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	<title>Diario Español de la República Constitucional</title>
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	<description>El único diario que analiza la información con criterio basado en la libertad, la verdad y la lealtad. </description>
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	<title>Diario Español de la República Constitucional</title>
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		<title>Apuntes sobre la bióloga Lynn Margulis (V)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Fernando Gómez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 31 Aug 2026 16:19:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Criterios]]></category>
		<category><![CDATA[Lynn Margulis]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las bacterias son las que hacen funcionar el planeta y dirigen el mundo. Llevan haciéndolo desde que la vida empezó. [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Las bacterias son las que hacen funcionar el planeta y dirigen el mundo. Llevan haciéndolo desde que la vida empezó. Son las que regulan la atmósfera y el clima, hacen circular los nutrientes, y crean ecosistemas complejos que se comunican con otros.</p>



<p>Ciertos grupos de bacterias se convirtieron en protistas, nuestros ancestros.&nbsp;</p>



<p>El metabolismo es el flujo de energía y materia, que a través de una red de reacciones químicas, permite a los organismos mantenerse y perpetuarse. La mayoría de metabolismos bacterianos evolucionó en los primeros mil millones de años. Los humanos, los animales en general, no somos tan complejos metabólicamente.</p>



<p>Tomamos comida y algo de oxigeno, lo descomponemos y liberamos residuos. Eso es todo.</p>



<p>Las bacterias son las que averiguaron cómo hacerlo.</p>



<p>Las cianobacterias, dominadoras del mundo, son las formadoras de tapetes filamentosos. Hacen un gran proceso de fotosíntesis. Usan su pigmento verde para captar la energía del sol y la usan para hacer azúcares. Viven del abundante dióxido de carbono. Agua. Usan H<sup>2</sup>O para la fotosíntesis, toman hidrógeno y lo unen al carbono para fabricar alimento. Si quitas el hidrógeno del agua obtienes oxígeno, para poder irse a cualquier lugar, hay agua en todas partes. En cada lugar al que van, hacen burbujas de oxígeno que cambian el mundo y hacen funcionar el planeta. La razón de que sean verdes las plantas y toda la vegetación, es porque sus parientes, las cianobacterias, están dentro de los cuerpos de todas las plantas.</p>



<p>Otra comunidad de bacterias, totalmente diferente, es la de la bacteria blanca. Estas pueden tomar el carbono en la oscuridad, su fuente de energía es el ácido sulfhídrico que oxida en sulfato. Los desechos de uno son la comida del otro, así es como funciona el ecosistema. Si no fuera así, nos ahogaríamos en nuestros propios excrementos.</p>



<p>Esas comunidades de bacterias han resuelto el problema, han aprendido a reciclar todo y son persistentes en el tiempo, produciendo un entorno apto para vivir.</p>



<p>Los humanos no lo han resuelto para nada y están destrozando el medioambiente.</p>



<p>La basura no desaparece, da vueltas y vueltas.</p>



<p>La mayor parte de todo lo que funciona sin problemas en el mundo son ciclos microbianos.</p>



<p>Las bacterias pueden con todos los ciclos: el del nitrógeno, el del carbono y el del oxígeno.</p>



<p>Las plantas hicieron algo muy importante, hace 400 millones de años: crearon la madera. Hicieron que la biosfera, hasta entonces horizontal y plana, creciera en dirección vertical.</p>



<p>Todo lo demás, lo esencial, lo hacen las bacterias. Crean todos los azúcares, proteínas y ácidos —los del ADN y el ARN—, así como todo el material graso, el membranoso, la mucosidad&#8230; Precipitan el hierro, lo acumulan, hacen imanes, magnetita, y crean rocas, los estromatolitos y el carbonato cálcico.</p>



<p>Los animales vienen y van, se extinguen, pero las bacterias no se extinguen. No tienen especies, porque son muy promiscuas, transfieren sus genes de acá para allá de forma reversible. Toman el ADN de otros organismos y otros organismos se alimentan de bacterias. Un flujo constante de intercambio de genes, de bacteria a bacteria, más allá de los límites que podríamos imaginar.</p>



<p>¿Qué es la vida en la Tierra?</p>



<p>Son bacterias en su propia comunidad o en nuevos tipos de comunidades, reconocidas como plantas o animales, protistas u hongos.</p>



<p>Las comunidades de bacterias son la unidad de la vida. La simbiosis es el modo de vida. Somos simbiontes en un planeta simbiótico. La simbiosis está en todas partes.</p>



<p>El liquen es un producto de la simbiosis. En él hay un alga, que es la parte verde, que hace la comida, y está asociado con el hongo, que es la parte blanca. Juntos, cuando crecen, forman por simbiosis un liquen. Parece y es similar a una planta, pero sabemos que no es una planta. El liquen es producto de la simbiosis entre un alga y un hongo.</p>



<p>La simbiosis es una palabra y una idea muy simple. Convivencia de organismos disímiles.</p>



<p>La relación simbiótica puede cambiar. Puedes alterar el entorno para que la relación que era mutuamente beneficiosa y muy útil, se convierta en explotadora, perjudicial o necrótrofa, aquella en que uno mata al otro.</p>



<p>Nos bombardean de anuncios de productos para combatir bacterias y virus.</p>



<p>Debería saberse que la simbiosis es la forma en que se hizo el mundo y que hay muchos tipos de simbiosis diferentes, por todas partes.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow" style="padding-top:0;padding-bottom:0">
<p><em>«La mayor simbiosis que ha producido la historia política ha sido la del Estado nacional</em>» (Antonio García-Trevijano).</p>
</blockquote>



<p>El fascinante y misterioso reino Fungi es el más antiguo y el más grande, con más de un millón y medio de especies, en algunos casos, su extensión recorre miles de hectáreas.</p>



<p>La micorriza es una simbiosis entre plantas y hongos. La interfaz entre planta y suelo, no es por la raíz, es mucho más por el hongo micorrízico, que puede llegar más allá de la raíz. Disuelve la roca con ácido orgánico y consigue todos los nutrientes esenciales para el crecimiento del árbol en la roca.</p>



<p>Otra de sus funciones es la tolerancia a la sequía. Una red de finos filamentos tubulares microscópicos entra en la tierra y la roca en busca de agua y nutrientes, extendiendo el sistema de raíces de la planta.</p>



<p>En esta simbiosis la planta alimenta al hongo, y el hongo ayuda a las plantas a encontrar agua y nutrientes, les ayuda a crecer en las rocas y lo más increíble, permite a las plantas comunicarse entre sí. Si una planta es atacada por insectos u hongos creará una defensa química y enviará un mensaje preventivo a las plantas vecinas, a través de la micorriza.</p>



<p>Hay un tipo de organización social entre las plantas a través de los hongos.</p>



<p>Todas las plantas tienen el mismo tipo de hongo asociado, el que les permitió salir del mar y extenderse en el sistema terrestre, donde consorcios de plantas y hongos forman una gran red de conexiones.</p>



<p>Lo mismo pasa con los animales. Lo que conocemos como coral, es un consorcio de genoma animal y de alga. El coral en sí no es un organismo, es un consorcio de organismos.&nbsp;</p>



<p>Tenemos una relación simbiótica con los ácaros de nuestras pestañas, y una microbiota permanentemente desde que salimos del útero.</p>



<p>Somos contenedores de bacterias y andamiajes para bacterias.</p>



<p>Las bacterias nos inventaron para tener un lugar en el que vivir, somos sus casas.</p>



<p>Hay diferentes tipos de bacterias en cada una de nuestras partes del cuerpo, todas tienen comunidades estables de bacterias, no podemos vivir sin ellas.</p>



<p>Cuando la diversidad de microbiomas decae, enfermamos y nuestros microbiomas se vuelven muy similares en todo el cuerpo. La enfermedad manifiesta que perdemos diversidad. Perdemos la homeostasis que la microbiota nos da.</p>



<p>(Continuará).</p>
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		<title>La dictadura de las ideas generales</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio García-Trevijano]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 29 Aug 2026 10:42:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Archivo Antonio García-Trevijano]]></category>
		<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Artículos de Antonio García-Trevijano]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nota de la dirección: Dando cumplimiento a un encargo de don Antonio García-Trevijano, Diario de la República Constitucional inaugura esta [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-center"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-ast-global-color-0-color"><strong>Nota de la dirección:</strong></mark></p>



<p class="has-text-align-center"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-ast-global-color-0-color">Dando cumplimiento a un encargo de don Antonio García-Trevijano, Diario de la República Constitucional</mark> <mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-ast-global-color-0-color">inaugura esta sección en la que se republicaran a título póstumo algunos de sus mejores artículos.</mark></p>



<p class="has-text-align-right"><span style="color: #999999;">Publicado el 23 de junio de 1977 en El Nuevo Reporter</span></p>



<p>El tránsito de la infancia a la madurez es un desarrollo mental por el que aprendemos a ver y a querer la realidad como proceso. El niño no percibe la distancia, ni por tanto la dificultad, que se interpone entre su deseo y el objeto deseado. Quiere las cosas, no a las cosas, de una manera inmediata, o sea, sin actos intermedios, al instante. La niñez persigue la posesión instantánea de los objetos de su deseo, sin proseguir las etapas o fases necesarias para conseguirlos, porque carece de capacidad de estrategia. La única resistencia que percibe en la realidad es la de los padres o tutores. A una sola resistencia aplica una sola táctica. Con el llanto o la zalamería, con insistente repetición, invoca las únicas alternativas posibles en las que se encuentra: satisfacción inmediata o frustración, y en ambos casos, sometimiento pasivo al dictado de los mayores. Pero los padres tienen una tercera alternativa que abrirle: la educación. Por medio de la educación se esclarece la realidad, ante la mente del niño, como un proceso de realización. De ahí que no pueda reducirse a preceptos prohibitivos o a una mera explicitación de imposibilidades materiales igualmente frustrantes. Lo decisivo es la formación de una conciencia autónoma en el niño con un permanente alumbramiento de la serie de actos que la realidad interpone entre la situación de partida y la situación deseada. En la medida que uno o varios de los actos intermedios represente un mal superior al bien buscado, el niño va sustituyendo, de forma autónoma, la primera relación instintiva entre el deseo y su satisfacción inmediata, por otra relación reflexiva sobre los medios que está dispuesto a desear para llegar a ella. La madurez se alcanza cuando el deseo, o sea, la moralidad, se conecta instintivamente con los medios necesarios a las finalidades racionalmente queridas. El maquiavelismo vulgar que justifica los medios por el fin es una cínica racionalización del infantilismo. Generalmente, las intenciones o fines últimos son neutros, desde un punto de vista moral, porque no expresan nuestra relación con el mundo. La inmoralidad en los fines es una excepción que sólo está al alcance del enfermo y del fanático. Aunque en determinados periodos el fanatismo político o religioso puede contagiar a pueblos enteros. Sólo en los medios que empleamos nos comprometemos con la realidad, con los demás. Por ello, son los medios los que justifican el fin y no a la inversa. En esta relación de primacía de los medios radica el gran principio moral de la coherencia. Quien quiere los medios quiere en realidad los fines. Querer los fines sin querer, o sin conocer, los medios adecuados es propio de mentalidades infantiles y de culturas inconscientes.</p>



<p>Las técnicas modernas de manipulación de la psicología de las masas descansan en una aplicación sistemática de las reglas que ordenan el mundo de los niños. Predominio de la imagen y del símbolo sobre los significados, creación de mitos, culto de la personalidad paternalista, excitación de deseos de consumo inmediato, evasión y fantasía, reino de las ideas vagas y generales, inconsciencia sobre los medios y las dificultades. La publicidad comercial ha llegado a dominar a los consumidores como Pávlov a sus perros. Y a los que no puede condicionar, por falta de capacidad adquisitiva, los frustra. A través de la publicidad comercial, los monopolios y las oligarquías imponen la dictadura de la producción sobre el consumo. Lo mismo sucede con la publicidad y la propaganda políticas cuando no salen de la esfera de los símbolos, de las imágenes, de las grandes palabras y de las ideas generales. El elector es tratado como un niño maltratado cuando está forzado a elegir entre grandes ideas sin conocimiento de los medios concretos y de las etapas que requiere su realización. En el grado de concreción de sus programas políticos y en el compromiso con los medios particulares que proponen para realizarlos reside la diferencia entre el verdadero líder o estadista de clase y el demagogo o dictador. Está todavía por ver una tiranía que base la propaganda de su régimen en la idea de la esclavitud. Justamente ocurre lo contrario. La boca de los dictadores, y la de sus portavoces, está indefectiblemente llena de grandes y bellas ideas generales. El grado de madurez democrática de un pueblo se mide por el nivel de concreción en las ideas políticas que exija a su clase dirigente. En el terreno de las ideas generales, que son siempre expresión de finalidades últimas, no hay posibilidad de elección ni, por ello, moralidad política. Es en el camino para alcanzarlas donde se abre el interrogante y, por tanto, el debate político. El acuerdo sobre los fines (libertad, democracia, igualdad de oportunidades, cultura, vivienda, empleo, sanidad y seguridad para todos) deja enteramente abierta la cuestión del camino. Y el que yerra en el camino traiciona los fines últimos. Por ello, no se hace camino al andar, sino al andar encaminado.</p>



<p>Pues bien, durante la campaña electoral, los dos partidos triunfadores se han mostrado de acuerdo sobre los fines abstractos y sobre el único medio concreto que nos han propuesto: la reforma fiscal. La coincidencia ha sido tan milimétrica que incluso en la última intervención televisada de sus respectivos jefes utilizaron al pie de la letra una misma y banal argumentación para justificar dicha reforma: «Que pague más quien más tiene». Era lógico que el partido del poder franquista, por su vinculación al pasado y por su táctica defensiva de la posición que ocupa en el Estado, no saliera de la vaguedad y escamoteara el debate político. Al fin y al cabo, gobernar en nombre de la virtualidad de la idea es lo propio y característico de las dictaduras. Lo que no era lógico, ni prudente, es que el partido de la oposición, por su vocación de futuro y por su táctica ofensiva, renunciara también al debate, y prefiriera explicarnos el símbolo del puño y la rosa (cuyo diseño está tomando del Partido Radical Italiano) en lugar de exponernos en qué y por qué medios se alcanzará <em>su </em>socialismo. En estas circunstancias, es natural que no haya podido triunfar la madurez democrática del pueblo, ni la responsabilidad de sus dirigentes políticos, sino algo más superficial, y a la vez más profundo. Triunfo superficial de la compatibilidad de dos imágenes jóvenes prefabricadas, de dos lemas publicitarios, de dos símbolos ideológicos, de dos ideas generales, del dinero y del marketing. A la idea general de la dictadura ha sucedido coyunturalmente la dictadura de la idea general, al monismo ideológico el dualismo ideocrático, al totalitarismo excluyente el parcialismo exclusivo.</p>



<p>Este resultado superficial puede conducir a una colosal frustración si se toma como una estructuración bipartidista de la realidad política de España, como la de Alemania o Inglaterra. Del mismo modo que se dijo de un famoso día de abril que España se acostó monárquica y se levantó republicana —y ya sabemos en qué terminó el verdadero despertar—, ahora quieren convencernos de que España se acostó dividida y querellante y se ha levantado integrada y sin lucha de clases. Debe ser por este sueño por lo que el jefe de uno de los partidos vencedores, que se pretende marxista, ha calificado al 15 de junio como la fecha más importante del siglo XX, y tal vez del XXI. ¿Hasta cuándo durará tan peligrosa, infantil y gigantesca ficción? Afortunadamente el pueblo ha tenido el suficiente instinto para hacer que triunfe, a través del resquicio que abrían las elecciones, algo mucho más profundo. La libertad y la democracia contra la continuación en el poder del franquismo. La ruptura contra la reforma. El PSOE ha servido de cauce instrumental para la expresión de este voto popular. Esperemos que sus dirigentes sepan interpretarlo, colocándose a la altura de la circunstancia. Porque de no hacerlo puede volver a repetirse en España la trágica historia de la Restauración.</p>
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		<title>En el laberinto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Fernando Gómez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Aug 2026 07:40:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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		<category><![CDATA[Criterios]]></category>
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		<category><![CDATA[el laberinto del minotauro]]></category>
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		<category><![CDATA[servidumbre voluntaria]]></category>
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		<title>Crítica a la ilusión liberal de la partitocracia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel Ramos]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Aug 2026 23:44:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Criterios]]></category>
		<category><![CDATA[Frente a la Gran Mentira]]></category>
		<category><![CDATA[Junta Democrática]]></category>
		<category><![CDATA[mandato imperativo]]></category>
		<category><![CDATA[representación política]]></category>
		<category><![CDATA[separación de poderes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El artículo de don Bernardo Rabassa publicado bajo el título Historias de mi vida liberal &#124; Partitocracia española: cuánto cuesta [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>El <a href="https://www.estrelladigital.es/opinion/bernardo-rabassa/historias-vida-liberal-partitocracia-espanola/20260820100000450072.html">artículo de don Bernardo Rabassa</a> publicado bajo el título <em>Historias de mi vida liberal | Partitocracia española: cuánto cuesta el poder en 2026</em> constituye un documento de inestimable valor diagnóstico, no ciertamente por la solidez de su aparato conceptual —del que se halla enteramente desprovisto—, sino por la fidelidad casi clínica con que retrata la proverbial impotencia del liberalismo acomodaticio español. Representa el testimonio viviente de aquella franja doctrinaria y bienintencionada que, habiendo asistido en primera fila a los pactos de la Transición, jamás alcanzó a comprender la naturaleza ontológica del Estado, la esencia mecánica del poder ni la raíz profunda de la servidumbre voluntaria que aqueja a los pueblos cuando se les priva de la libertad política colectiva.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><a></a><strong>I. La pasividad del descuido</strong></h3>



<p>Conviene comenzar por el principio, donde el desliz de la memoria delata la ligereza del pensamiento. Don Bernardo afirma haber leído en 2009 un libro de Antonio García-Trevijano al que titula <em>Ante la gran </em>mentira. La torpeza no es baladí ni reducible a una mera errata de pluma. La obra capital del pensador republicano publicada en 1996 se titula, con exactitud gramatical y rigor, <strong><em>Frente a la gran mentira</em></strong>.</p>



<p>Estar «ante» la mentira denota una actitud contemplativa, resignada y pasiva, propia del espectador que asiste impasible al espectáculo de la falsedad sin comprometer en ello su alma ni su conducta. Situarse <strong>frente a</strong> la mentira es, por el contrario, un acto de insurrección moral e intelectual; es plantar cara al coloso de la propaganda estatal, blandir el machete del concepto desmitificador y trabar combate sin tregua contra la oligarquía. Quien ni siquiera acierta a recordar el frontispicio de la obra difícilmente habrá penetrado en el rigor de su teoría de la democracia, quedándose en la superficie de una lectura desatenta que confunde el descubrimiento de la libertad política con una queja de contabilidad presupuestaria.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><a></a><strong>II. La falacia del fracaso republicano y la traición de la Transición</strong></h3>



<p>Con esa condescendencia con que los conversos al consenso suelen juzgar la rectitud ajena, Rabassa sentencia que Trevijano «era un claro político democrático que fracasó como tal [&#8230;] era republicano y con eso se puede decir casi todo, ningún futuro le esperaba hasta su deceso». Esta afirmación confiesa, sin pudor, la bancarrota moral del pragmatismo de quienes aceptaron el pesebre monárquico instaurado por la dictadura franquista.</p>



<p>Llamar «fracaso» a la negativa irreductible a participar en la traición a la libertad colectiva es invertir la jerarquía de los valores cívicos. Don Antonio García-Trevijano fue, en efecto, el artífice supremo que unió a la Junta Democrática y a la Plataforma de Convergencia en la Platajunta (Coordinación Democrática) el 26 de marzo de 1976, creando por vez primera desde la Guerra Civil un bloque hegemónico en la sociedad civil capaz de imponer la ruptura democrática pacífica y la apertura de un período de libertad constituyente.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p style="margin-top:0;margin-bottom:0">«La traición de la izquierda, pues no existe otra palabra en el vocabulario para calificar la cobardía y el oportunismo con los que sus dirigentes engañaron a sus bases militantes y al pueblo, está probada&#8230; La democracia fue sacrificada por sus padres putativos antes de que naciera, a sabiendas de que el parto sólo dependía de su voluntad de resistencia». (García-Trevijano, <em>La servidumbre voluntaria, </em>1994).</p>
</blockquote>



<p>Trevijano no fracasó: fue traicionado por las direcciones clandestinas del PSOE y del PCE (Felipe González y Santiago Carrillo), quienes, temerosos de la libertad creadora del pueblo y guiados por las cancillerías de Washington y Bonn (el pacto Kissinger-Brandt), prefirieron el plato de lentejas de la legalización particular, las cuotas en el Estado y la financiación pública, antes que arriesgar sus prebendas en unas elecciones constituyentes libres. Decir que por ser republicano «ningún futuro le esperaba» es confesar la cobardía del lacayo que se mofa del hombre libre porque éste no viste la librea del palacio.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><a></a><strong>III. El liberalismo desertor</strong></h3>



<p>Refiere asimismo don Bernardo dos episodios personales: su desencuentro en el Ateneo de Madrid —donde Trevijano se negó a hablar tras leer el discurso de Rabassa— y su posterior reunión en Somosaguas, de la que concluye que «nada resultó de esa cita con un hombre sumamente inteligente pero muy pagado de sí mismo».</p>



<p>Trevijano jamás toleró la farsa ni el adorno de salón. En el Ateneo no hubo vanidad herida, sino la negativa insobornable a participar en una comedia donde el liberalismo doctrinario se utilizaba como inocua anestesia de las conciencias mientras en la trastienda se ultimaba la entrega del Estado a las oligarquías partidistas. En Somosaguas, lo que se frustró no fue un intento de «enderezar la Transición», sino la ingenua pretensión de Rabassa de que la causa de la república constitucional se rebajara a componenda de pasillo con los restos del naufragio ucedista.</p>



<p>El propio Rabassa se vanagloria de haber renunciado en 1977 a su escaño por Alicante en el Centro Democrático para dedicarse a sus empresas privadas. He ahí el perfecto compendio del liberalismo español: un movimiento de notables que, a la primera oportunidad, desertó del espacio público para refugiarse en el negocio particular, dejando el campo del Estado enteramente expedito a la voracidad de las maquinarias burocráticas de partido. No fue un error de carrera: fue la defección histórica de la burguesía civil ante el leviatán estatal.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><a></a><strong>IV. La vulgaridad crematística</strong></h3>



<p>El núcleo del artículo de Rabassa sucumbe a la más burda reducción del problema político: convertir la tragedia de la tiranía oligárquica en una disputa de contabilidad presupuestaria. Toda su diatriba se consume en desgranar cifras: las subvenciones ordinarias a los partidos, las dietas de los parlamentarios, los miles de euros en tarjetas de taxi, los cientos de asistentes del Congreso o las retribuciones del Senado.</p>



<p>La libertad política no es una cuestión de precio ni de contabilidad presupuestaria, sino de estructura formal del poder. Un tirano austero y frugal que no gaste un solo maravedí de las arcas públicas no deja por ello de ser tirano. El Estado de partidos no es condenable porque sea caro, sino porque es una oligarquía sin representación de la sociedad civil ni separación de poderes.</p>



<p>Esa indigencia doctrinal es el clásico vicio del <em>yavalismo</em> que denunciara don Antonio: creer que la degradación moral de las instituciones se resuelve recortando los gastos de representación o exigiendo probidad funcionarial a los administradores. Ya nos enseñó Montesquieu en <em>El espíritu de las leyes</em> (Libro XI, Cap. IV) que:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow" style="padding-top:0;padding-bottom:0">
<p><em>«Es una experiencia eterna que todo hombre que tiene poder se inclina a abusar del mismo; él va hasta que encuentra límites&#8230; Para que no se pueda abusar del poder hace falta que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder» </em>(1748).</p>
</blockquote>



<p>La corrupción del sistema no nace de los sueldos parlamentarios ni de las dietas de kilometraje; nace del hecho institucional de que el poder del Estado no está dividido ni frenado por ningún contrapoder social, y de que los partidos, en lugar de ser asociaciones privadas de la sociedad civil que vivan exclusivamente de las cuotas de sus afiliados, se han incrustado en el Estado como órganos del poder público, subvencionados por el erario y dotados del monopolio de la acción política.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><a></a><strong>V. El engaño de las «listas abiertas» y la farsa proporcional</strong></h3>



<p>Como todo liberal timorato ante las exigencias de la democracia formal, Rabassa concluye su alegato proponiendo como gran remedio «listas más abiertas, mayor responsabilidad de los representantes, límites al gasto político e independencia de las instituciones de control».</p>



<p>Proponer «listas abiertas» dentro del sistema de escrutinio proporcional es una soberana majadería o una colosal hipocresía. En el sistema proporcional de listas (sean estas cerradas o abiertas, como demostró la experiencia italiana y la del propio Senado español), el votante no elige a un representante: se limita a ratificar una cuota de poder estatal para las cúpulas de los partidos. Las listas abiertas son un mero engaño cosmético que no altera en un ápice la relación de dominación del jefe de partido sobre el diputado.</p>



<p>Para que exista representación política de la sociedad civil, es condición <em>sine qua non</em> la implantación del sistema mayoritario uninominal a doble vuelta en circunscripciones pequeñas (distritos de aproximadamente 100 000 electores), donde un solo candidato sea elegido por mayoría absoluta de sus conciudadanos, ante los cuales responda personalmente mediante mandato imperativo y revocable. Sólo así el diputado deja de ser un empleado a sueldo del jefe de filas, se convierte en centinela y portavoz de la sociedad civil frente al poder del Estado.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><a></a><strong>VI. La separación de poderes en origen: Presidencialismo frente a parlamentarismo</strong></h3>



<p>Ignora asimismo Rabassa la diferencia sustantiva entre la <em>separación de poderes</em> y la mera <em>separación de funciones</em>. En la monarquía de partidos española no hay separación de poderes: el poder ejecutivo nace de las entrañas del legislativo, confundiéndose ambos en la persona del jefe del partido mayoritario o de la coalición gobernante, quien a su vez designa por cuotas a los integrantes del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional.</p>



<p>Frente a esta monstruosidad totalitaria del Estado de partidos, la república constitucional establece la separación en origen de los poderes del Estado:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li><strong>Elección directa y separada del presidente de la república</strong> (poder ejecutivo) por sufragio universal de toda la nación a doble vuelta, obteniendo una legitimidad electoral independiente del poder legislativo.</li>



<li><strong>Elección directa y separada de la asamblea de representantes</strong> (poder legislativo), en distritos uninominales por mayoría a doble vuelta, encargada en exclusiva de elaborar las leyes y fiscalizar los presupuestos del Ejecutivo.</li>



<li><strong>Independencia de la Justicia</strong>, cuyo gobierno no puede ser designado por los partidos ni por el Parlamento, sino elegido en su totalidad de abajo hacia arriba por el propio cuerpo de magistrados, jueces y todos los profesionales del mundo del derecho.</li>



<li><strong>Expulsión de los partidos del Estado</strong>: Los partidos deben volver a ser asociaciones voluntarias de la sociedad civil —debe estar rigurosamente prohibida su financiación pública o estatal—, viviendo únicamente de las aportaciones de sus afiliados.</li>
</ol>



<h3 class="wp-block-heading"><a></a><strong>Conclusión</strong></h3>



<p>La alternativa que España necesita no consiste en «abaratar» la partitocracia ni en hacerla más virtuosa mediante prédicas de moralina o reformas contables. Una oligarquía no se regenera: se destruye. La causa del malestar y de la corrupción no reside en la inmoralidad particular de los políticos, sino en la inmoralidad consustancial a las reglas de un sistema que consagró el continuismo del poder sin control.</p>



<p>Frente a las quimeras del liberalismo acomodaticio de don Bernardo Rabassa, la única tarea digna de espíritus libres no es reformar la monarquía de partidos desde el servilismo de las urnas amañadas, sino organizar la abstención consciente de la sociedad civil para abrir un período de libertad constituyente que culmine en la república constitucional y la instauración de la auténtica democracia política.</p>
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		<title>Apuntes sobre la bióloga Lynn Margulis (IV)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Fernando Gómez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Aug 2026 12:29:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Criterios]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Lynn Margulis]]></category>
		<category><![CDATA[Revolución Científica]]></category>
		<category><![CDATA[simbiosis]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Toda la vida está dividida en cinco reinos: bacterias, protistas, hongos, plantas y animales. Para observar los microorganismos pertenecientes a [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Toda la vida está dividida en cinco reinos: bacterias, protistas, hongos, plantas y animales. Para observar los microorganismos pertenecientes a los dos primeros reinos es preciso utilizar un microscopio, ámbito en el que la tecnología desempeña un papel cada vez más importante.</p>



<p>Hay muchas bacterias en una gota de agua, pero son difíciles de ver porque son muy diminutas, de alrededor de una milésima de milímetro.</p>



<p>El reino protista incluye una variedad increíble de microorganismos, como las diminutas amebas y los paramecios, y organismos más grandes como el alga laminaria.</p>



<p>Mucho más pequeños que las bacterias se encuentran los virus, partículas que no poseen la más mínima propiedad de la vida, no pueden reproducirse por sí solos. Sin embargo, contienen ADN o ARN. Viven condicionalmente en su portador, no solo como parásitos, sino como fuerzas que forman el contenido, el mecanismo y la complejidad general de los genomas.</p>



<p>El genoma es la colección completa de moléculas de ADN de una célula. Una larga molécula en forma de doble hélice hecha con secuencias de cuatro moléculas diferentes más pequeñas, llamadas nucleótidos. La forma en que los nucleótidos se dispongan a lo largo de las dos cadenas entrelazadas del ADN conforma el sistema de información vital de la célula.</p>



<p>La unidad de vida de la Tierra es la célula. Hay dos tipos de células: (1) las procariotas, tipo bacteriano, sin núcleo, con un solo cromosoma y (2) las eucariotas, como las células nucleadas de animales, plantas y hongos. Dos formas de vida muy diferentes.</p>



<p>Todos los organismos tienen ADN, las bacterias lo tienen, pero no tienen un núcleo. Los demás organismos tienen núcleo que contiene ADN organizado en cromosomas en el proceso de mitosis, mientras que una célula se divide. Lynn estudió a fondo la mitosis, porque estaba interesada en saber cómo evolucionaba.</p>



<p>Así como una gota de aceite forma una película cuando cae al agua, algunos compuestos químicos formaron las primeras membranas. Barreras semipermeables que distinguen el adentro del afuera y separan lo propio de lo distinto.</p>



<p>Estas estructuras se autoorganizan, concentran compuestos que interactúan, permiten la entrada de nutrientes, evitando la salida de agua.</p>



<p>Todos los seres vivos tienen algún tipo de membrana. Sistemas químicos esenciales para poder respirar, alimentarse, reproducirse, moverse, relacionarse y desarrollar todas las vías sensoriales conocidas.</p>



<p style="margin-bottom:0">La vida transforma la composición química del mar, de la tierra y de la atmósfera.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p style="margin-bottom:0">«Las relaciones entre los elementos químicos y la propia vida son esenciales» (Thomas Kuhn).</p>
</blockquote>



<p style="margin-top:0">El origen de la vida ocurrió hace unos cuatro mil millones de años. El agua se animó.</p>



<p>Durante los primeros 2000 millones de años solo existieron organismos unicelulares.</p>



<p>A lo largo de ese descomunal tiempo, estas primordiales, simples y omnipresentes bacterias experimentaron, interactuaron, inventaron, formaron conexiones, desarrollaron estrategias y compusieron las estructuras básicas para la vida.</p>



<p>En esos dos mil millones de años pasó casi todo.</p>



<p>Fotosíntesis, movimiento, fijación del nitrógeno y del dióxido de carbono, metanogénesis… Todo evolucionó, pero a una escala muy pequeña y en el agua.</p>



<p>No hubo células nucleadas hasta hace unos dos mil millones de años.</p>



<p>Nuestros parientes tardaron mucho más en aparecer en escena.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>¿Cómo las bacterias sin núcleo, evolucionaron en células nucleadas como las nuestras?</p>



<p>Esta pregunta inició una revolución y es la cuestión que impulsó toda la carrera de Lynn.</p>



<p>Las células nucleadas se originaron en fusiones simbióticas entre bacterias ya existentes.</p>



<p>Las cianobacterias siguen aquí, tal cual, liberando burbujas de oxígeno, único responsables de la transición de toda la atmósfera, que pasó de ser algo muy anaeróbico, sin nada de oxígeno, al nivel actual de aproximadamente un 21%. La vida aprendió a sacarle partido.</p>



<p>Hace unos 2000 millones de años, los ancestros de estas mismas cianobacterias provocaron esa transición, liberando ese gas rebelde y reactivo que es el oxígeno en la atmósfera. La Gran Oxidación provocó una <em>extinción masiva</em>. Un reiniciar.</p>



<p>Una de las formas de lidiar con el incremento del oxígeno fue el origen de las células complejas. Los diminutos seres que habitaban la Tierra tuvieron que formar extrañas alianzas para sobrevivir.</p>



<p>Lo que se forjó entonces marcó el destino de nuestro planeta y el de todos los organismos que sucedieron a aquellos pioneros. Todo cambió.</p>



<p>Dos tipos muy diferentes de bacteria se unieron y acabaron usando el oxígeno.</p>



<p>Una era amante del azufre y el calor, simplemente descomponía azúcares, la otra, entusiasta de la natación, tomó los productos descompuestos de la primera, y con oxígeno los quemó. Eso liberaba mucha energía. Ambas unidas crearon un complejo.</p>



<p>Tras un largo periodo de tiempo y muchos cambios, este complejo orgánico se convirtió en un nuevo tipo de organismo muy exitoso. Antepasado de las células eucariotas.</p>



<p>Buscar la luz desde la profunda oscuridad del océano requiere desarrollar estructuras que contribuyan a la orientación, la localización y la locomoción.</p>



<p>Las células nadadoras incorporan cilios, filamentos móviles para nadar y desplazarse. Los mismos que constituyen las neuronas o la cola de un espermatozoide. Apéndices cortos detectores de frecuencias y vibraciones en los movimientos de los fluidos en el agua.</p>



<p>Ojos, receptores de la luz, evolucionan, para captarla, enfocar lo cercano y lo lejano, ampliando y dando profundidad al campo de visión.</p>



<p>La alianza entre seres con formas de vida distinta genera relaciones, convivencia, variación genética y la capacidad para producir todas las novedades evolutivas.</p>



<p>Microorganismos que fueron en su momento bacterias, con el tiempo se convirtieron en las mitocondrias que nadan en todas nuestras células animales, vegetales y fúngicas.</p>



<p>Las mitocondrias son orgánulos de células eucariotas que generan energía sin parar.</p>



<p>Estamos hechos de células muy colaborativas.</p>



<p>Ya tenemos una historia, un intento de hacer una narrativa sobre lo que pasó, y eso era completamente nuevo. Lynn fue totalmente sintética al respecto.</p>



<p>Cambió las reglas del juego y eso nunca es bien recibido.</p>



<p>Lynn promovió y defendió la simbiosis como una fuente de innovación evolutiva y sembró la idea de que podemos estudiar células en un contexto evolutivo, paleoecológico.</p>



<p>Entendía y demostró que la simbiosis es el impulsor principal de una evolución temprana.</p>



<p>Los análisis genéticos le dieron la razón. Se demostró que las mitocondrias procedían de bacterias que respiraban oxígeno.</p>



<p>Era importante devolver a los microbios a la biología como fuerzas dotantes de vida, ver su diversidad, sobre todo la de los protistas.</p>



<p>El descubrimiento no es cosa asociada con individuos, ni un evento. Los descubrimientos son procesos. Lo que sí pueden hacer los individuos es promover nuevas formas de ver y hacer.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>«El descubrimiento de que el problema político, la liberación de la servidumbre voluntaria, lo resuelve con sencilla elegancia la democracia, en tanto que regla constitutiva del juego de los poderes estatales, produce efectos inmediatos en las conductas de quienes, ante el desvelamiento del enigma de la libertad política, se ven interiormente empujados a procurarla en la sociedad para ser libres con la libertad de todos» (Antonio García-Trevijano).</p>
</blockquote>



<p>(Continuará).</p>
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		<title>Pesimismo de la inteligencia y optimismo de la voluntad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio García-Trevijano]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Aug 2026 10:12:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Criterios]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Adolfo Suárez]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Gramsci]]></category>
		<category><![CDATA[Ley para la Reforma Política]]></category>
		<category><![CDATA[Poder constituyente]]></category>
		<category><![CDATA[ruptura o reforma]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nota de la dirección: Dando cumplimiento a un encargo de don Antonio García-Trevijano, Diario de la República Constitucional inaugura esta [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-ast-global-color-0-color"><strong>Nota de la dirección:</strong></mark></p>



<p class="has-text-align-center"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-ast-global-color-0-color">Dando cumplimiento a un encargo de don Antonio García-Trevijano, Diario de la República Constitucional</mark> <mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-ast-global-color-0-color">inaugura esta sección en la que se republicaran a título póstumo algunos de sus mejores artículos.</mark></p>



<pre class="wp-block-verse">Contexto y consideraciones del editor: A continuación, se transcribe un artículo publicado en la revista <em>Reporter </em>el 14 de junio de 1977, un día antes de los comicios celebrados el 15 de junio de 1977 —bajo el marco legal de la Ley 1/1977 para la Reforma Política—. En ellos resultó vencedora, por mayoría simple, la Unión de Centro Democrático (liderada por Adolfo Suárez, presidente del Gobierno, quien había sido nombrado directamente por el rey Juan Carlos I casi un año antes, el 3 de julio de 1976, bajo la legalidad de las Leyes Fundamentales del Reino). Aquellos comicios dieron paso a las Cortes ordinarias que posteriormente redactaron la Constitución de 1978.</pre>



<p>¿Con qué fuerzas políticas se formará el nuevo Gobierno? ¿Cuál será su orientación política y económica? ¿Se ha resuelto con las elecciones la crisis política del Estado? ¿Cabe esperar de la nueva situación política que nos conduzca por vía pacífica, y sin ruptura, de la legalidad reformista a la democracia? ¿Qué tipo de Constitución saldrá de las Cortes elegidas? ¿Podrá superarse ahora la crisis económica? ¿Se unirá la izquierda en las próximas elecciones?</p>



<p>En el espacio de esta página, que una revista insólita y esperanzadora ha tenido la osadía de ofrecerme, rompiendo el muro de silencio que la prensa reformista ha levantado, tras una ruidosa difamación, a mi acción y a mi voz, me propongo escribir una serie de análisis políticos semanales sobre los interrogantes que abre el porvenir y sobre cada una de las cuestiones que están inscritas en el orden del día de los que hoy combaten, y mañana deben combatir, por una democracia digna y consecuente. El título elegido para esta serie de artículos está tomado de una feliz expresión de ese gran y original dialéctico italiano que es Antonio Gramsci. Espero que las razones de esta elección sean obvias para quienes tienen por hábito, en su vida privada o en su proyección pública, la concordancia entre lo que dicen y lo que hacen, entre su conciencia y su conducta, entre la teoría y la práctica. Ellos saben muy bien que el optimismo de la inteligencia pretende huir del presente para no verlo tal como es, bien porque no se le quiera transformar o bien porque no se tenga la voluntad de continuar asumiendo los sacrificios que requiere su transformación.</p>



<p>La situación política actual no puede ser satisfactoria para ningún demócrata consciente. Si se desea cambiarla, lo primero que hay que cambiar es la trayectoria de la política de la oposición democrática, que es la que la ha creado. No se podrá cambiar sin empezar a comprender el presente como fruto de los errores del pasado. Autocrítica sin acritud, recriminación ni resentimiento. La causa de la oposición democrática, incluso en el error, es mi única causa política. En consecuencia, y pese a la actual incomprensión de algunos partidos políticos, el móvil principal de mi pensamiento y de mi acción política sigue siendo la promoción de la unidad de las fuerzas políticas y sociales de la democracia. Porque sin esta unidad no será posible, ni ahora ni nunca, arrebatar la hegemonía política en el poder del Estado a la oligarquía financiera y monopolista, ni, por tanto, la transformación democrática del Estado mismo. La unidad de la oposición sólo puede nacer de la práctica unitaria de una verdadera política de oposición al poder establecido hoy en el Estado. De ahí que, mientras dure el oportunismo en los principales partidos de izquierda, no podrá haber política unitaria en la oposición. Hay que ayudar al oportunismo a que termine cuanto antes, para terminar con él, el recorrido natural de su camino, esto es: a que figure en el poder, aunque no lo tenga. Lo cual sólo puede suceder si los «socialistas sublimes» entran en el bloque del franquismo sociológico y político dominante.</p>



<p>Por ahora, comencemos a comprender, sin concesiones ni evasivas futuristas, el momento actual. Cuando está muriendo lo viejo (el despotismo de la oligarquía) y lo nuevo (el poder político democrático) no puede nacer, es natural que broten todas las formas de bastardía política. En la derecha y en la izquierda. El oportunismo de la derecha se expresa en el rápido cinismo con que la clase política dominante cambia de lenguaje, para justificar su permanencia en el Estado con una nueva retórica (Alianza Popular), o de aliados subalternos, para justificar la continuación de su hegemonía política con unos nuevos modales (Unión de Centro). El oportunismo de la izquierda se expresa a través de una doble hipocresía: actuar bajo una teoría (reformismo) que no se quiere confesar y defender una teoría (ruptura) que no se quiere practicar. Pero la hipocresía, a diferencia del cinismo, necesita invocar principios. Por ello ha sido el oportunismo de la izquierda quien ha creído, o fingido creer, en el principio táctico de la anti «desestabilización», como justificación teórica de su conducta estabilizadora del poder oligárquico en el Estado.</p>



<p>Pero el paso de la ficción política a la política-ficción es inexorable. Si el peligro de involución radicaba en la probabilidad de que Alianza Popular pudiese alzarse con la mayoría electoral, hay que ser muy ingenuos para pensar que el triunfo de la Unión de Centro Democrático ha sido debido a la inteligente táctica de la izquierda de recomendar a la derecha que vote a Suárez. Hoy se ve que este peligro nunca pasó de ser ficticio. Si el peligro consistía en la determinación del Ejército para pasar a la acción directa, dando un «pinochetazo» contra el Gobierno reformista en el caso de que traspasara ciertos límites en sus concesiones a la oposición, no vemos cómo este peligro habrá desaparecido si esos límites son traspasados en las nuevas Cortes. Si esta hipótesis fuese real, la oposición democrática estaría condenada a mantener permanentemente en el poder al capital financiero y a su representante político, el presidente Suárez. El peligro de un golpe de Estado militar ha sido la mayor y la más desvergonzada de las ficciones creadas por el reformismo. Aparte de las situaciones en que el poder del Estado lo ejerce de forma hegemónica la fuerza armada, donde siempre es posible un golpe pretoriano, y es evidente que no es esta la situación española, un golpe de Estado sólo puede producirse cuando el poder económico y el poder político no lo tiene una misma clase social. Lo que tampoco es el caso de España, dominada económica y políticamente, como se sabe, por el capital financiero. ¿Un golpe de la reacción militar contra el poder de la banca? Basar en estas elucubraciones la táctica electoral de la oposición ha sido una triste muestra de las aberraciones a donde puede conducir el oportunismo de partido.</p>



<p>Muchos demócratas de buena fe y muchos militantes de los partidos de izquierda han aprobado, no obstante, el camino tomado por la oposición ante la maniobra electoral del Gobierno. Piensan que era inteligente aprovechar la oportunidad excepcional que la campaña electoral brindaba a los partidos democráticos para organizarse en todo el territorio, y para ganar a nuevas capas de la población, antes de dar la batalla frontal al reformismo. Lo importante no era ganar las primeras elecciones al franquismo, sino participar en el proceso de una reforma que permitía la organización de los partidos políticos. Nadie puede negar, sin caer en la estupidez, la utilidad organizativa y de crecimiento que a los partidos reportaba la participación en las elecciones. El error no ha consistido en concurrir a ellas unas vez convocadas, sino haber consentido, en una aparente negociación con el Gobierno, que se convocasen sin amnistía, sin legalización de todos los partidos, y sin un plazo de ejercicio previo de las libertades políticas. Una actitud de firmeza y de unidad por parte de las formaciones políticas democráticas hubiese obtenido esos tres objetivos. El convencimiento del Gobierno de que el PSOE y el Equipo de la Democracia Cristiana no participarían en las elecciones si no se daban esas premisas le hubiera llevado a la capitulación. No tenía otra salida. Pero el Gobierno sabía muy bien que la conveniencia de las clases franquistas en celebrar unas elecciones sin libertades previas, para conservar la hegemonía en el poder, coincidía con la del PSOE, empeñado antes que nada en consagrar su hegemonía en la oposición de izquierdas. Los dirigentes de este partido prefirieron afirmar su prepotencia ante el Partido Comunista a facilitar el triunfo de la democracia unida contra el franquismo. Lo han conseguido. Pero el precio ha sido demasiado caro para el porvenir de la democracia en España.</p>



<p>Buscar, como objetivo único, la hegemonía en el campo de la oposición era garantizar la continuidad de la única hegemonía que cuenta: La del bloque en el poder del Estado. La del capital financiero y la de la clase política del franquismo. Este ha sido el precio de su oportunismo partidista, la razón de que haya sido imposible la unidad de la oposición en un solo frente electoral, el motivo por el que necesitaron difamarme, la explicación histórica del oportunismo «forzado» de los demás partidos que, aceptando de antemano las pretensiones hegemónicas del PSOE, no osaron enfrentarse, a su debido tiempo, con la falta de lealtad de sus dirigentes a los compromisos políticos contraídos públicamente en el seno de Coordinación Democrática.</p>



<p>Se equivocan quienes piensan que tras las elecciones se volverá a la misión genuina de la oposición, que es la de oponerse al poder político establecido en el Estado para disputárselo. La acción política no puede ser reducida a este elemental voluntarismo: ahora apoyaré el reformismo y mañana lo combatiré. Lo que se hace hoy condiciona y limita la libertad de acción futura. Un pasado sin ventura consolida un presente sin porvenir. Para encontrar la nueva política que necesita la oposición democrática hay que reflexionar en la práctica su política pasada con una profunda y sincera reflexión teórica.</p>
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		<title>Tres cartas sobre finanzas, energía y el olvido de las viejas leyes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Carlos Villaescusa]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Aug 2026 16:08:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Criterios]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Estimado lector:&#8216;Cartas persas&#8217; se publica en la revista del MCRC Diario de la República Constitucional, fundada por Antonio García-Trevijano, arquitecto [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-vivid-cyan-blue-color"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#0693e3" class="has-inline-color">Estimado lector:<br>&#8216;Cartas persas&#8217; se publica en la revista del MCRC <strong>Diario de la República Constitucional</strong>, fundada por Antonio García-Trevijano, arquitecto de la teoría pura de la democracia. Inspirada en Montesquieu ―cuya separación de poderes Trevijano llamó «alma de la libertad»―, esta columna presenta a un <em>sheij </em>iraní que observa Occidente con ironía coránica y rigor constitucional. Sus cartas, herederas del espíritu crítico de ambos pensadores, desvelan las falsas democracias donde el poder se disfraza de ley.</mark></mark></p>



<h3 class="wp-block-heading">De Hammurabi a Wall Street: tres estampas de la decadencia oligárquica</h3>



<h4 class="wp-block-heading">Carta I: De cómo el usurero heredó la tierra sin ser noble o de la nueva aristocracia invisible que gobierna Occidente</h4>



<p style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--60)">A mi estimado amigo Mirza Hashem, en la sagrada Qom:</p>



<p>Ya te escribí desde Londres sobre las extrañas costumbres de estas gentes, pero hoy debo hablarte de algo más profundo que sus ritos cotidianos: he descubierto, casi por accidente, quién manda realmente aquí. Y no es la reina ni el Parlamento, sino una clase de señores que no lucen corona ni espada, sino corbata y hoja de cálculo.</p>



<p>Paseaba yo por la City, ese barrio donde se apiñan edificios de vidrio como si fueran mezquitas de una religión nueva, cuando un caballero inglés, culto y afable, me dijo: «Sheij, aquí ya no hay aristocracia terrateniente como en tiempos de Ricardo. Cualquiera puede comprar una casa». Al principio me alegré, pues recordé las palabras del Profeta —la paz sea con él— sobre la justicia en el acceso a la propiedad. Pero luego comprendí la trampa: para comprar esa casa, el hombre común debe endeudarse durante treinta años con un banco, y al final el banquero se lleva en intereses más de lo que el vendedor recibió por la vivienda. El señorío no ha desaparecido: se ha transmutado.</p>



<p>Mi interlocutor, un economista heterodoxo que ha dedicado su vida a estudiar estas mutaciones, me explicó que los fundadores del capitalismo industrial —Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill— lucharon encarnizadamente contra los rentistas de su época: terratenientes que subían el precio del grano, monopolistas que estrangulaban el comercio y banqueros que drenaban la producción con intereses. Su ideal era un «mercado libre», sí, pero libre de rentas, no libre para los rentistas. Querían liberar el trabajo productivo del parásito que chupa sin dar. Y durante un siglo, esa fue la gran batalla: quebrar el poder de la aristocracia terrateniente para que la industria respirara.</p>



<p>Pero hoy, querido Mirza, la rueda ha girado. Las mismas clases que Ricardo quiso domeñar han comprado el gobierno, las universidades y hasta el lenguaje. Han rebautizado la usura como «servicios financieros» y a la renta del suelo como «producto interior bruto». En las estadísticas oficiales, los intereses que ahogan a las familias, las comisiones por demora en las tarjetas de crédito, los precios de monopolio que imponen los gigantes tecnológicos: todo eso se contabiliza como si fuera riqueza creada, no extraída. Y si algún economista osa llamarlo por su nombre —renta, ingreso no ganado—, es expulsado de los altares académicos. Los premios Nobel, me decía este sabio, se otorgan precisamente a quienes niegan que la renta económica exista. Como si nombraran médico mayor del reino a quien jurara que la peste es un mito.</p>



<p>Recordé entonces a Ibn Jaldún, que en su Muqaddima advirtió cómo las dinastías decaen cuando el lujo y la codicia sustituyen a la solidaridad tribal. Aquí la tribu es financiera. Las viejas leyes de Hammurabi, que todo rey mesopotámico promulgaba al subir al trono —cancelar deudas, liberar a los siervos, devolver las tierras—, se han invertido: hoy el gobernante que asume el poder bendice a los acreedores y carga al pueblo con más tributos disfrazados de servicios.</p>



<p>Occidente, que se proclama heredero de la libertad, ha encadenado a sus hijos con grilletes de deuda tan invisibles como eficaces. Y a eso lo llaman democracia. Lo asombroso es que lo creen sinceramente, como quien lleva tanto tiempo en una mazmorra que ha olvidado el sol.</p>



<p>Seguiré informándote, pues aún me queda por contarte cómo esta misma lógica ha envenenado el agua, los trenes y hasta la energía que calienta los hogares europeos.</p>



<p>Que la paz te guarde de toda usura,</p>



<p><strong>Jeque Bahram ibn Rustam</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<h4 class="wp-block-heading">Carta II: Del agua privatizada y el viento prohibido o cómo los bienes comunes se volvieron tributo imperial</h4>



<p style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--60)">A mi querido Mirza Hashem, que la misericordia del Altísimo te cubra:</p>



<p>En mi anterior carta te hablé de la nueva aristocracia invisible. Hoy debo añadir un corolario no menos perverso: la misma mano que encarece el pan con intereses ha decidido que el agua, el ferrocarril y hasta el viento deben tributar al nuevo orden.</p>



<p>Dejé Londres y viajé al continente. En Alemania contemplé los parques eólicos del Mar del Norte —esas esbeltas torres blancas que giran como derviches mecánicos— y recordé los badgir, nuestros captadores de viento persas, que durante siglos refrescaron las casas de Yazd sin otro coste que el ingenio humano. Pregunté a un ingeniero local si Europa apostaba por esa energía limpia y abundante. Sonrió con amargura y me dijo: «Depende. Si el viento compite con el petróleo americano, entonces es enemigo de la OTAN».</p>



<p>No exageraba. Mi amigo economista me había explicado que una de las mayores fuentes de renta en este siglo no son los campos de trigo, sino los yacimientos de gas y petróleo. Y Estados Unidos, incapaz ya de competir con China fabricando mercancías baratas, ha encontrado un sucedáneo de imperio: obligar a Europa a comprar su gas natural licuado, prohibiendo por decreto cualquier alternativa rusa, iraní o venezolana. El resultado es grotesco: el gas americano cuesta mucho más, encarece la industria europea y, de paso, ata políticamente a unos países que se dicen soberanos pero obedecen como sátrapas. Para justificarlo, se invoca la eterna amenaza rusa: «Defiéndete de Moscú comprándonos a nosotros», repite el procónsul de turno, y los europeos asienten como hipnotizados.</p>



<p>Pero hay más. La fiebre privatizadora —que Margaret Thatcher inició y los partidos que se llaman socialdemócratas continuaron con fervor de conversos— ha convertido los bienes comunes en pingües rentas privadas. El agua de Inglaterra pertenece a una compañía que, lejos de mejorar el servicio, sube tarifas mientras vierte aguas fecales a los ríos. Los ferrocarriles británicos, otrora orgullo victoriano, son un laberinto de precios altos y rutas canceladas. Los autobuses recortan líneas rurales porque «no son rentables». Todo aquello que el capitalismo industrial clásico —sí, aquel que leía a Ricardo y a Mill— consideraba infraestructura pública para abaratar los costes de la vida, ha sido entregado al mejor postor. Y el postor, cómo no, sube el precio.</p>



<p>La paradoja es sublime: Occidente predica el libre comercio pero impide a los europeos comprar energía barata; predica la eficiencia privada pero ofrece peores servicios a mayor precio; predica la democracia pero financia guerras para que Ucrania «luche hasta el último ucraniano» a fin de debilitar a Rusia, como confesó cínicamente cierto líder. Y mientras, el sabio chino, a quien injurian llamándolo autócrata, mantiene la energía, el agua y la sanidad como servicios públicos, financiando con crédito estatal los molinos de viento que Europa no se atreve a construir. ¿Quién es aquí el bárbaro y quién el civilizado?</p>



<p>El Profeta —sobre él la paz— dijo: «Los musulmanes participan de tres cosas: el agua, el pasto y el fuego». Eran bienes comunes, inapropiables, necesarios para la vida. Occidente olvidó esa sabiduría y ahora arde en el fuego de un monopolio, bebe agua privatizada y deja que el viento se lo lleve un oligopolio. Quizá por eso el Altísimo castigó a tantas naciones en el Corán: no por su pobreza, sino por su avaricia.</p>



<p>Te escribiré pronto sobre el colmo del delirio: cómo han falsificado la historia económica para que llamemos «progreso» a esta forma de suicidio.</p>



<p>Tu amigo que te añora,</p>



<p><strong>Jeque Bahram ibn Rustam</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<h4 class="wp-block-heading">Carta III: Del olvido voluntario de las viejas leyes o cómo la civilización que cancelaba deudas se volvió su verdugo</h4>



<p style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--60)">A mi apreciado Mirza Hashem, luz de mis conversaciones:</p>



<p>He reservado para esta carta la reflexión más inquietante de cuantas he recogido en mis viajes. Visité hace unos días el Museo Británico —ese inmenso almacén de despojos imperiales que los ingleses exhiben con orgullo— y me detuve ante las tablillas mesopotámicas. Allí, en caracteres cuneiformes, están grabados los edictos de los reyes de Sumer, Babilonia y Asiria. Cada nuevo monarca comenzaba su reinado con un andurārum: cancelaba las deudas, liberaba a los siervos y devolvía las tierras a quienes las habían perdido. La finalidad era transparente: si una oligarquía acumulaba toda la propiedad, el campesino libre desaparecía, y con él los impuestos, el ejército y la mano de obra para los canales. El rey que no lo hacía perdía el mandato del cielo.</p>



<p>Lo mismo hicieron los faraones egipcios, y la Torá lo codificó en el Levítico: cada cincuenta años, el jubileo restauraba la justicia original. Cuando Jesús —sobre él la paz— se levantó en la sinagoga de Nazaret y desenrolló el pergamino de Isaías, proclamó «el año de gracia del Señor», que no era otra cosa que la cancelación de las deudas. El cristianismo primitivo, me decía mi amigo economista, fue un movimiento de liberación económica antes de que Roma lo domesticara y lo convirtiera en religión imperial, mutilando su mensaje.</p>



<p>Pues bien, querido Mirza, Occidente ha hecho algo peor que olvidar estas leyes: las ha invertido, y ha construido una ciencia económica que niega incluso que el problema exista. Los teóricos de esta nueva fe —los utilitaristas ingleses, los premios Nobel del engaño— afirman que no hay diferencia entre precio y valor. Que si un banco cobra intereses de usura por una hipoteca, eso es un «servicio productivo». Que si un monopolio sube el precio de las medicinas, es «elección del consumidor». Todo el vocabulario económico se ha convertido en un artefacto para ocultar la transferencia de riqueza del trabajo a la renta. Y quien se atreve a decir que existe un sector «improductivo» que vive de chupar la sangre de la producción —como hicieron los fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx— es inmediatamente tildado de enemigo de la libertad.</p>



<p>La libertad que ellos defienden, he comprendido al fin, es la libertad del zorro en el gallinero.</p>



<p>En este contexto, la guerra civilizatoria de la que tanto hablan no es entre democracia y autocracia. Es entre los países que aún practican la vieja sabiduría —China, Rusia, Irán, que mantienen la energía, el crédito y el suelo como servicios públicos— y el Occidente oligárquico que ha privatizado hasta la narrativa. China financia su industria con dinero público y mantiene los precios de los alimentos y la vivienda bajo control estatal; hace, en suma, lo que los economistas clásicos ingleses soñaron. Pero como lo hace un gobierno que no se somete a los mercados financieros de Wall Street, es declarado «autocrático». Yo, que vengo de una tierra donde el bazar y la mezquita dialogan desde hace milenios, os digo que hay más democracia sustantiva en un plato de arroz asequible que en todas las papeletas de voto que se imprimen en Europa.</p>



<p>Mi amigo economista, que ha dedicado su vida a desmontar esta farsa, me regaló una frase que llevo grabada: «Las civilizaciones caen porque olvidan la dinámica que las hizo grandes». La nuestra —la islámica— también tuvo sus ciclos, pero en sus momentos de esplendor supo que la acumulación sin límites es una enfermedad del cuerpo social. Occidente, que se creía inmune, está mostrando todos los síntomas. Y lo más trágico es que ni siquiera sabe leer las tablillas que guarda en sus vitrinas.</p>



<p>Te abrazo con afecto,</p>



<p><strong>Jeque Bahram ibn Rustam</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p style="font-style:normal;font-weight:800">Las opiniones aquí expresadas pertenecen al personaje ficticio, no a sus autores reales ni al equipo editorial. La ironía es un puente, no un muro.</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-green-cyan-color has-text-color has-link-color has-regular-font-size wp-elements-cba1e1f4662d2fa2d7cafdc63e75ae65" style="padding-top:0px;padding-bottom:0px"><blockquote><p>«El sabio no teme a los espejos rotos, sino a quienes creen poseerlos intactos» (inspirado en Hafez).</p></blockquote></figure>
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		<title>Apuntes sobre la bióloga Lynn Margulis (III)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Fernando Gómez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Aug 2026 10:52:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Autores]]></category>
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		<category><![CDATA[ADN]]></category>
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		<category><![CDATA[El origen de las especies]]></category>
		<category><![CDATA[Lynn Margulis]]></category>
		<category><![CDATA[Naturaleza]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Palabras, palabras, palabras. Las palabras encantadas y seductoras se inmiscuyen. Es común equiparar la visión neodarwinista de la evolución con [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Palabras, palabras, palabras. Las palabras encantadas y seductoras se inmiscuyen.</p>



<p>Es común equiparar la visión neodarwinista de la evolución con la palabra <em>competición</em> y la visión simbiótica con la palabra <em>colaboración.</em></p>



<p>Lynn advierte que no se deben utilizar esas palabras antropocéntricas para describir a la naturaleza, ni se debe hablar de <em>coste-beneficio</em> o <em>cooperación-competición</em> en ese contexto. Esas palabras son propias de los bancos y del baloncesto, pero no son propias de una explicación científica. También nos advierte sobre el uso de metáforas en la ciencia.</p>



<p>¿De dónde viene la idea de que los organismos compiten para sobrevivir y la de la metafórica <em>supervivencia del más apto</em>?</p>



<p>Darwin, era un naturalista rico y bien relacionado con la alta sociedad y el poder real que lo financiaba y promocionaba. Hizo énfasis en la <em>competición</em> por lo que oía, leía y absorbía sobre la vida social en la era del primer capitalismo victoriano y de la industrialización temprana, que fue <em>ferozmente</em> expansiva, explotadora y de gran impacto social.</p>



<p>La teoría darwiniana de la selección natural basada en la lucha por existir no es más que la teoría socioeconómica del <em>laissez-faire</em> (dejar hacer) aplicada a la naturaleza.</p>



<p>La razón por la que vemos tanta lucha es porque es el reflejo de nuestro mundo social.</p>



<p>Aislados de los procesos naturales hemos creado nuestros propios problemas.</p>



<p>Hobbes habla sobre el estado natural de guerra de la naturaleza.</p>



<p>Tennyson canta que «la naturaleza tiene rojas las garras y los dientes».</p>



<p>Herbert Spencer, no Darwin, acuña la expresión: <em>la supervivencia del más apto</em>.</p>



<p><em>Supervivencia del más fuerte</em>, en el sentido de enfrentar a la gente y que gane el mejor.</p>



<p>Todas esas metáforas van más allá de la intención y de lo quería decir Darwin.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow" style="margin-top:0;margin-bottom:0;padding-bottom:0">
<p style="margin-bottom:var(--wp--preset--spacing--70)">«La vida no tomó el mundo por el combate, sino por la creación de redes» (Lynn Margulis).</p>
</blockquote>



<p>El problema con las metáforas es que están basadas en comparar esto con aquello que puede tener similitud, pero no es idéntico. La metáfora puede hacernos asumir una relación que no existe. La cultura popular más vulgar ha asumido <em>la supervivencia del más fuerte</em>. Expresión con implicaciones políticas que va más allá de su significado biológico original.</p>



<p>Darwin usó una metáfora que se aplicaba en otro contexto, el de su poderosa clase social. Debemos comprobar adónde ha llevado la metáfora después.</p>



<p>El título completo del famoso libro de Darwin es: <em>Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida.</em> Desde su publicación en 1859, la teoría propuesta se ha convertido en una ley ineludible de la naturaleza y suele justificarlo todo. Desde la brutal competición escolar y negocios, a la explotación económica global de la gente y del entorno. Todo se basa en combatir.</p>



<p>El darwinismo social amalgama diversas teorías e ideas pseudocientíficas y políticas basadas en extrapolaciones entre las <em>feroces</em> leyes de la naturaleza y las de la sociedad.</p>



<p>Corrientes ideológicas, que legitimaron el capitalismo en su forma más salvaje, extrema y agresiva. Aliento de racismo, nacionalismo, fascismo, genocidio, eugenesia, esterilización y guerra.</p>



<p>Otra metáfora oscura es la del <em>gen egoísta</em>, creada por Richard Dawkins, declarado y activo neodarwinista. En su libro dice: «somos máquinas de supervivencia, vehículos robóticos programados a ciegas, para preservar esas moléculas egoístas conocidas como genes».</p>



<p>Muchas teorías usan metáforas, al hacerlo, se distancian de los hechos hasta distorsionarlos.</p>



<p>No hay forma de que una cadena de ADN pueda ser egoísta. Un gen no tiene un yo, ni lo es. La metáfora de Dawkins, <em>el gen egoísta</em>, surge de su cultura occidental, promotora del poder del individuo sobre la comunidad. Como lo presenta como ciencia, se toma como una verdad, y contribuye a una cultura de avaricia y egoísmo.</p>



<p>Estas dos metáforas, <em>la supervivencia del más apto</em> y <em>el gen egoísta,</em> son la base del espíritu neodarwiniano, la creencia dominante de que los humanos son genéticamente individualistas egoístas y agresivos. Para ellos, el éxito solo se alcanza al vencer en batallas competitivas. Lo demás es sentimentalismo infantil.</p>



<p>El modo de mirar a la naturaleza marca la diferencia.</p>



<p>Los neodarwinistas ven en la naturaleza individuos egoístas independientes luchando por la existencia. Mientras que Lynn y otros científicos ven en la naturaleza comunidades interdependientes de organismos.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow" style="padding-bottom:0">
<p>«Siempre pensé que en la humanidad hay mayor porción de nobleza que de vileza. El drama lo produce el hecho de que ésta se organiza sin necesidad de organizadores. Confluyen los egoísmos de la ambición de poder sobre los demás seres que no los padecen. Se organiza el dominio. Y este narcisismo sádico se cubre con ideologías totalitarias que, lejos de responder a una totalidad social, la aplastan en nombre de la nación o de la clase obrera, en nombre de la libertad de mercado o del progreso industrial» (Antonio García-Trevijano).</p>
</blockquote>



<p>Cuando nos damos cuenta de que tenemos una elección, tenemos que decidir cómo adoptar el nuevo paradigma. Nos acercamos a un nuevo comienzo y debemos cambiar radicalmente.</p>



<p>Ahora estamos en el mundo de la fuerza de las oligarquías financiero-económico-políticas. Consideremos estar en el mundo de la lealtad-verdad-libertad, para darle la vuelta al cuento y poder afrontar cualquier situación. Ser capaces de hallar soluciones pacíficas a los conflictos, que siempre existirán. Somos afortunados de que existan, porque nos recuerdan y demuestran que todos somos diferentes.</p>



<p>Esperemos que esta revolución científica en marcha prospere, porque sospechamos que el modelo competitivo es letal. La ciencia siempre está cambiando y abriendo caminos nuevos.</p>



<p>Cuidar y compartir el saber son las acciones más naturales del comportamiento humano.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>«<em>El mejor conocimiento de las ciencias naturales ha permitido encontrar en la Naturaleza un principio universal que supera en extensión y eficacia a todas las virtudes morales.</em></p>



<p style="margin-bottom:0"><em>Lo que se creía que sólo era un principio de lealtad de la especie a la especie, sin trascender a los individuos, ha resultado ser una ley general de lealtad de cada rincón de la naturaleza a la Naturaleza, como lo cantó Emerson</em>» (Antonio García-Trevijano).</p>
</blockquote>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow" style="padding-bottom:0">
<p>«<em>Todos los reinos y todos los suburbios de la naturaleza prestan su lealtad a la causa donde ésta tiene su origen</em>» (Ralph Waldo Emerson).</p>
</blockquote>



<p>(Continuará).</p>



<p></p>
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		<title>Lo que arde</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Vicente Dessy]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 15 Aug 2026 15:05:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Criterios]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[incendios]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tres generaciones culturales. Adoctrinadas desde la cuna a la tumba por la propaganda del régimen. Pastoreadas por el desierto mental [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Tres generaciones culturales. Adoctrinadas desde la cuna a la tumba por la propaganda del régimen. Pastoreadas por el desierto mental y campirano que ya es España. Se creen indignados y desolados por el fuego que consume lo poco verde que queda en España. Pareciera que el fuego no les deja ver la realidad que las llamas van a revelar. Porque la realidad siempre se presenta, por las buenas o por el fuego que quema los prejuicios mentales de los hijos de la Transición.&nbsp;</p>



<p>No hay conspiración. No hay inteligencia para eso. Es mucho más burdo y vulgar. Lo propio de la casta política que se elige a sí misma en su circulación cerrada y selección negativa de los más ineptos. No importa quien gobierne. Las llamas han reducido a cenizas esa cateta creencia desde el 78 de que todos los territorios de España son iguales; ese patético prejuicio de que la tierra propia es única, merece atención y vale lo mismo que las demás. Creencias predicadas por los pastores de la Transición a unas ovejas que se quedaron sin pasto donde comer.</p>



<p>Desnacionalización; insulto permanente a España; pérdida de la conciencia de la unidad de la nación; Españas de primera y de cuarta, unas cuentan y las otras se vacían; permanente estado de descontento; tibieza en la adopción de decisiones; liderazgo verdadero y meritocracia en la vida privada ausentes en la pública.&nbsp;</p>



<p>Lo que comenzó ardiendo en las Peñas de Riglos y siguió hasta San Juan de la Peña, no se podía evitar. Esta casta política actúa como sabe. O sea, mirando al dedo que le pone en la lista y no al elector que es evacuado. Deja pasar tres o cuatro días. No importa. No me eligen ellos. Mi jefe no dice nada. Pero cuando la marea de la opinión pública empieza a crecer, hacen lo de siempre. La foto. Tarde y cuando el fuego ya no es controlable pero huelen el miedo a que el dedo de arriba les quite. No saben nada pero tampoco quieren saber ni les importa.&nbsp;</p>



<p>Con esos mimbres políticos es imposible. Les da igual. Desprecian España. ¿Cómo no van a despreciar unos montes perdidos en la nada? Desprecian a los electores porque no los necesitan. Lo que está pasando no se podía evitar. Este es el drama. Y volverá a pasar. Se quemará lo que se salve esta vez. Hay tanto formol anestésico repartido por los pastores de la Transición que el ciudadano ni siquiera es consciente de lo que sucede. Lo tiene delante de sus ojos pero sigue ciego. Tan potente es el veneno inoculado desde el 78. Y le volverán a engañar. Se dejará engañar. Es ese diabólico engranaje que hace girar las ruedas podridas del régimen. </p>



<p>Lo que no hay es un plan siniestro-conspiranoico que busque la tierra quemada. Demasiado inteligente para el político español. La conspiración es el refugio de las mentes ciegas. </p>



<p>Lo que hay es un régimen irresponsable ante el &nbsp;elector evacuado de cada pueblo en llamas; un régimen que necesita Españas silenciadas para dejar que el gozne del régimen sea quien odia a España; un régimen que se desprecia a sí mismo porque desprecia a sus ciudadanos; un elector impotente que no puede hacer nada por cambiar a estos ineptos; una ideología ecologista que hace arder la realidad natural de la buena gestión forestal; lo que hay es resignación, defecto de los cobardes y miedo, cadena de los esclavos.</p>



<p>Lo que arde no es el monte. Ese es el epifenómeno, consecuencia secundaria pero necesaria de un proceso luciferino puesto en marcha desde el 78: lo que arde es la nación, lo mejor de lo que queda de la sociedad civil aún viva. </p>



<p>Ecocidio de una sociedad que se odia a sí misma. Engañada por décadas, desarmada de sentido común y crítico, con respiración asistida. Quedaba este último acto de la tragedia española. La protesta de lo mejor, será un clamor en el desierto.</p>



<p>En los estertores del 78, faltaba este canto del cisne de España. Ya está servido. </p>
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		<title>La libertad no tiene edad, tiene principios</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Pedro M. González]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Aug 2026 09:45:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hubo un tiempo en que la política pretendía justificarse por la razón. Después, quiso legitimarse mediante la Historia. Más tarde, [&#8230;]</p>
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<p>Hubo un tiempo en que la política pretendía justificarse por la razón. Después, quiso legitimarse mediante la Historia. Más tarde, apeló a la igualdad, al progreso, a la solidaridad o al cambio. Hoy, agotadas todas esas palabras por el abuso propagandístico, el Estado de partidos ha encontrado un nuevo ídolo: la juventud.</p>



<p>No importa lo que piense un hombre. No importa la verdad de sus ideas, la calidad de su juicio ni la experiencia que haya adquirido en el estudio de la realidad política. Lo decisivo es que sea joven. La edad ha sustituido al pensamiento. El calendario ha reemplazado al criterio.</p>



<p>La juventud es una condición biológica, no una categoría política. Del mismo modo que nadie es más sabio por ser alto ni más virtuoso por tener los ojos azules, nadie adquiere autoridad política por el mero hecho de haber nacido hace treinta años en lugar de hace sesenta. Convertir la edad en un título de legitimidad constituye una forma de biologismo incompatible con la razón política.</p>



<p>García-Trevijano comentaba que en la época contemporánea nadie debía escribir sobre política antes de los cuarenta años, no así para la ficción o la poesía por la propia viveza de los sentidos. Enseñaba como la Historia demuestra, además, que la exaltación política de la juventud nunca ha sido patrimonio de una sola ideología.</p>



<p>Todos los movimientos de masas han comprendido el extraordinario valor propagandístico de asociar el porvenir con la juventud. En efecto, los totalitarismos del siglo XX hicieron de ella uno de sus principales instrumentos de movilización. El régimen nazi edificó las Juventudes Hitlerianas; el fascismo italiano organizó la <em>Opera Nazionale Balilla</em>; el comunismo soviético convirtió al Komsomol en escuela de cuadros del Partido. Más tarde, los Jemeres Rojos llevaron esa lógica hasta uno de sus extremos más atroces: desconfiaban de los adultos precisamente porque conservaban memoria, experiencia y vínculos sociales anteriores a la revolución. La juventud, más fácilmente moldeable, fue convertida en brazo ejecutor del terror.</p>



<p>No es casualidad. Todo poder que aspire a rehacer la sociedad desde sus cimientos necesita antes destruir la autoridad de la experiencia. Pero sería un error creer que esta instrumentalización desapareció con los totalitarismos. En la España del Estado de partidos, todas las organizaciones han mantenido sus respectivas juventudes: Juventudes Socialistas, Nuevas Generaciones del Partido Popular, las juventudes comunistas, las organizaciones juveniles de los partidos nacionalistas e incluso Fuerza Joven, vinculada a Fuerza Nueva. Los colores cambian, los himnos cambian y las consignas cambian; el mecanismo psicológico permanece intacto.</p>



<p>Las llamadas «organizaciones juveniles» no nacen para favorecer el juicio independiente, sino para incorporar precozmente al individuo a la estructura mental del partido. Antes de aprender a pensar, el joven aprende a obedecer. Antes de conocer la realidad política, aprende el lenguaje de la propaganda. La organización sustituye a la conciencia.</p>



<p>La obsesión por la juventud, sin embargo, no es sino una manifestación contemporánea de una superstición mucho más antigua: el culto a la novedad. De la misma forma, intelectualmente es más fácil deformar desde cero, olvidando lo andado.</p>



<p>Europa ya conoció las consecuencias de esa superstición en uno de los momentos decisivos de su historia. En el siglo XVIII coexistieron dos concepciones radicalmente distintas de la libertad política. Montesquieu había descubierto el secreto institucional de la libertad: la separación de poderes, el equilibrio entre órganos del Estado y la necesidad de impedir que el poder pudiera concentrarse en una sola voluntad. Su preocupación no era quién gobernaba, sino cómo impedir que cualquiera pudiera gobernarlo todo.</p>



<p>Frente a él apareció Rousseau, cuyo lenguaje sedujo a una generación entera. La voluntad general, la regeneración del hombre, el comienzo de una nueva era y la promesa de rehacer la sociedad desde sus cimientos poseían el atractivo irresistible de todo lo que se presenta como nuevo. Montesquieu era lo viejo, lo antiguo; Rousseau representaba el futuro. Y, una vez más, triunfó la biografía sobre la razón.</p>



<p>No venció la teoría que mejor protegía la libertad, sino la que despertaba mayor entusiasmo. El equilibrio institucional quedaba como un residuo del Antiguo Régimen. La juventud intelectual abrazó a Rousseau porque ofrecía la embriaguez del porvenir, mientras despreciaba a Montesquieu precisamente porque parecía pertenecer a ideas y métodos obsoletos. Las consecuencias fueron devastadoras.</p>



<p>Allí donde Montesquieu había concebido instituciones destinadas a impedir el despotismo, el rousseaunismo abrió la puerta a la concentración ilimitada del poder en nombre de la voluntad general. Cuando desaparecen los contrapesos institucionales, la libertad deja de depender de las leyes para depender de quienes dicen interpretar la voluntad del pueblo. Sieyès pensó lo anticuado de que el diputado del distrito representara solo al distrito, lo moderno era que representara a la nación.</p>



<p>Desde entonces, la política europea arrastra una enfermedad recurrente: confundir lo nuevo con lo verdadero. Como si la cronología otorgara razón. Como si toda novedad implicara progreso. Como si las instituciones dejaran de ser válidas simplemente porque han envejecido. Leibholz vio la democracia representativa tras la Segunda Guerra Mundial como algo superado por la moderna integración de masas en el Estado a través de partidos estatalizados. Nacía la partidocracia. La gran tragedia de la política moderna comenzó cuando Europa prefirió el brillo de la novedad a la arquitectura de la libertad. Desde entonces, cada generación ha vuelto a cometer el mismo error: creer que la edad, o lo nuevo, pueden sustituir a la razón.</p>



<p>La idolatría contemporánea de la juventud participa exactamente de esa misma lógica. Antes se despreciaban las ideas porque parecían antiguas; ahora se desprecia a estas y a quienes las sostienen porque tienen demasiados años. En ambos casos el criterio deja de ser la verdad para convertirse en una cuestión biográfica.</p>



<p>Por eso, el Estado de partidos insiste obsesivamente en la «renovación generacional». No busca inteligencia; busca renovación de cuadros. No pretende incorporar pensamiento nuevo; pretende asegurar la continuidad del aparato mediante dirigentes cuya principal virtud consiste en haber sido socializados desde la adolescencia dentro de la organización.</p>



<p>La propaganda moderna ya no vende programas. Vende emociones. Tampoco vende ideas. Difunde imágenes en YouTube. El comunicador debe parecer cercano, dinámico, espontáneo, moderno. Debe hablar el lenguaje de las redes sociales y transmitir la ilusión de representar un tiempo nuevo, aunque reproduzca exactamente las mismas estructuras oligárquicas que sus predecesores, aun negándolas. La juventud funciona entonces como una marca comercial. Se comercializa el cuerpo para ocultar la ausencia de pensamiento.</p>



<p>La obsesión contemporánea por la juventud, sin embargo, no nace del amor a los jóvenes. Nace del desprecio hacia la inteligencia, y de la arrogancia. Una sociedad verdaderamente libre jamás preguntaría primero la edad de quien habla. Preguntaría por la verdad de lo que dice. No existen ideas jóvenes ni ideas viejas. Existen ideas verdaderas e ideas falsas. Cuando la edad se convierte en un argumento, ya ha renunciado al pensamiento. Y cuando el poder convierte la juventud en un mérito político, no está ensalzando a los jóvenes: está degradando la política hasta convertirla en una cuestión de apariencia.</p>
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