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	<title>Editorial Monografias.com</title>
	
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	<description>por Mora Torres</description>
	<pubDate>Wed, 12 Jun 2013 15:40:18 +0000</pubDate>
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		<title>Las afinidades del espíritu</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Jun 2013 15:40:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[Uno reniega de las palabras, las acosa, quiere sacarles hasta la última gota de su jugo dulcísimo.
Pero cuando no puede usarlas, ¡cuánto faltan!
Las más simples, las que se creería que no tienen ningún valor, las prosaicas, vulgares y comunes palabras.
Esas que están para decirle a un amigo lejano: te acompaño.
Y están para enjugarle las lágrimas.
Y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Uno reniega de las palabras, las acosa, quiere sacarles hasta la última gota de su jugo dulcísimo.</p>
<p>Pero cuando no puede usarlas, ¡cuánto faltan!</p>
<p>Las más simples, las que se creería que no tienen ningún valor, las prosaicas, vulgares y comunes palabras.</p>
<p>Esas que están para decirle a un amigo lejano: te acompaño.</p>
<p>Y están para enjugarle las lágrimas.</p>
<p>Y esas son las que pueden dañar, y por eso no pueden usarse.</p>
<p>Pasemos a mi palabrerío:</p>
<p><strong>Las afinidades del espíritu</strong></p>
<p>Apuesto a que termino de escribir este artículo sin haberlo escrito. En parte, como el soneto de Lope de Vega (<a href="http://www.monografias.com/trabajos14/lopedevega/lopedevega.shtml" target="_blank">Félix Lope de Vega y Carpio</a>), aquel que le manda hacer Violante. Seguro que lo escribo, pero sin mencionar casi algún tema (<a href="http://www.monografias.com/trabajos50/tema-psiquiatria/tema-psiquiatria.shtml" target="_blank">Tema de psiquiatría</a>).</p>
<p>Yo he leído muy poco, muy salteado (<a href="http://www.monografias.com/trabajos75/comprension-lectora/comprension-lectora.shtml" target="_blank">Comprensión lectora</a><a href="http://www.monografias.com/trabajos75/comprension-lectora/comprension-lectora.shtml"></a>). Por eso pido perdón ante algunas bravuconadas que, después de escribirlas, resultan altamente eruditas, ilustradas –es horrible la palabra bravuconadas, pero fue lo único que encontré para reemplazar la peor palabra fanfarronadas, y luego busqué un sinónimo de “cultas”, referido a mis bravuconadas, y, apenas copié ese “eruditas, ilustradas” que puse al final de la frase, cerré el Nuevo Gran Diccionario de Sinónimos y lo extravié entre los papeles y libros que rodean lo que escribo. En este momento no tengo a nadie más humano y brillante que un diccionario que me alcance un sinónimo, y mi cabeza se estancó.</p>
<p>Esas bravuconadas suceden porque mi memoria tiene metabolismo acelerado, y con lo poco que he leído puedo suscribir oraciones como aquellas con las que iba a empezar esta nota, de las que después me arrepentí, porque me dieron vergüenza por vanidosas. Y vanas (<a href="http://www.monografias.com/trabajos24/camino-a-heraclito/camino-a-heraclito.shtml" target="_blank">En camino a Heráclito</a>).</p>
<p>Las oraciones eran éstas, Dios me perdone:</p>
<p>Plutarco habla de vidas paralelas (<a href="http://www.monografias.com/trabajos6/inga/inga.shtml" target="_blank">El indio y el gaucho: los marginados de la política liberal</a>), Goethe de afinidades electivas (<a href="http://www.monografias.com/trabajos16/mal-en-fausto/mal-en-fausto.shtml" target="_blank">El mal en Fausto y El Hombre de la Arena</a>), Proust de consanguinidad espiritual <a href="http://www.monografias.com/trabajos7/lano/lano.shtml" target="_blank">(La novela</a>), Borges de precursores de grandes escritores como Kafka (<a href="http://www.monografias.com/trabajos82/figura-del-artista-tres-cuentos-kafka/figura-del-artista-tres-cuentos-kafka.shtml" target="_blank">La figura del artista en tres cuentos de Kafka</a>), es decir, afines en tiempos diferentes. En un libro de filosofía que estoy tratando de leer –o sea, de entender-, Clément Rosset afirma que “la afinidad espiritual que vincula a Schopenhauer con Freud ha sido atestiguada por Freud desde el comienzo de su obra”.</p>
<p>¡Iba escribir al empezar el post esta frase! Y yo apenas abrí un día el libro de Plutarco que tengo a mi costado; hojeé un día el Fausto de Goethe y me aburrió -sé que es pecado lo que confieso -, y etcétera etcétera en lo que se refiere a todo eso.</p>
<p>Sin embargo, este juego me gusta. ¿Para qué tantas reverencias si lo más importante para mí, lo que más me gusta, es jugar?<br />
<span id="more-4918"></span> Y son juegos muy serios, si es que no tuviera muchas objeciones contra ese último adjetivo.</p>
<p>Hago un aparte: eso de los adjetivos y sustantivos que gustan o no, que se saborean o se dejan a un costado del plato, se ve que es genético, me viene de familia y lo he dado en herencia. La última anécdota familiar al respecto es de mi nieta Lola, que aún no tiene tres años: se niega a comer “compota” porque no le gusta el nombre de ese postre. Pensándolo bien, a mí tampoco. Y no sé si podré volver a probarlo.</p>
<p>La ley de gravedad</p>
<p>Me deleita encontrar a escritores o pensadores o filósofos que apenas si conozco de nombre –bueno, hay excepciones y gradaciones de ese conocimiento-, parecidos en detalles sutiles.</p>
<p>Pero sucede con aquellos que conozco de nombre que los conozco porque están en la memoria de la humanidad, es decir en mi memoria de lectora –aunque sea de lectora de contratapas-, cuando leo algo siendo yo parte del mundo y no yo misma empecinadamente; perdida como individuo, olvidada casi de muerte, y sólo pongo a funcionar mis capacidades de miembro de la especie, relaciono los grandes recuerdos que hay en mi memoria colectiva –y aquí también fanfarroneo, menciono a Jung.</p>
<p>Me gusta el juego, dije.</p>
<p>Y es el juego de escribir sobre ideas, aunque no se sepa.<br />
Todo contribuye, todos contribuimos.</p>
<p>Puedo justificar estos juegos delirantes con algo que leí alguna vez y que de verdad recuerdo vivamente. Que todo es polvo, todo vanidad, vanidad de vanidades y sólo vanidad -y ni siquiera necesito poner comillas ni cursivas, quién va a creer que me lo quiero atribuir.<br />
La mesura, la sobriedad y en especial la pomposa “seriedad intelectual” pueden quemarse juntas en esa hoguera –y de mesura, sobriedad o seriedad intelectual no me considero culpable en absoluto, este “libelo” no es contra mí misma como suelen serlo mis libelos. En esos procesos debo ser absuelta, aun cuando otros fuegos me estén aguardando ansiosamente en el cielo o la tierra.</p>
<p>Entre las vanidades de las que sí soy culpable, elijo: los juegos de palabras y los juegos de la memoria, las curiosidades científicas y filosóficas. Todo muy “liviano y alado” y poco serio; todo liviano como que desafía la ley de gravedad –oh, Newton-. Una lluvia de “ideas” y sólo eso sobre la página.</p>
<p>Con ayuda de todos ustedes, unos más y otros un poco menos, algunos parecidos a mí de tan menos y otros parecidos a Plutarco, Goethe, Proust, Freud, de tan más.</p>
<p>Todos iguales sin embargo, todos y todas, digo, ya que vamos a terminar siendo cenizas todos y todas, cenizas “precursoras” de nada.</p>
<p>Referido a las cenizas, recuerdo con ternura y un poco de pena un poemita de mis quince años, ingenuo y bello como era yo, como son todos los adolescentes:</p>
<p>Hay algo que no destruirás: es la ceniza.<br />
Trabajas<br />
Para que tu ceniza sea bella<br />
Y cuando todo se cierre se abrirá<br />
Una flor de cenizas cuyos pétalos<br />
Caerán suavemente<br />
Sobre lo que has sido.</p>
<p>¡Qué terminantemente digo mi verdad! No pido perdón ni permiso, como hago a menudo en este blog: estoy segura, afirmo, creo. A esa edad está bien tener las creencias bien aseguradas, atadas con nudos dobles. Ahora pasaron más de cuarenta años, pasaron casi cincuenta, y tengo toda certidumbre anudada con cabello de ángel, o con tela de araña, o con algo más frágil todavía.</p>
<p>No sé cómo se me ocurrió esa idea de que las cenizas podían ser algo hermoso, aun como metáfora, o en especial como metáfora.</p>
<p>Ni hermosas, ni horribles, las cenizas no son –y acá me estoy poniendo otra vez, después de tantos años de mi humilde versito, “terminante”.</p>
<p>Las afinidades del espíritu</p>
<p>Vuelvo a escribir el título de esta nota y siento que me estoy probando un traje varios talles más grandes que el mío, que me cuelga por distintas partes. Pero es un juego, dije, y, como todo juego, también es un juego de disfraces, una especie de listado de gente célebre que tiene rasgos parecidos o a las que el azar acercó.</p>
<p>Como ya estoy algo cansada para andar abriendo y cerrando enciclopedias, la primera propuesta es la lectura de Vidas paralelas de Plutarco. Allí encontrarán ejemplos auténticos y todo un tratado de lo que yo no supe darles.</p>
<p>La afinidad espiritual –Rosset la llama intelectual- entre Freud y Schopenhauer parece que es una cosa seria. Investiguen. Clément Rosset, como les anuncié, la da por hecha.</p>
<p>Es el caso de Bioy Casares y Borges.</p>
<p>Por último, un descubrimiento que sí hice yo misma, aunque quizá lo hayan hecho otros miles, pero no lo escribieron: San Martín y Balzac. Y he aquí la sorpresa, ¿cuál es la afinidad? Y he aquí cómo yo sigo siendo, al menos sigo siendo algo, extravagante. Ellos murieron el 17 de agosto de 1850, a las tres de la tarde, en Francia. Y alguna afinidad debe de haber entre dos seres que mueren el mismo día, a la misma hora y en el mismo país, en especial si uno de ellos no pertenece a ese país.</p>
<p><strong>Envío</strong></p>
<p><strong><br />
</strong>Como ven, terminé la nota sin haber pergeñado –para este último vocablo-engendro no encontré sinónimos, aunque sí encontré el diccionario perdido- más que comienzos de ideas, es decir que gané mi propia apuesta.</p>
<p>Aunque el soneto de Lope que mencioné al principio verán que me lleva ventaja. No sólo ventaja literaria, que está, ya antes de ser leído por ustedes, tácita, sino que es vencedor en esa “falta de densidad argumentativa” que maldicen los nuevos intelectuales.</p>
<p>Aunque, pensándolo otra vez, no es precisamente argumento lo que le falta a Lope en su soneto. No le falta nada: es poesía pura. Es como toda la poesía: nada. Es como toda la nada: poesía. Es como todo el mundo y la gente, nada y poesía:</p>
<p>“Un soneto me manda hacer Violante,<br />
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;<br />
catorce versos dicen que es soneto,<br />
burla burlando van los tres delante.<br />
“Yo pensé que no hallara consonante<br />
y estoy a la mitad de otro cuarteto,<br />
mas si me veo en el primer terceto,<br />
no hay cosa en los cuartetos que me espante.<br />
“Por el primer terceto voy entrando,<br />
y parece que entré con pie derecho<br />
pues fin con este verso le voy dando.<br />
“Ya estoy en el segundo y aun sospecho<br />
que voy los trece versos acabando:<br />
contad si son catorce y está hecho.”</p>
<p>Pueden mandarme por escrito, mis queridos, todo lo que se les ocurra, en especial lo que no saben. También un cuento o un poema que no hayan sido escritos. Ya me conocen, tenemos afinidad espiritual como para resistir cualquier despropósito. O desmesura. O ditirambo, como encuentro que reza el diccionario Ditirambo: oda para Dioniso, elogio exagerado&#8230; Mando una oda en blanco, sin letra alguna, para José y para Joise; también para mi libélula preciosa.</p>
<p>Con muchos abrazos recibiré cualquier desmesura de cualquier lector o lectora, o despropósito, insensatez, la poesía es eso y mucho más, y con muchos ojos los leeré.</p>
<p>Mora</p>
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		<title>El día de la iluminación (última parte)</title>
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		<comments>http://blogs.monografias.com/editorial/2013/06/06/el-dia-de-la-iluminacion-ultima-parte/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 06 Jun 2013 13:41:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[Escribí dos finales para “El día de la iluminación”, no sé bien por qué (Triste final para una historia de Romance, Encuentro y Muerte).
No acertaba a darme cuenta cuál era el que correspondía más adecuadamente a mi cuento, aunque tenía mi preferencia (Gustos y preferencias recreativas físicas en las personas adultas femeninas).
El momento de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escribí dos finales para “El día de la iluminación”, no sé bien por qué (<a href="http://www.monografias.com/trabajos39/triste-final/triste-final.shtml" target="_blank">Triste final para una historia de Romance, Encuentro y Muerte</a>).</p>
<p>No acertaba a darme cuenta cuál era el que correspondía más adecuadamente a mi cuento, aunque tenía mi preferencia (<a href="http://www.monografias.com/trabajos82/gustos-y-preferencias-recreativas-fisicas/gustos-y-preferencias-recreativas-fisicas.shtml" target="_blank">Gustos y preferencias recreativas físicas en las personas adultas femeninas</a>).</p>
<p>El momento de la iluminación parecía estar en ambos, de modos diferentes (<a href="http://www.monografias.com/trabajos95/inteligencia-espiritual-felicidad-interior/inteligencia-espiritual-felicidad-interior.shtml" target="_blank">Inteligencia espiritual, la felicidad interior</a>).</p>
<p>Y tuve que elegir (<a href="http://www.monografias.com/trabajos83/predeterminacion-divina-y-libertad-humana/predeterminacion-divina-y-libertad-humana.shtml" target="_blank">Predeterminación divina y libertad humana</a>).<br />
Ahora, por supuesto, dudo de mi elección.</p>
<p>Tal vez falten palabras en la descripción de ese momento y sobren en otras descripciones (<a href="http://www.monografias.com/trabajos82/descripcion/descripcion.shtml" target="_blank">La descripción</a>).</p>
<p>O tal vez eso esté correcto: a la vida común le sobran siempre (<a href="http://www.monografias.com/trabajos90/falacias-y-razonamiento-inteligencia-estrategica/falacias-y-razonamiento-inteligencia-estrategica.shtml" target="_blank">Falacias y razonamientos en inteligencia estratégica</a>), a la “iluminación” no es que le falten, no las precisa (<a href="http://www.monografias.com/trabajos91/buddha-el-amigo-del-hombre/buddha-el-amigo-del-hombre.shtml" target="_blank">Buddha: El amigo del hombre</a>).</p>
<p>Insisto en que el personaje no soy yo excepto en aspectos muy externos (<a href="http://www.monografias.com/trabajos42/el-aleph/el-aleph.shtml" target="_blank">El personaje de &#8220;El Aleph&#8221; cuenta la historia que ocultó Borges</a>).</p>
<p>Es más, terminé en cierto modo enamorándome del personaje (<a href="http://www.monografias.com/trabajos45/del-amor-dos/del-amor-dos.shtml" target="_blank">Del amor y otras yerbas -Parte 2</a>).</p>
<p>Si fuera yo se trataría de un narcisismo mucho más peligroso del que me suelen atribuir en este espacio –ver, por ejemplo, Joise, para hablar de gente a quien amo mucho y a quien le acepto esas reflexiones sobre mi persona, que sí ayudan-; de una enfermedad gravísima, de autismo mortal.</p>
<p>Y tampoco es que ame al personaje que creé porque considere que el cuento está muy bien –no creo ni siquiera que esté medianamente bien este cuento.</p>
<p>Lo amo, amo a esa mujer, porque logró zafar de mí, escapárseme de las manos.</p>
<p><span id="more-4924"></span></p>
<p><strong>El día de la iluminación<br />
</strong>,<br />
…no paraban nunca de girar…<br />
El mundo iba y venía, el tiempo sólo se iba con él, nunca volvía.<br />
El tiempo de un solo tiro, ¿cómo podía durar tanto?<br />
¿Se había estirado así porque estaba gastando hasta mi ánimo de pedir otra vez para el pasaje, y ahora sabía que cuando perdiera ya no tendría esperanzas de volver a ninguna parte, ni siquiera al asilo?<br />
Pude pensar en todo mientras giraban las figuras, desde aquello de que ningún golpe de dados anulará el azar hasta aquello de que el azar es una flor inconcebible.<br />
¿O era el azahar la flor, y lo de los dados una de las frases más bellas y menos oscuras de Mallarmé?<br />
Pude pensar también en que no toda es vigilia la de los ojos abiertos, de verdad. Estaba dormida.<br />
Y dentro de todo lo que tuve tiempo de pensar, pensaba en qué hacía yo recordando a Mallarmé y a Macedonio frente a una máquina de jugar.<br />
Una máquina de jugar que se había transformado en un aleph –y ahora estaba pensando otra vez en Borges-, desde donde si bien no se podían ver todas las cosas, sí se podían ver o recorrer todos los pensamientos y recuerdos.<br />
¡Y el González Tuñón<br />
de cuando yo creía en la revolución!<br />
hasta rimaba yo.<br />
Hasta rimaba yo mientras pasaban las figuras y recordaba a González Tuñón:<br />
“Y no se aflija amigo,<br />
la vida es dura,<br />
con la filosofía poco se goza,<br />
si quiere ver la vida color de rosa<br />
eche veinte centavos en la ranura”.<br />
Y había echado exactamente veinte centavos por ficha en la ranura sólo para que ninguna filosofía tal como la proximidad de la vejez o la ineluctabilidad de la muerte me afligiera, González.<br />
Pero no podía ser que el tiempo siguiera pasando y las figuras siguieran moviéndose. ¿Era que son segundos el infinito?<br />
Ya estaba otra vez filosofando a pesar de Tuñón, y mal, así que hice un esfuerzo y miré con mayor detenimiento.<br />
Mientras pensaba, mi bolsa había crecido, la máquina daba golpes con ruido de metal oxidado; los números crecían cada vez más en el marcador, a la derecha, y mi fortuna era en cada giro más incalculable, menos legible por extensa.<br />
Vi que muchas personas rodeaban mi silla y hacían comentarios en susurros. Una de esas personas, un joven, se dirigió directamente a mí y me dio unas palmadas en los hombros. Estaba vestido como un empleado del casino.<br />
De pronto todos mis pensamientos dejaron de estar en mí. Y entonces supe lo que era aquello llamado nirvana, iluminación o simplemente “cese”: un mar de alegría donde no importa nada, ni ahogarse. Ni que el empleado del casino diga muy alto: “La máquina está rota”, ni que los susurros que me rodean se transformen en lamentos o en angustia, en una sola voz en la que se escucha solamente “está rota”, “está rota”, ni que mis ojos alcancen, con una vista agudizada por la iluminación, un cartelito donde en letras minúsculas reza sobre la tragamonedas: “Todo mal funcionamiento de la máquina anulará la jugada”, o algo así.<br />
Mis ojos como dije todavía agudizados por la iluminación, inmersa en el mar de la alegría toda yo, vieron cuando pasé la puerta de salida, después de haber pedido mi sobretodo en el guardarropas, que había amanecido detrás del bosque que rodeaba al hotel-casino. Y en la explanada vieron el camión con el muchacho que descargaba botellas de gaseosas y las entraba por la puerta de servicio del bar.<br />
El muchacho me prometió que no demoraría más de media hora y estaría listo para llevarme a Córdoba; hasta aseguró que el lugar adonde regresaba quedaba a pocas cuadras de mi casa.<br />
Creo que en veinte minutos estuvimos sentados juntos y el camión arrancó.</p>
<p><strong>Envío</strong></p>
<p>Dice Diana Bellessi que “El mundo se achata cuando no lo amás”. Ese puede ser el final de mi cuento.<br />
Lo dice en <em>El jardín secreto, documental sobre la poeta Diana Bellessi</em>, que se estrena el jueves 6 de junio, a las 19.30, en el Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires.</p>
<p>Aclaro que nadie me pidió que hiciera esta recomendación. Sencillamente recibí una invitación personal que quiero transmitir. Yo iría si estuviera en Buenos Aires.</p>
<p>Gracias a todos los que leyeron las &#8220;etapas&#8221; anteriores de mi cuento, y a todos los que me escribieron, muchas más. José, mi agradecimiento no necesita nombrarte, siempre está. Gracias a quien me llamó por teléfono para decirme que había vivido cosas parecidas a las que yo relataba, pero peores, y que recibió esta respuesta: &#8220;Eso porque no leíste la última parte&#8221;. Y tuvo el buen gusto de reírse con alegría.<br />
María José: el tema de las adicciones es, además de cruel, apasionante. Me has dado a pensar que podríamos escribir algo serio al respecto, en especial sobre la cantidad de mujeres -adultas y más que adultas- que en los últimos años ha entrado en la ludopatía.</p>
<p>Mis consabidos abrazos y besos, además, para todos</p>
<p>Mora</p>
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		<title>El día de la iluminación (2ª parte)</title>
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		<comments>http://blogs.monografias.com/editorial/2013/05/30/el-dia-de-la-iluminacion-2%c2%aa-parte/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 30 May 2013 13:25:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[Di pasos más seguros todavía (Ejercicios Físicos en la Tercera Edad), y me acerqué a los que estaban jugando.
Temía a los moralistas, los ejemplares que más abundan en lugares como ésos (Los cuatro gigantes del alma revisitados).
He oído a algunos que responden: “Yo sé medirme. ¿Cómo no guardó para el pasaje?”, y dan vuelta la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Di pasos más seguros todavía (<a href="http://www.monografias.com/trabajos81/ejercicios-fisicos-tercera-edad/ejercicios-fisicos-tercera-edad.shtml" target="_blank">Ejercicios Físicos en la Tercera Edad</a>), y me acerqué a los que estaban jugando.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Temía a los moralistas, los ejemplares que más abundan en lugares como ésos (<a href="http://www.monografias.com/trabajos50/gigantes-del-alma/gigantes-del-alma.shtml" target="_blank">Los cuatro gigantes del alma revisitados</a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">He oído a algunos que responden: “Yo sé medirme. ¿Cómo no guardó para el pasaje?”, y dan vuelta la cara y se encaminan apresurados a donde los lleve el diablo (<a href="http://www.monografias.com/trabajos89/sangre-del-diablo/sangre-del-diablo.shtml" target="_blank">La Sangre del Diablo</a>). Pero un diablo que nunca soy yo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Siempre reflexiono al escucharlos que, si se supieran <em>medir</em>, no se encontrarían allí en ese momento. Pero en este caso era yo la que estaba a punto de pedir, y la turbación me impedía hacer consideraciones sobre mis compañeros de adicción (<a href="http://www.monografias.com/trabajos80/miedo-amarnos/miedo-amarnos.shtml" target="_blank">El miedo a amarnos</a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Rogaba que nadie me respondiera una cosa semejante; que no me sermonearan al menos, que en última instancia presentaran excusas no creíbles pero amables.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Tengo mala suerte (<a href="http://www.monografias.com/trabajos18/azar/azar.shtml" target="_blank">El azar</a>). La primera persona con quien hice mi bautismo de fuego era una señora que se estacionó, de pie, junto a mí: “Las máquinas están arregladas para que no den, hoy más que nunca”, protestó. “Me mudo a otra, pero seguro que es lo mismo. ¿Quiere acompañarme?”, me arrió de alguna parte de mi brazo. “Vamos a las de un centavo. En poco tiempo le tragan cien pesos, ¡pero en más tiempo que las de cinco centavos!”, exclamó.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">La acompañé con resignación, o bien mi brazo tenía dificultades para soltarse. No la veía como una buena candidata: se quejaba demasiado (<a href="http://www.monografias.com/trabajos78/cesion-sesion/cesion-sesion.shtml" target="_blank">Cesión en sesión</a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Con generosidad<span> </span>me indicó la máquina que había dado “millones” hacía algunos días, me obligo a sentarme allí, ella ocupó la que estaba al lado.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span id="more-4887"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">-Tiene que poner algún billete –susurró, sin dejar de estar atenta a su tragamonedas-. Mejor cien que doscientos pesos, ponga –continuó-. Se los traga enseguida. Justamente se llama por eso tragamonedas y no tiramonedas, no tenga muchas esperanzas”, dijo creyéndose extraordinariamente ingeniosa.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Yo observaba un no sé qué de melancólica culpabilidad en su discurso.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">-¿Pero no pone nada? –insistió.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Y en ese momento fue cuando –como en descarga eléctrica- le revelé mi corazón aterido. No podría volver, y todo eso…</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">-¿Diez pesos le faltan? Perdió su jubilación y no supo guardar diez pesos?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">La palabra <em>supo </em>me lo aclaró todo. Si hubiera dicho <em>pudo</em> todavía hubiera tenido esperanzas. La palabra me hablaba de su sabiduría.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Pero hice el pedido.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">La señora endureció sus rasgos y, abiertamente, me despreció: se quedó en silencio frente a la máquina que, ahora mismo, le estaba dando 10.000 créditos con bombos y platillos, es decir, con luces y con gritos. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">La miré varias veces de reojo. Tenía un perfil innoble, la piel enrojecida, edad indefinida -es una descripción, ninguna crítica, ¡pero cómo la odié!</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Yo acababa de romper el espejismo. El espejismo de que <em>pedir es malo</em>.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">No demostré mi enojo ni me triunfo filosófico-moral; la dejé sola sin despedirme, que era lo que ella esperaba para seguir amonestándome. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Vale la pena repetirlo para que se fije: yo acababa de hacer añicos la creencia de que pedir dinero en una sala de juegos es lamentable, degradante y está muy cerca de llamarse &#8220;delito&#8221;.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Acababa de romper el hechizo de esas palabras filosas y estridentes. E inclusive, &#8220;¿qué es un delito, qué es delinquir, aún tratándose de <em>otro</em> crimen?&#8221;, me dije, me pregunté sin respuesta. Ya estaba avanzando a paso amplio en el camino de mi liberación. O iluminación, como reza el título que elegí para este cuento.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Mi paso adquirió aún más elasticidad cuando volví a reunirme con los que estaban fumando o mirando las evoluciones de la luna, afuera, o considerando las de su fortuna -luna y fortuna ¡qué linda rima para algún poeta!. Pero ¿acaso no existía ya aquel &#8220;Cuando en Ginebra o Zurich la fortuna/ quiso que yo también fuera poeta/ me impuse como todos la secreta/ obligación de definir la luna&#8221;? Sí, ya existía, y era de Borges, por supuesto.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Dejé de divagar.  Tenía una misión, la de pedir por mí. Mi Yo me iluminaba más y más, ponía luz en mi boca -de donde el pedido iba a salir-, en los hoyuelos que forma la sonrisa, que siguen haciéndome adorable a pesar de la edad.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Me acerqué a dos mujeres que estaban llegando; venían con dineros flamantes; éstas, seguro, al menos todavía, no habían perdido nada.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Les expliqué mi situación, sólo pedía para el pasaje, sólo pedía diez pesos.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">La mujer mayor frunció apenas los labios, la muchacha me entregó el billete diciéndome: &#8220;No se sienta mal, a todos puede pasarnos, y además, ¿qué son diez pesos?&#8221;.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Le agradecí, ellas entraron y se perdieron por la sala, yo las observé entrar.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Me quedé con diez pesos en la mano, los miré fijamente. Manuel Belgrano no sonreía allí -ni en ninguna parte, no hay ninguna pintura de Belgrano sonriente- pero tampoco me juzgaba; hasta tenía una especie de mayor indulgencia.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Empecé a caminar hacia el bosque, hacia la salida que llevaba a la ruta donde tomaría el ómnibus para Córdoba. Tenía el billete todavía en la mano, como para entregarlo al conductor.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Y repentinamente me volví; con esos diez pesos yo seguro hacía veinte; con veinte pesos ya podría empezar a jugar de a poco en las máquinas, arriesgando poco, hasta que me dieran más, y luego recuperara todo lo perdido, y quizá con ganancia.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Volví; aunque el comienzo de la iluminación que me había sobrevenido incluía como parte esencial el comprender que no importaba lo que la gente pensara de mí -de esa figura borrosa que se movía que era yo y nada más para la gente del lugar- entré mirando con cuidado que la señora y la jovencita a quienes había pedido para el pasaje no me vieran.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Fui hacia esa máquina de a centavo frente a la cual había estado sentada hacía un rato sin jugar; aún se encontraba a mi lado la dama hostil, aún ganaba de a muchos créditos.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Creí que, tan atenta a su juego, ella no sabía que yo estaba allí otra vez; lo creí por un rato bastante largo.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Con un peso las máquinas de un centavo dan mil créditos; con mil créditos uno se hace la ilusión de que está jugando en serio, por mucho dinero. Aunque ganar quinientos créditos, por ejemplo, signifique ganar cinco pesos.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">(Fuera de cuento: no sé si mis amigos de otros países entenderán bien estos cálculos, porque en cada lugar el peso tiene diferentes valores. Tal vez tenga que &#8220;dolarizar&#8221; para explicar: el dólar oficial está a cinco pesos argentinos; el llamado dólar blue, o negro, a 8.50, aproximadamente. Este último es el que tiene valor real. Calculen ustedes lo que vale nuestro moneda.)</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Empecé a apostar. Al poco rato tenía treinta pesos.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Sentí que la máquina de al lado musitaba, con la voz de la antipática señora: &#8220;Me imagino que ahora pensará devolver los diez pesos que pidió prestados&#8221;.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Disparé de esa voz como alma que lleva el diablo, es decir, como alma que lleva mi alma -ya dije que yo, allí, era el diablo.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Me acerqué a Los Lobos, una serie de lobos y coyotes que aúllan ¡a la luna, precisamente!</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Puse los 30 pesos en esa tragamonedas y en cinco o seis tiros los perdí. Se trataba de una máquina cuya alimentación era más exigente: cinco centavos por crédito, no uno solo.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Dejé con celeridad el asiento, tenía otra misión, otro pedido en nombre de mi esplendoroso yo. Ya se veía que mi Yo ahora no se desinflaba ante los infortunios, había cobrado vida; se estaba haciendo preguntas a sí mismo; comprendía que lo patético no era él mismo porque hubiera perdido. o porque tuviera que convertirse en mendigo. Lo patético era, entre otras cosas, que la gente de ese sitio hablara en nombre de una alta moral.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Yo ya sabía que cuando uno concurre a esos lugares debe dejar a un lado algunas cosas, algunas tan simples, tan pequeñitas, como la alta -o baja- moralidad.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Y me acerqué a otros que recién llegaban, y volvió a ser fácil: diez pesos no se niegan a otro jugador cuando uno tiene diez mil en el bolsillo.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Debía emplear esos diez pesos de la mejor manera posible.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Decidí tomar la primera ganancia que me diera la máquina, aunque se tratara de un solo peso, y correrme a otra, seguro peso a peso me recuperaría -para lo que necesitaba más de mil cambios de máquina, caramba; un imposible.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Entré otra vez con mis diez pesos, pero anduve rondando las mejores posibilidades antes de sentarme.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">En el casino, me atrevería a decir que en casi todos los del país, Cleopatra es la tragamonedas más popular, la San Cayetano del slot, la que da a los pobres, la venerada por el vulgo.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">En eso también se ve lo fina que soy; esa máquina a mí no me quiere.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Las máquinas intuyen quiénes las manejamos y simpatizan o no. Por eso la dejé pasar aunque estaba desocupada y seguí buscando, mientras trataba de que no me vieran cuatro personas: la adusta mujer de las maquinitas de a centavo, la joven y la señora mayor a quienes les había pedido la primera vez; la pareja de novios a quienes les había pedido la segunda.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Como la sala no es muy grande, decidí cambiar un poco.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Llevé el sobretodo al guardarropa, quedé vestida con falda, blusa y botas altas.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Fui otra vez al baño y me arreglé el cabello: saqué una hebilla de la cartera y me hice un peinado bastante alto; seguramente al ajustar así mis cabellos se me verían atrás algunas peladuras, pero el espejo era plano y yo no las veía. Además, me lavé la cara y desapareció todo rastro de maquillaje.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Esa era la mejor -y la peor- transformación. Soy una artista para conseguirme una buena cara con pintura, pero para la ocasión eso era lo más aconsejable, valía la pena el sacrificio de mi obra de arte. Disfrazarme con una asombrosa falta de disfraz: yo era yo repugnantemente.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Anduve y anduve buscando por la sala; tenía hambre y sed porque ya llevaba demasiadas horas allí dentro y ni en mis momentos favorables me había acordado de comer.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Me acerqué al bar y pedí un vaso con agua, como antes; esta vez no me miraron bien -ahí comprendí que mucha gente estaba observándome y señalándome, ¡y cómo no! -entonces expliqué que debía tomar un medicamento.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">La moza se dio vuelta de mala gana para servir agua en un vaso descartable tan pequeño que en menos de dos sorbos me la bebería, y ahí vi la fuente de masas para acompañar el café que se servía, que estaba sobre el mostrador.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Mi gesto y mi habilidad fueron instantáneos: robé una masa mientras la moza se daba vuelta, la escondí en mi mano izquierda y tomé con la derecha el vaso diminuto que me ofrecía.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Fui a comer y a tomar afuera.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Estaba otra vez afuera y las caras habían cambiado, no sólo porque se habían renovado -eran otras de otras personas, es claro- sino porque me miraban fijamente a mí y parecían compartir un secreto que no compartían conmigo.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Tomé agua, comí apresuradamente la masa para prevenir que no me bajara la glucosa y me dispuse a entrar a ganar.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Me acomodé en la primera máquina desocupada que encontré.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Una intuición dejó de lado mis anteriores planes de ir ganándoles a las máquinas poco a poco.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">En lugar de eso, en la primera jugada hice la apuesta mayor.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Las figuras giraron y yo las miraba con inusitada confianza; me parecía que no paraban nunca de girar.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">(Continuará.)</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Queridos, los envíos los dejo para la próxima tercera y última parte. Les pido perdón si es un golpe bajo cortar aquí&#8230;</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">Mora <!--more--></p>
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		<title>El día de la iluminación</title>
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		<pubDate>Wed, 22 May 2013 13:07:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[He sido una rareza para todos; una sorpresa adversa, adjetivo que tal vez no tenga ninguna importancia (Embarazo Facticio).
He ardido con la luz de un demonio. Fue ayer (La Anatomía del Miedo).
Nunca tantas personas posaron sus ojos en mí, desde la entrada de la tarde hasta la noche.
¿Quién era yo, qué papel representaba en ese [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">He sido una rareza para todos; una sorpresa adversa, adjetivo que tal vez no tenga ninguna importancia (<a href="http://www.monografias.com/trabajos56/embarazo-facticio/embarazo-facticio.shtml" target="_blank">Embarazo Facticio</a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">He ardido con la luz de un demonio. Fue ayer (<a href="http://www.monografias.com/trabajos56/anatomia-del-miedo/anatomia-del-miedo.shtml" target="_blank">La Anatomía del Miedo</a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Nunca tantas personas posaron sus ojos en mí, desde la entrada de la tarde hasta la noche.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">¿Quién era yo, qué papel representaba en ese instante? -digo <em>instante</em> porque no fue más que un momento de gloria, los conocidos cinco minutos de fama que tienen los personajes secundarios de la televisión; en el noticiero, por ejemplo, el vecino que declara sobre un asesinato en el barrio. ¡Y qué feliz es esta gente ante la cámara, cómo sus rasgos y sus dientes brillan! (<a href="http://www.monografias.com/trabajos-pdf902/television-rol-psicosocial/television-rol-psicosocial.shtml" target="_blank">La televisión y su rol psicosocial</a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">¿Quién era yo aparte de quien soy ahora mismo? (<a href="http://www.monografias.com/trabajos10/mumi/mumi.shtml" target="_blank">Muerte a mí mismo</a>). </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Trato de verme desde lejos, como me miraría cualquiera de los que estaban a mi lado ayer; y, como miope que soy, tan lejos casi no puedo ver –la miopía que tengo es bastante rara, porque se extiende de mis ojos a mi apreciación de las cosas (<a href="http://www.monografias.com/trabajos75/error-percepcion-reaidad-psicologia/error-percepcion-reaidad-psicologia.shtml" target="_blank">Error de percepción de la realidad por la psicología</a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Me veo como veo a menudo los paisajes, como si fuera un paisaje de Monet; un cuadro impresionista cuyos contornos se diluyen (<a href="http://www.monografias.com/trabajos5/impre/impre.shtml" target="_blank">Impresionismo</a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Me miro allí paseando entre las tragamonedas; pondero mi sobretodo a rayas, cierta arrogancia de toda mi persona que de ningún modo busco me persigue, me busca ella (<a href="http://www.monografias.com/trabajos80/delirio/delirio.shtml" target="_blank">Delirios</a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">El elegante sobretodo es viejo, está algo gastado y perteneció a un pariente de mi cuñada que murió, y mi cuñada se hizo cargo de su exclusiva ropa de estanciero y la repartió por toda la familia. A algunas mujeres les tocaron chaquetas príncipe de Gales bien masculinas, pero impecablemente cortadas. No conocí a mi benefactor (<a href="http://www.monografias.com/trabajos-pdf4/sociedades-iniciaticas/sociedades-iniciaticas.shtml" target="_blank">Las sociedades iniciáticas y su herencia</a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">A los costados del sobretodo, después de las mangas, pueden verse mis manos –digo, pueden verse desde aquí; han pasado varias horas y, como dije, también soy miope para el tiempo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Mis manos no son tan refinadas como yo. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span id="more-4878"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Aunque la mano izquierda no tiene una sola mancha y su piel es perfecta, en la mano derecha, en cambio, hay dos manchas redondas como pequeños ojos castaños que bien podrían mirarme a la cara: uno al lado del otro, uno igual al otro. Mis dedos son cortos y nudosos, y eso no es lo peor.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Debido a la costumbre de fumar, mis uñas están irremediablemente manchadas, por lo que debo pintármelas para que nadie llegue a sospechar que puedo ser una persona sucia.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Me las pinto de un color morado casi negro. Quedan teatrales -como las usaba antes de <em>reformarse</em> el músico Charly García-, en especial en unas manos viejas. Y eso tampoco es lo peor.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Quedan cómicas, quedan trágicas, porque a menudo me olvido de arreglarlas y la pintura se descascara. En los dedos que uso para fumar, mis uñas son una mezcla de ese color morado-negro y amarillo tabaco. Las uso bien cuadradas, cosa que está de moda y que me es muy útil, porque no tengo lima y me las corto con los otros dedos cuando se ponen largas, o con los dientes, cuando no me ven mis compañeras del hogar.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Y aún me estoy preguntando quién era yo ayer, o qué parecía ser, y todavía no llegué a mi cara.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Lo que puede llegar a darme ese aire tan fino, tan destacado, tan noble, es el cuello delgado. Eso hace contrapeso con algunas tosquedades de mi figura. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Desde atrás, lo que asciende por mi cuello sí que es patético. No lo veo a menudo más que con dos espejos, y pocas veces tengo acceso a dos espejos, pero sé.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Es mi pelo, mi casi pelo, mi cabello de bebé incrustado con toda economía en una cabeza pequeñita.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">No se puede peinar, ni tocar; va por allí o por allá, como crezca este día; va sin pedir permiso, rebelde pero débil. No hace falta peinarlo nunca porque queda exactamente igual peinado y despeinado: <em>negligé</em>, <em>negligé</em>, dicen las lenguas perdonadoras, en francés. Y de un color arratonado, lo que no es malo –porque hay ratones de excelente color- sino significativo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">¡Y mi cara, ayer!</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Casi todos los días es una buena cara, de rasgos normales. Pálida, antigua. Hasta han dicho a veces que es muy linda.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Lo que no saben es cómo se transforma. Elástica como un contorsionista, toma la forma de lo que estoy pensando, de lo que estoy sufriendo, o amando, u odiando.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">La boca es una de sus partes más llamativas.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">En tiempos normales es serena, en tiempos como el día de ayer enloquece. Su piel se pone blanda, cada vez más roja y quebradiza, se llena de millones de arrugas, se seca y tiembla.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Tiembla en el costado derecho, nunca en el izquierdo; al lado derecho de mi cara le sobrevienen ataques de pánico, pero la otra parte no se interesa en eso. La otra mejilla, el otro ojo y en especial la otra comisura están haciendo como que no se enteran, o no se enteran de verdad, siguen con lo que tenían que hacer y no se ocupan.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">En el caso de ayer esa parte sana de mi boca –antes, como dije, de mis minutos de gloria- festejaba con alegría algún triunfo obtenido por un azar favorable, por una caída musical de las fichas, una lluvia de sonidos e imágenes parecida a remotos orgasmos.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Y me atrevo a pensar que mi lector ha hecho una mueca de disgusto: ¡tanta descripción del personaje para que se trate de una vulgar señora sentada ante un <em>slot</em>!</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Sin embargo, ¿dije yo que era una señora?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Ahora revisaré lo que llevo escrito; creo recordar que ni siquiera me describí en femenino. Mi lector cayó por la pendiente de las uñas pintadas, el pelo y algún otro prejuicio, y eso que respecto a las uñas le nombré a Charly García, que no tiene nada de mujer.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Pero sí, yo ayer al mediodía era una vulgar señora sentada frente a una máquina tragamonedas, para qué mentir. Para qué disfrazarme si ya estaba disfrazada, aunque vista de perfil no parecía una simple señora sino un personaje muy extraño.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Cuando de pronto, en un lugar, irrumpe un personaje muy extraño –adversamente extraño o no- inmediatamente se piensa en el Diablo, y yo lo era, o lo era a medias, y ese Diablo, tal vez por complicaciones psicosomáticas que tenemos los humanos, empezaba a formarse en la parte derecha de mi boca, donde se retorcía la expresión.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Por un rato todo estuvo tranquilo. Había puesto cada billete, billete a billete que junté durante varios días en mi caja –no muchos- en una sola máquina, y ésta se portaba normalmente: comía de a ratos mi dinero, de a ratos convidaba.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Tal como viene una tormenta inesperada, tal como viene sin aviso, la máquina empezó a devorar con rapidez. Uno tras otro tiro tragaba sin masticar; yo, como autómata, no tuve tiempo de pensar en pararla. Las figuras pasaban sin moverse –inmovilidad de cuando no se deciden a dar premios.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Ni el mago que destapa galeras con conejos negros y blancos, algunos de mucho valor, apareció. Sólo la escoba que barría solitaria, abstracta, no el dinero de nadie, porque ella a mí no me veía, sino el dinero abstracto, frío, el verdadero.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Cuando mi cuenta quedó en cero podía oír el silencio de la tragamonedas que yo había elegido entre los ruidos de las otras, y me quedé sentada mirando los dibujos vacíos como yo, por un rato, mientras pensaba qué debería hacer ahora. Yo era una señora en apariencia distinguida aunque jugara juegos tan vulgares. O lo parecía, que es lo mismo. Ese día, ayer, era una señora distinguida que quizá había dejado sus libros de consulta, psicóloga o médica, jubilada tal vez, para ir a relajarse un rato con el juego, y eso reflejaban las actitudes de la gente con quien me cruzaba: eran muy respetuosos y también indiferentes conmigo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Estaba en un casino de las sierras, en un lugar desconocido. Córdoba, la ciudad donde está el hogar de ancianos donde vivo hace un tiempo, queda a tres pueblos de ese lugar; para tomar el ómnibus que me lleva debo caminar unas cuantas cuadras por la ruta, y primero atravesar el parque que está frente al hotel-casino, lleno de árboles y oscuro, lleno de perros y de gatos salvajes, o monteses, como se les dice allí.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Yo perdida, ésa era Yo pero perdida.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">No es que me pierda muy seguido, aunque no tenga reloj, ni automóvil, ni teléfono celular, y ni siquiera llevo mapas en la memoria o el bolsillo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Sabía que a los empleados del casino les está prohibido prestar, aunque se trate de un centavo, y aunque sí puedan darles propinas milenarias –y <em>milenarias</em>, usado así, es un neologismo que acabo de inventar, o que inventé ayer mismo mientras pensaba; no parece que haya diferencia cualitativa entre milenario y millonario.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Los empleados quedaron entonces eliminados como posibles prestamistas.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Salí a fumar afuera, junto con otros jugadores que estaban tomándose un descanso. Entre ellos debía considerar que se encontraba mi candidato al préstamo, pero todavía era temprano, un poco más de mediodía. El sol estaba fuerte a pesar de la gran ola de frío y el parque bellísimo. En el bosque –no es adorno ni cuento- cantaban los pájaros.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Miré las caras que miraban el parque una por una; no recogí sonrisas. No me animé a pedir nada. Calculé que podía quedarme otro rato examinando caras hasta dar con la más apropiada.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Animarse a pedir, y yo parecía tan distante de alguien que mendiga. ¿Qué voz pondría, qué matiz de la voz iba a emplear? ¿El que arrulla a los niños, el que los duerme sin necesidad de canciones de cuna? ¿El tono seguro, inteligente, el que, al pedir, está insinuando que no pide, o que lo hace como si fuera una convención formal pedir, y otra responder afirmativamente?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Como ensayo preliminar para esta última actitud, me acerqué al bar y solicité un poco de agua. Me dio alegría que me la otorgaran en copa de cristal, con simpatía y facilidad; que respondieran un “por nada” a mis “gracias”, como si estuvieran anticipándome que tendría el mismo éxito al pedir el dinero para el pasaje a Córdoba, el que, después de todo, no ascendía a más de veinte pesos.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">El optimismo me abandonó cuando sucedió que creí hallar un rostro amable. El señor me sonrió al pasar, esas sonrisas que son como “la sombra de un pájaro en el río”, según el poeta Pedroni.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Una sonrisa de compromiso, porque yo lo miraba, que interpreté mal.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Apenas dije “Señor, quiero pedirle…”, la sonrisa voló sin dejar sombra. Continué felizmente la frase sin embargo: ¡lo que quería pedirle con tanta circunspección era la hora!</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Me la dio agradecido –a la hora-, y volvió a ofrecerme una sonrisa efímera.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Me entristeció sentir que yo era cobarde, y fui a mirar en silencio las sierras; ya se venía el atardecer. Ya hacían el dibujo de la luna, con compás, en el cielo celeste.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Reconsideré las únicas dos posibilidades que tenía: animarme finalmente a pedir “prestado”, o llegar hasta la ruta, parar el ómnibus que iba para Córdoba y suplicarle al conductor que me llevara gratis.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">La desventaja de pedirle favores al chofer consistía en que si decidía no hacérmelos yo me quedaba parada en la ruta. Para volver al casino, donde había un mayor número de posibles, aunque improbables, personas <em>generosas</em>, debía recorrer, como dije, todo un bosque. En el caso de volver, este bosque iba en subida, no era tan fácil como haberlo bajado.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Me imaginé devastada, ajada, cansada, mustia, hambrienta, tragada por el bosque, regresando.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Me imaginé así porque ya estaba al borde de esos abismos. Me sentía sucia, había transpirado aun en el frío, mis cabellos parecían obedecer a mi estado de ánimo, y hasta el elegante sobretodo había adquirido solidariamente brillos y gastadoras.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Dejé las sierras, el paisaje y la incipiente luna y volví a entrar, me dirigí con urgencia al baño.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Allí me miré en el espejo, y era tal como había imaginado, mi incandescencia había desaparecido. Decidí antes que nada volver a ser la que había entrado esa mañana girando alegremente puertas.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Me lavé la cara y los dientes, volví a pintarme la boca con cuidado, peiné de la mejor manera posible mis cabellos, me incliné hacia delante casi tocando el piso para darles volumen y, a la vez, hacer un poco de gimnasia y poner color en mis mejillas.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Tomé un paso rápido y me decidí a encarar el problema.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">(Continúa en la próxima entrega.)</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><strong><span style="font-size: small"><span style="font-family: Arial">Envío</span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">¿Tengo que anticipar que esto es un cuento, que es <em>sólo</em> un cuento, tengo que anticiparme a que algún distraído lo tome por un retazo de mi vida? No lo creo, pero por las dudas… –aunque es sólo la primera parte de un cuento, la segunda viene el miércoles que viene; ya está escrita y resultó demasiado extensa.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small"><span style="font-family: Arial">Sin embargo, debo reconocer: aquí estoy yo con una máscara, como aquella que puedo ser un día, como aquella que pude haber sido otro día, como si narrara un horrible asesinato, un acto solidario de algún amigo o un milagro de la Madre Teresa.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">En ninguno de mis personajes puedo dejar de participar, soy toda una metida.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Borges me confesó en una entrevista: “Yo siempre soy mi personaje”. Y es que salvando las distancias entre Borges y yo, insondables distancias, no hay otro modo de escribir sinceramente.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">El personaje puede ser considerado inmoral; el cuento mal leído, o leído con lentes especiales, puede considerarse una apología de la inmoralidad. Y no por lo que han leído hasta ahora, mis queridos amigos, sino por la <em>iluminación </em>que le adviene al personaje.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Pero la sinceridad en literatura no se parece en absoluto a ninguna verdad de la ética. Aunque si no se sabe ser sincero en literatura, o fingir ser sincero, mucho menos se las podrá ver uno con la ética -a quien resuelva esta aparente contradicción que acabo de enunciar, este sofisma mal construido, le otorgo un premio; yo seguro que no me lo gano.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: Arial;font-size: small">Mora</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"> </p>
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		<title>Licor de mandarinas y fantasmas</title>
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		<pubDate>Wed, 15 May 2013 15:19:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[Yo me digo que sin palabras -en especial sin las palabras escritas (El diccionario)- la gente se empobrecería de una manera trágica (Cultura).
No existirían los universos paralelos -que son un sueño literario o un hecho científico (Los no mundos)- ni casas como la de Cumbres Borrascosas para ir a refugiarse cuando nos vencen tanto el tedio y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Yo me digo que sin palabras -en especial sin las palabras escritas (<a href="http://www.monografias.com/trabajos81/diccionario/diccionario.shtml" target="_blank">El diccionario</a>)- la gente se empobrecería de una manera trágica (<a href="http://www.monografias.com/trabajos11/cultu/cultu.shtml" target="_blank">Cultura</a>).</p>
<p>No existirían los universos paralelos -que son un sueño literario o un hecho científico (<a href="http://www.monografias.com/trabajos72/no-mundos/no-mundos.shtml" target="_blank">Los no mundos</a>)- ni casas como la de Cumbres Borrascosas para ir a refugiarse cuando nos vencen tanto el tedio y la costumbre que esas arquitecturas tenebrosas devienen en paraísos (<a href="http://www.monografias.com/trabajos67/literatura/literatura.shtml" target="_blank">Literatura</a>).</p>
<p>No existiría el agujero de Alicia para caer (<a href="http://www.monografias.com/trabajos15/reflexiones/reflexiones.shtml" target="_blank">Reflexiones. ¿Sabes hacia donde vas y como llegar?</a>).</p>
<p>Lo peor es que la gente se volvería un poco más opaca, porque la gente, aun la que nunca ha leído nada, sabe perfectamente dónde están esas construcciones y lo importantes, y peligrosas, que son (<a href="http://www.monografias.com/trabajos82/palabras-ocultas-inteligencia/palabras-ocultas-inteligencia.shtml" target="_blank">Las palabras ocultas en la inteligencia</a>). Sabe evitarlas y también sabe sumergirse en ellas, caer de pie. Repito: aunque nunca las haya oído nombrar, leído.</p>
<p>Quedan en el paraíso blanco y en el paraíso rojo incendiado -es decir negro- de nuestros paseos por el alma o la mente (<a href="http://www.monografias.com/trabajos94/esencia-humana/esencia-humana.shtml" target="_blank">La esencia humana</a>).</p>
<p>Y así no es vana ninguna construcción, ningún juego -o jueguito- de palabras (<a href="http://www.monografias.com/trabajos901/juegos-lenguaje-mundo-vida/juegos-lenguaje-mundo-vida.shtml" target="_blank">Juegos de lenguaje y mundo de la vida</a>).</p>
<p>Se extiende, el mundo, hasta el infinito que calcularon los científicos y los teólogos..</p>
<p>Cada aporte es una casa o un castillo.</p>
<p>Cada palabra escrita con el deseo de seguir armando el mundo es semilla.</p>
<p>Nadie es mal escritor, ni cursi, ni anodino.</p>
<p>Escribo, yo, con regia inmodestia,  ya que la computadora no funciona, en un cuaderno viejo donde hay unas recetas de cocina que no recuerdo haber copiado pero que están escritas en mi letra.</p>
<p><span id="more-4850"></span></p>
<p>Hay un licor de mandarina que me remite a amigos y a una larga mesa con mantel blanco y copitas brillando como velas ardiendo. Hay indicaciones para unos caramelos de dulce de leche que de sólo nombrarlos me llevan a la lujuria de la infancia, a cucharas enormes que roban compoteras, chocolateras y, sobre todo, dulce de leche recién preparado, hirviendo hasta quemarme la lengua, esa lengua que a veces, más adelante, quizá mereció esa inquisición de la cuchara, esa hoguera que pasa pero deja una ampolla.</p>
<p>En el medio de estas dos recetas tan estimulantes, hay un estímulo literario que tampoco recuerdo haber copiado: el regalo de un argumento para escribir un cuento de fantasmas.</p>
<p><strong>Mis ofrendas de hoy</strong></p>
<p><em>Caramelos de dulce de leche</em></p>
<p>Un pequeño preámbulo antes de la receta. Es la pequeña historia del nacimiento de este dulce.</p>
<p>Dicen que la cocinera de Don Juan Manuel de Rosas calentaba hasta punto de hervor, todas las mañanas, la leche con abundante azúcar que era el desayuno de El Restaurador. Un día la pobre mujer olvidó en el fuego la leche azucarada; al recordarlo fue a ver y a reparar el desastre. La leche se había convertido en una crema deliciosa, color caramelo, con olor a vainilla y otros aromas que la falta de imaginación no me permite describir: un fragmento de cielo en la tierra, una cucharadita de edén con la consistencia de la seda. Paso a la receta:</p>
<p>Los ingredientes son una lata de leche condensada, una taza de azúcar, un frasco de glucosa y un paquete de manteca.</p>
<p>Cocinar revolviendo con cuchara de madera hasta que tome punto de bolita dura. Extender en una asadera enmantecada, marcar con cuchillo caramelos cuadrados. Dejar enfriar y cortarlos. Envolverlos en celofán.</p>
<p><em>Cuento de fantasmas</em></p>
<p>Es una receta de M. R. James (Montague Rhodes James, no confundir con Henry James):</p>
<p>&#8220;&#8230; es la historia de dos estudiantes del King&#8217;s College de Cambridge, en el siglo XVI (los cuales habían sido expulsados de dicho centro por prácticas mágicas) y la peregrinación que hicieron a Fenstanton para ver a una bruja; y de cómo, al pasar por Lolworth, en la carretera de Humtingdon, se les unió un viajero cuyo desagradable semblante les resultaba familiar. Y cómo, al llegar a Fenstanton, se enteraron de la muerte de la bruja y de la criatura que vieron sentada sobre su tumba recién excavada&#8221;. (Puede actualizarse, pero el desafío completo es escribirla transcurriendo en esa época, no importan si en los mismos lugares. Esto lo digo yo, Mora.)</p>
<p><strong>Envío</strong></p>
<p>¡Que beban y que coman dulces, alegremente! No olviden invitar a beber a la luna. Después, quizás, no vendría mal escribir unos parrafitos del cuento de fantasmas. ¡Felicidades de escritura!</p>
<p>Todos mis cariños</p>
<p>Mora</p>
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		<item>
		<title>Una ocasión extraordinaria</title>
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		<comments>http://blogs.monografias.com/editorial/2013/05/08/una-ocasion-extraordinaria/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 08 May 2013 15:06:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[No es que sea blanco y negro absolutamente, es la belleza de lo penumbroso (Belleza y Mística en Platón) lo que me lleva a caer en el crepúsculo, el del día o el de la noche, como le gustaba decir a Borges por el alba y por el atardecer, pero ya antes le había gustado decirlo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No es que sea blanco y negro absolutamente, es la belleza de lo penumbroso (<a href="http://www.monografias.com/trabajos19/platon-belleza/platon-belleza.shtml" target="_blank">Belleza y Mística en Platón</a>) lo que me lleva a caer en el crepúsculo, el del día o el de la noche, como le gustaba decir a Borges por el alba y por el atardecer, pero ya antes le había gustado decirlo de ese modo a Chesterton, en inglés (<a href="http://www.monografias.com/trabajos10/nopo/nopo.shtml" target="_blank">La novela policial</a>).</p>
<p>Me gustan más bien las penumbras con rebordes de luz (<a href="http://www.monografias.com/trabajos80/antes-que-amanezca/antes-que-amanezca.shtml" target="_blank">Antes que amanezca</a>), cuando la hierba hace caer ese silencio que es el día blanco, cuando la noche tiene su parto de madre primeriza (<a href="http://www.monografias.com/trabajos40/metafora-lacan/metafora-lacan.shtml" target="_blank">A partir de la metáfora - Jacques Lacan</a>), cuando aún no se sabe si de lo gris lo que se quiere ver es negro, si de lo gris lo que se quiere ver es la blancura (<a href="http://www.monografias.com/trabajos85/gran-viaje-silueta-distante/gran-viaje-silueta-distante.shtml" target="_blank">El gran viaje hacia la silueta tan distante</a>).</p>
<p>Por eso, sobre todos los pintores del mundo amo a Rembrandt (<a href="http://www.monografias.com/trabajos2/renacimiento/renacimiento.shtml" target="_blank">Renacimiento</a>).</p>
<p>Pero hay algo además que no me explico que no tiene que ver con la luz (<a href="http://www.monografias.com/trabajos10/vampi/vampi.shtml" target="_blank">Vampiros</a>). Me perdería entre su gente de la Ronda Nocturna y tal vez no aparecería más en este siglo, vestida de la hija de Rembrandt, la pequeña (<a href="http://www.monografias.com/trabajos86/tarea-historia/tarea-historia.shtml" target="_blank">Panorama de la herencia del mundo antiguo</a>).</p>
<p>Diría que me llamo Sombra, que para verme prendan un fósforo, enciendan la linterna, hagan un fuego pequeñito.</p>
<p>Rembrandt rompió su espejo en mil cuadrados de luz y sombra, de alegría y tragedia.</p>
<p><span id="more-4747"></span></p>
<p><strong>Una ocasión extraordinaria</strong></p>
<p>Marina dormía como un gato extraviado en sueños de zarpazos y colores, y la música llegaba montada en el humo del cigarrillo de Ariel, que la despertaba.</p>
<p>Largo y cansado sueño, las telarañas se rompían al despertar entre sus ojos. Las telarañas de sus ojos volvían a la tela de araña del velador. La telaraña del velador convocaba otra vez a las arañas venenosas. Las arañas venenosas habían sido su destino, y también unos globos rojizos que no alcanzaba a distinguir: &#8220;lo que sucede&#8221;, se dijo, &#8220;es que todavía no estoy del todo despierta&#8221;.</p>
<p>No sabía lo que estaban diciéndole.</p>
<p>Ariel hablaba de un cuadro, no, de dos, descubiertos en un negocio donde vendían muebles viejos.</p>
<p>-Vamos y los ves -dijo Ariel-. Estoy seguro de que son de Rembrandt, los ves y los compramos, los revendemos y nos hacemos ricos.</p>
<p>Ella se vistió lentamente, se pintó componiéndose un rostro acorde para la hora de la tarde y para el cuadro que iban a comprar, o, acaso, para los cuadros que iban a comprar, de Rembrandt.</p>
<p>La mueblería estaba lejos. Caminaron por la extraviada luz de ese barrio llamado La Boca, en Buenos Aires, luz que parecía desprenderse del sueño reciente de Marina, o del cuadro que estaba por descubrir. Casas levemente acuáticas, como si se fugaran, veredas ocres y colores hasta en los bultos grises, todos los colores de La Boca, el verde, el negro y el azul, el rojo, el amarillo.</p>
<p>La señora que atendía el negocio era alta y con vestidos grises también, pero debido más a cierta vetustez que al barrio de La Boca; los colores, allí, están primero que la gente.</p>
<p>Les mostró aparadores, mesas y mesitas, juegos de comedor, secretaires sin ningún secreto, sillas solitarias, camas de bronce, arañas llenas de telas, como le gustaban a Marina.</p>
<p>Ariel le había dicho a Marina que lo importante era hacerse el distraído hasta llegar a los dos cuadros, y no demostrar ningún asombro ni avidez.</p>
<p>Marina vio uno detrás de un mueble y preguntó sin ningún alboroto -¿o alborozo?- quién lo había pintado.</p>
<p>La vendedora explicó que lo había traído una viejita que afirmaba que era de un gran pintor llamado Rembrandt, un holandés. Que en realidad había traído dos cuadros de ese gran pintor, pero que a uno ya lo había vendido.</p>
<p>La viejita pretendía vender bastante caros los cuadros de ese desconocido, pero ella había fijado la suma de 100 dólares para cada uno, y a ese precio lo había vendido al anterior cliente. Le daría la mitad, ella se quedaría con un cincuenta por ciento de comisión.</p>
<p>-Un poco caro para no tener marco -intervino Ariel, indiferentemente-. Pero fijate que se te parece -se dirigió a Marina.</p>
<p>-Creo que es verdad -dijo Marina-. Si tuviera ese corte de pelo.</p>
<p>-Creo que se le parece completamente -aseguró la vendedora-. Como dos gotas de agua. Puede colgarlo en su sala y decir que un gran artista la pintó a usted.</p>
<p>-No debe ser un gran artista si nadie lo conoce -terció Ariel-. Pero es cierto que se te parece, ¡qué bonito colgarlo en el living!</p>
<p>Él no solía emplear la palabra bonito para nada, aunque en este momento consideró que ameritaba esa palabra.</p>
<p>-¿Lo llevamos? -imploró con cara de muchachita frívola Marina.</p>
<p>-Lo llevamos -concedió Ariel.</p>
<p>Anduvieron como sobre nubes caminando con el cuadro en los brazos, acunándolo.</p>
<p>Fue a dar a una pared de la sala, claro, hasta que se vendiera.</p>
<p>Vino un solo inocente, que no era en realidad tan inocente.</p>
<p>-Es la peor copia que vi en mi vida, ni siquiera es una copia, es un invento. Rembrant no pintó jamás esto -dijo, y se marchó.</p>
<p>La señora de la mueblería seguro que sabía quién era de verdad Rembrandt, pero también sabía con quién trataba.</p>
<p>Marina se fue convirtiendo con los años y la vanidad en la señora que estaba pintada en ese cuadro, inclusive engordó algunos kilos y se hizo hacer una bata del mismo color y con el mismo escote para parecerse más.</p>
<p>¿Quién sería la señora, una holandesa?</p>
<p><strong>Envío</strong></p>
<p>Gracias a todos mis colaboradores, pero un cariño especial para José. José Itriago: te quiero, cuídate, cuídate de las calles y los peligros y los abismos y las flores carnívoras.</p>
<p>Mora</p>
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		<title>Misterios de dos niñas, o de tres</title>
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		<comments>http://blogs.monografias.com/editorial/2013/05/02/misterios-de-dos-ninas-o-de-tres/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 02 May 2013 14:55:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[Nos sentábamos en el umbral de la casa con una muñeca en cada mano, mi amiga Lila y yo (La Socialización fuera de la Familia).
Éramos tan chicas que las muñecas debían tener poco peso, eran de trapo (Historia de las muñecas de trapo).
No las amábamos demasiado, eran un juguete más que nos habían dado para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nos sentábamos en el umbral de la casa con una muñeca en cada mano, mi amiga Lila y yo (<a href="http://www.monografias.com/trabajos61/socializacion-fuera-familia/socializacion-fuera-familia.shtml" target="_blank">La Socialización fuera de la Familia</a>).</p>
<p>Éramos tan chicas que las muñecas debían tener poco peso, eran de trapo (<a href="http://www.monografias.com/trabajos91/historia-munecas-trapo/historia-munecas-trapo.shtml" target="_blank">Historia de las muñecas de trapo</a>).</p>
<p>No las amábamos demasiado, eran un juguete más que nos habían dado para salir a la puerta (<a href="http://www.monografias.com/trabajos29/juguetes/juguetes.shtml" target="_blank">Los juguetes de los niños</a>), mirar pasar los autos <em>sin cruzar nunca la calle</em>, y observar -eran los tiempos en que las niñas y los niños, por más pequeños que fueran, salían tranquilamente a la calle, con la única advertencia de no cruzarla (<a href="http://www.monografias.com/trabajos55/la-neomicrohistoria/la-neomicrohistoria.shtml" target="_blank">La neomicrohistoria</a>).</p>
<p>Cuando crecimos otro poco las muñecas crecieron con nosotras, se hicieron más bonitas, con cuerpos y caritas que no eran de trapo sino de cerámica -o porcelana, tal vez, un día de delirio de nuestros padres.</p>
<p>Las otras chicas del barrio se acercaban a elogiárnoslas, como las madres de unos niños elogian a los niños de otras madres.</p>
<p>Llegó un tiempo en que el amor por nuestras nenas de mentirillas nos hizo pedir a cada abuela un regalo grandioso: un vestido para nosotras y otro para nuestra muñeca, iguales (<a href="http://www.monografias.com/trabajos94/a-se-enamoran-o-se-identifican-adolescentes-otro/a-se-enamoran-o-se-identifican-adolescentes-otro.shtml" target="_blank">¿Se enamoran o se identifican los adolescentes con el otro?</a>).</p>
<p>Laurita y yo teníamos un vestido a rayas azules y blancas con canesú marinero. Lila y su muñeca vestían de suaves florecitas rosadas (<a href="http://www.monografias.com/trabajos75/caracteristicas-principios-creatividad/caracteristicas-principios-creatividad.shtml" target="_blank">Características y principios de la creatividad</a>).</p>
<p>Como dos pares de mellizas asimétricas, nos instalábamos en el umbral (<a href="http://www.monografias.com/trabajos20/madurez-inmadurez/madurez-inmadurez.shtml" target="_blank">Madurez e inmadurez</a>).</p>
<p>Nos parecía que la gente que pasaba nos observaba con admiración (<a href="http://www.monografias.com/trabajos65/autoestima-estudiantes/autoestima-estudiantes.shtml" target="_blank">Autoestima en estudiantes</a>).</p>
<p>A mí me parecía que la Marilín de Lila era más bonita que Lila misma. No sé qué pensaba ella de Laurita y de mí.</p>
<p>El amor maternal que fingíamos o practicábamos todas esas tardes se fue rarificando.</p>
<p>Terminó convertido en verdadero amor.</p>
<p><span id="more-4718"></span></p>
<p>Para mí, Laurita hablaba y me decía cosas hondas, elaboradas filosóficamente, pero no cuando estábamos allí sentadas con Lila y su muñeca.</p>
<p>Para Lila, Marilín era bailarina clásica, pero no practicaba cuando estaba yo presente.</p>
<p>Ni Lila ni yo dudábamos de la verdad de nuestros sueños; yo imaginaba bailar por las noches a su Marilín, y ella contarme largos cuentos a mi Laurita.</p>
<p>Pero ya llegábamos a tener diez años, no éramos tontas tampoco, sólo dábamos amor sin consecuencias. Estoy segura de que ni Laurita ni Marilín sentían el menor cariño por nosotras; al menos esa era una sospecha bien fundada.</p>
<p>De a poco, me fui convenciendo de esto último. Un día me atreví a revelárselo a Lila.</p>
<p>El tremendo secreto estalló en medio del silencio de la calle, porque en esa ocasión era de siesta, y no pasaban ni fantasmas.</p>
<p>Los fantasmas, en Santa Fe, la ciudad de mis jóvenes años, respetan las costumbres. Es decir, duermen la siesta, por ejemplo, especialmente en verano.</p>
<p>Lila gritó y lloró el tiempo suficiente como para que se abrieran todas las ventanas de la cuadra y asomaran blancos camisones con mujeres indignadas adentro.</p>
<p>Lila se calló.</p>
<p>Estuvo diez minutos lánguida, cinco triste, y al minuto final me reveló que ella ya había sospechado aquello de que las muñecas no tenían alma, pero no quería ni siquiera decírselo a sí misma.</p>
<p>Entonces empezamos a salir a la puerta <em>solamente a mirar</em>, sin muñecas ni nada que entorpeciera nuestras manos.</p>
<p>¿Y qué vimos?</p>
<p><strong>El misterio de cuando no hay viento</strong></p>
<p>Lila lo vio primero, y era casi como no ver nada.</p>
<p>Apenas un montoncito de papeles hechos añicos.</p>
<p>Podía tratarse de esos panfletos con propaganda de jabones que solían repartir en mi época, y eso era lo más seguro. Casi no daba ganas de levantar nuestras colas regordetas del umbral e ir a recogerlos; permanecían allí, no había la más mínima brisa que los desapilara.</p>
<p>Era más bien tarea de empleados municipales recogerlos; los barrenderos aparecían de vez en cuando con una escoba y una pala. Pero la calle estaba sucia no sólo de esos blancos fragmentos, y nadie había limpiado nada.</p>
<p>¿Sería realmente un papel de ofertas?</p>
<p>¿O sería algo más delicioso, como las indicaciones de un ladrón para asaltar alguna casa, el mapa de un tesoro en el que ya no creíamos o una carta que nos descubriera el secreto de un asesinato cometido en el barrio? Porque entre secretos y mentiras, ya habíamos empezado a leer a Agatha Christie.</p>
<p>¿Sería -lo más emocionante- una carta de amor?</p>
<p>Bastaba con levantarse y recoger los papelitos y eso hicimos, pesadas y remolonas.</p>
<p>En cuanto los tuvimos en la mano, lo que costó muchísimo porque no eran más que hebras, nos dimos cuenta por vocales y consonantes sobresalientes que se trataba de una auténtica carta.</p>
<p>Estábamos fascinadas, y aunque se tratara simplemente de una carta de amor de lo más común, ya era mucho. Era inclusive muchísimo más que descubrir un crimen, sin olvidar que el amor mismo casi siempre era un crimen entre lenguas filosas y conciencias angelicales.</p>
<p>Nos propusimos reconstruir lo escrito, como dos arquitectas del infierno en pueblo chico, que es una cosa grande.</p>
<p><strong>El revelado</strong></p>
<p>Mucho más excitante que estar en esos lóbregos laboratorios donde se revelaban las fotografías, mucho más dificultoso que armar cualquier rompecabezas de cartón e incluso que resolver un crucigrama, la tarea nos reportó ansiedad, curiosidad enorme, profundas recaídas en la desesperanza.</p>
<p>Robábamos rollos de cinta transparente engomada de los escritorios de mi casa, y más de los de la casa de Lila, porque su madre era maestra.</p>
<p>Nos reuníamos en patios alejados, en casa y en lo de Lila existían todavía esos &#8220;fondos&#8221;, así llamados por ser la parte grande que quedó sin construir y se usó para siempre como patio, jardín o juntayuyos.</p>
<p>Cada vez que formábamos una palabra, festejábamos con una barra de chocolate extraída de las viejas despensas donde el chocolate se guardaba para los cumpleaños en invierno.</p>
<p>Descansábamos leyendo cuentos de hadas, para inspirarnos, o novelas de amor ultraprohibidas para nosotras, que conseguíamos en los dormitorios de nuestras madres.</p>
<p>También hojeábamos diccionarios: toda una preparación para ser espías algún día.</p>
<p>A veces nos parecía descubrir que la carta era tonta, pálida, aburrida. Y que nosotras nos estábamos jugando la vida por algo que no valía la pena -después tropezamos con esta misma piedra muchas veces, mucho mayores.</p>
<p>Dejamos de hacer las cosas que habitualmente hacíamos, y estábamos juntas todo el tiempo Lila y yo, lo que en nuestras familias sonó a complot, conspiración, a algo que preparábamos, extraño.</p>
<p>Fuimos perseguidas como los primeros cristianos.</p>
<p>Bueno, no nos echaban a las fieras ni a las llamas, pero debíamos vivir en algo así como catacumbas para ocultar al sol nuestro secreto.</p>
<p>¿Qué secreto?</p>
<p>¿Y si no era un secreto?</p>
<p>¿Pero si era un secreto escabroso, magnífico? No, no debíamos abandonar la empresa.</p>
<p>Habíamos conseguido armar unas pocas oraciones inconexas y nada prometedoras, pero lo habíamos conseguido, cuando se abrieron las ventanas de nuestro cuarto-estudio-laboratorio alquímico, y una tormenta como nunca apareció: un tornado. Atinamos a pisar cada fragmento suelto, perdimos algunos. Lo de ese viento malicioso nos alertó sobre lo peligroso de nuestra misión, sobre lo frágil.</p>
<p>Cualquier cosa podía suceder hasta tanto descifráramos el contenido de la carta.</p>
<p>Tomamos precauciones más estrictas.</p>
<p>Cada noche la carta y sus pedazos, puestos en una bolsita, descansaban debajo del colchón, del de Lila o del mío, intermitentemente.</p>
<p>Una mañana Lila fue a buscarme para ir juntas a la escuela. Traía novedades.</p>
<p>Me dijo:</p>
<p>-Mis sábanas amanecieron con sangre.</p>
<p>Inmediatamente pensé en un asesinato relacionado con el críptico mensaje que ocultaba bajo el colchón.</p>
<p>-No -dijo-. Mi mamá me explicó que ya soy <em>señorita</em>.</p>
<p>Habíamos soñado tanto con ese momento, antes de nuestras confabulaciones, con ese momento en que uno, de golpe, se convertía en otra persona, en un adulto, creíamos, que el fuego de su relato me incendió. Dejé de pensar por unas horas en la carta.</p>
<p>Fuimos a la escuela y Lila fue la estrella entre otras niñas.</p>
<p>Confieso cierta envidia y cierta melancolía.</p>
<p>Fuimos a la casa de la abuela de Lila a hacerla partícipe de la buena nueva, como dos ángeles.</p>
<p>Tomamos chocolate en hondos cuencos, y comimos una tarta de moras y manzanas.</p>
<p>La abuela se alegraba pero ya lo sabía.</p>
<p>-El problema es con el colchón, es difícil sacar esa mancha -dijo la abuela.</p>
<p>Allí nuestra aventura corrió un peligro inexpresable, por eso nos acordamos.</p>
<p>Pregunté con la voz temblorosa a la abuela, si sabía que había hecho la madre de Lila con el colchón.</p>
<p>-Está en el patio de atrás, lavado con agua muy fría y tratando de secarse con este sol -me contestó.</p>
<p>Corrimos a la casa de Lila.</p>
<p>Vimos el colchón, preguntamos. La carta y sus fragmentos ya no existían para nunca más, se los había llevado o se los estaba por llevar el basurero. Eran unos meses de nuestra propia vida que se llevaría en ese carro.</p>
<p>No nos recuperamos enseguida, estuvimos mucho tiempo sin saber qué hacer, sentadas en el umbral de casa.</p>
<p>Ya no teníamos edad para cargar con nuestras muñecas mellizas y ser blanco de miradas complacientes y buenas.</p>
<p>Ya teníamos los suficientes granos en la cara para que nadie nos mirara como a dos muñecas de porcelana.</p>
<p>Pero aun en tan desgraciada situación, se nos ocurrió una idea gloriosa.</p>
<p>Envolvimos el brazo izquierdo de Lila con cintas blancas de enfermería, a modo de yeso, y lo mismo hicimos con mi brazo derecho. Codo a codo de yeso, sentadas en ese triste umbral.</p>
<p>La gente que pasaba nos miraba con compasión, al menos. Pero nos miraba mucho.</p>
<p><strong>Envío</strong></p>
<p>Este envío va directo al cielo: debo agradecer a mi mamá esta historia. Ella, a los cinco años, se enyesó, no sé cómo, y se sentaba a mirar pasar la gente por la calle detrás de una ventana. La gente la miraba y la compadecía.</p>
<p>Mi mamá, que parecía tenerlo todo en esa época de su vida, lo que no tenía era la conmiseración de sus congéneres.</p>
<p>Y se ve que uno puede tenerlo todo, pero si eso falta, falta la alegría.</p>
<p>Pero, además, besos terrenales para todos mis amigos lectores.</p>
<p>Mora</p>
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		<title>El traje nuevo del emperador</title>
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		<comments>http://blogs.monografias.com/editorial/2013/04/24/el-traje-nuevo-del-emperador/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 24 Apr 2013 15:03:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[Recuerdo a mi abuela contándome otra vez (Cuentos de Hadas &#8212; Magia, Fe y Encanto?).
Se sentaba en un sillón de hamaca. Había una lamparita encendida (Luz del primer día)
La delicia era que yo escuchaba aquellos cuentos mientras comprendía que el lugar, la hora, la voz de la abuela, la lamparita y los pájaros de cerámica [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Recuerdo a mi abuela contándome otra vez (<a href="http://www.monografias.com/trabajos50/cuentos-de-hadas/cuentos-de-hadas.shtml" target="_blank">Cuentos de Hadas &#8212; Magia, Fe y Encanto?</a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Se sentaba en un sillón de hamaca. Había una lamparita encendida (<a href="http://www.monografias.com/trabajos93/luz-del-primer-dia/luz-del-primer-dia.shtml" target="_blank">Luz del primer día</a>)</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">La delicia era que yo escuchaba aquellos cuentos mientras comprendía que el lugar, la hora, la voz de la abuela, la lamparita y los pájaros de cerámica colgados como si volaran por la pared era lo que hacía más precioso el relato (<a href="http://www.monografias.com/trabajos81/proyecto-libro-cuentos/proyecto-libro-cuentos.shtml" target="_blank">Diez Relatos</a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Todo lo que me rodeaba tenía por dentro malabaristas que cambiaban por una luz o una sombra, por apagar la lámpara o prender otra luz (<a href="http://www.monografias.com/trabajos909/el-malabarismo/el-malabarismo.shtml" target="_blank">El Malabarismo</a><a href="http://www.monografias.com/trabajos909/el-malabarismo/el-malabarismo.shtml"></a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Y las sombras eran tan buenas para mí en esos días, arrancadas casi literalmente de los libros de cuentos ilustrados, y de la blusa de la que estaba en el sillón, los puños de la manga con encaje de la abuela sobre los brazos de madera. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Y cuando se hamacaba el sillón venía hacia mí y traía más cerca su cara que me sonreía con esa sonrisa (<a href="http://www.monografias.com/trabajos66/terapia-risa/terapia-risa.shtml" target="_blank">La risa como terapia</a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><strong><span style="font-size: small"><span style="font-family: Arial">Castillos de papel</span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">A veces me contaba cosas espantosas, pero con oro filtrado en esas<span> </span>cosas, residuos de fiestas que a mí me parecían macabras. Y lujosas (<a href="http://www.monografias.com/trabajos93/la-literatura-infantil/la-literatura-infantil.shtml" target="_blank">Literatura infantil</a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Eran cuentos de hadas también, y lo que yo más quería era que ella continuara.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">De pronto me decía que un rey había ido al entierro de Andersen (<a href="http://www.monografias.com/trabajos85/figura-heroe-dos-cuentos-andersen/figura-heroe-dos-cuentos-andersen.shtml" target="_blank">La figura del héroe en dos cuentos de Andersen</a>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Pero no estábamos hablando de nadie que se llamara así, sino de un cuento que se llamaba La Sirenita, y era uno de los que más me gustaban.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Todavía no había aprendido a leer, pero la abuela me lo había contado, y además estaba en el libro de cuentos que me había regalado, lo sabía por los dibujos.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">¡Ese libro de cuentos! Me gustaría tener ahora ese libro de cuentos más que ningún otro objeto en el mundo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Lo abrías y se abrían palacios de paredes de papel más bellas que cualquier sueño, lo abrías y el mar aparecía con sus olas de tiza azul.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Aparecía la sufrida Sirenita.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span id="more-4834"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Y un rey desnudo, claro que entre las sombras.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Era por eso que mi abuela me decía: “El mismo rey fue al entierro de Andersen”.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Hans Christian Andersen era el autor de esos cuentos que yo no sabía leer aún.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Y ella me contaba además sobre la vida de Andersen. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Era un niño pobre que se había convertido en una estrella. Era como su pequeña vendedora de fósforos, como su patito feo: todo había empezado muy mal en esa vida, y todo había terminado muy bien, con rey y todo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Y eso que los reyes de sus cuentos eran bastante estúpidos y vanos.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">¿Cómo todos los reyes? No lo sé bien, pero sí como todos los emperadores. Para mí hay una diferencia. Los emperadores me suenan a tiranos, a más corruptos que los reyes antiguos.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Y hay emperadores no de papel, sino de plástico, que surgen de la misma multitud, como ese de ese pueblo que miraba al rey del cuento que ya paso a contarles y lo veía o lo imaginaba vestido con el más bello de los trajes de seda. Emperadores, emperatrices, reyes y gente del pueblo de todas las clases sociales, que siempre se parecen a sí mismos en cualquier historia y hasta en la Historia misma.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">El juego de palabras es algo torpe, pero no la idea. Perdón por las palabras que, a veces, se atascan.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><strong><span style="font-size: small"><span style="font-family: Arial">El traje nuevo del emperador</span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Tuve que refrescarme la memoria en Wikipedia, pero lo recordaba bien en líneas generales.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Pensándolo mejor –y estaba a punto de ponerme a pensar en cómo contarles ese cuento-<span> </span>¿para qué tanto esfuerzo, si puedo recortarlo de Wikipedia y traerlo para aquí?:</span></p>
<p><em><span style="font-size: small"><span style="font-family: Arial">Hace muchos años vivía un rey que era comedido en todo excepto en una cosa: se preocupaba mucho por su vestuario. Un día escuchó a dos charlatanes llamados Guido y Luigi Farabutto decir que podían fabricar la tela más suave y delicada que pudiera imaginar. Esta prenda, añadieron, tenía la especial capacidad de ser invisible para cualquier estúpido o incapaz para su cargo. Por supuesto, no había prenda alguna sino que los pícaros hacían lucir que trabajaban en la ropa, pero estos se quedaban con los ricos materiales que solicitaban para tal fin.</span></span></em></p>
<p><em><span style="font-size: small"><span style="font-family: Arial">Sintiéndose algo nervioso acerca de si él mismo sería capaz de ver la prenda o no, el emperador envió primero a dos de sus hombres de confianza a verlo. Evidentemente, ninguno de los dos admitieron que eran incapaces de ver la prenda y comenzaron a alabar a la misma. Toda la ciudad había oído hablar del fabuloso traje y estaba deseando comprobar cuán estúpido era su vecino.</span></span></em></p>
<p><em><span style="font-size: small"><span style="font-family: Arial">Los estafadores hicieron como que le ayudaban a ponerse la inexistente prenda y el emperador salió con ella en un desfile sin admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder verla.</span></span></em></p>
<p><em><span style="font-size: small"><span style="font-family: Arial">Toda la gente del pueblo alabó enfáticamente el traje temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, hasta que un niño dijo:</span></span></em></p>
<p><em><span style="font-size: small"><span style="font-family: Arial">«<span>¡Pero si va desnudo!</span>»</span></span></em></p>
<p><em><span style="font-size: small"><span style="font-family: Arial">La gente empezó a cuchichear la frase hasta que toda la multitud gritó que el emperador iba desnudo. El emperador lo escuchó y supo que tenían razón, pero levantó la cabeza y terminó el desfile.</span></span></em></p>
<p><span style="font-size: small;font-family: Arial">Tal vez mi abuela me lo contaba con más encanto.</span></p>
<p><span style="font-size: small;font-family: Arial">Tal vez yo ya no me siento encantada tan a menudo.</span></p>
<p><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span><strong><span style="font-size: small"><span style="font-family: Arial">Envío</span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Me interné en la vasta selva de Internet –hoy estoy con los juegos de palabras tontos- y conseguí el poema que les mencioné hace unos días, “Especulaciones alrededor de la palabra hombre”, de Carlos Drummond de Andrade. Yo de este verso tenía un gran recuerdo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Pero esta vez sí que me volví a hechizar, y tanto que lamento no enviárselos completo, aunque ustedes seguro que lo van a encontrar:</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">“¿Qué cosa es el hombre, </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">qué hay bajo el nombre:</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">una geografía?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">“¿un ser metafísico?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">¿una fábula sin</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">señal que la aclare?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">(…)</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">“¿Cómo anda el hombre</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">junto a otro hombre</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">sin perder el nombre?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">“¿Y no pierde el nombre</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">y la sal que come</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">nada le acrecienta</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">nada le sustrae</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">del don paternal?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">¿Cómo se hace un hombre?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">“¿Acostarse, apenas,</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Copular, en espera</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">de que del abdomen</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">brote la flor del hombre?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">¿Cómo habrá que hacerse</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">a sí mismo,</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small"><span style="font-family: Arial"><span> </span>antes</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">de hacer el hombre?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">“¿Fabricar el padre</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">y el padre y otro</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">y un padre remoto</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">como el primer hombre?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">¿Cuánto vale el hombre?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">“¿Menos, más que el peso?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">¿Hoy más que ayer?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">¿Vale menos, viejo?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">(…)</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">“¿Cuando duerme, muere?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">¿Cuando muere, muere?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">¿La muerte del hombre</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">parece la goma</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">que masca, el vino</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">que sorbe, el sueño</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">que juega, incierto </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">de estar cerca, lejos?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">¿Muere, sueña el hombre?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">(…)</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">“¿De qué sirve el hombre?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">¿para aplastar flores,</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">para tejer cuentos?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">(…)</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">“¿Es milagro el hombre?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">¿Es sueño, es sombra?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">¿Pero existe el hombre?”</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Con mis ojos llenos de lágrimas por Drummond, me despido con besos</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial">Mora</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-size: small;font-family: Arial"> </span></p>
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		<title>Especulaciones alrededor de la palabra lujuria</title>
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		<comments>http://blogs.monografias.com/editorial/2013/04/17/especulaciones-alrededor-de-la-palabra-lujuria/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 17 Apr 2013 14:52:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[Este post debió aparecer el miércoles pasado, como secuela del anterior &#8220;Sueño lujurioso&#8221;, que tantas expectativas despertó en ustedes y terminó provocando frustraciones innumerables. 
Que no suceda lo mismo con estas &#8220;Especulaciones&#8221;, y si sucede, pues envíen las suyas propias, que estoy esperando con agradecimiento anticipado:
La vida es hermosa con ustedes, mis amigos (Amistad civil en Aristóteles).
Ahora [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Este post debió aparecer el miércoles pasado, como secuela del anterior &#8220;Sueño lujurioso&#8221;, que tantas expectativas despertó en ustedes y terminó provocando frustraciones innumerables. </em></p>
<p><em>Que no suceda lo mismo con estas &#8220;Especulaciones&#8221;, y si sucede, pues envíen las suyas propias, que estoy esperando con agradecimiento anticipado:</em></p>
<p>La vida es hermosa con ustedes, mis amigos (<a href="http://www.monografias.com/trabajos57/amistad-civil-aristoteles/amistad-civil-aristoteles.shtml" target="_blank">Amistad civil en Aristóteles</a>).</p>
<p>Ahora me acuerdo que hace mucho -en los tiempos en que se escribían cartas, ¡oh maravilla!- había buzones rojos en casi todas las esquinas (<a href="http://www.monografias.com/trabajos15/inmg-cartas/inmg-cartas.shtml" target="_blank">Inmigración a la Argentina: cartas</a>).</p>
<p>Ya en sí un buzón rojo era un objeto que me agradaba mucho. Me hubiera gustado vivir al menos por un día adentro de un buzón (<a href="http://www.monografias.com/trabajos62/etapas-personalidad/etapas-personalidad.shtml" target="_blank">Las etapas de la personalidad</a>).</p>
<p>Pero lo importante eran las voces que salían de adentro de ese objeto: declaraciones urgentísimas de amor, confesiones privadas, alegrías que trepaban al cielo azul, más documentos oficiales que hablaban con voz de policía (<a href="http://www.monografias.com/trabajos-pdf902/voces-propias-red/voces-propias-red.shtml" target="_blank">Voces propias para una red de todos</a>).</p>
<p>A mí me parecía oír todo eso al pasar, y con sólo ver un buzón de vez en cuando, me alcanzaba para fantasear algunas semanas (<a href="http://www.monografias.com/trabajos86/saborea-tu-existencia/saborea-tu-existencia.shtml" target="_blank">Saborea tu existencia</a>).</p>
<p>Lo mismo me pasa con las voces de ustedes que, sin embargo, llegan mucho mejor pronunciadas, llegan claras y me llenan de chocolates y confites (<a href="http://www.monografias.com/trabajos48/valores-antivalores/valores-antivalores.shtml" target="_blank">Valores y antivalores</a>).</p>
<p>No importa si les gusta o no mi escrito, para mí todo viene con vuestras mieles.</p>
<p>Y en las respuestas a estos últimos posts he gozado con ganas (<a href="http://www.monografias.com/trabajos78/antigona-entre-dos-muros/antigona-entre-dos-muros.shtml" target="_blank">Antígona entre dos muros</a>).</p>
<p>Las discusiones más fructíferas son las que, desde lejos, pueden mirarse como banales.</p>
<p>¿Discutir que si un título se ajusta o no a lo escrito? ¿Que lujuria es esto y no aquello?</p>
<p><span id="more-4798"></span></p>
<p>Vengo de una larga tradición de discutidores disparatados: por verbos, por imprecisiones, por delirios.</p>
<p>Recuerdo a mis padres, a mi ex suegro, a mis hijos, a mis amigos más entrañables: con todos he mantenido las más heroicas lides por, para dar un ejemplo, si la palabra ínterin lleva el acento en la primera o en la última <em>i</em>.</p>
<p>En el caso que hoy nos ocupa me he dedicado a investigar sobre la palabra lujuria, que poco inspiradora es en su definición del diccionario:</p>
<p>Lujuria: del latín <em>luxuria</em>: 1. deseo o apetito sexual desmesurado. 2. Exceso o demasía en algunas cosas.</p>
<p>De todo esto tan pobre, me inclino por demasía, pero, ¿en qué cosas de esas <em>algunas</em>?</p>
<p>Pero ya verán lo que es, o puede ser -o tal vez será- la lujuria.</p>
<p>Pido perdón anticipado. No sé bien por qué. Por alguna cosa que se me escape.</p>
<p><strong>Encontré a Alexandrian</strong></p>
<p>Magnífico es Alexandrian, el autor de una <em>Historia de la literatura erótica</em>.</p>
<p>Él es quien cuenta de cuán fresca y amable era la gente respecto al sexo, en la Antigüedad.</p>
<p>Habla de la comedia griega como nacida en una procesión anual de dionisíacas, mujeres adoradoras de Dionisos, el dios del vino y de los &#8220;excesos&#8221;, que llegaban a su templo portando grandes y elaborados falos.</p>
<p>Dionisos había sido descuartizado de joven por los dioses Titanes, y estas mujeres deseaban reconstruirlo: lo primero con que debía contar para ser dios engendrador de dioses era, por supuesto, con sus genitales.</p>
<p>Al hacer entrega de sus ofrendas las mujeres recitaban fórmulas ceremoniales de increíble seriedad&#8230; y obscenidad, según Alexandrian.</p>
<p>Luego se dispersaban -como en la plaza de Mayo en Buenos Aires- y partían en grupos que iban inventando algo así como simpáticas comedias en las que el protagonista era el falo, con sus virtudes, y entraba también la otra virtud de Dioniso: la embriaguez.</p>
<p>Cuando la comedia tuvo ya su parto definitivo, apareció el genio de Aristófanes con su <em>Lisístrata </em>y su <em>Asamblea de las mujeres</em>.</p>
<p>Escuchemos al propio Alexandrian:</p>
<p>&#8220;<em>Lisístrata</em> es la primera obra maestra del erotismo antiguo (&#8230;) Se expresa en ella una idea revolucionaria (&#8230;): ¿qué ocurriría en la sociedad si las mujeres realizaran una huelga de sexo? (&#8230;) Lisístrata convoca en el ágora a las atenienses para decirles que todas pueden poner fin a la guerra del Peloponeso no conduciéndose como hombres, sino siendo dos veces más mujeres que de costumbre: zalameras, perfumadas, pintadas con orcaneta (colorante rojo extraído de una raíz), vestidas con túnicas transparentes de Amorgos o cimbéricas (largos vestidos sin entallar), calzadas con peribárides&#8230;</p>
<p>&#8220;Los maridos-soldados se volverían locos de deseo, pero ellas se negarían al acto sexual mientras no se sellara la paz.</p>
<p>&#8220;La escena del juramento de las mujeres es deliciosa, porque ellas dudan en repetir la frase que les dicta Lisístrata. Cleónice desfallece al pronunciar: &#8216;Ningún hombre ni amante ni marido se acercará a mí en erección&#8217;. Las mujeres se comprometen, en caso de violación conyugal: &#8216;No elevaré hacia el techo mis sandalias pérsicas&#8230; No me quedaré acostada como una leona sobre un rallador de queso&#8217;. Las atenienses ocupan colectivamente la Acrópolis para secuestrar los fondos públicos destinados a la guerra.</p>
<p>&#8220;El guerrero Cinesias llega del ejército gritando: &#8216;Estuka!&#8217; (¡Se me empinó!)</p>
<p>&#8220;Los soldados ya no pueden más, consienten en la paz para que las mujeres no sigan escapando a sus abrazos.&#8221;</p>
<p>Pero todo esto es puro sueño, pura comedia o drama; puro teatro, dirían en mi familia.</p>
<p>Las guerras no se terminan por amor.</p>
<p>Aristófanes (se me ocurre que es el primer hombre feminista) &#8220;quiere que la mujer sea esencialmente mujer y contrarrestre con su poder sexual el poder político patriarcal&#8221;.</p>
<p>&#8220;Su ideal de mujer fuerte y amable llegó hasta el sueño de una ginecocracia.&#8221;</p>
<p><strong>Lujuria en la Edad Media</strong></p>
<p>Siempre con Alexandrian, después, en la Edad Media, lo que se observa es el verdadero advenimiento de la lujuria. Ya no era inocente ni juguetón el sexo: había adquirido gravedad. Me atrevería a decir -yo, Mora- que esa gravedad que cobró el sexo en la Edad Media y que esa palabra <em>lujuria</em> que se amplió de todos los modos posibles desde la Edad Media hasta nuestro blog, cobraron muchas víctimas, y que hasta las hogueras de la Inquisición fueron levantadas con palabras como esas, sexo, lujuria, embriaguez, escándalo, y también con el deseo que esas palabras despertaban al ser tan condenadas a muerte.</p>
<p><strong>Envío</strong></p>
<p>Tal vez antes que leer a Alexandrian, deberían leer a aquel poeta de quien, en parte, hurté el título de esta nota.</p>
<p>El poema al que me refiero es &#8220;Especulaciones alrededor de la palabra hombre&#8221; y es de Carlos Drummond de Andrade, brasileño.</p>
<p>Como no recuerdo con precisión su comienzo, ¡y es tan bello!, en lugar de &#8220;envío&#8221; esto más bien es un pedido. ¿Alguno lo tendrá? En portugués o en castellano&#8230;  Besos, y gracias</p>
<p>Mora</p>
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		<title>El inventor de los silencios</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Apr 2013 16:43:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[Creo que nadie se dio cuenta antes que yo, ahora, y me siento orgullosa esta noche, aunque pensándolo mejor, me da un poco de miedo (La Anatomía del Miedo).
Antes que nada, iba a escribir (Escribir en el Siglo XXI):
que tu mano no se vea interrumpida por la idea (Figuras retóricas), que la idea no se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Creo que nadie se dio cuenta antes que yo, ahora, y me siento orgullosa esta noche, aunque pensándolo mejor, me da un poco de miedo (<a href="http://www.monografias.com/trabajos56/anatomia-del-miedo/anatomia-del-miedo.shtml" target="_blank">La Anatomía del Miedo</a>).</p>
<p>Antes que nada, iba a escribir (<a href="http://www.monografias.com/trabajos81/escribir-siglo-xxi/escribir-siglo-xxi.shtml" target="_blank">Escribir en el Siglo XXI</a>):</p>
<p>que tu mano no se vea interrumpida por la idea (<a href="http://www.monografias.com/trabajos21/figuras-retoricas/figuras-retoricas.shtml" target="_blank">Figuras retóricas</a>), que la idea no se vea interrumpida por la grieta del corazón, que tu corazón se calle que no tiene ninguna palabra que decir.</p>
<p>Estos son los consejos que me daba hace tiempo. Ahora mi mano se interrumpe menos todavía, pero cargada de una electricidad, de una fiebre, de tantas grietas del corazón y de tantas palabras que él guarda, que no me escucho en mis consejos (<a href="http://www.monografias.com/trabajos64/climaterio-efectos-psicologicos/climaterio-efectos-psicologicos.shtml" target="_blank">Climaterio y sus efectos psicológicos</a>).</p>
<p>Por eso puedo escribir sin censuras ni autocensuras de la inteligencia lo que acabo de descubrir (<a href="http://www.monografias.com/trabajos82/censura-horror-y-globalizacion-mediatica/censura-horror-y-globalizacion-mediatica.shtml" target="_blank">Censura: Entre el horror y la globalización mediática</a>), que parece mejor dicho de golpe: los libros cambian en la biblioteca, se visten de otra manera, se achican o se agrandan (<a href="http://www.monografias.com/trabajos10/muta/muta.shtml" target="_blank">Mutaciones</a>).</p>
<p>Sí, busqué durante horas un volumen de Valéry en un espacio de una sola tabla. Busqué <em>Política del espíritu</em>, y no lo reconocí (<a href="http://www.monografias.com/trabajos92/incertidumbre-del-poeta/incertidumbre-del-poeta.shtml" target="_blank">La incertidumbre del poeta</a>).</p>
<p>Tomé con curiosidad un libro pequeño, encanecido, pálido, y ¡era él! (<a href="http://www.monografias.com/trabajos91/sentido-realizador-jubilacion/sentido-realizador-jubilacion.shtml" target="_blank">El sentido realizador de la jubilación</a>).</p>
<p>Salimos tanto juntos, participamos de tantas fiestas de poesía y de arte y hasta de política, cuando éramos jóvenes. Y ahora no lo reconocí porque, seguro, él tampoco me reconocía a mí.</p>
<p>¡Qué triste tango fue este reencuentro! -no creo que Valéry bailara tangos con Victoria Ocampo ni con nadie, pero el reencuentro fue una letra de aquellos tangos melancólicos y lluviosos que tanto detestaba. Parecidos a mí, esos tangos (<a href="http://www.monografias.com/trabajos-pdf4/tango-balada-loco/tango-balada-loco.shtml" target="_blank">Tango Balada para un loco</a>).</p>
<p>En el libro de Valéry buscaba uno de sus ensayos, y aunque no voy a revelarles que no lo encontré, sí debo decir que ya no me dieron ganas de leerlo. El ensayo era más que un ensayo, era un homenaje. Y como era un homenaje a Stephane Mallarmé, pretendía, tal vez, robarle citas al inolvidable &#8220;Yo le decía a veces a Stephane Mallarmé&#8221;, ensayo que a Paul Valéry no le costó nada escribir, casi seguro, y a mí me llevó muchos días de llanto emocionado. Por la belleza, digo, no por los sentimientos.</p>
<p><span id="more-4774"></span></p>
<p><strong>Mallarmé, el mal armado, decían&#8230;</strong></p>
<p>Stephane Mallarmé fue el poeta que eligió hacer de su vida no un poema, sino un continuo de literatura, como si fuera música, con sus silencios.</p>
<p>No apareció como aparecen los poetas, ni tampoco como aparecen los pianistas, en escenario alguno que no fuera su casa muy humilde de un barrio de París.</p>
<p>Pero en silencio apareció, pero sin luz resplandeció, pero en las más asombrosas penumbras escribió sus poemas con poquísimos muertos.</p>
<p>A veces, de un modo raro, por las noches, entre las sombras y vampiros, me asalta la aprensión de que no lo recuerden. Por eso quiero que lo recuerden mis amigos del blog. Otros habrá que resuenen con mayores clarines, pero este pobre Mallarmé es pura música, pura transparencia.</p>
<p>Se me hace un nudo en alguna parte, suspiro, me tapo, me destapo, ¡hablo de un muerto de hace tantos años!</p>
<p>Era tan singular Mallarmé, que espero que algún día se acomode a mi lado en el cielo y me dicte pausas.</p>
<p>De lo poco que dijo, dijo que el mundo existe para llegar a un libro.</p>
<p><strong>El inventor de los silencios</strong></p>
<p>¿Se recuerda a aquel que sacrificaba bellos conceptos para encontrar sonidos con los que la casi música pura de las palabras trajera de la mano bellos conceptos que no serían formulados sino que el alma los arrancaría de raíz?</p>
<p>Aquel que calculó por milímetros la sintaxis como quien invade pentagramas prohibidos?, ¿se recuerda que la belleza quedó muda, intacta, virginal, en el papel sin manchas?</p>
<p>Se lo recuerda porque la música no huyó y la hermosura estaba; todos escuchan el papel en blanco como una canción, y en el libro de páginas en blanco dejan la sombra de sus dedos al dar vuelta la hoja.</p>
<p><strong>Envío</strong></p>
<p>Uno que escribió mucho más que Mallarmé, y con frases más largas, fue Pier Paolo Pasolini.</p>
<p>Las últimas palabras escritas pertenecen a un reportaje que le hizo Furio Colombo en 1975. En realidad era una charla, las grabó Colombo y las dio a conocer, junto con toda la nota periodística.</p>
<p>&#8220;Hay puntos que me parecen demasiado absolutos. Déjame pensar, déjame hablar. Y luego, dame tiempo para encontrar alguna conclusión. Tengo algo en mente para responder a tu pregunta. Para mí es más fácil escribir que hablar. Te paso las notas que pueda agregar mañana a la mañana.&#8221;</p>
<p>Y hay unos paréntesis explicativos de Colombo:</p>
<p>(Al día siguiente, domingo, el cuerpo sin vida de Pier Paolo Pasolini estaba en la morgue de la policía de Roma).</p>
<p>En cuanto a mí, he visto que en la biblioteca los libros de Pasolini conservan su elegancia.</p>
<p>Mora</p>
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