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	<title>Escorado</title>
	
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	<description>Un blog de Esteban Casañas Lostal patrocinado por Conexión Cubana</description>
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		<title>HURACANES</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Mar 2010 01:24:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
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Estoy Convencido de que si algo se teme en el mar, es la presencia de un ciclón. No hace falta estar en las proximidades de su poderoso dominio, sus efectos pueden sufrirse a cientos de millas de acuerdo a su potencia. El miedo, porque aunque te acostumbres a cuanto fenómeno halles a lo largo de [...]]]></description>
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<p align="justify">Estoy Convencido de que si algo se teme en el mar, es la presencia de un ciclón. No hace falta estar en las proximidades de su poderoso dominio, sus efectos pueden sufrirse a cientos de millas de acuerdo a su potencia. El miedo, porque aunque te acostumbres a cuanto fenómeno halles a lo largo de tu vida, ese sentimiento tan humano nunca te abandonará por mucha valentía demostrada ante los demás. Ese temor oculto a los ojos que te miran y esperan una respuesta, aumenta de noche cuando no puedes adivinar la dirección de una ola gigante que alocada, te sorprende traicionera por donde menos esperas. Considerabas estar dándole la amura al mar, un bandazo próximo a los cincuenta grados acerca el alerón del puente al mar y tiemblas. El pensamiento más cercano ocurre en solo segundos, tu responsabilidad es esa, garantizar la resistencia de la nave ante esos ataques desesperados de un océano hambriento de acero y almas frágiles que ocultas, regresan a viejos rezos una vez prohibidos. El buque se revela y decide volver, no desea morir tan pronto, huye de esas aguas que estuvieron a punto de ocultar las luces de situación, pero su retorno es realizado con mucha violencia hacia la banda contraria, temes lo peor y estás a punto de orinarte, no lo haces por vergüenza.</p>
<p><span id="more-427"></span></p>
<p align="justify">Permaneces atado a los pasamanos y olvidas todas esas cosas caídas que ruedan alborotadas a lo ancho del puente, no vale la pena recogerlas, piensas indiferente. Tus ojos y mente están clavados en un solo punto, el clinómetro. Cuentas cada grado de inclinación producido y los comparas con los anteriores. Sabes perfectamente, quizás sea el único a bordo lo sepa, hasta que punto podrá tolerar la nave todos esos arrebatos del mar. Es muy probable que el Capitán no te haya preguntado si realizaste los cálculos de estabilidad, no lo hizo, recordaste. Pudo ser por confianza, ya te conoce desde hacía muchos años o viajes y confía en ti. Tal vez no los exigió por ignorancia o porque el tiempo suyo en estado de sobriedad lo dedicara a otras faenas menos importantes, más políticas que navales, era muy frecuente en aquellos tiempos. Como eras un hombre precavido o invadido por esa duda que ocultabas ante los demás, tenías en el bolsillo un cronógrafo que sacabas con frecuencia y activabas sin que el timonel se diera cuenta, y si se percataba de esa extraña acción no lo comprendería. Medías algo en el tiempo, él lo imaginaba y luego regresaba de nuevo a los rumbos oscilantes del girocompás. Quince y veinte grados de timón eran necesarios aplicar para que ella respondiera, lo comprendías por la experiencia de los años y esas batallas desagradables en contra de la naturaleza, tus ojos se desviaban frecuentemente hacia el axiómetro para salir de dudas. Buscabas en los bolsillos y no encontrabas el cronógrafo, tu distancia hasta el cuarto de derrota era muy corta, pero peligrosa cuando en cuestión de segundos adoptaba la imagen de un profundo farallón por el que podías descender suave y violentamente, el piso barnizado se convertía en una terrible trampa. No te arriesgas a partir en busca de ese pequeño relojito que pocos usan, recuerdas a tu amigo Cebollas y su manera tan peculiar de contar los segundos. ¡Un cocodrilo, dos cocodrilos, tres cocodrilos! Cada uno de esos salvajes animales se convierte en un segundo de tiempo y los cuentas con enfermedad casi obsesiva. Sientes los ojos del timonel quemándote la nuca, espera algo de ti, una señal de esperanza, un comentario que divulgará entre la marinería cuando abandone su guardia. Mides una y otra vez, lo haces hasta que te vence la fatiga, desconfías de todo, hasta de ti, el período de balance calculado se encuentra en los límites, te calmas y descansas algo.</p>
<p align="justify">Finalizada la guardia encuentras el camarote virado al revés y no recoges nada. Fijas una butaca al piso por medio de una cadenita y buscas en la gaveta del buró los cálculos de estabilidad correspondientes a ese viaje, los revisas nuevamente, lo has hecho varias veces y tratas de encontrarle un fallo. No lo encuentras y te acuestas, usas el salvavidas para calzarte como cualquier vehículo transportado de cubertada, colocas una almohada por el lado contrario. ¡Si fueran cabezadas! Piensas que podían soportarse mejor, pero nunca dormirás tranquilo cuando observas a la proa sumergirse totalmente dentro del agua y se demora en salir a respirar, ¡podemos irnos por ojo!, recuerdas alarmado. Varios metros del buque oculto por las aguas te asusta, poco importa la experiencia, el deseo de vivir no tiene edad. No puedes dormir, nadie puede hacerlo con esos bandazos, tampoco importa que pase un día tras otros. El tiempo transcurre en esa batalla encarnizada de tu mente y los ojos que se vuelven a abrir en cada golpe de mar. Las ojeras te llegan a la barbilla, no consigues el sueño bocarriba, no estás acostumbrado, solo lo haces para masturbarte, cierras los ojos y te mantienes despierto. Decides empeñar tus pensamientos en cosas agradables y viaja hasta ti la imagen de tu familia, tal vez la última amante del puerto visitado. Luego, hay un desvelo que nada puede calmar, las tripas cantan una molesta sinfonía como sapos en noches de celo. Suena la campana y te dan una ruedita de spam frío y un vasito de leche condensada. Hay que esperar varias horas más por la repetición de esa ridícula cena, nunca te ha gustado el spam y te llega una imagen de niño, te aprietas la nariz para tragar una cucharada de jarabe amargo. ¡No se pueden colocar calderos en el fogón! Te explica el cocinero como si acabaras de enrolarte en el buque, trata de justificarse sin comprender que tú lo sabes. Lo miras con indiferencia y partes a tu camarote con esa penosa carga que llegará solo a mitad del camino necesario para satisfacer tu hambre. </p>
<p align="justify">-¡Medina, por Dios! Te dije que trincaras todo dentro del pañol. La atmósfera era insoportable por la acumulación de gases presos dentro de aquel reducido local, decenas de galones de pinturas hacían una espesa nata de diferentes colores sobre su cubierta, cientos o miles de dólares perdidos en pocas horas.</p>
<p align="justify">-¡Medina! No sellaste la entrada a la caja de cadenas, está inundada. Le dijo mientras su linterna alumbraba por el registro existente en el pañol de proa. –Hay que traer una bomba portátil, muévete y procúrala en el departamento de máquinas. Medina, ¿qué hago contigo? Él solo escuchaba en silencio. ¿Qué podía hacer con aquel buen hombre? Llevaba varios días deprimido por culpa de un cable recibido de su mujer, nadie sabe cómo rayos se enteró de una aventura sin importancia en Santiago de Cuba. Voy a limpiarlo, no vale la pena condenar a un buen hombre por su negligencia, le diré al Capitán que redacte un buen Acta de Protesta y que le reclame al seguro. Observa la carta náutica general del Océano Pacífico, se encontraban a unas trescientas millas del ojo del huracán, viajaba casi paralelo a ellos, luego se cansó de molestarlos y realizó una recurva, se perdió por la popa en busca de su muerte. </p>
<p align="justify">-¡Segundo, hay tres ciclones formados en el área! Le dijo aquella vez el telegrafista al entregarle el parte meteorológico.</p>
<p align="justify">-¡Ño! ¿Por dónde podremos atravesar para llegar al Canal de Panamá? Todos se encontraban muy cercanos a la zona de recalada. –Vamos a ver cuál decisión toma el Capitán. Le respondió con algo de vagancia, tomó el teléfono para llamarlo después de haber ploteado las posiciones de los fenómenos. Fueron tiempos lindos de mucho profesionalismo donde cada palabra aportada tenía valor, los capitanes eran receptivos y escuchaban las opiniones de sus oficiales.</p>
<p align="justify">–Si dividimos este ciclón en los cuatro semicírculos, los tolerables y los manejables, tendremos como resultado que los vientos estarán soplando de esta dirección, mientras la fuerza del mar producidas en su avance, nos llegarán desde acá. Todos los oficiales escuchaban con mucha atención, ya se había trazado en la carta los rumbos y velocidad de traslación de cada uno de ellos con sus áreas de influencia. Así, fue exponiendo sus criterios y era escuchado con atención, todas las opiniones eran de valor en aquel momento. –De acuerdo a la dirección de la marejada reinante, nos encontramos bajo los efectos de este ciclón, observen de dónde nos llegan los vientos, pero dentro de muy poco cambiarán su sentido y las cabezadas se transformarán en violentos bandazos.</p>
<p align="justify">-¿Qué propones? Le preguntó el Capitán.</p>
<p align="justify">-¿Qué propones? Le preguntó también al Primer Oficial.</p>
<p align="justify">-¿Cuál es tu opinión? Deseaba oír al Tercer Oficial, no tenía experiencia, pero no quería ignorarlo. Sayas era de esa naturaleza, muy sereno a la hora de tomar una decisión. Nadie sabe nunca, no se podía despreciar la opinión del tercer oficial, podían estar en presencia de una persona superdotada y estudiosa de la meteorología náutica, tuvo que haber pensado cuando le preguntó. Escaparon, no sin poder ahorrarse algún susto, el mar es el escenario perfecto para las sorpresas, enigmático y misterioso como los matrimonios. ¡Fondo ancla de babor! La tripulación comenta y siente admiración por su capitán y oficialidad.</p>
<p align="justify">No siempre tienes la posibilidad de escapar y debes sufrirlo, muchas veces, esa agonía se prolonga más allá de una semana. La gente se entretuvo grabando música mientras esperaban su turno para pasar el canal, otros, prefirieron sentarse frente al televisor. Unos cuantos lanzaron sus cordeles por la popa, todos comenzaron a olvidar la pesadilla vivida unas horas atrás. </p>
<p align="justify">Había desaparecido la marea barométrica y el barógrafo acusaba una profunda caída de la presión. El cielo se mostraba extremadamente rojizo a la hora del crepúsculo vespertino y tomó el teléfono para llamar al telegrafista.</p>
<p align="justify">-¿A qué hora tienes el próximo parte meteorológico? Hubo un largo espacio de silencio antes de recibir la respuesta esperada.</p>
<p align="justify">-El próximo parte es a las 20:00 GMT. Contestó a secas el radiotelegrafista.</p>
<p align="justify">-Pues busca en tu libro todas las estaciones que transmitan partes meteorológicos para esta zona y me llamas cuando las tengas a mano. Le ordenó el Primer Oficial.</p>
<p align="justify">-¿Y por qué no buscas por el radio facsímil?</p>
<p align="justify">-Porque solo asignaron $500 dólares para las compras de tres departamentos y el dinero no alcanzó para comprarle papel al facsímil.</p>
<p align="justify">-¡Ño! Está la cosa mala.</p>
<p align="justify">-No, el asunto no es que esté mala, el problema es que has olvidado que debes recibir esos partes meteorológicos, creo que es algo de tu obligación. Hubo otro espacio de silencio prolongado, el primer oficial no tragaba a ese individuo que por su condición de secretario de la UJC, deseaba imponerse cierta independencia en el buque y no lo toleraría, ambos se caían mal.</p>
<p align="justify">-¡Oká, jefe! En cuanto lo tenga listo se lo llevo al puente. El oficial le dio la llave de su camarote al timonel y pidió  le trajera un libro de meteorología náutica que siempre viajaba con él, le indicó donde encontrarlo. Buscó los signos accidentales de la presencia de un ciclón y lo repasó nuevamente, no tenía la menor duda de la situación por enfrentar.</p>
<p align="justify">El buque se desplazaba a unos diecisiete nudos de velocidad y el mar se encontraba totalmente calmado. Unas quince millas por el través de babor, podía observarse sin necesidad de binoculares las elevaciones de la isla de Madagascar. Tenía que ser una zona rica en peces, pensó cuando observó saltar a muchos de ellos sobre el agua en esa calma chicha donde el mar se convierte en un espejo. El telegrafista le trajo el primer parte meteorológico antes de abandonar la guardia, un aviso de huracán lo encabezaba y se dirigió inmediatamente al cuarto de derrota para plotearlo en la carta.</p>
<p align="justify">-¡Atención a toda la tripulación, contramaestre, llamar al puente! Su voz tuvo que penetrar en todos los recintos del buque y segundos después sonó el timbre del teléfono.</p>
<p align="justify">-Es el contramaestre. Se escuchó cuando levantó el auricular.</p>
<p align="justify">-Contramaestre, ve con dos hombres y trinca toda la pintura del pañol de proa. Revisa el sello de la caja de cadenas y los cierres de todas las bocas de lobo a las bodegas. Fíjate también que se encuentren debidamente cerradas las puertas de las torretas, comprueba las trincas de los botes salvavidas, pañoles, etc., inspecciona toda la cubierta.</p>
<p align="justify">-¿Hay algo malo en la carretera?</p>
<p align="justify">-Sí, cuando salgamos del socaire de la isla de Madagascar vamos a enfrentarnos a un huracán que viajará paralelo a nosotros durante varios días.</p>
<p align="justify">-¡Okey, chief! Le meto mano ahora mismo. Terminando con él llamó al capitán para ponerlo al corriente de la situación. El oficial arranchó todo lo que podía caerse en su camarote y realizó una inspección a la cámara del buque después de alertar a la tripulación sobre el fenómeno que enfrentarían. Esa noche comenzaría una agonía que se extendería por varios días.</p>
<p align="justify">Existían dos opciones para seleccionar, podían mantenerse al pairo con el buque al socaire de la isla mientras permitían que avanzara el huracán. El otro camino a seguir consistía en mantener el mismo rumbo y velocidad del fenómeno. Los tiempos habían cambiado mucho, el capitán no se molestó en subir al puente cuando fue informado de la situación y aunque lo hiciera, nunca se había detenido a escuchar la opinión de su oficialidad. Esa noche, los fuertes bandazos convirtieron a la nave en un infierno flotante, cada golpe de mar era una trompada a sus costillas. Crujían las cuadernas y el pantoque observaba con frecuencia las estrellas. Se repitieron los desvelos y constantes revisiones de los cálculos de estabilidad buscando un fallo que no existía. Desde su camarote, el primer oficial accionaba una y otra vez el cronógrafo para calcular el período de balance de su buque. Una de las pasajeras tuvo que ser asistida con sueros para detener el progresivo estado de deshidratación, sus vómitos no se detuvieron hasta que lograron desprenderse de aquella maldita tormenta. ¡Gracias Dios mío! Tuvo que escapar en muchos camarotes, gracias por no detener la máquina, por no romper ninguna tubería, exclamarían todos los maquinistas. El dinero no había alcanzado tampoco para comprar balones de oxígeno y acetileno. </p>
<blockquote>
<p align="justify"><strong>04:00 Local Time </strong></p>
</blockquote>
<p align="justify">-El capitán cambió a rumbo 290 grados. Le informó el segundo oficial durante la entrega de la guardia. –Ahí dejó anotado algo en la libreta de órdenes del puente. El oficial entrante leyó y firmó.</p>
<p align="justify">-¿Y ese cambio a qué se debe? Preguntó mientras observaba las últimas posiciones en la carta.</p>
<p align="justify">-Se recibió un parte con la presencia de un tifón, está por allá abajo. Puso su dedo índice sobre la figurita que representaba al tifón, era la misma que se empleaba para los ciclones y huracanes, eran la misma cosa, solo cambiaban de nombre de acuerdo a la región del planeta donde se formaban.</p>
<p align="justify">-Pero está bien lejos, ni sus efectos llegan hasta nosotros, estamos fuera de su área de influencias.</p>
<p align="justify">-Ya sabes, donde manda capitán, no manda soldado.</p>
<p align="justify">-Sí, ya lo sé. El segundo recogió su cajetilla de Populares y se despidió mientras él decidió permanecer en la oscuridad del puente para adaptar su vista.</p>
<p align="justify">-Voy a realizar los cálculos del crepúsculo, cualquier cosa me avisas. </p>
<blockquote>
<p align="justify"><strong>16:00 Local Time. </strong></p>
</blockquote>
<p align="justify">-El capitán cambió a rumbo 320 grados y dejó anotado algo en la libreta. Leyó y firmó nuevamente.</p>
<p align="justify">-¿Y ahora?</p>
<p align="justify">-No sé.</p>
<p align="justify">-¿Cual es la posición del tifón? El hombre volvió a apuntar con su dedo índice mientras el primer oficial medía la distancia hasta él con ayuda del compás de punta seca.</p>
<p align="justify">-Está bastante lejos y la trayectoria se mantiene de acuerdo a los promedios, no existe la mínima posibilidad de encontrase con nosotros, el debe recurvar muy pronto.</p>
<p align="justify">-Ya sabes.</p>
<p align="justify">-Sí, donde manda capitán, no manda soldado.</p>
<p align="justify">-Nos vemos esta madrugada. Se despidió y esta vez olvidó la cajetilla de cigarros. Era un hombre de poco hablar que había compartido sus tiempos de estudiante junto a él.</p>
<p align="justify">-¡Timonel! Voy a realizar los cálculos del crepúsculo, cualquier anormalidad me avisas. Tomó los binoculares y buscó algo barriendo el horizonte de banda a banda, luego se perdió por la puerta del cuarto de derrota. </p>
<blockquote>
<p align="justify"><strong>04:00 Local Time </strong></p>
</blockquote>
<p align="justify">-El capitán cambió a rumbo 350 grados y…</p>
<p align="justify">-Ya sé, dejó anotado algo en la libreta de órdenes. No lo dejó terminar de decir lo mismo que había escuchado en los relevos anteriores. -¿Otra vez, dónde está el tifón ahora? El mismo índice lo llevó hasta la última figurita ploteada en la carta, debajo podía leerse el rumbo y velocidad de traslación escritas como un quebrado.</p>
<p align="justify">-Ya sabes.</p>
<p align="justify">-Sí, donde manda capitán, no manda soldado, pero creo que con estos constantes cambios de rumbo solo está produciendo demoras y brindándole la oportunidad a ese bicho para que nos alcance.</p>
<p align="justify">-Eso mismo pienso yo, voy tumbando.</p>
<p align="justify">-No olvides los cigarrillos. ¡Timonel! Voy a realizar los cálculos del crepúsculo, cualquier cosa me avisas. La puerta del puente sonó a su espalda y esta vez no se detuvo a observar el horizonte. </p>
<blockquote>
<p align="justify"><strong>16:00 Local Time. </strong></p>
</blockquote>
<p align="justify">-Vamos a mantener este rumbo de 010 grados… Se detuvo cuando notó la presencia del primer oficial en el cuarto de derrota, junto a él se encontraban el segundo oficial y el tercero, el telegrafista permanecía sentado en el sofá. –Primero, le decía a los compañeros que a partir de este instante asumiremos el rumbo trazado en la carta, no olviden firmar el libro de órdenes. Su cabecita oscilaba de un lado a otro con suavidad, era un tic nervioso que se esforzaba en ocultar tanto como su mirada, Remigio nunca te hablaba mirando a los ojos, era esquivo o sentía temor en que fuera descubierto todo lo que llevaba en el alma.</p>
<p align="justify">-No comprendo las razones para realizar estos constantes cambios de rumbo. Le dijo el primer oficial y el silencio provocado con este desafío fue sepulcral. No podía negarse el miedo que sentían los hombres del buque con su sola presencia, los tenía atados con el servilismo mostrado por los secretarios de todas las organizaciones de a bordo, y lo peor, más del noventa por ciento de la tripulación era de la raza negra que respondía ciegamente a sus caprichos y antojos. Remigio era un Dios para ellos y desafiarlo constituía un acto de rebeldía que sería inmediatamente rechazada por todos sus plebeyos.</p>
<p align="justify">-Primero, de acuerdo a la trayectoria del ciclón…</p>
<p align="justify">-Capitán, usted me disculpa, los ciclones, huracanes o tifones no son seres inteligentes y menos aún, no le guardan rencor o tienen cuentas pendientes que saldar con usted. ¿Por qué no le da un vistazo a los Pilot Charts de la zona y el mes en cuestión? ¿Por qué no le tira una ojeada al libro de meteorología? En ambos lugares puede obtener valiosa información sobre las trayectorias medias de esos fenómenos, pero esto que está haciendo no tiene lógica alguna, es como si el tifón estuviera encarnado en usted.</p>
<p align="justify">-¡Primero! Limítese a cumplir las órdenes impartidas. Los movimientos de la cabeza fueron ahora más acelerados y no se puso rojo como un tomate porque resultaba imposible, Remigio era tan negro como el carbón. Salió del cuarto de derrota seguido por su perro más fiel, el telegrafista del barco.</p>
<p align="justify">-¡Claro que las voy a cumplir! Total, Liborio es el que paga por todas estas barrabasadas. El tifón persiguió al primer oficial durante la duración de aquel viaje por varios países asiáticos, había ofendido y desafiado al rey de todos aquellos esclavos. </p>
<p align="justify">Una mañana, leo como de costumbre las noticias de lo que ocurre en el mundo por Internet. “Dos pasajeros muertos y varios heridos a bordo del buque de pasaje Louis Majestic, una ola “gigante”, de unos ocho metros, rompió los ventanales de un salón situado en la cubierta número cinco”. ¡Por Dios! Esas olas no son “gigantes”, no cabe la menor duda, muchos Remigios andan navegando por el mundo y sus animaladas no son exclusivas de los cubanos.</p>
<p align="justify"><em>Esteban Casañas Lostal.<br />
  Montreal..Canadá.<br />
  2010-03-09</em></p>
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		<title>PLÁCIDO BOSH,UN FANTASMA MOLESTO.</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Feb 2010 06:52:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[
Hay días que deseo pasar hojas molestas que ocuparon ese gran volumen que le da forma a nuestras vidas, pero la historia es exigente y no entiende de ditirambos, condena el titubeo. Quisiera borrar de mi mente pesados fantasmas que en sus vuelos causan molestias y producen pesadillas. Insisten en continuar jodiendo y aparecen siempre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0218.jpg"/></p>
<p align="justify">Hay días que deseo pasar hojas molestas que ocuparon ese gran volumen que le da forma a nuestras vidas, pero la historia es exigente y no entiende de ditirambos, condena el titubeo. Quisiera borrar de mi mente pesados fantasmas que en sus vuelos causan molestias y producen pesadillas. Insisten en continuar jodiendo y aparecen siempre allí, donde nadie los quiere, hirientes, porque hasta después de muertos causan daño y ellos lo saben. Cada página a ellos dedicada, es una demora injustificada al amor que pudo una vez flecharnos, luego, imbuidos en el rescate de ese inquieto fantasma, podemos olvidar momentos de felicidad que bendijeron nuestras existencias. Aquella juventud fue marcada con ese fierro candente que dejó una cicatriz eterna, muchas veces, heridas que no logran cicatrizar y sangran. ¡No se puede ocultar al verdugo de nuestras penas! Grita desesperada la historia mientras unos tratan de olvidar.</p>
<p><span id="more-423"></span></p>
<p align="justify">-¡Farah María es un gallo ronco! Dijo uno de los presentes esa tarde en el comedor de tripulantes.</p>
<p align="justify">-¡Sí, pero está muy buena! Le contestó Pedro el pañolero.</p>
<p align="justify">-¿Estamos analizando el cuerpo o la voz? Esta vez fue Febles el timonel, muy raro que se animara a participar en este tipo de discusión. Su carácter introvertido lo mantenía alejado de aquellas tertulias diarias que seguían después de la última cucharada de comida. El camarero participaba mientras retiraba las fuentes de cada mesa y las pasaba por la ventanilla que lo comunicaba con la cocina. En ocasiones se escuchaba la opinión de algún cocinero, nos llegaba como un grito desesperado. -Es lo que yo digo y mantengo, Farah es un gallo ronco, no tiene voz.</p>
<p align="justify">-Dicen que está empatada con un pincho y que por eso canta por televisión.</p>
<p align="justify">-No se puede negar que está durísima.</p>
<p align="justify">-Pero no canta.</p>
<p align="justify">-¡Qué coño nos importa si canta o no, está muy rica y eso es lo que vale! Las protestas se cruzaron de un lado a otro del salón y la discusión tomó su camino diario. Por un lado, los amantes de la música, por otro, los desesperados por la carne, los aficionados a la pelota y los nostálgicos que comenzaban a sentir los efectos de más de veinte días de navegación sin ver tierra. Al final, todos convergían en un solo punto de ese fatigoso recorrido, estábamos desesperados por esa carne tibia y olorosa que le daba verdadero sentido a nuestras vidas.</p>
<p align="justify">-¡Atiendan acá! El socialismo es la emancipación de la clase obrera, dueña de todos los bienes una vez arrancados de las manos de la burguesía. Los obreros, rotas las cadenas que lo mantuvieron atados… Reinó el silencio en todo aquel salón y cada uno de nosotros observaba, invadidos de estupor y sorpresa el rostro de aquel hombre que, parado frente a nosotros con el descaro del fanático extremista, nos disparaba a boca de jarro una arenga revolucionaria fuera de lugar. Por la ventanilla de la cocina se observaba el rostro de uno de los cocineros muerto de la risa. -En lugar de pasarse tanto tiempo discutiendo mierdas sobre la farándula, deberían utilizarlo para superarse políticamente, eso es lo que espera la revolución de ustedes. Cada uno de nosotros se levantó de sus asientos y abandonamos el salón, dejamos a Plácido Bosh parado en el mismo sitio con un librito entre sus manos, nos había jodido la tertulia, correría el año 69. El escenario elegido fue la motonave Jiguaní, todavía en aquellos tiempos, menos difíciles que los posteriores, podíamos alardear de pertenecer a una inmensa familia, así éramos los marinos de entonces, casi hermanos.</p>
<p align="justify">El incipiente núcleo del partido lo llamó a su seno y le dio un merecido jalón de orejas, Plácido era la primera papa podrida que lograba penetrar a su saco. Muy poco tiempo después se llenaron todos los sacos con papas como esta. Cuando el buque regresó a La Habana movieron fichas y se lo quitaron de encima, su extremismo era un peligro para el sano ambiente de aquel barco, y no solo eso, técnicamente era muy malo para ocupar la plaza de cuarto maquinista.</p>
<p align="justify">Me olvidé de él y solo lo veía accidentalmente cuando necesitaba ir al edificio de nuestra empresa, pero Bosh es de ese tipo de individuo que no descansa y lucha con tenacidad por imponerse. Una vez lo vi y escuché por televisión, pensé, ahora no hay quien lo detenga. Daba un enardecido discurso en una tribuna levantada junto a la oficina de intereses norteamericanos en La Habana. El momento era muy apropiado para cualquier oportunista, desfilaron muchos como él durante decenas de horas por aquella tribuna, todos pedían la liberación de unos pescadores detenidos en Estados Unidos.</p>
<p align="justify">Después de la efervescencia que producen esos eventos viene una marea de calma y Bosh cayó fulminado por ese silencio que te condena al olvido. Dicen que estuvo varios años enrolado en el barquito Clodomira, esta nave se encontraba fuera de servicio en el muelle Margarito Iglesias. Allí, donde solo se mantenían funcionando los generadores eléctricos, fue ascendiendo de cargo milagrosamente. Se convirtió de la noche a la mañana en Jefe de Máquinas, nadie sabe cómo, nunca podrán explicarlo. Se paseaba con sus charreteras de cuatro rayas entre hombres que habían quemado sus pestañas en la academia, reparado decenas de plantas, bombas, purificadores, calderas y cambiado infinidad de camisas a los pistones. Nada de eso había hecho él, pero las cuatro rayas cargadas sobre sus hombros decían lo contrario. Así fue como un día, sin nadie comprenderlo, descendió de una aeronave de Cubana de Aviación en el aeropuerto de Luanda. Si aquella llegada suya hubiera tenido como justificación dirigirse a los campos de batalla, donde diariamente caía algún cubano, los que conocíamos su terrible trayectoria la aplaudiríamos con la esperanza de que, algún angolano les ahorrara el sufrimiento producido por estos fantasmas en su paso por la tierra a tantos cubanos.</p>
<p align="justify">Algo insólito ocurrió en el puerto de Lobitos, tuvimos que salir a navegar toda una noche para que Carlos Mendoza le hiciera entrega del cargo a Bosh. Nunca, en toda la historia de la marina mercante cubana, un barco había tenido que detener sus operaciones y hacerse a la mar para efectuar un relevo. Sacando cuentas, el N’Gola tenía un consumo de combustible superior a las veinticinco toneladas diarias, ¿cuánto pagó el pueblo angolano por ese relevo después de unas doce horas de navegación? Ya teníamos un nuevo Jefe de Máquinas que operaría un motor con más de diez mil seiscientos caballos de fuerza. No solo eso, cuando finalizara su “misión”, regresaría a Cuba con un diploma de “Internacionalista” que sería agregado a su amplio curriculum.</p>
<p align="justify">-Yo propongo que renunciemos a la divisa que nos pagan nuestros hermanos angolanos, debemos tener presente en todo momento que nuestra presencia en este país se debe a la condición de “Internacionalistas”, algo que no olvidar jamás. Fueron las palabras expresadas por Plácido Bosh en la reunión relámpago efectuada para hacer la presentación del nuevo grupo, se encontraba el director de Angonave, la compañía que operaba la flota de ese país. Estaba también Amador del Valle, delegado del Ministro de Transporte en ese país.</p>
<p align="justify">-¡Pido la palabra! Sin esperar fuera concedida, disparé en una ráfaga todo lo que me vino a la mente en ese instante. –Yo no renuncio a nada, no estoy de acuerdo con la demagogia de este compañero, todo lo contrario, solicito que se nos pague más. Resulta increíble que un simple marinero de este buque cobre once dólares diarios, mientras que su oficialidad solo reciba un dólar diario a partir del último puerto angolano. ¡Yo no renuncio a nada! Eso es baba de este individuo que ayer estaba reclamando un aumento de la asignación de dinero por concepto de “representación”. ¡Coño, qué singao es este viejo! Pensé, ayer reclamaba más plata como Jefe de Máquinas en el camarote del Capitán, aumento que fue concedido y ahora se baja con este trueno. Hubo silencio, solamente quedábamos dos de los viejos, el grupo anterior había sido relevado y todos los presentes eran nuevos en este campo de batalla.</p>
<p align="justify">-¡Camarero, retire inmediatamente este animal de mi presencia! Domingo, uno de los mejores y más complacientes camareros con los que me tocó trabajar durante mi vida de marino, se acercó algo asustado y retiró inmediatamente el plato de mi presencia. No puedo imaginar qué rayos les había sucedido ese día, eran magníficos cocineros, pero tenía ante mí un pescado que fue cocinado con sus escamas y tripas incluidas.</p>
<p align="justify">-¡Parece mentira que un camarada que se encuentra en “misión internacionalista” se exprese de esa manera. Se le ocurrió decir a nuestro héroe.</p>
<p align="justify">-¡Mira, Bosh! Te vas para casa del carajo, hablo así porque me da la gana y tú no eres nadie para mandarme a callar. Parece que se aconsejó y no acudió a la réplica, pero de algo estaba convencido, el año que me quedaba por delante no sería fácil de vivir con este individuo a bordo.</p>
<p align="justify">Alambritos por acá, laticas de leche colgando en los lugares donde existían salideros de aceite o combustible, aplicación de la teoría de bombillos apagados para ahorrar combustible, algo que nadie le había solicitado porque Angola es rica en petróleo. Constantes paradas de la nave para efectuar “reparaciones”, demoras, malas maniobras, recalada a los astilleros ADM de Amsterdam y apertura de la máquina principal. Especialistas del astillero le mostraron al Capitán una variada colección de fotografías tomadas donde aparecían las culatas de la máquina principal “rajadas”.</p>
<p align="justify">-Capitán, no se puede demostrar cuándo se produjo esta avería. Pudo haber sucedido ayer o cuando se encontraba la oficialidad portuguesa a bordo de este buque. Algo hay muy serio detrás, la reparación se aproximará al millón de dólares. Una de las principales causas que originan este tipo de averías, es haber sacado la máquina de tiempo. Yo solo escuchaba y observaba las fotos.</p>
<p align="justify">-Debo consultar con el Armador. Fue toda la respuesta de Calero, no podía decir otra cosa.</p>
<p align="justify">-El problema es que estoy enfermo, tengo sinusitis aguda, no puedo respirar bien y me siento muy mal, solicito que pidan mi relevo a La Habana. Fueron las palabras de Bosh después de escuchar las conclusiones de los especialistas del astillero.</p>
<p align="justify">-¿Te quieres ir para La Habana? ¡Agente, sáquele un pasaje para mañana mismo a este compañero! Fueron las palabras del Capitán y allí mismo concluyó la reunión. Bosh montaba en un taxi temprano y ese mediodía, se celebró una junta de emergencia donde se abrieron varias botellas de whisky para festejar el deslastre experimentado. Había partido con más penas que gloria, sin dinero, sin pacotilla, sin los regalos acostumbrados a recibir de los astilleros cuando finalizan las reparaciones, sin el diploma de internacionalista. ¡Rajado! Tuvo que haber escrito el secretario del partido que lo sustituyó, pienso. No solamente rajado, rajadas quedaron también aquellas seis culatas del barco, cuya reparación costó el millón de dólares anunciado. A Bosh se lo devoró Saturno y fue condenado al silencio por el resto de sus días, pero no fue muy sencillo masticarlo y luego tragarlo. El daño causado a su paso por esta tierra no puede ser olvidado, la historia no entiende de ditirambos, condena el titubeo y castiga la mala memoria. Varios años después me encontré con su sobrino en Cienfuegos, había sido alumno mío en la academia naval, no recuerdo lo que me dijo de su tío, no sé si aún pueda estar vivo. Tiene que ser un molesto fantasma y el combustible nunca alcanzará para quemarlo en el infierno.</p>
<p align="justify">Esteban Casañas Lostal.<br />
  Montreal..Canadá.<br />
  2010-02-21</p>
<p align="justify">
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		<title>UNA MIRADA</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Dec 2009 15:20:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
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Con mucho cariño a Manuel Balsa Larrinaga (Manolito)


Dicen que cuando se para junto a la ventana su mirada viaja perdida entre las olas, como tratando de descifrar ese inquieto coqueteo de colores. Sus pupilas se contraen y dilatan constantemente en ese enfermizo manoseo donde insiste en atrapar algo y no puede. Después, se escuchan unos [...]]]></description>
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<p align="justify"><strong><em>Con mucho cariño a Manuel Balsa Larrinaga (Manolito)</em></strong></p>
</blockquote>
<p align="center"><img src="http://www.macanadas.es/images/2008-01/0576.jpg"/></p>
<p align="justify">Dicen que cuando se para junto a la ventana su mirada viaja perdida entre las olas, como tratando de descifrar ese inquieto coqueteo de colores. Sus pupilas se contraen y dilatan constantemente en ese enfermizo manoseo donde insiste en atrapar algo y no puede. Después, se escuchan unos gemidos casi infantiles, imperceptibles para quienes lo rodean y se mantienen concentrados en una pequeña pantalla, indiferente para quienes se identifican con la trama de lo que ocurre solamente entre transistores.</p>
<p><span id="more-408"></span></p>
<p align="justify">Se enfada en esa observación permanente, sabe que algo existió o existe, se inclina un poco a la derecha y encuentra al faro de El Morro. Una larga pitada logra despertarlo por segundos y deja escapar un susurro que nadie escucha, sonríe, sólo él sabe por qué. Unos niños corren a lo largo del malecón gritando algo, lo hacen en la misma dirección del barco, esta vez entrando a puerto. Aprieta el pulsor del tifón y la pitada es mucho más larga, sonríe nuevamente y saluda, grita también algún nombre, sostiene el binocular con una mano y agita la otra abanicando al viento, escucha, trata de decir algo y no lo logra.<br />
  -¡Mami, papá se orinó! Protestas, cansancio, ojeras, repetición. Lo toman de la mano y lo conducen hasta el cuarto, lo cambian, secan el orine del piso, vuelven a apretar la tecla de play, continúa la película, regresa la calma.<br />
  Dicen que gasta muchas horas junto a la ventana, no le importan las protestas, tampoco la luz que por ella penetraba y atenuando las imágenes del televisor, él no lo comprendía, una vez lo comprendió. Siempre iniciaba el mismo recorrido, igual choque con aquellas olas que desafiaban su memoria, algunas, un poco violentas, lograban sobrepasar el ancho muro, como burlándose de él. ¿Por qué tienen ese color blanco en las crestas? No se interesó por la respuesta y giró nuevamente, el faro, esa columna de piedras con cristales le preocupaba, lo conocía, no sabe desde cuándo, otra pitada. Dijo algo que nadie escuchó, ¡un barco!, un barco que pudo haber reconocido. No estaba muy seguro, luego se convenció cuando vio pasar su chimenea, una mano con un machete, esta vez de salida y otro grupo de niños corriendo.<br />
  -¡Mami, papá está llorando! Ella vino a secarle las lágrimas con un pañuelo chino, tuvo que ser chino, lo daban por la libreta, nadie más los fabricaba. Unas palabras de amor para calmarlo, unas palabras que solo ella conocía, magia solo lograda con la ternura. Trató de apartarlo de la ventana y no pudo, tampoco insistió en arrebatarlo de algo, un mundo nuevo para ellos, desconocido. El barco había superado el Castillo de La Punta y ella le extendió unos binoculares que tal vez nunca fueron suyos, nada era de nadie y todos eran propietarios. Quizás se encontraban en el sitio equivocado, solo eso. Los tomó en sus manos como si fuera un juguete, lo eran ahora, lo serán después, tal vez siempre, miró con insistencia, agitó nuevamente las manos.<br />
  -¡Feelpuente! Dijo algo y fue su mujer la que sonrió esta vez, razones sobraban para estar feliz, hacía semanas que no pronunciaba una palabra, ella no lo comprendió. Es muy probable que haya ordenado café para el puente, era lo usual en esas circunstancias.<br />
  Buscaba, buscaba, buscaba, no dejaba de hacerlo, nadie se explica el por qué de aquella obstinación. Poco encontraba, viejos autos que pasaban volando y unos pájaros grandes que lograron detener su imaginación, eran gaviotas. ¿Dónde las había visto?, ¿dónde las había visto?, ¿las había visto alguna vez? Borró la idea de haberlas visto, no lo hizo voluntariamente, se borraron solas de su mente. Pude haberlas visto en Rostock, quizás en Guayabal, no las he visto y poco me importan. ¿Y si las vi de verdad, por qué negar su existencia?, ¿y si no existen y es una trampa de mi mente? Mejor me olvido de las gaviotas y pienso en otra cosa, ¿pienso, puedo pensar? Tal vez sí, tal vez no, todo depende de mi estado emocional. Puede que recuerde algo, ¿dónde vi las gaviotas? Ríe y lo escuchan, no pueden definir si llora, el sonido les llegó con unos disparos escapados del televisor. Él viaja en la nave del tiempo, lo hace sin control. Se detiene en Nicaro, salta a Nuevitas, cae preso, cae preso, cae preso, la imagen se congela y lo asusta. Se mueve nervioso a lo ancho de la ventana, deja los binoculares encima de una mesita, le pesan. Escapa de aquella prisión, es libre nuevamente y se embarca, luego, todo comienza a borrarse.<br />
  Toc, toc, toc. No recuerdo que hay un timbre musical, como el de mi casa, se abre la puerta y aparece ella con un pañuelo en las manos, era chino, de los que se compraban por la libreta, nadie más los fabricaba.<br />
  -Vengo a darte el pésame por la muerte de Manolito. Dije a secas, sin ese protocolo que carga el aroma asfixiante de tantas flores encerradas en el salón de una funeraria. Ella se quedó estupefacta, petrificada, tiesa.<br />
  -¿Y quién te dijo que Manolito había muerto? Logró decir unos segundos después.<br />
  -¿No ha muerto? Eso fue lo que llegó por telegrafía, ya sabes como corren las noticias.<br />
  -Pasa para que lo saludes.<br />
  Lloró cuando me vio, quizás me reconoció, tal vez se acuerde de mí. Todos en la sala se mantuvieron pendiente de sus gestos y reacciones, mi hijo no hablaba, se asustó cuando lo vio, Manolito era el fantasma de mi amigo, una versión desfigurada de lo que había sido un hombre apuesto y simpático.<br />
  -Creo que te reconoció. Dijo ella sin apartarle la mirada, estudiaba cada uno de sus movimientos, buscaba un rayo de luz y esa esperanza a la que siempre nos aferramos por regresar a la paz que deseamos vivir.<br />
  -¿Tú crees?<br />
  -Si te hubieras ido con él… Se escuchó como una protesta, un reproche. -Tal vez no le hubiera sucedido esto, tú sabías controlarlo un poco, pero esa gente con las que siempre arrastraba eran demasiado bebedoras, nunca comprendieron el daño que podían producirle. La escuchaba y cargaba sobre mí un saco de responsabilidad que no me pertenecía. Manolito era incontrolable, rebelde, enérgico, muy activo, poco subordinado a los consejos y explosivo a la hora de tomar decisiones. Era un loco que no conocía el miedo y desafiaba constantemente el peligro, su vida nunca dejó de ser una fiesta prohibida.<br />
  -¡Toma esta metralleta! Me dijo esa noche en Luanda, había ido hasta mi barco remando en un kayak a media noche y yo le seguí la corriente, no se le podía decir que no.<br />
  -¿Y esto pa’qué? Le pregunté cuando tenía el AK en mis manos.<br />
  -Si te disparan, tú disparas. ¡Agarra este cargador de repuesto!<br />
  -Manolito, ¿a dónde coño tú me llevas? Luisito el telegrafista viajaba con nosotros en el jeep, él también cargaba su AK.<br />
  -A vender las cajas de ron, ¿pensaste que eran para beberlas? ¡Verdad! No les había contado que al bajarnos del kayak, Manolito me llevó hasta el cuarto de máquinas de su barco. Él y Luisito zafaron una plancha del mamparo de proa y ¡voilá!, tenían un pasadizo que habían fabricado para penetrar a la bodega Nr.3. Paramos en uno de los barrios más peligrosos de Luanda y donde supuestamente no entraría ningún blanco, solo nosotros éramos capaces de ir en contra de la corriente. Una vieja negra hurgó entre el guano del techo de su casa y sacó un fajo de billetes. Fue contando y separando entre dólares y kwanzas.<br />
  -¡Bájale dos cajas de Havana Club! Ordenó como cualquier jefe de la mafia, Luisito permanecía detrás de nosotros con el dedo puesto en el disparador. ¡Nos vamos! Dos o tres casas más y salimos de toda la carga, regreso al barco. ¿Y yo, qué carajo gano en todo esto? Nada, solo el placer de aquella aventura y la posibilidad de buscarme un lío innecesario, pero no podía decirle que no a Manolito.<br />
  -Hace falta que vayas al Seaman Club y me compres todo esto en whisky. Me entregó un fajo de dólares.<br />
  -¡Ven acá, Manolito! ¿No hay candela con esto? ¡Asere!, estamos en Rostock y la seguridad alemana trabaja con la del patio.<br />
  -¡No seas pendejo! Ayer hice una compra de trescientos dólares y no pasó nada, el asunto es que no me puedo quemar gastando mucha plata aquí, pero ellos no le hacen swing cuando es poca cantidad.<br />
  -¿Tas seguro? Mira que me puedes quemar de gratis.<br />
  -No hay tema, viejo. No seas tan pendejo. No sé la facilidad que tenía para envolverte, tal vez diciéndote pendejo lograba herir tus sentimientos y despertar el macho que llevábamos dormido. Lo cierto es que fui hasta el local y llené un carrito con botellas, algo nervioso, no puedo negarlo, mi tranquilidad regresó cuando pasé por la caja contadora. ¿Y qué carajo ando haciendo en este negocio? Manolito estaba en el José Antonio Echeverría y yo en el Frank País, nada que ver el uno con el otro. Bueno, sí, solo unas semanas antes yo lo había relevado en este barco, y no quieran saber cómo hicimos el relevo. Manolito me llevó para su casa y puso ante mí una botella de whisky, pero no una cualquiera. Resulta que él había comprado una que funcionaba con baterías y la bebida salía por el pito de un muñequito. -¡Pon el vaso!, ¿viste cómo mea?<br />
  -Manolito, ¿ya hiciste los cálculos de estabilidad?<br />
  -No te preocupes, todo está cuadrado, ¡pon el vaso!, ¿viste como mea?<br />
  -Manolito, y los inventarios, men. ¿Los tienes actualizados?<br />
  -Eso está querido, ¡pon el vaso!<br />
  -Manolito, Manolito, Manolito…<br />
  -¡Aquí tienen algo de saladito! Hasta ella se había puesto de acuerdo con mi socio para amarrarme. ¿Saladitos? Jamón, queso, anchoas, aceitunas rellenas. Al siguiente día salí de viaje con el corazón saltando entre mis manos, nada de lo que me había asegurado Manolito existía, nada. Su acta de entrega se redujo a todas las meadas de aquel muñequito, me envolvió como siempre. Permaneció tranquilo durante un rato, no intentó acercarse a la ventana, me observaba y trataba de decirme algo con los ojos, yo trataba de adivinarlo.<br />
  -Creo que te reconoció. Dijo ella.<br />
  -Es probable que haya tenido un momento de lucidez, ¿quién pudiera estar dentro de su mente? Manolito sonrió y esta vez pude descubrir la picardía de nuestros tiempos, es muy probable que solo haya sido una mala interpretación. Me vino a la mente aquel viaje a Camagüey, éramos estudiantes aún. El buque escuela había entrado por Nuevitas y a Ríos se le ocurrió invitar a un grupo de nosotros a casa de su hermana.<br />
  -¿Te acuerdas del viaje que nos metimos una tropa de nosotros en la habitación de un hotel en Camagüey? Le pregunté a Rocha, él vive desde hace unos años en Miami. Enseguida se acordó y comenzó a reírse.<br />
  -¡Vamos a pasar de dos en dos! No recuerdo a quién se le ocurrió la brillante idea para tratar de engañar al hombre de la carpeta. Hirám con Remigio, Rocha y Casañas, Ríos y Manolito.<br />
  -¡Alto ahí! ¿A dónde van ustedes? Preguntó el tipo de una manera bien descompuesta.<br />
  -¡Oye! Nosotros somos de la habitación 325. Respondió Ríos con esa voz quebrada y sonido de relajo que nadie podía tomar en serio.<br />
  -¡Al carajo la 325! Ya han subido varios diciendo lo mismo.<br />
  -¡No puede ser! ¿No está reservada a nombre de Eduardo Ríos?<br />
  -¡Coño, asere! ¿Estás de chivatón, qué bolá contigo? Manolito se reía mientras el tipo de la recepción caminaba entre los colchones tirados en el piso.<br />
  -¡Compadre, no coma tanta mierda, por la mañana nos vamos al carajo! Si te pones farruco, vamos a darte tranca allá abajo. Así que apaga y dale pal carajo. La suerte fue que Hirám era un jabao de casi seis pies de estatura y logró impresionar al portero. Ríos tuvo que llevarse a Manolito para la casa de su hermana hasta la mañana siguiente, claro, entre sus risotadas, porque hablando en plata, para él no existían muchas cosas que se pudieran tomar con seriedad.<br />
  Qué tragedia en esa cola de la terminal para poder agarrar la guagua hacia Nuevitas, apareció una loca que le faltaban todos los dientes preguntando por el capitán Balsa y Manolito no queriendo salir del baño. Bueno, hicimos la mañana con ella y el viaje también, ya deben imaginarse la jodedera que se formó en torno a la sindientina, porque así la bautizaron.<br />
  -¿Qué les parece la proposición? Preguntó Manolito cuando salimos del restaurante en Guanabo, nos había llevado hasta allí para engoarnos. Hablo en plural porque fuimos dos los objetos de su pesquería, el otro se llama Luís Valdés Arnaiz.<br />
  -Asere, si no hemos visto lo que debemos hacer, ¿cómo es posible que nos preguntes?<br />
  -¡Coño! Yo soy un tipo diáfano, ya les dije que llevé a dos albañiles de profesión y estuvieron muy de acuerdo con los 2,500 pesos que les ofrecí. Indudablemente estaba hablando de plata en aquella época, bastante dinero.<br />
  -¿Y por qué no fueron a pinchar? Pregunté al azar, lo hice solamente por preguntar, estaba muy cómodo en el auto y no me importaba regresar a casa.<br />
  -Sabes que hay gente misteriosa.<br />
  -Bueno, tendremos que llegar a la casa para tener una idea del tema que estamos hablando. Fueron más de cuatro meses enmarañados en la construcción de dos baños, dos cocinas, reparación de cinco cuartos, sala y comedor. Manolito cayó preso junto a los tripulantes del 30 de Noviembre, él no había dado ese viaje donde se detectó el contrabando de relojes, tinte de pelo, etc. Arnaiz y yo fuimos eliminados del curso de Primer Oficial, solo por el hecho de visitar esa casa diariamente, claro, nadie sabía de las reparaciones interiores que estábamos haciendo.<br />
  -Si tú te hubieras ido con él… Insistió en aquel reproche y tal vez pecado que nunca me perdonaría.<br />
  -Tú mejor que nadie sabes que nunca me embarcaría con Manolito, la única manera de conservar su amistad era manteniendo esta distancia, dentro de un barco las cosas cambian y los amigos se pierden con demasiada facilidad. No me vengas ahora con este cuento, tú tampoco pudiste controlarlo, nadie podía hacerlo, Manolito era un animal salvaje imposible de domesticar, ¿por qué tendría que ser yo?<br />
  -Puede que tengas razón, él nunca tuvo verdaderos amigos.<br />
  -Yo creo que esa es la palabra correcta, “amigos”. Ninguna de esa gente que navegaba con él lo era, puedo asegurártelo. Tampoco él nos consideró como tal, es muy difícil. Manolito se encandilaba con frases que solo existen en el mercado y se comportan de acuerdo a la oferta y la demanda. No creo haya tenido verdaderos amigos, eso lo pudiste comprobar cuando estuvo en el hospital con una custodia de la policía. ¿Cuántos lo visitaron? ¡Por Dios! En Cuba son muy escasos los verdaderos amigos, eso lo sabes perfectamente.<br />
  Manolito se levantó y caminó hasta la ventana, nos dio la espalda, quizás inocentemente, tal vez no. Pudo haberse sentido molesto por las cosas que escuchaba, nadie sabe cómo funciona su mente. ¿Y si nos engaña? No existen testigos, solo su alma. Escuchamos una pitada larga y observamos su rostro. Hoy era su día de suerte, el puerto había recobrado algo de vida, sonrió. Su vista se perdió en el norte, voló junto a unas gaviotas extraviadas. Hay banderas que vuelan en el mástil de El Morro y una boya que se bambolea en el canal de entrada. Luces que se confunden, rojas y verdes, verdes y rojas, entrada o salida. Una pitada larga, un recuerdo, una lágrima, una aventura, un pichón, un amor en cada puerto, un espermatozoide inoportuno, una inscripción de nacimiento.<br />
  Estuve en su casa cuando pensaba desertar, fue una despedida silenciosa, él no se encontraba allí y me ahorró algo. El tiempo ha pasado y sus hijos echaron alas, volaron y no se detuvieron hasta las islas Canarias. Manolito vive con su madre, pero ella no vive cerca del malecón, no escucha las pitadas de los barcos, ni observa los destellos del faro por las noches. Gime como los niños y llora de vez en cuando, se orina y sonríe, nadie protesta, el televisor se encuentra apagado.</p>
<p align="justify">Manolito sufrió un derrame cerebral que lo dejó incapacitado de por vida.</p>
<p align="justify">Esteban Casañas Lostal.<br />
  Montreal..Canadá.<br />
  2009-12-09</p>
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		<title>¡TODO A BABOR!</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Dec 2009 23:55:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[-¡Práctico-Habana, aquí la motonave Otto Parellada que te llama! Un molesto ruido, interferencias producidas por ondas parásitas invadió el receptor, el capitán le bajó el volumen y esperó por la respuesta. Varios minutos después repitió la solicitud de comunicación, pero esta vez decidió ahorrar palabras. –¡Práctico-Habana, Otto que te llama! Haló la silla que tenía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">-¡Práctico-Habana, aquí la motonave Otto Parellada que te llama! Un molesto ruido, interferencias producidas por ondas parásitas invadió el receptor, el capitán le bajó el volumen y esperó por la respuesta. Varios minutos después repitió la solicitud de comunicación, pero esta vez decidió ahorrar palabras. –¡Práctico-Habana, Otto que te llama! Haló la silla que tenía designada en el puente y la acomodó junto al equipo de V.H.F. Ya sabía que debía estar armado de mucha paciencia cuando de comunicaciones se tratara con cualquier punto de la isla, todos eran impredecibles, sorprendentes, inoportunamente descuidados.</p>
<p align="center"><img src="http://www.macanadas.es/images/2008-01/0575.jpg"/></p>
<p align="justify">–¡Pongan media avante! Ordenó sin quitarle la mirada al equipo de radio y Amador corrió hasta el telégrafo para trasmitir la orden a máquinas. Los walkie-talkies de los oficiales se encontraban acomodados sobre la mesa de ploteo, habían sido revisados y comprobado su funcionamiento. </p>
<p><span id="more-405"></span></p>
<p align="justify">-¡Práctico-Habana, Otto que te llama! Esto no cambia, ¿qué carajo estarán haciendo?, ¿no tendrán un operador de guardia? Comenzó a dar síntomas de impotencia y eso era malo, se desahogaría con nosotros hasta el límite de su cuerda y luego lo haría por el teléfono, era necesario calmarlo para que aquellos no se ensañaran con el barco. Era muy sencillo jodernos, lo hacían a menudo cuando el capitán les caía mal. -¡Capitán! Tiene el número cinco en el orden de las maniobras programadas para hoy. Solían decir con frecuencia, tal vez riéndose después de soltar el pulsor del teléfono. <br />
  -¿Y por cuál van? Preguntaban habitualmente los ingenuos sin darse cuenta que les ofrecían razones para divertirse. <br />
  –Vamos por la número dos, capitán. Respondían y colgaban sin ofrecer más explicación, entonces, llegaba ese espacio de tiempo dedicado a la meditación y los cálculos. Van por la segunda maniobra programada para este día y son las ocho de la noche, es muy probable que mañana entremos a puerto, no existe otra esperanza con este ritmo. Ellos sabían que te estaban torturando y se reían mientras esperaban otra llamada cargada de ansiedad. Sobre el buró, una botella de Havana Club a medias que fuera regalada por el capitán del último barco en salir, no necesitaban pensar las respuestas a los futuros reclamos.<br />
  -¡Capitán! Tenemos problemas con los remolcadores, la lancha de los caberos se rompió, sería una justificación de rutina, la que utilizaban a diario. ¿Por qué no tendrían un vehículo para mover a los caberos como es usual en muchos países? No podían tenerlo, era ilógico. Si lo tuvieran, los caberos se dedicarían a realizar mudanzas o a botear hacia otras zonas de la ciudad para buscarse unos pesos, ¿y la gasolina, quién la pone? Muchas dificultades, papeles, trámites, reuniones, demasiado burocratismo para asignarle un vehículo a los caberos. ¡Qué sigan en su lancha y no jodan, el país está bloqueado por el enemigo! Concluyó el secre del partido en una de las agotadoras reuniones donde se planteó el problema. Tal vez la lancha no esté rota na y Mazacote ande ocupado bajando la pacotilla de los marineros. ¡Tiene que luchar! Siempre se moja con algo, ruedas de cigarros, varos, algún trapito, ¡y hasta jama!, ¿por qué, no? Y se enchumban todos, él mismo, los caberos, los marineros de los remolcadores y hasta el lanchero de los Prácticos. No voy a romperme más la cabeza, estoy cogiendo cuerda y eso es malo, pensó el capitán.<br />
  –¡Práctico, Otto que te llama! Otra vez el silencio como respuesta y el molesto ruido que ataca directamente a la paciencia. -¿Tú sabes si el telegrafista le dio mantenimiento a la antena del V.H.F? Preguntó con vagancia y me hice el sordo, no pensaba colaborar en la búsqueda de un inocente para culparlo por aquel silencio que comenzaba a torturarnos. Desistió en volver a llamarlos y aplicó una vieja táctica. -¡Vamos a ver Morro-Habana, motonave Otto Parellada, ¿me escuchas? Su atención Capitanía, aquí la motonave Otto Parellada que te llama. Cambió inmediatamente al canal diez del V.H.F, ellos sabían que lo haría y se cortaron las risas, cambiaron también.<br />
  –¡Mambicuba-Habana, Otto Parellada que te llama!<br />
  -¡Vamos a ver, Otto Parellada! Aquí la estación de Prácticos de La Habana. Era un truco que no fallaba y el Capitán lo conocía, una llamada a los verdugos pondría a correr a los siervos descarriados. La respuesta llegó inmediatamente.<br />
  -¡Buenas noches, Prácticos! Estamos de través con el Morro y a tres millas de distancia. -¡Otto Parellada, aquí Morro!<br />
  -¡Otto Parellada, aquí Capitanía.<br />
  -Otto Parellada, aquí Mambicuba.<br />
  -¡Otto Parellada, aquí Práctico-Habana! Capitán, lamento informarle que el puerto estará cerrado hasta el día de mañana por las perturbaciones atmosféricas que se están registrando, usted debe observar la marejada existente y la imposibilidad de nuestra lancha en salir a recogerlo, cambio.<br />
  -¡Para máquinas! Soltó con violencia el teléfono y caminaba desesperadamente por el puente de babor a estribor, corría prácticamente y su maratón no parecía tener fin.<br />
  -¡Para máquinas! Repitió Amador y accionó la palanca del telégrafo. La aguja del tacómetro fue descendiendo hasta quedar en cero, unos minutos después nos atravesaríamos a la dirección del viento y la mar, era lo normal, comenzarían nuevamente los molestos bandazos que experimentamos a lo largo de toda la costa cubana.<br />
  Tuve el honor y si se quiere, el privilegio de trabajar con grandes navegantes al inicio de mi vida como marino. Hombres a los cuales el gran almirante no hubiera dudado en enrolarlos cuando emprendió aquella loca aventura por descubrirnos. De sus conocimientos y experiencias me nutrí cuando era un simple marinero. Luego, cuando al fin me hice oficial, pude comprender la magnitud de sus proezas. Me prometí algún día ser como ellos, no solo eso, mis ambiciones dictaron un rumbo diferente con el propósito de superarlos, eso deseaba, ser superior a todos ellos.<br />
  Los admiré y admiro al extremo de no poder olvidarlos, sus hazañas serían temas de estudio para generaciones posteriores. Yo estaba allí, siempre por delante de mí, tratando de vencer cada dificultad que yo mismo sembraba en mi camino, como una mina que mal pisada te hiciera volar por las nubes. ¿Era malo ser así? Creo que sí, el tiempo lo demostró.<br />
  La cuerda del reloj se va agotando y debo rescatar todo lo que me pertenece antes de caer vencido por el cansancio, eso es lo que formará parte de mi equipaje cuando el uniforme final sea de madera. Debo olvidar cualquier manifestación de humildad o modestia, lo que es mío, lo fue y lo será, nunca renunciaré a esa propiedad. Regreso sobre mis pasos para reclamar el título de Capitán que un día me arrebataron, lo haré con todo mi derecho, ese será el regalo que le deje a mis nietos.<br />
  Nunca fui agregado de nadie, desde mi primer viaje fui enrolado como Oficial. Pudo haberme ayudado mucho el finalizar los estudios de primer expediente, noventa y ocho de promedio no lo alcanzó otro, solo yo. No fue una gracia o premio de mis profesores, fue el resultado de todo un esfuerzo realizado, superior a mí, agigantado por mis sueños. Todo el amor que comencé a sentir por esa profesión que llenó a plenitud mi vida y le dio un verdadero sentido a mi existencia, iría creciendo con cada singladura, bandazos, pantocadas. Leo a estúpidos que me atacan diciendo que soy un marino frustrado, me río ante la infamia e ignorancia con la que tratan de herir mis sentimientos. Pocas veces uno manifiesta sentirse verdaderamente realizado, el exceso de modestia puede mellar el orgullo de una persona cuando se sabe seguro de sí mismo. Me río ante ese desfile de estupideces y regreso, claro que lo haré para arrebatar la gloria de unas manos a las que nunca pertenecieron, debo hacerlo porque es todo lo que tengo para dejar como legado.<br />
  ¿Cuántas veces un Capitán de nuestros tiempos legaría sus responsabilidades en un Segundo Oficial? No creo que exista mucho esa posibilidad, aún, contando con una ayuda técnica superior a la de mi época. Recaladas importantes fueron realizadas por mí, poco importa recordarlas ahora, Rotterdam, Amberes, Río Elba, Polonia, Finlandia, Suecia, Tokio, Singapur, Shanghai. Estrecho de los Dardanelos sin Práctico, solo en el puente con un radar de anillos fijos. Canal de Suez con el Práctico orándole a Alá en el cuarto de derrota por más de una hora y pegando la frente a una esterilla traída como equipaje, me dejó solo en medio del Canal, ¿me conocía aquel árabe?, lo dudo. Pero hay seres que si son honestos pueden dar fe de todo esto que les cuento y Calero es uno de ellos. ¿Llegó a director de la Empresa? Sí, muy bueno y querido por todos nosotros, pero no lo hubiera sido si el que escribe estas líneas no lo salvara de una inminente varadura a bordo del buque angolano N’Gola. –¡Cuando determines la posición del buque me llamas! No apeló a otra persona con graduación superior a mí, lo conocía perfectamente y me eligió para esa tarea siendo un simple Segundo Oficial.<br />
  Por aquellos que confiaron en mi trabajo no puedo ocultar mi profundo agradecimiento, ellos sabían lo que hacían, pero no siempre delegaban en mí responsabilidades que no pertenecían por esa confianza referida. Mis últimos años como marino sirvieron para escoltar a individuos verdaderamente incompetentes, inútiles, imbéciles. Seres que fueron ascendidos por su incondicionalidad al régimen y porque ostentaban su condición de militantes del partido. Navegación Mambisa fue muy cuidadosa en ese aspecto, por cada Capitán burro que comandara una nave, tendría la necesidad de enrolar a un Primer Oficial con experiencia que llevara el peso de toda la aventura. ¿Ejemplos? Remigio Aras Jinalte, Gabriel Sánchez, Jorge Torres Portela, Arquímides Montalbán, ¿cuántos socotrocos será necesario mencionar como alegato a mi demanda? La lista sería muy larga y ya el tiempo ha pasado, ellos mismos han sido sepultados con la misma pala que una vez enterraron mis sueños.<br />
  Quinientas singladuras fueron presentadas formalmente, quinientas singladuras más, quinientas más, ¿no eran quinientas las exigidas para ingresar al curso de Capitán? Sí, solo que la lista de aspirantes debía ser aprobada por el comité del partido y yo no era militante. ¡Claro que era un tipo frustrado! Puede que lo sea aún, no digo yo, todo el sacrificio de una vida destruida por la pluma de un idiota. ¿Qué diferencia existía entonces entre un Capitán y un Primer Oficial? Muy poca, solo algunas asignaturas militares, un poquito más de Derecho y un cursillo diferente de inglés. ¿Algo más? Mienten si afirman lo contrario, porque los programas de esos cursos pasaron por mis manos cuando era profesor de Navegación en la Academia Naval del Mariel. Técnicamente no se había inventado nada en nuestra carrera, la última novedad fue la navegación por satélite y estaba al alcance de cualquier menor de edad, lo otro, lo básico de un navegante, eso se mantenía y se mantiene inalterable.<br />
  Nunca tuve dudas de mi capacidad para comandar una nave, no había espacio para tal desconfianza, durante mis últimos años era quien verdaderamente desarrollaba ese papel a bordo de los buques navegados. Sin embargo, mi examen de Capitán lo realicé junto aun hombre técnicamente preparado, solo que los nervios lo traicionaban en los momentos de peligro.<br />
  -¡Práctico Habana, Otto que te llama!<br />
  -¡Adelante, Otto!<br />
  -¡Mira! El buque acaba de arribar de un viaje alrededor del mundo, no resulta fácil mantenerse al pairo fuera del puerto hasta mañana, ya los familiares deben estar esperando por la tripulación.<br />
  -¡Correcto, Capitán! Nosotros comprendemos la situación, pero el puerto se encuentra cerrado hasta mañana.<br />
  -¡Ven acá! ¿Y si yo logro entrar al buque hasta la Pila Vieja?, ¿ustedes embarcarían allí? Hubo unos minutos de silencio, ¿La Pila Vieja? Así le llamaban los marinos a ese pequeño monumento localizado frente al muelle de Caballerías, exactamente en el cuchillo donde se encuentra la parada de las guaguas que se dirigen hacia el puerto. La oferta era tentadora, significaba prácticamente recogerlos en su casa, ellos radicaban en el antiguo edificio que hace esquina y sirve de fondo al Templete. Se estaban ahorrando el riesgo de una peligrosa maniobra de entrada, subirían al barco y como es de suponer, se abastecerían como era de costumbre, algo siempre se les pegaba por ofrecimiento voluntario del Capitán o solicitud desvergonzada. No es que abrigue el insano propósito de desacreditar a los Prácticos de La Habana, solo reflejar el comportamiento que corresponde a una época donde la inmoralidad tomó como pradera a todo el país. ¿Miento? El Práctico que sacó al buque “Viñales” donde deserté, le robó un par de zapatos al Capitán en una de sus salidas del camarote, así estaban las cosas al nivel de gente considerados profesionales, porque si un mérito no se les puede negar a esos hombres, era el que realizaban maniobras dificilísimas dentro de un puerto casi siempre congestionado y con escasos equipos auxiliares. Si alguien deseaba conocer el verdadero uso del ancla de un barco, tenía que obligatoriamente acudir a la experiencia de esos hombres, pero lo cortés no quita lo valiente.<br />
  -¡Otto Parellada, Práctico Habana!<br />
  -¡Adelante, Práctico!<br />
  -Otto, si ustedes logran entrar, nosotros embarcaremos a la altura de la Pila Vieja. Aquella respuesta esperada garantizaba la satisfacción de algunos productos en franca demanda, no me equivoqué, pero mis deseos de tener relaciones sexuales debía controlarlos, un solo fallo en la maniobra nos lanzaría a todos por el tejado y la primera caída sería en Villa Marista.<br />
  -¡Oká, muchas gracias! Procedemos en demanda del canal de entrada. ¡Media avante! Amador movió la palanca del telégrafo y se me quedó mirando, preguntaba algo con sus ojos. El Capitán salió alerón de babor, yo me mantenía junto al timonel.<br />
  -¡Oye! ¿Tú no vas a dejarlo entrar? La cosa está en candela. Dijo Amador y no le respondí, unos minutos antes habíamos estado observando el rompimiento violento de las olas en contra de las rocas sobre las que se levanta el faro. El Castillo de la Punta era sepultado constantemente por esas rachas de agua de mar y por el malecón habanero apenas se observaba movimiento de vehículos. Salí en dirección al alerón y me situé junto a él, nos conocíamos desde hacía muchos años y compartimos varios momentos de peligro, pero insignificantes ante el que teníamos frente a nuestra mirada.<br />
  -Mi hermano, si fracasas en el intento nadie te va a llevar cigarros al Combinado del Este. Le dije y creo que no escuchó muy bien. Para encontrar el eje de entrada al canal de la bahía, debes aproximarte a una distancia que resulta peligrosísima en estas condiciones meteorológicas. Dios quiso que fuera así, nos regaló una bahía en forma de bolsa extremadamente protegida, ¿cómo la habrán descubierto durante el primer bojeo? Vista a solo una milla desde el mar, La Habana oculta su parte más antigua por una elevación que no solo sirve de protección y trampa a los ojos de quienes la observan, pensándolo bien, esa loma donde se levanta el faro como una vulgar verga y se exhibe a un Cristo en una pose que no se sabe si nos quiere bendecir o lanzarnos alguna amenaza o advertencia, la bahía toma cierto aspecto de cárcel de la que resulta casi imposible escapar. Detrás de esa loma que uno observa como línea continua de la costa a solo una milla de distancia, se encuentran atrapados millones de pestañas que no logran dormir, nidos de ratas con barbacoas, paredes que se desgastan sin dolor con el soplido de los vientos ayudando a aumentar su aspecto leproso. Dicen que las mordidas de las ratas no duelen porque te van soplando en la medida que te devoran, eso le ha pasado a La Habana, todos la muerden mientras soplan o dejan escapar lascivos gemidos de placer o dolor. La Habana, una puta divertida que te abre sus piernas por un pañuelito de cabeza, un jabón o un pan con jamón para aliviar sus insaciables tripas. Allí estaba, bloqueada por ese muro de rocas impenetrable y con su mar de cómplice atravesada, negándote la entrada después de darle la vuelta al mundo cargando sus miserias. La oscuridad que provocan cientos de cúmulos majaderos y que se extiende a cada rincón de sus calles, era rota con intermitencia por las luces de las linternas de los hombres que se encontraban en la proa.<br />
  -¡Todo a babor! Gritó metiendo la cabeza por la puerta del puente.<br />
  -¡Todo a babor! Repitió el timonel. El buque comenzó a caer lentamente y cuando se puso atravesado a la mar comenzó a experimentar esos bandazos esperados. Entré al puente y le dije algo a Amador.<br />
  -Ordénale al Tercer Oficial que vaya para la proa hasta que tú puedas bajar. Pocos minutos después subió al puente y tomó uno de los walkie-talkies. Lo vi avanzar a la proa por la banda de estribor.<br />
  -¿Tú me escuchaste? ¡Mira la marejada que hay! La situación en la boca del Morro debe ser extremadamente peligrosa, la mar se encuentra totalmente de través y el buque no va a responder muy bien. Le manifesté cuando estuve nuevamente a su lado, él se negaba a cambiar el sentido de su mirada, lo noté muy nervioso.<br />
  -Yo creo que podemos entrar. Fue lacónica su respuesta, algo temblorosa.<br />
  -Una cosa es lo que tú creas y otra la realidad. No tienes necesidad de tal sacrificio, tu mujer viaja contigo, esta gente no se merece el esfuerzo que puedas hacer para que vayan a dormir con sus mujeres.<br />
  -Podemos intentarlo. Yo sé que podíamos intentarlo, siempre lo hicimos en situaciones de peligro, pero las razones que nos empujaron fueron diferentes, yo no estaba dispuesto a arriesgar mi carrera para que un solo de aquellos hombres se acostara con sus mujeres, no valía la pena el precio de tal sacrificio. Me inclino a pensar que él deseaba probarse a sí mismo, era un duelo peligroso entre su ego y su conciencia donde todos podíamos salir muy mal parados.<br />
  -Bueno, vamos a intentarlo, pero en caso de peligro anula la maniobra y esperemos a que se calme la marejada. Tal vez me escuchó, eso pienso, aunque no puedo asegurarlo, era un hombre demasiado terco cuando tomaba una decisión.<br />
  -¡Full avante! Amador accionó la palanca del telégrafo y la nave se estremeció cuando aumentaron las revoluciones de su máquina. El gobierno era pobre y la fuerza del mar lo empujaba contra la costa. ¡Veinte grados a babor! Volvió a gritar asomándose por la puerta del puente.<br />
  -¡Veinte grados a babor! Respondió el timonel mientras el buque continuaba aproximándose peligrosamente al malecón habanero. De repente, la noche se hizo más negra que de costumbre y rompió un fuerte aguacero que limitaba la visibilidad.<br />
  -¡Métele todo a babor! Cancela la maniobra hasta que pase esta turbonada.<br />
  -¡Todo a babor, emergencia avante! La proa trataba de luchar en contra de las olas que le llegaban desde el norte. Poco a poco logró imponer su voluntad y pasamos a menos de un cable de las rocas contra las cuales chocaba con violencia el mar Con rumbo norte nos íbamos alejando de la entrada, el Capitán bajó a su camarote mientras permanecíamos Amador, el timonel y yo en el puente. Mantuvimos el mismo rumbo hasta alejarnos unas siete millas de la costa, una vez allí paramos máquina y esperamos por su regreso.<br />
  -¡Vamos a intentarlo de nuevo! ¡Media avante! Su rostro había perdido el brillo, era indudable que se había lavado la cara cuando bajó al camarote, quizás para calmar sus nervios, tal vez obedeciendo las órdenes de su mujer, un hombre no es suficientemente bueno si no lo acompaña la sombra de una buena capitana y ella lo era. Otra vez caímos a un rumbo totalmente perpendicular al malecón habanero, era lo usual y casi siempre desarrollado a la altura del hotel Nacional, teníamos la sensación de continuar con el buque Rampa arriba, luego, unas cuartas antes de tener de través al faro del Morro, se ordenaba caer todo a babor en demanda del canal de entrada. Yo conocía a la nave mejor que él por mi tiempo a bordo de ella, no solo por esa razón, la mayor parte de las maniobras realizadas las delegaron en mí, tenía una idea bastante exacta de su diámetro táctico, cómo era capaz de responder a las órdenes del timón con la mar por la popa, aletas, través, amuras, proa. Ese buque era mi mujer de turno y sabía cómo se meneaba en la cama, yo lo aventajaba en el dominio de todas sus debilidades. Lo dejé solo en el alerón y entré a impartirle órdenes a Amador y al timonel, su nerviosismo aceleró que tomara esa decisión y lo hacía para protegerlo a él y la nave.<br />
  -Amador, repite las órdenes que te de el Capitán, pero solo obedece las mías, ya sabes lo que te quiero decir. Amador no era un tonto, fue compañero mío de estudios durante el curso de Primer Oficial, se encontraba ocupando la plaza de Segundo Oficial cumpliendo una sanción administrativa, no recuerdo en cuál barco hundió a un zampán chino con víctimas incluidas, pero eso le puede pasar a cualquier navegante que ande por esos rumbos, las imprudencias de esos pescadores siempre tienen resultados fatales.<br />
  -No hay líos, eso fue lo que te dije. Fue toda su respuesta.<br />
  -Timonel, voy a estar al lado tuyo, responde las órdenes que te de el capitán, pero cumple las que yo te diga. ¿Comprendido?<br />
  -¡Como usted ordene, Primero! Era un tipo serio que había estado escuchando todo el intercambio de palabras entre Amador y yo, no fue necesario insistir para que comprendiera lo difícil de la situación que se presentaba, me conocía de viajes anteriores y de otros barcos, es una pena que ahora no recuerde su nombre.<br />
  -¡Todo a babor! Gritó el Capitán desde el alerón.<br />
  -¡Todo a babor! Repitió el timonel.<br />
  -¡Timonel, todo a babor! Le dije bajito.<br />
  -¡Timón a la vía! Busca el mechero de la refinería. Gritó el Capitán.<br />
  -¡Timón a la vía! Buscando el mechero de la refinería. Respondió el timonel.<br />
  -¡Mantén quince grados a babor y ponle la proa al faro del Morro! Le ordené.<br />
  -¡Proa al faro del Morro! Respondió bajito.<br />
  -¡Diez grados a estribor! Ordenó el Capitán.<br />
  -¡Diez grados a estribor! Respondió el timonel.<br />
  -¡Timón a la vía! Trata de calzar la caída, ponle la proa a la boya de entrada.<br />
  -¡Calzando la caída y poniendo proa a la boya de entrada. Me respondió el timonel mientras una enorme ola levantaba a la nave y jugaba con ella como si se tratara de un barquito de papel. De pronto, nos enfilamos con violencia hacia el castillo de la punta.<br />
  -¡Veinte grados a babor! Se escuchó desde el alerón. ¡Veinticinco! ¡Todo a babor! ¡Timón a la vía! ¡Listas las anclas! ¡Diez a estribor!<br />
  -¡Repite, repite las órdenes! Le dije al timonel.-¡Pon todo a babor! ¡Amador, toda avante!<br />
  -¡Todo a babor! Respondió el timonel.<br />
  -¡Toda avante! Dijo Amador. El buque respondió a las órdenes que se le impusieron y la proa se apartó, pasó a solo unos metros de los arrecifes que protegen al Castillo de la punta.<br />
  -¡Media avante, Amador! Timonel, busca ahora el mechero de la refinería, ponle diez grados a babor para buscar el centro del canal.<br />
  -¡Media avante!<br />
  -¡Buscando el centro del canal!<br />
  -Amador, pon poca avante y dile al pañolero que coloque la escala de Prácticos por estribor. ¡Vete para la proa!<br />
  -¡Poca avante! Mi hermano, te felicito, eres un caballo. Me extendió su mano sincera.<br />
  -¡Coño, Primero, usted es un animal! Lo felicito.<br />
  -Dejemos todas estas mierdas y vamos a felicitar al Capitán. Yo fui el primero en extenderle la mano, el buque se desplazaba lentamente por el canal de entrada, una larga pitada estremeció cada rincón de La Habana Vieja. Un grupo de niños y mujeres corría paralelo al barco en un tramo del malecón, gritos van, gritos vienen, mis hijos estaban en ese grupo, nunca tuvieron idea de la proeza desarrollada por su padre esa noche. En el salón de tripulantes de corrió la noticia y fueron muchos los que se acercaron a felicitarme, respetando la ética profesional lo negué.<br />
  El tiempo se acaba, la lista de los míos y los de mi generación va disminuyendo, debo estar preparado. Salgo apurado y trato de recoger todo lo que es mío, no es mucho, no lo hago por vanidad o avaricia, es solo una necesidad. Tengo poco, casi nada, solo dejo mis glorias y orgullo archivadas en cada una de mis líneas. Mañana, cuando no estemos, un día, nuestra memoria servirá para amenizar una fiesta cualquiera, y todos, cada uno de los presentes, tratará de justificar su existencia. Entonces, solo así, reverdecerá por unos minutos el recuerdo de esos abuelos y cada uno tratará, quizás exageradamente, regalarles historias, fábulas, epopeyas y cuanto recuerdo puedan rescatar del olvido al que en vida sepultaron con la indiferencia. Yo solo les ahorro ese trabajo, no tendrán necesidad de mentir o exagerar. Nunca llegué a Capitán, ese título me lo robaron por mis discrepancias ideológicas con el sistema imperante en mi país, pero ese día, el día que logré meter al buque Otto Parellada en la bahía de La Habana, ese día les arrebaté mi título de las manos, comprobé lo que yo sabía, hacía mucho tiempo que yo era Capitán.</p>
<p align="justify">Esteban Casañas Lostal.</p>
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		<title>ALARCÓN, EL ÑATO</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Dec 2009 19:07:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[
…♫ Por el amor de una mujer, jugué con fuego sin saber, que era yo quien me quemaba ♫…


  M/N &#8220;Jiguaní&#8221; Donde navegamos juntos El Ñato y yo
Su voz era melodiosa, muy pegajosa, como la de cualquier criollo trovador. No era improvisado tampoco, una parte de su vida había transcurrido sobre los tinglados de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p><em>…♫ Por el amor de una mujer, jugué con fuego sin saber, que era yo quien me quemaba ♫…</em></p>
</blockquote>
<p align="center"><img title="Motonave Jiguaní" src="http://i573.photobucket.com/albums/ss171/neptuno1053/Jiguani_3.jpg" mce_src="http://i573.photobucket.com/albums/ss171/neptuno1053/Jiguani_3.jpg" alt="M/N Jiguaní Donde navegamos juntos El Ñato y yo." width="448" height="252"><br />
  <em>M/N &#8220;Jiguaní&#8221; Donde navegamos juntos El Ñato y yo</em></p>
<p align="justify">Su voz era melodiosa, muy pegajosa, como la de cualquier criollo trovador. No era improvisado tampoco, una parte de su vida había transcurrido sobre los tinglados de vulgares escenarios, tabernas atestadas de borrachos escandalosos, putas trasnochadas y quién sabe cuánta gente extraña de nuestra aburrida fauna. Tocaba la guitarra con la elegancia de cualquier clásico maestro que nunca conoció la gloria, solo se revolcó con Gloria sin mirar hacia delante, hasta que el manantial de los espermatozoides se viera afectado por esa sequía que molesta tanto y quieren combatirla con una píldora azul. Entonces, con la voz menguada por el humo de cigarrillos y los ataques de aguardientes baratos, recordó que la vida debía continuar mucho más allá de los surcos dibujados en su rostro y aquella caída del cabello producida por un irreparable otoño. Poca voz y una figura más triste que la del legendario caballero español que luchó contra molinos, la marina pudo ser aquel aro salvavidas del que se agarró ante un inminente naufragio.</p>
<p><span id="more-401"></span></p>
<p align="justify">  Cada vez que terminaba la canción yo le pedía que la repitiera, él no se molestaba, siempre trataba de complacer a los demás. El amor había tocado mis puertas y con ese número muy en boga, yo me perdía, volaba desde aquella azotea santiaguera durante los minutos que duraba. A la cuarta vez alguien protestó o me mandó al carajo, regresé de mis fantasías, me encontraba en el techo de una casa, allí vivía la hermana de Alarcón. Poco antes, solo unos minutos, había escuchado con atención toda la explicación que me dieron sobre la construcción de aquel techo sin utilizar cabillas. Me importaba un pito toda la disertación sobre los métodos de construcción antiguos donde no se usaba acero en los alquitrabes, pero lo cierto es que estábamos allí, gracias al ingenio de unos cuantos cubanos. Antes de subir a la azotea, el sobrino de Alarcón me mostró los moldes artesanales donde fabricaban cada bloque de los utilizados en la construcción de aquella casa.</p>
<p align="justify">Poca gente era tan fea como él, horrorosa físicamente, desagradable a primera vista. Una fatal impresión cuando lo observabas de lejos, una invitación a la frigidez, insensibilidad, abstinencia, indiferencia sexual cuando te encontrabas a dos metros de distancia. El Ñato pudo ser la reacción inesperada o traicionera al supremo acto de entrega entre dos cuerpos, la paja obligada con ausencia de encantos, el reto a la atracción o rechazo, el sacrificio con un alto precio, nadie era tan o más feo que él, la fealdad tenía su punto de partida en aquella triste imagen. Alarcón era el maestro de la desproporción, la irregularidad, la alteración o capricho de la naturaleza cuando te premia con una estampa repulsiva y te vende con dones superiores al propio ser humano. Aquella fealdad era ennoblecida por esos sentimientos con niveles de fastuosidad que él poseía y regalaba a todos los que le rodeaban.</p>
<blockquote>
<p align="justify"><em>…♫ Por el amor de una mujer, jugué con fuego sin saber, que era yo quien me quemaba ♫…</em></p>
</blockquote>
<p align="justify">¡Qué rico es estar en nota! No fue solo en Santiago, cualquier puerto es una razón para beber. ¿Cádiz? ¡Claro que sí! Recuerdo que enfriamos las cervezas robadas de la gambuza con extintores de CO2. Hasta Marcio bebió de ellas, era un Primer Oficial especial. El Ñato caía borracho después de la tercera cerveza, no aguantaba más, era un débil arrastre que cargaba consigo desde su época de trovador. ¿Después? Bueno, se encontraba a merced de todas nuestras maldades. Nunca se enojó cuando al despertarse se paró frente a un espejo y observó toda su calva dibujada con muñequitos, tenía buen sentido del humor o una extraordinaria capacidad para perdonar, así era él de noble. Jugaba con amantes y amantillos como si fueran las cuerdas de su guitarra, nunca se equivocaba. El tiempo libre, el que restaba para entretenernos en chismes y cosas mundanas, Alarcón los empleaba para tener organizado un grupo musical a bordo. La música y el mar deben ir atadas de la mano, él sabía conducirlas, un barco no podía navegar sin música, me dijo muchas veces y le creí.</p>
<p align="justify">Han pasado muchos años, creo que ya no exista, lo dudo. Una vez regresé por Santiago con la intención de repetir la aventura en aquella azotea. Alguien había muerto, me dijo uno de sus sobrinos, quizás el mismo que me explicó las técnicas aplicadas en la construcción del techo de aquella casa. Un poco tiempo después, me dijeron que El Ñato había salido en ese viaje sin regreso que todos debemos dar. Me detengo y retrocedo en el tiempo, lanzo un aro salvavidas para rescatar a alguien del penoso olvido donde desean sepultarnos, Alarcón se aferra a él.</p>
<p align="justify"> Lo que tenía de feo le sobraba de noble, generoso, solidario, humilde, simpático y alegre, porque esas eran sus principales virtudes. Nunca lo vi triste, ni quejarse de aquellas fatalidades con las cuales la naturaleza se ensañara en su persona. Flaco, bajito, calvo, extremadamente arrugado para su edad, quizás plenamente justificado, porque realmente nadie sabía cuántos años tenía. Muy musical, hasta para trabajar en cubierta, siempre lo escuchabas tararear alguna canción, esa era su vida. Dicen que El Ñato formó parte de un trío de trovadores, he buscado información y no la encuentro, poco importa. ¿Era feo, calvo, trovador, y encima de ello marinero? Tuvo que ser muy bueno.</p>
<blockquote>
<p align="justify"> <em>…♫ Por el amor de una mujer, jugué con fuego sin saber, que era yo quien me quemaba ♫…</em></p>
</blockquote>
<p align="justify">Esteban Casañas Lostal.<br />
  Montreal..Canadá.<br />
2009-10-30</p>
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		<title>SAPICHE</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Dec 2009 22:38:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[-Si acaso observan una rajadura en el casco del barco, el procedimiento a seguir consiste en taladrar un pequeño orificio en cada extremo de la grieta detectada…

Se detuvo con la intención de coordinar las ideas que deseaba expresar ante aquel grupo de hombres, cuya fama lograba extremar su miedo escénico. Sudaba copiosamente, partía con frecuencia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">-Si acaso observan una rajadura en el casco del barco, el procedimiento a seguir consiste en taladrar un pequeño orificio en cada extremo de la grieta detectada…</p>
<p align="center"><img src="http://www.macanadas.es/images/2010-03/0538.jpg" alt="" /></p>
<p align="justify">Se detuvo con la intención de coordinar las ideas que deseaba expresar ante aquel grupo de hombres, cuya fama lograba extremar su miedo escénico. Sudaba copiosamente, partía con frecuencia las tizas cuando trataba de escribir o dibujar algo en la pizarra y el borrador salió disparado en varias ocasiones. Por las amplias ventanas del aula corría una refrescante brisa que nos llegaba sin interrupción desde el Estrecho de la Florida, pudo haber sido la antesala de un frente frío que nos obligaba a sacar los viejos trapos que rotaban cada invierno. Él era el único que se empeñaba en sudar, gruesas gotas descendían a toda velocidad desde la extensión de su frente y se desprendían de su cuerpo en la punta de su nariz después de una cómica despedida. Sacaba el pañuelo y lo frotaba por todo el rostro con el estilo de los guapos, casi siempre cubriendo los labios y fingiendo decir algo, insinuar, amenazar, imponer temor. Los muchachos no se preocuparon mucho por aquellas familiares señales, insistían en permanecer silenciosos y observadores, medían cada uno de sus pasos a lo ancho de la pizarra, seguían con atención el recorrido de los pedazos de tizas caídos mientras el profesor esperaba por el ataque, ya había sido advertido con anterioridad. Aquella tensa calma y ese silencio solo roto por el choque del viento con las viejas persianas lo desesperaban, estaba a punto de reventar.</p>
<p><span id="more-388"></span></p>
<p align="justify">-Usted dice que se deben abrir dos orificios, ¿no es cierto? Preguntó uno de ellos, no levantó la mano y la bajó sin darle tiempo al profesor para autorizarlo a hablar o sencillamente para preguntarle su nombre.</p>
<p align="justify">-¿Dos huequitos, con qué? Dijo otro, pero éste no se molestó en levantar la mano.</p>
<p align="justify">-¿Y con qué abrimos los huequitos, profesor? Fue una voz fingida que no llegó desde una dirección determinada que pudiera identificar al autor, él buscó por toda el aula y chocó de frente con rostros serios, fríos calculadores.</p>
<p align="justify">-Si se van a poner p&#8217;al daño me avisan, aquí nadie es anormal y saben perfectamente que los huecos en el acero deben hacerse con un taladro. Esta vez tartamudeó sin control y algunas palabras fueron mezcladas o se aproximaron al idioma ruso, resultaban casi incomprensibles y obligaba a una adaptación forzada de los oídos.</p>
<p align="justify">-¡Je,je,je,je! ¿Un taladro? Las notas que se agarran con ellos.</p>
<p align="justify">-Ese no es el taladro que menciona el profesor, vamos a prestarle un poco más de atención. Intervino el jefe de grupo y logró controlar la marejada que se avecinaba.</p>
<p align="justify">-Ustedes agarran el taladro y hacen un orificio aquí… Hizo una cruz con la tiza mientras la mitad de ella corría en dirección al cesto de la basura ubicado en la esquina del aula. La cruz quedó exactamente en la punta de lo que parecía un riachuelo, se detuvo varios minutos tratando de adivinar algo, como perdido en el camino.</p>
<p align="justify">-Y después con el mismo taladro, abrimos otro huequito allá abajo. Dijo otro de los alumnos y el profesor asintió con un ligero movimiento de cabezas. Sacó nuevamente el pañuelo para secarse la frente y miró desafiante a su alumnado, respiró profundo.</p>
<p align="justify">-Así mismo es, compañero…Guardó nuevamente el pañuelo.</p>
<p align="justify">-Profesor, ta&#8217;muy de jamón todo eso, yo creo que es mejor ir preparando los botes salvavidas. Casi gritó uno de los que usualmente se sentaban al fondo del aula.</p>
<p align="justify">-Precisamente estas clases son para eso, adiestrarlos en el control de averías y evitar llegar al momento de abandonar la nave.</p>
<p align="justify">-Ta&#8217;muy de jamón todo eso. Repitió el alumno sin levantar la mano y apenas mirar hacia la pizarra.</p>
<p align="justify">-¡Jamón, nada! Es lo que está establecido para esos casos de averías en el casco. Esta vez se mostró alterado y su voz se escuchó en las aulas aledañas y las de los pisos inferiores. No sabía que lo estaban acorralando y que sin percibirlo iba entrando a la trampa que le estaban tendiendo sus alumnos.</p>
<p align="justify">-Ta&#8217;muy de jamón todo eso…</p>
<p align="justify">-¡Oye! Si vuelves a soltarme otro jamón más, te saco del aula. Se secó la frente y torció aún más los labios para hablar, como lo hacían los guapos de La Jata. El aula entera explotó en una escandalosa carcajada.</p>
<p align="justify">-¡Profe, no se ponga bravo! Si no queremos ofenderlo, lo que pasa es que nos está poniendo muy de jamón todo el asuntico de los dichosos huequitos. Intervino un alumno diferente y el profesor se sintió impotente, no tenía razones para expulsarlo del aula.</p>
<p align="justify">-¡Tranquilo, profe! Nosotros somos sus amigos, pero los socios tienen razón, hay que buscar otra solución y olvidarnos de los cabrones huequitos. Muy sencillo, no procede.</p>
<p align="justify">-¿Por qué, no? ¿Por qué, no? Su voz iba cargada de excesivas vibraciones, no pudo ocultar su incontrolable nerviosismo.</p>
<p align="justify">-¡Porque no se puede, profesor! Bájese de esa nube en la que anda volando, estamos en Cuba…</p>
<p align="justify">-¡Oye! Ni se te ocurra repetir de nuevo eso, yo no ando volando ni en ninguna otra pajarería. Esta vez fue algo violento, pero los nervios volvieron a traicionarlo y su tartamudez hacía casi incomprensible todo lo que expresaba.</p>
<p align="justify">-¡Tranquilo, profe! Esto no es un asunto de hombría o pajarería, hay que darle espacio al sentido figurado de la palabra…</p>
<p align="justify">-¡Conmigo no hay sentido de nada, no vayan a equivocarse!&#8230;</p>
<p align="justify">-¡Tranquilo, profe, tranquilo! Mucha imaginación, fantasía, vista larga, pero nada de ofensa, no lo tome por el camino equivocado. Los muchachos tienen razón para dudar del método, no olvide que hablamos de barcos cubanos. No se rompa la cabeza, no hay taladros para el control de averías, el único que funciona se encuentra en el departamento de máquinas bajo llave. ¡Olvide eso! Suponga que aparece el taladro y lo tiene a mano. A esa hora no aparece una extensión con longitud para llevarlo hasta la zona averiada, y si aparece la extensión, ya verá que no encuentra las barrenas, y si aparecen las barrenas, no existe la llave para cambiarlas, y si tiene la llave y la extensión, comprobará que las tomas disponibles para conectarlas no funcionan. Y si funcionan y tiene todo a mano, las lámparas de baterías no trabajan, ¿cómo se va a alumbrar? En fin, le pedimos un poco de paciencia y que no pierda la tabla.</p>
<p align="justify">-¡Caballeros! Vamos a pasar a otro punto antes de que esto se convierta en un círculo vicioso. Dijo el jefe de grupo y se impuso nuevamente el silencio.</p>
<p align="justify">-Profesor, ¿y si en lugar de una rajadura en el casco, tenemos un pequeño orificio? El negro caminó hasta las persianas y se perdió unos minutos con la vista fija al mar. El ruido producido por las olas aumentaba en la medida que el viento se mantenía permanente desde la misma dirección.</p>
<p align="justify">-¿Un huequito?&#8230; Regresó nuevamente hasta la pizarra e intentó dibujar algo, otro pedazo de tiza cayó muy cerca de su zapato derecho. Si en lugar de una rajadura se encuentran ante un orificio, pues en este caso lo que se utiliza es un &#8220;Sapiche&#8221;…</p>
<p align="justify">-¡JA,JA,JA,JA,JA,JA,JA,JA,JA,JA! ¿Un quéeeeeeeeeeeeee? Preguntó alguno por encima de toda la algarabía formada por el sonido tan simpático de aquella palabra.</p>
<p align="justify">-¡Un sapiche! Así como lo oyeron…</p>
<p align="justify">-¿Un sapiche? Preguntó otro.</p>
<p align="justify">-Sí, un cono de madera que introducimos en el agujero con golpes de una mandarria o martillo, si está forrado con una capa de tela es mucho mejor… Respondió el profesor un poco más enojado.</p>
<p align="justify">-¡Caballeros! Preparen los botes salvavidas. Gritó uno desde el fondo del aula mientras sonaba el timbre de fin de clases.</p>
<p align="justify">-¿Qué clases tuvieron ahora? Le preguntó &#8220;Cabotrinque&#8221; a &#8220;Cebolla&#8221; en la cola del comedor.</p>
<p align="justify">-¿Ahora? Control de Averías.</p>
<p align="justify">-¿y quién es el profesor?</p>
<p align="justify">-Un prieto ahí de lo más cómico, casi no se le entiende lo que habla.</p>
<p align="justify">-¿Cómo se llama?</p>
<p align="justify">-Sapiche, eso es, se llama Sapiche y estudió en la Unión Soviética. Tuvo que haber sido él y no otro el que bautizara a Ceballos con ese apodo. Cebolla era todo un personaje dentro del alumnado, una especie de sacerdote de la jodedera que acostumbraba a bautizar a sus compañeros con apodos que luego se quedaban para siempre.</p>
<h3><strong>Las Isobaras</strong>.-</h3>
<p align="justify">Unos meses después embarcamos en el buque escuela &#8220;Viet Nam Heroico&#8221; y Ceballos impartiría Meteorología Náutica. Ya se había acostumbrado a nosotros, hubo química de ambas partes. No solo se había acomodado a nuestras maldades, aceptaba sin enojos que lo llamaran por su nuevo nombre, claro, en la intimidad de nuestro grupo.</p>
<p align="justify">Qué clases de líos y enredos se formó para meternos en la cabeza la existencia de las isobaras. No era que se encontrara incapacitado para impartirnos aquellas clases, todo lo contrario, solo que su estudios los había recibido en ruso y ya deben imaginarse, aquellos seres tenían la costumbre de complicarlo todo. Sapiche debía hacer un esfuerzo superior al de nosotros, tenía que comenzar desde cero para luego poder impartirnos las clases. Bueno, aprendimos a plotear los partes del tiempo y no solo eso, la parte más complicada fue la de descifrar aquellos mensajes codificados que en nuestros buques eran conocidos como las &#8220;loterías&#8221;.</p>
<p align="justify">Su modesto apartamento de Santos Suárez se vio invadido varios fines de semana por un numeroso grupo de sus alumnos, cada uno aportaba lo que estaba a su alcance y &#8220;Yoya&#8221;, una gorda con rostro y alma de ángel, se encargaba de cocinar para toda aquella tropa en medio de las bromas propias de la juventud. Sapiche se desenroló cuando terminó de impartir su asignatura y luego tomamos caminos diferentes. Pasaron varios años sin que coincidiéramos, hasta un día.</p>
<h3><strong>La tía moribunda.</strong>-</h3>
<p align="justify">Ya lo conté alguna vez en otro de mis trabajos, pero vale la pena repetirlo, no sé quién le pudo informar sobre mi existencia. Andaba yo enrolado en el buque &#8220;Comandante Camilo Cienfuegos&#8221;, el viejo, el de construcción polaca. Llevaba fondeado en La Habana cerca de un año y me estaba tomando unas vacaciones. Hacía veinticuatro horas de guardia y descansaba cuarenta y ocho, tiempo libre que empleaba para realizar trabajos particulares de albañilería. En fin, me encontraba ganando en puerto mucha más plata que un capitán navegando y disfrutaba de esa nueva aventura, siempre me encontraba en casa.</p>
<p align="justify">Esa mañana entraba de guardia y debía tomar la lancha al lado del muelle Sierra Maestra Nr.3 Sur, ese era nuestro punto de embarque hacia el fondeadero. Sapiche se aparece y me dice que tenía a una tía moribunda, la abuela en la funeraria y un primo en el hospital. No fue exactamente así, pero el drama pintado y la cara que puso era capaz de conmover al más indiferente de los seres humanos.</p>
<p align="justify">-¿Y cuándo sale el barco? Le pregunté.</p>
<p align="justify">-Sale hoy al mediodía.</p>
<p align="justify">-¡No puede ser, compadre! No tengo tiempo para ir a buscar la ropa, enrolarme y recibir el cargo en tan corto plazo. Todos deben imaginar las dificultades que existían en la capital cubana para trasladarse de un punto a otro.</p>
<p align="justify">-No te preocupes por eso, he conseguido una moto con sidecar para que hagas todos esos movimientos. No cabe la menor duda de que venía bien preparado para rechazar cualquier intento de negativa y solo me concedió unos minutos para pensarlo. ¡Coño! La tía que se muere, la abuela en la funeraria, los primos en el hospital, es un cuadro bastante doloroso por el que está atravesando este infeliz y los socios debemos decir presente ante una situación como ésta. ¡Nada! A las dos de la tarde me encontraba subiendo por la escala del buque con mis maletas y el Práctico se encontraba a bordo. Solté las maletas y fui directo al puente, no había absolutamente nada preparado y tenía como agravante que Sapiche no se encontraba para hacerme una entrega informal del cargo. Deben imaginar los dolores de cabeza producidos durante esa primera semana en un buque donde desconoces el paradero de todo lo necesario para poder trabajar. Pero bueno, cumplí con mi deber de buen samaritano y viajaba con la conciencia tranquila mientras imaginaba a Sapiche viajando de la funeraria al hospital, del hospital al cementerios, del cementerio a la iglesia, de la iglesia a la funeraria de nuevo y me consolaba, yo no tuve que pasar por esos continuos paseos entre la angustia, el sufrimiento y el dolor.</p>
<p align="justify">El viaje fue una desgracia, nada de pago y menos aún de pacotilla. En Egipto no pudimos bajar a tierra, en Jordania no llegó el pago de la tripulación y para concluir, Rumania se encontraba atravesando una situación peor que la de Cuba. Debo sumarle a todo eso que al regreso estuve a punto de caer preso por unos billetes viejos que llevé accidentalmente a bordo, pero eso pertenece a otra historia ya escrita.</p>
<p align="justify">-¿Has sabido algo de Sapiche? Le pregunté a un socio en la acera de la empresa esa mañana.</p>
<p align="justify">-¿Sapiche? Creo que se fue para Japón en no sé cuál barco.</p>
<p align="justify">-¿Cuándo salió para Japón?</p>
<p align="justify">-No lo sé, pero eso lo puedes averiguar fácilmente en el departamento de Cuadros. No insistí en preguntarle algo más y seguí su consejo. Cual no sería la sorpresa recibida durante mis averiguaciones, Sapiche había partido una o dos semanas después de mí. ¡Coño! El socio me jodió. Fue todo lo que se me ocurrió pensar. Después de aquello nos encontramos en varias oportunidades y compartimos tan amigos como siempre.</p>
<h3><strong>Veinte años después</strong>.-</h3>
<p align="justify">No recuerdo quién me dio su número telefónico, tampoco sabía que él se encontraba en los Estados Unidos y no demoré mucho en apretar las teclas de mi teléfono. Una mujer gritó su nombre hasta donde le permitieron sus pulmones y temí haberme equivocado, pensé haber llamado a un solar de La Habana Vieja y no a New York.</p>
<p align="justify">-¿Dónde carajo estás metido? Fue todo lo que se me ocurrió preguntarle, luego, solo unos segundos después, aquella misma voz quebrada y tartamuda se ahorcaba en medio de una maraña de isobaras. Regresó la alegría de los viejos tiempos y la risa inconfundible de quienes tratan de revivir un pasado ya sepultado en la profundidad de una niebla que nunca se disipará. Me juró y volvió a jurarme que su tía estaba enferma de verdad, solo que mejoró a los pocos días. ¡Me jodiste, cabrón! Se reía y yo también.</p>
<p align="justify">De vez en cuando nos escribimos o hablamos por teléfono, estuvo muy feliz con la visita de su hija, una hermosa mulata que vive en Israel de madre rusa. Gozó con su nieto y luego viajó hasta allá, no se cansó de enviarme fotos. Él no ha cambiado mucho, está un poco más gordo, bastante. La frente se le empató con la nuca, dice que desde hace mucho tiempo y le creo. Su voz no ha mejorado, más ronca y quebrada. Continúa con muchas dificultades para hacerse comprender, antes, se justificaba por su tartamudez y la influencia del idioma ruso. Hoy debe ser peor, no ha olvidado el ruso y se le impone el inglés, su español es fatal, pero tampoco hay razones para preocuparse, solo lo utilizamos para decirnos barbaridades, como en los viejos tiempos.</p>
<p align="justify">He estado conversando con varios amigos que fueron alumnos de él y todos coincidimos en lo mismo, ese afecto y cariño que supo ganarse en Jaimanitas sigue siendo igual. Lo recordamos tal y cual fue en su juventud, un &#8220;Sapiche&#8221; muy especial que no servirá para controlar una vía de agua en el casco de una nave, pero bien utilizada no dejará escapar esa amistad que supo sembrar entre nosotros. Espero que con estas pobres líneas le llegue todo el afecto y cariño de todos aquellos muchachos que, una vez trataron de comprender el sentido de sus isobaras.</p>
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		<title>BARCO MALO, BARCO BUENO</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 00:10:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[El tiempo de los barcos buenos fue muy corto, yo solo agarré un pedacito. Llegabas en la lancha cuando el buque se encontraba fondeado y allí estaba esperándote un buen desayuno. Trabajabas con fuerzas, deseos, interés, te preocupabas por mantener lindo al barco que siempre consideraste como tuyo. Poco importaba que arribaran el día anterior [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">El tiempo de los barcos buenos fue muy corto, yo solo agarré un pedacito. Llegabas en la lancha cuando el buque se encontraba fondeado y allí estaba esperándote un buen desayuno. Trabajabas con fuerzas, deseos, interés, te preocupabas por mantener lindo al barco que siempre consideraste como tuyo. Poco importaba que arribaran el día anterior del extranjero ni que el viaje durara seis meses, después de aquel fuerte desayuno te preparabas para bajar en la balsa y darle mantenimiento al casco. Los de máquinas continuaban con su plan, limpieza de cámaras de barrido, sustitución de camisas o pistones, etc.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://i573.photobucket.com/albums/ss171/neptuno1053/ALBUM%20DE%20BARCOS/cerropelado-1.jpg" alt="" width="450" height="239" /></p>
<p align="justify">La vida continuaba como si nada hubiera ocurrido, luego, te dabas un bañito y pasabas al comedor donde te esperaba un no menos agradable almuerzo. ¡Qué tiempos aquellos! Aquellos donde daba gusto sentarse a la mesa porque los mayordomos eran mayordomos leídos y escribidos. ¡Hasta los camareros! Estos personajes pasaban sus cursillos en el hotel Sevilla, no eran improvisados tampoco, como ocurrió cuando los barcos se convirtieron en malos.</p>
<p><span id="more-384"></span></p>
<p align="justify">Fue bastante corta aquella racha de bonanza, la gente la apodó como el de las vacas gordas, tampoco fueron muy gordas que digamos ni todos disfrutaron esa saludable obesidad.</p>
<p align="justify">No podíamos quejarnos, buena alimentación, un salario algo bajo que se compensaba con la venta de cualquier articulillo, cigarros a bemba suelta, pagos de horas extras. ¡Y pocos chivas a bordo! No puedo dejar pasar por alto este importantísimo detalle de nuestras vidas y la de aquellos barcos. ¡Qué tranquilidad se respiraba! Hasta se dormía con las puertas de los camarotes abiertas, no se hacía por capricho tampoco, aquellos viejos marinos nos decían que en caso de varaduras o colisión, las puertas y mamparos se podían desajustar y quedar atrapados. ¡Nada! A dormir con ellas abiertas de par en par, sin susto.</p>
<p align="justify">Nadie se tenía que romper la cabeza, ni el mayordomo para confeccionar el menú, ni el contramaestre para mandarnos a trabajar, ni el Primer Oficial para confeccionar su plan de trabajo, ni el Jefe de Máquinas tampoco. Todo era felicidad, bueno, casi, porque hablando en plata, eso nunca se logrará totalmente dentro de un grupo integrado por cubanos, es como una terrible maldición, una especie de mota negra. ¿Y el Capitán? ¡Ahhhh! A darse buena vida y a disfrutar las comisiones recibidas, que en aquellos tiempos eran aceptables, no mucho, pero no estaba tan disparado el costo de la vida. Asignación para gastos de representación ilimitados, de vez en cuando una noche con una geisha durante los viajes a Japón. ¡Qué rico lo hacen las japonesas!, eran capaces de alardear ante nosotros, ¡lo tienen chiquitito! Entonces, lograban despertar aún más nuestro apetito y curiosidad. Les pedíamos, infantilmente, ingenuamente, cándidamente, sanamente que, profundizara en los detalles. ¡Apenas tienen pelitos! Pero cuando iban a continuar casi siempre eran interrumpidos por la campana del comedor. ¡Qué tiempos más buenos, entrañables! Hasta la campana del comedor fue sustituida por una marimba algo cara, pero de un sonido más dulce y relajante que se trasmitía por los intercomunicadores del barco.</p>
<p align="justify">Pero bueno, no todo era perfecto, como había plata se botaba a diestra y siniestra. Vengan camiones de pintura para pintar al buque en cada viaje, balsas y guindolas colgaban eternamente como guirnaldas humanas de los cascos y superestructuras, nunca se paraba. Un poquito más tarde fue peor, se enrolaron unos bichitos que a cada rato convocaban a trabajo voluntario para pintar en cubierta, cámara, máquina y ni el ancla escapaba de esa invasión de rolos y brochas. ¡Venga pintura! Estamos ganando. ¡Ojo! La banda de estribor era sagrada, ésa era la que se mostraba al malecón cuando se entraba a La Habana. No sé por qué, pero pienso que algunos capitanes, los que entraron después de los buenos tiempos o agarraron el final de las vacas gordas, siempre pensaron que el director de la empresa los podía observar desde su oficina. Tampoco me explico cómo, nuestra empresa se encontraba a cuatro cuadras del malecón y bloqueada su mirada por varios edificios. ¡Miren que se gastó pintura! Pero no fue de esa manera que un día convirtieron a la pobre vaca en una tísica tuberculosa, hubo de todo, pero resultaría agotador contarles la historia. Los barcos se convirtieron en malos.</p>
<p align="justify">El tiempo de los barcos malos fue muy largo, yo agarré un largo tramo de esa carrera hasta que me cansé y solté los cabos en Canadá. La marimba sonaba con mucha dificultad, tanta, que muchas veces llegábamos a puerto y no aparecía el dinero para pagarnos o comprar alimentos. El costo de la vida se disparó en el mundo y solo nos habían aumentado veinticinco centavos, algo era algo, no es lo mismo ganar cinco dólares a la semana que siete, solo que ahora no conseguías con diez lo que antes comprabas con uno solamente. Entonces se formó el desparpajo y nos invadió la corrupción, ¡claro!, también se multiplicaron los chivatos. Las comisiones fueron prohibidas y los gastos por concepto de representación muy limitados, se acabaron las noches con las geishas en los viajes a Japón y nos quedamos sin aquellos cuentos fantásticos. Los mayordomos fueron eliminados de nuestras listas de enrolos, los cocineros y camareros eran improvisados, cualquiera podía serlo sin pasar por el hotel Sevilla, solo era necesario un carnecito rojo que en Cuba abre muchas puertas. Las vísceras de las vacas, que siempre se ofrecían en el almuerzo, fueron sustituidas por latería que nos enviaban los hermanitos del Este. Nadie puede imaginar cuántas latas consumimos en nuestras vidas, tantas, pienso yo, que de haberlas fundido se podían fabricar varios tanques de guerra. ¿Consignas? Quién pudiera recordarlas todas, y lo más lindo, nos llegaban por telegrafía. Viajaban medio mundo antes de llegar a esas reuniones tan solemnes y aburridas donde eran leídas por el “secre” de los “secre”, porque eso si abundó después, muchos “secre” a bordo de nuestros buques. ¿Se imaginan ustedes? Un barco fuera del alcance de transmisión y recepción, varios días o semanas sin comunicaciones hasta que el telegrafista se empataba con un socio que le hiciera un puente a La Habana y entre todas las porquerías que viajaban en ambos sentidos, allí se encontraba ese kilométrico mensaje cargado de discursos y llamados al sacrificio. ¡Coño! Como si fuera poco todo el que hacíamos. ¡Señores! El hambre en el mar se multiplica, es psicológico cuando miras a todos lados y no encuentras una cafetería, solo azul. Los barcos se pusieron malos, no digo yo.</p>
<p align="justify">¡Ta bien! Se jodió la geisha, la comisión y la representación, pensaron los más pícaros, pero yo los saco de cualquier lado, volvieron a pensar. ¡Malo, malo, muy malo! El pícaro inventó mucho y comprobó que obtenía buenos resultados, si no me lo dan por las buenas, lo obtengo por las malas. No puedo detenerme en esta parte de la historia, es muy extensa, pero detrás de cada fechoría veo un carnecito rojo.<br />
La indolencia, saqueo, indiferencia, apatía, incompetencia, mala fe, cobardía y todos los vicios que invadieron a nuestra tierra, se expandieron hasta nuestras naves como un virus cualquiera, esa maldición de la que nunca pudimos escapar y nos trajo hasta aquí. Existieron ideas deslumbrantes que se aplicaron con la finalidad de salvar a la flota, yo creo que se trataba de salvar al país. Recuerdo que en una asamblea uno de los “secre” propuso apagar varios bombillos de los pasillos y salones para ahorrar electricidad. No vayan a pensar que el tipo era un improvisado, era un oficial graduado de la academia naval. Muy serio, porque para lanzar cualquier tipo de propuesta debe realizarse con toda la solemnidad del mundo. Así, muy serio, el tipo habló del consumo de cada bombillo en watts, lo multiplicó por horas, luego por la cantidad de bombillos que proponía eliminar, y por último, la cantidad de diesel oil necesario para generar esa electricidad que, multiplicado por los trescientos sesenta y cinco días del año, daban la astronómica cantidad de 0.75 Tm. de combustible. ¡Asombroso! ¿No? Todo un año en penumbras para ahorrar ese combustible que un “dirigente” de la isla se mete en menos de una semana con su Lada. ¡Aplausos, aplausos, aplausos! Hasta yo aplaudí y me reí por dentro, y pensé; “Si a este comemierda lo hubieran dejado pasar una noche con una geisha, no pasaría tanto tiempo de su descanso sacando numeritos y tratando de arreglar al mundo”. No solo me reía de aquella “brillantísima exposición” de uno de nuestros “secres”, me reía también porque en aquella mesa, la que siempre preside una reunión donde se arregla al mundo, allí se encontraba sentado el “Capirucho”, muy serio y atento a las proposiciones de todos los “compañeros”. Cuando le observé el rostro tuve deseos de sonar una trompetilla, pero ya deben imaginarse, no estuviera aquí haciéndoles el cuento. Tenía que reírme, no digo yo, el viaje anterior al narrado, el mencionado “Capirucho” se había dado el lujo de consumir más de doscientas toneladas de combustibles por conceptos de malas derrotas desarrolladas. ¡Qué levanten la mano los que están de acuerdo! Todos la levantamos. ¡Aprobado por votación unánime! El que hacía de “secre” de la asamblea hizo unas anotaciones en un papel, después se reflejarían en un mensaje que el telegrafista transmitiría a un socio, éste le haría puente, el otro lo pasaría a la C.L.A., de allí saldría por fax a la oficina de correos, el cartero lo entregaría de mala gana en el seccional del partido y ¡Voilá! Tal vez se tenga presente al compañero de la idea para vanguardia nacional. ¡Atiendan acá! El departamento vanguardia de este mes es “Máquinas”, la comisión ha tenido presente los esfuerzos de los compañeros, quienes entre otras cosas, han colocado laticas de leche vacías donde existen salideros de aceite para recuperarlo. ¡Aplausos, aplausos, aplausos! ¡Ven acá! ¿No será mejor reparar todos esos salideros? Tuve deseos de preguntar, pero temí que me acusaran de gusano.</p>
<p align="justify">A partir de un tiempo nos hicieron creer que los barcos eran malos, la flota era mala, no solo eso, nunca fue rentable. Entonces, los marinos, comenzaban a recordar con cierta nostalgia aquellas viejas naves que soportaron varias décadas, unas más viejas que otras. Nos pasaba lo mismo que a la gente de la calle cuando se referían a los autos, vieron desfilar varios modernos que solo duraron lo mismo que un merengue en la puerta de un colegio. Sin embargo, los viejos estaban allí, aún están, los barcos no, toda la flota ha desaparecido.<br />
Hoy, dieciocho años posterior a mi deserción, leo a varios amigos manifestando lo mismo. ¡Qué barco más malo! Busco información sobre aquellas naves perdidas y para asombro mío, algunas de ellas se encuentran activas en varias partes del mundo. ¡No eran los barcos, coño! Pienso y continúo con mi enfermiza persecución. ¡No fueron los barcos, fuimos nosotros! Pienso y me detengo nuevamente. ¡No fuimos nosotros, fue el gobierno y los bichitos con carnecitos rojos! Me calmo un poco.<br />
Hay que dormir con la puerta del camarote cerrada con llave, si el barco se vara o colisiona poco importa que se desajusten. Es preferible morir ahogado antes de que te dejen desnudo.</p>
<p> <br />
<a href="http://s1.zetaboards.com/Diario_de_Bitacora/pages/varadero/">Galeria de fotos de la marina cubana</a><br />
 </p>
<p>Esteban Casañas Lostal.<br />
Montreal..Canadá.<br />
2009-11-16</p>
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		<item>
		<title>22 marinos cubanos abandonados en Gabón</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Nov 2009 06:57:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Hola amigos&#8230; 
Estamos recibiendo información en el  Foro Naval Cubano &#8220;Faro de Recalada&#8220; ,  sobre la dramática situación que está pasando una tripulación cubana en Gabón.  Ningún medio de prensa se ha hecho eco de esta noticia que nos piden  encarecidamente difundamos con el fin de ayudarlos. 
 Aquí les envío alguna [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Hola amigos&#8230; </em></p>
<p align="justify"><em>Estamos recibiendo información en el  Foro Naval Cubano &#8220;<a href="http://s1.zetaboards.com/Diario_de_Bitacora/index/" target="_blank">Faro de Recalada</a>&#8220; ,  sobre la dramática situación que está pasando una tripulación cubana en Gabón.  Ningún medio de prensa se ha hecho eco de esta noticia que nos piden  encarecidamente difundamos con el fin de ayudarlos. </em></p>
<p align="justify"><em> Aquí les envío alguna información  sobre esa nave acompañadas de fotografías y los mensajes recibido por un ex  marino cubano. Les pedimos de favor que las difundan también. </em></p>
<p align="justify"><em>Un abrazo.. &#8211; Esteban Casañas Lostal</em></p>
<p align="center"><img src="http://www.macanadas.es/images/2009-11/0913.jpg" alt="" /></p>
<p><span id="more-380"></span></p>
<p align="justify"><a href="http://s1.zetaboards.com/Diario_de_Bitacora/index/" target="_blank">Faro de Recalada</a> ha recibido el siguiente mensaje, donde una vez más, se denuncia el abandono de varios marinos cubanos en lejanos países. Estamos tratando de conseguir más información sobre este patético caso, por el momento no podemos autentificar la información, pero tampoco dudamos sea cierta cuando conocemos de cerca los mecanismos que utiliza el gobierno cubano para silenciar estos eventos.</p>
<p align="justify">El mensaje recibido ha sido el siguiente:</p>
<p align="justify">&#8230;EN GABON- MAYOUMBA ESTA LA NAVE MEDEA.K IMO 7632553, DE BANDERA PANAMEÑA Y PERTENECIENTE A MEDEA SHIPPING CO, ( ARMADOR GRIEGO ) CON 22 MARINOS CUBANOS.</p>
<p align="justify">LA NAVE FUE A CARGAR MADERA, ESTANDO DESTINADA ESTA CARGA A CHINA,Y DADO EL MUY MAL ESTADO DE LA NAVE Y EL TIPO DE CARGA, LA NAVE TIENE UNA ESCORA DE 25 GRADOS, ADEMÁS LA PUERTA DE LA REGALA DE BABOR SE PERDIÓ.</p>
<p align="justify">POR LAS ESCASA O NINGUNA SEGURIDAD QUE TIENE LA NAVE, LOS MARINOS CUBANOS ABANDONAN EL BARCO, ESTANDO A SU SUERTE EN GABON-MAYOUMBA, EN CASI PLENA SELVA AFRICANA, CON COMIDA PARA DOS DÍAS Y 1200 DOLLARES PARA 22 HOMBRES. ESTAN A SU MERCED.</p>
<p align="justify">EL COMERCIAL QUE LOS ATIENDE EN CUBA se llama JESUS ENRIQUE HAEZ NO ES CAPAZ DE BUSCAR Y DAR SOLUCION POR FAVOR HAGANLO SABER AL MUNDO.</p>
<p align="justify">22 MARINOS CUBANOS ESTAN A SU MERCED EN AFRICA.</p>
<p align="center"><img src="http://www.macanadas.es/images/2009-11/0914.jpg" alt="" /></p>
<p>MEDEA.K</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</p>
<p>Vessel&#8217;s Details:</p>
<p>Ship Type: Cargo</p>
<p>Year Built: 1978</p>
<p>Length x Breadth: 142 m X 22 m</p>
<p>DeadWeight: 16644 t</p>
<p>Speed recorded (Max / Average): 9.1 / 7.6 knots</p>
<p>Flag: Panama [PA]</p>
<p>Call Sign: H8HX</p>
<p>IMO: 7632553, MMSI: 351447000</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>Last Position Received:</p>
<p>Area: Atlantic South</p>
<p>Latitude/Longitude: 5.423783? / 0.37865? (Map)</p>
<p>Currently in Port:</p>
<p>Last Known Port:</p>
<p>Info Received: 38d 18h 29min 28s ago</p>
<p>Not Currently in Range</p>
<p>Itineraries History</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>Voyage Related Info (Last Received):</p>
<p>Draught: 9.2 m</p>
<p>Destination: TEMA</p>
<p>ETA: 2009-09-11 08:00</p>
<p>Info Received: 2009-09-18 12:08 (42d, 5h 37min 33s ago)</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>Noviembre 3 del 2009</p>
<p>Hola amigos&#8230;.</p>
<p align="justify">La situación de nuestros hermanos marinos abandonados en Gabón es mucho más seria de lo que podíamos imaginar. Nos ha llegado un mensaje del amigo Marco Polo con dos fotos actuales del estado de esa nave, una imagen dice mucho más que mil palabras. Se hace necesaria la solidaridad de todos nosotros y podemos ayudarlos difundiendo esta noticia.</p>
<p align="center"><img src="http://www.macanadas.es/images/2009-11/0915.jpg" alt="" /></p>
<p>Este es el estado actual del buque.</p>
<p align="center"><img src="http://www.macanadas.es/images/2009-11/0916.jpg" alt="" /></p>
<p align="justify">En esta otra fotografía puede apreciarse el estado de una válvula que bien puede pertenecer al sistema de achique de las bodegas.</p>
<p align="justify">Este es el mensaje recibido del amigo Marco Polo:</p>
<p align="justify">&#8230;LOS MARINOS CUBANOS SIGUEN EN GABON, LA PRENSA DE ESPAÑA EN CUBA SE PUSO EN CONTACTO CON SELECMAR, PARA SABER SOBRE LA REPATRIACION Y DEL PAGO DE LOS SALARIOS LLEVAN MAS DE ONCE MESES SIN COBRAR. EL BARCO TIENE UNA CARGA DE MADERAS PRECIOSAS, dicen que con valor cada tronco de 13.000 usd.</p>
<p align="justify">EL BARCO ESTA EN ZONA PROTEGIDA Y PRETENDEN REMOLCARLO HASTA PORT-GENTIL Y LLEVAR A LOS MARINOS HASTA LIBREVILLE, DESPUES NO SE SABE QUE PASARA. HE INFORMADO A LA ITF, A GREENPEACE, A LA EMBAJADAS DE CUBA EN AFRICA, AL ALTO COMISIONADO DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LOS DERECHOS HUMANOS, A LA PRENSA DE AFRICA POR HACER QUE SE SEPA.</p>
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		<title>COMO UNA OLA</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 02:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[ Iba colocando cuidadosamente cada hoja del periódico alrededor de mis piernas, luego continuaría por los muslos y terminaría forrando todo el pecho y la espalda antes de ponerme definitivamente la ropa. El Bicho había pasado y no tardaría en regresar, como el buque no tenía intercomunicadores, él era el encargado de despertarnos a todos. Abría [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"> Iba colocando cuidadosamente cada hoja del periódico alrededor de mis piernas, luego continuaría por los muslos y terminaría forrando todo el pecho y la espalda antes de ponerme definitivamente la ropa. El Bicho había pasado y no tardaría en regresar, como el buque no tenía intercomunicadores, él era el encargado de despertarnos a todos. Abría la puerta y solía decir: ¡Ocupando puestos de maniobra! ¡Ocupando puestos de maniobra! Después, dejaba la puerta abierta de par en par para que el ruido de las plantas y el asfixiante carbono que siempre rondaba vigilante por los pasillos terminaran de despertarnos. El triste vaho a tabaco rancio que despedía cuando abría la boca, era probablemente más desagradable que todo el olor a combustible quemado del mundo, pero ya nos habíamos acostumbrado.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://i573.photobucket.com/albums/ss171/neptuno1053/ALBUM%20DE%20BARCOS/comounaola.jpg" alt="" width="414" height="533" /></p>
<p align="justify"> Manso se encontraba en el timón, era afortunado, casi todas las maniobras coincidían con sus guardias. Al menos, dejaba espacio para vestirme con comodidad en aquel reducido camarote. Los periódicos próximos al tobillo los sujetaba con el tercer par de medias que me ponía, ninguna de ellas eran las apropiadas para enfrentar ese frío traicionero que velaba nuestra salida a cubierta. Me puse el par de botas que recibí en el almacén de la empresa, estaban forradas con piel de conejo y tenían zipper. Eran algo bonitas, pero no dejaron de ser la razón del choteo de los viejos marinos, las suelas eran lizas y esponjosas. Es muy probable que el creador de aquellas piezas haya sido premiado con algo, un diploma, una medalla, una semana en la playa. Algún premio debió recibir como estímulo, ahora me tocaba  probar el fruto de su inventiva “revolucionaria” con el fin de no dejar escapar divisas hacia el extranjero. ¡Ocupando puestos de maniobra! ¡Saliendo! ¡Saliendo! ¡Saliendo! El olor a café recién colado pudo vencer la atmósfera viciada, suerte que la cocina se encontraba a popa de nuestros camarotes en la misma cubierta, El Bicho había encendido su inseparable mocho de tabaco.</p>
<p><span id="more-375"></span></p>
<p align="justify"> Las estachas se encontraban totalmente congeladas, quizás éramos los últimos en el universo que aún las utilizaba de henequén. Los esfuerzos para enderezarlas y poder darla al remolcador, consumieron en segundos el traguito de café bebido antes de salir a cubierta. El primer oficial gritaba rabioso por un megáfono de baterías en dirección al puente, desde allí le contestaban con una nueva orden. Nuestro aspecto era triste, parecíamos pordioseros embutidos en viejos trapos inflados por papeles, increíblemente éramos felices. Los guantes no estaban preparados para enfrentar aquellas hirientes temperaturas y tratábamos de calentarnos las manos soplando sobre ellas. Dos o tres hombres teníamos que fajarnos con una sola de aquellas estachas para darles vueltas en el capirón del molinete. Dos o tres hombres de los que estábamos presentes no hacíamos uno solo de los necesarios para fajarse con aquellos cabos, una larga estela de calamidades nos entregó debilitados a la marina mercante. Los copos de nieve chocaban con violencia sobre nuestros rostros casi entumecidos, muy rojos. Los labios dejaban escapar con mucha dificultad las palabras, las malas palabras que deseábamos expresar para maldecir nuestra suerte, sin embargo, éramos ingenuamente felices.</p>
<p align="justify"> Llevo varios días navegando en seco con las nalgas adoloridas por miles de singladuras desarrolladas en la sala de mi casa, cambio de barcos a la velocidad de un click. Busco incansablemente entre fotos algunas que pertenezcan a nuestra flota, que hayan pertenecido, debo hablar en pasado y referirme a conocidos cadáveres de acero. Cientos de modelos, son miles las que desfilan ante mis ojos agotados también. Salto de alegría cuando encuentro alguna nave conocida, detengo mis máquinas y recorro toda su cubierta. Luego, voy hasta la superestructura y penetro por la portilla de mi camarote. Subo hasta los botes salvavidas y casi siempre termino mi recorrido en la chimenea. Regresan las historias, aventuras, fiestas, mujeres, contrabando, bromas interminables, peleas que más tarde nos convirtieran en enemigos, reuniones, traiciones, delaciones, robos, doble moral. Comparto con verdaderos hombres de mar que van desapareciendo con ese trágico encanto que portan consigo los hombres nuevos. Un femenino gemido escapa por la portilla o atraviesa el indiscreto mamparo, mi vecino se excita y no pierde tiempo, se masturba.</p>
<p align="justify"> La chimenea, siempre me gustó disfrutarla desde la distancia de varias esloras, aquella mano empuñando un machete fue motivo de mis orgullos juveniles. Los Mambises eran nuestros entonces, nos los legaron nuestros abuelos con miles de historias y cuentos, toques a degüello, la trocha de Júcaro a Morón, Bayamo, Dos Ríos, Cacahual. Penetraron en nuestras venas por los labios de nuestros antepasados y los admiré muchísimo antes de comenzar a detestarlos, porque los Mambises de hoy nos habían traicionado. Aquellas chimeneas que hoy observo con esa mezcla de rabia y ternura, las encontré en muchas partes del planeta y cada encuentro fueron motivos de celebraciones. Bajo de la chimenea y mi vista se pasea por la amura del buque en busca de su nombre, me detengo y pienso. Nombres de héroes nuestros y vecinos paseamos por el mundo con ese orgullo propio de la juventud, algunas de nuestras provincias, bahías y ríos  fueron transportadas hasta los confines de la tierra. Me detengo y vuelvo a leer la lista que tengo a mano, regreso a las fotografías, algún asesino fotogénico se encuentra infiltrado entre ellos, no lo conocía muy bien. Luego, un poco más tarde, una extravagante mezcla de voces nacionales pudo vivir en falsa armonía con otros que para nada nos correspondían.</p>
<p align="justify"> No ha sido hasta hoy que he tomado verdadera conciencia de la magnitud de nuestro desastre, no tenía una idea exacta de todo lo que perdimos, una maravillosa flota que estuvo al alcance de nuestras manos y se nos escapó o naufragó con el paso de una gigantesca ola. Mis compañeros de aventuras se han ido perdiendo y no queda nada de ellos, siento vergüenza por ese macabro olvido, les tiendo la mano y trato de rescatarlos. Mis enemigos van muriendo también, no eran propiamente enemigos míos, lo fueron de ellos mismos, cayeron engañados en las emboscadas que les tendió su conciencia. Hoy más que nunca, hubiera deseado se encontraran vivos para que disfrutaran el final de esa amarga película donde ellos eran los principales protagonistas. La pena invade mi alma, la nostalgia penetra punzante cada fibra de mi ser cuando oigo decir que uno de mis compañeros se encuentra “inventando” en el mercado negro para tratar de sobrevivir, abandonado y traicionado por los suyos, que no dejan de ser nuestros también. El dolor desgarra mis sentidos al saber que uno de aquellos buenos capitanes con los que compartí fortunas y penas, anda jugándose la libertad trabajando ilegalmente como taxista, ¿cuál libertad perdería que no perdió hace mucho tiempo por sus miedos? En un cajón, tal vez en el portafolio Samsonite que le regalaron en uno de aquellos viajes donde firmara falsas facturas, es probable tenga guardadas sus charreteras esperando que cambie la marea. Para unos cuantos el paso del tiempo ha sido implacable y se fueron dejando aquellas prendas guardadas, custodiadas por sus fieles esposas, quizás por uno de sus hijos. Permanecerán ocultas hasta un día de borracheras, ese día, el hijo o uno de sus nietos, sacará aquel pequeño maletín en medio de la festividad, lo hará picado por la curiosidad o satisfaciendo un capricho de su enervada ebriedad. Todos estarán atentos, se esforzarán por estarlo mientras sus pupilas viajan alocadas del vaso al piso, del piso a la mesa, de la mesa a la burla de uno de los presentes, y de los labios de uno de los presentes hasta las charreteras de su abuelo. ¡Lo perdió todo por pendejo! Dirá el nieto desheredado y sin otra fortuna que el frecuente alcohol trasegando por sus venas. ¿Tuvo algo? Preguntó una de las nietas presentes y su mirada se dirigió hasta los ojos del padre. ¡Lo tuvo! Respondió a secas y le vino a la mente todos aquellos cuentos de los sacrificios realizados, las galernas, el hambre pasada, la falta de pago, los viajes a países en guerra. No quiso formar parte del tribunal que condenaría a su padre, el mismo tribunal que después, unos años de posterior inmovilidad, lo llevaría también a juicio sin comerla ni beberla, solo por haber heredado las miserias de su padre.</p>
<p align="justify"> Cada foto hallada es una tortura, una lista de muertos, placeres vetados en nuestras calles. Un muro derrumbado, millones de machetazos perdidos en nuestros cañaverales, sueños que se perdieron entre guardarrayas. Cada foto que atrapo y no dejaré escapar, son cientos de baches en nuestra ciudad, camas de nuestros enfermos, un pomito de medicina por llegar, el apagón de medio siglo, la falta de agua, la libreta de racionamiento, la esperanza insepulta. Cada una de esas fotos representa a miles de prostitutas, algunas de ellas nietas o hijas de nuestros hombres de mar. Jineteros que no encontraron un barco donde poder escapar y solo tuvieron al pene como chaleco salvavidas para sobrevivir la inmensa tragedia que pesa sobre nuestros miedos o cobardía. Siento vergüenza, enojo, pena, ira, cólera, furia, encojonamiento, como decimos en buen cubano, cuando logras regresar al pasado y te encuentras con parte de tu historia sepultada entre paladas de mierda. Esos sentimientos de frustración se multiplican cuando ves a tu alrededor bocas que se empeñan en continuar cerradas, cómplices, encubridoras. Observas las fotos de aquellas hermosas naves y sientes deseos de llorar, pero no lo haces y comprendes de una vez el por qué de esos silencios malintencionados. ¿No existimos, nunca existimos? Nos corresponde a nosotros, hombres con un mínimo de dignidad, decoro y vergüenza, sacar la historia de nuestra marina mercante de esa oscuridad donde pretenden enterrarla. Debemos hacerlo por muchas razones, poco importan nuestros hijos o nietos. Tenemos la obligación de legarle algo a las nuevas generaciones para que aprendan de nuestros éxitos, errores y fracasos. Ningún país puede crecer sobre cimientos que ignoren su historia, y aunque muchos se empeñen en borrarnos de ella, los marinos cubanos formaron parte de esas páginas. Nos corresponde a nosotros, los que sobrevivimos a esta tragedia y tenemos el valor del que carecen los demás, escribirla como les pertenece a sus verdaderos protagonistas. Sería un acto de suprema cobardía permitir que parte de nuestras vidas sea enviada al basurero de la historia por caprichos de dos o tres hijos de buena madre paridos en nuestra tierra.</p>
<p align="justify"> ¡Atención a toda la tripulación, ocupando puestos de maniobra! ¡Contramaestre, llamar al puente! Era mi voz, había penetrado cada uno de los recintos del buque y se difundió por todas sus cubiertas. Me encontraba debidamente uniformado, rara vez lo hacía, pudo haber sido un capricho del puerto visitado, tuvo que ser socialista. Tomé el teléfono y llamé al cuarto de máquinas. ¡Avísame cuando estés listo para soplar máquinas! Era un protocolo inviolable antes de cada maniobra, salí al alerón de babor para comprobar que la escala real se encontraba separada del muelle y no existían bitas u otros objetos próximos a ella. Sonó el teléfono, los oficiales tomaron sus respectivos walky-talky y partieron hacia sus puestos de maniobras.</p>
<p align="justify"> -¡Puente! Respondí a secas mientras accionaba el telégrafo, el buque se estremeció y mi vista se dirigió hacia el tacómetro. Unos segundos después, la misma operación en máquina atrás. Temblaron todos los equipos del puente y una densa humareda negra escapó por la chimenea, regresé el telégrafo a la posición de para máquina y luego respondí a listo máquina.</p>
<p align="justify"> -Contramaestre, poco me importa si la gente tiene frío. ¿No se le entregó el dinero para comprarse ropa de invierno? Tampoco me interesa si lo emplearon en comprarse refrigeradores o televisores a color. Ese no es mi problema ni  las facturas que le dieron al sobrecargo, el asunto es que estamos en maniobras de salida. Dile a la gente que se forre con papel de periódicos antes de ponerse los viejos abrigos, pero de que tienen que salir ni lo dudes. Déjate de sentimentalismos, estamos en un barco y si la gente tiene frío es su problema. Habían transcurrido más de veinte años de aquella maniobra realizada con estachas en el puerto de St. John en Canadá. Miro todas las fotos halladas en Internet, las ordeno cronológicamente, mi vida, toda una vida se reduce al espacio de la pantalla de mi ordenador, me considero dichoso, tengo un tesoro.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>                               Esteban Casañas Lostal.<br />
                               Montreal. Canadá<br />
                               2009-10-26</p>
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		<title>GERMAN PIRI BRAGADO, “EL CHIVO”</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Oct 2009 02:04:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Fue una de esas tardes bochornosas de Santiago la última vez que compartimos, la puerta de su casa permanecía abierta de par en par, mostraba con indiferencia y descaro todas sus miserias. La sala era bastante amplia para los pocos muebles, los mismos que tal vez pertenecieron a su abuelo, no recuerdo exactamente si eran [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Fue una de esas tardes bochornosas de Santiago la última vez que compartimos, la puerta de su casa permanecía abierta de par en par, mostraba con indiferencia y descaro todas sus miserias. La sala era bastante amplia para los pocos muebles, los mismos que tal vez pertenecieron a su abuelo, no recuerdo exactamente si eran de mimbre. Junto a mi butaca y sobre el piso, un vaso a medias de Paticruzao sin hielo, como lo bebían allá, puro strike. Piri no bebía desde hacía mucho tiempo, la salud no se lo permitía, me dijo que se había convertido en una olla de presión a punto de explotar. Hablábamos de cosas sin importancia, nada lo era y todo nos inquietaba, lo hacíamos muy mal, tal vez bien, quién pudiera saberlo, nos cuidábamos de las paredes con orejas. Nuestra conversación era un susurro muchas veces interrumpido por la gritería de sus hijos, eran varios, no recuerdo cuantos.</p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 548px"><img src="http://i573.photobucket.com/albums/ss171/neptuno1053/ALBUM%20DE%20BARCOS/Moncada-01.jpg" alt="Motonave Moncada" width="538" height="214" /><p class="wp-caption-text">Motonave &quot;Moncada&quot;</p></div>
<p align="justify">Al fondo de aquella sala se empinaba una rústica escalera de madera, muy mal trabajada. Algunas de sus tablas conservaban viejos letreros, varias de ellas escritas en el alfabeto cirílico, otras en chino. Pude leer una que decía claramente, como si fuera el título de una película: “Carne en conserva”. Unos pasos antes de llegar a la cima, existía otro pedazo de tabla que decía: “Made in U.R.S&#8230;”<br />
Yo sabía, todos sabíamos desde dónde había viajado aquel pedazo de madera, pero el serrucho eliminó la última S para dar entrada a una puerta. No era una puerta en el sentido correcto de la palabra, parecía la entrada de una cueva. Luego me contó con orgullo exagerado, sano, casi infantil, que en aquella barbacoa artesanal dormían sus “Chivos”. Estábamos enrolados en el buque Moncada, yo como Primer Oficial y él como camarotero, pero nos conocíamos desde hacía muchos años.</p>
<p><span id="more-377"></span></p>
<p align="justify">-¿Sabes una cosa? No me gusta mucho el cuadro que tiene formado el Capitán Juan Carlos en ese barco. Me detuve para observar su reacción, lo que continuaría diciendo muy bien podía ofenderlo y debía ser precavido en mis manifestaciones por mucha confianza que le tuviera. Piri pertenecía a ese grupo de combatientes de la Sierra Maestra que una vez dejaron como paquete de regalos en la marina mercante, quizás fueron los que de verdad sonaron tiros por toda la isla para librarnos de Batista.<br />
-Chivo, a mí tampoco me gusta ese piquete. Nadie dejaba de ser un simple chivo para él, poco importaba el rango a bordo, nunca se encontró embarcado, más bien trabajaba en una chivería. Resultaba simpático cuando pronunciaba aquella palabra tan presente en su diario vocabulario, la ausencia total de dientes en su boca, producían un sonido semejante al escape de aire comprimido en cualquier tanque siempre que la palabra se iniciara con ceache. Si le prestabas atención al movimiento de sus labios, las vibraciones originadas insistían en mantenerse latentes por el resto de la palabra y le brindaban cierto aire de comicidad. La chiva nos trajo un platillo con chicharritas algo requemadas para acompañar el traguito y detuvimos la charla. Entró una vecina y me la presentaron formalmente, después del protocolo se llegó hasta el platillo y se llenó la palma de la mano izquierda, todo eso sin nadie invitarla, tuvo que ser una vecina de mucha confianza, pensé. Se quedó un rato parada en medio de la sala mientras consumía una a una cada chicharrita, nos habló de sus desventuras cotidianas y los sufrimientos pasados en la cola de la luz brillante esa mañana. Habló también sobre la hija de Antonia, otra vecina que vive a tres puertas de la chivería. Dijo Lucrecia, porque al final tuve que preguntarle el nombre, que la hija de Antonia tiene problemas ideológicos y la habían trabado la noche anterior en un tranque con un marino griego. Dijo, la policía la agarró en la Alameda y se la llevó para la estación, y como ella, hablo ahora de Lucrecia, es la secretaria de vigilancia en el Comité de Defensa de la Revolución, Antonia le tocó la puerta a las tres de la madrugada para que la ayudara a liberar a su hija. Como buena y revolucionaria solidaria, acompañó a su vecina hasta la estación de policía y habló con el comisario político. Después, le dio una charla revolucionaria a la hija de Antonia para que evitara caer en esos errores, pero no le dijo nada sobre como poder solucionar la escasez de blúmers, jabones, ajustadores, etc. Esto no me lo dijo ella, lo pensé yo. Por suerte no aceptó el trago y se marchó cuando terminó de consumir las chicharritas, que como les dije, se las fue metiendo en la boca de una en una.</p>
<p align="justify">-Piri, yo no he sacado la ropa de mi maleta. Estiré la mano por encima del brazo de la butaca y tomé el vaso del piso sin quitarle los ojos del rostro.<br />
-¡Chivooooooos! ¡Dejen de joder, coño! No sé si lo último que le dije fue la razón de ese repentino enojo, raro en él, pues si de algo tengo constancia es de ese dulce y casi tierno carácter invariable que lo distinguía del resto de las tripulaciones con las que navegamos.<br />
¡El Chivo, carajo! Si pudiera haberlo tenido de compañero en esta aventura del exilio, creo que murió antes de yo partir, pero lo disfruté en otros dos barcos. Navegó conmigo en el Aracelio Iglesias y en el Bahía de Cienfuegos. Siempre igual, nunca cambió, tampoco se puso los dientes y no imagino cómo rayos trituraba los chicharrones, era como los Sábalos, sin dientes, pero le partían el anzuelo a cualquier pescador. Dormía poco, creo que a casi todos los de su grupo les sucedía lo mismo, psicosis de guerra o persecución de los fantasmas de sus muertos, porque alguno debieron producir durante esa guerra. Tampoco se peinaba, siempre andaba con esos pelos que limitan entre pelos y pasas, parados. Como si estuvieran sometidos a un asedio constante de la electricidad estática. Puede que no se lavara la cara al levantarse, lo encontrabas con el rostro brillante a cualquier hora, ausente de jabón y agua. El día que se bañaba era de fiesta, toda la tripulación se daba cuenta y lo celebraba. ¡Eso, sí! Era muy querido y recordado a la hora del desayuno o el postre. Nunca nos dijo donde aprendió, pero el mejor pan horneado en un barco fue preparado por el Piri, y el mejor flan también, tal vez por esa razón haya sido tan querido por la marinería.</p>
<p align="justify">-¿Sabes una cosa? Yo no tengo pensado salir a viaje en ese barco. Le dije después del tercer trago, un poco antes de partir hacia el hotel Casa Granda en busca de cualquier putica que me hiciera feliz. El chivo no me dijo nada, insistió en rellenar el vaso nuevamente, pero eran las diez de la noche y no tenía sentido interrumpir aquella campechana felicidad que se respiraba en lo que fuera su granja.<br />
-¡Sobrecargo! Prepare el desenrolo de Germán Piri Bragado por problemas familiares. Le decía Juan Carlos al sobrecargo del buque cuando entré a su oficina a despachar asuntos de la carga, miré a Piri y la respuesta recibida fue muy seria.<br />
-La mujer está loca y anoche sufrió un ataque. Dijo el Capitán cuando pregunté por la suerte de Piri, me mostró el certificado médico presentado.<br />
-¡Ven acá, cacho de cabrón! ¿Cuándo coño se volvió loca la chiva?<br />
-¿Y tu piensas que yo soy comemierda? Anoche me dijiste que no tenías pensado salir a viaje en este barco. ¿Me ibas a dejar embarcado? ¡No, hombre! Yo no navego una milla con esta pandilla de nagüitos. No supe qué rayos responderle, no sabía si hablarle bien o mal de los orientales, él lo era también, pero pertenecía a esa especie que yo conocí en el sesenta y uno, la gente más hospitalaria de Cuba.</p>
<p align="justify">Nos separamos esa vez y nos volvimos a encontrar, no recuerdo exactamente cuándo fue la última vez, han pasado muchos años, tantos, que hoy me veo obligado a revolver las gavetas de mi memoria para reunirme nuevamente con él. Se tira en cualquier sitio del puente o cuarto de derrota, finge dormir y me mira entre pestañas, me vigila. No se entera del bandazo o cabezada sufrida por el buque, poco le interesa. Cierra firmemente los ojos y trata de escalar algunas montañas de la Sierra Maestra. Se abre paso en el llano a golpe de disparos de escopetas, ¿de cuál tropa era? Los escuchaba discutir en la popa muchas veces, unos reclamaban la gloria de Camilo, otros, habían bajado con el Ché. Los más sectarios pertenecían a Efigenio, ninguno de ellos bajó con la gente de Raúl o Fidel. Lo cierto es que los abandonaron cuando comenzaron a estorbar y no quedaba pedazo del pastel por repartir. Los conocí de cerca, viví con ellos y estoy convencido de algo, sus luchas y rebeldía tuvieron sus justificaciones. Ellos trataron de regalarnos un mundo nuevo, pero el tiempo les demostró cuan equivocados estaban. Gastaron lo mejor de sus vidas en una lucha cuyo precio fue lograr derrotar a un déspota para colocar a uno peor en el poder, el mismo que los regaló a la flota mercante cuando se convirtieron en un estorbo dentro del gobierno.<br />
Piri murió antes de que yo partiera definitivamente de Cuba, combatió en la Sierra Maestra, pero fue de aquellos hombres que hoy, medio siglo después de su gesta, fueron traicionados junto a su pueblo. Varios años después, aquellos “nagüitos” comenzaron a ser identificados por los pueblos del oeste de la isla como “Palestinos”. Seres muy odiados en la capital cubana.<br />
-¡Chivo! Hazme la media hasta el aeropuerto. El Piri me acompañó y bebimos varios Mojitos, llegué con olor a ron a La Habana, el viaje es muy corto.</p>
<p>Esteban Casañas Lostal.<br />
Montreal..Canadá.<br />
2009-10-09</p>
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