<?xml version="1.0" encoding="UTF-8" standalone="no"?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:blogger="http://schemas.google.com/blogger/2008" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0"><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339</id><updated>2024-10-04T14:36:41.791-03:00</updated><category term="poesía"/><title type="text">Cárcel de Palabras</title><subtitle type="html">Perpetuos prisioneros de nuestro decir cotidiano, encadenados a ese eterno espiral de palabras recurrentes, donde cada una conforma un nuevo eslabón, una nueva correa que no hace más que confirmar nuestra suerte de condenados. Compartamos nuestro encierro, con la triste certeza de que no hay peor cárcel que las palabras.</subtitle><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/posts/default" rel="http://schemas.google.com/g/2005#feed" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default?alt=atom" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/" rel="alternate" type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><generator uri="http://www.blogger.com" version="7.00">Blogger</generator><openSearch:totalResults>15</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339.post-3794083477687229523</id><published>2007-01-23T14:48:00.000-03:00</published><updated>2007-06-06T17:02:05.674-03:00</updated><title type="text">Tablas en el ajedrez</title><content type="html">&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El caballo blanco saltó al alfil amenazando la reina. La reina negra se hizo camino tras una larga barrera de peones. La torre blanca salió a su encuentro. Las dos reinas se enfrentaron. Una blanca, la otra negra. La pureza de una contra la oscura firmeza de su adversaria. Ambas piezas se desafiaron con su vista clavada la una en la otra, con el seño fruncido y la esbelta armonía de su cuerpo inmaculado, de su clara astucia y su fino talante de roble y barniz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Una voz quebró el silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Propongo tablas. – Y la mirada del hombre escudriñó al adversario que aún estudiaba el tablero, como intentando atraer su mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Una muchacha se acercó a la mesa, sin poder salir de su asombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Pero abuelo... Si recién han comenzado...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Acepto. – Contestó una tercera voz, estrechando la mano del otro jugador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Empate. – Sentenció el primero. – Como en los viejos tiempos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Los buenos tiempos, querrás decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Sí. – Y su vista se extravió en algún lugar de la sala, más allá de los muebles de cuero, de las estanterías cargadas de libros antiguos y del crujir de los troncos en las vivas llamas de la estufa a leña. – Los buenos tiempos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El sonido áspero de una silla arañando el parquet del suelo lo devolvió de su ensimismamiento. Era su nieta, cuyos ojos color esmeralda se paseaban por la inercia de las piezas sobre el tablero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–A ver, mueve blancas. El partido no puede estancarse en quince movimientos. – Se detuvo un instante a reflexionar – ¿Cuántas combinaciones posibles puede haber con treinta y dos piezas y sesenta y cuatro casilleros, teniendo en cuenta ciertas restricciones de cada figura a la hora de avanzar y una lógica razonable en los movimientos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Roza el infinito. – contestó uno de los hombres, esbozando una sonrisa gentil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–¿Entonces? ¿Por qué no siguen jugando?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Porque tarde o temprano siempre terminaremos en tablas. – se adelantó su abuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Digamos que el juego no era más que un pretexto. – agregó su contrincante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–¿Pretexto? ¿Para qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Para recordar, que no es poca cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Además, esas infinitas combinaciones, que no son tales, culminan todas en un único resultado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–A menos claro, que alguno de los dos cometa un error por distracción o por...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Por chochera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Sí, por chochera. – recalcó el abuelo, con una sonora carcajada. – Los años vienen a ocupar el lugar que dejan la memoria y el pensamiento. Es mejor dejar en tablas la partida, antes que permitir a las piezas enunciar una verdad que ninguno de los dos está dispuesto a reconocer. – El abuelo mojó sus labios en su whisky on the rocks, mero pretexto para ordenar sus ideas –Si uno de los reyes es abatido, la victoria no será de su adversario, sino del tiempo. Es el tiempo quien corona al campeón con su báculo de arena y de ambos se burla, pues para sí conserva el trofeo verdadero, el que más vale... o mejor dicho, el único que vale la pena conservar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La joven suspiró y dejó escapar a su abuelo una mirada desafiante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Por favor... Mi abuelo, el intelectual, el hidalgo, el imbatible, se deja vencer por la cobardía y cae rendido en una estúpida partida de ajedrez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–No es verdad, tesoro. Es sólo que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Tienes razón. No le temes a las piezas, lo que te acobarda es enfrentarte a ti mismo y a tu ego de viejo octogenario. – El otro hombre atinó a decir palabra, pero la joven lo atajó – Y para usted también va esto, señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Tú no lo entiendes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–¿Y qué quieres que entienda? Eres tú el que no lo ve. Cómo atraes, cómo seduces a la muerte con cada una de tus palabras. Cómo insitas a los años a que devoren los despojos del hombre que fuiste y jamás volverás a ser.– Con el mayor de sus esfuerzos enjugó la lágrima que atinaba cruzar el umbral de sus ojos. –Piensas que por evitar el espejo mantendrás la imagen que de él recibiste la última vez que te detuviste a apreciarla. Pues no. Cada día esa imagen será distinta, una arruga de más, un cabello de menos, el brillo de tus ojos que se apaga; y cuando quieras acordar, ya no eres el mismo y te preguntas ¿cómo llegamos hasta aquí? En ese mismo instante, añorarás el gris de ese último cabello que perdiste, y maldecirás la presencia de esa nueva línea que surca tu rostro. Desearás la imagen que ayer evitaste, la que por bronca o cobardía, tuviste el despecho de rehusar ¿y por qué? Por estar tan ocupado en añorar esa estúpida presencia que viste una vez estampada en un espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Una lágrima asomó a los ojos de ambos hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Los viejos no lloran. –Sentenció el abuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Son los años que a uno lo ablandan –Respondió su contrincante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Sigan culpando a los años ustedes dos... –La joven sonrió a su abuelo y besó con dulzura su frente despoblada. –Ya es tarde, me voy a dormir.– Y mirando al otro hombre con la misma piedad que a su abuelo, sólo atinó a decir –Buenas noches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Buenas noches –Respondieron al unísono y ambos se sumieron en un silencio litúrgico, mientras la joven ascendía con pereza cada escalón, respetando la calidez del silencio que venía de la sala, donde los dos hombres permanecían con la vista clavada el uno en el otro, con una sonrisa en los labios y la mente perdida en algún lugar de las palabras de esa joven, que con la mayor humildad y casi sin quererlo, había vencido al tiempo y proclamado su victoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Jaque. –La voz del abuelo rompió el silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–¿Cuántas combinaciones posibles puede haber con treinta y dos piezas y sesenta y cuatro casilleros, teniendo en cuenta ciertas restricciones de cada figura a la hora de avanzar y una lógica razonable en los movimientos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Cállate y juega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Un alfil se interpuso entre el rey oscuro y la blanca reina. La dama huyó, amenazando ambos caballos del enemigo: trofeo asegurado. Así cobró vida una vez más el tablero y la batalla se hizo incontenible. Ambos bandos dieron lo mejor de sí. La astucia centellaba en cada movimiento y el ritmo se hizo constante y despiadado. Uno a uno fueron quedando a un lado del tablero los caídos en batalla, como víctimas de un combate del que los libros no guardan memoria, pero cuya ejecución encerró un secreto tan profundo, que por él dieron la vida hombres y mujeres a lo largo de la historia. En sus entrañas, dos hombres lucharon codo a codo por vencer al destino, por aferrarse a la vida, que no es lo mismo que intentar prolongarla; por burlarse de la muerte, que no es lo mismo que procurar alejarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La partida terminó cuando el último peón blanco resultó abatido y el tablero fue despojado de toda pieza, con excepción de ambos reyes, el vigoroso soberano de la luz y el arrogante señor de las tinieblas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Históricamente toda partida de ajedrez culmina con un fuerte apretón de brazos, como una solemne invitación a una posterior revancha, a una nueva batalla en un futuro próximo o lejano. Sin embargo esta vez, un abrazo selló la partida, como una invitación al encuentro de nuevos pretextos, una excusa más para volver a actuar, ya no para recordar –que eso es poca cosa –, sino para alimentar la memoria. Ambos hombres fueron concientes, por primera vez en mucho tiempo, que aún estaban a tiempo de andar camino. Nunca es tarde para sembrar recuerdos, para ahuyentar el miedo y arrebatarle al tiempo su trofeo verdadero, el que más vale... o mejor dicho, el único que vale la pena conservar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Federico Comesaña. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</content><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/3794083477687229523/comments/default" rel="replies" title="Comentarios de la entrada" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/26265339/3794083477687229523?isPopup=true" rel="replies" title="12 Comentarios" type="text/html"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/3794083477687229523" rel="edit" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/3794083477687229523" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/2007/01/tablas-en-el-ajedrez.html" rel="alternate" title="Tablas en el ajedrez" type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339.post-4498807365511581391</id><published>2006-10-30T13:15:00.000-03:00</published><updated>2006-11-06T12:29:21.428-03:00</updated><title type="text">Triste ironía</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En las noches vacías en que se pierden mis besos, faltos de objetivos, faltos de misiones. En noches como aquellas en que mi alma ignoraba la existencia de tu alma y mi boca vagaba por oscuros rincones, sin la luz de las estrellas que iluminan tu cuerpo a la distancia. Noches de sombra que esconden mil secretos, enigmas que se pierden en el viento y huyen, como huye la osadía de ofrecerte un refugio entre mis brazos que son tuyos. En noches como aquellas te soñé y aún te sueño a cada instante, te creé y recreé cual pintor que entre acuarelas y lienzos ensaya su obra maestra. Soñé con el brillo de tus manos, con tus ojitos turquesa, con el cáliz de tu vientre, contigo y tus palabras. Y sin embargo no te alcanzo, luz de espejismo, cárcel de reproches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche se apaga y tus cantos enmudecen porque tú no estás aquí. Sólo la imagen de un recuerdo recurrente que asalta mi memoria sin culpas ni piedad. Sólo eso prevalece a la tormenta de tu ausencia; esta triste ironía de tenerte y no tenerte, de esperarte y no encontrarte, de saberte mía y saberte a la vez tan lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué injusto es el amor que todo lo puede excepto traerte conmigo esta noche. Qué injustos los minutos que torturan mi conciencia y recuerdan otras noches en que con tu dedo dibujamos mil constelaciones entre los huecos que deja en nuestro cielo el cielo raso. Otras noches, donde tus sueños descansaban con los míos, donde entre mi cuerpo y el tuyo no cabía ni una excusa ni un pretexto; donde armados de besos apagamos nuestros miedos y encendimos la esperanza de escaparnos juntos de esta fiesta de disfraces, y de esta cárcel de palabras concretamos nuestra huida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No. La noche no es la misma desde que tus caricias me enseñaron a extrañarte, desde que tus labios adormecieron esa sed que me llevó, en caída libre, hacia tus brazos. Y nuevamente te sueño. Te imagino, perdida entre las dunas de tu cama, tendida como yo, rendida y acorralada por las nubes de lo incierto; soñándome acurrucado en tu pecho, soñando que te sueño, que escucho tu voz a la distancia y te respondo, con mi voz luchando contra el viento para alcanzar tu oído con la intensidad de un susurro. Ya no hay Dios que nos separe, ni autoridad, ni guerra; no hay enigma que se resista a tu ingenio y al mío, no hay vacío que se oponga al torrente de gestos, al vaivén de caricias que nos unen en la noche. Yo en tus sueños, tú en los míos, soñando juntos aunque no duermas conmigo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Federico Comesaña&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;</content><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/4498807365511581391/comments/default" rel="replies" title="Comentarios de la entrada" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/26265339/4498807365511581391?isPopup=true" rel="replies" title="23 Comentarios" type="text/html"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/4498807365511581391" rel="edit" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/4498807365511581391" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/2006/10/triste-irona.html" rel="alternate" title="Triste ironía" type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><thr:total>23</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339.post-4571436385726785343</id><published>2006-10-18T13:09:00.000-03:00</published><updated>2006-10-23T17:45:15.782-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="poesía"/><title type="text">Que la noche nos encuentre</title><content type="html">&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Que la noche nos encuentre&lt;br /&gt;entre las olas de mi cama,&lt;br /&gt;naufragando sobre un beso&lt;br /&gt;mar de sombras y de luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que la noche nos encuentre&lt;br /&gt;y nos refugie entre sus brazos;&lt;br /&gt;de la lluvia que acaricia&lt;br /&gt;con dulzura el ventanal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que la noche nos encuentre&lt;br /&gt;entre caricias sin recaudo,&lt;br /&gt;entre excesos de ternura,&lt;br /&gt;entre pompas de jabón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que la noche nos encuentre,&lt;br /&gt;y acaricie nuestros cuerpos,&lt;br /&gt;que se pierda entre tus curvas,&lt;br /&gt;y se aferre a mi colchón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que la noche se detenga&lt;br /&gt;y que las horas ya no avancen.&lt;br /&gt;Que los relojes abandonen&lt;br /&gt;su pausado caminar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que la ciudad y el mundo&lt;br /&gt;continúen con sus sueños&lt;br /&gt;tristes, grises, recurrentes;&lt;br /&gt;mientras nosotros&lt;br /&gt;nuestros sueños&lt;br /&gt;aprendemos a mezclar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y mis sueños se hacen tuyos,&lt;br /&gt;y tus sueños se hacen míos,&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;entre cantos de plata&lt;br /&gt;y versos de jazmín.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;&lt;br /&gt;Presos de una noche&lt;br /&gt;que se pinta en el recuerdo&lt;br /&gt;como un lienzo de acuarelas&lt;br /&gt;que se imprime con un beso&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Presos de un silencio&lt;br /&gt;que no es ausencia sino esperanza,&lt;br /&gt;que no es pasado sino futuro,&lt;br /&gt;que no es intriga&lt;br /&gt;sino certeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Federico Comesaña &lt;/span&gt;</content><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/4571436385726785343/comments/default" rel="replies" title="Comentarios de la entrada" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/26265339/4571436385726785343?isPopup=true" rel="replies" title="7 Comentarios" type="text/html"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/4571436385726785343" rel="edit" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/4571436385726785343" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/2006/10/que-la-noche-nos-encuentre.html" rel="alternate" title="Que la noche nos encuentre" type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339.post-116031941573752220</id><published>2006-10-08T11:49:00.000-03:00</published><updated>2006-10-09T11:12:32.280-03:00</updated><title type="text">Y en mi recuerdo...</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En palabras que se hacen verso yacen los retazos de ese Dios en que me negué a creer. Me reconozco perdido, flotando entre letras en un mar de ausencias del que intento escapar. Intento pero no avanzo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Mis dudas me mantienen a flote.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;No hay un Dios que me cargue en sus espaldas, un Dios que me enseñe a nadar, u otro que construya ni un barquito de papel.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;No. Mi Dios no es ese. Mi Dios no es así.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Entonces me pregunto ¿Creo en Dios? Mi mente se debate entre el vacío estéril de la ausencia pagana y el cálido abrazo de un Dios que es bienvenida, que es vida y que es amor. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Sí. En eso creo, yo creo en el amor. El amor que puede más que un B-52, o que un acorazado, o que el uranio enriquecido, o que una bomba de napalm; o que un insulto, una lágrima, un desprecio o un prejuicio. El amor que es victoria y de vez en cuando derrota, que es sorpresa y que es razón.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;De todas formas, ya no importa. Aunque su grito aún resuena, estridente, en mi cabeza, hace rato que esa mente traicionó mi confianza y me decido a ignorarla. Sin embargo persiste. Susurra en mi oído interrogantes absurdas... ¿Quién es?... ¿Dónde está?...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;No. No la escucho... Pero por dentro bacilo ¿Y si tiene razón?... Y las mismas preguntas de siempre... No. Otra vez no. Creo en ese Dios que es esperanza, mi Dios es vida, mi Dios es paz, es fuerza y coraje, es luz y es empatía. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;¿Y dónde está? &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En cada uno de mis atardeceres, en la risa tímida de aquel niño que es y que ya no, en la fina sinfonía de la noche en primavera, en la caricia que se hace eterna, en el brillo de la lágrima que se enjuga con un beso. ¡Ay! Un beso... para eso sí pondría esta otra mejilla... solamente por un beso. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;¿Será que allí se encuentra Él? ¿Será que allí está mi Dios? ¿Y en mi mente? ¿Por qué no ahí? &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En mi mente no hay lugar para redes de pesca, para cruces de madera, para sandalias gastadas, para el vino del Caná.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Una leve intuición se refugia en los escombros de mi alma, pequeñita, como fugaz suspiro que se pierde en la tormenta. Pero ahí está ella; y se enciende, y se apaga, y se vuelve a encender, como una luciérnaga... como yo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Me ilumina. Y ya no importa nada más. En ese rincón alejado del mundo y sus constantes convulsiones, alejado de mi mente y sus secuaces taciturnos; mi intuición se hace certeza &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;font-size:100%;"  &gt;–&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt; por un ratito nada más&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-family:&amp;quot;;font-size:100%;"  &gt;–,&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt; y me enseña  que el mundo no es obra de la suerte y que las palabras vuelan impulsadas por el soplo de una boca que no es mía, que el camino es uno sólo: el que habrá que construir.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Por un momento me comprendo entero, de pies a cabeza. Me siento eterno y vuelo y canto y sueño ¡Y ESO ALCANZA! Me hago uno con la nada y me convierto en todo... y así aterrizo, con mi certeza hecha intuición.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Mi mente sonríe. Yo replico, “lo encontré”. “¿Dónde?”, me contesta, “Yo no lo veo”. Y no hay caso. Me trago mi retórica y mis explicaciones austeras. Y así me quedo, con mis brazos cansados de remar contra mis dudas y mi mente enterquecida, esperando una razón; con un beso en cada una de mis dos mejillas y una intuición en el alma... con una cruz en la espalda y en mi recuerdo... &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En mi recuerdo, mi Dios.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Federico Comesaña&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</content><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/116031941573752220/comments/default" rel="replies" title="Comentarios de la entrada" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/26265339/116031941573752220?isPopup=true" rel="replies" title="8 Comentarios" type="text/html"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/116031941573752220" rel="edit" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/116031941573752220" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/2006/10/y-en-mi-recuerdo.html" rel="alternate" title="Y en mi recuerdo..." type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339.post-115930819410336537</id><published>2006-09-26T18:57:00.000-03:00</published><updated>2006-09-26T19:06:07.126-03:00</updated><title type="text">Volveremos a encontrarnos</title><content type="html">&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Le digo adiós a tus ojos y otro adiós a tu mirada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Me despido de tu sombra y de tu luz. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Cachorrito de mi alma sediento de esperanzas,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;huye de la ausencia y refúgiate en el recuerdo;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;         allí espérame, que allí estaré.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Hoy me ves y me despides,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;mi mejilla besas con húmedos labios&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;de lágrimas que en secreto has derramado,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;de llantos y adioses que marcan&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;         de la historia, su final.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Pero no sabes que el tiempo,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;apiadándose de mi dolor,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;me ha susurrado al oído, palabras &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;que lograron devolver;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;         a mis ojos la ilusión.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Hoy te he visto y he entendido todo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Tú no sabes, pero yo lo sé...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Y así te vas, te vas y me despides,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;sin saber que un día; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;         volveremos a encontrarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Federico Comesaña.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;</content><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/115930819410336537/comments/default" rel="replies" title="Comentarios de la entrada" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/26265339/115930819410336537?isPopup=true" rel="replies" title="16 Comentarios" type="text/html"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115930819410336537" rel="edit" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115930819410336537" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/2006/09/volveremos-encontrarnos.html" rel="alternate" title="Volveremos a encontrarnos" type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339.post-115877455968897022</id><published>2006-09-20T14:08:00.000-03:00</published><updated>2006-09-20T19:56:29.756-03:00</updated><title type="text">FUIMOS - Parte III -</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-family:arial;" &gt;Agradezco nuevamente los comentarios recibidos, como también el interés que este cuento despertó. En especial a todo aquel que se animó a involucrarse en esta historia y acompañó desde un principio el nacimiento de esta obra que hoy encuentra su final. Como ya saben, el cuento entero es una antesala de "la espera" de Jorge Luis Borges, por ello dejo a continuación un link donde pueden encontrar el cuento original y continuar con la historia que en este post termina (quien esté interesado, haga clic &lt;a href="http://www.literatura.us/borges/laespera.html"&gt;aquí&lt;/a&gt;). De más está decir que cualquier comentario, crítica, precisión, o lo que por sus mentes se atraviese, no duden en escribirlo, porque yo voy a estar a la espera de sus palabras. Muchas gracias por estar ahí y les deseo que tanta intriga no haya sido en vano.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-family:arial;" &gt;-------------------------------------------------------&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-family:arial;" &gt;&lt;br /&gt;...Continuación del post anterior.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;La mano derecha le temblaba, no era frío sino otra cosa. La primera etapa de su plan estaba cumplida, la segunda era más fácil aún. Debía asegurarse de que nadie pudiera vincularlo con el crimen. Una única persona estaba al tanto del embarazo y si ese individuo desaparecía, su vida podría continuar como si aquella noche no existiera más allá de su memoria. Aunque él sabía que por más que así fuera, aunque pudiera colarse en su casa y eliminar al Doctor Andrade, el sueño de volver el tiempo atrás no era más que eso: una estúpida ilusión.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Al salir del hotel se dirigió a paso firme por el empedrado hacia la casa del profesional, a unas cuadras de allí. Ni siquiera se cubrió la cabeza con la gabardina, la lluvia lo tenía sin cuidado. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Era una casa de estilo colonial, con grandes ventanales y un hermoso balcón que le recordaba a la casa de su infancia. Vio con sorpresa que la única luz encendida era la del estudio. La ansiedad lo invadió de golpe, no podía esperar más. La incertidumbre debería ser, las más de las veces, más temida que a la muerte.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Llamó a la puerta. Sintió el crujir de los escalones y el sonido se hacía cada vez más cercano. Una voz intranquila irrumpió el silencio:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–¿Quién anda ahí?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Nadie contestó. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Manuel Andrade preguntó de nuevo. Nada otra vez. Quitó una a una las trabas de la puerta y la abrió con lentitud, con la vista clavada en el otro lado. De pronto, una figura forcejeó fieramente, Andrade opuso resistencia, pero el extraño pudo más que él y lo obligó a apartarse de la puerta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El hombre ingresó a oscuras al recinto, Andrade continuó retrocediendo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Usted… – Se animó a decir, mezcla de sorpresa y desencanto. – Sabía que iba a venir, es más, esperaba que lo hiciera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–No lo entiende – dijo el hombre y del bolsillo de su gabardina extrajo el revólver de metal –, usted sabe demasiado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–¿Qué arreglaría con matarme? ¡Dígame! – Replicó Andrade, mirándolo a los ojos con firmeza.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El hombre quedó sorprendido por esa inesperada demostración de valentía, de la cual él jamás se sentiría capaz. Permaneció en silencio, con la vista clavada en su víctima y el brazo tenso, bien tenso; mientras su dedo índice se acercaba al gatillo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Escuche, alguien más lo sabe –confesó–, alguien más pagó por la misma información que usted.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;El hombre bajó el arma, ya nada estaba asegurado. Supo al instante que Andrade no mentía, supo de quién se trataba. Había subestimado a Alejandro Villari. Al parecer, aunque su hija no lo creyese, se preocupaba por ella a su manera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Tres hombres vinieron a mi casa esta noche, preguntándome por la consulta que Nuria Villari me había hecho en la clínica el miércoles pasado. Naturalmente, les contesté que no podía proporcionarles esa información. El más viejo de los tres me propuso un trato que no pude rechazar. No todos los días alguien viene y me entrega en la mano cinco mil argentinos. A decir verdad, no quise hacer preguntas. Pensé que debía estar desesperado, no creo que un hombre como Villari haya llegado hasta donde está haciendo tratos de esa manera ¿no cree?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–¿Lo conoce?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–¿Bromea? No hay nadie en Melo que no conozca a Villari, es dueño de media ciudad. No pensé que esos análisis pudieran ser tan provechosos… No se quede ahí, pase. Acompáñeme, por favor.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El hombre se dejó llevar hacia el estudio. Ya estaba entregado. Su plan había fallado. Nunca tuvo en cuenta que al igual que él, los hombres de Villari podrían haber seguido a Nuria hasta el hospital aquella mañana. Era hombre muerto. Su cabeza rodaría ante los pies de su jefe; una muerte dolorosa y sangrienta, como estilaba imponerle a los traidores.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Tranquilo hombre, relájese… Conozco a la gente como usted ¿sabe? Muy lejos de lo que piensa el vulgo, ésta no es una ciudad tranquila. Todo lo contrario. Desde que Villari plantó un pié en Melo, las cosas cambiaron. Dígamelo a mí que estoy a cargo del hospital: los baleados desfilan por las salas de emergencia. Que yo recuerde, las cosas no eran así cuando yo era un pibe… sin contar todos aquellos que no pasan por el hospital y van directo a la morgue.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Por más que la habitación era de lo más confortable, al hombre no le resultó de su agrado. Las paredes estaban tapizadas de libros y el suelo, cubierto con una gruesa y delicada alfombra, daba la sensación de una atmósfera cálida y tranquila al ambiente, en la que la apariencia de aquel individuo desentonaba claramente. En el centro de la habitación había un escritorio; en él, una lámpara de mesa brillaba con suavidad. Una enorme valija descansaba en el extremo izquierdo del mueble. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Andrade recorrió la habitación con paso decidido, se detuvo detrás del escritorio, posó su mano en el segundo cajón y comenzó a abrirlo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–¡Alto! – lo detuvo la voz del hombre con tono severo. Con un rápido movimiento, desenfundó el revólver que descansaba en su gabardina – Las manos donde yo pueda verlas Doctor.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Tranquilo muchacho. No tengo armas en mi casa, Dios me libre. Acérquese y abra ese cajón. Tengo algo para usted.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El hombre accedió.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–¿Vio esas llaves? Tómelas, las va a necesitar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–¿Para qué? –Preguntó, sin entender.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Ya verá mi amigo, ya verá.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Mire Doctor, no estoy para ningún juego…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Yo tampoco – replicó Andrade. – Su vida corre peligro, ¿piensa que no lo sé? ¿Piensa que no sé también que todo esto es mi culpa, que si yo no le hubiera dado esa información a ese delincuente, Usted no estaría aquí, ahora?.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Se equivocaba. Si no lo hubiera hecho, todo habría sido más fácil, es verdad. Pero inconscientemente, Manuel Andrade, lejos de cometer una traición; de momento, había logrado salvar su propia vida. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Todavía hay algo que puedo hacer para ayudarlo. Esas, señor, son las llaves de mi auto. Es suyo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;La cara del hombre se transformó por completo. El Doctor Andrade le había abierto una última esperanza: aún quedaba una salida. Permaneció en silencio, el otro tomó ese gesto como un intento de gratitud.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Y aquí – dijo Andrade, cargando la pesada valija y soltándola torpemente sobre el escritorio–, está todo lo que puede llegar a necesitar, sospecho que mi ropa le quedará algo ajustada; pero créame, es última moda en París...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Ambos sonrieron. Uno de ellos, porque por fin había podido recuperar su amor propio, la tranquilidad consigo mismo al saberse redimido de las culpas que manchaban su conciencia; el otro... el otro simplemente por sonreír.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Ahora vaya. Parece que ha dejado de llover. Aún le espera un largo camino hacia donde se dirija… Y no me lo diga. Hay cosas que prefiero no saber, usted entenderá... –hizo una pausa para hurgar sus bolsillos – Tenga, es todo lo que puedo darle.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En sus manos, el dinero de Villari, cinco mil pesos en moneda argentina, aguardaban las manos sudorosas del matón. El hombre tomó el dinero y miró al Doctor. Andrade guiñó un ojo y con cariño le palmeó la espalda.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–El auto está afuera, lo acompañaré hasta la puerta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Ambos caminaron escaleras abajo, pero sólo el hombre atravesó la puerta. Al entrar al auto, la voz del Doctor se sintió a la distancia:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–A propósito, ¿cómo está la niña? Me imagino que no será fácil para Nuria habituarse a una nueva vida. Es una hermosa joven. Espero que sepa protegerla...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La respuesta llegó con retraso, pero llegó. La bala le atravesó la cien y se perdió en la inmensidad de la casa. El cuerpo de Manuel Andrade quedó tendido en la puerta de aquel caserón. Un tinte color carmín tiñó los charcos de lluvia que descansaban aún en la entrada. Los vecinos cerraron sus puertas. Hasta la mañana siguiente, nadie denunció nada… nadie se animó a hacerlo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El hombre encendió el motor, abrió la ventanilla y arrancó.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La noche, en cuestión de minutos se había despejado. La tormenta había menguado y el olor a tierra húmeda impregnaba la brisa fría y a la vez relajante. Aún estaba vivo, como vivo estaba el recuerdo de aquella habitación de hotel. Miró por el espejo. Las luces de la ciudad se hacían cada vez más pequeñas, luciérnagas diminutas que se adivinaban a lo lejos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Suspiró.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Tardó un momento en ordenar sus ideas. ¿A dónde se dirigía? Ni él lo sabía. Sólo sabía que aquella noche, triste y despiadada, había quedado atrás. Y allí adelante, donde el horizonte interceptaba esa ruta solitaria, se escondía un nuevo principio. Allí adelante, donde mueren los caminos, comenzaba la inmunda espera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;“…Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;que no puede vislumbrar la tarde mansa. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Fuimos el viajero que no implora, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;que no reza, que no llora, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;que se echó a morir”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Federico Comesaña&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;</content><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/115877455968897022/comments/default" rel="replies" title="Comentarios de la entrada" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/26265339/115877455968897022?isPopup=true" rel="replies" title="8 Comentarios" type="text/html"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115877455968897022" rel="edit" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115877455968897022" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/2006/09/fuimos-parte-iii.html" rel="alternate" title="FUIMOS - Parte III -" type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339.post-115818743398899448</id><published>2006-09-13T19:29:00.000-03:00</published><updated>2006-09-13T19:55:56.506-03:00</updated><title type="text">FUIMOS - Parte II -</title><content type="html">&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-style: italic;"&gt;Me parece que la primera parte del cuento no tuvo gran aceptación, o será que la gente se puso tímida y no comenta. Cada comentario (para bien o para mal) es un incentivo más para seguir escribiendo. Prometo de ahora en más hacerme un tiempo para contestar y ¿por qué no? para conversar en diferido. Soy conciente de que la segunda parte me quedó demasiado larga para un solo post, pero juro que vale la pena. Sin temor a equivocarme es &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;lo mejor que he escrito hasta ahora&lt;/span&gt;. Prometo no desilusionarlos... Y aún queda por definirse el final, que de seguro va a quedar mucho más corto. Que lo disfruten...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-style: italic;"&gt;-------------------------------------------------------&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-family:arial;" &gt;...Continuación del post anterior.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Conforme las horas apuraban su paso, el rencor se convertía en odio y el odio en misericordia; pero al final, las culpas siempre recaían en ella y en sí mismo. Se sintió solo, pero era esa misma soledad la que lo aliviaba, la que le impedía pensar en otra cosa que no fuera en sí mismo y en la manera de salir impune de este asunto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La tarde arribó a la mañana y a ésta le sucedió la noche. El hombre permaneció en silencio. El personal del hotel le llevó, como de costumbre, el almuerzo a la habitación. La atención era de primera, más aún, al saber quién era el que pagaba la &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;estadía de este individuo en el hotel.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La lasaña parecía estar deliciosa, pero no pudo probar un solo bocado. El plato permaneció allí, sobre la mesa, inmaculado; ya frío cuando el sonido seco y estridente del cargador del revólver penetrando el arma, resonó en toda la habitación, como una puerta que se cierra en un camino que ya no tiene vuelta a atrás.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Al salir del hotel la lluvia, antes mansa y armoniosa, mostraba su rostro más hostil, y de la mano del frío y del viento, persuadían a cualquier parroquiano a dejar para otro día el más importante de los asuntos que implicase aventurarse a la tormenta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Aún así, el hombre atravesó la ciudad a pie en cuestión de minutos. La lluvia no le inquietaba, a lo único que no podía escapar era el frío, un frío que no provenía del ambiente, sino, mucho peor aún, de su conciencia. El viento acariciaba su rostro con una mano áspera e irritante que de a ratos, le impedía abrir los ojos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En medio de ese paisaje lúgubre y hostil, arribó al hotel de la calle principal, propiedad del propio Villari. Fachada perfecta para el lavado de dinero ¿De qué otra manera se podía explicar un hotel de lujo en el corazón de Cerro Largo? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Su objetivo era el más simple y a la vez el más difícil. Por un lado, se trataba de hacer lo que mejor sabía, el trabajo que venía desempeñando para su jefe desde el primer día en el negocio. Sin embargo, esta vez la víctima no era un traidor ni un mal pagador, no se trataba de un simple ajuste de cuentas ni de una jugada estratégica de las que solía realizar Villari; sino, de un intento desesperado por parte del traidor de escapar de la muerte y de gambetear al destino.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Tanteó el revólver en el bolsillo interior de su gabardina. Repasó el plan. Entraría al edificio pasando ante todos desapercibido, ingresaría directamente al ascensor sin levantar sospechas. Nadie lo reconocería. Por suerte, la política de Villari era muy estricta al respecto: nunca mezclar los negocios limpios con los negocios sucios; siempre que hizo falta, las reuniones se realizaban fuera de su hotel, nunca a la vista de sus empleados ni al acecho de sus enemigos, que para él, eran una misma cosa. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Una vez allí se escabulliría directamente a la habitación 512, donde en noches como esta, había encontrado refugio. Congeló su mente, “basta de perder el tiempo, nada puede fallar”; intentó convencerse, cuando la verdadera razón se encontraba en que el simple hecho de imaginarse franqueando esa puerta, le revolvía la conciencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Al llegar al ascensor sintió cierto alivio: el camino estaba libre. Su aspecto desarreglado pasaba desapercibido entre la horda de gente que escapaba de la tormenta. Todo marchaba según lo esperado. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Golpeó la puerta de la habitación tres veces. Esperó unos segundos hasta que por fin, la voz de una joven atravesó la puerta:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Pase. Los platos déjelos sobre la mesa. La propina está en lugar de siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El hombre abrió la puerta y entró en la habitación. Todo segundo en el pasillo hacía peligrar su plan. Cerró con prisa la puerta y lentamente desabotonó su gabardina, sin decir palabra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Ante él, la joven aguardaba en silencio, sorprendida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–No pensé que vinieras… por la tormenta digo…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El hombre permaneció imperturbable, su mirada perdida en los ojos color esmeralda de la joven que aguardaba, sentada en el sillón de la suite.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Nunca me dijiste nada sobre tu visita al Doctor Andrade.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–No tenía por qué, era sólo una revisión de rutina.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Mientes. – Afirmó él. – Lo sé todo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La mirada de la joven se cubrió de miedo y el hombre comenzó a caminar por aquel cuarto de hotel, escenario de tantos encuentros, manta que encubrió, como fiel confidente, la más grande de las traiciones.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Debí suponerlo –dijo ella finalmente–, esa mirada lo dice todo. Tengo miedo ¿sabes? Tengo mucho miedo de él… pero también de ti. Estuve pensando mucho al respecto y…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Su mirada se tiñó de tristeza, pero a la vez, la esperanza le aceleraba las palabras, una esperanza oculta que él jamás logró entender.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–¿Él lo sabe? –La interrumpió.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–No, está muy ocupado en sus asuntos como para prestarme la más mínima atención… Hablaré con él mañana. Lo mejor va a ser decírselo, contarle de una vez por todas la verdad. No te digo que será fácil, no le gustará para nada... Le costará aceptarlo al principio, pero no veo otra salida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Podía mentirse a sí misma. Podía incluso, llegar a creer esas palabras; pero él sabía que nada de eso era cierto, él sabía que su final ya estaba escrito.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Yo sí. – Respondió él, introduciendo lentamente su mano derecha en el bolsillo interior de la gabardina negra. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;– Yo sí encuentro otra salida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Ella se volvió a la ventana; de seguro, para ocultar las lágrimas que una a una recorrían su mejilla, creyendo que de esa forma podía mantener intacta su imagen de mujer fuerte, de suspicacia y perfección; que podía esconder tras una coraza todo aquello que pretendía ocultar de la mirada de aquel hombre que en noches cálidas y noches grises, había descubierto y redescubierto la manera; esa manera única y a la vez majestuosa de hacerla feliz.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Me quieres ¿verdad?... ¿Aún me quieres? – Su voz se quebró de golpe, comenzó a girar su cabeza – Dímelo, por favor... &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Cuando se dio vuelta y sus ojos, húmedos aún, buscaron el contacto con la mirada imperturbable de aquel hombre gris, ya era demasiado tarde. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Su brazo, el de él; ya estaba extendido, su dedo en el gatillo y su mirada en el suelo, intentando engañar a su mente y en definitiva, a su corazón. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La bala surcó la habitación en silencio, la bala que cortó la espera. Afuera, la tormenta rugía con furia incontrolable, el agua y el viento azotaban los cristales de los inmensos ventanales. Un relámpago iluminó la habitación en penumbra. Adentro, el tiempo se había congelado; cada segundo, cada instante parecía una eternidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El hombre levantó la mirada en silencio, siempre en silencio. Nuria Villari, la hija del alto empresario, del mafioso más temido de la región, su jefe y de a ratos, su amigo; yacía muerta en esa misma habitación de hotel. Quiso llorar y no pudo. Quiso que su reloj cambiara el sentido de su eterno caminar, pero sabía que era imposible, sabía que no podía más que ocultar bajo llave, en su memoria, el estruendo de la bala contenido en el silenciador de su revólver; del mismo modo que contenida, en su espíritu, yacía la respuesta a aquella pregunta que la joven le había hecho a segundos de encontrarse cara a cara con la muerte. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;“Dímelo, por favor...”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Su voz resonó en la cabeza del asesino. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;“Me quieres ¿verdad?... ¿Aún me quieres?” &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El recuerdo lo azotó nuevamente y otra y otra vez, como un látigo que descargaba con furia todo el odio y el rencor que él mismo se tenía.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Más que nunca… – Contestó para sí –… Más que nunca. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;No sin antes darse cuenta, que un disparo puede borrar una existencia, sí; pero no puede –nunca puede–, borrar el recuerdo ni el dolor de la ausencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Una bala se llevó a Nuria, una bala proveniente del revólver que aguardaba, ansioso de una nueva víctima, en su mano derecha. La misma bala, que se había llevado al hijo que aguardaba en el vientre de aquella joven, el hijo que jamás tendría que haber estado ahí. De él era la culpa y sólo de él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;“Mi hijo”, pensó; y de esa manera se dejó morir, no del mismo modo que ellos, sino de una forma más penosa aún, más aberrante. Su mirada cambió, escondió nuevamente el revólver en la gabardina y se dispuso a abandonar la escena del crimen, aquel cuarto de hotel en que sus sueños y sus pesadillas, cada uno a su momento, se hicieron realidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Continuará...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Federico Comesaña&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</content><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/115818743398899448/comments/default" rel="replies" title="Comentarios de la entrada" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/26265339/115818743398899448?isPopup=true" rel="replies" title="8 Comentarios" type="text/html"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115818743398899448" rel="edit" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115818743398899448" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/2006/09/fuimos-parte-ii.html" rel="alternate" title="FUIMOS - Parte II -" type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339.post-115765409987747001</id><published>2006-09-07T15:12:00.000-03:00</published><updated>2006-09-07T15:34:59.923-03:00</updated><title type="text">FUIMOS - Parte I -</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic; font-family: arial;"&gt;Inspirado en "La espera" de Jorge Luis Borges, intento recrear esa noche anterior de la que habla el Maestro, de la que sólo hace mención y deja completamente a cargo de la imaginación del lector. Este cuento, que intenta ser un preámbulo a la obra de Borges, será entregado en tres partes, por esa maldad intrínseca del escritor de sembrar la intriga en sus lectores. Espero sea de su agrado y mil gracias a todos, por dar vida con sus comentarios, a esta Cárcel de Palabras.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;-------------------------------------------------------&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;El timbre del teléfono azotó el silencio de aquel cuarto sepulcral. Sonó una, dos, tres veces. Nadie contestó. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;La oscuridad lo cubría todo, un único haz de luz se colaba entre las persianas mal cerradas, una luz polvorienta que cortaba en dos la oscuridad absoluta, el vacío total. El teléfono volvió a sonar; esta vez, con mayor insistencia. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;El hombre abrió los ojos, dejando atrás aquel sueño que tantas noches había esperado. Sonrió. Miró hacia su costado y con sorpresa percibió su soledad. Tanteó con su mano izquierda la otra mitad de la cama y nada, no había nadie más aparte de él en aquella habitación oscura. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;Suspiró.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Fue sólo un sueño… – Reflexionó en voz alta, como esperando una respuesta, una negación que viniera de algún lugar. “Quizás del baño”, pensó. Pero la luz no estaba encendida, ni la ducha, ni nada. “Fue sólo un sueño”, se convenció.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;El teléfono continuó percutiendo con su sonar monótono y taladrante, el hombre se resignó a atender, sin siquiera intentar adivinar quien estaba del otro lado de la línea. Era un hombre de acción, no de conjeturas ni especulaciones. Para su jefe era mejor así, nunca le gustaron los preguntones dentro de sus filas, o los visionarios en los cuales, según él, no podía fiarse ni un segundo. El hombre estaba a gusto bajo las órdenes de Alejandro Villari, no por compartir con el mafioso un mismo origen y una misma moral; no por sentirse protegido bajo la influencia de tan poderoso personaje; sino, simplemente, porque seguir las ordenes de alguien más lo alejaba de la dura tarea de decidir y de tomar iniciativas. El hombre siempre prefirió la dama al ajedrez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Levantó el tubo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Diga...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Sabe quien le habla. – La voz le sonaba vagamente familiar, tardó un segundo en reconocer de quién se trataba; pero ese susurrar precavido, ese tartamudeo propio de quien se deja caer en las garras del miedo, sólo podía corresponder a una única persona; tardes enteras había estado esperando esa llamada. – Disculpe la tardanza, los exámenes se demoraron y…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–No tengo tiempo para excusas, ¿cuál fue el resultado Doctor?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Sus temores son ciertos, la prueba dio positiva.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;El hombre vaciló. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–¿Está seguro?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Completamente, en esta clase de análisis el margen de error es mínimo, despreciable a mi parecer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Por su bien, que así sea. Le recuerdo Doctor, que el precio que pagué por esta información no admite la más mínima equivocación de su parte. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Del otro lado de la línea, el Doctor Manuel Andrade estaba a punto de infartar. El tono amenazador en la voz de ese hombre confirmaba las palabras de aquella tarde en su despacho al despedirse: “su vida depende de ese análisis Doctor, no se olvide de ello”. Hasta entonces, esa frase se había adueñado de su pensamiento y ahora, del otro lado del tubo, el mismísimo Lucifer reafirmaba su amenaza. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Puede confiar en mi palabra – Dijo finalmente el Doctor, intentando ocultar en vano, su tensión y sus miedos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;El hombre dejó caer el tubo y se alejó en silencio, no había nada más que decir ni preguntar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Abrió la persiana. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Afuera, un manto de nubes envolvía la ciudad, confundiendo los colores de los árboles, los autos y edificios en un matiz infinito de negros, blancos y grises. El melancólico y desafiante sonar de un tango se adivinaba entre el canto de los pájaros y las voces matinales. Era de Manzi, una pieza triste y taciturna titulada Fuimos. El hombre permaneció en silencio, dejándose llevar por aquel ritmo solitario proveniente de algún antro en lontananza.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 100%; font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;“Fui como una lluvia de cenizas y fatigas &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 100%; font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;en las horas resignadas de tu vida. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 100%; font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Gota de vinagre derramada, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 100%; font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;fatalmente derramada sobre tus heridas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 100%; font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Fuiste, por mi culpa, golondrina entre la nieve, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 100%; font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;rosa marchita por la nube que no llueve…“&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;No encontró mejor refugio para su mente que la letra de aquella canción. No por ser adepto a la poesía popular del tango, a la cual consideraba poco más que una pérdida de tiempo; ni por verse a sí mismo dibujado en las palabras de aquel cantor que con trazo firme y elegante, esbozaba en jirones de notas su recuerdo y su memoria; no por eso pienso yo, sino por cobardía, claro; por simple y vulgar temor a verse y encontrarse a solas con su pensamiento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;El tango continuaba, al tiempo que las primeras gotas comenzaban a caer del cielo. Era una lluvia suave y silenciosa que acompañaba el fino vaivén del piano y bandoneón; y juntos, los tres, mantenían la armonía de un ritmo exquisito, de austera perfección.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-style: italic;"&gt;“…Fuimos abrazados a la angustia de un presagio &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-style: italic;"&gt;por la noche de un camino sin salidas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-style: italic;"&gt;Pálidos despojos de un naufragio&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-style: italic;"&gt;sacudido por las olas del amor de la vida…”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;La noticia aún percutía en su cabeza, ya nada importaba más que la certeza de saber que sus temores se habían hecho realidad. Sin embargo, no todo estaba perdido. Una idea, fugaz y repentina, recorrió su conciencia con la fuerza y la velocidad de un rayo. Al principio la descartó, convencido de que debía haber otra salida. Finalmente, la ausencia de nuevas ideas acotó sus posibilidades. Miró el lado positivo: aún quedaba una esperanza en pie. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;Era tiempo de actuar. El hombre se encontraba al borde de perderlo todo y la idea de dar un paso al frente no estaba en su mente ni en sus planes. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;¿Estaba dispuesto a arriesgar su vida por esa mujer? ¿Estaba dispuesto a perderlo todo por aquella mirada de ángel y ese cuerpo infernal? No, claro que no, el muy imbécil pensó que con ella borraría el recuerdo de aquella noche de abril. Pensó que así sería más fácil, intuyó que la noche del alma no era más que la antesala a la alborada del ser. Confundió, como otros tantos, el amor con el sueño y creyó que éste, tiene un principio y un fin; lo primero, puede que así sea, pero nunca lo segundo. El amor, dijo Lope de Vega, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;tiene fácil la entrada y difícil la salida&lt;/span&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Finalmente, arribó a una decisión. Le costaba imaginarse vaciando de esa forma el cargador de su revólver, el frío de la bala atravesando la misma piel que horas antes, había soñado acariciar. Pero no era ese el pecado que lo iba a condenar, no; sino la traición, la traición al hombre que le había dado todo y que de saber la verdad, se lo arrebataría junto a su vida. Y no, no era sólo lujuria lo que corría por sus venas, pero su estrechez no le permitía darse cuenta que esa niña, arrogante y caprichosa, le había robado el corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: right; font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-style: italic; font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Federico Comesaña&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</content><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/115765409987747001/comments/default" rel="replies" title="Comentarios de la entrada" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/26265339/115765409987747001?isPopup=true" rel="replies" title="2 Comentarios" type="text/html"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115765409987747001" rel="edit" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115765409987747001" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/2006/09/fuimos-parte-i.html" rel="alternate" title="FUIMOS - Parte I -" type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339.post-115604819998801246</id><published>2006-08-20T01:25:00.000-03:00</published><updated>2006-08-20T01:30:00.003-03:00</updated><title type="text">La ciudad parece un mundo</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-size:100%;" &gt;Tras el tinte oscuro del cristal polarizado, con mi mente aún bajo tu ropa y mis pupilas indecisas, recorro la ciudad autista de mis sueños desvelados; dilatadas de a ratos, por la oscura presencia de la noche gris, de la triste y absoluta ausencia de luminarias de turno; y de a ratos contraídas, por el destello fugaz del neón centellante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde la ventana del taxi, la ciudad me parece un mundo. Son las tres de la mañana y el rojo albor del alumbrado enciende la noche, la abraza toda en un fuego sucio y escarchado que no quema. Un fuego de hielo que penetra la piel. Un fuego que se expande y se contagia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal es el hechizo de la noche en mi ciudad, donde pequeños pajaritos de colores tiñen de negro sus frágiles contornos, para que siniestros nubarrones los confundan y no logren sabotear su cansado vuelo; donde con el alma de unos cuantos se pagan las culpas de la indiferencia de otros tantos; y donde un par de unicornios añejados se disputan los sueños en que habrán de aparecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ciudad parece un mundo cuando se la ve en movimiento, cuando uno no es más que una suerte de fantasma que se desliza en silencio, formando parte del torrente de vehículos que fluye, calmo, a esas horas de la noche; como un río de concreto que descansa, apacible, balanceándose indiferente al frío impulso del potente vendaval.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un semáforo en rojo detiene nuestro viaje. El taxista me habla de esas cuestiones que son moneda corriente en el diálogo conductor-pasajero: Que el tránsito está horrible, que la paga es aún peor, que la humedad, que la noche es insufrible, que las mujeres, que la inseguridad... Apoyo mi cabeza en la ventana y lo dejo que siga en su monólogo infrenable. En mi mente no hay espacio más que para ti, tus ojos, tu mirada, tu semblante, tus palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo lejos se divisan los rostros de la calle. Niños, jóvenes, adultos, todos ellos ancianos. Rostros cargados de tristeza, vacíos de esperanza, que viven en la noche y a la vez se esconden de ella en un bunker de nylon y cartón. Rostros olvidados sin pasado ni futuro que frecuentan en vida, el infierno que otros tantos con el tiempo habitarán. Son las huestes de la noche, ejércitos de sombra que infunden el miedo para algunos y para otros, como yo, la más sincera compasión. Esa mezcla arrolladora de clemencia, indignación, lástima, bronca, piedad e impotencia, pero sobre todo eso: impotencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mujer con tu rostro me hace señas desde un oscuro portal, mientras que un niño con tus manos se ofrece a lavar el parabrisas. Nada es lo que parece en mi ciudad de ausencias o en mi ausencia de ciudad. Un hombre cubre su desnudes con unas hojas de diario de dos años atrás y cierra tus ojos en su intento desesperado de atraer el sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te veo a ti en todos ellos. Me imagino a mí mismo, con apenas siete años; en este sucio rincón olvidado; ese oscuro agujero donde Peter Pan jamás olvidó su sombra, sombra que tras él se esconde noche a noche y ofrecen juntos lágrimas y flores, llantos y curitas en las mesas de algún bar; donde la voz alegre del pequeño Mowgli nunca recorrió la selva de norte a sur, ni a su canto se unieron ni Baloo, ni el Rey Louis, ni Bagheera, sino que se ahogó para siempre en el frío vientre de un ómnibus oscuro, colmado de ausencias y repleto de desengaños; donde Blancanieves se hizo adicta a su manzana envenenada y Caperucita espera en una esquina el acecho, sin piedad ni culpa, del lobo feroz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un escalofrío recorre mi cuerpo. El taxi se detiene. Nuevamente estoy en casa, más viejo, más cansado, pero por fin en casa. Abro la billetera para buscar con qué pagar y allí estamos nosotros, allí estás tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juro por Dios, que amo esa foto. Yo, con un extraño aire de intelectual apasionado y tú, con tus ojitos turquesa iluminándolo todo. El mundo se derrumba y nosotros nos amamos. Nuestros ojos se buscan en una burbuja color esmeralda. En ese refugio de besos y abrazos concretamos nuestra huida, engañamos al tiempo y nos burlamos del adiós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ciudad parece un mundo, y en un rincón alejado de los ojos de los diarios y los noticieros, de las voces de siempre, de los gritos de auxilio; nos entregamos el uno al otro. Casi en silencio, para no despertar a nadie. Y que nadie piense siquiera en pincharnos nuestra pompa de jabón. No vaya a ser que la oscuridad se proponga contagiarnos, que nos roben la alegría e hipotequen nuestros sueños. No. Cerremos puertas y ventanas, que ya habrá tiempo para salir y contagiar nosotros de amor y de esperanza, de alegría y sinceridad. Ya habrá tiempo de despertar de su siesta al sueño perdido, al niño olvidado. Ya habrá tiempo para desafiar a la tristeza, para vencer a la derrota, para construir de nuevo, para hacer historia. Ya habrá tiempo para ver la luz... y vaya si lo habrá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonrío, y una paz y una intuición se apoderan de mi mente. Me siento a salvo. Ya no tengo miedo, de todo estoy a salvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Así está bien, quédese con el cambio. Muy buenas noches y gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mundo se derrumba y nosotros nos amamos. La intuición se hace certeza. Ya no cabe dudas. Hoy más que nunca, ese otro mundo es posible.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-size:100%;" &gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-size:100%;" &gt;Federico Comesaña&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</content><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/115604819998801246/comments/default" rel="replies" title="Comentarios de la entrada" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/26265339/115604819998801246?isPopup=true" rel="replies" title="11 Comentarios" type="text/html"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115604819998801246" rel="edit" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115604819998801246" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/2006/08/la-ciudad-parece-un-mundo.html" rel="alternate" title="La ciudad parece un mundo" type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339.post-115569175770713941</id><published>2006-08-15T22:26:00.000-03:00</published><updated>2006-08-15T22:33:46.293-03:00</updated><title type="text">A veces...</title><content type="html">A veces sueño que soy el olvido,&lt;br /&gt;a veces me pierdo en mi propia desesperanza;&lt;br /&gt;danzo por el mundo al compás de la nostalgia,&lt;br /&gt;de la empatía a la agonía, del orgullo al desamor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces sueño que corro&lt;br /&gt;y a un mismo tiempo río y lloro,&lt;br /&gt;corro y vuelo en busca de aquello,&lt;br /&gt;aquello que jamás pude encontrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces sueño que soy el olvido,&lt;br /&gt;marioneta del tiempo, peón de la locura;&lt;br /&gt;un simple guerrillero de esperanzas rotas,&lt;br /&gt;de intentos fallidos y amagues de cordura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces me pierdo en la angustia y el desdén,&lt;br /&gt;en el sufrido dolor, en la nula resistencia,&lt;br /&gt;en el eterno palpitar de un corazón acorralado&lt;br /&gt;tras la triste utopía de pensarme un triunfador...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...y a veces, sólo a veces me creo omnipotente&lt;br /&gt;y como un ave que surca el cielo a su antojo,&lt;br /&gt;escribo en mi pecho la palabra &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;LIBERTAD&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Federico Comesaña</content><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/115569175770713941/comments/default" rel="replies" title="Comentarios de la entrada" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/26265339/115569175770713941?isPopup=true" rel="replies" title="7 Comentarios" type="text/html"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115569175770713941" rel="edit" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115569175770713941" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/2006/08/veces.html" rel="alternate" title="A veces..." type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339.post-115513858348236259</id><published>2006-08-09T12:41:00.000-03:00</published><updated>2006-08-09T12:58:00.320-03:00</updated><title type="text">Final cruel sin futuro ni novela...</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Y la lluvia dibujó en su rostro una mirada tenaz que la elevaba por sobre todos los hombres y mujeres de la tierra. Sin quererlo, se había convertido en Dios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;La Diosa que se enfrentó al mundo con su belleza y venció. La Diosa que desafió a la muerte y salió triunfante. Que luchó contra el diablo y se ganó su respeto. Que cruzó mares y océanos. Que se hizo una con el viento y estampó su nombre en el más cruel de los desiertos. Que amó con la más punzante de las pasiones.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Y aún en el momento en que los relojes detengan su paso entorpecido, cuando la última vela se apague y con ella el dolor, la venganza y la pasión sucumban; continuará llorando y pidiendo perdón a gritos, continuará creyendo que todo es un sueño -de todos el más cruel-, y que algún día lo volverá a ver, como al descuido, en un rincón solitario, guarecido entre las sombras, y él correrá hacia ella, y volverá a besarla, y en el más feliz y real de los abrazos, susurrará en su oído aquellas palabras que un día escuchó y que jamás logrará olvidar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Su corazón se detiene. La lluvia azota su vista y ya no puede sostener la mirada. Se deja caer en la acera y sus rodillas golpean como dos martillos de cristal el empedrado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;No hay dolor.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;De su boca escapa una palabra, frágil y apagada, como si fuera la última que dejará colar entre sus labios color carmín.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;    - Adiós.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Una Diosa se desploma en el gris de la tormenta. El tiempo se detiene. La lluvia ya no moja, ya no se oye ni se siente; por más que desde el cielo, mil ángeles suman sus llantos y no encuentran consuelo los unos en los otros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Como si fuera el fin del mundo. Como si todo acabase a un tiempo. Como si el mañana fuese un absurdo o tal vez una ironía.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Como si fuera…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;                            …Y fue.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Federico Comesaña&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</content><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/115513858348236259/comments/default" rel="replies" title="Comentarios de la entrada" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/26265339/115513858348236259?isPopup=true" rel="replies" title="5 Comentarios" type="text/html"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115513858348236259" rel="edit" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115513858348236259" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/2006/08/final-cruel-sin-futuro-ni-novela.html" rel="alternate" title="Final cruel sin futuro ni novela..." type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339.post-115496210813756805</id><published>2006-08-07T11:34:00.000-03:00</published><updated>2006-08-07T12:09:14.356-03:00</updated><title type="text">Sí, en recuerdo</title><content type="html">&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;A: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No, no, nunca se fue. ¿No se da cuenta? Fue el fantasma.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;B:&lt;/span&gt; ¿El fantasma? ¿Qué fantasma?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;A&lt;/span&gt;: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Uno con forma de reloj... Sí, no me mire con esa cara, tenía forma de reloj gigante.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;B:&lt;/span&gt; ¿Y usted lo vio?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;A:&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Le aseguro que lo vi.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;B:&lt;/span&gt; ¿Y qué fue lo que hizo? No me diga que se la llevó...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;A: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No, no se la llevó.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;B:&lt;/span&gt; ¿Entonces?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;A:&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Entonces... Entonces... Con la más pe-pe-pequeña de sus manecillas... golpeó su nariz... y la convirtió en recuerdo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;B:&lt;/span&gt; ¿En qué?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;A: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Sí, en recuerdo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;B:&lt;/span&gt; ¡Basta, ya escuché suficiente!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;A:&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;font-family:arial;" &gt;No, espere, hay más...&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-family:arial;" &gt; Luego se fue y me dijo: “No sea impaciente, ya vendré por usted”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;&lt;br /&gt;Federico Comesaña&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-family:arial;" &gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;</content><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/115496210813756805/comments/default" rel="replies" title="Comentarios de la entrada" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/26265339/115496210813756805?isPopup=true" rel="replies" title="3 Comentarios" type="text/html"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115496210813756805" rel="edit" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115496210813756805" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/2006/08/s-en-recuerdo.html" rel="alternate" title="Sí, en recuerdo" type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339.post-115495585017561857</id><published>2006-08-07T09:50:00.000-03:00</published><updated>2006-08-07T12:07:54.743-03:00</updated><title type="text">Mi buen amigo Carlos</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Este cuento lo escribí a finales del 2004&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; con unos recién cumplidos 17 años. Podría haberlo retocado un poquito, mejorarle algunas expresiones, puntuaciones, pulirle algunas imperfecciones o agregarle algún detallecito más; pero decidí dejarlo en su versión original, únicamente por aquello que dijo Borges una vez de que una obra jamás se termina, simplemente se abandona; y yo creo que ya es tiempo de dejarlo ir a mi buen Carlitos. Espero lo disfruten.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;-------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me jacto de haber sido amigo de Carlos Velásquez. Nadie duda en la actualidad que la alegría y el humor son virtudes celestiales; nadie duda tampoco que quien las posea, concentrará en sus manos el más grande poder del Universo; una fuerza tal, capaz de controlar a todos y a todo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Carlos era el feliz portador de ese don. Como todo héroe o dictador, apareció de la nada, un día como cualquiera... Pensándolo bien, nadie en el barrio conoce la infancia de este personaje, sólo corren por ahí un par de relatos baratos, de esos que únicamente se le ocurren a aquel que en más de una oportunidad, ha abusado de las mágicas propiedades de los alucinógenos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Como es de esperarse, en una sociedad donde queda aún algo – no mucho, pero algo – de sentido común, nadie toma en serio esas teorías, que le dan a Carlitos un origen extraterrestre o lo conciben como descendiente del comediante argentino Carlitos Balá, sin percatarse de que el linaje no se transmite a través del nombre sino del apellido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;En definitiva, su infancia me tiene sin cuidado, lo importante es que Carlos era la persona más alegre que pudo, puede y podrá habitar el Universo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Su risa contagiosa, su mirada perspicaz y su paso claunesco, sembraban la alegría en aquel que se lo cruzase. Nadie que deambulara a una distancia prudencial de Carlitos, con la mirada perdida, el seño fruncido y una lagrimita picarona asomándose en la mejilla, podía escapar a la irradiante alegría de este ser, que entre su clásico tarareo y sus pasos resentidos de cumbia barata, convertía lágrimas solitarias en llantos de risa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Según diversos estudios llevados a cabo por estudiantes frustrados de psicología, por coordinadores de educación física y comediantes aficionados, el 98,5% de las carcajadas de Carlitos no tenían sentido alguno, o por lo menos, comprensible para el intelecto humano promedio. Sin embargo, ¿Qué carcajada tiene sentido de ser? O mejor dicho... ¿Desde cuándo es posible esclarecer el sentido de una sonrisa?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;El Negro Rodolfo, coleccionista de sellos postales provenientes de países que empiezan con Y, sabiamente repuso:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;   –Nadie que se precie de su condición de sabio, o incluso de cuerdo, se atreverá a advertir el factor causal de la carcajada ajena. Si bien, ésta puede ser provocada por un estímulo exterior; también puede guarecer en los pensamientos del individuo, el motivo que lo llevó a tal quiebre emocional, y a ese territorio es imposible ingresar sin la correspondiente autorización del involucrado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Y es verdad. El motivo de alegría que lleva a la risa descontrolada es un objeto de estudio muy escurridizo y más aún en el caso de Carlitos, donde no existía un límite entre carcajada y carcajada.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;De seguro, hay quien no logra comprender la envergadura del asunto. No estoy hablando de un muchacho alegre y sonriente, de pocas luces y con cara de gil. NO. Si bien poseía sí, estos dos últimos atributos, la carcajada de Carlitos era una constante; y cuando digo constante, me refiero a que su estrepitosa risa era permanente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Tanto es así que para el buen Carlos, las más mundanas actividades se convertían en osadas hazañas. Muchos juran en el barrio, haberlo visto ingerir alimentos. Sin embargo, me parecen más leyendas urbanas que testimonios veraces. Me animaría a decir que nadie ha visto jamás a Carlitos alimentarse, ya que esto requeriría un conjunto de métodos y maniobras que hasta ahora, ningún especialista ha sabido explicar de forma persuasiva, puesto que reír y comer son acciones un tanto incompatibles.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;No todos admiraban a Carlitos ni gozaban con su presencia. Además de ser envidiado por muchos, esos que se negaban a explicitar su alegría cuando ésta era producto de la presencia del buen Carlos, el chico se había ganado enemigos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Nada más ni nada menos que los miembros del SPLOT – Sindicato de Personal de Limpieza de Orinales y Toilets –, una asociación sindical de carácter oscuro y de bajo perfil, que nunca gozó de una gran aceptación social y cuyas medidas y sugerencias rara vez fueron aceptadas por las autoridades, tanto del Ministerio como de las empresas en las cuales se desempeñan los sindicalistas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Dicha agrupación, que como no podía ser de otra manera, con el tiempo adquirió carácter de secta – hecho que no tuvo trascendencia alguna, puesto que ni siquiera les significó modificar la sigla que da nombre a la organización –, llegó a plantearse – con el fin verdadero de sostener una excusa para mantener al grupo unido, dándole un fin concreto a una agrupación de carácter banal –, por medios lícitos o ilícitos, la desaparición del propio Carlitos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué? Se preguntarán algunos. La respuesta es un tanto obvia, sigamos el siguiente razonamiento:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Como primera premisa tomaremos la siguiente afirmación: Todo ser alegre y divertido goza de una vida social robusta y en extremo activa, por lo cual, concurre con regularidad a sitios públicos varios, donde utiliza los orinales con habitualidad. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Por segunda premisa nos contentaremos con: Todo individuo con risa fácil sufre del mal del “no le emboco”, una terrible enfermedad que afecta mayoritariamente a hombres con mal de Parkinson y a mujeres subversivas que incursionan en el arte de orinar de pié; cuyo principal efecto se manifiesta en la notoria dificultad para hacer coincidir el flujo de orina con el agujero del inodoro. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Como tercera premisa tomaremos: Los encargados de asear los baños generalmente son miembros del SPLOT, quienes ponen el grito en el cielo ante la impulcra manía de orinar por fuera del inodoro, sea por un impedimento físico o por un acto voluntario. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;En conclusión, los miembros del SPLOT ven a Carlitos como símbolo de todo aquel que padece del mal del “no le emboco”, condición aparentemente suficiente para querer mal a una persona.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;La medida más drástica que han llegado a adoptar, fue sin duda la confección de papel higiénico con mensajes alusivos a su campaña “retrete seco, retrete feliz”, donde rogaban y suplicaban a quien padeciera de dicha patología, que por favor orinara sentado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;No hace falta mencionar, que al igual que cualquier otro emprendimiento de dicha agrupación, no tuvo éxito alguno. Los orinantes que padecían el afamado mal se sentían humillados e insultados por los explícitos mensajes del SPLOT y ponían especial concentración en su proceso de desagüe para atinar al rollo de papel higiénico, prolijamente instalado a la derecha del escusado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Existen muchas historias a parte de ésta, que involucran tanto al SPLOT en su carácter sindical, como las desopilantes peripecias que Carlitos vivió a causa de las maquiavélicas artimañas de esta vil organización. Sin embargo, eso escapa a nuestro tema principal, que es, en definitiva, la vida cotidiana de mi amigo Carlos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Su talento era único, Carlitos no tenía par. La prueba que le valió todos los méritos fue realizada en mi propia casa, un Domingo de invierno, esos donde el mal día dice “buen día” y se asienta en el cielo con la idea de no marcharse. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Carlitos estaba sentado en el sillón y el periódico de la semana tendido sobre la mesa, abierto en la sección de policiales.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Yo, que como muchos otros, en aquellos tiempos atribuía la inigualable alegría de Carlitos a su evidente y reconocida ignorancia, olía el peligro potencial en el aire. Carlos, indiferente, sin percatarse del terrible mal que se aproximaba, recogió las hojas y comenzó a leer.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;No paraba. Mi familia entera permaneció en silencio, temerosos, intranquilos... De repente su cara se transformó. No era el mismo Carlos, sino uno más oscuro y meditativo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Quizás fue mi impresión, pero me pareció ver por un momento, en los ojos de aquel muchacho, la prevención de aquellos que dudan y temen, la ausencia y la desolación, la nostalgia y la desdicha. Me pareció ver en su mirada, el negro de un abismo, el sentir sin sentimiento, el vacío de un pesar que mucho duele, que tanto sangra y tanto esconde. Sin embargo, creo que fue nada más que mi impresión.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Un minuto le llevó recuperarse y allá estaba él, sonriendo a diestra y a siniestra, noche y día, como si nada. Como si el shock hubiese sido repentino, un breve lapso en el cual la mente se conecta con la hostilidad de este mundo y luego vuelve a su habitual ingenuidad.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Los días transcurrieron y con ellos nuestra infancia y juventud. Dicen que el tiempo es el mejor maestro. Personalmente discrepo, yo diría que como maestro es bastante mediocre y como alcahuete una eminencia, chupa-medias del modismo, soplón de la intolerancia y manda-preso de la propia mediocridad.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Como era de esperarse, en un mundo donde quien ríe es un desconsiderado; quien juega es infantil; quien dice NO, un subversivo; quien denuncia un inadaptado; quien propone, un charlatán; y quien llora, un maricón; Carlitos fue víctima del rechazo y la marginación.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Su risa fue bajando día a día sus decibeles, acallada por miradas torcidas de la “gente normal”, esos que nos incitan a todos y cada uno a jugar al juego de lo formal y autorizado, un juego de poder y jerarquías, prometiendo como premio la felicidad y otorgando en cambio, a ultimo momento una cajita, falta de sorpresas y llena de angustias y desengaños.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Parece ser que la alegría permanente y la risa descontrolada son cualidades aceptadas en la infancia y adolescencia, pero cuando uno se hace adulto, pierde el gusto por la sonrisa tonta y sin sentido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;De esa manera, la carcajada de Carlitos desapareció por completo. La verdad, no muchos notaron la diferencia; a más de uno a esa altura, ya le costaba girar la cabeza para notar – aunque más no sea eso: NOTAR –, la angustia ajena. Creo yo, por la falta de costumbre, por haber perdido la práctica.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Y así, como el inmigrante que en tierras lejanas adopta un lenguaje y una cultura diferente; así Carlitos se convirtió paulatinamente en un ciudadano ejemplo, en un ser aburrido y predecible, racional y conformista, dogmático, rutinario, introvertido y sobre todo, nostálgico y desilusionado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Con su saco sport medio gastado y su pantalón de vestir proveniente de la mesa de saldos de una tienda de segunda mano, cada mañana Carlos se tomaba el ciento cinco en la esquina de su casa, rumbo a la oficina, ese cubil de dos metros por tres de ancho, iluminada por el mísero brillo de una lamparita de bajo consumo. Las mismas tareas, las mismas caras, las mismas exigencias, los mismos gritos y el mismo final. Un preso más de la monótona rutina del sin sentido cotidiano. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Hace tiempo que no lo veo al buen Carlos, y aunque así lo hiciera estoy seguro que no lo reconocería, ni él a mí tampoco. He sentido de gente que fue muy allegada a él, alguna que otra anécdota de sus mediocres hazañas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Si mal no recuerdo, fue el Negro Rodolfo el que una noche llegó a mi casa con noticias sobre el paradero de Carlitos. Fue un martes a la noche en que el Negro paseaba por el Prado a la altura del rosedal; siete horas pasaron desde que el sol se había puesto y la luna y las estrellas destellaban incansables, bordadas sobre el oscuro manto que cubría el cielo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;A lo lejos, Rodolfo escuchó una voz conocida que murmuraba a la distancia. Con cuidado se acercó, buscando la fuente de esas palabras, por mero amor al chusmerío.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Fue allí que reconoció en un rostro avejentado, erosionado por el tiempo, a su viejo amigo Carlitos. Pero un Carlos distinto, consumido en una condición que no le era propia, una suerte de disfraz que desentonaba con la esencia del personaje.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Permaneció en silencio, intentando ordenar en su mente las palabras con las cuales presentarse ante su amigo, ese al que hace tiempo no veía; ese, que ya consideraba perdido. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Pero por más que lo intentó, no pudo. Permaneció al amparo de las sombras, escuchando las tristes palabras de Carlos, ese ser de existencia lastimosa que parecía haber perdido toda cordura.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;De repente, vio asomarse en su rostro, el de Carlitos, una sonrisa que le recordó a las de antaño; aquel rostro arrugado retomó el inconfundible matiz de sonso que más de una burla le valió en su juventud; y guiñándole un ojo a la luna, exclamó una sonora carcajada, como tomándole el pelo a las costumbres, a su disfraz y a su destino.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Algunos, como en su momento el Negro Rodolfo, pensaron que estaba loco; y con la falsa excusa de velar por la salud de Carlos, se fundó el “Escuadrón de Voluntarios para el Socorro y Contemplación de Carlitos”. Una suerte de guardia vecinal sin fines de lucro que con el propósito verdadero de inmiscuirse en la privacidad ajena, montaban guardias en el punto en que el Negro había descubierto a Carlos por vez primera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;El Escuadrón, que en un principio se planteó el desafío de mantenerse en su carácter secreto – no sea cosa que el espiado se diera cuenta de la conspiración –; al poco tiempo fue descubierto y su existencia pasó a estar en boca de todos; recibiendo incluso, una propuesta por parte de un canal televisivo para hacer una suerte de Reality Show; aprovechándose del pobre Carlos, quien solía ir cada noche al rosedal a pedirle disculpas a la Luna, guiñarle un ojo y prometerle, que el día en que dejaría su disfraz en una percha para jamás volver a usarlo, estaba cada vez más cerca. Acto seguido, le regalaba una escandalosa carcajada a modo de tributo y así se retiraba Carlos, riendo como en los viejos tiempos, para volver a zambullirse en la infernal rutina.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Como el nadador, que por más acostumbrado que esté al hábitat submarino, no logra desprenderse de la necesidad de salir, aunque más no sea un segundo, a respirar a la superficie; así Carlos se sentía en esos momentos de intimidad; revitalizado, lleno de fuerzas para afrontar un nuevo día.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Muchos sostenían, con pruebas fehacientes, que Carlos estaba loco y que su comportamiento no era más que un grito desesperado ante las imposiciones sociales, ante los anhelos inculcados que no podía alcanzar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Otros, los inadaptados de siempre, decían que se estaba comunicando con su familia extraterrestre, en un código incapaz de ser captado por el intelecto humano. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Yo, por mi parte, pienso distinto. No simplifiquemos las cosas. El mundo no es un dos más dos, sino algo más. Loco no es quien sonríe, sino aquel que se extraña de quien lo hace. Loco no es quien escapa, sino quien agacha la cabeza y deja que el látigo de la rutina flagele su torso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Por eso; y porque el juicio no es un bien ganancial que fluctúe de acuerdo a la oferta y la demanda, otorgándosele al mejor postor el título de “cuerdo certificado”; es que sostengo que Carlitos, mi buen amigo Carlos no estaba loco; simplemente había tropezado... y aún así sonreído. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;La verdad es simple e ineludible. No hace falta poseer una inteligencia superior ni una gran erudición para comprender, que vale más una gota de esperanza que un inmenso mar de estoica sensatez. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Federico Comesaña &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</content><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/115495585017561857/comments/default" rel="replies" title="Comentarios de la entrada" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/26265339/115495585017561857?isPopup=true" rel="replies" title="0 Comentarios" type="text/html"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115495585017561857" rel="edit" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115495585017561857" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/2006/08/mi-buen-amigo-carlos.html" rel="alternate" title="Mi buen amigo Carlos" type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339.post-115489126702748949</id><published>2006-08-06T15:53:00.000-03:00</published><updated>2006-09-07T15:54:54.176-03:00</updated><title type="text">Antón Pirulero</title><content type="html">&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-style: italic;"&gt;Antón... Antón... Antón Pirulero...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-style: italic;"&gt;Cada cuál... Cada cuál... Que atienda su juego...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-style: italic;"&gt;Y el que no lo atienda... Y el que no lo atienda...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-style: italic;"&gt;Pagará... Pagará... Una prenda de amor...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Robertito tenía 7 años, ahora tiene 23. A esa edad le gustaba Patricia y hoy jura que ama a Lorena, aunque jamás a ninguna le insinuó nada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Robertito -como todos-, es como cualquiera y como ninguno. Siempre fue listo, pero jamás se destacó del resto. Tiene sueños, sí; pero sabe ocultarlos mejor que nadie.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;A los 7, la maestra Susana le enseñó a jugar al Antón Pirulero. A los 9 aprendió a dividir. A a los 12, aprendió a besar. A los 15, a resolver una ecuación. A los 17, del dolor y la traición. Y a los 21, que la incertidumbre en carnaval, se disfraza de nostalgia y sale a mojar gente con su pomo de desdicha...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;A lo largo de su vida olvidó muchas cosas; entre ellas, su número de cédula, la fecha de un examen, el nombre de una calle, un cumpleaños, el rostro de un amigo, las llaves, la billetera y el nombre de una chica...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Sin embargo, nunca olvidó el amargo sabor a soledad; el estar rodeado de gente, sin dejar de sentirse desahuciado. El mostrarse a gusto frente a la más profunda disconformidad. El pensar en su propio bienestar y el resto, que reviente. El desconfiar de todos y de todo. El pensar en términos de “futuro” y “conveniencia”. El no mirar a los costados, a no ser para cruzar la calle. El no dar sin recibir nada a cambio. El no irse sin esperar el vuelto. El no actuar sin que la razón filtre su sentir. El no protestar, el no escuchar, el no reír, el no ayudar, el no opinar, el no decir siempre la verdad...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Robertito tenía 7 años, hoy tiene 23. Pero igual sigue jugando, ahora y siempre, al Antón Pirulero; en su eterno afán de atender su juego, ese lento y aburrido juego... harto de seguir pagando, la misma prenda de amor.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Federico Comesaña&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</content><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/115489126702748949/comments/default" rel="replies" title="Comentarios de la entrada" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/26265339/115489126702748949?isPopup=true" rel="replies" title="1 Comentarios" type="text/html"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115489126702748949" rel="edit" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/115489126702748949" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/2006/08/antn-pirulero.html" rel="alternate" title="Antón Pirulero" type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26265339.post-114532010103368361</id><published>2006-04-17T19:53:00.000-03:00</published><updated>2006-08-06T16:50:32.250-03:00</updated><title type="text">Bienvenidos a todos</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Ahora que me fijo en el diseño, puede que el título, el encabezado y la descripción del espacio hayan quedado un tanto fatalistas. Juro: no fue mi intensión. Pierdan cuidado, este no es otro de esos grupos de autoayuda para psicópatas solitarios. Tampoco se trata unicamente de tomarnos de las manos y flotar juntos en una nube de sueños y fantasías. No es así. Quien ingrese a este blog con una visión matizada o no distinga otra cosa que blancos y negros, me animo a decir -con el perdón de la expresión-, que está meando por fuera del tarro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Bienvenidos, antes que nada, a mi espacio; a esta Cárcel de Palabras, de eternos corredores que dibujan laberintos, de pequeños calabozos con enigmas olvidados, &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;de barrotes construidos en HTML, &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;de girones de palabras que se confunden con un fuerte olor a esperanza, a entusiasmo y también melancolía. Donde cada uno es carcelero de sí mismo,  juez y gendarme, acusado y defensor, en un juicio que de antemano siempre está perdido. Donde cada palabra que aparece en pantalla nos encadena para siempre a seguir escribiendo y a seguir divulgando nuestro propio padecer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;De ahora en más, mi invitación es a seguir comunicándonos, a seguir reflexionando y -¿por qué no?- animandonos a inventar un mundo que sólo conozca por límites nuestra propia imaginación; a poner a prueba nuestra inteligencia, nuestra creatividad, nuestra elocuencia y nuestra capacidad de hacernos entender, de sorprender, de asombrar, de emocionar e incluso enamorar. Un espacio donde compartir y compartirnos al resto de una forma distinta, donde soñar juntos bajo la única premisa de que un mundo mejor es posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese espacio que estábamos buscando para asumir juntos nuestra más íntima condición de presos, de eternos condenados en esta &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;CÁRCEL DE PALABRAS&lt;/span&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Federico Comesaña&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;</content><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/feeds/114532010103368361/comments/default" rel="replies" title="Comentarios de la entrada" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/26265339/114532010103368361?isPopup=true" rel="replies" title="2 Comentarios" type="text/html"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/114532010103368361" rel="edit" type="application/atom+xml"/><link href="http://www.blogger.com/feeds/26265339/posts/default/114532010103368361" rel="self" type="application/atom+xml"/><link href="http://carceldepalabras.blogspot.com/2006/04/bienvenidos-todos.html" rel="alternate" title="Bienvenidos a todos" type="text/html"/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image height="16" rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" src="https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" width="16"/></author><thr:total>2</thr:total></entry></feed>