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	<title>Diario Español de la República Constitucional</title>
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	<description>El único diario que analiza la información con criterio basado en la libertad, la verdad y la lealtad. </description>
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	<title>Diario Español de la República Constitucional</title>
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		<title>Reino de la falsedad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio García-Trevijano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Aug 2026 19:35:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Archivo Antonio García-Trevijano]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nota de la dirección: Dando cumplimiento a un encargo de don Antonio García-Trevijano, Diario de la República Constitucional inaugura esta [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-ast-global-color-0-color"><strong>Nota de la dirección:</strong></mark></p>



<p class="has-text-align-center"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-ast-global-color-0-color">Dando cumplimiento a un encargo de don Antonio García-Trevijano, Diario de la República Constitucional</mark> <mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-ast-global-color-0-color">inaugura esta sección en la que se republicaran a título póstumo algunos de sus mejores artículos.</mark></p>



<p>Cuando la verdad, entendida como contraria a la mentira, está proscrita por el sistema de poder, es tan fuerte la necesidad de sobrevivir con ella que, en virtud del principio universal del mínimo esfuerzo, se anida oculta en el reino de las conciencias. Y en virtud de otro principio universal, el de la adaptación al medio, las conciencias deciden vivir enajenadas como si la mentira fuera la verdad, hasta que el hábito suprime el como si y lo sustituye por el es. La tranquilidad espiritual y social hace de la mentira verdad, y funda el reino de la falsedad. Donde la coacción brutal de la dictadura se sustituye con la servidumbre voluntaria a un consenso político de  dominación de partidos estatales, sin control ni separación del poder.   </p>



<p>La liberación de las conciencias ya no puede venir del interior de ellas mismas. Necesitan que otras conciencias, liberadas de la servidumbre voluntaria por su propia entereza,  las liberen. Pero liberar a espíritus dóciles a la obediencia encuentra obstáculos formidables. Y ninguno de los importantes es de orden intelectual. ¡Tan fácil resulta desenmascarar las mentiras! La cuestión que debe afrontar y resolver la conciencia de la verdad es de otro orden,  perteneciente al reino de la credibilidad.   </p>



<p>La mayoría de los gobernados no cree que sea posible sustituir la partitocracia estatal por la democracia política. Aunque estén desengañados de la monarquía de partidos, no están desesperados. Solo se desespera quien espera. Y no esperan nada mejor de lo que tienen. Contra el despertar de una nueva esperanza republicana, se levanta el espectro de la II y de la Guerra Civil, que tan hondo metió la dictadura en el alma española. Será costoso, pero no difícil, desvanecer los espectros que se agitan para salvaguardar la monarquía de partidos, contra lo que no pretende restaurar el pasado, sino innovar el futuro con la inédita libertad política que garantice una república constitucional.</p>



<p>La mayoría gobernada tampoco cree, después de tantas desilusiones, en la sinceridad de cualquier movimiento que se proponga conquistar, decentemente, la libertad y la democracia, sin estar imbuido de la misma ambición de poder que los partidos. Si se argumenta que esa ambición no es propia de una agrupación ciudadana que promete disolverse cuando se celebre el referéndum constituyente de la libertad, creen que miente ahora o defraudará mañana. Tal escepticismo de sí mismo nos recuerda el chiste judío que comentó Bertrand Russell: Dos polacos amigos se encuentran en una estación de ferrocarril. ¿Dónde vas? A Cracovia. Eso dices para que yo crea que vas a Varsovia. Pero no me engañas. Tú vas a Cracovia. ¿Por qué no has dicho la verdad diciéndome que vas a Varsovia?</p>



<p>En el reino de la falsedad, el maquiavelismo consiste en decir públicamente la verdad. Del mismo modo que en lógica se conoce la paradoja del mentiroso (Epiménides es cretense y afirma que todos los cretenses mienten), llamada paradoja metalógica, por estar basada en el uso de metalenguajes de metalenguajes, la negación de la posibilidad de verdad, en el reino de la falsedad, produce la paradoja, tan metasocial como metamoral, de aniquilar la conciencia negativa del incrédulo de sí mismo.</p>



<p>Quien proclame la imposibilidad de que la decencia, la inteligencia, la valentía y la lealtad se organicen para imponer la verdad en la vida pública, y puesto que tal proeza nunca se ha intentado antes, está confesando su voluntad de vivir con indecencia, ignorancia, cobardía y deslealtad. Solo el dominado por estos vicios puede considerar imposible la organización de las virtudes contrarias. Tendrá que añadir, enseguida, que no lo dice por él, sino porque la humanidad es así.  </p>



<p>En tal caso, entrará en la paradoja de negar a la humanidad social, lo que concede a la humanidad científica, tecnológica y artística, esto es, que las innovaciones están excluidas de la esfera política y, sin embargo, hay progreso de las libertades y de la moralidad pública, en el paso de las dictaduras a las partitocracias. Otro metalenguaje para ocultar que no hay libertad política, ni progreso moral, sino corrupción sistemática, en los Estados de partidos. Solo nos queda el recurso de enseñarle el billete de viaje a Cracovia. Lo que hará con placer la Asamblea fundadora del Movimiento Ciudadano por la República Constitucional.</p>
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		<title>Ceuta: «Al límite de la invasión»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Aug 2026 19:09:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Radio / TV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hoy os ofrecemos un programa especial dedicado a los acontecimientos ocurridos en Ceuta, con la participación de Diego Cánovas y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Hoy os ofrecemos un programa especial dedicado a los acontecimientos ocurridos en Ceuta, con la participación de Diego Cánovas y Alan Simón, miembros del MCRC y especialistas en control de fronteras, ley de extranjería e inmigración. </p>



<p>A través de un análisis basado en la teoría política de Antonio García-Trevijano, nuestros invitados examinan las causas profundas de esta crisis y sostienen que el problema de Ceuta y Melilla no puede entenderse únicamente como una cuestión migratoria o de seguridad, sino como la consecuencia de una política de Estado mantenida durante décadas. </p>



<p>Durante el programa se abordan cuestiones como la soberanía, las devoluciones en caliente, la guerra híbrida, las relaciones con Marruecos y el papel del estado de excepción como posible respuesta jurídica ante una situación extraordinaria. Asimismo, se analiza la idea de que la política seguida por la Monarquía de partidos respecto a Ceuta y Melilla ha condicionado la posición de España en la gestión de sus fronteras.</p>



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<p></p>



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		<title>La época del desvelamiento del poder (II): La política y los Gobiernos de Pedro Sánchez</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adrian Hidalgo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Aug 2026 20:24:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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		<category><![CDATA[Estado de partidos]]></category>
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		<category><![CDATA[separación de poderes]]></category>
		<category><![CDATA[Transición española]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«Power creates an irresistible temptation to make use of it» (Janos Kornai)[i]. Desvelamiento del poder en España. Es ya tópico [&#8230;]</p>
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<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow" style="padding-top:0;padding-bottom:0">
<p>«Power creates an irresistible temptation to make use of it» (Janos Kornai)<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a>.</p>
</blockquote>



<p><strong>Desvelamiento del poder en España.</strong></p>



<p>Es ya tópico en la cultura de los españoles la referencia malograda o escéptica sobre la política. A la mayoría le desagrada adentrarse en tales conversaciones que no pueden más que terminar en la toma de posición por un partido, ya ni siquiera por unos principios o una ideología. El mito de la Transición (1975-1978) arrumba de nuevo y transforma el horizonte de posibilidades de nuestra historia.</p>



<p>El <a href="https://youtu.be/Li-ZqH73cMw?si=6ZgOw9YbkaNTauWh">programa 116 de <em>Lágrimas en la Lluvia</em>, emitido el 26 de mayo de 2013, titulado «Mitos de la Transición Española»</a> y presentado por Juan Manuel de Prada, convocó a Antonio García-Trevijano, Dalmacio Negro, Gabriel Albiac y Miguel Ayuso. García-Trevijano formuló una enmienda a la totalidad impugnando la pluralidad por la singularidad: en rigor no existen mitos de la Transición, sino que es «un mito fundador», un solo mito fundador no fundante –que no se corresponde con los hechos—.<a href="#_edn2" id="_ednref2">[ii]</a></p>



<p>Las consignas fundacionales de la tradición antipolítica del consenso, que posibilitan la posterior servidumbre a los partidos, han construido todo un régimen político de legitimación solvente y de legitimidad difusa. Hay, pues, una parte mítica, de formación mitológica de la historia, que ha vedado la visibilidad del trasfondo político. Llegado el momento inicia el desvelamiento, la postración pública de los hechos que no debía reconocerse, o que fueron convenientemente desconocidos, y que, por su propia vía, se conocen.</p>



<p><strong>Política y mito.</strong></p>



<p>La potencia, previsibilidad y univocidad del Estado se contrapone a los riesgos de la concentración del poder, bien conocidos en la tradición del pensamiento político europeo<a href="#_edn3" id="_ednref3">[iii]</a>. La libertad es su razón, su valor fundante e irrenunciable, cuestión muy relevante, quizá por la secularización dialéctica con la <em>Ecclesia Universalis</em>. El Estado se impone y asegura o previene el conflicto interno, en todos sus grados, a cambio de libertad política<a href="#_edn4" id="_ednref4">[iv]</a>.</p>



<p>Existe, pues, una dialéctica entre la objetivación del mando y la obediencia de suyo impersonalizada en el Estado, que se ha transfigurado en «ordenamiento» (jurídico, véase «gobierno de leyes»), y la búsqueda o la excepción de la garantía de la libertad frente al Estado. El poder siempre supera los límites heteroimpuestos, pues su lógica es la de crecer: es su <em>histoire naturelle</em><a href="#_edn5" id="_ednref5">[v]</a>. No obstante, el hecho del mando de unas personas sobre otras es inmanente, es uno de los tres presupuestos de lo político<a href="#_edn6" id="_ednref6">[vi]</a>, y tiende a transfigurarse en la forma más aceptable<a href="#_edn7" id="_ednref7">[vii]</a>.</p>



<p>Esta mentalidad –mítica, mitificada o velada– posibilita la construcción de los mitos políticos que siempre están presentes y ostentan fuerza movilizadora<a href="#_edn8" id="_ednref8">[viii]</a>, de oposición o de anuencia con la interpretación hegemónica. Su eficacia no depende de su veracidad, sino de la creencia en la actualidad de su significación: tiene «capacidad <em>hic et nunc</em> para producir ciertos efectos, quizá no queridos ni previstos, pero no por eso menos reales». Es «siempre actual»<a href="#_edn9" id="_ednref9">[ix]</a>.</p>



<p><strong>La ficción del consenso y la «política de consenso».</strong></p>



<p>El término consenso es un eufemismo empleado para el pacto en que cada parte (en la mayoría de los casos partidos) renuncia a lo que le es consustancial –al menos en potencia– para evitar el conflicto. En términos prácticos, resulta en el reparto del Estado en función de las cuotas de votos de cada partido a cambio de afianzar —puede que temporalmente— esta posición y su renuncia a pretensiones maximalistas. Se conforma «una voluntad hecha común por concesiones mutuas»<a href="#_edn10" id="_ednref10">[x]</a>.</p>



<p>Es la forma de la apariencia que adopta el acuerdo, expreso o tácito, de evitar la polemicidad consustancial de la política que implica, en su devenir como actividad, la lucha por el poder<a href="#_edn11" id="_ednref11">[xi]</a>. El consenso «sustituye la política por una ficción»<a href="#_edn12" id="_ednref12">[xii]</a> en la que no existe la disensión de la disputa por y en el poder ni la voluntad de decidir, pues encauza la conflictividad sociopolítica hacia la seguridad del pacto de posiciones, del reparto de poder con pretensiones de estabilidad de los pactantes.</p>



<p>La ficción de la «política de consenso», que inició en la historia de la teoría política con la obra de Jean-Jacques Rousseau, rechaza lo político «al sustituir de derecho o de hecho la representación por la mera delegación y al retrotraer y reducir la existencia política a la cuestión de la legitimidad o continuidad sin solución entre la sociedad y el Estado, que se desprende del consenso. Se quiere suprimir así no sólo la lucha por el poder, sino su forma «civilizada» de lucha por el derecho mediante la discusión pública de las opiniones para establecer la regla común que debe regirlas».<a href="#_edn13" id="_ednref13">[xiii]</a></p>



<p><strong>El punto de quiebra: 15M, revisión mítica.</strong></p>



<p>La centralidad del consenso en la política española desde mediados de los años 70 se ha mantenido como mito de mitos del denominado régimen del 78. Empero, toda lógica interpretativa puede quebrarse si existe tal impulso político. La crisis de 2008 y cierto descontento creciente con el cuestionamiento de la lógica del bipartidismo desde principios de los 80 favoreció un conato de ruptura interpretativa.</p>



<p>A principios de la década pasada, se extendió un descontento más hondo que radicaba en la indignación. Tenía una potencia más simbólica que institucional, pero podía favorecer un cambio profundo. La retórica del Movimiento 15M —recuérdese: «no nos representan»— rompía con la interpretación mítica de la Transición y la cultura antipolítica del consenso. Implicaba desvelar que la élite política española obra en consonancia interna, más allá de la retórica polarizante que instiga el voto de la mayoría.</p>



<p>Esta ruptura retórica era más anticorrupción, con los grandes escándalos en el Gobierno de España y la Junta de Andalucía, que antisistema. Señalaba que la magnitud evidencia que nunca se produjo el aislamiento de los casos, que <a href="https://casos-aislados.com/">los casos no eran «aislados»</a>. Desveló que la corrupción es factor de gobierno, replegados en sus sillones con el encanto de los pasillos del poder.</p>



<p>La reformulación del mito de la Transición no se revirtió porque exige una transformación interpretativa que podría arrumbar con la hegemonía de los partidos. Los desvelamientos fueron, pues, en consonancia con la construcción de las nuevas posiciones electorales. El lema no era ya relativo a la representación, sino respecto a la corrupción —esa era la «novedad»— y el control de todo el aparato del Estado —con la mención ya conocida de <a href="https://cronicaglobal.elespanol.com/politica/20200705/las-cloacas-estado-tambien-subvenciones-dedo-palau/502949745_0.html">«las cloacas del Estado»</a>—. No se produjo ni quiebra ni reinterpretación, sino que lo implícito (velado) se hacía —a conveniencia— explícito (desvelado).</p>



<p><strong>Política española <em>ex ante</em>.</strong></p>



<p>La fase iniciada con la ruptura interpretativa del auge de los nuevos partidos después de la crisis de 2008 suponía la quiebra de la política velada del régimen del 78. En los últimos quince años no ha cambiado elemento alguno del sistema, siquiera el consenso que integró a los indignados (en parte por esta misma disposición) y que integrará todo otro partícipante.</p>



<p>El «sanchismo» (2018-) inmediatamente posterior afianzó su participación en el consenso y estabilizó las respuestas partidistas. En su inicio, un hito simbólico de la moción de censura (constructiva, <em>ex</em> art. 113 CE) fue premonitorio: el bolso de Soraya Sáenz de Santamaría en el sillón vacío del escaño en el Congreso de los Diputados que ocupaba el entonces presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, frente al que se había presentado una moción de censura en esa misma sesión. <a href="https://www.lavanguardia.com/comer/al-dia/20180601/443979431132/comida-rajoy-restaurante-madrid-mocion-de-censura.html">Éste estuvo ausente durante toda la tarde</a>, quizá de celebración.</p>



<p>Lo que quedaba patente de esta escenificación, pues nada en política es casual, es que el resultado de la práctica de la moción era el negociado con anterioridad entre las élites de los partidos: fallido. Los diputados votan —y votaron— lo que ordenan aquellas, siguen sus órdenes y se someten a su disciplina. Tal sustitución del presidente del Gobierno por el abalorio (dudoso, seguro no era cualquier bolso) mostraba cómo se procede en la toma de decisiones: de antemano, en los despachos y entre élites. No es un debate en las Cámaras de las Cortes Generales (que tampoco, sino en discursos aislados redactados por otros antes o durante). ¿Puede uno despistarse y pulsar el botón que no debiera? Sí, es poco frecuente. También es negociado y escenificado de forma poco decorosa. Puede ocurrir por vicio profesional, entiéndase que las sesiones son largas y el bar colindante.</p>



<p><strong>¿Los gobiernos de Pedro Sánchez Castejón?</strong></p>



<p>¿Qué hay, pues, de la referencia del subtítulo? Recuérdese un episodio poco mentado en los últimos años. Pedro Sánchez Castejón fue <a href="https://www.elmundo.es/espana/2016/10/01/57effbe6468aebeb2f8b45fa.html">confrontado y forzado a dimitir y a entregar su acta de diputado en el Congreso en octubre de 2016</a><a href="#_edn14" id="_ednref14">[xiv]</a>. De la dinámica propia de la política y la disputa por el poder entre facciones del partido resultó vencido. Perdió su posición y sus apoyos en el partido. Fue expulsado. Con posterioridad retornó y, parece, consiguió consolidarse en la élite del partido. Ahora es jefe prominente, discutido, pero vencedor.</p>



<p>Esta es una de las exigencias de la política: crecer o morir. Y el funcionamiento de los partidos políticos, aun cuando la letra de la ley sea otra (<em>vid.</em> art. 6 CE) y se imponga el imperativo del positivismo jurídico —<em>dura lex sed lex</em>—, ni es ni puede ser «democrático»: <em>dura realitas sed realitas</em><a href="#_edn15" id="_ednref15">[xv]</a>. La purga de Sánchez no fue una excepción, sino la reafirmación de la norma de la política.</p>



<p>Pareciera que este inició convulso de su notoriedad política inició la fase de desvelamiento del poder en España. Hasta el auge político de los grupúsculos del 15M se había mantenido una retórica comedida respecto de la legitimación del régimen. La ruptura discursiva exigía a los políticos y partidos consolidados con anterioridad adaptarse, de alguna forma. Debían oponerse a la corrupción, en términos genéricos, y hacer promesas próximas a las ínfulas de cambio más extendidas. Además, y lo que es más importante, debía parecer que los viejos partidos no lo eran, sino estructuras consolidadas que se renovarían.</p>



<p>Se inició un punto de no retorno que empieza por escandalizar, sigue por criticarse y termina por aceptarse con resignación por algunos, con hipocresía por otros y con ironía por los restantes. El primer hito fue la conocida pregunta: <a href="https://www.rtve.es/noticias/20191106/sanchez-dice-como-traera-a-puigdemont-a-espana-fiscalia-depende-del-gobierno-pues-ya-esta/1988600.shtml">«¿De quién depende la fiscalía?»</a>. «Pues eso».</p>



<p>Ciertos partidos surgieron —y surgirán— con la vocación, al menos con el discurso, de acabar la hegemonía del bipartidismo. Si para ello se precisa aumentar los ingresos de recursos del Estado «para competir», cuando en programas pretéritos se incluía su supresión<a href="#_edn16" id="_ednref16">[xvi]</a>, la consecuencia no va más allá de una pequeña incoherencia (excusable, por supuesto). Es <em>vox populi</em> que, como los impuestos, esta temporalidad implica permanencia, purga intrapartido mediante.</p>



<p>Si un partido —cualquiera que sea su denominación— precisa de la participación en el sistema, tiene que adaptarse e integrar como propias las reglas en que se dirime la disputa política. En este caso, no es posible abstraerse de participar en el consenso, disputar el control de los medios (o constituir uno propio), elegir «sus» magistrados (TS y TC) o someterse a las normas formales e informales en cuestión. No es posible excepcionar el sistema electoral, la relación de poderes ni, mucho menos, las <em>regolarità</em> de lo político y la política<a href="#_edn17" id="_ednref17">[xvii]</a>.</p>



<p>Alguno ha padecido una dura disputa personal entre la persona (el anónimo) y el personaje (el político), como si de una farsa se tratara. Más allá de lo superficial, la hipocresía rampante de los que señalan y acusan a otros cual proyección de sí mismos muestra que el convencimiento de unos ideales se supera con el surgimiento de unos intereses. Esta exigencia de gran escenificación puede inducir a la confusión de sus guiñoles. Aparentar exige de uno mismo distancia con la apariencia, lo que no siempre se sabe mantener. Y esta diferenciación debe aparecer velada, deben asimilarse persona y personaje para que la representación, aun mala, sea convincente.</p>



<p><strong>La quema de barcos: participar en el gobierno y abandonar el Gobierno.</strong></p>



<p>El surgimiento de los nuevos partidos ha transformado el sistema de partidos. Ahora exige pactos de investidura y, en muchos casos, también de gobierno para la «gobernabilidad» que han expuesto las desvergüenzas de algunos y las exigencias fulminantes de otros. Las cesiones de participación en la dirección de la legislación —la iniciativa legislativa corresponde al Gobierno, al Congreso y al Senado (art. 87. 1 CE)—, incluidas las leyes penales<a href="#_edn18" id="_ednref18">[xviii]</a>.</p>



<p>Participar en política implica asumir la práctica de su actividad. No cabe idealismo si se pretende pervivir. Es inevitable «caer en contradicciones» entre lo que se hace y lo que se debería hacer. Aún más: se tiende a disociar discurso y acción. Véase la estrategia desesperada por tantear los potenciales acuerdos de investidura al mismo tiempo que se critica al adversario por seguir idéntica estrategia. El inicio de esta habitud es más que conocido, con aquello de Pedro Sánchez de que <a href="https://www.lasexta.com/noticias/nacional/pedro-sanchez-hoy-podria-ser-presidente-del-gobierno-pero-no-dormiria-por-las-noches_201909195d83da3b0cf24e45f0b4ffa6.html">«no dormiría tranquilo…»</a>, precedido tres años antes de un <a href="https://www.ciudadanos-cs.org/var/public/sections/page-home/acuerdo-gobierno-reformista-y-de-progreso-2016.pdf?__v=204_0">pacto de investidura no ejecutado con Ciudadanos</a>. El Partido Popular, su élite política, sigue este rumbo con cierto atraso temporal, pero mayor demagogia electoral —si cabe—. Se inauguraron con la campaña de la «venta» (sin compra) de España del 23J de 2023 contra los pactos previsibles de investidura del PSOE con las diversas organizaciones del separatismo regionalista, al mismo tiempo que negociaban con esos mismos separatistas<a href="#_edn19" id="_ednref19">[xix]</a>.</p>



<p>Tanto como gobernar exige abandonar, romper un pacto de gobierno o dimitir. Lo primero es frecuente en la política española, dado el carácter preminente de los dos grandes partidos. Una coalición desgasta a ambas partes, pero sobre todo quema al partido con menor cuota de poder. Su participación en el Gobierno es cualitativamente menor y la atribución de responsabilidades es incierta, pero potencialmente más dañina —véase, como ejemplo paradigmático, la repercusión de las denominadas <a href="https://www.boe.es/eli/es/lo/2022/09/06/10/con">«Ley solo sí es sí»</a> y <a href="https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2023-5366">«Ley trans»</a><a href="#_edn20" id="_ednref20">[xx]</a>—. Además, exige ceder mucho más de lo que puede conceder e implica secundar al partido con más poder. Si vinieren mal dadas, el margen de actuación es menor y la presión de los medios mayor, pues los controlados por partidos disidentes y los afines a la contraparte de la coalición atacaran.</p>



<p>Por el contrario, la dimisión es ejercicio excepcional en España. Lo que dejó en evidencia el ridículo de las <a href="https://x.com/sanchezcastejon/status/1783181535337734409?t=wO2TgjBGkDjvbvGGtxelHw&amp;s=03">dos (¿primeras?)</a> <a href="https://x.com/sanchezcastejon/status/1798039620367815141?t=cj3jaoSw-0yxXVWpzBmAEQ&amp;s=03">«cartas a la ciudadanía»</a> y consolidó la desvergüenza de la DANA es que la relación mando-obediencia está invertida. No es el mandante el que elige y, en su caso, destituye al mandatario, sino que es este el que se postula para ser aclamado. Si considerare que los mandados no son merecedores de tal digno honor, el de permanecer en el cargo, lo que es «reflexionado» en un <em>terminus praestitutus</em>, abandonará el cometido y a los consagrados a su suerte. La dimisión no es ya la forma vergonzante y forzada de reconocer y asumir la responsabilidad política, sino la <em>ultima ratio</em> de aclamación merecedora de las soflamas desesperadas para no abandonar a los súbditos a su suerte.</p>



<p>La última media década aún ha dado para más. El desvelamiento también ha alcanzado el denominado «poder judicial», que se reduce a considerar a los tribunales Supremo (TS), Constitucional (TC) y, en algunos casos, Superiores de Justicia (TSJ). Es de uso común hablar de facciones o grupos en la formación de sus decisiones. Mediante la elección directa o semidirecta de magistrados se conforman mayorías «progresistas» o «conservadoras», favorables a uno u otro partido mayoritario y su estrategia discursiva. Más claro, por si el lenguaje rutinario evita el escándalo: los partidos nombran «juristas» afines (lo menos) o afiliados (lo más) para los cargos judiciales con competencia exclusiva para instruir y juzgar causas penales en que puedan estar involucrados; revisar disposiciones administrativas, gubernamentales y legislativas que han dictado; o interpretar el «ordenamiento». ¿<em>Lawfare</em>? Sí. También pro PSOE, lo que incluye la <a href="https://diariorc.com/articulos/zapatero-o-la-justicia-como-coartada-del-regimen/">escenificación del caso Zapatero incoado con un subterfugio </a>en abuso de derecho.</p>



<p><strong>Epílogo: España raptada, España negra.</strong></p>



<p>Santiago Abascal iniciaba una entrevista de Pedro Bauerbaum en WORLDCA$T, publicada en YouTube el 5 de junio de 2025, diciendo «creo que hemos llegado a un punto de descaro, de jeta, de insulto a los ciudadanos que no podíamos ni imaginar»<a href="#_edn21" id="_ednref21">[xxi]</a>. Sí, se podía. Instaba una «reacción social, institucional», precisando que «cuando hablo de institucional me refiero a mediática, judicial»<a href="#_edn22" id="_ednref22">[xxii]</a>. ¿Es lo social y lo mediático estatal?</p>



<p>También mostraba lo evidente de la clase política española, su carencia de sentido político y el seguidismo de la geopolítica de otros, de los enemigos, a los que su partido obedece: «Yo no pienso que Marruecos sea el enemigo. Y lo digo porque hay veces que nos escuchan y dicen, deben pensar eso. Marruecos es una nación vecina con la que tenemos que intentar tener una buena relación basada en el respeto mutuo. […] Yo creo que Marruecos… Marruecos respetaría un Gobierno firme en España, creo que tienen ese lenguaje».<a href="#_edn23" id="_ednref23">[xxiii]</a></p>



<p>La fase actual de desvelamiento del poder en España exige de todos los partícipes del consenso, tan antipolítico como corruptor, desvergüenza pública e hipocresía privada. No es tan escandaloso como grotesco lo que se ha visto y lo que queda por ver. En el Estado de partidos (<em>Parteienstaat</em>), Estado total en su concepto —confusión Estado-sociedad—, todo lo estatal es social y todo lo social es, en potencia, estatal<a href="#_edn24" id="_ednref24">[xxiv]</a>. Los «grupos sociales más poderosos» se apropian de «la libertad de acción y decisión del Estado», así como el Estado se ha apropiado de «esferas sociales»<a href="#_edn25" id="_ednref25">[xxv]</a>. No existe representación, se ha sustituido por integración de los partidos en el Estado que, «por obra del principio de identidad», forman la <em>volonté générale</em><a href="#_edn26" id="_ednref26">[xxvi]</a>. Y la política es política de partidos (<em>Party Politics</em>).</p>



<p>Los españoles son demasiado irónicos para hacer el seguidismo acérrimo que los partidos necesitan, y que practica la minoría de afiliados y trepantes, pero son, también, demasiado escépticos para romper con el <em>statu quo</em> y aunarse en una alternativa civil. No existe todavía la «conciencia de España» en anuencia con el hecho nacional<a href="#_edn27" id="_ednref27">[xxvii]</a>, más partidizada que polarizada. La toma del Estado por los partidos e instituciones otrora civiles, la anuencia de clases políticas y su subyugación en las esferas de poder internacional hacen depender de otros nuestro rumbo político.</p>



<p>La traición viene siempre de otro, de los que ostentan poder y su séquito. La apostilla de las traiciones viene, casi siempre, de uno mismo. El rapto es, pues, doble: interno y externo. Interno en el sentido de abjurar del propio sentido político —que es consustancial a la existencia social (ζῷον πολῑτῐκόν)— y abocarse a la dominación de otros. Externo en sentido de raptar, de sustraer al raptado<a href="#_edn28" id="_ednref28">[xxviii]</a>.</p>



<p>En nuestro contexto concurre la anuencia del raptor con la del raptado: incapaces de revolvernos, de defendernos y de decidir. Nuestra unidad, destino y existencia se dirimen en unos términos impuestos que no hemos podido excepcionar:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow" style="padding-top:0;padding-bottom:0">
<p>Negra es también [además de la del «cerrado y Casas del Pueblo, la machadiana y pertinaz “España inferior” que jalea espasmódica al Doctor —el de la revolución legal, la amnistía y la alta traición a los perennes intereses nacionales—»]. La España convertida en objeto de la política internacional, gibraltarizada y marroquinizada, que no puede designar a sus enemigos, sino que estos le vienen dados por las soberanías anglosajonas, precisamente por «Los Atlánticos», como en una españolada.<a href="#_edn29" id="_ednref29">[xxix]</a></p>
</blockquote>



<p>En la rémora histórica de la conformación de España, de su unidad política indefectible; en los ecos occidentales de la <em>Aeneis</em> (<em>Eneida</em>), I, 33 de Vergilius (Publius Vergilius Maro, «Virgilio»), Francisco Javier Conde defendió el ahínco y la terquedad de los españoles que no se extingue, aun en las épocas de decadencia: <em>Tantae molis erat hispanam condere gentem</em><a href="#_edn30" id="_ednref30">[xxx]</a>.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> «The Hungarian Reform Process: Visions, Hopes, and Reality», p. 1727, <em>Journal of Economic Literature</em>, Vol. XXIV, December 1986, pp. 1687-1737. En español: «El poder genera una tentación irresistible para usarlo» (traducción propia).</p>



<p><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> Mins. 35:20-39:50.</p>



<p><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a> Son conocidos porque en la tradición del pensamiento político occidental es inmanente la vocación de controlar el poder. Diríase que es la tradición del poder controlado. Chantal Desol, <em>Essai sur le pouvoir occidental: Démocratie et despotisme dans l&#8217;Antiquité</em>, Presses Universitaires de France, Paris, 1985. Si bien, la «tradición liberal» o «tradición de la libertad» es mucho más. <em>Vid.</em> Dalmacio Negro Pavón, <em>La tradición liberal y el Estado</em> (discurso recepción de la Real Academia de Ciencias Morales y Política, leído el día 8 de mayo de 1995), R. A. C. M. P., Madrid, 1995, Caps. II-VI, pp. 19-86; <em>Íd.</em>, <em>La tradición de la libertad</em>, Unión Editorial-Centro Diego de Covarrubias, Madrid, 2019.</p>



<p>Conforme con la tesis de Carl Schmitt acotada a la teoría del Estado (<em>Staatslehre</em>), que cabe generalizar, los conceptos políticos modernos centrales son teológicos secularizados: «Alle prägnanten Begriffe der modernen Staatslehre sind säkularisierte theologische Begriffe.» <em>Politische Teologie: Vier Kapitel zur Lehre von der Soveränität</em>, Duncker &amp; Humblot, Müchen-Leipzig, 1922, III, p. 49. En español: «Todos los conceptos centrales de la moderna teoría del Estado son conceptos teológicos secularizados». Carl Schmitt, «Teología política: Cuatro capítulos sobre la doctrina de la soberanía», III, p. 37, trad. esp. de Francisco Javier Conde, en <em>Íd.</em>, <em>Teología política</em>, Trotta, Madrid, 2009, pp., 9-58, ed. de José Luis Villacañas. Cfr. Álvaro d’Ors y Pérez-Peix, «Teología política: Una revisión del problema», <em>Revista de Estudios Políticos</em>, núm. 205, pp. 41-79; y Dalmacio Negro Pavón y Carlos Corral Salvador, «La teología política de Carl Schmitt», <em>Laicidad y libertades</em>, N.º 8, 2008, pp. 53-67.</p>



<p>Lo que subyace a la historia de occidente –grecolatino y cristiano– es el ansia de libertad en un sentido teológico secularizado; esto es, un concepto de la teología política. Se disputa la realización de la libertad humana de tendencia individual con la operatividad de la organización social en su carácter imperativo: «La libertad, causa de los conflictos y del desorden, es la razón de ser del Derecho para restaurar el orden social y la de lo Político, que busca la unidad en la convivencia, para garantizarlo mediante la política, de la que depende la civilización. Su finalidad concreta [la de lo político] consiste en equilibrar o armonizar la seguridad que da el Derecho –una mediación entre la Moral y la Política (J[ulien] Freund)–, con la libertad.» Dalmacio Negro Pavón, «Los tres modos de la política» (sesión del 19 de diciembre de 2017), 1, p. 183, <em>Anales de la RACMP</em>, 95, 2018, pp. 183-200. Para una genealogía conceptual de la «libertad política» y la «libertad religiosa» <em>vid.</em> Álvaro d’Ors y Pérez-Peix, «Libertad política y libertad religiosa», <em>Verbo</em>, núm. 473-474, 2009, pp. 281-290.</p>



<p><a href="#_ednref4" id="_edn4">[iv]</a> Dalmacio Negro Pavón, <em>Gobierno y…</em>, IV, 1, p. 34.</p>



<p><a href="#_ednref5" id="_edn5">[v]</a> Bertrand de Jouvenel, <em>Du Pouvoir: Histoire naturelle de sa croissance</em>, Les Éditions du cheval ailé, Genève, 1945.</p>



<p><a href="#_ednref6" id="_edn6">[vi]</a> Los dos restantes son las distinciones amigo-enemigo y público-privado. Julien Freund, <em>L’essence du politique</em>, Sirey, Paris, 1986 (1965), tercera edición con nuevo apéndice, Deuxième partie, Chaps. III-VIII (hay trad. esp. de Sofía Nöel: <em>La esencia de lo político</em>, Editora nacional, Madrid, 1968; nueva edición de Jerónimo Molina Cano, C. E. P. C., Madrid, 2018)</p>



<p><a href="#_ednref7" id="_edn7">[vii]</a> «El hombre [entiéndase ser humano] ha tratado constantemente de eludir, de neutralizar o de sublimar el hecho radical y terrible de estar sometido a otro hombre. Mas, como no hay unidad política sin poder, como el poder implica una relación de mando y de obediencia, y como el poder ha de ejercerse por el hombre, resulta, entonces, que hay que dar a ese hecho un sentido o una forma que lo transfigure [“de transfigurarlo en un poder de otra naturaleza”], hasta hacerle perder su carácter de dominación interhumana.» Manuel García-Pelayo Alonso, «La transfiguración del poder», 1, p. 38, en <em>Íd.</em>, <em>Los mitos políticos</em>, Alianza, Madrid, 1981, pp. 38-63 (publicado por primera vez en la <em>Revista de Ciencias Sociales</em>, Universidad de Puerto Rico, vol. I, Núm. 2, junio, 1957, pp. 231-255).</p>



<p><a href="#_ednref8" id="_edn8">[viii]</a> «[C]on mayor o menor patencia, manifiesto o soterrado, en formas simples o complejas, el mito está siempre presente o a punto de irrumpir como una fuerza movilizadora de la acción política. Estimo también que la mentalidad mítica es una forma de percepción y de posición ante las cosas que no deja tampoco de estar permanentemente presente.» Manuel García-Pelayo Alonso, <em>Los mitos…</em>, «Prólogo», p. 10.</p>



<p><a href="#_ednref9" id="_edn9">[ix]</a> Manuel García-Pelayo Alonso, «Mito y actitud mítica en el campo político», 3. 3, p. 26, en <em>Íd.</em>, <em>Los mitos…</em>, pp. 11-37 (publicado por primera vez en <em>Homenaje a Ángel Rosenblat en sus 70 años: Estudios filosóficos y lingüísticos</em>, Instituto Pedagógico Nacional, Caracas, 1974, pp. 195-223).</p>



<p><a href="#_ednref10" id="_edn10">[x]</a> Antonio García-Trevijano Forte, <em>Pasiones de servidumbre</em>, Cap. I, 13, p. 124, Editorial MCRC, Madrid, 2016, pp. 119-125 (primera edición en Foca, Madrid, 2001).</p>



<p><a href="#_ednref11" id="_edn11">[xi]</a> No debe confundirse lo político con la política. Lo primero es la institución, la segunda su práctica. «Lo Político es una esencia [“la unidad de un conjunto de notas”] y la Política su forma de actuar». Dalmacio Negro Pavón, «Los tres modos…», 1, p. 183.</p>



<p><a href="#_ednref12" id="_edn12">[xii]</a> Dalmacio Negro Pavón, <em>Gobierno…</em>, XIII, 3, p. 90.</p>



<p><a href="#_ednref13" id="_edn13">[xiii]</a> Dalmacio Negro Pavón, «Rousseau y los orígenes de la política de consenso», pp. 64-65, <em>Revista de Estudios Políticos</em> (Nueva Época), núm. 8, marzo/abril, 1979, pp. 63-114. La premisa política parte de una hipótesis antropológica: «La política de consenso descansa fundamentalmente en la suposición de orden moral de que el hombre es esencialmente bueno, pero el sistema de las relaciones sociales está profundamente viciado. El objeto de la política pasa a ser entonces la liberación del hombre de la forma política eliminando la intervención de la voluntad individual en las decisiones. Esta corriente contrapone la legitimidad al poder y el consenso al compromiso». <em>Ibid.</em>, p. 64.</p>



<p><a href="#_ednref14" id="_edn14">[xiv]</a> <em>Vid.</em>, respecto de su relación con la facción en el partido más discrepante: <a href="https://www.antena3.com/programas/espejo-publico/noticias/asi-historia-amor-desamor-susana-diaz-pedro-sanchez-11-anos-guerra-psoe_20250513682321ba176f225ec6202e12.html">Así es la historia de «amor y desamor» entre Susana Díaz y Pedro Sánchez: 11 años de guerra en el PSOE</a>.</p>



<p><a href="#_ednref15" id="_edn15">[xv]</a> Esta es la primera y principal conclusión, o exposición fenomenológica, que resultó de uno de los primeros estudios de los partidos políticos, el de Robert Michels: <em>Zur Soziologie des Parteiwesens in der modernen Demokratie: Untersuchungen über die oligarchischen Tendenzen des Gruppenlebens, </em>Werner Klinkhardt, Leipzig, 1911 (hay ed. esp.: <em>Los partidos políticos: Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna</em>, Amorrortu, Madrid-Buenos Aires, 2008, 2 vols.). La denominada ley de hierro de la oligarquía, cuyo primera parte es más bien alegórica, es una <em>regolarità</em> de lo político, inmanente. <em>Vid.</em> Gonzalo Fernández de la Mora Mon, <em>La partitocracia</em>, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1977, segunda edición ampliada, II, pp. 27-87; <em>Íd.</em>, «La oligarquía, forma trascendental de gobierno», <em>Revista de Estudios Políticos</em>, núm. 205, enero/febrero, 1976, pp. 5-39; Dalmacio Negro Pavón, <em>La ley de hierro de la oligarquía</em>, Ediciones encuentro, Madrid, 2015.</p>



<p><a href="#_ednref16" id="_edn16">[xvi]</a> <a href="https://www.voxespana.es/wp-content/uploads/2019/05/Programa-Autono%CC%81micas-2019.pdf">Programa-Autonómicas-2019.pdf</a>; <a href="https://www.voxespana.es/grupo_parlamentario/actividad-parlamentaria/eliminar-subvenciones-a-sindicatos-y-patronal-cerrar-el-ministerio-de-igualdad-y-memoria-democratica-suprimir-las-partidas-destinadas-a-propaganda-asi-es-el-plan-de-vox-para-reducir-el-gast-20240801">Eliminar subvenciones a sindicatos y patronal, cerrar el Ministerio de Igualdad y Memoria Democrática, suprimir las partidas destinadas a propaganda… Así es el plan de VOX para reducir el gasto político &#8211; VOX</a>; <a href="https://nuevarevolucion.es/el-64-de-los-ingresos-de-vox-proviene-de-subvenciones-publicas/">El 64% de los ingresos de Vox proviene de subvenciones públicas | NR | Periodismo alternativo</a>.</p>



<p><a href="#_ednref17" id="_edn17">[xvii]</a> El uso y sentido es tomado de la obra de Gianfranco Miglio, discípulo de Carl Schmitt y Max Weber, <em>La regolarità della politica: Scritti scelti raccolti e pubblicati dagli allievi</em>, Giuffrè, Milano, 1988, 2 vols.; y desarrollado por Carlo Gambescia, <em>Metapolítica: L’altro sguardo del poteres</em>, Il Foglio, Piombino, 2009, pp. 28-30. Las regularidades (<em>regolarità</em>) de lo político son aquellas continuidades o patrones sociológicas existentes e inmutables en lo político y la política. Para una introducción brillante y sintética, aunque centrada en una de esas pocas <em>regolarità</em>, <em>vid.</em> Jerónimo Molina Cano, «El ciclo político», <em>Ideas</em>, 16 de abril de 2023, en linea: <a href="https://ideas.gaceta.es/el-ciclo-politico/">https://ideas.gaceta.es/el-ciclo-politico/</a>.</p>



<p><a href="#_ednref18" id="_edn18">[xviii]</a> No era ajeno para los gobiernos anteriores a los de Pedro Sánchez, pues no ha cambiado ni formal y ni materialmente norma o práctica alguna. Si bien, en consonancia con la exposición del presente texto, se han explicitado tales cuestiones. Un ejemplo paradigmático, tanto por el programa como por los contertulios, es el de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=lpt5eyTHqUY">Carmen Calvo en <em>Hora 25</em> de la Cadena Ser, enero de 2023</a>. Decía que las leyes penales (en su mayoría orgánicas) «las hacen» los ministros de justicia. Cada ministro elabora las que se relacionan con su ramo de competencia y «se respeta su autonomía». Otros miembros del Gobierno, habitualmente en Consejo de Ministros, hacen «objeciones» que, en el caso de la denominada «Ley solo sí es sí» (Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad sexual), fueron «clarísimas».</p>



<p><a href="#_ednref19" id="_edn19">[xix]</a> <a href="https://www.lavanguardia.com/politica/20230823/9181469/pp-dispuesto-sentarse-junts-pnv-abstencion-investidura-feijoo.html">El PP se sentará con Junts y PNV para que se abstengan y faciliten la investidura de Feijóo</a>; <a href="https://www.rtve.es/noticias/20230919/pnv-dice-haber-recibido-insistencia-constante-del-pp-para-apoyar-a-feijoo-reitera-nuestros-votos-no-tendran/2456290.shtml">El PNV dice haber recibido una «insistencia constante» del PP para apoyar a Feijóo y reitera: «Nuestros votos no los tendrán»</a>; <a href="https://www.lavanguardia.com/politica/20240103/9487894/pp-junts-sondearon-entendimiento-negociar-investidura-sanchez.html">PP y Junts sondearon un entendimiento antes de abrirse la negociación con el PSOE</a>.</p>



<p><a href="#_ednref20" id="_edn20">[xx]</a> La eurodiputada Irene Montero se excusaba, sin entrar en la cuestión, en una conversación televisiva reciente de los efectos penológicos proreo «Si realmente la ley estaba mal, todas las leyes penales las hacen los ministros de Justicia, que en ese momento era Juan Carlos Campo del Partido Socialista [PSOE]. [La entrevistadora hace un gesto afirmativo con la cabeza]. Entonces, si la ley estaba mal redactada, la había redactado un señor que ahora está en el Tribunal Constitucional. [“Guau”, de fondo]. ¿Por qué me monta&#8230;, si no decís que las mujeres feministas no sabemos redactar leyes? […] Si realmente creíais que la ley está mal, ¿por qué me lo decíais a mí? Si todas las leyes penales de la historia de la democracia nunca se pueden llevar a un Consejo de Ministros si no las ha visto el Ministerio de Justicia. Si es una relación compartida». Entrevista a Irene Montero en <em>El Sótano Club</em> de Ten el 25 de junio de 2026, presentado por Alba Carrillo, disponible en YouTube: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=UHZLtswgGVk">La entrevista sin filtros de Irene Montero: La ley solo sí es sí, su chalet y su pasado como cajera</a>, mins. 31:40-32:45.</p>



<p><a href="#_ednref21" id="_edn21">[xxi]</a> <a href="https://www.youtube.com/watch?v=3kj7c9pZU0Y">#194 &#8211; Así Sería España Si VOX Llega al Poder &#8211; Santiago Abascal</a>, mins. 3:34-3:44. Sobre la sucesiva exposición me abstengo de comentar, más allá del error conceptual de asimilar lo que se denomina la formación de o del Gobierno —en términos eufemísticos— y la «llegada al poder». Pareciera asumirse implícitamente una lógica binaria, de suma cero, en que constituir un Gobierno es «llegar al poder» y cualquier otro cargo o posición política es carente, no tiene poder.</p>



<p><a href="#_ednref22" id="_edn22">[xxii]</a> <em>Ibid.</em>, mins. 6:27-6:37.</p>



<p><a href="#_ednref23" id="_edn23">[xxiii]</a> <em>Ibid.</em>, míns. 1:06:00-1:06:56.</p>



<p><a href="#_ednref24" id="_edn24">[xxiv]</a> Carl Schmitt, «Hacia el Estado total», pp. 141-143, <em>Revista de Occidente</em>, N.º 95, 1931, pp. 140-156 (original en alemán: „Die Wendung zur totalen Staat“, <em>Europäischen Revue</em>, vol. 7, no. 9, 1931, Dez., pp. 146 y ss.; incluido en Carl Schmitt, <em>Positionen und Begriffe im Kampf mit Weimar <a>–</a> Genf – Versailles, 1923-1939</em>, Hanseatische Verlagsanstalt Aktiengesellschaft, Hamburg, 1940, pp. 146-157).</p>



<p><a href="#_ednref25" id="_edn25">[xxv]</a> Manuel García-Pelayo Alonso, «Hacia el surgimiento histórico del Estado moderno», 4, p. 133, en <em>Íd.</em>, <em>Idea de la política y otros escritos</em>, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1983, pp. 107-133.</p>



<p><a href="#_ednref26" id="_edn26">[xxvi]</a> Gerhard Leibholz, «Representación e identidad», 1-2, p. 210, en Kurt Lenk y Franz Neumann (eds.), <em>Teoría y sociología críticas de los partidos políticos</em>, Anagrama, Barcelona, 1980, pp. 205-227 (original en alemán: «Der Strukturwandel der modernen Demokratie», en <em>Íd.</em>, <em>Strukturprobleme der modernen Demokratie</em>, C. F. Müller, Karlsruhe, 1958, pp. 88-111).</p>



<p>Procedo a exponer de forma completa el argumento de Leibholz, sin ánimo de exhaustividad. Para la teoría constitucional y del Estado posterior a la segunda guerra mundial, en particular en Alemania, la Grundgesetz für die Bundesrepublik Deutschland de 23 de mayo de 1949 (Ley Fundamental de la República Federal Alemana o Ley Fundamental de Bonn) suponía una nueva fase de la relación entre Estado y democracia. Leibholz planteaba que «[l]a diferencia básica en cuanto a la teoría constitucional entre el moderno Estado de partidos y la democracia tradicional, liberal-representativa y parlamentaria, responde sin duda a que [aquel] […] no es otra cosa que una manifestación racionalizada de la democracia plebiscitaria o, si se quiere, un substituto de la democracia directa en el moderno Estado de amplia extensión territorial.» Y prosigue: «[d]e aquí resulta que la voluntad popular o general, esto es, la “<em>volonté générale</em>”, se forma en la democracia [“plebiscitaria” del Estado de partidos] mediante los partidos.» Se sustituye el principio de representación de la «democracia liberal-representativa» por el «principio de identidad», «sin mezcla de elementos estructurales de representación» porque «[a]sí como en la democracia plebiscitaria la voluntad de la mayoría de los ciudadanos activos se identifica con la voluntad general del pueblo, en la democracia de partidos que funciona, la voluntad de la mayoría de éstos en el gobierno y en el parlamento se identifica con la “<em>volonté générale</em>”.» <em>Ibid.</em>, 1-2, p. 210.</p>



<p>El cometido de los partidos en el <em>Parteienstaat</em> es, «frente a los intereses en pugna de las asociaciones» y otras instituciones sociales, cumplir con sus «concretas funciones de integración». Gerhard Leibholz, «El legislador como amenaza para la libertad en el moderno Estado democrático de partidos», IV, p. 11, <em>Revista de Estudios Políticos</em>, núm. 137, septiembre/octubre, 1964, pp. 5-18.</p>



<p><a href="#_ednref27" id="_edn27">[xxvii]</a> Cfr. Antonio García-Trevijano Forte, <em>Hecho nacional y conciencia de España</em>, Editorial MCRC, Madrid, 2016 (segunda parte editada por separado de su libro <em>El discurso de la República: Del hecho nacional a la conciencia de España</em>, Temas de hoy, Madrid, 1994).</p>



<p><a href="#_ednref28" id="_edn28">[xxviii]</a> Luis Díez del Corral, <em>El rapto de Europa: Una interpretación histórica de nuestro tiempo</em>, Alianza, Madrid, 1974 (1954), «Prólogo a la presente edición», pp. 9-20.</p>



<p><a href="#_ednref29" id="_edn29">[xxix]</a> Jerónimo Molina Cano, «Gonzalo Fernández de la Mora y la España del “logos”», <em>Ideas</em>, 28 de abril de 2024, en línea: <a href="https://ideas.gaceta.es/gonzalo-fernandez-de-la-mora-y-la-espana-del-logos/">https://ideas.gaceta.es/gonzalo-fernandez-de-la-mora-y-la-espana-del-logos/</a>.</p>



<p><a href="#_ednref30" id="_edn30">[xxx]</a> Francisco Javier Conde García, <em>Contribución a la doctrina del caudillaje</em>, Ediciones de la Vicesecretaría de Educación Popular, Madrid, p. 51. La tesis de fondo de este opúsculo es que el caudillaje en la persona de Franco era cualitativamente distinto a cualesquiera otras formas de caudillismo, así como del <em>Führer</em> y del <em>Duce</em>. Comparto la diferencia conceptual y la formación teórica del caudillaje de Conde, pero no la abstracción de su defensa del «nuevo régimen», muy propio en las obras de los años 40 en un sentido muy cercano al falangismo del que se fueron distanciando las obras posteriores de los juristas de Estado.</p>
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		<title>Apuntes sobre la bióloga Lynn Margulis (II)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Fernando Gómez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Aug 2026 19:09:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Criterios]]></category>
		<category><![CDATA[biología evolutiva]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía de la ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Lynn Margulis]]></category>
		<category><![CDATA[pensamiento sistémico]]></category>
		<category><![CDATA[Revolución Científica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hoy sabemos que, cuando diferentes actores de un sistema empiezan a interactuar juntos, obtenemos propiedades emergentes que surgen de esas [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Hoy sabemos que, cuando diferentes actores de un sistema empiezan a interactuar juntos, obtenemos propiedades emergentes que surgen de esas interacciones y que no se podían predecir a partir del conocimiento de las partes aisladas.</p>



<p>Las propiedades emergentes son ahora reconocidas por la ciencia. Esto lleva a un cambio de estilo de ciencia más holístico, centrado en las propiedades de los sistemas enteros en lugar de exclusivamente en las partes.</p>



<p>Los grandes problemas de nuestro mundo están todos interconectados. Energía, cambio climático, pobreza, tecnología, economía y gestión, todas esas áreas y todos los problemas en ellas son interdependientes. Ninguno puede entenderse de forma aislada.</p>



<p>Nos educan y nos deforman para pensar recto, de forma lineal, con lógica de causa y efecto. Podemos aprehender del pensar curvo, en términos de patrones, relaciones y revoluciones.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow" style="padding-bottom:0">
<p>«<em>La ciencia no progresa de manera lineal, sino en revoluciones».</em> (Thomas Khun).</p>
</blockquote>



<p>El pensamiento sistémico trata sobre bucles de retroalimentación, donde la cadena de causalidad se come su propia cola, como el Uróboros. La naturaleza es dinámica y cíclica.</p>



<p>En todo sistema siempre existe interdependencia, cada parte depende de otras partes. No existe ningún organismo totalmente independiente, todo organismo requiere alimento y que se eliminen sus desechos. Hay un único sistema en la superficie de la Tierra.</p>



<p>Está teniendo lugar una revolución en las ciencias de la vida, un cambio profundo, desde una visión mecanicista a una visión sistémica de la vida.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow" style="margin-top:0;margin-right:0;margin-bottom:0;margin-left:0">
<p style="margin-top:0;margin-bottom:0">«<em>La filosofía de sistemas (Laszlo) y la ciencia de sistemas (Bertalanffy) son disciplinas para la comprensión holística (global) de los fenómenos sociales, a imitación de la moderna biología.</em></p>
</blockquote>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow" style="padding-top:0;padding-bottom:0">
<p style="margin-top:0;margin-bottom:0"><em>La república constitucional sabe que la libertad política resolverá el problema de la servidumbre voluntaria, mediante la práctica de la teoría pura de la democracia en la forma de gobierno, pero también sabe que necesitará emprender una reforma de la organización administrativa del Estado, mediante la aplicación de la ciencia de sistemas, para resolver el problema tradicional del autoritarismo de la jerarquía burocrática y el nuevo problema ocasionado por el costoso desdoblamiento producido con los nacionalismos autonómicos</em>» (Antonio García-Trevijano).</p>
</blockquote>



<p>Darwin estaba en lo cierto. Toda la vida en la Tierra tiene un ancestro común.</p>



<p>Los organismos y las poblaciones de organismos crecen en tasas que no pueden ser sostenidas por su entorno. Hay más nacimientos, eclosiones, semillas que brotan y esporas en el aire de las que podrían sobrevivir. Solo sobreviven unas pocas, eso es la selección natural, un proceso de eliminación. Los que sobreviven lo suficiente para reproducirse pasan sus características a la siguiente generación.</p>



<p>Darwin llevó esta metáfora de la selección natural más allá, afirmando que cada ligera variación, si es útil, se preserva y resulta en un cambio evolutivo.</p>



<p>En las décadas de 1930 y 1940 un grupo de científicos combinaron la teoría de la evolución por selección natural de Darwin, con las leyes de herencia de Mendel.</p>



<p>La teoría resultante es el neodarwinismo, este separó la vida de la biología. Creó un dogma. Su esencia es que las variaciones entre un individuo y otro que llevan al cambio evolutivo están provocadas por diferencias en sus genes, y que esas diferencias son el resultado de errores que ocurren cuando los genes se copian durante la reproducción. Se refieren a las llamadas <em>mutaciones genéticas aleatorias</em>.</p>



<p>Los poderosos neodarwinistas dominan el mundo académico, las investigaciones científicas, la financiación y las publicaciones. Tienen el control sobre el diálogo, los textos y el dinero. Simplificaron a Darwin, separaron, aplastaron y ridiculizaron las ideas que no encajaban con su teoría, como las de su predecesor, el padre de la Biología, el que acuñó su nombre y la definió por primera vez, Jean-Baptiste Lamarck.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p style="margin-bottom:0"><em>«Fue necesario mucho poder, mucha capacidad para controlar las instituciones científicas, para instaurar el darwinismo y es necesario mucho poder para mantenerlo. Las pocas personas que constituyen el verdadero poder, que son las mismas que controlan las fuentes de energía, las multinacionales farmacéuticas y biotecnológicas, tienen un gran interés en que se mantenga la concepción darwinista de la realidad (el mundo es así de terrible porque, según la Ciencia, son “leyes naturales”, y ellos están, lógicamente, en la cumbre), y la concepción reduccionista de “los genes” y el azar es fundamental para sus negocios</em>» (Máximo Sandin).</p>
</blockquote>



<p>La ciencia y la política están profundamente entrelazadas. Durante la Guerra Fría, si te basabas en la herencia de las características adquiridas —se asociaba con el fraude y con el comunismo— apoyabas a la Unión Soviética. En EEUU y su eje de influencia en Occidente se basaban en la teoría de los genes y en la de la selección natural.</p>



<p>Lynn Margulis difería de los neodarwinistas en casi cada punto de su teoría. La idea de que la acumulación de mutaciones aleatorias es la forma en que cambian las especies, de una a otra, no se sostiene por pruebas. Para ella, las nuevas especies llegaron en primer lugar de microorganismos que se unían a otros y la evolución puede dar grandes saltos. Defendió la visión simbiótica de la evolución.</p>



<p>Sus ideas fueron despreciadas por los neodarwinistas, y como no estaba de acuerdo con ellos, la acusaron de posicionarse con los creacionistas y de avivarlos. En medio de esta extraña dialéctica Lynn luchó y llamó al neodarwinismo, «una secta religiosa menor del siglo XX», por su esfuerzo en luchar contra el creacionismo, promoviendo su propio sistema de creencias.</p>



<p>Hoy en día no solo se acepta la simbiosis, sino que todos dicen que también forma parte del darwinismo.</p>



<p>No, no pueden ser ambas cosas. Llamémoslo solo evolución y seguiremos adelante.</p>



<p>(Continuará).</p>
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		<title>Ceuta y Melilla: pecado original de la monarquía de partidos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Pedro M. González]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 Aug 2026 12:15:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>El error más extendido al considerar la situación de Ceuta y Melilla consiste en aceptar el lenguaje con el que el propio poder describe los hechos. Allí donde el Gobierno habla de presión migratoria, de incidentes fronterizos o de dificultades diplomáticas, la realidad política muestra otra naturaleza completamente distinta. No existe una crisis de inmigración. Existe una crisis del régimen. Y toda interpretación que no parta de esta premisa está condenada a confundir los efectos con las causas.</p>



<p>Los fenómenos políticos no nacen de acontecimientos aislados. Son la manifestación visible de estructuras de poder que permanecen ocultas mientras la normalidad impide percibirlas. Sólo cuando aparece una situación límite se hace evidente aquello que durante años permanecía encubierto por la propaganda institucional. Ceuta y Melilla constituyen precisamente uno de esos momentos privilegiados en los que la realidad desmiente el relato oficial.</p>



<p>Ningún Estado digno de tal nombre improvisa su política exterior. La continuidad constituye su primera condición por el propio carácter de permanencia de dicha estructura política (<em>lo stato, </em>lo que perdura). Esto es así porque los intereses permanentes de una nación no cambian al ritmo de las mayorías parlamentarias ni de las necesidades electorales de los gobiernos. Cuando la política exterior deja de responder a intereses nacionales para convertirse en instrumento de conservación del régimen, deja de ser política para transformarse en administración de la debilidad.</p>



<p>Marruecos no actúa impulsado por emociones ni por reacciones coyunturales. Actúa conforme a una estrategia perfectamente identificable, cuya constante histórica consiste en intensificar sus reivindicaciones territoriales cada vez que España atraviesa un período de incertidumbre institucional. No es casualidad que las mayores presiones sobre Ceuta, Melilla o el Sáhara Occidental hayan coincidido con momentos de especial fragilidad del poder español. La llamada Marcha Verde fue posible porque España había dejado de actuar como Estado. La coyuntura actual responde a la misma lógica política: un Gobierno debilitado, una posición internacional nada sólida y una percepción exterior de que España carece de una voluntad política capaz de sostener una estrategia continuada.</p>



<p>Pero sería un error atribuir esta situación exclusivamente al Gobierno de turno. Los gobiernos pasan; el régimen permanece. La causa profunda reside en la propia naturaleza del régimen político nacido de la Transición. Allí donde el poder no procede de la libertad constituyente, sino del reparto oligárquico entre organizaciones partidistas, desaparece la posibilidad misma de una política nacional. Los partidos ocupan el Estado, administran instituciones cuya legitimidad deriva de acuerdos internos del régimen y no del ejercicio de la libertad política colectiva.</p>



<p>Así debe entenderse la política seguida durante décadas respecto de Marruecos. Se la presenta como una política de buena vecindad cuando, en realidad, ha consistido en la permanente subordinación de los intereses nacionales a las necesidades de estabilidad de la monarquía de partidos. El precedente del Sáhara Occidental continúa proyectando sus efectos. El abandono del territorio no respondió únicamente a circunstancias internacionales; respondió también al interés prioritario de consolidar una restauración monárquica aceptable para las potencias decisivas del momento. Aquella decisión enseñó a Marruecos que la perseverancia estratégica encontraba enfrente un poder incapaz de mantener una posición fundada exclusivamente en el interés nacional.</p>



<p>La consecuencia inevitable ha sido la desaparición de una política exterior propiamente española. En su lugar sólo existe una sucesión de respuestas tácticas, determinadas por la conveniencia inmediata de quienes ocupan el poder. Se negocia por necesidad; se cede para ganar tiempo; se confunde la prudencia con la falta de decisión, y la diplomacia con la ausencia de estrategia. Un Gobierno puede cometer errores; lo que no puede permitirse es carecer de criterio permanente.</p>



<p>Por ello, la cuestión de Ceuta y Melilla trasciende por completo el ámbito fronterizo. Lo que allí se pone a prueba no es únicamente la capacidad de controlar un perímetro territorial, sino la existencia misma de las instituciones del Estado como personalidad jurídica de la nación. Las fronteras no son simples líneas geográficas. Cuando un Estado transmite que su voluntad depende de las circunstancias internas de su régimen, deja de ser percibido como una potencia estable y comienza a ser tratado como un poder negociable.</p>



<p>La verdadera cuestión, por tanto, no consiste en determinar cuál debe ser la respuesta inmediata a la presión marroquí, sino en preguntarse por qué España continúa ofreciendo, una y otra vez, la imagen de un país cuya política exterior depende de la conservación de un régimen antes que de la defensa de la nación. Mientras esa contradicción permanezca intacta, cada crisis será presentada como un accidente cuando, en realidad, constituye la manifestación necesaria de una causa mucho más profunda: la inexistencia de una democracia formal capaz de separar el Estado de los intereses oligárquicos que lo ocupan.</p>
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		<title>Reino del oportunismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio García-Trevijano]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Jul 2026 10:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Archivo Antonio García-Trevijano]]></category>
		<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Artículos de Antonio García-Trevijano]]></category>
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		<category><![CDATA[Antonio García-Trevijano]]></category>
		<category><![CDATA[Blog de Trevijano]]></category>
		<category><![CDATA[oportunismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nota de la dirección: Dando cumplimiento a un encargo de don Antonio García-Trevijano, Diario de la República Constitucional inaugura esta [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-ast-global-color-0-color"><strong>Nota de la dirección:</strong></mark></p>



<p class="has-text-align-center"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-ast-global-color-0-color">Dando cumplimiento a un encargo de don Antonio García-Trevijano, Diario de la República Constitucional</mark> <mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-ast-global-color-0-color">inaugura esta sección en la que se republicaran a título póstumo algunos de sus mejores artículos.</mark></p>



<p>En la evolución de las especies el oportunismo desempeña una función capital. Las más dotadas para vivir exclusivamente de la oportunidad —como esos peces con la boca siempre abierta o esas plantas carnívoras que solo tienen que cerrarse para abastecerse de energía— son las menos aptas para modificar su circunstancia vital. Es el reino del puro oportunismo. Algunos vertebrados tienen que mudar de camisa para crecer. Es el reino del oportunismo reptil. Especies superiores, como el castor, no esperan su oportunidad de vida, se la procuran modificando el medio natural mediante la construcción de la nueva circunstancia que constituye su mundo artificial. Es el reino de la inteligencia instintiva.</p>



<p>Si desde un punto de vista biológico el oportunismo pasivo es la facultad intelectual del parasitismo, desde la perspectiva de la humanidad es la primera causa de la decadencia de los pueblos. Los más dependientes de su circunstancia vital, los que siguieron al pie de la letra la enseñanza experimental de que el individuo no era más que su circunstancia tribal, quedaron pronto marginados de la historia de la humanidad.</p>



<p>Todos los cambios repentinos en el sistema de poder, al modificar la circunstancia vital, ocasionan tsunamis de oportunismo de todos los tipos. Cambios reptiles de chaqueta, bocas apostadas para engullir la presa, adaptación espontánea a la nueva situación, descubrimiento repentino de ocasiones favorables, olvido inmediato de lo anterior, imprevisión de lo porvenir, apología del presente. Los ejemplos históricos más ilustrativos se producen cuando, sin intervención de la sociedad gobernada, el asesinato,  la muerte natural de un dictador o la destrucción de la tiranía por un ejército extranjero, liberan de repente las ambiciones soterradas en la cobardía.     </p>



<p>Aunque sea un fenómeno universalmente repetido, no deja de llamar la atención que el oportunismo de las acciones haya sido inmediatamente seguido por el oportunismo de los pensamientos, es decir, las teorías inmorales de religiosos y filósofos de la irracionalidad, que acomodan la ética a cada caso particular (jesuitismo o casuismo, combatido por la Ilustración); a la circunstancia vital (circunstancialismo del yo orteguiano, copiado, sin citarlo, de Max Stirner); a la situación (situacionismo de Aranguren, derivado del existencialismo); a la ocasión (ocasionalismo medieval del <em>consensus</em>, contra el libre albedrío), o a la coyuntura histórica (coyunturalismo o historicismo del sentido moral).</p>



<p>España ha dado constante ejemplo de oportunismo político. En la derecha se manifiesta en su apego a la doctrina de la accidentalidad de las formas de gobierno, de origen religioso, y a la ideología nacionalista, de origen fascista. Pero es la izquierda la que ha desarrollado todos los tipos de oportunismo, bajo el pretexto de que solo se tiene la ocasión de hacer cosas buenas para el pueblo desde el poder (millerandismo socialista) y de que el partido comunista creó la oportunidad de realizar la reconciliación nacional, también de origen religioso. Un rey oportunista, elegido por un dictador, corona consecuentemente el reino del oportunismo total, en esta monarquía de partidos, que no puede dar oportunidad, sin destruirse, a que asomen la moralidad natural y la inteligencia instintiva de la sociedad.</p>
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		<title>Los incendios y la crisis de la monarquía de partidos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Pedro M. González]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 Jul 2026 08:04:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cada verano, cuando el monte arde comienza el mismo ritual político. Comparecen ministros, consejeros autonómicos, presidentes regionales, alcaldes y portavoces [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Cada verano, cuando el monte arde comienza el mismo ritual político. Comparecen ministros, consejeros autonómicos, presidentes regionales, alcaldes y portavoces de partido. Todos hablan del clima. Todos hablan de la sequía. Todos hablan del viento y de las altas temperaturas. Nadie habla del Estado. Sin embargo, el incendio no es únicamente un fenómeno natural. Es, sobre todo, un fenómeno político.</p>



<p>Los incendios que este verano han asolado el centro de España no sólo han reducido a cenizas miles de hectáreas de bosque. Han iluminado, con la crudeza del fuego, la verdadera naturaleza del régimen político nacido de la Constitución de 1978. Cuando las llamas se extienden sin respetar fronteras administrativas, queda al descubierto la ficción sobre la que se sostiene el llamado Estado de las autonomías: la ilusión de que el interés general puede defenderse mediante diecisiete centros de poder enfrentados entre sí.</p>



<p>La respuesta inmediata del ecologismo político consiste en atribuir la catástrofe exclusivamente al cambio climático. Esa es la función de toda ideología: convertir una explicación parcial en una explicación absoluta. Que existan veranos más cálidos o períodos prolongados de sequía pertenece al ámbito de la ciencia. Que un incendio alcance dimensiones catastróficas pertenece al ámbito de la política.</p>



<p>La ecología puede explicar cómo se propaga un fuego. Puede medir la humedad del suelo, analizar la carga de combustible vegetal o describir el comportamiento de los ecosistemas. Pero no puede decidir quién limpia los montes, quién mantiene los cortafuegos, quién coordina los medios de extinción, quién planifica el territorio o quién responde cuando todo fracasa. Ahí termina la ciencia y comienza el gobierno.</p>



<p>Precisamente porque la ciencia termina donde comienza la decisión política, constituye un fraude intelectual presentar determinadas opciones de gobierno como si fueran deducciones obligadas de la ecología. La ecología es una ciencia; el ecologismo es una ideología. La primera describe la realidad; la segunda prescribe cómo debe organizarse la sociedad.</p>



<p>Toda ideología necesita una legitimación moral para ampliar el poder. En otros tiempos fue la raza, la clase o la religión. Hoy se pretende que lo sea el planeta. El procedimiento es siempre idéntico: una causa legítima se transforma en fundamento de una expansión ilimitada del poder administrativo. Quien discrepa deja de ser un adversario político para convertirse en un enemigo de la naturaleza.</p>



<p>Así, se confunde deliberadamente la ecología con el ecologismo para hacer pasar por verdades científicas lo que sólo son preferencias ideológicas. La ciencia puede demostrar que un monte abandonado favorece la propagación del fuego. Nunca podrá demostrar que una determinada organización del Estado o una concreta distribución del poder sean consecuencias necesarias de ese conocimiento.</p>



<p>Cuando la ideología se reviste de ecología nace una nueva religión civil, con sus dogmas, sus herejías y sus sacerdotes. El ciudadano deja de ser persuadido para ser moralmente disciplinado. Ya no se gobierna mediante la razón política, sino mediante la administración del miedo. Es algo a lo que los españoles están acostumbrados desde el famoso «ruido de sables», catalizador de la servidumbre de la monarquía de los partidos.</p>



<p>Mientras tanto, la realidad permanece inalterada. Los montes siguen abandonados. La despoblación rural continúa vaciando el territorio. Desaparecen agricultores, ganaderos y aprovechamientos forestales tradicionales que durante siglos actuaron como el mejor cortafuegos. Pero las administraciones multiplican observatorios, agencias, planes estratégicos y campañas de concienciación que aumentan la propaganda en la misma proporción en que disminuye la responsabilidad política.</p>



<p>La naturaleza no necesita ideólogos. Necesita gobernantes responsables. El bosque no arde por falta de conciencia ecológica, sino por exceso de irresponsabilidad política. Pero España hace tiempo que dejó de estar gobernada y pasó a estar regimentada.</p>



<p>Lo que existe no es un Estado políticamente organizado, sino una pluralidad administrativa de burocracias cuyo primer objetivo consiste en perpetuar su propia existencia donde nadie responde verdaderamente de nada. Las autonomías se presentaron como una descentralización del poder. Pero en realidad, han producido su multiplicación. Cada comunidad dispone de su administración, de su legislación, de su aparato político, de sus organismos públicos y de sus intereses presupuestarios. Lejos de acercar el poder al ciudadano, han creado nuevos centros de poder cuya supervivencia depende del crecimiento constante del gasto, de las competencias y de la influencia política.</p>



<p>Pero existe una consecuencia todavía más grave. La fragmentación institucional ha ido acompañada de la diversificación del propio poder político que continúa incontrolado como los propios incendios. Es una paradoja mortal: Sin separación de poderes, allí donde debería existir una dirección organizada aparece una lucha permanente entre facciones.</p>



<p>El incendio deja entonces de ser una tragedia nacional para convertirse en un episodio más de la guerra entre organizaciones partidistas. El Gobierno central acusa a determinadas comunidades autónomas de haber descuidado la prevención. Las comunidades responsabilizan al Estado de la insuficiencia de medios extraordinarios. Las autonomías gobernadas por partidos distintos utilizan el desastre para desgastar al Gobierno. El Gobierno aprovecha la emergencia para desacreditar la gestión de las administraciones regionales adversarias. Todos buscan un culpable. Nadie asume una responsabilidad.</p>



<p>Mientras el fuego avanza impulsado por el viento, las facciones avanzan impulsadas por las encuestas. Las llamas consumen bosques; los partidos consumen la confianza pública. El monte arde durante unos días. La propaganda arde permanentemente.</p>



<p>Esta es la esencia del Estado de partidos. Donde no existe representación política de los ciudadanos sólo existe representación de los aparatos. Los ministros no comparecen como depositarios del interés público, sino como dirigentes de una organización política. Los presidentes autonómicos tampoco actúan como responsables del bien común, sino como jefes territoriales de una maquinaria electoral. La coordinación desaparece sustituida por la competencia. La responsabilidad desaparece sustituida por la acusación recíproca. El gobierno desaparece sustituido por la propaganda.</p>



<p>El fuego posee una virtud pedagógica que la propaganda no puede ocultar. Las llamas no respetan fronteras autonómicas. No distinguen entre competencias exclusivas y compartidas. No conocen estatutos de autonomía. Sólo obedecen a las leyes de la naturaleza. Y precisamente por eso exigen la existencia de un verdadero poder político capaz de actuar con unidad, previsión y responsabilidad. La libertad política comienza allí donde termina la irresponsabilidad institucional.</p>



<p>Los incendios no han puesto en evidencia el fracaso de la política forestal. Han puesto en evidencia algo mucho más grave: que donde debería existir un Gobierno, existe una coalición transitoria de partidos; donde debería existir una Administración al servicio del interés general, existe una federación de burocracias rivales; y donde debería comparecer la responsabilidad, comparece siempre la propaganda. Las llamas acabarán extinguiéndose. La causa política que las convierte en catástrofes nacionales permanecerá mientras España continúe confundiendo el Estado con la suma de sus facciones y su gobierno con la administración de un reparto de poder entre partidos.</p>
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		<title>Apuntes sobre la bióloga Lynn Margulis (I)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Fernando Gómez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Jul 2026 10:15:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Criterios]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[antropocentrismo]]></category>
		<category><![CDATA[biología]]></category>
		<category><![CDATA[darwinismo]]></category>
		<category><![CDATA[Lynn Margulis]]></category>
		<category><![CDATA[Revolución Científica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Leer y conocer a Antonio García-Trevijano despierta la sed de saber y eso abre tanto temas como carpetas. A lo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Leer y conocer a Antonio García-Trevijano despierta la sed de saber y eso abre tanto temas como carpetas. A lo largo de más de treinta años, a la par que recopilaba todo lo que pudiera haber sobre Trevijano, abrí carpetas de todo lo que encontraba. Referencias que pudieran relacionarse y vincularse de alguna manera, aunque fuera tan solo metafóricamente.</p>



<p>Todo ello forma ahora una inmensa red de materias y autores, que contrastan saberes, desde muchos ángulos. Fuente de saber que riega un jardín de conocimiento. Abarca desde el origen del universo hasta las primeras huellas de vida en la Tierra. De las comunidades de bacterias a la historia de las comunidades humanas. Evolución y revoluciones. Concomitancias y nexos.</p>



<p>Os propongo un ejemplo con una serie de 8 artículos que iniciamos con este primero.</p>



<p>Estos apuntes sobre el mundo natural, presentan a una científica, Lynn Margulis (1938-2011). Rigorosa, radical y revolucionaria bióloga que desafió y se enfrentó a los dogmas establecidos por la biología académica y a la manera de entender la vida en la Tierra.</p>



<p>La narración parte del documental <em>Symbiotic Earth</em> y se nutre de la bibliografía apuntada. Acompañan y encajan citas de otros autores relacionados, cada uno con su propia historia, entre ellos, Antonio García-Trevijano.</p>



<p>Visión biológica y visión política entretejida con hilos conductores: Simbiosis-Lealtad. Evolución-Revolución. Reglas de juego. Reflejo del microcosmos en el macrocosmos.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p style="margin-bottom:0"><em>«Desde la formación de mares y cordilleras hasta las primeras células, la lealtad desplegó su innata función para asegurar el éxito de las innovaciones útiles para la evolución creadora del universo</em>» (Antonio García-Trevijano).</p>
</blockquote>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p style="margin-top:0px;margin-right:0;margin-bottom:0px;margin-left:0"><em>«Lo que ahora sabemos difiere mucho de lo que se ha enseñado en las escuelas</em>.</p>



<p style="margin-top:0px;margin-right:0;margin-bottom:0px;margin-left:0"><em>Tenemos que reevaluar nuestras ideas consolidadas y nuestras nociones preconcebidas</em>» (Lynn Margulis).</p>
</blockquote>



<p>Lynn dirigió el foco de sus estudios en zoología y genética hacia la microbiología, dando con las claves para iniciar una revolución científica en el siglo XXI.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p style="margin-top:0;margin-bottom:0">«<em>Una revolución en la evolución</em>».</p>
</blockquote>



<p>Sus teorías, la <em>Teoría de la endosimbiosis seriada</em> en la evolución celular y la <em>Teoría de la simbiogénesis</em> en relación con la evolución general de los organismos vivos, abrieron una nueva ventana para contemplar la Tierra, la vida, la evolución y el medioambiente.</p>



<p>Su quehacer científico fue una constante batalla política antidogmática contra el establecido poder neodarwinista.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p style="margin-top:0;margin-bottom:0">«<em>La simbiosis entre organismos diferentes que viven juntos es el impulso fundamental del cambio evolutivo.</em></p>



<p style="margin-top:0;margin-bottom:0"><em>La evolución surge de la interacción y la colaboración.</em></p>



<p style="margin-top:0;margin-bottom:0"><em>Somos variaciones multicelulares de una materia que las bacterias establecieron en el Eón Arcaico, hace 4000 millones de años, en unos ecosistemas bacterianos anaeróbicos, en comunidades de baja altitud, por toda la Tierra, crean alfombras microbianas activas que crecen continuamente en bajamar</em>» (Lynn Margulis).</p>
</blockquote>



<p style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--40);margin-bottom:var(--wp--preset--spacing--40)">Ridiculizadas al principio, sus teorías consiguieron ser aceptadas por la comunidad científica, ya aparecen en los libros de textos de enseñanza secundaria, dando un giro radical a lo establecido sobre la evolución.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p style="margin-top:0;margin-bottom:0">«<em>Los paradigmas científicos son construcciones humanas y, como tales, están sujetos a cambios y revisión</em>» (Thomas Kuhn).</p>
</blockquote>



<p style="margin-top:0;margin-bottom:0">Hoy, sus ideas nos brindan la posibilidad de cambiar la forma global de pensar. Remover nuestra propia cosmovisión es tanto reflexión personal como debate colectivo. Este cambio de paradigma puede ser útil, para enfrentamos a los retos políticos, sociales y medioambientales, causados por una forma de pensar.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow" style="padding-top:0;padding-bottom:0">
<p style="margin-top:32px;margin-bottom:0px">«<em>Es más fácil desintegrar un átomo que un preconcepto</em>» (Einstein).</p>
</blockquote>



<p>Tenemos que renunciar a creer en verdades absolutas y dogmáticas. La ciencia no trata con la verdad, el conocimiento es siempre parcial e incompleto.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow" style="padding-top:0;padding-bottom:0">
<p>«<em>La naturaleza de la ciencia no es descubrir la verdad absoluta, sino construir modelos que nos permitan comprender y predecir el mundo</em>» (Thomas Kuhn).</p>
</blockquote>



<p>Lynn comparte sus conocimientos en genética y microbiología para que veamos la gran revolución en nuestra forma de pensar que ha aparecido durante las tres últimas décadas.</p>



<p>Su trabajo científico agita y sacude a los que se resisten a pensar por sí mismos.</p>



<p>Estamos acostumbrados a seguir la corriente, a competir, no a compartir conocimientos.</p>



<p>Para explicar la evolución,&nbsp;suele decirse que la evolución resulta de la <em>competición</em>.</p>



<p>Lynn, sin andarse por las ramas, revela: «<em>No, la evolución es el resultado de la cooperación</em>».</p>



<p>En sus investigaciones científicas observó continuas relaciones, conexiones y dependencias.</p>



<p>Animales y plantas están integrados en su entorno y éste les afecta.</p>



<p>Igual que el entorno modela a los seres vivos, los seres vivos modelan el entorno.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow" style="padding-top:0;padding-bottom:0">
<p>«<em>La Tierra es simbiótica. La vida regula su propio medio ambiente</em>» (Lynn Margulis).</p>
</blockquote>



<p>La biosfera está totalmente dominada por el mundo microbiano.</p>



<p>Lo que Lynn cuenta sobre la célula y las relaciones entre ellas nos anima a pensar en lo que podemos hacer en la sociedad humana y con nuestras vidas en el planeta.</p>



<p>Entendemos y describimos la naturaleza a través del prisma de nuestra cultura y la propiedad emergente de nuestra cultura es estar en guerra con la naturaleza.</p>



<p>Los hechos científicos son producto de pensamientos colectivos, cambiarán en la medida en que cambie la cultura. Estancados en un pensamiento colectivo no podemos escapar de él.</p>



<p>Entre las creencias dominantes hay conocidas perlas: «<em>El mundo está hecho para nosotros». «La naturaleza está para explotarla». «No hay evolución tras la culminación del hombre</em>» (sic).</p>



<p>Estas ideas tienen muchos creyentes, pero deben ser refutadas científicamente.</p>



<p>Son antropocéntricas, con tendencia a considerar al hombre un ser superior.</p>



<p>Desapegados de emociones y sentimientos, que no forman parte de la ciencia, nos distanciamos del mundo. Separados y apartados de la naturaleza, nuestra visión del mundo se nubla y solo se sostiene con una comprensión mecánica de nuestra relación con la Tierra.</p>



<p>Este es el pensamiento colectivo que domina hoy en la ciencia.</p>



<p>El desarrollado durante la Revolución Científica en el siglo XVI y XVII, cuando los grandes genios del momento, descubrieron que se podía estudiar el mundo matemáticamente, y controlar la naturaleza como si fuera una máquina.</p>



<p>La idea de la máquina era muy poderosa. Los increíbles mecanismos de los relojes y autómatas se sofisticaron, todo el mundo los adoraba.</p>



<p>La metáfora de la máquina se tomó como una realidad.</p>



<p>Si querías entender cómo funciona un sistema complejo, un organismo, lo que se debía hacer era desglosarlo, fragmentarlo en las partes que lo componen.</p>



<p>Al entender las partes por separado, entenderíamos cómo funciona el todo. Eso es el <em>reduccionismo</em>.</p>



<p>La nueva ciencia matemática, mecanicista y limitada arraigó. Era una forma potente de saber, que ignora y oculta otras formas del saber.</p>



<p>Si todo el mundo piensa igual es que alguien no está pensando. Buscaremos en otra parte.</p>



<p>(Continuará).</p>
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		<title>El principio del fracaso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Bernabé Martínez Cobo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Jul 2026 16:37:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Criterios]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio García-Trevijano]]></category>
		<category><![CDATA[escepticismo epistemológico]]></category>
		<category><![CDATA[MCRC]]></category>
		<category><![CDATA[metafísica]]></category>
		<category><![CDATA[mito de la unidad]]></category>
		<category><![CDATA[relativismo cultural]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La falsa unidad y la falsa crítica Algunas personas atraídas por el ideal de la libertad política colectiva terminan abrazando [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading">La falsa unidad y la falsa crítica</h2>



<p>Algunas personas atraídas por el ideal de la libertad política colectiva terminan abrazando dos propuestas que se presentan como vías de renovación: tratar de unir proyectos políticos sustentados en principios incompatibles y convertir en objetivo la crítica de la teoría que fundamenta ese ideal antes de haber demostrado siquiera su insuficiencia. Este artículo sostiene que ambas parten de un mismo error y que quien las asume puede creer que fortalece la causa que pretende defender cuando, en realidad, ya ha comenzado a apartarse del camino que le da sentido.</p>



<p>Los movimientos políticos empiezan a perder cuando abandonan el fin que justifica su existencia.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La falsa unidad</h3>



<p>No toda unidad fortalece. También existe una unidad que desfigura.</p>



<p>Cada cierto tiempo se escuchan las llamadas a reunir al mayor número posible de personas para procurar el cambio de una situación política. Pero la unidad solo tiene valor cuando existe unidad de principios, de teoría y de objetivo. Todo lo demás es simple agregación.</p>



<p>Antonio García-Trevijano lo advirtió en su artículo <em><a href="https://diariorc.com/articulos/2007-08-02-mito-de-la-unidad/">Mito de la unidad</a></em> (2007): «Lo cuestionable no es el modo de conseguir la unidad, sino la unidad misma en tanto que bien político deseable». El fin nunca fue la unidad, sino la libertad política colectiva y la república constitucional.</p>



<p>No debe confundirse la unidad de quienes comparten un mismo proyecto con la mezcla de corrientes que persiguen fines distintos o incompatibles. La primera fortalece; la segunda confunde.</p>



<p>El compromiso con unos principios comunes no exige uniformidad en las estrategias ni en las formas de actuación. Un movimiento político puede y debe adaptarse a las circunstancias, debatir sus métodos y explorar distintas iniciativas, siempre que esa flexibilidad permanezca subordinada al mismo fundamento teórico y al mismo fin político. Lo que no puede hacer es sacrificar aquello que le da identidad en nombre de una aparente renovación o de una unidad sin contenido.</p>



<p>Por eso resulta contradictorio denunciar el cainismo mientras se promueven espacios comunes entre proyectos incompatibles con la libertad política colectiva. El problema no son las diferencias personales, sino diluir los principios y el objetivo político para mantener una apariencia de unidad.</p>



<p>Trevijano fue aún más contundente: «Sería inconcebible que para llegar a esa unión, el MCRC tuviera que transigir sobre los principios y valores que dan carácter científico a la única fórmula constitucional que garantiza la democracia y la libertad política».</p>



<p>Quien quiera formar parte de ese proyecto deberá asumir esos principios, no negociarlos.</p>



<p>La pregunta que formuló sigue vigente: «¿Cómo esperar, con ingenua inexperiencia de lo otro, que otras formaciones con ideas políticas diferentes, cuando no contrarias, renuncien a las diferencias que les dan significado distintivo y existencia vital?». No renunciarán. La consecuencia no será la unidad, sino la confusión.</p>



<p>Y la confusión no es inocente. Cuando se difuminan las fronteras entre proyectos políticos, también se difumina el objetivo que los distinguía. Lo que parecía fortalecer el movimiento, lo desarma.</p>



<p>Los movimientos no desaparecen por ser pequeños. Desaparecen cuando dejan de saber quiénes son.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La falsa crítica</h3>



<p>También existe una falsa crítica: aquella que convierte en objetivo la superación de la teoría que da fundamento a un movimiento político antes de haber demostrado siquiera que esa teoría deba ser superada.</p>



<p>Toda teoría debe permanecer abierta al examen racional. Si la realidad demuestra que es errónea o insuficiente, habrá que corregirla. Pero el orden lógico no puede invertirse.</p>



<p>Ningún buen científico investiga para superar a otro. Investiga para comprender mejor la realidad. Si demuestra que otro se equivocó, esa superación será una consecuencia, nunca el propósito.</p>



<p>Lo mismo ocurre en política. Si el fin sigue siendo la libertad política colectiva, el estudio y la crítica solo tienen sentido como instrumentos para alcanzarla. Pero cuando la crítica de la teoría que sostiene ese fin se convierte en un programa por sí misma, el movimiento deja de orientar sus esfuerzos hacia la realización de su objetivo para dirigirlos contra el fundamento intelectual que lo hace posible.</p>



<p>Si una teoría se considera verdadera porque explica adecuadamente los hechos y todavía no se ha demostrado en qué es errónea o insuficiente, no existe razón para convertir su crítica en un objetivo político. La carga de la prueba corresponde a quien sostiene que esa teoría debe ser corregida. Mientras esa demostración no exista, hacer de su crítica un programa no fortalece el movimiento: lo priva del fundamento sobre el que descansa.</p>



<p>Primero debe existir una crítica concreta, rigurosa y fundada en los hechos. Solo después podrá hablarse de corregir o superar una teoría. Pretender lo contrario no es investigar: es invertir el método.</p>



<p>Por eso la pregunta resulta inevitable: si una teoría se considera verdadera y constituye el fundamento de un proyecto político, ¿por qué convertir su crítica en un objetivo antes de haber demostrado qué tiene de errónea o insuficiente? ¿Qué fin político puede perseguir un movimiento que dedica sus esfuerzos a cuestionar las ideas que justifican su propia existencia sin haber demostrado antes la necesidad de hacerlo?</p>



<p>Mientras esa crítica no exista, la superación deja de ser una posible conclusión para convertirse en un objetivo previo. Y cuando la crítica se convierte en un fin, el movimiento deja de trabajar por la realización de su proyecto político para dedicar sus esfuerzos a erosionar, sin fundamento demostrado, las ideas que le dan sentido.</p>



<p>No se trata de atribuir intenciones, sino de señalar una consecuencia lógica. Un movimiento político puede revisar sus fundamentos cuando existan razones para ello; lo que no puede hacer es convertir esa revisión en su programa antes de haber demostrado siquiera que esos fundamentos son insuficientes. Hacer de la crítica un fin sin haber acreditado la necesidad de criticar equivale, en la práctica, a debilitar el propio movimiento y a alejarlo del fin para el que nació.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Conclusión</h3>



<p>La falsa unidad y la falsa crítica comparten un mismo error: partir de medios que contradicen el propio fin que dicen perseguir. Cuando el camino elegido es incompatible con el objetivo, el fracaso no comienza al final del recorrido, sino en el mismo punto de partida.</p>



<p>La unidad solo es una virtud cuando reúne a quienes comparten principios, teoría y objetivo. La crítica solo lo es cuando busca la verdad. Fuera de ahí, ambas dejan de esclarecer para empezar a confundir.</p>



<p>La libertad política colectiva no necesita amalgamas ni programas dedicados a superar una teoría antes de haber demostrado su insuficiencia. Necesita personas unidas por unos mismos principios, una misma teoría y un mismo fin, capaces de actuar con flexibilidad, adaptar sus estrategias y emprender iniciativas diversas sin renunciar por ello a la identidad del proyecto que comparten.</p>



<p>Esa confusión tiene, además, una consecuencia especialmente grave. Cuando un movimiento pierde la claridad sobre lo que es y sobre el fin que persigue, deja un espacio que puede ser ocupado por quienes responden a intereses distintos. Unos tratarán de orientar el movimiento hacia otro proyecto político; otros buscarán influencia, protagonismo o liderazgo. No porque la confusión produzca esos intereses, sino porque un movimiento desorientado ofrece el terreno propicio para que fines ajenos al suyo encuentren acomodo.</p>



<p>Porque los movimientos políticos no suelen perderse por falta de inteligencia o de debate. Se pierden cuando olvidan para qué existen.</p>
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		<title>La estrategia diluyente de la confusión y el mito de la unidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Pedro M. González]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Jul 2026 19:46:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Criterios]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio García-Trevijano]]></category>
		<category><![CDATA[confusión]]></category>
		<category><![CDATA[MCRC]]></category>
		<category><![CDATA[mito de la unidad]]></category>
		<category><![CDATA[movimientos-yo]]></category>
		<category><![CDATA[oportunistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«¿Debemos los repúblicos procurar la unión de los republicanos y los demócratas para alcanzar la potencia exigida para la apertura [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote alignfull has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#0693e3" class="has-inline-color"><strong><em>«¿Debemos los repúblicos procurar la unión de los republicanos y los demócratas para alcanzar la potencia exigida para la apertura de un periodo de libertad constituyente? La respuesta parece obvia y no lo es. Pues sería inconcebible que para llegar a esa unión, el MCRC tuviera que transigir sobre los principios y valores que dan carácter científico a la única fórmula constitucional que garantiza la democracia y la libertad política».</em></strong></mark></p>
<cite><em><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#0693e3" class="has-inline-color"><strong>Mito de la unidad</strong></mark></em><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#0693e3" class="has-inline-color"><strong> (Antonio García-Trevijano, 02/08/2007).</strong></mark><sup data-fn="cca3f00d-0c0a-4533-a90d-e41ed6dcec99" class="fn"><a href="#cca3f00d-0c0a-4533-a90d-e41ed6dcec99" id="cca3f00d-0c0a-4533-a90d-e41ed6dcec99-link">1</a></sup><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#0693e3" class="has-inline-color"><strong>,</strong></mark><sup data-fn="c2cd066a-f72c-422a-8b52-e7758f98c260" class="fn"><a href="#c2cd066a-f72c-422a-8b52-e7758f98c260" id="c2cd066a-f72c-422a-8b52-e7758f98c260-link">2</a></sup> </cite></blockquote>



<p>Cada cierto tiempo reaparece el mismo eslogan: la unidad. Sobre todo, cuando quien la pide está en horas bajas. Se presenta como la condición indispensable para cualquier avance político y se culpa de todos los fracasos a la desunión, al cainismo o a las diferencias personales. Es un recurso sentimental que sustituye el análisis de los principios. Sin embargo, la historia demuestra justamente lo contrario. Nunca ha sido la unidad la que ha dado fuerza a una causa política, sino la claridad de esos principios.</p>



<p>La unidad no es causa del éxito de la acción; es, en el mejor de los casos, una consecuencia de la hegemonía de su principal actor. Así ocurrió en las revoluciones más importantes de la historia de la humanidad, como fueron la francesa, la americana y la rusa. Cuando existe una comunidad de ideas, de fines y de método, la unidad aparece de forma natural. Cuando esa comunidad no existe, la unidad es una ficción destinada a ocultar contradicciones que tarde o temprano estallan. En el terreno político las diferencias nunca son personales, son políticas.</p>



<p>Diluir la verdad política y desvirtuar los principios con invocación de la unidad es la estrategia de quienes renuncian al pensamiento para entregarse a la depauperación de las ideas. Pero la aritmética nunca ha sustituido a la coherencia.</p>



<p>Quien convierte la unidad en un fin absoluto termina sacrificando precisamente aquello que dice que pretendía defender. Los principios dejan de ser el criterio de actuación para convertirse en obstáculos que deben limarse en nombre del consenso interno. Así comienza la degeneración de cualquier movimiento político: primero se rebajan las exigencias doctrinales para atraer más personas y finalmente ya no queda más vínculo que la mera existencia de una organización.</p>



<p>Tampoco se fortalece un movimiento multiplicando las siglas que reclaman representar el mismo legado político. Al contrario, se divide su autoridad moral, se dispersan sus esfuerzos y se obliga a quienes observan desde fuera a preguntarse cuál de todas esas organizaciones encarna realmente aquello que dice defender. La acción deja entonces de girar alrededor de los principios para convertirse en una falsificación de las denominaciones y de las estructuras en aras del protagonismo de los suplantadores. La creación de la confusión es paradigmática cuando se denuncia la fragmentación utilizando denominaciones con un peso histórico indiscutible ya extintas para arrogarse su prestigio y alumbrar una estructura distinta, como si se tratara de la continuación de aquellas.</p>



<p>La ironía resulta inevitable. Se invoca la unidad después de favorecer la atomización, después de separarse. Se denuncia el cainismo después de haber multiplicado las causas de la división. Se atribuyen los desacuerdos a los egos personales mientras se consolidan organizaciones nacidas precisamente de decisiones personalísimas. Se apela a la unidad y se congrega en su nombre a quienes son ajenos al objeto de su convocatoria Es imposible sostener simultáneamente ambos discursos sin incurrir en una contradicción insalvable.</p>



<p>Si el poder regimentado quisiera debilitar un movimiento cuya principal fortaleza reside en la coherencia de sus principios y en la unidad natural derivada de ellos, difícilmente imaginaría un procedimiento más eficaz que favorecer grupúsculos que lo desgajen utilizando el narcisismo o la ideología. No es necesario atribuir semejante propósito a nadie para comprender que ese es el efecto objetivo de la atomización. No son los principios los que deben adaptarse a la unidad. Es la unidad la que, si ha de existir, debe ser la consecuencia natural de unos principios compartidos y de una acción política común. Todo lo demás pertenece al terreno de la propaganda. Porque cuando la unidad se convierte en un eslogan para ocultar contradicciones y las verdaderas razones de la separación de quien luego reclama esa unidad, deja de ser una virtud política y pasa a formar parte de uno de los mitos más persistentes de la historia de las organizaciones: el mito de que la suma de las partes puede sustituir a la fuerza de los principios.</p>


<ol class="wp-block-footnotes"><li id="cca3f00d-0c0a-4533-a90d-e41ed6dcec99"><a href="https://diariorc.com/radio-tv/mito-de-la-unidad-segun-antonio-garcia-trevijano/">https://diariorc.com/radio-tv/mito-de-la-unidad-segun-antonio-garcia-trevijano/</a> <a href="#cca3f00d-0c0a-4533-a90d-e41ed6dcec99-link" aria-label="Saltar a la referencia de la nota 1"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="c2cd066a-f72c-422a-8b52-e7758f98c260"><a href="https://diariorc.com/articulos/2007-08-02-mito-de-la-unidad/">https://diariorc.com/articulos/2007-08-02-mito-de-la-unidad/</a> <a href="#c2cd066a-f72c-422a-8b52-e7758f98c260-link" aria-label="Saltar a la referencia de la nota 2"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li></ol>


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