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	<title>Hoja Claraesperanza</title>
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		<title>Estancias de libertad</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 09:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Videoteca]]></category>
		<category><![CDATA[Estacias de libertad]]></category>
		<category><![CDATA[Estancia]]></category>
		<category><![CDATA[Javier Bustamante]]></category>
		<category><![CDATA[libertad]]></category>

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		<description><![CDATA[Texto:  Javier Bustamante Musica: Prelude No. 12 (Chris Zabriskie) / CC BY 3.0 En soledad y silencio: libertad todo cuanto soy y he sido se reúne conmigo, aquí, todas mis edades habitan mi cuerpo todo abunda por momentos (incluso abruma) todo se hace indispensable para que, de pronto, no sea necesario nada sólo Tú, que me creaste libre: libre, incluso de ti. Hecha carne y corazón, la libertad se torna fraternal sólo compartida sacia, nutre, germina hundiendo raíces en un suelo común no acaba mi libertad en la tuya, no muere en sus orillas la libertad engendra caridad: congrega en ese amor que no ata que se desvive dando vida. Un corazón libre, arde, no deslumbra ni quema: es calor y claridad llama que indica que es posible vivir en libertad, que enciende a otros sin imponer ni seducir: sólo mostrando la belleza y la fragilidad del ser de ser libre. La fiesta es libertad en plenitud aroma que se propaga esparciendo creatividad, igualdad, aceptación, espontaneidad, alegría, belleza la verdadera fiesta concilia el gozo de ser únicos e iguales.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><iframe width="500" height="300" src="http://www.youtube.com/embed/WKOiBtQadzg?rel=0&amp;hd=1" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>
<div></div>
<div><em>Texto:  Javier Bustamante</em></div>
<div><em>Musica: Prelude No. 12 (<a rel="cc:attributionURL" href="http://freemusicarchive.org/music/Chris_Zabriskie/">Chris Zabriskie</a>) / <a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/">CC BY 3.0</a></em></div>
<div>
<p>En soledad y silencio:<br />
libertad</p>
<p>todo cuanto soy y he sido<br />
se reúne conmigo, aquí,</p>
<p>todas mis edades<br />
habitan mi cuerpo</p>
<p>todo abunda por momentos<br />
(incluso abruma)</p>
<p>todo se hace indispensable<br />
para que, de pronto,<br />
no sea necesario nada</p>
<p>sólo Tú,<br />
que me creaste libre:</p>
<p>libre, incluso de ti.</p>
<p>Hecha carne y corazón,<br />
la libertad se torna fraternal</p>
<p>sólo compartida sacia,<br />
nutre, germina hundiendo raíces<br />
en un suelo común</p>
<p>no acaba mi libertad en la tuya,<br />
no muere en sus orillas</p>
<p>la libertad engendra caridad:<br />
congrega en ese amor que no ata<br />
que se desvive dando vida.</p>
<p>Un corazón libre, arde,<br />
no deslumbra ni quema:<br />
es calor y claridad</p>
<p>llama que indica que es posible<br />
vivir en libertad,<br />
que enciende a otros<br />
sin imponer ni seducir:<br />
sólo mostrando la belleza<br />
y la fragilidad del ser</p>
<p>de ser libre.</p>
<p>La fiesta es libertad en plenitud<br />
aroma que se propaga esparciendo<br />
creatividad, igualdad, aceptación,<br />
espontaneidad, alegría, belleza</p>
<p>la verdadera fiesta concilia<br />
el gozo de ser únicos e iguales.</p>
</div>
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		<title>Moriré</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 09:00:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Alfredo Rubio de Castarlenas]]></category>
		<category><![CDATA[Elisabet Juanola]]></category>
		<category><![CDATA[I jo em moriré]]></category>
		<category><![CDATA[Moriré]]></category>

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		<description><![CDATA[Moriré Soy un ser vivo y moriré. Me moriré un día, una noche, no lo sé. Moriré caminando o durmiendo, cerca de los míos o tirado en algún lugar recóndito. Nadie sabe cuánto tengo más de vida. Nada sirve para predecir ese tiempo, y en cambio, si de algo tengo certeza es de que moriré. Moriré, y los redondos duraznos seguirán llenando de maravilla la boca de los niños cada verano, moriré y jugarán de nuevo a perseguirse y a esconderse la luna y las estrellas, el hombre y su esperanza. Todos los días, nuevas flores abrirán sus pétalos aún en mi ausencia; y mis hijos y seres amados seguirán sus propias vidas, como debe ser. Mi casa será poblada por otras personas y las cosas que hoy uso, usarán otros o dejarán de tener sentido. Moriré y habré hecho todo lo que habré hecho, nada más. No empeñaré a nada ni a nadie con mis tareas, haré las que tengo que hacer con la honestidad de quien sabe que morirá en cualquier momento y así poderme ir tranquilo. Moriré y me recordarán como lo que mostré de mí, como lo que hice. Moriré y habré alcanzado a amar con la intensidad que me permití, habré sido tan generoso como yo quise darme y todo lo que no entregué morirá ese mismo instante. Qué hermoso, qué alegría, que aunque yo muera todo en el universo seguirá rodando como si tal cosa. Moriré y después de las tardes de lluvia y truenos se colgará de la mirada de los seres, el pasmo redondo de contemplar en el cielo húmedo el arco iris. I jo em moriré I jo em moriré i les grans peres d’aigua, cada setembre seguirán omplenant de marevella la boca dels infants; i jo em moriré i jugarán de nou a perseguir-se i amagar-se, la lluna i els estels, l’home i sa esperanca Qué formós que encara que jo mori tot en l’univers, seguirá rodolant com si tal cosa així podré anar-me de puntetes a fruir-te señor, a fruir-te I jo em moriré i a les tardes de pluja i de tronada després, es penjará de la mirada, el pasme rodolenc de contemplar en el cel humit l’arc de l’iris. Poema de Alfredo Rubio Por Elisabet Juanola. Paráfrasis del texto de Alfredo Rubio de Castarlenas: I jo em moriré]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/audio/morire.mp3">Moriré</a></p>
<p>Soy un ser vivo y moriré.<img class="alignright size-medium wp-image-1783" title="portada_Morire" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/11/portada_Morire-300x212.jpg" alt="" width="240" height="170" /><br />
Me moriré un día, una noche, no lo sé.<br />
Moriré caminando o durmiendo, cerca de los míos o tirado en algún lugar recóndito.<br />
Nadie sabe cuánto tengo más de vida. Nada sirve para predecir ese tiempo, y en cambio, si de algo tengo certeza es de que moriré.<br />
Moriré, y los redondos duraznos seguirán llenando de maravilla la boca de los niños cada verano, moriré y jugarán de nuevo a perseguirse y a esconderse la luna y las estrellas, el hombre y su esperanza.<br />
Todos los días, nuevas flores abrirán sus pétalos aún en mi ausencia; y mis hijos y seres amados seguirán sus propias vidas, como debe ser.<br />
Mi casa será poblada por otras personas y las cosas que hoy uso, usarán otros o dejarán de tener sentido.<br />
Moriré y habré hecho todo lo que habré hecho, nada más. No empeñaré a nada ni a nadie con mis tareas, haré las que tengo que hacer con la honestidad de quien sabe que morirá en cualquier momento y así poderme ir tranquilo.<br />
Moriré y me recordarán como lo que mostré de mí, como lo que hice.<br />
Moriré y habré alcanzado a amar con la intensidad que me permití, habré sido tan generoso como yo quise darme y todo lo que no entregué morirá ese mismo instante.<br />
Qué hermoso, qué alegría, que aunque yo muera todo en el universo seguirá rodando como si tal cosa.<br />
Moriré y después de las tardes de lluvia y truenos se colgará de la mirada de los seres, el pasmo redondo de contemplar en el cielo húmedo el arco iris.</p>
<p><strong>I jo em moriré</strong></p>
<p>I jo em moriré i les grans peres d’aigua,<a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/11/Morire.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1782" title="Morire" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/11/Morire-300x212.jpg" alt="" width="240" height="170" /></a><br />
cada setembre<br />
seguirán omplenant de marevella la boca dels infants;<br />
i jo em moriré i jugarán de nou a perseguir-se i amagar-se,<br />
la lluna i els estels, l’home i sa esperanca<br />
Qué formós que encara que jo mori tot<br />
en l’univers, seguirá rodolant com si tal cosa<br />
així podré anar-me de puntetes a fruir-te señor, a fruir-te</p>
<p>I jo em moriré i a les tardes de pluja i de tronada després,<br />
es penjará<br />
de la mirada, el pasme rodolenc de contemplar<br />
en el cel humit l’arc de l’iris.</p>
<p><em>Poema de Alfredo Rubio</em></p>
<p><strong><em>Por Elisabet Juanola. Paráfrasis del texto de Alfredo Rubio de Castarlenas: I jo em moriré</em></strong>
</p>
<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/11/revista_ce_61.pdf" target="_blank"><img class="alignright size-full wp-image-632" style="margin: 0px;" title="Descargar PDF" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/05/pdf.png" alt="Descargar PDF" width="35" height="34" /></a></p>
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		<title>Desautorizar o llevar a plenitud</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 08:58:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[desautorizar]]></category>
		<category><![CDATA[Desautorizar o llevar a plenitud]]></category>
		<category><![CDATA[Jaume Aymar]]></category>
		<category><![CDATA[plenitud]]></category>

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		<description><![CDATA[Desautorizar o llevar a plenitud Jesús no viene a desautorizar,  sino a llevar a plenitud.  Desautorizar es muy fácil. Basta una palabra, incluso una sonrisa o una insinuación para robarle a una persona el buen nombre o la fama, o para ponerla bajo sospecha: “¡Si yo te explicara!”.  Dicen que “la lengua no tiene huesos, pero rompe muy gruesos”. Llevar a plenitud implica hacer que las cosas sean lo que han de ser, lo cual no es fácil. Ayudar a que las personas lleguen a ser aquello que Dios espera de ellas, a veces es una cuesta arriba. Lo saben todos los que tienen hijos&#8230; Educar es una labor larga, paciente y delicada. Pero este es el cometido del cristiano, siguiendo las pisadas luminosas de su Maestro: no desautorizar, llevarlo todo a plenitud. Jesús pone en positivo los mandamientos y va mucho más allá: donde dice “no mates”, Él dice “no te enfades, no menosprecies a tu hermano”. Matar, acabar con una vida, es relativamente fácil: una bala, una piedra, un segundo de distracción en el volante&#8230; En cambio, ¡sacar adelante una vida, educar a una persona, requiere muchos años de esfuerzos y sacrificio! Nosotros, difícilmente mataremos a alguien físicamente&#8230; Pero, lo que sí podemos, es matar la alegría de una convivencia, de una reunión o de una persona. El menosprecio y el insulto son formas de violencia verbal que pueden hacer mucho mal y matar moralmente al otro. Quizás no caigamos en el adulterio,  pero podemos perder la fidelidad del corazón. Jesús mira el corazón. Nosotros también hemos de mirarlo. Hemos de auto-examinarnos sin ánimo de juzgarnos, porque podemos ser injustos, incluso, con nosotros mismos. Preguntémonos: ¿qué elegimos? Desautorizar o llevar a plenitud, matar o dar vida, desear apropiarnos del otro o ayudarlo a ser lo que está llamado a ser&#8230; La decisión es nuestra. Por Jaume Aymar Ragolta]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/11/desautorizar_plenitud.mp3">Desautorizar o llevar a plenitud</a></p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-medium wp-image-1770" title="desautorizar_o_llevar_a_plenitud" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/11/desautorizar_o_llevar_a_plenitud-300x212.jpg" alt="" width="240" height="170" />Jesús no viene a desautorizar,  sino a llevar a plenitud.  Desautorizar es muy fácil. Basta una palabra, incluso una sonrisa o una insinuación para robarle a una persona el buen nombre o la fama, o para ponerla bajo sospecha: “¡Si yo te explicara!”.  Dicen que “la lengua no tiene huesos, pero rompe muy gruesos”. Llevar a plenitud implica hacer que las cosas sean lo que han de ser, lo cual no es fácil. Ayudar a que las personas lleguen a ser aquello que Dios espera de ellas, a veces es una cuesta arriba. Lo saben todos los que tienen hijos&#8230; Educar es una labor larga, paciente y delicada. Pero este es el cometido del cristiano, siguiendo las pisadas luminosas de su Maestro: no desautorizar, llevarlo todo a plenitud.</p>
<p style="text-align: justify;">Jesús pone en positivo los mandamientos y va mucho más allá: donde dice “no mates”, Él dice “no te enfades, no menosprecies a tu hermano”. Matar, acabar con una vida, es relativamente fácil: una bala, una piedra, un segundo de distracción en el volante&#8230; En cambio, ¡sacar adelante una vida, educar a una persona, requiere muchos años de esfuerzos y sacrificio!</p>
<p style="text-align: justify;">Nosotros, difícilmente mataremos a alguien físicamente&#8230; Pero, lo que sí<img class="alignright size-medium wp-image-1771" title="portada_desautorizar_o_llevar_a_plenitud" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/11/portada_desautorizar_o_llevar_a_plenitud-300x212.jpg" alt="" width="240" height="170" /> podemos, es matar la alegría de una convivencia, de una reunión o de una persona. El menosprecio y el insulto son formas de violencia verbal que pueden hacer mucho mal y matar moralmente al otro. Quizás no caigamos en el adulterio,  pero podemos perder la fidelidad del corazón.</p>
<p style="text-align: justify;">Jesús mira el corazón. Nosotros también hemos de mirarlo. Hemos de auto-examinarnos sin ánimo de juzgarnos, porque podemos ser injustos, incluso, con nosotros mismos. Preguntémonos: ¿qué elegimos? Desautorizar o llevar a plenitud, matar o dar vida, desear apropiarnos del otro o ayudarlo a ser lo que está llamado a ser&#8230; La decisión es nuestra.</p>
<p><strong><em>Por Jaume Aymar Ragolta</em></strong><br />
</strong></p>
<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/11/revista_ce_61.pdf" target="_blank"><img class="alignright size-full wp-image-632" style="margin: 0px;" title="Descargar PDF" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/05/pdf.png" alt="Descargar PDF" width="35" height="34" /></a>
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		<title>Cine Espiritual</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 08:00:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Videoteca]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; SIGNIS presenta la VII Muestra de Cine Espiritual de Barcelona como un certamen ya consolidado para mostrar las películas de cine espiritual. Fuente: www.think1.tv]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><embed id="player" name="player" src="http://www.think1.tv/videoteca/layout/js/think1tv/mediaplayer-5.3/player.swf" width="320" height="240" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" flashvars="file=http://www.think1.tv/videoteca/layout/files/think1tv//educacion/Cine Espiritual.flv" />&nbsp;</p>
<p>SIGNIS presenta la VII Muestra de Cine Espiritual de Barcelona como un  certamen ya consolidado para mostrar las películas de cine espiritual.</p>
<p>Fuente: <a href="http://www.think1.tv/" target="_blank">www.think1.tv</a>
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		<item>
		<title>Sembrar y esperar</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Nov 2011 12:05:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[esperar]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Miguel González Feria]]></category>
		<category><![CDATA[Sembrar]]></category>
		<category><![CDATA[Sembrar y esperar]]></category>

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		<description><![CDATA[Sembrar y esperar &#160; La Virgen María es reina de la alegría, que ella nos dé ese inmenso don. Cuando nosotros predicamos la fe, cuando testimoniamos el cristianismo, cuando proclamamos la Resurrección de Jesucristo, a veces nos enfadamos con la gente que no nos cree. Si a alguien se le ocurre que se enfade porque los demás no crean, que tenga cuidado, que vigile, porque a lo mejor es él quien está empezando a perder la fe, se le está disolviendo como un azucarillo en el agua. Si yo me enfado con alguien porque no cree, si soy intolerante, es que pienso que yo tengo fe por esfuerzo mío, que lo he logrado por un acto de mi voluntad. En ese momento me estoy equivocando totalmente, en ese momento estoy teniendo orgullo. Los cristianos hemos de predicar, anunciar la Resurrección con palabras, con obras y con alegría, que es lo mejor para anunciar la Resurrección. Y hacerlo con una serena paz y esperanza. Predicamos la Resurrección y, luego, ¿qué ocurre? Entre que yo la predique y que la gente la crea, hay un intermedio; tiene que intervenir Cristo personalmente en su corazón. Ahí no me toca a mí, ni al sacerdote, ni al catequista, ni al cristiano, ni al padre de familia, ni al abuelo. Nosotros no podemos dar el don de la fe, eso es don directamente de Dios a las personas. No nos enfademos si no lo tienen aún. En cambio, si tenemos paciencia, les ayudaremos para que no se cierren a ese don de la fe cuando lo reciban. Entonces algunos podréis preguntar: si Cristo a cada persona, para que crea, le tiene que tocar su mundo interior, su pozo interno, ¿para qué hay que anunciar, entonces, el Evangelio? Por una razón muy clara, el Evangelio mismo nos responde: “creerán lo que les había anunciado, lo que se les había dicho”. Para que venga el don de la fe ha tenido que preceder el anuncio; por eso los predicadores, todos los cristianos, al anunciar la Resurrección sabemos que estamos condenados al ridículo, que por nosotros mismos no nos creerán, pues la Resurrección es algo sorprendente. Nosotros tenemos fe, pero si creemos es por don de Dios, no por nuestro esfuerzo. Volvamos a la humildad de la fe, reconozcamos a Dios lo que es de Dios, la fe nos la dio Él; reconozcámoslo todos, no seamos orgullosos ni intolerantes con los demás, porque, en esos casos, es nuestra fe la que se está desorientando. María, Madre de la Paz: que sepamos anunciar la fe pero produciendo paz, produciendo alegría. Hay un paraíso nuevo y sólo una cosa falta para vivirlo: que nos amemos. Si nos amamos los unos a los otros, este mundo es ya un trocito de cielo. Por Juan Miguel González-Feria]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/sembraryesperar.mp3">Sembrar y esperar</a></p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/sembrar.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1568" title="sembrar" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/sembrar-300x224.jpg" alt="" width="270" height="202" /></a>La Virgen María es reina de la alegría, que ella nos dé ese inmenso don. Cuando nosotros predicamos la fe, cuando testimoniamos el cristianismo, cuando proclamamos la Resurrección de Jesucristo, a veces nos enfadamos con la gente que no nos cree. Si a alguien se le ocurre que se enfade porque los demás no crean, que tenga cuidado, que vigile, porque a lo mejor es él quien está empezando a perder la fe, se le está disolviendo como un azucarillo en el agua. Si yo me enfado con alguien porque no cree, si soy intolerante, es que pienso que yo tengo fe por esfuerzo mío, que lo he logrado por un acto de mi voluntad. En ese momento me estoy equivocando totalmente, en ese momento estoy teniendo orgullo.</p>
<p style="text-align: justify;">Los cristianos hemos de predicar, anunciar la Resurrección con palabras, con <a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/sembrar_1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1570" title="sembrar_1" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/sembrar_1-300x225.jpg" alt="" width="270" height="203" /></a>obras y con alegría, que es lo mejor para anunciar la Resurrección. Y hacerlo con una serena paz y esperanza. Predicamos la Resurrección y, luego, ¿qué ocurre? Entre que yo la predique y que la gente la crea, hay un intermedio; tiene que intervenir Cristo personalmente en su corazón. Ahí no me toca a mí, ni al sacerdote, ni al catequista, ni al cristiano, ni al padre de familia, ni al abuelo. Nosotros no podemos dar el don de la fe, eso es don directamente de Dios a las personas. No nos enfademos si no lo tienen aún. En cambio, si tenemos paciencia, les ayudaremos para que no se cierren a ese don de la fe cuando lo reciban.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/sembrar_2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1571" title="sembrar_2" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/sembrar_2-300x224.jpg" alt="" width="270" height="202" /></a>Entonces algunos podréis preguntar: si Cristo a cada persona, para que crea, le tiene que tocar su mundo interior, su pozo interno, ¿para qué hay que anunciar, entonces, el Evangelio? Por una razón muy clara, el Evangelio mismo nos responde: “creerán lo que les había anunciado, lo que se les había dicho”. Para que venga el don de la fe ha tenido que preceder el anuncio; por eso los predicadores, todos los cristianos, al anunciar la Resurrección sabemos que estamos condenados al ridículo, que por nosotros mismos no nos creerán, pues la Resurrección es algo sorprendente. Nosotros tenemos fe, pero si creemos es por don de Dios, no por nuestro esfuerzo. Volvamos a la humildad de la fe, reconozcamos a Dios lo que es de Dios, la fe nos la dio Él; reconozcámoslo todos, no seamos orgullosos ni intolerantes con los demás, porque, en esos casos, es nuestra fe la que se está desorientando.</p>
<p style="text-align: justify;">María, Madre de la Paz: que sepamos anunciar la fe pero produciendo paz, produciendo alegría. Hay un paraíso nuevo y sólo una cosa falta para vivirlo: que nos amemos. Si nos amamos los unos a los otros, este mundo es ya un trocito de cielo.</p>
<p><strong><em>Por  Juan Miguel González-Feria</em></strong></p>
<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/revista_ce_60.pdf" target="_blank"><img class="alignright size-full wp-image-632" style="margin: 0px;" title="Descargar PDF" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/05/pdf.png" alt="Descargar PDF" width="35" height="34" /></a>
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		<title>El hombre Simeón</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Nov 2011 12:00:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[El hombre Simeón]]></category>
		<category><![CDATA[hombre]]></category>
		<category><![CDATA[Poe Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio]]></category>
		<category><![CDATA[Simeón]]></category>

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		<description><![CDATA[El hombre Simeón (Lucas 2, 25-32) Había en América Latina un hombre llamado Simeón, que era bueno y piadoso. Su fe le había enseñado a soportar las calamidades de la vida sin desesperarse y el Espíritu Santo estaba en él y le daba paz en su corazón y le hacía sonreír aún en los momentos más duros y difíciles y no perder la esperanza en medio de su lucha. Él esperaba los tiempos en que Dios atendiera a su pueblo y los males que lo aquejaban: el hambre y el alto costo de la vida, las injusticias, el abuso de los poderosos, la corrupción administrativa y la dependencia extranjera. Y sabía, por una revelación del Espíritu Santo, que no podía morir este país antes de haber visto a los hombres nuevos que el Señor enviaría para realizar la liberación de esos males, la liberación que Él había prometido que no faltaría a su pueblo. Vino, pues, al templo, inspirado por el Espíritu Santo, a la Misa del Gallo, para cumplir la costumbre de la Iglesia de celebrar el Nacimiento del Divino Jesús al filo de la medianoche. Simeón lo tomó en sus brazos y lo recibió hecho Pan en la comunión y se dirigió a Dios con estas palabras: Señor, ahora, ya puedes dejar que tu servidor muera en paz porque mis ojos han visto a tu Salvador, a Cristo Jesús. Porque mis ojos han visto en Él a los hombres nuevos, los que eligen ser pobres de espíritu, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los que tienen hambre y sed de justicia, a los que vas preparando para presentarlos a todas las ciudades de nuestro país: Luz para cambiar las conciencias y concientizar a todas las gentes, para conducirlas por la salvación que tú buscas, salvación de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz, para anunciar a pobres y ricos al fin de sus males. Y sean, junto a Cristo Jesús, co-salvadores con Él y gloria y orgullo del Pueblo de Dios. &#160; Poe Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio Quién liberará este pueblo. Editora Montalvo: Santo Domingo, 2011. P. 73. &#160;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/simeon.mp3">El hombre Simeón</a></p>
<p><em>(Lucas 2, 25-32)</em></p>
<p>Había en América Latina un hombre llamado Simeón, que era bueno y piadoso. Su fe le había enseñado a soportar las calamidades de la vida sin desesperarse y el Espíritu Santo estaba en él y le daba paz en su corazón y le hacía sonreír aún en los momentos más duros y difíciles y no perder la esperanza en medio de su lucha.</p>
<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/simeon_1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1556" title="simeon_1" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/simeon_1-300x200.jpg" alt="" width="270" height="180" /></a>Él esperaba los tiempos en que Dios atendiera a su pueblo y los males que lo aquejaban: el hambre y el alto costo de la vida, las injusticias, el abuso de los poderosos, la corrupción administrativa y la dependencia extranjera. Y sabía, por una revelación del Espíritu Santo, que no podía morir este país antes de haber visto a los hombres nuevos que el Señor enviaría para realizar  la liberación de esos males, la liberación que Él había prometido  que no faltaría a su pueblo.</p>
<p>Vino, pues, al templo, inspirado por el Espíritu Santo, a la Misa del Gallo, para cumplir la costumbre de la Iglesia de celebrar el Nacimiento del Divino Jesús al filo de la medianoche. Simeón lo tomó en sus brazos y lo recibió hecho Pan en la comunión y se dirigió a Dios con estas palabras:</p>
<p>Señor,<br />
ahora, ya puedes dejar<br />
que tu servidor<br />
muera en paz porque mis ojos han visto<br />
a tu Salvador,<br />
a Cristo Jesús.</p>
<p>Porque mis ojos han visto en Él<br />
a los hombres nuevos,<br />
los que eligen ser pobres de espíritu,<br />
los limpios de corazón,<br />
los que trabajan por la paz,<br />
los que tienen hambre y sed<br />
de justicia,<br />
a los que vas preparando<br />
para presentarlos a todas las ciudades<br />
de nuestro país:</p>
<p>Luz<br />
para cambiar las conciencias<br />
y concientizar a todas las gentes,<br />
para conducirlas por la salvación<br />
que tú buscas,<br />
salvación de verdad y de vida,<br />
de santidad y de gracia,<br />
de justicia, de amor y de paz,<br />
para anunciar a pobres y ricos<br />
al fin de sus males.</p>
<p>Y sean,<br />
junto a Cristo Jesús,<br />
co-salvadores con Él<br />
y gloria y orgullo<br />
del Pueblo de Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><strong>Poe Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio</strong></em><br />
Quién liberará este pueblo.  Editora Montalvo: Santo Domingo, 2011. P. 73.<br />
&nbsp;<br />
<a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/revista_ce_60.pdf" target="_blank"><img class="alignright size-full wp-image-632" style="margin: 0px;" title="Descargar PDF" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/05/pdf.png" alt="Descargar PDF" width="35" height="34" /></a>
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		<title>Hoy</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Nov 2011 08:16:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Videoteca]]></category>
		<category><![CDATA[Grupo Mambré]]></category>
		<category><![CDATA[Hoy]]></category>
		<category><![CDATA[Mambré]]></category>
		<category><![CDATA[Paz sin fronteras]]></category>
		<category><![CDATA[Rafa Zamora]]></category>

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		<description><![CDATA[Letra y música: Rafa Zamora. Interpreta: Grupo Mambré. &#160; &#160; Hoy Hoy te estoy pidiendo permiso: amigo, hombre, hermano, para romper con mi canto y mis manos, el cobarde silencio de todos. Hoy te abrazo en mitad de esta tierra con los ojos gritando y diciendo, que no puede estar solo el espacio, que hace falta tu mano en mi mano… Para ser pan y agua en el hambre, para ser flor en campo de guerra, para ser la canción que asegure para siempre nuestra paz sin fronteras. Paz sin fronteras: paz corriendo por parques y plazas, paz durmiendo en la cuna del niño, paz comiendo en la mesa del pobre. Paz sin fronteras: paz hablando en quien no habla por miedo, paz sembrando en el surco de todos, paz que vive, que ríe y que es cierta, hoy. Hoy no puedo guardar mis palabras ni cruzar impotente mis brazos; hoy te quiero, hermano, a mi lado, construyendo y palpando la historia. Hoy descubro miradas cargadas de esperanza, de sol, de conciencia… Y hoy entiendo que el tiempo ha llegado: ya no aguanta la tierra que clama. Ven que es hora de ser entre todos y con todos un único cuerpo, cultivando y mirando este fruto, este fruto que es “paz sin fronteras”. Letra y Música: Rafa Zamora (Costa Rica) Percusión: Camilo Zorrilla]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Letra y música: Rafa Zamora. Interpreta: Grupo Mambré.</p>
<p>&nbsp;<br />
<iframe width="500" height="300" src="http://www.youtube.com/embed/ubplAcK6W78?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
&nbsp;<br />
<strong>Hoy</strong></p>
<p>Hoy te estoy pidiendo permiso:<br />
amigo, hombre, hermano,<br />
para romper con mi canto y mis manos,<br />
el cobarde silencio de todos.</p>
<p>Hoy te abrazo en mitad de esta tierra<br />
con los ojos gritando y diciendo,<br />
que no puede estar solo el espacio,<br />
que hace falta tu mano en mi mano…</p>
<p>Para ser pan y agua en el hambre,<br />
para ser flor en campo de guerra,<br />
para ser la canción que asegure<br />
para siempre nuestra paz sin fronteras.</p>
<p>Paz sin fronteras:<br />
paz corriendo por parques y plazas,<br />
paz durmiendo en la cuna del niño,<br />
paz comiendo en la mesa del pobre.<br />
Paz sin fronteras:<br />
paz hablando en quien no habla por miedo,<br />
paz sembrando en el surco de todos,<br />
paz que vive, que ríe y que es cierta, hoy.</p>
<p>Hoy no puedo guardar mis palabras<br />
ni cruzar impotente mis brazos;<br />
hoy te quiero, hermano, a mi lado,<br />
construyendo y palpando la historia.</p>
<p>Hoy descubro miradas cargadas<br />
de esperanza, de sol, de conciencia…<br />
Y hoy entiendo que el tiempo ha llegado:<br />
ya no aguanta la tierra que clama.</p>
<p>Ven que es hora de ser entre todos<br />
y con todos un único cuerpo,<br />
cultivando y mirando este fruto,<br />
este fruto que es “paz sin fronteras”.</p>
<p>Letra y Música: Rafa Zamora (Costa Rica)<br />
Percusión: Camilo Zorrilla
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		<item>
		<title>Mira en el espejo, ¿qué es lo que ves?</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Nov 2011 08:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Videoteca]]></category>

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		<description><![CDATA[La imagen que el espejo nos refleja es fiel. Puede, incluso, ser dura. Lo importante es qué valores le damos, qué reflexiones nos despierta. ¡Date tiempo para contemplarte más allá del reflejo! Fragmento del film &#8220;Angel-A&#8221; de Luc Besson (2005). &#160;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La imagen que el espejo nos refleja es fiel. Puede, incluso, ser dura. Lo importante es qué valores le damos, qué reflexiones nos despierta. ¡Date tiempo para contemplarte más allá del reflejo!</p>
<p>Fragmento del film &#8220;Angel-A&#8221; de Luc Besson (2005).</p>
<p>&nbsp;<br />
<iframe width="500" height="300" src="http://www.youtube.com/embed/1xwN2v7RhVE?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>
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		<item>
		<title>Escuchando a los clásicos</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Sep 2011 13:21:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escuchando a los clásicos]]></category>
		<category><![CDATA[Bach]]></category>
		<category><![CDATA[música]]></category>
		<category><![CDATA[música clásica]]></category>
		<category><![CDATA[Xavier Torres]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Soy un simple aficionado (ni músico ni musicólogo) de la llamada música clásica o culta y mi única distinción es que el tiempo que la gente gasta en ver la televisión yo lo &#8220;invierto&#8221; en escuchar música de esa. Estudié piano en el colegio y lo retomé de nuevo hace unos años, pero me ponía tan nervioso al percatarme de mis pobres progresos que decidí una solución salomónica: en adelante, en vez de sufrir con el piano voy a complacerme con él, escuchando a Arrau, Pollini, Gould y otros pianistas que esos sí que saben; es decir que me convertí en un &#8220;escuchador&#8221; de música, para mi deleite personal y espiritual. Bueno, ¿y cómo enfocar mis colaboraciones, pudiéndolo hacer de tantas formas diferentes? He de elegir una. A mí me gusta fundamentalmente la música de Bach, Mozart, Beethoven y Brahms, música centroeuropea, y la de algunos &#8220;pobres&#8221; coetáneos eclipsados por éstos, como Haendel, Haydn, Schubert y Dvorack. Elegiré algunas obras de cada uno que sean emblemáticas y las comentaré; todo lo que suene a intelectual es porque lo he leído (tengo una buena bibliografía). Mi aportación personal será solo en la esfera de mis sentimientos y emociones. Me interesa también la situación espiritual-religiosa de los compositores y sus obras, cosa un poco más complicada de averiguar en algunos casos concretos. Bueno, no esperéis erudición por mi parte y perdonad por adelantado esa masa de subjetividad que tanto se presta en este arte de la música. Me propongo ser ágil y amable en el tono y mirar de no escribir ninguna barbaridad. El bueno de J.S. Bach (1685-1750) vivió 65 años y tuvo 20 hijos con dos mujeres distintas. Era muy espiritual, pero también se preocupaba por asegurar la supervivencia y conservación de la especie. Era un luterano convencido y gran bebedor de cerveza, como buen alemán. Heredero de Buxtehude, tocaba el órgano como los ángeles. Músico total que provenía de una saga de músicos. La importancia de Bach radica en su música, naturalmente, pero en la historia de este arte su figura es crucial (junto con Haendel) porque es el último compositor que lleva a su apogeo la música barroca, aunque más especialmente la música basada en el contrapunto. El contra-punto, para entendernos y resumiendo mucho, es la música que mezcla 2 líneas melódicas (o más) al unísono (simultáneamente). Por tanto, si ponemos un pentagrama de una línea melódica y debajo el otro pentagrama con una segunda línea melódica, a cada nota (punto) corresponde (contra) otra nota (punto) distinta (punto contra punto o bien nota contra nota). Esta técnica ya empezó en el siglo XVl con el renacimiento musical y se llamó Polifonía (muchas melodías mezcladas al unísono) y duró, más o menos, 250 años hasta 1759 que muere Haendel. A partir de entonces ya llevamos otros 250 años de Homofonía, que es la música de una línea melódica solamente más el acompañamiento, dicho sea a &#8220;grosso modo&#8220;. Bueno, pues Bach y Haendel (sobre todo Bach) llevan el contrapunto al...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-full wp-image-1621" title="Clasicos_1" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/Clasicos_1.jpg" alt="" width="205" height="198" />Soy un simple aficionado (ni músico ni musicólogo) de la llamada música clásica o culta y mi única distinción es que el tiempo que la gente gasta en ver la televisión yo lo &#8220;invierto&#8221; en escuchar música de esa. Estudié piano en el colegio y lo retomé de nuevo hace unos años, pero me ponía tan nervioso al percatarme de mis pobres progresos que decidí una solución salomónica: en adelante, en vez de sufrir con el piano voy a complacerme con él, escuchando a Arrau, Pollini, Gould y otros pianistas que esos sí que saben; es decir que me convertí en un &#8220;escuchador&#8221; de música, para mi deleite personal y espiritual.</p>
<p style="text-align: justify;">Bueno, ¿y cómo enfocar mis colaboraciones, pudiéndolo hacer de tantas formas diferentes? He de elegir una. A mí me gusta fundamentalmente la música de Bach, Mozart, Beethoven y Brahms, música centroeuropea, y la de algunos &#8220;pobres&#8221; coetáneos eclipsados por éstos, como Haendel, Haydn, Schubert y Dvorack.</p>
<p style="text-align: justify;">Elegiré algunas obras de cada uno que sean emblemáticas y las comentaré; todo lo que suene a intelectual es porque lo he leído (tengo una buena bibliografía). Mi aportación personal será solo en la esfera de mis sentimientos y emociones. Me interesa también la situación espiritual-religiosa de los compositores y sus obras, cosa un poco más complicada de averiguar en algunos casos concretos. Bueno, no esperéis erudición por mi parte y perdonad por adelantado esa masa de subjetividad que tanto se presta en este arte de la música. Me propongo ser ágil y amable en el tono y mirar de no escribir ninguna barbaridad.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="size-full wp-image-1617 alignright" title="Johann_Sebastian_Bach" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/Johann_Sebastian_Bach.jpg" alt="" width="176" height="217" />El bueno de J.S. Bach (1685-1750) vivió 65 años y tuvo 20 hijos con dos mujeres distintas. Era muy espiritual, pero también se preocupaba por asegurar la supervivencia y conservación de la especie. Era un luterano convencido y gran bebedor de cerveza, como buen alemán. Heredero de Buxtehude, tocaba el órgano como los ángeles. Músico total que provenía de una saga de músicos. La importancia de Bach radica en su música, naturalmente, pero en la historia de este arte su figura es crucial (junto con Haendel) porque es el último compositor que lleva a su apogeo la música barroca, aunque más especialmente la música basada en el contrapunto. El contra-punto, para entendernos y resumiendo mucho, es la música que mezcla 2 líneas melódicas (o más) al unísono (simultáneamente). Por tanto, si ponemos un pentagrama de una línea melódica y debajo el otro pentagrama con una segunda línea melódica, a cada nota (punto) corresponde (contra) otra nota (punto) distinta (punto contra punto o bien nota contra nota). Esta técnica ya empezó en el siglo XVl con el renacimiento musical y se llamó Polifonía (muchas melodías mezcladas al unísono) y duró, más o menos, 250 años hasta 1759 que muere Haendel.<br />
A partir de entonces ya llevamos otros 250 años de Homofonía, que es la música de una línea melódica solamente más el acompañamiento, dicho sea a &#8220;<em>grosso modo</em>&#8220;. Bueno, pues Bach y Haendel (sobre todo Bach) llevan el contrapunto al máximo desarrollo, dicen la última palabra y cierran el tema. Nadie se atreve a continuar con el contrapunto después de ellos. Es bueno decir que la Polifonía es básicamente lo mismo que el contrapunto, sólo que la primera pone el acento en la melodía y, el término contrapunto, pone el énfasis en la situación de las notas en esa melodía.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando hablamos del Renacimiento (hasta Monteverdi) usamos el término Polifonía, porque generalmente es música de coro &#8220;<em>a capella</em>&#8220;(voces sin instrumentos), y cuando hablamos del Barroco lo llamamos contrapunto, porque además de los coros, empieza a surgir la música instrumental. Por ejemplo, la música de clave (instrumento de teclado)  y en esta clase de música lo más importante es la mezcla de las notas y que suene bien. Pero hay que señalar que en Bach ya hay pasajes Homofónicos y que, a partir de Haydn (1733), con el que se destapa la nueva época llamada Clásica hasta nuestros días, hay bastante contrapunto (llamado también Arte Antiguo), sobre todo en nuestra música contemporánea (siglos XX-XXl).  Bueno, para no ser más cansino, lo dejamos aquí.</p>
<p style="text-align: justify;">Otro día hablaré de la Fuga y el Canon y de las Cantatas y Pasiones de Bach.</p>
<p style="text-align: justify;">Hasta la próxima.</p>
<p style="text-align: justify;"><em><strong> Por Xavier Torres</strong></em></p>
<p>&nbsp;<br />
<iframe width="500" height="300" src="http://www.youtube.com/embed/pOlmW3Ltvj0?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>
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		<title>Madurar en la fe: amar a Dios</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Sep 2011 08:35:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Madurar la fe: amar a Dios La experiencia de fe de una persona no es un hecho más que suma con otras experiencias de la vida. Muchas veces, con la manera de vivir de los que nos llamamos cristianos, hemos dado a entender que la fe se reducía al cumplimiento de una serie de normas y rituales. Si así fuera, ciertamente ocuparía un tiempo y un espacio de dedicación delimitados. Pero el caso es que la fe cristiana es expansiva. Es decir, si se la deja crecer, va asumiendo más y más ámbitos de nuestra vida, hasta que llega un momento en que no hay nada de nuestro pensar, actuar, sentir, etc., que no esté empapado de esta fe. Este es el final de un itinerario de madurez que hemos de recorrer en nuestra fe. No podemos plantearnos ser cristianos si antes no tenemos claro que hemos de ser buenos seres humanos. O sea, personas de buenos sentimientos y actuaciones, con una consciencia ética que nos hace ser y hacer de una manera determinada, tanto hacia nosotros mismos, como hacia otros seres humanos e, incluso, seres vivos y entorno físico. Fijémonos que ni si quiera nos hemos atrevido a hablar de ser buenos cristianos. Es que, ni buenos ni mediocres: no podemos considerarnos en absoluto seguidores de Jesús si no lo fundamentamos en un armazón humano lo mejor posible dentro de nuestras limitaciones. Cuando hoy hemos de dar cuenta de nuestra fe, no necesitamos otra cosa que hablar de una experiencia vital que da forma a toda nuestra vida, y no sólo a un pedazo. Porque el Dios de Jesucristo es una persona y, por tanto, la fe en él supone el desarrollo de una relación personal de estima. El amor que nos une a Dios ha de ir creciendo y madurando, plenificándonos. Por tanto, cuando se nos pregunta quién es Dios, qué es la fe, nuestra respuesta no difiere tanto de lo que responderíamos al hablar de una persona con la cual tenemos unos vínculos fortísimos. El Dios en el que creemos es “alguien”, no es un concepto ni una idea que haya que exponer o defender. Ha pasado el tiempo de las apologías. A nosotros nos toca mostrar aquél que es importante en nuestra vida y lo que sentimos que hace en ella. Esto es el testimonio, que es respetado por muchas personas –incluso no creyentes-, que reconocen palabras y hechos de verdad en la vida de gente como Teresa de Calcuta, el abbé Pierre, y tantas otras mucho más anónimas que dejan su huella en los entornos inmediatos. El verbo con el que tenemos que  conjugar nuestra fe es mucho más “amar”, que “creer”. Tal como va creciendo el amor hacia Dios, se va matizando la sensación de tener que hacer un “acto de fe” en su existencia y presencia. Del mensaje y personalidad de Jesús de Nazaret se deriva todo un contenido ético, un modelo de lo que es ser hombre, asumible para cualquier persona, sea...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/audio/madurar_fe.mp3">Madurar la fe: amar a Dios</a></p>
<p style="text-align: justify;">La experiencia de fe de una persona no es un hecho más que suma con otras experiencias de la vida. Muchas veces, con la manera de vivir de los que nos llamamos cristianos, hemos dado a entender que la fe se reducía al cumplimiento de una serie de normas y rituales. Si así fuera, ciertamente ocuparía un tiempo y un espacio de dedicación delimitados.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/madurar_lafe.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1218" title="madurar_lafe" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/madurar_lafe-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a>Pero el caso es que la fe cristiana es expansiva. Es decir, si se la deja crecer, va asumiendo más y más ámbitos de nuestra vida, hasta que llega un momento en que no hay nada de nuestro pensar, actuar, sentir, etc., que no esté empapado de esta fe. Este es el final de un itinerario de madurez que hemos de recorrer en nuestra fe.</p>
<p style="text-align: justify;">No podemos plantearnos ser cristianos si antes no tenemos claro que hemos de ser buenos seres humanos. O sea, personas de buenos sentimientos y actuaciones, con una consciencia ética que nos hace ser y hacer de una manera determinada, tanto hacia nosotros mismos, como hacia otros seres humanos e, incluso, seres vivos y entorno físico.</p>
<p style="text-align: justify;">Fijémonos que ni si quiera nos hemos atrevido a hablar de ser <em>buenos</em> cristianos. Es que, ni buenos ni mediocres: no podemos considerarnos en absoluto seguidores de Jesús si no lo fundamentamos en un armazón humano lo mejor posible dentro de nuestras limitaciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando hoy hemos de dar cuenta de nuestra fe, no necesitamos otra cosa que hablar de una experiencia vital que da forma a toda nuestra vida, y no sólo a un pedazo. Porque el Dios de Jesucristo es una persona y, por tanto, la fe en él supone el desarrollo de una relación personal de estima. El amor que nos une a Dios ha de ir creciendo y madurando, plenificándonos. Por tanto, cuando se nos pregunta quién es Dios, qué es la fe, nuestra respuesta no difiere tanto de lo que responderíamos al hablar de una persona con la cual tenemos unos vínculos fortísimos.</p>
<p style="text-align: justify;">El Dios en el que creemos es “alguien”, no es un concepto ni una idea que haya que exponer o defender. Ha pasado el tiempo de las apologías. A nosotros nos toca mostrar aquél que es importante en nuestra vida y lo que sentimos que hace en ella. Esto es el testimonio, que es respetado por muchas personas –incluso no creyentes-, que reconocen palabras y hechos de verdad en la vida de gente como Teresa de Calcuta, el <em>abbé</em> Pierre, y tantas otras mucho más anónimas que dejan su huella en los entornos inmediatos. El verbo con el que tenemos que  conjugar nuestra fe es mucho más “amar”, que “creer”. Tal como va creciendo el amor hacia Dios, se va matizando la sensación de tener que hacer un “acto de fe” en su existencia y presencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Del mensaje y personalidad de Jesús de Nazaret se deriva todo un contenido ético, un modelo de lo que es ser hombre, asumible para cualquier persona, sea o no creyente. Para los creyentes, además de este mensaje natural, hace falta asumir uno “sobrenatural” o trascendente, igualmente importante. Sin perder ni una hebra de este aspecto ético, hemos de integrar con normalidad y sencillez, la experiencia de misterio que percibimos en nuestra vida; una experiencia accesible a todos y no sólo a algunos escogidos. Dios es una presencia clara para quien está abierto a comunicarse con códigos diversos.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin tener que hacer bandera de nada, quien es verdaderamente contemplativo de Dios, se deja contemplar en lo que es y vive. Y su persona trasluce la presencia del mismo Dios. Esta es la madurez de la fe.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Por Natàlia Plá Vidal</em></strong></p>
<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/revista_ce_59.pdf" target="_blank"><img class="alignright size-full wp-image-632" style="margin: 0px;" title="Descargar PDF" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/05/pdf.png" alt="Descargar PDF" width="35" height="34" /></a>
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		<title>Guerra y ocio</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Sep 2011 08:30:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Alfredo Rubio de Castarlenas]]></category>
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		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
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		<description><![CDATA[Guerra y ocio Tolstoi. Todos recordamos una de sus grandes novelas: «Guerra y Paz». Puede parecernos que la paz es lo opuesto a la guerra. La no-guerra. Y no es exactamente así. Naturalmente que, cuando la gente está agotada por las luchas, sueñan, desean con toda el alma la paz, aunque sea alcanzada con algunas claudicaciones. ¡Todo, antes que seguir matando y muriendo! Sin embargo, la guerra es fuente de heroísmos, compañerismos profundos, de un vivir siempre alerta, en tensión; saboreando minuto a minuto el milagro de vivir y de ese esfuerzo e inventiva tan necesarios para solucionar en cada momento lo imprevisto. Cuando se alcanza la paz, aunque de momento sea como un néctar embriagante, a la larga puede ser aburrida por monótona y átona, y acaso se puede caer en la tentación, por puro tedio, de volver a hacer la guerra que, paradójicamente, es más vital. Es que, lo verdaderamente opuesto a la guerra no es la paz, sino «la fiesta». En esta renace la camaradería por encima del estado social, la hermandad humana sobre las diferencias de la gente. La creatividad para alcanzar el entusiasmo, la inventiva para ser solidariamente felices. La fiesta sí que es la actividad tensa opuesta a la tensión de la guerra. Por Alfredo Rubio de Castarlenas &#160;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href='http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/guerra_y_ocio.mp3'>Guerra y ocio</a>
<p style="text-align: justify;">Tolstoi. Todos recordamos una de sus grandes novelas: «Guerra y Paz». Puede parecernos que la paz es lo opuesto a la guerra. La no-guerra.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1153" title="guerrayocio" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/07/guerrayocio-224x300.jpg" alt="" width="224" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify;">Y no es exactamente así. Naturalmente que, cuando la gente está agotada por las luchas, sueñan, desean con toda el alma la paz, aunque sea alcanzada con algunas claudicaciones. ¡Todo, antes que seguir matando y muriendo!</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, la guerra es fuente de heroísmos, compañerismos profundos, de un vivir siempre alerta, en tensión; saboreando minuto a minuto el milagro de vivir y de ese esfuerzo e inventiva tan necesarios para solucionar en cada momento lo imprevisto.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando se alcanza la paz, aunque de momento sea como un néctar embriagante, a la larga puede ser aburrida por monótona y átona, y acaso se puede caer en la tentación, por puro tedio, de volver a hacer la guerra que, paradójicamente, es más vital.</p>
<p style="text-align: justify;">Es que, lo verdaderamente opuesto a la guerra no es la paz, sino «la fiesta».</p>
<p style="text-align: justify;">En esta renace la camaradería por encima del estado social, la hermandad humana sobre las diferencias de la gente. La creatividad para alcanzar el entusiasmo, la inventiva para ser solidariamente felices. La fiesta sí que es la actividad tensa opuesta a la tensión de la guerra.</p>
<p><em><strong>Por Alfredo Rubio de Castarlenas</strong></em><br />
&nbsp;<br />
<a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/09/revista_ce_59.pdf" target="_blank"><img class="alignright size-full wp-image-632" style="margin: 0px;" title="Descargar PDF" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/05/pdf.png" alt="Descargar PDF" width="35" height="34" /></a>
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		<title>Jornada</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Sep 2011 08:13:35 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Poéticamente, podemos equiparar una jornada diaria con el transcurso de nuestra vida. El amanecer nos ofrece el comienzo, el redescubrimiento de nuestra existencia y de la realidad que nos rodea. Al avanzar el día, también nosotros vamos andando por la ruta de la vida. Y, al llegar el atardecer, nuestro cuerpo va agotando sus fuerzas y vamos asimilando las enseñanzas del día, hasta adentrarnos en el ocaso. &#160; &#160;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Poéticamente, podemos equiparar una jornada diaria con el transcurso de nuestra vida. El amanecer nos ofrece el comienzo, el redescubrimiento de nuestra existencia y de la realidad que nos rodea. Al avanzar el día, también nosotros vamos andando por la ruta de la vida. Y, al llegar el atardecer, nuestro cuerpo va agotando sus fuerzas y vamos asimilando las enseñanzas del día, hasta adentrarnos en el ocaso.</p>
<p>&nbsp;<iframe width="500" height="300" src="http://www.youtube.com/embed/s-OtQwBKwn8?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>&nbsp;
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		<title>Murtra Santa Maria del Silencio</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Sep 2011 08:20:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La Murtra Santa María del Silencio es un recinto de soledad y silencio ubicado en el desierto de Atacama, Chile. Es un espacio interreligioso e intercultural que acoge personas que deseen vivir tiempos de soledad y silencio. www.murtra.org &#160;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Murtra Santa María del Silencio es un recinto de soledad y silencio ubicado en el desierto de Atacama, Chile. Es un espacio interreligioso e intercultural que acoge personas que deseen vivir tiempos de soledad y silencio. www.murtra.org</p>
<p>&nbsp;<iframe width="500" height="300" src="http://www.youtube.com/embed/qlhzZz1-tXc?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>
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		<title>Sal y luz</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Aug 2011 08:35:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sal y luz La rutina es un enemigo de la persona y de la convivencia. Cuando el ambiente se torna aletargado y mediocre, Jesús nos pide que seamos sal y luz. ¿Por qué? La sal preserva de la corrupción y, administrada en su justa medida, da buen gusto. En el evangelio, los necios son los sosos, los insípidos, los faltos de sabor. Ser salado equivale a ser sabio. Acumular conocimientos no lleva a la felicidad, lo que sí nos lleva es a saborear estos conocimientos. Hemos de aprender a vivir la sabiduría del corazón. Cuando se bautizaban a los niños, antes se les ponía un poco de sal en los labios, para recordar que tenían que ser sal para el mundo. Cuando en el ambiente rural se hacía el ritual del “salpás”, se oraba porque aquella casa quedara preservada de todo mal y, a la vez, que los que la habitaban fueran sal. Jesús también nos pide que seamos luz.  Si en una habitación oscura encendemos una luz, hay exactamente lo mismo que había antes, pero todo parece nuevo: todo toma color y relieve. Descubrimos que hay cosas que ni imaginábamos. Y, a menudo, nos hace más felices reconocer que conocer&#8230; Jesús no ha venido a añadirnos nada nuevo, sino a dar plenitud a todo lo que somos y lo que tenemos. Por eso el clamor: ¡abrid las puertas a Cristo! Ha venido a iluminar nuestra vida.  Cuando una persona sabe cultivar la soledad y el silencio aprende a hacerse cargo de los dolores y de los sufrimientos de los otros. Nos lo ha dicho el profeta Isaías: cuando compartes el pan, cuando acoges al vagabundo, estalla en tu vida una luz como la de la mañana y se cierran al instante tus heridas. En ti se enciende la luz y tú mismo eres luz para los otros. ¡Qué humildad la de San Pablo! Dice a la comunidad de Corinto. “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor&#8230;”. ¿Por qué? Porque sabía, porque sabemos, que aquello que anunciamos, nos sobrepasa. Cuando hoy se habla de nueva evangelización, pensamos que quizás la Iglesia, en otros tiempos, había fracasado por negligencia o por poca credibilidad. Es posible que haya sido así, pero no nos podemos quedar en el fenómeno sociológico, porque la Iglesia en el mundo presenta signos de santidad constante y testimonios&#8230; En todas las épocas, hasta en las más oscuras, ha habido personas que han sido luz. Como dice el presidente del nuevo dicasterio para la evangelización, Rino Fisichella, “ponerse al servicio de la persona humana para comprender la angustia que lo mueve y proponerle una salida que le ofrezca serenidad y alegría, es la bella noticia que anuncia la Iglesia”. Por Jaume Aymar Ragolta]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/08/sal-y-luz.mp3">Sal y luz</a></p>
<p style="text-align: justify;">La rutina es un enemigo de la persona y de la convivencia. Cuando el ambiente se torna aletargado y mediocre, Jesús nos pide que seamos sal y luz. ¿Por qué? La sal preserva de la corrupción y, administrada en su justa medida, da buen gusto. En el evangelio, los necios son los sosos, los insípidos, los faltos de sabor. Ser salado equivale a ser sabio. Acumular conocimientos no lleva a la felicidad, lo que sí nos lleva es a saborear estos conocimientos. Hemos de aprender a vivir la sabiduría del corazón. Cuando se bautizaban a los niños, antes se les ponía un poco de sal en los labios, para recordar que tenían que ser sal para el mundo. Cuando en el ambiente rural se hacía el ritual del “salpás”, se oraba porque aquella casa quedara preservada de todo mal y, a la vez, que los que la habitaban fueran sal.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignright size-medium wp-image-1216" title="sal y luz" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/08/sal-y-luz-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" />Jesús también nos pide que seamos luz.  Si en una habitación oscura encendemos una luz, hay exactamente lo mismo que había antes, pero todo parece nuevo: todo toma color y relieve. Descubrimos que hay cosas que ni imaginábamos. Y, a menudo, nos hace más felices reconocer que conocer&#8230; Jesús no ha venido a añadirnos nada nuevo, sino a dar plenitud a todo lo que somos y lo que tenemos. Por eso el clamor: ¡abrid las puertas a Cristo! Ha venido a iluminar nuestra vida.  Cuando una persona sabe cultivar la soledad y el silencio aprende a hacerse cargo de los dolores y de los sufrimientos de los otros. Nos lo ha dicho el profeta Isaías: cuando compartes el pan, cuando acoges al vagabundo, estalla en tu vida una luz como la de la mañana y se cierran al instante tus heridas. En ti se enciende la luz y tú mismo eres luz para los otros.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Qué humildad la de San Pablo! Dice a la comunidad de Corinto. “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor&#8230;”. ¿Por qué? Porque sabía, porque sabemos, que aquello que anunciamos, nos sobrepasa.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando hoy se habla de nueva evangelización, pensamos que quizás la Iglesia, en otros tiempos, había fracasado por negligencia o por poca credibilidad. Es posible que haya sido así, pero no nos podemos quedar en el fenómeno sociológico, porque la Iglesia en el mundo presenta signos de santidad constante y testimonios&#8230; En todas las épocas, hasta en las más oscuras, ha habido personas que han sido luz. Como dice el presidente del nuevo dicasterio para la evangelización, Rino Fisichella, “ponerse al servicio de la persona humana para comprender la angustia que lo mueve y proponerle una salida que le ofrezca serenidad y alegría, es la bella noticia que anuncia la Iglesia”.</p>
<p><em><strong>Por Jaume Aymar Ragolta</strong></em></p>
<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/08/revista_ce_58.pdf" target="_blank"><img class="alignright size-full wp-image-632" style="margin: 0px;" title="Descargar PDF" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/05/pdf.png" alt="Descargar PDF" width="35" height="34" /></a>
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		<title>Eficiencia y fecundidad, la fecundidad de la solidaridad</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Aug 2011 08:30:29 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Elisabet Juanola]]></category>
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		<category><![CDATA[solidaridad]]></category>

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		<description><![CDATA[Eficiencia y fecundidad Hace un año y medio, en Chile hubo uno de los terremotos y tsunami más grandes desde que se había tenido registro en la Historia. Muy poco antes se había visto sufrimiento similar en Haití y, posteriormente, hemos visto cómo la tierra no para de convulsionar. Especialmente recordamos el movimiento telúrico de Japón con repercusiones fatales per a tantas personas. De cada uno de estos movimientos hemos aprendido muchísimo. En el caso de Haití, sirvió para fijar la atención en un país que tiene profunda necesidad de ayuda, no sólo por el terremoto, sino por una debilísima estructura, desde el ángulo que se mire. Y, quizá en el otro extremo, precisamente Japón, un país tremendamente organizado que enfrenta una catástrofe magna informando a la población, tomando todas las precauciones y colocando todos los recursos a disposición. En cualquier caso, siempre gracias a las actuales posibilidades que nos ofrecen las redes mediáticas, la humanidad entera ha seguido desde el primer momento los hechos. ¿Qué pasa con la tierra?, dicen algunos. ¿Está enfadada? ¿Tenemos responsabilidad las personas? Otros aseguran que la acción humana nunca puede ser tan poderosa como para colapsar el planeta. Lo cierto es que no tenemos certeza, pero tampoco estamos reaccionando con la fecundidad necesaria. Hemos visto que somos capaces de ser eficientes ante las emergencias, llegar rápido, parar reactores nucleares aunque cueste, enviar ayuda… Pero esta destreza no siempre nos acompaña a ir más a fondo y reflexionar, parar y leer nuestra minusculidad. ¿Somos demasiado pequeños para entender la fecundidad?, ¿o no se nos nota? Es posible que no se note, porque son muchas las personas que todos los días intentan hacernos reflexionar, realizan esfuerzos titánicos para vivir integralmente, pero no es suficiente y no estamos contentos. La fecundidad nos pide diálogo real, que significa escuchar antes que reaccionar, y posiblemente pide cambios para una sociedad donde los más viejos tengan la posibilidad de llevar una vida tan digna como cuando eran productivos; donde los más jóvenes puedan ganarse la vida y proyectarse. La fecundidad del diálogo puede abrirnos los ojos para ver que las fuerzas telúricas más punzantes son las que generamos entre nosotros mismos los humanos. www.elisabetjuanola.com &#160; Por  Elisabet Juanola Soria]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/07/eficiencia.mp3">Eficiencia y fecundidad</a></p>
<p style="text-align: justify;">Hace un año y medio, en Chile hubo uno de los terremotos y tsunami más grandes desde que se había tenido registro en la Historia. Muy poco antes se había visto sufrimiento similar en Haití y, posteriormente, hemos visto cómo la tierra no para de convulsionar. Especialmente recordamos el movimiento telúrico de Japón con repercusiones fatales per a tantas personas.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/07/eficiencia_fecundidad.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1133" title="eficiencia_fecundidad" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/07/eficiencia_fecundidad-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>De cada uno de estos movimientos hemos aprendido muchísimo. En el caso de Haití, sirvió para fijar la atención en un país que tiene profunda necesidad de ayuda, no sólo por el terremoto, sino por una debilísima estructura, desde el ángulo que se mire. Y, quizá en el otro extremo, precisamente Japón, un país tremendamente organizado que enfrenta una catástrofe magna informando a la población, tomando todas las precauciones y colocando todos los recursos a disposición.</p>
<p style="text-align: justify;">En cualquier caso, siempre gracias a las actuales posibilidades que nos ofrecen las redes mediáticas, la humanidad entera ha seguido desde el primer momento los hechos. ¿Qué pasa con la tierra?, dicen algunos. ¿Está enfadada? ¿Tenemos responsabilidad las personas? Otros aseguran que la acción humana nunca puede ser tan poderosa como para colapsar el planeta. Lo cierto es que no tenemos certeza, pero tampoco estamos reaccionando con la fecundidad necesaria.</p>
<p style="text-align: justify;">Hemos visto que somos capaces de ser eficientes ante las emergencias, llegar rápido, parar reactores nucleares aunque cueste, enviar ayuda… Pero esta destreza no siempre nos acompaña a ir más a fondo y reflexionar, parar y leer nuestra <em>minusculidad.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/08/eficiencia_fecundidad_1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1228" title="eficiencia_fecundidad_1" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/08/eficiencia_fecundidad_1-300x206.jpg" alt="" width="300" height="206" /></a>¿Somos demasiado pequeños para entender la fecundidad?, ¿o no se nos nota? Es posible que no se note, porque son muchas las personas que todos los días intentan hacernos reflexionar, realizan esfuerzos titánicos para vivir integralmente, pero no es suficiente y no estamos contentos. La fecundidad nos pide diálogo real, que significa escuchar antes que reaccionar, y posiblemente pide cambios para una sociedad donde los más viejos tengan la posibilidad de llevar una vida tan digna como cuando eran productivos; donde los más jóvenes puedan ganarse la vida y proyectarse.</p>
<p style="text-align: justify;">La fecundidad del diálogo puede abrirnos los ojos para ver que las fuerzas telúricas más punzantes son las que generamos entre nosotros mismos los humanos.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.elisabetjuanola.com/" target="_blank">www.elisabetjuanola.com</a></p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><em><strong>Por  Elisabet Juanola Soria</strong></em></p>
<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/08/revista_ce_58.pdf" target="_blank"><img class="alignright size-full wp-image-632" style="margin: 0px;" title="Descargar PDF" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/05/pdf.png" alt="Descargar PDF" width="35" height="34" /></a>
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		<title>Ícono, experiencia sensible de fe</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Aug 2011 08:20:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Videoteca]]></category>
		<category><![CDATA[experiencia sensible de fe]]></category>
		<category><![CDATA[Federico Aguirre]]></category>
		<category><![CDATA[Ícono]]></category>
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		<description><![CDATA[El ícono es un objeto litúrgico y una obra de arte que hace sensible la realidad trascendental. Según la espiritualidad ortodoxa, no podemos conocer a Dios, es Él quien nos visita. A través del ícono se establece el puente para esta visita. En nuestra sociedad, donde prima la imagen, el ícono tiene mucha actualidad: ofrece una experiencia sensible del cristianismo. &#160;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El ícono es un objeto litúrgico y una obra de arte que hace sensible la realidad trascendental. Según la espiritualidad ortodoxa, no podemos conocer a Dios, es Él quien nos visita. A través del ícono se establece el puente para esta visita. En nuestra sociedad, donde prima la imagen, el ícono tiene mucha actualidad: ofrece una experiencia sensible del cristianismo.</p>
<p>&nbsp;<iframe width="500" height="300" src="http://www.youtube.com/embed/3kVLchb4ODk?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>
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		<title>Tu secreto María</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Aug 2011 08:11:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Videoteca]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús de Nazareth]]></category>
		<category><![CDATA[María]]></category>
		<category><![CDATA[Padre Zezinho]]></category>
		<category><![CDATA[secreto]]></category>
		<category><![CDATA[Tu secreto María]]></category>

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		<description><![CDATA[Canción del Padre Zezinho con un clip de la película &#8220;Jesús de Nazareth&#8221; Tu secreto María Fue el Señor quien te hizo así, pura como luz de primavera; Dios en persona te dio su verdad. Tu Señor te quiso así, fue la libertad tu compañera y fue tu cuna la humildad. Hoy tu secreto, María, yo vengo a cantar, y en el mar de tu alegría quiero navegar. Y si lograra que el mundo quisiera escuchar, tus maravillas, María, le iría a contar. LE IRIA A CONTAR, LE IRIA A CONTAR&#8230;(3) El Señor te hizo mujer y en tu corazón sembró ternura; y en él nacieron mil frutos de paz. En tus manos el Señor puso el renacer de la esperanza y el resplandor de la humanidad.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Canción del Padre Zezinho con un clip de la película &#8220;Jesús de Nazareth&#8221;<br />
<object id="mediaplayer2514372486" classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" width="500" height="300"><param name="movie" value="http://www.gloria.tv/media/138176/embed/true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="500" height="300" src="http://www.gloria.tv/media/138176/embed/true" allowfullscreen="true" allowscriptaccess="always" scale="noborder" quality="high" flashvars="media=138176&amp;embed=true"></embed></object></p>
<p><strong>Tu secreto María</strong></p>
<p>Fue el Señor quien te hizo así,<br />
pura como luz de primavera;<br />
Dios en persona te dio su verdad.</p>
<p>Tu Señor te quiso así,<br />
fue la libertad tu compañera<br />
y fue tu cuna la humildad.</p>
<p>Hoy tu secreto,  María, yo vengo a cantar,<br />
y en el mar de tu alegría quiero navegar.<br />
Y si lograra que el mundo quisiera escuchar,<br />
tus maravillas, María, le iría a contar.</p>
<p>LE IRIA A CONTAR, LE IRIA A CONTAR&#8230;(3)</p>
<p>El Señor te hizo mujer<br />
y en tu corazón sembró ternura;<br />
y en él nacieron mil frutos de paz.<br />
En tus manos el Señor<br />
puso el renacer de la esperanza<br />
y el resplandor de la humanidad.</p>
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		<title>En este preciso momento</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Aug 2011 16:01:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[claraesperanza]]></category>
		<category><![CDATA[En este preciso momento]]></category>
		<category><![CDATA[Javier Bustamante]]></category>

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		<description><![CDATA[En este preciso momento Hace poco escuché a un amigo comentar que cuando uno vive el futuro por encima del presente es vivir como viejo, ya que en el futuro uno es viejo. Quedé conmovido con sus palabras, ya que, en efecto, muchas veces nos instalamos en lo que podría pasar o nos gustaría que pasara y dejamos de tener los pies en el presente, en este aquí y ahora. Invertimos energía y tiempo en ese futuro incierto, aún irreal, y restamos vitalidad a nuestra estancia en el hoy. Claro que es un buen ejercicio soñar, proyectar, lo que queremos hacer en un tiempo futuro o ir encaminando nuestros pasos hacia una meta concreta, esto nos da orientación y tranquilidad. Pero cuando esta ocupación se convierte en una preocupación, es cuando comenzamos a sacrificar el presente y a vivir el hoy con insatisfacción y sufrimiento. Todo lo que sembremos en el presente, será lo que posiblemente cosechemos en el futuro. Si vivimos con calidad el presente, disfrutando los momentos felices, enfrentando con realismo las dificultades, aceptando con generosidad las situaciones que se nos plantean, el futuro será una consecuencia esperanzadora. Generalmente pensamos que la novedad nos la traerá el futuro. En realidad, lo novedoso está en el presente, ya que es lo que está naciendo en este momento. El futuro aún no existe. Si fijamos nuestra atención en lo que está lejos, perdemos de vista lo que está a nuestro alrededor. Incluso, lo que está en nuestro interior. Esto nos recuerda, también, aquellas palabras de Jesús: dices que amas a Dios, a quien no puedes ver, y no amas a tu prójimo que está a tu lado… Muchas veces nuestra falta de capacidad para relacionarnos con lo próximo viene del miedo o de la falta de experiencia. Por otro lado, nuestra cultura fomenta la eterna juventud. Productos de belleza, tratamientos, comida, dietas, vestimenta… son actitudes que, paradójicamente, nos hacen viejos, ya que estamos viviendo el futuro por adelantado. Intentamos congelar el presente con la ilusión de conservarnos siempre iguales. Vivir el hoy con consistencia, con aceptación gozosa, con entrega y receptividad, puede ayudarnos a darle al tiempo su valor real. No importará tanto si somos jóvenes o viejos, en términos ideológicos, sino que estamos existiendo en este preciso momento. Por Javier Bustamante]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/07/preciso-momento.mp3">En este preciso momento</a></p>
<p style="text-align: justify;">Hace poco escuché a un amigo comentar que cuando uno vive el futuro por encima del presente es vivir como viejo, ya que en el futuro uno es viejo. Quedé conmovido con sus palabras, ya que, en efecto, muchas veces nos instalamos en lo que podría pasar o nos gustaría que pasara y dejamos de tener los pies en el presente, en este aquí y ahora. Invertimos energía y tiempo en ese futuro incierto, aún irreal, y restamos vitalidad a nuestra estancia en el hoy.</p>
<p style="text-align: justify;">Claro que es un bue<img class="alignleft size-full wp-image-1060" title="preciso_momento" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/07/preciso_momento.jpg" alt="" width="296" height="251" />n ejercicio soñar, proyectar, lo que queremos hacer en un tiempo futuro o ir encaminando nuestros pasos hacia una meta concreta, esto nos da orientación y tranquilidad. Pero cuando esta ocupación se convierte en una preocupación, es cuando comenzamos a sacrificar el presente y a vivir el hoy con insatisfacción y sufrimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">Todo lo que sembremos en el presente, será lo que posiblemente cosechemos en el futuro. Si vivimos con calidad el presente, disfrutando los momentos felices, enfrentando con realismo las dificultades, aceptando con generosidad las situaciones que se nos plantean, el futuro será una consecuencia esperanzadora.</p>
<p style="text-align: justify;">Generalmente pensamos que la novedad nos la traerá el futuro. En realidad, lo novedoso está en el presente, ya que es lo que está naciendo en este momento. El futuro aún no existe. Si fijamos nuestra atención en lo que está lejos, perdemos de vista lo que está a nuestro alrededor. Incluso, lo que está en nuestro interior.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto nos recuerda, también, aquellas palabras de Jesús: dices que amas a Dios, a quien no puedes ver, y no amas a tu prójimo que está a tu lado… Muchas veces nuestra falta de capacidad para relacionarnos con lo próximo viene del miedo o de la falta de experiencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Por otro lado, nuestra cultura fomenta la eterna juventud. Productos de belleza, tratamientos, comida, dietas, vestimenta… son actitudes que, paradójicamente, nos hacen viejos, ya que estamos viviendo el futuro por adelantado. Intentamos congelar el presente con la ilusión de conservarnos siempre iguales.</p>
<p style="text-align: justify;">Vivir el hoy con consistencia, con aceptación gozosa, con entrega y receptividad, puede ayudarnos a darle al tiempo su valor real. No importará tanto si somos jóvenes o viejos, en términos ideológicos, sino que estamos existiendo en este preciso momento.</p>
<p>Por Javier Bustamante</p>
<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/07/revista_ce_57.pdf" target="_blank"><img class="alignright size-full wp-image-632" style="margin: 0px;" title="Descargar PDF" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/05/pdf.png" alt="Descargar PDF" width="35" height="34" /></a>
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		<title>Tomados de la mano</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Aug 2011 16:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[claraesperanza]]></category>
		<category><![CDATA[Natàlia Plá Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[Tomados de la mano]]></category>

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		<description><![CDATA[Tomados de la mano &#160; La imagen me sorprendió hace unos días. En la comunidad donde me encontraba celebrando la eucaristía es muy habitual tomarse de las manos a la hora de rezar el Padrenuestro. Desde hace unos años, poco a poco se ha generalizado este gesto que quiere significar lo que se dice en la oración: que al llamar a Dios “padre” y decirle “nuestro”, nos llamamos hermanos entre los que lo proclamamos. Al tomarse de las manos con los de al lado –tanto si son conocidos como si no lo son- asumimos esta fraternidad que lo es por la fe y por la opción y proyecto de vida. Pero lo que me llamó la atención fue en un momento anterior de la celebración. A la hora de hacer la profesión de fe, de rezar el Credo, vi cómo un matrimonio mayor, de los de toda la vida, se tomaba la mano y no se soltaba hasta que acababa el rezo. No había visto nunca hacer este gesto en ese momento de la celebración y me causó una fuerte impresión. Pasadas unas semanas, aún le doy vueltas&#8230; No sé porqué lo hicieron ellos ni desde cuándo; no sé si lo hablaron la primera vez o fue un gesto espontáneo que se convirtió en cotidiano. Ni si quiera sé si lo hacen siempre o sólo fue aquel día. Pero se me hizo clarísimo su significado: la fe no se puede vivir ni sostener en solitario. Incluso en los que hacen opción de vida más solitaria –los eremitas, algún tipo de monjes o monjas…- su soledad física no implica soledad interior ni relacional. Primero, porque conviven conscientemente con Dios mismo y, segundo, porque tienen referencias, vínculos significativos, con otras personas que comprenden y quizás incluso comparten su forma de vida. Sin duda, la fe es personal en tanto que nadie puede hacer profesión por nosotros. Incluso, la representación que tienen los padrinos en el bautismo, ha de ser ratificada en la confirmación por la propia persona bautizada. Y está claro que, fundamentalmente, la fe es don de Dios mismo y no un objetivo que nosotros alcanzamos, pero es necesaria nuestra aceptación libre de este don para que sea una fe realmente viva, que alimente y haga crecer la relación con Dios, y no sólo el cumplimiento de rituales y preceptos. Todos tenemos experiencia de cómo es difícil mantenerse firme en las creencias, ser fiel a aquello que creemos, con una fidelidad fecunda y creativa. Contrariamente a lo que muchas personas creen –quizás por el tipo de creyentes que han podido conocer o, quizás simplemente, por los parloteos sin fundamento que hablan de todo sin saber de nada-, la fe no tiene porqué suponer una experiencia de sumisión, de renuncia a la libertad y a la autonomía, de rechazo al uso de la razón… Esta es una visión muy reducida de la realidad del cristianismo. Pero volvamos a la imagen que comentaba al comienzo: tomarse de la mano, unirse a otro para...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/06/de_la_mano.mp3">Tomados de la mano</a></p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">La imagen me sorprendió hace unos días. En la comunidad donde me encontraba celebrando la eucaristía es muy habitual tomarse de las manos a la hora de rezar el Padrenuestro. Desde hace unos años, poco a poco se ha generalizado este gesto que quiere significar lo que se dice en la oración: que al llamar a Dios “padre” y decirle “nuestro”, nos llamamos hermanos entre los que lo proclamamos. Al tomarse de las manos con los de al lado –tanto si son conocidos como si no lo son- asumimos esta fraternidad que lo es por la fe y por la opción y proyecto de vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero lo que me llamó la atención fue en un momento anterior de la celebración. A la hora de hacer la profesión de fe, de rezar el Credo, vi cómo un matrimonio mayor, de los de toda la vida, se tomaba la mano y no se soltaba hasta que acababa el rezo.</p>
<p style="text-align: justify;">No había visto nunca hacer este gesto en ese momento de la celebración y me causó una fuerte impresión. Pasadas unas semanas, aún le doy vueltas&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/07/de-la-mano.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1048" title="de la mano" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/07/de-la-mano-300x236.jpg" alt="" width="300" height="236" /></a>No sé porqué lo hicieron ellos ni desde cuándo; no sé si lo hablaron la primera vez o fue un gesto espontáneo que se convirtió en cotidiano. Ni si quiera sé si lo hacen siempre o sólo fue aquel día. Pero se me hizo clarísimo su significado: la fe no se puede vivir ni sostener en solitario. Incluso en los que hacen opción de vida más solitaria –los eremitas, algún tipo de monjes o monjas…- su soledad física no implica soledad interior ni relacional. Primero, porque conviven conscientemente con Dios mismo y, segundo, porque tienen referencias, vínculos significativos, con otras personas que comprenden y quizás incluso comparten su forma de vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin duda, la fe es personal en tanto que nadie puede hacer profesión por nosotros. Incluso, la representación que tienen los padrinos en el bautismo, ha de ser ratificada en la confirmación por la propia persona bautizada. Y está claro que, fundamentalmente, la fe es don de Dios mismo y no un objetivo que nosotros alcanzamos, pero es necesaria nuestra aceptación libre de este don para que sea una fe realmente viva, que alimente y haga crecer la relación con Dios, y no sólo el cumplimiento de rituales y preceptos.</p>
<p style="text-align: justify;">Todos tenemos experiencia de cómo es difícil mantenerse firme en las creencias, ser fiel a aquello que creemos, con una fidelidad fecunda y creativa. Contrariamente a lo que muchas personas creen –quizás por el tipo de creyentes que han podido conocer o, quizás simplemente, por los parloteos sin fundamento que hablan de todo sin saber de nada-, la fe no tiene porqué suponer una experiencia de sumisión, de renuncia a la libertad y a la autonomía, de rechazo al uso de la razón… Esta es una visión muy reducida de la realidad del cristianismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero volvamos a la imagen que comentaba al comienzo: tomarse de la mano, unirse a otro para decir “Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra…”. Sí, todo un signo que también expresa lo que dice: que la fe no es un ejercicio de estricta individualidad, no, al menos, la fe cristiana. La comunidad es imprescindible para el sostenimiento y desarrollo de lo que creemos. Los momentos difíciles, las noches obscuras, las interrogantes… necesitan de la presencia de los otros que se convierten en acompañantes, luz, palabra con sentido, bastón y sombra, al cobijo de la cual nos colocamos cuando no acabamos de salir adelante. A veces, en la experiencia de fe necesitamos “chupar rueda” como los ciclistas, es decir, pegarnos a otro que va delante, cortando el viento y abriéndonos camino para que nuestro avanzar sea más ligero. Claro que no siempre podemos ser el segundo o el tercero… Pero humildemente hemos de reconocer que, en algunas circunstancias, sobrevivimos gracias a la experiencia de fe de otro, suficientemente fuerte e iluminadora como para dejarnos permanecer así temporalmente.</p>
<p style="text-align: justify;">De igual manera, esto no sólo nos pasa en los momentos complicados. También la experiencia de plenitud creyente necesita de los demás para ser compartida. También nos tomamos de la mano para expresarnos el gozo, la emoción, la conmoción que supone, por ejemplo, el paso por nuestra vida del Espíritu, Señor y dador de vida. Nos damos la mano para sostenernos en la fe en la Iglesia, en el perdón, en la comunión, en la vida perdurable…</p>
<p style="text-align: justify;">Sí, darse las manos para hacer verdadera profesión de fe comunitaria.</p>
<p>Por Natàlia Plá Vidal</p>
<p><a href="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/07/revista_ce_57.pdf" target="_blank"><img class="alignright size-full wp-image-632" style="margin: 0px;" title="Descargar PDF" src="http://www.hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/05/pdf.png" alt="Descargar PDF" width="35" height="34" /></a>
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		<title>La otra mejilla</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Aug 2011 01:28:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Joan Huguet Ameller]]></category>
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		<description><![CDATA[“Cuando te abofeteen, pon la otra mejilla, no para tentarles a que vuelvan a ofenderte, sino para mostrarles que no lo tomas en cuenta, que sigues siendo su amigo. Y pones la otra mejilla como señal para que ellos, arrepintiéndose, puedan darte un beso de paz”, de Joan Huguet Ameller (Lc. 6,29) &#160;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Cuando te abofeteen, pon la otra mejilla, no para tentarles a que vuelvan a ofenderte, sino para mostrarles que no lo tomas en cuenta, que sigues siendo su amigo. Y pones la otra mejilla como señal para que ellos, arrepintiéndose, puedan darte un beso de paz”, de Joan Huguet Ameller (Lc. 6,29)</p>
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