<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:blogger='http://schemas.google.com/blogger/2008' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360</id><updated>2026-10-10T02:13:41.082-07:00</updated><title type='text'>Rafael Homar Blog</title><subtitle type='html'>Avances y proyectos literario musicales</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default?alt=atom&amp;redirect=false'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default?alt=atom&amp;start-index=26&amp;max-results=25&amp;redirect=false'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>38</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-4579384137031631995</id><published>2026-02-10T08:34:00.000-08:00</published><updated>2026-02-10T08:34:36.116-08:00</updated><title type='text'>Muertos a caballo</title><content type='html'>&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Todo comenzó el día de la tradicional fiesta de la cosecha de la alcachofa. La multitud expectante abarrotaba las calles y gritaba eufórica al acercarse la procesión. Presidían la comitiva una orquesta y un numeroso grupo de bailarinas; todas ellas muy del gusto de la época, corpulentas, sonrosadas y mofletudas. Vestidas con un traje rosa ceñido hasta el cuello y una guirnalda de flores en la cabeza, daban vueltas si parar a pesar de la lluvia de alcachofas que caía sobre ellas en todo momento. La orquesta a su vez seguía el paso a un buen ritmo, sin desfallecer bajo el tremendo castigo. Por detrás se acercaba el séquito real, compuesto por numerosos cortesanos con sus pomposos trajes de gala. A cierta distancia cualquiera pensaría que se trataba de un grupo de pavos reales de gran tamaño, pues andaban agazapados tras el coro de monaguillos, que entonaba a voz en grito el Deus Gloria Mundi Rabanito. Tan angelicales eran sus voces que los golpes de alcachofa parecían causarles un estado de exaltación religiosa.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Tras ellos venía la carroza real, donde el Rey Gulfridio IV, el apasionado, sentado en un trono dorado en lo alto de un pedestal, sonreía a la alborotada multitud protegiéndose con un escudo y teniendo especial cautela con las alcachofas que salían de los balcones.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;El Rey Gulfridio IV, el apasionado, pasaría a la historia por el denodado aprecio que sentía por una burra que él consideraba la reencarnación de otra burra que tuvo en la infancia. Esta burra de carácter arisco y con tendencia a soltar coces deambulaba libremente por palacio disfrazada de reina seguida por una corte de doncellas. El Rey Gulfridio IV, el apasionado, la trataba como si fuera su esposa y charlaba con ella de manera frecuente e interpretaba sus rebuznos como los más elucubrados razonamientos, para asombro de los presentes, que se veían obligados a tratar con la burra como si fuera una persona.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Ya de pequeño, el Rey Gulfridio IV, el apasionado, utilizaba el rebuzno para comunicarse con ella y también con los pajes y doncellas encargados de su cuidado, que pronto se acostumbraron a contestaban de igual manera. Sería difícil confirmar que existiera realmente un diálogo, pero no hay duda de que la simulación era muy buena. Esta moda se extendió por todo palacio, para sorpresa de los visitantes extranjeros, que aunque hubieran dado la vuelta al mundo nunca habían visto nada igual.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Tan grande y conocida era su devoción por aquella burra que un juglar de la corte compuso un cántico alegre en el que califica los sentimientos del Rey de pérdida de cabeza, pasión sin límite y conducta atropellada. Era la canción favorita del Rey y la que más veces sonaba en palacio. Era corriente verle bailar abrazado a la burra en un estado de completa euforia, rodeado por los enanos bufones, otra de las grandes pasiones del Rey Gulfridio IV, el apasionado.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Durante el reinado del Rey Gulfridio IV, el apasionado, nacer pequeñito era una bendición. Los tenía en tanta estima que a los más graciosos, a aquellos que se mofaban de él en su cara diciendo la verdad, les otorgaba importantes títulos y grandes propiedades; a algunos de ellos los hizo generales de los ejércitos o mariscales de campaña, por el simple hecho de no respetar nada ni tener un poco de vergüenza. En general ocupaban los puestos más importantes dentro de palacio, pero cuando uno de sus generales fue derrotado en campo de batalla por una señora con una escoba decidió no mandarlos a la guerra ni a misiones peligrosas.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;La carroza real, cargada hasta los topes de enanos bufones, simulaba estar estirada por su querida burra, que puesta sobre un carrito dentro de una jaula, para protegerla de las alcachofas, era empujada por seis forzudos. Había sido vestida con sedas y adornada con flecos y flores. En la jaula un sonriente enano bufón la cogía por la brida mientras aparentaba caminar a su lado.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;El Rey, desde su alto pedestal, agazapado bajo su escudo, vio que se acercaba a su querida burra el más peligroso criminal de todo el reino, un niño por todos llamado “el hijo del demonio”. Nada bueno podía tener en la mente este mocoso y además en el bolsillo de atrás llevaba un tirachinas hecho con tripas de cerdo cuya potencia ya había sido antes demostrada. Es de suponer que este artilugio fuera el precursor del revolver del oeste. El pequeño diablo se coló entre los forzudos y abriendo la portezuela de la jaula lanzó una tremenda pedrada en el trasero de la burra.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;No se esperaba, el pobre niño, recibir una coz en toda la cara, en una medida tan desproporcionada al daño que había causado. La pobre burra, que no sabía lo que era el dolor, que toda su vida la había pasado entre cojines, empezó a cocear a dos patas y estaba provocando un intenso vaivén en el pedestal, donde el Rey, en su elevado trono, estaba a punto de caer. El enano bufón volaba por los aires agarrado a la brida y chillaba al son de los sonajeros que adornaban su traje. Retorcía el cuello la burra con los ojos descarriados y describiendo círculos concéntricos con las orejas rebuznaba por todo lo alto.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;La muchedumbre disfrutaba mucho con este nuevo formato, y era realmente de admirar los prodigiosos rebuznos y convulsiones aéreas que la amada burra daba dentro de la jaula. Todo eran risas y carcajadas.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Las penalidades del rey para mantenerse en el pedestal fueron recibidas como una oportunidad de oreo para lanzar la última alcachofa. El ánimo general fue eufórico hasta que, una vez superada la cuesta, resbalaron los forzudos de un lado y toda la comitiva iniciaba el descenso por el otro lado de la pendiente en caída libre. El rey de un salto se agarró a una cornisa justo al tiempo que el elevado pedestal se desplomaba sobre la gente.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Alertados por los rebuznos los músicos y las bailarinas giraron la cabeza para observar la tremenda pelota. Saltaba y corría el enano bufón delante del todo dando vueltas sobre el empedrado de tal manera que hizo reír al rey, que lo observaba colgado del balcón.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Toda la banda y las bailarinas emprendieron una inmediata carrera por la estrecha callejuela formando un pelotón. Calle arriba se iban incorporando al alud toda persona que estuviera en la calle; fue una jornada muy participativa. El grupo recorría el circuito en perfecta formación y la carrera se desarrolló con normalidad hasta que tropezó el músico del bombo, momento en que dejó de ir en cabeza para quedar en la parte baja del grupo. Al final la montaña de gente se paró al llegar a la plaza y los supervivientes pudieron seguir la celebración en otra parte.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Al otro lado de la plaza había una escalera empinada y sinuosa por la cual bajaron la burra, el enano y dos bailarinas subidos sobre los restos el carrito, y siguieron por esa camino a velocidad de vértigo. Finalmente se estrelló el trineo provocando el derrumbe de una pared. Además de la burra también sobrevivió el enano, que aunque había perdido todos los dientes estaba muy contento.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;El Rey a salvo en su palacio observaba con un catalejo como la burra se alejaba camino del bosque. La pobre burra, que toda su vida solo había conocido la alegría y el deleite, se enfrentaría al frío y al desamparo. Con lágrimas en los ojos, el Rey Gulfridio IV, el apasionado, pidió a su ministro de la guerra que organizara su búsqueda. El general Pérceben Fongrill, glorioso guerrero antaño, fulgor divino de una casta inmortal, con una seriedad inescrutable en el rostro, puso la mirada perdida en el horizonte mientras el Rey sollozaba y bramaba desconsoladamente sobre su hombro.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;El general Pérceben Fongrill, ministro de la guerra, había cumplido noventa años sin que su coraje se hubiera visto afectado. Apenas tenía la fuerza para levantar una cuchara pero azuzado por el deber se enfrentaría a la jungla y se abriría paso entre la foresta blandiendo el sable. Sus pérdidas de memoria no serían traba para su determinación incólume, y aunque no sean estas las condiciones óptimas para meterse en un bosque era de esperar que recorriera los senderos acechando el rastro de su presa con su poca vista y ausencia de olfato. No se ponía en duda que lograría el éxito en esta difícil empresa.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Acompañaban al general Fongrill los más intrépidos caballeros de la corte vestidos con sus mejores galas y armados hasta los dientes. Sedas, plumas y pieles adornaban las pomposas vestimentas del contingente, que parecía que iban a emprender el vuelo. Como un ejercito de aves del paraíso se enfrentarían a lo desconocido. Fongrill vestía una resplandeciente armadura completamente rígida que no le permitía hacer ni un movimiento. Era en realidad una gran caja de metal con forma humana en posición ecuestre bien sujeta al caballo. Todo el grupo esperaba junto a la muralla a que diera la orden con un grito para iniciar el galope, pero tuvo que pasar casi media hora hasta que su caballo comenzó a andar por decisión propia y todos fueron detrás de él. Se paraba numerosas veces y no quedaba más remedio que esperar, para creciente frustración de todo el destacamento y de la gente de palacio que a menos de diez metros observaba desde la puerta del castillo.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Llevaban más de dos meses dando vueltas y no habían tenido ni siquiera un avistamiento lejano de la burra. Estaban todos los caballeros al límite de sus fuerzas. Sus caras demacradas y su total desfallecimiento manifestaban la necesidad imperiosa de un poco de comida. Si alguien encontraba un espárrago se consideraba un hallazgo y se repartía entre todos. Esta podía ser la única comida del día.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Muchos habían cogido enfermedades. A algunos se les habían caído los dientes, otros sufrían diarreas, fiebres altas y pérdidas de cabello. Montaron un campamento pero pronto se instaló allí el tedio y la dejadez. El desánimo reinante solo se veía aplacado por la confianza absoluta en el plan del general Fongrill, que esperaba dentro de su armadura que tarde o temprano pasase por allí la burra. Apenas salía de la caja salvo para arengar a las tropas de vez en cuando y recordándoles que jamás regresarían a palacio sin haber cumplido su cometido.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Al tercer mes la armadura del general despedía una peste insoportable. Ya hacía días que no salía de la caja y una vez confirmada su muerte se decidió levantar el campamento y regresar al castillo, donde recibirían el castigo real y el escarnio público. Pero en el pueblo ya nadie se acordaba de ellos y la burra hacía tiempo que había regresado, para regocijo y gran alegría del Rey, que decretó tres meses de fiesta. &amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;—¡Muertos a caballo! ¡Muertos a caballo! —gritó un vigilante.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;—¿Qué dices, tarado? No me des estos sustos—le aseveró el teniente de guardia subiendo la escalera de la torre.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Viendo que una intensa polvareda avanzaba por el camino cogió el catalejo y constató que efectivamente estaban sufriendo el ataque de un ejército de muertos al galope. Se le desencajó la cara del susto y despavorido corrió a comunicar la fatal noticia a su capitán. Los nervios apenas le permitían expresarse y no hacía más que repetir las palabras del vigilante. Antes que el Rey tuviera noticia de este percance ya habían comenzado a llegar a sus oídos desquiciados gritos de la plebe cada vez más insistentes, y cuando le comunicaron que estaban siendo atacados por una horda de muertos a caballo le dio un soponcio.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;La estatua ecuestre repleta de moscas del general Pérceben Fongrill había disipado una peste insoportable en todo el pueblo y causaba el pavor por donde pasaba. Había recibido hachazos, machetazos y pedradas de todo tipo sin impedir que siguiera su camino al trote desbocado. Llevaba un hacha enganchada en la cabeza y un cuchillo clavado en su cuello. Los otros caballeros, enfermos y desvalidos, al límite de sus fuerzas, no hacían más que ulular retorciéndose sobre el caballo, víctimas de los variados objetos que lanzaba la gente.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Un grupo de guardianes de la corte, los más valientes e impetuosos guerreros al servicio del rey, bajaron el puente levadizo y cuando se hubieron alejado unos mil kilómetros empezaron a considerarse a salvo. Entraron en tropel los muertos a caballo dentro del castillo extendiendo el pánico y la confusión. Los cortesanos morían en el acto o se suicidaban ante el temor de encontrarse por los pasillos alguno de los muertos a caballo. Saltaban por la ventana o se acuchillaban el vientre incapaces de soportar la tensión.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;Una antigua canción de cuna perduró en la región hasta nuestros días. Se tocaba con un tambor y decía así:&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;“Los muertos a caballo te van a masacrar, te sacarán los ojos, te despedazarán, no te salva ni tu madre pronto morirás, el general Fongrill tus restos comerá”.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: justify;&quot;&gt;El Rey huyó espantado subido a su querida burra y nunca más se le volvió a ver. La estatua de general Fongrill fue coronada públicamente y se instauró el primer reinado de un muerto en la historia de la humanidad.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; min-height: 16px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; min-height: 16px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; min-height: 16px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; font-style: normal; font-variant-alternates: normal; font-variant-caps: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 6.5px; text-align: center;&quot;&gt;Fin&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/4579384137031631995/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2026/02/muertos-caballo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4579384137031631995'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4579384137031631995'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2026/02/muertos-caballo.html' title='Muertos a caballo'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-4396224888917263635</id><published>2020-12-26T23:25:00.006-08:00</published><updated>2020-12-26T23:30:55.368-08:00</updated><title type='text'>El alpinista</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; min-height: 16px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;No era un buen día el que emprendió camino Milan Dadog hacia la cumbre del monte Boñigatepelt. Hacía demasiado buen tiempo, y eso podía restarle mérito a la escalada. Acostumbrado a superar los más adversos retos deseaba mayor dificultad, que las inclemencias del tiempo le acosaran y llevaran al extremo las penalidades del trayecto. Solo alcanzando la cima con su último aliento sería feliz Milan Dadog, que frente al Boñigatepelt examinaba la ladera.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;Muchos son los peligros bajo las piedras de los desfiladeros inexplorados, se decía a sí mismo Milan Dadog, que en su severa y experimentada faz destacaba la ausencia de un ojo. Tiempo atrás, trepando una colina a las afueras del pueblo, se asomó entre unas zarzas y recibió en la cara un chorrito de mierda que se le metió en los ojos. No sabía, por aquel entonces, que las crías de abubilla excretaban de forma vigorosa como sistema de perpetuación de la especie. Se limpió con unas hojas que resultaron ser ortigas y se despeñó por la ladera hasta quedar inconsciente. Despertó cuando un cuervo le picó en el ojo. Sus gritos fueron escuchados por una señora que buscaba setas y lo ayudó a llegar a su casa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;Pero no todo fueron fracasos, más bien al contrario, una vida de satisfacciones y éxitos diseminan sus recuerdos como campo minado. Milan Dadog, frente el Boñigatepelt, se puso a pensar en aquella vez que alcanzó el campanario de la iglesia y se subió a la antena de televisión. Fue muy celebrado en el pueblo y no hubo quien no la considerara la más temeraria proeza jamás vista. Se le enganchó el cinturón y estuvo agarrado a la antena toda una noche de tormenta. Luego rememoró otro de sus grandes éxitos, cuando en las fiestas de la patrona, vitoreado por el inmenso gentío, se subió a un palo para coger un jamón y calló de espaldas desde una altura de quince metros. Revivió aquella intensa sensación y una amplia sonrisa de deleite apareció en su cara. Milan Dadog dejó por unos momentos que su mente se evadiera con ensoñaciones de su gusto y se quedó dormido. Allí, junto al Boñigatepelt se tomo un momento para hacer una siesta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;Desde hace años que siempre tiene el mismo sueño. Un recién nacido con un chupete en la boca de pie en la silla estira la pata para colocar sus rechonchos dedos del pie en el borde de la mesa y se queda balanceando en una posición muy arriesgada. Mete su mano izquierda en la bolsa de tiza que lleva colgando del paquete y se da el impulso necesario para afianzar la panza sobre la mesa. Su naturaleza amorfa y poco estilizada no facilita mucho las labores, a lo que hay que añadir el voluminoso paquete, y bastantes apuros pasa el niño antes de subirse. Se pone en pie encima de la mesa y celebra su éxito saltando con los brazos en alto. A Milan Dadog, frente al Boñigatepelt, se le cae la baba mientras se chupa el dedo. Prosigue su sueño superando nuevos retos en los que el retoño sube por las cortinas y se cuelga de la lampara. Trepa por el inodoro como una araña y gatea por el pasillo a gran velocidad.&amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;Muchas veces este sueño se transforma en pesadilla adentrándose en lo pavoroso y demencial. Elucubraciones variadas que terminaban con el niño cayendo en un pozo o sobre unos pinchos. Muchas veces se ha despertado&amp;nbsp; Milan Dadog llorando igual que un bebé, sufriendo aún el ficticio dolor fruto de sus desvaríos, chapoteando dentro del pozo o retorciéndose de escozor entre las púas. Milan Dadog, frente al boñigatepelt, abrió su único ojo, y elevando una mano se rascó las protuberancias de la cabeza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;Todas las abolladuras de su cráneo fueron producidas en aquellos años en los que el crío gustaba de subirse por todos lados. Se subía por los muebles, los árboles, la chimenea… y si no había dónde subirse se arrastraba por el suelo simulando ir cuesta arriba. A los cinco años, de visita a la ciudad, se subió a un semáforo y tuvieron que bajarlo los bomberos. Son incontables las veces que el nene se hizo un chichón. Y no fueron pocos los palos que le dio su abuela cada vez que lo pillaba en el tejado. Con los años, la calvicie fue despejando los promontorios y dejó a su paso los localizados penachos que adornaban su cabeza con la fiel representación de una montaña. No han sido pocos los insectos que confundidos buscaron cobijo por aquellos parajes. Milan Dadog se rascaba la cabeza mientras repasaba mentalmente el ascenso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;La primera vez que intentó escalar al Boñigatepelt tuvo que ser hospitalizado en cuidados intensivos con múltiples fracturas y dislocaciones en todos los huesos. Ocho meses estuvo ingresado y no hubo un día que no intentara levantarse de la cama, motivo por el que lo mantenían atado. Una mañana, alarmados por un atronador impacto, los enfermeros lo encontraron en la acera de la calle agarrado a la persiana de su habitación. Había caído desde un tercer piso. La escayola que llevaba en el torso había amortiguado el golpe, pero la dentadura postiza fue hallada a más de diez metros. Este prolongado encierro tuvo a Milan Dadog al borde de la desesperación, pero por fin estaba allí de nuevo frente al Boñigatepelt.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;Oteaba la montaña Milan Dadog y efectuó una última revisión del equipo. Observó que la bolsa de la orina estaba bastante llena. Tal vez debería pedirle a la enfermera que se la cambiara. La silla de ruedas estaba bien, mucho mejor que la que fue causa principal de su anterior fracaso. Miró sus manos para encontrar en ellas la fuerza necesaria, y se sorprendió al ver que faltaban tres dedos en una y dos en otra. Intentó recordar cuándo los había perdido, pero a sus ochenta y cuatro años su memoria no era la de antaño.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;En especial peligroso era el primer tramo del trayecto, la rampa fatal. Allí, la primera vez, la silla de ruedas comenzó a dar vueltas y desviándose de la trayectoria fue a caer en la piscina, que casualmente estaba vacía. Un operario que limpiaba el interior pensó que se trataba de un helicóptero. Milan Dadog rememoró el tremendo batacazo mostrando en la cara un dolor espantoso. No caer de nuevo en la piscina era una prioridad que Milan Dadog tenía considerada como principal; comprobó que la piscina estuviera llena, y como precaución extra, puesto que no sabía nadar, había cogido un flotador.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;El plan de ruta ya estaba trazado. Ya no había marcha atrás. Y finalmente emprendió camino Milan Dadog hacia la cumbre del Boñigatepelt. Le costaba un poco a la silla coger velocidad a pesar del esfuerzo mayúsculo de Milan Dadog, que impulsaba las ruedas con sus raquíticos brazos y pulso tembloroso. El camino estaba despejado y aunque había un poco de grava cogió las primeras curvas sin mucho peligro y en la recta cogió cierta aceleración. Se acercaba el momento crucial, la rampa de más de treinta metros, una pendiente que ningún otro anciano se atreve a coger si no es en camilla. Milan Dadog recorrió la rampa a toda velocidad y sin desviarse un milímetro aprovechó toda la inercia para saltar de la silla y alcanzar el primer rellano; allí se quedó unos momentos retorciéndose de dolor en el suelo. No recordó que llevaba la bolsa de orina conectada con un catéter y la repentina expulsión de todo el dispositivo a causa del estirón le hizo ver las estrellas. Pero nada disuade a Milan Dadog que con lágrimas en el ojo prosigue el ascenso. Ahí está la aventura y estos son los inconvenientes propios de una buena escalda, justo lo que él quería. Arrastrándose por la tierra se sintió feliz y aunque ese tramo era casi horizontal cada palmo que avanzaba era para él un logro. Poco más rápido que una persona tumbada al sol recorrió el pedregoso camino haciendo esforzados movimientos sin desfallecer y con muy buen ánimo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;Cuando una raíz se le enganchó en el flotador y estuvo un buen rato retorciéndose sin poder liberarse, salieron de su boca exclamaciones no muy delicadas. Pero al límite de sus fuerza y con la lengua más seca que la pierna de un romano, consiguió liberarse y prosiguió el ascenso con los pantalones bajados.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;Aún le quedaba lo más difícil, la enorme montaña de arena para la ampliación del jardín, paralizada a causa de los recortes, cuya cima observaba con anhelo mientras reptaba por aquella ardiente duna bajo el sol. Tras tragar un par de buenas paladas de arena arrastrando la lengua y sin fuerzas para proseguir, Milan Dadog encontró muy cerca de donde estaba un vaso de agua, que engulló con ansia antes de seguir el camino. A su lado, apoyados en una barandilla, dos ancianos le indicaban el camino, pues Milan Dadog, completamente exhausto, había perdido el norte y se dirigía hacía la parte del montículo más semejante a un precipicio.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;Mareado y confuso levantó la vista y vio que venía corriendo por el descampado un enfermero empujando la silla de ruedas. Desesperado, Milan Dadog, reinició el ascenso con un ánimo renovado, pero más bien hizo un hoyo y provocó un desprendimiento de arena que lo dejó enterrado hasta la cintura. Estaba el enfermero muy cerca cuando uno de los ancianos cruzó la barandilla y se sentó en la silla de ruedas, dando lugar a un forcejeo que terminó con ambos bajando la colina dando vueltas sobre la silla. Milan Dadog aprovechó la circunstancia para trepar por el montículo contoneando el cuerpo como un gusano. Muchos enfermos y buena parte del personal médico se acercaban a ver la tremenda proeza que Milan Dadog estaba llevando a cabo frente sus ojos. Todas las ventanas del hospital se llenaron de gente, al igual que el parque, por donde muchos enfermos se acercaban corriendo con sus sillas y muletas. Milan Dadog seguía braceando animado por las gentes.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;Cuando Milan Dadog alcanzó la cima la multitud expectante estalló en una oleada de vítores y aplausos que provocaron lágrimas en la sonriente expresión de Milan Dadog, que apenas podía mover ni un músculo. Estaba completamente frito, pero cuando vio que dos enfermeros se acercaban con una camilla, se lanzó por el precipicio. No solo se tiene que subir, también se ha de bajar. En menos de diez segundos recorrió más de doscientos metros haciendo volteretas. Le sacaron del estomago un kilo de arena y lo tuvieron atado a la cama en cuidados intensivos durante un mes. Milan Dadog en todo ese tiempo no pensó en otra cosa que no fuera en volver a subir el Boñigatepelt.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; min-height: 16px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; min-height: 16px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: center;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;Fin&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: center;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: center;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: center;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: center;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none; font-size: medium;&quot;&gt;¡¡¡Felices fiestas para todos!!!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-size: 13px; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: center;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;font-family: Verdana; font-size: 13px; font-stretch: normal; line-height: normal; margin: 0px 0px 5.7px; text-align: center;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-font-kerning: none; font-kerning: none;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/4396224888917263635/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2020/12/el-alpinista.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4396224888917263635'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4396224888917263635'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2020/12/el-alpinista.html' title='El alpinista'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-9208106061138646185</id><published>2015-04-01T03:14:00.003-07:00</published><updated>2015-04-01T03:14:42.817-07:00</updated><title type='text'>El funeral</title><content type='html'>&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;El
intenso sol cocía al vapor los escasos restos humanos bajo las
lápidas. Un poco más fresco se estaba en la sala del velatorio,
donde la gente reunida alrededor del féretro comenzó a cuchichear.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Lo
han dejado muy bien.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Sí,
hace mejor cara ahora que cuando estaba vivo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Yo
he estado a punto de darle la mano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Lo
hubieran podido dejar con bata y zapatillas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;El
murmullo era intenso hasta que el tañir desacompasado de un cencerro
sonó a lo lejos y provocó el silencio entre los presentes de forma
que todos pudieron oír a la viuda decir:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Alguien
podría traer unos bollos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;El
golpeteo era cada vez más insistente y a cada momento que se
acercaba parecía más furioso y demencial. Cuando el estruendo ya no
podía dar más de sí, asomó por la puerta la sonrojada faz de un
opulento cura con el pelo flequillo que en la mano sostenía el
cencerro. Se aguantaba en el marco de la puerta y parecía a punto de
morir. La cara chorreaba sudor igual que una regadera.  Súbitamente,
tendió una mano hacia el difunto y gritó, como si estuviera en lo
alto de una montaña, que una vez más los deseos del señor se
habían puesto de manifiesto. El desmedido alarido sorprendió un
poco a los presentes, pero a su vez generó la máxima expectación.
Giró sorpresivamente el cura dando un brinco, y con las manos sobre
el féretro escrutó con avidez el cuerpo del difunto. Sus siguientes
palabras, también a viva voz, fueron encaminadas a reconvenir sobre
los abusos en el comer y la gula, proclamando la sobriedad en la
dieta. &lt;/span&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
“&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Es
necesario refrenar el ansia—gritó— cuando estás comiendo
cochinillo. Las patatas intensifican nuestra gula y es necesario
contenerse. La papada crujiente y las orejas nos hacen salivar que es
una barbaridad, pero hay que reprimirse, que luego viene el postre”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Simulaba,
mientras esto decía, estar comiéndose las patatas una tras otra y
metiéndose en la boca grandes trozos de carne que masticaba con
fruición. Tras limpiarse las babas con la manga echó mano al
bolsillo y sacó un enorme bocadillo que hizo desaparecer en un abrir
y cerrar de ojos. Ninguno de los presentes se podía creer que
realmente se hubiera engullido el bocadillo y pensaron que había
hecho un truco de magia o que simplemente habían sufrido una
alucinación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Continuó
el cura con una disertación sobre el tiempo necesario para que el
alma del difunto alcanzase el cielo, tiempo que estimó en cientos de
millones de siglos. Los primeros seres humanos, dijo, aún están por
el camino. En la actualidad están sentados a la diestra de dios
padre los primeros monos. Los presentes escuchaban atónitos estas
hasta ahora desconocidas revelaciones intentando evitar los ademanes
y aspavientos que el cura hacía mientras escenificaba las
adversidades del viaje.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
“&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Al
pasar por Venus tempestades ardientes rodearán su alma como un
enjambre y las sorteará con briosos movimientos, esquivando los
peligros por gracia divina. El viento solar no será un
inconveniente, aunque puede suponer un desvío en la trayectoria, al
igual que los meteoritos, cuando vienen desde arriba”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;No
era muy grande el sitio y se iban apretujando los asistentes mientras
escuchaban el discurso del cura, repleto de onomatopeyas e insólitos
ruidos. Narrando con briosas gesticulaciones el paso de un asteroide
y describiendo la órbita con el puño golpeó en la cara a un viejo
que estaba en primera fila, dejándolo en el suelo tal como si
hubiera recibido el impacto del meteorito. La expresión que puso
antes de desplomarse fue en todo semejante a la de los que tenía al
lado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Rápido
fue el cura a ayudarle interponiéndose a los demás con ademanes de
gran culpabilidad y se agachó para reanimarlo. Intentaba el viejo
esquivar los morros del cura girando la cabeza de lado a lado con
expresión de asco cuando le intentaba hacer el boca a boca. Todos
los presentes, apretujados unos con otros al fondo de la sala,
observaban atónitos las descomunales nalgas del cura aprisionadas en
su hábito negro, y unos momentos tuvieron que pasar para convencerse
de que el sonido sospechoso provenía, efectivamente, de allí donde
estaban mirando. En unos momentos la pequeña estancia era peor que
estar metido en un establo. &lt;/span&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;El
viejo pataleaba y gritaba con insistencia sin poder impedir que el
cura, agarrándolo por la cabeza, le practicara una briosa
reanimación. &lt;/span&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
 —&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;No
creo que necesite respiración asistida —dijo uno—. Aunque tal
vez haya que sacarle una radiografía. &lt;/span&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Le
estoy insuflando el aliento de la vida —respondió el cura con
cierto enfado—, y no sé quién es usted, con su poca fe, para
impedir que le haga participe de este don que he recibido por gracia
divina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Ya
me encuentro mucho mejor —dijo el viejo—. Ya se ha obrado el
milagro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;¿De
verdad? ¿Lo dice en serio? —preguntó el cura.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Sí,
sí. Es fabuloso. Es un milagro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Se
levantó el cura henchido de gloria y comenzó a abrazar a los
presentes, levantando a algunos del suelo, restregándoles la sebosa
papada sudorosa mientas los hacía girar por los aires. A otros los
zarandeó por los mofletes y a los que veía un poco achacosos los
obsequiaba con unas cuantas ráfagas de su divino aliento en la cara.
No podría decirse por sus reacciones que tal cosa fuera de su
agrado. Por más que se resistían iban cayendo uno tras otro hasta
que el viejo tosió, y llamó así la atención del cura, que le
dirigió una inmediata y escrutadora mirada. &lt;/span&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;¿Se
encuentra bien?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;De
maravilla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Aguantaba
el aliento el viejo manteniendo la compostura con la cara roja, pero
no conseguía engañar al cura, que estiraba el cuello para
observarle mejor. No pudo más y terminó tosiendo de nuevo, y aunque
hizo amago de huir pronto se vio agarrado por el cura y sacudido en
la espalda en forma tan vigorosa que la dentadura salió por los
aires. Acto seguido, sujetándole la cara con ambas manos, exhaló a
dos dedos de sus narices el divino aliento. Dirigió a los presentes
una forzada mueca de alegría y detectó en sus cara cierto
escepticismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Si
voluntad del Señor fuera —gritó levantando los brazos— podría
con mi soplo divino retornar a su antiguo vigor de la juventud al
mismo difunto que yace aquí en este féretro. No hay límite para el
poder de dios.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Esta
afirmación genero cierta estupefacción y rumoreo en la sala, pero
el agudizado oído del cura reconoció el particular tintineo que
hacen los monaguillos al poner la mesa en el jardín, y supuso que
los familiares del difunto habían contratado el ágape que ofrece la
parroquia con los servicios funerarios, consistente en una tortilla
de patatas y una coca de verduras. Se servía además un poco de
tinto y gaseosa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;A
grandes zancadas sobre las lápidas bajo el sol abrasador alcanzó en
un instante el cura la carpa donde se servía el tentempié y comenzó
a devorar la coca con desmedida avidez. Amontonó unos trozos sobre
otros y mientras con una mano los apretujaba en el interior de su
boca con la otra componía un rectángulo más pequeño con los pocos
trozos restantes. La tortilla recibió el mismo tratamiento, aunque
no quedó tan bien compuesta. Se metió en el buche media botella de
vino y volvió corriendo a la sala del velatorio, donde la mayoría
de los feligreses se encontraban fuera y habían presenciado la
descontrolada bacanal. Muchos le dirigieron reproches, a los que el
cura contestó que el pastor que cuida de las ovejas descarriadas
también tiene que comer, y así, como si fueran un rebaño, fueron
empujados hacia el interior. Acompañaba sus gestos el cura  imitando
los balidos de una cabra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Una
vez dentro, y tras haber llamado la atención de los presentes
declamando con notable prosopopeya unas palabras en latín que se
acababa de inventar, comunicó que había llegado la hora de pasar el
canastillo y que por favor fueran depositando en él todo aquello que
llevaran  de valor, así como el reloj, anillos, collares y la
cartera. &lt;/span&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Estará
de broma — gritó un señor con bigote—. En las colectas solo hay
que poner la voluntad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Esto
era antes. Desde hoy mismo las disposiciones papales son un poco más
exigentes con el cumplimiento de la caridad. Tened en cuenta, hijos
míos, que todo os será devuelto con creces en la otra vida.
Considerarlo una inversión o un pequeño soborno.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;El
señor del bigote manifestó con cierta rotundidad su intención de
no depositar salvo aquello que considerase adecuado, pero cuando sacó
la cartera el cura se la agarró de un zarpazo y dándole la espada
puso todos los billetes en el canastillo. La diferencia de tamaño y
el barrigón del cura hacía que fuera imposible que el señor del
bigote recuperara su dinero, y bastante enfadado salió de la sala.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;A
medida que salgan pueden ir a la capilla a dirigir sus quejas al
Señor, que siempre atiende con mayor fervor las súplicas de los
afligidos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
—&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Esto
es un robo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Quedó
el cura taponando la puerta, dejando salir solo a aquellos que habían
depositado sus pertenencias en el canastillo. Cuando hubo terminado
el proceso cogió el cencerro del suelo y haciéndolo sonar con brío
se fue por donde había venido. Mañana sería otro día. Tenía un
bautizo y una boda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;CENTER&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Candara, sans-serif;&quot;&gt;Fin
&lt;/span&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.2cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/9208106061138646185/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2015/04/el-funeral.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/9208106061138646185'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/9208106061138646185'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2015/04/el-funeral.html' title='El funeral'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-6029577141516136293</id><published>2012-03-02T00:42:00.006-08:00</published><updated>2012-03-12T07:16:48.512-07:00</updated><title type='text'>Desperdiciando la vida</title><content type='html'>&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;El día que me ascendieron, los que hasta aquel momento eran mis iguales, se convirtieron en personas distintas para mí, y yo para ellos. Me desconcertaba ver su recién adquirida sumisión, pues era idéntica a la que yo había profesado con el anterior gerente. Cansado como estaba, como todos, no podía sino pensar en la frustración que debería arrastrar de haber sido otro el elegido para el cargo. Podía sentir esa frustración en sus caras. No tardé en acostumbrarme y en rodearme de los lujos que permitía mi nuevo estatus. Mi mujer debía de ser entonces una de las más felices del mundo. Un buen coche, un buen colegio para la niña, y alguna que otra joya que zarandear frente a los ojos envidiosos de sus amigas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Tenía el convencimiento de que la vida, por fin, estaba bien, pero me engañaba, y fue gracias a un vagabundo, o lo que yo en un principio consideré un vagabundo, que pude darme cuenta de haber estado desperdiciando mi vida, y ahora soy enteramente feliz, y no puedo evitar, como él, mostrar en mi cara, siempre, una amplia sonrisa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Saliendo del trabajo me lo encontré sentado en la acera, justo al lado de las escaleras. No acostumbraba a dar limosna, pero saqué unas pocas monedas de mi bolsillo y las extendí hacia él.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Tome, buen hombre.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Tal vez con sorpresa miró las monedas y me dedicó una sincera sonrisa que mantuvo en la cara mientras, con los ojos cerrados, me decía que no con la cabeza.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Puede cogerlas, no se preocupe, haga el favor —le dije.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Agradezco su buena intención pero no tengo ninguna necesidad de sus dinero, es más bien al contrario.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Me extraña que diga esto alguien en su situación. Puede comprarse un poco de vino, yo no le juzgo, o un té, si lo prefiere.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;No había ninguna duda. Era el extremo de la dejadez, sus ropas, su aspecto, su cabello largo y sucio, eran signo a mi entender de persona necesitada. La bolsa de tela que estaba a su lado estaba repleta de remiendos, al igual que su chaqueta. No era mi intención ofender, y desde luego él, muy lejos de eso, me obsequió con otra de sus significativas sonrisas, que la verdad, entonces no podía entender.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Me gusta el vino, el té, también, pero prefiero no tomarlo antes que hacer uso de su dinero.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Pues vaya hombre, me sorprende usted.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Por respuesta obtuve una nueva sonrisa, y ya había dado unos pasos siguiendo mi camino cuando me giré y le dije:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Me permite usted invitarle a tomar algo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Preferiría invitarte yo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;¿Usted?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Sí, ¿por qué no?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;¿Tiene dinero?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Ni falta que hace.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Cuando se levantó me sorprendí al ver que parecía estar en muy buena forma. Quise ayudarle a llevar su maleta y encontré que pesaba demasiado para mí. No hubiera podido soportar cargarla ni la mitad del tramo que recorrimos hasta llegar a una cafetería que se encontraba a dos calles de allí.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Al entrar el dueño saludó muy efusivamente a Carlos, y fue así como me enteré de su nombre, pues no se me había ocurrido pregustar. Lo más raro fue que le llamó doctor Carlos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Sentaos, estáis en vuestra casa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;No tardó el dueño en traernos una jarra de vino que nos sirvió con extrema alegría. Ambos se miraban fijamente a los ojos con tan amplias sonrisas en sus rostros que no lo podía entender. Para mi sorpresa el vino era exquisito, cosa que extrañó al dueño cuando se lo hice saber, y miró la jarra con cara de asombro, pero él ya sabía que el vino era muy bueno. Lo comprendí al segundo trago. De aperitivo nos trajo unas pequeños pinchos de pollo cocinados con mucha gracia y después una sucesión de delicadezas que me parecieron dignas de un restaurante de lujo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Recomendaré a mis amigos este bar —le dije al tendero.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;No se moleste usted, por favor, aquí su dinero no sirve.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;¿No tiene usted acaso que pagar impuestos?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;La viudedad de mi difunta esposa paga algunas facturas. Y todo lo que servimos aquí es gratis. Carlos se lo puede explicar —dijo metiéndose en la trastienda.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Ante mi asombro Carlos sonreía.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Es muy simple. Intercambiamos el trabajo para evitar usar dinero.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;—&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;¿Qué problema hay con el dinero?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Carlos se puso serio, y supongo que sabía que lo que me iba a decir cambiaría mi percepción del mundo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;“&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Es bien sabido que es más peligroso un tonto que un malo, pues por inadvertencia puede provocar un mal inesperado. Además, siendo un paleto, se cae con facilidad en el engaño del malo, por lo cual es imposible ser bueno siendo tonto. Por desgracia este mundo propicia que cada vez sean más las personas manipuladas y completamente atontadas. Y son millones de las que se puede decir que han desperdiciado su vida, pues no han sido conscientes de haber sido manipulados por un sistema absurdo que nos impone la avaricia descontrolada e insensata que está destrozando la naturaleza.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;“&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Este sistema ha conseguido que cada cosa que las personas hacen sea pura maldad, pues de forma inconsciente, aunque plenamente participe, provocamos la guerra, el hambre, la contaminación, la deforestación, la sequía, la extinción de especies, y un largo etcétera. Algunos por inadvertencia y otros por pensar que las cosas son así, opinión esta de lo más manipulada, pues la verdad es que no es necesario. Si se elimina el factor interés económico de la actividad humana no habría guerras, se respetaría la naturaleza, los derechos humanos, y el desarrollo se aplicaría en beneficio de todas las personas.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;“&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;El trabajo que es necesario hacer para que todas las personas del mundo tengan los recursos necesarios no requiere el alto grado de actividad de hoy en día. Es así porque el sistema nos exige desarrollar múltiples actividades improductivas e innecesarias. Se favorece la obsolescencia programada y la competencia. Incluso aquellas labores más nobles, como la medicina, se ven afectadas por los intereses económicos.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;“&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;La competencia —dijo con sarcasmo—, menuda estupidez. La competencia debería ser una ayuda, pero las empresas se guardan sus descubrimientos para aprovecharse solo ellos, y a ser posible procuran acabar unas con otras, o absorberlas. El sistema defiende el interés económico a cualquier coste, y pone a su disposición todos los medios. La propiedad intelectual es un concepto excesivamente egoísta, ejemplo de lo que impera. Todo vale en este mundo empresarial, y supongo que sabes, al igual que yo, que es profundamente desalmado. Trabajando donde trabajas los sabes bien.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;“&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Toda actividad que se genera en la sociedad está basada en la defensa de la propiedad. Si todos tuviéramos acceso a la propiedad no haría falta defenderla. Si todos tuviéramos acceso a los recursos de la tierra no se tiraría la inmensa cantidad de alimentos que requiere este mecanismo absurdo. Hay hambre en el mundo y los alimentos son objeto de especulación. Se tira la comida porque al final no se vende, o para adecuar su precio en el mercado. Parece mentira que la sociedad actual comercie con productos de primera necesidad, cuando el concepto de humanidad implica no negarlos a nadie.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;“&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Hablar de crisis económica es algo completamente estúpido, y síntoma claro de la lobotomización que se está ejerciendo en la gente. La única crisis que es posible es la de los recursos, es decir, las materias primas, la mano de obra y los alimentos. La crisis financiera es un engaño, o un error, en un sistema que especula con el dinero. Ocurre porque el sistema permite acumular dinero y que la especulación y la usura sean una actividad económica. Es así porque interesa a aquellos que disponen de más recursos. Si hubiera crisis de verdad haría falta mano de obra, no al revés. La verdad es que hemos llegado a un nivel de desarrollo tecnológico que hace innecesario que todo el mundo trabaje. Gran parte de la gente se debería dedicar a estudiar buscando formas de mejorar la calidad de vida y la producción, respetando y favoreciendo la naturaleza. Esto sería lo normal, pero se considera la iniciativa privada el motor de la economía, tremendo disparate.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;“&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Lo único que puede hacer la iniciativa privada es comerciar con los recursos con la pretensión de obtener ganancias, puesto que el que no obtiene ganancias se muere de hambre. Es del género ridículo el gasto en publicidad y recursos que se invierten en pretender que la gente compre algo que no necesita. El lobotomizado se deja influir muy fácilmente, y no puede resistirse a los miedos que le fomentan.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;“&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Es lógico pensar que una sociedad tecnológica tiende a reemplazar la mano de obra, toda la mano de obra, y esto, en un sistema actual, solo favorece a una persona, su enriquecimiento personal. Enriquecimiento no de dinero, sino de cosas, el dinero no le sirve para nada, pero sí le sirve a otros, pues el dinero que está en el banco no está metido en una caja, y es utilizado para especular, y se invierte en las empresas más rentables, aquellas que matan y contaminan, o que crean nuevas necesidades. Con este dinero la empresas financieras juegan a los prestamos, permitiéndose el lujo de especular con futuros rendimientos, o atreverse a prestar dinero simplemente para que haya deuda.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;“&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Si no existiera el interés económico no existiría el robo, la estafa ni la usura desalmada que practican los bancos. Y nunca se invierte el dinero en las cosas que hay que hacer, las urgentes y necesarias. Una de las principales preocupaciones que debería tener la humanidad, ademas de detener la desenfrenada contaminación del espacio aéreo, e intentar controlar el &lt;a href=&quot;http://es.wikipedia.org/wiki/Oscurecimiento_global&quot;&gt;oscurecimiento global&lt;/a&gt;, sería comenzar a rescatar el material bélico que se &lt;a href=&quot;http://www.suite101.net/news/en-los-fondos-marinos-yacen-toneladas-de-armas-corrompiendose-a75809&quot;&gt;lanzó a lasprofundidades&lt;/a&gt; del mar, pues la degradación de su envoltorio empieza a permitir que la contaminación se propague hoy día, con imprevisibles consecuencias medioambientales.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;“&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Sin lucro nadie tendría que aprovecharse de los demás. El éxito de lo barato y la &lt;a href=&quot;http://es.wikipedia.org/wiki/Obsolescencia_programada&quot;&gt;obsolescencia programada&lt;/a&gt; ponen también de manifiesto lo obtuso de este mercado. La trata de blancas desaparecería del mapa, la inmigración también, los niños no serían explotados, y no morirían de hambre, como sucede hoy en día. Entre todos podríamos conseguir erradicar el hambre en menos de una generación. Pero estamos malgastando nuestra vida para que el rendimiento de nuestro trabajo se &lt;a href=&quot;http://es.wikipedia.org/wiki/Presupuesto_de_defensa&quot;&gt;gaste en armamento&lt;/a&gt;.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;“&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Los gobiernos son necesarios, así como los jueces y la policía. La única democracia que existe es la justicia, y deja de serlo cuando se interfieren intereses económicos. La política, tal como la entendemos hoy, es un simple circo al servicio de las multinacionales financieras, y es por lo que se elige para los primeros cargos a aquellos cuya única cualidad es ser devotos de su partido, no las personas más capaces, que por supuesto no medran en ese entorno que los evita. Solo hay la opción de votar a uno de los dos individuos que presenta su partido, que en la mayoría de los casos, dado sus escasos estudios en relación al poder que sustentan, pueden ser considerados unos paletos. La alternancia política es una estupidez y es completamente innecesaria, y no podemos decir que haya hecho nada de bueno, sino al contrario. Da igual lo que hagan, es solo un circo para desviar la atención. La gente no tendría que votar. Todos deberíamos estar seguros de que las decisiones son tomadas por las personas más preparadas, y sin ningún interés económico. Todo conocimiento debería ser público, y toda decisión debatida entre los colectivos relacionados en la materia. Y por supuesto no hablo de la mayoría más uno, tremendo error que permite alienar al interés menor, sino de unanimidad. Las decisiones que hay que tomar son tan lógicas que pueden ser tomadas por unanimidad. Todo tendría que estar basado en un plan de sostenibilidad mundial y reciclaje absoluto.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;“&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Claro que habría que trabajar, y el gobierno sería un aparato necesario para distribuir el trabajo según la preparación, y según ella tener más o menos opción a los recursos, pero todo el mundo tendría acceso los recursos básicos. El nuevo sistema tiene que garantizar una vivienda para todas las personas del planeta al cumplir los dieciséis años, alimentos necesarios para llevar una dieta variada, agua caliente, luz, gas, productos de higiene y limpieza, electrodomésticos, televisión, ordenador con conexión a Internet, teléfono móvil y un medio de locomoción ecológico. El trabajo necesario para hacer esto posible es el que hay que hacer. Son necesarios técnicos, científicos, y gente preparada para vincular unas áreas con otras, con el fin de mejorar el rendimiento y minimizar el impacto ambiental. También gente que cuide ancianos, albañiles, camareros y muchas otras profesiones. La música, el cine, la literatura, y demás artes serán considerados según su repercusión. Participar en la sociedad permitirá acceder a productos de mayor calidad, mejores viviendas, restaurantes, viajar, vacaciones, segundas residencias, un automóvil no contaminante mejor, y en general las cosas que no puede tener todo el mundo.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;“&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Entre todos podemos solucionar los problemas de todos.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;A decir verdad le estuve escuchando sin mucho interés, pero ya no fui capaz de ver el mundo como antes. Al llegar a casa, desde la ventana de mi piso, observaba el incesante tráfico de la ciudad, y me di cuenta de lo innecesario de esa actividad, todo el mundo ajetreado porque están condicionados a consumir de forma automática y servicial dentro de un sistema que los deshumaniza. Los coches contaminando el aire sin ningún motivo, la insatisfacción en las caras, los múltiples rastros de aviones que laceran el cielo, los anuncios, todo me causaba repulsión.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Hablé con mi mujer y pensó que me había vuelto loco, pero yo ya estaba decidido. Me despedí del trabajo y desde entonces nunca he vuelto a manejar dinero. He comido gratis y he trabajado gratis, con ayuda de Carlos. He podido darme cuenta de hasta que punto es un delito no formar parte del sistema, pero también he podido comprobar que todas las personas, cuando conocen los motivos, son buenas y están dispuestas a compartir lo que tienen.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Fin&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;JUSTIFY&quot; style=&quot;margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.2cm;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/6029577141516136293/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2012/03/desperdiciando-la-vida.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/6029577141516136293'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/6029577141516136293'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2012/03/desperdiciando-la-vida.html' title='Desperdiciando la vida'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-6305454032965866786</id><published>2011-12-17T07:15:00.001-08:00</published><updated>2012-12-22T08:51:48.028-08:00</updated><title type='text'>La princesa encallada</title><content type='html'>&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
En la almena la princesa ha quedado encallada subiendo las escaleras. Por una imperfección en las paredes de la torre se estrecha el paso formando un embudo, donde la princesa, que a duras penas podía pasar por los tramos más anchos, ha quedado encallada. ¿Qué estaría haciendo la princesa en lo alto de la torre? ¿A qué se debió tanto empeño en pasar por donde no cabía? Empujó lo más que pudo para seguir adelante quedando tan apretada que no había forma humana de conseguir liberarla, cosa que se intentó de diferentes formas. Como primera tentativa, subiendo a lo alto de la torre con una escalera, entraron por el ventanuco tres fornidos guerreros, que para hacerla retroceder soportaron estoicos los arañazos y mordiscos de la princesa, empujando sin efecto durante un buen rato. Uno de ellos, al que la princesa había desgraciado la cara y arrancado la oreja de un mordisco, afirmó: Si no se está quieta no hay nada que hacer. Es una idea, contestó el venerable Sir Pardalio, Duque de Pimienten, anciano asesor del Rey, manifestando con una mueca su profunda preocupación.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
La alarma por su desaparición se dio cuando, al ser la hora del bocadillo, el personal de cocina se extrañó de no haberla visto por allí y mandaron recado de comunicarle que el almuerzo estaba servido. Es verdad que poco antes se había comido, de aperitivo y sin utilizar cubiertos, un chuletón de buey, pero no dejaba de ser sospechoso que desatendiera el generoso emparedado de pollo trufado con salsa de nueces que la esperaba. ¿Era sensato pensar que después de semejante aperitivo se le antojara subir los más de trescientos escalones de la torre?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Como segunda tentativa decidió Sir Pardalio que se probase estirando por los pies, y considerando que se requería de una notable fuerza y cierta delicadeza, no encontró mejor opción que él mismo para tal menester, cosa que causó cierto estupor entre la guardia real. Ni en sus tiempos mozos pudiera haberse pensado de Sir Pardalio que destacara ni medianamente por sus aptitudes físicas, y semejante arrebato se debía principalmente a sus cada vez más corrientes desvaríos seniles. Con notable determinación emprendió camino a la torre seguido por cinco caballeros de la guardia real, que no dejaron de aplaudir y jalear su empeño. Sin apenas resuello y apoyándose por las paredes para no caer, estaba finalmente el noble anciano en lo alto de la torre arrepintiéndose de la decisión tomada, pero aún así quiso probar de coger el tobillo de la princesa, por si tal vez con un mínimo esfuerzo se solucionaba el problema. No se esperaba, al levantar la falda, la violenta reacción de la princesa, que de una formidable patada mandó al venerable Sir Pardalio, Duque de Pimienten, escaleras abajo más de la mitad del trayecto, y no vuelve a aparecer por este cuento. Sobrevivió, aunque arrastró el resto de su vida los efectos del batacazo, no pudiendo girar el cuello ni un milímetro, condicionado a mirar siempre hacia su lado derecho. Antes de perder la conciencia mandó tener precaución a los guardias de palacio, no se fuera a repetir semejante percance.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—No ha sido esta sino una demostración que debéis tener como ejemplo para no incurrir en mi poco tacto con una dama.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Los más bravos guerreros del reino hacían cola con sus armaduras viendo pasar a los abatidos compañeros que antes lo habían intentado, muchos de ellos duramente castigados y en estado cercano a la inconsciencia, arrastrándose por el suelo o agarrándose por las paredes. Otros eran sacados en brazos gravemente heridos y ensangrentados. Finalmente, por puro agotamiento de la princesa, un fornido capataz de las mazmorras consiguió agarrarle el tobillo, y cierta alegría reinó entre la soldadesca antes de ver que los furibundos esfuerzos del capataz, estirando de la pierna, simplemente conseguían tornar su faz colorada y humeante. Su rostro era pura lava incandescente y sus ojos estaban a punto de estallar cuando en su ayuda se sumó un guardia real y entre los dos pusieron en alto los pies de la princesa y comenzaron a estirar, siendo reemplazados después por guerreros de refresco, iniciando así una secuencia que duró toda la noche.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
En lo alto de la almena había quedado de guardia un monaguillo que con un candil en las manos y agazapado en un rincón a duras penas escapaba a los golpes que la princesa daba en todos lados, enajenada por la rabia y el dolor, gritando improperios y blasfemias tales que el diablo mismo consideraría sacrílegos. Maldiciones escatológicas para todos los santos e insultos vejatorios a la cúpula eclesiástica, sin dejar de mentar a Cristo y la Virgen, salían por su boca junto a escupitajos, bramidos y espuma. Estiraban con brío los de abajo sin ningún resultado hasta que subieron una burra para probar si atándola con una cuerda a los tobillos de la princesa conseguían por fin desencajarla.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Fue duramente azotada la burra sin que con esto se consiguiera más que llevar al límite las quejas e improperios de la desafortunada princesa, para espanto y consternación del monaguillo, que estaba a punto de poner un huevo. Descartando finalmente este procedimiento subió el Rey a la almena para hablar con su hija.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Hija mía, ¿cómo es que ahora te encuentras en semejante trance? ¿Qué has venido a hacer a lo alto de esta torre? —preguntó el rey con voz temblorosa y ánimo conturbado—. ¿Acaso dentro de ti creció el deseo de soledad? ¿Soy yo el culpable de que no fueras lo más feliz posible?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Sí —mintió la princesa, que no quiso reconocer que subió a lo alto de la torre en pos de una gaviota que, en un descuido, le había robado el hueso del chuletón, al que quedaba más bien poca carne.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Quiso la princesa aprovechar la coyuntura para culpar de su situación a los guardias de palacio, que, en su opinión, no la hacían suficiente caso. Quería disipar la ociosidad palaciega jugando en los jardines y gustaba de encontrar quien se sometiera a sus antojos. Pretendía ella que la llevaran a caballito por todos lados, no accediendo a ningún descanso hasta ver bajo su cuerpo una persona desfallecida por el cansancio y martirizada a golpes. A más de uno dejó calvo en la consecución de este trance. Columpiarla era en extremo peligroso y su rudeza e inclinación natural al escarmiento hacía de cualquier juego un riesgo para la salud.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Padre querido, esta mañana quería pasear un poco en los jardines y encontrar quien me acompañase, pero todos parecían esconderse de mí y desolada vine a refugiarme a lo alto de la almena, pensando en suicidarme.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Suerte los dioses han querido impedir tal desenlace. Preocupémonos ahora de sacarte de aquí que ya hablaremos entonces de tu futuro, pues pronto ha de ser momento de que te encontremos un pretendiente.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Se ruborizó con visible alborozo la princesa al oír aquellas palabras y dejó caer un leve babeo, tal cual le suele pasar al tener un filete enfrente.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—He consultado con Merluzo, el mago, y ya está preparando un brebaje depurativo que te liberará de esta prisión como por arte de magia, pero hasta entonces no puedes comer nada.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Esto no preocupó mucho a la princesa, que en el escote aún le quedaban tres muslos de pollo y un trozo de queso y una sobrasada en los bolsillos de su corsé.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
A la mañana siguiente entró Merluzo, el mago, por el ventanuco de la almena exhibiendo un vistoso atuendo y un cucurucho de considerable altura en la cabeza. Con gran prosopopeya y misterio pronunció unas palabras mientras se dirigía a la princesa con el brebaje en las manos. Alzando la copa parecía en trance, sumido en una mística conexión con el más allá. La princesa le observaba con extrañeza hasta que llegó a sus narices el nauseabundo hedor de la pócima y pudo observar el color amarillento de una sustancia granulosa de aspecto poco apetecible, momento en que agarró con el brazo al mago por el cuello y apretándolo hacia el pavimento consiguió tal torsión de la columna que no le quedaba más remedio al pobre mago que abrir el gaznate, por donde la princesa vertió el repulsivo líquido. Tenía la propiedad el brebaje de inhibir posteriores ingestas provocando&amp;nbsp;náuseas&amp;nbsp; flojera y ardor en la garganta. Para hacer más llevaderos, e incluso agradables, estos efectos, la pócima incluía jugo de piel de sapo y vejiga de serpiente, entre otros elementos usuales en las pócimas de los magos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Consiguió salir de la almena el mago por su propio pie y alcanzar el suelo tras una odisea que duró toda la mañana. Entre espasmos y convulsiones regurgitó la sopa mientras daba vueltas sobre sí mismo en el interior de la almena. No había pensado, ni mucho menos, darle de beber el jarro entero a la princesa, sabiendo que con un sorbo hubiera sido suficiente. A la tropa se le juntó gran parte del populacho que atónitos miraban cómo Merluzo, el mago, subía o bajaba la escalera sin ningún sentido y todo el tiempo intentaba ponerse boca abajo, manteniendo en vilo a la gente ante una inminente caída.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Llegaron a oídos del Rey noticias de sus diversas indisposiciones y se apresuró a visitarle en sus aposentos, sorprendiéndose al ver su rostro demacrado y horrorizándose al oír las barbaridades que llegó a decir de su hija, a la que puso de verraca para abajo. Añadió, en tono colérico, y sin eludir epítetos malsonantes relacionados con el ganado, que tan solo con un ayuno estricto podrían liberar a la princesa de su trampa.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
La clarividencia del gran mago se puso de manifiesto y a los dos días de ayuno la princesa fue encontrada dormida en la despensa abrazando un jamón.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Fin&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/6305454032965866786/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/12/cuento-humor-princesa.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/6305454032965866786'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/6305454032965866786'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/12/cuento-humor-princesa.html' title='La princesa encallada'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-266616653153037400</id><published>2011-10-19T06:09:00.000-07:00</published><updated>2012-02-10T07:24:40.905-08:00</updated><title type='text'>El peregrino</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Un peregrino recorre el bosque a través de un sendero invisible. La foresta le oculta ante el firmamento hasta que por un momento le muestra un rastro de humo que sale de una chimenea. El peregrino entra en la choza. En las paredes cuelgan en avanzado estado de descomposición animales muertos de nauseabundo aspecto y hedor. En frascos bichos variados revolotean y en otros hay sesos y vísceras contenidas en repulsivos líquidos. Libros descoloridos se amontonan en estantes repletos junto con numerosos botes y objetos. En el centro una marmita enorme bulle intensamente y sobresaliendo sobre el caldo se intuyen tres cabezas humanas, unos cráneo desechos cuyos cueros cabelludos se desparraman cual fideos. Están muy juntas, lo que da a pensar que han hecho un hatillo con los tres cuerpos. El peregrino se abre paso por la estancia y se dirige allí donde tras una cortina se esconde un pasadizo. El túnel es largo, y se prolongan sus mohosas paredes en una espiral descendente para encaminarle al interior de una tierra húmeda y fría, alcanzando en un momento la oscuridad total, pero el peregrino no se detiene, prosiguiendo de forma intuitiva los pasos hasta que percibe una luz al final de la gruta. Al acercarse puede ver que las paredes segregan viscosidades como explosiones de sarpullido y numerosas raíces se proyectan hacia el interior del túnel. Media rata se arrastra intentando huir del reguero de sangre que va dejando a su paso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Ya era hora de que te dignases volver, ¿me has traído lo que te pedí?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;La vieja parece de mal humor. Nunca en la vida nadie ha visto una mujer tan fea, y ahora, a su edad, es la viva imagen del horror. Un insoportable castigo para los ojos que revuelve las tripas y causa desmayo. Solo en la ficción se han descrito criaturas del submundo utilizando las palabras que son necesarias para ella. Numerosas verrugas negras se amontonan en su nariz entre pelos recios y blancos. Su piel rugosa y granulada, de un gris enfermo, se extiende por el cuello en pliegues ulcerados. Su lengua moribunda asoma babeante arrastrando hilos de viscosidad en una boca amorfa y apenas sin dientes. Entre mucosidades resecas sus diminutos ojos le observan bajo unas densas cejas mugrientas. El poco pelo de la cabeza deja ver protuberancias oscuras de aspecto macabro. En la mano sostiene un cráneo de mono el cual hace sonar mientras se acerca al peregrino. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Sí, madre, un bote de garbanzos y dos latas de alubias. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;La vieja, con movimiento raudo, engancha por la mejilla al peregrino zarandeándole un poco el moflete con bastante fuerza. De una estantería alcanza un plato y lo pone delante del peregrino. Coge un huevo, lo abre directamente en el plato y lanza sobre él una nube de polvo desconocido. Tras unas efervescencias comienzan a brotar unas voluminosas setas que el peregrino come a medida que van saliendo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Son para el gato, que mira el pobre cómo está desde que no come.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;En una esquina un gato cadavérico consigue ponerse en pie. Un enjambre de moscas revolotean sobre él e insectos recorren su cuerpo. Su escaso pelaje deja entrever un pellejo repleto de ronchas y llagas adherido al hueso. Se desploma el gato como un castillo de naipes y un ruido extraño emerge de su boca torcida. Su mísera barriga, redonda y calva, parece a punto de explotar constreñida por unas costillas diminutas sin apenas carne. Un rabo mugriento y desaliñado, retorcido como un cagarro, da algunos coletazos manifestando mortal pesadumbre. Sus orejas mordisqueadas a punto de desaparecer aletearon con desánimo antes que la lengua exánime se mostrara entre sus fauces abiertas. ¡Miauuuu! La bruja deposita de mala gana las alubias a su lado. El gato, haciendo un esfuerzo, consigue acercar lo suficiente la cabeza como para lamer con indolencia la alubia más cercana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Está exquisito. ¿Qué estás preparando en la marmita?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Extracto de hombre muerto. Ya que estas aquí podrías ayudarme a sacar los huesos de la marmita. Hace ya tres días que cuecen.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—¿Es esto posible? Sabes bien que no me gusta que me mandes estos trabajos de brujería y no hace ni un minuto que he llegado y ya quieres que me ponga con esos huesos. Va a ser esta la última vez que vengo a verte.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—No te pongas así, que tampoco es para tanto. Solo tienes que estirar de la cuerda. Cuéntame cosas, ¿qué tal por la universidad? Ya sabes que si hay que echarle el mal de ojo a algún profesor nadie como tu madre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Los estudios van bien, y me han ofrecido un trabajo. Mamá, me voy a casar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—¿Qué dices?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Sí, he conocido a una chica. Bueno, hace ya tiempo que salgo con ella, y sus padres me han insistido mucho en conocerte.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Pues que vengan.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—He pensado que tal vez sería mejor que te arreglaras un poco y que cenásemos con ellos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—¿Cuándo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—¿Qué te parece mañana?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Ya sabes que por ti haría cualquier cosa. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;El peregrino recorre el camino y en su cabeza no para de repetir:  ¡Ay, madre!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Fin&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/266616653153037400/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/10/el-peregrino.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/266616653153037400'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/266616653153037400'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/10/el-peregrino.html' title='El peregrino'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-8974027762277083620</id><published>2011-06-14T12:29:00.000-07:00</published><updated>2012-02-10T07:24:40.905-08:00</updated><title type='text'>Capítulo XIX</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Consentí finalmente que el doctor Laurencio me acompañara junto con el Obispo Juana Mari a ver al inspector Eustaquio, que como se ha dicho, ya debía de haber salido del quirófano. Muy cerca de nosotros estaba sentado un neurólogo recién llegado al hospital con una actitud muy deprimida; tenía los pies sobre el sofá y las manos sobre la cabeza. Parecía sumido en profundas tribulaciones.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—¿Se encuentra usted bien? —le pregunté.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—No, la verdad es que no —me dijo—. Ha habido problemas en casa. Mi hija ha desaparecido. Se fue corriendo detrás del perro. Lo habíamos atado a un globo y se fue volando. Aún no han aparecido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Extraordinario suceso. Pues váyase usted a su casa, hombre —le dije—, que su mujer estará muy preocupada. Ya hablaré yo con el doctor Gabriel. No se preocupe por nada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Muchas gracias. ¿Tiene usted la llave de la barrera?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—No. Esta mañana me las ha pedido el doctor Gabriel.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Entonces tendré que saltar el muro, ¿dónde puedo conseguir una escalera?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—¿Cómo que saltar el muro? No tiene que saltar; le diga a uno de los chicos que le abra la barrera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—En un par de ocasiones que lo he intentado no me han querido abrir —dijo el neurólogo manifestando con un gesto su entera incomprensión. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Les tendrá que disculpar —dije—. El doctor Gabriel gusta de contratar personal con minusvalías, ayudando en mucho en la reinserción de estas personas. Insístales y muéstreles su autoridad y ya verá como le abren. Si no, les diga que tiene mi autorización. Váyase ya y si podemos serle de utilidad en algo no dude en avisar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Quedaban por entonces pocos rezagados en la sala cuando salimos de ella. Al paso lento del señor Obispo, que en numerosas ocasiones fue interrumpido por enfermos que arrodillándose en el suelo solicitaban su bendición, emprendimos camino a la habitación del inspector Eustaquio Trompeto. La barrera del departamento de psiquiatría estaba cerrada y el enfermero encargado de la vigilancia estaba ausente, cosa inaudita y falta grave por dejadez manifiesta del auxiliar responsable. Pensé en dar parte al doctor Gabriel a la primera oportunidad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Tendremos que salir por la barrera del jardín —le dije al doctor Laurencio—. Supongo que aún conserva la llave que le di.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Sí, la tengo aquí mismo —dijo el doctor Laurencio Puerco. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Estupendo. Saldremos por el jardín y entraremos por la entrada principal. Además tenemos que preguntar en recepción por la habitación del inspector. Yo no sé cuál es.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Recorrimos los esplendidos jardines del departamento de psiquiatría y sin contratiempo digno de mención, salimos por la barrera del jardín y tras bordear el muro que rodea el hospital, entramos de nuevo por la puerta principal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Al llegar a la recepción, situada en la entrada principal del hospital, las personas que allí había abrieron paso para ceder su puesto a Su Santidad el Obispo Juana Mari y acercándonos los tres al mostrador, el doctor Laurencio preguntó a la recepcionista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Señorita, ¿cuál es la habitación del inspector Eustaquio Trompeto?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;La recepcionista miraba con cierto espanto al doctor Laurencio y no se atrevía a contestar, cosa comprensible y además corriente en quienes ven por primera vez al doctor Laurencio. El Obispo Juana Mari también llamó mucho su atención y tardó bastante en dirigirme la mirada, cosa que la hizo despertar de su trance, sacudiéndose con unos espasmos y gesticulando una angustiosa expresión de horror. Florentina, que así se llamaba no era desde luego la viva imagen de la eficiencia y su lentitud e inoperancia podía llegar a ser estresante. Yo la había conocido anteriormente y me había parecido detectar entre nosotros una atracción mutua.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Florentina, ¿que ya no te acuerdas de mí?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—¿Cómo es que habéis salido de vuestro departamento?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Lo tenemos todo controlado y hemos querido aprovechar el descanso para hacer una visita al inspector Eustaquio Trompeto —respondí—. Se trata solamente de una visita de cortesía. Me acompaña Su Elevada Santidad el Obispo Juana Mari por si son requeridos los últimos sacramentos, y el doctor Laurencio Puerco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;El Obispo extendió su mano para que Florentina la besase, cosa que hizo con un simple gesto y una reverencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Yo te bendigo hija mía para que Nuestro Señor te halague con buenaventura.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Esperad un momentito —dijo Florentina descolgando el teléfono—. Primero tengo que hacer una llamada. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Descolgó el teléfono y en breves instantes, apartándose un poco y bajando bastante la voz, informó a su interlocutor que se había vuelto a escapar el mismo loco que el otro día y que ahora le acompañaban otros dos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Mándame a los de seguridad a recepción inmediatamente —dijo Florentina al auricular—. ¿Qué no hay nadie disponible? ¿Cómo puede ser? ¿Qué se han escapado todos los locos? Esto es terrible. ¿Qué alguien ha dejado la barrera del jardín abierta y se han escapado todos? ¿Y ahora qué hago? ¿Qué? No puedo. Hay uno que debe de pesar trescientos quilos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Florentina —dije en tono cordial—, podría prestarnos un poco de atención, por favor. Mire por favor en qué habitación se encuentra el inspector Eustaquio Trompeto y no la molestaremos más. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Lejos de hacer lo que le decía se quedó parada y sonriente sin decir palabra. Supuse entonces que sería alguna protegida del doctor Gabriel y que estaría allí como parte de un tratamiento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Doctor Laurencio, mire usted en el ordenador. ¿Sabría hacerlo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—La tecnología no tiene misterios para mí, pero seguro que me llevará un buen rato, yo nunca he tocado un chisme de estos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Pues da igual, daremos una vuelta y preguntaremos a las enfermeras. Florentina, es usted el paradigma de la ineficiencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Un poco frustrados y desconcertados por la absoluta falta de cortesía de la recepcionista emprendimos calmado deambular por los pasillos del hospital, interesándonos por la salud de algunos pacientes. El Obispo Juana Mari practicó unas rápidas confesiones y el doctor Laurencio colocó los huesos en su sitio a algunos pacientes produciendo algunas torceduras. En la tercera planta una enfermera se mostró menos arisca que las otras y consintió en facilitarnos la información.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Pues, no, no hay nadie ingresado en el hospital con ese nombre y la verdad es que me extrañaría que alguien se llamase así.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Mire por favor, si esta registrado con su verdadero nombre, Eugenio Tramps.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Sí, aquí está, en la cuatrocientos seis. ¿Cómo se llama vuestra compañía? ¿Tenéis que actuar por aquí? A mí me gusta mucho el teatro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Pues no pertenecemos a ninguna compañía pero si quiere esta noche podemos quedar en el departamento de psiquiatría y vemos juntos la tele.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Sois muy graciosos. ¿No me podéis dar alguna entrada?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Una entrada no, pero sí una bendición —dijo el Obispo Juana Mari—. Acércate hija mía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;El Obispo Juana Mari tras levantar la cruz con gran prosopopeya dio con ella un sorprendente castañazo en la cabeza de la enfermera con el que ésta cayó en el suelo desmayada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Yo estaba muy preocupado. Últimamente el estado de salud del señor inspector distaba mucho de ser envidiable y en ningún caso podíamos ser optimistas sobre su posible recuperación. Le habían tenido que operar de la tráquea debido a una ingesta excesiva de agua de piscina, habiendo sufrido ahogamientos y un colapso respiratorio. Fue ingresado de urgencia en cuidados intensivos con un pronóstico muy poco esperanzador. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;No era la primera vez que la vida del inspector Eustaquio pendía de un hilo. Su cuerpo sufría desarreglos de muy diversas clases y la debilidad de su organismo hacía que cualquier intervención fuera de máximo riesgo. Estamos hablando de un sobrecogedor caso de envejecimiento espantoso con malfuncionamiento integral de los órganos. Su historial médico era aterrador y los análisis desvelaban las más diversas patologías: arritmia cardiovascular, tensión oscilante, descalcificación ósea, bronquitis crónica, aerofagia, por destacar las más acuciantes. Estando en el hospital sufrió varios infartos y fue operado de gravedad en diversas ocasiones por diversas roturas óseas. Tomaba un sinfín de pastillas por anomalías metabólicas y su delicadeza era notoria. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;El propio doctor Gabriel me trajo al inspector Eustaquio a mi consulta al considerar la conveniencia de que me encargase de sus sesiones terapéuticas, pues se trataba de un paciente que sufría paranoia y desmesurados brotes de cólera e histerismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Habrían pasado más de ocho años desde que había visto por última vez al inspector Eustaquio en el restaurante “La Cacatúa” y el tiempo no le había tratado bien. Nuestro reencuentro en el hospital me supuso una fuerte conmoción al ver el intenso envejecimiento sufrido. Las repercusiones físicas de su prolongado secuestro por la guerrilla ecuatoriana en la selva de la Papaya eran evidentes, quedando tras esta mala experiencia en el extremo máximo de la decrepitud. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Su aspecto desvalido y frágil contrastaba con gravedad con la presencia y robustez del inspector que yo recordaba. La devastación física debida a la extrema penuria y malnutrición durante su encierro le había dejado al borde de la muerte en un estado lamentable de aspecto cadavérico y quebradizo que hería la sensibilidad al verle. No parecía quedar carne en el cuerpo y sus costillas quedaban perfectamente visibles. Estaba totalmente demacrado por infinitas arrugas en una piel adherida al hueso, y padecía una fuerte atrofia en los músculos de la cara, quedando rígida su expresión, algo desfigurado y asimétrico. La pérdida de masa corporal era cosa desconcertante, siendo notorio el encogimiento general de su cuerpo. Su piel se había vuelto de un color grisáceo pardo de aspecto muy poco saludable. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Su cabeza, desde atrás, no distaba en exceso a la visión de una patata gigante arrugada, blanda y pansida. El frondoso penacho de pelo resplandeciente que lucía en medio de la frente y que hacía enloquecer a las mujeres, se había vuelto apenas un pequeño foco de pelos desabridos diseminados, lánguidos en extremo que ocultaban sin éxito un cráneo amorfo y lleno de costras. Gran parte de sus arrugas se concentraban en la nuca, quedando tan estirada la piel en la frente que su puntiaguda nariz se le subía sorprendentemente. Le hicimos en el hospital una dentadura postiza completa que ayudaba en mucho en que su cara se viera más digna; no la llevaba el día que me lo trajo el doctor y asemejaba faltarle media cara. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Cuando finalmente acepté que se trataba del Inspector Eustaquio me abalancé sobre él, a pesar de causarme cierta repulsión, dándole un abrazo. Siempre había guardado un grato recuerdo del inspector y le tenía en la más alta consideración; al verle en semejante estado me invadió una intensa lastima, pero no quise dar muestras de mi desconsuelo. Si me reconoció al verme es cosa que no se podía deducir por su mirada, no hacia el más mínimo gesto de asentimiento ante mi insistencia en hacerle recordar. Parecía tener la mente en blanco, vacía de todo pensamiento o recuerdo. Nos miraba fijamente, con una expresión inescrutable. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—¿No se acuerda de mi? —le dije—. En el restaurante “La Cacatúa”. Usted salvó la vida a mi cerdo. Seguro que usted se acuerda. Era un cerdo muy hermoso que se llamaba Paco. ¿De verdad que no se acuerda?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Mirándonos con los ojos bien abiertos iba ladeando la cabeza como si con un pequeño hilo fuese siendo estirada hacia el suelo, hasta quedar ésta en posición horizontal, momento en que abrió la boca y quedó colgando su mandíbula desencajada sin un solo diente, dejando caer un leve babeo. Las piernas le comenzaron a temblar, primero despacio y después más fuerte, avanzando la convulsión hasta el cuerpo y de allí a los brazos. Cuando la cabeza recobró con un impulso su posición original agarrándose a la silla gritó totalmente desquiciado:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Me vengaré, juro que me vengaré. No tenéis escapatoria. Pagareis con la muerte y los cuervos se comerán vuestros ojos. Yo mismo me los comeré.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Sufrió una cólera desbocada y extrema agitación, síntomas indudables del trauma reciente. Se revolvía en la silla de ruedas con una mirada delirante y asesina gritando incoherencias e insultos. Tal era la rabia que le dominaba que no tardó en desmayarse y quedó doblegado sobre la silla sacando abundante espuma por la boca. Auscultándole el doctor Gabriel confirmó tratarse de un desmayo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Braulio —me dijo el doctor Gabriel—, quiero que te encargues de vigilarle. Procura que se adapte bien y sobre todo que no se pasen con él los otros pacientes. Sácalo a pasear y cuídate un poco de él. Y ten en cuenta que se encuentra muy frágil. Cualquier golpe o incluso un cambio en la temperatura podrían ocasionarle la muerte. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Puede estar bien tranquilo que haré lo que se encuentre en mi mano —contesté.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Y así se hizo durante el tiempo que estuvo a mi cuidado, tiempo en que el inspector Eustaquio fue mejorando visiblemente de los efectos del trauma.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Al llegar a la habitación que nos habían indicado quedamos sorprendidos por la ausencia del inspector Eustaquio. La habitación estaba desértica, la camilla abandonada y el aseo desocupado. Me quedé trastornado por pensamientos funestos y un sentimiento de horror me recorrió el cuerpo. Pudiera ser que se encontrara el inspector todavía en el quirófano y sugerí fuéramos a preguntar a la enfermera de guardia. El señor Laurencio especuló con una probable muerte. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—No anticipemos los acontecimientos ni pretendamos hacer adivinación de cosas que no sabemos —dije mirando fríamente al señor Laurencio—. Pueden ser muchos los motivos sencillos por los que el inspector no se encuentre ahora aquí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Braulio —me dijo el obispo mientras salíamos de la habitación pasando el brazo sobre mi hombro—, hace tiempo que te digo que el señor inspector está siendo llamado insistentemente a presencia del altísimo. No pongo en duda de que aún muriendo inconfeso encontrará allí el perdón que sus buenas obras se merecen. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Algo en mi interior —le respondí— me impide creer, hasta que no lo vea, que el inspector está realmente muerto. Tendré que poner mis dedos en la llaga. Usted ya sabe que el señor inspector ha superado ya innumerables situaciones críticas y que ya otras veces hemos temido por su vida. No tiene nada de nuevo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Las noticias de la enfermera de guardia vinieron a contradecir nuestras peores conjeturas confirmando que el inspector se encontraba mejor, pero que continuaba con respiración asistidas y sedado y que no había salido de la habitación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Disculpe señorita —le dije a la enfermera—. ¿Entonces es que lo han cambiado de habitación? No hay nadie en su cuarto y tampoco en el baño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Encuentro muy raro esto que me dice —dijo la enfermera—, pues yo lo dejé allí no hace mucho rato y él solo no puede haber salido. Será que no han mirado en la habitación correcta. Tiene que estar en la número cuatrocientos seis.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Esa es la habitación de dónde venimos —la respondí—. Haga el favor de acompañarnos y podrá ver que no la miento. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Al volver a la habitación acompañados de la enfermera de guardia y tras hacer una inspección más detallada de la misma, encontramos detrás de un sofá al señor inspector sumido en un absoluto colapso de histeria. Al apartar el sillón nos sorprendió el señor inspector con un grito desmesurado, inconcebible para quien acaba de ser operado de la tráquea; era como el aullido de un lobo herido por un cepo. Revolviéndose como una lagartija retrocedió hacia la pared con una angustiosa expresión de desespero y quedó agazapado en la esquina con temblores y espasmos mirándonos fijamente. La agitación del inspector estaba fuera de control; sin duda no se le habían suministrado los analgésicos y sufría los dolores del postoperatorio tras la extirpación del píloro; chillaba con todas sus fuerzas y manifestaba síntomas de delirio con amagos de infarto cardíaco. Tenía el cuerpo empapado en sudor y al acercarnos para ayudarle sacó una jeringuilla con la que amenazaba a quién se le acercara.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Manteniendo una distancia de seguridad intentamos dialogar con él.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Tranquilícese señor inspector, somos nosotros, sus amigos —le dijo el doctor Laurencio poniendo al máximo el volumen del magnetófono.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—¡No os acerquéis a mí hijos del diablo! —gritó ofuscado el inspector—. Vosotros no sois médicos ni nada parecido. Sois sólo una pandilla de mamarrachos. ¡Dejadme en paz! ¡Sinvergüenzas! ¡Alejaos de mí!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;La enfermera nos solicitó abandonásemos la habitación asegurándonos que ella le daría al inspector unos tranquilizantes y lo devolvería a la cama. Más tarde, nos dijo, si el inspector se encontraba mejor, podríamos pasar a visitarle. Era sin duda la mejor solución, pues en su delirio el señor inspector nos había tomado por demonios u otras figuras atemorizantes. Sólo la enfermera consiguió disipar su temor y cogiéndole del suelo lo llevó hasta la camilla, dónde prosiguió gritando el inspector hasta que todos salimos por la puerta bastante desconcertados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Las alucinaciones paranoicas del inspector habían sido cosa frecuente y cotidiana durante el tiempo que llevaba ingresado, pero hacía tiempo que había dejado atrás el pánico y delirio que le dominaba en sus primeros meses en el hospital. Sus recientes paranoias no pasaban de ser las meras conjeturas sobre el doctor Gabriel. Me quedé bastante entristecido al verlo recaer en semejante estado de histeria. Desde que lo tuve a mi cuidado no había dejado de mejorar y por ello había recibido numerosas felicitaciones del doctor Gabriel. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Me había dedicado a su cuidado como actividad principal, en una labor diaria y meticulosa. Si en su juventud se podía considerar al inspector persona severa, con los años se volvió despótico e intratable. El inspector, en un principio no se manifestaba muy dispuesto para las nuevas terapias; no contestaba en el psicoanálisis, y se negaba a intentar salir de la silla. Se mostraba arisco y se ofuscaba, un autentico demonio; respondía con insultos, y tardó mucho en aparecer el primer indicio de dialogo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Vivía en un continuo estado de mal humor y ocasionalmente, al encontrar oposición a sus exigencias llegaba a atentar contra su propia vida. La rigidez de su rictus facial ayudaba en mucho a que sus muertes fingidas fuesen bastante convincentes y bastante difíciles de diferenciar de sus corrientes desmayos o de sus estados catalépticos. Llegar al grado de confianza necesario para la terapia supuso, además de mucho tiempo, un esfuerzo para ambos que derivó en una estupenda amistada y complicidad. Recuperó completamente la memoria de los sucesos pasados y fuimos progresando lentamente en una curación que veía cada vez más posible. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Aún en su vejez manifestaba signos de su gran inteligencia y perspicacia. No era nada fácil de engañar; siempre vigilante y sospechando. No había manera de hacerle comer la papilla. Dar de comer al señor inspector ha sido la más ardua labor que he tenido que afrontar en mi carrera profesional.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Como se nota que no ha pasado usted hambre —le dije una vez.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—¿Qué no he pasado hambre? ¿Cómo te atreves a decir que no he pasado hambre? Lo que pasa es que no quiero que me den de comer a la boca, y menos tú.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Pero no ve señor inspector que a usted se le cae todo por encima; que con ese tembleque no llega ni un poco de sopa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Sí, pero por lo menos no me meto la cuchara en el ojo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Si fueron las angustias y sufrimientos lo que le había llevado a aspecto tan fúnebre, no habían deteriorado ni un ápice sus ansias de justicia; aún en silla de ruedas y con su aspecto de cadáver, como si fuese la versión geriátrica del motorista fantasma, deambulaba por el recinto sin desperdiciar oportunidad de asustar a alguien. Su avanzado estado de deterioro, bastante sordo y con la consiguiente falta de respeto que suscitaba ahora, quien en su día fuera el terror, tanto del malhechor como del que no lo era, le llevaba a manifestar su disconformidad con las injusticias más leves con exorbitante contundencia, siempre defendiendo aquello que consideraba justo. En el fondo seguía siendo todo un caballero y un ejemplo de distinción. Aún en pañales irradiaba un aura de elegancia que causaba admiración a todos los presentes. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Muy contrariamente a la opinión médica más extendida, el señor inspector decía disfrutar de una excelente salud de hierro y su optimismo acerca de su esperanza de vida era más que sobresaliente. Por dos ocasiones fue tenido por muerto, entró en coma súbitamente y de las dos se recuperó en menos de dos horas. Yo sufrí mil disgustos y preocupaciones y no pasaba un día sin ser alertado por uno u otro motivo: convulsiones espasmódicas, diarreas o vómitos. Sus diferentes achaques hacían temer continuamente su muerte, pero siempre se reponía milagrosamente y persistía en su opinión de todavía tener mucha cuerda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Estuve una mañana hablando con el doctor Gabriel, desayunando juntos en la cantina, sobre los diferentes achaques crónicos que sufría el inspector. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Los años no perdonan —me dijo el doctor Gabriel—. Yo mismo ya estoy para el arrastre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Pero no compare —le contesté—. Usted emana salud; está usted como un diente de ajo. Comparado con el inspector está usted hecho un chaval. El otro día el inspector sufrió un ataque de tos que pensé que se iba a morir. Los ojos se le pusieron rojos e hinchados de tanto toser, que parecía que se le iban a salir de sus órbitas y también le sangraba la nariz. Le suministré oxigeno y poco a poco se puso bien. Me preocupa mucho su salud. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—¿Cómo fue? —preguntó el doctor Gabriel—. Tendremos que hacerle un espectrograma.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Bueno, no creo que haga falta; en realidad fue por mi culpa. Sin querer le rocié la cara con un spray para mopa de la señora de la limpieza. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—¡No me digas! Tienes que ir con más cuidado, hombre —dijo el doctor Gabriel. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Lo siento mucho, no volverá a ocurrir. Fue un acto reflejo; se le puso una mosca sobre la nariz.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—¡Que desastre! ¿Se repuso bien?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Sin ningún problema. Por suerte es un tipo resistente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Desde luego que su resistencia es inaudita —dijo el doctor Gabriel—. El inspector es un tipo realmente sorprendente. Hace tiempo que debería haber muerto. Cada día que sigue con vida, es para mí una sorpresa. Nunca pensé que fuera a durar tanto. Pensar que se escapó de la guerrilla y que cruzó la jungla por sus propios medios después de haber estado ocho años encerrado me desconcierta. Está claro que es un individuo de gran fortaleza y determinación. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—¿Cree usted que pueda tener algo que ver con las ganas de vivir?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—No lo pongo en duda; pero nadie puede vivir eternamente, por muchas ganas que tenga —dijo el doctor y quedó pensativo unos momentos con la mirada en el vacío agarrándose la barbilla—. Por cierto, hice los análisis del vomito del inspector. Se trataba de agua de piscina. ¿Sabes cómo puede ser eso? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Pues no, la verdad. Pero ahora que pienso, estaba el inspector muy constreñido y con un humor de perros y aprovechando que se había dormido lo puse en la cola de las lavativas. Tal vez, por algún error le introdujeron el agua de una piscina. Tiene que ser eso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Pues la verdad que no veo posible que siendo introducida por el colón atraviese todo el tracto intestinal y sea regurgitada por la garganta. Eso es absolutamente imposible.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Cierto. Pues la verdad que no lo entiendo. No se me ocurre como puede ser. Pudiera ser que sin yo estar mirando hubiese encontrado agua de piscina dentro de un barreño y que se la bebiese.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Tampoco creo eso muy probable.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Pues no sé.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/8974027762277083620/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/06/dentadura-postiza.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/8974027762277083620'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/8974027762277083620'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/06/dentadura-postiza.html' title='Capítulo XIX'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-624023179060811864</id><published>2011-05-10T04:55:00.000-07:00</published><updated>2011-05-10T04:58:45.986-07:00</updated><title type='text'>Capítulo XVIII</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Nos remontamos al año 1326 en una fría y oscura noche de septiembre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luna vigilaba espantada tras la negra nubosidad el fatal devenir que sólo ella conocía. En lo profundo de la tierra una rabia fruto de un dolor espantoso gimió su lamento con un fuerte arrebato. Venus cruzó la órbita de Capricornio y un aborto prematuro surgió de este enlace mal parido en los abismos de la tierra. El grito espantado de una grulla resonó entre los matorrales y huyó despavorida hacia el oscuro horizonte cuando sonó el primer golpe del tambor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las hordas Otomanas, acampadas en el altiplano del Pomodoro, celebraban con una gran fiesta su victoria tras la sangrienta batalla contra los aborígenes Rupa-Cacu en la cima del monte Katueh. Grandes pilas de leña ardían, y a su alrededor, los prisioneros eran salvajemente torturados por la ingente turba de guerreros borrachos ansiosos de venganza. Música y cánticos delirantes al estrepitoso son de los tambores discordantes apenas amortiguaban los agónicos lamentos y gritos atormentados de los cuatro miserables ajusticiados. En la desenfrenada bacanal de opíparos alimentos, bailaban desnudas sobre las mesas las mujeres otomanas de más edad, en obscena y lujuriosa danza de aclamación a sus dioses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el momento de mayor frenesí, cuando con las copas alzadas la muchedumbre jaleaba la aparición de los enanos malabaristas, llamados así porque esquivaban con notable agilidad los cuchillos que los otomanos les lanzaban, retumbó el suelo con una poderosa convulsión, resquebrajando la tierra al paso de una mortal onda expansiva que lanzaba por los aires a los sorprendidos guerreros, devastando el campamento. Al tiempo que la tierra temblaba, emergió del interior de la montaña un obelisco descomunal de bordes afilados con raras tallas e inscripciones, alzándose hacia el cielo impulsado por una poderosa fuerza lenta e incesante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre los pocos supervivientes de los más de trescientos mil otomanos que sucumbieron precipitados en las repentinas y profundas grietas o abrasados por los borbotones de lava que brotaba entre los escollos, se encontraba el reconocido filósofo de las artes Sir Lawrence Porck, que logró conservar una valiosa prueba del singular descubrimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En sus memorias, conservadas por sus herederos y en la actualidad propiedad del doctor Laurencio Puerco, Sir Lawrence dejó constancia detallada de la gran mortandad sufrida en el ejército otomano, cuando al derretirse las nieves que rodeaban el altiplano, arroyos del agua cayeron en cascada sobre el magma hirviente, provocando la formación de una inmensa nube de vapor abrasador y tóxico. El suelo irradiaba un calor sofocante formando grietas por donde emergían ráfagas de vapor incandescente. Cayeron fulminados instantáneamente grandes franjas de guerreros otomanos apelotonados, cuando bajo sus pies les sorprendió este terrible castigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El temblor se hacía cada vez más intenso y la tierra se resquebrajaba formando grandes placas, volcando sobre el burbujeante magma a los aterrados guerreros que inexorablemente caían en el interior del volcán. Los gritos agónicos y desaforados lamentos de los otomanos agonizantes se dejaban oír por encima del estruendo del terremoto, como el canto coordinado de unos monaguillos que por terrible pecado estuvieran cantando juntos en el infierno. Los guerreros, dominados por la histeria y el horror, huían despavoridos sorteando dificultades insalvables precipitándose hacia su propia muerte. El volcán entró en erupción con dos nuevas sacudidas, provocando enormes olas de magma e inmensos chorros de lava que alcanzaban por la espalda a los apretujados otomanos que pretendían huir por la ladera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desmembramientos, achicharramientos y síntomas derivados de la inhalación de gases tóxicos tales como asfixia, ceguera, urticaria y sarpullidos produjeron un inmenso escenario de agonía colectiva en las zonas menos afectadas. El centro del altiplano se había vuelto un foco abrasador de líquido incandescente cuya luz cegaba igual que el sol, y crecía al tiempo que extendiendo sus grietas manaba un gran río de lava, que salió en persecución de quienes huían por la única pendiente accesible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según cuenta en sus memorias el ilustre Sir Porck, en un pequeño reducto oriental del altiplano abocado a una inminente volatilización, emergió del interior de la tierra ante sus ojos el descomunal obelisco, “tan alto como cinco o seis personas, subidos de pie uno encima del otro” haciendo un estruendo ensordecedor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El obelisco estaba adornado con extrañas y variadas tallas de animales que en sus cuatro costados enmarcaban símbolos de una escritura hasta aquel momento desconocida. Sir Lawrence, aún sufriendo un inhumano sofoco quedó estupefacto, admirado hasta la incredulidad ante tan portentoso descubrimiento y tardó en darse cuenta de que la inmensa columna, tras leve tambaleo se abalanzaba sobre él. Sir Lawrence corrió lo más que pudo para salvar su vida sorteando en su frenética carrera a los agonizantes guerreros, que sufriendo una intensa cocción de sus cuerpos deambulaban cegados de un lado a otro, desmembrados o arrastrándose por el suelo. Sir Lawrence, presa del pánico, y también sometido a la inhumana cocción se lanzó por el desfiladero dando un salto increíble cayendo en picado desde una altura de más de cien metros. Según sus propias palabras, “si saltase mil veces por aquella ladera tan sólo una quedaría con vida, y fue esa. En todas las demás hubiese muerto antes de alcanzar el suelo, debido al mortal espanto que sufre quien en semejante circunstancia se encuentra”. Pudo, con la ayuda de la divina providencia, amortiguar el mortal batacazo traspasando a gran velocidad el denso ramaje de un gran árbol, agarrándose con frenesí a una rama, cayendo con contundente fuerza en un pequeño y frondoso matorral, rodeado de puntiagudas rocas y numerosos guerreros muertos. Un fragmento del obelisco cayó a su lado, sobre la mullida panza de un enano otomano muerto, reventando su cuerpo tal como si a bocajarro hubiese sido disparado con un cañón.&lt;br /&gt;Sir Lawrence también nos cuenta en sus memorias lo apurado de su escapada y las dificultades en el regreso por las escarpadas laderas septentrionales, cuando maltrecho y contuso, con la providencial ayuda de un sherpa, huía precipitadamente de los ríos de lava encima de un burro, llevándose consigo el fragmento del obelisco. El sherpa y el burro sufrieron quemaduras de tercer grado en barriga y extremidades por innumerables salpicaduras, pero pudieron eludir milagrosamente los numerosos desprendimientos que se producían a su alrededor y alcanzar el bosque. Quedaban aún muchos kilómetros por recorrer entre espesa jungla repleta de peligros, y la huida del sherpa con el burro, al primer descanso, por poco no malogra el triunfal regreso de sir Porck con el testimonio de la gran victoria sobre los Rupa-Cacu y la evidencia del descubrimiento de inscripciones antediluvianas de indudable interés científico.&lt;br /&gt;Ráfagas de tempestad insufrible entre períodos de calma sofocante ambientaban el frenético paso de sir Lawrence movido por una profunda inanición. Estuvo recorriendo la jungla tres semanas sin rumbo fijo sufriendo las inclemencias de aquel entorno selvático y sorteando los continuos peligros. Anacondas, panteras, osos e infinidad de animales de la jungla se dejaban ver en todo momento, y mosquitos gigantes succionaban su piel sin descanso, pero consiguió salvaguardar la integridad de su valiosísimo descubrimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hallazgo de Sir Lawrence dejó perpleja a la comunidad científica, que ha mantenido siempre un absoluto secretismo y hasta el día de hoy se debate entre la incredulidad y el asombro sobre la autenticidad del gran pedrusco y sus extrañas inscripciones. La prueba del carbono quince certificó la antigüedad de la piedra en más de catorce millones de años, sin poderse confirmar la datación de las inscripciones en la misma fecha. Es de composición basáltica con predominio de feldespato, pesa 75 kilos y conserva parte de unas inscripciones del tipo críptico y simbologías de la procreación. En sus memorias se analizan las posibles procedencias de la civilización perdida y algunas interpretaciones posibles de los símbolos del obelisco, dibujados de memoria en su cuaderno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las anotaciones de sir Lawrence tienen gran relevancia histórica pues son el único documento conocido que atestigua el exterminio y existencia de los aborígenes Rupa-Cacu, casta indomable de guerreros antropófagos nómadas, que aunque pocos eran extraordinariamente sanguinarios y crueles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sir Lawrence vivió ingresado en un psiquiátrico el resto de su vida, donde compuso sus memorias, que tras su muerte fueron desatendidas por sus herederos. Tuvieron que pasar muchas generaciones hasta que un joven mallorquín natural de Pardaldemoro, descendiente de Sir Porck, encontrase de un casual las memorias olvidadas entre las pocas pertenencias heredadas de un tío suyo. Extraños colores adquiere a veces la luz que guía el camino de las personas, pues motivado por este descubrimiento emprendió el joven Laurencio Puerco una desenfrenada carrera de estudios que le permitiese comprender las indescifrables anotaciones de sir Lawrence, convirtiéndose en un eminente paleontólogo de fama mundial muy respetado por la comunidad científica. Es experto en egiptología y culturas antiguas, y destacada eminencia en las rutas trashumantes del ganado mongol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las anotaciones de sir Lawrence desvelaban un descubrimiento sobrecogedor. La traducción de los signos junto a un preciso mapa desvelaba que el propio obelisco indicaba la posición del yacimiento originario del oro de los Rupa-Cacu. En opinión de sir Lawrence, los Rupa-Cacu, aún siendo notables en el manejo del pico y de la pala, como demuestran los pozos escavados de más de treinta metros de profundidad donde sepultaban a sus difuntos y a aquellos que tenían ya los días contados, aceptaban tan sólo el oro que el dios de la montaña manaba a través de sus ríos, considerando sacrilegio su explotación. Guardó siempre el señor Laurencio absoluto secreto sobre este descubrimiento hasta que tuvo convencimiento absoluto sobre la veracidad de las transcripciones de los signos y las palabras de sir Lawrence, que aseguraba haber visto chorros de oro fundido manar de la montaña. El señor Laurencio consiguió formar un equipo de científicos y emprendió camino hacia la más inaccesible altura de aquella cordillera infranqueable para llevar a cabo uno de los descubrimientos científicos más importantes de la historia de la humanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque la expedición fue un éxito, las penurias y fatalidades volvieron a ser pan de cada día en un viaje que se prolongó ocho meses más de la previsión inicial, que calculaba fueran tan sólo dos. Nueve científicos y doce porteadores contratados en un pueblo cercano, componían esta expedición equipada sin reparar en gastos financiada con la colaboración del ayuntamiento de Pardaldemoro. Esta aventura puso a prueba la capacidad del hombre para sobrevivir en un entorno salvaje donde los peligros se sucedían ininterrumpidamente. A los veinte días de expedición, cruzando entre denso follaje por una empinada cuesta, el guía autóctono que presidía la expedición pisó sin querer la cola a un león y éste le atacó con inusitada cólera delante de los científicos y arrastrando se lo llevó al interior de la jungla. A pesar del gran susto y consternación nada se podía hacer ya por la vida del guía, cuyos gritos se siguieron oyendo durante un rato. La consumada experiencia del señor Laurencio Puerco, junto con mapas y aparejos de que disponía le permitía orientarse con exactitud y continuar así con la expedición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ruta seguida, basada en optimistas conjeturas del señor Laurencio resultó ser de extrema dificultad y repleta de grandes peligros. Peñascos, acantilados y desfiladeros requirieron para ser superados colgamientos peligrosos, arriesgados balanceos y grandes esfuerzos, que no hacían sino motivar la obstinación del señor Laurencio, que alentaba a sus compañeros clamando la gloria e inmortalidad que alcanzarían con su descubrimiento. Había vendido su casa y todas sus pertenencias para sufragar parte del coste de la expedición y no estaba dispuesto a rendirse bajo ninguna circunstancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una semana después de iniciar el ascenso se perdieron parte de las provisiones y el botiquín junto con dos porteadores cuando cruzaban con sumo cuidado y agarrándose unos a otros un riachuelo. Aún lamentando la perdida, innecesaria y debida al ataque de pánico de un científico que empujó a los porteadores cuando la mierda de una gaviota le impactó en la cara, se decidió continuar con la expedición, considerando improbable ir en busca de los caídos, que se fueron con la corriente cayendo por una cascada de más de cien metros. Dos días después, una hiena, asomándose entre los matorrales mordió en la pantorrilla a otro sherpa, llevándose un buen trozo de carne. Entablillado y con unas muletas improvisadas pudo proseguir la marcha. Más adversidades se encontraban, más crecía el empeño y determinación del señor Laurencio Puerco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco después una serpiente venenosa mordió a dos científicos de la expedición, habiéndose de amputar la pierna a uno y al otro un moflete; las heridas fueron cauterizadas al fuego, sin ninguna anestesia. Comenzaba a desfallecer el entusiasmo de la comitiva y el agotamiento de los científicos llegaba a tal extremo que dos de ellos habían de ser transportados por los sherpas, circunstancia que propició que una mañana al despertar los sherpas hubieran desaparecido, llevándose buena parte de las provisiones. La pesadumbre cayó a plomo sobre el ánimo de los miembros de la expedición y decidieron acampar para descansar unas jornadas. Hubo de consentir el señor Laurencio a pesar del retraso acumulado por las diferentes causas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la copa de los árboles se reían los monos y una turbia niebla blanquecina rodeaba el ambiente cuando fueron atacados por sorpresa por una manada de gorilas furiosos y en extremo vigorosos que arrasó el campamento, ensañándose con los desvalidos y fatigados miembros de la expedición. Atacaron con una violencia desbocada, quedando los pocos supervivientes de la masacre desperdigados por la jungla. A pesar de todos los percances, el señor Laurencio Puerco continuó el azaroso viaje a la cima junto al científico de la pata coja, Pedro Cuenco, que sobrevivió milagrosamente a la persecución de un gorila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal como estaba descrito por su antepasado, allí se encontraba la llanura del Pomodoro, paraje de ensueño repleto de flores donde esbeltos alces y algunos borriquitos pacían tranquilos. Escarbaron la tierra durante semanas, pero no hallaron ni el más mínimo rastro minúsculo de una pepita de oro, toda la montaña era granito puro. Estaban a punto de desistir, tras rebuscar incansablemente por la ladera días enteros, cuando apareció ante sus ojos un hallazgo muchísimo más importante: un descendiente vivos de australopiteco, raza de homínido supuestamente extinta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El descubrimiento de una comunidad de seres protohumanos en nuestra era, iba a ser un suceso de crucial importancia y supondría la revisión completa de las teorías mantenidas hasta la fecha sobre el origen del hombre y el desarrollo de las civilizaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ejemplar de australopiteco fue capturado en ardua persecución por el señor Laurencio y Pedro Cuenco. Se trataba de un ejemplar macho de un humanoide notablemente más pequeño que el hombre actual que fue abatido de una certera pedrada del señor Cuenco. Podrían finalmente regresar victoriosos y alcanzar la notoriedad y el más alto reconocimiento a pesar de las adversidades sufridas, pero desgraciadamente, el australopiteco se dio a la fuga cuando ya divisaban el embarcadero, emprendiendo el regreso a la cima de la montaña encaramándose con sorprendente agilidad por las ramas de los árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A falta de pruebas tangibles y a pesar de las detalladas descripciones, la comunidad científica se mantiene escéptica y acusa de farsante al señor Puerco, que trabajando en el hospital “La Soledad” está ahorrando para subvencionar una nueva expedición. Yo ya le he dicho que puede contar conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De resultas de su azarosa vida y múltiples enfermedades y heridas sufridas a lo largo de sus viajes el doctor Laurencio veía afectada su salud por diferentes dolencias. Era una persona delgada y huesuda, de estatura mediana. Tenía algunas cicatrices en la cara y su nariz era deforme y retorcida, muy parecida a un buñuelo. Carecía de cejas y su cara, salvo la piel rugosa y negruzca que rodea sus ojos y pómulos, era tersa y estirada, desdibujando su semblante con una mueca extraña. Su ojo izquierdo quedaba estirado hacia la oreja, que parecía también se desplazaba, acercándose al ojo; en ese lado de la cara su boca mostraba siempre algunos dientes, deformado el labio con una cicatriz. Su voz se accionaba a través de un aparato que llevaba en el cuello confiriéndole un efecto eléctrico y vibrante. Solía llevar turbante y vestía con una larga túnica adquirida en alguno de sus muchos viajes.&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/624023179060811864/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/05/novela-humor-laurencio-puerco.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/624023179060811864'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/624023179060811864'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/05/novela-humor-laurencio-puerco.html' title='Capítulo XVIII'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-4320753437106806854</id><published>2011-03-22T18:22:00.000-07:00</published><updated>2012-02-09T06:24:26.768-08:00</updated><title type='text'>Capítulo XVII</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;La enorme corpulencia del Obispo rebosaba en el negro sofá ocultándolo completamente con su capa carmesí. Recién concluida la sesión de gabinete, había aún barullo en la sala, pero él parecía dormir, o al menos tenía los ojos cerrados, su respiración era sonora y emitía algunos ronquidos. Estaba tocado con una réplica exacta en cartón de la caperuza del Arzobispo de Estocolmo y de su cuello colgaba un crucifijo de tamaño desmesurado, obviamente más adecuado para estar colgando de una pared, pero que no desentonaba en exceso dado el tamaño y grosor del Obispo Juana Mari. Unas pequeñas gafas redondas apretujándole la nariz apenas se dejaban ver en su cara oronda y mofletuda. Aún siendo bastante imberbe, con unas briznas de barba rala componía una especie de perilla, dándole un cierto aspecto de chino. Su expresión era plácida, tanto como si estuviera tumbado en la hamaca de una playa del Caribe.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Discúlpeme Su Ilustrísima Santidad —le dije con suavidad poniendo una mano sobre su hombro—. A estas horas ya deben de haber sacado al inspector del quirófano. ¿Tendría la amabilidad de acompañarme? Podría ser requerida su presencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Claro que si hijo —me respondió el Obispo tras un intenso parpadeo de sus ojos—. Ya sabes que aunque no sea muy católico le tengo al inspector sincero aprecio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Es por eso por lo que quisiera viniese usted, pues habiendo empeorado tanto su salud próximo es el momento de la extremaunción. No quisiera tener que ver que en su muerte cargue con el peso de sus pecados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Dios lo impida y le haga ver con su luz el camino de la verdad, que no es persona que merezca ir al infierno.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Yo vendré con ustedes —dijo el osteópata Laurencio Puerco, miembro del gabinete—. Hace tiempo que no le veo y quería saber que tal se encuentra del esguince del hombro. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Pues no sé si querrá verte —le dije al doctor Laurencio—. Estuvo más de dos horas maldiciéndote a ti y a toda tu estirpe y me parece que aún persiste el dolor. Espérese a mejor momento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Es muy posible que no haya otro momento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Eso es verdad. Está bien, tienes razón —dije tras cavilar brevemente—; tal vez sea buen momento para manifestarle tu apoyo; pero no quiero la más mínima discusión o enfrentamiento con él. El inspector está muy irritable. Pídale disculpas y nada más. Si ha de ser así puedes venir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;—Por supuesto —dijo el señor Laurencio—. Ya sabes que no quise hacerle daño y que me sentí muy mal. Le pediré disculpas aunque la culpa en realidad fue suya.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;El señor Laurencio además de ser un expedicionario consumado y paleontólogo mundialmente reconocido era un osteópata que disfrutaba de un alto reconocimiento dentro del hospital. Nadie dudaba de su profesionalidad y eran muy infrecuentes las quejas sobre sus tratamientos. Para justo reconocimiento y consideración de su valía repasaremos la rama genealógica de su singular linaje con los acontecimientos históricos vinculados a las gestas de sus heroicos antepasados. El doctor Laurencio es un eufórico del estudio de la historia y viajero empedernido que narra con asiduidad relatos de la historia o sus propias aventuras. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Recopilando datos de diferentes fragmentos por el doctor Laurencio en diversas ocasiones relatados, he compuesto este resumen sobre las singulares hazañas de sus antepasados para dar constancia de las ilustres personas de quien desciende. Permítanme esta breve digresión que no hará sino aportar a este relato una dimensión histórica y una grandilocuencia pocas veces antes relatada. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;Sentado en un taburete enfrente de un grupo de psicóticos y parte del personal médico el doctor Laurencio Puerco relataba sus historias escenificando las diferentes situaciones con mucho empeño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/05/novela-humor-laurencio-puerco.html&quot;&gt;Capítulo siguiente&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/02/bienvenidos.html&quot;&gt;Índice&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/4320753437106806854/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/03/novela-humor-capitulo-xvii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4320753437106806854'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4320753437106806854'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/03/novela-humor-capitulo-xvii.html' title='Capítulo XVII'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-3657743470203518342</id><published>2011-03-13T06:29:00.000-07:00</published><updated>2012-02-10T07:20:41.454-08:00</updated><title type='text'>Un chiste</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-family: georgia; &quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-family: georgia; &quot;&gt;No tengo por costumbre escribir chistes, pues yo solo escribo ideas surgidas de mi inventiva. Mis relatos de humor no se parecen nada a un chiste, como se puede fácilmente comprobar si tiene usted a bien dedicarles un poco de su tiempo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Este chiste me lo contó un amigo:&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En unas maniobras del ejército la tropa se encontró que debido a las lluvias de los últimos días el torrente que debían cruzar aparentaba bastante lleno de agua. A la vista de esta situación el cabo Mitao ordenó con un grito a los soldados de infantería que formaran en columna de tres. Como eran cuatro se dirigió enfurecido al que había quedado indeciso y agarrándolo por la solapa le dio dos tortas en la cabeza.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;—¿Es que no entiendes lo que te he dicho? Serás subnormal. Escuchame bien. Por este riachuelo tienen que pasar veinte tanques. Comprueba, sin ningún genero de duda, que la profundidad es adecuada para que puedan pasar.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Una columna de humo se acercaba recorriendo las áridas llanuras cuando regresó el soldado. El cabo Mitao se lo quedó mirando extrañado, pues pensando que le había hecho una judiada le sorprendió verlo impecablemente limpio.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;—Señor, la profundidad es mínima, no puede haber inconveniente para que puedan pasar los tanques.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;—Buen trabajo, regresa a tu puesto.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Llegaba entonces con marcial pose sobre el tanque el capitán Mongolmeri, de la coalición extranjera, y fue informado de que ya habían sido hechas las necesarias comprobaciones del terreno. &lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El convoy se puso en marcha tras el gesto del capitán y en tropel se adentraron los tanques en el riachuelo como una manada de bueyes sedientos, quedando en breves momento completamente sumergidos. El capitán Mongolmeri se afanaba en escapar seguido por la tropa chapoteando entre el lodo y los juncos.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El cabo Mitao, patidifuso ante semejante catástrofe, fue en busca del soldado que le había informado, que en aquellos momentos estaba acuclillado pinchando una mierda con un palo. Alertados por unos gritos y amenazas de muerte al girar la cabeza pudo ver al cabo Mitao corriendo hacia él haciendo aspavientos. Saltaba el cabo Mitao por encima de los matorrales igual que un búfalo desbocado. Al llegar junto a él le preguntó furioso:&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;—¿No me habías dicho que los tanques podían pasar? ¡Se han hundido todos!&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;—Estoy desolado —contestó el soldado— y la verdad es que no lo entiendo. Antes he visto como cruzaba un pato y el agua no le llegaba ni a la mitad.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Fin&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Otro día es contaré la verdadera historia del cabo Mitao, y quiero decir verdadera de verdad. Es una historia muy graciosa que le ocurrió a mi hermano haciendo la mili.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Saludo y gracias a todos.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/3657743470203518342/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/03/un-chiste.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/3657743470203518342'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/3657743470203518342'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/03/un-chiste.html' title='Un chiste'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-4923803782409171617</id><published>2011-02-04T03:20:00.000-08:00</published><updated>2012-02-10T07:24:50.515-08:00</updated><title type='text'>El calefactor doméstico serie 1000</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Les presento el nuevo modelo de calefactor doméstico serie 1000 que habrán de proponer a nuestros clientes. Es una mejora de nuestro modelo anterior, el malogrado Fogata Boom, cuya diferencia más significativa es la incorporación de estos tres botones de colores que al pulsarse se iluminan. No sirven absolutamente para nada, pero ya saben ustedes: tres botones venden más que dos. Cuatro es lo idóneo, y así, con este termostato regulable, que es tan solo una rueda y que tampoco sirve para nada, el usuario se siente manipulando un electrodoméstico de ingeniería avanzada. Esta maravilla del diseño se venderá como rosquillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El truco de los botones que no sirven para nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En la práctica no, pero se han diseñado unos símbolos, una casa ardiendo, un torpedo, y una rana, que según los expertos sugestionan positivamente al usuario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Se reirán de nosotros. Perdone, no se ofenda, pero lo de la rana es chistoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿La rana? Pero si es muy buena idea, e induce a la sensación de un incipiente calor primaveral. Obviamente el calefactor opera de la misma manera, pero el cliente no lo sabe. Además si hay incidencia el usuario pensará que fue por inadvertencia suya, de tener pulsado el botón de la casa en llamas o el del torpedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eso es muy sensato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ante la mínima objeción enseñen estos documentos falsos y estas anotaciones de pedidos ficticios, con los que convencerán de la buena marcha del producto incluso al comerciante más remiso. Está todo perfectamente estudiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La pera limonera. Supongo habrán solventado los problemas de sobrecalentamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues..., no. Indefectiblemente, al igual que en el modelo anterior, al enchufarse el calefactor se incendia y explota en menos de cinco minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué desastre!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vender nunca es tarea fácil. Si algún comerciante estuviera advertido y se mostrara reacio a aceptar el producto, se le comentará la opción de no decir nada sobre este pequeño defecto bajo compensación de un suculento plus según las ventas, que como siempre no se hará efectivo. Ya han sido cambiados los datos de la empresa por lo que no hay que preocuparse de que se recele debido a anteriores encargos. Cambiaran sus hojas de ruta para no ser reconocidos. Creo que esto es todo. ¿Alguna pregunta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué es esta pera de goma que tiene encima?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Buena observación, se trata de otra argucia de nuestros ingenieros de producción. Como ustedes sabrán, se consideraba el no funcionamiento del ventilador el defecto del Fogata Boom, por lo que se ahorró este coste en la fabricación del serie 1000. Para evitar quejas ha sido ideada la colocación de esta pera ergonómica para que el cliente mismo pueda crear las tan agradables corrientes de aire en la medida de su gusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Fantástico invento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo es, créame, con solo darle a la pera ya se entra en calor. En la actualidad se está proyectando el calefactor serie Gym con peras a ambos lados. El ejercicio consiste en darle a la pera suficiente para evitar que el calefactor se prenda fuego y explote. Un pitido irá avisando del peligro. El ejercicio está asegurado. Pero bueno, no vendamos la piel del oso antes de haberlo cazado. ¡A la calle todo el mundo! Se han abaratado tanto los costes del serie 1000 que cada uno de ustedes se llevará tres de las antiguas pesetas por producto vendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mañana es fiesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/4923803782409171617/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/02/el-calefactor-domestico-serie1000.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4923803782409171617'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4923803782409171617'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/02/el-calefactor-domestico-serie1000.html' title='El calefactor doméstico serie 1000'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-2348422950966166813</id><published>2011-02-03T00:59:00.000-08:00</published><updated>2012-02-10T07:24:50.515-08:00</updated><title type='text'>La gallina espacial</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;A cien mil billones de años luz en el espacio sideral en la cabina de control de la nave intergaláctica Platanus una interferencia trasmite la canción del carro de Manuel Escobar a todos los miembros de la tripulación a través del dispositivo auricular. Según el procedimiento el experimento de la gallina debe realizarse en breves momentos, por lo que el capitán jefe de la tropa adjunta berrea con desafuero diversas blasfemias a dos dedos de la cara del técnico encargado. No es la primera vez que pasa y no se encuentra solución para que dicho efecto no alcance los auriculares que la gallina lleva incorporados al casco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos dirigimos a otro punto de la nave, donde los oficiales T2 y T9 ejecutarán los procedimientos del experimento. Ambos oficiales son la élite de su promoción, fueron castrados, extirpados del lóbulo occipital, y amputados de ambas piernas para maximizar su rendimiento en el programa de experimentos espaciales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La gallina ya está dispuesta para salir del módulo. El dispositivo me indica una leve alteración de su ritmo cardíaco. Tal vez sea un problema con la escafandra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Negativo. La escafandra está comprobada. Permiso para abrir la compuerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Concedido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puede evitar un cacareo la gallina al verse empujada hacia el espacio exterior y dando vueltas sobre si misma se aleja de la nave. Se abre el compartimento de las excreciones del traje para que la gallina pueda depositar las heces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Activar estabilizador. Las cotas de tensión nerviosa siguen aumentando. Hay algo que falla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estabilizador activado. Las señales auditivas indican un constante cacareo. Problema tal vez relacionado con la interferencia. Apagado el intercomunicador de la escafandra de la gallina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Alarma, Alarma, los sensores indican que la gallina está a punto de poner un huevo. Preparen la canasta interestelar. Evacuen compartimento de las excreciones.&lt;br /&gt;—Iniciando procedimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el traje aeroespacial de la gallina se activa el proceso de liberación de las excreciones y el posterior lavado del compartimento, por donde saldrá el huevo al espacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Horror, los excrementos se dirigen hacia la nave. Activar llamaradas. Demasiado tarde. Impacto recibido en la cabina de mando. Visibilidad difusa. Notable esparcimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro lado de la nave el capitán jefe de la tropa adjunta mira atónito el pésimo efecto de los limpia parabrisas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Falsa alarma, la gallina no ha puesto un huevo, sino otra notable cantidad de excreciones. Propongo analizar el contenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Propuesta aceptada. Inicie. Suelten alpiste al espacio. Evaluemos indices de reacción de la gallina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gallina hace tres días que no come, e intenta picotear el alpiste imposibilitada por la escafandra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Recepción de datos considera información muy interesante. El experimento se ha considerado un éxito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche, en la cabina de mandos, todos los miembros de la tripulación cenaron pollo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;p style=&quot;margin-top: 0.42cm; margin-bottom: 0cm&quot;&gt;&lt;span &gt;Este entretenimiento, que espero no haya provocado excesivo malestar, se añadirá a mi lista de relatos de humor y sin duda será incluido en la próxima edición de un ebook que pondré disposición del lector, ya sea gratis, o con un precio mínimo, que esta es la gran ventaja de este formato.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0.42cm; margin-bottom: 0cm&quot;&gt;&lt;span &gt;Saludos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;margin-top: 0.42cm; margin-bottom: 0cm&quot;&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/2348422950966166813/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/02/la-gallina-espacial.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/2348422950966166813'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/2348422950966166813'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/02/la-gallina-espacial.html' title='La gallina espacial'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-5882821557881773214</id><published>2010-12-30T07:09:00.000-08:00</published><updated>2012-05-02T10:05:42.472-07:00</updated><title type='text'>Los caballeros de la mesa camilla</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;i&gt;Dedicado a Blanca Miosi&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;En el periodo más oscuro, pobre y macilento de la Edad Media, en la llanura central de Catapof, se forjó una leyenda. Una persona, un guerrero, un líder sobresaliente aclamado por la gente llegó a acaparar toda conversación más allá de las fronteras del reino. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Quien hubiera tenido oportunidad de conocer a Igner de La Cloaca no dudaría en calificar su aspecto de imponente. En sus facciones se percibía el carácter impetuoso y expeditivo de una persona temeraria. Su trato era afable y muy dado al contacto físico, algo no muy bien visto en la corte, abrazando con efusión y dando notables manotazos, sino agarrando por el cuello, a sus recién conocidos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Cierto es que la maledicencia pueblerina difundía falsedades por puro anhelo de hacer burla y reír. Decían las gentes que su aliento era mortal, y que no era de pasión que las doncellas se desmayaban en su presencia. Se rumoreaba que nunca en la vida se había pasado por agua, que le crecían setas en el sobaco y que una lagartija vivía entre sus nalgas, alimentándose de los bichos que poblaban su cuerpo. Se contaba también que una vez mató a un contrincante de un escupitajo en un ojo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;En combate a toda ultranza con el Marqués del Rabanito, en las justas organizadas para los esponsales del príncipe heredero, Peponio II, hijo de Clotildo IV, Igner de La Cloaca, tras acumular una notable cantidad de mucosidad en la boca, lanzó una generoso gapo a la cara de su oponente, que no es cierto que murió, aunque sí que tuvieron que extraerle el ojo, pues comenzó a hincharse de forma alarmante. El pobre Marqués gritaba que por favor se lo sacasen que no podía soportar más el dolor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Igner de la Cloaca fue elegido campeón del torneo y se le hicieron los honores frente al Rey, quien posteriormente lo hizo venir a su presencia para decirle:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Por la virtud, inusitada en mortal, que en ti tengo conocida y admirado por las gestas de perpetuo recuerdo que ensalzan el honor y renombre de tu persona y familia, me complace someter mis esperanzas de recuperación al buen término de la misión que solo puede ser encomendada al más sagaz. Gustaría te fuera grato atender la voluntad de tu rey y estar dispuesto a enfrentarte al reto que habrá de aumentar la gloria de tu virtud y la fe cristiana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Disculpad, Majestad, pero no sé bien qué me quiere decir —dijo Igner de La Cloaca, que acompañó su genuflexión con un pavoroso estruendo totalmente involuntario que aromatizó la estancia con una peste insoportable.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Se acercó entonces el cardenal Peperoni Boñigui, emisario de la Santa Sede y consejero del Rey, y frente a Igner, que se hurgaba la nariz, dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Hijo, tu misión es la de conseguir de un curandero el remedio a la enfermedad del Rey. En algún lugar de las montañas se esconde, es huraño y reservado, pero ya tiene conocimiento de la enfermedad y de su cura. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;“Unos años atrás, sufriendo Nuestra Majestad los primeros síntomas de un deshinchado anormal de la nalga izquierda, y comprobando cada mañana al despertar el avance de la enfermedad, con una comitiva se adentró en el bosque en busca de un curandero del que había oído hablar, pues ningún médico de la corte dio remedio efectivo a este mal. Unas dolorosas inyecciones de grasa de burro mitigaban el aspecto, pero no la atrofia provocada por la pérdida de masa muscular.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;“En un claro del bosque se les apareció el curandero con un remedio de su invención, pues sabía de la visita del Rey y el motivo de ésta. Rápidamente fue apresado y desde entones, en una de las celdas de palacio, ha sido obligado a fabricar la pócima. Hace tres días que se ha escapado y el Rey vuelve a manifestar los síntomas de su dolencia.”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Para mayor constatación y espanto el rey hizo oportuna muestra de su afección, inclinándose y levantando su capa con majestuoso gesto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Súbdito desleal, ya le enseñaré la sumisión que le debe a su señor —gritó Igner desenvainando la espada y haciendo unos aspavientos que asustaron notablemente al cardenal, que vio pasar el filo de la espada muy cerca de su barriga—. Por mis huevos que le haré pagar bien cara esta villanía. Se lo traeré a trocitos metido en una cesta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Disculpa, pero no es ésta la idea. Debes traerlo vivo para que pueda seguir preparando la poción.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Entiendo. Me llevaré la porra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Recuerda, nadie debe saber nada. Recurrir a los servicios de un curandero es herejía y pondrías al Rey y a mí en una situación delicada. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Aquella noche, en la cabaña de Igner de La Cloaca, se reunieron con él dos grandes guerreros con sangre de noble estirpe, que tras la estela de su sin igual resplandor formaron la fulgurante constelación que desde entonces guía los designios del espíritu humano. La incandescencia de unas brasas templaron las pantorrillas de quienes crearon el vínculo de lealtad que con el tiempo se daría a llamar “Los caballeros de la mesa camilla”. No tan conocidos como sus coetáneos “Los caballeros de la mesa redonda” fueron también ejemplo inspirador y muy admirados entre las gentes de la época. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Sooooo —gritó Urgl al borrico, pero este no le hizo mucho caso y se metió entre los matorrales.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Yo te ayudaré —dijo Esmit, y saltando se agarró a la grupa del borrico, viéndose arrastrado por una zarza y golpeado en la espalda con una chumbera. Coceaba el borrico con denuedo rebuznando intensamente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Para evitar problemas como éste, Urgl, llevaba agarrada al cuello de la bestia un garfio de tres puntas y lo lanzó contra un árbol. Al tensarse la cuerda se encabritó el borrico y ambos guerreros cayeron al suelo, recibiendo numerosas coces y pisotones.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Algo tendremos que hacer con este mal nacido, no hay forma de que obedezca —dijo Esmit escupiendo sangre y lamentándose del dolor en la cara.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Todo lo que he probado ha resultado peor. Lo único que funciona es atarle las patas y cargarlo encima.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Podrías subirlo en una carreta y tirar de ella.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—No lo había pensado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Una vez en pie y andando hacia el borrico con cierta parsimonia, vieron como este emprendía de nuevo una alocada huida. Apenas se habían girado los dos para observar el origen de esta inconveniencia, cuando el garfio enganchó a Esmit por los pies y se lo llevó arrastrando hacia el pinar. Intentaba agarrarse al suelo el bravo guerrero mientras gritaba como un poseso. Urgl corría presuroso detrás de su compañero viendo con espanto los golpes y torceduras que se daba contra los árboles, y su cara de angustia y dolor, que parecía estar rezando a la virgen. Un buen trecho recorrió hasta que consiguió liberar un pie y frenar súbitamente la atropellada carrera golpeando en un árbol con la entrepierna. Un estremecedor alarido resonó en las montañas atemorizando a los lugareños en kilómetros alrededor.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Urgl agarró la cuerda y destrozó un pedrusco enorme sobre la cabeza del borrico, que cayó patitieso con el hocico bien abierto. De un solo tirón extrajo Urgl el ancla. Esmit se desmayó tras manifestar un gemido de dolor intenso. Tenía la cara repleta de arañazos y magulladuras por todo el cuerpo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;En ese momento apareció Igner de la Cloaca, el magnífico, el peleón, que se había subido a un árbol para explorar los alrededores. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—No puedo dejaros solos ni un momento. ¿Será posible que en cualquier momento que me despisto hacéis una trastada?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Por su indumentaria se podía ver que se trataba de un gran guerrero. La cacerola de la cabeza, sin ser muy cómoda e impedirle una buena visión, era muy resistente, y las dos asas eran óptimas para colgar de ellas la longaniza y la botifarra. La chaqueta de piel de culo de cerdo estaba repleta de remiendos de todo tipo, proliferando en exceso los de piel de rata, que con cola y cabeza asemejaba un tumulto de éstas en ansiosa vorágine. Dos gallinas deshuesadas adornaban con sus plumas los hombros, colgando sobre el pecho sus decorativas cabezas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Confirmado. Nos hemos perdido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Ya te decía yo que no podía ser que el perro supiera el camino —dijo Urgl, que intentaba auscultar el corazón de Esmit—. Siendo tan solo una cría mestiza del perro que trajo el brujo, no sé yo cómo iba a saber el camino.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—No me discutas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Si yo no discuto. Y por cierto, ¿ha aparecido el perro?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Guarda tu cinismo para platicar con la burra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—¡Mirad allí! —gritó de forma sorpresiva Esmit levantando la cabeza y señalando con el dedo—. ¡El curandero está allí!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Al girarse ambos guerreros pudieron ver con claridad que adonde señalaba Esmit había una cabra. Al volver sus miradas hacia Esmit, Igner dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Qué dices, mamarracho, si es una cabra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Sí, ya veo que allí hay una cabra. Pero yo no digo allí, sino allá —dijo Esmit señalando hacia otro lado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Allí donde señaló podíase ver con claridad que estaba el burro, aparentemente muerto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Allí está el burro —dijo Igner.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Yo digo más lejos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Urgl e Igner forzaban la vista para escrutar la pedregosa ladera que se extendía en aquella dirección.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—¿Más lejos que aquel pino que sobresale?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Sí, más lejos. Allí en el cielo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Con dificultad en la lejanía podía detectarse la minúscula silueta de un pájaro volando, posiblemente un aguilucho.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;En ese instante, mientras Igner consideraba la posibilidad de que aquello fuera el curandero, unos gritos de auxilio llamaron la atención de los formidables caballeros. De repente salió un individuo de detrás de un árbol y cayó frente a Igner completamente exhausto. Igner lo observó con desconfianza y repasó mentalmente la descripción del curandero. Una argolla metálica en el cuello con dos remaches y otra en los pies con tres palmos de cadena enganchada. Rapado al cero, con heridas y chichones en la cabeza. Un tajo en el moflete. En el momento de la huida se llevó una manta gruesa de lana color marrón. El individuo no llevaba ninguna manta. Esto hizo dudar a Igner y mientras cavilaba apareció en el claro del bosque un oso furioso de casi tres metros de alto. La cabeza del oso no la podrían abarcar dos personas con los brazos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;El primero en darse a la fuga fue el burro, reaccionando con inusitada presteza, pero para su desgracia el garfio había encallado en una raíz y todo esfuerzo resultaba baldío. También Esmit reaccionó con rapidez y corriendo despavorido se subió encima del burro, al que sacudía unos buenos azotes e intentaba incentivar al galope sin ningún efecto. El oso, claro, se quedó unos momentos dubitativo pero no tardó en abalanzarse sobre Igner, dándole el tiempo justo para desenvainar su espada y seccionar el cráneo del oso con un certero golpe. Aquella noche cenaron chuletón de oso a la brasa con el curandero.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Dime, lacayo ingrato, esta medicina tuya, ¿puede curar cualquier enfermedad? —preguntó Igner.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—¿Qué medicina?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—La medicina que es capaz de retornar a su natural turgencia la nalga del Rey.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Yo no sé nada de medicinas —dijo el curandero atemorizado. Apenas podía pronunciar correctamente de puro miedo a ser devuelto a su miserable celda. Miraba los rostros de aquellos guerreros curtidos devorando la carne frente al fuego. Aquella mirada escrutadora y fija, sin pestañeo ninguno, del que llamaban Igner, a quien nunca había oído nombrar. La quemadura de su rostro le llamó mucho la atención. No sabía el curandero que fue por culpa de una tortilla que Igner se lanzó a la cara con intención de darle la vuelta, y apreció por este signo una notable fortaleza de carácter. Se fijó entonces en la espada de Igner de La Cloaca. Forjada con sus propias manos fueron necesarios los filos de cinco espadas, para crear la que fue la espada más pesada de toda la Edad Media. Era tan pesada que con ella Igner apenas podía pegar dos golpes, y quedaba desriñonado al cargar con ella por una pendiente. La llevaba colgada a la espalda, lo que exigía quitársela para sentarse. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Yo solo soy un humilde campesino que había salido a buscar setas. Quería, de paso, llevarle un tarro de alubias blancas a mi prima. De camino fui apresado y llevado frente al Rey, que en la misma carroza se comió las alubias, y parece ser que le gustaron tanto que me tenía encerrado en los calabozos para preparárselas cuando se les antojaban. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Pues tus alubias son remedio para la dolencia de nuestro rey.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Pues es raro. Yo las hago fuertes de picante. Tal vez eso...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Se fijó entonces el curandero en el ansia descontrolada de Esmit al comer. Le vio en un momento ingerir casi sin masticar dos gruesos filetes. Urgl torraba la carne.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Seas brujo o no espero te esmeres en tu cometido de obedecer la voluntad de tu rey, al que recomendaré que te mantenga con media rebanada de pan diaria mientras vivas —dijo Igner de La Cloaca. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Al oír estas palabras no tardó mucho el curandero en salir corriendo como un rayo y adentrarse en el espeso bosque. Igner se quedó atónito pues había ordenado fuera atado por los pies.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Esmit, ¿no te había dicho yo que atases al curandero por los pies?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Sí, y así lo hice. Utilicé una hoja de lechuga.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—¿Una hoja de lechuga? ¿No tenias nada más resistente que una hoja de lechuga?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Esmit no contestó y se puso a hacer complicados cálculos numéricos ayudándose con los dedos. No tardó en  salir corriendo hacia el bosque con cara de susto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Este chuletón está estupendo —dijo Urgl—. Creo que es la mejor carne que he comido nunca. A las patatas todavía les falta un poco.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Sí que está buena. Espero que no se le escape a Esmit ese desgraciado. Nadie como Esmit para seguir un rastro de noche en un bosque cerrado como éste. Nunca he puesto en duda su valentía pero me ha sorprendido que con tanto brío saliera a enmendar su error; un error que le podría ocurrir a cualquiera. Comamos y celebremos esta gran hazaña, que matar un oso como este no es algo que se haga todos los días.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Con la luna llena en el firmamento comían los magníficos caballeros entre tragos de vino jugosa carne, patatas asadas y setas, que cogió Urgl por los alrededores. No tardó en regresar Esmit volviendo a sentarse en su sitio sin mediar palabra. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—¿Y el curandero? —preguntó Igner de La Cloaca.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Se ha ido corriendo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Eso ya le he visto. Pensaba que habías ido tras él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—No, a mí me ha dado un retortijón y he tenido que salir disparado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;A la mañana siguiente, cuando la gallina que llevaba Urgl en una cesta anticipó el nuevo día, se congregaron en una reunión de los caballeros de la mesa camilla, e Igner les dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;—Yo mismo prepararé las alubias picantes que habrán de sanar al Rey.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Toda la corte estaba reunida en palacio para presenciar el momento en que el legendario caballero ofrecería al rey la pócima que pondría remedio a su dolencia. La expectación fue completa cuando al abrirse las puertas de palacio apareció Igner de La Cloaca, con un séquito de monjes y clérigos que habían bendecido la poción.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Esa mañana Igner había estado preparando las alubias procurando que el resultado fuera muy picante. Al menos veinte pimientos rojos picantes, otro tanto de verdes, paprika y guindillas secas a puñados, ajo y pimienta a matar. Todo bien troceado en abundante aceite. A esta cocción le añadió cuatro alubias. Solo con chuparse el dedo Igner sintió un fuerte ardor que se extendía por la garganta. Muy satisfecho con el resultado cogió a Esmit por el cuello y le metió una cucharada en la boca. No tardaron mucho en brotar de sus ojos sendas lagrimas y no había agua capaz de apaciguar la brasa incandescente que parecía tener en la boca. Igner muy contento fue a llevarle la poción al Rey.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Clotildo IV, agonizaba ya en los estertores de la muerte soportando una acuciante artritis y tembleque. Con sus escasas fuerza extendió sus trémulos brazos para alcanzar la cazuela que Igner de La Cloaca, el paladín de la causa cristiana, tendía hacia él. Anhelaba el rey ese cáliz, y en el depositaba su fe. Agarró la cazuela y de un solo trago se metió por el gaznate la sopa explosiva.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;La muerte fue casi instantánea. Apenas un ahogado alarido de dolor gritado al cielo, y tal vez sí, una última mirada de reproche antes de convulsionar su enrojecida faz y caer rígido con una expresión de pánico. La guardia del rey cercó a Igner con las lanzas dispuestos a darle muerte. Viéndose en un aprieto, Igner de La Cloaca, zarandeó un poco al Rey y le dio dos buenos puñetazos en el estómago, consiguiendo que el Rey regurgitara gran parte de la sopa y comenzara a solicitar con vehemencia agua. Igner de La Cloaca, con cierta teatralidad, comunicó a todos que el Rey estaba bien.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Peponio II, en nombre de su padre, que ya no se quejaba más de la nalga pero que había quedado convaleciente, manifestó públicamente su gratitud ofreciéndole el ducado de Villa Lentejas y la mano de su sobrina, pero era tal la generosidad de Igner que ofreció el ducado a Esmit y a Urgl la mano de la sobrina.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Fin&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/5882821557881773214/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/12/los-caballeros-de-la-mesa-camilla.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/5882821557881773214'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/5882821557881773214'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/12/los-caballeros-de-la-mesa-camilla.html' title='Los caballeros de la mesa camilla'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-4178453077037787799</id><published>2010-12-23T02:42:00.000-08:00</published><updated>2012-02-10T07:24:50.517-08:00</updated><title type='text'>El viejo lobo de mar</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Eran las tres de la mañana cuando el viejo lobo de mar tomaba la última copa. Escondido tras un halo de tiniebla, sentado en la barra, hacía equilibrios sobre el taburete en un estado de embriaguez cercano a la muerte. Ningún pensamiento cruzaba por su cabeza, solo el leve balanceo de la barca una mañana tranquila, esperando absorto con la caña en la mano alguna leve sensación. Ahora me parece que pican, pensó. De repente abrió un ojo y se encontró tumbado boca abajo en el sofá de su casa. Alguien estaba llamando a la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Buenos días, don Manuel. Venía a decirle que no saldré a pescar con usted, mi madre opina que hace mala mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordó entonces, el viejo lobo de mar, al joven que tenía en frente. Le vino a la memoria la amena conversación que habían tenido por la noche. Hablaron de la pesca y de los peligros del mar. Le contó aquella vez que con la potera pescó una sepia de un kilo y medio: un ejemplar extraordinario que causó admiración en todo el pueblo. Sus manos terminaron sangrando cuando consiguió sacar del agua a aquel monstruo de las profundidades. También le habló del extremadamente peligroso pez araña, pues con las púas de sus aletas provoca tal tremendo escozor que hay quien se ha cortado la mano al no poder soportar el dolor. Pero él, el viejo lobo de mar, estaba inmunizado y podía cogerlas sin ningún temor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el portal de la casa posó su mano sobre los ojos y observó el horizonte. A su lado apareció su gato, Esparrai, que con un pescado en la boca se asomaba para echar un vistazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué va a saber tu madre cuándo se cogen buenos pescados! Hoy es un día estupendo. Ve a decirle a tu madre que saldremos a pescar y que no se preocupe, ¡que vas con don Manuel!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No hace falta. Tenía que salir y ya no estará en casa. La verdad es que no me gustaría desobedecerla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tu no te preocupes que ya hablaré con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cruzando dos calles llegaron al puerto, y en un momento al pantalán, donde el viejo lobo de mar tenía el amarre. Alejandro se quedó un tanto desconcertado al ver el minúsculo tamaño de la barca. Cuando hablaron ayer en ningún momento se hizo mención de que el barco con el que sorteaba el viejo lobo de mar los peligros de la navegación se trataba de un diminuto cascarón que parecía más bien adecuado para pasearse por el parque del retiro. Era, con diferencia, la barca más pequeña de todo el puerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en la barca y tras comprobar agarrados el uno al otro que aquello se movía mucho, no tardó Alejandro en percibir el hedor a pescado putrefacto que manaba de la barca igual que de un vertedero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Dios mío, ¿qué es esta peste?!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No pasa nada, dentro de un rato no te darás cuenta. Lo peor para pescar es el olor a limpio. Anda, ven aquí a arrancar el motor que yo tengo artritis. Estira fuerte que a veces le cuesta.&lt;br /&gt;Con bastante cautela se acercó Alejandro y adoptó una posición bastante correcta para arrancar el motor. Se trataba de un fuera borda de trece caballos de la casa Fanlee, una reliquia de más de treinta años. Agarrado a un palo estaba el cordón que debía estirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parecía que, en el primer intento, hizo mínima mención el motor de querer arrancar, cosa que no pasó con los siguientes, a pesar de lo desaforados esfuerzos de Alejandro, que al limite de sus fuerza estiraba como un poseso sin el menor resultado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Está seguro de que tiene gasolina?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo he comprobado. Sí que es raro que le cueste tanto. Huy, perdona, se me había olvidado ponerlo en on. Es esta palanquita roja. Prueba ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reaccionó enseguida el motor con un estrépito semejante a un tractor, levantando una humareda espeluznante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Soltad amarras! —gritó el viejo lobo de mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la escollera sobresalía intermitente el impacto de las olas y una intensa brisa marina refrescaba sus caras. Al salir del puerto el mar encrespado azotaba la barca provocando un incesante vaivén en toda dirección y una navegación a duras penas sostenible zozobrando en contra de las olas. Alejandro, a popa, agarrado como una anémona, rebotaba sobre las tablas mirando de vez en cuando al viejo lobo de mar, que parecía contento. La situación empeoraba a medida que se alejaban de la costa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tranquilo, grumete —gritó el viejo lobo de mar para que su voz sobresaliera por encima del estruendo del motor—. Levanta esta tabla y te podrás sentar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con mucho apuro y cuidado, Alejandro, recogió los pies lo suficiente para levantar la madera que le permitiría sentarse más cómodo, pero al introducir los pies asomó por el compartimento una enorme rata de repugnante aspecto. Mostraba sus fauces  serpenteando la lengua como un gusano. Alejandro se lanzó al mar por puro acto reflejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué haces, loco? Pero si solo es una rata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciendo esto, el viejo lobo de mar, cogió la rata por el pescuezo y la lanzó al agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandro que agonizaba en el mar embravecido chapoteando intensamente vió venir la rata hacia él y estuvo un buen rato esquivando a la rata nadando de un lado a otro; pero la rata se le subía por encima con cierta insistencia. Al limite de sus fuerzas consiguió finalmente encaramarse a la barca mientras el viejo lobo de mar, a golpe de remo, ahuyentaba la rata. De resultas de este lance recibió el pobre Alejandro un fuerte golpe en la cabeza que le abrió una brecha en la frente y lo dejó medio atontado durante un rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si no le importa, don Manuel, ¿podríamos dejarlo por hoy?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué dices, muchacho? Pero si casi hemos llegado. Iremos a una pesquera que yo conozco por aquí. Si pillamos la roca nos vamos a cansar de sacar pescado. Ponte esta chaqueta, no te vayas a resfriar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco después pararon la barca. El oleaje no parecía remitir y en lontananza la oscuridad era creciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Después pegará el embat y tendremos un poco de calma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que Alejandro hubiera terminado de ensartar calmar en los anzuelos, el viejo lobo de mar, ya había tocado fondo con el plomo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aquí pican —dijo el viejo lobo de mar poco después—. ¡Lo tengo! !Es muy grande! ¡Estira como un demonio! ¡Tiene que ser un dentón!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía rodar el carrete con visible apuro exclamando a voz en grito notables improperios y blasfemias. La caña se doblegaba y estiraba como loco el viejo lobo de mar zarandeando la barca con unas sacudidas de espanto. Aguantó como pudo y tras una lucha intensa sacó del agua una araña de más de medio kilo, un enorme pescado de casi dos palmos. Era la araña más grande que había visto nunca el viejo lobo de mar. Estiró con fuerza la caña haciendo volar por los aires peligrosamente al pescado enganchado al hilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ten cuidado que es una araña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandro, miraba con espanto las sacudidas que daba el tremendo pescado y sufrió un espasmo de terror cuando ante sus ojos se liberó aquel demonio, y de un rebote sobre la barca se abalanzó sobre él. Poco pudo hacer Alejandro, que se cubrió con los brazos, y recibió dos arañazos, uno en la cara y otro en la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rápido comenzó a extenderse el caluroso escozor y comenzó a manifestar Alejandro los síntomas de una parada cardíaca. Con unos espasmos acompañaba unas profusas arcadas, compaginadas con unos lamentos de dolor y aullidos de miedo muy parecidos al llanto. De reojo se miraba el moflete, que parecía expandirse por momentos. El rasguño de la mano le dolía intensamente y se había extendido el picor por el brazo. La barca se zarandeaba a punto de naufragio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo lobo de mar pisó la araña y de un certero corte de cuchillo la mató instantáneamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuanto más grandes menos venenosas. No te preocupes que no ha sido nada. En el hígado de la araña se encuentra el antídoto a su veneno. Te lo restregaré por la herida y verás cómo te calma el dolor en un momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Destripó todas las vísceras el viejo lobo de mar con bastante pericia con dos movimientos de cuchillo, dejando libre el hígado. Hubiera podido cogerlo con las manos, pero decidió el viejo lobo de mar desengancharlo con el cuchillo haciendo un poco de palanca, consiguiendo con este efecto que saliera disparado el higadillo por la borda cayendo en el mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Perdona, chico, cosas que pasan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandro mostró un rictus en su compungida faz y se lanzó al agua. Intentó atrapar el higadillo con muy poco acierto y estuvo buscando alrededor desatendiendo al encrespado mar que con insidia le sometía a un desesperado esfuerzo. Al rato de buscar sin ningún resultado vio que se le acercaba nadando una gaviota que miraba de un lado a otro como si observase el panorama. Se sumergió brevemente la gaviota antes de llevarse volando el higadillo ya dentro del gaznate. El pobre Alejandro maldecía su suerte, pero le pareció que al salir volando la gaviota se había asomado la aleta de un pez. Metió la cabeza bajo el agua y vio que a sus pies nadaban en circulo al menos cinco barracudas de enorme tamaño. Su acojone fue mayúsculo y prorrumpió en un estado histérico que le llevó a tragar agua sucesivas veces. El pánico impulsaba su eufórico braceo en contra de las olas, e intentando gritar pidiendo auxilio una nueva bocanada de agua salda se le introdujo por la garganta. La barca cada vez estaba más lejos y el pobre Alejandro ya no podía más. Veía al viejo lobo de mar ensartar el cebo desatendiendo completamente la situación de extrema necesidad en que se encontraba. Llegar hasta la barca se le antojaba ya un esfuerzo inútil pero seguía nadando al limite de sus fuerzas gritando lo más que podía de vez en cuando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo lobo de mar vino a socorrerle a tiempo justo para evitar que Alejandro emergiera la cabeza por última vez. Paró la barca cerca de él y lo ayudó a subir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tranquilo, muchacho, tengo una buena noticia para ti. El pescado que te ha picado no es una araña. Se trata de un Sanperet, casi idéntico a la araña pero en absoluto venenoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandro se sentía enfermo. Si bien la noticia le alivio bastante se encontraba físicamente exhausto, mareado y aún bajo un fuerte estado de nerviosismo. La barca se movía más que nunca y difícil le fue asomar a Alejandro la cabeza por la borda para devolver el agua injerida. Se tapó completamente con una toalla y se quedó arrinconado tiritando. El viejo lobo de mar siguió pescando tranquilamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al rato un estruendo llamó la atención de Alejandro, que se asomó para descubrir que una densa nubosidad se extendía sobre sus cabezas y que estaban envueltos en una oscuridad total. No tardó en caer un rayo muy cerca de la barca que erizó de espanto los cabellos de Alejandro. Mirando al viejo lobo de mar pensó estar viviendo una horrible pesadilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Creo que tendremos que irnos de aquí —dijo el viejo lobo de mar tendiendo su caña hacia Alejandro—. Aguanta esto que nos vamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco tiempo estuvo Alejandro con la caña en las manos antes de que un rayo lo dejara frito. Una sacudida de luz concentrada entró por la caña haciendo chisporrotear el cuerpo de Alejandro, que cogiendo una tonalidad tostada empezó a sacar humo. No tardó en desplomarse sobre la barca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Muchacho, ¿te encuentras bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Milagrosamente Alejandro seguía con vida. Muchas ganas de hablar no tenía pero con unos movimientos de difícil interpretación ejecutó una mueca que reconfortó mucho al viejo lobo de mar, que con pericia regresó a puerto zozobrando por encima de las olas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/4178453077037787799/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/12/el-viejo-lobo-de-mar.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4178453077037787799'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4178453077037787799'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/12/el-viejo-lobo-de-mar.html' title='El viejo lobo de mar'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-3552221948285928833</id><published>2010-02-08T04:15:00.000-08:00</published><updated>2012-02-10T07:24:29.963-08:00</updated><title type='text'>Capítulo XVI</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Desde donde me dejó Ruperto unos doscientos metros tuve que caminar cargado con todas mis pertenencias hasta llegar al restaurante “La Cacatúa”. Bastante acalorado crucé el aparcamiento y tras avanzar por el camino de piedras llegué a la terraza exterior, donde dejé las bolsas de basura en las que había metido mis ropas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé unos momentos frente al portón meditando mis próximas palabras y muy absorto me debía de encontrar pues no reparé en la presencia de una cacatúa enorme que colgaba boca abajo en un columpio. Reaccioné con un sobresalto ante aquella horrible visión y retrocedí a una distancia prudencial. Abrió un ojo la cacatúa y con una agilidad sorprendente, tras unos leves balanceos, se dio el impulso suficiente para ponerse en pie. Se giró y empezó a columpiarse sin dejar de observarme fijamente. Era una cacatúa horrible. En la barriga no tenía ni un pelo y se dejaba ver la corpulencia y musculatura de sus muslos. Las alas, carentes de toda pluma, parecían estar fritas y aún así eran batidas con tanto ahínco que hacían pensar que tal vez fuera capaz de emprender el vuelo. Tres plumas torcidas se desplegaban en su cabeza evidenciando la ausencia de las restantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé anonadado viendo la disposición agresiva de aquel pájaro grotesco, enorme y desplumado. Con el primer graznido me quedé petrificado de horror ante la inusitada potencia del chorro de voz de aquel error de la naturaleza. Ya he contado que siento una antipatía fóbica hacia algunas aves, a las que hay que añadir, por supuesto, la cacatúa. Aquel engendro demoníaco prosiguió con su canto demencial tal como si estuviera sufriendo un dolor atroz. Parecía estar siendo electrocutada y que en su agonía profería los más desagradables insultos que en su idioma se pudieran decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sacando fuerzas de flaqueza y con el corazón en un puño me acerqué para picar la puerta con la anilla que tenía por pomo. La cacatúa se columpiaba cada vez con más brío y a unos dos metros de mí estaría cuando saltando del columpio se lanzó sobre mí como un misil graznando intensamente. Sólo me dio tiempo de agacharme espantado sin poder esquivar al pájaro, que se me enganchó por la espalda. Aún paralizado por el pavor, procuré sin éxito librarme de aquella aberración que comenzó a picarme en la cabeza con mucha fuerza. Sus garras me arañaban en el cuello y en un momento me había enganchado la oreja con el pico produciéndome un intenso dolor. Confuso y mareado salí corriendo, y habría llegado hasta mi casa de no haber ido a parar, tras un leve tropiezo, golpeando con la cara en una columna de muy mala manera. Sentí como si se me quebrara el cráneo y la nariz la tengo un poco doblada desde aquel día. La sangre brotaba a chorro y con un fuerte mareo sentí que perdía el conocimiento. Caí al suelo despojado de toda fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cacatúa, que salió indemne del tropiezo, no se sintió complacida al haberme derrotado y subiéndose sobre mí, me arañaba con sus garras picándome a su antojo mientras yo yacía medio muerto. Totalmente acabado y patitieso con mis últimas fuerzas intenté reincorporarme para huir del terreno de combate e ir a hacerme ermitaño a alguna montaña, pero en un momento de arrebato agarré a la cacatúa por una pata y me dispuse a golpearla con el puño. A los dos guantazos medianamente efectivos sopesé que iba a ser tarea difícil e intenté aplastarla con el cuerpo abalanzándome sobre ella. Con este esfuerzo me caí por las escaleras, pero llevándome conmigo a la cacatúa, que, bondad divina, quedó espachurrada con muy mal aspecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al recomponerme y ver la agonizante cacatúa dislocada en el suelo, una rabia infinita se apoderó de mí, y le di una patada con todas mis fuerzas haciéndola volar por los aires, momento en que reparé en las dos personas que me observaban desde la puerta del restaurante. Pasando entre ellos se escurrió Angelita, la Princesa, que con las manos en la cabeza lanzó un desesperado aullido y se volvió otra vez adentro del restaurante. Los allí presentes, Luís y Alfonso, se me quedaron mirando sin decir palabra y cuando me acercaba a ellos para explicar lo ocurrido y los motivos de mi visita se desplazaron dejando un amplio hueco por el que apareció la Princesa apuntándome con un trabuco. Un pánico instantáneo me recorrió el cuerpo y me quedé paralizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pongo en duda de que fuera gracias a la intervención divina que el trabuco del algarrobo con el que salió Angelita a recibirme en lugar de metralla lanzase, con gran estruendo, un descomunal soplido de hollín. Tras breves momentos de desconcierto, Angelita salió corriendo detrás de mí blandiendo el trabuco. Al momento en que sonó el brutal petardazo y se difuminaba por los aires la densa humareda negra salí corriendo espantado huyendo despavorido y al instante comenzó la persecución. Todo fue como dar la salida con el trabuco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde luego que ni en los más pletóricos días de mi juventud yo era lo que se pudiera llamar atleta y para mayor inconveniente había quedado baldado y las piernas apenas me sostenían, a pesar de lo cual mi reacción fue vigorosa e instantánea. La persecución comenzó con gran euforia acompañada con un grito de guerra, y al emprender la huida el corazón casi se me sale por la boca al ver que la única vía de escape, a través de un mecanismo eléctrico, se cerraba ante mis ojos. Estaba acorralado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el ataque contaba la Princesa con la colaboración de Alfonso, jefe de cocina, individuo extremadamente corpulento y por lo que se pude ver enseguida, persona de muy mal genio, que por suerte cojeaba intensamente y no era muy rápido, aunque sí bastante persistente. Luís, hijo del otro Luís antes mencionado, era sin duda el menos ágil, pero que se escondía y atacaba por sorpresa. En una ocasión me agarró de la camisa, pero pude liberarme dándole un codazo en la cara. La persecución era intensa, pero no conseguían darme alcance dado el terror que impulsaba mi carrera.&lt;br /&gt;Pudieron ser más de quince minutos los que me seguían tan de cerca que de no ser por mis desaforados esfuerzos, ya fuese agachándome, parando y arrancando y alguna vez saltando por encima de los matorrales que rápido me habrían cogido. Fue una auténtica pesadilla y el miedo que pasé, al prolongarse la persecución, se fue convirtiendo en un delirio histérico con el que propasé el límite de mis fuerzas. Presa del pánico, mareado, exhausto y chorreando sangre por la nariz corría de un lugar a otro sin posibilidad de escapar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Princesa a un paso cada vez más lento vociferaba serias amenazas, que el cumplimiento de la menor de ellas tenía que terminar con mi vida de muy mala forma, todas ellas relacionadas con motivos gastronómicos, trincharme como a un pavo, freírme los ojos en aceite o destriparme como a un cerdo. Tras largo rato de esquivarlos, corriendo como un descosido sin saber hacía donde, exhausto y sin aliento, la Princesa me acorraló en una esquina. Se me acercaba enseñando las uñas con una expresión rabiosa y desquiciada. Yo estaba aterrorizado. Bien en frente de mi se quedó parada gesticulando horribles expresiones inhumanas, mostrando los dientes y vizqueándo los ojos. Retorcía las garras y sacudía la cabeza con sorpresivos espasmos. De repente se cayó al suelo. Le había pegado un ataque epiléptico. Empezó a expulsar espuma por la boca y cayó al suelo haciendo espasmos. Viendo propicia la ocasión me dirigí a la puerta metálica que comunicaba al huerto que por suerte estaba sin cerrar con llave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un viejo golpeaba la tierra con un azadón con muy poco ánimo en medio de aquella extensión de zanjas adornadas con leves brotes. Corriendo por encima del sembrado, mientras buscaba por donde escapar, vi que Alfonso y Luís cruzaban la entrada al huerto. Prosiguió la persecución pero con menos brío y eludía a mis perseguidores, ya bastante exhaustos, con bastante margen. Alfonso empezó a lanzarme piedras con tal rabia y fuerza que el menor roce hubiera sido de espanto. Aquel viejo que hasta el momento había proseguido imperturbable sus labores del campo, cuando pasé corriendo por su lado, tras emitir un sonido gutural ininteligible, acertó a darme un manotazo en la cara que era como para tumbar un camello. Sus manos eran como hormigón macizo y medio atolondrado fui de lado a chocarme contra un árbol. Animados por esta incidencia ventajosa se reavivaron los ánimos de mis perseguidores cuando ya comenzaban a desfallecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habiendo perdido toda referencia de mi ubicación en el mundo y a punto de dejarme vencer por el mareo resultante del intenso dolor del guantazo, encontré en mi camino la escalera que subía a las habitaciones, por la que me encaramé como buenamente pude y me metí en una de las habitaciones, que cerré con llave a mis espaldas. Estaba al borde del colapso. El corazón me latía con fuerza y no me bastaba el aire que respiraba para recuperar el aliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La habitación estaba completamente oscura salvo una pequeña luz proveniente de allí donde se intuía una ventana. Me dirigí hacia ella con la esperanza de encontrar una escalera o artilugio elevador con el que poder escaparme. Al abrir la persiana, y al entrar la luz en la habitación no paré un segundo a examinar la distancia que había hasta el suelo, que era bastante, y me lancé de cabeza por la ventana. ¿Cómo acertar a describir el susto que me llevé cuando al girarme vi por primera vez en mi vida a Jorge detrás de mí? Se podría recurrir a la típica frase “se me heló la sangre”, pero en verdad que no fue así; más bien fue como si se me parase el corazón y me faltase el aire a la vez, y como si fuese el cerebro que bombease la sangre con un único pero enorme latido. Salté sin pensar, por puro acto reflejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubiese preferido por mil veces haber caído en el duro suelo y haberme abierto la cabeza que no haber ido a parar encima de un tejado de madera de muy escasa resistencia. Sí que es verdad que por un momento pensé estar a salvo, pues de allí donde estaba, dando un salto considerable hubiese podido acceder a la pared que delimitaba el recinto, que aunque estaba repleta de cristales hubiese utilizado para poder escapar, pero al momento de incorporarme, se quebró la madera y fui a parar al interior de una jaula repleta de gallinas en extremo bulliciosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me dio tiempo de perder la conciencia, ni tan siquiera lamentarme del fuerte batacazo, de tan grande que fue la sorpresa de verme envuelto por un enjambre de gallinas revoltosas cacareando intensamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque creo que es más que sobresaliente el valor demostrado y muy a destacar mi templanza en tan desdichada adversidad, al verme encerrado en una jaula llena de gallinas, cosa que jamás pasó por mi cabeza ni en las más delirantes de mis pesadillas, opté por pedir socorro tan alto como la voz me daba de si. Había llegado el momento de rendirse. Yo, el más valiente de la pandilla, el mejor de mi habitación, había sobrepasado los límites de mi comprensión y llorando con vehemencia supliqué e imploré que por compasión me sacasen de allí. Me quedé enganchado a la rejilla de la jaula gritando y sollozando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entró en la jaula el viejo del azadón y arrastrándo me sacó fuera. Desde el suelo y a contraluz pude ver como el viejo se disponía a darme el golpe final que terminaría con mi vida y así hubiera sido de no haber querido la divina providencia que en el momento en que sostenía en lo alto el azadón le pegara a aquel buen hombre un infarto y con una mueca y un quejido quedase súbitamente agarrotado. Aún en este trance consiguió, haciendo un esfuerzo, golpearme en la cabeza, quedando yo desmallado y él muy cerca de la muerte. Me dejaron atado y amordazado en el sótano hasta que apareció el doctor Gabriel y les explicó los motivos que me habían llevado hasta allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya desde un primer momento me di cuenta de no ser bien recibido; la Princesa aun habiendo accedido a mi contratación, manifestaba cierto resentimiento debido al asunto de la cacatúa. Tuve suerte, principalmente, porque el doctor Gabriel pudo salvar la vida al pájaro. Por orden de la Princesa fui declarado principal responsable del bienestar de la cacatúa, a la que el doctor Gabriel había puesto unas inyecciones y vendado completamente. En mis primeros días de trabajo en el restaurante la Princesa y su séquito procuraron con ahínco no volverme a ver al día siguiente, pero yo, determinado a cumplimentar el plazo de tiempo que el doctor Gabriel me exigía aguantaba estoico toda la batalla con la que pretendían coaccionarme.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/03/novela-humor-capitulo-xvii.html&quot;&gt;Capítulo siguiente&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/02/bienvenidos.html&quot;&gt;Índice&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/3552221948285928833/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/02/desde-donde-me-dejo-ruperto-unos.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/3552221948285928833'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/3552221948285928833'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/02/desde-donde-me-dejo-ruperto-unos.html' title='Capítulo XVI'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-4589089541741912964</id><published>2010-01-16T14:01:00.000-08:00</published><updated>2012-02-10T07:24:29.964-08:00</updated><title type='text'>Capítulo XV</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;font-family:georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Aun con la botavara quebrada hendida sobre el cayuco el capitán empecinado seguía gritando coraje a los bergantes, algunos de ellos heridos de muerte. Saltando sobre la mesana, cogiendo un cabo, se lanzó sorpresivamente por los aires haciendo un gran círculo ondeando su flamante capa, sorteando con este impulso y con la daga entre los dientes, las cuchilladas que los insurgentes le dirigían desde abajo. Y digo esto como ejemplo y estímulo para no desfallecer en mi decidido empeño de alentar las breves briznas de mi inspiración hacia la evocación de aquellos parajes donde se encontraba el restaurante “La Cacatúa”. Envuélvase mi memoria con las esencias de aquel recuerdo, ya lejano, de los campestres andurriales. Rememore de nuevo mi olfato aquella grata sensación escondida tras los ásperos efluvios del estiércol en la tierra mojada. Crucen por mis ojos cerrados tordos y palomos entonando sus dulces cantos. Sientan de nuevo mis manos el placer de la recolecta y mis rodillas la grata sensación del calor que desprende la tierra torrada al sol de verano. No te interpongas aviesa y malintencionada musa en el hilo de estos pensamientos y desiste ya ante ésta, mi total determinación. Que así quede escrito y que así se cumpla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que se inventó el carromato la gente no ha parado de ir y de venir de un lugar a otro, pudiéndose llevar así a toda la familia. Con ese persistente empeño, grandes partes del mundo desconocidas han sido habitadas. Se desconoce aún como fueron a parar los primeros asentamientos humanos a las inhóspitas regiones árticas y se especula con un posible despiste de quien dirigía la comitiva, pero es este asunto ajeno a nuestra historia y remito al lector interesado a la lectura de las obras de Laurencio Puerco sobre sus expediciones en el ártico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal cual es la preocupación de la monja superior que vigila inquisitiva a las recién llegadas, parecía la montaña observar el valle que tiene a su cargo, aunque mucho más atenta al pequeño pueblo de Santa Julieta al cual acuna en sus brazos. Poco más allá, el leve rastro del camino que desciende hasta el restaurante “La Cacatúa”, dejaba a su lado unos campos de habichuelas, que coloreaban de un verde mate un cuadrángulo imperfecto, que se doblegaba sobre la ladera que se extendía hasta la cumbre, rebosante de matorral. Santa Julieta, agazapándose en la falda de la montaña, se rodeaba de los frutos de su descendencia, aglutinándose a su alrededor las nuevas construcciones, como atraídas hacia el centro, comprimiéndose sus estrechas calles por el maternal abrazo. El frontal de su iglesia del prerrománico tardío se alzaba con exuberancia sobre los tejados de las casas circundantes, y frente a ella, la plaza principal del pueblo exhibía con orgullo una fuente de piedra a su otro extremo. Una muralla medieval envolvía la zona antigua y adornaba el conjunto del pueblo con el legado histórico de las grandes contiendas del pasado. Las casas de piedra de amplios portales tenían un encanto singular y formaban un pequeño laberinto donde las calles no tenían nunca la dirección que parecía en un principio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pueblo de Santa Julieta se encontraba aislado por accesos difíciles y bastante alejado de los núcleos urbanos más grandes, pero esta situación cambió al inaugurarse la carretera de Pardaldemoro. Esta relativa incomunicación fue vital para la preservación de los pastizales y el ecosistema del mosquito, y repercutió en la marcada idiosincrasia rural de las gentes. En esta zona de antigua tradición gastronómica de la algarroba para el porcino, la vida transcurría lentamente y se sucedían generaciones de labriegos y ganaderos cuya preocupación máxima era el bienestar de los cerdos y el cultivo de la alfalfa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El recién llegado se percataba enseguida de la importante herencia cultural presente, desde tiempos inmemoriales, en las costumbres de las gentes. El diligente empeño matutino de arrastrar el arado por el pedregal bajo un sol abrasador suscitaba la admiración del recién llegado, que atónito observaba semejante proeza mientras el burro pacía perezoso debajo de un árbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cerdos ocupaban un lugar destacado en el organigrama familiar y eran tratados con una consideración hoy en día inusual; se sentaban a la mesa y eran tenidos en cuenta a la hora de decidir el menú con el que disfrutaría toda la familia reunida. Personalmente opino al respecto que se debía tratar de una situación felicísima y me exaspera sobremanera la perdida de esta antigua tradición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día comía con el doctor Gabriel en la cantina del hospital y escuchaba atento remembranzas alegres que contaba de sus tiempos de juventud. Me contaba estas cosas e historias de cuando era más joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Braulio, no te puedes imaginar cuanto añoro aquellos tiempos. Todo el día descalzo, corriendo de aquí para allá azuzando a las ovejas con una caña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Gabriel, cuando tras recapacitar brevemente se dio cuenta de la inmensa tontería que había dicho, prorrumpió con una carcajada y añadió con gran emoción:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Un día me pilló el tío Lázaro y me dio una paliza que estuve un mes en cama y perdí el oído izquierdo.&lt;br /&gt;—Que divertido —dije yo viendo que tal suceso parecía entusiasmarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Era un buen hombre. ¡Lo que le costó cogerme! Corrió detrás de mí todo el día y cuando yo, todo ingenuo, volvía a casa para cenar, salió de detrás de un ciprés y me dio con la mano plana en toda la oreja. Sus manos eran enormes y duras como una piedra, y cuando ya me tenía aturdido, me engancho por la oreja y me dio un coscorrón que no me parte el cráneo de milagro. Me dejó inconsciente y estuve desmayado dos días, creo yo solamente del susto que me dio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues sí que era un buen hombre —convine un poco obligado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta extensa y entrañable conversación tenía a doctor encantado, y entre pitos y flautas, me contó las causas de tan terrible represalia con unos ademanes que pensé por un momento que me quería pegar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La cabra que lo parió —dijo—. Yo estaba jugando con el tractor dentro del cobertizo. Me lo pasaba fenomenal. Estaba soñando que gobernaba una nave espacial dándole a las palancas, y sin pensar le di a la llave. ¡No veas! Darle a la llave, encenderse el motor y salir disparado el tractor fue todo al mismo tiempo. ¡Qué susto, madre mía! Salió la maquina disparada dando saltos y yo me caí hacia atrás. Atravesé la pared del cobertizo con el tractor y se cayó todo el techo. De suerte que no me maté, pues me dio un ladrillo en la cabeza. Yo me quedé inconsciente sobre el tractor, que se fue hacia donde estaban las ovejas encerradas. Fue un desastre. Maté quince ovejas, aplastándolas y destrozandolas con el roturador. Después estuve haciendo círculos por el sembrado hasta que al despertarme las voces de mi tío, vi lo que había pasado, salté del tractor y salí corriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No se tenía que haber enfadado por eso —contesté, y el doctor Gabriel me dirigió un gesto de aprobación. Creo que siempre tuvo en gran estima mis opiniones y consejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En términos generales, se podría decir que las gentes de Santa Julieta eran unos salvajes, sin que nadie se fuera a ofender por eso, sino al contrario, bien complacidos. Trabajando en el restaurante “La Cacatúa” no fueron pocos los padecimientos sufridos en mi trato con esas gentes. Era un pueblo peculiar, con una identidad propia debida a la particularidad de cada uno de sus habitantes. Un cura mentiroso y blasfemo muy amigo del pecado, o un alcalde alcohólico que se pasaba el día el bar, pasan por simples ejemplos anecdóticos entre multitud de historias infinitas veces relatadas que conforman la herencia cultural sobre la que se construye la nueva generación. Algunas personas decían que el tonto del pueblo era yo, pero era tan sólo una manera de provocar, una manera de reírse de la gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra singularidad que manifestaba la particular sociología de las gentes de Santa Julieta, que sorprendía y asustaba al recién llegado nada más ver, era la agilidad de las señoras del pueblo saltando en las fiestas patronales de Santa Julieta, por encima de las cabras a las que se les había atado por una pata. Consistía el jolgorio en tales festividades, además de sufrir las instigaciones callejeras de los cabezudos o viceversa, en azuzar con un pincho a las cabras más locas, de cuernos más escalofriantes y temperamento menos amigable de cuantas habitaban por la zona, y tratar de evitar, de la forma más arriesgada posible, sus embestidas. Todo aquel que tiene una cabra de semejante aspecto la ata en alguna esquina de su casa para que ésta sufra el acoso excesivo de las gentes, o para que ésta pueda arremeter por sorpresa a quien huye presuroso de algún cabezudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más preferible en los festejos de Santa Julieta para salir físicamente indemne del ensañamiento desmedido de un cabezudo o del casi mortal costalazo de una cabra, era no ser un forastero que está allí de casualidad. En tales festividades disfrutaba todo el pueblo de un desmadre sin igual, sin excepciones por edad o de cualquier otro tipo: ciegos, cojos, subnormales..., todos disfrutaban y arriesgaban sus vidas felices. Muchas veces los recién nacidos eran lanzados de un lado al otro por encima de las cabras por sus propios padres o por otras personas. Animaban al recién llegado las gentes del lugar a participar en la fiesta y solían ser los protagonistas de la noche y lo más divertido de la velada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gastronomía propia de Santa Julieta es incluso hoy en día muy admirada dada la singular variedad de platos que comparten el higo chumbo como ingrediente principal. De su fauna endémica cabe destacar la urraca tuerta y la oveja esquilada de cojones de mico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran días felices aquellos para esas gentes que de tanto reír perdían los dientes y que ajenos a los lamentables sucesos de la historia mundial coexistían en paz y armonía regocijándose en su completa satisfacción y felicidad. Cuán inexorable el avance de las desdichas del progreso, que incluso al más recóndito pueblo de nuestro entorno rural ha llevado la ignominia del consumismo y que, de aquel tiempo a esta parte, apenas deja ver vestigios de su antigua idiosincrasia. Cuánta insatisfacción se ha producido en las amas de casa el ver como los jóvenes se despeñaban por el barranco con la moto que se acababan de comprar, sin haberse preocupado antes de averiguar dónde estaba el freno. Allí donde todos se conocían y se saludaban alegres al cruzarse por los caminos, hoy debido a la infinidad de incorporaciones recientes, ya nadie se conoce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprovecharé para recrear la típica conversación de esas gentes del campo, que aunque ficticia, tiene un alto interés antropológico:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ja, ja, ja ¡menudo pepino! ¡Qué cosa más grande, menuda hechura, que robustez!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ja, ja, ja pero si no es un pepino, es un melón. Y tú, que perro más raro, es increíble. Nunca había visto un perro con cuernos, ¿de qué raza es?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ja, ja, ja, viene de la China, le llaman cabra, ja, ja, ja. No sabía que te habías comprado un mono, que cosa más fea, menudo esperpento. ¡Qué bicho más horroroso!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ja, ja, ja es mi hijo. Anda, mira, una vaca vestida haciendo equilibrio sobre dos patas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ja, ja, ja es mi mujer, ja, ja, ja. Ten cuidado que muerde, ja, ja, ja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta zona, que en otros tiempos parecía estar alejada de la civilización, gracias a los permisos solidarios y esfuerzos altruistas de los magnates de la burocracia, fue progresivamente adquiriendo las infraestructuras necesarias que la comunicaba con los pueblos cercanos y facilitaba el acceso a la capital, cosa que no era en nada del agrado de las gentes del lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se reformaba el camino de cabra que se tenía como único acceso, se reunió toda la gente del pueblo a tirar piedras al personal de las excavadoras, ocasionando innumerables bajas de importancia y cuantiosas pérdidas materiales. Unos jóvenes del pueblo, entre ellos el doctor Gabriel, robaron una apisonadora y con ella lanzaron todas las demás máquinas por un barranco y luego las prendieron fuego. Los mismos jóvenes formaron días después una cadena humana atándose unos a otros y fueron detenidos todos juntos. Aunque las polémicas se sucedieron no pudieron contener el devastador azote del progreso. Se terminó desarticulando un sistema de vida tradicional representativo del origen del hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún cuando ya eran pocos los que insistían en circular con tractor, se mantuvo intacto en las enriquecidas gentes del pueblo el sentimiento de propiedad sobre esas tierras. Habían sufrido el azote del progreso generándoles un resentimiento profundo y ansia de venganza que se manifestaba, entre otras cosas, en un desmesurado abuso y crueldad hacia el personal extranjero contratado. Las vanas esperanzas de una vida mejor para la mujer y los niños se truncaban fatalmente al llegar a Santa Julieta. Gentes de diferentes partes del mundo acabaron sus días sufriendo una vida de esclavitud y pronto añoraban las dificultades de su vida anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el restaurante “La Cacatúa” disponemos de un ejemplo idóneo de tiranía excesiva e insoluble desprecio de las gentes del lugar a los desamparados y necesitados de una esperanza para el futuro. Le pregunté al Obispo Juana Mari sobre este punto y se disgustó enormemente. Lo encontré en la capilla, una mañana poco antes de la misa, haciendo una intensa sesión de flagelación, tumbado boca abajo sobre un taburete golpeándose con las palmas de la mano sus nalgas desnudas. Antes de contestarme se vistió al tiempo que rezaba el padre nuestro; parecía bastante dolorido. Se sentó y mirándome con seria expresión me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Acaso tú te crees que existe un dios Zulú que dándole a un sonajero hizo crecer la hierba? Mira que estás despistado. Dios sólo hay uno, que en realidad son tres; no te olvides de la paloma de la paz. Las enseñanzas de Cristo, es obvio que no las va a practicar aquellos que no la conocen, no seas tonto. Si un indígena te extrae los sesos por la nariz para hacerse un llavero con tu cabeza, no pasa nada, se va al cielo, ¿qué culpa tiene? Pero tú no le toques ni un pelo que te vas directo al infierno. Tienes que aprender a dar la otra mejilla, ven luego a verme y haremos unos ejercicios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Muchas gracias Su Reverendísima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las palabras de Obispo me llenaron de emoción y se despertó en mí un irrefrenable anhelo de penitencia y castigo redentor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queda finalmente claro que aquellos que pecaron contra el prójimo, deberán redimirse en el fuego del purgatorio, o hacer una breve confesión de sus pecados ante un cura, a ser posible, más indulgente y menos amigo del suplicio que el Obispo Juana Mari.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El repentino desinterés del payés por el magreo intensivo de las tetas de las vacas y las oscilaciones del barbecho, influyó también en la venta de las parcelas y en la masiva especulación e inversión en el prometedor negocio de la burbuja inmobiliaria. Seguía siendo un pueblo pequeño pero en pocos años urbanizaciones y adosados rodeaban el pueblo; se reformaron las infraestructuras, nuevas plazas y nuevas zonas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saliendo del pueblo se podía acceder a una ermita en la cima de la montaña a través de rutas silvestres muy aptas para el senderismo y muy del gusto de los extranjeros ociosos. A vista de pájaro, se dispersaban rápidamente al alejarse del pueblo las cada vez menores edificaciones en los extensos campos para el cultivo. A lo lejos, una arboleda separaba en cuña diferentes zonas de cultivo, más allá del campo baldío donde los tordos, durante el cortejo, rebuscan entre la tierra las sabrosas lombrices con las que complacer a la parienta, que espera en el nido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el centro de aquel inmenso valle, rodeado por sus cuatro costados por un vasto campo de almendros, que al florecer abrumaba con su singular belleza y aspecto invernal, se encontraba el restaurante “La Cacatúa”. Encerrándose a si mismo como una fortaleza preparada para el asedio de innumerables comensales, se protegía el restaurante “La Cacatúa” tras un denso muro de piedra y barro apelmazado. Grueso y arcilloso, en algún lado maltrecho, reseco e inconsistente, era el muro que rodeaba el restaurante para delimitar un perímetro rectangular infranqueable que no tenía resquicio ninguno, salvo la entrada principal y otra barrera lateral, para la entrada de mercancías. Cuatro hectáreas de terreno delimitadas por estos gruesos muros de casi tres metros de altura, adornados en su redondeada cumbre con infinitos trozos de cristal, restos afilados de botellas rotas. Dos columnas de piedras franqueaban la entrada del restaurante, soportando un arco luminoso de neón de diversos colores donde se leía el nombre del restaurante con relativa claridad. Una barrera metálica cerraba la entrada, de forma electrónica, a su paso por unos raíles. Desde allí, tras cruzar el aparcamiento de grava, dos olivos daban comienzo a un camino de piedras que accedía al restaurante cruzando un jardín, delimitado por un seto de escasa altura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el jardín, cubierto de césped y adornado con diferentes arbustos y plantas ornamentales, proseguía el camino de piedras rodeando una fuente, y avanzaba por ambos lados hasta la escalera que subía a la terraza exterior del restaurante. Por las noches el jardín se iluminaba de diferentes colores con focos escondidos bajo los árboles, alumbrando partes del interior del muro y embelleciendo una vista de por sí agradable. La terraza estaba cubierta con un techo de cañizo sobre grandes vigas de madera donde colgaban unas lámparas de mimbre, esféricas y equidistantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino de la derecha se bifurcaba hasta la parte trasera del restaurante, cruzando una puerta de metal incrustada en un muro transversal. Allí se encontraba el huerto, casi tan bonito como el jardín, que se extendía hasta el muro que lo separaba de lo que llamábamos &lt;span style=&quot;font-style: italic;&quot;&gt;el terruño&lt;/span&gt;, hogar de mi muy apreciado cerdo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;font-family:georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;font-family:georgia;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/02/desde-donde-me-dejo-ruperto-unos.html&quot;&gt;Capítulo siguiente&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;font-family:georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;font-family:georgia;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/02/bienvenidos.html&quot;&gt;Índice&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;font-family:georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;font-family:georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/4589089541741912964/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/capitulo-xv.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4589089541741912964'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4589089541741912964'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/capitulo-xv.html' title='Capítulo XV'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-1571436004176947277</id><published>2010-01-12T01:39:00.000-08:00</published><updated>2012-02-10T07:24:29.965-08:00</updated><title type='text'>Capítulo XIV</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;El restaurante “La Cacatúa” fue parte de la herencia que recibió el doctor Gabriel de su padre, el Duque Poncio de Las Cuadras, junto con algunas pequeñas propiedades y  terrenos diseminados alrededor de Santa Julieta. En una gran casa en la parte alta del pueblo abrió el doctor Gabriel una pequeña consulta de medicina general, donde enseguida adquirió respeto e importancia entre la gente del lugar, circunstancia que propiciaba que en el restaurante no faltara el trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las gentes de Santa Julieta, desde generaciones atrás, habían rendido pleitesía a los antepasados del doctor, pues eran la aristocracia del lugar y dueños de la mayor parte de las tierras. Pero quiso el destino que toda aquella fortuna recayera en un único heredero, el Duque Poncio de las Cuadras, que malcriado desde la infancia devino siendo un personaje ocioso e infeliz que afectado de un inconsolable complejo de inferioridad optó por una vida licenciosa  sufragada con el capital y herencia de la familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es desde luego mi intención extenderme en detalles de la vida de este ilustre personaje más allá de lo que exige nuestra historia, más cuando las desgracias sucedidas requieren preservar cierto grado de intimidad. Fue pionero en España en la experimentación de las nuevas tecnologías de implantación de cabello. Al entrar en el casino adornaban su paso con pétalos de rosa. Las mujeres se turnaban para volverlo a engatusar. Fácil de engañar, ludópata, alcohólico y sin ánimo de ofender un autentico desperdicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La clarividencia del Duque para los negocios supuso que la mayor parte de las propiedades que terminó heredando el doctor Gabriel estuviesen condicionadas por alquileres vitalicios con rentas antiguas de escaso interés. Gustaba mucho el Duque de este tipo de contratos pues consideraba que así ataba indefinidamente a las personas en su provecho, cosa de la que se jactaba a menudo. De las extensas y numerosas propiedades mantenidas durante los siglos por sus antepasados, heredó el doctor Gabriel una mínima parte, que le reportaba, si no escasos dividendos, algún problema que otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la larga lista de embaucadores que se aprovecharon de la incultura crónica y mediocridad manifiesta del Duque hay que destacar a uno de sus inquilinos, llamado Luís Ortiga, que le convenció de abrir el restaurante en una de sus propiedades anexa a la nueva carretera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un restaurante le pareció al Duque una idea interesante, y se hizo la reforma necesaria para adaptar una pequeña casa de campo a las afueras del pueblo. Formaron una sociedad muy al gusto del Duque, que se embolsaría buena parte de los beneficios una vez amortizado la totalidad del capital. La reforma costó un dineral, pues fue equipado el restaurante con las más modernas instalaciones, sin reparar en gastos, pero la rentabilidad del restaurante fue negativa desde un principio; perdidas contínuas que ayudaron al desplome final de la fortuna del Duque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por aquel entonces el doctor Gabriel estaba trabajando para la seguridad social en Palma, por lo que no estaba presente cuando su padre, al final de sus días, bajo un estado de enajenación mental despilfarraba sin ningún comedimiento. Murió de un infarto jugando al póker en el bar del pueblo al momento de perder una gran suma de dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se hizo cargo el doctor Gabriel del patrimonio de su padre se interesó mucho por el restaurante y trató con Luís un sistema diferente de gestión enfocado a mejorar el rendimiento del restaurante. Primeramente, el doctor, apartó a Luís de toda intervención en la contabilidad; también se encargó de elegir nuevo personal y promovió cambios de diseño. Mantuvo el nombre del restaurante, dejando allí la horripilante mascota a la que su padre dedicó aquel monumento al negocio imposible, a la torpeza mental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezaban a soplar favorables los vientos en el restaurante “La Cacatúa” y próxima iba a ser mi aparición en la historia, justo cuando el restaurante funcionaba a pleno rendimiento, pero no anticipemos los acontecimientos sin antes analizar el entorno y comprender el trasfondo sociocultural de Santa Julieta, asunto vital para comprender los escabrosos sucesos que la fatalidad tenía previstos.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/capitulo-xv.html&quot;&gt;Capítulo siguiente&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/02/bienvenidos.html&quot;&gt;Índice&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/1571436004176947277/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/el-restaurante-la-cacatua-fue-parte-de.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/1571436004176947277'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/1571436004176947277'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/el-restaurante-la-cacatua-fue-parte-de.html' title='Capítulo XIV'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-6792863985792184788</id><published>2010-01-10T16:30:00.000-08:00</published><updated>2012-12-21T04:16:24.283-08:00</updated><title type='text'>El australopiteco</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;La luna vigilaba espantada tras la negra nubosidad el fatal devenir que sólo ella conocía. En lo profundo de la tierra una rabia fruto de un dolor espantoso expresó su lamento con un fuerte arrebato. Venus cruzó la órbita de Capricornio y un aborto prematuro surgió de este enlace en los abismos de la tierra. Un grito espantado resonó entre los matorrales y una grulla huyó despavorida hacia el oscuro horizonte cuando sonó el primer golpe del tambor. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Las hordas Otomanas, acampadas en el altiplano del Pomodoro, celebraban con una gran fiesta su victoria tras la sangrienta batalla contra los aborígenes Rupa-Cacu en la cima del monte Katueh. Grandes pilas de leña ardían, y a su alrededor, los prisioneros eran salvajemente torturados por la ingente turba de guerreros borrachos ansiosos de venganza. Música y cánticos delirantes al estrepitoso son de los tambores discordantes apenas amortiguaban los agónicos lamentos y gritos atormentados de los cuatro miserables ajusticiados. En la desenfrenada bacanal de opíparos alimentos, bailaban desnudas sobre las mesas las mujeres otomanas de más edad, en obscena y lujuriosa danza de aclamación a sus dioses. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;En el momento de mayor frenesí, cuando con las copas alzadas la muchedumbre jaleaba la aparición de los enanos malabaristas, llamados así porque esquivaban con notable agilidad los cuchillos que los otomanos les lanzaban, retumbó el suelo con una poderosa convulsión, resquebrajando la tierra al paso de una mortal onda expansiva que lanzaba por los aires a los sorprendidos guerreros, devastando el campamento. Al tiempo que la tierra temblaba, emergió del interior de la montaña un obelisco descomunal de bordes afilados con raras tallas e inscripciones, alzándose hacia el cielo impulsado por una poderosa fuerza lenta e incesante. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Entre los pocos supervivientes de los más de treinta mil otomanos que sucumbieron precipitados en las repentinas y profundas grietas o abrasados por los borbotones de lava que brotaba entre los escollos, se encontraba el reconocido filósofo de las artes Sir Lawrence Porck, que logró conservar una valiosa prueba del singular descubrimiento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;En sus memorias, conservadas por sus herederos y en la actualidad propiedad del doctor Laurencio Puerco, Sir Lawrence dejó constancia detallada de la gran mortandad sufrida en el ejército otomano, cuando al derretirse las nieves que rodeaban el altiplano, arroyos del agua cayeron en cascada sobre el magma hirviente, provocando la formación de una inmensa nube de vapor abrasador y tóxico. El suelo irradiaba un calor sofocante formando grietas por donde emergían ráfagas de vapor incandescente. Cayeron fulminados instantáneamente grandes franjas de guerreros otomanos apelotonados, cuando bajo sus pies les sorprendió este terrible castigo. El temblor se hacía cada vez más intenso y la tierra se resquebrajaba formando grandes placas, volcando sobre el burbujeante magma a los aterrados guerreros que inexorablemente caían en el interior del volcán. Los gritos agónicos y desaforados lamentos de los otomanos agonizantes eran como el canto coordinado de unos monaguillos que por terrible pecado estuvieran cantando juntos en el infierno. Los guerreros, dominados por la histeria y el horror, huían despavoridos sorteando dificultades insalvables precipitándose hacia su propia muerte. El volcán entró en erupción con dos nuevas sacudidas, provocando enormes olas de magma e inmensos chorros de lava que alcanzaban por la espalda a los apretujados otomanos que pretendían huir por la ladera. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Desmembramientos, achicharramientos y síntomas derivados de la inhalación de gases tóxicos tales como asfixia, ceguera, urticaria y sarpullidos produjeron un inmenso escenario de agonía colectiva en las zonas menos afectadas. El centro del altiplano se había vuelto un foco abrasador de líquido incandescente cuya luz cegaba igual que el sol, y crecía al tiempo que extendiendo sus grietas manaba un gran río de lava, que salió en persecución de quienes huían por la única pendiente accesible.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Según cuenta en sus memorias el ilustre Sir Porck, en un pequeño reducto oriental del altiplano abocado a una inminente volatilización, emergió del interior de la tierra ante sus ojos el descomunal obelisco, “tan alto como cinco o seis personas, subidos de pie uno encima del otro” haciendo un estruendo ensordecedor. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;El obelisco estaba adornado con extrañas y variadas tallas de animales que en sus cuatro costados enmarcaban símbolos de una escritura hasta aquel momento desconocida. Sir Lawrence, aún sufriendo un inhumano sofoco quedó estupefacto, admirado hasta la incredulidad ante tan portentoso descubrimiento y tardó en darse cuenta de que la inmensa columna, tras leve tambaleo se abalanzaba sobre él. Sir Lawrence corrió lo más que pudo para salvar su vida sorteando en su frenética carrera a los agonizantes guerreros, que sufriendo una intensa cocción de sus cuerpos deambulaban cegados de un lado a otro, desmembrados o arrastrándose por el suelo. Sir Lawrence, presa del pánico, y también sometido a la inhumana cocción se lanzó hacia el desfiladero dando un salto increíble cayendo en picado desde una altura de más de cien metros. Según sus propias palabras, “si saltase mil veces por aquella ladera tan sólo una quedaría con vida, y fue esa. En todas las demás hubiese muerto antes de alcanzar el suelo, debido al mortal espanto que sufre quien en semejante circunstancia se encuentra”. Pudo, con la ayuda de la divina providencia, amortiguar el mortal batacazo traspasando a gran velocidad el denso ramaje de un gran árbol, agarrándose con frenesí a una rama, cayendo con contundente fuerza en un pequeño y frondoso matorral, rodeado de puntiagudas rocas y numerosos guerreros muertos. Un fragmento del obelisco cayó a su lado, sobre la mullida panza de un enano otomano muerto, reventando su cuerpo tal como si a bocajarro hubiese sido disparado con un cañón.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Sir Lawrence también nos cuenta en sus memorias lo apurado de su escapada y las dificultades en el regreso por las escarpadas laderas septentrionales, cuando maltrecho y contuso, con la providencial ayuda de un sherpa, huía precipitadamente de los ríos de lava encima de un burro, llevándose consigo el fragmento del obelisco. El sherpa y el burro sufrieron quemaduras de tercer grado en barriga y extremidades por innumerables salpicaduras, pero pudieron eludir milagrosamente los numerosos desprendimientos que se producían a su alrededor y alcanzar el bosque.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Quedaban aún muchos kilómetros por recorrer entre espesa jungla repleta de peligros, y la huida del sherpa con el burro, al primer descanso, por poco no malogra el triunfal regreso de sir Porck con el testimonio de la gran victoria sobre los Rupa-Cacu y la evidencia del descubrimiento de inscripciones antediluvianas de indudable interés científico. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Ráfagas de tempestad insufrible entre períodos de calma sofocante ambientaban el frenético paso de sir Lawrence movido por una profunda inanición. Estuvo recorriendo la jungla tres semanas sin rumbo fijo sufriendo las inclemencias de aquel entorno selvático y sorteando los continuos peligros. Anacondas, panteras, osos e infinidad de animales de la jungla se dejaban ver en todo momento, y mosquitos gigantes succionaban su piel sin descanso, pero consiguió salvaguardar la integridad de su valiosísimo descubrimiento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;El hallazgo de Sir Lawrence dejó perpleja a la comunidad científica, que ha mantenido siempre un absoluto secretismo y hasta el día de hoy se debate entre la incredulidad y el asombro sobre la autenticidad del gran pedrusco y sus extrañas inscripciones. La prueba del carbono quince certificó la antigüedad de la piedra en más de catorce millones de años, sin poderse confirmar la datación de las inscripciones en la misma fecha. Es de composición basáltica con predominio de feldespato, pesa 75 kilos y conserva parte de unas inscripciones del tipo críptico y simbologías de la procreación. En sus memorias se analizan las posibles procedencias de la civilización perdida y algunas interpretaciones posibles de los símbolos del obelisco, dibujados de memoria en su cuaderno. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Las anotaciones de sir Lawrence tienen gran relevancia histórica pues son el único documento conocido que atestigua el exterminio y existencia de los aborígenes Rupa-Cacu, casta indomable de guerreros antropófagos nómadas, que aunque pocos eran extraordinariamente sanguinarios y crueles. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Sir Lawrence vivió ingresado en un psiquiátrico el resto de su vida, donde compuso sus memorias, que tras su muerte fueron desatendidas por sus descendientes. Tuvieron que pasar muchas generaciones hasta que un joven mallorquín natural de Santa Julieta, descendiente de Sir Porck, encontrase de un casual las memorias olvidadas entre las pocas pertenencias heredadas de un tío suyo. Extraños colores adquiere a veces la luz que guía el camino de las personas, pues motivado por este descubrimiento emprendió el joven Laurencio Puerco una desenfrenada carrera de estudios que le permitiese comprender las indescifrables anotaciones de Sir Lawrence, convirtiéndose en un eminente paleontólogo de fama mundial muy respetado por la comunidad científica. Es experto en egiptología y culturas antiguas, y destacada eminencia en las rutas trashumantes del ganado mongol.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Las anotaciones de sir Lawrence desvelaban un descubrimiento sobrecogedor. La traducción de los signos junto a un preciso mapa desvelaba que el propio obelisco indicaba la posición del yacimiento originario del oro de los Rupa-Cacu. En opinión de Sir Lawrence, los Rupa-Cacu, aún siendo notables en el manejo del pico y de la pala, como demuestran los pozos escavados de más de treinta metros de profundidad donde sepultaban a sus difuntos y a aquellos que tenían ya los días contados, aceptaban tan sólo el oro que el dios de la montaña manaba a través de sus ríos, considerando sacrilegio su explotación. Guardó siempre el señor Laurencio absoluto secreto sobre este descubrimiento hasta que tuvo convencimiento absoluto sobre la veracidad de las trascripciones de los signos y las palabras de Sir Lawrence, que aseguraba haber visto chorros de oro fundido manar de la montaña. El señor Laurencio consiguió formar un equipo de científicos y emprendió camino hacia la más inaccesible altura de aquella cordillera infranqueable para llevar a cabo uno de los descubrimientos científicos más importantes de la historia de la humanidad. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Aunque la expedición fue un éxito, las penurias y fatalidades volvieron a ser pan de cada día en un viaje que se prolongó ocho meses más de la previsión inicial, que calculaba fueran tan sólo dos. Nueve científicos y doce porteadores contratados en un pueblo cercano, componían esta expedición equipada sin reparar en gastos financiada con la colaboración del ayuntamiento de Santa Julieta. Esta aventura puso a prueba la capacidad del hombre para sobrevivir en un entorno salvaje donde los peligros se sucedían ininterrumpidamente. A los veinte días de expedición, cruzando entre denso follaje por una empinada cuesta, el guía autóctono que presidía la expedición pisó sin querer la cola a un león, que le atacó con inusitada cólera delante de los científicos y arrastrando se lo llevó al interior de la jungla. A pesar del gran susto y consternación nada se podía hacer ya por la vida del guía, cuyos gritos se siguieron oyendo durante un rato. La consumada experiencia del señor Laurencio Puerco, junto con mapas y aparejos de que disponía le permitía orientarse con exactitud y continuar con la expedición. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;La ruta seguida, basada en optimistas conjeturas del señor Laurencio resultó ser de extrema dificultad y repleta de grandes peligros. Peñascos, acantilados y desfiladeros requirieron para ser superados colgamientos peligrosos, arriesgados balanceos y grandes esfuerzos, que no hacían sino motivar la obstinación del señor Laurencio, que alentaba a sus compañeros clamando la gloria e inmortalidad que alcanzarían con su descubrimiento. Había vendido su casa y todas sus pertenencias para sufragar parte del coste de la expedición y no estaba dispuesto a rendirse bajo ninguna circunstancia. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Una semana después de iniciar el ascenso se perdieron parte de las provisiones y el botiquín junto con dos porteadores cuando cruzaban con sumo cuidado y agarrándose unos a otros un riachuelo. Aún lamentando la perdida, innecesaria y debida al ataque de pánico de un científico cuando la mierda de una gaviota le impactó en la cara, se decidió continuar con la expedición, considerando inconveniente ir en busca de los caídos, que se fueron con la corriente cayendo por una cascada de más de cien metros. Dos días después, una hiena, asomándose entre los matorrales mordió en la pantorrilla a otro sherpa, llevándose un buen trozo de carne. Entablillado y con unas muletas improvisadas pudo proseguir la marcha. Más adversidades se encontraban, más crecía el empeño y determinación del señor Laurencio Puerco. Poco después una serpiente venenosa mordió a un científico de la expedición, habiéndose de amputar la pierna; la herida fue cauterizada al fuego, sin ninguna anestesia. Comenzaba a desfallecer el entusiasmo de la comitiva y el agotamiento de los científicos llegaba a tal extremo que dos de ellos habían de ser transportados por los sherpas, circunstancia que propició que una mañana al despertar los sherpas hubieran desaparecido, llevándose buena parte de las provisiones. La pesadumbre cayó a plomo sobre el ánimo de los miembros de la expedición y decidieron acampar para descansar unas jornadas. Hubo de consentir el señor Laurencio a pesar del retraso acumulado por las diferentes causas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;En la copa de los árboles se reían los monos y una turbia niebla blanquecina rodeaba el ambiente cuando fueron atacados por sorpresa por una manada de gorilas furiosos y en extremo vigorosos que arrasó el campamento, ensañándose con los desvalidos y fatigados miembros de la expedición. Atacaron con una violencia desbocada, quedando los pocos supervivientes de la masacre desperdigados por la jungla. A pesar de todos los percances, el señor Laurencio Puerco continuó el azaroso viaje a la cima junto al científico de la pata coja, Pedro Cuenco, que sobrevivió milagrosamente a la persecución de un gorila.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Tal como estaba descrito por su antepasado, allí se encontraba la llanura del Pomodoro, paraje de ensueño repleto de flores donde esbeltos alces y algunos borriquitos pacían tranquilos. Escarbaron la tierra durante semanas, pero no hallaron ni el más mínimo rastro minúsculo de una pepita de oro, toda la montaña era granito puro. Estaban a punto de desistir, tras rebuscar incansablemente por la ladera días enteros, cuando apareció ante sus ojos un hallazgo muchísimo más importante: un descendiente vivos de australopiteco, raza de homínido supuestamente extinta. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;El descubrimiento de una comunidad de seres protohumanos en nuestra era, iba a ser un suceso de crucial importancia y supondría la revisión completa de las teorías mantenidas hasta la fecha sobre el origen del hombre y el desarrollo de las civilizaciones. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;El ejemplar de australopiteco fue capturado tras ardua persecución por el señor Laurencio y Pedro Cuenco. Se trataba de un ejemplar macho de un humanoide notablemente más pequeño que el hombre actual, con cola y cara de mono. Podrían finalmente regresar victoriosos y alcanzar la notoriedad y el más alto reconocimiento a pesar de las adversidades sufridas, pero desgraciadamente, el australopiteco se dio a la fuga cuando ya divisaban el embarcadero, emprendiendo el regreso a la cima de la montaña encaramándose con sorprendente agilidad por las ramas de los árboles.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;A falta de pruebas tangibles y a pesar de las detalladas descripciones, la comunidad científica se mantiene escéptica y acusa de farsante al señor Puerco, que trabajando en el hospital “La Soledad” está ahorrando para subvencionar una nueva expedición.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt; De resultas de su azarosa vida y múltiples enfermedades y heridas sufridas a lo largo de sus viajes el doctor Laurencio tiene afectada la salud por diferentes dolencias. Es una persona delgada y huesuda, de estatura mediana. Tiene algunas cicatrices en la cara y su nariz es deforme y retorcida, muy parecida a un buñuelo. Carece de cejas, y su cara, salvo la piel rugosa y negruzca que rodea sus ojos y pómulos, es tersa y estirada, desdibujando su semblante con una mueca extraña. Su ojo izquierdo queda estirado hacia la oreja, que parece también se desplazaba, acercándose al ojo; en ese lado de la cara su boca muestra siempre algunos dientes, deformado el labio con una cicatriz. Su voz se accionaba a través de un aparato que llevaba en el cuello confiriéndole un efecto eléctrico y vibrante. Suele llevar turbante y viste con una larga túnica adquirida en alguno de sus muchos viajes. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: georgia;&quot;&gt;Fragmento de &quot;El enigma de la cacatúa&quot;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/6792863985792184788/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/el-australopiteco.html#comment-form' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/6792863985792184788'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/6792863985792184788'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/el-australopiteco.html' title='El australopiteco'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-8481898700158987423</id><published>2010-01-04T14:27:00.000-08:00</published><updated>2012-02-10T07:24:29.965-08:00</updated><title type='text'>Capítulo XIII</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;—Hace más de media hora que estoy tocando el timbre —me dijo Ruperto cuando me lo encontré al abrir la puerta de entrada a la mañana siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Disculpa a la vieja que además que es bastante sorda aún no sabe maniobrar bien con la silla. Está aquí como una reina ambientando la casa con sus flatulencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Habíamos quedado a las nueve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si llegas un poco tarde no pasa nada. Un poco de escaqueo está permitido. Siéntate aquí un rato tocándote las pelotas que yo hago la maleta, me ducho y nos vamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué quieres decir? ¿Que todavía no has preparado las maletas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tranquilo, Ruperto, que no estamos en guerra. ¡Descansen!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con cierta brutalidad me acompañó Ruperto hasta mi cuarto retorciéndome el brazo, donde se quedó para asegurarse de que los preparativos se efectuaban con la celeridad requerida, instigándome con amenazas e improperios propios del sistema carcelario, de donde, tal vez, las hubiese aprendido cuando iba a visitar a su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puesto había decidido dejar para el último momento tanto hacer las maletas como darme un baño y afeitarme, opté por darme una ducha rápida y acicalarme de manera apresurada. Fui recogiendo toda mi ropa y la fui componiendo en unas bolsas de basura de plástico bastante grandes. Un cómputo total de mis pertenencias no excedía aquello que en tres grandes de aquellas bolsas no pudiese entrar, una de ellas con tan sólo una chaqueta polar rojo brillante, tuneada, claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubiera gustado haber podido despedirme de mis padres, a los que ya en aquel momento no guardaba ningún rencor, pero solo estaba la abuela, que me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espero no volverte a ver nunca más por aquí, que sólo has dado pesadumbre y problemas a esta familia. Márchate ya, esperpento humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque sabía que la abuela estaba totalmente falta de juicio, me dolieron aquellas palabras cual coz de una mula, y por no lanzar a la abuela calle abajo en su silla de ruedas, que fue lo primero que pensé, di varias patadas a algunos muebles del comedor sin causar, si no recuerdo mal, ningún excesivo destrozo. Así me despedí de la familia. Mucho más me hubiese gustado que las cosas hubiesen sido distintas, pero quiso la vida que nunca más nos volviésemos a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conducía con cierta pericia y velocidad el agente Ruperto a través de un paisaje cada vez más rural. Yo me encontraba de bastante buen humor y le estuve dando al agente Ruperto algunos consejos para ligar. Consejos que a pesar de no haber sido puestos en práctica podrían resultar de ayuda a quién los necesitara, y él, a medida que hablábamos manifestaba un creciente interés, tanto que en un momento me asusté de las muecas que hacía. Debí de tocar alguna fibra sensible pues frenó bruscamente el coche en el arcén y me dijo con visible enfado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Ves allí arriba? Pues es allí donde tienes que ir. Bájate aquí que ya estoy cansado de oír tantas tonterías. Y hazme caso, si me vuelves a ver, Dios no lo quiera, ni me mires ni me saludes. Como si nunca me hubieras conocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues, hombre, que me parece raro. Ahora que estábamos haciendo tan buenas migas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué te largues! ¡Desgraciado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, no te pongas así, ya me voy. Ya me buscaras para que te de consejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la angosta pendiente de aquella circunvalación de la carretera que va a Santa Julieta se podía observar, desde la cima de un peñasco, el rectilíneo perfil del restaurante “La Cacatúa”. Ya nada más verlo sentí una fuerte punzada en el estomago, como si una mala espina hubiera quedado encallada en mis tripas y me estuviera produciendo una úlcera infecciosa. A medida que me acercaba mi estomago me advertía con más fuerza del temor que presentía, por lo que hube de dirigirme apresuradamente detrás de un mata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un poco más relajado llegué al restaurante, donde comenzaron inmediatamente las peores experiencias de mi vida. No con menos ingenuidad se abalanza hacía el suculento cebo, el besugo, poco antes de verse extraído de un súbito tirón fuera del agua.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/el-restaurante-la-cacatua-fue-parte-de.html&quot;&gt;Capítulo siguiente&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/02/bienvenidos.html&quot;&gt;Índice&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/8481898700158987423/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/capitulo-xiii.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/8481898700158987423'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/8481898700158987423'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/capitulo-xiii.html' title='Capítulo XIII'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-8123884869801041395</id><published>2009-12-22T18:07:00.000-08:00</published><updated>2010-12-23T02:22:37.377-08:00</updated><title type='text'>Bonanova dos</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Despierte, doctor Bruno, se ha quedado usted anestesiado —dijo Fon Crufer, que parecía sonreír.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;Acababa de ser aspirado el doctor Andreu por la manguera axial, desapareciendo ante mis ojos con inusitada velocidad, y un rato me quedé observando el lugar en el que estaba y creo que con la mente completamente en blanco. Desapareció ante mis ojos en un solo parpadeo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—No se ha de preocupar usted. Mañana seguro tendremos noticias suyas. No se alarme por la explosión.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;Apenas terminó de hablar Fon Crufer cuando se produjo un estallido que resonó en las paredes de las instalaciones. A pesar de la advertencia, reaccioné con sorpresa, pero me sosegué al observar su estática sonrisa. Debería habérmelo esperado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Hoy es un día de celebración. Tengo invitados a cenar esta noche y gustaría  que viniese usted. Son unos amigos muy próximos que estoy seguro les encantará conocerle.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Tengo por costumbre cenar siempre con mi mujer, y no sé...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Pues dígala que venga, sería estupendo también contar con su presencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Tendría que preguntarle si le apetece.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Pues hágalo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Hola, hola —marqué mentalmente en mi visor ocular y en seguida contestó mi mujer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Hola, pichurri, ¿va todo bien?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Sí, parece que todo ha salido como esperábamos, pero no sabremos nada hasta mañana. Te quería decir que la doctora Fon Crufer quiere que vayamos a cenar a su casa, junto con otros invitados. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—La doctora Fon Crufer, ¡huy qué miedo!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Sí, la verdad es que es espeluznante, la tengo aquí al lado, mira, te mando una visión.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Dios mío, qué horror. Ten cuidado no pueda captar nuestra conversación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—No, mujer, ¿qué dices? Eso es imposible.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Sí que puedo doctor Bruno. Mucho gusto en saludarla, señora. Disculpe por entrometerme en su intimidad, pero aquí y en otras instalaciones tengo plena autorización. El sistema desencripta las odas latentes de resonancia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Mis más sinceras disculpas —dijo mi mujer—. Espero no se haya ofendido por estos comentarios tan fuera de lugar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Sí, estimada Juana, tengo mucho poder y usted está perfectamente disculpada. Será un honor tenerles a cenar entre nosotros esta noche.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;Pareció que había leído sus pensamientos, o tal vez yo no recibí la respuesta integra de mi esposa. La misma Fon Crufer cortó la comunicación. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Aprovecharemos que la manguera de propulsión está desplegada para regresar a la ciudad con más rapidez. Le acompañaré a su casa con mi transporte particular. Permita que insista.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Sí, por supuesto, muchas gracias. Será un honor. Por favor disculpe mi inocencia y la de mi mujer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;Estaba realmente conmocionado y muy molesto con este torpe accidente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;La nave de Fon Crufer es un prototipo personalizado de las naves &lt;span style=&quot;font-style: italic;&quot;&gt;autodic &lt;/span&gt;que utiliza la agencia de defensa, de formas más suaves tiene el aspecto de un torso de paloma, con la forma de unas alas plegadas. En el habitáculo se articuló un sillón que me dispuse a ocupar por indicación de Fon Crufer. Ella, en el centro, quedó enganchada al suelo mediante unos pequeños herrajes. Una pantalla envolvente se activó en todo el interior y por un momento me quedé completamente atónito. La imagen era de la superficie de un mar alborotado y podía ver con claridad la infinita manguera de lanzamiento que se erguía atravesando un cielo encapotado. A mis pies podía ver alejarse la superficie, tal como si nos estuviéramos elevando a gran velocidad, llegando a alcanzar la boca de la manguera de lanzamiento. No pude evitar una convulsión cuando con un ruido estremecedor unas intensas llamaradas salieron de ella, dejando un rastro negruzco que se elevaba hasta el infinito.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;Sin previo aviso fuimos absorbidos a una velocidad desconcertante surcando las intrincadas curvas de la manguera axial interior. Con una sensación de pánico y ahogo me agarré al sillón, aguantando como pude aquel azote desproporcionado para cualquier ser humano. Era como una atracción de feria descabellada pensada para provocar la muerte. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;En la pantalla apareció una cuenta atrás de cuatro segundos, tiempo en el que fuimos decelerando hasta alcanzar la quietud y salimos impulsados después por la manguera de lanzamiento alcanzando en unos instantes los trescientos metro por segundo. La impresión fue terrible, pero atravesando la manguera de lanzamiento la velocidad se mantuvo exacta sin el más mínimo temblor, y puede por fin recuperarme de la impresión.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Creo que he estado a punto de morir.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—No creo, monsieur Bruno. He llevado un seguimiento de su ritmo cardíaco y he calculado la forma de causarle a usted la menor impresión. Tan solo hemos requerido el impulso necesario para elevarnos mil metros sobre el nivel del mar. He considerado no gustaría someterse a un estado criónico.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Solo ha sido un susto. Estoy bien.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;Dudo no hubiera habido cierto escarmiento en consideración a la conversación con mi esposa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;Salimos impulsados por la boca de la manguera y por largo rato seguimos ascendiendo debido a la inercia, llegando a una leve velocidad de sustentación, momento en que se desplegaron las alas y haciendo unas atrevidas piruetas comenzamos a descender a velocidad creciente. El vuelo, aun intenso fue plácido, lo que no puedo decir del aterrizaje, pues apuró mucho Fon Crufer la frenada para dejarme en la puerta de mi casa. Aunque pasé un miedo atroz no quise dar muestra de ello.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Un coche pasará a buscarles a las ocho.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Muchas gracias. Hasta más tarde Fon Crufer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;Al recibirme mi mujer la abracé con todas mis fuerzas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/8123884869801041395/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/12/bonanova-dos.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/8123884869801041395'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/8123884869801041395'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/12/bonanova-dos.html' title='Bonanova dos'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-4232935354509950916</id><published>2009-12-15T16:24:00.000-08:00</published><updated>2012-02-10T07:24:50.518-08:00</updated><title type='text'>La monja y el monaguillo</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;font-style: italic;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;Dedicado a pepsi&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;La monja de prominente mandíbula pasea por el claustro su ceño fruncido mirando con desconfianza a su alrededor. La sombra que enmarca sus gruesos labios y se expande por su hirsuta faz parece más densa y repulsiva que de costumbre, y los agujeros de su nariz, dilatados en extremo, aspiran bocanadas de aire con ansia y resoplan con rabia una suerte de contaminación. Su paso es firme, de grande zancada, con sonoros pisotones que forzosamente resuenan por el impacto de su descomunal corpulencia. Unas gruesas ancas peludas del tipo vacuno se ocultan bajo la desgastada sotana. El silicio, rasca que rasca, ha causado la expansión de un moretón crónico que se extiende hasta la nalga y el conjunto es de muy mal aspecto. Lleva toda la mañana dando vueltas buscando algún signo de conducta reprobable con objeto de aliviar la tensión que este día la tiene especialmente enfurecida. El intermitente parpadeo de su ojo izquierdo oculta por momentos un brillo iracundo que aterroriza a los monaguillos y hiela la sangre a las novicias. Ningún hombre se atrevería a luchar contra ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su voz —¡Dios mío, qué horror!— es como el gruñido de un oso en una caverna; masculina y ronca como la del arriero cuando reclama un poco de agua para el burro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pequeñajo, ven aquí —ladra la monja, exigiendo con un gesto raudo e imperativo la inmediata comparecencia ante ella de Paquito, que distraído cantaba en voz baja una canción que se le había metido en la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Monja mon ja mon ja mon jamón —cantaba Paquito, el angelical monaguillo que con su vocecita de ruiseñor destaca entre sus compañeros del coro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El alma de Paquito, constreñida por una fatal impresión, abandona su cuerpo inanimado. Ni su incipiente juventud le permite soportar el síncope que sufre en este momento. La convulsión paraliza sus extremidades y cae al suelo como fulminado por una bala, sin tiempo apenas de gesticular un espasmo de horror. Su corazón ha dejado de latir y la sangre de su cuerpo se paraliza blanqueando su faz con un aspecto de muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un último resquicio de conciencia ve venir a la monja hacia él y exclamando un alarido de pavor recupera el pulso con renovado brío. Se levanta con inusitada velocidad y corre despavorido por el claustro. El aliento apenas le basta para satisfacer el desbocado ritmo cardíaco que impulsa tan enérgica reacción. El corazón le oprime la garganta y en su cabeza resuena un redoble de tambor. Presa del pánico huye cerrando tras de sí el portón que comunica con la capilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La monja, que se queda impávida unos momentos, hace crujir su cuello con un movimiento antes de dirigirse tras él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entra la monja en la capilla. Su paso es sigiloso y apenas hace ruido al cerrar  la puerta. Pero Paquito la oye. Está asustado y tiembla en un estado de nerviosismo cercano al infarto. Poco tiempo ha tenido para esconderse, aunque suficiente para constatar con horror que las otras dos salidas posibles se hallan también cerradas con llave. Se ha escondido tras el púlpito y está agazapado, ocultando la cabeza entre los brazos. No se atreve a llorar, pero su barbilla tiembla con inesperadas muecas y sus párpados acumulan lágrimas de angustia. Oye acercarse los pasos hacia él y sufre un calambre que le hiela el espinazo y se extiende como un relámpago obligándole a estira el cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La monja se acerca al púlpito y lo rodea. Paquito, aterrorizado se arrastra hacia el lado opuesto, pero no tarda en oír a su espalda la terrorífica voz de la monja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ven aquí, renacuajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Paquito se le hace un nudo en la garganta y lentamente gira la cabeza para  ver la expresión más terrorífica que verá jamás en su vida. Se agacha hacia él la monja con un aire de regocijo demencial, mostrando una sonrisa inhumana que no tiene nada de alegre. ¡Corre, Paquito, corre, que como te atrape la monja te va a dar una paliza que no te va a reconocer ni tu madre!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paquito se deja arrastrar por los suelos llorando desaforadamente. El pobre niño las está pasando canutas. Está en un estado de shock y por un momento cree estar teniendo una pesadilla. La monja lo levanta estirándole de la solapa y lo mantiene bien enganchado. Salen de la capilla y se adentran por un profundo y estrecho pasadizo. A mitad de camino Paquito sufre un vahído y está a punto de caerse al suelo, pero la monja lo endereza de un tirón. Al final del pasillo, de un empujón mete al niño en una habitación donde arde el fuego en un hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Siéntate aquí y cómete estas galletas que estás muy flacucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras come unas deliciosas galletas lágrimas surcan su rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;p style=&quot;margin-bottom: 0cm&quot;&gt;&lt;span &gt;Muy amable, se lo digo de verdad, es para mí un grato placer que se haya tomado la molestia de leer este cuento que forma parte de los relatos de humor de mi autoría. Ciertamente he disfrutado mucho con su compañía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-bottom: 0cm&quot;&gt;&lt;span &gt;Saludos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;margin-bottom: 0cm&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/4232935354509950916/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/12/la-monja-y-el-monaguillo.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4232935354509950916'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4232935354509950916'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/12/la-monja-y-el-monaguillo.html' title='La monja y el monaguillo'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-4966720768933640775</id><published>2009-12-10T13:48:00.000-08:00</published><updated>2012-02-10T07:26:57.230-08:00</updated><title type='text'>Capítulo XII</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Se accionó la sirena al encontrar atasco cerca de la plaza de España y cruzando raudos las avenidas llegamos al emblemático edificio en donde se encuentran las oficinas del departamento de asuntos sociales. Me sacaron con rudeza del coche, subimos unas escaleras, atravesamos la entrada y cruzamos la recepción, las oficinas y finalmente entramos en una habitación donde una parte del personal administrativo cumplía con su trabajo lejos de la vista de la gente. Un cierto ambiente de sosiego había en la sala donde unas quince personas, mayoritariamente hombres, sin mucho entusiasmo escribían a máquina u observaban desmotivados la pantalla del ordenador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mirad que pájaro os he traído —dijo el agente Langostino al cruzar por la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llenos de júbilo exclamaron los presentes grandes risas al tiempo que aprovechaban para hacer un descanso en sus quehaceres. Aquel leve cambio en su rutina fue aceptada unánimemente con bastante contento. Humillado forcejeé y el agente Langostino me dio un golpe en la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Menudo ejemplar. ¿Qué ha hecho? —preguntó quien se sentaba en la mesa más próxima a la entrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Casi nada en toda su vida salvo chupar del bote —contestó el agente Langostino—. Hace dos días prendió fuego al coche de su tío, con quien vivía; sus padres están desaparecidos, cosa comprensible. Ayer estuvo en la manifestación rompiendo escaparates. No sé si es más conveniente que lo vea un psiquiatra o que alguien le dé una paliza, pero le prometí a su tío que se le daría una última oportunidad, quería que alguno de vosotros le buscase un trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si quieres me encargo yo —dijo aquel mismo individuo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Perfecto —dijo el agente Langostino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Podrías haber dejado que se cambiase, con el pijama y las zapatillas hace un aspecto bastante demencial. Con estos pelos parece un marciano. ¿Y esta anilla de la nariz? Que cosa más rara. Chaval, ¿a qué tribu perteneces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Soy heavy metal. Pero tengo mi propia filosofía. En realidad practico la adoración exclusiva al bajista de KISS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A mí eso no me importa —dijo el agente Langostino— y si le quieres dejar un traje es cosa tuya. Intentó escaparse, o sea, que ten ojo. Aquí tienes su expediente. Ya verás que el chaval tiene delito. He quedado para merendar, ya nos veremos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se despidieron y se fue el agente Langostino dejándome a cargo del oficinista, que sentado a la mesa me miraba con una amplia sonrisa al igual que otros de sus compañeros. Aún con las manos esposadas a la espalda y con bastante esfuerzo conseguí abrir la puerta que había quedado tras de mí, momento en que advertí al otro lado al agente uniformado y la volví a cerrar. De nuevo hube de quedarme mirando como la completa totalidad de aquella sala se divertía y solazaba a mi costa. Se levantó de su mesa el oficinista e hizo un estiramiento y un bostezo, tal como si se acabase de despertar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bien, pasemos a esa habitación —dijo el oficinista señalando con el brazo una puerta de la pared.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentados enfrente el uno del otro en una mesa de una habitación carente de todo elemento decorativo o funcional se presentó el individuo con el nombre de Lorenzo y abrió el expediente haciendo previamente un gesto de seriedad y compostura seguido de una sonrisa. Con una cadena había atado mis esposas a la silla, precaución excesiva del señor Lorenzo que era bastante más grande que yo. Encima de la mesa había una porra. Quiso, a medida que leía el expediente, yo confirmase mis datos personales además de otros puntos concernientes a mi expediente académico y laboral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es el peor expediente escolar que he visto en mi vida. Has repetido muchos cursos. No te gustaba estudiar, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, nunca me explicaron por qué tenía que aprender aquellas cosas y no me interesaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Te sigues llamando la Peste Bubónica? —preguntó el señor Lorenzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, eso era sólo en el colegio y no lo decía yo, eran los otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya veo que eras muy popular en el colegio, tu expediente está repleto de anotaciones negativas. ¿Es verdad que en sexto de EGB practicabas cantos satánicos invocando a Lucifer en clase de religión y que decías estar poseído?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, pero no era sólo yo —le dije—. Uno que se sentaba a mi lado era el que lo hacía más, pero siempre me echaban las culpas a mí. Un día el profesor de religión estaba detrás de mí sin que yo me hubiese dado cuenta y me retorció la nariz tan fuerte que no lo volví a hacer más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Menos mal. Y esto que dice aquí de que cuando el coordinador te encontró electrocutando sus canarios con dos cables y una pila de nueve voltios, en la huída saltaste por la ventana de un segundo piso rompiéndote las dos piernas, ¿no te parece un salto un poco arriesgado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, era un segundo piso, pero el terreno hacía pendiente y no era tan alto. Yo había visto saltar desde allí a un niño del colegio y pensé que por allí podría huir. Pero salté sin mirar y fui a dar justo donde había un pasillo. De suerte que no caí sobre nadie. Me equivoqué de ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo siento mucho pero lo encuentro muy gracioso, de verdad —dijo el asistente riendo bastante y sonándose la nariz—. Aquí dice que de resultas de la introducción de una piedra en el tubo de escape del coche de un profesor, cuando ésta salió disparada le rompió la mandíbula a la mujer del director. Suceso extraordinario. ¿Qué pasó? ¿Fue intencionado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No fue con una piedra. Fue con una canica, un ojo de buey de un niño de la clase y fue sin querer que jugando en el aparcamiento, quise probar si entraría por un tubo de escape y se fue para adentro; y al utilizar un palo aún se fue más y quedó atascada. Yo ya me había olvidado pero cuando pusieron el coche en marcha la canica salió disparada, entró por una ventana y dio en la cara a la mujer del director que estaba dando clase. Fue todo un cañonazo y la pobre quedó k.o. en el suelo. Me delató el propietario de la canica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Qué desastre. ¿Qué te hicieron?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me amenazaron con meterme en un reformatorio, pero al final no me hicieron nada. Estaba claro que fue sin querer. Yo pensaba que el coche no se pondría en marcha, pero fue al girar que apuntó hacia la ventana. Había, por lo menos, cincuenta metros. Hubiera podido dar en cualquier lado. Cosas que pasan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El señor Lorenzo mantenía el buen humor y parecía divertirse bastante con la entrevista. Ante la insolidaridad crónica del señor Lorenzo cualquier suceso o desgracia de mi vida parecían ser cosa de chiste. Cuando le conté lo que había pasado con el coche y llorando le dije que mi tío no quería que volviese a vivir con ellos y le expliqué la situación de extrema necesidad en la que me encontraba debido a la traición de mi hermana, muy lejos de ponerse a llorar, parecía agradarle sobremanera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La entrevista derivó en asuntos tocantes a mi aspecto, interesándose especialmente por los colores de mi pelo y la anilla que en aquellos tiempos gustaba de llevar en la nariz. Era en realidad una pieza de plástico sacada de un barco de juguete que tenía la apariencia del hueso. El señor Lorenzo encontraba bastante raro mi aspecto. Por aquel entonces, tengo que reconocer que daba excesiva importancia a mi imagen. Me teñía el pelo y me adornaba las ropas para tener un aspecto espectacular. Tener una larga melena era asunto principal y un rasgo de mi identidad que siempre había pensado me acompañaría hasta la muerte. Ambición por otro lado frustrada por la aparición de una claraboya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recientemente me había coloreado el pelo de azul y rojo formando unas crestas, pero con las prisas no me dio tiempo de acicalarme y de allí que se extrañara tanto el señor Lorenzo con mi aspecto. Sobre la anilla le respondí que se trata de un toque diferenciador, una señal de identidad. No es indicativo de ser mala persona, dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te puedo decir de antemano que no existe un trabajo al que puedas ir con estas pintas, salvo que sea en un circo. ¿Supongo que no pondrás pegas para cortarte el pelo y vestir de forma corriente?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues supone mal y creo que dependerá en gran medida de lo que pueda usted proponerme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues como ya te he dicho no hay nada posible en esas condiciones. Entiende que desde mi departamento no vamos a mandar a trabajar a ningún lado a alguien con este disfraz. Cualquier opción exige normalizar tu aspecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y por qué no me pone en un pupitre por allí detrás, para que haga el pardal con todos vosotros? No hace falta que me vea nadie y me se muchos chistes. Aquí estáis todos chupando del bote de la manera más tonta. ¿No es así? Me hacéis pasar un examen para niños pequeños y me apunto a succionar de los impuestos de la gente. ¿Qué le parece?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se levantó con calma el señor Lorenzo y mudando la expresión me dio un fuerte golpe con la porra en la cabeza. Por poco no me desmayo y estuve viendo chiribitas durante un rato. Es difícil explicar la humillación que se siente cuando uno es golpeado en la cabeza con una porra. Casi no me podía creer lo que había pasado. Pensaba que estaba tratando con una persona normal, con alguien campechano, de risa fácil. Se me encendió una señal de alarma, y me puse muy nervioso al darme cuenta que estaba atado encerrado con un energúmeno que me había golpeado con una porra sin el menor motivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Se lo suplico, por favor, no me pegue usted más —le dije recurriendo un poco a la psicología para intentar calmarle—. Tiene usted hijos ¿verdad? No querría usted que se les hiciese daño, que sufriesen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se levantó otra vez el señor Lorenzo mirándome fijamente con los ojos desorbitados, como si hubiera enloquecido, y me golpeó con la porra hasta que se cansó; grité en demanda de auxilio, pero de todos los que se asomaron por la puerta ninguno me ayudó. Intenté escabullirme llevándome la silla pero la silla estaba enganchada al suelo y pudo golpearme el señor Lorenzo a placer, sin impedimento ninguno. Me golpeó por todo el cuerpo con bastante fuerza y tan sólo uno en la cabeza, el último, con el que me quedé mareado sentado en la silla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Prosigamos —dijo el señor Lorenzo secándose el sudor de la frente y jadeando bastante exhausto—. Te voy a buscar un trabajo y te aseguro muchacho que cuando salgas de aquí vas a tener menos pelo en la cabeza que una sandía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mirada del señor Lorenzo se había vuelto demoníaca e iracunda. Se le veía impaciente y nervioso, encolerizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Prefieres que siga o que haga venir a un peluquero?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Prosiga —dije ante el temor del cumplimiento de aquella severa amenaza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvo repasando unas fichas enmarcando con un círculo algunas opciones que él consideró de mi interés. Era claro que las buenas ocasiones laborales no iban a ser puestas en manos de ese descerebrado para que las repartiese a su criterio entre los desahuciados que por orden ministerial fuesen castigados con ellas. Las más de las diferentes propuestas que me ofreció rallaban la injusticia social y la sobreexplotación; trabajos en fábricas con contratos precarios y sueldos en consonancia, y en todos había que madrugar mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Prefiero ir a la cárcel —le dije—. Ya me puede usted pegar todo lo que quiera que yo allí no voy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues se ve que no era una paliza lo que a ti te hacía falta —dijo el señor Lorenzo tras haberse quedado en silencio durante el rato que me miraba fijamente—. Quédate aquí que ahora hablaras con un psiquiatra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Puedo ir al baño? Me estoy meando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espérate —dijo saliendo por la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tardó mucho en venir el agente uniformado para acompañarme. Cuando entré en el aseo me di un susto al verme reflejado en el espejo, y me di cuenta en qué había parado mi vida; me di cuenta, por primera vez que mi aspecto era grotesco. Todo en mi vida era grotesco. Comprendí que no era normal que a mi edad lo único que supiera hacer, más o menos bien, era tocar la pandereta. Vi reflejado una parte de mí que no veía normalmente y me sobrecogí al fijarme en la anilla de la nariz y por un momento comprendí lo extravagante que era para los demás. Comencé a reír. Una risa paranoica que no podía contener originada por un sentimiento de vergüenza que se manifestaba en el orgullo de ser tan especial y trasgresor. Me metí en el váter y cerré con el pestillo para no ver mi propio reflejo. Se debían oír desde fuera las risas pues empezaron a golpear la puerta. Yo no podía parar de reír. Cuando finalmente salí, había en el baño bastante gente mirándome fijamente. Yo ya me había calmado e incluso había tomado la determinación de aceptar la propuesta del señor Lorenzo. Me volví a mirar en el espejo, me lave la cara, me compuse los cabellos y esta vez quedé satisfecho con mi aspecto, aunque decidí no volver a ponerme la anilla de la nariz. Con calma absoluta dejé que me esposaran y fui llevado de nuevo a la habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando haría tal vez dos horas que llevaba abandonado en la habitación apareció por la puerta un señor elegante de unos cuarenta años. Se trataba del doctor Gabriel, verle entrar y confiar en él fue todo al mismo tiempo. Entró acompañado del agente uniformado, el cual, a petición del doctor Gabriel, me quitó las esposas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hola ¿Cómo estás? —dijo saludando con la mano—. Soy el doctor Gabriel de Las Cuadras y un buen amigo mío me ha pedido que venga a ver qué puedo hacer por ti. Primeramente quisiera que me firmases este documento donde reconoces no haber sufrido coacción de ningún tipo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues el señor Lorenzo me ha dado una de palos que nunca antes en toda mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es precisamente por él que quiero que firmes esto; para que esté tranquilo. Nunca ganarías un pleito, pues yo mismo declararía en contra de ti. Preferiría que fuéramos amistosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ningún problema —dije firmando tras haber alcanzado el bolígrafo de gran categoría que el doctor me ofrecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvo un momento el doctor Gabriel releyendo el documento mirándome de vez en cuando con una amplia sonrisa. Por lo visto aquella sala austera producía algún efecto euforizante entre los funcionarios. Tal vez acumulaba la carga positiva emanada en las entretenidas sesiones de tortura con que se divertían en aquel reducto burocrático de la inquisición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo es que firmas con el dibujo de un pene meando?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tengo dos firmas, he optado por la más informal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está bien —dijo el doctor guardando el documento—. Otra cosa. Me ha dicho el señor Lorenzo que has amenazado a su familia. ¿Estás pensado llevar a cabo algún tipo de venganza?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ni se me ha pasado por la cabeza. Yo sólo quería darle a entender que no está bien pegar a la gente. Quise hacerle ver lo mal que se sentiría si alguien pegase a sus hijos. Yo soy taoísta y sólo hago uso de la violencia en mi defensa o en la defensa del que yo quiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te creo —dijo el doctor—. Pues bien. Tengo una oferta para ti. Primeramente has de saber que el ayuntamiento es una entidad oficial que ha puesto una denuncia con cargos importantes hacía ti, podrías ir a la cárcel de cinco a diez años. Con un buen abogado tal vez tres o cuatro alegando demencia transitoria, aunque con tu expediente es difícil de creer. Además tienes antecedentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué antecedentes? No sabía que tenía antecedentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La moto que robaste a un vecino, aquí tengo una copia de la denuncia; una GSX 750 con la que, según dice aquí, chocaste con un autobús que pasaba en aquel momento por delante de la puerta del garaje. Suerte que te pusiste el casco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y que lo diga; el casco quedó reventado. No vea usted como acelera aquella moto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aunque no se te imputase ninguna pena por ser menor de edad cuenta como antecedente —dijo el doctor con media sonrisa y quedó un momento abstraído antes de proseguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si yo diagnosticase demencia, no iras a la cárcel. Te meterán en un manicomio con una medicación. Tendrás que pernoctar y seguir unos horarios, pero tendrás tu tiempo libre e incluso una subvención de unas veinte mil pesetas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Esa es su oferta? —pregunté un poco indignado—. Yo no soy ningún demente ni cosa que se le parezca. Gracias por su interés, pero no me interesa. Dígale, por favor, al señor Lorenzo que quiero hablar con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No me has entendido bien —dijo el doctor riendo complacido—. Esa no es mi oferta. Te estaba exponiendo las dos posibles opciones a las que te enfrentas. Yo te ofrezco una tercera y créeme que lo que te voy a proponer está fuera de todo uso y lo hago porque has firmado el papel y porque a pesar de todo encuentro que no eres mala persona. En cierto sentido pasarías a mi custodia y tus parientes habrían de firmar. Trabajaras en un restaurante de mi propiedad, cobrando, no mucho, pero cobrando, tal vez dos años, según conmutemos la condena, y no iras a la cárcel y no tendrás que pagar daños y perjuicios. Vivirás en un apartamento, tal vez para ti solo, y después de este tiempo tendrás el certificado de reinserción y quedaras totalmente limpio. Eso sí, si yo digo que te tienes que medicar lo habrás de hacer y estarás bajo mi supervisión. Y quiero que sepas que yo siempre doy un voto de confianza pero jamás dos. ¿Qué te parece?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Que me place. ¿Dónde es?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En el campo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues me place mucho más. ¿Tendré que cortarme el pelo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues yo no veo porqué, con tal de que lo lleves limpio y recogido a mi no me importa, pero todo dependerá de lo que diga Angelita; mañana te la presentaré. Es muy guapa pero tiene un carácter terrible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Justo como a mí me gustan —dije bromeando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mañana los conocerás a todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos un rato hablando sobre el oficio de camarero, que según dijo el doctor requiere práctica y sentido común. Él mismo trabajó de joven en ese mismo restaurante. Me acompañó a casa, habló con mis padres y encargó al agente uniformado, que atendía al nombre de Ruperto, pasar a recogerme a las ocho de la mañana para llevarme hasta el restaurante. Solicité que en lugar de las ocho fueran las diez y mi solicitud fue aceptada. Iba a ser mi última noche en el hogar; el cuarto, la cama, mis muebles, todo me pareció digno de ser añorado.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/capitulo-xiii.html&quot;&gt;Capítulo siguiente&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;Índice&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/4966720768933640775/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/12/capitulo-xii.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4966720768933640775'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4966720768933640775'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/12/capitulo-xii.html' title='Capítulo XII'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-6551679899835228062</id><published>2009-12-01T06:46:00.000-08:00</published><updated>2010-12-23T02:22:37.384-08:00</updated><title type='text'>Bonanova</title><content type='html'>&lt;div  style=&quot;text-align: justify;font-family:georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Yo he diseñado el regulador de aminoácidos sintéticos del Bonanova. Mi trabajo ha consistido en catalizar las moléculas del córtex a través de las materias vitales. Toda función cerebral depende de la perfecta distribución de las enzimas por el sistema orgánico artificial. He calculado la autonomía de vida del Bonanova en cinco mil años. Pasado este tiempo podrá recargarse con una nueva fuente de vida sintética.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Se encuentra usted bien? —le dije cuando salió de su apartamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Andreu Carabia me miró insolente, casi despectivo, pero me dio en la espalda unos suaves golpes cuando manifesté una cierta incomodidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Soy un científico, querido amigo —me contestó—, y hace tiempo que relegué mis emociones a un plano eminentemente práctico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el ascensor volví a romper el silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Doctor Andreu, quería expresarle mi más sincera admiración, tanto por su talento científico, como a un nivel personal. Un reto como éste solo puede afrontarlo una persona como usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿No se pondría usted en mi lugar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta pregunta me cogió por sorpresa. Siempre había pensado que era una locura y así lo había expresado en alguna ocasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sinceramente, no creo que pudiera. Creo en el Bonanova, usted ha creado un verdadero milagro. Pero no podría soportar la soledad, y tengo una mujer y unos hijos que no lo entenderían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues tal vez en otra ocasión —me dijo—. Sería usted una de las personas que recomendaría. Sé que me ha dado usted lo mejor de sí mismo y le estoy muy agradecido. También espero que nunca, como yo, tenga que comprobar que se ha quedado solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si fuera así, tal vez nos volveríamos a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, quién sabe —rió—. Ahora todo es posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Todavía le tengo mucho apego a mi cuerpo —dije alegremente, con un gesto de falsa satisfacción, como si tuviera motivos para estar orgulloso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Que edad tiene usted?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ciento cuarenta y tres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo no soy mucho mayor. Cumpliré ciento sesenta en el Bonanova.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de sumergirnos en las profundidades del lecho marino pudimos ver la manguera de lanzamiento, enrollada sobre si misma formando una gigantesca espiral. Cruzamos entre una densa traslación de &lt;span style=&quot;font-style: italic;&quot;&gt;Physophora hydrostatica&lt;/span&gt;, que a la luz de los deflectores me pareció un acontecimiento maravilloso. Al llegar a las instalaciones salió a recibirnos la mismísima Von Fon Crufer. Yo nunca antes la había visto en persona, y debo reconocer que me impactó sobremanera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fon Crufer fue la primera persona en digitalizar su pensamiento en un modulo receptáculo inorgánico legal. Muy alejado de los prototipos actuales adquirió la inmortalidad virtual en un incómodo artefacto de escasa movilidad, perdiendo recuerdos y significativos aspectos de su personalidad. En una pantalla, una imagen de su antigua apariencia expresaba sus emociones en formas apenas comprensibles para los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Doctor Andreu, bienvenido. Todo está dispuesto. Síganme, por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Delante de nosotros se desplazaba a escasa velocidad cruzando el hangar dirigiéndonos una extraña sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Estoy muy impresionada, Doctor Andreu, con este artilugio tan sorprendente. El pulpo, como se le ha dado a llamar. Parece ser que ha pensado en todo. Su sistema impulsor es sencillamente una genialidad. Por no hablar del centro de energía vital puro, un estupendo corazón para su Bonanova.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Su abuelo estaría muy orgulloso, las materias vitales que creó, usted, las ha llevado a un nivel muy superior. Va a ser un dios, estimado doctor Andreu. Llevar vida sintética a los confines de nuestra galaxia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“En cuarenta y tres minutos la manguera de lanzamiento emergerá cuatro kilómetros doscientos veintiún metros con un grado de constricción de un treinta y cuatro por ciento. Con un factor de presión mínimo obtendremos una expulsión óptima. Tenemos el tiempo calculado. Dentro de una hora habrá roto usted la fuerza gravitatoria de la tierra.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con solo acercarse el doctor Andreu al Bonanova el recubrimiento polimorfo se activó, y lo que hasta el momento era completamente negro se trasformó en una textura luminosa y transparente que se desplazó dejando al descubierto un segmento de la esfera interior. La tocó con la mano el doctor Andreu y se desgajó aquel fragmento visible, quedando desplegado formando un asiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Andreu me tendió la ampolla que le debía inyectar. Ésta le provocaría la paralización definitiva de su sistema nervioso periférico y un estado de coma que le duraría una hora, recobrando la consciencia una vez establecidos los primeros vínculos neuronales con el Bonanova. Su cuerpo tardaría un año aproximadamente en disgregarse por completo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Realicé este desagradable tramite cuando el doctor Andreu se introdujo en el Bonanova.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No tenga ningún temor. Estoy dispuesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Buen viaje, doctor Andreu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hasta siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/6551679899835228062/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/12/bonanova.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/6551679899835228062'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/6551679899835228062'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/12/bonanova.html' title='Bonanova'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-2631077213258289485</id><published>2009-11-09T05:10:00.000-08:00</published><updated>2012-02-10T07:26:57.231-08:00</updated><title type='text'>Capítulo XI</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Aunque pudiera ser significativo que una vez, siendo pequeño, me mordiera un perro en la oreja cuando estaba de cuclillas con los pantalones bajados detrás de unos arbustos del parque, o que, posteriormente, el caniche de mi vecina muriese aplastado por una piedra, dilucidar su conexión con los hechos ocurridos en el restaurante “La Cacatúa” sería labor harto complicada. Aunque todo suceso es trascendente, tal vez germen insidioso que propicia los acontecimientos futuros, tampoco es mi intención la más mínima divagación sobre asuntos ajenos a la trama, tan solo en la medida que darán constancia de mi intrincada implicación en los trágicos sucesos del restaurante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dando tumbos va el hipopótamo sobre el escabroso lecho del riachuelo, tropezando innumerables veces rodando bajo el agua persiguiendo frenéticamente el rastro de la hembra en celo, el cual percibe con notable claridad, aunque a veces de uno y otro lado. Con más calma acecharemos el rastro mucho más difuso de estos recuerdos lejanos, haciendo un giro de tortilla argumental, que ha de ser esclarecedor para continuar por la senda estrecha que en penumbra vamos abriendo y poder alcanzar así la comprensión de las causas que provocaron los truculentos desastres y desgracias horribles a los que tuve que enfrentarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como las corrientes del mar submarino, que grandes giros dan para volver, muchas veces, al lugar de donde vinieron, nos trasladamos retrocediendo por el espacio tiempo a otro momento y otro lugar, pues así lo quiere mi desconcertante musa en este momento de insomnio.&lt;style type=&quot;text/css&quot;&gt;  &lt;!--   @page { margin: 2cm }   P { margin-bottom: 0.21cm }  --&gt;  &lt;/style&gt; ¡Aléjate de mí, bruja!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante los años de mi infancia estuve al cuidado de la familia de mi tío, el hermano pequeño de mi padre. De los motivos que tuvieron mis verdaderos padres para abandonarme cuando apenas cumplía los cinco años, no se tiene noticia ninguna. Lo que debía ser una estancia de apenas una semana se fue prolongando hasta que mis tíos se vieron obligados a denunciar la desaparición de mis padres, tramitando después los papeles de mi custodia. Perdí pronto la esperanza de volver a verles y sin quererlo animé el crecimiento de un fuerte odio hacia ellos, y llegaron a desaparecer completamente de mis recuerdos. Nunca he tenido el más mínimo interés por averiguar su paradero. Sus motivos o excusas nunca me han interesado. Mis verdaderos padres para mí son aquellos que encontré en la familia que me acogió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afortunadamente me habían dejado en buenas manos. Mis nuevos padres aun sin ser especialmente cariñosos, eran más ecuánimes y tolerantes que los auténticos. Me regañaban sin excesiva dureza y cumplieron bastante bien con su papel de padres. Me trataron como a un hijo con equidad y cariño. Formaba parte de un conjunto, de una interacción con los demás, donde todo fluía en un equilibrio idóneo que satisfacía mis necesidades, y donde encontré una hermana, que era apenas un bebé, para quererla como si fuera mía. Fue en realidad un cambio muy positivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi tío era profesor de lengua castellana en el mismo colegio donde cursé mis estudios primarios y de él adquirí el gusto por la escritura. Ya de joven di muestras de esta vocación; en realidad pequeños fragmentos de historias inacabadas surgidas de improviso por un irrefrenable anhelo de plasmar secuencias de la vida cotidiana. Hechos concretos que no quisiera olvidar. Una afición nunca en extremo compulsiva pero sí a rachas improductivas con amplios periodos de letargo; pequeños bosquejos diseminados en el tiempo que aunque humildes en su pretensión, manifestaban ya las pautas y compromiso de mi escritura. De los muchos del mismo tenor que escribí en mi juventud destacaré la breve narración de unos sucesos ocurridos en clase de historia cuando tenía catorce años, para evitar que junto con el resto sea relegado a un inmerecido olvido:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Un niño con supuraciones de pus en la cara llamado el Boñiga se echa pedos delante mío, cosa que por lo visto da mucha risa. Con gusto le clavaría el boligrafo en el cogote. Mejor más tarde. ¡Silencio! Entra el profesor. La cara se le enciende con una expresión de horror y brama con desespero: ¿Dónde está el borrador? En la pizarra hay escrito caca, mierda y culo, junto con algunos dibujos alusivos. ¿Quién ha sido? ¿Dónde está el borrador? El alumnado palidece cabizbajo. Al ser preguntado, el principal sospechoso acusa al delegado de la clase, el cual, desconcertado, manifiesta su inocencia. Todas las miradas se dirigen hacia mí cuando el Boñiga, el repugnante saco de mierda que tengo delante, asegura que he sido yo. Le dirijo sin éxito algunas patadas por debajo de la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El profesor festeja con alboroto la aparición del borrador en mi pupitre y entre gritos de júbilo, intercala amenazas inadecuadas para quien ejerce labor docente: ¿Quieres que te toque el culo? ¡Te voy a poner el culo como un tomate! Disuadido por mis suplicas y lamentos se retira victorioso. Entusiasmado escribe con una mano mientras con la otra borra en una cadencia cansina e interminable”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi padre, es decir, mi tío, era persona de notable gusto por la naturaleza e intentó intercalar en la educación de sus hijos el respeto por los animales. Hubiera llevado a buen término esta intención de no haber ocurrido un desgraciado acontecimiento trascendental. El origen de un trauma que he arrastrado toda mi vida y que provocó tuviese que ser encerrado con una camisa de fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiso mi padre, con toda la buena intención del mundo, que en el pequeño corral de casa, media docena de gallinas y un pollo dieran rienda suelta a su estrambótica existencia. Por la ventana de mi cuarto, en el piso de arriba podía ver como aquellos animales indecentes, sucios y escandalosos, movidos únicamente por instintos primitivos, arrasaban la tierra esparciendo sus excrementos sin ningún comedimiento. Yo era diariamente despertado por los alaridos que este tipo de pájaro gusta de hacer ya incluso antes de que salga el sol y esta molestia, por si sola excesiva, vino a llegar al punto que un día de verano, muy de mañana, al despertarme, encontré un huevo sobre mi almohada. Lo cogí y girándome para dejarlo en la mesita vi que en mi cama, al lado de mis pies, había una gallina acurrucada. En este momento entró el gallo en mi cuarto cacareando intensamente, quedándose en el alféizar de la ventana. Me miró, luego miró a la gallina y después al huevo y entonces me atacó saltando sobre mí agitando las garras. La acometida del gallo me hizo en la cara importantes arañazos y salí corriendo despavorido de la habitación cayéndome por las escaleras. Estuve a punto de morir de septicemia entre delirios causados por la intensa fiebre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde aquel día desarrollé una fuerte repulsión hacía las aves de corral y su simple cercanía, aún muertas, me sigue produciendo un sobresalto y nausea que incluso a veces me paraliza. No me ocurre lo mismo con los pájaros, gráciles y elegantes sobre las demás criaturas, pero algo en las gallinas y otras aves terrestres me resulta nauseabundo; tal vez la manera con que se revuelcan en la tierra con su plumaje atrofiado o el cacareo, a mi parecer agónico, de un bicho inmundo, amorfo y regresivo. Puedo comer pollo sin ningún problema, la repulsión desaparece a medida que es cocinado; asado lo encuentro exquisito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi nueva madre era una gran ama de casa a la que le encantaba cocinar, la limpieza y las labores del hogar. Era persona un poco áspera y reservada aunque recuerdo momentos felices en navidad y momentos gratos junto a la familia reunida. Entrañables recuerdos dispersos en inmensas lagunas mentales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día apareció por casa la suegra de mi padre y madre de mi tía, una auténtica pécora que se quedó para implantar su tiranía a base de malas artes, mentiras y manipulaciones. La abuelita, que así la llamábamos, era mujer de férrea educación moralista, severa e intransigente, muy atenta a los asuntos que no eran de su incumbencia, y erradicó con su malhumor cualquier esperanza de placido convivir. A mí me tenía crucificado y me daba autentica pesadumbre; estaba todo el día en casa vigilante, indagando signos de desorden e irregularidad, registraba mi cuarto y tiró a la basura algunas de mis cosas. En su actitud despótica no podía evitar una clara preferencia por quien era portadora de su sangre, mi hermana, a la que trataba con gran cariño y consiguió poner en mi contra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron los años y siendo ya mayor, la capacidad motriz de la abuela se vio mermada y postrada en una silla de ruedas; aun siendo capaz de levantarse, se dedicaba a hacer calceta con expresión furibunda y mirada desquiciada. Su mente estaba desconectando progresivamente del mundo que la rodeaba al tiempo que se borraban los recuerdos de su memoria, aunque persistía en su actitud quejica y malhumorada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante su prolongada convalecencia se dedicó a tricotar incesantemente. Después de algunos experimentos aborrecibles en la cocina, su manera de sentirse útil era principalmente coser y zurcir, y entre todos procurábamos que la abuela no se quedase sin nada que hacer. Cuando terminaba de tricotar alguna prenda, normalmente un fiasco, su hija deshaciéndola formaba un nuevo ovillo para que pudiese confeccionar otra. De igual manera, ella misma, cuando no tenía nada que hacer, iba deshaciendo una bufanda al tiempo que la reconstruía por el otro lado. Esta bufanda, hecha de retales tendría unos diez metros de longitud. Solamente de algún casual hacia alguna prenda con alguna lógica. Tricotaba sin pensar demasiado, mirando de un lado a otro en busca de la oportunidad de manifestar una queja o improperio. Jerséis con tres o cuatro brazos o para dos cabezas dejaron de ser una rareza. A veces empezaba un jersey y terminaba una bufanda. Su pensión era uno de los ingresos importantes de la casa por lo que lana no debía de faltar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Abuelita, que me podría usted zurcir, por favor, este calcetín —le dije una apacible tarde de invierno estando ella frente a la estufa—.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Quita esta porquería de mi vista! —dijo la abuelita con un tono exaltado—. Primero los lavas. Y como vuelva a ver un calcetín sucio en mi cesta de la lana nunca más te volveré a coser un calcetín ni otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día la abuela decidió no coser más. Sin razón aparente irrumpió en un estado de angustia e insatisfacción, a pesar de lo sosegado de su existencia, y con grandes gritos y aspavientos anunció nunca más volver a coserme nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los aleatorios cambios de humor en la gente de edad es uno de los aspectos que esta historia pretende someter a profunda reflexión, y aunque parezca cosa graciosa es asunto preocupante en extremo. Hube de llamar a una ambulancia y es posible que de esta manera hubiese conseguido prolongar algún tiempo la vida de la Abuelita, pues nada más llegar el camillero fue afectada por un repentino ataque de histeria por lo que tuvo que ser atada a la camilla, mientras forcejeando con mucha violencia llamaba a gritos al anticristo y al hijo de Satanás; tardaron dos meses en darle el alta. Pasaba el tiempo y la unidad familiar, aún con ciertas tensiones, sobrevivía con buena salud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mañana de invierno cuando yo debía de tener unos veinticinco años, excesivamente temprano y estando sumido en un profundo sueño, fui bruscamente despertado por el revuelo que una buena noticia había causado en el frágil ánimo de mis familiares. A pesar de lo intempestivo de la mañana, apenas pude mantener la compostura cuando mi hermana pequeña, normalmente arisca, con lágrimas de felicidad me decía que nos había tocado la lotería y que había venido un señor para darnos el premio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué conmoción. Un milagro. Las aguas del mar rojo se abrieron para que los israelitas pudieran alcanzar la tierra prometida. Una lluvia de sapos ha caído del cielo y los niños hambrientos del desierto pueden finalmente comer a gusto. Algo mágico, algo prodigioso. El sobresalto que sufrí fue tremendo. Por poco me podía creer esta subvención milagrosa que como un regalo del cielo venía para socorrer las dificultades económicas por las que atravesaba la familia. La fuerza del destino por fin había desvelado su propósito escondido. Nuevas metas circularon por mi cerebro. La alegría estalló en mi interior y comencé a saltar y a bailar encima de la cama llevado por un frenesí y excitación nunca antes experimentados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevaba años enfrascado en una total falta de objetivos. Cobraba un exiguo sueldo de la Seguridad Social debido a una lumbalgia crónica que había prolongado sus molestias y condicionado mi vida. Pasaba el tiempo y una tras otra fueron sumidas a profundo letargo todas mis esperanzas de futuro y vivía con desanimo mi improbable incursión en el mundo laboral. Aunque prudente, en mi fuero interno sabía que a partir de aquel preciso instante una vida nueva comenzaba para mí. En mi cabeza se alborotaban infinitos pensamientos de gran dicha y especulaciones diversas de gran derroche y lujo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es que nunca me hubiese puesto a pensar que pasaría si la vida me beneficiase y en qué gastaría el dinero. Miles de veces había ensoñado con una vida de éxito, excesos y fantasías. Mi hermana pequeña estaba pletórica de alegría y recorría el pasillo bailando y cantando. La voz de la abuela entonando cánticos incongruentes se dejaba oír desde el piso de abajo, junto con un cierto bullicio; también los ladridos del perro y el sonido de un tambor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sufrí un ataque de alegría con una euforia desbocada. La extrema excitación generó una enérgica reacción insólita por la que salí despedido de la cama así como si fuera un misil gritando de alegría desaforadamente. Desatendiendo todos los rituales matutinos típicos y ciertos preámbulos higiénicos, como lavarme la cara o cambiarme el desgastado pijama por alguna muda más elegante, me dirigí a la velocidad máxima de las chancletas hacia allí donde se oía el tambor, canciones y risas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegando a la sala, completamente eufórico, tras dar un salto olímpico por encima del perro, le pedí a la abuela que parase un momento de tocar el tambor, y abracé con fuerza al señor trajeado y bastante serio que allí estaba. La impaciencia que yo sentía en ese momento contrastaba en extremo con la serenidad del que traía el premio, que parecía maldecir profundamente tener que dedicarse a un trabajo tan poco agradable, separándome de si con un gesto hosco y desabrido. Mi hermana cantaba y bailaba alrededor de mis padres que manifestaban en sus caras una cierta perplejidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bienvenido usted y la divina providencia que a esta casa le ha enviado —le dije al hombre elegante haciendo una cortes reverencia—.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me alegro de que se lo tome usted así. Es usted Braulio, ¿verdad? —dijo con un tono arrogante, mirándome con cierto desprecio—.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, yo mismo, el numero one, el mejor de mi habitación —contesté—. El non plus ultra de la acción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Creo que la denuncia que traigo conmigo no es para tomársela tan alegremente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, no se preocupe, la denuncia la pagaremos con los millones —le dije—. ¿Cuánto nos ha tocado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues tal vez cinco o seis años de cárcel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedaba cada vez menos conveniente la sonrisa de mi cara a medida que advertía que en realidad, este eficiente confidente estatal, delator comprometido e indagador de las incorrecciones humanas, no había venido a hacer entrega de ningún premio, sino con una orden de arresto por motivo de mi reciente participación en una manifestación que había causado graves daños en el mobiliario urbano y a la propiedad privada. Dijo llamarse Rodolfo Langostino, cosa que no me atrevo a asegurar, pues pudiera ser que yo no le hubiera entendido bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento me llevé una de las mayores decepciones de mi vida, aunque por ello siempre podré decir que por unos momentos sentí lo que es ser millonario. Los pensamientos que pasaron por mi cabeza en aquellos momentos eran de un odio frenético junto a imágenes de suplicio y escarmiento de mi hermana y así se lo hice entender con una mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba siendo acusado de participar en una movilización justa encauzada a reivindicar el derecho al trabajo de la mujer y en reconocimiento a la mujer trabajadora, cosa que a mí, no sólo me parecía bien, sino cosa en todo punto fantástica. La manifestación congregó a centenares de personas que recorrieron las calles del centro de Palma para acabar en la plaza de España. Unos megáfonos y unas pancartas proclamaban la lucha contra la discriminación laboral, e infinidad de curiosos y transeúntes se vieron obstaculizados por el venir de las gentes insatisfechas, que había de soportar que sus mujeres estuviesen todo el día en casa tocándose la cotorra o gastando la tarjeta en caprichos innecesarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella misma tarde estuve celebrando con algunos amigos el haber suspendido primero de BUP por tercera vez consecutiva y nos sumamos al bullicio de la manifestación, convirtiéndonos rápidamente en la facción más alborotadora y radical. Junto con otros manifestantes tumbamos contenedores de basura por en medio de las calles, lanzamos algunas piedras a los escaparates y otros actos de bestialismo propios de las manifestaciones y convenientes para destacar el disgusto y desaprobación del pueblo reprimido. Mis amigos, al anochecer, me acompañaron hasta casa y al encontrarme ya en la cama, pude oír cómo me cantaban repetidas veces desde la calle “es un muchacho excelente” y eso que no era mi cumpleaños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El agente Rodolfo Langostino, con gran prosopopeya, como si allí dentro estuviese el dinero, abrió el maletín y extrajo un expediente en el que junto con sustanciosas declaraciones de mis propios familiares, se incluía un desfavorable parte médico que ponía de manifiesto la falsedad de mi lumbalgia crónica, delito por el cual podía ir a la cárcel. Pasando unas páginas cuantificó las pérdidas de los destrozos que me atribuía en siete millones de pesetas, diciendo tener innumerables testigos y traer denuncias firmadas por más de treinta personas, muchas de ellas de empresarios y gentes respetables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enseguida que comprendí la gravedad de la situación una corriente ascendente de ácido gástrico consiguió emerger de mi estomago llegando hasta la laringe al tiempo que el filo invisible de una navaja me atravesaba el pulmón desde la espalda. Tras unos vahídos gesticulé una extrema náusea y sentí una convulsión muscular en la cara que me cerraba un ojo elevándose el moflete. Me retorcí con unos espasmos y con dos grandes zancadas alcancé la puerta de la cocina, con la intención de escapar por ella. Correr sin parar era mi propósito de no habérmelo impedido un agente uniformado que aguardaba fuera de la casa, el cual me agarró con fuerza, tal como la cría del macaco cornudo se agarra a la panza de su madre cuando ésta se sube a un árbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Forcejeé lo más que pude sin ningún éxito. Fui reducido al suelo, retorcidos los brazos y esposado con bastante dureza. Una rodilla aplastaba mi cara contra la terraza del patio, restregándome el moflete contra el moho y la hojarasca que allí había. De forma inmediata comencé a suplicar clemencia y vociferar mil tipos de disculpas. Un llanto sincero conturbó mi ánimo y manaron de mis ojos con un caudal sobresaliente, lágrimas de profundo arrepentimiento. Reconocía el mal que había hecho y sufría por ello. Mis palabras anunciaban con auténtica aflicción la firme promesa de no volverlo a hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El agente Langostino tenía el corazón más seco que la pierna de un romano. La lagartija del desierto siente más candor pinchándose con la púa de un cactus que el acicalado agente Langostino ante una escena tan dramática. Su rostro de granito apenas mostraba síntoma del desprecio y la soberbia que impulsa, con cada latido, la sangre de su cuerpo. Repulsión y desgana eran los únicos sentimientos que compartía, y aún así en pequeñas dosis. Con su mirada reseca carente de todo rasgo de humano sentimiento, se agachó y mirándome fijamente a los ojos me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está claro que eres un pájaro de cuidado. Un auténtico pajarraco. Pues bien, debes de saber que a partir de ahora voy a estar pendiente de ti. Cualquier cosa que hagas puede inclinar la balanza hacia un lado o hacia el otro. Primeramente iremos a ver un asistente social y tú y yo pronto nos volveremos a ver. A la menor noticia que tenga de que te has portado mal te vas a la cárcel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tal momento de desdicha es conveniente poder recurrir a la familia que a uno siempre le apoya en los momentos difíciles. Quedé mirando fijamente a mi tío con ojos suplicantes, compungido y lloroso aplastado en el suelo, esposado, incapaz de moverme. La abuela seguía tocando el tambor y mi tío, acercándose, poniendo una mano sobre mi espalda me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Braulio, hijo, un hombre tiene siempre que afrontar las consecuencias de sus actos. Es tu deber pagar por lo que has hecho, y como no tienes dinero para pagarme el coche nuevo, es mejor que vayas con este señor y que no vuelvas jamás a esta casa. Ya te había dicho que no hicieses nada en el garaje estando el coche dentro. Siento mucho que tenga que ser así. Dentro de unos años, si has conseguido dirigir tu vida quisiera pensases que era lo mejor para ti. Aquí no podemos hacer nada más por ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fueron muchas las disculpas que le di a mi tío en su momento por haberle quemado el coche. Fue un desgraciado accidente absolutamente involuntario que quemó el coche y el garaje. Llegaron a tiempo los bomberos de evitar que el incendio alcanzase la casa, aunque los destrozos en ella fueron notorios; grandes grietas se extendían por la fachada, teñida de hollín. El garaje y el coche eran puro carboncillo; un amasijo de desechos, imposible de adivinar lo que en su día fue. El fuego fue debido, por si su mención puede ser significativa, a un pequeño estropicio artístico. Tenía una careta de goma de un gorila que había repintado para darle un aspecto más amenazador y que al no haber quedado muy bien, decidí dar soplete con la esperanza de obtener así el efecto deseado. Cuando se encendió como una bola de fuego, con gran sobresalto y la ayuda de un palo la metí en un cajón del banco de trabajo, confiando que la falta de oxigeno apagase el fuego; pero perece ser que el cajón tenía un amplio respiradero en la parte de atrás por donde comenzaron a salir intensas llamas, avivadas por los diferentes elementos volátiles que había en el cajón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acercándose el agente Langostino dijo a mí tío:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tendrá noticias nuestras cuando sepamos qué dice una asistente social y no se preocupen por él que estará en buenas manos—.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Levantándome los policías del suelo por los brazos me llevaron arrastrando hasta la furgoneta, donde me dejaron en el asiento trasero con cierta rudeza. No había manera de escapar. No funcionaban los tiradores de las puertas ni se bajaban las ventanillas. De camino a la comisaría quedé sumido en tristes y profundos pensamientos. La completa desolación de mi vida se extendía por los sinfines del espacio conocido provocándome una absoluta tristeza que se reflejaba en el cristal con una mirada vacua y sin espíritu por la que circulaban dos ríos de lágrimas. Cruzaba fugaz sin apenas advertirlo el paisaje del mundo que me rodeaba de la misma forma que una medusa vaga por el océano impulsada por la corriente, y es tal su apatía y dejadez que no le importa estar viva o muerta. Una disección en lo profundo de mi alma desgajaba a pedazos mis ganas de vivir y allí donde yace la esperanza se extendió una oscura mancha de dolor insoluble.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/12/capitulo-xii.html&quot;&gt;Capítulo siguiente&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/02/bienvenidos.html&quot;&gt;Índice&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify; font-family: georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/2631077213258289485/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/11/aunque-pudiera-ser-significativo-que.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/2631077213258289485'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/2631077213258289485'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/11/aunque-pudiera-ser-significativo-que.html' title='Capítulo XI'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-7778360251401863280</id><published>2009-11-01T06:42:00.000-08:00</published><updated>2012-02-10T07:26:57.231-08:00</updated><title type='text'>Capítulo X</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;font-family:georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;Siempre había tenido al inspector Eustaquio Trompeto por un icono representativo de la rectitud, el paradigma de la decencia. Cuando nos conocimos estaba en la cima de la plenitud física y era persona visiblemente excepcional de gran personalidad y carisma, con grandes dotes de mando  e inquebrantable en sus convicciones. Era arrogante y decidido, cualidades que disfrutó aun en los más avanzados días de su vejez. Cierto es que algunos desarreglos hormonales propios de la edad le impulsaban hacia un comportamiento libidinoso y lascivo con las enfermeras, pero aun en los momentos de mayor deterioro mental, defendía los ideales que había mantenido toda su vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—¿Qué es para usted la justicia, señor inspector? —le pregunté en el curso de una sesión terapéutica.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—La justicia es el mecanismo que impone la igualdad entre los desavenidos. El peso que uno carga al hacerse responsable de sus actos. Venganza para unos, castigo para otros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Así como lo dice usted parece una injusticia —le contesté—. ¿No podríamos ver la justicia como la resolución de lo que es justo humanamente considerado en defensa del bien común?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Sí, pero no es así. La justicia va más allá de la ley y solo podemos decir que se aplica cuando hay una condena, cuando el culpable paga su falta, antes no hay justicia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Fue usted un hueso duro de roer, ¿verdad?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—A ti te hubiera dado yo con un palo hasta sacarte los ojos. Ahora estoy acabado pero en otros tiempos hubierais sabido lo que es bueno. No era yo persona que se dejase maltratar de esta manera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—¿No se arrepiente de haber sido tan excesivo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Con las ganas me voy a quedar. Y con jactancia puedo decir que a lo largo de mi vida he sufrido las penalidades más duras en defensa de la justicia. Fui lo duro que era necesario, sin ensañamiento, pero esta fortaleza me fue necesaria para soportar las afrentas a mi propia persona. Ten por seguro que no me iré a la tumba sin obtener mi venganza de una u otra manera. Yo seré la justicia. Yo caeré sobre vosotros con el peso de la ley.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;—Estoy muy contento de verle tan animado. Pero encuentro excesivo que rememore con tanta energía la gloria de su juventud; las grandes hazañas quedaron atrás.  A usted ahora lo que le conviene es absoluto reposo en la posición que le he explicado, con los pies en alto para que le llegue bien la sangre al cerebro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-family:georgia;&quot;&gt;Dejé al inspector con las piernas en alto atadas a una silla, y fui a dar una vuelta bajo los alcornoques. Qué día tan fantástico, me dije, y tras desalojar de un banco del jardín a dos psicóticos, me tumbé a meditar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/11/aunque-pudiera-ser-significativo-que.html&quot;&gt;Capítulo siguiente&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;font-family:georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;font-family:georgia;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/02/bienvenidos.html&quot;&gt;Índice&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;font-family:georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;font-family:georgia;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/7778360251401863280/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/11/capitulo-x.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/7778360251401863280'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/7778360251401863280'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/11/capitulo-x.html' title='Capítulo X'/><author><name>Unknown</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry></feed>