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	<title>Cuaderno de Cultura Científica</title>
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	<description>Un blog de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU</description>
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		<title>El misterio de la cara oculta de la Luna</title>
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		<dc:creator><![CDATA[César Tomé]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Apr 2026 09:59:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fronteras]]></category>
		<category><![CDATA[astronomía]]></category>
		<category><![CDATA[tecnología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La Luna tarda lo mismo en dar una vuelta alrededor de la Tierra que sobre sí misma, es por eso que siempre nos muestra —o nos oculta— la misma cara. Y ya sabemos qué hacemos los seres humanos cuando una parte del mundo permanece fuera de nuestro alcance: tratamos de rellenar ese vacío con los [&#8230;]</p>
<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/04/16/el-misterio-de-la-cara-oculta-de-la-luna/">El misterio de la cara oculta de la Luna</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La Luna tarda lo mismo en dar una vuelta alrededor de la Tierra que sobre sí misma, es por eso que siempre nos muestra —o nos oculta— la misma cara. Y ya sabemos qué hacemos los seres humanos cuando una parte del mundo permanece fuera de nuestro alcance: tratamos de rellenar ese vacío con los medios que tenemos y alguna suerte de mitología o teoría al respecto hasta que la ciencia proporciona <a href="https://culturacientifica.com/2022/04/18/por-que-las-caras-de-la-luna-son-tan-diferentes/">una explicación más rigurosa y fiable</a>.</p>
<p> </p>
<p>La cara oculta de la Luna, ante la ausencia de datos, fue durante muchísimo tiempo un espacio ideal para la especulación: civilizaciones alienígenas escondidas, portales hacia otros mundos, fantasías conspiranoicas sobre enclaves militares secretos… en resumen, era un lugar en el que proyectar nuestros miedos, deseos o fantasías. En realidad, la Luna entera lo fue. No es tan sorprendente que los primeros astrónomos vieran en ella mares, continentes y volcanes donde hoy sabemos que hay extensas planicies de lava solidificada; áreas más elevadas, compuestas principalmente de anortosita, y cráteres de impacto. Pero la cara oculta siempre estuvo envuelta por un misterio, si cabe, mayor. La cara visible, al fin y al cabo, al menos se podía cartografiar.</p>
<h3>Los soviéticos</h3>
<p>El inicio de la carrera espacial dio un vuelco a eso. La sonda soviética Luna 3 nos permitió, en 1959, echar un primer vistazo a lo que había en esa región de nuestro satélite que nunca, en toda la historia de la humanidad, habíamos observado —no eran extraterrestres, una lástima—. La sonda tomó la primera foto el 7 de octubre, y haría veintinueve más que cubrirían un total del 70 % de la cara oculta. Aunque las fotos no era muy nítidas, se podía apreciar en ellas que, a diferencia de la cara visible, al otro lado apenas había mares y el número de cráteres era mucho mayor. Seguramente no era el misterio al que queríamos enfrentarnos, pero lo cierto es que no dejaba de ser un misterio. ¿Por qué los dos hemisferios de la Luna no eran más o menos uniformes?</p>
<p> </p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56566 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-01-a.jpg" alt="cara oculta de la Luna" width="700" height="232" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-01-a.jpg 700w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-01-a-560x186.jpg 560w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" style="max-width: 100%; height: auto;">Reproducción a tamaño natural de la sonda Luna 3 que se encuentra en el Museo de las Csomonáutica de Moscú y primera foto de la cara oculta de la Luna. Imágenes:<span class="cf0">CC0 1.0 Universal; Dominio público</span></p>

<p>Las siguientes imágenes llegaron seis años después, cuando otra sonda soviética, la Zond 3, envió veintiocho más —veinticinco en el rango visible y tres en el ultravioleta— como parte de un programa cuyo objetivo principal era desarrollar la tecnología necesaria y preparar el envío de vuelos tripulados al espacio. Estas fotografías eran algo más nítidas, y no solo ayudaron a completar el mapeado de la parte de esa superficie que aún faltaba, sino que confirmaron la asimetría que ya había mostrado Luna 3. Para entonces, la pugna por ser los primeros en poner un ser humano en nuestro satélite había comenzado, y a los esfuerzos soviéticos por saber más de él se unieron los estadounidenses con el programa Lunar Orbiter. Las cinco misiones que formaron parte de él, todas exitosas, no solo ayudaron a identificar posibles zonas seguras de aterrizaje para las misiones Apolo; también proporcionaron material para cartografiar casi toda la superficie lunar, incluida la que no se veía desde la Tierra. Sin embargo, lejos de aclarar nada, aquellas imágenes empezaban a dejar de ser una curiosidad cartográfica para convertirse en un enigma geológico.</p>
<p> </p>
<figure id="attachment_56567" aria-describedby="caption-attachment-56567" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56567 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-02.jpg" alt="cara oculta de la Luna" width="2457" height="2411" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-02.jpg 2457w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-02-560x550.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-02-768x754.jpg 768w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-02-1536x1507.jpg 1536w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-02-2048x2010.jpg 2048w" sizes="(max-width: 2457px) 100vw, 2457px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56567" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Primera foto de la Tierra desde la órbita lunar, tomada por la sonda Lunar Orbiter 1 en 1966. Imagen:: NASA Apollo Archive/William Anders</figcaption></figure><h3>Los estadounidenses</h3>
<p>Luego llegaron las misiones Apolo. En 1968, Frank Borman, James Lovell y William Anders, durante la misión Apolo 8, se convertirían en los primeros seres humanos en ver la cara oculta de la Luna con sus propios ojos.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> Al año siguiente, el alunizaje del Apolo 11 —en la cara visible, eso sí—, cambiaría para siempre la relación con nuestro satélite; este dejó de ser territorio desconocido, dejó de ser un reto, perdió el interés. Tras el viaje del Apolo 17 en 1972, tan solo se pasaron por allí algunas misiones no tripuladas del programa Luna soviético, ninguna aterrizó en la cara oculta —sí en la visible, y se obtuvieron incluso muestras—, aunque sí se siguieron enviando datos de ese hemisferio recogidos por los orbitadores. Después, desde 1976 y hasta 1994, la Luna se quedó prácticamente sola.</p>
<p> </p>
<figure id="attachment_56568" aria-describedby="caption-attachment-56568" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56568 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-03.jpg" alt="cara oculta de la Luna" width="800" height="1017" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-03.jpg 800w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-03-503x640.jpg 503w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-03-768x976.jpg 768w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56568" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Lovell, Anders y Bornan, los primeros seres humanos en ver la cara oculta de la Luna a bordo del Apolo 8. Imagen: NASA</figcaption></figure><p> </p>
<p>Aún así, la cuestión de las grandes diferencias entre las caras visible y oculta de la Luna siguió ahí. Empezaron a llegar las primeras explicaciones: procesos volcánicos desiguales en un lado y en otro; una corteza más gruesa en el lado oculto, que habría impedido la salida del magma y, por tanto, la formación de mares que cubrieron los cráteres de un lado, pero no del otro; una distribución desigual del calor interno… pero ¿por qué sucedería algo así?</p>
<p> </p>
<p>A principios de los noventa, la misión Galileo (NASA) haría un pequeño sobrevuelo alrededor de la Luna en su camino a Júpiter, tomando más fotos de la cara oculta, pero hubo que esperar a las misiones Clementine (NASA) y Lunar Prospector (NASA)  para disponer de datos actualizados, sistemáticos y homogéneos de toda la superficie del satélite, tanto cartográficos como de composición. Con la llegada del siglo XXI, más sondas se asomarían a la cara oculta de la Luna, como SMART-1 (ESA), Kaguya (JAXA), Lunar Reconnaissance Orbiter (NASA), Beresheet (SpaceIL e Israel Aerospace Industries) hasta que las misiones Chang’e, de la Administración Espacial Nacional China, conseguirían un nuevo hito: aterrizar allí.</p>
<h3>Los chinos</h3>
<p>El 3 de enero de 2019, la sonda Chang’e 4  se posó en la cara oculta de la Luna, llevando consigo un <em>rover</em> que sigue en activo, Yutu-2, y nos envió las primeras fotos desde su superficie. Esta sonda nos permitió analizar la composición del suelo en una de las regiones más antiguas y profundas de nuestro satélite, la <a href="https://culturacientifica.com/2025/10/27/un-nuevo-relato-para-la-cicatriz-mas-grande-de-la-luna/">cuenca Aitken</a>, que reveló diferencias químicas entre sus dos caras. Chang’e 6, en 2024, iría más allá,  <a href="https://danielmarin.naukas.com/2024/06/25/la-sonda-change-6-trae-a-la-tierra-las-primeras-muestras-de-la-cara-oculta-de-la-luna/">trayendo muestras a la Tierra</a> que permitieron un análisis mucho más minucioso.</p>
<figure id="attachment_56569" aria-describedby="caption-attachment-56569" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56569 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-04.jpg" alt="cara oculta de la Luna" width="1200" height="147" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-04.jpg 1200w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-04-560x69.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-04-768x94.jpg 768w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56569" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Panorámica del lugar de aterrizaje de la sonda Chang’e 4 en la cara oculta de la Luna. Imagen: CC BY 4.0/CNSA</figcaption></figure><p> </p>
<h3>El enigma de la cara oculta continúa</h3>
<p>¿Solucionó esto el misterio de las diferencias entre los dos hemisferios lunares? Pues lo cierto es que no del todo. A grandes rasgos, la hipótesis general, no exenta de debate, es que, durante las primeras etapas de formación de la Luna, la mitad que mira hacia la Tierra estaba más caliente y tenía una corteza más fina, lo que permitió la salida del magma y la formación de mares. La otra mitad, en cambio, estaba más fría y tenía una corteza más gruesa que impidió que el magma aflorara con tanta facilidad, conservando así su aspecto lleno de cráteres. ¿Y los motivos de ese desequilibrio en cuanto a la actividad volcánica o la temperatura? Ahí es cuando entran en escena modelos que proponen que algo sucedió para que se desencadenara, como el <a href="https://culturacientifica.com/2022/04/18/por-que-las-caras-de-la-luna-son-tan-diferentes/">impacto gigantesco que formó la cuenca de Aitken</a> y que podría haber alterado los patrones de circulación del manto, evento sobre el que los datos y muestras recogidos por las misiones Chang’e podrían aclarar muchos matices. Así que el enigma, por el momento continúa, al menos en cierta medida.</p>
<p> </p>
<p>En este sentido, las nuevas misiones Artemis no irán a la cara oculta de la Luna, sino a su polo sur, pero si el sobrevuelo reciente de Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen nos ha mantenido por un momento delante de nuestras pantallas, maravillados ante lo desconocido, y nos ha hecho volver a preguntarnos qué pasa en el lado invisible de nuestro satélite… bienvenido sea.</p>
<figure id="attachment_56570" aria-describedby="caption-attachment-56570" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56570 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-05-scaled.jpg" alt="cara oculta de la Luna" width="2560" height="1707" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-05-scaled.jpg 2560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-05-560x373.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-05-768x512.jpg 768w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-05-1536x1024.jpg 1536w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/04-16-05-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 2560px) 100vw, 2560px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56570" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Foto tomada desde Artemis II durante su sobrevuelo de la cara oculta de la Luna. Imagen: NASA</figcaption></figure><p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Bibliografía</strong></p>
<p> </p>
<p>Loske, A., & Massey, R. (2019). <em>Luna: Arte, ciencia, cultura</em>. Ediciones Akal.</p>
<p>NASA. (s. f.). <em>Moon</em>. NASA. https://science.nasa.gov/moon/</p>
<p>Siddiqi, A. A. (2002). <a href="https://www.nasa.gov/wp-content/uploads/2023/04/sp-4524.pdf">Deep space chronicle: A chronology of deep space and planetary probes, 1958–2000</a>. NASA.</p>
<p> </p>
<p>Nota:</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a>        También fueron los primeros en salir de la órbita terrestre baja, en ver la Tierra completa desde el espacio y en ver un amanecer terrestre desde la Luna. De esta misión es también la famosísima foto <em>Earthrise</em>, muy parecida a la que aparece en este artículo de la Lunar Orbiter 1.</p>
<p>Sobre la autora: <a href="https://www.linkedin.com/in/gisbanos/">Gisela Baños</a> es divulgadora de ciencia, tecnología y ciencia ficción.</p>

<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/04/16/el-misterio-de-la-cara-oculta-de-la-luna/">El misterio de la cara oculta de la Luna</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>

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		<title>El triángulo áureo de Kepler</title>
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		<dc:creator><![CDATA[César Tomé]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Apr 2026 09:59:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Matemoción]]></category>
		<category><![CDATA[matemáticas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esta semana santa (de 2026) he estado leyendo sobre el interés de algunos artistas pertenecientes a las vanguardias del siglo xx (del cubismo al surrealismo) en la proporción áurea, cuando me he encontrado con una referencia al uso del triángulo de Kepler por parte de alguno de ellos. Y me ha parecido una buena idea [&#8230;]</p>
<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/04/15/el-triangulo-aureo-de-kepler/">El triángulo áureo de Kepler</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Esta semana santa (de 2026) he estado leyendo sobre el interés de algunos artistas pertenecientes a las vanguardias del siglo xx (del cubismo al surrealismo) en la proporción áurea, cuando me he encontrado con una referencia al uso del triángulo de Kepler por parte de alguno de ellos. Y me ha parecido una buena idea dedicar esta entrada a explicar qué es el triángulo de Kepler y su relación con la divina proporción.</p>
<p> </p>
<figure id="attachment_56542" aria-describedby="caption-attachment-56542" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56542" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-1-3-560x491.jpg" alt width="500" height="438" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-1-3-560x491.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-1-3-768x673.jpg 768w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-1-3-1536x1346.jpg 1536w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-1-3-2048x1795.jpg 2048w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56542" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Diagrama del triángulo rectángulo de Kepler junto a los cuadrados apoyados en su hipotenusa y sus catetos</figcaption></figure><p> </p>
<h3>La extrema y media razón</h3>
<p> </p>
<p>Empecemos recordando, aunque ya lo hemos explicado en varias ocasiones, qué es la razón áurea.</p>
<p> </p>
<p>En el libro VI de la gran obra de la matemática griega y universal <em>Los Elementos</em> del matemático griego Euclides de Alejandría (aprox. 325-265 a.n.e.), se define el concepto de extrema y media razón, que es como se denominó inicialmente a la razón áurea o divina proporción. La definición que se incluye en <em>Los Elementos</em> es la siguiente:</p>
<p> </p>
<blockquote><p><em>Se dice que un segmento de recta está dividido en extrema y media razón cuando la longitud del segmento total es a la parte mayor, como la de esta parte mayor es a la menor</em>.</p></blockquote>
<p> </p>
<p>Es decir, si tenemos un segmento como el que aparece en la siguiente imagen, buscamos el punto del mismo que divide al segmento en dos partes, de longitudes <em>a</em> y <em>b</em>, de forma que la proporción o razón (división) entre la parte mayor y la menor, <em>a </em>/ <em>b</em> es igual a la proporción entre la longitud del segmento y la parte mayor (<em>a</em> + <em>b</em>) / <em>a</em>.</p>
<p> </p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-56543" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-2-3.jpg" alt width="434" height="120" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-2-3.jpg 640w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-2-3-560x155.jpg 560w" sizes="(max-width: 434px) 100vw, 434px" style="max-width: 100%; height: auto;"></p>
<p> </p>
<p>Ahora, si se denota por <em>ϕ</em> (Phi) al cociente <em>a</em>/<em>b</em>, la condición anterior se puede escribir como la ecuación algebraica siguiente:</p>
<p> </p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-56544" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-3-3.jpg" alt width="154" height="25" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-3-3.jpg 640w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-3-3-560x91.jpg 560w" sizes="(max-width: 154px) 100vw, 154px" style="max-width: 100%; height: auto;"></p>
<p> </p>
<p>Esta es una ecuación algebraica de segundo grado, cuyas soluciones, sin más que utilizar la conocida fórmula de resolución de la misma que se estudia en la enseñanza secundaria, son</p>
<p> </p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-56545" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-4-2.jpg" alt width="351" height="175" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-4-2.jpg 640w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-4-2-560x279.jpg 560w" sizes="(max-width: 351px) 100vw, 351px" style="max-width: 100%; height: auto;"></p>
<p> </p>
<p>Al número <em>ϕ</em> (Phi), solución positiva de la anterior ecuación, cuyos primeros dígitos son</p>
<p> </p>
<p>1,618033988749894848204586834365…,</p>
<p> </p>
<p>se le conoce con varios nombres, además de “extrema y media razón”, como número áureo, divina proporción o razón áurea.</p>
<p> </p>
<h3>Construcción de la extrema y media razón</h3>
<p> </p>
<p>Veamos un método geométrico de división de un segmento AB, de longitud <em>l</em>, en extrema y media razón. Primero trazamos un segmento de longitud la mitad del segmento inicial, es decir, <em>l </em>/ 2, que sea perpendicular al segmento AB y apoyado en uno de sus extremos, por ejemplo, en el punto B, de manera que el otro extremo de ese segmento es un punto C que, junto a los puntos A y B, determina un triángulo rectángulo, como se muestra en la siguiente imagen.</p>
<p> </p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-56546" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-5-2.jpg" alt width="400" height="219" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-5-2.jpg 640w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-5-2-560x306.jpg 560w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" style="max-width: 100%; height: auto;"></p>
<p> </p>
<p>A continuación, se traza una circunferencia, centrada en el vértice C y de radio <em>l</em> / 2, es decir, que pasa por el punto B, y se considera la intersección de la misma con el segmento AC, la hipotenusa del triángulo rectángulo ABC, que es el punto que hemos denominado D en la siguiente imagen.</p>
<p> </p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-56547" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-6-2.jpg" alt width="400" height="219" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-6-2.jpg 640w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-6-2-560x306.jpg 560w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" style="max-width: 100%; height: auto;"></p>
<p> </p>
<p>Para terminar, se traza la circunferencia, centrada en el vértice A (el extremo opuesto a aquel sobre el que se apoya el segmento perpendicular) y que pasa por el punto D, entonces el punto de intersección con el segmento AB, punto al que hemos llamado EMR en la imagen, es el punto que divide al segmento AB en extrema y media razón.</p>
<p> </p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-56548" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-7-1.jpg" alt width="400" height="219" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-7-1.jpg 640w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-7-1-560x306.jpg 560w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" style="max-width: 100%; height: auto;"></p>
<p> </p>
<p>No es difícil, aunque no lo vamos a hacer en esta entrada, demostrar que efectivamente el punto EMR es el punto que divide el segmento AB en extrema y media razón.</p>
<p> </p>
<h3>Johannes Kepler y la razón áurea</h3>
<p> </p>
<p>Para el astrónomo, matemático y físico alemán Johannes Kepler (1571-1630) existían dos grandes tesoros en la geometría, uno era el teorema de Pitágoras, mientras que el otro era la división de un segmento en extrema y media razón, es decir, la existencia de la razón áurea. La expresión concreta que aparece en su libro <em>Mysterium Cosmographicum / Misterio cosmográfico</em> (1596), junto con una pequeña nota del propio autor, es la siguiente:</p>
<blockquote><p> </p>
<p><em>… hay dos tesoros de la geometría: uno es la relación entre la hipotenusa de un triángulo rectángulo y sus catetos, y el otro es la recta dividida en la proporción media y extrema (17).</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>(17) […] el primero —que la suma de los cuadrados de los catetos de un triángulo rectángulo es igual al cuadrado de la hipotenusa—, ese, digo, puede compararse con razón a una masa de oro; el segundo, sobre la división proporcional, puede llamarse una joya […].</em></p></blockquote>
<p> </p>
<p>Kepler siempre estuvo interesado en la razón áurea. Por ejemplo, descubrió la relación que existe entre la razón áurea y los números de Fibonacci, en concreto, que el número de oro es el límite del cociente entre dos términos consecutivos de la sucesión de Fibonacci, como escribió en su en su hermoso texto <em>Sobre el copo de nieve hexagonal</em> (1611):</p>
<blockquote><p> </p>
<p><em>De los dos mayores poliedros regulares, el dodecaedro y el icosaedro, el primero está formado precisamente por pentágonos, y el segundo por triángulos, pero triángulos que se encuentran cinco en un vértice. Ambos poliedros, y el pentágono en sí mismo, no pueden ser construidos sin lo que los geómetras modernos llaman divina proporción [la sección de oro]. Esta se construye mediante una sucesión cuyo tercer término es la suma de los dos anteriores en una serie que progresa indefinidamente. Es imposible proporcionar un valor exacto en números redondos. Sin embargo, conforme avanzamos desde el número uno, el valor se va haciendo cada vez más perfecto. Sean los números más pequeños 1 y 1, que usted debe imaginarse como desiguales. Añádalos, y la suma será 2; añada a esto el uno superior y obtendrá 3; añada 2 a esto, y póngase 5; añada 3, póngase 8; 5 a 8, 13; 8 a 13, 21. Como 5 es a 8, entonces 8 es a 13, aproximadamente, y como 8 a 13, entonces 13 es a 21, aproximadamente.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>[Johann Kepler, <em>Strena seu de nive sexangula</em>, edición de Ana García Azcárate y Ángel Requena Fraile, editorial Avinareta, 2011)]</p></blockquote>
<p> </p>
<figure id="attachment_56549" aria-describedby="caption-attachment-56549" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56549 size-medium" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-8-1-467x640.jpg" alt width="467" height="640" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-8-1-467x640.jpg 467w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-8-1.jpg 640w" sizes="(max-width: 467px) 100vw, 467px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56549" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Portada del libro<a href="https://culturacientifica.com/2018/07/17/cristalografia-5-copos-de-nieve-frankenheim-o-el-nuevo-euclides/"><em> Strena seu de nive sexangula</em></a>, del matemático Johannes Kepler</figcaption></figure><p> </p>
<h3>El triángulo de Kepler</h3>
<p>Johannes Kepler en una carta dirigida al astrónomo y matemático alemán Michael Maestlin (1550-1631), fechada en octubre de 1597, escribía lo siguiente:</p>
<blockquote><p><em>Si, en un segmento recto dividido en su extrema y media razón, se construye un triángulo rectángulo, de manera que el vértice del ángulo recto quede sobre la perpendicular trazada desde el punto de extrema y media razón, entonces el lado menor adyacente al ángulo recto será igual a la parte mayor del segmento recto.</em></p></blockquote>
<p> </p>
<p>Veamos qué significa la anterior afirmación de Kepler. Para empezar, se considera un segmento AB que se divide en extrema y media razón, mediante un punto que denominamos M en la siguiente imagen, es decir, AM / MB = AB / AM. Entonces se trata de construir un triángulo rectángulo ABC, tal que AB sea la hipotenusa, C el vértice con el ángulo recto (90 grados) y MC sea perpendicular a AB (es decir, MC es la altura que pasa por C), como en la siguiente imagen.</p>
<p> </p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-56551" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-9-1.jpg" alt width="400" height="216" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-9-1.jpg 640w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-9-1-560x303.jpg 560w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" style="max-width: 100%; height: auto;"></p>
<p> </p>
<p>Kepler afirma que, en estas condiciones, entonces “el lado menor adyacente al ángulo recto” CB es igual a “la parte mayor del segmento recto” AM. Si se considera que el valor del segmento MB es la unidad (1), como en la siguiente imagen, entonces los segmentos CB y AM tienen una longitud igual al número de oro <em>ϕ</em> (Phi).</p>
<p> </p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-56552" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-10-1.jpg" alt width="400" height="216" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-10-1.jpg 640w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-10-1-560x303.jpg 560w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" style="max-width: 100%; height: auto;"></p>
<p> </p>
<p>Al triángulo rectángulo ABC tal que “el lado menor adyacente al ángulo recto” CB es igual a “la parte mayor del segmento recto” AM, se le denomina triángulo de Kepler.</p>
<p> </p>
<h3>Los dos tesoros de la geometría</h3>
<p> </p>
<p>Vamos a tener ahora en cuenta los dos tesoros de la geometría, según Kepler, el teorema de Pitágoras y la existencia de la extrema y media razón de un segmento, aunque este a través del triángulo de Kepler.</p>
<p> </p>
<p>Consideremos ahora el triángulo de Kepler asociado a un segmento recto AB, pero consideremos que es el segmento CB el que mide la unidad (1), entonces el segmento inicial AB tendrá longitud igual a <em>ϕ</em> (Phi), por la división del segmento en extrema y media razón, mientras que el segmento AC medirá, por el teorema de Pitágoras, la raíz de <em>ϕ</em> (Phi), como se muestra en la imagen.</p>
<p> </p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-56554" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-11-1.jpg" alt width="400" height="216" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-11-1.jpg 640w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-11-1-560x303.jpg 560w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" style="max-width: 100%; height: auto;"></p>
<p> </p>
<p>El triángulo de Kepler es, por lo tanto, un triángulo equilátero de lados iguales a 1, raíz (cuadrada) de <em>ϕ</em> (Phi) y <em>ϕ</em> (Phi)</p>
<p> </p>
<p>Ahora volvamos al teorema de Pitágoras, pero considerando los cuadrados apoyados en los lados del triángulo rectángulo de Kepler, cuyas áreas serán las longitudes de los lados al cuadrado, como se muestra en la siguiente imagen.</p>
<p> </p>
<figure id="attachment_56555" aria-describedby="caption-attachment-56555" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56555" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-12-1.jpg" alt width="500" height="532" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-12-1.jpg 640w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-12-1-560x596.jpg 560w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56555" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Diagrama geométrico del teorema de Pitágoras para el triángulo rectángulo de Kepler de lados 1, √ϕ y ϕ</figcaption></figure><p> </p>
<p>En particular, utilizando el teorema de Pitágoras podemos afirmar que si construimos un triángulo rectángulo cuyos lados sean 1, √<em>g</em> (raíz de <em>g</em>) y g, se tiene que 1 + <em>g</em> = <em>g</em><sup>2</sup>, es decir, <em>g</em> es solución de la ecuación algebraica asociada a la razón áurea, de donde se deduce que <em>g</em> es la razón áurea.</p>
<p> </p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-56556" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-13-1.jpg" alt width="400" height="333" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-13-1.jpg 640w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-13-1-560x466.jpg 560w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" style="max-width: 100%; height: auto;"></p>
<p> </p>
<h3>Construcción del triángulo de Kepler</h3>
<p> </p>
<p>En este último apartado vamos a ver cómo construir un triángulo de Kepler.</p>
<p> </p>
<p>Para ello, primero vamos a recordar la construcción de un rectángulo áureo partiendo de un cuadrado (que ya explicamos en la entrada <a href="https://culturacientifica.com/2025/03/05/echo-un-comic-aureo/">ECHO, un cómic áureo</a>). Dado un cuadrado (en la imagen el cuadrado ABCD), que podemos considerar de lado 1, es fácil ver, por el teorema de Pitágoras, que el segmento que va desde el punto M que está en la mitad de uno de los lados (el de abajo, AB, en la imagen) a uno de los vértices del lado opuesto (el de arriba a la derecha, C, en la imagen) tiene longitud igual a raíz cuadrada de 5 dividido 2 (√5/2). Si ahora trazamos el arco de circunferencia centrado en M y de radio esa longitud, es decir, que pasa por el punto C, y llamamos E al punto de intersección de la circunferencia con la recta que extiende el segmento AB, entonces el rectángulo creado AEFD es un rectángulo áureo, puesto que el largo es Phi [1/2 + √5/2 = (1 + √5)/2] y el ancho es 1, luego tiene proporción áurea.</p>
<p> </p>
<figure id="attachment_56557" aria-describedby="caption-attachment-56557" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56557" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-14-1.jpg" alt width="500" height="438" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-14-1.jpg 640w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-14-1-560x490.jpg 560w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56557" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Construcción de un rectángulo áureo con un compás a partir de un cuadrado</figcaption></figure><p> </p>
<p>A continuación, como el lado largo del rectángulo mide <em>ϕ</em> (Phi), si el lado del cuadrado original mide 1, entonces tomamos el arco de circunferencia centrado en el punto A (vértice del cuadrado) y que pasa por E, ya que el lado largo del rectángulo es el número de oro, e intersecamos este con el otro lado largo del rectángulo DF, entonces se obtiene el punto de intersección G, que junto con los vértices A y D forman un triángulo de Kepler, de lados 1, √ϕ y ϕ, como se muestra en la imagen.</p>
<p> </p>
<figure id="attachment_56558" aria-describedby="caption-attachment-56558" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56558" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-15.jpg" alt width="500" height="378" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-15.jpg 640w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/imagen-15-560x424.jpg 560w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56558" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Construcción de un triángulo de Kepler con un compás a partir de un rectángulo áureo construido desde un cuadrado</figcaption></figure><p> </p>
<p><strong>Bibliografía</strong></p>
<p> </p>
<p>1.- Mario Livio, <em>La proporción áurea, La historia de phi, el número más sorprendente del mundo</em>, Ariel, 2006.</p>
<p> </p>
<p>2.- Roger Herz-Fischler, <em>A “Very Pleasant Theorem”</em>, The College Mathematics Journal, Vol. 24, No. 4, pp. 318-324 (1993).</p>
<p> </p>
<p>3.- Roger Herz-Fischler, <em>A Mathematical History of the Golden Number</em>, Dover, 2003.</p>
<p> </p>
<p>4.- La <a href="https://r-knott.surrey.ac.uk/">página web</a> del matemático Ron Knott</p>
<p> </p>
<p>Sobre el autor: <a href="https://twitter.com/mtpibtor">Raúl Ibáñez</a> es profesor del Departamento de Matemáticas de la UPV/EHU y colaborador de la <em>Cátedra de Cultura Científica</em></p>

<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/04/15/el-triangulo-aureo-de-kepler/">El triángulo áureo de Kepler</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>

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		<title>Hacia una moda sostenible: la revolución tecnológica en el reciclaje textil</title>
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		<dc:creator><![CDATA[César Tomé]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Apr 2026 09:59:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Firma invitada]]></category>
		<category><![CDATA[BRTA]]></category>
		<category><![CDATA[tecnología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La transformación tecnológica del sector textil constituye un proceso complejo que abarca la automatización de tareas, la incorporación de tecnologías disruptivas y el desarrollo de nuevas cadenas de valor circulares orientadas a una moda más sostenible. Aunque la transición hacia una moda más sostenible no se producirá de manera inmediata, la legislación europea está actuando [&#8230;]</p>
<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/04/14/reciclaje-textil/">Hacia una moda sostenible: la revolución tecnológica en el reciclaje textil</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La transformación tecnológica del sector textil constituye un proceso complejo que abarca la automatización de tareas, la incorporación de tecnologías disruptivas y el desarrollo de nuevas <a href="https://culturacientifica.com/?s=econom%C3%ADa+circular">cadenas de valor circulares</a> orientadas a una moda más sostenible.</p>
<figure id="attachment_56532" aria-describedby="caption-attachment-56532" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56532 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/revolucion-tecnologica-industria-tecnalia.jpg" alt="reciclaje textil" width="1920" height="1275" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/revolucion-tecnologica-industria-tecnalia.jpg 1920w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/revolucion-tecnologica-industria-tecnalia-560x372.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/revolucion-tecnologica-industria-tecnalia-768x510.jpg 768w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/revolucion-tecnologica-industria-tecnalia-1536x1020.jpg 1536w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56532" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Fuente: Pixabay</figcaption></figure><p>Aunque la transición hacia una moda más sostenible no se producirá de manera inmediata, la legislación europea está actuando como motor de cambio al impulsar este proceso y establecer un marco regulatorio que lo favorece.</p>
<p>El sector textil se encuentra en un nuevo momento de transformación, previo a una revolución tecnológica que, en esta ocasión, estará impulsada por la necesidad de avanzar hacia modelos más sostenibles. La creciente presión normativa, que pone el foco en todo el ciclo de vida de las prendas, está acelerando la adopción de tecnologías capaces de facilitar modelos de producción y consumo más responsables.</p>
<p>En este contexto, y con el objetivo de <a href="https://culturacientifica.com/2020/07/19/el-precio-ambiental-de-la-moda-rapida/">reducir los residuos textiles</a> y su impacto ambiental, se están promoviendo modelos circulares que priorizan la reutilización y el reciclaje. De este modo, se busca minimizar la producción de nuevas prendas y limitar la generación y gestión de desechos.</p>
<p>Hasta ahora, en el ámbito de la preparación para el reciclaje se ha trabajado principalmente con volúmenes reducidos y con más voluntad que capacidad real. No obstante, es importante reconocer el valioso punto de partida existente, con organizaciones y empresas que llevan años ofreciendo este tipo de servicios. En la actualidad, estas entidades se encuentran ante una disyuntiva: apostar por su industrialización para liderar esta transformación o esperar a que el volumen de residuos recogidos selectivamente crezca lo suficiente como para hacer inevitable el salto hacia procesos industriales más eficientes, apoyados en nuevas tecnologías y capacidades.</p>
<p>A esta situación se suma la dificultad de atraer inversiones tradicionales en el sector del reciclaje textil, caracterizado por márgenes y precios reducidos. Aunque la incorporación de tecnologías innovadoras resulta clave para avanzar en sostenibilidad, en muchos casos su implementación carece de una justificación económica inmediata, lo que frena su adopción.</p>
<p>Para identificar las tecnologías capaces de generar un impacto significativo en la preparación y reciclaje de residuos textiles en España, es necesario adoptar una perspectiva abierta. No solo debemos ser capaces de pensar “fuera de la caja”, buscando soluciones tecnológicas que mejoren la eficiencia y la eficacia de los procesos actuales, sino también explorar otras “cajas”. Esto implica analizar cómo otros procesos, sectores o ámbitos han incorporado tecnologías innovadoras en situaciones comparables a las que se dan en la cadena de valor de la moda, el textil y el calzado.</p>
<p>Transformar el reciclaje textil en España exige, por tanto, una visión sistémica que vaya más allá de la aplicación aislada de tecnologías. Resulta fundamental estudiar cómo otros sectores han afrontado desafíos similares y valorar cómo integrar sus soluciones dentro de nuestra propia cadena de valor. Este enfoque integral permitirá avanzar hacia un modelo de reciclaje más eficiente y sostenible.</p>
<p>En este sentido, la gestión eficiente de los residuos textiles adquiere una importancia clave dentro del marco de la sostenibilidad y la economía circular, dos conceptos centrales en la nueva legislación europea que se aplicará con fuerza en la cadena de valor del sector. En particular, esta normativa establece objetivos más exigentes en materia de reutilización y reciclaje, lo que hace imprescindible incorporar tecnologías avanzadas que permitan gestionar el creciente volumen de residuos textiles y avanzar hacia una moda más sostenible.</p>
<p>Además de metodologías orientadas a optimizar los procesos productivos mediante la mejora de las competencias de la fuerza laboral, como, por ejemplo, los <em>enfoques lean</em>, consideramos que las tecnologías con mayor potencial para aplicarse de forma eficiente en los procesos de preparación para el reciclaje textil, y que podrían impulsar su industrialización aumentando tanto la eficiencia como la capacidad de procesamiento, pueden agruparse en los siguientes ámbitos:</p>
<h3>La visión artificial: precisión y eficiencia en la identificación</h3>
<p>La visión artificial se perfila como una de las tecnologías con mayor potencial para el reciclaje textil. Mediante el uso de cámaras y algoritmos avanzados, esta tecnología permite capturar y analizar imágenes de los materiales textiles para identificarlos de forma precisa y eficiente. Gracias a estos sistemas es posible reconocer distintos tipos de tejidos, colores y patrones, lo que posteriormente facilita la separación entre los materiales que pueden reciclarse y aquellos que no.</p>
<blockquote><p><em>Ejemplo: En una planta de reciclaje, se puede implementar un sistema de visión artificial que utilizando cámaras de alta resolución pueda identificar textiles de forma mucho más eficiente. Estos sistemas llegan a mejorar la precisión de la clasificación en un 30 %, reduciendo significativamente el desperdicio y mejorando la eficiencia del proceso. La visión hiperespectral, que combina la visión artificial con la espectroscopía de infrarrojo cercano (NIR), se puede utilizar para identificar la composición química de las fibras textiles, permitiendo una clasificación más precisa basada en la composición del material.</em></p></blockquote>
<h3>Automatización inteligente mediante robótica avanzada</h3>
<p>La robótica avanzada representa otra de las tecnologías con mayor potencial para transformar el reciclaje textil en España y contribuir al avance hacia una moda más sostenible. La incorporación de brazos robotizados, combinados con sistemas de visión artificial y aprendizaje automático, permite automatizar tareas repetitivas y exigentes, como la selección y clasificación de textiles, alcanzando niveles de precisión y velocidad superiores a los del trabajo manual.</p>
<blockquote><p><em>Ejemplo: Adoptar brazos robotizados, desplazadores automáticos u otros elementos que, combinados con la clasificación avanzada, nos permiten automatizar la clasificación de residuos textiles, mejorando las ratios de clasificación y los volúmenes gestionables. Estos robots utilizan cámaras y algoritmos de visión artificial para identificar y separar diferentes tipos de tejidos, eliminando materiales no deseados como botones y cremalleras que pueden interferir con el proceso de reciclaje. La implementación de estos robots puede permitir reducir los costes operativos en un 25 % y aumentar la eficiencia de la clasificación en un 40 %.</em></p></blockquote>
<h3>Sensorización y monitorización inteligente para decisiones más eficientes</h3>
<p>La sensorización avanzada resulta clave para la captación de datos en tiempo real. Sensores ópticos, infrarrojos o basados en espectroscopía permiten identificar los materiales y la composición de los textiles, lo que facilita su clasificación y posterior procesamiento. Además, estas tecnologías proporcionan una visión más completa del residuo textil en su conjunto.</p>
<p>La integración de plataformas de datos que recojan toda esta información obtenida de forma automatizada y permitan analizarla es fundamental para garantizar una operación eficiente, así como para el seguimiento y la mejora continua de los procesos de reciclaje textil. Estas plataformas recopilan y procesan los datos disponibles, generando información de valor que contribuye a optimizar la eficiencia y la sostenibilidad de los procesos.</p>
<blockquote><p>Ejemplo: Una planta de reciclaje puede integrar sensores avanzados que proporcionen datos precisos y en tiempo real sobre la calidad y composición de los residuos textiles (composición, estructura de tejidos, gramajes, existencia de impropios, tanto % de cada uno de ellos, etc.). Estos sensores permiten suministrar la información necesaria a la plataforma de datos, que con algoritmos e incluso IA, permita entender y definir patrones complejos que hagan posible diseñar y ajustar los procesos de preparación y reciclaje, en función de la información recibida, mejorando la eficiencia y reduciendo el desperdicio. Hay ejemplos de otros sectores que están reportado una mejora del 20 % en la precisión de la clasificación y una reducción del 15 % en los residuos no reciclables.</p></blockquote>
<h3>Separación de materiales en textiles de composición mixta</h3>
<p>Uno de los principales desafíos para avanzar en la circularidad de los materiales procedentes de prendas de vestir es lograr un mayor aprovechamiento de aquellos que forman parte de composiciones mixtas. Este tipo de combinaciones dificulta su reutilización directa en procesos de reciclaje textil de fibra a fibra, necesarios para obtener hilos de calidad que puedan emplearse en la fabricación de nuevas prendas. Por ello, resulta fundamental desarrollar e implementar procesos industrializados capaces de separar estos materiales y recuperar materias primas que puedan reincorporarse tanto al sector textil como a otros procesos de manufactura.</p>
<blockquote><p><em>Ejemplo: Una planta para el reciclaje de material poli-cotón (tejido con composiciones de algodón y poliéster), cuenta con un proceso de disolución selectiva, con el que se separan tanto el algodón, cómo el poliéster en formato polímero, en material. Este proceso consigue recuperar porcentajes muy altos de poliéster con sus características primigenias y el algodón, que se recupera mediante precipitación de la disolución y que se utilizará en proceso fuera del sector textil.</em></p></blockquote>
<p>Como conclusión y a modo de reflexión, podemos afirmar que la revolución tecnológica está transformando la industria del reciclaje textil al ofrecer soluciones innovadoras para afrontar el creciente desafío de los residuos textiles y avanzar hacia un modelo de moda más sostenible. Los procesos de preparación para el reciclaje se perfilan como una necesidad ineludible a corto y medio plazo y, sin la incorporación de tecnologías avanzadas como la visión artificial, la robótica avanzada, la sensorización o las plataformas de datos, será difícil responder a las exigencias de la legislación que se avecina.</p>
<p>Resulta imprescindible mejorar la eficiencia, la trazabilidad y, por supuesto, la sostenibilidad de todos los procesos que conforman esta “nueva” cadena de valor. Ante la presión de la nueva normativa europea y la creciente preocupación social por el medio ambiente, el sector textil español debe apostar por la adopción de estas tecnologías para cumplir los objetivos de sostenibilidad y avanzar hacia una economía circular en la que nuestro país pueda posicionarse como referente internacional.</p>
<p>La integración de estas soluciones tecnológicas no solo permitirá mejorar la trazabilidad, la eficiencia y la calidad de los procesos de reciclaje textil, sino que también favorecerá una mayor reutilización de materiales, reduciendo el desperdicio y aumentando la sostenibilidad del sistema. Si España apuesta con decisión por estas innovaciones, podrá situarse a la vanguardia de un modelo más responsable y sostenible en la gestión de los residuos textiles.</p>
<p> </p>
<p><em>Sobre el autor:  <strong><a href="https://www.linkedin.com/in/h%C3%A9ctor-viniegra-bernal-81b9ab38/">Hector Viniegra Bernal</a> </strong>es ingeniero industrial y responsable de desarrollo de mercado y negocio para la circularidad en TECNALIA</em></p>
<p><em>Sobre <a href="https://www.tecnalia.com/">TECNALIA</a>: El mayor centro de investigación aplicada y desarrollo tecnológico de España, un referente en Europa y miembro de Basque Research and Technology Alliance (BRTA). </em></p>
<blockquote>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-51130" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2025/02/logo_brta_300_c.jpg" alt width="400" height="218" style="max-width: 100%; height: auto;"></p>
<p><span data-olk-copy-source="MessageBody"><strong>Basque Research & Technology Alliance</strong> (BRTA) es una alianza que se anticipa a los retos socioeconómicos futuros globales y de Euskadi y que responde a los mismos mediante la investigación y el desarrollo tecnológico, proyectándose internacionalmente. Los centros de BRTA colaboran en la generación de conocimiento y su transferencia a la sociedad e industria vascas para que sean más innovadoras y competitivas. BRTA es una alianza de 17 centros tecnológicos y centros de investigación cooperativa y cuenta con el apoyo del Gobierno Vasco, SPRI y las Diputaciones Forales de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa.</span></p></blockquote>

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		<title>Borrando, poco a poco, el campo magnético de Marte</title>
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		<dc:creator><![CDATA[César Tomé]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Apr 2026 09:59:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Planeta B]]></category>
		<category><![CDATA[geociencias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>  Probablemente, la gran divergencia evolutiva que observamos entre la Tierra y Marte sea el resultado de muchos procesos superpuestos que han hecho que, incluso con su parecido, ambos cuerpos acaben por seguir caminos muy diferentes. Una de las diferencias más llamativas es que pensamos que ambos planetas pudieron nacer con unos núcleos ricos en [&#8230;]</p>
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<p>Probablemente, la gran divergencia evolutiva que observamos entre la Tierra y Marte sea el resultado de muchos procesos superpuestos que han hecho que, incluso con su parecido, ambos cuerpos acaben por seguir caminos muy diferentes.</p>
<p>Una de las diferencias más llamativas es que pensamos que ambos planetas pudieron nacer con unos <a href="https://culturacientifica.com/2023/07/10/el-nucleo-de-marte/">núcleos</a> ricos en elementos metálicos capaces de generar esa “burbuja” magnética que nos protege y que conocemos como magnetosfera.</p>
<p>Pero el enfriamiento del interior de Marte, mucho más rápido que el de la Tierra debido a su menor tamaño, provocó probablemente un prematuro apagón de su campo magnético, afectando seriamente a su habitabilidad, al menos en la superficie.</p>
<p>Sin un campo magnético que sirva como escudo protector, Marte quedó a la merced del viento solar, un chorro continuo de partículas de alta energía emitidas por el Sol. En la Tierra una gran parte de este “viento” es desviado por el campo magnético, pero en Marte este choca directamente con la atmósfera superior.</p>
<figure id="attachment_56523" aria-describedby="caption-attachment-56523" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56523 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-1.jpg" alt="campo magnético de Marte" width="1024" height="576" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-1.jpg 1024w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-1-560x315.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-1-768x432.jpg 768w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-1-250x140.jpg 250w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56523" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Figura 1. A la izquierda, una representación del viento solar interactuando con la atmósfera superior de Marte en la actualidad. A la derecha, el campo magnético de la Tierra desviando las partículas procedentes del viento solar antes de llegar a la atmósfera superior. Esta reconstrucción de lo que ocurre en Marte es de las más recientes y realizada a partir de los datos de la misión MAVEN. Imagen cortesía de NASA/GSFC.</figcaption></figure><p>Durante millones y millones de años, la acción del viento solar pudo ir retirando lentamente parte de los gases de la atmósfera, aquellos que mantenían una superficie más cálida y húmeda que el desierto que es hoy, donde debido a las bajas presiones, el agua no puede existir de una manera estable en la superficie. Eso sin obviar también el descenso en la actividad volcánica que habría acompañado al enfriamiento de su interior, que no sería capaz de “rellenar” la atmósfera de gases al ritmo que estos se perdían.</p>
<p>Además, el campo magnético también tiene un efecto protector sobre la vida que hay en la superficie al evitar que estas partículas que provienen del Sol o incluso los rayos cósmicos provoquen mutaciones indeseadas en el ADN.</p>
<p>Precisamente esta larga introducción viene a colación porque hoy quería comentar un artículo publicado por Mittelholz et al. (2025) relacionado con el campo magnético y la existencia de ambientes habitables en Marte -incluso después de la desaparición del campo magnético global- y de cómo podríamos detectarlos desde la órbita.</p>
<p>Uno de los ambientes más favorables para la aparición y desarrollo de la vida en nuestro planeta son los que conocemos como sistemas hidrotermales, esos lugares por donde circula agua caliente a través de fracturas en la roca, transformándolas y convirtiéndolas en un laboratorio químico natural, donde los intercambios de materia y las reacciones químicas pueden crear unas condiciones adecuadas para la vida, como las que por ejemplo vemos hoy asociadas a las chimeneas hidrotermales que existen en el fondo de los océanos o que pensamos que podrían existir en los océanos subterráneos de algunas lunas del sistema solar exterior.</p>
<figure id="attachment_56524" aria-describedby="caption-attachment-56524" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56524 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-2.png" alt="campo magnético de Marte" width="1524" height="1045" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-2.png 1524w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-2-560x384.png 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-2-768x527.png 768w" sizes="(max-width: 1524px) 100vw, 1524px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56524" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Figura 2. Imagen del campo magnético litosférico del planeta Marte en la actualidad, formado en presencia de un pretérito campo magnético global sobre los minerales magnéticos de las rocas pero donde también se aprecian zonas con poco magnetismo debido a los procesos de “borrado” de este o incluso a que el campo magnético de Marte pudo actuar sobre algunas partes con mayor intensidad. Imagen cortesía de la NASA.</figcaption></figure><p>Pero, ¿cómo podríamos detectar las huellas de estos sistemas que ya no están en funcionamiento? Es cierto que algunos sistemas hidrotermales son fáciles de observar por su señal mineralógica, pero en Marte muchas veces esta queda oscurecida por el polvo que cubre una gran parte de su superficie, obligándonos a tener que usar otro tipo de técnicas para encontrarlos.</p>
<p>Así que los científicos se han puesto bastante creativos y quizás usando las pistas “fosilizadas” del campo magnético y gravitatorio del planeta sean capaces de encontrarlos. Lo explico: cuando un gran impacto forma un cráter en la superficie de un planeta, la corteza tiende -con el tiempo- a relajarse poco a poco desde el punto geológico. Como si se desinflase o se suavizase, haciendo que estos grandes cráteres queden menos marcados. O para que me entiendan mejor, si el cráter al principio fuese un bol de los que se usan para tomar los cereales del desayuno acabaría transformado en un plato ligeramente hondo.</p>
<p>Si tras el impacto circula agua caliente por el subsuelo, el enfriamiento se acelera y ese relieve podría quedar fosilizado antes de terminar de relajarse por completo. Como resultado, tendríamos un cráter que conserva una anomalía gravitatoria, como si algo hubiese impedido que la corteza se comportase de manera normal. Esto nos indicaría que algunos cráteres marcianos podrían marcar la existencia de antiguos sistemas hidrotermales.</p>
<p>Esto ya es muy interesante, pero el puzle tiene una pieza más: el magnetismo. Como dijimos en la introducción, Marte ya no tiene un campo magnético global como el de la Tierra, pero su corteza sí conserva zonas muy magnetizadas que nos indican que en el pasado hubo una dínamo interna. Si las rocas interactúan con el agua mientras el campo magnético está activo, algunos minerales pueden adquirir una especie de magnetización que queda registrada durante la alteración.</p>
<p>Ahora bien, si esas reacciones han ocurrido cuando el campo magnético global ha desaparecido, el resultado puede ser justo el contrario: una desmagnetización de las rocas. Así que, al menos sobre el papel, aquellas regiones que hubiese sufrido procesos de hidrotermalismo en la antigüedad del planeta, deberían mostrar una relación entre anomalías gravitatorias y magnéticas.</p>
<p>Para poner a prueba esta idea, los autores analizaron más de cien cráteres marcianos y buscaron cuales de ellos conservaban una fuerte anomalía gravitatoria que estuviese relacionada con cráteres cuya forma hubiese sufrido menos relajación de la esperada.</p>
<p>Observaron que los casos más extremos no aparecen repartidos al azar por la superficie, sino que aparecen en regiones concretas, muchas de ellas asociadas con la existencia de redes de valles fluviales y la aparición de minerales relacionados con la alteración por el agua de determinadas rocas.</p>
<figure id="attachment_56525" aria-describedby="caption-attachment-56525" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56525 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-3.jpg" alt="campo magnético de Marte" width="1200" height="440" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-3.jpg 1200w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-3-560x205.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-3-768x282.jpg 768w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56525" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Figura 3. Imagen de una red fluvial tomada por la cámara HRSC de la sonda europea Mars Express. Si nos fijamos, su parecido con las redes fluviales terrestres es total, lo que podría indicar que, efectivamente, están formadas a partir del agua que precipita desde la atmósfera. Imagen cortesía de  ESA/DLR/FU Berlin.</figcaption></figure><p>En vez de estudiar por separado gravedad y magnetismo, el equipo utilizó un modelo tridimensional para reconstruir cómo podría distribuirse el campo gravitatorio y la magnetización de la corteza. Lo hicieron mediante la técnica de inversión, con los que intentaron encontrar modelos internos capaces de explicar de manera simultánea ambas propiedades, algo especialmente útil cuando solo tenemos datos indirectos tomados desde la órbita. Esto les ayudó a evaluar si las anomalías gravitatorias estaban realmente asociadas a las magnéticas o si simplemente podríamos estar ante una coincidencia.</p>
<p>Pues bien, los resultados del estudio son sorprendentes: los cráteres estudiados muestran anomalías gravitatorias muy marcadas, coherentes con la existencia de una corteza que no llegó a relajarse del todo. Pero la respuesta magnética no sigue el patrón esperado, al menos de una manera evidente. En el caso de los grandes cráteres, es importante recordar que cuando se forman, y para compensar “el hueco”, pueden subir materiales más densos desde el manto.</p>
<p>De hecho, en la mayoría de los casos, falta una fuerte señal magnética donde la gravedad sugiere la existencia de actividad hidrotermal. Esto sugiere que muchas de estas regiones afectadas por grandes impactos podrían haber perdido, o al menos también suavizado, la memoria de un pretérito campo magnético.</p>
<p>Esto, que nos puede parecer un jarro de agua fría, es una pista muy importante. Los cráteres analizados se formaron hace más de 3750 millones de años, cuando el campo magnético -probablemente- aún existía. Si el hidrotermalismo hubiese actuado solo mientras la dínamo seguía en marcha, sería razonable esperar que esta alteración física y química de las rocas hubiese dejado una magnetización reconocible.</p>
<figure id="attachment_56526" aria-describedby="caption-attachment-56526" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56526 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-4.jpg" alt="campo magnético de Marte" width="1048" height="789" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-4.jpg 1048w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-4-560x422.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-4-768x578.jpg 768w" sizes="(max-width: 1048px) 100vw, 1048px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56526" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Figura 4. Mapa topográfico de la cuenca de Eridania, que parece formada por 3 o 4 grandes subcuencas que podrían haber tenido profundidades de hasta 1000 metros -en los colores más azules-. Se calcula que hace unos 3700 millones de años pudo albergar 210.000 kilómetros cúbicos de agua, suficiente como para sumergir la península ibérica bajo una capa de 350 metros de agua. Imagen cortesía de NASA.</figcaption></figure><p>Pero no es lo que se ha observado, lo que hace que la interpretación sea mucho más sugerente: el agua habría seguido circulando durante tanto tiempo, tanto que muchas de esas reacciones de alteración sufridas por las rocas ocurrieron después de que Marte perdiese su campo magnético global, algo en la línea de otros estudios, como el de Alsemgeest et al. (2024).</p>
<p>Bajo estas condiciones, la alteración química no es capaz de provocar una reorientación de los minerales magnéticos en una dirección común porque puede que ya no la haya o sea muy débil, sino que borra o neutraliza parcialmente la señal anterior porque los minerales.</p>
<p>La cuenca de Eridania es uno de los ejemplos más interesantes que se presentan en este artículo. Esta región marciana lleva décadas fascinando a los científicos porque allí pudo existir un mar -o mares- interior, donde se aprecian señales mineralógicas y geológicas que indican la existencia de una antigua actividad hidrotermal.</p>
<p>En este estudio, este lugar aparece como una zona con la corteza muy gruesa, densidades anómalas y al mismo tiempo, una magnetización relativamente débil en una gran parte. Así que podría interpretarse como un profundo y longevo sistema alimentado no solo por el propio calor generado por los impactos, sino incluso por el calor proveniente de elementos radiogénicos, y donde el agua pudo circular por la corteza y provocar alteraciones de las rocas a gran escala.</p>
<p>Si esta interpretación es correcta, no estaríamos hablando únicamente de pequeños oasis, sino de ambientes subterráneos muy extensos y persistentes en el tiempo, desde luego algo que a priori podríamos pensar que son lugares favorables para que se diesen reacciones químicas prebióticas o incluso condiciones habitables. Aquí quiero abrir un inciso, ya que si queréis conocer con un poco más de detalle los procesos hidrotermales que pudieron darse en esta cuenca, tenéis un magnífico artículo de Michalski et al. (2017) en las referencias.</p>
<p>Hace un par de párrafos hacíamos referencia a elementos productores de calor, como pueden ser el torio y el potasio, que liberan calor durante la desintegración radiactiva. Los autores sugieren que las regiones de Marte con una corteza más gruesa podrían haber concentrado mejor estos elementos, manteniendo el calor durante periodos más largos.</p>
<figure id="attachment_56527" aria-describedby="caption-attachment-56527" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56527 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-5.jpg" alt="campo magnético de Marte" width="1800" height="1290" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-5.jpg 1800w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-5-560x401.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-5-768x550.jpg 768w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/FIGURA-5-1536x1101.jpg 1536w" sizes="(max-width: 1800px) 100vw, 1800px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56527" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Figura 5. En esta imagen tomada por la cámara HiRISE de la misión MRO podemos ver una serie de bloques rocosos -los de tonalidades claras- que podrían corresponderse con los depósitos formados por la actividad hidrotermal del fondo de la cuenca de Eridania. Imagen cortesía de NASA/JPL-Caltech/MSSS.</figcaption></figure><p>Esto explicaría por qué algunas zonas del planeta como la región de Eridania habrían sido capaces de albergar fenómenos hidrotermales más extensos -en superficie- y prolongados en el tiempo, mientras que otros, como Ladon Valles, también mencionado en este estudio, pudo tener sistemas más breves o que provocasen una alteración menor de las rocas.</p>
<p>De hecho, de todos los posibles sistemas estudiados, el de la cuenca de Ladon es donde todavía se observa una marcada magnetización de las rocas, quizás porque el hidrotermalismo cesó antes y dejó parte de la señal magnética que las rocas habrían adquirido cuando Marte todavía tenía su dínamo activa.</p>
<p>Uno de los aspectos más arriesgados, a la par de bonito, de este trabajo es que transforma algo que nos puede parecer abstracto, como la señal gravitatoria o magnética, en la posibilidad de detectar antiguos sistemas hidrotermales con un interesante potencial biológico y donde el subsuelo pudo albergar sistemas de agua líquida a alta temperatura y químicamente activos incluso durante millones de años.</p>
<p>Por supuesto, la historia no acaba aquí: Todavía faltan datos de mayor resolución para comprobar esta interpretación, especialmente datos del campo gravitatorio para lo que se requeriría de una misión similar a la GRAIL lunar y que, al mismo tiempo, también nos serviría para poder conocer con mucho más detalle la estructura interna de Marte… ¿Qué más nos dejará conocer Marte a partir de datos indirectos?</p>
<p>Referencias:</p>
<p>Mittelholz, A., Moorkamp, M., Broquet, A., & Ojha, L. (2025). Gravity and Magnetic Field Signatures in Hydrothermally Affected Regions on Mars. <em>Journal of Geophysical Research: Planets</em> doi:<a href="https://doi.org/10.1029/2024JE008832">10.1029/2024JE008832</a></p>
<p>Alsemgeest, J., Christou, E., & Brouwer, F. M. (2024). Evolution of impact-generated hydrothermal systems in basaltic targets on Earth and implications for habitats on Mars. <em>Icarus</em> doi: <a href="https://doi.org/10.1016/j.icarus.2024.116140">10.1016/j.icarus.2024.116140</a></p>
<p>Michalski, J. R., Dobrea, E. Z. N., Niles, P. B., & Cuadros, J. (2017). Ancient hydrothermal seafloor deposits in Eridania basin on Mars. <em>Nature Communications</em> doi: <a href="https://doi.org/10.1038/ncomms15978">10.1038/ncomms15978</a></p>
<p> </p>
<p>Sobre el autor: <a href="https://twitter.com/geologoenapuros">Nahúm Méndez Chazarra</a> es geólogo planetario y divulgador científico.</p>

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		<title>Descubren los mecanismos fisiológicos que te quitan el apetito cuando estás enfermo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[César Tomé]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Apr 2026 09:59:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Irreductible]]></category>
		<category><![CDATA[biología]]></category>
		<category><![CDATA[medicina]]></category>
		<category><![CDATA[salud]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La situación es tan frecuente que todos la hemos vivido en algún momento de nuestra vida. Te encuentras enfermo y, acto seguido, no tienes ganas de comer nada. No importa el manjar que tengas delante, no importa que sepas que debes alimentarte bien… no hay nada que te convenza, tu estómago se cierra, tu cerebro [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_56510" aria-describedby="caption-attachment-56510" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56510 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/tamas-pap-XO5qTnr0a50-unsplash.jpg" alt="comer" width="909" height="800" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/tamas-pap-XO5qTnr0a50-unsplash.jpg 909w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/tamas-pap-XO5qTnr0a50-unsplash-560x493.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/tamas-pap-XO5qTnr0a50-unsplash-768x676.jpg 768w" sizes="(max-width: 909px) 100vw, 909px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56510" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">¿Por qué perdemos el apetito cuando estamos enfermos? Foto: <a href="https://unsplash.com/es/@tamasp?utm_source=unsplash&utm_medium=referral&utm_content=creditCopyText">Tamas Pap</a> / <a href="https://unsplash.com/es/fotos/mujer-con-el-pelo-desordenado-con-camiseta-negra-de-cuello-redondo-sosteniendo-una-cuchara-con-cereales-en-la-parte-superior-XO5qTnr0a50?utm_source=unsplash&utm_medium=referral&utm_content=creditCopyText">Unsplash</a></figcaption></figure><p>La situación es tan frecuente que todos la hemos vivido en algún momento de nuestra vida. Te encuentras enfermo y, acto seguido, no tienes ganas de comer nada. No importa el manjar que tengas delante, no importa que sepas que debes alimentarte bien… no hay nada que te convenza, tu estómago se cierra, tu cerebro se rebela ante el plato y, simplemente, ya no te apetece comer. ¿Por qué ocurre esto? ¿Cómo consigue el intestino comunicarse con los centros del sistema nervioso que controlan el apetito? Un estudio, <a href="https://www.nature.com/articles/s41586-026-10281-5">publicado recientemente en Nature</a>, ha logrado descubrir las «sorprendentes y elegantes» conexiones implicadas en este proceso fisiológico.</p>
<p>El trabajo lo han realizado investigadores de la Universidad de California, San Francisco (UCSF) que buscaban responder a una doble cuestión: en primer lugar, estudiar cómo el sistema inmunitario combate a los parásitos estomacales y, en segundo lugar, cómo es capaz de comunicarse y activar el sistema nervioso para modificar <a href="https://culturacientifica.com/2016/12/09/intestino-no-segundo-cerebro/">nuestro comportamiento</a>. Al frente del equipo de científicos encontramos al doctor David Julius, director del Departamento de Fisiología en esta Universidad y ganador del <a href="https://www.nobelprize.org/prizes/medicine/2021/summary/">Premio Nobel de Medicina en 2021</a> por desvelar otra intrigante conexión, en aquel caso entre los receptores de temperatura y el tacto.</p>
<p>Nuestro intestino es el hogar de millones de células especializadas que actúan como centinelas, entre ellas destacan dos tipos que hasta ahora se solían estudiar por separado:</p>
<p>Las <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Tuft_cell">células tuft</a>, células en penacho o células del penacho intestinal, aunque se encuentran en muchos otros lugares. Son pequeñas células sensoras capaces de detectar la presencia de parásitos —gusanos intestinales y protozoos— mediante las señales químicas que estos liberan. Cuando las detectan, liberan diferentes moléculas mediadoras que activan el sistema inmunológico para combartirlas. Es importante apuntar que estas células tuft no son demasiado abundantes en comparación con el número de células presentes en nuestro intestino sin embargo, cuando aparece una amenaza (una infección, un parásito, etc.) se multiplican y proliferan rápidamente.</p>
<p>Por otro lado, tenemos a las <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%A9lulas_enterocromafines">células enterocromafines</a> (EC). Su especialidad es liberar serotonina —sí, el mismo neurotransmisor relacionado con el estado de ánimo— que activa las fibras nerviosas del intestino y envía señales al cerebro relacionadas con el dolor o el malestar estomacal.</p>
<p>Hasta ahora no habíamos determinado claramente si estos dos tipos de células se comunicaban entre sí y es aquí donde llega este nuevo estudio demostrando que no solo lo hacen, sino que forman un sistema eficaz y elegante de comunicación en cadena desde nuestras tripas hasta el cerebro.</p>
<p>Para descubrir esta comunicación los investigadores modificaron genéticamente células sensoras y la colocaron en una placa junto a las células en penacho para poder estudiarlas bajo microscopio. El siguiente paso fue añadir una amenaza para ver su comportamiento, en este caso exponer las células en penacho al succinato, un compuesto que suelen liberar algunos gusanos parásitos. Cuando las células en penacho detectaron el succinato se activaron liberando <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Acetilcolina">acetilcolina</a>, un neurotransmisor que funciona como molécula de señalización y que se asocia normalmente a células nerviosas, como las neuronas.</p>
<p>Ahora tocaba saber cómo se comportarían las células enterocromafines ante la presencia de ese neutransmisor así que, explicado de manera sencilla, recogieron las moléculas de acetilcolina que las células penacho habían liberado y las introdujeron en tejido intestinal cultivado en laboratorio que contenía células EC… y éstas respondieron liberando serotonina lo que activó las fibras del nervio vago, que transmiten señales del intestino al cerebro.</p>
<p>«Lo que descubrimos es que las células en penacho hacen algo que hacen las neuronas, pero mediante un mecanismo completamente diferente», <a href="https://www.sciencedaily.com/releases/2026/03/260328024519.htm">explica en Science Daily</a>, la doctora Kouki Tohara coautora principal del estudio. «Utilizan acetilcolina para comunicarse, pero sin la maquinaria celular habitual de la que dependen las neuronas para liberarla».</p>
<h3>Señales en dos etapas</h3>
<p>Gracias a estos experimentos los investigadores también descubrieron que las células en penacho liberan acetilcolina en dos fases distintas, lo que explica por qué la pérdida de la pérdida de apetito no suele aparecer inmediatamente después de la infección sino algo más tarde. Es lógico: inicialmente las células en penacho son pocas y liberan poca acetilcolina pero, a medida que se intensifica la respuesta inmunitaria, el número de células en penacho aumenta y se produce una liberación mayor de esa señal. Es esta segunda liberación prolongada de neurotransmisores la que se convierte en una señal suficientemente fuerte como para activar las células EC y enviar señales al cerebro. «Esto explica por qué al principio te sientes bien, pero luego empiezas a sentirte mal a medida que la infección se establece», explica David Julius, «El intestino básicamente espera a confirmar que la amenaza es real y persistente antes de indicarle al cerebro que cambie tu comportamiento».</p>
<figure id="attachment_56512" aria-describedby="caption-attachment-56512" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-56512 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/02-LAS-DOS-ETAPAS.jpg" alt="apetito" width="752" height="646" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/02-LAS-DOS-ETAPAS.jpg 752w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/04/02-LAS-DOS-ETAPAS-560x481.jpg 560w" sizes="(max-width: 752px) 100vw, 752px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-56512" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Las dos etapas de liberación de acetilcolina de las células en penacho y su repercusión en la pérdida de apetito en la segunda fase. Source: Touhara, K.K.,  <i>et al.</i> (2026) <i>Nature</i> doi: <a href="https://doi.org/10.1038/s41586-026-10281-5">10.1038/s41586-026-10281-5</a> CC BY 4.0</figcaption></figure><p>Era el momento perfecto para dar el salto desde los primeros experimentos in vitro bajo microscopio hasta la confirmación con modelos animales. Para ello estudiaron ratones infectados con gusanos parásitos y un grupo de control con ratones a los que se modificó para que no pudieran producir acetilcolina en sus células penacho. Los resultados confirmaron esta comunicación ya que los ratones con función normal de las células penacho comían menos a medida que avanzaba la infección mientras que los que no podían producir ese neutransmisor seguían comiendo con normalidad. «Esto confirmó que la vía de señalización influye directamente en los cambios de apetito».</p>
<p>El estudio no solo arroja luz a la cuestión de por qué no tenemos ganas de comer cuando estamos enfermos sino que también abre la ventana a aplicaciones más prácticas como «el desarrollo de nuevos tratamientos para los síntomas relacionados con las infecciones parasitarias». Conocer el circuito célula tuft → acetilcolina → célula enterocromafine → serotonina → nervio vago → cerebro— permite identificar puntos concretos donde se podría intervenir farmacológicamente para aliviar síntomas como la anorexia asociada a infecciones, la hipersensibilidad visceral o las náuseas crónicas.</p>
<p>Además, las células en penacho se encuentran en diversas partes del cuerpo, incluyendo las vías respiratorias, la vesícula biliar y el sistema reproductivo, no solo en el intestino. Las alteraciones en esta vía de señalización recientemente identificada podrían influir en afecciones como el síndrome del intestino irritable, las intolerancias alimentarias y el dolor visceral crónico.</p>
<p>Para finalizar, es conveniente recordar que en ciencia lo normal es que cuando se consigue algún descubrimiento también aparecen nuevas preguntas. El misterio de cómo las células tuft liberan acetilcolina sin tener el aparato molecular habitual para ello sigue abierto, y resolverlo podría revelar mecanismos biológicos completamente nuevos con aplicaciones más allá del intestino, en órganos como los pulmones o la vesícula biliar, donde también existen este tipo de células.</p>
<p> </p>
<p>Referencias científicas y más información:</p>
<p>University of California, San Francisco (2026) <a href="https://www.sciencedaily.com/releases/2026/03/260328024519.htm">Scientists discover why your appetite suddenly disappears when you’re sick</a> <em>ScienceDaily</em></p>
<p>Touhara, K.K., Xu, J., Castro, J. <i>et al.</i> (2026) Parasites trigger epithelial cell crosstalk to drive gut–brain signalling <i>Nature</i> doi: <a href="https://doi.org/10.1038/s41586-026-10281-5">10.1038/s41586-026-10281-5</a></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>Sobre el autor: <strong>Javier Peláez</strong> (@<a href="https://bsky.app/profile/irreductible.bsky.social">Irreductible</a>), es escritor y comunicador científico. Autor de «500 Años de Frío» (2019) y «Planeta Océano» (2022), también es guionista en el programa de TVE «Órbita Laika» y ganador de tres premios Bitácoras, un premio Prisma a la mejor web de divulgación científica y un Premio Ondas al mejor programa de radio digital.</p>
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		<title>Ardipithecus ramidus</title>
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		<dc:creator><![CDATA[César Tomé]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 11 Apr 2026 09:59:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vídeos cortos]]></category>
		<category><![CDATA[biología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El descubrimiento de “Ardi” (Ardipithecus ramidus) en 2009 reveló a uno de nuestros ancestros bípedos más antiguos; uno de los primeros candidatos para ocupar el primer eslabón bípedo en la cadena de la evolución humana. ﻿ Los vídeos “Hitos científicos del siglo XXI” muestran los mayores descubrimientos y avances científicos de las últimas décadas en [&#8230;]</p>
<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/04/11/ardipithecus-ramidus/">Ardipithecus ramidus</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El descubrimiento de “Ardi” (<em>Ardipithecus ramidus</em>) en 2009 reveló a uno de nuestros ancestros bípedos más antiguos; uno de los primeros candidatos para ocupar el primer eslabón bípedo en la cadena de la evolución humana.</p>
<p><iframe loading="lazy" title="YouTube video player" src="https://www.youtube.com/embed/W-lvP_qpsFQ?si=2qNGCnBz2VSyT6Lu" width="560" height="315" allowfullscreen="allowfullscreen"><span style="width: 0px" data-mce-type="bookmark" class="mce_SELRES_start">﻿</span></iframe></p>
<p><span class="yt-core-attributed-string yt-core-attributed-string--white-space-pre-wrap" dir="auto" role="text"><span class="yt-core-attributed-string--link-inherit-color" dir="auto">Los vídeos “Hitos científicos del siglo XXI” muestran los mayores descubrimientos y avances científicos de las últimas décadas en su sección del programa de divulgación científica Órbita Laika, en colaboración con la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco.</span></span></p>
<p><span class="yt-core-attributed-string yt-core-attributed-string--white-space-pre-wrap" dir="auto" role="text"><span class="yt-core-attributed-string--link-inherit-color" dir="auto"> Ficha técnica: </span></span></p>
<p><span class="yt-core-attributed-string yt-core-attributed-string--white-space-pre-wrap" dir="auto" role="text"><span class="yt-core-attributed-string--link-inherit-color" dir="auto">Producción ejecutiva: Blanca Baena </span></span></p>
<p><span class="yt-core-attributed-string yt-core-attributed-string--white-space-pre-wrap" dir="auto" role="text"><span class="yt-core-attributed-string--link-inherit-color" dir="auto">Guion: José Antonio Pérez Ledo </span></span></p>
<p><span class="yt-core-attributed-string yt-core-attributed-string--white-space-pre-wrap" dir="auto" role="text"><span class="yt-core-attributed-string--link-inherit-color" dir="auto">Dirección: Aitor Gutierrez </span></span></p>
<p><span class="yt-core-attributed-string yt-core-attributed-string--white-space-pre-wrap" dir="auto" role="text"><span class="yt-core-attributed-string--link-inherit-color" dir="auto">Grafismo: Cristina Serrano </span></span></p>
<p><span class="yt-core-attributed-string yt-core-attributed-string--white-space-pre-wrap" dir="auto" role="text"><span class="yt-core-attributed-string--link-inherit-color" dir="auto">Música: Israel Santamaría </span></span></p>
<p><span class="yt-core-attributed-string yt-core-attributed-string--white-space-pre-wrap" dir="auto" role="text"><span class="yt-core-attributed-string--link-inherit-color" dir="auto">Producción: Olatz Vitorica </span></span></p>
<p><span class="yt-core-attributed-string yt-core-attributed-string--white-space-pre-wrap" dir="auto" role="text"><span class="yt-core-attributed-string--link-inherit-color" dir="auto">Doblaje: K 2000 </span></span></p>
<p><span class="yt-core-attributed-string yt-core-attributed-string--white-space-pre-wrap" dir="auto" role="text"><span class="yt-core-attributed-string--link-inherit-color" dir="auto">Locución: José Antonio Pérez Ledo</span></span></p>

<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/04/11/ardipithecus-ramidus/">Ardipithecus ramidus</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>

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