<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/" xmlns:blogger="http://schemas.google.com/blogger/2008" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668</atom:id><lastBuildDate>Sat, 31 Oct 2026 06:43:47 +0000</lastBuildDate><category>Literatura</category><category>Comunicación Social</category><category>filosofía</category><category>Análisis del discurso</category><category>Bolaño</category><category>Narrativa</category><category>Poesía</category><category>Cuento</category><category>Cine</category><category>Cortázar</category><category>Periodismo</category><category>Venezuela</category><category>identidad</category><category>&quot;Estrella Distante&quot;</category><category>Biopolítica</category><category>Caracas</category><category>Chávez</category><category>Colonialidad</category><category>Decolonialidad</category><category>Habitus</category><category>Historia</category><category>Hybris</category><category>Internet</category><category>Medios</category><category>Modernidad</category><category>Narración</category><category>Novela</category><category>Nuestra América</category><category>Política</category><category>Sistema Mundo</category><category>UCV</category><category>Vila-Matas</category><category>ideología</category><category>videos</category><title>::Con ojos de cronopio::</title><description>Un modesto aporte para el pensamiento crítico y emancipatorio...</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Prof. Antonio Núñez Aldazoro)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>113</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-8675799858777240193</guid><pubDate>Wed, 18 Dec 2024 13:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2024-12-18T09:09:35.800-04:00</atom:updated><title>Lo abisal como categoría decolonial</title><description>&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj5rG4X0tdPIDp5RZThroMIzZke0ojd9EVorv4tXLKNF26cTTjD9U0L9z7VO74Nm59NycgwyWzYXNQOW8qXdvZck_GXZMLCHg0CRWeljk3nUgiP4ZIAmHljN5umffZPrmvYU-u4OMvFo7ImHc-5FdFRD0vq4qNqJdbAc-6-_bPJb2c5a9cmelefXe0v4CCr/s1000/Diseno-sin-titulo-1.jpeg&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;500&quot; data-original-width=&quot;1000&quot; height=&quot;189&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj5rG4X0tdPIDp5RZThroMIzZke0ojd9EVorv4tXLKNF26cTTjD9U0L9z7VO74Nm59NycgwyWzYXNQOW8qXdvZck_GXZMLCHg0CRWeljk3nUgiP4ZIAmHljN5umffZPrmvYU-u4OMvFo7ImHc-5FdFRD0vq4qNqJdbAc-6-_bPJb2c5a9cmelefXe0v4CCr/w378-h189/Diseno-sin-titulo-1.jpeg&quot; width=&quot;378&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;i&gt;Este brevísimo ensayo lo escribí para un seminario realizado en el 
Programa de Formación Avanzada en Historia de Unearte, a cargo del 
estimadísimo profesor Víctor González Ñáñez, titulado “Epistemologías de
 los pueblos de América Latina y el Caribe”, realizado entre marzo y 
septiembre de 2023.&lt;/i&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style=&quot;text-align: left;&quot;&gt;&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;&lt;i&gt;“Poco a poco, se ve cómo se forma y cristaliza en el joven antillano una actitud,&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;&lt;i&gt;una costumbre de pensar y de ver, que es esencialmente blanca”.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;text-align: left;&quot;&gt;Frantz Fanon&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Lo más difícil a lo que se enfrenta un profesional de la investigación en ciencias sociales, en esa inabarcable, difusa y compleja realidad que le rodea, es establecer categorías de análisis crítico que le permitan describir con un mínimo nivel de precisión la naturaleza de aquello a lo que se enfrenta como “objeto de estudio”. Esto se potencia cuando en nuestro lugar de comprensión e interpretación (periferia-sur) sólo contamos con algunas precarias, limitadas y, en muchos casos, impuestas herramientas metodológicas.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Asomamos intencionalmente la partícula adjetiva de “impuesta” porque es obvio que el problema de nuestros procedimientos de investigación y análisis es que estos forman parte de una tradición de pensamiento que nos es ajena, es decir, provienen de un lugar de enunciación distinto y lejano al nuestro.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Se trata de un discurso, en la concepción de Michel Foucault, del cual no tenemos escapatoria y que, necesariamente, debemos darle continuidad sin posibilidad de una disrupción epistémica. Es la confrontación, que nos muestra el pensador francés, entre el deseo de romper con “lo tajante y decisivo” del discurso hegemónico, en este caso el modelo de las ciencias europeas y la Ilustración, y la imposición de su institucionalidad que te recuerda constantemente que eso es algo imposible y que esa pretensión es total y absolutamente improbable, pues “todos estamos aquí para mostrarte que el discurso está hecho en orden a las leyes, que desde hace mucho tiempo se vela por su aparición; que se le ha preparado un lugar que le honra pero que le desarma y que, si consigue algún poder, es de nosotros y únicamente de nosotros de quien lo obtiene” (Foucault, 2002: 13).&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo pasado e inicios del presente, en América Latina y el Caribe, específicamente en el campo de las ciencias sociales y las humanidades, el deseo emancipatorio se ha impuesto y se ha rebelado ante la pétrea y opresora institucionalidad moderna. La ruptura discursiva ha sido protagonizada por un conjunto de pensadores de la región, desde Frantz Fanon hasta Santiago Castro-Gómez, quienes con sus diferencias y convergencias han sido agrupado en lo que se denomina “pensamiento decolonial”. Un propuesta cuyo propósito es fundamentar una nueva y resituada epistemología, en la que se piense distinto, no desde el lugar de enunciación de la modernidad colonial (Europa-Centro-Norte) sino desde nuestro legítimo lugar de comprensión y que resulte propicio para la liberación de diversas formas de dominación, distintas a la política o económica, en nuestro caso la epistémica (América-Periferia-Sur).&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En este breve ensayo intentaremos desarrollar una de las categorías transversales del pensamiento decolonial contemporáneo y que, a nuestro modesto juicio, podría explicar la naturaleza esencial, pero en muchos casos indefinible, de eso que caracteriza el punto específico de diferencia norte-sur, centro-periferia, de naturaleza, repetimos, epistémica; es decir, un tipo específico de pensar, de una forma de construcción de un conocimiento no sólo científico, sino también social, tan válido como libre de las ataduras impuestas por el discurso hegemónico de la modernidad europea: el pensamiento abisal.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;Categorías y decolonialidad&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Desde una perspectiva teórica, la realidad está constituida por notas o aspectos. Cada nota o aspecto puede considerarse como un componente estructural de la realidad o cosa que tenemos ante nosotros (sujeto cognoscente) y que denominaremos objeto (cosa por conocer). Cada uno de esos componentes, en metodología de la investigación, puede definirse como “categoría”, pues hace posible la categorización de una realidad, es decir, permite conocer y describir las notas o aspectos que la constituyen para alcanzar una descripción integral o total de la realidad o cosa. Ahora, dicha realidad (o cosa), en una investigación de cualquier tipo, se define como “objeto de estudio”, el cual una vez identificado y delimitado nos muestra positivamente los aspectos que lo componen. Cada categoría servirá para describir, como dijimos, la cosa por sus aspectos o atributos para alcanzar una categorización integral.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Para muchos teóricos y metodólogos, en ciencias sociales y humanidades, áreas en las que predomina la metodología cualitativa, no existen categorías preconcebidas ni permanentes (como sí sucede en los estudios cuantitativos). Para Martínez (2004), “las verdaderas categorías que conceptualizarán nuestra realidad deben emerger del estudio de la información que se recoja, al realizar el proceso de categorización, y durante de contrastación y de teorización”. Por eso, las categorías de análisis deben provenir de las notas constitutivas que nos ofrece la descripción preliminar del objeto y la teoría con el cual nos acercamos a él.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Cuando partimos del pensamiento decolonial, para intentar una explicación válida sobre nuestra realidad latinoamericana y caribeña -actual, pasada u originaria-, observamos en nuestro objeto de estudio la referencia permanente a una separación abismal entre los dos polos enfrentados: norte y sur.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Históricamente, se habla de una frontera, de una línea divisoria, como si se tratara de un vacío mínimo, es decir, de un pequeño o ínfimo paso entre la realidad europea, hegemónica y moderna, y la situación específica de nuestra región, oprimida, periférica y transmoderna, en otras palabras, en la que no se experimentó la modernidad como se vivió en el centro de poder epistémico: Europa ilustrada.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ello constituye una falacia histórica que ha distorsionado al máximo lo que pensamos ingenuamente como la modernidad latinoamericana. No solo se trató (y aún persiste) de una simulación de los modelos, estilos, formas y tradiciones europeas que sustituyeron, en ocasiones de manera violenta, las formas de ser y conocer de los pueblos originarios de Nuestra América, sino que en la actualidad y en la historia reciente, persiste, no una solo una línea o frontera, sino también un vacío inmenso, inabarcable, oceánico y profundo, que marca además de una división espacial y temporal, una diferenciación esencial de naturaleza epistémica, es decir, de cómo pensamos nuestra realidad.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;Fanon, el precursor&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Uno de los pensadores originales de nuestra región en el siglo XX es, sin duda, Frantz Fanon. Comprometido con la liberación de su pueblo y la emancipación de toda forma de opresión colonial, Fanon desarrolló un primer esbozo de lo que sería esa diferenciación epistémica manifiesta entre los dos polos antagónicos centro-periferia o metrópoli-colonia, los cuales denominó zonas del ser y el no ser.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Con claras evocaciones filosóficas, ontológicas y metafísicas, Fanon describió no solo la frontera divisoria entre los dos ámbitos sino también la existencia de una amplísima y profunda distancia entre ambas zonas, así como la naturaleza de quienes habitan en esas dos realidades tan disímiles.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;A juicio de Aguiló (2019), dichas zonas “no constituyen lugares geográficos específicos, sino posiciones de poder en un complejo entramado de relaciones y jerarquías naturalizadas que a escala global se traducen en intercambios desiguales entre el centro y la periferia, y a escala local entre grupos jerarquizados”. En otras palabras, la territorialidad no se limita a espacios materiales sino también y, sobre todo desde el punto de vista de la decolonialidad, a espacios simbólicos, saberes, conocimientos, tradiciones y prácticas sociales concretas, producto de esa separación.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Al no tratarse de espacios exclusivamente geográficos sino simbólicos, en las zonas del ser, tanto en el centro (Europa) como en la periferia (colonias), entonces y ahora, cohabitan los sujetos protegidos o beneficiados de las leyes, normas y paradigmas formales e informales producto del pensamiento moderno. Y ahí está lo relevante del planteamiento de Fanon, pues éste no limita dicha categorización a los opresores sino también a los oprimidos, quienes se someten a la institucionalidad legada de la modernidad que tiene como objetivo el sometimiento, no solo material sino también el ideológico o epistémico, con lo cual logran una meta mucho más poderosa al anular la posibilidad de un pensar distinto al moderno-europeo.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;i&gt;“Por medio de epistemologías de la dominación, quienes habitan en las zonas de ser invisibilizan el régimen ontológico y epistemológico vigente que, tradicionalmente, niega validez o incluso se niega a reconocer y concebir que existen otros regímenes ontológicos o epistémicos distintos”. (Aquilo, 2019)&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En la zona del ser, sus cohabitantes piensan de acuerdo a los esquemas ideológicos impuestos por la modernidad y no conciben una forma distinta o alternativa, con lo que el sometimiento es hegemónico, en otras palabras, totalitario e invisible.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Si parece grave la situación de la zona del ser, no es difícil concluir que la zona del no ser resulta un estrato aún más bajo de la dominación colonial a la cual aún estamos sometidos desde el punto de visto epistemológico.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Para Fanon, en la zona del no ser sobreviven los sujetos no occidentales (el negro afrodescendiente o el indio originario) a quienes se le niega en absoluto la posibilidad incluso de sometimiento pues no existen en la lógica de la modernidad. Por tal motivo, es que el destacado siquiatra caribeño llevó su reflexión al terreno de lo ontológico, ya que se trata de un “no ser”, es decir, de una absoluta negación de su existencia y, por tanto, una total deshumanización del otro. Sin embargo, para Fanon, esa característica es la que podría permitir la posibilidad de una emancipación definitiva, pues fuera del sometimiento colonial y debido al mantenimiento de sus formas originarias de pensamiento, el no ser, por su carácter de no sometido a un marco epistémico distinto al suyo, podría protagonizar una auténtica insurrección anticolonial; algo que ya estamos observando actualmente en varios espacios en el continente africano.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;Ser o no ser, he ahí el abismo&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Tan indefinible como inexplicable resulta la naturaleza de ese espacio profundo, oscuro e impenetrable entre el ser y el no ser de Fanon. Sin embargo, el pensador portugués De Sousa Santos retoma la propuesta del médico caribeño y desarrolla un nuevo programa de investigación teórica, cuyo propósito es desmontar el sometimiento más fuerte al cual hemos estado encadenados: el pensar moderno.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;No se trata del pensamiento moderno como conjunto de saberes, tradiciones y esquemas de la modernidad. Nos referimos a la forma cómo el habitante de la periferia, de la colonia, se percibe a sí mismo, a su entorno y a su realidad circundante, no solo antes sino también ahora.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;¿Pero cómo se puede destruir algo inabarcable, oceánico, inmenso y profundo como es la distancia o el espacio de división entre el centro y la periferia cuando eso, precisamente, fundamenta el pensamiento colonial al cual aún estamos sometidos a repetir y reproducir? La respuesta no es un complejo acertijo ni un engaño. Es una realidad irrefutable que se nota en la persistencia de las instituciones de la modernidad liberal burguesa, como lo son las materializaciones del pensamiento de la Ilustración, llámense asambleas legislativas, poderes públicos, aduanas o universidades.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La distancia temporal y espacial entre la metrópoli y la colonia, históricamente posibilitó el fortalecimiento de esa línea abismal divisoria entre un modo original de pensamiento a un esquema epistémico de pensar moderno occidental, lo cual fundamenta la propuesta de Fanon y da continuidad al planteamiento de De Sousa Santos. Ello, pues es evidente que aún persisten, no solo las estructuras modernas y coloniales tanto en la organización social y política actual, sino también perduran formas de pensar naturalizadas sobre lo que “debe ser” la sociedad moderna, liberal, burguesa y democrática.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ese abismo, profundo y oscuro, de allí la denominación de “línea abisal”, es lo que fundamenta la naturalización del pensamiento de la modernidad colonial (que Fanon señaló en el negro antillano) y que De Sousa Santos lo detecta en el ser nuestroamericano contemporáneo. Se trata de una frontera que divide con una línea invisible, repetimos, dos formas de pensar, una inexistente y otra hegemónica.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;i&gt;“Consiste en un sistema de divisiones visibles y no visibles, siendo las invisibles la base de las visibles. Las distinciones invisibles se establecen mediante líneas radicales que dividen la realidad social en dos reinos: el reino de «este lado de la línea» y el reino de «el otro lado de la línea». Una división en la que «el otro lado de la línea» se desvanece como realidad, se convierte en no existente, y de hecho se produce como inexistente. No existente significa que no existe de ninguna forma relevante o comprensible de ser. Todo lo que se produce como no existente se excluye radicalmente, porque se encuentra más allá́ del reino de lo que la concepción aceptada de inclusión considera que es su otro. Lo que con mayor frecuencia caracteriza al pensamiento abisal es, pues, la imposibilidad de la copresencia de los dos lados de la línea. Este lado de la línea solo prevalece, en el grado que lo haga, mediante el agotamiento del campo de la realidad relevante. Más allá́ de él, solo hay no existencia, invisibilidad, ausencia no dialéctica”. (De Sousa, S. 2018a: 585)&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Para De Sousa Santos, el pensamiento occidental es abisal pues está fundamentado evidentemente en lo que Fanon llamó la zona del ser, un tipo específico de pensar positivo moderno, europeo y occidental, en el que cualquier forma distinta es simplemente inexistente. El pensamiento abisal no solo niega o invisibiliza el conjunto de saberes, tradiciones y formas epistémicas originarias, sino que no reconoce siquiera su existencia por estar fuera del reino del ser, el ser colonial, moderno e ilustrado.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ese conjunto de distinciones aún las observamos en lo “políticamente correcto”, en lo legal e ilegal, en lo indio-salvaje y lo civil-ciudadano, en las formas de organización social y en la estructura político-administrativa de los Estados nación.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Asimismo, el pensamiento abisal se transforma, adapta o reinventa ante las nuevas realidades. A lo largo de la historia reciente se ha apreciado cómo por medio de diversas tecnologías de la comunicación y la información (cine, radio, TV, prensa, Internet y ahora redes sociales) se impone una forma de pensar que anula formas de conocer y realidades provenientes “del otro lado de la línea”.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El propósito de las naciones poderosas para mantener el pensamiento abisal es darle continuidad a las tres formas de organización societal dominante: el colonialismo, el patriarcado, y el capitalismo. Sobre todo por lo confuso, engañoso y seductor que resulta el pensar bajo el imperio de la razón moderna.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En el caso del colonialismo, la falacia de independencias políticas del siglo XIX crearon la ilusión de una emancipación que no se concretó en libertades auténticas de los pueblos periféricos. Más bien, crearon nuevas formas de exclusión y sometimiento de los habitantes de las antiguas colonias ahora convertidas en naciones “independientes”.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;i&gt;“El fin de colonialismo histórico produjo la ilusión de que la independencia política de las antiguas colonias europeas implicó una fuerte autodeterminación. Desde entonces, todas las exclusiones fueron consideradas como no abisales; consiguientemente, las únicas luchas consideradas legítimas fueron aquellas que apuntaban a eliminar o reducir las exclusiones no abisales. Esta poderosa ilusión contribuyó a legitimar luchas que, mientras atenuaban las exclusiones no abisales, agravaban las exclusiones abisales”. (De Sousa, S. 2018a: 323-324)&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Como ejemplo reciente, el pensador portugués expone que durante el siglo XX, “las luchas de los trabajadores europeos lograron victorias significativas, que redundaron en un compromiso entre democracia y capitalismo, conocidos como el Estado de bienestar y la socialdemocracia europeos; no obstante, tales victorias se ganaron, al menos en parte, intensificando la apropiación violenta de recursos humanos y naturales en las colonias y neocolonial, o sea, a costa de agravar las exclusiones abisales”.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;He allí otro punto importante a considerar sobre el pensamiento abisal. No sólo los seres humanos del reino “del otro lado” no existen, sino que cuando “aparecen” se les atribuye la irrupción no esperada, la violencia desmedida y el desorden público, lo cual ha justificado históricamente la institucionalidad represiva, controladora y enérgica del poder hegemónico -local, regional o global-, pues se ha normalizado en el mundo contemporáneo la anulación de aquello que pretende subvertir el orden establecido.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La represalias contra etnias originarias, grupos sociales concretos, hordas enardecidas o marchas pacíficas, cuyo único y auténtico objetivo es exigir reconocimiento, reivindicaciones laborales, respeto a los derechos humanos, protección del medio ambiente, protección de las minorías o mejoras en los sistemas de seguridad social, entre otros asuntos, son vistas como manifestaciones que deben anularse con violencia y represión “pues amenazan la estabilidad”.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;¿Cómo superar el pensamiento abisal?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La confusión seductora del pensamiento abisal obliga el surgimiento de una resistencia activa que sepa distinguir cuáles son las exclusiones abisales y diferenciarlas de las no-abisales. Si no es así, éste continuará reproduciéndose eternamente, incluso en aquellos que creen luchar por causas justas cuando en realidad promueven y motorizan los efectos nefastos de la imposición hegemónica colonial.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Para De Sousa Santos esa resistencia debe provocar, en última instancia, una ruptura epistémica. Solo en el campo epistemológico (no estrictamente científico) es posible lograr un pensar distinto, como propugnan los teóricos de la decolonialidad.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En palabras del pensador portugués, es imposible una auténtica justicia social global “sin justicia cognitiva global”, es decir, sin un pensar colectivo distinto al impuesto por la colonialidad moderna, europea y occidental, será inviable una auténtica liberación de los sujetos condenados de la tierra.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;i&gt;“Esto significa que la tarea fundamental que hay por delante no se puede limitar a generar alternativas. En realidad, requiere un pensamiento alternativo de las alternativas. Se postula, pues, un nuevo pensamiento posabisal. ¿Es posible éste? ¿Existe algún tipo de condiciones que, si se las valora adecuadamente, puedan darle una oportunidad?” (De Sousa, S. 2018a: 606)&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Como se dijo más arriba, el primer paso es saber identificar el pensamiento abisal: cómo funciona, cómo se impone, cómo se reproduce y cómo se mantiene en el tiempo. Es decir, reconocer “lo abisal” como categoría de análisis crítico de la realidad impuesta por la colonialidad, para así comprenderla e iniciar su superación, pues como lo advierte De Sousa Santos, “sin ese reconocimiento, el pensamiento crítico seguirá siendo un pensamiento derivativo que continuará reproduciendo las líneas abisales, por muy antiabisal que se proclame”.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En cambio, a su juicio, el pensamiento posabisal se impondrá pues es un pensamiento no derivativo, auténticamente decolonial, pues implica una ruptura radical con las formas occidentales modernas de pensar y actuar.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;Bibliografía&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;AGUILÓ, A. (2019). Zona de Ser y No Ser. En Dicionario Alice. Consultado a 08.08.23, en: https://alice.ces.uc.pt/dictionary/?id=23838&amp;amp;pag=23918&amp;amp;id_lingua=1&amp;amp;entry=24592. ISBN: 978-989-8847-08-9&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;CASTRO GÓMEZ, S. (2005) Hybris del punto cero. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;FANON, F. (2004), Los condenados de la Tierra. Buenos Aires: Txalaparta.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;FANON, F. (2009), Piel negra, máscaras blancas. Madrid: Akal.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;FOUCAULT, M. (1970) El orden del discurso. Barcelona: Tusquets, 2002.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;MARTÍNEZ, M. (2004). Ciencia y arte en la metodología cualitativa. México: Trillas&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;ROMERO LOSACCO, J. (Comp.) (2020). Pensar distinto, pensar decolonial. Caracas: Editorial El Perro y la Rana.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;DE SOUSA S., B. (2018a). Construyendo las Epistemologías del Sur: para un pensamiento alternativo de alternativas. Antología esencial. Volumen I. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;DE SOUSA S., B. (2018b). Introducción a las Epistemologías del Sur. En Epistemologías del Sur - Epistemologias do Sul. Coordinación general de Maria Paula Meneses y Karina Andrea Bidaseca. Primera edición. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO; Coímbra: Centro de Estudos Sociais - CES&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2024/12/lo-abisal-como-categoria-decolonial.html</link><author>noreply@blogger.com (Profesor Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj5rG4X0tdPIDp5RZThroMIzZke0ojd9EVorv4tXLKNF26cTTjD9U0L9z7VO74Nm59NycgwyWzYXNQOW8qXdvZck_GXZMLCHg0CRWeljk3nUgiP4ZIAmHljN5umffZPrmvYU-u4OMvFo7ImHc-5FdFRD0vq4qNqJdbAc-6-_bPJb2c5a9cmelefXe0v4CCr/s72-w378-h189-c/Diseno-sin-titulo-1.jpeg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-800154730572110957</guid><pubDate>Wed, 18 Dec 2024 12:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2024-12-18T09:06:18.712-04:00</atom:updated><title>El origen del excepcionalismo estadounidense como doctrina (Una aproximación retórica-discursiva)</title><description>&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjuP1i1QFf371eB2k0JDFQK4-Z3UsI2I3a1y6ErDVqyl78lBiZXPk4sWOF3fuMWOAOxaBsg3o78lra77xp5F4M2AIKvI3d1mMiUmQ8hEtIfAo0KFHUv9rnqDVm3TumaNZky1SzfTvw8yE3uFzfBnM7fVuy_CXW-4l3uHNPDxd6es9ofYss5RHHDdKiFYNkW/s825/shining_city_825.jpeg&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;500&quot; data-original-width=&quot;825&quot; height=&quot;194&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjuP1i1QFf371eB2k0JDFQK4-Z3UsI2I3a1y6ErDVqyl78lBiZXPk4sWOF3fuMWOAOxaBsg3o78lra77xp5F4M2AIKvI3d1mMiUmQ8hEtIfAo0KFHUv9rnqDVm3TumaNZky1SzfTvw8yE3uFzfBnM7fVuy_CXW-4l3uHNPDxd6es9ofYss5RHHDdKiFYNkW/s320/shining_city_825.jpeg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;i&gt;Este breve ensayo lo escribí para el Seminario “Dependencia Estructural en el devenir de la Venezuela Republicana (Parte 1)”, dictada por Vladimir Adrianza, período lectivo 2022-2&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Sin duda alguna, no se puede reflexionar acerca de la política exterior de los Estados Unidos de Norteamérica (EEUU) sin tomar en cuenta las doctrinas que la sustentan. Pero para entender dichas doctrinas y sus implicaciones en el accionar de esa nación en el escenario internacional, hay que apreciarlas en su justa dimensión. Es decir, deben pensarse críticamente, no solo en y desde el enunciado mismo o desde los términos y conceptos que la componen, lo cual sería extremadamente limitativo. Al contrario, se trata de fundamentar un constructo teórico-conceptual a partir de los contenidos pero en su situación o contextualización discursiva, en otras palabras, desde los aspectos esenciales de su exterioridad como, por ejemplo, su origen etimológico, sus usos o utilidad política, su génesis histórica y, por último, aquella constelación pragmática que la sustenta: instituciones, productores, difusores, intencionalidades, receptores potenciales, expectativas, contextos de producción y recepción, efectos perlocutivos, entre otros. La corriente historiográfica que se encarga de esos menesteres es la historia conceptual o historia de los conceptos, pero en este brevísimo texto intentaremos un abordaje desde los principios fundamentales del análisis crítico del discurso, el cual según sus categorías generales, nos permite una mirada más amplia (discursiva, por tanto) de nuestro objeto de estudio: el excepcionalismo estadounidense.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El excepcionalismo estadounidense es aquella doctrina que históricamente ha colocado a los Estados Unidos de Norteamérica, casi desde su inicio como nación independiente, como un pueblo o país que, por sus características únicas y excepcionales, de alguna forma está predestinado para estar por encima del resto de países que conforman el escenario político y militar del planeta y, por tanto, ejercer una dominio y un control sobre ellos.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Esto nos lleva necesariamente a una pregunta inicial: ¿Cómo se logró posicionar esa afirmación? Para acercarnos a una posible respuesta, como ya hemos afirmado, lo ideal es reflexionar acerca de los aspectos contextuales o discursivos de lo que hasta ahora se conoce como excepcionalismo estadounidense.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;¿Una doctrina?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Lo primero es analizar porqué algunos académicos, historiadores, autores, comentaristas o periodistas, denominan “doctrina” este tema, incluso cuando la mayoría de los escritos le nombran sin siquiera clasificarlo.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Nominalizar o, simplemente, nombrar o bautizar nominalmente “algo”, es una estrategia muy fuerte desde el punto de vista retórico, pues en el caso de este tipo de “excepcionalismo” en particular, éste pasa de ser una afirmación o un señalamiento para convertirse en una realidad concreta. Esto quiere decir que dejó de ser ese “algo” que “alguien” dijo “alguna vez”, para convertirse en una materialidad indiscutible, inamovible y pétrea de “lo que es”, en este caso, la nación norteamericana.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Aquí estamos en el terreno ontológico, es decir, hemos de considerar, sin discusión posible, la esencia o lo que sustancialmente “es” ese país: un ente o ser “excepcional”. Por lo tanto, aceptado esto como una realidad concreta y no ya como una idea, no se puede poner en duda que los EEUU son “excepcionales”. Estamos ante algo que no se puede discutir y que, en consecuencia, es doctrinario. El origen etimológico de doctrina proviene de “doxa”, un saber no comprobable o verificable, que se transmite de un grupo dominante a otros colectivos a través de la prédica, de la palabra. Es imposible, entonces, dejar de percibir los ecos de doctrinas religiosas o políticas que, como paradigmas complejos, abarcadores y hegemónicos, son transmitidos, aceptados y practicados sin crítica ni reflexión. Ése es uno de los mayores logros retóricos de los padres fundadores estadounidenses, quienes apoyados en sus particulares interpretaciones de la doctrina cristiana (recordemos que todos eran protestantes), lograron que sus prédicas en lo político fueran aceptadas sin discusión alguna, entre ellas su carácter excepcional como nación.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;Origen mítico de la doctrina&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Otra estrategia retórica poderosa, desde el punto de vista discursivo, es crear un origen difuso, ambiguo y poco verificable a aquellas afirmaciones que, para convertirlas en realidades concretas y aceptadas, no pueden explicarse de manera racional sino mítica. Por tal razón, tanto las doctrinas religiosas como las políticas se fundamentan en orígenes de orden mitológico, es decir, relatos heroicos llenos de proezas excelsas, en escenarios extravagantes, que realzan aquellas características que cimentarán la doctrina y sus aspectos morales o de acción.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El origen mitológico del excepcionalismo estadounidense no es, valga la redundancia, la excepción. Para algunos, se remonta al sermón ofrecido por uno de los primeros colonos, John Winthorp, frente a la bahía de Massachusetts, hoy Boston, en 1630. Winthorp fue un abogado inglés pero sobre todo un religioso. En síntesis, el sermón transmite el carácter excepcional (aunque no usa el término ni ningún otro de la familia del mismo) de aquellos hombres y mujeres de fe, quienes son los ungidos por la providencia y bendecidos por Dios para obrar con bien y con templanza. Eso sí, el sermón comienza diferenciando a ricos y pobres. Los ricos actuarían con misericordia y los pobres con obediencia, pero ambos por el bien común. Lo que hace mítica esta narrativa es el escenario. Winthorp escribió el sermón en un barco, The Arbella, y ofreció sus palabras en la bahía a su llegada ante la multitud. El mensaje divino siempre viene de lejos, luego de una larga travesía iniciática. Incluso, algunos lo comparan con el sermón de la montaña o de la colina, con claros matices mesiánicos o crísticos y que, a juicio de Iglesias Cavicchioli (2018), se ha convertido en el lugar común del encuentro entre lo religioso y lo político en los EEUU, desde Winthorp hasta Trump, pasando por el reverendo Martin Luther King en los años 60 del siglo XX.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El otro origen mítico proviene del célebre texto del pensador francés Alexis de Tocqueville, quien en 1835 publicó por primera vez sus reflexiones sobre un viaje que realizó a los Estados Unidos en 1831 para apreciar el sistema penitenciario de esa pujante nación. Su estadía se limitó a nueve meses, pero le bastaron para hacerse una idea de la naturaleza de la naciente democracia. El texto se tituló “La democracia en América” y en él se utilizó por primera vez el término “excepcional” para describir tanto el país como su pueblo. La visión particular de Tocqueville se centró además en torno a lo religioso, ya que admiró extasiado, desde su visión como católico practicante, cómo las primeras leyes estadounidenses se basaron fundamentalmente en las “sagradas escrituras”. Lo cierto es que sigue explotándose, como mito originario, la especial percepción que tuvo el francés para caracterizar como excepcional al pueblo estadounidense, ya que en el texto fue también, de alguna forma, visionario (por no decir premonitorio) de lo que sería, por ejemplo, la abolición de la esclavitud y cómo ello provocaría un enfrentamiento bélico entre sectores de la sociedad de ese país. Lo que sería la Guerra Civil, sin duda.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Entonces, estamos ante un hecho mítico originario, sustentando en el sermón de Winthorp (1630) y en una profecía cuasi sagrada ensalzada con las premoniciones de Alexis de Tocqueville (1835), aspectos que fundamentan la doctrina del excepcionalismo estadounidense.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;La difusión doctrinaria&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), una doctrina se reconoce, como señalamos más arriba, cuando ésta se transmite por medio de la prédica, por medio de la palabra. Es decir, que la doctrina forma parte de una tradición. ¿Por qué? Porque se transfiere o se lega de un grupo a otro. Tradición proviene del latín traditio y éste a su vez de tradere, de “entregar”, transferir algo de un colectivo a otro, ya sea de manera sincrónica, en el mismo tiempo o espacio, como una charla, mitin o cualquier otro evento público; o asincrónica, por medio de cartas, libros u otros documentos, como las películas. Desde el análisis del discurso se aprecia esa transmisión-recepción de textos (escritos, orales o audiovisuales) como materializaciones concretas de prácticas sociales, políticas o culturales específicas.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Para la creación, difusión y recepción de doctrinas, se requiere de unos productores, unos canales y unos receptores, así como de un contexto ideal.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En el caso del excepcionalismo estadounidense ya hemos asomado que los principales productores originarios de la doctrina fueron los padres fundadores, cuyas características las hemos referido también: primeros colonos, religiosos del protestantismo, millonarios y, por tanto, con evidentes intereses hegemónicos y de clase, con la clara intención de ejercer control, tanto en la creciente población, desde el siglo XVII hasta entrado el siglo XIX, muy diversa y con marcadas diferencias sociales; como en los territorios de Norteamérica, los cuales debían expandirse debido a las ansias de control y de tenencia de la tierra para poblar, explotar y dominar. Allí priva también la supremacía del relato mítico-religioso de los colonos ingleses como pobladores originarios y, por tanto, excepcionales (Adán, Eva, sus hijos y descendientes), en tierras predestinadas para ellos (el Edén o Tierra Prometida), las cuales requerirán de doctrinas que rijan su funcionamiento, acciones y posterior legislación.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Antes de referir los canales de difusión de la doctrina, es importante mencionar los receptores potenciales de la misma. Zinn (1980) da cuenta en su Historia oculta de los EEUU, la diversidad racial y social de la nación a mediados del siglo XVIII, producto de la migración forzada de negros africanos para ser esclavizados y blancos europeos llegados como servidumbre y que se conformaría como una emergente clase social; así como los restos de población indoamericana, remanente de la aniquilación sistemática de los indígenas del norte de América por parte de los colonos. Una fuerte clase dominante y una diversidad poblacional como ésta, aunado a los conflictos, conatos de rebelión y intentos de toma violenta del poder en manos de los representantes coloniales, requería para los primeros (los colonos millonarios) de canales fuertes de difusión de las doctrinas que no solo tenían como objetivo el control sino también la construcción de una identidad nacional en la víspera de un proceso de independencia.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Hacía falta congregar en una única identidad nacional a los pobladores y centrar la atención de estos en la necesidad de que la clase dominante dirigiera los destinos del país. Allí está clave la retórica de los padres fundadores y el uso estratégico de los canales de difusión de la época como las arengas, mítines y, sobre todo, los panfletos.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;i&gt;“Este efecto es el que iba a conseguir el panfleto Common Sense, de Tom Paine. Aparecido en 1776, llegaría a ser el más popular en las colonias americanas. Planteó el primer argumento audaz en favor de la independencia en palabras que cualquier persona mínimamente educada pudiera entender. «La sociedad es una bendición en todo estado, pero el Gobierno, en el mejor de los casos, no es más que un mal necesario…»”. (Zinn, 1980: 125)&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Es evidente que allí se plantea la bendición (apelación religiosa) de cada ciudadano de formar parte de la sociedad, pero con la reserva inequívoca de que el gobierno sería su contraparte, incluso como “mal necesario”, que debía asumir la ya pre-existente clase dominante.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Relata Zinn (1980) que en 1776 se publicaron más 25 ediciones del panfleto Common Sense y “se vendieron cientos de miles de copias”. Asimismo, indica que es probable que “casi todo colono alfabetizado lo leyera o conociera su contenido”. Por tanto, para el historiador marxista estadounidense “el arte del panfleto se había convertido en el principal foro de debate sobre las relaciones con Inglaterra”.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;i&gt;“Entre 1750 y 1776 aparecieron cuatrocientos panfletos con argumentos a favor y en contra de las partes implicadas en el Stamp Act, la Masacre de Boston, el Tea Party de 1773 o las cuestiones generales de la desobediencia a la ley, la lealtad hacia el gobierno, los derechos y las obligaciones”. (Zinn, 1980: 127)&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Esta cita da cuenta del poder del panfleto como principal canal de difusión de las doctrinas de la época y que sirvió para la futura difusión de otras como el excepcionalismo estadounidense.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;La doctrina en el siglo XX&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El excepcionalismo estadounidense como doctrina mayor, a nuestro juicio, arropó o sirvió de paraguas para otros discursos justificatorios de la acción internacional, imperialista y colonial de los EEUU. La Doctrina Monroe de “América para los americanos” (1823) o, sobre todo, la denominada “Destino Manifiesto” (1845), esta última con evidente arraigo religioso, no hubiesen calado en la población promedio de los EEUU de los siglos XIX y XX, para apoyar la ingente cantidad de intervenciones políticas y/o operaciones militares de expansión imperial de ese país, sino hubiesen contado, como fundamento, con la doctrina del excepcionalismo estadounidense, pues ésta originó, desde el siglo XVIII, una autoimagen poderosa en la población estadounidense acerca de su “excepcionalidad” para actuar sin reservas y como ungidos por la providencia y la historia para ser gendarmes del orden mundial. En palabras de Iglesias Cavicchioli (2018), una autoimagen “arraigada con fuerza tanto en sus élites políticas como en su opinión pública, según la cual es una nación cualitativamente diferente al resto del mundo, una nación única”.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;A pesar de sus crisis históricas, como la derrota en Vietnam en 1970 o el ataque al World Trade Center de Nueva York en 2001, las cuales pusieron en entredicho la fortaleza del excepcionalismo estadounidense, éste se ha mantenido vigente, pues siempre ha sido reactivado con fuerza posterior a esos acontecimientos, tal como lo hizo Ronald Reagan en 1980, con todo su expansionismo e intervencionismo en Medio Oriente y Centroamérica; o George W. Bush en 2001, con su célebre Guerra contra el Terrorismo en Medio Oriente.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Hoy en día, en un mundo multipolar y pluricéntrico, con potencias que se han erguido como nuevos polos de poder global como China, Rusia, Irán e India, el excepcionalismo estadounidense, a pesar de su reciente matiz conciliador (Barack Obama, 2009-2017) o nacionalista (Donald Trump, 2017-2021), se ha mantenido como la principal justificación discursiva para el intervencionismo de la nación norteamericana en gran parte del mundo.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;Bibliografía&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Iglesias Cavicchioli, M. (2018). The world’s last best hope: El excepcionalismo americano y la política exterior de Estados Unidos en la era Obama. Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, vol. 21, núm. 41, pp. 161-185, 2019. Universidad de Sevilla&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Nye, J. (2020). El excepcionalismo norteamericano en la era Trump. Portal Confidencial. Consultado el 20 de enero de 2023. Link: https://www.confidencial.digital/opinion/el-excepcionalismo-norteamericano-en-la-era-trump/&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Vázquez Rodríguez, S. (2019). El excepcionalismo estadounidense en el derecho internacional público. Tesis de grado. Facultad de Derecho. Universidad de Comillas. Consultado el 19 de enero de 2021. Link: https://repositorio.comillas.edu/rest/bitstreams/275144/retrieve&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Zinn, H. (1980). La otra historia de los EEUU. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 200&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2024/12/el-origen-del-excepcionalismo.html</link><author>noreply@blogger.com (Profesor Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjuP1i1QFf371eB2k0JDFQK4-Z3UsI2I3a1y6ErDVqyl78lBiZXPk4sWOF3fuMWOAOxaBsg3o78lra77xp5F4M2AIKvI3d1mMiUmQ8hEtIfAo0KFHUv9rnqDVm3TumaNZky1SzfTvw8yE3uFzfBnM7fVuy_CXW-4l3uHNPDxd6es9ofYss5RHHDdKiFYNkW/s72-c/shining_city_825.jpeg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-1433613578619205596</guid><pubDate>Tue, 17 Dec 2024 00:31:00 +0000</pubDate><atom:updated>2024-12-16T20:49:01.130-04:00</atom:updated><title>La dependencia estructural: Un recorrido conceptual</title><description>&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEh68KdVXqmGbZHyCsN4c1MZBCxPBRH-nQz_nDshLQQpyatpaHgqPb6DVNAVOU0Wd6tqVjSqbo9hqF86dZ_5Domkh2EVRCXFwi6uqRrkqZLDL7lQM0uPm03XJJPK_1hEI2fAODLKmXHPYC5EhJjtTNBfPpH9hhPJ0Oi0Hi3_Uocl8-SODJJvxYhdxIz0Aoiv&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img alt=&quot;&quot; data-original-height=&quot;196&quot; data-original-width=&quot;258&quot; height=&quot;240&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEh68KdVXqmGbZHyCsN4c1MZBCxPBRH-nQz_nDshLQQpyatpaHgqPb6DVNAVOU0Wd6tqVjSqbo9hqF86dZ_5Domkh2EVRCXFwi6uqRrkqZLDL7lQM0uPm03XJJPK_1hEI2fAODLKmXHPYC5EhJjtTNBfPpH9hhPJ0Oi0Hi3_Uocl8-SODJJvxYhdxIz0Aoiv&quot; width=&quot;316&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;i&gt;Este breve ensayo fue escrito para el PNFA en Historia de Unearte-CNEH, específicamente para el seminario&amp;nbsp;&lt;span style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;“Dependencia Estructural en el devenir de la Venezuela Republicana (Parte 1)”, dictada por Vladimir Adrianza, período lectivo 2022-2.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En lo que se llamó el primer ciclo progresista de América Latina (2000-2012), período en el que gobiernos de izquierda y centro-izquierda detentaron el poder en países como Venezuela, Bolivia, Brasil, Nicaragua, Argentina, Paraguay, Uruguay, El Salvador, Honduras, entre otros, se retomó con fuerza el concepto de “independencia”. Este término fue insistentemente utilizado, desde hace exactamente 200 años y luego de los procesos de emancipación hispanoamericana de principios del siglo XIX, para describir el producto o estadio final de aquellos acontecimientos sociales, políticos y militares que llevaron, precisamente, a muchas de esas mismas naciones a declarar su libertad ante el imperio español.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Para nadie es un secreto que Venezuela fue un pilar fundamental para retomar en los albores e inicios del siglo XXI el concepto de independencia y posicionarlo no solo en el ámbito regional sino también hemisférico y global. Que países históricamente dependientes de potencias imperiales enarbolaran por sus nuevas condiciones una renovada bandera de lucha por su emancipación definitiva, anunciaba además la reactivación de un proceso inconcluso, lo cual puso en alerta a todas aquellas potencias (específicamente, Estados Unidos y la Unión Europea) que vieron amenazadas su hegemonía.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Precisamente, eso planteó una nueva guerra de independencia, la cual estuvo y está actualmente dirigida a romper de una vez por todas con esa dependencia estructural a la cual Venezuela ha estado históricamente sometida desde la colonia, pero fundamentalmente en su etapa republicana, como país de la periferia, es decir, explotado y sometido para cumplir el exclusiva papel de proveedor de materias primas, específicamente en asuntos energéticos, dado su característica por todos conocida de ser la mayor reserva petrolera del planeta.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Esta política de imposición ha sido diseñada, dirigida y férreamente ejecutada por las aún naciones hegemónicas o “del centro”, las cuales con la llegada de esos gobernantes progresistas de la región nuestramericana vieron su rol en el concierto mundial de naciones, como ya planteamos, peligrosamente amenazado. ¿La respuesta? Una arremetida brutal en materia diplomática, en una primera etapa; y una intensificación a niveles nunca vistos en materia económica, financiera y comercial contra Venezuela, y que vemos concretada en los últimos años en los decretos ejecutivos y las sanciones impuestas que atentan contra el derecho público internacional y todos los tratados multilaterales existentes.&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Sin embargo, es necesario ahondar más en esa evidente dicotomía que hasta ahora hemos perfilado tímidamente. ¿Por qué se plantea una tensión conceptual entre dos términos como lo son dependencia e independencia? ¿Qué constituye sustancialmente esa dependencia? ¿Por qué podemos identificarla como una dependencia estructural? Y, sobre todo, para el propósito de este ensayo: ¿Cómo se ha impuesto discursiva y simbólicamente, es decir, culturalmente, esa dependencia más allá del ámbito puramente económico, comercial y financiero?&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;La dependencia como concepto&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra dependencia con los siguientes conceptos:&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;1. f. Subordinación a un poder.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;2. f. Relación de origen o conexión.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;3. f. Sección o colectividad subordinada a un poder.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;4. f. Oficina pública o privada, dependiente de otra superior.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;5. f. En un comercio, conjunto de dependientes.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;6. f. Cada habitación o espacio de una casa o edificio.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;7. f. Situación de una persona que no puede valerse por sí misma.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;8. f. Necesidad compulsiva de alguna sustancia, como alcohol, tabaco o drogas, para experimentar sus efectos o calmar el malestar producido por su privación.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;9. f. desus. Negocio, encargo, asunto .&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Para los objetivos que persigue este ensayo y el marco temático en el que se trata sería obvio detenernos en la primera acepción: “Subordinación de poder”, pues la dependencia estructural de Venezuela es, fundamentalmente, una subordinación de poder impuesta, en su etapa republicana, por la máxima potencia regional: los Estados Unidos de Norteamérica. Y es así. Los EEUU, por medio de una coacción política ejecutada desde principios del siglo XX (primer boom petrolero 1920-1935), comenzó a construir ese esquema de dependencia en el que nuestro país debía servir, en la naciente división internacional del trabajo, como un proveedor de materia prima para que la gran potencia garantizará su desarrollo energético y, en consecuencia, su progreso y su estabilidad como nación poderosa.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Pero veamos cómo otras acepciones del DRAE nos permiten entender el naciente carácter “estructural” de esa dependencia. Detengámonos en el concepto Nº2 de “Relación de origen o conexión”. La expansión internacional de la industria petrolera estadounidense, como era de esperarse, coincide con la naciente industrialización de la extracción de hidrocarburos en Venezuela.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Aunque ya operaban compañías anglo-holandesas, como explica Ramírez Vera (2007), con la llegada de la Standard Oil (de New Jersey) en 1921 comienza una nueva etapa de dominio norteamericano en la industria venezolana. A ésta le siguieron la Orinoco Oil Co. (de Delaware) en 1923, la Venezuelan Atlantic Refining Co. (de Delaware también) en 1925, la Texas (del mismo estado) en 1927 y la California Petroleum Corporation en 1931. Estas empresas, junto a inglesas y holandesas (las cuales, a juicio de Brito Figueroa, fueron desplazadas cuantitativa y cualitativamente por EEUU), sumaban más de un centenar de compañías trasnacionales. Estamos ante lo que denomina el historiador venezolano Brito Figueroa una etapa de neocolonialismo, favorecida en nuestro país por las élites caraqueñas y la “dictadura petrolera” de Juan Vicente Gómez.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Vemos aquí entonces lo que nos advierte (tal vez sin querer) el DRAE al referirse a una dependencia basada en una relación “de origen o conexión”, pues precisamente y, como hemos visto, dos hechos están estrechamente conectados, tanto en su génesis u origen como en sus etapas tempranas de desarrollo: la expansión trasnacional de las compañías estadounidenses y la consecuente industrialización petrolera en Venezuela. Las empresas norteamericanas vieron en Venezuela y otras naciones del Caribe, tanto por la naturaleza de sus gobiernos y élites nacionales, como por su carácter geoestratégico (cercanía geográfica para su dominio hemisférico, por ejemplo), cómo el petróleo de la región debía ser explotado, refinado e importado por los EEUU, fundamentalmente para su consumo interno y, por ende, para su desarrollo.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;De hecho, esto creó también lo que vemos en el DRAE en su acepción Nº3, al convertir a Venezuela en una “sección o colectividad subordinada a un poder”, en este caso una nación subordinada a la industrialización petrolera estadounidense, bajo un engaño evidente de ayuda al desarrollo nacional, lo cual justamente era todo lo contrario, pues atentaba contra su independencia y soberanía. Ello, pues empujó a nuestra Patria, repetimos, a una subordinación, no solo social y política, sino fundamentalmente económica y, en concreto, energética. Asimismo, cumplía con eso que advirtió Brito Figueroa (1981) de someter a Venezuela y su economía al capital monopolista internacional.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;“... Estados Unidos era un país imperialista con ímpetus juveniles, que había crecido territorialmente dentro de sus propias fronteras y a expensas de sus vecinos, al calor de la política de «América para los americanos»; sus rivales en el reparto del mundo, los antiguo imperios financieros de Europa, habían recibido de frente el impacto de la guerra y perdido importantes áreas de sus más codiciadas colonias y zonas atrasadas propicias para la inversión de excedentes de capital”. (Brito Figueroa, 1981: 430-431)&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Por tal razón la riqueza petrolera venezolana, a juicio del historiador, fue ampliamente codiciada en el contexto financiero mundial, por lo que el interés de los monopolios se intensificó a partir de la década de los 20 del siglo pasado con las noticias de los recientes y abundantes yacimientos del nuevo oro negro.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Esto provocó también la subordinación, bajo el poder imperial, de todo un colectivo (como enuncia el DRAE), es decir, poblaciones enteras de un país, hasta ese momento agroproductor y agroexportador, el cual se convirtió casi por completo en un proletariado o contingente enorme de trabajadores petroleros (obreros y administrativos), lo cual ocasionó a su vez una reconfiguración socio-cultural en el país, debido a las migraciones internas, el sometimiento laboral a nuevos esquemas, la adaptación violenta a nuevas prácticas sociales (lo que significó la cultura del “campo petrolero”, por ejemplo) y su consecuente cambio social.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;No podemos obviar la explicación que nos permite el DRAE en su concepción Nº7: Situación de una persona que no puede valerse por sí misma.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Venezuela, en la división internacional del trabajo, se vio arrastrada a una consecuente dependencia económica (Giddens, 2001), pues al ser un país rural y atrasado “no podía valerse por sí misma”.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El concepto administrativo de la división del trabajo fue trasladado a la expansión económica de las grandes naciones para explicar cómo las potencias del centro han de detentar una función hegemónica y, por tanto, los países de la periferia (en término de Wallerstein) deben cumplir con un rol, pues al no estar desarrollados o estar en vías de lograrlo, precisamente por esa minusvalía, debían limitarse a ser proveedores de materia prima.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Asimismo, esta interdependencia económica debía provocar los mismos efectos que vio Marx en la alienación de los trabajadores en la industrialización y el surgimiento del trabajo asalariado, esta vez en los países periféricos, los cuales en el sistema capitalista global acabarían adoptando un papel meramente instrumental, alienados al rol que debían cumplir.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Esto se evidencia de manera brutal en la histórica dependencia de los Estados Unidos a nuestro petróleo y la dependencia de Venezuela a la tecnología de los EEUU para el desarrollo verdadero o real de nuestra industria energética.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Estamos ante una interdependencia que no deja por fuera una de las últimas propuestas conceptuales del DRAE sobre la dependencia: “Necesidad compulsiva de alguna sustancia, como alcohol, tabaco o drogas, para experimentar sus efectos o calmar el malestar producido por su privación”. Como un alcohólico o un adicto depende del licor o la droga, los EEUU, para experimentar sus efectos y calmar su malestar (llamemos, económico o imperial), ha de mantener esa “necesidad compulsiva” por nuestra más preciada riqueza natural. Sin el petróleo venezolano, EEUU –entonces y ahora- se deterioraría a niveles insospechables, pero que ellos muy bien conocen.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;Un problema ontológico&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En el apartado anterior intentamos esquematizar someramente la interdependencia impuesta “EEUU-Venezuela”, en materia económica, social, política tecnológica y cultural en torno a la materia energética-petrolera. Ahora ensayaremos arrojar algunas luces del porqué llamamos a esta dependencia una de tipo estructural.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Creemos que, para Brito Figueroa, el inicio del dominio petrolero de los EEUU en Venezuela éste ya era de carácter estructural, pues abarcaba los ámbitos, tales como el político (alianza con las élites locales, gestión de lobby de intermediarios nacionales y el evidente apoyo del gobierno gomecista), el económico (instalación y operación de consorcios estadounidenses como el Rockeffeler que modificaron los esquemas económicos locales), el cultural (la imposición de prácticas socio-culturales como la música, el béisbol, el esquema bancario, entre otros) y el social (la irrupción de nuevas clases sociales y nuevas prácticas colectivas).&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Uno de los libros básicos para entender históricamente la dependencia estructural, como manifestación del imperialismo norteamericano en los países de la periferia y el impacto en sus sociedades, es “Imperialismo y cultura de la violencia en América Latina” del sociólogo brasilero Octavio Ianni (Ediciones Siglo XXI, México: 1970), en el cual sostiene que dicha dependencia es estructural porque deja huellas en todos los ámbitos de la sociedad que es sometida a esa dependencia.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Para Inanni (1971), en su artículo “Dependencia estructural” (Revista Nacional del Comercio Exterior de México), los fenómenos relativos a la dependencia, como producto de la internacionalización de los procesos productivos, son evidentes en la historia de América Latina, pues se manifiestan en las relaciones económicas, políticas, culturales, religiosas, militares.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;“Mientras tanto, en perspectiva histórica se observa que las situaciones concretas de dependencia dejan huellas en la sociedad. A veces éstas se tornan irrelevantes o son redefinidas según nuevas condiciones de funcionamiento y transformación de la sociedad. Otras veces, sin embargo, las huellas quedan incorporadas en sus estructuras básicas. Debido a la continuidad y desarrollo de la situación de dependencia, se van sumando y reintegrando las huellas y las experiencias pasadas. Ellas pueden penetrar las relaciones y procesos económicos, políticos, culturales, ecológicos y otros. En algunos casos, la situación de dependencia puede determinar tanto el modo de ser como las perspectivas de las sociedades así constituidas”. (Ianni, 1970: 1131)&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Resulta de especial interés para este apartado lo descrito por el teórico brasilero sobre la “determinación del modo de ser” y la “constitución de las sociedades” como productos de los esquemas de dependencia. He allí el meollo del asunto. La dependencia es estructural, desde el punto de vista esencial, metafísico o filosófico, porque modifica el modo de ser de los componentes de una realidad humana concreta, intervenidos con los procesos históricos que han transformado estratégicamente la constitución de dichas sociedades.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Estamos ante algo ya asomado en la cátedra por el profesor Vladimir Adrianza: la dependencia estructural, en definitiva, esencial y sustancialmente, es un problema ontológico, pues el esquema de intervención imperialista modifica la realidad de las naciones en todos sus aspectos. Es decir, en palabras de Ianni (1970), interviene en la constitución compleja de la realidad concreta de cada país, lo cual la hace distinta a la que existía antes de la incursión multidimensional o estructural de las nuevas fuerzas imperialistas.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Retórica o discursivamente, esto fue impuesto mediáticamente con un discurso de promesas de progreso o de desarrollo industrial integral para los países de la periferia, lo cual atacó frontalmente la teoría marxista de la dependencia, al desmontar la falsa creencia de que los países “en vías de desarrollo” podrían alcanzar un estadio superior si seguía los lineamientos impuestos por los países desarrollados a través de sus mecanismos, especialmente diseñados para el ejercicio de su hegemonía y, en definitiva, para mantener esa relación de dependencia.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;¿Cómo vencer la dependencia estructural?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Una pregunta difícil de dar solución. Una respuesta posible es, como se ha señalado en la Cátedra, citando la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación, lo establecido en su artículo 2: “La seguridad de la Nación está fundamentada en el desarrollo integral”. Este último se define en el artículo 4, como “la ejecución de planes, programas, proyectos y procesos continuos de actividades y labores que acordes, con la política general del Estado y en concordancia con el ordenamiento jurídico vigente, se realicen con la finalidad de satisfacer las necesidades individuales y colectivas de la población, en los ámbitos económico, social, político, cultural, geográfico, ambiental y militar”.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Si Venezuela no se desarrolla de manera integral no podrá vencer la dependencia estructural a la cual ha estado sometida por casi más de un siglo en materia petrolera. Sin embargo, el carácter estructural abarca, como vimos en el apartado anterior, un problema más complejo aún: lo ontológico. En la realidad compleja y dinámica somos dependientes, no sólo en lo económico, comercial y financiero, sino también y fundamentalmente en la constitución sustantiva de nuestra realidad intramundana y, de suyo, en la conformación esencial del ser venezolano.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Todo proceso de emancipación e independencia, lo cual aprendimos en nuestros procesos políticos de liberación del siglo XIX y en el proceso bolivariano de los últimos 20 años, debe venir acompañado del desmontaje de todo el andamiaje estructural que ha soportado la dependencia, pero también del desmantelamiento de aquellas estructuras simbólicas, discursivas, comunicacionales, en definitiva, culturales, que han fundamentado dicha dependencia.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Si el maestro Brito Figueroa señalaba la existencia de un nuevo tipo de neocolonianismo, entonces es obvio que esta etapa vino acompañada, como ya señalamos, de un intenso montaje operativo de estructuras neocoloniales desde un punto de cultural que afianzaron y permitieron la instalación, la operación y el mantenimiento de las relaciones de dependencia.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ante esto, en las últimas décadas ha tomado muchísima fuerza, en el ámbito académico y en el campo político, las teorías decoloniales, las cuales buscan, precisamente, servir de base para el desmontaje, no sólo desde una perspectiva política (del poder) sino también desde un punto de vista epistemológico (del saber), pero esencialmente desde lo ontológico (del ser), de aquellas estructuras que aún fundamentan la dependencia de nuestro países sometidos.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Quijano (2011, en Panotto, 2020), para describir el llamado “giro decolonial”, ya presentaba la tríada de colonialidad del poder, colonialidad del saber y colonialidad del ser, para describir los tres estadios en los que funcionan las dinámicas sociopolíticas coloniales aún presentes en el mundo globalizado contemporáneo.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La colonialidad del poder refiere todos los mecanismos de control y las lógicas de dominio que prevalecen en el mundo globalizado. Sin duda, una de las centrales es el poderío militar y armamentista que detentan las grandes potencias mundiales, especialmente EEUU, y que ha servido de escudo o mascarón de proa para ejecutar sus políticas imperiales los últimos siglos.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La colonialidad del saber toca los dispositivos instalados en diversos ámbitos del quehacer humano para divulgar, promover e imponer conocimientos y saberes, tanto de carácter científico y académico, como también populares, para fundamentar las estructuras de dependencia.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;“... se extiende sobre los parámetros de construcción de conocimiento y todos sus campos de incidencia (la academia, la escuela, los intelectuales y, más concretamente, los diversos procesos de valoración epistemológica), donde las nociones de objetividad y veracidad van de la mano de una episteme ligada a la supuesta sutura de lo racional, lo ilustrado y todos sus dispositivos académicos, los cuales, a su vez, sirven a la legitimación de lo moderno y occidental como marcos hegemónicos de sentido”. (Panotto, 2020: 46)&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Por último, la colonialidad del ser, tan importante como las dos anteriores, “involucra más concretamente las dimensiones ontológicas dominantes y las operaciones tanto de codificación como de legitimación de la alteridad”, es decir, es la referida a los procesos de autorreconocimiento y reconocimiento del otro, en el que nos vemos como seres insertos en una lógica global, ideal y contemporánea, en el que la otredad no existe o es invisibilizada por la lógica cultural y social, con lo cual, como en la película Matrix (1999), creemos vivir en una realidad real, desconociendo o ignorando que esa realidad ha sido impuesta por las estructuras de poder y de saber.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;¿Cómo vencer entonces esta dependencia estructural, legada del neocolonialismo y con sus estructuras férreas de colonialidad, las cuales no fueron desmontadas ni siquiera luego de los procesos independentistas del siglo XIX?&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Además del desarrollo integral de la Nación, se requiere ineludiblemente de la formación de una conciencia crítica colectiva que tome en cuenta la existencia de ese andamiaje estructural que históricamente ha sostenido la dependencia de Venezuela.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Sin duda, la Revolución Bolivariana inició, desde el mismo 1999, un proceso de desmontaje de dichas estructuras, en los ámbitos del poder, del saber y del ser, lo cual facilitó la producción de cambios sustantivos, pero sobre todo permitió a todo un pueblo resistir los embates y las arremetidas que, en respuesta a esos cambios, el imperialismo norteamericano y europeo han ejecutado los últimos años, a partir, además, de la configuración del mundo multipolar y pluricéntrico, la irrupción de nuevas fuerzas nacionales en el planeta (Rusia, India, Irán, etcétera), en muchos casos aliados con Venezuela y en concordancia con nuestros objetivos estratégicos de emancipación e independencia definitiva de los nuevos yugos hegemónicos.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;Bibliografía&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Brito Figueroa, F. (1981). Historia económica y social de Venezuela. Tomo II. Caracas: Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central&amp;nbsp; de Venezuela&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Giddens, A. (2001). Sociología. Madrid: Alianza, 2002.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ianni, O. (1970). Imperialismo y cultura de la violencia en América Latina. México: Ediciones Siglo XXI.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ianni, O. (1971). La dependencia estructural. Revista de Comercio Exterior. Nº9. México: Ediciones del Banco de Comercio Exterior. Consultado el 6 de marzo de 2023. Web: http://revistas.bancomext.gob.mx/rce/magazines/623/6/RCE9.pdf&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ley Orgánica de Seguridad&lt;span style=&quot;white-space: pre;&quot;&gt;	&lt;/span&gt;de la Nación. Gaceta Oficial&lt;span style=&quot;white-space: pre;&quot;&gt;	&lt;/span&gt;N°6.156.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Lossaco, J. (Comp.) (2020). Pensar distinto, pensar de(s)colonial. Caracas: Editorial El Perro y la Rana.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Quijano, A. (2011). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina” en Edgardo Lander, La colonialidad del saber, Buenos Aires, CIC- CUS/CLACSO, 2011, pp. 219-264.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ramírez Vera, D. (2007). El surgimiento del conflicto por a renta del petróleo preámbulo histórico a la coyuntura actual (1917 a 1936). Análisis Político, 20(59), 24-45. Consultado el 06 de marzo de 2023. Web: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;amp;pid=S0121-47052007000100002&amp;amp;lng=en&amp;amp;tlng=es&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2024/12/la-dependencia-estructural-un-recorrido.html</link><author>noreply@blogger.com (Profesor Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEh68KdVXqmGbZHyCsN4c1MZBCxPBRH-nQz_nDshLQQpyatpaHgqPb6DVNAVOU0Wd6tqVjSqbo9hqF86dZ_5Domkh2EVRCXFwi6uqRrkqZLDL7lQM0uPm03XJJPK_1hEI2fAODLKmXHPYC5EhJjtTNBfPpH9hhPJ0Oi0Hi3_Uocl8-SODJJvxYhdxIz0Aoiv=s72-c" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-4700192407508088605</guid><pubDate>Sun, 10 Nov 2024 15:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2024-12-18T09:10:31.160-04:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Biopolítica</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Colonialidad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Decolonialidad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">filosofía</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Habitus</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Historia</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Hybris</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Modernidad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Nuestra América</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Sistema Mundo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Venezuela</category><title>Hybris o la arrogancia moderna originaria</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjimU3VBFRp6qFQjMXwaH-comGfP7fc8Ha1hAGut60APzzTD5YfQwAAwvVG-0HBOBt5XjEGhpl9fyPfrdCTP0_cFvt5bABMfuVVkB_D7tnjp4AWePEx9huOR6ljuY0tfd6VjPfNzXxAwJeeEDk4UGBv6Xs-389JayXbTN4IkQ5UodRtqm-ClVtGh-4kVXJB/s1200/hibris-wide.jpeg&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em; text-align: center;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;675&quot; data-original-width=&quot;1200&quot; height=&quot;180&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjimU3VBFRp6qFQjMXwaH-comGfP7fc8Ha1hAGut60APzzTD5YfQwAAwvVG-0HBOBt5XjEGhpl9fyPfrdCTP0_cFvt5bABMfuVVkB_D7tnjp4AWePEx9huOR6ljuY0tfd6VjPfNzXxAwJeeEDk4UGBv6Xs-389JayXbTN4IkQ5UodRtqm-ClVtGh-4kVXJB/s320/hibris-wide.jpeg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;i&gt;Este brevísimo ensayo lo escribí para un seminario realizado en el Programa de Formación Avanzada en Historia de Unearte, a cargo del estimadísimo profesor Víctor González Ñáñez, titulado “Epistemologías de los pueblos de América Latina y el Caribe” realizado entre marzo y septiembre de 2023.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;i&gt;Hybris&lt;/i&gt; o &lt;i&gt;hibris&lt;/i&gt;, en griego Ûβρις, se refiere a la desmesura, la arrogancia, la soberbia, la prepotencia o el excesivo orgullo, es decir, estados o sentimientos que suelen desembocar en insolencia, irrespeto e, incluso, violencia. En su Historia de la Filosofía Occidental, Bertrand Russell sugiere que luego de la desmesura de los seres humanos contra sus dioses (o la naturaleza), al creerse igual que ellos, eso a la postre provocó un castigo brutal, una forma violenta de reprender al arrogante trasgresor y restaurar el orden natural de las cosas. Aristóteles trata la noción de &lt;i&gt;hybris &lt;/i&gt;en varias de sus obras, pero es en su Poética es donde más se extiende, pues el héroe, cuando reta al Dios que lo creó, lo hace embriagado de una soberbia que provoca el entramado de lo que conocemos hoy como tragedia. Por tal razón, Aristóteles sostiene que la &lt;i&gt;hybris&lt;/i&gt; es el motor que mueve la pasión humana, no la razón.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ya en la introducción a su texto &lt;i&gt;Hybris del punto cero&lt;/i&gt; (2005), el filósofo colombiano Santiago Castro Gómez denuncia la desmesura y la arrogancia del pensamiento ilustrado al desconocer la espacialidad o territorialidad del pensamiento originario existente en las colonias e imponer como lugar de enunciación único y hegemónico la razón moderna, la cual fue asumida por los pensadores criollos de la Nueva Granada, quienes sirvieron de agentes difusores y ejecutores del pensamiento moderno. Esto permitió que una vez emancipadas las colonias de sus metrópolis, las estructuras institucionales del pensamiento moderno fuera instaurado, institucionalizando también el poder de las élites criollas en los nacientes estados nacionales.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;Para explicar cómo funcionó ese ejercicio de poder de las élite criollas, haciéndose del pensamiento ilustrado moderno, Castro Gómez se concentra en la Nueva Granada y cómo estas élites criollas relocalizaron o resituaron este pensamiento. Como él mismo afirma, no se trata de si leyeron bien o mal las obras fundamentales de la modernidad o si calcaron directamente el modelo institucional de la ilustración. Al contrario, se trata de cómo los criollos ilustrados asumieron un nuevo lugar de enunciación (&lt;i&gt;locus&lt;/i&gt;) para este pensamiento moderno con la finalidad de construir un sentido “localizado” y, por ende, no foráneo.&amp;nbsp;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;A partir de esa noción de construcción de sentido, en su propuesta un lugar preponderante lo ocupa el lenguaje y cómo éste no solo representa la realidad, sino que la construye. Si entendemos el pensamiento ilustrado como discurso, el cual fue asumido y relocalizado por las élites criollas, entendemos mejor el ejemplo que usa de una “Gramática general”, la cual se funda en el supuesto de que la estructura de la ciencia (fin último de la modernidad) posee una analogía con la estructura del lenguaje, y que ambas son un reflejo de la estructura universal de la razón, en este caso, la razón moderna. Un discurso, cuyo eje fundamental fue la racionalidad moderna, la cual asumida y utilizada para la independencia pero también para la instalación de una estructura institucional de poder, ejercido ahora no por la metrópoli sino por las élites locales.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Así triunfa, no un grupo hegemónico foráneo, sino una política imperial del lenguaje que llegará a sustentar el denominado por Castro Gómez, siguiendo propuestas como la de Wallerstein, un “Sistema-mundo moderno colonial” que luego se convertirá en el “Sistema-mundo moderno capitalista”.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Para acercarse a la realidad estudiada, en el texto que comentamos Castro Gómez parte de tres coordenadas categoriales. Lo que busca el pensador colombiano, a nuestro parecer, es detectar o precisar cómo se instaló y funcionó en el colectivo, a partir de la relocalización que hicieron las élites del pensamiento moderno, esa construcción de sentido y esa asimilación de los postulados de la ilustración.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En primer lugar, toma la noción de h&lt;i&gt;abitus&lt;/i&gt; del francés Pierre Bourdieu, quien desde su propuesta sociológica del capital cultural, denomina habitus al conjunto de “disposiciones&quot; o esquemas de obrar, pensar y sentir asociados a una determinada posición social. En otras palabras, Castro Gómez ve en la noción de Bourdieu las formas y canales usados por las élites para imponer unos esquemas de pensamiento, los cuales harán suyos y, por ende, promoverán y defenderán.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En segundo lugar, asume el concepto de &lt;i&gt;biopolítica&lt;/i&gt; del pensador francés Michel Foucault, pues creemos que ve en la propuesta de éste cómo ese habitus alcanzado se convierte en una política de control sobre la vida de los habitantes en las colonias. Se trata de una forma de ejercer el poder no sobre los territorios, sino sobre la vida de los individuos y las poblaciones. Esta conceptualización del pensador post-estructuralista resulta conveniente desde el punto de vista teórico para explicar la esencia de la colonialidad, como un estadio posterior a la colonización.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Precisamente, en ese sentido, Castro Gómez toma el concepto &lt;i&gt;Colonialidad del poder&lt;/i&gt;, trabajados por los pensadores Aníbal Quijano, Walter Mignolo y Enrique Dussel, como un objetivo a vencer desde sus propuestas de una Filosofía de la Liberación Latinoamericana. La Colonialidad del Poder es un término dispuesto por Quijano para caracterizar un patrón de dominación global propio del sistema-mundo moderno/capitalista originado con el colonialismo europeo a principios del siglo XVI y que podría representar un efecto histórico, que aún persiste, de esa relocalización del pensamiento ilustrado que hicieron las élites criollas en el siglo XVIII y que Castro Gómez toma en este libro como objeto de investigación.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;¿Pero por qué &lt;i&gt;Hybris&lt;/i&gt;? Porque ese&amp;nbsp;&lt;i style=&quot;text-align: left;&quot;&gt;locus&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;text-align: left;&quot;&gt; ilustrado, asumido por las élites criollas de entonces, se impuso históricamente con desmesura, soberbia e, incluso, violencia. Y, a pesar de haber alcanzado un ejercicio de poder permanente (biopolítica) y un patrón de dominación hegemónico (colonialidad del poder), esa arrogancia moderna originaria hoy en día se encuentra en peligro, a la espera de un castigo de los dioses que la crearon.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;Bibliografía&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;BOURDIEU, P. (1998). &lt;i&gt;La distinción. Criterio y bases sociales del gusto&lt;/i&gt;. Madrid: Taurus.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;CASTRO GÓMEZ, S. (2005) &lt;i&gt;Hybris del punto cero&lt;/i&gt;. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;FOUCAULT, M. (1997) &lt;i&gt;El nacimiento de la clínica. Una arqueología de la mirada médica&lt;/i&gt;. México: Siglo XXI.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;ROMERO LOSACCO, J. (Comp.) (2020). &lt;i&gt;Pensar distinto, pensar decolonial.&lt;/i&gt; Caracas: Editorial El Perro y la Rana.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2024/11/hybris-o-la-arrogancia-moderna.html</link><author>noreply@blogger.com (Profesor Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjimU3VBFRp6qFQjMXwaH-comGfP7fc8Ha1hAGut60APzzTD5YfQwAAwvVG-0HBOBt5XjEGhpl9fyPfrdCTP0_cFvt5bABMfuVVkB_D7tnjp4AWePEx9huOR6ljuY0tfd6VjPfNzXxAwJeeEDk4UGBv6Xs-389JayXbTN4IkQ5UodRtqm-ClVtGh-4kVXJB/s72-c/hibris-wide.jpeg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-5453444960836033118</guid><pubDate>Tue, 21 Feb 2023 15:23:00 +0000</pubDate><atom:updated>2023-03-30T20:47:43.879-04:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEieomrHKhBpxN_5E1iS3wV4302sVRhRuIWCrzzKqdx-_ZzSuz5riL4B4Zv-WgXzZwgk348v8YEOyLL1KwTJAkwCq0wpu0Br_0R__Br01P-N7_PAvsDP3x6Pa2tBWJZw0AYa9SZbmgKthGnsCqYu6H5Ls_3QzctI5tFXonj6bsi60JBC9hXv6sQrPST1TQ/s424/10246803_10153630118833047_308497508115049576_n.jpg&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;424&quot; data-original-width=&quot;424&quot; height=&quot;320&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEieomrHKhBpxN_5E1iS3wV4302sVRhRuIWCrzzKqdx-_ZzSuz5riL4B4Zv-WgXzZwgk348v8YEOyLL1KwTJAkwCq0wpu0Br_0R__Br01P-N7_PAvsDP3x6Pa2tBWJZw0AYa9SZbmgKthGnsCqYu6H5Ls_3QzctI5tFXonj6bsi60JBC9hXv6sQrPST1TQ/s320/10246803_10153630118833047_308497508115049576_n.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Esto lo escribí aquella tarde del 21 de febrero de 2014...&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;b&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Elegía para Moka&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Rápidamente comencé a atrapar, con el desespero del abandonado, pedazos de olvido, retazos de memoria, rastros de vida, imágenes, objetos, cuadros, sonidos, palabras. El propósito era contener en un solo vistazo el recuerdo de Mónica. Sentado en un vuelo hacia Caracas me dispuse a emprender la cacería. No quería que ninguna presa se me escapara. Vi su perolito de peltre para el café y lo tomé con toda la fuerza posible entre mis manos. Vi su pelo blanco como el papel, despeinado, y me puse a arreglarlo haciendo ademanes delicados en el aire. Observé sus batas de algodón raídas y sucias por el oficio de la cocina y las abracé como un niño, como un infante temeroso de quedarse solo en este mundo, sin ella, sin la seguridad de que en algún lugar está pensando en mí, bendiciéndome. Detallé su altar en la antesala del baño de Maripérez, repleto de santos, figuras, estampitas, velas eléctricas, velas de verdad, flores de papel, flores marchitas, flores de plástico y el famoso “potecito de las peticiones”. Sí, un recipiente lleno de papelitos, uno por cada solicitud al Señor, que algún familiar, amigo o amiga, vecino enfermo, jubilado del INAM, Toni, Venancio o Marcelino, le daban a escondidas a mi mamá para que se les concediera un deseo, un anhelo, un poco de salud, un viaje, un empleo, una buena calificación académica, en fin: paz y tranquilidad. “¡Dame el número de vuelo, Antonio, para ponerlo en el altar”, me decía.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;¿Quién ahora pedirá para todos nosotros, Mónica? Todos los días pedías por nosotros, tus hijos, nietos, amigos, viejitos, portugueses del abasto o la panadería. ¿Ahora quién pedirá por todos?&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Seguí en la caza de recuerdos y me puse a contar uno por uno los adornitos de la casa, los de la pared de ladrillos, de la mesita del centro, de las repisas. Ahora sin ti todos se convierten en objetos que no dicen nada. Su valor se fue contigo. Ahora veo los potecitos de “comida guardada” dentro de la nevera, en la mesa detallo los vasos de plástico que con tanto cariño le llevaste café por tantos años a Bartolo o a la gente de El Globo. Cierro los ojos, no para contener las lágrimas, sino para sentarme en la sillita del balcón, en la que todas las tardes leías el periódico, las revistas sobre plantas medicinales o hacías crucigramas y sopas de letras, esto último porque te enteraste que eso ayudaba a mantener la mente lúcida, como la tuviste hasta esa mañana del viernes, Monicuca. Ahora camino hasta tu mesa de planchar, que ya no usabas, sino para colocar  fotos y retratos de tus hijos y nietos, cédulas vencidas, carnets viejos.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Aprieto contra mi pecho con fuerza todos esos recuerdos, Moka. Como decía Sábato cuando murió su hijo y apretaba su retrato enmarcado contra su pecho hasta sentir dolor físico, hasta partir el cristal, hasta hacer sangrar su pecho y sus manos. Yo aprieto los tuyos, mamá, y me duele, me duele que jode.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Pero el recuerdo que más me duele, Mónica, es el sacrificio infinito que hiciste por tus cinco hijos. Abandonaste tu vida de mujer, de ciudadana, caroreña, venezolana. Abandonaste todo lo que eras o pudiste ser.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Desde que soy padre trato de ponerme en tu lugar, Mónica. Con cinco hijos, sola, sin tiempo para pensar nada, solo trabajar, sacrificarte y apartar para siempre cualquier placer personal, para garantizarle todo lo que pudiste a tus hijos.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Perdóname, mamá, todas las veces que no supe valorar todo lo que hiciste por mí y por cada uno de mis hermanos; por no haber tenido tiempo, vida, espacio, para devolverte tanto y tanto.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ese sentimiento es el que me agobia en estas últimas horas, Mónica, que estoy montado en un avión para estar contigo cuando ya no estás.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Pero también me aferro a tu sonrisa, a tu jodedera, a tu agudo sentido del humor, a tu carisma, a tus ganas de vivir y a tu forma tan particular de dar amor, con una pregunta celosa, con una bolsita con comida, con caramelos de leche para Julio y Sofía o preguntando si en la oficina me habían hecho “mal lesión”. Me alienta imaginarte gritando “Dobre night, dobre bouché” o haciéndome la “puñeta” o cualquier grosería con tus manos o brazos.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Solo quiero que la vida me dé tiempo para seguir atrapando recuerdos, porque de sobra nos regalaste muchos a todas y a todos.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;¡Échame la bendición! !Ponme una petición!&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Escrito en un avión de San Salvador a Panamá.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;21 de febrero de 2014. 3:00 pm&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;span style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;&lt;span id=&quot;docs-internal-guid-9faeee59-7fff-c320-e75e-33c3fbbb4519&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2023/02/esto-lo-escribi-aquella-tarde-del-21-de.html</link><author>noreply@blogger.com (Profesor Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEieomrHKhBpxN_5E1iS3wV4302sVRhRuIWCrzzKqdx-_ZzSuz5riL4B4Zv-WgXzZwgk348v8YEOyLL1KwTJAkwCq0wpu0Br_0R__Br01P-N7_PAvsDP3x6Pa2tBWJZw0AYa9SZbmgKthGnsCqYu6H5Ls_3QzctI5tFXonj6bsi60JBC9hXv6sQrPST1TQ/s72-c/10246803_10153630118833047_308497508115049576_n.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-7349473080452104504</guid><pubDate>Sun, 29 May 2022 13:59:00 +0000</pubDate><atom:updated>2023-02-27T09:12:40.193-04:00</atom:updated><title>Hitos 55</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj96T_c3SAepthoNHLlZ3M0BTp4rhxQqoONNCZ9HsMhzO49Wb5PfT7kuTkVNVZfS1yK-U7NfK7zTvosucZpYW4oz4J0yKd5_Yzj2cTXTXr2ILPa_xERnQwIugNaeLjNH4WK5sn9sLMIeZN37PcicYxOfeRYxlkyz9_vA3zXceIS1gXoqo38btR1dZ1Nyw/s900/rule_of_55.jpeg&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;506&quot; data-original-width=&quot;900&quot; height=&quot;229&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj96T_c3SAepthoNHLlZ3M0BTp4rhxQqoONNCZ9HsMhzO49Wb5PfT7kuTkVNVZfS1yK-U7NfK7zTvosucZpYW4oz4J0yKd5_Yzj2cTXTXr2ILPa_xERnQwIugNaeLjNH4WK5sn9sLMIeZN37PcicYxOfeRYxlkyz9_vA3zXceIS1gXoqo38btR1dZ1Nyw/w407-h229/rule_of_55.jpeg&quot; width=&quot;407&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;Hoy es domingo 29 de mayo y cumplo 55 años.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A esta edad muchas personas comienzan a hacerse preguntas sobre lo que han hecho y dejado de hacer. Sobre cómo la vida los ha tratado y cómo han tratado cada quien la suya. Pero sobre todo a esta edad hay quienes se preguntan cuánto les queda de vida o si van a tener el tiempo suficiente para acometer aquellas cosas pendientes. La muerte, la innombrable, como dice el poeta, “ronda como un ángel asesino” y la única forma de espantarla es haciendo una revisión somera de lo hecho. No de “lo logrado”, eso es un engaño del ego, porque muchos eventos son sobrevenidos, muchas acciones son reacciones al contexto y las circunstancias, y muchos “logros” no son más que giros que, aunque previstos, se concretan por diversos factores, muchos de ellos incontrolables o azarosos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Vistos desde el presente, aquellos sucesos del pasado, si los recordamos es por algo. Por eso, en este “textimonial” prefiero llamarlos hitos. Hitos que a los 55 años me ayudan a sobrellevar el peso angustioso de la existencia. Omito, por supuesto, algunos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;En 1967&lt;/b&gt; nací en el Hospital Clínico Universitario, ubicado en el campus de nuestra Alma Mater, la Universidad Central de Venezuela (UCV).&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;A los siete años&lt;/b&gt;, más o menos, de vivir en un pequeño apartamento en Santa Mónica, al sur de Caracas, nos mudamos a unos superbloques, ya querían identificarlas como “residencias”, ubicadas en la “Avenida Libertador, cruce con Maripérez” (cuántas veces anoté esa dirección). Se trata de mi barrio vertical “Los Edificios Rojos”. Cinco torres de 80 apartamentos cada una. Es decir, 400 familias, 400 universos, 400 historias, las cuales aún me acompañan.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;Entre los 11 y los 13 ó 14&lt;/b&gt; años fui boyscout. Eso marcó mi vida para siempre, desde el punto de vista ético y de amor a la naturaleza. Conocí el sufrimiento pero también la satisfacción de conocerme a mí mismo a través del trabajo y el sacrificio. Caminar 50 kilómetros con un morral en la prueba de “barras blancas” o subir al Pico Naiguatá a los 12 años son pruebas de fuerza física y mental que no todos los jóvenes viven.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;A los 16 años&lt;/b&gt; volví al Hospital Clínico Universitario y volví a nacer luego de dos operaciones ocasionadas por una grave peritonitis. Fue intenso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;Entre los 16 y los 19 años&lt;/b&gt; hice todo un esfuerzo por ser &lt;i&gt;discjockey&lt;/i&gt;. Abandoné el bachillerato y me puse a “mezclar” o “pinchar” discos. Viaje por el país y conocí también mucho de la naturaleza humana. En esa época también fui medio punk y rebelde. De esa experiencia me dejó la melomanía, el amor y el conocimiento de la música popular.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;A los 20 años &lt;/b&gt;decidí terminar el bachillerato para irme a vivir con mi viejo a EEUU. Quería estudiar televisión o cine.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;A los 21 años&lt;/b&gt;, ya bachiller, me negaron la visa como migrante y me pidieron cumplir con el proceso de no-migrante por tener una relación de afinidad directa con un familiar en EEUU. Aplicamos mi hermano menor, Jesús Elías y yo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;A los 22 años&lt;/b&gt; me puse a trabajar en espera del viaje a EEUU y conocí a Rocío Magdalena, así que desistí de irme a EEUU y me puse a estudiar Relaciones Públicas en el histórico Iuderp de Venezuela. También entré al Banco de Venezuela donde laboré por nueve años. Entré como cajero de la agencia Altamira y salí como jefe de Comunicaciones Institucionales de la sede central. Un largo camino, el cual incluyó una hermosa etapa en Relaciones Públicas del Banco (salí a los 31).&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Antes de dejar el Banco&lt;b&gt;, a los 26 años&lt;/b&gt; estuve de oyente por un año en la Escuela de Letras de la UCV. Mi renovada pasión por la literatura me acercó a eso, lo cual fue hermoso. Conocí a gente maravillosa e inicié todos los trámites para convertirme oficialmente en estudiante de Letras.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al año siguiente, &lt;b&gt;a los 27 años&lt;/b&gt;, apliqué “por no dejar” y porque ya trabajaba en el área, a la prueba interna para ingresar a la Escuela de Comunicación Social de la UCV. Quedé y la directora de la Escuela de Letras se molestó conmigo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;A los 28 años&lt;/b&gt; me casé con Rocío Magdalena. Nos mudamos a Guarenas y comenzamos una etapa maravillosa de convivencia. Voy a acelerar que esto va lento. En esa etapa también comencé en el Diario El Globo como reportero. Estuve allí por cinco años, llenos de aprendizaje y vivencias marcadoras. Llegué a ser coordinador adjunto de redacción y solo en ese momento fue cuando conocí los entretelones textuales del periodismo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;A los 31 años&lt;/b&gt; nació mi primogénito, Julio David. Julio por Cortázar y David por mi jefe scout. Un regalo maravilloso que aún hoy celebro con la misma alegría e intensidad. Su capacidad crítica, su espíritu incansable y su inmensa bondad y pasión, me hacen admirarlo como el gran ser humano que es.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;A los 32 años&lt;/b&gt;&amp;nbsp;me gradué &lt;i&gt;magna cum laude&lt;/i&gt; en la Escuela de Comunicación y quedé como profesor del Departamento de Lengua y Literatura. En otras palabras, entré a una tradición histórica que aún respeto y defiendo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;Entre los 35 años y los 40&lt;/b&gt; (tremenda transición) trabajé como director de comunicaciones del Ministerio de Educación de Venezuela, junto al maestro Aristóbulo Istúriz Almeida. Otra experiencia intensa, fuerte y agotadora, pero rica en aprendizaje. Me acerqué a la tradición más hermosa del magisterio venezolano, conocí en primera fila el legado de Simón Rodríguez, Prieto Figueroa, Belén Sanjuán, Mercedes Fermín, el Maestro Bigott, los maestros normalistas, el sacrificio de los docentes del país y serví a la Patria en un momento histórico fundamental (2002-2007).&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En esa etapa, &lt;b&gt;a los 37 años&lt;/b&gt;, nació otro regalo que hoy me colma de alegrías y satisfacciones: Sofía Victoria. Hoy en día, comprobada artista plástica digital y excelsa estudiante de Artes en la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte).&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;A los 41&lt;/b&gt; me gradué de Magister Scientarum en Estudios del Discurso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A los &lt;b&gt;43 años &lt;/b&gt;partí a la República de El Salvador como diplomático, encargado de los asuntos de prensa, cultura y educación de la Embajada de Venezuela. Allí viví por 8 años, llenos también de una intensidad que aún retumba en mi pecho y que no me abandona. Allá cursé estudios de Filosofía en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), donde también soy docente internacional invitado desde 2015 en la Maestría de Gestión Estratégica de la Comunicación.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Regresé de El Salvador &lt;b&gt;a los 51 años&lt;/b&gt;. Y volví a la Escuela de Comunicación Social de la UCV y me convertí también en docente en el área audiovisual (Cine) en la Empa-Ávila TV, la Fundación Cinemateca Nacional y la Unearte. Algo sencillamente enriquecedor. Intenso, pero enriquecedor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;Hoy cumplo 55 años y soy feliz.&lt;/b&gt; He dicho solo lo bueno y escamoteado lo malo. Pero quise hacer este recuento así. No como un acto de inmodestia o arrogancia, sino como un recordatorio de que el camino recorrido ha tenido cosas buenas. Eventos que nos anima a pensar que los hitos no han acabado y que esperamos del tiempo (como decía Bolívar, El Padre) muchas cosas, porque “su inmenso vientre contiene más esperanzas que sucesos pasados y los acontecimientos futuros han de ser superiores a los pretéritos”. Tal como Bolívar tenía esa convicción, yo la tengo. Que así sea...&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2022/05/hitos-55.html</link><author>noreply@blogger.com (Profesor Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj96T_c3SAepthoNHLlZ3M0BTp4rhxQqoONNCZ9HsMhzO49Wb5PfT7kuTkVNVZfS1yK-U7NfK7zTvosucZpYW4oz4J0yKd5_Yzj2cTXTXr2ILPa_xERnQwIugNaeLjNH4WK5sn9sLMIeZN37PcicYxOfeRYxlkyz9_vA3zXceIS1gXoqo38btR1dZ1Nyw/s72-w407-h229-c/rule_of_55.jpeg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-3752244789696388221</guid><pubDate>Mon, 21 Mar 2022 16:53:00 +0000</pubDate><atom:updated>2023-02-27T09:10:53.802-04:00</atom:updated><title>Me declaro escriptofóbico</title><description>&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEj74WVmRw6bYUXtagivscHrhsBXlNhcgY5BubQ13B9tNXCDaN6YsQnJi7XqKn7IVx8KpYSvLDMklHaRX9acvGgtRk4YVN13C1gvfOPxQRzSyErjl64iVXN8qOb6On0M_SDCD57tNkjX_7KaAGdwQqkOxe25luWm--gfSTMRWS0IaYRSl7t4xlcG2n6BHw=s1200&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;625&quot; data-original-width=&quot;1200&quot; height=&quot;198&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEj74WVmRw6bYUXtagivscHrhsBXlNhcgY5BubQ13B9tNXCDaN6YsQnJi7XqKn7IVx8KpYSvLDMklHaRX9acvGgtRk4YVN13C1gvfOPxQRzSyErjl64iVXN8qOb6On0M_SDCD57tNkjX_7KaAGdwQqkOxe25luWm--gfSTMRWS0IaYRSl7t4xlcG2n6BHw=w379-h198&quot; width=&quot;379&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ok, voy a comenzar esta entrada en el blog (estrenando hacerlo desde mi perfil de Gmail) con una confesión: &lt;b&gt;&lt;i&gt;me declaro &lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;span class=&quot;ILfuVd&quot;&gt;&lt;span class=&quot;hgKElc&quot;&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;escriptofóbico&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;. En otras palabras, me da miedo escribir.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Es una condición antiquísima. Todos los inmensos y oceánicos esfuerzos que he acometido (académicos, literarios, epistolarios, institucionales, técnicos, etcétera) han sido agotadores, escalofriantes, eternos, paralizantes, asfixiantes y aterradores. He estado por horas, tal vez días, procrastinándome hasta la angustia, hasta un estado absoluto de ansiedad. No hay nada que me deprima más que el texto pendiente, que la escritura pospuesta, que la redacción postergada. Me he visto inexorablemente sumido en un mundo oscuro, frío y solitario (aunque esté rodeado de personas) a causa de la no-textualización, la falta de sustantivación, es decir, que un verbo (pensar un texto) se convierta en sustantivo (materialización textual).&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Es una absoluta contradicción al ser profesor de redacción. He estado más de dos décadas recomendándole a cientos de jóvenes a vencer sus miedos a escribir. Enseño tercamente estructuras, elementos, técnicas, procesos, pero a veces (la mayoría) soy incapaz de recordar nada de eso. El miedo me paraliza. Soy ese religioso que convence a los demás de tener fe pero que en la noche grita de terror al no encontrar la suya. Por eso me persigue como una amenaza o una condena cualquier decálogo o frase rimbombante que algún escritor o escritora haya difundido sobre el arte de escribir. Poseo manuales, diarios, antologías, tratados, que profesionales de la redacción han producido sobre los misterios de su arte. De hecho, los uso para enseñar, pero, aunque muchos hablan del terror de expresarse por medio de la palabra escrita, me refugio en la técnica, en la instrumentación, en la tecnología. Y rehuyo al misterio insolasyable de iniciar la redacción, con un nudo en la garganta, la boca seca, las manos temblorosas y una sensación de desmayo, de desvanecimiento, de vahído.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Odio hasta el extremo a quienes me recuerdan frases como las del querido Kotepa (“escribe que algo queda”) o aquel eterno epígrafe sobre la escritura automática (“escribe, algo tendrá de valor cuando lo revises”) como si escribir fuera tan fácil. Y no me refiero a la formalidad ortográfica, la exactitud gramatical o el consagrado estilo. Hablo del pensar, del capturar la realidad en su esencia y ser capaz de plasmarlo textualmente. En esta época de autoengaño, fantasía, virtualidad y desinformación (&lt;i&gt;doxa&lt;/i&gt; pura, pues), escribir es un acto de valentía, dado el altísimo riesgo que ello implica. Hay &lt;i&gt;ignorantes felices&lt;/i&gt; que escriben sin saber cuánto están poniendo en juego; hay tantos &lt;i&gt;docto de papel&lt;/i&gt; que ni siquiera se percatan tangencialmente de cuánta estupidez están destilando ¡públicamente! Porque además escribir es desnudarse, mostrarse sin artilugios. Está bien, la retórica es el ropaje, pero ni siquiera eso salva un mal planteamiento, el pensamiento erróneo, la miserabilidad del sujeto escribiente que no sabe qué está haciendo.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Cuando escribimos estamos &lt;i&gt;haciendo&lt;/i&gt; algo más que escribir. Pregúntenle a Austin o a Searle. Estamos pensando en voz alta, pero ¿cuántos saben pensar? Estamos expresándonos y ¿cuántos están preparados para exponerse? Estamos comunicándonos y ¿cuántos tienen claro su contexto? Académicos, literatos, periodistas, publicistas, guionistas, epistolarios, en su gran mayoría, esa que no se ve, que no se difunde y, por tanto, que no se lee ni se conoce, está hundida en ese mismo mundo oscuro, frío y solitario en el cual los temerosos a la escritura estamos soterrados. Autoengañados, ingorantes y miedosos convivimos juntos entre el fango y el estiércol de la angustia desoladora del mundo textual no expresado.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;No quiero concluir con un llamamiento, un exhorto o algo por el estilo. No cabe, no es el lugar, no es la ocasión. Pero creo que con los años viene el desenfado y la distorsión de las reales dimensiones del ridículo o la impostura. Por eso escribo estas líneas. Reitero mi decisión de declararme &lt;i&gt;escriptofóbico&lt;/i&gt;, porque dicen que con el reconocimiento de una patología viene la aceptación y luego la bifurcación entre la resignación o la cura. Yo opto por intentar curarme y, por ello, escribo. Con un miedo aterrador, con resignación, pero escribo.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2022/03/me-declaro-escriptofobico.html</link><author>noreply@blogger.com (Profesor Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEj74WVmRw6bYUXtagivscHrhsBXlNhcgY5BubQ13B9tNXCDaN6YsQnJi7XqKn7IVx8KpYSvLDMklHaRX9acvGgtRk4YVN13C1gvfOPxQRzSyErjl64iVXN8qOb6On0M_SDCD57tNkjX_7KaAGdwQqkOxe25luWm--gfSTMRWS0IaYRSl7t4xlcG2n6BHw=s72-w379-h198-c" height="72" width="72"/><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-2709349897277707959</guid><pubDate>Thu, 10 Mar 2022 17:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2022-03-13T18:11:12.126-04:00</atom:updated><title>La polémica Althusser-Thompson: Una confrontación discursiva (Ensayo)</title><description>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEgLtEjmcnNXga65yV8tKL3dWc2j2ebNnWXrzD7lfpN-9AHFMfmnhNad_W_Y4inOxjn-MbekKyNwxDl3UQTGl-kUC_V3mKVxX7f4ROTI5q6VElIRfj7sfRbw6I6YLgB0K9Enr5uxYpz5rYb7X7l2JYN5FldO6dflk-TnXXpUnxhpuDZ_Gob2zyzSqvhtkQ=s479&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;479&quot; data-original-width=&quot;301&quot; height=&quot;320&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEgLtEjmcnNXga65yV8tKL3dWc2j2ebNnWXrzD7lfpN-9AHFMfmnhNad_W_Y4inOxjn-MbekKyNwxDl3UQTGl-kUC_V3mKVxX7f4ROTI5q6VElIRfj7sfRbw6I6YLgB0K9Enr5uxYpz5rYb7X7l2JYN5FldO6dflk-TnXXpUnxhpuDZ_Gob2zyzSqvhtkQ=s320&quot; width=&quot;201&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;i&gt;(Ensayo escrito para la asignatura Saber histórico, dictada por el profesor venezolano Leonardo Bracamonte en el Doctorado de Historia del CNEH)&lt;/i&gt;



















&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Para alcanzar el anhelado estatus de ciencia, la historiografía ha
tenido que enfrentar no pocos avatares. Uno de los primeros retos de la
Historia (con H mayúscula), para ser reconocida como ciencia, fue determinar claramente
su objeto de estudio. Como hemos referido en otros ensayos, al reflexionar sobre
cuál debería considerarse tal objeto, una de las más citadas definiciones es la
de Bloch (1949), quien definió como objeto de la historia al ser humano en el
tiempo&lt;a href=&quot;#_ftn1&quot; name=&quot;_ftnref1&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn1;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
Similar referencia hace Collingwood (1946) al señalar, como la “clase de cosa
que averigua la historia”, los actos humanos que han sido realizados en el
pasado&lt;a href=&quot;#_ftn2&quot; name=&quot;_ftnref2&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn2;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
En ambas definiciones observamos como el propósito de los estudios históricos, y
por tanto su objeto, es el ser humano y su devenir (su temporalidad) en el
plano material.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Otro de los grandes retos de la Historia, en la búsqueda de su
estatus científico, fue determinar la naturaleza o diferenciación de ese objeto
en el contexto de la conformación de otras ciencias o disciplinas científicas,
específicamente, en el marco de una de las empresas más importante de la modernidad,
según Wallerstein (1996): la construcción del conocimiento secular.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Definido que el objeto de la Historia es el ser humano y su
temporalidad o devenir en el plano material nos encontramos con un primer problema:
históricamente la realidad externa al humano ha sido y aún es considerada
objeto exclusivo de las ciencias físicas, mientras que la denominada realidad
humana se ubica en el espacio de las ciencias del espíritu o humanas. Aquí ya observamos
un ejemplo de lo que denominamos en este trabajo &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;confrontación discursiva&lt;/i&gt;, esta vez entre las ciencias naturales o físicas
y las ciencias humanas.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Hablamos de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;confrontación
discursiva&lt;/i&gt;, pues las polémicas, en el área científica, no se limitan a un
debate argumentativo entre dos posturas teóricas o paradigmáticas. Cuando
hablamos de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;confrontación discursiva&lt;/i&gt;,
nos referimos a que dichas posturas son ideológicas pues en su materialización
(libros, artículos, debates, conferencias, conformación de departamentos o
centros académicos y de estudio, entrevistas e intervenciones mediáticas) no
sólo se enfrentan posturas exclusivamente teóricas, sino también &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;discursos&lt;/i&gt;, es decir, expresiones y
prácticas sociales de individuos, grupos humanos y sus instituciones, en fin, de
entes sociales que actúan en contextos determinados y, en consecuencia, en la
mayoría de los casos, con intencionalidades estrictamente extra-textuales.&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;En este brevísimo ensayo, nos concentraremos en cómo la Historia
ha sido uno de los centros de esos debates discursivos, tal vez el más visible.
Se trata de la ubicación de la Historia como eje central en la permanente confrontación
discursiva entre los dos principales paradigmas teóricos, ideológicos y, por
tanto, políticos: el idealismo y el materialismo. Y cerraremos con uno de los casos
más emblemáticos de esa diatriba: la polémica entre el filósofo francés Louis
Althusser y el historiador británico Edward Thompson. En otras palabras, entre
una teoría acusada de excesivamente teórica (valga la redundancia) y ahistórica
(sin sujeto) y la historiografía inglesa marcadamente defensora del
materialismo histórico de Marx.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;p&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Primer estadio de confrontación:
Dilthey y las ciencias del espíritu&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;



&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Exponemos como primer estadio del enfrentamiento discursivo en
torno a la Historia las reflexiones de Wilhelm Dilthey (1833-1911). Este
pensador alemán dio un paso importante en el intento de darle el estatuto
definitivo de ciencia a los estudios humanísticos y, por ende, a la Historia.
La vía fue poner a dialogar, precisamente, los dos paradigmas científicos
dominantes y enfrentados (las ciencias naturales y las incipientes ciencias
humanas) no por la determinación de su objeto de estudio sino por la
legitimidad o no de sus métodos.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;La idea de Dilthey era edificar una sólida base filosófica a las
ciencias humanas que, en consecuencia, fundamentara su &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;método científico&lt;/i&gt;. Ya con una fundamentación metodológica
establecida, al igual que las ciencias naturales, ello permitiría el tan
anhelado reconocimiento de las humanidades como ciencia. Su idea era conciliar
el empirismo de las ciencias naturales con el idealismo de las nacientes
ciencias humanas.&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;A finales del siglo XIX&lt;a href=&quot;#_ftn3&quot; name=&quot;_ftnref3&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn3;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;sup&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;,
Dilthey partió su reflexión desde la noción hegeliana de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;espíritu&lt;/i&gt;, es decir, del autoconocimiento o la búsqueda constante de
conocimiento que mantiene el ser humano, no sólo de su realidad material
(empírica), sino fundamentalmente de su esencia universal. Entonces, en este
punto, se diferencia la realidad empírica como objeto de las ciencias naturales
y la realidad histórica-social, por excelencia, como objeto de las ciencias del
espíritu.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Esta situación debía plantearse, pues desde bien entrado el siglo
XIX las ciencias naturales ya habían alcanzado cierto reconocimiento, mientras
que disciplinas como la filología y la historia, entre otras, aún no era
reconocidas como ciencias por lo que se empeñaron en lograr un estatus
equivalente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Hottois (1997) explica que ante esta situación se abrieron dos
caminos posibles. Por una parte, las nuevas ciencias debían asumir el estudio
del ser humano y sus producciones (sus textos, su cultura, instituciones,
etcétera) desde el ideal metodológico de las ciencias naturales. Es decir, como
causales, cuantificables y desde una absoluta objetividad. O, por otro lado,
era necesario asumir que dado que su campo específico e irreductible de
investigación son las expresiones de la subjetividad individual y colectiva,
ello requiere un enfoque propio y diferenciado de las ciencias naturales&lt;a href=&quot;#_ftn4&quot; name=&quot;_ftnref4&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn4;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;sup&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Ese enfoque propio y diferenciado, en la propuesta de Dilthey,
tiene como eje fundamental la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;hermenéutica&lt;/i&gt;
por su carácter epistemológico del &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;comprender-interpretar&lt;/i&gt;,
en contraposición a la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;explicación&lt;/i&gt;,
propia de las ciencias naturales.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;El debate, el cual para Hottois se extiende hasta casi el siglo
XXI, es fundamentalmente epistemológico, pues intenta determinar las formas de
saber-conocer en relación con el objeto de estudio, y además metodológico, ya
que trata de definir los métodos apropiados para la obtención de esos saberes&lt;a href=&quot;#_ftn5&quot; name=&quot;_ftnref5&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn5;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;sup&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;El texto fundamental para entender el enorme esfuerzo de Dilthey
para alcanzar el reconocimiento de las ciencias humanas (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Geiseswissenschaften&lt;/i&gt;) como una forma de saber tan legítima como las
ciencias naturales (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Naturwissenschaften&lt;/i&gt;)
es su &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Introducción a las ciencias del
espíritu&lt;/i&gt;, cuyo primer tomo fue publicado en 1883. En el prólogo de la obra,
Dilthey comienza explicando su propuesta: trabar (vincular) un &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;método histórico&lt;/i&gt; con otro &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;sistemático&lt;/i&gt;, para tratar de darle una fundamentación
filosófica a las ciencias del espíritu “con el mayor grado de certeza”&lt;a href=&quot;#_ftn6&quot; name=&quot;_ftnref6&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn6;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;sup&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;. Aquí
nos encontramos con elementos claves para entender el planteamiento preliminar
del pensador alemán. En primer lugar, el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;método
histórico&lt;/i&gt;. Dilthey intenta establecer los fundamentos filosóficos de las
ciencias humanas a partir de una historización del pensamiento precedente de
cara a hallar una evolución teórica similar a la que favoreció a los estudios
de la naturaleza para lograr su estatus como ciencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 11pt; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;“El método histórico sigue la marcha del
desarrollo en el cual la filosofía ha pugnado hasta ahora por lograr semejantes
fundamentos; busca el lugar histórico de cada una de las teorías dentro de este
desarrollo y trata de orientar acerca del valor, condicionado por la trama
histórica, de esas teorías; adentrándose en esta conexión del desarrollo quiere
lograr también un juicio sobre el impulso más íntimo del actual movimiento
científico”&lt;a href=&quot;#_ftn7&quot; name=&quot;_ftnref7&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn7;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;sup&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 11pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Lo que asoma Dilthey es que con dicha historización del
pensamiento filosófico podrá homologar los fundamentos de las ciencias
naturales, por un principio de semejanza, con las bases que busca asentar para
las ciencias humanas. Aquí encontramos también el primer blanco de las críticas
a la propuesta de Dilthey, su excesivo historicismo, es decir, el determinismo
impuesto al &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;saber histórico&lt;/i&gt;. Sin
embargo, también vemos el papel preponderante de la Historia para otorgar el
estatuto científico, no solo a sí misma sino también a todas las ciencias
humanas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Una vez el método histórico justifique la naturaleza y la validez
del carácter científico de las humanidades (hasta entonces ciencias del
espíritu), con una epistemología producto de su propia historia, esto enlazará
con un método sistemático que producirá una metodología que, en concreto, será
el último paso para alcanzar ese carácter científico al estudio del ser humano
como esencia. Para Dilthey, repito, la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;hermenéutica.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Para el objetivo de este breve ensayo, podemos observar que ya
desde las tempranas reflexiones de Dilthey sigue siendo evidente la tensión
existente entre &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;lo intangible&lt;/i&gt; de las
ciencias humanas y &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;lo materialmente
observable&lt;/i&gt; de las ciencias naturales, y cómo algunas de las primeras,
específicamente las que identifica como las &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ciencias
de la sociedad &lt;/i&gt;y la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;historia&lt;/i&gt;
seguían “hasta muy entrado el siglo en la vieja servidumbre con respecto a la
metafísica”&lt;a href=&quot;#_ftn8&quot; name=&quot;_ftnref8&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn8;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;sup&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;La referencia a la metafísica es reveladora, pues será la
perspectiva de la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;filosofía primera &lt;/i&gt;(como
la llamó Aristóteles) o metafísica la que dará cuenta de cuál es la esencia del
objeto de las ciencias del espíritu.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Tanto las humanidades como las ciencias naturales tendrán por
objeto la realidad, la cual es también el objeto de la metafísica. Por tal
motivo, será clave la definición sustancial de cada objeto, en el primer caso
inmaterial, y por tanto histórica y social; y, en el caso de las ciencias
naturales, la realidad física o material.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;A pesar de ello, Dilthey no descarta la incidencia determinante
del pensamiento del ser humano en la realidad material, al referirse a cómo las
ideas se concretan o materializan, por ejemplo, en Francia con la Revolución de
1789.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Se hace evidente, entonces, en este primer estadio, la tensión &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad material-realidad humana&lt;/i&gt; que ha
signado y signará hasta la actualidad la confrontación entre paradigmas científicos,
en el que la Historia es uno de los puntos centrales de dicha discusión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Segundo estadio:
Wallerstein y la conformación de las ciencias sociales&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Lo que hemos referido hasta ahora no descarta que la confrontación
discursiva entre idealismo y materialismo no existiera en estadios históricos anteriores
a Dilthey y su propuesta hermenéutica del siglo XIX. Ya se conoce que desde los
presocráticos y, fundamentalmente, entre el idealismo platónico y la física
aristotélica, así como en sus traducciones e interpretaciones (en su mayoría
del mundo árabe), tanto en la filosofía cristiana como en la medieval, ya se
daba con fuerza ese enfrentamiento. Sin embargo, es con la modernidad y sus
proyectos institucionales que los debates intelectuales, teóricos y
filosóficos, es decir, científicos, tomaron un nuevo matiz.&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Para Wallerstein (1996) estos debates, en el que ya se
confrontaban disciplinariamente el idealismo y el materialismo, en el marco de
la creación de las universidades (siglos XVIII y XIX) como principales
proyectos de la modernidad, generaron un nuevo escenario de disputa
epistemológica en la que se enfrentaban dos discursos antagónicos. La creación
de las disciplinas se erigieron como muros protectores de espacios de poder en
la naciente academia secular, en la que dichos discursos se evidenciaban en
materializaciones o concreciones de cada bando. Ello tenía que ver con
decisiones a nivel organizacional, la creación institucional de dichos
espacios, la batalla de recursos financieros aportados por los Estados y la consecuente
reactivación de las universidades.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Esa situación discursiva, es decir, no meramente teórica, para el
autor se tradujo en en surgimiento de las ciencias sociales en el siglo XVIII,
cuyas características de tensión entre el carácter empírico y el carácter
inmaterial o humano permanente se mantuvieron casi iguales hasta mediados del
siglo XX (1945).&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Originalmente, surgidas para el estudio y reflexión acerca de la
naturaleza humana, las ciencias sociales, como una continuación de lo que
describimos antes como ciencias del espíritu (Dilthey) o ciencias humanas, se erigieron
como herederas de la sabiduría filosófica en el mundo moderno para la
construcción del conocimiento secular, pero en una permanente búsqueda de su
validación empírica. Es decir, como un nuevo intento de conciliación del mundo social
(espíritu/intangible) con el mundo material (extensión/experiencia) para darle
validez científica a las nuevas disciplinas que se avocarían a estudiar al ser
humano y su entorno.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Ello provocó no pocos problemas. En primer lugar, la invasión de
dos premisas de las ciencias exactas en las ciencias humanas o sociales: la
simetría pasado-futuro de Isaac Newton y la persistencia del dualismo
cartesiano. La primera influyó negativamente en lo que denominó después como
determinismo histórico o historicismo, es decir, la proyección ineludible de
que eventos del pasado se reprodujeran con exactitud en el futuro. Es decir,
una visión teleológica irreversible, única y determinista de la humanidad y de
su historia. La segunda, remarcó el viejo problema científico de separar sujeto
y objeto de investigación para lograr la validez de lo estudiado y sus
productos. Ambas tuvieron un alto impacto en el rol asignado a estas
disciplinas en cuanto a su relación con el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;progreso&lt;/i&gt;,
pues éste podía preverse (incluso promoverse y dirigirse), lo cual es aún muy
discutible, y la renombrada &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;objetividad&lt;/i&gt;
científica, como condición obligada de toda disciplina para ser considerada
ciencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Wallerstein explica cómo afectó este exceso de objetividad. En
aras de lograr una visión objetiva de la realidad humana y darle estatus de
ciencia a los estudios humanísticos, cuenta cómo “nuestra vivienda pasada y
presente empezó a parecerse cada vez menos al hogar y cada vez más a una
plataforma de lanzamiento”&lt;a href=&quot;#_ftn9&quot; name=&quot;_ftnref9&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn9;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;
desde donde los científicos podían emprender sus investigaciones a un cosmos
cada vez más complejo e inaprensible. Por tal razón, expone, la filosofía se
constituyó para los científicos como “un mero sustituto de la teología”,
culpable de todas las afirmaciones &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;a
priori&lt;/i&gt; y de verdades imposibles a poner a prueba. Cuestiones imposibles de
explicar por su naturaleza compleja, diría Dilthey, sino susceptibles solo a la
interpretación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Esto que parecía ser una conciliación definitiva entre ciencias
naturales y ciencias humanas, la objetividad científica, al contrario, se
convirtió en un nuevo motivo de separación entre ambos paradigmas. Sin embargo,
la necesidad del naciente Estado moderno obligó a fundamentar de alguna forma
(formalidad) sus decisiones políticas y de gestión pública, reactivando así las
universidades y promoviendo en consecuencia la disciplinarización y
profesionalización del conocimiento. También influyó, por supuesto, la ola de
cambios sociales y de orden político, contexto que hizo que historiadores, entre
otros profesionales de las ciencias humanas, resucitaran las universidades ya
entrado el siglo XIX. Esto se debe a que había una necesidad de reconstituir el
tejido social de los nuevos Estados y, ante esta tarea, las universidades se
volcaron a la comprensión de la realidad humana y a la construcción de relatos
históricos que unificarán las instituciones modernas.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;No obstante, ello no desdibujó el divorcio entre ambos paradigmas
y la Historia, ahora como ciencia social, quedó atrapada en el medio, siendo la
primera en ser reconocida como tal. Para ello contribuyó que la historiografía
no se limitó más al relato de hechos pasados sino a la comprensión del pasado a
partir de un estudio objetivo de “lo que realmente pasó”, con base en
evidencias empíricas, analizadas desde una perspectiva de objetividad y
rigurosidad científicas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;A pesar de todo lo descrito, la tensión entre el paradigma de las
ciencias naturales (materia/física) y las ciencias humanas
(extensión/metafísica) no cesó y ha ello ha quedado evidenciado en nuevos
capítulos del desarrollo histórico de las ciencias sociales, como señala
Wallerstein, en cuanto a la confrontación de la filosofía de Augusto Comte, la
impronta de John Stuart Mill o, más recientemente, luego de la finalización de
la II Guerra Mundial (1945), la expansión global de las universidades, la
internacionalización de los programas de investigación, el dominio hegemónico
de los centros de poder científico y los cambios geopolíticos mundiales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;En este segundo estadio se puede concluir que la Historia, como
ciencia social reconocida, sigue estando en el medio de la polémica por servir
de visagra entre el desarrollo histórico de aspectos materiales (devenir de la
realidad) y el desarrollo histórico del ser humano (devenir humano en la
realidad).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Tercer estadio: Althusser
vs. Thompson&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Llegamos aquí a los que nos compete sustancialmente en este breve
ensayo: la polémica entre el filósofo francés Louis Althusser y el historiador
británico Edward Thompson, uno de los capítulos más significativos de la
tensión entre dos discursos científicos antagonistas por excelencia: el
idealismo y el materialismo. El primero, como ya hemos advertido, excesivamente
filosófico, teórico y, por tanto, ahistórico (historia sin sujeto); y el
segundo empírico, realista y, por tanto, materialista, específicamente, desde
el materialismo histórico original de Karl Marx.&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;A mediados de los años 60, época de una gran convulsión política,
social y, como consecuencia de ello, académica, el filósofo francés Louis
Althusser (1918-1990) propuso una serie de planteamientos que se concretaron en
dos obras muy importantes: &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La revolución
teórica de Marx&lt;/i&gt; (1965) y &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Para leer El
capital&lt;/i&gt; (1967).&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Para Alvira (2010), &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La
revolución teórica de Marx&lt;/i&gt; tuvo como propósito fundamental, como su nombre
lo indica, evidenciar y justificar el alcance y la naturaleza revolucionaria,
desde una perspectiva netamente teórica, en los aportes de la obra de Karl Marx.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 11pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;“Pensar la «novedad radical» de
la aportación teórica de Marx en conceptos «adecuados» a su objeto”&lt;a href=&quot;#_ftn10&quot; name=&quot;_ftnref10&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn10;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 11pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 11pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Por su parte, los dos textos de Althusser, recogidos en el
proyecto colectivo &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Para leer El capital&lt;/i&gt;,
se centran en diferenciar &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El capital&lt;/i&gt;
de la economía política, el cual identifica como un discurso ideológico, de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El capital&lt;/i&gt; de Marx, el cual describe (o
intenta describir) como un discurso exclusivamente científico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Según Alvira (2010), a pesar de las &lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;aclaraciones que desembocarán en su “autocrítica” de
1974, estos textos de Althusser “son el núcleo de su lectura estructuralista
del marxismo, además de ser las más influyentes y extendidas”&lt;a href=&quot;#_ftn11&quot; name=&quot;_ftnref11&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn11;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;Hablando desde el discurso, es decir, no
desde una perspectiva meramente textual, los trabajos de Althusser respondieron
a un propósito extra-textual, el cual el mismo autor, en el caso de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La revolución teórica de Marx&lt;/i&gt;, los
expresó claramente en el prólogo de la segunda edición, al identificar sus
textos como “intervenciones de carácter político en una coyuntura definida”&lt;a href=&quot;#_ftn12&quot; name=&quot;_ftnref12&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn12;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
Dicha coyuntura era la crisis teórica, ideológica y política de Francia de
mediados de los 60, particularmente del partido comunista francés, ante lo que
se denominó el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Diamat&lt;/i&gt; soviético o
vulgarización estalinista del materialismo histórico de Marx, expresado en el
uso desmedido de manuales, interpretaciones erróneas, textos aislados y
panfletos que desdibujaron, a juicio de Althusser, el carácter científico de la
propuesta original de Marx.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;Para Althusser era preciso diferenciar lo “material”
de lo “ideal”, núcleo de las polémicas discursivas que hemos señalado en torno
a la Historia, y fundamentar desde allí el aporte de Marx en lo teórico-científico.
Si Marx planteaba una revolución teórica y científica, había que definir la
distinción entre el objeto real del objeto del conocimiento y concentrar los
esfuerzos en y para ello. Según Rodríguez (2013) este planteamiento, como línea
maestra, sostiene y al mismo tiempo destruye el pensamiento de Althusser por su
excesivo filosofismo. ¿Es posible que la filosofía sea fundamento y centro de
toda estrategia política e ideológica?, se pregunta&lt;a href=&quot;#_ftn13&quot; name=&quot;_ftnref13&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn13;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;Según el pensador francés la filosofía
siempre fue sustantiva, es decir, aunque ideal o inmaterial pero siempre guarda
una relación o anclaje con la realidad material. Sin embargo, a juicio de
Rodríguez, lo que desmonta del propio planteamiento althusseriano es que en
ambas obras comentadas la filosofía se erige como una “teoría de las teorías”,
incluso científica, lo cual deja por fuera gran parte de lo que en lo
sustantivo las fundamenta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;No obstante, Althusser fue terco en lograr
su objetivo de conciliar la filosofía con el marxismo, viendo su punto de
encuentro, precisamente, en la política o, mejor dicho, en la coyuntura
política que estaba viviendo no sólo el partido comunista francés, sino también,
como advierte en el ya citado prólogo, en “todo el movimiento comunista
internacional”. Pero su empresa la inició en un momento difícil tanto para la
filosofía como para la política, el cual Rodríguez (2013) identifica también como
una crisis, pero precisamente de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;sustantivización&lt;/i&gt;.
En otras palabras, el eterno conflicto entre lo ideal-filosófico y la materialización
de sus planteamientos. Por tal motivo, por ejemplo, &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La revolución teórica de Marx&lt;/i&gt; produjo sarcasmos entre la
intelectualidad de izquierdas: ¿Una revolución solo en la teoría? Y fue eso lo
que se constituyó como el motor de Althusser: demostrar tal revolución marxista
en el campo teórico y científico.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;El logro de Althusser, a juicio de
Rodríguez (2013), fue determinar un tipo de pensamiento cuyo fundamento u
horizonte es la explotación humana, un &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;pensamiento
desde la explotación&lt;/i&gt;, no solo desde una perspectiva economicista (base de
su crítica radical a las lecturas precedentes de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El capital&lt;/i&gt;) sino desde toda la producción social.&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;A pesar de estos alcances “positivos”, la
reacción más virulenta o frontal contra el Althusser de mediados de los 60,
provino de Reino Unido, específicamente del historiador británico Edward
Thompson, para quien los planteamientos del filósofo francés se constituyeron
como un ataque, precisamente, contra lo que a su juicio es el mayor aporte de
Marx: la visión materialista de la historia.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;La polémica más virulenta, en el seno de las ciencias sociales, se
inició en 1978 con la publicación del libro &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Miseria
de la teoría&lt;/i&gt;, escrito por Thompson, una respuesta contundente y frontal de
lo que acusó como un tipo de “intelectualismo” en los planteamientos y obras de
&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Althusser y sus acólitos, agrupados en
lo que se comenzó a denominar entonces como marxismo estructural o estructuralismo
marxista. Para Thompson, esa postura “intelectualista” (excesivamente “filosofista”
según ya comentamos de Rodríguez, 2013) constituyó un ataque de la retaguardia
“más marxista que Marx” contra el materialismo histórico, del cual Thompson se
plantó como su más firme defensor.&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Dos son las acusaciones injustas que señala Thompson en las
propuestas teóricas de Althusser y su lectura, a todas luces errónea, de la
obra de Marx. En primer lugar, el historiador inglés critica que Althusser
denuncie como excesivamente historicista al materialismo histórico. Y, en
segundo lugar, Thompson busca desmontar la presunta trampa empirista en la que,
según el pensador francés, ha caído el materialismo histórico.&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;En primer lugar, Thompson acusa a Althusser de hacer una lectura
parcial o superficial de las propuestas esenciales de Karl Marx. Estas “extravagancias”,
según Thompson, son las que constituyen la mayoría de la llamada historia de
las ideas, la cual califica como “historia de las extravagancias”.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Y es que el intelectualismo del cual acusa Thompson las propuestas
teóricas de entonces formuladas por Althusser, son esencialmente producto de un
uso o abuso estratégico del lenguaje, precisamente utilizado para lograr un
efecto de construcción retórica, tal como también lo señala Rodríguez (2013) al
exponer como un dato interesante ese “escritor enmascarado” que oculta el
verdadero rostro de Althusser en cuanto al empleo y repetición de ciertos
elementos lingüísticos (palabras y conceptos) expuestos sin mayor profundidad o
explicación (como su concepto de sobredeterminación), pero que por su colocación
táctica a nivel textual y la constante repetición de palabras (como hizo
precisamente con términos como Marx, Mao y Lenin), terminan “constituyendo” un
edificio teórico y retórico, pero vacío de contenido sustantivo, a juicio de
sus críticos. En otras palabras, una estrategia más discursiva que teórica, más
textual que científica.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;De hecho, Thompson acusa también un uso estratégico de postulados
de Marx para unos temas, pero su evidente escamoteo para otros asuntos tratados
por Althusser.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;A partir de eso, E.P. Thompson describe el marxismo althusseriano
no solo como un idealismo sino también como una teología. En otras palabras,
como una propuesta meramente teórica, basada en la fe ciega que cree puede
representar Marx para sus seguidores, en su mayoría militantes de la izquierda
francesa envueltos en una agria revisión del papel de los comunistas y de su
partido en el contexto convulso de esos años.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Para desmontar esas dos acusaciones (historicismo y empirismo),
Thompson formula ocho planteamientos, los cuales irá desarrollando
progresivamente a lo largo del libro. Sin embargo, él resalta los cuatro
primeros y que serán los que enumeraremos someramente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;En primer lugar, describe la epistemología althusseriana como la
derivación de un limitado proceso académico de adquisición de conocimientos,
por lo cual carece de validez general. Thompson, como buen inglés, no ataca a
la persona (argumento &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ad hominen&lt;/i&gt;)
pero sí frontalmente aquellos atributos “dudosos” de la persona, al desconfiar
abiertamente sobre la calidad intelectual del propio Althusser.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;En segundo término, denuncia que la propuesta teórica de Althusser
carece para su análisis de la categoría de la experiencia, lo cual es
fundamental porque este componente, o más bien la ausencia de éste, termina
siendo lo que constituye el carácter meramente idealista de las propuestas
althusseriana. A pesar de que Althusser acusa el materialismo histórico de ser
excesivamente empirista, para Thompson el pensador francés comete el mismo
error al no tomar en cuenta la experiencia. De hecho, este sería el primer
elemento para acusar al pensador francés de una historia o filosofía sin
sujeto, lo cual se constituye como la mayor crítica a los planteamientos de
esos años, años por cierto del inicio de su debacle emocional.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Seguidamente, para Thompson, Althusser confunde el empirismo con
el, a su juicio, necesario diálogo empírico. Al carecer de la categoría
experiencia, todo parece indicar que el pensador francés, además, rechaza no
sólo la experiencia humana sino también el devenir como elemento fundamental
del materialismo histórico y su proceso esencial: la dialéctica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Por último, Thompson compara a Althusser con el filósofo británico
Karl Popper, el más acérrimo crítico de supuesto historicismo de las ciencias
históricas, quien siempre desestimó la posibilidad de establecer leyes
inmanentes en la historia. Para Thompson, aunque Althusser y Popper llegan a
conclusiones distintas, ambos formulan una crítica similar (historicismo)
contra el materialismo histórico, a todas luces injustificado por parte del
historiador inglés.&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Estas críticas concretas, más otras descritas por Thompson, como
el carácter estático del estructuralismo althusseriano, la falencia de otras
categorías adecuadas para explicar sus propias contradicciones o su evidente
incapacidad de tratar (“salvo en su forma más abstracta y teórica”) cuestiones
referentes a los valores de la cultura y la teoría política, son desarrolladas
a través del libro que, en concreto, acusa de miserable (de allí el título) la
teoría althusseriana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;El arbitraje de Anderson
(y conclusiones)&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Alvira (2010) recuerda oportunamente para este ensayo la mediación
que intentó el también marxista británico Perry Anderson, quien antes ya había polemizado
públicamente con Thompson y que en 1978 publicó un libro ejerciendo una
especie de arbitraje entre las dos partes enfrentadas. Se trata de su texto &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Teoría, política e historia. Un debate con
E.P. Thompson&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 11pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Aunque en realidad fuera más un
cuestionamiento a las posiciones thompsonianas que una encendida defensa de
Althusser. De todos modos, para Anderson esta polémica representó “la primera
confrontación a gran escala de un historiador inglés con un gran sistema
filosófico del continente en el terreno del marxismo”, siendo necesaria además
“para el desarrollo del materialismo histórico un encuentro entre las dos
prolijas tradiciones representadas por Thompson y Althusser, respectivamente”&lt;a href=&quot;#_ftn14&quot; name=&quot;_ftnref14&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn14;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 11pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[14]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 11pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Esta afirmación resulta fundamental, pues como asomamos al inicio
de este ensayo, en la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;confrontación
discursiva&lt;/i&gt; (libros, artículos, ponencias, eventos, grupos de estudio,
prácticas sociales en general) que señalamos se enfrentan fundamentalmente los
discursos del idealismo teórico de Althusser, por una parte, y el materialismo
histórico de Thompson, por la otra, pero cuyo centro, para Anderson (como para
el propio Thompson), es la historiografía, es decir, la afectación directa que
tuvo la primera en las ciencias históricas y, en consecuencia, la defensa que
desde éstas hizo Thompson.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;En primer lugar, y así sucede en el orden de los capítulos del
texto de Anderson, éste se concentra en reflexionar lo que señala Thompson
sobre la historiografía. En este apartado inicia con tres preguntas: 1) ¿Cuál
es la naturaleza particular y el estatus de los datos empíricos en una
investigación histórica?; 2) ¿Cuáles son los conceptos apropiados para la
comprensión de los procesos históricos?; y 3) ¿Cuál es el objeto característico
del conocimiento histórico? Thompson, señala Anderson, expone y
contraargumenta cada planteamiento de Althusser al respecto y ofrece su propia
solución. En general, Thompson critica la “indiferencia radical” que la
epistemología de Althusser hacia los datos primarios de la investigación histórica.
Si bien no da explicación alguna acerca del carácter de esos datos es
fundamental entender que su origen principal es “la experiencia”. Y dicha
experiencia se da en un diálogo entre el sujeto investigador y el objeto
investigado. Entre la teoría, no como conocimiento &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;a priori&lt;/i&gt;, que no está la producción de conocimiento, sino en el
resultado que se da en cuanto esa teoría se confronta con la realidad
(experiencia). Para Anderson, allí está “el primer resbalón” de Althusser al
identificar erróneamente el conocimiento con ciencia, cuando éste debe pasar
por el tamiz que se origina en el diálogo teoría y la confrontación de los
datos empíricos, incluso si esos datos primarios ya han sido manipulados y
seleccionados por quienes lo hicieron posible. Sin embargo, también crítica la
“pobre defensa” que ha Thompson basándose únicamente en experiencias aisladas
de profesionales de la Historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;La reflexión de Anderson es mucho más profunda y recorre los
vericuetos filosóficos de la teoría del conocimiento (desde Spinoza hasta
Popper), para plantear en un escenario más amplio los aciertos y desaciertos de
Althusser y Thompson. Lo que rescatamos aquí es la reflexión que se da sobre la
legitimidad del proceso o método de acercamiento del investigador a los datos
primarios y de la pertinencia o no del conocimiento que se produce de esa
exposición, análisis o manipulación que hace éste de dichos datos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;En segundo lugar, Anderson dialoga con otro de los grandes temas
de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Miseria de la teoría&lt;/i&gt;, ya no acerca
de la problemática metodológica que plantea Althusser, sino en lo sustantivo.
Parte con otra interrogante: ¿Cuál es el papel o el valor de la acción humana
en la Historia? Anderson recuerda la crítica encarnizada de Thompson a la
afirmación de Althusser de que “la historia es un proceso sin objeto”. Tal vez
esta sentencia constituye la molestia intelectual más fuerte de Thompson contra
Althusser. Si en el capítulo precedente Anderson habla de las implicaciones
epistemológicas en el método histórico, ahora habla del desconocimiento que
hace Althusser del objeto de los estudios históricos, como vimos al principio
de este ensayo: el ser humano en el tiempo. Según Anderson, Althusser ve a las
hombres y a las mujeres individualmente como “soportes de las relaciones de
producción” y no como señala Thompson, una “herencia genuina de la teoría de
Marx”: los hombres y las mujeres son los agentes de la historia, “siempre
frustrados y siempre resurgentes de una historia no dominada”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;La Historia no es un proceso sin sujeto, es una práctica humana, y
por tanto el objeto de la historiografía ha de ser el ser humano como principal
agente, a diferencia de lo planteado por Althusser. Por tal motivo, Anderson
concentra el mayor número de páginas de su libro a explicar la acción humana en
la historia, para justificar al hombre y la mujer, no sólo como sujetos
dominados de la historia, sino como agentes de la propia historia, incluso
utilizando los argumentos de Thompson en su celebrada obra &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La formación histórica de la clase obrera inglesa&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Asimismo, Anderson recuerda el recorrido que hace Thompson en su
respuesta a Althusser para fundamentar una apología compleja del materialismo
histórico, haciendo una revisión exhaustiva y una nueva interpretación de Marx
y del marxismo, para reformular así el objeto de la historiografía en general y
del materialismo histórico en particular. Ya no se trata solo del ser humano y
su acción, sino de alcanzar “un conocimiento unitario de la sociedad”, una
tarea que ha mantenido las generaciones posteriores de historiadores marxistas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Por último, “una vez ha demolido la estructura intelectual de la
teoría de Althusser”, Thompson concluye su &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Miseria
de la teoría&lt;/i&gt; analizando los tres grandes momentos de la historia del
movimiento socialista posterior a la muerte de Marx. Luego de eso, Anderson
comenta los retos de la izquierda internacional, no solo posterior a los
planteamientos de Thompson a Althusser, sino también a partir de sus críticas
la célebre revista &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;New Left Review&lt;/i&gt;,
del cual fue fundador.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;En conclusión, podemos observar cómo la historiografía o las
ciencias históricas, desde la conformación de las disciplinas de las ciencias
sociales, hasta la confluencia o divergencia de corrientes epistemológicas,
teóricas y/o filosóficas, ha sido centro de diversas disputas no sólo de
talante científico sino también de tipo discursivo, es decir, no sólo
individualidades, sino también grupos humanos y instituciones. Ello se debe a
que en la Historia, como ciencia social y como en ninguna otra disciplina
científica, convergen tanto los elementos materiales de la realidad como los
componentes complejos de la realidad humana, aspectos fundamentales que debemos
tener en cuenta para la defensa del carácter científico de la historiografía y,
sobre todo, para la valoración que de ésta debe tener la sociedad en su
conjunto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Bibliografía&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;



&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Althusser, L. (1965). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La
revolución teórica de Marx&lt;/i&gt;. México: Siglo XXI, 1968&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Althusser, L. y E. Balibar (1967). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Para leer El capital&lt;/i&gt;. México: Siglo XXI, 1974&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Alvira, P (2010). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Epistemología
y Ciencia Histórica en la polémica Thompson–Althusser&lt;/i&gt;. RHA, Vol. 8, Núm. 8
(2010), 141-152. Consultada en línea el 3 de marzo de 2022. En: &lt;a href=&quot;https://historia-actual.org/Publicaciones/index.php/rha/article/view/597&quot;&gt;https://historia-actual.org/Publicaciones/index.php/rha/article/view/597&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Anderson, P. (1985). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Teoría,
política e historia. Un debate con E.P. Thompson&lt;/i&gt;. Madrid: Siglo XXI&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Bloch, M. (1949). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Apología
para la historia o el oficio del historiador&lt;/i&gt;. México: Fondo de Cultura
Económica, 2018&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Collingwood, R. (1946&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;). Idea
de la historia&lt;/i&gt;. México: Fondo de Cultura Económica, 2011&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;Dilthey,
W. (1883). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Introducción a las ciencias
del espíritu&lt;/i&gt;. México: Fondo de Cultura Económica, 1949&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;Hottois, G. (1997. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Historia de la filosofía. Del renacimiento a la posmodernidad&lt;/i&gt;.
(Barcelona: Cátedra, 1999&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Rodríguez, J. (2013). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;De qué
hablamos cuando hablamos de marxismo&lt;/i&gt;. Madrid: Ediciones AKAL&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Thompson, E. (1978). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Miseria
de la teoría&lt;/i&gt;. Barcelona: Crítica, 1981&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;Wallerstein, I. (1996). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Abrir las ciencias sociales&lt;/i&gt;. México: Siglo
XXI&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;div style=&quot;mso-element: footnote-list;&quot;&gt;&lt;br clear=&quot;all&quot; /&gt;

&lt;hr align=&quot;left&quot; size=&quot;1&quot; width=&quot;33%&quot; /&gt;



&lt;div id=&quot;ftn1&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref1&quot; name=&quot;_ftn1&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn1;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;
&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;Marc Bloch. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Apología para la historia o el oficio del
historiador&lt;/i&gt;. (México: Fondo de Cultura Económica, 2018), 58&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn2&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref2&quot; name=&quot;_ftn2&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn2;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;
&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;R.G. Collingwood. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Idea de la historia&lt;/i&gt;. (México: Fondo de
Cultura Económica, 2011), 69&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn3&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref3&quot; name=&quot;_ftn3&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn3;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt; El primer volumen de la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Introducción a las ciencias del espíritu&lt;/i&gt;
fue publicado en 1883.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn4&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref4&quot; name=&quot;_ftn4&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn4;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt; Gilbert Hottois. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Historia de la filosofía. Del renacimiento a la posmodernidad&lt;/i&gt;.
(Barcelona: Cátedra, 1999), 368&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn5&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

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versión del texto original traducida, prologada y revisada (con prólogo,
epílogo y notas de su autoría) por el destacado filósofo y traductor español
Eugenio Imaz (1900-1951) para el Fondo de Cultura Económica (FCE)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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Wilhelm Dilthey. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Introducción a las
ciencias del espíritu&lt;/i&gt;. (México: Fondo de Cultura Económica, 1949), 31&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;I. Wallerstein. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Abrir las ciencias sociales&lt;/i&gt;. (México:
Siglo XXI, 1996), 7&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-ascii-font-family: Cambria; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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Núm. 8 (2010), 141-152&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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revolución teórica de Marx&lt;/i&gt;. (México: Siglo XXI, 1969), IX&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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hablamos cuando hablamos de marxismo&lt;/i&gt; (Madrid: AKAL, 2013), 166&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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Alvira. &lt;/span&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES; mso-ascii-font-family: Cambria; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;Epistemología y Ciencia Histórica en la
polémica Thompson–Althusser&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES; mso-ascii-font-family: Cambria; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-hansi-font-family: Cambria;&quot;&gt;. RHA, Vol. 8, Núm. 8 (2010), 141-152&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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	{page:WordSection1;}&lt;/style&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2022/03/la-polemica-althusser-thompson-una.html</link><author>noreply@blogger.com (Prof. Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEgLtEjmcnNXga65yV8tKL3dWc2j2ebNnWXrzD7lfpN-9AHFMfmnhNad_W_Y4inOxjn-MbekKyNwxDl3UQTGl-kUC_V3mKVxX7f4ROTI5q6VElIRfj7sfRbw6I6YLgB0K9Enr5uxYpz5rYb7X7l2JYN5FldO6dflk-TnXXpUnxhpuDZ_Gob2zyzSqvhtkQ=s72-c" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-113171213410000034</guid><pubDate>Sat, 13 Nov 2021 15:43:00 +0000</pubDate><atom:updated>2021-11-13T11:51:13.081-04:00</atom:updated><title>Mientras hay estudiantes, hay esperanza...</title><description>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjPlyg1lobQ7JGHCbetQ9S2Gs2_Bn7KAsxfTZj_9rRBG8Z5nQmAO2OgO3lkxZlfBpOJleN-r7Caxa6pLUnY0XoqMfqhyIRirjPp79A7a465zfRlsiN0BtqObjn53siUP80WMM2h4K6TZj1f/s960/252041825_10161382272333047_1501253743814631664_n.jpg&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;720&quot; data-original-width=&quot;960&quot; height=&quot;308&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjPlyg1lobQ7JGHCbetQ9S2Gs2_Bn7KAsxfTZj_9rRBG8Z5nQmAO2OgO3lkxZlfBpOJleN-r7Caxa6pLUnY0XoqMfqhyIRirjPp79A7a465zfRlsiN0BtqObjn53siUP80WMM2h4K6TZj1f/w410-h308/252041825_10161382272333047_1501253743814631664_n.jpg&quot; width=&quot;410&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot;&gt;&lt;div class=&quot;ecm0bbzt hv4rvrfc ihqw7lf3 dati1w0a&quot; data-ad-comet-preview=&quot;message&quot; data-ad-preview=&quot;message&quot; id=&quot;jsc_c_52c&quot;&gt;&lt;div class=&quot;j83agx80 cbu4d94t ew0dbk1b irj2b8pg&quot;&gt;&lt;div class=&quot;qzhwtbm6 knvmm38d&quot;&gt;&lt;span class=&quot;d2edcug0 hpfvmrgz qv66sw1b c1et5uql oi732d6d ik7dh3pa ht8s03o8 a8c37x1j keod5gw0 nxhoafnm aigsh9s9 d3f4x2em fe6kdd0r mau55g9w c8b282yb iv3no6db jq4qci2q a3bd9o3v b1v8xokw oo9gr5id hzawbc8m&quot; dir=&quot;auto&quot;&gt;&lt;div class=&quot;kvgmc6g5 cxmmr5t8 oygrvhab hcukyx3x c1et5uql ii04i59q&quot;&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;Hace casi dos años (finales de febrero de 2020), antes de la cuarentena por el Covid-19, tomé esta foto y escribí el siguiente texto...&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;“Ayer la UCV estaba prácticamente sola. Muchas facultades y escuelas cerradas. Daba mi primera clase de Castellano I y supuse que no iría ningún estudiante.&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;En la mañana, mientras estaba en el Centro Nacional de Historia (CNH), recibí un mensaje: “Profesor, es un estudiante de nuevo ingreso y queremos saber si viene”. Le respondí: “Nuestro director Alejandro Terenzani escribió que no hay suspensión de clases y me acercaré. Entenderé si no llegan todos”.&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;Luego de cruzar una universidad desierta y puertas cerradas, llegué a la escuela y mi pana de seguridad me dijo; “Antonio, por ahí hay unos chamos de nuevo ingreso esperándote”.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;Pensé que era el que me había escrito y tal vez un par más.&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;Pero no. Contrario a lo que esperaba, estaba casi toda la nómina de estudiantes, todos de nuevo ingreso, ávidos de hablar con un profe y ansiosos de seguir experimentando el inicio de su carrera.&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;Íbamos a hablar unos minutos y hablamos más de una hora sobre lo maravilloso de estudiar, conocer, investigar y lo que compete en ese espacio: escribir.&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;Estaban expectantes y algo asustados. Más por el reto que tenían por delante que por la soledad de ese instante en la universidad.&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;Hay esperanza, hay futuro... ”.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2021/11/mientras-hay-estudiantes-hay-esperanza.html</link><author>noreply@blogger.com (Prof. Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjPlyg1lobQ7JGHCbetQ9S2Gs2_Bn7KAsxfTZj_9rRBG8Z5nQmAO2OgO3lkxZlfBpOJleN-r7Caxa6pLUnY0XoqMfqhyIRirjPp79A7a465zfRlsiN0BtqObjn53siUP80WMM2h4K6TZj1f/s72-w410-h308-c/252041825_10161382272333047_1501253743814631664_n.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-3246096675483547373</guid><pubDate>Sat, 13 Nov 2021 14:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2021-11-13T10:37:49.546-04:00</atom:updated><title>El hoyo</title><description>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjMJP3QHyyWJrf_sZq_1U9xzwdr4IGEimzx6Ldu-6dW8-aPvuRvDmBAVBF9cUGvPrK2uYjEsrhujLo8Xj-4rtW_ukgOgqeWunG6OMIChdksdwnDW1fpLPyvXD0gtCyL_9VC2U_qxu83Fmer/s1600/1e9bb06b6997c06ea3488d4398721f91.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;1067&quot; data-original-width=&quot;1600&quot; height=&quot;213&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjMJP3QHyyWJrf_sZq_1U9xzwdr4IGEimzx6Ldu-6dW8-aPvuRvDmBAVBF9cUGvPrK2uYjEsrhujLo8Xj-4rtW_ukgOgqeWunG6OMIChdksdwnDW1fpLPyvXD0gtCyL_9VC2U_qxu83Fmer/s320/1e9bb06b6997c06ea3488d4398721f91.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;div class=&quot;&quot; dir=&quot;auto&quot;&gt;&lt;div class=&quot;ecm0bbzt hv4rvrfc e5nlhep0 dati1w0a&quot; data-ad-comet-preview=&quot;message&quot; data-ad-preview=&quot;message&quot; id=&quot;jsc_c_1cw&quot;&gt;&lt;div class=&quot;j83agx80 cbu4d94t ew0dbk1b irj2b8pg&quot;&gt;&lt;div class=&quot;qzhwtbm6 knvmm38d&quot;&gt;&lt;span class=&quot;d2edcug0 hpfvmrgz qv66sw1b c1et5uql oi732d6d ik7dh3pa ht8s03o8 a8c37x1j keod5gw0 nxhoafnm aigsh9s9 d3f4x2em fe6kdd0r mau55g9w c8b282yb iv3no6db jq4qci2q a3bd9o3v b1v8xokw oo9gr5id hzawbc8m&quot; dir=&quot;auto&quot;&gt;&lt;div class=&quot;kvgmc6g5 cxmmr5t8 oygrvhab hcukyx3x c1et5uql ii04i59q&quot;&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;Todo es vacío&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;Yo soy la nada&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;Siento que soy como un hoyo&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;que se traga a sí mismo&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;que revienta en silencio&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;que se desvanece &lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;que reaparece como otro&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;en un espacio diferente&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;dónde todo es sombra y ruido a la vez.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2021/11/el-hoyo.html</link><author>noreply@blogger.com (Prof. Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjMJP3QHyyWJrf_sZq_1U9xzwdr4IGEimzx6Ldu-6dW8-aPvuRvDmBAVBF9cUGvPrK2uYjEsrhujLo8Xj-4rtW_ukgOgqeWunG6OMIChdksdwnDW1fpLPyvXD0gtCyL_9VC2U_qxu83Fmer/s72-c/1e9bb06b6997c06ea3488d4398721f91.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-290264496193471358</guid><pubDate>Sat, 13 Nov 2021 14:31:00 +0000</pubDate><atom:updated>2021-11-13T10:41:50.032-04:00</atom:updated><title>¿Libro digital vs. libro físico?</title><description>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjA_5FVam1i3TouwGefFLlOZ2sn2I7hx84TE_XahOvRhhlKGbI3szU5_G0HFYcdDjfPPW1jk7K6iFqGANShxn8Kuuoj9HmWTxdjONeq8SSZ_lDRyeeLTrnbqn7SXCT25tXBsirUWpYJ0o8Z/s730/ebook-730x390.jpg&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;390&quot; data-original-width=&quot;730&quot; height=&quot;171&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjA_5FVam1i3TouwGefFLlOZ2sn2I7hx84TE_XahOvRhhlKGbI3szU5_G0HFYcdDjfPPW1jk7K6iFqGANShxn8Kuuoj9HmWTxdjONeq8SSZ_lDRyeeLTrnbqn7SXCT25tXBsirUWpYJ0o8Z/s320/ebook-730x390.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span class=&quot;d2edcug0 hpfvmrgz qv66sw1b c1et5uql oi732d6d ik7dh3pa ht8s03o8 a8c37x1j keod5gw0 nxhoafnm aigsh9s9 d3f4x2em fe6kdd0r mau55g9w c8b282yb iv3no6db jq4qci2q a3bd9o3v b1v8xokw oo9gr5id&quot; dir=&quot;auto&quot;&gt;Creo
 que una debilidad argumentativa en torno a la polémica que se ha 
planteado, a partir de la última Filven (2021), entre el libro digital y el 
libro físico, es que ésta se ha centrado en preferencias particulares y 
no en los evidentes cambios paradigmáticos que se han generado con la 
revolución digital de los últimos 30 años y que ha modificado 
radicalmente las formas de conocer (Martín Barbero dixit). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asimismo,
 creo que la discusión se ha quedado en una defensa del libro como 
objeto, del continente, y no hay reflexión sobre lo más importante: los 
contenidos y las posibilidades infinitas, transmediáticas, envolventes, 
integradoras y de acceso a la información que ofrece (e impone) la 
realidad transmediática actual. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El libro como objeto no es más 
que un medio. No es el fin. Es la misma discusión sobre defender o no la
 televisión abierta, la cual se modificó con la llegada de la televisión
 por suscripción (cable) y que ahora está a punto de desaparecer por el 
streamming. El libro como objeto no es más que el soporte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No ha
 cambiado el libro como continente de información. Lo que ha cambiado es
 el soporte, las vías y formas de acceso al conocimiento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no 
es la primera vez que ocurre esto en el devenir de la humanidad. La 
misma polémica se planteó en el paso entre la oralidad a la escritura...
  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo mismo que se le acusa al libro digital, se le acusó mucho 
antes al libro material cuando se inició su reproducción artesanal y qué
 decir de su reproducción en serie...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decir, “me gusta el libro 
físico porque me gusta sentir las páginas, olerlo y atesorarlo” habla 
del objeto, del continente, no de los contenidos, del conocimiento y de 
la información. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de eso poco o nadie ha hablado...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2021/11/libro-digital-vs-libro-fisico.html</link><author>noreply@blogger.com (Prof. Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjA_5FVam1i3TouwGefFLlOZ2sn2I7hx84TE_XahOvRhhlKGbI3szU5_G0HFYcdDjfPPW1jk7K6iFqGANShxn8Kuuoj9HmWTxdjONeq8SSZ_lDRyeeLTrnbqn7SXCT25tXBsirUWpYJ0o8Z/s72-c/ebook-730x390.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-2720178351668457402</guid><pubDate>Mon, 19 Oct 2020 20:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2020-10-19T16:06:15.687-04:00</atom:updated><title>La historiografía como objeto de la ciencia histórica</title><description>&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;img alt=&quot;La historiografía, ¿es un campo de batalla ideológico?&quot; class=&quot;n3VNCb&quot; data-noaft=&quot;1&quot; src=&quot;https://cienciasdelsur.com/wp-content/uploads/2017/06/Donaci%C3%B3n-de-Constantino.jpg&quot; style=&quot;height: 222.801px; margin: 0px; width: 385px;&quot; /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;i&gt;Este breve ensayo fue parte de las tareas del Seminario II del Doctorado en Historia del Centro Nacional de Estudios Históricos (CNEH) de Venezuela, impartido por el doctor José Gregorio Maita, entre marzo y julio de 2020&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;



















&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;El
filósofo español-salvadoreño Ignacio Ellacuría&lt;a href=&quot;#_ftn1&quot; name=&quot;_ftnref1&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; comienza su célebre libro &lt;i&gt;Filosofía de la Realidad Histórica&lt;/i&gt;&lt;a href=&quot;#_ftn2&quot; name=&quot;_ftnref2&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; intentando definir cuál es
el objeto de la filosofía. De entrada, establece que dicho objeto es “aquello
que constituye el tema central de una determinada filosofía o metafísica”
(Ellacuría, 2007: 15). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Invocando
a los filósofos clásicos, en los cuales incluye desde los presocráticos hasta
Heidegger, Ellacuría señala que los pensadores generalmente reflexionan sobre
“todas las cosas en cuanto ellas coinciden en algo o son abarcadas y
totalizadas por algo”&lt;a href=&quot;#_ftn3&quot; name=&quot;_ftnref3&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;En
las ciencias humanas esto se nos presenta como un reto difícil de resolver,
pues definir la naturaleza y límites de dicha totalidad ha sido un problema no
sólo de la filosofía sino también de toda disciplina en las ciencias sociales,
de lo cual no se escapan los estudios históricos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Otro
escollo a vencer es definir ese “algo” en la cual coinciden todas las cosas o
que totaliza una cantidad indeterminada de elementos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Desde
el punto de vista filosófico, para Ellacuría, la reflexión sobre la definición
de esa totalidad (o de esa unidad totalizante) ha girado en torno a dos
visiones enfrentadas históricamente. Por un lado, encontramos un tipo de &lt;i&gt;unidad conceptual&lt;/i&gt;, en la cual la totalidad
de todas las cosas es más lógica que real. Ésta se basaría en que todas las
cosas reales o materiales no conforman una unidad o totalidad real &lt;i&gt;per se&lt;/i&gt;. En contraposición, describe la existencia
de visiones filosóficas que sostienen la &lt;i&gt;unidad
física&lt;/i&gt; como una totalidad conformada por todo lo real. Lo que vemos aquí,
entre unidad conceptual y unidad física de todo lo real, es la tensión
permanente que se ha dado en la historia de la filosofía entre un tipo de
idealismo, cuyo máximo y más cercano representante sería Hegel, y un
materialismo, representado, por supuesto, por Marx.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Sin
embargo, Ellacuría reconoce en Marx una inequívoca propuesta de solución a esta
tensa dicotomía, la cual permite un encuentro o fusión entre la unidad
conceptual y la unidad física. Se trata del rescate que hace Marx del núcleo
del método dialéctico de Hegel y que expresa claramente en el prólogo de &lt;i&gt;El Capital&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Lo
que trata de esclarecer Ellacuría es la existencia de una unidad de contrarios
que sólo es posible reconocer como un &lt;i&gt;devenir&lt;/i&gt;,
es decir, como un proceso permanente, digamos dialéctico.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Sólo como devenir, que, por su
propia naturaleza es una unidad de contrarios, puede captarse y conceptuarse la
realidad; sólo como momentos de un todo procesual puede entenderse la totalidad
de la realidad. Cuando se toman las cosas en una extensa perspectiva y buscando
el fondo de la realidad, aparecen como momentos evanescentes de un proceso”
(Ellacuría, 2007: 20)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Sin
rechazar la existencia de una unidad meramente conceptual y una unidad puramente
física, la realidad, en cuanto a totalidad de todo lo real, ha de considerarse
procesual, es decir, dinámica. Y en ese proceso, los elementos o las cosas que
conforman dicha realidad son, en palabras de Ellacuría, “momentos evanescentes”
de dicha dinámica procesual.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Esa
totalidad, en la cual la realidad “da más de sí”, y donde convergen todos los
tipos de realidad posibles (humana, material, conversacional, mediática, entre
otras), es lo que denomina Ellacuría como &lt;i&gt;realidad
histórica&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;A su
juicio, se trata no sólo de los hechos acaecidos en el devenir histórico de la
humanidad, sino de todo lo que conforma la totalidad de lo real.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Implicaciones en los estudios históricos&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Llevemos
esta reflexión a la historia como ciencia. En primer lugar, retomemos la
pregunta inicial y trasladémosla al ámbito de los estudios históricos. ¿Cuál es
el objeto de la historia? En este punto comenzamos una aproximación a la
reflexión que planteamos en este breve ensayo. Es decir, cuáles aspectos de ese
objeto de la historia como ciencia podrían considerarse parte de eso que
denominamos más arriba como &lt;i&gt;unidad
conceptual&lt;/i&gt; de la realidad y cuáles pertenecen a la &lt;i&gt;unidad material&lt;/i&gt;. Para así, posteriormente, intentar establecer una
dialéctica entre ambas dimensiones de la realidad y determinar cómo se da esa
totalidad de todo lo real, que bien podría considerarse el objeto de la
historia. Eso sí, considerando siempre su aspecto procesual, es decir,
dinámico, y en el cual los elementos que lo conforman han de tomarse en cuenta
como momentos evanescentes de dicha dinámica.&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Decimos
esto porque, tradicionalmente, se considera el discurso histórico&lt;a href=&quot;#_ftn4&quot; name=&quot;_ftnref4&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; como estático,
determinado, verdadero, inamovible, en otras palabras, como un &lt;i&gt;universo cerrado&lt;/i&gt;, noción analizada por
la Escuela de Frankfurt en su crítica a la totalidad discursiva como herencia
del pensamiento moderno y del uso instrumental de la razón.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Volviendo
a la interrogante de cuál es el objeto de la historia, Collingwood (1946) se
hace específicamente esa pregunta y responde que las cosas que averigua la
historia son del tipo &lt;i&gt;res gestae&lt;/i&gt;, es
decir, actos de seres humanos que han sido realizados en el pasado&lt;a href=&quot;#_ftn5&quot; name=&quot;_ftnref5&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;. A primera vista, todo lo
contenido en la respuesta de Collingwood bien podrían considerarse parte de la
unidad material (no conceptual), pues la nominalización “actos de los seres
humanos” se refiere a lo materialmente acaecido en el ámbito de lo real. Lo
hecho por los &lt;i&gt;seres humanos&lt;/i&gt; modifica
la realidad y, a la vez, su carácter de &lt;i&gt;acto&lt;/i&gt;
ratifica su materialidad. El “ser humano” es parte de la realidad real que ha
sido modificada, ampliada, intervenida, por los actos que ha cometido. De
hecho, el acto es meramente humano y, desde la filosofía, gran parte de la
actualización de la realidad en nuestra contemporaneidad se concretiza por el
acto humano. De ahí, precisamente, la noción de &lt;i&gt;actualización&lt;/i&gt;. Podemos decir, entonces, que la historia como
ciencia tiene por objeto la modificación (o actualización) que hace el ser
humano de la realidad con sus actos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Las
cosas se complican cuando tratamos de hallar qué elementos forman parte de la
unidad conceptual que haga posible la dinámica dialéctica, es decir, establecer
un objeto de la historia que integre la totalidad de la realidad: la realidad
histórica. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;En
la respuesta de Collingwood hay tres elementos conceptuales que se hayan más
allá de lo estrictamente material. En primer lugar, el propio término &lt;i&gt;acto&lt;/i&gt; sugiere, desde la filosofía
aristotélica, una noción conceptual muy importante para la dinámica misma de la
realidad. Se trata de la &lt;i&gt;potencia&lt;/i&gt;.
Todo acto es la materialización de una potencialidad y ésta no es material
hasta que el acto se concreta. En términos aristotélicos, el principio
fundamental del movimiento es el paso de la potencia al acto. Y este principio
explica, en esta perspectiva de intentar definir un objeto de la historia,
porqué el historiador no sólo toma en cuenta como objeto de su reflexión los
actos humanos, sino también las potencialidades, en un primer momento
inmateriales, que hicieron posibles dichos actos, llámense causas, condiciones
o posibilidades.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;El
segundo término, encontramos la noción de &lt;i&gt;pasado&lt;/i&gt;.
Bloch (1949), referencia obligada en los estudios históricos, ya mostraba tempranamente
la imposibilidad de considerar la historia como “ciencia del pasado”, de hecho,
calificaba de absurdo suponer el pasado como objeto de la historia&lt;a href=&quot;#_ftn6&quot; name=&quot;_ftnref6&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; y lanzaba su célebre propuesta
de “la ciencia de los hombres en el tiempo”, trasladando así el objeto de
estudio al hombre y al tiempo, términos (material y conceptual, respectivamente)
que intentaremos rescatar más adelante. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;El
pasado no es material, por lo tanto, es meramente conceptual. Aunque haya en
él, como ámbito de la realidad, cierta materialidad, dicha materialización se
dio en un tiempo distinto a éste en el que nos ubicamos como historiadoras o
historiadores que están intentando definir su objeto. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Sin
embargo, para definir el pasado como parte de una totalidad y determinar específicamente
ese &lt;i&gt;algo&lt;/i&gt; que “abarca o totaliza todas
las cosas”, hemos de reconocer la existencia de una permanente dinámica
procesual. Ello es posible reconociendo la dialéctica permanente que existe entre
el pasado (como ámbito en el cual sucedieron “actos de los seres humanos”) y el
presente (ámbito en el que el historiador analiza dichos actos y/o la sociedad
los asimila). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Pasado
y presente se encuentran interactuando en un permanente movimiento dialéctico,
en el cual el papel del historiador es fundamental, dado su reconocimiento
social como investigador, analista y constructor de los discursos sobre esas
investigaciones y análisis. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Pasado
y presente no son lo mismo pero ambos conforman una totalidad dinámica. El
pasado, como señalamos, se ubica en un espacio inmaterial y, por ende,
conceptual, dado que es inaprensible fenomenológicamente; mientras que el
presente se constituye como un escenario material, en el que el pasado se
reactualiza, es decir, se reconstruye y se hace nuevamente concreción material.
Por lo tanto, no hay realidad histórica sin el binomio pasado-presente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Al
respecto, Le Goff (1977) sostiene la importancia de la distinción pasado-presente
como un elemento esencial de la concepción del tiempo histórico y, por
consiguiente, como una operación fundamental de la ciencia y conciencia
históricas&lt;a href=&quot;#_ftn7&quot; name=&quot;_ftnref7&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Resulta
por demás interesante la reflexión de Le Goff sobre lo que llama la “dupla
pasado-presente”, pues observa con detenimiento las implicaciones en áreas
distintas a la historia, pero que tiene un alto impacto en lo que consideramos &lt;i&gt;memoria colectiva&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“La distinción pasado/presente
de la cual aquí se trata es la que se encuentra en la conciencia colectiva, más
especialmente en la conciencia sociohistórica, pero corresponde hacer una
observación preventiva sobre la pertinencia de esta oposición, y evocar la
dupla pasado/presente en perspectivas diferentes de las de la memoria colectiva
y la historia”&lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;#_ftn8&quot; name=&quot;_ftnref8&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Para
el autor, antes de tomar en consideración la oposición pasado/presente en el
marco de la memoria colectiva, es importante lanzar una mirada también a lo que
ella significa en otros ámbitos como la psicología, la lingüística o la
antropología cultural, así como sus implicaciones en la construcción de una
conciencia histórica.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Su
planteamiento, desde nuestra perspectiva y reflexión, sugiere que la conciencia
histórica podría considerarse como un producto de la dialéctica entre pasado y
presente, vistas éstas como unidades conceptuales y materiales,
respectivamente, pues dicha conciencia surge de la dinámica entre ambos y la
totalidad de lo real.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;De
hecho, Le Goff cita al filósofo e historiador francés François Châtelet&lt;a href=&quot;#_ftn9&quot; name=&quot;_ftnref9&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;, quien al estudiar el
nacimiento de la historia en Grecia antigua definió las características de la conciencia
histórica respecto a la dinámica entre pasado y presente, vistas éstas como
categorías iguales y diferentes a la vez.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Según
Châtelet, la conciencia histórica cree en la realidad del pasado y, por tal
motivo, éste no es por naturaleza distinto del presente. “Esto significa
particularmente que de ningún modo cabe tratar a lo sucedido como ficticio o
irreal”&lt;a href=&quot;#_ftn10&quot; name=&quot;_ftnref10&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Sin
embargo, sostiene que pasado y presente también son diferentes e incluso
contrapuestos, pues aún cuando ambos, como señalamos anteriormente, pertenecen
a la esfera de la totalidad de lo real, ambos se sitúan en una dinámica
permanente de alteridad, es decir, uno no se reconoce sin el otro. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Recogemos
estos dos aspectos de la referencia que hace Le Goff de Châtelet, pues de
alguna manera ratifica la dualidad interdependiente que existe entre pasado y
presente, como elementos conceptual uno y material el otro, pero que conforman
una unidad de lo real: la &lt;i&gt;realidad
histórica&lt;/i&gt;. Es imposible estudiar el pasado sin tener en cuenta el presente
y el historiador debe tomar en cuenta de manera permanente las características
constitutivas de su presente, pues es desde ese horizonte de entendimiento,
hablando en términos hermenéuticos, que se está reflexionando sobre un aspecto
específico del pasado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Por
último, para concluir con Collingwood, tomamos en consideración un tercer y último
elemento inmaterial o conceptual asomado por el filósofo e historiador
británico. Collingwood, al referirse al objeto de la historia, habla de un tipo
específico de hechos: los de naturaleza &lt;i&gt;res
gestae&lt;/i&gt;. Sin hacer un estudio etimológico exhaustivo, la voz latina &lt;i&gt;res gestae&lt;/i&gt; se refiere a los hechos. Pero
no a simples hechos. Aunque en la jurisprudencia anglosajona, el término es
empleado para referirse al período temporal en que ocurrieron los hechos que
constituyen un delito, la referencia más usada en la historia es la que señala
las “hazañas de héroes en batalla”. Proviene de los vestigios documentales del &lt;i&gt;Res gestae Divi Augusti&lt;/i&gt;, en latín &lt;i&gt;Las Hazañas del Divino Augusto&lt;/i&gt;, es decir
los hechos heroicos del primer emperador romano César Augusto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Algo
que se ha debatido mucho en los estudios históricos es cuáles hechos podemos
considerar actos heroicos o hazañas y cuáles no. Estamos de nuevo ante una
tensión entre lo material (acto o hecho que modifica la realidad) y lo
conceptual (la calificación o valoración de un hecho). Actualmente, en el
discurso histórico se ha registrado un giro hacia la denominada &lt;i&gt;historia de la vida cotidiana&lt;/i&gt;, cambiando
la perspectiva de apreciar los hechos de la manera como nos tenía acostumbrados
el relato histórico tradicional, el cual fue promovido por la academia, desde Herodoto
hasta la modernidad, en el que lo más importante eran los personajes destacados
y la exaltación de hazañas espectaculares, “donde los individuos sin relieve
quedaban en el olvido”&lt;a href=&quot;#_ftn11&quot; name=&quot;_ftnref11&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Esta
nueva perspectiva, la llamada también &lt;i&gt;nueva
historia&lt;/i&gt; tiene implicaciones metodológicas para el historiador, pues ya no
se trata de investigar y reportar la vida de grandes héroes que realizan
hazañas espectaculares, sino sujetos comunes cuyos actos dan cuenta de la
sociedad que se estudia, lo que también obliga a una revisión del término &lt;i&gt;acontecimiento&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“La nueva historia se enfrenta
al reto de considerar como sujetos a individuos comunes, sin fijarse en los
grandes acontecimientos que ocuparon hasta ahora a los historiadores. De hecho
rechaza los relatos e interpretaciones de acontecimientos, siempre seleccionados
según el criterio de los cronistas o las tendencias de las fuentes, y se
refiere al “no acontecimiento”. Esto tampoco nos libera de definiciones
subjetivas, porque en todo caso es preciso elegir el problema que se va a
estudiar y el enfoque adecuado, que depende de que busquemos lo que cada
periodo o situación tiene en común con los demás o lo que tiene diferente”
(Gonzalbo, 2006: 31-37)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Por
supuesto, este particular planteamiento metodológico nos lleva a una
reconsideración de la labor profesional del historiador, pues anteriormente la
denominada &lt;i&gt;vida cotidiana&lt;/i&gt;, cuando no
era objeto de la ciencia histórica, su estudio estaba reservado para la
antropología o la sociología, lo cual ahora llama a una formación distinta del
profesional de la historia, así como una necesaria interdisciplinariedad.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Antes de que los historiadores
se ocupasen del tema, la vida cotidiana fue objeto de estudio de los
antropólogos y de los sociólogos; y también la demografía histórica proporcionó
interesantes informaciones que pudieron ser interpretadas con el apoyo de otros
métodos y de otras fuentes. Aun hoy se diría que para la comprensión de las
complejas relaciones de lo rutinario con lo dinámico y de lo público con lo
privado sería ideal un historiador con formación de antropólogo, de sociólogo y
de demógrafo, y que no le haría daño un conocimiento básico de temas
relacionados con el mundo del derecho. Una revisión de conceptos de la
antropología y de la sociología debe ser útil para quienes se acercan a la
historia de la vida cotidiana con el deseo de encontrar explicaciones de
costumbres y tradiciones, más allá de las curiosidades y de las descripciones”
(Gonzalbo, 2006: 31-37)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Pero
lo que nos incumbe para los propósitos de este ensayo es apreciar cómo el
movimiento dialéctico entre un hecho concreto (acto-real) y su valoración (acontecimiento-conceptual),
expresadas en cambio del sujeto histórico de “héroe” a “individuo común”, se manifiesta
de una forma novedosa para el historiador, quien ha de asumir como objeto de su
ciencia una totalidad o una unidad totalizante que incluye las dos nociones en
una sola, pues ambas constituyen una misma &lt;i&gt;realidad
histórica&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;El ser humano como unidad totalizante de
la realidad&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;“Nos
ocuparemos conjuntamente del estudio del hombre individual, lo que será
filosofía, y del estudio del hombre social, lo que será historia”. Esta frase
del historiador francés Jules Michelet (1798-1874) es la que fundamenta la
propuesta de March Bloch de considerar al ser humano como objeto de la historia&lt;a href=&quot;#_ftn12&quot; name=&quot;_ftnref12&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“En efecto, hace mucho que
nuestros grandes antepasados, un Michelet y un Fustel de Coulanges, nos habían
enseñado a reconocerlo: el objeto de la historia es esencialmente el hombre.
Mejor dicho: los hombres. Más que el singular que favorece a la abstracción, a
una ciencia de lo diverso le conviene el plural, modo gramatical de la
relatividad”. (Bloch, 2018: 56)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Lo
interesante de este planteamiento es la relación que establece entre la unidad
del ser humano “favorable a la abstracción” y, por ende, a la filosofía; y, en
segundo lugar, la diversidad o pluralidad del ser humano que conviene a “una
ciencia de lo diverso”, de lo social, que es la historia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Sin
embargo, Bloch nombra las dos nociones como objetos de la historia: el ser
humano como individualidad y el ser humano en sociedad, repetimos, el primero
favorable a la reflexión filosófica y el segundo al estudio histórico.
Podríamos entender que los actos humanos, sino provienen de necesidades
colectivas o que afectan a una sociedad, no son históricos, pues no hay un
reconocimiento de la actualización de la naturaleza por parte de una &lt;i&gt;otredad&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Ya
Bloch, unas líneas antes, lo había asomado. La naturaleza puede modificarse por
sí misma en una evolución material natural, pero cuando dichas transformaciones
son consecuencias de actos humanos como diques, represas, canales, tala de
bosques, entre otros, nacidos de necesidades colectivas y, a decir de Bloch,
producto de una estructura social determinada (pueblo, ciudad, nación) estamos
ante un hecho eminente histórico. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Este
pasaje o movimiento de la &lt;i&gt;historia
natural&lt;/i&gt; (de la naturaleza transformándose a sí misma) a una &lt;i&gt;historia humana o&lt;/i&gt; &lt;i&gt;social &lt;/i&gt;(el ser humano interviniendo y modificando la realidad) es
lo que plantea también de alguna manera Ignacio Ellacuría para fundamentar su
propuesta de totalidad de la realidad como &lt;i&gt;realidad
histórica&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Para
Samour (2008), Ellacuría, en la etapa madura de sus reflexiones y basándose en
la metafísica de Xavier Zubiri&lt;a href=&quot;#_ftn13&quot; name=&quot;_ftnref13&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;, luego de plantear un
largo recorrido entre la materialidad de la naturaleza y el carácter social de
la realidad humana, considera al ser humano como naturaleza e historia y, por
tanto, parte esencial en la búsqueda de una visión unitaria, dinámica y abierta
de la totalidad de la realidad, cuya máxima realización y manifestación se
concreta, precisamente, en la realidad humana en su proceso social e histórico&lt;a href=&quot;#_ftn14&quot; name=&quot;_ftnref14&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[14]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Entonces,
la realidad humana, como componente esencial de la realidad como unidad de
todas las cosas reales, se convierte en la forma suprema de la realidad. En
otras palabras, es el ser humano, como realidad material y abstracción
conceptual, ese “algo” que totaliza la realidad y le da unidad a todas las
cosas. Este planteamiento responde a la pregunta inicial de cuál es el objeto de
los estudios históricos, no sólo basándonos en lo dicho por Bloch, sino también
dándole una justificación filosófica.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Sin
embargo, acudamos a otro componente conceptual de la realidad humana pero que
ha de considerarse como fundamental para la actualización material de la
realidad como totalidad: el tiempo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Volvamos
a la obra ya citada de Bloch (1949) para reconocer la convergencia entre
filosofía e historia como ámbitos y perspectivas de investigación, cuyo objeto
es la totalidad de la realidad, en otras palabras, la &lt;i&gt;realidad histórica&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Bloch
advierte que no podemos considerar la historia únicamente como “la ciencia de
los hombres” (digamos, del ser humano). El historiador francés califica de vaga
dicha conceptualización y la amplía a “la ciencia de los hombres en el tiempo”.
Ya nos referimos a algunas nociones fundamentales de la temporalidad histórica,
centrándonos en la dupla “pasado-presente” es necesario ahondar más.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Más allá
que una simple medida, a juicio de Bloch, el tiempo histórico forma parte de
una realidad, de alguna manera el &lt;i&gt;lugar &lt;/i&gt;en
el que acaecen los actos humanos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Realidad concreta y viva,
entregada a la irreversibilidad de su impulso, el tiempo de la historia, por el
contrario, es el plasma mismo donde están sumergidos los fenómenos y es como el
lugar de su inteligibilidad” (Bloch, 1949: 58)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Aquí
encontramos términos que nos obligan a detenernos para continuar nuestro
análisis. El tiempo se considera parte de la unidad conceptual debido a su
carácter abstracto. No obstante, tanto Bloch como Ellacuría, autores a quienes
hemos obligado a un diálogo, lo consideran fundamental para la conformación de unidad
física o material de la realidad. En primer lugar, Bloch considera el tiempo
histórico como &lt;i&gt;realidad concreta y viva&lt;/i&gt;.
El tiempo se nos presenta aquí como realidad, es decir, como parte constitutiva
de la materialidad del mundo de todas las cosas reales. Y se refuerza con los
adjetivos “concreta” y “viva”. Cuando hablamos del &lt;i&gt;continuum&lt;/i&gt; temporal de la actualización de la realidad:
potencia-acto-consecuencia, nos referimos a un dinamismo propio de la realidad
real. De ahí el uso del término “viva” que sugiere movimiento, vitalidad,
dinamismo. También la cita refiere un tipo de &lt;i&gt;concreción&lt;/i&gt;, es decir, una realización, vista ésta como una etapa en
la línea temporal y, por ende, de la historia, en la que se manifiestan los
actos humanos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;“… esta totalidad de lo real exige &lt;b&gt;una total concreción&lt;/b&gt; y &lt;b&gt;esta total concreción&lt;/b&gt; está determinada
por su última realización y a su vez cobra su última realización en la historia
y por la historia” (Ellacuría, 1972).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Váldez&lt;a href=&quot;#_ftn15&quot; name=&quot;_ftnref15&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[15]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; resalta el valor del
término &lt;i&gt;concreción&lt;/i&gt; en pensamiento filosófico
de Ellacuría, pues según su planteamiento es en las concreciones o realizaciones,
como estadios últimos de la acción humana, donde podemos apreciar las
realidades sociales y políticas, que a su vez son objeto de la propuesta
política de Ellacuría, dado que a las concreciones que afectan negativamente a
la sociedad han de concretarse nuevas realidades que liberen a los individuos o
sociedades de tal afectación. Por tal razón, tiende puentes claros entre la
filosofía y la historia. Recordemos la cita de Michelet hecha por Bloch, en la
que reserva la filosofía para el estudio del hombre y la historia para el
análisis de éste en sociedad, ambas disciplinas en un permanente diálogo o
movimiento dialéctico.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“En la historia, que incluye y
supera la evolución, es donde la realidad va dando más de sí, según la feliz conceptuación
de Zubiri, y donde esa realidad van desvelándose cada vez más, va haciendo más
verdadera y más real. Por eso el que vive al margen de la historia, vive al
margen de la filosofía; querer relegar la &lt;b&gt;concreción
histórica&lt;/b&gt; al antigua esquema naturalista sustancia-accidente y formas
inmutables, es, ciertamente, una opción intelectual ya superada. De ahí que el &lt;i&gt;logos&lt;/i&gt; para ahondar en lo más real de la
realidad sea un &lt;i&gt;logos&lt;/i&gt; histórico, que
asume y supera al natural” (Ellacuría, 1972).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;La
historia y, en consecuencia, el tiempo histórico, es el lugar donde la realidad
se hace más real, da más de sí y va mostrando más la verdad, por lo tanto,
desde la historia o desde una perspectiva histórica es que podemos analizar el
ser humano como abstracción (filosofía) y como concreción y realización (historia).
Y en eso Bloch también coincide con Ellacuría, pues según el francés, el tiempo
histórico, además de ser el plasma “donde están sumergidos los fenómenos” es “el
lugar de su inteligibilidad”, es decir, el &lt;i&gt;logos&lt;/i&gt;
histórico del que habla Ellacuría. Podemos entender la &lt;i&gt;realidad histórica&lt;/i&gt; como totalidad de todas las cosas, pues el
tiempo es uno de esos elementos que le dan unidad y sentido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Historia como realidad e historia como discurso
&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Hasta
aquí hemos intentado revisar cuál es el objeto de la historia estableciendo un
diálogo entre la filosofía y la ciencia histórica, sin caer en especulaciones universalistas
de la filosofía de la historia en &lt;i&gt;stricto
sensu&lt;/i&gt;. Planteamos como objeto de la historia la denominada por Ignacio
Ellacuría &lt;i&gt;realidad histórica&lt;/i&gt;, pues es
concebida como la totalidad o unidad de todas las cosas reales, tanto
conceptuales como físicas. Y porque también es un ámbito o lugar aprehensible
fenomenológicamente en el que convergen todas las realidad posibles: material, biológica,
humana, social, mediática, entre otras.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;El y
la profesional de la historia deben apreciar lo que antes analizaban como &lt;i&gt;hechos&lt;/i&gt; como partículas de una realidad amplia,
compleja, abierta, dinámica y en permanente actualización. Dichos hechos han de
concebirse como &lt;i&gt;concreciones&lt;/i&gt; que
devienen, es decir, que están instalados efímeramente en una temporalidad o &lt;i&gt;continuum&lt;/i&gt; cuyo estadio anterior fueron &lt;i&gt;actos&lt;/i&gt; y antes &lt;i&gt;potencia&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;El
problema que ahora surge es el metodológico. ¿Cómo es posible analizar un
realidad tan inmensa e inabarcable como la realidad histórica? ¿Esa inmensidad
es aprehensible fenomenológicamente?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;El
surgimiento de la historia como ciencia, bajo la influencia poderosa de la
modernidad y, específicamente, del pensamiento positivista, trajo consigo una constante
y profunda revisión de muchos de sus conceptos fundamentales, tanto en el
ámbito teórico como en el de su método, precisamente para resolver interrogantes
como éstas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Un
aspecto transversal de este replanteamiento integral ha sido, precisamente, la
definición del concepto de historia en sí.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Es
clásico referir la nociones diferenciadas de historia (&lt;i&gt;Geschichte&lt;/i&gt;), como lo acontecido, e Historia (&lt;i&gt;Historie&lt;/i&gt;) como ciencia histórica, cuyo uno de los principales
estudiosos es el historiador alemán y especialista en historia conceptual Reinhart
Koselleck&lt;a href=&quot;#_ftn16&quot; name=&quot;_ftnref16&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[16]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;La
diferenciación entre “lo acontecido” y “la ciencia” de registrar, analizar y
narrar lo acontecido, ha sido objeto de discusión desde hace mucho tiempo dada
su ambigüedad. Por ejemplo, Ferrater Mora (1994) describe historia “como lo que
les ha pasado, e inclusive les está pasando, a los hombres, como el objeto de
estudio histórico” y la historia como “el estudio histórico, el estudio del
pasado”&lt;a href=&quot;#_ftn17&quot; name=&quot;_ftnref17&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[17]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;. Idéntica distinción hace
Abbagnano (1960) cuando diferencia historia como “los hechos mismos, un
conjunto o la totalidad de ellos (&lt;i&gt;res
gestae&lt;/i&gt;)” e historia como término que, en general, “significa investigación,
información o informe y que ya en griego era usado para indicar la información
o narración de los hechos humamos” y además “el conocimiento de tales hechos o
la ciencia que disciplina y dirige este conocimiento (&lt;i&gt;historia rerum gestarum&lt;/i&gt;)”&lt;a href=&quot;#_ftn18&quot; name=&quot;_ftnref18&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[18]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Retomando
la noción de &lt;i&gt;realidad histórica&lt;/i&gt; como
integradora de la unidad física y la unidad conceptual, podríamos afirmar que
la &lt;i&gt;res gestae&lt;/i&gt;, es decir, los actos
humanos, se ubican en el ámbito material, físico, de la realidad; mientras que
la &lt;i&gt;historia rerum gestarum&lt;/i&gt; o la
ciencia de analizar y relatar dichos acontecimientos se ubica en el espacio
conceptual pues son inaprensibles. ¿Pero realmente esto es así? ¿No debería
existir un “algo” que diera sentido, es decir, unidad o totalidad a ambos?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Tanto
Abbagnano como Ferrater Mora señalan, sin embargo, la persistencia de una
ambigüedad entre historia como acontecer e historia como disciplina. Para
Abbagnano esa ambigüedad es fundamental y “aparece en todas las lenguas
modernas cultas”&lt;a href=&quot;#_ftn19&quot; name=&quot;_ftnref19&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[19]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
Por su parte, Ferrater Mora insiste en que dicha ambigüedad, sólo en algunos
casos, se corrige remitiéndose al contexto en el cual se usa el término. Sin embargo,
ambos autores coinciden en que la solución que se ha dado ha sido denominar
historia a los hechos registrados en la realidad física y reservar el término &lt;i&gt;historiografía&lt;/i&gt; a la ciencia y narración
de la historia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Entonces
la historia como acontecer de hechos en la realidad se encuentra ubicado en el
ámbito físico, material, digamos real; y la historiografía se ubica en el
ámbito conceptual, digamos inmaterial. Repetimos nuestra interrogante: ¿Pero
realmente esto es así?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;El
Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), cuya consulta es pertinente
dada nuestra lengua materna, coincide establecer claramente un estatus a la
historiografía distinto al término &lt;i&gt;historia&lt;/i&gt;.
Como primera acepción describe la historiografía como la “Disciplina que se
ocupa del estudio de la historia”; en segundo lugar, establece que la historiografía
consiste en el “Estudio bibliográfico y crítico de los escritos sobre historia
y sus fuentes, y de los autores que han tratado de estas materias”; y, por último,
como el “Conjunto de obras o estudios de carácter histórico”&lt;a href=&quot;#_ftn20&quot; name=&quot;_ftnref20&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[20]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;. Vemos aquí un amplio
abanico de elementos constitutivos de la historiografía. Ésta es disciplina,
estudio, historia, bibliografía, escritos, fuentes, autores, obras. En otras
palabras, una constelación de acciones humanas y sus productos o concreciones.
Entonces podemos decir, sin comparar ambos términos, que la historiografía se
convierte en la unidad totalizante de una realidad compleja, dinámica y
abierta: la &lt;i&gt;realidad histórica&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;No
obstante, hay que dejar claro que la historiografía no es la &lt;i&gt;realidad histórica&lt;/i&gt;, pero sí es el lugar,
tal vez el único (como el “plasma” de Bloch donde yacen los actos humanos),
donde es posible apreciar para su análisis el acontecer histórico sucedido en
el pasado y que nos llega al presente en forma de discurso. Y hablamos de
discurso, pues a partir del llamado &lt;i&gt;giro
lingüístico&lt;/i&gt;, que desde la filosofía del lenguaje y el estructuralismo
impactó en las ciencias sociales en general, se ha tomado el discurso como una
de las más importantes formas de materialidad de la acción humana. Como la &lt;i&gt;concreción&lt;/i&gt; de Ellacuría, el discurso es
la realización o actualización de la realidad a la cual podemos acudir para
estudiar las acciones del ser humano en el pasado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Si
la historiografía es la disciplina que se ocupa del estudio de la historia, de
su registro bibliográfico, de sus fuentes, sus autores y del conjunto de las
obras sobre historia, entonces allí (como lugar) están contenidas y unificadas todas
las realidades posibles y, por lo tanto, se convierte en objeto primordial de
la ciencia histórica. Ello, pues es en la historiografía misma como discurso el
lugar donde podemos apreciar la historia como totalidad.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Carbonell
(1981) ya identificaba la historiografía como discurso e, incluso, cómo la historia
que se ha escrito sobre ese discurso se ha de suponer como verdadero, pero que
a pesar de esa suposición, es la vía más conveniente para conocer el pasado&lt;a href=&quot;#_ftn21&quot; name=&quot;_ftnref21&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[21]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“¿Qué es la historiografía? Nada
más que la historia del discurso —un discurso escrito y que dice ser cierto—
que los hombres han hecho sobre el pasado; sobre su pasado. Porque la
historiografía es el mejor de los testimonios que podemos tener sobre las culturas
desaparecidas, sobre la nuestra también, suponiendo que exista todavía y que la
semi-amnesia de que parece adolecer no revele su muerte. Una sociedad no se
descubre jamás tan bien como cuando proyecta tras de sí su propia imagen”. (Carbonell,
1981: 8)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Retomamos
a Abbagnano (1960) para diferenciar claramente, la historia universal de la
historiografía, en la que la primera es objeto de estudio del filósofo (como
abstracción) y la segunda materia prima para el análisis del historiador o
historiadora (como concreción o discurso). A su juicio, la historia universal es
el conocimiento del &lt;i&gt;plan providencial del
mundo histórico&lt;/i&gt;, razón por la cual siempre ha sido acusada, precisamente,
de universalista, producto de la visión totalizadora euro-centrista de la
modernidad; y, en segundo lugar, la historia universal “es independiente de las
limitaciones del material historiográfico y de los instrumentos de
investigación, por lo tanto puede prescindir de cualquier historia escrita o
que pueda ser escrita. Fitche consideró la historia &lt;i&gt;a priori&lt;/i&gt; completamente independiente de la historia &lt;i&gt;a posteriori&lt;/i&gt;, que es la (materia) del
historiador”&lt;a href=&quot;#_ftn22&quot; name=&quot;_ftnref22&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;[22]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Por
lo tanto, quien no puede prescindir de “todo material historiográfico”, aún con
sus limitaciones, es el historiador (a), cuyo objeto es la historia &lt;i&gt;a posteriori&lt;/i&gt;, es decir, toda la historia
ya escrita o los documentos que por medio de sus instrumentos y métodos de
investigación puedan tener acceso. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Volvemos
aquí a plantear como objeto de los estudios históricos las acciones del ser
humano en el tiempo, pero reconociendo que la vía para acceder a esos hechos
históricos son las concreciones discursivas que dan cuenta de esa realidad
compleja, amplia y dinámica. Hablamos no sólo de textos, sino también de la consideración
de estos como discurso, es decir, como parte de una constelación de elementos
como contextos de producción y de consumo, productores textuales con sus
intencionalidades, consumidores de esos discursos con sus expectativas,
instituciones con sus estructuras de poder e ideologías, canales y soportes de
comunicación en los cuales se difunden los elementos que conforman el discurso
historiográfico.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;El discurso historiográfico como objeto&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;En
conclusión, asumimos un cambio paradigmático en la orientación de cuál ha de
considerarse objeto de las ciencias históricas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Hasta
ahora muchos aún toman como objeto, y lo hemos asomado y justificado aquí
varias veces, la acción del ser humano en el tiempo (&lt;i&gt;res gestae&lt;/i&gt;). Sin embargo, dicha acción no sólo sucede en un tiempo
y en un espacio determinados, sino que son concreciones de actos que partieron
de una potencialidad, que modificaron (actualizaron) la realidad y cuya
principal característica es estar constituida por un diverso y amplio conjunto
de elementos a los cuales hay que dar unidad. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Esa unidad
o aspecto totalizante se concretiza en la propuesta de Ignacio Ellacuría de &lt;i&gt;realidad histórica&lt;/i&gt;, la cual hemos diferenciado
de la historia universal (abstracta, apriorística y objeto de la filosofía) y,
asimismo, dando a entender que la realidad histórica es una totalidad que
contiene un conjunto de realidades concretas (tangibles o no; materiales o
conceptuales), cuya diversidad sólo se puede acceder &lt;i&gt;a posteriori&lt;/i&gt;, es decir, por medio de las concreciones que dan cuenta
o registran los hechos históricos (&lt;i&gt;historia
erum&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;gestarum&lt;/i&gt;).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;También
hemos intentado explicar que esas concreciones conforman, en el caso de la
historia como realidad, un discurso, en otras palabras, el discurso histórico.
Y éste se convierte en la unidad totalizante de, como expusimos en el apartado
anterior, un conjunto de factores como textos, contextos, productores,
receptores, canales y soportes que, en su conjunto, conforman una unidad que
denominamos &lt;i&gt;discurso historiográfico&lt;/i&gt;
y que proponemos como objeto de las ciencias históricas, pues la única
evidencia, material y conceptual, de esa totalidad inabarcable, compleja,
diversa y dinámica que es la &lt;i&gt;realidad
histórica&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Referencias&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Abbagnano,
N. (1960). &lt;i&gt;Diccionario de filosofía&lt;/i&gt;. México:
Fondo de Cultura Económica, 2010&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Bloch,
M. (1949). &lt;i&gt;Apología para la historia o el
oficio del historiador&lt;/i&gt;. México: Fondo de Cultura Económica, 2018&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Carbonell,
C. O. (1983). &lt;i&gt;La historiografía&lt;/i&gt;. México:
Fondo de Cultura Económica&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Collingwood,
R. G. (1946). &lt;i&gt;Idea de la historia&lt;/i&gt;. México:
Fondo de Cultura Económica, 2011&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Ellacuría,
I. (2007). &lt;i&gt;Filosofía de la Realidad Histórica&lt;/i&gt;.
San Salvador: UCA Editores&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Ferrater
Mora, J. (1994). &lt;i&gt;Diccionario de filosofía&lt;/i&gt;.
Tomo E-J. Barcelona: Editorial Ariel, 2001&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Gonzalbo
A., P. (2006). &lt;i&gt;Introducción a la historia
de la vida cotidiana&lt;/i&gt;. México: Colegio de México&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Koselleck,
R, (1975). &lt;i&gt;historia/Historia&lt;/i&gt;.
Barcelona: Trotta, 2010&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Le
Goff., J. (1977). &lt;i&gt;Pensar la historia: Modernidad,
presente, progreso&lt;/i&gt;. Barcelona: Paidós, 1991&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;/span&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Samour,
H. (2008). &lt;i&gt;La propuesta filosófica de
Ignacio Ellacuría&lt;/i&gt;. Cuadernos de filosofía latinoamericana, 29 (99), 65-76&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;

&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Váldez
V., R. (1996). &lt;i&gt;Sobre la evolución del
pensamiento filosófico de Ignacio Ellacuría&lt;/i&gt;. Revista ECA,
noviembre-diciembre de 1996&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;

&lt;div style=&quot;mso-element: footnote-list;&quot;&gt;&lt;br clear=&quot;all&quot; /&gt;

&lt;hr align=&quot;left&quot; size=&quot;1&quot; width=&quot;33%&quot; /&gt;



&lt;div id=&quot;ftn1&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref1&quot; name=&quot;_ftn1&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn1;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; Ignacio Ellacuría (1930-1989), jesuita, docente universitario y
filósofo, fue rector de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”
(UCA). La noche del 16 de noviembre de 1989, junto a otros miembros del equipo
rectoral de esa casa de estudios, fue brutalmente asesinado por un comando
especial de las fuerzas militares salvadoreñas por lo que se conoce como uno de
los “mártires de la UCA”. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn2&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref2&quot; name=&quot;_ftn2&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn2;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;Ignacio
Ellacuría, &lt;i&gt;Filosofía de la Realidad Histórica &lt;/i&gt;(San Salvador: UCA
Editores, 2007), 15-46. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn3&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref3&quot; name=&quot;_ftn3&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn3;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; Ibíd&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn4&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref4&quot; name=&quot;_ftn4&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn4;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; Entendemos “discurso histórico” en este momento como el discurso
producido por los historiadores y las instituciones que se encargan de la
investigación histórica (universidades, institutos de investigación, revistas,
etc.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn5&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref5&quot; name=&quot;_ftn5&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn5;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; R.G. Collingwood. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Idea de
la historia&lt;/i&gt;. (México: Fondo de Cultura Económica, 2011), 69.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn6&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref6&quot; name=&quot;_ftn6&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn6;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; Marc Bloch. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Apología para
la historia o el oficio del historiador&lt;/i&gt;. (México: Fondo de Cultura
Económica, 2018), 54&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn7&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref7&quot; name=&quot;_ftn7&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn7;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; Jacques Le Goff. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Pensar la
historia: Modernidad, presente, progreso&lt;/i&gt;. (Barcelona: Paidós, 1991)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn8&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

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Filosofía de la Universidad de París-VIII (Vincennes) y profesor de Historia de
las Ideas Políticas en la Sorbona. Fue fundador del Collège international de
philosophie junto a Jacques Derrida, Jean-Pierre Faye y Dominique Lecourt.
Tomado del sitio web de la editorial Siglo XXI: https://www.sigloxxieditores.com/autor/francois-chatelet/&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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Gonzalbo Aizpuru. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Introducción a la
historia de la vida cotidiana&lt;/i&gt;. (México: Colegio de México, 2006), 31-37&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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la historia o el oficio del historiador&lt;/i&gt;. (México: Fondo de Cultura
Económica, 2018), 56&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

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situada en la senda abierta por Husserl y por Heidegger, la cual desemboca, más
allá de la conciencia y de la existencia, en la aprehensión primordial de realidad.
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

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filosófica de Ignacio Ellacuría&lt;/i&gt;. Cuadernos de filosofía latinoamericana,&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;29 (99),&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;65-76&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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la evolución del pensamiento filosófico de Ignacio Ellacuría&lt;/i&gt;. Revista ECA,
noviembre-diciembre de 1996, 577-578&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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(Barcelona: Trotta, 2010)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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de filosofía. Tomo E-J&lt;/i&gt;. (Barcelona: Editorial Ariel, 1994), 1666&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

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de filosofía&lt;/i&gt;. (México: Fondo de Cultura Económica, 2010), 545&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;/div&gt;

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(Consultada el 5 de julio de 2020)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

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historiografía&lt;/i&gt;. (México: Fondo de Cultura Económica, 1981), 8&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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style=&quot;height: 300px; margin: 0px; width: 300px;&quot; /&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;Este ensayo constituyó la entrega final del Seminario “Construcción del tiempo histórico nacional”, impartido por el historiador venezolano y Premio Nacional de Historia, Omar Hurtado, en el Centro Nacional de Estudios Históricos (CNEH) de Venezuela, entre los meses de marzo y julio de 2020&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Tal vez uno de los
esfuerzos más importantes para darle estatuto de ciencia a la historia fue la
definición de su objeto de estudio. Por tal motivo, los textos clásicos de
teoría de la historia guardan siempre un apartado o reflexión sobre cuál
debería considerarse tal objeto. Una de las más citadas definiciones es la de
Bloch (1949), quien estableció como objeto de la historia al ser humano en el
tiempo&lt;a href=&quot;#_ftn1&quot; name=&quot;_ftnref1&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn1;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
Similar referencia hace Collingwood (1946) al señalar, como la “clase de cosa
que averigua la historia”, los actos humanos que han sido realizados en el
pasado&lt;a href=&quot;#_ftn2&quot; name=&quot;_ftnref2&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn2;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
Ambas definiciones contemplan tres elementos esenciales para nuestro
planteamiento. En primer lugar, los seres humanos; en segundo término, los
actos que éstos acometen; y, por último, el tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Estos tres elementos o
aspectos (ser o ente, acto y tiempo) forman parte, como constituyentes o notas
constitutivas de eso que conocemos desde la filosofía, como &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Y es que muchos textos
de teoría de la historia mencionan o refieren el concepto de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad&lt;/i&gt; de maneras tan variadas como
disímiles: como objeto mismo de la historia adjetivándola con el término &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;histórica&lt;/i&gt;, como el sitio en el que puede
hallarse el objeto de estudio, como las coordenadas y las delimitaciones espacio-temporales
en la que se dan los acontecimientos históricos, como el horizonte de
entendimiento del investigador histórico o como el lugar de enunciación de su
discurso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Esto no es un error terminológico
ni mucho menos una falta de precisión metodológica. Se trata del reflejo exacto
de la complejidad, la diversidad y el carácter dinámico de la realidad misma.
Sin embargo, esta complejidad (por el bien de la historia como disciplina
científica), obliga al reto de intentar un tipo de definición que permita su aprehensión
y entendimiento, pero sobre todo, su aplicabilidad en las propuestas
metodológicas de investigación histórica.&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Collingwood advierte que
“una ciencia difiere de otra en que averigua cosas de diferente clase”&lt;a href=&quot;#_ftn3&quot; name=&quot;_ftnref3&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn3;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
Entonces, la clase de cosas que investiga alguna de las ciencias naturales como,
por ejemplo, la física, la cual recoge, analiza y reporta resultados sobre la
experimentación de cosas físicas o materiales, constituirían la realidad física
o empírica. Mientras que la historia, como parte de lo que Dilthey definió como
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ciencias del espíritu&lt;/i&gt;, analizaría
cosas inaprensibles o inmateriales, es decir, aquellas que conforman la
realidad humana. Sin embargo, las cosas no son tan elementales, pues el
desarrollo de las ciencias, tanto naturales como humanas, así como la filosofía
de las ciencias y la filosofía de la historia han encontrado imbricaciones,
encuentros, diálogos y yuxtaposiciones entre la realidad material o física y la
realidad humana o intramundana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;El discurso de la
filosofía de la modernidad se planteó como reto acabar con esa dualidad de la
realidad que tanto la filosofía clásica como la filosofía cristiana se empeñó
en establecer. Cuerpo y alma, carne y espíritu, dos sustancias que se
encuentran, conviven, pero separadas por una dualidad inquebrantable e
incorruptible. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Hegel, al intentar una
comprensión conceptual del mundo real, logró establecer en la filosofía una
perspectiva que aún perdura en nuestros días y que ha marcado indeleblemente toda
noción de investigación científica. El pensador alemán, al darle un estatuto de
sustancia al sujeto cognoscente (aquél que conceptúa) lo equiparó al objeto que
conoce, es decir, aquello que antes estaba separado del sujeto: la realidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;La filosofía occidental experimentó
un golpe de timón con la propuesta metafísica hegeliana, pues a partir de
entonces sujeto y objeto son partes sustantivas de la realidad y no entidades
separadas. Sin embargo, para Hegel, el sujeto debe iniciar un viaje, un periplo
heroico de su conciencia, duro y trabajoso, en el que va adquiriendo progresivamente
un conocimiento de la realidad en un devenir, en una dialéctica permanente
entre la realidad, como mundo de todas las cosas, y el ser. Esto le concedió un
carácter dinámico a la constitución de la realidad, pero sobre todo, un
carácter histórico, pues es el ser humano, como realidad, como dijimos,
progresivamente y en un devenir, va dialogando con el mundo de las cosas y
conformando esa totalidad de lo real, que en diversas conceptualizaciones a
partir del propio Hegel se ha denominado &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ser
absoluto&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Por lo tanto, como
advertimos más arriba, el ser humano, sus actos y el tiempo, como objetos de estudio
propuestos por Bloch y Collingwood, como teóricos de la historia y ambos
herederos del pensamiento de la modernidad, la cual logra su cima con Hegel, no
escapan de los planteamientos de una metafísica que plantea la existencia de
una realidad totalizadora de todas las cosas que la conforman, y por tanto dinámica
y abierta, es decir, una &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad histórica&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Aquí encontramos también
uno de los problemas en permanente discusión entre la filosofía y la historia,
el cual debe aclararse por el bien de las ciencias humanas en general y de la
historia en particular. En la tradición de la conceptualización de aquello que
ha de considerarse ciencias históricas, cuando se habla de historia como &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;lo acontecido&lt;/i&gt;, se hace referencia a
aquello que sucedió en la realidad material o física y que fue, precisamente,
cometido por los seres humanos en un lugar y tiempo específicos; y, por otra
parte, cuando se habla de Historia (con mayúscula en la propuesta de Koselleck&lt;a href=&quot;#_ftn4&quot; name=&quot;_ftnref4&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn4;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;),
ello se refiere a las ciencias históricas en sí (teorías, métodos y prácticas)
y al discurso histórico, es decir, a los relatos o reportes científicos, producto
de las investigaciones históricas. Para algunos, lo escrito por los
historiadores (e historiadoras): la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;historiografía&lt;/i&gt;.
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Estamos de nuevo ante
una dualidad “realidad-concepto”, la cual, debido a la discusión o lucha por
darle estatuto de ciencia a la historia y diferenciarla de la filosofía,
lamentablemente desdibujó su objeto de estudio o lo delimitó a la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;res gestae&lt;/i&gt;, es decir, a los hechos
heroicos, en otras palabras, actos realizados no por el ser humano en general sino
por héroes y heroínas particulares. Entonces, la historia (con renombradas y
destacadas excepciones iniciadas por la Escuela de los Anales y, en Venezuela,
por Federico Brito Figueroa, de un estudio de la historia más amplio y que
tomara en cuenta su carácter dinámico y de abarcador de la realidad) se ha
limitado a narrar o reportar hechos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;También ha contribuido a
la distorsión o desdibujamiento del objeto de estudio de la historia, el hecho
de que la filosofía posthegeliana, hablamos de Marx, Heidegger, incluso de los
hermeneutas como Dilthey y el propio Gadamer, cuando utilizan en sus
reflexiones los términos &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;historia&lt;/i&gt;, &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;histórica&lt;/i&gt; (como sustantivo y como
adjetivo) e &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;historicidad&lt;/i&gt; se refiere a
nociones metafísicas, es decir, al devenir o la temporalidad de la realidad y
del ser instalado en ella.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;En nuestro
planteamiento, el profesional de las ciencias históricas ha de tener por objeto
la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad histórica&lt;/i&gt; que, al igual
que los filósofos, es materia de investigación y análisis, a partir de Hegel,
como totalidad de la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad&lt;/i&gt;. Ambas
son definiciones que refieren una realidad abierta y dinámica como conjunto de
todas las cosas, conceptuales y materiales, que conforman la realidad. Y,
repetimos, ambas interesan como objeto a filósofos e historiadores. La
diferencia estriba en la perspectiva y propósito. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;En primer lugar, la
perspectiva del filósofo es &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;a priori&lt;/i&gt;,
mientras que para el historiador es &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;a
posteriori&lt;/i&gt;, es decir, lo ya acontecido. La visión apriorística del filósofo
ha sido, precisamente, el centro de todas las críticas de la filosofía de la
historia, pues se le acusa de determinista y universalista. De hecho, su
propósito (el de la filosofía de la historia) es la formulación de una historia
universal, tomada hoy en día como una imposición, pues se presenta como
universalista cuando en realidad es eurocentrista, como todo el pensamiento de
la modernidad. Vencer ese determinismo es una de las metas de la filosofía de
la liberación y de los estudios decoloniales contemporáneos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Para Abbagnano (1960),
el propósito de la historia universal es “el conocimiento del plan providencial
del mundo histórico”&lt;a href=&quot;#_ftn5&quot; name=&quot;_ftnref5&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn5;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;,
repetimos, razón por la cual ha sido acusada, precisamente, de determinista por
esa pretensión definir un “plan providencial” para el devenir histórico del
mundo. Las repercusiones negativas de este “designio histórico”, de esta
imposición de un &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;telos&lt;/i&gt; o fin
teleológico (término también metafísico), ha sido esa intencionalidad de
encauzar la historia de la humanidad irremediablemente a una “causa final”, la
cual a la luz de nuestros días no ha acontecido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Por tal motivo, a
diferencia de “la historia de los historiadores”, la historia universal es
independiente de las limitaciones impuestas por el material historiográfico y
de los instrumentos de investigación. En otras palabras, es meramente &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;conceptual.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ya Fitche había
considerado estos dos tipos de historia: la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;a
priori&lt;/i&gt;, completamente independiente de lo acontecido, sus registros e
interpretaciones, y por tanto, materia del filósofo; y la historia &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;a posteriori&lt;/i&gt;, que es la materia del
historiador&lt;a href=&quot;#_ftn6&quot; name=&quot;_ftnref6&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn6;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Y es precisamente el
profesional de las ciencias históricas quien no puede prescindir de “todo
material historiográfico”, aún con sus limitaciones, pues su objeto es la
historia &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;a posteriori&lt;/i&gt;, es decir, &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;lo acontecido&lt;/i&gt;, la historia escrita sobre
ello, así como los documentos que por medio de sus instrumentos y métodos de
investigación pueda tener acceso. Entonces, si hablamos de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;lo acontecido&lt;/i&gt;, nos referimos de nuevo a lo acaecido en la realidad material,
la realidad real, vista ésta como totalidad, es decir, como &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad histórica&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Nos encontramos de nuevo
ante una dualidad: lo estrictamente &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;conceptual&lt;/i&gt;
de la historia universal como propósito de la filosofía de la historia; y, por
otra parte, la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;materialidad&lt;/i&gt; de lo
realmente &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ya&lt;/i&gt; acontecido en la
realidad como objeto del historiador y, en consecuencia, su detección, análisis
y reporte como propósito fundamental.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Si afirmamos que la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad histórica&lt;/i&gt; es la totalidad de
todo lo real y Hegel produjo una propuesta de unidad de contrarios entre lo
conceptual y lo físico, es menester de las ciencias históricas asumir como
objeto de estudio dicha totalidad en la que se fusionan de manera dialéctica lo
inmaterial y lo físico, pues esa &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad
histórica&lt;/i&gt; es el lugar donde el ser humano, como ser y objeto, constituye con
sus actos la temporalidad y devenir histórico de dicha realidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ignacio Ellacuría y su concepto de realidad histórica&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;En el pensamiento
contemporáneo latinoamericano y, por tanto, emancipador y en sintonía con la
teología y la filosofía de la liberación de la región, existe una propuesta que
sintetiza nuestro planteamiento. Se trata de la conceptualización de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad histórica&lt;/i&gt; del filósofo y
jesuita español-salvadoreño Ignacio Ellacuría&lt;a href=&quot;#_ftn7&quot; name=&quot;_ftnref7&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn7;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Basado en la metafísica
del filósofo español Xavier Zubiri, y siguiendo la tradición de la filosofía
clásica, desde los presocráticos hasta Heidegger, Ellacuría propone como objeto
de la filosofía la totalidad de todas las cosas reales. En su planteamiento,
eso supone un reto pues existe el difícil problema de definir aquello que da
unidad a toda la realidad. Como al inicio de este brevísimo ensayo, Ellacuría
retoma a Hegel y, en consecuencia, a Marx, estableciendo que aquello que le da
unidad a la realidad, ha sido para algunos la unidad conceptual y, para otros,
la unidad física. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ellacuría observa en
Hegel y su dialéctica, específicamente en el rescate que hace Marx de su núcleo
en &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El Capital&lt;/i&gt;, el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;devenir&lt;/i&gt;, como ese movimiento dialéctico
permanente, que logra concretar la unidad de los contrarios, es decir, entre lo
físico (mundo natural) y lo conceptual (lo humano y su incidencia).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;“Sólo
como devenir, que, por su propia naturaleza es una unidad de contrarios, puede
captarse y conceptuarse la realidad; sólo como momentos de un todo procesual
puede entenderse la totalidad de la realidad. Cuando se toman las cosas en una
extensa perspectiva y buscando el fondo de la realidad, aparecen como momentos
evanescentes de un proceso” (Ellacuría, 2007: 20)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Sin rechazar la
existencia de una unidad meramente conceptual y una unidad puramente física, la
realidad, en cuanto a totalidad de todo lo real, ha de considerarse procesual,
es decir, dinámica. Y en ese proceso, los elementos o las cosas que conforman
dicha realidad son, en palabras de Ellacuría, “momentos evanescentes” de dicha
dinámica procesual.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Esa totalidad, en la
cual la realidad “da más de sí”, y donde convergen todos los tipos de realidad
posibles (humana, material, conversacional, mediática, entre otras), es lo que
denomina Ellacuría como &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad
histórica&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Esa unidad y el carácter
dinámico y abierto de esa realidad como totalidad es posible por la interacción
perpetua de la materialidad de la historia, es decir, la presencia espacio-temporal
de materia en la realidad. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ellacuría cita a Engels,
quien ve la materia como un componente dinámico y no como algo estático o no
sujeta al desarrollo histórico, pues a su juicio esto conllevaría a una concepción
anti-histórica de la naturaleza y, por consiguiente, a una falsificación de la
realidad. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;También se apoya en la
metafísica zubiriana para quien la materia, como una unidad de elementos en
permanente reacomodo o transformación, tiene una posición dinámica en el
espacio y en el tiempo. Este último considerado en la filosofía como &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;tiempo cósmico&lt;/i&gt;, es decir, ese que avanza
independientemente de la temporalidad humana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Sin embargo, la
materialidad de la historia, cuya temporalidad es el tiempo cósmico, unida a lo
que denomina &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;componente social de la
historia&lt;/i&gt;, que es la intervención de la especie humana como realidad, y al &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;componente personal de la historia&lt;/i&gt;, como
las acciones concretas del ser humano en la transformación de la materialidad
física y, por ende, en la dinámica y la apertura de la realidad, nos lleva a lo
que denomina la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;estructura temporal de la
historia&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;En la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;estructura temporal de la historia&lt;/i&gt; se
imbrican, dándole unidad al mundo de las cosas: la materialidad física, con su
temporalidad (tiempo cósmico), y la realidad humana, con sus estructuras temporales
o tiempo humano (sucesión, edad, duración y precesión) para conformar así la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;temporalidad de la realidad histórica&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Por tal motivo, cuando
tratamos de concebir la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Construcción del
Tiempo Histórico&lt;/i&gt;, desde la perspectiva del historiador (a), debemos
ubicarnos en la totalidad de lo que conforma la realidad en su devenir, en su
dialéctica y, por tanto, en un espacio dinámico y abierto, que integra todas
las realidades posibles: material, humana, social, mediática, pues éstas
conforman como totalidad la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad
histórica.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Volvamos a la historia como disciplina&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Para entenderlo mejor,
desde la perspectiva de la teoría de la historia, retomemos lo planteado por
Collingwood (1946). La historia, como disciplina, se encarga de los actos
realizados por el hombre en el pasado, es decir, en una temporalidad limitada.
Entonces, el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;tiempo histórico&lt;/i&gt; se
convierte en el lugar donde acaecen los actos hechos por el ser humano. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Por su parte, Bloch (1949)
considera la tiempo histórico más allá que una simple medida. A su juicio, la
temporalidad forma parte constitutiva de la realidad, pues, en su perspectiva
teórica, el tiempo es el lugar en el que acaecen los actos humanos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;“Realidad
concreta y viva, entregada a la irreversibilidad de su impulso, el tiempo de la
historia, por el contrario, es el plasma mismo donde están sumergidos los
fenómenos y es como el lugar de su inteligibilidad” (Bloch, 1949: 58)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;En esta cita ratificamos
algunos de los planteamientos ellacurianos sobre la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad histórica.&lt;/i&gt; En primer lugar, la materialidad que se asoma
en el concepto de Bloch de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad
concreta&lt;/i&gt;. El tiempo es materialidad en la medida que es el sitio de
concreción, es decir, el lugar donde se da la transición de las potencialidades
humanas a actos humanos que, a su vez, modifican la realidad (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;actualización&lt;/i&gt;). &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;En segundo término,
Bloch coincide con Ellacuría al darle un carácter &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;vivo&lt;/i&gt; a la realidad, es decir, dinámico, en permanente
transformación. Ello, pues los actos humanos se van sucediendo en el tiempo y de
manera permanentemente, por lo que conforman eso que denomina Ellacuría “momentos
de un todo procesual” que, a su vez, nos permite entender la totalidad de la
realidad. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Y, por último, y que se
relaciona directamente con lo anteriormente dicho, Bloch describe el tiempo
como “lugar” no sólo como el espacio donde acaecen los hechos históricos, sino
también el “lugar de su inteligibilidad”, en otras palabras, la posición intelectiva
que nos permite interpretar de manera correcta dichos momentos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Para entender, para
darle inteligibilidad al tiempo histórico, entramos en el campo de la
comprensión humana, la cual sólo es posible al &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;darle sentido&lt;/i&gt; a una situación cuando ésta se concreta como un todo,
es decir, cuando se aprecia un fenómeno de la realidad como &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;totalidad&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Si queremos proponer la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad histórica &lt;/i&gt;como objeto de las
ciencias históricas, es fundamental precisar cómo se da dicha totalidad y cómo
opera esa inteligibilidad, tanto en la detección, como en el análisis de los
hechos históricos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Pero para acercarnos
más, volvamos a Collingwood. En su propuesta ya comentada hay tres elementos de
carácter conceptual que en una dinámica dialéctica con la materialidad sugiere
la unidad de los contrarios. En primer lugar, el propio término &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;acto&lt;/i&gt; sugiere, desde la filosofía
aristotélica, una noción conceptual muy importante para la dinámica misma de la
realidad. Como asomamos más arriba, se trata de la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;potencia&lt;/i&gt;. Todo acto es la materialización de una potencialidad y
ésta no es material hasta que el acto se concreta. En términos aristotélicos,
el principio fundamental del movimiento y, por tanto, de la temporalidad humana
y el tiempo histórico es el paso de la potencia al acto. Y este principio
explica, en esta perspectiva de intentar definir un objeto de la historia,
porqué el historiador no sólo ha de tomar en cuenta como objeto de su reflexión
los actos humanos, sino también las potencialidades, en un primer momento
inmateriales, que hicieron posibles dichos actos, llámense causas, condiciones
o posibilidades.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;En conclusión, el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;tiempo histórico&lt;/i&gt; no sólo es la
periodización del tiempo cósmico. Se trata del lugar donde suceden los hechos
históricos y, por ende, de considerarse un término conceptual se convierte en
materialidad, en concreción, en realidad, lo cual hace posible la detección
precisa de los hechos históricos y su análisis. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Y, en segundo término,
el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;tiempo histórico&lt;/i&gt; es, en palabras
de Bloch, “el plasma mismo donde están sumergidos los fenómenos”, concretamente
la posición que permite al investigador, pero también a los actores histórico la
comprensión de la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad histórica&lt;/i&gt;
en la que están instalados, su “lugar de inteligibilidad”. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Entonces, la
temporalidad, vista aquí como &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;tiempo
histórico&lt;/i&gt;, es parte constitutiva de la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad&lt;/i&gt;,
pues es lo que hace posible la totalidad de todas las cosas del mundo y, por ende,
permite darle sentido, en otras palabras, entender la historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Referencias&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Abbagnano, N. (1960).
Diccionario de filosofía. México: Fondo de Cultura Económica, 2010&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Bloch, M. (1949).
Apología para la historia o el oficio del historiador. México: Fondo de Cultura
Económica, 2018&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Collingwood, R. G.
(1946). Idea de la historia. México: Fondo de Cultura Económica, 2011&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ellacuría, I. (2007).
Filosofía de la Realidad Histórica. San Salvador: UCA Editores&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;Koselleck, R, (1975). historia/Historia. Barcelona: Trotta, 2010&lt;/span&gt;

&lt;div style=&quot;mso-element: footnote-list;&quot;&gt;&lt;br clear=&quot;all&quot; /&gt;

&lt;hr align=&quot;left&quot; size=&quot;1&quot; width=&quot;33%&quot; /&gt;



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&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref1&quot; name=&quot;_ftn1&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn1;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Marc Bloch. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Apología para la historia o el oficio del
historiador&lt;/i&gt;. (México: Fondo de Cultura Económica, 2018), 58&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

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&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref2&quot; name=&quot;_ftn2&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn2;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; R.G. Collingwood. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Idea de la historia&lt;/i&gt;. (México: Fondo de
Cultura Económica, 2011), 69.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

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&lt;/div&gt;

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&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref4&quot; name=&quot;_ftn4&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn4;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Reinhart Koselleck. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;historia/Historia&lt;/i&gt;. (Barcelona: Trotta,
2010)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn5&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref5&quot; name=&quot;_ftn5&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn5;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Nicola Abbagnano.
Diccionario de filosofía. (México: Fondo de Cultura Económica, 2010), 545&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn6&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref6&quot; name=&quot;_ftn6&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn6;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Idem&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn7&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref7&quot; name=&quot;_ftn7&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn7;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Ignacio Ellacuría
(1930-1989), jesuita, docente universitario y filósofo, fue rector de la
Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA). La noche del 16 de
noviembre de 1989, junto a otros miembros del equipo rectoral de esa casa de
estudios, fue brutalmente asesinado por un comando especial de las fuerzas
militares salvadoreñas por lo que se conoce como uno de los “mártires de la
UCA”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;/div&gt;





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&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin: 12pt 0cm; text-align: center;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;img alt=&quot;Filosofia wilhelm Dilthey&quot; class=&quot;n3VNCb&quot; data-noaft=&quot;1&quot; src=&quot;https://cdn.slidesharecdn.com/ss_thumbnails/filosofia-140505204850-phpapp02-thumbnail-4.jpg?cb=1399322986&quot; style=&quot;height: 216.563px; margin: 0px; width: 385px;&quot; /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&lt;i&gt;Este ensayo se preparó en julio de 2020 para la materia de Filosofía de la Historia en el Doctorado de Historia del Centro Nacional de Estudios Históricos (CNEH), dictada por el filósofo venezolano Nelson Guzmán&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Si nos proponemos la
tarea de identificar puentes o lugares de encuentro entre la filosofía y los
estudios históricos, en el período comprendido entre finales del siglo XIX y
principios del XX, apreciaremos claramente dos nombres: Wilhelm Dilthey
(1833-1911) y Hans-Georg Gadamer (1900-2002), quienes además son las caras más
visibles de lo que se conoce como &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;hermenéutica
filosófica&lt;/i&gt;. Este dato inicial podría llevarnos a pensar que, precisamente,
la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;hermenéutica&lt;a href=&quot;#_ftn1&quot; name=&quot;_ftnref1&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn1;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;,
cuyos pilares iniciales fundaron estos dos pensadores alemanes, constituye el
vínculo más notorio entre la filosofía y la historia, por supuesto, desde una
perspectiva occidental y, particularmente, europea.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Aunque ya Nietzsche
había sentado las bases de este encuentro, Dilthey dio un paso importante al
intentar darle el estatuto definitivo de ciencia a los estudios humanísticos.
La vía era edificar una sólida base filosófica a las ciencias humanas que, en
consecuencia, fundamentara su &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;método
científico&lt;/i&gt;. Ya con un fundamentación metodológica establecida, al igual que
las ciencias naturales, ello permitiría el tan anhelado reconocimiento de las
humanidades como ciencia.&amp;nbsp;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;A finales del siglo XIX&lt;a href=&quot;#_ftn2&quot; name=&quot;_ftnref2&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn2;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;,
Dilthey parte su reflexión desde la noción hegeliana de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;espíritu&lt;/i&gt;, es decir, el autoconocimiento o la búsqueda constante de conocimiento
que mantiene el ser humano, no sólo de su realidad material (empírica), sino fundamentalmente
de su esencia universal. Entonces, en este punto, se diferencia la realidad
empírica como objeto de las ciencias naturales y la realidad histórica-social,
por excelencia, como objeto de las ciencias del espíritu.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Esta situación debía
plantearse, pues desde bien entrado el siglo XIX las ciencias naturales ya habían
alcanzado su reconocimiento, mientras que disciplinas incipientes, como la
filología y la historia, entre otras, aún no era reconocidas como ciencias por
lo que se empeñaron en lograr un estatus equivalente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Hottois (1997) explica
que ante esta situación se abrieron dos caminos posibles. Por una parte, las
nuevas ciencias debían asumir el estudio del ser humano y sus producciones (sus
textos, su cultura, instituciones, etcétera) desde el ideal metodológico de las
ciencias naturales. Es decir, como causales, cuantificables y desde una
absoluta objetividad. O, por otro lado, era necesario asumir que dado que su
campo específico e irreductible de investigación son las expresiones de la
subjetividad individual y colectiva, ello requiere un enfoque propio y
diferenciado de las ciencias naturales&lt;a href=&quot;#_ftn3&quot; name=&quot;_ftnref3&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn3;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ese enfoque propio y
diferenciado, en la propuesta de Dilthey, tiene como eje fundamental la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;hermenéutica&lt;/i&gt; por su carácter
epistemológico del &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;comprender-interpretar&lt;/i&gt;,
en contraposición a la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;explicación&lt;/i&gt;,
propia de las ciencias naturales. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;El debate, el cual para
Hottois se extiende hasta casi el siglo XXI, es fundamentalmente epistemológico,
pues intenta determinar las formas de saber-conocer en relación con el objeto
de estudio, y además metodológico, ya que trata de definir los métodos
apropiados para la obtención de esos saberes&lt;a href=&quot;#_ftn4&quot; name=&quot;_ftnref4&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn4;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
Asimismo, reconoce a Dilthey, como lo hacen otros manuales de historia de la
filosofía, como el principal iniciador de esta problemática.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;La &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Introducción a las
ciencias del espíritu&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;El texto fundamental
para entender el enorme esfuerzo de Dilthey para alcanzar el reconocimiento de
las ciencias humanas (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Geiseswissenschaften&lt;/i&gt;)
como una forma de saber tan legítima como las ciencias naturales (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Naturwissenschaften&lt;/i&gt;) es su &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Introducción a las ciencias del espíritu&lt;/i&gt;,
cuyo primer tomo fue publicado en 1883. Al inicio del prólogo de la obra, el
propio Dilthey anuncia un segundo volumen pues advierte que el texto que el
lector tiene en sus manos es la “primera mitad” del libro. Sin embargo, la
segunda parte nunca fue escrita ni editada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;En dicho prólogo,
Dilthey comienza también indicando cuál es su propuesta: trabar (vincular) un &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;método histórico&lt;/i&gt; con otro &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;sistemático&lt;/i&gt;, para tratar de darle una
fundamentación filosófica a las ciencias del espíritu “con el mayor grado de
certeza”&lt;a href=&quot;#_ftn5&quot; name=&quot;_ftnref5&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn5;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
Aquí nos encontramos con elementos claves para entender el planteamiento
preliminar del pensador alemán. En primer lugar, el método histórico. Dilthey
intenta establecer los fundamentos filosóficos de las ciencias humanas a partir
de una historización del pensamiento precedente de cara a hallar una evolución
teórica similar a la que favoreció a los estudios de la naturaleza para lograr
su estatus como ciencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;“El
método histórico sigue la marcha del desarrollo en el cual la filosofía ha
pugnado hasta ahora por lograr semejantes fundamentos; busca el lugar histórico
de cada una de las teorías dentro de este desarrollo y trata de orientar acerca
del valor, condicionado por la trama histórica, de esas teorías; adentrándose
en esta conexión del desarrollo quiere lograr también un juicio sobre el impulso
más íntimo del actual movimiento científico”&lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;#_ftn6&quot; name=&quot;_ftnref6&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn6;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Lo que asoma Dilthey es
que con dicha historización del pensamiento filosófico podrá homologar los
fundamentos de las ciencias naturales, por un principio de semejanza, con las
bases que busca asentar para las ciencias humanas. Aquí encontramos también el
primer blanco de las críticas a la propuesta de Dilthey, su excesivo
historicismo, es decir, el determinismo impuesto por un &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;saber histórico&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Por tal razón, una vez
el método histórico justifique la naturaleza y la validez del carácter
científico de las humanidades (hasta ahora ciencias del espíritu), con una
epistemología producto de la historia, enlazará esto con un método sistemático,
como asoma en las primeras líneas, que produzca una metodología que, en concreto,
será el último paso para alcanzar ese carácter científico al estudio del ser
humano como esencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;La metafísica como piedra angular&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;A partir de las primeras
descripciones históricas, Dilthey comienza a dar cuenta de la tensión existente
en el devenir histórico entre lo intangible de las ciencias humanas y lo materialmente
observable de las ciencias naturales, y como algunas de las primeras,
específicamente las que identifica como las &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ciencias
de la sociedad &lt;/i&gt;y la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;historia&lt;/i&gt; seguían
“hasta muy entrado el siglo en la vieja servidumbre con respecto a la
metafísica”&lt;a href=&quot;#_ftn7&quot; name=&quot;_ftnref7&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn7;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;La referencia a la
metafísica es reveladora, pues será la perspectiva de la filosofía primera
(como la llamó Aristóteles) o metafísica la que dará cuenta de cuál es la
esencia del objeto de las ciencias del espíritu.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Tanto las humanidades
como las ciencias naturales tendrán por objeto la realidad, la cual es también
el objeto de la metafísica. Por tal motivo, será clave la definición sustancial
de cada objeto, en el primer caso inmaterial, y por tanto histórica y social, y
en el caso de las ciencias naturales la realidad física o material.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;A pesar de ello, Dilthey
no descarta la incidencia determinante del pensamiento del ser humano en la
realidad material, al referirse a cómo las ideas se concretaban, por ejemplo,
en Francia con Revolución de 1789. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Destaca que, casi de
manera simultánea, cuando se suponía que en Francia se daba esta
materialización del sistema de ideas sociales del derecho, la religión, la
teoría del Estado y la economía, en Alemania se iniciaba el desarrollo de una
visión de ese fenómeno europeo como un proceso en el que afloraban “todos los
hechos espirituales” poniendo así en duda la veracidad o aplicabilidad de esas
ideas sociales. En otras palabras, la Revolución Francesa no era la concreción deliberada
y preconcebida de un sistema de pensamiento, sino, en una visión muy hegeliana,
lo que se ponía de manifiesto era el despliegue del espíritu humano en el mundo
material.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Dilthey advierte que
esta teoría, iniciada por Winckelmann&lt;a href=&quot;#_ftn8&quot; name=&quot;_ftnref8&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn8;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;
y Herder&lt;a href=&quot;#_ftn9&quot; name=&quot;_ftnref9&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn9;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;,
se vio reforzada con el contragolpe que siguió a la Revolución y se extendió en
Inglaterra por medio de Burke&lt;a href=&quot;#_ftn10&quot; name=&quot;_ftnref10&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn10;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;
y en Francia con Guizot&lt;a href=&quot;#_ftn11&quot; name=&quot;_ftnref11&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn11;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;
y Tocqueville&lt;a href=&quot;#_ftn12&quot; name=&quot;_ftnref12&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn12;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;“Animaba
a esta escuela una intención puramente empírica, un ahondamiento amoroso en las
particularidades del proceso histórico, un espíritu universal que, al
considerar la historia, pretendía determinar el valor de cada hecho singular
partiendo inicialmente de la trama del desarrollo y un espíritu histórico que,
dentro de la ciencia de la sociedad, buscaba en el estudio del pasado la
explicación y la regla del presente y para el que la vida espiritual era en
todos sus puntos histórica”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Aquí vemos a un Dilthey,
acusado de historicista, criticando el historicismo del pensamiento filosófico
del siglo XVIII, el cual se vio en permanente confrontación con las ideas del
siglo anterior. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Lo importante aquí es
resaltar el señalamiento de Dilthey sobre el excesivo empirismo de la escuela
europea de entonces, así como su determinismo histórico, del cual a su juicio imponían
limitaciones que afectaban negativamente a las ciencias del espíritu, las
cuales estaban determinadas por un historicismo que, además, obstaculizaba un
desarrollo teórico necesario para constituirse definitivamente como ciencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Para Dilthey, al
análisis de los hechos históricos, anclados en el empirismo determinista y
centrado en el estudio del pasado para encontrar explicaciones al presente, le
faltaba una fundamentación filosófica que permitiera una conexión de los fenómenos
históricos con los llamados &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;hechos de la
conciencia&lt;/i&gt;. Era evidente la necesidad de un método, a su juicio,
explicativo, que pudiera detectar y resolver la trampa en la que estaban
atrapadas las ciencias humanas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Esta era la situación
hasta que Comte&lt;a href=&quot;#_ftn13&quot; name=&quot;_ftnref13&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn13;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;,
Stuart Mill&lt;a href=&quot;#_ftn14&quot; name=&quot;_ftnref14&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn14;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[14]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;
y Buckle&lt;a href=&quot;#_ftn15&quot; name=&quot;_ftnref15&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn15;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[15]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;
trataron de develar, en palabras de Dilthey, el mundo histórico “trasladando a
él los principios y métodos de la ciencia natural, ante la protesta estéril de
una visión más viva y más honda, que, no obstante, ni podía desarrollarse ni
encontraba su fundamento frente a otra concepción más prosaica y superficial
pero dueña del análisis”&lt;a href=&quot;#_ftn16&quot; name=&quot;_ftnref16&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn16;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[16]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Contra lo que está
combatiendo Dilthey es la hegemonía epistemológica y, por tanto, metodológica,
de las ciencias naturales y la imposición del pensamiento positivista en todas
las áreas del saber. Con esto podemos coincidir; incluso con vehemencia podría
apoyarse su denuncia sobre lo prosaico y superficial de la observación
meramente empírica de los hechos históricos. Sin embargo, es criticable que
ponga como ejemplo a Thomas Carlyle (1795-1885) como uno de los opositores de
visión “más viva y más honda” contra la impositiva ciencia exacta, cuando a la
luz de nuestros días este filósofo e historiador inglés es considerado el
ideólogo de la burguesía contemporánea y uno de los principales impulsores de
las represiones contra la clase obrera en el siglo IXX. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Seguramente, la
referencia a Carlyle, a quien identifica como &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;espíritu&lt;/i&gt;, proviene precisamente por ser éste un defensor y
propulsor del idealismo alemán en Inglaterra y, además, el creador de la
denominada &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;teoría del culto a los héroes&lt;/i&gt;,
la cual, según su punto de vista, la historia de la sociedad consiste en la
biografía de las grandes personalidades&lt;a href=&quot;#_ftn17&quot; name=&quot;_ftnref17&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn17;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[17]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
Aquí vemos, evidentemente, la noción del &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;espíritu&lt;/i&gt;
hegeliano y el absoluto como la máxima expresión del idealismo alemán. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;A pesar de ello, Dilthey
reconoce que ante este ataque desigual, las ciencias humanas y sus defensores
(Carlyle y otros &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;espíritus&lt;/i&gt;), además
de la torpeza o imprecisión lingüística, se vieron disminuidos e inseguros, por
lo que se refugiaron “en la mera descripción, o encontraron satisfacción en
concepciones subjetivas muy ingeniosas, o se entregaron en brazos de una
metafísica que promete al que se le confía principios que han de tener la
fuerza de transformar la vida práctica”&lt;a href=&quot;#_ftn18&quot; name=&quot;_ftnref18&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn18;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[18]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;¿Estos problemas
planteados aquí por Dilthey a finales del siglo XIX no persisten en las
humanidades del siglo XXI? Intentaremos replantear dicha interrogante al final
de este breve ensayo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Por ahora, resaltemos la
nueva referencia a la metafísica. Una vez más, en el prólogo, Dilthey acusa a
la filosofía primera de “prometer” a quienes se refugian en ella una suerte de principios
que “han de tener la fuerza de transformar la vida práctica”. De alguna forma,
el pensador alemán ratifica que es la realidad el objeto de estudio de las
ciencias humanas, pero quienes en ese entonces se sentían minimizados por la
fuerza impositiva de las ciencias exactas “se entregan” a un tipo de realidad,
la cual aunque debería ser la histórico-social y, por ende, ser abordada desde una
perspectiva propia de la esencia humana, al contrario, se analiza como si fuera
la realidad material o física, propia de las ciencias naturales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;He aquí, de nuevo, el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;quid&lt;/i&gt; del asunto respecto a la ingente
tarea de Dilthey de contribuir de una forma determinante en la concesión del
estatuto de ciencia a las humanidades, saltando los escollos señalados: la
hegemonía de las ciencias exactas, la inmensa fuerza de la corriente
positivista en los saberes de la época, la entrega de los especialistas de las
ciencias humanas a las teorías y métodos de las ciencias naturales y, por
último, la indefinición de su objeto de estudio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Propuesta desde y para la historia&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ante esto, Dilthey
anuncia formalmente su intento de “fundamentar filosóficamente el principio de
la escuela histórica y el trabajo de las ciencias particulares de la sociedad,
inspirado todavía por esa escuela, para de esa manera arbitrar entre ella y las
teorías abstractas”&lt;a href=&quot;#_ftn19&quot; name=&quot;_ftnref19&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn19;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[19]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ahí esta expresada
claramente la vía que propone Dilthey para encontrar su anhelada fundamentación
filosófica para las ciencias del espíritu. Se trata de establecer un diálogo,
digamos, una dialéctica entre contrarios. Propone un encuentro entre la escuela
de ciencias humanas que erróneamente está aplicando el método de las ciencias
naturales y &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;las teorías abstractas&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Además, se autodefine
como un árbitro, es decir, reconoce la existencia de las dos unidades
contrarias, lo cual es fundamental para reconocer qué aportará sintéticamente
cada unidad a la totalidad. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;¿Era Dilthey el llamado
a esta tarea? ¿Tenía las condiciones de emprender el arbitraje ente dos fuerzas
del saber enfrentadas? ¿Conocía la naturaleza de cada una?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;La respuesta la
encontramos en Grondin (1991), en su &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Introducción
a la hermenéutica filosófica&lt;/i&gt;, cuyo prólogo es del propio Gadamer. En el
texto, Grondin explica: “Dilthey se entendía como un metodólogo de la escuela
histórica. Para comprender las ciencias del espíritu en su derecho propio (…)
para protegerlas así de la penetración del método de las ciencias naturales”&lt;a href=&quot;#_ftn20&quot; name=&quot;_ftnref20&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn20;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[20]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Incluso en sus
documentos autobiográficos, el mismo Dilthey reconoce que de los estudios
históricos llegó a la reflexión filosófica para iniciar un camino seguro para
lograr el estatuto o reconocimiento que debían tener las ciencias humanas
entonces. Incluso asoma que el primer objetivo es darle esa legitimidad a la
ciencia histórica para que luego se dé el de la ciencias humanas en general.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;“Cuando
llegué a Berlín, allá por el año cincuenta del pasado siglo —¡cuánto tiempo
hace de esto y qué pocos los que lo han vivido!—, se hallaba en su cenit el
gran movimiento en el cual se ha realizado la constitución definitiva de la
ciencia histórica y, por medio de ella, de las ciencias del espíritu&lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;#_ftn21&quot; name=&quot;_ftnref21&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn21;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[21]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;De hecho, en el prólogo
que comentamos, Dilthey, como historiador, expresa sus preocupaciones previas
sobre el tema e inicia su examen dialéctico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;“En
mis trabajos me inquietaban cuestiones que, seguramente, han inquietado también
a todo historiador, jurista o político reflexivo (…) ¿Cuál es el plexo de las
proposiciones que se hallaría en la base de los juicios del historiador, de las
conclusiones del economista, de los conceptos del jurista y que sería capaz de
prestarles seguridad? ¿Alcanza ese plexo hasta los dominios de la metafísica?
¿Existen, acaso, una filosofía de la historia o un derecho natural sostenidos
por conceptos metafísicos? Si esto no es admisible ¿dónde encontrar el respaldo
firme para una red de proposiciones que trabe a las ciencias particulares y les
preste seguridad?”&lt;a href=&quot;#_ftn22&quot; name=&quot;_ftnref22&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn22;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[22]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Aquí Dilthey comienza el
diálogo llevándolo a la metafísica, seguramente, buscando la esencial, los sustancial,
que debe servir como fundamento a su planteamiento, pues ha de otorgarle, en
sus palabras, certeza y seguridad a los planteamientos de las ciencias humanas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Asimismo, critica las
respuestas que a esta pregunta aportaron los positivistas, las cuales a su
juicio mutilaron el objeto de las ciencias humanas: la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad histórica&lt;/i&gt;. Ello, con la pretensión de adaptar los
conceptos y métodos de las ciencias naturales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Para Dilthey, la
independencia de las ciencias humanas se halla en reconocer la experiencia
interna, es decir, los &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;hechos de la
conciencia&lt;/i&gt; como el centro de lo que plantea como idea primaria. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;“Toda
ciencia es ciencia de la experiencia, pero toda experiencia encuentra su nexo
original y la validez que éste le presta en las condiciones de nuestra
conciencia, dentro de la cual se presenta: en la totalidad de nuestra
naturaleza. Designamos este punto de vista —que reconoce, consecuentemente, la
imposibilidad de ir más allá de esas condiciones, pues eso equivaldría a
pretender ver sin ojos o tratar de llevar la mirada del conocimiento detrás del
aparato visual— como gnoseológico; la ciencia moderna no puede reconocer ningún
otro”&lt;a href=&quot;#_ftn23&quot; name=&quot;_ftnref23&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn23;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[23]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Si toda ciencia es
ciencia de la experiencia y ésta encuentra su estado original en la conciencia,
la cual da sentido a la realidad como totalidad, será en la conciencia y, por
ende, el conocimiento humano, el lugar de encuentro para darle unidad a los
contrarios.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Asume entonces un punto
de vista gnoseológico, es decir, desde la teoría del conocimiento. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;El análisis de los
hechos de la conciencia, como lugar donde se da la realidad auténtica y donde
se suceden las experiencias, será el centro de la ciencias del espíritu y
corresponderá, en palabras de Dilthey, al espíritu de la escuela histórica, el
conocimiento de los principios del mundo espiritual.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Resulta también
interesante como Dilthey coloca así al ser humano como centro de la
constitución de la realidad, cuestión en sintonía con muchos de los
planteamientos de la filosofía y, específicamente, de la metafísica del siglo
XX, de Heidegger hasta nuestros días.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;La realidad humana,
diría el filósofo español-salvadoreño Ignacio Ellacuría&lt;a href=&quot;#_ftn24&quot; name=&quot;_ftnref24&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn24;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[24]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;,
es la realidad suprema en la constitución última de la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;realidad histórica&lt;/i&gt;, es decir, aquella que en su planteamiento totaliza
la realidad, pues en ella convergen todas las realidades del mundo de las cosas&lt;a href=&quot;#_ftn25&quot; name=&quot;_ftnref25&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn25;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[25]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
Y Dilthey ya colocaba al ser humana como fundamento de la realidad conceptual.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;“Pero
mi interés histórico y psicológico por el hombre entero me condujo a colocar a
este hombre en la diversidad de todas sus fuerzas, a este ser que quiere,
siente y representa como fundamento también de la explicación del conocimiento
y de sus conceptos (tales como mundo exterior, tiempo, sustancia, causa) a
pesar de que el conocimiento parece tejer estos conceptos con sólo la materia
que le proporcionan el percibir, el representar y el pensar”&lt;a href=&quot;#_ftn26&quot; name=&quot;_ftnref26&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn26;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[26]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Se trata de conciliar o
darle unidad, como sostiene también Ellacuría, a la realidad conceptual y a la
realidad física, pues en Dilthey ambas dimensiones convergen en el ser humano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ahora, como método, habrá
de retomar lo que denomina “cada elemento del actual pensamiento abstracto,
científico, a la naturaleza humana, tal como lo muestra la experiencia, el
estudio del lenguaje y el de la historia”, para luego encontrar la conexión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;A su juicio, ello dará
como resultado la integración de los elementos de la percepción y los del conocimiento
de la realidad, lo que denomina como “mundo exterior, individuos fuera de
nosotros, su vida en el tiempo y sus interacciones”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;La cuestión del
encuentro de la unidad conceptual (ser humano) y la unidad física (realidad
material), la intenta resolver Dilthey colocando, como hemos asomado, a la
naturaleza entera como lo que permite dicha conciliación. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;“Así
parece resolverse también el misterio más recalcitrante de esta fundamentación,
la cuestión del origen y legitimidad de nuestra convicción acerca de la
realidad del mundo exterior. Para la mera representación el mundo exterior no
es más que un fenómeno, mientras que para nuestro entero ser volitivo, afectivo
y representativo se nos da, al mismo tiempo que nuestro yo y con tanta
seguridad como éste, la realidad exterior (es decir, otra cosa independiente de
nosotros, sean cuales fueren sus determinaciones espaciales); por lo tanto, se
nos da como vida y no como mera representación&lt;a href=&quot;#_ftn27&quot; name=&quot;_ftnref27&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn27;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[27]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Así, la realidad (como
vida) y nuestro conocimiento (como percepción y representación) serán los
conciliadores o unificadores de la realidad exterior como totalidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Dilthey reconoce que esto
es sólo un planteamiento, pues deja al juicio del lector la demostración de su
propuesta contendida en el ensayo que prologa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Inmediatamente, anuncia
la estructura del escrito, el cual inicia con un repaso de las ciencias
particulares del espíritu, “ya que ellas nos brindan el amplio material y el
motivo de todo este trabajo”&lt;a href=&quot;#_ftn28&quot; name=&quot;_ftnref28&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn28;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[28]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
Seguidamente aborda la historia del pensamiento filosófico “que busca los
fundamentos sólidos del saber a través de la época en que se decidió la suerte
de la fundamentación metafísica”&lt;a href=&quot;#_ftn29&quot; name=&quot;_ftnref29&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn29;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[29]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Dilthey, en esta nueva
referencia metafísica, propone demostrar que la filosofía primera que
fundamentó las ciencias estaba condicionada por una situación particular que ya
no existe y que, por ende, ya no es tiempo de fundar metafísicamente las
ciencias del espíritu. Ello no se trata de una contradicción con lo planteado
anteriormente, de darle una fundamentación filosófica a las ciencias humanas; al
contrario, se trata de una declaración de rechazo a la metafísica como estuvo
entendida en la fundamentación de las ciencias naturales. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Sin embargo, al final del
prólogo nos topamos una vez más con lo que constituye la mayor crítica a
Dilthey: su historicismo. De hecho, reconoce una “prolijidad de la parte
histórica” en su ensayo. Una prevalencia total a la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;razón histórica&lt;/i&gt; como aquello que va a validar su planteamiento
central y que identifica como su “convicción acerca del valor que corresponde a
la percatación histórica junto a gnoseológica”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;“Esta
misma convicción se manifiesta en esa preferencia por la historia de la
filosofía que prevalece hace varias generaciones, como también en los intentos
de Hegel, el Schelling de la segunda época y Comte para fundamentar su sistema
históricamente. La justificación de esta convicción resulta todavía más patente
una vez aceptada la idea de desarrollo. Pues la historia del desarrollo
intelectual muestra el crecimiento del mismo árbol a la luz clara del sol,
árbol cuyas raíces tiene que buscar bajo la tierra el trabajo de fundación
gnoseológica”&lt;a href=&quot;#_ftn30&quot; name=&quot;_ftnref30&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn30;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[30]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Utiliza, evidentemente,
un argumento &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ad verecundiam &lt;/i&gt;(apelación
a la autoridad) al plantear que no sólo él, sino también otros pensadores
acudieron a la razón histórica para fundamentar sus planteamientos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Vigencia del planteamiento de Dilthey (a manera de
conclusión)&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Nadie duda en reconocer
que Dilthey detectó un problema epistemológico y metodológico de las Humanidades
que requería solución, pues era fundamental lograr su reconocimiento como
ciencia. Asimismo, como fiel briógrafo de Schleiermacher&lt;a href=&quot;#_ftn31&quot; name=&quot;_ftnref31&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn31;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[31]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;,
también se reconoce el mérito de plantear la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;hermenéutica&lt;/i&gt; como un principio metodológico en las ciencias
humanas. Sin embargo, la detección y la reflexión del problema no alcanzó un desenlace
satisfactorio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Gadamer (1960) en su
célebre &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Verdad y Método&lt;a href=&quot;#_ftn32&quot; name=&quot;_ftnref32&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn32;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[32]&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;
reconoce el valor de las reflexiones de Dilthey, pero señala sus debilidades
más importantes. En primer lugar, como hemos comentado, advierte su
historicismo, el cual queda evidenciado no sólo por la prolijidad histórica en
su discurso, sino también por apelar fundamentalmente a la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;razón histórica &lt;/i&gt;como horizonte de entendimiento.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;“…
a pesar de todas la oposición de la escuela histórica contra el espiritualismo
de Hegel, el entronque hermenéutico ha inducido a leer la historia como un
libro, esto es, a creerla llena de sentido hasta las últimas letras. Con todas
sus protestas contra la filosofía de la historia en la que el núcleo de todo
acontecer es la necesidad del concepto, la hermenéutica de Dilthey no pudo
evitar hacer culminar a la historia en una historia del espíritu”&lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;#_ftn33&quot; name=&quot;_ftnref33&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn33;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[33]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;En segundo lugar, para
Gadamer, Dilthey “se dejó influir ampliamente por el modelo de las ciencias
naturales, a pesar de su empeño en justificar la autonomía metódica de las
ciencias del espíritu”&lt;a href=&quot;#_ftn34&quot; name=&quot;_ftnref34&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn34;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[34]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;No obstante, estos dos
importantes señalamientos, el propio Gadamer advierte la permanencia actual de
los peligros que amenazaron en aquel entonces la propuesta de Dilthey.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;No está del todo
resuelto el problema epistemológico y metodológico de lo que hoy aún se
entiende por estudios históricos, tanto el que entiende &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;historia &lt;/i&gt;como lugar espacio-temporal donde suceden los
acontecimientos sociales más importantes para el devenir humano, como para los
que entienden &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Historia&lt;/i&gt;, como la
propia ciencia histórica o el discurso que ésta produce: la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;historiografía&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;En ambos ámbitos
persisten los núcleos problemáticos que llevaron a Dilthey a emprender una
odisea teórica y metodológica, que aunque no concluyó aún mantiene su
discusión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Estos núcleos son, en
primer lugar, la opacidad de su objeto de estudio, seguida de la ausencia de
reflexión filosófica que brinde una fundamentación teórica a la ciencia
histórica como parte fundamental de las Humanidades. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;No atacar estos dos
problemas, en la reflexión y en la práctica del historiador o de la
historiadora, por supuesto, seguirá trayendo como consecuencia aquello que
advirtió tempranamente el propio Dilthey: que el discurso historiográfico se
quede “en la mera descripción” y que los responsables de construirlo encuentren
su reconocimiento y satisfacción “en concepciones subjetivas muy ingeniosas”.&lt;/span&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;

&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Fuentes bibliográficas&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Dilthey, w. (1883). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Introducción a las ciencias del espírit&lt;/i&gt;u.
México: Fondo de Cultura Económica, 1949&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ellacuría, I. (2007).
Filosofía de la Realidad Histórica. San Salvador: UCA Editores&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Gadamer, H-G. (1960). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Verdad y método&lt;/i&gt;. Tomo I. Salamanca:
Ediciones Sígueme, 2005&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Grondin, J. (1991). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Introducción a la hermenéutica filosófica&lt;/i&gt;.
Barcelona: Herder, 2002&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; margin: 12pt 0cm; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Hottois, G. (1999). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Historia de la filosofía. Del renacimiento a
la posmodernidad&lt;/i&gt;. Barcelona: Cátedra&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;div style=&quot;mso-element: footnote-list;&quot;&gt;&lt;br clear=&quot;all&quot; /&gt;

&lt;hr align=&quot;left&quot; size=&quot;1&quot; width=&quot;33%&quot; /&gt;



&lt;div id=&quot;ftn1&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref1&quot; name=&quot;_ftn1&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn1;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Hablamos de la hermenéutica
filosófica contemporánea en contraposición a la hermenéutica sagrada (exégesis
bíblica) y la hermenéutica jurídica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn2&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref2&quot; name=&quot;_ftn2&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn2;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; El primer volumen de la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Introducción a las ciencias del espíritu&lt;/i&gt;
fue publicado en 1883.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn3&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref3&quot; name=&quot;_ftn3&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn3;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Gilbert Hottois. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Historia de la filosofía. Del renacimiento a
la posmodernidad&lt;/i&gt;. (Barcelona: Cátedra, 1999), 368&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn4&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref4&quot; name=&quot;_ftn4&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn4;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Idem, 369&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn5&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref5&quot; name=&quot;_ftn5&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn5;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Utilizaremos para este
breve ensayo la versión del texto original traducida, prologada y revisada (con
prólogo, epílogo y notas de su autoría) por el destacado filósofo y traductor
español Eugenio Imaz (1900-1951) para el Fondo de Cultura Económica (FCE)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn6&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref6&quot; name=&quot;_ftn6&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn6;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; Wilhelm Dilthey. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Introducción
a las ciencias del espíritu&lt;/i&gt;. (México: Fondo de Cultura Económica, 1949), 31&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn7&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref7&quot; name=&quot;_ftn7&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn7;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Ídem&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn8&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref8&quot; name=&quot;_ftn8&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn8;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Johann Joachim Winckelmann
(1717-1768). Bibliotecario, historiador y arqueólogo alemán&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn9&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref9&quot; name=&quot;_ftn9&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn9;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Johann Gottfried von Herder
(1744-1803). Filósofo, teólogo y crítico literario alemán&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn10&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref10&quot; name=&quot;_ftn10&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn10;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Edmundo Burke (1729-1797).
Estadista y filósofo irlandés&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn11&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref11&quot; name=&quot;_ftn11&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn11;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; François Pierre Guillaume
Guizot (1787- 1874). Historiador y político francés&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn12&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref12&quot; name=&quot;_ftn12&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn12;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Alexis Henri Charles de
Clérel, vizconde de Tocqueville (1805-1859). Jurista, político e historiador
francés&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn13&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref13&quot; name=&quot;_ftn13&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn13;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Auguste Comte (1798-1857).
Filósofo francés, considerado el creador del positivismo y de la sociología&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn14&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref14&quot; name=&quot;_ftn14&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn14;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[14]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; John Stuart Mill
(1806-1873). Filósofo, político y economista inglés&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn15&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref15&quot; name=&quot;_ftn15&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn15;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[15]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Henry Thomas Buckle
(1821-1862). Historiador inglés&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn16&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref16&quot; name=&quot;_ftn16&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn16;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[16]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; Ídem, 32&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn17&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref17&quot; name=&quot;_ftn17&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn17;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[17]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Ecured, &lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://www.ecured.cu/Thomas_Carlyle#cite_note-Diccionario-1&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;https://www.ecured.cu/Thomas_Carlyle#cite_note-Diccionario-1&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; (consultada el 12 de julio
de 2020)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn18&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref18&quot; name=&quot;_ftn18&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn18;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[18]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Ídem&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;ftn19&quot; style=&quot;mso-element: footnote;&quot;&gt;

&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref19&quot; name=&quot;_ftn19&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn19;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[19]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt; Ídem&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

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a la hermenéutica filosófica&lt;/i&gt;. (Barcelona: Herder, 2002), 129&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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(1930-1989), jesuita, docente universitario y filósofo, fue rector de la
Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA). La noche del 16 de
noviembre de 1989, junto a otros miembros del equipo rectoral de esa casa de
estudios, fue brutalmente asesinado por un comando especial de las fuerzas
militares salvadoreñas por lo que se conoce como uno de los “mártires de la
UCA”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

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de la Realidad Histórica&lt;/i&gt;. (San Salvador: UCA Editores, 2007)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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Schleiermacher (1768-1834) .Teólogo, filólogo y filósofo alemán. Es considerado
uno de los primeros hermeneutas &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

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Ediciones Sígueme, 2005), 18 &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

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style=&quot;height: 479px; margin: 0px; width: 318.908px;&quot; width=&quot;268&quot; /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;



















&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Este breve ensayo se presenta
en febrero de 2020, como una primera aproximación de los posibles aportes teóricos y metodológicos que,
desde otras disciplinas, pueden brindar nuevas miradas en los estudios
históricos en Venezuela. Por tanto, surge de una necesidad de iniciar un
diálogo entre lo propuesto por el Centro Nacional de Estudios Históricos (CNEH),
en su Programa Nacional de Formación Avanzada en Historia (PNFA), específicamente
en su línea de investigación Teoría y Métodos
de la Historia, y metodologías transversales de las ciencias humanas como
la hermenéutica filosófica y el análisis crítico del discurso. Ello, en torno a
uno de los propósitos esenciales del CNEH: la conformación de una conciencia
histórica nacional.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 11pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;“La
aparición de una toma de conciencia histórica &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 11pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;es
verdaderamente la revolución más importante &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 11pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;de las
que hemos experimentado &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 11pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;tras la
llegada de la época moderna”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 11pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;(Gadamer, 1993)&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;El
documento constitutivo del Programa Nacional de Formación Avanzada en Historia
(PNFA) del Centro Nacional de Estudios Históricos (CNEH) presenta como el “nodo
problemático principal” de los diversos problemas existentes en la formación
venezolana en historia y, por tanto, lo que justifica la creación del CNEH, la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ausencia de una conciencia histórica
nacional&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;De
allí, se desprenden tres &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;subnodos&lt;/i&gt; que,
según el documento, sintetizan la compleja situación derivada por dicha falta
de conciencia: 1) la ausencia de autorreconocimiento en la construcción de la
diversidad histórico-cultural venezolana; 2) la necesidad de visibilizar las
identidades y memorias colectivas; y 3) la hegemonía de un paradigma
histórico-historiográfico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Partiendo
del tercer numeral, es imperativo enfrentar dicho paradigma hegemónico, el cual
ha impuesto teorías y métodos inamovibles de acercamiento al hecho histórico desde
una mirada moderna, es decir, como la conocemos hoy, “tradicional”. En otras
palabras, con una pretendida asepsia cientificista, una artificial objetividad lógica-positivista
y una ingenua distancia metodológica con el objeto de estudio que afecta su
comprensión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Como
reza el documento citado, desde el CNEH debe procurarse una nueva perspectiva
de análisis que reivindique la comprensión del contexto y realidad social de
quienes realizan investigaciones de carácter histórico. Además, dichos estudios
deben enmarcarse en un nuevo paradigma, en el caso del CNEH de tipo decolonial
e historia insurgente. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Se
trata del desmontaje de múltiples y obligadas formas de analizar acontecimientos
históricos y presentar los resultados de ese abordaje, esta vez “desde abajo,
desde la participación integral de todos sus protagonistas, las localidades,
los grupos sociales omitidos y/o subordinados por historiografía”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Aclarada
preliminarmente la propuesta de alcanzar o construir un nuevo paradigma, de
este esclarecimiento surge nuevas incertidumbres, las cuales ya se dibujaban
preliminarmente en los dos numerales anteriores de los denominados &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;subnodos&lt;/i&gt; de la problemática principal y
que vistos detenidamente plantean imperativas reflexiones
teórico-metodológicas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Hablar
de que para el establecimiento de una conciencia histórica nacional es
necesario detectar y suplir la ausencia de un autorreconocimiento en la
construcción de la diversidad histórica-cultural y visibilizar las identidades
y memorias colectivas, sugiere un reto epistemológico pues, a su vez, señala caminos
que la investigación histórica tradicional ha tendido a ignorar y que otras
disciplinas de las ciencias sociales han asumido como centrales para la
compresión de procesos sociales complejos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Términos
como autorreconocimiento, diversidad, identidad y memoria refieren
inmediatamente campos disciplinares distintos a los que en el paradigma moderno
lógico-positivista, de separación de las ciencias, ha colocado a las y los
investigadores de historia en un aislamiento ante &lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;teorías y métodos de otros ámbitos, incluso
necesarios para la comprensión integral de su objeto de estudio. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;¿Cómo
hablar de autorreconocimiento e identidad sin referirnos a teorías y métodos de
otras disciplinas como la filosofía, la lingüística, la psicología, la
antropología o la sociología?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Sin
embargo, volviendo al documento constitutivo del PNFA del CNEH, la propuesta reconoce
el necesario diálogo que debe existir entre las y los profesionales de la
Historia y teorías y métodos provenientes de otras disciplinas de las ciencias
sociales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Al
respecto, en el texto se puede leer: “La línea de investigación Teoría y Método
de la Historia atenderá los diversos debates sobre las transformaciones del
oficio del historiador, así como el diálogo que la disciplina histórica ha
entablado con otras áreas del conocimiento para generar un discurso
transversal, que tenga como principal norte la problematización en la creación
del conocimiento histórico. Igualmente, fomentará la revisión de los productos
historiográficos elaborados desde los programas de estudios históricos
venezolanos y extranjeros, con la finalidad de diagnosticar, sintetizar y
definir los aportes e innovaciones de método y teoría provenientes de las
referidas investigaciones”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Asimismo,
destacan como objetivos de esta línea de investigación:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;a)
Conocer a fondo las corrientes y paradigmas teóricos para el abordaje del
estudio del estudio de la historia, para de esta manera tener los marcos de
referencia que permitan un análisis pertinente de las tendencias
historiográficas de la actualidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;b)
Identificar la transversalidad en el desarrollo de los discursos históricos de
las diferentes áreas de las ciencias sociales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;c)
Diagnosticar y analizar los cuerpos teóricos y metodológicos con el cual se han
venido construyendo recientemente los productos historiográficos, con la
finalidad de conocer las nuevas corrientes y paradigmas para el abordaje de la
historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Es
decir, el CNEH, como institución alternativa, admite el carácter inter y
transdisciplinario de los estudios históricos. En otras palabras, además de
reconocer que otras disciplinas analizan desde sus miradas y propósitos
particulares los acontecimientos históricos, tanto recientes como pasados,
también establece cómo, en el contexto de desmontaje de modelos impuestos desde
el paradigma positivista, las historiadoras y los historiadores deben conocer y
aplicar teorías y métodos de investigación provenientes de otras áreas de las
ciencias sociales para procurar un acercamiento más conveniente, rico y
dinámico de sus diversos objetos de estudio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Historia y hermenéutica&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Pero
volvamos al tema de la conciencia histórica, el autorreconocimiento y la
identidad para ilustrar lo propuesto por el propio CNEH en su programa de estudios
avanzados.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Para
conformar una “conciencia histórica nacional” es necesario reconocer la
inexistencia de un tipo de autorreconocimiento y una sistemática invisibilización
de identidades, lo cual obliga al investigador y a la investigadora en historia
a iniciar un diálogo, como hemos asomado anteriormente, con teorías y
metodologías de otros ámbitos de las ciencias humanas que permitan comprender
el hecho histórico en su espectro multidimensional. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;En
torno a la construcción de una conciencia histórica es ineludible acudir a textos
fundamentales de la hermenéutica filosófica que explican la importancia de
conocer el pasado para una mejor comprensión del presente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Gadamer
(1993) utiliza con exactitud el término “conciencia histórica” y la califica
como un privilegio del ser humano contemporáneo. Pero también la describe como
una carga, pues ésta es una condición impuesta como nunca otra a la actual
sociedad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“La conciencia que tenemos
actualmente de la historia es fundamentalmente diferente de la manera en que
otras veces el pasado aparecía a un pueblo o a una época. Entendemos por
conciencia histórica el privilegio del hombre moderno de tener plena conciencia
de la historicidad de todo presente y de la relatividad de todas las opiniones”
(Gadamer, 1993: 41)&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-size: 14pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Entonces,
la conciencia histórica es una característica común y positiva del ser humano,
pero también se constituye como un problema fundamental en las llamadas
ciencias humanas, por su imposición en la sociedad y debido a su carácter
complejo y multiforme que relativiza un incalculable número opiniones y pareces
particulares de los individuos en una época de intensos, vertiginosos y permanentes
cambios.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Estamos
ante la célebre premisa nietzcheana de la no existencia de hechos sino de interpretaciones
y que para muchos fundamenta el propósito de la hermenéutica, tanto del sujeto
de Foucault, como la histórica de Dilthey, la del ser fáctico de Heidegger y la
propuesta integradora de Hans-Georg Gadamer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Precisamente,
Gadamer advierte sobre la complejidad y la tensión existente entre la tradición
y el presente en el proceso de recontextualización de hechos del pasado para su
consecuente resignificación, para lo cual es necesaria la hermenéutica, llamada
también la ciencia de la interpretación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“La conciencia histórica no oye
más bellamente la voz que le viene del pasado, sino que, reflexionando sobre
ella, la reemplaza en el contexto donde ha enraizado, para ver en ella el significado
y el valor relativo que le conviene. Este comportamiento reflexivo cara a cara
con la tradición se llama &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;interpretación&lt;/i&gt;”.
(Gadamer, 1993: 43)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Sin
embargo, Gadamer hace la salvedad de que no se trata de la hermenéutica clásica
de interpretación de textos o la traslación directa de métodos de las ciencias
exactas a las ciencias del espíritu, sino de una propuesta integradora.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Es
decir, desde el punto de vista filosófico, supera el matrimonio impuesto y, por
tanto, sagrado, entre historia y métodos de las ciencias exactas, cuyo mayor
exponente fue Wilhem Dilthey (1833-1911) y, producto de la herencia de la
filosofía de Martin Heidegger (1889-1976), propone una nueva hermenéutica
histórica que permita apreciar la historicidad del ser humano y el carácter
ontológico de su facticidad en el mundo como devenir, como desarrollo
histórico. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Como
dijimos, Gadamer, influenciado por Heidegger, crítica a Dilthey en lo que
respecta al sometimiento de las humanidades al modelo de las ciencias duras,
pues a su juicio desaparece o distorsiona el carácter constitutivo del ser
humano ante la interpretación y comprensión de su experiencia histórica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Estamos
ante la posibilidad de la comprensión de la historia, precisamente, desde la
conciencia que asume el individuo sobre su historicidad. Por tal razón, no
podemos hablar de conciencia histórica, desvinculada de la hermenéutica
filosófica de Gadamer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Se
trata de apreciar el devenir histórico en todo su complejidad y relatividad
desde una perspectiva hermenéutica que toma en cuenta los hechos y las
interpretaciones que de éstos hacen los sujetos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“La interpretación, tal y como
nosotros la entendemos hoy, se aplica no sólo a los textos y a la tradición
verbal, sino a todo aquello que nos ha sido entregado por la historia; así
hablaremos, por ejemplo, de la interpretación de un acontecimiento histórico, o
de la interpretación de expresiones espirituales, mímicas, de la interpretación
del comportamiento, etc.”. (Gadamer, 1993: 44)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Aquí
observamos un aporte también fundamental para comprender la historia desde una
perspectiva más amplia. Se trata de caminos múltiples que se congregan en el
discurso histórico, como la filosofía, la psicología, la sociología, la
lingüística, en fin, disciplinas que puede aportar mucho desde sus procesos de
interpretación y que pueden conducir a la comprensión integral de los hechos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Pero
además, se trata no sólo de integrar disciplinas, sino también, para lograr esa
comprensión integral tan anhelada, transitar el complejo camino de intentar
interpretar los fenómenos que se presentan en el devenir histórico en todos los
niveles, es decir, desde la historicidad del ser, como un plano particular,
hasta los procesos de despliegue dinámico de la realidad (Ellacuría, 1990), es
decir, desde la realidad histórica en tu totalidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;El
diálogo entre historicidad del ser y la historia como realidad, nos permite
apreciar desde un tipo de hermenéutica como la propuesta por Gadamer, cómo los
individuos particulares se apropian del discurso histórico para construir su
lógica racional en el mundo intramundano, es decir, en su cotidianidad; y como
ese actuar particular es una expresión de la historia de una sociedad en su
conjunto. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Sólo
así, por ejemplo, en el caso particular de la Venezuela actual, podríamos
acercarnos a ese fenómeno social que se caracteriza por un nuevo tipo de
historiografía, la cual no se expresa únicamente en discursos oficiales,
monumentos, investigaciones académicas y libros de texto, sino que se observa
en soportes tan disimiles como comportamientos individuales y colectivos,
campañas electorales e institucionales, largometrajes de ficción, series de
televisión y un abanico interminable de expresiones de carácter histórico, que
se constituyen no sólo como objetos de estudio de la historiadora y del
historiador, sino que además conforman la conciencia histórica actual y, por
tanto, el fundamento de la construcción de una identidad colectiva.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Historia y discurso&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Aunque
no habla específicamente de hermenéutica histórica, Kahler (1964) ya advertía
la importancia de la interpretación y, por ende, la imperativa necesidad de comprender
de manera integral la historia, dado su carácter intrínsecamente contextual. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“No hay acontecimiento aislado.
Todo acontecimiento está ligado a otros, los que lo generaron y los que él
produce. Mas la conexión de acontecimientos no constituye en sí misma una
«historia», y no digamos historia. Para formar una «historia» la conexión de
los acontecimientos debe tener un &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;sustrato&lt;/i&gt;,
o foco, algo con lo que esté relacionada, alguien a quien acontezca. Este algo
o alguien a lo que o a quien corresponde una conexión de acontecimientos es lo
que concede a la pura conexión de acontecimientos una &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;coherencia&lt;/i&gt; actual, específica, que la convierte en «historia». Pero
semejante coherencia específica no se da por sí misma, es dada por &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;una mente que perciba y que comprenda&lt;/b&gt;.
Es creada como un &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;concepto&lt;/i&gt;, es decir,
como un significado. Así, para constituir así sea una sencilla «historia» se
necesitan por lo menos tres factores: conexión de acontecimientos, relación de
esta conexión con algo o alguien, que dé a los acontecimientos su coherencia
específica, y finalmente &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;una mente
comprensiva&lt;/b&gt; que perciba tal coherencia y cree el concepto que significa un
significado” (Kahler, 1964: 16) [ las negritas son nuestras]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Aquí
no sólo se ratifica la importancia de la comprensión y del “quién comprende”,
llámese sujeto o historiador, sino también, como asomamos anteriormente, la
naturaleza discursiva de la historia, es decir su carácter lingüístico y contextual.
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Al
hablar de la relación entre acontecimientos, foco, coherencia, conceptos y
significados, ello nos da luces sobre el tipo de concepción que existe actualmente
sobre la hermenéutica, en palabras de Grondin (2006), “una filosofía universal
de la interpretación y de las ciencias del espíritu que pone el acento en la
naturaleza histórica y lingüística de nuestra experiencia del mundo”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;En
otras palabras, la historia es realidad y también construcción discursiva de
realidades, más aún cuando hablamos no sólo de los esfuerzos investigativos y
escriturales de la historiadora y del historiador, sino del ser humano que “está
en la historia” y busca comprender su historicidad, su acontecer, su devenir, aspectos
asociados discursivamente y que deben ser observados en conjunto para así
vencer la imposición de la metodología lógico-positivista del pensamiento
moderno que intenta separar al investigador de su objeto de estudio, cuando es
parte integral del proceso histórico y pieza clave de la construcción
discursiva de la realidad histórica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;El
filósofo español Agustín Domingo Moratalla, en el estudio preliminar al texto
ya citado de Gadamer, &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La conciencia
histórica como problema&lt;/i&gt;, al respecto dice lo siguiente:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Ante la enfermedad historicista
que asépticamente disocia al intérprete de su historia, la hermenéutica los
piensa conjuntamente puesto que, al constituirse como pensar rememorante, como dialéctica
del preguntar, buscar esclarecer las posibilidades y límites tanto de la
realidad personal como de los acontecimientos humanos en su singularidad
histórica”. (Gadamer, 1993: 14).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;La
naturaleza histórica y lingüística, digamos discursiva, referida por Grondin anteriormente
sugiere también que el devenir de los individuos se expresa y se construye no
sólo en sus expresiones lingüísticas, sino también en sus diversas prácticas
discursivas, las cuales son objeto de estudio también de otra disciplina de las
ciencias sociales, como lo es el análisis del discurso, la cual si la orientamos
a su perspectiva crítica es fundamental para identificar y comprender la
construcción de identidades en los acontecimientos históricos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Las
prácticas socio-discursivas que nos han sido transmitidas por la tradición, son
constituyentes de nuestra conciencia histórica. Nos han sido dadas y sirven
como fundamento para la construcción de nuestra identidad. Por ello, desde un
horizonte de comprensión, es decir, desde una hermenéutica, vista la naturaleza
discursiva de la historia como expresión y como realidad, ello nos invita a
acudir a herramientas del análisis crítico del discurso para interpretar y
comprender, no sólo de textos, sino también toda práctica social, como ya lo
hemos dicho con anterioridad, asociada a los acontecimientos históricos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Además,
el análisis crítico del discurso no se limita a las estructuras internas y
externas de las prácticas socio-discursivas (textuales o de comportamiento),
sino también al carácter performativo de los discursos, es decir, a la dinámica
permanente de textos que modifican contextos y contextos que producen nuevos
textos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Esto
no es nuevo. La hermenéutica, desde sus inicios, se ha alimentado de las
herramientas de la retórica para acercarse a los fenómenos sociales estudiados.
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Desde
Aristóteles, pasando por San Agustín, y más recientemente hasta los esfuerzos
hermenéuticos de Umberto Eco, para el diseño de su Semiótica General; Paul
Ricoeur, para su hermenéutica del discurso narrativo e histórico; o Ernesto
Laclau, para su análisis retórico del discurso político, vemos fundamentos
comunes y transversales de la retórica clásica y que han sido asumidos por el
análisis crítico del discurso para estudiar la conformación de identidades en
situaciones de desigualdad, racismo y, en los que nos compete, desde el Centro
Nacional de Estudios Históricos (CNEH), la sistemática invisibilización de
identidades en el discurso histórico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Historia, autorreconocimento e identidad&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Para
el teórico holandés y especialista en análisis crítico del discurso, Teun Van
Dijk, la identidad se posibilita cuando una ideología, vista ésta como esquema,
define los criterios de pertenencia a un grupo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Van
Dijk (1998) asume la ideología como un conjunto de creencias, pareceres y
visiones de mundo que comparte un grupo social. Por tal razón, la identidad
tiene dos dimensiones: una personal y otra social.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;La
identidad personal se refleja en una representación del sí mismo (o sí misma), que
en este contexto podríamos llamar “autorreconocimiento”, el cual se construye e
instala en la memoria episódica o personal. Por lo tanto, es una abstracción producto
de las experiencias y/o acontecimientos personales. Podríamos decir, de la
historia personal, de la historicidad propia del sujeto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Sin
embargo, tal modelo de representación personal es fruto también de la
interacción social, de la cultura inmediata, del contexto y de las prácticas
socio-discursivas (para el objeto de este ensayo, de la historia como realidad)
a la cual han estado expuestos los individuos. Así, las identidades están
influidas directamente por la sociedad, en palabras de Van Dijk, son construidas
socialmente. Digamos entonces nosotros también construidas “históricamente”. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Pero
ese autorreconocimiento, si es producto socio-histórico, proviene también de
las percepciones que otros miembros del grupo al cual pertenecemos (“nosotros”)
u otros grupos sociales al cual no pertenecemos (“ellos”) tienen sobre cada
individuo en particular.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Asumimos
que es un visión reduccionista de la construcción socio-histórica de las
identidades, pero que nos permite ilustrar el punto que estamos presentando. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Las
percepciones referidas en párrafos anteriores y que posibilitan la construcción
de identidades se trasmiten (y transmitieron) a través de prácticas discursivas,
es decir, expresiones que circulan en diversos soportes y que son recibidas y
procesadas por los sujetos que participan en dichas interacciones. Por ende, el
análisis crítico del discurso es una herramienta fundamental, en la
hermenéutica histórica propuesta, para estudiar con una metodología válida las
formas discursivas con las cuales se ha pretendido construir ideológicamente
dichas identidades.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;¿Por
qué? Porque evidentemente, no se trata sólo de los discursos, sino también de
aquellos que han sido impuestos y aquellos que han sido invisibilizados. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Existen
discursos invisibilizados por la historia oficial, por controles de censura,
por intencionalidades de carácter político, social o religioso que, al no ser
expuestos a determinados grupos sociales, no aportaron a la construcción de sus
identidades. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Asimismo,
la historiografía oficial, enmarcada en una retórica académica, cientificista y
objetiva, sirvió estratégicamente no sólo para invisibilización de ciertos y
determinados grupos sociales, sino también fueron usados para la construcción
de cierto tipo de identidades, casi siempre heroicas, elitistas y, por tanto,
burguesas, las cuales a su vez sí tributaron a una construcción distorsionada
de la identidad nacional actual.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;De
allí, repetimos, que el CNEH identifique como un &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;subnodo&lt;/i&gt; de la problemática general de falta de una conciencia
histórica, precisamente, la invisibilización de identidades, pues éstas no sólo
fueron ignoradas, distorsionadas o invisibilizadas en el discurso histórico,
sino que también, en la realidad histórica misma, es decir, en la conciencia
colectiva de las venezolanas y los venezolanos, fueron construidas de manera deforme
y, por tanto, permearon a una percepción errónea no sólo de los hechos
históricos y su narrativa sino de su propia identidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Esto
nos lleva a preguntarnos: ¿Es necesaria una conciencia histórica para la construcción
de una identidad nacional? ¿O es preciso construir una renovada identidad
nacional para constituir una sólida conciencia histórica?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Al
principio de este trabajo referimos el concepto de conciencia histórica desde
la hermenéutica filosófica de Gadamer, el cual establece que ésta, la
conciencia histórica, es fundamental para entender el presente, y la identidad
nacional que pretendemos construir es para el contexto actual, una identidad
colectiva necesaria para la consolidación de un proyecto de emancipación, independencia
y soberanía nacional.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Dos lecturas para la conciencia histórica&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;En
el seminario &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Conformación histórica de la
identidad del venezolano&lt;/i&gt; del Doctorado en Historia del CNEH, dirigido por
el profesor Maury Márquez, se abordaron dos textos que ilustran lo propuesto en
este ensayo y que además coincide con lo planteado en el documento constitutivo
del CNEH, en referencia a la construcción de una conciencia histórica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Se
trata de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El laberinto de los tres
minotauros&lt;/i&gt; del filósofo venezolano José Manuel Briceño Guerrero y &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;1492. El encubrimiento del otro&lt;/i&gt; del
filósofo argentino, radicado en México, Enrique Dussel.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Ambos
libros plantean, desde diferentes perspectivas, temáticas y tratamientos, la marca
profunda que imprime en la conformación de la identidad nacional discursos impuestos
desde la modernidad que, a su vez, imponen una conciencia histórica errónea en
los habitantes de la periferia colonial. Conciencia que fundamenta hasta
nuestros días una razón y una lógica en el modo de pensar y actuar del ser venezolano
y el ser latinoamericano, difícil de desmontar, a menos que se asuma una nueva
perspectiva de análisis; en lenguaje hermenéutico, un nuevo horizonte de
entendimiento. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Sólo
así, es posible, como hicieron Briceño Guerrero y Dussel, iniciar al menos un
proceso de descolonización del pensamiento y la re-construcción de una renovada
conciencia histórica, la cual hará posible el desmontaje, en primer lugar, del
mito originario de la conformación de nuestra identidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;El
primero de ellos, &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El laberinto de los
tres minotauros&lt;/i&gt;, publicado como libro en 1994 y que cuenta con varias
reediciones, establece la existencia de tres “grandes discursos de fondo” que,
a juicio de Briceño Guerrero, gobiernan el pensamiento americano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Antes
de enumerarlos y explicarlos brevemente, vale la pena apreciar el porqué el
filósofo venezolano los describe como “discursos” y no como grupos o esquemas
de ideas o pensamientos. Es evidente que Briceño Guerrero entiende por discurso
un conjunto de prácticas socio-discursivas que se transmiten por tradición y
que no se limitan a textos o libros sino a toda manifestación humana que se
produce en torno o desde un grupo hegemónico y que impacta en la sociedad en su
conjunto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Es
por tal razón que, desde las primeras líneas del prólogo, el filósofo advierte
de entrada que estos discursos han sido observados en la historia de las ideas,
el devenir político y la creatividad artística. En otras palabras, es posible
detectar dichas prácticas en el devenir histórico de la sociedad, en este caso
“la americana”, pero también son detectables en la praxis política y la
producción artística o, mejor dicho, en toda expresión humana que reproduce y
produce, a la vez, cultura. Vemos aquí varios soportes de producción y consumo de
estos discursos, lo cual debe poner en alerta a las historiadoras y a los
historiadores, pues todo lugar de enunciación y comprensión de dichos
discursos, vistos éstos como prácticas socio-históricas, deben ser notas
constitutivas o aspectos esenciales de su objeto de estudio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;También
es importante apreciar porqué Briceño Guerrero habla específicamente de
“historia de las ideas”, que es un término que identifica de manera inequívoca
una rama de la investigación historiográfica que se ocupa del desarrollo o
evolución de las ideas filosóficas y no-filosóficas que son expresadas en
diversos productos culturales. Término de origen anglosajón y asociado al filósofo
e historiador norteamericano Arthur O. Lovejoy y su revista &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Journal of the History of Ideas&lt;/i&gt;, esta
corriente de la historiografía se basa epistemológicamente en el giro
lingüístico y en las denominadas ideas unitarias y cómo éstas son usadas en contextos
históricos determinados. Por tal motivo, hay que diferenciarla de la historia
conceptual, más europea, asociada a la evolución de ideas filosóficas y vinculada
epistemológicamente con el giro hermenéutico y, por tanto, al ya prenombrado hermeneuta
alemán Hans-Georg Gadamer y, específicamente, a su más destacado representante,
Reihart Koselleck.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Sin
embargo, tanto la historia de las ideas como la historia conceptual debe llamar
la atención de los historiadores, pues ambas son disciplinas o ramas de la
historiografía que sirven para abordar de manera integral no sólo hechos
históricos, sino también procesos complejos del desarrollo histórico de las
identidades, tal como hizo Briceño Guerrero para acercarse a sistemas de
pensamiento y a su circulación en diversos productos de la cultura para
conformar lo que define como la identidad americana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Así,
Briceño Guerrero detecta un primer discurso que denomina “europeo segundo” basado
fundamentalmente en lo que identifica como una “razón segunda”, es decir, la
razón que se diferencia de la razón primera, de tipo mitológica o tradicional.
La razón segunda es aquella producto de la conciencia de la existencia de un razonamiento,
en otras palabras, basada en modelos teóricos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Estamos
ante una discusión permanente de la historia de la filosofía que reflexiona
sobre el paso del &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;mythos&lt;/i&gt; al &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;logos&lt;/i&gt;, de la razón mítica a la razón
moderna, del razonamiento basado en relatos originarios y que daban explicación
a fenómenos de la naturaleza, al razonamiento basado en procesos explicativos y
demostrativos, que aún perduran en nuestra cultura académica, política,
gerencial y cotidiana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Por
tal motivo, Briceño Guerrero asocia este discurso moderno de la Europa segunda a
la ciencia y la técnica, a los derechos humanos, la política liberal burguesa
decimonónica, la modernidad y el progreso, en fin, todas aquellas ideas de la
modernidad que hoy en día, en sus palabras, nos identifican como europeos, hijos
de la Madre Patria y, por tanto, modernos y movidos por esa razón segunda.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;El
segundo discurso es el “mantuano” o cristiano-hispánico, herencia del imperio
español y que, a diferencia del discurso de la razón moderna que domina en el
espacio público, éste gobierna el comportamiento privado, individual, familiar
y el honor como valor tradicional.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;El
tercer discurso es el “salvaje”, de naturaleza bárbara y que se planta frontalmente
ante las restricciones institucionales (discurso de la razón moderna o segunda)
y las limitaciones espirituales (discurso mantuano). Oprimido ante el látigo de
la justicia de la razón moderna y la asfixiante moral religiosa que amenaza con
el castigo eterno, el discurso salvaje pone en peligro el orden impuesto por
los otros dos discursos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Aquí
lo importante, como ya dijimos, es apreciar cómo Briceño Guerrero asume estas
marcadas influencias en la construcción de nuestra actual conciencia histórica
como “discursos”, es decir, como un conjunto de prácticas sociales que se materializan
en diversos productos culturales y que son objeto del análisis crítico del
discurso para determinar cómo se forman las ideología y, por tanto, las
identidades individuales y grupales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Si
estos discursos, a juicio de Briceño Guerrero, permean hasta nuestros días y determinan
nuestra conciencia histórica y nuestra identidad nacional, es fundamental para
toda historiadora, para todo historiador, revisar el desarrollo de dichas
corrientes e influencias desde sus primeros registros documentales, para poder detectar
improntas, impactos e influencias en nuestros días. Ello resolvería un problema
metodológico permanente en la investigación historiográfica: cómo determinar
con basamentos claros, metodologías más precisas y evidencias discursivas
(contextuales y lingüísticas) rastros precisos de esos discursos en
comportamientos, textos, ritos y otras formas culturales en la actualidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Esto
es imperativo para los estudios históricos, sobre todo por las advertencias que
hace Briceño Guerrero en su estudio. En primer lugar, porque el discurso
europeo segundo, además de crear identidades en la población, ha justificado
históricamente intervenciones, invasiones y la injerencia imperial pasada y
actual.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Ese discurso sirve de pantalla
de proyección para aspiraciones ciertas de grandes sectores de la población y
del psiquismo colectivo, pero también sirve de vehículo ideológico para la
intervención de las grandes potencias políticas e industriales del mundo en esa
área y es, en parte, resultado de esa intervención; sólo en parte, pues
responde también, poderosamente, a la identificación americana con la Europa
segunda”. (Briceño Guerrero, 1994: VII-VIII del prólogo)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Una
advertencia similar hace sobre los efectos del discurso mantuano en la
identidad nacional al reproducir en el campo de lo espiritual-religioso un
sistema social basado en castas, que impacta en la educación y otros esquemas
de exclusión y control social.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“… en lo material está ligado a
un sistema social de nobleza heredada, jerarquía y privilegio que en América
encontró́ justificación teórica como &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;paideia&lt;/i&gt;
y en la práctica sólo dejó como vía de ascenso socioeconómico la remota y
ardua tarea del blanqueamiento racial y la occidentalización cultural a través
del mestizaje y la educación, doble vía simultánea de lentitud exasperante,
sembrada de obstáculos legales y prejuicios escalonados. Pero si el acceso a la
igualdad con los criollos quedaba, en la práctica, cerrado para las grandes
mayorías, el discurso en cambio se afianzó durante los siglos de colonia y
pervive con fuerza silenciosa en el periodo republicano hasta nuestros días,
estructurando las aspiraciones y ambiciones en torno a la búsqueda personal y
familiar o clánica de privilegios”. (Briceño Guerrero, 1994: VIII del prólogo)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Por
último, el filósofo venezolano describe el discurso salvaje como una respuesta
natural u originaria de nuestra herencia indígena contra la opresión legitimada
por los discursos impuestos desde la Europa moderna y religiosa. Se trata de
una resistencia producto de heridas, derrotas y resentimientos, pero que
también empujan anhelos de lucha, independencia y emancipación, aún cuando
permanecen paralizados por la sumisión heredada de la explotación colonial y la
esclavitud.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Para este discurso tanto lo
occidental hispánico como la segunda Europa son ajenos y extraños, extratificaciones
de la opresión, representantes de una alteridad inasimilable en cuyo seno
sobrevive en sumisión aparente, rebeldía ocasional, astucia permanente y oscura
nostalgia”. (Briceño Guerrero, 1994: IX del prólogo)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;En
este contexto, podemos ver lo clave que es, para crear una conciencia histórica
que posibilite una identidad nacional, estudiar los diversos discursos hegemónicos
que en el devenir histórico han influenciado nuestra cultura. Briceño Guerrero,
desde la historia de las ideas, nos brinda herramientas de análisis del
discurso para una hermenéutica que aporte a los estudios históricos venezolanos
renovados caminos metodológicos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Otra
perspectiva temática y metodológica conveniente para establecer una
hermenéutica para el estudio de la identidad nacional y el establecimiento de
una conciencia histórica que la posibilite es la aportada por el filósofo
argentino Enrique Dussel en su texto &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;1492.
El encubrimiento del otro&lt;/i&gt;, el cual a juicio de Juan José Bautista tuvo un
impacto evidente entre los filósofos e historiadores de la región comprometidos
con la liberación latinoamericana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Si
bien, Briceño Guerrero reflexiona sobre la relación diálectica entre la razón
mítica y la razón moderna, desde una perspectiva histórica, Dussel no abandona
el horizonte histórico pero integra su propuesta de análisis filosófico para
desenmascarar el mito de la modernidad que, a su juicio, oculta una radical irracionalidad
que, a su vez, justifica la violencia extrema con la que se ejecutó la
conquista de América y que se mantuvo durante todo el período colonial.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Como
Briceño Guerrero, en dicho texto, preparado a propósito de la conmemoración de
los 500 años de la llegada de Colón a tierras americanas y que sirvió de marco
para múltiples reflexiones acerca de la magnitud histórica de ese evento, Dussel
se acerca también a los orígenes históricos que moldean o constituyen las
identidades y las subjetividades confrontadas (no encontradas) en 1492 y que
develan esa naturaleza oculta de la razón moderna. Presenta, entonces, su
famosa propuesta del paso del &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ego cogito&lt;/i&gt;
cartesiano, piedra angular de la modernidad, al &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ego conquiro (yo conquisto)&lt;/i&gt;, verdadera racionalidad del
conquistador “moderno”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Advierte
que esto no se trata de una anécdota historiográfica sino del proceso
originario de “constitución de la subjetividad moderna”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Sólo
cuando el europeo conquistador encuentra un Otro para someterlo, la modernidad
encuentra un campo fértil para materializar (llevar a la realidad) su proyecto.
En otras palabras, al encontrar un ser inferior en edad y madurez, el concepto
central de la emancipación moderna, kantiana y eurocentrista de tutelar y
someter, halla un lugar concreto para experimentarlo a sus anchas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Por
tal motivo, Dussel sugiere que la modernidad, a pesar de gestarse en la Europa
segunda (a decir de Briceño Guerrero) se inicia realmente en 1492, algo
esencial para la construcción del “ego moderno”, no sólo como subjetividad del
europeo sino también del conquistado, el sometido, el Otro históricamente
invisibilizado. Ello, influenciado por la noción de Alteridad del filósofo Emmanuel
Levinas, pero que Dussel reconstruye para identificar y caracterizar ese Otro
nuestroamericano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Esta
nueva mirada asumida por Dussel y plasmada en su libro publicado en 1994, no
sólo para reflexionar críticamente el hecho del mal llamado “Descubrimiento de
América”, sino también para analizar en su profundidad la razón moderna como
realización, ocultamiento de irracionalidades y el encubrimiento del ser
conquistado y sometido (el Otro), causó gran impacto en los estudios históricos
latinoamericanos, totalmente influenciados (mejor dicho, sometidos y
determinados) por la hegemonía de la modernidad y sus aparatos políticos,
institucionales y académicos. Incluso, Dussel rompe con la imposición académica
de analizar la historia desde una sucesión “modernidad-posmodernidad” y propone
la noción de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;transmodernidad&lt;/i&gt;, otro de
los ejes centrales de su proyecto intelectual.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Bautista
(2014) explica que &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;1492. El encubrimiento
del Otro&lt;/i&gt; es un texto parteaguas en la obra filosófica de Dussel y que sólo
a partir de esa obra en específico, es posible entender toda su propuesta
teórica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;También
propone que la promesa de liberación del sujeto moderno es eurocentrista y, por
tanto, no sirve para el Otro que fue encubierto por la razón moderna conquistadora
y que Dussel ya describe con el indio americano dominado, sometido y
esclavizado por el mito oculto de la razón moderna, es decir, su barbarie de
conquista y colonización. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Por
tal razón, aleja la propuesta de Dussel de las filosofías de la liberación que
le precedieron o aquellas promesas de emancipación de la posmodernidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“La ética de la liberación
latinoamericana propuesta por Dussel no puede ser posmoderna, simplemente
porque no parte de los presupuestos de la ontología de la modernidad, sino más
allá de ella, no sólo espacial sino históricamente, por ello estamos
construyendo la categoría de transmodernidad para mostrar esa especificidad”.
(Bautista, 2014: 26)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Para
el objetivo de este ensayo, Dussel y su libro aportan dos elementos importantes
para la conformación de esa hermenéutica histórica que se ha de construir para
colaborar con los estudios históricos venezolanos desde el CNEH. En primer
lugar, propone claros caminos metodológicos para abordar las investigaciones
históricas desde una perspectiva decolonial e insurgente, tomando en cuenta la
alteridad, ya no enmarcada en la propuesta de Levinas sino del propio Dussel. &lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Y,
en segundo término, ofrece una nueva perspectiva de la historia vista en&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;etapas o fases históricas predeterminadas,
precisamente por el discurso lógico-positivista de la modernidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Por
tal motivo, Dussel propone una historia resituada y no occidental, lo cual
Bautista (2014) resalta como un notable impacto en la forma de ver, analizar y
escribir la historia. Se trata de un nuevo &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;locus&lt;/i&gt;
(sitio) desde el cual pensar nuestra historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Recuerdo el impacto que produjo
en algunos de nosotros esta otra visión de un hecho histórico mundial desde la
perspectiva de una historia no occidental, la cual implicaba resituarnos
históricamente en perspectiva mundial, pero ahora sí desde la otra cara negada
de la modernidad”. (Bautista, 2014: 36)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Asumir
esta perspectiva, permitiría vencer otros de los &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;subnodos problemáticos &lt;/i&gt;identificados en el documento constitutivo
del CNEH: la hegemonía del paradigma histórico-historiográfico impuesto por la
modernidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;A modo de conclusión&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Cuando
el Centro Nacional de Estudios Históricos (CNEH) invita a escribir una
“historia insurgente”, es una convocatoria que obliga a replantearse
ineludiblemente las teorías y los métodos con los que se ha hecho hasta ahora
historiografía en Venezuela. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;No
se trata sólo de presentar o mostrar temas o personajes invisibilizados o
procesos históricos ocultos o, en el peor de los casos, distorsionados a favor
de grupos de poder. Es eso y otras cosas más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Plantearse
una nueva investigación de tipo insurgente sugiere el reto también de no sólo
asumir una mirada o &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;locus&lt;/i&gt; nuevo para
apreciar los acontecimientos históricos y una explícita intencionalidad
decolonial, es decir, de desmontaje de estructuras de dominación y
sometimiento.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;“Hacer
historia insurgente” es reconocer el carácter transdisciplinario de la
investigación histórica y la necesaria incorporación de teorías y métodos de
otras áreas de las ciencias humanas como la filosofía, la antropología, la
sociología, la psicología, entre otras, tal como lo establece el documento
constitutivo del Programa Nacional de Formación Avanzada (PNFA) del CNEH.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;También
es apreciar la historia en todas sus dimensiones, es decir, como discurso y
como realidad concreta, ámbitos en permanente dinámica dialéctica. Perspectiva
ya asumida por otras ramas de la historiografía como la Historia de las Ideas,
la Historia Conceptual y la Hermenéutica Filosófica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Asimismo,
es asumir la relocalización de la historiografía en lugares de enunciación y
comprensión distintos a los que el discurso de la modernidad confinó o condenó,
como la academia, los monumentos y los epónimos conmemorativos. Historia
insurgente también es la insurgencia de la historiografía en ambientes antes
vedados por el poder establecido y que luego de apropiación del discurso
histórico por las mayorías populares, irrumpió con un renovado matiz en
barrios, campañas electorales, escuelas, canciones populares y hogares.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;En
resumen, es asumir la historia insurgente como un nuevo propósito, pero también
como una nueva perspectiva de investigación académica transdisciplinaria, en la
que la hermenéutica filosófica y el análisis del discurso, así como otras ramas
teóricas y metodológicas de las ciencias humanas tiene mucho que aportar para
alcanzar el propósito de crear una conciencia histórica que permita la
formación de una identidad nacional y que nos reconozcamos como un pueblo
liberado, emancipado e independiente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Bibliografía&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;BAUTISTA,
J. (2014). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;¿Qué significa pensar desde
América Latina?&lt;/i&gt; Madrid: Ediciones AKAL&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;BRICEÑO
GUERRERO, J.M. (1994). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El laberinto de
los tres minotauros&lt;/i&gt;. Caracas: Monte Ávila Editores, 2014&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;DUSSEL,
E. (1994). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;1492. El encubrimiento del
otro. Hacia el origen del mito de la modernidad&lt;/i&gt;. La Paz: Plural Editores&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;DUSSEL,
E. (Compilador) (1994). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Debate en torno a
la ética del discurso de Apel. Diálogo filosófico Norte-Sur desde América
Latina&lt;/i&gt;. México: Siglo XXI&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;ELLACURÍA,
I. (1990). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Filosofía de la realidad
histórica&lt;/i&gt;. San Salvador: UCA Editores, 2007&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;GADAMER,
H. (1993). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El problema de la conciencia
histórica&lt;/i&gt;. Madrid: Editorial Tecnos, 2011&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;GRONDIN,
J. (2006). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;¿Qué es la hermenéutica?&lt;/i&gt;
Barcelona: Herder, 2008&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;KAHLER,
E. (1964). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;¿Qué es la historia?&lt;/i&gt;
Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica (FCE), 2013&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;KOSELLECK,
R. y GADAMER, H. (1987). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Historia y
hermenéutica&lt;/i&gt;. Barcelona: Edicios Paidós Ibérica S.A., 2006&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;LACLAU,
E. (2005). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La razón populista&lt;/i&gt;. Buenos
Aires: Fondo de Cultura Económica (FCE)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;VAN
DIJK, T. (1998). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Ideología. Una
aproximación multidisciplinaria&lt;/i&gt;. Barcelona: Gedisa Editorial, 1999&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;





&lt;p&gt;&lt;style&gt;
&lt;!--
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&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&lt;img alt=&quot;Hegel should absolutely be understood from the perspective of Neon Genesis  Evangelion. - Album on Imgur&quot; class=&quot;n3VNCb&quot; data-noaft=&quot;1&quot; src=&quot;https://i.imgur.com/687nlpi.jpg&quot; style=&quot;height: 385.802px; margin: 0px; width: 385px;&quot; /&gt; &lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Este brevísimo ensayo intenta mostrar los
aportes de la &lt;span style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Fenomenología del Espíritu&lt;/span&gt;
de Hegel a los estudios historiográficos contemporáneos, centrándose en la fusión
sujeto-objeto y las nociones de lenguaje y temporalidad, aspectos que fundamentan
la hermenéutica filosófica&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 11pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;«La primera condición de la
posibilidad de ciencia de la historia &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 11pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;consiste en que yo mismo soy
un ser histórico, &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 11pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;en que el que investiga la
historia &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 11pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;es el mismo que el que la
hace» &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 11pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;(Dilthey citado por Gadamer
en &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Verdad y Método I&lt;/i&gt;)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;¡Escupamos
sobre Hegel!&lt;a href=&quot;#_ftn1&quot; name=&quot;_ftnref1&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn1;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;
Esa es la consigna de desprecio que aún hoy mueve a muchos de los críticos del
pensador alemán. Sin embargo, nadie niega su impronta indeleble en el
pensamiento occidental de los últimos tres siglos. De hecho, los ecos de sus
planteamientos aún persisten claramente entre quienes lo siguen y quienes lo
adversan. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Darin
McNabb, profesor del Instituto de Filosofía de la Universidad Veracruzana en
Xalapa (Veracruz, México), célebre por sus videos en la red YouTube, advierte
en la presentación de su charla sobre la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Fenomenología
del Espíritu&lt;/i&gt; (FdelE) la amplísima influencia del maestro nacido en Stuttgart
en 1770, la cual la cantidad tanto de seguidores como de críticos a su obra. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“A veces me preguntan: “Maestro,
para conocer bien el pensamiento de X filósofo, ¿qué otro filósofo o filósofos
debería conocer?”. Pues, si el filósofo que te interesa escribió su obra en los
últimos 180 años, entonces la respuesta es clara y definitiva: hay que conocer
a Hegel. El marxismo, la fenomenología, el existencialismo, el pragmatismo, la
teoría crítica y el pensamiento posmoderno, todas estas corrientes, encuentran
sus raíces en el pensamiento de Hegel, o bien como un desarrollo de sus ideas
o, lo que es más común, como una reacción contras las mismas”&lt;a href=&quot;#_ftn2&quot; name=&quot;_ftnref2&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn2;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Más
allá de las reacciones favorables o destructivas, desde el mismo momento de su
muerte en 1831, Hegel marcó con su pensamiento muchas corrientes filosóficas
debido al diseño de un sistema filosófico complejo y integral del mundo en su
totalidad, al cual sólo es posible conocer cuando la conciencia logra progresivamente
ejecutar un viaje desde la experiencia sensible (saber común) hasta la razón
científica (saber filosófico). &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;En
ese periplo, gradual y tortuoso, la conciencia se traslada desde la simpleza de
la percepción sensible, sin más procesamiento racional que la sensación, hasta
el denominado saber absoluto, el saber filosófico, eso sí, pasando por diversas
etapas, como autoconciencia, razón, espíritu y religión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Pero
cuando hablamos de un sistema filosófico amplio y complejo, como lo es el
hegeliano, la mejor metáfora sería imaginarnos un edificio enorme, de varias
plantas, con una fachada majestuosa adornada con enrevesados y barrocos detalles
(debido al complejísimo lenguaje del maestro alemán), pero que a la vez oculta
bajo sus paredes y mobiliario una red o un extenso cableado de comunicaciones
que es el que le da coherencia y relación sistémica a todo el conjunto. Eso,
diríamos, sería lo metafísico, lo sustancial, “lo que está por debajo”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;La Fenomenología del Espíritu&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt; es
la recepción del edificio, el sitio al que debemos llegar en primer lugar para
ubicarnos y adentrarnos con propiedad en los vericuetos del inmueble, porque dicho
texto es la primera parada antes de sus siguientes textos que estructuran el
edificio de su sistema por cada área; en otras palabras, su lógica (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Ciencia de la Lógica&lt;/i&gt;), su filosofía de
la historia (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Lecciones sobre la filosofía
de la historia universal&lt;/i&gt;), su estética (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Lecciones
sobre la estética&lt;/i&gt;) y su filosofía de la religión (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Lecciones sobre la filosofía de la religión&lt;/i&gt;).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;El
valor de la FdE es que además es la introducción a todo su pensamiento se
considera como su filosofía primera, es decir, su metafísica, lo que fundamenta
su sistema. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Hegel,
heredero del legado iniciado con Fitche y Schelling, pero sobre todo del
fundador del idealismo alemán, Emmanuel Kant, entiende que debe establecer con
detalle y propiedad una fundamentación de la realidad para que desde allí pueda
elevarse el edificio, el sistema.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Toda
filosofía que pretende convertirse en sistema (o que tiene las pretensiones de
tal) debe fundamentar, en primer lugar, una metafísica, pues es el carácter
ontológico de su propuesta. Es decir, su metafísica general.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Kant
inaugura una renovada reflexión sobre el conocer. Y el quién conoce como
ser-en-sí es un aspecto fundamental de la metafísica del idealismo alemán. Es
decir, quién es el ser cognoscente. Aunque a Hegel se le acusa de hablar de un
viaje de la conciencia en el que no se define claramente el individuo cuya
conciencia ha de hacer dicho periplo, al contrario, inaugura una forma de ver
la sustancia, principio fundacional de la realidad, también como sujeto y no
como parte de los objetos que componen el mundo o extensión del ser (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;res extensa&lt;/i&gt;).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Para
Fink (1977) entre el mundo de las cosas y los individuos existe una relación trascendental,
lo cual explica la constitución o homogenización entre los entes y los sujetos.
Ese es el principio básico de la metafísica hegeliana: la sustancia como
sujeto, lo cual establece un tipo de sustanciabilidad de la sustancia, es
decir, una calidad de sustancia en todo lo que constituye el mundo, incluso el
ser cognoscente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Es el reflejo de una transformación
metafísica radical, de una transustanciación de la sustancia. En los tiempos
finales de la metafísica es el mismo Hegel quien concibe la sustancialidad de
la sustancia, la verdad interna de la sustancia como el sujeto, como formula la
conocida sentencia del «Prólogo» a la Fenomenología del Espíritu: «Según mi
modo de ver, que deberá justificarse solamente mediante la exposición del
sistema mismo, todo depende de que lo verdadero no se aprehenda y se exprese
como sustancia, sino también y en la misma medida como sujeto»”. (Fink, 1977:
36)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Como
todo lo “hegeliano”, hay quienes critican frontalmente dicha noción, del sujeto
como sustancia, porque une o homogeniza algo que hasta ese momento estaban
separados. Por eso, Hegel, con este principio de su metafísica, será el primer
filósofo que plantea el rompimiento definitivo de las dicotomías o dualidades
predominantes hasta ese momento de alma/cuerpo, general/particular, etcétera.
Eso que desarrollará con más detalle con su propuesta de movimiento dialéctico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Sin
embargo, las críticas son duras. Si todas las cosas son sustancia y sujeto, y todas
son manifestaciones de lo que Hegel llama espíritu absoluto, ello sugiere un
subjetivismo radical, lo cual se ha constituido como uno de los ejes centrales a
la crítica a lo planteado en la FdE.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Por
ejemplo, el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Diccionario Filosófico
Marxista&lt;/i&gt; de Rosental y Iudin (1939), en su entrada sobre la FdE, expresa
que si todos los fenómenos de la naturaleza y de la historia, en la visión de Hegel,
son considerados como formas de revelación del espíritu absoluto y de su
autoconocimiento, en definitiva, ha de entenderse el proceso del conocimiento
humano como la historia de la absorción del objeto por la conciencia del
sujeto, lo cual no es sólo un subjetivismo radical, sino que a juicio de esta
visión marxista anti-hegeliana es también algo erróneo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Hegel, como idealista,
desnaturaliza de una manera grosera la historia del conocimiento humano. Marx
escribía que todas las cosas y los fenómenos que en la Fenomenología del Espíritu
de Hegel son contrapuestos a la conciencia y que son supuestamente absorbidos
por ella, en realidad no son cosas y fenómenos reales, sino sólo abstracciones,
ideas de las cosas y de los fenómenos”. (Rosental y Iudin, 1939: 112-113)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Sin
embargo, no desmeritan el valor esencial de la FdE, el cual consiste en darle
carácter histórico a esta apropiación de la conciencia del sujeto de todo objeto
del mundo.&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Es decir, reconocer la
existencia de un paralelismo entre la historia del mundo, como devenir de la
realidad, y la historia del conocimiento humano, que en un movimiento dialéctico
entre el sujeto (ser cognoscente) y el objeto (sustancia por conocer del mundo)
se funden paulatinamente en un desarrollo temporal, progresivo o histórico
(producto del movimiento dialéctico) hasta llegar a esa homogeneidad de ambos:
sujeto y objeto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“No obstante su esencia idealista,
la Fenomenología del Espíritu hegeliana contiene también una «médula racional».
Marx veía la grandeza de la Fenomenología del Espíritu en el hecho de que Hegel
examina allí el conocimiento humano como un proceso histórico y descubre la
fuente de ese proceso «en la dialéctica de la negación como principio móvil y
generador»”. (Rosental y Iudin, 1939: 112-113)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Las
repercusiones metafísicas de la homogenización del sujeto y el-los objeto-s es
muy rica para el análisis de su metafísica. Ya la noción de verdad no es
individual y por lo tanto limitada. Ahora cambia a un valor de saber, que es
colectivo, digamos expandido. Es la reflexión, también presentada en la
introducción al capítulo &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Ciencia de la
Experiencia de la Conciencia&lt;/i&gt; de la obra, que explica el paso del &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;yo&lt;/i&gt; al &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;nosotros&lt;/i&gt;. Hegel coloca el sentido del ser en referencia a las cosas
que se hayan en el mundo. Y en ese contexto, según Fink (1977), si el ser es la
variedad del &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;en-sí&lt;/i&gt;, del &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;para-sí&lt;/i&gt;, del &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;fuera-de-sí&lt;/i&gt; y del &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;cabe-sí&lt;/i&gt;;
ahora en Hegel si el sujeto y el objeto se homogenizan la correspondencia del
ser y el saber en cuanto problema pasa a considerarse el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ser-para-nosotros&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Si ahora investigamos la verdad
del saber, parece que investigamos lo que éste es &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;en sí&lt;/i&gt;. Sin embargo, en esta investigación el saber es &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;nuestro objeto&lt;/i&gt;, es &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;para nosotros&lt;/i&gt;; y el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;en &lt;/i&gt;sí
de lo que resultara sería más bien su ser &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;para
nosotros&lt;/i&gt;; lo que afirmaríamos como su esencia no sería su verdad, sino más
bien solamente nuestro saber acerca de él”. (Hegel, 1807: 57)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Nótese
la importancia de esta afirmación y las repercusiones epistemológicas que aún
perduran en la actualidad, no en el discurso metodológico lógico-positivista,
sino en posturas diametralmente contrarias como la investigación cualitativa o
la hermenéutica filosófica. No se trata de una verdad absoluta sino de un saber
situado, es decir, un conocimiento para ese &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;nosotros&lt;/i&gt;
y una verdad también situada, en otras palabras, determinada o aplicada a un
saber específico del objeto estudiado, incluso tomando éste como parte
constituyente del mundo. Pero que puede ser considerado como parte del
conocimiento total del mundo, pues sujeto y objeto pertenecen a él.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Asimismo,
se trata de un &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;nosotros&lt;/i&gt; histórico que
eleva la autoconciencia (primer estadio del viaje de la conciencia hegeliano) a
un nivel colectivo pero en un tiempo, con una temporalidad; eso refuerza el
carácter histórico de la experiencia de la conciencia, pero esta vez como un
saber, un saber colectivo, que viabiliza el saber filosófico, el saber absoluto.
Como lo reconoció Marx en una cita más arriba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;¿Ahora
bien, cómo se relacionan sujeto y objeto en esa homogenización y cómo constituye
ese &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ser-para-nosotros&lt;/i&gt; que
aprehendemos como saber en un proceso de autoconciencia?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Además
de la temporalidad y el carácter histórico del viaje de la conciencia sensible
al saber filosófico, un elemento fundamental es el lenguaje en Hegel y su FdE. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Corrales
(2007) explica que desde el primer capítulo de la FdE, Hegel remarca la
importancia del lenguaje, el cual considera como la primera estación necesaria para
el trayecto del espíritu a lo Absoluto, es decir, la certeza sensible. A su
juicio, desde este primer estadio, es el lenguaje el vehículo que posibilita captar
el momento y lugar universal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“De esta manera, el lenguaje es
la condición de posibilidad de toda determinación. Hay un primer «intento de
decir» la cosa como mera exterioridad, es decir, hay un yo que dice: «esa
casa», «ese árbol», «un aquí́», «un ahora», pero sin aportar nada más; puede
decir del objeto solamente que es, pero no puede significarlo propiamente, no
hay apropiación concepto-objeto, pues la significación se obtiene históricamente.
Aquí́ vemos cómo para que el yo pueda decir un árbol, lo hace con un basamento
lingüístico, por lo que se puede deducir que el lenguaje es anterior al intento
de decir la cosa en la certeza sensible, pero en este ser anterior se considera
que es incompleto, pues consiste en un estar ahí́ o «Dasein» incompleto para
él, experimenta en el lenguaje al enunciar algo distinto al yo, y esto algo se
presenta como un opuesto”. (Corrales, 2007: 123-124)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Entonces,
si la significación es un momento posterior a la mera sensación, y por tanto histórico,
se entiende no sólo la importancia que da Hegel al lenguaje, lo cual identifica
Simon (1982) como la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;linguisticidad de la
conciencia&lt;/i&gt;, sino que también remarca, como hemos asomado anteriormente, el
carácter histórico no sólo del viaje de la conciencia del saber sensible al saber
filosófico, sino también de todos los procesos de percepción, comprensión e
interpretación que la conciencia experimenta en dicho viaje.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Al
respecto Corrales (2007) remarca relación estrecha que Hegel establece entre el
hablar y el contexto situacional, lo cual facilita la producción de sentido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“…decir: esta casa, este ahora,
depende de la relación con la situación para determinar su verdad, puesto que
verdad/falsedad es respecto de lo que se dice de la cosa”.(Corrales, 2007: 124)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;De
hecho, para Simon (citado por Corrales) esta &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;linguisticidad de la conciencia&lt;/i&gt; condiciona en Hegel no sólo la
comprensión de la situación sino también la comprensión del otro, es decir, el
entendimiento. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Hegel va a anteponer a esta comprensión
un reconocimiento del otro. En este sentido se puede aducir que el lenguaje
para Hegel es una mediación de lo percibido para sí y para los demás, en tanto
que se tiene un primer aspecto de un lenguaje social donde impera el
reconocimiento lingüístico intersubjetivo, en que los sonidos del lenguaje solo
significan algo para una conciencia que también sea lingüística, e impera la función
del lenguaje que es la comunicación, indispensable para el desarrollo histórico
del espíritu y con ello la comprensión”. (Corrales, 2007: 125)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Vemos
cómo la vinculación que permite el lenguaje, vista como entendimiento,
fundamenta la compresión del otro, pero también la homogenización sujeto-objeto.
Es el lenguaje, visto discursivamente (textos y contextos) como lo hace
Corrales (2007) lo que vehicula el tránsito entre el sujeto cognoscente y el
mundo de las cosas (objetos).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Aportes concretos a la hermenéutica histórica&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Hasta
ahora, reflexionando sobre la homogenización sujeto-objeto en Hegel, así como el
valor de la temporalidad, es decir, de lo histórico, del lenguaje y la producción
de sentido en la FdE, y cómo estos aspectos tributan a lo que Hegel intenta
explicar como aquellos procesos de comprensión que posibilitan el viaje
procesual de la conciencia desde la certeza sensible al saber filosófico, no
podemos dejar a un lado cómo estas reflexiones se constituyen como aportes concretos
a lo que conocemos hoy como hermenéutica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;De
hecho, en el índice de autores de la edición en castellano de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Verdad y Método&lt;/i&gt; de Hans-Georg Gadamer
(Sígueme, 2005), obra fundamental de la hermenéutica filosófica contemporánea, se
puede apreciar que Hegel es uno de los pensadores más citados o referidos en la
obra. Hegel es citado 95 veces por Gadamer, sólo superado por Aristóteles (con
más de 100 referencias) y seguido por Heidegger con 77 veces, algo entendible
puesto que este último fue su maestro y principal transmisor de las enseñanzas
hegelianas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Eso
da muestras de las corrientes del pensamiento que nutren la hermenéutica de
Gadamer, la cual es considerada como la integradora de todas las disciplinas de
interpretación y comprensión de las ciencias del espíritu.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Ahora
bien, es necesario hacer ciertas precisiones. Gadamer no toma a Hegel al pie de
la letra aunque parte de sus planteamientos. En concreto, construye su
propuesta a partir de las reflexiones que hace de Hegel. Por ejemplo, critica
el rechazo de Drysen y Dilthey, en su teoría histórica, a lo que denomina “el
espiritualismo de Hegel”. Intenta, al contrario, demostrar como la metafísica
hegeliana y su dialéctica especulativa, en su interacción de contrarios, como
lo finito y lo infinito, constituye una de sus bases para justificar el uso de
las tradiciones en los procesos de comprensión en nuestra contemporaneidad y el
reconocimiento de la alteridad. Como Hegel, del reconocimiento del otro. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;También
como Hegel, Gadamer asume lo histórico no como visión del pasado sino como
actualización en el presente. Eso lo explica puntualmente Bayón Martín (2001):&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“El punto de partida de la
asimilación de la influencia hegeliana sobre su propia hermenéutica lo localiza
Gadamer en esta verdad decisiva: la esencia del espíritu histórico no consiste
en la restitución del pasado, sino en la mediación del pensamiento con la vida
actual”. (Bayón Martín, 2001: 60)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Asimismo,
la hermenéutica contemporánea, como Hegel, asume el lenguaje también como un
principio constitutivo de la comprensión, pero difiere en reconocer como objeto
el saber. Es decir, el saber no puede ser considerado como objeto de
comprensión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Para
Bayón Martín (2001), la conciencia histórica gadameriana, prerrequisito para la
compresión humana, trabaja no sobre realidades históricas consideradas como
objetos sino sobre las relaciones existentes entre los objetos, en las que
coexisten tanto la realidad de la historia como la realidad de la comprensión histórica.
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Gadamer denomina a este marco
«historia efectual». El carácter efectual le nace así́ a la historia en la
medida en que su realidad no puede ser pensada con independencia y anterioridad
a su relación con el fenómeno histórico de la comprensión. A la luz de la trabazón
ontológica realidad de la historia/realidad de la comprensión histórica puede
entenderse por qué la hermenéutica de Gadamer insiste una y otra vez en que la
comprensión es una forma de efecto”. (Bayón Martín, 2001: 63)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Estos
“efectos” relacionales son los que constituyen, en la metodología actual de
ciencias sociales, el contexto situacional, es decir, los hechos y sus
relaciones. Allí observamos otro aporte claro del pensamiento hegeliano, tanto a
la hermenéutica contemporánea como en la epistemología actual. No podemos comprender
si el ser como sustancia, como fusión sujeto-objeto, no sólo es capaz de
sustraer o detectar los componentes contextuales (efectos) del hecho histórico
que se comprende, sino que también, siendo parte histórica del hecho
comprendido y producto de ese devenir, debe tomar en cuenta la actualización o
resignificación que en el acto de comprender se registra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Esto
contradice, en parte, la noción teleológica hegeliana de que en un momento el
conocimiento llegará a un estado absoluto y Gadamer lo expone así en &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Verdad y Método&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“La afirmación de que la
historia efectual puede llegar a hacerse completamente consciente es tan
híbrida como la pretensión hegeliana de un saber absoluto en el que la historia
llegaría a su completa transparencia y se elevaría así hasta la altura del
concepto. Por el contrario, la conciencia histórico-efectual es un momento de
la realización de la comprensión”. (Gadamer, 1975: 372)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Aquí
se detectan ecos de las enseñanzas hegelianas de Heidegger, quien para la hermenéutica
del ser mismo, visto también como tiempo, ser ahí y ahora (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Dasein&lt;/i&gt;), el lugar de comprensión no es un sitio inmóvil,
permanente. Al contrario, en palabras de Bayón Martín (2001), se trata de un &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;horizonte temporal fluyente&lt;/i&gt;, que da
cuenta del carácter dinámico de la historia como realidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Allí
surge otra noción clave de la hermenéutica de Gadamer: el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;horizonte histórico&lt;/i&gt;, al cual le dedica algunas páginas en &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Verdad y Método&lt;/i&gt;, y que pueden resumirse
en la noción de lugar de comprensión, lugar de la situación hermenéutica, donde
el papel de las tradiciones, es decir, de lo que se nos transmite o se nos
comunica de una generación a otra (“transmisión tradente” en palabras del filósofo
español-salvadoreño Ignacio Ellacuría, 1990), permite la conformación de ese
horizonte histórico y, por tanto, la comprensión e interpretación del pasado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Es también interesante hablar
de horizonte en el marco de la comprensión histórica, sobre todo cuando nos
referimos a la pretensión de la conciencia histórica de ver el pasado en su
propio ser, no desde nuestros patrones y prejuicios contemporáneos sino desde
su propio horizonte histórico. La tarea de la comprensión histórica incluye la
exigencia de ganar en cada caso el horizonte histórico, y representarse así lo
que uno quiere comprender en sus verdaderas medidas. El que omita este
desplazarse al horizonte histórico desde el que habla la tradición estará
abocado a malentendidos respecto al significado de los contenidos de aquélla.
En este sentido parece una exigencia hermenéutica justificada el que uno se
ponga en el lugar del otro para poder entenderle”. (Gadamer, 1975: 373)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Tarea
ardua e ingrata la de quienes hacen investigación histórica, parafraseando a
Horkheimer, pues deben enfrentarse a lo que ya Giddens (1984) identificó como
una &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;doble hermenéutica&lt;/i&gt;, es decir, plantarse
ante el reto de interpretar hechos ya interpretados por otros sujetos
históricos en su momento, lo cual constituye, en nuestro parecer, el mayor desafío
metodológico de la historiadora y del historiador.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Gadamer
ya lo planteaba en la cita anterior. Habrá malentendidos sino reconstruimos el
horizonte del sujeto que interpretó en su momento un hecho histórico concreto (no
sólo historiadora o historiador sino también un sujeto histórico de esa
realidad contada), y también sino reflexionamos profundamente sobre el
horizonte histórico de quien intenta comprender el hecho en perspectiva. Eso
también se lo debemos a Hegel.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Conclusiones sin dialéctica&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;No
profundizamos en la dialéctica como otro aporte clave de la propuesta de Hegel,
tanto a la hermenéutica filosófica como a los estudios históricos, pues es
parte de indagaciones futuras; investigaciones ineludibles para quienes tenemos
como norte seguir hurgando en los aportes de la filosofía para enfrentar los problemas
y retos que se plantean actualmente en la consideración y aplicación de teorías
y métodos de la investigación histórica en Venezuela.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Sin
embargo, tenemos insumos para unas conclusiones preliminares de lo atendido en
este breve ensayo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;En
primer lugar, el valor de Hegel como individuo, como ser histórico, tanto para
la hermenéutica como para lo que aquí denominamos actuales estudios históricos
actuales. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Ya
Kojève (1947) aludía el carácter integral de la persona de Hegel y que le
permitía sintetizar, tanto en su persona como en su obra, la totalidad de su
pensamiento y del mismo espíritu de la época. Hegel no inventó la dialéctica,
ya ella preexistía como motor y producto del devenir histórico. El pensador
alemán lo que nos legó fue un método del conocer, un camino para la comprensión
de la realidad histórica, de ese movimiento o de ese diálogo permanente entre
los seres-sujetos-objetos. Realidad compleja que requería de alguien
observador, alguien que escuchara y alguien que registrara ese devenir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Hegel fue el primero en ser ese
oyente-historiador-filósofo, En cualquier caso, fue el primero en serlo
conscientemente. Y por eso pudo: ser el primero en abandonar intencionadamente
la Dialéctica concebida como un método filosófico. Se contenta con observar y
describir la dialéctica efectuada a lo largo de la historia y ya no necesita
practicar una él mismo. Esta dialéctica, o el «diálogo» de las Filosofías, tuvo
lugar antes que él. Sólo tiene que «experimentarlo» y describir en un discurso
coherente su resultado final y sintético: la expresión de la verdad absoluta no
es sino la descripción verbal y adecuada de la dialéctica que la produce. Así,
la Ciencia de Hegel no es «dialéctica» más que en la medida en que la Filosofía
que la ha preparado a lo largo de la Historia ha sido dialéctica (implícita o
explícitamente)”. (Kojéve, 1947: 514)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Además
de la evidente importancia dada a la temporalidad como carácter histórico del
transitar de la conciencia del saber sensible al saber filosófico, Hegel lega a
la hermenéutica y a los estudios históricos la relevancia del lenguaje como
posibilitador de la homogenización del sujeto y el objeto, del ser y la
sustancia. Sin lenguaje no hay no siquiera un momento primario de la conciencia
sensible y, mucho menos, una posterior y necesaria significación que,
repetimos, posibilite la comprensión del ser y su paso de la conciencia a la
autoconciencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Por
tal motivo, para la historiadora, para el historiador, la preminencia del
lenguaje en la conformación de la realidad como objeto, ser y sustancia, eso
que llamó Simon, refiriéndose a Hegel, la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;linguisticidad
de la conciencia&lt;/i&gt;, debe ser una variable permanente en la reflexión
histórica. No sólo en la producción historiográfica, es decir, de la historia
como discurso, sino también en el acercamiento a la historia como realidad, que
es el lugar concreto donde se registran los movimientos dialécticos y el
transitar histórico de la conciencia humana a estadios mayores.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Ahora
bien, si reconocemos la preeminencia del lenguaje en la comprensión histórica,
Hegel también nos ofrece, tanto para la hermenéutica como para el empleo de ésta
en la investigación historiográfica, la noción de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;horizonte histórico&lt;/i&gt;, es decir, la conciencia (que construye
autoconciencia) de que debemos tener muy claro desde dónde (espacial y
temporalmente) estamos interpretando la historia. Eso sí, con la salvedad y el
cuidado de que el investigador (o investigadora) se enfrenta a hechos ya
interpretados con anterioridad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Por
último, tanto para establecer con propiedad un horizonte histórico que no dé
lugar a malentendidos (como advierte el propio Gadamer) en la interpretación y
comprensión de hechos históricos, es ineludible entender la necesaria
homogenización del sujeto (el investigador) y el objeto de estudio (la historia).
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Tal
como lo reconoce la investigación cualitativa y la hermenéutica filosófica,
basados ambos en el legado de Hegel, la unión de sujeto y objeto, principio
metafísico hegeliano, permite entender la historia, tanto como realidad y como discurso,
de una manera más cercana y más precisa, y no como lo ha negado la impositiva metodología
lógico-científica y la terca separación de las ciencias. Ello, porque el
historiador es también sujeto histórico y es una verdad que es imposible
evadir, tal como lo advierte el epígrafe que presenta este ensayo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;Bibliografía&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;BAYÓN
MARTÍN, F. (2001). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La herencia de Hegel
en la hermenéutica de la historia de Hans-Georg Gadamer&lt;/i&gt;. Utopía y Praxis
Latinoamericana Año 6. No 15 (Diciembre, 2001). PP. 44-67&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;CORRALES,
B (2007). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Hegel y el lenguaje:
Consideraciones en torno a la producción de sentido&lt;/i&gt;. PRAXIS 61 (2008). PP.
121-134&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;ELLACURÍA,
I. (1990). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Filosofía de la realidad
histórica&lt;/i&gt;. San Salvador: UCA Editores, 2007&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;FINK,
E. (1977). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Hegel. Interpretaciones
fenomenológicas de la Fenomenología del Espíritu&lt;/i&gt;. Barcelona: Editorial
Herder, 2011&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;GADAMER,
H. (1975). Verdad y Método. Tomo I. Barcelona: Editorial Sígueme, 2005&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;GIDDENS,
A. (1982). La constitución de la sociedad. Buenos Aires: Amorrortu, 1995&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;HEGEL,
G.W.F. (1807). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La fenomenología del
espíritu&lt;/i&gt;. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica (FCE), 2015&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;KOSÈVE,
A. (1947). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Introducción a la lectura de
Hegel&lt;/i&gt;. Barcelona: Editorial Trotta, 2013&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;LONZI,
C. (1970). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Escupamos sobre Hegel y otros
escritos sobre la liberación femenina&lt;/i&gt;. Madrid: Traficantes de sueños, 2018&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;MCNABB,
D. (2020). Hegel y la Fenomenología del Espíritu Pt.1/18. Recuperado de
https://www.youtube.com/watch?v=trLWg9PBEJw&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;ROSENTAL,
M. y IUDIN, P. (1939). Diccionario filosófico marxista. Montenvideo: Ediciones
Pueblos Unidos, 1946&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-theme-font: minor-bidi;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Arial; font-size: 14pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast;&quot;&gt;SIMON,
J. (1982). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El problema del lenguaje en
Hegel&lt;/i&gt;. Madrid: Taurus&lt;/span&gt;

&lt;div style=&quot;mso-element: footnote-list;&quot;&gt;&lt;br clear=&quot;all&quot; /&gt;

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&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref1&quot; name=&quot;_ftn1&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn1;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; Precisamente es título del libro escrito por la feminista
italiana Carla Lonzi en 1970&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;/div&gt;

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&lt;p class=&quot;MsoFootnoteText&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#_ftnref2&quot; name=&quot;_ftn2&quot; style=&quot;mso-footnote-id: ftn2;&quot; title=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-special-character: footnote;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;MsoFootnoteReference&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: Cambria; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: &amp;quot;ＭＳ 明朝&amp;quot;; mso-fareast-language: ES; mso-fareast-theme-font: minor-fareast; mso-hansi-theme-font: minor-latin;&quot;&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;McNabb,
D. (2020). Hegel y la Fenomenología del Espíritu Pt.1/18. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=trLWg9PBEJw&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;(Escribí este brevísimo trabajo en julio de 2013 para el Doctorado de Filosofía Iberoamericana de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” UCA de El Salvador. Curso: “El lenguaje de la política moderna: historia conceptual para el El Salvador del siglo XIX” con el profesor Sajid Herrera)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;b&gt;I. Introducción&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Estudiar la historia iberoamericana del siglo XIX, específicamente analizar las representaciones que se construyeron en la prensa escrita de la época, es sumamente importante en los tiempos que corren para observar la evolución en el uso que hicieron los actores sociales y políticos de los aquellos conceptos que fueron utilizados para consolidar en el ideario colectivo la concepción de Nación moderna y así entender nuestro presente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Las nociones liberales de Estado, Nación, República, Orden y Progreso, como conceptos políticos, tuvieron un uso en el discurso público pero no estático, al contrario, estos fueron evolucionando según los actores, el contexto, los propósitos de los enunciatarios y las expectativas de los receptores.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Que estos conceptos fueran ampliamente difundidos en la prensa escrita, dado que ésta se constituyó en el espacio público por excelencia para la formación de la opinión pública y el sitio ideal para el debate colectivo, permite vislumbrar rasgos de importancia sobre la utilización de estos conceptos para la consolidación de una idea de país, de Nación, de orden colectivo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;En El Salvador, como en otras naciones latinoamericanas, la prensa escrita, igual que el país en general, fue un laboratorio de experimentación de prácticas políticas que permitieron “colocar” en el colectivo conceptos del país político que se pretendía construir luego de las independencias de la Corona española.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Este brevísimo trabajo, constituye un acercamiento, una aproximación, a cómo fue utilizado en el Diario Oficial de El Salvador el concepto de “Progreso”, durante el período posterior inmediato a la guerra contra Guatemala de 1863.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;b&gt;II. Metodología&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Se parte de la metodología de historia conceptual. La asignatura proveyó de las herramientas básicas para el análisis del pensamiento Latinoamericano y, específicamente, de El Salvador, a través de ciertas categorías de la propuesta metodológica del Proyecto Iberoamericano de Historia Conceptual, conocido como Iberconceptos, cuyo propósito es analizar los más importantes conceptos, lenguajes y metáforas políticas que circularon América Latina, España y Portugal, desde las últimas décadas del siglo XVIII hasta finales del siglo XIX.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Bajo la perspectiva de Iberconceptos, no interesa el significado canónico del concepto, Al contrario, lo realmente significativo son los usos que los actores hicieron del concepto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Desde su propuesta, las ideas no influyen sino&amp;nbsp; los hablantes a través del uso que hace de los conceptos en la prensa escrita, las sociabilidades, entre otras practicas sociales.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Se partirá del concepto ideal, en este caso del Diccionario de Autoridades de 1732 (Real Academia Española-RAE) y se observará el uso dado por los actores en la&lt;i&gt; Diario Oficial de El Salvador.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Asimismo, se intentará detectar el sentido de ese sentido dado por el actor, así como sus relaciones léxicas con otros conceptos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;El concepto escogido para el análisis es el de “Progreso” y el período analizado los días inmediatos a la guerra entre El Salvador y Guatemala de 1863.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;b&gt;III. El Corpus&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Según registros en internet, en la incipiente República de El Salvador del siglo XIX varias fueron las experiencias de diarios considerados como “oficiales”, producidos y distribuidos por el Gobierno Central. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Algunos de los nombres utilizados fueron &lt;i&gt;Gaceta del Gobierno Supremo del Estado, Gaceta Oficial, La Gaceta, El Constitucional &lt;/i&gt;y&lt;i&gt; Boletín Oficial&lt;/i&gt;. Esta última denominación, Diario Oficial, fue el establecido definitivamente el 31 de diciembre de 1875.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Como todo diario oficial, era pretensión difundirse diariamente, aunque a veces no ocurría y entre sus páginas se publicaban los discursos del Presidente de la República, así como las leyes, acuerdos, decretos, avisos mercantiles, correspondencias oficiales, el presupuesto público, la lista de precios de los productos de importación y exportación, los edictos, avisos jurídicos y partes de guerra, entre otros tipos de textos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;En el contexto de la fiesta del Bicentenario del Primer Grito de Independencia, el 15 de diciembre de 2010 se hizo pública la digitalización del Archivo Histórico del &lt;i&gt;Diario Oficial &lt;/i&gt;entre los años 1847 y 2002, mediante convenio del Ministerio de Gobernación y la Asociación Bancaria Salvadoreña. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Dicha versión digital puede ser consultada en línea tanto en el portal de la Imprenta Nacional de El Salvador:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.imprentanacional.gob.sv/index.php/servicios/en-linea/ciudadano/archivo-digital-del-diario-oficial&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;http://www.imprentanacional.gob.sv/index.php/servicios/en-linea/ciudadano/archivo-digital-del-diario-oficial&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;como en el sitio web de la Biblioteca “P. Florentino Idoate, S.J.”:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.uca.edu.sv/acervo/Diario_Oficial/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;http://www.uca.edu.sv/acervo/Diario_Oficial/&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Se consultó el período inmediato a la guerra entre El Salvador y Guatemala acaecida en febrero de 1863.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;b&gt;IV. Guerra de El Salvador y Guatemala de 1863&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;El general guatemalteco Rafael Carrera, conocido como el caudillo de Mataescuintla, invadió El Salvador en 1863. Las poblaciones afectadas por esta aventura militar fueron Ahuachapán, Chalchuapa y Santa Ana. Sin embargo, fue contenido y derrotado en la población de Coatepeque, el día 24 de febrero de ese año.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;El ejército salvadoreño fue comandando en el campo de batalla por el propio capitán Gerardo Barrios, quien derrocó al ejército invasor de Guatemala, compuesto por más de 6 mil 500 hombres.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Esta confrontación fue significativa pues no sólo se enfrentaban los gobiernos de El Salvador y Guatemala, sino también la oligarquía guatemalteca y la dirigencia militar de El Salvador. Además se constituyó en una guerra de ideales políticos pues Carrera pertenecía al partido conservador, mientras que el general Gerardo Barrios era una figura del liberalismo en la Centroamérica de la época.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;b&gt;V. Concepto escogido&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;El concepto escogido para el análisis fue la noción de &quot;Progreso&quot;. Siendo una confrontación bélica de cierta magnitud, en las primeras ediciones del &lt;i&gt;Diario Oficial&lt;/i&gt; de ese año aparecieron impresos varios discursos del general Gerardo Barrios. En ellos, Barrios, así como otros actores, convoca la idea de Progreso en varias formas y sentidos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;El Diccionario de Autoridades de 1732 cuenta con una concepción de progreso “poco moderna”. Aún se refiere a “Progreso” como la “continuación o adelantamiento de una cofa o de alguna materia”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Aún no alude a la noción de progreso que ya se utilizaba frecuentemente entre los liberales a los largo del siglo XIX y que persiste en nuestro días, de “Progreso”, como ideal de desarrollo histórico armónico, necesario y justo de una República, Nación o País, hacia su realización definitiva en todos los sentidos: político, social, técnico, educativo, etcétera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;En ese sentido es el que utilizan las noción de progreso los actores inscritos en el Diario Oficial de los primeros meses de aquel año 1863.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;b&gt;VI. Resultados del Análisis&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Fueron analizados los cuatro primeros meses del año 1863, dada la cercanía con el evento histórico aludido de la guerra entre El Salvador y Guatemala.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Se revisaron cerca de un centenar de ediciones del Diario Oficial entre los meses de enero a abril.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Se registraron en doce oportunidades la alusión “política” a la palabra “Progreso”. Hablamos de “política” para descartar aquellas veces en las que palabra fue utilizada fuera de contextos políticos como aludiendo, por ejemplo, a “progreso” como avance de obras públicas o como desarrollo de un acontecimiento.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;De estas nociones “políticas”, entonces, hablamos de nueve (9) registros hallados de la palabra progreso en sintonía con el objetivo de este trabajo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;b&gt;VII. Significados dados al concepto de “Progreso”&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Los significados dados al concepto de “Progreso” en el breve período estudiado fueron los siguientes:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;1) Se observa como proceso de desarrollo del país, en el que el Pueblo es el protagonista de ese transitar o carrera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Cita: &lt;i&gt;“… los pueblos de la República continuarán su carrera de progreso bajo los beneficios de la paz, sin relaciones oficiales con un Gobierno que tanto exige a cambio de ellas”.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Fuente: Tomo II. Número 13. Página 6. Jueves, 01 de enero de 1863&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Autor del texto: Presidente Gerardo Barrios (fechado el 18 de diciembre de 1862)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Contexto: Manifiesto del Presidente Barrios sobre el rompimiento de las relaciones con el gobierno de Guatemala, al que acusa de “centro de coalición contra la República de El Salvador”. Este manifiesto se publica en el Diario Oficial luego de la ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos países el 04 de diciembre de 1862. El “gobierno” al que se refiere, por supuesto, es Guatemala.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Sentido del significado: Positivo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Conceptos léxicos asociados: Progreso-Paz (Relación de Identidad)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;2) Una vez más se registra como proceso de desarrollo del país&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Cita:&lt;i&gt; “… qué tal sería una guerra entre El Salvador y Guatemala, sea sin causa o con lo que se crea serlo, es nada menos que el completo atraso de los dos países, y la pérdida entera de todo lo que han ganado con estos dos últimos años de paz y de progreso”.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Fuente: Tomo II. Número 15. Página 4. Sin fecha de enero de 1863&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Autor del texto: Jame Patridge, Ministro Residente de Estados Unidos en El Salvador (fechado el 17 de diciembre de 1862)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Contexto: Carta del Ministro Residente de Estados Unidos en El Salvador en respuesta al Sr. León Alvarado, comisionado de Honduras, ante la amenaza de guerra entre El Salvador y Guatemala, dado el reciente rompimiento de relaciones.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Sentido del significado: Positivo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Conceptos léxicos asociados: Progreso-Paz (Relación de Identidad); Progreso-Atraso (Relaciones de oposición)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;3) Se detectó el uso del término progreso como estado o situación de El Salvador, en contraste con la situación “estacionaria” de Guatemala en el contexto del conflicto&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Cita:&lt;i&gt; “… un cúmulo de motivos desfavorables, independientes de mi política obligan a Guatemala a permanecer estacionaria por mucho tiempo, mientras que por nuestra parte todo impele a El Salvador a un progreso que ya se hace sentir”.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Fuente: Tomo II. Número 16. Página 3. Jueves, 22 de enero de 1863&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Autor del texto: Presidente Gerardo Barrios&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Contexto: Mensaje del Presidente en el acto de apertura de las sesiones extraordinarias del Cuerpo Legislativo, explicando la situación de conflicto entre El Salvador y Guatemala..&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Sentido del significado: Positivo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Conceptos léxicos asociados: Estacionaria (Guatemala)-Progreso (El Salvador) (Relaciones de oposición)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;4) Se muestra en este registro como “objeto de envidia” del enemigo. Como “joya preciada” que quiere arrebatar el oponente pues no la posee. También como “veneno” que afecta la codicia del Gobierno de Guatemala&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Cita:&lt;i&gt; “Con ese pretexto, con ese velo, pretender encubrir la daga que quisieran descargar sobre la prosperidad de El Salvador, que no puede soportar, porque lo considera veneno de su gobierno excepcional, supuesto que este progreso arguye contra el atraso y miseria de Guatemala”.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Fuente: Tomo II. Número 17. Página 1. Jueves, 29 de enero de 1863&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Autor del texto: Presidente Gerardo Barrios&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Contexto: Contestación del Presidente Barrios al discurso del Señor Presidente de la Asamblea General, Don Sebastián González, en el acto de clausura de las sesiones extraordinarias del Cuerpo Legislativo de El Salvador. Antes éste rechaza la idea de guerra y antepone la idea de paz en el conflicto, a lo que responde duramente Barrios.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Sentido del significado: Positivo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Conceptos léxicos asociados: Prosperidad-Progreso (Relación de Asociación); Atraso y Miseria (Guatemala)-Progreso y Prosperidad (El Salvador) (Relaciones de oposición)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;5) Se muestra una vez más como “objeto de envidia” del enemigo esta vez ante la inminencia de una confrontación ya no diplomática sino bélica&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Cita: &lt;i&gt;“Cuatro años he mantenido la paz, a cuya sombra ha progresado nuestra casa Patria, con el desarrollo de las fuentes de riqueza que encierra. ¡Pero quién creyera, que esa rápida prosperidad sembrando la envidia en el corazón mezquino del General Carrera, presidente de Guatemala, viniese a ser la causa de la guerra que nos amenaza (…) He oído decir que El Salvador progresa rápidamente; que dentro de pocos años será más rico y más grande que Guatemala y he aquí su enojo que lo ha determinado a traernos la muerte y la desolación”.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Fuente: Tomo II. Número 20. Página 1. Jueves, 19 de febrero de 1863&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Autor del texto: Presidente Gerardo Barrios (fechada el 13 de febrero de 1863)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Contexto: Proclama de Guerra firmada por el Presidente Barrios al grito ¡Compañeros de armas! Se difunde dado los anuncios de que el General Carrera, presidente de Guatemala, ya se encuentra en la frontera presto para iniciar la invasión e incursionar en territorio salvadoreño.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Sentido del significado: Positivo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Conceptos léxicos asociados: Progreso-Progresado-Progresar (Series derivadas); Paz-Progreso (Relación de Asociación); Desarrollo-Progreso (Relación de Asociación); Fuentes de riqueza-Progreso (Relación de Asociación)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;6) Se registra como sinónimo de Unión y Paz de las naciones de la región centroamericana&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Cita: &lt;i&gt;“Todas las conveniencias del país se procuran al procurar su unión, que es su progreso, su paz que es la mayor de sus necesidades”.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Fuente: Tomo II. Número 24. Página 8. Jueves, 19 de marzo de 1863&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Autor del texto: J. Antonio Milla (fechada el 7 de marzo de 1863)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Contexto: Luego del triunfo de El Salvador sobre Guatemala en la batalla de Coateque el 24 de febrero de 1863, se reactivaron las comunicaciones diplomáticas de países como Honduras. En este caso es una mediación de ese país, a través de su Ministerio de Relaciones Exteriores, quien responde una misiva a Guatemala y es publicada en el Diario Oficial de El Salvador.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Sentido del significado: Positivo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Conceptos léxicos asociados: Progreso-Paz, Progreso-Unión (Relación de Asociación)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;7) Esta vez Progreso se entiende como un logro de la gestión política y militar del Presidente Barrios, junto a la fama, el nombre, la seguridad y la paz de El Salvador&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Cita: &lt;i&gt;“¡Excelentísimo Capitán General Barrios! ¡Gran Capitán de la República de Centroamérica! Habéis dado al Salvador nombre, fama, progreso y con vuestras últimas acciones le dais seguridad, paz y nombre heroico, lo ponéis a la vanguardia del principio cuya realización hará del país lo que debe ser”.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Fuente: Tomo II. Número 26. Página 4. Sábado, 28 de marzo de 1863&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Autor del texto: Sin firma (fechada el 7 de marzo de 1863)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Contexto: Este es un fragmento del discurso oficial ofrecido por un representante del Supremo Soberano, por el Jefe de la Sección de relaciones en la Casa Nacional, y al regresar de la “Solemne Misa de Gracias” con la que se celebraron las victorias de El Salvador ante Guatemala en Coateque y Olandro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Sentido del significado: Positivo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Conceptos léxicos asociados: Progreso-Fama, Nombre, Seguridad y Paz (Relación de Asociación)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;8) Se registra en esta entrada como “un bien” o “algo positivo” que tiene enemigos (los guatemaltecos) y como un “progreso de ideas” para los liberales&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Cita:&lt;i&gt; “… no han consultado la razón y son guiados solamente por el vil designio de hacer prevalecer en Centro-américa las ideas retrógradas que rechaza el siglo y la civilización, manteniendo el embrutecimiento de los pueblos para dominarlos, esquilmarlos, y perpetuarse en los destinos, como si fueran su propiedad exclusiva; y como en El Salvador se mantienen y progresan las ideas liberales y se cultivan los intereses populares , lo consideran un mal ejemplo que mina la obra de iniquidad, por lo cual se le trae a la guerra, forjándose pretextos para justificarla; pues los enemigos del “progreso” no tienen bastante ánimo para decir: “queremos dominar a Centro-américa, según nuestras ideas y para nuestro exclusivo bien””.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Fuente: Tomo II. Número 24. Página 5. Miércoles, 15 de abril de 1863&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Autor del texto: Presidente Gerardo Barrios (fechada el 10 de abril de 1863)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Contexto: El Presidente Barrios utiliza todos los espacios y eventos posibles para afianzar su visión sobre la envidia de Guatemala sobre El Salvador. Esta vez es una contestación durante el acto de despedida del Ministro Plenipotenciario de Costa Rica, Sr. Dr. Don Eusebio Figuera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Sentido del significado: Positivo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Conceptos léxicos asociados: Progreso-Ideas retrógradas, Progreso-Embrutecimiento de los pueblos (Relación de Oposición); Progreso-Civilización, Progreso-Razón (Relación de Asociación); Progreso-Progresan (Series derivadas)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;9) Se presenta “progreso” como “idea” a la par de “República Democrática” en peligro de desaparecer por los “empeños” de Guatemala y su aliado Nicaragua&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Cita:&lt;i&gt; “… los gobiernos de Guatemala y de su aliado Nicaragua, empeñados ambos en entronizar sus principios retrógrados y hacer desaparecer en Centro-américa las ideas de progreso y de República Democrática”.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Fuente: Tomo II. Número 33. Página 1. Sábado, 25 de abril de 1863&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Autor del texto: Presidente Barrios (fechada el 23 de abril de 1863)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Contexto: Parte no oficial del Diario Oficial en el que se anuncia la publicación en ese número de una proclama dirigida al Pueblo de Nicaragua por el Excelentísimo Senador-Presidente de Honduras, Sr. Dr. Francisco Montes, en la cual se “patentizan más y más las maquinaciones que desde principios de 1862 han venido poniendo en juego contra El Salvador y Honduras”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Sentido del significado: Positivo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Conceptos léxicos asociados: Progreso-Idea, Progreso-República Democrática (Relación de Asociación); Progreso-Principios retrógrados (Relación de oposición)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;b&gt;VIII. Conclusiones&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Este breve ejercicio nos permitió verificar en el análisis de fuentes primarias, en este caso el Diario Oficial, el uso que hicieron los actores políticos del concepto “Progreso”, el cual aunque no difiere en su esencia en el significado atribuido en el Diccionario de Autoridades de 1732 (“continuación o adelantamiento de una cofa”), efectivamente presenta una resemantización adecuada a las ideas liberales en boga en el siglo XIX iberoamericano.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;La palabra “Progreso” en el discurso político sirvió de argumento y contraargumento de la clase política salvadoreña durante el conflicto de la guerra de 1863 contra Guatemala.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;El “Progreso”, ya sea visto como “Joya”, “Objeto de envidia del enemigo”, “Logro” o sinónimo de paz, unión, prosperidad, entre otros términos, fue utilizado para la construcción de la identidad de la clase política liberal salvadoreña (nosotros) en contraste con la clase política conservadora guatemalteca (ellos).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;helvetica neue&amp;quot; , &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;Asimismo, esta brevísima aproximación metodológica permite vislumbrar un rico campo de investigación histórica en el pensamiento iberoamericano del siglo XIX, por lo que es previsible recomendar más extensos y profundos estudios sobre la formación del discurso político salvadoreño en dicho período, desde la perspectiva de historia conceptual.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2019/07/evolucion-conceptual-del-termino_26.html</link><author>noreply@blogger.com (Prof. Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhIZ8Iod6LBwRCOWoYVgPBaQTmWGIS2SpoGDznS5aKRWPQJqPo73mteU0n8NF1s4nsoZiCGdor52JvdUYZTPaVClEVr5Q_NjKuR6yPA-zRaoKqkvSj8Mt1cfNDsSiAitqO20Kv_HtY_0p5L/s72-c/cabecera-go.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-7597435311360172638</guid><pubDate>Sat, 13 Oct 2018 02:52:00 +0000</pubDate><atom:updated>2019-07-26T17:18:30.536-04:00</atom:updated><title>“La crítica de la filosofía moderna en el pensamiento de Enrique Dussel”</title><description>&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEji8IvT6PhsHRfUVPz8JyaNctE3eK6eAzogx1x2GFkuLpOjh9NcDmEx5EsoJvlSjXJT2uG3DuODGfvpawbHizSXL9ZjHsG8Z6zjXJlzphA6GSvQZ8QA8hqM_Ggz3VRJEtHphH06Qk1v0pFj/s1600/Dussel1070.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;650&quot; data-original-width=&quot;1070&quot; height=&quot;194&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEji8IvT6PhsHRfUVPz8JyaNctE3eK6eAzogx1x2GFkuLpOjh9NcDmEx5EsoJvlSjXJT2uG3DuODGfvpawbHizSXL9ZjHsG8Z6zjXJlzphA6GSvQZ8QA8hqM_Ggz3VRJEtHphH06Qk1v0pFj/s320/Dussel1070.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
(Escribí este trabajo en agosto de 2018 para el II Diplomado de 
Pensamiento Emancipatorio de la Universidad Centroamericana “José Simeón
 Cañas” UCA de El Salvador)&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 11.0pt;&quot;&gt;“&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero
es su aldea, y con tal que él quede de alcalde,&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 11.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;o le
mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los
ahorros,&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 11.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;ya da por
bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en
las botas &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 11.0pt;&quot;&gt;y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea
de los cometas en el cielo, &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 11.0pt;&quot;&gt;que van por el aire dormido engullendo mundos&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 11.0pt;&quot;&gt;” &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 11.0pt;&quot;&gt;(José
Martí. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Nuestra América&lt;/i&gt;, 1891)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Sirva una vez más
la pluma eternamente visionaria del prócer cubano José Martí para ilustrar la principal
crítica del pensador argentino Enrique Dussel (&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;radicado en México desde finales de los
70) &lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;a
la filosofía de la modernidad: la noción moderna de una totalidad que niega
cualquier alteridad; una universalidad cerrada (como la analizada por Marcuse)
que rechaza no sólo otra realidad posible sino también la existencia de otro
ser, de otros individuos, por tanto, de otras culturas (no europeas modernas) y,
por tanto, de otras subjetividades. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Se trata también
del eje central del proyecto de investigación y posterior propuesta política de
Dussel, que intenta desmontar la imposición histórica de la ontología de la
modernidad que define tajantemente la existencia única de un ser que niega
dentro de su realidad cerrada una posible otredad (un no-ser). Otro ente que,
de hecho, sí existe fuera de ese universo moderno clausurado y que Dussel
identificó como el ser olvidado o, mejor dicho, negado violentamente en la
filosofía moderna (esquema de pensamiento que, por cierto, justificó también el
colonialismo imperial europeo con todas sus violencias e imposiciones). &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Para Dussel, el “no-ser”
ignorado por la ontología moderna es naturalmente el indio originario de
Nuestra América. Ese indígena violentamente “intervenido” que luego se trasmutó
en esclavo, sirviente, obrero, explotado y actualmente “pobre olvidado” de
nuestros pueblos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;En este breve
ensayo intentaremos marcar las principales ideas de la crítica de Enrique
Dussel a la filosofía de la modernidad. Para ello nos serviremos de dos
estudios que esclarecen el trayecto intelectual de Dussel: &lt;/span&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;¿Qué
significa pensar desde América Latina&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;?&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt; &lt;/i&gt;de
Juan José Bautista (2014) e &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Historia del
pensamiento filosófico latinoamericano&lt;/i&gt; de Carlos Beorlegui (2010).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;De
la modernidad aldeana hacia la Filosofía de la Liberación Latinoamericana&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;En &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Nuestra América&lt;/i&gt;, criticaba Martí la ingenua vanidad del aldeano al
creer que su pueblo era el mundo entero. Esa misma vanidad ha sido la
característica principal del pensamiento moderno, el cual negó sistemáticamente
la existencia de un pensamiento, cultura o filosofía no europea y, por tanto,
no moderna. Por eso resulta premonitoria y nada casual la referencia de Martí a
la “tranquilidad” del aldeano ante cualquier vicisitud, pues “ya da por bueno
el orden universal”, eje transversal del pensamiento moderno. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Sin embargo, ya
Martí también advertía la ignorancia peligrosa del aldeano moderno al no saber ni
conocer la existencia de otras realidades, como los gigantes “que pueden
ponerle la bota encima” o los cometas que van volando “engullendo mundos”. Esa
alteridad, esa existencia de otros seres, de otras realidad, negados por la
universalidad moderna, es lo que despierta el interés de Dussel, como ocurrió
con otros pensadores anteriores a él, también críticos al pensamiento moderno,
para construir o sistematizar nuevas categorías que reconocieran la existencia de
una otredad, de otro ser distinto al impuesto por la ontología moderna.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Bautista (2014),
para mostrar el recorrido intelectual de Dussel y sus colaboradores cercanos
(como él mismo), ilustra la característica general de su crítica a la
modernidad. Muy similar a lo planteado por Martí, compara a los modernos con
provincianos que imponen como universal lo que han construido dentro de su
limitado mundo, negador de un universo distinto al suyo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;“…fuimos
descubriendo poco a poco que el pensamiento europeo occidental siempre fue,
desde el principio, un pensamiento no sólo situado, sino un pensamiento que se
pensaba a sí mismo como cultura y civilización pero de espaldas a la realidad
toda. Era un pensamiento que se afirmaba a sí mismo a costa de negar o
subestimar el pensamiento de otras culturas o civilizaciones. Es decir, afirmando
ser universales, en los hechos demostraban ser provincianos. Si en el principio
los griegos, cuando afirmaban su humanidad, lo hacían negando la humanidad de
los demás, diciendo que los otros eran bárbaros por constitución o naturaleza,
ahora los modernos, cuando empezaron a hacer filosofía, procedieron exactamente
del mismo modo, afirmando su humanidad a costa de negar la nuestra en primera
instancia, luego la humanidad de los africanos y posteriormente la de las
culturas y civilizaciones orientales” (Bautista, 2014: 11)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Al considerar la
filosofía moderna un pensamiento “situado”, es decir, con una localización
distinta a la realidad latinoamericana y muy diferente a nuestra situación histórica,
Dussel y sus colaboradores entienden que no sólo se trata de negar la
modernidad y sus categorías, sino también de construir un pensamiento
sistemático a partir de la historia del pensamiento originalmente
latinoamericano, cuyo ser no es el ser de la ontología de la modernidad. Por
ello, propone una “transmodernidad”. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;“… la idea o
noción de transmodernidad surgió con la conciencia de que, para intentar hacer
cualquier abstracción o formalización de la realidad pensada en términos NO
modernos, se trataba siempre de partir de las historias negadas, encubiertas,
excluidas y condenadas al olvido por la modernidad, para desde ellas elaborar
los conceptos y las categorías críticas con las cuales desfondar la supuesta
racionalidad, universalidad, verdad u objetividad de la modernidad
euro-norteamericano-occidental”. (Bautista, 2014: 57)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;A decir de Dussel,
como ya asomamos, ese “no-ser” de la transmodernidad, desde el cual debe ser
pensada nuestra realidad es el indio nativo de Nuestra América. Éste debe ser
el sujeto central de nuestra reflexión y el objeto primordial de una auténtica
filosofía latinoamericana, la cual además debe considerar profundamente la
represión, el maltrato y la negación sistemática que marcó al amerindio desde la
llegada del colonizador europeo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Esto plantea
considerar una nueva filosofía, o mejor dicho “otra filosofía”, situada en
nuestro contexto latinoamericano y que tenga como objetivo fundamental la
liberación definitiva de ese ser históricamente maltrado. Pero, en primer
lugar, reconociendo su existencia como Otro, en una alteridad distinta a la
realidad moderna europea.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;El propio Dussel expone
que esa “otra” filosofía debe tomar como tema central al sujeto históricamente
oprimido:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;“Sincera y
simplemente: el rostro del pobre indio dominado, del mestizo oprimido, del
pueblo latinoamericano es el tema de la filosofía latinoamericana. Este pensar
analéctico, porque parte de la revelación del Otro y piensa su palabra, es la
filosofía latinoamericana. Única y nueva, la primera realmente posmoderna y
superadora de la europeidad” (Dussel en Bautista, 2014: 23)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Por tal razón se
considera a Dussel, junto a su colega argentino Juan Carlos Scannone, los
máximos representantes de la “corriente analéctica” de la Filosofía de la
Liberación Latinoamericana, cuyas características principales son las
siguientes:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;a) Necesidad de una
filosofía primera ético-política, fundante del discurso científico y de la praxis
política; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;b) Atribución al filósofo
liberador de un rol profético, en la medida en que, situándose fuera del sistema,
puede realizar desde ahí la denuncia a los opresores, y, ayudando a los oprimidos
a proferir su palabra, corregirles sus desviaciones; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;c) A pesar de utilizar
el arsenal técnico y conceptual heideggeriano, hegeliano y levinasiano, entre
otros autores, reniegan de la tradición filosófica latinoamericana, en la
medida en que consideran que ha sido mera copia desleída de las modas europeas
(«oleadas»), y se desmarcan del pensamiento europeo como modernidad
nordatlántica, detrás de la cual actúa la voluntad de poder imperial de los opresores;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;d) Desmarque del
marxismo y del freudismo, pretendiendo haber superado ambos discursos y el problema
de la ideología; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;e) Defienden, como
el grupo ontologista, que el sujeto del filosofar es el pueblo, y se desmarcan
del concepto de clase social; y, por último,&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;f) En oposición a
la dialéctica (tanto platónica como hegeliana), construyen un nuevo planteamiento
metodológico y epistemológico que denominan analéctica (o ana-dia-léctica)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;(Cerutti en Beorlegui, 2010: 705)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;De estas
características, por cuestiones de espacio, sólo nos vemos obligados a comentar
en la propuesta dusseliana el paso obligado de una ética-política a una praxis-política.
Para Dussel no sólo es importante desmontar el discurso de la filosofía de la
modernidad, construir una filosofía propia a partir de la tradición e historia
del pensamiento original nuestroamericano y considerar como tema principal la
liberación del amerindio, el mestizo y el pueblo, sino también convertir el
proyecto de investigación y formulación filosófica en una propuesta viable de
acción política.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;“Filosofan,
pues, con la clara conciencia de iniciar una etapa radicalmente nueva en la
historia del pensamiento filosófico latinoamericano, entendiendo que el filosofar
desde los intereses y el punto de vista del oprimido y del marginado proporciona
un lugar privilegiado en la búsqueda de la verdad y &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;de su realización práxica&lt;/b&gt;” (Beorlegui, 2010: 706. Negritas mías)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Influencia de Levinas y de la tradición judía&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;La crítica de
Dussel a la ontología moderna tiene varias vertientes de influencia. La
principal es la del escritor y filósofo judío Emmanuel Lévinas (1906-1995),
quien aporta a la propuesta de Dussel y Sacannone (y que seguirá Dussel en su
proyecto personal) una perspectiva propicia para fundamentar su crítica al
pensamiento de la modernidad, como totalizante y negador del Otro, especialmente
su obra &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Totalidad e infinito &lt;/i&gt;(1995), en
la que desarrolla ampliamente dicho tema.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Para Beorlegui
(2010), los aportes claves de la filosofía de Lévinas a la propuesta Dussel son:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;a) El
señalamiento de que la filosofía moderna occidental es una filosofía de la
Totalidad que se comporta como dogmática, dominadora y no respetuosa de la alteridad
del Otro, sean pueblos, culturas o individuos. A pesar de que la dialéctica
hegeliana incluye al Otro, para Beorlegui, éste no es respetado en su
alteridad. Por ello, se propone para Nuestra América una “metafísica de la
alteridad” (ser y no-ser en igualdad de condiciones) y una ana-léctica de la
liberación en contra de la impuesta dialéctica hegeliana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;b) El concepto o
categoría de exterioridad. La filosofía de la liberación latinomaericana toma
esta noción y la aplica a las naciones y culturas «tercermundistas», y, en concreto,
a Latinoamérica. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;c) La profunda base
religiosa del pensamiento de Lévinas aporta a la Filosofía Latinoamericana, según
Beorlegui, una base filosófica para justificar racionalmente la opción que desde
la fe cristiana habían tomado los teólogos y filósofos de la liberación a favor
de la liberación sociopolítica de los pobres y oprimidos, entendidos tanto en su
dimensión individual como social.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;d) Por último, la
filosofía de Lévinas aportaba a la Filosofía Latinoamericana una nueva vía de
acercamiento al problema y a la realidad de Dios desde la experiencia de la
infinitud del Otro. “En el otro, en su indigencia que me interpela a través de
su rostro, se me muestra y aparece el enigma de la infinitud, que constituye la
«huella» de la infinitud de Dios, mostrada solamente a partir del rostro del
ser humano, sobre todo del pobre y marginado” (Beorlegui, 2010: 709).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Pero no sólo un
pensador contemporáneo como Lévinas influyó en la propuesta de Dussel, sino
también la tradición judía misma y la realidad de la exclusión del pueblo
palestino, la cual llegó a experimentar en persona. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Cuenta Luis
Gerardo Díaz Núñez, en su artículo sobre Enrique Dussel, publicado en la
colosal obra &lt;/span&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;El pensamiento filosófico
latinoamericano, del Caribe y “latino” (1300-2000)&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;, que el pensador argentino,
entre 1959 y 1961, vivió en Israel estudiando el hebreo para sus
investigaciones. Allí, trabajó como pescador en un &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;kibutz&lt;/i&gt; y como carpintero en Nazaret en una cooperativa de
trabajadores palestinos, víctimas de la exclusión. Ello, tendrá profundas
implicaciones en su indagaciones futuras. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Es por ello que en 1959 surge
la hipótesis de escribir una historia, una filosofía desde los &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;pobres&lt;/i&gt; &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;desde abajo&lt;/i&gt; (por influencia del militante francés Paul Gauthier).
Desde esa época se inscribe así en la tradición del pensamiento liberador
latinoamericano. Para nuestro filósofo el mundo se había invertido; ahora lo
interpretará para siemre desde abajo, desde el Otro, desde el pobre y el
excluido” (Díaz Núñez en Dussel, Mendieta y Bohórquez, 2010: 850).&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Este diálogo
entre la teología de la liberación y la tradición judía y profética se observa
en el libro de Dussel titulado &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El
humanismo semita &lt;/i&gt;(1969), en el que según Bautista (2014) el filósofo
argentino sostiene que no puede enterderse la Palabra o el Evangelio desde la
matriz helénica, latina o moderna, sino desde la semita. Algo muy en sintonía
con el pensamiento post-marxista, específicamente de la Escuela de Frankfurt.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Vemos pues, cómo
la filosofía de la exterioridad y la alteridad de Lévinas, la tradición judía y
la exclusión del pueblo palestino (vivida en persona durante su estancia en Israel),
juegan una papel fundamental para trazar la ruta que habrá de emprender Dussel para
levantar su crítica sistemática y segura de la ontología moderna totalizadora y
negadora del Otro y, al mismo tiempo, para la construcción de una auténtica
filosofía de la liberación latinoamericana, fundamentada en el reconocimiento
del Otro y en la busqueda y recorrido de caminos prácticos para su emancipación
definitiva. Hay, por supuesto, otras estaciones en su recorrido intelectual,
como su etapa “económica” de relectura de Marx desde una perspectiva renovada y
su fase de crítica constructiva a la “acción comunicativa” de Habermas y a la “pragmatica
trascendental” de Apel. Pero su crítica fundamental al discurso de la filosofía
moderna se basa en su propuesta de alteridad-otredad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;De una ética a una praxis política (final)&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Hasta aquí
estamos ante una propuesta ética. Una propuesta en la que &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;debe&lt;/i&gt; reconocerse la otredad (es decir, un no-ser históricamente
excluido) y la alteridad (en otras palabras, la realidad latinoamericana
históricamente negada por la modernidad occidental). Por tanto, estamos ante la
obligación ética de que &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;deben ser&lt;/i&gt;
reconocidas otras realidades distintas a las impuestas por siglos por el
discurso totalizador de la modernidad europea.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;¿Pero cómo lograr
esto ante esta realidad contemporánea amenazadora de totalidad-sistema
mundo-moderno-capitalista-neoliberal? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Hoy en día,
Nuestra América enfrenta una arremetida imperial que busca detener el avance de
procesos políticos que precisamente han sido protagonizados por los individuos históricamente
excluidos. En diversos escritos, Dussel reconoce en experiencias como la
Revolución Bolivariana en Venezuela, la Revolución Indígena de Bolivia o la
irrupción del Partido de los Trabajadores de Brasil (PT) en la política de ese
país, muestras fehacientes de que se ha renovado el protagonismo de los
pueblos, encarnados en el Otro dusseliano, es decir, los indígenas, los mestizos,
los afrodescendientes, los pobres, en general, los excluidos sociales. Como
dice Dussel, hace 20 años se iniciaron gobiernos liderados por primera vez por mandatarios
que se parecen a sus pueblos. Un zambo (mestizo) en Venezuela con Hugo Chávez
Frías; un conductor de autobús, con Nicolás Maduro Moros, sucesor de Chávez; un
líder indígena cocalero con Evo Morales en Bolivia; y un obrero metalúrgico con
Inazio Lula Da Silva en Brasil. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Sin embargo, este
proceso que se produjo irremediablemente gracias al acumulado histórico de los
movimientos sociales y a experiencias de resistencia como la Revolución Cubana,
hoy enfrenta un peligro inminente al ser abierta y violentamente rechazado por
el mundo occidental nordatlántido, es decir, por las naciones poderosas del
norte, las cuales han visto peligrosamente amenazados sus intereses imperiales.
El petróleo venezolano, el gas natural y el agua de Bolivia y el inmenso patrimonio
natural de Brasil, además de la biodiversidad y las demás riquezas de Nuestra
América han pasado a ser administradas por gobiernos que priorizan el bienestar
de sus pueblos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;El imperialismo
global se vale de amenazas militares, guerra económica, asedio mediático,
operaciones encubiertas y financiamiento de grupos subversivos para cambiar por
medio del chantaje, el engaño y la violencia los gobiernos electos por el voto
popular.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;No obstante, a
pesar de algunos reveses (Brasil, Argentina, Honduras, Paraguay y Ecuador),
muchos pueblos aún se encuentran resistiendo dicho ataque (Venezuela,
Nicaragua, El Salvador, entre otros). &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Vemos más que
nunca, como lo ha planteado por décadas Dussel, la necesidad de una praxis
política que transforme la ética liberadora en una acción concreta que permita
a los pueblos de Nuestra América seguir el camino iniciado y, de una vez por
todas, cambiar la institucionalidad democrática liberal burguesa que niega irremediablemente
la voluntad popular y colectiva.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;En su libro &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;20 tesis de política&lt;/i&gt;, Dussel habla de la
Voluntad-de-vivir de los excluidos y retoma su planteamiento de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;totalidad-exterioridad&lt;/i&gt; para explicar el
poder liberador del pueblo como &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;hiperpotencia&lt;/i&gt;
ante la Voluntad-de-poder de los poderosos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Dussel identifica
el sistema político, el orden vigente, como una totalidad cerrada excluyente.
Basándose literalmente en Lévinas, retoma el concepto de exterioridad para
describir el lugar desde donde debe surgir “algo distinto”, que opera desde los
oprimidos, desde los excluidos, desde el pueblo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;En todos los
países donde se han establecido gobiernos progresistas (1999-2018), a pesar de
haber logrado el poder político en el esquema de la democracia
liberal-burguesa, éste sigue siendo un modelo excluyente y negador del Otro,
entendido éste como pueblo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Es en ese lugar (exterior
a la totalidad abarcadora del sistema) desde donde debe surgir ese “algo
distinto” que sólo será posible si se materializa también esa Voluntad-de-vivir
de los excluidos y se toma conciencia que, a pesar de ser “gobierno”, aún no se
ha alcanzado la emancipación definitiva y seguimos bajo una opresión encubierta,
sutilmente oculta bajo el velo de la democracia liberal-burguesa. Modelo del
cual se aprovecha las oligarquías locales y el imperialismo internacional para
seguir dominando y ejerciendo su poder hegemónico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;“Pero el
poder liberador es algo más. Exige la fuerza unitiva del consenso: ¡El pueblo unido
jamás será vencido! El poder dominante se funda en una comunidad política que, cuando
era hegemónica, se unificaba por el consenso. Cuando los oprimidos y excluidos toman
conciencia de su situación, se tornan disidentes. La disidencia hace perder el consenso
del poder hegemónico, el cual, sin obediencia se transforma en poder
fetichizado, dominado, represor. Los movimientos, sectores, comunidades que
forman el pueblo crecen en conciencia de la dominación del sistema”. (Dussel,
2010: 107)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;¿La solución entonces es ser
disidentes dentro del sistema, aún siendo “gobierno”? La experiencia de los
últimos tiempos nos dice que sí. Que como advierte Dussel, falta la toma de
conciencia de que los cambios reales serán posible sólo cuando el pueblo tome
“conciencia para-sí”, conciencia de ser pueblo, pueblo transformador.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Sólo así el pueblo se
constituirá en actor colectivo, para impulsar finalmente la transformación real
de las instituciones, en este caso de las instituciones democráticas, y
enfrentar con éxito definitivamente la arremetida imperialista neoliberal
global que amenaza constantemente a Nuestra América. Que de una vez por todas,
ese aldeano moderno negador de nuestra realidad latinoamericana y caribeña,
reencarnado hoy en el imperialista neoliberal nordatlántido, sea devorado finalmente
por los “gigantes de siete leguas” o los “cometas en el cielo” de José Martí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Bibliografía&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;BAUTISTA, J. (2014). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;¿Qué significa pensar desde América Latina&lt;/i&gt;?
Madrid: Ediciones AKAL.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;BEORLEGUI, C. (2010). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Historia del pensamiento filosófico
latinoamericano. Una búsqueda incesante de la identidad&lt;/i&gt;. Bilbao: Universidad
de Deusto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;DUSSEL, E. (Compilador) (1994).
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Debate en torno a la ética del discurso
de Apel. Diálogo filosófico Norte-Sur desde América Latina&lt;/i&gt;. México: Siglo
XXI..&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;DUSSEL, E. (2010). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;20 tesis de política&lt;/i&gt;. Caracas: Editorial
El Perro y la Rana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;DUSSEL, E., MENDIETA, E y
BOHÓRQUEZ, C. (Editores) (2010). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El pensamiento
filosófico latinoamericano, del Caribe y “latino” (1300-2000)&lt;/i&gt;. México:
Siglo XXI.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;MARCUSE, H. (1964). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El hombre unidimensional&lt;/i&gt;. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Ensayo sobre la ideología de la sociedad
industrial avanzada&lt;/i&gt;. México: Editorial Joaquín Mortiz, S.A. 7ª edición, 1973&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;style&gt;
&lt;!--
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&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjgRLtSseYnMahIVOH4nZAd-fo-D1RhFQbIIn6iM9WsZHmlj_U_SdX7yqNKFgd3pDuAhCaBaXN4VXR3L8ZbG_MeC0uVNke_sTQIeoMQA5E3AHZOXjgr4J2GBJaEY4vNmLBKO6k_lGCdqXi8/s1600/685FUBerlin450pxh.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;450&quot; data-original-width=&quot;326&quot; height=&quot;320&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjgRLtSseYnMahIVOH4nZAd-fo-D1RhFQbIIn6iM9WsZHmlj_U_SdX7yqNKFgd3pDuAhCaBaXN4VXR3L8ZbG_MeC0uVNke_sTQIeoMQA5E3AHZOXjgr4J2GBJaEY4vNmLBKO6k_lGCdqXi8/s320/685FUBerlin450pxh.jpg&quot; width=&quot;231&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
(Escribí este trabajo en junio de 2018 para el II Diplomado de Pensamiento Emancipatorio de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) de El Salvador)&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 11.0pt;&quot;&gt;“&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;En el medio tecnológico, &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 11.0pt;&quot;&gt;la cultura, la política y la economía, &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 11.0pt;&quot;&gt;se unen en un sistema omnipresente &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 11.0pt;&quot;&gt;que devora o rechaza todas las alternativas&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 11.0pt;&quot;&gt;” &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 11.0pt;&quot;&gt;(Marcuse,
H. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El hombre unidimensional&lt;/i&gt;, 1964)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Estamos ante una
amenaza dictatorial global como no se había visto en varias décadas. Una vez
más, el imperialismo internacional está tratando por todos los medios posibles
de recuperar la hegemonía perdida en los últimos años e intentar sobrevivir
ante los evidentes signos de decadencia del sistema económico neoliberal que ha
causado tanta desigualdad, pobreza y hambre en todo el planeta. En otras
palabras, nos encontramos ante la posibilidad real del establecimiento de un
régimen totalitario mundial cuyas armas más efectivas son, una vez más, la
amenaza de una guerra a escala internacional y el cruento y despiadado sometimiento
económico (y político) de las grandes corporaciones globales (y sus gobiernos)
sobre las naciones y pueblos del aún llamado Tercer Mundo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Esto no es más
que la nueva materialización o la última versión, mejorada, menos sútil pero
más sofisticada, del dominio histórico que el sistema capitalista global (antes
industrial y ahora financiero) ha ejercido sobre la sociedad en su conjunto. La
invasión definitiva del espacio privado, el sometimiento de un discurso
totalitario en soporte multimediático, la imposición de una dependencia
económica en diferentes escalas y la anulación del ser humano, se manifiesta en
esta nueva fase de control tecnológico envolvente, el cual no permite al ser
humano tomar decisiones con libertad o, lo que es peor aún, vivir dignamente la
vida que se merece vivir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Como reza el
epígrafe que antecede este texto, el medio tecnológico es el campo en el que la
cultura, la política y la economía, los tres espacios fundamentales para el
control mundial, imponen un sistema totalitario que además de anular mediante
su asimilación cualquier posibilidad de protesta libre, en última instancia impide
contundentemente las alternativas transformadoras de esa realidad que se nos
impone.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Han pasado 54
años desde la redacción de esa frase por el filófoso y sociólogo alemán Herbert
Marcuse (1898-1979), uno de los más importantes representantes de lo que se
conoció como la Escuela de Frankfurt. Dicha cita está contenida en su célebre libro
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El hombre unidimensional&lt;/i&gt; (1964), en el
cual este pensador crítico analiza las estrategias y mecanismos totalitarios de
la sociedad industrial avanzada para ejercer un control férreo sobre la
sociedad y permitir el desarrollo del capitalismo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Como asomamos más
arriba, en este controvertido contexto mundial que vivimos, la vigencia y la
pertinencia de los planteamientos de Marcuse son más que evidentes. El
desarrollo tecnológico que tanto estudió este acucioso y comprometido analista,
como el principal mecanismo de posibilitación de un control totalitario sobre
la sociedad, hoy en día, con el desarrollo de las nuevas tecnologías de la
información y la comunicación y, por otra parte, con la evolución exponencial
de las técnicas y métodos de la economía y la política, hacen de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El hombre unidimensional&lt;/i&gt; un documento profético
en el cual podemos encontrar descripciones válidas de lo que ocurre en la
actualidad, pero sobre todo, podemos hallar posibles caminos, posibles salidas,
posibles mapas de ruta, posibles alternativas, para emprender un viaje
revolucionario que haga posible el cambio cualitativo planteado por Marcuse.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;En este breve
ensayo presentaremos de manera suscinta algunos de los planteamientos de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El hombre unidimensional&lt;/i&gt; cerrando con el
papel del lenguaje como herramienta de contención del cambio social, en lo que
Marcuse denominó &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El cierre del universo
del discurso.&lt;/i&gt; Por último, reflexionaremos sobre el ineludible compromiso
histórico de la filosofía para darle apertura a ese universo discursivo
estratégicamente clausurado para anular la posibilidad de una alternativa
posible de transformación de la realidad. Algo muy marxista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;I.
Papel de la teoría crítica ante el desarrollo tecnológico totalitario&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;El principal propósito de la
denominada Escuela de Frankfurt fue el de “hacer una crítica de la sociedad
entendida como un todo” (Fazio, 2004: 384). Esta aseveración plantea dos
nociones fundamentales. En primer lugar, la ineludible postura crítica del
analista ante la realidad dada. Ese es el principio fundamental de todos los
filósofos críticos de Frankfurt (y que estos mantuvieron en sus trabajos desde
EEUU) y, por ello, postulan una “teoría crítica de la sociedad”. En segundo
lugar, presenta la idea de que la sociedad ha de ser analizada “como un todo”.
Esta noción de totalidad encierra también un elemento fundamental para entender
la sociedad industrial y es el dominio de un tipo de razón o lógica
“totalitaria” que se impone sobre los miembros de esa sociedad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Se trata de la razón
instrumental, aquélla que coloca al hombre como instrumento y no como finalidad
del sistema capitalista. Por tal razón, para autores como Horkheimer, quien
desarrolla ampliamente esta idea en su libro &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Crítica de la razón instrumental &lt;/i&gt;(1947), la causa de la deshumanización
de la sociedad es esa razón moderna, meramente instrumental, que en realidad encierra
un tipo de irracionalidad, pues no permite el desarrollo pleno de los
individuos en una sociedad que tiene todas las posibilidades para ofrecerle al
ser humano “una vida mejor para ser vivida”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Las ideas de Horkheimer
fueron retomadas por Marcuse en su libro &lt;/span&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;El
hombre unidimensional&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt; (1964):&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Esta sociedad es irracional
como totalidad. Su productividad destruye el libre desarrollo de las necesidades
y facultades humanas, su paz se mantiene mediante la constante amenaza de
guerra, su crecimiento depende de la represión de las verdaderas posibilidades
de pacificar la lucha por la existencia en el campo individual, nacional e
internacional” (Marcuse, 1964: 11-12)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Marcuse protesta como en una
sociedad en la que las capacidades intelectuales y materiales son “inconmensurablemente
mayores que nunca”, precisamente la dominación de la sociedad sobre el
individuo es también “inconmensurablemente mayor”. Allí radica la
irracionalidad de esa lógica industrial contemporánea.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Para el autor es obligación
de una teoría crítica de la sociedad contemporánea no sólo investigar y
analizar la raíz medular que permite esta irracionalidad, sino también examinar
las alternativas históricas para mejorar la condición humana. En otras
palabras, a decir del propio Marcuse, para que la vida humana merezca ser
vivida de manera digna y que existen las posibilidades para que eso ocurra. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Por tal razón, partiendo de
esos dos “juicios de valor”, como el propio Marcuse los califica, es necesario
un análisis trascendente, es decir, negarnos a aceptar la realidad como se nos
es dada, echar luz sobre las posibilidades que existen para mejorar la condición
humana y entender que esas posibilidades han sido irracionalmente “retenidas y
negadas” por la propia sociedad como totalidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Marcuse es consciente de que
la propia sociedad evita el cambio cualitativo propuesto. Que sus mecanismos de
control están diseñados para vigilar y condicionar al ser humano y no para
liberarlo de las ataduras del sistema tecno-científico que lo oprime. Que las
instituciones existentes anulan la posibilidad de elecciones libres para su
desarrollo personal y colectivo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“La sociedad contemporánea
parece ser capaz de contener el cambio social, un cambio cuantitativo que
establecería instituciones esencialmente diferentes, una nueva dirección del
progreso productivo, nuevas formas de existencia humana. Esta contención del
cambio social es quizá el logro más importante de la sociedad industrial
avanzada” (Marcuse, 1964: 14)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;En este contexto es
fundamental el papel de la tecnología para instituir formas de control y de
cohesión social de tendencia totalitaria, eso sí “más efectivas y agradables”
en las propias palabras del autor. Por tal motivo, advierte que la tradicional
noción de “neutralidad” de la tecnología ya es insostenible. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Eso lo vivimos hoy en día,
en pleno comienzo del siglo XXI, cuando las NTIC y, especialmente, las redes
sociales vistas como sistema (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Facebook,
YouTube, Twitter, Instagram&lt;/i&gt;, entre otras), se han prestado no sólo para la
comunicación interpersonal (falsa y engañosa promesa), sino también para el
control y dominio de los seres humanos, a través del manejo de datos privados
por instituciones políticas o de seguridad, el seguimiento de comportamientos
individuales y colectivos, la proyección de tendencias en la opinión pública,
entre otros usos. El más terrible de todos: influir de manera determinante en
la opinión pública y condicionar a los individuos a tomar decisiones
previamente ya tomadas por el poder.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Es la tecnología al servicio
del control social bajo un manto de supuesta libertad de comunicación. Una
libertad que en realidad anula las posibilidades de elección y domina al
individuo sin que éste se percate de ello. Por ello, suenan con eco de profecía
las palabras de Marcuse, al afirmar que la “razón tecnológica se ha hecho razón
política” (Marcuse, 1964: 18).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;II.
Formas totalitarias de sutil control social y ofertas engañosas de libertad &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Ya dijimos que, como lo
advirtió hace medio siglo Marcuse, hoy en día el control social se ejerce de
manera sutil y “hasta agradable” en una sociedad hipnotizada por la oferta
multimediática y ciberespacial. Bajo una oferta engañosa de comunicación libre,
la razón tecnológica hecha razón política nos envuelve, nos rodea, nos vigila y
nos somete.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Otra oferta engañosa para
ejercer control social, según Marcuse, es la promesa de “libertad económica”.
Una trampa de libertad que en realidad obliga al ser humano a probarse a sí
mismo para insertarse en el sistema. Para Marcuse, sin esa presión de
«insertarse» el hombre podría vivir su propia vida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Igual sucede con la supuesta
libertad política. Nos ofrecen posibilidades de elección cuando las ofertas son
impuestas; el sistema ya ha decidido y el futuro ya está escrito por los que
detentan el poder.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Esta totalidad que nos rodea
en todos los ámbitos de la vida intramundana (cultura, comunicación, economía y
política) se nos presenta como una dimensión única, como una espacio
preestablecido sin posibilidad de ser transformado. Una realidad unidimensional
en la que negar dicha realidad es renunciar a una supuesta libertad que te
ofrece el sistema. Por ello, en la sociedad industrial avanzada, cuya organización
está montada sobre la estructura altamente tecnificada, el término o
significado real de lo que conocemos por libertad ya no se puede concebir como
libertad individual. El individuo no es libre; el sistema sí lo es.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;La esencia de esta engañosa
libertad para decidir la expresa Marcuse, al explicar cómo somos totalmente
incapaces de definir cuáles necesidades del ser humano son verdaderas
(provenientes de la necesidad biológica-principio de realidad) y cuáles son
falsas (provenientes de la imposición de la sociedad-principio de placer). Dado
el control social ejercido de manera totalitaria sobre los individuos, estos
son incapaces de diferenciar dichas necesidades. Así las cosas, cualquier
decisión supuestamente libre está condicionada de antemano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“En última instancia, la
pregunta sobre cuáles son las necesidades verdaderas o falsas sólo puede ser
resuelta por los mismos individuos, pero sólo en última instancia; esto es,
siempre y cuando tengan la libertad de dar su propia respuesta. Mientras se les
mantenga en la incapacidad de ser autónomos, mientras sean adoctrinados y
manipulados (hasta en sus mismos instintos) su respuesta a este pregunta no
puede considerarse propia de ellos”. (Marcuse, 1964: 28)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Otra cuestión clave para la
Escuela de Frankfurt y que retoma Marcuse, es el porqué los individuos terminan
defendiendo el sistema que los oprime. Hay una escena en la película &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Matrix&lt;/i&gt; (1999) en la que el personaje
Morfeo le explica a Neo cómo funciona “el sistema” (la matriz) en el que las
máquinas que dominan el mundo mantienen a los seres humanos en un sueño
profundo para el provecho de su energía. Morfeo dice: “Tienes que comprender
que la mayor parte de estas personas son todavía parte del sistema y que eso
las convierte en nuestros enemigos. Tienes que comprender que la mayoría de la
gente no está preparada para ser desconectada. Y muchos de ellos son tan
inertes, tan desesperadamente dependientes del sistema, que lucharían para
protegerlo”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Así sucede en la sociedad
industrial avanzada que 35 años antes de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Matrix&lt;/i&gt;
analizó Marcuse: &lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;quien critica el modelo
unidimensional o totalitario es irracional.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“… en la época contemporánea,
los controles tecnológicos parecen ser la misma encarnación de la razón en
beneficio de todos los grupos e intereses sociales –hasta tal punto que toda
contradicción parece irracional y toda oposición imposible” (Marcuse, 1964: 31)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Marcuse advierte que ello no
debe alarmarnos, pues los controles sociales han sido introyectados en los
humanos hasta tal punto que llegan a afectar la capacidad de protesta
individual en sus raíces. Como en &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Matrix&lt;/i&gt;,
la negativa a «seguir la corriente» aparece como un signo de neurosis e
impotencia, lo cual refuerza la unidimensionalidad al obligar a los individuos,
por medio de la coerción y la condena a la disidencia a anular la protesta y a
aceptar la realidad social tal cual como se presenta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Los fabricantes de la política
y sus suministradores de información masiva promueven sistemáticamente el
pensamiento unidimensional. Su universo de razonamiento está poblado de
hipótesis que se validan a sí mismas y que, repetidas incesante y
monopolísticamente, se tornan en definiciones hipnóticas o dictados. Por
ejemplo, «libres» son las instituciones (y sobre las que se opera) en los
países del mundo libre; otro modos trascendentes de libertad son por definición
anarquismo, el comunismo o la propaganda. «Socialistas» son todas las
intrusiones en empresas privadas no llevadas a cabo por la misma empresa
privada, tales como el seguro de vida universal y comprensivo, la protección de
recursos naturales, contra una comercialización devastadora, o el
establecimiento de servicios públicos que pueden perjudicar ganancias privadas”
(Marcuse, 1964: 36)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;La dominación de la sociedad
sobre el individuo –explica Marcuse- se disfraza de libertad extendiéndose a
todas las esferas de la existencia pública y privada. Así, integra toda
oposición auténtica con un matiz &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;fashionista&lt;/i&gt;,
aceptable, agradable, el cual absorbe cualquer alternativa de rechazo,
anulándola. Sólo un rechazo a escala mayor (Gran rechazo) podría revertir la
situación. Es decir, una revolución que cambiaría no sólo las instituciones
sino también la cotidianidad de los miembros de la sociedad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;III.
Universo político cerrado&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Para Marcuse existen además estrategias
transversales en el establecimiento de las formas de dominación y de contención
del cambio social. Una es la permanente ambivalencia entre el Estado de
Bienestar y el Estado de Guerra. En términos freudianos, la lucha permanente
del ser humano entre &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Eros&lt;/i&gt; y &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Tánatos&lt;/i&gt;. Es decir, entre la búsqueda del
placer o el miedo a la muerte. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Se domina al sujeto social
por medio de una supuesta o virtual satisfacción de sus necesidades básicas buscando
su bienestar (invocando al denominado Principio de Placer o de satisfacción
inmediata) o se le somete apelando a una permanente amenaza de guerra
(Principio de Realidad o de satisfacción pospuesta).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Esto refuerza la
integración, aceptación y defensa del individuo al sistema que lo somete. Para
el teórico alemán, ello constituye uno de los más sutiles mecanismos de
contención del cambio social cuyo principal logro es la asimilación de la clase
trabajadora al sistema capitalista. Según Marcuse, hace de los sujetos una “servidumbre
agradable”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Esta situación crea un
universo político cerrado. En otras palabras, una realidad social clausurada
que no permite opciones distintas a las ofrecidas por el propio sistema. El
sistema además de darnos la libertad de elegir, también satisface nuestras
necesidades inmediatas y nos protege de una amenaza permanente de destrucción.
Mejor descripción del sistema capitalista contemporáneo es imposible. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;IV.
Universo discursivo clausurado&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Otra estrategia transversal,
pero sobre todo envolvente y totalitaria, es el uso operativo o estratégico del
lenguaje. Marcuse le da una importancia vital al lenguaje como herramienta de
contención del cambio social.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Para el filósofo alemán, el
lenguaje es fundamental y los &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;massmedia&lt;/i&gt;
son el principal soporte de los mensajes lingüísticos que constituyen “la
mediación entre los amos y sus servidores”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Ya en una cita más arriba
advertimos como el universo de razonamiento que nos impone la sociedad
industrial avanzada y, hoy en día, el capitalismo global neoliberal, está
poblado de hipótesis que se validan a sí mismas y se tornan en definiciones
hipnóticas o dictados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Los actores mediáticos
(productores de mensajes, medios, agencias de publicidad, etc.) configuran universo
comunicacional en el que la conducta «unidimensional» se expresa a sí misma. La
unidimensionalidad se erige sobre la acción envolvente, totalitaria y global de
lo mediático con lenguaje que identifica y unifica: pensamiento único, una
realidad manifiesta en positiva, la cual es imposible trascender.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Marcuse señala el
establecimiento de un pensamiento unívoco en el que “la tensión entre
apariencia y realidad, entre hecho y factor que lo provoca, ente sustancia y
atributo, desaparecen”. No existe, por tal razón, una frontera o quiebre entre
lo que se nos manifiesta y las causas que lo provocaron, coartando la
posibilidad del individuo de discernir o criticar negativamente lo que se nos
presenta como positivo. Cualquier explicación de lo acontecido desaparece e
intentar mostrarlo es una afrenta, un atentado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Es ahí donde el lenguaje
cumple una función totalitaria de designar las cosas sin prueba, de señalar sin
demostración, de indicar sin explicación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Los conceptos de autonomía,
descubrimiento, demostración y crítica dan paso a los de designación, aserción
e imitación. Elementos mágicos autoritarios y rituales cubren el idioma. El
lenguaje es despojado de las mediaciones que forman las etapas del proceso de
conocimiento y de evaluación cognoscitiva. Los conceptos que encierran los
hechos y por tano los trascienden están perdiendo su auténtica representación
lingüística. Sin estas mediaciones, el lenguaje tiende a expresar y auspiciar
la inmediata identificación ente razón y hecho, verdad y verdad establecida,
esencia y existencia, la cosa y su función” (p.105)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;El denominado por Marcuse “operacionalismo
del lenguaje” contribuye también a rechazar cualquier intento de elementos no
conformistas en la interacción verbal, algo muy propio del lenguaje formal y en
el que la única oposición posible es el habla cotidiana, la jerga, el lenguaje
popular. Por tal razón, los discursos políticos, institucionales, del poder en
general, tienden a tecnificarse a un nivel que no permite el rechazo o la
disidencia discursiva, sino más bien la asimilación. Eso explica porque los
productos mediáticos absorben el lenguaje vulgar y lo neutralizan integrándolo
a sus discursos (telenovelas, música, etc).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Otro aspecto distintivo del
totalitarismo lingüístico es la invisibilización u omisión de la función o
propiedades esenciales de la cosa, las cuales son sustituidas por sus nombres.
Es decir, los nombres explican las cosas anulando así sus propiedades. El ejemplo
más común en la sociedad contemporánea es la manido y distorsionado uso de la palabra
“democracia”, la cual originalmente siempre significó el sistema político
basado en soberanía del pueblo. Hoy en día, el nombre sustituye su significado
y “democracia” se entiende como un modelo político cerrado e impuesto por el
poder liberal burgués, en el que cualquier oposición es considerada un atentado
comunista o anarquía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“En este mundo, las palabras y
los conceptos tienden a coincidir o mejor dicho, el concepto tiende a ser
absorbido por la palabra. Aquél no tiene otro contenido que el designado por la
palabra de acuerdo con el uso común y generalizado. Así, la palabra se hace
cliché y como cliché gobierna al lenguaje hablado o escrito: la comunicación impide
el desarrollo genuino del significado” (Marcuse, 1964: 107)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Lo más peligroso y que
contribuye enormemente al cierre o clausura del universo discursivo para evitar
el cambio social es que dichos clichés, son tomados como banderas
institucionales, como valores universales, como tótems, que no pueden ser
refutados, revisados o analizados. Así, dichos clichés funcionan como “fórmulas
mágico-rituales” que sellan el mundo de los individuos. Palabras como libertad,
igualdad, paz, son usadas para el cierre de ese universo unidimensional en el
que no es posible criticar que ocultan acciones de servidumbre, desigualdad,
opresión o amenaza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Marcuse se pregunta: ¿Cómo
puede la protesta y negación encontrar la palabra correcta cuando los
organismos del orden establecido admiten y anuncian que la paz es en realidad
el borde de la guerra? Y la pregunta es válida pues en el fondo la
operativización exitosa del lenguaje justifica la guerra para defender la
democracia, la aniquilación para establecer la paz o la intervención
injerencista imperial para lograr “la libertad” de un “pueblo oprimido”.
Ejemplos en la actualidad sobran, sobre todo en la última arremetida
imperialista que emprende los Estados Unidos de Norteamérica contra América
Latina y los gobiernos progresistas de los últimos 20 años. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;El carácter autoritario del
lenguaje se nos presenta con familiaridad y sutilmente cierra el universo del
discurso contra cualquier otro discurso que no se desarrolle en sus propios
términos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Marcuse nos dice también que
el lenguaje funcional, estratégico, operativo, es un lenguaje radicalmente
antihistórico, pues “la racionalidad operacional tiene poco espacio y poco
empleo para la razón histórica”. (p. 118)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;El sistema mediático
altamente tecnificado por el desarrollo de las ciencias se convierte en la capa
exterior del universo unidimensional, es decir, cerrado, en el que el lenguaje
operacional “enseña al hombre a olvidar”, pues niega la concreción de la
experiencia humana. &lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Marcuse comienza asomar su
propuesta superadora del esquema dialéctico hegeliano hacia una dialéctica
histórica que transforme la verdad lógica del lenguaje formal-institucional en
una verdad histórica, en el que el contenido histórico o la historia misma ligue
la estructura del pensamiento con la estructura de la realidad concreta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“La transformación de la
dialéctica ontológica en histórica conserva la doble dimensión del pensamiento
filosófico como pensamiento crítico negativo. Pero ahora esencia y apariencia,
«es» y «debe», se confrontan entre sí en el conflicto de las fuerzas reales y
capacidades de la sociedad” (p.159)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Pero el trabajo no es fácil,
advierte oportunamente Marcuse, pues la dialéctica ontológica ha tenido un
carácter mistificador de los términos trascendentes, las nociones vagas, los
universales metafísicos y sus semejantes. Por tal motivo es necesario ese
análisis crítico negativo, pues “el universo establecido del razonamiento está
atravesado por la marca de las formas específicas de dominación, organización y
manipulación a las que están sujetos los miembros de la sociedad” (p.210)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Una de las claves para
emprender ese análisis crítico negativo propuesto en &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El hombre unidimensional&lt;/i&gt; es explicar siempre las cosas en su
contexto. En palabras de Marcuse, es desarrollar un universo multidimensional
en el se ha de estar consciente que todo significado expresado es parte de
varios sistemas interrelacionados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Por ejemplo, cuando alguien
nos habla de “democracia”, “paz” o “libertad”, entender o demostrar que lo hace
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;a)&lt;/i&gt; desde un proyecto individual
(soporte, tipo de discurso, momento específico e interés o propósito particular);
&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;b)&lt;/i&gt; desde un sistema de ideas, valores
y objetivos supraindividuales (ideología, visión política del mundo, religión,
etc); y &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;c)&lt;/i&gt; desde una sociedad particular.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;V.
Compromiso histórico de la filosofía (Conclusiones)&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Aunque Marcuse se concentra en
señalar únicamente el compromiso histórico de la filosofía analítica para
desmitificar los términos trascendentes, las nociones vagas y los universales
metafísicos usados en el lenguaje de la sociedad industrial avanzada,
intentando así exorcizar aquellos gigantescos demonios mítico-religiosos en los
que se han convertido las palabras cuando sustituyen las funciones o conceptos
de las cosas que designan, dicha responsabilidad podemos extenderla a todas las
ramas de la filosofía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Si la filosofía debe mostrar
los fundamentos “que hacen del razonamiento un universo mutilado y engañoso”, como
escribe el teórico alemán, entonces es menester del pensamiento filosófico explicar
minuciosamente ese universo fragmentado, pero a la vez desmontar el blindaje
que recubre dicho universo y dinamitar ese sofisticado sistema de defensa que
imposibilita la capacidad de crítica y análisis.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;La filosofía debe mantener una
postura crítica, negativa, que no sólo busque el “otro lado” de las cosas, sino
también confronte esa realidad que se nos presenta como un universo positivo e
inamovible.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;El actual compromiso de la
filosofía es ineludible pues se presenta en una etapa de “alta densidad
histórica”, como diría Ellacuría, en el que&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt; una amenaza dictatorial global se
cierne sobre la humanidad utilizando sus sempiternos mecanismos de control
social y la oscilación eterna de la promesa de un bienestar engañoso y el ultimátum
de un conflicto bélico a escala planetaria que pone en peligro la raza humana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Sólo la filosofía
puede responder la pregunta inicial de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El
hombre unidimensional&lt;/i&gt; hecha hace más de medio siglo: “¿La amenaza de una
catástrofe atómica que puede borrar la raza humana no sirve también para
proteger las mismas fuerzas que perpetúan ese peligro?”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Desenmascarar
dichas fuerzas, entender sus mecanismos de control y develar que esa permanente
amenaza sólo busca la perpetuidad de los que detentan el poder, sólo es posible
cuando se logra describir las cosas tal cual son y no sólo cómo se nos
presentan. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;La noche es
cerrada y nos clausura la realidad como un todo envolvente, oscuro e inerte. Así
es la sociedad del capitalismo global neoliberal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Como decía Hegel,
comprender las cosas tal como son es la tarea prinicipal de la filosofía pues
allí subyace la razón. Y la razón instrumental que nos ha impuesto el
capitalismo global, desde su desarrollo industrial hasta su sofisticación
neoliberal-financiera, es inhumana y nos ha confinado a una noche oscura, en el
que sólo el Buho de Minerva, una vez emprendido su vuelo, puede ver los que
realmente sucede tras esa penunbra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; mso-ansi-language: ES-SV;&quot;&gt;Marcuse lanzó
luces sobre esas tinieblas con el texto que hemos analizado muy someramente.
Continuar su tarea apoyándonos en sus planteamientos es nuestro compromiso con
la historia por la liberación del ser humano. &lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;Bibliografía&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;FAZIO, M. y Francisco
Fernández L. (2004). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Historia de la
filosofía. IV. Filosofía contemporánea&lt;/i&gt;. Madrid: Ediciones Palabra, S.A.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;HOTTOIS, G. (1997). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Historia de la filosofía. Del renacimiento a
la posmodernidad&lt;/i&gt;. Madrid: Ediciones Cátedra, 1999&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;GONZÁLEZ, M. (1987). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Introducción al pensamiento filosófico.
Filosofía y Modernidad&lt;/i&gt;. Madrid: Editorial Tecnos. 5ª edición, 2005&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;MARCUSE, H. (1964). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El hombre unidimensional&lt;/i&gt;. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Ensayo sobre la ideología de la sociedad
industrial avanzada&lt;/i&gt;. México: Editorial Joaquín Mortiz, S.A. 7ª edición,
1973&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;;&quot;&gt;MARCUSE, H. (1969). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Un ensayo sobre la liberación&lt;/i&gt;. México:
Editorial Joaquín Mortiz&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;style&gt;
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&lt;/style&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2018/07/escribi-este-trabajo-para-el-ii.html</link><author>noreply@blogger.com (Prof. Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjgRLtSseYnMahIVOH4nZAd-fo-D1RhFQbIIn6iM9WsZHmlj_U_SdX7yqNKFgd3pDuAhCaBaXN4VXR3L8ZbG_MeC0uVNke_sTQIeoMQA5E3AHZOXjgr4J2GBJaEY4vNmLBKO6k_lGCdqXi8/s72-c/685FUBerlin450pxh.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-2897560619655774208</guid><pubDate>Wed, 27 Jan 2016 17:20:00 +0000</pubDate><atom:updated>2019-07-26T17:18:59.157-04:00</atom:updated><title>El misticismo y el estoicismo en José Martí</title><description>&lt;style&gt;
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&lt;/style&gt;






&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjuK44O6ooBo7r02LQ3cbGpVoxf8HilqCq6oq1USVPltraYjIbvxelTxQ0dGNCdIw1OJ1Qljqq20nZPyMuvCOXI0rFyD3KsKZ2iOHQU-ZCeMW0-AlkmaTpPUQ4j0RC-s_lSzIzuKfdRszdR/s1600/488.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;150&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjuK44O6ooBo7r02LQ3cbGpVoxf8HilqCq6oq1USVPltraYjIbvxelTxQ0dGNCdIw1OJ1Qljqq20nZPyMuvCOXI0rFyD3KsKZ2iOHQU-ZCeMW0-AlkmaTpPUQ4j0RC-s_lSzIzuKfdRszdR/s400/488.jpg&quot; width=&quot;400&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;i&gt;(En julio de 2013, como 
estudiante del Doctorado de Filosofía Iberoamericana de la UCA-El 
Salvador participé en un curso llamado “Filosofía de José Martí”, dictado por la excelente compañera, académica y reconocida investigadora Magda Arias, entonces cónsul de Cuba en el país centroamericano. Como trabajo final escribí este ensayo con mucha emocióny hoy lo divulgo con motivo del 163º Aniversario de su Natalicio. San Salvador, enero de 2016)&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;“&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;A mis horas
soy místico, y a mis horas estoico&lt;/i&gt;”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;(José Martí)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Como
todo intelectual de altísima talla, José Martí es un cúmulo de diversas corrientes,
influjos y fuentes. No es extraño que todas estas características mencionadas
rápidamente suenen en nuestra mente a líquido, agua, torrente, ríos y mares. Y
es porque en el pensamiento del prócer cubano sus influencias intelectuales son
múltiples y confluyen como varios manantiales que convergen en un mismo caudal.
Sin duda, un raudoso e imponente caudal que, en el caso de este insigne
nuestroamericano, cobró tal fuerza en sus escasos 42 años de vida, que con sus innumerables
libros, poemas, cartas, manifiestos, proclamas, epístolas, crónicas, artículos
periodísticos, anotaciones, entre otros textos, convirtió su legado en un río
torrencial, casi indomable, que sigue bañando las orillas de devenir
intelectual del mundo hispanoamericano y, porqué no, del planeta entero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Hay
cierto consenso en que es muy difícil, por no decir imposible, determinar una
única influencia filosófica en el desarrollo temprano y maduro del pensamiento
de José Martí. Eclepticismo, variedad, multiplicidad, integralidad, incluso una
filosofía de relación, esto último como puede palparse en sus “Apuntes y
fragmentos sobre Filosofía”, son rasgos que describen la influencia múltiple
que surte la propuesta del “Martí temprano”. Sin embargo, desde un somero
análisis, es posible determinar una tensión entre dos influencias que marcarán
no sólo al joven Martí de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Yugo y Estrella&lt;/i&gt;
y &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El presidio político en Cuba&lt;/i&gt;, así
como los apuntes para sus clases de filosofía en Guatemala ya mencionados, sino
también al “Martí maduro”, consciente de cuál era su proyecto vital de
emancipación americana y de la construcción de una ética para nuestra región.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Este
brevísimo ensayo es una aproximación a esos dos polos en tensión o, quién sabe,
en permanente diálogo, que marcan las coordenadas que se registran con más
continuidad en el pensamiento de José Martí: el misticismo y el estoicismo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;El
epígrafe que abre este texto es maravillosamente revelador para los fines de
esta reflexión. En él podemos apreciar la tensión del joven intelectual que se
debate entre dos fuerzas, para algunos antagónicas, para otras integradoras. No
es casualidad que Martí se refiera al misticismo y al estoicismo como los dos
polos de sus cavilaciones, pues en ellos encuentra una aplicación totalizadora
de la razón humana. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Aun
cuando es frecuentemente citada esta frase, es revelador conocer el resto de
ese aforismo contenido en la página 52 del tomo 22 de sus Obras Completas: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“La razón misma me dice que no
hay límite para ella; por lo que allí donde ya no tiene fundamento visible el
hecho, sigo, en virtud de la armonía que su existencia y aplicaciones me
demuestran, razonado lo que no veo en conformidad con lo que he visto, lo cual
no es deserción de la razón, sino consecuencia de ella, y mayor respeto a ella,
que el de los que la reducen a esclava del hecho conocido, y convierten a la
que debe abrir el camino en mero lleva-cuentas”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Para
Morales (1994), Martí consiguió “la dificultosa síntesis de dos actitudes
aparentemente opuestas de la conducta humana”. Aunque el autor se refiere a su
creación poética, sirve para ilustrar el agudo análisis que realiza Martí para
alcanzar una propuesta filosófica, que sin dejar de ser teorética ya expone una
praxis.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Martí
consigue en el misticismo y en el estoicismo argumentos para darle sentido al
uso de la razón humana, despojándola del yugo del hecho, es decir, del límite
impuesto por la razón científica que predominaba en la época. Arguye que la
razón no tiene límites y que ésta traspasa las fronteras impuestas por la razón
empirista anclada en la existencia de un hecho o dato visible, palpable,
corroborable. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Para
el joven Martí, es posible razonar sobre los problemas filosóficos y los
problemas en general sin apelar a la existencia de hechos verificables y ello
es posible por los influjos en su reflexión teórica sobre corrientes místicas y
estoicas, las cuales coinciden en algo fundamental y que Martí mantendrá en sus
escritos primeros y también maduros: la naturaleza como cosmos, la unidad de
todas las cosas que en ella habitan, el fomento de la virtud humana en armonía
a ésta y la existencia de una razón natural.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Misticismo martiano&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Partamos
de una noción de misticismo alejada de la conceptualización canónica de los
manuales de filosofía, los cuales la limitan a “Toda doctrina que admite una
comunicación directa entre el hombre y Dios” (Abbagnano, 1960). Suplantemos el
término “Dios” por “Sagrado” y “comunicación directa” por “experiencia”. Así nos
acercamos mejor a las reflexiones iniciales de José Martí sobre la posibilidad
de apelar a la razón para entender un fenómeno, aun cuando no exista un hecho
verificable, palpable o asible empíricamente para fundamentar un razonamiento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Es
posible darle una explicación razonada a los fenómenos si confiamos en que
reflexionar sobre ellos es una “experiencia” ante lo “sagrado”, una conexión
posible y necesario entre lo “humano” y lo “desconocido”, lo cual constituye la
experiencia mística, es decir, la unión entre lo que no se ve, pero creemos
fielmente en ello, y que da explicación a lo visto. Solo así es posible
entender las palabras de Martí: “… razonado lo que no veo en conformidad con lo
que he visto, lo cual no es deserción de la razón, sino consecuencia de ella”. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Estas
reflexiones “místicas” son producto de las influencias que el joven Martí tiene
de sus lecturas primarias sobre filosofías orientales como el hinduismo, de lo
cual hay rastros concretos en sus anotaciones.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Más
de 100 años antes de las discusiones sobre la existencia de una auténtica
Filosofía Latinoamericana, basada en características propias que rebatan el
eurocentrismo moderno (Dussel, Zea, entre otros), Martí ya en sus “Apuntes y
fragmentos sobre Filosofía” (Tomo V de sus Obras Completas. Edición Crítica)
enfila su pluma crítica contra el dominio de la filosofía occidental en
detrimento de las corrientes del pensamiento oriental, dándole explicación a su
temprana corriente mística.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“-El Oriente invade al Occidente&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;-Gnosticismo-Herejías&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;-Antes comenzaba con Tales&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;¿Cuál es el principio elemental
o material del mundo físico?-&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;India-China-Persia-Egipto-&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Asia Occidental (Caldea,
Fenicia, Siria, Asia Menos, Palestina.” &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;(José Martí. Obras completas. Tomo
V. p. 202-203)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Aquí,
en las primeras páginas de sus anotaciones para impartir clases de Filosofía
durante su estancia en Guatemala, Martí asume una postura crítica sobre la
enseñanza tradicional de la Filosofía (“Antes se comenzaba con Tales”), la cual
partía de los presocráticos como si antes de ellos no había pensamiento, cuando
en realidad existía un cúmulo enorme de filosofía que fue de la que bebieron, por
ejemplo, Tales de Mileto, durante sus viajes por Egipto y Fenicia. De ello, es
consciente el joven Marti, quien en 1877, con tan solo 24 años de edad, ya
construye un edificio crítico propio ante la filosofía moderna y su enseñanza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Pero
el novel profesor de Filosofía sigue indagando en sus cavilaciones y llega al
misticismo oriental como “fuentes” del pensamiento occidental.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Ramayana-Su naturaleza&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;La India comprende el Himalaya,
el Indo, el Océano y el Ganges.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;La filosofía de la India debe
dividirse en tres períodos:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Teológico-filosófico&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Sistemas filósoficos&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Budismo y Sectas-&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Fuentes-&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Los Vedas”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;(José Martí. Obras completas.
Tomo V. p. 202-203)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Resulta
interesante las referencias directas a textos fundamentales del misticismo hindú
como el Ramayana y la categorización de la “Filosofía de la India” que hace el
joven Martí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;¿Pero
qué toma el joven Martí de estas primeras reflexiones místicas y qué permanece
en sus planteamientos más maduros? Sin duda, la idea de unidad. Martí cree
fervientemente que el cosmos, la naturaleza y el ser humano son partes de lo
mismo; están unidos. Y esto se constituye también en una crítica a la filosofía
moderna quien en el planteamiento cartesiano dividió el “yo pienso” (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;res cogitans&lt;/i&gt;) de la “naturaleza” (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;res extensa&lt;/i&gt;). El prócer cubano toma de
la filosofía oriental estas ideas para fundamentar, junto a su influencia estoica,
su planteamiento ético de cara a su proyecto vital de emancipación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Martí y el estoicismo&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;No
sólo es posible rastrear características o influencias estoicas en los textos
propios de José Martí. También es ingente la cantidad de referencias directas al
estoicismo y a filósofos estoicos en sus textos, traducciones, anotaciones y
demás escritos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Sin
embargo, lo que nos interesa en este breve ensayo es la influencia estoica que,
aún cuando se ve fundamentada o verificada en esas referencias y lecturas tempranas
de Martí, es posible aprehenderlas en sus textos y planteamientos, tanto
tempranos como maduros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;El estoicismo o Filosofía Estoica tiene
ciertas coordenadas permanentes en sus tres etapas: el Estoicismo antiguo
(Zenón de Citio, Cleantes de Assos y Crisipo de Soles), el Estocismo medio
(Panecio de Rodas, Posidonio de Apamea y Cicerón de Arpino) y el Estoicismo
nuevo o romano (Epicteto, Séneca y Marco Aurelio). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Grosso modo&lt;/i&gt;, dichas coordenadas son Cosmos, Logos, Naturaleza, Razón,
Felicidad, Destino y Virtud como característica fundamental del ideal de Sabio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Tanto
la física como la lógica, la gramática, la psicología, la ética y la política
estoica están transversadas por la idea del “Logos” como principio cósmico que
conforma la materia del mundo, su naturaleza; y este “Logos” es una razón que
todo lo explica, tanto lo natural como lo humano, porque para los estoicos,
como para los místicos, ser humano y naturaleza son partes del mismo cosmos, de
la misma razón.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Por
eso, el destino del hombre, su acción en el mundo y su convivencia social están
determinados por la armonía que éste logre con la razón cósmica, con el
“Logos”, es decir, con la naturaleza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Ese
determinismo es el que ha provocado la histórica concepción errónea y más
difundida del estoicismo filosófico. El confundir el determinismo con
conformidad y el propio estoicismo con la aceptación del destino, aún cuando
éste sea fatal (fatalismo).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Más
que determinismo o fatalismo, el estoicismo se centra en la relación armoniosa
de ser humano con la naturaleza, con el cosmos, con el Logos que es la razón de
toda la armonía universal, una ley común. Y será un ser humano virtuoso, áquel
que tenga como norte el desarrollar la virtud de armonizar su vivir con la
naturaleza. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Dice
Diógenes Laercio en su Vida de Filósofos, VII, 88, refiriéndose a Zenón de
Citio, “nuestras naturalezas son partes de la naturaleza del Todo. Por esta
razón el fundamento consiste en vivir conforme a la naturaleza, lo que es vivir
según la naturaleza de uno mismo y la de todas las cosas, no haciendo nada de
lo que acostumbra prohibir la ley común (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Logos)&lt;/i&gt;,
que es la recta razón, que recorre todas las cosas y es la misma para Zeus”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;La
ética estoica se fundamentó en esas ideas ya desarrolladas en su física, en su
lógica y en su biología. Para Sevilla Rodríguez (1991), el estoicismo fue una
gran influencia para el pensamiento occidental a partir de la norma básica de
Zenón de Citio: “El buen vivir conforme a la naturaleza”. &lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;La
propuesta filosófica y ética de José Martí consta de tres ejes fundamentales:
1) La utilidad de la virtud; 2) El equilibrio del mundo; y 3) El arte de hacer
política. En las tres resuenan ecos estoicos al sugerir el desarrollo de una
virtud conforme a la naturaleza, que busque el equilibrio del mundo y que
devenga en una forma de hacer política que favorezca a la especie humana en su
totalidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;La
compasión, una constante en el discurso martiano, también alude a su influencia
estoica, puesto que Martí se siente parte de la especie humana y esa relación
filética construye esa solidaridad con el otro que tanto caracterizó su vida y
su obra, tanto literaria como política.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;También
el sacrificio y la aceptación de su destino, como características estoicas en
la biografía y el ideario de José Martí, han sido referidas en ensayos y artículos.
Por ejemplo, Escobar (2003) expone estas características tanto en la Filosofía como
en el proceder biográfico del prócer cubano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;“Una constante en el ideario de
Martí es su recurrencia al sacrificio como una actitud (o virtud) que debe
imperar para posibilitar sus fines humanos o patrióticos. No se trata de un
sacrificio estéril o de un masoquismo, sino de un sacrificio útil,
trascendente, que como praxis cotidiana nos permita templar el ánimo, a ser
generosos, comprensivos y autónomos, En este aspecto la ética martiana nos remite
a un cristianismo primitivo y, en la antigüedad, a las doctrinas de los
estoicos y epicúreos” (Escobar, 2003: 86)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Pero
también en la reflexión sobre la naturaleza y el forjamiento de la virtud se
nota la influencia del pensamiento estoico en la obra martiana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Los
escritos de Martí en los que se refiere a la naturaleza se han interpretado
como un aventajado análisis ambientalista o ecológico, pero desde la
perspectiva filosófica tiene explicación en esa fuente estoica de la cual se
nutrió el prócer cubano y determinó su concepción ética.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;“La
naturaleza inspira, cura, consuela, fortalece y prepara para la virtud al
hombre”; “Divorciar al hombre de la naturaleza es un acto monstruoso”, “La
naturaleza va creando a los hombres”; “Del mismo germen son la miel, la luz y
el beso”; son algunos aforismos de José Martí en los que más se siente su
estoicismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Escobar
(2003) también refiere como el forjamiento de la Virtud y el Ideal del Sabio de
la filosofía estoica fueron de gran influencia para el planteamiento ético de
José Martí. El autor cita al investigador cubano Miguel Jorrín y su ensayo
“Ideas Filosóficas de Martí”, en el que reconoce como el estoicismo incidió en
el pensamiento del prócer cubano, más en su dimensión ética que en su
concepción del mundo, pues a su juicio en la obra martiana “hay siempre una
profunda atención a la conducta del hombre”. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;El hombre cultivará la virtud en la medida que
logre ese “buen vivir en armonía con la naturaleza”, a decir de Zenón, y que es
otra constante fundamental del discurso ético martiano, como hemos visto a lo
largo de su obra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Conclusiones&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Nunca
estará agotada la posibilidad de seguir analizando el pensamiento del prócer
cubano José Martí. A pesar de la opinión general y especializada de su
integralidad y su eclectisimo filosófico, así como de la “imposibilidad” de
rastrear sus influencias primarias, es tarea imperativa continuar el estudio de
los fundamentos de su propuesta ética y de su obra filosófica en general, dado
que ello redundará en un mejor entendimiento de éstas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 12.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Determinar
brevemente la influencia mística y estoica en la filosofía de Martí, lejos de
encasillarlo o limitar su pensamiento, abre la posibilidad de nuevas lecturas y
de construir una hermenéutica necesaria para redimensionar la esencia del
discurso martiano y colocarlo en el lugar que le corresponde en el edificio que
se está construyendo de la Filosofía Iberoamericana, de la cual Martí es, sin
duda, uno de los precursores de un pensamiento original y único en Nuestra
América.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Bibliografía&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Abbagnano, N. (1960). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Diccionario de Filosofía&lt;/i&gt;. Fondo de
Cultura Económica (FCE): México, 2010&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Escobar, G. (2003). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Algunos rasgos estoicos en la ética martiana&lt;/i&gt;. En “México-Cuba
1902-2002. Cátedra Extraordinaria José Martí”. Universidad Nacional Autónoma de
México: México, 2003&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Martí, J. &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Obras completas&lt;/i&gt;. Versión digital www.josemarti.cu&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Morales, C. (1994). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La poética de José Martí y su contexto&lt;/i&gt;. Editorial Verbum: Madrid&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Reale, G. y Antíseri, D. (2010). &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Historia de la filosofía. 1. De la
antigüedad a la edad media&lt;/i&gt;. Bogotá: Ediciones San Pablo&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;;&quot;&gt;Sevilla Rodríguez, M. (1991&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;). Antología de los primeros estoicos griegos&lt;/i&gt;.
Ediciones Akal: Madrid&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2016/01/el-misticismo-y-el-estoicismo-en-jose.html</link><author>noreply@blogger.com (Prof. Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjuK44O6ooBo7r02LQ3cbGpVoxf8HilqCq6oq1USVPltraYjIbvxelTxQ0dGNCdIw1OJ1Qljqq20nZPyMuvCOXI0rFyD3KsKZ2iOHQU-ZCeMW0-AlkmaTpPUQ4j0RC-s_lSzIzuKfdRszdR/s72-c/488.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-4761453969632669982</guid><pubDate>Thu, 18 Jul 2013 02:33:00 +0000</pubDate><atom:updated>2019-07-26T17:09:27.331-04:00</atom:updated><title>Investigación Cualitativa y Análisis del Discurso (Convergencias y encuentros)</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj2oNskUjs7hZ48ley-VIr0x3DnxSSC9HDBLEfREUzYC4LjHj1Xfj3pI1kCyU5IJGyD74V3hYjtk4qAsGVYcrFmKIEP_7tbi6yUczFyDdg9D2_SZOzTYPSj4z0P4AYSnHZmjomd4cGu6fob/s1600/ilustoffice.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;213&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj2oNskUjs7hZ48ley-VIr0x3DnxSSC9HDBLEfREUzYC4LjHj1Xfj3pI1kCyU5IJGyD74V3hYjtk4qAsGVYcrFmKIEP_7tbi6yUczFyDdg9D2_SZOzTYPSj4z0P4AYSnHZmjomd4cGu6fob/s320/ilustoffice.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Gracias a los estudiantes de Periodismo de la Universidad Nacional de El Salvador (UES), quienes me pidieron un taller breve sobre Metodología de la Investigación, encontré este viejo trabajo (julio de 2004), el cual me gustó mucho escribir. El trabajo fue realizado precisamente como entrega final de la materia &lt;i&gt;Metodología Cualitativa&lt;/i&gt; que cursé en el Área de Postgrados de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Aquí lo reproduzco para una reflexión sobre las relaciones entre la metodología cualitativa y el análisis del discurso. Fue una primera aproximación...&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;style&gt;
&lt;!--
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&lt;/style&gt;






&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;Introducción&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Para un estudiante, profesor o investigador universitario, de la rama
del conocimiento que sea, siempre resulta interesante encontrarse con esquemas,
paradigmas o concepciones que iluminan y redefinen intempestivamente su forma
de ver y pensar, su manera de proceder, en fin, su visión global sobre la
academia y su quehacer cotidiano. Cuando creemos que todo lo sabemos (en general)
y que las deficiencias de conocimiento pueden interpretarse simplemente como
fallas de información que serán solventadas con lecturas o experiencias nuevas,
entonces llega el momento crucial en que el destino nos revela ciertas
verdades, ciertas razones, que nos hacen desaprender para aprender de nuevo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Sin duda alguna, esto es lo que le ha ocurrido a un grupo de
estudiantes de distintas áreas, quienes acudieron (algunos como curso de
ampliación, otros como materia electiva de su postgrado de origen y uno o dos
escapando del tedio y saciando su curiosidad) a la materia Investigación
Cualitativa I, dictada por la profesora Esther Wiesenfeld.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Entre los objetivos de esta asignatura, natural en los cursos de
postgrado del área de Psicología Social, se encuentran: revisar el desarrollo
histórico de la Investigación Cualitativa; discutir algunas de sus perspectivas
teóricas; examinar las características propias de esta investigación; y, por
último, describir los componentes del diseño de una investigación de tipo
cualitativa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Médicos, periodistas, antropólogos, sociólogos, licenciados en arte y
en letras, una vez más (tal como lo expresa el programa de la asignatura)
convergieron en el aula de clase para descubrir, no sólo este tipo de
investigación, sino también a redescubrirse a sí mismos como universitarios,
docentes e investigadores.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Especial fue la sorpresa de los estudiantes de la Maestría en Estudios
del Discurso, quienes siempre han escuchado el carácter “cualitativo” de la
disciplina que estudian y la evidente (para algunos) característica que
tipifica esta perspectiva del análisis del lenguaje y que la diferencia del
estudio lingüístico tradicional: precisamente lo cualitativo. Sin embargo, se
hizo necesario ahondar en estas convergencias, dada la visión fragmentaria y
parcial que todavía distingue la manera como se miran unas a otras las
disciplinas en la academia. Para los investigadores cualitativos, el análisis
del discurso es una herramienta, un método, una técnica para abordar desde un
enfoque en particular la realidad investigada; mientras que para los analistas
del discurso, la investigación cualitativa es el marco general de una
investigación donde el objeto de estudio no es un grupo social en sí, sino el
lenguaje utilizado, usado, empleado por sus miembros como forma de construcción
de esas realidades, donde los contextos de producción y recepción del enunciado
lingüístico; y los propósitos de los interlocutores son los que, analizados
minuciosamente, pueden dar explicaciones acerca la naturaleza de las prácticas
sociales de un determinado grupo humano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Sin embargo, como herramienta o como marco general, el análisis del
discurso y la investigación cualitativa establecen acuerdos o manifiestan
claras convergencias, de las cuales algunas de ellas (por cuestiones de tiempo
y espacio) serán objeto de comentarios en este breve trabajo monográfico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Estos son: a) sus orígenes o desarrollo histórico; b) el carácter
transdisciplinario; y c) la preeminencia del contexto como elemento fundamental
de análisis.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;I. Investigación Cualitativa y Análisis del discurso:
convergencias históricas&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;La ruptura con lo anterior es una característica histórica común de
estas dos visiones o modos de investigación. Ese “rompimiento” no ha de
interpretarse como un “parricidio” cometido en contra de las instituciones o
figuras predecesoras en su ámbito específico, sino más bien como una fractura
producto de la necesidad de buscar nuevos caminos para entender las realidades
sociales mas no física o empíricas, las cuales por su naturaleza y complejidad
ya no se podían abordar desde enfoques de investigación tradicionales.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Valles (1999) hace un recorrido por
los distintos mapas de lo que puede interpretarse como los factores históricos
que determinaron la naturaleza actual de la IC. Vale destacar, por ejemplo, a
Hamilton (1994), quien ve en la filosofía de Kant (1724–1804) la génesis de la
IC, dada su ruptura con el pensamiento dominante en la filosofía: el
objetivismo cartesianismo. Con Kant adquiere relevancia, explica Hamilton, los
procesos de interpretación y compresión del individuo acerca de la realidad
estudiada, así como su diferenciación entre “razón científica”, como
conocimiento teórico proveniente de la naturaleza, y la “razón práctica”, como
conocimiento aplicado en la toma de decisiones en la acción humana (Valles,
1999: 23). Sigue con los neokantianos (dialécticos y existencialistas), en el
que identifica una justificación evidente de la aparición de la perspectiva cualitativa
de investigación, dado el surgimiento de vínculos entre ciencia social, cambio
social y emancipación. Cierra con el examen de los años 60 y 70 del llamado
paradigma “cartesiano/newtoniano” que tanto aportó a la investigación
educativa&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;y psicológica, y más adelante
(80 y 90) los trabajos del estilo “investigación/acción” neokantiana, en los
que resalta Junger Habermas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Sin embargo, para un recién iniciado
en estas faenas investigativas, resulta aún inalcanzable una reflexión
histórica de la investigación cualitativa tan lejana a primera vista. Se entiende
como una primera aproximación para a apreciar bases fundamentales pero no la
proximidad práctica de la IC en contraposición metodológica a la tradicional
Investigación Cuantitativa, modelo imperante en las ciencias. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Valles (1999) toma en segundo término
la perspectiva histórica de Conde (1994) para iniciar un diálogo histórico
entre lo cuantitativo y lo cualitativo como modelo emergente en la
investigación. De Aristóteles y Platón a Weber, pasando por la Edad Media y
Newton, Conde resalta el valor de estos personajes, a su juicio claves, pues
fundan las bases para el surgimiento del enfoque cualitativo. Pero advierte,
que son Vidich y Lyman, con su trabajo de 1994, quienes hacen más cercana y
comprensible la historia de la investigación cualitativa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot; style=&quot;margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 30.0pt; margin-right: 40.4pt; margin-top: 6.0pt; text-indent: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;font-size: 10.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;“En ella no se menciona ni a Kant, ni
a Platón o Aristóteles, para situar el punto de partida de la investigación
cualitativa y derivar su desarrollo frente a la aproximación cuantitativa. De
hecho, se diluye el debate entre lo cualitativo y lo cuantitativo. El encuadre
temporal llega hasta nuestros días, pero iniciando el relato en el siglo XV y
haciéndolo transcurrir en torno a la investigación etnográfica que se practica
a partir de entonces en la sociología y la antropología norteamericanas”.
(Valles, 1999: 27–28)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;En esta etapa es fundamental el papel
de la antropología y su aporte en la aplicación efectiva de un método de
investigación de campo, en que el investigador entra en la cultura de un grupo
en particular para producir «desde adentro» una exposición sobre sentidos y
actividades: la etnografía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;“El etnógrafo recurre a una amplia
serie de fuentes para trazar la pintura de un grupo social, y participa de «la
vida cotidiana de la gente durante un lapso prolongado, observando&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;lo que ocurre, escuchando lo que se dice y
haciendo preguntas»”. (Hammersley y Atkinson, 1983 en Sullivan y otros, 1995) &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;En efecto, Vidich y Lyman (1994)
hablan de una serie de etapas fundamentales: 1) la etnografía primitiva, en la
que tiene lugar el descubrimiento del otro; 2) la etnografía colonial, que se
refiere a la actividad de investigación empírica de los colonos y misioneros
europeos de los siglos XVII, XVIII y XIX; 3) la etnografía del indo–americano,
en la que destaca el trabajo de los antropólogos del los siglos XIX y comienzos
del siglo XX; 4) la etnografía llamada de los otros ciudadanos, de las
comunidades y sobre los inmigrantes americanos, hasta los años 60; 5) estudios
sobre etnicidad o etnografía de la asimilación, hasta los años 80; y 6) y,
actualmente, etnografía postmoderna, en la cual imperan los estudios reflexivos
sobre las implicaciones éticas y políticas de la etnografía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Estas etapas nos ilustran un rasgo
característico de la IC: un tipo de investigación centrada en el individuo como
eje de estudio, su lenguaje, su comportamiento y su relación con los demás
miembros de su comunidad. Sin embargo, Valles (1999) explica que un paso
importante para entender el desarrollo histórico de la IC lo aportan Denzin y
Lincoln (1994) quienes simplifican el «continuo histórico» de la IC en la
demarcación de cinco grandes momentos o etapas: 1) la etapa tradicional,
característica del “etnógrafo solitario”; 2) la etapa dorada o modernista,
identificada como postpositivista y caracterizada por los esfuerzos en la
formalización de los métodos y el análisis rigurosos; 3) la etapa de los
géneros desdibujados, derivada de la difusa frontera planteada entre las
ciencias sociales y las humanidades, dando pie a nuevos enfoques que se
integrarían a los anteriores como el postestructuralismo, el neomarxismo,
etnometodología, entre otros; 4) la etapa de la crisis de representación que
enfrentan los investigadores sociales, caracterizada por la revisión de los
criterios y valores utilizados en la etapa anterior; 5) la etapa postmoderna o
actual, caracterizada por nuevos descubrimientos de enfoques y métodos
cualitativos: influencia de la historia anterior en la realidad estudiada, la
posibilidad de escoger paradigmas, estrategias y métodos, según el caso
estudiado y, por último, la total eliminación de la perspectiva positivista,
neutra u objetiva.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Vemos, en conclusión, en un resumen
bastante apretado y que sin duda requiere nuevas y más profundas reflexiones, que
la perspectiva de Investigación Cualitativa surge en respuesta o contraposición
a la histórica supremacía de los métodos cuantitativos de investigación,
basados en los modelos de investigación de las ciencias naturales, los cuales
se aplicaron a las ciencias sociales (y aún se aplican necesariamente), pero
que requirieron de nuevos apoyos para abordar realidades sociales cada vez más
complejas. Los métodos de Investigación Cuantitativa utilizados en las ciencias
humanas o sociales, sin duda son necesarios, pero el auge de la Investigación
Cualitativa se ha intensificado dado que el abordaje “experimental” de los
fenómenos sociales ha demostrado la diferencia existente entre el ser humano,
su comportamiento y esencia en relación con los objetos propios de la
investigación en ciencias naturales. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;La reflexión final es el lugar que
debe ocupar el investigador. Para Mella (1998), en la perspectiva cualitativa
es imposible neutralizar la relación simbiótica existente entre el investigador
y la realidad estudiada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;“Tanto el positivismo como el
naturalismo insisten en eliminar los efectos del investigador sobre los datos.
Para el positivismo, esto se logra s través de la estandarización de los
procedimientos de investigación. Para el naturalismo, la solución es la
experiencia directa en el mundo social. En ambos casos se asume que es teóricamente
posible aislar una serie de datos no contaminados por el investigador. Esto es
sin embargo ilusorio según la gran mayoría de los investigadores partidarios de
la metodología cualitativa. Es necesario en cambio reconocer el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;carácter reflexivo de la investigación
social&lt;/i&gt;, vale decir reconoce que somos parte del mundo social que
estudiamos. No podemos evitar nuestros efectos sobre los fenómenos sociales que
analizamos” (Mella, 1998: 4).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;El desarrollo histórico del Análisis
del Discurso (AD) y su posición sobre la realidad estudiada (el lenguaje en
uso) no dista mucho del devenir de la Investigación Cualitativa (IC). Sin
embargo, aun cuando muchos lo han interpretado también como un “parricidio”
cometido por el AD en contra de la Lingüística tradicional, en la que el objeto
de estudio es el lenguaje en sí y no el lenguaje “usado” por los hablantes en
una situación específica, más bien el AD se ha nutrido históricamente de ésta
para el desarrollo de sus métodos; pero hay que hacer la salvedad de que no es
su única fuente. Es imperativo además, a diferencia del desarrollo histórico de
la IC, cuando nos referimos al AD, indicar las disciplinas que con su
desarrollo por separado han influido en la conformación de lo que hoy conocemos
como Análisis del Discurso. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Si hemos visto que en la IC que el
individuo es el centro de la investigación, tanto como objeto como
investigador, y resumimos que los métodos cualitativos surgieron en la
actualidad en contraposición de los métodos cuantitativos, en el AD la cosa tampoco
es tan distinta. Tradicionalmente, la Lingüística General no tomaba, o tomaba
muy poco en cuenta, al individuo hablante (productor o receptor) y el análisis se
quedaba en los niveles superficiales del lenguaje. De ahí la supremacía histórica
de la llamada Lingüística Estructural en los estudios del lenguaje.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Importaba el cómo se construían las
palabras (morfología), cómo se organizaban (sintaxis), y qué significados
tenían (semántica); e interesaba relativamente poco quiénes construían y
organizaban esas palabras, con qué propósitos, en qué situaciones específicas y
qué sentidos contextuales les daban a esos significados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Para llegar al Análisis del Discurso
es necesario apreciar entonces las disciplinas dentro de y desde la lingüística,
las cuales surgen de la necesidad de dar respuesta a preguntas que la
lingüística estructural no había podido responder. La Pragmática Lingüística y
la Lingüística del Texto son dos de ellas, fundamentales para el surgimiento
del AD.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;La pragmática emerge precisamente para
vencer “la distancia que existe a veces entre lo que literalmente se dice y lo
que realmente se quiere decir” (Escandell, 1996). Algo que no había resuelto la
Gramática o la Lingüística Estructural. Por su parte, la Lingüística del Texto
o Lingüística Textual surge también como un tipo de análisis que transciende a
la oración, hasta entonces considerada como la unidad más importante para el
estudio lingüístico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Van Dijk (1990) explica que además de
la Pragmática Lingüística y la Lingüística del Texto, los orígenes de lo que
hoy conocemos como Análisis del Discurso deben apreciarse en:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;1) La retórica. Aristóteles y los
retóricos clásicos en la Antigua Grecia ya habían adelantado elaboradas
categorizaciones de las estructuras, funciones y estrategias del discurso, con
una finalidad persuasiva y tomando muy en cuenta los propósitos de los
hablantes y el contexto en el que se utilizaba el lenguaje.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;2) El formalismo ruso y el
estructuralismo francés (1917-1980). Los cuales surgieron de la necesidad de
darle explicación a los discursos narrativos (sus estructuras, las funciones de
sus componentes, el manejo interno de los significados); y.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;3) La integración de otras disciplinas de las ciencias sociales, como
la antropología, la sociología, la psicología y la inteligencia artificial.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Calsamiglia y Tusón (1999) explica que cuando hablamos de discurso
hablamos de una práctica social y de una forma de acción entre las personas, entonces
entendemos la profusión de disciplinas de las ciencias sociales implicadas en
el AD, y especialmente aquellas ya mencionadas en el desarrollo histórico de la
Investigación Cualitativa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;En primer lugar, observamos la antropología lingüística y la etnografía
de la comunicación. En ambas, al igual que la IC, se hace especial énfasis en
las relaciones entre la lengua, el pensamiento, la cultura y la comunicación. Asimismo,
se incluye el aporte de la sociología, sobre todo a partir de los años 50,
cuando se hace imperativo abordar el estudio “micro” para entender las acciones
complejas que caracterizan a los individuos sociales. Dentro de esa
microsociología, Calsamiglia y Tusón reiteran la contribución del llamado &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;interaccionismo simbólico&lt;/i&gt; que da relieve
a las interacciones de la vida cotidiana para entender el comportamiento
social. Esta, junto a otros aportes de la sociología como la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;etnometodología,&lt;/i&gt; la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;sociolingüística interaccional &lt;/i&gt;y el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;análisis conversacional&lt;/i&gt;, se constituyen como métodos idóneos para
el abordaje y estudio de la realidad de los individuos en su cotidianidad
(sobre sus acciones y sus interacciones verbales), con la finalidad de entender
el comportamiento social.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Estamos ante una convergencia o acuerdo evidente en este primer
apartado que surge a partir de la reflexión del desarrollo histórico y las
disciplinas involucradas en los términos aquí estudiados: la Investigación
Cualitativa y el Análisis del Discurso. Este encuentro, sin lugar a dudas, es
el valor del individuo como principal actor, tanto como objeto de estudio como
investigador, de la realidad social que se aborda. En la Investigación
Cuantitativa el individuo era un número, un dato, un insumo para cálculos
estadísticos, y en la Lingüística Tradicional no existía más allá de sus
productos textuales o para analizar su aparato fonético. Hoy, en la IC y en el
AD, el individuo, el efectivo acercamiento a su actividad cotidiana, la
apreciación detallista de los productos sociales que genera y con los cuales
realiza intercambios (textos, fundamentalmente), son características fundamentales
e ineludibles para la investigación y el entendimiento de la realidad social.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;II. IC y AD: disciplinas transdisciplinarias&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Tanto la Investigación Cualitativa (IC) como el Análisis del Discurso
(AD) se han entendido como perspectivas de investigación social en las que lo
transdisciplinario es fundamental. Ya esto lo apreciamos en sus respectivos
desarrollos históricos, en los cuales los aportes y coincidencias de distintas disciplinas
de las ciencias sociales han producido lo que hoy conocemos como IC y AD. Ello
explica también los panoramas difusos que se dibujan ante nuestros ojos al
momento de intentar una definición fija y absoluta de ambas perspectivas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;En este y en casi todos los ámbitos, lo transdisciplinario, se refiere
no a la pluridisciplinariedad (estudio de un objetivo de una sola y misma
disciplina por varias disciplinas a la vez), ni a la interdisciplinariedad (con
la cual tiende a confundirse y que concierne a la transferencia de métodos de
una disciplina a otra), sino al carácter integrador y trascendental de las
nuevas formas de investigación (Nicolescu, 1996).&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;La transdisciplinariedad es hoy en día una característica esencial de
las ciencias sociales en general. El ya citado Basarab Nicolescu, en su
documento &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La transdisciplinariedad. Un
manfiesto &lt;/i&gt;(1996), nos advierte sobre lo complejo y oscuro que se han vuelto
las realidades que trata de aprehender un investigador (“El proceso de
decadencia de las civilizaciones es de una gran complejidad y tiene sus raíces
en la más completa oscuridad”). Y a partir de allí, de esa complejidad reinante
en la realidad, entendemos porqué los métodos clásicos de investigación,
caracterizados por un enfoque ortodoxo y único (positivista y disciplinario), tanto
en la investigación en general como en los estudios del lenguaje, necesariamente
han cambiado a un enfoque de perspectiva múltiple y de características basadas
en la complejidad de la realidad concreta que se estudia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Son tres los elementos pilares de la investigación transdisciplinaria:
el reconocimiento de que la realidad tiene distintos niveles; la existencia de
una tercera posibilidad a todo lo que creemos dicotómico, bipolar; y la
complejidad. En el primero pilar es conveniente detenerse: los distintos
niveles de la realidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;La realidad es vista como un fenómeno tan complejo que posee una
estructura discontinua, a su vez segmentada por niveles. Anteriormente cada
nivel era atendido por una disciplina en particular y era tal su concentración
que esa disciplina terminaba dando una conclusión parcial de la realidad
estudiada. Se creía que se estaba investigando para dar con una visión real de
un problema, por ejemplo, pero se llegaba a una visión parcial, fragmentaria.
Un ejemplo, el 27 de febrero de 1989, mejor conocido como “El Caracazo”. Sólo
tiempo después entendimos que todas las explicaciones que dieron a este
fenómeno sociólogos, politólogos, economistas, historiadores, etcétera, fueron
visiones sesgadas, fragmentadas, incompletas de lo que realmente ocurrió y no
existió una disciplina que nos diera luz sobre el problema. Aunque que no
descarta el aporte de cada una de estas disciplinas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;“La estructura discontinua de los
niveles de Realidad determina la estructura discontinua del espacio
transdisciplinario que, a su vez, explica por qué la investigación
transdisciplinaria es radicalmente distinta a la investigación disciplinaria,
siéndole sin embargo complementaria. La investigación disciplinaria concierne
más o menos a un solo y mismo nivel de Realidad, por otra parte, en la mayoría
de los casos no concierne más que a los fragmentos de un solo y mismo nivel de
Realidad. En cambio la transdisciplinariedad se interesa en la dinámica que se
engendra por la acción simultánea de varios niveles de Realidad. El
descubrimiento de dicha dinámica pasa necesariamente por el conocimiento disciplinario.
La transdisciplinariedad, aunque no siendo una nueva disciplina o una nueva
hiperdisciplina se nutre de la investigación disciplinaria la cual a su vez se
aclara de una manera nueva y fecunda por medio del conocimiento
transdisciplinario. En ese sentido, las investigaciones disciplinarias y
transdisciplinarias no son antagónicas, son complementarias” (Nicolescu, 1996:
5)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;¿Se parece algo tanto a la Investigación Cualitativa y al Análisis del
Discurso? He ahí otra convergencia o acuerdo. Ambas son transdisciplinarias.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Valles (1999) lo recalca al presentarnos las ideas de Denzin y Lincoln
(1994) sobre el momento actual que experimenta la IC y que ellos identifican
como la “quinta etapa” o “etapa postmoderna”. Allí se expresa la “opcionalidad
de paradigmas, estrategias de investigación o métodos de análisis” a los cuales
el investigador cualitativo debe “echar mano” para indagar sobre la realidad
estudiada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;“La investigación cualitativa es un
campo interdisciplinar, transdiciplinar y en muchas ocasiones con-tradisciplinar.
Atraviesa las humanidades, las ciencias sociales y las físicas. La
investigación cualitativa es muchas cosas al mismo tiempo. Es
multiparadigmática en su enfoque. Los que la practican son sensibles al valor
del enfoque multimetódico. Están sometidos a la perspectiva naturalista y a la
comprensión interpretativa de la experiencia humana. AI mismo tiempo, el campo
es inherentemente político y construido por múltiples posiciones éticas y
políticas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;El investigador cualitativo se somete
a una doble tensión simultáneamente. Por una parte, es atraído por una amplia
sensibilidad, interpretativa, postmodema, feminista y crítica. Por otra, puede
serlo por unas concepciones más positivistas, postpositivistas, humanistas y
naturalistas de la experiencia humana y su análisis” (Lincoln y Denzin, 1994,
en Rodríguez y otros, 1996: 9).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;Como vimos en su desarrollo
histórico y notamos en su variedad de paradigmas, diseños, estrategias,
técnicas y métodos, la IC es transdisciplinaria. En su aplicación práctica
hecha mano a técnicas de las disciplinas que la utilizan como marco general
(psicología social, sociología, antropología), es decir, la investigación
documental, la observación participante, la conversación cotidiana, las
entrevistas de profundidad, la narración, el análisis del discurso, entre
otras.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;La transdisciplinariedad, asimismo,
es un reto, una realidad y un norte para los estudios del discurso. Bolívar
(1999), en uno de los editoriales que inauguran el primer número de la revista &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Discurso y Sociedad&lt;/i&gt; en su edición
castellana, habla que la convergencia de disciplinas, enfoques y métodos de las
ciencias sociales, así como de experiencias de los propios investigadores, no
sólo es necesaria para abordar de manera exitosa una investigación en particular,
sino también imperativa para “transformar” nuestro entorno.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;“La
meta es tener claro dónde se ubica cada investigador, para facilitar el acceso al
conocimiento que se maneja en las diferentes disciplinas interesadas en el
análisis del discurso y así crear nuevos espacios de discusión y de trabajo.
Creo que si tenemos claro los lingüistas, por ejemplo, que nuestra meta es
contribuir a una teoría general del lenguaje en la que tengan cabida los
procesos sociales, debemos dejar esto establecido. Pero, si en el camino nos
damos cuenta de que no podemos hacer teoría pura sin ser a la vez analistas
críticos, tenemos que reconocer que ésa es una parte fundamental de nuestro
trabajo, pues es el compromiso con la sociedad a la que pertenecemos. De igual
manera, el psicólogo o el politólogo, el historiador, el comunicador social y
otros pueden preguntarse lo que lo que están en capacidad de hacer por su
propia disciplina para ofrecer explicaciones y mejorar o proponer métodos, y,
al mismo tiempo, llamar la atención sobre los problemas sociales relevantes que
exijan su participación e intervención” (Bolívar, 1999: 10)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;Esta reflexión nos acerca una vez
más a la coincidencia que tienen la IC y el AD, señalada más arriba, sobre el
compromiso que conlleva en la Investigación Cualitativa emprender una
indagación social en el entorno al cual pertenecemos. Si Adriana Bolívar nos
invita a convertirnos necesariamente en “analistas críticos” es que tanto en la
IC como en el AD el involucramiento con el objeto como investigadores nos lleva
a asumir ese deber ineludible de transformar o mejorar nuestro entorno.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;Uno de los abanderados de la visión
trans y multidisciplinaria en los estudios del discurso es el investigador
holandés Teun Van Dijk, quien explica que si necesariamente asumimos la tarea
de analizar el lenguaje en usos particulares y contextualizados, ineludiblemente
también tenemos que aceptar el reto de observar detenidamente las relaciones
entre el discurso, la cognición y la ideología, lo cual, a su juicio, “no puede
estudiarse desde una sola perspectiva: requiere un análisis en todas las
disciplinas de las humanidades y las ciencias sociales” (Van Dijk, 2003: 18).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;III. El
contexto en la Investigación Cualitativa y en el Análisis del Discurso&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-TRAD;&quot;&gt;Mella (1998) expresa que “la característica
fundamental de la Investigación Cualitativa es su expreso planteamiento de ver
los acontecimientos, acciones, normas, valores, etcétera, desde la perspectiva
de la gente que está siendo estudiada”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-TRAD;&quot;&gt;A su juicio, tal perspectiva sugiere que además
de intentar una compenetración con los individuos involucrados en el fenómeno
estudiado, “también implica una capacidad de penetrar los contextos de
significado con los cuales ellos operan”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-TRAD;&quot;&gt;Los investigadores cualitativos estudian la
realidad en su contexto natural. Allí ven los fenómenos tratando de apreciarlos
de manera normal o habitual, tal como suceden. Para ello se valen de todas las
corrientes o metodologías que hemos referido más arriba. De allí que la palabra
contexto se repite con insistencia en los manuales de IC, destacando que los
investigadores cualitativos hacen énfasis en las descripciones de los elementos
del contexto porque ello ayudará “a entender lo que está pasando en ese
contexto en particular” (Mella, 1998).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-TRAD;&quot;&gt;En el Análisis del Discurso, como
investigación cualitativa, es fundamental el estudio de los elementos del
contexto para dar explicaciones a la realidad estudiada. Veremos que términos
de la Investigación Cualitativa (como &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;participantes&lt;/i&gt;,
por ejemplo) se toman en cuenta también el Análisis del Discurso y con las
mismas finalidades: estudiar el contexto y sus elementos (entre ellos &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;los participantes&lt;/i&gt;) para dar
explicaciones a la realidad investigada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Muchos autores coinciden en lo difícil que es definir el término &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;contexto&lt;/i&gt; en los estudios contemporáneos
de lenguaje. Sin embargo, existe un acuerdo en común: desde la perspectiva
pragmática–discursiva, el contexto es un elemento fundamental para la
comprensión de las palabras, los enunciados y las interacciones verbales en
general. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Lozano, Peña y Marín (1999) indican que la dificultad de definir el
concepto de contexto parte de la multiplicidad de enfoques teóricos y
metodológicos que han proliferado. No obstante, reconocen que trabajar dicho
concepto, desde los enfoques de la sociolingüística, la antropología y la
pragmática, ha hecho notar “la necesidad de tener en cuenta el contexto en el
que se sitúa la producción lingüística”. ¿Para qué? Para entenderla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Por su parte, Reyes (1995) simplifica la discusión y propone una
categorización sencilla sobre las diversas nociones de contexto: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;“Los intentos de teorizar el exceso
de significado han llevado a varias teorías sobre el contexto. Se suelen
deslindar tres tipos de contexto: el lingüístico, el situacional y el
sociocultural. El primero está formado por el material lingüístico que precede
y sigue a un enunciado, y se lo llama a veces &lt;i&gt;co-texto&lt;/i&gt;. El segundo tipo,
o contexto situacional, es el conjunto de datos accesibles a los participantes
de una conversación que se encuentran en el entorno físico inmediato. Por
ejemplo: para que el enunciado &lt;i&gt;Cierre la puerta, por favor&lt;/i&gt; tenga
sentido, es necesario que haya ciertos requisitos contextuales que son parte de
la situación de habla: que haya una puerta en el lugar donde ocurre el diálogo
y que esté abierta, entre otras cosas. Finalmente, el contexto sociocultural es
la configuración de datos que proceden de condicionamientos sociales y
culturales sobre el comportamiento verbal y su adecuación a diferentes
circunstancias” (Reyes, 1996: 20)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;En el análisis de la conversación, metodología cualitativa utilizada en
el Análisis del Discurso, la perspectiva que propone una metodología para ello
es la etnografía de la comunicación. Derivada de la antropología lingüística,
ésta plantea &quot;que una manera de entender y explicar cómo funcionan las
diferentes actividades humanas es a partir de la observación de sus
comportamientos comunicativos&quot; (Tusón, 1997). &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Dell Hymes, uno de los fundadores de esta disciplina, propuso
sistematizar la comprensión de los eventos comunicativos (tanto los
institucionalizados, como los cotidianos o espontáneos) a partir de la revisión
de ocho elementos que, según su planteamiento, forman parte del contexto
situacional y se dan en todos las interacciones verbales. Organizados en el
acróstico &lt;i&gt;speaking&lt;/i&gt;, Hymes clasificó los criterios para la
caracterización de los intercambios verbales de la siguiente manera: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;ituation &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;(situación)
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;articipants &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;(participantes)
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;nds&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; (finalidades) &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;ct sequences&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;
(secuencias de actos) &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;K&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;ey&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; (claves) &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;I&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;nstrumentalities&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;
(instrumentos) &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;orms&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; (normas) &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;G&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;enre&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; (género) &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: right; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;(Hymes, 1972 en Tusón 1997)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Es conveniente explicar brevemente en qué consiste cada uno de dichos
elementos. En primer lugar, la &lt;b&gt;situación&lt;/b&gt;, según Tusón (1997), debe verse
desde dos vertientes: la localización espacial y temporal en el cual se da el
evento comunicativo –teniendo muy en cuenta sus delimitaciones–; y la atmósfera
psicosocial en la cual se desarrolla. Esta última se refiere a determinadas
organizaciones espacio–temporales que hacen, por su naturaleza, que los
participantes adecuen su comportamiento verbal a la situación. No es lo mismo
una conversación en un bar que ante las cámaras de televisión. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Los &lt;b&gt;participantes&lt;/b&gt; son las personas que protagonizan el evento
comunicativo. El análisis de este componente es de suma importancia, pues en
muchos casos la naturaleza de la conversación depende fundamental de quiénes
son los individuos que interactúan en ella. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Las &lt;b&gt;finalidades&lt;/b&gt;, por supuesto, guardan relación con los
propósitos de los participantes en la interacción verbal. Dice Tusón: “Las
finalidades se refieren tanto a los objetivos –a las metas– de la interacción
como a los productos que se obtienen y que pueden coincidir o no con las
finalidades. Las finalidades pueden ser de tipo social o institucional (la
finalidad de una entrevista médico-paciente es la de conseguir la curación del
paciente) y de tipo particular o individual (en el caso que nos sirve de
ejemplo no es difícil imaginar un encuentro en el que el médico lo que pretende
es terminar cuanto antes la entrevista-consulta u otro en el que el paciente lo
que pretende es conseguir una baja laboral o la receta de un medicamento al que
es adicto). Lógicamente, no siempre las finalidades de todos los participantes
coinciden y cuando hay disparidad de intenciones se abre un proceso de &lt;i&gt;negociación&lt;/i&gt;
que puede resultar en al victoria de uno de los participantes, en una situación
intermedia o en un conflicto de intereses sin resolver”. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Las &lt;b&gt;secuencias de actos&lt;/b&gt; refieren la estructura y la organización
de los mensajes que intercambian los participantes en el evento comunicativo.
Cómo se distribuyen y se presentan los temas de la conversación es lo que el
analista debe determinar en el estudio de este componente. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;El registro (formal o informal) y el tono (serio, lúdico, íntimo, etc.)
están identificados en el acróstico de Hymes como las &lt;b&gt;claves&lt;/b&gt; (&lt;i&gt;keys&lt;/i&gt;)&lt;i&gt;
&lt;/i&gt;de la conversación. Mientras que los &lt;b&gt;instrumentos&lt;/b&gt; incluyen el &lt;i&gt;canal
&lt;/i&gt;o medio por donde circula el mensaje; las &lt;i&gt;formas de hablar&lt;/i&gt; (aquella
parte del repertorio de vocabulario que se elige para la interacción); y todos
los elementos &lt;i&gt;cinésicos &lt;/i&gt;y&lt;i&gt; próxemicos&lt;/i&gt; (gestos, posiciones del
cuerpo, etc.). Aquí se incluyen los marcadores discursivos recurrentes en los
participantes (&lt;i&gt;ajá, ujú, mm&lt;/i&gt;). &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Las &lt;b&gt;normas&lt;/b&gt;, explica Tusón, son tanto de interacción como de
interpretación. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;“Las normas de interacción regulan la
toma de palabra: quién puede intervenir y quién no, de qué manera se interviene
(espontáneamente, pidiendo la palabra), si se puede interrumpir o no, si hemos de
esperar a que se nos pregunte, etc. Las normas de interpretación se refieren a
los marcos de referencia compartidos que permiten interpretar adecuadamente
tanto lo dicho como lo no dicho; son los mecanismos en que se basan la
indireccionalidad, las implicaturas, la cortesía, las presuposiciones, y que
permiten a los participantes realizar procesos de inferencia para interpretar
las intenciones de los demás” (Tusón, 1997)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Por último, el &lt;b&gt;género&lt;/b&gt; sugiere el tipo de interacción verbal que
se desarrolla. Existen diversas clasificaciones de los géneros discursivos,
como por ejemplo aquellas que provienen de la retórica aristotélica, de la
teoría literaria, de las funciones y usos lingüísticos (Bajtín), entre otras.
Sin embargo, muchos autores parecen estar de acuerdo en que los géneros, tal
como lo explica Tusón, se caracterizan desde un punto de vista sociocultural al
que se asocian determinados usos lingüísticos-comunicativos.&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;Vemos entonces, el nivel de
complejidad de la Realidad y, tal como lo indicó Mella (1998), como el analista
del discurso y el investigador cualitativo deben “mapear” esa realidad para
poder analizarla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;Citafueradelprrafo&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;“Describir
es complejo. Responder la pregunta ¿qué está sucediendo aquí? no es simple. En
todo caso, un detalle descriptivo es mapear un contexto, para poder entender la
interpretación que hace el sujeto acerca de lo que está sucediendo. Esto
posibilita al investigador el producir un análisis y explicaciones que hagan
justicia al medio ambiente en el que sus observaciones son hechas” (Mella, 1998:
9)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;IV.
Conclusiones&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;Es difícil hacer conclusiones determinantes
a partir de una reflexión tan breve y tan apresurada sobre las convergencias o
coincidencias entre la Investigación Cualitativa y el Análisis del Discurso. Sobre
todo, si consideramos que se han apartado de este rápido razonamiento algunos
conceptos o nociones fundamentales, como los métodos en concreto y algunas
deliberaciones necesarias sobre la interdependencia o correlación entre ambas
disciplinas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;Nos limitamos muy vertiginosamente al
desarrollo histórico, el carácter transdisciplinario y a la importancia del
contexto, como tres coincidencias, por supuesto susceptibles a revisiones,
reconsideraciones y críticas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;Sin embargo, algo nos mueve a pensar
lo interesante de estas y otras convergencias que se están dando en las
disciplinas y métodos de abordaje investigativo de las ciencias sociales. El
auge que percibimos con los llamados &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Estudios
Culturales&lt;/i&gt;, pareciera ser un producto directo de esa convergencia, pues es
en esa perspectiva donde se asume, de manera transdisciplinaria, lo
cualitativo, el lenguaje, la interacción cotidiana, las formas de
representación, la ideología, el género, lo mediático, la cultura, el momento
político local, la globalización, entre muchísimos factores más, los cuales hacen
cada vez más compleja y multidimensional la realidad social y más necesario un
abordaje integral para su estudio. Es a partir de allí que surge la necesidad
de elaborar nexos efectivos entre las distintas disciplinas que tienen como
objeto el hombre, sus relaciones sociales, su comportamiento y su lengua, para
emprender investigaciones que no sólo busquen “contemplar” sino también
“transformar” las realidades.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;Un halo de esperanza o alegría
aflora cuando se observa que, a pesar de las tensiones que siempre se han
suscitado ante la formación de nuevos esquemas (cuantitativo vs. cualitativo;
lingüística tradicional vs. análisis del discurso; etcétera), están ocurriendo
eventos en las ciencias sociales que demuestran los cambios que favorecerán la
investigación social. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;Lull (1995) ya perfilaba un cambio
sustancial en las ciencias sociales, caracterizado por “un decisivo alejamiento
del positivismo lógico y de sus supuestos y pretensiones universalistas y un
marcado interés por las cuestiones teóricas y empíricas de la cultura y las
significaciones y por el uso de las metodologías cualitativas de investigación”
(Lull, 1995: 13).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;Esto lo han presenciado y lo
celebran algunos estudiantes que se inician en el Análisis del Discurso, desde
la perspectiva de la Investigación Cualitativa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;Bibliografía&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-TRAD;&quot;&gt;Bolívar (1999). &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Nuestro compromiso con el
discurso y la sociedad en América Latina&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;. En Discurso y Sociedad N°1,
año N°1. Barcelona: Gedisa&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-TRAD;&quot;&gt;Calsamiglia y Tusón (1999). &lt;b&gt;&lt;i&gt;Las cosas
del decir. Manual de Análisis del Discurso&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;. Barcelona: Ariel&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Escandell (1999). &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Introducción a la pragmática&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;.
Barcelona: Ariel&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Lozano y otros (1999). &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Análisis del discurso. Hacia una semiótica
de la interacción textual. &lt;/i&gt;&lt;/b&gt;Madrid: Cátedra &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-TRAD;&quot;&gt;Lull (1995). &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Medios, comunicación, cultura&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;.
Buenos Aires: Amorrortu, 1997&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-TRAD;&quot;&gt;Maingueneau (1996). &lt;b&gt;&lt;i&gt;Términos clases del
análisis del discurso&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión, 1999&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-TRAD;&quot;&gt;Mella (1998). &lt;b&gt;&lt;i&gt;Naturaleza y
orientaciones teórico-metodológicas de la investigación cualitativa&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;. &lt;span style=&quot;color: blue;&quot;&gt;http://www.reduc.cl/mell.pdf&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;Nicolescu (1996). &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La
transdisciplinariedad. Un manifiesto&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;. París: Ediciones du Rocher&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES-MX&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES-MX;&quot;&gt;O´Sullivan y otros (1995). &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Conceptos
clave en comunicación y estudios culturales&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;. &lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-TRAD;&quot;&gt;Buenos Aires: Amorrortu, 1997&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Reyes (1995). &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El abecé de la pragmática&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;. Madrid:
Arco Libros, 1998&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Rodríguez y otros (1996). &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Metodología de la investigación cualitativa&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;.
Málaga: Editorial Agilbe (tomado de &lt;span style=&quot;color: blue;&quot;&gt;www.upch.edu.pe/upchvi/faedu/documentos/materiales/invcualitativa/tradic.pdf&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;font-size: 10.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;)&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Tusón (1997). &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Análisis de la conversación&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;.
Barcelona: Ariel&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-TRAD;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-TRAD;&quot;&gt;Valles (1999). &lt;b&gt;&lt;i&gt;Técnicas Cualitativas de
Investigación Social. Reflexión metodológica y práctica profesional&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;.
Madrid: Síntesis, 2003&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Van Dijk (1980). &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La noticia como discurso&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;. Barcelona:
Paidós, 1990&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Van Dijk (2001). &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La multidisciplinariedad en el análisis crítico
del discurso&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;. En &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Métodos de
Análisis Crítico del Discurso &lt;/i&gt;(Wodak y Meyer, 2003). Barcelona: Gedisa&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;mso-ansi-language: ES-TRAD;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-bottom: 6.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Van Dijk (2003). &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Ideología y discurso&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;. Barcelona:
Ariel&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2013/07/investigacion-cualitativa-y-analisis.html</link><author>noreply@blogger.com (Prof. Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj2oNskUjs7hZ48ley-VIr0x3DnxSSC9HDBLEfREUzYC4LjHj1Xfj3pI1kCyU5IJGyD74V3hYjtk4qAsGVYcrFmKIEP_7tbi6yUczFyDdg9D2_SZOzTYPSj4z0P4AYSnHZmjomd4cGu6fob/s72-c/ilustoffice.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-3538871980628918392</guid><pubDate>Wed, 10 Apr 2013 04:27:00 +0000</pubDate><atom:updated>2019-07-26T17:12:31.594-04:00</atom:updated><title>Filosofía para filosofar (Breve análisis del texto “Filosofía, ¿para qué?”  de Ignacio Ellacuría)</title><description>&lt;style&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiJCkOb1Y1E9EcLQ-Pb3dbEilXhZH0Ws9lkpAgZsIfACwWWhWENAGU64ouWjSq0qCXPGKMf5gfHUQwaHZDCEBzUrHT-ivK0oKNNm74Qr6RpNWaQwIS5wXr2bvrGE0pjqbfjkPTx96CJ4HkC/s1600/1336560136509.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;210&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiJCkOb1Y1E9EcLQ-Pb3dbEilXhZH0Ws9lkpAgZsIfACwWWhWENAGU64ouWjSq0qCXPGKMf5gfHUQwaHZDCEBzUrHT-ivK0oKNNm74Qr6RpNWaQwIS5wXr2bvrGE0pjqbfjkPTx96CJ4HkC/s320/1336560136509.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;I. Breve introducción&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
En el monumental libro &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El pensamiento filosófico latinoamericano,
del Caribe y “latino” (1300-2000)&lt;/i&gt;, compilado por Enrique Dussel, Eduardo
Mendieta y Carmen Bohórquez, hay varias referencias al religioso y filósofo
español Ignacio Ellacuría, quien desarrolló desde 1967 su labor docente e
investigativa en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) de El
Salvador, hasta aquella fatídica noche del 16 de noviembre de 1989 cuando fue
vilmente asesinado en la etapa final de la guerra civil que por más de una
década vivió ese país centroamericano.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Por ejemplo, en el apartado &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;La fenomenología y la filosofía existencial&lt;/i&gt;,&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt; &lt;/i&gt;de la segunda parte del libro titulada &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Corrientes filosóficas del siglo XX&lt;/i&gt;, en
el segmento dedicado a &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Centroamérica&lt;/i&gt;,
se puede leer: “En El Salvador la presencia del sacerdote Ignacio Ellacuría
(España, 1930-El Salvador, 1989) ha sido muy importante, aunque truncada por
manos asesinas (…) Efectuó aportes a la teología de la liberación y a la
filosofía a partir de la formación que había recibido de Xavier Zubiri y del
contacto estrecho con él (…) Sus obras filosóficas –publicadas póstumamente–, permiten
apreciar el desarrollo de su pensamiento, en el que el diálogo es también,
naturalmente, con la fenomenología y el existencialismo” (Dussel y otros, 2011:
306).&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
En dicho libro se aprecian otras
referencias sobre los aportes de Ellacuría a la filosofía latinoamericana,
sobre todo en campos fundamentales como la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Filosofía
de la Liberación&lt;/i&gt; y, por supuesto, la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Filosofía
de la religión&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Esta es una muestra del
reconocimiento que se ha hecho a Ignacio Ellacuría, quien a partir de sus
estudios sobre la obra del filósofo español Xavier Zubiri, pero también gracias
a la amistad que entabló con él, le fue posible edificar un aparato filosófico
propio, con una perspectiva crítica, donde un aspecto clave es la función
liberadora que debe asumir la filosofía frente a la dura realidad social y política
que enfrentan los latinoamericanos.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
El académico e investigador
salvadoreño Héctor Samour, cuenta en el artículo biográfico sobre Ellacuría,
escrito especialmente para el libro que comentamos, como el propio filósofo
reconocía la influencia de Zubiri en sus propuestas, pero también como tuvo
mucho cuidado de no repetir sus modelos o sistemas al adaptarlos a la realidad
concreta que se analizaba entonces: El Salvador. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
“En varias ocasiones Ellacuría
reconoció que sus planteamientos sobre el carácter político que les asignaba a
la filosofía se debían en gran medida a la filosofía de Zubiri, aunque
supusieran una reelaboración en orden de resolver los problemas que planteaban
la realidad latinoamericana y no pretendiera, por consiguiente, una repetición
exacta de su pensamiento” (Dussel y otros, 2011: 961).&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Explica también Samour, que dos
fueron los objetivos de la tarea filosófica de Ellacuría. Por un parte, la
difusión de la novedad histórica y del potencial crítico y creador de la
filosofía zubiriana; y, por la otra, la adopción de sus tesis fundamentales y
del método zubiriano para la construcción de una filosofía de la liberación
latinoamericana.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
En el primer ámbito, específicamente
el potencial crítico y creador de la filosofía, tanto de Zubiri como de
cualquier otra, podemos ubicar el texto que brevemente analizaremos para este
trabajo: “&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Filosofía, ¿para qué?&lt;/i&gt;”,
escrito originalmente por Ignacio Ellacuría en 1976 y en el que propone, como
funciones principales de la enseñanza y estudio de la filosofía, la búsqueda
del saber y la desideologización, lo cual a su juicio evita la alienación del
hombre y facilita su auténtica liberación.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;II. Elementos de la estructura externa&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Como referimos en un primer análisis
hecho para la asignatura &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Análisis de
textos filosóficos&lt;/i&gt; de la UCA (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Segundo
sexo&lt;/i&gt; de Simone de Beavoir), antes de emprender la exposición del esquema
básico del texto o de la organización de su contenido es necesario explicar lo que
hemos denominado “estructura externa” del escrito. La estructura externa está
compuesta por los componentes pragmáticos que conforman el enunciado. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
En primer lugar, es fundamental asumir
que el texto a analizar, como tipología textual, es una &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;artículo de divulgación&lt;/b&gt;. Ellacuría publicó muchos artículos de
divulgación en revistas universitarias. Los temas fundamentales eran la
filosofía de Xavier Zubiri, los estudios religiosos, la sociología, la política
y el pensamiento universitario. En vida, Ellacuría sólo preparó como libro &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Filosofía de la realidad histórica&lt;/i&gt;
(1990), el cual sólo llegó a la imprenta luego de su muerte.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Aquí vemos, además del tipo de
texto, una característica del mismo que también asoma particularidades del
productor textual, la intencionalidad de difundir masivamente a lectores “no
especializados”, estudiantes universitarios y de bachillerato y,
definitivamente, público en general, el producto de sus cavilaciones e
investigaciones académicas. Ellacuría pensaba fundamentalmente en estudiantes
de la UCA y a sus docentes, pues hay que recordar que la publicación original
del texto fue en 1976, apenas siete años después de fundado de Departamento de
Filosofía de esa institución universitaria (1969).&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
De hecho, una característica, ya en
el espacio textual del escrito, es la materialización explícita de esa
intención divulgativa no especializada. El texto comienza: “Este articulejo va
dirigido a quienes se ven obligados a dar filosofía sin saber bien cómo hacerlo
y, sobre todo, a quienes se ven obligados a tomar esa materia sin saber bien ni
por qué ni para qué”. Aquí vemos claramente componentes contextuales o
pragmáticos que nos permiten entender no sólo el contenido del texto sino
también su intencionalidad y su ubicación exacta. También, el propio Ellacuría
da un primer guiño al lector a calificarlo de “articulejo”, para definir no una
falta de rigurosidad, sino más bien la utilización a lo largo de todo el
escrito de un lenguaje sencillo y ameno, propicio para una difusión mayor y un
mejor entendimiento del planteamiento interno. Asimismo, explicita a quiénes va
dirigido: profesores y estudiantes universitarios.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Otro componente de esa estructura
externa es el título de la obra, el cual nos da también, en este caso concreto,
pistas concretas de la intencionalidad. En el título ya se presenta el tema: la
filosofía; y, en segundo lugar, se plantea la pregunta retórica que habrá de
mover todo el aparato argumentativo del texto: ¿para qué?. La suma de “&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Filosofía, ¿para qué?&lt;/i&gt;, nos advierte esa
pretensión expositiva-argumentativa que transversa el texto.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Por tal razón, el modo de
organización discursiva del texto que analizamos es expositivo-argumentativo.
La tesis a desarrollar en la argumentación está elidida en la pregunta retórica
que habrá de responderse justamente con la enumeración de argumentos que
sustentes ese “para qué” de la filosofía. Sin embargo, es expositivo también,
pues Ellacuría, como docente e investigador y, además, pensando en un público
específico, supo que era necesario además de responder una tesis, echar mano de
un tipo de discurso expositivo, progresivo y ordenado, que ayuda a su
comprensión y entendimiento. Eso sí, nunca abandonando el propósito
argumentativo que es la persuasión. ¿Cuál persuasión? Que la filosofía, su
estudio y enseñanza, es fundamental para la liberación del hombre.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;III. Organización del contenido. Principales ideas del texto&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Ahora
aquí iniciamos la presentación del esquema básico del texto. El artículo “&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Filosofía, ¿para qué?&lt;/i&gt;, escrito por
Ignacio Ellacuría en 1976, publicado originalmente en la revista Abra y
reeditado en 1987 y 1998, consta de título, 43 párrafos y 4 intertítulos
numerados. Los intertítulos nos permite aprehender preliminarmente una
estructura general del texto, lo cual ya también nos facilita observar algunos
temas que se desarrollarán y las ideas principales que rigen el texto. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Al inicio, el texto comienza sin un
intertítulo inicial, por tal razón podemos asumir que los párrafos 1, 2 y 3 son
la “Introducción” del artículo, pues además el párrafo 4 está antecedido por el
primer intertítulo identificado con el número 1. Así podemos apreciar una
estructura general preliminar, la cual desglosaremos de inmediato:&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;I.
&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Introducción&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;II.
&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Sócrates y la necesidad de
filosofar&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;III.
&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La filosofía como modo de saber&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;IV.
&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La filosofía como principio de
desideologización&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;V.
&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;A modo de conclusión&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;I. Introducción&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo I. A quién va dirigido el texto y
primeras preguntas&lt;/b&gt;.&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt; &lt;/b&gt;Como
referimos más arriba, en este primer párrafo Ellacuría advierte a quién va
dirigido el texto (profesores y estudiantes). Y de inmediato lanza las primeras
preguntas, fundamentalmente el porqué está la filosofía en los planes de
estudio y de formación los últimos 25 siglos.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo II. Filosofía: ¿erudición?&lt;/b&gt; Aquí
ya comienza un diálogo entre las preguntas que se planteará a lo largo del
textos y las respuestas que presentan para ir avanzado en la exposición argumentativa.
Responde que el hecho de que la filosofía esté en los planes de estudio podría
hacer pensar que se trata de un ejercicio de erudición y de cultura. Pero,
responde que no es así. Apela a Kant y asegura que la filosofía como erudición
y cultura no es filosofía, y que lo único que se puede enseñar es a filosofar&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo III. Filosofar es la clave&lt;/b&gt;. Ellacuría
reitera que desde esa perspectiva sí se justifica un porqué y para qué en los
25 siglos de filosofía: el hombre al filosofar entiende la existencia y el
propósito de la filosofía en sí.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;II. Sócrates y la necesidad de filosofar&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo IV. Sócrates, primer ejemplo del filosofar&lt;/b&gt;.&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt; &lt;/b&gt;El productor del texto presenta a
Sócrates no como el primer filósofo, pero sí como el primer hombre que se
atrevió a filosofar. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo V. Sócrates ciudadano&lt;/b&gt;. Aquí
Ellacuría comienza la enumeración de las condiciones que hicieron que Sócrates
“filosofara”. En primer lugar que era ciudadano de Atenas, por lo tanto
político y, en consecuencia, alguien que le interesaba los problemas de su
ciudad. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo VI. Sócrates sabio&lt;/b&gt;. En segundo
lugar, el autor nos presenta a Sócrates como sabio, aunque él no se consideraba
tal cosa. No obstante, para Ellacuría, dos cosas caracterizaban la sabiduría
del filósofo ateniense: centra el verdadero problema de la filosofía en el
hombre mismo (antes los pre-socráticos se concentraban en la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;physis&lt;/i&gt;, la naturaleza). De allí la
famosa frase “conócete a ti mismo (&lt;span style=&quot;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;γν&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;microsoft sans serif&amp;quot;; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;ῶ&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;θι σεαυτόν)&lt;/span&gt;. Y, en
segundo lugar, que “sólo sabe bien lo que cree saber el se percata desde ese su
saber que no sabe nada”. De allí, también, otra frase atribuida a Sócrates:
“Sólo sé que no sé nada” (&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;microsoft sans serif&amp;quot;; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;ἓ&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;ν ο&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;microsoft sans serif&amp;quot;; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;ἶ&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;δα &lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;microsoft sans serif&amp;quot;; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;ὅ&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;τι ο&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;microsoft sans serif&amp;quot;; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;ὐ&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;δ&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;microsoft sans serif&amp;quot;; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;ὲ&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;ν ο&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;microsoft sans serif&amp;quot;; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;ἶ&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;δα). De la conjunción de estas dos perspectivas surge el
filosofar de Sócrates: la búsqueda del saber humano y el saber político para la
recta humanización y la recta politización.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo VII. Sócrates sabio crítico&lt;/b&gt;. Sócrates
emprende dos batallas: pelea con quienes creen tener el verdadero saber y
combate con quienes desde el poder detenta un saber que tampoco es verdadero.
Por esa razón, el saber socrático es un saber crítico.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo VIII. Sócrates filósofo por
vocación&lt;/b&gt;. El filósofo ateniense no podía ni sabía hacer otra cosa, cuenta
Ellacuría. Filosofaba porque era su vocación, porque era su vida. Para él una
vida sin filosofar no valía la pena. Por tal razón, luego de emprender esas
batallas del párrafo anterior y porque se le acusó de delito y se le quiso
obligar a dejar su vida (el filosofar), prefirió la muerte.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo IX. Sócrates filósofo con técnica&lt;/b&gt;.
No basta la buena voluntad y la vocación para filosofar bien Y Sócrates además
de la sabiduría, la actitud crítica y la vocación, poseía técnica. Ellacuría
recuerda que al filósofo ateniense se le atribuyen los primeros pasos técnicos
en busca de la definición y el concepto, así como la inducción y la dialéctica.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo X. Una conclusión socrática&lt;/b&gt;. Ellacuría
enumera aquí las características descritas anteriormente sobre Sócrates, para
describir a ese hombre “que fue conciencia crítica de su ciudad”. Esas
características son poseer un verdadero saber sobre el hombre y la ciudad;
entender ese saber como saber crítico y operativo; filosofar con afán de servicio,
desprendimiento y libertad; poner en esa tarea la vida si es necesario; y, por
último, hacerlo con técnica y sin rehuir al trabajo intelectual. Para
Ellacuría, esto abrió el camino no sólo para Platón y Aristóteles, sino para los
25 siglos de filosofía que refirió en el primer párrafo del texto. Una
filosofía, sin la cual, la Humanidad perdería “una de sus grandes posibilidades
de saberse y realizarse adecuadamente”.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
En
este punto, suelta una pregunta retórica que antes del siguiente intertítulo,
el cual marca el inicio de una nueva parte, nos interroga sobre en qué se basa
esa pretensión de la filosofía.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;III. La filosofía como modo de saber&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XI. Diatriba filósofos vs.
científicos&lt;/b&gt;. Se interroga Ellacuría de cómo es posible en la actualidad que
la filosofía tenga un lugar entre los profesionales del saber, cuando los
científicos se han apoderado del “imperio del saber”.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XII. Si hay filosofía con ciencia&lt;/b&gt;.
De entrada, Ellacuría zanja esa diatriba advirtiendo que no es cierto que no
haya existido filosofía a la par de las ciencias naturales tal como hoy las
conocemos. Recuerda que Aristóteles filosofaba cuando ya estaba constituida la
matemática y científicos como Descartes, Leibniz y Newton vieron en la
necesidad de filosofar sobre el avance de las ciencias. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XIII. Sin embargo hay diferencias&lt;/b&gt;.
En este brevísimo párrafo, Ellacuría advierte que el conocimiento filosófico y
el científico son diferentes.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XIV. Planos del saber, planos de la
realidad&lt;/b&gt;. Recupera la noción platónica de los dos mundos: el aparencial y
el verdaderamente real, con sus implicaciones. Recuerda a Marx como un filósofo
preocupado por “buscar” lo que está detrás de las apariencias.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XV. ¿Qué busca el científico y qué
busca el filósofo? &lt;/b&gt;Aquí, Ellacuría advierte la dificulta de diferenciar los
objetos de ambos profesionales del saber. Responde: el científico busca saber
con certeza cómo funciona una cosa, mientras que el ﬁlósofo quiere saber cómo
es en realidad una cosa.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XVI. El filósofo objeta la certeza
de las cosas&lt;/b&gt;. Para el autor del texto, el filósofo no puede conocer sólo la
certeza de las cosas, pues reduce el saber al conocimiento cierto y reserva la
certeza a lo verificable, dejando así de lado “lo más rico de la realidad”. Allí
gana el filósofo porque incluso asume el tratar de conocer esas notas de las
cosas que están fuera de lo verificable o cierto.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XVII. ¿Entonces qué busca el
filósofo?&lt;/b&gt; Aquí el texto plantea esa pregunta junto con la justificación si
sigue siendo necesario el saber filosófico.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XVIII. Respuesta: seguir buscando
el verdadero saber&lt;/b&gt;. Es el buscar el verdadero saber y no necesariamente el
encontrarlo, la labor del filósofo. Seguir preguntándose que es el saber es su
propósito. Ese es el primer campo de trabajo del filósofo: la búsqueda
indetenible de qué es el saber.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XIX. El filósofo va por su propio
camino&lt;/b&gt;. El hombre que filosofa se pregunta, como el científico, el porqué
de las cosas, por lo hace de un modo peculiar. No busca causa y consecuencias
de un fenómeno sino como éste forma parte de la estructura misma de la
realidad, entendida en su unidad total y última. Aquí, ya Ellacuría empieza a
asomar su influencia zubiriana en el artículo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XX. ¿Qué es la realidad? Segundo
campo de trabajo del filósofo&lt;/b&gt;. Qué es la realidad y cómo se puede presentar
la realidad. Conocimiento y realidad son dos factores claves en el camino del
saber. Y el hombre, como elemento de conexión entre la realidad y el
conocimiento que tenemos de ella, es pieza fundamental del filosofar y, por
ende, de la filosofía misma.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXI. El hombre en la realidad&lt;/b&gt;. Para
Ellacuría, la filosofía es un saber segundo, algo que acomete el hombre sólo
desde su madurez intelectual. Pero señala que se trata de que responder las
preguntas clásicas de Kant, como qué puedo saber, que debo hacer y qué puedo
esperar se resumen en una sola y única pregunta: qué es el hombre. Y hablamos
de un hombre en la realidad, y es la historia el lugar de plenitud y revelación
del hombre y su realidad. Aquí seguimos apreciando la filosofía zubiriana y lo
que luego desarrollaría con más detalle Ellacuría en sus planteamientos.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXII. El sentido de la realidad.
Tercer campo del trabajo del filósofo&lt;/b&gt;. Si hablamos de la realidad y el
hombre ubicado en esa realidad, surge la pregunta ineludible del sentido de la
realidad. La explicación existencial que busca darle el hombre en ese “estar”
en la realidad. Allí, el autor del texto nos invita a hacernos unas preguntas
sobre el sentido de la vida humana, es decir su acción social, histórica, en
fin, su acción histórica.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXIII. Saber filosófico: ingente
esfuerzo de la humanidad&lt;/b&gt;. Intentar lograr un saber filosófico, darle
sentido a la vida, implica un gran esfuerzo. Pero un esfuerzo estrictamente racional
y crítico.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXVIV. Otra vez Sócrates: el
problema de no poseer el saber o poseerlo mal&lt;/b&gt;. Aquí retoma su gran ejemplo:
Sócrates. Ellacuría advierte que la sabiduría humana debe estar al servicio de
causas nobles. Cuando un hombre no se preocupa por tenerla o erróneamente cree
poseerla es un delito de inhumanidad y peligroso, y más inhumano y más
peligroso aún si sucede en quienes tienen la responsabilidad de gobernar.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;IV. La filosofía como principio de
desideologización&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXV. La filosofía al servicio del
orden imperante&lt;/b&gt;. Ya en el párrafo anterior, Ellacuría nos muestra su peor
temor: la falta de filosofía en los decisores políticos o, peor aún, poner la
filosofía al servicio del orden imperante. Para él, éstas son aquellas
filosofías que sin una visión crítica se utilizan para exponer “positivamente”
cómo son las cosas, sin cuestionarlas, sin preguntarse profundamente sobre
ellas. Por tal razón, cita a Kant y a Marx, una vez más, como ejemplos de
debate filosófico crítico con la realidad.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXVI. Un giro necesario: Filosofía
e ideología&lt;/b&gt;. Un párrafo de dos líneas para indicar que un punto de
inflexión en el texto: replantear el papel de la filosofía, esta vez respecto a
las ideologías.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXVII. Nociones de ideología&lt;/b&gt;. Aquí
Ellacuría hace un brevísimo recorrido por las nociones sobre ideología: desde
el sistema de ideas de un autor hasta la ideología como sustitutivo de la
realidad o como enmascaramiento de la realidad. Incluso, explica cómo un
pensamiento o un sistema de pensamiento está situado, es decir, relacionado a
una situación concreta, por lo que el elemento ideologizador del pensamiento no
está sólo en su contenido, sino fundamentalmente en relación con una
determinada situación o acción. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXVIII. ¿La filosofía es una
ideología?&lt;/b&gt; He allí el peligro de utilizar la filosofía como ideología, pues
tendería “a convertirse en una aparente racionalización de subjetividades
interesadas”. Ya no sería inquisidora racional sino arma para la dominación. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXIX. Otra vez filosofía y
realidad, a propósito de la ideología&lt;/b&gt;. Ellacuría hace una pregunta clave:
¿La filosofía es ideologizadora o desideologizadora?&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXX. La relativa autonomía del
pensamiento&lt;/b&gt;. Para el autor hay que partir del carácter autónomo del
pensamiento, que a pesar de estar situado y condicionado, no necesariamente está
predeterminado. Se critica el pensamiento desde el propio pensamiento, por tal
razón hay que rescatar el carácter liberador y racionalizador del pensar humano.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXXI. Pensadores asalariados&lt;/b&gt;.
Cómo los detentores del poder conocen el poder del saber coartan el pensamiento
y buscan pensadores asalariados. No obstante, la autonomía del pensamiento
permite su individualidad y su acción. La filosofía debe tender a profundizar
dicha autonomía para liberarse de cualquier imposición para acometer su tarea
crítica y racional.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXXII. Dos mecanismos: la duda y la
negación&lt;/b&gt;. Brevemente, Ellacuría menciona los dos mecanismos que garantizan
ese proceso de independencia y ese propósito de desideologización: la duda y la
negación.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXXIII. Posibilidad crítica de la
filosofía&lt;/b&gt;. Ambos mecanismos (duda y negación) fundamentan la posibilidad
crítica de la filosofía. Pero es una tarea que debe emprender con las demás
ciencias. Además, advierte que hay que tener cuidado con la etiqueta de
“revisionista” que imponen a los que a través de la duda y la negación asumen
una actitud crítica permanente. Sin embargo, concluye el párrafo con la
afirmación de que la filosofía es el lugar propio de la duda y la negación y,
por ende, de la posibilidad de desideologización.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXXIV. El peligro de los límites en
la filosofía&lt;/b&gt;. La filosofía busca siempre salirse de los límites de
cualquier punto de vista para ver las cosas desde una perspectiva más amplia.
Pero ese “salirse” debe tener cuidado de no convertirse en una alienación o una
evasión de la realidad que analiza.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXXV. La filosofía deja de serlo
cuando abandona la crítica&lt;/b&gt;. De lo anterior se desprende que la filosofía se
convierte en ideología cuando abandona su actitud crítica y emprende una tarea constructiva
y sistemática repetitiva y no creativa. Para Ellacuría, cuando la filosofía se
usa como representación o repetición de la realidad, sin crítica, sin creación,
se convierte en pura ideología.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;V. A modo de conclusión&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXXVI. ¿Para qué sirve la
filosofía? Para saber y para desideologizar&lt;/b&gt;. Comienza con este apartado las
conclusiones generales del texto. En primer lugar, Ellacuría revisa si se ha
respondido la pregunta inicial: ¿Para qué sirve la filosofía? Y responde: para
saber y desideologizar. Y recuerda su mejor ejemplo: Sócrates. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXXVII. La sociedad necesita la
filosofía&lt;/b&gt;. La filosofía, como en Sócrates, no puede quedarse en una actividad
individual. La sociedad entera debe filosofar pues ésta necesita a la
filosofía.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXXVIII. Necesita su dimensión
negativa y crítica&lt;/b&gt;. La sociedad necesita a la filosofía en su dimensión
negativa y crítica, en todos los ámbitos. Aquí nombra por primera y única vez a
El Salvador, sitio de enunciación original del texto, como la explicitación del
lugar que requiere urgente esa filosofía liberadora, crítica y
desideologizadora. “Hay infinidad de elementos ideologizados que no responden a
la verdadera naturaleza del pueblo salvadoreño y que favorecen la perpetuación
de un orden injusto”, dice el filósofo jesuita. Por eso implora la existencia
de “Sócrates implacables” para emprender esa necesaria tarea por el saber
crítico.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XXXIX. Necesita su dimensión
constructiva y sistemática&lt;/b&gt;. Pero ese saber crítico también debe ser
constructivo y sistemático, pero sin copiar modelos y que no sea repetitivo,
pues estaría, como advirtió antes, ideologizando en vez de desideologizando.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XL. ¿Cómo filosofar entonces?
Implica dos necesidades&lt;/b&gt;. Además esa filosofía implica dos grandes
necesidades: el estar instalado en la realidad y, por otra parte, el&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;saber última y totalmente cómo es esa
realidad, más allá de sus apariencias. Para ello, recuerda el necesario
carácter técnico de toda filosofía.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XLI. Hay que enseñar a pensar&lt;/b&gt;.
Una vez satisfechas esas necesidades y visto el carácter técnico, es imprescindible
entonces enseñar a la gente a pensar. Ellacuría invita de manera denodada a los
estudiantes a tomar manuales, libros y todo documento filosófico para iniciar
un diálogo con “los grandes maestros del pensar”. Y, además de suscitar un
espíritu crítico, atreverse a producir pensamiento, a ser creativos, a
analizar, a comprender y, luego de halladas las respuestas, comunicarlas.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XLII. Condiciones para filosofar&lt;/b&gt;.
Ellacuría no abandona su misión y expresa todo lo planteado se logrará
dependiendo de las condiciones de profesores y estudiantes, recordando que no
se trata de la transmisión de contenidos, sino de la puesta en marcha de la
propia capacidad de los miembros de la comunidad educativa para pensar de
manera crítica y autónoma.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;Párrafo XLIII. Filosofar para buscar una
verdad operativa y liberadora&lt;/b&gt;. Por último, Ellacuría concluye que la verdad
nos hará libres. Que la filosofía busca esa verdad y de allí su función
liberadora. Pero que se trata también de una verdad operativa, es decir, que
facilite la liberación del hombre, que impida su alienación, pero sobre todo
que ayude a la emancipación definitiva de nuestros pueblos. Allí vuelve a
rematar la respuesta conclusiva a la pregunta del para qué de la filosofía:
“Cuando estos pueblos cuenten con la posibilidad real de pensar por sí mismos
en todos los órdenes del pensamiento, es que ya van camino de la libertad y de
la posesión plena de sí mismos. He ahí el para qué de la filosofía”.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;IV. Significados de los términos-clave&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Aunque el texto es extenso y en el
apartado anterior se presentan algunos de los términos clave del escrito analizado,
creo conveniente especificar algunos.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;a.
Sócrates (Atenas, 470-399 a.C)&lt;/b&gt;. Filósofo de la antigua Grecia y maestro de
Platón. Considerado el primer pensador sistemático, pero sobre todo recordado
por su compromiso inquebrantable con su ciudad, con el filosofar, con la moral
y la justicia. Por su terquedad y su sinceridad, así como por su calidad
humana, ganó el cariño y el respeto de los jóvenes, pero al mismo tiempo el
odio y la enemistad de los sofistas (a quienes tanto atacó) y de los detentores
del poder de la ciudad, quienes vieron en él una amenaza. Por tal razón, fue
enjuiciado y obligado a abandonar la ciudad de Atenas o permanecer en ella,
pero sin filosofar ni enseñar. Optó por la otra salida que le ofrecieron: la
muerte. Sosegadamente bebió la cicuta. Ignacio Ellacuría, en su escrito, lo
utiliza como el mejor ejemplo de la historia de la filosofía (además el
primero) del filósofo comprometido con el pensar, con el filosofar. Por tal
razón, el autor enumera las características analizadas en la figura de Sócrates
y que debe tener todo filósofo: poseer un verdadero saber sobre el hombre y la
ciudad; entender ese saber como saber crítico y operativo; filosofar con afán
de servicio, desprendimiento y libertad; poner en esa tarea la vida si es necesario;
y, por último, hacerlo con técnica y sin rehuir al trabajo intelectual.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;b.
Saber filosófico&lt;/b&gt;. El saber filosófico es racional, argumentado y es
producto de un método. Ese método, fundamentalmente, consiste en asumir una
actitud despierta ante la realidad. Esa actitud debe obligar al hombre a
interrogarse profundamente sobre la naturaleza de las cosas, a diferencia del
saber científico que se limita fundamentalmente a cómo funcionan las cosas. El
saber filosófico pretende responder preguntas más amplias que no se limiten
sólo a lo observado o analizado, sino también a su lugar en la estructura
compleja y total de la realidad. Por tal razón, el saber sobre el hombre y su
situación es importante en para construir “saber filosófico”. También el saber
filosófico, como &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;episteme&lt;/i&gt;, se observa
como oposición a la opinión o conjetura (&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;doxa&lt;/i&gt;),
la cual no requiere de método, ni razón. Se vincula a la verdad o, la búsqueda
incansable por ella. Ignacio Ellacuría prefiere no hablar de filosofía sino de
filosofar, como la actitud, el método y la actividad propicia para alcanzar el
saber verdadero, el verdadero saber filosófico.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;c.
Realidad&lt;/b&gt;.&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt; &lt;/b&gt;Noción clave en los
textos filosóficos de Ellacuría y la pista más evidente de la influencia de
Xavier Zubiri. La realidad es compleja y estructurada. En Ellacuría, la verdad
no es la realidad, es parte de ella. “La verdad de la realidad no es lo ya
hecho; eso sólo es una parte de la realidad”, advierte en su libro &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;Filosofía de la realidad histórica&lt;/i&gt;
(1990). Influenciado por Zubiri, Ellacuría comprendía la realidad como parte de
la estructura formal de la inteligencia del ser humano. De allí, su concepción
de la realidad, como realidad histórica, en la que el hombre está situado y
donde “debe hacerse cargo de ella”. Por tal razón, Ellacuría, en el texto
analizado, da gran importancia a la realidad, pero desde su perspectiva
zubiriana, es decir, compleja e histórica. La identifica como el “segundo campo
de trabajo del filósofo”. Asimismo, habla del&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;“hombre en la realidad” y la “búsqueda del sentido de la realidad”, este
último al que califica como el “tercer campo del trabajo del filósofo”. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;d.
Ideología&lt;/b&gt;. Término clave en el texto. Ellacuría advierte el peligro de que
la filosofía se convierta en instrumento para enmascarar la realidad y, por
ende, sea el lugar propicio (esa realidad donde el hombre “está” situado) para
su enajenación y su alienación. Por tal razón, en Ellacuría, la ideología no se
limita al concepto clásico de sistema de creencias de un grupo, sino se ubica
más cerca del concepción marxista de la ideología como “falsa conciencia”, es
decir, como el manto que distorsiona la realidad y la presenta como una
“realidad normal”, la cual el hombre no puede apreciar la diferencia
precisamente por la enajenación y alienación que esa misma “realidad falsa”
ejerce sobre él. La filosofía, entonces, puede ser instrumento para ese
enmascaramiento o distorsión “formal” de la realidad. O, por el contrario,
desde una perspectiva de crítica permanente, convertirse en una filosofía que
libere al hombre de esa alienación a la cual está sometido. En síntesis, se
trata de aquello que llamó Ellacuría “función liberadora de la filosofía”.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;e.
Liberación&lt;/b&gt;. Otro elemento clave no sólo del texto, sino también de toda la
filosofía de Ellacuría. La filosofía debe estar al servicio de la liberación o
emancipación de los pueblos. Por tal razón, como dijimos al inicio del texto,
los aportes de Ellacuría a la denominada &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;filosofía
de la liberación&lt;/i&gt; es indiscutible. Resulta natural que el aparato retórico del
texto analizado concluya con un llamado a la liberación. La filosofía debe mantener
una actitud crítica permanente para lograr un saber verdadero, un saber que
produzca una verdad, pero una verdad operativa, dice Ellacuría, una verdad que
permita la liberación.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;V. ¿Qué quiso comunicar Ignacio Ellacuría? ¿Cómo lo hizo?&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Parte de lo quiso comunicar
Ellacuría se ha respondido a lo largo del análisis. Pero es interesante sintetizar
aquí su sincera pretensión de responder una pregunta necesaria: ¿Para qué la
filosofía? Si nos ubicamos en el contexto, podremos entender esa necesidad. El
texto fue publicado originalmente en 1976. Cómo referimos anteriormente, a sólo
siete años de la fundación del Departamento de Filosofía de la UCA y en un
momento histórico para la República de El Salvador, pues es la fecha, para
muchos, donde se ubica históricamente el inicio del conflicto social, político
y, más tarde, bélico, que sufrió esa nación centroamericana por más de una
década.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Por tal razón, Ellacuría, al inicio,
identifica a quiénes está dirigido el artículo y en una parte hace referencia
específica a El Salvador, al indicar: “Hay infinidad de elementos ideologizados
que no responden a la verdadera naturaleza del pueblo salvadoreño y que
favorecen la perpetuación de un orden injusto”. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Ellacuría quería que estudiantes,
profesores, pero también el público en general, de El Salvador de 1976, no sólo
entendiera la importancia de la filosofía a partir de su utilidad crítica y
liberadora, sino también el momento histórico crítico, de inflexión, complejo,
que vivía la sociedad salvadoreña, y para lo cual era necesario una actitud
crítica, en síntesis, una actitud filosófica, un filosofar urgente y necesario.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
¿Cómo lo hizo? Un artículo con una
estructura sólida, expresada incluso en el orden y organización de sus
intertítulos. Con un uso inteligente y periódico de preguntas retóricas para
motorizar y actualizar los temas que se discuten a lo largo del texto. Y con un
lenguaje no rebuscado que responde a la intencionalidad de su tipología
textual: artículo de divulgación.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;VI. Comentario personal&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Algunos, y con razón, identifican a
Ignacio Ellacuría con el calificativo de “El Sócrates de América”. Ellacuría,
como Sócrates, su ejemplo y tema transversal en el texto analizado, dio su vida
por la filosofía y por la búsqueda de esa “verdad operativa para la liberación
de los hombres”. Durante toda su vida, Ellacuría mantuvo esas mismas
características socráticas que en el texto describe y analiza detalladamente.
Como el filósofo griego, Ellacuría también fue “conciencia crítica de su
ciudad”: El Salvador, lo cual le costó la vida. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
En su vida y en su obra, como
Sócrates, es evidente su interés por poseer un verdadero saber sobre el hombre
y su realidad; mantuvo en todo momento una actitud crítica; fue altamente
técnico y profundo en sus métodos y planteamientos; filosofó con afán de
servicio, desprendimiento y libertad; y, de hecho, puso su vida, literalmente, en
esa tarea.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Para mí, como un venezolano que
recién conoce la vida de este religioso y filósofo español-salvadoreño y su
legado, no sólo en la &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;filosofía de la
liberación&lt;/i&gt; sino también en El Salvador y en la UCA, se hace evidente la
importancia de este texto, pues sintetiza muchas de las ideas fundamentales de
la filosofía de Ellacuría y de su postura crítica sobre la realidad que
analizaba, pero que también vivía, padecía.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Analizar el texto, parte por parte,
desde una perspectiva pragmática y también de contenido, contribuye a la
ampliación de mi horizonte de entendimiento para abordar la filosofía que asumo
con compromiso como un imberbe y recién iniciado en esta materia: una filosofía
para liberación del hombre y de la mujer, alienados por la sociedad capitalista
y neoliberal; una filosofía para emancipación de los pueblos de Nuestra
América, históricamente oprimidos y explotados por las naciones poderosas; una
filosofía que busque una verdad no sólo contemplativa, sino también operativa,
para responder a las necesidades de la realidad histórica en la que estamos situados,
eso sí, sin abandonar la rigurosidad técnica y manteniendo una conciencia
crítica, para no caer en “lo mismo” contra lo que se combate.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;VI. Bibliografía&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Calsamiglia,
H. y Tusón, A. (1999). Las cosas del decir. Barcelona: Ariel&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Dussel
y otros (Ed.) (2011). El pensamiento filosófico latinoamericano, del Caribe y
“latino”. México: Siglo XXI&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Ellacuría,
I. (1990). Filosofía de la realidad histórica. San Salvador: UCA Editores&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Ellacuría,
I. (2001). Escritos filosóficos. Tomo III. San Salvador: UCA Editores &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Escandell,
M.V. (1996). Introducción a la pragmática. Barcelona: Ariel, 1999&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Hirschberger,
J. (1961). Breve historia de la filosofía. Barcelona: Herder, 1998&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Müller,
M. y Alois Halder (1976). Breve diccionario de filosofía. Barcelona: Herder,
2001&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
Van
Dijk, T. (1998). Ideología. Barcelona: Gedisa.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2013/04/filosofia-para-filosofar-breve-analisis.html</link><author>noreply@blogger.com (Prof. Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiJCkOb1Y1E9EcLQ-Pb3dbEilXhZH0Ws9lkpAgZsIfACwWWhWENAGU64ouWjSq0qCXPGKMf5gfHUQwaHZDCEBzUrHT-ivK0oKNNm74Qr6RpNWaQwIS5wXr2bvrGE0pjqbfjkPTx96CJ4HkC/s72-c/1336560136509.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>5</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-2588258426064670209</guid><pubDate>Fri, 15 Feb 2013 00:39:00 +0000</pubDate><atom:updated>2021-04-11T19:39:51.284-04:00</atom:updated><title>La doble realidad en la literatura (Ensayo sobre La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares)</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhj5Uedd1J3T5z-PUsPZL5hA2KmkKxkabc4yWn0fKEEm02_gRuQw4rmsBcFVfVhmZyJLaEu0FaKWaT0soizPvXewPDtlu8RE13aS8OCEbrTyaG2pRIJsFE1ghAR6j-1pwlgIscvTqcqglfl/s1600/La-invencio%CC%81n-de-Morel.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;320&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhj5Uedd1J3T5z-PUsPZL5hA2KmkKxkabc4yWn0fKEEm02_gRuQw4rmsBcFVfVhmZyJLaEu0FaKWaT0soizPvXewPDtlu8RE13aS8OCEbrTyaG2pRIJsFE1ghAR6j-1pwlgIscvTqcqglfl/s320/La-invencio%CC%81n-de-Morel.jpg&quot; width=&quot;220&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Este breve ensayo fue escrito como trabajo final de la asignatura Filoso&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;fía Moderna del curso propedéutico del Doctorado de Filosofía I&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;beroamericana de la Universidad Centroameri&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;cana &lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;“José Simeón Cañas” &lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;(UCA&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;). El profesor y ami&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;go Luis Alvarenga propuso al grupo un interesante ejercicio&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;: identificar aspectos de los estudiado en un texto literario. He aquí el intento...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; font-size: x-small;&quot;&gt;“La naturaleza
era bella cuando al mismo tiempo parecía ser arte, y el arte no puede llamarse
bello más que cuando, teniendo nosotros conciencia de que es arte, sin embargo
parece naturaleza”.&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;(Kant. Crítica del Juicio)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Para Kant, la
obra de arte no es mera imitación de la naturaleza. Aún cuando la naturaleza
siempre superará al arte y ella (la naturaleza) es el principio de “lo
estético”, existe una autonomía que hace que percibamos, en la apreciación de
un producto artístico, un mundo independiente que nos atrapa, nos subyuga y nos
sumerge plácidamente en ese ambiente creíble y, en apariencia, “verdadero”,
pero que en definitiva ha sido construido magistralmente por un ser humano que,
con su sensibilidad, su destreza y su inventiva, se ha convertido en artífice
de una realidad, en el fondo virtual, no real.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Este fenómeno
estético se puede apreciar en todas las expresiones artísticas. Pero la
manifestación que nos ocupa en este ensayo, como ninguna, requiere un doble
esfuerzo de virtualidad. La literatura, y sobre todo la del género fantástico y
el de ciencia ficción, debe construir un mundo virtual, creíble y aceptable, en
dos niveles. Como ya lo han advertido los narratólogos, la creación literaria
ha de trabajarse, de hecho, en dos ámbitos o categorías bien diferenciadas: el
discurso y la historia. A nivel del discurso, entra en juego las habilidades
lingüísticas, es decir, el “creador” debe conocer y dominar el uso estratégico
del lenguaje, como instrumento de construcción de mundos virtuales. Por otro
lado, en el ámbito de la historia, la habilidad ya no es meramente
lingüística-discursiva, sino más compleja. El autor debe “inventar” un mundo
histórico, es decir, un espacio y un tiempo en el que interactúan personas
situadas en una realidad concreta, el cual luego será representado
lingüísticamente. Ese mundo, aunque es virtual, debe ser en apariencia real.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Pero la
literatura fantástica o de ciencia ficción, como advertimos más arriba,
requiere de un esfuerzo artístico mucho mayor, porque estos géneros están en la
obligación, a nivel discursivo y a nivel histórico, de construir realidades
creíbles y aceptables, cuando aquello que se narra no es “algo” apegado o
acorde a la realidad, tal como la conocemos en “nuestro mundo”, es decir,
racional, ordenado y armónico. Los personajes, las acciones, el espacio, el
tiempo, en fin, las categorías clásicas que conforman un mundo narrativo son
trastocadas, modificadas, incluso distorsionadas, con una finalidad estética,
pero a la vez deben ser presentadas con un halo de normalidad para que sean
aceptadas como una realidad autónoma.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Hasta aquí, en
este breve ensayo, hemos nombrado una categoría que junto a las clásicas de la
narración (personajes, acciones, tiempo y espacio) deben tomarse muy en cuenta
en la creación -o en el análisis- de cuentos fantásticos o de ciencia ficción:
se trata de la realidad.&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;La realidad
narrativa: espacio y tiempo&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;La realidad es
algo que ha ocupado no sólo a los literatos sino también a científicos y
filósofos desde tiempos inmemoriales. ¿Qué es la realidad? ¿Qué la conforma?
¿Cómo funciona? ¿Cuáles son sus límites? ¿Cómo la percibimos? ¿Existe realmente
o es una construcción de nuestra percepción? ¿Es verdadera o aparente? Éstas
son sólo algunas de las preguntas complejas que por siglos han tratado de responder
los filósofos y pensadores en general.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;De esa
complejidad no escapan los escritores, quienes están obligados a construir
realidades y, más aún, están comprometidos a crear personajes que deben
interactuar en esas realidades, los cuales para ser creíbles y autónomos deben
“situarse” en el mismo contexto que se hallaría un individuo instalado en la
realidad real, es decir, preguntarse sobre esa realidad, interrogarse sobre
cómo la percibe, dudar de su carácter verdadero, indagar sobre su funcionamiento
y conocer cuáles son los límites de esa realidad en la que está inserto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;El escritor
Julio Cortázar hablaba de “esfericidad” para referirse al limitado espacio
donde están ubicados los personajes de una narración literaria. Por tal razón,
la categoría “espacio” es fundamental por los límites que impone a la realidad
que se narra. Todo cuanto ocurre en un relato ha delimitarse a ese reducido
espacio. Recordemos el Macondo de Gabriel García Márquez, el Santa María de
Juan Carlos Onetti, el Comala de Juan Rulfo, sólo para hablar de pueblos; o la
humilde casa del cuento &lt;i&gt;Casa Tomada&lt;/i&gt; de Julio Cortázar o la casa de Carlos
Argentino Daneri en &lt;i&gt;El Aleph&lt;/i&gt; de Jorge Luis Borges, para referirnos a espacios
más limitados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;La realidad en
la literatura, entonces, está limitada por el espacio en que se haya lo
narrado, la historia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Además de la
limitación espacial que supedita la realidad, existe otra categoría fundamental
en los relatos de todo tipo: el tiempo. La realidad, desde una visión muy
kantiana por cierto, está situada en un espacio, pero también en un tiempo, en
un transcurrir. También para los narratólogos existe un tiempo discursivo (que
está representado en las formas gramaticales de tiempo: verbos, adverbios
temporales, conectores, estructura textual u ordenamiento) y un tiempo
narrativo, que es el que está en la historia que se narra. La historia
necesariamente tiene una progresión temporal lineal y progresiva (inicio-fin),
a diferencia del tiempo discursivo, el cual dependerá de la intencionalidad y
la habilidad del narrador de “contar” la historia en un orden y en un ritmo que
favorezca sus intereses.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Pero debemos
volver a la complejidad de la realidad narrada en una historia fantástica o de
ciencia ficción. Ambas categorías de la realidad son trastocadas. El espacio y
el tiempo son distorsionados, no sólo en el discurso, sino también en la
realidad misma que se narra. Sin embargo, para lograr esa autonomía como obra
de arte ambos han de ser tanto creados como percibidos (autor-lector) con
verosimilitud. Por tal motivo, las preguntas que se hacen los personajes de un
relato fantástico o de ciencia ficción son doblemente complejas cuando se
interrogan sobre la realidad en la que están situados. Deben experimentar
extrañeza, desconcierto, duda, miedo, sobre lo que le rodea, pues es para ellos
anormal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Estamos,
entonces, ante una doble realidad: la realidad distorsionada de lo acontecido
en la historia narrada y la realidad verosímil del discurso narrativo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Pero esto se
puede complejizar aún más.&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Las realidades
alternas en el discurso de la literatura fantástica&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;La narrativa
contemporánea (siglo XX e inicios del XXI) ha estado marcada por una tendencia
de matiz fantástico. Sea ciencia ficción o no, la noción de lo fantástico se ha
referido al hecho de cómo los personajes perciben lo maravilloso con normalidad
o lo cotidiano con sorpresa. De allí los términos literarios de “lo real
maravilloso” o “lo fantástico”, por ejemplo para autores, en el primer caso,
como Alejo Carpentier; y, en el segundo, como Julio Cortázar. En el primer
ejemplo, se narra algo que para muchos puede ser ciencia ficción, pero se
presenta con total normalidad porque realmente existe. El segundo está
conformado por narraciones que presentan historias donde lo normal o cotidiano se
narra como un acontecimiento fantástico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Ahora, tanto
las narraciones literarias como las mediáticas de ciencia ficción (cine y
televisión) han estado marcadas por historias donde la realidad de la historia,
además de trastocada o distorsionada, fundamenta esa complejidad en la
existencia de una doble realidad o de una realidad alterna.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Esto puede
ejemplificarse con la narrativa cinematográfica contemporánea. Para ello sirven
cuatro filmes: &lt;i&gt;Abre los ojos&lt;/i&gt; (1997), &lt;i&gt;The Matrix&lt;/i&gt; (1999), &lt;i&gt;Los otros&lt;/i&gt; (2001) y &lt;i&gt;El origen&lt;/i&gt;
(2010). Estas películas retoman algo clásico de la literatura: la existencia de
una realidad alterna a la realidad normal donde interactúan los personajes.
Algo que ya ocurría en las narraciones de Julio Verne, Lewis Carrol, entre
otros. Sea el mundo de los sueños para insertar ideas en los individuos (&lt;i&gt;El
origen&lt;/i&gt;), un mundo virtual creado por las máquinas que dominan el mundo de los
humanos (&lt;i&gt;The Matrix&lt;/i&gt;), un mundo paralelo de fantasmas que no se percatan de su
condición (&lt;i&gt;Los otros&lt;/i&gt;) o un mundo digital con estimulaciones virtuales para
preservar a los seres humanos en criogenia (&lt;i&gt;Abre los ojos&lt;/i&gt;), en todas las
películas no es lo fantástico o la ciencia ficción lo principal -esa es sólo la
clave narrativa-, lo fundamental es cómo los personajes perciben su realidad,
los límites de ésta y el engaño de sus percepciones&lt;b&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;,&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;En ese espacio
de tensión permanente que existe entre esas dos realidades se encuentran los
personajes de este tipo de historias, preguntándose sobre la percepción, sobre
la sensación, sobre el entendimiento de esas realidades que se debaten en ese
espacio histórico del relato.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;La narrativa
latinoamericana tiene un antecedente histórico en este tipo de historias, una
obra reconocida como un clásico de la literatura contemporánea: &lt;i&gt;La invención
de Morel&lt;/i&gt; del escritor argentino Adolfo Bioy Casares.&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;El caso: &lt;i&gt;La
invención de Morel&lt;/i&gt; y las preguntas sobre la realidad&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Adolfo Bioy
Casares nació en Argentina en 1914 y murió en 1999. Se le conoce, además de por
su obra, por su larga, fructífera y fuerte amistad con el también autor
argentino Jorge Luis Borges. Sirva este breve dato biográfico para abordar las
primeras aproximaciones a la obra. Bioy Casares y Borges compartieron no sólo
su pasión por la narrativa literaria, sino también por los problemas fundamentales
del ser humano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Son famosas
las reuniones que sostuvieron Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo y Jorge Luis
Borges, en las que no sólo reinó la literatura como tema principal, sino
también sobre la historia, el arte y sobre todo la filosofía. Gracias a estos
encuentros periódicos, desde mediados de la década de los 30 hasta mediados de
los 40, surgieron proyectos literarios en conjunto, como la famosa Antología de
la literatura fantástica (1940) preparada y prologada por los tres
intelectuales; o proyectos separados que tuvieron un gran impacto en la
literatura mundial, no sólo por la calidad escritural sino también por los
problemas fundamentales del hombre que se planteaban en los textos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Esa
profundidad, ese riesgo y esa perspectiva especial, para muchos, surgió de esa
interacción intensa que mantuvieron durante todas sus vidas, salvo por
alejamientos de índole político, estos intelectuales. Cuentan que la filosofía
siempre estuvo presente y, por tal razón permeó en los proyectos literarios. Por
tal razón, vemos temas transversales de gran significación humana en sus obras
como la eternidad, la vigilia y el sueño, la muerte, la inmortalidad, la
otredad, el tiempo, la mitología, la ciencia y un largo etcétera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;No es entonces
sorprendente intuir que surgiera una novela como &lt;i&gt;La invención de Morel&lt;/i&gt;, en la
que el autor argentino aborda temas fundamentales o esenciales para el ser
humano como lo fantasmagórico, el tiempo, el mito del eterno retorno, el
espacio, el tiempo, la experiencia sensible, la ciencia futurista, la razón y
la eternidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;En un prólogo
de la escritora argentina-española, Clara Obligado, preparado para una de las
ediciones de la novela, ésta intuye la esencia filosófica que caracteriza toda
la obra:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; font-size: x-small;&quot;&gt;“Según Kant,
las intuiciones del espacio son también intuiciones del tiempo. Pareciera que
sobre la representación de esta premisa filosófica trabajó Bioy, quien gustaba
de los infinitos juegos eróticos” (Obligado, 2011)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Para la
prologuista es muy difícil en la obra separar el discurso meramente narrativo
del discurso de “razonamiento filosófico” que plantea el texto. Varios son los
temas filosóficos que identifica la escritora: la soledad del hombre, el juicio
humano, los límites del amor, el destino y el mito del eterno retorno.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Lo mismo hace
Borges en el famoso prólogo que acompaña todas las ediciones de la obra. Borges
resalta la tensión entre la realidad sicológica del personaje y la realidad en
la que éste se mueve, la cual tiene un matiz fantástico. El escritor y amigo
del autor resalta el carácter especial de la obra de contar con una
“imaginación razonada”, es decir, no sólo el escrito sino también las
reflexiones del personaje principal forman apelan al uso de la razón a partir
de sus intuiciones y sensaciones de la experiencia empírica, sin abandonar un
ápice la imaginación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;La novela es
narrada en primera persona; un lugar propicio para la enunciación en un texto
literario de este tipo. Un personaje que se hace preguntas sobre la realidad
que lo rodea y el lector lo acompaña en sus cavilaciones.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Por tal razón,
las coordenadas espacio y tiempo son fundamentales desde un narrador en primera
persona, pues el lector se siente junto a él inmerso en esa específica
situación histórica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Así ocurre con
la categoría “espacio”, el cual está supeditado por un límite físico bien
definido: el personaje está en una isla. Esa limitación es un correlato de la
limitación que también posee de la realidad narrada. En otras palabras, la
realidad está limitada por los bordes de la isla. Todo cuanto sabe, percibe y
conoce el personaje-narrador está limitado por ese espacio geográfico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;En cuanto el
tiempo, éste es intencionalmente indefinido, pues con el ensoñamiento y la
atmósfera creada por el autor nos sumerge en una confusión temporal propicia
para el tipo de relato. El lector no llega a definir exactamente si es un
relato circular y lo narrado al principio es un efecto del desenlace; si se
trata de un relato en alternancia donde hay dos historias paralelas
entrelazada; o si es una línea progresiva de eventos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Esta son las
indicaciones preliminares para una reflexión sobre cuáles son algunos de los
planteamientos filosóficos asomados por Obligado y Borges en sus respectivos
prólogos y que en el apartado posterior intentaremos describir brevemente.&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Empirismo
filosófico en &lt;i&gt;La invención de Morel&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;La referencia
a Kant en el prólogo de la escritora Clara Obligado es clave. Kant despierta
del “sueño dogmático” del racionalismo, a partir de las reflexiones del
pensador escocés David Hume. No obstante, el aporte fundamental de Kant es la
reconciliación entre el racionalismo y el empirismo, pues toma del primero la
importancia de las intuiciones a priori que tenemos para entender un fenómeno
(espacio y tiempo) y, por otra parte, que el conocimiento humano se construye a
partir de la experiencia empírica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Como dijimos
más arriba el personaje principal de La invención de Morel se debate entre lo
que percibe desde su individualidad y lo que sucede en la realidad donde se
encuentra, la cual la percibe, la siente, la piensa o racionaliza, a partir de
las afectaciones que esa situación especifica producen en él. Y ese es la
acción central del personaje: ir percibiendo y registrando la experiencia
empírica que le genera el entorno y, al mismo tiempo, ir racionalizando y actuando
en consecuencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;A lo largo del
relato, el fantasma reflexiona sobre los problemas de su propia percepción y es
consciente de sus limitaciones para conocer tanto física (“Hay una dificultad
material para verlos: están en lo alto de una colina”) como de entendimiento
(“¿Qué debo pensar?”). Así como también expresa la categorización de su
experiencia empírica y de su experiencia racional (“Hay dos hechos –un hecho y
un recuerdo- que ahora veo juntos, proponiendo una explicación”).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Como si fuera
un seguimiento al modelo del empirista John Locke (1632-1704), el fantasma
durante el relato va examinando las capacidades y límites de su entendimiento
para establecer con claridad la naturaleza de lo que está percibiendo. Así va
enfrentado, poco a poco, lo que al principio es un misterio pero que
paulatinamente va entendiendo como su destino.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Al inicio del
relato, el personaje principal (como en la mayoría de los relatos literarios)
no tiene en él ni expuesta ante el lector ninguna experiencia. Es, en lenguaje
de Locke, una &lt;i&gt;tabula rasa&lt;/i&gt; que tanto el personaje como el lector van
construyendo juntos a medida que avanza el relato. De esa forma, el personaje
en una vivencia compleja de su realidad va percibiendo experiencias externas
(ideas simples de sensación) que a su vez producen una experiencia interna
(ideas simples de reflexión); para así en una operación mayor crear esas “ideas
complejas” que le permiten instalarse conscientemente en la realidad. Es decir,
asumir su destino.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Es importante
también notar en el relato lo que otro empirista, George Berkeley (1685-1753),
inmortalizó con su expresión &lt;i&gt;Esse est percipi&lt;/i&gt; (“Sólo existe aquello que es
percibido”). Y no se trata sólo de lo que va registrando en su cuaderno de
anotaciones el personaje principal, sino él mismo ante los otros personajes del
relato. Todo lector termina deduciendo que el personaje principal es un
fantasma, pues no existe para los demás: no es percibido. Él se percibe a sí
mismo pero entiende, luego de una racionamiento lógico, que no existe para los
demás. Allí se da la partición más importante de las dos realidades del relato,
pues se fractura, desde la perspectiva de Berkeley, las leyes de la naturaleza
que le dan orden, estabilidad y coherencia a la realidad y, por ende, a las
ideas. De allí, la metáfora de la existencia de dos soles y dos lunas en el
relato. Es la prueba de que dos realidades están yuxtapuestas. Lo magistral en
Bioy Casares es que no sabemos nunca cuál es la alterna y cuál es la verdadera,
pues en momentos podemos pensar que “los demás” son producto de la máquina
científica de Morel; o, por el contrario, la generación virtual del invento de
Morel es el propio fantasma. Allí comienzo una tensión progresiva del relato,
producto del enfrentamiento de las dos realidades.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Por tal
motivo, tanto Locke como Berkeley ilustran muy bien lo que acontece
filosóficamente en el relato. Pero además, desde las críticas a sus modelos,
también provocan otra reflexión necesaria.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;En el caso de
Locke, es importante recordar la más importante crítica a su modelo: las ideas
como un “velo” que distorsiona o hace imposible acceder a la realidad misma.
Algo magistral en la escritura de Bioy Casares, es que no llegamos a dilucidar
si el autor, de manera consciente, teje ese velo alrededor de la realidad que
percibe el personaje principal, precisamente para mantener la “tensión interna
del relato”. En la literatura policial, pero también en el relato fantástico y
ciencia ficción, lo que algunos críticos llaman la tensión interna del relato,
se mantiene gracias a la manipulación de la naturaleza o los niveles de
información que manejan los personajes. Lo que Locke llama “grados de
percepción y certeza” están distorsionado en la novela, debido a que el autor
lo hace de manera deliberada para lograr esa autonomía que se busca en una obra
literaria.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Por su parte,
la crítica principal al modelo de Berkeley es la posibilidad de un escepticismo
radical, pues si “sólo existe lo que es percibido”, entonces no estamos ante la
realidad misma, sino ante un conjunto de percepciones que creemos es la
realidad. Ese es otro provecho filosófico que echa mano para su ejecución
literaria Bioy Casares. El lector, inmerso en ese ensoñamiento que causa la
forma magistral con el que está construido el relato, cree que lo que está
presenciando es la realidad, cuando esencialmente es la percepción particular y
distorsionada que tiene el personaje principal sobre lo que le rodea. Y de ahí
surge la estrategia “engaño-desengaño” de muchos relatos literarios. El que el
lector crea que es la realidad, cuando en el fondo es la percepción de un
personaje es un recurso clásico de la literatura.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;De David Hume
(1711-1776) sólo recojo su concepto de “inconsistencia ontológica”. En el
relato, la relación de causalidad no es una relación necesaria. Es decir, no
existe una relación causal evidente en la cadena de acontecimientos que se dan
en el relato como en la percepción que tiene el personaje principal sobre
ellos. Asimismo, las impresiones del personaje principal provocan sólo
creencias, las cuales, por la falta de interacción con la realidad, se le hace
imposible comprobar conscientemente. Por ello, jamás sabe si Faustine le ama.
Él lo cree, pero no lo sabe a ciencia cierta. Y también confunde cuando razona
desde la conciencia o la inconsciencia (“En verdad, hay que tener una
conciencia muy dominante y audaz, confundible con la inconsciencia”).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Por último,
Kant. Pareciera que el personaje principal, como el recorrido del propio Kant,
va del empirismo a la conciliación de éste con el racionalismo. Llega a
conclusiones razonables luego de categorizar, desde sus intuiciones más puras, los
fenómenos que ha percibido. Eso lo hace a partir de la página 104 (versión
utilizada para el análisis) en la que arguye: “A continuación corrijo errores y
aclaro todo aquello que no tuvo aclaración explícita”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Así, vemos
cómo de ese entendimiento, que va más allá de los fenómenos mismos, surge la
razón, la razón como aceptación de su destino y perpetuarse hasta la eternidad
en ese desenlace final de vivir para siempre en una semana ideal con su amada
Faustine y gracias a la invención de Morel.&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;A manera de
breve conclusión&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Hay una clave
en el relato que sintetiza el espíritu de lo que hasta aquí hemos descrito:
“... si Madeleine estaba para la vista, Madeleine estaba para el oído,
Madeleine estaba para el sabor, Madeleine estaba para el olfato, Madeleine
estaba para el tacto: ya estaba Madeleine”. Aquí vemos cómo la percepción y las
ideas que ésta genera (sean impresiones o sensaciones) son las que construyen
la realidad del individuo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;El personaje
principal concluye que prefiere vivir en la virtualidad que genera la máquina
inventada por Morel, pues allí esas impresiones y sensaciones le permiten vivir
en esa realidad que anhela y que desea: estar hasta la eternidad con su amada
Faustine. El mismo destino que prefieren algunos personajes de las películas
que mencionamos anteriormente, que deciden vivir eternamente en una realidad
virtual generada por computadoras o la inducción al sueño criogénico (&lt;i&gt;The
Matrix&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Abre los ojos&lt;/i&gt;) que la realidad real que es caótica e injusta con sus
vidas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;Esta misma
reflexión tuvo efectos en lo ya planteado por Karl Marx como conciencia falsa,
es decir, de como nuestras percepciones particulares nos recrean una realidad,
la cual asumimos como verdadera y que legitima de alguna forma nuestra vida de
esclavos de la sociedad capitalista. La moraleja literaria es que algunos
prefieren vivir en los sueños placenteros y no en la realidad real, aun cuando
ambas son creadas en nuestra mente a partir de percepciones y estímulos. He
allí que la doble realidad no sólo existe en la literatura sino también en la
vida misma. Y es menester del individuo tomar una decisión entre esas dos
realidades.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;No obstante, a
pesar de que el personaje principal toma la decisión de vivir eternamente en la
realidad virtual, deja una instrucción clara al final del texto: “Al hombre
que, basándose en este informe, invente una máquina capaz de reunir las
presencias disgregadas, haré una suplica. Búsquenos a mí a y Faustine, hágame
entrar en el cielo de la conciencia de Faustine. Será un acto piadoso”. En otras
palabras, confía en que esa eternidad, falsa y virtual, puede ser interrumpida
para salir de allí y, en un acto piadoso, de alguna forma morir, dejar de
percibir, dejar de tener experiencias falsas, impresiones engañosas y, en
definitiva, no estar en realidad alguna, salvo en el recuerdo de su Faustine. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Antonio Núñez Aldazoro&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot;; font-size: 12.0pt;&quot;&gt;diciembre de 2012.-&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2013/02/la-doble-realidad-en-la-literatura.html</link><author>noreply@blogger.com (Prof. Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhj5Uedd1J3T5z-PUsPZL5hA2KmkKxkabc4yWn0fKEEm02_gRuQw4rmsBcFVfVhmZyJLaEu0FaKWaT0soizPvXewPDtlu8RE13aS8OCEbrTyaG2pRIJsFE1ghAR6j-1pwlgIscvTqcqglfl/s72-c/La-invencio%CC%81n-de-Morel.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-4851831757018526667</guid><pubDate>Sun, 03 Feb 2013 15:14:00 +0000</pubDate><atom:updated>2019-07-26T17:14:30.925-04:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Análisis del discurso</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">filosofía</category><title>Ética: decisión y argumentación</title><description>&lt;style&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;b&gt;Preliminar: &lt;/b&gt;Este texto lo difundo con autorización de la profesor Carlos Molina (UCA)&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;. Es un ejercicio ensayístico para la asignatura Introducción a la Ética del Curso Propedéutico del Doctorado de Filosofía Iberoamericana de la UCA.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;La acción moral no
sucede en el vacío, acaece en sociedad, en interacción permanente con otros
individuos y con otros grupos sociales. Los componentes que conforman la
sociedad están en permanente diálogo discursivo y cualquier decisión que sea
tomada por uno de ellos, en una situación concreta que posee implicaciones
morales, requiere necesariamente ser justificada, legitimada ante otros, es
decir, exige ser explicada argumentativamente. Las decisiones éticas requieren
de explicaciones, pero más que eso exigen un aparato retórico que las
sustenten. De allí, que el lenguaje y el discurso tenga un papel preponderante
en la ética. Con lenguaje construimos realidades, pero también justificamos
ciertas realidades o nuestra acción moral en esa realidad llena de individuos.
Con el discurso se materializa la interacción de los individuos que están
situados en esa realidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Por tal razón, no
resulta difícil concebir que las teorías éticas contemporáneas son fundamentalmente
apelaciones lingüísticas y argumentativas que se utilizan para construir
aparatos retóricos que permiten, efectivamente, defender de manera justificada
la toma de una opción o la elección de una decisión en una situación particular
o cuando enfrentamos un problema concreto que tiene implicaciones morales. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Tampoco es exagerado
decir, entonces, que la ética aplicada, en nuestra sociedad contemporánea actual,
terriblemente determinada por intereses particulares de poderosos que siguen
ejerciendo opresión sobre los más débiles; contextos cubiertos por realidades
enmascaradas que ocultan las verdaderas situaciones en las que el ser humano
actúa; y, por último, con un mundo lleno de simulacros construidos por nuevas y
sofisticadas formas de elaboración virtual, es decir, nuevos medios de
comunicación y digitales; apelar a la “ética” (con comillas) es, en última
instancia, un ejercicio técnico de toma de decisiones que, a su vez, exige
simultáneamente desplegar un esfuerzo argumentativo que, desde el propio
lenguaje, sustente tanto el proceso de decisión ética como la toma concreta de
una opción.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Y hablamos de dos
momentos, porque se apela a una teoría como el utilitarismo o el consecuencialismo,
para justificar que en el proceso ético-argumentativo fueron tomadas en cuenta
implicaciones sobre la utilidad que tendrá la decisión ética o las
consecuencias que ésta acarrería. En el campo argumentativo concreto, antes de
la toma de la decisión, se construye lingüísticamente esa etapa del proceso
porque “estás tomando en cuenta utilidades y consecuencias” y, después de la
toma de la opción, sea cual se el resultado, se apelará retóricamente a que
fueron evaluadas en todas las opciones posibles, sus utilidades o
consecuencias. Así el proceso “está blindado” y permite la casi automática
aceptación de los otros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Ante esto, teorías como
la virtud, quedan totalmente neutralizadas. Una teoría que se basa en
cuestiones relativas a cómo debe vivir cada quien para configurar su propio
carácter, para que en una futura situación moral concreta el individuo pueda
tomar una decisión correcta y que además responde a la manera en que en su
historia particular supuestamente el individuo ha forjado su carácter y su personalidad, para así tener con los años la
fortaleza, el coraje, el arrojo y la sabiduría suficiente para decidir
correctamente, no tiene fuerza argumentativa. Éste no es un argumento válido
desde una perspectiva retórica. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Además, en una sociedad como
la nuestra, mostrar o demostrar que una decisión ética es correcta porque la
persona tiene coraje, valor o sabiduría no tiene fuerza argumentativa. Incluso,
puede resultar un contraargumento, pues ello se podría criticar fácilmente con denuedo,
pues se podría afirmar que quien decidió o los que apoyan la decisión, sólo
tomaron en cuenta el buen carácter o la sabiduría de quien la tomó, y no las utilidades
y las consecuencias de lo decidido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Sin embargo, muchos
apelan a la argumentación ética basada en el carácter, la experiencia y el coraje
de quien decide, pero ésta es una falacia argumentativa conocida como &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ad honimem&lt;/i&gt;, muy usada en nuestro entorno presidencialista,
mediático, farandulero, en el que la política o la acción moral pública la
protagonizan decisores “sacados” de los &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;mass
media&lt;/i&gt;. Situaciones morales sobran en la que se apela más a la persona que
decide que al argumento mismo que podría apoyar o legitimar cualquier
decisión moral, siendo, como su nombre lo indica, una apelación falaz. Estamos
ante un argumento basado sólo en el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ethos&lt;/i&gt;,
es decir, en la capacidad retórica del individuo, no en su carácter en
realidad, sino más bien argumentos vacíos fundamentados en la imagen retórica
que proyecta quien argumenta. Por tal razón, la virtud, como argumento, es débil
aunque es muy usado en nuestra sociedad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;He allí la fuerza
argumentativa de teorías éticas como el consecuencialismo o el utilitarismo, pues
en los silogismos éticos que plantean la toma de una decisión moral en una
situación concreta, como referimos antes, ambas teorías se “plantan” en toda la
estructura, tanto como &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;premisa&lt;/i&gt;, pues
se tomaron en cuenta antes utilidades y consecuencias posibles; como en las &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;conclusiones&lt;/i&gt;, pues sea cual sea el
resultado, los cálculos utilitarios o consecuencialistas están implícitos en el
producto final. En otras palabras, se convierten en un fuerte argumento bajo la
forma de &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;entimema&lt;/i&gt;, es decir, aunque
no estén explícito en la conclusión, tiene un alto poder retórico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Un ejemplo lo vemos en
el caso de la guerra. La teoría del &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ius
in bello,&lt;/i&gt; uno de los de tres requisitos es el de “proporcionalidad“, indica que las malas consecuencias esperadas de un acto de guerra no deben
superar o ser mayores que sus esperadas consecuencias buenas. Rétoricamente,
es fuerte el argumento, y de hecho lo conocemos como “riesgo calculado” en
materia bélica. La sociedad acepta las consecuencias de la guerra (heridos y
muertos inocentes, destrucción de patrimonio cultural, etc.) no por el acto
moral en sí de la guerra (defensa nacional, por ejemplo), sino porque hay un
argumento consecuencialista muy poderoso: es el costo calculado de la guerra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Por último, lo realmente
importante de lo planteado aquí es preguntarse cuándo una argumentación en sí
es ética o no. “Lo ético” no sólo ha de limitarse a la postura o la toma de
decisión que asumimos en una situación con implicaciones morales, sino también
hay que cuestionarse si la argumentación que construimos para justificar,
legitimar o garantizar nuestra acción es guiada por valores o virtudes y no
simplemente para encubrir retóricamente la decisión misma. Aristóteles, el
filósofo, es buen ejemplo para responder esas interrogantes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;La Retórica de
Aristóteles fue escrita, fundamentalmente, no para encubrir posturas políticas,
sino más bien para la toma racional de decisiones en los discursos públicos.
Por tal razón, el Estagirita jamás perdió de vista la relación entre su
planteamiento ténico de cómo argumentar y la postura ética de quien argumenta. Pero
eso es tema para otros ensayos futuros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Antonio
Núñez Aldazoro&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;right&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Martes, 4 de diciembre de 2012.-&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;blogger-post-footer&quot;&gt;http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss&lt;/div&gt;</description><link>http://ajnunezdiscurso.blogspot.com/2013/02/etica-decision-y-argumentacion.html</link><author>noreply@blogger.com (Prof. Antonio Núñez Aldazoro)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEigkRxHLslyKMkiT9HM2s82jo1OV___L45lqPHULilkPwHhp_pNJ-VgPXXS_FV3eZfKxe3_c9WxAuskxoaap9Lva6jtTzJjIzi0rM4AtjSb4IZ0alTPSlOaQoYrQwTvbSzYEK1OPmCTxoc6/s72-c/etica.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7251804784368733668.post-3230228818521517600</guid><pubDate>Thu, 29 Nov 2012 02:06:00 +0000</pubDate><atom:updated>2019-07-26T17:14:51.257-04:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">filosofía</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">identidad</category><title>El caos, las tinieblas y la mujer (Breve análisis de la Introducción del libro “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir)</title><description>&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhNt0pJgLYZbTq0ZE8wH67UFNdtEZ8CWWCPSuPnRlGmflb4dPtZGwuBw_uajwaBU1_lddN2zSWKgiOy4YCA22DhYCzOCVHaUqCTC2Bhb_OLCdBmkyXUm4X0YkOc3U_U1kimrO75VqY2zj6N/s1600/simone-de-beauvoir-el-segundo-sexo-los-hechos-y-los-mitos-si_MLA-F-3178337834_092012.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;300&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhNt0pJgLYZbTq0ZE8wH67UFNdtEZ8CWWCPSuPnRlGmflb4dPtZGwuBw_uajwaBU1_lddN2zSWKgiOy4YCA22DhYCzOCVHaUqCTC2Bhb_OLCdBmkyXUm4X0YkOc3U_U1kimrO75VqY2zj6N/s400/simone-de-beauvoir-el-segundo-sexo-los-hechos-y-los-mitos-si_MLA-F-3178337834_092012.jpg&quot; width=&quot;400&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;b&gt;Preliminar: &lt;/b&gt;Este texto lo difundo con autorización de la profesor&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;a&lt;/span&gt; Olga Vásquez (UCA) para los estudiantes de la asignatura &lt;i&gt;Análisis de textos filosóficos&lt;/i&gt; como un modelo &lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;para el&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;abordaje&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; &lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;arial&amp;quot; , &amp;quot;helvetica&amp;quot; , sans-serif;&quot;&gt;de sus textos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;I. Primer acercamiento contextual: Dedicatoria, epígrafes y nota&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;La
escritora y filósofa francesa Simone de Beauvoir no pierde siquiera un espacio
en el texto introductorio del libro “&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El
segundo sexo. Los hechos y los mitos&lt;/i&gt;” (1949) para ubicarnos en la
problemática que desarrollará a lo largo del texto. Desde la dedicatoria, los
epígrafes y denominada “nota”, &lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;georgia&amp;quot; , &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;d&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;e Beauvoir deja entrever cuál será su mapa de
redacción. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Si
bien para muchos analistas de textos, desde diversas disciplinas, el contexto
inmediato del texto lo comprenden sólo las características formales inmediatas
que acompañan el texto analizado (“cotexto” en gramática), es necesario
diversificar minuciosamente estos componentes para echar luces desde el
contexto inmediato (cotexto) hasta el contexto general del texto, lo cual nos
permitirá “echar” luces sobre el texto analizado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Por
tal razón, la dedicatoria y los epígrafes no pueden pasar desapercibidos pues éstos
aportan elementos del contexto que nos ayudan a entender la propuesta general
de la escritora. En el caso de la dedicatoria, ésta merece una breve mención.
De Beauvoir dedica el libro que desarrollará al periodista y escritor francés
Jacques-Laurent Bost, señalado por algunos como el responsable del título de la
obra, además de amante de la propia escritora y amigo en común de su pareja de
toda la vida, el filósofo francés Jean Paul Sartre. La referencia a Bost no
señala otra clave que no sea la discusión que junto a él y seguramente Sartre
tuvo De Beauvior para concebir lo que sería “&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El segundo sexo&lt;/i&gt;”, un libro por demás polémico y provocativo, pero
rodeado de esa aura de discusión intelectual de la Francia inmediata a la
postguerra y en el que las mujeres y los movimientos feministas, renovados con
el triunfo de los aliados sobre la amenaza nazi, requerían nuevas claves
teóricas para emprender una nueva discusión sobre el papel de la mujer en ese
momento histórico. De hecho, el libro es en respuesta a una propuesta que le
hace el propio Sartre a la escritora a partir de la pregunta “¿Qué significa
ser mujer?”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Los
epígrafes, fundamentalmente, aportan las claves generales de la redacción no
sólo del libro, sino también de la propia introducción. Detengámonos un momento
en el primer epígrafe, escrito por el filósofo y matemático griego Pitágoras de
Samos (580 a. C.–495 a. C.): “Existe un principio bueno que ha creado el orden,
la luz y el hombre, y un principio malo que ha creado el caos, las tinieblas y
la mujer”. En el análisis crítico del discurso (Van Dijk, 1998), los productores
textuales construyen el carácter ideológico de los grupos sociales asociándolos
con otros grupos o elementos. En otras palabras, los escritores “disponen” estratégicamente
esos grupos de relación a un determinado actor social para construir su
identidad ideológica. En esa confrontación ideológica “ellos-nosotros” (que
también explotará Simone De Beauvior en el cuerpo del texto analizado) se nota
claramente contra quién y contra qué irá la escritora francesa en su libro:
contra la cultura occidental (nacida en la Grecia esplendorosa) que ha
“colocado” a la mujer en ese grupo socio-cultural de “el caos y las tinieblas”,
sometiéndolas al de “el orden y la luz” asociado desde la antigüedad al hombre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Una
vez colocado el epígrafe de Pitágoras, en el que la mujer tenebrosa y caótica
se somete al orden y claridad del hombre dominante de la cultura occidental, de
inmediato nos propone un epígrafe del escritor y filósofo francés François
Poulain de la Barre (1647-1723) uno de los precursores de los movimientos de
hombres pro-feministas. Dice de la Barre: “Todo lo escrito sobre las mujeres
por los hombres debe ser sometido a sospecha, ya que son a la vez juez y parte”.
No cabe duda que De Beauvoir, en la colocación comparativa de ambos epígrafes,
ya comienza a desarrollar su estrategia argumentativa general, el aparato
retórico que funcionará cabalmente a lo largo del texto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;El
resultado argumentativo nos señala que a pesar de que nuestra cultura
occidental ha asociado a la mujer al caos y la oscuridad y por esa razón ha
tenido que someterse por siglos al hombre, quien detenta la capacidad del orden
y el conocimiento, toda esta construcción ha sido hecha por los propios
hombres, de los cuales, por supuesto, debemos desconfiar porque además de haber
hecho tal “orden” ha sido juez y parte y, por lo tanto, ello lo descalifica.
Sobre eso, la escritora francesa levantará su propuesta argumentativa que
transversará el resto del texto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;También
es fácil deducir, a partir de los epígrafes, el tenor filosófico que tendrá el
texto. La colocación de Pitágoras y Poulain de la Barre, como referencias
previas, además del carácter argumentativo que nos presenta en un principio,
también nos asoma qué nos espera: un diálogo de posturas filosóficas
antagónicas sobre la mujer en el mundo occidental caracterizado por la postura
dominante del hombre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Por
último, en este primer apartado, es necesario comentar la “Nota” que coloca
Simone de Beauvoir, antes del inicio de la introducción. En análisis de textos,
desde la perspectiva pragmática, es sumamente importante las denominadas deixis
temporales, pues éstas, como elementos gramaticales que dan cuenta del tiempo,
ofrecen coordenadas necesarias para entender el contexto temporal del texto
analizado. Los analistas se esmeran en encontrar, clasificar y explicar
elementos discursivos tan simples como “ahora”, “recientemente” y sobre todo fechas,
para entender globalmente aquello que analiza. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;La
escritora francesa nos ofrece, antes de la lectura, las coordenadas temporales
de redacción de su texto, para ahorrarles el trabajo a los lectores y a los
investigadores. De manera estratégica, con lo cual además demuestra su
conocimiento del arte y la técnica de la escritura, De Beauvoir nos dice que el
texto fue escrito entre 1948 y 1949 y que cuando en él utiliza deixis
temporales se refiere a ese período. Asimismo, nos explica que las referencias
que pondrá en la construcción de su trabajo serán de trabajos realizados antes
de la fecha de la publicación original del texto (1949). Esto nos ofrece una
exactitud temporal del contexto de enunciación (producción original del texto)
que facilita la comprensión a lectores e investigadores. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Como
dijimos anteriormente, año 1949, período de la postguerra, de reconstrucción
social e industrial de los Estados Unidos bajo la presidencia de Harry Truman,
pero también un año convulsionado por la partición de Alemania en dos con lo
que se funda la división cultural más evidente entre oriente y occidente y que
intensifica la denominada Guerra Fría; año en el que las tropas revolucionarias
chinas ocupan Beijing para que en octubre se proclame China como República
Popular y asuma Mao Zedong. Pero también, la época del París intelectual y muy
activo en la producción de conocimiento en ciencias sociales. En definitiva,
una intelectualidad, como la que es parte Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre
y Jacques Bost, que busca dar explicación a un mundo que en paz “relativa” no
ha dejado de convulsionarse por el reacomodo geopolítico global, y donde es
fundamental repensar a la mujer y su “sitio” en ese momento fundamental para la
historia contemporánea occidental.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Vemos
entonces como antes de comenzar la propia lectura del texto, los aportes
contextuales de los primeros elementos analizados nos brindan herramientas para
entenderlo, en definitiva, para analizarlo con propiedad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;II. Elementos de la estructura externa&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Antes
de emprender la exposición del esquema básico del texto o de la organización de
su contenido es necesario, luego del brevísimo análisis de los elementos
contextuales hechos en el apartado anterior, explicar la estructura “externa”
del escrito. Llamamos estructura externa los componentes pragmáticos que
conforman el enunciado. Ya algunos los hemos asomado en el punto I de este
trabajo, pero para seguir el método de análisis pragmático-discursivo, es clave
explicar algunas características del texto como un enunciado específico que, al
tenerlas en cuenta, contribuyen también tanto a su análisis como a su
comprensión.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Por
ejemplo, es fundamental entender que el texto a analizar, como tipología
textual, es una &lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;introducción&lt;/b&gt;. Por lo
tanto, tiene funciones específicas en un contexto textual mayor, que es el
libro “&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El segundo sexo&lt;/i&gt;” completo.
Fundamentalmente, las introducciones, como su nombre lo indica, introducen al
lector en los temas y tópicos que se abordarán a lo largo del libro. Debemos
tener en cuenta que las diez (10) páginas que analizamos para este trabajo
presentan preliminarmente lo que se abordará en profundidad en el texto mayor,
que según diversas ediciones supera las mil páginas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;La
tipología textual “Introducción” nos brinda las claves teóricas que nos ayudará
a entender el texto mayor al que nos introduce. Siendo un reto
teórico-filosófico para la escritora, por el hecho de responder a una pregunta
esencial como ¿Qué es ser mujer?, el texto presenta diversas nociones
filosóficas de gran relevancia como Conceptualismo, Nominalismo, Alteridad,
entre otras, sin cuyo manejo será difícil emprender no sólo la lectura de la
introducción, sino fundamentalmente del libro completo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;También
forma parte de esa estructura externa un elemento pragmático fundamental como
lo es el título de la obra. Tal como analizamos brevemente los epígrafes, la
dedicatoria y la llamada “Nota”, es pertinente detenerse un segundo en el
título: “&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El segundo sexo. Los hechos y
los mitos&lt;/i&gt;”. En primer lugar, de Beauvoir coloca a la mujer en el lugar de
donde quiere sacarla. Ella, la mujer, está allí producto de aquello que
comentamos en el apartado anterior: una cultura occidental que la supedita como
producto del mal y el caos, al orden y las luces del hombre. Por ello, ese
“segundo lugar” en la escala o &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;ranking &lt;/i&gt;sexual
del género humano. Asimismo, una vez más, volvemos a ver pistas de su aparato
retórico. El subtítulo nos sugiere que esa construcción “hombre” ha sido
supeditada por “hechos”, los cuales comentará, pero sobre todo “mitos”, es
decir, por historias iniciáticas pero sin un fundamento en la realidad real,
pero que a partir de ella se construye de manera legítima la historia oficial.
Así busca “desmontar” ese aparato cultural que por siglos ha sometido a la mujer.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Antes
de terminar este apartado es clave conocer el modo de organización discursiva
del texto que analizamos. Muchas veces, los malos análisis textuales sólo
abordan el contenido sin ver de qué modo estuvo dispuesto u organizado. Ello es
fundamental porque, desde el Análisis del Discurso, el modo de organización
discursiva da cuenta de la intencionalidad del productor textual, algo que en
la mayoría de los casos no está “inscrito” en los textos, pero que puede
inferirse a partir del modo en el que está redactado. Esto se refiere
básicamente a si es un texto narrativo, argumentativo, expositivo, dialogado.
La introducción del texto es argumentativa pues busca convencer, persuadir,
mover a los lectores a una postura acerca del tema.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Por
último, el lugar de la enunciación. Cuando un texto es argumentativo es
estratégico, de acuerdo a la prominencia o reconocimiento social de quien
escribe hacerlo en primera persona. Simone de Beauvoir escribe “&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El segundo sexo&lt;/i&gt;” desde la primera
persona. La escritora no se oculta o se desvanece tras el velo estratégico
también para algunos de la tercera persona. Ella asume íntegramente la
responsabilidad de lo que escribe y el desarrollo teórico-filosófico que
emprende. De hecho, de Beauvoir lo textualiza tal cual en el texto analizado:
“Si quiero definirme, estoy obligada antes que nada a declarar: “Soy mujer”
(p.3).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;III. Organización del contenido. Principales ideas del texto&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Una vez definidos elementos
contextuales y elementos de la estructura externa inmediata al texto,
emprendemos brevemente el esquema básico del texto. La introducción del libro
“El segundo sexo. Hechos y mitos” de Simone de Beauvoir consta de 17 párrafos
sin intertítulos, lo cual sugiere la brevedad de su extensión, pero también la
lectura breve que ello implica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;A. Párrafo I. Estado del arte sobre la cuestión. &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Aquí la escritora emprende un recorrido
crítico por la discusión pública en torno a la mujer y lo femenino. Se pregunta
¿Dónde están las mujeres? y ¿Qué es una mujer? Asimismo, alerta sobre el
peligro de la “feminidad” y enuncia como ha sido descrito dicho término desde
algunos paradigmas teóricos. Aquí es importante la noción desde el
conceptualismo y las ciencias sociales; algo que hará &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;in extenso&lt;/i&gt; en las primeras páginas del
libro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;B. Párrafo II. La noción de la mujer como ser humano es abstracta&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;. En este breve párrafo la filósofa echa
mano de otro paradigma: el nominalismo. Y advierte que este se queda corto
también para demostrar qué es una mujer debido a su carácter abstracto del
mismo (eterno femenino), ya que en la realidad, como en los casos referidos en
el párrafo, la noción de mujer está ligada a su situación (ser situado).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;C. Párrafo III. Los hombres y las mujeres en esta situación son
diferentes&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;. Aquí,
de Beauvoir deja claro la existencia de dos categorías de individuos
diferenciados en apariencia, la cual podría desaparecer.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;D. Párrafo IV. Replantear la pregunta: ¿Qué es una mujer? &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Ante la imposibilidad de definir a
la mujer desde el nominalismo y la situación específica, así como dada la
evidencia de su existencia diferenciada, la escritora replantea la pregunta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;E. Párrafo V. La obligación de la mujer a identificarse ante la
no-obligación del hombre.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt; En este extenso párrafo, la escritora francesa describe en detalle la
obligación de la mujer de identificarse como tal, ante la total ausencia de
obligación del hombre de dejar claro quién o qué es. Ello debido a la
dominación cultural occidental masculina, en la que la diferencia es ser mujer
y lo normal-invisible es ser hombre. Por tal razón, de Beauvoir arranca de la
asumisión personal de su condición de mujer, verdad de la cual “se extraerán
todas las demás afirmaciones”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;D. Párrafos VI y VII. “Ellos y nosotras”. La alteridad y la otredad en
Simone de Beauvoir.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;
Estos párrafos son claves para entender la propuesta teórica de la filósofa
francesa. La otredad, la alteridad y el dualismo son fundamentales para llegar
a la definición buscada de ¿Qué es ser mujer? A pesar de que los mitos
iniciáticos de la cultura son duales nunca estuvieron asociados con la dualidad
hombre-mujer. Y a pesar de ser duales, juntos conformaban un “nosotros”. La
escritora advierte que no ha sido así con la relación hombre-mujer. Ha sido una
invención humana y masculina el insistir en una distinción estática de la mujer
frente al hombre, “negativa-ella ante positivo-él”, lo cual produce su
sumisión. Aduce que una categoría domina a otra, incluso siendo ésta una
mayoría (las mujeres). Concluye que no es posible, a pesar de esa dominación una
escisión en la sociedad por sexos, a pesar de que la mujer siempre será “Lo
otro” y no parte del “Nosotros” de la sociedad en su conjunto. Aquí ronda un
término clave que es el “&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;mitsein&lt;/i&gt;” que
se traduce como el ser con los otros, es decir, la construcción de nuestro ser
a partir de nuestra posición con los otros, muy vinculado a la “alteridad”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;E. Párrafo VIII. Hombres y mujeres no son iguales.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt; A pesar de la “necesidad biológica”
y el “deseo de posteridad” del macho, éste depende de la hembra, pero no
favorece su emancipación. Simone de Beauvoir compara la relación amo-esclavo
con la de macho-hembra, para explicar porqué no ha sido posible la emancipación
de la mujer en contraste a la paulatina y lenta emancipación de los explotados.
Ello, porque los débiles siempre han sido “diferentes”, en cambio la mujer ni
siquiera se le ha reconocido su igualdad o su diferencia, en un mundo que
pertenece a los hombres y en el que ambos económicamente constituyen dos castas
distintas, lo cual imposibilita el despliegue de su otredad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;F. Párrafo IX. El comienzo de la historia.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt; Como buena escritora crítica, la
autora se percata de que es necesaria darle un contexto histórico a sus
planteamientos y emprende desde este párrafo dicha tarea. Sin embargo, lo hace
con la esperanza de que en el año de su planteamiento, 1949, las cosas están
cambiando. “De dónde proviene que ese mundo siempre haya pertenecido a los
hombre y que solamente hoy empiecen a cambiar las cosas” (p. 6).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;G. Párrafo X. Hombres: creadores de la historia.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt; Aquí Simone de Beauvoir rescata el
segundo epígrafe del comienzo del libro, del feminista francés Poulain de la
Barre, para explicar que han sido los hombres, desde el nacimiento de la
cultura occidental (recordemos a Pitágoras), quienes han escrito una historia
que fundamenta y legitima el mundo de dominación masculina sobre la mujer.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;H. Párrafo XI. Miedo a la emancipación de la mujer.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt; Enumera la escritora los temores de
la burguesía conservadora ante los avances de las mujeres, fundamentalmente “la
competencia”. Es decir, la inminente igualdad que poco a poco logran las
mujeres no sólo en el campo económico y profesional, sino también intelectual.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;I. Párrafo XII. La mujer como instrumento para la reafirmación
masculina.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt; A partir
del párrafo anterior, Simone de Beauvoir indica que el temor a la mujer por su
inminente avance en las igualdades, ha provocado que los hombres las utilicen
como instrumento de reafirmación de su condición masculina. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;J. Párrafo XIII. Mujer reclama igualdad sin igualdad.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt; La filósofa francesa reflexiona
sobre lo complejo de exigir igualdad en una sociedad dominada culturalmente por
los hombres. Ello causa confusión en los hombres pero también en las mujeres.
Recibir igualdad de una sociedad desigual no es la meta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;K. Párrafo XIV. Desconfianza a algunos argumentos feministas.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt; Critica la autora considerar el
problema como un “asunto de mujeres” pues lo reduce a una disputa sin diálogo o
razonamiento. Algo importante en su argumentación: el diálogo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;L. Párrafo XV. ¿Dónde está el ángel? &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Para la autora, tanto los hombres como las mujeres
son juez y parte en la cuestión planteada. Sin embargo y por supuesto, apuesta
por las mujeres pues son éstas las que mejor conocen la feminidad porque son
raíz y producto de ella. No obstante, hace una advertencia, como al inicio, de
la mala producción intelectual que hay sobre la cuestión y presenta el libro
como una nueva propuesta para la discusión.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;LL. Párrafo XVI. Hay que tomar partido.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt; De Beauvoir invita a las mujeres, a
pesar de la advertencia previa, a tomar partido pero desde la visión de que el
problema es sobre el ser humano en general. Por ello, plantea una perspectiva especial
que es la moral existencialista. Y aquí asoma dos temas que serán claves en el
desarrollo total del libro: la trascendencia y la inmanencia. Aquí se evidencia
la influencia de Sartre y del existencialismo en general en la propuesta de
Simone de Beauvoir y especialmente en ese libro, fundamental para el
pensamiento occidental, no sólo feminista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;M. Párrafo XVII. Vista rápida al libro.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt; Por último y luego de planteado el
asunto fundamental desde el punto de vista filosófico existencial (trascendencia
y inmanencia) la autora nos presenta un breve panorama (como buena
introducción) de lo que será la estructura del libro y como están organizados
los temas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;IV. Significados de los términos-clave&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Como
dijimos en un apartado anterior, la introducción al libro “&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El segundo sexo. Hechos y mitos&lt;/i&gt;”, escrita por la filósofa francesa
Simone de Beauvoir, nos presenta los términos filosóficos que serán clave para
entender la obra en su totalidad. A pesar de las referencias iniciales al
nominalismo, el conceptualismo, entre otros, son claves para entender este
texto específico y el libro en general, como alteridad, &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;mitsein&lt;/i&gt;, existencialismo, trascendencia e inmanencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Lo
dividiré brevemente en dos grupos y los intentaré explicar desde el contexto de
la obra y autor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;a. Alteridad y &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;mitsein&lt;/i&gt;.&lt;/b&gt; Históricamente no se ha respondido bien a la pregunta ¿Qué
es la mujer? Ello debido a que ésta debe identificarse como una otredad que se
despliega o que construye su esencia a partir de su relación con otros. La
alteridad no ha sido posible, según Simone de Beauvoir, pues no se ha alternado
el yo-mujer a otras posiciones para construirse en libertad y así definir su
naturaleza, porque histórica y culturalmente, el hombre ha impedido esa
posibilidad. Así el &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;mitsein&lt;/i&gt; de la
mujer no se ha podido construir debido a esa dominación que ha ejercido el
hombre para&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;impedir la posible respuesta
a la pregunta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Cuando
Simone de Beauvoir acuñó la frase “No se nace mujer, se llega a serlo”,
sintetiza cómo la alteridad y el ejercicio de la otredad permite que se llegue
a ser mujer dado el necesario despliegue que requiere el ser ante y frente a
los otros para construir su identidad. La mujer, a pesar de haber nacido con
las condiciones biológicas que según las ciencias (“Toda mujer consiste en un
útero”) se considera “mujer” no llega a serlo por el simple hecho de haber
nacido con esas “condiciones biológicas”, sino que hace necesario ese
despliegue existencial.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;b. Existencialismo, trascendencia e inmanencia.&lt;/b&gt;
Simone de Beauvoir convivió décadas con el filósofo francés Jean Paul Sartre.
Siempre se ha dicho que las ideas de ambos personajes en torno al existencialismo
fueron producto de largas discusiones y comentarios entre ellos. Por eso no es
difícil pensar que debido al contexto incluso inmediato, pero también cultural,
la propuesta de la escritora tenga un matiz fundamentalmente existencialista. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Para
Sartre y el existencialismo, el ser humano es tal, en cuanto y en la medida que
éste se proyecta, es decir, mientras mantiene su intención vital de trascender.
No trascender es vivir en la inmanencia, en la no historia, en la no situación.
Simone de Beauvoir quiere que la mujer determine su identidad, ese &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;mitsein&lt;/i&gt; necesario para su liberación, en
la medida que asuma el carácter trascendental de su existencia y salga de la
inmanencia en la que la ha tenido dominada el hombre históricamente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;La
emancipación definitiva de la mujer sólo será posible, no sólo por el
reconocimiento de una igualdad con el hombre, sino por el despliegue definitivo
de su ser a partir de conocer su existencia trascendental. Sólo así la mujer
saldrá de esas tinieblas a la que ha sido sometida desde la antigua Grecia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;V. ¿Qué quiso comunicar Simone de Beauvoir? ¿Cómo lo hizo?&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Luego
de comentados los términos claves a partir de su contexto, es poco lo que se
puede sumar a la pregunta sobre qué quiso comunicar esencialmente Simone de
Beauvoir en la introducción de su libro. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Fundamentalmente,
quiso ubicar a los lectores en el estado de la cuestión en torno a la discusión
intelectual y filosófica sobre el estatuto existencial de la mujer. Así que
mostró los temas que serían tratados en el libro y asomó los conceptos básicos
que largamente trataría en el cuerpo del texto. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Lo
importante es la forma cómo lo hizo. Sólo una escritora de su tamaño hace
posible el diseño de un texto con una estructura retórica-argumentativa que
posibilita la persuasión de sus lectores para que éstos adopten las posturas
que ella propone. Por tal razón, este texto ha sido fundamental, como hemos
dicho, para el pensamiento filosófico contemporáneo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;La
escritora echa mano a estrategias argumentativas fundamentales como la
comparación, el contraste, el relato histórico, la hipertextualidad, que
permiten el cumplimiento de su propósito.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-tab-count: 1;&quot;&gt;&lt;/span&gt;Por
último, ratificar la intención de la introducción y el texto en general, la
mujer sólo posibilitará su liberación o emancipación definitiva, cuando asuma
el carácter trascendental de su existencia. Desde una perspectiva retórica,
resulta efectivo que luego de 15 párrafos de desarrollo argumentativos desde
perspectivas históricas y filosófica, concluya lógicamente son esa propuesta. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;VI. Comentario personal&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Este
breve análisis, sumado al realizado como ejercicio en clases sobre el texto “&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal;&quot;&gt;El voto femenino y la lucha de clases&lt;/i&gt;”
de Rosa Luxemburg, me han permitido entender mejor la lucha de los movimientos
feministas.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Luxemburg me enseñó que la lucha por las reivindicaciones de las
mujeres no es un asunto sólo de ellas, sino también de toda la clase obrera o,
en términos más actuales, de todos los explotados del sistema capitalista
global, pues la opresión que se ejerce sobre las mujeres es sólo una de las
manifestaciones de dominación del sistema. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Ahora
Simone de Beauvoir me ha enseñado que las mujeres, pero también todo aquel que
sea víctima de la opresión de cualquier hegemonía política o económica, sólo
podrá emanciparse de manera definitiva en la medida que sea consciente de que
es imperativo asumir ese carácter trascendental de su existencia que hablé en
el apartado anterior.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Desde
mi horizonte de interpretación, que es el Análisis del Discurso, ha sido
fundamental ver y comprobar las posibilidades que me brinda esta disciplina
para la comprensión y la interpretación de textos filosóficos. Hasta ahora sólo
la había utilizado para otras tipologías textuales o tipos de discursos, pero
ahora puedo ver mejor su utilidad para el trabajo con textos filosóficos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;En
lo personal, todavía hay un largo camino por recorrer para conciliar la
utilidad del análisis del discurso y la hermenéutica filosófica, &lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;lo&lt;/span&gt; cual he
decido hacer con entusiasmo y denuedo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight: normal;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;VI. Bibliografía&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Abbagnano, N. (1960). Diccionario de
Filosofía. México: Fondo de Cultura Económica, 2010&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Calsamiglia, H. y Tusón, A. (1999).
Las cosas del decir. Barcelona: Ariel&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Escandell, M.V. (1996).
Introducción a la pragmática. Barcelona: Ariel, 1999&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;De Beauvoir, S. (1949). El segundo
sexo. Los hechos y los mitos. Buenos Aires: Siglo Veinte &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Hirschberger, J. (1961). Breve
historia de la filosofía. Barcelona: Herder, 1998&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Law, S. (2007). Filosofía. Buenos
Aires: Editorial El Ateneo, 2008&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Müller, M. y Alois Halder (1976).
Breve diccionario de filosofía. Barcelona: Herder, 2001&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times&amp;quot;; font-size: 14.0pt;&quot;&gt;Van Dijk, T. (1998). Ideología.
Barcelona: Gedisa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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