<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:blogger='http://schemas.google.com/blogger/2008' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001</id><updated>2024-09-02T00:59:02.885-06:00</updated><category term="misterio"/><category term="fantasmas"/><category term="Biografias"/><category term="Leónidas Andréiev"/><category term="seres extraños"/><category term="Ambrosio Gwinett Bierce"/><category term="Catherine Crowe"/><category term="Nathaniel Hawthorne"/><category term="venganza"/><category term="H. P. Lovecraft"/><category term="ciencia"/><category term="experimentos"/><category term="locura"/><category term="venenos"/><category term="Alejandro Serguéyevich Pushkin"/><category term="May Sinclair"/><category term="casas embrujadas"/><category term="Antón Pávlovich Chéjov"/><category term="Articulos"/><category term="Doble personalidad"/><category term="Guy de Maupassant"/><category term="Próspero Mérimée"/><category term="cementerios"/><category term="opinión"/><category term="oscuridad"/><category term="tinieblas"/><category term="Anónimo"/><category term="Arthur Machen"/><category term="Edgar Allan Poe"/><category term="Francis Marion Crawford"/><category term="Joseph Sheridan Le Fanu"/><category term="Mary Elizabeth Braddon"/><category term="Montague Rhodes James"/><category term="Robert Louis Stevenson"/><category term="animales"/><category term="asesinos"/><category term="caníbales"/><category term="cosmos"/><category term="criaturas extrañas"/><category term="gatos"/><category term="historia"/><category term="historias terror"/><category term="lobos"/><category term="varios"/><title type='text'>Cuentos Tenebrosos</title><subtitle type='html'>Antología de cuentos y narraciones de terror, desde los clasicos hasta los modernos.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default?redirect=false'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25&amp;redirect=false'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>51</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-3688913993411046175</id><published>2018-10-23T09:30:00.000-05:00</published><updated>2018-10-23T09:30:08.722-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Catherine Crowe"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="fantasmas"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="gatos"/><title type='text'>El Pequeño Monstruo Blanco</title><content type='html'>&lt;br /&gt;
&lt;h2&gt;
El Pequeño Monstruo Blanco.&lt;/h2&gt;
&lt;h3&gt;
Catherine Crowe.&lt;/h3&gt;
&lt;i&gt;&lt;br /&gt;Catherine Crowe (1800-1876), novelista, nació en Borough Green, Kent, Inglaterra, pero pasó casi toda su vida en Edimburgo. Ha escrito dramas, libros infantiles y algunas novelas como «Susan Hopley» y «Lilly Dawson». Pero su nombre es conocido en la actualidad sobre todo por su voluminoso estudio «The Nightside of Nature» (1848), una colección de historias ultraterrenales de las que hemos escogido y extractado algunas de las más notables.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;img alt=&quot;el pequeño mostruo blanco&quot; border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;1600&quot; data-original-width=&quot;1349&quot; height=&quot;200&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi5C3TwpX8wLDnDKy9SDFhIOmeV4n9dzvWYRZtnB7QEv1Qor3fruyLrQZgdnDLU5YIUDYPxE8YyOXuU3hktIstKuyrpoJlvqMBeo2loqI6JBW_0G8YpkNIxFknfv8lzQupgLKa0w5X-Ae20/s200/pequeno-monstruo-blanco.jpg&quot; title=&quot;&quot; width=&quot;168&quot; /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; También en el barrio de Marylebone había en otro tiempo una casa habitada por un fantasma muy especial.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El espectro solo aparecía intermitentemente y en épocas muy distanciadas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En realidad solamente estaba ocupada la planta baja de la casa, pues los pisos estaban realquilados como oficinas, cuyo personal se retiraba a las siete u ocho de la tarde.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Un día, un tal señor L…, agente de seguros, sobrecargado de trabajo, decidió quedarse hasta altas horas de la noche en su oficina y rogó a su empleado M. B. que permaneciera con él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hacia la una de la madrugada, se quedaron muy extrañados al oír que alguien llamaba a la puerta. El empleado abrió, pero no había nadie. Al cabo de unos minutos se volvieron a escuchar los golpes, pero esta vez en la ventana, cosa mucho más sorprendente, ya que el despacho estaba situado en un tercer piso y la ventana se encontraba a gran altura sobre un patio estrecho y profundo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El señor L… fue personalmente a ver lo que ocurría, pero no alcanzó a ver a nadie.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Poco después volvieron a escucharse los golpes, pero esta vez en el interior de la habitación. Se oían dentro de una vitrina cuyos cristales estaban cubiertos por una lustrina verde; allí se guardaban los expedientes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El señor L… y su empleado no tuvieron que molestarse en abrir la vidriera, ya que se abrió por sí sola y todos los expedientes se desparramaron por la habitación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Al mismo tiempo los dos aterrorizados hombres vieron una horrible criaturilla correr velozmente a lo largo de las paredes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Apenas de dos pies de alto, de una blancura enfermiza de criptógama, tenía los brazos y las piernas cubiertos de viruela, esqueléticos, y culminaban en manos y pies enormes; la cabeza, muy grande y peluda, no tenía rostro, aparte de algo semejante a un hocico que surgía del centro de lo que debería ser la cara. El monstruillo blanco dio seis o siete veces la vuelta a la habitación a una velocidad extraordinaria, sin chocar con ningún mueble. Luego se lanzó por la ventana y desapareció.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El señor L… y su empleado decidieron montar guardia durante las noches siguientes, pero la horripilante criatura no volvió a aparecer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Seis meses después, hacia el anochecer, el empleado se disponía a marcharse, cuando oyó llamar a la puerta, luego a la ventana y casi al mismo tiempo en el armario.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Esta vez el armario permaneció cerrado, pero el pequeño fantasma surgió bruscamente del escritorio y empezó a correr a lo largo de las paredes. El señor B…, aunque asustado, intentó coger al hombrecillo. Al segundo o tercer intento, le puso la mano encima, pero no tocó más que aire, o mejor dicho, «sumergió sus manos en un aire muy frío y de mínima consistencia».&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La tercera aparición tuvo lugar algunas semanas más tarde, igualmente a la hora de cerrar la oficina, pero esta vez estaban presentes el señor L…, el empleado B… y un cliente, M. W.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El monstruo fantasma no se había anunciado por la serie de golpes habituales, incluso había cambiado de táctica y se mantenía inmóvil en el ángulo de la chimenea. Únicamente su hocico se movía de un modo repugnante. El señor L… le lanzó un libro, y el monstruillo dio un salto extraordinario y desapareció literalmente en el aire.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una encuesta estableció que, alrededor de treinta años antes, una mujer había muerto al dar a luz, en esa misma casa, a un niño horriblemente deforme que solo vivió unos minutos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A estos hechos turbulentos por sí mismos, añadiremos otro con cierta reserva, pues hasta tal punto nos desconcierta. Pero a las declaraciones formales de los señores L… y B… se añaden las no menos formales de dos testigos dignos de crédito, el conocido solicitante F… y el inspector de la policía fluvial M…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El señor L… no había escondido estos acontecimientos a los demás inquilinos de la vivienda y empezaron a divulgarse.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A raíz de ello recibió la visita de una tal señora M… que vivía en Bow, miembro de una sociedad de investigaciones físicas, de sólida reputación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La señora M… afirmó que podía acabar con la siniestra actividad del monstruillo blanco y añadió que no quería recompensa alguna. Aceptó, incluso requirió la presencia de testigos dignos de confianza. Fueron, tal como acabamos de explicarlo, además del señor L… y el señor B…, el solicitante F… y el inspector M…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El día fijado, la señora M… llegó con una enorme cestilla, de la que hizo salir un gato blanco con los ojos rojos. Declaró que era un animal albino, que prestaba importantes servicios para ciertas experiencias ocultas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El gato empezó de inmediato a dar vueltas a la habitación, oliendo la puerta, la ventana y al fin el armario, por el que se interesó vivamente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La señora M… rogó a los mencionados señores que no hicieran el menor movimiento, que permanecieran tranquilos; después de esta advertencia abrió el armario.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Al mismo tiempo el gato empezó a correr a lo largo de las paredes a una velocidad inimaginable. Luego, de súbito, se le vio saltar sobre algo invisible y empezar una encarnizada lucha. Todo esto duró dos o tres minutos, que a los presentes les parecieron siglos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; De golpe, los testigos oyeron un furioso gruñido, luego un grito horripilante, que por poco pierden el sentido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El gato se tranquilizó inmediatamente, lamió con calma sus patas y se metió otra vez en la cestilla.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —El fantasma —explicó seriamente la señora M…— ha vuelto allí de donde jamás debió salir, puedo garantizarles que no volverá nunca más.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Dijo la verdad, ni el señor L… ni el señor B… volvieron a ver al monstruillo blanco.&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/3688913993411046175/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/10/el-pequeno-monstruo-blanco.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/3688913993411046175'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/3688913993411046175'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/10/el-pequeno-monstruo-blanco.html' title='El Pequeño Monstruo Blanco'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi5C3TwpX8wLDnDKy9SDFhIOmeV4n9dzvWYRZtnB7QEv1Qor3fruyLrQZgdnDLU5YIUDYPxE8YyOXuU3hktIstKuyrpoJlvqMBeo2loqI6JBW_0G8YpkNIxFknfv8lzQupgLKa0w5X-Ae20/s72-c/pequeno-monstruo-blanco.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total><georss:featurename>Ciudad de México, CDMX, México</georss:featurename><georss:point>19.4326077 -99.133207999999968</georss:point><georss:box>18.953317199999997 -99.778654999999972 19.9118982 -98.487760999999963</georss:box></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-2332983467197291730</id><published>2018-10-22T09:00:00.000-05:00</published><updated>2018-10-22T09:00:01.695-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="casas embrujadas"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Catherine Crowe"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="fantasmas"/><title type='text'>El Crimen Invisible</title><content type='html'>&lt;br /&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: 138%; margin-bottom: 0.35cm; text-decoration: none;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;h2&gt;
El Crimen Invisible. &lt;/h2&gt;
&lt;h3&gt;
 Catherine Crowe.&lt;/h3&gt;
&lt;i&gt;Catherine Crowe (1800-1876), novelista, nació en Borough Green, Kent, Inglaterra, pero pasó casi toda su vida en Edimburgo. Ha escrito dramas, libros infantiles y algunas novelas como «Susan Hopley» y «Lilly Dawson». Pero su nombre es conocido en la actualidad sobre todo por su voluminoso estudio «The Nightside of Nature» (1848), una colección de historias ultraterrenales de las que hemos escogido y extractado algunas de las más notables.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;img alt=&quot;El crimen invisible&quot; border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;174&quot; data-original-width=&quot;290&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjXc_NV_3MgLqdc8O93CK3rMoqj3FtJvRqjlGSfGw_KswwioZvUMrbHSim4bHFFMaJv6biFpgW2hUPUlbedJb9EponfFCocMPwBKkEWSv4NEHYJy814ZoiyPDWuPjX_LSIMO1XivQq6sJDr/s1600/El-Crimen-Invisible.jpeg&quot; title=&quot;&quot; /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En 1842, en el barrio de Marylebone, se derribó una casa a la que ya no acudía ningún huésped desde hacía muchos años, y cuyos propietarios no estaban dispuestos a gastar más dinero en reparaciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sus últimos habitantes fueron el mayor W…, su mujer, sus tres hijos y su sirviente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El mayor W…, que desempeñaba un digno cargo en Intendencia, había insistido innumerables veces a sus superiores, para que le permitieran cambiar de vivienda (el alquiler del inmueble estaba a cargo de la Intendencia). Como esta autorización se demoraba, alegó para justificar su repetida insistencia que la casa estaba «embrujada del modo más desagradable». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Todas las noches, la puerta del salón se abría violentamente, se oía un ruido de pasos precipitados, una respiración ronca, y luego dos o tres gritos horribles y la pesada caída de un cuerpo en el suelo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A menudo, encontraban los muebles volcados, sobre todo cuando estaban situados en el ángulo norte de la sala. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Luego se restablecía el silencio, pero alrededor de un cuarto de hora más tarde, se oía algo semejante a un pataleo, un sollozo y al fin un espantoso estertor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El mayor W… acabó por prohibir a sus familiares la entrada a ese salón. Incluso clausuró la puerta. Pero antes hizo constatar estos hechos por varios de sus compañeros del ejército. En efecto, el informe que presentó estaba firmado por el lugarteniente de Intendencia E…, el capitán S… y el comisario de víveres E… &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se procedió a una encuesta y muy pronto descubrieron una siniestra y trágica historia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En el año 1825, la casa estaba habitada por el corredor de joyas C… y su esposa. Esta última, mucho más joven que su marido, llevaba una vida desordenada y malgastaba enormes sumas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Aunque el desgraciado C… le perdonó muchas veces sus caprichos, no parecía querer enmendarse; al contrario, su vida era progresivamente escandalosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; C… empujado por la amargura y los celos, se dio a la bebida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una noche, volvió ebrio, decidido a acabar con sus desgracias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Armado de un trinchete de zapatero, se abalanzó sobre su mujer, que huyó hacia el salón, pero C… la alcanzó y de un solo golpe de su arma la decapitó. Permaneció largo rato mudo de horror ante su crimen, luego se colgó de la araña del techo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Desde entonces, este horrible asesinato se reproducía cada noche, de una forma audible, pero jamás los espantados testigos vieron la más mínima aparición; solo los ruidos fantasmas se repetían con una perfecta exactitud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La petición del mayor W… tuvo resultados favorables y desde entonces, la casa permaneció desocupada hasta el día en que cayó bajo el pico de los demoledores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: 138%; margin-bottom: 0.35cm; text-decoration: none;&quot;&gt;
&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;p { margin-bottom: 0.25cm; line-height: 120%; }&lt;/style&gt;&lt;/div&gt;
&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;p { margin-bottom: 0.25cm; line-height: 120%; }&lt;/style&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/2332983467197291730/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/10/el-crimen-invisible.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/2332983467197291730'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/2332983467197291730'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/10/el-crimen-invisible.html' title='El Crimen Invisible'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjXc_NV_3MgLqdc8O93CK3rMoqj3FtJvRqjlGSfGw_KswwioZvUMrbHSim4bHFFMaJv6biFpgW2hUPUlbedJb9EponfFCocMPwBKkEWSv4NEHYJy814ZoiyPDWuPjX_LSIMO1XivQq6sJDr/s72-c/El-Crimen-Invisible.jpeg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total><georss:featurename>Ciudad de México, CDMX, México</georss:featurename><georss:point>19.4326077 -99.133207999999968</georss:point><georss:box>18.953317199999997 -99.778654999999972 19.9118982 -98.487760999999963</georss:box></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-3482458913655080143</id><published>2018-10-19T20:00:00.000-05:00</published><updated>2018-10-19T20:00:05.008-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="casas embrujadas"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Catherine Crowe"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="fantasmas"/><title type='text'>La Casa Embrujada</title><content type='html'>&lt;br /&gt;
&lt;h2&gt;
La Casa Embrujada.&lt;/h2&gt;
&lt;h3&gt;
Catherine Crowe.&lt;/h3&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Catherine Crowe (1800-1876), novelista, nació en Borough Green, Kent, Inglaterra, pero pasó casi toda su vida en Edimburgo. Ha escrito dramas, libros infantiles y algunas novelas como «Susan Hopley» y «Lilly Dawson». Pero su nombre es conocido en la actualidad sobre todo por su voluminoso estudio «The Nightside of Nature» (1848), una colección de historias ultraterrenales de las que hemos escogido y extractado algunas de las más notables.&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;img alt=&quot;la casa embrujada&quot; border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;330&quot; data-original-width=&quot;620&quot; height=&quot;170&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjf0H-kuoGnAXPkd5RLCskOZe0sbjCy9qgKADO_oTXZDQyZcEXHhpmcMS9V_GnDA4wKzTVYO7PIkMt5SPWw-lGP1sAGTByUG2f1s-dvhJ-ClqAkM_3rqbiaqlpS8FLx-ttphGsU1v3CTq2C/s320/La-Casa-Embrujada.jpg&quot; title=&quot;&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En un estrecho callejón de angostos recodos que unía St. Mary Axe con Bishopgate, llamó la atención de la policía un incendio de escasa importancia, en una antigua y bella casa señorial, perteneciente a la familia L…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Este inmueble estaba cuidadosamente cerrado; las puertas y las ventanas de la planta baja fueron encadenadas pese a que disponían de sus propias cerraduras, y en los muros del jardín había unos letreros que avisaban a los imprudentes del peligro que corrían si se introducían en ella, dada la existencia de trampas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Como se había incendiado una casa vecina, hombres de la brigada de socorro tuvieron que entrar por los techos en la casa prohibida. Durante el breve espacio de tiempo que permanecieron en ella, fueron molestados de diversas formas y de un modo absolutamente incomprensible.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Les arrojaron por la cabeza utensilios en desuso, uno de ellos fue empujado y cayó peligrosamente por la escalera, y el jefe de la brigada fue mordido en la pierna sin poder ver por quién o por qué.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Después de estos hechos, las autoridades interrogaron a sir L…, que reconoció con disgusto que la casa estaba embrujada y era absolutamente inhabitable.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Algunos años antes, había heredado esta propiedad de su tío sir F. G., un viejo excéntrico rico y avaro, que vivía en ella con un restringido personal.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sir L… pasaba la mayor parte del año en su propiedad de Kent y en invierno se instalaba en un apartamento que alquilaba en Holborn. A la muerte de sir F. G., renunció a este apartamento y se fue a vivir a su nueva propiedad en St. Mary Axe, con su mujer, sus cuatro hijos y seis criados.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero ya desde los primeros días, fenómenos perturbadores e inexplicables les hicieron la vida imposible.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Durante las comidas, los manteles eran tirados bruscamente y la vajilla echada por los suelos; en la cocina los fuegos se apagaban produciendo densas columnas de vapor y de humo, como si acabaran de ser inundados. Por la noche, les apagaban las velas y varias veces fueron cruelmente golpeados, arañados e incluso mordidos por seres invisibles, durante su sueño.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Temiendo por la salud, tanto como por la razón de su mujer y sus hijos, amenazado con perder a sus criados, y negándose a exponer a ningún posible inquilino a tamañas experiencias, sir L… decidió clausurar la casa embrujada y abandonarla a los fantasmas que parecían haberla escogido por vivienda.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sir L… afirmó no haber visto jamás los espectros malévolos, pero sí había oído sus gritos y sus risas, que no obstante, eran débiles y parecían oírse de lejos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Solo dos sirvientas, ocupadas en limpiar legumbres en la cocina, fueron sorprendidas un día por la repentina aparición de tres niños sucios y casi desnudos, cuya expresión manifestaba odio y maldad. Desaparecieron tan bruscamente como habían aparecido, «silbando como serpientes».&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Lady L… declaró que una noche, al volver del teatro, se había instalado unos minutos ante la chimenea de uno de los salones del piso. De golpe, notó una violenta corriente de aire helado en la nuca y, creyendo que la puerta se había abierto, se volvió. No obstante la puerta estaba cerrada, pero alcanzó a distinguir, cerca del techo, una horrible cara que la miraba.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pidió socorro, pero aquel rostro desapareció en el acto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No sabemos si las autoridades insistieron a sir L… para que les permitiera abrir una encuesta. Creemos que no, pues en realidad no se había cometido crimen ni delito alguno.&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/3482458913655080143/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/10/la-casa-embrujada.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/3482458913655080143'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/3482458913655080143'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/10/la-casa-embrujada.html' title='La Casa Embrujada'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjf0H-kuoGnAXPkd5RLCskOZe0sbjCy9qgKADO_oTXZDQyZcEXHhpmcMS9V_GnDA4wKzTVYO7PIkMt5SPWw-lGP1sAGTByUG2f1s-dvhJ-ClqAkM_3rqbiaqlpS8FLx-ttphGsU1v3CTq2C/s72-c/La-Casa-Embrujada.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total><georss:featurename>Ciudad de México, CDMX, México</georss:featurename><georss:point>19.4326077 -99.133207999999968</georss:point><georss:box>18.953317199999997 -99.778654999999972 19.9118982 -98.487760999999963</georss:box></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-7710672927836194989</id><published>2018-10-18T21:00:00.000-05:00</published><updated>2018-10-18T21:00:08.454-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Catherine Crowe"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="criaturas extrañas"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="lobos"/><title type='text'>El Duende De Adgate</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;h2&gt;
El Duende De Adgate.&lt;/h2&gt;
&lt;h3&gt;
Catherine Crowe&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;i&gt;&lt;br /&gt;Catherine Crowe (1800-1876), novelista, nació en Borough Green, Kent, Inglaterra, pero pasó casi toda su vida en Edimburgo. Ha escrito dramas, libros infantiles y algunas novelas como «Susan Hopley» y «Lilly Dawson». Pero su nombre es conocido en la actualidad sobre todo por su voluminoso estudio «The Nightside of Nature» (1848), una colección de historias ultraterrenales de las que hemos escogido y extractado algunas de las más notables.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;img alt=&quot;El duende de Adgate&quot; border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;493&quot; data-original-width=&quot;452&quot; height=&quot;320&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiTFjZ53kzBO8IuZge8puFgBhNSDtGPMPcWKdaKCmDh-HS-gzncAUy35DNZ4vaIOn-_hzqCEen6irDFczRdBhZvbJol5XAWgK2Pd62knSZYQcfE2Z6hxN-myGs6tGI1SXl_H_ZYmKoSQtef/s320/El-Duende-De-Adgate.jpg&quot; title=&quot;&quot; width=&quot;293&quot; /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Durante el crudísimo invierno de 1799, fue visto un lobo en Adgate, Leadenhall y Cornhill, en pleno centro de Londres. Al principio se creyó que se trataba de un enorme perro vagabundo, extrañamente peligroso; pero numerosos testigos comprobaron que se trataba de un lobo y además, ¡de notables dimensiones!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sobre todo atacaba a las mujeres que llegaban tarde a sus hogares y también a los hombres que no iban armados, pues el animal parecía intuir desde lejos si llevaban o no un arma peligrosa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En la noche de San Ambrosio, hacía un tiempo infernal y las calles estaban desiertas, cuando el oficial de sanidad Br… cruzó Fenchurch en su pequeño coche.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando llegó a la altura de la plaza principal, el lobo surgió de un callejón sin salida y se abalanzó sobre la cabeza del caballo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero el lobo recibió lo suyo, pues el caballo, un animal joven y robusto, se apartó y lanzó una violenta coz.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El lobo, alcanzado en la mandíbula, profirió un siniestro alarido e intentó huir.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero el médico no se conformó con esto, siguió al lobo hacia el callejón sin salida en el que se refugiaba y, desde lejos, le disparó un tiro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El monstruo cayó, se incorporó y desapareció por el corredor de una casa, cuya puerta se cerró inmediatamente tras de sí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El Dr. Br… llamó inútilmente a la puerta, nadie acudió a abrirle.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A la mañana siguiente dio parte al oficial de policía del barrio que, acompañado de dos hombres armados, se dirigió a la casa indicada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La vivienda estaba ocupada por un pequeño rentista llamado Smigger, un hombre temido y detestado por toda la vecindad debido a su mal carácter y a su brutalidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Al no responder a los requerimientos del oficial de policía, hundieron la puerta y, desde la entrada, en un ángulo del corredor, vieron a Smigger en el suelo, muerto, en un mar de sangre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tenía destrozada la parte inferior de la cara y una bala de pistola en los riñones.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No se encontró la piel de lobo, pero en todas partes de la casa, había huellas de enormes patas con garras, así como una gran provisión de carne cruda e incluso una cabeza humana completamente despedazada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El Dr. Br… tuvo la curiosidad de examinar, asistido de varios expertos, los enormes excrementos que se encontraron por todas partes en la siniestra vivienda, y tuvieron que concluir con pavor que se encontraban ante las deyecciones de un lobo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Smigger jamás había abandonado Londres y fue imposible explicar este caso de licantropía.&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/7710672927836194989/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/10/el-duende-de-adgate.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/7710672927836194989'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/7710672927836194989'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/10/el-duende-de-adgate.html' title='El Duende De Adgate'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiTFjZ53kzBO8IuZge8puFgBhNSDtGPMPcWKdaKCmDh-HS-gzncAUy35DNZ4vaIOn-_hzqCEen6irDFczRdBhZvbJol5XAWgK2Pd62knSZYQcfE2Z6hxN-myGs6tGI1SXl_H_ZYmKoSQtef/s72-c/El-Duende-De-Adgate.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total><georss:featurename>Ciudad de México, CDMX, México</georss:featurename><georss:point>19.4326077 -99.133207999999968</georss:point><georss:box>18.953317199999997 -99.778654999999972 19.9118982 -98.487760999999963</georss:box></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-5171401234438821023</id><published>2018-10-17T21:30:00.000-05:00</published><updated>2018-10-17T21:30:06.857-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="casas embrujadas"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Catherine Crowe"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="fantasmas"/><title type='text'>La Casa B… En Camden-Hill</title><content type='html'>&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h2&gt;
La Casa B… En Camden-Hill.&lt;/h2&gt;
&lt;h3&gt;
Catherine Crowe.&lt;/h3&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Catherine Crowe (1800-1876), novelista, nació en Borough Green, Kent, Inglaterra, pero pasó casi toda su vida en Edimburgo. Ha escrito dramas, libros infantiles y algunas novelas como «Susan Hopley» y «Lilly Dawson». Pero su nombre es conocido en la actualidad sobre todo por su voluminoso estudio «The Nightside of Nature» (1848), una colección de historias ultraterrenales de las que hemos escogido y extractado algunas de las más notables.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;img alt=&quot;La casa B... En Camden-Hill&quot; border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;480&quot; data-original-width=&quot;640&quot; height=&quot;240&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgIMtQBMFDttSG9sK_AhgdtVAFeSdGhis8EDKc9Lz7LunlNKVH_XgVDpms8fng0U2YX3nm9mggvDxdjZsqEd-3_hauUVvuati6n7-qgGkd6FJ57EEPaIgYHGk8oDEG7Y6Qf3mqeEoQyNjNk/s320/La-Casa-B-En-Camden-Hill.png&quot; title=&quot;&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La casa que habitaba el matrimonio B… en Camden-Hill no tenía nada de particular, salvo su gran número de habitaciones, todas ellas igualmente confortables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El señor y la señora B… la habían alquilado por un precio razonable a un hombre de negocios de Temple, con la intención de convertirla en una pensión, donde pudieran alojarse modestos funcionarios o empleados de la vecindad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Al principio, gracias a sus económicas tarifas, el negocio prosperó, pero un buen día un joven empleado llamado Rose se marchó bruscamente alegando que su habitación estaba embrujada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los esposos B… jamás habían ocupado aquella habitación, una sala espaciosa que daba al jardín. De este modo, antes de volverla a alquilar, decidieron comprobar por sí mismos lo que ocurría en ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Desde la primera noche, debieron reconocer que Rose no había mentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Entre la una y las dos de la madrugada, la señora B… fue despertada por un extraño ruido, «como el de un enorme gato haciéndose la manicura sobre el parquet».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Casi al mismo tiempo, su marido también se despertó y los dos escucharon en silencio cómo el extraño ruido aumentaba, y luego disminuía en intensidad, como si su misterioso autor se acercara y alejara alternativamente de la cama.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Al fin, el señor B… no pudo más y gritó:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Quién sois y qué hacéis aquí?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El ruido cesó, pero un segundo después, fueron arrancados violentamente los cubrecamas y las sábanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La señora B… encendió el mechero y alumbró una vela que guardaba cerca de sí. En la habitación no había nada insólito, sin embargo, no hubo manera de encontrar las sábanas y los cubrecamas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se levantaron, cerraron la habitación con llave y se fueron a pasar el resto de la noche en su alcoba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A la mañana siguiente, volvieron a la habitación de Rose y encontraron las sábanas y los cubrecamas hechos un ovillo encima de la cama; los cubrecamas, de gruesa lana, estaban intactos, pero las sábanas estaban completamente desgarradas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La señora B… se negó a repetir la experiencia, pero su esposo se obstinó en ello y a la noche siguiente volvió a instalarse en la habitación embrujada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Esta vez, mantuvo una linterna encendida en la cabecera de la cama.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tardó mucho en dormirse, pero cuando empezaba a vencerlo el sueño, fue sobresaltado por el mismo ruido de la noche anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El señor B… se incorporó y vio a la luz de la lamparilla, un viejecito de aspecto miserable, escasamente vestido, de pie en el centro de la habitación. Llevaba un curioso casquete de piel de gato y contemplaba al durmiente con manifiesta desconfianza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pese a estar bastante asustado, el señor B… preguntó al misterioso intruso cuáles eran sus intenciones. Por toda respuesta, este empezó a resoplar como un gato encolerizado e intentó agarrar las sábanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Entonces el señor B… se dio cuenta de que sus manos descarnadas eran extraordinariamente largas y que terminaban en desmesuradas uñas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Por casualidad, el señor B… había puesto a su alcance una caña de junco, la cogió y con ella intentó pegarle al visitante nocturno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No encontró resistencia alguna y el junco atravesó el cuerpo del viejecito como si fuera de humo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Entonces el fantasma retrocedió, profiriendo gestos de amenaza y, hundiéndose en la muralla, desapareció. La noche terminó tranquilamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los esposos B… sacaron los muebles de la habitación y la cerraron. El fantasma no truncó la paz de ninguna de las otras habitaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero, aproximadamente dos años más tarde, el matrimonio B… habló del extraño acontecimiento a uno de sus primos, un marino de Kingston, que había venido a visitarles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El marinero era un hombre robusto y de un sólido sentido común; por cortesía, no quiso poner en duda las afirmaciones de sus primos, pero decidió pasar la noche en la habitación embrujada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Con este fin, la amueblaron con una pequeña cama de campo, una mesita de noche y una silla, y colocaron una lamparilla encendida en la consola de la chimenea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El marinero tardó muy poco en dormirse, pues no creía en historias de fantasmas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Había cerrado su habitación con llave e incluso había asegurado la puerta con un sólido cerrojo provisional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Entre la una y las dos de la madrugada, fue despertado por una fuerte sacudida en su cama y vio al viejecito del casquete de piel de gato que le observaba encolerizado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando el marino se disponía a levantarse, el fantasma retrocedió, resoplando como un gato furioso y desapareció. Luego se oyeron muchos golpes de gran violencia contra o dentro de los muros y un enorme trozo de yeso se desprendió del techo. Pero el espectro no volvió a reaparecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Poco después, los esposos B… se marcharon de Londres para establecerse en Kingston y no se supo más de la casa de Camden-Hill.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/5171401234438821023/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/10/la-casa-b-en-camden-hill.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/5171401234438821023'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/5171401234438821023'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/10/la-casa-b-en-camden-hill.html' title='La Casa B… En Camden-Hill'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgIMtQBMFDttSG9sK_AhgdtVAFeSdGhis8EDKc9Lz7LunlNKVH_XgVDpms8fng0U2YX3nm9mggvDxdjZsqEd-3_hauUVvuati6n7-qgGkd6FJ57EEPaIgYHGk8oDEG7Y6Qf3mqeEoQyNjNk/s72-c/La-Casa-B-En-Camden-Hill.png" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total><georss:featurename>Ciudad de México, CDMX, México</georss:featurename><georss:point>19.4326077 -99.133207999999968</georss:point><georss:box>18.953317199999997 -99.778654999999972 19.9118982 -98.487760999999963</georss:box></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-7963269121332207769</id><published>2018-10-13T12:53:00.001-05:00</published><updated>2018-10-13T12:53:25.197-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Anónimo"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="asesinos"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="caníbales"/><title type='text'>Sawney Bean y su Famila</title><content type='html'>&lt;br /&gt;
&lt;h2 class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; page-break-before: always;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;SAWNEY BEAN Y SU FAMILIA&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;
&lt;h3 class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
 &lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; ANÓNIMO (DE LA TRADICIÓN
INGLESA)&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;img alt=&quot;Sawney Bean y su familia&quot; border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;354&quot; data-original-width=&quot;621&quot; height=&quot;182&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiA9azdIo9cnAFY6dkdTpTVoT-BoL3RZbGR6F5-E4nG18S9pWdNVMonScS7VjVrb3unFPUWnqks8ZtF_vqziXS5nwUeJEsOTlnpoZn73hdSQEBc6TdsltiAnY9JvKGsUT8Zs7IODO6Rl34e/s320/Sawney-621x354.jpg&quot; title=&quot;&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;h3 class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; A pesar de que el siguiente
relato está confirmado con tanta seguridad como pueda estarlo
cualquier hecho histórico, resulta casi increíble, debido a las
monstruosas crueldades de que trata. No hay nada que hayamos oído
contar con las mismas garantías de certidumbre que pueda
comparársele, ni que muestre con tan horribles detalles hasta qué
extremos puede conducir a una persona un temperamento brutal, cuando
carece del freno de la educación y el conocimiento del mundo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; Sawney Bean nació en el
condado de Easth Lothian, a unos trece kilómetros al este de la
ciudad de Edimburgo, durante el reinado de Jaime I de Escocia. Su
padre se dedicaba a recortar setos y a excavar zanjas, e inició a su
hijo en la misma profesión. En su primera juventud se ganaba el pan
cotidiano con aquel oficio, pero siendo muy inclinado a la vagancia,
terminó por abandonar a sus padres y trasladarse a la parte
deshabitada de la región, llevándose con él a una mujer de
inclinaciones tan perversas como las suyas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; La pareja se instaló en una
cueva, cerca de una playa del litoral del condado de Galloway; allí
vivieron durante más de veinticinco años, sin ir a ninguna ciudad,
pueblo ni aldea.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; En aquel tiempo tuvieron un
gran número de hijos y nietos, a los cuales criaron de acuerdo con
sus propios hábitos, sin la menor noción de humanidad ni de
sociedad civilizada. Nunca tuvieron ninguna compañía, y se
mantenían a sí mismos robando, siendo, además, tan crueles, que
nunca robaron a nadie sin asesinarlo previamente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; Gracias a este método
sanguinario, y al hecho de vivir tan apartados del mundo, transcurrió
mucho tiempo sin que fueran descubiertos; no habiendo nadie capaz de
sospechar cómo se perdían las personas que pasaban por el lugar
donde ellos vivían. Después de haber asesinado a un hombre, una
mujer o un niño, transportaban el cadáver a su madriguera, y allí
lo descuartizaban y después se lo comían; éste era su único
alimento; y a pesar de que llegaron a ser tan numerosos, normalmente
tenían un exceso de aquella repugnante comida, de modo que amparados
por la oscuridad nocturna solían arrojar al mar piernas y brazos de
las desdichadas víctimas, procurando hacerlo a una gran distancia de
la cueva en que vivían; aquellos miembros eran devueltos con
frecuencia por el mar a la playa, en diversas partes de la región,
para asombro y terror de los que los descubrían, y de otros que oían
hablar del macabro hallazgo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; Las desapariciones se hicieron
tan frecuentes, que provocaron un clamor general en toda la región;
sin que nadie supiera qué había sido de sus amigos o parientes, si
eran vistos por aquellos desalmados caníbales.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; La alarma fue en aumento, ya
que no se podía viajar con seguridad por las proximidades de la
madriguera de aquellos malvados. Fueron enviados espías a aquellos
lugares; la mayoría de ellos no regresaron, y los que lo hicieron,
después de llevar a cabo minuciosas investigaciones y pesquisas, no
pudieron dar con las causas de aquellos misteriosos sucesos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; Varios honrados viajeros fueron
detenidos como sospechosos y ahorcados erróneamente con el apoyo de
alguna prueba circunstancial. También fueron ajusticiados varios
posaderos, sin otro motivo que el de haber alojado en sus posadas a
algunas personas que posteriormente habían desaparecido sin dejar
rastro. Se sospechó que habían asesinado a aquellas personas en sus
establecimientos y enterrado después los cadáveres en lugares donde
no resultara fácil descubrirlos. La justicia se ejerció con la
mayor severidad imaginable, a fin de evitar aquellas frecuentes y
atroces hazañas; hasta el punto de que muchos posaderos, que vivían
en la zona occidental de Escocia, abandonaron sus negocios, temiendo
correr la misma suerte, y buscaron otras ocupaciones.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; Esto, por otra parte, ocasionó
muchos inconvenientes a los viajeros, que ahora encontraban grandes
dificultades de alojamiento para pasar la noche. En una palabra, toda
la región quedó casi despoblada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; Sin embargo, continuaban
produciéndose las desapariciones de súbditos del rey, de modo que
todo el mundo llegó a admirarse de que pudieran producirse
semejantes villanías sin que sus autores fuesen descubiertos. Ni uno
solo de los que habían sido ejecutados confesó su culpabilidad en
el patíbulo; por el contrario, afirmaron su inocencia hasta el
último momento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; Cuando los magistrados
comprobaron la inutilidad de aquellas medidas, renunciaron a los
procedimientos rigurosos, y confiaron en la Divina Providencia para
la resolución de aquel horrible misterio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; La familia de Sawney, entre
tanto, continuaba creciendo, y cada uno de sus miembros, cuando la
edad se lo permitía, ayudaba en la medida de sus fuerzas a perpetrar
los horribles crímenes, que seguían impunes. A veces atacaban a
cuatro, cinco o seis viajeros al mismo tiempo, pero nunca a más de
dos si iban a caballo; eran tan precavidos, además, que tendían dos
emboscadas, una delante de la otra, para evitar que alguno de los
atacados pudiera escapar, si se había librado de los primeros
asaltantes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; El lugar en el cual habitaban
era completamente solitario y, cuando subía la marea, el agua
penetraba en una extensión de casi doscientos metros en su vivienda
subterránea, que tenía casi dos kilómetros de longitud; de modo
que la gente armada que fue enviada a investigar ni siquiera se había
fijado en la cueva, incapaz de imaginar que algún ser humano pudiera
residir en semejante lugar de perpetuo horror y oscuridad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; El número de asesinatos
cometidos por aquellos salvajes no llegó a conocerse nunca con
exactitud; pero se calculó que en los veinticinco años que duraron
sus fechorías habían lavado sus manos con la sangre de un millar de
hombres, mujeres y niños, como mínimo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; Su descubrimiento tuvo lugar
finalmente en las siguientes circunstancias:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; Un hombre y su esposa, montados
en el mismo caballo, regresaban un atardecer a su hogar después de
haber visitado una feria, y cayeron en la emboscada de aquellos
desalmados asesinos, que se lanzaron furiosamente sobre ellos. El
hombre se defendió valientemente con espada y pistola, derribando a
algunos de los asaltantes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; En el transcurso de la lucha la
pobre mujer cayó del caballo, e inmediatamente fue asesinada ante
los ojos de su marido, ya que las mujeres caníbales la degollaron y
empezaron a chupar su sangre con tanto placer como si fuera vino;
después le abrieron el vientre y le sacaron las entrañas. El
horrendo espectáculo hizo que el hombre redoblara sus esfuerzos para
defenderse, sabedor de que si caía en manos de sus enemigos correría
la misma suerte.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; Quiso la Providencia que
mientras luchaba desesperadamente se presentara un grupo de veinte o
treinta hombres que habían estado en la misma feria; y ante partida
tan numerosa Sawney Bean y su sanguinario clan decidieron retirarse a
su madriguera, cruzando un tupido bosque.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; El hombre, que era el primero
que salía con vida de una emboscada de los implacables asesinos,
contó a los recién llegados lo que había sucedido y les mostró el
cadáver de su esposa, que los forajidos no habían podido llevarse.
Todos quedaron estupefactos y horrorizados ante su relato; le
llevaron con ellos a Glasgow y pusieron el asunto en conocimiento de
los magistrados de la ciudad, los cuales informaron inmediatamente al
rey.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; Tres o cuatro días más tarde,
Su Majestad en persona, con un ejército de cuatrocientos hombres,
salió para el lugar donde se había producido la tragedia, a fin de
registrar el terreno palmo a palmo, tratando de localizar a aquellos
seres diabólicos que desde hacía tanto tiempo venían siendo tan
nefastos para las regiones occidentales del reino.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; El hombre que fue atacado era
el guía, y se llevaron también un gran número de sabuesos, no
omitiendo ningún medio humano que pudiera conducir a poner fin a
aquellas crueldades.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; Sus primeras pesquisas
resultaron infructuosas; no consiguieron encontrar ninguna vivienda,
y a pesar de que pasaron por delante de la cueva de los malvados, no
le prestaron atención y continuaron su exploración a lo largo de la
playa, ya que la marea estaba baja en aquel momento. Por fortuna,
algunos de los sabuesos entraron en la madriguera, e inmediatamente
estalló un espantoso coro de ladridos, aullidos y gañidos; de modo
que el rey, con sus ayudantes, volvió sobre sus pasos y examinó la
entrada de la cueva, sin concebir que en un lugar donde sólo se veía
oscuridad pudiera ocultarse algún ser humano. No obstante, al ver
que el griterío de los perros iba en aumento, y que se negaban a
salir de la cueva, empezaron a imaginar que alguien debía vivir
allí. En consecuencia, fueron en busca de antorchas y un numeroso
grupo de hombres se aventuró en la caverna, a través de las más
intrincadas vueltas y revueltas, hasta que por fin llegaron a la
recóndita cavidad que servía de vivienda a aquellos monstruos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; El espectáculo que se ofreció
a la vista de los soldados fue algo que ninguno de ellos podría
olvidar mientras viviera. Piernas, brazos, manos y pies de hombres,
mujeres y niños colgaban en ristras, puestos a secar; había muchos
miembros en escabeche, y una gran masa de monedas de oro y de plata,
relojes, anillos, espadas, vestidos de todas clases y otros muchos
objetos que habían pertenecido a las personas asesinadas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; La familia de Sawney, en
aquella época, se componía de él mismo, su esposa, ocho hijos,
seis hijas y, como frutos incestuosos, dieciocho nietos y catorce
nietas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; Todos fueron encadenados por
orden de Su Majestad. Los soldados recogieron todos los restos
humanos que pudieron encontrar y los enterraron en las arenas. Luego
cargaron con el botín que habían reunido los asesinos y regresaron
con sus prisioneros a Edimburgo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; Sawney Bean y los miembros de
su familia no respondieron de sus crímenes ante ningún tribunal, ya
que se consideró innecesario juzgar a unos seres que se habían
mostrado enemigos declarados del género humano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;times new roman&amp;quot; , serif;&quot;&gt; Los hombres fueron
descuartizados; les amputaron brazos y piernas y los dejaron
desangrar hasta que les sobrevino la muerte al cabo de unas horas.
Después de haber sido espectadores del justo castigo infligido a los
hombres, la esposa, las hijas y los nietos fueron quemados en tres
hogueras distintas. Todos aquellos malvados murieron sin dar la menor
señal de arrepentimiento; por el contrario, mientras les quedó un
hálito de vida, profirieron las más horribles maldiciones y
blasfemias.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;western&quot; lang=&quot;en-US&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;p { margin-bottom: 0.25cm; direction: ltr; line-height: 120%; text-align: left; }p.western { font-family: &quot;Times New Roman&quot;, serif; font-size: 12pt; }p.cjk { font-family: &quot;Arial&quot;; font-size: 12pt; }p.ctl { font-family: &quot;0&quot;; font-size: 12pt; }&lt;/style&gt;&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;p { margin-bottom: 0.25cm; direction: ltr; line-height: 120%; text-align: left; }p.western { font-family: &quot;Times New Roman&quot;, serif; font-size: 12pt; }p.cjk { font-family: &quot;Arial&quot;; font-size: 12pt; }p.ctl { font-family: &quot;0&quot;; font-size: 12pt; }&lt;/style&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/7963269121332207769/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/10/sawney-bean-y-su-famila.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/7963269121332207769'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/7963269121332207769'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/10/sawney-bean-y-su-famila.html' title='Sawney Bean y su Famila'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiA9azdIo9cnAFY6dkdTpTVoT-BoL3RZbGR6F5-E4nG18S9pWdNVMonScS7VjVrb3unFPUWnqks8ZtF_vqziXS5nwUeJEsOTlnpoZn73hdSQEBc6TdsltiAnY9JvKGsUT8Zs7IODO6Rl34e/s72-c/Sawney-621x354.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total><georss:featurename>Ciudad de México, CDMX, México</georss:featurename><georss:point>19.4326077 -99.133207999999968</georss:point><georss:box>18.953317199999997 -99.778654999999972 19.9118982 -98.487760999999963</georss:box></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-4807330757520162898</id><published>2018-10-06T14:00:00.000-05:00</published><updated>2018-10-07T14:55:57.548-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cementerios"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="fantasmas"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Guy de Maupassant"/><title type='text'>Fue un sueño</title><content type='html'>&lt;h2&gt;
¿FUE UN SUEÑO?&lt;/h2&gt;
&lt;h3&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; GUY DE MAUPASSANT&lt;/h3&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¡La había amado locamente!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¿Por qué se ama? ¿Por qué se ama? Cuán extraño es ver un solo ser en el mundo, tener un solo pensamiento en el cerebro, un solo deseo en el corazón y un solo nombre en los labios… un nombre que asciende continuamente, como el agua de un manantial, desde las profundidades del alma hasta los labios, un nombre que se repite una y otra vez, que se susurra incesantemente, en todas partes, como una plegaria.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Voy a contaros nuestra historia, ya que el amor sólo tiene una, que es siempre la misma. La conocí y viví de su ternura, de sus caricias, de sus palabras, en sus brazos, tan absolutamente envuelto, atado y absorbido por todo lo que procedía de ella, que no me importaba ya si era de día o de noche, ni si estaba muerto o vivo, en este nuestro antiguo mundo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Y luego ella murió. ¿Cómo? No lo sé; hace tiempo que no sé nada. Pero una noche llegó a casa muy mojada, porque estaba lloviendo intensamente, y al día siguiente tosía, y tosió durante una semana, y tuvo que guardar cama. No recuerdo ahora lo que ocurrió, pero los médicos llegaron, escribieron y se marcharon. Se compraron medicinas, y algunas mujeres se las hicieron beber. Sus manos estaban muy calientes, sus sienes ardían y sus ojos estaban brillantes y tristes. Cuando yo le hablaba me contestaba, pero no recuerdo lo que decíamos. ¡Lo he olvidado todo, todo, todo! Ella murió, y recuerdo perfectamente su leve, débil suspiro. La enfermera dijo: «¡Ah!» y yo comprendí. ¡Y yo comprendí!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Me consultaron acerca del entierro, pero no recuerdo nada de lo que dijeron, aunque sí recuerdo el ataúd y el sonido del martillo cuando clavaban la tapa, encerrándola a ella dentro. ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Dios mío!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¡Ella estaba enterrada! ¡Enterrada! ¡Ella! ¡En aquel agujero! Vinieron algunas personas… mujeres amigas. Me marché de allí corriendo. Corrí y luego anduve a través de las calles, regresé a casa y al día siguiente emprendí un viaje.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ayer regresé a París, y cuando vi de nuevo mi habitación —nuestra habitación, nuestra cama, nuestros muebles, todo lo que queda de la vida de un ser humano después de su muerte—, me invadió tal oleada de nostalgia y de pesar, que sentí deseos de abrir la ventana y de arrojarme a la calle. No podía permanecer ya entre aquellas cosas, entre aquellas paredes que la habían encerrado y la habían cobijado, que conservaban un millar de átomos de ella, de su piel y de su aliento, en sus imperceptibles grietas. Cogí mi sombrero para marcharme, y antes de llegar a la puerta pasé junto al gran espejo del vestíbulo, el espejo que ella había colocado allí para poder contemplarse todos los días de la cabeza a los pies, en el momento de salir, para ver si lo que llevaba le caía bien, y era lindo, desde sus pequeños zapatos hasta su sombrero.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Me detuve delante de aquel espejo en el cual se había contemplado ella tantas veces… tantas veces, tantas veces, que el espejo tenía que haber conservado su imagen. Estaba allí de pie, temblando, con los ojos clavados en el cristal —en aquel liso, enorme, vacío cristal— que la había contenido por entero y la había poseído tanto como yo, tanto como mis apasionadas miradas. Sentí como si amara a aquel cristal. Lo toqué; estaba frío. ¡Oh, el recuerdo! ¡Triste espejo, ardiente espejo, horrible espejo, que haces sufrir tales tormentos a los hombres! ¡Dichoso el hombre cuyo corazón olvida todo lo que ha contenido, todo lo que ha pasado delante de él, todo lo que se ha mirado a sí mismo en él o ha sido reflejado en su afecto, en su amor! ¡Cuánto sufro!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Me marché sin saberlo, sin desearlo, hacia el cementerio. Encontré su sencilla tumba, una cruz de mármol blanco, con esta breve inscripción:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;i&gt; Amó, fue amada, y murió.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¡Ella está ahí debajo, descompuesta! ¡Qué horrible! Sollocé con la frente apoyada en el suelo, y permanecí allí mucho tiempo, mucho tiempo. Luego vi que estaba oscureciendo, y un extraño y loco deseo, el deseo de un amante desesperado, me invadió. Deseé pasar la noche, la última noche, llorando sobre su tumba. Pero podían verme y echarme del cementerio. ¿Qué hacer? Buscando una solución, me puse en pie y empecé a vagabundear por aquella ciudad de la muerte. Anduve y anduve. Qué pequeña es esta ciudad comparada con la otra, la ciudad en la cual vivimos. Y, sin embargo, son mucho más numerosos los muertos que los vivos. Nosotros necesitamos grandes casas, anchas calles y mucho espacio para las cuatro generaciones que ven la luz del día al mismo tiempo, beber agua del manantial y vino de las vides, y comer pan de las llanuras.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¡Y para todas las generaciones de los muertos, para todos los muertos que nos han precedido, aquí no hay apenas nada, apenas nada! La tierra se los lleva, y el olvido los borra. ¡Adiós!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Al final del cementerio, me di cuenta repentinamente de que estaba en la parte más antigua, donde los que murieron hace más tiempo están mezclados con la tierra, donde las propias cruces están podridas, donde posiblemente enterrarán a los que lleguen mañana. Está llena de rosales que nadie cuida, de altos y oscuros cipreses: un triste y hermoso jardín alimentado con carne humana.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Yo estaba solo, completamente solo. De modo que me acurruqué debajo de un árbol y me escondí entre las frondosas y sombrías ramas. Esperé, agarrándome al tronco como un náufrago se agarra a una tabla.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando la luz diurna desapareció del todo, abandoné mi refugio y eché a andar suavemente, lentamente, silenciosamente, hacia aquel terreno lleno de muertos. Anduve de un lado para otro, pero no conseguí encontrar de nuevo la tumba de mi amada. Avancé con los brazos extendidos, chocando contra las tumbas con mis manos, mis pies, mis rodillas, mi pecho, incluso con mi cabeza, sin conseguir encontrarla. Anduve a tientas como un ciego buscando su camino. Toqué las lápidas, las cruces, las verjas de hierro, las coronas de metal y las coronas de flores marchitas. Leí los nombres con mis dedos, pasándolos por encima de las letras. ¡Qué noche! ¡Qué noche! ¡Y no pude encontrarla!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No había luna. ¡Qué noche! Estaba asustado, terriblemente asustado, en aquellos angostos senderos entre dos hileras de tumbas. ¡Tumbas! ¡Tumbas! ¡Tumbas! ¡Sólo tumbas! A mi derecha, a mi izquierda, delante de mí, a mi alrededor, en todas partes había tumbas. Me senté en una de ellas, ya que no podía seguir andando. Mis rodillas empezaban a doblarse. ¡Pude oír los latidos de mi corazón! Y oí algo más. ¿Qué? Un ruido confuso, indefinible. ¿Estaba el ruido en mi cabeza, en la impenetrable noche, o debajo de la misteriosa tierra, la tierra sembrada de cadáveres humanos? Miré a mi alrededor, pero no puedo decir cuánto tiempo permanecí allí. Estaba paralizado de terror, helado de espanto, dispuesto a morir.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Súbitamente, tuve la impresión de que la losa de mármol sobre la cual estaba sentado se estaba moviendo. Se estaba moviendo, desde luego, como si alguien tratara de levantarla. Di un salto que me llevó hasta una tumba vecina, y vi, sí, vi claramente cómo se levantaba la losa sobre la cual había estaba sentado. Luego apareció el muerto, un esqueleto desnudo, empujando la losa desde abajo con su encorvada espalda. Lo vi claramente, a pesar de que la noche estaba oscura. En la cruz pude leer:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;i&gt; Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Amó a su familia, fue bueno y honrado, y murió en gracia de Dios.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El muerto leyó también lo que había escrito en la lápida. Luego cogió una piedra del sendero, una piedra pequeña y puntiaguda, y empezó a rascar las letras con sumo cuidado. Las borró lentamente, y con las cuencas de sus ojos contempló el lugar donde habían estado grabadas. A continuación, con la punta del hueso de lo que había sido su dedo índice, escribió en letras luminosas, como las líneas que los chiquillos trazan en las paredes con una piedra de fósforo:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;i&gt;Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Mató a su padre a disgustos, porque deseaba heredar su fortuna; torturó a su esposa, atormentó a sus hijos, engañó a sus vecinos, robó todo lo que pudo, y murió en pecado mortal.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando hubo terminado de escribir, el muerto se quedó inmóvil, contemplando su obra. Al mirar a mi alrededor vi que todas las tumbas estaban abiertas, que todos los muertos habían salido de ellas y que todos habían borrado las líneas que sus parientes habían grabado en las lápidas, sustituyéndolas por la verdad. Y vi que todos habían sido atormentadores de sus vecinos, maliciosos, deshonestos, hipócritas, embusteros, ruines, calumniadores, envidiosos; que habían robado, engañado, y habían cometido los peores delitos; aquellos buenos padres, aquellas fieles esposas, aquellos hijos devotos, aquellas hijas castas, aquellos honrados comerciantes, aquellos hombres y mujeres que fueron llamados irreprochables. Todos ellos estaban escribiendo al mismo tiempo la verdad, la terrible y sagrada verdad, la cual todo el mundo ignoraba, o fingía ignorar, mientras estaban vivos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pensé que también ella habría escrito algo en su tumba. Y ahora, corriendo sin miedo entre los ataúdes medio abiertos, entre los cadáveres y esqueletos, fui hacia ella, convencido de que la encontraría inmediatamente. La reconocí al instante sin ver su rostro, el cual estaba cubierto por un velo negro; y en la cruz de mármol donde poco antes había leído:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;i&gt;Amó, fue amada, y murió.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ahora leí:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;i&gt;Habiendo salido un día de lluvia para engañar a su amante, pilló una pulmonía y murió.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Parece que me encontraron al romper el día, tendido sobre la tumba, sin conocimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgoOXRGhkugJ2cedWuv3x_kZgdm0AzYYzCme9DD6TTZcIwuPZnkt7iSrv9Q-EJf9mfeMat4cF0X2xcLhaM5ZI6Rzl8nl8Icm7VPNyGpI5mCP_VTLiqYk50AzQAZryB-CEKUY0E6GoOmloM4/s1600/Bosque-tenebroso.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img alt=&quot;Bosque Tenebroso&quot; border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;480&quot; data-original-width=&quot;640&quot; height=&quot;240&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgoOXRGhkugJ2cedWuv3x_kZgdm0AzYYzCme9DD6TTZcIwuPZnkt7iSrv9Q-EJf9mfeMat4cF0X2xcLhaM5ZI6Rzl8nl8Icm7VPNyGpI5mCP_VTLiqYk50AzQAZryB-CEKUY0E6GoOmloM4/s320/Bosque-tenebroso.jpg&quot; title=&quot;&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/4807330757520162898/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/10/fue-un-sueno.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/4807330757520162898'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/4807330757520162898'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/10/fue-un-sueno.html' title='Fue un sueño'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgoOXRGhkugJ2cedWuv3x_kZgdm0AzYYzCme9DD6TTZcIwuPZnkt7iSrv9Q-EJf9mfeMat4cF0X2xcLhaM5ZI6Rzl8nl8Icm7VPNyGpI5mCP_VTLiqYk50AzQAZryB-CEKUY0E6GoOmloM4/s72-c/Bosque-tenebroso.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-4540236760886674955</id><published>2018-09-16T19:15:00.001-05:00</published><updated>2018-10-07T14:56:21.682-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ciencia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="experimentos"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="misterio"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Nathaniel Hawthorne"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="venenos"/><title type='text'>La hija de Rapaccini-4</title><content type='html'>&lt;h2&gt;
La hija de Rapaccini&lt;/h2&gt;
&lt;h3&gt;
Nathaniel Hawthorne &lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/nathanielhawthorne.html&quot;&gt;*&lt;/a&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;h4&gt;
(Parte 4)&lt;/h4&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg_QyWqeLkZYjca9_4DbjQKZ1sTRZqXaIyJZHy4kf0gkmauSpYUYXuPpIxqVMIrCJeWBJIa_j-NKRTIglF7ot_fYhHJpQYq7Ww0z88k7mQv68vpsHHlWExdEH-IHNk7n5xcIlz5VXSXyRdU/s1600/La+hija+de+Rapaccini3.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img alt=&quot;&quot; border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;466&quot; data-original-width=&quot;700&quot; height=&quot;213&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg_QyWqeLkZYjca9_4DbjQKZ1sTRZqXaIyJZHy4kf0gkmauSpYUYXuPpIxqVMIrCJeWBJIa_j-NKRTIglF7ot_fYhHJpQYq7Ww0z88k7mQv68vpsHHlWExdEH-IHNk7n5xcIlz5VXSXyRdU/s320/La+hija+de+Rapaccini3.jpg&quot; title=&quot;La hija de Rapaccini&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;h4&gt;
&amp;nbsp;&lt;/h4&gt;
&lt;h4&gt;


 
 
 
 


&lt;/h4&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
En sus relaciones con Beatriz, Giovanni se había visto asaltado a
menudo por negros presentimientos en lo que se refería a la
naturaleza íntima de la hija de Rapaccini. Pero la joven se había
comportado siempre de un modo tan sencillo, tan natural, tan cariñoso
y tan ingenuo, que la descripción que de ella acababa de hacer el
profesor Baglioni le parecía monstruosa e increíble, algo que
escapaba a la realidad. Es cierto que Giovanni conservaba recuerdos
estremecedores&amp;nbsp;relacionados con las primeras veces que vio a la
encantadora Beatriz… No podía olvidar el ramillete que se marchitó
en su mano ni el insecto que pereció en medio del aire dorado por el
sol, sin otra intervención evidente que la fragancia del aliento de
la joven. Estos incidentes, sin embargo, se desvanecían ante la luz
pura de su carácter, dejando de tener la eficacia de los hechos, y
adquirían el aspecto de errores de la fantasía, a pesar de que el
testimonio de los sentidos parecía desmentirlo. ¿Hay algo más
verdadero y real que lo que podemos ver con los ojos y tocar con los
dedos? En esta idea basaba Giovanni su confianza en Beatriz, aunque
en realidad se debía más a la fuerza de las virtudes de la joven
que a una fe profunda y generosa. Pero, ahora, su espíritu era
incapaz de mantenerse a la altura a que le había elevado el primer
entusiasmo de la pasión; la duda se había insinuado en su cerebro,
manchando el albo recuerdo de la imagen de Beatriz. No estaba
dispuesto a abandonarla, pero deseaba someterla a prueba. Decidió
hacer algo que pudiera convencerlo, de una vez para siempre, de que
aquellas terribles cualidades físicas no tenían correspondencia en
su alma. Sus ojos podían haberlo engañado respecto al lagarto, al
insecto y a las flores, debido a la distancia. Tenía que comprobar,
estando junto a ella, si al tocar una flor recién cortada se
marchitaba en su mano. Entonces no le quedaría ninguna duda. Con
esta idea, Giovanni corrió a la tienda de flores y compró un
ramillete que estaba aún perlado con las gotas de rocío de la
mañana.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Era la hora acostumbrada de su entrevista con Beatriz. Antes de
bajar al jardín, Giovanni no resistió a la tentación de mirarse al
espejo, vanidad que puede disculparse en un joven bien parecido,
aunque con ello demuestre cierta frivolidad de sentimientos y un
carácter poco formado. Se miró y se dijo a sí mismo que sus
facciones no habían sido nunca tan graciosas, ni sus ojos habían
tenido nunca aquella vivacidad, ni sus mejillas un tinte tan
saludable como en aquel momento.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
«Al menos —pensó—, su veneno no ha penetrado en mi
organismo. No soy una flor que puede marchitarse en una mano».&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Con este pensamiento dirigió sus ojos al ramillete que había
conservado en la mano. Un estremecimiento de horror sacudió todo su
cuerpo al notar que aquellas flores húmedas de rocío estaban
marchitándose; tenían el aspecto de haber sido frescas el día
anterior. Giovanni palideció y se quedó inmóvil delante del
espejo, mirando a su propia imagen como si estuviese contemplando
algo terrible. Recordó el comentario de Baglioni acerca de la
fragancia que parecía inundar la habitación. ¡Su aliento debía
estar envenenado! Luchó por recobrarse de su estupor y comenzó a
observar con ojos curiosos una araña que estaba atareada fabricando
su tela en la antigua cornisa de su habitación, cruzando y
recruzando el ingenioso sistema de hilos entrelazados; era una araña
tan vigorosa y activa como todas las que se columpian en un techo
viejo. Giovanni se colocó debajo mismo del insecto y emitió una
profunda y larga bocanada de aliento. La araña interrumpió
repentinamente su tarea y la tela vibró a consecuencia del
estremecimiento del cuerpo del diminuto artesano. Giovanni volvió a
lanzar el aliento sobre la araña, con más fuerza que la vez
anterior, y con un doloroso sentimiento en su corazón: no sabía si
era un ser perverso o una criatura desesperada. La araña contrajo
convulsivamente sus miembros y quedó colgada, muerta, a través de
la ventana.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Maldito! ¡Maldito! —murmuró Giovanni—. ¿Te has vuelto
tan venenoso como para que este insecto muera bajo los efectos de tu
aliento?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
En aquel momento ascendió desde el jardín una voz dulce y
agradable.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Giovanni! ¡Giovanni! Ya pasa de la hora… ¿Por qué
tardas? ¡Baja!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Sí —murmuró Giovanni—. Ella es el único ser al que mi
aliento no puede asesinar. ¡Ojalá pudiera hacerlo!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Bajó corriendo, y al cabo de unos instantes se encontraba ante
los ojos brillantes y adorables de Beatriz.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Unos segundos antes, su rabia y su desesperación eran tan
intensas que sólo había deseado poder destruirla con una mirada.
Pero en su presencia surgían influencias demasiado reales y vivas
para que pudiera librarse fácilmente de ellas. Giovanni recordaba
ahora los momentos en que Beatriz, con su femenina dulzura, lo había
envuelto en una paz religiosa; recordaba los apasionados arrebatos de
su corazón en presencia de la joven. Y aquellos recuerdos
convencieron a Giovanni de que Beatriz era un ángel, algo celestial,
y que sólo una persona alucinada podía atribuirle aquellas
horribles cualidades. La ira del joven se apaciguó y se transformó
en un estado de hosca insensibilidad. Beatriz, con su aguda
intuición, comprendió inmediatamente que entre ellos había un mar
de tinieblas que ninguno de los dos podría cruzar. Pasearon juntos,
tristes y en silencio, y llegaron hasta la fuente de mármol, cerca
de la cual crecía la planta de flores semejantes a gemas. Giovanni
se sorprendió del placer —o, mejor dicho, del apetito— con que
inhalaba la fragancia de las flores.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Beatriz —preguntó de pronto—, ¿de dónde vino esta
planta?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—La creó mi padre —respondió la joven con sencillez.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿La creó? ¿Qué quieres decir con eso?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Es un hombre que conoce mucho los secretos de la naturaleza
—respondió Beatriz—. Y en el mismo instante en que yo empecé a
respirar, esta planta se alzó del suelo; es el producto de su
ciencia, de sus conocimientos, en tanto que yo no soy más que su
hija mortal. ¡No te acerques! —exclamó, al ver que Giovanni se
aproximaba a la planta—. Tiene cualidades que apenas podrías
soñar. Yo, queridísimo Giovanni, he crecido y me he desarrollado
con la planta y me nutro con su aroma. Es mi hermana, y la amo con
afecto humano. Pero ¡ay! ¿No lo has sospechado? Existe un terrible
destino en ella.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Giovanni la miró con una expresión tan ceñuda que Beatriz se
interrumpió, temblando. Pero la fe en su cariño barrió su
vacilación y le hizo reprocharse el haber dudado de Giovanni,
siquiera por un instante.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Existe un terrible destino en ella —repitió—, efecto del
fatal amor de mi padre por la ciencia, que me aleja a mí de toda
relación con los de mi clase. Hasta que el cielo te envió, no
puedes imaginar cuán sola estuvo tu pobre Beatriz…&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Era ése tu destino? —preguntó Giovanni, fijando en ella
sus ojos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Sólo ahora sé lo duro que era —respondió Beatriz con
ternura—. ¡Oh, sí! Mi corazón estaba adormecido, y, por lo
tanto, tranquilo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
La ira de Giovanni estalló repentinamente como un relámpago
surgiendo de las tinieblas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Estoy maldito! —gritó con desesperación—. ¡Encontrabas
aburrida tu soledad, y me has separado de todo lo noble de la
existencia, atrayéndome a esta región de inenarrable horror!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Giovanni! —exclamó Beatriz, mirándolo con sus grandes y
brillantes ojos. No había comprendido del todo sus palabras, pero
estaba asustada por lo repentino de aquella explosión.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Sí, criatura emponzoñada! —prosiguió Giovanni,
acercándose a ella—. ¡Tú me has puesto así! ¡Tú me has
infamado! ¡Tú me has llenado mis venas de ponzoña! ¡Me has
convertido en un ser tan&amp;nbsp;odioso, tan horrendo, tan aborrecible y
fatal como tú misma! ¡Ahora, si nuestro aliento es tan fatal para
nosotros mismos como para los demás, unamos nuestros labios en un
beso de indecible odio y muramos!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Virgen santa! —murmuró Beatriz, con voz plañidera—.
¡Ten piedad de mí! No soy más que una pobre niña con el corazón
roto.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Puedes rezar? ¿Tú? —exclamó Giovanni, con diabólico
desprecio—. Al salir de tus labios, tus oraciones tiñen la
atmósfera de muerte. Sí, sí, recemos. ¡Vayamos a la iglesia y
mojemos nuestros dedos en la pila del agua bendita! ¡Los que vengan
detrás morirán apestados! ¡Tracemos en el aire el signo de la
cruz! ¡Serán maldiciones esparcidas con apariencia de símbolos
sagrados!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Giovanni —dijo Beatriz, ya calmada, pues su pena era menor
que su amor—, ¿por qué te unes conmigo en esas palabras
terribles? Yo, es cierto, soy la cosa horrible que tú me llamaste.
Pero, tú, ¿qué has de hacer sino estremecerte ante lo espantoso de
mi condición y marcharte muy lejos, olvidándote de que se arrastran
por la tierra monstruos semejantes a la pobre Beatriz?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡No pretenderás ignorarlo! —estalló Giovanni, encarándose
con ella—. ¡Mira! ¡Este poder me lo ha proporcionado la cándida
hija de Rapaccini!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Un enjambre de insectos volaba en el aire en busca del alimento
prometido por el olor de las flores del jardín fatal. Rodearon,
formando un círculo, la cabeza de Giovanni, y era evidente que se
sentían atraídos hacia él por el mismo influjo que les había
atraído por un instante a varios de los arbustos: Giovanni sopló
entre ellos y sonrió con amargura a Beatriz cuando una veintena de
los insectos cayeron muertos al suelo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Oh! —gimió Beatriz—. ¡Es la ciencia fatal de mi padre!
¡No, no, Giovanni! No fui yo. ¡Nunca! ¡Yo sólo soñé amarte y
estar a tu lado hasta que quisieras marcharte, dejando tu imagen en
mi corazón! Créelo, Giovanni, aunque mi cuerpo se haya nutrido de
veneno, mi espíritu es una criatura de Dios y suplica amor como
alimento cotidiano. Pero mi padre nos ha unido con esta terrible
afinidad. Sí… Despréciame, pisotéame, mátame. ¡Oh! ¿Qué es
la muerte después de oír palabras como las tuyas? No fui yo. Ni por
toda la felicidad del mundo lo hubiese hecho.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El ardor de Giovanni se agotó después de la explosión de sus
sentimientos. Comenzó a experimentar una sensación de tristeza no
desprovista de ternura, ante la íntima y extraña afinidad existente
entre Beatriz y él mismo. Estaban, prácticamente, en soledad
absoluta, aunque los rodeara una inmensa multitud. ¿No era lógico
que se unieran, abandonados como estaban de todos? Si se trataban con
crueldad, ¿quién iba a ser amable con ellos? Por otra parte,
pensaba Giovanni, ¿no existía una esperanza de regresar a la
normalidad y conducir hacia allá a Beatriz, a la redimida Beatriz,
de la mano? ¡Oh, espíritu débil, egoísta y vil, que pensaba aún
en una felicidad vulgar y en una unión terrena después de haber
infamado con palabras tan horribles un amor como el de Beatriz! No,
no podía caber tal esperanza. Beatriz debía caminar lentamente, con
el corazón destrozado, a través de las fronteras del tiempo, lavar
sus heridas en alguna fuente del paraíso y olvidar su pena en la luz
de la inmortalidad. Allí sería feliz.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Pero Giovanni lo ignoraba.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Querida Beatriz —dijo, acercándose a ella, que retrocedió
como retrocedía siempre que Giovanni se le había acercado, pero
ahora por distinto motivo—, mi querida Beatriz, nuestro estado no
es tan desesperado como supones. ¡Mira! Tengo aquí una medicina muy
eficaz, según me aseguró&amp;nbsp;un prestigioso médico. Sus efectos
son maravillosos. Está compuesta de ingredientes opuestos por entero
a los que tu terrible padre ha inoculado en nosotros. Son plantas
benditas… Podemos tomarla juntos y purificarnos del mal.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Dámela! —suplicó Beatriz, extendiendo la mano para coger
la pequeña redoma de plata que Giovanni había sacado de su
bolsillo—. Voy a bebérmela, pero tú debes esperar los resultados
que en mí produzca.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
La joven llevó a sus labios el antídoto de Baglioni. En aquel
mismo instante surgió del porche la figura de Rapaccini, que se
acercaba lentamente a la fuente de mármol. Cuando estuvo cerca, el
hombre de ciencia sonrió con expresión de triunfo al contemplar a
la hermosa pareja, como si se tratara de un artista que después de
dedicar toda su vida a la creación de un cuadro o de un grupo
escultórico, se sintiera orgulloso de su éxito. Súbitamente, se
detuvo; su cuerpo encorvado se irguió, consciente de su poder;
extendió las manos sobre los dos jóvenes en la actitud de un padre
impartiendo la bendición a sus hijos, pero aquellas manos habían
sido las mismas que lanzaron el veneno en el cauce de sus vidas.
Giovanni tembló, Beatriz se estremeció y se oprimió el corazón
con ambas manos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Hija mía —dijo Rapaccini—, ya no estarás sola en el
mundo. Arranca una de las preciosas gemas de tu planta hermana, y
ruega a tu prometido que la lleve en su pecho. Ahora ya no le hará
ningún daño. Mi ciencia y la simpatía que existe entre vosotros le
ha traído a formar parte de tu constitución, apartándolo de la de
los hombres normales. Viviréis amándoos y siendo temidos por el
resto de la gente.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Padre mío —murmuró Beatriz—, ¿por qué diste ese
miserable destino a tu hija?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Miserable? —exclamó Rapaccini—. ¿Cómo te atreves a
calificarlo de miserable, insensata? ¿Consideras miserable el estar
dotada de dones maravillosos, contra los cuales no sirven de nada la
fuerza y el poder de un enemigo? ¿Consideras miserable el ser capaz
de matar al más fuerte sólo con el aliento? ¿Consideras miserable
el ser tan terrible como hermosa? ¿Hubieras preferido, acaso, la
condición de una mujer débil, expuesta a todo daño e incapaz de
hacer ninguno?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Hubiera preferido ser amada a ser temida —murmuró Beatriz,
desplomándose al suelo. Y siguió hablando en voz desfalleciente—.
Pero ya no importa. Me voy a un lugar donde el mal que te has
esforzado en mezclar con mi ser desaparecerá como un sueño, como la
fragancia de esas flores venenosas que no teñirán más mi aliento
entre las flores del Paraíso. ¡Déjame, Giovanni! Tus palabras de
reproche son como plomo que apesadumbra mi corazón, pero también
desaparecerán cuando yo me vaya.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Beatriz había sido transformada por su padre en un ser tan
extraño, que el veneno era vida para ella, y, en cambio, el antídoto
representaba la muerte. Así, la víctima inocente de la iniquidad de
un hombre y de su torcida naturaleza, pereció a los pies de su padre
y de Giovanni.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
En aquel mismo instante apareció en la ventana el profesor Pietro
Baglioni, el cual, dirigiéndose al anonadado hombre de ciencia, le
gritó en un tono en el que se mezclaban el triunfo y el horror:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Rapaccini! ¡Rapaccini! ¡Contempla el resultado de tu
experimento!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
Fin. &lt;/div&gt;
&lt;h4&gt;
&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;p { margin-bottom: 0.25cm; line-height: 120%; }&lt;/style&gt;&lt;/h4&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/4540236760886674955/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/09/la-hija-de-rapaccini-4.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/4540236760886674955'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/4540236760886674955'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/09/la-hija-de-rapaccini-4.html' title='La hija de Rapaccini-4'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg_QyWqeLkZYjca9_4DbjQKZ1sTRZqXaIyJZHy4kf0gkmauSpYUYXuPpIxqVMIrCJeWBJIa_j-NKRTIglF7ot_fYhHJpQYq7Ww0z88k7mQv68vpsHHlWExdEH-IHNk7n5xcIlz5VXSXyRdU/s72-c/La+hija+de+Rapaccini3.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-5843045051351600781</id><published>2018-09-16T19:13:00.002-05:00</published><updated>2018-10-07T14:57:21.014-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ciencia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="experimentos"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="misterio"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Nathaniel Hawthorne"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="venenos"/><title type='text'>La hija de Rapaccini-3</title><content type='html'>&lt;h2&gt;
La hija de Rapaccini&lt;/h2&gt;
&lt;h3&gt;
Nathaniel Hawthorne &lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/nathanielhawthorne.html&quot;&gt;*&lt;/a&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;h4&gt;
(Parte 3)&lt;/h4&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhV4RtkhInQEYgn3ShINAcFjefVuwiwVvIsDT73TlKQlywporJjsGZzZp4ivfkOnHhe_Lg0QZbXjiz3scykJqb8Yeo20dsC_QoCljUvO3yagcUwDG0PGFnsM8lQla6XdHToKjEnlmLQTigX/s1600/La+hija+de+Rapaccini2.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img alt=&quot;&quot; border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;854&quot; data-original-width=&quot;700&quot; height=&quot;320&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhV4RtkhInQEYgn3ShINAcFjefVuwiwVvIsDT73TlKQlywporJjsGZzZp4ivfkOnHhe_Lg0QZbXjiz3scykJqb8Yeo20dsC_QoCljUvO3yagcUwDG0PGFnsM8lQla6XdHToKjEnlmLQTigX/s320/La+hija+de+Rapaccini2.jpg&quot; title=&quot;La hija de Rapaccini&quot; width=&quot;262&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Giovanni no se había parado a pensar en cuál debía ser su
comportamiento: si tenía que disculparse por su intrusión en el
jardín o fingir que estaba allí con el consentimiento, ya que no
por deseo, del doctor Rapaccini o de su hija, pero la conducta de
Beatriz le tranquilizó, a pesar de que en su espíritu persistía la
duda acerca del motivo por el cual había conseguido la admisión.
Beatriz avanzó con paso alado por el sendero y se encontraron cerca
de la fuente en ruinas. Su rostro mostraba sorpresa, pero estaba
iluminado por una sencilla y amable expresión de placer.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Es usted un experto en flores, señor —dijo Beatriz con una
sonrisa, aludiendo al ramillete que Giovanni le había echado desde
la ventana—. No es extraño que la rara colección de mi padre le
haya inspirado el deseo de verla de cerca. Si él estuviera aquí,
podría contarle cosas extraordinarias y muy interesantes acerca de
la naturaleza y virtudes de estas plantas, ya que ha dedicado toda su
vida a estudiarlas y este jardín constituye su mundo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Y usted misma, señora —respondió Giovanni—, si la fama no
miente, es también muy experta en las virtudes que revelan el
magnífico desarrollo de las plantas y su aromático olor. Si no
tiene inconveniente en ser mi profesora, prometo ser un alumno más
aplicado que si me enseñara el mismo doctor Rapaccini.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Corren tan falsos rumores? —preguntó Beatriz, con la
música de su agradable voz—. ¿Dice la gente que soy una experta
como mi padre en conocimientos de botánica? ¡Qué gracioso! No.
Aunque he crecido entre estas flores, no conozco de ellas más que su
color y su perfume, y a veces pienso que incluso esto debería
ignorar. Muchas de estas flores y quizá las más hermosas de ellas,
me repugnan con su olor y me ofenden cuando las veo. Pero le ruego,
señor, que no crea esas historias acerca de mi ciencia. No crea de
mí más que lo que vean sus propios ojos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Y debo creer todo lo que he visto con mis propios ojos?
—preguntó Giovanni, estremeciéndose al recuerdo de las primeras
escenas que contempló en aquel jardín—. No, señora, exige usted
poco de mí. Permítame creer únicamente lo que proceda de sus
labios.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Beatriz pareció haber comprendido. Sus mejillas se colorearon de
rubor, pero mirando a Giovanni a los ojos respondió a su mirada de
ansiosa sospecha con la altivez de una reina.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Eso es lo que le ruego, señor —respondió—. Olvide todo lo
que ha imaginado acerca de mí. Lo que nos dicen los sentidos
externos puede ser falso en esencia, pero las palabras que salen de
los labios de Beatriz Rapaccini brotan de lo más profundo de su
corazón. Ésas son las que debe usted creer.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Había hablado con gran vehemencia, y sobre la conciencia de
Giovanni brilló como la luz de la verdad misma, pero mientras
hablaba aparecía rodeada de una fragancia exquisita y deliciosa,
aunque imperceptible, que el joven, con una inexplicable sensación
de repugnancia, no se atrevía apenas a respirar. ¿Era acaso el olor
de las flores? ¿Sería que el aliento de Beatriz embalsamaba sus
palabras con una extraña fragancia, como si tuviera las entrañas
impregnadas de ella? Giovanni sintió un leve&amp;nbsp;mareo, pero se
recobró inmediatamente; parecía contemplar a través de los ojos de
la hermosa muchacha su alma transparente, y no volvió a sentir duda
ni temor.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El tinte de pasión que había coloreado las facciones de Beatriz
se desvaneció; su rostro adquirió una expresión alegre, como si la
presencia del joven le inspirase un puro placer, semejante al que
podría sentir la doncella de una isla solitaria al conversar con un
viajero procedente del mundo civilizado. Era evidente que su
experiencia de la vida se encerraba en los límites del jardín. Unas
veces hablaba de materias tan simples como la luz del día y las
nubes de verano, otras hacía preguntas acerca de la ciudad, o del
país natal de Giovanni, de sus amigos, de su madre, de sus hermanas,
preguntas que revelaban una existencia tan retirada y una ausencia
tal de familiaridad con las maneras y trato sociales, que Giovanni
contestaba como si estuviese hablando con una niña. Su espíritu
brotaba ante él como un arroyuelo recién nacido que recibiera por
primera vez la caricia del sol y se maravillase de la tierra y del
cielo reflejados en su propio fondo. Tenía también pensamientos
profundos y fantasías brillantes como gemas, como diamantes y rubíes
desgranándose en medio del hervor de la fuente. Mientras la joven
hablaba, Giovanni se asombraba de estar paseando con ella y de que su
imaginación se la hubiese pintado con colores terroríficos; le
maravillaba estar conversando con Beatriz como un hermano, y que
pudiera parecerle tan humana y tan llena de candor. Pero estas
reflexiones fueron sólo momentáneas; las muestras de su naturaleza
eran demasiado reales para sentirse tranquilizado del todo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
En esta confiada conversación habían paseado por el jardín, y
después de muchas vueltas a lo largo de sus avenidas volvieron a
detenerse junto a la fuente en ruinas, donde crecía la magnífica
planta con su tesoro de flores espléndidas. Alrededor de ella se
esparcía una fragancia idéntica a la que Giovanni había atribuido
al aliento de Beatriz, aunque mucho más intensa. Cuando la joven vio
la planta, Giovanni observó que se oprimía el pecho con la mano,
como si su corazón estuviera palpitando aceleradamente y le
produjera dolor.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Por primera vez en mi vida —murmuró Beatriz, dirigiéndose a
la planta— me olvidé de ti.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Recuerdo, señora —dijo Giovanni—, que en cierta ocasión
me prometió recompensarme con una de esas vividas gemas a cambio del
ramillete que tuve la osadía de echar a sus pies. Permítame ahora
coger una en recuerdo de esta entrevista.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El joven dio un paso hacia la planta con la mano extendida, pero
Beatriz se precipitó hacia adelante lanzando un grito que traspasó
el corazón de Giovanni como un puñal. Le cogió de la mano y lo
obligó a retroceder con toda la fuerza de su delicado cuerpo. El
joven sintió su contacto con un temblor en todo su ser.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡No la toque! —exclamó Beatriz, con voz angustiada—. ¡No
lo hagas, por tu vida! ¡Es una planta fatal!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
E inmediatamente, ocultando el rostro entre sus manos, huyó de su
lado y desapareció bajo el porche.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
AI seguirla con la mirada, Giovanni vio la delgada y pálida
figura de Rapaccini, que había estado observando la escena, no sabía
desde hacía cuánto tiempo, oculto tras las sombras del porche.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Antes de que Guasconti llegara a su habitación, era ya Beatriz el
objeto de sus apasionadas meditaciones, revestida de todo el hechizo
de que la había rodeado desde que la viera por primera vez, llena
ahora, además, del afectuoso calor de su encantadora femineidad. Era
humana; su carácter&amp;nbsp;tenía todas las cualidades dulces y
femeninas que hacen a una mujer digna de ser adorada. Era capaz,
seguramente, de los sacrificios y heroísmos del amor. Lo que
Giovanni había considerado hasta entonces como muestras de una
temible constitución física y moral, era olvidado ahora por la
sutil influencia de la pasión y se transformaba en una dorada corona
de encantos que convertían a Beatriz en la más admirable de todas
las mujeres, por ser única. Todo lo que le había parecido feo era
ahora hermoso, o, si no podía cambiarlo de un modo tan radical, se
ocultaba en la tenebrosa región que se halla debajo de la zona de la
conciencia. Pasó la noche pensando en ella. Cuando se durmió, la
aurora empezaba ya a despertar a las flores que dormitaban en el
jardín del doctor Rapaccini. Giovanni, en sueños, también se
encontraba allí. Salió el sol a su debido tiempo y lanzó sus rayos
sobre los párpados del joven, el cual despertó con una sensación
dolorosa. Después de levantarse notó una especie de quemadura y
latidos en su mano —la derecha—. La mano que le había cogido
Beatriz cuando estaba a punto de arrancar una de las flores con
aspecto de gema. En el dorso de la mano aparecían ahora unas
impresiones rojas, como la huella de cuatro dedos, y una señal, como
de un pulgar, en su muñeca.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
¡Con qué obstinación se defiende el amor, e incluso lo que es
astuta semejanza del amor, que florece en la imaginación, pero que
no tiene profundas raíces en el corazón! ¡Con qué obstinación
mantiene su fe, hasta que llega el momento en que es condenado a
desvanecerse en humo! Giovanni envolvió su mano con un pañuelo, se
preguntó qué bicho maligno le habría picado y no tardó en olvidar
su dolor con el recuerdo de Beatriz.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Después de la primera entrevista, una segunda va implícita en lo
que nosotros llamamos destino. Una tercera, una cuarta… y muy
pronto, los únicos momentos felices para Giovanni fueron los que
pasaba en compañía de Beatriz; el tiempo restante transcurría
recordando la entrevista anterior y esperando la siguiente. Y lo
mismo le ocurría a la hija de Rapaccini. Aguardaba la aparición del
joven y corría a su lado con una confianza tan libre de reservas
como si hubiesen sido compañeros de juego desde la más tierna
infancia, y como si siguieran siéndolo todavía. Si por un motivo
inesperado Giovanni se retrasaba un poco, Beatriz se detenía debajo
de su ventana y cantaba la más dulce de sus canciones, la cual
flotaba alrededor de él en su habitación y resonaba en su corazón
como un eco: «¡Giovanni! ¡Giovanni! ¿Por qué tardas? ¡Ven!». Y
Giovanni bajaba presuroso a aquel edén de flores envenenadas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Pero, a pesar de tan íntima familiaridad en la conducta de
Beatriz había aún cierta reserva, tan rígida e invariablemente
mantenida, que raras veces pasaba por la imaginación de Giovanni la
idea de forzarla. Según todas las apariencias, se amaban; se habían
dicho su amor con los ojos, que comunican el secreto sagrado desde
las profundidades de un alma a las de otra; aquel secreto era
demasiado grande para expresarlo por medio de la palabra. Sin
embargo, se habían dicho su amor en aquellas explosiones de pasión
cuando sus espíritus volaban fuera de sus cuerpos en articulado
suspiro, como lengua de una llama escondida demasiado tiempo. En
cambio, no había habido un beso, ni un apretón de manos, ni la más
leve de las caricias que el amor demanda y santifica. Giovanni no
había tocado nunca ni uno solo de los dorados rizos de Beatriz; el
vestido de la joven —tan grande era la barrera psíquica que los
separaba— no había ondeado nunca contra él con la brisa. En las
pocas ocasiones en que Giovanni parecía dispuesto a saltar aquella
barrera, Beatriz se ponía tan triste, su continente era tan severo,
y mostraba además tal aspecto de desesperación, que no
eran&amp;nbsp;necesarias las palabras para que el joven desistiera. En
tales momentos, Giovanni se sobresaltaba ante la horrible sospecha
que nacía, semejante a un monstruo, en lo profundo de su corazón.
La miraba al rostro, su amor se entibiaba y se desvanecía, como la
niebla matinal ante el sol, y sólo quedaban sus dudas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Pero cuando el rostro de Beatriz recordaba su alegría después de
su momentánea tristeza, dejaba de ser la persona misteriosa a la que
Giovanni observaba con miedo y horror y volvía a ser la muchacha
hermosa y sencilla cuyo espíritu comprendía por encima de todo otro
conocimiento.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Había transcurrido un tiempo considerable desde el último
encuentro de Giovanni con Baglioni, cuando una mañana se vio
desagradablemente sorprendido por la visita del profesor, en el cual
había pensado muy poco durante las últimas semanas y de quien
hubiese querido olvidarse completamente. Se hallaba en un estado de
ánimo tal, que sólo podía aceptar la compañía de personas que no
pusieran objeciones a sus actuales sentimientos. Tal comprensión era
algo que no podía esperar del profesor Baglioni.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El visitante charló despreocupadamente durante algunos minutos de
los chismes de la ciudad y de la Universidad, y luego abordó otro
tema.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Últimamente he estado leyendo a un antiguo autor, un clásico
—dijo—, y me encontré con una historia que me llamó la
atención. Posiblemente la recordará usted.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Trata de un príncipe de la India que envió una hermosa mujer
como presente a Alejandro Magno. Era tan bella como la aurora y tan
vistosa como una puesta de sol, pero lo que la caracterizaba era
cierto aliento perfumado, más dulce que el de las rosas de un jardín
persa. Alejandro, como es natural en un hombre joven, quedó
enamorado de la hermosa extranjera en cuanto la vio; pero cierto
sabio, que estaba presente en aquel momento, descubrió en ella un
secreto terrible.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Y en qué consistía el secreto? —preguntó Giovanni,
bajando los ojos para evitar los del profesor.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Aquella hermosa mujer —continuó Baglioni— había sido
alimentada con venenos desde su nacimiento, hasta el punto de que
habían pasado a formar parte de su organismo, y ella misma era el
veneno más mortal que existía. El delicioso perfume de su aliento
emponzoñaba el aire. Su amor hubiese sido mortal. ¿No es un cuento
maravilloso?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Una fábula infantil —respondió Giovanni, agitándose
nerviosamente en su silla—. Me asombra que su señoría pierda el
tiempo leyendo esas paparruchas, mientras está dedicado a estudios
serios.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—A propósito —dijo el profesor, mirando inquieto a su
alrededor—, ¿qué extraña fragancia es la que se respira en esta
habitación? ¿Es acaso el perfume de sus guantes? Es débil, pero
delicioso, aunque no se puede decir que sea agradable. Creo que si lo
respirase mucho tiempo llegaría a ponerme enfermo. Es como la
esencia de una flor, pero no veo flores en la habitación.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—No hay ninguna —dijo Giovanni, que se había puesto pálido
mientras el profesor hablaba—, ni creo que haya aquí otro perfume
que el de la imaginación de vuestra señoría. El olor, siendo como
es una mezcla de lo sensorial y de lo espiritual, puede engañaros de
este modo. El recuerdo de un perfume puede ser confundido con una
realidad presente.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Mi imaginación no suele gastarme esas bromas —replicó
Baglioni—, y si percibo un olor es porque alguna droga de vil
boticario ha untado mis dedos. Nuestro querido amigo Rapaccini,
según&amp;nbsp;he oído decir, perfuma sus medicinas con olores más
ricos que los de Arabia. La bella y docta Beatriz podría tratar
también a sus pacientes con drogas tan dulces como el aliento de una
doncella. Pero… ¡ay del que las bebiera!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El rostro de Giovanni reflejó un cúmulo de emociones contenidas.
El tono en el que el profesor hablaba de la pura y encantadora hija
de Rapaccini era una tortura para su alma, y, sin embargo, no podía
dejar de sentir mil confusas sospechas que se mofaban de él como
otros tantos demonios. Procuró dominarse y respondió a Baglioni con
la fe de un amante perfecto.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Señor profesor —dijo—, fue usted amigo de mi padre y creo
que su propósito es obrar también como un amigo con el hijo. No
puedo sentir hacia usted más que respeto y deferencia, pero le ruego
que comprenda que hay algo acerca de lo cual no podemos hablar. Usted
no conoce a la señorita Beatriz, y, por lo tanto, es incapaz de
estimar lo erróneo de su juicio sobre ella.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Mi pobre Giovanni! —exclamó el profesor, con expresión de
lástima—. Conozco a esa joven perversa mucho mejor que usted. Y
voy a decirle la verdad acerca del envenenador Rapaccini y de su
venenosa hija; sí, tan venenosa como bella. La antigua fábula de la
mujer india se ha convertido en realidad, merced a la profunda y
fatal ciencia de Rapaccini, en la persona de la hermosa Beatriz.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Giovanni gimió y ocultó el rostro entre las manos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Su padre —continuó Baglioni—, haciendo oídos sordos al
cariño que debía sentir por su hija, la ofreció en holocausto a la
ciencia. Hagámosle la justicia de reconocer que es un auténtico
científico, que destilaría su propio corazón en un alambique.
¿Cuál puede ser el destino de usted, mi querido Giovanni? Ha sido
usted escogido como material para un nuevo experimento. El resultado
quizá sea la muerte o algo aún más terrible. Rapaccini, por lo que
él llama interés por la ciencia, no se detendría ante nada.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
«Es un sueño —se dijo Giovanni—. No puede ser más que un
mal sueño».&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Sin embargo, puede usted tener esperanzas, mi joven amigo
—continuó Baglioni—. No es demasiado tarde para la salvación.
Es muy posible que tengamos éxito al tratar de volver a esa
miserable criatura a la normalidad, de la que ha sido sacada por la
locura de su padre. Esta pequeña redoma de plata fue labrada por el
famoso Benvenuto Cellini y es un presente de amor digno de la dama
más elegante de Italia. Su contenido es aún más valioso: un
pequeño sorbo de este antídoto hubiera neutralizado el veneno más
virulento de los Borgia. No cabe duda de que será eficaz contra los
de Rapaccini. Dele el pomo a su Beatriz y espere confiado los
resultados.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Y Baglioni colocó sobre la mesa una redoma de plata
exquisitamente labrada. A continuación se marchó, dejando que sus
palabras produjeran el efecto deseado sobre la mente de Giovanni.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
«Te venceremos, Rapaccini —se decía a sí mismo, sonriendo,
mientras bajaba la escalera—. Aunque estoy obligado a reconocer que
eres un maravilloso hombre de ciencia, los que respetamos las normas
clásicas de la profesión médica no podemos tolerar tus
despreciables experimentos».&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&amp;nbsp; &lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/09/la-hija-de-rapaccini-4.html&quot;&gt;Continuara...&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;p { margin-bottom: 0.25cm; line-height: 120%; }&lt;/style&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/5843045051351600781/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/09/la-hija-de-rapaccini-3.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/5843045051351600781'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/5843045051351600781'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/09/la-hija-de-rapaccini-3.html' title='La hija de Rapaccini-3'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhV4RtkhInQEYgn3ShINAcFjefVuwiwVvIsDT73TlKQlywporJjsGZzZp4ivfkOnHhe_Lg0QZbXjiz3scykJqb8Yeo20dsC_QoCljUvO3yagcUwDG0PGFnsM8lQla6XdHToKjEnlmLQTigX/s72-c/La+hija+de+Rapaccini2.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-7115201211041355413</id><published>2018-09-16T19:12:00.003-05:00</published><updated>2018-10-07T14:57:53.534-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ciencia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="experimentos"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="misterio"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Nathaniel Hawthorne"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="venenos"/><title type='text'>La hija de Rapaccini-2</title><content type='html'>&lt;h2&gt;
La hija de Rapaccini&lt;/h2&gt;
&lt;h3&gt;
Nathaniel Hawthorne &lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/nathanielhawthorne.html&quot;&gt;*&lt;/a&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;h4&gt;
(Parte 2)&lt;/h4&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjIybnogCjIn3n1CFGo_0ZXe7wcLu9_GuF6IVWYlLP5ewnrj1CNGlzHbUPrQE_T19pR9R83fmZooguqnBoziTQAM3h2PPHpuWGSst-P1D6b1Y0hefJVhiOD5-Qcmugf6ROA6-UWP07V45h0/s1600/La+hija+de+Rapaccini1.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img alt=&quot;&quot; border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;900&quot; data-original-width=&quot;600&quot; height=&quot;320&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjIybnogCjIn3n1CFGo_0ZXe7wcLu9_GuF6IVWYlLP5ewnrj1CNGlzHbUPrQE_T19pR9R83fmZooguqnBoziTQAM3h2PPHpuWGSst-P1D6b1Y0hefJVhiOD5-Qcmugf6ROA6-UWP07V45h0/s320/La+hija+de+Rapaccini1.jpg&quot; title=&quot;La hija de Rapaccini&quot; width=&quot;213&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;page-break-before: always; text-align: justify;&quot;&gt;
Al ver de nuevo a Beatriz, el
joven se maravilló de que su belleza excediese incluso al recuerdo
que conservaba de ella; era tan brillante e intensa, que resplandecía
al sol, y, como Giovanni se dijo a sí mismo, iluminaba los más
sombríos rincones del fantástico jardín. Su rostro era ahora mucho
más visible que la primera vez que tuvo ocasión de contemplarlo, y
a Giovanni le llamó la atención su expresión de sencillez y de
dulzura, cualidades que no había imaginado que la joven pudiese
poseer y que le hicieron preguntarse cómo sería su carácter. De
nuevo le pareció encontrar cierta semejanza entre la hermosa hija de
Rapaccini y el espléndido arbusto que lucía flores parecidas a
gemas purpúreas, analogía que Beatriz acentuaba con la forma de sus
trajes y los colores que escogía.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Cuando estuvo cerca de la planta, la joven abrió sus brazos, como
si estuviera poseída de un ardor apasionado y oprimió sus ramas en
un abrazo íntimo, tan íntimo que quedó semioculta en el seno de
las hojas, y los dorados rizos de su pelo se entremezclaban con las
flores.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Dame tu aliento, hermana mía! —exclamó Beatriz—. Dame
tu aliento, pues con el aire común&amp;nbsp;me siento débil. Y dame
también tus flores, que separaré con delicadeza de tu tallo y
colocaré junto a mi corazón.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Mientras pronunciaba estas palabras, la hermosísima hija del
doctor Rapaccini cortó una de las flores más espléndidas y se
dispuso a prenderla en su pecho. En aquel momento ocurrió algo
singular, a no ser que el vino hubiese perturbado los sentidos de
Giovanni. Un pequeño reptil de color anaranjado, semejante a un
lagarto o a un camaleón, se deslizaba en aquel instante por el
sendero, junto a los pies de Beatriz. A Giovanni le pareció —ya
que a la distancia en que se encontraba apenas si pudo ver una cosa
tan diminuta— que una o dos gotas del jugo del tallo roto de la
flor caían sobre la cabeza del animalito. Por espacio de un par de
segundos el reptil se contorsionó con violencia y luego quedó
completamente inmóvil. Beatriz observó aquel fenómeno
extraordinario y se santiguó con tristeza, aunque sin revelar la
menor sorpresa, y no dudó en prenderse en su pecho la flor fatal.
Allí se hizo más roja y lanzó unos destellos casi tan vivos como
los de una piedra preciosa, confiriendo al vestido de la joven y a
todo su aspecto en general un extraordinario encanto. Sin embargo,
Giovanni, saliendo de la sombra de la ventana, se inclinó hacia
adelante y volvió a retirarse inmediatamente, murmurando en voz baja
y temblorosa:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Estoy despierto? ¿Estoy en mi sano juicio? ¿Qué es lo que
pasa? ¿Puede ser bella, y, al mismo tiempo, un ser insensible y
terrible?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Beatriz caminaba ahora cuidadosamente por el jardín y se detuvo
tan cerca de la ventana de Giovanni que el joven no tuvo más remedio
que asomar la cabeza fuera de la ventana con objeto de satisfacer la
intensa y dolorosa curiosidad que la hija de Rapaccini despertaba en
él. En aquel preciso instante divisó un insecto que volaba por
encima de la tapia del jardín; quizás había estado vagabundeando
por la ciudad y no halló flores ni verdor, hasta que los intensos
perfumes de los arbustos de Rapaccini lo habían tentado. Sin posarse
en las flores, ya que no parecía sentir más atractivo que el de
Beatriz, se entretuvo revoloteando en el aire en torno a su cabeza.
Los ojos de Giovanni Guasconti no podían ahora engañarlo. Y lo que
vio fue que, mientras Beatriz contemplaba al insecto con infantil
alegría, el animalito descendió en su vuelo hasta caer a los pies
de la joven; allí permaneció unos segundos, agitando débilmente
las alas, y luego quedó completamente inmóvil, muerto. ¿Cuál
había sido la causa de su muerte? Giovanni lo ignoraba. ¿Sería
acaso el aliento de la joven? Una vez más, Beatriz se santiguó y
suspiró al inclinarse sobre el insecto muerto.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Un impulsivo movimiento de Giovanni hizo que la joven alzase sus
ojos hacia la ventana. Contempló la hermosa cabeza del estudiante,
más parecida a una cabeza griega que a una italiana, de rasgos
bellos y regulares y ensortijados cabellos dorados que la miraba
desde lo alto como si estuviera suspendida en el aire.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Giovanni, sin darse apenas cuenta de lo que hacía, le lanzó el
ramo de flores que hasta entonces había tenido en la mano.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Señorita —le dijo—, acepte estas flores puras y
saludables. Acéptelas en nombre de Giovanni Guasconti.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Gracias, señor —respondió Beatriz con su armoniosa voz, que
sonó como un chorro musical, y con una alegre expresión, mitad
infantil y mitad de mujer.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—No las merezco —murmuró Giovanni.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Acepto su presente y siento no poder recompensarlo con esta
preciosa flor purpúrea, porque&amp;nbsp;aunque se la enviara por el aire
no lo alcanzaría. Así, pues, señor Guasconti, tendrá que
conformarse con las gracias.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Recogió el ramillete del suelo y, como avergonzada de haber
hablado con un desconocido, faltando a la reserva que debe mostrar
siempre una doncella, se dirigió presurosa hacia la casa a través
del jardín. Pero, a pesar del escaso tiempo transcurrido, a Giovanni
le pareció, cuando la muchacha estaba ya a punto de desaparecer por
el porche, que su bello ramillete empezaba a marchitarse en sus
manos. Era una idea descabellada, no había posibilidad de distinguir
unas flores marchitas de otras lozanas a tanta distancia.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
En los días que siguieron a aquel incidente, el joven evitó la
ventana que daba al jardín del doctor Rapaccini, como si algo frío
y monstruoso hubiese apagado su vista. Tenía la impresión de haber
caído, en cierto modo, bajo el influjo de un poder ininteligible a
través de la relación que había entablado con Beatriz. La conducta
más prudente sería, si su corazón corría un verdadero peligro,
marcharse de la casa donde se alojaba, e incluso de Padua. No debía
acostumbrarse de ningún modo a la cotidiana vista de Beatriz, y lo
mejor sería evitar el verla en absoluto, ya que su proximidad y la
posibilidad de trato con ella harían que la fantasía de Giovanni
corriese desenfrenada, dando cuerpo y realidad a los encuentros que
su imaginación creaba continuamente. Guasconti no era un joven
apasionado —o en todo caso no lo estaba—, pero tenía una gran
fantasía y un ardiente temperamento meridional que tendía a cada
instante a las mayores agitaciones. Giovanni no sabía si Beatriz
poseía o no aquel aliento mortífero, aquella afinidad con unas
flores muy hermosas y al mismo tiempo fatales que él había creído
descubrir, pero lo cierto es que había inoculado un veneno sutil y
activo en todo su ser. No era amor, aunque la gran belleza de la
joven le trastornaba; ni horror, a pesar de que suponía que su
espíritu estaría impregnado del mismo perfume pernicioso que
parecía poseer su organismo. Era una mezcla desordenada de ambos
sentimientos, de amor y de horror; uno le abrasaba y otro le hacía
temblar. Giovanni no sabía qué temer o qué esperar; esperanza y
temor luchaban sin cesar en su pecho, venciéndose alternativamente e
iniciando de nuevo la lucha. Benditas sean todas las emociones
simples, sean buenas o malas. La lóbrega mezcla de las dos produce
los resplandores que alumbran las regiones infernales.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
A veces trataba de mitigar la fiebre de su espíritu paseando de
prisa por las calles de Padua o saliendo de sus murallas; sus pasos
seguían el ritmo de los latidos de su cerebro, de modo que en
ocasiones el paseo se convertía en una carrera. Un día se sintió
apresado por los brazos de un personaje respetable que se había
vuelto al reconocer al joven y que necesitó mucho aliento para
alcanzarle.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Señor Giovanni! ¡Párese, mi joven amigo! —exclamó—.
¿No me ha reconocido? Lo creería posible, si yo estuviera tan
cambiado como usted.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Era Baglioni, al cual Giovanni había evitado desde su primer
encuentro por temor a que la sagacidad del profesor pudiera leer su
secreto. Luchando por recobrarse, miró extrañado desde su mundo
interior y habló como un hombre en sueños.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Sí, soy Giovanni Guasconti y usted es el profesor Pietro
Baglioni. Y, ahora, déjeme pasar.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Un momento, un momento, señor Giovanni Guasconti —dijo el
profesor, sonriendo, al tiempo que examinaba al joven con mirada
atenta—. ¿Cómo voy a dejar que pase por mi lado como un extraño
el hijo de un amigo de la infancia? Calma, señor Giovanni. Antes de
que nos separemos&amp;nbsp;quiero hablar unos instantes con usted.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—En tal caso, no perdamos tiempo, querido profesor —replicó
Giovanni con febril impaciencia—. ¿No se da cuenta su señoría de
que tengo prisa?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Mientras hablaban vieron avanzar por la calle, en dirección a
ellos, a un hombre vestido de negro, encorvado y de andar vacilante,
como si estuviera enfermo. Su rostro tenía un tinte enfermizo y
cetrino, pero poseía una expresión de inteligencia tan aguda que el
observador pasaba por alto las condiciones físicas para fijarse
únicamente en su asombrosa energía intelectual. Al cruzarse con
Giovanni y el profesor Baglioni cambió un saludo frío y distante
con este último, pero fijó una mirada tan intensa en Giovanni, que
dio la impresión de que acababa de extraer del interior del joven
todo lo que de valor tenía dentro. Sin embargo, en su mirada había
una serenidad peculiar, como si el interés que le inspiraba el joven
fuese meramente especulativo y no humano.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Ése es el doctor Rapaccini! —murmuró el profesor, una vez
que hubo pasado el desconocido—. ¿Lo ha visto a usted
anteriormente?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Que yo sepa, no —respondió Giovanni, sobresaltándose al oír
el nombre.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Él lo ha visto! ¡Tiene que haberlo visto! —exclamó
Baglioni con pasión—. Ese hombre lo está estudiando a usted por
algún motivo. ¡Conozco ese modo de mirar! Es la misma frialdad que
revela su rostro cuando se inclina sobre un pájaro, un ratón o una
mariposa, a los cuales ha matado con el perfume de una flor en el
curso de un experimento: una mirada tan profunda como la naturaleza
misma, pero desprovista de amor. Señor Giovanni, apuesto la vida a
que es usted objeto de uno de los experimentos del doctor Rapaccini.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Pretende usted asustarme? —inquirió Giovanni, con intensa
emoción—. Eso, señor profesor, sería un experimento muy molesto.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Paciencia! ¡Paciencia! —exclamó el imperturbable
profesor—. Le repito, mi pobre Giovanni, que el doctor Rapaccini
encuentra en usted un interés científico. Ha caído usted en unas
manos terribles. ¿Y qué papel juega en este misterio la señorita
Beatriz?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Guasconti, encontrando insoportable la impertinencia de Baglioni,
se marchó antes de que el profesor pudiera retenerlo de nuevo. El
profesor se quedó mirando al joven mientras se alejaba y se encogió
de hombros.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
«No puedo consentir esto —se dijo Baglioni—. El muchacho es
hijo de un viejo amigo mío y quién sabe lo que podría acarrearle
la arcana ciencia de la Medicina. Por otra parte, la impertinencia de
Rapaccini es intolerable: me quita, como quien dice, al muchacho de
las manos y trata de utilizarlo para sus experimentos infernales.
Pero ¡veremos! ¡Tal vez, inteligente Rapaccini, frustre yo tu
sueño!».&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Entretanto, Giovanni había seguido su camino, llegando por fin
ante la puerta de la casa donde se alojaba. Al cruzar el umbral se
encontró con la vieja Lisabetta, la cual sonrió con zalamería y
dio muestras de querer llamar su atención, aunque inútilmente, pues
la ardiente ebullición de los sentimientos de Giovanni se había
trocado de pronto en una fría y desinteresada vacuidad. Volvió sus
ojos hacia la arrugada cara que se plegaba todavía más en una
sonrisa, pero no pareció verla. La anciana, entonces, lo agarró por
la capa.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Señor! ¡Señor! —murmuró, con una sonrisa en los labios
que daba a su rostro el aspecto de una grotesca máscara de madera
ennegrecida por los siglos—. ¡Escuche, señor! ¡Hay una
entrada&amp;nbsp;secreta al jardín!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Cómo? —exclamó Giovanni, volviéndose repentinamente,
como un objeto inanimado que adquiere de pronto una intensa vida—.
¿Una entrada secreta al jardín del doctor Rapaccini?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Silencio! ¡Silencio! ¡No hable tan alto! —murmuró
Lisabetta, poniéndose la mano delante de la boca—. Sí, al jardín
del respetable doctor; podrá ver sus espléndidas plantas. Muchos
jóvenes de Padua darían de buena gana una moneda de oro para ser
admitidos entre esas flores.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Giovanni puso una mano en la de la vieja.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Muéstreme el camino —dijo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Una sospecha, nacida probablemente de su conversación con
Baglioni, cruzó su cerebro: tal vez la intervención de la anciana
Lisabetta estaba relacionada con la intriga, cualquiera que fuese su
naturaleza, en la que el profesor suponía que el doctor Rapaccini
estaba tratando de envolverle. Pero esta sospecha, aunque preocupó a
Giovanni, era insuficiente para detenerlo. El instante que tanto
había esperado de poder acercarse a Beatriz lo impulsaba con
demasiada fuerza. No importaba si ella era ángel o demonio; estaba
dentro de su ser de forma irremisible y tenía que obedecer la
llamada que le impulsaba a girar en círculos cada vez menores hacia
un fin que no intentaba adivinar. Sin embargo, por extraño que pueda
parecer, súbitamente le sobrevino la duda de si aquel intenso
interés por su parte no sería ilusorio; si sería tan profundo y
positivo como para justificar el dar un paso cuya trascendencia era
imprevisible; si no se trataba de una fantasía del cerebro de un
joven, sin que en ella participaran, o participaran sólo muy
levemente, sus sentimientos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Vaciló unos instantes, pero finalmente, decidido, siguió hacia
adelante. Su macilenta guía lo condujo por varios pasillos oscuros
y, por último, se detuvo ante una puerta a través de la cual se oía
el susurro de las hojas recalentadas por el sol. Giovanni siguió
andando y se metió entre un arbusto que extendía sus zarcillos
sobre la oculta entrada, hasta llegar debajo de la ventana de su
habitación, en el área descubierta del jardín del doctor
Rapaccini.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
A menudo sucede que, cuando se han vencido las dificultades, han
condensado su nebulosa sustancia en una realidad tangible, nos
hallamos tranquilos e incluso fríamente dueños de nosotros mismos,
en circunstancias cuya anticipación hubiese sido un delirio de
júbilo o de agonía. El destino se divierte desconcertándonos así.
La pasión, deseosa de tener ocasión de actuar, vacila perezosamente
cuando los acontecimientos parecen exigir su aparición. Y esto era
lo que le sucedía en aquel momento a Giovanni. Día tras día, su
pulso se había agotado febrilmente ante la improbable idea de una
entrevista con Beatriz y el deseo de estar con ella en aquel mismo
jardín, iluminado por el esplendor oriental de su belleza y tratando
de arrancar a su contemplación el misterio que él consideraba el
enigma de su propia existencia. Pero en aquel momento había nacido
en su pecho una ecuanimidad singular. Lanzó una mirada a su
alrededor para comprobar si veía a Beatriz o a su padre, y, dándose
cuenta de que estaba solo, empezó a examinar las plantas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Su aspecto le desagradó; su esplendor parecía salvaje,
apasionado y, al propio tiempo, artificial. Casi todas las plantas
que crecían en aquel jardín habrían sobresaltado al viajero que
hubiese tropezado con ellas al cruzar un bosque, produciéndole la
impresión de que un rostro lo estaba espiando a través de la
espesura. Algunas de ellas hubieran llamado también la atención de
un entendido en la materia por su apariencia de artificialidad;
parecían una adulteración de varias especies vegetales mezcladas,
no muy distintas de las creadas por Dios, pero obra de la
depravada&amp;nbsp;antasía de un hombre. Probablemente eran fruto del
experimento que en uno o dos casos había alcanzado el éxito de
combinar dos plantas hermosas en una sola. Luego éste adquiría el
sospechoso y siniestro aspecto característico de todo lo que crecía
en el jardín. Giovanni sólo pudo reconocer dos o tres plantas en
toda la colección, y de las especies que él sabía que eran
venenosas. Mientras estaba entretenido en estas observaciones, oyó
el crujido de un vestido de seda y, al volverse, vio aparecer a
Beatriz bajo el artístico porche.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;p { margin-bottom: 0.25cm; line-height: 120%; }&lt;/style&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&amp;nbsp;&lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/09/la-hija-de-rapaccini-3.html&quot;&gt;Continuara...&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/7115201211041355413/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/09/la-hija-de-rapaccini-2.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/7115201211041355413'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/7115201211041355413'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/09/la-hija-de-rapaccini-2.html' title='La hija de Rapaccini-2'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjIybnogCjIn3n1CFGo_0ZXe7wcLu9_GuF6IVWYlLP5ewnrj1CNGlzHbUPrQE_T19pR9R83fmZooguqnBoziTQAM3h2PPHpuWGSst-P1D6b1Y0hefJVhiOD5-Qcmugf6ROA6-UWP07V45h0/s72-c/La+hija+de+Rapaccini1.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-7369950435823069505</id><published>2018-09-16T19:12:00.000-05:00</published><updated>2018-10-07T14:58:22.917-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ciencia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="experimentos"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="misterio"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Nathaniel Hawthorne"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="venenos"/><title type='text'>La hija de Rapaccini-1</title><content type='html'>&lt;br /&gt;
&lt;h2 style=&quot;page-break-before: always;&quot;&gt;
La hija de Rapaccini&lt;/h2&gt;
&lt;h3&gt;
Nathaniel Hawthorne &lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/nathanielhawthorne.html&quot;&gt;*&lt;/a&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;h4&gt;
(Parte 1)&lt;/h4&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhAQQVCi9i9oa-uir3u7mRNDyJOzweuTXryhA4H_e1C3pvv8n6frqnnn_FSH_4n8hxAYWvqpTzGHFzCK6x6mP-skLyGVFmUi0mZgDwFPVx30uvfCUh3vXzDeZxOa5jUMBJvYMeuJ2qrcNjV/s1600/La+hija+de+Rapaccini4.png&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;459&quot; data-original-width=&quot;1600&quot; height=&quot;91&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhAQQVCi9i9oa-uir3u7mRNDyJOzweuTXryhA4H_e1C3pvv8n6frqnnn_FSH_4n8hxAYWvqpTzGHFzCK6x6mP-skLyGVFmUi0mZgDwFPVx30uvfCUh3vXzDeZxOa5jUMBJvYMeuJ2qrcNjV/s320/La+hija+de+Rapaccini4.png&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;h4&gt;
&amp;nbsp;&lt;/h4&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Con el fin de proseguir sus estudios en la Universidad de Padua
llegó hace muchos años a aquella ciudad un joven llamado Giovanni
Guasconti. Procedía de la más meridional de las regiones de Italia.
Giovanni, cuya bolsa era más bien flaca, se alojó en un humilde
aposento situado en los altos de un viejo edificio, que otrora pudo
ser el palacio de un noble paduano y que seguía exhibiendo en su
fachada el blasón de una familia extinguida hacía mucho tiempo. El
forastero, que conocía las nobles gestas de su país, recordó que
uno de los antepasados de aquella familia figuraba entre los
protagonistas de las eternas agonías del&amp;nbsp;&lt;i&gt;Infierno&lt;/i&gt;&amp;nbsp;evocado
por Dante. Este recuerdo, junto con la melancolía muy explicable en
un joven separado por vez primera de su medio ambiente habitual, hizo
que Giovanni no pudiera disimular su desencanto al examinar su
habitación, ruinosa y mal amueblada.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Virgen santa! —exclamó la anciana señora Lisabetta,
quien, atraída por el hermoso aspecto del joven, trataba de dar a la
estancia un aire acogedor—. ¿Qué aspecto tiene esto para
descorazonar a un joven? ¿Le parece oscura la casa? Vamos, asómese
a la ventana y verá un sol tan espléndido como el que dejó en
Nápoles.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Guasconti hizo maquinalmente lo que la anciana le aconsejaba, pero
no estuvo de acuerdo con ella en que el sol de Padua fuese tan
espléndido como el del sur de Italia; sin embargo, brillaba sobre el
jardín situado debajo de la ventana y esparcía su influjo
vivificante sobre una colección de plantas que parecían haber sido
cultivadas con excesivos cuidados.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Pertenece a la casa ese jardín? —inquirió Giovanni.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—De ser así, sus flores serían mucho mejores que las que ahora
crecen en él —respondió la señora Lisabetta—. No, este jardín
es cultivado por las propias manos del doctor Giacomo Rapaccini, el
famoso doctor, cuya fama ha llegado hasta Nápoles. Se dice que
destila de ellas unas medicinas tan eficaces como un hechizo. Podrá
ver a menudo al doctor en su trabajo, y quizá también a la
señorita, su hija, recogiendo las extrañas flores que crecen en su
jardín.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
La anciana señora hacía todo lo posible para mejorar el aspecto
de la habitación, y tras encomendar al joven a la protección de los
santos, se retiró a su aposento.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Giovanni no encontró mejor entretenimiento que contemplar el
jardín. Era uno de aquellos jardines botánicos que fueron creados
en Padua antes que en ningún otro lugar de Italia, ni del&amp;nbsp;mundo.
Era probable que hubiese servido de apacible retiro a una familia
opulenta, pues en el centro conservaba una fuente de mármol, en
estado ruinoso, esculpida con excelente arte, pero tan deteriorada
que era imposible recomponer mentalmente el diseño original a partir
del caos de fragmentos que quedaban. El agua, sin embargo, seguía
brotando en forma de surtidor y desgranándose en brillantes perlas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Su tenue murmullo llegaba hasta la ventana del joven y le hizo
imaginar que la fuente era un espíritu inmortal que cantaba
incesantemente su canción, sin preocuparse de lo que sucedía en
derredor, mientras un siglo se encarnaba en mármol u otro esparcía
por el suelo la belleza perdurable. En el hoyo donde caía el agua
crecían varias plantas que parecían muy necesitadas de humedad para
nutrir sus gigantescas hojas y magníficas flores. Había, sobre
todo, una mata en un jarrón de mármol en medio del agua de la
fuente, con gran profusión de purpúreas flores, cada una de las
cuales ostentaba el brillo y la riqueza de una gema. Y todo reunido
formaba una visión tan resplandeciente, que bastaba para iluminar el
resto del jardín, aunque no hubiese sol. Todo el suelo estaba
poblado de plantas y de hierbas, las cuales, a pesar de ser menos
bellas, recibían también asiduos cuidados, como si tuviesen
virtudes especiales, conocidas por la mente científica que las
protegía. Algunas de ellas estaban colocadas en jarrones adornados
con relieves antiguos y otras descansaban en vulgares macetas de
jardín. Unas reptaban por el suelo como culebras o trepaban a lo
alto utilizando para su ascenso todo lo que les salía al paso. Una
enredadera se había enroscado en torno a una estatua de Vertumno,
cubriéndola con un ropaje de hojas, tan lleno de armonía y de
gracia que podría haber servido de modelo a un escultor. Mientras
Giovanni permanecía acodado en la ventana, oyó un crujido detrás
de una cortina de follaje y comprendió que una persona estaba
trabajando en el jardín. No tardó en hacerse visible su figura, y
por sus características no se trataba de un obrero vulgar: alto,
delgado, cetrino y de aspecto enfermizo; vestido de negro, a la
usanza escolar. Tenía más de cincuenta años; sus cabellos eran
grises, llevaba una barba finamente recortada y su rostro era el de
una persona culta, inteligente y estudiosa, pero carente de
sentimientos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Nadie podría superar la atención con que este científico
jardinero estudiaba las plantas que encontraba en su camino; parecía
estar analizando su naturaleza íntima, haciendo consideraciones
relacionadas con la posibilidad de utilizar su esencia, y preguntarse
y contestarse por qué estas hojas nacían de esta forma y aquéllas
de la otra, y por qué tales y cuales flores diferían entre sí en
forma y en perfume. A pesar de la profunda inteligencia que revelaba
en su porte, no parecía aproximarse lo suficiente como para intimar
con la vida de aquellos vegetales. Por el contrario, se le veía
evitar su contacto o inhalar directamente sus aromas, desplegando
para ello unas precauciones que impresionaron desagradablemente a
Giovanni. El jardinero se conducía como si anduviera entre seres
malignos, tales como bestias salvajes, serpientes ponzoñosas o
espíritus diabólicos, con los que el menor descuido podía acarrear
terribles consecuencias. El joven quedó asombrado al comprobar aquel
aire de inseguridad en una persona que cultivaba un jardín, el más
sencillo e inocente de los entretenimientos de un hombre, que había
sido ya la tarea y la diversión de felices progenitores del género
humano. ¿Era este jardín, acaso, el Edén del mundo presente? Y
este hombre, que conocía perfectamente lo que cultivaba con sus
manos, ¿era acaso el Adán de este Paraíso?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El receloso jardinero se protegía las manos con un par de gruesos
guantes para apartar las hojas secas o detener el excesivo
crecimiento de los arbustos. No era ésa, sin embargo, su única
protección.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Al llegar junto a la magnífica planta que mostraba sus purpúreas
gemas al lado de la fuente de mármol, se colocó una especie de
mascarilla que le cubría boca y nariz, como si toda aquella belleza
no hiciera más que disfrazar cualidades letales; pero, estimando aún
demasiado peligrosa su tarea, retrocedió unos pasos, se quitó la
mascarilla y llamó con la voz propia de una persona afectada de una
enfermedad interna.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Beatriz! ¡Beatriz!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Aquí estoy, padre. ¿Qué deseas? —exclamó una voz juvenil
y armoniosa desde una ventana de la casa de enfrente; una voz tan
exquisita como una puesta de sol tropical, que hizo que Giovanni, sin
saber por qué, la asociara con intensos colores púrpura o carmesí,
y con penetrantes y deliciosos perfumes—. ¿Estás en el jardín?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Sí, Beatriz —respondió el jardinero—. Y necesito tu
ayuda.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Al cabo de unos instantes apareció, bajo un artístico porche, la
figura de una joven vestida con la gracia de la más espléndida de
las flores, bella como el día y con una vitalidad tan exuberante que
de ser un poco mayor hubiese resultado exagerada. Respiraba vida,
salud y energía; parecía como si todos esos atributos sólo
estuviesen reprimidos por su virginal castidad. Mientras miraba el
jardín, Giovanni imaginó que se habría criado enfermiza; pero la
impresión que la hermosa desconocida le produjo fue la de que había
aparecido otra linda flor, más hermosa que la más hermosa de todas,
pero a la cual había que acercarse cubierto con una mascarilla y
tocar con manos protegidas por guantes. Mientras descendía por el
sendero del jardín, podía verse cómo manipulaba e inhalaba el olor
de varias de las plantas que su padre había evitado con más celo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Ven aquí, Beatriz —dijo el jardinero—. Mira cuántos
cuidados necesita nuestro mayor tesoro. Como estoy tan delicado, mi
vida peligraría si me acercara todo lo que las circunstancias
requieren. De ahora en adelante, temo que esta planta tendrá que ser
vigilada sólo por ti.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Me alegro de encargarme de ella —respondió la joven con su
armoniosa voz, mientras se aproximaba a la hermosa planta y abría
sus brazos como si se dispusiera a abrazarla—. Sí, hermana mía,
mi gloria, Beatriz se encargará de cuidarte y de servirte, y tú, en
recompensa, le darás tus besos y tu perfumado aliento, que es para
ella fuente de vida.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Entonces, con la misma ternura en sus gestos que la que habían
expresado sus palabras, dedicó a la planta tantas atenciones como
parecía necesitar. Giovanni, desde su elevado observatorio, se frotó
los ojos y se preguntó si se trataba realmente de una muchacha que
estaba cuidando a su planta favorita o de una hermana que cumplía
con sus deberes de afecto fraternal. La escena terminó pronto, bien
porque el doctor Rapaccini hubiese dado término a sus tareas en el
jardín, bien porque su aguda mirada hubiese notado la presencia del
forastero. Lo cierto es que tomó a su hija del brazo y se retiró.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Anochecía, y por la abierta ventana penetraban efluvios
sofocantes procedentes de las plantas del jardín. Giovanni cerró la
ventana antes de acostarse. Aquella noche soñó con una bella flor y
una hermosa joven. La flor y la joven eran distintas, aunque a veces
semejaban ser la misma. En una y otra forma parecían entrañar un
misterioso peligro.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Pero en la luz matinal hay algo que tiende a rectificar los
errores de la fantasía y aun del raciocinio en que hemos incurrido
durante la puesta de sol, entre las sombras de la noche o a la
todavía menos saludable claridad de la luna. El primer movimiento de
Giovanni al despertarse a la mañana siguiente fue abrir la ventana y
mirar al jardín que sus sueños habían hecho tan fecundo
en&amp;nbsp;misterios. Se sorprendió y avergonzó un poco al ver lo real
de su aspecto bajo la luz del día. Los rayos del sol doraban las
gotas de rocío, las cuales, suspendidas de las hojas y de las
flores, realzaban su belleza y les devolvían su aspecto ordinario.
El joven experimentó una gran satisfacción al pensar que en el
centro mismo de la ciudad tendría el privilegio de poder disfrutar
de la contemplación de aquel rincón de tan espléndida y frondosa
vegetación. Le serviría, se dijo a sí mismo, para ayudarle a
mantenerse en contacto con la naturaleza. Ni el doctor Rapaccini ni
su hermosa hija estaban allí, de modo que Giovanni no pudo
determinar cuánto había de realidad y cuánto de fantasía en las
singulares cualidades que atribuía a ambos. Pero estaba dispuesto a
adoptar un punto de vista más racional en todo el asunto.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
En el curso del día presentó sus respetos al señor Pietro
Baglioni, profesor de Medicina de la Universidad y médico de
eminente reputación, para el cual traía una carta de presentación.
El profesor era un anciano de carácter afable y de modales que
rezumaban cordialidad. Invitó a almorzar a Giovanni y se mostró
locuaz y jovial, sobre todo después de animarse con un par de
botellas de vino toscano. Giovanni pensó que los hombres de ciencia
que vivían en una misma ciudad procuraban mantener buenas
relaciones, y buscó una oportunidad para mencionar el nombre del
doctor Rapaccini. Pero el profesor no respondió con la cordialidad
que el joven había imaginado.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—No estaría bien que un profesor del divino arte de la Medicina
—dijo el profesor Pietro Baglioni, en respuesta a la pregunta de
Giovanni— negase las cualidades que adornan a un médico de tanta
fama y prestigio como Rapaccini; pero, por mi parte, sería mucho
peor permitir que un joven de mérito como usted, señor Giovanni,
hijo de un querido amigo mío, adquiriera ideas erróneas acerca de
un hombre en cuyas manos podría confiar su propia vida. La verdad es
que nuestro respetable doctor Rapaccini tiene más conocimientos
científicos que cualquier otro miembro de la Facultad, con una sola
excepción, quizás, en Padua y en Italia. Pero su carácter
profesional puede ser objeto de ciertas objeciones, bastante graves.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Cuáles son esas objeciones? —preguntó Giovanni.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Amigo mío, ¿está usted enfermo, acaso, del cuerpo o del
corazón para preocuparse tanto de los médicos? —inquirió el
profesor con una sonrisa—. De Rapaccini se dice, y yo que le
conozco bien puedo asegurar que es cierto, que le preocupa mucho más
la ciencia que la humanidad. Sus pacientes sólo le interesan como
materia para nuevos experimentos. Sacrificaría una vida humana, la
suya propia o la del ser más querido para él, con tal de poder
añadir un diminuto grano de mostaza al caudal de sus conocimientos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Imagino que será un hombre terrible —dijo Giovanni,
recordando el aspecto intelectualizado y frío de Rapaccini—. No
obstante, querido profesor, creo que en el fondo puede decirse de él
que es un espíritu noble. ¿Hay muchos hombres capaces de un amor
tan apasionado por la ciencia?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Que Dios perdone a los que tengan los mismos puntos de vista de
Rapaccini acerca del arte de curar —dijo el profesor, con cierto
desdén—. Sostiene la teoría de que todas las propiedades
curativas se hallan encerradas en el interior de aquellas sustancias
que nosotros denominamos venenos vegetales. Los cultiva con sus
propias manos y se dice que ha producido nuevas variedades de venenos
más mortales que los de la Naturaleza. Es innegable que el doctor
Rapaccini hace menos daño del que pudiera esperarse con sustancias
tan peligrosas. En algunas ocasiones, tengo que reconocerlo, ha hecho
o parece haber hecho alguna cura maravillosa; pero, si he de ser
sincero, señor&amp;nbsp;Giovanni, no puede prestárseles entero crédito,
ya que quizás son producto de la casualidad. En cambio, se le
considera responsable de sus fracasos, que son el resultado frecuente
de sus trabajos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El joven escuchó con cierto escepticismo la opinión de Baglioni,
porque la atribuyó a una antigua rivalidad entre el profesor y el
doctor Rapaccini, en la que consideraba a este último como ganador
de la partida. (Si el lector quiere juzgar por sí mismo, le
aconsejamos la lectura de ciertos opúsculos en letra gótica sobre
la materia que se conservan en los archivos de la Universidad de
Padua).&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Mi querido profesor —dijo Giovanni, después de meditar en lo
que había oído acerca del exagerado celo por la ciencia que
demostraba Rapaccini—, no sé hasta qué punto ama a su arte ese
médico, pero seguramente existe algo mucho más querido para él: su
hija.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Ah! —exclamó el profesor, riéndose—. Ya sé el secreto
de nuestro amigo Giovanni: ha oído usted hablar de su hija, de la
cual están enamorados todos los jóvenes de Padua, aunque no hay ni
media docena de ellos que hayan tenido la suerte de verle el rostro.
No sé gran cosa acerca de doña Beatriz, excepto que, según dicen,
Rapaccini la ha hecho partícipe de la mayor parte de sus
conocimientos y que, joven y hermosa como es, está considerada ya
como apta para ocupar un sillón de catedrático. ¡Quizá su padre
la destina para el mío! Otros rumores que corren no merecen ser
citados ni que se les dé oídas. De modo que, ahora, bébase el vino
tranquilamente.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Guasconti regresó a su alojamiento algo mareado por el vino que
había bebido e imaginando extrañas fantasías relacionadas con el
doctor Rapaccini y su bella hija Beatriz. Al pasar ante una tienda de
flores entró y compró un ramo recién cortado.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Subió a su habitación y se sentó cerca de la ventana, en la
sombra, de modo que podía ver el jardín sin correr el riesgo de ser
descubierto. No se veía a nadie. Las plantas desconocidas estaban
iluminadas por el sol y de vez en cuando inclinaban sus cabezas
cortésmente, saludándose unas a otras, como si entre ellas
existiesen relaciones de parentesco o de simpatía. En el centro del
jardín, sobre la fuente en ruinas, crecía la más hermosa de las
plantas, cubierta de gemas color de púrpura que brillaban en el aire
y se reflejaban en el agua del estanque. Las aguas parecían pobladas
con los colores radiantes que se reproducían en ellas. Al cabo de un
rato, tal como Giovanni había esperado y al mismo tiempo temido, una
figura hizo su aparición bajo el antiguo y artístico porche. Fue
acercándose entre las hileras de plantas, aspirando sus varios
perfumes, como si se tratara de uno de aquellos seres fantásticos de
que nos hablan las viejas fábulas y que se alimentaban de dulces
olores.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&amp;nbsp;&lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/09/la-hija-de-rapaccini-2.html&quot;&gt;Continuara...&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;
&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;p { margin-bottom: 0.25cm; line-height: 120%; }&lt;/style&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/7369950435823069505/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/09/la-hija-de-rapaccini-1.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/7369950435823069505'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/7369950435823069505'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/09/la-hija-de-rapaccini-1.html' title='La hija de Rapaccini-1'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhAQQVCi9i9oa-uir3u7mRNDyJOzweuTXryhA4H_e1C3pvv8n6frqnnn_FSH_4n8hxAYWvqpTzGHFzCK6x6mP-skLyGVFmUi0mZgDwFPVx30uvfCUh3vXzDeZxOa5jUMBJvYMeuJ2qrcNjV/s72-c/La+hija+de+Rapaccini4.png" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-3947578552412151033</id><published>2018-02-16T18:30:00.000-06:00</published><updated>2018-10-07T14:58:55.851-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="fantasmas"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="misterio"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Próspero Mérimée"/><title type='text'>VISIÓN DE CARLOS XI</title><content type='html'>&lt;div class=&quot;titu&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-size: 1.5em; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; margin-top: 125px; text-align: justify;&quot;&gt;
VISIÓN DE CARLOS XI&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;subtitu&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-size: 1.2em; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify;&quot;&gt;
P&lt;span class=&quot;versalita&quot; style=&quot;font-size: 0.8em;&quot;&gt;RÓSPERO&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;M&lt;span class=&quot;versalita&quot; style=&quot;font-size: 0.8em;&quot;&gt;ÉRIMÉE&amp;nbsp;&lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.mx/2018/01/prosperomerimee.html&quot;&gt;(*)&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;epigrafe&quot; style=&quot;font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin-left: 40px;&quot;&gt;
&lt;div class=&quot;salto25 cursiva&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-size: 0.9em; font-style: italic; line-height: 1.3em; margin-left: 36.7969px; padding-top: 2.5em; text-align: right; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
There are more things in heav&#39;n and earth, Horatio, than are dreamt of in your philosophy.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;(Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, que sueños en tu filosofía.)&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;salto05&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-size: 0.9em; line-height: 1.3em; margin-left: 36.7969px; padding-top: 0.5em; text-align: right; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
S&lt;span class=&quot;versalita&quot; style=&quot;font-size: 0.8em;&quot;&gt;HAKESPEARE&lt;/span&gt;,&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;Hamlet&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;salto05&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-size: 0.9em; line-height: 1.3em; margin-left: 36.7969px; padding-top: 0.5em; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;salto05&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-size: 0.9em; line-height: 1.3em; margin-left: 36.7969px; padding-top: 0.5em; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;salto20 asangre&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; padding-top: 2em; text-align: justify;&quot;&gt;
La gente se burla de las visiones y de las apariciones sobrenaturales. Sin embargo, algunas cuentan con tal cantidad de testimonios a su favor, que el que se niegue a creerlas se verá obligado, para mostrarse consecuente, a rechazar de plano todos los testimonios históricos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Lo que garantiza la autenticidad del hecho que voy a relatar es el sumario de una causa avalado por las firmas de cuatro testigos dignos de crédito. Añadiré que la predicción contenida en ese sumario era conocida y citada mucho antes que unos acontecimientos recientemente ocurridos le hayan dado, como parece, cumplimiento.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation&amp;quot; serif;&quot;&gt;Carlos XI&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;(Carlos XI heredó la corona de Suecia cuando tenía cinco años, en 1660, y no ejerció el poder sino a partir de 1672. Murió en 1697)&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;, padre del famoso Carlos XII, fue uno de los monarcas más despóticos, uno de los más sagaces que ha tenido Suecia. Restringió los monstruosos privilegios de la nobleza, abolió el poder del Senado y dictó leyes emanadas de su propia autoridad; en una palabra, cambió la Constitución del país, que antes de su ascensión al trono era oligárquica, y obligó a los Estados a confiarle la autoridad absoluta. Era, por otra parte, un hombre inteligente, valeroso, muy adicto a la religión luterana, de un carácter inflexible, frío, práctico y enteramente desprovisto de imaginación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Acababa de perder a su esposa Ulrique Eléonore. Aunque se dice que la dureza con que trataba a la princesa provocó su temprana muerte, la apreciaba, y su fallecimiento le afectó mucho más de lo que podía esperarse de un corazón tan seco como el suyo. A partir de aquel acontecimiento, se mostró más sombrío y taciturno que nunca, y se entregó al trabajo con un encarnizamiento que revelaba una imperiosa necesidad de apartar de su mente las ideas penosas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Al atardecer de un día de otoño, Carlos XI estaba sentado, con bata y zapatillas, ante un gran fuego encendido en su gabinete del palacio de Estocolmo. Tenía junto a él a su chambelán, el conde Brahé, al cual honraba con su confianza, y al médico Baumgarten, quien, dicho sea de paso, se vanagloriaba de ser un «espíritu fuerte» y aceptaba que se dudara de todo, excepto de la Medicina. Aquel día, el rey le había llamado para consultarle acerca de una leve indisposición.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
La velada se prolongaba y el monarca, contra su costumbre, no les daba las buenas noches para indicarles con ello que había llegado el momento de retirarse. Con la cabeza inclinada y la mirada fija en el fuego, Carlos XI guardaba un profundo silencio, fastidiado por la compañía de los dos hombres, pero al mismo tiempo temiendo, sin saber por qué, el quedarse solo. El conde Brahé se daba cuenta de que su presencia no resultaba demasiado agradable, y había expresado varias veces el temor de que Su Majestad necesitara reposar, pero un gesto del rey le había mantenido en su puesto. A su vez, el médico habló de lo perjudiciales para la salud que eran las velas prolongadas; pero Carlos le replicó entre dientes:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Quedaos, no siento aún el deseo de acostarme.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Entonces se iniciaron distintos temas de conversación que quedaron agotados a la segunda o tercera frase. Parecía evidente que el rey se hallaba en uno de sus estados de ánimo sombrío y, en tal circunstancia, la posición de un cortesano era muy delicada. El conde Brahé, sospechando que la tristeza del rey tenía por causa el pesar por la muerte de su esposa, contempló durante algún tiempo el retrato de la reina colgado de una de las paredes del gabinete y luego murmuró, con un hondo suspiro:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¡Qué parecido el de ese retrato! Es su misma expresión majestuosa y dulce a la vez…&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¡Bah! —replicó el rey, que creía oír un reproche cada vez que se pronunciaba en su presencia el nombre de la reina—. ¡Es un retrato muy adulador! La reina era muy fea.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Luego, interiormente avergonzado de su dureza, se puso en pie y dio unos pasos por la habitación para ocultar una emoción que encendía de rubor sus mejillas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Y se detuvo ante la ventana que se abría sobre el patio. Era una noche oscura y la luna se hallaba en su primer creciente.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation&amp;quot; serif;&quot;&gt;El palacio donde residen actualmente los reyes de Suecia no estaba terminado y Carlos XI, que lo había empezado, habitaba el antiguo palacio situado en la punta del Ritterholm que mira hacia el lago Moeler&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;(Estocolmo está edificada entre el mar y el lago Moeler sobre ocho islas y dos penínsulas)&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;.&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;Se trata de un gran edificio en forma de herradura. El gabinete del rey se hallaba en uno de los extremos, y casi enfrente se abría el gran salón donde se reunían los Estados cuando tenían que recibir algún comunicado de la corona.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Las ventanas del salón parecían iluminadas en aquel momento por una viva claridad. Al rey no dejó de intrigarle aquel hecho. De momento, pensó que la luz era el reflejo de la antorcha de algún criado. Pero ¿qué tendría que hacer a aquellas horas en un salón que no había sido abierto desde hacía mucho tiempo? Además, la claridad era demasiado intensa para proceder de una sola antorcha. Hubiera podido atribuirse a un incendio; pero no se veía ni rastro de humo, los cristales no estaban rotos y no se oía el menor ruido; se trataba, indudablemente, de una iluminación.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Carlos contempló las ventanas en silencio durante algún tiempo. El conde Brahé, alargando la mano hacia el cordón de una campanilla, se disponía a llamar a un paje para enviarle a averiguar las causas de aquella extraña claridad, pero el rey le detuvo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Voy a ir yo mismo a enterarme de lo que pasa en el salón —dijo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Al acabar de pronunciar aquellas palabras, palideció intensamente y su rostro expresó una especie de terror religioso. No obstante, salió del gabinete con paso firme. El chambelán y el médico le siguieron, portando una vela encendida.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
El conserje, que estaba a cargo de las llaves, se había ya acostado. Baumgarten fue a despertarle y le ordenó, en nombre del rey, que abriera inmediatamente el salón de los Estados. El hombre mostró una gran sorpresa ante aquella inesperada orden; se vistió a toda prisa y fue a reunirse con el rey llevando su manojo de llaves. En primer lugar abrió la puerta de una galería que servía de antecámara o de salida excusada al salón de los Estados. El rey entró; pero… ¡cuál no sería su sorpresa al ver las paredes enteramente recubiertas de cortinajes negros!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¿Quién ha dado la orden de tapizar estas paredes de negro? —preguntó, en tono colérico.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Nadie, que yo sepa, señor —respondió el conserje, temblando—. La última vez que mandé barrer la galería estaba como siempre… Y, desde luego, esos cortinajes no proceden del guardamuebles de Su Majestad.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
El rey, andando con paso rápido, había recorrido ya más de los dos tercios de la galería. El conde y el conserje lo seguían de cerca; el médico Baumgarten, más atrás, luchaba entre el temor de quedarse solo y el de exponerse a las consecuencias de una aventura cuyos inicios no presagiaban nada bueno.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¡No vayáis más lejos, señor! —gritó el conserje—. Ese lugar está embrujado. A esta hora… y desde que murió la reina, vuestra graciosa esposa… se dice que se pasea por esta galería… ¡Dios nos proteja!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¡Deteneos, señor! —gritó el conde a su vez—. ¿No oís un ruido que procede del salón de los Estados? ¡Quién sabe a qué peligros se expone Vuestra Majestad!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Señor —dijo Baumgarten, a quien un soplo de viento acababa de apagar la vela—, permitidme al menos que vaya a buscar una veintena de vuestros alabarderos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Entremos —dijo el rey con voz firme, deteniéndose ante la puerta del gran salón—. Y tú, conserje, abre inmediatamente esta puerta.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
La golpeó con el pie, y el ruido, multiplicado por el eco de las bóvedas, resonó en la galería como un cañonazo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
El conserje temblaba de tal modo que su llave se negaba a entrar en la cerradura.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¡Un viejo soldado que tiembla! —dijo Carlos, alzando desdeñosamente los hombros—. Vamos, conde, abridnos esta puerta.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Señor —respondió el conde, retrocediendo un paso—, si Vuestra Majestad me ordena lanzarme contra un cañón alemán o danés obedeceré sin vacilar; pero ahora me estáis pidiendo que desafíe al infierno…&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
El rey arrancó la llave de las manos del conserje.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Ya veo —dijo en tono de desprecio— que esto me concierne a mí solo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Y antes de que sus acompañantes pudieran impedirlo, abrió la pesada puerta de encina y penetró en el salón, diciendo: «¡Con la ayuda de Dios!». Sus tres acólitos, impulsados por la curiosidad, más fuerte que el miedo, y tal vez avergonzados de abandonar a su rey, entraron con él.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation&amp;quot; serif;&quot;&gt;El gran salón estaba iluminado por una infinidad de antorchas. Los antiguos tapices habían sido sustituidos por cortinajes negros. A lo largo de las paredes veíanse, como de costumbre, banderas alemanas, danesas o moscovitas, trofeos de los soldados del rey Gustavo Adolfo&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; font-size: 12px;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;(Gustavo Adolfo II fue rey de Suecia entre 1611 y 1632)&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;. En medio de aquellas enseñas podían verse bandera suecas, cubiertas con crespones funerarios.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation&amp;quot; serif;&quot;&gt;Una inmensa multitud se apiñaba en los bancos. Las cuatro órdenes del Estado&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; font-size: 12px;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;(Las cuatro órdenes están compuestas por la nobleza, el clero, los burgueses y los campesinos)&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;ocupaban sus respectivos lugares. Todos iban vestidos de negro, y aquella multitud de rostros humanos, que parecían luminosos sobre un fondo sombrío, cegaban hasta tal punto los ojos que, de los cuatro testigos de aquella escena extraordinaria, ninguno pudo ver una sola cara conocida. Les ocurría lo mismo que a un actor que se enfrenta con un público numeroso y no ve más que una masa confusa, en la cual sus ojos no pueden distinguir a un solo individuo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation&amp;quot; serif;&quot;&gt;Sobre el elevado trono que solía ocupar el rey para arengar a los reunidos en el salón, los cuatro recién llegados vieron un cadáver sangriento, revestido con las insignias de la realeza. A su derecha, un niño, de pie y coronado, sostenía un cetro en la mano; a su izquierda, un hombre de edad madura, o, mejor dicho, otro fantasma, se apoyaba en el trono. Iba revestido con el manto de ceremonia que llevaban los antiguos Administradores de Suecia, antes de que Wasa&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; font-size: 12px;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;(Gustavo Wasa (1496-1560) fue quien libró a Suecia de la opresión danesa en 1523)&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;hiciera de ella un reino. Enfrente del trono, varios personajes de continente grave y austero, revestidos de largas togas negras, y que por su aspecto parecían ser jueces, estaban sentados ante una mesa sobre la cual veíanse algunos libros y pergaminos. Entre el trono y los bancos ocupados por la multitud había un tajo cubierto con un crespón negro y un hacha apoyada en él.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Nadie, en aquella reunión sobrehumana, pareció darse cuenta de la presencia de Carlos y de las tres personas que lo acompañaban. Al entrar, los cuatro hombres no oyeron más que un confuso murmullo, en medio del cual el oído no podía captar ninguna palabra articulada; luego, el más anciano de los jueces de toga negra, el que parecía ejercer las funciones de presidente, se puso en pie y golpeó tres veces con la mano sobre un libro abierto ante él. Inmediatamente se hizo un profundo silencio. Algunos jóvenes de buen aspecto, ricamente ataviados, con las manos atadas detrás de la espalda, entraron en el salón por una puerta opuesta a la que acababa de abrir Carlos XI. Andaban con la cabeza alta y la mirada serena. Detrás de ellos, un hombre robusto, revestido con un jubón de cuero, sostenía el extremo de las cuerdas que ataban las manos de los jóvenes. El que precedía la marcha y que parecía ser el más importante de los prisioneros, se detuvo en medio del salón, ante el tajo, al cual dirigió una mirada de supremo desdén. Al mismo tiempo, el cadáver pareció temblar con un movimiento convulsivo, y una sangre roja y fresca manó de su herida. El joven se arrodilló y tendió la cabeza; el hacha brilló en el aire y cayó inmediatamente. Un arroyo de sangre se derramó sobre el estrado y se confundió con la sangre del cadáver; y la cabeza, botando varias veces sobre el pavimento enrojecido, rodó hasta los pies de Carlos, tiñéndolos de sangre.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Hasta aquel momento, la sorpresa lo había dejado mudo; pero a la vista de aquel horrible espectáculo, recobró el uso de la palabra. Dio unos pasos hacia el estrado y, dirigiéndose al hombre revestido con el manto de Administrador, pronunció la conocida fórmula:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—&lt;i&gt;Si eres de Dios, habla; si eres del Otro, déjanos en paz&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
El fantasma le respondió lentamente y en tono solemne:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¡Rey Carlos! Esa sangre no manará bajo tu reinado… —la voz se hizo aquí menos audible—, sino cinco reinados después. ¡Desdicha, desdicha, desdicha a la sangre de Wasa!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
A continuación, las formas de los numerosos personajes de aquella asombrosa multitud empezaron a hacerse menos precisas y no parecieron ya más que sombras coloreadas, para desaparecer casi inmediatamente; las fantásticas antorchas se apagaron, y las de Carlos y su séquito sólo alumbraron a partir de aquel momento los antiguos tapices, ligeramente agitados por el viento. Se oyó aún, durante algún tiempo, un sonido bastante melodioso, que uno de los testigos comparó con el murmullo del viento en las hojas de los árboles y otro afirmó que le había recordado el sonido que producen las cuerdas del arpa en el instante de templar el instrumento. Todos se mostraron de acuerdo en lo que respecta a la aparición, la cual opinaron cuanto había durado fue de unos diez minutos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Los cortinajes negros, la cabeza cortada, los charcos de sangre que teñían el pavimento, todo había desaparecido con los fantasmas; únicamente la zapatilla de Carlos conservó una mancha de color rojo, la cual hubiera bastado por sí sola para recordarle las escenas de aquella noche, si no hubiesen estado demasiado bien grabadas en su memoria.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Cuando estuvo de regreso en su gabinete, el rey mandó escribir el relato de lo que había visto, lo hizo firmar por sus compañeros y lo firmó también él. Aunque se adoptaron las naturales precauciones para evitar que se hiciera público el contenido de aquel documento, no tardó en ser conocido, incluso por algunos contemporáneos de Carlos XI; el documento existe todavía y, hasta el momento presente, nadie ha dudado de su autenticidad. El final es muy notable:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
«Y si lo que acabo de relatar —dice el rey— no es la verdad exacta, renuncio a toda esperanza de una vida mejor, la cual puedo haber merecido por algunas buenas acciones, y especialmente por mi constante preocupación por procurar la felicidad de mi pueblo y por defender la religión de mis antepasados».&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation&amp;quot; serif;&quot;&gt;Ahora, si recordamos la muerte de Gustavo III&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; font-size: 12px;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;(Gustavo III, nacido en 1746, fue rey de Suecia en 1771 y murió asesinado veintiún años después)&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;y el juicio contra Ankarstroem, su asesino, encontraremos más de una relación entre esos acontecimientos y las circunstancias de aquella extraña profecía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
El joven decapitado en presencia de los Estados podría ser Ankarstroem. El cadáver coronado, Gustavo III. El niño, su hijo y sucesor, Gustavo Adolfo IV. Finalmente el anciano sería el duque de Sudermanie, tío de Gustavo IV. Este fue regente del reino, y, tras la deposición de su sobrino, coronado rey.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/3947578552412151033/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/02/vision-de-carlos-xi.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/3947578552412151033'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/3947578552412151033'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/02/vision-de-carlos-xi.html' title='VISIÓN DE CARLOS XI'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-4340250208369486265</id><published>2018-01-27T10:00:00.000-06:00</published><updated>2018-10-07T14:59:26.917-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Antón Pávlovich Chéjov"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="misterio"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="oscuridad"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="tinieblas"/><title type='text'>EXAGERÓ LA NOTA</title><content type='html'>&lt;div class=&quot;titu&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-size: 1.5em; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; margin-top: 125px; text-align: justify;&quot;&gt;
EXAGERÓ LA NOTA&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;subtitu&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-size: 1.2em; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify;&quot;&gt;
A&lt;span class=&quot;versalita&quot; style=&quot;font-size: 0.8em;&quot;&gt;NTÓN&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;C&lt;span class=&quot;versalita&quot; style=&quot;font-size: 0.8em;&quot;&gt;HÉJOV&amp;nbsp;&lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.mx/2018/01/antonpavlovichchejov.html&quot;&gt;*&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;subtitu&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-size: 1.2em; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span class=&quot;versalita&quot; style=&quot;font-size: 0.8em;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;salto25 asangre&quot; style=&quot;font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; padding-top: 2.5em;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation&amp;quot; serif;&quot;&gt;La finca a la cual se dirigía para efectuar el deslinde distaba unas treinta o cuarenta verstas&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; font-size: 12px;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;(medida rusa de longitud equivalente a 1067 metros)&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation&amp;quot; serif;&quot;&gt;, que el agrimensor Gleb Smirnov Gravrilovich tenía que recorrer a caballo. Se había apeado en la estación de Gñilushki.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
(Si el cochero está sobrio y los caballos son de buena pasta, pueden calcularse unas treinta verstas; pero si el cochero se ha tomado cuatro copas y los caballos están fatigados, hay que calcular unas cincuenta).&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Oiga, señor gendarme, ¿podría decirme dónde puedo encontrar caballos de posta? —le preguntó el agrimensor al gendarme de servicio en la estación.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¿Cómo dice? ¿Caballos de posta? Aquí no hay un perro decente en cien verstas a la redonda. ¿Cómo quiere que haya caballos? ¿Tiene usted que ir muy lejos?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—A la finca del general Jojotov, en Devkino.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation&amp;quot; serif;&quot;&gt;—Intente en el patio, al otro lado de la estación —dijo el gendarme, bostezando—. A veces hay&lt;/span&gt;&lt;i style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;;&quot;&gt;mujiks&lt;span style=&quot;font-size: 12px;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;(campesino ruso)&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;que admiten pasajeros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
El agrimensor dio un suspiro y, malhumorado, pasó al otro lado de la estación. Tras muchas discusiones y regateos, se puso de acuerdo con un&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;mujik&lt;/i&gt;&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;alto y recio, de rostro sombrío, picado de viruelas, embutido en un chaquetón roto y calzado con unas botas de abedul.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Vaya un carro —gruñó el agrimensor al subir al destartalado vehículo—. No se sabe dónde está la parte delantera ni la parte trasera…&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Nada más fácil —replicó el&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;mujik&lt;/i&gt;—. Donde el caballo tiene la cola es la parte de delante, y donde está sentado su señoría es la parte de atrás.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
El caballo era joven, aunque muy flaco, abierto de patas y de orejas caídas. Cuando el&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;mujik&lt;/i&gt;, alzándose sobre su asiento lo azotó con el látigo, el caballo se limitó a sacudir la cabeza; al segundo azote, acompañado de una blasfemia, el carro rechinó y empezó a temblar como si tuviera fiebre. Después del tercer azote, el carro se tambaleó; después del cuarto, se puso en marcha.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¿Crees que llegaremos a este paso? —preguntó el agrimensor, dolorido por las fuertes sacudidas y maravillado de la habilidad que muestran los carreteros rusos para combinar la marcha a paso de tortuga con sacudidas capaces de arrancarle a uno el alma del cuerpo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¡Desde luego! —respondió el carretero, en tono tranquilizador—. El caballo es joven y animoso… Cuando se pone en marcha, no hay modo de detenerlo. ¡Arre-e-e, maldi-i-i-to!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation&amp;quot; serif;&quot;&gt;Cuando el carro salió del patio de la estación empezaba a oscurecer. A la derecha del agrimensor se extendía una llanura interminable, oscura y helada. Probablemente conducía al lugar donde Cristo dio las tres voces… En el horizonte, donde la llanura se confundía con el cielo, se extinguía perezosamente el frío crepúsculo de aquella tarde otoñal. A la izquierda del camino, en la oscuridad, se divisaban unos montones que lo mismo podían ser pilas de heno del año anterior que isbas&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; font-size: 12px;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;(vivienda rural rusa)&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;liberation serif&amp;quot;; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;de alguna aldea. El agrimensor no veía lo que había delante, pues en aquella dirección su campo visual quedaba tapado por la ancha espalda del carretero. La calma era absoluta. El frío, intensísimo. Helaba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
«¡Qué parajes más solitarios! —pensaba el agrimensor, mientras trataba de taparse las orejas con el cuello del abrigo—. Ni un solo árbol, ni una sola casa… Si por desgracia te asaltan, nadie se entera de ello, aunque dispares un cañonazo. Y el cochero no tiene un aspecto muy tranquilizador que digamos… ¡Vaya espaldas! Un tipo así te pega un trompazo y sacas el hígado por la boca. Y su cara es de lo más sospechosa…».&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Oye, amigo —le preguntó al cochero—. ¿Cómo te llamas?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¿A mí me hablas? Me llamo Klim.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Dime, Klim, ¿qué tal andan las cosas por aquí? ¿No hay peligro? ¿No hay quienes gasten bromas pesadas?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—No, gracias a Dios. ¿Quién va a gastar bromas en un lugar como éste?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Me alegro de que no tengan esas aficiones. Pero, por si acaso, voy armado con tres revólveres —mintió el agrimensor—. Y, con un revólver en la mano, el que quiera buscarme las pulgas está arreglado: puedo enfrentarme con diez bandidos, ¿sabes?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
La oscuridad era cada vez más intensa. De pronto el carro emitió un quejido, rechinó, tembló y dobló hacia la izquierda, como si lo hiciera de mala gana.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
«¿A dónde me llevará este sinvergüenza? —pensó el agrimensor—, íbamos en línea recta y ahora, de repente, tuerce a la izquierda. Sabe Dios… Quizás a alguna cueva de bandoleros… y… no sería el primer caso…».&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Escucha —le dijo al&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;mujik&lt;/i&gt;—. ¿De veras no son peligrosos estos parajes? ¡Qué lástima! Con lo que a mí me gusta verme las caras con los bandidos… Aquí donde me ves, con mi aspecto flaco y enfermizo, tengo la fuerza de un toro… En cierta ocasión me atacaron tres bandidos. Pues bien, le sacudí a uno de tal modo, que ahí quedó, ¿entiendes? Y los otros, gracias a mí, fueron enviados a Siberia condenados a trabajos forzados. Ni yo mismo sé de dónde saco tanta fuerza… Cojo con una mano a un hombrón como tú… y lo volteo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Klim miró de reojo al agrimensor, parpadeó y arreó al caballo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Sí, amigo —continuó el agrimensor—. Pobre del que se meta conmigo. Le arranco los brazos, las piernas, y, de postre, el bandido tiene que vérselas luego con los tribunales. Todos los jefes de policía y todos los jueces me conocen. Soy un funcionario del Estado, un personaje importante… La Superioridad sabe que hago este viaje… y está pendiente de que nadie se meta conmigo. A lo largo del camino, detrás de los arbustos, hay soldados apostados y gendarmes apostados. ¡Para! ¡Para! —bramó súbitamente—. ¿Dónde te has metido? ¿Adónde me llevas?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¿No tiene usted ojos? ¡Al bosque!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
«Es cierto, al bosque —pensó el agrimensor—. ¡Me había asustado! Pero no me conviene que este hombre se dé cuenta de mi preocupación… Ya ha notado que tengo miedo. ¿Por qué se vuelve a mirarme tantas veces? Seguro que está tramando algo… Antes avanzaba a paso de tortuga, y ahora vuela».&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Oye, Klim, ¿por qué arreas de ese modo al caballo?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—No le he dicho nada. Se ha puesto a galopar por iniciativa suya. Cuando echa a correr, no hay modo de detenerlo… Con esas patas que tiene…&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¡Mientes, amigo! ¡Mientes! Y te aconsejo que no corras tanto. Frena un poco al caballo. ¿Me oyes? ¡Frénalo!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¿Por qué?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Porque… porque detrás de mí debían salir otros cuatro camaradas de la estación. Tienen que alcanzarnos… Prometieron alcanzarme en este bosque… El viaje será más entretenido con ellos… Son gente sana, fuerte… los cuatro llevan pistola… ¿Por qué te vuelves tantas veces y te agitas como si tuvieras agujas en el asiento? ¿Eh? ¡Cuidado, amigo! ¿Tengo monos en la cara? Lo único interesante que tengo son mis revólveres… Espera, voy a sacarlos y te los enseñaré… Espera…&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
El agrimensor fingió rebuscar en sus bolsillos; pero en aquel instante ocurrió lo que nunca hubiera imaginado, a pesar de toda su cobardía; de repente, Klim se lanzó fuera del carro y se dirigió a cuatro patas hacia la espesura del bosque lindante.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¡Socorro! —empezó a gritar—. ¡Socorro! ¡Llévate el caballo y la carreta, maldito, pero no me condenes el alma! ¡Socorro!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Se oyeron pasos veloces que se alejaban, crujidos de ramas al quebrarse, y luego reinó el silencio. Lo primero que hizo el agrimensor, que se esperaba aquella salida, fue detener el caballo. Luego se acomodó lo mejor que pudo en el carro y empezó a pensar.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
«El muy imbécil ha huido, se ha asustado… Bueno, ¿y qué hago yo ahora? No puedo seguir adelante, porque no conozco el camino, y, además, podrían creer que he robado el caballo… ¿Qué hago?».&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¡Klim! ¡Klim!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¡Klim! —le respondió el eco.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
La simple idea de tener que pasar la noche en aquel oscuro bosque, al aire libre, sin más compañía que los aullidos de los lobos, el eco y los relinchos del caballo le ponía la carne de gallina.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¡Klimito! —empezó a gritar—. ¡Querido! ¿Dónde estás, Klimito?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
El agrimensor se pasó unas dos horas gritando, y ya se había quedado ronco, se había hecho ya a la idea de pasar la noche en el bosque, cuando una débil ráfaga de viento llevó hasta sus oídos un lamento.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¡Klim! ¿Eres tú, querido? ¡Acércate!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¿No… no me matarás?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—Sólo he querido gastarte una broma, querido. ¡Te lo juro! ¡No llevo ningún revólver, créeme! ¡Te he mentido por miedo! ¡Vámonos, por favor! ¡Me estoy helando!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Klim comprendió que si el agrimensor hubiera sido un bandido, como había temido, se habría marchado con el caballo y el carro sin esperar a más. Salió de su escondrijo y se dirigió hacia el vehículo con paso vacilante.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¡Vamos! —exclamó el agrimensor—. ¡Sube! Te he gastado una broma inocente, y te has asustado como un niño…&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
—¡Dios te perdone! —gruñó Klim, subiendo a la carreta—. Si llego a imaginármelo, no te hubiera llevado ni por cien rublos de plata. Por poco me muero de miedo…&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;subtitu&quot; style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-size: 1.2em; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span class=&quot;versalita&quot; style=&quot;font-size: 0.8em;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
Klim azotó el caballo. El carro tembló. Klim azotó al animal por segunda vez y el vehículo se tambaleó. Después del cuarto azote, cuando el carro se puso en marcha, el agrimensor se tapó las orejas con el cuello del abrigo y se quedó pensativo. Ni el camino ni Klim le parecían ya peligrosos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;font-family: &amp;quot;Liberation Serif&amp;quot;; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: 1.3em; text-align: justify; text-indent: 1.5em;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/4340250208369486265/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/exagero-la-nota.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/4340250208369486265'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/4340250208369486265'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/exagero-la-nota.html' title='EXAGERÓ LA NOTA'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-7304124510109132931</id><published>2018-01-24T09:30:00.000-06:00</published><updated>2018-10-07T14:59:58.298-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Biografias"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Francis Marion Crawford"/><title type='text'>FRANCIS MARION CRAWFORD</title><content type='html'>&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;p { margin-bottom: 0.25cm; line-height: 120%; }&lt;/style&gt;


&lt;br /&gt;
&lt;h2&gt;
FRANCIS MARION CRAWFORD (1854-1909) &lt;/h2&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Hijo del escultor Tomás Crawford, el escritor de nacionalidad norteamericana nació y murió en Italia, pero hizo sus estudios en Estados Unidos, en Inglaterra y en Alemania. Estuvo también en la India, donde se convirtió al catolicismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fecundo novelista, Crawford escribió unas cuarenta novelas, entre las que se destacan la narración india &lt;i&gt;Mr. Isaacs, Dr. Claudius, Vía Crucis y La Novela de una Cigarra&lt;/i&gt;, considerada como su obra maestra. Cultivó también el género dramático en la tragedia &lt;i&gt;Francesca Rimini&lt;/i&gt;; la narración histórica en &lt;i&gt;Ave Roma Immortalis&lt;/i&gt;, y los libros de viajes en Constantinopla.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjIiQ0q131OiiaVxyagOTK5vwr_UluLStEZIqKrOzTEQ4UWJcIMVT7zJymunL4t4w-vb4Bk71-DxKsFAWbaRYlcCPKvvMB983L1UMYBkyiwo0o5HkYZtg7tfL6pAntDCGIXCxnVC4xDYxgB/s1600/Francis_Marion_Crawford_ca._1900.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;610&quot; data-original-width=&quot;441&quot; height=&quot;320&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjIiQ0q131OiiaVxyagOTK5vwr_UluLStEZIqKrOzTEQ4UWJcIMVT7zJymunL4t4w-vb4Bk71-DxKsFAWbaRYlcCPKvvMB983L1UMYBkyiwo0o5HkYZtg7tfL6pAntDCGIXCxnVC4xDYxgB/s320/Francis_Marion_Crawford_ca._1900.jpg&quot; width=&quot;231&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/7304124510109132931/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/francismarioncrawford.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/7304124510109132931'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/7304124510109132931'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/francismarioncrawford.html' title='FRANCIS MARION CRAWFORD'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjIiQ0q131OiiaVxyagOTK5vwr_UluLStEZIqKrOzTEQ4UWJcIMVT7zJymunL4t4w-vb4Bk71-DxKsFAWbaRYlcCPKvvMB983L1UMYBkyiwo0o5HkYZtg7tfL6pAntDCGIXCxnVC4xDYxgB/s72-c/Francis_Marion_Crawford_ca._1900.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-4400837511333031357</id><published>2018-01-23T09:00:00.000-06:00</published><updated>2018-10-07T15:04:26.451-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Biografias"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Robert Louis Stevenson"/><title type='text'>ROBERTO LUIS STEVENSON</title><content type='html'>&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;p { margin-bottom: 0.25cm; line-height: 120%; }&lt;/style&gt;


&lt;br /&gt;
&lt;h2&gt;
ROBERT LOUIS STEVENSON (1850-1894) &lt;/h2&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Famoso novelista, poeta y ensayista escocés, nació en Edimburgo en el seno de una familia de clase media próspera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Stevenson se licenció en Derecho en 1875, pero pronto comenzó a viajar impulsado por su carácter aventurero y una salud precaria que le mantuvo siempre la tuberculosis al acecho. Habiendo recorrido Europa y América, al final de su vida se radicó en Samoa, una isla del Pacífico Sur. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dotado de fina agudeza, extraordinaria imaginación y gran ingenio, Stevenson poseyó una capacidad estilística nada común. Supo distribuir con gran maestría las fantásticas aventuras de sus personajes en obras que lo han hecho famoso como &lt;i&gt;La Isla del Tesoro, Los Traficantes, El Extraño Caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, La Flecha Negra, El Señor de Ballantyne, En los Mares del Sur&lt;/i&gt; y otras. La travesía del océano, que él mismo había realizado en un barco de emigrantes, la describe magistralmente en un libro lleno de profundas reflexiones y pequeños retratos sociales y sicológicos: &lt;i&gt;El Aprendiz de Emigrante&lt;/i&gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hoy día sus restos descansan en Samoa dando cumplimiento a los deseos, manifestados por el escritor, de ser sepultado en la cima del monte Vaea. Agradecidos de su bondad, doscientos lugareños trabajaron abriendo un camino hacia el lugar señalado por él, donde una lápida y unos versos que él mismo dejó compuestos recuerdan el amor del escritor escocés por su segunda patria.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgsroqTT-KAIxtoPED4wFmuxMjr35WpBEtBVmbU0aRlC7nmPykB2fV0jPUGDN8jgkV0owDVvxKs3PSNHLsH83tlYvcxdXTBpb4rlNXVZZBfQSH5jyzlhpfL87ua6GqTeOnQbxcEuPJZdw_A/s1600/robert-louis-stevenson.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;293&quot; data-original-width=&quot;448&quot; height=&quot;209&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgsroqTT-KAIxtoPED4wFmuxMjr35WpBEtBVmbU0aRlC7nmPykB2fV0jPUGDN8jgkV0owDVvxKs3PSNHLsH83tlYvcxdXTBpb4rlNXVZZBfQSH5jyzlhpfL87ua6GqTeOnQbxcEuPJZdw_A/s320/robert-louis-stevenson.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/4400837511333031357/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/robertoluisstevenson.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/4400837511333031357'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/4400837511333031357'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/robertoluisstevenson.html' title='ROBERTO LUIS STEVENSON'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgsroqTT-KAIxtoPED4wFmuxMjr35WpBEtBVmbU0aRlC7nmPykB2fV0jPUGDN8jgkV0owDVvxKs3PSNHLsH83tlYvcxdXTBpb4rlNXVZZBfQSH5jyzlhpfL87ua6GqTeOnQbxcEuPJZdw_A/s72-c/robert-louis-stevenson.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-2681172840227802306</id><published>2018-01-22T11:30:00.000-06:00</published><updated>2018-10-07T15:05:25.163-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Biografias"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Guy de Maupassant"/><title type='text'>GUY DE MAUPASSANT</title><content type='html'>&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;p { margin-bottom: 0.25cm; line-height: 120%; }&lt;/style&gt;


&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; page-break-before: always;&quot;&gt;
&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;p { margin-bottom: 0.25cm; line-height: 120%; }&lt;/style&gt;


&lt;/div&gt;
&lt;h2 style=&quot;font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; page-break-before: always;&quot;&gt;
GUY DE MAUPASSANT (1850-1893)&lt;/h2&gt;
&lt;h2 style=&quot;font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; page-break-before: always;&quot;&gt;


 
 
 
 &lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;p { margin-bottom: 0.25cm; line-height: 120%; }&lt;/style&gt;


&lt;/h2&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Gran maestro del naturalismo francés, nace y muere en París. La madre, Laure de Poitevin, cuidará de Guy y de su hermano Hervé tras la separación del matrimonio. Es ella quien se ocupa con gran celo de la educación de sus hijos y les transmite el amor por la literatura. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El autor inicia en París estudios de Derecho, pero los interrumpe para alistarse en el ejército francés al estallar el conflicto bélico franco-prusiano. Allí fue testigo de los horrores de la guerra y de la invasión de Normandía, hechos que lo marcan profundamente y de los que nacerá su primera obra, el cuento &lt;i&gt;Bola de Sebo.&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estimado discípulo de Flaubert, Guy de Maupassant es presentado como su heredero inmediato. Los consejos y el apoyo del maestro hicieron de él un novelista, ya que le enseñó con paciencia las minuciosas normas de la estética realista. A través de él pudo Maupassant conocer a Zola, Turgueniev, Daudet, Goncourt y otras grandes figuras de la sociedad literaria de aquella época. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida disipada y licenciosa que llevó Maupassant en París lo fue deteriorando, pero no por eso dejó de escribir. Lo hace ansiosa y apasionadamente y el resultado es una prodigiosa fecundidad literaria. A los cuarenta años había escrito cerca de trescientos cuentos y varias novelas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su obra el autor no idealiza la realidad, sino que se conforma con expresarla tal como la contempla a través de su experiencia personal. Entre sus novelas, las más conocidas son &lt;i&gt;Una Vida, Bel Ami, Pedro y Juan, Fuerte como la Muerte&lt;/i&gt; y otras; entre sus cuentos, los volúmenes titulados &lt;i&gt;Las Veladas de Médan, La Casa de Tellier, Cuentos del Día y de la Noche,&lt;/i&gt; etc. Impresiones de sus viajes se encuentran en &lt;i&gt;Al Sol, Sobre el Agua y La Vida Errante&lt;/i&gt;. &lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiozN4sNMnZDIPcLGaJFYiI7SiGfPyDz7kIi0mInEq6AvoPbTlwtJijgp-etK-CU2LX32cr8fUdszPi5tTjRIjLkh0aifBJSEZWaPmM4XpM1NOruO1McmdpfShJk5OSXqd7jUzCoCC_dXGv/s1600/Guy-de-Maupassant_9760.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;400&quot; data-original-width=&quot;292&quot; height=&quot;320&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiozN4sNMnZDIPcLGaJFYiI7SiGfPyDz7kIi0mInEq6AvoPbTlwtJijgp-etK-CU2LX32cr8fUdszPi5tTjRIjLkh0aifBJSEZWaPmM4XpM1NOruO1McmdpfShJk5OSXqd7jUzCoCC_dXGv/s320/Guy-de-Maupassant_9760.jpg&quot; width=&quot;233&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/2681172840227802306/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/guy-demaupassant.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/2681172840227802306'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/2681172840227802306'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/guy-demaupassant.html' title='GUY DE MAUPASSANT'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiozN4sNMnZDIPcLGaJFYiI7SiGfPyDz7kIi0mInEq6AvoPbTlwtJijgp-etK-CU2LX32cr8fUdszPi5tTjRIjLkh0aifBJSEZWaPmM4XpM1NOruO1McmdpfShJk5OSXqd7jUzCoCC_dXGv/s72-c/Guy-de-Maupassant_9760.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-9000529552287415283</id><published>2018-01-10T11:01:00.000-06:00</published><updated>2018-10-07T15:04:53.913-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Biografias"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Nathaniel Hawthorne"/><title type='text'>NATHANIEL HAWTHORNE</title><content type='html'>&lt;h2&gt;
NATHANIEL HAWTHORNE (1804-1864)&lt;/h2&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Es el primer novelista importante de los Estados Unidos y uno de los más profundos por la problemática religioso-humana que plantea en sus obras. Con Melville y Whitman provocó el florecimiento literario denominado «renacimiento americano».&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Hawthorne se desempeñó como inspector de aduanas en Salem y luego fue cónsul en Liverpool.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Entre sus obras se destacan los cuentos Dos Veces Dichos y la novela sicológica que lo hizo popular,La Letra Escarlata. La Casa de los Siete Frontispicios es considerada como la mejor de sus novelas. Escribió también el Libro de las Maravillas para los niños; una colección de biografías llamada El Sillón del Abuelo y una biografía de su amigo y condiscípulo Franklin.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj0XA2V2cR3CzJ59EbvuLgygiFOs7zbJb_iy4w8WDo6Of2Esbq5WzCJJBGIlYWFs84d23Oihu3P_dq5u7nQhFAlkzFoFmDMB7ykhjnVHXw6ELwCFY1gf8mDyqio_GOsUGtaJJUzrMH3ojRU/s1600/NATHANIEL+HAWTHORNE.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;300&quot; data-original-width=&quot;254&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj0XA2V2cR3CzJ59EbvuLgygiFOs7zbJb_iy4w8WDo6Of2Esbq5WzCJJBGIlYWFs84d23Oihu3P_dq5u7nQhFAlkzFoFmDMB7ykhjnVHXw6ELwCFY1gf8mDyqio_GOsUGtaJJUzrMH3ojRU/s1600/NATHANIEL+HAWTHORNE.jpg&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;
  @page { margin: 2cm }
  p { margin-bottom: 0.25cm; line-height: 120% }
 &lt;/style&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/9000529552287415283/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/nathanielhawthorne.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/9000529552287415283'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/9000529552287415283'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/nathanielhawthorne.html' title='NATHANIEL HAWTHORNE'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj0XA2V2cR3CzJ59EbvuLgygiFOs7zbJb_iy4w8WDo6Of2Esbq5WzCJJBGIlYWFs84d23Oihu3P_dq5u7nQhFAlkzFoFmDMB7ykhjnVHXw6ELwCFY1gf8mDyqio_GOsUGtaJJUzrMH3ojRU/s72-c/NATHANIEL+HAWTHORNE.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-5336226647745900407</id><published>2018-01-04T13:04:00.000-06:00</published><updated>2018-10-07T15:05:54.822-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Biografias"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Próspero Mérimée"/><title type='text'>PRÓSPERO MÉRIMÉE</title><content type='html'>&lt;h2&gt;
PRÓSPERO MÉRIMÉE (1803-1870)&lt;/h2&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Novelista e historiador francés, hizo estudios de Jurisprudencia, pero no los llegó a terminar, ya que se dedicó a la literatura. Se desempeñó como jefe de negociado del Ministerio de Marina y luego fue nombrado Inspector de los Monumentos Históricos. También fue elegido diputado y tomó asiento en la Cámara de los Pares. En 1853 fue nombrado senador de la República.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Sus grandes novelas fueron escritas en los momentos que le dejaban libres estos cargos. Carmen —que daría lugar a la ópera homónima de Bizet— es su obra más conocida. Mérimée, que estuvo en España, ambientó aquí otros relatos (La Perla de Toledo, por ejemplo) y escribió un ameno e interesante Viaje a España. La novela Colomba, centrada en Córcega y en la cual llamean las pasiones, es su obra maestra.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Otras novelas suyas son La Familia de Carvajal, Mateo Falcone, Cartas a una Desconocida, entre otras. Completan su producción obras dramáticas como La Jecquerie, La Ocasión y La Carroza del Santo Sacramento, obras históricas como la Crónica del Reinado de Carlos IX, Estudio sobre la Historia Romana, Historia de Pedro I de Castilla y otras. Como arqueólogo publicó Viaje al Mediodía de Francia, Viaje a Córcega, Monumentos Históricos, etc.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgKoAiQvSp5wlxMCjkXs12eutkAXfosl9FvyDkeV7ia_fcB5IXZjugHOJXEhQEXn4ELzIs6nHmcySSwd8uGK3rvV3u5hlw6bT2Bnhx4jPhekD64Kgi0hdL-9xaTPG0zD16hyphenhyphen6j3_uvwud5Z/s1600/PR%25C3%2593SPERO%25C2%25A0M%25C3%2589RIM%25C3%2589E.jpeg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;234&quot; data-original-width=&quot;215&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgKoAiQvSp5wlxMCjkXs12eutkAXfosl9FvyDkeV7ia_fcB5IXZjugHOJXEhQEXn4ELzIs6nHmcySSwd8uGK3rvV3u5hlw6bT2Bnhx4jPhekD64Kgi0hdL-9xaTPG0zD16hyphenhyphen6j3_uvwud5Z/s1600/PR%25C3%2593SPERO%25C2%25A0M%25C3%2589RIM%25C3%2589E.jpeg&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;
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  p { margin-bottom: 0.25cm; line-height: 120% }
 &lt;/style&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/5336226647745900407/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/prosperomerimee.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/5336226647745900407'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/5336226647745900407'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/prosperomerimee.html' title='PRÓSPERO MÉRIMÉE'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgKoAiQvSp5wlxMCjkXs12eutkAXfosl9FvyDkeV7ia_fcB5IXZjugHOJXEhQEXn4ELzIs6nHmcySSwd8uGK3rvV3u5hlw6bT2Bnhx4jPhekD64Kgi0hdL-9xaTPG0zD16hyphenhyphen6j3_uvwud5Z/s72-c/PR%25C3%2593SPERO%25C2%25A0M%25C3%2589RIM%25C3%2589E.jpeg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-8137933917650189517</id><published>2018-01-03T13:35:00.001-06:00</published><updated>2018-10-07T15:06:26.459-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Antón Pávlovich Chéjov"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Biografias"/><title type='text'>ANTÓN PÁVLOVICH CHÉJOV</title><content type='html'>&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;p { margin-bottom: 0.25cm; line-height: 120%; }&lt;/style&gt;


&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;h2&gt;
ANTÓN PÁVLOVICH CHÉJOV (1860-1904) &lt;/h2&gt;
&lt;br /&gt;
Famoso escritor ruso en quien se acumula la riquísima tradición literaria de la Rusia decimonónica, es uno de los mejores narradores y el más alto dramaturgo de la Rusia de su tiempo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nacido en una ciudad al sur de su país y en el seno de una familia de modestos comerciantes, estudió Medicina en Moscú, pero su principal ejercicio fue el de escritor. Pronto se dio a conocer con sus narraciones humorísticas y el cuento corto en lo cual alcanzó una asombrosa perfección. Él supo resumir en el chiste y el relato breve el alma profunda y complicada del pueblo eslavo. Con una frase y un par de pinceladas es capaz de recrear un ambiente describiendo complejos caracteres y comunicando diversos estados de ánimo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Chéjov, heredero de la literatura realista de su país, se hace eco de las tendencias sicológicas que se inician en los años ochenta, que es cuando él comienza a escribir. Este movimiento lo llevará a penetrar en las zonas misteriosas del alma de los personajes tomados de diversas clases sociales y circunstancias en la Rusia de aquellos años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hacia 1886 y junto con la publicación de sus Cuentos en Varios Colores, aparecen los primeros síntomas de la tuberculosis, enfermedad con la que luchará hasta el fin de sus días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De sus obras narrativas se destacan Mi Vida, Narración de un Desconocido, La Sala Número Seis,La Estepa, Una Historia Aburrida, Mi Mujer, La Señora del Perrito, entre otras. En su obra dramática sobresalen El Tío Vania, La Gaviota, El Jardín de los Cerezos y Las Tres Hermanas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La conciencia del valor artístico de la obra de Chéjov no se alcanzó sino mucho más tarde que la publicación de sus narraciones y la presentación teatral de su obra dramática.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhMRMQFi2Jyu3TDYzvvxTPkHDFcoYNDE6oiMWDeDy6Pod-j9R7B3P1Yoa-oKWeoKPoagx8CHZZlh6u50fTsGdrSn6CmCEl7iqfE88gcQGhAYvRhPRTc4PJGAx-t9XsSoLcBYk6nJuKJPbNf/s1600/Chekhov_1898_by_Osip_Braz.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;1539&quot; data-original-width=&quot;1200&quot; height=&quot;320&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhMRMQFi2Jyu3TDYzvvxTPkHDFcoYNDE6oiMWDeDy6Pod-j9R7B3P1Yoa-oKWeoKPoagx8CHZZlh6u50fTsGdrSn6CmCEl7iqfE88gcQGhAYvRhPRTc4PJGAx-t9XsSoLcBYk6nJuKJPbNf/s320/Chekhov_1898_by_Osip_Braz.jpg&quot; width=&quot;249&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/8137933917650189517/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/antonpavlovichchejov.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/8137933917650189517'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/8137933917650189517'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2018/01/antonpavlovichchejov.html' title='ANTÓN PÁVLOVICH CHÉJOV'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhMRMQFi2Jyu3TDYzvvxTPkHDFcoYNDE6oiMWDeDy6Pod-j9R7B3P1Yoa-oKWeoKPoagx8CHZZlh6u50fTsGdrSn6CmCEl7iqfE88gcQGhAYvRhPRTc4PJGAx-t9XsSoLcBYk6nJuKJPbNf/s72-c/Chekhov_1898_by_Osip_Braz.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-4229076605879314462</id><published>2017-12-25T12:57:00.002-06:00</published><updated>2018-10-07T15:07:03.987-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ambrosio Gwinett Bierce"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="locura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="misterio"/><title type='text'>Lo que pasó sobre el puente de Owl Creek 3</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;h2&gt;
LO QUE PASÓ SOBRE EL PUENTE DE OWL CREEK&lt;/h2&gt;
&lt;h4&gt;
AMBROSIO BIERCE*&lt;/h4&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgOhghPBB1SksImmlt55keyk3WmtTBK2YauJU1W_IQRNt3ANJKoEEuzEIEI3x2DUYEUjnL1mEh3UMVAMcQIrkn0G7wh8JA-hMPQcpdFBeltXOpSRB4OXR1Ck9I-vr8cSsX9hj-JiZ1BIziV/s1600/PuenteTenebroso.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;481&quot; data-original-width=&quot;719&quot; height=&quot;214&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgOhghPBB1SksImmlt55keyk3WmtTBK2YauJU1W_IQRNt3ANJKoEEuzEIEI3x2DUYEUjnL1mEh3UMVAMcQIrkn0G7wh8JA-hMPQcpdFBeltXOpSRB4OXR1Ck9I-vr8cSsX9hj-JiZ1BIziV/s320/PuenteTenebroso.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;h3&gt;
III&lt;/h3&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Mientras Peyton Farquhar caía a través del puente, se sumió en un estado de inconsciencia cercano de la muerte. Siglos más tarde, le pareció salir de él por el dolor de una violenta opresión en la garganta, seguida de una sensación de ahogo. Atroces sufrimientos, punzantes, fulgurantes, herían todas las fibras de su cuerpo, desde el cuello hasta los pies. Parecían recorrer unas líneas de redes nerviosas perfectamente determinadas y latir con un ritmo increíblemente rápido. Tenía la impresión de que un torrente de fuego líquido hada hervir su cuerpo a una temperatura insoportable. Su cabeza congestionada le parecía demasiado llena. Aquellas sensaciones excluían todo pensamiento. Toda idea que había en él ya se había borrado; no poseía más que la facultad de sentir, y sentir era para él una tortura. Se dio cuenta de que se movía. Rodeado de una nube luminosa de la cual él no era ya más que el centro, privado de toda sustancia material, se balanceaba con unos arcos de oscilación imprevisibles, como un enorme péndulo. Luego, de un solo golpe, terriblemente brusco, la claridad que le rodeaba huyó hacia el cielo con un gran ruido chapoteante; un espantoso rugido resonó en sus oídos, y todo se convirtió en frías tinieblas… Habiendo recobrado la facultad de pensar, supo que la cuerda se había roto y que acababa de caerse al río. No volvió a experimentar la sensación de estrangulamiento: el nudo corredizo alrededor de su cuello, que lo ahogaba ya, impidió al agua penetrar en sus pulmones. ¡Morir ahorcado en el fondo de un río! Esta idea le pareció absurda. Abrió los ojos en la oscuridad y divisó una claridad encima de él, pero tan lejana… tan inaccesible… Seguía hundiéndose, ya que la claridad disminuyó más y más hasta convertirse finalmente en un pálido reflejo. Luego aumentó en intensidad y Farquhar comprendió que volvía a ascender a la superficie, no sin repugnancia, ya que ahora se encontraba muy a gusto.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
«Ser ahorcado y ahogado —pensó— no está mal del todo. Pero no quiero ser fusilado; no sería justo».&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Sin que tuviera conciencia de hacerlo, un intenso dolor en las muñecas le hizo comprender que trataba de desatarse las manos. Concentró su atención en aquella lucha, del mismo modo que un espectador ocioso podría contemplar un número de circo, sin interesarse por el resultado. ¡Qué espléndido esfuerzo! ¡Qué fuerza tan magnífica, tan sobrehumana! ¡Ah! ¡La admirable tentativa! ¡Bravo! La cuerda cayó; sus brazos se separaron y flotaron hacia la superficie; en la claridad creciente. Farquhar pudo distinguir sus manos a ambos lados de su cuerpo. Con un nuevo interés las contempló aferrar el nudo corredizo. Lo sacaron brutalmente, lo apartaron con furor, y sus ondulaciones eran parecidas a las de una serpiente de agua. «¡Volved a colocarlo! ¡Volved a colocarlo!». A Farquhar le pareció que gritaba aquellas palabras a sus manos, ya que, después de haberse librado de la cuerda, experimentaba unos sufrimientos más atroces que nunca. El cuello le dolía horriblemente; su cerebro estaba ardiendo; su corazón, que hasta entonces había palpitado débilmente, saltaba como si fuera a salírsele del pecho. Pero sus manos desobedientes no hicieron el menor caso de su orden. Golpearon el agua con vigor, en brazadas rápidas, de arriba abajo, y le empujaron a la superficie. Notó que su cabeza salía del agua; la claridad del sol le cegó; su pecho se dilató convulsivamente; luego, con un supremo y culminante dolor, sus pulmones tragaron una gran cantidad de aire que expulsó inmediatamente con un grito…&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Ahora estaba en plena posesión de sus sentidos, los cuales, en realidad, se mostraban sobrenaturalmente vivos y sutiles. La espantosa perturbación de su organismo los había fortalecido y afinado hasta tal punto que advertían cosas nunca percibidas hasta entonces. Notaba las ondulaciones del agua sobre su rostro, oía el ruido que hacía cada una de ellas al golpearlo. Miró hacia el bosque que se extendía sobre una de las orillas y distinguió cada árbol, cada hoja con todos sus filamentos, y hasta los insectos que allí pululaban: los saltamontes, las moscas de cuerpo reluciente, las arañas grises tendiendo su tela entre las ramas. Vio los colores del prisma en todas las gotas de rocío sobre un millón de briznas de hierba. El zumbido de los moscardones danzando sobre los remolinos, el batir de alas de las libélulas, los pasos sobre el agua de las arañas acuáticas, todo esto era para él una música audible. Un pez se deslizó por debajo de sus ojos, y oyó el rumor de su cuerpo al hendir la corriente.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Había asomado la cabeza fuera del agua, con el rostro vuelto río abajo; en un instante, el mundo exterior pareció girar lentamente a su alrededor, y vio el puente, el fortín, los centinelas, el capitán, el sargento, los dos soldados rasos, sus ejecutores, cuya silueta se recortaba contra el cielo azul. Gritaban, haciendo grandes gestos, y le señalaban con el dedo; el oficial había sacado su revólver pero no disparaba; los otros estaban desarmados. Sus movimientos parecían grotescos y horribles; sus formas, gigantescas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
De repente Farquhar oyó una seca detonación y un objeto golpeó el agua a unos centímetros de su cabeza salpicando su rostro de polvo líquido. Oyó una segunda detonación y vio que uno de los centinelas tenía aún el fusil apoyado contra su hombro: de la boca del cañón salía una leve nube de humo azulado. El hombre del río distinguió el ojo del hombre del puente, que contemplaba el suyo a través de la mira del fusil. Habiendo notado que aquel ojo era gris, recordó haber leído que los ojos grises eran particularmente agudos, que todos los tiradores célebres habían tenido los ojos de aquel color. Sin embargo, el hombre del puente había errado el tiro.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Farquhar dio media vuelta empujado por un remolino y quedó de nuevo mirando al bosque que cubría la orilla opuesta al fortín. El sonido de una voz clara resonó detrás de él, en una melopea monótona, y franqueó el río con tanta claridad que dominó y apagó todos los demás ruidos, incluso el chapoteo de las ondulaciones del agua. Sin ser soldado, había frecuentado los campamentos lo suficiente como para conocer el terrible significado de aquella salmodia: en la otra orilla, el teniente tomaba parte en la tarea matinal. Con implacable frialdad, en tono tranquilo, monótono, que infundía tranquilidad a los soldados con absoluta precisión en la medida de los intervalos, cayeron aquellas crueles palabras:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
«¡Compañía, firmes!… ¡Armas al hombro!… ¡Preparados!… ¡Apunten!… ¡Fuego!».&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Farquhar se sumergió, se sumergió tan profundamente como le fue posible. El agua resonó en sus oídos como la voz del Niágara; sin embargo, oyó el apagado tronar de la descarga, y, mientras volvía a ascender a la superficie, encontró unos trocitos de metal brillantes, extrañamente aplastados, que se hundían con lentas oscilaciones. Algunos rozaron su rostro y sus manos y luego siguieron hundiéndose. Uno de ellos se incrustó entre su cuello y el cuello de su camisa; estaba desagradablemente caliente, y Farquhar lo sacó de allí con un gesto rápido.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Cuando asomó la cabeza, jadeante, vio que había permanecido largo rato debajo del agua; se encontraba mucho más abajo, más cerca de la salvación. Los soldados habían casi terminado de recargar sus armas; las baquetas de metal relucieron súbitamente al sol mientras los soldados las sacaban del cañón de los fusiles y las hacían girar en el aire, antes de volver a colocarlas en su sitio. Los dos centinelas dispararon de nuevo, cada uno desde su puesto y sin resultado.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El hombre perseguido vio todo esto por encima de su hombro; ahora nadaba vigorosamente en el sentido de la corriente. Su cerebro estaba tan activo como sus brazos y sus piernas; pensaba con la rapidez del relámpago.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
«El teniente —razonaba— no repetirá aquel error de un oficial demasiado estricto en lo que respecta a la disciplina. Una descarga resulta tan fácil de esquivar como un solo disparo. Sin duda ha dado ya la orden de disparar a discreción. ¡Dios me proteja! ¡No puedo escapar de todos!».&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
A un par de metros de distancia algo se hundió en el agua con un espantoso ruido, y, al mismo tiempo, en el fortín resonaba una enorme explosión que sacudió las mismas profundidades del río. Una muralla líquida se irguió delante de Farquhar, se curvó encima de él, cayó sobre él y lo cegó, lo ahogó… El cañón había empezado a funcionar. Mientras Farquhar sacudía la cabeza aturdida por el brutal remojón, oyó silbar en el aire el proyectil desviado de su trayectoria y, unos segundos después, le oyó tronchar las ramas de los árboles, allá en el bosque.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
«No repetirán el tiro con bala —pensó—. La próxima vez cargarán la pieza con metralla. Debo mantener la vista fija en el cañón: el humo me avisará. La detonación llega demasiado tarde; se arrastra detrás del proyectil: es un buen cañón».&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
De repente se sintió atrapado en un remolino; giraba como una peonza. El agua, las orillas, el bosque, el puente, el fuerte y los soldados ahora lejanos, todo se mezclaba y se esfumaba. Los objetos no estaban representados más que por sus colores; listas coloreadas circulares y horizontales, he aquí todo lo que veía. Atrapado en un remolino, avanzaba con un movimiento de rotación tan rápido que se sentía enfermo de vértigo y de náusea. Unos instantes después se encontró lanzado contra la orilla sur, detrás de una lengua de tierra que penetraba en el río y le ocultaba a sus enemigos. Su repentina inmovilidad, el contacto de una de sus manos con la arena le devolvieron el uso de sus sentidos y lloró de alegría. Hundió sus dedos en la arena y se la echó a puñados encima del cuerpo, bendiciéndola en voz alta. Para él era oro, diamantes, rubíes, esmeraldas; no podía pensar en nada tan hermoso, ni siquiera semejante. Los árboles de la orilla eran gigantescas plantas de jardín; notó que estaban alineados correctamente, aspiró el perfume de sus flores. Una claridad extraña, color de rosa, brillaba entre los troncos, y el viento producía en sus ramajes la música armoniosa de un arpa eólica. Farquhar no deseó acabar de fugarse; le bastaba con permanecer en aquel lugar encantador hasta que volvieran a cogerle.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El silbido y el ruido de la metralla en las ramas, encima de su cabeza, le arrancó de su ensueño. El decepcionado artillero le había mandado al azar una descarga de despedida. Se levantó de un salto, ascendió apresuradamente por la pendiente que formaba la orilla y se hundió bajo los árboles.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Todo aquel día anduvo sin descanso, guiándose por la trayectoria del sol. El bosque parecía interminable: no se divisaba un camino por ninguna parte, ni siquiera un sendero de cabras. Farquhar había ignorado que vivía en una región tan silvestre, y la súbita revelación tenía algo de sobrenatural.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
A la caída de la noche, fatigado, hambriento, con los pies doloridos, siguió andando, alentado por el recuerdo de su esposa y de sus hijos. Acabó por encontrar un camino que le conduciría en la dirección deseada. Era tan ancho y tan recto como una carretera, y no obstante parecía como si nadie hubiese caminado nunca por él. No estaba bordeado por ningún campo; no se veía ninguna morada humana por parte alguna. Nada, ni siquiera el ladrido de un perro sugería la presencia del hombre en aquellos alrededores. Los cuerpos negros de los grandes árboles formaban dos murallas rectilíneas que se unían en el horizonte en un solo punto, como un diagrama en una lección de perspectiva. Al alzar los ojos por encima de su cabeza, a través de aquella brecha en el bosque, Farquhar vio brillar unas grandes estrellas de oro que le eran completamente desconocidas, agrupadas en extrañas constelaciones. Tuvo la certeza de que estaban dispuestas con arreglo a un orden lleno de un sentido oculto y nefasto. En el bosque resonaban unos extraños ruidos, entre los cuales, una vez, dos veces, luego una vez más, distinguió claramente unos murmullos en un idioma desconocido.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El cuello le dolía; se lo tocó con la mano y lo encontró terriblemente hinchado. Sabía que el magullamiento de la cuerda había marcado en él un círculo negro. No conseguía ya cerrar sus ojos congestionados. Su lengua estaba hinchada por la sed, y para aplacar su fiebre la sacó entre sus dientes para exponerla al aire fresco. ¡Qué suave alfombra había tendido la hierba a lo largo de aquella avenida virgen! ¡Farquhar no sentía ya el duro suelo bajo sus pies!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Indudablemente, a pesar de sus sufrimientos, se ha dormido mientras andaba, ya que ahora contempla otra escena (tal vez acaba de reponerse de una crisis de delirio). Se encuentra ante la verja de su casa. Todo está tal como lo dejó, todo resplandece de belleza bajo el sol matutino. Ha debido andar durante toda la noche. Mientras abre las puertas de la verja y echa a andar por la gran avenida blanca, ve flotar unos vestidos ligeros, su esposa, de rostro fresco y dulce, baja los escalones de la veranda para salir a su encuentro. Y se queda esperándole, con una sonrisa de inefable alegría, en una actitud de una gracia y de una dignidad sin igual. ¡Ah! ¡Qué hermosa es! Farquhar se lanza hacia ella, con los brazos tendidos. En el preciso instante en que va a abrazarla, siente en la nuca un golpe que le aturde; una blanca claridad cegadora llamea a su alrededor con un ruido semejante al tronar del cañón. Luego, todo es silencio y tinieblas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Peyton Farquhar estaba muerto; su cuerpo, con el cuello roto, se balanceaba suavemente, de un lado a otro, bajo el armazón del puente de Owl Creek.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Fin.&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/4229076605879314462/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2017/12/lo-que-paso-sobre-el-puente-de-owl_25.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/4229076605879314462'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/4229076605879314462'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2017/12/lo-que-paso-sobre-el-puente-de-owl_25.html' title='Lo que pasó sobre el puente de Owl Creek 3'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgOhghPBB1SksImmlt55keyk3WmtTBK2YauJU1W_IQRNt3ANJKoEEuzEIEI3x2DUYEUjnL1mEh3UMVAMcQIrkn0G7wh8JA-hMPQcpdFBeltXOpSRB4OXR1Ck9I-vr8cSsX9hj-JiZ1BIziV/s72-c/PuenteTenebroso.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-3403230646480619974</id><published>2017-12-25T12:57:00.001-06:00</published><updated>2018-10-07T15:07:33.788-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ambrosio Gwinett Bierce"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="locura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="misterio"/><title type='text'>Lo que pasó sobre el puente de Owl Creek 2</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;h2 style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;
LO QUE PASÓ SOBRE EL PUENTE DE OWL CREEK&lt;/h2&gt;
&lt;h4 style=&quot;text-align: start;&quot;&gt;
AMBROSIO BIERCE&lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.mx/2016/11/ambrosio-gwinett-bierce.html&quot;&gt;*&lt;/a&gt;&lt;/h4&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjvQHbxBRBaYjFKiqC1WS0Qj9MZG3m4m-eYGkkj4UX9oHqNO0iJMmIbOpCbdYi1V36hle9-AqkSkvz8k8qab01VSBpRVmdjjh4tBF8GJipkr6k7blrC3baCYIYYXq_afuTxwr84oR1vxaTH/s1600/CaminoTenebroso.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;506&quot; data-original-width=&quot;700&quot; height=&quot;231&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjvQHbxBRBaYjFKiqC1WS0Qj9MZG3m4m-eYGkkj4UX9oHqNO0iJMmIbOpCbdYi1V36hle9-AqkSkvz8k8qab01VSBpRVmdjjh4tBF8GJipkr6k7blrC3baCYIYYXq_afuTxwr84oR1vxaTH/s320/CaminoTenebroso.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;h3&gt;
II&lt;/h3&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Peyton Farquhar era un rico plantador que pertenecía a una antigua familia de Alabama, altamente estimada. Propietario de esclavos, se dedicaba a la política, como todos sus amigos; naturalmente, fue uno de los primeros secesionistas y se consagró con ardor a la causa de los Estados del Sur. Circunstancias imperiosas, que sería inútil citar aquí, le habían impedido alistarse en el valeroso ejército cuyas desastrosas campañas terminaron con la caída de Corinth; le irritaba aquella sujeción sin gloria; ardía en deseos de dar libre curso a su energía, de conocer la vida menos limitada del soldado, de encontrar la ocasión de distinguirse. La ocasión, lo presentía, llegaría un día para él, como llega para todo el mundo en tiempo de guerra. Entretanto, hacía lo que podía. Ningún servicio le parecía demasiado humilde para la causa del Sur, ninguna aventura demasiado peligrosa si era compatible con el carácter de un paisano con alma de soldado, el cual, con absoluta buena fe y sin demasiadas reservas, admitía la verdad de una buena parte de aquel innoble refrán: «En el amor y en la guerra, todos los medios son buenos».&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Una noche, mientras Farquhar y su esposa se encontraban sentados en un rústico banco, cerca de la entrada de su jardín, un soldado de uniforme gris detuvo su caballo ante la verja y pidió de beber. Mrs. Farquhar quiso tener el honor de servirle con sus blancas manos. Mientras ella iba en busca de un vaso de agua, Farquhar se acercó al jinete cubierto de polvo y le pidió ávidamente noticias del frente.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Los yanquis están reparando las vías férreas —dijo el hombre—, ya que se disponen a un nuevo avance. Han alcanzado el puente de Owl Creek, lo han reparado y han construido un fortín en la otra orilla. El comandante ha hecho fijar por todas partes un bando diciendo que todos los paisanos que sean sorprendidos saboteando la vía férrea, los túneles o los trenes, serán colgados sin formación de causa. He visto el bando con mis propios ojos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Qué distancia hay desde aquí hasta el puente de Owl Creek? —preguntó Farquhar.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Unos cincuenta kilómetros.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿No hay tropas a este lado del río?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Un solo puesto avanzado a cosa de un kilómetro del puente, en la vía férrea, y un solo centinela a la entrada del puente.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Supongamos que un hombre, un paisano, consigue esquivar el puesto avanzado y liquidar al centinela —dijo el plantador sonriendo—. ¿Qué podría hacer?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El soldado reflexionó.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Estuve allí hace un mes —respondió—. Noté que la crecida del pasado invierno había amontonado una gran cantidad de troncos flotantes contra la pilastra de madera del lado de acá del puente. Ahora están secos y arderían como la estopa.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
En aquel momento, la dueña de la casa se presentó con el vaso de agua. El soldado bebió, le dio las gracias ceremoniosamente, se inclinó ante su marido y se alejó. Una hora más tarde, casi a la caída de la noche, volvió a pasar por delante de la plantación; iba hacia el norte, en la dirección de donde había venido. Era un ojeador del ejército federal.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.mx/2017/12/lo-que-paso-sobre-el-puente-de-owl_25.html&quot;&gt;Continuará...&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/3403230646480619974/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2017/12/lo-que-paso-sobre-el-puente-de-owl.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/3403230646480619974'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/3403230646480619974'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2017/12/lo-que-paso-sobre-el-puente-de-owl.html' title='Lo que pasó sobre el puente de Owl Creek 2'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjvQHbxBRBaYjFKiqC1WS0Qj9MZG3m4m-eYGkkj4UX9oHqNO0iJMmIbOpCbdYi1V36hle9-AqkSkvz8k8qab01VSBpRVmdjjh4tBF8GJipkr6k7blrC3baCYIYYXq_afuTxwr84oR1vxaTH/s72-c/CaminoTenebroso.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-5803282836254088824</id><published>2017-12-25T12:57:00.000-06:00</published><updated>2018-10-07T15:08:06.334-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ambrosio Gwinett Bierce"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="locura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="misterio"/><title type='text'>Lo que pasó sobre el puente de Owl Creek 1</title><content type='html'>&lt;br /&gt;
&lt;h2&gt;
LO QUE PASÓ SOBRE EL PUENTE DE OWL CREEK&lt;/h2&gt;
&lt;h4&gt;
 AMBROSIO BIERCE&lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.mx/2016/11/ambrosio-gwinett-bierce.html&quot;&gt;*&lt;/a&gt;&lt;/h4&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiJ7iHFNRLjq60yb1iTgiksYRV81nAW6ba2TtAWcY9pB1m2EPm-Ru_yTICPAzzg4VpyfQY03xY9rimYpeiMc9V83J4XNDjYyoQy7dU4o5KeRkNpcWlLPP4yLIIkjMa6vdh5bNNcbz1Bjs82/s1600/puente-tenebroso.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;544&quot; data-original-width=&quot;725&quot; height=&quot;240&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiJ7iHFNRLjq60yb1iTgiksYRV81nAW6ba2TtAWcY9pB1m2EPm-Ru_yTICPAzzg4VpyfQY03xY9rimYpeiMc9V83J4XNDjYyoQy7dU4o5KeRkNpcWlLPP4yLIIkjMa6vdh5bNNcbz1Bjs82/s320/puente-tenebroso.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;h3&gt;
&lt;/h3&gt;
&lt;h3&gt;
 I&lt;/h3&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Sobre un puente de ferrocarril en el norte de Alabama, un hombre de pie contemplaba el agua deslizarse rápidamente a seis metros debajo de él. El hombre tenía las manos atadas a la espalda y su cuello estaba rodeado por una cuerda sin tensar atada por un sólido cabestrillo debajo de su cabeza. El cabo suelto caía hasta el nivel de sus rodillas. Unas tablas colocadas sobre las traviesas de los raíles ofrecían un punto de apoyo al hombre y a sus ejecutores: dos soldados rasos del ejército federal, a las órdenes de un sargento que en la vida civil había sido ayudante de sheriff. No lejos de ellos, sobre la misma plataforma provisional, se encontraba un oficial armado luciendo las insignias de su graduación. Era un capitán. A cada extremo del puente había un centinela sosteniendo su fusil en posición de arma al brazo, es decir, verticalmente ante el hombro izquierdo, con el gatillo reposando sobre el antebrazo, posición poco natural que impone una postura muy rígida. Al parecer, aquellos dos soldados no estaban obligados a saber lo que ocurría en medio del puente: se limitaban a bloquear los extremos de la pasarela de tablas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
No se veía a nadie frente a uno de los centinelas. La vía férrea se hundía rectamente en un bosque como un centenar de metros, luego describía una curva y desaparecía. Un poco más lejos debía de haber un puesto avanzado. En la otra orilla, un terreno descubierto ascendía en suave pendiente hasta una empalizada de troncos de árboles colocados verticalmente. La empalizada estaba provista de troneras para los fusiles y de un agujero algo mayor por el cual asomaba la boca de un cañón de bronce que dominaba el puente. A media distancia entre el puente y el fortín estaban los espectadores: una compañía de infantería formada en descanso en su lugar, la culata de los fusiles apoyada en el suelo, el cañón ligeramente inclinado hacia atrás contra el hombro derecho, las manos unidas sobre la caja. A la derecha de la formación estaba el teniente, la punta de su sable apoyada en tierra, su mano izquierda cubriendo su mano derecha. A excepción de los tres ejecutores y del condenado, nadie se movía. Los soldados de la compañía miraban hacia el puente, completamente inmóviles.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El capitán, en pie, con los brazos cruzados, vigilaba sin decir nada, sin hacer un gesto, el trabajo de sus subordinados. La muerte es un dignatario que, una vez anunciada su llegada, debe ser recibido con ceremoniosas muestras de respeto, incluso por sus familiares. Según el código de la etiqueta militar, el silencio y la inmovilidad son formas de deferencia.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El hombre al cual iban a colgar podía tener treinta y cinco años. Era un paisano, a juzgar por sus ropas de plantador. Sus facciones eran hermosas: una nariz recta, una boca firme, una frente ancha, y largos cabellos negros echados hacia atrás que caían por detrás de las orejas hasta el cuello de la levita, perfectamente ajustada. Llevaba bigote y una barba puntiaguda, pero no luda patillas; sus grandes ojos de color gris oscuro tenían una expresión de bondad que resultaba casi sorprendente en un hombre que llevaba una corbata de cáñamo. Sin duda alguna no se trataba de un vulgar asesino.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Terminados los preparativos, los dos soldados dieron un paso de costado y cada uno de ellos retiró la tabla donde se había apoyado hasta entonces. El sargento se volvió hacia el capitán, saludó, y luego se colocó inmediatamente detrás del oficial, el cual, a su vez, dio un paso de costado. Esos movimientos dejaron al condenado y al sargento en los dos extremos de una misma tabla que cubría tres traviesas del puente. El extremo donde se encontraba el paisano casi alcanzaba, aunque no del todo, a una cuarta traviesa. Aquella tabla había sido mantenida en posición por el peso del capitán; ahora lo estaba por el peso del sargento. A una señal de su jefe, el sargento daría un paso de costado, la tabla oscilaría y el condenado caería entre dos traviesas. El condenado pensó que aquel mecanismo era sumamente sencillo y eficaz. No había tapado su rostro ni vendado sus ojos. Examinó durante unos instantes su punto de apoyo poco sólido y luego dejó vagar su mirada sobre el río turbulento que corría furiosamente debajo de él. Un trozo de madera flotando en la superficie del agua retuvo su atención, y siguió con la mirada sus evoluciones. ¡Con qué lentitud parecía avanzar!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Cerró los párpados para concentrar sus últimos pensamientos en su esposa y en sus hijos. El agua dorada por el sol naciente, la neblina que planeaba sobre la orilla del río, el fortín, los soldados, el trozo de madera flotante, todo esto lo había distraído. Y he aquí que llegaba un nuevo motivo de distracción. Borrando el pensamiento de los seres queridos resonaba un ruido, que el condenado no podía ignorar ni comprender, un ruido seco, claro, metálico, que se oía como el golpe del martillo del herrero sobre el yunque. El hombre se preguntó qué podía ser aquel ruido, si procedía de muy cerca o de una distancia incalculable (ya que las dos hipótesis parecían posibles). Se repetía a intervalos regulares, pero tan lentos como los tintineos de un vaso. El condenado esperaba cada uno de los golpes con impaciencia, y, sin saber por qué, con temor. Los silencios se hacían cada vez más largos; los retrasos resultaban enloquecedores. Cuanto menos frecuentes eran los sonidos más aumentaban en fuerza y claridad, hiriendo su oído como una cuchillada. Estuvo a punto de gritar… Lo que estaba oyendo era el tic-tac de su reloj.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Abrió los ojos y contempló de nuevo el agua que corría debajo de él. «Si consiguiera soltarme las manos —pensó— tal vez podría librarme del nudo corredizo y saltar al río. Sumergiéndome podría escapar a las balas, alcanzar la orilla a nado, esconderme en el bosque y huir hasta mi casa. A Dios gracias se encuentra aún más allá de sus líneas; mi esposa y mis hijos se hallan más allá de las posiciones avanzadas de los invasores».&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Mientras esos pensamientos, que debemos anotar en frases, eran proyectados como relámpagos en el cerebro del condenado, más bien que emanando de él, el capitán hizo una señal con la cabeza al sargento. Éste dio un paso de costado.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.mx/2017/12/lo-que-paso-sobre-el-puente-de-owl.html&quot;&gt;Continuara...&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/5803282836254088824/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2017/12/lo-que-paso-sobre-el-puente-de-owl_48.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/5803282836254088824'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/5803282836254088824'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2017/12/lo-que-paso-sobre-el-puente-de-owl_48.html' title='Lo que pasó sobre el puente de Owl Creek 1'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiJ7iHFNRLjq60yb1iTgiksYRV81nAW6ba2TtAWcY9pB1m2EPm-Ru_yTICPAzzg4VpyfQY03xY9rimYpeiMc9V83J4XNDjYyoQy7dU4o5KeRkNpcWlLPP4yLIIkjMa6vdh5bNNcbz1Bjs82/s72-c/puente-tenebroso.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-1486211230018867704</id><published>2017-09-29T00:15:00.000-05:00</published><updated>2018-10-07T15:09:59.833-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ambrosio Gwinett Bierce"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cementerios"/><title type='text'>Una noche de verano.</title><content type='html'>&lt;br&gt;
&lt;br&gt;
&lt;h2&gt;
UNA NOCHE DE VERANO&lt;/h2&gt;
&lt;br&gt;
&lt;h3&gt;
AMBROSIO BIERCE&lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.mx/2016/11/ambrosio-gwinett-bierce.html&quot;&gt;*&lt;/a&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;div dir=&quot;ltr&quot; style=&quot;line-height: 1.2; margin-bottom: 10pt; margin-top: 0pt; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: left;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia9LqFOihf4VMl59zccc1Mqyp70A5j2xAZTiDbzcXF1whTTDjBYDeKbHroDOxk9MJvP7O5GE2NNcHZeNqYHsat7eYWgdRsmz4D5bh9irhJP4tBNIffvX7kBC26MtuKoBTGFsx-vMmf3dhL/s1600/cementerio-el-dia-de-todos-los-santos-e1405419308210.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; margin-bottom: 1em;&quot;&gt;&lt;img alt=&quot;&quot; border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;628&quot; data-original-width=&quot;1600&quot; height=&quot;156&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia9LqFOihf4VMl59zccc1Mqyp70A5j2xAZTiDbzcXF1whTTDjBYDeKbHroDOxk9MJvP7O5GE2NNcHZeNqYHsat7eYWgdRsmz4D5bh9irhJP4tBNIffvX7kBC26MtuKoBTGFsx-vMmf3dhL/s400/cementerio-el-dia-de-todos-los-santos-e1405419308210.jpg&quot; title=&quot;Cementerio Oscuro&quot; width=&quot;400&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;span style=&quot;background-color: transparent; color: black; font-family: &amp;quot;cambria&amp;quot;; font-size: 15.333333333333332px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: 400; text-decoration: none; vertical-align: baseline; white-space: pre-wrap;&quot;&gt;&lt;br&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El hecho de que Henry Armstrong estuviera enterrado no era un motivo suficientemente convincente como para demostrarle que estaba muerto: siempre había sido un hombre difícil de persuadir. El testimonio de sus sentidos le obligaba a admitir que estaba realmente enterrado. Su posición —tendido boca arriba, con las manos cruzadas sobre su estómago y atadas con algo que rompió fácilmente sin que se alterase la situación—, el estricto confinamiento de toda su persona, la negra oscuridad y el profundo silencio, constituían una evidencia imposible de contradecir y Armstrong lo aceptó sin perderse en cavilaciones.&lt;br&gt;
&lt;/div&gt;&lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2017/09/una-noche-de-verano.html#more&quot;&gt;&lt;/a&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/1486211230018867704/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2017/09/una-noche-de-verano.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/1486211230018867704'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/1486211230018867704'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2017/09/una-noche-de-verano.html' title='Una noche de verano.'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia9LqFOihf4VMl59zccc1Mqyp70A5j2xAZTiDbzcXF1whTTDjBYDeKbHroDOxk9MJvP7O5GE2NNcHZeNqYHsat7eYWgdRsmz4D5bh9irhJP4tBNIffvX7kBC26MtuKoBTGFsx-vMmf3dhL/s72-c/cementerio-el-dia-de-todos-los-santos-e1405419308210.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-5245586471063950031</id><published>2016-12-08T19:32:00.001-06:00</published><updated>2018-10-07T15:03:56.531-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Alejandro Serguéyevich Pushkin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="misterio"/><title type='text'>El Disparo. Segunda Parte.</title><content type='html'>&lt;div dir=&quot;ltr&quot; style=&quot;line-height: 1.2; margin-bottom: 10pt; margin-top: 63pt; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h2&gt;
EL DISPARO&lt;/h2&gt;
&lt;h4&gt;
ALEJANDRO SERGEYEVICH PUSHKIN&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;cambria&amp;quot;; font-size: 15.3333px; white-space: pre-wrap;&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.mx/2016/11/alejandro-sergueyevich-pushkin.html&quot; style=&quot;font-family: cambria; font-size: 15.3333px; white-space: pre-wrap;&quot;&gt;*&lt;/a&gt;&lt;/h4&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div dir=&quot;ltr&quot; style=&quot;line-height: 1.2; margin-bottom: 10pt; margin-top: 0pt;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhN6a2ygusmNo_iXMnKRw00QxUBOESTSn6aFiWJhN-1GQR_LUuSk5XhEO5yUGGFcsSfBKyMD3MChxyE8edRMEu-TS2WnnzqzNK4NeivWsNnreK396_Tt86xs0Z2eN0zkZymWdIYJlEljJFJ/s1600/Disparo.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;200&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhN6a2ygusmNo_iXMnKRw00QxUBOESTSn6aFiWJhN-1GQR_LUuSk5XhEO5yUGGFcsSfBKyMD3MChxyE8edRMEu-TS2WnnzqzNK4NeivWsNnreK396_Tt86xs0Z2eN0zkZymWdIYJlEljJFJ/s320/Disparo.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;h3 style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
II&lt;/h3&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Unos años más tarde, motivos familiares me obligaron a establecerme en un pueblo muy pequeño y muy pobre del distrito de N… Mientras me ocupaba en las cuestiones domésticas, no cesaba de suspirar añorando mi existencia de otros tiempos, agitada y llena de emociones. Lo más difícil para mí era el acostumbrarme a pasar las veladas de primavera y de invierno en una completa soledad. Me las arreglaba bastante bien hasta la hora de cenar, charlando con el starets, paseando por el campo o visitando los nuevos establecimientos. Pero, en cuanto se acercaba el crepúsculo, no había qué hacer. Me sabía de memoria los escasos libros de mi biblioteca. Mi ama de llaves, Kirilovna, me había contado hasta el aburrimiento todos los cuentos que sabía; las canciones de las campesinas me entristecían. Si el alcohol no me hubiese producido dolores de cabeza, me habría entregado a la bebida; además, temía convertirme en un borracho por tristeza, es decir, en uno de esos pobres desgraciados que tanto abundan en nuestro distrito.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
No tenía apenas vecinos, aparte de dos o tres de esos borrachines cuya conversación se compone esencialmente de hipos y de suspiros. Era preferible la soledad. Finalmente decidí cenar más tarde y acostarme más temprano; de este modo acortaba las veladas, alargando un poco el día.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
A cuatro verstas de distancia de mi casa se extendía la rica hacienda de la condesa B…, hacienda que sólo estaba habitada por el colono; la condesa no había visitado su dominio más que una sola vez, el año de su boda, y su estancia no se prolongó más de un mes. Sin embargo, en la segunda primavera de mi reclusión, corrió el rumor de que la condesa y su marido vendrían a pasar el verano en su finca. En efecto, llegaron a primeros de junio.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
La llegada de un vecino rico es un acontecimiento importante para los habitantes de un pueblo campesino. Los propietarios y sus allegados hablaron del suceso desde dos meses antes de que se produjera, y seguían hablando de él tres años después. En cuanto a mí, lo confieso, la noticia de la llegada de una vecina joven y bella me produjo una gran impresión; ardía en impaciencia por verla, y, el primer domingo después de su llegada, luego de cenar, me encaminé a la finca para presentar mis respetos a Sus Excelencias y para ofrecerme a ellos como su más próximo vecino y su más humilde servidor.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Un lacayo me introdujo en el gabinete del conde y fue a anunciar mi visita. La amplia estancia estaba amueblada con todo el lujo que imaginarse pueda. A lo largo de las paredes había altas estanterías llenas de libros; sobre cada estantería, un busto de bronce; encima de la chimenea de mármol, un enorme espejo. El suelo estaba cubierto con una alfombra verde, en la cual se hundían muellemente los pies.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Hacía mucho tiempo que no había tenido ocasión de ver nada tan fastuoso y me sentí algo intimidado. Esperé la llegada del conde con la aprensión de un provinciano que hace antecámara en casa de un ministro, al cual acude con una solicitud.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
La puerta se abrió y dio paso a un hombre de unos treinta años, muy guapo. El conde se acercó a mí con aire cordial y amistoso; su acogida me animó un poco. Tomamos asiento. Su conversación, franca y jovial, disipó prontamente mi timidez; había recobrado por entero el dominio de mí mismo, cuando de repente apareció la condesa y volví a sentirme confundido. La condesa era muy hermosa. El conde me presentó; quise aparecer desenvuelto, pero cuanto más me esforzaba en adoptar un aire despreocupado, más cohibido me sentía. Para darme tiempo a recobrarme de mi evidente confusión, el conde y la condesa se pusieron a hablar entre ellos, tratándome como a un antiguo conocido y sin ninguna ceremonia. Incapaz de permanecer sentado, me paseé a lo largo de la estancia, examinando los libros y los cuadros. No soy un entendido en pintura, pero una de las telas me llamó la atención. Era una reproducción de un paisaje suizo; lo que me impresionó no fue el cuadro en sí, sino el ver los orificios que dos balas habían dejado en la tela.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Buen disparo —comenté, dirigiéndome al conde.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Desde luego —asintió—. ¿Es usted buen tirador?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Sólo pasable —contesté, alegrándome en mi fuero interno de que la conversación abordara un tema que me era familiar—. A treinta pasos de distancia puedo perforar un naipe, disparando con unas pistolas que me sean conocidas, por supuesto.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡De veras! —inquirió la condesa, contemplándome con una nueva atención—. Y tú, amigo mío, ¿serías capaz de perforar un naipe a treinta pasos de distancia?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Algún día lo probaremos —dijo el conde—. En otros tiempos, estaba considerado como un buen tirador. Pero hace cuatro años que no he tocado una pistola.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—En tal caso, me atrevería a apostar que Vuestra Excelencia no acertaría a un naipe a veinte pasos de distancia; la pistola requiere un ejercicio cotidiano: lo sé por experiencia. En nuestro regimiento estaba considerado como uno de los mejores tiradores. En cierta ocasión me pasé un mes entero sin tocar una pistola; las mías estaban en reparación. Pues bien, ¿sabe usted lo que me ocurrió, Excelencia? La primera vez que volví a disparar, a veinte pasos, fallé cuatro disparos seguidos contra una botella. Teníamos un capitán, muy bromista, que estaba presente en aquel momento y que me dijo: «¡Caramba, amigo mío! ¡Pareces haber adquirido un repentino respeto por las botellas!». Créame, Excelencia, no hay que descuidar la práctica… El mejor tirador que he conocido nunca dejó de practicar todos los días antes de cenar. Era para él una especie de aperitivo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El conde y la condesa parecían encantados al verme entregado de lleno a la conversación.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Y era tan buen tirador como todo eso? —preguntó el conde.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Juzgue usted mismo, Excelencia: se posaba, por ejemplo, una mosca en la pared… ¿Se ríe usted, condesa? Le juro que es verdad. Bien, como iba diciendo, se posaba una mosca en la pared: «¡Kuzka! ¡Una pistola!», gritaba. Kuzka le entregaba una pistola cargada. ¡Bum! Y la mosca se hundía en la pared.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Asombroso! —exclamó el conde—. ¿Cómo se llamaba?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Silvio, Excelencia.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Silvio! —exclamó el conde, poniéndose bruscamente en pie—. ¿Ha conocido usted a Silvio?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Desde luego, Excelencia. Éramos muy amigos. Perteneció a mi regimiento. Pero hace cinco años que no he tenido noticias suyas. ¿Lo conoce también Vuestra Excelencia?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Lo he conocido; lo he conocido muy a fondo. ¿Acaso le contó a usted alguna vez una aventura muy singular?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Como no se trate de un bofetón que le propinó un joven ligero de cascos, en un baile…&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Y le dijo a usted el nombre de aquel joven ligero de cascos?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—No, Excelencia, no me lo dijo —respondí. Y de repente adiviné la verdad—. ¡Oh! Le ruego que me perdone… ¿Acaso era usted…?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Sí —respondió el conde, muy emocionado—. Y en ese cuadro está usted viendo la señal de nuestro último encuentro.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Oh, querido! —exclamó la condesa—. ¡Por amor de Dios! No continúes, es demasiado espantoso.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡No! —replicó el conde—. Voy a contarlo todo. Nuestro visitante sabe cómo ofendí a Silvio, y quiero que sepa también cómo se vengó.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El conde me invitó a sentarme y escuché con la más viva curiosidad el relato siguiente:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Me casé hace cinco años. Pasé la luna de miel aquí, en esta finca, que fue testigo de los mejores momentos de mi vida, pero que al mismo tiempo me recuerda unos acontecimientos muy penosos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»Una tarde salimos a dar un paseo a caballo, mi esposa y yo; el caballo que montaba mi esposa se encabritó, ella se asustó, me entregó la brida y decidió regresar a pie. Llegué a la casa antes que ella. En el patio había un carruaje; me dijeron que un hombre me estaba esperando en la biblioteca; no había querido dar su nombre, limitándose a decir que tenía que tratar de un asunto conmigo. Entré en esta misma habitación, medio a oscuras y vi a un hombre, cubierto de polvo, con la barba sin recortar, que estaba de pie junto a la chimenea. Me acerqué a él, tratando de reconocer sus facciones.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»—¿No me conoces, conde? —me preguntó.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»—¡Silvio! —exclamé, y confieso que los cabellos se me pusieron de punta.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
A tus órdenes —me dijo—. Me toca a mí disparar; he venido a terminar nuestro duelo. ¿Estás dispuesto?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»Sacó una pistola de su bolsillo. Medí doce pasos y me coloqué allí, en aquel rincón, rogándole que disparase lo más pronto posible, antes de que regresara mi esposa.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»Pero Silvio no se apresuró y exigió que trajeran algunas luces. Los criados trajeron unas velas. Cerré la puerta con llave, para impedir la entrada a cualquiera que fuese, y le rogué de nuevo que disparase. Me apuntó… Conté los segundos, pensando en mi esposa… ¡Transcurrió un horrible minuto! Silvio bajó el brazo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»—Lamento —dijo— que mi pistola no esté cargada con huesos de cerezas… el plomo es pesado… Esto no tiene ya aspecto de duelo, sino más bien de un asesinato; no estoy acostumbrado a disparar contra un hombre desarmado. Empecemos de nuevo, y que la suerte decida quién debe disparar primero.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»La cabeza me daba vueltas… No estaba dispuesto a acceder, pero finalmente cargamos una segunda pistola, introdujimos dos números en su gorra, que conservaba el agujero de mi bala, y saqué de nuevo el número uno.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»—Tienes una suerte endiablada, conde —me dijo Silvio, con una sonrisa que no olvidaré nunca.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»No comprendo lo que me pasó, ni cómo pudo obligarme a disparar… Pero lo hice, y mi bala atravesó esa tela (el conde señaló con el dedo el cuadro agujereado por dos balas; su rostro estaba encendido; la condesa, en cambio, estaba más blanca que su pañuelo; no pude reprimir una exclamación).&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»Disparé —continuó el conde—, y, afortunadamente, erré el tiro. Entonces, Silvio empezó a apuntarme. De repente, se abrió la puerta. Macha entró corriendo y se precipitó a mi cuello, lanzando un agudo grito. Su presencia me devolvió todo mi valor.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»—¡Querida! —le dije—. ¿No ves que estamos bromeando? No debes asustarte. Anda, ve a beber un vaso de agua y vuelve. Te presentaré a un viejo amigo y camarada.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»Pero Macha no creyó mis palabras.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»—¿Es cierto lo que dice mi marido? —preguntó, dirigiéndose al terrible Silvio—. ¿Es cierto que están ustedes bromeando?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»—Su marido bromea siempre, condesa —respondió Silvio—. En cierta ocasión me dio una bofetada… en broma; en otra atravesó con una bala esta gorra… también en broma; acaba de fallar, en broma, el tiro que iba dirigido contra mí. Ahora me ha llegado el turno de bromear…&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»Y alzó la pistola, apuntándome de nuevo. Macha se arrojó a sus pies.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»—¡Levántate, Macha! ¡Lo que estás haciendo es vergonzoso! —grité, enfurecido—. En cuanto a usted, caballero, deje ya de asustar a una pobre mujer. ¿Quiere disparar de una vez, sí o no?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»—No dispararé —dijo Silvio—. Estoy satisfecho: te he visto asustado, te he obligado a disparar contra mí… Estoy satisfecho, pero tú te acordarás de mí. Te dejo con tu conciencia.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»Antes de marcharse, se detuvo y, casi sin apuntar, disparó contra el cuadro que yo había agujereado. A continuación desapareció.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»Mi esposa se había desvanecido; mis criados no se atrevieron a detener a Silvio y le contemplaron con terror mientras subía de nuevo a su carruaje. Antes de que me hubiera recobrado de la impresión, el cochero había arreado a los caballos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El conde se calló. Fue así como conocí el final de la historia cuyo comienzo tanto me había impresionado.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Nunca volví a ver a nuestro héroe. Se dice que a raíz de la sublevación de Alejandro Ipsilanti, Silvio mandaba un destacamento de los heteristas y que murió en la batalla de Skulani.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Fin.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/feeds/5245586471063950031/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2016/12/el-disparo-segunda-parte.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/5245586471063950031'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3131962061058971001/posts/default/5245586471063950031'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentostenebrosos.blogspot.com/2016/12/el-disparo-segunda-parte.html' title='El Disparo. Segunda Parte.'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhN6a2ygusmNo_iXMnKRw00QxUBOESTSn6aFiWJhN-1GQR_LUuSk5XhEO5yUGGFcsSfBKyMD3MChxyE8edRMEu-TS2WnnzqzNK4NeivWsNnreK396_Tt86xs0Z2eN0zkZymWdIYJlEljJFJ/s72-c/Disparo.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3131962061058971001.post-3198967851145097108</id><published>2016-12-08T19:24:00.001-06:00</published><updated>2018-10-07T15:03:22.459-05:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Alejandro Serguéyevich Pushkin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="misterio"/><title type='text'>El Disparo. Primera Parte.</title><content type='html'>&lt;div dir=&quot;ltr&quot; style=&quot;line-height: 1.2; margin-bottom: 10pt; margin-top: 63pt; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h2&gt;
EL DISPARO&lt;/h2&gt;
&lt;h4&gt;
ALEJANDRO SERGEYEVICH PUSHKIN&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;cambria&amp;quot;; font-size: 15.3333px; white-space: pre-wrap;&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.mx/2016/11/alejandro-sergueyevich-pushkin.html&quot; style=&quot;font-family: cambria; font-size: 15.3333px; white-space: pre-wrap;&quot;&gt;*&lt;/a&gt;&lt;/h4&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Alejandro S. Pushkin sitúa a sus héroes en un ambiente generalmente normal y común, adornando las escenas con detalles que aportan un mayor realismo. En El disparo el suspenso va apareciendo sutilmente y está presentado con tal ingenuidad y habilidad, que el lector lo percibe como si fuera un descubrimiento suyo. El personaje trágico se rodea de un halo de misterio que sólo el destino podrá develar.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh6B2lZku-wklNNMV4V0I4YEpNzI4GzoSUUqd-3xYRfrT_-N7xD3jvDpHZ12Xe6VllSPILwc4K0JvGBG5yjy5sH6SRBg6rrdkFQsXyZ8zJ9s79U4kvA93w1RL5_Xm75_3Y4lil4P6avHqlN/s1600/pistola-arma-balazo-1476517.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;166&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh6B2lZku-wklNNMV4V0I4YEpNzI4GzoSUUqd-3xYRfrT_-N7xD3jvDpHZ12Xe6VllSPILwc4K0JvGBG5yjy5sH6SRBg6rrdkFQsXyZ8zJ9s79U4kvA93w1RL5_Xm75_3Y4lil4P6avHqlN/s320/pistola-arma-balazo-1476517.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;cambria&amp;quot;; font-size: 16px; vertical-align: baseline; white-space: pre-wrap;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;h3 style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
I&lt;/h3&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Nos encontrábamos de guarnición en la pequeña localidad de X. Ustedes saben cómo es la vida de un oficial del ejército en semejantes circunstancias. Por la mañana, instrucción y picadero; después, la casa del jefe del regimiento o la taberna de algún judío; por la noche, el ponche y las cartas. En X no había ni una sola fiesta de sociedad, ni una sola muchacha casadera. Nos reuníamos los unos en casa de los otros, sin ver nada fuera de nuestros propios uniformes.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Sólo un hombre que no era militar tomaba parte en nuestras reuniones. Tendría unos treinta y cinco años, por lo cual nosotros lo considerábamos viejo. Su experiencia le proporcionaba muchas ventajas; por otra parte, su carácter sombrío, sus modales bruscos y su cruda forma de hablar nos impresionaban. Cierto misterio envolvía a su persona; parecía ruso, pero su nombre no lo era. En otros tiempos había servido en húsares, e incluso con suerte, pero nadie conocía los motivos que le impulsaron a retirarse y a fijar su residencia en aquella pequeña localidad. Su vida discurría entre la pobreza y el despilfarro: iba siempre a pie, vestido con una usada levita negra, y, sin embargo, su mesa siempre estaba puesta para todos los oficiales de nuestro regimiento. Desde luego la comida se componía solamente de dos o tres platos, pero el champaña corría sin tasa. No se conocían sus medios de vida, pero nadie se atrevió jamás a preguntarle sobre ello. Tenía libros, en su mayor parte militares, y alguna novela. Los prestaba de buen grado y no los reclamaba nunca y, como contrapartida no solía devolver los libros que se le prestaban. Su ocupación preferida era disparar con pistola. Las paredes de su habitación, por efecto de las balas, estaban tan llenas de agujeros que parecían panales. El único lujo en la pequeña casa que ocupaba era una gran colección de pistolas. La habilidad que había alcanzado en el tiro era tan extraordinaria que, si hubiese querido tomar como blanco una manzana colocada sobre una cabeza, ninguno de nosotros habría dudado en prestarse a ello. Nuestras conversaciones giraban, con frecuencia, en torno a los duelos. Silvio (lo llamaré así) nunca tomaba parte en ellas. Cuando alguien le preguntaba si se había batido alguna vez, respondía que sí, con sequedad, sin entrar en detalles; era evidente que estas preguntas le molestaban. Suponíamos que sobre su conciencia debía pesar alguna víctima infortunada de su terrible destreza, pero jamás se nos habría ocurrido que en él existiesen timidez o cobardía para responder. Hay hombres cuyo solo aspecto disipa tales sospechas. Pero un suceso casual nos dejó estupefactos a todos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
En cierta ocasión comíamos unos diez oficiales en casa de Silvio. Bebimos como de costumbre, es decir muchísimo. Después de la comida propusimos al anfitrión jugar a las cartas y que él fuese el banquero. Durante largo rato se resistió, porque él no jugaba nunca; al fin, dio orden de que trajeran los naipes, arrojó sobre la mesa medio centenar de billetes de diez rubros y se dispuso a repartir la baraja. Nosotros lo rodeamos y el juego empezó. Silvio se mantuvo en silencio absoluto mientras jugaba; ni discutía ni daba explicaciones. Si alguien se equivocaba en la cuenta, él inmediatamente pagaba el resto o anotaba el sobrante. Nosotros lo conocíamos y lo dejábamos actuar. Pero aquella vez concurría a la reunión un oficial recién llegado a nuestro regimiento. Pues este joven oficial, en un momento de distracción, se anotó un punto de más. Silvio tomó la tiza y rectificó el error, según tenía por costumbre. El oficial, creyendo que Silvio había obrado sin motivo, comenzó a dar explicaciones. Silvio siguió repartiendo cartas en silencio. El oficial, perdida la paciencia, tomó el cepillo y borró lo que parecía erróneo. Silvio tomó la tiza y restableció la cifra. Enardecido por la bebida, el juego y la risa de sus compañeros, el oficial se consideró terriblemente agraviado; cogió con furia un candelabro de cobre que había sobre la mesa y lo arrojó contra Silvio, que milagrosamente pudo rehuir el golpe. Nosotros quedamos sobrecogidos. Silvio se levantó, pálido de rabia, con los ojos echando chispas, y dijo:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Tenga la bondad de salir, y dé gracias a Dios que esto ha ocurrido en mi casa.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Nosotros no poníamos en duda las consecuencias del incidente y dábamos ya por muerto a nuestro nuevo camarada. El oficial abandonó la casa, después de haber dicho que estaba dispuesto a responder de la ofensa en la forma que prefiriese el señor banquero. El juego se prolongó unos minutos más, pero se veía que nuestro anfitrión no prestaba atención a las cartas, por lo que nos levantamos uno a uno e iniciamos la marcha, haciendo comentarios acerca de la próxima vacante.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Al día siguiente, mientras hablábamos sobre este asunto en el picadero, se presentó el teniente. Le preguntamos cómo había arreglado la cuestión. Su respuesta fue que hasta entonces no había tenido noticia alguna de Silvio. Aquello nos sorprendió. Un poco más tarde fuimos a visitar a Silvio; lo encontramos en el patio, ocupado en meter bala sobre bala en el as de una baraja que había pegado a la puerta. Nos recibió como de costumbre, sin referirse para nada a lo ocurrido el día anterior. Pasaron tres días más y el teniente seguía vivo. Nosotros nos interrogábamos, sorprendidos, si sería posible que Silvio no se batiera. Silvio no se batió. Conformóse con una explicación muy ligera, e hicieron las paces.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Aquello le perjudicó extraordinariamente en nuestra opinión. La falta de valor es lo que menos perdona la gente joven, que generalmente ve en él la cumbre de las virtudes humanas y la justificación de toda clase de vicios. Mas todo se fue olvidando poco a poco, y Silvio recuperó su antigua influencia.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Yo era el único que no podía comportarme como antes. Dotado de una imaginación romántica, me había encariñado más que nadie con aquel hombre, cuya vida era un enigma que me hacía pensar en el héroe de alguna novela misteriosa. Él me estimaba. Por lo menos, sólo conmigo olvidaba la forma de hablar envenenada que le era habitual y se expresaba con una sencillez y amenidad extraordinaria. Pero después de aquella noche desgraciada, la idea de que su honor había quedado en entredicho y que había renunciado a esclarecerlo voluntariamente, me daba vergüenza y rehuía mirarle a la cara. Silvio era demasiado inteligente y poseía demasiada experiencia para no advertirlo y no adivinar la causa. Mi actitud parecía apenarle; por lo menos advertí un par de veces sus deseos de darme una explicación, pero yo los esquivé y Silvio se apartó de mí. A partir de entonces no lo veía más que en presencia de otros camaradas, y ya no volvimos a nuestras sinceras conversaciones de antes.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Los habitantes de la capital no tienen idea de las muchas distracciones que llenan la vida de los habitantes de las aldeas o de las ciudades pequeñas; una de ellas, por ejemplo, es la espera del día de correo. Los martes y los viernes las oficinas de nuestro regimiento estaban llenas de oficiales: unos esperaban dinero, otros cartas, otros periódicos. Las cartas eran abiertas allí mismo, los oficiales comunicaban unos a otros las noticias y las oficinas ofrecían un aspecto animadísimo. Silvio recibía sus cartas dirigidas a las señas del regimiento, y, por lo general, era uno de los que se hallaban presentes. Cierto día le entregaron un pliego, del que rompió los sellos con extraordinaria impaciencia. Al recorrer la carta sus ojos centelleaban. Los oficiales, ocupados cada uno con sus propias misivas, no observaron nada.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Señores —dijo Silvio—, las circunstancias exigen mi marcha inmediata. Parto esta misma noche. Espero que no me negarán ustedes el honor de comer conmigo por última vez. Lo espero también a usted —agregó volviéndose hacia mí—, lo espero sin falta.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Dicho esto, salió rápidamente, y nosotros, después de convenir que nos reuniríamos en casa de Silvio, nos fuimos cada uno por nuestro lado.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Llegué a casa de Silvio a la hora fijada y encontré allí a casi todos los oficiales del regimiento. El equipaje estaba ya hecho, no quedaban más que las paredes desnudas y agujereadas por las balas. Nos sentamos a la mesa. El anfitrión estaba de buen humor y su alegría no tardó en contagiársenos; los corchos de las botellas saltaban continuamente, los vasos burbujeaban y nosotros deseamos a Silvio de todo corazón un viaje excelente y toda clase de felicidades. Nos levantamos de la mesa ya entrada la noche. En el momento en que cada uno buscaba su gorra, Silvio, que estaba despidiéndonos, me tomó del brazo y me detuvo cuando me disponía a salir.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Necesito hablar con usted —me dijo en voz baja.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Me quedé.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Los invitados se habían ido; estábamos solos. Sentados uno frente al otro, encendimos en silencio nuestras pipas. Silvio parecía preocupado; ya no quedaban ni huellas de su agitada alegría. Su sombría palidez, sus ojos resplandecientes y el espeso humo que salía de su boca le daban un aspecto verdaderamente diabólico. Pasaron algunos instantes hasta que rompió el silencio.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Quizá no nos volvamos a ver —me dijo—; pero antes de marchar quisiera darle una explicación. Usted habrá podido observar que yo no me preocupo mucho de la opinión ajena, pero lo estimo y siento que me sería muy penoso que usted guardase de mí una impresión injusta.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Se detuvo y comenzó a llenar de nuevo la pipa; yo callaba, con los ojos bajos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—A usted le pareció extraño —continuó— que no pidiera satisfacciones a ese borracho y cabeza rota de R. Convendrá conmigo que, teniendo yo derecho a elegir las armas, su vida estaba en mis manos; en cambio, la mía no corría un gran peligro. Podría yo atribuir mi moderación a mi espíritu magnánimo, pero no quiero mentir. Si hubiera podido castigar a R sin exponer en absoluto mi vida, no lo habría perdonado.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Yo miré asombrado a Silvio. Tal confesión me había dejado completamente perplejo. Él prosiguió:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Como le digo: yo no tengo derecho a exponer mi vida. Hace seis años recibí una bofetada, y mi enemigo vive aún.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Mi curiosidad se hallaba sumamente excitada.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿No se batió usted con él? —pregunté—. ¿Tal vez las circunstancias se lo impidieron?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Me batí —respondió Silvio—, y he aquí el recuerdo de nuestro duelo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Silvio se levantó, sacó de una caja de cartón una gorra roja con galones y una borla dorada (lo que los franceses llaman bonnet de police), y se la puso. La gorra tenía un orificio una pulgada más arriba de la frente.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Usted sabe —continuó Silvio— que yo he servido en el regimiento de húsares de X. Ya conoce mi carácter: estoy acostumbrado a ser el primero en todo, pero cuando era joven esto constituía en mí una verdadera pasión. En nuestros tiempos estaban de moda los escándalos: yo era el primer juerguista del regimiento. Nos enorgullecíamos de nuestras borracheras: le gané en beber al famoso Burtsov, cantado por Denis Davidov. En nuestro regimiento había duelos a cada instante: en todos ellos era yo testigo o actor. Mis compañeros me adoraban, y los jefes del regimiento, que cambiaban constantemente, veían en mí un mal necesario.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»Yo gozaba tranquilamente (o intranquilamente) de mi fama, cuando llegó al regimiento un joven de familia rica y noble (no quiero decir su nombre). ¡Jamás he encontrado a un hombre tan afortunado y brillante! Imagínese usted: juventud, inteligencia, belleza, la alegría más desbordante, la valentía más despreocupada, un nombre conocido, dinero, que gastaba a manos llenas sin agotarlo jamás. Usted comprenderá la impresión que produjo entre nosotros.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»Mi supremacía estaba en peligro. Seducido por mi fama, quiso buscar mi amistad, pero yo le acogí fríamente, y él se apartó de mí sin el menor resentimiento. Llegué a odiarlo. Sus éxitos en el regimiento y entre las mujeres me desesperaban. Comencé a buscar pendencia con él. A mis burlas contestaba con burlas que siempre me parecían más agudas que las mías y que eran, indudablemente, mucho más despreocupadas; él bromeaba y yo estaba furioso. Por fin, durante un baile en casa de un noble polaco, al verle objeto de la atención de todas las damas, y en particular de la anfitriona, con quien yo tenía relaciones, le dije al oído un insulto soez. Él no pudo contenerse y me dio una bofetada. Echamos mano a los sables, mientras las damas se desmayaban. Nos separaron y aquella misma madrugada nos batimos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»Amanecía. Yo estaba en el lugar convenido con mis tres padrinos y esperaba la llegada de mi adversario, desasosegado por una inexplicable impaciencia. El sol primaveral había salido y empezaba a sentirse calor. Lo vi desde lejos. Venía a pie, con el dormán colgado del sable, en compañía de un solo padrino. Salimos a su encuentro. Él se acercaba con su gorra llena de cerezas. Los padrinos midieron doce pasos. Me correspondía disparar; pero el despecho me agitaba con tanta violencia que no podía seguir confiando en la seguridad de mi mano, y, para concederme el tiempo suficiente para recobrarme, le ofrecí que disparase él primero. Se negó. Entonces decidimos echarlo a suerte: la fortuna sonrió una vez más a su eterno favorito. Apuntó, y su bala atravesó mi gorro. Me había llegado el turno. Su vida estaba finalmente entre mis manos; lo contemplé con avidez, sin ver en su rostro la menor sombra de inquietud. Y, mientras yo le apuntaba, escogía las cerezas maduras de su gorra y escupía hacia mí los huesos, que casi me alcanzaban. Su sangre fría me enfureció. “¿Por qué tengo que privarle de una vida a la cual concede tan poco valor?”, pensé. Una idea pérfida se deslizó en mi mente. Incliné mi pistola.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»—No creo que sea éste el momento más oportuno para matarlo —le dije—. Está usted desayunando y me sabría mal interrumpir su desayuno.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»—No me molesta usted lo más mínimo —replicó—. Dispare, por favor… Claro que, si no quiere hacerlo, no puedo impedírselo. Tiene usted derecho a disparar y puede hacerlo cuando le plazca.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»Me volví hacia los testigos, declarando que, de momento, no sentía ningún deseo de disparar; y así terminó el duelo…&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
»Pedí el retiro y me vine a vivir aquí. Desde entonces, no ha pasado un solo día sin que me haya acosado la idea de la venganza y hoy ha llegado mi hora.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Silvio sacó de su bolsillo la carta que había recibido aquella mañana y me la dio a leer. Alguien de Moscú (probablemente su agente de negocios) le escribía que la persona en cuestión iba a unirse próximamente en matrimonio con una muchacha joven y de gran belleza.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Supongo que habrá adivinado usted —dijo Silvio— quién es esa persona en cuestión. Me voy a Moscú. Veremos si, en la víspera de su boda, acepta la muerte con tanta indiferencia como la esperaba en otra época, comiendo cerezas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Tras haber pronunciado estas palabras, Silvio se puso en pie, tiró al suelo su gorra y empezó a pasear de un lado a otro de la habitación, como un tigre enjaulado.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
No hice ningún comentario; me sentía poseído por unos sentimientos extraños y contradictorios. El criado entró y anunció que los caballos estaban dispuestos. Silvio me estrechó fuertemente la mano; nos abrazamos. Montó en el carruaje, en el cual se encontraban ya dos maletas: una con sus efectos personales, otra con las pistolas. Nos despedimos de nuevo y los caballos emprendieron un rápido galope.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;http://cuentostenebrosos.blogspot.mx/2016/12/el-disparo-segunda-parte.html&quot;&gt;Continuara...&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
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