<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:blogger='http://schemas.google.com/blogger/2008' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112</id><updated>2024-09-06T16:21:21.288-07:00</updated><category term="cuentos"/><category term="Lincoln"/><category term="bañado"/><category term="fantasma"/><category term="narración"/><category term="parque"/><category term="relatos"/><category term="tiempo"/><title type='text'>Cuentos, ficciones y realidades</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default?redirect=false'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>20</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-3789016370126564769</id><published>2014-12-03T13:26:00.000-08:00</published><updated>2014-12-03T13:26:33.096-08:00</updated><title type='text'>EL ARMISTICIO</title><content type='html'>&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;EL
ARMISTICIO &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Otto decoraba los frentes de las casas en tiempos en que la perspectiva
arquitectónica daba algo de lugar a lo artístico. Era un maestro artesano quien
ejerció, hasta entrados los cincuenta, su arte de molduras y figuras diversas
enriqueciendo la lisa y monótona condición de las fachadas. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Trabajaba con materiales fuertes que al reticular permitían retirar con
facilidad los moldes de hojalata que los habían contenido. También era de uso
poner escamas de mica en el material de terminación que luego de colocados en
la pared le arrancaban brillos tornasolados a la aridez de los muros cuando les
daba el sol.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Por la misma calle del artesano, unas casas más adelante vivía Andresito
con sus padres y sus cuatro hermanos, de los cuales él era el mayor y como tal,
con sus trece años recién cumplidos experimentó el deber moral y material de
colaborar en algo al sustento del hogar y la familia.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Otto ya estaba jubilado, pero siendo conocido en la zona como un experto
albañil finalista, era convocado aún para realizar algunos trabajos
relacionados con su oficio. Era un hombre pulcro, prolijo y aunque era ya
bastante mayor mantenía una contextura física admirable para su edad y una
apariencia agradable. Salvo unas entradas, conservaba buena parte de su
cabellera que había sido rubia antes y ahora era canosa. Tenía ojos muy
celestes y su mirada era penetrante.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Andresito se ofreció como ayudante y Otto lo aceptó. Empezó así a ir con
él a las diferentes changas que se presentaban. El viejo hablaba poco, era muy
serio y mientras trabajaba aunque estuviera muy concentrado murmuraba una
melodía de la cual Andresito nunca pudo entender la letra, si era que la tenía.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Otto tenía como afición la pesca de caña, jamás usó reel ni red grande o
chica, ni medio-mundo, solamente el anzuelo, la línea y la carnada
correspondiente. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Pasado un tiempo aumentó la confianza y se tejió cierto compañerismo
entre el hombre y el muchacho. Un día Otto le dijo que hablaría con los padres
para que le permitieran ir a pescar con él. Andresito aceptó con entusiasmo y
con el permiso concedido se fue de pesca con el veterano. Llegados a la costa,
luego de sortear un roquedal, se apostaron en un sitio apropiado. Otto enganchó
casi enseguida un par de lisas. El chico observó consternado como luego de
desprenderlas del anzuelo, los peces fueron devueltos al agua por el pescador
quien, comprendiendo una pregunta en la expresión del ayudante, le dijo que
nunca comiera ese tipo de pez porque la boca del caño colector de aguas servidas
no estaba lejos de allí y esa especie tenía por hábito comer excremento por lo
que, de consumir su carne, se corría el riesgo de contraer enfermedades. Andrés
observaba al hombre detenidamente y le pareció que por momentos quedaba como
ausente. Sus ojos pestañaban rápido y los músculos de su rostro se contraían
súbitamente. Movía los labios como si gritara, pero sin ruido.&amp;nbsp; El muchacho guardó un respetuoso silencio y
al cabo de unos minutos el rostro del hombre volvió a ser sereno como de
costumbre. Esto se repitió cada vez que salieron de pesca. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Otto era consciente de sus lapsus y después de un tiempo, ante la
perplejidad de su acompañante decidió darle lo que él consideró una
explicación. Señalando hacia el río le dijo: “hace muchos años, cuando tú no
habías nacido aún, acá enfrente mismo, unas leguas adentro, se produjo una
batalla naval” Aquellas palabras no le aclararon mucho al niño, pero no se
atrevió a preguntar detalles, principalmente porque no supo qué indagar.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Fueron muchas veces de pesca y en una ocasión hicieron un viaje más largo
hasta uno de los balnearios de Canelones. Fue en mil novecientos cincuenta y
cuatro. Andrés lo recordaba bien porque en ese mismo año Alemania ganó el
Campeonato Mundial de Fútbol. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Esa vez descendieron en el kilómetro 44. Entonces allí había apenas unas
cuantas construcciones diseminadas entre los arenales y rodeadas de pinares.
Recorrieron unas diez cuadras caminando por las dunas alfombradas de pinocha.
Al llegar a la playa, se encontraron con otros pescadores con quienes Otto se
abrazó efusivamente y compartió una charla en su idioma natal, del cual el niño
no conocía ni una palabra, así que permaneció callado mientras los hombres le
palmeaban los hombros y le sonreían. Luego todos se pusieron a pescar. Pasadas
un par de horas ya tenían varias brótolas y corvinas. El grupo marchó entonces
hacia un chalet de tejas rojizas, muy cerca de la carretera. Allí fueron
recibidos por una señora mayor y un hombre grueso y no muy alto que parecía ser
alguien importante porque todos lo saludaron con gran respeto y especial
deferencia, que hablaba español con un acento raro y marcado. En un patio
techado había un parrillero y en él, luego de abrir los peces por el lomo y
condimentarlos, los pusieron a asar. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Era un grupo de gente mayor y mientras comían y bebían fueron hablando de
sus cosas, temas que a&amp;nbsp; Andresito le
resultaron totalmente ajenos e incomprensibles. Aburrido y para entretenerse,
se dedicó entonces a perseguir mariposas y a cazar escarabajos. A los postres
invitaron al niño a comer un pastel llamado “strudel” o algo parecido. Cuando
aún se relamía los labios, Otto lo invitó a volver a la costa. Fueron todos
menos la señora de la casa. No llevaban ahora los avíos de pesca. Caminaban
cantando una especie de marcha a coro hasta que llegaron a una construcción con
forma de cabeza de águila ante la cual se detuvieron para contemplarla.
Entraron luego por una puerta lateral.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
De pronto, los hombres parecieron ponerse furiosos, mirándose entre sí y
comentando algo entre gruñidos y voces airadas. Andresito no comprendió hasta
después qué era lo que les causaba tanto enojo. Enseguida le llegó un olor
potente y nauseabundo a excrementos, orines y basura. En la penumbra reinante
en el lugar hubo quienes no pudieron evitar pisar los deshechos que cubrían el
piso. Era evidente que el lugar había sido recurrentemente usado como excusado.
Aquel olor mezclado de las inmundicias que cubrían el suelo del recinto hizo
que Andresito saliera rápidamente de allí haciendo arcadas. Se retiraron todos
rápidamente y el hombre grueso comenzó a limpiar furiosamente sus zapatos en la
arena con el rostro enrojecido de ira. Sus ojos de un azul oscuro eran como los
de un enajenado.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-¡Es una vergüenza, Torcuato! -dijo al fin, dirigiéndose a uno del grupo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-Son unos mugrientos bastardos, señor –le contestó su igualmente
enojado&amp;nbsp; &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
camarada.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Luego de aquel incidente, ya aplacados los ánimos, todos acordaron llevar
a cabo una buena limpieza del lugar en un futuro cercano. Más tarde y en
silencio los hombres permanecieron contemplando &amp;nbsp;el mar hasta que uno de ellos, que parecía el
más joven dijo: “Algún día el mascarón de nuestro nave insignia será rescatado
del fondo del río”&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
El encuentro llegó a su fin. En el porche del chalet los amigos
procedieron a despedirse. Todos se abrazaron y entonaron la misma marcha que
habían cantado de ida a la costa. Algunos no pudieron evitar las lágrimas y
terminada la canción el hombre grueso de ojos azules, dirigiéndose al grupo
dijo con tono solemne no excento de tristeza: “Acá se termina todo, me marcho
al sur, ya no volveremos a vernos, Auf Wierdensehen. Un automóvil oscuro lo
aguardaba, extendió entonces su brazo con la mano recta y abierta. Los otros
hombres le respondieron con el mismo gesto y el subió al vehículo y se marchó
seguramente para siempre como él mismo afirmara.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Otto y Adresito volvieron a la ruta a tomarse el ómnibus de regreso a
casa. El alemán iba sombrío y callado. El chico respetó su silencio austero.
Mirando brevemente y de a ratos al hombre sentado a su lado, inesperadamente se
le presentó la imagen de Don Jacobo, lo cual no tenía sentido ni venía a cuento
para él aunque las vidas de aquellos dos extranjeros tuvieran algunos detalles
en común.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Con el paso de los años Andresito comprendió lo que realmente le había
pasado a Otto después de la reunión. La causa que lo había traído a estas
tierras y que con el transcurrir del tiempo quizá se le había vuelto ajena,
aunque seguramente el mantenía el corazón dividido, había dejado de ser su
objetivo al cesar la contienda, allá por sus años mozos. Eso leyó el muchacho
al recordar la expresión reconcentrada y abstraída del rostro de Otto.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Jacobo era un judío que huyendo de una guerra ignota, de la cual
Andresito tenía pocos y casi ningún dato. Arribó con su mujer y sus escasas
pertenencias a estas costas. Se alojó en casa de unos parientes y montado en
una vieja bicicleta salió por Montevideo a vender ropa y chucherías. Iba por
los barrios, casa por casa, soportando los insultos de vecinos belicosos y las
atropelladas de los perros fieros. Puso empeño en la tarea y así se fue
consolidando paulatinamente. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Un día de aquellos llamó en la casa de Otto. Al verlo reconoció
inmediatamente en él a un alemán. Pensó en marcharse sin decir palabra, pero su
espíritu de comerciante lo detuvo. Jacobo vendía en cuotas y a Otto le sirvió
la oferta y de ahí en más se hizo cliente del vendedor domiciliario.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Muchas veces Andresito, que andaba siempre en la vuelta, observó cómo
ambos hombres dialogaban largamente. Comprobó entonces que Jacobo nunca se
entretenía con otros compradores como con aquel.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
El tiempo fue transcurriendo y Otto envejeció y no trabajó más. Andresito
aprendió bastante trabajando con el alemán, pero no le sirvió mucho porque los
frentes se volvieron lisos, sin relieve y revestidos y aquellas artesanías
quedaron obsoletas. Por eso él se dedicó a otros oficios ajenos a la
albañilería. Veía a veces a su antiguo patrón, con el cual ya no iba a pescar.
Lucía muy anciano cuando salía a caminar lentamente, apoyado en el brazo de su
esposa en los días soleados. Entonces lo saludaba y notaba que él respondía al
saludo vagamente como si apenas lo reconociese. Sus ojos, antes de mirada
brillante y fuerte, estaban llorosos y de color desvaído. Un tiempo después,
Andresito se enteró de que había quedado postrado. No consideró pertinente ir a
visitarlo porque seguramente no lo reconocería. Poco antes de la muerte del
alemán, Andrés, que ya era adulto, vio un lujoso auto estacionado frente a la
casa de aquel hombre. Después, con sorpresa reconoció a Don Jacobo que salía de
allí y se encaminaba hacia el coche. Se dio cuenta de que hacía mucho tiempo
que no lo veía pasar por el barrio pedaleando en su antigua bicicleta. La
expresión del anciano en aquella circunstancia se le volvió inolvidable: tenía
los ojos llorosos y el rostro contraído. Subió al vehículo y se perdió de vista
al doblar en la primera esquina. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Andrés se casaba y fue a comprarse un traje para la boda y a esos fines
entró una tarde en una sastrería del Barrio Reus. Lo atendió una dependiente
joven, pero al mirar hacia el fondo del comercio divisó al envejecido pero
inconfundible Jacobo. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-Don Jacobo… -le dijo. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
El otro se levantó de su asiento y se acercó. En los pocos instantes en
que el anciano demoró en llegar hasta él, supo que ya no era Andresito sino
Andrés y que a lo largo de la vida todos somos mucho más que una persona, nos
transformamos en seres diferentes, nos cambian las circunstancias, quienes nos
rodean, y los sentimientos hacia los hechos del pasado. Andrés ya no era el
niño que levantaba los ojos asombrados para mirar a aquellos dos míticos
hombres de su infancia, ahora comprendía porqué aquella relación se le había
vuelto significativa como una especie de moraleja.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-¿Me conoce? Yo era el ayudante de Otto ¿se acuerda?&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Conversaron un rato y después Andrés impulsivamente le preguntó
arrepentido al segundo de haberlo hecho:&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&amp;nbsp;-Con todo respeto, Don ¿qué le
dijo Otto la última vez que lo visitó?&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
El viejo quedó en suspenso y luego le contestó:&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-Dijo que no pagaría próxima cuota de deuda porque no iba a estar más- Sus
ojos se llenaron de lágrimas- es que hacía mucho que no me debía nada…&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-align: center; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/3789016370126564769/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2014/12/el-armisticio.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/3789016370126564769'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/3789016370126564769'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2014/12/el-armisticio.html' title='EL ARMISTICIO'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-7921483868789709619</id><published>2014-11-10T05:33:00.001-08:00</published><updated>2014-11-10T05:33:44.237-08:00</updated><title type='text'>LA FRATERNIDAD DE LA RISA</title><content type='html'>&lt;h1&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;st1:personname productid=&quot;LA FRATERNIDAD DE&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;&lt;b&gt;&lt;u&gt;LA FRATERNIDAD DE&lt;/u&gt;&lt;/b&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;b&gt;&lt;u&gt;
&lt;st1:personname productid=&quot;LA RISA&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;LA RISA&lt;/st1:personname&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/u&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h1&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 1.0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Los
veteranos hermanos Risso vivían sobre una callecita cortada, en una añeja
casona que había pertenecido a sus progenitores, fallecidos años atrás. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;El barrio era uno de los tantos antiguos
y bucólicos que abundaban en aquella ciudad. En él se alineaban casas vetustas
con altos zaguanes, amplias habitaciones, patio central con claraboya y fondo
con parral. Las personas que las habitaban eran en su mayoría ancianos, al
igual que los hermanos, y los más longevos eran francamente viejos
decrépitos.&amp;nbsp; Para ellos todos los días
transcurrían como los domingos: por la mañana ya se sentía la inquietud del fin
de semana casi terminado y por la tarde la languidez de la siesta era el
preámbulo de la desazón del ocaso y la cercanía del ominoso lunes. Pero el
lunes amenazante nunca llegaba a los jubilados, aunque persistiera en ellos la
sensación de su regreso, y a un domingo le sucedía otro, configurando semanas
de siete domingos vacíos, sin alivio al tedio y llenos de presagios
desafortunados. También había unos pocos jóvenes y niños, pero eran tan escasos
que no alcanzaban para cambiar la atmósfera decadente de aquel barrio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;En invierno era desolador ver el
pavimento húmedo; las grises baldosas flojas salpicaban al pisarlas; los añosos
árboles de la cuadra habían desnivelado las veredas al desarrollar ávidas
raíces y sus ramas desnudas elevaban como brazos escuálidos, implorando
clemencia al frío, al cielo como plomo, al viento helado de las seis de la
tarde, a las calles desiertas...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;En todas las estaciones las persianas
permanecían cerradas, aunque en primavera empezaban a entreabrirse tímidamente
sus tablillas movibles. Cuando regresaban las frondas, el ambiente se volvía
dulcemente recoleto y se atenuaba la melancolía;&amp;nbsp; entonces, aquella tranquilidad permitía que
se sintiera el arrullo de las palomas o el escándalo de los gorriones al
atardecer, cuando se acomodaban para dormir en las copas de los árboles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: -1.4pt; tab-stops: 454.6pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;El fondo de los Risso era particularmente amplio y allí
tenían un galpón donde, por generaciones, se habían depositado los objetos que
iban quedando en desuso: viejas máquinas de coser, mesas y sillas a las que le
faltaba alguna pata, antiguas camas de bronce con los elásticos vencidos por
aguantar tantos cuerpos agitados por el amor o con pesos exagerados; pero mucho
más trabajados por la alegría de los nacimientos o la agonía de la muerte.
Abundaban las veladoras de diversos aspectos; las cortinas desechadas; las
viejas radios destripadas, con sus válvulas cubiertas por una gruesa capa de
polvo y los cables salidos; los colchones de lana achatados, con el cotín
manchado de herrumbre y humores; las arañas de metal patinado de mugre; los
armarios de cocina; los cacharros agujereados; los estúpidos y desamparados
adornitos de loza: floreritos, falderos regalones, damas antiguas con el encaje
de porcelana hecho una lástima; complejos conjuntos de frutas y flores de
imitación, decorando vajilla desportillada... Se destacaba solitaria, colgada
de una de las paredes, la máquina de fumigar de cobre, manchada de moho verde,
que pesaba un quintal, con su cánula y su palanca, que todavía los hermanos
usaban a la espalda algún año que otro, para curar el parral. Había muchos
objetos más, algunos reconocibles y otros no. Flotaba en el ambiente un denso
olor a encierro, metales corroídos y humedad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Un día, Mauro, uno de los mellizos, se
paró en medio de los trastos a contemplar con melancolía aquella acumulación de
nostalgias arrumbadas. De cada uno de los objetos se desprendía una historia,
amable a veces, agridulce la mayoría. Al rato llegó su hermano Luis y sin
dialogar supieron que ambos pensaban lo mismo, como frecuentemente sucede a los
gemelos. Se miraron y al mismo tiempo dijeron: “¿Vamos a vender todos estos
cachivaches?”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Mauro reflexionó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Renovarse es vivir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Me da un poco de pena
que nos deshagamos de algunas cosas como, por ejemplo, el piano de mamá... la
escopeta de papá... las cañas de pescar...&amp;nbsp;
– dijo Luis pensativo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Ya somos viejos y no
tenemos hijos ni más hermanos, solamente parientes lejanos con los que nos
relacionamos poco y nada. Muchos ni viven en el país... ¿Quién va a querer
todos estos trastos cuando nosotros no estemos más? La mayoría van a ir a parar
al basurero y la familia se repartirá las pocas cosas de valor que hay...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Está decidido. Mañana
mismo llamamos al rematador.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;El trámite fue rápido y en la tarde del
día siguiente llegó un camión que partió como a las tres horas cargado a tope.
Debió regresar al otro día para llevarse el resto de los objetos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Por
fin, sobre el piso de color indefinido, quedaron esparcidos trozos de madera,
hojas amarillentas de periódicos viejos, antiguos almanaques del Banco de
Seguros y otros deshechos que fueron a parar al fuego. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Los
hermanos barrieron y baldearon&amp;nbsp; el suelo
del amplio local. Cuando terminaron, se pararon en medio del recinto vacío, se
miraron y al unísono soltaron la risa. Las carcajadas fueron tan fuertes que no
solamente hicieron temblar los vidrios de las banderolas, sino que las mismas
paredes parecieron conmoverse, a pesar de estar construidas con sólidos y
antiguos ladrillos. A los hombres ya se les saltaban las lágrimas y les faltaba
el aliento. Debieron hacer un esfuerzo para dejar de reír. Salieron al patio y
lograron recomponerse. Un minuto después, apenas entraron, ya no pudieron
contenerse y volvieron a soltar estruendosas risas con iguales resultados.
Tomándose algún respiro, miraron a su alrededor, creyendo que alguien más había
llegado y se sumaba a sus carcajadas; tal era el volumen de los ecos que el
sonido producía al rebotar&amp;nbsp; contra los
despojados muros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Entonces sonó el timbre de la casa, que
estaba conectado al galpón. Mauro fue a atender el llamado y vio que era el
vecino de al lado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;¿Qué pasa, muchachos?
Se oyen las risas desde la otra cuadra. Están tan contentos que pensé: ¿se
habrán sacado la lotería?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;El mellizo lo condujo al galpón sin darle
explicaciones. No había necesidad de entrar a la casa para ir allí, porque por
el costado de la misma se accedía a él directamente. Una vez dentro, el hombre
comenzó a reír compulsivamente, mientras miraba con asombro a los hermanos que,
como él, se desternillaban sin que ninguno supiera porqué. En conjunto, los
tres sonaban como una multitud jocosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBlockText&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;En los días
siguientes se fueron sumando los del vecindario quienes, al entrar al recinto,
se integraban inmediatamente al jolgorio compartido, haciendo que se elevara
por los aires un festivo clamor que cada vez se escuchaba desde más lejos. Se
comenzó a correr la voz y la otrora bucólica calle, poblada de viejos
aburridos, cambió y pasó a ser nombrada como la calle feliz o de la carcajada.
El galpón se convirtió en el lugar de la alegría; pero no se podía permanecer
mucho tiempo adentro a riesgo de morir sofocado de risa. Como era verano,
asistía mucha gente a diario, en especial los domingos, cuando llegaban
familias enteras. Los hermanos permitieron entonces que los concurrentes
instalaran mesas y sillas bajo el parral. Allí se acomodaban con víveres y
bebidas diversas que compartían mientras jugaban a las cartas, las damas o el
dominó, siempre con el rostro iluminado por plácidas sonrisas remanentes del
paroxismo, sintiendo que la alegría perduraba en ellos. Cuando se iban poniendo
algo serios con el correr de las horas, reingresaban por turnos al local para
recargar la dicha. Hubo quien dijo que en una sola tarde había hecho reserva de
felicidad como para una semana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;El fondo estaba poblado de árboles que
daban una fresca sombra y al acrecentarse el número de visitantes, también bajo
ellos se ubicaron mesas para acomodarlos. Los niños reían; los enamorados reían
juntos sumando felicidades; los matrimonios y los jubilados reían y los tímidos
e irresolutos, que siempre se habían tapado la boca para reír por temor a la
censura, ahora se carcajeaban abiertamente sin pensar en nada más; muchos mufas
y amargados inveterados se acercaron para experimentar el reír por lo menos una
vez en la vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Se combinaban muchas y diversas risas
–las menudas, las altisonantes, las aguardentosas, las que parecían latigazos y
las que se sentían como caricias– cada una con su propio sello, condición y
tonada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Ya no alcanzaba el predio para alojar
tanta gente. Había improvisadas carpas instaladas para esperar un turno que a
veces demoraba dos días. Se usó primero la vereda y luego la misma calle, que
quedó así definitivamente cerrada al tránsito. Un día, abriéndose paso
dificultosamente entre el gentío, un camión fletero logró finalmente detenerse
frente a la entrada de los Risso. Los changadores, luego de abrir la gran caja,
procedieron a bajar un antiguo piano. Dirigiendo la maniobra de descarga se
afanaba un hombre muy viejo, calvo hasta la nuca, de la que pendía una larga
cabellera blanca. Acarreado por muchas manos, el instrumento llegó en pocos
minutos al centro mismo del salón, donde fue dificultosamente depositado, ya
que quienes lo portaban se reían convulsivamente al influjo del extraño
portento que allí sucedía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Espero que no les
moleste que haya traído este piano –dijo Spinnetti, el de la melena alba a los
mellizos, mientras salía del galpón enjugándose el rostro congestionado por la
risa y las lágrimas–. Lo compré hace unos días en un remate de &lt;st1:personname productid=&quot;la Ciudad Vieja&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Ciudad Vieja&lt;/st1:personname&gt;, ahora
no solamente reiremos sino que mientras suene la música, los que están afuera
podrán cantar para acompañar tanta alegría.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Pero don Spinnetti –le
dijo Mauro-&amp;nbsp; ¿Cómo se las va a arreglar
para tocar mientras ríe? Usted sabe que no se puede estar mucho tiempo ahí
adentro...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Ah, no se preocupen, ya
lo tengo pensado: ejecutaré piezas cortas, festivas canciones que duren dos o
tres minutos, luego saldré para recuperarme y entraré nuevamente a tocar... y
así sucesivamente. ¿Qué les parece?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Aquel hombre era un concertista retirado,
quien en sus días de gloria había conocido el halago de los aplausos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Los hermanos ingresaron al recinto mágico
y entre una carcajada y otra se dieron cuenta de que el instrumento era nada
menos que el que había pertenecido a su propia madre, el mismo que ellos
mandaran a remate un tiempo antes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Tanta gente junta, con sus aportes, necesidades y miserias
hizo que se quebrara la armonía. Los vecinos más próximos, que habían sido los
primeros en adherirse a la algazara, comenzaron de a poco a retirarse
arrepentidos de haber acompañado en forma irreflexiva aquella loca algarabía
general. Renunciaron a entrar al galpón prodigioso, perdiendo entonces la risa.
Sus rostros volvieron a ser serios y adustos por ausencia de la alegría. Los
disidentes cerraron las puertas de sus zaguanes y, metidos dentro de sus casas,
observaban alarmados lo que ellos habían ayudado a desencadenar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Pero sus problemas recién empezaban.
Pronto los timbres de sus viviendas y las manos de bronce de los llamadores no
dejaron de sonar ni un minuto, accionadas por los que vivían lejos pero seguían
fieles al culto de la risa. Tenían necesidades impostergables: pedían agua,
permiso para usar el baño, paraguas si llovía, abrigo si hacía frío y muchas
otras cosas más. En principio se dejó pasar a alguno, pero fue tal el abuso y
la inevitable suciedad que el trasiego generó dentro de los hogares, que
optaron por desatender los llamados con la esperanza de que los pedigüeños se
desilusionaran y se fueran a molestar a otro lado. Pero lejos de eso, esa
actitud provocó la ira de unos cuantos que al principio insistieron golpeando las
puertas con el puño cerrado, presionando el timbre de continuo o haciendo
repicar el llamador sin parar y por horas. De nada valió desconectar el timbre
o salir furtivamente, a las cuatro de la mañana, a descolgar las manos de
bronce. Por contrapartida, los de afuera tomaron objetos contundentes –palos,
barretas, piedras etc.- con los que, en venganza, estropearon los revoques, las
ventanas y las entradas de los zaguanes. No conformes con eso,&amp;nbsp; descuajaron las celosías y apedrearon cuanto
vidrio encontraron, hasta hacerlos añicos a todos. Por esa razón los dueños
tapiaron las aberturas con tablones clavados en los marcos. Al no haber
suficientes servicios higiénicos disponibles, los sitiadores no encontraron
mejor solución que hacer sus necesidades en los jardines, orinando los rosales
y jazmineros o defecando sobre el césped a plena luz del sol. Al cabo de&amp;nbsp; algunos días, el hedor era insoportable y
cuando los vecinos debían salir a la calle, lo hacían con todo tipo de
tapabocas. Se veían extravagantes embozados en pleno verano y saltando a la
rayuela como si fueran niños o adultos inmaduros, para esquivar las numerosas
plastas que tapizaban las salidas. A los sitiados se&amp;nbsp; les agregaba otro problema a la hora de hacer
sus compras&amp;nbsp; o salir por cualquier otro motivo,
pues ya desde que transponían el umbral, eran insultados y acusados de egoístas
y desertores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Los ancianos y los niños lloraban en la
intimidad de sus aposentos. Los jefes de familia y sus mujeres bebían tisanas
de tilo, melisa, pasiflora, o tomaban calmantes para los nervios, procurando
sobrellevar su infortunio con mayor resignación. Como paliativo a lo complicado
del egreso, para ir a trabajar los adultos y al colegio los niños, se decidió
conectar los fondos por medio de portones hacia una salida común de emergencia
que daba a una calle transversal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Mientras tanto, la presencia de tantas
personas generó inconvenientes varios. Se agregaba al olor nauseabundo de heces
y orines, la fetidez de los desperdicios acumulados que invadían el lugar y se
había formado en la esquina un basural de proporciones, al cual el servicio de
recolección de residuos no podía acceder por estar el tránsito cortado debido a
la invasión. El lugar se llenó de ratas y otras alimañas que a su vez
convocaron a los gatos y perros vagabundos. Los acampados debieron eliminar a
varios canes que se habían puesto agresivos y de hecho habían atacado a algunas
personas. Se formaban espesas nubes de moscas que aqueresaban todo lo pasible
de ser aqueresado e infestaban todo lo que se podía infestar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Los vecinos, antes de llamar a las
autoridades y por consideración a los tantos años de convivencia con los
mellizos y su familia, tuvieron la esperanza de que por fin los Risso se
hartaran del pandemónium y echaran a la gente con viento fresco. Algunos fueron
comisionados para hablar con ellos y ver cómo estaba la situación. Grande fue
su desilusión cuando los encontraron sentados a una de las mesas que estaban
bajo el parral, comiendo los manjares y bebiendo el vino excelente que le
habían traído sus visitantes. Lejos de verse molestos, estaban encantados con
aquella interminable fiesta, como de gitanos, en la que eran tratados como
reyes y reverenciados como generosos benefactores. Parecían estar ajenos a los
graves inconvenientes que había generado en la zona el fenómeno del galpón
jacarandoso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;La noticia llegó a los países limítrofes,
desde donde vinieron periodistas y visitantes curiosos y ávidos de experimentar
el portento, quienes estaban dispuestos a dejar buenos dineros a los propietarios
para ser admitidos. Se sacaron cientos de fotos dentro del recinto, en el patio
con los dueños de casa, de la multitud, del basural y de cuanta cosa les
parecía interesante, para demostrar a la familia y a los conocidos que
realmente habían estado allí. Hasta hubo un gringo loco, perteneciente a una
secta ecológica, que luego de recomendar un buen aseo, sugirió que el galpón
debía ser declarado patrimonio de la humanidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;También vinieron detractores convocados
por los vecinos disidentes, que hicieron un último esfuerzo por desalentar
aquella locura antes de llamar a la policía. Apareció una mañana el párroco de
la zona, vestido de ceremonia, acompañado por dos monaguillos asustados. Parado
en una silla dio un sermón sobre los poderes de Satanás, que hacía perder el
paraíso a las cándidas almas que sucumbían a sus tentaciones y diciendo que la
risa insensata era un indicador cierto de la presencia maléfica. Mientras
tanto, los niños balanceaban los incensarios esparciendo olor a santidad.
Señalando el galpón, dijo que allí se había instalado el mal, para confundir a
las gentes con una hilaridad que, en exceso, impedía reflexionar y atraía al
vicio y la deshonra. Sus palabras eran difíciles de entender entre la rechifla
general, pero fue tolerado al punto en que no se le impidió que bajara de la
silla y echara agua bendita dentro del local sacudiendo con fuerza su hisopo
desde la puerta, sin atreverse a entrar por temor a caer en las garras del
Belcebú y ser presa también de la jarana diabólica. Luego, se retiró
majestuoso, transitando una brecha que le abrieron los presentes, que aunque lo
miraban con sonrisas irónicas y hacían algunos comentarios por lo bajo, no le
obstruyeron la salida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Después aparecieron dos sucesores, con
igual resultado. Uno de ellos era un “Pai de Santo”, quien luego de entrar al
recinto emitió una larga carcajada, giró un par de vueltas sobre sí mismo y
debió salir para no ahogarse de risa. Una vez afuera, emitió un dictamen: en el
lugar había un espíritu burlón, perteneciente a un “caboclo” al que los blancos
habían matado de risa, haciéndole cosquillas en los pies. Ofreció su
colaboración mediante un módico pago, para “limpiar” el terreno y las
instalaciones. Su propuesta cayó como un misil. La concurrencia se enardeció
ante este atentado contra la alegría experimentada o por experimentar. Lo
sacaron en andas y lo tiraron sobre un montón de basura, acumulada en la
esquina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;No le fue mejor a un pastor exorcista,
que gritó frente a la pieza, como si él mismo estuviera poseído: “Fuera diablo,
fuera diablo” hasta colmarle la paciencia&amp;nbsp;
a la gente, con los resultados esperables.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Otro que concurrió para desalentar a los
congregados fue el comisario, que antes de asentar la denuncia, intentó
convencerlos con buenas razones de abandonar aquel lugar pacíficamente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 60.0pt; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Esto está generando
alarma pública –le dijo a los Risso, que jugaban a los naipes bajo los árboles,
llenos de contento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Ellos le sugirieron que constatara por sí
mismo que no había nada de ilegal en aquella reunión y el comisario, que estaba
deseoso de saber qué se sentía dentro del galpón, accedió de inmediato. Estuvo
un rato allí y después salió rojo y lacrimoso, tratando de contener la risa.
Les hizo unas recomendaciones sin fundamento y se fue.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;En verdad y por acción totalmente humana,
se estaba generando una sucursal del infierno, pero sin fuego, y los mismos
concurrentes pensaron que debían encontrar una solución. Siguiendo el ejemplo
del viejo pianista, decidieron aportar elementos que facilitaran la estadía de
los que se quedaban. Así llegaron las bacinicas por docenas, que fueron
almacenadas en el galpón y que cada uno se comprometió a usar, vaciar en la
cloaca de la casa y lavar después, antes de usarlas nuevamente. Se aportaron
sillas, sillones y mecedoras para la permanencia en el recinto, que se extendía
como promedio unos pocos minutos, pero que algunas personas enfermas o ancianas
no resistían de pie. Acomodaron estos asientos todo a lo largo de las paredes,
como en los velorios. También llegaron grandes cuadros y bustos de músicos
famosos para complacer el gusto del concertista, un tocadiscos con parlantes
para complementar las interpretaciones del viejito, algunas sillas de rueda y
una cama articulada de vaga utilidad; apareció después una gran heladera
compartimentada para conservar alimentos y bebidas, que fue muy apreciada por
todos, se trajo un lote de frazadas para repartir en las noches en que
refrescaba, calderas y ollas, y un botiquín de emergencia. Alguno, argumentando
futuros y peregrinos usos, trajo sus trastos con el fin de librarse de ellos.
Después del primero aparecieron muchos otros con cajas de misterioso contenido,
sin sentir el más mínimo remordimiento, ni la necesidad de dar explicaciones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyText3&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Sucedió entonces que las gentes se ubicaban
con dificultad en el lugar porque estaba quedando abarrotado de objetos. Al
mismo tiempo, la urgencia de reír allí dentro iba disminuyendo, junto con el
volumen de las carcajadas. Las personas empezaron a salir decepcionadas, porque
luego de una permanencia de hasta una hora, no habían logrado sino esbozar una
leve sonrisa. Los más entusiastas fueron los últimos en irse y en el lapso de
un mes ya no quedó nadie en el predio ni en sus alrededores, excepto los dos
hermanos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyText3&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Se retiró la denuncia policial que
finalmente los vecinos habían presentado hartos de los desmanes, porque ya no
había nada que reclamar. Volvió la calma... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyText3&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Entraba el otoño con sus fríos incipientes
y su melancolía. El terreno lucía devastado por el exceso de trasiego del
estío. Algunos días grises una llovizna helada y barrida arrancaba las últimas
hojas amarillentas de los árboles. Se quitaron las tapias de puertas y
ventanas, se repusieron los vidrios rotos, se conectaron los timbres y se
colgaron los llamadores de bronce en sus antiguos lugares. Volvieron las
semanas de siete domingos y la desolación. A los vecinos, que tanto habían
luchado por recuperar su tediosa forma de vida, se les presentó una extraña
duda. ¿Estaban mejor ahora, sin risas ni alboroto? ¿Habían sido felices por un
tiempo sin saberlo y luego habían destruido la alegría? Tenían argumentos en
uno u otro sentido, pero no certezas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyText3&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Los Risso tuvieron una crisis de depresión
que les duró hasta fines del invierno. Ellos no dudaban de que el pasado verano
había sido el mejor de sus vidas. Mientras duró, poco habían entrado al galpón
porque no necesitaban ser estimulados para reír. Estaban tan contentos,
rodeados de aquellas gentes agradecidas y pródigas, que creían haber ingresado
al paraíso en vida. Todo se derrumbó y meditando largamente, en los tiempos en
que reinaba el frío, ambos ya habían descubierto porqué. Se miraron con
complicidad y se entendieron sin palabras. El verano volvería y había que
prepararse con tiempo. Era momento de llamar al remate.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/7921483868789709619/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2014/11/la-fraternidad-de-la-risa.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/7921483868789709619'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/7921483868789709619'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2014/11/la-fraternidad-de-la-risa.html' title='LA FRATERNIDAD DE LA RISA'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-7090155224389005719</id><published>2014-11-09T05:15:00.000-08:00</published><updated>2014-11-09T05:15:02.470-08:00</updated><title type='text'>MEDINA, EL CANTAR Y LA LUZ</title><content type='html'>&lt;div class=&quot;Section1&quot;&gt;

&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;b&gt;&lt;u&gt;MEDINA,
EL CANTAR Y &lt;st1:personname productid=&quot;LA LUZ&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;LA LUZ&lt;/st1:personname&gt;
&lt;/u&gt;&lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
Mañana hace fecha de Medina ¿Te das cuenta, Betty, cuánto hace que ya no
está?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Sí, anoche
antes de dormir me puse a pensar en él. Me parece&lt;b&gt; &lt;/b&gt;verlo llegando por la
bajadita, montado en la bicicleta.¡Cómo tocaba la guitarra mientras pedaleaba,
qué cosa increíble! Le volaba la gabardina. Más de una vez le dije que&amp;nbsp; probara&amp;nbsp;
hacerlo&amp;nbsp; alrededor de la plaza.
¿Te imaginás, Mauro? Pudo haber sido un record Guinness. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¡Qué titular
para los diarios! “Un uruguayo va en bicicleta tocando la guitarra por horas,
días talvez”. Era único, excéntrico, irrepetible... Qué vida tan variada tuvo.
Pobre... quiso el destino que se nos fuera de esa forma increíble, tan
insólita...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Bueno, no
tanto el destino, en verdad tenía sus rayes el inefable Medina; buscando la luz
terminó tomándose toda el agua del Río de &lt;st1:personname productid=&quot;la Plata. Pero&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Plata. Pero&lt;/st1:personname&gt; se extraña
¿no? Cuántas tardes se sentó acá mismo con nosotros a tomar mate y conversar...
Evidentemente adoraba este lugar, para él volver aquí era recuperar el paraíso
perdido. Pensar que no se aparecía, a veces hasta por dos años y después,
cualquier día estaba de nuevo por estos lados… Hay días en que espero verlo
irrumpir pedaleando con aires de triunfador en este balneario de “quinta”, como
él mismo lo llamaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Durante su
ausencia ni nos acordábamos de que esta casa era suya, pero al verlo
nuevamente, era como si siempre hubiera estado con nosotros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Evocaron la
última visita que hizo al balneario. Llegó una vez más, como tantas otras, un
día de pleno enero, cuando del otro lado de la bahía las primeras luces de la
costa se reflejaban sobre el agua tranquila. Arribó en su vieja bicicleta, algo
remozada sin duda, porque le había cambiado los faroles y le había agregado
cintas multicolores, que flameaban en las puntas de unas varillas. El recién
llegado bajó de su vehículo y los abrazó y besó cariñosamente como siempre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;No me digas
que te viniste de México en bicicleta -bromeó Mauro-. Medina soltó la risa:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Eso no hubiera
estado nada mal. El problema es que me estoy poniendo viejo igual que vos; en
cambio, Betty se ve cada vez mejor y más joven.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;No me afiles,
atorrante, que no soy tijera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Siempre traía regalos para ellos:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Para vos,
Betty, te traje un huipil bordado a mano por las nativas de allá; este tequila
es para Mauro. Aquí tengo artesanías y unos dulces típicos; espero que les
gusten.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Era asombroso verlo extraer todo aquello de
su deteriorada y pequeña mochila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¿ Y cuándo te
vas a comprar una valija, para tirar ese esperpento que llamas pomposamente
“portafolios”? -le dijo Mauro riendo y señalando la vieja cartera de cuero que
acompañaba a Medina desde tiempos inmemoriales y que alguna vez había sido
marrón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;A ésta yo no
la cambio por nada...&amp;nbsp; –le contestó él
sonriendo y palmeándola con una actitud cómplice, como si se tratara de un
viejo amigo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Medina se instaló en su cuarto, como de
costumbre. La ventana estaba&amp;nbsp; orientada
al este. Siempre le había gustado recibir el sol del amanecer a través de ella,
se sentó sobre la cama y con la vista ausente recordó las vacaciones de su
niñez. El balneario era más lindo; no había más de veinte casas edificadas
entre las dunas. Pocos sabían de su existencia y ni siquiera había carteles
indicadores a la entrada. Le fascinaba ver desde el dormitorio como los cerros
se oscurecían lentamente al atardecer, y cuando había luna llena, imaginaba que
los pedregales que blanqueaban en las laderas eran de azúcar derramada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent3&quot;&gt;
Esa casa la había construido su padre. Su madre
biológica había muerto cuando&amp;nbsp; él era muy
pequeño y Sara, su madrastra,&amp;nbsp; quizá por
no poder engendrar hijos, lo había querido y criado como si fuera propio. Pocas
referencias tenía de su verdadera madre, en parte porque aquella evocación no
era del agrado de Sara. Su padre era también reticente a hablar del tema; pero
pudo enterarse de que su madre y un hermano de ella, habían desaparecido frente
a las costas de Rocha, durante una tormenta que los había sorprendido mientras
navegaban. Nunca había visto ni siquiera una foto de su mamá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
A Medina y sus amigos les gustaba madrugar.
Desde muy temprano se acomodaban para desayunar bajo la enramada de madreselvas
y los pájaros se acercaban a picotear las migajas que caían al piso. Otros
trinaban entre los árboles o sobre los aleros y techos de la casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Mañana llega
mi compañera –anunció Medina–, la conocí en Tapo: una terminal de buses en&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ciudad de México. Es Alemana. Cuando la vi
por primera vez, andaba como perdida y como yo me defiendo un poco con el
alemán y ella sabe algo de español, nos entendimos y después se&amp;nbsp; podría decir que nos enamoramos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Se sonrió mostrando unos dientes largos y
demasiado parejos para ser naturales. Las aletas de su nariz aguileña se
recogieron al hacerlo. Usaba un bigote finito y muy arcaico, que le daba
aspecto de cómico de cine mudo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Efectivamente, al día siguiente vino la
alemana. Era pelirroja y usaba el cabello corto; de facciones delicadas, sus
ojos eran de un intenso marrón oscuro y su piel muy blanca. Tenía un cuerpo
armonioso a pesar de ser bastante alta. Apenas llegó aspiró el aire marino y
manifestó: “¡Esto es “fantastisches , wonderful!”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Un rato más tarde, luego de conversar
largamente durante la sobremesa, Medina se puso su antigua malla negra de lana,
se calzó un sombrero de paja desflecado, unos lentes oscuros pasados de
moda&amp;nbsp; y descolgó su también añeja
gabardina gris-verdosa del ropero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Bajemos a la
playa, Karen –la invitó– ya vas a ver que lo que te he dicho sobre ella no es
exagerado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal; line-height: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Bueno, espera
que yo cambio ropa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Entró a la casa y reapareció luciendo una
diminuta tanga, de cuya entrepierna emergían largos pelos rojizos, no llevaba
sostén y mostraba sus senos, que no estaban&amp;nbsp;
demasiado caídos, pese a que era evidente que su primera juventud había
pasado hacía bastante. Sus pezones eran largos y rosados, su cintura estrecha y
sus caderas anchas. Algunos vecinos salieron asombrados al verla pasar rumbo al
mar, con los pechos al desnudo y quedaron criticándola por su audacia. A partir
de ese día, todas las tardes se repetía la escena. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Ya en la playa, cuando amainaba la canícula,
Karen buscaba un lugar tranquilo y aislado entre las rocas, se quitaba la tanga
y se tendía boca arriba sobre su colorida toalla playera.&amp;nbsp; Abría sus piernas para permitir que los rayos
del sol le irradiaran el sexo. Le confió a Betty que esa medida era adecuada
para mantener y mejorar la sensibilidad del clítoris y la vagina y le recomendó
que lo hiciera. Betty no se consideraba prejuiciosa,&amp;nbsp; pero ante la idea de tomar sol desnuda y en
aquella pose, se alarmó. Pensó que Mauro podía enojarse mucho y también le
preocupó la opinión de sus vecinos, ya que ella vivía allí todo el año, no como
Karen, que estaba de visita y quien sabe cuando volvería.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
A la alemana, por idiosincrasia, poco le
importaba la opinión de los demás. Ir a la playa sin sostén le agradaba y lo
hacía sin tomar en cuenta las murmuraciones. Además, la divertía ver a los
hombres del lugar salir cada vez que ella pasaba, ávidos y noveleros por verle
los senos desnudos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Una tarde observó que la malla de Medina,
ensopada luego del baño, colgaba entre sus piernas prometiendo magnitudes
irreales. Karen se rió de buena gana y bromeando dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 18pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-&amp;nbsp; Seguí tú hasta el fin de mundo con esperanza
de que eso fuera verdad y ¡qué betrug! Lamento ahora, ese bulto es sólo
ilusión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Él, que no hacía gala de poseer mucho
sentido del humor y además resentía no tener un pene más grande, se molestó; se
puso la descolorida gabardina y se alejó caminando a lo largo de la orilla con
largos pasos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
A veces, Medina salía en bicicleta a
recorrer el balneario y&amp;nbsp; Karen lo
acompañaba corriendo a su lado por un par de kilómetros; luego se volvía. Él,
en cambio seguía pedaleando y se perdía de vista por los polvorientos caminos
del lugar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Un día de esos se cerró la noche y él no
apareció. Pasaron las horas y Karen y sus amigos se fueron inquietando cada vez
más. Consideraron la posibilidad de salir a buscarlo o de avisar en el
destacamento policial de su tardanza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Mirá si empezó
de nuevo con lo de la luz – comentó alarmada Betty.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Ya son las
doce de la noche. Si no vuelve en media hora vamos a tener que denunciar –dijo
Mauro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Él&amp;nbsp; estado en lugares bien peligrosos –recordó
Karen– y siempre vuelve.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Eso es cierto
– reconoció Betty -¿Te acordás, Mauro, cuando nos escribía desde el sur de
Méjico?– y dirigiéndose a Karen agregó: -Fue hace unos cinco años. En ese
entonces trabajaba en una factoría curtiendo pieles de tiburón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¡Qué cosa más
rara! Entiende poco. Repite, por favor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Betty usó palabras y gestos hasta que la
mujer captó, al menos en parte, lo que ella había dicho. Mauro prosiguió,
tratando de ser lo más claro posible:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Y eso no es
nada, en Australia eran cueros de canguro, en Brasil: de yacaré... un animal
parecido al cocodrilo; el hombre tiene un oficio muy especial.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
En ese momento sintieron llegar un vehículo
que después de detenerse, emitió dos o tres bocinazos. Salieron y vieron que
dos policías traían a Medina casi a rastras. Lo sostenían por las axilas
mientras él, creyéndose aún sobre la bicicleta, trataba de pedalear. Tenía el
rostro desencajado y los dientes apretados por el esfuerzo. Jadeaba y deliraba
diciendo: “Ya termina el repecho... allá arriba está ella cantando. La luz, la
luz...” &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Uno de los agentes explicó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Hace más de
dos horas que andamos con él; preguntando a los vecinos por fin vinimos a dar
acá. Un hombre nos acompañó hasta la esquina y nos dijo que el individuo vivía
en &amp;nbsp;esta casa, con una alemana nudista
–el policía se dirigió entonces a Karen preguntándole con cierta ironía: -¿Es
usted, señora?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Karen tenía dificultades para entender y
Mauro le explicó tratando de suavizar las palabras del agente:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Quiere saber
si eres algo de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Sí –asintió
Karen no del todo convencida, porque había notado el gesto burlón del policía–
yo soy mujer de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Entonces usted
sabe que este ciudadano no está en sus cabales. Lo encontramos en el campo,
bastante lejos de acá. El casero de los Hernández nos avisó que un toro lo
había embestido. Parece que el hombre se metió con la bicicleta&amp;nbsp; entre el ganado y el animal lo derribó, por
suerte no lo lastimó mucho. El pobre es loco ¿no? –dijo haciendo girar el
índice junto a su sien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Aunque Karen no pudo entender todo aquel
parlamento, la frase final del agente y su gesto hicieron que ella se
indignara.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¡Pero cómo es
atrevido! Mi marido no es loco, para que sabes, es un hombre mucho más
inteligente que usted. ¡No tiene derecho insultarnos, dumm!&amp;nbsp; ¿oye? la diktatura , bündel&amp;nbsp; de sadisticos, causó a él quedar con
amnésica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Karen, por
favor... – intercedió Mauro para que se calmara y no complicara las cosas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
Ella guardó silencio y abrazó a Medina, diciéndole cariñosamente, como
quien habla a un niño:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Ven, mein
liebe kind, vamos dentro a curar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Él se dejó guiar dócilmente, con los ojos
entrecerrados y apoyando su cabeza en el hombro de ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Bueno vecino,
este procedimiento está terminado. Tenga la gentileza de darnos sus datos y los
del sujeto que le entregamos –mientras el funcionario anotaba Mauro creyó
pertinente agregar:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Mire, no es
que mi amigo esté loco... quedó así en el penal. Estuvo un año adentro ¿sabe?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Así que fue
subversivo ... –dijo el otro despectivamente, levantando una ceja y&amp;nbsp; sin dejar de escribir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;No fue así
–dijo Mauro– repartíamos unos volantes, nada más. Nos cazaron y nos comimos
unos meses adentro...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Con prescindencia, el policía dio por
terminado el diálogo diciendo: “-Sírvase sus documentos y buenas noches, señor.
¡Ah! Cuiden al demente, porque en una de esas escapadas la queda.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Otro agente bajó de la caja de la camioneta
la bicicleta algo maltrecha y la dejó apoyada en un árbol del jardín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Mientras entraba a la casa pensativo, Mauro
recordó los días de reclusión junto a Medina. La primera parte del encierro fue
brutal, por los terribles castigos que les infirieron durante los
interrogatorios; pero algunos meses después la situación ya no fue tan
apremiante. Sin embargo, Medina, que empezó a tener delirios en el período más
difícil -seguramente como medio de escapar a una realidad insoportable- siguió
con sus fantasías. Éstas estaban ligadas a un único libro, que los padres
habían logrado traerle sin que los carceleros lo objetaran. Era “ Flor nueva de
Romances Viejos” y Medina lo leyó y releyó tantas veces que terminó por
aprendérselo de memoria. Se sentaba en la celda a recitar sus poemas favoritos
con el libro cerrado, apoyado sobre su pecho. Más adelante agregó melodías no
muy apropiadas para aquellos textos y absorto las cantaba suavemente, casi para
sí, acompañándose con una guitarra imaginaria. Pero una noche, en su
entusiasmo, fue levantando el tono de su voz hasta gritar. Entonces se ganó una
paliza fenomenal. A esta circunstancia él agregó otro elemento que sus verdugos
encontraron igualmente exasperante:&amp;nbsp;
negaba su primer nombre e insistía en que se llamaba “Arnaldo” algunas
veces y otras “Guarino”. Finalmente los encargados de interrogarlo,
comprendieron que todo aquello era parte de un delirio y lo dejaron en paz. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
El resto de su cautiverio siguió cantando
bajito y encarnando alguno de los personajes de su libro. Desde entonces, sólo
admitió llamarse “Medina” para ahorrarse contratiempos y golpizas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
De pronto cruzaba la celda con paso
majestuoso, hablándole a un ave imaginaria que llevaba posada en el brazo o se
desplazaba por el recinto, como si éste estuviera anegado y él avanzara
transportando una pesada carga. Hacía innumerables representaciones, a veces no
muy claras,&amp;nbsp; y encarnaba diversos
personajes sucesivos, sin que se pudiera adivinar cuando terminaba de ser uno y
empezaba a ser otro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Nombraba de continuo a una piedra zafira
“... que tanto relumbra de noche como el sol a medio día.” Insistía en que oía
una voz que le enseñaba las&amp;nbsp; tonadas de
sus canciones y se desesperaba&amp;nbsp; por
aprender una que consideraba especial,&amp;nbsp;
pero “la voz” le dijo que no se la iba a revelar hasta que alcanzara la
luz y aunque trató muchas veces de explicarle que no podía salir de la
celda,&amp;nbsp; “la voz” era terca y no quería
entender; esa situación lo hacía sufrir extremadamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Mauro quería hacerlo razonar pero era
inútil: cuando estaba en pleno delirio, no lo escuchaba y cuando volvía a la
realidad, no recordaba absolutamente nada de lo hecho y dicho durante el
trance. Medina no atendía en absoluto a lo que su compañero le relataba, pero,
de todas formas ,tenía con él muchas afinidades. Así nació y creció entre ambos
una fuerte amistad que los unió por el resto de sus vidas. Fueron liberados en
fechas distintas. Con el correr del tiempo y&amp;nbsp;
la ayuda de amigos comunes, pudieron encontrarse finalmente en Francia y
reanudaron su trato.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Karen, usando una gasa mojada con&amp;nbsp; desinfectante, limpió los raspones y tajos
que Medina tenía por todo el cuerpo. Se había hecho algunos trabones en la
gabardina. La mujer, sin considerar la hora, se puso a coserlos mientras el
torero ciclista dormía plácidamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
A la mañana siguiente no tenía ni idea de lo
sucedido la noche anterior. Desayunó con ganas y luego se puso a tocar la
guitarra tranquilamente, bajo la glorieta de madreselvas, cantando partes de
viejas canciones y algunos versos ininteligibles, seguramente de su autoría. En
el dormitorio, la gabardina reparada colgaba en su percha.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Karen conversaba en la cocina con Betty:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 18pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-&amp;nbsp; Contaron unos amigos, conocieron Medina antes
de mí, que vio la luz arriba&amp;nbsp; un árbol
muy grande, cerca laguna Bacalar; él sube bien alto. Después luz cayó al suelo.
¿Puedes creer que se tiró&amp;nbsp; de árbol&amp;nbsp; para&amp;nbsp;
la agarrar? Claro, no pudo, pero así rompió costillas. Suerte las ramas
frenar algo caída y no murió. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;La convivencia
con una persona así debe ser difícil...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Ich liebe&amp;nbsp; él, yo lo amo ¿entiendes? No es poco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Medina y su alemana pasaban casi todo el día
en la costa. No volvían a comer al mediodía&amp;nbsp;
y regresaban ya entrada la noche. Se llevaban pan, queso, fruta y vino
blanco para almorzar frugalmente. Al caer la tarde solían cantar a dúo frente
al mar, a veces en español y otras en alemán. Mientras lo hacían, en ocasiones
se abrazaban y lloraban: Karen, seguramente añorando su país y sus seres
queridos tan lejanos y&amp;nbsp; él por penas
profundas del pasado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Sara primero y su padre después habían
fallecido hacía unos pocos años. Antes de morir, durante el período fatídico en
que él estuvo detenido, el matrimonio invirtió toda su energía y sus ahorros
para conseguir su libertad. Sufrieron una gran frustración porque él era un
excelente estudiante de química cuando lo encarcelaron, cercenando así una
carrera que prometía ser brillante. Encallecieron sus nudillos de tanto golpear
puertas. Soportaron la indiferencia y las actitudes sádicas y prepotentes de
muchos de los represores y finalmente, al concretarse su liberación, después de
que pudieran demostrar que el joven Medina presentaba un cuadro de
esquizofrenia, lo enviaron al exterior. Aquella lucha dejó a los padres
agotados mental y físicamente, en desmedro de su salud, la que nunca
recuperaron del todo. A su vez, él jamás pudo librarse de una angustiosa
sensación de responsabilidad frente a ese hecho. Con mucho sacrificio terminó
en el extranjero su carrera de Ingeniero Químico, especializado en curtido de
pieles. Consideró que esa era una forma de homenajear a sus padres y compensar
en parte el sufrimiento que habían experimentado.&amp;nbsp; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Cuando murió su padre y&amp;nbsp; con poco tiempo de diferencia también Sara,
su sentimiento de culpa volvió con fuerza. La noticia le llegó bastante tarde.
En ese momento él trabajaba en el Brasil, en la región del Pantanal, curtiendo
cueros de yacaré. Entró en crisis y desesperado por el dolor navegó
compulsivamente en una piragua, durante días. Tras varias jornadas agotadoras,
encalló la embarcación en una ribera. De manera fortuita, unos pescadores
indígenas dieron con él. Estaba sin conocimiento, tendido en el piso del bote,
llagado por el sol y las picaduras de los insectos. Sus salvadores lo curaron
con cataplasmas e infusiones de yuyos. Finalmente, lo ayudaron a reintegrarse a
la civilización, ya restablecido. Él amaba a aquellas gentes sencillas a quienes
debía la vida; cada tanto regresaba a visitarlos y se quedaba con ellos por
algunas semanas, en sus chozas de ramas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
De su padre heredó, además de la casa de la
playa en la cual transcurrieran los veranos inolvidables de su niñez y
adolescencia, un apartamento en el Centro de Montevideo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Él prefería la costa y apenas llegado al
país, pasaba brevemente por su vivienda capitalina, para levantar su bicicleta
y pedalear en ella los setenta y tantos kilómetros de distancia que&amp;nbsp; lo separaban del balneario.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Un atardecer en que estaba sentado junto a
Karen, contemplando el mar, Medina volvió a oír el cantar y vio la luz&amp;nbsp; posada sobre las aguas, hacia el este, donde
los cerros se iban desdibujando en el ocaso. Entre dientes primero y después a
gritos comenzó a cantar parte de una extraña canción: “... por tu vida, el
marinero, dime ahora ese cantar...” Se incorporó de un salto y salió corriendo
con su gabardina puesta y el brazo extendido. Seguía entonando frases
inconexas: “... las velas trae de seda... áncoras tiene de plata...&amp;nbsp; que la mar ponía en calma, los vientos hace
amainar...”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Ella no entendía mucho sus palabras y al
verlo sumergirse hasta la altura del pecho con la gabardina puesta, comprendió
que algo relacionado con sus delirios lo había impulsado a actuar en forma tan
abrupta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Estaban en una zona rocosa, de fondo
irregular y llena de&amp;nbsp; pozos; Karen,
alarmada, olvidando que estaba desnuda, se tiró al agua y nadó tras él. En su
desesperación por avanzar, no pudo evitar que el filo de una piedra le hiciera
un corte largo y algo profundo a la altura del estómago. No consideró que fuera
grave, pero le ardía bastante. Siguió adelante de todos modos. Medina, con la
gabardina ya empapada, continuaba alejándose. Se hundía por momentos y
trabajosamente sacaba la cabeza de tanto en tanto, resoplando. El dolor que le
producía el tajo martirizaba a la mujer, en especial al extender los brazos
para nadar más rápido y poder alcanzarlo, luchando contra el oleaje que,
incrementándose por momentos, se lo impedía. A poca distancia de ella, el
hombre dio&amp;nbsp; unos desesperados manotones y
desapareció definitivamente de la superficie. Cuando llegó hasta el lugar donde
él se había sumergido, se convenció que su lucha era inútil, porque por más que
buscó entre las aguas, no pudo encontrarlo. Vencida por el esfuerzo y llena de
impotencia, Karen se largó a llorar y gritar, mesándose sus cabellos rojos.
Apenas podía sostenerse a flote.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Al caer la noche, unos bañistas que pasaban
por ahí, la encontraron tendida en las rocas, desmayada y con el vientre
ensangrentado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Medina caminaba sobre el agua
trabajosamente, porque la pesada gabardina empapada le dificultaba la marcha.
Como pudo se la quitó, lo que facilitó su desplazamiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
El cantar y la luz provenían de un velero
blanco que se divisaba a lo lejos, meciéndose sobre las olas. No sentía miedo
ni frío; su único fin era llegar a la nave. Ni siquiera prestó atención a su
preciada gabardina, que se alejaba de él con las mangas desplegadas, semejando
un ahogado que flotaba boca abajo, con los miembros y la cabeza hundidos en el
agua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Caída ya la noche, la luz lo guiaba desde lo
alto del palo mayor y por fin vio a quien cantaba: era una mujer que sentada en
la borda, mojaba sus pies en el agua. Tenía la apariencia de una deidad,
envuelta en una especie túnica de seda blanca y luciendo una diadema que
brillaba iluminada por la lumbrera del mástil. Cuando estuvo junto al casco,
ella le tendió las manos ayudándolo a subir a cubierta, sin dejar de entonar su
canción sin palabras. Sin embargo él la entendía. La voz era sublime, más dulce
y hermosa aún de lo que Medina la recordaba.&amp;nbsp;
&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Se recostó y puso su cabeza en el regazo de
ella, la miró profundamente a los ojos y le dijo feliz: “Por fin...” Ella lo
besó en la frente, la luz se apagó y él se quedó dormido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Mauro y Betty hicieron la denuncia de la
desaparición. Después de dar sus datos personales, el escribiente les pidió que
describieran la ropa que el sujeto tenía puesta cuando lo vieron por última
vez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¿Cómo dice?
¿Se fue a la playa de gabardina? –les preguntó con cierta incredulidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Así es
–respondió Mauro, molesto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Pasaron algunos días y no tuvieron ninguna
noticia de la policía. El matrimonio y Karen decidieron abrir el portafolios de
Medina para ver su contenido. Encontraron el libro de los romances, sumamente
desgastado, una réplica de las llaves de la casa del balneario, algunas cajas
de medicamentos, tres mil dólares y una libreta de cheques. También había
algunas fotos de su padre con Sara y otras de sus viajes: en Australia, junto a
un gran canguro; en la selva, con un yacaré muerto que colgaba de un árbol;
frente a una choza, con nativos vestidos con pieles y plumas multicolores, que
lo rodeaban sonrientes mientras él tocaba la guitarra...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Finalmente los guardacostas les acercaron la
gabardina. La habían encontrado en otra playa; estaba todavía mojada, sucia y
desgarrada. Karen buscó el bolsillo interior y descorriendo el cierre, extrajo
de él las llaves del apartamento de Montevideo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Allí se instaló a la espera de que naciera
el hijo de Medina. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Mauro y su mujer permanecieron en la casa de
la playa, donde cada verano llegaban la alemana y su niño; venían de Europa a
pasar sus vacaciones. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Karen quería que su hijo hablara el idioma
del padre y al venir al Uruguay, la práctica constante lograba que ambos se
expresaran en un español bastante aceptable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Un atardecer de estío sucedió algo que dejó
a Karen muy preocupada: Arnaldo jugaba en la arena cuando levantó de pronto la
vista, miró a lo lejos y dijo señalando el horizonte:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¡Mommy, mira allá,
atrás de aquel barquito! ¿lo ves? Hay una luz grande arriba del agua. Oigo a
una señora que canta...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Karen le contestó con ternura, mientras las
lágrimas corrían por sus mejillas:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font-size: 7pt; font-stretch: normal;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Mein liebe
Sohn: No mires, hace mal a tus ojitos, ciérralos bien fuerte, así ¿ves? Y cada
vez que aparezca, me avisas para que yo tape tus oídos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
El niño la obedeció, pero extrañamente
continuó percibiendo la luz a través de los párpados. Las manos de la madre en
sus oídos no impidieron que, además, siguiera oyendo la melodía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;&lt;br clear=&quot;all&quot; style=&quot;mso-break-type: section-break; page-break-before: always;&quot; /&gt;
&lt;/span&gt;

&lt;br /&gt;
&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;line-height: 200%;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/7090155224389005719/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2014/11/medina-el-cantar-y-la-luz_9.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/7090155224389005719'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/7090155224389005719'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2014/11/medina-el-cantar-y-la-luz_9.html' title='MEDINA, EL CANTAR Y LA LUZ'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-3226181311613961281</id><published>2014-09-22T07:06:00.000-07:00</published><updated>2014-09-22T07:06:24.268-07:00</updated><title type='text'>AROMA DE CLAVELES</title><content type='html'>&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; tab-stops: 378.0pt; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Esa noche, como acontecía seguido en los últimos tiempos, se
abrió la puerta del guardarropa. Entre tinieblas, Alberto había escuchado el
leve y entrecortado sonido que precedía al posterior desplazamiento de la hoja
de madera.&amp;nbsp; Era un mueble muy antiguo por
lo cual la cerradura no funcionaba desde épocas inmemoriales, aunque la puerta siempre
se había ajustado perfectamente a su marco y nunca antes se había movido por sí
misma. Desde el interior del ropero, salió un rancio aroma a claveles
marchitos, que se iría atenuando después, con el correr del tiempo. Las
primeras veces, Alberto se había asustado pero, con la repetición del fenómeno,
se había habituado a él y ya no se sobresaltaba si, medio dormido, se llevaba
la puerta por delante cuando se levantaba para ir al baño por lo menos una vez
en la noche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Con los ojos abiertos en la oscuridad, recordó que el hecho
había comenzado a producirse a partir de la desaparición de Celina aquel
maldito y aciago dos de noviembre. Aunque esa mañana no la había visto salir
rumbo al cementerio por estar en el baño, sabía que lo había hecho como de
costumbre, abrazando un gran ramo de claveles granates recogidos en el jardín
de los fondos. Esas flores se venían plantando desde años atrás para honrar a
los parientes muertos, sepultados en el panteón familiar. En aquella ocasión,
no se ofreció a acompañarla porque no se sentía bien después de pasar una
incómoda noche sobre el piso del porche de entrada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;-Es obvio que no tenés la menor intención de ir conmigo a
llevar flores a la tumba de mis padres. En realidad, nunca los pudiste ni ver
¿te parece que no he tenido oportunidad de darme cuenta? Además, mejor así. Con
esa gripe y la alergia que te pescaste por andar trasnochando te va a hacer
mal, y después soy yo la que tiene que cargar con el fardo. Deberías&amp;nbsp; ser consciente de tu edad... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Alberto se encerró en el baño precipitadamente después de
oír las hirientes palabras de la mujer. De lo contrario, se hubiese suscitado una
terrible discusión y él &amp;nbsp;ya no tenía
capacidad para seguir soportando aquellas situaciones. En consecuencia, sabía
que no lograría controlarse. Su ira acumulada en tantos años haría&amp;nbsp; que reaccionase con violencia por primera
vez. Afortunada e inesperadamente Celina calló. Desde su encierro creyó oírla
salir taconeando su fastidio, como siempre que se molestaba con él. El eco de
sus pasos se perdió a medida que se alejaba. No pudo percibir el sonido de&amp;nbsp; la puerta de entrada al cerrarse tras ella,
pero supuso que ya debía haberse marchado. Sin embargo, esperó un poco para
asegurarse de que era así y una vez en la habitación acomodó dos o tres cosas,
se metió en la cama y se tapó hasta la cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;El cementerio de &lt;st1:personname productid=&quot;la Chacarita&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Chacarita&lt;/st1:personname&gt; no quedaba muy lejos pero llegó el
mediodía y de Celina ni noticias. A eso de las tres de la tarde, Alberto ya muy
extrañado y afligido decidió ir a buscarla. Traspuso los portones de la
necrópolis y cruzó rápidamente el pabellón de entrada, sin detenerse a persignarse
ante el Cristo crucificado, al contrario de su costumbre. Caminó con prisa por
las calles y senderos flanqueados por adustos y lujosos monumentos fúnebres que
parecían pequeñas mansiones y convertían a esa parte del cementerio en una
suerte de ciudad de los muertos. Avanzaba con dificultad eludiendo a los
numerosos dolientes que transitaban por allí. Sentía que el resfriado le había
recrudecido. Tosía y estornudaba de continuo, le lloraban los ojos y le
escurría agua de la nariz. Contrariado, mientras se enjugaba las secreciones
con el pañuelo ya empapado, tuvo que reconocer que una vez más su mujer había
tenido razón al respecto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Después de un torturante recorrido, llegó al panteón de la
familia, ubicado en una zona arbolada y&amp;nbsp;
menos árida por donde circulaban pocas personas. Notó alarmado que los
claveles que Celina llevaba al salir no&amp;nbsp;
estaban en los recipientes habituales y en su lugar permanecían los
ramos marchitos, puestos en ellos en la visita anterior. Algunos rayos de sol
iluminaban la superficie de mármol oscuro, y los destellos de las inscripciones
de bronce le herían los ojos irritados acentuando su llanto. Parecía un viudo
afligido, lo que no llamaba la atención en aquel lugar tan apropiado para el
desconsuelo. Recorrió los alrededores infructuosamente: su mujer no se veía por
ningún lado. Supuso que podría haberse encontrado con alguien conocido, como
había sucedido en otras oportunidades. No caminó más allá y decidió, en cambio,
volver atrás y pararse a esperarla en la entrada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Caía la tarde y las sombras se adueñaban del lugar. Las
formas se iban desdibujando en la penumbra creciente. Los últimos visitantes,
la mayoría de más de cincuenta, se retiraban con los semblantes circunspectos,
a paso lento, como denotando que allí dejaban jirones de vida pasada. Quizá
padecían la culpa de seguir vivos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Cuando un funcionario se dispuso a cerrar el portón, detrás
de los últimos en retirarse, Alberto, con los ojos llorosos (un poco por la
angustia y otro poco por su alergia) le preguntó con notoria ansiedad si no
quedaba nadie más adentro. El hombre le aseguró que no. La respuesta lo llenó
de aprensión y partió de inmediato con paso rápido rumbo a su casa. Sin
embargo, al llegar se detuvo frente a ella como si tuviera temor de entrar: la
desconocía. La contempló entonces como si fuera por primera vez, impresionado
por la imagen de aquella vivienda antigua conformada por dos cubos grises: uno
grande (la planta baja) y uno más pequeño que constituía un segundo piso, con
sus ventanas rectangulares y altas, cuyas persianas permanecían cerradas en
todas las estaciones, aunque se presintieran ojos escrutadores ocultos tras los
visillos apenas abiertos. Siempre había considerado que aquel empaque era algo
siniestro. Observó los tres escalones de mármol que llevaban al porche de
entrada. Estaban gastados en el centro&amp;nbsp;
por el trasiego de personas que los habían pisado durante más de un
siglo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;&amp;nbsp;Lleno de malos
presentimientos, caminó hasta la puerta principal e hizo girar la llave con
mano temblorosa. Recorrió el pasillo y una vez traspuesta la cancel, gritó:
&quot;¡Celina!&quot; Nadie respondió. Repitió varias veces el llamado, mientras
recorría la casa oyendo el eco de su propia voz, pero fue inútil. Salió al
fondo y buscó allí. En el jardín trasero reinaba el silencio y las plantas se
mecían suavemente saturando con su aroma la brisa del anochecer. Tampoco
encontró a su mujer en aquel lugar. Entró corriendo y se dirigió al
dormitorio.&amp;nbsp; Se quedó frente a la ropería
como dudando qué hacer. Finalmente se decidió y abrió la puerta del colgador.
Allí estaba, en su percha, el tapado liviano que sin duda se habría puesto al
salir esa misma mañana. Exhalaba un fuerte perfume a flores mustias, que
parecía estar impregnado en la tela. Bajó la vista y en el piso del mueble vio
esparcidos los claveles que ella había cortado. Pensó que quizá hubiera
sucedido un imprevisto que obligara a Celina a volver a la casa de prisa,&amp;nbsp; mientras él la buscaba en el cementerio.
Seguramente, antes, lo habría llamado por teléfono en forma infructuosa&amp;nbsp;&amp;nbsp; para avisarle del contratiempo. Luego, debía
haber salido por el motivo que fuera y regresaría en las próximas horas. No
había razón para alarmarse; lo más prudente era esperar un poco más para darle
tiempo a volver.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Estaba muy cansado y se tendió en el lecho. En ese momento
notó que junto a él descansaba &lt;st1:personname productid=&quot;la Venus&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la
 Venus&lt;/st1:personname&gt; de ébano. ¿Quién la había sacado del baúl?
Simultáneamente, descubrió que el armatoste, donde se la guardaba, había
desaparecido de la habitación y sus llaves se encontraban sobre su mesa de
noche. ¿Sería posible que Celina hubiera hecho todo esto para confundirlo? Era
bien capaz, como lo había demostrado tantas veces antes… &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Se quedó dormido de inmediato, sin retirar la estatua de la
cama, y fue presa de un sueño profundo. En la madrugada lo despertó el quejido
entrecortado de la puerta del guardarropa al abrirse. Un denso y agobiante
aroma a claveles marchitándose, que le provocaba desagrado por su
intensidad,&amp;nbsp; invadió el aire y saturó su
olfato.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;&quot;Celina ha vuelto&quot; pensó e inmediatamente prendió
la veladora. Pero ella no estaba, solamente vio frente a él, dentro de la
ropería cuya hoja se había abierto por sí sola un momento antes, el tapado
colgando de su percha y los claveles mustios desparramados debajo de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;En los días siguientes nada supo de su mujer, pero pensando
que las malas noticias llegan rápido, consideró razonable seguir esperando y
mientras tanto se dedicó a recorrer las calles de Buenos Aires sin itinerario
fijo. Con mirada atenta, observaba los rostros de las cincuentonas entradas en
carne buscando el de su esposa. Llegó incluso a perseguir a cualquier mujer que
de espaldas se pareciera a Celina. Cuando llegaba hasta ella, se le ponía al
lado y escudriñaba su rostro en forma insistente para comprobar si aquella
persona era quien él pensaba. En todos los casos, solo cosechó decepciones y
hasta algún improperio debido a su atrevida inspección.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Comía cualquier cosa y muy poco, así fue perdiendo peso día
tras día. Por las noches caía rendido luego de sus largas caminatas erráticas.
Antes de dormirse completamente, penetraba en un limbo y sucedía lo de la
puerta: se abría con una cacofonía como de&amp;nbsp;
uñas al arañar un vidrio. Luego, la hoja se desplazaba con un lamento de
alma en agonía y al final el silencio y el olor penetrante que terminaban por
despertarlo del todo. Había ideado trabar la puerta con un trozo de papel
doblado varias veces. Este recurso nunca funcionó y al cabo de las muchas
noches, ya no prendía la luz sino que levantaba a tientas el papel, que siempre
caía en el mismo sitio, sosteniéndolo contra el marco con una mano, mientras
que con la otra empujaba la puerta rebelde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Se volvía a acostar pero ya no podía conciliar el sueño ni
evitar los recuerdos y consideraciones sobre su vida, que insistían en poblar
su vigilia. Desde el noviazgo, Alberto fue menospreciado por aquella familia de
engreídos porque no tenía bienes, su sueldo era magro y a juicio de ellos no
demostraba ningún afán de progreso. Cuando se casaron, tuvieron que quedarse a
vivir con los suegros en aquella casa espaciosa y ajena para él, a la que los
noveles esposos no aportaron ni un florero. Los numerosos regalos recibidos en
la boda -platería, loza, cristalería, pesados adornos etc.- fueron guardados casi
sin desenvolver dentro del arcón de gran tamaño que tapaba la entrada del
sótano, &amp;nbsp;que se ubicaba&amp;nbsp; debajo del dormitorio de ambos. El pesado
cofre quedó para siempre cerrado, porque los padres de Celina consideraban su
contenido falto de estilo, redundante o inarmónico con la elegancia en que
estaba amoblada y decorada la vivienda. Para Alberto, el objeto era un
adefesio; de solo verlo, se sentía ofendido porque dentro de él estaban los despreciados
obsequios de sus familiares, los primeros en ser desechados por sus suegros y
su mujer, entre los cuales había uno que le gustaba en especial,&amp;nbsp; al que hubiera querido ver colocado en algún
lugar importante del hogar. Se trataba de una estatua de &lt;st1:personname productid=&quot;la Venus&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Venus&lt;/st1:personname&gt; de Milo, tallada en
madera de ébano y por lo tanto bastante atípica debido a su color y también a
su tamaño para ser un adorno: medía aproximadamente un metro y por su peso
hubiera requerido un pedestal para ser exhibida en la sala. Pero la negación de
Celina a su pedido de colocarla allí fue terminante: &quot;Es simplemente
espantosa, no vamos a ponerla en ningún lugar, guardala en el baúl con los demás
mamarrachos.&quot; Era el regalo de Gerardo, su tío más querido. Aquel hombre
se había desprendido de la talla (a la cual prodigaba gran admiración y afecto)
no sin pena, porque lo había acompañado más de medio siglo. La había traído al
regreso de un largo viaje por países lejanos, a los que iba con frecuencia en
su juventud, por motivos de trabajo. Ya anciano, sintió que debía regalarla a
su sobrino preferido, quien tantas veces le había manifestado su interés por
ella. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Desgraciadamente, el tío había muerto de una embolia en la
madrugada siguiente a la celebración de la boda, justo después de que llegara a
manos de los novios aquel presente tan poco apreciado por la contrayente y su
familia. Ni siquiera por el notorio pesar del flamante esposo, tuvo Celina un
rasgo de generosidad admitiendo a &lt;st1:personname productid=&quot;la Venus. Durante&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Venus&lt;/st1:personname&gt; en la sala, tampoco trató de consolarlo ni
le dio el pésame. Alberto sentía dolor al pensar que la obra de arte había sido
menospreciada y no podía dejar de imaginar la indignación que hubiera provocado
en su tío el destino oprobioso que había sufrido su estatua al ser encarcelada
en un indigno baúl, con el que Alberto tropezaba reiteradamente. Cada vez que
eso pasaba, quedaba con las rodillas machucadas, lo que aumentaba su desagrado
por aquel infame cajón. Siempre había querido meterlo al sótano, pero no se
había atrevido ni a plantearlo, porque en aquella casa todo era inamovible, al
menos que su mujer y suegros decidieran el cambio. En realidad anhelaba extraer
de él los regalos de sus parientes y muchas veces, durante las duermevelas que
experimentaba después del almuerzo apoltronado en uno de los mullidos sillones
de la sala, creía ver aquellos presentes ubicados en lugares de la casa de
donde, en su imaginación, se habían&amp;nbsp;
removido los originales para sustituirlos por los que él prefería, en
especial &lt;st1:personname productid=&quot;la Venus. Durante&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Venus.
 Durante&lt;/st1:personname&gt; la niñez y juventud había contemplado aquella figura
en el despacho de su tío y siempre le había parecido bella, misteriosa y al
mismo tiempo cercana, cómplice...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;&amp;nbsp;A las horas de las
comidas, todos, incluida su mujer, tenían como tema principal de conversación
las falencias de Alberto y su numerosa familia, a la que consideraban mediocre
en comparación a ellos, que se sentían casi nobles y casi adinerados. Las
frases más mordaces las decía el suegro, mientras hacía tintinear su copa de
cristal, golpeándola lenta y repetidamente con una cucharita de plata.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;-Es necesario que Ud. comprenda, Alberto, -tlín-, que mi
hija está acostumbrada a vivir bien., tlililín ¿Qué sería de ustedes dos sin
nuestra protección? –tlín- Después de años sin amor, mi nena lo conoció a usted
¡qué íbamos a hacer! –tlín- No podíamos negarle su felicidad y es más: ya ve
cómo hemos apoyado su decisión. Pero eso no significa que usted se deje llevar
por la situación y no procure progresar en la vida –tlín- ¡Vamos, hombre, trate
de conseguir un empleo mejor! –tlín- Tome ejemplo de nosotros y deje de lado
los modelos de su familia... &amp;nbsp;-lo decía
con un insoslayable regocijo interior de poder menoscabarlo y hacerle sentir su
condición de mantenido, mientras el insistente tintineo de la copa acentuaba
aquellas palabras insidiosas y crueles de aquel hombre de apariencia
aristocrática, siempre serio, ceremonioso y bien vestido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Las opiniones del yerno eran puntualmente desacreditadas y
nunca tenidas en cuenta, razón por la cual después de un tiempo, dejó de
expresarlas. Entonces, lo tildaron de anodino y falto de personalidad. Tanto
los padres como la hija habían encontrado en él el blanco perfecto de su desprecio
y &amp;nbsp;mismo tiempo, les proporcionaba una
constante reafirmación de su&amp;nbsp; pretendida
superioridad. Era el último de la fila, el que todos abuchean a la menor
oportunidad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;En aquella familia se recibían escasas visitas de amigos o
parientes, lo que contribuyó a que entre ellos se estableciera una relación insana
y obsesiva en la que&amp;nbsp; la mujer y los
padres se concentraban en inventar ingeniosas formas de obtener diversión a
costa de la dignidad del consorte, quien permanecía callado y cabizbajo
mientras le llovían comentarios degradantes. No tuvieron hijos porque Celina
siempre se negó a ello diciendo que no quería mezclar su sangre patricia con la
de un pusilánime. Llevaban varios años de casados cuando murieron los suegros
con poca diferencia de tiempo uno de otro. Alberto, que conservaba ciertos
pruritos morales, se resistía a asumir su alegría y alivio interiores, hasta
llegó a convencerse a sí mismo de que estaba afligido y extrañaba a sus
torturadores morales. Fue por esa época que perdió el empleo y ni se molestó en
buscar otro. Había suficiente dinero para él y su mujer de por vida: ella había
heredado la casa, otras propiedades y rentas de la familia. Él presumió que
disminuiría el suplicio del cual había sido objeto durante años, al desaparecer
dos de sus&amp;nbsp; ensañados hostigadores. Sin
embargo esto no sucedió, sino todo lo contrario: en su mujer se instalaron, con
todo poder, la mordacidad y el desprecio de los padres, como si la hija hubiera
sido poseída por aquellos execrables espíritus familiares. Ya no utilizó solo
su verborragia hiriente, sino que en ocasiones pasó al plano físico. Le hacía
pequeñas maldades humillantes como despertarlo de improviso por las mañanas con
gotas de agua helada en la cara o pinchazos en los pies con una aguja, si
consideraba que él había dormido más de la cuenta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;-¡Despertate inútil! El que no trabaja no puede estar
cansado. Y ahora no vas a desayunar, tenemos que salir de inmediato para la
inmobiliaria a buscar mis rentas, de las que vivís tan cómodamente sin aportar
nada...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Si aparecía algo roto o se perdía alguna cosa siempre era su
culpa. Llegó a sospechar que era ella quien estropeaba u ocultaba los objetos
con el fin de mortificarlo y gritarle que era un estúpido atolondrado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;La noche anterior a la desaparición, sucedió algo que le
resultó, entre todos los reiterados denuestos el mayor, porque lo expuso al
escarnio público. Él se demoró en casa de unos&amp;nbsp;
parientes y no llegó a la hora convenida. Al regresar y tratar de entrar
a la casa, no logró abrir la puerta con su llave. Se dio cuenta que Celina la
había trancado por dentro con el pasador. Tocó el timbre con insistencia e
incluso golpeó repetidamente el llamador de bronce en forma de mano, pero ella
no atendió. Al rato la mujer se asomó por una ventana recriminándolo a los gritos
por su idiotez; armó tal alboroto que, sin lugar a dudas, fue oída por todos
los del barrio. Remató su airado discurso con la frase:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;-Perdiste la llave como perdés todo lo demás, Albertito. Ahora,
por imbécil vas a dormir afuera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Los vecinos, que no la apreciaban y sentían por él un desdén
acorde a las circunstancias, balconearon la escena divertidos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Alberto pasó la noche acurrucado en el porche. Se sentía más
humillado que de costumbre por haber permanecido allí, a la vista y paciencia
de todos, hasta que su mujer abrió por fin la puerta a la mañana siguiente, cuando
ya estaba el sol alto y pasaban algunas personas que lo miraron de soslayo, con
expresión de desprecio y curiosidad. &amp;nbsp;Entró muerto de frío y entumecido por la mala
noche, mientras ella se reía de su apariencia y se burlaba de él. Celina había
puesto el tapado liviano en el respaldo de un sillón y sobre la mesa del
comedor el gran ramo de claveles que había juntado momentos antes para
llevarlos al cementerio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Alberto, sin decir palabra, se dirigió con rapidez al
dormitorio. Celina fue tras él para seguir atormentándolo con sus ironías. El
hombre entró al baño y al salir todo era silencio. Quizá decepcionada, ella comprendió
que sus esfuerzos por hacerle perder el control eran inútiles y decidió
marcharse. El hombre dio alguna vuelta más, después se metió en la cama y se
tapó hasta la cabeza. Esa fue la última vez que se vieron.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Los prolongados paseos a pie por diversos rincones de la
capital hicieron que descubriera que la ciudad tenía ángel. La encontró
impregnada de un encanto especial pese a lo vertiginoso de su ritmo. La
convivencia con Celina había sido tan absorbente que él había olvidado sus
propias vivencias. Ahora, era como si regresara de una larga ausencia y
empezara a conocer su ciudad, que había cambiado bastante después de casi
veinte años de indiferencia de su parte. Las mujeres se le presentaban más
atractivas y desenvueltas, algunos edificios habían surgido y otros ya no
estaban. Notó mejoras y deterioros, que seguramente había visto antes, pero en
los cuales no había reparado en absoluto. Se habían multiplicado las coloridas
luces nocturnas y muchas fachadas, antes monótonas y grises, lucían ahora los
tonos más alegres y variados. La gente era definitivamente más agresiva y menos
dada a la amabilidad o la educación en el trato, y para nada dispuesta a
sostener un diálogo con extraños. También se producían más delitos violentos:
tuvo la oportunidad de ver rapiñas a pleno sol y la fortuna de no sufrirlas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Antes había recorrido la urbe en colectivo o, después de
casado, en el auto de su mujer, quien nunca le había permitido ir al volante
porque decía que seguramente, con su torpeza, tendrían un accidente. Ahora ya
era tarde… Después de tanto tiempo de ser negado como conductor hábil, se había
convencido de que no podría manejar sin riesgos y hasta consideró vender el
auto en vista de que Celina no aparecía, pero cuando planteó su idea en la
escribanía que manejaba los asuntos de su mujer, le dijeron que si ella no lo
hacía directamente, no era posible. También empezó a tener problemas con los
cobros de las rentas que por un breve lapso había percibido sin dificultad.
Desde el principio le preguntaron porqué ella no venía personalmente y, con
correr del tiempo, &amp;nbsp;empezaron a mirarlo con
creciente suspicacia hasta que ya no le dieron más el dinero y le exigieron que
para percibir los próximos pagos debía presentarse con Celina, o bien traer un
poder firmado de puño y letra de ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Se cortó la entrada de dinero fácil. La mujer seguía
desaparecida, pero él ya no pensaba en su regreso sino en cómo seguir
subsistiendo. El primero en irse fue el auto. Puso un aviso en el diario y como
la situación del vehículo era irregular, debió venderlo a muy bajo precio a
quien aceptó las condiciones sin hacer preguntas. Después se fueron yendo de a
uno los&amp;nbsp; muchos objetos de valor que
había en la casa: los cubiertos de plata; la cristalería fina (entre la cual se
encontraban los vasos tintineantes que acompañaban las monsergas del difunto
suegro); las joyas que Celina tenía en la casa, fuera del cofre del banco por
ser de uso permanente; los objetos de arte que eran puntualmente suplantados,
uno por uno, por los que habían estado dentro del baúl y tenían mucho menor
precio. Conservó &lt;st1:personname productid=&quot;la Venus&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Venus&lt;/st1:personname&gt;
de ébano, la cual a pesar del alto valor que seguramente tenía, permaneció en
el lugar en el que había sido colocada: del lado de la cama que fuera de
Celina. Como ella, la estatua nunca lo abrazaba, pero era lógico porque no tenía
brazos. Sin embargo, era mucho más cariñosa que su mujer y quizá menos dura y rígida.
Además nunca lo ofendía ni lo insultaba, sino que le hablaba durante las noches
con una vocecita apenas audible, siempre ponderándolo y diciéndole cosas
amables, nunca un improperio o una agresión. Ningún otro lugar de la casa le
pareció más digno de Venus que el lecho matrimonial. En sus frecuentes
diálogos, jamás mencionaban a la esposa ausente aunque él sabía que la mujer de
ébano la odió desde el preciso momento en que Celina, personalmente, la sepultó
en el baúl.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Ya no estaba la empleada. Nunca más la había visto después
de la desaparición de Celina. No le importó demasiado: quizá se había
confabulado en contra suya con su ama, como en muchas ocasiones anteriores, o podía
ser ella la que tocaba el timbre insistente e infructuosamente por las mañanas
durante las dos semanas posteriores a la ausencia de la patrona.&amp;nbsp; En consecuencia, la casa se transformó en un
caos: él no sabía ni quería intentar ordenarla o limpiarla. Se acumulaban los
platos sucios, la mugre de toda índole, y el sarro en los aparatos del baño. El
aroma a limpio, característico de la vivienda en otros tiempos, cambió por un
olor fétido a desperdicios en descomposición. Sin embargo, no se sentía molesto
por la mugre y la hediondez imperantes, en épocas de pulcritud había sido tan
infeliz que dio la bienvenida al repugnante cambio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Su vida se convirtió en una rutina que lo hizo sentir como
si hubiera ingresado a la eternidad. Amaba sus paseos erráticos, cuya razón ya
no era encontrar a su mujer; comía lo que quería a cualquier hora y en
cualquier lugar; dormía junto a Venus y ambos se reían del fenómeno de la
puerta; tenía sus amados y antes desechados objetos ubicados bien a la vista;
dormía largas siestas; ya no oía reproches o denuestos ni debía rendir
pleitesía por no aportar dinero a la casa. Perdió la noción del tiempo, dejó de
visitar a su familia y de frecuentar a sus conocidos, no contestaba el teléfono
ni franqueaba la puerta. Dejaba que, como lo había hecho con la limpiadora,
llamaran reiteradamente sin obtener respuesta y después se marcharan. Así
desfilaron, sin él constatarlo, algunos parientes de su mujer y otros
conocidos. El teléfono sonaba insistentemente al principio, molestándolo con su
estridencia. Solucionó el problema arrancando el cable de la pared.&amp;nbsp; De esa forma quería castigar a Celina por su
tardanza en volver. ¿Creía acaso esa infeliz que su ausencia lo había
devastado? Ya vería, si es que lograba entrar, que la casa estaba sucia, que él
no había desesperado por su ausencia y que había sido reemplazada por otra.
Mejor que no regresase ¿quién la necesitaba? Alberto se sentía mucho más cómodo
sin ella y no le faltaba nada: ni dinero, ni amor, ni tranquilidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Una mañana, cuando apenas clareaba, abrió los ojos medio
dormido. La ropería había desaparecido de su lugar frente a la cama. En ese
sitio se le presentaba una pared oscura. ¿Sería que Celina había regresado por
la noche y retirado el mueble de allí? Trataba de ajustar sus ojos a la
penumbra reinante. No, no era posible que su mujer tuviera la fuerza necesaria
para mover el pesado armatoste. Quizá había venido con alguien que la ayudó a
hacerlo o podía ser que él estuviera todavía medio dormido y soñando... Venus
no estaba a su lado y notó que la cama se había vuelto angosta e incómoda. Se &amp;nbsp;sintió abandonado e inseguro y su consciencia
se llenó de amargura. La luz del amanecer le llegaba desde su derecha. Volvió
la vista en esa dirección y descubrió las rejas que iban desde el piso al
techo. Percibió al principio unos rumores quejumbrosos, suspiros e
imprecaciones que fueron subiendo de tono, como si el avance de la luz del día
los incentivara hasta volverlos gritos, golpes, insultos, toses: todos ellos sonidos
desagradables, tristes, airados que pararon súbitamente al oírse el golpeteo de
los bastones de la guardia sobre los barrotes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;- ¡Buenos días reclusos!¡Arriba! En media hora al patio para
pasar lista. El que no esté pronto o se haga el vivo se queda sin recreo ¿estamos?-
La voz del guardia era dura, autoritaria, sin inflexiones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Vio que otras personas se incorporaban pesadamente de los
camastros vecinos al suyo, escupiendo maldiciones. Uno de ellos se dirigió a él
y le dijo con sorna: “Che, mataminas inútil, estirá las jergas y prepará el
mate pa’ nosotros. Hay que limpiar el cagadero y tratá de bañarte antes del
conteo o te van a dar palo. Ya sabés cómo es acá”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Mientras, con desconsuelo se disponía a cumplir las órdenes
de su feroz compañero de celda, recordó a Celina. ¿Porqué no habría vuelto?
Quizá lo hiciera uno de esos días, lo rescataría y podría regresar al hogar de
su infortunio, que ahora le parecía un paraíso comparado con su situación
actual. Cavilando esto evocó con nostalgia a su minusválida Venus que, aunque
nunca pudo abrazarlo, fue quien le dio un atisbo de felicidad a su vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h2 style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Esa noche, cuando todos dormían en la celda, tomó el trapo
que oficiaba de sábana y lo fue enrollando lentamente. Luego lo pasó por uno de
los barrotes del ventanuco que estaba bien alto sobre su cama, se lo ató al
cuello y saltó hacia la única libertad posible.&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/3226181311613961281/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2014/09/aroma-de-claveles.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/3226181311613961281'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/3226181311613961281'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2014/09/aroma-de-claveles.html' title='AROMA DE CLAVELES'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-2807645039436839018</id><published>2013-12-16T11:41:00.000-08:00</published><updated>2015-03-19T12:21:31.210-07:00</updated><title type='text'>A MONTEVIDEO</title><content type='html'>&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Yo quiero ver llover en mi ciudad: Montevideo&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Contemplarla bajo un mar de agua en suspenso momentáneo&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Y verla caer luego cual rumorosa melodía&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Sobre el ávido suelo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Anhelo mirar sus calles mojadas&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Y abismar mi vista&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
En la corriente de los efímeros arroyos repentinos&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Para luego escurrirse&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Sobre el asfalto abrillantado&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
O eventualmente estancarse &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
En las juntas de los añejos adoquines&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Observar cómo se junta en los baches temblorosa&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
En espera de las ruedas&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Que quiebren sus espejos caprichosos&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
En espera del sol que las esfume&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
O en espera que la piedra se la beba lentamente&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Puedo soñar con los ojos largos&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
De mi imaginación incentivada&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
El pasto empapado en los campitos y potreros&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Los cristales encielados esparcidos&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Sobre el tapiz esmeralda acentuado&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Quiero amar Montevideo bajo un mar de agua&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ver el chorro de la lluvia abarcando los desagües&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Y a las hojas de los fresnos y los plátanos&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Tiritar de placer bajo la esparcida nube en caída&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Y añoro estar sentado a la mesa&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
De un añejo boliche decadente&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Por afuera del tiempo&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Bebiendo una cerveza&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Contemplando en las veredas diluviadas&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Caminar a las muchachas apuradas&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Aferrando en sus manos&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
El mango del paraguas colorinche&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Engañando a las baldosas despegadas&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Que despiden su chijete acostumbrado&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Montevideo entre la lluvia&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Es el avance de interno regocijo&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
En los repliegues más hondos de mi ser&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
La matinée, la torta frita, el amargo,&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
El café oscuro y espumoso&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Que nos tiende las líneas&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
De rescoldos amigables.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ogaño llueve en mi recuerdo,&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
En sus calles hoy lejanas. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Mojadas estarán sus fachadas agrisadas&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
De los amplios caserones mal pintados&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Y trato de acordarme de lo amable&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Escondo ex profeso mis reproches&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Y apelo con fruición&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
a la nostalgia placentera&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Es un derecho y sólo yo sé como quisiera&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
desde la mesa del boliche decadente&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
mirar por la ventana empañada y somnolienta&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
y ver llover en mi ciudad Montevideo.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/2807645039436839018/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2013/12/a-montevideo.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/2807645039436839018'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/2807645039436839018'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2013/12/a-montevideo.html' title='A MONTEVIDEO'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-4158160058753911413</id><published>2012-11-26T11:58:00.002-08:00</published><updated>2012-11-26T11:58:58.595-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&amp;nbsp;&lt;span style=&quot;font-size: 14pt; line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 14pt; line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 14pt; line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;ESPERANDO A UN DIOS CHUECO&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;


&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;La noticia
era repetida por buena parte de los pobladores del barrio. La anciana madre iba
visitando a los amigos en los boliches y cantinas de la zona. En la casa de
conocidos, en los mismos hogares de las amantes de su hijo preguntaba por él,
pero nada, ninguna referencia exacta que llevara a dar con su paradero. A la
búsqueda se fueron sumando voluntarios y curiosos intrigados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Toda
aquella solidaridad se fue diluyendo y en el devenir se desgastaron los esfuerzos
que hasta habían invadido la realidad de lugares más alejados. La madre acudió
a las autoridades y hasta hizo algún llamado radial, pero todo fue inútil: al
Chueco Pitico se lo había tragado la tierra. Se había esfumado de forma
parecida a la de esos personajes históricos a quienes el imaginario popular
había adjudicado inmortalidades o vida eterna en una dimensión diferente. En
definitiva, como decía el Bocha Molina, desaparecer como lo hizo el Chueco no
era morir aunque fuera descomedido el haberse ido sin decir adiós.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;El Bocha,
durante toda su vida, había sido hincha de su admirado Chueco y también relator
de sus hazañas. Fuera del ámbito familiar fue quien más lo quiso y lo echó de
menos. Debido a su ausencia abrupta y misteriosa se quedó sin historias nuevas.
No obstante mantuvo la fidelidad al recuerdo de la trayectoria azarosa del
perdido. Habituado como estaba a vivir contando lo ajeno, era evidente que en
su subconsciente se había instalado por efecto de una admiración extrema una
presencia que convivía con él dormido o despierto. Su manía de revivir la
historia del Chueco se manifestaba principalmente noche a noche en la sede del
Club del barrio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;En los
tiempos inmediatamente posteriores a su ida, muchos se reunían en torno al
Bocha para escuchar las anécdotas sobre las andanzas del perdido, pero el
tiempo es el villano del olvido y la mayoría de los escuchas se fueron
retirando paulatinamente, hartos de oír cuentos repetidos. Otros temas más
actuales y de mayor convocatoria, como el fútbol y la política le fueron
quitando prioridad a la verborragia del Bocha y pese a que se esforzó en
adjudicarle hazañas nuevas al desaparecido ya no lograba atraer la atención, en
particular de los más jóvenes, que lo borraban de frente apenas amenazaba con iniciar
un relato. El narrador se sintió entonces quebrado anímicamente, como
traicionado por el sujeto de su admiración, como un niño al que le quitan su
juguete preferido y de repente tuvo miedo de que su héroe se hubiera muerto de
veras. Aquella ausencia iba superando su limitada fuerza de voluntad. Se sentía
despojado y sin asunto. Ya no habría nuevas historias del Chueco. El perder
auditorio era como ir perdiendo partes de sí mismo y tuvo miedo que todo su yo
se esfumara como el Pitico. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Recordó que
el viejo Toto tenía veleidades de escriba y en un postrer intento de mantener
vivo a su personaje y a su vez&amp;nbsp;
mantenerse vivo a sí mismo se iluminó con una idea y la puso en
práctica. El veterano se acomodaba ante una mesa, junto a una de las ventanas
en la sede el Maravilla Fútbol Club y él lo conminaba:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-Vos empezá
que yo te cuento: una vez fuimos a jugar a la cancha del Orilla. El Chueco sacó
por aire una pelota en el área nuestra, después corrió mirando para arriba y
cuando la guinda ya caía frente al arco contrario, de bolea la clavó en un
ángulo. El pobre golero se quedó quietito como se quedó Carrizo, según Solé, en
aquella final de &lt;st1:personname productid=&quot;la Copa Am￩rica&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;&lt;st1:personname productid=&quot;la Copa&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Copa&lt;/st1:personname&gt; América&lt;/st1:personname&gt;
que Peñarol le ganó a River argentino. Te cuento otra: vos sabés que en las
ruedas de “Yebelé” siempre se avivaba de los dados cargados, armaba piñata y
cuando la tremolina terminaba, él tallaba con sus propios dados aun más
cargados que los otros. Así ganaba guita todos los sábados y domingos en las
canchas del barrio, mientras se jugaban los partidos de fútbol.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;De ese modo
quedaron registradas por escrito las andanzas del Chueco, algunas de ellas muy
divertidas pero bastante reprochables, aunque provocaran risa a quienes las
oían y furia a los que fueron perjudicados por ellas. A veces desaparecían
animalitos domésticos como cotorras, palomas, conejos y hasta perros y gatos.
Se decía que el Pitico los robaba con diversos fines: para comérselos o
venderlos según fuera el caso y cuando las desapariciones coincidían con la
llegada de algún circo, se sospechaba que los negociaba para alimento de las
fieras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Pese a esas
prácticas, nunca se le consideró un delincuente ni despertó animosidad en la
gente, más bien generaba cierta admiración en aquellos que hubieran deseado
tener su audacia. Sus pecados resultaban pintorescos hasta allí y siempre salía
con una fechoría nueva que superaba a las anteriores causando risa o bronca
según fuera el caso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Pasaba el
tiempo y el Chueco no aparecía. Entonces el Bocha reanudó la búsqueda porque no
podía convencerse de aquella pérdida repentina. Recorría el barrio con la
peregrina esperanza de toparse en cualquier esquina con su antiguo amigo.
Entraba en los boliches y hasta se colaba en las timbas clandestinas, a riesgo
muchas veces de ir preso junto con los subrepticios apostadores. Nada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;La tristeza
y la nostalgia se instalaron definitivamente en el alma del Bocha buscador. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;La
desesperanza lo fue venciendo y caminaba cabizbajo y lento por las calles del
barrio. Pero un día en que iba transitando como de costumbre vio de pronto yendo
por la acera a un botija que era un Chueco en miniatura: tenía las piernas
arqueadas y al igual que el Pitico, un pelo lacio del color de las hojas secas.
Recordó entonces a algunas de las ocasionales amantes del perdido y se dedicó a
buscar los domicilios de ellas. Por lo menos en tres casas descubrió Chuecos en
miniatura de edades más o menos aproximadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;De pronto
se sintió redivivo. Una potente energía lo galvanizó y se le presentó nítida la
figura de su camarada. Él sintió que debía acercarse a aquellos chicos y
atraerlos de alguna manera. Era una apuesta segura a disfrutar de una triple
prolongación del Pitico. Luego de mucho meditar se le ocurrió una técnica
infalible: fundaría una división de fútbol exclusivamente juvenil donde
encajaran perfectamente los tres descendientes del amigo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;No disponía
de mucho peculio, sus ingresos se limitaban a los alquileres que cobraba por
unas modestas construcciones alineadas a los costados de una senda central.
Eran la herencia de sus viejos quienes hubieran querido que el hijo estudiara o
aprendiera un oficio. Pero él nunca tuvo inquietudes ni deseos de progresar.
Siguió viviendo en una de esas casas que fuera de sus padres, como en suspenso,
usufructuando las rentas que pagaban sus inquilinos. En las precarias viviendas
se alojaban desde borrachines, que gastaban todos sus haberes en copas, hasta
un par de putas que no se veían hasta ya entrada la noche, cuando salían muy
pintarrajedas y oliendo a perfume barato. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ellas, en
el momento de pagar la mensualidad, le proponían hacerlo con favores sexuales.
De ese modo el Bocha se inició en el sexo. Ahora, ya maduro y siendo ellas
bastante entradas en años, rara vez aceptaba aquella forma de pago.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Otras casas
eran ocupadas por changadores, pungas, una pareja de maricas y un tallador de
timbas de la zona. En general no era fácil cobrarles: se escondían o
enfrentaban al propietario con prepotencia, echándole&amp;nbsp; en cara lo alto del alquiler y diciéndole que
tenía que esperar. Por esa razón el Bocha contrató al Chueco para que lo
respaldara cuando iba a golpear puertas en procura del cobro. El Pitico,
precedido de su fama, era temido y respetado. Con la mirada penetrante de sus
ojos azules y una expresión de profundo enojo miraba a los aspirantes a morosos
y les quitaba las ganas de no pagar y cuando las putas le sugerían un trueque
por servicios les decía:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-Yo tengo
conducta, no cojo “yiras”- de ese modo cortaba en seco las proposiciones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Todos
temían a las represalias del Chueco y bajo aquella presión, aunque bajo
protesta, casi siempre pagaban.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;A la
dolorosa ausencia del amigo, ahora se le agregaban al Bocha las dificultades
que pasaba para cobrar las rentas. Hubo casos en que se aburrió de insistir y
dejó de ocuparse. Sucedió que algunos le pagaban de vez en cuando, sin ninguna
regularidad. Él igual se arreglaba: ya era grande, comía pan con mortadela y
semanalmente compartía una comida con los del Maravilla. Su gasto mayor era la
cerveza, esa nunca le faltaba, y así la iba llevando. Algún día que él intuía
lejano, el fisco le remataría su propiedad por no pagar la contribución. No le
importaba ya que no tenía descendencia para dejarles sus cosas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Con el
entusiasmo de formar el cuadro, buscó en su casa objetos de los cuales podía
prescindir como la máquina de coser de su abuela, o la antigua guitarra de su padre
guitarrero, herramientas varias, un cuadro del “Mago” y unos cuantos
adminículos más. El domingo siguiente se instaló en la feria zonal y a precio
de remate liquidó toda la mercadería. Afortunadamente le alcanzó para comprar
una pelota, un botiquín surtido, doce camisetas y un buzo de golero. Colocó
entonces un pizarrón en la vereda de la cantina y redactó sobre él una convocatoria
a los muchachos del barrio para el siguiente sábado de tarde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ese día
sacó una silla y se sentó a la entrada del Club Maravilla. A la hora
establecida comenzaron a presentarse los aspirantes. El Bocha aguardaba
ansiosamente la llegada de los Pitiquitos, que por fin se presentaron y se
mezclaron con los demás. De ahí en adelante los veía dos o tres veces por
semana: en las prácticas, en las charlas técnicas y en los partidos. Con sus
tres preferidos formó el corazón del ataque: ocho, nueve y diez. La verdad es
que los chicos la amasaban, se entendían y se metían pases de memoria y no se
distinguían uno del otro por lo parecidos que eran. Junto a la raya de cal, el
Bocha los orientaba:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-Así, así,
como el Pitico, dale pasala.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;En las
charlas semanales mentaba las hazañas deportivas del legendario amigo,
mechándolas con las planificaciones tácticas para sus dirigidos. Los jugadores
se aburrían un poco con tantas referencias al Pitico. Al principio las bancaban
por recibirlas de un referente barrial como el Bocha Molina. El tiempo fue
pasando y éste se puso más reiterativo y denso con el tema del Chueco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Aquello del
equipo de fútbol duró todo el invierno, pero llegó la primavera y las
instituciones entraron en receso. La muchachada prefería remontar cometas y con
los primeros calores el atractivo principal fueron las playas de Montevideo.
Los mini chuecos se fueron también tras los otros divertimentos más acordes con
el clima.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;Solo otra vez, el Bocha comprendió que el
Pitico había sido único. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;En su silla
ubicada a las puertas del Club, se acomodó dispuesto a ejecutar sus horas y sus
días acompañado por una botella de cerveza que se empinaba cada tanto, mirando
a lo lejos la calle desierta, sobre cuyo pavimento se alzaban debido al calor
solar unas reverberaciones traslúcidas. Emergiendo de la nebulosa, varias veces
creyó ver a su amigo perdido, pero no venía solo: a su lado caminaba el Gorila
Cantor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ambos se
habían hecho compinches poco antes de la desaparición del Chueco. En su fuero
interior el Bocha estaba convencido de que aquel Gorila maldito era responsable
de la inexplicable ausencia del Pitico y de que éste último se hubiera vuelto
más audaz en sus trapisondas. Al mismo tiempo, el chueco se había alejado de
Molina y ya no acudía a tomar cerveza con él. Pasaba siempre apurado y lo
saludaba de lejos con la mano sin detenerse a conversar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;El Gorila no
tenía ese sobrenombre porque sí; si Darwin lo hubiera conocido hubiera sentido
que su teoría era cien por ciento verdadera: el eslabón perdido había
aparecido, tal era su aspecto. Lo de cantor le venía por su afición a la
música. De vez en cuando mandaba al Chueco a que le pidiera la guitarra al
Bocha, que la había heredado de su difunto padre, y se ponía a cantar en el
club o en alguna reunión con mucho entusiasmo, pero poco talento. Su repertorio
era acotado: dos o tres boleros y un tango titulado “Esquinita de mi barrio”
que ni siquiera sabía completo. &amp;nbsp;Otra
faceta de sus aptitudes consistía en que era un ratero conocido, con múltiples
entradas por hurto en la comisaría, prácticamente en todos los rubros: ropa
colgada a secar; gallinas; perros de raza; medidores de agua corriente; grifos
etc. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Sus delitos
iban aumentando de calibre y acabó por convertirse en ladrón de negocios
varios. Llegaba a asaltar a lomo de caballo y revólver en mano, ataba al animal
en una columna del alumbrado público, y consumado el atraco huía a galope
tendido perdiéndose en los arrabales. Se empezó a sospechar que el Chueco
actuaba como cómplice en algunos robos hasta que un día, escapando de una
redada, ambos se internaron en un pastizal que prácticamente los cubría de pies
a cabeza. En esa ocasión se tirotearon con la policía. De ahí en más el Pitico
dejó de verse para siempre y el Bocha quedó sin asunto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;El recuerdo
obsesivo del Chueco no lo dejaba vivir, estaba siempre en su mente tanto de día
como de noche. Soñaba frecuentemente con él, siempre tenía pesadillas en las
que indefectiblemente Pitico aparecía contento, se saludaban y hablaban como
antes pero al avanzar la historia siempre terminaba mal y el Chueco sufría
horribles accidentes o muertes violentas. Algunas veces lo mataba por la
espalda el Gorila Cantor y en otras un policía lo atrapaba y le colocaba las
esposas, después lo llevaba al patrullero golpeándolo y empujándolo. De pronto
se despertaba sobresaltado y sudando copiosamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Terminó el
verano y por fin el Bocha se levantó de su silla. El asiento y el respaldar
estaban lustrosos y se sintió más pesado y panzón que cuando inaugurara su
molicie estival. Recomenzó su tarea de director técnico y procedió a reclutar
jugadores, citándolos por medio del mismo pizarrón. El día señalado los
muchachos fueron llegando en pequeños grupos. Cuando acudieron los tres
Piticos, que vinieron juntos, le presentaron a un nuevo aspirante que los
acompañaba. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-Éste es el
Mono.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;El Bocha lo
observó detenidamente y creyó reconocer a alguien que odiaba en particular. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-Soy el
hijo del Gorila &amp;nbsp;Cantor- dijo no exento
de cierta petulancia. Sin titubear el Bocha tomó la palabra y anunció:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-Por falta
de rubro el cuadro se disuelve.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;A partir de
aquella decisión el Bocha se convirtió en un monumento de carne y hueso.
Ejecutaba sus días sentado en su silla, en la puerta de la cantina, bebiendo su
eterna cerveza y hablando solo. Nombraba frecuentemente al Pitico, como si
hablara con él. Una noche, pasados veinte años, los parroquianos se sorprendieron
al verlo muy quieto. La botella de cerveza estaba caída. Le hablaron y no
contestó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 14.0pt; line-height: 200%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Nació así
una leyenda urbana creada por algún supersticioso y agrandada por los
mentirosos del barrio, en la que se afirmaba que algunas noches se veía
fugazmente al Bocha sentado y tomando su bebida, esperando para siempre al
amigo Pitico.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/4158160058753911413/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2012/11/esperando-un-dios-chueco-la-noticiaera.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/4158160058753911413'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/4158160058753911413'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2012/11/esperando-un-dios-chueco-la-noticiaera.html' title=''/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-642660090425053205</id><published>2012-09-08T14:55:00.001-07:00</published><updated>2012-09-08T14:55:56.656-07:00</updated><title type='text'>SOLITARIO ESTABA EL PARQUE</title><content type='html'>&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
SOLITARIO ESTABA EL PARQUE&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Fue casi un tango cruel&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Aquel otoño cuando se quebró&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Mi corazón enamorado&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Que resonó parecido al crujido&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
De las hojas secas que pisaba&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Me dijo: “Fuiste, no estoy más&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
En la tuya, yo no soy como vos,&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
No amo el amor, no me apega a vos&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Un sentimiento hondo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ya fuiste en mi vida.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
No estoy en lo tuyo&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ni en la de nadie.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Te digo: &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
“Más bien busco beberme&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
El mundo en cada instante.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Alelado, yo miraba más allá&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Del entorno castaño de su melena larga&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Y mucho más allá de la dulce expresión&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
De su semblante ausente&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Me entretuve mirando sus labios&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Que tanto había besado.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Comprobé que se me fugaba&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Su amor entre las plantas y sus flores&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Como un fugitivo traidor&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Que se burlaba de mi arraigado sentimiento-&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Solitario estaba el parque,&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Solos ella y yo-&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ella se alejó por la senda&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Alfombrada de hojas secas.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
No puede ser- le grité desesperado.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Hablemos.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
-Adiós Charrúa, no te dejes atrapar&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Por una torpe obsesión.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
La perseguí y agarrándola&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
De un brazo “soy tu dueño”&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Le grité.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Tu ruta no es la mía.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Sin ganas la solté.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ella caminó unos pasos&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Como una reina en retirada&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
De repente me acordé de mi navaja.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Armada ya mi mano&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Como un gato salté sobre su espalda&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Y la clavé una o cien veces,&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
No lo sé.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
-¡puta! Le grité sin convicción.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Era un tango antiguo revivido,&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
En un solo renglón consumado. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Se derrumbó lánguidamente.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Lloré luego sobre su cuerpo ensangrentado&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Y yacimos por vez última &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Entre las hojas mustias.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Muerta ella por su sangre derramada,&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Casi muerto yo por una pasión&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Fuera de tiempo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Así nos hallaron los botones&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Que algún alcahuete visceral llamó.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Su recuerdo imborrable me persigue&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
En cada sueño, en cada pesadilla alterna&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Está conmigo-&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Yo barrunto que aún la amo&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
A ella y al amor&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Y sin consuelo cuento así&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Desde esta celda fría&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Un tango cruel &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Que matando reviví.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/642660090425053205/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2012/09/solitario-estaba-el-parque.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/642660090425053205'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/642660090425053205'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2012/09/solitario-estaba-el-parque.html' title='SOLITARIO ESTABA EL PARQUE'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-3814294343845042511</id><published>2012-05-24T14:37:00.000-07:00</published><updated>2012-05-24T14:37:25.023-07:00</updated><title type='text'>EL ARMISTICIO - versión modificada</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;font-size: 12pt;&quot;&gt;Publico este cuento nuevamente porque en la versión anterior existen omisiones que he corregido en esta oportunidad. Pido disculpas a los lectores y espero que sepan comprender.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-indent: 47px;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;line-height: 32px;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Otto decoraba los frentes de las casas en tiempos en que la perspectiva
arquitectónica daba algo de lugar a lo artístico. Era un maestro artesano quien
ejerció, hasta entrados los cincuenta, su arte de molduras y figuras diversas
enriqueciendo la lisa y monótona condición de las fachadas. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Trabajaba con materiales fuertes que al reticular permitían retirar con
facilidad los moldes de hojalata que los habían contenido. También era de uso
poner escamas de mica en el material de terminación que luego de colocados en
la pared le arrancaban brillos tornasolados a la aridez de los muros cuando les
daba el sol.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Por la misma calle del artesano, unas casas más adelante vivía Andresito
con sus padres y sus cuatro hermanos, de los cuales él era el mayor y como tal,
con sus trece años recién cumplidos experimentó el deber moral y material de
colaborar en algo al sustento del hogar y la familia.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Otto ya estaba jubilado, pero siendo conocido en la zona como un experto albañil
finalista, era convocado aún para realizar algunos trabajos relacionados con su
oficio. Era un hombre pulcro, prolijo y aunque era ya bastante mayor mantenía
una contextura física admirable para su edad y una apariencia agradable. Salvo
unas entradas, conservaba buena parte de su cabellera que había sido rubia
antes y ahora era canosa. Tenía ojos muy celestes y su mirada era penetrante.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Andresito se ofreció como ayudante y Otto lo aceptó. Empezó así a ir con
él a las diferentes changas que se presentaban. El viejo hablaba poco, era muy
serio y mientras trabajaba aunque estuviera muy concentrado murmuraba una
melodía de la cual Andresito nunca pudo entender la letra, si era que la tenía.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Otto tenía como afición la pesca de caña, jamás usó reel ni red grande o
chica, ni medio-mundo, solamente el anzuelo, la línea y la carnada
correspondiente. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Pasado un tiempo aumentó la confianza y se tejió cierto compañerismo
entre el hombre y el muchacho. Un día Otto le dijo que hablaría con los padres
para que le permitieran ir a pescar con él. Andresito aceptó con entusiasmo y
con el permiso concedido se fue de pesca con el veterano. Llegados a la costa,
luego de sortear un roquedal, se apostaron en un sitio apropiado. Otto enganchó
casi enseguida un par de lisas. El chico observó consternado como luego de desprenderlas
del anzuelo, los peces fueron devueltos al agua por el pescador quien,
comprendiendo una pregunta en la expresión del ayudante, le dijo que nunca
comiera ese tipo de pez porque la boca del caño colector de aguas servidas no
estaba lejos de allí y esa especie tenía por hábito comer excremento por lo
que, de consumir su carne, se corría el riesgo de contraer enfermedades. Andrés
observaba al hombre detenidamente y le pareció que por momentos quedaba como
ausente. Sus ojos pestañaban rápido y los músculos de su rostro se contraían
súbitamente. Movía los labios como si gritara, pero sin ruido.&amp;nbsp; El muchacho guardó un respetuoso silencio y
al cabo de unos minutos el rostro del hombre volvió a ser sereno como de
costumbre. Esto se repitió cada vez que salieron de pesca. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Otto era consciente de sus lapsus y después de un tiempo, ante la
perplejidad de su acompañante decidió darle lo que él consideró una
explicación. Señalando hacia el río le dijo: “hace muchos años, cuando tú no
habías nacido aún, acá enfrente mismo, unas leguas adentro, se produjo una
batalla naval” Aquellas palabras no le aclararon mucho al niño, pero no se
atrevió a preguntar detalles, principalmente porque no supo qué indagar.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Fueron muchas veces de pesca y en una ocasión hicieron un viaje más largo
hasta uno de los balnearios de Canelones. Fue en mil novecientos cincuenta y
cuatro. Andrés lo recordaba bien porque en ese mismo año Alemania ganó el
Campeonato Mundial de Fútbol. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Esa vez descendieron en el kilómetro 44. Entonces allí había apenas unas
cuantas construcciones diseminadas entre los arenales y rodeadas de pinares. Recorrieron
unas diez cuadras caminando por las dunas alfombradas de pinocha. Al llegar a
la playa, se encontraron con otros pescadores con quienes Otto se abrazó
efusivamente y compartió una charla en su idioma natal, del cual el niño no
conocía ni una palabra, así que permaneció callado mientras los hombres le
palmeaban los hombros y le sonreían. Luego todos se pusieron a pescar. Pasadas
un par de horas ya tenían varias brótolas y corvinas. El grupo marchó entonces
hacia un chalet de tejas rojizas, muy cerca de la carretera. Allí fueron
recibidos por una señora mayor y un hombre grueso y no muy alto que parecía ser
alguien importante porque todos lo saludaron con gran respeto y especial
deferencia, que hablaba español con un acento raro y marcado. En un patio
techado había un parrillero y en él, luego de abrir los peces por el lomo y
condimentarlos, los pusieron a asar. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Era un grupo de gente mayor y mientras comían y bebían fueron hablando de
sus cosas, temas que a&amp;nbsp; Andresito le
resultaron totalmente ajenos e incomprensibles. Aburrido y para entretenerse,
se dedicó entonces a perseguir mariposas y a cazar escarabajos. A los postres
invitaron al niño a comer un pastel llamado “strudel” o algo parecido. Cuando
aún se relamía los labios, Otto lo invitó a volver a la costa. Fueron todos
menos la señora de la casa. No llevaban ahora los avíos de pesca. Caminaban
cantando una especie de marcha a coro hasta que llegaron a una construcción con
forma de cabeza de águila ante la cual se detuvieron para contemplarla.
Entraron luego por una puerta lateral.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
De pronto, los hombres parecieron ponerse furiosos, mirándose entre sí y
comentando algo entre gruñidos y voces airadas. Andresito no comprendió hasta
después qué era lo que les causaba tanto enojo. Enseguida le llegó un olor
potente y nauseabundo a excrementos, orines y basura. En la penumbra reinante
en el lugar hubo quienes no pudieron evitar pisar los deshechos que cubrían el
piso. Era evidente que el lugar había sido recurrentemente usado como excusado.
Aquel olor mezclado de las inmundicias que cubrían el suelo del recinto hizo
que Andresito saliera rápidamente de allí haciendo arcadas. Se retiraron todos
rápidamente y el hombre grueso comenzó a limpiar furiosamente sus zapatos en la
arena con el rostro enrojecido de ira. Sus ojos de un azul oscuro eran como los
de un enajenado.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-¡Es una vergüenza, Torcuato! -dijo al fin, dirigiéndose a uno del grupo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-Son unos mugrientos bastardos, señor –le contestó su igualmente
enojado&amp;nbsp; &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
camarada.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Luego de aquel incidente, ya aplacados los ánimos, todos acordaron llevar
a cabo una buena limpieza del lugar en un futuro cercano. Más tarde y en
silencio los hombres permanecieron contemplando &amp;nbsp;el mar hasta que uno de ellos, que parecía el
más joven dijo: “Algún día el mascarón de nuestro nave insignia será rescatado
del fondo del río”&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
El encuentro llegó a su fin. En el porche del chalet los amigos
procedieron a despedirse. Todos se abrazaron y entonaron la misma marcha que
habían cantado de ida a la costa. Algunos no pudieron evitar las lágrimas y
terminada la canción el hombre grueso de ojos azules, dirigiéndose al grupo
dijo con tono solemne no excento de tristeza: “Acá se termina todo, me marcho
al sur, ya no volveremos a vernos, Auf Wierdensehen. Un automóvil oscuro lo
aguardaba, extendió entonces su brazo con la mano recta y abierta. Los otros
hombres le respondieron con el mismo gesto y el subió al vehículo y se marchó
seguramente para siempre como él mismo afirmara.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Otto y Adresito volvieron a la ruta a tomarse el ómnibus de regreso a
casa. El alemán iba sombrío y callado. El chico respetó su silencio austero.
Mirando brevemente y de a ratos al hombre sentado a su lado, inesperadamente se
le presentó la imagen de Don Jacobo, lo cual no tenía sentido ni venía a cuento
para él aunque las vidas de aquellos dos extranjeros tuvieran algunos detalles
en común.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Con el paso de los años Andresito comprendió lo que realmente le había
pasado a Otto después de la reunión. La causa que lo había traído a estas
tierras y que con el transcurrir del tiempo quizá se le había vuelto ajena,
aunque seguramente el mantenía el corazón dividido, había dejado de ser su
objetivo al cesar la contienda, allá por sus años mozos. Eso leyó el muchacho
al recordar la expresión reconcentrada y abstraída del rostro de Otto.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Jacobo era un judío que huyendo de una guerra ignota, de la cual
Andresito tenía pocos y casi ningún dato. Arribó con su mujer y sus escasas
pertenencias a estas costas. Se alojó en casa de unos parientes y montado en
una vieja bicicleta salió por Montevideo a vender ropa y chucherías. Iba por
los barrios, casa por casa, soportando los insultos de vecinos belicosos y las
atropelladas de los perros fieros. Puso empeño en la tarea y así se fue
consolidando paulatinamente. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Un día de aquellos llamó en la casa de Otto. Al verlo reconoció
inmediatamente en él a un alemán. Pensó en marcharse sin decir palabra, pero su
espíritu de comerciante lo detuvo. Jacobo vendía en cuotas y a Otto le sirvió
la oferta y de ahí en más se hizo cliente del vendedor domiciliario.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Muchas veces Andresito, que andaba siempre en la vuelta, observó cómo
ambos hombres dialogaban largamente. Comprobó entonces que Jacobo nunca se
entretenía con otros compradores como con aquel.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
El tiempo fue transcurriendo y Otto envejeció y no trabajó más. Andresito
aprendió bastante trabajando con el alemán, pero no le sirvió mucho porque los
frentes se volvieron lisos, sin relieve y revestidos y aquellas artesanías
quedaron obsoletas. Por eso él se dedicó a otros oficios ajenos a la
albañilería. Veía a veces a su antiguo patrón, con el cual ya no iba a pescar.
Lucía muy anciano cuando salía a caminar lentamente, apoyado en el brazo de su
esposa en los días soleados. Entonces lo saludaba y notaba que él respondía al
saludo vagamente como si apenas lo reconociese. Sus ojos, antes de mirada
brillante y fuerte, estaban llorosos y de color desvaído. Un tiempo después,
Andresito se enteró de que había quedado postrado. No consideró pertinente ir a
visitarlo porque seguramente no lo reconocería. Poco antes de la muerte del
alemán, Andrés, que ya era adulto, vio un lujoso auto estacionado frente a la
casa de aquel hombre. Después, con sorpresa reconoció a Don Jacobo que salía de
allí y se encaminaba hacia el coche. Se dio cuenta de que hacía mucho tiempo
que no lo veía pasar por el barrio pedaleando en su antigua bicicleta. La
expresión del anciano en aquella circunstancia se le volvió inolvidable: tenía
los ojos llorosos y el rostro contraído. Subió al vehículo y se perdió de vista
al doblar en la primera esquina. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Andrés se casaba y fue a comprarse un traje para la boda y a esos fines
entró una tarde en una sastrería del Barrio Reus. Lo atendió una dependiente
joven, pero al mirar hacia el fondo del comercio divisó al envejecido pero
inconfundible Jacobo. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-Don Jacobo… -le dijo. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
El otro se levantó de su asiento y se acercó. En los pocos instantes en
que el anciano demoró en llegar hasta él, supo que ya no era Andresito sino
Andrés y que a lo largo de la vida todos somos mucho más que una persona, nos
transformamos en seres diferentes, nos cambian las circunstancias, quienes nos
rodean, y los sentimientos hacia los hechos del pasado. Andrés ya no era el
niño que levantaba los ojos asombrados para mirar a aquellos dos míticos
hombres de su infancia, ahora comprendía porqué aquella relación se le había
vuelto significativa como una especie de moraleja.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-¿Me conoce? Yo era el ayudante de Otto ¿se acuerda?&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Conversaron un rato y después Andrés impulsivamente le preguntó
arrepentido al segundo de haberlo hecho:&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&amp;nbsp;-Con todo respeto, Don ¿qué le
dijo Otto la última vez que lo visitó?&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
El viejo quedó en suspenso y luego le contestó:&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-Dijo que no pagaría próxima cuota de deuda porque no iba a estar más- Sus
ojos se llenaron de lágrimas- es que hacía mucho que no me debía nada…&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot; class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 5.65pt; text-align: center; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/3814294343845042511/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2012/05/el-armisticio-version-modificada.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/3814294343845042511'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/3814294343845042511'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2012/05/el-armisticio-version-modificada.html' title='EL ARMISTICIO - versión modificada'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-8760921818257615983</id><published>2012-02-09T05:30:00.000-08:00</published><updated>2015-03-19T12:20:06.007-07:00</updated><title type='text'>ENERO DEL OTRO SIGLO</title><content type='html'>&lt;h1 style=&quot;line-height: 200%;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/h1&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;
En el extremo superior de la vieja columna de hierro, las agujas de las cuatro caras del reloj señalaban las once de la noche. Era pleno mes de enero, mes del calor en estas tierras. La rambla de la playa Ramírez estaba muy concurrida. Era notorio que también el Parque Rodó y el Parque Hotel estaban llenos de público. Sobre la arena permanecían aún algunos bañistas, la mayoría jóvenes, quienes se resistían a irse, evidentemente aspirando a beberse por todos los poros la noche estival y parte de la madrugada, tan tibias y llenas de maravilloso encanto. Para alumbrarse, habían encendido fogatas en el arenal usando papeles, madera y otros elementos combustibles, recolectados en los alrededores.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Juan se sentó en el murallón. El granito conservaba todavía el calor del sol en su superficie y en sus mismas entrañas, calor que devolvía ahora al aire puntualmente, onda por onda, desde lo profundo de su áspero corazón pétreo. Contó por enésima vez sus ganancias del día; los helados se habían vendido, valga la contradicción, como pan caliente. Junto a él descansaba como prueba de ello su caja de “espumaplast” ya vacía. En una mano sostenía una botella de vino y en la otra un refuerzo de salame y queso. Iba consumiendo lentamente sus vituallas, mientras a lo lejos se oía un repique de tambores. El eco amortiguado de las batidas lonjas era traído por la brisa y rebotaba en las montañas de tierra, allá pasando la curva... El sonido parecía llegar encaramado en cada ola que moría mansamente, lánguidamente, en la orilla. Se multiplicaba dentro del Parque y a su&amp;nbsp; ritmo parecían temblar las hojas de los árboles. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
El empecinado chás chás remoto se colaba en los viejos boliches de Palermo y&amp;nbsp; todo vibraba: las copas vacías en los anaqueles, las llenas sobre las mesas, mientras los fieles parroquianos instintivamente movían los pies o tamborileaban con sus dedos sobre las tablas plagadas de jeroglíficos añejos, hijos de diez mil madrugadas. La sutil esencia del tambor invadía también la intimidad de los hogares, desde el baño a la cocina, y entibiaba el corazón de los abuelos, poniéndoles la piel de gallina y recordándoles viejos tiempos. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
El rumor de las lonjas arrancaba desde la antigua sede de Mar de Fondo en Paraguay &amp;nbsp;y la rambla, cabalgando en las ondas del aire lento y cálido, se abrazaba fraternalmente sobre el río con el ritmo hermano que venía desde los ranchos y los clubes de pesca del lado de Punta Carretas. En la triste cárcel, los hombres pobres y privados de su libertad se adormecían con el son, y con los ojos cerrados, se evadían en sueños de las celdas y sacando en volandas su cuerpo astral, burlando la guardia y los barrotes se hacían libres navegando en el torbellino irreal de la ilusión. Era aquel retumbar el telón de fondo para los juegos: el gusano loco, la rueda gigante, el pulpo y todos los demás y pese al ruido, a los gritos, a las risas y las músicas estridentes, era el tambor y su “borocotó chas chás” lo que prevalecía por encima de todos los demás sonidos. Hasta las personas que saboreaban los churros rellenos de dulce de leche o crema pastelera, el pororó, los “panchos” y las pizzas, se movían al compás del toque mientras comían.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Juan estaba extenuado, por eso se había quedado allí como en trance, mirando vivir a la gente, contemplando el paisaje natural, tan variado y espectacular, que apreciaba completamente desde donde se hallaba en el centro de la hermosa bahía: las doradas arenas salpicadas de luz y sombra; las brillantes constelaciones de neón de los entretenimientos; el perfil&amp;nbsp; del curvo horizonte sobre el mar, que a penas se adivinaba pues ya había desaparecido de la vista hacía bastante rato entre la oscuridad sin límites, que era un desafío a la imaginación de un poeta que quisiera inventarse un arcano. El ambiente festivo que reinaba en el entorno, el paisaje humano, los sonidos, el olor a salitre del mar, conformaban un todo que para Juan convirtiera a aquella noche en algo especial para disfrutar con los sentidos, al mismo tiempo que liberaba su mente de cualquier pensamiento amargo.. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Comía despacio, intercalando los bocados con pequeños tragos de vino, cuando se le acercaron dos trasvestidos que estaban ejerciendo su oficio en la vereda y con sus voces aflautadas le pidieron un trago de bebida. Él les respondió que no era lo que ellos pensaban, sino tinto barato. Entre risitas, insistieron en su pedido y le dieron largos tragos a la botella, dejándola mediada. Le preguntaron qué tal le había ido con la venta y él les contestó que le habían comprado todo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-Mirá que suertudo este tipo, Lucy. Nosotras hace horas que estamos trillando y no hacemos un mango.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-¿Qué te parece si venís un rato con nostros, papi?&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
-No se ofendan muchachas, pero no estoy pa’ nadie.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&amp;nbsp;Mientras conversaban, Juan notó el maquillaje grasoso, exagerado y corrido que trataba de cubrir infructuosamente la barba que ya aparecía insoslayable; las medias con remiendos; las ropa provocativa hecha con telas brillosas que se veían arrugadas y viejas. Las voces estridentes; el olor a perfume de mala calidad, mezclado con el del sudor y el de las prendas percudidas, le saturaron el olfato y la reunión estuvo a punto de arruinar su tranquilidad. En ese momento paró un auto, el chofer les hizo señas invitándolos y los individuos se subieron en el vehículo alegremente, emitiendo carcajadas falsas y escandalosas, y se alejaron a buena velocidad. Juan pensó que quizá se harían de alguna plata que les compensara la flaca ganancia de aquella noche. Pero fundamentalmente, se sintió aliviado de que se hubieran ido.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Luego de aquel suceso, volvió a sentirse feliz en medio de aquella recobrada placidez nocturna… Se quitó entonces las alpargatas “Rueda”; la parte donde se apoyaban la planta del pie se veía opacada por el sudor y lustrosa por el roce permanente de tantas horas de trajín. En los bordes externos del yute le habían crecido al calzado unos incipientes bigotes. Debía acordarse, cuando volviera a la pensión, de pedirle a la encargada unas tijeras para hacerles un recorte. Los pies le ardían tremendamente, los tenía colorados por la irritación, como teñidos de granate. La arena caliente no respetaba la frágil barrera de aquellas zapatillas ecológicas y pese a que había metido los pies en el agua sin sacárselas, sólo obtenía un alivio momentáneo, pero el roce del ir y venir de buena parte de la mañana y toda la tarde, no era fácil de revertir con mojaditas esporádicas; en consecuencia su piel se veía bastante maltratada. Literalmente estaba muerto de cansancio y se derrumbaba de sueño.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Las voces del Parque, la monótona canción del río y el distante batir de las lonjas, lejos de desvelarlo, le producían más modorra aún. Por momentos cabeceaba y tuvo miedo de caerse a la arena, que estaba un par de metros más abajo. Decidió entonces bajar a la playa y mojarse un poco la cara para despejarse. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
La flota del Club Montevideo estaba de comilona. La brisa arrastraba el olor del asado y por entre los arbustos se veía arder el fuego de las parrillas. Lerdos soplos de aire caliente traían a intervalos rumores de “cantarolas” procedentes de aquel mismo rumbo. El espíritu del vino se había puesto contento. El hombre con la panza llena canta y está bien. Y el que la tiene vacía a veces canta también, por no llorar. Juan ignoraba si eso era bueno o malo, pero sabía que por lo menos servía de consuelo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Más despabilado subió a sentarse sobre el muro de la rambla. De espaldas al agua, se puso a observar con detenimiento los juegos del Parque. Entre ellos andaban los niños. Los hijos de los obreros,&amp;nbsp; que habían llegado desde barrios periféricos en el ciento veintiocho... en el cuatrocientos cinco... Tenían expresión de indescriptible asombro y alegría primigenia, con los ojos agrandados ante aquel espectáculo lleno de bullicio y color, tan poco habitual para ellos. Se veían desbordados de tentaciones y querían disfrutar con los cinco sentidos de aquella oportunidad, tal vez única en mucho tiempo, de poder estar allí. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Se divertían también los hijos de los prósperos, menos asombrados y mejor vestidos. Se deleitaban saboreando algodón de caramelo coloreado y brillantes manzanas acarameladas, tan niños como los otros pero no tan deslumbrados. Iguales risas, similar contento, para una velada que los emparejaba mientras piloteaban un auto chocador, compartían una góndola de cualquiera de los otros entretenimientos giratorios o enfrentaban con igual disimulo el susto en el tren fantasma, atenuándolo con parecidas carcajadas infantiles y nerviosas. Entreverados, circulando entre la concurrencia, andaban en las suya los gurises pedigüeños, con gesto desfachatado, encarando su oficio de “mangueros” bien asesorados por los adultos, que los preparaban para un mundo hostil y los enseñaban a tender la mano con la palma al cielo mientras les durara la infancia. Aquella renuncia a la dignidad significaba ganarse el sustento diario y ahorrase palizas, porque si no aportaban lo esperado, sabiendo que quienes los explotaban los molerían a palos. Mostraban en sus rostros la viveza de la calle; los desdichados no sospechaban, en su inmediatez, que los vivos de verdad son bien diferentes y piensan en grande...&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Pasaron las horas, se marcharon los últimos bañistas y abandonadas en la arena quedaron las postreras brasas de los fuegos. Los juegos mecánicos detuvieron sus motores y cesó el movimiento casi abruptamente. Las luces fijas suplantaron a las giratorias e intermitentes. Desaparecieron los niños y sus risas, se esfumaron las voces y los gritos de alegría. Los ómnibus atestados partieron rumbo a los barrios lejanos. Paulatinamente el tránsito disminuyó. Enmudecieron los alegres coros de los clubes. Los taxis llegaban ahora vacíos a la puerta de la “casa de piedra” y poniéndose en fila, esperaban su turno para levantar en la madrugada el mismo pasaje que trajeran en la noche anterior al garito oficial, seguramente más liviano de bolsillos. Sólo permanecía navegando en el aire, el repique de las lonjas de los compadres de Palermo, hijos entrañables de las altas madrugadas, allá por los ranchos y “conventos” de las calles empinadas que morían en la costa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Creyó sentir al último poeta bohemio que pasaba cantando, inspirado por el vino y el candombe:&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Ellos son los creadores de la magia del tambor&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
De unas palmas ancestrales como herencia les llegó&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Fabulosos candomberos que acarician sin cesar&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Ese campo endurecido de la bien templada piel&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Trasformando en esa luna visceral y estremecida&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
La esencia y la armonía del sonido original&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Puras voces tan profundas, encantadas y sonoras&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Recreadas en el ritmo del fiel pino artesanal...&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Y aquel loco lindo, trovador de madrugadas insomnes, siguió su ruta. El rumor de las olas en la playa acompañaba su cantar:&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Ellos son los viejos magos del misterio del tambor&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
De las lonjas bien tensadas...&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
No supo si aquella era la letra original o su mente obnubilada por el sueño le había agregado frases de otras canciones, oídas tantas veces en los boliches o en los tablados... El golpe del agua le marcaba un ritmo cadencioso que parecía agigantarse y producir un profundo eco en la cálida quietud de la noche. Recortadas a contra cielo, se veían la arboladuras iluminadas de algunas naves que se balanceaban mansamente sobre las suaves olas.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Juan permaneció todavía un rato más, sentado en el murallón, experimentando el vencimiento que sienten las personas al estar exhaustas. No le daban las fuerzas ni la voluntad para llegarse hasta el altillo donde vivía. Buscó un lugar donde la elevación de la rambla sobre la arena fuera menor, bajó la caja con cuidado y luego saltó. Se tendió cerca del paredón,&amp;nbsp; puso las alpargatas de almohada, apoyó la cabeza en ellas y se durmió.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Tuvo un sueño hermoso. Dos sirenas emergían de las aguas y se acomodaron a su lado. Con manos de seda le acariciaron los brazos,&amp;nbsp; la cara y los pies. Sentía el roce de sus largos cabellos húmedos y sus grandes senos desnudos sobre la piel.&amp;nbsp; Los rostros le resultaron familiares pero no supo a quienes le recordaban. Al masajear sus tobillos y sus plantas, aquellas manos prodigiosas aliviaron el ardor y la tensión de sus músculos y entró en una fase más profunda del sueño, sin imágenes ni evocaciones.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
Se despertó hecho un ovillo y con el cuerpo agarrotado porque un intenso frío húmedo le iba subiendo desde los pies. Soplaba una brisa fuerte proveniente del sur. Sin embargo el río iba retrocediendo lentamente debido a la influencia de la marea baja. Por la humedad de la arena, notó que durante la noche las aguas casi habían llegado al borde del murallón. Sus pantalones estaban mojados hasta la altura de la rodilla. Se sentó e instintivamente se llevó una mano al bolsillo donde había puesto sus ganancias del día anterior. Sintió desazón al comprobar que estaba vuelto hacia fuera. Inmediatamente y entre esperanzado y escéptico buscó con inquietud en el otro; tampoco encontró nada.. Era obvio que le habían robado todo su capital, aunque todavía cabía la remota posibilidad de que se le hubiera caído cerca de donde estaba. Entonces trató de incorporarse y lo hizo a medias porque apenas intentó ponerse de pie, cayó pesadamente de boca sobre la arena. Descubrió que le habían sujetado ambos tobillos con un trozo de nylon. La imagen de las solícitas sirenas se le apareció de pronto y entonces reconoció sus caras. Se puso a llorar y a través de las lágrimas vio que su caja y sus zapatillas flotaban sobre las aguas a poca distancia. Se desató a los tirones y todavía sacudido por el llanto recogió sus pertenencias. Luego subió hacia la rambla, por una escalinata cercana y comenzó a caminar descalzo y muerto de hambre, aterido y lleno de impotencia, rumbo a su mísera pieza. Llegando al Centro, se cruzó con un madrugador que lo miró primero con curiosidad y después se alejó riéndose bajito. Lo mismo le pasó con una señora que llevaba a un niño de la mano. Dedujo que tenía algo gracioso o ridículo en su apariencia. Cuando pasó por una vidriera espejada se detuvo a observase y se vio el reflejo de su imagen, lo que terminó de derrumbar su espíritu: flaco, tiritando, con las ropas hechas una lástima, el pelo largo y enmarañado y la cara surcada de letras, hechas con trozos de carbón de las fogatas apagadas. Se acercó más al vidrio. En su frente leyó: Lucy, y en la mejilla Lau... Se limpió a medias con los faldones de su camisa y después prosiguió su triste y cansina marcha hacia el cuarto de la pensión.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/8760921818257615983/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2012/02/enero-del-otro-siglo.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/8760921818257615983'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/8760921818257615983'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2012/02/enero-del-otro-siglo.html' title='ENERO DEL OTRO SIGLO'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-4774962028204331376</id><published>2012-02-02T04:59:00.000-08:00</published><updated>2012-02-02T04:59:04.979-08:00</updated><title type='text'>PUENTE STANLEY</title><content type='html'>&lt;h1 style=&quot;line-height: 150%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot; style=&quot;line-height: 150%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Stanley había perdido a su madre hacía varios años. Vivía solo desde entonces, y se había vuelto&amp;nbsp; bastante egoísta por su condición de solterón. Cuidaba sus cosas y su intimidad obsesivamente y detestaba ser invadido en cualquier sentido, ya fuera por la curiosidad de la gente -a su criterio siempre malsana-, como por la codicia que él presumía&amp;nbsp; llevaba a algunos a acercársele para sacarle algo. No creía en la amistad ni era solidario, solamente apreciaba que lo dejaran en paz con su vida, costumbres y posesiones que, aunque modestas, él preservaba celosamente. En el barrio lo conocían con el apodo de “El Gringo” y muy pocos se molestaban en llamarlo por su verdadero nombre al que consideraban foráneo, demasiado largo y complejo de pronunciar. Era un hombre de mediana estatura, de complexión más bien gruesa, ya cincuentón. Estaba casi calvo y sus ojos eran claros. No tenía una apariencia desagradable, aunque su expresión en el mejor de los casos resultaba algo impersonal; por ella muchos deducían que era desdeñoso y se consideraba por encima de los&amp;nbsp; demás. Nadie ignoraba que “El Gringo” era el producto de una relación fortuita de su madre con un marinero extranjero de quien él había heredado el empaque. Aquel hombre pasó fugazmente por estas tierras y luego se fue sin sospechar que había engendrado un hijo. Stanley heredó su nombre del padre ignoto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Un día de fines de julio, en el que había llovido a torrentes durante todo el día, Stanley regresaba de su trabajo cuando comprobó que sus sospechas no eran infundadas: la cañada que debía atravesar para llegar a su casa,&amp;nbsp; que en los días de buen tiempo era solo un hilo de agua y se cruzaba pisando sobre unas piedras dispuestas para ese fin, a causa de las copiosas lluvias había aumentado su caudal, circunstancia que lo obligaba a realizar un rodeo por una calle paralela para llegar a su vivienda, ubicada en una altura. Por ese camino, había un puente de madera que generalmente superaba, debido a su arqueada estructura, la altura de las crecientes. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ese día, las aguas discurrían como un poderoso torrente, arrastrando a su paso objetos de toda índole. El puente parecía endeble, poco seguro y pasible de ser arrastrado por la impetuosa corriente. Sin embargo, había estado allí desde hacía largo tiempo y los vecinos lo consideraban como un símbolo del barrio. Compartían además una desidia tácita frente a lo que significaba organizarse para promover el armado de uno nuevo y más sólido. Lo real era que la construcción seguía brindando el servicio para el cual había sido hecha, no obstante lo precario de su estado. Era como un icono, pese a no tener un nombre definitivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Anochecía cuando Stanley encaró el cruce del puente. Las aguas bramaban bajo los viejos maderos y lo zarandeaban al chocar contra sus apoyos, hundidos en el inundado barranco. Con medidos y cautelosos pasos fue avanzando por el centro, evitando aferrarse a las desvencijadas barandas que amenazaban con desprenderse de un momento a otro. Sabía que, de ocurrir eso, corría riesgo de lastimarse seriamente o aún ahogarse. Un viento recio soplaba inclemente desde el Sur y la llovizna lo castigaba en la espalda. Su piloto lo protegía a medias. Había avanzado un trecho, hasta la mitad del arco, cuando el tablón sobre el que pisaba cedió inesperadamente. No tuvo tiempo de evitar que su pierna derecha se hundiera completamente en un boquete informe y las astillas irregulares y punzantes del madero rasgaran su pantalón, hundiéndose en su carne e hiriéndola cruelmente todo a lo largo del miembro. Mientras aullaba de dolor, intentó&amp;nbsp; apoyarse en sus manos para amortiguar la caída en aquella trampa brutal, sin conseguirlo. El más mínimo movimiento para tratar de librarse aumentaba su sufrimiento en forma indescriptible, debido a que los filos de la madera descuajada volvían a recorrer los mismos surcos abiertos en su carne lacerada. Superado su ánimo por aquella acerba realidad, desechó la idea de realizar nuevos intentos y se quedó en suspenso sentado sobre sus nalgas, con la pierna libre estirada hacia delante. Un problema adicional se le presentó con los testículos, que le agregaron un nuevo padecimiento al estar apretados contra el piso. Como pudo, los acomodó llevándolos hacia arriba. Esta acción alivió a penas su tormento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;El puente temblaba y crujía. El viento aumentaba su intensidad y el torrente amenazaba con llevarse la deteriorada estructura. Gritar pidiendo ayuda hubiera sido inútil pues el estruendo del temporal apagaba cualquier otro sonido. Era difícil que a esa hora y con el clima reinante alguien pasara por ahí. A mano izquierda, se extendía un amplio espacio despoblado y cubierto de pastizales; a la derecha, la casa más cercana estaba a unos cincuenta metros y no se distinguían luces encendidas dentro de ella. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Stanley trató de desviar su pensamiento del suplicio insoslayable que padecía y quiso evocar las épocas de cuando era niño y corría por aquel campo cazando pájaros, mariposas y en las cálidas noches del verano, luciérnagas. La cañada entonces no arrastraba bolsas de nylon ni botellas de plástico. En el peor de los casos, llevaba algún bicho muerto o ramas desprendidas de los mimbres y sauces que, desde la orilla, se inclinaban sobre el agua. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Cuando el dolor amenazó con volverse insoportable y lo sacó de sus recuerdos, hizo un tremendo esfuerzo para volver a ellos y trajo a su memoria su primera vez: allí conoció el amor carnal, bajo el arco del puente,&amp;nbsp; teniendo como testigos los pilotes de madera. De la misma forma “debutaron” la mayoría de los muchachos de los alrededores quienes bautizaron el lugar como “la cañada de los suspiros”. Ese nombre era solamente para uso interno de los involucrados ya que, por sus connotaciones, no se podía compartir con las familias del barrio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;La fuerza de la corriente le tiraba la pierna hacia atrás y le pareció que algo –un trozo de bolsa o una rama- se le había enredado en el pie. Por esa causa, algunas astillas afiladas se le clavaban más profundamente. Entonces la lluvia amainó, no así el viento que siguió soplando un poco más fuerte que antes. Aguzando el oído le pareció oír el ruido de unas ruedas desplazándose sobre el balastro suelto de la calle. El rumor creció y no tuvo dudas: a sus espaldas, alguien se acercaba conduciendo un carro o algo similar. Volvió la cabeza con dificultad y vio al loco Ramón, un hurgador de la zona, que ya rebasaba la entrada del puente arrastrando su precario vehículo. Stanley le gritó, pero el otro estaba preocupado por ganar impulso para remontar la subida del arco y no lo escuchó. Se le vino arriba pisoteándolo y acto seguido casi le pasó por encima con el carro repleto de basura recolectada por la ciudad. A penas tuvo tiempo para ladearse un poco, pero no pudo evitar que una de las ruedas lo golpeara en el hombro. La llanta desnuda le pisó una de sus manos. Debido a la ciega embestida cayó el loco quien quedó sentado frente a él en el piso, mirándolo incrédulo y sorprendido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-¡La puta que te parió! –le dijo enojado el bichicome cuando comprendió la situación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-Encima me puteás, loco, hacé algo ¡Dale! Ayudame a salir de acá –el loco se incorporó y se quedó mirándolo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-Mirá mi carro, boludo. Se desparramó todo y fue a dar allá abajo –Stanley pareció no escucharlo y tendió su mano, volviendo a pedirle:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-¿No ves cómo estoy? Dame la mano para poder zafar, pero con cuidado: tengo la pierna atracada y bastante lastimada... vamos... –el loco se le aproximó despacio, amagó a asirle por el brazo pero repentinamente revoleó el pie y le propinó un puntapié en el carrillo. El gringo sintió como si la cabeza se le separara del cuerpo y volara hacia arriba. Creyó ver desde las alturas un hueco sangriento entre sus hombros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-¿Te acordás de aquel partido en la cancha del Ombú ...la patada que me diste? Tengo la marca todavía, hijo de puta. Seré loco pero no bobo, mirá –se levantó un poco el bajo embarrado del pantalón y le mostró una cicatriz alargada que seguramente era de un tapón de zapato de fútbol. Aturdido aún por el golpe, Stanley se repuso y le dijo en tono de súplica:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-Eso fue hace diez años, loco. Ahora ayudame, dejate de joder ¿no ves en la que estoy? Si no me ayudás, acá la quedo... –el loco tomó carrera y lejos de compadecerse se dispuso a patearlo de nuevo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;“El Gringo”, calculando el momento y ya cuando el pie se acercaba peligrosamente a su cara, abrazó con desesperación la pierna de su atacante y le hincó los dientes en la parte de la canilla que quedó al desnudo, con tal energía, que sus postizos permanecieron un momento allí clavados hasta la encía de acrílico. Retuvo al hombre todo lo que pudo y finalmente lo soltó. La dentadura ensangrentada se desprendió de la herida y quedó sobre las tablas como una sonrisa de triunfo que el hurgador interpretó como una burla. Dolorido y rabioso se puso a saltar sobre ella haciéndola añicos, mientras desgranaba los peores insultos hacia su heridor. Luego, cautelosamente para no repetir la experiencia de la mordida, se colocó detrás de él, extrajo su pene y lo meó a conciencia, rebosante de un perverso placer. Por más que Stanley trató de esquivar el chorro, no pudo evitar que parte del líquido tibio bajara por su cuello, llegara a su espalda y le empapara la camiseta. Después de terminada la faena, Ramón cargó su vehículo con la basura desparramada y se alejó a las carcajadas puente abajo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;“El Gringo” permaneció un buen rato a la espera de que algún alma piadosa lo encontrara y liberara de su insoportable situación. Gritó hasta desgañitarse y lloró de rabia e impotencia al comprobar que nadie venía. No supo si había perdido el sentido o se había dormido, pero en un momento despertó de una especie de letargo y percibió que su pierna estaba entumecida: ya no le dolía. En cambio, estaba convencido de que tenía los testículos machucados por la presión del cuerpo contra las tablas porque un gran sufrimiento partía de ellos y se difundía por su vientre en oleadas punzantes. Miró el cielo y vio que de a ratos asomaban algunas estrellas brillantes entre las oscuras nubes&amp;nbsp; que se iban dispersando. Poco después éstas se colorearon con los tintes fueguinos del amanecer. El infeliz entrampado sabía que al avanzar la mañana era seguro de que alguno pasaría por allí. Efectivamente, ya con el sol más alto, vio un grupo de escolares que se acercaba. Desesperado, los conminó a apresurarse y estando ellos ya muy cerca oyó a uno de los niños decir: “Miren, ahí hay un tipo que perdió la muleta”. Dos o tres del grupo se adelantaron para ayudarlo a levantarse. Sus esfuerzos no dieron fruto porque el más pequeño movimiento producía en el hombre terribles sufrimientos. No todos participaron en el fallido rescate, algunos de los escolares se mantuvieron al margen. Entre ellos reconoció a uno que siempre le saqueaba los frutales de su terreno y al que finalmente, después de varios días de paciente vigilancia, había sorprendido hurtando las frutas. Entonces lo sacó hacia la calle bien asido del cuello y al llegar al portón le aplicó un fuerte puntapié en el culo. El chico también recordó el incidente al verlo y guardando la distancia le dijo a los demás con tono imperativo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-¡Córranse que yo le voy a dar&amp;nbsp; a este abusador de mierda! –Se agachó y juntó bosta de las vacas que solían pastar por la zona y con ella formó pelotas que inmediatamente le arrojó a Stanley. La primera le dio en un ojo, otra le pegó en la frente y la tercera en la boca. Luego, el agresor se echó a correr rumbo a la escuela. Sin embargo, otros muchachos fueron solidarios y salieron en busca de algunos vecinos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;El nivel del agua debajo del puente había disminuido hasta el punto que la cañada tenía ahora el aspecto inofensivo de costumbre. La pierna prisionera pendía tumefacta muy por encima del nivel de la corriente. Los que acudieron a ayudarlo encontraron enredadas en su extremidad bolsas de nylon, ramazones y lo que parecía ser una muñeca de trapo empapada y difícil de reconocer como tal por su estado de deterioro. Luego de quitarle aquellos lastres, agrandaron el boquete y liberaron la pierna, que ahora estaba rígida y helada, llena de cortes, magulladuras y con el pantalón adherido a las heridas sanguinolentas. Stanley estaba a penas consciente y fue llevado al dispensario en una camioneta que pasó por allí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Al poco tiempo la comuna avisó al vecindario que se suplantaría el viejo puente por uno de concreto. Se pidió a los habitantes que, en contrapartida, &amp;nbsp;se ocuparan de retirar la estructura de madera. Aceptaron, y decidieron desarmarlo. La comisión barrial determinó que fuera rearmado en un predio cercano, que luego se transformó en plaza. Permaneció allí y fue considerado como una especie de monumento de la zona. Al principio, cuando se referían a él decían: “Es el puente donde Stanley tuvo aquel accidente” luego, por razones prácticas se mentó como el “puente de Stanley” y al final se acortó el nombre y quedó “Puente Stanley”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;El hueco por donde había pasado la pierna del “Gringo” fue respetado y no se reparó. Al año justo del incidente, un veintinueve de julio, los vecinos se reunieron en la novel plaza, en derredor del puente y asaron cordero. Trajeron mesas y sillas para el banquete. Luego, comieron y brindaron a la salud de Stanley, que era el invitado de honor por haber propiciado con su infortunio la construcción de un nuevo puente. A los postres, actuó la murga del barrio con cantos alusivos, sacándole dramatismo a aquella desgracia y poniendo una nota de humor, pero con respeto. El “Gringo” entendió la intención de los murguistas y no se sintió ofendido en absoluto. Se sentía diferente ahora, era un hombre más sensible, menos encerrado en sí mismo y quizá más generoso. Durante la comida había observado con un sentimiento de cierta redención al loco Ramón, que lo miraba de vez en cuando de reojo, mientras devoraba la carne de cordero con la avidez de los que viven con hambre crónica, y el rencor por el ataque sufrido durante su peripecia fue desapareciendo. Casi lo mismo le sucedió al ver la carita de alegría del escolar vengativo que contemplaba deslumbrado, con una inocencia conmovedora, la actuación del conjunto. El muchacho, ahora más crecido, había tratado de mantenerse a cierta distancia de Stanley, precaución inútil, porque de todos modos debido a su situación actual, éste no podía perseguirlo ni tenía la más mínima intención de hacerlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Al año siguiente el festejo fue mas tibio. Las mujeres trajeron repostería casera y algunas bebidas. No todos concurrieron, porque hacía un frío terrible y a penas terminada la pitanza, se dispersaron rápidamente. El tiempo, que es el villano del olvido, pasados tres o cuatro años, transformó la peripecia del “Gringo” en una historia que se comentaba muy de vez en cuando en la feria o la cantina. El viejo Puente Stanley pasó a ser un armatoste ubicado en un lugar inapropiado, aunque a nadie se le ocurrió quitarlo de su sitio. Allí permaneció entre los árboles que lo rodeaban, los niños que se columpiaban o jugaban a la pelota en los espacios abiertos&amp;nbsp; y las familias que venían a tomar aire en las tardes de domingo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Un día acampó, justo debajo del puente, una pareja de marginados carentes de hogar. Se las arreglaron para dormir, cocinar y hasta improvisar un excusado a uno de los extremos, lo que exasperó a los vecinos más cercanos quienes, encarándolos,&amp;nbsp; insistieron para que se marcharan. Ellos se negaron porque no tenían donde ir. Nadie les ofertó algún otro alojamiento y la cosa quedó por ahí. Allí permanecieron y algunos, que vivían más alejados y para el disgusto de los que vivían cerca, empezaron a traerles alimentos y ropas usadas. Por un sentimiento humanitario, ninguno quiso denunciarlos para que los expulsaran. Poco a poco, los intrusos fueron cerrando el espacio con materiales de deshecho: lonas, chapas, maderas y trozos de nylon. Cuando completaron el cerramiento, ampliaron sus dominios y cercaron con cañas un perímetro en torno al improvisado habitáculo. Allí plantaron algunas legumbres y criaron gallinas. Más tarde, les nació una niña y el agujero causado por la pierna de Stanley les resultó inconveniente porque por ahí entraba la lluvia y el viento frío del invierno, entonces lo remendaron con un pedazo de lata.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Se estableció una inesperada relación entre Stanley y aquella pequeña familia. Él se sentía vinculado con ellos en alguna forma, quizá fuera porque vivían bajo el puente de su desdicha o porque Manuel, el padre de la niña, se le fue acercando un poco por simpatía y otro por necesidad. El hombre le ayudaba con la poda de los frutales o la siembra de legumbres. A su vez, “El Gringo” le daba unos pesitos, fruta o algunos víveres para ir sobreviviendo. Con el correr del tiempo fueron entramando un sincero afecto que duró hasta que Stanley murió de repente, un día cualquiera. Manuel lo encontró en su lecho ya avanzada la mañana. Con una mano aferraba una de sus muletas como si hubiera estado dispuesto a incorporarse antes de fallecer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Como tributo a quien consideraba su buen amigo, Manuel siguió cuidando del pequeño huerto y ayudado por su mujer aseaban y ventilaban regularmente la casa. Parecía que “El Gringo” iba a volver de un momento a otro de tan cuidadas que estaban sus cosas, tal como a él le habría gustado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Aquel veintinueve de julio, a unos meses de la muerte de Stanley, llovía a mares. Manuel y su familia permanecían refugiados de la tormenta en su humilde morada cuando la niña, que estaba sentada en su cuna, levantó súbitamente su mirada y tendió sus bracitos hacia el hueco tapiado de lo que ahora era su techo. Al momento, la pequeña comenzó a elevarse en el aire, lloriqueando obstinada mientras trataba de asir algo invisible. Poco después descendió suavemente, sonriendo, para quedar tendida en su lecho, abrazando algo que nadie más podía ver. Los padres quedaron alelados. Decidieron que no contarían aquella maravilla a persona alguna, ante la eventualidad de que&amp;nbsp; los tomaran por locos o borrachos y los obligaran a irse del barrio. El hecho no volvió a suceder hasta que al año siguiente, en la misma fecha, se repitió el prodigio y también al otro. Para entonces la niña podía hablar y les contó que cada vez que ascendía, lo hacía aferrándose a una pierna que pendía sobre su cama. La pequeña deseaba&amp;nbsp; alcanzar una muñeca que estaba enredada en la extremidad, a la altura de la rodilla. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Una noche, las lonas y el nylon que habían convertido al puente en hogar tomaron fuego y Manuel tuvo apenas tiempo de huir con su familia del incendio. Luego, desde cierta distancia, quedaron contemplando tristes pero resignados la obra destructiva de las llamas, agradecidos por haber logrado salvar la vida. La niña lloraba por una muñeca que los padres nunca habían visto, y que ella aseguraba tener. Los vecinos habían concurrido para tratar de ayudar, pero fue inútil. El puente y lo que estaba debajo de él se quemaron rápidamente y sin remedio y el fuego se extinguió por sí solo, al amanecer, después de consumirse todo lo combustible. Los árboles circundantes apenas resultaron algo chamuscados por lo breve del&amp;nbsp; siniestro del que nunca se supo el origen. El hecho quedó en el misterio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Por sugerencia de algún vecino que no quería que Manuel volviera a construir alguna clase de refugio en la plaza, la familia se instaló definitivamente en la casa de Stanley, que nadie había reclamado desde su muerte, por no haber herederos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;La niña siguió llorando por su muñeca y tanta fue su insistencia, que su madre, para que la dejara tranquila y aunque lo consideraba absurdo, accedió a llevarla al lugar del incendio. Cuando estaban cerca, la pequeña salió corriendo hacia los vestigios del calcinado puente y rescató de entre ellos una muñeca de trapo, algo sucia y estropeada, a la que abrazó con ternura y llevó para su nueva casa dejando atrás los restos carbonizados. Con el tiempo, el viento arrastró lejos las cenizas, creció el pasto y reverdecieron los árboles a la vez que la historia se volvía leyenda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 10.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/4774962028204331376/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2012/02/puente-stanley.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/4774962028204331376'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/4774962028204331376'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2012/02/puente-stanley.html' title='PUENTE STANLEY'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-4235295498090394630</id><published>2012-01-10T05:12:00.000-08:00</published><updated>2012-01-10T05:12:35.676-08:00</updated><title type='text'>MEDINA, EL CANTAR Y LA LUZ</title><content type='html'>&lt;div class=&quot;Section1&quot;&gt;  &lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;-&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mañana hace fecha de Medina ¿Te das cuenta, Betty, cuánto hace que ya no está?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Sí, anoche antes de dormir me puse a pensar en él. Me parece&lt;b&gt; &lt;/b&gt;verlo llegando por la bajadita, montado en la bicicleta.¡Cómo tocaba la guitarra mientras pedaleaba, qué cosa increíble! Le volaba la gabardina. Más de una vez le dije que&amp;nbsp; probara&amp;nbsp; hacerlo&amp;nbsp; alrededor de la plaza. ¿Te imaginás, Mauro? Pudo haber sido un record Guinness. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¡Qué titular para los diarios! “Un uruguayo va en bicicleta tocando la guitarra por horas, días talvez”. Era único, excéntrico, irrepetible... Qué vida tan variada tuvo. Pobre... quiso el destino que se nos fuera de esa forma increíble, tan insólita...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Bueno, no tanto el destino, en verdad tenía sus rayes el inefable Medina; buscando la luz terminó tomándose toda el agua del Río de &lt;st1:personname productid=&quot;la Plata. Pero&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Plata. Pero&lt;/st1:personname&gt; se extraña ¿no? Cuántas tardes se sentó acá mismo con nosotros a tomar mate y conversar... Evidentemente adoraba este lugar, para él volver aquí era recuperar el paraíso perdido. Pensar que no se aparecía, a veces hasta por dos años y después, cualquier día estaba de nuevo por estos lados… Hay días en que espero verlo irrumpir pedaleando con aires de triunfador en este balneario de “quinta”, como él mismo lo llamaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Durante su ausencia ni nos acordábamos de que esta casa era suya, pero al verlo nuevamente, era como si siempre hubiera estado con nosotros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Evocaron la última visita que hizo al balneario. Llegó una vez más, como tantas otras, un día de pleno enero, cuando del otro lado de la bahía las primeras luces de la costa se reflejaban sobre el agua tranquila. Arribó en su vieja bicicleta, algo remozada sin duda, porque le había cambiado los faroles y le había agregado cintas multicolores, que flameaban en las puntas de unas varillas. El recién llegado bajó de su vehículo y los abrazó y besó cariñosamente como siempre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;No me digas que te viniste de México en bicicleta -bromeó Mauro-. Medina soltó la risa:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Eso no hubiera estado nada mal. El problema es que me estoy poniendo viejo igual que vos; en cambio, Betty se ve cada vez mejor y más joven.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;No me afiles, atorrante, que no soy tijera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Siempre traía regalos para ellos:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Para vos, Betty, te traje un huipil bordado a mano por las nativas de allá; este tequila es para Mauro. Aquí tengo artesanías y unos dulces típicos; espero que les gusten.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Era asombroso verlo extraer todo aquello de su deteriorada y pequeña mochila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¿ Y cuándo te vas a comprar una valija, para tirar ese esperpento que llamas pomposamente “portafolios”? -le dijo Mauro riendo y señalando la vieja cartera de cuero que acompañaba a Medina desde tiempos inmemoriales y que alguna vez había sido marrón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;A ésta yo no la cambio por nada...&amp;nbsp; –le contestó él sonriendo y palmeándola con una actitud cómplice, como si se tratara de un viejo amigo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Medina se instaló en su cuarto, como de costumbre. La ventana estaba&amp;nbsp; orientada al este. Siempre le había gustado recibir el sol del amanecer a través de ella, se sentó sobre la cama y con la vista ausente recordó las vacaciones de su niñez. El balneario era más lindo; no había más de veinte casas edificadas entre las dunas. Pocos sabían de su existencia y ni siquiera había carteles indicadores a la entrada. Le fascinaba ver desde el dormitorio como los cerros se oscurecían lentamente al atardecer, y cuando había luna llena, imaginaba que los pedregales que blanqueaban en las laderas eran de azúcar derramada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent3&quot;&gt;Esa casa la había construido su padre. Su madre biológica había muerto cuando&amp;nbsp; él era muy pequeño y Sara, su madrastra,&amp;nbsp; quizá por no poder engendrar hijos, lo había querido y criado como si fuera propio. Pocas referencias tenía de su verdadera madre, en parte porque aquella evocación no era del agrado de Sara. Su padre era también reticente a hablar del tema; pero pudo enterarse de que su madre y un hermano de ella, habían desaparecido frente a las costas de Rocha, durante una tormenta que los había sorprendido mientras navegaban. Nunca había visto ni siquiera una foto de su mamá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;A Medina y sus amigos les gustaba madrugar. Desde muy temprano se acomodaban para desayunar bajo la enramada de madreselvas y los pájaros se acercaban a picotear las migajas que caían al piso. Otros trinaban entre los árboles o sobre los aleros y techos de la casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Mañana llega mi compañera –anunció Medina–, la conocí en Tapo: una terminal de buses en&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ciudad de México. Es Alemana. Cuando la vi por primera vez, andaba como perdida y como yo me defiendo un poco con el alemán y ella sabe algo de español, nos entendimos y después se&amp;nbsp; podría decir que nos enamoramos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Se sonrió mostrando unos dientes largos y demasiado parejos para ser naturales. Las aletas de su nariz aguileña se recogieron al hacerlo. Usaba un bigote finito y muy arcaico, que le daba aspecto de cómico de cine mudo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Efectivamente, al día siguiente vino la alemana. Era pelirroja y usaba el cabello corto; de facciones delicadas, sus ojos eran de un intenso marrón oscuro y su piel muy blanca. Tenía un cuerpo armonioso a pesar de ser bastante alta. Apenas llegó aspiró el aire marino y manifestó: “¡Esto es “fantastisches , wonderful!”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Un rato más tarde, luego de conversar largamente durante la sobremesa, Medina se puso su antigua malla negra de lana, se calzó un sombrero de paja desflecado, unos lentes oscuros pasados de moda&amp;nbsp; y descolgó su también añeja gabardina gris-verdosa del ropero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Bajemos a la playa, Karen –la invitó– ya vas a ver que lo que te he dicho sobre ella no es exagerado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Bueno, espera que yo cambio ropa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Entró a la casa y reapareció luciendo una diminuta tanga, de cuya entrepierna emergían largos pelos rojizos, no llevaba sostén y mostraba sus senos, que no estaban&amp;nbsp; demasiado caídos, pese a que era evidente que su primera juventud había pasado hacía bastante. Sus pezones eran largos y rosados, su cintura estrecha y sus caderas anchas. Algunos vecinos salieron asombrados al verla pasar rumbo al mar, con los pechos al desnudo y quedaron criticándola por su audacia. A partir de ese día, todas las tardes se repetía la escena. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Ya en la playa, cuando amainaba la canícula, Karen buscaba un lugar tranquilo y aislado entre las rocas, se quitaba la tanga y se tendía boca arriba sobre su colorida toalla playera.&amp;nbsp; Abría sus piernas para permitir que los rayos del sol le irradiaran el sexo. Le confió a Betty que esa medida era adecuada para mantener y mejorar la sensibilidad del clítoris y la vagina y le recomendó que lo hiciera. Betty no se consideraba prejuiciosa,&amp;nbsp; pero ante la idea de tomar sol desnuda y en aquella pose, se alarmó. Pensó que Mauro podía enojarse mucho y también le preocupó la opinión de sus vecinos, ya que ella vivía allí todo el año, no como Karen, que estaba de visita y quien sabe cuando volvería.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;A la alemana, por idiosincrasia, poco le importaba la opinión de los demás. Ir a la playa sin sostén le agradaba y lo hacía sin tomar en cuenta las murmuraciones. Además, la divertía ver a los hombres del lugar salir cada vez que ella pasaba, ávidos y noveleros por verle los senos desnudos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Una tarde observó que la malla de Medina, ensopada luego del baño, colgaba entre sus piernas prometiendo magnitudes irreales. Karen se rió de buena gana y bromeando dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 18pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;-&amp;nbsp; Seguí tú hasta el fin de mundo con esperanza de que eso fuera verdad y ¡qué betrug! Lamento ahora, ese bulto es sólo ilusión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Él, que no hacía gala de poseer mucho sentido del humor y además resentía no tener un pene más grande, se molestó; se puso la descolorida gabardina y se alejó caminando a lo largo de la orilla con largos pasos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;A veces, Medina salía en bicicleta a recorrer el balneario y&amp;nbsp; Karen lo acompañaba corriendo a su lado por un par de kilómetros; luego se volvía. Él, en cambio seguía pedaleando y se perdía de vista por los polvorientos caminos del lugar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Un día de esos se cerró la noche y él no apareció. Pasaron las horas y Karen y sus amigos se fueron inquietando cada vez más. Consideraron la posibilidad de salir a buscarlo o de avisar en el destacamento policial de su tardanza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Mirá si empezó de nuevo con lo de la luz – comentó alarmada Betty.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Ya son las doce de la noche. Si no vuelve en media hora vamos a tener que denunciar –dijo Mauro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Él&amp;nbsp; estado en lugares bien peligrosos –recordó Karen– y siempre vuelve.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Eso es cierto – reconoció Betty -¿Te acordás, Mauro, cuando nos escribía desde el sur de Méjico?– y dirigiéndose a Karen agregó: -Fue hace unos cinco años. En ese entonces trabajaba en una factoría curtiendo pieles de tiburón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¡Qué cosa más rara! Entiende poco. Repite, por favor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Betty usó palabras y gestos hasta que la mujer captó, al menos en parte, lo que ella había dicho. Mauro prosiguió, tratando de ser lo más claro posible:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Y eso no es nada, en Australia eran cueros de canguro, en Brasil: de yacaré... un animal parecido al cocodrilo; el hombre tiene un oficio muy especial.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;En ese momento sintieron llegar un vehículo que después de detenerse, emitió dos o tres bocinazos. Salieron y vieron que dos policías traían a Medina casi a rastras. Lo sostenían por las axilas mientras él, creyéndose aún sobre la bicicleta, trataba de pedalear. Tenía el rostro desencajado y los dientes apretados por el esfuerzo. Jadeaba y deliraba diciendo: “Ya termina el repecho... allá arriba está ella cantando. La luz, la luz...” &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Uno de los agentes explicó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Hace más de dos horas que andamos con él; preguntando a los vecinos por fin vinimos a dar acá. Un hombre nos acompañó hasta la esquina y nos dijo que el individuo vivía en &amp;nbsp;esta casa, con una alemana nudista –el policía se dirigió entonces a Karen preguntándole con cierta ironía: -¿Es usted, señora?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Karen tenía dificultades para entender y Mauro le explicó tratando de suavizar las palabras del agente:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Quiere saber si eres algo de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Sí –asintió Karen no del todo convencida, porque había notado el gesto burlón del policía– yo soy mujer de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Entonces usted sabe que este ciudadano no está en sus cabales. Lo encontramos en el campo, bastante lejos de acá. El casero de los Hernández nos avisó que un toro lo había embestido. Parece que el hombre se metió con la bicicleta&amp;nbsp; entre el ganado y el animal lo derribó, por suerte no lo lastimó mucho. El pobre es loco ¿no? –dijo haciendo girar el índice junto a su sien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Aunque Karen no pudo entender todo aquel parlamento, la frase final del agente y su gesto hicieron que ella se indignara.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¡Pero cómo es atrevido! Mi marido no es loco, para que sabes, es un hombre mucho más inteligente que usted. ¡No tiene derecho insultarnos, dumm!&amp;nbsp; ¿oye? la diktatura , bündel&amp;nbsp; de sadisticos, causó a él quedar con amnésica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Karen, por favor... – intercedió Mauro para que se calmara y no complicara las cosas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ella guardó silencio y abrazó a Medina, diciéndole cariñosamente, como quien habla a un niño:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Ven, mein liebe kind, vamos dentro a curar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Él se dejó guiar dócilmente, con los ojos entrecerrados y apoyando su cabeza en el hombro de ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Bueno vecino, este procedimiento está terminado. Tenga la gentileza de darnos sus datos y los del sujeto que le entregamos –mientras el funcionario anotaba Mauro creyó pertinente agregar:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Mire, no es que mi amigo esté loco... quedó así en el penal. Estuvo un año adentro ¿sabe?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Así que fue subversivo ... –dijo el otro despectivamente, levantando una ceja y&amp;nbsp; sin dejar de escribir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;No fue así –dijo Mauro– repartíamos unos volantes, nada más. Nos cazaron y nos comimos unos meses adentro...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Con prescindencia, el policía dio por terminado el diálogo diciendo: “-Sírvase sus documentos y buenas noches, señor. ¡Ah! Cuiden al demente, porque en una de esas escapadas la queda.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Otro agente bajó de la caja de la camioneta la bicicleta algo maltrecha y la dejó apoyada en un árbol del jardín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Mientras entraba a la casa pensativo, Mauro recordó los días de reclusión junto a Medina. La primera parte del encierro fue brutal, por los terribles castigos que les infirieron durante los interrogatorios; pero algunos meses después la situación ya no fue tan apremiante. Sin embargo, Medina, que empezó a tener delirios en el período más difícil -seguramente como medio de escapar a una realidad insoportable- siguió con sus fantasías. Éstas estaban ligadas a un único libro, que los padres habían logrado traerle sin que los carceleros lo objetaran. Era “ Flor nueva de Romances Viejos” y Medina lo leyó y releyó tantas veces que terminó por aprendérselo de memoria. Se sentaba en la celda a recitar sus poemas favoritos con el libro cerrado, apoyado sobre su pecho. Más adelante agregó melodías no muy apropiadas para aquellos textos y absorto las cantaba suavemente, casi para sí, acompañándose con una guitarra imaginaria. Pero una noche, en su entusiasmo, fue levantando el tono de su voz hasta gritar. Entonces se ganó una paliza fenomenal. A esta circunstancia él agregó otro elemento que sus verdugos encontraron igualmente exasperante:&amp;nbsp; negaba su primer nombre e insistía en que se llamaba “Arnaldo” algunas veces y otras “Guarino”. Finalmente los encargados de interrogarlo, comprendieron que todo aquello era parte de un delirio y lo dejaron en paz. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;El resto de su cautiverio siguió cantando bajito y encarnando alguno de los personajes de su libro. Desde entonces, sólo admitió llamarse “Medina” para ahorrarse contratiempos y golpizas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;De pronto cruzaba la celda con paso majestuoso, hablándole a un ave imaginaria que llevaba posada en el brazo o se desplazaba por el recinto, como si éste estuviera anegado y él avanzara transportando una pesada carga. Hacía innumerables representaciones, a veces no muy claras,&amp;nbsp; y encarnaba diversos personajes sucesivos, sin que se pudiera adivinar cuando terminaba de ser uno y empezaba a ser otro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Nombraba de continuo a una piedra zafira “... que tanto relumbra de noche como el sol a medio día.” Insistía en que oía una voz que le enseñaba las&amp;nbsp; tonadas de sus canciones y se desesperaba&amp;nbsp; por aprender una que consideraba especial,&amp;nbsp; pero “la voz” le dijo que no se la iba a revelar hasta que alcanzara la luz y aunque trató muchas veces de explicarle que no podía salir de la celda,&amp;nbsp; “la voz” era terca y no quería entender; esa situación lo hacía sufrir extremadamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Mauro quería hacerlo razonar pero era inútil: cuando estaba en pleno delirio, no lo escuchaba y cuando volvía a la realidad, no recordaba absolutamente nada de lo hecho y dicho durante el trance. Medina no atendía en absoluto a lo que su compañero le relataba, pero, de todas formas ,tenía con él muchas afinidades. Así nació y creció entre ambos una fuerte amistad que los unió por el resto de sus vidas. Fueron liberados en fechas distintas. Con el correr del tiempo y&amp;nbsp; la ayuda de amigos comunes, pudieron encontrarse finalmente en Francia y reanudaron su trato.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Karen, usando una gasa mojada con&amp;nbsp; desinfectante, limpió los raspones y tajos que Medina tenía por todo el cuerpo. Se había hecho algunos trabones en la gabardina. La mujer, sin considerar la hora, se puso a coserlos mientras el torero ciclista dormía plácidamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;A la mañana siguiente no tenía ni idea de lo sucedido la noche anterior. Desayunó con ganas y luego se puso a tocar la guitarra tranquilamente, bajo la glorieta de madreselvas, cantando partes de viejas canciones y algunos versos ininteligibles, seguramente de su autoría. En el dormitorio, la gabardina reparada colgaba en su percha.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Karen conversaba en la cocina con Betty:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 18pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;-&amp;nbsp; Contaron unos amigos, conocieron Medina antes de mí, que vio la luz arriba&amp;nbsp; un árbol muy grande, cerca laguna Bacalar; él sube bien alto. Después luz cayó al suelo. ¿Puedes creer que se tiró&amp;nbsp; de árbol&amp;nbsp; para&amp;nbsp; la agarrar? Claro, no pudo, pero así rompió costillas. Suerte las ramas frenar algo caída y no murió. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;La convivencia con una persona así debe ser difícil...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Ich liebe&amp;nbsp; él, yo lo amo ¿entiendes? No es poco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Medina y su alemana pasaban casi todo el día en la costa. No volvían a comer al mediodía&amp;nbsp; y regresaban ya entrada la noche. Se llevaban pan, queso, fruta y vino blanco para almorzar frugalmente. Al caer la tarde solían cantar a dúo frente al mar, a veces en español y otras en alemán. Mientras lo hacían, en ocasiones se abrazaban y lloraban: Karen, seguramente añorando su país y sus seres queridos tan lejanos y&amp;nbsp; él por penas profundas del pasado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Sara primero y su padre después habían fallecido hacía unos pocos años. Antes de morir, durante el período fatídico en que él estuvo detenido, el matrimonio invirtió toda su energía y sus ahorros para conseguir su libertad. Sufrieron una gran frustración porque él era un excelente estudiante de química cuando lo encarcelaron, cercenando así una carrera que prometía ser brillante. Encallecieron sus nudillos de tanto golpear puertas. Soportaron la indiferencia y las actitudes sádicas y prepotentes de muchos de los represores y finalmente, al concretarse su liberación, después de que pudieran demostrar que el joven Medina presentaba un cuadro de esquizofrenia, lo enviaron al exterior. Aquella lucha dejó a los padres agotados mental y físicamente, en desmedro de su salud, la que nunca recuperaron del todo. A su vez, él jamás pudo librarse de una angustiosa sensación de responsabilidad frente a ese hecho. Con mucho sacrificio terminó en el extranjero su carrera de Ingeniero Químico, especializado en curtido de pieles. Consideró que esa era una forma de homenajear a sus padres y compensar en parte el sufrimiento que habían experimentado.&amp;nbsp; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Cuando murió su padre y&amp;nbsp; con poco tiempo de diferencia también Sara, su sentimiento de culpa volvió con fuerza. La noticia le llegó bastante tarde. En ese momento él trabajaba en el Brasil, en la región del Pantanal, curtiendo cueros de yacaré. Entró en crisis y desesperado por el dolor navegó compulsivamente en una piragua, durante días. Tras varias jornadas agotadoras, encalló la embarcación en una ribera. De manera fortuita, unos pescadores indígenas dieron con él. Estaba sin conocimiento, tendido en el piso del bote, llagado por el sol y las picaduras de los insectos. Sus salvadores lo curaron con cataplasmas e infusiones de yuyos. Finalmente, lo ayudaron a reintegrarse a la civilización, ya restablecido. Él amaba a aquellas gentes sencillas a quienes debía la vida; cada tanto regresaba a visitarlos y se quedaba con ellos por algunas semanas, en sus chozas de ramas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;De su padre heredó, además de la casa de la playa en la cual transcurrieran los veranos inolvidables de su niñez y adolescencia, un apartamento en el Centro de Montevideo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Él prefería la costa y apenas llegado al país, pasaba brevemente por su vivienda capitalina, para levantar su bicicleta y pedalear en ella los setenta y tantos kilómetros de distancia que&amp;nbsp; lo separaban del balneario.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Un atardecer en que estaba sentado junto a Karen, contemplando el mar, Medina volvió a oír el cantar y vio la luz&amp;nbsp; posada sobre las aguas, hacia el este, donde los cerros se iban desdibujando en el ocaso. Entre dientes primero y después a gritos comenzó a cantar parte de una extraña canción: “... por tu vida, el marinero, dime ahora ese cantar...” Se incorporó de un salto y salió corriendo con su gabardina puesta y el brazo extendido. Seguía entonando frases inconexas: “... las velas trae de seda... áncoras tiene de plata...&amp;nbsp; que la mar ponía en calma, los vientos hace amainar...”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Ella no entendía mucho sus palabras y al verlo sumergirse hasta la altura del pecho con la gabardina puesta, comprendió que algo relacionado con sus delirios lo había impulsado a actuar en forma tan abrupta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Estaban en una zona rocosa, de fondo irregular y llena de&amp;nbsp; pozos; Karen, alarmada, olvidando que estaba desnuda, se tiró al agua y nadó tras él. En su desesperación por avanzar, no pudo evitar que el filo de una piedra le hiciera un corte largo y algo profundo a la altura del estómago. No consideró que fuera grave, pero le ardía bastante. Siguió adelante de todos modos. Medina, con la gabardina ya empapada, continuaba alejándose. Se hundía por momentos y trabajosamente sacaba la cabeza de tanto en tanto, resoplando. El dolor que le producía el tajo martirizaba a la mujer, en especial al extender los brazos para nadar más rápido y poder alcanzarlo, luchando contra el oleaje que, incrementándose por momentos, se lo impedía. A poca distancia de ella, el hombre dio&amp;nbsp; unos desesperados manotones y desapareció definitivamente de la superficie. Cuando llegó hasta el lugar donde él se había sumergido, se convenció que su lucha era inútil, porque por más que buscó entre las aguas, no pudo encontrarlo. Vencida por el esfuerzo y llena de impotencia, Karen se largó a llorar y gritar, mesándose sus cabellos rojos. Apenas podía sostenerse a flote.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Al caer la noche, unos bañistas que pasaban por ahí, la encontraron tendida en las rocas, desmayada y con el vientre ensangrentado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Medina caminaba sobre el agua trabajosamente, porque la pesada gabardina empapada le dificultaba la marcha. Como pudo se la quitó, lo que facilitó su desplazamiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;El cantar y la luz provenían de un velero blanco que se divisaba a lo lejos, meciéndose sobre las olas. No sentía miedo ni frío; su único fin era llegar a la nave. Ni siquiera prestó atención a su preciada gabardina, que se alejaba de él con las mangas desplegadas, semejando un ahogado que flotaba boca abajo, con los miembros y la cabeza hundidos en el agua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Caída ya la noche, la luz lo guiaba desde lo alto del palo mayor y por fin vio a quien cantaba: era una mujer que sentada en la borda, mojaba sus pies en el agua. Tenía la apariencia de una deidad, envuelta en una especie túnica de seda blanca y luciendo una diadema que brillaba iluminada por la lumbrera del mástil. Cuando estuvo junto al casco, ella le tendió las manos ayudándolo a subir a cubierta, sin dejar de entonar su canción sin palabras. Sin embargo él la entendía. La voz era sublime, más dulce y hermosa aún de lo que Medina la recordaba.&amp;nbsp; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Se recostó y puso su cabeza en el regazo de ella, la miró profundamente a los ojos y le dijo feliz: “Por fin...” Ella lo besó en la frente, la luz se apagó y él se quedó dormido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Mauro y Betty hicieron la denuncia de la desaparición. Después de dar sus datos personales, el escribiente les pidió que describieran la ropa que el sujeto tenía puesta cuando lo vieron por última vez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¿Cómo dice? ¿Se fue a la playa de gabardina? –les preguntó con cierta incredulidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Así es –respondió Mauro, molesto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Pasaron algunos días y no tuvieron ninguna noticia de la policía. El matrimonio y Karen decidieron abrir el portafolios de Medina para ver su contenido. Encontraron el libro de los romances, sumamente desgastado, una réplica de las llaves de la casa del balneario, algunas cajas de medicamentos, tres mil dólares y una libreta de cheques. También había algunas fotos de su padre con Sara y otras de sus viajes: en Australia, junto a un gran canguro; en la selva, con un yacaré muerto que colgaba de un árbol; frente a una choza, con nativos vestidos con pieles y plumas multicolores, que lo rodeaban sonrientes mientras él tocaba la guitarra...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Finalmente los guardacostas les acercaron la gabardina. La habían encontrado en otra playa; estaba todavía mojada, sucia y desgarrada. Karen buscó el bolsillo interior y descorriendo el cierre, extrajo de él las llaves del apartamento de Montevideo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Allí se instaló a la espera de que naciera el hijo de Medina. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Mauro y su mujer permanecieron en la casa de la playa, donde cada verano llegaban la alemana y su niño; venían de Europa a pasar sus vacaciones. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Karen quería que su hijo hablara el idioma del padre y al venir al Uruguay, la práctica constante lograba que ambos se expresaran en un español bastante aceptable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Un atardecer de estío sucedió algo que dejó a Karen muy preocupada: Arnaldo jugaba en la arena cuando levantó de pronto la vista, miró a lo lejos y dijo señalando el horizonte:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¡Mommy, mira allá, atrás de aquel barquito! ¿lo ves? Hay una luz grande arriba del agua. Oigo a una señora que canta...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Karen le contestó con ternura, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;margin-left: 36pt; text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Mein liebe Sohn: No mires, hace mal a tus ojitos, ciérralos bien fuerte, así ¿ves? Y cada vez que aparezca, me avisas para que yo tape tus oídos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;El niño la obedeció, pero extrañamente continuó percibiendo la luz a través de los párpados. Las manos de la madre en sus oídos no impidieron que, además, siguiera oyendo la melodía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt;&quot;&gt;&lt;br clear=&quot;all&quot; style=&quot;mso-break-type: section-break; page-break-before: always;&quot; /&gt; &lt;/span&gt;  &lt;div align=&quot;left&quot; class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;text-align: left;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/4235295498090394630/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2012/01/medina-el-cantar-y-la-luz.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/4235295498090394630'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/4235295498090394630'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2012/01/medina-el-cantar-y-la-luz.html' title='MEDINA, EL CANTAR Y LA LUZ'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-6579930340655381624</id><published>2011-12-28T12:50:00.000-08:00</published><updated>2011-12-28T12:50:40.424-08:00</updated><title type='text'>LA FRATERNIDAD DE LA RISA</title><content type='html'>&lt;h1&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 1.0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Los veteranos hermanos Risso vivían sobre una callecita cortada, en una añeja casona que había pertenecido a sus progenitores, fallecidos años atrás. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;El barrio era uno de los tantos antiguos y bucólicos que abundaban en aquella ciudad. En él se alineaban casas vetustas con altos zaguanes, amplias habitaciones, patio central con claraboya y fondo con parral. Las personas que las habitaban eran en su mayoría ancianos, al igual que los hermanos, y los más longevos eran francamente viejos decrépitos.&amp;nbsp; Para ellos todos los días transcurrían como los domingos: por la mañana ya se sentía la inquietud del fin de semana casi terminado y por la tarde la languidez de la siesta era el preámbulo de la desazón del ocaso y la cercanía del ominoso lunes. Pero el lunes amenazante nunca llegaba a los jubilados, aunque persistiera en ellos la sensación de su regreso, y a un domingo le sucedía otro, configurando semanas de siete domingos vacíos, sin alivio al tedio y llenos de presagios desafortunados. También había unos pocos jóvenes y niños, pero eran tan escasos que no alcanzaban para cambiar la atmósfera decadente de aquel barrio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;En invierno era desolador ver el pavimento húmedo; las grises baldosas flojas salpicaban al pisarlas; los añosos árboles de la cuadra habían desnivelado las veredas al desarrollar ávidas raíces y sus ramas desnudas se elevaban como brazos escuálidos, implorando clemencia al frío, al cielo como plomo, al viento helado de las seis de la tarde, a las calles desiertas...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;En todas las estaciones las persianas permanecían cerradas, aunque en primavera empezaban a entreabrirse tímidamente sus tablillas movibles. Cuando regresaban las frondas, el ambiente se volvía dulcemente recoleto y se atenuaba la melancolía;&amp;nbsp; entonces, aquella tranquilidad permitía que se sintiera el arrullo de las palomas o el escándalo de los gorriones al atardecer, cuando se acomodaban para dormir en las copas de los árboles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: -1.4pt; tab-stops: 454.6pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;El fondo de los Risso era particularmente amplio y allí tenían un galpón donde, por generaciones, se habían depositado los objetos que iban quedando en desuso: viejas máquinas de coser, mesas y sillas a las que le faltaba alguna pata, antiguas camas de bronce con los elásticos vencidos por aguantar tantos cuerpos agitados por el amor o con pesos exagerados; pero mucho más trabajados por la alegría de los nacimientos o la agonía de la muerte. Abundaban las veladoras de diversos aspectos; las cortinas desechadas; las viejas radios destripadas, con sus válvulas cubiertas por una gruesa capa de polvo y los cables salidos; los colchones de lana achatados, con el cotín manchado de herrumbre y humores; las arañas de metal patinado de mugre; los armarios de cocina; los cacharros agujereados; los estúpidos y desamparados adornitos de loza: floreritos, falderos regalones, damas antiguas con el encaje de porcelana hecho una lástima; complejos conjuntos de frutas y flores de imitación, decorando vajilla desportillada... Se destacaba solitaria, colgada de una de las paredes, la máquina de fumigar de cobre, manchada de moho verde, que pesaba un quintal, con su cánula y su palanca, que todavía los hermanos usaban a la espalda algún año que otro, para curar el parral. Había muchos objetos más, algunos reconocibles y otros no. Flotaba en el ambiente un denso olor a encierro, metales corroídos y humedad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Un día, Mauro, uno de los mellizos, se paró en medio de los trastos a contemplar con melancolía aquella acumulación de nostalgias arrumbadas. De cada uno de los objetos se desprendía una historia, amable a veces, agridulce la mayoría. Al rato llegó su hermano Luis y sin dialogar supieron que ambos pensaban lo mismo, como frecuentemente sucede a los gemelos. Se miraron y al mismo tiempo dijeron: “¿Vamos a vender todos estos cachivaches?”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Mauro reflexionó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Renovarse es vivir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Me da un poco de pena que nos deshagamos de algunas cosas como, por ejemplo, el piano de mamá... la escopeta de papá... las cañas de pescar...&amp;nbsp; – dijo Luis pensativo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Ya somos viejos y no tenemos hijos ni más hermanos, solamente parientes lejanos con los que nos relacionamos poco y nada. Muchos ni viven en el país... ¿Quién va a querer todos estos trastos cuando nosotros no estemos más? La mayoría van a ir a parar al basurero y la familia se repartirá las pocas cosas de valor que hay...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Está decidido. Mañana mismo llamamos al rematador.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;El trámite fue rápido y en la tarde del día siguiente llegó un camión que partió como a las tres horas cargado a tope. Debió regresar al otro día para llevarse el resto de los objetos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Por fin, sobre el piso de color indefinido, quedaron esparcidos trozos de madera, hojas amarillentas de periódicos viejos, antiguos almanaques del Banco de Seguros y otros deshechos que fueron a parar al fuego. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Los hermanos barrieron y baldearon&amp;nbsp; el suelo del amplio local. Cuando terminaron, se pararon en medio del recinto vacío, se miraron y al unísono soltaron la risa. Las carcajadas fueron tan fuertes que no solamente hicieron temblar los vidrios de las banderolas, sino que las mismas paredes parecieron conmoverse, a pesar de estar construidas con sólidos y antiguos ladrillos. A los hombres ya se les saltaban las lágrimas y les faltaba el aliento. Debieron hacer un esfuerzo para dejar de reír. Salieron al patio y lograron recomponerse. Un minuto después, apenas entraron, ya no pudieron contenerse y volvieron a soltar estruendosas risas con iguales resultados. Tomándose algún respiro, miraron a su alrededor, creyendo que alguien más había llegado y se sumaba a sus carcajadas; tal era el volumen de los ecos que el sonido producía al rebotar&amp;nbsp; contra los despojados muros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Entonces sonó el timbre de la casa, que estaba conectado al galpón. Mauro fue a atender el llamado y vio que era el vecino de al lado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;¿Qué pasa, muchachos? Se oyen las risas desde la otra cuadra. Están tan contentos que pensé: ¿se habrán sacado la lotería?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;El mellizo lo condujo al galpón sin darle explicaciones. No había necesidad de entrar a la casa para ir allí, porque por el costado de la misma se accedía a él directamente. Una vez dentro, el hombre comenzó a reír compulsivamente, mientras miraba con asombro a los hermanos que, como él, se desternillaban sin que ninguno supiera porqué. En conjunto, los tres sonaban como una multitud jocosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBlockText&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;En los días siguientes se fueron sumando los del vecindario quienes, al entrar al recinto, se integraban inmediatamente al jolgorio compartido, haciendo que se elevara por los aires un festivo clamor que cada vez se escuchaba desde más lejos. Se comenzó a correr la voz y la otrora bucólica calle, poblada de viejos aburridos, cambió y pasó a ser nombrada como la calle feliz o de la carcajada. El galpón se convirtió en el lugar de la alegría; pero no se podía permanecer mucho tiempo adentro a riesgo de morir sofocado de risa. Como era verano, asistía mucha gente a diario, en especial los domingos, cuando llegaban familias enteras. Los hermanos permitieron entonces que los concurrentes instalaran mesas y sillas bajo el parral. Allí se acomodaban con víveres y bebidas diversas que compartían mientras jugaban a las cartas, las damas o el dominó, siempre con el rostro iluminado por plácidas sonrisas remanentes del paroxismo, sintiendo que la alegría perduraba en ellos. Cuando se iban poniendo algo serios con el correr de las horas, reingresaban por turnos al local para recargar la dicha. Hubo quien dijo que en una sola tarde había hecho reserva de felicidad como para una semana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;El fondo estaba poblado de árboles que daban una fresca sombra y al acrecentarse el número de visitantes, también bajo ellos se ubicaron mesas para acomodarlos. Los niños reían; los enamorados reían juntos sumando felicidades; los matrimonios y los jubilados reían y los tímidos e irresolutos, que siempre se habían tapado la boca para reír por temor a la censura, ahora se carcajeaban abiertamente sin pensar en nada más; muchos mufas y amargados inveterados se acercaron para experimentar el reír por lo menos una vez en la vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Se combinaban muchas y diversas risas –las menudas, las altisonantes, las aguardentosas, las que parecían latigazos y las que se sentían como caricias– cada una con su propio sello, condición y tonada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Ya no alcanzaba el predio para alojar tanta gente. Había improvisadas carpas instaladas para esperar un turno que a veces demoraba dos días. Se usó primero la vereda y luego la misma calle, que quedó así definitivamente cerrada al tránsito. Un día, abriéndose paso dificultosamente entre el gentío, un camión fletero logró finalmente detenerse frente a la entrada de los Risso. Los changadores, luego de abrir la gran caja, procedieron a bajar un antiguo piano. Dirigiendo la maniobra de descarga se afanaba un hombre muy viejo, calvo hasta la nuca, de la que pendía una larga cabellera blanca. Acarreado por muchas manos, el instrumento llegó en pocos minutos al centro mismo del salón, donde fue dificultosamente depositado, ya que quienes lo portaban se reían convulsivamente al influjo del extraño portento que allí sucedía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Espero que no les moleste que haya traído este piano –dijo Spinnetti, el de la melena alba a los mellizos, mientras salía del galpón enjugándose el rostro congestionado por la risa y las lágrimas–. Lo compré hace unos días en un remate de &lt;st1:personname productid=&quot;la Ciudad Vieja&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Ciudad Vieja&lt;/st1:personname&gt;, ahora no solamente reiremos sino que mientras suene la música, los que están afuera podrán cantar para acompañar tanta alegría.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Pero don Spinnetti –le dijo Mauro-&amp;nbsp; ¿Cómo se las va a arreglar para tocar mientras ríe? Usted sabe que no se puede estar mucho tiempo ahí adentro...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Ah, no se preocupen, ya lo tengo pensado: ejecutaré piezas cortas, festivas canciones que duren dos o tres minutos, luego saldré para recuperarme y entraré nuevamente a tocar... y así sucesivamente. ¿Qué les parece?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Aquel hombre era un concertista retirado, quien en sus días de gloria había conocido el halago de los aplausos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Los hermanos ingresaron al recinto mágico y entre una carcajada y otra se dieron cuenta de que el instrumento era nada menos que el que había pertenecido a su propia madre, el mismo que ellos mandaran a remate un tiempo antes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Tanta gente junta, con sus aportes, necesidades y miserias hizo que se quebrara la armonía. Los vecinos más próximos, que habían sido los primeros en adherirse a la algazara, comenzaron de a poco a retirarse arrepentidos de haber acompañado en forma irreflexiva aquella loca algarabía general. Renunciaron a entrar al galpón prodigioso, perdiendo entonces la risa. Sus rostros volvieron a ser serios y adustos por ausencia de la alegría. Los disidentes cerraron las puertas de sus zaguanes y, metidos dentro de sus casas, observaban alarmados lo que ellos habían ayudado a desencadenar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Pero sus problemas recién empezaban. Pronto los timbres de sus viviendas y las manos de bronce de los llamadores no dejaron de sonar ni un minuto, accionadas por los que vivían lejos pero seguían fieles al culto de la risa. Tenían necesidades impostergables: pedían agua, permiso para usar el baño, paraguas si llovía, abrigo si hacía frío y muchas otras cosas más. En principio se dejó pasar a alguno, pero fue tal el abuso y la inevitable suciedad que el trasiego generó dentro de los hogares, que optaron por desatender los llamados con la esperanza de que los pedigüeños se desilusionaran y se fueran a molestar a otro lado. Pero lejos de eso, esa actitud provocó la ira de unos cuantos que al principio insistieron golpeando las puertas con el puño cerrado, presionando el timbre de continuo o haciendo repicar el llamador sin parar y por horas. De nada valió desconectar el timbre o salir furtivamente, a las cuatro de la mañana, a descolgar las manos de bronce. Por contrapartida, los de afuera tomaron objetos contundentes –palos, barretas, piedras etc.- con los que, en venganza, estropearon los revoques, las ventanas y las entradas de los zaguanes. No conformes con eso,&amp;nbsp; descuajaron las celosías y apedrearon cuanto vidrio encontraron, hasta hacerlos añicos a todos. Por esa razón los dueños tapiaron las aberturas con tablones clavados en los marcos. Al no haber suficientes servicios higiénicos disponibles, los sitiadores no encontraron mejor solución que hacer sus necesidades en los jardines, orinando los rosales y jazmineros o defecando sobre el césped a plena luz del sol. Al cabo de&amp;nbsp; algunos días, el hedor era insoportable y cuando los vecinos debían salir a la calle, lo hacían con todo tipo de tapabocas. Se veían extravagantes embozados en pleno verano y saltando a la rayuela como si fueran niños o adultos inmaduros, para esquivar las numerosas plastas que tapizaban las salidas. A los sitiados se&amp;nbsp; les agregaba otro problema a la hora de hacer sus compras&amp;nbsp; o salir por cualquier otro motivo, pues ya desde que transponían el umbral, eran insultados y acusados de egoístas y desertores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Los ancianos y los niños lloraban en la intimidad de sus aposentos. Los jefes de familia y sus mujeres bebían tisanas de tilo, melisa, pasiflora, o tomaban calmantes para los nervios, procurando sobrellevar su infortunio con mayor resignación. Como paliativo a lo complicado del egreso, para ir a trabajar los adultos y al colegio los niños, se decidió conectar los fondos por medio de portones hacia una salida común de emergencia que daba a una calle transversal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Mientras tanto, la presencia de tantas personas generó inconvenientes varios. Se agregaba al olor nauseabundo de heces y orines, la fetidez de los desperdicios acumulados que invadían el lugar y se había formado en la esquina un basural de proporciones, al cual el servicio de recolección de residuos no podía acceder por estar el tránsito cortado debido a la invasión. El lugar se llenó de ratas y otras alimañas que a su vez convocaron a los gatos y perros vagabundos. Los acampados debieron eliminar a varios canes que se habían puesto agresivos y de hecho habían atacado a algunas personas. Se formaban espesas nubes de moscas que aqueresaban todo lo pasible de ser aqueresado e infestaban todo lo que se podía infestar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyText2&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Los vecinos, antes de llamar a las autoridades y por consideración a los tantos años de convivencia con los mellizos y su familia, tuvieron la esperanza de que por fin los Risso se hartaran del pandemónium y echaran a la gente con viento fresco. Algunos fueron comisionados para hablar con ellos y ver cómo estaba la situación. Grande fue su desilusión cuando los encontraron sentados a una de las mesas que estaban bajo el parral, comiendo los manjares y bebiendo el vino excelente que le habían traído sus visitantes. Lejos de verse molestos, estaban encantados con aquella interminable fiesta, como de gitanos, en la que eran tratados como reyes y reverenciados como generosos benefactores. Parecían estar ajenos a los graves inconvenientes que había generado en la zona el fenómeno del galpón jacarandoso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;La noticia llegó a los países limítrofes, desde donde vinieron periodistas y visitantes curiosos y ávidos de experimentar el portento, quienes estaban dispuestos a dejar buenos dineros a los propietarios para ser admitidos. Se sacaron cientos de fotos dentro del recinto, en el patio con los dueños de casa, de la multitud, del basural y de cuanta cosa les parecía interesante, para demostrar a la familia y a los conocidos que realmente habían estado allí. Hasta hubo un gringo loco, perteneciente a una secta ecológica, que luego de recomendar un buen aseo, sugirió que el galpón debía ser declarado patrimonio de la humanidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;También vinieron detractores convocados por los vecinos disidentes, que hicieron un último esfuerzo por desalentar aquella locura antes de llamar a la policía. Apareció una mañana el párroco de la zona, vestido de ceremonia, acompañado por dos monaguillos asustados. Parado en una silla dio un sermón sobre los poderes de Satanás, que hacía perder el paraíso a las cándidas almas que sucumbían a sus tentaciones y diciendo que la risa insensata era un indicador cierto de la presencia maléfica. Mientras tanto, los niños balanceaban los incensarios esparciendo olor a santidad. Señalando el galpón, dijo que allí se había instalado el mal, para confundir a las gentes con una hilaridad que, en exceso, impedía reflexionar y atraía al vicio y la deshonra. Sus palabras eran difíciles de entender entre la rechifla general, pero fue tolerado al punto en que no se le impidió que bajara de la silla y echara agua bendita dentro del local sacudiendo con fuerza su hisopo desde la puerta, sin atreverse a entrar por temor a caer en las garras de Belcebú y ser presa también de la jarana diabólica. Luego, se retiró majestuoso, transitando una brecha que le abrieron los presentes, que aunque lo miraban con sonrisas irónicas y hacían algunos comentarios por lo bajo, no le obstruyeron la salida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Después aparecieron dos sucesores, con igual resultado. Uno de ellos era un “Pai de Santo”, quien luego de entrar al recinto emitió una larga carcajada, giró un par de vueltas sobre sí mismo y debió salir para no ahogarse de risa. Una vez afuera, emitió un dictamen: en el lugar había un espíritu burlón, perteneciente a un “caboclo” al que los blancos habían matado de risa, haciéndole cosquillas en los pies. Ofreció su colaboración mediante un módico pago, para “limpiar” el terreno y las instalaciones. Su propuesta cayó como un misil. La concurrencia se enardeció ante este atentado contra la alegría experimentada o por experimentar. Lo sacaron en andas y lo tiraron sobre un montón de basura, acumulada en la esquina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;No le fue mejor a un pastor exorcista, que gritó frente a la pieza, como si él mismo estuviera poseído: “Fuera diablo, fuera diablo” hasta colmarle la paciencia&amp;nbsp; a la gente, con los resultados esperables.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Otro que concurrió para desalentar a los congregados fue el comisario, que antes de asentar la denuncia, intentó convencerlos con buenas razones de abandonar aquel lugar pacíficamente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 60.0pt; margin-right: 1.0cm; margin-top: 0cm; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 60.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Esto está generando alarma pública –le dijo a los Risso, que jugaban a los naipes, llenos de contento bajo los árboles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;Ellos le sugirieron que constatara por sí mismo que no había nada de ilegal en aquella reunión y el comisario, que estaba deseoso de saber qué se sentía dentro del galpón, accedió de inmediato. Estuvo un rato allí y después salió rojo y lacrimoso, tratando de contener la risa. Les hizo unas recomendaciones sin fundamento y se fue.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-right: 1.0cm; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial;&quot;&gt;En verdad y por acción totalmente humana, se estaba generando una sucursal del infierno, pero sin fuego, y los mismos concurrentes pensaron que debían encontrar una solución. Siguiendo el ejemplo del viejo pianista, decidieron aportar elementos que facilitaran la estadía de los que se quedaban. Así llegaron las bacinicas por docenas, que fueron almacenadas en el galpón y que cada uno se comprometió a usar, vaciar en la cloaca de la casa y lavar después, antes de usarlas nuevamente. Se aportaron sillas, sillones y mecedoras para la permanencia en el recinto, que se extendía como promedio unos pocos minutos, pero que algunas personas enfermas o ancianas no resistían de pie. Acomodaron estos asientos todo a lo largo de las paredes, como en los velorios. También llegaron grandes cuadros y bustos de músicos famosos para complacer el gusto del concertista, un tocadiscos con parlantes para complementar las interpretaciones del viejito, algunas sillas de rueda y una cama articulada de vaga utilidad; apareció después una gran heladera compartimentada para conservar alimentos y bebidas, que fue muy apreciada por todos, se trajo un lote de frazadas para repartir en las noches en que refrescaba, calderas y ollas, y un botiquín de emergencia. Alguno, argumentando futuros y peregrinos usos, trajo sus trastos con el fin de librarse de ellos. Después del primero aparecieron muchos otros con cajas de misterioso contenido, sin sentir el más mínimo remordimiento, ni la necesidad de dar explicaciones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyText3&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Sucedió entonces que las gentes se ubicaban con dificultad en el lugar porque estaba quedando abarrotado de objetos. Al mismo tiempo, la urgencia de reír allí dentro iba disminuyendo, junto con el volumen de las carcajadas. Las personas empezaron a salir decepcionadas, porque luego de una permanencia de hasta una hora, no habían logrado sino esbozar una leve sonrisa. Los más entusiastas fueron los últimos en irse y en el lapso de un mes ya no quedó nadie en el predio ni en sus alrededores, excepto los dos hermanos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyText3&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Se retiró la denuncia policial que finalmente los vecinos habían presentado hartos de los desmanes, porque ya no había nada que reclamar. Volvió la calma... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyText3&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Entraba el otoño con sus fríos incipientes y su melancolía. El terreno lucía devastado por el exceso de trasiego del estío. Algunos días grises una llovizna helada y barrida arrancaba las últimas hojas amarillentas de los árboles. Se quitaron las tapias de puertas y ventanas, se repusieron los vidrios rotos, se conectaron los timbres y se colgaron los llamadores de bronce en sus antiguos lugares. Volvieron las semanas de siete domingos y la desolación. A los vecinos, que tanto habían luchado por recuperar su tediosa forma de vida, se les presentó una extraña duda. ¿Estaban mejor ahora, sin risas ni alboroto? ¿Habían sido felices por un tiempo sin saberlo y luego habían destruido la alegría? Tenían argumentos en uno u otro sentido, pero no certezas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyText3&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial; font-size: 12.0pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Los Risso tuvieron una crisis de depresión que les duró hasta fines del invierno. Ellos no dudaban de que el pasado verano había sido el mejor de sus vidas. Mientras duró, poco habían entrado al galpón porque no necesitaban ser estimulados para reír. Estaban tan contentos, rodeados de aquellas gentes agradecidas y pródigas, que creían haber ingresado al paraíso en vida. Todo se derrumbó y meditando largamente, en los tiempos en que reinaba el frío, ambos ya habían descubierto porqué. Se miraron con complicidad y se entendieron sin palabras. El verano volvería y había que prepararse con tiempo. Era momento de llamar al remate.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/6579930340655381624/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/12/la-fraternidad-de-la-risa.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/6579930340655381624'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/6579930340655381624'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/12/la-fraternidad-de-la-risa.html' title='LA FRATERNIDAD DE LA RISA'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-1741941607065717826</id><published>2011-12-19T03:52:00.000-08:00</published><updated>2011-12-19T03:52:38.577-08:00</updated><title type='text'>POR AMOR A MARÍA</title><content type='html'>&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot; style=&quot;line-height: 150%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;El tiempo es el villano del olvido. Los hombres y las historias, salvo excepciones, van perdiendo vigencia en el devenir inexorable. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Por esta causa, debí apresurarme a escribir esto antes de que se borrara de mi memoria. Soy consciente de que es, en realidad, una historia marginal, desconocida y sin relieve, absolutamente ajena al mundo de los que importan.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&amp;nbsp;Hace un tiempo, conocí a un hurgador que pasaba a diario por la calle donde vivo. Estando yo sentado en la vereda, bajo la sombra fresca del Jacarandá que está frente a la entrada de mi casa, lo veía pasar cerca del mediodía, cuando él regresaba a su rancho en la periferia de la ciudad, cumplida su tarea recolectora en el casco urbano de Montevideo. Iba contento en su carro con ruedas de automóvil, atestado de bolsas de desperdicios que él había recogido para ser reciclados. De ahí también obtenía el sustento de cada día y el de los animales que lo acompañaban: sus perros y su yegüita tostada, que tiraba del carro haciendo sonar rítmicamente sus cascos sobre el pavimento. De a ratos, él le rozaba las ancas cariñosamente con una varita de mimbre, instándola a apurar el paso:&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo2; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Vamos María –le decía–, no me afloje m’hija ¿Pa’ qué le doy de comer entonce’, eh?.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Y ella apuraba un poquito el tranco para contentarlo. Sonaban alegres los cascabeles que el hombre le había colocado en el apero. A veces, por el calorcito del sol, el tintineo y el vino que llevaba en la panza, el conductor se adormecía por algún trecho, pero en general iba comentando las circunstancias de la ruta a la yegüita.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;-A ver... ¿qué será eso que pusieron allá, María? ¡Parece un sillón! Sí, María, es un sillón de cuero y&amp;nbsp; parece de lo’ bueno’... ya sé que el asiento está un poco roto ¿y qué quiere? ¿Que lo tiren sano? Igual... si no es pa’ sentarse usté, es pa’ mí; lo’ caballo’ no se sientan en lo’ sillone’. ¡Qué va a ser pesado, María! Arrime, arrime al cordón que ya lo cargo. ¿Vió? El patrón ahora tiene asiento de lujo ¿qué me dice, eh?&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Uno de esos días caí en la cuenta que desde hacía un tiempo atrás, ya no era una yegua la que arrastraba su carro con pértigo; en su lugar el hombre se desplazaba tirando de uno de mano, notoriamente más chico. El esfuerzo evidentemente era tremendo. Me dio pena verlo remontar el repecho, cinchando como un burro, con el vehículo repleto de bolsas. Al pasar le ofrecí entonces agua fresca. Él bebió con avidez dos o tres vasos. Me miró después, directo a los ojos y me preguntó:&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¿Vino, no tenés?&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Tengo ¿pero no te hará mal?&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¿Mal? Dame vinacho; se me terminó hace un rato y vengo suave por falta de combustible.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Le traje un vaso lleno y lo bebió de un trago.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Mirame, muchacho –dijo y colocándose rápidamente entre las varas se alejó de improviso, con paso rápido, llevando la carga para su rancho del “cantegril”.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Debido a su repentina partida, me quedé con las ganas de preguntarle por la yegua y el carro perdidos. Al otro día, picado por una infantil curiosidad, aguardé a que él pasara, calculando la hora aproximada en que lo hacía habitualmente. Un poco antes llené un vaso de agua y otro de vino. Cuando llegó le pregunté :&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¿Tomás algo?&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Y... bueno. El agua primero, si la tomo después me saca el gusto a vino. &lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Me senté en el cordón de la vereda y él me imitó:&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¿Qué pasó con la yegua?&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Bebió un largo sorbo y me miró de reojo.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;En confianza te v’iá contar, pero que quede entre nosotro’ ¿tamo’? La yegüita voló al cielo, ‘tá en una estrella –me dijo en tono confidencial, después siguió con tristeza en la voz: -Fue el veintitrés de agosto, el día del viento fuerte ¿te acordás? El techo de mi rancho se voló. Al otro día anduve peliando con lo´ vecino’ pa’ juntarme con las chapas; al último por suerte las recuperé todas. A ella no, &lt;st1:personname productid=&quot;la María&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la María&lt;/st1:personname&gt; se me desapareció y no la encontré ma’. Pensé que me la habían robado, pero Ramón me aseguró que se la había llevado el viento. A él el viento tamién le había llevado cosas: la palangana, latas de las paredes del rancho y un perro, el má’ flaco de todos.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Según me siguió contando cuando Ramón, temerariamente, se había asomado por un hueco dejado por las latas desprendidas, vio pasar volando puertas, ropa, gallinas, chapas, ramas y palos. También contempló asombrado dos o tres caballos empujados por el viento. Entre ellos pudo ver a María, la yegüita de Toto, que en un momento dado se elevó inesperadamente perdiéndose luego entre las bajas nubes de tormenta.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Yo hice un notorio gesto de incredulidad.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Ramón sabe mucho, es mi primo y tamién mi amigo –me aseguró– si él dice que la vio, la vio nomá’.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;No nos encontramos por un tiempo y un día en que pasaba, volvimos a conversar del tema. Me contó que desde que desapareció María, cada vez que había una noche clara, él la buscaba entre las miles de estrellas para ver si la descubría en alguna. Pero por más que puso su empeño en escrutar el cielo, no la&amp;nbsp; pudo divisar. Después de muchas veladas y por causa de la posición forzada, le sobrevino una&amp;nbsp; tortícolis crónica. Desesperado y dolorido le planteó el&amp;nbsp; problema a su primo, a quien consideraba muy sabido porque había ido hasta quinto de escuela:&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Mirá, Ramón: busco y busco, miro y miro, pero no puedo encontrar a mi yegüita. No está en las estrellas, como vos me dijiste...&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Ramón le reveló entonces un secreto:&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Lo que pasa es que hay una parte grande del cielo que de acá no se ve. De este lado ya no alcanzan las estrellas para guardar tanta gente y tanto caballo volado. También están los gatos, los perros: todos los que fueron buenos en este mundo, sean bichos o cristianos, van a parar allá arriba ¡imaginate! Y es igual en todos los países ¡son muchos millones!&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Ramón... ¿vo’ no me estarás mintiendo? Porque en todas esas noches que me pasé mirando no vi a nadie en las estrellas: ni gente, ni perros, ni nada.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Pa’ que lo veas, tiene que ser algo tuyo, Toto. Cada uno encuentra lo que quiso de verdad acá abajo ¿entendés? Cada uno con lo suyo. Además, aunque te parezca mentira, del otro lado del cielo hay más lugar. Es una fija que tu yegua ha ido a parar ahí. Dame tiempo que te vi’a averiguar.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;En sucesivas conversaciones, me fui enterando de que el mentado Ramón era bastante más joven que Toto y disponía solamente de un carro de mano para juntar la basura. Vivía con su mujer e hijos en un rancho cercano al de su primo, construido con latas y cartones, mucho más precario aún que el del otro. Por algunos detalles deduje que consideraba injusto que al Toto le hubieran tocado la vivienda y el caballo del abuelo, siendo que él también tenía derecho a tenerlos, aunque se viera forzado a irse de la casa al poco tiempo de juntarse con &lt;st1:personname productid=&quot;la Shirley. Toto&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Shirley. Toto&lt;/st1:personname&gt; me contó que ella era “bravísima” y de mal genio. Las riñas entre ellos y con el viejo, que llegaron a ser muy violentas e incluyeron algunos golpes, fueron el pan de cada día y motivaron que el abuelo los echara de la casa.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Sus relatos me permitieron ir hilando la historia de su familia y la suya propia. Entre sorbo y sorbo me narró que Ramón y él pertenecían a una tercera generación de marginados. El abuelo había venido a Montevideo corrido por el hambre, desde un pueblucho del interior. Llegó con su numerosa familia, luego de extenuantes jornadas en su carro tirado por dos caballos, uno de los cuales murió por el camino y el otro apenas llegó vivo. Se afincó en el único lugar que estaba a su alcance: un caserío levantado en terrenos fiscales, convirtiéndose de peón rural en hurgador; desde entonces el oficio fue pasando de padres a hijos.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Toto había nacido cuando su madre era casi una niña y de padre desconocido. Como era muy lento para razonar, la familia le dio poca importancia y lo calificó de “retrasado”. Al tiempo, la madre se fue con una pareja a otro asentamiento de la zona. Hasta hacía unos años solía cruzársela en la calle; la mujer iba en un carro tirado por una mula, acompañada por una caterva de niños de diversas edades y aspectos. Algunas veces se saludaban, manteniendo luego un corto diálogo, como si fueran parientes lejanos. Después la dejó de ver, sus medio hermanos crecieron y se desperdigaron. No estaba muy seguro de qué habría pasado con ellos.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;En realidad, la única referencia familiar importante de aquel hombre fue su abuelo. Después de que se fuera Ramón, ambos se acompañaron y compartieron el trabajo hasta que el anciano murió, a los ochenta años. Un poco antes tuvieron que comprar a la yegüita, que por entonces era una potranca, porque la mula “Lola” se les había muerto de vieja. Toto le preguntó al abuelo:&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¿Me dejás ponerle el nombre?&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Cómo no, m’hijo, si total va a ser suya cuando yo ya no esté... Y ¿cómo la va a llamar?&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;María.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Poco a poco noté que Toto pasaba cada vez menos por mi barrio. En una de las escasas veces en que lo volví a ver iba triste, con la cabeza gacha, llevando penosamente el carro. En esa ocasión conversé con él y me dijo:&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Yo la quería mucho y el viento se la llevó. Te juro que no me dan gana’ ni de chupar vino; no hay día en que no piense en &lt;st1:personname productid=&quot;la María&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la María&lt;/st1:personname&gt; y en todo lo que hicimo’ junto’. ¡Qué linda era! Tenía ojo’ grande y el pelo suavecito. No’ mirábamo y ya no’ entendíamo’.&amp;nbsp; Vo’ sabé que una vez cayeron a mi casa los milicos que andaban de “rásia” por el “cantegril”. Yo estaba con ella en el fondo, mimándola. Uno de los cana’ me preguntó si yo me la cogía. Yo le contesté que era mía y que podía hacer con ella lo que se me antojara. Pero se lo dije por joderlo nomá, pa’ que no se metiera en lo que no le importaba. Yo era güeno con mi yegüita, nunca le pegaba y ella tamién me quería ¿sabé? Por eso la extraño tanto...&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Se le quebró la voz y bajó la cabeza.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;La última vez que hablé con Toto me aseguró que ya sabía donde estaba María:&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;El Ramón averiguó que está arriba de Francia –me confió muy serio– Y vo’ fijate: ¿Cuándo voy a ir yo a Francia? ¡Andá a saber en que estrella le tocó! Meno’ mal que lo’ francese’ no la van a poder agarrar porque ellos comen caballo’, según me contó Ramón.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;El primo le había sugerido que se consiguiera otra potranca pero él le contestó que con lo que sacaba no le daba para nada, además él era hombre de una sola yegua.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Durante un tiempo esperé al infeliz con agua y vino, pero dejó definitivamente de venir. Meses después empecé a ver pasar a un hombre&amp;nbsp; joven y vigoroso, llevando un carro que yo reconocí como&amp;nbsp; el precario vehículo de Toto y le pregunté qué había pasado con él. El hombre se encogió de hombros y me dijo:&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Y... aquel está en el loquero... se rayó. Le daba&amp;nbsp; por dormir siempre afuera, en el suelo nomá, boca arriba y envuelto en una cobija. Así todas las noches en que el cielo estaba claro. Estaba quedando seco de no comer y al final, un día que amaneció con un frío machazo,&amp;nbsp; me lo encuentro acostado en el patio, medio morao, hasta escarcha en el pelo tenía y agarré y llamé la ambulancia. Cuando vinieron y lo levantaron parecía muerto; estaba duro como un fierro, con los ojos bien abiertos, babeándose y diciendo pura pavada. Yo, que soy el primo, me apuré a mudarme al rancho d’él pá cuidarle las cosas porque sinó , usté sabe como es la gente... se le mete cualquiera y se le queda con todo.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Él quedó mal por lo de María... – le dije mirándolo directamente a los ojos y él desviando la mirada me contestó:&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l1 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Pobre yegüita, quién sabe donde fue a parar... Capá’ que se la robaron aprovechando el barullo de la tormenta pa’ venderla por ahí. Bueno, nos vemo’ Don, cualquier cosa a la orden. Me llamo Ramón.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Ese día comprobé que el cinismo no es patrimonio exclusivo de algunos políticos, tampoco el amor es solamente para los poetas románticos.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 1.0cm;&quot;&gt;Yo no sé si el Toto enloqueció por el hambre y el frío o por el amor perdido, pero comprendí&amp;nbsp; por aquellos detalles, que sufrió algo parecido a una inconsolable viudez, destruido para siempre y de esa forma, el escaso margen de entendimiento que le quedaba.&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/1741941607065717826/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/12/por-amor-maria.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/1741941607065717826'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/1741941607065717826'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/12/por-amor-maria.html' title='POR AMOR A MARÍA'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-1783057340608662816</id><published>2011-12-11T04:10:00.000-08:00</published><updated>2011-12-11T04:10:30.873-08:00</updated><title type='text'>LA ESFERA Y EL DESTINO</title><content type='html'>&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Por el estrecho espacio rectangular de la pequeña ventana, el “Pirincho” Martínez miraba asombrado y con miedo cómo las humildes y precarias viviendas aledañas iban cediendo al influjo del poderoso vendaval. Tal parecía que una mano gigante las zarandeaba inmisericorde hasta que, por fin, algunas de ellas se entregaban y sus paredes de madera y sus techos de lata acababan desperdigándose por los aires. Las chapas se paraban como animadas, vacilaban un poco, se estremecían violentamente y luego levantaban vuelo desapareciendo de la vista en el tumulto del temporal. Las armazones de palos de eucaliptus se desencajaban; los maderos se partían como mondadientes y se iban dando tumbos para quedar después desparramados entre los otros despojos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;En su propio rancho, varios trozos de las endebles paredes se habían desprendido. El techo, compuesto por chapas juntadas por él en los basureros, se arqueaba en forma inquietante amenazando volarse en cualquier momento. Todo el recinto crujía y de pronto la puerta de entrada se abrió con un chasquido y quedó batiéndose violentamente por unos segundos, hasta desprenderse de sus envejecidos goznes.&amp;nbsp; Botellas, frascos, tarros de azúcar, arroz, harina fueron arrojados de las estanterías, se estrellaron contra el piso de tierra y derramaron sus contenidos. El perchero, ubicado a un lado de la entrada, inició una insólita danza. Las prendas que pendían de él se convirtieron en alas y fue arrastrado hacia afuera con toda su carga de ropa. Martínez reaccionó y salió tras sus pertenencias, recordando que en el bolsillo de un chaleco estaba su posesión más preciada: un antiguo reloj de leontina que había pertenecido a su tatarabuelo y había pasado de generación en generación hasta llegar a sus manos. Esquivó como pudo los objetos caídos y apoyándose en las paredes corrió tras el perchero y parte de su carga, que se alejaba haciendo piruetas, arrastrado por el ciclón. Midió la distancia y calculó que arrojándose&amp;nbsp; “en palomita” podría atraparlo. En efecto, logró asirlo por su base, pero con desesperación comprobó que la última prenda que quedaba enganchada en él, el chaleco con el reloj, se desprendía y se perdía elevándose y luego, a buena altura, flotaba graciosamente en el viento huracanado.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;El Pirincho, sacando la cara del barro donde había caído de bruces, se quedó contemplando desolado como se perdía de vista. El chaleco en realidad no le importaba pero con él desaparecía su reloj, su más valioso objeto, el único vínculo que tenía con sus orígenes.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Aquella maquinaria noble, fabricada en Suiza, en cuyas entrañas giraban ejes y ruedas montados sobre genuinos rubíes, representaba la continuidad de su familia, la esperanza de recuperar antiguos linajes hipotéticos y supuestas riquezas perdidas, y era lo único que sostenía su dignidad después de la debacle económica de los suyos. &lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Hasta él había llegado por línea paterna, junto con una historia que seguramente había sido enriquecida con los aportes de las diferentes generaciones. Su padre le había contado que sus antepasados eran nobles y que su bisabuelo en particular, fue un segundón que no había heredado los bienes familiares, y lo único que había recibido de su progenitor era aquel reloj de oro con el que emigró a América, a buscar la fortuna que el destino le había negado. Se contaba que por él había luchado valientemente y a cuchillo con un bandolero que pretendió robárselo. Arribó a esas tierras llevándolo en el bolsillo de un chaleco tan viejo y gastado como el que le arrebató el vendaval al Pirincho. Su antepasado inculcó en sus descendientes la idea de que debían mantenerlo siempre funcionando, aun cuando atravesaran las más adversas circunstancias. Así se estableció en su prole la&amp;nbsp; creencia mítica de que si se detenía, todo el esfuerzo de su apellido por pervivir estaría irremediablemente perdido. &lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Ciertamente había otros parientes con igual y legítimo derecho a heredar el reloj, pero las circunstancias lo habían destinado a él, también segundón de una familia de nueve hermanos que, con suerte diversa, habían transitado sus vidas. Su padre tenía grandes diferencias con el mayor de sus hijos por razones políticas y ese hecho terminó por distanciarlos tanto, que el muchacho se fue de la casa y del país y nunca más se supo de él. De esa forma, cuando falleció el padre, el reloj pasó a manos del Pirincho y con él&amp;nbsp; la responsabilidad que aquel legado entrañaba.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Él había estudiado contabilidad y consiguió empleo para llevar los libros de una estancia. Se casó y le nacieron dos hijos. Vivía cómodamente de su trabajo y parecía que, aunque no hubiera hecho la fortuna que esperaba, tampoco tendría un destino miserable. Pero entonces se quebró cuando su mujer lo abandonó para irse a &lt;st1:personname productid=&quot;la Argentina&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Argentina&lt;/st1:personname&gt; con el capataz, llevándose a los niños. Desesperado, hizo averiguaciones para hallarlos. De lo único que pudo enterarse fue que ella, con su amante y los chicos, había cruzado el Río Uruguay por medio de un botero. No tuvo más noticias y les perdió el rastro para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Aquellos avatares lo habían empujado a la depresión y al alcoholismo. Dejó su trabajo y lo perdió todo. Malvendió sus pertenencias: sus muebles, su mejor ropa y la vajilla inglesa, regalo de casamiento de sus padres. Vivió un tiempo en una pensión pero finalmente, al acabarse el dinero, tuvo que refugiarse en aquel rancherío al costado del pueblo, donde muchos antes que él y por distintas circunstancias, habían llegado para configurar el cinturón de miseria de la ciudad. Levantó su precaria morada y quedó anclado. Ahora vivía de changas; hacía de ocasional alambrador o de albañil, carpía en las plantaciones y recolectaba frutas o verduras cada tanto y así sobrevivía, aunque muchas veces padecía hambre y frío por falta de recursos. Pero el reloj era sagrado: no se empeñaba ni se vendía, por más necesidad que tuviera.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Sorteó la tormenta con gran dificultad y se llegó hasta su rancho, que milagrosamente seguía en pie. Luchando contra el viento, empapado y aterido pudo, con mucho esfuerzo, levantar la puerta y atracarla con un parante que se había desprendido de la estructura de una de las paredes,&amp;nbsp; calzando el extremo inferior con un viejo baúl. Se sacó la ropa mojada, se envolvió en una cobija raída; luego se tendió en su catre para calentarse y esperar, tapado hasta la cabeza, que pasara lo peor de la tormenta.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Lloró entonces desconsolado, acordándose de su querido reloj al que dio por perdido para siempre. Aquella valiosa reliquia midió exactamente los tiempos de ser feliz, los anodinos y los de endechar de su familia, después de haber cruzado el Atlántico, sostenido por su cadena de oro y guardado dentro del bolsillo del chaleco de su tatarabuelo. Más tarde fue cuidado con dedicación por cinco generaciones, incluido él mismo. Le dolía haber cumplido mal su misión al perderlo, aunque fuera por causas inesperadas. Se dio cuenta que siempre se había sentido como un usurpador, porque en realidad, una vez llegado a América, los herederos de aquella máquina estupenda e infalible habían sido los primogénitos de cada familia y él no lo era. Quizás por eso, el reloj pareció adquirir vida propia en medio de la tormenta y se fue en busca de sus legítimos dueños: su hermano mayor y su descendencia. &lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Mientras lo tuvo consigo, sintió que de alguna manera todavía había esperanzas de revertir su suerte, encontrar a sus hijos y entregar el legado al varón, aunque tuviera que atravesar difíciles trances para lograrlo. Verse despojado de él en aquella forma tan insólita e impredecible era un presagio cierto de un destino desconocido y fatal. Siempre se había afirmado, por parte de sus mayores, el carácter casi sagrado de aquella posesión y le pesaba en extremo su pérdida.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Pasado el tiempo, no podía dejar de recordar todas las noches, antes de dormirse, lo terrible de su desgracia y de día, cuando salía al campo, miraba intensamente cada parte del terreno, cada árbol, cada escondrijo, con la absurda esperanza de encontrar el reloj de sus desvelos. A veces le parecía ver el viejo chaleco enganchado en una chirca, sobre el pasto o en una cañada, entre los sarandíes, pero luego al aproximarse se desengañaba. Lo inquietaba particularmente el arroyo, con sus aguas impetuosas en invierno que todo lo arrastraban. Luego, cuando venía la seca, lo recorría desde su naciente hasta su desembocadura en el río, caminando kilómetros bajo el inclemente sol de enero, para ver si en el lecho ahora descubierto yacía su querido fetiche. Cualquier objeto que relumbrara a lo lejos lo llenaba de ilusión, y corría hasta él para comprobar abatido que era solamente una lata o un pedazo de vidrio.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Su mente se desbarrancó casi del todo. Había perdido a su mujer y sus hijos, su bienestar y ahora el destino lo había despojado de lo único que lo ataba a sus referencias. Vagó en vano siempre buscando, experimentó la más atroz de las miserias, mendigó comida y fue el hazmerreír de sus vecinos por su verborragia y sus actos sin sentido. Se convirtió en el “loco del pueblo”, siempre vestido con andrajos, al que los muchachos hacían burlas y apedreaban y los mayores compadecían, pero evitaban.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Aquel período de enajenación y pobreza extrema fue pasando y con los años&amp;nbsp; recuperó el tino suficiente como para volver a vivir de changas.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Una tarde de fines de invierno, en que estaba disfrutando del calor del sol, sentado en el frente de su vivienda, vio venir por el camino a un hombre joven cuyo porte le pareció familiar. Cuando llegó hasta él, el muchacho se detuvo y lo saludó.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¿Cómo está, don Martínez?&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Disculpe... ¿Sabe que su cara me resulta conocida?... Pero no sé quién es usted...&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Papá... ¿Es posible que no me reconozcas? Soy Andresito, tu hijo...&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;La sorpresa no le permitió articular palabra, pero se incorporó con los ojos agrandados por el asombro y ambos se abrazaron llenos de emoción. Conmovido, Andrés le dijo:&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Vengo de Córdoba. Pasé primero por la estancia donde vivíamos y ahí me dijeron que estabas por este lado...&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¿Y Mirtita? – preguntó el padre con los ojos llorosos.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Quedó allá con mamá. Están bien.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Se hizo un silencio en que ambos se miraron profundamente. Después Andrés agregó:&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Te traje algo... –buscó dentro de uno de sus bolsillos, extrajo un pequeño paquete y se lo entregó– Sé que es tuyo.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;El Pirincho, con dedos nerviosos, rompió el papel y allí estaba, enganchado en su gruesa leontina, el antiguo reloj de oro de su familia. Con manos temblorosas lo acercó a su oído y comprobó que estaba marchando. Miró a su hijo interrogante y él le dijo:&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Cuando lo conseguí, estaba funcionando... después le fui dando cuerda.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¡Es mi reloj! ¿Cómo lo encontraste? ¿En el campo? –preguntó casi incrédulo.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;No, lo vi en Córdoba, en la vidriera de un cambalache, pero no tengo la más puta idea de cómo llegó ahí. Cuando lo tuve en mis manos confirmé que&amp;nbsp; era el tuyo por los angelitos volando entre las ramas, estos que tiene en la tapa, y por la inscripción rara esa, de la contratapa. Dejé una seña para que me lo reservaran; pedían mucha plata por él, porque es de oro ¿viste?&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¿Y como fue que pudiste pagarlo? ¿Sos rico?&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¡Qué voy a ser! Hice lo que hago siempre: le afané la plata a un tipo que iba en flor de camioneta. Por desgracia el que estaba con él me quiso primeriar y tuve que quemarlo... al otro le di un culatazo en la cabeza –el joven hizo un gesto de contrariedad–. Ojalá los dos estén vivos, aunque siempre fui chorro nunca había tenido que matar a nadie... Pero lo hecho, hecho está. En fin... con lo que les saqué, levanté el reloj. No lo robé directamente, porque si los milicos me agarraban, me lo requisaban derecho. Ahora lo tenés vos, nadie te lo va a quitar y después, cuando llegue el momento, me lo das a mí y quedamos cumplidos con la familia.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;El padre y el hijo se abrazaron, luego hablaron un buen rato de sus cosas y el muchacho se fue con la promesa de volver cuando pudiera. &lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Martínez se quedó como fascinado sosteniendo su reloj en la palma de la mano, contento de haberlo recuperado pero al mismo tiempo muy triste por el alto precio que había costado: por él, su hijo quizá fuera un asesino y seguramente sería perseguido por la policía. Pero ahora tenía esperanzas. El reloj volvía a su poder y sabía que protegería su destino.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;“¡Dadme todo lo que traes!” le dijo el salteador de caminos al pasajero que viajaba en la carroza. En el pescante, colgando de lado, estaba el infortunado cochero con una puñalada en la espalda. El bandido montaba a caballo,&amp;nbsp; llevaba un pañuelo negro que le tapaba la cara y esgrimía una daga. Temblando, la víctima le extendió una bolsa con dinero. El asaltante le demandó que le diera lo demás de valor que llevaba: sus anillos, un prendedor de rubí y el reloj de leontina que tenía enganchado en el ojal de su chaleco. &lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Dejádmelo, os suplico, es muy importante para mí porque...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt;&quot;&gt;El bandido no lo dejó terminar, se lo arrebató y lo golpeó violentamente en la sien con el puño cerrado en torno al mango del puñal; el otro quedó desmayado dentro del carruaje. El jinete se alejó a galope tendido mientras se desataba una fuerte tormenta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Manuel Martínez compró los pasajes para él y su familia. Emigraba a América del Sur en busca de fortuna. Subieron al barco y mientras todos se despedían de los suyos agitando pañuelos, se tanteó el bolsillo para comprobar que su reloj de oro, al que la sangre derramada había convertido en una especie de talismán, iba con él; también lo acompañaba el remordimiento de haber matado a un hombre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Manuel decidió que nunca se desprendería de aquel objeto que tenía un valor mucho más allá del real, porque lo había obtenido mediante un sacrificio humano, propiciatorio de un cambio radical de suerte. Durante todo el viaje fue elaborando una leyenda para sí mismo y para transmitir a sus descendientes. Lo único que lo contristaba era no poder descifrar aquella inscripción en el reverso de la tapa: “Fata viam invenient.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyText&quot; style=&quot;text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ni él ni sus sucesivos dueños se enteraron del significado: El destino siempre encuentra la forma de cumplirse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/1783057340608662816/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/12/la-esfera-y-el-destino.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/1783057340608662816'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/1783057340608662816'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/12/la-esfera-y-el-destino.html' title='LA ESFERA Y EL DESTINO'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-1359000259490033761</id><published>2011-12-08T05:44:00.001-08:00</published><updated>2011-12-08T05:44:43.517-08:00</updated><title type='text'>UN POEMA DE AMOR</title><content type='html'>&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Es una flor, una lágrima en suspenso&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Que tiembla y luego&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Va rodando por la mejilla&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Mansamente&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Una pizca de aliento&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Prisionero en la escarcha&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Se aleja hasta una estrella&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Solitaria&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Y vuelve como un rayo de sol&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Atravesando el cristal de mi ventana&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Es como un viento recio&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Soplando en la montaña&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;El trino solitario de un zorzal&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Cantándole al crepúsculo&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;La corriente loca de un torrente&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Que resuena rozando los guijarros&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Un ansia interior que nos sofoca&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Un poema de amor&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Es la palabra hecha mujer:&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Su abrazo tierno…&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Aroma visceral&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Piel suave que concuerda&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Un adiós, a veces un “por fin” &lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;encuentros y recuerdos&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Nunca olvido&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Voces repletas de motivos&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Ahogados gritos de placer,&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Risas, llanto, un susurro&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Y un gemido&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Un poema de amor&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Es lo que busca escribir&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Este hombre simple&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Sin poder abarcar en su decir&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Todo el dulce caudal de sus amores&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Que han vivido y hoy viven&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Gracias a ti, mujer.&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/1359000259490033761/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/12/un-poema-de-amor.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/1359000259490033761'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/1359000259490033761'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/12/un-poema-de-amor.html' title='UN POEMA DE AMOR'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-1476307264188170861</id><published>2011-12-04T03:20:00.000-08:00</published><updated>2011-12-04T03:20:48.537-08:00</updated><title type='text'>AROMA DE CLAVELES</title><content type='html'>&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; tab-stops: 378.0pt; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Esa noche, como acontecía seguido en los últimos tiempos, se abrió la puerta del guardarropa. Entre tinieblas, Alberto había escuchado el leve y entrecortado sonido que precedía al posterior desplazamiento de la hoja de madera.&amp;nbsp; Era un mueble muy antiguo por lo cual la cerradura no funcionaba desde épocas inmemoriales, aunque la puerta siempre se había ajustado perfectamente a su marco y nunca antes se había movido por sí misma. Desde el interior del ropero, salió un rancio aroma a claveles marchitos, que se iría atenuando después, con el correr del tiempo. Las primeras veces, Alberto se había asustado pero, con la repetición del fenómeno, se había habituado a él y ya no se sobresaltaba si, medio dormido, se llevaba la puerta por delante cuando se levantaba para ir al baño por lo menos una vez en la noche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Con los ojos abiertos en la oscuridad, recordó que el hecho había comenzado a producirse a partir de la desaparición de Celina aquel maldito y aciago dos de noviembre. Aunque esa mañana no la había visto salir rumbo al cementerio por estar en el baño, sabía que lo había hecho como de costumbre, abrazando un gran ramo de claveles granates recogidos en el jardín de los fondos. Esas flores se venían plantando desde años atrás para honrar a los parientes muertos, sepultados en el panteón familiar. En aquella ocasión, no se ofreció a acompañarla porque no se sentía bien después de pasar una incómoda noche sobre el piso del porche de entrada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;-Es obvio que no tenés la menor intención de ir conmigo a llevar flores a la tumba de mis padres. En realidad, nunca los pudiste ni ver ¿te parece que no he tenido oportunidad de darme cuenta? Además, mejor así. Con esa gripe y la alergia que te pescaste por andar trasnochando te va a hacer mal, y después soy yo la que tiene que cargar con el fardo. Deberías&amp;nbsp; ser consciente de tu edad... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Alberto se encerró en el baño precipitadamente después de oír las hirientes palabras de la mujer. De lo contrario, se hubiese suscitado una terrible discusión y él &amp;nbsp;ya no tenía capacidad para seguir soportando aquellas situaciones. En consecuencia, sabía que no lograría controlarse. Su ira acumulada en tantos años haría&amp;nbsp; que reaccionase con violencia por primera vez. Afortunada e inesperadamente Celina calló. Desde su encierro creyó oírla salir taconeando su fastidio, como siempre que se molestaba con él. El eco de sus pasos se perdió a medida que se alejaba. No pudo percibir el sonido de&amp;nbsp; la puerta de entrada al cerrarse tras ella, pero supuso que ya debía haberse marchado. Sin embargo, esperó un poco para asegurarse de que era así y una vez en la habitación acomodó dos o tres cosas, se metió en la cama y se tapó hasta la cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;El cementerio de &lt;st1:personname productid=&quot;la Chacarita&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Chacarita&lt;/st1:personname&gt; no quedaba muy lejos pero llegó el mediodía y de Celina ni noticias. A eso de las tres de la tarde, Alberto ya muy extrañado y afligido decidió ir a buscarla. Traspuso los portones de la necrópolis y cruzó rápidamente el pabellón de entrada, sin detenerse a persignarse ante el Cristo crucificado, al contrario de su costumbre. Caminó con prisa por las calles y senderos flanqueados por adustos y lujosos monumentos fúnebres que parecían pequeñas mansiones y convertían a esa parte del cementerio en una suerte de ciudad de los muertos. Avanzaba con dificultad eludiendo a los numerosos dolientes que transitaban por allí. Sentía que el resfriado le había recrudecido. Tosía y estornudaba de continuo, le lloraban los ojos y le escurría agua de la nariz. Contrariado, mientras se enjugaba las secreciones con el pañuelo ya empapado, tuvo que reconocer que una vez más su mujer había tenido razón al respecto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Después de un torturante recorrido, llegó al panteón de la familia, ubicado en una zona arbolada y&amp;nbsp; menos árida por donde circulaban pocas personas. Notó alarmado que los claveles que Celina llevaba al salir no&amp;nbsp; estaban en los recipientes habituales y en su lugar permanecían los ramos marchitos, puestos en ellos en la visita anterior. Algunos rayos de sol iluminaban la superficie de mármol oscuro, y los destellos de las inscripciones de bronce le herían los ojos irritados acentuando su llanto. Parecía un viudo afligido, lo que no llamaba la atención en aquel lugar tan apropiado para el desconsuelo. Recorrió los alrededores infructuosamente: su mujer no se veía por ningún lado. Supuso que podría haberse encontrado con alguien conocido, como había sucedido en otras oportunidades. No caminó más allá y decidió, en cambio, volver atrás y pararse a esperarla en la entrada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Caía la tarde y las sombras se adueñaban del lugar. Las formas se iban desdibujando en la penumbra creciente. Los últimos visitantes, la mayoría de más de cincuenta, se retiraban con los semblantes circunspectos, a paso lento, como denotando que allí dejaban jirones de vida pasada. Quizá padecían la culpa de seguir vivos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Cuando un funcionario se dispuso a cerrar el portón, detrás de los últimos en retirarse, Alberto, con los ojos llorosos (un poco por la angustia y otro poco por su alergia) le preguntó con notoria ansiedad si no quedaba nadie más adentro. El hombre le aseguró que no. La respuesta lo llenó de aprensión y partió de inmediato con paso rápido rumbo a su casa. Sin embargo, al llegar se detuvo frente a ella como si tuviera temor de entrar: la desconocía. La contempló entonces como si fuera por primera vez, impresionado por la imagen de aquella vivienda antigua conformada por dos cubos grises: uno grande (la planta baja) y uno más pequeño que constituía un segundo piso, con sus ventanas rectangulares y altas, cuyas persianas permanecían cerradas en todas las estaciones, aunque se presintieran ojos escrutadores ocultos tras los visillos apenas abiertos. Siempre había considerado que aquel empaque era algo siniestro. Observó los tres escalones de mármol que llevaban al porche de entrada. Estaban gastados en el centro&amp;nbsp; por el trasiego de personas que los habían pisado durante más de un siglo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;&amp;nbsp;Lleno de malos presentimientos, caminó hasta la puerta principal e hizo girar la llave con mano temblorosa. Recorrió el pasillo y una vez traspuesta la cancel, gritó: &quot;¡Celina!&quot; Nadie respondió. Repitió varias veces el llamado, mientras recorría la casa oyendo el eco de su propia voz, pero fue inútil. Salió al fondo y buscó allí. En el jardín trasero reinaba el silencio y las plantas se mecían suavemente saturando con su aroma la brisa del anochecer. Tampoco encontró a su mujer en aquel lugar. Entró corriendo y se dirigió al dormitorio.&amp;nbsp; Se quedó frente a la ropería como dudando qué hacer. Finalmente se decidió y abrió la puerta del colgador. Allí estaba, en su percha, el tapado liviano que sin duda se habría puesto al salir esa misma mañana. Exhalaba un fuerte perfume a flores mustias, que parecía estar impregnado en la tela. Bajó la vista y en el piso del mueble vio esparcidos los claveles que ella había cortado. Pensó que quizá hubiera sucedido un imprevisto que obligara a Celina a volver a la casa de prisa,&amp;nbsp; mientras él la buscaba en el cementerio. Seguramente, antes, lo habría llamado por teléfono en forma infructuosa&amp;nbsp;&amp;nbsp; para avisarle del contratiempo. Luego, debía haber salido por el motivo que fuera y regresaría en las próximas horas. No había razón para alarmarse; lo más prudente era esperar un poco más para darle tiempo a volver.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Estaba muy cansado y se tendió en el lecho. En ese momento notó que junto a él descansaba &lt;st1:personname productid=&quot;la Venus&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la  Venus&lt;/st1:personname&gt; de ébano. ¿Quién la había sacado del baúl? Simultáneamente, descubrió que el armatoste, donde se la guardaba, había desaparecido de la habitación y sus llaves se encontraban sobre su mesa de noche. ¿Sería posible que Celina hubiera hecho todo esto para confundirlo? Era bien capaz, como lo había demostrado tantas veces antes… &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Se quedó dormido de inmediato, sin retirar la estatua de la cama, y fue presa de un sueño profundo. En la madrugada lo despertó el quejido entrecortado de la puerta del guardarropa al abrirse. Un denso y agobiante aroma a claveles marchitándose, que le provocaba desagrado por su intensidad,&amp;nbsp; invadió el aire y saturó su olfato.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;&quot;Celina ha vuelto&quot; pensó e inmediatamente prendió la veladora. Pero ella no estaba, solamente vio frente a él, dentro de la ropería cuya hoja se había abierto por sí sola un momento antes, el tapado colgando de su percha y los claveles mustios desparramados debajo de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;En los días siguientes nada supo de su mujer, pero pensando que las malas noticias llegan rápido, consideró razonable seguir esperando y mientras tanto se dedicó a recorrer las calles de Buenos Aires sin itinerario fijo. Con mirada atenta, observaba los rostros de las cincuentonas entradas en carne buscando el de su esposa. Llegó incluso a perseguir a cualquier mujer que de espaldas se pareciera a Celina. Cuando llegaba hasta ella, se le ponía al lado y escudriñaba su rostro en forma insistente para comprobar si aquella persona era quien él pensaba. En todos los casos, solo cosechó decepciones y hasta algún improperio debido a su atrevida inspección.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Comía cualquier cosa y muy poco, así fue perdiendo peso día tras día. Por las noches caía rendido luego de sus largas caminatas erráticas. Antes de dormirse completamente, penetraba en un limbo y sucedía lo de la puerta: se abría con una cacofonía como de&amp;nbsp; uñas al arañar un vidrio. Luego, la hoja se desplazaba con un lamento de alma en agonía y al final el silencio y el olor penetrante que terminaban por despertarlo del todo. Había ideado trabar la puerta con un trozo de papel doblado varias veces. Este recurso nunca funcionó y al cabo de las muchas noches, ya no prendía la luz sino que levantaba a tientas el papel, que siempre caía en el mismo sitio, sosteniéndolo contra el marco con una mano, mientras que con la otra empujaba la puerta rebelde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Se volvía a acostar pero ya no podía conciliar el sueño ni evitar los recuerdos y consideraciones sobre su vida, que insistían en poblar su vigilia. Desde el noviazgo, Alberto fue menospreciado por aquella familia de engreídos porque no tenía bienes, su sueldo era magro y a juicio de ellos no demostraba ningún afán de progreso. Cuando se casaron, tuvieron que quedarse a vivir con los suegros en aquella casa espaciosa y ajena para él, a la que los noveles esposos no aportaron ni un florero. Los numerosos regalos recibidos en la boda -platería, loza, cristalería, pesados adornos etc.- fueron guardados casi sin desenvolver dentro del arcón de gran tamaño que tapaba la entrada del sótano, &amp;nbsp;que se ubicaba&amp;nbsp; debajo del dormitorio de ambos. El pesado cofre quedó para siempre cerrado, porque los padres de Celina consideraban su contenido falto de estilo, redundante o inarmónico con la elegancia en que estaba amoblada y decorada la vivienda. Para Alberto, el objeto era un adefesio; de solo verlo, se sentía ofendido porque dentro de él estaban los despreciados obsequios de sus familiares, los primeros en ser desechados por sus suegros y su mujer, entre los cuales había uno que le gustaba en especial,&amp;nbsp; al que hubiera querido ver colocado en algún lugar importante del hogar. Se trataba de una estatua de &lt;st1:personname productid=&quot;la Venus&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Venus&lt;/st1:personname&gt; de Milo, tallada en madera de ébano y por lo tanto bastante atípica debido a su color y también a su tamaño para ser un adorno: medía aproximadamente un metro y por su peso hubiera requerido un pedestal para ser exhibida en la sala. Pero la negación de Celina a su pedido de colocarla allí fue terminante: &quot;Es simplemente espantosa, no vamos a ponerla en ningún lugar, guardala en el baúl con los demás mamarrachos.&quot; Era el regalo de Gerardo, su tío más querido. Aquel hombre se había desprendido de la talla (a la cual prodigaba gran admiración y afecto) no sin pena, porque lo había acompañado más de medio siglo. La había traído al regreso de un largo viaje por países lejanos, a los que iba con frecuencia en su juventud, por motivos de trabajo. Ya anciano, sintió que debía regalarla a su sobrino preferido, quien tantas veces le había manifestado su interés por ella. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Desgraciadamente, el tío había muerto de una embolia en la madrugada siguiente a la celebración de la boda, justo después de que llegara a manos de los novios aquel presente tan poco apreciado por la contrayente y su familia. Ni siquiera por el notorio pesar del flamante esposo, tuvo Celina un rasgo de generosidad admitiendo a &lt;st1:personname productid=&quot;la Venus. Durante&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Venus&lt;/st1:personname&gt; en la sala, tampoco trató de consolarlo ni le dio el pésame. Alberto sentía dolor al pensar que la obra de arte había sido menospreciada y no podía dejar de imaginar la indignación que hubiera provocado en su tío el destino oprobioso que había sufrido su estatua al ser encarcelada en un indigno baúl, con el que Alberto tropezaba reiteradamente. Cada vez que eso pasaba, quedaba con las rodillas machucadas, lo que aumentaba su desagrado por aquel infame cajón. Siempre había querido meterlo al sótano, pero no se había atrevido ni a plantearlo, porque en aquella casa todo era inamovible, al menos que su mujer y suegros decidieran el cambio. En realidad anhelaba extraer de él los regalos de sus parientes y muchas veces, durante las duermevelas que experimentaba después del almuerzo apoltronado en uno de los mullidos sillones de la sala, creía ver aquellos presentes ubicados en lugares de la casa de donde, en su imaginación, se habían&amp;nbsp; removido los originales para sustituirlos por los que él prefería, en especial &lt;st1:personname productid=&quot;la Venus. Durante&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Venus.  Durante&lt;/st1:personname&gt; la niñez y juventud había contemplado aquella figura en el despacho de su tío y siempre le había parecido bella, misteriosa y al mismo tiempo cercana, cómplice...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;&amp;nbsp;A las horas de las comidas, todos, incluida su mujer, tenían como tema principal de conversación las falencias de Alberto y su numerosa familia, a la que consideraban mediocre en comparación a ellos, que se sentían casi nobles y casi adinerados. Las frases más mordaces las decía el suegro, mientras hacía tintinear su copa de cristal, golpeándola lenta y repetidamente con una cucharita de plata.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;-Es necesario que Ud. comprenda, Alberto, -tlín-, que mi hija está acostumbrada a vivir bien., tlililín ¿Qué sería de ustedes dos sin nuestra protección? –tlín- Después de años sin amor, mi nena lo conoció a usted ¡qué íbamos a hacer! –tlín- No podíamos negarle su felicidad y es más: ya ve cómo hemos apoyado su decisión. Pero eso no significa que usted se deje llevar por la situación y no procure progresar en la vida –tlín- ¡Vamos, hombre, trate de conseguir un empleo mejor! –tlín- Tome ejemplo de nosotros y deje de lado los modelos de su familia... &amp;nbsp;-lo decía con un insoslayable regocijo interior de poder menoscabarlo y hacerle sentir su condición de mantenido, mientras el insistente tintineo de la copa acentuaba aquellas palabras insidiosas y crueles de aquel hombre de apariencia aristocrática, siempre serio, ceremonioso y bien vestido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Las opiniones del yerno eran puntualmente desacreditadas y nunca tenidas en cuenta, razón por la cual después de un tiempo, dejó de expresarlas. Entonces, lo tildaron de anodino y falto de personalidad. Tanto los padres como la hija habían encontrado en él el blanco perfecto de su desprecio y &amp;nbsp;mismo tiempo, les proporcionaba una constante reafirmación de su&amp;nbsp; pretendida superioridad. Era el último de la fila, el que todos abuchean a la menor oportunidad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;En aquella familia se recibían escasas visitas de amigos o parientes, lo que contribuyó a que entre ellos se estableciera una relación insana y obsesiva en la que&amp;nbsp; la mujer y los padres se concentraban en inventar ingeniosas formas de obtener diversión a costa de la dignidad del consorte, quien permanecía callado y cabizbajo mientras le llovían comentarios degradantes. No tuvieron hijos porque Celina siempre se negó a ello diciendo que no quería mezclar su sangre patricia con la de un pusilánime. Llevaban varios años de casados cuando murieron los suegros con poca diferencia de tiempo uno de otro. Alberto, que conservaba ciertos pruritos morales, se resistía a asumir su alegría y alivio interiores, hasta llegó a convencerse a sí mismo de que estaba afligido y extrañaba a sus torturadores morales. Fue por esa época que perdió el empleo y ni se molestó en buscar otro. Había suficiente dinero para él y su mujer de por vida: ella había heredado la casa, otras propiedades y rentas de la familia. Él presumió que disminuiría el suplicio del cual había sido objeto durante años, al desaparecer dos de sus&amp;nbsp; ensañados hostigadores. Sin embargo esto no sucedió, sino todo lo contrario: en su mujer se instalaron, con todo poder, la mordacidad y el desprecio de los padres, como si la hija hubiera sido poseída por aquellos execrables espíritus familiares. Ya no utilizó solo su verborragia hiriente, sino que en ocasiones pasó al plano físico. Le hacía pequeñas maldades humillantes como despertarlo de improviso por las mañanas con gotas de agua helada en la cara o pinchazos en los pies con una aguja, si consideraba que él había dormido más de la cuenta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;-¡Despertate inútil! El que no trabaja no puede estar cansado. Y ahora no vas a desayunar, tenemos que salir de inmediato para la inmobiliaria a buscar mis rentas, de las que vivís tan cómodamente sin aportar nada...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Si aparecía algo roto o se perdía alguna cosa siempre era su culpa. Llegó a sospechar que era ella quien estropeaba u ocultaba los objetos con el fin de mortificarlo y gritarle que era un estúpido atolondrado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;La noche anterior a la desaparición, sucedió algo que le resultó, entre todos los reiterados denuestos el mayor, porque lo expuso al escarnio público. Él se demoró en casa de unos&amp;nbsp; parientes y no llegó a la hora convenida. Al regresar y tratar de entrar a la casa, no logró abrir la puerta con su llave. Se dio cuenta que Celina la había trancado por dentro con el pasador. Tocó el timbre con insistencia e incluso golpeó repetidamente el llamador de bronce en forma de mano, pero ella no atendió. Al rato la mujer se asomó por una ventana recriminándolo a los gritos por su idiotez; armó tal alboroto que, sin lugar a dudas, fue oída por todos los del barrio. Remató su airado discurso con la frase:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;-Perdiste la llave como perdés todo lo demás, Albertito. Ahora, por imbécil vas a dormir afuera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Los vecinos, que no la apreciaban y sentían por él un desdén acorde a las circunstancias, balconearon la escena divertidos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Alberto pasó la noche acurrucado en el porche. Se sentía más humillado que de costumbre por haber permanecido allí, a la vista y paciencia de todos, hasta que su mujer abrió por fin la puerta a la mañana siguiente, cuando ya estaba el sol alto y pasaban algunas personas que lo miraron de soslayo, con expresión de desprecio y curiosidad. &amp;nbsp;Entró muerto de frío y entumecido por la mala noche, mientras ella se reía de su apariencia y se burlaba de él. Celina había puesto el tapado liviano en el respaldo de un sillón y sobre la mesa del comedor el gran ramo de claveles que había juntado momentos antes para llevarlos al cementerio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Alberto, sin decir palabra, se dirigió con rapidez al dormitorio. Celina fue tras él para seguir atormentándolo con sus ironías. El hombre entró al baño y al salir todo era silencio. Quizá decepcionada, ella comprendió que sus esfuerzos por hacerle perder el control eran inútiles y decidió marcharse. El hombre dio alguna vuelta más, después se metió en la cama y se tapó hasta la cabeza. Esa fue la última vez que se vieron.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Los prolongados paseos a pie por diversos rincones de la capital hicieron que descubriera que la ciudad tenía ángel. La encontró impregnada de un encanto especial pese a lo vertiginoso de su ritmo. La convivencia con Celina había sido tan absorbente que él había olvidado sus propias vivencias. Ahora, era como si regresara de una larga ausencia y empezara a conocer su ciudad, que había cambiado bastante después de casi veinte años de indiferencia de su parte. Las mujeres se le presentaban más atractivas y desenvueltas, algunos edificios habían surgido y otros ya no estaban. Notó mejoras y deterioros, que seguramente había visto antes, pero en los cuales no había reparado en absoluto. Se habían multiplicado las coloridas luces nocturnas y muchas fachadas, antes monótonas y grises, lucían ahora los tonos más alegres y variados. La gente era definitivamente más agresiva y menos dada a la amabilidad o la educación en el trato, y para nada dispuesta a sostener un diálogo con extraños. También se producían más delitos violentos: tuvo la oportunidad de ver rapiñas a pleno sol y la fortuna de no sufrirlas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Antes había recorrido la urbe en colectivo o, después de casado, en el auto de su mujer, quien nunca le había permitido ir al volante porque decía que seguramente, con su torpeza, tendrían un accidente. Ahora ya era tarde… Después de tanto tiempo de ser negado como conductor hábil, se había convencido de que no podría manejar sin riesgos y hasta consideró vender el auto en vista de que Celina no aparecía, pero cuando planteó su idea en la escribanía que manejaba los asuntos de su mujer, le dijeron que si ella no lo hacía directamente, no era posible. También empezó a tener problemas con los cobros de las rentas que por un breve lapso había percibido sin dificultad. Desde el principio le preguntaron porqué ella no venía personalmente y, con correr del tiempo, &amp;nbsp;empezaron a mirarlo con creciente suspicacia hasta que ya no le dieron más el dinero y le exigieron que para percibir los próximos pagos debía presentarse con Celina, o bien traer un poder firmado de puño y letra de ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Se cortó la entrada de dinero fácil. La mujer seguía desaparecida, pero él ya no pensaba en su regreso sino en cómo seguir subsistiendo. El primero en irse fue el auto. Puso un aviso en el diario y como la situación del vehículo era irregular, debió venderlo a muy bajo precio a quien aceptó las condiciones sin hacer preguntas. Después se fueron yendo de a uno los&amp;nbsp; muchos objetos de valor que había en la casa: los cubiertos de plata; la cristalería fina (entre la cual se encontraban los vasos tintineantes que acompañaban las monsergas del difunto suegro); las joyas que Celina tenía en la casa, fuera del cofre del banco por ser de uso permanente; los objetos de arte que eran puntualmente suplantados, uno por uno, por los que habían estado dentro del baúl y tenían mucho menor precio. Conservó &lt;st1:personname productid=&quot;la Venus&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Venus&lt;/st1:personname&gt; de ébano, la cual a pesar del alto valor que seguramente tenía, permaneció en el lugar en el que había sido colocada: del lado de la cama que fuera de Celina. Como ella, la estatua nunca lo abrazaba, pero era lógico porque no tenía brazos. Sin embargo, era mucho más cariñosa que su mujer y quizá menos dura y rígida. Además nunca lo ofendía ni lo insultaba, sino que le hablaba durante las noches con una vocecita apenas audible, siempre ponderándolo y diciéndole cosas amables, nunca un improperio o una agresión. Ningún otro lugar de la casa le pareció más digno de Venus que el lecho matrimonial. En sus frecuentes diálogos, jamás mencionaban a la esposa ausente aunque él sabía que la mujer de ébano la odió desde el preciso momento en que Celina, personalmente, la sepultó en el baúl.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Ya no estaba la empleada. Nunca más la había visto después de la desaparición de Celina. No le importó demasiado: quizá se había confabulado en contra suya con su ama, como en muchas ocasiones anteriores, o podía ser ella la que tocaba el timbre insistente e infructuosamente por las mañanas durante las dos semanas posteriores a la ausencia de la patrona.&amp;nbsp; En consecuencia, la casa se transformó en un caos: él no sabía ni quería intentar ordenarla o limpiarla. Se acumulaban los platos sucios, la mugre de toda índole, y el sarro en los aparatos del baño. El aroma a limpio, característico de la vivienda en otros tiempos, cambió por un olor fétido a desperdicios en descomposición. Sin embargo, no se sentía molesto por la mugre y la hediondez imperantes, en épocas de pulcritud había sido tan infeliz que dio la bienvenida al repugnante cambio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Su vida se convirtió en una rutina que lo hizo sentir como si hubiera ingresado a la eternidad. Amaba sus paseos erráticos, cuya razón ya no era encontrar a su mujer; comía lo que quería a cualquier hora y en cualquier lugar; dormía junto a Venus y ambos se reían del fenómeno de la puerta; tenía sus amados y antes desechados objetos ubicados bien a la vista; dormía largas siestas; ya no oía reproches o denuestos ni debía rendir pleitesía por no aportar dinero a la casa. Perdió la noción del tiempo, dejó de visitar a su familia y de frecuentar a sus conocidos, no contestaba el teléfono ni franqueaba la puerta. Dejaba que, como lo había hecho con la limpiadora, llamaran reiteradamente sin obtener respuesta y después se marcharan. Así desfilaron, sin él constatarlo, algunos parientes de su mujer y otros conocidos. El teléfono sonaba insistentemente al principio, molestándolo con su estridencia. Solucionó el problema arrancando el cable de la pared.&amp;nbsp; De esa forma quería castigar a Celina por su tardanza en volver. ¿Creía acaso esa infeliz que su ausencia lo había devastado? Ya vería, si es que lograba entrar, que la casa estaba sucia, que él no había desesperado por su ausencia y que había sido reemplazada por otra. Mejor que no regresase ¿quién la necesitaba? Alberto se sentía mucho más cómodo sin ella y no le faltaba nada: ni dinero, ni amor, ni tranquilidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Una mañana, cuando apenas clareaba, abrió los ojos medio dormido. La ropería había desaparecido de su lugar frente a la cama. En ese sitio se le presentaba una pared oscura. ¿Sería que Celina había regresado por la noche y retirado el mueble de allí? Trataba de ajustar sus ojos a la penumbra reinante. No, no era posible que su mujer tuviera la fuerza necesaria para mover el pesado armatoste. Quizá había venido con alguien que la ayudó a hacerlo o podía ser que él estuviera todavía medio dormido y soñando... Venus no estaba a su lado y notó que la cama se había vuelto angosta e incómoda. Se &amp;nbsp;sintió abandonado e inseguro y su consciencia se llenó de amargura. La luz del amanecer le llegaba desde su derecha. Volvió la vista en esa dirección y descubrió las rejas que iban desde el piso al techo. Percibió al principio unos rumores quejumbrosos, suspiros e imprecaciones que fueron subiendo de tono, como si el avance de la luz del día los incentivara hasta volverlos gritos, golpes, insultos, toses: todos ellos sonidos desagradables, tristes, airados que pararon súbitamente al oírse el golpeteo de los bastones de la guardia sobre los barrotes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;- ¡Buenos días reclusos!¡Arriba! En media hora al patio para pasar lista. El que no esté pronto o se haga el vivo se queda sin recreo ¿estamos?- La voz del guardia era dura, autoritaria, sin inflexiones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Vio que otras personas se incorporaban pesadamente de los camastros vecinos al suyo, escupiendo maldiciones. Uno de ellos se dirigió a él y le dijo con sorna: “Che, mataminas inútil, estirá las jergas y prepará el mate pa’ nosotros. Hay que limpiar el cagadero y tratá de bañarte antes del conteo o te van a dar palo. Ya sabés cómo es acá”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Mientras, con desconsuelo se disponía a cumplir las órdenes de su feroz compañero de celda, recordó a Celina. ¿Porqué no habría vuelto? Quizá lo hiciera uno de esos días, lo rescataría y podría regresar al hogar de su infortunio, que ahora le parecía un paraíso comparado con su situación actual. Cavilando esto evocó con nostalgia a su minusválida Venus que, aunque nunca pudo abrazarlo, fue quien le dio un atisbo de felicidad a su vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Esa noche, cuando todos dormían en la celda, tomó el trapo que oficiaba de sábana y lo fue enrollando lentamente. Luego lo pasó por uno de los barrotes del ventanuco que estaba bien alto sobre su cama, se lo ató al cuello y saltó hacia la única libertad posible.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 51.0pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/1476307264188170861/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/12/aroma-de-claveles.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/1476307264188170861'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/1476307264188170861'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/12/aroma-de-claveles.html' title='AROMA DE CLAVELES'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-5470710282179914022</id><published>2011-11-29T12:40:00.001-08:00</published><updated>2011-11-29T12:41:39.431-08:00</updated><title type='text'>LOS ÑOQUIS DEL 29</title><content type='html'>&lt;br /&gt;
&lt;h1 style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/h1&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Luis se
había mudado hacía poco tiempo a aquel barrio de casitas iguales. Eran
construcciones sencillas pero sólidas y prolijas, hechas para ser habitadas por
el personal de la compañía inglesa,&amp;nbsp;
propietaria de la empresa ferroviaria allá por los finales del siglo
diecinueve. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ocupó la
vivienda que había sido de su difunto tío, quien había vivido allí desde su
construcción. A su muerte, le&amp;nbsp;
correspondió a Luis por ser el único heredero vivo de aquella familia.
Fue una suerte para él, porque en Argentina, donde había nacido y permanecido
hasta ese momento, su situación era más que precaria: con cuarenta y cinco años
estaba solo, sobrevivía haciendo changas y su casa era ruinosa. Apenas se
enteró de la noticia, juntó los pocos pesos que tenía y se vino con una mano
atrás y otra adelante, a este país donde las leyes lo habilitaban a ser
ciudadano natural, por ser hijo de uruguayos. Nuevamente lo favoreció la
fortuna y encontró trabajo de inmediato con un conocido que tenía un negocio.
No ganaba mucho, pero le daba para ir viviendo y tenía una casa decente. Era
asombroso el grado de conservación de aquella vivienda a pesar de que había
transcurrido más de un siglo desde su construcción. Luis era de naturaleza
jovial y optimista y cayó simpático a sus nuevos vecinos. Se hizo amigo de uno
de ellos en especial, que vivía contiguo y con quien entablaba largos diálogos
vespertinos, luego de la jornada de trabajo, cuando ambos sacaban sus banquitos
a la vereda. En ocasiones se les sumaban otras personas de la cuadra. Todos
hablaban y debatían sobre diversos temas hasta la hora de la cena, en la que
cada cual regresaba a su hogar. Tres veces por semana, Walter, el vecino de
puerta de Luis, se iba al bar a tomarse unas copas y jugar a los naipes. Luis
no compartía su afición y se quedaba solo o charlando con los otros hasta la
noche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Frecuentemente
surgían temas que involucraban las diferencias entre argentinos y uruguayos, en
las que el porteño defendía con fervor su lugar de origen. El tema de Gardel
era uno de los más discutidos. Cuando se enardecían los ánimos, Walter acusaba
a los argentinos de preferir la idea de que el cantante había sido francés a
admitir que había nacido en América. Luis a su vez sostenía el origen europeo
del artista. Así también discutían por otros temas: el dulce de leche, el tango
y en especial &lt;st1:personname productid=&quot;La Cumparsita... Los&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;La
 Cumparsita... Los&lt;/st1:personname&gt; demás intervenían diciendo que los
argentinos se adjudicaban todas las originalidades y los triunfos:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 82.7pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 82.7pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;¿Y qué me decís del día del amigo, Luis? A qué no
sabés quién lo inventó –lo desafió cierta vez uno de ellos con un poco de
malicia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 82.7pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 82.7pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Fue un tipo del Once, en el sesenta y nueve, cuando el
hombre llegó a la luna.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 82.7pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 82.7pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Ahí tenés, no fue un bonaerense, fue un paraguayo en
el año cincuenta y ocho, para que veas... y además no se sabe si los gringos
llegaron a la luna o fue un cuento, mirá vos...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 82.7pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 82.7pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;No inventes cosas raras –le contestó Luis despectivo-
¿De dónde sacaste esas macanas? ¿eh? -Como el otro no supo especificar sus
fuentes, quedó para siempre la duda, porque ya se había hecho tarde y al otro
día había que madrugar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una tarde de sábado, Walter se puso a
tomar mate a la puerta de su casa y apareció Luis con aspecto abatido. Su amigo
le preguntó si tenía algún problema y el otro le dijo que los sábados le
resultaban cada vez más tristes. Poco antes de venirse al Uruguay había
enviudado. Mientras estuvo atareado con los preparativos del viaje y luego la
llegada, no había tenido tiempo para extrañar o deprimirse. Ahora, ya instalado
en su nueva situación, con más tiempo para pensar en su pérdida, sentía que lo
iba tomando la tristeza. Su mujer había muerto un sábado veintiocho como aquel:
frío y nublado, y los recuerdos se habían adueñado de su ánimo. Se le llenaron
los ojos de lágrimas y Walter le palmeó la espalda:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-Vamos,
vamos amigo, no hay que ponerse así, son cosas de la vida, qué se le va a
hacer... –Estaba sorprendido porque nunca había sospechado que aquel hombre tan
alegre y extrovertido, había sobrellevado un drama de aquella magnitud, sin dejar
traslucir, hasta ese momento, su dolor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 82.7pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 82.7pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Desde hace unos días me viene pareciendo que nunca me
voy a reponer, te juro. ¡Y para peor mañana es veintinueve: día de ñoquis!
Dirás que soy ridículo, pero también es una jornada amarga para mí. Es que con
mi mujer éramos devotos de San Pantaleón, mejor dicho nos volvimos creyentes
después que ella se enfermó y cada veintinueve íbamos a la capilla del Santo,
allá en Buenos Aires, para pedirle por salud, porque es el protector de los
enfermos ¿sabés? A la vuelta preparábamos los ñoquis y como andábamos cortos de
plata por los tratamientos, poníamos los pocos pesitos que teníamos debajo de
los platos, para que se multiplicaran al siguiente mes –dos gruesas lágrimas le
rodaron por las mejillas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 82.7pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 82.7pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Acá también hacemos lo mismo, mirá que coincidencia
–le dijo Walter y agregó, tratando de mostrarse jovial-: tengo una idea: qué
tal si te venís mañana a almorzar con nosotros, así te sentís más acompañado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;El otro
levantó la cabeza y sonrió tristemente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;No quiero incomodarlos con mis penas...
no sé que decirte...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 82.7pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 82.7pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Dejate de pavadas, Elvira va a estar encantada. No te
imaginás lo rico que prepara los ñoquis. Todo casero ¿eh? La pasta y el tuco.
Luis se mostró súbitamente más animado, se secó con el pañuelo los ojos y las
lágrimas que le corrían por la cara, luego se sonó la naríz y agregó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 82.7pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 82.7pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Siendo así no me puedo negar pero ¿estás seguro que
Elvira va a estar de acuerdo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 82.7pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 82.7pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Si yo te lo digo...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;A la mañana
siguiente Elvira se levantó temprano. Preparó el tuco con cebolla, morrón,
zanahoria, chorizo colorado y cuando el sofrito estuvo pronto agregó salsa de
tomate y especias. Lo puso a cocinar a fuego lento mientras preparaba la masa.
Pisó con cuidado las papas hervidas y les agregó queso, huevo y harina. Era una
experta en elaborarla a la perfección: ni demasiado dura ni demasiado blanda.
Formó con rapidez y facilidad los largos cilindros que luego cortaría en trozos
pequeños, todos tan iguales que parecían haber sido hechos con una máquina y
luego pasó cada uno por un tenedor para formarles las hendeduras
características de esa preparación. Trabajaba con mucho entusiasmo, pensando en
que tenía un huésped a quien agasajar. Su mesa era siempre para dos, desde que
Silvita se había casado en el exterior y no había vuelto ni había perspectivas
de que lo hiciera alguna vez. Era extraño, pensaba en su hija y apenas podía
evocar su rostro o recordar qué le gustaba hacer, o alguna conversación con
ella en especial. La zozobra que sintió cuando, muy joven, se fue de la casa
con el novio en busca de mejores horizontes, se había ido diluyendo en el
tiempo. Al principio se comunicaban muy seguido por teléfono y también se
mandaban largas cartas, pero lentamente el intercambio se fue haciendo cada vez
más espaciado: los muchachos trabajaban muchas horas y los padres tenían pocas
novedades que contar. No había niños de por medio... Elvira se apartó un mechón
de los ojos: se sintió culpable de ser una madre desnaturalizada pero la
verdad, que solamente admitía en su fuero íntimo, era que ya casi no extrañaba
a Silvita. Su vida era monótona y sin alicientes: había perdido hacía unos
meses el trabajo,&amp;nbsp; y aunque había buscado
otro, no era fácil conseguirlo a su edad; Walter era un hombre rutinario:
miraba televisión largas horas, sus salidas eran al café o la cancha -no le
gustaba ir a ningún otro lado-; para colmo, se había puesto muy tacaño desde
que ella quedara sin empleo, amedrentado por la idea de que no pudieran hacer
frente a lo gastos de la casa, no era definitivamente hosco pero se gastaba
toda su labia con los compañeros de tarea,&amp;nbsp;
los conocidos del barrio o los amigos del café y cuando llegaba a casa
los temas ya se le habían agotado...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot; style=&quot;line-height: 150%;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Después que terminó de
elaborar los ñoquis, puso el agua a hervir. A las doce en punto llegó Luis,
trayendo una botella de vino de dos litros. La trajo descorchada y explicó que
al vino le hacía bien tomar un poco de aire antes de ser bebido. También trajo
una cerveza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Elvira puso
la mesa y dijo: -Ah, nos falta lo principal... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Acto
seguido se fue al dormitorio a buscar el dinero para poner bajo los platos,
como es la tradición en Uruguay y Argentina. Tenía una buena suma escondida en
el ropero, porque no confiaban en los bancos. Walter y ella habían estado
juntando para visitar a Silvita en el exterior, prácticamente desde el momento
en que la hija partiera. Por una razón u otra el viaje siempre se postergaba y
los ahorros seguían creciendo lentamente, año tras año, en el fondo del mueble.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Volvió y
repartió los billetes entre los tres y cada uno ubicó su parte bajo el plato.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-¿Vos no
tomás vino? –Preguntó Walter al amigo cuando vio que se servía cerveza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;-Me lo
prohibió el médico. Cuando murió mi mujer se me hizo una úlcera por el disgusto
¿viste?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Durante el
almuerzo, Walter y Luis no se cansaron de ponderar las virtudes culinarias de
la anfitriona. Chocaron copas por ello y después por la confraternidad
rioplatense, por Peñarol, por Boca, por el futuro... A los postres, ambos
hombres se veían bastante achispados, mientras Elvira se mantenía sobria, ya
que acompañó aquellos festivos brindis pero solamente con refresco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Walter
entreabrió los ojos y percibió que anochecía. Le pesaba mucho la cabeza y
sentía náuseas. No recordaba en qué momento se había quedado dormido. Tenía la
ropa y aun los zapatos puestos. Se incorporó dificultosamente y llamó a su
mujer: “¡Elvira!” –no obtuvo respuesta. Volvió a gritar preocupado: “¡Elvira!”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Se levantó
torpemente y presa del mareo se dirigió al comedor. La casa estaba silenciosa y
en penumbras y comprendió que estaba solo. Por inercia fue hasta el televisor y
lo encendió. La luz fluctuante que despedía la pantalla le permitió ver que
sobre la mesa permanecían la fuente y los platos vacíos y sucios. Levantó uno
de ellos y vio que debajo ya no estaban los billetes, después hizo lo mismo con
los otros y obtuvo igual resultado. En ese momento&amp;nbsp; el locutor decía: “Estas son las noticias
correspondientes a este lunes treinta de julio...” Todavía no entendía lo que
estaba pasando pero una incipiente desazón comenzaba a apoderarse de su
espíritu.&amp;nbsp; “Seguro que Elvira los guardó
otra vez en el ropero. Cómo iba a dejar la plata&amp;nbsp; acá” –pensó. Volvió al dormitorio y revolvió
los estantes con creciente nerviosismo, sin encontrar lo que buscaba. Tampoco
estaba la ropa de su mujer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 12.0pt;&quot;&gt;Salió
corriendo y golpeó con ambos puños la puerta de la casa de Luis. Lo recibió un
hombre desconocido, con cara de desconcierto, quien le dijo que la semana
anterior Luis le&amp;nbsp; había vendido la
propiedad con muebles y todo, debido a tenía que viajar urgentemente a &lt;st1:personname productid=&quot;la Argentina&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Argentina&lt;/st1:personname&gt; por un grave
asunto de familia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/5470710282179914022/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/11/los-noquis-del-29.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/5470710282179914022'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/5470710282179914022'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/11/los-noquis-del-29.html' title='LOS ÑOQUIS DEL 29'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-4653687080320712324</id><published>2011-11-25T11:04:00.001-08:00</published><updated>2011-11-25T11:04:41.835-08:00</updated><title type='text'>PASAJERO ANTES DEL ALBA</title><content type='html'>&lt;h1 style=&quot;tab-stops: 0cm; text-indent: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent3&quot;&gt;El Lito venía recorriendo con lentitud y desde hacía rato buena parte de la ciudad. No había pasaje. Viéndolo bien, era lógico: un lunes a la noche no era común encontrarse con multitudes. Incluso en los últimos tiempos, aún los sábados, había disminuido la cantidad de clientela y la oferta de autos de alquiler resultaba excesiva a casi todas las horas. La competencia se había vuelto feroz, al punto de que en más de una oportunidad había estado cerca de irse a las manos por disputarse un cliente con algún otro taxista, después de rebasarse mutuamente repetidas veces y con alevosía, para sacarse ventaja. Mucha gente había emigrado, otros ya no disponían de dinero para abordar un auto de alquiler... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot; style=&quot;line-height: 150%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;Recordó la época cuando se había iniciado en el oficio hacía ya treinta y tantos años, siguiendo las huellas de su padre quien siempre le aseguraba: “Es un buen laburo, Lito. Con este trabajo siempre pude darle de comer a la familia.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;En sus primeros tiempos al volante esto había resultado cierto. Recordó lo mucho que ganaba llevando y trayendo pasaje para el Casino del Parque Hotel, transportando de ida jugadores con semblantes iluminados por la ilusión y de vuelta algún ganador generoso en la propina; aunque la mayoría de los que regresaban habían sido sistemáticamente desplumados y se veían preocupados y alicaídos. Estos últimos contaban las monedas para poder pagarle el viaje e incluso se quedaban algo cortos y debían entrar a sus casas a buscar el dinero faltante. En ocasiones, una o un furibundo consorte perseguía al desafortunado hasta la vereda, reprochándole a los gritos por su vicio.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Los días de cobro, la gente salía de los bancos, los comercios o las fábricas con sus salarios intactos todavía y una sensación de prosperidad que hacía que estuvieran proclives a viajar con más comodidad y más seguros que en los autobuses. Las casas de citas proveían de clientes todo el año y en cualquier momento, incluso en las tempranas horas previas a la entrada al trabajo, en las que muchos amantes aprovechaban para encontrarse y disfrutar del sexo sin peligro de ser descubiertos. Lito se conocía todos los “piques”. En las buenas épocas, casi no daba abasto para atender las demandas del servicio y ganaba bien, tal como le había asegurado su padre. Pero las cosas fueron cambiando: junto con la baja de precio de algunos vehículos, lo que facilitaba que gente de ingresos medios tuviera locomoción propia, la masa de los trabajadores que ganaba poco sueldo ya no podía pagar ni siquiera un boleto de transporte colectivo, e iban a sus tareas a pie, en bicicleta o, los más afortunados, en moto. Se había incrementado el número de accidentes por esta causa y todos los días se veía algún peatón, ciclista o motociclista tirado en la calle, muerto o mal herido. El paisaje urbano era desolador. En las horas pico el tránsito era denso y desorganizado. A los vehículos de dos ruedas, se sumaban los carros de los hurgadores, siempre a punto de desbaratarse, arrastrados por sus propios dueños o por caballos famélicos. Iban repletos de bolsas de basura y&amp;nbsp; sentados sobre ellas, a veces, llevaban niños pequeños, mal comidos y sucios. Después de las diez de la noche, crecía el número de estos vehículos y además, cuando las calles, de veredas destruidas y tapizadas de excrementos de perro, quedaban casi desiertas, eran recorridas por mendigos en procura de algún sustento y un lugar para pasar la noche. Él, tal como los demás taxistas, daba vueltas y vueltas a marcha lenta, tratando de conseguir pasaje. Los “piques” no eran tan redituables y en las “paradas” se formaban largas colas en espera de algún llamado, mientras pasaban raudos los “último modelo” que transportaban a los acaudalados a sus fiestas de lujo.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Volvió al momento presente. El pavimento estaba húmedo y en un par de horas iba a amanecer. Caían algunos chaparrones intermitentes que formaban charcos donde se reflejaban los tonos multicolores de los semáforos y las luces de la calle. El tráfico iba gradualmente incrementándose. Lito dudó entre volver al Centro o seguir hacia el este y se decidió por lo último. Continuó por la rambla mirando de vez en cuando hacia el mar, donde algunas naves amarradas en la bahía, se balanceaban perezosamente sobre las olas. Estaba algo fresco y corría una brisa bastante fuerte. Por la acera sur alguien le hizo señas para que se detuviera. “¡Por fin un viaje!” –pensó. &lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;El pasajero era un hombre fornido, de mediana edad, que llevaba una especie de poncho marrón descolorido sobre un hombro. Evidenció algo de torpeza al abrir la portezuela. Debía ser algún paisano poco acostumbrado a moverse en la ciudad. Estirando el brazo hacia atrás, Lito lo ayudó de adentro, aflojando la manija para facilitarle la tarea. &lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;-Buenas madrugadas, señor. ¿A dónde lo llevo?&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;-Al Puerto.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;-Justo vengo de ese lado. Poca gente en la calle ¿no?&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;El pasajero permaneció callado. Lito observó que el hombre miraba con mucha atención a los barcos anclados en la bahía.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;-Esas naves son enormes –comentó finalmente.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;-Y sí... algunos son bastante grandes –coincidió Lito.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;-A menudo escucho las sirenas desde donde estoy parando, pero debo confesar que aunque suenan fuerte, no me imaginaba que fueran de semejantes barcos... –de pronto se interrumpió y miró atentamente la calle, después dijo-: Yo nací por acá, por la calle San Diego...&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;-¿San Diego en este barrio? ¿No estará confundido? Siempre vengo por estos lados, pero San Diego... nunca la vi... En realidad se me hacía que usted era del campo, no se ofenda.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot; style=&quot;line-height: 150%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;-¿Pero porqué me voy a ofender? Desde chico fui muy paseandero y pasé mucho tiempo recorriendo la campaña, pero soy nacido acá. A&amp;nbsp; lo mejor la calle que le dije cambió de nombre ¡Tantas cosas han cambiado!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;A Lito aquel desconocido le resultaba sumamente agradable y lo hacía sentirse inclinado a hablar con él. Tenía un modo afable de expresarse que le daba tranquilidad; quizá fuera su tono de voz o la familiaridad de su trato. Le parecía que lo conocía de antes. Estaba tan cómodo conversando con él, que experimentó una sensación pueril de abandono, al llegar al destino del viaje.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;A la entrada del puerto, Lito detuvo el taxi y le preguntó si le quedaba bien bajar allí. El otro permaneció un momento pensativo y luego le dijo que había mudado de idea y quería volver atrás antes de que amaneciera por completo. Un poco extrañado, el conductor giró el vehículo a la izquierda para tomar el camino de regreso. Por aquella circunstancia, de pronto se le ocurrió que el pasajero podía ser un loco o un delincuente. Lo miró de reojo con algo de prevención e inmediatamente sintió alivio y tuvo la certeza de que sus temores eran infundados. La actitud de aquel hombre trasmitía serenidad y confianza, en ese momento no hacía otra cosa que observarlo todo a través de las ventanillas, con profundo interés. El río, a la difusa y ambigua luz del alba, ondeaba exhibiendo un tono más próximo al oro que a la plata debido a la turbiedad que causaba la proximidad de la urbe.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;-¡Qué sucia se ve el agua! –dijo el pasajero como para sí y con tristeza.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;-¿Vio, don? Casi siempre está así... qué se le va a hacer... Antes estaba más limpia pero... ¿Qué quiere? Con toda la mugre que arrastra de las ciudades del norte, más la que agregamos acá... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;-Las ciudades del norte... –repitió el pasajero con melancolía- algunas las conozco bien, pero no sé cómo estarán ahora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;-De este lado, tratando de sobrevivir y más allá bastante movidas. Este país siempre atrás, pero le digo que los vecinos no viven mejor aunque sean más ricos y estén llenos de gente. Porque unos tienen mucho y la mayoría casi nada. Hay demasiada injusticia, mucha miseria y eso ha fomentado la delincuencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;-La apariencia de los lugares ha cambiado, pero en esencia todo sigue igual... Desde hace mucho se le ha dado la espalda a los nuestros con tal de hacer negocio con los extranjeros. ¡Donde estarán los buenos americanos, los criollos de buena ley! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;Fue tal la amargura que trasuntaba el tono con que fueron dichas aquellas palabras que a Lito le dieron unas ganas de llorar desproporcionadas y fuera de lugar. Se sintió avergonzado, reprimió las lágrimas y permaneció en silencio sintiendo -inexplicablemente y muy dentro suyo- que aquel hombre era su hermano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm; text-indent: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Habían llegado a la plaza, que estaba desierta. Solamente descubrió en ella al negro viejo, vagabundo de siempre, cuyo oscuro cuerpo parecía un costal depositado a lo largo de uno de los bancos de madera. Las luces de los focos estaban amortiguadas por el brillo del incipiente sol. El pasajero descendió allí. Lito lo contempló alejarse rumbo al monumento ecuestre del prócer. Cuando pasaba frente al que dormía, éste se incorporó y se entabló un diálogo entre ellos. El conductor, desentendiéndose de la escena, pisó suavemente el acelerador y el vehículo comenzó a desplazarse lentamente, pero al llegar a la siguiente esquina se dio cuenta de que no había cobrado. “Un solo viaje y no me pagan ¡Qué pelotudo soy! Ahora voy a tener que pagarle yo al patrón” –se reprochó a sí mismo. No era posible dar la vuelta sin quedar a contramano, así que tuvo que circunvalar la plaza para regresar al punto donde había dejado al hombre. Mientras lo hacía, los vio despedirse. El linyera ya se había levantado y hecho un atado con las cobijas de su precario lecho. Ambos se marcharon en diferentes direcciones. Luego de rodear la segunda curva, dejó de divisarlos y se preocupó más aún. En su búsqueda, al pasar fortuitamente la mirada por el monumento, le pareció que le faltaba algo y contemplándolo por segunda vez, notó que el caballo no tenía jinete. “Es lo último ¡a dónde hemos llegado” –pensó indignado- “¿se lo habrán afanado?”– de inmediato recapacitó que aquello no era posible; concluyó en que lo habrían sacado para repararlo o algo así. De pronto se dio cuenta de lo ridículo de sus preocupaciones. El cansancio, después de tantos recorridos infructuosos, le nublaba el raciocinio, y decidió concentrarse en lo que verdaderamente le concernía que era el cobro del viaje. Por alguna extraña razón no podía sentir rabia contra el pasajero y a riesgo de ser ingenuo, no pensaba que el otro hubiera obrado de mala fe, sino que se había tratado de una distracción compartida. Pero de todas formas aquel hombre no se veía por ningún lado. Nuevamente la estatua atrajo su mirada y con sorpresa constató que allí estaba el héroe sobre su caballo, como siempre mirando al norte. Seguramente había alucinado momentos antes por la larga vigilia nocturna y en realidad el episodio de la desaparición del prócer no había ocurrido nunca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;El negro Gonzalito observaba la escena sintiendo algo de angustia. Tomó un largo trago de alcohol directamente de la botella que llevaba en la mano. Eso lo ayudó a disminuir un poco su desazón. Algo le impedía cruzar la calle e intervenir. Lleno de impotencia vio acercarse a la parada de frente a &lt;st1:personname productid=&quot;la Plaza&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la  Plaza&lt;/st1:personname&gt; al dueño del taxi que manejaba Lito, que estaba ubicado a la cabeza de la fila de autos de alquiler. Percibió claramente al chofer sentado adentro, profundamente dormido. En ese momento se presentó un viaje y el conductor del auto que estaba detrás, aprovechándose de la circunstancia, lo tomó rápida y ávidamente. La cara del patrón lo decía todo. El linyera oyó sus palabras tal como si el hombre estuviera a su lado:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;-¡Lito! ¡Lito! –gritaba golpeando frenéticamente el vidrio del parabrisas- ¡Despertate, negro haragán!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;El taxista entreabrió los ojos y comenzó a abrir lentamente la ventanilla:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;-¿Qué? ¿Qué pasa, Don Juan?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;-Mejor decime vos qué carajo te pasa. Es como la quinta vez que te pesco durmiendo ¿Cuándo pensás trabajar? Mirá negro, esto no va más, estás despedido. Bajate del auto. Yo tengo el taxi para negocio, no para que los vagos como vos me lo usen de dormitorio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;Gonzalito no quiso ver más. Se dio vuelta lentamente, y tomando tragos espaciados de su botella, caminó hacia su banco arrastrando los pies. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;No sabía cómo había pasado tan rápido el día y ya volvía a anochecer, pero se alegraba de que así fuera. Todas sus jornadas se habían reducido a un trágico día fugaz, en el que revivía el principio de su desventura y una noche casi mágica, su único consuelo, en la que el prócer bajaba del monumento y se venía a charlar con él. Hablaban sobre muchas cosas: las luchas del pasado, los días de gloria y los de ostracismo, los cambios, la traición de los malos extranjeros y los peores americanos de ayer y de hoy, los negros y los indios fieles, las distancias y el olvido...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;Curiosamente había un tema que preocupaba a su amigo y que no dejaba de mencionar en cada encuentro. “Acordate Lito –le decía siempre- mi caballo fue el “Morito”. No era blanco, ni negro, ni lunarejo, ni de ningún otro color, era moro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent2&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 0cm; text-indent: 0cm;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/4653687080320712324/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/11/pasajero-antes-del-alba.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/4653687080320712324'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/4653687080320712324'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/11/pasajero-antes-del-alba.html' title='PASAJERO ANTES DEL ALBA'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-3075743807524103644</id><published>2011-11-21T06:47:00.000-08:00</published><updated>2011-11-21T06:47:35.956-08:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="bañado"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="fantasma"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Lincoln"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="narración"/><title type='text'>EL FANTASMA DEL BAÑADO –</title><content type='html'>&lt;h1 style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12.0pt; line-height: 150%;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Eran más de las once de la noche cuando Pedrito Chinchudo, el lavacopas, irrumpió en &lt;st1:personname productid=&quot;la Whisker￭a&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Whiskería&lt;/st1:personname&gt; del Indio. Venía agitado y nervioso. Tartamudeando le dijo a &lt;st1:personname productid=&quot;la Nelly&quot; w:st=&quot;on&quot;&gt;la Nelly&lt;/st1:personname&gt;, que lo miraba por encima de los lentes con fastidio, mientras sacaba cuentas:&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¡Doña Nelly! Discúlpeme por llegar tarde, pero no sabe lo que pasa en el barrio. ¡Es terrible! –se agarró la cabeza aparatosamente.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¡Qué actor se perdieron las tablas! –dijo la patrona con ironía- ¿Qué te pasó ahora, Pedrito? ¿Otra vez te metiste en la garita del cuartel a hacer porquerías? –se rumoreaba en el barrio que Pedrito asaltaba las garitas y ejercía ciertas prácticas que hacían que los vigilantes de turno se desmoronaran dentro, entre estertores de placer. Pero ese día no era ése el caso.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;No, Doña Nelly, yo no hice nada –se defendió el muchacho- es que en el bañado apareció un fantasma. La gente se juntó para verlo y justo que yo venía para acá, apareció... todos quedamos duros de susto ¡le juro!&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;No jures en vano, sinvergüenza. No sé porqué no te echo ahora mismo, la verdad es que hoy te pasaste. Mirá que has inventado cosas desde que te conchabé, pero como esta vez... –la patrona usó un tono airado y sacudió la cabeza.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;-&lt;span style=&quot;font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¡Es verdad! ¡Es verdad! Tiene que creerme. Pregúntele a los vecinos si quiere. &lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Rato después, entre los clientes que iban llegando, la historia del espantajo se repetía y todos describían lo que habían visto: era el típico fantasma cubierto por una sábana y parecía flotar sobre el fangal del bañado. La aparición estaba iluminada con una luz amarillenta que brotaba de su interior. De pronto surgía a un extremo del terreno, permanecía&amp;nbsp; a la vista un breve lapso y desaparecía para volver a verse al otro lado en un instante, habiendo recorrido casi doscientos metros en fracciones de segundo, lo que suponía una velocidad sobrenatural.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Al principio, el vecindario estaba alarmado y contemplaba el prodigio lleno de temor, pero debido a que el suceso se repitió sin variaciones muchas veces en el transcurso de algunas de las noches siguientes, la reiteración fue en detrimento del miedo y un grupo de muchachos decidió terminar de una vez por todas con aquel prodigio que, cada vez más, les parecía una patraña. Así, cuando se produjo la próxima aparición del fantasma y a despecho de embarrarse hasta el cuello, se largaron a correr hacia él, con el fin de desenmascarar al bromista. Pero apenas llegaron a unos veinte metros de donde estaba el espectro, éste se esfumó y se presentó bien lejos, por los confines del baldío contiguo, donde la municipalidad cremaba los cadáveres de los animales que morían en la calle. Los perseguidores pararon de golpe, chocándose unos con otros, y enfilaron rumbo a donde se vio reaparecer en ese momento aquel fenómeno. Volvió a pasarles lo mismo un par de veces, hasta que decidieron abandonar la persecución y reunirse al día siguiente en la cantina del club de fútbol del barrio, para acordar una estrategia. A estas alturas ya no tenían dudas de que se trataba de un fraude y sintieron que el ánimo se les llenaba de un fuerte deseo de venganza y reivindicación. Convinieron en que a la noche se separarían en dos grupos: unos irían directamente hacia donde estaba el fantasmón y los otros hacia donde surgiera acto seguido. &lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;Cuando se enteró de lo que se tramaba, Don Fausto, el célebre narrador de cuentos de aparecidos, no estuvo de acuerdo en que se hiciera aquello. Debido a su inclinación a creer en lo sobrenatural le parecía una falta de respeto hacia el alma en pena. Nadie atendió sus razones, aún cuando advirtió a los conjurados que los espíritus son rencorosos y se cobran caro ese tipo de afrentas.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Nadie le dio importancia a su opinión y se llevó a cabo lo planeado. Así&amp;nbsp; descubrieron por fin la tramoya urdida por los mellizos Cuenca, quienes a pesar de jugar en el equipo del barrio se habían negado sistemáticamente a acompañarlos en sus excursiones nocturnas al bañado “porque temían a los espíritus”. Era admirable la paciencia con la que habían soportado las burlas de sus amigos, que los tildaban de “mariquitas”, llorones y flojos. Tanto estoicismo era de por sí bastante sospechoso.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Por fin, mientras uno y otro grupo extraía a cada uno de los medrosos y enfangados mellizos de sendos caños, todos se preguntaban cómo no habían caído antes en la cuenta. El fantasma era personificado, no por una sola persona, sino por dos envueltas en sendas sábanas blancas. Aquellos caños, semienterrados en el lodo y distribuidos por todo el predio, habían servido de refugio a los burladores cuando la airada turba se dirigía hacia la aparición. Al acercarse el grupo, el mellizo amenazado apagaba la linterna que hacía que el fantasma se viera iluminado. Así se producía la “desaparición”.Cuando los otros, llenos de sorpresa e indignación, se dirigían al punto donde volvía a surgir la luz, los hermanos repetían el truco. &lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 150%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Nunca creyeron que los demás, venciendo el temor, desarrollaran una efectiva táctica para descubrirlos. Se equivocaron,&amp;nbsp; y a pesar de que hasta ese día se habían reído hasta llorar de la candidez de sus vecinos, la situación se había revertido súbitamente y para su mal. Aprendieron amargamente y en forma empírica el significado del concepto de Lincoln, de quien los mellizos no tenían ni noticias de su existencia, de que se puede engañar a la gente por un tiempo, pero no a todos ni para siempre. Les llovieron los golpes, los escupitajos, los puntapiés y los insultos. Cuando se retiró el airado grupo, los hermanos quedaron tendidos en el campo con algún que otro hueso roto. ¿Por qué los habían castigado de aquella forma? En la whiskería se dijo que había sido por la irritación ante la burla pero, aunque los mismos agresores no lo supieran , quizá dolió más la desilusión. ¡Qué lindo hubiera sido confirmar de una vez por todas la teoría de lo sobrenatural! La&amp;nbsp; decepcionante conclusión fue que, al fin y al cabo, parece que los prodigios no existen... &lt;/div&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt;&quot;&gt;Sin embargo, Don Fausto y su hijo Pedrito no se dejaron dominar por el escepticismo, y siguieron afirmando a porfía que sí había un fantasma en el bañado, que por un tiempo se ocultaría de los ojos de la gente, pero que de seguro regresaría para vengarse de los incrédulos&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/3075743807524103644/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/11/el-fantasma-del-banado.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/3075743807524103644'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/3075743807524103644'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/11/el-fantasma-del-banado.html' title='EL FANTASMA DEL BAÑADO –'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1467077304744219112.post-7811510069674797562</id><published>2011-11-13T05:08:00.000-08:00</published><updated>2011-11-13T05:15:34.477-08:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="parque"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relatos"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="tiempo"/><title type='text'>EN UN BANCO DEL PARQUE</title><content type='html'>&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%;&quot;&gt;Había gran variedad de añejos árboles; además&amp;nbsp; plantas ornamentales, flores y césped, todo bien cuidado. Los senderos de balastro serpenteaban prolijos confluyendo en el rosedal, con su fuente en el centro, donde se bañaban mansas palomas y pájaros de todos los plumajes. El parque era vasto. Distribuidos al borde de los caminos sombreados, había numerosos bancos. En ellos, a las horas que otros estaban trabajando, los jubilados se sentaban todos los días del año, excepto cuando llovía o hacía mucho frío.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoBodyTextIndent&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 12pt; line-height: 200%;&quot;&gt;Al llegar formaban un conjunto heterogéneo, pero luego se iban separando en grupos más reducidos, de acuerdo a los diferentes intereses, edades y temas de conversación, acomodándose naturalmente los afines en un mismo sector.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;En sus diálogos revivían épocas pretéritas. Cada cual a su turno, relataba capítulos de su historia personal, a la que ubicaba en un momento ideal y lejano diciendo: “En mis tiempos...” con lo que dejaba en claro que aquellos habían sido días de gloria, los únicos que realmente contaban, cuando las personas eran más solidarias; más hábiles; más trabajadoras y más confiables; las mujeres “buenas” más decentes; las putas mejores putas; los artistas más inspirados; los sabores más puros; la música más melodiosa; los bailes más sanos y divertidos; los perfumes más intensos, las sorpresas más sorprendentes, los crímenes más impactantes; las hazañas deportivas más heroicas y los amores más románticos y ardientes. El presente era una nebulosa de sucesos sin relieve; de relaciones insulsas; de música insoportable; de instituciones decadentes con competidores mediocres, y de jornadas que pasaban unas tras de otras, sin mayores alternativas. Lo que pocos advertían era que antes todo era mejor, porque es mejor ser joven que viejo y además de lejos, no se ven los defectos del paisaje. Como en todas las novelas, había protagonistas y personajes secundarios, que sostenían la versión libre del expositor de turno.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Don Julio rememoraba a menudo, con lujo de detalles, aquella tarde en la que el seleccionado de fútbol de Uruguay se consagró campeón en Ámsterdam en 1928. Estaba escuchando la transmisión radial de la final olímpica en un conocido boliche del Paso Molino, donde se había juntado una multitud, porque por esas épocas no en todos los hogares se accedía a tener un receptor de radio. Para no perderse detalle del emocionante relato, cada uno de los asistentes procuraba estar bien cerca del gran aparato de madera en forma de capilla, con dial iluminado y redondo. De pronto Uruguay convirtió el gol de la victoria y todos los presentes saltaron de alegría, festejando el triunfo. El viejo piso de tablas no resistió el impacto, se hundió y la gente cayó al sótano unos sobre otros. Hubo muchos heridos y hasta algunos muertos, que fueron aplastados por quienes se les desplomaron encima. Don Julio se salvó; según decía, era un niño ágil y liviano y atinó a colgarse del mostrador.&lt;br /&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Uno que había sido “burrero” recordaba a los legendarios pingos de Maroñas: Yatasto, Huraño, Sol de Noche y muchos otros. Los amantes del ciclismo hablaban de las carreras que habían corrido junto a sus ídolos: Atilio François, el Pocho de los Santos o Virgilio Pereira; los del boxeo ensalzaban a Angelito Rodríguez, Dogomar Martínez, Pilar Bastidas o el Negro Burgues.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;A veces se armaban polémicas por causa del fútbol o la política, las voces se elevaban y los paseantes llegaban a temer que aquellos viejos locos se trenzaran en una pelea. Pero eso no sucedió nunca. Los discutidores se retiraban ofendidos y faltaban a la reunión un par de veces, eso era todo; siempre volvían después, haciéndose los desentendidos y olvidando aparentemente los rencores, aunque preparados para reavivarlos en cualquier momento.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Había un viejo en especial: Don Alcántaro Ramírez, que contaba como ciertas algunas historias inverosímiles que, según él, habían sucedido en sus pagos de Tacuarembó. Relataba, por ejemplo, que un mono había raptado a una mujer del pueblo y le había hecho un hijo. La ingrata había escapado finalmente, abandonando al simio y a la criatura, los cuales quedaron sin consuelo. Otro ingenioso cuento era sobre un matrero. El relato tenía algún parecido con el de Kipling: “Un pasión en el desierto” porque como el otro personaje, este “gaucho retobao” había trabado amistad con una fiera: un puma, con el que compartía las presas que cazaba y carneaba mientras le tocó estar escondido de la policía en un monte cerrado, después de un duelo criollo en el que había matado a un hombre. Decía que nunca lo habían agarrado porque cuando volvía a la abigarrada arboleda, luego de salir en busca de agua o alimento,&amp;nbsp;&amp;nbsp; caminaba de espaldas sobre sus mismas huellas, para que los milicos pensaran que se había ido sin regresar. A la mayoría de los jubilados les encantaban sus historias pero, como después se volvieron reiterativas, solamente captaba la atención de los recién integrados y de los que tenían mal de Alzhaimer, siendo estos últimos quienes poseían la facultad de escuchar los relatos repetidos en múltiples ocasiones, como si fuera la primera vez.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;En el grupo de los “que me quiten lo bailado” estaba don Cabrera, que seguía bailando. Había enviudado hacía bastantes años e integraba un club de abuelos que organizaba excursiones y veladas&amp;nbsp; danzantes, en las cuales él era el alma de la fiesta. Llegaba con sus maracas, impecablemente vestido, sus cuatro pelos tiesos por la gomina y sacaba a bailar a las “muchachas” que peinaban canas, o cantaba sobre el escenario salsa, chachachá y cumbia, con la orquesta de turno. Un día vino al parque lleno de entusiasmo y anunció a sus amigos que iba a salir en televisión. Le habían hecho un reportaje para su cumpleaños en oportunidad de alcanzar sus primeros cien, en medio de flor de homenaje que le hicieron los del club. Ese día proclamó ante el mundo que era inmortal.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Don Saturnino, el griego, el más viejo de todos, escuchaba y se reía bajito. Era un hombre callado. Tenía una figura algo desgarbada y era muy, muy flaco. Los otros lo criticaban a sus espaldas porque lo consideraban poco prolijo. Usaba una vieja gabardina marrón casi hasta los pies y un sombrero de fieltro ya sin forma, por debajo del cual sobresalía su cabello rizado, bien largo, de un blanco amarillento. No se afeitaba y su barba, del mismo color y aspecto que el pelo, le llegaba a la altura del pecho. No era un linyera, siempre estaba limpio y exhalaba un casi imperceptible olor a piel añeja, mezclado con aroma a hierbas o especias. La combinación no era del todo desagradable. Hablaba bastante mal el español y alguna vez hizo una referencia vaga a sus lejanos orígenes. No sin esfuerzo, los otros llegaron a entenderle que en Grecia había sido soldado y después en Italia, donde había dejado mujer y seis hijos, experto segador. También había dado a entender que sus relaciones familiares habían sido siempre tormentosas aun desde su infancia porque, para empezar, su padre había sido extremadamente despótico. Él, a su vez,&amp;nbsp; tal como su progenitor, tuvo muchas diferencias con sus hijos, los que llegaron a quitarle totalmente su autoridad paternal.&amp;nbsp; Por eso prefería estar lejos y solo. A veces integraba un grupo y a veces otro. No parecía interesarse demasiado por algún tema en particular. Intervenía poco en las conversaciones, quizás por su dificultad idiomática, y se constituía en un cómodo e indulgente escucha. Tenía una manía: daba vueltas continuamente a una rueda que tenía grabados los doce signos zodiacales la cual rodeaba la esfera de su peculiar reloj de pulsera -notorio por ser bastante grande.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Era común que a las reuniones llegaran flamantes jubilados y otros dejaran definitivamente de concurrir. Así había pasado últimamente con Don Egidio, apodado “murmullo” porque hablaba a través de un agujero en la tráquea, después con el “Malevo Domínguez” que había sido barra brava del Club Atlético Cerro y les había pegado a unos cuantos en memorables encontronazos con los fanáticos de Rampla Juniors. Cabrera desapareció con mucha publicidad, cuando cumplió ciento tres años.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;“ De la barra vieja quedamos pocos...” le comentó un día con tristeza don Julio a don Saturnino, aludiendo al hecho de que mientras disminuían los nacidos en las primeras décadas del siglo veinte, aparecían otros que ya hablaban de Elvis Presley; el rock; los Beatles; los Rolling Stones; el Club del Clan. Otros para los que Gardel, el campeonato del cincuenta y el golpe de Terra, eran historia demasiado antigua y sin embargo los bailes del Nautilus, el Colón o el Sudamérica; la dictadura de los setenta; la represión subsiguiente a el enfrentamiento entre la izquierda y la derecha; las peñas floklóricas; o los campeonatos que ganaron Peñarol o Nacional en la segunda mitad del siglo veinte;&amp;nbsp; o la supuesta llegada del hombre a la luna, eran temas preferenciales. &lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Saturnino no pareció oír el comentario y siguió abstraído, dando vueltas a la rueda de su reloj y mirando a lo lejos con sus ojos acuosos, de un celeste desvaído que le daba aspecto de ciego.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;El mismo Don Julio faltó una mañana de fines de mayo en la que el viento arremolinaba las últimas hojas caídas y se las llevaba lejos, quién sabe dónde. Pedro el del gran bigote y Luis el pelado, se fueron al mes siguiente. Finalmente el viejo Saturnino quedó solo, sentado en su banco del parque, girando su rueda y&amp;nbsp; mirando sin ver.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;Pasó el invierno y llegó la primavera. Floreció el rosedal con mil fragancias y colores y por fin alguien se sentó junto a aquel anciano eterno.&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: normal normal normal 7pt/normal &#39;Times New Roman&#39;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Me jubilé hace un mes –dijo de sopetón el recién llegado– y me aburro en casa; no me adapto a estar ocioso. Entonces me vine para acá como he visto que hacen muchos de los que están como yo. &lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;line-height: 200%; margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: 35.45pt;&quot;&gt;-&lt;span style=&quot;font: normal normal normal 7pt/normal &#39;Times New Roman&#39;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Y... ya empiezan a venir los nuevos ¡Qué me va a decir a mi de aburrimiento! –le contestó Saturnino sin mirarlo, en su español defectuoso– Creo que debería haberme retirado antes, pero todavía y mientras haya una brizna de pasto bajo sol, tengo tanto trabajo por delante... -el otro pensó que el anciano desvariaba, porque todo parecía indicar que estaba jubilado hacía ya mucho tiempo.- Por su cara deduzco que no me cree... Verá: Soy Saturnino Cronos y mi oficio es cuidar el paso de las estaciones y vigilar las cosechas. Observo como los otros se quedan por el camino y permanezco –dijo tendiéndole la mano sarmentosa.&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/feeds/7811510069674797562/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/11/en-un-banco-del-parque.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/7811510069674797562'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1467077304744219112/posts/default/7811510069674797562'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosficcionesyrealidades.blogspot.com/2011/11/en-un-banco-del-parque.html' title='EN UN BANCO DEL PARQUE'/><author><name>Adams Volders</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06247424540248499869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>