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	<title>EXE Fitness</title>
	
	<link>http://www.exefitness.eu/blog</link>
	<description>European exercise company</description>
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		<title>FItness y BOdybuilding. FIBO 2012</title>
		<link>http://www.exefitness.eu/blog/fitness-y-bodybuilding-fibo-2012/</link>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 10:22:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>acasado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Eventos]]></category>

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		<description><![CDATA[Los días 18 y 19 de Mayo estaremos en FIBO 2012 en Madrid (Casa de campo) en el stand C-06. Mostraremos nuestros productos más exclusivos en la feria FIBO Spain: la sorprendente elíptica multifunción Ícarus E650, las exclusivas cintas de correr de alta gama T600 y T700 y la sofisticada bici de ciclo indoor EXE-luxe [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los días <strong>18</strong> y <strong>19</strong> de <strong>Mayo</strong> estaremos en <strong>FIBO 2012</strong> en Madrid (Casa de campo) en el <strong>stand C-06</strong>.</p>
<p>Mostraremos nuestros productos más exclusivos en la feria FIBO Spain: la sorprendente elíptica multifunción Ícarus E650, las exclusivas cintas de correr de alta gama T600 y T700 y la sofisticada bici de ciclo indoor EXE-luxe X700.</p>
<p>Por un lado haremos la presentación oficial de la nueva elíptica Ícarus E650, una novedosa máquina que gracias a su zancada ajustable permitirá al usuario ir del paso corto que caracteriza al stepper a la larga zancada de una elíptica. La Ícarus E650 te ofrece la inigualable experiencia de vivir el vuelo de Ícaro, prolongando la zancada desde un paso corto inicial hasta las largas zancadas finales antes de lanzarte al vuelo.</p>
<p>Las cintas de correr, nuestro productos estrella, deleitarán a los visitantes con su impresionante diseño y sus atractivas curvas. La T700 será la reina de esta colección: su velocidad punta de hasta 32 km/h y su sistema de declinación de hasta un -5%, único en el mundo, además de su perfecto diseño y su increíble calidad, garantizan su triunfo entre los atletas de élite, centros de alto rendimiento y todo lugar donde la competitividad esté presente.</p>
<p>Como guinda final, ofreceremos una edición limitada de su exitosa bici de ciclo indoor X700: la EXE-luxe X700. Cromada en oro y decorada con brillantes cristales, la EXE-luxe X700 atrapará no solo a los amantes del lujo y la sofisticación, también lo hará a los más exigentes usuarios, porque su indiscutible calidad y su sorprendente mecanismo magnético son ya referentes en el mercado.</p>
<p>EXE-luxe en FIBO Spain: ven y vuela con la Ícarus E650, explora tus límites con la T700, brilla en la oscuridad con la EXE-luxe X700. Apto solo para ti, la crème de la crème.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más información en <a href="http://www.fitnessybodybuildingfibo.com">www.fitnessybodybuildingfibo.com</a>.</p>
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		<title>EXE Fitness tiene el placer de  presentar ICARUS…..</title>
		<link>http://www.exefitness.eu/blog/exe-fitness-tiene-el-placer-de-presentar-icarus/</link>
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		<pubDate>Mon, 12 Mar 2012 10:57:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>acasado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[E650 ADJUSTABLE RUN. Con su zancada ajustable cumple una doble función; steper y elíptica]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.exefitness.eu/blog/wp-content/uploads/E650-pegatinas2.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-233" title="E650-pegatinas2" src="http://www.exefitness.eu/blog/wp-content/uploads/E650-pegatinas2.jpg" alt="" width="886" height="988" /></a><strong>E650 ADJUSTABLE RUN.</strong></p>
<p><strong>Con su zancada ajustable cumple una doble función; steper y elíptica</strong></p>
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		<title>“Tardes de gelatina roja” de Marisol Torres Galán</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Feb 2012 08:32:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>acasado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[La música está demasiado alta. El tipo rapado de negro que dirige el espectáculo, dice algo, grita algo. Sigo sus indicaciones, no porque le haya escuchado, sino porque los que están delante parecen haberle oído. Yo les sigo. He llegado aquí a seguir las indicaciones del rapado de negro. Mi vida se reduce a aguantar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La música está demasiado alta. El tipo rapado de negro que dirige el espectáculo, dice algo, grita algo. Sigo sus indicaciones, no porque le haya escuchado, sino porque los que están delante parecen haberle oído. Yo les sigo. He llegado aquí a seguir las indicaciones del rapado de negro. Mi vida se reduce a aguantar lo que ordene el director de orquesta, subido en su bici al frente de esta banda de músicos locos.<span id="more-224"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Delante de mí, una mole de gelatina roja se mueve al compás de la música, arriba y abajo. Todo su cuerpo, la enorme masa de grasa, los músculos que se adivinan debajo, toda esa carne tiembla y se agita. Ahora su espalda ya no es tan roja, comienza a mojarse de sudor, y la camiseta, de fibras sintéticas,  brillante y ceñida, se va tiñendo de rojo oscuro, mientras un reguero baja desde su cuello, conquista las axilas, la espada entera, el ceñido pantalón corto… se extiende y se expande como un derrame, como el desbordamiento de un charco. No puedo más, los músculos se quejan, exigen a mi cerebro que pare esta tortura, se rebelan, se niegan a continuar. Me pongo de pie y me relajo un poco, sigo el ritmo de la música, inclino el cuerpo hacia uno y otro lado. Canto a voz en grito y el hecho de dejarme llevar por la música me relaja, lleva un poco más de oxígeno a los músculos. Sudo, pequeñas gotitas se van formando en mi frente, empapan un mechón de mi pelo, y en el siguiente vaivén me golpea la frente como una rama de sauce una tarde de lluvia. Una gota cae al suelo. Me parece escuchar, en medio de este ruido,  cómo cae mi gota de sudor sobre el suelo. Me he distraído, he perdido el ritmo. Ahora toca subir, un poquito más fuerte, grita el rapado de negro. Subo, un poquito más. Me rompo. No abandono. Me duele. Aguanto. Aguanto tanto tiempo así, subiendo, que he perdido la noción del tiempo. Miro el reloj: la tortura aún durará veinte minutos más. No resistirás, escucho una voz en mi cabeza. Resistiré, grito. Nadie me escucha, la música y los latidos de cada corazón tapan mi grito.</p>
<p style="text-align: justify;">La espalda de gelatina roja ahora me dice que el límite está cerca, también para él. Puedo sentir su agonía en cada pedalada, tocando fibras de dolor, de extenuación. Y mirándole, observando su cuerpo, he olvidado el mío.</p>
<p style="text-align: justify;">Un poquito menos, grita el director de orquesta. Deprisa, estamos bajando. Intento acelerar el ritmo, ahora duelen músculos diferentes. Duelen un poco. Deprisa, vamos, vamos, no consigo escuchar, pero veo los gestos. Y más deprisa, bajando, bajando. Dolor. Deprisa. Seguimos bajando.</p>
<p style="text-align: justify;">Suena una música suave, muscularmente conciliadora, vamos parando dice el rapado de negro. Despacio, vamos parando. Bebo agua con ansia. Recupero el pulso. Disfruto de haber llegado hasta allí. Estiramientos, músculos que gimen, piernas que agradecen el descanso. Aplausos.</p>
<p style="text-align: justify;">Hemos terminado, con la toalla seco mi frente, mis brazos. Seco con mimo la bicicleta, retiro mi funda de silicona del sillín y salgo de la sala de spinning. Espalda de gelatina roja, exhalando aroma de hombre feliz, camina hacia los vestuarios justo delante de mí. Sonrío.</p>
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		<title>“Fútbol de calle y de vida” de Alicia Santamaría Jiménez</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Feb 2012 08:30:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>acasado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[Omar, sí, pongamos que se llama Omar. En realidad podría llamarse también Mahmoud, Ahmed o Mustafá, porque Omar no es un personaje, es un niño real que juega en las calles del Cairo, con su viejo chándal descolorido del Barcelona, pelo revuelto y sin zapatos, siempre sin zapatos. Todos los días veo a la misma [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Omar, sí, pongamos que se llama Omar. En realidad podría llamarse también Mahmoud, Ahmed o Mustafá, porque Omar no es un personaje, es un niño real que juega en las calles del Cairo, con su viejo chándal descolorido del Barcelona, pelo revuelto y sin zapatos, siempre sin zapatos. Todos los días veo a la misma pandilla de niños, jugando al fútbol en una calle que, si bien no es de las que más tráfico tiene, sí que pasa algún que otro coche. Pero allí están ellos en medio de la carretera, con su balón y sus porterías improvisadas con algún trozo de cartón o algunas piedras. Como he dicho, Omar pertenece a esta variopinta pandilla de la que destaca por ser el que más corre aunque, tristezas de la vida, yo comenzara a fijarme en él por ser el único que no llevaba zapatos y, aún así, sus pies volaban sobre el asfalto.<span id="more-221"></span></p>
<p style="text-align: justify;"> Las primeras veces que pasaba junto a ellos, he de decir que siempre me enfadaba porque tenía que sortearlos, siempre temiendo que el balón fuera a parar directamente sobre mi cabeza. Pero conforme fueron pasando las semanas, al llegar a esa zona siempre aminoraba mi paso y los miraba fascinada: Omar, que creo que siempre juega de defensa, se cruzaba el campo de portería a portería, haciendo dos, tres y hasta cuatro regates consecutivos, jugándose sus ya maltrechos pies en cada uno de esos regates; y cuando creía que iba disparar emulando al futbolista que lleva escrito en su espalda, entonces la mayoría de las veces, levantaba su pequeña cabeza y con ojos de pillo miraba a su compañero de equipo, mayor que él, y le lanzaba con minuciosa puntería el pase definitivo que su amigo convertía en gol.</p>
<p style="text-align: justify;"> La celebración era también digna de mencionar: Omar era aupado por el que había encajado el tanto, o se tiraban al suelo al más puro estilo de las grandes estrellas del futbol que tanto veían por televisión (con la diferencia de que el suelo era algo más áspero y duro que el que salía por la tele). Otras veces, Omar no corría tanta suerte y tras pegarse su ya habitual carrerilla, entonces venía un coche peligrosamente embalado y había que desmontar el improvisado campo de fútbol en menos que cantaba un gallo, y vuelta a empezar la jugada desde el principio.</p>
<p style="text-align: justify;">Además de los zapatos, había otra cosa que no tenía Omar: una mochila. Un día que pasé casualmente más temprano de lo normal, me fijé que todos los niños llegaban de la escuela y tiraban sus carteras en un montón antes de comenzar su partido. Todos menos Omar que salía corriendo de unos de los edificios cercanos, por lo que supuse que se trataba del hijo de algún portero que, como es tristemente habitual, no son escolarizados por tener que trabajar o ayudar en casa, en el mejor de los casos. La escuela de Omar está en la calle, su clase de gimnasia se imparte en la carretera, jugando al fútbol. Nadie lo supervisa, no hay profesor o árbitro alguno, pero sigue escrupulosamente las reglas de este deporte, y tiene tanto respeto a sus compañeros, que sorprendería a cualquier forastero que venga del otro mundo más civilizado.</p>
<p style="text-align: justify;">Esas ganas y coraje que Omar pone en cada jugada, se podrán traducir con suerte,  en esfuerzo y dedicación a algún trabajo más digno en un futuro, que le ofrezca más oportunidades de las  que le está brindando hoy la vida, y poder así comprar a sus hijos, zapatos suficientes para meter cuántos goles deseen, y mochilas, muchas mochilas. De momento y aunque no lo sepa, tiene la suerte de tener un balón y unos amigos esperándolo siempre en la calle, y no otros objetos y compañías fatales, lo cual en los tiempos que corren  ya es un gran paso. Así que, no ceses en tu empeño Omar, sigue corriendo así de rápido aunque  aún no lleguen los ansiados zapatos,  y pensemos en positivo, que nunca se sabe cómo va a terminar el regate.</p>
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		<title>I Concurso Relatos: Biografía Raúl Clavero</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Feb 2012 08:27:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>acasado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[Raúl Clavero es uno de los dos finalistas de nuestro I Concurso EXE Fitness de Relato Breve. Su obra &#8220;Corres porque&#8221; logró un hueco en la pole. Su relación con el deporte y la literatura nos la define él mismo: &#8220;Raúl Clavero. Nacido en Salamanca. Madrileño de adopción y culé de sentimiento. Lector voraz. ¿He [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #3366ff;"><strong>Raúl Clavero</strong></span> es uno de los dos finalistas de nuestro I Concurso EXE Fitness de Relato Breve. Su obra <span style="color: #3366ff;"><strong>&#8220;Corres porque&#8221;</strong></span> logró un hueco en la pole. Su relación con el deporte y la literatura nos la define él mismo:</p>
<p style="text-align: justify;"><em>&#8220;Raúl Clavero. Nacido en Salamanca. Madrileño de adopción y culé de sentimiento. Lector voraz. ¿He dicho ya culé? Jugué al balonmano de pequeño, pero el día que fallé el penalti decisivo en una semifinal provincial, me di cuenta de que lo mejor era dejarlo a tiempo, y ahora sólo corro cuando llueve y no tengo un paraguas a mano. En los últimos años he trabajado escribiendo para diferentes productoras de televisión y por el camino he sido premiado en algunos concursos de guión y de relato breve como el Rovira-Beleta o el Europe Direct.&#8221;</em></p>
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		<title>Sin título – Daniel Buchon Moragues</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Feb 2012 12:39:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>acasado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Concursos]]></category>

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		<description><![CDATA[Y ahí estaba. Vestido con toda la parafernalia que se había comprado el día anterior. Le costó apuntarse. Le costó comprar la ropa adecuada. Le costó empezar. Pese a todo, ahí estaba. Salió de los vestuarios y se encontró ante una sala enorme llena de diferentes aparatos. La mayoría de ellos parecían aparatos de tortura. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Y ahí estaba. Vestido con toda la parafernalia que se había comprado el día anterior. Le costó apuntarse. Le costó comprar la ropa adecuada. Le costó empezar. Pese a todo, ahí estaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Salió de los vestuarios y se encontró ante una sala enorme llena de diferentes aparatos. La mayoría de ellos parecían aparatos de tortura. “¿Qué parte del cuerpo ejercitaba ese de la esquina?” “Ese se parece al que anuncian en la tele”.<span id="more-215"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Paseaba por la sala como si visitara un museo observándolo todo. Sin darse cuenta llegó al final del recorrido y se encontró frente a un gran ventanal que se encontraba a la altura de la acera y por el que se veía a la gente pasar. Al principio pensó que no le veían , que sería uno de esos cristales espejo de las salas de interrogatorio de las películas, pero en cuanto pasó un hombre y le miró con aire despectivo se dio cuenta que todo era transparente.</p>
<p style="text-align: justify;">Rápidamente se dispuso a hacer algo. Miró alrededor con el ánimo de encontrar algún aparato conocido y fácil. Claro, ¿cómo no? Debía empezar por la cinta de correr. Se acercó a la más cercana, se subió, apretó en botón “ON” y comenzó a moverse.</p>
<p style="text-align: justify;">Levantó la vista y vio la calle ante él. La gente andaba fuera y él andaba dentro. Se sintió mal e intentó cambiar la marcha apretando SPEED. Sabía lo que significaba porque para algo había asistido a clases en esa academia de idiomas tan buena y barata.</p>
<p style="text-align: justify;">Poco a poco la cinta fue aumentando la velocidad y empezó a correr. Se sentía raro. Corría sin avanzar mirando un cristal por el que se veía el ir y venir de la gente. Tenía que haberse traído el cacharro ese de música que le habían regalado por su cumpleaños.</p>
<p style="text-align: justify;">A los pocos minutos se ensimismó en sus pensamientos y casi olvidó que estaba corriendo en un escaparate para peatones. La bocina de una furgoneta de reparto le despertó y miró alrededor sobresaltado. Ya sería hora de volver a casa. Después de todo media hora ya era mucho para el primer día. Y quién sabe, quizás el último.</p>
<p style="text-align: justify;">Algo en la calle llamó su atención. Una chica pasó corriendo por la calle. Paró en un semáforo cercano y mientras esperaba, empezó a dar vueltas frente al cristal.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Qué hermosa  era! ¿Cómo era posible? Por un momento pensó que no había visto una mujer tan bella en su vida. La miraba tan fijamente que ella se dio cuenta. En una de sus vueltas miró al cristal con disimulo y vio a un hombre que corría sobre una cinta y que le miraba casi con la boca abierta. Sorprendentemente se sintió sonrojar. Le sonrió al mismo tiempo que cambiaba el semáforo y prosiguió su marcha.</p>
<p style="text-align: justify;">“Desde ese día odiaría el verde”, pensó mientras se pegaba al cristal para ver a la muchacha alejarse.</p>
<p style="text-align: justify;">Le costó volver, pero a la semana siguiente se encontró de nuevo sobre una cinta corriendo. Esta vez llevaba unos auriculares y música con ritmo para motivarle. “¡Qué recuerdos con esta canción! ¡Cómo bailaba con esta! Esta no me gustaba mucho…!” y pasó corriendo por la calle un ángel. Miró la hora. Sería aproximadamente igual que el otro día. Y de nuevo se repitió el ritual. Semáforo en rojo. Vueltas para no perder el ritmo. Mirada de niño frente a un escaparate de juguetes. Mirada de mujer avergonzada. Pequeña sonrisa. Color verde. Decididamente odiaba ese color.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante una semana entera fue al gimnasio a la misma hora. Sorprendentemente podía encontrar un hueco para hacer ejercicio.</p>
<p style="text-align: justify;">Y durante una semana un hombre que corría sobre una cinta y una mujer que corría por la calle compartieron miradas durante el tiempo que tarda un semáforo en cambiar de color.</p>
<p style="text-align: justify;">“¡Claro! ¿Cómo no lo había visto antes? Decisión tomada” Se dio de baja en el gimnasio y al día siguiente, sobre la hora señalada empezó a correr por la acera frente al cristal del gimnasio. Se haría el encontradizo, claro está, y luego, bueno, luego … mejor no pensar en nada.</p>
<p style="text-align: justify;">Llevaba ya más de un cuarto de hora dando vueltas junto a un semáforo nervioso, desesperado, sin saber qué hacer, pensar o decir. Una mezcla de alegría y tristeza le invadían a la vez, pero no dejó de moverse. En un momento se acercó al gimnasio y miró por el cristal.</p>
<p style="text-align: justify;">Dejó de correr cuado vio como una hermosa mujer, quizás la más bella que había visto en su vida, se subía en una cinta y empezaba a correr mirando a su alrededor como si buscara a alguien.</p>
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		<title>“Mangarinas” de Verónica Segoviano Marinas</title>
		<link>http://www.exefitness.eu/blog/mangarinas-de-veronica-segoviano-marinas/</link>
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		<pubDate>Mon, 20 Feb 2012 12:38:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>acasado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Concursos]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando escuché por primera vez los términos “naruto” y “otaku” pensé en dos cosas: comida japonesa y ciudades devastadas por el terror atómico. Sakura, mi única hija, ha cumplido catorce años, yo treinta y ocho, pero todo el mundo dice que parecemos hermanas. Hace ya tiempo que vamos juntas al Gimnasio Sensei. Fue allí donde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Cuando escuché por primera vez los términos “naruto” y “otaku” pensé en dos cosas: comida japonesa y ciudades devastadas por el terror atómico.</p>
<p style="text-align: justify;">Sakura, mi única hija, ha cumplido catorce años, yo treinta y ocho, pero todo el mundo dice que parecemos hermanas. Hace ya tiempo que vamos juntas al Gimnasio Sensei. Fue allí donde descubrimos algo que cambió nuestra vida: la cultura oriental. Nos entregamos tanto a sus preceptos y al ejercicio que conseguimos vencer la tiranía de nuestro fenotipo, tendente a la carnosidad, para lucir un tipito monísimo. La dieta, a base de algas, pescados crudos y té mantiene nuestro cutis luminoso. Fue tanto nuestro empeño que a los pocos meses de militar como clientas fuimos admitidas en su club exclusivo: Aliposómicas Esculturales. Su presidenta, Ikki, se ha convertido en mi mejor amiga y <em>personal shopper</em>.<span id="more-213"></span></p>
<p style="text-align: justify;">En la primera fase de nuestra evolución, adaptamos nuestros nombres. La niña lo tuvo claro enseguida. Yo también estuve tentada de algo más acorde con el espíritu de oriente, pero como soy funcionaria escogí Tracey, en honor a mi nueva escritora de cabecera, Tracey West. El siguiente peldaño fue hacernos <em>fans</em> de las series televisivas japonesas y convertirnos a la moda <em>cosplay</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, lo que para nosotras ha supuesto una revolución copernicana, se ha convertido en un linchamiento familiar al más puro estilo Torquemada. El primer descontento es mi marido, Secundino. Todo le parece mal: el gimnasio, la dieta, cómo vestimos, nuestras aficiones, nuestras amistades. Me echa en cara que quiera parecerme a una adolescente y que permita que la niña tenga los gustos de una mujer adulta. Es un anticuado, porque a mí me parece lo normal. ¿O es que espera que vayamos en contra de la corriente general?</p>
<p style="text-align: justify;">No sé qué hacer con él. No encaja para nada en nuestro estilo de vida. Como le comentaba a Ikki: “pues no va y me dice que mi tocado es igualito que los pelos de la fregona. Ignorante”. Si fuéramos <em>anime</em>, el asunto tendría un pase, pero estamos más en la onda<em> manga</em>. ¿Qué se puede esperar de alguien que sencillamente viste de gris? Un día le compré un conjunto Príncipe de Tenis, sencillito y deportivo, nada radical, y me miró con una cara que me dio miedo.</p>
<p style="text-align: justify;">No tiene el menor sentido de la trascendencia. Sakura pasó una crisis nerviosa el día que le dijo que estábamos más lisas que una puerta. Y eso lo dice alguien que está abonado al estilo de vida porcuno, cuya filosofía básica consiste en altas dosis de grasa y sofá. A mí no me afecta tanto, pero la pobre niña estuvo al borde del suicidio. Siguiendo los consejos de mi amiga, me he apuntado a un taller de <em>coaching</em> revigorizante. Eso o el divorcio.</p>
<p style="text-align: justify;">Otra, mi madre. No solo no me entiende, sino que ha redoblado sus visitas a la iglesia. Y eso que hacemos todo lo posible por escapar de estilos escabrosos. Reconozco que la niña tuvo una época <em>Black Butler</em>, pero tiene disculpa. ¿Quién no se ha sentido atraída por la ingenua seducción de Escalett O’Hara? Es un clásico, por favor.</p>
<p style="text-align: justify;">A la cría la mira de reojo y a mí me machaca con la tabarra de que soy una madre consentidora. Yo, que la tengo muy calada, le solté que la culpa era suya. Si tanto le desagradaba la apariencia <em>otaku</em>, que no me hubiese llevado a un colegio de monjas. La moda colegial se mama.</p>
<p style="text-align: justify;">Del gimnasio echa pestes. Pero en la última discusión le espeté que ella bien que hacía <em>aerobic</em> con la gazmoña esa de la Jane Fonda. Mi boca permaneció sellada ante el espectáculo de sus cintas en el pelo, sus mallas y esos calentadores mientras sudaba frente al televisor. El respeto ante todo.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi padre hace cuarenta y siete domingos que no levanta la cabeza del plato y se marcha a jugar la partida sin tomarse el postre. Solo habla con mi marido y suele ser para recalcarle que él ya pasó por ese calvario con su parienta. Menos mal que la niña come con los cascos puestos, porque mi madre le manda a la mierda y se retira a la cocina día sí, día también.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi hermano y mi cuñada nos evitan. Sospecho que desde que le regalamos el peluche de Draculaura a su bebé. Igualitos que mi madre y su insistencia en denostar mi afición por las Barbies cuando era pequeña.</p>
<p style="text-align: justify;">Nos llaman las “mangarinas”, una muestra más del azote de la incomprensión y el <em>picapiedrismo</em>. Ikki opina que el Zorro Demonio de Nueve Colas permanece sellado dentro de todos ellos. Evito pensar en esa posibilidad, porque me bloquea los <em>chakras</em> y mi sueldo no puede asumir el gasto añadido de una limpieza espiritual. Menos mal que en el gimnasio purgamos todos nuestros problemas y cuidamos de nuestra salud. He sometido nuestro caso a las compañeras del club y me han recomendado recurrir a los remedios de la sabiduría popular para ahuyentar a los malos espíritus. Es simple: pasaré el solsticio de verano vestida de color verde naranjo. Y me da igual lo que opine mi familia, porque una vez probado el sol naciente, no hay retorno.</p>
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		<title>“Estegofilia: ¿Es una mala palabra?” de Juan J. Oyarzún</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Feb 2012 12:36:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>acasado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Consejos]]></category>

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		<description><![CDATA[En 1948 ingresé a la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile en Santiago, y allí conocí un profesor de Geometría Moderna y del Espacio  que sufría de la incurable y contagiosa enfermedad de escribir poesía.  Se llamaba Nicanor Parra y medio siglo después alcanzó prestigio mundial en las letras, cosechando múltiples lauros en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En 1948 ingresé a la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile en Santiago, y allí conocí un profesor de Geometría Moderna y del Espacio  que sufría de la incurable y contagiosa enfermedad de escribir poesía.  Se llamaba Nicanor Parra y medio siglo después alcanzó prestigio mundial en las letras, cosechando múltiples lauros en reconocimiento a su genio.  Yo admiraba hasta su sombra.<span id="more-210"></span></p>
<p style="text-align: justify;">En sus clases aprendí varias joyas del idioma, entre ellas que la estegofilia no era una mala palabra, sino el deporte de escalar edificios urbanos, pariente pobre y repudiado del alpinismo como del  andinismo.  Su principal atractivo era que estaba prohibida su práctica por las autoridades, y  se castigaba a los estudiantes que eran sorprendidos en semejante recreación.  Se aplicaba la lógica de los antiguos espartanos, los que  sancionaban al infractor no por el ilícito clandestino sino por haberse dejado coger  en modo incauto.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto conducía a que los  mozos que habíamos tomado el gusto al encaramarnos gateando o saltando o descolgándonos en toda clase de desniveles, terminábamos por partir los domingos a las estribaciones cordilleranas ubicadas en ese entonces en los límites de la ciudad, y que hoy día ya están insertas en sus barrios. Éramos casi todos provincianos sin medios para divertirnos de otra manera los fines de semana.</p>
<p style="text-align: justify;">Es un lujo que muchos no aprecian el de nuestra descabellada geografía que permite en un mismo día disfrutar las nieves y nadar en el mar. No puedo menos de evocar las páginas del <em>Tartarín en los Alpes </em>del ameno Alphonse Daudet de mis lecturas de adolescente al recordar las correrías por quebradas y senderos de los cerros colindantes con la gran ciudad, que ya empezaba a ser injuriada por el brumo del progreso.</p>
<p style="text-align: justify;">La reciedumbre física que obsequia el montañismo se reflejó  en que durante todos esos años universitarios, jamás supe de sufrir un resfrío común, y al correr del tiempo, cuando las exigencias laborales me obligaron a trabajar de noche en una faena a la intemperie, hube de agradecer a mis jornadas dominicales de andinismo el don de una salud de hierro en las condiciones más adversas imaginables.</p>
<p style="text-align: justify;">El mismo privilegio coseché cuando ingresé al Cuerpo de Bomberos Voluntarios, y  resistimos airosamente años de llamados entre medianoche y la madrugada soportando lluvias y escarchas invernales, haciendo piruetas de trapecista en techos y  murallas durante algún siniestro, con no pocos riesgos de  accidentes.</p>
<p style="text-align: justify;"> Sin embargo, la mayor ventaja adquirida en la práctica de ese deporte fue el cultivo de la voluntad para seguir luchando aunque la fatiga nos doblara las piernas.  <em>Excelsior! – </em>configuró nuestro lema de vida.</p>
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		<title>“Hombre Verde” de Alfredo Ruiz Islas</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Feb 2012 12:33:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>acasado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Concursos]]></category>

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		<description><![CDATA[El hombre verde corre por la calle. Sin rumbo y sin prisas. Sólo por el placer mismo de correr. De sentir al aire circular entre sus cabellos y acariciar su cara. Se siente fuerte. Muy en forma. Y no es para menos. Cada segundo transcurrido le infunde energía. Vigor. Siente como si, con la sola [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El hombre verde corre por la calle. Sin rumbo y sin prisas. Sólo por el placer mismo de correr. De sentir al aire circular entre sus cabellos y acariciar su cara. Se siente fuerte. Muy en forma. Y no es para menos. Cada segundo transcurrido le infunde energía. Vigor. Siente como si, con la sola potencia de su ser, pudiera imponerse a los demás. Al entorno. Como si el ardor que emana de sí mismo, y que bien podría equipararse con la mera voluntad, fuera capaz de transformar calles, caras y paisajes, sin olvidar a la infinidad de porquerías que decoran estos últimos.<span id="more-207"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Una zancada, dos zancadas, tres zancadas. Vuelta. Una zancada, dos zancadas, tres zancadas. Vuelta. Otra calle. Otra más. Un charco saltado por aquí, una mierda esquivada por acá, una mirada sostenida y dominada más allá.</p>
<p style="text-align: justify;">Es definitivo, piensa. El hombre verde, tal y como dijo alguno, no tiene sino que ser él mismo para descollar, para ejercer su autoridad, para poner en su lugar al resto de los seres humanos. A todos esos mediocres que sólo son de color café. Su confiada carrera bien le podría mimetizar con el entorno, podría hacerle pasar por uno más, por cualquier cualquiera. Sin embargo, su color le impedía tal mimesis. Además, maldita sea si quiere confundirse con ésos. Con la nada.</p>
<p style="text-align: justify;">Decide imprimir una mayor velocidad a su carrera. No tiene una meta fija, tampoco un tiempo establecido. No hay, frente a él, ninguna competencia de por medio, de ésas en las que los tipos cafés simulan participar por amor al físico, pero a las que en realidad concurren por temor al fisco. La gente se aparta de su desenfrenada carrera, le mira con una mezcla extraña de horror y respeto, queda subyugada ante el poderío que emana del hombre verde. Completamente verde. Y lo reverencian. El hombre verde percibe el derecho que le asiste a ser diferente, a mirarlos a todos como si fueran escoria, a ignorarlos. Ostentaría, si fuera el caso, derecho de vida y muerte sobre el resto, pero no le interesa.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo miran un transeúnte, dos, tres, y quedan paralizados. La mujer pintarrajeada que expende en una esquina su mercancía carnal lo observa y aparta la vista, incapaz de hacerle una proposición razonable al hombre verde. El policía que hace su ronda —o, lo que es lo mismo, que extorsiona ebrios, mariguanos, automovilistas mal aparcados y gandules diversos— sólo atina a abrir la boca, azorado, al pasar junto a él la saeta verde. El cura —que también extorsiona a sus respectivos clientes— no atina a pensar nada coherente.</p>
<p style="text-align: justify;">Lejos, muy lejos, el hombre verde se detiene. No es porque se le acabe el resuello. Simplemente le da la gana hacerlo. Se encuentra lejos de todo, a mitad de ningún sitio, en la paz y la tranquilidad de un parque. La naturaleza se inclina ante él, los árboles mecen sus hojas en éxtasis, los perros dejan de olerse o de atacarse unos a otros, el agua de la fuente modula sus notas. Todo está en orden.</p>
<p style="text-align: justify;">De repente lo nota. El maldito nota que está desnudo. Qué hombre verde ni qué vainas. Es tan café como los demás pero, a diferencia de ellos, no oculta su color con ropas de distintas tonalidades, que en el mejor de los casos combinan sólo porque el portador así lo decide. Es, a simple vista, cualquier cualquiera. La única diferencia es que está encuerado, camina encuerado, ha corrido encuerado y ahora está de pie, en medio de un parque como cualquier imbécil, pero encuerado. Y todo porque, para descolgarse de la ventana del psiquiátrico, tuvo que amarrar el camisón a los barrotes. De otro modo, por muy verde que se sienta, se hubiera roto la crisma contra el pavimento.</p>
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		<title>I Concurso Relatos: Biografía Santiago Eximeno</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Feb 2012 12:13:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>acasado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Concursos]]></category>

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		<description><![CDATA[Santiago Eximeno es el ganador de nuestro I Concurso EXE Fitness de Relato Breve. Su obra &#8220;Tource de Force&#8221; convenció a nuestro jurado. Pero ésta no es su primera incursión en la literatura. Santiago Eximeno (Madrid, 1973) ha publicado libros como &#8220;Condenados&#8221; (Saco de Huesos, 2011) o &#8220;Bebés jugando con cuchillos&#8221; (Grupo AJEC, 2008). Su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #3366ff;"><strong>Santiago Eximeno</strong></span> es el ganador de nuestro I Concurso EXE Fitness de Relato Breve. Su obra <span style="color: #3366ff;"><strong>&#8220;Tource de Force&#8221;</strong></span> convenció a nuestro jurado. Pero ésta no es su primera incursión en la literatura.</p>
<p style="text-align: justify;">Santiago Eximeno <em>(Madrid, 1973)</em> ha publicado libros como <em>&#8220;Condenados</em>&#8221; (Saco de Huesos, 2011) o<em> &#8220;Bebés jugando con cuchillos&#8221;</em> (Grupo AJEC, 2008). Su obra se ha traducido a varios idiomas y ha recibido varios premios por sus relatos. Su próximo libro, &#8220;Umbría&#8221;, lo publicará la editorial Viaje a Bizancio en 2012.</p>
<p style="text-align: justify;">Mantiene una Web, <a href="http://www.eximeno.com/">www.eximeno.com</a>, con información actualizada de su obra.</p>
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