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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/atom10full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" gd:etag="W/&quot;Dk4FRHczeyp7ImA9WhRbEk0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360</id><updated>2012-02-02T09:48:35.983-08:00</updated><category term="relato" /><category term="cuento humor" /><category term="humorístico" /><category term="cuento" /><category term="relato humor" /><category term="novela humor leer gratis" /><category term="leer relato" /><category term="Chistes" /><category term="humor" /><title>NOVELA Y RELATOS DE HUMOR</title><subtitle type="html">Blog de relatos de humor de Rafael Homar e introducción de su novela El enigma de la cacatúa.</subtitle><link rel="http://schemas.google.com/g/2005#feed" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/posts/default" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/" /><link rel="next" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25&amp;redirect=false&amp;v=2" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><generator version="7.00" uri="http://www.blogger.com">Blogger</generator><openSearch:totalResults>49</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/atom+xml" href="http://feeds.feedburner.com/ElEnigmaDeLaCacata" /><feedburner:info xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" uri="elenigmadelacacata" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><entry gd:etag="W/&quot;DE4CRXY7fSp7ImA9WhRbEUQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-6305454032965866786</id><published>2011-12-17T07:15:00.000-08:00</published><updated>2012-02-02T07:36:04.805-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2012-02-02T07:36:04.805-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="humor" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuento" /><title>La princesa encallada</title><content type="html">&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;En la almena la princesa ha quedado encallada subiendo las escaleras. Por una imperfección en las paredes de la torre se estrecha el paso formando un embudo, donde la princesa, que a duras penas podía pasar por los tramos más anchos, ha quedado encallada. ¿Qué estaría haciendo la princesa en lo alto de la torre? ¿A qué se debió tanto empeño por pasar por donde no cabía? Empujó lo más que pudo para seguir adelante quedando tan apretada que no había forma humana de conseguir liberarla, cosa que se intentó de diferentes formas. Como primera tentativa, subiendo a lo alto de la torre con una escalera, entraron por el ventanuco tres fornidos guerreros, que para hacerla retroceder soportaron estoicos los arañazos y mordiscos de la princesa, empujando sin efecto durante un buen rato. Uno de ellos, al que la princesa había desgraciado la cara y arrancado la oreja de un mordisco, afirmó: Si no se está quieta no hay nada que hacer. Es una idea, contestó el venerable Sir Pardalio, Duque de Pimienten, anciano asesor del Rey, manifestando con una mueca su profunda preocupación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;La alarma por su desaparición se dio cuando, al ser la hora del bocadillo, el personal de cocina se extrañó de no haberla visto por allí y mandaron recado de comunicarle que el almuerzo estaba servido. Es verdad que poco antes se había comido, de aperitivo y sin utilizar cubiertos, un chuletón de buey, pero no dejaba de ser sospechoso que desatendiera el generoso emparedado de pollo trufado con salsa de nueces que le esperaba. ¿Era sensato pensar que después de semejante aperitivo se le antojara subir los más de trescientos escalones de la torre?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;Como segunda tentativa decidió Sir Pardalio que se probase estirando por los pies, y considerando que se requería de una notable fuerza y cierta delicadeza, no encontró mejor opción que él mismo para tal menester, cosa que causó cierto estupor entre la guardia real. Ni en sus tiempos mozos pudiera haberse pensado de Sir Pardalio que destacara ni medianamente por sus aptitudes físicas, y semejante arrebato se debía principalmente a sus cada vez más corrientes desvaríos seniles. Con notable determinación emprendió camino a la torre seguido por cinco caballeros de la guardia real, que no dejaron de aplaudir y jalear su empeño. Sin apenas resuello y apoyándose por las paredes para no caer, estaba finalmente el noble anciano en lo alto de la torre arrepintiéndose de la decisión tomada, pero aún así quiso probar de coger el tobillo de la princesa, por si tal vez con un mínimo esfuerzo se solucionaba el problema. No se esperaba, al levantar la falda, la violenta reacción de la princesa, que de una formidable patada mandó al venerable Sir Pardalio, Duque de Pimienten, escaleras abajo más de la mitad del trayecto, y no vuelve a aparecer por este cuento. Sobrevivió, aunque arrastró el resto de su vida los efectos del batacazo, no pudiendo girar el cuello ni un milímetro, condicionado a mirar siempre hacia su lado derecho. Antes de perder la conciencia mandó tener precaución a los guardias de palacio, no se fuera a repetir semejante percance.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;—No ha sido esta sino una demostración que debéis tener como ejemplo para no incurrir en mi poco tacto con una dama.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;Los más bravos guerreros del reino hacían cola con sus armaduras viendo pasar a los abatidos compañeros que antes lo habían intentado, muchos de ellos duramente castigados y en estado cercano a la inconsciencia, arrastrándose por el suelo o agarrándose por las paredes. Otros eran sacados en brazos gravemente heridos y ensangrentados. Finalmente, por puro agotamiento de la princesa, un fornido capataz de las mazmorras consiguió agarrarle el tobillo, y cierta alegría reinó entre la soldadesca antes de ver que los furibundos esfuerzos del capataz, estirando de la pierna, simplemente conseguían tornar su faz colorada y humeante. Su rostro era pura lava incandescente y sus ojos estaban a punto de estallar cuando en su ayuda se sumó un guardia real y entre los dos pusieron en alto los pies de la princesa y comenzaron a estirar, siendo reemplazados después por guerreros de refresco, iniciando así una secuencia que duró toda la noche.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;En lo alto de la almena había quedado de guardia un monaguillo que con un candil en las manos y agazapado en un rincón a duras penas escapaba a los golpes que la princesa daba en todos lados, enajenada por la rabia y el dolor, gritando improperios y blasfemias tales que el diablo mismo consideraría sacrílegos. Maldiciones escatológicas para todos los santos e insultos vejatorios a la cúpula eclesiástica, sin dejar de mentar a Cristo y la Virgen, salían por su boca junto a escupitajos, bramidos y espuma. Estiraban con brío los de abajo sin ningún resultado hasta que subieron una burra para probar si atándola con una cuerda a los tobillos de la princesa conseguían por fin desencajarla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;Fue duramente azotada la burra sin que con esto se consiguiera mas que llevar al límite las quejas e improperios de la desafortunada princesa, para espanto y consternación del monaguillo, que estaba a punto de poner un huevo. Descartando finalmente este procedimiento subió el Rey a la almena para hablar con su hija.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;—Hija mía, ¿cómo es que ahora te encuentras en semejante trance? ¿Qué has venido hacer a lo alto de esta torre? —preguntó el rey con voz temblorosa y ánimo conturbado—. ¿Acaso dentro de ti creció el deseo de soledad? ¿Soy yo el culpable de que no fueras lo más feliz posible?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;—Sí —mintió la princesa, que no quiso reconocer que subió a lo alto de la torre en pos de una gaviota que, en un descuido, le había robado el hueso del chuletón, al que quedaba más bien poca carne.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;Quiso la princesa aprovechar la coyuntura para culpar de su situación a los guardias de palacio, que, en su opinión, no la hacían suficiente caso. Quería disipar la ociosidad palaciega jugando en los jardines y gustaba de encontrar quien se sometiera a sus antojos. Pretendía ella que la llevaran a caballito por todos lados, no accediendo a ningún descanso hasta ver bajo su cuerpo una persona desfallecida por el cansancio y martirizada a golpes. A más de uno dejó calvo en la consecución de este trance. Columpiarla era en extremo peligroso y su rudeza e inclinación natural al escarmiento hacía de cualquier juego un riesgo para la salud.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;—Padre querido, esta mañana quería pasear un poco en los jardines y encontrar quien me acompañase, pero todos parecían esconderse de mí y desolada vine a refugiarme a lo alto de la almena, pensando en suicidarme.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;—Suerte los dioses han querido impedir tal desenlace. Preocupémonos ahora de sacarte de aquí que ya hablaremos entonces de tu futuro, pues pronto ha de ser momento de que te encontremos un pretendiente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;Se ruborizó con visible alborozo la princesa al oír aquellas palabras y dejó caer un leve babeo, tal cual le suele pasar al tener un filete en frente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;—He consultado con Mierdín, el mago, y ya está preparando un brebaje depurativo que te liberará de esta prisión como por arte de magia, pero hasta entonces no puedes comer nada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;Esto no preocupó mucho a la princesa que en el escote aún le quedaban tres muslos de pollo y un trozo de queso y una sobrasada en los bolsillos de su corsé.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;A la mañana siguiente entró Mierdín, el mago, por el ventanuco de la almena exhibiendo un vistoso atuendo y un cucurucho de considerable altura en la cabeza. Con gran prosopopeya y misterio pronunció unas palabras mientras se dirigía a la princesa con el brebaje en las manos. Alzando la copa parecía en trance, sumido en una mística conexión con el más allá. La princesa le observaba con extrañeza hasta que llegó a sus narices el nauseabundo hedor de la pócima y pudo observar el color amarillento de una sustancia granulosa de aspecto poco apetecible, momento en que agarró con el brazo al mago por el cuello y apretándolo hacia el pavimento consiguió tal torsión de la columna que no le quedaba más remedio al pobre mago que abrir el gaznate, por donde la princesa vertió el repulsivo líquido. Tenía la propiedad el brebaje de inhibir posteriores ingestas provocando nauseas, flojera y ardor en la garganta. Para hacer más llevaderos, e incluso agradables, estos efectos, la pócima incluía jugo de piel de sapo y vejiga de serpiente, entre otros elementos usuales en las pócimas de los magos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;Consiguió salir de la almena el mago por su propio pie y alcanzar el suelo tras una odisea que duró toda la mañana. Entre espasmos y convulsiones regurgitó la sopa mientras daba vueltas sobre sí mismo en el interior de la almena. No había pensado, ni mucho menos, darle de beber el jarro entero a la princesa, sabiendo que con un sorbo hubiera sido suficiente. A la tropa se le juntó gran parte del populacho que atónitos miraban cómo Mierdín, el mago, subía o bajaba la escalera sin ningún sentido y todo el tiempo intentaba ponerse boca abajo, manteniendo en vilo a la gente ante una inminente caída.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;Llegaron a oídos del Rey noticias de sus diversas indisposiciones y se apresuró a visitarle en sus aposentos, sorprendiéndose al ver su rostro demacrado y horrorizándose al oír las barbaridades que llegó a decir de su hija, a la que puso de verraca para abajo. Añadió, en tono colérico, y sin eludir epítetos malsonantes relacionados con el ganado, que tan solo con un ayuno estricto podrían liberar a la princesa de su trampa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;La clarividencia del gran mago se puso de manifiesto y a los dos días de ayuno la princesa fue encontrada dormida en la despensa abrazando un jamón.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span &gt;Fin&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-6305454032965866786?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/6305454032965866786/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/12/cuento-humor-princesa.html#comment-form" title="2 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/6305454032965866786?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/6305454032965866786?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/12/cuento-humor-princesa.html" title="La princesa encallada" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CkcMRnw_eip7ImA9WhdaEE4.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-266616653153037400</id><published>2011-10-19T06:09:00.000-07:00</published><updated>2011-10-19T06:14:47.242-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-10-19T06:14:47.242-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="humor" /><title>El peregrino</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Un peregrino recorre el bosque a través de un sendero invisible. La foresta le oculta ante el firmamento hasta que por un momento le muestra un rastro de humo que sale de una chimenea. El peregrino entra en la choza. En las paredes cuelgan en avanzado estado de descomposición animales muertos de nauseabundo aspecto y hedor. En frascos bichos variados revolotean y en otros hay sesos y vísceras contenidas en repulsivos líquidos. Libros descoloridos se amontonan en estantes repletos junto con numerosos botes y objetos. En el centro una marmita enorme bulle intensamente y sobresaliendo sobre el caldo se intuyen tres cabezas humanas, unos cráneo desechos cuyos cueros cabelludos se desparraman cual fideos. Están muy juntas, lo que da a pensar que han hecho un hatillo con los tres cuerpos. El peregrino se abre paso por la estancia y se dirige allí donde tras una cortina se esconde un pasadizo. El túnel es largo, y se prolongan sus mohosas paredes en una espiral descendente para encaminarle al interior de una tierra húmeda y fría, alcanzando en un momento la oscuridad total, pero el peregrino no se detiene, prosiguiendo de forma intuitiva los pasos hasta que percibe una luz al final de la gruta. Al acercarse puede ver que las paredes segregan viscosidades como explosiones de sarpullido y numerosas raíces se proyectan hacia el interior del túnel. Media rata se arrastra intentando huir del reguero de sangre que va dejando a su paso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Ya era hora de que te dignases volver, ¿me has traído lo que te pedí?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;La vieja parece de mal humor. Nunca en la vida nadie ha visto una mujer tan fea, y ahora, a su edad, es la viva imagen del horror. Un insoportable castigo para los ojos que revuelve las tripas y causa desmayo. Solo en la ficción se han descrito criaturas del submundo utilizando las palabras que son necesarias para ella. Numerosas verrugas negras se amontonan en su nariz entre pelos recios y blancos. Su piel rugosa y granulada, de un gris enfermo, se extiende por el cuello en pliegues ulcerados. Su lengua moribunda asoma babeante arrastrando hilos de viscosidad en una boca amorfa y apenas sin dientes. Entre mucosidades resecas sus diminutos ojos le observan bajo unas densas cejas mugrientas. El poco pelo de la cabeza deja ver protuberancias oscuras de aspecto macabro. En la mano sostiene un cráneo de mono el cual hace sonar mientras se acerca al peregrino. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Sí, madre, un bote de garbanzos y dos latas de alubias. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;La vieja, con movimiento raudo, engancha por la mejilla al peregrino zarandeándole un poco el moflete con bastante fuerza. De una estantería alcanza un plato y lo pone delante del peregrino. Coge un huevo, lo abre directamente en el plato y lanza sobre él una nube de polvo desconocido. Tras unas efervescencias comienzan a brotar unas voluminosas setas que el peregrino come a medida que van saliendo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Son para el gato, que mira el pobre cómo está desde que no come.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;En una esquina un gato cadavérico consigue ponerse en pie. Un enjambre de moscas revolotean sobre él e insectos recorren su cuerpo. Su escaso pelaje deja entrever un pellejo repleto de ronchas y llagas adherido al hueso. Se desploma el gato como un castillo de naipes y un ruido extraño emerge de su boca torcida. Su mísera barriga, redonda y calva, parece a punto de explotar constreñida por unas costillas diminutas sin apenas carne. Un rabo mugriento y desaliñado, retorcido como un cagarro, da algunos coletazos manifestando mortal pesadumbre. Sus orejas mordisqueadas a punto de desaparecer aletearon con desánimo antes que la lengua exánime se mostrara entre sus fauces abiertas. ¡Miauuuu! La bruja deposita de mala gana las alubias a su lado. El gato, haciendo un esfuerzo, consigue acercar lo suficiente la cabeza como para lamer con indolencia la alubia más cercana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Está exquisito. ¿Qué estás preparando en la marmita?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Extracto de hombre muerto. Ya que estas aquí podrías ayudarme a sacar los huesos de la marmita. Hace ya tres días que cuecen.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—¿Es esto posible? Sabes bien que no me gusta que me mandes estos trabajos de brujería y no hace ni un minuto que he llegado y ya quieres que me ponga con esos huesos. Va a ser esta la última vez que vengo a verte.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—No te pongas así, que tampoco es para tanto. Solo tienes que estirar de la cuerda. Cuéntame cosas, ¿qué tal por la universidad? Ya sabes que si hay que echarle el mal de ojo a algún profesor nadie como tu madre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Los estudios van bien, y me han ofrecido un trabajo. Mamá, me voy a casar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—¿Qué dices?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Sí, he conocido a una chica. Bueno, hace ya tiempo que salgo con ella, y sus padres me han insistido mucho en conocerte.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Pues que vengan.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—He pensado que tal vez sería mejor que te arreglaras un poco y que cenásemos con ellos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—¿Cuándo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—¿Qué te parece mañana?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Ya sabes que por ti haría cualquier cosa. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El peregrino recorre el camino y en su cabeza no para de repetir:  ¡Ay, madre!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Fin&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-266616653153037400?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/266616653153037400/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/10/el-peregrino.html#comment-form" title="2 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/266616653153037400?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/266616653153037400?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/10/el-peregrino.html" title="El peregrino" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CUACR3c6fCp7ImA9WhdTEU4.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-5359807737556725599</id><published>2011-07-08T07:00:00.000-07:00</published><updated>2011-07-08T07:02:46.914-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-07-08T07:02:46.914-07:00</app:edited><title>El nuevo paradigma</title><content type="html">&lt;p style="text-align: justify;margin-top: 0.42cm; margin-bottom: 0cm; "&gt;&lt;span &gt;&lt;span &gt;&lt;span &gt;&lt;span style="font-style: normal"&gt;&lt;span style="font-weight: normal"&gt;Aún sea mínima la difusión de este humilde blog, nunca ávido de controversia y dedicado siempre al humor más inocente, quisiera contribuir en la expansión de la nueva consciencia que cambiará el mundo. Se terminaron las guerras, el hambre, la explotación, la contaminación... Lo único que hay que hacer es escuchar esta conferencia de Joan Antoni Melé, subdirector general de Triodos Banck.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-top: 0.42cm; margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span &gt;&lt;span &gt;&lt;span &gt;&lt;span style="font-style: normal"&gt;&lt;span style="font-weight: normal"&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=UK3hC1xxHQM"&gt;http://www.youtube.com/watch?v=UK3hC1xxHQM&lt;/a&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-top: 0.42cm; margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span &gt;&lt;span &gt;&lt;span &gt;&lt;span style="font-style: normal"&gt;&lt;span style="font-weight: normal"&gt;Bienvenidos al nuevo paradigma.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-top: 0.42cm; margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-5359807737556725599?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/5359807737556725599/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/07/el-nuevo-paradigma.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/5359807737556725599?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/5359807737556725599?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/07/el-nuevo-paradigma.html" title="El nuevo paradigma" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CUMCR3g-cCp7ImA9WhZbEUg.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-8974027762277083620</id><published>2011-06-14T12:29:00.000-07:00</published><updated>2011-06-15T08:57:46.658-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-06-15T08:57:46.658-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="humor" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuento humor" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="humorístico" /><title>Capítulo XIX</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Consentí finalmente que el doctor Laurencio me acompañara junto con el Obispo Juana Mari a ver al inspector Eustaquio, que como se ha dicho, ya debía de haber salido del quirófano. Muy cerca de nosotros estaba sentado un neurólogo recién llegado al hospital con una actitud muy deprimida; tenía los pies sobre el sofá y las manos sobre la cabeza. Parecía sumido en profundas tribulaciones.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—¿Se encuentra usted bien? —le pregunté.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—No, la verdad es que no —me dijo—. Ha habido problemas en casa. Mi hija ha desaparecido. Se fue corriendo detrás del perro. Lo habíamos atado a un globo y se fue volando. Aún no han aparecido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Extraordinario suceso. Pues váyase usted a su casa, hombre —le dije—, que su mujer estará muy preocupada. Ya hablaré yo con el doctor Gabriel. No se preocupe por nada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Muchas gracias. ¿Tiene usted la llave de la barrera?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—No. Esta mañana me las ha pedido el doctor Gabriel.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Entonces tendré que saltar el muro, ¿dónde puedo conseguir una escalera?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—¿Cómo que saltar el muro? No tiene que saltar; le diga a uno de los chicos que le abra la barrera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—En un par de ocasiones que lo he intentado no me han querido abrir —dijo el neurólogo manifestando con un gesto su entera incomprensión. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Les tendrá que disculpar —dije—. El doctor Gabriel gusta de contratar personal con minusvalías, ayudando en mucho en la reinserción de estas personas. Insístales y muéstreles su autoridad y ya verá como le abren. Si no, les diga que tiene mi autorización. Váyase ya y si podemos serle de utilidad en algo no dude en avisar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Quedaban por entonces pocos rezagados en la sala cuando salimos de ella. Al paso lento del señor Obispo, que en numerosas ocasiones fue interrumpido por enfermos que arrodillándose en el suelo solicitaban su bendición, emprendimos camino a la habitación del inspector Eustaquio Trompeto. La barrera del departamento de psiquiatría estaba cerrada y el enfermero encargado de la vigilancia estaba ausente, cosa inaudita y falta grave por dejadez manifiesta del auxiliar responsable. Pensé en dar parte al doctor Gabriel a la primera oportunidad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Tendremos que salir por la barrera del jardín —le dije al doctor Laurencio—. Supongo que aún conserva la llave que le di.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Sí, la tengo aquí mismo —dijo el doctor Laurencio Puerco. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Estupendo. Saldremos por el jardín y entraremos por la entrada principal. Además tenemos que preguntar en recepción por la habitación del inspector. Yo no sé cuál es.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Recorrimos los esplendidos jardines del departamento de psiquiatría y sin contratiempo digno de mención, salimos por la barrera del jardín y tras bordear el muro que rodea el hospital, entramos de nuevo por la puerta principal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Al llegar a la recepción, situada en la entrada principal del hospital, las personas que allí había abrieron paso para ceder su puesto a Su Santidad el Obispo Juana Mari y acercándonos los tres al mostrador, el doctor Laurencio preguntó a la recepcionista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Señorita, ¿cuál es la habitación del inspector Eustaquio Trompeto?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;La recepcionista miraba con cierto espanto al doctor Laurencio y no se atrevía a contestar, cosa comprensible y además corriente en quienes ven por primera vez al doctor Laurencio. El Obispo Juana Mari también llamó mucho su atención y tardó bastante en dirigirme la mirada, cosa que la hizo despertar de su trance, sacudiéndose con unos espasmos y gesticulando una angustiosa expresión de horror. Florentina, que así se llamaba no era desde luego la viva imagen de la eficiencia y su lentitud e inoperancia podía llegar a ser estresante. Yo la había conocido anteriormente y me había parecido detectar entre nosotros una atracción mutua.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Florentina, ¿que ya no te acuerdas de mí?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—¿Cómo es que habéis salido de vuestro departamento?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Lo tenemos todo controlado y hemos querido aprovechar el descanso para hacer una visita al inspector Eustaquio Trompeto —respondí—. Se trata solamente de una visita de cortesía. Me acompaña Su Elevada Santidad el Obispo Juana Mari por si son requeridos los últimos sacramentos, y el doctor Laurencio Puerco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El Obispo extendió su mano para que Florentina la besase, cosa que hizo con un simple gesto y una reverencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Yo te bendigo hija mía para que Nuestro Señor te halague con buenaventura.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Esperad un momentito —dijo Florentina descolgando el teléfono—. Primero tengo que hacer una llamada. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Descolgó el teléfono y en breves instantes, apartándose un poco y bajando bastante la voz, informó a su interlocutor que se había vuelto a escapar el mismo loco que el otro día y que ahora le acompañaban otros dos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Mándame a los de seguridad a recepción inmediatamente —dijo Florentina al auricular—. ¿Qué no hay nadie disponible? ¿Cómo puede ser? ¿Qué se han escapado todos los locos? Esto es terrible. ¿Qué alguien ha dejado la barrera del jardín abierta y se han escapado todos? ¿Y ahora qué hago? ¿Qué? No puedo. Hay uno que debe de pesar trescientos quilos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Florentina —dije en tono cordial—, podría prestarnos un poco de atención, por favor. Mire por favor en qué habitación se encuentra el inspector Eustaquio Trompeto y no la molestaremos más. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Lejos de hacer lo que le decía se quedó parada y sonriente sin decir palabra. Supuse entonces que sería alguna protegida del doctor Gabriel y que estaría allí como parte de un tratamiento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Doctor Laurencio, mire usted en el ordenador. ¿Sabría hacerlo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—La tecnología no tiene misterios para mí, pero seguro que me llevará un buen rato, yo nunca he tocado un chisme de estos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Pues da igual, daremos una vuelta y preguntaremos a las enfermeras. Florentina, es usted el paradigma de la ineficiencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Un poco frustrados y desconcertados por la absoluta falta de cortesía de la recepcionista emprendimos calmado deambular por los pasillos del hospital, interesándonos por la salud de algunos pacientes. El Obispo Juana Mari practicó unas rápidas confesiones y el doctor Laurencio colocó los huesos en su sitio a algunos pacientes produciendo algunas torceduras. En la tercera planta una enfermera se mostró menos arisca que las otras y consintió en facilitarnos la información.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Pues, no, no hay nadie ingresado en el hospital con ese nombre y la verdad es que me extrañaría que alguien se llamase así.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Mire por favor, si esta registrado con su verdadero nombre, Eugenio Tramps.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Sí, aquí está, en la cuatrocientos seis. ¿Cómo se llama vuestra compañía? ¿Tenéis que actuar por aquí? A mí me gusta mucho el teatro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Pues no pertenecemos a ninguna compañía pero si quiere esta noche podemos quedar en el departamento de psiquiatría y vemos juntos la tele.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Sois muy graciosos. ¿No me podéis dar alguna entrada?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Una entrada no, pero sí una bendición —dijo el Obispo Juana Mari—. Acércate hija mía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El Obispo Juana Mari tras levantar la cruz con gran prosopopeya dio con ella un sorprendente castañazo en la cabeza de la enfermera con el que ésta cayó en el suelo desmayada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Yo estaba muy preocupado. Últimamente el estado de salud del señor inspector distaba mucho de ser envidiable y en ningún caso podíamos ser optimistas sobre su posible recuperación. Le habían tenido que operar de la tráquea debido a una ingesta excesiva de agua de piscina, habiendo sufrido ahogamientos y un colapso respiratorio. Fue ingresado de urgencia en cuidados intensivos con un pronóstico muy poco esperanzador. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;No era la primera vez que la vida del inspector Eustaquio pendía de un hilo. Su cuerpo sufría desarreglos de muy diversas clases y la debilidad de su organismo hacía que cualquier intervención fuera de máximo riesgo. Estamos hablando de un sobrecogedor caso de envejecimiento espantoso con malfuncionamiento integral de los órganos. Su historial médico era aterrador y los análisis desvelaban las más diversas patologías: arritmia cardiovascular, tensión oscilante, descalcificación ósea, bronquitis crónica, aerofagia, por destacar las más acuciantes. Estando en el hospital sufrió varios infartos y fue operado de gravedad en diversas ocasiones por diversas roturas óseas. Tomaba un sinfín de pastillas por anomalías metabólicas y su delicadeza era notoria. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El propio doctor Gabriel me trajo al inspector Eustaquio a mi consulta al considerar la conveniencia de que me encargase de sus sesiones terapéuticas, pues se trataba de un paciente que sufría paranoia y desmesurados brotes de cólera e histerismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Habrían pasado más de ocho años desde que había visto por última vez al inspector Eustaquio en el restaurante “La Cacatúa” y el tiempo no le había tratado bien. Nuestro reencuentro en el hospital me supuso una fuerte conmoción al ver el intenso envejecimiento sufrido. Las repercusiones físicas de su prolongado secuestro por la guerrilla ecuatoriana en la selva de la Papaya eran evidentes, quedando tras esta mala experiencia en el extremo máximo de la decrepitud. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Su aspecto desvalido y frágil contrastaba con gravedad con la presencia y robustez del inspector que yo recordaba. La devastación física debida a la extrema penuria y malnutrición durante su encierro le había dejado al borde de la muerte en un estado lamentable de aspecto cadavérico y quebradizo que hería la sensibilidad al verle. No parecía quedar carne en el cuerpo y sus costillas quedaban perfectamente visibles. Estaba totalmente demacrado por infinitas arrugas en una piel adherida al hueso, y padecía una fuerte atrofia en los músculos de la cara, quedando rígida su expresión, algo desfigurado y asimétrico. La pérdida de masa corporal era cosa desconcertante, siendo notorio el encogimiento general de su cuerpo. Su piel se había vuelto de un color grisáceo pardo de aspecto muy poco saludable. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Su cabeza, desde atrás, no distaba en exceso a la visión de una patata gigante arrugada, blanda y pansida. El frondoso penacho de pelo resplandeciente que lucía en medio de la frente y que hacía enloquecer a las mujeres, se había vuelto apenas un pequeño foco de pelos desabridos diseminados, lánguidos en extremo que ocultaban sin éxito un cráneo amorfo y lleno de costras. Gran parte de sus arrugas se concentraban en la nuca, quedando tan estirada la piel en la frente que su puntiaguda nariz se le subía sorprendentemente. Le hicimos en el hospital una dentadura postiza completa que ayudaba en mucho en que su cara se viera más digna; no la llevaba el día que me lo trajo el doctor y asemejaba faltarle media cara. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Cuando finalmente acepté que se trataba del Inspector Eustaquio me abalancé sobre él, a pesar de causarme cierta repulsión, dándole un abrazo. Siempre había guardado un grato recuerdo del inspector y le tenía en la más alta consideración; al verle en semejante estado me invadió una intensa lastima, pero no quise dar muestras de mi desconsuelo. Si me reconoció al verme es cosa que no se podía deducir por su mirada, no hacia el más mínimo gesto de asentimiento ante mi insistencia en hacerle recordar. Parecía tener la mente en blanco, vacía de todo pensamiento o recuerdo. Nos miraba fijamente, con una expresión inescrutable. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—¿No se acuerda de mi? —le dije—. En el restaurante “La Cacatúa”. Usted salvó la vida a mi cerdo. Seguro que usted se acuerda. Era un cerdo muy hermoso que se llamaba Paco. ¿De verdad que no se acuerda?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Mirándonos con los ojos bien abiertos iba ladeando la cabeza como si con un pequeño hilo fuese siendo estirada hacia el suelo, hasta quedar ésta en posición horizontal, momento en que abrió la boca y quedó colgando su mandíbula desencajada sin un solo diente, dejando caer un leve babeo. Las piernas le comenzaron a temblar, primero despacio y después más fuerte, avanzando la convulsión hasta el cuerpo y de allí a los brazos. Cuando la cabeza recobró con un impulso su posición original agarrándose a la silla gritó totalmente desquiciado:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Me vengaré, juro que me vengaré. No tenéis escapatoria. Pagareis con la muerte y los cuervos se comerán vuestros ojos. Yo mismo me los comeré.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Sufrió una cólera desbocada y extrema agitación, síntomas indudables del trauma reciente. Se revolvía en la silla de ruedas con una mirada delirante y asesina gritando incoherencias e insultos. Tal era la rabia que le dominaba que no tardó en desmayarse y quedó doblegado sobre la silla sacando abundante espuma por la boca. Auscultándole el doctor Gabriel confirmó tratarse de un desmayo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Braulio —me dijo el doctor Gabriel—, quiero que te encargues de vigilarle. Procura que se adapte bien y sobre todo que no se pasen con él los otros pacientes. Sácalo a pasear y cuídate un poco de él. Y ten en cuenta que se encuentra muy frágil. Cualquier golpe o incluso un cambio en la temperatura podrían ocasionarle la muerte. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Puede estar bien tranquilo que haré lo que se encuentre en mi mano —contesté.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Y así se hizo durante el tiempo que estuvo a mi cuidado, tiempo en que el inspector Eustaquio fue mejorando visiblemente de los efectos del trauma.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Al llegar a la habitación que nos habían indicado quedamos sorprendidos por la ausencia del inspector Eustaquio. La habitación estaba desértica, la camilla abandonada y el aseo desocupado. Me quedé trastornado por pensamientos funestos y un sentimiento de horror me recorrió el cuerpo. Pudiera ser que se encontrara el inspector todavía en el quirófano y sugerí fuéramos a preguntar a la enfermera de guardia. El señor Laurencio especuló con una probable muerte. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—No anticipemos los acontecimientos ni pretendamos hacer adivinación de cosas que no sabemos —dije mirando fríamente al señor Laurencio—. Pueden ser muchos los motivos sencillos por los que el inspector no se encuentre ahora aquí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Braulio —me dijo el obispo mientras salíamos de la habitación pasando el brazo sobre mi hombro—, hace tiempo que te digo que el señor inspector está siendo llamado insistentemente a presencia del altísimo. No pongo en duda de que aún muriendo inconfeso encontrará allí el perdón que sus buenas obras se merecen. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Algo en mi interior —le respondí— me impide creer, hasta que no lo vea, que el inspector está realmente muerto. Tendré que poner mis dedos en la llaga. Usted ya sabe que el señor inspector ha superado ya innumerables situaciones críticas y que ya otras veces hemos temido por su vida. No tiene nada de nuevo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Las noticias de la enfermera de guardia vinieron a contradecir nuestras peores conjeturas confirmando que el inspector se encontraba mejor, pero que continuaba con respiración asistidas y sedado y que no había salido de la habitación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Disculpe señorita —le dije a la enfermera—. ¿Entonces es que lo han cambiado de habitación? No hay nadie en su cuarto y tampoco en el baño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Encuentro muy raro esto que me dice —dijo la enfermera—, pues yo lo dejé allí no hace mucho rato y él solo no puede haber salido. Será que no han mirado en la habitación correcta. Tiene que estar en la número cuatrocientos seis.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Esa es la habitación de dónde venimos —la respondí—. Haga el favor de acompañarnos y podrá ver que no la miento. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Al volver a la habitación acompañados de la enfermera de guardia y tras hacer una inspección más detallada de la misma, encontramos detrás de un sofá al señor inspector sumido en un absoluto colapso de histeria. Al apartar el sillón nos sorprendió el señor inspector con un grito desmesurado, inconcebible para quien acaba de ser operado de la tráquea; era como el aullido de un lobo herido por un cepo. Revolviéndose como una lagartija retrocedió hacia la pared con una angustiosa expresión de desespero y quedó agazapado en la esquina con temblores y espasmos mirándonos fijamente. La agitación del inspector estaba fuera de control; sin duda no se le habían suministrado los analgésicos y sufría los dolores del postoperatorio tras la extirpación del píloro; chillaba con todas sus fuerzas y manifestaba síntomas de delirio con amagos de infarto cardíaco. Tenía el cuerpo empapado en sudor y al acercarnos para ayudarle sacó una jeringuilla con la que amenazaba a quién se le acercara.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Manteniendo una distancia de seguridad intentamos dialogar con él.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Tranquilícese señor inspector, somos nosotros, sus amigos —le dijo el doctor Laurencio poniendo al máximo el volumen del magnetófono.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—¡No os acerquéis a mí hijos del diablo! —gritó ofuscado el inspector—. Vosotros no sois médicos ni nada parecido. Sois sólo una pandilla de mamarrachos. ¡Dejadme en paz! ¡Sinvergüenzas! ¡Alejaos de mí!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;La enfermera nos solicitó abandonásemos la habitación asegurándonos que ella le daría al inspector unos tranquilizantes y lo devolvería a la cama. Más tarde, nos dijo, si el inspector se encontraba mejor, podríamos pasar a visitarle. Era sin duda la mejor solución, pues en su delirio el señor inspector nos había tomado por demonios u otras figuras atemorizantes. Sólo la enfermera consiguió disipar su temor y cogiéndole del suelo lo llevó hasta la camilla, dónde prosiguió gritando el inspector hasta que todos salimos por la puerta bastante desconcertados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Las alucinaciones paranoicas del inspector habían sido cosa frecuente y cotidiana durante el tiempo que llevaba ingresado, pero hacía tiempo que había dejado atrás el pánico y delirio que le dominaba en sus primeros meses en el hospital. Sus recientes paranoias no pasaban de ser las meras conjeturas sobre el doctor Gabriel. Me quedé bastante entristecido al verlo recaer en semejante estado de histeria. Desde que lo tuve a mi cuidado no había dejado de mejorar y por ello había recibido numerosas felicitaciones del doctor Gabriel. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Me había dedicado a su cuidado como actividad principal, en una labor diaria y meticulosa. Si en su juventud se podía considerar al inspector persona severa, con los años se volvió despótico e intratable. El inspector, en un principio no se manifestaba muy dispuesto para las nuevas terapias; no contestaba en el psicoanálisis, y se negaba a intentar salir de la silla. Se mostraba arisco y se ofuscaba, un autentico demonio; respondía con insultos, y tardó mucho en aparecer el primer indicio de dialogo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Vivía en un continuo estado de mal humor y ocasionalmente, al encontrar oposición a sus exigencias llegaba a atentar contra su propia vida. La rigidez de su rictus facial ayudaba en mucho a que sus muertes fingidas fuesen bastante convincentes y bastante difíciles de diferenciar de sus corrientes desmayos o de sus estados catalépticos. Llegar al grado de confianza necesario para la terapia supuso, además de mucho tiempo, un esfuerzo para ambos que derivó en una estupenda amistada y complicidad. Recuperó completamente la memoria de los sucesos pasados y fuimos progresando lentamente en una curación que veía cada vez más posible. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Aún en su vejez manifestaba signos de su gran inteligencia y perspicacia. No era nada fácil de engañar; siempre vigilante y sospechando. No había manera de hacerle comer la papilla. Dar de comer al señor inspector ha sido la más ardua labor que he tenido que afrontar en mi carrera profesional.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Como se nota que no ha pasado usted hambre —le dije una vez.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—¿Qué no he pasado hambre? ¿Cómo te atreves a decir que no he pasado hambre? Lo que pasa es que no quiero que me den de comer a la boca, y menos tú.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Pero no ve señor inspector que a usted se le cae todo por encima; que con ese tembleque no llega ni un poco de sopa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Sí, pero por lo menos no me meto la cuchara en el ojo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Si fueron las angustias y sufrimientos lo que le había llevado a aspecto tan fúnebre, no habían deteriorado ni un ápice sus ansias de justicia; aún en silla de ruedas y con su aspecto de cadáver, como si fuese la versión geriátrica del motorista fantasma, deambulaba por el recinto sin desperdiciar oportunidad de asustar a alguien. Su avanzado estado de deterioro, bastante sordo y con la consiguiente falta de respeto que suscitaba ahora, quien en su día fuera el terror, tanto del malhechor como del que no lo era, le llevaba a manifestar su disconformidad con las injusticias más leves con exorbitante contundencia, siempre defendiendo aquello que consideraba justo. En el fondo seguía siendo todo un caballero y un ejemplo de distinción. Aún en pañales irradiaba un aura de elegancia que causaba admiración a todos los presentes. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Muy contrariamente a la opinión médica más extendida, el señor inspector decía disfrutar de una excelente salud de hierro y su optimismo acerca de su esperanza de vida era más que sobresaliente. Por dos ocasiones fue tenido por muerto, entró en coma súbitamente y de las dos se recuperó en menos de dos horas. Yo sufrí mil disgustos y preocupaciones y no pasaba un día sin ser alertado por uno u otro motivo: convulsiones espasmódicas, diarreas o vómitos. Sus diferentes achaques hacían temer continuamente su muerte, pero siempre se reponía milagrosamente y persistía en su opinión de todavía tener mucha cuerda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Estuve una mañana hablando con el doctor Gabriel, desayunando juntos en la cantina, sobre los diferentes achaques crónicos que sufría el inspector. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Los años no perdonan —me dijo el doctor Gabriel—. Yo mismo ya estoy para el arrastre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Pero no compare —le contesté—. Usted emana salud; está usted como un diente de ajo. Comparado con el inspector está usted hecho un chaval. El otro día el inspector sufrió un ataque de tos que pensé que se iba a morir. Los ojos se le pusieron rojos e hinchados de tanto toser, que parecía que se le iban a salir de sus órbitas y también le sangraba la nariz. Le suministré oxigeno y poco a poco se puso bien. Me preocupa mucho su salud. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—¿Cómo fue? —preguntó el doctor Gabriel—. Tendremos que hacerle un espectrograma.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Bueno, no creo que haga falta; en realidad fue por mi culpa. Sin querer le rocié la cara con un spray para mopa de la señora de la limpieza. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—¡No me digas! Tienes que ir con más cuidado, hombre —dijo el doctor Gabriel. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Lo siento mucho, no volverá a ocurrir. Fue un acto reflejo; se le puso una mosca sobre la nariz.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—¡Que desastre! ¿Se repuso bien?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Sin ningún problema. Por suerte es un tipo resistente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Desde luego que su resistencia es inaudita —dijo el doctor Gabriel—. El inspector es un tipo realmente sorprendente. Hace tiempo que debería haber muerto. Cada día que sigue con vida, es para mí una sorpresa. Nunca pensé que fuera a durar tanto. Pensar que se escapó de la guerrilla y que cruzó la jungla por sus propios medios después de haber estado ocho años encerrado me desconcierta. Está claro que es un individuo de gran fortaleza y determinación. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—¿Cree usted que pueda tener algo que ver con las ganas de vivir?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—No lo pongo en duda; pero nadie puede vivir eternamente, por muchas ganas que tenga —dijo el doctor y quedó pensativo unos momentos con la mirada en el vacío agarrándose la barbilla—. Por cierto, hice los análisis del vomito del inspector. Se trataba de agua de piscina. ¿Sabes cómo puede ser eso? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Pues no, la verdad. Pero ahora que pienso, estaba el inspector muy constreñido y con un humor de perros y aprovechando que se había dormido lo puse en la cola de las lavativas. Tal vez, por algún error le introdujeron el agua de una piscina. Tiene que ser eso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Pues la verdad que no veo posible que siendo introducida por el colón atraviese todo el tracto intestinal y sea regurgitada por la garganta. Eso es absolutamente imposible.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Cierto. Pues la verdad que no lo entiendo. No se me ocurre como puede ser. Pudiera ser que sin yo estar mirando hubiese encontrado agua de piscina dentro de un barreño y que se la bebiese.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Tampoco creo eso muy probable.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Pues no sé.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-8974027762277083620?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/8974027762277083620/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/06/dentadura-postiza.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/8974027762277083620?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/8974027762277083620?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/06/dentadura-postiza.html" title="Capítulo XIX" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkAGRHczfip7ImA9WhZWEE8.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-624023179060811864</id><published>2011-05-10T04:55:00.000-07:00</published><updated>2011-05-10T04:58:45.986-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-05-10T04:58:45.986-07:00</app:edited><title>Capítulo XVIII</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Nos remontamos al año 1326 en una fría y oscura noche de septiembre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luna vigilaba espantada tras la negra nubosidad el fatal devenir que sólo ella conocía. En lo profundo de la tierra una rabia fruto de un dolor espantoso gimió su lamento con un fuerte arrebato. Venus cruzó la órbita de Capricornio y un aborto prematuro surgió de este enlace mal parido en los abismos de la tierra. El grito espantado de una grulla resonó entre los matorrales y huyó despavorida hacia el oscuro horizonte cuando sonó el primer golpe del tambor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las hordas Otomanas, acampadas en el altiplano del Pomodoro, celebraban con una gran fiesta su victoria tras la sangrienta batalla contra los aborígenes Rupa-Cacu en la cima del monte Katueh. Grandes pilas de leña ardían, y a su alrededor, los prisioneros eran salvajemente torturados por la ingente turba de guerreros borrachos ansiosos de venganza. Música y cánticos delirantes al estrepitoso son de los tambores discordantes apenas amortiguaban los agónicos lamentos y gritos atormentados de los cuatro miserables ajusticiados. En la desenfrenada bacanal de opíparos alimentos, bailaban desnudas sobre las mesas las mujeres otomanas de más edad, en obscena y lujuriosa danza de aclamación a sus dioses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el momento de mayor frenesí, cuando con las copas alzadas la muchedumbre jaleaba la aparición de los enanos malabaristas, llamados así porque esquivaban con notable agilidad los cuchillos que los otomanos les lanzaban, retumbó el suelo con una poderosa convulsión, resquebrajando la tierra al paso de una mortal onda expansiva que lanzaba por los aires a los sorprendidos guerreros, devastando el campamento. Al tiempo que la tierra temblaba, emergió del interior de la montaña un obelisco descomunal de bordes afilados con raras tallas e inscripciones, alzándose hacia el cielo impulsado por una poderosa fuerza lenta e incesante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre los pocos supervivientes de los más de trescientos mil otomanos que sucumbieron precipitados en las repentinas y profundas grietas o abrasados por los borbotones de lava que brotaba entre los escollos, se encontraba el reconocido filósofo de las artes Sir Lawrence Porck, que logró conservar una valiosa prueba del singular descubrimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En sus memorias, conservadas por sus herederos y en la actualidad propiedad del doctor Laurencio Puerco, Sir Lawrence dejó constancia detallada de la gran mortandad sufrida en el ejército otomano, cuando al derretirse las nieves que rodeaban el altiplano, arroyos del agua cayeron en cascada sobre el magma hirviente, provocando la formación de una inmensa nube de vapor abrasador y tóxico. El suelo irradiaba un calor sofocante formando grietas por donde emergían ráfagas de vapor incandescente. Cayeron fulminados instantáneamente grandes franjas de guerreros otomanos apelotonados, cuando bajo sus pies les sorprendió este terrible castigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El temblor se hacía cada vez más intenso y la tierra se resquebrajaba formando grandes placas, volcando sobre el burbujeante magma a los aterrados guerreros que inexorablemente caían en el interior del volcán. Los gritos agónicos y desaforados lamentos de los otomanos agonizantes se dejaban oír por encima del estruendo del terremoto, como el canto coordinado de unos monaguillos que por terrible pecado estuvieran cantando juntos en el infierno. Los guerreros, dominados por la histeria y el horror, huían despavoridos sorteando dificultades insalvables precipitándose hacia su propia muerte. El volcán entró en erupción con dos nuevas sacudidas, provocando enormes olas de magma e inmensos chorros de lava que alcanzaban por la espalda a los apretujados otomanos que pretendían huir por la ladera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desmembramientos, achicharramientos y síntomas derivados de la inhalación de gases tóxicos tales como asfixia, ceguera, urticaria y sarpullidos produjeron un inmenso escenario de agonía colectiva en las zonas menos afectadas. El centro del altiplano se había vuelto un foco abrasador de líquido incandescente cuya luz cegaba igual que el sol, y crecía al tiempo que extendiendo sus grietas manaba un gran río de lava, que salió en persecución de quienes huían por la única pendiente accesible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según cuenta en sus memorias el ilustre Sir Porck, en un pequeño reducto oriental del altiplano abocado a una inminente volatilización, emergió del interior de la tierra ante sus ojos el descomunal obelisco, “tan alto como cinco o seis personas, subidos de pie uno encima del otro” haciendo un estruendo ensordecedor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El obelisco estaba adornado con extrañas y variadas tallas de animales que en sus cuatro costados enmarcaban símbolos de una escritura hasta aquel momento desconocida. Sir Lawrence, aún sufriendo un inhumano sofoco quedó estupefacto, admirado hasta la incredulidad ante tan portentoso descubrimiento y tardó en darse cuenta de que la inmensa columna, tras leve tambaleo se abalanzaba sobre él. Sir Lawrence corrió lo más que pudo para salvar su vida sorteando en su frenética carrera a los agonizantes guerreros, que sufriendo una intensa cocción de sus cuerpos deambulaban cegados de un lado a otro, desmembrados o arrastrándose por el suelo. Sir Lawrence, presa del pánico, y también sometido a la inhumana cocción se lanzó por el desfiladero dando un salto increíble cayendo en picado desde una altura de más de cien metros. Según sus propias palabras, “si saltase mil veces por aquella ladera tan sólo una quedaría con vida, y fue esa. En todas las demás hubiese muerto antes de alcanzar el suelo, debido al mortal espanto que sufre quien en semejante circunstancia se encuentra”. Pudo, con la ayuda de la divina providencia, amortiguar el mortal batacazo traspasando a gran velocidad el denso ramaje de un gran árbol, agarrándose con frenesí a una rama, cayendo con contundente fuerza en un pequeño y frondoso matorral, rodeado de puntiagudas rocas y numerosos guerreros muertos. Un fragmento del obelisco cayó a su lado, sobre la mullida panza de un enano otomano muerto, reventando su cuerpo tal como si a bocajarro hubiese sido disparado con un cañón.&lt;br /&gt;Sir Lawrence también nos cuenta en sus memorias lo apurado de su escapada y las dificultades en el regreso por las escarpadas laderas septentrionales, cuando maltrecho y contuso, con la providencial ayuda de un sherpa, huía precipitadamente de los ríos de lava encima de un burro, llevándose consigo el fragmento del obelisco. El sherpa y el burro sufrieron quemaduras de tercer grado en barriga y extremidades por innumerables salpicaduras, pero pudieron eludir milagrosamente los numerosos desprendimientos que se producían a su alrededor y alcanzar el bosque. Quedaban aún muchos kilómetros por recorrer entre espesa jungla repleta de peligros, y la huida del sherpa con el burro, al primer descanso, por poco no malogra el triunfal regreso de sir Porck con el testimonio de la gran victoria sobre los Rupa-Cacu y la evidencia del descubrimiento de inscripciones antediluvianas de indudable interés científico.&lt;br /&gt;Ráfagas de tempestad insufrible entre períodos de calma sofocante ambientaban el frenético paso de sir Lawrence movido por una profunda inanición. Estuvo recorriendo la jungla tres semanas sin rumbo fijo sufriendo las inclemencias de aquel entorno selvático y sorteando los continuos peligros. Anacondas, panteras, osos e infinidad de animales de la jungla se dejaban ver en todo momento, y mosquitos gigantes succionaban su piel sin descanso, pero consiguió salvaguardar la integridad de su valiosísimo descubrimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hallazgo de Sir Lawrence dejó perpleja a la comunidad científica, que ha mantenido siempre un absoluto secretismo y hasta el día de hoy se debate entre la incredulidad y el asombro sobre la autenticidad del gran pedrusco y sus extrañas inscripciones. La prueba del carbono quince certificó la antigüedad de la piedra en más de catorce millones de años, sin poderse confirmar la datación de las inscripciones en la misma fecha. Es de composición basáltica con predominio de feldespato, pesa 75 kilos y conserva parte de unas inscripciones del tipo críptico y simbologías de la procreación. En sus memorias se analizan las posibles procedencias de la civilización perdida y algunas interpretaciones posibles de los símbolos del obelisco, dibujados de memoria en su cuaderno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las anotaciones de sir Lawrence tienen gran relevancia histórica pues son el único documento conocido que atestigua el exterminio y existencia de los aborígenes Rupa-Cacu, casta indomable de guerreros antropófagos nómadas, que aunque pocos eran extraordinariamente sanguinarios y crueles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sir Lawrence vivió ingresado en un psiquiátrico el resto de su vida, donde compuso sus memorias, que tras su muerte fueron desatendidas por sus herederos. Tuvieron que pasar muchas generaciones hasta que un joven mallorquín natural de Pardaldemoro, descendiente de Sir Porck, encontrase de un casual las memorias olvidadas entre las pocas pertenencias heredadas de un tío suyo. Extraños colores adquiere a veces la luz que guía el camino de las personas, pues motivado por este descubrimiento emprendió el joven Laurencio Puerco una desenfrenada carrera de estudios que le permitiese comprender las indescifrables anotaciones de sir Lawrence, convirtiéndose en un eminente paleontólogo de fama mundial muy respetado por la comunidad científica. Es experto en egiptología y culturas antiguas, y destacada eminencia en las rutas trashumantes del ganado mongol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las anotaciones de sir Lawrence desvelaban un descubrimiento sobrecogedor. La traducción de los signos junto a un preciso mapa desvelaba que el propio obelisco indicaba la posición del yacimiento originario del oro de los Rupa-Cacu. En opinión de sir Lawrence, los Rupa-Cacu, aún siendo notables en el manejo del pico y de la pala, como demuestran los pozos escavados de más de treinta metros de profundidad donde sepultaban a sus difuntos y a aquellos que tenían ya los días contados, aceptaban tan sólo el oro que el dios de la montaña manaba a través de sus ríos, considerando sacrilegio su explotación. Guardó siempre el señor Laurencio absoluto secreto sobre este descubrimiento hasta que tuvo convencimiento absoluto sobre la veracidad de las transcripciones de los signos y las palabras de sir Lawrence, que aseguraba haber visto chorros de oro fundido manar de la montaña. El señor Laurencio consiguió formar un equipo de científicos y emprendió camino hacia la más inaccesible altura de aquella cordillera infranqueable para llevar a cabo uno de los descubrimientos científicos más importantes de la historia de la humanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque la expedición fue un éxito, las penurias y fatalidades volvieron a ser pan de cada día en un viaje que se prolongó ocho meses más de la previsión inicial, que calculaba fueran tan sólo dos. Nueve científicos y doce porteadores contratados en un pueblo cercano, componían esta expedición equipada sin reparar en gastos financiada con la colaboración del ayuntamiento de Pardaldemoro. Esta aventura puso a prueba la capacidad del hombre para sobrevivir en un entorno salvaje donde los peligros se sucedían ininterrumpidamente. A los veinte días de expedición, cruzando entre denso follaje por una empinada cuesta, el guía autóctono que presidía la expedición pisó sin querer la cola a un león y éste le atacó con inusitada cólera delante de los científicos y arrastrando se lo llevó al interior de la jungla. A pesar del gran susto y consternación nada se podía hacer ya por la vida del guía, cuyos gritos se siguieron oyendo durante un rato. La consumada experiencia del señor Laurencio Puerco, junto con mapas y aparejos de que disponía le permitía orientarse con exactitud y continuar así con la expedición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ruta seguida, basada en optimistas conjeturas del señor Laurencio resultó ser de extrema dificultad y repleta de grandes peligros. Peñascos, acantilados y desfiladeros requirieron para ser superados colgamientos peligrosos, arriesgados balanceos y grandes esfuerzos, que no hacían sino motivar la obstinación del señor Laurencio, que alentaba a sus compañeros clamando la gloria e inmortalidad que alcanzarían con su descubrimiento. Había vendido su casa y todas sus pertenencias para sufragar parte del coste de la expedición y no estaba dispuesto a rendirse bajo ninguna circunstancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una semana después de iniciar el ascenso se perdieron parte de las provisiones y el botiquín junto con dos porteadores cuando cruzaban con sumo cuidado y agarrándose unos a otros un riachuelo. Aún lamentando la perdida, innecesaria y debida al ataque de pánico de un científico que empujó a los porteadores cuando la mierda de una gaviota le impactó en la cara, se decidió continuar con la expedición, considerando improbable ir en busca de los caídos, que se fueron con la corriente cayendo por una cascada de más de cien metros. Dos días después, una hiena, asomándose entre los matorrales mordió en la pantorrilla a otro sherpa, llevándose un buen trozo de carne. Entablillado y con unas muletas improvisadas pudo proseguir la marcha. Más adversidades se encontraban, más crecía el empeño y determinación del señor Laurencio Puerco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco después una serpiente venenosa mordió a dos científicos de la expedición, habiéndose de amputar la pierna a uno y al otro un moflete; las heridas fueron cauterizadas al fuego, sin ninguna anestesia. Comenzaba a desfallecer el entusiasmo de la comitiva y el agotamiento de los científicos llegaba a tal extremo que dos de ellos habían de ser transportados por los sherpas, circunstancia que propició que una mañana al despertar los sherpas hubieran desaparecido, llevándose buena parte de las provisiones. La pesadumbre cayó a plomo sobre el ánimo de los miembros de la expedición y decidieron acampar para descansar unas jornadas. Hubo de consentir el señor Laurencio a pesar del retraso acumulado por las diferentes causas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la copa de los árboles se reían los monos y una turbia niebla blanquecina rodeaba el ambiente cuando fueron atacados por sorpresa por una manada de gorilas furiosos y en extremo vigorosos que arrasó el campamento, ensañándose con los desvalidos y fatigados miembros de la expedición. Atacaron con una violencia desbocada, quedando los pocos supervivientes de la masacre desperdigados por la jungla. A pesar de todos los percances, el señor Laurencio Puerco continuó el azaroso viaje a la cima junto al científico de la pata coja, Pedro Cuenco, que sobrevivió milagrosamente a la persecución de un gorila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal como estaba descrito por su antepasado, allí se encontraba la llanura del Pomodoro, paraje de ensueño repleto de flores donde esbeltos alces y algunos borriquitos pacían tranquilos. Escarbaron la tierra durante semanas, pero no hallaron ni el más mínimo rastro minúsculo de una pepita de oro, toda la montaña era granito puro. Estaban a punto de desistir, tras rebuscar incansablemente por la ladera días enteros, cuando apareció ante sus ojos un hallazgo muchísimo más importante: un descendiente vivos de australopiteco, raza de homínido supuestamente extinta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El descubrimiento de una comunidad de seres protohumanos en nuestra era, iba a ser un suceso de crucial importancia y supondría la revisión completa de las teorías mantenidas hasta la fecha sobre el origen del hombre y el desarrollo de las civilizaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ejemplar de australopiteco fue capturado en ardua persecución por el señor Laurencio y Pedro Cuenco. Se trataba de un ejemplar macho de un humanoide notablemente más pequeño que el hombre actual que fue abatido de una certera pedrada del señor Cuenco. Podrían finalmente regresar victoriosos y alcanzar la notoriedad y el más alto reconocimiento a pesar de las adversidades sufridas, pero desgraciadamente, el australopiteco se dio a la fuga cuando ya divisaban el embarcadero, emprendiendo el regreso a la cima de la montaña encaramándose con sorprendente agilidad por las ramas de los árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A falta de pruebas tangibles y a pesar de las detalladas descripciones, la comunidad científica se mantiene escéptica y acusa de farsante al señor Puerco, que trabajando en el hospital “La Soledad” está ahorrando para subvencionar una nueva expedición. Yo ya le he dicho que puede contar conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De resultas de su azarosa vida y múltiples enfermedades y heridas sufridas a lo largo de sus viajes el doctor Laurencio veía afectada su salud por diferentes dolencias. Era una persona delgada y huesuda, de estatura mediana. Tenía algunas cicatrices en la cara y su nariz era deforme y retorcida, muy parecida a un buñuelo. Carecía de cejas y su cara, salvo la piel rugosa y negruzca que rodea sus ojos y pómulos, era tersa y estirada, desdibujando su semblante con una mueca extraña. Su ojo izquierdo quedaba estirado hacia la oreja, que parecía también se desplazaba, acercándose al ojo; en ese lado de la cara su boca mostraba siempre algunos dientes, deformado el labio con una cicatriz. Su voz se accionaba a través de un aparato que llevaba en el cuello confiriéndole un efecto eléctrico y vibrante. Solía llevar turbante y vestía con una larga túnica adquirida en alguno de sus muchos viajes.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-624023179060811864?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/624023179060811864/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/05/novela-humor-laurencio-puerco.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/624023179060811864?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/624023179060811864?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/05/novela-humor-laurencio-puerco.html" title="Capítulo XVIII" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0AHSH8yeyp7ImA9WhZRFk0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-7806828503836540224</id><published>2011-04-12T03:03:00.000-07:00</published><updated>2011-04-12T03:55:39.193-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-04-12T03:55:39.193-07:00</app:edited><title>Permitidme que os hable de mi novela</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Todo lo que aquí abajo queda escrito lo lee usted bajo su responsabilidad, que no quiero que me diga luego que le he contado la película.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable  {mso-style-name:"Tabla normal";  mso-tstyle-rowband-size:0;  mso-tstyle-colband-size:0;  mso-style-noshow:yes;  mso-style-parent:"";  mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;  mso-para-margin:0cm;  mso-para-margin-bottom:.0001pt;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:10.0pt;  font-family:"Times New Roman";  mso-ansi-language:#0400;  mso-fareast-language:#0400;  mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;em&gt;El enigma de la cacatúa &lt;/em&gt;tiene por narrador un deficiente mental, cosa que provoca un trastorno en lo que sería una perfecta organización del argumento narrativo, y una “pomposidad” en la prosa fruto de su deseo de escribir bien. El exceso es la base sobre la que se construye esta novela. Es por otro lado una novela para todos los públicos, no hay palabrotas, ni nada soez. Pretende ser una novela divertida. Cada palabra y cada frase ha sido revisada innumerables veces con el fin de lograr mi completa satisfacción. Han sido seis años los necesarios para ahora poder decir que me enorgullezco de ella y que es diferente a todo. &lt;/p&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El enigma de la cacatúa&lt;/span&gt; está ambientada en Mallorca, y narra dos sucesos a diez años de distancia el uno del otro. El primero ocurre en un restaurante cercano a un pueblo ficticio del centro de la isla. Allí un médico que heredó el restaurante, el doctor Gabriel, recluta personal con problemas de inserción laboral, gracias a un trato de favor que tiene con la administración y animado por las ventajas fiscales que obtiene por ello. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;En el restaurante, una noche de tormenta, un camarero llamado Joaquín Buenpie, por motivos que se detallan en la trama, salta por la ventana de su cuarto, circunstancia que aprovecha el doctor Gabriel para tramitar su defunción y cobrar un seguro del que era beneficiario. Sus contactos le permiten resolver fácilmente todos los trámites burocráticos consiguiendo se realice una incineración simulada. Pero Joaquín no ha muerto y el doctor Gabriel lo ingresa en la sección de enfermos mentales del hospital donde trabaja. Allí Joaquín seguirá un programa de adelgazamiento para poder superar la operación de cambio de sexo que quiere hacerse. Esta operación se pagará con el dinero del seguro y después el doctor Gabriel le facilitaría nuevos documentos de identidad y una nueva vida. Este es el plan, pero no se llega a realizar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Al día siguiente de la tormenta otro camarero del restaurante aparece en la plaza del pueblo gravemente herido y posteriormente huye sin que nadie más lo vuelva a ver. Un inspector de policía se encarga del caso averiguando rápidamente que el individuo que ha aparecido por la plaza se trata de Paco Cochino, trabajador del restaurante.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Al llegar al restaurante algunos empleados le agreden físicamente y tiene que ser ingresado en cuidados intensivos. Tras una semana de recuperación se entera de que Paco Cochino ha sido secuestrado en Ecuador, y que los rebeldes exigen un rescate. Al encontrarse atascado en su investigación del doctor Gabriel, a quien cree responsable de lo ocurrido, decide ir a Ecuador a pagar el rescate, pero tras una odisea por la selva es secuestrado y encerrado durante diez años.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Así llegamos al segundo contexto que describe la novela. La trama se desplaza al hospital La Soledad, más concretamente al departamento de enfermos mentales, donde el inspector, en muy mal estado de salud, pretende acechar al doctor Gabriel. Allí se topa con otro antiguo trabajador del restaurante, el narrador, que cree ser un médico y coge al inspector como su principal paciente. La narración de Braulio alterna los sucesos en el hospital con el recuerdo de lo ocurrido años atrás en el restaurante La cacatúa. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;El inspector cuenta con la ayuda de un sobrino suyo, recién ingresado en la policía y que de incógnito, como si fuera un cliente, entabla amistad con el jefe de cocina del restaurante (que sigue abierto diez años después) y se entera de que Paco Cochino no ha muerto, que nunca salió del país y que el doctor Gabriel lo tiene encerrado en el hospital. Cuando quiere comunicarse con el inspector se topa con Braulio, que le confunde con un nuevo paciente. Braulio, viendo la poca disposición del paciente, lo ata y le inyecta una dosis de adrenalina que hubiera podido ser mortal. Consigue escapar el sobrino y ser llevado a urgencias donde consiguen salvarle la vida. Interviene entonces otro inspector, pero este en activo, que considera hay indicios para abrir una  investigación sobre el doctor.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;La solución del caso está cerca, pero antes deberán encontrar a Paco Cochino para saber qué le ocurrió realmente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;No creo haber hablado demasiado, y tal vez haya ayudado para que la lectura de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El enigma de la cacatúa&lt;/span&gt; le sea más agradable. Espero que así sea.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-7806828503836540224?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/7806828503836540224/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/04/novela-humor-muy-graciosa.html#comment-form" title="2 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/7806828503836540224?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/7806828503836540224?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/04/novela-humor-muy-graciosa.html" title="Permitidme que os hable de mi novela" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CUcHSHY9fyp7ImA9WhZSEE0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-4320753437106806854</id><published>2011-03-22T18:22:00.000-07:00</published><updated>2011-03-24T14:43:59.867-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-03-24T14:43:59.867-07:00</app:edited><title>Capítulo XVII</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;La enorme corpulencia del Obispo rebosaba en el negro sofá ocultándolo completamente con su capa carmesí. Recién concluida la sesión de gabinete, había aún barullo en la sala, pero él parecía dormir, o al menos tenía los ojos cerrados, su respiración era sonora y emitía algunos ronquidos. Estaba tocado con una réplica exacta en cartón de la caperuza del Arzobispo de Estocolmo y de su cuello colgaba un crucifijo de tamaño desmesurado, obviamente más adecuado para estar colgando de una pared, pero que no desentonaba en exceso dado el tamaño y grosor del Obispo Juana Mari. Unas pequeñas gafas redondas apretujándole la nariz apenas se dejaban ver en su cara oronda y mofletuda. Aún siendo bastante imberbe, con unas briznas de barba rala componía una especie de perilla, dándole un cierto aspecto de chino. Su expresión era plácida, tanto como si estuviera tumbado en la hamaca de una playa del Caribe.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Discúlpeme Su Ilustrísima Santidad —le dije con suavidad poniendo una mano sobre su hombro—. A estas horas ya deben de haber sacado al inspector del quirófano. ¿Tendría la amabilidad de acompañarme? Podría ser requerida su presencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Claro que si hijo —me respondió el Obispo tras un intenso parpadeo de sus ojos—. Ya sabes que aunque no sea muy católico le tengo al inspector sincero aprecio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Es por eso por lo que quisiera viniese usted, pues habiendo empeorado tanto su salud próximo es el momento de la extremaunción. No quisiera tener que ver que en su muerte cargue con el peso de sus pecados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Dios lo impida y le haga ver con su luz el camino de la verdad, que no es persona que merezca ir al infierno.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Yo vendré con ustedes —dijo el osteópata Laurencio Puerco, miembro del gabinete—. Hace tiempo que no le veo y quería saber que tal se encuentra del esguince del hombro. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Pues no sé si querrá verte —le dije al doctor Laurencio—. Estuvo más de dos horas maldiciéndote a ti y a toda tu estirpe y me parece que aún persiste el dolor. Espérese a mejor momento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Es muy posible que no haya otro momento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Eso es verdad. Está bien, tienes razón —dije tras cavilar brevemente—; tal vez sea buen momento para manifestarle tu apoyo; pero no quiero la más mínima discusión o enfrentamiento con él. El inspector está muy irritable. Pídale disculpas y nada más. Si ha de ser así puedes venir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;—Por supuesto —dijo el señor Laurencio—. Ya sabes que no quise hacerle daño y que me sentí muy mal. Le pediré disculpas aunque la culpa en realidad fue suya.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El señor Laurencio además de ser un expedicionario consumado y paleontólogo mundialmente reconocido era un osteópata que disfrutaba de un alto reconocimiento dentro del hospital. Nadie dudaba de su profesionalidad y eran muy infrecuentes las quejas sobre sus tratamientos. Para justo reconocimiento y consideración de su valía repasaremos la rama genealógica de su singular linaje con los acontecimientos históricos vinculados a las gestas de sus heroicos antepasados. El doctor Laurencio es un eufórico del estudio de la historia y viajero empedernido que narra con asiduidad relatos de la historia o sus propias aventuras. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Recopilando datos de diferentes fragmentos por el doctor Laurencio en diversas ocasiones relatados, he compuesto este resumen sobre las singulares hazañas de sus antepasados para dar constancia de las ilustres personas de quien desciende. Permítanme esta breve digresión que no hará sino aportar a este relato una dimensión histórica y una grandilocuencia pocas veces antes relatada. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Sentado en un taburete enfrente de un grupo de psicóticos y parte del personal médico el doctor Laurencio Puerco relataba sus historias escenificando las diferentes situaciones con mucho empeño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-4320753437106806854?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/4320753437106806854/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/03/novela-humor-capitulo-xvii.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4320753437106806854?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4320753437106806854?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/03/novela-humor-capitulo-xvii.html" title="Capítulo XVII" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEQMRXs5eCp7ImA9WhZTF08.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-3657743470203518342</id><published>2011-03-13T06:29:00.000-07:00</published><updated>2011-03-21T08:46:24.520-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-03-21T08:46:24.520-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Chistes" /><title>Un chiste</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; "&gt;No tengo por costumbre escribir chistes, pues yo solo escribo ideas surgidas de mi inventiva. Mis relatos de humor no se parecen nada a un chiste, como se puede fácilmente comprobar si tiene usted a bien dedicarles un poco de su tiempo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Este chiste me lo contó un amigo:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En unas maniobras del ejército la tropa se encontró que debido a las lluvias de los últimos días el torrente que debían cruzar aparentaba bastante lleno de agua. A la vista de esta situación el cabo Mitao ordenó con un grito a los soldados de infantería que formaran en columna de tres. Como eran cuatro se dirigió enfurecido al que había quedado indeciso y agarrándolo por la solapa le dio dos tortas en la cabeza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Es que no entiendes lo que te he dicho? Serás subnormal. Escuchame bien. Por este riachuelo tienen que pasar veinte tanques. Comprueba, sin ningún genero de duda, que la profundidad es adecuada para que puedan pasar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una columna de humo se acercaba recorriendo las áridas llanuras cuando regresó el soldado. El cabo Mitao se lo quedó mirando extrañado, pues pensando que le había hecho una judiada le sorprendió verlo impecablemente limpio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Señor, la profundidad es mínima, no puede haber inconveniente para que puedan pasar los tanques.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Buen trabajo, regresa a tu puesto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Llegaba entonces con marcial pose sobre el tanque el capitán Mongolmeri, de la coalición extranjera, y fue informado de que ya habían sido hechas las necesarias comprobaciones del terreno. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El convoy se puso en marcha tras el gesto del capitán y en tropel se adentraron los tanques en el riachuelo como una manada de bueyes sedientos, quedando en breves momento completamente sumergidos. El capitán Mongolmeri se afanaba en escapar seguido por la tropa chapoteando entre el lodo y los juncos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El cabo Mitao, patidifuso ante semejante catástrofe, fue en busca del soldado que le había informado, que en aquellos momentos estaba acuclillado pinchando una mierda con un palo. Alertados por unos gritos y amenazas de muerte al girar la cabeza pudo ver al cabo Mitao corriendo hacia él haciendo aspavientos. Saltaba el cabo Mitao por encima de los matorrales igual que un búfalo desbocado. Al llegar junto a él le preguntó furioso:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿No me habías dicho que los tanques podían pasar? ¡Se han hundido todos!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Estoy desolado —contestó el soldado— y la verdad es que no lo entiendo. Antes he visto como cruzaba un pato y el agua no le llegaba ni a la mitad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fin&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Otro día es contaré la verdadera historia del cabo Mitao, y quiero decir verdadera de verdad. Es una historia muy graciosa que le ocurrió a mi hermano haciendo la mili.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Saludo y gracias a todos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-3657743470203518342?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/3657743470203518342/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/03/un-chiste.html#comment-form" title="6 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/3657743470203518342?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/3657743470203518342?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/03/un-chiste.html" title="Un chiste" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CU8CQHgzeSp7ImA9WhZTEEg.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-6214337512571357202</id><published>2011-03-11T07:13:00.000-08:00</published><updated>2011-03-13T15:04:21.681-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-03-13T15:04:21.681-07:00</app:edited><title>Relatos de humor</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;p style="margin-top: 0.42cm; margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span&gt;Esta entrada es una divagación sobre el oficio de escribir. Los relatos de humor se encuentran en la columna de la derecha. No olviden dar su opinión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-top: 0.42cm; margin-bottom: 0cm"&gt;Se hace necesario, para tratar el tema que deseo plantear, diferenciar lo que a uno le pueden enseñar y lo que solo puede aprender por sí mismo. Escribir es un impulso creativo, la manifestación de una pretensión artística, y este ansia solo se aplacará en la medida que se sacie. A nadie se le puede indicar cual es su propio camino. Este punto de vista resulta erróneo cuando lo contrastamos con algunos prototipos de narrativa de éxito, pues los millonarios emolumentos (o el deseo de adquirirlos) hacen más soportable esa amputación de la mente. Pero el artista (no estoy hablando de mí, gracias) solo se sentirá satisfecho cuando haya dado consecución a su deseo.&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El factor que permite la colocación de las letras en esa secuencia prodigiosa que tanto necesita el escritor está vinculado a unos procesos mentales que le permiten dejar de considerar lo que le han enseñado y abrir puertas que tras de sí esconden las buenas ideas, destellos de ingenio, o un filón de materia prima. Esta percepción se adquiere con la concentración y el ensimismamiento. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;No quiero extenderme en las múltiples implicaciones existentes entre la personalidad, el interés, la capacidad, las vivencias, la educación..., que obviamente influyen en el narrador, consecuencia por sí sola de su vida y experiencias. Nuestra percepción del mundo, nuestros sentimientos, no los podemos cambiar, por lo cual no hablo de eso. Estamos hablando de la introspección requerida para crear un universo literario, un personaje creíble y una prosa que alimente el interés, que entretenga y cause admiración.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El relato breve debe evidenciar ser fruto de este proceso. Si no consigue alcanzar un grado superior al previsible quiere decir que el relato no está acabado. Obviamente no estará acabado si no está libre de errores ortográficos o semánticos. Pero a su vez, para adquirir un valor literario, deberá mostrar cualidades fruto de la evolución mental precisa. Cada uno por su camino, eso quiero decir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Llegamos finalmente a la intersección donde todo se desborda, los relatos de humor. No subestimen, por favor, el humor en la literatura. Si es escaso es principalmente por su dificultad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Si esta entrada suscita un poco de interés me extenderé en la explicación de estos procesos mentales, pues sufriendo el ansia en propias carnes puedo hablar con autoridad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Gracias a todos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-6214337512571357202?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/6214337512571357202/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/03/relatos-de-humor.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/6214337512571357202?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/6214337512571357202?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/03/relatos-de-humor.html" title="Relatos de humor" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEUEQnwzeSp7ImA9Wx9aFUk.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-5429339467556207851</id><published>2011-03-07T15:55:00.000-08:00</published><updated>2011-03-07T15:56:43.281-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-03-07T15:56:43.281-08:00</app:edited><title>Comunicado del autor</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Supongo que más de uno se habrá fijado en los recientes cambios en el blog. Todo se debe a un cierto hastío con los posicionamientos, habiendo podido comprobar que la localización de este blog en la web solo puede ser debida a un milagro. Me he podido percatar de que google es el buscador que me trata peor, pudiendo ser que no diera por buenos mis esfuerzos y que me hubiera penalizado, cosa ridícula, pues ya lo estaba. Creo que se le podría acusar de promover la baja calidad de las páginas que muestra en los primeros lugares, pues mucho antes que este entretenido blog, aparecen webs sin contenido ninguno, e infinidad de basura en apariencia obsoleta. Cosas raras. Con otros buscadores no tengo que poner las comillas para averiguar que existo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Gustaría mucho que otros blogers me añadiesen a su lista de blogs y que me lo comunicaran aquí para que pudiera corresponder al favor. Parece ser este un buen sistema para mejorar la posición. No crearía yo ningún enlace hacia contenidos desagradables, por cierto. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Muchas gracias a todos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-5429339467556207851?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/5429339467556207851/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/03/comunicado-del-autor.html#comment-form" title="5 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/5429339467556207851?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/5429339467556207851?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/03/comunicado-del-autor.html" title="Comunicado del autor" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEYAR3s6eyp7ImA9Wx9UF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-4923803782409171617</id><published>2011-02-04T03:20:00.000-08:00</published><updated>2011-02-15T09:49:06.513-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-02-15T09:49:06.513-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relato humor" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="leer relato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuento humor" /><title>El calefactor doméstico serie 1000</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Les presento el nuevo modelo de calefactor doméstico serie 1000 que habrán de proponer a nuestros clientes. Es una mejora de nuestro modelo anterior, el malogrado Fogata Boom, cuya diferencia más significativa es la incorporación de estos tres botones de colores que al pulsarse se iluminan. No sirven absolutamente para nada, pero ya saben ustedes: tres botones venden más que dos. Cuatro es lo idóneo, y así, con este termostato regulable, que es tan solo una rueda y que tampoco sirve para nada, el usuario se siente manipulando un electrodoméstico de ingeniería avanzada. Esta maravilla del diseño se venderá como rosquillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El truco de los botones que no sirven para nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En la práctica no, pero se han diseñado unos símbolos, una casa ardiendo, un torpedo, y una rana, que según los expertos sugestionan positivamente al usuario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Se reirán de nosotros. Perdone, no se ofenda, pero lo de la rana es chistoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿La rana? Pero si es muy buena idea, e induce a la sensación de un incipiente calor primaveral. Obviamente el calefactor opera de la misma manera, pero el cliente no lo sabe. Además si hay incidencia el usuario pensará que fue por inadvertencia suya, de tener pulsado el botón de la casa en llamas o el del torpedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eso es muy sensato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ante la mínima objeción enseñen estos documentos falsos y estas anotaciones de pedidos ficticios, con los que convencerán de la buena marcha del producto incluso al comerciante más remiso. Está todo perfectamente estudiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La pera limonera. Supongo habrán solventado los problemas de sobrecalentamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues..., no. Indefectiblemente, al igual que en el modelo anterior, al enchufarse el calefactor se incendia y explota en menos de cinco minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué desastre!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vender nunca es tarea fácil. Si algún comerciante estuviera advertido y se mostrara reacio a aceptar el producto, se le comentará la opción de no decir nada sobre este pequeño defecto bajo compensación de un suculento plus según las ventas, que como siempre no se hará efectivo. Ya han sido cambiados los datos de la empresa por lo que no hay que preocuparse de que se recele debido a anteriores encargos. Cambiaran sus hojas de ruta para no ser reconocidos. Creo que esto es todo. ¿Alguna pregunta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué es esta pera de goma que tiene encima?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Buena observación, se trata de otra argucia de nuestros ingenieros de producción. Como ustedes sabrán, se consideraba el no funcionamiento del ventilador el defecto del Fogata Boom, por lo que se ahorró este coste en la fabricación del serie 1000. Para evitar quejas ha sido ideada la colocación de esta pera ergonómica para que el cliente mismo pueda crear las tan agradables corrientes de aire en la medida de su gusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Fantástico invento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo es, créame, con solo darle a la pera ya se entra en calor. En la actualidad se está proyectando el calefactor serie Gym con peras a ambos lados. El ejercicio consiste en darle a la pera suficiente para evitar que el calefactor se prenda fuego y explote. Un pitido irá avisando del peligro. El ejercicio está asegurado. Pero bueno, no vendamos la piel del oso antes de haberlo cazado. ¡A la calle todo el mundo! Se han abaratado tanto los costes del serie 1000 que cada uno de ustedes se llevará tres de las antiguas pesetas por producto vendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mañana es fiesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-4923803782409171617?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/4923803782409171617/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/02/el-calefactor-domestico-serie1000.html#comment-form" title="4 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4923803782409171617?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4923803782409171617?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/02/el-calefactor-domestico-serie1000.html" title="El calefactor doméstico serie 1000" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkAFQn04eSp7ImA9WhZTEUg.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-2348422950966166813</id><published>2011-02-03T00:59:00.000-08:00</published><updated>2011-03-14T19:05:13.331-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-03-14T19:05:13.331-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relato humor" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="leer relato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuento humor" /><title>La gallina espacial</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;A cien mil billones de años luz en el espacio sideral en la cabina de control de la nave intergaláctica Platanus una interferencia trasmite la canción del carro de Manuel Escobar a todos los miembros de la tripulación a través del dispositivo auricular. Según el procedimiento el experimento de la gallina debe realizarse en breves momentos, por lo que el capitán jefe de la tropa adjunta berrea con desafuero diversas blasfemias a dos dedos de la cara del técnico encargado. No es la primera vez que pasa y no se encuentra solución para que dicho efecto no alcance los auriculares que la gallina lleva incorporados al casco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos dirigimos a otro punto de la nave, donde los oficiales T2 y T9 ejecutarán los procedimientos del experimento. Ambos oficiales son la élite de su promoción, fueron castrados, extirpados del lóbulo occipital, y amputados de ambas piernas para maximizar su rendimiento en el programa de experimentos espaciales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La gallina ya está dispuesta para salir del módulo. El dispositivo me indica una leve alteración de su ritmo cardíaco. Tal vez sea un problema con la escafandra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Negativo. La escafandra está comprobada. Permiso para abrir la compuerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Concedido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puede evitar un cacareo la gallina al verse empujada hacia el espacio exterior y dando vueltas sobre si misma se aleja de la nave. Se abre el compartimento de las excreciones del traje para que la gallina pueda depositar las heces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Activar estabilizador. Las cotas de tensión nerviosa siguen aumentando. Hay algo que falla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estabilizador activado. Las señales auditivas indican un constante cacareo. Problema tal vez relacionado con la interferencia. Apagado el intercomunicador de la escafandra de la gallina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Alarma, Alarma, los sensores indican que la gallina está a punto de poner un huevo. Preparen la canasta interestelar. Evacuen compartimento de las excreciones.&lt;br /&gt;—Iniciando procedimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el traje aeroespacial de la gallina se activa el proceso de liberación de las excreciones y el posterior lavado del compartimento, por donde saldrá el huevo al espacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Horror, los excrementos se dirigen hacia la nave. Activar llamaradas. Demasiado tarde. Impacto recibido en la cabina de mando. Visibilidad difusa. Notable esparcimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro lado de la nave el capitán jefe de la tropa adjunta mira atónito el pésimo efecto de los limpia parabrisas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Falsa alarma, la gallina no ha puesto un huevo, sino otra notable cantidad de excreciones. Propongo analizar el contenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Propuesta aceptada. Inicie. Suelten alpiste al espacio. Evaluemos indices de reacción de la gallina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gallina hace tres días que no come, e intenta picotear el alpiste imposibilitada por la escafandra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Recepción de datos considera información muy interesante. El experimento se ha considerado un éxito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche, en la cabina de mandos, todos los miembros de la tripulación cenaron pollo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;&lt;p style="margin-top: 0.42cm; margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span &gt;Este entretenimiento, que espero no haya provocado excesivo malestar, se añadirá a mi lista de relatos de humor y sin duda será incluido en la próxima edición de un ebook que pondré disposición del lector, ya sea gratis, o con un precio mínimo, que esta es la gran ventaja de este formato.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-top: 0.42cm; margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span &gt;Saludos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-top: 0.42cm; margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-2348422950966166813?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/2348422950966166813/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/02/la-gallina-espacial.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/2348422950966166813?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/2348422950966166813?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2011/02/la-gallina-espacial.html" title="La gallina espacial" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DUAFRXk_eSp7ImA9WhZTFkg.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-5882821557881773214</id><published>2010-12-30T07:09:00.000-08:00</published><updated>2011-03-20T14:48:34.741-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-03-20T14:48:34.741-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relato humor" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="leer relato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuento humor" /><title>Los caballeros de la mesa camilla</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;i&gt;Dedicado a Blanca Miosi&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;En el periodo más oscuro, pobre y macilento de la Edad Media, en la llanura central de Catapof, se forjó una leyenda. Una persona, un guerrero, un líder sobresaliente aclamado por la gente llegó a acaparar toda conversación más allá de las fronteras del reino. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Quien hubiera tenido oportunidad de conocer a Igner de La Cloaca no dudaría en calificar su aspecto de imponente. En sus facciones se percibía el carácter impetuoso y expeditivo de una persona temeraria. Su trato era afable y muy dado al contacto físico, algo no muy bien visto en la corte, abrazando con efusión y dando notables manotazos, sino agarrando por el cuello, a sus recién conocidos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Cierto es que la maledicencia pueblerina difundía falsedades por puro anhelo de hacer burla y reír. Decían las gentes que su aliento era mortal, y que no era de pasión que las doncellas se desmayaban en su presencia. Se rumoreaba que nunca en la vida se había pasado por agua, que le crecían setas en el sobaco y que una lagartija vivía entre sus nalgas, alimentándose de los bichos que poblaban su cuerpo. Se contaba también que una vez mató a un contrincante de un escupitajo en un ojo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;En combate a toda ultranza con el Marqués del Rabanito, en las justas organizadas para los esponsales del príncipe heredero, Peponio II, hijo de Clotildo IV, Igner de La Cloaca, tras acumular una notable cantidad de mucosidad en la boca, lanzó una generoso gapo a la cara de su oponente, que no es cierto que murió, aunque sí que tuvieron que extraerle el ojo, pues comenzó a hincharse de forma alarmante. El pobre Marqués gritaba que por favor se lo sacasen que no podía soportar más el dolor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Igner de la Cloaca fue elegido campeón del torneo y se le hicieron los honores frente al Rey, quien posteriormente lo hizo venir a su presencia para decirle:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Por la virtud, inusitada en mortal, que en ti tengo conocida y admirado por las gestas de perpetuo recuerdo que ensalzan el honor y renombre de tu persona y familia, me complace someter mis esperanzas de recuperación al buen término de la misión que solo puede ser encomendada al más sagaz. Gustaría te fuera grato atender la voluntad de tu rey y estar dispuesto a enfrentarte al reto que habrá de aumentar la gloria de tu virtud y la fe cristiana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Disculpad, Majestad, pero no sé bien qué me quiere decir —dijo Igner de La Cloaca, que acompañó su genuflexión con un pavoroso estruendo totalmente involuntario que aromatizó la estancia con una peste insoportable.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Se acercó entonces el cardenal Peperoni Boñigui, emisario de la Santa Sede y consejero del Rey, y frente a Igner, que se hurgaba la nariz, dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Hijo, tu misión es la de conseguir de un curandero el remedio a la enfermedad del Rey. En algún lugar de las montañas se esconde, es huraño y reservado, pero ya tiene conocimiento de la enfermedad y de su cura. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;“Unos años atrás, sufriendo Nuestra Majestad los primeros síntomas de un deshinchado anormal de la nalga izquierda, y comprobando cada mañana al despertar el avance de la enfermedad, con una comitiva se adentró en el bosque en busca de un curandero del que había oído hablar, pues ningún médico de la corte dio remedio efectivo a este mal. Unas dolorosas inyecciones de grasa de burro mitigaban el aspecto, pero no la atrofia provocada por la pérdida de masa muscular.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;“En un claro del bosque se les apareció el curandero con un remedio de su invención, pues sabía de la visita del Rey y el motivo de ésta. Rápidamente fue apresado y desde entones, en una de las celdas de palacio, ha sido obligado a fabricar la pócima. Hace tres días que se ha escapado y el Rey vuelve a manifestar los síntomas de su dolencia.”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Para mayor constatación y espanto el rey hizo oportuna muestra de su afección, inclinándose y levantando su capa con majestuoso gesto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Súbdito desleal, ya le enseñaré la sumisión que le debe a su señor —gritó Igner desenvainando la espada y haciendo unos aspavientos que asustaron notablemente al cardenal, que vio pasar el filo de la espada muy cerca de su barriga—. Por mis huevos que le haré pagar bien cara esta villanía. Se lo traeré a trocitos metido en una cesta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Disculpa, pero no es ésta la idea. Debes traerlo vivo para que pueda seguir preparando la poción.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Entiendo. Me llevaré la porra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Recuerda, nadie debe saber nada. Recurrir a los servicios de un curandero es herejía y pondrías al Rey y a mí en una situación delicada. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Aquella noche, en la cabaña de Igner de La Cloaca, se reunieron con él dos grandes guerreros con sangre de noble estirpe, que tras la estela de su sin igual resplandor formaron la fulgurante constelación que desde entonces guía los designios del espíritu humano. La incandescencia de unas brasas templaron las pantorrillas de quienes crearon el vínculo de lealtad que con el tiempo se daría a llamar “Los caballeros de la mesa camilla”. No tan conocidos como sus coetáneos “Los caballeros de la mesa redonda” fueron también ejemplo inspirador y muy admirados entre las gentes de la época. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Sooooo —gritó Urgl al borrico, pero este no le hizo mucho caso y se metió entre los matorrales.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Yo te ayudaré —dijo Esmit, y saltando se agarró a la grupa del borrico, viéndose arrastrado por una zarza y golpeado en la espalda con una chumbera. Coceaba el borrico con denuedo rebuznando intensamente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Para evitar problemas como éste, Urgl, llevaba agarrada al cuello de la bestia un garfio de tres puntas y lo lanzó contra un árbol. Al tensarse la cuerda se encabritó el borrico y ambos guerreros cayeron al suelo, recibiendo numerosas coces y pisotones.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Algo tendremos que hacer con este mal nacido, no hay forma de que obedezca —dijo Esmit escupiendo sangre y lamentándose del dolor en la cara.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Todo lo que he probado ha resultado peor. Lo único que funciona es atarle las patas y cargarlo encima.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Podrías subirlo en una carreta y tirar de ella.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—No lo había pensado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Una vez en pie y andando hacia el borrico con cierta parsimonia, vieron como este emprendía de nuevo una alocada huida. Apenas se habían girado los dos para observar el origen de esta inconveniencia, cuando el garfio enganchó a Esmit por los pies y se lo llevó arrastrando hacia el pinar. Intentaba agarrarse al suelo el bravo guerrero mientras gritaba como un poseso. Urgl corría presuroso detrás de su compañero viendo con espanto los golpes y torceduras que se daba contra los árboles, y su cara de angustia y dolor, que parecía estar rezando a la virgen. Un buen trecho recorrió hasta que consiguió liberar un pie y frenar súbitamente la atropellada carrera golpeando en un árbol con la entrepierna. Un estremecedor alarido resonó en las montañas atemorizando a los lugareños en kilómetros alrededor.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Urgl agarró la cuerda y destrozó un pedrusco enorme sobre la cabeza del borrico, que cayó patitieso con el hocico bien abierto. De un solo tirón extrajo Urgl el ancla. Esmit se desmayó tras manifestar un gemido de dolor intenso. Tenía la cara repleta de arañazos y magulladuras por todo el cuerpo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;En ese momento apareció Igner de la Cloaca, el magnífico, el peleón, que se había subido a un árbol para explorar los alrededores. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—No puedo dejaros solos ni un momento. ¿Será posible que en cualquier momento que me despisto hacéis una trastada?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Por su indumentaria se podía ver que se trataba de un gran guerrero. La cacerola de la cabeza, sin ser muy cómoda e impedirle una buena visión, era muy resistente, y las dos asas eran óptimas para colgar de ellas la longaniza y la botifarra. La chaqueta de piel de culo de cerdo estaba repleta de remiendos de todo tipo, proliferando en exceso los de piel de rata, que con cola y cabeza asemejaba un tumulto de éstas en ansiosa vorágine. Dos gallinas deshuesadas adornaban con sus plumas los hombros, colgando sobre el pecho sus decorativas cabezas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Confirmado. Nos hemos perdido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Ya te decía yo que no podía ser que el perro supiera el camino —dijo Urgl, que intentaba auscultar el corazón de Esmit—. Siendo tan solo una cría mestiza del perro que trajo el brujo, no sé yo cómo iba a saber el camino.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—No me discutas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Si yo no discuto. Y por cierto, ¿ha aparecido el perro?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Guarda tu cinismo para platicar con la burra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—¡Mirad allí! —gritó de forma sorpresiva Esmit levantando la cabeza y señalando con el dedo—. ¡El curandero está allí!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Al girarse ambos guerreros pudieron ver con claridad que adonde señalaba Esmit había una cabra. Al volver sus miradas hacia Esmit, Igner dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Qué dices, mamarracho, si es una cabra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Sí, ya veo que allí hay una cabra. Pero yo no digo allí, sino allá —dijo Esmit señalando hacia otro lado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Allí donde señaló podíase ver con claridad que estaba el burro, aparentemente muerto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Allí está el burro —dijo Igner.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Yo digo más lejos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Urgl e Igner forzaban la vista para escrutar la pedregosa ladera que se extendía en aquella dirección.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—¿Más lejos que aquel pino que sobresale?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Sí, más lejos. Allí en el cielo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Con dificultad en la lejanía podía detectarse la minúscula silueta de un pájaro volando, posiblemente un aguilucho.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;En ese instante, mientras Igner consideraba la posibilidad de que aquello fuera el curandero, unos gritos de auxilio llamaron la atención de los formidables caballeros. De repente salió un individuo de detrás de un árbol y cayó frente a Igner completamente exhausto. Igner lo observó con desconfianza y repasó mentalmente la descripción del curandero. Una argolla metálica en el cuello con dos remaches y otra en los pies con tres palmos de cadena enganchada. Rapado al cero, con heridas y chichones en la cabeza. Un tajo en el moflete. En el momento de la huida se llevó una manta gruesa de lana color marrón. El individuo no llevaba ninguna manta. Esto hizo dudar a Igner y mientras cavilaba apareció en el claro del bosque un oso furioso de casi tres metros de alto. La cabeza del oso no la podrían abarcar dos personas con los brazos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;El primero en darse a la fuga fue el burro, reaccionando con inusitada presteza, pero para su desgracia el garfio había encallado en una raíz y todo esfuerzo resultaba baldío. También Esmit reaccionó con rapidez y corriendo despavorido se subió encima del burro, al que sacudía unos buenos azotes e intentaba incentivar al galope sin ningún efecto. El oso, claro, se quedó unos momentos dubitativo pero no tardó en abalanzarse sobre Igner, dándole el tiempo justo para desenvainar su espada y seccionar el cráneo del oso con un certero golpe. Aquella noche cenaron chuletón de oso a la brasa con el curandero.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Dime, lacayo ingrato, esta medicina tuya, ¿puede curar cualquier enfermedad? —preguntó Igner.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—¿Qué medicina?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—La medicina que es capaz de retornar a su natural turgencia la nalga del Rey.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Yo no sé nada de medicinas —dijo el curandero atemorizado. Apenas podía pronunciar correctamente de puro miedo a ser devuelto a su miserable celda. Miraba los rostros de aquellos guerreros curtidos devorando la carne frente al fuego. Aquella mirada escrutadora y fija, sin pestañeo ninguno, del que llamaban Igner, a quien nunca había oído nombrar. La quemadura de su rostro le llamó mucho la atención. No sabía el curandero que fue por culpa de una tortilla que Igner se lanzó a la cara con intención de darle la vuelta, y apreció por este signo una notable fortaleza de carácter. Se fijó entonces en la espada de Igner de La Cloaca. Forjada con sus propias manos fueron necesarios los filos de cinco espadas, para crear la que fue la espada más pesada de toda la Edad Media. Era tan pesada que con ella Igner apenas podía pegar dos golpes, y quedaba desriñonado al cargar con ella por una pendiente. La llevaba colgada a la espalda, lo que exigía quitársela para sentarse. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Yo solo soy un humilde campesino que había salido a buscar setas. Quería, de paso, llevarle un tarro de alubias blancas a mi prima. De camino fui apresado y llevado frente al Rey, que en la misma carroza se comió las alubias, y parece ser que le gustaron tanto que me tenía encerrado en los calabozos para preparárselas cuando se les antojaban. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Pues tus alubias son remedio para la dolencia de nuestro rey.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Pues es raro. Yo las hago fuertes de picante. Tal vez eso...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Se fijó entonces el curandero en el ansia descontrolada de Esmit al comer. Le vio en un momento ingerir casi sin masticar dos gruesos filetes. Urgl torraba la carne.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Seas brujo o no espero te esmeres en tu cometido de obedecer la voluntad de tu rey, al que recomendaré que te mantenga con media rebanada de pan diaria mientras vivas —dijo Igner de La Cloaca. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Al oír estas palabras no tardó mucho el curandero en salir corriendo como un rayo y adentrarse en el espeso bosque. Igner se quedó atónito pues había ordenado fuera atado por los pies.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Esmit, ¿no te había dicho yo que atases al curandero por los pies?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Sí, y así lo hice. Utilicé una hoja de lechuga.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—¿Una hoja de lechuga? ¿No tenias nada más resistente que una hoja de lechuga?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Esmit no contestó y se puso a hacer complicados cálculos numéricos ayudándose con los dedos. No tardó en  salir corriendo hacia el bosque con cara de susto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Este chuletón está estupendo —dijo Urgl—. Creo que es la mejor carne que he comido nunca. A las patatas todavía les falta un poco.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Sí que está buena. Espero que no se le escape a Esmit ese desgraciado. Nadie como Esmit para seguir un rastro de noche en un bosque cerrado como éste. Nunca he puesto en duda su valentía pero me ha sorprendido que con tanto brío saliera a enmendar su error; un error que le podría ocurrir a cualquiera. Comamos y celebremos esta gran hazaña, que matar un oso como este no es algo que se haga todos los días.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Con la luna llena en el firmamento comían los magníficos caballeros entre tragos de vino jugosa carne, patatas asadas y setas, que cogió Urgl por los alrededores. No tardó en regresar Esmit volviendo a sentarse en su sitio sin mediar palabra. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—¿Y el curandero? —preguntó Igner de La Cloaca.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Se ha ido corriendo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Eso ya le he visto. Pensaba que habías ido tras él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—No, a mí me ha dado un retortijón y he tenido que salir disparado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;A la mañana siguiente, cuando la gallina que llevaba Urgl en una cesta anticipó el nuevo día, se congregaron en una reunión de los caballeros de la mesa camilla, e Igner les dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Yo mismo prepararé las alubias picantes que habrán de sanar al Rey.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Toda la corte estaba reunida en palacio para presenciar el momento en que el legendario caballero ofrecería al rey la pócima que pondría remedio a su dolencia. La expectación fue completa cuando al abrirse las puertas de palacio apareció Igner de La Cloaca, con un séquito de monjes y clérigos que habían bendecido la poción.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Esa mañana Igner había estado preparando las alubias procurando que el resultado fuera muy picante. Al menos veinte pimientos rojos picantes, otro tanto de verdes, paprika y guindillas secas a puñados, ajo y pimienta a matar. Todo bien troceado en abundante aceite. A esta cocción le añadió cuatro alubias. Solo con chuparse el dedo Igner sintió un fuerte ardor que se extendía por la garganta. Muy satisfecho con el resultado cogió a Esmit por el cuello y le metió una cucharada en la boca. No tardaron mucho en brotar de sus ojos sendas lagrimas y no había agua capaz de apaciguar la brasa incandescente que parecía tener en la boca. Igner muy contento fue a llevarle la poción al Rey.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Clotildo IV, agonizaba ya en los estertores de la muerte soportando una acuciante artritis y tembleque. Con sus escasas fuerza extendió sus trémulos brazos para alcanzar la cazuela que Igner de La Cloaca, el paladín de la causa cristiana, tendía hacia él. Anhelaba el rey ese cáliz, y en el depositaba su fe. Agarró la cazuela y de un solo trago se metió por el gaznate la sopa explosiva.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;La muerte fue casi instantánea. Apenas un ahogado alarido de dolor gritado al cielo, y tal vez sí, una última mirada de reproche antes de convulsionar su enrojecida faz y caer rígido con una expresión de pánico. La guardia del rey cercó a Igner con las lanzas dispuestos a darle muerte. Viéndose en un aprieto, Igner de La Cloaca, zarandeó un poco al Rey y le dio dos buenos puñetazos en el estómago, consiguiendo que el Rey regurgitara gran parte de la sopa y comenzara a solicitar con vehemencia agua. Igner de La Cloaca, con cierta teatralidad, comunicó a todos que el Rey estaba bien.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Peponio II, en nombre de su padre, que ya no se quejaba más de la nalga pero que había quedado convaleciente, manifestó públicamente su gratitud ofreciéndole el ducado de Villa Lentejas y la mano de su sobrina, pero era tal la generosidad de Igner que ofreció el ducado a Esmit y a Urgl la mano de la sobrina.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Fin&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span&gt;Este es uno de los relatos de humor que más me han hecho reír al escribirlo. No sé si es buen síntoma, pues muchas veces he debido de corregir aquello que en otro momento me había hecho mucha gracia. Para evitarse sorpresas es siempre dejar reposar los textos un tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span&gt;Gracias por la lectura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-5882821557881773214?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/5882821557881773214/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/12/los-caballeros-de-la-mesa-camilla.html#comment-form" title="2 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/5882821557881773214?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/5882821557881773214?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/12/los-caballeros-de-la-mesa-camilla.html" title="Los caballeros de la mesa camilla" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEUDQn08eCp7ImA9Wx9UF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-4178453077037787799</id><published>2010-12-23T02:42:00.000-08:00</published><updated>2011-02-15T09:51:13.370-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-02-15T09:51:13.370-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relato humor" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="leer relato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuento humor" /><title>El viejo lobo de mar</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Eran las tres de la mañana cuando el viejo lobo de mar tomaba la última copa. Escondido tras un halo de tiniebla, sentado en la barra, hacía equilibrios sobre el taburete en un estado de embriaguez cercano a la muerte. Ningún pensamiento cruzaba por su cabeza, solo el leve balanceo de la barca una mañana tranquila, esperando absorto con la caña en la mano alguna leve sensación. Ahora me parece que pican, pensó. De repente abrió un ojo y se encontró tumbado boca abajo en el sofá de su casa. Alguien estaba llamando a la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Buenos días, don Manuel. Venía a decirle que no saldré a pescar con usted, mi madre opina que hace mala mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordó entonces, el viejo lobo de mar, al joven que tenía en frente. Le vino a la memoria la amena conversación que habían tenido por la noche. Hablaron de la pesca y de los peligros del mar. Le contó aquella vez que con la potera pescó una sepia de un kilo y medio: un ejemplar extraordinario que causó admiración en todo el pueblo. Sus manos terminaron sangrando cuando consiguió sacar del agua a aquel monstruo de las profundidades. También le habló del extremadamente peligroso pez araña, pues con las púas de sus aletas provoca tal tremendo escozor que hay quien se ha cortado la mano al no poder soportar el dolor. Pero él, el viejo lobo de mar, estaba inmunizado y podía cogerlas sin ningún temor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el portal de la casa posó su mano sobre los ojos y observó el horizonte. A su lado apareció su gato, Esparrai, que con un pescado en la boca se asomaba para echar un vistazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué va a saber tu madre cuándo se cogen buenos pescados! Hoy es un día estupendo. Ve a decirle a tu madre que saldremos a pescar y que no se preocupe, ¡que vas con don Manuel!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No hace falta. Tenía que salir y ya no estará en casa. La verdad es que no me gustaría desobedecerla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tu no te preocupes que ya hablaré con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cruzando dos calles llegaron al puerto, y en un momento al pantalán, donde el viejo lobo de mar tenía el amarre. Alejandro se quedó un tanto desconcertado al ver el minúsculo tamaño de la barca. Cuando hablaron ayer en ningún momento se hizo mención de que el barco con el que sorteaba el viejo lobo de mar los peligros de la navegación se trataba de un diminuto cascarón que parecía más bien adecuado para pasearse por el parque del retiro. Era, con diferencia, la barca más pequeña de todo el puerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en la barca y tras comprobar agarrados el uno al otro que aquello se movía mucho, no tardó Alejandro en percibir el hedor a pescado putrefacto que manaba de la barca igual que de un vertedero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Dios mío, ¿qué es esta peste?!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No pasa nada, dentro de un rato no te darás cuenta. Lo peor para pescar es el olor a limpio. Anda, ven aquí a arrancar el motor que yo tengo artritis. Estira fuerte que a veces le cuesta.&lt;br /&gt;Con bastante cautela se acercó Alejandro y adoptó una posición bastante correcta para arrancar el motor. Se trataba de un fuera borda de trece caballos de la casa Fanlee, una reliquia de más de treinta años. Agarrado a un palo estaba el cordón que debía estirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parecía que, en el primer intento, hizo mínima mención el motor de querer arrancar, cosa que no pasó con los siguientes, a pesar de lo desaforados esfuerzos de Alejandro, que al limite de sus fuerza estiraba como un poseso sin el menor resultado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Está seguro de que tiene gasolina?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo he comprobado. Sí que es raro que le cueste tanto. Huy, perdona, se me había olvidado ponerlo en on. Es esta palanquita roja. Prueba ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reaccionó enseguida el motor con un estrépito semejante a un tractor, levantando una humareda espeluznante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Soltad amarras! —gritó el viejo lobo de mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la escollera sobresalía intermitente el impacto de las olas y una intensa brisa marina refrescaba sus caras. Al salir del puerto el mar encrespado azotaba la barca provocando un incesante vaivén en toda dirección y una navegación a duras penas sostenible zozobrando en contra de las olas. Alejandro, a popa, agarrado como una anémona, rebotaba sobre las tablas mirando de vez en cuando al viejo lobo de mar, que parecía contento. La situación empeoraba a medida que se alejaban de la costa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tranquilo, grumete —gritó el viejo lobo de mar para que su voz sobresaliera por encima del estruendo del motor—. Levanta esta tabla y te podrás sentar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con mucho apuro y cuidado, Alejandro, recogió los pies lo suficiente para levantar la madera que le permitiría sentarse más cómodo, pero al introducir los pies asomó por el compartimento una enorme rata de repugnante aspecto. Mostraba sus fauces  serpenteando la lengua como un gusano. Alejandro se lanzó al mar por puro acto reflejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué haces, loco? Pero si solo es una rata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciendo esto, el viejo lobo de mar, cogió la rata por el pescuezo y la lanzó al agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandro que agonizaba en el mar embravecido chapoteando intensamente vió venir la rata hacia él y estuvo un buen rato esquivando a la rata nadando de un lado a otro; pero la rata se le subía por encima con cierta insistencia. Al limite de sus fuerzas consiguió finalmente encaramarse a la barca mientras el viejo lobo de mar, a golpe de remo, ahuyentaba la rata. De resultas de este lance recibió el pobre Alejandro un fuerte golpe en la cabeza que le abrió una brecha en la frente y lo dejó medio atontado durante un rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si no le importa, don Manuel, ¿podríamos dejarlo por hoy?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué dices, muchacho? Pero si casi hemos llegado. Iremos a una pesquera que yo conozco por aquí. Si pillamos la roca nos vamos a cansar de sacar pescado. Ponte esta chaqueta, no te vayas a resfriar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco después pararon la barca. El oleaje no parecía remitir y en lontananza la oscuridad era creciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Después pegará el embat y tendremos un poco de calma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que Alejandro hubiera terminado de ensartar calmar en los anzuelos, el viejo lobo de mar, ya había tocado fondo con el plomo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aquí pican —dijo el viejo lobo de mar poco después—. ¡Lo tengo! !Es muy grande! ¡Estira como un demonio! ¡Tiene que ser un dentón!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía rodar el carrete con visible apuro exclamando a voz en grito notables improperios y blasfemias. La caña se doblegaba y estiraba como loco el viejo lobo de mar zarandeando la barca con unas sacudidas de espanto. Aguantó como pudo y tras una lucha intensa sacó del agua una araña de más de medio kilo, un enorme pescado de casi dos palmos. Era la araña más grande que había visto nunca el viejo lobo de mar. Estiró con fuerza la caña haciendo volar por los aires peligrosamente al pescado enganchado al hilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ten cuidado que es una araña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandro, miraba con espanto las sacudidas que daba el tremendo pescado y sufrió un espasmo de terror cuando ante sus ojos se liberó aquel demonio, y de un rebote sobre la barca se abalanzó sobre él. Poco pudo hacer Alejandro, que se cubrió con los brazos, y recibió dos arañazos, uno en la cara y otro en la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rápido comenzó a extenderse el caluroso escozor y comenzó a manifestar Alejandro los síntomas de una parada cardíaca. Con unos espasmos acompañaba unas profusas arcadas, compaginadas con unos lamentos de dolor y aullidos de miedo muy parecidos al llanto. De reojo se miraba el moflete, que parecía expandirse por momentos. El rasguño de la mano le dolía intensamente y se había extendido el picor por el brazo. La barca se zarandeaba a punto de naufragio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo lobo de mar pisó la araña y de un certero corte de cuchillo la mató instantáneamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuanto más grandes menos venenosas. No te preocupes que no ha sido nada. En el hígado de la araña se encuentra el antídoto a su veneno. Te lo restregaré por la herida y verás cómo te calma el dolor en un momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Destripó todas las vísceras el viejo lobo de mar con bastante pericia con dos movimientos de cuchillo, dejando libre el hígado. Hubiera podido cogerlo con las manos, pero decidió el viejo lobo de mar desengancharlo con el cuchillo haciendo un poco de palanca, consiguiendo con este efecto que saliera disparado el higadillo por la borda cayendo en el mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Perdona, chico, cosas que pasan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandro mostró un rictus en su compungida faz y se lanzó al agua. Intentó atrapar el higadillo con muy poco acierto y estuvo buscando alrededor desatendiendo al encrespado mar que con insidia le sometía a un desesperado esfuerzo. Al rato de buscar sin ningún resultado vio que se le acercaba nadando una gaviota que miraba de un lado a otro como si observase el panorama. Se sumergió brevemente la gaviota antes de llevarse volando el higadillo ya dentro del gaznate. El pobre Alejandro maldecía su suerte, pero le pareció que al salir volando la gaviota se había asomado la aleta de un pez. Metió la cabeza bajo el agua y vio que a sus pies nadaban en circulo al menos cinco barracudas de enorme tamaño. Su acojone fue mayúsculo y prorrumpió en un estado histérico que le llevó a tragar agua sucesivas veces. El pánico impulsaba su eufórico braceo en contra de las olas, e intentando gritar pidiendo auxilio una nueva bocanada de agua salda se le introdujo por la garganta. La barca cada vez estaba más lejos y el pobre Alejandro ya no podía más. Veía al viejo lobo de mar ensartar el cebo desatendiendo completamente la situación de extrema necesidad en que se encontraba. Llegar hasta la barca se le antojaba ya un esfuerzo inútil pero seguía nadando al limite de sus fuerzas gritando lo más que podía de vez en cuando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo lobo de mar vino a socorrerle a tiempo justo para evitar que Alejandro emergiera la cabeza por última vez. Paró la barca cerca de él y lo ayudó a subir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tranquilo, muchacho, tengo una buena noticia para ti. El pescado que te ha picado no es una araña. Se trata de un Sanperet, casi idéntico a la araña pero en absoluto venenoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandro se sentía enfermo. Si bien la noticia le alivio bastante se encontraba físicamente exhausto, mareado y aún bajo un fuerte estado de nerviosismo. La barca se movía más que nunca y difícil le fue asomar a Alejandro la cabeza por la borda para devolver el agua injerida. Se tapó completamente con una toalla y se quedó arrinconado tiritando. El viejo lobo de mar siguió pescando tranquilamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al rato un estruendo llamó la atención de Alejandro, que se asomó para descubrir que una densa nubosidad se extendía sobre sus cabezas y que estaban envueltos en una oscuridad total. No tardó en caer un rayo muy cerca de la barca que erizó de espanto los cabellos de Alejandro. Mirando al viejo lobo de mar pensó estar viviendo una horrible pesadilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Creo que tendremos que irnos de aquí —dijo el viejo lobo de mar tendiendo su caña hacia Alejandro—. Aguanta esto que nos vamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco tiempo estuvo Alejandro con la caña en las manos antes de que un rayo lo dejara frito. Una sacudida de luz concentrada entró por la caña haciendo chisporrotear el cuerpo de Alejandro, que cogiendo una tonalidad tostada empezó a sacar humo. No tardó en desplomarse sobre la barca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Muchacho, ¿te encuentras bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Milagrosamente Alejandro seguía con vida. Muchas ganas de hablar no tenía pero con unos movimientos de difícil interpretación ejecutó una mueca que reconfortó mucho al viejo lobo de mar, que con pericia regresó a puerto zozobrando por encima de las olas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-4178453077037787799?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/4178453077037787799/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/12/el-viejo-lobo-de-mar.html#comment-form" title="2 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4178453077037787799?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4178453077037787799?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/12/el-viejo-lobo-de-mar.html" title="El viejo lobo de mar" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;A0ABRn09fSp7ImA9Wx9QEEQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-4501954553417064267</id><published>2010-10-04T02:25:00.000-07:00</published><updated>2010-12-23T02:22:37.365-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-12-23T02:22:37.365-08:00</app:edited><title>Mi novela</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Ya es posible hacerse con un ejemplar impreso de “El enigma de la cacatúa” a través de &lt;span style="text-decoration: underline;"&gt;&lt;a href="http://www.bubok.com/libros/190520/El-enigma-de-la-cacatua"&gt;bubok&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt; La notable extensión de la novela más mis exiguos emolumentos implican un coste que ronda los dieciocho euros, a los que hay que añadir los impuestos y gastos de envió, por lo que el precio final de la novela rondará los treinta euros. Es un buen precio, pues la novela es muy graciosa y el entretenimiento está garantizado. Sinceramente opino que quien esté dispuesto a gastarlos no se sentirá defraudado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Supongo que los portes a Sudamérica suponen un excesivo gravamen y hacen de la compra del libro un considerable gasto. La verdad es que se me hace difícil creer que mucha gente esté dispuesta a semejante dispendio. He  pedido que lo hagan en un papel algo más grueso (90 grs) que el prototipo base, pues quiero que quien se haga con un ejemplar tenga un buen libro en las manos. Tendrá un total de 390 páginas y un tamaño algo superior al de bolsillo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Existe también la opción de descargarse un PDF por un precio de 3 euros, el mismo beneficio que con la versión impresa. De todas formas si alguien está interesado en la novela solo tiene que contactar conmigo y le mandaré el PDF sin cargo ninguno. Claro que sí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.bubok.com/libros/190520/El-enigma-de-la-cacatua"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Comprar &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El enigma de la cacatúa&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Gracias a todos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-4501954553417064267?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/4501954553417064267/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/10/mi-novela.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4501954553417064267?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4501954553417064267?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/10/mi-novela.html" title="Mi novela" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;C04GRHk_eip7ImA9Wx5VGEk.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-5481393217049441317</id><published>2010-10-04T01:58:00.000-07:00</published><updated>2010-10-11T17:05:25.742-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-10-11T17:05:25.742-07:00</app:edited><title>Edición impresa</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Ya es posible hacerse con un ejemplar impreso de “El enigma de la cacatúa” a través de &lt;a href="http://www.bubok.com/libros/190520/El-enigma-de-la-cacatua"&gt;bubok&lt;/a&gt;. La notable extensión de la novela más mis exiguos emolumentos implican un coste que ronda los dieciocho euros, a los que hay que añadir los impuestos y gastos de envío, por lo que el precio final de la novela rondará los treinta euros. Es un buen precio, pues la novela es muy graciosa y el entretenimiento está garantizado. Sinceramente opino que quien esté dispuesto a gastarlos no se sentirá defraudado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Supongo que los portes a Sudamérica suponen un excesivo gravamen y hacen de la compra del libro un considerable gasto. La verdad es que se me hace difícil creer que mucha gente esté dispuesta a semejante dispendio. He  pedido que lo hagan en un papel algo más grueso (90 grs) que el prototipo base, pues quiero que quien se haga con un ejemplar tenga un buen libro en las manos. Tendrá un total de 390 páginas y un tamaño algo superior al de bolsillo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Existe también la opción de descargarse un PDF por un precio de 3 euros, el mismo beneficio que con la versión impresa. De todas formas si alguien está interesado en la novela solo tiene que contactar conmigo y le mandaré el PDF sin cargo ninguno. Claro que sí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.bubok.com/libros/190520/El-enigma-de-la-cacatua"&gt;Comprar &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El enigma de la cacatúa&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a style="font-style: italic;" href="http://www.bubok.com/libros/190520/El-enigma-de-la-cacatua"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a todos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-5481393217049441317?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/5481393217049441317/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/10/edicion-impresa.html#comment-form" title="2 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/5481393217049441317?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/5481393217049441317?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/10/edicion-impresa.html" title="Edición impresa" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEQDRHc_fCp7ImA9Wx5WE08.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-1398187583111366093</id><published>2010-09-24T04:04:00.000-07:00</published><updated>2010-09-24T04:06:15.944-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-24T04:06:15.944-07:00</app:edited><title /><content type="html">&lt;div style="text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Hola, amigos. Como algunos ya sabéis la novela hace tiempo que está terminada. No es mucha mi reticencia de colgar la totalidad de los capítulos y es mi intención, para el futuro, que la novela se pueda descargar de forma gratuita en Internet. El motivo de que así no sea es debido al poco elevado número de lectores. Creo que por ahora hay suficiente para comenzar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las dificultades para difundir una narración en Internet son muchas. Carezco de antecedentes literarios que avalen mi buen hacer, cosa que no me importa, mi novela está aquí y habla por sí misma, esperando que tu quieras darle una oportunidad. Lo único que te puedo decir es que nunca has leído nada igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lectura en la pantalla del ordenador no es óptima para la relajación necesaria de una lectura apacible. Te pido disculpas y te recuerdo que yo la escribí casi totalmente en el ordenador, sacándome los ojos mirando la pantalla como un enfermo. Así largos años, revisando, componiendo y meditando sobre cada mínimo segmento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De encontrar un lector interesado no pondré inconveniente ninguno en enviarle la obra para que la pueda imprimir si es de su gusto. También más delante, si mi optimismo se ve reforzado por un interés general, facilitaré la compra de una edición impresa en alguna de las conocidas webs al uso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias mil.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-1398187583111366093?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/1398187583111366093/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/09/hola-amigos.html#comment-form" title="16 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/1398187583111366093?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/1398187583111366093?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/09/hola-amigos.html" title="" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEABQ3Yzfyp7ImA9Wx9UF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-3552221948285928833</id><published>2010-02-08T04:15:00.000-08:00</published><updated>2011-02-15T09:59:12.887-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-02-15T09:59:12.887-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela humor leer gratis" /><title>Capítulo XVI</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Desde donde me dejó Ruperto unos doscientos metros tuve que caminar cargado con todas mis pertenencias hasta llegar al restaurante “La Cacatúa”. Bastante acalorado crucé el aparcamiento y tras avanzar por el camino de piedras llegué a la terraza exterior, donde dejé las bolsas de basura en las que había metido mis ropas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé unos momentos frente al portón meditando mis próximas palabras y muy absorto me debía de encontrar pues no reparé en la presencia de una cacatúa enorme que colgaba boca abajo en un columpio. Reaccioné con un sobresalto ante aquella horrible visión y retrocedí a una distancia prudencial. Abrió un ojo la cacatúa y con una agilidad sorprendente, tras unos leves balanceos, se dio el impulso suficiente para ponerse en pie. Se giró y empezó a columpiarse sin dejar de observarme fijamente. Era una cacatúa horrible. En la barriga no tenía ni un pelo y se dejaba ver la corpulencia y musculatura de sus muslos. Las alas, carentes de toda pluma, parecían estar fritas y aún así eran batidas con tanto ahínco que hacían pensar que tal vez fuera capaz de emprender el vuelo. Tres plumas torcidas se desplegaban en su cabeza evidenciando la ausencia de las restantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé anonadado viendo la disposición agresiva de aquel pájaro grotesco, enorme y desplumado. Con el primer graznido me quedé petrificado de horror ante la inusitada potencia del chorro de voz de aquel error de la naturaleza. Ya he contado que siento una antipatía fóbica hacia algunas aves, a las que hay que añadir, por supuesto, la cacatúa. Aquel engendro demoníaco prosiguió con su canto demencial tal como si estuviera sufriendo un dolor atroz. Parecía estar siendo electrocutada y que en su agonía profería los más desagradables insultos que en su idioma se pudieran decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sacando fuerzas de flaqueza y con el corazón en un puño me acerqué para picar la puerta con la anilla que tenía por pomo. La cacatúa se columpiaba cada vez con más brío y a unos dos metros de mí estaría cuando saltando del columpio se lanzó sobre mí como un misil graznando intensamente. Sólo me dio tiempo de agacharme espantado sin poder esquivar al pájaro, que se me enganchó por la espalda. Aún paralizado por el pavor, procuré sin éxito librarme de aquella aberración que comenzó a picarme en la cabeza con mucha fuerza. Sus garras me arañaban en el cuello y en un momento me había enganchado la oreja con el pico produciéndome un intenso dolor. Confuso y mareado salí corriendo, y habría llegado hasta mi casa de no haber ido a parar, tras un leve tropiezo, golpeando con la cara en una columna de muy mala manera. Sentí como si se me quebrara el cráneo y la nariz la tengo un poco doblada desde aquel día. La sangre brotaba a chorro y con un fuerte mareo sentí que perdía el conocimiento. Caí al suelo despojado de toda fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cacatúa, que salió indemne del tropiezo, no se sintió complacida al haberme derrotado y subiéndose sobre mí, me arañaba con sus garras picándome a su antojo mientras yo yacía medio muerto. Totalmente acabado y patitieso con mis últimas fuerzas intenté reincorporarme para huir del terreno de combate e ir a hacerme ermitaño a alguna montaña, pero en un momento de arrebato agarré a la cacatúa por una pata y me dispuse a golpearla con el puño. A los dos guantazos medianamente efectivos sopesé que iba a ser tarea difícil e intenté aplastarla con el cuerpo abalanzándome sobre ella. Con este esfuerzo me caí por las escaleras, pero llevándome conmigo a la cacatúa, que, bondad divina, quedó espachurrada con muy mal aspecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al recomponerme y ver la agonizante cacatúa dislocada en el suelo, una rabia infinita se apoderó de mí, y le di una patada con todas mis fuerzas haciéndola volar por los aires, momento en que reparé en las dos personas que me observaban desde la puerta del restaurante. Pasando entre ellos se escurrió Angelita, la Princesa, que con las manos en la cabeza lanzó un desesperado aullido y se volvió otra vez adentro del restaurante. Los allí presentes, Luís y Alfonso, se me quedaron mirando sin decir palabra y cuando me acercaba a ellos para explicar lo ocurrido y los motivos de mi visita se desplazaron dejando un amplio hueco por el que apareció la Princesa apuntándome con un trabuco. Un pánico instantáneo me recorrió el cuerpo y me quedé paralizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pongo en duda de que fuera gracias a la intervención divina que el trabuco del algarrobo con el que salió Angelita a recibirme en lugar de metralla lanzase, con gran estruendo, un descomunal soplido de hollín. Tras breves momentos de desconcierto, Angelita salió corriendo detrás de mí blandiendo el trabuco. Al momento en que sonó el brutal petardazo y se difuminaba por los aires la densa humareda negra salí corriendo espantado huyendo despavorido y al instante comenzó la persecución. Todo fue como dar la salida con el trabuco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde luego que ni en los más pletóricos días de mi juventud yo era lo que se pudiera llamar atleta y para mayor inconveniente había quedado baldado y las piernas apenas me sostenían, a pesar de lo cual mi reacción fue vigorosa e instantánea. La persecución comenzó con gran euforia acompañada con un grito de guerra, y al emprender la huida el corazón casi se me sale por la boca al ver que la única vía de escape, a través de un mecanismo eléctrico, se cerraba ante mis ojos. Estaba acorralado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el ataque contaba la Princesa con la colaboración de Alfonso, jefe de cocina, individuo extremadamente corpulento y por lo que se pude ver enseguida, persona de muy mal genio, que por suerte cojeaba intensamente y no era muy rápido, aunque sí bastante persistente. Luís, hijo del otro Luís antes mencionado, era sin duda el menos ágil, pero que se escondía y atacaba por sorpresa. En una ocasión me agarró de la camisa, pero pude liberarme dándole un codazo en la cara. La persecución era intensa, pero no conseguían darme alcance dado el terror que impulsaba mi carrera.&lt;br /&gt;Pudieron ser más de quince minutos los que me seguían tan de cerca que de no ser por mis desaforados esfuerzos, ya fuese agachándome, parando y arrancando y alguna vez saltando por encima de los matorrales que rápido me habrían cogido. Fue una auténtica pesadilla y el miedo que pasé, al prolongarse la persecución, se fue convirtiendo en un delirio histérico con el que propasé el límite de mis fuerzas. Presa del pánico, mareado, exhausto y chorreando sangre por la nariz corría de un lugar a otro sin posibilidad de escapar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Princesa a un paso cada vez más lento vociferaba serias amenazas, que el cumplimiento de la menor de ellas tenía que terminar con mi vida de muy mala forma, todas ellas relacionadas con motivos gastronómicos, trincharme como a un pavo, freírme los ojos en aceite o destriparme como a un cerdo. Tras largo rato de esquivarlos, corriendo como un descosido sin saber hacía donde, exhausto y sin aliento, la Princesa me acorraló en una esquina. Se me acercaba enseñando las uñas con una expresión rabiosa y desquiciada. Yo estaba aterrorizado. Bien en frente de mi se quedó parada gesticulando horribles expresiones inhumanas, mostrando los dientes y vizqueándo los ojos. Retorcía las garras y sacudía la cabeza con sorpresivos espasmos. De repente se cayó al suelo. Le había pegado un ataque epiléptico. Empezó a expulsar espuma por la boca y cayó al suelo haciendo espasmos. Viendo propicia la ocasión me dirigí a la puerta metálica que comunicaba al huerto que por suerte estaba sin cerrar con llave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un viejo golpeaba la tierra con un azadón con muy poco ánimo en medio de aquella extensión de zanjas adornadas con leves brotes. Corriendo por encima del sembrado, mientras buscaba por donde escapar, vi que Alfonso y Luís cruzaban la entrada al huerto. Prosiguió la persecución pero con menos brío y eludía a mis perseguidores, ya bastante exhaustos, con bastante margen. Alfonso empezó a lanzarme piedras con tal rabia y fuerza que el menor roce hubiera sido de espanto. Aquel viejo que hasta el momento había proseguido imperturbable sus labores del campo, cuando pasé corriendo por su lado, tras emitir un sonido gutural ininteligible, acertó a darme un manotazo en la cara que era como para tumbar un camello. Sus manos eran como hormigón macizo y medio atolondrado fui de lado a chocarme contra un árbol. Animados por esta incidencia ventajosa se reavivaron los ánimos de mis perseguidores cuando ya comenzaban a desfallecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habiendo perdido toda referencia de mi ubicación en el mundo y a punto de dejarme vencer por el mareo resultante del intenso dolor del guantazo, encontré en mi camino la escalera que subía a las habitaciones, por la que me encaramé como buenamente pude y me metí en una de las habitaciones, que cerré con llave a mis espaldas. Estaba al borde del colapso. El corazón me latía con fuerza y no me bastaba el aire que respiraba para recuperar el aliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La habitación estaba completamente oscura salvo una pequeña luz proveniente de allí donde se intuía una ventana. Me dirigí hacia ella con la esperanza de encontrar una escalera o artilugio elevador con el que poder escaparme. Al abrir la persiana, y al entrar la luz en la habitación no paré un segundo a examinar la distancia que había hasta el suelo, que era bastante, y me lancé de cabeza por la ventana. ¿Cómo acertar a describir el susto que me llevé cuando al girarme vi por primera vez en mi vida a Jorge detrás de mí? Se podría recurrir a la típica frase “se me heló la sangre”, pero en verdad que no fue así; más bien fue como si se me parase el corazón y me faltase el aire a la vez, y como si fuese el cerebro que bombease la sangre con un único pero enorme latido. Salté sin pensar, por puro acto reflejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubiese preferido por mil veces haber caído en el duro suelo y haberme abierto la cabeza que no haber ido a parar encima de un tejado de madera de muy escasa resistencia. Sí que es verdad que por un momento pensé estar a salvo, pues de allí donde estaba, dando un salto considerable hubiese podido acceder a la pared que delimitaba el recinto, que aunque estaba repleta de cristales hubiese utilizado para poder escapar, pero al momento de incorporarme, se quebró la madera y fui a parar al interior de una jaula repleta de gallinas en extremo bulliciosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me dio tiempo de perder la conciencia, ni tan siquiera lamentarme del fuerte batacazo, de tan grande que fue la sorpresa de verme envuelto por un enjambre de gallinas revoltosas cacareando intensamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque creo que es más que sobresaliente el valor demostrado y muy a destacar mi templanza en tan desdichada adversidad, al verme encerrado en una jaula llena de gallinas, cosa que jamás pasó por mi cabeza ni en las más delirantes de mis pesadillas, opté por pedir socorro tan alto como la voz me daba de si. Había llegado el momento de rendirse. Yo, el más valiente de la pandilla, el mejor de mi habitación, había sobrepasado los límites de mi comprensión y llorando con vehemencia supliqué e imploré que por compasión me sacasen de allí. Me quedé enganchado a la rejilla de la jaula gritando y sollozando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entró en la jaula el viejo del azadón y arrastrándo me sacó fuera. Desde el suelo y a contraluz pude ver como el viejo se disponía a darme el golpe final que terminaría con mi vida y así hubiera sido de no haber querido la divina providencia que en el momento en que sostenía en lo alto el azadón le pegara a aquel buen hombre un infarto y con una mueca y un quejido quedase súbitamente agarrotado. Aún en este trance consiguió, haciendo un esfuerzo, golpearme en la cabeza, quedando yo desmallado y él muy cerca de la muerte. Me dejaron atado y amordazado en el sótano hasta que apareció el doctor Gabriel y les explicó los motivos que me habían llevado hasta allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya desde un primer momento me di cuenta de no ser bien recibido; la Princesa aun habiendo accedido a mi contratación, manifestaba cierto resentimiento debido al asunto de la cacatúa. Tuve suerte, principalmente, porque el doctor Gabriel pudo salvar la vida al pájaro. Por orden de la Princesa fui declarado principal responsable del bienestar de la cacatúa, a la que el doctor Gabriel había puesto unas inyecciones y vendado completamente. En mis primeros días de trabajo en el restaurante la Princesa y su séquito procuraron con ahínco no volverme a ver al día siguiente, pero yo, determinado a cumplimentar el plazo de tiempo que el doctor Gabriel me exigía aguantaba estoico toda la batalla con la que pretendían coaccionarme.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-3552221948285928833?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/3552221948285928833/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/02/desde-donde-me-dejo-ruperto-unos.html#comment-form" title="6 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/3552221948285928833?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/3552221948285928833?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/02/desde-donde-me-dejo-ruperto-unos.html" title="Capítulo XVI" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;A0ABRn09fyp7ImA9Wx9QEEQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-690463075751064119</id><published>2010-01-19T03:37:00.000-08:00</published><updated>2010-12-23T02:22:37.367-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-12-23T02:22:37.367-08:00</app:edited><title>Usurpación de personalidad</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué pasa, amigo? ¿No se encuentra bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel joven parecía deprimido, o más bien preocupado, un poco borracho, con los brazos sobre la barra. Levantó la cabeza y me miró un poco sobresaltado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué quiere? ¿Le conozco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No. Me parece que no, pero al verle he pensado que tendría mal de amores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No creo que eso sea de su incumbencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo dejé estar. El camarero vino a atenderme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Champán, por favor, champán para todos —dije muy alegremente—. Es broma. Una caña, por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Se ve que eres muy gracioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estoy de buen humor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Se puede saber por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No es asunto de tu incumbencia—reí—. Es otra broma.  Me llamo Jorge, vengo mucho por aquí, y ya me conocen. A ti no te había visto nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estoy de camino. Me han dejado un apartamento aquí cerca. Y dime, ¿por qué este buen humor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me han echado del trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Muy buena esta —dijo con una sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No me has dicho cómo te llamas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Rafael, pero puedes llamarme Rafa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Encantado. Y si hay algo que te aflija, me lo puedes contar. Ya en un primer momento he visto que te pasaba algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de contestar se me quedó mirando fijamente, supongo que considerando por mi expresión si era merecedor de su confianza. Yo no hubiera insistido, pero él se soltó, nos sentamos en una mesa y me contó una sorprendente historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mi preocupación es máxima. Me han usurpado la personalidad en internet y alguien se ha apropiado de todos mis escritos. Ha cambiado las claves de mi correo electrónico y participa con mi nick en los mismos foros que acostumbraba yo, respondiendo a los comentarios que a mí se dirigían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es sorprendente. ¿Lo has denunciado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, por suerte, mi obra más importante la había registrado y tengo un documento oficial que demuestra mi autoría. Pero parece ser que la justicia no es demasiado eficiente. Este hacker no tiene ningún respeto y ha publicado la novela en diferentes empresas de impresión por pedido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No estarás hablando de “El enigma de la cacatúa”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, yo soy el autor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Caramba. He oído decir que está muy bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Parece ser que se vende bien. Se han podido paralizar las cuentas y retirar la novela de algunas editoriales, pero aún hay países que hacen caso omiso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo siento mucho, es una gran injusticia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tampoco tanto. Una importante editorial ya se ha ofrecido a publicarla. Dentro de seis meses saldrá a la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Enhorabuena. Esto es para estar contento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Supongo que sí. La verdad es que sin el revuelo que ha habido y el interés que la prensa ha demostrado en este asunto, mi novela estaría aletargada esperando un lector.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento entraron en el bar dos policías acompañados por un señor mayor abrigado con una larga chaqueta de piel y se acercaron a nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Rafael Homar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Para servirle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Haga el favor de acompañarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-690463075751064119?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/690463075751064119/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/usurpacion-de-personalidad.html#comment-form" title="23 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/690463075751064119?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/690463075751064119?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/usurpacion-de-personalidad.html" title="Usurpación de personalidad" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>23</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEADSHg4fSp7ImA9Wx9UF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-4589089541741912964</id><published>2010-01-16T14:01:00.000-08:00</published><updated>2011-02-15T09:59:39.635-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-02-15T09:59:39.635-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela humor leer gratis" /><title>Capítulo XV</title><content type="html">&lt;div  style="text-align: justify;font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Aun con la botavara quebrada hendida sobre el cayuco el capitán empecinado seguía gritando coraje a los bergantes, algunos de ellos heridos de muerte. Saltando sobre la mesana, cogiendo un cabo, se lanzó sorpresivamente por los aires haciendo un gran círculo ondeando su flamante capa, sorteando con este impulso y con la daga entre los dientes, las cuchilladas que los insurgentes le dirigían desde abajo. Y digo esto como ejemplo y estímulo para no desfallecer en mi decidido empeño de alentar las breves briznas de mi inspiración hacia la evocación de aquellos parajes donde se encontraba el restaurante “La Cacatúa”. Envuélvase mi memoria con las esencias de aquel recuerdo, ya lejano, de los campestres andurriales. Rememore de nuevo mi olfato aquella grata sensación escondida tras los ásperos efluvios del estiércol en la tierra mojada. Crucen por mis ojos cerrados tordos y palomos entonando sus dulces cantos. Sientan de nuevo mis manos el placer de la recolecta y mis rodillas la grata sensación del calor que desprende la tierra torrada al sol de verano. No te interpongas aviesa y malintencionada musa en el hilo de estos pensamientos y desiste ya ante ésta, mi total determinación. Que así quede escrito y que así se cumpla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que se inventó el carromato la gente no ha parado de ir y de venir de un lugar a otro, pudiéndose llevar así a toda la familia. Con ese persistente empeño, grandes partes del mundo desconocidas han sido habitadas. Se desconoce aún como fueron a parar los primeros asentamientos humanos a las inhóspitas regiones árticas y se especula con un posible despiste de quien dirigía la comitiva, pero es este asunto ajeno a nuestra historia y remito al lector interesado a la lectura de las obras de Laurencio Puerco sobre sus expediciones en el ártico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal cual es la preocupación de la monja superior que vigila inquisitiva a las recién llegadas, parecía la montaña observar el valle que tiene a su cargo, aunque mucho más atenta al pequeño pueblo de Santa Julieta al cual acuna en sus brazos. Poco más allá, el leve rastro del camino que desciende hasta el restaurante “La Cacatúa”, dejaba a su lado unos campos de habichuelas, que coloreaban de un verde mate un cuadrángulo imperfecto, que se doblegaba sobre la ladera que se extendía hasta la cumbre, rebosante de matorral. Santa Julieta, agazapándose en la falda de la montaña, se rodeaba de los frutos de su descendencia, aglutinándose a su alrededor las nuevas construcciones, como atraídas hacia el centro, comprimiéndose sus estrechas calles por el maternal abrazo. El frontal de su iglesia del prerrománico tardío se alzaba con exuberancia sobre los tejados de las casas circundantes, y frente a ella, la plaza principal del pueblo exhibía con orgullo una fuente de piedra a su otro extremo. Una muralla medieval envolvía la zona antigua y adornaba el conjunto del pueblo con el legado histórico de las grandes contiendas del pasado. Las casas de piedra de amplios portales tenían un encanto singular y formaban un pequeño laberinto donde las calles no tenían nunca la dirección que parecía en un principio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pueblo de Santa Julieta se encontraba aislado por accesos difíciles y bastante alejado de los núcleos urbanos más grandes, pero esta situación cambió al inaugurarse la carretera de Pardaldemoro. Esta relativa incomunicación fue vital para la preservación de los pastizales y el ecosistema del mosquito, y repercutió en la marcada idiosincrasia rural de las gentes. En esta zona de antigua tradición gastronómica de la algarroba para el porcino, la vida transcurría lentamente y se sucedían generaciones de labriegos y ganaderos cuya preocupación máxima era el bienestar de los cerdos y el cultivo de la alfalfa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El recién llegado se percataba enseguida de la importante herencia cultural presente, desde tiempos inmemoriales, en las costumbres de las gentes. El diligente empeño matutino de arrastrar el arado por el pedregal bajo un sol abrasador suscitaba la admiración del recién llegado, que atónito observaba semejante proeza mientras el burro pacía perezoso debajo de un árbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cerdos ocupaban un lugar destacado en el organigrama familiar y eran tratados con una consideración hoy en día inusual; se sentaban a la mesa y eran tenidos en cuenta a la hora de decidir el menú con el que disfrutaría toda la familia reunida. Personalmente opino al respecto que se debía tratar de una situación felicísima y me exaspera sobremanera la perdida de esta antigua tradición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día comía con el doctor Gabriel en la cantina del hospital y escuchaba atento remembranzas alegres que contaba de sus tiempos de juventud. Me contaba estas cosas e historias de cuando era más joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Braulio, no te puedes imaginar cuanto añoro aquellos tiempos. Todo el día descalzo, corriendo de aquí para allá azuzando a las ovejas con una caña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Gabriel, cuando tras recapacitar brevemente se dio cuenta de la inmensa tontería que había dicho, prorrumpió con una carcajada y añadió con gran emoción:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Un día me pilló el tío Lázaro y me dio una paliza que estuve un mes en cama y perdí el oído izquierdo.&lt;br /&gt;—Que divertido —dije yo viendo que tal suceso parecía entusiasmarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Era un buen hombre. ¡Lo que le costó cogerme! Corrió detrás de mí todo el día y cuando yo, todo ingenuo, volvía a casa para cenar, salió de detrás de un ciprés y me dio con la mano plana en toda la oreja. Sus manos eran enormes y duras como una piedra, y cuando ya me tenía aturdido, me engancho por la oreja y me dio un coscorrón que no me parte el cráneo de milagro. Me dejó inconsciente y estuve desmayado dos días, creo yo solamente del susto que me dio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues sí que era un buen hombre —convine un poco obligado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta extensa y entrañable conversación tenía a doctor encantado, y entre pitos y flautas, me contó las causas de tan terrible represalia con unos ademanes que pensé por un momento que me quería pegar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La cabra que lo parió —dijo—. Yo estaba jugando con el tractor dentro del cobertizo. Me lo pasaba fenomenal. Estaba soñando que gobernaba una nave espacial dándole a las palancas, y sin pensar le di a la llave. ¡No veas! Darle a la llave, encenderse el motor y salir disparado el tractor fue todo al mismo tiempo. ¡Qué susto, madre mía! Salió la maquina disparada dando saltos y yo me caí hacia atrás. Atravesé la pared del cobertizo con el tractor y se cayó todo el techo. De suerte que no me maté, pues me dio un ladrillo en la cabeza. Yo me quedé inconsciente sobre el tractor, que se fue hacia donde estaban las ovejas encerradas. Fue un desastre. Maté quince ovejas, aplastándolas y destrozandolas con el roturador. Después estuve haciendo círculos por el sembrado hasta que al despertarme las voces de mi tío, vi lo que había pasado, salté del tractor y salí corriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No se tenía que haber enfadado por eso —contesté, y el doctor Gabriel me dirigió un gesto de aprobación. Creo que siempre tuvo en gran estima mis opiniones y consejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En términos generales, se podría decir que las gentes de Santa Julieta eran unos salvajes, sin que nadie se fuera a ofender por eso, sino al contrario, bien complacidos. Trabajando en el restaurante “La Cacatúa” no fueron pocos los padecimientos sufridos en mi trato con esas gentes. Era un pueblo peculiar, con una identidad propia debida a la particularidad de cada uno de sus habitantes. Un cura mentiroso y blasfemo muy amigo del pecado, o un alcalde alcohólico que se pasaba el día el bar, pasan por simples ejemplos anecdóticos entre multitud de historias infinitas veces relatadas que conforman la herencia cultural sobre la que se construye la nueva generación. Algunas personas decían que el tonto del pueblo era yo, pero era tan sólo una manera de provocar, una manera de reírse de la gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra singularidad que manifestaba la particular sociología de las gentes de Santa Julieta, que sorprendía y asustaba al recién llegado nada más ver, era la agilidad de las señoras del pueblo saltando en las fiestas patronales de Santa Julieta, por encima de las cabras a las que se les había atado por una pata. Consistía el jolgorio en tales festividades, además de sufrir las instigaciones callejeras de los cabezudos o viceversa, en azuzar con un pincho a las cabras más locas, de cuernos más escalofriantes y temperamento menos amigable de cuantas habitaban por la zona, y tratar de evitar, de la forma más arriesgada posible, sus embestidas. Todo aquel que tiene una cabra de semejante aspecto la ata en alguna esquina de su casa para que ésta sufra el acoso excesivo de las gentes, o para que ésta pueda arremeter por sorpresa a quien huye presuroso de algún cabezudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más preferible en los festejos de Santa Julieta para salir físicamente indemne del ensañamiento desmedido de un cabezudo o del casi mortal costalazo de una cabra, era no ser un forastero que está allí de casualidad. En tales festividades disfrutaba todo el pueblo de un desmadre sin igual, sin excepciones por edad o de cualquier otro tipo: ciegos, cojos, subnormales..., todos disfrutaban y arriesgaban sus vidas felices. Muchas veces los recién nacidos eran lanzados de un lado al otro por encima de las cabras por sus propios padres o por otras personas. Animaban al recién llegado las gentes del lugar a participar en la fiesta y solían ser los protagonistas de la noche y lo más divertido de la velada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gastronomía propia de Santa Julieta es incluso hoy en día muy admirada dada la singular variedad de platos que comparten el higo chumbo como ingrediente principal. De su fauna endémica cabe destacar la urraca tuerta y la oveja esquilada de cojones de mico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran días felices aquellos para esas gentes que de tanto reír perdían los dientes y que ajenos a los lamentables sucesos de la historia mundial coexistían en paz y armonía regocijándose en su completa satisfacción y felicidad. Cuán inexorable el avance de las desdichas del progreso, que incluso al más recóndito pueblo de nuestro entorno rural ha llevado la ignominia del consumismo y que, de aquel tiempo a esta parte, apenas deja ver vestigios de su antigua idiosincrasia. Cuánta insatisfacción se ha producido en las amas de casa el ver como los jóvenes se despeñaban por el barranco con la moto que se acababan de comprar, sin haberse preocupado antes de averiguar dónde estaba el freno. Allí donde todos se conocían y se saludaban alegres al cruzarse por los caminos, hoy debido a la infinidad de incorporaciones recientes, ya nadie se conoce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprovecharé para recrear la típica conversación de esas gentes del campo, que aunque ficticia, tiene un alto interés antropológico:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ja, ja, ja ¡menudo pepino! ¡Qué cosa más grande, menuda hechura, que robustez!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ja, ja, ja pero si no es un pepino, es un melón. Y tú, que perro más raro, es increíble. Nunca había visto un perro con cuernos, ¿de qué raza es?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ja, ja, ja, viene de la China, le llaman cabra, ja, ja, ja. No sabía que te habías comprado un mono, que cosa más fea, menudo esperpento. ¡Qué bicho más horroroso!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ja, ja, ja es mi hijo. Anda, mira, una vaca vestida haciendo equilibrio sobre dos patas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ja, ja, ja es mi mujer, ja, ja, ja. Ten cuidado que muerde, ja, ja, ja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta zona, que en otros tiempos parecía estar alejada de la civilización, gracias a los permisos solidarios y esfuerzos altruistas de los magnates de la burocracia, fue progresivamente adquiriendo las infraestructuras necesarias que la comunicaba con los pueblos cercanos y facilitaba el acceso a la capital, cosa que no era en nada del agrado de las gentes del lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se reformaba el camino de cabra que se tenía como único acceso, se reunió toda la gente del pueblo a tirar piedras al personal de las excavadoras, ocasionando innumerables bajas de importancia y cuantiosas pérdidas materiales. Unos jóvenes del pueblo, entre ellos el doctor Gabriel, robaron una apisonadora y con ella lanzaron todas las demás máquinas por un barranco y luego las prendieron fuego. Los mismos jóvenes formaron días después una cadena humana atándose unos a otros y fueron detenidos todos juntos. Aunque las polémicas se sucedieron no pudieron contener el devastador azote del progreso. Se terminó desarticulando un sistema de vida tradicional representativo del origen del hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún cuando ya eran pocos los que insistían en circular con tractor, se mantuvo intacto en las enriquecidas gentes del pueblo el sentimiento de propiedad sobre esas tierras. Habían sufrido el azote del progreso generándoles un resentimiento profundo y ansia de venganza que se manifestaba, entre otras cosas, en un desmesurado abuso y crueldad hacia el personal extranjero contratado. Las vanas esperanzas de una vida mejor para la mujer y los niños se truncaban fatalmente al llegar a Santa Julieta. Gentes de diferentes partes del mundo acabaron sus días sufriendo una vida de esclavitud y pronto añoraban las dificultades de su vida anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el restaurante “La Cacatúa” disponemos de un ejemplo idóneo de tiranía excesiva e insoluble desprecio de las gentes del lugar a los desamparados y necesitados de una esperanza para el futuro. Le pregunté al Obispo Juana Mari sobre este punto y se disgustó enormemente. Lo encontré en la capilla, una mañana poco antes de la misa, haciendo una intensa sesión de flagelación, tumbado boca abajo sobre un taburete golpeándose con las palmas de la mano sus nalgas desnudas. Antes de contestarme se vistió al tiempo que rezaba el padre nuestro; parecía bastante dolorido. Se sentó y mirándome con seria expresión me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Acaso tú te crees que existe un dios Zulú que dándole a un sonajero hizo crecer la hierba? Mira que estás despistado. Dios sólo hay uno, que en realidad son tres; no te olvides de la paloma de la paz. Las enseñanzas de Cristo, es obvio que no las va a practicar aquellos que no la conocen, no seas tonto. Si un indígena te extrae los sesos por la nariz para hacerse un llavero con tu cabeza, no pasa nada, se va al cielo, ¿qué culpa tiene? Pero tú no le toques ni un pelo que te vas directo al infierno. Tienes que aprender a dar la otra mejilla, ven luego a verme y haremos unos ejercicios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Muchas gracias Su Reverendísima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las palabras de Obispo me llenaron de emoción y se despertó en mí un irrefrenable anhelo de penitencia y castigo redentor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queda finalmente claro que aquellos que pecaron contra el prójimo, deberán redimirse en el fuego del purgatorio, o hacer una breve confesión de sus pecados ante un cura, a ser posible, más indulgente y menos amigo del suplicio que el Obispo Juana Mari.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El repentino desinterés del payés por el magreo intensivo de las tetas de las vacas y las oscilaciones del barbecho, influyó también en la venta de las parcelas y en la masiva especulación e inversión en el prometedor negocio de la burbuja inmobiliaria. Seguía siendo un pueblo pequeño pero en pocos años urbanizaciones y adosados rodeaban el pueblo; se reformaron las infraestructuras, nuevas plazas y nuevas zonas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saliendo del pueblo se podía acceder a una ermita en la cima de la montaña a través de rutas silvestres muy aptas para el senderismo y muy del gusto de los extranjeros ociosos. A vista de pájaro, se dispersaban rápidamente al alejarse del pueblo las cada vez menores edificaciones en los extensos campos para el cultivo. A lo lejos, una arboleda separaba en cuña diferentes zonas de cultivo, más allá del campo baldío donde los tordos, durante el cortejo, rebuscan entre la tierra las sabrosas lombrices con las que complacer a la parienta, que espera en el nido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el centro de aquel inmenso valle, rodeado por sus cuatro costados por un vasto campo de almendros, que al florecer abrumaba con su singular belleza y aspecto invernal, se encontraba el restaurante “La Cacatúa”. Encerrándose a si mismo como una fortaleza preparada para el asedio de innumerables comensales, se protegía el restaurante “La Cacatúa” tras un denso muro de piedra y barro apelmazado. Grueso y arcilloso, en algún lado maltrecho, reseco e inconsistente, era el muro que rodeaba el restaurante para delimitar un perímetro rectangular infranqueable que no tenía resquicio ninguno, salvo la entrada principal y otra barrera lateral, para la entrada de mercancías. Cuatro hectáreas de terreno delimitadas por estos gruesos muros de casi tres metros de altura, adornados en su redondeada cumbre con infinitos trozos de cristal, restos afilados de botellas rotas. Dos columnas de piedras franqueaban la entrada del restaurante, soportando un arco luminoso de neón de diversos colores donde se leía el nombre del restaurante con relativa claridad. Una barrera metálica cerraba la entrada, de forma electrónica, a su paso por unos raíles. Desde allí, tras cruzar el aparcamiento de grava, dos olivos daban comienzo a un camino de piedras que accedía al restaurante cruzando un jardín, delimitado por un seto de escasa altura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el jardín, cubierto de césped y adornado con diferentes arbustos y plantas ornamentales, proseguía el camino de piedras rodeando una fuente, y avanzaba por ambos lados hasta la escalera que subía a la terraza exterior del restaurante. Por las noches el jardín se iluminaba de diferentes colores con focos escondidos bajo los árboles, alumbrando partes del interior del muro y embelleciendo una vista de por sí agradable. La terraza estaba cubierta con un techo de cañizo sobre grandes vigas de madera donde colgaban unas lámparas de mimbre, esféricas y equidistantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino de la derecha se bifurcaba hasta la parte trasera del restaurante, cruzando una puerta de metal incrustada en un muro transversal. Allí se encontraba el huerto, casi tan bonito como el jardín, que se extendía hasta el muro que lo separaba de lo que llamábamos &lt;span style="font-style: italic;"&gt;el terruño&lt;/span&gt;, hogar de mi muy apreciado cerdo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-4589089541741912964?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/4589089541741912964/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/capitulo-xv.html#comment-form" title="3 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4589089541741912964?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4589089541741912964?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/capitulo-xv.html" title="Capítulo XV" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CE8HSHw_fyp7ImA9Wx9UF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-1571436004176947277</id><published>2010-01-12T01:39:00.000-08:00</published><updated>2011-02-15T10:00:39.247-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-02-15T10:00:39.247-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela humor leer gratis" /><title>Capítulo XIV</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;El restaurante “La Cacatúa” fue parte de la herencia que recibió el doctor Gabriel de su padre, el Duque Poncio de Las Cuadras, junto con algunas pequeñas propiedades y  terrenos diseminados alrededor de Santa Julieta. En una gran casa en la parte alta del pueblo abrió el doctor Gabriel una pequeña consulta de medicina general, donde enseguida adquirió respeto e importancia entre la gente del lugar, circunstancia que propiciaba que en el restaurante no faltara el trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las gentes de Santa Julieta, desde generaciones atrás, habían rendido pleitesía a los antepasados del doctor, pues eran la aristocracia del lugar y dueños de la mayor parte de las tierras. Pero quiso el destino que toda aquella fortuna recayera en un único heredero, el Duque Poncio de las Cuadras, que malcriado desde la infancia devino siendo un personaje ocioso e infeliz que afectado de un inconsolable complejo de inferioridad optó por una vida licenciosa  sufragada con el capital y herencia de la familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es desde luego mi intención extenderme en detalles de la vida de este ilustre personaje más allá de lo que exige nuestra historia, más cuando las desgracias sucedidas requieren preservar cierto grado de intimidad. Fue pionero en España en la experimentación de las nuevas tecnologías de implantación de cabello. Al entrar en el casino adornaban su paso con pétalos de rosa. Las mujeres se turnaban para volverlo a engatusar. Fácil de engañar, ludópata, alcohólico y sin ánimo de ofender un autentico desperdicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La clarividencia del Duque para los negocios supuso que la mayor parte de las propiedades que terminó heredando el doctor Gabriel estuviesen condicionadas por alquileres vitalicios con rentas antiguas de escaso interés. Gustaba mucho el Duque de este tipo de contratos pues consideraba que así ataba indefinidamente a las personas en su provecho, cosa de la que se jactaba a menudo. De las extensas y numerosas propiedades mantenidas durante los siglos por sus antepasados, heredó el doctor Gabriel una mínima parte, que le reportaba, si no escasos dividendos, algún problema que otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la larga lista de embaucadores que se aprovecharon de la incultura crónica y mediocridad manifiesta del Duque hay que destacar a uno de sus inquilinos, llamado Luís Ortiga, que le convenció de abrir el restaurante en una de sus propiedades anexa a la nueva carretera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un restaurante le pareció al Duque una idea interesante, y se hizo la reforma necesaria para adaptar una pequeña casa de campo a las afueras del pueblo. Formaron una sociedad muy al gusto del Duque, que se embolsaría buena parte de los beneficios una vez amortizado la totalidad del capital. La reforma costó un dineral, pues fue equipado el restaurante con las más modernas instalaciones, sin reparar en gastos, pero la rentabilidad del restaurante fue negativa desde un principio; perdidas contínuas que ayudaron al desplome final de la fortuna del Duque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por aquel entonces el doctor Gabriel estaba trabajando para la seguridad social en Palma, por lo que no estaba presente cuando su padre, al final de sus días, bajo un estado de enajenación mental despilfarraba sin ningún comedimiento. Murió de un infarto jugando al póker en el bar del pueblo al momento de perder una gran suma de dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se hizo cargo el doctor Gabriel del patrimonio de su padre se interesó mucho por el restaurante y trató con Luís un sistema diferente de gestión enfocado a mejorar el rendimiento del restaurante. Primeramente, el doctor, apartó a Luís de toda intervención en la contabilidad; también se encargó de elegir nuevo personal y promovió cambios de diseño. Mantuvo el nombre del restaurante, dejando allí la horripilante mascota a la que su padre dedicó aquel monumento al negocio imposible, a la torpeza mental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezaban a soplar favorables los vientos en el restaurante “La Cacatúa” y próxima iba a ser mi aparición en la historia, justo cuando el restaurante funcionaba a pleno rendimiento, pero no anticipemos los acontecimientos sin antes analizar el entorno y comprender el trasfondo sociocultural de Santa Julieta, asunto vital para comprender los escabrosos sucesos que la fatalidad tenía previstos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-1571436004176947277?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/1571436004176947277/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/el-restaurante-la-cacatua-fue-parte-de.html#comment-form" title="6 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/1571436004176947277?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/1571436004176947277?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/el-restaurante-la-cacatua-fue-parte-de.html" title="Capítulo XIV" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEMBQHc7fSp7ImA9Wx9UF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-6792863985792184788</id><published>2010-01-10T16:30:00.000-08:00</published><updated>2011-02-15T09:54:11.905-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-02-15T09:54:11.905-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relato humor" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="leer relato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuento humor" /><title>El australopiteco</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;La luna vigilaba espantada tras la negra nubosidad el fatal devenir que sólo ella conocía. En lo profundo de la tierra una rabia fruto de un dolor espantoso gimió su lamento con un fuerte arrebato. Venus cruzó la órbita de Capricornio y un aborto prematuro surgió de este enlace mal parido en los abismos de la tierra. El grito espantado de una grulla resonó entre los matorrales y huyó despavorida hacia el oscuro horizonte cuando sonó el primer golpe del tambor. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Las hordas Otomanas, acampadas en el altiplano del Pomodoro, celebraban con una gran fiesta su victoria tras la sangrienta batalla contra los aborígenes Rupa-Cacu en la cima del monte Katueh. Grandes pilas de leña ardían, y a su alrededor, los prisioneros eran salvajemente torturados por la ingente turba de guerreros borrachos ansiosos de venganza. Música y cánticos delirantes al estrepitoso son de los tambores discordantes apenas amortiguaban los agónicos lamentos y gritos atormentados de los cuatro miserables ajusticiados. En la desenfrenada bacanal de opíparos alimentos, bailaban desnudas sobre las mesas las mujeres otomanas de más edad, en obscena y lujuriosa danza de aclamación a sus dioses. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;En el momento de mayor frenesí, cuando con las copas alzadas la muchedumbre jaleaba la aparición de los enanos malabaristas, llamados así porque esquivaban con notable agilidad los cuchillos que los otomanos les lanzaban, retumbó el suelo con una poderosa convulsión, resquebrajando la tierra al paso de una mortal onda expansiva que lanzaba por los aires a los sorprendidos guerreros, devastando el campamento. Al tiempo que la tierra temblaba, emergió del interior de la montaña un obelisco descomunal de bordes afilados con raras tallas e inscripciones, alzándose hacia el cielo impulsado por una poderosa fuerza lenta e incesante. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Entre los pocos supervivientes de los más de treinta mil otomanos que sucumbieron precipitados en las repentinas y profundas grietas o abrasados por los borbotones de lava que brotaba entre los escollos, se encontraba el reconocido filósofo de las artes Sir Lawrence Porck, que logró conservar una valiosa prueba del singular descubrimiento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;En sus memorias, conservadas por sus herederos y en la actualidad propiedad del doctor Laurencio Puerco, Sir Lawrence dejó constancia detallada de la gran mortandad sufrida en el ejército otomano, cuando al derretirse las nieves que rodeaban el altiplano, arroyos del agua cayeron en cascada sobre el magma hirviente, provocando la formación de una inmensa nube de vapor abrasador y tóxico. El suelo irradiaba un calor sofocante formando grietas por donde emergían ráfagas de vapor incandescente. Cayeron fulminados instantáneamente grandes franjas de guerreros otomanos apelotonados, cuando bajo sus pies les sorprendió este terrible castigo. El temblor se hacía cada vez más intenso y la tierra se resquebrajaba formando grandes placas, volcando sobre el burbujeante magma a los aterrados guerreros que inexorablemente caían en el interior del volcán. Los gritos agónicos y desaforados lamentos de los otomanos agonizantes se dejaban oír por encima del estruendo del terremoto, como el canto coordinado de unos monaguillos que por terrible pecado estuvieran cantando juntos en el infierno. Los guerreros, dominados por la histeria y el horror, huían despavoridos sorteando dificultades insalvables precipitándose hacia su propia muerte. El volcán entró en erupción con dos nuevas sacudidas, provocando enormes olas de magma e inmensos chorros de lava que alcanzaban por la espalda a los apretujados otomanos que pretendían huir por la ladera. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Desmembramientos, achicharramientos y síntomas derivados de la inhalación de gases tóxicos tales como asfixia, ceguera, urticaria y sarpullidos produjeron un inmenso escenario de agonía colectiva en las zonas menos afectadas. El centro del altiplano se había vuelto un foco abrasador de líquido incandescente cuya luz cegaba igual que el sol, y crecía al tiempo que extendiendo sus grietas manaba un gran río de lava, que salió en persecución de quienes huían por la única pendiente accesible.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Según cuenta en sus memorias el ilustre Sir Porck, en un pequeño reducto oriental del altiplano abocado a una inminente volatilización, emergió del interior de la tierra ante sus ojos el descomunal obelisco, “tan alto como cinco o seis personas, subidos de pie uno encima del otro” haciendo un estruendo ensordecedor. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;El obelisco estaba adornado con extrañas y variadas tallas de animales que en sus cuatro costados enmarcaban símbolos de una escritura hasta aquel momento desconocida. Sir Lawrence, aún sufriendo un inhumano sofoco quedó estupefacto, admirado hasta la incredulidad ante tan portentoso descubrimiento y tardó en darse cuenta de que la inmensa columna, tras leve tambaleo se abalanzaba sobre él. Sir Lawrence corrió lo más que pudo para salvar su vida sorteando en su frenética carrera a los agonizantes guerreros, que sufriendo una intensa cocción de sus cuerpos deambulaban cegados de un lado a otro, desmembrados o arrastrándose por el suelo. Sir Lawrence, presa del pánico, y también sometido a la inhumana cocción se lanzó hacia el desfiladero dando un salto increíble cayendo en picado desde una altura de más de cien metros. Según sus propias palabras, “si saltase mil veces por aquella ladera tan sólo una quedaría con vida, y fue esa. En todas las demás hubiese muerto antes de alcanzar el suelo, debido al mortal espanto que sufre quien en semejante circunstancia se encuentra”. Pudo, con la ayuda de la divina providencia, amortiguar el mortal batacazo traspasando a gran velocidad el denso ramaje de un gran árbol, agarrándose con frenesí a una rama, cayendo con contundente fuerza en un pequeño y frondoso matorral, rodeado de puntiagudas rocas y numerosos guerreros muertos. Un fragmento del obelisco cayó a su lado, sobre la mullida panza de un enano otomano muerto, reventando su cuerpo tal como si a bocajarro hubiese sido disparado con un cañón.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Sir Lawrence también nos cuenta en sus memorias lo apurado de su escapada y las dificultades en el regreso por las escarpadas laderas septentrionales, cuando maltrecho y contuso, con la providencial ayuda de un sherpa, huía precipitadamente de los ríos de lava encima de un burro, llevándose consigo el fragmento del obelisco. El sherpa y el burro sufrieron quemaduras de tercer grado en barriga y extremidades por innumerables salpicaduras, pero pudieron eludir milagrosamente los numerosos desprendimientos que se producían a su alrededor y alcanzar el bosque.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Quedaban aún muchos kilómetros por recorrer entre espesa jungla repleta de peligros, y la huida del sherpa con el burro, al primer descanso, por poco no malogra el triunfal regreso de sir Porck con el testimonio de la gran victoria sobre los Rupa-Cacu y la evidencia del descubrimiento de inscripciones antediluvianas de indudable interés científico. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Ráfagas de tempestad insufrible entre períodos de calma sofocante ambientaban el frenético paso de sir Lawrence movido por una profunda inanición. Estuvo recorriendo la jungla tres semanas sin rumbo fijo sufriendo las inclemencias de aquel entorno selvático y sorteando los continuos peligros. Anacondas, panteras, osos e infinidad de animales de la jungla se dejaban ver en todo momento, y mosquitos gigantes succionaban su piel sin descanso, pero consiguió salvaguardar la integridad de su valiosísimo descubrimiento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;El hallazgo de Sir Lawrence dejó perpleja a la comunidad científica, que ha mantenido siempre un absoluto secretismo y hasta el día de hoy se debate entre la incredulidad y el asombro sobre la autenticidad del gran pedrusco y sus extrañas inscripciones. La prueba del carbono quince certificó la antigüedad de la piedra en más de catorce millones de años, sin poderse confirmar la datación de las inscripciones en la misma fecha. Es de composición basáltica con predominio de feldespato, pesa 75 kilos y conserva parte de unas inscripciones del tipo críptico y simbologías de la procreación. En sus memorias se analizan las posibles procedencias de la civilización perdida y algunas interpretaciones posibles de los símbolos del obelisco, dibujados de memoria en su cuaderno. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Las anotaciones de sir Lawrence tienen gran relevancia histórica pues son el único documento conocido que atestigua el exterminio y existencia de los aborígenes Rupa-Cacu, casta indomable de guerreros antropófagos nómadas, que aunque pocos eran extraordinariamente sanguinarios y crueles. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Sir Lawrence vivió ingresado en un psiquiátrico el resto de su vida, donde compuso sus memorias, que tras su muerte fueron desatendidas por sus descendientes. Tuvieron que pasar muchas generaciones hasta que un joven mallorquín natural de Pardaldemoro, descendiente de Sir Porck, encontrase de un casual las memorias olvidadas entre las pocas pertenencias heredadas de un tío suyo. Extraños colores adquiere a veces la luz que guía el camino de las personas, pues motivado por este descubrimiento emprendió el joven Laurencio Puerco una desenfrenada carrera de estudios que le permitiese comprender las indescifrables anotaciones de sir Lawrence, convirtiéndose en un eminente paleontólogo de fama mundial muy respetado por la comunidad científica. Es experto en egiptología y culturas antiguas, y destacada eminencia en las rutas trashumantes del ganado mongol.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Las anotaciones de sir Lawrence desvelaban un descubrimiento sobrecogedor. La traducción de los signos junto a un preciso mapa desvelaba que el propio obelisco indicaba la posición del yacimiento originario del oro de los Rupa-Cacu. En opinión de sir Lawrence, los Rupa-Cacu, aún siendo notables en el manejo del pico y de la pala, como demuestran los pozos escavados de más de treinta metros de profundidad donde sepultaban a sus difuntos y a aquellos que tenían ya los días contados, aceptaban tan sólo el oro que el dios de la montaña manaba a través de sus ríos, considerando sacrilegio su explotación. Guardó siempre el señor Laurencio absoluto secreto sobre este descubrimiento hasta que tuvo convencimiento absoluto sobre la veracidad de las trascripciones de los signos y las palabras de sir Lawrence, que aseguraba haber visto chorros de oro fundido manar de la montaña. El señor Laurencio consiguió formar un equipo de científicos y emprendió camino hacia la más inaccesible altura de aquella cordillera infranqueable para llevar a cabo uno de los descubrimientos científicos más importantes de la historia de la humanidad. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Aunque la expedición fue un éxito, las penurias y fatalidades volvieron a ser pan de cada día en un viaje que se prolongó ocho meses más de la previsión inicial, que calculaba fueran tan sólo dos. Nueve científicos y doce porteadores contratados en un pueblo cercano, componían esta expedición equipada sin reparar en gastos financiada con la colaboración del ayuntamiento de Pardaldemoro. Esta aventura puso a prueba la capacidad del hombre para sobrevivir en un entorno salvaje donde los peligros se sucedían ininterrumpidamente. A los veinte días de expedición, cruzando entre denso follaje por una empinada cuesta, el guía autóctono que presidía la expedición pisó sin querer la cola a un león y éste le atacó con inusitada cólera delante de los científicos y arrastrando se lo llevó al interior de la jungla. A pesar del gran susto y consternación nada se podía hacer ya por la vida del guía, cuyos gritos se siguieron oyendo durante un rato. La consumada experiencia del señor Laurencio Puerco, junto con mapas y aparejos de que disponía le permitía orientarse con exactitud y continuar así con la expedición. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;La ruta seguida, basada en optimistas conjeturas del señor Laurencio resultó ser de extrema dificultad y repleta de grandes peligros. Peñascos, acantilados y desfiladeros requirieron para ser superados colgamientos peligrosos, arriesgados balanceos y grandes esfuerzos, que no hacían sino motivar la obstinación del señor Laurencio, que alentaba a sus compañeros clamando la gloria e inmortalidad que alcanzarían con su descubrimiento. Había vendido su casa y todas sus pertenencias para sufragar parte del coste de la expedición y no estaba dispuesto a rendirse bajo ninguna circunstancia. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Una semana después de iniciar el ascenso se perdieron parte de las provisiones y el botiquín junto con dos porteadores cuando cruzaban con sumo cuidado y agarrándose unos a otros un riachuelo. Aún lamentando la perdida, innecesaria y debida al ataque de pánico de un científico cuando la mierda de una gaviota le impactó en la cara y empujó a los porteadores, se decidió continuar con la expedición, considerando improbable ir en busca de los caídos, que se fueron con la corriente cayendo por una cascada de más de cien metros. Dos días después, una hiena, asomándose entre los matorrales mordió en la pantorrilla a otro sherpa, llevándose un buen trozo de carne. Entablillado y con unas muletas improvisadas pudo proseguir la marcha. Más adversidades se encontraban, más crecía el empeño y determinación del señor Laurencio Puerco. Poco después una serpiente venenosa mordió a dos científicos de la expedición, habiéndose de amputar la pierna a uno y al otro un moflete; las heridas fueron cauterizadas al fuego, sin ninguna anestesia. Comenzaba a desfallecer el entusiasmo de la comitiva y el agotamiento de los científicos llegaba a tal extremo que dos de ellos habían de ser transportados por los sherpas, circunstancia que propició que una mañana al despertar los sherpas hubieran desaparecido, llevándose buena parte de las provisiones. La pesadumbre cayó a plomo sobre el ánimo de los miembros de la expedición y decidieron acampar para descansar unas jornadas. Hubo de consentir el señor Laurencio a pesar del retraso acumulado por las diferentes causas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;En la copa de los árboles se reían los monos y una turbia niebla blanquecina rodeaba el ambiente cuando fueron atacados por sorpresa por una manada de gorilas furiosos y en extremo vigorosos que arrasó el campamento, ensañándose con los desvalidos y fatigados miembros de la expedición. Atacaron con una violencia desbocada, quedando los pocos supervivientes de la masacre desperdigados por la jungla. A pesar de todos los percances, el señor Laurencio Puerco continuó el azaroso viaje a la cima junto al científico de la pata coja, Pedro Cuenco, que sobrevivió milagrosamente a la persecución de un gorila.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Tal como estaba descrito por su antepasado, allí se encontraba la llanura del Pomodoro, paraje de ensueño repleto de flores donde esbeltos alces y algunos borriquitos pacían tranquilos. Escarbaron la tierra durante semanas, pero no hallaron ni el más mínimo rastro minúsculo de una pepita de oro, toda la montaña era granito puro. Estaban a punto de desistir, tras rebuscar incansablemente por la ladera días enteros, cuando apareció ante sus ojos un hallazgo muchísimo más importante: un descendiente vivos de australopiteco, raza de homínido supuestamente extinta. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;El descubrimiento de una comunidad de seres protohumanos en nuestra era, iba a ser un suceso de crucial importancia y supondría la revisión completa de las teorías mantenidas hasta la fecha sobre el origen del hombre y el desarrollo de las civilizaciones. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;El ejemplar de australopiteco fue capturado en ardua persecución por el señor Laurencio y Pedro Cuenco. Se trataba de un ejemplar macho de un humanoide notablemente más pequeño que el hombre actual que fue abatido de una certera pedrada del señor Cuenco. Podrían finalmente regresar victoriosos y alcanzar la notoriedad y el más alto reconocimiento a pesar de las adversidades sufridas, pero desgraciadamente, el australopiteco se dio a la fuga cuando ya divisaban el embarcadero, emprendiendo el regreso a la cima de la montaña encaramándose con sorprendente agilidad por las ramas de los árboles.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;A falta de pruebas tangibles y a pesar de las detalladas descripciones, la comunidad científica se mantiene escéptica y acusa de farsante al señor Puerco, que trabajando en el hospital “La Soledad” está ahorrando para subvencionar una nueva expedición. Yo ya le he dicho que puede contar conmigo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt; De resultas de su azarosa vida y múltiples enfermedades y heridas sufridas a lo largo de sus viajes el doctor Laurencio veía afectada su salud por diferentes dolencias. Era una persona delgada y huesuda, de estatura mediana. Tenía algunas cicatrices en la cara y su nariz era deforme y retorcida, muy parecida a un buñuelo. Carecía de cejas y su cara, salvo la piel rugosa y negruzca que rodea sus ojos y pómulos, era tersa y estirada, desdibujando su semblante con una mueca extraña. Su ojo izquierdo quedaba estirado hacia la oreja, que parecía también se desplazaba, acercándose al ojo; en ese lado de la cara su boca mostraba siempre algunos dientes, deformado el labio con una cicatriz. Su voz se accionaba a través de un aparato que llevaba en el cuello confiriéndole un efecto eléctrico y vibrante. Solía llevar turbante y vestía con una larga túnica adquirida en alguno de sus muchos viajes. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Fragmento de "El enigma de la cacatúa".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-6792863985792184788?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/6792863985792184788/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/el-australopiteco.html#comment-form" title="9 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/6792863985792184788?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/6792863985792184788?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/el-australopiteco.html" title="El australopiteco" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CE8GRHw_eSp7ImA9Wx9UF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-8481898700158987423</id><published>2010-01-04T14:27:00.000-08:00</published><updated>2011-02-15T10:00:25.241-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-02-15T10:00:25.241-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela humor leer gratis" /><title>Capítulo XIII</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;—Hace más de media hora que estoy tocando el timbre —me dijo Ruperto cuando me lo encontré al abrir la puerta de entrada a la mañana siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Disculpa a la vieja que además que es bastante sorda aún no sabe maniobrar bien con la silla. Está aquí como una reina ambientando la casa con sus flatulencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Habíamos quedado a las nueve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si llegas un poco tarde no pasa nada. Un poco de escaqueo está permitido. Siéntate aquí un rato tocándote las pelotas que yo hago la maleta, me ducho y nos vamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué quieres decir? ¿Que todavía no has preparado las maletas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tranquilo, Ruperto, que no estamos en guerra. ¡Descansen!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con cierta brutalidad me acompañó Ruperto hasta mi cuarto retorciéndome el brazo, donde se quedó para asegurarse de que los preparativos se efectuaban con la celeridad requerida, instigándome con amenazas e improperios propios del sistema carcelario, de donde, tal vez, las hubiese aprendido cuando iba a visitar a su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puesto había decidido dejar para el último momento tanto hacer las maletas como darme un baño y afeitarme, opté por darme una ducha rápida y acicalarme de manera apresurada. Fui recogiendo toda mi ropa y la fui componiendo en unas bolsas de basura de plástico bastante grandes. Un cómputo total de mis pertenencias no excedía aquello que en tres grandes de aquellas bolsas no pudiese entrar, una de ellas con tan sólo una chaqueta polar rojo brillante, tuneada, claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubiera gustado haber podido despedirme de mis padres, a los que ya en aquel momento no guardaba ningún rencor, pero solo estaba la abuela, que me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espero no volverte a ver nunca más por aquí, que sólo has dado pesadumbre y problemas a esta familia. Márchate ya, esperpento humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque sabía que la abuela estaba totalmente falta de juicio, me dolieron aquellas palabras cual coz de una mula, y por no lanzar a la abuela calle abajo en su silla de ruedas, que fue lo primero que pensé, di varias patadas a algunos muebles del comedor sin causar, si no recuerdo mal, ningún excesivo destrozo. Así me despedí de la familia. Mucho más me hubiese gustado que las cosas hubiesen sido distintas, pero quiso la vida que nunca más nos volviésemos a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conducía con cierta pericia y velocidad el agente Ruperto a través de un paisaje cada vez más rural. Yo me encontraba de bastante buen humor y le estuve dando al agente Ruperto algunos consejos para ligar. Consejos que a pesar de no haber sido puestos en práctica podrían resultar de ayuda a quién los necesitara, y él, a medida que hablábamos manifestaba un creciente interés, tanto que en un momento me asusté de las muecas que hacía. Debí de tocar alguna fibra sensible pues frenó bruscamente el coche en el arcén y me dijo con visible enfado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Ves allí arriba? Pues es allí donde tienes que ir. Bájate aquí que ya estoy cansado de oír tantas tonterías. Y hazme caso, si me vuelves a ver, Dios no lo quiera, ni me mires ni me saludes. Como si nunca me hubieras conocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues, hombre, que me parece raro. Ahora que estábamos haciendo tan buenas migas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué te largues! ¡Desgraciado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, no te pongas así, ya me voy. Ya me buscaras para que te de consejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la angosta pendiente de aquella circunvalación de la carretera que va a Santa Julieta se podía observar, desde la cima de un peñasco, el rectilíneo perfil del restaurante “La Cacatúa”. Ya nada más verlo sentí una fuerte punzada en el estomago, como si una mala espina hubiera quedado encallada en mis tripas y me estuviera produciendo una úlcera infecciosa. A medida que me acercaba mi estomago me advertía con más fuerza del temor que presentía, por lo que hube de dirigirme apresuradamente detrás de un mata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un poco más relajado llegué al restaurante, donde comenzaron inmediatamente las peores experiencias de mi vida. No con menos ingenuidad se abalanza hacía el suculento cebo, el besugo, poco antes de verse extraído de un súbito tirón fuera del agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-8481898700158987423?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/8481898700158987423/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/capitulo-xiii.html#comment-form" title="6 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/8481898700158987423?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/8481898700158987423?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2010/01/capitulo-xiii.html" title="Capítulo XIII" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;A0ABRn08fyp7ImA9Wx9QEEQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-8123884869801041395</id><published>2009-12-22T18:07:00.000-08:00</published><updated>2010-12-23T02:22:37.377-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-12-23T02:22:37.377-08:00</app:edited><title>Bonanova dos</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Despierte, doctor Bruno, se ha quedado usted anestesiado —dijo Fon Crufer, que parecía sonreír.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Acababa de ser aspirado el doctor Andreu por la manguera axial, desapareciendo ante mis ojos con inusitada velocidad, y un rato me quedé observando el lugar en el que estaba y creo que con la mente completamente en blanco. Desapareció ante mis ojos en un solo parpadeo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—No se ha de preocupar usted. Mañana seguro tendremos noticias suyas. No se alarme por la explosión.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Apenas terminó de hablar Fon Crufer cuando se produjo un estallido que resonó en las paredes de las instalaciones. A pesar de la advertencia, reaccioné con sorpresa, pero me sosegué al observar su estática sonrisa. Debería habérmelo esperado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Hoy es un día de celebración. Tengo invitados a cenar esta noche y gustaría  que viniese usted. Son unos amigos muy próximos que estoy seguro les encantará conocerle.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Tengo por costumbre cenar siempre con mi mujer, y no sé...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Pues dígala que venga, sería estupendo también contar con su presencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Tendría que preguntarle si le apetece.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Pues hágalo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Hola, hola —marqué mentalmente en mi visor ocular y en seguida contestó mi mujer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Hola, pichurri, ¿va todo bien?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Sí, parece que todo ha salido como esperábamos, pero no sabremos nada hasta mañana. Te quería decir que la doctora Fon Crufer quiere que vayamos a cenar a su casa, junto con otros invitados. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—La doctora Fon Crufer, ¡huy qué miedo!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Sí, la verdad es que es espeluznante, la tengo aquí al lado, mira, te mando una visión.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Dios mío, qué horror. Ten cuidado no pueda captar nuestra conversación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—No, mujer, ¿qué dices? Eso es imposible.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Sí que puedo doctor Bruno. Mucho gusto en saludarla, señora. Disculpe por entrometerme en su intimidad, pero aquí y en otras instalaciones tengo plena autorización. El sistema desencripta las odas latentes de resonancia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Mis más sinceras disculpas —dijo mi mujer—. Espero no se haya ofendido por estos comentarios tan fuera de lugar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Sí, estimada Juana, tengo mucho poder y usted está perfectamente disculpada. Será un honor tenerles a cenar entre nosotros esta noche.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Pareció que había leído sus pensamientos, o tal vez yo no recibí la respuesta integra de mi esposa. La misma Fon Crufer cortó la comunicación. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Aprovecharemos que la manguera de propulsión está desplegada para regresar a la ciudad con más rapidez. Le acompañaré a su casa con mi transporte particular. Permita que insista.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Sí, por supuesto, muchas gracias. Será un honor. Por favor disculpe mi inocencia y la de mi mujer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Estaba realmente conmocionado y muy molesto con este torpe accidente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;La nave de Fon Crufer es un prototipo personalizado de las naves &lt;span style="font-style: italic;"&gt;autodic &lt;/span&gt;que utiliza la agencia de defensa, de formas más suaves tiene el aspecto de un torso de paloma, con la forma de unas alas plegadas. En el habitáculo se articuló un sillón que me dispuse a ocupar por indicación de Fon Crufer. Ella, en el centro, quedó enganchada al suelo mediante unos pequeños herrajes. Una pantalla envolvente se activó en todo el interior y por un momento me quedé completamente atónito. La imagen era de la superficie de un mar alborotado y podía ver con claridad la infinita manguera de lanzamiento que se erguía atravesando un cielo encapotado. A mis pies podía ver alejarse la superficie, tal como si nos estuviéramos elevando a gran velocidad, llegando a alcanzar la boca de la manguera de lanzamiento. No pude evitar una convulsión cuando con un ruido estremecedor unas intensas llamaradas salieron de ella, dejando un rastro negruzco que se elevaba hasta el infinito.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Sin previo aviso fuimos absorbidos a una velocidad desconcertante surcando las intrincadas curvas de la manguera axial interior. Con una sensación de pánico y ahogo me agarré al sillón, aguantando como pude aquel azote desproporcionado para cualquier ser humano. Era como una atracción de feria descabellada pensada para provocar la muerte. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;En la pantalla apareció una cuenta atrás de cuatro segundos, tiempo en el que fuimos decelerando hasta alcanzar la quietud y salimos impulsados después por la manguera de lanzamiento alcanzando en unos instantes los trescientos metro por segundo. La impresión fue terrible, pero atravesando la manguera de lanzamiento la velocidad se mantuvo exacta sin el más mínimo temblor, y puede por fin recuperarme de la impresión.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Creo que he estado a punto de morir.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—No creo, monsieur Bruno. He llevado un seguimiento de su ritmo cardíaco y he calculado la forma de causarle a usted la menor impresión. Tan solo hemos requerido el impulso necesario para elevarnos mil metros sobre el nivel del mar. He considerado no gustaría someterse a un estado criónico.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Solo ha sido un susto. Estoy bien.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Dudo no hubiera habido cierto escarmiento en consideración a la conversación con mi esposa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Salimos impulsados por la boca de la manguera y por largo rato seguimos ascendiendo debido a la inercia, llegando a una leve velocidad de sustentación, momento en que se desplegaron las alas y haciendo unas atrevidas piruetas comenzamos a descender a velocidad creciente. El vuelo, aun intenso fue plácido, lo que no puedo decir del aterrizaje, pues apuró mucho Fon Crufer la frenada para dejarme en la puerta de mi casa. Aunque pasé un miedo atroz no quise dar muestra de ello.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Un coche pasará a buscarles a las ocho.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Muchas gracias. Hasta más tarde Fon Crufer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Al recibirme mi mujer la abracé con todas mis fuerzas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-8123884869801041395?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/8123884869801041395/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/12/bonanova-dos.html#comment-form" title="6 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/8123884869801041395?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/8123884869801041395?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/12/bonanova-dos.html" title="Bonanova dos" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;A04DQHo9cSp7ImA9WhZTEEQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1100178381066643360.post-4232935354509950916</id><published>2009-12-15T16:24:00.000-08:00</published><updated>2011-03-14T03:52:51.469-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-03-14T03:52:51.469-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relato humor" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="relato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="leer relato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuento humor" /><title>La monja y el monaguillo</title><content type="html">&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Dedicado a pepsi&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;La monja de prominente mandíbula pasea por el claustro su ceño fruncido mirando con desconfianza a su alrededor. La sombra que enmarca sus gruesos labios y se expande por su hirsuta faz parece más densa y repulsiva que de costumbre, y los agujeros de su nariz, dilatados en extremo, aspiran bocanadas de aire con ansia y resoplan con rabia una suerte de contaminación. Su paso es firme, de grande zancada, con sonoros pisotones que forzosamente resuenan por el impacto de su descomunal corpulencia. Unas gruesas ancas peludas del tipo vacuno se ocultan bajo la desgastada sotana. El silicio, rasca que rasca, ha causado la expansión de un moretón crónico que se extiende hasta la nalga y el conjunto es de muy mal aspecto. Lleva toda la mañana dando vueltas buscando algún signo de conducta reprobable con objeto de aliviar la tensión que este día la tiene especialmente enfurecida. El intermitente parpadeo de su ojo izquierdo oculta por momentos un brillo iracundo que aterroriza a los monaguillos y hiela la sangre a las novicias. Ningún hombre se atrevería a luchar contra ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su voz —¡Dios mío, qué horror!— es como el gruñido de un oso en una caverna; masculina y ronca como la del arriero cuando reclama un poco de agua para el burro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pequeñajo, ven aquí —ladra la monja, exigiendo con un gesto raudo e imperativo la inmediata comparecencia ante ella de Paquito, que distraído cantaba en voz baja una canción que se le había metido en la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Monja mon ja mon ja mon jamón —cantaba Paquito, el angelical monaguillo que con su vocecita de ruiseñor destaca entre sus compañeros del coro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El alma de Paquito, constreñida por una fatal impresión, abandona su cuerpo inanimado. Ni su incipiente juventud le permite soportar el síncope que sufre en este momento. La convulsión paraliza sus extremidades y cae al suelo como fulminado por una bala, sin tiempo apenas de gesticular un espasmo de horror. Su corazón ha dejado de latir y la sangre de su cuerpo se paraliza blanqueando su faz con un aspecto de muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un último resquicio de conciencia ve venir a la monja hacia él y exclamando un alarido de pavor recupera el pulso con renovado brío. Se levanta con inusitada velocidad y corre despavorido por el claustro. El aliento apenas le basta para satisfacer el desbocado ritmo cardíaco que impulsa tan enérgica reacción. El corazón le oprime la garganta y en su cabeza resuena un redoble de tambor. Presa del pánico huye cerrando tras de sí el portón que comunica con la capilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La monja, que se queda impávida unos momentos, hace crujir su cuello con un movimiento antes de dirigirse tras él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entra la monja en la capilla. Su paso es sigiloso y apenas hace ruido al cerrar  la puerta. Pero Paquito la oye. Está asustado y tiembla en un estado de nerviosismo cercano al infarto. Poco tiempo ha tenido para esconderse, aunque suficiente para constatar con horror que las otras dos salidas posibles se hallan también cerradas con llave. Se ha escondido tras el púlpito y está agazapado, ocultando la cabeza entre los brazos. No se atreve a llorar, pero su barbilla tiembla con inesperadas muecas y sus párpados acumulan lágrimas de angustia. Oye acercarse los pasos hacia él y sufre un calambre que le hiela el espinazo y se extiende como un relámpago obligándole a estira el cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La monja se acerca al púlpito y lo rodea. Paquito, aterrorizado se arrastra hacia el lado opuesto, pero no tarda en oír a su espalda la terrorífica voz de la monja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ven aquí, renacuajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Paquito se le hace un nudo en la garganta y lentamente gira la cabeza para  ver la expresión más terrorífica que verá jamás en su vida. Se agacha hacia él la monja con un aire de regocijo demencial, mostrando una sonrisa inhumana que no tiene nada de alegre. ¡Corre, Paquito, corre, que como te atrape la monja te va a dar una paliza que no te va a reconocer ni tu madre!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paquito se deja arrastrar por los suelos llorando desaforadamente. El pobre niño las está pasando canutas. Está en un estado de shock y por un momento cree estar teniendo una pesadilla. La monja lo levanta estirándole de la solapa y lo mantiene bien enganchado. Salen de la capilla y se adentran por un profundo y estrecho pasadizo. A mitad de camino Paquito sufre un vahído y está a punto de caerse al suelo, pero la monja lo endereza de un tirón. Al final del pasillo, de un empujón mete al niño en una habitación donde arde el fuego en un hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Siéntate aquí y cómete estas galletas que estás muy flacucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras come unas deliciosas galletas lágrimas surcan su rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span &gt;Muy amable, se lo digo de verdad, es para mí un grato placer que se haya tomado la molestia de leer este cuento que forma parte de los relatos de humor de mi autoría. Ciertamente he disfrutado mucho con su compañía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span &gt;Saludos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1100178381066643360-4232935354509950916?l=rafaelhomar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/feeds/4232935354509950916/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/12/la-monja-y-el-monaguillo.html#comment-form" title="8 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4232935354509950916?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1100178381066643360/posts/default/4232935354509950916?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://rafaelhomar.blogspot.com/2009/12/la-monja-y-el-monaguillo.html" title="La monja y el monaguillo" /><author><name>Rafael Homar Ferragut</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14029845165225115481</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="32" height="24" src="http://2.bp.blogspot.com/_-gGmA7FfBfs/SV-i9BI8N8I/AAAAAAAAAAk/4UOsbChzdhw/S220/Foto0017.jpg" /></author><thr:total>8</thr:total></entry></feed>

