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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;PRESENTACIÓN
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El secuestro de la muerte, es una historia basada en hechos de la vida real. Susana es una bella y hermosa joven que desde niña soñaba con la libertad, con el triunfo, con el amor. Como todas las jovencitas, sueñan tener una profesión, tener muchos viajes, divertirse mucho y encontrar el amor en el hombre de sus sueños para poder optar al matrimonio y tener su propia familia. Pero para todas esas pequeñas soñadoras, existe un obstáculo, y aunque Susana tenía todo económicamente, no tenía lo más importante. Su tranquilidad de ser feliz. Ya que su padre era quien le obstaculizaba dar pasos para cumplir sus propósitos.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo era un soñador,  quizás de sueños imposibles, porque el soñaba ser un caballero, tener mucho dinero, casarse con una princesa y ser padre de tres niños, a los cuales los llamaría por su mismo nombre. Su trabajo, era su mayor confianza, quien le inspiraba anhelar aquellas estrellas en la vida, y aunque imposibles, pero él había leído una vez, que él hombre es eterno hasta que cumple sus propósitos. El amor ya lo había despreciado muchas veces, por no tener un nivel aceptado ante la sociedad. Pero él decía: –Que importa, no es el amor quien me desprecia, si no la vanidad. Porque el verdadero amor, es el que emerge del corazón y se entrega sin treguas, ni ambición.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;"Pero José soñó de nuevo, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí.
&lt;br /&gt;Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a inclinarnos en tierra ante ti?
&lt;br /&gt;Y sus hermanos le tenían envidia, más su padre meditaba esto.”
&lt;br /&gt;Génesis 37- 9, 10,11
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;“Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y lo vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto.”
&lt;br /&gt;Génesis 37-28 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Todo, porque lo aborrecieron a causa de sus sueños, y se llenaron de envidia, convirtiéndose en un obstáculo para el pequeño.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;“Y José era el señor de la tierra, quien le vendía a todo el pueblo de la tierra; y llegaron los hermanos de José, y se inclinaron a él rostro a tierra.”
&lt;br /&gt;Génesis 42-6
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;“Y ellos respondieron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán; y he aquí el menor está con nuestro padre, y otro no aparece.”
&lt;br /&gt;Génesis 42-13
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;“No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos.
&lt;br /&gt;Entonces se dio a llorar a gritos; y hasta oyeron los egipcios, y lo oyó la casa del Faraón.
&lt;br /&gt;Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿Vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban aterrados delante de él.
&lt;br /&gt;Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto.”
&lt;br /&gt;Génesis 45-1, 2, 3, 4
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Pero el haberlo aborrecido y vendido era el plan de Dios, para cumplir los propósitos de José y para poder abastecerles de alimentos en los siete años de hambre.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;De la misma manera nosotros pasamos por momentos difíciles para poder lograr nuestros propósitos, porque todo va de acuerdo a su plan.
&lt;br /&gt;Y por eso es bueno decir “Hoy soy, porque ayer fui…”
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;“Sólo los soñadores son dueños de todo”
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Dedico esta novela a Jennifer Santos 11 agosto 1988
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;EL SECUESTRO DE LA MUERTE
&lt;br /&gt;Jorge M. Tróchez
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;LA PROFECÍA DE UN SUEÑO
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Susana veía caer la lluvia de aquella mañana de invierno, donde todo parecía tranquilo, mientras meditaba en su alcoba su más negro sueño. Ella soñaba que la raptaban como si fuera una presa ante un cazador y que la suspendían por los vientos escalofriantes huracanados, y, que hervían los insectos en la tierra mientras era arrastrada por unos seres extraños con sus mandíbulas extravagantes. Por unos instantes creyó que el fin del mundo estaba cerca y que Dios le estaba advirtiendo tales aconteceres, pero al mismo tiempo se sentía traicionada por su mente confiada, y pensó en la existencia de los seres en otros planetas. Su confusión cada segundo ascendía mientras sus negros cabellos ocultaban sus ojos. 
&lt;br /&gt;Creyendo poder revelar sus sueños entró a la ducha donde la esperaba el agua tibia de la mañana.  Acarició su cuerpo y una sonrisa borrada se escurrió por sus labios temblorosos al ver la belleza desnuda de su piel. Se sentía mejor, por unos momentos había olvidado su sueño.
&lt;br /&gt;Después del baño, se preparó y salió a su trabajo. Como de costumbre saludó a todos sus compañeros que ignorando lo que le sucedía bromearon con ella.
&lt;br /&gt;Al regresar a su casa, escuchó una voz en la interioridad de su imaginación que le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Susana, ten cuidado! 
&lt;br /&gt;Sorprendida, se sintió temerosa y quiso correr para huir de sus miedos, pero fue entonces cuando la acorraló un fuerte y oscuro dolor de cabeza. Las personas de la calle veían como aquella hermosa joven, con sus ojos claros y su voz dulce y radiante, gritaba tomándose con sus manos delicadas su pecho agredido por las vías del destino. 
&lt;br /&gt;– ¡No me lleven!, –gritaba. Mientras la voz se le esfumaba por las calles precipitadas a la desolación. 
&lt;br /&gt;– ¡Mamá!, ¡Papá!, ¡Ricardo!, ¡Ayúdenme! –Decía la joven,  mientras se perdía en las extremidades de las calles. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Nadie podía socorrerla, ni si quiera decirle; pero si nadie te persigue, contrólate.  Muchos pensaban que había quedado demente, por tanto estudio y trabajo. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Tenía el pelo negro con unos rizos castizos e incomparables que le gustaba lucir siempre con sus mechones sobre sus ojos. Le gustaba bastante la música suave porque la transportaba al mundo que la mantenía relajada, y por supuesto era una joven enamorada de su talento. 
&lt;br /&gt;Pero ese día después de cumplir con sus labores de fin de semana; llegó a casa con su demencia recién pasada, platicándole a sus padres lo que ocurría y que tenía miedo dormir porque tendría el mismo sueño de la noche anterior.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Su padre que la mimaba tanto, era un señor alto, de barbilla puntiaguda, cejas pobladas y su pelo cano que le afinaba un poco su peinado.  Quien con su voz perfecta dijo:
&lt;br /&gt; –Esto no es cosa de este mundo, estas cosas no son nada buenas, es mejor que visites un centro de atención que conozco. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;– ¡Ya cállate Manuel! –Agregó doña María–. &lt;Una anciana bellísima, que a pesar de sus años seguía siendo una mujer emprendedora. Su voz oculta se dejó aparecer, reflexionando la situación&gt; No  digas esas cosas. Aquí sólo Dios puede ayudarnos, además he tenido muy malos presentimientos. –Continuó la anciana–
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;–Pero no te preocupes –musitó girándose hasta su hija– Le pediremos a Dios que aleje tus males para que puedas vivir feliz. En ese mismo instante se escuchó sonar el teléfono.
&lt;br /&gt;– ¡Ricardo! –Dijo Susana mientras levantaba el teléfono –Si, era él– Susana le explicó todo con detalles. 
&lt;br /&gt;–Voy a verte en estos momentos. Si es necesario me quedo contigo. –Dijo él con un tono de preocupación–
&lt;br /&gt;–No te preocupes amor, estoy bien –Respondió Susana– creo que sólo son alucinaciones. 
&lt;br /&gt;–Sí, pero de todos modos iré a ver como sigues. 
&lt;br /&gt;–De acuerdo amor –Afinó la joven–
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;–Ese desgraciado –Increpó don Manuel– murmurando en voz baja, para que su hija no se diera cuenta de la rabia y coraje que sentía por Ricardo. 
&lt;br /&gt;– ¿Qué te pasa? Ese es problema de ellos &lt;Resaltaron las palabras de doña María&gt; defendiendo tales jóvenes. 
&lt;br /&gt;–Sí, pero no se merece a mi hija, es mejor que me controle, porque mi pequeña no está en condiciones de discutir. 
&lt;br /&gt;– ¡Claro! –Respondió la anciana– 
&lt;br /&gt;¿A ver, cuéntanos tus sueños? –Interrogaron los padres de aquella bella e inocente muchacha–. 
&lt;br /&gt;Ella respondió que no quería acordarse de tales momentos, que por favor la dejaran descansar. 
&lt;br /&gt;Pasados algunos minutos se escuchó el timbre que llamaba a la puerta, era un apuesto joven, quien llevaba un ramillete de flores en la mano y en la otra una caja de chocolates. Bastante fornido con unos ojos tan amigables que parecían presentarle por sí mismo. Se trataba de Ricardo, el novio de Susana, el odio de don Manuel y el consentido de doña María. 
&lt;br /&gt;Saludó y se dirigió a donde estaba su amada, las flores despertaron el sentimiento dormido por la joven y los chocolates el apetito feroz de su cariño. Él con su carácter amable le dijo: 
&lt;br /&gt;–Te traigo un regalo. 
&lt;br /&gt;– ¿Qué? ¿Otro? –Asombrada dijo la joven–. 
&lt;br /&gt;– ¡Sí!, –afirmó Ricardo– 
&lt;br /&gt;Del bolsillo de su camisa, extrajo una medalla de oro y la colocó en el cuello fragante de la joven, cuya medalla se lucía en el pecho abatido por las vías del destino. 
&lt;br /&gt;Ricardo tenía un color claro, su cabello entre amarillo y recortado; porque cuando se lo dejaba crecer se le hacían ciertos rizos amarillentos que le lucían con su fisonomía bien presentada. Vestía un pantalón Jean azul claro y unas botas negras punteadas de color plateado, bien rasurado, con su camisa negra, con las mangas enrolladas hasta la altura de medio brazo. En su cinto andaba el nombre de su padre grabado y sus ojos café brillaban ante la sonrisa de su amada. 
&lt;br /&gt;Luego que subieron a la habitación, el joven la abrazó fuerte y despacio; le recostaba el rostro a su pecho. Era la altura que alcanzaba Susana frente a él. Ricardo le susurró al oído y le dijo que no se preocupara, que todo iba a salir bien y que él estaría siempre para protegerla. En ese espacio de consolación doña María entró y le sirvió un té, el cual agradeció el joven con una sonrisa abierta. Se quedaron los tres a conversar en el sillón que estaba frente al televisor. 
&lt;br /&gt;Susana le comentó todo lo que había pasado. Desde el sueño hasta las voces que escuchó en la calle. Él se sintió confundido, y quiso seguir la conversación, pero se dio cuenta que se le hacía tarde para presentarse al otro trabajo que tenía. Así que se despidió de su amada, y de doña María.
&lt;br /&gt;— ¡Dios mío! ¬—fue la expresión que se le escuchó cuando iba bajando las escaleras. Que será lo que esta acechando a mi amor. —Dijo al final.
&lt;br /&gt;Don Manuel sólo se le quedó mirando y no le dirigió ni la contestación del “buenas noches y gracias por la atención” —Canalla pensó para sí mismo. —Mientras le tiraba una mirada de odio—
&lt;br /&gt;Ricardo tomó un taxi y desapareció en la oscura calle. En la de los faroles quebrados…
&lt;br /&gt;Todo parecía normal, como en la mañana que Susana trataba de revelar sus sueños en su alcoba, mientras la lluvia se devanaba en el césped, sólo que esta vez los acontecimientos se acercaban más a las manos trágicas de la muerte. Ni don Manuel, ni doña María, ni Ricardo, ni la anciana que intentó  desarmar y revelar  su sueño podían evitar la tragedia. Doña Carmen sólo dijo que la señora estaba muy cerca y que rondaba en los anocheceres los balcones de su habitación, pero nunca le pudo advertir lo que en realidad sucedería el domingo 26 de noviembre; cuando ella soñaba que seres extraños la raptaban y que la suspendían por los vientos escalofriantes y huracanados del abismo. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Dos meses transcurrieron después del sueño y don Manuel a como pudo logró quitar a Ricardo de las manos de su hija. Consiguió una cita con los Senadores más famosos del mundo que llegaron a Tegucigalpa en representación de muchos países latinoamericanos. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;El poder y la ambición, esta vez pudo más que el amor&gt; Don Manuel se sentía feliz al saber que su hija ya no iba a pertenecer a las bajuras de la vida, sólo pensaba en las grandezas para su vejez. 
&lt;br /&gt;En la reunión, Susana conoció a Fernando el hombre más poderoso de Panamá. Implantaba buena sensación y en cantidades su honradez y humildad. Sin embargo Susana se sentía incomoda, “Como salir con un hombre tan importante, sólo por complacer a don Manuel” quien sonreía confiado por su triunfo. Porque decía que de esa manera su riqueza sería compartida por partes iguales, no como lo iba  a hacer con el infeliz de Ricardo. Quien se había ido lejos al darse cuenta de las artimañas del viejo para poder olvidar su más preciado amor. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Todo esto ocasionó la desconcertación  de ambos, hasta verse perdidos en el olvido. Ella resignada a que el orgullo de Ricardo no lo iba a ser regresar decidió aceptar como novio al panameño. Y él, resignado a que la pobreza que lo cobijaba nunca iba poder conquistar a Susana. Porque don Manuel fue quien lo humilló y le dijo que su hija no se merecía un muerto de hambre como él, que su hija no iba a convivir con un bicho rastrero que sólo vivía de las miserias de la vida, y que el amor no es la gran cosa. 
&lt;br /&gt;Don Manuel le dijo que él era responsable del futuro de su hija y por tal razón jamás iba a permitir la relación entre ambos. Ricardo Fabián Cáceres se sintió escoria quizás, pero recapacitó y le dijo que la pobreza que él tenía era digna sin embargo la riqueza que lo encerraba era sucia, porque todo lo que tenía lo envolvía en un viento de ambición que acabaría con su felicidad. Al escuchar esto don Jacinto Manuel Landero, sintió que le partían la cara y respondió con una bofetada que distorsionó los sentidos del joven, y lo tomó del cuello y le dijo: 
&lt;br /&gt;–Mira hijo de mierda, si vuelves a mencionar tales barbaridades te las verás conmigo; yo soy un señor trabajador y no le debo a nadie, y lo de sucio, eso me quita el hambre y me hace gozar de las comodidades de la vida pendejo. 
&lt;br /&gt;Ricardo por primera vez sintió que su pecho se deshacía en las manos de don Manuel, pero seguía gritándole proféticamente en la cara. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Nadie se dio cuenta, sólo Ricardo sabía quién era en verdad don Jacinto Manuel Landero y porque razones se había alejado del pueblo.
&lt;br /&gt;Don Manuel era  político y gracias a su astucia logró desviar muchos fondos a su bolsa para poder acrecentar sus riquezas. A causa de esto se había vuelto millonario, invirtiendo en muchas compañías.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo trató de explicarle a Susana, pero ella confiada por su padre no le creyó ni media palabra. 
&lt;br /&gt;Así que esto hizo que Ricardo se apartara y buscará su camino derecho en la vida. Mientras decía: 
&lt;br /&gt;–Gracias señor por ser pobre, los pobres tenemos la dicha de vivir sin miedos. Más huyó de las manos hambrientas y sedientas de muerte.
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;–Dejo a mi novia, pero la llevaré prendida en el corazón y si en tus planes está, que seamos felices espero tu respuesta para volver. ¡Gracias mi Dios!… —Decía aquel joven como pájaro herido—Y terminó sus palabras cuando lo agotó el sueño junto a las aguas del arrollo más cercano. 
&lt;br /&gt;Allí soñó el regreso en un alazán y con armadura impecable, para combatir con todos los demonios del infierno. No era nada la vestimenta, si no la furia enrojecida que traía en el corazón porque la rabia y la traición lo habían acechado, robándole la paciencia que en 25 años jamás había perdido.
&lt;br /&gt;Quizás se sintió Alejandro Magno contra todo el ejército de Persia, pero en ese instante un grito aterrador le clavó las flechas de una aljaba completa en el corazón endemoniado que traía, y regresando su espíritu  pudo despertar aturdido por tal aventura fantasmática que había tenido en su heroico sueño. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Fatigado por el frío de la noche, se sentó sobre una roca rudimentaria y fallida a convencerse que sólo era un sueño y no un percance que afectaría su destino. Tomó la medalla que lo acompañaba, besó la foto de su amada, la apretó fuerte en sus manos y se escuchó un quejido de llanto malicioso, reuniendo todas sus fuerzas para expulsarlas de un solo golpe. Presionó la medalla y la arrojó hasta donde sus fuerzas pudieron llegar. Sólo se dijo: 
&lt;br /&gt;–No la necesitaré más... ¬—Y es que la noche que había pasado fue como una visita hostigosa que hizo al lugar profetizado y maldecido por el santísimo—
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Sin embargo la aurora comenzaba a emitir luz que apaleaban los ojos del caballero abatido por los pensamientos que lo desengañaban de la vida, y se preguntaba: ¿Cómo estará Susana?, ¿Me necesitará? Mientras el errante tomaba una decisión si continuar lejos, apartado de la civilización en aquel solitario rincón de la tierra o regresar y enfrentarse a la realidad. 
&lt;br /&gt;Había aprendido a defenderse de las criaturas silvestres y a alimentarse de lo que encontrara en su camino, pero recobró fuerzas y se dijo: 
&lt;br /&gt;–Don Manuel Landero no me va a detener, y, concedió dar la media vuelta y buscar el rastro de sus huellas para regresar por aquellas personas que lo necesitaban…
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;En la capital, se desvanecía y escurría una sombra oculta por la oscuridad de la media noche. No había nadie, sólo olía a muerte y a pesadillas inevitables. 
&lt;br /&gt;– ¡Ha vuelto! gritó un niño, ¡mamá ha vuelto! 
&lt;br /&gt;Lloraron los ojos azules de doña Francisca, porque la sombra temerosa la había capturado la luz de una lámpara envejecida. Se trataba de Ricardo. Aquella mujer de mejillas marchitas y cabello nevado, había esperado ese día como si fuera el mejor día de su vida. 
&lt;br /&gt;Después de abrazarlo y besarlo la señora tomó el jarrón y vertió café negro en un tazón y le dio de beber aquella esencia para que recuperara fuerzas y comunicarle las buenas nuevas de la ciudad.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Mientras en una casa blanqueada por los destellos de la luna, una mujer sollozaba y le pedía al cielo no más castigo, y que regresara aquel ser que amaba tanto. Se veía de espalda, estaba completamente destruida porque se había vuelto una obligación amar a Don Fernando Cascada. Y dentro de los próximos días se celebraría la boda más famosa del mundo, porque el dinero es quien permite tales lujos y comodidades en la vida. 
&lt;br /&gt;Al ver su rostro callado y sus mejillas humedecidas por el llanto. Susana trató de no sufrir más y decidió buscar a Ricardo no importando donde estuviera. Esa misma noche salió como si se escapara de prisión y no quisiera saber más de su pasado, no le dijo a nadie donde iba, caminó y caminó por la madrugada, hasta que los rayos del sol la ofendían a gran manera. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;“Ricardo en casa y Susana lejos…”
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;¿DONDE ESTA SUSANA Y DONDE ESTA RICARDO?
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El viento resollaba por el silencio aterrador de la mañana, presentía lo que pasaría en la ciudad poderosa del país. Nadie despertaba. Todos dormían en ese domingo de noviembre. El sol fue despertando uno a uno los habitantes de la colonia, y  de repente se escuchó una voz entrecortada que dijo: 
&lt;br /&gt;–Mujer ¡mujer, nuestra hija no está, se ha ido!
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;Enseguida comenzaron los medios de comunicación a dar la noticia recién acontecida, con el titular “Karla Susana Landero ha desaparecido” 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;–Búsquenla hasta debajo de las piedras –Dijo el comandante Terán– ella debe de estar en algún lugar.
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;–No sea imbécil –Regañó don Manuel– deje de estar hablando boberías y prepare las patrullas de búsqueda.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Don Jacinto estaba exhausto, pero seguía investigando vía teléfono, marcando todos los números de su aglomerada agenda. Tenía la esperanza que su hija estuviera en casa de algún familiar, bien en la ciudad o allá en los pueblos del campo. Pero por más que llamaba no podía obtener información del paradero de Susana…
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;En cuanto se dio cuenta Ricardo, se dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Dios mío! ¿Qué he hecho? seguro esta mujer salió a buscarme ¿Pero dónde? –Se preguntaba– No podía unirse a la búsqueda privada de su suegro porque éste no lo permitiría, de eso estaba cien por ciento seguro. Doña Francisca lo encomendó y le dijo: 
&lt;br /&gt;–Dios te ayudará hijito, no debes comer ansias por encontrarla.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;La noticia se difundió en toda la colonia, en toda la ciudad, en todo el país. 
&lt;br /&gt;Muchos vecinos la vieron salir de la casa de don Manuel en la madrugada. Llevaba una vestimenta negra, su cabello oculto y un pañuelo oscuro que iba secando el llanto. Estos testigos convencieron a Don Manuel que la desaparición de su hija fue voluntariamente y no como él lo imaginaba.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Todavía iba la sombra de Ricardo perdiéndose en la esquina de la calle, cuando varias patrullas rodearon la casa de adobe, porque querían arrestar al supuesto sospechoso.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt; Doña Francisca les dijo que su hijo tenía tres meses de estar fuera de la casa y que no tenía nada que ver con tal acontecimiento porque ya habían terminado su noviazgo,  desde que don Manuel le consiguió otro novio, a la que en estos momentos era la víctima. La anciana se tiró sobre los policías llorando y agrediéndolos, mientras les gritaba que por culpa de don Manuel había perdido a su hijo. Las autoridades sintieron pesar por aquella pobre anciana que estaba sumida en llanto, por lo que terminaron consolándola y poco a poco fueron abandonando la casa, hasta desaparecer de la escena.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Entre los montes surcados de peligro los rayos de la luna sorprendieron a una joven envuelta en su cansancio, tirada a la orilla del camino. No tenía conocimiento. La madrugada era fría y comenzaba a posesionarse en los labios bellos de aquella preciosa joven. 
&lt;br /&gt;Unos guantes negros acariciaron la piel dañada por las espinas. El sombrero negro tapó el rostro desconocido de aquel hombre, que con su capa cobijó la joven y la tomó en sus manos, dirigiéndose a una casa abandonada, en donde seguramente le iban a curar las heridas, recuperándole de nuevo las fuerzas. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Pasaron más de diez horas… Susana inconscientemente dejó dominarse hasta el anochecer. 
&lt;br /&gt;– ¿Dónde estoy?, ¿Qué hago aquí?, ¿Cómo llegué?, ¿Quién eres tú? —Fueron las interrogantes de aquella joven.
&lt;br /&gt; Sonrió una mujer y dijo: 
&lt;br /&gt;–No se preocupe, está a salvo, gracias a Dios que mi patrón la encontró y la trajo hasta aquí. 
&lt;br /&gt;– ¿Quién es él? –Preguntó de inmediato Susana– 
&lt;br /&gt;–Me dijo que no le dijera nada –Respondió la señora– Sólo me dijo que le sanara las heridas y que le avisara cuando despertara.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Mientras en la ciudad se hacía un nudo de curiosos, todos querían saber que fue lo que en realidad le pasó a la hija del más importante señor. 
&lt;br /&gt;Don Fernando nervioso no sabía qué hacer, pero quería colaborar en la búsqueda, se subió a un Jeep y salió apresuradamente, revisando todos los campos y montañas que rodeaban la ciudad. Pero no encontró rastros, ni tan siquiera una simple huella de Susana mucho menos de Ricardo, ya que a ambos los andaba  buscando la ley. A Susana por ser la víctima y a Ricardo por ser el sospechoso. Así que el escuadrón de búsqueda de don Fernando tuvo que regresar sin ninguna noticia y con el rostro marchito. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Doña María no podía consolarse. Susana era la única hija, y dijo: 
&lt;br /&gt;–“El sueño, Manuel el sueño, ella debe de estar viviendo lo que le sucedió en el sueño” Dios puso ese preaviso en sus sueños, pero no logramos interpretarlo creíamos que era uno como todos los sueños. 
&lt;br /&gt;–Maldita sea, si tan solo nos hubiera dicho donde fue el lugar que tuvo ese sueño del rapto, para ir a buscarla, &lt;Decía don Manuel, mientras apuñeteaba la mesa&gt;
&lt;br /&gt; — ¡Cálmese don Jacinto! –Dijo Fernando– Debe de estar bien, ella es fuerte. 
&lt;br /&gt;– ¡Que no ve lo que está pasando! –Gritó don Manuel enfurecido– A caso es ciego, como quiere que me tranquilice si mi hija está en juego, además es su prometida debería de preocuparse. 
&lt;br /&gt;Se sintió humillado el panameño y dijo: 
&lt;br /&gt;–Tiene razón sea como sea tenemos que encontrarla. Dio la vuelta y se marchó…
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo, el joven enamorado, se lanzaba como una fiera enfurecida sobre los matorrales pantanosos de la montaña, quien despertaba al sentir tal presencia extraña. Después de tanto recorrido en vano, dejó caer su pesado cuerpo sobre el suelo queriendo ver el cielo desde su desgracia, pero sólo miraba los follajes de aquellos robustos árboles que lo cobijaban. Sus ojos se cerraban mientras agonizaban en ese trágico día. Parecía playa de verano su cuerpo, ya no le cabía otra huella más de las zarzas que devoran su carne viva. Su estómago rugía como león, y así con esas heridas, con ese apetito, no le importaba nada, sólo pensaba en la mujer de sus sueños y cómo hacer para encontrarla. Y se dijo: 
&lt;br /&gt;–Si he recorrido poro por poro esta montaña. ¿No es posible? ¿No la encuentro? ¿Pero cómo hago? –Debo continuar… Se puso de pie aquel valiente, dio un paso, dio dos y cayó. La gravedad de la tierra se había apoderado de él, quedando profundamente dormido. 
&lt;br /&gt;&lt;&lt;Pobre&gt;&gt; Su ropa ya no era su ropa, su rostro ya no era su rostro, su cuerpo ya no era su cuerpo, pero el amor que sentía por Susana aún lo mantenía con vida.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Cayó la noche, y todo se volvió tenebroso, porque la luna no entra a esos orificios de la tierra. ¿Será que tiene miedo a los fantasmas o a la oscuridad o al laberinto verde en que se vive? Creo que tiene miedo no salir antes del amanecer. 
&lt;br /&gt;Llegó el día con el sol. Eran diminutos los rayos que tocaban el suelo de ese orificio inimaginable. Pocos rayos de luz se filtraban por aquellos follajes verdes, que se devanaban en el torturado rostro del muchacho. El rugido de los arboles se hacía presente y cuando el viento se detenía se escuchaba el zumbido de los insectos volando sobre aquel cadáver vivo. No tenía idea alguna de donde se había acomodado para descansar.
&lt;br /&gt;Al tercer sol, Ricardo sintió que era arrastrado por seres extraños. Quiso despertar pero sus ojos no le respondieron, y no volvió a saber nada, ni sueños, ni realidad. 
&lt;br /&gt;Pasadas 24 horas gritaron. 
&lt;br /&gt;– ¡Por fin se despertó el extraterrestre! ¡Ha despertado! —No se acerquen, es peligroso; fue lo primero que sus oídos escucharon, en la lejanía de sus sentidos. Abrió los ojos y confundido hasta con el mismo. No encontraba palabras para pronunciarlas, tal vez no se acordaba de ninguna, pero por fin preguntó: 
&lt;br /&gt;– ¿Cómo me llamo? ¿Quién soy? ¿Dónde estoy?  Se puso de pie y no miró a nadie, quiso dar un paso y se dio cuenta que estaba atado a una inmensa bala de cañón. En seguida vio a dirección de sus ojos, una flecha tendida sobre un arco y más atrás una aljaba llena que se retorcían por ser absorbidas por aquel cuerpo. Mirando a miles de extraños alrededor se hincó y grito: – ¡Por Dios! ¿Quién soy? 
&lt;br /&gt;–Eso queremos saber, –dijo un indio que tartamudeaba el español. ¿Quién eres tú? –Continuaba aquel hombre extraño para Ricardo– Los cazadores te encontraron ayer en la tarde, cerca de la caverna del diablo y te trajeron hacia nuestra tribu. No te comimos por la curiosidad que despertaras, aunque casi te quemamos pensando que estabas muerto, en pocas palabras, ya estuvieras hecho cenizas.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Este hombre parecía indio por sus vestiduras, pero en sus ojos se dejaba ver el corazón de un vagabundo solitario. El color de su piel era diferente, ni si quiera tenía paños, ni gotas de sangre de aquella tribu, pero vestía igual. Su estatura era un poco mayor que la de Ricardo y parecía tener vigor al momento de un enfrentamiento, su cabello sostenido por una cinta roja, y su sonrisa disparada como los gentiles.
&lt;br /&gt;–No, no soy malo, ni extraterrestre –Gritó el peregrino– Soy como uno de ustedes, sólo que no pertenezco a ninguna tribu. Dejen quedarme para reponerme y recordar de donde vengo y a donde voy. –A duras penas decía Ricardo–
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;–Acérquense, no es malo, quiere ser amigo. –Gritó el único traductor de esa ciudad olvidada.
&lt;br /&gt;Niños desnudos, mujeres preciosas, ancianos y jóvenes astutos se acercaron a curiosear. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;–Anda sabelepa pobakú–. 
&lt;br /&gt;– ¿Qué dice?
&lt;br /&gt;–Qué si cuanto tiempo te quedarás aquí.
&lt;br /&gt;– ¡Ah! El tiempo que sea necesario. 
&lt;br /&gt;–Ine Kudaka– severaqui sob vendatá. 
&lt;br /&gt;– ¿Qué dice?
&lt;br /&gt;– ¡Entonces a celebrar la bienvenida!
&lt;br /&gt;–Que bien, pero libera mis pies para bailar con la chica más hermosa de la tribu. –Dijo después que se quedó pensando unos instantes, tratando de entender aquel lenguaje raro con el que lo recibió el jefe de la tribu.
&lt;br /&gt;– Gracias a Dios que les caíste bien, porque a mi por nada y me matan. –Dijo el traductor regalándole una sonrisa.
&lt;br /&gt;– ¿Cómo llegaste hasta aquí? –Preguntó Ricardo–
&lt;br /&gt;–Así como tú, perdido, destrozado. Ellos me encontraron, me cargaron, y me dejaron como su prisionero.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;–Necesito darme un baño. –Dijo Ricardo mientras se enredaba los dedos en el cabello– 
&lt;br /&gt;–Ve al ojo del alacrán allí puedes convertirte en pez si deseas, sólo que después serás comida para nosotros. 
&lt;br /&gt;–Sonrió Cahitzan– Como lo habían bautizado los indios de la tribu.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo le contestó con un gesto no muy agradable por la broma, que acababa de escuchar, pero rio a carcajadas luego. 
&lt;br /&gt;Se dispuso a caminar en compañía de muchos pequeñuelos desnudos quienes lo encaminaban al ojo del alacrán. Mientras caminaba iba haciendo memoria y se preguntaba, ¿Cuál es mi propósito? ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué me hizo venir aquí?  Los niños se reían de las palabras que pronunciaba en su lengua. Luego se dejó caer al ojo del alacrán. 
&lt;br /&gt;– ¡Agua como está no hay! ¡Viva! ¡Urra! ¡Yuppy! –Gritaba mientras correteaba el agua jugando con los pequeños. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;De regreso a casa, se escuchaban a gritos los rugidos de su estómago. Un niño entendió y lo tomó de la mano, llevándolo hasta su casa donde lo esperaba un banquete exclusivo para visitas. Admirados los pobladores de aquel lugar remoto, le servían más y más hasta que expresó ¡haaaasssssssss! he comido lo que no comí en días. 
&lt;br /&gt;Luego de haber comido y bebido, se recostó en una hamaca de bejucos en donde cerró sus ojos y quiso por un momento volver al pasado. No logrando nada, se quedó profundamente dormido.  Lo privaba un sueño apegado a la realidad. Según él, el jefe de aquella tribu iba a juzgar una linda muchacha que se le hacía conocida, más no pudo saber quién era, pero le decía: 
&lt;br /&gt;– ¡Ayúdame por favor! ¡No dejes que me hagan nada! Aterrado despertó y dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡No la maten!, y se dio cuenta que estaba acostado rodeado de un montón de niños que por estarlo observando cómo roncaba, se quedaron dormidos. 
&lt;br /&gt;Al no escuchar una voz, solamente los grillos que cantaban en ese idioma que él no entendía, meditó y se dijo. –A ella la conozco, la he visto en alguna parte, ¿pero dónde? –se preguntaba– 
&lt;br /&gt;El nuevo día lo asombró porque hacía un frío exageradamente fuerte, pero los rayos del sol fueron venciendo aquellos tejidos de niebla. Y con el albor del día platicaba con el traductor. Después se fueron a visitar el anciano del pueblo. Este contaba la historia, mientras Cahitzan traducía al hombre blanco, que fascinado escuchaba aquellos enormes relatos. 
&lt;br /&gt;Y así pasaron muchos días, semanas, meses y quien sabe cuánto tiempo más pudo pasar  para que Ricardo recobrara la memoria y decidiera seguir su búsqueda.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;En la ciudad había pasado mucho tiempo de angustia y desesperación. Muchos ya habían olvidado el caso y otros nada más lo relataban como historia, común y corriente. Mientras que don Manuel y doña María esperaban con ansias el regreso de su única heredera. La búsqueda seguía, pero sin encontrar rastros de Susana.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Don Fernando Hacía aproximadamente cuatro meses que por razones relacionadas a su trabajo se vio obligado a abandonar el país y quizás hasta lo acontecido.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Doña Francisca no se cansaba de esperar el regreso de su hijo Ricardo. Siempre lo esperaba en el patio de la casa, quería verlo por lo menos una vez más.
&lt;br /&gt;–Si tan solo regresara, mi hijo. –Se decía pesarosa– Ya estoy muy vieja como para esperar algo que no va a venir, algo que me arrebataron de mis manos. –Sentía un pesar terrible en su corazón. Presentía su muerte y se hacía muchas ideas de cómo iba a ser el regreso de su hijo al no encontrarla en casa. La vista se le nublaba de tanto detener los ojos fijados en el horizonte. Soñaba que Ricardo llamaba a la puerta y se levantaba, pero eran los hijos de la vecina. Muchas veces lloró a solas, con el mismo dolor que siente una madre en la ausencia de sus hijos.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;LA LLAMADA
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El tiempo pasó, así como siempre pasa, a pesar de viejo sin muletas ni bordón. Para qué necesita bordón si siempre es joven. A penas dura veinticuatro horas y vuelve a nacer y siempre es el mismo, y se acuerda del pasado. ¿Para qué quiere  un par de muletas? si corre más rápido que la luz. ¿Para qué les ha de quitar su tacita de  café a los ancianos? Él no se entretiene para esas cosas, sólo sirve para dar vueltas y vueltas sobre la vida de cada uno, hasta ver la nieve expandida en nuestra cabeza. Él tiene su misión, nosotros la nuestra y Dios la suya. ¿Para qué preocuparnos por el  mañana? Si cada día trae su propio afán, preocupémonos  por el verdadero futuro, que del presente se encargaran otros, y del pasado  que se encarguen los que se quedaron con él.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Todos vivían el presente, olvidando el pasado y despreocupados por el mañana, pero ansiosos por vivir el futuro. Excepto don Manuel, doña María y doña Francisca; que no sabían nada de sus hijos enamorados. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ya habían trascurrido varios días desde que Susana no amaneció en la ciudad, cuando sonó el teléfono en la casa de los “Landero Segovia” Manuel Jacinto Landero y María Felicita Segovia. Donde seguro se daba una noticia de los detectives privados que seguían al pie de la investigación, o de Susana la supuesta víctima del flagelo. Con emoción y a la vez con desconfianza las manos robustas del viejo tomaron el teléfono y una voz entrecortada dijo: ¡Ga-nó!, ¡Ga-nó el premio! ¡Señor se ha ganado una de las cuatro casas que estábamos sorteando! Don Manuel sin ninguna malicia dijo: 
&lt;br /&gt;–Váyanse al demonio, ahorita no me interesa. Pueden hacer con ella lo que quieran. –Colgó el teléfono y se dijo sollozando entre sí– Por el maldito dinero, por el maldito trabajo perdí de darle amor y cariño a mi niña. Todo por la maldita ambición de ser dueño de todo, y soy dueño de todo menos de mi familia, menos de mi propia felicidad. Se tomó del pelo y gritó: 
&lt;br /&gt;– ¿Por qué Dios mío? ¿Por qué? y se soltó en llanto aquel viejo que jamás había derramado una simple lágrima al vacío de la nada. Aquel viejo que ni cuando nació dijo cuaja, cuaja, cuajaaaaahhhhh. Ni cuando doña maría lo despreció la primera vez. Ni cuando le pusieron la vacuna contra el tétano. Ni cuando lo mordió aquel perro enfurecido por la rabia hace aproximadamente unos 55 años. Hoy se está desgarrando, según la amargura que le corroe. Y se dijo: 
&lt;br /&gt;–Maldita sea la hora en que firmé el contrato con la empresa que me  hizo millonario. Al firmar ese asqueroso contrato estaba vendiendo mi tiempo, mi vida y sin saber también el de mi familia. Que todos se vayan a la muy fregada. Déjenme sólo, necesito reconciliarme conmigo mismo. –Seguía diciendo el pobre viejo–. Todo puede pasar menos los sentimientos de mi hija, todo puede pasar menos mis pesares por la vida, aunque al morir todo se termina, pero mi alma sigue allí y Dios sigue conmigo, ¡Perdóname padre! 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;La conciencia de aquel viejo estaba remordiéndole el alma. No podía resistir un minuto más en aquella desolación en la que se encontraba.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;–Para qué ser millonario si no puedo comprar la vida de mi  hija, la felicidad de mi hogar, aún ni mi propia vida. Felices los pobres que lo tienen todo no teniendo nada, pero infelices nosotros teniendo nada aunque lo tengamos todo. ¿Para qué se quiere ser payaso? ¿Para hacer reír a otros aunque estemos destrozados por dentro? ¿Para qué queremos ser poetas? ¿Para enamorar, reconciliar, perdonar y aliviar a otros, aunque nosotros carguemos con todas las penas del mundo? ¿Para qué quiero escribir? ¿Para entretener a otros aunque a mí me este llevando la desesperación? ¿Para qué ser alguien? ¿Jesús a caso dijo: para que morir en una cruz mugrienta? ¿Para que vivan otros que ni siquiera conozco? ¡Claro que no dijo eso! Jesús dijo: Amaos los unos a los otros. Ama al prójimo como a ti mismo, busca y encontrarás, pide y se os dará. –Seguía diciendo aquel pobre hombre–
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Don Manuel recordó aquella navidad cuando regresaba a casa, ya casi para dar las doce de aquel diciembre inolvidable. Miró a su hija desde el umbral de la puerta que daba a la sala, emocionada sirviendo a los invitados y saludando a los recién llegados. Miró en ella toda una mujer y se sintió orgulloso de tenerla como hija, pero a la vez se le rodó una lágrima y apretó un paquete que traía en sus manos a tras de su espalda. Subió a su cuarto sin saludar y con la mirada fija. Se encerró y se puso a meditar. 
&lt;br /&gt;Abrió aquel regalo que llevaba y lloró desenfrenadamente al darse cuenta que aquella muñeca que llevaba ya no sería una alegría para su hija ya que se había convertido en toda una adolecente y bella señorita. Alguien que hacía muchos años había dejado el juego de las muñecas. Mientras contaba los momentos que había disfrutado con su familia, se acobardó y se maldijo al no darse cuenta que su hija había dejado de ser una niña y que aquella muñeca no sería un obsequio mágico que arrancara una sonrisa de sus labios. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Tocaron la puerta y de inmediato escondió la muñeca, y se limpió las lágrimas. Luego ordenó que pasaran. Al ver a su hija tan bella corrió y la abrazó y le dijo que lo perdonara que lo que él quería era compartir el resto de la noche con ella y su madre. La jovencita sólo dijo que subía para darle la feliz navidad y que enseguida bajaba porque tenía amigos y amigas esperándola. Don Manuel le rogó para que se quedara un momento más, y no tuvo el valor de enseñarle aquella muñeca que le había llevado. Doña María, subió a ver qué había pasado y bajaron los escalones muy lentamente los tres. El viejo sonriendo para disimular un poco su pena.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Mientras el sol despuntaba en los albores del amanecer, un rayo humedecido de felicidad acariciaba el rostro envidiado por la belleza. Y entre sábanas blancas y rosas perfumadas despertaba una joven, cuyas características son indescriptibles, pero sonreía viendo el techo y susurró: 
&lt;br /&gt;– ¡Te quiero mucho! ¡Te extraño! 
&lt;br /&gt;Pronto se levantó cubriendo sus encantos con la sábana, y dejó penetrar la mano en el armario de donde extrajo una toalla color rosa y se dirigió a la ducha. A los pocos minutos salió cantando y con el cabello envuelto con la prenda color rosa. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ella pensaba en muchas cosas, y se dijo viéndose al espejo – ¡Si tan sólo supiera donde estoy! Besó una medalla que lucía en su pecho y dejó resbalarla hasta acariciar su piel de mariposa desnuda. Luego tocaron la puerta y dijo: ¡Ya voy! Se secó los ojos húmedos y abrió aquella puerta que la mantenía prisionera desde que puso el primer pie en la casa. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;– ¡Oye niña te busca mi patrón! Dice que quiere hablar contigo –Palabras de doña concepción, “Conchita” como acostumbró a decirle la joven. 
&lt;br /&gt;–Le puedes decir que en unos minutos salgo, debo arreglarme un poco. 
&lt;br /&gt;–Como tú digas mi niña. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;A los pocos minutos los ojos repletos de cariño de aquella joven vieron de espaldas a un señor, parecía bastante elegante que le dijo: 
&lt;br /&gt;–Quédate allí no más– 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;La joven obedeció la orden y se sentó al ver aquellos cuatro hombres que protegían al señor que la mandó a llamar. 
&lt;br /&gt;– ¡Oye muchacha! estás muy bien. Además luces hermosa. –Dijo el visitante– 
&lt;br /&gt;Mientras Susana le tomaba las manos a doña Conchita, un poco nerviosa y a la vez asustada. 
&lt;br /&gt;–No te asustes yo te he tenido aquí para que te recuperes, sólo me gustaría saber de dónde vienes. –Continuaba el extraño, mientras fumaba un puro. 
&lt;br /&gt;Se dio la vuelta aquel hombre misterioso y le dijo: 
&lt;br /&gt;–Mira muchachita aquí estarás muy bien cuidada hasta el día que vengan a recogerte, “porque me imagino que te han de andar buscando” 
&lt;br /&gt;–Así es. –Afirmó ella– Mi padre debe de estar preocupado por mí y agradezco todo lo que han hecho, estoy segura que mi padre los sabrá recompensar. ¡Por cierto! Me gustaría comunicarme con él y decirle que venga a buscarme. –Seguía comentando Susana– 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;– ¡Un momentico chica! no comas ansías. Mi patrón dice que estarás a salvo aquí. Él está haciendo todo lo posible por dar con tus familiares. Pero como sabrás aquí no entra ni un pelito de señal, creo que tenemos que esperar. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ella dijo inteligentemente –Y porque no me llevan a la ciudad, a lo mejor de allá se nos hace más fácil. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;–Sí, tienes razón, pero mi jefe dice que debemos esperar el momento oportuno, además aquí estás muy segura de los animales salvajes. –Agregó aquel señor– 
&lt;br /&gt;– ¿Pero dígame como se llama aquí para saber dónde estoy? –Continuaba preguntando la joven– 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El hombre sonrió y dijo: –Aquí le dicen La Cintura de la Selva. Como podrás ver aquí es la parte más angosta que tiene esta selva rodeada de pantanos. Es muy peligrosa. Mi patrón tiene estos terrenos para hacer expediciones a campo libre con los turistas. –Confirmó el misterioso hombre, dando bocanadas de humo– Bueno mi jefe vendrá a verte para ver de qué manera te lleva con los tuyos. 
&lt;br /&gt;Aquel hombre apagó el tabaco en sus manos y lo sopló a dirección de su camino y montó a caballo y se perdió junto con sus hombres armados. Por el espacio importuno que conduce hacia algún lugar.  
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Susana quedó confusa y se dijo: 
&lt;br /&gt;–Y no que él era el patrón. ¿Quién es el patrón? ¿Por qué su acento se me hace conocido? Agachó la cabeza, mientras el guardia del portón la observaba y concedió dar la media vuelta, y continuó caminando. No quiso desayunar y se encerró en la habitación que  por muchos días había sido su guarida. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;De repente una mano quizás antes, por todos muy conocida, tomó el teléfono y marcó un número, diciendo: 
&lt;br /&gt;– ¿Como salió todo? ¿No hizo muchas preguntas? 
&lt;br /&gt;–No, para nada, está conforme. –Contestó el misterioso hombre que Susana lo creía jefe–. 
&lt;br /&gt;– ¡Perfecto! es lo que esperaba, hay que seguir el plan. 
&lt;br /&gt;– ¡Claro que sí Pana! Dijo el misterioso hombre, mientras se le dibujaba una enorme sonrisa.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Sonó el teléfono ese maldito miércoles, por desgracia o por coincidencia fue miércoles. Pero de esos miércoles en que las horas pasan de mala gana, despacio y arrastrando sus pesares. Ya era tarde, estaba a punto de oscurecer ese miércoles atropellado por la furia de los que les fue mal. 
&lt;br /&gt;Pero para don Manuel ese maldito miércoles se convertía en un bendito día a pesar de todo su lado oscuro, él sólo le veía la parte buena. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;– ¡Bueno, Bueno! –Contestaba el viejo–. 
&lt;br /&gt;–Llamaba para decirte que tenemos a tu hija. –Respondió una voz del otro lado de la línea– 
&lt;br /&gt;El viejito parecía que le habían quitado todos sus pesados años de encima  y brincó, y gritó de alegría. Y dijo: 
&lt;br /&gt;– ¿Dónde la tienen? 
&lt;br /&gt;–Tienes que pagar el rescate, si quieres verla con vida. –Siguió respondiendo la voz–
&lt;br /&gt;Don Manuel despreocupado dijo: 
&lt;br /&gt;–Pidan todo lo que quieran, pero quiero ver de nuevo a mi hija. 
&lt;br /&gt;–Sólo necesitamos un millón de dólares, te voy a dar instrucciones:
&lt;br /&gt;–	Trae el dinero en un maletín negro.
&lt;br /&gt;–	Tienes que venir solo.
&lt;br /&gt;–	Que no se entere nadie, ni tu esposa. Tú sabes cómo son de escandalosas.
&lt;br /&gt;–	Frente al parque va estar un carro negro.
&lt;br /&gt;–	Entregas el dinero y tu hija va a seguir viviendo.
&lt;br /&gt;–	Ni pienses en avisarle a la policía o se muere tu hija.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;–Como ustedes digan señores, pero no dañen a mi hija. –Rogaba don Jacinto–
&lt;br /&gt;–De ti depende viejo, dijo aquella voz al otro lado de la línea y cortó la llamada.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Lo raro que don Manuel el sábado de la misma semana salió con un maletín negro a caminar por la calle, muchos le preguntaron que para donde iba. Él sólo contesto: 
&lt;br /&gt;–Voy a disfrutar del atardecer... 
&lt;br /&gt;Caminó y caminó… de repente vio aparecer como fantasma una camioneta de color negro y un hombre que le dijo: 
&lt;br /&gt;–Traes todo el pedido. 
&lt;br /&gt;–Por supuesto. 
&lt;br /&gt;–A ver deja revisar. Entendido dentro de un año te entregamos a tu hija. –Le dijo el que le recibió el dinero– Quemó llanta aquel elegante carro y se perdió por las calles recién arregladas del parque.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Don Manuel se sintió estafado, timado, como quien dice me vieron la cara de… dio la vuelta y se marchó pensando en aquellos ladrones que fácil le arrebataron el dinero que traía para poder pagar el rescate. Caminaba de regreso a casa cuando contestó el teléfono móvil. 
&lt;br /&gt;–Gracias por el dinero, veo que eres hombre cabal, ¡ha! y para una mejor prueba pide cualquier parte de su cuerpo que puedas reconocer, te la haremos llegar a la puerta de tu casa. –Dijo aquella voz al otro lado de la línea–
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;–No, no hagan eso, mejor les entrego mi vida pero no le hagan daño a mi hija. 
&lt;br /&gt;–No te preocupes viejo. Cuando pidas pruebas ya sabes, sólo pídelas y te las haremos llegar, Somos el cuartel de secuestradores que ha recorrido el mundo entero, “Somos los Gatos negros de la selva” –presentándose el malhechor–.  
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Aquella voz y aquella sonrisa se le hicieron conocidas a don Jacinto por lo que inició a pensar y a pensar donde conoció esa tonalidad de voz. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Así pasaron los días. El siguiente mes hicieron lo mismo, sólo que esta vez le pusieron el teléfono a Susana donde llorando le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Te extraño papá! Necesito que vengas a recogerme, estoy en la Cintura de la Selva. 
&lt;br /&gt;– ¿Dónde es eso? –Preguntó su padre– 
&lt;br /&gt;–No sé, investiga papá y bienes por mí. 
&lt;br /&gt;Se cortó la llamada intencionalmente por los amigos de Susana, diciéndole que se le había terminado el plan de saldo.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ese día don Manuel se veía preocupado, caminando de un lado a otro. Rasgándose la cabeza. Digamos el poco pelo blanco que le quedaba. Se reía y se decía: 
&lt;br /&gt;–Malditos perros desalmados. Así que ellos la han tenido todo este tiempo y porque no habían pedido la recompensa antes. ¿Por qué? 
&lt;br /&gt;Doña María había notado aquel cambio tan drástico en el viejo de su vida, y no se resistió, hasta que le preguntó:
&lt;br /&gt; – ¿Qué te pasa mi cielo, últimamente andas bien sofocado? 
&lt;br /&gt;Don Manuel no contestó y salió con el maletín negro, el cual montó en el carro y salió urgido, llegando a un estacionamiento. Allí lo estaban esperando, y enseguida entregó aquel maletín negro y les dijo: 
&lt;br /&gt;–Que más necesitan para que me entreguen a mi  hija. 
&lt;br /&gt;–A caso no has escuchado la filosofía  de los Gatos negros de la selva. –Contestaron burlonamente los desconocidos– Cobramos por mantener viva a la presa, una vez que el patrón ordene la dejamos en libertad, pero esto pueden pasar años quizás más, pero no debes de preocuparte tu hija está bien cuidada. 
&lt;br /&gt;–Malditos sean, váyanse a la muy fregada, ustedes y todita su banda. –Se sintió cansado don Manuel–. Seguro se le subió la presión, pero se contuvo y respiró profundo para mantener la calma. 
&lt;br /&gt;–Es más traemos este número de cuenta. –Contestaron los tiranos– para que deposites el dinero, y recuerda nada de nada a la policía o se muere tu hija. –Dijeron los negociantes–. 
&lt;br /&gt;Don Manuel jamás pensó que los chantajes eran tan buenos en los momentos difíciles, pero les dijo: 
&lt;br /&gt;–No se preocupen ustedes cuentan conmigo. –La voz se le volvía temblorosa por el coraje que lo estaba inundando.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Así pasaron los meses depositando dinero en aquella cuenta falsa, porque el dueño resultaba ser alguien que ni por cerca tenía que ver con el secuestro. Sólo que estos manipulaban la información del banco para cobrar su dinero. 
&lt;br /&gt;Pasaron 10 meses cuando don Manuel ya no aguantó tanto chantaje le contó a su esposa y fue a la policía. Pero ya había entregado más de diez millones de dólares. 
&lt;br /&gt;La policía comenzó a investigar donde quedaba La Cintura de la Selva. 
&lt;br /&gt;–La verdad no está en el mapa ese sitio, –Dijo el comandante Terán. El que había iniciado la búsqueda desde el día de la desaparición de Susana. 
&lt;br /&gt;En aquella terrible confusión llamó El Pana diciendo: 
&lt;br /&gt;–Viejo imbécil, ya sabemos que le avisaste a la policía, ¿Que quieres? ¡Que se muera tú hija! Hemos cancelado la cuenta hoy el próximo dinero me lo llevarás al otro lado de las colinas. En el mero Valle de La Muerte, espero que vayas sólo, de lo contrario morirá tu hija, y todos los que te acompañen incluyéndote a ti  y esta vez no será uno, serán dos, para que aprendas a negociar viejo estúpido. 
&lt;br /&gt;Don Jacinto se sintió arrepentido por unos instantes y se dijo: 
&lt;br /&gt;–Pero las pagaran con fuego desgraciados. Estas amenazas de lo más profundo de su alma brotaban como corrientes de agua desesperadas por llegar al mar. La misma rabia que sentía lo hizo caer en un profundo sueño, que despertó hasta el siguiente día con olor a pánico mezclado con la sangre que se derrama en las batallas de muerte.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;¿QUIEN ES EL GUERRERO?
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;En las montañas más profundas del mundo o quizás las menos conocidas por el mundo. Despertaban los poseedores de esas magnificas tierras. Allí, en ese despertar sigiloso aparecía un ser humano, un ser de ultra tumba india. Un ser más con voluntad impropia, pero era él. Si, &lt;Ricardo&gt;. El príncipe loco enamorado que hacía mucho tiempo había perdido el conocimiento y se dedicó en preparar algo nuevo, olvidando el interés de recordar lo que siempre quiso.
&lt;br /&gt; Se había vuelto esclavo de la tribu porque así se sentía satisfecho yendo a entrenar con el traductor que ya no tenía que traducir porque el joven había aprendido a pronunciar el lenguaje de esa tierra. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo se sentía libre, sin ningún compromiso. Sólo aprendiendo la puntería con el arco y las flechas, con armas de fuego que el inteligente amigo Cahitzan había construido. Le gustaba Montar aquellos corceles únicos en el mundo, porque su pelaje era de caballo indio también. Ya no acostumbraba la camisa, quizá ni el pantalón porque lo andaba a medio aire, pero él entrenaba en aquella lucha constante sin saber que fue de él, en el pasado. Sin recordar siquiera lo que fue el amor. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Se le fueron los días de las manos entrenando fuertemente sin tener un sentido, el porqué hacía aquello, solamente por una pasión que sentía por los suyos.
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;Días después el Jefe de la tribu los reunió a todos en la panza del alacrán. Le llamaban así, por el estilo que presentaba. Allí  era donde hacían los rituales y sacrificios.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El Jefe les dijo en idioma español a todos; porque gracias a Cahitzan y a Ricaryat como lo habían bautizado, les habían enseñado ese idioma a todos los indios. Y Erejendom el jefe de la tribu quiso hacer honor a estos dos hombres blancos que les habían enseñado muchas cosas, valiéndose de su inteligencia. Por lo que todo lo dijo en español.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;–Yo, jefe decir quiero, gracias a los dos indios blancos por compartir con nosotros toda habilidad posible. A demás yo Indio jefe aprovecho para decirle que estamos en sol fuerte y vienen otros indios a querer quitar terreno nuestro.  Por lo que debemos estar preparados, como todo el tiempo atrás. Hoy con Ricaryat y Cahitzan podemos coronarnos victoriosos, veo que Ricaryat es un buen guerrero y esta vez va ser el capitán de la batalla. No puedo decir más porque hace falta aprender este no apropiado idioma para nosotros.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Todos aplaudieron y los tambores sonaron y bailaron las danzas rítmicas por las hermosas y vírgenes mujeres. 
&lt;br /&gt;–Que bella la de trenzas onduladas –Comentó Ricaryat a su compañero Cahitzan. Y ambos sonriendo dijeron a coro: 
&lt;br /&gt;–Esta noche será la nuestra. 
&lt;br /&gt;Al final de la noche se le acercó Milessy, la joven más atractiva y bella que podía existir en ese lugar remoto. Tenía la piel de un color oscuro, con las trenzas onduladas y unos ojos marrones más ungidos de cariño que de miradas. Mientras le acariciaba la barbilla le dijo: 
&lt;br /&gt;–Guerrero, ésta noche me quedaré en tu cama, porque después de mañana no sé si te volveré a ver. Esa voz tan delicada se profundizó en los tímpanos intrépidos de Ricaryat. Y es que en realidad esa era la costumbre de esa tribu. Las preciosas doncellas elegían con quién gozaría su primera virtud. Y los ojos de aquella preciosa criatura se habían clavado en las miradas turbias de Ricardo. Era inevitable negar ese deseo, por lo que ningún hombre podía  retractarse aún estando amalicó como se le llamaban a los casados en esa tribu.
&lt;br /&gt;Pasados unos cuantos minutos de estar platicando, se tomaron de la mano y, sonrieron ante sus miradas. 
&lt;br /&gt;El compañero ya le había guiñado el ojo, mientras se perdía tras las sombras de la noche con una bella doncella.
&lt;br /&gt; Ricardo tomó a la joven de las manos y se fueron platicando por todo el camino a casa y besándose cada segundo bajo los rayos iluminantes de la luna llena. Entraron a la habitación blanca, sonriente y ciega ante aquel acto erótico y placentero que estaba encendiéndose en las sábanas perfumadas de una cama; y en el sudor nerviosísimo del joven valiente, que desconocía su verdadero objetivo de la vida. Ya que porque lo había perdido después de lanzarse como fiera en busca de su verdadero amor de la vida. Pero como todo es perdonado para los inocentes. Esa noche temblaba la oscuridad, porque la luz reinaba ante la presencia de tales jóvenes envueltos en la lujuria del placer carnal.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Hacía falta respiración para sostener aquellos besos por mucho más tiempo, y menos dolor para amordazar con agravio cada parte intima de sus cuerpos. Se escuchaban los jadeos penetrantes de la piel. Aquellas horas excitantes se hacían más largas porque la virginidad llena de ansias por dejar de ser lo que era; se herraba a seguir siendo lo que era. Aquella bestia como devorando una gacela soltaba las riendas de sus instintos y dejaba actuar más a la lujuria que al corazón y a la razón. Sólo quería satisfacer su apetito, mientras los ojos de la joven brillaban de felicidad y a la vez con sentimientos de pánico por lo acontecido. Pero gritaba y dejaba temblar el cuerpo con cada caricia que el endemoniado le hacía. Mientras se sentía el sabor del fruto del pecado. No les cabían más deseos a ambos y decidieron dejarse ir por la irremediable fuerza del placer.
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;¿Quién no se va dejar vencer por esas fuerzas sobre naturales que pueden desposeer a cualquier hombre de la tierra? sin importar lo que fuera. Si lo hizo Adán, Sansón, David y el sabio Salomón. Porque en verdad la carne es tan débil que estando los medios, nadie los desaprovecha.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Despertaron juntos. El sol, celoso de aquella bellísima doncella, atacaba al guerrero por la cara, hasta no dejarlo dormir más. 
&lt;br /&gt;Mientras se preparaban el café, de ese que toman en ese lugar, el jefe mandó a llamar a todos los soldados de la tribu, entre ellos el mayor Cahitzan y el mayor Ricaryat, para anunciarles las buenas nuevas de los mensajeros. Según las indicaciones que les dio, es que dentro de unas pocas horas se estaría aproximando la tropa enemiga y que deberían luchar como lo habían entrenado; porque de esa batalla dependía el infierno o la gloria, la derrota o el triunfo del gran Pueblo “Indipandú de Kangualatá”.
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;Todos se preparaban para aquel encuentro, en el que lucharían ofrendando la vida para no dejarse derrotar por aquellos mortíferos demonios. Ya que envidiaban sus tierras fértiles y que sobre todo querían tomarlos como esclavos para hacer producir aquellas sierras hermosas y vírgenes, para luego irlos sacrificando uno a uno, al supremo de los reinos al que llamaban “Nabirandum” que quiere decir dios de la guerra, de la victoria y de la paz.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Los guerreros de Indipandú besaron sus mujeres y acariciaron los mechones de pelo de los pequeñines, algunos eran tan ásperos de sentimiento que dejaban a la mujer y a los niños llorando sin que les conmoviera el corazón. Otros eran tan blanditos que se alejaban secándose el llanto por el camino, y otros simplemente juraban regresar por el amor y afecto que les sentían.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo le dio un beso a Milessy y se alejó en su corcel, con la espada envainada en su cintura y en el pecho llevaba una faja cruzada que le sostenía el centenar de flechas al igual que su arco. Llevaba otro animal cargado con pólvora y otras herramientas de pelea que le serían útil en el campo de combate.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Todos estaban en la salida de la aldea y en las pocas horas que les quedaban, prepararon los muros de defensa y  una emboscada comandada por el guerrero blanco, al que llamaban Ricaryat. 
&lt;br /&gt;Cada quien en su puesto esperando el primer disparo para presionar todos al gatillo o para soltar la mano que sostenía tendidamente la flecha única para cada individuo, porque ya habían calculado más o menos  cuantos venían a caballo y cuantos venían a pie.
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;Según los Kalachost de Nuevagress los iban a encontrar desprevenidos, y el general que comandaba el ejército sonreía a boca de jarro. Ya celebraba la victoria y saboreaba aquellas lejanas sierras que podían ver sus toscos ojos negros. Pero de lo que no se percataba es que los contrarios estaban más armados que el mismo diablo en plena guerra.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Los Kalachost eran guerreros, que siempre los afamaban de conquistadores. Cada vez que encontraban tierras fértiles, las aprovechaban hasta destruirlas. Cuando veían que éstas ya no producían las abandonaban y caminaban en busca de otras mejores tierras. Todas las invasiones las llevaban a cabo de lo que marcaba el verano, en muchas tuvieron que vencer a sus poseedores y otras no estaban habitadas, las cuales eran mucho más fácil. 
&lt;br /&gt;Por precaución siempre andaban un buen grupo de hombres dispuestos a pelear y a defenderse si era necesario. Algunas veces fueron vencidos por los mismos de Indipandú que siempre andaban la sierra para construir sus barracas de adobe o bahareque. Los Kalachost siempre, desgraciadamente se encontraban con estos honorables indios y de muy macizos guerreros. Pero no sabían que esa tierra que iban a conquistar, que esa tierra que llevaba el ensueño en sus ojos ya era habitada por sus archipiélagos enemigos, los que siempre han envidiado por sus personajes valientes y sus mujeres hermosas.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Los conquistadores llevaban un son precioso en su marcha, parecía que era de emoción, porque no sufrirían más hambre de la que se estaba viviendo en el lugar del que venían. Pero tenían un pensamiento villano, y unas malicias endemoniadas que su furia colérica era capaz de matar sin corazón.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo, Cahitzan y sus hombres observaban todo desde sus escondites, no quisieron disparar y los dejaron avanzar por sus terrenos.  A los pocos minutos Ricardo abrió fuego y se escuchó el primer disparo, distorsionando los soldados de Kalachost y respondiendo para todos lados, mientras las flechas salían de todas direcciones y se clavaban en los costados fuertes de los contrarios. 
&lt;br /&gt;Aquellos hombres se derrumbaban al igual que sus caballos, sin saber de dónde caía aquella lluvia sangrienta; porque eran como truenos las armas, y, como relámpagos las flechas. 
&lt;br /&gt;Quedaron más de 300 hombres tirados que pertenecían al grupo de los invasores. No había ningún hombre con vida. 
&lt;br /&gt;El General fue astuto, mientras se cruzaban aquellas flechas, se fue retirando poco a poco hasta que se fue de arrastras por debajo de los arbustos. Estaba herido, no había duda, porque iba dejando el rastro de un hilo de sangre que se extendía tras su escape. Fue así como el dirigente de los Kalachost. Famosos conquistadores. Pudo escapar con vida, refugiándose en la cueva de la leona, situada a pocos kilómetros donde se extinguió la batalla.
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;Los de Indipandú se proclamaban vencedores de aquella primera batalla, porque no había resultado ningún mal herido. Gracias al plan sigiloso del valiente. Luego de revisar todos los soldados que se encontraban tirados en la hierba y el zacate filoso, que devoraba sus cuerpos. Ricardo dio la orden de abrir un agujero donde enterrarían aquellos cadáveres, para darles por lo menos el privilegio de no ser devorados por las aves negras que se veían festejando en el viento. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Volvieron a casa, un poco cansados de aquellas horas agitadas. Comieron y bebieron mientras conjugaban chistes de cómo cayeron aquellos hombres, sin enterarse que en la cueva de la leona se les había refugiado uno de aquellos conquistadores. El cual pasó siete días en la peña, recuperándose de las heridas y volviendo a su territorio natal, donde seguramente volvería para vencer a sus enemigos.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Llegó la noche en que las estrellas brillaban intensamente, y todos festejaron el triunfo, mientras Milessy se perdió, desapareciendo así Ricaryat. Se fueron caminando bajo la luz de la luna a la cima del monte, donde pasaron el resto de la noche como dos lobos locos y enamorados. Las  horas pasaron en ese lugar remoto donde nadie se podía hacer la idea que existía. Pero allí estaba tan hermoso y tan callado. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Al amanecer de una mañana muy radiante, vinieron dos mensajeros, enviados por los centinelas que mantenían al pueblo informado de cualquier posible invasión. En ese mismo instante salieron todos corriendo.  Niños y mujeres a refugiarse, y todos los hombres a ser frente a la batalla, pues desde luego, todos sabían que hacer al repicar las campanas de la santa casa, como le llamaban al lugar donde se reunían para dedicarle tiempo a sus dioses. 
&lt;br /&gt;Los guerreros comandados por Ricaryat y Cahitzan lograron llegar primero para esperar a los posibles atacantes. Está vez ellos parecían avispas de un panal recién toreado.
&lt;br /&gt;Todos gritando: –Ríndanse antes que mueran todos. Y aquel tropel de caballos formaban un escándanlo de guerra increíble. 
&lt;br /&gt;Ricaryat y sus hombres estaban confiados esperando el ataque, listos para responder. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Esta vez el jefe que había salido con vida de aquella primera batalla se quedó a ciertos kilómetros antes de pisar tierras de Indipandú de Kangualatá, y mandó como carnada a tres hombres de caballo que traían como prisioneros. Atados de pies y manos. Pero al ver que éstos pasaron tranquilos, perdiéndose a lo largo de la vereda. Dijo: 
&lt;br /&gt;–Rodearemos el ejido, ustedes entren por aquí, ustedes por allá y ustedes por allí. Vayan matando a todo hombre que aparezca. –Eran las indicaciones del coronel– 
&lt;br /&gt;Pero antes que entrara el primer grupo salió Cahitzan gritando: 
&lt;br /&gt;–Sobre mi cadáver hijos de su puta madre. Ustedes aquí no vienen a ordenar. –Gritaba el valiente– Mientras se le desordenaba el pelo con la continuidad del viento y el coraje que traía.  Así que si logran matarme les daré el placer de pasar. –Continuaba diciendo el valiente joven.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;¬—Estás acabado indio blanco –Se burlaba el dirigente– tú serás muerto y éste será mi pueblo al mismo tiempo que dejaba soltar el arcabuz. 
&lt;br /&gt;Pero  una flecha salió como cohete, desviando el destino de aquella bala certera que se iba a clavar en el corazón ardido de Cahitzan. 
&lt;br /&gt;El jefe de los contrarios con mucha rabia se quedó viendo a ver quien aparecía, mientras sobaba un poco su mano y en seguida vio salir a un indio blanco, con la melena suelta y con voz de mando que decía: 
&lt;br /&gt;–Y sobre mi cadáver también seguido de un silbido a grito de guerra que se extendió por el ambiente, indicando que todos debían soltar aquellas flechas endemoniadas, que con mucho esmero habían fabricado especialmente para que alcanzaran una gran fuerza y poderío al desenvolverse y mezclarse con el viento.
&lt;br /&gt; Algunos sacaron sus escudos protectores, otros no les quedó tiempo porque a 500 metros de distancia no se distingue nada. Por tal razón cuando menos acordaban les chiflaban aquellas flechas clavándose algunas en los escudos y otros en el pecho y otras en la cabeza y otras en el costado y otras simplemente en el corazón  de cada guerrero que formaba la primera barra de pelea. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;De 500 hombres que estaban en la primera fila, sólo quedaron cien, quienes retrocedieron incluyendo el jefe y se unieron a la segunda barrera; que corrieron para defender su honor. Y los de Indipandú corrieron para defender sus tierras. 
&lt;br /&gt;Al primer impacto cayeron 700 hombres de los famosos conquistadores y 300 hombres de los defensores de Indipandú, saliendo mal herido Cahitzan. Este se arrastró hasta un lugar seguro. Ya no podía moverse y se dijo: 
&lt;br /&gt;–Que desgracia la que me cargo, mientras gestaba su rostro– 
&lt;br /&gt;Aquella guerra duró todo el día. Ya para el anochecer gritó Ricaryat completamente cansado: 
&lt;br /&gt;–Aquí estamos para defender nuestra tribu– Pero se dio cuenta que ya todo estaba desolado. Sólo quedaban unos cuantos sobrevivientes en aquel campo de batalla tan amplio que parecía un desierto. 
&lt;br /&gt;Los 15000 hombres que habían traído fueron devorados por aquellos 3000 de Indipandú, de los cuales murieron ochocientos hombres por defender su tierra.
&lt;br /&gt; Ricaryat fue a ver al jefe de los Kalachost, el cual aun respiraba. El valiente agitando su espada la dejó enterrar en el corazón de aquel gran hombre que les había matado la mayoría de sus guerreros. El indefenso hombre sólo dio un suspiro fuerte y profundo y se dio vuelta, quedando completamente vació de alma su cuerpo de conquistador.
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;Ya todo se había terminado, no se escuchaban gritos de coraje, sólo gemidos que hundían la estancia en una ante sala de juicio.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricaryat cayó y casi de arrastra llegó hasta donde su compañero quien le dijo: 
&lt;br /&gt;–Ricardo te has convertido en el guerrero del siglo. Has defendido esta tierra como si fuera la propia tuya. Las mujeres y los niños te adoraran, sobre todo el anciano. 
&lt;br /&gt;Ricaryat sonrió y dijo: 
&lt;br /&gt;–Nos adorarán cabrón, tú me enseñaste a luchar por lo que debes regresar. –Seguía increpando Ricardo, mientras le sostenía el cuello con la mano derecha– 
&lt;br /&gt;– No, Ricardo, yo aquí me quedo y me siento orgulloso de ti, en verdad eres un buen guerrero. Toma mi mano pendejo. –Fue lo que se le entendió al agonizado– Allí encontrarás lo que siempre has buscado. Resbaló con las pocas fuerzas que le quedaban una foto de bolsillo la cual, en la oscuridad no se distinguía de quien era. 
&lt;br /&gt;– ¡No te mueras hermano! ¡No te mueras! –Gritó a gran voz el guerrero– que quizás se sacó el corazón para gritar y lo volvió a colocar en su lugar para soltar el llanto. Lo tomó en sus manos y lo cargó hasta el Ojo del Alacrán, llorando y musitando a solas su dolor. No había quedado alguien en las condiciones como para seguirlos y llevarlos de regreso a casa;  por lo que Ricardo descansó a orillas de ese rio. Colocó el cadáver a un lado y se quedó tirado hasta que llegaron a auxiliarlo al amanecer. 
&lt;br /&gt;Todos quedaron mal heridos hasta el mismo Ricardo, quien en la pelea recibió un fuerte golpe en la cabeza que le borbollaba la sangre y se le había calmado un poco por los coágulos que había hecho al quedarse en el ojo del alacrán. Quedó inconsciente 24 horas después que falleció Cahitzan, su gran amigo del alma. 
&lt;br /&gt;Al recobrar el conocimiento, allí estaba Cahitzan tendido, esperando que lo viera el guerrero por última vez. 
&lt;br /&gt;El guerrero lo contempló por buen tiempo y divagaba en sus pensamientos de sentimiento, pero  fue fuerte y dijo: 
&lt;br /&gt;–Quémenlo ya– mientras en su interior decía – ¡Lo siento amigo! hubiera preferido morir yo, para que gozaras de la victoria, si no que debo  lamentarme mucho tiempo por tu partida. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo agarró la foto que le había dejado Cahitzan y al instante se le acercó un anciano que le dio una carta que decía: 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;– ¡Amigo!, esta foto fue encontrada el día en que te encontramos casi muerto en el camino. No te la quise dar antes, porque creí conveniente que tenías que aprender todo lo que ahora sabes para que siguieras su búsqueda. 
&lt;br /&gt;Ella se llama Susana, lo sé porque lo pronunciaste muchas veces antes que despertaras aquel día que abriste tus ojos y tus pies estaban atados a una inmensa bala de cañón. A ella es a quien amas y no a Milessy como tú crees. Amigo siempre estaré contigo, sólo que hoy tu eres un verdadero guerrero, busca tu objetivo y sal de la tribu. 
&lt;br /&gt;Ya aprendiste lo suficiente como para que luches por tu felicidad.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Hasta luego querido amigo.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Atentamente,
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Tu compañero de batalla.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El pobre guerrero se sintió sorprendido y se dejó arreglar el gajo de pelo que le cubría la frente. Apuñó el papel y absorbió una lágrima salada que le quemaba por dentro. Dio la vuelta, montó un corcel y cabalgó a la cima de la montaña donde se ponía el sol en un rojo atardecer. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;BATALLA PERDIDA
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo, estando en la montaña; elevó la vista, suspendiéndola por el horizonte y sin pronunciar palabras dejó caer una lágrima que se le deslizó por la mejilla y cayó desconsoladamente por el abismo incierto que descendía de aquel peñón. No se puede saber si la lágrima se esparció en tierra o se deshizo en la inmensidad de las alturas, pero eso no importa. Lo importante es ver el corazón de aquel valiente guerrero, que a pesar de su coraza de león se sentía oprimido por la desesperanza. Aquí se puede confabular que la fiera más temible también tiene sentimientos y hay que respetar la intimidad de sus sentidos. 
&lt;br /&gt;En esa montaña dejó lanzar un alarido de lobo que dijo: 
&lt;br /&gt;–¡¡¡¡¡Quién diablos soyyyyyyyyyyyyy!!!!!– Y el eco se le escuchó más allá de las rocas solitarias y barrancas de la distancia. Agarró su frente y lloró amargamente sin saber porque lo hacía, levantó su cabeza y canto su canción…
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;¡Pobre! tenía reseca la garganta y tragaba en seco el llanto que emanaba de sus ojos tristes y enigmáticos. Suspiró profundo y se dirigió hasta donde estaba el cuadrúpedo del cual extrajo una cantimplora que siempre cargaba tras la montura, y tomó toda el agua fresca de aquella calabaza. No quiso bajar a la tribu y acampó junto al árbol que estaba en su camino. Dejó caer su pesado cuerpo y contempló las estrellas, y le dijo a la luna: 
&lt;br /&gt;–Quisiera ser tú, para buscar entre las criaturas a la mujer que verdaderamente amo. A esta joven, que no sé ni si quiera quien es. –Decía mientras miraba la foto en las penumbras de la noche– A esa mujer que siempre he traído corriendo como la sangre en mis venas. Y así en un tono lírico expresó todo su sentimiento por el amor. Quería por lo menos sustraer un recuerdo de su cajita del tiempo, pero no encontraba la llave, por más que la buscara en su interior. 
&lt;br /&gt;Así conversando y meditando con la luna que despedía fulgores románticos entre sus versos que barajeaban en sus labios abiertos. Después de tanto pensamiento vago y sin sentido, le llegó el sueño quien lo enredó con sus deleites.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Al amanecer, el joven montó su caballo y caminó a trote aproximadamente dos horas para bajar al poblado. El ya traía el alma vacía de penas. Venía sonriente tapando el sol con sus anchas espaldas. Su sombrero abierto venía dando oleadas por los tumultos que daba el caballo. Sus ojos sólo divisaban el horizonte, mientras pensaba en lo que le tenía preparado el destino. 
&lt;br /&gt;Paso el puente de madera que habían construido para comunicar la tierra de las yemas, como le llamaban al campo donde sembraban sus hortalizas. Continuó su marcha sin prisa hasta esconderse por las vueltas que daba el camino bajo los robles tendidos a su paso.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Detuvo su caballo en la colina y divisó el caserío que se suspendía entre sus hondadas rutas. Masticó un poco de tabaco mientras bajaba del corcel. Se sentó sobre una roca y quiso jugar con sus riendas en las manos, mientras callado observaba esa aldea por la que se había convertido en su defensor.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Seguido de aquel vistazo al panorama, bajó por las faldas de la cordillera y llegó a las primeras chozas de la provincia. Miró con sospecha el silencio aterrador, y la calma infalible de aquella mañana traicionera… Sacó prisa a su caballo y se dirigió a la casa de Milessy. Allí estaba, perforada la casa blanca de adobe, buscó rastros y encontró muchos… La casa vacía, cosas desposeídas, y, hasta unos seres descuartizados. Buscó en el sótano. Allí estaba Milessy temblando de miedo, entre la multitud de escombros.
&lt;br /&gt; Ricardo sin pronunciar siquiera una palabra, no podía creer que en su ausencia hubiera pasado tanto. Que hubieran llegado más hombres de batalla a luchar contra ellos, y, hubieran destruido por completo a los hombres de Indipandú. 
&lt;br /&gt;Se le acercó un pequeño que también estaba escondido. Por su puesto, hermano de la joven de trenzas onduladas. 
&lt;br /&gt;– ¡Verdad que tú vas a vengar la muerte de mis padres y demás hermanos! –Dijo aquel niño, tímido y nervioso– 
&lt;br /&gt;Ricaryat sonrió y le acarició el cabello y le dijo: – ¡Claro que sí! 
&lt;br /&gt;Subieron a la casa, mientras la joven se sacudía el vestido, Ricardo dijo a gran grito. ¬— ¡Escóndase!
&lt;br /&gt;Terminando de cerrar la puerta del sótano lo encañonaron y le dijeron a voz de furia:
&lt;br /&gt; –No te muevas maldito perro. 
&lt;br /&gt;–Ricaryat se sintió humillado y quiso reaccionar con violencia, pero estaba rodeado. No le quedó más que entregarse, recibiendo así una paliza inolvidable, que lo dejaron inerte en el piso. 
&lt;br /&gt;Casi muerto el joven, lo torturaron con una lanza. Aquella lanza la atravesaron sobre sus espaldas, amarrándole las manos a esta. Lo encadenaron por el cuello como si fuera una bestia. Y cargó aquella lanza como Jesús cargó su cruz.
&lt;br /&gt;De esta manera lo martirizaron, y lo subieron casi de arrastras por los impulsos del látigo hasta las colinas pedregosas donde iba dejando su huella roja que asolaba la ciudad que quedaba a sus espaldas. No murmuraba nada, pudo haber sido por la hinchazón en los labios, porque se los reventaron a puro garrote. Pero el sólo pensaba en la forma de escapar de esos momentos atormentadores que estaba viviendo. 
&lt;br /&gt;El valiente a como estaba no le quedaban más fuerzas y siguió tambaleándose hasta llegar a aún lugar por todos ignorados. Allí estaban sus compañeros de batalla. Prisioneros, pero allí estaban. Se encontraban destruidos porque Cahitzan había muerto y Ricaryat estaba prisionero. 
&lt;br /&gt;Lo encerraron junto a sus compañeros, tirándolo a golpes por el piso empedrado de filosas rocas. Los barrotes eran de madera, pero de una madera más resistente que el acero. Daba la sensación que en ese acabado de madera sólo necesitaban el corazón del árbol. Porqué hasta tilinteaba cuando lo sonaban con las piedras que estaban en la prisión. 
&lt;br /&gt;Ricardo veía que se iban llevando a sus compañeros de encierro. Uno por uno todos los días. Pero no se enteraba que un hombre pálido con el pelo chamuscado porque imitaba los erizos o los famosos, cuerpo espín; como les llaman otros. Era quien los tenía prisioneros. 
&lt;br /&gt;La misión de éste malogrado ser, era cazar hombres para negociarlos. El que los compraba los tomaba como de su propiedad y los esclavizaba, hasta verlos muertos. 
&lt;br /&gt;El proceso de liberación seguía, pues todos los días salía uno a cumplir con su papel de esclavo. Así pasaron los días, cada quien esperando el turno. No dormían, ni comían por el nerviosismo. Pero Ricaryat sólo meditaba y se decía: 
&lt;br /&gt;–Tengo que escapar de aquí, sea como sea, y en ese pensamiento pasó todo su encierro, hasta que le llegó la hora. Alguien lo compró y todos se burlaban y todos gritaban: 
&lt;br /&gt;– ¡No sirve! ¡No sirve! Todos se burlaban menos los de su tribu que lo conocían más que las propias palmas de sus manos. 
&lt;br /&gt;Con cadenas en la mano dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Padre mío, no me desampares! al mencionar estas palabras estaba pecando contra la tribu, pero él sabía que sólo Dios podía salvarlo. ¿Qué sabía él, que lo habían comprado para ofrecer un sacrificio? ¿Quién lo  iba a pensar? si la mayoría se quedaban como esclavos.
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;El cielo estaba nublado, más nublado que nunca. Estaba por terminar el verano, Ricaryat sólo decía en sí mismo. 
&lt;br /&gt;–Dame una señal padre, y demuéstrame que todavía estás conmigo. Sentía fuerzas para romper aquellas cadenas, pero pensaba que él solo no podía hacer nada. Iba derecho al matadero y pensaba solamente en fugarse. Aunque estaba completamente equivocado, él tenía la fe que alguien le tenía que ayudar a salir de esa pesadilla. 
&lt;br /&gt;Se quedó tranquilo cuando vio que le rociaron agua con olor a otra cosa. Luego miró hacia el abismo, igual a las alturas de donde dejó caer aquella lágrima. También miró un fósforo encendiendo una antorcha y muchos tocando y danzando al ritmo del tambor y de los cuernos. 
&lt;br /&gt;Él sólo se dijo: – ¿Qué será de mí? ¡Oh! padre celestial, perdóname y déjame estar contigo. Miró para todos lados y sólo divisó soledad y tristeza, sin saber que sería de él.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Le lanzaron piedras, luego le lanzaron palos, y por último una flecha de fuego tendida sobre aquel cuerpo húmedo por aquella agua rara que le habían rociado. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Esa tarde pasó algo misterioso. Algo difícil de entender e imposible de creer. Al lanzar la flecha ardida en llamas, salió una flecha que le quitó poder aquella que ardía en fuego.  Quedaron todos perplejos. Vieron una mano pequeña que se ocultó en el monte del lado, que hizo se armara una confusión exagerada en la multitud. 
&lt;br /&gt;Unas chispas dejaron encender la camisa del joven que rápidamente se quitaba y una granizada a fuerza de lluvia se retorcía ante las espaldas de aquella aglomeración de personas. Todos salieron corriendo. Mientras decían que se habían burlado de un demonio.
&lt;br /&gt;Un niño corría velozmente cuando unas manos dañinas lo atraparon,  pero al instante apareció el guerrero que le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Suéltalo o te mueres! 
&lt;br /&gt;Tenía un arcabuz tendido por delante. Aquel hombre contrario se quedó paralizado al ver que Ricaryat ya no llevaba puestas sus cadenas, sino más bien unas esclavas que se había fabricado de aquel acero que lo habían mantenido quieto todo el tiempo atrás.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El guerrero tomó el niño en sus brazos y disparó el arcabuz asesinando aquel hombre, que hasta los momentos agonizaba sobre la hierba de su tierra. 
&lt;br /&gt;El niño se apresuró corriendo como si fuera un guerrero a capa y espada. Al ver el entusiasmo del niño aquel hombre valiente quería sonreír, pero los que lo perseguían no lo dejaban, por lo que avanzó un poco y tomó al niño en sus hombros, mientras el pequeño gritaba: 
&lt;br /&gt;– ¡Déjeme! ¡Yo sé defenderme solo! ¡Bájeme! ¡Bájeme! Pero al poco tiempo de ir trotando se sintió cómodo en los hombros musculosos de aquel corcel humano que lo llevaba galopando a gran velocidad. 
&lt;br /&gt;El niño sentía que flotaba en el aire y por un momento se le olvidó que los perseguían para matarlos y reía de felicidad mientras avanzaba velozmente perdiéndose en el bosque. Parecían dos verdaderos amigos. Como tal palo tal astilla. 
&lt;br /&gt;Mientras el corazón de aquel león rugiente corría protegiendo al pequeño que de no haber sido por él ya estuviera recorriendo los senderos que llevan al otro mundo. Pero sonreía porque fue Dios quien le dio valor a ese pequeño, así como se la dio a David para que venciera al gigante. 
&lt;br /&gt;Aquel diminuto de ojos claros y de larga cabellera conocía perfectamente el bosque, dirigiendo a su corcel porque seguramente se sentía un jinete todavía. Tomó un bejuco con sus manos de chimpancé juguetón y suspendió al que hasta el momento había sido su corcel humano, refugiándolo en las alturas de un gigantesco y frondoso árbol. Allí iba a jugar con los demás niños. 
&lt;br /&gt;Los pequeñuelos de Indipandú se perdían semanas enteras, jugando en el bosque, y en una cruzada por el mismo lugar se encontraron con ese bejuco que servía como resorte, o como ascensor para llegar a la cima del árbol donde tenía un agujero, y para abajo, por el lado de dentro le habían fabricado unas reglas que daban la impresión de unas escaleras. Las cuales bajaron y bajaron, hasta llegar al fondo del árbol. Mientras los perseguidores atropellaban aquellos arbustos de afuera sin tener la más mínima idea de lo que ocurría porque son seres vivos que no razonan, simplemente sienten el dolor cuando los pisotean.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Aquel niño astuto a penas aparentaba unos 11 años de edad, pero su especulación era aun mayor, que la del anciano que había vivido en la aldea que destruyeron los malogrados conquistadores. 
&lt;br /&gt;Los dos guerreros, descubrieron que al fondo del árbol había un túnel que los llevaría a algún lugar o a ninguno, porque Ricaryat estaba más amedrentado que cuando lo tenían a pocos segundos para sacrificarlo. La oscuridad era aterradora, así como los murciélagos que revoloteaban, pero no los quería asustar para no alarmar a sus enemigos. 
&lt;br /&gt;Se dejaron resbalar cuidadosamente por aquel túnel, el cual casi de arrastras los conducía algún lugar. El aire era poco, casi se quedaban sin oxigeno en aquella aventura indeseable. Al poco tiempo llegaron a un sitio que por la oscuridad no se percataron que era un deslizadero y se dejaron caer sin saber que iba a ocurrir adelante. Cayeron a una poza que quien sabe si era de agua, porque la luz era tan escasa como esas noches en la que Dios manda de vacaciones a las estrellas y a la luna. &lt;Tiniebla completa&gt; 
&lt;br /&gt;Ese nimbo era enorme y quién sabe hasta cuándo iba a continuar, pero el oxigeno había regresado un poco. No mucho, pero los perseguía porque sabía que aquel par de aventureros lo estaban necesitando como nunca en su vida.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Luego nadaron y nadaron por aquel líquido espeso, y salieron a un fango porque el agua se había terminado. Recogiendo un poco de aquella agua oscura tomaron para mitigar su sed. Tenía un olor apestoso, pero el sabor era dulce, más dulce que el agua que habían consumido en la tribu.
&lt;br /&gt;Siguieron por el fango y descansaban en cada respiradero que tenía aquel túnel que podría llevar a las puertas del mundo exterior o a la boca de la muerte, quien iba pisando sus talones, o quizás los conducía a una emboscada para darles un solo zarpazo a ambos, y luego cargarlos en sus huesudos hombros, llevando de arrastra su garfio o flotando para no dejar huella alguna, sobre aquel pavimento de lodillo maloliente. 
&lt;br /&gt;Uno al otro se tomaban de la mano y se arrastraban por aquel pasadizo, después de tanto divisaron una claridad, que dijeron: ¿Será la puerta del cielo, o será la puerta del infierno? Porque en su  mente pensaron que ese túnel conectaba al mundo de los muertos. Sin embargo la probabilidad  de equivocarse rondaba en un 0.5 %. 
&lt;br /&gt;Pero se vieron a los ojos. Se llenaron de curiosidad y siguieron aquel camino estrecho y repugnante que los conducía a la luz de aproximadamente tres kilómetros de distancia. Casi de arrastras se dejaron asomar por el final del túnel o por el principio si decidían regresar. Vieron el sol. Y sonrieron con un grito de felicidad. Aquel hombre valiente cayó de rodillas y oró a Dios, y el niño sin saber a quién clamaba, alzó su voz siguiendo a Ricaryat e imitándolo a la vez.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Salió uno por uno y vieron que hacia abajo sus ojos eran inalcanzables para ver tierra. Era un abismo también vestido de oscuridad. Vieron hacia arriba y vieron que por lo menos se miraba el corte de la altura, y pensaron quien subía primero ya que las rocas que les servirían como escalones no eran lo suficientemente para confiarse. Sabían que si se resbalaban, ni los animales de rapiña aprovecharían sus cuerpos, pero ambos estaban agradecidos que aún vivían. Se sentían también respirando aquel aire tan puro. Aquel aire que al menos Ricardo jamás había respirado.  
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El adulto concluyó que si el subía, las escasas rocas no resistirían, pero si Canguram lograba el desafío, este le ayudaría con una cuerda o algo que se inventara haya arriba. Por supuesto que no tardaría mucho, porque lo difícil era llegar, no lanzar algo para auxiliarlo. 
&lt;br /&gt;El niño se dispuso a escalar sin ningún equipo de protección. ¿Para qué? si estos son como arañas hacia arriba. Subió, subió y subió aquel pequeño. Estaba a punto de llegar cuando desgraciadamente se le resbalaron los pies, que los traía mas infectados por hogos que por los cayos. Pero el niño tenía corazón de fiera porque arrugaba la cara, y hacía una fuerza impresionante para no dejar sentir el dolor que sería la causa de su caída por el abismo infinito. 
&lt;br /&gt;Ricaryat miraba hacia arriba, y lo que veía sólo se comparaba a penas con una hormiguita, que rodaba piedras que le escapaban de dar en la frente. 
&lt;br /&gt;Un eco le trajo un tremendo rugido a sus tímpanos. Ricardo se dijo: 
&lt;br /&gt;– ¿Y esto? ¡Sólo esto faltaba! y gritó: – ¡Date prisa! ¡Date prisa! Si no, no volveremos a vernos. Presentía aquel tropel, y pensó que eran los cazadores que venían por su presa que se escapaba escalando hacia arriba. 
&lt;br /&gt;Aquel niño tocó césped y corrió como loco sin saber que hacía. Ni que rumbo tomar. Mientras Ricardo trataba de escalar, a poca distancia. 
&lt;br /&gt;Por coincidencia o casualidad aquel niño, escuchó ladrar, y se dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Perros, perros son! Y corrió avecinándose a una choza, donde en una hamaca más muerta que viva estaba un anciano de cejas pobladas, cabello que parecía el polo norte, tan nevado que podía construirse muñecos de nieve aquel niño. Quien por su mal olor, los perros no le ladraban por el contrario le lamían las heridas. 
&lt;br /&gt;El niño recogió una vara más despatarrada que la lluvia en primavera. Le puyaba las costillas queriendo despertar a aquel anciano. El viejo se dio vuelta y miró al pequeño que portaba aquella vara para defenderse por si resultaba engreído o un caníbal. 
&lt;br /&gt;– ¿Qué te pasa muchacho?–Restregándose los ojos y bostezando perezosamente, preguntó el viejo– 
&lt;br /&gt;–Señur mi amigo está en la barranca, quiro su ayuda.
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;El anciano notó que el niño no era de por allí, luego que analizó que la primer aldea estaba muy lejos de allí. 
&lt;br /&gt;Enseguida buscó los lazos y montó una carreta arrastrada por un par de bueyes y se dispuso a auxiliar a la supuesta víctima, quien no sabía si era una emboscada o algo por el estilo. Pero la generosidad de aquel anciano era más grande que cualquier otra cosa que podía pensar.
&lt;br /&gt;Llegando al lugar miró hacia abajo un hombre que colgaba de una rama con los pies temblorosos y con la rama del pequeñito árbol que por nada se desenraizaba de su lugar. 
&lt;br /&gt;Inmediatamente el anciano le hizo nudos a diferentes lazos y le amarró un tubo de hierro en uno de los extremos y el otro lo prenso con una grapa afianzándola a un árbol fuerte que por sus conocimientos podría resistir. 
&lt;br /&gt;Arrojó el lazo, y apenas pudieron sostenerlo los dedos de aquel valiente que no pensó tener la ayuda de un ser mucho mayor que él. 
&lt;br /&gt;El niño y el anciano tiraban pero no suspendían nada, mientras aquel tropel de cien o doscientos caballos se aproximaba más y más. 
&lt;br /&gt;El niño martilló una grapa de la carreta y añadió un lazo extra por el otro lado del árbol y lo cortó con un machete, dejando caer a Ricardo. Le dio un latigazo a los bueyes quienes entendieron la orden y caminaron subiendo de arrastra por todo el paredón a Ricardo, hasta verlo retorcerse en el césped verdoso de ese sitio. En lo que voltio a ver, sintió que temblaba la tierra bajo sus pies, y explotó aquel agujero por el que habían salido y voló aquella infinidad de rocas y divisaron una serpiente jamás vista por los ojos marchitos de aquel anciano. 
&lt;br /&gt;El anciano dijo con voz tranquila, parecía que no estaba tan alterado como los dos aventureros. 
&lt;br /&gt;–Esa venía a devorarte. Olfateo que había comida a la salida del túnel y quiso seguirla. Lo malo que esas bestias no son tan buenas para frenar. Imagina a donde fue a perder su vida. –Continúo el anciano con su voz tendida por la seriedad y el pesar– 
&lt;br /&gt;Por eso el ser humano debe comportarse y no ser como esos animales que sólo persiguen su comida, sin pensar en las consecuencias. El anciano se quedó en silencio y agregó con un comparativo pesado. –Es como que ustedes sólo vivan por vivir. No hijos, si ustedes vinieron a esta tierra fue con un propósito de alguien mayor y que le debemos respeto.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo se sentó, y se dejó caer al césped, estaba más muerto que vivo. Al abrir los ojos estaba adentro de una casa, en una cama, y se dijo: 
&lt;br /&gt;–Que bien, y no hizo más que  quejarse del dolor, mientras era atendido por una anciana que le llevó sus alimentos. Luego subió la cortina y miró a través de aquella ventana al niño que jugaba con aquellos caninos.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;¡Ricardo! ¿Quién decía que se iba a convertir en un guerrero? si apenas miraba las batallas por televisión, pero era él… por supuesto que era él. El que le llevó chocolates y flores a Susana cuando tuvo aquel sueño espantoso. Pero hoy nadie sabía nada, mucho menos que era un guerrero y que estaba con un niño, que ni por cerca soñó conocer. Pero como el mundo es tan pequeño para cosas más grandes que puedan existir. Este valiente fue el guerrero, y quisiera realmente saber que va a pasar con él, porque le corresponde hacer más de lo que ha hecho.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;EL ÚLTIMO PAGO
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;La brisa se desvanecía en aquella mañana turbulenta de lluvia. Se escuchaban los pasos asesinar los charcos de aquel lugar escurridizo,  mientras la neblina blanca desaparecía con la claridad al ser perforada por aquella llovizna que tornaba el día en pañuelos bordados para secar el llanto del dolor.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Un anciano subía la pendiente, casi resbalándose. Siendo azotado por aquella fina lluvia que le empaña la vista a cada momento. Secándosela con una mano y con la otra protegiendo su estuche. Pero él flotaba sobre la montura esponjada de aquel cuadrúpedo de pelaje retinto. Secaba sus ojos pañosos por la lluvia con la misma mano que lleva las riendas de aquel animal que trotaba en su caminar. Su sombrero medio incomodo, casi caído por el frente para proteger un poco su rostro, pero continuaba su marcha infinita. Observó cerro arriba, mientras contemplaba el kilometraje que le faltaba, y decidió parar, y, en sus ojos oscuros refleja el reloj. 
&lt;br /&gt;Metió mano a su caballo y siguió su lucha por llegar a la meta. Cansadamente aquel animal dejaba escuchar su tropel, mientras se resbalan arenillas que podían producir un derrumbe, pero él no hacía caso de eso. 
&lt;br /&gt;Al llegar a la cima sólo miró la huella de un árbol que dejó su tronco allí. Vio un reproductor y lo encendió… 
&lt;br /&gt;–Deja el dinero sobre el tronco, te estamos vigilando por si vienes acompañado. No te preocupes, tú sólo deja el dinero, porque te estamos observando y estás encañonado por mis francotiradores, así que no inventes. 
&lt;br /&gt;Otra cosa, tu hija está muy bien. Te manda saludes y dice que te quiere mucho. ¡Hasta luego mi querido socio! —Fue lo último para cerrar las indicaciones.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;A don Jacinto no le quedó más que dejar allí el dinero, recogió la grabación y se marchó camino a bajo. 
&lt;br /&gt;Con furia y resentimiento, bajó como rayo en su caballo.  Había estado en la cima del valle de la muerte, pero su compromiso sólo era dejar el dinero. Descansó cuando descendió; giró su mirada para todos lados y sólo divisó soledad y más soledad. Sin pronunciar ninguna palabra, ni un pensamiento. 
&lt;br /&gt;Salió como flecha disparada de regreso  a la ciudad. &lt;Más empapado de agua no podía andar&gt; pero aprovechó la lluvia para llorar como nunca sin que nadie se diera cuenta de su cobardía.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Avanzó sobre sus zapatos devorados por el viaje y continuó hasta la última luz, al final de la calle. Allí estaba doña María esperando preocupadamente a su amado. Este abrió el refrigerador y sacó una botella y se sentó a la mesa a servirse copa tras copa, hasta sentirse embriagado.
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;Desde el día en que se produjo la desaparición de su hija, ha sido un calvario abrazador para ambos. Consolándose uno con otro. 
&lt;br /&gt;Don Manuel dijo: –No te preocupes mujer, sólo los que no sufren en la vida no saben el sabor amargo de su hiel. Nosotros no la habíamos probado, pero hoy que la conocemos diera toda mi fortuna para que se volviera dulce como antes. 
&lt;br /&gt;Así se quedaron ambos, uno recostado sobre el otro, pero disfrutaban de la pesadilla infernal como si fueran una sola carne. Soñaban tantas cosas, pero seguían plácidamente dormidos.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;DE REGRESO AL IMPERIO
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El viento resollaba suave, y un suspiro tendido se dejó ir por todo el sendero, resbalándose por los humedecidos arboles de la mañana. Las aves gorjeaban y entonaban su concierto, pero con una melodía pálida, como si fuera una mortaja exhibida por una mujer con vida. El cielo lloró unas lágrimas finas. Ya presentía la tragedia negra que se avecinaba entre aquellos hombres. 
&lt;br /&gt;¿Qué culpa tiene la muerte cuando se los entregan en las manos? No tiene que hacer más que cargarlos en sus hombros y tomar nota de ellos para que su tendencia graficada siga creciendo cada día. Hay días que le va tan mal a la muerte, que se acongoja de hombros y quiere cerrar sus pupilas. Pero al darse cuenta que no tiene, se le sube un nudo en la garganta y continúa su trabajo sin perder un segundo. Esto sucede cuando le asesinan el ayudante. Aquel que tienen el alma de hielo y que no piensan dos veces para dejarle tirados un buen número de hombres para que la muerte los pase recogiendo. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Canguram se preparó, y salió corriendo sobre las sábanas pedregosas de aquella montaña. Lo seguía su corazón de guerrero. Pero para su desgracia se dejó ir en un pozo de arenas movedizas que lo devoraban poco a poco. Estaba decepcionado de sí mismo, porque ni siquiera había ido a buscar a sus contrincantes y ya había sido derrotado. Quería salir pero entre más se movía más se adentraba. 
&lt;br /&gt;Ya estaba presentando burbujas el sitió donde se había perdido aquel pequeño, cuando llegó el anciano, Ricardo y los caninos a auxiliarlo. A Ricardo le tocó zambullirse para alcanzarle las manos, que aún las mantenía arriba. El anciano con un gran esfuerzo tiraba de un lazo. &lt;Porque eso tenía&gt; Nunca le faltaba el puñal, la escopeta, un rollo de lazo y la linterna escondida en su bolsa de atrás, mucho menos aquel par de caninos que lo defendían a costa cabal. 
&lt;br /&gt;Así pudieron rescatarlo y devolverle el sentido a aquel desdichado pequeño. Después todo arenoso y apestoso lo convencieron a que se quedara. Con el convenio que aquel anciano le enseñaría las técnicas para vengar su tribu, y rescatar a su hermana.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Renegando por su negligencia se zambulló al rio, para limpiar un poco su lodo. Ricardo lo molestaba, mientras el anciano se reía de aquel par de peregrinos, jugando en su reino. Porque el anciano era dueño de todo lo que podían alcanzar sus ojos hacia los horizontes de aquellas vegas infinitas. 
&lt;br /&gt;A causa de la diversión que pasaron en el río la frustración de aquel niño había desaparecido, y recostando su cabeza sobre aquella alfombra verde que la naturaleza le había prestado, se dispuso a observar el cielo y a pensar en su regreso a tierra de los suyos. Esa tarde regresaron a casa contentos, comieron y bebieron todo lo que pudieron. 
&lt;br /&gt;Al anochecer. El pequeño, que me imagino producto de aquel apestoso fango en el que había naufragado en la mañana. Le provino una fiebre irresistible. Sentía le descalabraban los huesos pequeños por su infancia. El pequeño no lloraba, sólo arrugaba la cara, mientras se retorcía en la cama. Estaba empapado de sudor, mucho más que cuando corrieron por salvar sus vidas. 
&lt;br /&gt;El anciano decía que era la famosa fiebre pantanosa, y que a todos los que salían vivos de un pantano de esos, morían a causa de esa fiebre. Comenzó a contar la leyenda, para ver si alguno de los tantos se había recuperado de esa fiebre, pero uno tras otro se iban a la tumba. 
&lt;br /&gt;Ricardo preocupado no sabía si seguir escuchando al anciano o salir a buscar remedio a la farmacia que le prestaba la montaña desierta. 
&lt;br /&gt;Escuchó algo interesante. –Y así aquel hombre se repuso con hojas de ruda, hojas de mostaza y un poco de licor. 
&lt;br /&gt;No esperó indicaciones y se abalanzó contra la puerta y salió apresuradamente a buscar esas hierbas que, gracias a su aventura a orillas del Ojo del Alacrán conoció. 
&lt;br /&gt;El anciano un poco desesperado dijo: 
&lt;br /&gt;–Que muchacho, ¡este no esperó ni indicaciones! que mala educación. –Y se mordía los labios– 
&lt;br /&gt;La anciana lo frotaba con paños húmedos para que le bajara aquella temperatura incesante. Pero aquel niño se le figuraban demonios, porque gritaba como si se lo llevaran para algún lugar involuntariamente. En verdad daba pesar ver al pequeño, agonizando en aquella cama que lo atrapaba entre sus sábanas.
&lt;br /&gt;Ya estaban preocupados los ancianos cuando apareció  Ricardo con bastantes hierbas. Entre ellas la dichosa mostaza, hojas blancas, ciguapate, apasote, y unas ramitas de ruda. 
&lt;br /&gt;La anciana cogió aquello y lo machacó, hasta hacer una sola melcocha. Agregándole dos huevos de pato, y cierta cantidad de alcohol. Lo amarró con un pañuelo, haciendo tres paquetes rellenos de aquella medicina de monte. Dos se las colocó en la planta de los pies, y la otra le sirvió como almohada porque se la colocó en el cerebro. Al instante aquel niño se derretía en agua. 
&lt;br /&gt;Ricardo desesperado no sabía qué hacer. 
&lt;br /&gt;– ¿Pero qué es lo que le pasa a mi compañero? 
&lt;br /&gt;Nadie le contestó aquella pregunta vaga, y después de unos minutos le dijeron: 
&lt;br /&gt;– ¡Calma, ya va estar mejor! 
&lt;br /&gt;Empapó la cama de sudor el paciente, y poco a poco se iba refrescando. 
&lt;br /&gt;Al amanecer, después de aquella noche de vela para los tres seres que lo acompañaban, el niño sonrió y dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Quiero agua!, ¡quiero agua!  
&lt;br /&gt;Todos sonrieron y le concedieron ese deseo. Ricardo sólo dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Gracias a Dios que mi compañero se recuperó! 
&lt;br /&gt;La anciana dijo con admiración: – ¡Vaya! que efectivo es ese remedio, creo que lo voy a practicar más seguido. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Descansaron todo ese día y al despuntar el sol de la mañana siguiente salieron de cacería, para comenzar con el entrenamiento. Ricardo disparaba el arco, cada vez que miraba una presa, y mientras el joven volvía a montar una flecha. El anciano interrumpió con su mano robusta, y le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Calma muchacho! ¡No te precipites! no ves que si no te controlas nos vamos a quedar sin armas. –Repuso el anciano– Si no estás seguro que esa presa es tuya mejor déjala ir, otros cazadores estarán esperando por ella. Tú sigue la cacería, cuando crees que la presa te pertenece. Toma lentamente tu flecha de la aljaba, sin prisa colócala a tu arco y, despacio dale cuerda sin dejar de mirar la punta de la flecha y el blanco que esta vez es tu presa. Cuando ya la tengas lista para que alcance la velocidad requerida, entonces suelta tu mano con la que sostienes la flecha y deja que salga. Entonces no mirarás más que a tu blanco retorciéndose frente a los ojos.
&lt;br /&gt;El niño con gran atención observaba aquel anciano, mientras le estaba dando la lección al guerrero. Este dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Gracias por enseñarme tu inteligencia!  Aprenderé mucho de ello. 
&lt;br /&gt;Hizo lo que el abuelo le dijo, y no volvió a desperdiciar tan siquiera una palabra en vano. Mientras el niño por cada flecha, era una presa. Había aprendido la lección del viejo. 
&lt;br /&gt;Así se fueron haciendo varios entrenamientos. Allí comían y bebían porque no habían regresado a la casa, aquellos tres hombres valientes. Que junto a sus caninos caminaban buscando presas y desarrollado las estrategias para salvarse así mismo, y poder tener la habilidad de derrotar a aquellos malogrados hombres. Habían perdido la batalla, pero no la guerra. Por lo que estaban dispuestos a volver y terminar con aquello que un día iniciaron.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Cada vez que dormían, lo hacían dentro de un círculo de fuego, para evitar ser presas fáciles para los depredadores. Uno de ellos se quedaba vigilando mientras los otros dormían.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El anciano era cojo, razón por la cual siempre usaba un bordón. Pero esto no le impedía nada. Sus técnicas eran tan hábiles que a veces no se le notaba que cojeaba. Para mitigar su sed, llevaba el puñal en la mano derecha, para poder romper bejucos que transportaban agua pura de lo profundo de la tierra para mantener vivas las hojas en la cima. Y para alimentarse el niño llevaba de arrastras todos los animales que iban matando, y los que ya no les eran útiles los iba dejando en el camino. 
&lt;br /&gt;Los perseguían fieras indomables. Varias veces habían escuchado el acecho, pero con el rugido feroz de Ricaryat, salían azoradas de regreso. 
&lt;br /&gt;Los chimpancés se festejaban en las ramas tras ellos. Llegaron a un río tan cristalino que parecía espejo y daba la sensación de poder caminar sobre él, pero el anciano era astuto. Los años le habían enseñado mucho. Ya que antes de abalanzarse al agua, tiró algunas de sus presas y sólo cayeron estas y fueron absorbidas, saltando los huesos al otro extremo del río. El anciano sonrió mientras el niño y el guerrero con los ojos inmensamente grandes, le preguntaban qué era lo que había sucedido. El viejo contestó: 
&lt;br /&gt;–Este río está lleno de pirañas, a si que tengan mucho cuidado. 
&lt;br /&gt;Caminaron rio arriba y vieron un árbol que casi se desprendía de sus raíces, todos corrieron y saltaron y lo empujaron hasta que lo derribaron. Uno de ellos fanfarroneó a son de broma. 
&lt;br /&gt;–“No estaba caído, pero lo hicimos leña”
&lt;br /&gt; Aquel árbol atravesó el rio por donde pasaron tranquilamente, seguidos de sus compañeros fieles. Siguieron la ruta de la puesta del sol, que aunque fuera diminuta, conducía a donde querían llegar. 
&lt;br /&gt;Mientras caminaban. Planeaban la sorpresa que les darían a los enemigos, porque el fuego de la venganza lo llevaban incrustado en la sangre. 
&lt;br /&gt;El niño quiso correr para ser el primero, pero el viejo era astuto, y rápidamente tomó el lazo y lo lanzó atrapando aquel niño como si fuera un becerro huraño. Lo remolcó hasta los pies de él, y le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Mira mocoso! si quieres vengarte y rescatar a tu hermana debes hacer lo que yo diga. Lo mismo tú Ricardo –Le dijo, mientras le lanzaba una mirada autoritaria– 
&lt;br /&gt;El viejo se había convertido en el jefe, por su gran conocimiento sobre aquel lugar &lt;Me imagino que por viejo, no por otra cosa&gt; Con la llegada de la noche se aproximaron más y más hasta poderlos olfatear con sus propias narices. Entonces se dijo el viejo: 
&lt;br /&gt;– ¡Vamos a seguir instrucciones! necesito entierren esto… por todo el alrededor de esta tribu, al fin ya no hay nadie de ustedes aquí. Sólo gente que se aprovechó de sus debilidades. 
&lt;br /&gt;Aquellos dos humildes muchachos siguieron la instrucción del viejo, quien les dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Este blanco si es de ustedes, devórenlo! 
&lt;br /&gt;Al amanecer ya habían sembrado todas aquellas bolsitas extrañas, y se refugiaron en los arbustos para descansar. El anciano había trabajado toda la noche, haciendo su pista secreta, porque de allí era donde iba a manejar todo el proyecto explosivo. 
&lt;br /&gt;Los tres descansaron. Luego siguieron comiendo lo último de las presas que los acompañaban. La noche se hacía más espesa y esperaron pacientemente bajo el silencio de la oscuridad, y empunto de las  12:00 am. Tras las sombras vagas de la penumbra. 
&lt;br /&gt;Todos estaban dormidos en aquel lugar maldito por Ricardo, donde había estado prisionero, y por nada fue sacrificio de aquellos dioses ajenos.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Un reloj medio arqueológico daba la señal que era tiempo de ver las luces de véngala. Como fiesta en navidad o una feria patronal de alguna aldea. 
&lt;br /&gt;Los tres estaban atentos, nadie bosticaba palabra, se veían a los ojos como esperando el último momento que mirarían vivir esa tribu maligna. 
&lt;br /&gt;El viejo bajó despacio la fricción de aquel control remoto, lo mismo hacía el niño al otro extremo, y repetía lo mismo Ricardo del otro lado. Una vez terminando, un silencio lúgubre se refugió en aquella ciudad, quizás por cinco segundos. 
&lt;br /&gt;Porque luego se miró bonito aquel espectáculo. Al mismo tiempo explotaron  todas las bolsitas extrañas que habían sembrado, y de inmediato se levantaron las llamarada que tiraban lengüetazos ciudad a dentro y una furia ardiente que volvía cenizas todo lo que se le atravesaba por adelante. 
&lt;br /&gt;Los pobladores en cuestión de segundos dijeron: 
&lt;br /&gt;– ¡Nos echaron bola! ¡Hay que responder! –En ese lenguaje que el anciano no entendió– Pero no les quedó tiempo para agarrar cada quien sus armas de pelea, porque aquel monstruo  de fuego se abalanzó sobre los soldados, sobre los ancianos, sobre las mujeres, sobre los jóvenes. Que pesar de los niños. Aquel infierno en vida los azotaba sin ser culpables, pero eran víctimas de la venganza.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Se escuchaban gritos de lamento, gritos de perdón, gritos pidiendo misericordia, y murmullos de rezos de las plegarias que alzaban al dios del fuego, al dios de la lluvia.
&lt;br /&gt; Poco a poco se fue apagando aquel crujir de dientes, porque los religiosos del pueblo decían que el fin del mundo había llegado y que el dios “Alcatrán”, estaba redimiendo a su pueblo santo, según la orden del dios “Nabirandum” Fue triste ver aquellas personas desaparecer tras las partículas del carbón. Parecía de día, la noche. Porque aquella luminosidad se apoderaba, venciendo la oscuridad.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El anciano, Ricardo y el niño, sólo observaban como se trituraban sus rivales. Aunque era la única forma de vencerlos, se sentían cobardes quizás, y en sus corazones les corría ese sentimiento de hermandad. Pero fueron crueles, el hielo del corazón pudo más, hasta ver vencido al Pueblo de los Kalachost. Porque la venganza es dulce para los vengadores.
&lt;br /&gt;Al amanecer el fuego seguía ardiendo, pero sólo levantaba cenizas de aquellas casuchas de madera. 
&lt;br /&gt;El fuego se consumió. 
&lt;br /&gt;El niño pisó cenizas y las recogió y soplándolas dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Padres, hermanos, amigos, este es el triunfo de la venganza!, y una lágrima se le derramó al pequeño valiente.
&lt;br /&gt;Ricaryat siempre estuvo enfrente de todo. Defendiendo aquella tierra de Indipandú, como que si le perteneciera, pero aquel cariño que les había tomado era quien le daba la voluntad de ofrendar la vida por defender a esa gente.
&lt;br /&gt;Habían pasado tres meses desde que Canguram y Ricaryat habían abandonado la tribu. Hoy regresaban a paso lento en compañía con el anciano, quien de un sólo sorbo escurría la cantimplora llena de agua, que habían recogido de los bejucos humedecidos. 
&lt;br /&gt;Llegaron, y vieron aún destruida la ciudad, pero salió Milessy, y una niña como de unos 12 años, corriendo, con unas muecas de terror. Seguro temía a los peregrinos que llegaban a la ciudad perdida. Pero la joven de cabello ondulado reconoció al pequeño y por su puesto al gran amor de su alma y corrió con lágrimas en los ojos al encuentro inesperado. 
&lt;br /&gt;Ricardo la tomó entre sus brazos y se la llevó abrazada hasta la única casa que había quedado en la zona. Bebieron, comieron y contaron sus patrañas y sus faenas para su venganza.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Esa noche el deseo despertaba ante tales jóvenes, y se retorcían los sentimientos, cada quien en su ser. 
&lt;br /&gt;El anciano tomó su siesta. La niña se recostó y Canguram salió a cazar al monte. 
&lt;br /&gt;Ricaryat y Milessy se devoraron entre besos, reencuentros furtivos y jadeos inmensurables.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Al amanecer tomaron la decisión de que el pequeño que llegaba con las presas en las manos, sería el patriarca de esa ciudad. Porque Milessy no quería dejar su Tribu. Tampoco aquella niña de ojos redondos y negros, que decía: No, no y no. 
&lt;br /&gt;Canguram aceptó el cargo con una condición, y la puso bien clara y todos accedieron. Mientras quedaba como rey en el imperio. Ricardo y el anciano montaron sus corceles y se alejaron de la ciudad perdida, así la bautizaron aquellos valientes. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;La Ciudad Olvidada, empezó a poblarse de nuevo. Muchas personas se habían refugiado en las montañas y al darse cuenta que los Kalachost habían sido destruidos, comenzaron a bajar y a reunirse de nuevo en las ruinas de Indipandú, o la Ciudad Olvidada, como la habían nombrado los que la acababan de dejar atrás.
&lt;br /&gt;Ricardo ya venía consciente de lo que seguiría porque la memoria ya la había recobrado. Sabía quién era Susana. Aquella joven con la cual soñó la primera noche que se quedó en la tribu.  
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Se perdieron los dos héroes en la infinidad de aquella verde vereda perfumada porque floreaban las rosas.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Mientras cabalgaban de regreso, llegaron a casa del anciano, Ricardo allí descansó la noche, y al amanecer salió con la aurora. Tenía que encontrar lo que un día salió a buscar y que apareció atado a una inmensa bala de cañón. Sus ojos se regocijaban. Se sentía el Ricardo de ciudad, y no aquel poderoso león rugiente en la selva. Pensaba en Susana como su blanco perfecto, y así continuó hasta terminársele la claridad del día. 
&lt;br /&gt;Miraba las nubes pasar y el resplandor opaco de la luna, pero su caminata de jinete continuaba. Bajó por las escalinatas de piedra y por los sembradillos silvestres. Tomó agua del rio, descansó un poco y siguió su marcha. 
&lt;br /&gt;De esta manera la aventura de aquel guerrero se había terminado. Sólo amor, serenidad y paz germinaban en su corazón, sin saber que al llegar a su destino su historia tendría un cambio catastrófico. Cerró sus ojos recostándose en las raíces de un cedro y allí esperó el nuevo amanecer.  
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;MUERTE A SANGRE FRIA
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Un asesino entrega cien mil personas a la muerte sin importar los géneros. Quedando a deber cien mil vidas que sólo le tocará pagar con una. “Con la de él mismo”. Porque la vida a veces es tan injusta que cuando viene la venganza sólo pensamos en quitarle la vida al que, nos aniquiló los seres queridos.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El bullicio atropellaba las paredes del edificio y se mezclaba con la infinidad de voces de la ciudad, pero un disparo fue quien trajo un silencio al lugar.  
&lt;br /&gt;Esa noche tomaban sin parar y armaban sus propios juegos. Estaban celebrándole medio siglo de vida al patrón. Los pobres inútiles estaban felices con aquella fiesta privada. Porque sólo piensan en hacer maldades para sobrevivir. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Todos ebrios gritaban – ¡Viva el Jefe! Si no fuera por su capacidad de mando y de dirección no estaríamos tan felices como estamos. –Gritó uno, con el rostro mutilado por su vergüenza– Pero todos le aplaudieron y dijeron sus elogios al jefe.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;– ¡Cincuenta años es media vida! –Dijo uno, recitando un poema– Donde ha tenido un proceso inexplicable, que sólo un ser supremo puede resistir esa transformación; porque la metamorfosis es muy dolorosa. Pero vean las mariposas como vuelan, pero antes fueron gusanos que se arrastraron. Si no vean las mariposas como gozan de la fragancia de las flores, pero antes comieron hojas amargas, o sin ningún sabor. – ¡Que Dios bendiga la vida de este hombre ejemplar que ha sabido contemplar la sonrisa ajena en su rostro, y le ha dado tanta vida a muchas personas que antes no tenían pan en sus casas! 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Don Espinal mientras se acariciaba la barbilla, sonreía al ver aquellos regalos que le pasaban por sus ojos. Se reía, porque sabía que no había necesidad de aquellos holocaustos. Pero agradecía la buena intención de sus compañeros de trabajo. 
&lt;br /&gt;Y dijo: – ¡Diviértanse! que mi fiesta es su fiesta. Tomen lo que quieran… Mujeres, droga y cervezas, al final su trabajo lo amerita. Así que siga la fiesta. Dio la espalda acompañado de dos lindas muchachas que le alegrarían el ambiente festivo de sus cincuenta.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Como a las tres de la mañana un grupo de sicarios llegaron hasta la casa donde tenían su más preciado tesoro. Porque era el golpe más poderoso que habían dado en los últimos tiempos. Casi despiertan al guardia, pero este reaccionó antes de que bajaran de los caballos. Llevaban alforjas llenas de cervezas, drogas, comida y otras cosas para seguir celebrando hasta el amanecer. 
&lt;br /&gt;Preguntaron por Susana. La luz estaba apagada y la puerta trasera estaba abierta, entraron como sospechando algo. 
&lt;br /&gt;– ¡Maldita sea! ¡Se ha escapado! ¡Búsquenla! Que ni se vaya a dar cuenta el mayor porque seguro nos hace pedazos. ¡Encuéntrenla antes de que venga el jefe! Y tú guardia marica ¿para qué sirves? –Continuaba diciendo aquel hombre que se le veía el coraje en el rostro. 
&lt;br /&gt;– ¡Yo le aseguro que acabo de revisar y no habían escapado! pero seguro me estaban vigiando la vuelta para hacerlo. –Contestó el guardia–
&lt;br /&gt;– ¡A ver date vuelta! –Fue la orden que recibió el guardia– Aquel hombre colérico sacó su pistola disparándole en el cráneo al pobre guardia, y le dijo: –Para que aprendas a trabajar– 
&lt;br /&gt;– ¿Cómo quieres que aprenda si ya te lo echaste al plato? –Respondió el Moro, riendo a poco silencio– 
&lt;br /&gt;Balvino, remedió el error y dijo: –No podía hacer más, así que vamos nosotros también.  
&lt;br /&gt;Apenas montó al caballo y escuchó una voz que le dijo: 
&lt;br /&gt;–Detente Balvino ¿Qué haces? ¿Qué paso? 
&lt;br /&gt;Giró la cabeza el jinete y dijo: – ¡Escaparon jefe! ¡Esas malditas mujeres escaparon! 
&lt;br /&gt;– ¿Y el guardia, que pasó con él? 
&lt;br /&gt;–Descuido puro descuido, pero ya pagó por eso.
&lt;br /&gt;–Que bien, te felicito Balvino –Agregó aquel señor borracho que se abrazaba de las dos jóvenes para no caerse– Ahora ve y encuéntralas quiero viva a la chica. –Maldita sea dijo con su voz ebria– Disparó a las patas del caballo, sin puntería para que desbarajustara con Balvino en su lomo.
&lt;br /&gt;El Pana había llegado minutos después. Era primera vez que iba a visitar a Susana. Pero no se imaginaba lo que estaba sucediendo, ya que Susana y la que la cuidaba se habían escapado.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Balvino tenía la cabellera blanca y con su barba cerrada, reflejaba un vaquero profesional. Tenía la mirada inquieta. Llevaba su revólver en la mano y un lazo en el hombro. Su sombrero casi caído, de cuero fino. Le daba un toque luciente, mientras trotaba haciendo flotar su cabellera como nubes pintadas de color blanco. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El Moro tenía una cicatriz al lado izquierdo de su rostro, que le combinaba con su larga melena y la luna daba sus destellos como relámpagos en aquel retinto pelo negro. Este siempre usaba camisas negras de cuero, botas y un arete en forma de cruz. La leyenda del arete es otra historia muy misteriosa, siempre ha buscado y jamás ha encontrado a su hermano gemelo. Tiene muchas agallas y un potencial bárbaro. Son grandes compañeros de matanza con Balvino. Su verdadero nombre es Juan José de la Cruz.  Alias “El Moro”. 
&lt;br /&gt;Los dos se fueron clavando las espuelas en un ritmo repugnante y violento. Seguidos iban cinco minuciosos guardias que llevan el corazón en un hilo, dispuestos a entregarlo si era preciso y necesario.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El ruido de los montadores cada minuto se hacía más intenso. Y Susana se dio cuenta que las iban siguiendo, y dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Nana, venga por aquí! ¡Déjenlos, que pasen! –Vamos a seguir este otro camino que lleva rio abajo. 
&lt;br /&gt;Caminaron alejándose de los malogrados hombres y llegaron a una montaña pedregosa, lo cual no se les  hizo nada fácil encontrar el rio. Susana cansada se recostó y se dejó ver una medalla que lucía perfectamente en su pecho, con aquellos rayos matutinos que adornaban el panorama, con su vivo color verde. 
&lt;br /&gt;– ¿Y eso mi hija? ¿Qué recuerdo te trae? siempre veo que te quedas observándola y luego la escondes en tu pecho como si fuera algo muy valioso para ti. –Preguntó Conchita– esperando que la joven le contestara. 
&lt;br /&gt;– ¡Si, Nana! esta me la regaló el ser que más amo en este planeta. Debe recordarme siempre y no sé qué fin ha tenido, pero lo quiero volver a ver. Le juro que lo extraño y no lo puedo olvidar por nada. Lo traigo aquí adentro. –Decía la joven soñadora, mientras se tocaba el lado izquierdo de su pecho. 
&lt;br /&gt;– ¡Pero cuénteme! ¿Por qué estamos escapando? ¿Y por qué nos están persiguiendo violentamente? –Interrogó aquella bellísima joven–
&lt;br /&gt;Conchita medio se sonrió y entristeció a la vez y dijo: 
&lt;br /&gt;–Ellos no son tus amigos hijita. Ellos te están utilizando para sacarle dinero a tu padre. Yo he trabajado para ellos siempre; pero hoy los he traicionado. –Continuaba Conchita con la cabeza agachada– Me he dado cuenta, que tú vales mucho más. Y el cariño que te he tomado a ti, no creas que es poco. Todo este tiempo te han tenido secuestrada y han estado cobrando tu rescate. Dinero del cual está sobreviviendo esa banda. Y si nos encuentran segurito que me asesinan mi-jita. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Susana quedó turbada, y quiso hacer un esfuerzo por hablar, pero su mente no le explicaba lo que sucedía, después que rompió el silencio, preguntó: 
&lt;br /&gt;– ¿Pero si tú eres uno de ellos, porque me estás ayudando? ¡No entiendo! ¡No es que me llevas a una emboscada o algo por el estilo! 
&lt;br /&gt;– ¡No hijita! debes confiar en mí. Hace muchos años yo fui madre, pero no tuve los suficientes recursos económicos para mantener a mi hija. Así que los patrones me la terminaron quitando, y yo poco a poco me fui viendo involucrada en estos crímenes para subsistir, de lo cual estoy muy arrepentida. –Continuaba la señora– Y, hasta hoy comprendo que mi hija me pudo haber necesitado alguna vez y yo no estuve allí para poder ayudarla. Desde entonces no he vuelto a tener un hijo, aunque soy capaz, pero siempre me duele recordar que mi hija puede estar en alguna parte y no poder verla siquiera. Eso me destroza el alma.
&lt;br /&gt;Aquella señora se sentía aniquilada por su propia conciencia. No lograba perfeccionar sus ojos sin que sus ojos se le hundieran en llanto.
&lt;br /&gt;–Diera mi vida por ella. Recuerdo  la última vez que la vi, como si fuera ayer. Ella jugaba a las muñecas en el jardín, empezaba a dar sus primeros pasos, me sonrió y me echó los brazos y recuerdo que dijo: – ¡AMA! Y a sus espaldas miré las flores de un rosal expandirse por todo mi corazón de madre. Pero a tiempo salió el señor de la casa y me la arrebató y me dijo que no volviera a cruzarme por allí. Salí llorando como una cobarde, porque actuaron en contra de mi voluntad y me privaron verla hasta tal grado que desaparecí de la ciudad. –No te interesa mi historia lo sé, pero debes de saberla. –Le decía aquella señora a la joven que por nada se soltaba en llanto. Aquellas palabras de Conchita habían perforado su noble corazón. 
&lt;br /&gt;–Conchita continúo con su pequeño relato. –Fue así como conocí a esta banda tan peligrosa, que ha tenido un buen número de víctimas. –Conchita lloraba, se le podían ver a simple vista las lágrimas reprimidas en su alma. Susana trató de secarle las lágrimas con un beso piadoso, y le susurró al oído: 
&lt;br /&gt;– ¡Ella ya la ha perdonado! Quizás nunca se de cuenta quien fue su verdadera madre, pero ella es feliz, porque usted le dio vida. &lt;Continuaba Susana lenitivamente&gt; 
&lt;br /&gt;–Mi papá nunca se sentó conmigo para hablar de mi niñez, mi madre siempre ha sido bien reservada, pero los quiero mucho, y viera cuanto los extraño, estoy segura que un día los volveré a ver: 
&lt;br /&gt;– ¡Sabe! –Continuaba la joven– yo, no siento rencor porque me haya tenido encerrada tanto tiempo. Reconozco que es su trabajo y no se preocupe, al contrario le agradezco que me este ayudando a salir de este infierno. 
&lt;br /&gt;Susana la abrazó fuerte, y sintió Conchita como que si fuera su hija la que le diera ese abrazo apretado. En ese instante se hicieron más amigas de lo que ya habían sido antes. 
&lt;br /&gt;La señora arriesgando su vida por alguien que no conocía, sólo porque sentía cariño por ella. Sacrificó su trabajo, y quien sabe que más, porque estas bandas no perdonan cuando alguien es capaz de traicionarlos. Pero como dicen que cuando hay amor, hay todo. Esta vez no era la excepción. 
&lt;br /&gt;Las dos siguieron caminando y llegaron al rio buscado. Caminaron mucho hacia abajo, y veían las maravillas de la naturaleza; jamás vistos por esos ojos preciosos. Susana se sentía libre cazando mariposas y llenándole de flores las manos a Conchita, como una hija con su  madre o una madre actuando con su hija. 
&lt;br /&gt;Se cansaron del camino y reposaron. Luego comieron y bebieron los frutos y agua que habían recogido en el viaje. 
&lt;br /&gt;La noche cayó y durmieron abrazadas para protegerse entre sí o para mitigar el frío implacable de la noche.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Despertaron con el gorjeo de las aves y la música verde de los árboles. Susana sentía una sensación diferente después de haber estado encerrada tanto tiempo, hoy se sentía libre como las mariposas. 
&lt;br /&gt;Siguieron su camino y de repente… 
&lt;br /&gt;– ¡Dios mío, que hemos hecho! –Exclamó la señora– 
&lt;br /&gt;Susana todavía confusa dijo: 
&lt;br /&gt;– ¿Qué pasa nana? 
&lt;br /&gt;– ¡Hay hijita perdóname! pero hemos caído en la boca del león. Mira al nuestro alrededor, no hay escapatoria. 
&lt;br /&gt;	En efecto, no había escapatoria y las dos mujeres se cruzaron miradas de interrogación.
&lt;br /&gt;– ¡Deténganse! –Gritó una voz robusta–  No se muevan, fue la orden inmediata, y apareció Balvino con el revólver en su mano y más atrás salió el Moro con una escopeta tendida. 
&lt;br /&gt;– ¿Para dónde piensan que van? –Sonriendo dijo el Moro– ¡vámonos! Y tomaron una a una de las manos y las arrastraron por el camino de regreso, porque las damas no tenían la voluntad de regresar. 
&lt;br /&gt;–Esta vieja es la que nos ha quitado la diversión, debe pagar por eso. 
&lt;br /&gt;– ¡No le hagan daño! –Exclamó Susana, desde su nerviosismo– Mientras que a Conchita la boca le sabía a sangre. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Así de arrastras, a ratos por el pelo y a ratos por las manos, pero las lograron ingresar otra vez a la campiña. Llegaron a la choza y se las tiraron al jefe, que estaba sentado frente a una silla mecedora. 
&lt;br /&gt;Fue una gran sorpresa para Susana, era nada más y nada menos, el que jamás se imaginó que estuviera detrás de todo esto. Podía pensar cualquier cosa menos eso. Sus ojos se le llenaron de horror al ver aquella bestia sentada frente a ella. Todavía no podía creerlo pero sus labios dijeron: 
&lt;br /&gt;– ¿Fer-Fer-Fer-nan-nan-do, que- que ha-ha-ces a-a-qui? ¿E-res tú re-al-men-te? 
&lt;br /&gt;Se tiró una carcajada maligna y respondió – ¡Claro que si, amor! yo soy el patrón ¿Que creías? ¡Que iba a enamorarme de ti! ¡No! yo sólo quería burlarme y creo que lo voy a lograr, porque hoy serás mía. 
&lt;br /&gt;–Ni te atrevas animal –Fanfarroneó Conchita desde el suelo– 
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;– ¡Tú ni hables! me traicionaste –Respondió Fernando–Balvino ¿cuál es la regla de nuestro negocio?
&lt;br /&gt;– “A paga de traición, muerte” 
&lt;br /&gt;–Pues que esperan. 
&lt;br /&gt;–Es mía esta vieja. –Dijo el Moro sonriendo–
&lt;br /&gt;– ¡Déjenla, por favor! –Gritó Susana con sentimiento–
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El Moro ignoró aquel alarido de la joven, sacó su navaja y se la pasó por el cuello a la dama vestida de negro. Mientras se ahogaba con su sangre se le acercó Susana y le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡No te mueras! ¡Por Dios no te mueras!
&lt;br /&gt;– ¡Hija! ¡Yo soy tu madre!... –Le dijo Conchita, tomándola de las manos.
&lt;br /&gt;Aquellas palabras le penetraron tan hondo a la joven que quedó inerte y cuando reaccionó dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Mamá! 
&lt;br /&gt;La señora voltio el rostro y cerró los ojos. Susana se levantó enfurecida y se lanzó contra el Moro. Él controlándola, la tomó con gran fuerza y la llevó hasta su habitación para que no siguiera viendo el cuerpo de su madre. 
&lt;br /&gt;Susana quedó traumada al ver morir su propia madre, pero no eso, si no al darse cuenta de quién era su madre a última hora. Y hoy si entró en un verdadero problema. Conchita que resultó ser su madre, quien era que la cuidaba; había fallecido. Ya no sabía la verdadera identidad de sus padres postizos. El amor de su vida estaba lejos. Fernando iba a querer aprovecharse de ella. Sólo dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Dios protégeme! y se echó a llorar en un mar de lágrimas.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Fernando se reía al darse cuenta que aquella desafortunada mujer que yacía en el suelo era la madre de Susana, y le pasaba el puñal por el rostro, mientras se burlaba del cadáver, diciéndole que la hija que ella había tenido, hoy iba a pasar a ser parte de su propiedad.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Pasó aquel día en sentido benévolo, pero era negro para la joven, con sus ojos rojos, como los crepúsculos de las tardes de verano. Tomó una ducha y se recostó en su recámara, más bien su prisión. 
&lt;br /&gt;Esa noche no pudo dormir por la locura que la asaltaba. A cada momento pensaba en lo cerca que estaba Fernando y que aprovecharía cualquier ocasión para intimidarla. 
&lt;br /&gt;Poco después logró cerrar sus ojos tristes y cansados, y escuchó a Conchita que le decía: 
&lt;br /&gt;–Estás viviendo en carne propia lo que soñaste. Estos animales son los que te raptaban y te suspendían por los vientos huracanados. Este es el principio pero debes ser fuerte “porque después de la tempestad viene la calma” Va a venir alguien y te llevará a un lugar que nunca has imaginado. Allí van todos los que tienen amor… y este sufrimiento que te está ahogando es la caricia más tierna del creador. Él te ama, como ama a toda la humanidad, y él estará contigo a donde quiera que tú vayas, por eso no temas hija mía. Te amo y perdona por no haberte dicho la verdad antes. Toma en cuenta que todo esto es necesario para que vivas en el mañana… 
&lt;br /&gt;Despertó desorientada, con el corazón descontrolado pero se dio cuenta que sólo era un sueño. No volvió a dormir más, y espero el resplandor de la aurora. 
&lt;br /&gt;Minutos después abrieron la puerta lentamente… Los mozos del jefe le llevaban el desayuno preparado. Se lo dejaron en su habitación, abandonándola de inmediato. Ella comió y bebió sin ninguna desconfianza, después de haberse puesto bella como siempre.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Eran como las cuatro de la tarde, ya casi para el anochecer en ese sitio montañoso, cuando el villano entró a la habitación tomándola por sorpresa. Aseguró la puerta y trató de consolarla, mientras Susana decía: 
&lt;br /&gt;–Lárgate, te quiero lejos de aquí, eres un bueno para nada. 
&lt;br /&gt;Pero estas palabras que se vertían de lo más hondo del corazón, las cuales venían cargadas de odio y coraje sólo servían para excitar a la bestia. 
&lt;br /&gt;La tomó con gran fuerza y la tiró a la cama, y le dijo: 
&lt;br /&gt;–Hasta que al fin vas a ser mía. Aquí no hay nadie quien te salve, y empezó a luchar, y aquella lujuria de placer no se apagaba en el salvaje.
&lt;br /&gt; Susana era fuerte y se resistía ante tal atentado violento, pero minuto tras minuto se desgarraban las prendas de su cuerpo, hasta dejarla completamente desnuda. Los suspiros indomables de la bestia, parecían ser inagotables, mientras ella lloraba peleando contra aquel hecho malévolo. Cuando la joven se sentía vencida y entregada a su negro destino, tal vez fue por las clemencias que brotaban de su agitado corazón que silenciosamente se disipaban en el aire. De la nada aparecieron dos hombres que encañonaron a la fiera, y le dijeron: 
&lt;br /&gt;– ¡Déjela jefe! Recuerde que debe mantener la calma, –Agregaron aquellos hombres– 
&lt;br /&gt;– ¡Cállense y lárguense, este es mi problema! No quiero que me anden diciendo que hacer, como hacerlo y con quien hacerlo, par de imbéciles lárguense ya. –Fue la orden de Fernando– 
&lt;br /&gt;Pero los hombres no hicieron caso y lo tomaron por los brazos y lo sacaron colgado. Quedando así humillada la joven, cubriéndose con las sábanas que podía coger con sus manos.  
&lt;br /&gt;A Fernando lo arrojaron fuera y le pusieron una 45 en la cabeza y le dijeron: 
&lt;br /&gt;–  ¡Aquí no manda usted! recuerde que somos un equipo y esta es la mina que nos ha estado generando la plata y si usted le hace algo, se la vera con nosotros, así que tranquilícese, –siguieron exhortándolo–. Usted fue nombrado líder de la banda, para que dirija, no para que haga lo que se le de la gana, ¿Entendido? –Preguntaron los caballeros–. 
&lt;br /&gt;Fernando se enmudeció y después de unos minutos dijo: 
&lt;br /&gt;–Entendido, tienen razón me deje llevar por mis deseos desesperados, –agachó la cabeza como un sabio después que ha reconocido el error. Mientras se sacudía la ropa– 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Aquella situación afectó psicológicamente a la joven, porque creía que cualquiera tendría la mente sucia para querer abusar de ella. Realmente se sentía perdida.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Una semana después de aquel largo tormento aterrador. Porque desde que murió la Nana, la trataban como toda una secuestrada. Con los ojos vendados y con las manos amarradas en el respaldar de una silla de madera de mal aspecto. Le daban de comer y beber en la boca, mientras le hacían rueda aquellos asesinos a sangre fría, burlándose de ella y jugando con su inconsciente sentido del humor. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El Moro estaba en el llano, sentado bajo la sombra de un árbol. Limaba una vara para poder pasar el rato entretenido. 
&lt;br /&gt;Balvino estaba practicando el famoso tiro al blanco a poca distancia del rancho. 
&lt;br /&gt;El Gorila estaba en las ramas de aquel madero observando el panorama azul que despejaba el horizonte. 
&lt;br /&gt;Fernando leyendo un libro en el corredor, y los otros estaban divirtiéndose cuidando a la joven, mientras le martirizaban los segundos que tendría que estar allí. 
&lt;br /&gt;De repente escucharon un arbusto que se movió y todos se quedaron paralizados y tratando de indagar más de lo que escuchaban sus oídos. 
&lt;br /&gt;Unos segundos después volvieron a sus quehaceres, y luego escucharon unos pasos que los dejaron aterrorizados. Y preguntó el Moro, que fue el que más rápido reaccionó. 
&lt;br /&gt;– ¿Quién anda allí? Y salieron corriendo todos a reunirse con el Moro. Pero todo quedó en silencio, y dijo Fernando 
&lt;br /&gt;–Alguien nos está acechando.  ¡Gorila! baja de allí y busca pistas y aniquila a cualquiera que te encuentres. No importa si es de los nuestros, para que dejen de estar espantando ya saben que no estamos jugando. 
&lt;br /&gt;El famosísimo Gorila bajó, cumpliendo la orden y se apresuró a olfatear y a seguir rastros invisibles.  Llevaba dos pistolas en mano y una carga de dinamitas. Iba precavido caminando cuando de repente… ¡¡Zas!! Le aparece un soldado y lo tomó por sorpresa ahorcándolo e inmediatamente lo escondió en el arbusto, y siguieron esperando… 
&lt;br /&gt;Cuando Fernando se sintió desesperado al ver que el Gorila no volvía dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡vayan ustedes! –Y mandó a cuatro personas más–. Ese estúpido debió a verse perdido, –burlonamente habló Fernando– 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Salieron los cuatro a caballo y encontraron los rastros del Gorila. Bajaron de sus caballos y caminaron idos, en aquellas huellas. De repente uno de los cuatro junto con su caballo, pisaron dos cosas extrañas que se escuchó como un viento suave: &lt;PHISSSSSS&gt; e  inmediatamente se agarraron del caballo y dijeron a grito: 
&lt;br /&gt;–¡Es una emboscada! Sólo dijeron eso, y cayeron al suelo. 
&lt;br /&gt;Era gas tóxico, que inmediatamente mataba. 
&lt;br /&gt;Salieron dos soldados con mascarilla y tomaron los cuerpos y los escondieron. Arrastraron aquellos caballos y los cubrieron con arbustos verdes. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ya eran cinco menos en el escuadrón del secuestro.  Al sentirse rodeado, Fernando mandó a sacar a la joven y poco a poco la fueron alejando del sitio, hasta quedar Balvino y el Moro para protegerle las espaldas al jefe. 
&lt;br /&gt;Cuando los soldados presintieron que los bandidos se estaban escapando, abrieron fuego y Balvino recibió un balazo en el brazo izquierdo, pero siguió disparando, tras unos enormes arboles.
&lt;br /&gt;Balvino, el  Moro y otros cuatro quedaron haciendo frente, mientras que Fernando, y los otros escapaban con Susana… 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Balvino mal herido logró matar a siete, y el Moro ayudó a detener aquel grupo de soldados, pero el Coronel Mayor disparó con gran firmeza que le atravesó el pelo blanquecino al famoso Balvino. “El asesino” este cayó disparando desordenadamente, clavándole cinco tiros al Coronel Mayor. 
&lt;br /&gt;Los otros cuatro maleantes mataron a los otros soldados. Muriendo también, en aquel fuego cruzado. 
&lt;br /&gt;El Moro al verse sólo, y, que ya no se escuchaban disparos, no se quedó a esperar los que venían tras ellos. Salió en su caballo corriendo desajustado. 
&lt;br /&gt;–Maldita sea, –Dijo Fernando– Creo que nos vienen siguiendo. 
&lt;br /&gt;El Moro los alcanzó informándoles que no había quedado ninguno vivo, pero que seguramente vendrían otros perseguidores tras ellos, y que escaparan a otro sitio más seguro. 
&lt;br /&gt;–No entiendo cómo nos encontraron en estas selvas tan espesas. –Comentó Fernando–
&lt;br /&gt;–Lo que pasa es que hace días andan tras la persecución de esta joven –Agregó Pablo– uno de los que desenfrenó a la bestia ante la bella. 
&lt;br /&gt;Se perdieron en las tupidas montañas de ese lugar indescriptible. Escaparon de las manos de la cárcel y de la muerte.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;LLANTO NEGRO
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Se vio el corazón del muchacho llorando, sentado en las raíces de un árbol. Estaba llorando porque tenía los ojos rojos e hinchados, y todavía se pudo ver la lágrima que le escurría por la mejilla. 
&lt;br /&gt;Así, sentado como estaba; recogía piedritas y las lanzaba al aire, mientras las chocaba con otra piedra. Esto lo repitió muchas veces hasta que llegó un niño y le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Mamá no ha muerto! Ella me dijo que iba a dormir para soñar contigo, porque te quería mucho. 
&lt;br /&gt;Ricardo agarró el niño en sus brazos y dijo: –Mamá se fue y no la volveremos a ver. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Se dijo así mismo: –Muchas veces sacrificamos algunas cosas por otras. Pero esta es la verdadera razón de ser. Secó su llanto y pensó que si nunca se hubiera ido, quizás hubiera vivido al lado de su adorable madre hasta el último día. Pero también pensó que si nunca se hubiera ido no hubiera conocido, a Cahitzan, a Milessy, Erejendom, a Canguram, al anciano y tampoco hubiera aprendido todo lo que sabía. Y por todo eso le dio gracias a Dios. 
&lt;br /&gt;Mientras se alejaba de la tumba de aquella madre que lo había esperado siempre. Fue triste ir a ver a su madre. Así como estaba no la pudo abrazar, ni mucho menos mirarle aquellos ojos azules, que parecían el océano.
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;Cuando regresó a casa le preguntó a su hermana por Susana. Ella le dijo, que la habían secuestrado desde aquel día en que partió como loco a buscarla, y no volvieron a saber nada de ella. Que don Jacinto se había vuelto viejo y se había resignado a vivir sin ella. Pero que la policía había encontrado rastros de ella en una selva montañosa y que tuvieron un enfrentamiento. Sin embargo hasta el momento no han sabido nada. 
&lt;br /&gt;Rosaura tenía la mirada tranquila, trasparente y serena a través de sus inmensos ojos adornados de sus pestañas largas y delgadas. Sus cejas semiarqueadas le daban el toque de una mujer bella. Era tan madura como Ricardo. A penas le ganaba por setecientos treinta días de diferencia, pero había sido confidente fiel de su hermano, y lo adoraba muchísimo; lo cual le llenaba de satisfacción volverlo a ver en casa jugando con Alberto. 
&lt;br /&gt;Alberto adquirió el nombre de su abuelo. Mario Alberto Cáceres, padre de Ricardo Fabián Cáceres. Quien le heredó su carisma de no ser derrotado jamás.
&lt;br /&gt;Ricardo observaba el álbum que le recordaba a  doña Francisca, a don Alberto y a su hermana Rosaura, que tenía en sus brazos un bebé que siempre le decían que era él, pero no se parecía nada. Había tenido un cambio tan radical que lo hacía sonreír irónicamente, mientras con nostalgia recordaba a sus viejos adorados. A pesar del cargo de conciencia de no haber visto morir a doña Francisca. Estaba completamente satisfecho y les decía gracias por ensañarme el camino que necesitaba, siempre los recordaré, de no haber sido por ustedes no fuera lo que soy. Me siento tan agradecido que tomaré en cuenta que me están esperando para él día en que el eterno ponga fin a mi apreciable vida. Se dejó escuchar un inmenso suspiro que absorbió toda la casa y la volvió a llenar con el retorno del suspiro al exterior. 
&lt;br /&gt;El muchacho tomó sus cosas y se dirigió al viejo laboratorio donde había aprendido mucho acerca de la tecnología. ¡Claro! con el viejo loco que lucía una hermosa cabellera blanca y mal arreglada. 
&lt;br /&gt;El viejo se puso contento y lo abrazó fuerte y le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¿Pero muchacho dónde has estado? nos tenías bien preocupados. Siento lo que pasó en tu familia, pero la vida sigue, y recuerda que ella sólo se nos adelantó, porque la muerte no es otra cosa más que un ángel transportador de espíritu. Le sonó la espalda y le dijo: –Espero que traigas mejores ideas– 
&lt;br /&gt;El joven se quedó en silencio, a pesar de su cuerpo que traía completamente diferente, había algo que quizás sería la manera de encontrar a la mujer que tanto amaba. Se dio la vuelta y le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¿Sahí? ya encontré la forma, ¿Recuerda el par de medallitas que hice con un chip incorporado? ¿Dónde podía detectar por medio del radar el punto exacto en cualquier parte del mundo que se encontrara?
&lt;br /&gt;Sahí sonrío y agregó en voz baja, –que ideas las tuyas, por lo menos puede valer la pena, por un momento pensé que nunca nos servirían. Nunca me dijiste el propósito porque las fabricabas con tanto esmero. Me imagino que ella debe de andar una y la otra la debes de andar tú. ¿A ver muéstremela? y la conectamos al servidor. Desde allí podemos encontrar el punto exacto donde se encuentra en estos momentos. 
&lt;br /&gt;Con una sonrisa satisfactoria sacudió un toldo y le mostró una máquina bien compleja que según Sahí era un satélite que no necesitaba sobrevolar en la atmósfera para dar a conocer al mundo lo que acontecía entre sí. Sus rayos ultramagnéticos que disparaba, tomaban una altura considerable y observaba con plena claridad todo lo que ocurría sin poner en riesgo las otras señales satelitales. 
&lt;br /&gt;Además sus avances estudiaban las diferentes galaxias que tiene el universo y habló mucho sobre el espacio, hasta que por fin aterrizó de su intensa explicación. Dejó boca abierta al muchacho y se puso serio y le pidió la medalla. 
&lt;br /&gt;El Joven se quedó plasmado. – ¿Pero usted no dejó una copia de ese aparato? 
&lt;br /&gt;–Tú lo fabricaste –Contestó el viejo, ya un poco decepcionado de su alumno– 
&lt;br /&gt;–Sí, pero lo tiré desde una piedra al final de mis fuerzas –Contestó Ricardo– ¿Y hoy como hago? 
&lt;br /&gt;Se quedó pensando y salió corriendo… gritándole, ya vuelvo Sahí, mientras tanto estudia otras ideas, yo traeré esa medalla de regreso. Salió corriendo como loco. 
&lt;br /&gt;Sahí dijo que muchacho sí que está loco por esa joven. Ha hecho hasta lo imposible. Ni su larga historia de donde estuvo todo este tiempo me pudo contar. Pero ya habrá tiempo, ahora lo que interesa es encontrar a esa joven. 
&lt;br /&gt;El viejo se introdujo nuevamente en sus planos, en el cual fabricaba un traje de acero flexible, con una elipse enorme y de gran velocidad que era disparada desde el cinturón, y dijo:
&lt;br /&gt;–Esto no creo que me sirva, pero por cualquier emergencia sólo que frote una vez para adelante y dos para a tras la chapa del cinturón y se activará disparando este enorme escudo de protección. Sonrió y dijo que otros locos tuvieron esa magnífica idea, pero no la pusieron en práctica. Así se quedó platicando a solas… 
&lt;br /&gt;–Sé, que se pondrá contento mi discípulo–…
&lt;br /&gt;Sahí era un hombre viejo, egresado de un colegio público. Las universidades no fueron competentes para él, por lo que se retiró de ellas y se dedicó mejor por su propia cuenta a los estudios de las diferentes ciencias. Desde la filosofía hasta las grandes ciencias químicas que son capaces de transformar el mundo. 
&lt;br /&gt;Hubo vez que hizo un experimento que por poco le cuesta la vida, a él y a su familia. Desde entonces se fabricó mejor un laboratorio aislado de la ciudad, donde hacía sus experimentos: espaciales, y terrestres. Sabía demasiado y por eso no se relacionaba con las personas naturales, porque estas se aburrían al escuchar al profesor hablar y hablar de las ciencias y sus experimentos. 
&lt;br /&gt;No se fue para otro país para progresar lo suficiente porque se sentía más hondureño que cualquier otra persona. Por lo que se dedicó a explorar y a crear aparatos que le facilitaran la vida de la población. Tenía los ojos azules como un océano bravío, y tenía una visibilidad exagerada. A sus sesenta años el viejo jamás había utilizado anteojos a pesar de las fuerzas químicas que se viven en su ambiente. Algo increíble, pero disfrutaba su trabajo. 
&lt;br /&gt;A Ricardo lo conoció un día que fue a dar unas clases al colegio y a nadie le interesó su teoría, excepto a Ricardo, quien quedó fascinado y hasta le pidió dirección del laboratorio para llegar a visitarlo y hacer unas pruebas, porque estaba interesado en la ciencia. 
&lt;br /&gt;Su camisa blanca manga larga nunca le faltaba en su trabajo. Siempre se tironeaba el cabello cuando algo no le salía de acuerdo a los cálculos establecidos. 
&lt;br /&gt;Un día pensando en su vejes, en sus logros dijo que fallecer, debía dejar un sucesor y no  pensó en otro; más que el joven apasionado por la ciencia. Ya que sus hijos se dedicaron a los negocios y nunca les gustó ese tipo de locuras.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Al amanecer el traje quedó en perfectas condiciones y se ajustaba a cualquier talla, por lo que se lo probó y le hizo muchas pruebas simples, para ver, de que estaba hecho. Todo funcionó bien. Lo colocó en el listado de sus últimos inventos y lo instaló en el orden cronológico que llevaba. 
&lt;br /&gt;Eran las cuatro de la mañana, sólo vio su computadora que le indicaba descanso, y respondió: – ¡Listo! y de inmediato se abrió una base y sacó una cama completamente diseñada para su edad. Se acomodó, la luz se desvaneció y se quedó dormido al instante.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;DECISIÓN POR LA VIDA
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Cuando llegó al monte, el apuesto joven. Al mismo que había huido después del sermón de don Jacinto. Sus ojos se encontraron con algo inesperado. Un caserío de aldea se reflejaba y la piedra gigante ya no estaba en el lugar. Estaba demolida, sólo las huellas, que existió alguna vez se podían observar. 
&lt;br /&gt;Le preguntó a un raro personaje que andaba todo envuelto por su enfermedad. Este sólo se le quedó viendo a los ojos y no pronunció palabra alguna y se retiró. A los pocos minutos llegó una joven al pozo donde se encontraba Ricardo a quien le preguntó sobre una medalla de oro que alguien debió encontrar por allí. Pero al ver aquel gesto raro del muchacho. La joven se fue, sin decirle siquiera una palabra.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo se quedó sentado pensando. No sabía qué hacer, ni cómo actuar ante aquella situación en que todos huían antes de preguntarles algo. 
&lt;br /&gt;Aún no había vuelto a la realidad, seguía vagando su pensamiento, cuando pasó una anciana y le preguntó qué hacía allí, siendo un extraño. Que pronto saldrían los centinelas que vigilaban la ciudad y lo encerrarían, ya que después de las 6:00 pm nadie podía andar fuera de casa y peormente extraños. &lt;Agregó la señora&gt;
&lt;br /&gt;Él, le contestó que no tenía donde ir, que sólo buscaba una medalla que perdió hace mucho tiempo. 
&lt;br /&gt;A la señora le cayó en gracia aquel chiste, según ella. Y, le dijo que le agradaba y lo invitaba a cenar en casa; donde le contaría toda la historia del pintoresco pueblo. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;–Hace como tres años un grupo de campesinos invadió este lugar y fue tomado como tierra acta para sobrevivir de las cosechas agrícolas. Pero cuando ya estábamos instalados aparecieron unos supuestos dueños, y los hombres del pueblo salieron para defender la tierra, entre ellos, mi esposo querido, quien perdió la vida por defenderme, a mí y a mi hija menor. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;La señora seguía con su relato, mientras se le aparecían unas lágrimas en sus ojos tristes. Era una verdadera tragedia para ella. Pero fue interrumpida por el joven que le preguntó por la muchacha. Ella le contestó que dentro de poco llegaría porque andaba visitando unos pequeños que se le habían quedado en la clase. El joven inmediatamente se dio cuenta que se trataba de una maestra, y no dudó que viviera allí con la señora. 
&lt;br /&gt;Mientras cenaba, el joven peregrino le contó toda la historia, pero nunca su verdadero objetivo. Y así pasaron las horas, hablando de todo un poco. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Se dieron cuenta que había llegado la joven porque iba gritando, que le abrieran la puerta. 
&lt;br /&gt;A penas escucharon, y la señora abrió la puerta. Entró la joven con el vestido desgarrado, venían tras ella tres hombres encapuchados.
&lt;br /&gt;Ricardo se quedó pensando por un instante y pregunto: 
&lt;br /&gt;– ¿Y ellos quienes son? 
&lt;br /&gt;– ¡Son bandidos! –Contestó la muchacha– 
&lt;br /&gt;Y aquellos hombres violentamente derribaron la puerta para abusar de la joven y la señora. Ricardo se puso en frente y le arrebató el arma a uno, mientras le clavaba un puñetazo al segundo y golpeando al tercero con el mismo cuerpo del primero que lo golpeó fuerte con la pistola. 
&lt;br /&gt;Rápido se reincorporaron los bandidos y empezaron a formar riña. Ricardo les decía que respetaran, que esa no era la manera de tratar a una bella joven y a una indefensa señora. Los golpeó, hasta quitarles los pasamontañas… 
&lt;br /&gt;¡Qué sorpresa ante los ojos de la joven! Era el supuesto pretendiente que quería acostarse con ella, a como hubiera lugar. Pero llegaron los centinelas y los tomaron prisioneros, incluyendo al hombre del hecho heroico. Porque un extraño, no podía estar en su pueblo. 
&lt;br /&gt;La anciana y la joven se pusieron por delante y dijeron: 
&lt;br /&gt;–Tienen que llevarnos a nosotras también. 
&lt;br /&gt;Lo mismo dijeron los vecinos que vieron como protegió a la joven y a la señora, completamente indefensas. Por tal razón la gente del pueblo lo defendió y se quedó a descansar la noche en casa de la señora. 
&lt;br /&gt;A la mañana siguiente circulaba un periódico que carecía de ortografía pero las caricaturas que dibujaban los hermanos Lagos parecían graciosas. 
&lt;br /&gt;– ¡Mira! –Le dijo la joven, sonriendo al muchacho– Esta es la forma de noticieros que tenemos aquí. Ellos con mucho esfuerzo hacen los dibujos, luego los fotocopian y lo venden a un precio justo. 
&lt;br /&gt;Jessica no quería recordar la noche anterior por lo que cerró el periódico, al ver el título: “Extraño salva a joven de unos bandidos” – ¡Parece que tenemos un guerrero valiente en nuestra aldea! 
&lt;br /&gt;Ricardo sonrió y no quiso hacer comentarios tampoco, por lo que iniciaron una conversación muy amena. Ellos rieron con el café, con las frutas del desayuno, incluso con el calor que acrecentaba a cada instante. La señora les propuso que fueran a divertirse al rio, donde hay una catarata enorme. Ambos se prepararon. Ricardo estaba emocionado, ya quería ver la catarata. La última que vio fue la que había en el Ojo del Alacrán.
&lt;br /&gt;La señora salió a la comisaria a informar más, sobre el acontecimiento desagradable.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Aquel valiente muchacho se fue enamorando del pintoresco pueblo hasta que se le olvidó el objetivo por el cual había ido a ese lugar. 
&lt;br /&gt;–Bonitas cataratas, –pensó– 
&lt;br /&gt;Se quedó perplejo cuando la joven lo seducía con su belleza completamente natural al otro lado de la catarata; haciéndole un llamado muy particular y agradable. Tenía la piel tan fresca, un rostro a penas visto pocas veces en su vida. Con los ojos claros y una mirada radiante que deslumbraba una pureza en la cual podía confiar. Su color era blanco, y su hermosura inexplicable. 
&lt;br /&gt;– ¡Vaya! –Dijo Ricardo– Hoy si prefiero verla a ella y no a las cataratas. Y aquel joven se aproximó sin desprenderse de encima las prendas. 
&lt;br /&gt;La joven semidesnuda lo tomó de la mano y lo echó tras la fuerza del agua que caía y lo acorraló en el paredón que surgía. Mientras lo acariciaba, le preguntaba cosas intrigantes y seductoras, hasta llegar a punto de provocarlo y besarlo sin dejar que la respiración pusiera fin aquellos momentos apasionantes. 
&lt;br /&gt;Ricardo se desprendió en cuanto pudo y le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡No puedo! Yo vine aquí por otro objetivo. 
&lt;br /&gt;– ¿Qué objetivo? Preguntó ella, mientras dejaba destilar su belleza por la trasparencia cristalina que bajaba de la catarata. 
&lt;br /&gt;–De regreso a casa te lo contaré. –Fueron las únicas palabras que expresó aquel joven–
&lt;br /&gt;Salió de aquel rincón apasionado y cruzó, piedra tras piedra el rio hasta salir a la orilla. 
&lt;br /&gt;Jessica, una joven hermosa, con estilo propio y respeto hacia los demás, no se explicaba por qué había hecho aquel acto de amor tan abusivo. Pero dentro de Ricardo había algo que a ella la descontrolaba. Sería por lo alto, por el físico que presentaba, por la valentía y coraza que tenía o por el tipo de persona que este aparentaba ser.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Siguieron callados por el sendero. Al llegar a casa Jessica se disculpó y Ricardo sonrió, disculpándose también por no corresponderle de la manera que debería, y es que si sentía muchos grados de atracción hacia la joven. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Mientras caía la tarde Ricardo inicio su relato y concluyó con el objetivo por el cual había visitado el pueblo. Ella le agradeció su confianza y le prometió que le ayudaría.
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;Ricardo se sentó a ver las ondulaciones de oscuridad que aprisionaban el día, mientras el sol se perdía en el ocaso y sus manos empezaron a desaparecer en la oscuridad. Los grillos no esperaban mucho para empezar con su música clásica que hacía resonar los ritmos de un verdadero vals. 
&lt;br /&gt;Se quedó allí contemplando las estrellas que empezaban a aparecer y las constelaciones que pronto se verían. Las horas ascendían y no pensaba en otra cosa, sólo en reunirse con Susana. Aquella joven que jamás había podido olvidar y que por ese inmenso amor había pasado tantas aventuras que la recordarían para siempre. Y supuso que, el amor está en cada una de las personas y que cuando ese amor es verdadero no importa lo que pase siempre seguirá siendo el mismo amor, mucho más intenso que antes.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Por un momento los malos pensamientos le dibujaron un panorama completamente diferente. Jamás había pensado en eso, y se dijo así mismo: 
&lt;br /&gt;– ¿Y sí ella, ya se casó?, ¿Y sí ella, no está secuestrada, si no que vive lejos del país?, ¿Y sí ella, ya se olvidó de que existo? Entonces moriré, sí moriré de amor –Afirmó muy tristemente, mientras lo seguían asaltando aquellos pensamientos ineptos– Quedaré frío como las noches heladas, bajo una tumba del cementerio. Ojalá y que nadie se olvide de mí.  
&lt;br /&gt;Todo esto lo confundió y se dio ánimos y dijo: 
&lt;br /&gt;–Seguro me ha de estar esperando en alguna parte, así como la conozco; sé que me esperará siempre. 
&lt;br /&gt;En aquellos momentos tétricos, sintió que una mano lo abrazó por el cuello y se sentó a la par de él, y le preguntó al oído:
&lt;br /&gt;– ¿Por qué tan solitario?, ¡Te aseguro, que vas a encontrar la medalla! ¿Sabes qué? Yo siento que el amor que sientes por ella, es infinito. 
&lt;br /&gt;Levantó la mirada para ilustrar algunas estrellas y dijo con voz suave: 
&lt;br /&gt;–Qué hombre puede hacer todo lo que me has contado, por una mujer. Hoy en día, lo que les interesa a los hombres sólo es el placer; de allí nada más. Creo que tu amor se remonta a los tiempos de Romeo y Julieta, –Dijo Jessica con una sonrisa burlona– Ella a de decir: 
&lt;br /&gt;– ¡Romeo, Romeo! ¿Dónde estás que no te veo?, Tú dile:
&lt;br /&gt; – ¡Julieta Julieta ya voy por la escalera! 
&lt;br /&gt;Lo abrazó fuerte y le dijo: –Son bromas, sólo estaba probando tu estado de ánimo. Vamos a cenar. Preparé unos bocadillos deliciosos, vas a ver que te vas a chupar los dedos…
&lt;br /&gt;Lo tomó del brazo y lo dirigió al comedor.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Tres día después, Jessica se reunió con unas amigas que le preguntaron por el apuesto joven. Ella con buenas intensiones les explicó su objetivo y por qué estaba con ellas. 
&lt;br /&gt;Dijo Shara: –Pucha, que dicha la tuya si yo tuviera ese papacito, ya me lo hubiera comido. 
&lt;br /&gt;–No seas bruta. –Agregó Cecilia– ese está bueno como para conquistarlo para esposo. No ves el talante que tiene, si así son todos los capitalinos yo me voy para allá. 
&lt;br /&gt;–No sean así. –Respondió Jessica– no ven que él tiene que recuperar la medalla y rescatar a su prometida, 
&lt;br /&gt;– ¡Hay que lindo! –Replicó Shara– ¡Suena tan romántico como los cuentos de hadas, el príncipe y la princesa! ¡Qué chulo! –Continuaba haciendo gestos con el rostro– 
&lt;br /&gt;No sean así. –Las corrigió Jessica– Mejor ayúdenme a buscar esa medalla les gratificaré bien a quien la encuentre y me la entregue. 
&lt;br /&gt;– ¡Ya tengo un plan! sonrió Jessica con una sonrisa que acoplaba lo que las jóvenes estaban diciendo. Todas se burlaron
&lt;br /&gt;– ¡Haaaaa Jessica, no la haces buena! –Creo que allí vas a saber lo que es un papacito. 
&lt;br /&gt;– ¡Cállense! –Ordenó Jessica, y dense prisa si es que me van a ayudar– 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;A la mañana siguiente Jessica le hizo una propuesta indecente a Ricardo; dejándolo estupefacto, sin poder responderle y cuando logró mover los labios dijo: 
&lt;br /&gt;– ¿Cómo crees que haré tal cosa? 
&lt;br /&gt;Ella sonrío y le dijo: 
&lt;br /&gt;–Por qué tengo lo que tanto has buscado, mientras colgaba la medalla en su dedo índice, moviéndola de un lado a otro. Como llaves en un llavero, que las paseamos de un lado hacia el otro. 
&lt;br /&gt;Él sólo se dijo: –Maldita suerte ¿Por qué no lo encontré yo? Pero… 
&lt;br /&gt;–Entonces que dice mi queridísimo Ricardo. Aceptas o no la propuesta. Parecía la villana de una telenovela aquella joven que estaba chantajeando al apuesto joven, quien se quedó pensando y dijo que le daría una respuesta después. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ella contenta, mostrándole la medalla le dio un beso en la mejilla, diciéndole que lo esperaba en la cascada, al caer la tarde.
&lt;br /&gt;– ¿Si quieres la medalla y si quieres recuperar a tu amor?, –Continuaba la afortunada Jessica.
&lt;br /&gt; – ¿Cómo la encontraste? –Preguntó Ricardo– 
&lt;br /&gt;–Puse precio a quien la encontrará y resultó que uno de mis alumnos la lucia en el pecho, hablé con los padres de él y les pagué la gratificación, regalándoles una de mis más preciadas joyas por aparte –Contestó con astucia la joven.
&lt;br /&gt;–Vaya, dijo Ricardo. Ahora si sé de que son capaces las mujeres cuando se proponen algo… Y pensó para sí mismo el refrán del abuelo “El que quiera pescado, que se moje el cagado” 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;La joven se marchó en dirección de la catarata y se perdió en la vereda. Ella le había prometido a su padre que el día que se entregara a un hombre, lo iba hacer en esa catarata, donde lo habían asesinado por defenderla a ella, y que lo iba hacer con el hombre que más le gustara. Estaba cien por ciento segura que eso es lo que quería. Aunque no se casará con el supuesto privilegiado en hacerla mujer por primera vez en la vida.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo respiró profundo y se dijo: –Que decisiones las que presenta la vida… Tan comprometedoras y tan sigilosas. ¿Pero qué vale más? Ser infiel por unos instantes o poder perderla para siempre. Mientras ponía las dos situaciones en una balanza, en la palma de sus manos. 
&lt;br /&gt;Al final él, le terminaría contando toda la  historia, y ella así como era, estaba seguro que la aceptaría, y dijo: – ¿O me decido o ella se muere? Se tomó fuerte la cabeza y se quedó pensando por un momento más. Luego tomó marcha hacia la catarata y cruzó las piedras cautelosamente hasta llegar al cuerpo que lo esperaba, quien le dijo: 
&lt;br /&gt;–Por lo que veo te has decidido. Sé que amas a tu amor. He estado pensando mucho, pero no puedo desaprovechar esta oportunidad. Tengo en mí, el hombre que siempre he deseado y me conformo con tenerlo una vez en la vida. Este recuerdo quedará marcado para siempre en mi historia, y le estaré cumpliendo la promesa a mi padre. 
&lt;br /&gt;A la joven le brillaban los inmensos ojos negros, mientras aquella catarata de aproximadamente unos 30 metros de altura, se dejaba caer con su vestidura blanca como la nieve. Más bien parecía una catarata de leche, que se convertía en agua al caer a su destino y se dejaba deslizar suavemente en aquel arrollo tan puro, como la pureza del ancho cielo. Ella sabía que no le fallaría el joven, ya que amaba tanto a Susana y que no estaba dispuesta a perderla y aprovechando la situación le hizo la propuesta indecente.
&lt;br /&gt;Ricardo no murmuró y se abalanzó contra ella. Una lujuria indomable lo acorralaba y la besó hasta terminarse el aliento. Las caricias se hicieron tan intensas y ella fue descubriendo aquel cuerpo de guerrero, y se dio cuenta del verdadero valor del hombre, y se dijo: 
&lt;br /&gt;–Toda mujer necesita de uno de estos seres y aquellas que no lo necesiten, es porque nunca han sabido valorar el objetivo de la vida. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ella se estremecía mientras el corazón le palpitaba a una velocidad impresionante. Él dejaba caer sus brazos hasta su cintura moldeada por el mejor maestro de alfarería, y todo su contorno estaba fabricada de seda, porque su suavidad tomó escenas eróticas ante aquel joven que se deleitaba del placer de la carne por volver a ver a la mujer de su vida. Y ella por el simple hecho de ser mujer y cumplirle una promesa a su padre. 
&lt;br /&gt;La lucha por la virginidad continuaba. No quería jamás dejar su cuerpo de niña bella. Sus jadeos eran fuertes, que se confundían con las voces de la catarata, testigo mudo de sus momentos íntimos de placer. 
&lt;br /&gt;Ambos se quedaron en silencio y una sonrisa se dibujaba en el rostro del joven, mientras se caía sobre la niña. Aún no era mujer pero estaba en la metamorfosis del cambio. Ella pensó. 
&lt;br /&gt;–Quizás ya falte poco… 
&lt;br /&gt;Las horas, las iba consumiendo la tarde y aún la joven no lograba cubicar sus propósitos, pero en eso el demonio resucitó y con un intenso rugido aquella niña sintió la transformación, mientras se le rodaba una lágrima de felicidad. Quiso gritar, pero sus fuerzas eran débiles. La tomó en sus manos, la abrazó fuerte y le dijo: 
&lt;br /&gt;–Este es el punto final a lo que lleva el amor. 
&lt;br /&gt;Y surgieron vertientes rojas de emoción, diluyéndose en el agua cristalina, de aquel enorme torrente que formaba la catarata. 
&lt;br /&gt;Ella quedó feliz, ambos no dijeron nada se quedaron otro rato a descansar. Tomaron sus cosas y se regresaron.
&lt;br /&gt;La tarde a pesar de todo les regalaba la frescura suave y pasible, que dan en esos tiempos cuando todo es tranquilo. El crepúsculo estaba frente a ellos observando aquella pareja que caminaba ondeando el viento. Las aves se cruzaban de un lado a otro, como aplaudiéndole al joven por haber rescatado la medalla o quien sabe por qué… Pero ellos cantaban felices. No tardó para dibujársele una cantidad de sonrisas al joven, cuando pensaba en lo contento que se pondría Susana al volver a verlo, y él tampoco resistía un segundo más. 
&lt;br /&gt;Ricardo y la orgullosa de ser mujer caminaban por el pasadizo del bosque y esta vez los dos sonreían a cada átomo del viento. Ella porque cumplió su propósito y disfrutó la tarde. Él porque a demás de recuperar la medalla había pasado una agradable tarde al lado de una de las bellas jóvenes que encerraba aquel lugar recóndito. 
&lt;br /&gt;Aquella situación en la que se encontraba en juego la vida de Susana, lo llevó a la infidelidad del noviazgo. Su conciencia no le reprochaba, pero él no dijo nada. Fue un infiel por amor. 
&lt;br /&gt;La joven y Ricardo durmieron juntos, disfrutando la última noche de placer. Ya que otro día regresaría a reparar la fallecida medalla, que realmente lo que necesitaba era la clave que llevaba incorporada, para poder fabricarse otra igual que conectara a la otra que formaba el par. 
&lt;br /&gt;Al amanecer Ricardo se despidió de la señora. De Jessica y por supuesto del pintoresco pueblo. Divisó el horizonte, y su mirada se perdió en la infinidad de las murallas de la distancia y dijo: 
&lt;br /&gt;–Ya voy Susana, resiste un poco más. Mientras el piélago azul de cielo le dejaba caer el pesado sol en sus espaldas.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;MANOS A LA OBRA
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El anciano lo esperaba… Y al verlo venir se le dibujó una sonrisa pobre en el marchitado rostro, concedió dar la vuelta y se introdujo en el interior de las paredes. El joven se dio cuenta que la puerta de cristal estaba casi abierta, porque al alzar la vista para ver, la puerta se cerró, con un pequeño golpe; lo cual le dio la sensación que aquel anciano aun estaba allí en su espera. 
&lt;br /&gt;Eran como las 3:00 de la mañana. La luna dejaba deslumbrar unos pequeños rayos que se proyectaban en el cristal. Enseguida vio la luz eléctrica encenderse cuando puso el primer pie en la acera. El joven sin contratiempo entró y le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Ya llegué maestro! –Pero todo parecía tranquilo, como que si nadie estuviera en ese momento, sólo escuchaba su corazón palpitar por lo agitado que venía. Tomó un poco de agua que extrajo del refrigerador, se sentó por un momento y se dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Hasssssss! –Suspiró hondo– Por fin voy a dar inicio al proyecto para poder encontrarte amor de mi vida. 
&lt;br /&gt;Se levantó rápidamente del sofá que le permitía descansar de su pesado viaje, se dio un baño, y se vistió con una calzoneta y una camisa que había dejado allí desde la última vez que estuvo en el laboratorio. Esto le hizo recordar momentos muy especiales con el señor sabio. Enseguida terminó de vestirse, y vio en el espejo la fisonomía de su cuerpo, mientras se pasaba las manos por la barbilla. Sin vacilar dejó la imagen del espejo y se fue al refrigerador de nuevo y vertió jugo en el mismo vaso que había tomado agua, y aquel líquido de un sólo sorbo desapareció como arte de magia. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El laboratorio aun seguía en silencio, no se escuchaba más que su respiración y las huellas que iba marcando por el piso de mosaico. Se agachó el joven y con impulso abrió el sótano, luego de presionar un interruptor de la pared. Esto le recordó las aventuras de Canguram, y le pareció tenerlo enfrente, hasta casi tocarlo, pero sonrió y encendió la luz de aquel lugar completamente lóbrego. Allí estaba el sabio esperándolo con los brazos cruzados, quien sin pronunciar palabras tendió la colchoneta y se dejó caer para descansar. Ricardo enseguida lo imitó. Esa noche durmieron ambos sin despertarse tan sólo un segundo, hasta las 10:00 de la mañana. El viejo Sahí, como de costumbre siempre se levantaba antes que todos, para disfrutar ver como dormían los demás, se acercó a Ricardo y le vio en su piel un tejido sacrificado, lo cual no le quedó duda de ponerlo en tratamiento antes de enseñarle las nuevas genialidades que había construido. 
&lt;br /&gt;Sonrío el viejo y se dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Que muchacho! a veces el amor nos hace pensar y hacer cosas imposibles, pero todo por las benditas mujeres. Respiró profundo y vio hacia el techo mientras decía: 
&lt;br /&gt;–Un hombre enamorado es capaz de ofrendar su propia vida por un ser que según él, es más importante que si mismo. Pero cada quien con lo suyo; al fin y al cabo el amor es un continuo sacrificio y sufrimiento, que son pocos los momentos de felicidad, pero esos pocos segundos se vuelven en sí una inmensa eternidad, porque el alma es quien se siente satisfecha y el alma mora en la gran eternidad. 
&lt;br /&gt;En seguida Ricardo se despertó dando un enorme quejido y bostezó, retorciéndose como un holgazán, pero en seguida se puso de pie, se preparó y dio inicio a sus proyectos. Ese día, no hablaron mucho, parecían tan seguros que después habría tiempo para contarse sus pormenores. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo examinaba detenidamente la prenda que había encontrado, y le hacía diferentes pruebas, con frecuencias muy elevadas que eran capaces de crear un sonido semejante a un huracán que pasa llevándose todo. Luego lo fue regulando hasta quedar completamente en silenciador. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El profesor le daba ciertos retoques a otros aparatos que hacían enlace con todos los radares instalados en el país, siendo capaz de entrar y salir las veces que quería a las líneas telefónicas, sin que éstas se percataran de su espionaje. Así descubrió muchos sondeos y magnitudes que no le permitían ver el radar del punto principal; pero ya para el anochecer todo fue mejorando. El profesor ya tenía conectados todos los puntos de enlace satelitales, y con su trasmisor de imágenes y sonidos, era capaz de ver los movimientos de las personas que pasaban por el lugar que indicaba el señor. Su barba blanca se movía y daba ciertos tonos de emoción. Ricardo por otro lado dio un suspiro enorme por fin había reparado la medalla o el chip como lo llamaba el profesor, o más bien el radar de bolsillo si lo queremos llamar así. 
&lt;br /&gt;Lo conectaron a un gran aparato que remitía señal directa al satélite y éste a la vez mandaba una orden de captura, para que lo trasmitiera de manera muy visible. Sahí, caminó y se dirigió al frente de una pared enorme y desplegó el gran mapa, luego encendió un proyector de gran magnitud donde se podía ir acercando y alejando cada vez que se requería. Ambos se quedaron observando y Ricardo dudoso dijo: 
&lt;br /&gt;– ¿Tú crees que funcione Sahí? 
&lt;br /&gt;– ¿Tú crees que mis cálculos fallan? –Sin pensarlo dijo el viejo–
&lt;br /&gt;El joven se quedó pensando y terminó diciéndole. 
&lt;br /&gt;–Jamás han fallado señor. 
&lt;br /&gt;El científico sonrío de agrado. Y en términos de una hora de observación nada indicaba que existía otra medalla que hiciera contacto con la que tenían conectada al servidor. Así pasó otra hora, y otra hora. 
&lt;br /&gt;Cuando eran las 11:00 de la noche, Ricardo dijo: 
&lt;br /&gt;–Si dentro de cinco minutos no aparece nada, me iré a descansar. Y así pasó minuto tras minuto. Ambos se durmieron, al ver que no había señales de vida, pero estaban seguros que el aparato funcionaba correctamente; después de muchas pruebas, estaban cien por ciento seguros que todo saldría de mil maravillas. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Al despertar siguieron esperando y nada. Ricardo ya estaba desesperado y empezaba a darse por vencido, pero el viejo era resistente y lo motivaba a esperar porque en el interior del viejo algo le indicaba que Susana aún vivía, y le dijo:
&lt;br /&gt;–Hijo, tantos esfuerzos que has hecho. Créeme, nada es en vano. Todo tiene su recompensa y tú la tendrás en un mejor pago. Resiste por favor… Has resistido todos los golpes que te ha dado la vida para regalarte experiencia, y hoy que estás a pocos días de descubrir dónde está tu amada para poder rescatarla ya te estás demacrando. ¡No! ¡Sigue adelante! Allá te espera mucho más de lo que has visto. –Lo tomó por el cuello y como de costumbre le jaló el pelo y lo abrazó, mientras le decía casi al oído– Yo no fuera lo que soy si me hubiera dado por vencido en mi primer fracaso, aunque después del primero tuve otro sin números, pero es que las cosas ya existen, sólo es de descubrirlas. Las cosas ya están hechas. –Remarcó con su voz esta palabra– Y nosotros sólo nos encargamos de escudriñarlas. Las casas, los carros, los aviones, los barcos, los poemas, y muchas cosas ya están hechas, sólo descúbrelas y verás que todo te saldrá bien. Estoy muy seguro que el momento de tu encuentro con ella, ya existe, sólo debes seguir el camino correcto para hacerlo. Porque todo lo que hacemos lleva un procedimiento y pueda ser, de que la desesperación que estás pasando es uno de los pasos para llegar a la victoria.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El  joven se quedó fijamente observando el mapa, y cada vez lo acercaba más y más. El viejo se puso malicioso y ajustó el acercamiento y refiriéndose a la proyección regional, atónitos… Ambos, gritaron a coro: 
&lt;br /&gt;– ¡Allí está, allí está! 
&lt;br /&gt;Ricardo sintió un escalofrío que le recorrió poro por poro la piel. Al viejo le palpitaba tanto el corazón que el nerviosismo de la emoción se hizo presente. Al joven no le cabía más felicidad en su pecho, que la disparaba como rayos por los ojos. Ambos dieron gracias a Dios porque estaba viva. 
&lt;br /&gt;–Yo lo sabía. –Dijo el viejo, mientras aumentaba el lente– Observaron cuidadosamente que la región donde estaba era parte fronteriza con Nicaragua. No había dado señales de vida antes porque estaban refugiados en un tipo de bóveda acerada que no permitía las imantaciones y al salir del garaje en un medio de transporte terrestre, fue como se dieron cuenta que la medalla iba siendo desplazada. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Para asesorarse más sobre esa luz roja que se conducía rápidamente por las líneas carreteras que mostraba el mapa. El profesor conectó otro servidor que le daba órdenes al satélite principal de acercar, en este caso a la presa. Rápidamente se incorporó Sahí a la cabina cerebro, ¡digo, por el letrero que se dejaba ver entre rojo y amarillo en el cartel negro! 
&lt;br /&gt;Ricardo veía que el punto rojo no dejaba de parpadear y seguía aumentando de tamaño hasta ver la carretera tan real. Luego se divisó el carro que transportaba la luz que indicaba la medalla. Le siguieron la pista hasta verlos detenidos, y la luz seguía dentro del auto. Se vieron cuatro hombres no bien distinguidos, pero si eran hombres por su vestuario. Se miraba, mientras se encaminaban, cautelosamente. Después bajó otro y se vio la luz roja impregnada en una mujer. Se puede decir que era mujer por los rasgos físicos que presentaba, aunque no se podía identificar quien era. 
&lt;br /&gt;–Creo que debe incrementar la tecnología –Murmuró Ricardo, completamente aliviado– 
&lt;br /&gt;Sahí dijo: –Hasta mucho he hecho. Sé que tú serás mejor que yo. 
&lt;br /&gt;Después de esta broma, los embargó el silencio; mientras veían desplazándose lentamente la lucecita al interior de una casa, porque las figuras ya no se vieron más, sólo el techo borroso y la luz que no dejaba de parpadear. 
&lt;br /&gt;–El radar del nuevo siglo –Dijo el anciano– por fin ha sido inventado, no lo puedo creer, quien lo iba a decir… 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Recolectaron las direcciones, buscando las vías más factibles para llegar. Ricardo se puso un casco con un micrófono, tomó una de la colección de motocicletas que tenía el viejo en el laboratorio, la encendió… 
&lt;br /&gt;A simple oído se percibía que aquel motor rugía dando a conocer su fuerza, su capacidad y su poder incomparable. Tenía cuatro bazucas que le permitían desahogar la furia de aquel monstruo viviente. Ya se sentía desesperada por devorar aquellos sinnúmeros de kilómetros que tenía que recorrer. El motociclista activó el tablero y se le desplegó un mapa donde la luz roja seguía parpadeando, probó el audio y el micrófono que estaban incorporados en aquel casco negro y brillante. Se montó, la aceleró, le dio primera y se disponía a arrancar cuando Sahí le gritó: 
&lt;br /&gt;– ¡Será mejor que lleves esto puesto! –Fue lo poco que escuchó Ricardo– giró la cabeza y vio al anciano mostrándole una armadura estupenda. Se sintió curioso el joven, bajó de la moto, se quitó el casco y le preguntó asombrado: 
&lt;br /&gt;– ¿Qué es esto Sahí? 
&lt;br /&gt;A lo que el anciano le contestó –Lo construí para este momento, sé que lo vas a necesitar póntelo, es flexible y se adapta a los movimientos de tu cuerpo. 
&lt;br /&gt;Aquel traje parecía tan rígido que Ricardo quedó desconfiado, pero ya que el anciano le insistía que se lo probará, lo hizo. Desabrochó la camisa, al igual que el pantalón. Después de haberse quitado el calzado, se introdujo dentro de aquel traje, el cual sintió un horno, pero Sahí se adelantó y le presionó uno de los botones que tenía una elipse dibujada. El motociclista sintió refrescar su cuerpo y sus movimientos eran normales. Su peso se ajustó a la gravedad que soportaba el cuerpo del joven. Quiso preguntarle por la función de cada uno de los botones, pero se le hacía tarde. Le dio un abrazo apretado a Sahí, le agradeció por todo lo que había hecho. Sahí quiso llorar, nadie le había agradecido tanto como el muchacho, ni sus propios hijos, y, para disimular un poco, le gritó: 
&lt;br /&gt;– ¡Estaré pendiente hijo! cualquier duda llámame, yo te doy la solución. 
&lt;br /&gt;Sólo arrancó aquella fiera mecánica y automáticamente se deslizaron las cortinas del garaje hacia arriba. Salió como rayo y con un rugido impresionante. Los policías que estaban de turno, inmediatamente se pusieron en contacto, pero dijeron que era normal. Debía ser alguno de esos locos que les gustaba presumir.
&lt;br /&gt;Ricardo iba con la vista alerta por la velocidad que llevaba pero no descuidaba el mapa del tablero. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Aquella bestia mecánica devoraba kilómetro tras kilómetro a una  velocidad de 180 K/h. Siguió acelerando hasta alcanzar los 200 km/h, pero esto no bastó y en una vistada bastante grande en longitud, aceleró y alcanzó los 280 km/h, mientras presumía de su agilidad, le dejó soltar los 310 km/h a una revolución de 20,000 por minuto. Eso indicaba el tablero, pero la velocidad incrementaba, y la adrenalina era mejor que todas las aventuras juntas que había tenido. Así logró llegar a un momento que el punto estaba cerca del otro punto rojo según se lo indicaba el tablero de la motocicleta. Y empezó a dar vueltas muy cerca de la frontera, hasta que logró identificar el vehículo. Redujo la velocidad, se tranquilizó y pasó a ser uno de los motorizados normales. Los siguió hasta subir a la desviación, donde estaba una calle desbaratada e inclinada hacia arriba. Los dejó que subieran y después de unos minutos miró que el punto rojo se detuvo. 
&lt;br /&gt;Él sólo seguía instrucciones del viejo Sahí. Quien había llamado a la policía para rodear la montaña en la que Susana se encontraba prisionera por aquellos secuestradores. La policía se puso en movimiento si hacer comentarios a los medios de comunicación, porque a veces esta es la que más informa a los delincuentes…
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;LA CAVERNA SECRETA
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El joven Ricardo, se quedó observando un letrero que decía: “Lugar peligroso, tome precauciones” Se estaba adentrando en las montañas de la Mosquitia. Y para colmo de males, se le habían terminado las fuerzas a aquella bestia mecánica, ya que sólo patinaban las llantas sin dar el aviso de avance. Ricardo resignado a dejarla tirada, bajó de la motocicleta y escuchó un tropel en las cimas de las montañas. Unos rugidos motorizados que se dejaban devanar por las arboledas que encubrían los cerros, y unos gritos de emoción de adrenalina que bajaban sin la menor precaución. Se escuchaba la libertad de los verdaderos campeones en motocrós. 
&lt;br /&gt;Después de unos minutos bajaron, cuando la desesperación estaba asaltando al humillado muchacho. Los motociclistas se maravillaron al ver aquella fenomenal moto yacida en el suelo, revolcada con la hierba. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Aquellos siete muchachos se quitaron los cascos y se acercaron a la enorme bestia. Llevaban los ojos grandes y la boca abierta por la gran impresión, y con el casco entre sus manos y la cintura, se decían: 
&lt;br /&gt;–Que originalidad, ¿Dónde habríamos podido ver una igual?
&lt;br /&gt;Quedaron viendo al conductor y le dijeron: 
&lt;br /&gt;– ¡Que belleza de moto! 
&lt;br /&gt;–Lástima que sólo es para calles buenas. –Respondió Ricardo, desde su desbastador cansancio– ¿La quieren? –Añadió Ricardo, ofreciéndoselas– 
&lt;br /&gt;– ¡Claro dijo uno de ellos! Ni que estuviera loco para hacer tal desprecio. 
&lt;br /&gt;–Está bien, hagamos trato. –Seriamente dijo Ricardo– Ustedes me dan una motocicleta de esas, subimos a la cima. Se llevan la moto que es de ustedes y al regreso pasan llevándose esta. ¿Qué les parece el trato muchachos? –Seguido preguntó Ricardo–
&lt;br /&gt;– ¡Claro! dijeron todos. 
&lt;br /&gt;– ¿Pero por qué te interesa llegar a la cima? –Preguntó uno de ellos– Quedándose  callado. 
&lt;br /&gt;–Porque quiero conocer el fondo de esa montaña– Sin vacilar contestó Ricardo, mientras tomaba el casco del muchacho, más el otro que andaba. 
&lt;br /&gt;Se montó en la nueva moto, “En la montañesa” y le dijo a su copiloto: 
&lt;br /&gt;–Arriba mi amigo, no debes tener miedo, soy un buen conductor de motos. 
&lt;br /&gt;Arrancó la motocicleta, y aquel joven blanco, sin pensarlo saltó sobre la moto, demostrando su talento. 
&lt;br /&gt;Ricardo gritó emocionado: – ¡Síganme!– Y se abrieron paso para que Ricardo dirigiera la nueva gama de motorizados. 
&lt;br /&gt;Subieron por los peldaños, la calle era tan pedregosa que, las motos no dejaban de saltar y resbalarse, pero el buen maniobreo de los muchachos, hacía que se inclinaran más y más a la aventura desconocida que los llevaba aquel extraño joven, en esas colinas desiertas. Después de tanto recorrido a Ricardo se le hizo conocido aquel lugar a pesar de que en su cabeza cabía, jamás a ver estado por allí. Siguieron subiendo y adentrándose al seno montañés. Los otros tripulantes de aquel fenomenal grupo, ya había llegado lejos del lugar que sabían entrenar, pero la curiosidad y la adrenalina les dejaba por un lado el temor de no volver a salir más. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;La calle era rudimentaria estaba destruida, pero seguía su ruta indescriptible. 
&lt;br /&gt;Ricardo iba tras las huellas que seguramente dejaban unas ruedas que por su visibilidad eran tan frescas que tarde o temprano observarían el Jeep o el animal que provocaba ese tipo de rastro. Daba la sensación que no eran los  únicos motorizados, porque cuando levantaban la lentejuela del casco podían oler a llanta quemada, según se resbalaban entre las piedras. Pero una ventisca fue quien les quitó la visibilidad y a pesar de todo continuaron su aventura.
&lt;br /&gt;Como a la media hora de recorrer las entrañas de aquella montaña, algunos de ellos sintieron es sus corazones el deseo de regresar por donde vinieron, pero divisaron el entorpecedor que provocaba aquellas marcas. Todos aceleraron, alcanzaron y rebasaron sin causar ningún pudor a los del Jeep, que se balanceaba entre aquella pavimentada de rocas, de hierba y de lodo. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El conductor del Jeep dijo sin presentimiento alguno:
&lt;br /&gt; – ¡Vaya!, hasta ahora suben las motocrós hasta estas alturas de la montaña, deben estar entrenando para una buena competencia, y si es así, no me la perderé por nada del mundo. Ya saben que uno de mis vicios favoritos, es ver la competencia de motos, escuchar esos alaridos que producen que te hacen vibrar el alma. 
&lt;br /&gt;El conductor iba ilusionándose cosas, tal vez serían recuerdos o sueños que realizar, pero fue una joven cubierta por un velo que lo regresó a la realidad, diciéndole: 
&lt;br /&gt;–Me parece bien que nos visiten, la verdad a mí siempre me ha llamado la pasión por las motos, y yo te acompañaré si hacen dicha competencia. 
&lt;br /&gt;Los del carro iban haciendo sus planificaciones, mientras aquellos siete roedores se perdían tras la neblina que opacaba el camino. Al transcurso de media hora de haber pasado hacia arriba aquel número de motos, regresaban casi pasando por encima de los del Jeep. 
&lt;br /&gt;– ¡Tengan cuidado!– –Gritó el conductor del vehículo– Mientras que el bobo de Juan, hizo un comentario muy absurdo, pero a la vez muy sabio, que dejó alertado a los demás. 
&lt;br /&gt;– ¿No les parece extraño que pasaron siete motos para arriba, una de las motos llevaba dos personas, pero sin embargo  a horita que pasaron de regreso van las siete motos, pero sólo van siete montadores? 
&lt;br /&gt;– ¡No digas tarugadas! se burló Felipe, por algo te dicen Juan el bobo, siempre quieres embobar a los demás, fue que no te fijaste bien y hoy andas diciendo que pasaron ocho y bajaron siete. 
&lt;br /&gt;Juan se quedó pensando, mientras que la voz femenina con un timbre tembloroso por los tumultos que iba dando el de cuatro ruedas dijo:
&lt;br /&gt;–Deberías tener más cuidado Felipe, lo que Juan miró  yo soy testigo… 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Así se fueron discutiendo hasta llegar a un lugar donde se había rodado una roca enorme, y se había atravesado en medio de la calle. 
&lt;br /&gt;– ¡Lo que faltaba! –Dijo Felipe– Estas rocas hay que quitarlas. Casi siempre aparece una que nos estropea el paso. 
&lt;br /&gt;Bajó del carro, invitando a Juan que bajará, pero esté renegó diciendo: 
&lt;br /&gt;–Que tal sea una emboscada– Y sacando las tres pesadas armas que andaba, les dio una a cada uno y sacó una escopeta que nunca le había fallado en el tiro. Apartaron la enorme peña que dificultaba el paso con la ayuda de unas trancas que fabricó Juan, y así lograron pasar. 
&lt;br /&gt;–Se los dije –Comentó Felipe con sus cejas medias planas– No hay que tener miedo de nada, mientras timoneaba aquel de cuatro llantas. 
&lt;br /&gt;Así siguieron su ruta hasta llegar a una desviación, la cual doblaron sigilosamente y se pusieron en marcha para llegar a su destino. 
&lt;br /&gt;Caía una lluvia tan fina que no mojaba, simplemente refrescaba. Al llegar al paso de los leones, estaba un bache, seguido de  un charco por el cual tenían que pasar muy despacio. Juan ya iba dormitado, y aquella joven cerraba los ojos, pero los volvía a abrir. El único que iba despierto era Felipe, resistiendo los achaques del desbastador viaje. La calle era pedregosa, y sus orillas estaban adornadas de flores amarillas, y muchas veces se mostraban grandes abismos, que podían tardar horas en caer a las grandes planadas que se dejaban ver en su inferioridad.
&lt;br /&gt;Ricardo seguía de cerca al coche. Estaba seguro que lo conduciría a algún lugar. Como la velocidad era moderada de aquel vehículo, el joven asimilaba que iba vigilando a una carreta de bueyes. &lt;Digo, por el trayecto horrendo que tenían que cruzar&gt; 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Casi al anochecer llegaron a un cerro que no tenía salidas, presionaron un botón de un control remoto y se desplazó rápidamente una cortina de piedras. Entraron y a la vez cerraron… 
&lt;br /&gt;Ricardo no más se quedó adivinando, que dirección pudieron haber tomado. Parecía torpe, pero no podían desaparecer de la nada, ni que hubiera ido siguiendo a un carro fantasma. Y es que según las leyendas, siempre suelen pasar carros fantasmas por ese camino, por el sin número de accidentes que han  habido. El joven quiso sentir miedo, pero había comprobado que el carro no era un fantasma, ya que habían podido atravesar la enorme roca que les puso en el camino, para comprobar si eran o no personas comunes. Lo cierto es que se quedó buscando huellas hacia todos lados, sin encontrar más rastro que el que se adhería a la pared de piedra, donde terminaba el sendero. 
&lt;br /&gt;Estaba anocheciendo cuando rodeo aquel montículo sin encontrarle forma, pero se sentía extrañado, mientras llevaba sus manos abiertas a la cabeza, tratando de encontrar una explicación a lo sucedido. Pero al caminar hacia la parte superior, mientras daba los pasos, seguidos por su mirada. Ya resignado a su fracaso total, se atoró en un agujero, que le produjo un intenso estirón de nervios, costándole mucho trabajo salir de ese orificio. 
&lt;br /&gt;En cuanto salió se puso en contacto con Sahí, quien  le aconsejó detenidamente al otro lado del móvil, que esos agujeros eran resumideros o filtros de oxigeno, para mantener vida en su interior. De inmediato vino a su memoria los momentos difíciles que pasó en el túnel con Canguram para escapar de los indios que querían sacrificarlo. Se le vino a la idea que deberían a ver más agujeros de ese tipo. Buscó con más cautela, y encontró otros en la misma dirección, como formando una fila. 
&lt;br /&gt;Su sospecha de un pasadizo viviente crecía, pero buscaba la manera de entrar allí, siempre y cuando antes se asesorara bien que así fuera, porque si no hay vida moriría. –Pensaba– 
&lt;br /&gt;Sahí le envío un mensaje, diciéndole que seguramente la muchacha que abordaba el Jeep, no era Susana, sino otra mujer que usaba esa medalla, pero que en ese mismo punto donde se encontraba, había desaparecido la señal del radar; por lo tanto los cálculos que estuvieran a dentro del montículo era de un 99% y que allí estaría Susana también. 
&lt;br /&gt;Ricardo sintió un alivio en su interior, y se le llenó de entusiasmos el corazón y por tal razón, inició una búsqueda más minuciosa, para poder entrar a la gran bóveda. Que según Sahí, tenía una enorme capa de acero para ser indetectable, ante cualquier tipo de radar.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo se recostó boca abajo en la parte superior del montículo, vigilando si salía o entraba alguien, para poder investigar algo más, pero todo seguía en silencio. Como a los quince minutos de estar en esa posición, sus oídos escucharon el tatareo del viento, y vio con sus ojos llenos de suspenso, una luz roja que parpadeaba y se acercaba a la vez. Dando la sensación que era un helicóptero, que venía hacia esa dirección. Efectivamente así era, porque a los pocos minutos aterrizó casi en las narices del joven. Ricardo se cubrió con el pasto verde que arropaba la cueva secreta, para no ser descubierto por la farola que alumbraba el trayecto y poder acomodarse para que bajaran sus tripulantes. 
&lt;br /&gt;Bajó un tipo bien vestido y a la vez vio bajar una joven extraordinariamente bella. Su cabello quebrado se deslizaba en un vaivén por el viento que provocaban las elipses del helicóptero. La llevaban por delante con los ojos vendados, y ella gritaba: 
&lt;br /&gt;– ¡Suéltenme! ¡Suéltenme!–
&lt;br /&gt;De la misma manera vio bajar dos lindas muchachas más, y un muchacho que aparentaba los 20 años en su físico. Los llevaban encañonados con un revólver. También vio un último hombre bajar, quien le arrebató el arma al señor presentable. En seguida el piloto abandonó el área de inmediato, dejando allí a los tipos armados y a sus cuatro rehenes, quienes se encaminaron hasta llegar al muro de piedras justamente donde perdió el rastro del Jeep…  
&lt;br /&gt;Las puertas de aquella caverna se abrieron en pos de los seis personajes que entraron. Ricardo se dejó caer de la cima del montículo hasta casi quedar atrapado por la cortina de piedra, que de inmediato se cerraba. Gracias a su destreza física logró entrar, y se ocultó tras unas columnas de piedras. Mientras aquellos dos hombres tomaron antorchas para guiarse en la oscuridad. 
&lt;br /&gt;El intruso a poca visibilidad notó el Jeep que le había parecido fantasma, tranquilizó su cerebro y se dispuso a seguirles los pasos. 
&lt;br /&gt;Al llegar a más claridad, notó que había luz eléctrica y que la estancia fue iluminada de par en par. Hizo un pequeño estudio y pudo concluir que aquella energía era solar, y que descubriría mucho más cosas. 
&lt;br /&gt;El aire no le faltaba, era lo mismo adentro que afuera. La temperatura se mantenía gracias a las grandes toneladas de viento helado que despedían los aires acondicionados. 
&lt;br /&gt;Aquella caverna era una estructura sumamente millonaria. 
&lt;br /&gt;–Debieron a ver hecho una buena inversión. –Pensó, distraídamente– 
&lt;br /&gt;Divisó aquel lugar solitario y lujoso, mientras caminaba tras las sombras, descubría más maravillas. En un cerrar y abrir de ojos perdió el objetivo que iba siguiendo. Las luces se apagaron al mismo tiempo que se apagaron las antorchas. Sólo escuchó un crujir que golpeó alguna puerta, y un estruendo a poco ruido que no se distinguía, si bajaba o subía a la superficie, pero daba la sensación de que era un ascensor. 
&lt;br /&gt;Ricardo se quedó completamente congelado, al no saber a dónde ir, ni que mirar. A los pocos minutos de estar perdido en sí mismo, porque no sabía ni la posición de sus dedos, debido a la intensa oscuridad. La luz volvió a ser intransigente que lo dejó cegado hasta hacerlo que se hincara como si estuviera adorando a aquel monumento de piedra, que representaba un busto, de una persona.
&lt;br /&gt;Cuando recobró la vista se encontró con el ascensor abierto de par en par, y volteó y vio que las compuertas que había dejado atrás se abrieron. No dudó en incorporarse dentro de aquel cuartito incómodo, que estaba a su disposición. Presionó un botón verde que indicaba, hacia abajo, y de inmediato se encontró en el destino donde sin querer le había ordenado al ascensor. Se le podían ver los nervios que le carcomían porque se escuchaban los latidos de su corazón acelerado.
&lt;br /&gt;Fue una verdadera sorpresa la que llevó… Se quedó estupefacto al ver aquella cantidad de gente ocupando una división por cada uno; tras aquel montón de barrotes. No más se quedó mirando, y nadie le dirigía media palabra, hasta que llegó al final y volvió hacia a tras para escaparse, porque sus nervios lo estaban traicionando en ese momento; ya que un pequeño error podía costarle la vida, y ocasionar un evidente fracaso, ante aquel rescate.
&lt;br /&gt;De repente una voz le susurró, y quiso sentir miedo, pero le llamó la atención porque lo llamaban con su nombre. 
&lt;br /&gt;– ¿Eres tú?, ¿Ricardo eres tú? –Repitiendo la pregunta aquella voz– 
&lt;br /&gt;– ¿Amor eres tú? –Volvió a preguntar–   
&lt;br /&gt;Aquel joven sólo se quedó escuchando, con la curiosidad en sus ojos de ver el origen de aquella voz aguda, que le acariciaban los tímpanos.
&lt;br /&gt;Ricardo vio a alguien que por tiempos no había visto, se le rodaron las lágrimas. Quiso gritar, pero la voz no le correspondió. Se acercó despacio como dudando de lo que estaba viviendo, y dijo en voz suave. 
&lt;br /&gt;– ¡Susana! ¿Amor que te han hecho? –Sorprendido preguntó, el joven– 
&lt;br /&gt;No le cabía más regocijo en el corazón y la tomó de las manos; lo poco que las rejas le permitían alcanzar, y se acercó, aún más despacio y le clavó un beso en la boca, y le dijo: 
&lt;br /&gt;–He venido a rescatarte, he venido a rescatarte, –Le repitió con el rostro brillante y lleno de alegría, en un susurro– 
&lt;br /&gt;Y dio inicio a una exploración para buscar el lugar más seguro para escaparse. Estuvo como diez minutos, buscando la mejor manera... 
&lt;br /&gt;Pero no encontró ni media esperanza de fuga. Pero un anciano que estaba a la par le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Muchacho! Si nos ayudas a escapar, nosotros te lo agradeceremos y te ayudaremos en grande. Ricardo se quedó mirando al anciano con unos ojos poderosos que casi perturban al pobre hombre, luego reclinó la vista, y le dio un tono amigable, diciendo: 
&lt;br /&gt;– ¡He venido por todos, amigo! 
&lt;br /&gt;El anciano se puso de pie, dejando la silla robusta sin color y le dijo sin pensar si quiera lo que hablaba con su voz temblorosa: 
&lt;br /&gt;–Tenemos un amigo que nos está colaborando, porque aquí, el guapetón que vez a tras de ti. Le ofreció requetearta lana si nos dejaba escapar. El pobre musitó que con mucho gusto nos ayudaría, ya que lo trataban muy mal. 
&lt;br /&gt;Ricardo giró la cabeza y vio frente a sus ojos a un muchacho casi de su mismo porte pero con una presentación de italiano. 
&lt;br /&gt;– ¿Y cuanto le ofreciste? –Preguntó Ricardo– 
&lt;br /&gt;El muchacho estaba indignado que no le recitaría ni una palabra. Pero el anciano interrumpió aquel silencio que había creado el joven con la pregunta de Ricardo. 
&lt;br /&gt;–Pues le ofreció la libertad, y un negocio fuerte en su país, donde nunca lo encontrarían los señores que nos tienen secuestrados. 
&lt;br /&gt;Ricardo se rascó la barbilla con el dedo índice, y pensativo interrogó: 
&lt;br /&gt;– ¿Y por dónde piensan escaparse? 
&lt;br /&gt;El anciano se rio burlonamente, y dijo –Vez esa alfombra. 
&lt;br /&gt;–Si– musitó Ricardo. 
&lt;br /&gt;–Pues ve y levántala. –Con voz de mando dijo aquel anciano.
&lt;br /&gt;Ricardo recibió la orden y la cumplió, vio un ceñimiento que enmarcaban por lo menos seis mosaicos juntos. 
&lt;br /&gt;–Ahora quita uno, pronunció el viejo. 
&lt;br /&gt;Ricardo obedeció y quitó uno y otro y otro, hasta dejar una tapa descubierta la cual levantó minuciosamente y frente a sus ojos se encontró con un túnel secreto. De inmediato y sin pedir permiso se incorporó y se fue al final del túnel donde conectaba al pasadizo que pasó con Canguram hace algunos meses. 
&lt;br /&gt;Lo reconoció por su mal olor, y por lo cruel que fue esa experiencia. De inmediato regresó, y destruyó toda posible sospecha que alguien podría haber estado  por allí. Besó nuevamente a Susana, no dijo nada, y se subió por los barrotes hasta llegar arriba donde se deslizó paulatinamente sin pronunciar palabras. 
&lt;br /&gt;Todos se preguntaban por qué lo hacía. Pero decidieron que mejor se los contara después… A los pocos minutos de estarse viendo los prisioneros a través de los barrotes. El ascensor se abrió y se vio a un hombre bajito, trigueño, con una pistola en la cintura que arrastraba delante de él una mesa con deliciosos estofados. Todos parecían contentos con aquella nueva porción que alivianaría sus apatitos. Se dirigió jaula por jaula hasta llegar al último. Luego que todos comieron preguntó el pequeño hombre con su voz medida. 
&lt;br /&gt;– ¿Y para cuándo tienen planeada la fuga? Ya he trabajado suficiente por ustedes y he descubierto que el túnel que hemos cavado, se une con otro. 
&lt;br /&gt;–Sí, –agregó el anciano– Pero deberías descubrir hacia dónde conduce el otro túnel. No quiero huir de aquí para ir a morir asfixiado más adelante, que tal no conduzca a ningún parte. El anciano siguió hablando hasta que sin querer dijo: 
&lt;br /&gt;–Pero ya no te tienes que preocupar. Ha venido un compañero dispuesto a ayudarnos sin tener que sacrificar tu pellejo como la otra vez que por nada y te descubren. Te pusiste blanco, blanco como un papel inmaculado. El joven mesero, vigilante y servidor, se quedó extrañado y pregunto: 
&lt;br /&gt;¿A qué te referís viejo Maur? 
&lt;br /&gt;–Pregúntaselo a ella, parece que se conocen muy bien. –Dijo el viejo– Y señaló con la boca torcida a Susana.
&lt;br /&gt; La joven no contestó, se quedó en silencio. 
&lt;br /&gt;–Si es cierto. –Dijo el italiano–. –Tenemos un nuevo aliado. 
&lt;br /&gt;–Vaya por fin habló dijo el viejo con un tono medio dramático y fanfarrón. 
&lt;br /&gt;– ¡Sal muchacho, sal, no tengas miedo! –Gritó el anciano– 
&lt;br /&gt;El joven mesero se quedó confundido y con el revólver en la cintura donde caducaba su mano derecha, listo para utilizarla si era necesario. 
&lt;br /&gt;Ricardo poco a poco se deslizó sobre las jaulas hasta dar su rostro. 
&lt;br /&gt;– ¡Soy yo! ¡No te preocupes! También quiero ayudar en algo. 
&lt;br /&gt;El joven mesero sacó el revólver e intentó presionar un pistón que andaba en su mano izquierda para detonar alarmas y dar aviso a cualquier emergencia. Pero se tranquilizó al ver a Ricardo tan inofensivo, respiró y se dijo: 
&lt;br /&gt;–Vaya por un momento creí que me habían tendido una trampa, y que se querían salir con las suyas. 
&lt;br /&gt;Ricardo de un saltó cayó abajo y dijo: 
&lt;br /&gt;–Yo conozco el túnel, lo crucé una vez. Si tiene salida –afirmó– y no van a morir asfixiados, porque hay respiraderos que proveen aire fresco. Lo malo es que al final del túnel no hay para donde salir. Hacia arriba son como treinta metros de altura, y hacia abajo ni imaginar. 
&lt;br /&gt;Entonces quiero que hagamos lo siguiente: consigan bastante pólvora, si pueden cuetes de vara mucho mejor, bastantes globos, para que puedan subir a la superficie y mandar algún mensaje. A pocos metros de la salida existe un anciano que es el que nos sacó de allí la vez que estuve en esa aventura. 
&lt;br /&gt;–No se preocupen, yo consigo todo. –dijo el mozo, por ahora ya van a venir a dar una revisión a las celdas será mejor que te introduzcas al túnel–
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Aún acomodaba la alfombra Remigio –El Mozo– Cuando entraron tres hombres: Uno alto, el otro de la misma estatura que el primero y el de en medio era casi de la misma estatura de Remigio. 
&lt;br /&gt;– ¿Cómo está todo? –Musitó el hombre pequeño– Dirigiendo una mirada impasible al mozo. 
&lt;br /&gt;– ¿Ya comieron todos? –Preguntó sin haber recibido respuesta a la primera pregunta– 
&lt;br /&gt;– ¿Todo marcha bien Remis? –Siguió interrogando–
&lt;br /&gt;Remigio quedó en silencio, y le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Claro que sí! Casi con el rostro entumecido y el corazón nervioso, y es que por nada lo descubren en el acto ilícito  que estaba planeando. 
&lt;br /&gt;–Más te vale– Levanta toda esta porquería y llévatelas al fregadero, y tráele un poco más de postre a ese tragón que se está chupando los dedos. –Agregó aquel hombre– 
&lt;br /&gt;Los prisioneros rieron a carcajadas, demostrando una felicidad fingida; mientras el que estaba saboreando su dedo índice, lo escondió rápidamente, ruborizándose de inmediato ante Susana, quien le regalaba una sonrisa piadosa.
&lt;br /&gt; 
&lt;br /&gt;Ston tenía un olfato muy bueno. “La comparación no es muy buena, pero parecía que había sido mistado con esos caninos rastreros que le encuentran la huella al más minucioso enano” y fue cuando dijo a voz de grito: 
&lt;br /&gt;–Revisen todas las celdas. Tengo la sensación de sentir un olor ajeno, como que si estuviera la presencia de un extraño que anda rondando por aquí. –Concluyó el hombre Can– 
&lt;br /&gt;Todos se quedaron perplejos, ante el don de aquel sobrehumano que podía detectar a leguas una presencia desconocida. Los compañeros, incluyendo a Ston, buscaron por encima de las celdas, revisando bartolina por bartolina, hasta no encontrar nada en aquel sitio, que según Ston, olía a sudor extraño. 
&lt;br /&gt;El pequeño hombre que le apodaban, el Pulpo, por su fisonomía, ya que presumía de sus enormes brazos, sus gafas oscuras, su cuerpo pequeño, pero muy grueso, y un movimiento completamente ágil en sus manos de doce dedos. Al ver que no encontraban nada, dijo en son de burla: 
&lt;br /&gt;– ¡Haaaaa! Ston debes estar bromeando, aquí no hay nada, pero fuera buena idea de mandar a bañar esta porquería, y lavar todo los cubículos o ya de perdidas mandar a lavar tus narices con un buen detergente. –Como se te ocurre que puede a ver alguien aquí. Eres un estúpido –Regañó el Pulpo– 
&lt;br /&gt;–Dispense señor, primera vez que mi sexto sentido falla, le ruego me disculpe. –Decía Ston disculpándose con su jefe. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Se le notaba en el rostro lo ruborizado que estaba, mientras que el Caimán se le quedaba viendo seriamente, sin soltar una mueca de humor. 
&lt;br /&gt;El anciano repuso –Pues para que vean que no hay nada que revisar. A quien se le ocurre que puede entrar gente extraña a este lugar. 
&lt;br /&gt;–Ya cállate, nadie pidió tú opinión. –Le dijo Remigio–
&lt;br /&gt;–Tienes razón, dijo el Pulpo, este viejo siempre anda de fanfarrón. 
&lt;br /&gt;A Susana ya se le daba la golpiza que le darían al viejo, por lo hocicón, pero la verdad sentía lástima por él. Tal vez era por la edad que aparentaba. Pero, éste nunca se quedaba callado. Lo sacaron de la bartolina y le dieron un rodillazo en la boca del estómago que por nada se desmalla. Luego el Pulpo lo suspendió con sus poderosas manos fuertes y lo dejó caer para golpearle a puñetazos la boca. 
&lt;br /&gt;Lo dejaron tirado en el suelo. Todo moribundo el anciano les profetizó: –Pero esto lo van a pagar muy caro, hijos de su puta perra. 
&lt;br /&gt;Ston se devolvió para darle un zarpazo en la espalda, que hizo pujar al viejo y se le llenó la boca de sangre, que se desparramaba por la alfombra. 
&lt;br /&gt;– ¡Ya déjenlo…! –se escuchó un grito entorpecedor–. Cada vez que vienen, vienen a golpear a alguien, ¡Déjennos en paz por el amor de Dios! 
&lt;br /&gt;Susana no resistió la ira que la acorralaba, atormentándola con grandes agravios y lástima, al ver aquel pobre anciano yacido en el suelo. Pero ese fue uno de los grandes errores que pudo a ver cometido, ya que era la que menos llamaba la atención, hasta que dejó ir sus palabras volcadas en un destino incierto y amortajado. 
&lt;br /&gt;Los tres hombres que estaban listos para partir por el ascensor, giraron sus cuerpos y vieron aquella bella e impactante mujer que les gritaba con agravios bien construidos en su pecho que seguían siendo abatidos por las vías del destino. 
&lt;br /&gt;Escupió el Pulpo, y se dijo con una sonrisa entreabierta en los labios: 
&lt;br /&gt;–Vaya, que tenemos aquí, primera vez que nos manda el jefe y corremos con suerte. Parece que esta bella joven nos va a quitar el encierro y el estrés que traemos de tanto trabajar alejado de las personas civilizadas. 
&lt;br /&gt;Remigio no más se fruncía las cejas en un acto colérico y pensó para sí mismo. –Que estupidez, ahora si se nos armó la parrillada–… 
&lt;br /&gt;Le arrebataron las llaves que sostenía en su mano izquierda de un sólo tirón, mientras los demás prisioneros gritaban: 
&lt;br /&gt;–Déjenla, déjenla, métanse con un hombre como nosotros, alguien que si les responda por la cara. 
&lt;br /&gt;El caimán no escuchó aquel balbuceo que se tenían tras él. Abrió la bartolina, tomó a Susana y sacó una navaja pequeña, cuyos reflejos denotaban lo filosa que estaba, capaz de cortar en dos un cabello verticalmente, y de un sólo manotazo le desgarró el vestido que llevaba puesto. Susana tímida y a la vez endemoniada, se tapaba los pechos, pero fue el Pulpo quien la agarró con sus tentáculos por la espalda, mientras Ston saboreaba aquella tierna primavera con sus manos. El viejo que estaba tirado en el suelo con la barba enrojecida por la sangre, volteó a ver casi forzando exageradamente la vista y dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Mátenme a mí! ¡Ella no debe nada! 
&lt;br /&gt;Sus ojos se cerraron, mientras aquellas bartolinas casi se desparramaban por la impresionante agresión que estaban liberando aquellas 45 personas encerradas, pero los tres personajes ni se chisteaban. Remigio no sabía a que grupo unirse, si a las víctimas o a los hechores a los cuales siempre a pertenecido. Tenía el revólver en su mano, el cual pensó mucho en hacerlo. Lo tomó con las manos temblorosas. En su rostro se le dejaba notar la palidez que lo cobijaba, pero daba la sensación que su corazón a pesar de lo ambicioso que era, tenía muy buenos sentimientos, y no dejó correr más las agujas del reloj, cuando levantó la mano alzó la voz y dijo:
&lt;br /&gt;–Señores ya basta, déjenla en paz, ¡Lárguense! –Les gritó a gran voz– ¡Lárguense! –Otra vez les repitió con una cólera en su rostro– 
&lt;br /&gt;Susana sintió alivio al ver que por lo menos alguien la estaba salvando. Miró con su rostro desfigurado por su cabello que parecía un monte recién azotado por huracanes tempestuosos. Los tres soltaron las armas y se dirigieron despacio al ascensor. En un descuido leve de Remigio, El caimán agresivamente se le lanzó por la espalda, y fue Ston quien le recetó tres culatazos, y el Pulpo volvió a tomar su lugar, aquella era una pesadilla para Susana, mientras Remigio se moría en el suelo, Susana volvió a ser atacada por los malvivientes…  
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;EL DEMONIO DE LA FIERA
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Los gritos de la ultrajada se dejaban escuchar por el pasillo que dividía las celdas y se atropellaban contra las paredes de piedra, escurriéndose por la alfombra hasta penetrarse en los poros de los prisioneros, quienes reaccionaban gritando, que la dejaran en paz. Aquellas bartolinas se abalanzaban entre si, y las rejas parecían desbaratarse. 
&lt;br /&gt;Susana era valiente, pero sentía que la tierra la arrastraba hasta lo más hondo de sus abismos. En esos mismos instantes se escuchó un disparo; y una bala atravesó el cráneo de Ston, pero el Caimán respondió prontamente, asesinando a Remigio, quien con muchas dificultades había recobrado la fuerza, y le atinó muy bien a su tiro. Sin saber que sería el último que dispararía en esta vida caprichosa.
&lt;br /&gt;–Ten más cuidado. –Musitó el Pulpo– Con un ataque de nervios en su corazón, del cual se recuperó, rápidamente.
&lt;br /&gt; –Ya están muertos. –Aseguró el Caimán– 
&lt;br /&gt;Ambos volvieron a confiar de sus fuerzas y se olvidaron de aquellas celdas que se amontonaban gritando. 
&lt;br /&gt;– ¡Déjenla! bastardos, asesinos, violadores. 
&lt;br /&gt;Los insultos crecían, mientras aquellos, como bestias feroces trataban de devorar a su presa. 
&lt;br /&gt;De repente se produjo un silencio extraño, lúgubre, por decirlo así. Porque después de aquel balbuceo que se escuchaba sin perfecta claridad. Un silencio vino a reinar en aquella estancia de cautiverio, seguido de un “Paaahhhhh” El Caimán dio la vuelta y quiso enfurecerse consigo mismo por su desconfianza, pero sólo le dio lugar de fruncir las cejas y con una mueca de dolor intenso, lanzó una mirada aterradora y vengativa a los parpados de aquel anciano; que boca abajo, yacía tirado en el piso con la vista levantada, sosteniendo la pistola que había tirado Remigio momentos después de morir. Las manos le  temblaban, pero una sonrisa burlona era quien enfadaba aún más al Caimán. 
&lt;br /&gt;En esos instantes, los últimos de vida. El anciano recordó que   siempre había sido un buen tirador, y que a todos sus blancos les daba en medio del corazón, razón por lo que esta vez no debió haber fallado. 
&lt;br /&gt;El Caimán dio dos pasos. Levantó el arma y se le desplomó su pesado cuerpo. Había sido atravesado por aquella pistola escuadra que sostenía el viejo. Esta escena dolorosa y victoriosa duró hasta que el Pulpo soltó a Susana, y le lanzó un cuchillo que atravesó las rejas y sin plena puntería se le clavó en la frente a don Mauricio alias el “Checo” Así lo habían apodado los compañeros de prisión. 
&lt;br /&gt;Aquella celda quedó sola, la puerta quedó abierta, y el “Checo” quedó puesto en libertad. Su alma se desprendió de su cuerpo y se dispuso a volar libremente por el albedrío, sin volver a ver su esposa querida, sus hijos, sus nietos, sus tataranietos quizás; porque aseguraban que su nieta menor estaba a punto de desembarazarse de un varoncito, que tenía aproximadamente 9 meses de andar en el vientre de la queridísima nieta del abuelo Checo. 
&lt;br /&gt;Creo que sus familias nunca lo conocieron por ese apodo, y si le conocieron algún apodo tuvo que haber sido otro. A don Mauricio lo tenían secuestrado equivocadamente. Y la banda por no dar su brazo a torcer, lo condenaron a ser prisionero que de algo debería servir &lt;y si que sirvió&gt; Dio la vida por una bellísima doncella que no se cansará de agradecérselo. 
&lt;br /&gt;El Pulpo al ver que había quedado sólo y que nadie lo interrumpiría, volvió a tomar su papel de violador y esta vez estaba seguro que nadie se interpondría entre sus actos vandálicos en contra de aquella dama. El Caimán, y Ston, habían muerto al igual que Remigio y Mauricio. Así que le dijo a Susana abriendo los ojos como serpiente. 
&lt;br /&gt;–Ahora si serás mía, princesa. Yo voy a devorar el fruto que nadie ha comido. 
&lt;br /&gt;Aquellas palabras horrendas del Pulpo se clavaban como puñales sin filo sobre el corazón de la joven. 
&lt;br /&gt;Aquel pesado hombre, le golpeó la cara, mientras la dejaba tirada en el piso. Se tiró sobre ella como que si de una lucha libre se tratará. 
&lt;br /&gt;Se podía ver que las llaves de Remigio colgaban del pantalón Jean azul, casi blanco por lo descolorido que estaba. Aquellos cuatro cuerpos yacidos en el suelo no podían hacer nada para salvar a Susana, y aquel montón de prisioneros tirando fuerte para reventar las jaulas, era lo de menos. Por lo que el Pulpo se sintió más confiado y seguía en su lucha por lo que quería. 
&lt;br /&gt;Creo que si todos hubieran estado juntos, en una sola jaula, ya la hubieran tumbado para salirse, pero cada uno luchaba por cada jaula. Hasta creo que sí lo hicieron bien planeado, al no encerrarlos juntos. Muchos pensaban que era por la comodidad, pero pensándolo bien, era por si un día les nacía la idea de unirse en fuerza para derribar aquel monumento de cárcel.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Susana ya se sentía vencida y dada por el fatigo que la atormentaba y desvanecía a la vez. El Pulpo ya sonreía por su victoria, parecía como si había ganado la batalla. Las fuerzas inservibles de la joven ya no eran su obstáculo, así que le estaba cediendo el camino libre para que hiciera lo que quisiera con su cuerpo.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ya cuando todo parecía perdido. Ya cuando Susana estaba entregada a las manos de aquel desbastador animal. Ya cuando se le iba a dar fin a la historia, saltó como la última opción de salvación aquella enorme alfombra, que dejó atónitos a todos, incluso al mismo Pulpo. 
&lt;br /&gt;Mientras aparecía de un sólo salto, una fiera mucho mayor que él. Sus tentáculos los calculó mucho más fuertes que los que utilizaba él, quiso sentir miedo, pero la desgracia de sentirse hombre macho, lo hizo ponerse de pie ante aquella fiera que se le acercaba como los pasos de la muerte cuando viene a recoger a alguien. 
&lt;br /&gt;El Pulpo quizás miró el garfio que arrastraba por los talones de aquel ser, y quiso gritar, mientras se tropezó con el cuerpo de Susana que estaba tirado en el suelo, casi desnuda por completo y unos arañazos y moretes que rápidamente brotaban por su delicada piel. Quiso darle la espalda y salir corriendo pero se dio cuenta que estaba contra la pared. Se tocó la cintura y había gastado el cuchillo al impactarlo contra la frente de aquel intrépido anciano. Con mucha astucia, y a como pudo; sacó su faja casi salida del todo por los esfuerzos que estaba haciendo contra Susana. La tomó por la punta dejando como escudo la enorme chapa del cinturón. 
&lt;br /&gt;Con voz temblorosa preguntó:
&lt;br /&gt; – ¿Quién eres? ¿Y qué carajos quieres? No vez que estoy bien ocupado, o no me digas que también quieres compartir este delicioso bocadillo. –Se burlaba el Pulpo, para distraer a su enemigo– 
&lt;br /&gt;Pero Ricardo no respondió y se acercó desmesuradamente y al Pulpo no le quedó de otra, que enfrentarse por la lucha de la defensa. Soltó un golpe con aquella faja que de inmediato se adhiero a las manos de Ricardo. Este sin pronunciar una palabra, sus ojos le echaban fuego de furia, las manos desbordaban cualquier cantidad de fuerzas de coraje. Los presos se convirtieron en espectadores, sin pronunciar palabras. Y Ricardo violentamente soltó un puñetazo, que de inmediato se atirantó al suelo aquella fiera que debió permanecer más tiempo en el mar, para aprender más sobre su familia Octopodidae, orden Octópoda. 
&lt;br /&gt;Ricardo tomó a Susana en sus brazos y le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Perdóname amor! no debí haberme tardado tanto, pero es que estaba asesorándome de que el túnel de fuga estuviera en perfectas condiciones. Los amigos indios ya deben de estar en camino. Les envíe unas cuantas señales que debieron a ver visto. No te preocupes amor ya vamos a estar en casa. –Seguía consolándola el joven, mientras la reposaba en sus brazos. 
&lt;br /&gt;–Te amo, gracias por venir por mí. –Susana respondió casi sin voluntad– 
&lt;br /&gt;Ricardo la acomodó nuevamente en el suelo, mientras tomaba las llaves del carcelero con sus manos robustas,  y a uno  por uno fue abriendo los candados de las bartolinas sin que saliera nadie, quizás desconfiaban de Ricardo, hasta que gritó: 
&lt;br /&gt;– ¿Qué esperan, carajos? huyan, huyan. –Ricardo actúo con un acto colérico y todos salieron como niños de Kínder cuando van a tomar el autobús rumbo a alguna excursión. 
&lt;br /&gt;–Vayan por el túnel yo dejé trazado el camino, así que sigan las indicaciones, al llegar al final se esperan, porque vendrán unos amigos a recogerlos y estarán a salvo, con ellos. –Decía mientras agitaba las manos, indicándoles por donde deberían ir. 
&lt;br /&gt;De repente se abrió el ascensor…
&lt;br /&gt;Ricardo abrió los ojos como águila en alto vuelo divisando su presa, mientras maquinaba cerebralmente como había dejado el paso por el túnel y la probalidad que tenían de huir los compañeros. Y si los indios habían captado aquellas señales que les había dejado al final del túnel, aunque hizo bien los procedimientos que había aprendido cuando convivió con Cahitzan. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El truco trataba de echarle varios colorantes a la fogata para advertir el peligro y pedir auxilio. El humo colorante se expandía en línea recta como columnas verticales siendo capaces de impresionar a cualquier persona que lo viera. Así también dejaba intercalarse unos círculos de muchos colores, que se suspendían en el viento.
&lt;br /&gt;“La última vez que lo había usado fue cuando se encontraron acorralados en un abismo que no tenía salida. Estuvieron tres días en ese agujero, hasta que Cahitzan, cortó su cabello, lo tendió sobre unas ramas de zarza seca, y sacó de su alforja un paquete bien tallado con tuza de maíz. Las colocó y chocó dos piedras, hasta hacer caer unas cuantas chispas al cabello que hizo arder la zarza. Luego con una manga de la camisa que le arrancó a Ricardo, encendió fuego y le echó el polvo colorante que guardaba en las tuzas, hasta hacer correr círculos verticales en línea recta, en el aire. 
&lt;br /&gt;Esto Ricardo nunca pudo hacerlo. Esos anillos de humo verdes, amarillos, rosados, negros, de todos colores, intercalados, luego dejaron salir una columna en línea recta.
&lt;br /&gt;Ricardo dudaba, pero no decía nada. Simplemente observaba a su maestro que dirigía algunas oraciones, sentado con las manos de palma a palma a la altura del pecho, con los ojos cerrados. Pasado dos horas de estar haciendo aquel ritual, sintió que le cayó algo en la cabeza. Era un bejuco enorme, porque habían llegado cinco indios a sacarlos, de aquella prisión. 
&lt;br /&gt;– ¡Vaya, tú idea surgió efecto! –Dijo Ricardo– Golpeando la espalda de su amigo. 
&lt;br /&gt;Cahitzan se le quedó viendo, y le dijo: 
&lt;br /&gt;–Deberías de aprenderlo, algún día te verás en apuros y lo vas a  necesitar. 
&lt;br /&gt;Ricardo se quedó quieto y tomó el lazo natural, seguido de su compañero y ambos se suspendían sobre la barranca, hasta lograr tocar tierra firme. Desde ese entonces no había practicado aquella fórmula, para no crear falsas alarmas. 
&lt;br /&gt;Y fue hasta ese día, que quiso poner en práctica las técnicas de su gran maestro Indio blanco”.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ante sus ojos brilló una medalla que irradiaba sentimientos de recuerdo. 
&lt;br /&gt;La pareja que aparecía frente al ascensor; al ver aquellos hombres tirados y a ningún secuestrado en sus lugares de siempre, culparon a Ricardo y quisieron salir corriendo de regreso al ascensor; para poder pedir refuerzos. Todo fue inútil en aquel intento de escape. La velocidad de Ricardo fue más impresionante.  Se desplazó a cierta distancia y de inmediato le reventó la medalla a aquella joven que anteriormente la había visto en el Jeep, cubierta por un velo que le protegía el rostro, y Juan el compañero fue quien sufrió una caída cuando Ricardo le estropeó el paso. 
&lt;br /&gt;La estancia parecía estar llena de los hijos de la muerte, que quería devorar la vida de los infelices. Antes de que el ascensor se cerrara, Ricardo tiró la medalla y le dijo a Susana, quien ya se encontraba de pie: 
&lt;br /&gt;– ¡Tómala y huye! ¡Huye! Enseguida te alcanzo mi cie… y las dos hojas del ascensor no dejaron pasar toda la palabra tras cerrarse. 
&lt;br /&gt;Ricardo tenía como rehenes aquellos dos tipos y antes de que se volviera a abrir el ascensor los convenció a que le dijeran quienes estarían al abrir el ascensor, y que andaban haciendo abajo. 
&lt;br /&gt;Ambos le explicaron  que estaban rodeados de policías y que iban simplemente a avisarle a las tres fieras que habían mandado para tener refuerzos. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;ENFRENTAMIENTO
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Al abrirse el ascensor fue sorpresa para don Fernando Cascada. Encontrarse con su rival de amores. Ricardo se había transformado más en un hombre de combate, que en un profesional en ventas de medallitas, de lo cual Fernando siempre se había burlado. 
&lt;br /&gt;Fernando se caló el sombrero sobre sus fruncidas cejas y le dejó ir una mirada como si lo quisiera fulminar con los ojos, que parecían casi abiertos. Los otros tres hombres que estaban con él, tiraron las cartas sobre la mesa, y las bebidas alcohólicas se derramaron sobre el mantel decorado con gansitos de hilo y unas  lagunas florecidas de madeja. El jefe, que sin duda era Fernando alias “El Pana” se echó la mano a la boca para dar el último sorbo a su copa de vino puro. Puso la copa vacía sobre la mesa y saboreó su paladar, mientras se chupó los labios y con aprensión burlona dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Vaya, vaya! a quien tenemos aquí, nada más y nada menos que al Romeo, de aquellos tiempos, o al príncipe de cuentos de Hadas que viene a rescatar su princesa. –Se levantó el sombrero y  siguió con su voz irónica– Por lo visto acertaste bien. Me imagino que ya debiste a verla visto; sigue siendo hermosa como siempre lo ha sido. Pero tú sí que eres un pendejo bien hecho, crees que podes venir a invadir mis territorios y estropear mis planes. –Siguió insultándolo– Eres un pedazo de mierda, pero mira como es la vida, tú solito viniste a dar en mis manos, que obviamente será tu muerte, esa que te ha buscado por tanto tiempo. 
&lt;br /&gt;Erguió la cabeza e hizo una especulación dramática religiosa. 
&lt;br /&gt;– “¡Oh muerte! tú que andas vagando en el mundo, buscando a quien devorar para cargarlos en tus huesudos hombros. Yo, tu facilitador de almas, para que la entregues al demonio; te invoco para que vengas a recoger esta alma que ha venido a mis manos”. –Terminando aquel villano, su invocación. Un viento sopló como que si alguien atendiera aquel llamado. 
&lt;br /&gt;Ricardo sintió su cuerpo pesado y un escalofrío de la planta de sus pies hasta la punta de su pelo mal arreglado, pero dijo con voz valiente: 
&lt;br /&gt;–Ya déjate de payasadas, será mejor que te enfrentes conmigo, como supuesto hombre que eres. –Le decía mientras le tiraba los dos rehenes frente a ellos. 
&lt;br /&gt;Los tres mozos, que estaban con él, tomaron los rehenes y les clavaron un puñal en el abdomen, por la traición que les habían hecho. De traer a Ricardo, y cayeron aquellos cuerpos desvanecidos al piso, dejando manchados los mosaicos de sangre viva, que avanzaba, aprovechando su libertad. 
&lt;br /&gt;–JAJAJAAJAJJAAJAJAJAJA. –Se escuchó una carcajada sin gracia que provenían de la boca pestilente ha alcohol de Fernando. 
&lt;br /&gt;En ese mismo instante uno de los que estaba en la mesa alzó una escuadra y la afinó con su brazo extendido y su ojo puesto en el blanco con el dedo listo en el gatillo. 
&lt;br /&gt;–Ahora no te muevas desgraciado o te vuelo los sesos, ¡Digo si es que las mierdas tienen sesos! 
&lt;br /&gt;Ricardo se sintió ofendido como cualquiera se pudo haber ofendido. Aquellas palabras del Güirro, como lo habían apodado por ser tan flacucho y con apariencia de adolescente a pesar de sus 27 años que tenía encima. 
&lt;br /&gt;El Güirro siempre había sido uno de los mejores, franco tiradores que había tenido don Cascada, y gracias a su buen trabajo de su profesión “Asesino a sueldo” Don Fernando le tenía plena confianza; ya había trabajado varios años con él desde los 22, cuando ingresó a esa famosísima banda, por necesidades económicas y por influencia de algunos amigos que se prestaban para auto-secuestros. De esta manera el joven flacucho se había ido adaptando al ambiente hasta convertirse en matón a sueldo. 
&lt;br /&gt;Pero su esposa Lourdes, desconocía el oficio de su esposo hasta entonces, y su hija Estephani, mucho menos. La niña a penas iniciaba el Kínder. El flacucho Michael iba a dejarla a clases, antes de salir al trabajo, y Lourdes era quien se encargaba de irla a traer al mediodía. 
&lt;br /&gt;Cuando Michael llegaba cansado del trabajo, siempre le guardaba tiempo a su hija para que le contara todo lo que había aprendido y que había hecho con mamá, en su ausencia. Los ojos de aquella niña eran el alma del pobre padre, que sacrificaba su vida para sacar adelante su familia. Sin pensar que algún día también podía poner en peligro sus seres queridos. 
&lt;br /&gt;Estephani se sentía única cuando su padre le apretaba los mechones de su pelo de olas perfumadas que algunas veces se le cruzaban por su rostro inocente.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo se quedó paralizado al ver al segundo hombre que levantó una metralleta y se tiró la faja de tiros sobre su hombro. 
&lt;br /&gt;Fernando avanzó en dirección a su rival. Mientras los tiroteos se escuchaban en la planta de arriba. 
&lt;br /&gt;La policía había rodeado el montículo y había perforado los respiraderos con dinamita y bajaban con lazos que sostenían los compañeros militares. 
&lt;br /&gt;Los helicópteros volaban bajo con escaleras colgantes, por donde bajaban más soldados. Pero estas máquinas voladoras, desaparecieron tras el presentimiento, que una avioneta aparecería tras el cerro. No duró mucho aquel espionaje, cuando una avioneta revolaba como zopilote dando vueltas y vueltas sobre el banquete del cual va a saciar su hambre. 
&lt;br /&gt;Era una avioneta blanca, a penas se le podía distinguir las franjas azules, que indicaban que pertenecían al estado. Tras una oleada de viento, se vieron bajar como globos que arrojaba la avioneta, a tres paracaidistas. Seguro eran refuerzos militares. 
&lt;br /&gt;En la segunda vuelta que dio, volvió a arrojar otros tres al viento, y así dejó caer nueve soldados, que por mala suerte, uno de ellos quedó atorado en un árbol, pidiendo auxilio. Mientras que los otros cayeron en campo libre y se libraron con gran facilidad sin contar el que cayó en la laguna que por poco y se ahoga. El viento fue traicionero y los hizo tomar rumbos indeseables y peligrosos. 
&lt;br /&gt;Estaban ocho soldados especiales en tierra firme, mientras que Horacio gritaba desde las puntas de un cedro, que se amadrigaba con un ciprés altísimo. 
&lt;br /&gt;– ¡Auxilio! ¡Auxilio, que me ahogo! –El pobre quizás presintió algunas oleadas de agua, sin embargo era la cantimplora que le había explotado y mojándole todo los pantalones. 
&lt;br /&gt;El coronel Velásquez fue quien se aprovechó de su puntería y le dio al tejido que lo ataba del fajón y se precipitó inmediatamente bajo las ramas de aquellos robustos arboles. No había obstáculos. Pero el campo era lo suficiente espeso, como para que sufriera algunas lesiones al impactarse con algunas ramas. 
&lt;br /&gt;El coronel Velásquez, había hecho bien sus cálculos de física. Altura, velocidad, viento, distancia, peso del objeto y gravedad sobre el terreno. 
&lt;br /&gt;Horacio que era el chiste de todos, venía pegando tremendos alaridos. Quizás pensó que lo que le esperaría era una muerte segura. Pero los otros cinco soldados que habían caído cerca del lugar, tenían tendida la malla que siempre cargaban en la maleta por cualquier incidente, casualmente como uno de estos. 
&lt;br /&gt;Pero Horacio a pesar de sus demencias humorísticas, poseía un talento sobre natural, siempre estaba preparado para todo. Presionó el remache y en seguida se desplegó un mini paracaídas que le amortiguó un poco el golpe en la malla, y salió ileso, Renegando. 
&lt;br /&gt;– ¿Por qué sólo a mí me pasan estas ridiculeces? –Decía un poco colérico– 
&lt;br /&gt;Pero enseguida abandonaron el bosque espeso, subieron por la escalinata a reunirse con sus compañeros. Mientras los otros compañeros de batalla, le fanfarroneaban las costillas y le sumían los hombros, burlándose de la aparatosa caída. Por un momento habían olvidado la misión a la que iban, pero tomaron sus armas y se convirtieron en soldados militares que rodeaban el montículo. 
&lt;br /&gt;Un General gritó: 
&lt;br /&gt;– ¡Ahora si entren! han llegado las fuerzas especiales, mientras agitaba sus manos, haciendo ademanes de órdenes. Se introdujo un buen número de soldados; como abejas al panal o como hormigas a su hormiguero. Mientras el general les daba indicaciones y que actuaran ante cualquier reflejo. 
&lt;br /&gt;Capturaron a los guardias de la entrada, a los camaradas que visitaban la compañía. Y al que se opusiera a la fuerza militar lo liquidaban. Tenían orden del gobierno de hacerlo. Así mataron a un montón que eran fieles al patrón y de los que prefieren “Primero muerto antes que preso” 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Destaparon una bóveda, había dólares a montones. Uno de los soldados pensó en cogerse unos cuantos para él, pero se dijo: 
&lt;br /&gt;–Primero lo primero–
&lt;br /&gt;Al descubrir aquella riqueza en dinero, el comandante Terán que se había hecho presente y se le habían hecho brillantes los ojos ante tanto dinero murmuró: 
&lt;br /&gt;– ¡No!, la tentación no puede estar en este lugar. Se dio la vuelta y tras salir de la puerta lanzó una granada que incendio aquella cantidad de dinero, mientras que uno que otro se lamentaban, y otros veneraban el compromiso del comandante y la lealtad y honra que tenía.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Fernando arqueo las cejas, al darse cuenta de la explosión, y le reprochó:
&lt;br /&gt; –Ves lo que has provocado, hoy la policía está aquí, eres un estúpido –Argumentó Fernando– 
&lt;br /&gt;Ricardo sólo paseaba la mirada sobre aquellos dos tipos, como buscando la manera de escapar de los rayos violentos que le lanzaban con la mirada, y le dijo con voz tendida: 
&lt;br /&gt;–Al final este es el fin que tienen todos los malvados, hay un conocido refrán que dice “El que ha hierro mata a hierro muere” y este será tu final don Fernando Cascada. 
&lt;br /&gt;Aquellas palabras como que le dieron una bofetada de revés y derecho y le desplomó un fatal golpe, que Ricardo logró percibir y esquivarlo. Y de momento le gritaron: 
&lt;br /&gt;–No te muevas cabrón o te enfrías de inmediato. ¿Supongo que no quieres eso? Porque tu objetivo es llevarte a la chica, pero de todos modos vas a morir y esta va a ser tu sepultara. 
&lt;br /&gt;Ricardo se quedó inmóvil como que aquellas palabras tuvieran poderes mágicos que lo inmovilizaban. Quería alcanzar la pistola recortada que traía en la bota del pie derecho, pero sabía que a cualquier leve movimiento, aquel tipo que lo tenía enfrente apuntándole, no dudaría en jalarle al gatillo. Por lo que se tuvo que quedarse completamente congelado. 
&lt;br /&gt;Fernando aprovechó, hasta dejarlo yacido en el piso. Le dio un golpe en la mejilla, luego le dio el otro. Le dio un rodillazo en la boca del estómago, que lo dejó ahogado en un momento casi sempiterno para soportar el dolor. Pero gracias a los entrenamientos, el abdomen de Ricardo se había vuelto rústico, por lo que no le costó reincorporarse y ponerse de pie. 
&lt;br /&gt;Fernando lo agarró del pelo y le dio con la rodilla en la frente, hasta dejar salir un hilo de sangre disparado. Los gemidos de Ricardo eran insoportables, pero seguía encañonado. 
&lt;br /&gt;De repente así moribundo le dejó caer libremente un puñetazo en el pecho que dejó ahogado al combatiente. Derivándolo por la mesa, destartalando las copas y el vino que había dentro de ellas. Razón por lo que la camisa blanca de seda que traía puesta el Pana, resultó tintada de rojo. Parecía sangre. 
&lt;br /&gt;Al ver la reacción de Ricardo que se precipitaba sobre Fernando para rematarlo. El Güirro disparó su escuadra, perforándole la pierna a Ricardo, pasándola de lado a lado. El valiente se tumbó en el suelo, mientras el flacucho le apuntaba con la escuadra en el cráneo cabelludo del joven inerte en el piso. 
&lt;br /&gt;Este por unos instantes pensó: 
&lt;br /&gt;– ¿Tendrá alguna hija como la mía? –Pero su corazón mortífero sacó aquella absurda idea de la cabeza, mientras lo pateaba en el suelo.	
&lt;br /&gt;Don Fernando se levantó tambaleándose como si el vino que se había tomado hubiera hecho efecto de inmediato, y maldecía a toda costa a su pobre rival, que se encogía del dolor, al sentir su pierna adolorida. 
&lt;br /&gt;El Güirro seguía pateando a Ricardo, pero este a como pudo, pasó el pulgar de la mano derecha por las extremidades de la bota izquierda, y saltó una navaja que lanzó velozmente a pesar de su escasa habilidad. La navaja atravesó la manga de la camisa rallada que traía el Güirro, por un  momento pensó que lo había atravesado, sin tomar en cuenta que la perforada que le había hecho a la camisa, había cambiado de dirección la navaja. Clavándosela exactamente en el corazón al otro compañero que tenía la ametralladora. Este a la vez, creo que sin darse cuenta de lo sucedido. Giró su cuerpo para ver a su jefe, con una mirada de despedida y agradecimiento, o quizás de disculpa por a verle fallado en aquella última ocasión. Logró alzar varios tiros sin puntería, con el fin de vengar su propia muerte o de llevarse a alguien con él. 
&lt;br /&gt;Ricardo casi moribundo sin poder levantarse por la paliza que le habían dado, no sabía siquiera su verdadera postura. Su fisonomía era tan irreal que cualquiera hubiera pensado que se estaba despidiendo de este mundo. Ha como pudo se puso boca arriba, para ver caer su blanco perfecto, pero en lugar de eso, vio al Güirro volcarse sobre su cuerpo atirantado, sin memoria en el suelo. Aquel peso de huesos le había caído encima lo que le provocaba un intenso dolor en sus costados. 
&lt;br /&gt;Una de las balas finales que estaba disparando la ametralladora había alcanzado la frente de aquel valiente joven que con su profesión mal habida mantenía a su familia. 
&lt;br /&gt;– ¿Qué dirá mi esposa? ¿Qué dirá mi hija? –Se preguntaba en su agonía– perdónenme dijo con voz apagada, perdonen… y aquella expresión quizás fue terminada en el otro lado de la estancia a la que llegaría. 
&lt;br /&gt;Fernando se veía solo. Aterrado porque la policía casi le seguía los talones. Tomó el arma de Michael y lo separó del cuerpo de Ricardo dejándolo completamente descubierto y listo para descargarle todas las balas en el pecho y terminar así con su rival. 
&lt;br /&gt;Pero al momento de llevar la mano al gatillo, Ricardo la desplazaba hasta su cinturón, cuando presionaba el gatillo, obligando el arma a que vomitara el primer estallido. Ricardo presionó uno de los botones del cinturón a lo que se desplazaron dos hojas enormes que cubrían su cuerpo entero, y empezaron a girar velozmente, que parecía suspender el cuerpo de Ricardo ya que no tenía más fuerzas en su postura. 
&lt;br /&gt;Fernando disparó aquella escuadra con los ojos cerrados, sin percatarse del escudo que había construido Ricardo en cuestión de segundos. Las balas rebotaron, y una de ellas atravesó el cráneo de Fernando, otra le apagó el corazón y la otra se introdujo por el abdomen, y al final se volcó aquel cuerpo sin vida, hacia atrás. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo quiso fingir una sonrisa de victoria pero sus labios no le respondieron, estaba hecho trizas, en aquel lugar. Las hojas de acero que lo habían protegido, estaban a punto de apagarse, porque sólo era para unos cuantos segundos, que las había programado Sahí. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;La policía ya había capturado más de cincuenta hombres sin ningún rasguño, porque no fueron dignos de enfrentarse. Quizás ellos lo que menos querían; era morir. Pero así muchos resultaron mal heridos también, por lo que los bomberos que se habían adentrado a la escena terrorífica, estaban desempeñando un buen papel. Al igual que las ambulancias que subían y bajaban por aquella carretera destartalada, dando tumultos. 
&lt;br /&gt;También tuvo que llegar la morgue a retirar muchos cadáveres en el lugar de los hechos. Pero fue uno de los que estaba con Don Fernando, al momento que llegó Ricardo se escurrió por el pasadizo secreto, alertando a  una banda que trabajaba directamente para ellos y también llamó al jefe Espinal, el organizador de todos los proyectos con su voz de mando, para que fueran a la casa del Viejo Científico. Seguro él tenía mucho que ver en ese descubrimiento mortal que les habían hecho. Pero fue el jefe quien ordenó que le sacaran verdad, y si no que le cortaran la lengua y que le desposeyeran el alma de su cuerpo, que destruyeran el estúpido laboratorio para no dejar rastros y que la policía no sospechara más que de un incendio irremediable. 
&lt;br /&gt;–Es más yo voy a ir en persona para asegurarme. –Continuó el Jefe–
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;ESCAPE
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo se fue arrastrando hasta el ascensor. Llevaba una fisonomía infrahumana, pero con la poca fuerza que le quedaba, apretaba los dientes mientras los mostraba tenaces ante la sombra de sus flaquezas. Por fin  logró entrar, y al cerrar la puerta, presionó el botón amarillo; el único funcionable que quedaba, porque los demás al arrastrarlo con los dedos decía la operadora: “Acceso anegado” y el joven pudo bajar hasta el último piso donde habían tenido los rehenes, entre ellos su principal amor. 
&lt;br /&gt;Susana ya estaba recuperada gracias a Junior quien se regresó del primer grupo que había escapado y le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Hay mujer! tú sí que tienes suerte, mira que guapetón el que vino a sacarte de aquí. –Le dio una palmada en la espalda mientras le decía, cuanto la envidiaba. 
&lt;br /&gt;Y así estuvo acompañándola hasta que apareció el héroe en el ascensor. 
&lt;br /&gt;Junior al ver de frente a Ricardo desvanecido en el suelo, salió corriendo y le dijo: 
&lt;br /&gt;– ¡Hay no papacito! que te hicieron esos malvados hombres, no más mira como te dejaron esos desgraciados. 
&lt;br /&gt;Sin ninguna malicia Susana se incorporó con Junior para levantar a Ricardo y llevárselo casi de arrastras, pero este se resistió de inmediato. 
&lt;br /&gt;Su hombría rechazaba la ayuda de Junior, y decía que el solo podía, que no se preocuparan. 
&lt;br /&gt;– ¡Hay no! –Renegaba el colaborador– hombres, siempre machos, siempre impertinentes –Decía el joven Junior– Pero si así lo quieres te dejo solo, a ver qué haces. –Continuó el joven amablemente– 
&lt;br /&gt;Ricardo por compromiso recobró sus fuerzas y caminó hacia el túnel, tomando la mano de Susana. El compañero iba tras ellos, vigilando sus espaldas.
&lt;br /&gt;Ricardo iba cansado, pero no le gustaba la idea que Junior lo cargara entre sus manos, así que decidió no decir nada y tratar de avanzar hasta el final del pasadizo. Al llegar al final no había nadie. Lo que, supusieron, que los indios ya habían llegado al rescate. Y se quedaron parados agudizando sus oídos para ver que podían escuchar. Pero fue Junior quien sacó la cabeza para ver. Sólo divisó hacia arriba, y luego bajó la mirada, saliendo despavorido y por nada se le sube a los brazos al cansado héroe, pero se detuvo. Susana le preguntó un poco preocupada: 
&lt;br /&gt;– ¿Qué te pasa amigo? ¿Qué viste? –Siguió interrogando la joven– No me digas que vistes al diablo, porque no creo que el infierno sea más cruel que esa prisión de la que venimos. –Bromeó Susana– 
&lt;br /&gt;Ricardo sonrió. Había comprendido la palidez que el nuevo amigo mostraba en su rostro demacrado por la soledad, y carente de amor. 
&lt;br /&gt;Junior respiraba profundo con el corazón alterado y a medias palabras informando la inmensa altura que había hacia abajo, y la exagerada altura hacia arriba. Asegurando que no había manera de subir a la superficie, y por un momento se contuvo y pensó 
&lt;br /&gt;–Yo creo que los compañeros se han ido al abismo. –Se tomó la cara con sus manos extremadamente blancas y se las deslizó por sus mejillas gritando: – ¿Dios que has hecho de ellos? 
&lt;br /&gt;Ricardo con mirada burlona y seguro que lo que Junior decía era puro cacaraqueo, asomó la vista y la dejó pasear por la intensidad del sol y la precipitación del abismo. En ese instante aparecieron todos los compañeros que se habían escapado. Estaban escondidos al otro lado de una desagradable pared en ruinas. Se habían ido a refugiar allí, por si los secuestradores, se atrevían a seguirlos. 
&lt;br /&gt;– ¿Y ahora qué hacemos? –Preguntó el Italiano– ¿Qué solución da a esto, señor? de haber sabido que nos encontraríamos con un callejón sin salida, me hubiera quedado tras las rejas, porque no estoy preparado para morir en estos momentos. 
&lt;br /&gt;–Ha pedazo de idiota. –Corrigió otro– Que no vez que daba lo mismo, si te quedabas siempre te iban a quebrar, por lo menos aquí hay una esperanza de libertad. No importando si la encontremos con la muerte, pero no quiero que me pase lo que le pasó al Checo. –Decía aquel hombre, con sus palabras tan serenas– Daba la sensación que se había ganado la atención de todos, pero Ricardo no escuchaba aquellas pláticas y teorías vagas, sólo esperaba la llegada de sus amigos. En ellos si podía confiar. Y todos los demás discutían lo mismo, mientras Ricardo ya recuperado grito: 
&lt;br /&gt;– ¡Silencio! ¡Ya cállense! si siguen con su cacaraqueo, despertarán la bestia. 
&lt;br /&gt;Todos se quedaron atónitos, mientras se preguntaban de qué bestia estaría hablando Ricardo, y con más razón se llenaron de nervios y pánico por completo. 
&lt;br /&gt;Susana paseaba la mirada entre los aterrorizados y la serenidad de Ricardo. Confiaba sutilmente en las palabras de su amado, mientras aquel humo de colores se seguía suspendiendo, por la altura del sol que ya casi se pondría, dentro de unas cuantas horas. 
&lt;br /&gt;Todos calcularon que eran las 4:00 pm. Ricardo lanzó la mirada hacia el otro extremo de la barranca y vio a alguien que agitaba las manos. 
&lt;br /&gt;– ¡Allí están! ¡Allí están! gritó alguien 
&lt;br /&gt;–Por su puesto, ha llegado nuestra salvación. –Sonrió Ricardo- 
&lt;br /&gt;El indio que estaba al otro extremo, disparó una lanza que se clavó en la barranca donde estaban los prisioneros. Casi ha medio metro donde estaban parados, porque se sintió el impacto, cuando iba perforando velozmente bajo sus pies. 
&lt;br /&gt;La lanza era de acero y fue disparada por un cañón flechero que habían fabricado gracias a la inteligencia de Ricaryat y el fallecido amigo Cahitzan, cuando fue la primera batalla. 
&lt;br /&gt;Tras ella llevaba una argolla que arrastraba un lazo que se templó inmediatamente, junto a ella cuatro argollas que se resbalaban sobre el lazo, cuyas argollas estaban ubicadas, dos sobre el lazo, de las cuales se desprendían dos abajo para colocar sin ningún problema los pies. Las de arriba eran para agarrarse con las manos y arrastrarse hacia al otro extremo, uno de los indios dijo en su idioma. 
&lt;br /&gt;–Pero eso no es suficiente, miro muchos compañeros del otro lado. 
&lt;br /&gt;Entonces prepararon el cañón y lanzaron otra flecha que perforó medio metro arriba de sus cabezas, la cual llevaba muchos juegos de argollas que serían suficientes para todos. Ricardo subió un poco y bajó aquellas argollas, y las preparó de inmediato, dándoles un juego de argollas a cada uno.  Pero fue uno de ellos que desesperado quiso subir por la cuerda que estaba clavada al lado de arriba. Ricardo lo agarró y le dijo: 
&lt;br /&gt;–Ni lo pienses, si no quieres quedar, hecho trizas abajo. Que no ves que con tu peso se desboronará y nos dejará sepultado esa simiente que está sobre nosotros –Mal humorado Ricardo le gritó– 
&lt;br /&gt;Le explicó al primero, cuáles eran los movimientos que debería hacer. En seguida se encaminó el primero y se dejó resbalar hasta el otro extremo donde lo esperaba un cajón que lo suspendían los indios mediante unos trepadores de hierro que Ricardo había fabricado en la primer guerra que tuvieron. 
&lt;br /&gt;Así fue como rescataron al primer hombre; quien se sacudió al llegar a tierra firme y quiso agradecerles, pero no sabía cómo hacer, si no hablaban el mismo idioma. Canguram le dio una palmada en la espalda y le dijo: 
&lt;br /&gt;–No te preocupes, Ricaryat nos enseñó a manejar un poco el español, así que en confianza por favor. –Terminó el jovencito– 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Así uno a uno fue pasando. Ricardo y Susana se quedaron de último, mientras faltaba poco para que el sol desapareciera por las laderas tras el cerro Pinpiganio, como le llamaban los amigos de Ricaryat. 
&lt;br /&gt;Cuando le tocó el turno a Junior, no sabía ni que hacer. Se colocó las abrazaderas en las muñecas y Ricardo lo corrigió que debía llevarlas en la palma de la mano y sostenerla fuertemente con los dedos para que lograra avanzar, y además que sostuviera los pies siempre en equilibrio ya que el riesgo de caer era grave. Junior se persignó y le dijo a la virgencita que no lo defraudara, pero al primer intento que dio para avanzar, cambio de colores al resbalársele las zapatillas que usaba y de repente se vio obligado a soltar las manos. Lo que le permitió a la gravedad tomar ventaja sobre él…
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Una flecha certera que disparó Candalux, un indio bien entrenado para dar en el blanco. Quien estaba parado en la mitad de la muralla. Fue el mismo quien disparó el cañón que estaba ubicado en una entrada a otro túnel, como que si fuera la continuidad del que los muchachos estaban dejando en esos momentos. 
&lt;br /&gt;El Tiro que arrojó el indio fue como el que hizo Canguram, cuando le salvó la vida a Ricardo, quien iba a ser sacrificado en la Loma. Y es que disparó su arco que cambio de destino a la flecha forrada de llamas que acabaría con la vida del caballero Cáceres. 
&lt;br /&gt;Pero está flecha que fue disparada por Candalux, atravesó el cinturón de Junior quien al desplomarse se puso en línea recta listo para caer, Candalux que presenciaba el hecho no tuvo otra opción que arriesgarse a dar en el blanco. La Flecha se introdujo al nivel de sus pies atravesando el cinturón desgarrándole la camisa blanca de hilo, y chamuscando uno que otro cabello de su cráneo. Clavándose en el paredón, quien en el estirón y tiemple del lazo, le presionó severamente el estómago y gritó despavoridamente. Arrepentido de haberse adentrado a esa peligrosa a ventura. 
&lt;br /&gt;A Ricardo no le quedó más de darle la mano para suspenderlo, pero Junior no sabía qué hacer, Ricardo le gritaba que se sostuviera con una mano de él y con la otra soltará la faja. Pero el muchacho repleto de nervios no sabía qué hacer; por fin se tranquilizó y confió en la mirada de Ricardo y cerró los ojos y reventó los ojales de su pantalón y apuñaleó la faja con el puñal que Ricardo le pasó. Esto provocó desplomarse y golpearse las rodillas, el pecho y la cara en el paredón. Mientras sollozaba, alzó su otra mano para que Ricardo lo subiera. El Héroe, con gran presión y fuerza lo iba subiendo hasta que logró tirarlo junto a los pies de Susana. Lo regañó fuerte y le explicó de nuevo el procedimiento. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Junior se recuperó casi de inmediato y se secó el llanto, y fue entonces que por primera vez en la vida, sintió, que un coraje de hombría por si mismo le recorría revuelto con la sangre que le impulsaba el cerebro. Tomó las argollas nuevamente y se dejó ir hasta el otro extremó. Los que ya estaban al otro lado le gritaban, elogiando su esfuerzo. 
&lt;br /&gt;Susana se apresuró y sin ningún problema se puso en tierra firme del otro lado. 
&lt;br /&gt;Ricardo era el último, y sólo quedaban dos argollas lo cual lo obligó a agarrarse y lanzarse mientras que con su extrema fuerza se balanceaba para avanzar. Su pierna estaba herida, pero hacía un esfuerzo moviéndola para poder avanzar hacia el otro lado. Ya para llegar al otro lado de la barranca, sus oídos percibieron un estruendo, que le recordó lo que había vivido con Canguram, hace algunos meses atrás, y gritó: 
&lt;br /&gt;– ¡Dense prisa! ¡Huyan! ¡Huyan! ¿Qué esperan? ¡Lancen luego el ascensor portátil! 
&lt;br /&gt;Cuando se subió a la caja, se dejó ver un cuerno plateado que reflejaba en las últimas iluminaciones muertas de la tarde, y se desplomó aquel enorme cuerpo sobre Ricardo. Quien subió como un rayó a la superficie, llevando consigo a Candalux colgando de sus manos, porque él era quien estaba despachando a los ex secuestrados en la caja, para que subieran arriba. 
&lt;br /&gt;Cuando el cuerpo entero de la serpiente había salido del túnel que acababan de dejar los aventureros, y destruyéndolo por completo, se vio una luz que partió el espacio y un estruendo que despedazó, carbonizando al animal con un poder de electricidad jamás antes visto por los seres que observaban la fiera que se precipitaba sin ningún sentido hacia el abismo. 
&lt;br /&gt;Después de haber recuperado el agudizado oído, todos. Ricardo repitió las mismas palabras del anciano, aquella vez que tuvo la experiencia con Canguram y hoy entre un buen número de personas. 
&lt;br /&gt;Olvidaron lo pasado y Ricardo saludó a Canguram y le notificó lo mucho que había crecido, y a Candalux la gran habilidad que había agarrado en los blancos, al salvar a Junior de las garras de la muerte. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;LA CIUDAD, PERDIDA
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo presentó a Susana ate sus amigos indios, y a Canguram se le iluminaron los ojos y le dijo: 
&lt;br /&gt;–Al final, todo esfuerzo vale la pena, hoy ya la tienes entre tus brazos. 
&lt;br /&gt;– ¡Sí! –Afirmó Ricardo– –Cuanto me hubiera gustado que Cahitzan estuviera aquí para que la conociera. –Se encogió de hombros y suspiró profundo– Giró su cuerpo para ver las ruinas del túnel y divisó una linterna cambiando de lugar al otro lado, y supuso que era el viejo que había venido a ver, al escuchar aquel espantoso estruendo. Se dio la vuelta tomó a Susana abrazada y se fueron caminando al carruaje que le habían preparado los amigos de Indipandú. 
&lt;br /&gt;Ricardo subió tras Susana y se acostaron; mientras que Junior tuvo la suerte, que le prestaran un asno para no caminar, ya que había sido el que más había arriesgado la vida, y pensaron que estaba tan nervioso. Más con el tono de voz que sus labios trasmitían.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Llegaron a una colonia que habían construido, allí pasaron la noche y comieron en grande. Ricardo se despreocupó al tener a Susana en sus manos.  Al amanecer, ambos no quisieron moverse, porque sus cuerpos necesitaban recuperarse. 
&lt;br /&gt;Y se quedaron varios días en la colonia, donde Ricardo salía de paseo con Susana. A veces al mercado para comprar verduras, otras veces a visitar los ancianos de la aldea. Susana parecía muy simpática por lo que se volvió bien querida para todos. También visitaron algunas cataratas y muchos arroyos donde se impregnaban y jugaban disfrutando de la compañía. 
&lt;br /&gt;El héroe se sentó a la orilla del pequeño rio y rasgó ciertas partículas de grama con sus manos, y se le quedó viendo a los ojos, mientras Susana no despega la sonrisa que la adornaba siempre. Ambos se acercaron y se dijeron cuanto se amaban después de un sentimental beso que los transportó a la dimensión perfecta para sus vidas. 
&lt;br /&gt;Acordaron casarse el domingo de fiesta para la Tribu, todo fue preparado por el gobernador, que había asignado Canguram a aquella región inexistente para los hombres civiles. 
&lt;br /&gt;Llegó el esperado domingo y se casaron en la ermita sagrada por el sacerdote Caraloquie, quien encomendó un ritual sagrado al Dios del matrimonio. Ambos aceptaron amarse hasta que la muerte los separara, “Hasta que la muerte los separe”, se quedaron quince días más con esa gente que tanto amaba Ricardo. 
&lt;br /&gt;Los compañeros de Susana, le hacían una rueda todas las tardes, algunas muchachas dándole consejos, como tratar a Ricardo, y otros bromeando, para pasar la tarde, y las niñas eran apetecidas por Susana por lo que todas las tardes iniciaban juegos diferentes. 
&lt;br /&gt;Ricardo les enseñó un nuevo juego a los niños, después de haber fabricado una esférica bola de hule, porque los niños todas las tardes le llevaban leche de un árbol que al secarse se convertía en hule. Buscó un lugar plano y espacioso, marcó el área y construyó dos parales que servían de portería, y así dieron inicio a un nuevo juego en la tribu. El famosísimo Fútbol, porque Ricardo nunca pudo aprender algunos juegos olímpicos que realizaban ellos. 
&lt;br /&gt;Canguram pronunció que el juego estaba divertido y que desde que Hércules dejó los juegos olímpicos, a nadie se le había ocurrido intentar con uno nuevo en la tribu. Para algunos ancianos, les pareció ofensivo ante los dioses. 
&lt;br /&gt;Ricardo se sintió admirado al igual que los otros compañeros. En la tribu, conocían perfectamente el mito, de Hércules, de Ares, Artemisa, Zeus, y todos los dioses de la antigua Grecia. Discutieron por un buen rato el tema, hasta que anocheció, y cambiaron de tema y dieron inicio algunos relatos, siempre mitológicos, pero sobre la tribu. Hablaron de fantasmas, y otros sustos que deambulaban las calles a media noche. 
&lt;br /&gt;A Junior se le engrifaban los vellos, y decía que eso le daba pavor. Susana acrecentaba los ojos, tal vez no sentía miedo porque estaba con Ricardo, pero en su interior quien sabe lo que pensaría. 
&lt;br /&gt;Luego cayó una tormenta eléctrica que azotaban las casuchas. Los ancianos en su tema seguían orándole a los dioses y pidiendo perdón, y aseguraban que los dioses se habían molestado por haber traído un nuevo juego a la aldea y no aquellos que practicaban por costumbre y tradición. Pero al amanecer todo amaneció calmado, como que si nada hubiera ocurrido en la noche anterior. 
&lt;br /&gt;Canguram, reunió a todo el pueblo y les prohibió que pensaran mal de Ricardo, y que el nuevo juego que había traído. Era para divertir a los pequeños y poder ir cambiando un poco la historia de aquel lugar. Y que recordaran que gracias a Ricardo, habían podido vencer a sus enemigos y por lo tanto lo consideraran como uno de los suyos, dándole los honores que se merecía. Todos se disculparon con Ricardo y volvió la armonía entre aquellos grandes y pequeños amigos de la tribu.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Llegó el día de partir. –Anuncio Ricardo– Prepararon los regalos que habían recibido. 
&lt;br /&gt;Susana se veía hermosa, vestida con aquellos atuendos y adornada con aquellos diamantes, y collares de piedras y huesos tallados. Parecía una reina en aquella tribu, todos se le hincaban al igual que lo hacían con Ricardo, porque Canguram les había contado la historia, razón por la cual a Ricardo lo consagraron como un héroe que salvó su paraíso indígena. 
&lt;br /&gt;Todos se encaminaron y montaron finos caballos. El camino sería muy difícil, ya que no tenían idea como llegar a la ciudad. Se despidieron… 
&lt;br /&gt;Y aquellos hombres, antes prisioneros meneaban la mano en un vaivén de adiós, y agradecimiento. Eran testigos de una ciudad olvidada, desconocida por la civilización y un tesoro que jamás sería encontrado, ni aun cuando hubiera codicia en sus corazones. La ruta se veía pesada pero era el camino para llegar a sus casas con sus familias. 
&lt;br /&gt;Y así se encaminaron. Ricardo con su esposa, Junior, Francisco el Italiano, y todos los demás que habían estado secuestrados. Olían y disfrutaban el aroma de la libertad.
&lt;br /&gt;Algo que realmente no lo esperaban, pero que estaba allí, esa libertad que tanto habían añorado en sus días de cautiverio, y hasta se les llenó el corazón de un sentimiento de amor. De ese amor que calcina y que consume, porque todos pensaban en sí mismos, y en la oportunidad que les había dado Dios de vivir. Por lo tanto pensaban compartir muy buenos momentos con sus seres queridos, y que se iban a olvidar de la ambición, apartando por completo los rencores, y construyendo el amor que lo puede todo. El gran amor por los demás. 
&lt;br /&gt;Algunos más inteligentes pensaban lo que  hubiera pasado, si los  hubiesen matado. A algunos se les rodaban las lágrimas al pensar que no volverían a ver a sus hijos, a sus esposas, a sus padres, y otros porque no habían cumplido su propósito en la vida. 
&lt;br /&gt;Y decidieron no dejar las cosas para mañana, menos aquellas que pueden construir una nueva vida y arrancar una sonrisa de los ojos más tristes del universo: Como un te quiero, eres importante para mí, yo te amo. En fin todas aquellas palabras constructivas que sirven de alimento para nuestra alma y que llenan de energías nuestros ánimos.
&lt;br /&gt;Pero allí iban, los que estuvieron cautivos. Hoy jugando con las caricias del viento y los hermosos pincelazos del paisaje. Todos iban contentos…
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&lt;br /&gt;POR FIN LIBRES
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&lt;br /&gt;	
&lt;br /&gt;Se formaba una ciudad ante los ojos de los caminantes, y de inmediato se les llenó los ojos de una felicidad incomparable, porque después de estar un buen tiempo en lugares perdidos, hoy ante sus ojos los llamaba una ciudad civilizada. Allí se veían los estadios, los edificios, los vehículos, los grandes barcos despegando del lejano puerto. Allí estaban aquellas chimeneas humeando, quizás anunciando un delicioso café, o el calor casero que ofrecen a las familias. Por unos instantes se sintieron envidiosos de aquellos ciudadanos que se veían pasear por las lejanas calles, y desearon con todo su corazón ser ellos los que estuvieran allí. Pero Ricardo les dijo que no comieran ansias, ni se desesperaran por llegar, porque si no se morirían antes de tiempo, de un ataque cerebral. Fue lo que dijo el joven casi riendo, mientras ellos abatidos y agobiados por el cansancio de su viaje, contemplaron las luces del horizonte, y bajaron por la senda hasta encontrar un lugar apropiado para descansar. 
&lt;br /&gt;Lograron comer de sus provisiones, que si no se equivocaban no pasarían de un día más, pero tenían la esperanza de estar antes del anochecer del siguiente día, en aquella bella ciudad que divisaron del filo.  
&lt;br /&gt;Escucharon algunos aullidos que hicieron eco en sus oídos, pero Ricardo les explicó que no se alarmaran, que mientras practicaran la técnica del viejo que lo sacó del túnel una vez, estarían a salvo. Ya que dormían en medio de un círculo ardiente en llamas, que además de darles calor, les daba seguridad, ya que no existía ningún animal feroz que le gustara el fuego. Quisieron contar algunos chistes, pero nadie resistió la tentación del sueño, por lo que terminaron quedando plácidamente dormidos. Al amanecer apagaron el fogón de la ronda y se aprestaron a la aventura de un nuevo día siempre con destino al norte. 
&lt;br /&gt;Ricardo había dejado la espada clavada en un árbol indicándole el camino que debían seguir. Esta espada era el recuerdo que le había dado Canguram, diciéndole que la merecía por todo lo que había hecho por su pueblo. 
&lt;br /&gt;–Esto para que se acuerde siempre de nosotros. Aquí estaremos esperándote compañero. –Le dijo apretándole fuertemente los hombros– 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Montó a su corcel y en seguida montaron todos y caminaron, pasando por laderas y valles hermosos, y otros, muy peligrosos por el terreno. Casi para el anochecer estaban pisando tierras civiles, porque escucharon ladrar algunos perros y los motores de algunos vehículos que transitaban. Poco a poco se aproximaban a la cuidad, donde pasarían la última noche de cansancio y desesperación. 
&lt;br /&gt;Una sonrisa se apoderaba de Susana quien ya no daba un paso más en su caballo Blanco. –El más honorable– Todos bajaron y buscaron comida en algunas casas de familias humildes y amables. Todos se cogieron de una vivienda por separado ya que a todos los hospedaron, después que contaron su larga trayectoria. 
&lt;br /&gt;Ricardo tomó el teléfono y llamó al móvil del señor Sahí, y todos lo imitaron, llamando a sus familiares. Diciéndoles que ya estaban libres, que los fueran a recoger al sitio donde se encontraban. –Un lugar fronterizo con Nicaragua– Todos estaban contentos, y atendiendo a sus anchas la libertad. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;El teléfono sonaba, y sonaba, de repente una voz vaga habló – ¡Bueno! 
&lt;br /&gt;–Sahí– –Gritó Ricardo– 
&lt;br /&gt;–Como estás mijo– –Respondió el viejo–
&lt;br /&gt;Y entablaron una conversación muy amena e hicieron un plan, para ponerse en la capital al atardecer del próximo día. Ricardo le comentó que llegaría con Susana, la esposa de él. Sahí sonrió y le dijo que lo felicitaba, y que al amanecer le iba a mandar un dinero para que se comprara boletos de viaje, o para que se comprara una camioneta. Ya que lo que él necesitaba era que se desplazara hasta la capital. 
&lt;br /&gt;Susana parecía contenta quizás nunca había tenido tanta felicidad en el alma, además de estar libre estaba con el hombre que amaba y sabía que el próximo día estaría en casa con sus padres. Llamó a don Jacinto, quien lloró al otro lado de la línea y a doña María no le cabían más lágrimas en las pupilas. Ella les dijo que el día siguiente, estaría abrazándolos, ya que los extrañaba muchísimo. 
&lt;br /&gt;Esa noche fue una de las más placenteras y cómodas para la pareja, y para todos los peregrinos. Ya que todos sabían que otro día estarían en casa, porque no hay nada mejor que el hogar, dulce hogar.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Al amanecer se encontraron con la luz del sol, uno abrazado del otro y disfrutando de la bellísima mañana. Ambos se prepararon, mientras los otros compañeros uno a uno se fue despidiendo, hasta que le tocó el turno a Junior. A él lo vinieron a traer en una camioneta muy lujosa, un señor con unas gafas que cubrían sus pestañas opacas, y saludó muy ameno al joven. Este se despidió tirándoles un beso con las manos y se escurrió por las cuadras de las calles, hasta perderse.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Ricardo y Susana salieron para el banco en compañía del señor de la casa, quien les iba a retirar el dinero. Entraron al banco por la puerta del frente, todos se les quedaban viendo, les parecía tan extraño ver gentes de esa calaña por esos lados. En seguida el señor Muñoz retiró los billetes y se los entregó a Ricardo, éste buen hombre, lo llevó a almorzar y al cabo de un una hora, Alberto Muñoz le ayudó a elegir el automóvil que compraría con aquel dinero, para movilizarse hasta la capital. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Compraron una camioneta muy extravagante, muy confortable. Hicieron los trámites correspondientes y después se compró un móvil para estar en comunicación con Sahí. Fue a dejar al señor Alberto a la casa y se despidió de la familia y tomó la calle principal. Sabía que llegaría a Tegucigalpa casi a la media noche. Esos eran sus cálculos de hora, después de haber pasado por la casa de los padres de Susana. Mientras conducía le contaba con lujos y detalles toda la historia que había pasado para poder encontrarla. Ella muchas veces se reía y otras veces se ponía seria y a la vez contraria, a lo que había hecho. Pero no le quedaba más remedio que aceptar, al fin era una larga historia para poder rescatarla de aquel infierno horrendo. 
&lt;br /&gt;De la misma manera Susana le contó toda su historia. Le habló que había conocido su verdadera madre, y que había muerto al intentar escapar con ella. Se asomaron varias lágrimas del corazón de la bella joven, mientras relataba lo sucedido. 
&lt;br /&gt;Ricardo manejaba con tranquilidad, sabía que cualquier momento lo detendría la policía para pedirle la documentación necesaria para poder manejar en el país, y sólo portaba los documentos del carro que acababa de comprar, pero despreocupado, le dio un sorbo al vaso de refresco que llevaba, y alcanzó algunos cigarrillos mientras contestaba la llamada de Sahí; que le decía que girara a la derecha y tomara la carretera donde no corriera riesgos de retenes, y así fue manejando, por un buen rato. 
&lt;br /&gt;Sahí lo iba dirigiendo por medio del radar y de inmediato lo llamaba para decirle; donde había postas policiales y donde no había retenes, y las vías alternas de las calles. Ricardo sonrió cuando le vio lucir la medalla en el pecho abatido por las vías del destino. Susana le explicó, que, cuando se dio cuenta de que se trataba de un secuestro, una mujer se la había quitado, diciéndole que era prohibido usar medallas en ese lugar; porque podía ser algún tipo de detector o algo así. 
&lt;br /&gt;–Pero como la medalla era de oro fino, al igual que la cadena –Continuaba Susana– No le quedó más, que lucirla, sin decirle a nadie que esa medalla pertenecía a mí. 
&lt;br /&gt;Ricardo agradecido que no la habían perdido, ni la habían descubierto, ya que gracias a ella, había podido detectar el punto exacto donde andaban, y agradeció que no la había vendido también. La acariciaba con la vista y le sonreía, lleno de lucidez en sus ojos alegres. Sahí seguía comunicando que calle tomar, cuando de repente… 
&lt;br /&gt;–Se cortó la llamada –Gritó Ricardo maldiciendo el teléfono– y se dijo: –Ya va a llamar nuevamente, disculpándose– 
&lt;br /&gt;Ella sólo se le quedó mirando y trató de consolarlo, asintiendo que luego llamaría. Pero pasaron quince minutos y nada, luego treinta y nada. Susana ya desesperada, marcó el móvil de Sahí y éste no sonaba, sólo la operadora que decía “Lo siento este número está temporalmente fuera de servicio, favor intente más tarde” Ricardo se empezó a preocupar. Mientras se paseaba la mano al entorno de su frente…
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;LA MUERTE
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Sahí colgó el teléfono y dio tres pasos hacia a tras, al reconocer a la Muerte, estaba a punto de cambiar de color. Pero la Muerte seguía allí, parada frente al umbral de la puerta de aquel inimaginable laboratorio. El viejo había trabajado para él, algunos cuatro o cinco años atrás. Cuando este malvado hombre, lo obligó a fabricarle unos radares y detectores para sus víctimas, ya que Alfredo Tejada. –Su mejor socio– quien había muerto meses anteriores en un enfrentamiento entre narcotraficantes, que el señor Espinal Alias “La Muerte” presenció de palmo a palmo el hecho sangriento. Siendo impactado por algunas balas que perforaron sus piernas, quien se salvó al caer en unos agujeros que estaban recién rellenos de basura, listo para aterrarlos. 
&lt;br /&gt;Allí permaneció, hasta que se apagó el fuego cruzado, luego mandó un mensaje del móvil, para que lo fueran a recoger sus hombres.
&lt;br /&gt; El señor Tejada, “que en paz descanse” había amenazado a Sahí, que sino realizaba ese trabajo iba a vitrificar con plomos su familia. Sahí, temeroso ante la amenaza y porque amaba mucho  su familia, le dijo que iba hacer lo que le pidieran, pero que no maltrataran sus hijos, hijas y esposa. Bajo ese convenio Sahí se vio infiltrado en los actos vandálicos que estos  hicieron, para poder capturar víctimas, y, aunque le depositaron una buena cantidad de plata a la cuenta, Sahí nunca había tocado aquel dinero. Allí permanecía, intacto en su cuenta. 
&lt;br /&gt;La cuenta quedó congelada por él mismo, dejando como beneficiario de esa cuenta a Ricardo, para que cuando él muriera, el joven disfrutara de aquel beneficio, sin pensar la forma en que se lo había ganado. Ese dinero pasaba a manos de Ricardo sin ningún problema. Así que dejó de preocuparse. 
&lt;br /&gt;Tenía las herencias repartidas entre sus cuatro hijos, Ramiro el mayor, Jennifer, Juan José y Jimena la menor. A su esposa Carlota le había dejado todas sus casas que mantenía rentadas en la ciudad. Y ese día inanimado, seguramente iban a cambiar de dueño, a como él, las tenía destinadas. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;La Muerte se acercó y lo agarró del Cuello y le dijo: 
&lt;br /&gt;–Maldito viejo, has acabado con toda nuestra empresa. Debí haberte matado cuando ya no te necesitábamos, sino que hoy has quebrado toda mi famosísima empresa. Todos están muertos y otros en la cárcel, y tú debiste ser el que le dio todo a ese muchacho que nos ha saqueado de nuestros rehenes, viejo maldito. –Decía la Muerte, mientras torcía los labios coléricamente– 
&lt;br /&gt;Sahí escupió el suelo y paseo la mirada entre los guaruras y le dijo: 
&lt;br /&gt;–Que bueno, me alegro, y muchísimo, que alguien les allá puesto fin, malditos insectos. –Decía, mientras trataba de ocultar algunas muecas de dolor en su abdomen estirado– 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;La Muerte sintió una bofetada y le clavó un tiro en el pecho, que le desfloró el corazón. Éste del coraje que cargaba, no se acordó de activar el silenciador y lo tiró al suelo y le pegó algunas patadas mientras le decía a sus compinches: 
&lt;br /&gt;–Métanle fuego a todo, que no quede rastro que aquí estuvimos. Todo debe ser tan natural así que pilas, pilas, ustedes son buenos profesionales, pero muévanse. –Fue la orden de la Muerte– 
&lt;br /&gt;Sahí con el poco aliento que le quedaba imitó un silbido amortiguándolo con el aire que despedía la ventiladora del techo. Esto hizo que saltaran tres fieras caninas, que bafeaban el miedo de sus víctimas en sus hocicos y babeaban, mientras sus miradas se clavaban en los asesinos del amo, que estaba derrumbado en el piso. 
&lt;br /&gt;Roqui, tenía la cabeza envuelta con un pañuelo rojo quien se lo desprendió cuidadosamente, pasándose el bate a la otra mano y dejando al descubierto su negro cráneo que brillaba con la candela que le brindaba claridad al cuartito de combustibles. Sacudía el pañuelo queriendo tranquilizar las bestias que vengarían la muerte de su amo. 
&lt;br /&gt;Aquellos tres hombres retrocedían paso a paso sin quitarles la vista a los enormes guardianes, para no dar a demostrar la cobardía que tenían a sus colmillos finamente afilados y hambrientos de humedecerlos con sangre tibia perforando mucha carne viva. 
&lt;br /&gt;Cuando el Perro alemán retrocedía, uno de ellos que llevaba la cadena en las manos, se tropezó en un recipiente de plástico, que produjo gran ruido y desapareció la tranquilidad de los caninos, desatándose en ladridos y abalanzándose sobre sus contrincantes. Pobre Pablo, alias el Perro, debió dolerle la tarascada que le dio la bestia, arrancándole toda la carne; desde su hombro hasta sus dedos, retorció la cara y se echó a reír. –Maldita sea –Se dijo– Mientras agitaba la cadena sin sentido, pero fue otra de las fieras quien se lo llevó de arrastras hasta el cuerpo de Sahí. 
&lt;br /&gt;Roqui le partió la cabeza a un Pastor Alemán cruzado con Buldog. Tenía su pelaje grueso, y una fisonomía increíble, pero Roqui desató toda su fuerza de cobardía sobre aquel animal, cuya dentadura era más fuerte que la de un cocodrilo en su campo. Pero cuando el perro cayó aullando de dolor, el tercero le devoró la espalda sin darle chance de defenderse, cayó su pañuelo rojo y cayó también su pesado cuerpo. Mientras el perro que se encargaba de arrastrarlos, lo llevaba hasta el cuerpo del anterior, para demostrarle a su amo, que estaba vengando su muerte. 
&lt;br /&gt;¡Qué increíble! parecía que aquellos perros tenían un sentimiento o algún uso de razón, pero el tercer hombre de barba encajada, fue quien le dio vuelta a los barriles de combustible y dejando inundado el cuartito. Él, parado en el umbral de la puerta, lanzó un fósforo encendido y fue así como explotó el cuartito de combustible, llevándose a los perros de encuentro y desapareciendo los cuerpos difuntos y sin darle chance a Casaña de escapar con vida…
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;La muerte disfrutó la explosión desde su carro blindado quien lo desplazó cuidadosamente y se esfumó, mientras los vecinos le notificaban a la policía que el único carro que había estado allí era una camioneta sin placas. En seguida la policía salió tras la misma dirección. 
&lt;br /&gt;Mientras la Muerte sonreía por el retrovisor, encendiendo un cigarrillo y fumándolo despacio para saborearlo, y echar algunas bocanadas de humo a su estilo. Volteó la mirada por el retrovisor y vio tres patrullas tras su ejecución, con una motocicleta más atrás. Esté aceleró, porque no se le vino otra idea que lo venían persiguiendo, y más, su carro sin placas resultaría completamente sospechoso, y de acuerdo a los niveles altos de ilegalidad y actos penales por pagar, no era conveniente que la policía lo viera rondar por ese lugar. 
&lt;br /&gt;–Maldita sea, se escuchó de sus labios. “Por eso dicen que el pecado acusa” –Afirmó él– En eso iba pensando, cuando le gritaron por bocinas: 
&lt;br /&gt;– ¡Deténgase!, ¡Deténgase! –Es con la camioneta blindada, –Gritaba un comandante– Detengan la camioneta blindada. –Ordenaban– 
&lt;br /&gt;La muerte prefería ir al panteón antes que ir a una cárcel, o a una entrevista presionada, porque sabía que la perdería. Y por eso aceleró más y más su vehículo, pero fue un error de conductor, porque al cruzar el primer semáforo se les pegó una patrulla más y no pudo controlar su adrenalina, por lo que terminó impactándose en un muro. Y fue así como el transportador de espíritu cargó la muerte en sus hombros. 
&lt;br /&gt;El carro quedó destruido, mientras que Saúl Espinal alias La Muerte quedó irreconocible, pero era él. El que había causado tantos actos vandálicos en el país. 
&lt;br /&gt;Un anciano de muy pesada edad, dijo con su voz de misericordia y lástima: – ¡Caramba! como dice el dicho “El que a hierro mata a hierro muere” y “El que por su gusto muere que lo entierren parado” pero este se fue antes que le cobrara la vida. –Reflexionó el viejo– Pero la única solución del problema es arrancarlo de las raíces y si la muerte era la raíz de este hombre, pues déjenme decirles que el problema se ha terminado.  –Concluyó el anciano–
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Enseguida se reunieron varios miembros noticieros, para informar de lo acontecido, utilizando todas las cadenas nacionales e internacionales, y todos hablaban de la caída de uno de los hombres más poderosos de la mafia. Saúl Espinal más conocido por la Muerte. Y el titular decía: “El espíritu de la muerte, encontró a la Muerte”
&lt;br /&gt;En aquellos reportajes que presentaban, le achacaban todos los delitos, habidos y por haber. Como ser: el uso ilegal de armas, fabricación de bombas nucleares, narcotraficante, y tenía bajo su custodia 89 secuestros, dentro de los cuales 45 habían sido mujeres, presa fácil para Fernando Cascada de nacionalidad panameña, quien había sido encontrado en las montañas de la Mosquitia y que su cadáver era trasladado hasta la capital para hacer muchos exámenes que determinaran sus achaques. Y luego repatriarlo pasa su país de origen. 
&lt;br /&gt;Un total de 35 cadáveres eran trasladados a la Capital para que los médicos forenses hicieran sus estudios y un total de 29 personas eran extraditados al penal Capitalino, para pagar sus fechorías. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Pero las celdas donde tenían los secuestrados aparecieron destruidas, por lo que afirmaron que debieron haber escapado, ya que hasta el momento no tenían ninguna información, porque la cueva donde se refugiaban los malhechores fue saboteada y terminó ardiendo en llamas hasta provocar una exagerada explosión que puso en peligro los hombres de la ley. 
&lt;br /&gt;Pero lograron salir y levantar los helicópteros y las tres avionetas que habían aterrizado, donde trasladaban los cuerpos ya sin vida. De 19 policías sin suerte y los 35 cuerpos de la banda. Mientras que los reclutados eran trasladados en los helicópteros y los de la fuerza armada bajaron en sus Jeep verdes, por el farallón de la cima, hasta caer a tierra firme. Siendo seguidos por cañones de fuego que despedía aquella caverna que parecía un volcán enfurecido. 
&lt;br /&gt;Gran cantidad de droga y dinero se destruyó dentro de la cueva, ya que allí tenían sus laboratorios y las bóvedas secretas para almacenar dinero mal habido. –Fue lo que informaron los medios de comunicación–
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;La Muerte, había sido flacucho. Desde pequeño, le gustaba esconder a sus amigos bajo el sótano de la casa, y allí los mantenía día y noche hasta que los dejaba en libertad. Ese era el juego que implementaba, y su padre Bartolo, aplaudía su medio de entretenimiento, al igual que su madre Amparo. Su apellido Espinal era muy conocido por las personas, y de muy prestigiosos recursos. 
&lt;br /&gt;Espinal desde pequeño sufrió problemas psicológicos, lo cual no le permitió realizar sus estudios primarios. A duras penas aprendió a leer y a escribir. Por lo mismo tanto abandonó sus estudios, dedicándose al comercio ambulante, y luego trabajó en una quesera. Así como también trabajó en la agricultura con don Eulalio Perdomo, quien le enseñó todo los pasos para hacer buenas siembras, y como provocar buenas cosechas con el maíz, el frijol, el arroz, el café y otras hortalizas. Pero cuando Saúl tenía los trece años de edad, empezó a trabajar por su cuenta utilizando las tierras de don Eulalio. 
&lt;br /&gt;Sembraba unas plantas raras para Eulalio quien gozaba de su ignorancia. Dichas plantas al estar de cosecha se las compraban a buen precio. La marihuana en aquel entonces fue el fuerte para su poder. Así empezó a ser conocido como la “Muerte Andando” Años después se incorporó a una pandilla, donde aprendió a ser violento y de un corazón frío. Pero realmente de donde le nació la idea de vivir de secuestros, fue cuando escuchó a un joven diciéndole a la novia, que él era capaz de dar la vida por ella y que no le importaba lo material. Él dejaba todo lo que tenía, sólo por verla feliz y contenta. 
&lt;br /&gt;Tras esa ideología, Saúl inicio a incitarse para comprobar aquellas habladurías que hacía aquel joven que ya lo tenía hasta la coronilla. 
&lt;br /&gt;Raquel era la joven que aguantaba horas y horas escuchando promesas de aquel muchacho. Ella cerraba los ojos y se llenaba de ira, pero no era capaz de decirle nada, porque en el fondo tenía un sentimiento bonito para él. 
&lt;br /&gt;Un día de verano, Saúl invitó a Raquel a dar un paseo en su camioneta porque irían a visitar algunas cabañas de un nuevo proyecto que estaba construyendo. La joven ni corta ni perezosa accedió a la cita de Saúl, sin poder compartir información con su fiel admirador José Luis. 	
&lt;br /&gt;El joven la llevó a las bellas cabañas. Luego la llevó a unas cataratas donde cazaron algunas mariposas después del almuerzo. El sol se iba alejando del firmamento, y decidieron regresar, extrañando aquellos momentos mágicos para la bella joven. Montaron en la camioneta para regresar a la ciudad. La calle estaba llena de soledad, y sin pronunciar palabras ambos venían meditando, y a Saúl se le ocurrió un chiste que hizo reír a carcajadas a la joven.
&lt;br /&gt;Todo marchaba bien, hasta que se les atravesó un Ford rojo y los encañonaron a ambos, minutos después que Saúl hizo timbrar una llamada. Raquel se sintió aterrorizada y Saúl fingía lo mismo, aparentaba nervios y le decía a la joven: 
&lt;br /&gt;– ¡No nos pasará nada, sólo son unos asaltantes!
&lt;br /&gt;La tomaron por las manos y la sacaron de arrastras del vehículo para introducirla al baúl de un turismo azul que aparcaba a tres pasos de ellos. A Saúl lo llevaron encañonado a otro vehículo rojo, separándolos a ambos. 
&lt;br /&gt;Saúl sacó un cigarrillo y cruzó los pies sobre el tablero y empezó a dar estocadas de humo, sonrió y dijo vamos a ver si en verdad aprecia a la tarada. Le dio el número de teléfono al Zopilote para que le informara a José Luis. Y le dijo: 
&lt;br /&gt;–Lo llamas a eso de las tres de la mañana y vamos a ver si así como ronca duerme… 
&lt;br /&gt;Los tres vehículos se desplazaron, cada uno con un destino diferente. 
&lt;br /&gt;En aquella carretera reinaba la soledad. Raquel no sabía a dónde se dirigían, pero presentía las maniobras que el chofer hacía por los movimientos turbios de su cuerpo sin voluntad. Además de eso, tuvo que aprenderse el número de baches en los cuales caía, porque pujaba entre los dientes y los labios cuando se dejaba caer otra vez al piso del auto. Pudo respirar aire fresco en aquel lapso incomodo de su vida, cuando la sacaron de la cajuela con los ojos vendados con un apestoso pañuelo, que la joven por nada vomitaba lo poco que había almorzado en casa de Saúl. 
&lt;br /&gt;La llevaron a un cuartucho oscuro, hasta que encendieron una vela y le quitaron la venda, ella preguntó: 
&lt;br /&gt;– ¿Pero dónde estoy? ¿A dónde me han traído? ¿Qué le hicieron a Saúl? –Preguntaba– 
&lt;br /&gt;Aquellos hombres disfrazados de payasos le dieron como respuesta la espalda, y le cerraron con candado la puerta. Ella gritaba hasta que se regresó uno y le dijo: 
&lt;br /&gt;–Mira muchachita, si sigues gritando te voy a meter un trapo repleto de mierda en el hocico… 
&lt;br /&gt;Ella no soportó con imaginárselo y tuvo que quedarse en silencio, absorbiendo todos sus gritos, quejas y reclamos de sí misma. Cogió una sábana y se recostó en el colchón tirado en el suelo, que realmente no estaba nuevo. Quiso pensar, pero el ataque de nervios y desesperación no se lo permitieron. 
&lt;br /&gt;Así pasó siete días en aquella pocilga, hasta que le abrieron la bartolina. Ella sintió un árido alivio cuando la bañó una muchacha, quizás de su misma edad. La cambió muy amablemente, pero sin pronunciarle una palabra. Raquel le hablaba, pero la joven no le respondía. Hasta que llegó a traerla un guardia, pudo darse cuenta que aquella joven era sorda y muda, pero con un aspecto embellecedor. Entonces se dijo así mismo. 
&lt;br /&gt;–Lo que me faltaba, estarle sacando platica a alguien que no me escucha y no me habla…
&lt;br /&gt;Le vendaron los ojos nuevamente, la subieron a un carro y se fue dando tumbos hasta dejarla en un callejón oscuro. Le dijeron que allí se quedara, que ya la iban a ir a traer los familiares. La joven hizo caso y no se movió para nada. Los secuestradores se alejaron lentamente. 
&lt;br /&gt;Como a los quince minutos apareció Saúl con la policía, y sus familiares. Ella se quedó sorprendida, pero a la vez emocionada de ver a Saúl en camino a su rescate, atrás iban sus padres y la abrazaron, mientras ella temblaba del trauma que había vivido. 
&lt;br /&gt;La llevaron al médico, y los medios de comunicación se disparaban información distorsionada. Sólo Raquel sabía su verdadera historia. Luego que salió de sus terapias psicológicas, preguntó por José Luis y no obtuvo ninguna respuesta. 
&lt;br /&gt;–Ese canalla se fue… para no pagar tu rescate, eran puras maricadas de ese pendejo. –Asintió Saúl– 
&lt;br /&gt;– ¿Y quién pagó mi rescate? –Preguntó ella– 
&lt;br /&gt;–Tus padres –Repuso de nuevo él–
&lt;br /&gt;–Y él que puso buena cantidad de plata, nosotros sólo pagamos la mitad –Dijo doña consuelo, la madre de Raquel–
&lt;br /&gt; – ¡Hay que dioses son para mí! yo pensé que no volvería a verlos –Agradeció la joven–
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Raquel se repuso por completo, y se dio cuenta que aquellas personas que prometen todo, no son de fiar y sin embargo aquellas personas reservadas son capaces de darlo todo, sin siquiera causar el más mínimo pretexto. Pero en realidad ella no sabía la otra cara de Saúl. Que él no había pagado ninguna cantidad de dinero, simplemente lo que hizo fue bajar la tarifa, para que los viejitos de Raquel, pudieran pagar menos por el rescate. 
&lt;br /&gt;El caso es que todo esto dio inicio a una relación muy intima entre Raquel y Saúl. Tiempo después, salió embarazada, de Michael, quien le cambió la vida por completo. 
&lt;br /&gt;Saúl se dejó querer mucho y por el nacimiento de su hijo, amaba mucho a su mujer, pero no dejaba de interesarle el dinero mal habido. Comenzó a organizar múltiples secuestros con una nueva política, la cual le dejaba muchas ganancias. El tráfico de drogas fue su fuerte para levantarse como el más adinerado de la zona, sin presentar sospechas porque era experto en el lavado de dinero. 
&lt;br /&gt;De esta manera Raquel le dio una hermanita a Michael a la cual llamó Zoe, “Zoe Rubí Espinal Montenegro” Una hermosa niña. Saúl estaba decidido completamente de salirse de la mafia, para dedicarse a sus dos hijos adorados. Ya estaba todo planeado para que este secuestro que tenía, fuera el último de su carrera, y así poder viajar al extranjero para vivir una vida feliz al lado de su bella esposa y sus dos queridísimos hijos. Sus planes los debió haber tomado antes de que se adhiriera a la mafia, porque ese día ya era demasiado tarde, y esta misma fue quien le llevó la muerte a sus manos. Hoy se hace yacido en el pavimento. Irreconocible. Su propia hija dice: 
&lt;br /&gt;– ¿Mami, ese no es mi papito? mi papito dijo que me iba a traer una muñequita. –Decía la niña mientras se retorcía los deditos de la mano– 
&lt;br /&gt;A Michael se le rodaban las lágrimas, sabía muy bien a pesar de su corta edad, que así como se veía su padre no lo iba a llevar a pescar al Lago. Algo que le había prometido antes de iniciar el año. 
&lt;br /&gt;Al ver aquella tragedia Raquel, no creía lo que estaba viendo, a la vez sentía tristeza, a la vez sentía odio, y a la vez se sentía una tonta, porque su esposo siempre la había engañado. Ya que después de muerto, empezó a destaparse la olla de su fortuna. 
&lt;br /&gt;Los médicos forenses llegaron al lugar de los hechos, cubrieron el cuerpo con una sábana blanca y lo subieron a la ambulancia. Al transcurso de 24 horas lo regresaban a las manos de sus familiares para que le dieran cristiana sepultura. 
&lt;br /&gt;Raquel sollozaba desconsoladamente con sus dos hijos. Mientras los demás la acompañaban al entierro del que fue su esposo. Y ese día iniciaba una nueva vida, como viuda de Espinal. Trataría de olvidar aquella amarga experiencia con la dulzura de Michael y el cariño de Zoe.
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;SUSANA
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Mientras en la Capital se comentaba el fallecimiento de la Muerte. Susana llegaba a casa. Pobre esta desconsolada. Algunos voluntarios la llevaron hasta la puerta donde estaba don Jacinto. Esta al verla se emocionó y corrió al encuentro, pero se puso triste cuando Susana no le correspondió su alegría. 
&lt;br /&gt;Doña María la abrazó y sin preguntarle, pudo darse cuenta de la agonía que traía encima su hija. Susana tomó un poco de agua y se desvaneció en el piso. La llevaron de emergencia a una clínica privada, donde estuvo una semana sin reponerse. Estaba destruida por dentro, y no quería hablar con nadie, sólo miraba el techo y cerraba los ojos para cortar las lágrimas que se le rodaban… 
&lt;br /&gt;Los medios de comunicación no abandonaban la sala de espera, querían quedarse allí hasta que saliera Susana o por lo menos algún doctor o doctora con información que les quitara el apetito; pero no conseguían nada. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Como a las cinco de la mañana de un domingo, Susana se levantó y caminó como sonámbula por el pasillo hasta salir a la sala de espera. Allí la rodearon los medios informativos, pero un doctor salió muy molesto y les dijo que dejaran de andar de lambiscones, que su paciente aún no estaba recuperada, por lo tal era prohibido estarla molestando. La tomó de un brazo y la dirigió hasta su despacho y tras cerrar la puerta por fin se le conoció la voz a aquella misteriosa joven. 
&lt;br /&gt;– ¡Doctor, ya me siento bien! creo que a las once me regreso a mi casa, así que llame a mis padres, lo más antes posible. –Rogó la joven– El Doctor se tranquilizó, respiró profundo y dijo: 
&lt;br /&gt;–Esperaba que dijeras eso, la verdad has sido muy fuerte al sobrevivir. Hemos estudiado toda tu trayectoria y logramos observar la tragedia que viviste. 
&lt;br /&gt;–No quiero hablar de eso doctor, usted sabe lo difícil que ha sido para mí. –Suplicó la joven–
&lt;br /&gt;– ¡Sí, claro! Lo entiendo perfectamente, ha sí que hoy mismo levanto el dictamen médico para que te den de alta y puedas ir a tú casa. –La consoló el Doctor– 
&lt;br /&gt;Una hora después llegó don Jacinto y doña María. La encontraron viéndose al espejo y arreglando un poco sus cejas de perfil apuesto. Susana corrió y se emocionó al ver a sus padres, los abrazó fuerte y tomó sus cosas y se despidió de los doctores y salió de la clínica… 
&lt;br /&gt;Los periodistas le hicieron una entrevista y ella como toda respuesta les dijo:
&lt;br /&gt; – ¡Lo siento mucho! No puedo darles esta información, estoy en todo el derecho de reservármela; con el compromiso que se las voy a dar a conocer tarde o temprano. No importa como sea, pero les prometo que la conocerán, pero por el momento déjenme sola. Sé lo necesario que es, que la gente lo conozca, pero por el momento lo que pasó, pasó…– Les dio un beso al aire; pueda que haya sido a los camarógrafos o a los televidentes y se despidió con una sonrisa blanca y pura. En sus manos llevaba una prueba de embarazo que el doctor le había dado a conocer…
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;RICHARD, RICHARD Y RICHARD
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Cinco años transcurrieron. Desde el día en que Susana apareció, después de tanto tiempo de estar secuestrada. 
&lt;br /&gt;Se escuchaba una canción de género ranchero, de los denominados corridos, que emocionaba a la muchedumbre. Al fondo del redondel apareció un niño de algunos cinco años de edad, quien agitando su cabello de un color amarillo, y recortado, dejaba inflamarse la garganta para gritar: – ¡Viva! ¡Viva! ¡Viva! ¡Urra! ¡Urra! ¡Urra! ¡Así se hace torito! –Gritaba el pequeño–
&lt;br /&gt;La emoción no le cabía en la sangre, mientras aquel torete se levantaba con aquel torero encima que por nada y lo llevaba de arrastras por el suelo polvoso, y lo botaba y lo seguía, mientras gruñían sus orificios del hocico. 
&lt;br /&gt;Nadie lo podía montar, y los corridos seguían sonando, y aquellos competidores aparecían fracturados, y los sacaban en camillas. Mientras seguía otro montador, la gente gritaba y aquella pasión se sentía, en las profundidades del pecho de cada aficionado. 
&lt;br /&gt;Al niño parecía fruncírsele la garganta, para gritar explosivamente. Pero la voz de una joven le quitó la intención: 
&lt;br /&gt;–Ya calla hijo, mañana no vas a poder hablar. –Dijo aquella voz– 
&lt;br /&gt;– ¿Mamá, a caso la voz se gasta de tanto usarla? –Preguntó el pequeño–
&lt;br /&gt;Ella sonrió y respondió: – ¡No hijo! lo que pasa, es que mañana vas a estar afónico. 
&lt;br /&gt;– ¡Mamá! pero me gusta este ambiente. ¿Por qué no me habías traído? 
&lt;br /&gt;La joven se quedó tarda para responder y le dijo: –Hoy te traje, porque estaba recordando las temporadas en que tu padre me traía a ver estas competencias y a él siempre le fascinó el redondel. –Y se quedó sería, buscando más palabras para agregarle a la respuesta de su hijo– 
&lt;br /&gt;El niño se quedó callado… como que si algo le faltaba para completar la palabra, hasta que logró decir en modo de pregunta: –¿ y dónde está papá? 
&lt;br /&gt;Ella quiso ignorarlo, pero pensó que no era bueno. –Mira Richard, tu padre está en el cielo, y dijo que te portarás muy, pero muy bien. –Terminó diciendo la joven–
&lt;br /&gt;El niño se quedó pensando por un momento, y preguntó: – ¿Papá puede volar? 
&lt;br /&gt;– ¡Hay hijito! ¡Claro que no! Al llegar a casa te explico, porque no creo que nos ajuste un día para que sepas toda la historia de tu padre. 
&lt;br /&gt;– ¡Sí mamá! te prometo que no voy a gritar más porque no quiero quedarme sin voz; después como te digo que te quiero. –Inclinó su cabellera el pequeñito– 
&lt;br /&gt;La joven sonrió, y en los ojos del niño pudo ver sin hechos de imaginación a Ricardo, y se le inundaron los ojos de lágrimas. Se trataba de Susana y el hijo de Ricardo. Ella quedó inmóvil y alejada de la realidad… 
&lt;br /&gt;De repente su hijo rompió la promesa, y la hizo, reponerse luego. Al escuchar un ¡¡¡¡¡Eres mi héroe torito, daaaaaaaaaaleeeeeesssssssssssss duro!!!!! 
&lt;br /&gt;Todos se quedaron callados, y en medio de aquel inevitable silencio, vieron al pequeño aficionado sentir esa pasión en su sangre. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Todos sabían que ya no quedaban más montadores y la diversión se tendría que terminar. Pero en esos momentos se levantó un niño de algunos diez años, si es que los tenía, se levantó del otro lado del infante aficionado.
&lt;br /&gt;Aquel pequeño bajó todas las gradas y se paró en tierra firme diciendo: 
&lt;br /&gt;–Yo lo voy a desafiar, confíen en mí.
&lt;br /&gt;Aquellas palabras del pequeñín llamaron la atención de todos los aficionados y después, que todos se le quedaron viendo, se dijeron unos a otros 
&lt;br /&gt;– ¡Pucha los niños de hoy si que les hace daño ver televisión! ¡Se creen poderosos! 
&lt;br /&gt;– ¡Nombe! allí es la crianza del tata y la Nana, que los dejan enloquecerse. –Comentó otro compañero– Donde dio inicio una confusión enorme. Hasta que una joven gritó: 
&lt;br /&gt;– ¿Richard, que vas hacer? 
&lt;br /&gt;–Montar el toro mamá, no te preocupes, debe ser igual que los leones… –El pequeñín le gritaba– 
&lt;br /&gt;La joven, desde arriba lo observaba. Se mostró despreocupada y se sentó para ver la actuación. Se le podía ver un orgullo en los ojos, por aquel pequeño que la vida le había heredado. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;–El primer niño aficionado, se sintió celoso y murmuró: – ¡Mamá! Mira ese niño, tiene el mismo nombre que yo. 
&lt;br /&gt;Susana se quedó pensando y por fin dijo: –No puede ser– Ese toro va a matar a ese niño, que madre tan irresponsable.  
&lt;br /&gt;El niño se quedó silencioso, aunque se molestaba que alguien se llamara igual que él. Susana le comentó que hay muchos nombres parecidos que no se tenía que sentir mal por eso. El niño tomó asiento y gritó: 
&lt;br /&gt;– ¡Derríbalo torito! ¡Demuéstrale de que estás hecho! –El niño siempre apoyando al torete, aunque miraba al pequeño indefenso, ante la bestia. 
&lt;br /&gt;Pero aquel pequeño valiente, se abalanzó sobre el toro y enseguida empezó a corcovear, hasta quererlo tirar por encima del público, pero aquel pequeño tenía una experiencia barbará, ya que los cuernos le servía de sostén, mientras se daba tumbos sobre aquel feroz animal. Al paso de veinte minutos logró cansar al toro, hasta dejarlo rendido en el polvo. Él todo sudado y empolvado, levantó las manos sobre sus pequeños hombros, y el público gritó: – ¡Olé…! Y un viento de triunfo arreglaba el desarreglado pelo del pequeño domador. 
&lt;br /&gt;El jurado nombró al niño como campeón, que a pesar que no estaba inscrito en la jugada, debía llevarse el premio ameritado por su valentía. 
&lt;br /&gt;La madre del pequeño bajó los escalones del redondel, y lo tomó con sus manos. Estaba llena de emoción. Luego la entrevistaron, y un poco nerviosa respondió que el campeón, se llama Richard Fabián, y, que ella respondía al nombre de Milessy. También informó que había llegado a la capital, para obtener un mejor nivel de vida y una educación digna para su hijo. 
&lt;br /&gt;Susana se quedó sorprendida a tal coincidencia. De inmediato recordó, que Ricardo le comentó en su historia que había conocido a alguien con ese nombre cuando estuvo perdido en las montañas. Todo parecía una terrible confusión, los niños se recelaron, pero ambas madres se reconciliaron y Susana la invitó a pasar alguna temporada en la casa de ella. La joven extraña sin titubear aceptó la propuesta. 
&lt;br /&gt;Al momento de subirse al auto, el niño de pelo amarillo, le lanzó una mirada de odio al otro pequeño, porque le había quitado la diversión del torito. El pequeño se sintió un poco humillado y ocultó el rostro bajó sus mechones de pelo desarreglado. Mientras las jóvenes entusiasmadas en su conversación, no percibían la incomodidad que presentaba Richard el vencedor, al ir a la par de un niño que no le agradaba mucho, porque había vencido a su torete. Pero al doblar la calle, saliendo a la carretera principal, Susana giró el vehículo por una calle rústica, que le llevaría  más tiempo en transitar. Eso es lo que buscaba para aprovechar la conversación interesante que llevaba con la joven extraña. Por unos momentos se llenó de curiosidad de poder conocer cada detalle de la vida que había llevado, aquella dama, recién llegada a la capital. 
&lt;br /&gt;Mientras los niños atrás, vigilaban cuidadosamente cuando Susana desprendía la mirada del retrovisor, para darse pellizcos o para vengar algún apretón pendiente. 
&lt;br /&gt;Transitando la calle que rodea unas pilas de peces, Susana se desvió al ver un niño frente a su camioneta y no logró quitar aquel golpe que fue recibido por el pequeño, a pesar de su baja velocidad, ya que los frenos le ayudaron a amortiguar el golpe. El niño rodó por la barranca a caer a una laguna hacia abajo. Y apareció una mujer como loca, gritando: 
&lt;br /&gt;– ¡Mi hijo! ¡Mi  hijo! ¡Hay Dios mío, mi hijo…! ¡Me lo han matado!
&lt;br /&gt;Todo pareció de repente o fue porque todos cerraron los ojos al mismo tiempo, y no vieron a  Richard el campeón, tirarse de la camioneta, para ir a ver lo sucedido más de cerca. A los pocos instantes, subía las rocas con el pequeño de algunos siete años en sus manos. Parecía no tener ningún golpe, ni aparentaba fracturas, simplemente estaba desmayado, porque había tomado cierta cantidad de agua al caer en la laguna. 
&lt;br /&gt;Susana nerviosa subió al niño al vehículo, y su madre lo llevaba entre sus piernas. Lo condujeron de inmediato al hospital cercano y lograron salvarlo. 
&lt;br /&gt;Cuando el niño habló, lo primero que dijo fue – ¡Mamá! ¡Mamá, auxilio me ahogo! Ella le acarició las mejillas y le dijo: – ¡Estás a salvo mi amor! Ya no te preocupes. 
&lt;br /&gt;Luego que dieron los nombres para que Susana cancelara la cuenta, se impresionó al ver que se llamaba Richard Josue Cáceres, al igual que su hijo, al igual que el campeón. Y se dio cuenta que la joven desesperada respondía al nombre de Jessica… Todo le pareció coincidencia, pero al llegar a casa, las invitó a pasar, para poder conocerse mejor. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Los tres Richard jugaban futbol en la canchita, Richard el menor, Richard el mediano y Richard el Mayor. Él, novato parecía no importarle el futbol, pero imitaba a sus dos tocayos menores.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Susana preguntó por el padre de ambos niños y las dos jóvenes dieron las mismas respuestas y ella no tenía de otra que dar la misma respuesta. De esta manera, cada una contó un episodio de la historia. La primera comentó sobre Ricaryat, el guerrero. La otra habló de Ricardo el joven que había ido a su pueblo en busca de una medalla. De esta manera Susana fue acotejando la historia con la que Ricardo le había ido contando por todo el camino, desde que se escaparon del túnel.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Los niños se divertían. El primero tenía 8 años pero aparentaba algunos doce por su desarrollo físico. El segundo tenía 7 años pero aparentaba algunos nueve por su capacidad de perseverancia. El último tenía 6 años y aparentaba algunos ocho años por su poder de conocimientos adquiridos. Cada uno tenía un poder diferente, y si lograban unirse podían formar un equipo invencible, pero ellos sólo apagaban el tiempo. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Todo parecía sorprendente, cuando la abuela vio subir a su Richard acompañados de otros dos a la ducha. Y mucho más cuando les sirvió la cena, los tres se parecían, cuando los vistió de la misma ropa. La abuela quería saber, el porqué. Pero Susana no salía del apartamento, hablando con aquellas extrañas. Al salir de la reunión que se tenían, se ducharon y bajaron a cenar, y todo parecía normal… Pero se cruzaban las miradas unas con otras, mientras la sirvienta, les ofrecía a cada quien en su lugar. 
&lt;br /&gt;La anciana sentada en su silla mecedora, vigilaba los pequeñuelos, que jugueteando con la comida, poco a poco la iban devorando. Luego los niños salieron corriendo por las gradas de cuadritos hacia arriba, perdiéndose tras la mirada curiosa de doña María. 
&lt;br /&gt;Una vez instalados los pequeños en la habitación, el menor les invitaba a ver sus caricaturas favoritas. El niño mayor extrañado veía aquel aparato que hablaba y movía personas y animales. Lo rodeo, y se dijo para sí mismo: 
&lt;br /&gt;–Qué raro. ¿Cómo se llama esto? –Preguntó en voz alta– 
&lt;br /&gt;–Ha no seas tonto torero, eso es tele. –Dijo el niño mediano– Se llama Tele –Repetía llevándose las manos a la cabeza– 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;–Hagamos un trato. –Propuso el pequeñín, al ver que aquellos pequeños que titubeaban y se extrañaban ante ciertas cosas tan corrientes para su edad– Yo les enseño todo lo que sé, y ustedes todo lo que saben. Por ejemplo Richard derrotó al toro, me gustaría saber donde obtuvo esa fuerza. 
&lt;br /&gt;– ¡Si! –Pronunció el otro a toda respuesta– ¿Cómo la obtuviste? 
&lt;br /&gt;–Es que allá donde vivo mis amigos y yo salimos de cacería y nos toca pelear con leones, panteras, tigres y otros animales fuertes. –Continuaba el pequeño– Mientras hacía aquellas piruetas feroces con sus dientes y uñas que simbolizaban los colmillos y las garras. Se quedó en silencio un segundo y continuó: pero nunca con toros, como dicen que se llamaba ese animal que estaba allá. –Conscientemente hablaba el niño– Los dos pequeños se quedaron con la boca abierta. 
&lt;br /&gt;–Bueno yo sé tocar guitarra,  pintar y escribir. –Dijo Richard mediano– 
&lt;br /&gt;– ¿Y eso cómo lo aprendiste? –Pregunto el pequeñín– 
&lt;br /&gt;–Mí abuela sabe tocar y hace dibujos y yo le aprendí a ella, aunque cuando murió no me siguió enseñando… También tengo un amigo que le gusta escribir. Y si lo buscan las mujeres, yo quiero ser como él. 
&lt;br /&gt;Richard el campeón y el pequeñín se rieron a carcajadas. 
&lt;br /&gt;El niño menor, les enseñaba como jugar en la computadora, como hacer experimentos y otras cosas. Y les dijo que en la escuela se lo habían enseñado. También les dijo que su mamá se empeñaba en que tenía que ser como su padre. Lo cual era su obligación, leer muchos libros, y paseó la mirada mostrando una biblioteca de muchos libros infantiles que había leído a su corta edad.
&lt;br /&gt; Cada quien se fue a dormir a su habitación, luego que Susana les dio una llave a cada invitada. Luego fue a dormir a su hijo. Y doña María pendiente en el sofá, para poder preguntarle, porque se sentía bien angustiada. Mientras don Jacinto disfrutaba la noche con sus maravillosos sueños. 
&lt;br /&gt;Luego que se durmió Richard, Susana le conto a su madre, todo lo sucedido, para que se fuera a dormir tranquila. Le dijo que esos pequeños eran hermanos de Richard y que las dos jóvenes fueron las aventuras que Ricardo pasó en el intento de rescatarla a ella. Y que al amanecer terminarían de contar sus historias. Que mientras tanto las hospedaría en su casa. 
&lt;br /&gt;Aunque no tenían dinero para alojarlas por mucho tiempo. Ya que don Jacinto se deshizo de todo lo que tenía para pagar las cuotas a los secuestradores. Pero sabía que Ricardo había dejado una cuenta bancaria sumamente alta, y unas propiedades que a pesar de ser un pobre diablo que no tenía en que caer muerto, le demostró su infinito amor. Y que Sahí su fiel amigo y maestro. Antes de morir le había heredado toda aquella fortuna y lo había dejado bajo su cautela, y que los abogados de una u otra manera ese dinero lo tenían que pasar a las manos de su único heredero o de sus únicos herederos. –Sonrió la joven– 
&lt;br /&gt;Ella pensaba en su corazón bondadoso, compartir ese bien con los otros hermanitos de Richard, como recompensa a su felicidad, y que Ricardo se sentiría bien en hacer dicha obra. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;RELATO DEL SECUESTRO
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;La noche pasó como siempre, al despertar los Richard se abalanzaron contra Blakmoret, para juguetearlo, pero el astuto gato saltó y salió de sus manos a lo cual lo corretearon y no lo pudieron alcanzar. A los pocos minutos, venía Richard –El mayor– Todo arañado de los brazos, pero traía colgando de las patas a Blakmoret, que maullaba como que si lo llevaban al matadero. Y trataba de desprenderse de las manos del pequeño. Los dos compañeros se emocionaron al ver aquella escena. 
&lt;br /&gt;Milessy regañaba a su hijo, cuando le empapaba el algodón repleto de alcohol en las heridas ponzoñosas. El niño sólo hacía gestos que se le notaban en su rostro infantil, tratando de soportar el ardor. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Luego de desayunar estuvieron armando rompecabezas de los cuales sólo Richard el menor, podía hacerlo. Pero poco a poco fueron aprendiendo los otros dos pequeños. Al que más le costó fue al niño que andaba todo arañado, pero lo logró… 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Susana contaba la historia, en el pequeño parquecito que tenía su casa, en la parte trasera, junto a los jardines que se extienden por el espacio verde de la yarda. 
&lt;br /&gt;La historia la inicio desde que Ricardo la liberó de aquel intenso infierno, de donde la tenían secuestrada. De cómo se habían casado en la tribu, a lo que Milessy contestó rápidamente. Que se había dado cuenta, y que les había mandado la bendición. 
&lt;br /&gt;Aquello parecía tan armónico, que no paraban de secar sus lágrimas fluidas, que inundaban los bellos rostros de las jóvenes. 
&lt;br /&gt;Jessica contemplaba la historia de Susana, desde que compraron la camioneta en la frontera y se habían venido arrastrando calle tras calle, bajos las direcciones de Sahí. Hasta el momento que perdieron la comunicación con el anciano. 
&lt;br /&gt;Y Ricardo se aventuró a cruzar por sí solo, la carretera. A pesar que no tenía ningún documento que los avalara que era hondureños, había tenido suerte. Ya que reían y se ponían celosos mientras cada uno se contaba la historia. 
&lt;br /&gt;Ella se había conservado ilesa para entregarse a su gran amor, pero no sabía que la felicidad de estar con él, le duraría tan poco. Porque mientras conducían, fumaban y reían. 
&lt;br /&gt;Susana se dormitó y Ricardo siguió manejando a pesar de la espesa neblina que se suspendía por el pavimento. Aquella intensa bruma lo hacía conducir despacio, pero cuando pasaron aquel momento espantoso la calle empezó a tornarse clara. Lo raro es que no pasaban ni encontraban vehículos. No se percataron que en la espesa bruma habían dejado un rótulo sin leer, que decía: “Alto, carretera en mal estado” y otro que decía: “Alto a 500 metros, fin de la calle”
&lt;br /&gt;En esos días había pasado un fuerte terremoto que provocó el derrumbamiento del puente, razón por lo que la calle estaba dividida. Ricardo aceleró al ver la carretera limpia y cuando vio las cintas amarillas de peligro, frenó desesperadamente, pero ya era demasiado tarde… 
&lt;br /&gt;–En ese impulso por detener la camioneta desperté. –Dijo Susana secándose el llanto– Y vi como la camioneta volaba hasta casi alcanzar la otra extremidad de la calle, pero la gravedad hizo que el agua nos absorbiera como un agujero que se traga el agua. Yo no llevaba el cinturón en ese momento, porque me sentía un poco incomoda, minutos antes. Cuando me vi en el aire, abrí la compuerta y me lancé, aunque caía después de la camioneta sufrí un impacto en el agua que por nada me muero. Mis fuerzas se terminaban y miraba que iba para el fondo del rio. Pensé en Ricardo, pensé en mis padres, pensé en todo. De repente sentí que algo, no sé que era, pero me suspendía a la superficie. Por un momento pensé que ya me había muerto y que mi alma era quien volaba hacia arriba, pero sentí el cuerpo arrastrarse por la rivera, luego sentí unas estocadas en el pecho y unos labios absorbiendo mi boca y vomité toda el agua que no había podido resistir tomar. Luego me desmayé y no supe más… 
&lt;br /&gt;Cuando menos acordé, estaba parada frente a mis padres. Conservaba la medalla de Ricardo, así como también la dirección de mi casa en la cartera que no había soltado. Fue así como aparecí aquí. Luego no supe, pero de repente me vi en el hospital y me repuse. “Gracias a Dios” A los días me di cuenta de que a Ricardo lo hallaron todavía en la camioneta destruida en las riveras del Rio abajo. 
&lt;br /&gt;Fuimos a reclamar los restos a la morgue y le dimos una cristiana sepultura. Y desde entonces me resigné a quedarme sola, mientras tanto conservaba la dicha de haber quedado embarazada de él. 
&lt;br /&gt;Es que saben, lo amaba tanto, que hubiera preferido morir yo, antes que él. Pero así es la vida, por lo menos al no morir yo en ese accidente, me dio la dicha de verlo reencarnado en mi hijo, que por cierto se parece tanto a él, así como los otros dos. –Quiso sonreír– pero la tristeza que la embargaba no la dejó. 
&lt;br /&gt;–Pero créanme, ha sido una maravilla poderlas encontrar. –Continuó Susana– 
&lt;br /&gt;Aquellas dos jóvenes no se contenían las lágrimas en sus ojos, al igual que Susana, pero contaba la historia con una tonalidad tan verifica y con la frente erguida; como queriendo ser fuerte ante aquella escena. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Al recopilar toda la información se propuso que escribiría un libro, ya que si lo dejaba así nomás, iba a pasar el tiempo y el Ricardo que merecía vivir para siempre tendría que desaparecer. Mientras que si lo dejaba plasmado en un libro permanecería en un lapso de tiempo eterno. Tanto él, ella, ellas, y los tres niños idénticos, deberían vivir para siempre. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Además de eso les informó que Sahí había muerto y que le había dejado una herencia sumamente alta a Ricardo y que los abogados al declarar aquella herencia, y no encontrar al heredero se la tendrían que dar al heredero de Ricardo. Que en este caso serían sus hijos, ya que contaban con el apellido de él, lo cual  no miraban algún problema que se rehusaran a entregar dichas acciones. 
&lt;br /&gt;–Esto me lo dijo Carlota, la que era su esposa. –Repuso Susana–
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Otro día Susana fue de visita a la oficina del abogado, y la secretaria le informó que debía esperar en la sala. Susana tomó asiento, dándole unas hojeadas al periódico. Mientras que Richard se paseaba de un lado a otro, estaba desesperado el pequeño.  
&lt;br /&gt;A los 30 minutos de estar en la sala de espera, apareció Chuy como le llamaba ella. Un señor de barba blanca a pesar de andar bien presentable, mostraba unas lonjas deformables en su cuerpo, que lo hacían verse completamente gordo. Pero extremadamente amable, se acomodó los anteojos que portaba, tomó un poco de agua del oasis, respiró profundo y le dijo: 
&lt;br /&gt;–Disculpe, es que estaba atendiendo unos asuntos sumamente importantes que tienen que ver con el servicio de mi cliente favorito, en este caso se lo atribuyo a usted. –Guiñándole un ojo, le dijo a la joven– 
&lt;br /&gt;Susana se lo agradeció y pasó a su oficina. Y como a Richard no le caía nada bien, porque decía que los gordos le caían pesados. Así que no quería tener algún tipo de relación con ellos, y prefirió ir hacerle algunas preguntas a la secretaría. Ella muy curiosa, se las respondía para ver hasta donde quería llegar. 
&lt;br /&gt;La joven tenía el pelo pintado de amarillo y le quedaba muy lindo. Las cejas perfiladas y los labios acorazonados, y le decía a Richard 
&lt;br /&gt;– ¿Y por qué tantas preguntas amor? 
&lt;br /&gt;Él le contestó como todo respuestas. Que la mamá llegaba casi siempre a verse con ese señor. Ella sonrió y dijo: 
&lt;br /&gt;–No papacito, lo que pasa es que tu mamá anda resolviendo casos económicos y ese señor era el abogado de Ricardo. Y le repuso que no tenía, el porqué sentirse celoso. 
&lt;br /&gt;El niño se encogió de hombros y dijo que le iba a creer, pero si le daba un chocolate de los que tenía sobre el escritorio. La secretaria muy amable le dijo: 
&lt;br /&gt;–Te lo regalo, si me das un beso amor, y le mostraba sus acorazonados labios. 
&lt;br /&gt;El hizo un gesto de disgusto y la joven de inmediato se rió a carcajadas con gran gracia, reponiéndole que eran bromas. Comenzaron una conversación muy agradable que le quitó el estrés a la joven.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Susana le explicaba el caso al abogado, quien le informó que debía presentar a los otros niños y hacerles la prueba del ADN, para demostrar, si realmente heredarían la fortuna de su padre. Ella sin pensar le respondió que sí. Que a primeras horas de la mañana se las tendría. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Se retiró y se llevó a Richard… 
&lt;br /&gt;– ¡Mamá! yo no me quería venir, estaba platicando con la muchacha.  –Comentó el niño– 
&lt;br /&gt;–No papito, ella debe trabajar y nosotros tenemos que ir hacer otras diligencias… 
&lt;br /&gt;Llegó a casa y preparó el coche para llevar a Jessica y a Milessy con los pequeños para hacerles una pequeña prueba, como requisito para poder seguir con el caso hereditario. Sin vacilar se fueron para un laboratorio, pagaron la cuenta y les dijo que otro día en la mañana llegara por los resultados. De inmediato regresaron a casa. Ya estaba todo listo, sólo faltaba que llevaran esos comprobantes y dividirían la fortuna en partes iguales. Dicha fortuna se las darían a las madres, para que brindaran una buena educación a sus hijos. 
&lt;br /&gt;Susana ya había planeado que los niños debían crecer juntos, por lo que era recomendable comprar una casa donde se verían todos los fines de semanas.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Richard el menor reunió a sus nuevos amiguitos y les dijo: –Richard, Richard, ¿Ustedes saben por qué tenemos el mismo nombre? 
&lt;br /&gt;– ¡No! Respondieron con incertidumbre. 
&lt;br /&gt;– ¡Yo si sé! –Dijo el pequeñín– porque mi papá, es el mismo papá de ustedes, entonces nosotros somos hermanos y mi papá se llamaba Ricardo, pero a nosotros nos pusieron Ricardo en un nombre escrito en inglés o sea Richard. Los pequeños se quedaron con la boca abierta, y no salían de su asombro.
&lt;br /&gt;–Pero saben otra cosa –Añadió el pequeño– Mi papá dejó mucho, pero mucho dinero, y lo van a repartir entre los tres. 
&lt;br /&gt;– ¿Y cómo sabes eso? –Preguntó el mediano– Porque el mayor abría la boca pero no sabía de que estaban hablando. 
&lt;br /&gt;– ¡Ha! porque yo escuché a mi mamá haciendo planes y arreglando papeles con un señor obeso, que no me cae nada bien. Me dijo una muchacha bonita, que fue el abogado de mi papá, bueno no de papá, sino de un tal Sahí, que fue quien le heredó todo eso a nuestro papá. 
&lt;br /&gt;– ¿Y cómo cuánto? –Preguntó Richard mediano– 
&lt;br /&gt;–Ummm, –Se quedó pensando– No sé, pero es mucho, aún no me sé los números arriba de mil, pero cuando me los aprenda voy a poder decir cuánto nos toca a cada uno. 
&lt;br /&gt;El vencedor del toro no sabía de qué hablaban, pero cuando escuchó mil, pudo opinar. 
&lt;br /&gt;–A mí, me dieron cinco mil, dijo mamá, por haber domado al toro. ¿Será bastante cinco mil? –Preguntó el pequeño- 
&lt;br /&gt;– ¡A Ver! dijo el pequeñín, me imagino que un dedo de mis manos es un mil… –Y dio inicio a un nuevo conteo– uno, dos, tres, cuatro, cinco, ¡Ya son cinco miles! ¡Ya puedo contar más de mil! –Dijo alegremente–
&lt;br /&gt;–Vaya sorprendente –Agrego el mediano– Pero si es así, es poco. –Discutían– Que tal si cuentas el de tu mano, el de tu otra mano, el de tu pie y el de tú otro pie. 
&lt;br /&gt;– ¡Excelente idea! –Manifestó el pequeñín– Y contó hasta veinte. 
&lt;br /&gt;– ¡Vaya! eso si es bastante, dijo el mediano, eso quiere decir que tu papá dejo veinte mil para cada uno, ¿Cuánto será…? A ver contemos todos los dedos de nosotros. 
&lt;br /&gt;Los pequeños contaron sesenta mil. Estaban sacando sus cálculos económicos, cuando los llaman… 
&lt;br /&gt;– ¡Vámonos Richard! –Dijo una– 
&lt;br /&gt;– ¡Vámonos Richard! –Dijo otra– 
&lt;br /&gt;– ¡Vámonos Richard! –Dijo otra–
&lt;br /&gt;Y de acuerdo a las voces, los pequeños iban saliendo. Conocían perfectamente quien los llamaba, dejando incompleto los cálculos que según ellos recibirían. Llegaron donde el abogado, quien las hizo, firmar bastantes documentos en compañía de la señora viuda de Sahí. &lt;&lt;Doña Carlota&gt;&gt; Quien les otorgaba las cuentas a las jóvenes, para que le dieran una mejor vida a los pequeñines. Hijos de su más querido alumno. Susana se lo agradeció, al igual que las otras jóvenes quienes actuaban muy cortésmente.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Cada uno recibió una suma millonaria de todos los negocios que Sahí había hecho con Saúl Espinal, alias la Muerte, pero que de una u otra forma beneficiaba a unos pequeños desprotegidos. Con ese beneficio, compraron una buena vivienda, y se matricularon para realizar sus estudios de prosperidad. 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Susana se sintió orgullosa de ver crecer los tres pequeños, al igual que Jessica y Milessy. Esos pequeños, parecían  trillizos, son idénticos, sólo que en orden de escala, grande, mediano y pequeño.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Una vez arreglados todos los problemas, dio inicio a un proyecto; al cual llamó frutos de un secuestro. Luego se lo cambió por El secuestro. Y fue seguidamente al conocer la historia de Saúl Espinal y que el dinero que la Muerte les había quitado por el secuestro se los había devuelto con creces. 
&lt;br /&gt;Y al ver aquella cantidad de personas muertas, desde el día en que inicio el secuestro, dando inicio con su propia Madre, que en un intento de fuga, había muerto. También la muerte de muchos policías y concluyó con la muerte de Ricardo Fabián Cáceres, por lo cual el nombre del proyecto cambió… 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Así poco a poco, narra la historia de un amor que inicio, de un amor que terminó y de un amor que se reencarnó dividiéndose en tres pedacitos, para morar en el corazón de los, Richard. 
&lt;br /&gt;Don Jacinto se dio cuenta de lo que significaba su hija, y del valor que tenía Ricardo, al entregar la vida por su hija, y la emoción que le daba ver a su nieto corretear por los jardines, aunque biológicamente no era su nieto, pero lo consideraba como algo más que su nieto. Por lo tanto aprendió a querer a los tres niños bajo la misma mirada, bajo el mismo sentimiento. 
&lt;br /&gt;Además de eso aprendió de que el dinero es cuando es, pero no es cuando no es, y que sólo es un medio de vivir. No el dios que te devuelve la tranquilidad del corazón. 
&lt;br /&gt;Sus días se alargaron y los pasó muy feliz, al lado de su esposa María y su hija Susana, con sus nietos, porque había considerado a Ricardo como un hijo de la familia. Así que los tres pequeños debían tener la misma sangre de los Cáceres Landero.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Susana luego que recopiló toda la información pudo contemplar en sus manos un momento de su vida. Se fue hasta la tumba de Ricardo, se sentó. Tomó el libro contra su pecho, cerró los ojos y besó la pasta, de donde emanaba un nombre grabado que decía: 
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;“EL SECUESTRO DE LA MUERTE”
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3576672264802712228-6575931600971269560?l=elsecuestrodelamuerte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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