<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:blogger='http://schemas.google.com/blogger/2008' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7248190096851659367</id><updated>2024-10-24T04:40:08.786-06:00</updated><title type='text'>El Agora desde la Selva Virtual</title><subtitle type='html'>Un espacio para la discucion Teologica</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elagoradelaselva.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7248190096851659367/posts/default?redirect=false'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elagoradelaselva.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>desde algún lugar de la selvavirtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07045529612546717196</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjdfFUESLA2RYJENuxlrDHKcbUEORakwmv1cOhCm2ykTIJ_b0ZSHrO-W_5oLQWdhB9Vw6tV2_ecY568yLNOC9h-c_w5UbEqng5zJhpWo5i0yv9mHe0vQIDIOp8dQ2und4U/s220/Selva_Virtual_10.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7248190096851659367.post-8980718331895690461</id><published>2008-01-20T16:11:00.000-06:00</published><updated>2008-01-20T16:32:06.233-06:00</updated><title type='text'>El Agora inicia</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;Saludos Jovenes Poetas&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family: trebuchet ms;&quot;&gt;Hace ya algunos años, cuando era niño, asistía a la iglesia Protestante donde me instruí en esta creencia, fue también durante mi infancia cuando surgieron mis primeras dudas sobre si el Cristianismo era una fe real o una simple religión que servía para apaciguar al hombre, una especie de aliciente para soportar, en el mejor de los casos, su vida poco agradable o bien un  instrumento de manipulación utilizado por la elite gobernante. Conforme fui creciendo me acerque a leer a Spinoza (quien, por cierto, es mi filosofo de cabecera), pero también a B. Russell; y me he dado cuenta que el conflicto era no con la Fe sino con la Institucion como tal, es decir, la Fe es real y útil para mi, pero la institución &quot;Iglesia&quot; es la nefasta. Y cuando hablo de iglesia no solo me refiero a la Católica o a la Protestante, sino a cualquier Iglesia en general.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, hoy día, soy creyente y siento mi necesidad de hablar de ello por eso escribo este blog, no lo hago para convencer a nadie de nada, el que creas en algo es una decisión personal. Solo espero que me acompañes en estas platicas en el Agora desde la Selva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y para despedirme te dejo un articulo, de un autor ateo, que explica como el hombre comete los crímenes mas crueles en nombre de dios (así, con minúscula). El articulo se llama &quot;El Factor dios&quot; y su autor es Jose Saramago premio nobel de literatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-weight: bold;&quot;&gt;El factor dios&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt; &lt;span style=&quot;font-family:Verdana;font-size:85%;&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;José Saramago&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;El País&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;  &lt;span style=&quot;font-family:Verdana;font-size:85%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size:6;&quot;&gt;&lt;b&gt;E&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;n algún lugar de la India. Una fila de piezas de artillería en posición.                   Atado a la boca de cada una de ellas hay un hombre. En primer plano de                    la fotografía, un oficial británico levanta la espada y va a dar orden de                    disparar. No disponemos de imágenes del efecto de los disparos, pero                    hasta la más obtusa de las imaginaciones podrá &#39;ver&#39; cabezas y troncos                    dispersos por el campo de tiro, restos sanguinolentos, vísceras,                    miembros amputados. Los hombres eran rebeldes. En algún lugar de                    Angola. Dos soldados portugueses levantan por los brazos a un negro                    que quizá no esté muerto, otro soldado empuña un machete y se prepara                    para separar la cabeza del cuerpo. Esta es la primera fotografía. En la                    segunda, esta vez hay una segunda fotografía, la cabeza ya ha sido                    cortada, está clavada en un palo, y los soldados se ríen. El negro era un                    guerrillero. En algún lugar de Israel. Mientras algunos soldados israelíes                    inmovilizan a un palestino, otro militar le parte a martillazos los huesos de                    la mano derecha. El palestino había tirado piedras. Estados Unidos de                    América del Norte, ciudad de Nueva York. Dos aviones comerciales                    norteamericanos, secuestrados por terroristas relacionados con el                    integrismo islámico, se lanzan contra las torres del World Trade Center y                    las derriban. Por el mismo procedimiento un tercer avión causa daños                    enormes en el edificio del Pentágono, sede del poder bélico de Estados                    Unidos. Los muertos, enterrados entre los escombros, reducidos a                    migajas, volatilizados, se cuentan por millares.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align=&quot;justify&quot;&gt; &lt;span style=&quot;font-family:Verdana;font-size:85%;&quot;&gt;                    Las fotografías de India, de Angola y de Israel nos lanzan el horror a la                    cara, las víctimas se nos muestran en el mismo momento de la tortura, de                    la agónica expectativa, de la muerte abyecta. En Nueva York, todo                    pareció irreal al principio, un episodio repetido y sin novedad de una                    catástrofe cinematográfica más, realmente arrebatadora por el grado de                    ilusión conseguido por el técnico de efectos especiales, pero limpio de                    estertores, de chorros de sangre, de carnes aplastadas, de huesos                    triturados, de mierda. El horror, escondido como un animal inmundo,                    esperó a que saliésemos de la estupefacción para saltarnos a la garganta.                   El horror dijo por primera vez &#39;aquí estoy&#39; cuando aquellas personas se                    lanzaron al vacío como si acabasen de escoger una muerte que fuese                    suya. Ahora, el horror aparecerá a cada instante al remover una piedra,                    un trozo de pared, una chapa de aluminio retorcida, y será una cabeza                    irreconocible, un brazo, una pierna, un abdomen deshecho, un tórax                    aplastado. Pero hasta esto mismo es repetitivo y monótono, en cierto                    modo ya conocido por las imágenes que nos llegaron de aquella Ruanda-                    de-un-millón-de-muertos, de aquel Vietnam cocido a napalm, de                    aquellas ejecuciones en estadios llenos de gente, de aquellos                    linchamientos y apaleamientos, de aquellos soldados iraquíes sepultados                    vivos bajo toneladas de arena, de aquellas bombas atómicas que                    arrasaron y calcinaron Hiroshima y Nagasaki, de aquellos crematorios                    nazis vomitando cenizas, de aquellos camiones para retirar cadáveres                    como si se tratase de basura. Siempre tendremos que morir de algo,                    pero ya se ha perdido la cuenta de los seres humanos muertos de las                    peores maneras que los humanos han sido capaces de inventar. Una de                    ellas, la más criminal, la más absurda, la que más ofende a la simple                    razón, es aquella que, desde el principio de los tiempos y de las                    civilizaciones, manda matar en nombre de Dios. Ya se ha dicho que las                    religiones, todas ellas, sin excepción, nunca han servido para aproximar y                    congraciar a los hombres; que, por el contrario, han sido y siguen siendo                    causa de sufrimientos inenarrables, de matanzas, de monstruosas                    violencias físicas y espirituales que constituyen uno de los más tenebrosos                    capítulos de la miserable historia humana. Al menos en señal de respeto                    por la vida, deberíamos tener el valor de proclamar en todas las                    circunstancias esta verdad evidente y demostrable, pero la mayoría de                    los creyentes de cualquier religión no sólo fingen ignorarlo, sino que se                    yerguen iracundos e intolerantes contra aquellos para quienes Dios no es                    más que un nombre, nada más que un nombre, el nombre que, por                    miedo a morir, le pusimos un día y que vendría a dificultar nuestro paso a                    una humanización real. A cambio nos prometía paraísos y nos                    amenazaba con infiernos, tan falsos los unos como los otros, insultos                    descarados a una inteligencia y a un sentido común que tanto trabajo nos                    costó conseguir. Dice Nietzsche que todo estaría permitido si Dios no                    existiese, y yo respondo que precisamente por causa y en nombre de                    Dios es por lo que se ha permitido y justificado todo, principalmente lo                    peor, principalmente lo más horrendo y cruel. Durante siglos, la                    Inquisición fue, también, como hoy los talibán, una organización terrorista                    dedicada a interpretar perversamente textos sagrados que deberían                    merecer el respeto de quien en ellos decía creer, un monstruoso                    connubio pactado entre la Religión y el Estado contra la libertad de                    conciencia y contra el más humano de los derechos: el derecho a decir                    no, el derecho a la herejía, el derecho a escoger otra cosa, que sólo eso                    es lo que la palabra herejía significa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align=&quot;justify&quot;&gt; &lt;span style=&quot;font-family:Verdana;font-size:85%;&quot;&gt;                    Y, con todo, Dios es inocente. Inocente como algo que no existe, que no                    ha existido ni existirá nunca, inocente de haber creado un universo entero                    para colocar en él seres capaces de cometer los mayores crímenes para                    luego justificarlos diciendo que son celebraciones de su poder y de su                    gloria, mientras los muertos se van acumulando, estos de las torres                    gemelas de Nueva York, y todos los demás que, en nombre de un Dios                    convertido en asesino por la voluntad y por la acción de los hombres,                    han cubierto e insisten en cubrir de terror y sangre las páginas de la                    Historia. Los dioses, pienso yo, sólo existen en el cerebro humano,                    prosperan o se deterioran dentro del mismo universo que los ha                    inventado, pero el `factor Dios´, ese, está presente en la vida como si                    efectivamente fuese dueño y señor de ella. No es un dios, sino el `factor                    Dios´ el que se exhibe en los billetes de dólar y se muestra en los carteles                    que piden para América (la de Estados Unidos, no la otra...) la bendición                    divina. Y fue en el `factor Dios´ en lo que se transformó el dios islámico                    que lanzó contra las torres del World Trade Center los aviones de la                    revuelta contra los desprecios y de la venganza contra las humillaciones.                   Se dirá que un dios se dedicó a sembrar vientos y que otro dios                    responde ahora con tempestades. Es posible, y quizá sea cierto. Pero no                    han sido ellos, pobres dioses sin culpa, ha sido el `factor Dios´, ese que                    es terriblemente igual en todos los seres humanos donde quiera que estén                    y sea cual sea la religión que profesen, ese que ha intoxicado el                    pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas, ese                    que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de                    presumir de haber hecho de la bestia un hombre acabó por hacer del                    hombre una bestia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align=&quot;justify&quot;&gt; &lt;span style=&quot;font-family:Verdana;font-size:85%;&quot;&gt;                    Al lector creyente (de cualquier creencia...) que haya conseguido                    soportar la repugnancia que probablemente le inspiren estas palabras, no                    le pido que se pase al ateísmo de quien las ha escrito. Simplemente le                    ruego que comprenda, con el sentimiento, si no puede ser con la razón,                    que, si hay Dios, hay un solo Dios, y que, en su relación con él, lo que                    menos importa es el nombre que le han enseñado a darle. Y que                    desconfíe del `factor Dios´. No le faltan enemigos al espíritu humano,                    mas ese es uno de los más pertinaces y corrosivos. Como ha quedado                    demostrado y desgraciadamente seguirá demostrándose.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align=&quot;justify&quot;&gt; &lt;span style=&quot;font-family:Verdana;font-size:85%;&quot;&gt;  &lt;i&gt;José Saramago es escritor portugués, premio Nobel de Literatura &lt;/i&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elagoradelaselva.blogspot.com/feeds/8980718331895690461/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/7248190096851659367/8980718331895690461' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7248190096851659367/posts/default/8980718331895690461'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7248190096851659367/posts/default/8980718331895690461'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elagoradelaselva.blogspot.com/2008/01/el-agora-inicia.html' title='El Agora inicia'/><author><name>desde algún lugar de la selvavirtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07045529612546717196</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjdfFUESLA2RYJENuxlrDHKcbUEORakwmv1cOhCm2ykTIJ_b0ZSHrO-W_5oLQWdhB9Vw6tV2_ecY568yLNOC9h-c_w5UbEqng5zJhpWo5i0yv9mHe0vQIDIOp8dQ2und4U/s220/Selva_Virtual_10.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>