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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/atom10full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss"><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879</id><updated>2009-10-28T10:37:59.145-07:00</updated><title type="text">Cuentos y Poesía - Andaryego</title><subtitle type="html" /><link rel="http://schemas.google.com/g/2005#feed" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/posts/default" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/" /><link rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><generator version="7.00" uri="http://www.blogger.com">Blogger</generator><openSearch:totalResults>18</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><link rel="self" href="http://feeds.feedburner.com/Cuentos-Andaryego" type="application/atom+xml" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com" /><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-7849830266412546755</id><published>2009-03-29T10:37:00.001-07:00</published><updated>2009-03-29T10:37:26.811-07:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Reflexiones" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuando era chiquito" /><title type="text">when I was a little baby...</title><content type="html">&lt;div class="shortpost"&gt;&lt;br /&gt;Es una canción que viene una y otra vez a mi mente. Sólo recuerdo la primera frase y decido construir lo que sigue...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"When I was a Little baby..."&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Everybody thought I was a monkey&lt;br /&gt;But I grew up, I grew up...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;When I was a young teenager&lt;br /&gt;They all thought I'd be drunk forever&lt;br /&gt;But I grew up, I grew up...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Then I went up to college &lt;br /&gt;They believed I'd get some knowledge&lt;br /&gt;Cause I had grown up, I'd grown up...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;And I met your older sister&lt;br /&gt;She believed I loved her with fever&lt;br /&gt;But I had grown up, I'd grown up...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Now you have 5 nephews &lt;br /&gt;And you all think I'm serious&lt;br /&gt;But I'm not a grown up, 'm not a grown up&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;At 65 they say I'm a loser&lt;br /&gt;But I say I'm only an old teenager&lt;br /&gt;Cause I never grew up, never grew up...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Voluntarios para la música y los arreglos ?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-7849830266412546755?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/7849830266412546755/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=7849830266412546755" title="0 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/7849830266412546755" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/7849830266412546755" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2009/03/when-i-was-little-baby.html" title="when I was a little baby..." /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-4558551503828331557</id><published>2008-05-14T17:10:00.000-07:00</published><updated>2008-05-14T17:11:02.637-07:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos" /><title type="text">Todo por un perejil</title><content type="html">Hay un tema del que siempre he querido hacer un cuento pero no he encontrado el modo. Si a alguien se le ocurre un estructura o decide intentarlo completo, ahí va el asunto:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sucede en la vida corriente, hay una pareja que tiene una relación de esas cachondísimas al principio, pero que se ve obligada a separarse y uno de ellos termina en Monterrey (advierto: cualquier parecido con la realidad, tú lo encontraste, no yo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El asunto es que a pesar de la distancia han hecho planes para estar juntos en el futuro y piensan hasta en arrejuntarse definitivamente. En algún momento se da la oportunidad de que se encuentren un fin de semana en esta norteña ciudad y durante dos días y sus noches se aman hasta más no poder; construyen castillos, deciden no sólo la raza, sino el color de la casa del perro, planean las vacaciones del año 2030 y definen hasta el veneno que tomarán cuando tengan 90 años y se muera el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero he ahí que la tercera noche, la previa a la partida temporal, van a comer unos deliciosos tacos de arrachera y cuando vuelven al departamento, ella tiene incrustado entre los dientes un fenomenal pedazo de perejil y él, perfeccionista compulsivo, se da cuenta que la belleza de mujer de los grandes pechos, amplias caderas y ojos encantadores, ha perdido su atractivo mayor: la boca sensual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin darse cuenta, ella sonríe y sonríe, sabiendo que a él le enloquece ver sus bellos labios abiertos y deseosos. Pero de un tajo ha muerto el amor (no en vano alguien dice que fisiológicamente se dice que sólo dura 3 meses), él no la puede ver más a los ojos y ella se pregunta qué ha pasado, qué ha dicho, qué ha hecho...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la medida que las dudas crecen, ambos enmudecen y terminan por caer dormidos en un silencio absoluto. El desenlace (previsible en este momento) es más fatal que un sismo en Istambul: despertar, arreglarse, ir al aeropuerto y volverse a preguntar qué demonios sucedió. Ella siente un vacío en el corazón y él, por más que ahora mira su sonrisa cautivadora, no puede dejar de pensar en el trozo verde que de un momento a otro podría salir al lado del canino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se despiden. Ella dice que los planes eran geniales, que se sentía feliz de haberlos trazado con él y que le daría hasta -vaya ironía- su sonrisa por saber qué pasó, pero que no entiende nada a ese cambio de humor tan repentino. Mientras ella aborda el avión, él se pregunta si en verdad está listo para la casa del perro y la cama king. Quedan en hablar de nuevo pero la llama se ha extinguido. Años después, él se entera que ella se ha casado y que el pastor alemán lleva su nombre -vaya manera de no olvidarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y todo por un perejil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay una variante que ahora se me ocurre: para que el fenómeno del amor no se extinga tan rápido, podría no ser una pareja que se conoce desde hace años, sino una que tiene poco tiempo -tal vez fue un encuentro en una noche disco, o una sorpresa de esas que tiene el banco en la fila, la cola de las tortillas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El poco tiempo de conocerse les hace crear castillos, y después caer en el aterrizaje forzoso...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra variante... una chica escucha la historia de otras dos en el baño y se dice que a ella jamás le pasaría eso con su super novio que la ama tanto, y justo cuando sale del baño y se da una revisada frente al espejo, se encuentra con el perejil traicionero, se limpia con pena y cuando sale, el novio se ha ido...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-4558551503828331557?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/4558551503828331557/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=4558551503828331557" title="1 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/4558551503828331557" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/4558551503828331557" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2008/05/todo-por-un-perejil.html" title="Todo por un perejil" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-7470642780859916870</id><published>2007-12-23T08:31:00.001-08:00</published><updated>2007-12-23T08:31:53.372-08:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos" /><title type="text">Las sandalias de Mery</title><content type="html">&lt;div class="shortpost" align="center"&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_zPWSS9vk8d8/R1VYW0sQEiI/AAAAAAAAA2k/dzLQoofqiIA/s1600-h/pie.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140111698837901858" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_zPWSS9vk8d8/R1VYW0sQEiI/AAAAAAAAA2k/dzLQoofqiIA/s320/pie.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Las sandalias de Mery&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Samuel Bedrich&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="shortpost" align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy por la mañana, mientras hacía mi primera visita al baño, me encontré con unas sandalias desplazadas. Sí, los zapatos también sufren las acciones humanas de territorialidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos días meditaba que en efecto, el vacío no existe: tú tienes una botella llena de agua o de vino, pero cuando la destapas y absorbes el contenido, te queda una botella llena de aire. Si estuviera realmente vacía,tendrías un pedazo de plástico arrugado, no un recipiente. Igual sucede con los espacios de una casa: alguien los ocupa. ¿Recuerdas la Casa tomada, de Cortázar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó igual con lo que noté esta mañana: hasta el domingo (hoy es martes), pendía, en una silla de la habitación de al lado, una toalla en continuo proceso de secado. A un costado, sobre un viejo mueble, estaba una botella de champú con restos de líquido jabonoso, y en el suelo, estaban las sandalias. El resto de la habitación estaba ocupado por un viejo espejo octogonal malamente acomodado, unas cuantas prendas sin dueño, y aire. Era nuestra especie de desván.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mery había hecho de él su espacio. Cuando terminaba sus diarias tareas en nuestro hogar (ahora ya no sé si deba llamarle casa, de lo invadido que me siento) subía y, cual ratoncito en casa de gatos, se refugiaba ahí para cambiarse y darse los últimos toques de feminidad después del baño. Era un buen sitio para preparar el ánimo antes de enfrentar las tres horas de vuelta a casa, trepada en no sé cuántos microbuses que la llevarían por el infierno contaminado de la Lima caótica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer el cuarto solitario sufrió una mutación. Después de haber estado abandonado por meses y ser un escondite perfecto -una especie de valle en las alturas-, fue ocupado por las prendas de una linda chica que se mudó a casa. Como la habitación que le corresponde fue insuficiente para sus cincuenta pares de zapatos y demás ajuar (al verlos, no pude evitar preguntarle si conocía a Imelda Marcos, pero su sonrisa de ignorancia universal lo dijo todo), tuvo que venir a desalojar el aire y llenar su espacio con consumismo moderno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La toalla cuelga hoy del tubo de la cortina del baño, las chanclas yacen en el piso junto al retrete, y la botella de champú fue botada sobre la única repisa del tocador. El desván se ha convertido en un enorme clóset… del espejo gastado, no queda rastro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pregunto qué pensará Mery de todo esto. Lo más seguro es que no me lo diga: creo que prefiere no armarse líos, sobre todo cuando sabe que su trabajo y permanencia en esta casa estarían en juego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo peor de todo, es que no puedo dejar de pensar que entre lo que sucedió en casa, y lo que pasa allá afuera con las tierras de los menos favorecidos, sólo cambia el tamaño de la superficie. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-7470642780859916870?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/7470642780859916870/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=7470642780859916870" title="0 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/7470642780859916870" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/7470642780859916870" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2007/12/las-sandalias-de-mery.html" title="Las sandalias de Mery" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://bp2.blogger.com/_zPWSS9vk8d8/R1VYW0sQEiI/AAAAAAAAA2k/dzLQoofqiIA/s72-c/pie.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-5145868195303372875</id><published>2007-11-25T08:04:00.001-08:00</published><updated>2007-11-25T08:04:47.427-08:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="poesia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Estatua" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="política" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Fox" /><title type="text">La estatua del malecón jarocho</title><content type="html">&lt;div class="shortpost"&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_zPWSS9vk8d8/RxN_uwuJ47I/AAAAAAAAAwA/i0UfuSfjKiw/s1600-h/helguera.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_zPWSS9vk8d8/RxN_uwuJ47I/AAAAAAAAAwA/i0UfuSfjKiw/s320/helguera.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5121577642579583922" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Vicente era querido:&lt;br /&gt;Allá en el 2000 a todos nos convenció&lt;br /&gt;era el caballero contra el dinosaurio malparido&lt;br /&gt;a punta de votos y "ya, ya" la espada le clavó&lt;br /&gt;Al PRI bandido, con nosotros los soñadores, destronó &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero dijo "hola hijos..." cuando juramentó&lt;br /&gt;Luego demostró su cultura y conocimientos: José Luis Borgues&lt;br /&gt;Las botas, su cuate Bush, y hasta al Papa el anillo le besó&lt;br /&gt;Luego vino Marthita, los Bribiesca y pensamos "¡Cómo no distingues!"&lt;br /&gt;Paso a paso, en su propio laberinto se enredó&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¡Ya vete, Vicente, sé coherente!" Pero no, no entendió&lt;br /&gt;A su delfín, otro hijo desobediente, el tal felipillo&lt;br /&gt;fraudulentamente, y con berrinche, nos envió&lt;br /&gt;y ya ven, la voz del pueblo siempre apunta su gatillo&lt;br /&gt;hacia el que con jeep, hummer, o casa, muestra que robó&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_zPWSS9vk8d8/RxOEBwuJ48I/AAAAAAAAAwI/f64rEJbyKbA/s1600-h/hernandez.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_zPWSS9vk8d8/RxOEBwuJ48I/AAAAAAAAAwI/f64rEJbyKbA/s320/hernandez.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5121582367043609538" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dinosaurios también ponen huevos&lt;br /&gt;y Chente mostró que también tenía la mano floja&lt;br /&gt;¿Acaso no lo mostró la estatua? &lt;br /&gt;Primero cayó de frente, jalada por su propio peso&lt;br /&gt;después mostró cómo torció el brazo&lt;br /&gt;y esperemos que pronto sea el pescuezo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque ya no es tiempo de gente rata&lt;br /&gt;lo que queremos son políticos que cumplan su mandato&lt;br /&gt;no más estatuas con la "v" en alto&lt;br /&gt;que se cuide doña Martha &lt;br /&gt;... y ojo, Felipillo, que el pueblo ya está harto&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-5145868195303372875?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/5145868195303372875/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=5145868195303372875" title="0 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/5145868195303372875" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/5145868195303372875" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2007/11/la-estatua-del-malecn-jarocho.html" title="La estatua del malecón jarocho" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://bp1.blogger.com/_zPWSS9vk8d8/RxN_uwuJ47I/AAAAAAAAAwA/i0UfuSfjKiw/s72-c/helguera.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-4400449796148288501</id><published>2007-11-25T07:58:00.000-08:00</published><updated>2007-11-25T07:59:03.265-08:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Poesía" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Letra C" /><title type="text">Ocurrencia en C</title><content type="html">&lt;div class="shortpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_zPWSS9vk8d8/RrJqtQAd4YI/AAAAAAAAAow/7kEYD3KxysA/s1600-h/C.gif"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_zPWSS9vk8d8/RrJqtQAd4YI/AAAAAAAAAow/7kEYD3KxysA/s200/C.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094251454133035394" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;    Una pequeña ocurrencia en C... se aceptan comentarios y si lo entienden... también.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Cuervos caen como candela colorada conquistando cada casa que queda. Cuando cuenten cuantos quintos quedan, comerán carroña: quemarán cuantos carros y cosas cuidó Carmona con cariño y codicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como cualquiera, cada corporalidad quedará cómicamente convertida, cual cuerpo carcomido. Corroboren calaveras: conserven cuatro cartílagos cabales colocando cómodamente cabeza contra quimera, controlen canibalismos, concilien cualidades con caprichos: con conciencia coartarán crueldades y conseguirán caminar con caballerescas caras. Conjuren calamidades, congenien corazones &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colectivo conciencia, con C&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-4400449796148288501?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/4400449796148288501/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=4400449796148288501" title="1 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/4400449796148288501" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/4400449796148288501" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2007/11/ocurrencia-en-c.html" title="Ocurrencia en C" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://bp2.blogger.com/_zPWSS9vk8d8/RrJqtQAd4YI/AAAAAAAAAow/7kEYD3KxysA/s72-c/C.gif" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-8017546036792587905</id><published>2007-05-12T14:24:00.000-07:00</published><updated>2007-05-12T14:25:10.231-07:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="historia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Bogota" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="independencia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Colombia" /><title type="text">El florero tuvo la culpa</title><content type="html">&lt;div align="center"&gt;El Florero tuvo la culpa&lt;br /&gt;(Artículo Tiempos de Reflexion abril)&lt;br /&gt;Samuel Bedrich &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_zPWSS9vk8d8/RjyDrk4zLhI/AAAAAAAAAdY/qJrX5vtLKCU/s1600-h/florero.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5061064865917120018" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_zPWSS9vk8d8/RjyDrk4zLhI/AAAAAAAAAdY/qJrX5vtLKCU/s400/florero.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Es (o era) costumbre que en la cultura latinoamericana acudamos al vecino o al pariente en busca de ayuda para solucionar nuestros problemas. No en vano la solidaridad latina es vista con asombro desde la óptica de otras culturas, donde, si uno carece de una moneda para abordar el autobús, tendrá que caminar, porque pedirle al vecino, ni soñarlo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hay, sin embargo, ocasiones en que ese modus operandi de auxilio y amistad se encuentra con almas malas y desconsideradas que no están dispuestas a regalar una taza de azúcar o a prestar los cubiertos elegantes que requerimos para agasajar a nuestros invitados. Eso le pasó al señor Antonio Morales. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Este hombre acudió, en compañía de su hijo, un buen día de julio (el día 20, en 1810) a visitar a su vecino, el señor José González Llorente, con el objeto de solicitarle, en calidad de préstamo, un bello florero que le serviría para el decorado del aposento en ocasión de una fiesta que daría. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hemos de precisar esta historia, y decir que los señores Morales eran criollos habitantes de la Nueva Granada, mientras que don José era un comerciante (exitoso, se presume, pues su establecimiento se encontraba justo frente a la plaza principal de Santa Fe de Bogotá, entonces capital del virreinato de la colonia en cuestión), radicado en América, pero de origen español, es decir, de la madre tierra. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pues bien, sucedió que una vez que estos dos gentiles caballeros acudieron al negocio del español e hicieron la solicitud (uno se imagina que en la época la gente hablaría con mucha propiedad, vestiría hermosas redingotas, elegantes sombreros y bellas camisas con muchos olanes) de préstamo del florero, se encontraron con un señor González de muy mal humor (en las tinieblas de los tiempos se ha extraviado la razón para este súbito y brusco cambio de carácter) que lejos de consentir a que su jarrón fuese objeto decorativo en la casa de los vecinos, les echó en cara su origen racial impuro: que si eran españoles de segunda calidad, que si los criollos se estaban pasando y queriendo inmiscuirse en historias de europeos, y toda una sarta de frases altisonantes que dejaron a los Morales ojiacontecidos (imaginémosles con unas órbitas gravitando a la altura de sus narices), pero no mudos, ni mancos, ni mucho menos estáticos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Don Antonio (que suponemos de un carácter frío y suave pues, si no, una reacción violenta no habría sido sorpresa para el historiador), tremendamente compungido y probablemente ofendido, porque además el regaño le había sido hecho frente a su vástago, montó en un arco iris de colores (de esto tampoco nos relatan los historiadores, pero cualquiera con un poco de experiencia en préstamos rechazados lo podría confirmar), encontró que la mejor respuesta a este griterío infame, grosero y denigrante, era llevar su reacción al uso de la fuerza, no del verbo, sino del físico, y acá tenemos entonces a dos hombres en la calle principal de Bogotá dándose un par de bofetadas, tres puntapiés y cuatro trompadas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No se sabe quién recibió más golpes, si los rostros sufrieron tersos moretones o si alguno rasgó su ostentoso ropaje, pero sí que la situación no se quedaría así: don Antonio Morales convocó entonces a los suyos -otros criollos del barrio- y les dijo que no era justo, que ya muchas faltas de educación habían soportado de esos peninsulares que creían que tenían el control sobre los santafereños, y que no podían doblegarse más ante los que ni siquiera un florero les prestaban. Inútil decir que los amigos estuvieron de acuerdo y en represalia iniciaron la gesta de independencia de la Nueva Granada. Simón Bolívar, como se puede apreciar, no figuraba aún. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Habrá quien considere esta historia una exageración, pero recuérdese que años antes, el 4 de julio de 1776, en el norte del mismo continente, en algún puerto de las entonces trece colonias, unos hombres habían echado por la borda unos cuantos costales de té y que ese fue el comienzo de la famosa independencia que habría de culminar formando la nación de las barras y las estrellas. De estos ejemplos, está llena la historia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sabemos, por otro lado, que la realidad dista siempre de estas historias románticas en que un suceso mínimo ocasiona un alud: hasta en el Himalaya tiene que desprenderse una roca helada de muy buen tamaño para causar una avalancha de amplias consecuencias. La vida nos ha enseñado que los grandes cambios corresponden a una suma de factores: si Roma no se hizo en un año, tampoco se solucionaría el problema de Chiapas en 15 minutos, ni Irak se pacificaría en seis meses; Chávez no llevará el comunismo a Venezuela en un lustro, ni Uribe desmovilizará a las fuerzas en pugna de Colombia en dos periodos presidenciales. Pero los medios, ¿qué es lo que nos dicen? La fuerza informativa de hoy nos quiere convencer de la prontitud de los cambios y no sólo eso, sino que nos quieren imponer una realidad muy propia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En estos días he tenido la oportunidad de constatar precisamente estas últimas aseveraciones: la prensa internacional parece muy preocupada por advertirnos de la amenaza comunista en Venezuela, diciéndonos que Hugo Chávez está empeñado en transformar al país, y que no sólo en su nación, sino que está influyendo en toda la región; por otro lado, en los medios se habla del gran éxito de Álvaro Uribe en la desmovilización armada de Colombia, al grado de que se le pone como una gran figura de la pacificación. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Casualmente, cuando uno tiene la oportunidad de visitar la tierra de Bolívar, constata que el mundo comercial está muy activo: el whisky se consume en grandes cantidades, el parque vehicular se renueva prestamente (con el precio de la gasolina, la gente no tiene empacho en comprar grandes camionetas de 6 y 8 cilindros) y las tiendas de autoservicio, restaurantes y centros de diversión están casi todo el tiempo colmados. Muchos justifican esta situación diciendo que en vista de la devaluación del bolívar (la moneda), las personas prefieren comprar artículos a guardar el dinero en el banco. Sí, es cierto que el presidente que promueve el socialismo del siglo XXI comete también muchos errores en varios de sus programas y apuntando a tantos militares en el mando civil, pero también es cierto que hay una masa en nuestros países que sufre de una desatención absoluta, incluso en sus necesidades básicas elementales (las mismas que contempla la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, que difícilmente alguien podría negar hoy en día). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo que parece no es exactamente lo que sucede. En este país existen muchos que aman (literalmente) a Chávez, y otros que lo aborrecen (también literalmente). ¿Quién tiene la razón?&lt;br /&gt;Al lado occidental de la frontera venezolana se encuentra otro país: Colombia. Una nación que sufre desde principios de siglo de grandes problemas sociales: una historia de liberales, conservadores, guerra civil, derechos violentados, sueños de una nueva república y esperanzas que se diluyen en la medida que pasan los periodos presidenciales. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En la prensa internacional se nos muestra a otro líder, el presidente Álvaro Uribe. Un hombre que sufrió en carne propia los estragos de la guerrilla (se dice que su padre fue asesinado por estas fuerzas) y que juró venganza por esto. Hoy en día, se nos habla de una Colombia que enfila por buen rumbo, directo hacia el mundo moderno. Pruebas, hay muchas: la actividad guerrillera se ha reducido, el tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos está cerca de ser firmado, las exportaciones y las visitas de los turistas aumentan; en fin, una serie de calificativos que nos hacen pensar que la solución para un país pareciera estar, no en la negociación con las fuerzas opositoras, sino en su aniquilación. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, cuando uno platica con la gente de la calle, el señor Uribe deja de ser esa blanca paloma que nos muestran las imágenes mundiales: para muchos, el país sólo está en un impasse en que las fuerzas beligerantes se dan un poco de tiempo para el rearme y el reinicio de las hostilidades. ¿Será que lo que nos dijeron no es tan preciso? ¿Quién tiene la razón? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El mandato principal de la ética periodística lleva por nombre objetividad, y sin embargo es una de sus características más escasas: pareciera que hoy en día no somos informados, sino aleccionados. La rápida vida que llevamos nos obliga a ver las noticias en cinco minutos, mientras devoramos nuestro desayuno, o unos minutos antes de ir a dormir. Atrás se han dejado los tiempos en que las personas se reunían en un café y discutían, cada uno con un periódico distinto, sobre la actualidad: en esos mismos sitios se iniciaban las polémicas, discusiones y alegatos. Lejos han quedado aquellos días en que las personas emitían sus opiniones sobre bases sustentadas en análisis más profundos. Hoy, la población en general sólo absorbe un poco de información y basa en ella su opinión y decisiones. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Visitar Colombia es sinónimo de riesgo, de secuestro o de bomba, y ser colombiano equivale a ser un traficante o un terrorista (y si no, basta con ver el número de países en el mundo que les requieren una visa para ingresar a sus territorios); igual que hablar de ETA o del ERI es simplemente referirse a movimientos terroristas (eliminándoles todo el tinte político que les dio origen y que es la razón de su actividad). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En "Las lanzas coloradas", un libro de Arturo Uslar Pietri, escrito en 1931, en que relata la independencia de Venezuela, hay una escena que pasa en la calle: un hombre lee un edicto en que se acusa a Miranda (uno de los primeros insurgentes) de traición a la corona: se muestra a la concurrencia su retrato, en el que se le ve como un hombre muy feo. Esto contribuye a que el populacho emita una rechifla: "Mátenlo, no queremos a los traidores... y además es feo". Páginas más tarde, en una reunión de conspiradores de la república, se muestra otra imagen del mismo personaje, ensalzándolo como un gran héroe y por ende, haciéndole ver como un semidiós. En ese momento, los insurgentes se admiran de su heroísmo y belleza... ¿Los medios siempre han modificado la imagen de los personajes a su antojo? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pareciera que ayer, como hoy, la masa continúa siendo ampliamente influenciable. En el siglo XIX era muy complejo tener acceso a la información, pues escasos eran los medios y no existían ni la radio ni la televisión: era una pequeña excusa para desconocer los sucesos diarios, pero en el siglo XXI (y miremos que sólo ha cambiado el "I" de lugar), podemos estar al tanto de lo que acontece del otro lado del planeta con sólo activar una tecla. El detalle es que seguimos sin preocuparnos por buscar y preferimos recibir lo que se nos expone ante los sentidos: mejor lo digerido que el esfuerzo de mascarlo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tristemente, esta simplificación de hechos, personalidades y nacionalidades es precisamente la que nos hace calificar las cosas sin mucho detenimiento, ni profundidad: todo funciona a nivel de opuestos: blanco-negro, bueno-malo, comunista-capitalista, beligerante-pacífico... Y al final, la que hace que muchos acepten que bastó de un florero para iniciar la independencia de la Nueva Granada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-8017546036792587905?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/8017546036792587905/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=8017546036792587905" title="1 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/8017546036792587905" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/8017546036792587905" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2007/05/el-florero-tuvo-la-culpa.html" title="El florero tuvo la culpa" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://bp3.blogger.com/_zPWSS9vk8d8/RjyDrk4zLhI/AAAAAAAAAdY/qJrX5vtLKCU/s72-c/florero.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-2160535049374209263</id><published>2007-01-08T11:50:00.000-08:00</published><updated>2007-02-22T18:29:36.104-08:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Literofagia" /><title type="text">Literofagia</title><content type="html">&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/3731/3360/1600/999131/biblio.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/3731/3360/320/605811/biblio.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Literofagia&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Literofagia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Samuel Bedrich&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo frío. La puerta está cerrada y nadie ha venido a verme. Ni siquiera me han prestado un periódico… hace horas que quiero leer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que tengo uso de razón he tenido una predilección por las letras; mis hermanos se ríen de mí cuando recuerdan que de niño, me aferraba más a los cubos alfabéticos que a mis carritos; dicen que adolescente, prefería una enciclopedia a una mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no, no es que en mi infancia no me gustara jugar, sino que nunca fui capaz de despegar la vista de un texto. Y sin embargo, de ningún modo he sido un virtuoso de la escritura: jamás he podido redactar un ensayo coherente o un poema de amor que convenza. Es como si a través de mi pluma se expresaran todos los autores que he leído, mezclándose y luchando por ver cuál de ellos se impone en el papel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que es poco creíble, pero aunque pongo todos mis sentidos al componer, siempre hay algo que me hace una jugarreta. No hace mucho recibí la respuesta a una misiva que envié a la municipalidad: “comprendemos, Señor, su molestia por no tener textos más largos en los paneles de los paraderos viales, pero que ello no justifica su sarcasmo para autonombrarse El capellán de los reprimidos culturales”. No sé cómo escribí esa frase, seguro fue el fantasma de Garabombo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda mi vida he querido ser puntual, pero los resultados son catastróficos: hago planes para arribar con un mínimo de anticipación, e invariablemente me retiene un texto, o dos, o tres.  ¿Cuántas veces he olvidado bajar del ascensor por leer sobre el hombro de alguien que revisa un informe? Hace cinco días estuve a punto de ser golpeado por un niño que hojeaba sus tiras cómicas en el metro y que seguramente pensó que se las arrebataría. La madre me miraba como se ve a una bestia repugnante, y sólo cuando advertí que oprimía su bolso entre los brazos, me di cuenta de su pánico de verme saltar sobre el comic del pequeño, arrancárselo, y salir corriendo por las escaleras eléctricas del suburbano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo un día fatídico de 1986 en Rusia. Mis maletas no aparecían: las habían embarcado en otro vuelo, y la gente de Aeroflot no sabía cómo ayudarme. Lo más que pudieron hacer fue proporcionarme un espacio en una sala de espera, mientras mis artículos llegaban de Varsovia… pero eso no fue sino un hecho, el asunto es que soy un hombre que no puede ir al baño sin un texto bajo el brazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Un libro en inglés o en español? Imposible señor -me dijo la azafata, con un talante risueño. -Acá tenemos exclusivamente manuales en ruso, y aún de eso no estoy segura, puesto que con frecuencia los usamos para alimentar la calefacción… permítame un minuto, camarada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Es todo lo que tiene? –le pregunté cuando me extendió un anuario telefónico de Moscú. Por toda respuesta, recibí una sonrisa. Reconozco que las letras aportaron un mínimo de iluminación a mi aparato digestivo, pero esa fue la peor caca de mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me juré que jamás se repetiría, y desde entonces viajé acompañado de tres libros miniatura. ¡En la vida cagaría de nuevo inspirándome en un contenido en lengua eslava, cuyos parágrafos me hacían pensar en un discurso de Stalin!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, la vida no es posible con mi vicio: el que bebe tiene la facilidad de hacerlo mientras mira donde pisa; el que fuma lleva las manos libres. Los heroinómanos se inyectan y pueden quedarse echados o deambular por la ciudad, pero ¿qué puede hacer un alucinado de la grafía, a quien los textos hipnotizan?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miles de veces he tropezado, en cientos de ocasiones he caído en huecos y me he lastimado; he chocado con gente con más frecuencia de la que se encuentran vendedores ambulantes en un bazar de Bagdad; dejé de conducir el día que, por leer las decenas de indicaciones de un panel vial, ocasioné un accidente en que casi muere una anciana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y qué decir de accidentes. Nunca se me olvidará cuando decidí preparar crepas flameadas. Ignorante de cómo hacerlas, conseguí un recetario de postres. Era tan interesante que sólo logré llegar al paso tres de la fórmula culinaria (agregar el Grand Marnier sobre la sartén a fuego medio) y continué leyendo. Olvidando la preparación, devoré el texto hasta que noté un olor acre y me di cuenta que el incendio había consumido la mitad de la habitación. Salir y esperar a los bomberos fue lo único que pudimos hacer. Tres meses sin cocina, perdimos casi la mitad de la casa y a partir de ese momento, me prohibieron acercarme a la parrilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El físico no me obedece más. He sucumbido en las garras de mi mente que sólo se alimenta de letras, párrafos y frases, he llegado al extremo: el domingo pasado, a la mitad de la misa, mi cuerpo fue víctima de un nuevo secuestro mental: me levantó y dirigió hasta el púlpito, desde donde el sacerdote oficiaba la misa. No sé en qué instante supuse que nadie me veía y comencé a leer detrás de él en voz alta, hasta que, exasperado, me exigió salir. Se armó un alboroto: todos los feligreses vociferaban contra mí, mientras el padre, con la Biblia protegida por sus brazos, intentaba huir de un “yo” que le exigía el texto divino para descifrar la palabra de Dios. Por fortuna, mi esposa logró llamarme al orden y sacarme de ahí a empellones. Dice que estoy poseído por el espíritu bibliófilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atenea acaba de estar acá. Es la única que me comprende y me conoce, pero dice que esta vez he llegado al límite y hoy le he colmado la paciencia… No es mi culpa, sino del señorcito, el que apareció esta mañana mientras tomaba el desayuno en la terraza de mi café favorito: yo lo vi acercarse. Era pequeño, portaba un abrigo enorme, estaba casi calvo pero con cabellos desordenados en los costados y en la nuca. Usaba una barba tupida que, de no ser por el diminuto par de lentes con fondo de botella que portaba, me habría imposibilitado saber de qué lado estaba su rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su figura era extraña, pero no más que la de cualquier ser urbano. Lo hubiera borrado pronto de mi mente, si no hubiese visto lo que llevaba en las manos: un enorme libro, que sostenía con dificultad. Lo llevaba casi a la altura de la nariz, como si estuviera a punto de devorarlo. Embaído en su texto se fue acercando lentamente hacia el café, y cuando pude distinguirlo con detalle me helé: Chasses aux pirates malais, de Pierre Freddé. Hacía años que lo buscaba. En edición original, de 1900: cubierta empastada en rojo, con el filo de las páginas y las letras de la portada resaltadas en polvo de oro, separador de seda de la India… únicamente se habían impreso 300 ejemplares y se desconocía los que habían sobrevivido a las guerras ¿qué hacía un loco con esa joya a plena luz del día?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No lo pude evitar, el impulso era más fuerte que mi ser. Me levanté de la mesa de un envión y salté sobre él. Cuando alzó la vista, los ojos se le salían de las órbitas. Retrocedió y, en un instante, colocó la mano derecha en posición de defensa, mientras protegía el libro con la izquierda, ocultándolo tras su espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un instante me sentí Sandokán, Dick Turpin, el Llanero Solitario. Así una botella con la mano derecha y la rompí contra la mesa de metal. El cristal cortante brillaba mientras lo esgrimía a manera de espada. Recordé con precisión las estocadas, el arte de la defensa con espada y me transporté a los viejos tiempos de los caballeros: cuerpo recto y espigado, mano izquierda atrás de la cintura, botella-arma bien empuñada y siempre apuntando hacia el torso y el rostro de mi contrincante: corte de derecha, corte de izquierda, echando el cuerpo hacia el frente, retrocediendo con agilidad…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi oponente arrancó una charola de las manos de un mesero que justo servía dos tazas de café en la mesa de al lado, y usándola de escudo, comenzó a parar mis golpes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Maldito bastardo, A que no conoces el golpe de la cigüeña!- le dije mientras adelanté el brazo y al mismo tiempo me incliné con la cara al frente- ¡Toma!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ja ja! ¡Yo soy Rob Roy, el más diestro hombre de las highlands escocesas!- Me respondió mientras paraba mi golpe con su escudo improvisado- ¡Ahora verás lo que significa intentar robar al Conde de Montecristo, al heredero de D’Artagnan, al mejor cadete de Gascogne, su eminencia el señor de Bergerac…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Nada podrás hacer contra el mejor espadachín! Soy Sir Ivanhoe, y no hay hombre capaz de vencerme en toda la corte, he encontrado a Excalibur en el bosque mientras luchaba contra el feroz dragón. ¡Exijo, en el nombre del rey Arturo que me entregues el libro sagrado, toma, y toma y toma!- Y presa de una emoción sin igual me abalancé con todo el cuerpo, con mi florete vítreo como quien toma una daga y está a punto de dar el golpe final al infiel, como el León de Damasco…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Muerte a los sarracenos!- gritó al tiempo que levantaba el brazo para repeler mi envión.  –¡Los hunos no pasarán en las tierras de su majestad Gengis Khan! ¡Nuestro arte castrense puede más que el de los invasores!- Y haciendo movimientos extremadamente rápidos golpeó y golpeó mi rostro con la pieza de plástico, hasta hacerme retroceder cuatro o cinco metros.&lt;br /&gt;En un ataque de cólera emití un grito marcial que había aprendido del gran Horacio en la Iliada: -¡Por Zeus y Atenea que morirás, Agamenón! Y de un golpe seco le hice soltar el escudo que voló un par de metros y aterrizó con gran estruendo sobre una mesa en que reposaban tazas y platones. – ¡Nadie ha osado golpear al Zorro y pretendido salir vivo de esa afrenta! Con todas mis fuerzas proyecté el cuerpo hacia el suyo y comencé a golpear sin merced…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una, dos, tres, cuatro veces… la sangre comenzó a brotar y sus gritos crecieron para desvanecerse casi de inmediato. No pasó mucho tiempo antes de que soltara el volumen. Todo fue tan repentino…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejé caer la botella y miré mi reflejo en el vidrio de la cafetería. No era yo: la camisa desgarrada, los cabellos revueltos, las axilas húmedas de sudor, la faz lívida… era todos mis personajes y alucinaciones, todos mis sueños y mis fantasmas; las gruesas manchas de sangre en el cuerpo me dejaron atónito. Por un momento, el tiempo se detuvo mientras miraba cómo, alrededor de mí, la gente me observaba, en una especie de estado de trance.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco volví a la vida: tomé el libro con la mano izquierda, mientras cambiaba la botella ensangrentada por un tenedor. Me dispuse a correr y emprendí la huída. Demasiado tarde: un grupo de policías venía en mi persecución mientras yo, abrazando con todas mis fuerzas la obra, corrí y corrí desenfrenadamente, hasta que la fuerza de las piernas me abandonó… metros adelante, tres hombres vestidos de azul me tiraron, intentando someterme en el piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No le peguen, no lo maltraten, es único! –les gritaba, mientras hecho un ovillo, cubría el libro con los brazos cruzados sobre el pecho. La cabeza no importaba: esa joya valía más que mil hombres&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando desperté, me encontraba en la penumbra de este lugar, con el cuerpo adormecido y la cara amoratada. Dicen que me golpeé al caer, dicen que son los rastros de la batalla, pero más me duele haber perdido mi libro: los huesos entumecidos, el frío y la oscuridad son pasajeros, pero, ¿y la historia de Fredé, la podré leer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les he pedido, implorado y rogado que me lo devuelvan, pues ahora es mío y lo necesito. Conozco las leyes: no me pueden negar el derecho al conocimiento;  ya memoricé y estudié dos o tres veces los graffiti de las paredes; me extraviaré sin alimento para mis ojos. No, no quiero volverme loco, lo único que quiero es mi libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si al menos pudieran prestarme unos cubos con las letras del alfabeto…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lima, 2006&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-2160535049374209263?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/2160535049374209263/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=2160535049374209263" title="1 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/2160535049374209263" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/2160535049374209263" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2007/01/literofagia.html" title="Literofagia" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-116103160365136654</id><published>2006-10-16T13:46:00.000-07:00</published><updated>2006-10-16T13:46:43.670-07:00</updated><title type="text">El aire de los Muertos</title><content type="html">&lt;div align="center"&gt;El aire de los muertos&lt;br /&gt;                                            Samuel Bedrich&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Y para qué quieres saber dónde estamos, Romero? Ni un mapa nos ayudaría en mucho, acá no hay un ser humano a horas de distancia, mejor tapamos todo y nos largamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No seas idiota, Fidencio, si pudiéramos localizar este lugar, podríamos volver con más herramientas y ver si encontramos más…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qué bestia eres- le atajó el interpelado. ¿Y para qué quieres más si ni siquiera sabemos si vamos a poder negociar esto? Tenemos un trozo de cecina, una botella y media de agua y nos vamos a morir de frío. Este es el castigo de los Apus por tomar lo que no es nuestro…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos personajes estaban en el borde de los nervios. Todo había pasado tan rápido que no sabían qué pensar. Tenían hambre y el hambre no es buena consejera porque hace que afloren los instintos animales: se veían con una mezcla de odio y codicia. Hacía dos días que estaban perdidos en la montaña, sin más comida que unos trozos de carne ahumada y seca que apenas les había servido para engañar al estómago. Únicamente les mantenía caminando su hallazgo: cuando el humano encuentra oro, se le olvida el alimento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No entiendes nada, hermano. Tú me trajiste acá. Si no te hubieras entercado en bajar en ese pueblo, estaríamos con el tío Augusto, tomando una chela y comiendo cuycito, pero tu terquedad nos dejó a la mitad del camino. Sólo estoy aprovechando la oportunidad que nos dio la vida: nunca más encontraremos tanto oro junto. Tenemos que marcar este sitio, y volver a Chacha para traer un detector. ¡Nos vamos a volver millonarios!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al pronunciar esta última frase, Romero sonrió y abrió la boca desmesuradamente, dejando ver sus dientes amarillos y malformados; sus dos incisivos, coronados por sendas piezas metálicas brillaron peligrosamente cerca del rostro de Fidencio, quien pensó por un momento que se abatirían sobre su yugular. Siempre quiso a su hermano menor, pero lo temía porque recordaba que en su violenta niñez siempre había usado su inteligencia para despojar a los otros pequeños de lo que él carecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tranquilo Romero- le dijo mientras separaba un poco su cara de la de él, alejándose de su fuerte aliento de fumador bilioso. Primero tenemos que salir de acá hermano… además yo te dije que nos esperáramos hasta que pasara otra combi, yo no fui el que jodió con que hiciéramos la ruta a pie “pa’ cortar camino”, como dijiste. Si ya sabías que más valía esperar y que la montaña es traicionera… nunca has sabido ser paciente, siempre dices que eres muy joven para sentarte a esperar la buena suerte…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Pero tú tuviste la culpa de todo! Yo te dije que no la fueras a buscar, a la Manuela, si ya ni vive en el pueblo. ¡Te advertí que el chofer tenía cara de falso amigo y se iba largar con nuestras cosas! Te mintió cuando te dijo que se paraba diez minutos a esperar a la gente, si yo vi clarito cómo lo decía con risa y su ayudante lo miraba bien cómplice, te lo dije y te fuiste calle arriba… te debí haber dejado ahí con tu Manuela que no existía: puros fantasmas viven en ese pueblo, por eso nomás pasa dos veces por semana el combi&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fidencio, sintió una punzada en el corazón. Su hermano le reclamaba por su mala suerte y él no podía sino aceptar su error, pero buscaba una manera de compartir la culpa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero te dije, Romero, te dije que caminando no llegábamos a ninguna parte, que la cordillera estaba difícil, que había agua en la montaña y que íbamos a caminar muchas horas, que mejor nos quedáramos a esperar, en lugar de venir pa’acá, si no conocíamos el camino, pero insististe que nomás había que cruzar la quebrada y luego tú te perdiste por querer avanzar de noche… si el cielo estaba cerrado y no había estrellas que seguir. Mejor esperar que caminar sin rumbo claro. Ya pasaron dos noches y no encontramos por donde; hemos andado en círculos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y esperar a que nos degollaran los amigos del chofer? En ese pueblo no nos quieren desde que dejaste a la Manuela y supieron lo que le habías hecho. En la noche nos iban a matar donde Doña Juana, o nos iban a dar sopa con veneno, lo mejor era salir de ahí y movernos, no conoces esas gentes, te matarían por un costal de harina… ¿eres cojudo, o qué te pasa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fidencio tenía las manos lodosas y frías de tanto haber cavado. De vez en cuando las pasaba por su pantalón, intentando secarlas, pero su ropa estaba tan húmeda como sus manos. Decidió dejar de discutir. Calló y volvió a poner las manos en el lodo, tratando de disimular con la tierra mojada, las piedras de la construcción semi-derruida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ya Romero, vamos a tapar esto y mejor nos largamos. No nos queda comida y no sabemos dónde encontraremos un pueblo. Olvídate de esto, que nos estamos malpasando y ya hemos recogido suficientes cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Romero comenzaba a sentir hambre y frío. Pensó que era una buena idea seguir el consejo de su hermano. Habían llenado sus bolsas y una pequeña maleta que, por fortuna, habían tomado consigo cuando descendieron de la combi. De no ser por ella, estarían casi muertos de hambre. Cosa buena, haber cambiado sus cajas de fruta por carne.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras Romero seguía las acciones de su hermano, trataba de recordar a su tío Fermín sin mucho éxito: sólo lo había visto vivo una vez. Por su cabeza, en cambio, pasaban las escenas de dos noches antes: un pueblo de Amazonas, verde y montañoso, al que habían llegado después de diez horas de viaje, para su entierro. Sí, era hermano de su papá, pero lo habían visto veinte años atrás y luego se había ido del pueblo, enamorado de una fuereña que había conocido en el mismo Chacha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fermín había asistido al funeral de su padre y era costumbre corresponder a la visita de quien vivía fuera, así fuera un hermano, cuando muriera. Fidencio y Romero tuvieron que hacer el viaje al saber de Fermín, más a regañadientes que por gusto: a mamá Cana no se desobedecía una orden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero al evocarlo, le vino irremediablemente a la mente la necedad de Fidencio de volver por otro camino para buscar a la Manuela y no pudo evitar reclamárselo una vez más:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero si no hubiera sido por la Manuela, ya estaríamos en la casa, Fidencio. Eso no se me va a olvidar nunca, por su culpa todo nos ha salido mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No te quejes Romero, tienes todo el oro que siempre quisiste, hasta tus ojos se han vuelto amarillos. Una cosa por otra, con eso vas a poder comprar lo que quieras- le dijo él, Sin mirarlo siquiera. Si no hubiera sido por Manuela, no nos hubiéramos perdido en la montaña. Y sin la lluvia, no hubiéramos encontrado la arboleda…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la nada, surgen cinco espectros que comienzan a danzar sobre Fidencio y Romero. Todos están en los huesos y visten una especie de manto largo rayado, atado a la cintura con un cinturón de piel. Los miran con odio y les gritan en un idioma incomprensible. Acercan sus caras a las suyas y ríen sobre ellos, exhalando un tufo fétido, de carne putrefacta. Fidencio intenta liberarse pero le es imposible, su cuerpo está inmóvil y no responde a sus órdenes. Mira a su lado y ve a Romero que, con los ojos desorbitados, intenta comunicarle algo, pero no puede. De su boca sólo emana un vaho azul-verdoso, como el que sale del fuego de la leña verde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los espectros lo pisotean, pero él no siente dolor, sino un peso uniforme en todo el cuerpo, algo que lo mantiene pegado al suelo. Los hermanos se miran y ven al tío Fermín y a su propio padre, convertidos en esos muertos. Fidencio implora y muerde el pie espectral que oprime su cara. La sensación es viscosa y le genera náuseas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Aaaahh!- Fidencio despierta, abre los ojos, se pone sobre el costado y apoya sus manos en el piso húmedo, trata de vomitar, pero su estómago está vacío, sólo escupe un poco de bilis y tose… se incorpora rápidamente y se abalanza sobre su hermano, que yace a un costado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Maldito, maldito!- le grita mientras lo sacude con fuerza. ¡Me has tratado de envenenar! Mal hermano, el oro te ha vuelto ciego, ¡Asesino!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Romero abre los ojos desmesuradamente y lo mira, sorprendido primero, y luego, con rencor pone sus manos en el cuello de su hermano:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tú has puesto algo al trozo de cecina que nos quedaba, Fidencio, me has querido matar para quedarte con nuestro secreto. He visto a mi padre y a tío Fermín bailando sobre mi estómago, me han intentado matar unos fantasmas con su aliento…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡He tenido el mismo sueño, hermano! Unas momias como las que hemos encontrado esta mañana han reído de mí.-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Romero lo mira sobrecogido, quita sus manos del cuello de Fidencio y lo abraza. Ambos se miran con lágrimas en los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estamos condenados, Romero. Es el aire de los muertos lo que nos ha adormecido ¿Recuerdas al viejo huaquero José? ¿Te recuerdas que nos contó la historia y que nos dijo que nunca había que respirar el aire de los enterramientos? Ayer nos guarecimos en esa huaca oculta y excavamos, pero nos olvidamos de romper las vasijas afuera. Hemos cambiado nuestra vida por el oro que hallamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una de las urnas funerarias habían encontrado dos máscaras de oro, piezas de metales brillantes y conchas de spondylus. Locos de codicia habían pasado la noche en esa especie de caverna cubierta por los años y la maleza. Por la mañana habían seleccionado lo más valioso y con ello partían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desesperados por su fatal destino, los hermanos deciden acelerar el paso y comienzan a descender por una cañada muy escarpada, clásica del paisaje andino, totalmente perturbados por los recuerdos de la historia de José y las visiones de su sueño. Los nervios les hacen cometer errores y en un instante, Fidencio cae en un precipicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Fidencio, hermano!- Romero, haciendo lo imposible para descender, deja la mochila a un lado e intenta bajar para acercarse a su fraterno. Su débil condición y la intoxicación le nublan la visión, le es imposible mantenerse erguido y tropieza, rodando por la montaña sin poderse detener.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre vivo y muerto, Romero delira y mezcla los recuerdos de su niñez con el presente. Se recuerda en la fiesta de la candelaria, jugando con Fidencio: ese día habían robado dos máscaras de la diablada y con ellas perseguían a los más pequeños del pueblo, que habían comenzado por reír, pero tras el largo acoso lloraban y buscaban la protección de los grandes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Yaaaa! ¡Corran niños, corran, que yo soy el diablo, y ahora tengo una máscara de oro! Tengo la más bonita de todas, porque con ella soy el diablo más rico, y el ángel no me podrá vencer…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Días más tarde, dos pequeños pastores encuentran la mochila, y al abrirla descubren las joyas de oro. Juegan con las máscaras durante un rato y con ellas bajan corriendo a la comunidad, mientras los hermanos menores huyen despavoridos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los adultos deciden hacer una batida en busca de los propietarios de la mochila y localizan los cadáveres de Romero y su hermano. Ambos, descompuestos y en los huesos, son fantasmagóricos. La comunidad, sorprendida por su apariencia, decide enterrarlos, dejar una máscara en la iglesia y, conciente del enigmático poder del oro, devolver el resto de las piezas a la Pachamama. De la identidad de los huaqueros, nada más se supo. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-116103160365136654?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/116103160365136654/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=116103160365136654" title="0 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/116103160365136654" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/116103160365136654" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2006/10/el-aire-de-los-muertos.html" title="El aire de los Muertos" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-116045598785260026</id><published>2006-10-09T21:52:00.000-07:00</published><updated>2006-10-09T21:53:07.856-07:00</updated><title type="text">Truco ocupacional</title><content type="html">Truco ocupacional&lt;br /&gt;Samuel Bedrich&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Esta noche entraré a hurtadillas en el hogar del abuelo y lo semi-destruiré…&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;- Una, dos…¡tres!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uf, como pesa. Seis y no podemos con ella. Ciento diez kilos que, repartidos, se vuelven veinte para cada uno. Siento que mi hombro se desgarra con el borde de madera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin, avanzamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Todos mártires: cargamos el peso sin alma de la abuela, tía, hermana, madre. Como soldados, caminamos con la vista puesta en el hombro del que está enfrente; de vez en cuando, bajamos la mirada para ajustar el paso y esforzarnos en parecer uno solo: un ciempiés de doce pies que adelanta al mismo ritmo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Izquierda, derecha, izquierda, derecha…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No, así no, pendejo: izquierda, derecha, no derecha izquierda; ay pariente, ahora comprendo porqué nunca nos entendimos: tu avanzas con la derecha y yo con la izquierda…&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Qué complicado es jugar al miriápodo con otros cinco vertebrados bípedos. El de atrás me saca el zapato y sólo escucho un murmuro:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Perdón, tío-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Y yo que tengo que avanzar sin romper filas. No puedo voltear e insultarlo: “¡Animal! Se nota que nunca hiciste tu servicio militar,  el cabo Figueras te hubiera dado un golpe como los que nos propinaban…”&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt; -No te apures- respondo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no aguanto el hombro…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -Paco, ¿quieres que te ayude?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;  No, güey. Me gusta sufrir, así voy pagando mis culpas, mis visitas inconstantes, la discusión que tuvimos por ese maldito terreno de Oaxaca (que por cierto ya nadie utiliza), en la familiar, pacífica y amorosa noche de navidad, en que menté madres contra todos: (¿cómo no recordarlo, si me encanta vociferar?) “-$%/* envidiosos de mierda, si esta familia no es ejemplo de nada.-”…y la abuela que abría los ojos como quien ve al mismísimo demonio, pidiendo que me callara, que estaba borracho…&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;-Sí primo, gracias, un ratito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo a mi puesto. Zona minada: hemos pasado del pavimento al pasto vil. Anoche llovió y mis zapatos, agujereados y descosidos, hacen agua como barcaza vieja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cuidado- me dice mi hermano&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No, no me pienso fijar: haré el ridículo partiéndome la cara y tirando a la abuela... ni en estos momentos me dejas en paz.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;- Sí, gracias, hermano…-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Ya no siento el hombro izquierdo, pero me anima el sentirme héroe, cargando al lábaro de la familia: vean, a mí me cedieron el honor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Al fin, cincuenta cruces después, una fosa cavada y libre. Cada muerto ha tenido un cargador como yo, demasiados filósofos de panteón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El abuelo impasible: no hace gesto, no emite un ruido. Su rostro, pálido e imperturbable está, pero su mente vaga por los mejores ¿o peores? momentos de su matrimonio… un viaje a oriente; el baile de la boda del primer hijo… No quiere perder el recuerdo de la esposa sonriente, diligente, de la mujer de su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Flemático, como si llevara ojos de vidrio, como siguiendo los pasos de Borges. &lt;em&gt;“Nunca he sollozado, siempre he sido fuerte, sólo es un golpe más. Un viejo sabe resignarse…” &lt;/em&gt;Pierde su mirada en el barniz caoba del féretro. No llora, no gime como las plañideras que no paran de recordarnos que expirar desgarra, que deberíamos de sentir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No, no se esfuercen lloronas. Nosotros pertenecemos a una raza que no sufre: no tenemos sangre, funcionamos con atole diluido, pozol transparente, chicha ligera. Somos racionales: siempre supimos que iba a pasar… Reprimo un moco;  no, no voy a llorar, soy de los fuertes, ¿o qué, no saben que los hombres no lloran?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Sorbo mis lágrimas y miro al cielo, como esperando que el sol evapore mi tristeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miro cómo los hombres de gris bajan el ataúd hasta su posición final, tres metros bajo el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Adiós abuela, te voy a extrañar. Baja, baja, vuelve a la tierra; al fin y al cabo de ahí salimos todos…&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;-No, más ‘pa acá, ya se atoró con una piedra, súbela un poco- Los sepultureros murmuran e interrumpen mi reflexión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de cubrir el cofre con las lozas de concreto, el tío Juan, un viejo centenario que ha burlado a la muerte viviendo confinado en el pueblo de allá, lejos de esta urbe ruidosa y asesina- se hinca sobre la tierra húmeda, toma entre sus manos un terrón y lo pulveriza sobre la caja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Los viejos ocultan la tristeza en sus arrugas; han llorado tanto que se han quedado sin lágrimas.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;- Adiós, hijita, pronto nos veremos-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;  Promesas, este anciano nos va a enterrar a todos, es un árbol milenario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sepultureros. Deben de ser de nuestra familia, de los que no sienten nada: no penan. Hombres sin corazón, enterradores de la muerte, enemigos del sentimiento, devoradores de emociones, lazos de realidad.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Terminan sus deberes, todos nos abrazamos: en misa, es la paz; aquí es el abrazo del feliz descanso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inmóvil e indiferente, el abuelo agradece la presencia, serio, tranquilo, frío, calmado, resignado, ecuánime; aquí no pasó nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viudo nos invita, como en los viejos tiempos, a compartir la comida. ¿Cuál, me pregunto, si ella era la que todo preparaba y tú sólo te sentabas a la mesa? No asisto. Argumento un compromiso, no quiero encontrarme con todos, estoy harto de ver humanos vestidos de cuervo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo han pasado tres horas después del almuerzo y ya estoy arrepentido. No puedo ser tan insensible, tengo que ir a compartir. Tomo el primer autobús de vuelta y voy a casa del abuelo buscando reivindicarme con todos: entro. Silencio sepulcral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solo, el abuelo asoma con un flotador de caja de WC en la mano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  El realismo mágico existe. Una prueba más, contundente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Esperaba verte deshecho, abuelo. ¿Cómo es que no estás llorando tu desgracia en la cama o con su foto en una mano y la botella de mezcal en la otra, como en las películas de tu época?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo estás, abuelo?&lt;br /&gt;- Bien, hijo, arreglando este &lt;em&gt;pinche &lt;/em&gt;baño que no funciona&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tengo palabras para responder, sólo me dirijo como autómata tras él, al sanitario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Forcejeamos media hora contra la presión de la tubería, hasta que logro dar al traste con lo que quedaba de la vieja instalación años cuarenta. Me siento estúpido: en lugar de pensar en la abuela, estoy pensando en una maldita fuga de agua… aunque, tal vez estoy equivocado: el agua ofrece vida, y ella, ya se ha muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final, logro taponear, con una bolsa de plástico, la salida del chorro líquido y detener el sangrado hidráulico. Espero que resista hasta el mes que entra, cuando venga el plomero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gran Error. Tapé la fuga de líquido de vida, pero rompí el precario sello de tranquilidad en el grifo del corazón del abuelo: al quitarle la ocupación, entró en la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y ahora qué chingados voy a hacer, hijo? Esto va a estar muy cabrón. Hasta hace un rato, todos me hacían compañía. Ahora que se han ido, comienzo a ver mi soledad: ochenta años, sesenta viviendo con tu abuela. Trabajé, hice dinero y viví los últimos veinte pegado a ella, sólo por ella y para ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedo solo, peor que en mi niñez. Cuando pequeño, al menos tuve a la tía que me crió y me ayudó a sobrevivir sin padres, sin ella, tú no me conoces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Claro, y si yo no te conozco, no me conozco y no conozco a nadie...&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;  Solo. La tía está ahora con tu abuela, en la misma tumba, y yo aquí, en una casa que no me sabe a hogar, sin más rutina que despertarme para comprobar que el sol salió y que mi esposa se fue. ¿Para qué vivir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me despedí del viejo, sin saber qué decirle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el camino a casa se me ocurrió algo: esta noche entré a hurtadillas a su hogar y descompuse los contactos eléctricos, desbaraté las cajas de baño que encontré a mi paso, desorganicé la biblioteca, causé un avería en su auto, hice desperfectos a la tarja de la cocina, estropee un sillón y ensucié las alfombras para mantenerlo ocupado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mañana siguiente, poco antes de las siete, recibí una llamada: el abuelo había muerto electrocutado tratando de arreglar la cafetera que había amanecido haciendo hielos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me vestí de negro de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Una, dos…¡tres! Uff… cómo pesa…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-116045598785260026?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/116045598785260026/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=116045598785260026" title="0 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/116045598785260026" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/116045598785260026" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2006/10/truco-ocupacional.html" title="Truco ocupacional" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-116045592560722512</id><published>2006-10-09T21:51:00.000-07:00</published><updated>2006-10-09T21:52:05.616-07:00</updated><title type="text">Carta póstuma</title><content type="html">&lt;div align="center"&gt;Carta póstuma&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Samuel Bedrich&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hoy me desperté preguntándome cuál era el sentido de mi vida, y como no se lo encontré, decidí suicidarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, de nada servirían mis esfuerzos, la vida seguía sin mostrarme el mejor camino. ¿A qué bueno esforzarse haciendo algo si al final no encuentras resultados? Andar, caer, levantarse – Andar, caer, levantarse - ¿Por cuánto tiempo más?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada ha sido nunca suficiente; siempre ha hecho falta más: más dinero, esposo; más trabajo, empleado: más esfuerzo, mozo; más empeño, contador; más responsabilidad, papá; más tiempo, hijo; más experiencia, aprendiz; más preparación, profesor…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamé a tres amigos para contarles mis planes y mi decepción: el primero nunca respondió y le dejé un mensaje en su contestadota automática; el segundo estaba en una junta importante y le era imposible responder, pero su secretaria –con mucha amabilidad, eso sí- me comentó que le reportaría “al señor Gómez” tan pronto como le fuera posible, pero que no esperara su llamada antes de las ocho, pues tenía aún dos citas importantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al tercero le alcancé a comentar rápidamente, mientras vociferaba en el tráfico de la ciudad, apurado por llevar a sus hijas a la clase de ballet, “-¡Anda, muévete hijo de puta!- No, no perdón, no es a ti, es al estúpido de enfrente…” Terminé mi explicación y parece que no me entendió del todo, pues sólo me dijo que estaba muy bien, que no olvidara traerle un recuerdo al volver y que pronto nos hablábamos, ¿habrá escuchado Zanzíbar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego me senté en el sillón para pensar cuál sería el mejor método para hacerlo: ¿acostado, con un anafre a un lado como el abuelo de César? ¿De una congestión alcohólica como Nicolas Cage en Leaving las Vegas? ¿Tirándome de un puente o de un edificio, como buen citadino que soy? ¿Con el cuchillo rasgando mis muñecas? Las vías del tren eran otra opción, pero acá nunca se sabe a qué hora pasa…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, no, no. ¿Qué tal si no me muero y me envían a un centro de reinserción social? No, no tengo carbón a la mano y podría ser que alguien olfateara justo a tiempo, dejándome a medio asfixiar, medio parapléjico, medio vegetando… ¿qué tal si caigo encima de un auto con bolsas de aire y luego me cobran su reparación? … este cuchillo está tan viejo y oxidado que de pronto me da tétanos y me obligan a seguir en tratamiento así esté muerto… Claro, no hay nada como una buena fuga de gas, decidido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, no haría los pendientes del día. ¿De qué sirve a un muerto haber pagado la renta? ¿Qué caso tendría entregar la lista de calificaciones de los estudiantes irresponsables que jamás se habían interesado por sus lecciones? Mejor dejarles la oportunidad de justificarse ante el nuevo profesor y venderse a él con sus adulaciones, buenas caras, gestos amables, sonrisas y justificaciones. Total, les interesa el pase, no el aprendizaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Comer, cenar? Ni aunque en el refrigerador quede una rebanada de mi tarta favorita o un poco de guisado (guisado de guisantes con garbanzos y grano gordo de Guatemala- me digo, con todo el derecho de hacer mi última estúpida cacofonía). Mejor evitar a los pobres forenses la pena de vaciar mis tripas y constatar que no morí de una intoxicación. De cualquier modo, bastará con la pestilencia del cuerpo: evitemos rociar de flatulencias a los deudos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, es cierto: ni la muerte es perfecta. Hubiera preferido fenecer en Río de Janeiro, para que me recordaran a ritmo de Bosanova; o en Finlandia, para que mi cuerpo se mantuviera inmaculado al aire libre, a menos quince grados centígrados: podrían llegar a beatificarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mejor aún: en China. Ahí todos tendrían que vestirse de blanco para darme el último adiós e irían a la tienda de artículos religiosos para comprar, con billetes reales, billetes de papel que arrojarían y quemarían en un cesto para que esos millones me acompañasen en mi otra vida… ¡Vaya! Al fin sería millonario, qué ironía: murió y se hizo rico…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo ideal sería Irlanda: mis amigos y familiares me despedirían con una bebida negra como sus conciencias y amarga como muchas de sus vidas; los puritanos beberían Whisky, pues es un poco más transparente: sería un acompañamiento en turbio que se torna a borroso. Beberían hasta la borrachera y luego me olvidarían para ir por más Guinness y alcohol: discutirían sobre lo inútil de nuestra existencia, sin asombrarse de que alguien se hubiese aburrido de vivir una tierra verde y plana con paredes de agua fría, que se recorre sin encontrar la salida: un canto a ritmo de Daddy’o y listo, otro que se va.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No como en este país, donde se preguntarán una y otra vez si hicieron algo mal y rogarán cientos de veces por mi eterno descanso… ¡Pero si de lo que estoy cansado es de Dios y sus falsos predicamentos! “Amaos los unos a los otros” (cinco ejecutados hoy en Ciudad Juárez), “No robarás” (otro gobernador enfrenta juicio por enriquecimiento ilícito) “da tu pan al que no lo tiene…” (y cierras la ventana del auto cuando se acerca un mendigo), “…y al que lo tiene, dale siempre hambre y sed de justicia” (sí, absolvamos a los asesinos del 68).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No como en este país, donde llorarán y llorarán; donde se mirarán compasivamente y aprovecharán el velorio para criticar mi vida y la de los allegados: que si fulano hizo, deshizo, o dejó de hacer. No, definitivamente tampoco se elige donde se quiere morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Variemos el tema. Mejor una buena programación musical: por hoy no me importará que el corazón altruista del político que años antes devoró el erario público decida devolver, perdón, donar, dar, al pueblo, una migaja de su hurto: cinco nuevas camas de hospital o una ambulancia nuevecita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abro todo el gas y me tiendo en la cama. Un poco de Sting de los ochenta, para recordar cuando los músicos aún creían en un mejor mundo, luego algo del Gabriel de In your eyes y finalmente una muy wagneriana cabalgata de las Valquirias…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;… No, no, que no digan que estoy dormido y que me traigan aquí; ni que me fui al cielo. Mucho menos que me convertí en lagartija o rinoceronte; tampoco que fui al espacio intersideral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo que borré mi nombre de la lista de los vivos, que corté mi existencia, que decidí parecerme a Hemingway, Novalis, Saint-Exupéry y Van Gogh; que quise imitar a un kamikaze, a un inmolado de Corea del Sur, al decepcionado que se lanza al río con una piedra a los pies, o a Lawrence de Arabia que, dicen, murió en un accidente, pero yo digo que se accidentó de tanto estar muerto en vida… y bueno, pueden simplemente decir que me fui, porque irse, aunque sea de este mundo, es algo que todavía pocos se atreven a hacer.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-116045592560722512?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/116045592560722512/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=116045592560722512" title="0 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/116045592560722512" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/116045592560722512" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2006/10/carta-pstuma.html" title="Carta póstuma" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-115747413662540833</id><published>2006-09-05T09:34:00.000-07:00</published><updated>2006-09-05T09:35:36.643-07:00</updated><title type="text">El regreso del elefante</title><content type="html">&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El regreso del elefante &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Samuel Bedrich&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;div align="left"&gt;Algunos humanos somos completamente aerobios: requerimos del aire y la fuerza del viento para encontrar un destino. Hace unos años, en 1986, me vi cruzando la frontera turca sin comprender porqué lo hacía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún hoy ignoro porqué pasé ahí tres años, haciendo todo tipo de labores. La razón lógica es que lo necesitaba para sobrevivir, pero no podría explicar qué me orillaba a permanecer en esa tierra. Mi justificación es que la vida nos enfrenta a nosotros mismos, reflejándonos en otras caras e idiomas para comprender lo que en el fondo son nuestras propias desventuras: somos hombres y mujeres con las mismas vivencias, independientemente de la nación que habitemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez mi predestinación era simplemente conocer a Abdulah&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que viví tuvo como escenario la ciudad de Izmir, un pequeño puerto del mar Mediterráneo, al que había llegado luego de vivir dos años en Estambul y tres meses en Ankara. Yo era entonces chofer de carroza funeraria: el único empleo posible para un hombre sin documentos, ni miedo a la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...nunca olvidaré el modo en que contempló su rostro por última vez: era la tristeza de quien pierde un trozo del alma. Lo cubrió con una mascada blanca y permitió al de la morgue sellar el féretro. Luego se quedó completamente inmóvil, con la mirada fija en la caja negra de herrajes plateados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay cosa más desgarradora que la muerte en plena juventud. ¿Por qué Ahmed? un nieto al que quería como un hijo: su propia sangre. Abdulah sufría. Mientras subíamos el ataúd a la carroza, lo miré salir de la funeraria, un bloque masivo de mármoles blancos y vetas grises (ahora que la evoco, recuerdo que él la llamó “una lápida descomunal e intimidante”).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas percibió la luz al fondo del tétrico pasillo, aceleró el paso. Lo vi tambalearse, casi desfallecer. Al arribar al final del túnel, se llevó la mano izquierda a la frente, la enjugó por su cara y la inmovilizó a la altura de la boca. A lo lejos, escuché un sollozo reprimido y noté cómo su cuerpo se arqueaba hacia el frente al sentarse en una banca del exterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre estuvo unos diez minutos bajo el sol, con los codos apoyados sobre sus piernas y la cabeza entre las manos. Yo esperé en el auto, hasta que, instantes más tarde, mirándome con los ojos húmedos, se acercó y me pidió partir hacia Arpaci, una pequeña comunidad en la provincia de Manisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hicimos la ruta hasta Akhisar en silencio absoluto, él del lado del copiloto y yo al volante. Justo al entrar al pueblo, me solicitó hacer alto para comprar un poco de vino. Tras abordar el auto, abrió la botella nerviosamente y apuró dos generosos tragos. Enseguida, me hizo las preguntas que uno hace cuando distingue a un fuereño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Curiosa coincidencia, que ambos habláramos español en ese confín del mundo. Seguramente mi juventud le hizo revivir episodios anteriores y comenzó un largo monólogo que no fui capaz de interrumpir.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;" Nací en Arpaci en 1922, muy cerca del lago Demirkopru, de donde mis abuelos y los papás de mis abuelos eran originarios; mis hijos y sus hijos habrían nacido ahí, de no haber sido por los alemanes: yo tenía 18 años y mi madre, que ya había visto morir a su esposo en la gran guerra, me obligó a abandonar el pueblo, antes que sufrir la suerte de mi padre. Logré huir, y después de mucho tiempo, arribé a América en 1941, pero en sólo dos años conseguí aborrecer al país y sus reglas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin muchas alternativas, opté por subir a un tren que iba al sur: probaría suerte en México.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tiempos de guerra, ahorrar era imposible: me quedé sin dinero en Creel, un mísero pueblo enclavado en la sierra del norte. Hice de todo para sobrevivir: las minas, el campo, el ferrocarril… hasta que el oficio de mis ancestros terminó por encontrarme: ¿Qué más podía hacer un turco? si siempre estuvimos en el corazón de las rutas del comercio… inicié un negocio y pasé media vida detrás de un mostrador, apilando centavos. Dejé mis mejores años entre tarahumaras –indios tan pobres como los turcos de mi región- y rubios mexicanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin amigos, sólo me mantenía afanoso el deseo de volver a mi patria y vivir mis últimos años a un costado del lago donde nací: tener una casa pequeña y amigos para disfrutar los atardeceres rosados y las lunas del invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los años pasaron y formé una familia, pero tanto mi hijo como mi esposa desoyeron mis súplicas de volver a mi vieja Turquía.&lt;br /&gt;-Es inútil abrir viejas heridas- insistían ambos, -hace años que perdiste el contacto: seguro han muerto todos-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Únicamente Ahmed se interesaba por mi odisea de llegada a Chihuahua. Por las tardes, nos entreteníamos con un viejo atlas y el relato de mi periplo. Le contaba cómo llegué a Izmir oculto entre las pacas que transportaba mi tío, y mi primer noche fuera de casa, muriendo de frío, en medio del bosque; le relataba cómo, durante tres semanas me alimenté sólo gracias a los dátiles, dos pequeñísimas bolsas de piel que escondían unas monedas, la única herencia de mi madre. Le referí del capitán Kratoneus –un macedonio siempre ebrio de ouzo, pero de enorme corazón- que accedió a embarcarme en Khíos y conducirme a Atenas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi nieto me llamó Abuelo l’eph-ünt cuando supo que los paquidermos tienen una habilidad memorística superior. Le gustaba escucharme contar cada detalle decenas de veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo en la vida tiene un tiempo: el invierno marcó el momento clave. Decidí partir con o sin el consentimiento familiar. Del viejo clóset, desempolvé una foto y extraje mi vieja maleta. Mi reloj vital había sonado la hora y no podía hacerle esperar más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Ahmed, como todas las tardes al salir de la escuela, se presentó en mi habitación, comprendió que el tiempo había llegado: el viejo-elefante se dirigía al cementerio sagrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un brillo de admiración entremezclado con la tristeza de la palabra partida cruzó sus ojos. Visiblemente alterado, me exigió cumplir la promesa de llevarlo conmigo. Entonces le mostré dos billetes de tren a Chihuahua para el día siguiente.&lt;br /&gt;-De ahí a Ciudad Juárez, y luego seguiremos hasta Albuquerque- le comenté. Me abrazó con todas sus fuerzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche, los dos verdaderamente felices fuimos él y yo. Largo tiempo habíamos imaginado la última cena con el resto de la familia: nada dijimos y ellos jamás adivinaron que el viaje a Chihuahua era sólo la primer etapa, y un ardid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de dormir, meditando frente a la biblioteca, comprendí la paradoja de mi vida: medio siglo atrás, Libertad había significado desligarme de mis orígenes y forjar una historia propia; en mi senectud, Libertad, tenía el símbolo opuesto: deshacerme de los convencionalismos que durante diez lustros cebé con mi estilo de trabajo, y volver a mis orígenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal como lo hiciera en los años cincuenta, pero esta vez en sentido inverso, y haciéndonos compañía, recorrimos la unión americana: Oklahoma, St. Louis Missouri, Cincinnati, Pittsburg… hasta llegar al puerto de Nueva York, donde conseguimos, -no sin dificultades- pasaje en un buque hacia Europa, el Elba, un carguero de bandera somalí y capitán francés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres semanas más tarde desembarcamos en la blanca Lisboa, de donde nos dirigimos al sur de España, hasta Sevilla, luego a Tarifa, donde embarcamos hacia Tánger.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El plan era de una simpleza infantil: yo cerraría el círculo de mi peregrinaje y mi nieto pisaría, después de haberla recorrido en sueños y cartas geográficas, la tierra de sus ancestros; andaríamos juntos, La ruta a la libertad, como bauticé la marcha que dos veces significó exilio…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada sucedió así. El destino, que tiene sus razones, dispuso de nosotros: a punto de arribar a Túnez, Ahmed enfermó y la travesía del mar Mediterráneo fue un terrible martirio. Diez días estuvimos retenidos en la Isla de Sicilia, a causa de una fiebre que le postró en cama y le hizo presa de penosos delirios&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprovechando su mejoría, conseguimos cruzar a Patrás: sus mujeres casi le secuestran con sus adulaciones y belleza, por poco le hacen olvidar el viaje; en Atenas insistió en continuar la travesía por barco, a pesar de su debilidad física. Sabía lo cerca que se encontraba del final y rechazó volverse o cambiar de itinerario: acaso en ese momento intuyó por primera vez que el nuestro era un viaje sin retorno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos a Izmir después de pasar dos días en Khíos. La emoción de pisar tierra turca le permitió sostenerse en pie, sin embargo, a unas horas de nuestro arribo, sufrió un nuevo ataque de fiebre. En la unidad de cuidados intensivos me advirtieron sobre la gravedad de su condición. Desde su cama, indefenso y demacrado, con la muerte rondando sus ojos, exhaló un leve murmullo:&lt;br /&gt;-Abuelo l’eph-ünt, he venido para acompañarte. Elige un lugar para mí en Arpaci y cuando sea el tiempo, ven conmigo, para charlar de nuestra nueva travesía, de la libertad, de los dátiles…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esas fueron sus últimas palabras…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El viejo permaneció callado más de cinco minutos y yo no me atreví a romper el silencio o hacer pregunta alguna... poco a poco, él mismo fue volviendo de su ensimismamiento y continuó.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;“ … de vuelta a mi tierra, descubro que retorno como cuando partí: solo y con la muerte en mis espaldas: únicamente mis canas y articulaciones son distintas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre todas las cosas, me aterroriza pensar que el sueño de una vejez de simplezas y paz –con la casa pequeña junto al lago, los amigos para disfrutar los atardeceres rosados y las lunas de invierno- estuvo al alcance de mi mano mucho antes de partir. ¿Acaso era necesario esperar toda una vida para alcanzarlo y morir por él…?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Minutos después arribamos a Arpaci. Nos dirigimos al cementerio local y ahí le dejé, con el féretro de su nieto a los pies. Desde la colina se observaba un lago azul en el fondo. “Bello lugar para descansar, vivo o muerto”-Me dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me despedí con la promesa de volver para visitarlo pronto. El sol comenzaba a caer y mi camino era aún largo, aunque comparado con lo que habría de vivir para encontrar mi destino, significaba sólo un paso más. &lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Lima, 2006 &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-115747413662540833?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/115747413662540833/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=115747413662540833" title="0 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115747413662540833" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115747413662540833" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2006/09/el-regreso-del-elefante.html" title="El regreso del elefante" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-115462472185980214</id><published>2006-08-03T10:05:00.000-07:00</published><updated>2006-08-03T10:05:21.863-07:00</updated><title type="text">Conciencia Ciega</title><content type="html">&lt;div align="center"&gt;Conciencia Ciega&lt;br /&gt;Samuel Bedrich&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un hombre en sus sesenta, de cabello entrecano, cuidadosamente ataviado con un traje oscuro y zapatos de charol perfectamente lustrados, caminaba por la calle. Su aspecto era el de un hombre de negocios saliendo de casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día estaba soleado en el pequeño mercado del municipio de Apizac. Todos los comerciantes iniciaban su jornada y extendían sus piezas en el suelo, sobre plásticos multicolores; el vendedor de frutas ordenaba sus mandarinas y duraznos en pequeños montones de cuatro piezas; la vieja vendedora de alpiste colocaba sus productos sobre una carpeta azul y se hacía acompañar de un canario que la observaba desde una pequeña jaula a la que la previamente había puesto hierbas y agua limpia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más allá, la vendedora de cacharros de peltre y fierro colado hacía ruidos casi rítmicos al disponer su mercadería por tamaños y colores. Todos los marchantes se conocían de años y se saludaban alegremente, esperando tener una buena venta de lunes en este nuevo lugar que les había designado la municipalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El del traje se había detenido en la banqueta, esperando que alguien le ayudara a cruzar la calle. Después de unos instantes, apareció un jovencito de unos quince años, con toda la pinta de haberse escapado de la escuela y curioso de ver qué novedades podría encontrar en la plaza. Al ver al señor del traje oscuro y gafas negras estrujando su bastón, le ofreció auxiliarle articulando un sencillo pero claro: “-le ayudo, Don…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El de los zapatos brillantes y ropa elegante asintió con la cabeza, mientras tomaba el brazo del chico; no parecía gustarle mucho pedir ayuda, pero en su condición, no le quedaba otra solución que colgarse del antebrazo que le brindaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre dientes maldijo el reciente acontecimiento en el que había perdido la visión, y dominado por cierta angustia, comenzó a enervarse, murmurando frases entrecortadas por palabras altisonantes “-put… mhmh… caraj… no esposiblequeyo…. mier…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jovencito, asustado por esa actitud, terminó de hacerle pasar la calle, se liberó de él y se fue a través de los tendidos, caminando con prisa, como presintiendo una tormenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No bien hubo terminado de poner el pie en la acera, el adinerado viejo comenzó a levantar la voz y maldecir, al tiempo que caminaba erráticamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuchando el bullicio de los puestos, se acercó, y presa de una envidia repentina comenzó a avanzar más rápido, golpeando con su bastón lo que (y a quien) se ponía a su paso y pateando, primero al perder sus pasos y luego con saña, los puestos instalados a nivel de piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodaba por allá una mandarina, salía disparada una olla que golpeaba con la banqueta, volaban los montoncitos de fruta; los mercaderes no sabían qué hacer, pues detener o golpear de regreso al invidente habría sido una falta de respeto. Sólo atinaron a decirle: “-¡Señor, señor, que nos está golpeando, estamos acá a su lado, tenga cuidado, está destruyendo nuestros puestos; avance con precaución…!” Y el hombre, a quien parecía que el diablo había envilecido, golpeaba a diestra y siniestra, sin tomar el mínimo cuidado en las advertencias que le espetaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su paso, la jaula, con canario incluido, había resultado expulsada entre los baldes de acero inoxidable, con su resultante mezcolanza de trinos, agua y resonancias metálicas; el alpiste había quedado regado por el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con cierta sorna, respondía casi a gritos “-No veo nada, lo siento, no veo nada, no puedo ver, ¿quién está ahí, qué es eso...?” Y aunque el hombre era invidente, en su rostro se notaba la satisfacción que tenía al pegar con la fuerza de su bastón, agitándolo en el aire y trastabillando “-soy ciego, no veo… “&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminó de cruzar la pequeña plaza, y con el rostro encendido y las sienes perlando sudor, continuó avanzando, con un paso más ligero, alejándose de los vendedores que, desconcertados, se miraban entre sí, como preguntándose qué clase de huracán había pasado y qué tipo de mosca habría picado a ese hombre tan elegante y de apariencia adinerada que les había pegado… y destruido sus pequeños establecimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Carlos Errechegoyén se perdía con su bastón en el horizonte mientras murmuraba con burla: “-pobres tontos… ¡Lo siento, soy rico pero soy ciego y no veo, no veo nada!...” Lanzó una fuerte carcajada y siguió su camino, asumiendo de nuevo ese serio rostro de hombre de negocios. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-115462472185980214?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/115462472185980214/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=115462472185980214" title="0 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115462472185980214" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115462472185980214" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2006/08/conciencia-ciega.html" title="Conciencia Ciega" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-115462463021078120</id><published>2006-08-03T10:03:00.000-07:00</published><updated>2006-08-03T10:03:50.216-07:00</updated><title type="text">No todos los cuentos son cuentos</title><content type="html">Escuchado en una conversación de sobremesa…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Oye, eso de la reencarnación es bárbaro. Resulta que el otro día me hicieron una regresión y supe que he sido dos veces ratón en Europa; tres, hormiga en América; una, serpiente en Asia y; una, abeja en la Patagonia. Interesante, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Uta, ni me lo digas. A mi también me hicieron algo así hace dos meses, ¡vaya fiasco! Me enteré que fui sequoia gigante de un parque en Estados Unidos durante 357 años, y de no haber sido por un tipo que en 1965 prendió una fogata y me quemó, aún estaría pegándome la aburrida de mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-115462463021078120?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/115462463021078120/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=115462463021078120" title="0 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115462463021078120" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115462463021078120" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2006/08/no-todos-los-cuentos-son-cuentos.html" title="No todos los cuentos son cuentos" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-115376180239309323</id><published>2006-07-24T10:21:00.000-07:00</published><updated>2006-07-24T11:21:47.633-07:00</updated><title type="text">Castillo de Papel</title><content type="html">&lt;div align="center"&gt;Castillo de Papel&lt;br /&gt;Samuel Bedrich&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La leyó por quinta vez en voz alta y luego la besó: la miró con admiración, como felicitándose por ser tan buen redactor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La dobló con precaución, luego cerró el sobre con un rápido pase de la lengua sobre la banda de pegamento. La rotuló con sumo cuidado, siempre pensando en la tía Elisa: era el momento de tomar la palabra de la anciana: hacía años que le ofrecía apoyo para sus frustradas empresas… el orgullo era mal consejero: jamás había aceptado la ayuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esta vez era la correcta: ahora o nunca. Este negocio sí era el bueno. Lo había esperado por años y de buenas a primeras aparecía en su mesa: oportunidad única. Las ganancias se triplicarían de forma instantánea y así podría reintegrar el préstamo de inmediato: el orgullo no sufriría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Depositó el sobre en el buzón del correo y corrió a festejar su entrada al mundo de los millonarios al bar de Fortunato. Entró y, saludando ruidosamente, ofreció una y otra ronda. Nadie tuvo una explicación de porqué el hombre, siempre tan parco y silencioso, se comportaba tan dicharachero y agradable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre los asistentes conoció a Álvaro, con quien charló hasta tarde y mismo que le aceptó gustosamente una docena de copas. Entrada la noche Álvaro se ofreció llevarle a casa, pero nuestro personaje optó por declinar y prefirió tomar el autobús nocturno: no eran tiempos de arriesgar la vida con un borracho recién conocido;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Álvaro salió del bar con el volante en la mano izquierda y la copa y la palanca de velocidades en la derecha: en las ciudades del norte, las noches de enero son frías y resbalosas. Nuestro conductor tuvo la feliz ocurrencia de agregarles el efecto whisky, logrando con ello imitar a un esquiador novel: un pestañeo y ya estaba en la banqueta, casualmente frente a la oficina de correos. Un rápido, pero mal medido volantazo, le hizo detenerse sobre el buzón, quien vomitó su contenido por el piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie le había visto: echó marcha atrás. Como pudo, levantó lo que parecían ser dos buzones y en realidad era sólo uno. Lo acomodó, levantó algunos de los sobres cercanos y decidió no permanecer más en la escena de la peripecia: el frío no estaba para visitar la cárcel municipal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día siguiente, un extrañado empleado de la oficina postal constataría el asombroso avance nocturno del buzón, pero optaría por no decir nada: había demasiado trabajo como para entorpecer las labores de los policías que ya debían estar ocupados con asuntos más importantes, además no había mucho por hacer: el equipo de limpia ya había barrido con los papeles sembrados por la madrugada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Álvaro comprendió que la ebriedad causa accidentes, pero nuestro soñador personaje jamás supo que una vez más, su orgullo le había hecho una jugarreta.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-115376180239309323?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/115376180239309323/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=115376180239309323" title="0 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115376180239309323" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115376180239309323" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2006/07/castillo-de-papel.html" title="Castillo de Papel" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-115308441874448532</id><published>2006-07-16T14:11:00.000-07:00</published><updated>2006-07-16T14:13:38.753-07:00</updated><title type="text">José Jaimes</title><content type="html">&lt;div align="center"&gt;José Jaimes&lt;br /&gt;Por: Andariego &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;I&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El general Zapata se adelantó hacia nosotros. En el centro de la plaza habíamos concentrado a todos los hombres del Ixcateopan, incluyendo a los ricos hacendados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como en cada poblado al que llegábamos, habíamos entrado en estampida y disparando los fusiles al aire, haciendo griterío para asustar a todos los jijos de la chingada&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ora sí cabrones, mi general Zapata se los va a pasar por las armas. Más vale que se tengan quietecitos si no quieren que rujan las mudas -como llamábamos a nuestros revólveres-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cumplidas sus órdenes mi general –Le dije. Ya están todos bien amarrados: los tenemos en el centro de la plaza y los hemos advertido que si no le ponen precio a su cabeza, se las volamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin decir nada, con el rostro cubierto por el amplio sombrero, bajó de su caballo y me encaró con ojos de trueno:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Acá nomás vuelan las cabezas que yo ordeno, mi cabo. Usté se me puede ir mucho por la chingada, yo no necesito presentaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los años que llevaba acompañándole en sus correrías me habían enseñado a callar: mi general no era un tipo de munchas palabras. Lo dejé pasar y fui tras él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Avanzó hacia los prisioneros que ante su simple visión se apartaron como pudieron, aunque no podían moverse gran cosa por sus ataduras. Intimidados como estaban podía más el terror que su curiosidad: ninguno se atrevía a mirarlo a los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De entre todos los presentes, sobresalía una figura alta, de cabello casi blanco. Su estatura superaba al menos de una cabeza al resto de los detenidos, y aunque no hubiese sido tan alto, su porte le habría distinguido de todos: la cabeza erguida, el torso amplio, la espalda recta y gallarda. Vestía una especie de casaca azul claro con botones dorados que le hacía ver como húsar de algún ejército europeo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que se percibieron, ninguno de los dos pudo evitar fijar la vista en el otro. Mi general se le fue acercando hasta que lo tuvo a medio paso. Sin quitarle la vista de encima se dirigió a su lugarteniente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quién es este jijo de la rechingada que me mira tan feo, Romero? ¿Se siente muy bravo este güero?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es Don José Jaimes, mi general. –Le dijo Romero. Es dueño de la finca Jaimes. Acá dicen que tiene muncho dinero. Su gente habla bien de él, aunque, como todos estos hacendados, paga puras miserias y nuestro pueblo se nos muere. Parece que su mujer…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Así que Don José Jaimes, güero –Interrumpió Zapata- … espero que tengas claro que estamos en una revolución y que la guerra paga a sus ejércitos. Mi gente necesita parque y comida. ¿Contamos con tu colaboración Don José Jaimes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo mantuvo su mirada plantada en la de mi general y comenzó a decir que los negocios no iban tan bien, que podría donar unos costales de maíz y unas cuantas cabezas de ganado para comer, pero que no contaba con plata, pues de eso no había nada en la hacienda. A decir suyo, todo se había perdido por la baja de negocios causada por la guerra, y los últimos negocios se hacían con trueque&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Pinche Anciano! –Le respondió mi general- …Si teniendo tantas tierras y negocios estás jodido, ¿cómo estarán estos cabrones? -Dijo, señalando a la soldadesca que le rodeaba. – ¡Se mueren de hambre por hacer la revolución mientras tú te tragas su maíz! Si no tienes plata, entonces eres malo ‘pal negocio: tal vez no deberías seguir trabajando…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Amárrenlo con los que nos llevamos a Taxco caminando! Este güero no sólo es respondón, sino amarrado… a ver si una caminada por el bosque le afloja los bolsillos. Pinches extranjeros, sólo vinieron pa’ joder nuestra tierra y gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José Jaimes plantó los ojos en los de mi general y con una mirada fulminante le respondió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mi general, seré lo que usted me diga, menos extranjero: este país es tan mío como suyo. Nuestras ideas nos enfrentan, pero no nuestro amor a la patria: nací en México (había pronunciado Meshic’o, como los antiguos mexicanos) y acá moriré, más temprano que tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zapata lo volteó a ver como quien mira a un niño malcriado: molesto por su reacción, pero divertido por su valentía. Luego de plantar fijamente sus ojos en la cara blanca del viejo, como no queriendo olvidar sus rasgos, se volteó. Con desdén, continuó observando a sus prisioneros y a tres o cuatro pasos de distancia, le lanzó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pos no me busque Don José, que puede ser más antes que temprano. Hay gallos güeros y morenos, pero a todos me los chingo cuando se ponen rejegos: mande usté por monedas a su casa o vaya pidiendo un padrecito, que acá nomás tenemos una palabra.-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran los inicios de 1911 y en México, Emiliano Zapata, caudillo del centro del país, recorría los estados aledaños a su natal Morelos en busca de gente, armas y dinero para combatir a la armada federal. Siempre a salto de mata, cruzando sierras y desfiladeros, su tropa irrumpía en poblados y rancherías: no había quien pudiera escapar a esos hombres intrépidos y salvajes que acataban las órdenes sin chistar. Se decía que eran capaces de enfrentar a diez hombres cada uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don José Jaimes era un próspero terrateniente que se vanagloriaba siempre de sus tierras: solía cabalgar con sus hijos, y cuando llegaba a una elevación en el tupido bosque, se detenía para señalar hacia el horizonte:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ese monte que ves ahí, Camerino, es tuyo. Lo podrás repartir entre tus bisnietos y hasta ellos serán ricos: ningún Jaimes andará descalzo, nunca…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De abuelo español, pero nacido en el Nuevo Mundo, Don José vivía en Ixcateopan desde hacía más de treinta años. Había elegido ese pueblo de la sierra por su tranquilidad y, al mismo tiempo, buena comunicación: Taxco, Iguala y Teloloapan estaban a pocas horas de caballo. La distancia perfecta para alejarse del mundo y llevar una vida en paz…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la revolución había llegado. Las campanas alertaban, los relatos de los viajeros eran crudos: sangre, muerte, fratricidios. México entraba en la guerra civil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La correspondencia con sus hijos, estudiantes y profesionales en la gran ciudad, se lo advertía: los zapatistas se acercan, los federales están haciendo levas, el caos rige: reina el terror, la angustia y la desesperanza; los bancos ya no son lugar seguro para el oro. El capital extranjero abandona el país; un día se levanta la insurgencia en el norte, la sofoca el ejército, y al siguiente se rebelan los estados del sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dice que poco antes de la llegada de Zapata, José Jaimes había tomado una sabia decisión: una noche sin luna, nubosa y cerrada, había, en compañía de su hijo Camerino, llenado un baúl de madera con sus posesiones más preciosas: monedas de oro y barras de plata. Lo habían sellado y arrastrado con dificultades hasta el jardín trasero y ahí, debajo de un enorme guayabo, lo enterraron en una fosa de más de dos metros de profundidad. Sólo José, Camerino y la noche, conocieron este secreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…el viejo había callado. Sabía que llegaba a los límites de la paciencia del revolucionario, y no era cuestión de probar lo lógico: un bandido no tenía nada que perder. No sería el primer hacendado sacrificado a la causa revolucionaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema era que el oro había quedado sepultado y no era cuestión de arriesgar todo el capital: igual valía estar muerto. A Don José Jaimes le quedaba sólo una carta: la del honor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás se había doblegado o hincado. Seguiría el ejemplo de su abuelo que en 1820, a punto de ser capturado por los insurgentes, fue conminado a entregar su espada, arrancar sus insignias del ejército realista y abrazar la causa independentista, como ya lo había hecho su superior Antonio López de Santa Anna: “Prefiero morir que traicionar mis ideales”. Los insurgentes no lo habían dejado tiempo de arrepentirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Un Jaimes nunca se dobla- Se dijo Don José.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el corral donde los tenían cautivos, sólo se escuchaban lamentos. Las autoridades del cabildo, la indiada, -como les llamaba José Jaimes cada que volvía de discutir con ellos por su incapacidad de hacer frente a los problemas de la comunidad- estaba intranquila: como bestias conscientes de su cercanía al matadero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuchicheando se preguntaban si en verdad los harían caminar hasta Taxco: era una ofensa de la que jamás se repondrían. ¿Volverían a ser respetados por el pueblo una vez que regresaran de tal humillación?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, más les preocupaba su rescate: ¿Cómo convencerían al general Zapata de su pobreza? ¿En verdad estarían retenidos con el objeto de obtener de ellos dinero o era un escarmiento por colaborar con el gobierno federal?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se preguntaban porqué Don José Jaimes no despachaba un mensaje a su finca y simplemente pedía unas monedas: seguro sería liberado de inmediato y lo dejarían en paz. Era un rico hacendado que imponía respeto...“hasta al General Zapata” –decían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente del cabildo no soportó más y se atrevió a acercarse a Don José para rogarle le prestase unas monedas para salvar su honor. José Jaimes le miró despectivamente: “Pinche arrastrado. Hasta en este momento eres capaz de sacrificar tu dignidad. ¿Acaso no tienes siquiera un poco de orgullo? Decidiste jugártela con los federales y ahora esperas comprar tu vida con unas monedas…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no, no había dicho nada, sólo lo había pensado: tal vez lo había dicho con los ojos y otro lo había escuchado con los ojos, el caso es que el hombre sólo agachó la mirada, bajó la cabeza, dio media vuelta y volvió con los suyos, donde se impuso un silencio que ninguno se atrevió a perturbar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zapata era un hombre duro que cobraba con aspereza las afrentas que él mismo había padecido. Cada hazaña lo hacía más grande, y su presencia física lo complementaba todo: enorme bigote y rostro iracundo, mirada temible, amplio sombrero… su vestimenta, sus mujeres, todo en él contribuía a atizar la imagen de una leyenda. Había elegido su figura, o su figura lo había elegido a él, pero era imposible dejar de ser quien era: Zapata no tenía corazón y su causa era como él: despiadada, destructiva, vengativa y ciega… los sentimientos pertenecían a un mundo que no era el suyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso cuando le dijeron que la esposa de Don José Jaimes lo buscaba y que no había querido hablar con nadie sino con él, se alegró, pues se dijo que después de ver a tanta indiada, al fin podría ver a una mujer de verdad, a una rica suplicando por su hombre: “no hay mejor cosa que vengar a nuestros indios y ver a un blanco rogarle a un hombre del pueblo” –Se dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero mi general Zapata se quedó mudo. Yo estaba ahí, y por eso lo cuento, porque él ha muerto y yo estoy vivo; porque me quedan pocos años y si no lo digo, nadie sabrá que mi general de puso de pie ante una mujer, y que esa mujer no fue cualquiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la habitación que había tomado mi general, (en la casa de uno de los ricos del pueblo -harto decorada con cuadros afrancesados que mandó arrancar al instante de su ocupación y poner en la chimenea), entró la mujer de José Jaimes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era pequeña y morena, de rasgos indios: cabello negro, ojos pequeños y oscuros, de un negro profundo e infinito. Su rostro mostraba las arrugas propias de su edad y de la vida del campo. Dos largas trenzas complementaban un elegante vestido de algodón, florido y finamente bordado. La mujer hablaba mal el español, pero se hacía acompañar por una joven traductora de porte altivo y mirada penetrante, igualmente bien vestida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Niltze, Tecuhtzintli Zapata, icniuhtli&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=31213879#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;. –Le dijo la señora de Don José.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zapata, sin decir palabra, ordenó salir a todos sus ayudantes, menos a mí, pues sabía que no comprendería esa extraña lengua y tal vez necesitaría ayuda. El idioma desconocido, después lo supe, era el náhuatl, que mi general hablaba de niño en su casa. Pero la mujer hablaba y, pensando que mi general no lo conocía, se hizo traducir por la joven:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Señor Zapata, he traído para ti un presente. No lo traje para pagarte por la vida de mi hombre, que vale mil veces esto, sino como señal de paz: los hombres y mujeres de Ixcateopan tenemos también sangre de guerreros y hemos combatido al usurpador muchos soles antes que tú y los tuyos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y diciendo esto, extendió su mano y ordenó a su joven intérprete:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Temaca tetlauhtilli&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=31213879#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;[2]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La acompañante sacó de una bolsa de lana tejida un envoltorio de piel, y lo extendió a mi general.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Tú, cabo! Recibe eso- me dijo. Zapata estaba clavado a su silla&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí la bolsa con cautela y entregué a mi general un brazalete dorado de un metal ligero labrado con inscripciones y dibujos de los antiguos mexicanos: figuras muy similares a las que se ven en las pirámides.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo vio en él mi general, que de inmediato se levantó y miró con humildad a la mujer. Leí en su mirada las ganas de hacerle mil preguntas, pero fue incapaz de articular una sola palabra. Así permanecieron, frente a frente durante un largo tiempo. Comprendió que esa mujer provenía de la vieja raza de bronce y era heredera de nuestros primeros emperadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nehuatl nimexica. Dijo mi general Zapata, en la lengua de su madre ¿Tlein Monequi? &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=31213879#_ftn3" name="_ftnref3"&gt;[3]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tlamatcayeliztli, Zapata, tlamatcayeliztli. Inech monequi tlapopolhuia&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn4" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=31213879#_ftn4" name="_ftnref4"&gt;[4]&lt;/a&gt;. -Dijo ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Macado xitequipacho, José Jaimes maquixtia&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn5" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=31213879#_ftn5" name="_ftnref5"&gt;[5]&lt;/a&gt;. -Respondió mi general.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer extendió la mano y Zapata la tomó entre las suyas. Ella dio media vuelta y, tan discretamente como entró, abandonó la habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La intérprete metió de nuevo la mano en su morral y de él extrajo una especie de víbora tejida de vistosos colores, de unos diez centímetros de largo. La entregó a mi general, que al recibirla, hizo sonar el ruido inconfundible de las monedas de oro. La chica, un tercer obsequio, permaneció ahí, en espera de instrucciones de mi general.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zapata siempre fue mujeriego, y en otras circunstancias habría tomado, sin chistar, a una mujer tan bella. Pero algo le había embrujado y enmudecido. Con una seña, me ordenó abrir la puerta y dejarla partir. Retomó su asiento y me indicó la salida. Al cerrar, vi como extraía el brazalete y se quedaba absorto en su contemplación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mañana siguiente partimos hacia Taxco con nuestros prisioneros amarrados por los puños. Los que no seguían el paso de los caballos y caían, eran abatidos después de ser arrastrados unos metros entre la tierra y el lodo. Mi general me había ordenado hacer un nudo poco apretado para José Jaimes, quien siempre caminó entre los primeros: altivo y aceptando su suerte. Llegó un momento en que lo vi prácticamente sostener sus cuerdas, cuyo nudo estaba prácticamente desecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hicimos noche a dos leguas de Taxco. Fue cuando Don José Jaimes huyó. Se rumora que lo hizo a regañadientes: su mujer le había enviado a dos indios para rescatarlo, porque él nunca había incumplido su destino. El día siguiente se hicieron dos batidas para buscarlo: José Jaimes había desaparecido y mi general parecía liberado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero José Jaimes nunca volvió a la finca, ni se supo más de él: Se dice que se tiró a un acantilado para la deshonra de haber huido; Camerino, su hijo, falleció poco después en un nuevo ataque zapatista, esa vez sin su general.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rastro del cofre desapareció, como desapareció la finca Jaimes: de la vieja hacienda sólo subsiste un casco viejo, a punto de derrumbarse, y la memoria de un trapiche que nunca volvió a funcionar; en el pueblo, quedan unos cuantos viejos que, como las hojas del árbol en invierno, son cada vez menos: se olvidan de los detalles, se llevan las anécdotas de la revolución y con ellas, los nombres de aquellos que nos dieron nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo prevalece Ixcateopan con sus calles de mármol y un viejo cuadro empolvado en el que se observan los rostros de una mujer de rasgos indios y de un hombre anciano y de cabello blanco…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agosto, 2005.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=31213879#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; Hola Señor Zapata, hermano&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=31213879#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;[2]&lt;/a&gt; Entrega el regalo&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=31213879#_ftnref3" name="_ftn3"&gt;[3]&lt;/a&gt; Yo soy mexicano… ¿qué quieres?&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn4" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=31213879#_ftnref4" name="_ftn4"&gt;[4]&lt;/a&gt; Paz, Zapata, paz. Es necesario perdonar.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn5" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=31213879#_ftnref5" name="_ftn5"&gt;[5]&lt;/a&gt; No te preocupes, José Jaimes será liberado &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-115308441874448532?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/115308441874448532/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=115308441874448532" title="0 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115308441874448532" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115308441874448532" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2006/07/jos-jaimes.html" title="José Jaimes" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-115308426899238456</id><published>2006-07-16T14:07:00.000-07:00</published><updated>2006-07-16T14:11:08.993-07:00</updated><title type="text">Para bajar de peso</title><content type="html">&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Instrucciones para bajar de peso&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Antes que nada, cerciórese de tener una buena razón para hacerlo: uno no anda por la vida rechazando alimentos, grasosos o no, nutritivos o no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez cumplido el paso anterior, muéstrese en un espejo. Comience por esbozar una sonrisa fingida: apenas arqueando el rictus en forma suave, pero con firmeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, en el mismo espejo… aunque para el caso da igual que sea ese o no, comience a mirar de un lado a otro como si fuese a cruzar una calle excesivamente transitada: izquierda, derecha, izquierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Repita el proceso una buena decena de ocasiones con su imagen en la luna de cristal y luego parta a hacer la prueba de fuego: la vitrina de su pastelería favorita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si ha sido convincente con sus propios argumentos y cree necesitar en verdad esa dieta, entonces recuerde la sonrisa y luego el cabeceo. Para iniciar el tratamiento, ponga toda la fórmula en funcionamiento en los momentos de fuerte tentación: izquierda, derecha, izquierda, derecha… &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-115308426899238456?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/115308426899238456/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=115308426899238456" title="0 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115308426899238456" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115308426899238456" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2006/07/para-bajar-de-peso.html" title="Para bajar de peso" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-115308349089256040</id><published>2006-07-16T13:56:00.000-07:00</published><updated>2006-07-16T14:07:30.803-07:00</updated><title type="text">Historia de Isla</title><content type="html">&lt;div align="center"&gt;Historia de Isla&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hubo un tipo que se hizo de unos cuantos miles de dólares. Como estaba harto de hacer dinero para tener dinero, decidió rentar un apartamento en Isla Mujeres, por tiempo indefinido. Y ahí se exilió: con sus ahorros se fue, a disfrutar lo que su trabajo le había dado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante meses vivió como rey. Comía bien, vivía en una isla pacífica, hacía amigos, amigas, sobre todo. Disfrutaba del sol y la arena como si ahí hubiese nacido. Su pasatiempo favorito consistía en conocer europeas en la playa seminudista del norte de la isla e invitarlas a posar para él. Tuvo de todo: suecas, inglesas, españolas, francesas, alemanas y hasta una que otra mexicanita aventada; en las tardes de ocio se dedicaba a ordenar su álbum de fotografías, hasta caer en felices sueños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo y la buena vida el presupuesto se fue recortando: en lugar de diez cervezas por día tuvieron que ser cinco y a falta de tres alimentos diarios, le fueron suficientes dos. Su hobby se mantenía intacto y su colección de fotografías crecía y crecía. Luego se tuvo que mudar a un apartamento más pequeño. Con el tiempo comenzó a deber la renta hasta el día que el casero le echó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni el hecho de no tener casa le hizo dejar el afán fotográfico: seguía convenciendo a las turistas para posar por él y vivía por acá y por allá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así continuaba su vida, hasta que no tuvo dinero ni para pasar el día. Con todo el dolor de su corazón decidió deshacerse de su colección de fotos, una a una. Por todas las largas noches de un mes lunar se plantó frente a los bares turísticos para vender sus objetos de arte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sobrevivió por unos quince días más. Poco después comenzó a circular por el pueblo un rumor: “lo que el hombre vende es en realidad pornografía y no sólo eso, sino que tiene una red de prostitución. Esas no son fotos: son catálogos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un miércoles por la tarde llegaron los policías municipales con una orden de arresto: el hombre era un mal social. Por más que intentó explicar una y otra vez su vida... nadie le creyó. Lo encerraron en la cárcel local, en espera de instrucciones de la agencia federal de investigaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vino un cambio de autoridades por un caso enorme de corrupción en todas las esferas del gobierno quintanarroense, su situación quedo en el limbo durante dos años. Nadie recordaba quien era o qué hacía ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él no se quejó. Su celda tenía vista al mar y una vez por semana le dejaban bañarse en la playa; había acumulado tantas historias que ahora vivía de ellas. Estaba alimentado y mantenido, ¿no era eso lo que finalmente quería?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al iniciar el tercer año llegó un nuevo delegado. Se dieron cuenta del error judicial y le dejaron libre, mas tuvieron que echarlo porque él mismo no quería salir. Hoy en día se dedica a recoger latas y compartir lo que resta de sus fotos con la gente que desea corroborar que la historia es verídica... si algún día andas por allá, no dejes de pedirle que te cuente su vida. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-115308349089256040?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/115308349089256040/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=115308349089256040" title="0 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115308349089256040" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115308349089256040" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2006/07/historia-de-isla.html" title="Historia de Isla" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-31213879.post-115307454399335720</id><published>2006-07-16T11:28:00.000-07:00</published><updated>2006-08-04T18:41:27.383-07:00</updated><title type="text">Los motivos de Ulises</title><content type="html">&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Los motivos de Ulises&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;Simon Bertrand&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=31213879&amp;postID=115307454399335720#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[*]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Hará unos 170 años, un hombre llamado Henry Beyle, halló en un lugar remoto de la China, una tumba antigua e impoluta. De ella, extrajo un baúl antiquísimo, de madera laqueada, recubierto con una extraña piel, endurecida por el paso de los años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cofre, perteneciente a la dinastía Chang y anterior en once siglos a nuestra era, pudo permanecer cien años más en el sótano del museo, de no haber sucedido una providencial desgracia: a la mala fortuna incumbió estropear su base y a la buena el que, al restaurarla, encontrara, ocultos en una pared lateral, diecisiete pliegos de seda revestidos con una laca incorruptible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres décadas de mi vida he empleado en limpiarlos y descifrarlos, hasta que al fin, anciano y cerca de los últimos días, he penetrado un enigma que traerá luz al mundo: Ulises, el gran navegante, existió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La probable comisión de errores al interpretar es humana, mas no la existencia del texto (los registros han sido almacenados en el segundo sótano, sector sinoeuropeo del museo). La veracidad de las piezas ha sido datada y es inequívoca. Lo que a continuación leerán es el fruto de mi investigación y su posterior traducción:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;“ Quienes me conocen me llaman Ulises, rey de Itaca, hijo de Laertes. Combatiente de la guerra de Troya, fui castigado por triunfar. Los dioses del Olimpo me usaron para saciar su apetito punitivo: los escarmientos para volver a mi patria y a los míos fueron casi infinitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo mi empecinamiento superó a la divinidad. Volví con la frente en alto, orgulloso de haber vencido, honrado por los débiles y temido por los poderosos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Dioses ignoraban que me engrandecían al castigarme: alejándome de mi hogar, me dispensaron la oportunidad de forjarme un espacio entre ellos, de dominar sus caprichos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por años recorrí tierras de gigantes deformes, de mujeres valerosas, terribles ninfas, cautivadoras sirenas e hipnotizantes lotófagos; perdí a mis mejores hombres y sin pensarlo, construí un mito: demostré cómo esas perezosas invenciones, sólo eran imperfectas figuras emanadas de sus fastidios…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y…¿de qué sirvió todo eso? Los éxitos abultan el espíritu y dan alas, pero pocos saben que el final de mi travesía representó el inicio de una penuria. ¡Deleznables humanos: festejasteis mi arribo, y a poco volvisteis a vuestros fatuos intereses! ¿Acaso participasteis verdaderamente de mi retorno…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Si me arrepiento de haberme atado al mástil de mi navío para escaparme del secuestro de las sirenas! -seres perfectos, de cantos melódicos y cuerpos encantados- Ulises es un hombre, con corazón y curiosidad, no el ser de alma indómita y fortaleza suprahumana que otros dibujan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si me impuse en las pruebas, fue por orgullo y no nostalgia. ¿Qué me importaba volver a Itaca? Ya había visto suficiente; los dioses me podían haber enviado al mismísimo Hades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de errar diez años, comprobé la pequeñez de mi mundo y la fragilidad de los mortales: condenados al sedentarismo desde el momento en advirtieron que una semilla echaba raíz y uno podía sentarse a esperar la cosecha; ese fue el verdadero castigo de los Dioses: concedernos la inmovilidad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocos conocen mi vida tras recuperar el trono. Quince lunas pasaron, la morada era más y más sofocante: relatar una y otra vez mis aventuras sólo atizaba mi avidez por ver nuevos horizontes. Los límites del reino me parecieron ofensivos, las charlas en los banquetes, rociadas de brebajes de los viñedos del norte probaron la ignorancia de los míos. Mi feudo era un grano en un mar de arena; moría en vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deambulé noches y días, enloquecido por el fermento de las ánforas –la pócima del desánimo y la añoranza-. Me pregunté si culminaría mi pérfida existencia como el resto de los mortales, apesumbrado porque mi mausoleo no contaba con más columnas que el del noble Anfínomo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un arranque de lucidez, decidí dejarlo todo y partir tierra adentro. Andando sin mirar atrás, marché al levante. Conocí reinos distantes, habitados por seres de rostros insólitos, de piel áurea u oscura como el barro; recorrí naciones lejanas, donde se desconoce el griego y se habla el esperanto; pasé por colinas nevadas y desiertos ardientes, valles boscosos y planicies descampadas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anduve por lugares donde nuestros dioses no infunden temor ni permutan destinos; enfrenté a hombres de ojos mínimos –pero más valientes que un cíclope- que montan pequeños y veloces corceles; hallé animales tan grandes como una casa, de largas orejas y bocas capaces de engullir medio hombre; monté bestias capaces de sobrevivir diez noches heladas y sus días de ardiente sol sin probar gota de agua. Crucé montañas tan altas como el Olimpo, donde la nieve nunca funde y el cielo se une con la tierra…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extravié el camino de vuelta a casa, deambulé por pueblos desconocidos, hasta no tener más hogar que el de mis recuerdos, y aún, vacilante de que fueran ciertos. He dejado una porción de mi alma en cada rincón: he trocado enseñanzas en uno y otro pueblo. Me llaman Ulises el Errante,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué a esta tierra, Chung kwo, tras decenas de lunas, luego de una larga travesía por montañas escarpadas y valles cristalinos; la gran estrella ha aparecido diez o veinte veces en el mismo punto del firmamento...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He sido cobijado por el gran señor de Anyang, quien asombrado por mis relatos, me ha protegido en su corte, y hoy me honra con la comisión de capitanear un navío de tres mástiles y cincuenta remos para ir en busca del hogar del sol: el punto en el horizonte desde el que inicia su diaria travesía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gran emperador del Reino del Sol me ha pedido también referir la historia de mi largo peregrinar a Li Kung-ho, un monje de las montañas, quien la plasma sobre una tela hecha de la secreción de gusanos, en la que traza símbolos maravillosos con la ayuda de tinta y un fino pincel elaborado con el pelo de los caballos favoritos del monarca. Dictar ha sido un trabajo harto arduo, pues mi memoria flaquea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Partiremos con la marea. El oráculo nos ha advertido que el hogar del sol es inalcanzable, pues está allende de la tierra que sostiene los mares. Nos ha dicho que el suelo se desfondará después de 10 días de navegación y seremos arrastrados por la corriente en una caída infinita por abismos oscuros. Yo, Ulises de Itaca, hombre de viajes bajo cielos distantes, descreo de sus palabras, como abominé a mis dioses: demostraré que al final del océano se encuentra el hogar de Gea, nuestra madre, el último reposo de los viajeros&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anyang, año del Buey, Reino del supremo Yang Shang Khu ” &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=31213879&amp;amp;postID=115307454399335720#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[*]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Conservateur du Musée de l’Homme, Palais du Trocadéro. &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/31213879-115307454399335720?l=andaryegocuentos.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/feeds/115307454399335720/comments/default" title="Post Comments" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=31213879&amp;postID=115307454399335720" title="0 Comments" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115307454399335720" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/31213879/posts/default/115307454399335720" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://andaryegocuentos.blogspot.com/2006/07/los-motivos-de-ulises.html" title="Los motivos de Ulises" /><author><name>andariego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10771470697286259617</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" name="OpenSocialUserId" value="16177740075893402371" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry></feed>
