosas. Mario traía una herida en el brazo ocasionada por el forcejeo con el asaltante. Nuestros padres ni cuenta se dieron de ello y entonces subimos a que le curara el brazo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-91060333346763471?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/ZnlKX_r7bAI" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/91060333346763471/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=91060333346763471" title="1 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/91060333346763471?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/91060333346763471?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/ZnlKX_r7bAI/cecilia-sola.html" title="Cecilia sola." /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2010/08/cecilia-sola.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CUYMSXk5fSp7ImA9Wx5SFko.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6832838229909852955.post-3940223895040316248</id><published>2010-08-11T21:45:00.001-05:00</published><updated>2010-08-12T23:19:48.725-05:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-08-12T23:19:48.725-05:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="violencia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ejercicio" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Mario y cecilia" /><title>Infancia</title><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Vivíamos en una casa estilo INFONAVIT. Cecilia era apenas dos años mayor que yo y éramos inseparables. A pesar de ser niños, jamás tuvimos aquellas problemáticas discusiones de hermanos. Tal vez por eso éramos tan raros y jamás aprendimos a llevarnos mal con las personas. Tanto Cecilia como yo somos hoy en día personas qué jamás discutimos con nadie ni nadie nos cae terriblemente mal. Simplemente nos llevamos bien con ellos o no. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La casa carecía de muchos servicios, pero teníamos excesos en otras cosas. Por ejemplo, el piso jamás tuvo mosaico después de que la loseta se despegó de este y quedó eternamente mostrando el frío concreto. Nos bañábamos con agua fría porque jamás tuvimos en la infancia un calentador. Las comidas siempre eran del día y nuestra madre nos forzaba a acabarnos todo porque no teníamos un refrigerador. El baño era muy básico: excusado, regadera con cortina y lavabo con un espejo. Cecilia y yo compartíamos el piso de un cuarto sin clóset ni cortinas. Era un milagro que tuviésemos vidrio en la ventana. Sin embargo, mis padres tenían en su cuarto mosaico, una televisión de varias pulgadas que abarcaba gran parte del cuarto. Contábamos con una camioneta y mis padres disfrutaban de viajar sin nosotros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue en uno de esos viajes que comprendimos que nuestros abuelos jamás iban a querernos –de nuestros padres ya lo sabíamos- y estábamos devastados. En nuestras escuelas, nuestros compañeros hablaban maravillas de sus abuelos. Deleitados nos compartían sus anécdotas de juguetes, galletas, paseos y cuentos auspiciados por los abuelos. Los conocimos el día del primer viaje de nuestros padres. Ellos se irías a recorrer la república durante un mes en la camioneta nueva y a nosotros nos dejarían a la merced de nuestros abuelos en nuestra pequeña casa desvencijada. La idea no parecía mala al principio y la emoción sólo nos trajo una decepción mayor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sonó el timbre y llegaron los abuelos. Salimos corriendo a saludarlos. Cecilia llegó antes que yo a recibirlos. Mi abuela la esquivó antes de que ella pudiera llegar a abrazarla y cayó de bruces contra el concreto de la acera. Fue lo más rápido que vimos mover a mi abuela en toda su visita. Después de eso, no se movía, y si llegaba a hacerlo, requería que nosotros la lleváramos con sus noventa y tres kilogramos de la cocina al cuarto de nuestros padres. Fuimos sirvientes de ellos. Nuestro abuelo no era gran problema, lo más que lograba hacer era dormir o despertar para sorber la nariz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro martirio duró dos meses, pues el viaje se había alargado, no sin antes hacernos esperar dos semanas extra antes de ser avisados. La abuela se desquitó con nosotros por la impertinencia de nuestros padres y en la escuela tuvimos que mentir que nos peleábamos el uno con la otra en casa para que no se levantaran sospechas con los maestros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aprendimos en ese tiempo a cuidar de la casa. La limpieza nos obligaban a hacerla y a Cecilia le iba peor. No sólo tenía que limpiar, sino cocinar y lavar ropa. Un día intenté alivianar su carga peor fue contra producente: los dos nos llevamos una paliza y Cecilia tuvo que dormir en el patio con una cobija esa noche. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de eso, supimos que solamente podíamos confiar el uno en el otro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés Sierra Gómez Pedroso&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6832838229909852955-3940223895040316248?l=borchacalas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Borchacalas/~4/PYZEK7dIPWM" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://borchacalas.blogspot.com/feeds/3940223895040316248/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6832838229909852955&amp;postID=3940223895040316248" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/3940223895040316248?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/6832838229909852955/posts/default/3940223895040316248?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Borchacalas/~3/PYZEK7dIPWM/mario-y-cecilia.html" title="Infancia" /><author><name>Borchácalas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14027159610859478585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="31" height="23" src="http://2.bp.blogspot.com/_EYTEFLDNE4A/TQgw91AcJcI/AAAAAAAAALw/qWaxPgF0CfY/S220/victor_brauner_adam_i_ewa_1923.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://borchacalas.blogspot.com/2010/08/mario-y-cecilia.html</feedburner:origLink></entry></feed>

