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	<title>Escorado</title>
	
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	<description>Un blog de Esteban Casañas Lostal patrocinado por Conexión Cubana</description>
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		<title>Mi barco (XXIII) Motonave “Aracelio Iglesias”</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Jun 2010 18:31:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Obes</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Se había producido cambios en la tripulación y ya no era la misma que navegara con El Guajiro]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0554.jpg"/></p>
<p align="justify"><strong>Segunda aventura</strong></p>
<p align="justify">El ambiente encontrado no era el mismo al de mi viaje anterior en esa nave, El Guajiro Marrero había sido relevado por el dueño y cacique de ese barco, Miguel Haidar. Tampoco se encontraba Polito como Segundo Oficial, se hallaba enrolado un mulato guajiro de la zona de Artemisa o Candelaria, su nombre era Raúl y los tripulantes le decían &quot;El Cromañón&quot;. No era mala gente ni bruto, solo muy tosco en su hablar y comportamiento. Cosme continuaba de Tercer Oficial, ahora en calidad de cuñado del Capitán y disfrutando de su protección, seguía siendo confiable. Como Sobrecargo viajaba Nerey, esta vez lo hacía con las manos sueltas, pertenecía al estado mayor del clan que rodeaba al Capitán del buque. Almarales había caído en baja y salió lanzado por el techo, no recuerdo si por culpa de la bebida o la que está por beber, lo cierto es que tuvo problemas con el Capitán y la tripulación. La gente que permanecía enrolada desde viajes anteriores, propuso, sugirió, solicitó que me llamaran de nuevo en caso de estar disponible y heme subiendo nuevamente por aquella escala.</p>
<p><span id="more-499"></span></p>
<p align="justify">La doctora Dora había relevado al entrañable Castañeda, había perdido a un querido amigo y ganaba a una admirable compañera de trabajo. Ella iba viviendo en calidad de pareja con el Segundo Maquinista Raydel, un muchacho que había estudiado conmigo en el curso de oficiales del Viet Nam, excelente persona y trabajador. Pascualito se mantenía como Jefe de Máquinas, era otro de los propietarios del buque. El negro Julián, quien no mencioné en el viaje anterior y viajaba como Ayudante de Máquinas, fue relevado por uno de los primos conocidos como los &quot;Angafios&quot; en la década de los sesenta y que entraran en el grupo de &quot;Marinos Embajadores&quot;, no recuerdo su nombre, muy sumiso él. Julián salió disparado por el partido para ocupar la plaza de secretario del sindicato en la marina mercante, algo que me benefició indirectamente aunque yo no pagaba su cotización. Como Contramaestre tenía bajo mi mando al tipo más borracho en toda la historia de la marina, me refiero a Mayor Guerrero. Uno de los mejores que conocí en todos mis años de marino, solo que debías hablarle de lejos por su infatigable aliento etílico, nunca dejó de cumplir con sus obligaciones por problemas de borracheras.</p>
<p align="justify">Se había producido cambios en la tripulación y ya no era la misma que navegara con El Guajiro, mucha de esa gente nueva debía sentir constantemente el sabor del látigo para que cumplieran con sus obligaciones, hubo algunas excepciones. Arnaldo continuaba de telegrafista desde mi viaje anterior, muy sociable hasta esos momentos, pero una persona carente de autoestima, respondía ciegamente a todo lo que bajara del partido. </p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0555.jpg"/></p>
<p align="justify">A Miguel Haidar yo lo conocía desde su viaje de instrucción como estudiante a bordo del buque Jiguaní, se destacaba por no ser tan sociable como los otros muchachos, pero como no ocupaba plaza alguna a nadie debía preocupar su comportamiento. Otra cosa era lo que yo me encontraba una década después, me enfrentaba a un individuo de muy pobre nivel profesional que trataba de cubrir su falta con métodos casi siempre arbitrarios y caprichosos. Era narcisista y se celebraba constantemente, al extremo de creer que toda mujer que embarcara en su buque le pertenecía. Nada de eso era importante cuando lo comparábamos con su falta de ética profesional, trataba y recibía a los subordinados para atender problemas laborales o personales, ignorando la presencia del Primer Oficial como jefe inmediato de la tripulación. Es de suponer que no toda la marinería gozaba de ese privilegio, solo el ejército de aduladores que tenía a bordo y del que no escapaban los secretarios de las organizaciones políticas existentes. Su camarote era frecuentado por esos individuos que le llevaban todos los dimes y diretes que ocurrían a bordo, no importaba el rango del individuo ni su actitud ante el trabajo, Miguel se alimentaba con todas esas chivaterías.</p>
<p align="justify">Partimos a cargar azúcar a granel en el puerto de Guayabal con destino a Japón, ese viaje teníamos planificada una reparación general en Yokohama y gracias a Dios, me conocía la nave mejor que mi casa. En ese puerto oriental tuvimos un percance digno de cualquier teatro bufo, tres marinos del buque habían secuestrado una guagua. Se habían ido de parranda para el central azucarero &quot;Amancio Rodríguez&quot; y los sorprendió altas horas de la noche en aquel pueblo. Como no tenían maneras de regresar al buque, sus borracheras les dieron por entrar a la terminal de ómnibus y robarse una guagua. A mitad de camino fueron interceptados por la policía y dos de ellos ofrecieron resistencia, me refiero al contramaestre Mayor Guerrero y el marinero de cubierta Juan Corales. El otro acompañante era un timonel cojo y jorobado como Lagardere, no quiso intervenir en la bronca y eso le costó una condena de por vida de sus compañeros de trabajo y tripulación durante todo el viaje. Lograron escapar con una multa y partimos de viaje.</p>
<p align="justify">A mitad de camino entre Panamá y Hawaii, observo que la marinería tenía aliento etílico a tempranas horas de la mañana y llamo al contramaestre. Para sorpresa mía, me lleva directamente al sitio donde tenían escondido su tesoro. Habían llenado los tanques de agua de los botes salvavidas con alcohol en el puerto de Guayabal, ya he escrito sobre este acontecimiento en otros trabajos. No me preocupó porque estaban cumpliendo con su trabajo y el plan trazado para el mes no se veía afectado por un trago más o menos, solo insistí en evitar cualquier tipo de accidente laboral y en cambio, Guerrero me pidió absoluta discreción sobre su escondite, viajaron muy felices.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0556.jpg"/></p>
<p align="justify">Si para los japoneses resultaba una pesadilla la presencia de buques cubanos en cualquiera de sus puertos, bien difícil se la veían los hombres con mandos a bordo de nuestras naves. El raterismo al que no estaba acostumbrado el pueblo nipón, hizo acto de presencia con nosotros y provocó un profundo rechazo por parte de su población hacia nosotros. No había bicicleta, paraguas, coches de niños y otros artículos, que pudiera esperar tranquilo por sus propietarios en las afueras de cualquier comercio. Nuestra gente barría con lo que encontrara a su paso y las visitas de la policía a nuestras naves se hicieron más frecuentes. No satisfechos con sus fechorías, nuestros tripulantes se dividían en pequeñas pandillas que salían de noche a realizar sus travesuras. Cuando la población les quedaba lejos y no tenían medios para llegar hasta ella, como ocurrió en esos atraques donde se debía utilizar los servicios de lanchas, sus acciones se desviaron hacia &quot;el basurero&quot; de Tokio. Esto que les cuento parecería una exageración o difamación de mi parte, pero los que navegaron en esa época en buques cubanos saben perfectamente que me ajusto a la verdad. Una noche, desviaron un camión cargado de muebles, al parecer pertenecientes a un correo u oficina donde los clientes escriben parados y me llenaron toda la cubierta de botes de aquellos tarecos. Lo penoso de todo lo que ocurría ante nuestra impotencia por evitarlo, era que esas acciones eran efectuadas en su mayoría por militantes del partido y la juventud comunista. Eso no era lo peor, ellos tenían la potestad y poder para perjudicar a cualquier tripulante que no militara en sus organizaciones. Como era lógico, mis facultades como mando del buque se limitaban cuando ellos realizaban una reunión partidista, donde con solo levantar la mano y hacer constar que la decisión fue aprobada &quot;por unanimidad&quot; podían joder mi carrera. Era una verdadera vergüenza encontrarse al mando de gentuza como aquella y la situación no sería tan grave si no existieran capitanes como Miguel Haidar que las tolerara a cambio de información y chivaterías de su clan. ¡Por supuesto! Una vez en alta mar, le ordené a Mayor Guerrero lanzar al agua toda aquella mierda depositada en la cubierta de botes.</p>
<p align="justify">Mis funciones como Primer Oficial no terminan donde comienza la pacotilla, considero haber sido muy responsable y exigente en ese aspecto. Llegar a Tokio o cualquier puerto japonés, provocaba el contagio casi generalizado de la tripulación por un virus contra el cual no estábamos vacunados. La gente olvidaba todo, hasta los valores éticos y morales del ser humano. En la mente de la mayoría solo existía como obsesión a enfrentar a toda costa, la adquisición de cualquier efecto eléctrico de uso y una bicicleta, poco importaba si debía ser robada. Los camarotes se llenaban de mierda recogida en las calles, tarecos de todo tipo que luego eran desarmados para venderlos en la isla como piezas de repuesto. Daba pena y asco inspeccionar los camarotes, apenas se podía caminar dentro de ellos. Colecciones de televisores que se acumulaban hasta el techo, hileras de paraguas dispuestos como si se encontraran en exposición, gomas de bicicletas y partes de ellas, lavadoras que no sabían si funcionaban, refrigeradores enanos, gigantes, antiguas consolas musicales. Cualquier cosa venía bien a los ojos de aquellos depredadores, hasta pianolas y guitarras eléctricas. Solo me faltó encontrar cajas de muertos, pero al parecer no son botadas por las funerarias. </p>
<p align="justify">Las guardias en esos puertos y aún durante el período de reparaciones resultaron una molestia que no pudiera describirles. Como oficial a cargo de la tripulación, carga y reparaciones, no sabía donde ocupar mi limitado espacio de tiempo. Pasabas por la cocina y encontrabas a los cocineros vestidos de sucio manipulando alimentos y desarmando bicicletas en la popa. Debía llamarle la atención al jefe del comedor de tripulantes por permitir al camarero servirles con su vestimenta asquerosa. Tenía que ordenarle a la mayor parte de la marinería que aliviaran en contenido las porquerías acumuladas inclusive encima de sus camas, todo era una locura. Cuando recordaba mis primeros viajes a Japón, sentía una profunda vergüenza por el presente que vivía en cada uno de mis últimos viajes y siempre me preguntaba, ¿dónde coño está el Partido? Todos aquellos cabrones que pusieron en tan desagradable situación nuestro prestigio, precisamente eran militantes.</p>
<p align="justify">Creo haber salido un solo día a la calle en Yokohama, como expresé con anterioridad, un Primer Oficial que se cuide no puede legar en nadie sus responsabilidades, no debe confiar ni en su sombra. Fui un verdadero esclavo de aquellas reparaciones que incluyeron casco, cajas de cadenas, tapas de bodegas y arboladura. Como no existió otro aspirante, ni moral para estudiar el tiempo dedicado a las mencionadas reparaciones individualmente, fui elegido el &quot;trabajador vanguardia&quot; de ese mes. Son razones para cagarse de la risa, yo solo cumplía con mi deber, nada extraordinario que se apartara de mis obligaciones, solo que los demás se encontraban entretenidos con la pacotilla.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0557.jpg"/></p>
<p align="justify">Una de esas mañanas y durante mis frecuentes recorridos por la cubierta, encuentro al timonel Regino colgado de un mástil en una guindola personal. Cuando le solicité al contramaestre que bajara al cojo del palo, manifestó haberlo colgado intencionalmente para ver si se caía. Tanto era el odio experimentado por la marinería al personaje en cuestión, que insistió mantenerlo en aquella peligrosa faena. ¡Te vas a arrepentir! Manifestó Guerrero cuando repetí mi orden de bajarlo inmediatamente. Nunca utilicé el trabajo como un arma de venganza contra nadie, aún cuando se tratara de verdaderos hijos de putas como este individuo, siempre pensé que su familia no era culpable ni debía pagar sus errores. Unos meses después y a bordo de otro buque, me arrepentí de no haber dejado al cabrón cojo en aquel palo, recordé mucho las palabras de Mayor Guerrero.</p>
<p align="justify">Braulio era un viejo de unos seis pies de estatura y de rostro parecido al del cómico cubano &quot;Candelario tres patines&quot;, uno de los mejores camareros que navegó conmigo en toda mi historia. Culto, limpio, cuidadoso, meticuloso en su trabajo y muy cumplidor de todas las órdenes que se le impartían. Sin embargo, su camarote era lo opuesto a esa imagen que nos brindaba diariamente durante las tres sagradas campanadas que se escuchan en un buque. Los tarecos por él colectados llegaban hasta el techo y se debía caminar de lado por un estrecho trillo dejado entre el mamparo y su cama. Braulio recogía cuanta mierda aparecía en su camino y la colección de paraguas andaba cerca de la veintena. Coincidí con su hija cuando le tocó el turno de bajar su pacotilla en La Habana y ella estaba muy avergonzada. Los aduaneros abrían una y otra caja de las que se encontraban estibadas en un viejo camión, sacando de vez en cuando algunos de sus contenidos. Por llevar, Braulio había declarado hasta pomos de conservas vacíos, no había nada de valor dentro de todo aquel cargamento. Su hija sudaba copiosamente y no sabía dónde poner la cara, él continuó inmutable, tenía el rostro de acero.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0558.jpg"/></p>
<p align="justify">Nos destinaron a Tokio como puerto de carga con destino a Cuba, me alegré en el alma, tenía en mente abandonar inmediatamente aquella madriguera de rateros y chivatos en cuanto llegara a la isla. La experiencia de los años acumulados en diferentes plazas y ese ojo observador que siempre tuve, me ayudaron enormemente a vencer demasiadas dificultades. La principal de ellas, era sobreponerte a la incompetencia del Capitán al cual estuvieras subordinado. Nos asignaron cargar unas grúas destinadas a la minería con el timbre &quot;prioridad del Estado&quot;, cuando el anuncio de un cargamento llega premiado con ese sello postal, casi todos los incompetentes se cagan y aceptan sin condiciones. Luego, tratan de imponer su voluntad con el criterio de que es una urgencia del gobierno a la que no puedes presentar ningún tipo de justificación para rechazarla, aún cuando se trate de un alto precio como el costo de vidas humanas y el sacrificio del buque. Estúpidos como esos, tuve que soportar durante toda mi vida de marino, solo que cuando me hice oficial conocí de cerca el riesgo a los que fuimos sometidos. Inmediatamente me opuse a la carga de esos equipos sobre cubierta y tapas de bodegas como había sugerido Miguel Haidar. No fue una decisión caprichosa, estuve durante un tiempo calculando la resistencia de las cubiertas y ellas no soportaban tal sacrificio, lo demostré con números y los japoneses me comprendieron. Decidieron desarmar aquellas enormes grúas y embarcarlas por partes, cada una de las esteras pesaba algo más de dieciséis toneladas. Luego vendría otra parte muy importante, las recomendaciones de los supervisores para trincarlas con la condición de la extensión de un certificado de garantía. Nada de eso debe convencer a un Primer Oficial y debe estar atento, sugerir y ordenar cuando lo estime pertinente, un reesfuerzo a todo ese trincaje. Ningún certificado otorgado por la mejor de las compañías, resolverá los problemas que se puedan enfrentar en altamar. </p>
<p align="justify">Nos quedaron dos entrepuentes libres para rellenar en un puerto de la costa oeste de Japón y confiado en la capacidad demostrada en todo momento por el contramaestre, no pasé inspección al buque cuando ordené ponerlo a &quot;son de mar&quot;. ¿Qué les cuento? Fuimos sorprendidos por una tormenta y durante las cabezadas del buque, las tapas de la bodega Nr. 4 no habían sido bajadas y se abrían y cerraban a su antojo en cada cabezada. No pueden imaginar el susto experimentado y el peligro al que fuimos sometidos por aquella negligencia. Hubo que realizar un cambio de rumbo para evadir las cabezadas y nos permitiera maniobrar con aquellas tapas alocadas. Ese día aprendí algo nuevo y le retiré mi confianza a Mayor Guerrero. Pudimos terminar el recorrido sin otra novedad y con la gente entretenida en sus cacharreos.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0559.jpg"/></p>
<p align="justify">Jorgito, un gordo rancio que viajaba como primer cocinero e incondicional del Capitán, muy amigo también del secretario del sindicato y militante del partido, el mismo &quot;Angafio&quot; que mencioné como Ayudante de Máquinas. Se emborrachó un día y golpeó sin piedad al segundo cocinero, una persona sumamente noble e inofensiva. Dicen que &quot;El Chino&quot; había sido guerrillero de la tropa del &quot;Che&quot;, no se me ocurre pensar que un individuo que haya participado en la guerra se deje golpear por un animal como aquel cocinero. Me enteré a la mañana siguiente y bajé inmediatamente a la cocina, creo que alguna vez escribí sobre esto. Encontré al infeliz hombre lleno de morados por todo el rostro y le pedí que me acompañara. Lo conduje hasta la enfermería y le dije a la doctora que me extendiera un certificado médico como establece la situación. Con ese certificado cité a Jorgito junto al secretario del partido y al Angafio como secretario del sindicato. Delante de ellos le pedí una explicación y luego de escucharla le dije que procedería a confeccionar un informe. El Angafio era uno de los que se encontraba bebiendo con ese individuo en horario de trabajo y el secretario del partido trató de proteger a su militante, ninguno pudo convencerme de que no procediera como estaba establecido.</p>
<p align="justify">Una hora más tarde me llama Miguel Haidar y prácticamente me pide que hiciera constar en mi informe que Jorgito le había dado un beso en la boca al Chino. Indudablemente le manifesté mi desacuerdo, yo nunca le había hecho un informe a tripulante alguno, pero en este caso de abuso me dispuse llevarlo hasta las últimas consecuencias. No solo por el abuso cometido, lo haría por tratarse de un individuo que pertenecía al clan. Después de ese tira y encoge extendido a varios días, llegamos al acuerdo de que Jorgito se desenrolaría inmediatamente de llegar a Cuba y que si yo debía intervenir para hacerlo, lo haría hasta lograr su expulsión de la empresa por el abuso cometido. Hubo acuerdo de las partes que se cumplió inmediatamente a nuestro arribo, Jorgito planteó un problema familiar y escapó para satisfacción de su Capitán y partido.</p>
<p align="justify">La cosa con Miguel Haidar no se detuvo allí, tuvo el descaro de llamarme para casi ordenarme que le hiciera una mala evaluación a la doctora Dora, eso ya lo escribí en alguna parte. Como Primer Oficial y cumpliendo las normas establecidas a bordo de nuestros buques, yo estaba obligado a evaluar el trabajo de todos los oficiales subalternos. En su caso no podía hacer una evaluación técnica, pero podía opinar sobre su actitud ante el trabajo y mi opinión era tomada en cuenta. La discusión con Miguel fue acalorada, yo no participaría nunca en ese tipo de mariconerías y se lo hice saber. Las razones de aquella solicitud se fundamentaban en la negativa de la doctora a tener relaciones con él, ella estaba comprometida con mi compañero Raydel y luego llegaron a casarse. Le hice una evaluación fenomenal y le indiqué que no firmara ninguna que apareciera en el camino, nada de eso le gustó a Miguel y me convertí en una especie de pesadilla. Dora y Raydel continuaron siendo muy buenos amigos conmigo, por supuesto, nada de esto se lo conté a Raydel, yo lo conocía muy bien y evité de esta manera una tragedia.</p>
<p align="justify">Navegar con socotrocos fue muy beneficioso para mí, sin darse cuenta colaboraban con mi desarrollo allí donde ellos sentían temor a penetrar. Haidar no escapó de esos casos y siempre apeló al recurso &quot;para que te practiques&quot; cuando la realidad era otra. Evadió los momentos difíciles como las recaladas a Tokio por su mal dominio del inglés y luego otras que aparecerán a bordo de otra nave. Sin embargo, no puedo negar que tuvo momentos de lucidez y la hombría regresó a su cuerpo, ya lo mencionaré en otro instante porque no corresponden a la etapa del Aracelio Iglesias.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0560.jpg"/></p>
<p align="justify">Una vez en La Habana solicité vacaciones y me fueron concedidas por tener tiempo suficiente acumulado. Hubiera preferido continuar en aquella nave que tanto me gustaba un tiempo más, pero el ambiente existente no se ajustaba a mi modo de actuar y pensar. Es muy cierto que tuve subordinados excelentes y no puedo recordar el nombre de cada uno de ellos, sin embargo, regresan a mi memoria el marinero de cubierta Robertico, el negro Guerra y el timonel Rojitas. Todos ellos hacían un magnífico equipo junto a ese borrachín con el que más tarde compartiera pergas de cerveza en El Golfito de Alamar, su contramaestre.</p>
<p align="justify">Parte de la tripulación del Aracelio Iglesias fue seleccionado para ir a buscar al buque &quot;Bahía de Cienfuegos&quot;, yo me encontraba entre los premiados. Ir al extranjero a buscar un barco era algo soñado por cualquier marino, todos sabían que durante la espera de la terminación de la nave, serían hospedados en casas modestas y baratas, pero recibirían una dieta diaria que aunque no era numerosa, posibilitaba un aumento de la pacotilla tan necesaria para la familia. Increíblemente renuncié a ese privilegio y dejé a muchos con la boca abierta. Fui citado al departamento de Cuadros de Navegación Mambisa y cuando averigüé quién era el Capitán nominado para ese buque, insistí en ser borrado de la lista, era Miguel Haidar. En mi lugar enviaron al Primer Oficial Jonás Gaínza Figueredo, antiguo compañero de estudios del Viet Nam Heroico y un amigo con el que mantengo muy buenas relaciones aquí en Montreal. Al bajarme del Aracelio Iglesias, contaba en mi expediente haber permanecido enrolado por un período superior a los seis meses durante el año en curso, detalle que no debe ser olvidado por acontecimientos posteriores. Tomé mis vacaciones, esta vez tratando de limpiar todo el tiempo acumulado en naves anteriores, creo que sobrepasaban los seis meses. Un tiempo después, fui con la novia de Cosme a recibirlos, habían arribado a bordo del Bahía de Cienfuegos.</p>
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		<title>Mi barco (XXII) Motonave “Frank País”</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Jun 2010 00:55:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Había ganado algo, la experiencia en las operaciones con los contenedores. Atrás dejaba regada otro trozo de mi historia y un buque que me gustaba.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">-¿Quieres relevarme en el &quot;Frank País&quot;? No recuerdo si me abordó en la casa o en la acera de la Empresa, lo cierto es que tenía buena puntería y me había localizado. Ya mencioné sus magníficas habilidades para persuadir, conquistar, convencer a la gente. Era un tipo especial que trabajaba finamente con tu perfil psicológico, no porque lo estudiara, tenía sencillamente ese don.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0533.jpg"/></p>
<p align="justify">-¡Asere! Yo nunca he trabajado en contenedores. Se lo expresé dejándome arrastrar por ese temor infundido por los que estaban en esa flotilla y se consideraban superiores a los que trabajaban en carga general.</p>
<p><span id="more-495"></span></p>
<p align="justify">-Eso no tiene misterios, ni intrigas tampoco, yo estoy convencido de que tú puedes hacerlo. ¡Es más! Te doy un mínimo técnico sobre contenedores en mi casa, pero no me jodas, hace falta que me releves.</p>
<p align="justify">-¿Tú crees? Era tan cabrón que ya había citado al Capitán del barco para esa hora en la acera de la Empresa. Resultó ser Ricardo Puig Alcalde, ya nos conocíamos desde que fuera Tercer Oficial de la motonave Habana, pero dejamos de coincidir durante muchísimos años. Nos cruzamos dos o tres preguntas y todo estaba acordado en apariencias, luego él entraría al departamento de Cuadros, daría mi nombre y yo sería el elegido, era una de las potestades que aún le ofrecían a ciertos capitanes, no a todos. Al día siguiente me presenté en la Empresa y ya me encontraba destinado para aquel barco. Como fue acordado, pasé por casa de Manolito por el &quot;mínimo técnico&quot; sobre contenedores. Toda aquella conferencia de la cual no entendí ni timbales, la impartió en la mesa del comedor sentado frente al muñequito de baterías que orinaba ron o whisky. Dejamos al muñequito sin deseos de mear y me fui para la casa con el compromiso de encontrarnos en el buque para proceder formalmente a la entrega del cargo. Iluso yo que no acababa de conocer a Manolito, todavía lo estoy esperando para que me entregue, repitió la historia del viejo Vasallo. En su caso era algo peor, el buque se encontraba terminando las operaciones de carga y próximo a salir con destino a Europa. No tenía a manos planos de carga ni cálculos de estabilidad inicial, tomé la documentación del buque y las llevé para mi casa con el propósito de estudiarlas, mientras mi esposa iba guardando en las maletas la ropa que llevaría a viaje. En el caso de Manolo nada me sorprendía, nos conocíamos desde hacía muchos años y asumiría sin pretextos todas las responsabilidades. Todo era un caos a bordo y encaminar a la gente por el camino correcto me tomaría tiempo y paciencia. </p>
<p align="justify">Los buques porta contenedores de la flota, se caracterizaban por ser centros de grandes piñas, impenetrables grupitos que muchas veces tenían la potestad de aceptar o rechazar un nuevo enrolo, poco importa también el cargo que se tratara. En términos generales, casi todos eran contrabandistas que solo buscaban cierta protección. Tenían sus leyes y costumbres internas que muy pocos oficiales se atreverían a romper, todo un clan muy bien organizado, una especie de mafia con sus ramificaciones en el seno de la Empresa donde imponían sus voluntades por medio de sobornos. Ser aceptado en el seno de aquellas bien organizadas pandillas, requería de una buena recomendación y ésta, no podía venir de un cualquiera, aquellas naves tenían sus &quot;padrinos&quot; y Manolito era uno de ellos, caí con el pie derecho.</p>
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<p align="justify">El Frank País pertenecía a un lote de dos barcos gemelos, el otro era el Abel Santamaría. Fueron fabricados en Alemania en el año 1972 y adquiridos de uso por la parte cubana, no puedo precisar en cuál fecha. Tenía 154.9 m. de eslora y 22.9 m. de manga. Su velocidad económica andaba por los 17.5 nudos cuando yo navegué en él, pero podía desarrollar más velocidad. Contaba con cinco bodegas de carga que poseían un sistema celular de divisiones donde se acomodaban los contenedores. Como inicialmente no había sido diseñado para este tipo de transportación, cargaba en los planes de sus bodegas unos enormes bloques de hormigón con el propósito de aumentar sus condiciones de estabilidad. Como medios de izaje, disponía de unos puntales giratorios que podían descargar a proa y popa de sus tinteros, no recuerdo si soportaban cargas de hasta 15 tm. Lo cierto es que en puertos cubanos operaba por sus propios medios y solo era necesario el concurso de grúas flotantes cuando los contenedores eran pesados. Normalmente transportaba unos 512 contenedores, mi último viaje logré embarcar unos 550 en Barcelona y le impuse un record.</p>
<p align="justify">La acomodación era sumamente confortable, mi camarote tenía un salón bastante amplio para recibir a las visitas, el dormitorio y baño. Todos los camarotes de los tripulantes subalternos eran individuales, pero los baños eran colectivos. Amplios comedores y salones ofrecían un ambiente bastante agradable a la vida de los marinos. Su enfermería se encontraba en el mismo pasillo de mi camarote y tenía cama para ingresar a pacientes.</p>
<p align="justify">El puente se encontraba muy bien equipado, creo haya sido el primer buque donde navegué con los servicios de navegación satelital, toda una maravilla para aquellos tiempos. Dos radares y VHF, radiogoniómetro, ecosonda, radio facsímil y todo lo necesario para realizar observaciones astronómicas. A pesar del magnífico equipamiento a disposición de la oficialidad del puente, Puig también se dejó arrastrar por las corrientes de su tiempo y utilizaba los servicios de practicaje para las navegaciones por el Canal Inglés, Mar del Norte y Báltico.</p>
<p align="justify">Vergaza, un jabao con unos seis pies de estatura, ocupaba la plaza de Segundo Oficial. Una persona que nunca se encontraba de mal carácter, muy competente y discreto en sus pasos. Le seguía otro grandulón de unos seis pies de estatura también, me refiero a Corrieri, iba en esos viajes como Tercer Oficial. Un muchacho noble, competente y muy disciplinado que no vivía explotando su origen, era hermano del famoso Sergio Corrieri, pero en el buque siempre fue un tripulante más. Entre aquellas dos jirafas yo aparecía como un enano, siempre existió buena armonía y colaboración entre la oficialidad de cubierta.</p>
<p align="justify">Como Sobrecargo-Enfermero viajaba Laíno Nepita (El Italiano) iba empatado con una camarera que la gente apodaba Yoyi Almohaditas, dicen que se rellenaba las nalgas con almohadas. Era la barbera de los tripulantes, muy servicial. Solo tuve un pequeño encontronazo con ella una mañana que bajé a desayunar y no andaba por el comedor.</p>
<p align="justify">El Jefe de Máquinas era mi primo Fausto Sardiñas Lostal, siempre tuvimos excelentes relaciones familiares y profesionales. La plaza de Segundo Maquinista estaba ocupada por &quot;El Yuca&quot;, no recuerdo su nombre, magnífica persona y jodedor hasta los límites calculados.</p>
<p align="justify">La comida era excelente, no podía ser mejor cuando contábamos con el mejor cocinero de la flota, me refiero a Enrique Vicent, era la segunda vez que coincidíamos, ya lo mencioné cuando escribí de la motonave &quot;Habana&quot;.</p>
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<p align="justify">Partimos en medio de los acostumbrados pitazos que suelen tocarse en el canal de la bahía, mientras los niños, novias y esposas corrían por el malecón. Estaba convencido de que los primeros días serían sumamente agotadores para mí, debía comenzar por confeccionar los cálculos de estabilidad para ese viaje, el de partida y llegada. Tenía que conocer a fondo esos detalles tan importantes para un Primer Oficial por la seguridad de su nave y me dediqué a estudiar las experiencias de la oficialidad que había pasado antes de mí. ¡Claro! Esos estudios yo siempre los realizaba comparándolos con las experiencias del astillero constructor. No quieran imaginar todas las burradas encontradas en ese camino, muchas de ellas realizadas por antiguos compañeros de estudio. De algo estaba muy convencido, Dios era cubano y trabajaba en la Empresa de Navegación Mambisa como marino, sentí muchos temores en la medida que avanzaba en mis búsquedas. Nunca llegué a explicarme esa suerte tan grande que tuvieron, tuvo que existir muy buen tiempo. </p>
<p align="justify">Mis salidas a cubierta eran diarias, recorría cada recoveco del buque e inspeccionaba de paso todo el sistema de trincaje de los contenedores. Nunca satisfecho con mis pesquizas, bajé a cada bodega e inspeccioné las sentinas de bodegas. No existía un libro de sentinas ni actas confeccionadas y firmadas como establecía el reglamento. Ordené limpiarlas todas, téngase presente que los contenedores se mantienen estibados en el área de la boca de escotillas y las bandas se encuentran totalmente libres. A mitad de camino hacia Ámsterdam ya conocía perfectamente al buque y estaba listo para enfrentar nuevos retos.</p>
<p align="justify">Las operaciones en un porta contenedor son muy dinámicas y rápidas en puertos desarrollados, el movimiento de descarga y carga de unos quinientos de ellos tomaba muy pocas horas en Holanda, unas doce horas de operaciones. Desde allá debías enviar el plano de descarga y carga al puerto de Hull en Inglaterra, situado a pocas horas de distancia. Por último, mandabas los mismos planos a Rostock, final de ese camino de línea fija para el Frank País. En Alemania las operaciones eran más lentas y me permitían el lujo de bajar a tierra para divertirme un poco, algo imposible de realizar en los puertos anteriores.</p>
<p align="justify">Ese primer viaje cometí un error gravísimo, ya les había mencionado que como medida de protección, un Primer Oficial no debía confiar ni en su sombra. Tal vez agobiado por la rapidez de las operaciones, no revisé el plano de carga propuesto en Ámsterdam y la falla fue detectada por los alemanes. Los holandeses se equivocaron y estibaron dos contenedores sumamente peligrosos en la bodega número cinco, exactamente la más cercana a la superestructura. No pudo hacerse nada para removerlos y tuvimos que viajar con esas dos bombas muy cerca de nosotros hasta La Habana. En Hull se embarcaban unos contenedores con productos utilizados para la elaboración de gasolina, eran extremadamente peligrosos y debían estibarse en sitios donde pudieran ser removidos por helicópteros, bien lejos de la acomodación del buque.</p>
<p align="justify">A pesar del error cometido y del cual hice anotaciones para reclamar en nuestro regreso a Holanda, como hice realmente y causara sorpresas para ellos, puedo afirmar que mi primer viaje como oficial de un buque especializado en contenedores fue muy exitoso. Siempre velé por esa espada que colgaba sobre nuestras cabezas, una remoción de carga en cualquiera de esos puertos significaba una sanción administrativa de la que nadie te salvaría, remoción de cargo y salario también. Sin embargo, las leyes solo se aplicaban a la parte más débil de la cuerda, los representantes nuestros en Holanda eran &quot;hijitos de papá&quot; que no conocían mucho de nuestra profesión y tenían un título en sus manos. Por un error de ellos en la lista de rotación de contenedores enviadas a nuestro buque, se tuvo que remover unos ciento y algo de ellos sin que se tomaran medidas administrativas por las pérdidas económicas producidas en esas operaciones.</p>
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<p align="justify">¿La tripulación? Muy bien, ¿y tú? Era gente tranquila y dedicada por entero a sus negocios. Los viajes se realizaban en corto período de tiempo y el poco disponible debía aprovecharse al máximo. En viajes norte se encargaban de vender sus contrabandos a puntos fijos en Holanda, allí mismo recargaban para el resto del viaje y también para el retorno a la isla. En Rostock se encargarían de abastecer a traficantes vietnamitas y africanos, casi siempre con mercadería escasa en el mercado regular como en Cuba. Muchos relojes digitales que adquirían al precio de un dólar en Amsterdam, formaría el grueso de un contrabando noble y pequeño que se sacaba con facilidad por la aduana. Otras clases de bisutería tenían buena acogida por los alemanes, hasta jabón Lux comprado en Inglaterra y de muy buena calidad en esos tiempos. Esa mercancía se podía vender en moneda nacional (marcos) o en los billetes americanos. Casi siempre se destinaba una pequeña parte para gastar con las alemanas en sus discotecas, el resto de la plata se reciclaba en ese comercio clandestino tan fructífero que existía en todo el campo socialista. </p>
<p align="justify">Todavía no habían fusilado a Ochoa y el tráfico de drogas se encontraba al alcance de muy pocos. Creo que la marina mercante cubana se encontraba limpia de ese flagelo que afecta a la humanidad, nuestros hombres de mar hacían su dinero cubriendo las deficiencias del mercado gubernamental, pero sus mercancías estaban destinadas a productos que satisfacían las necesidades del hombre. Hablemos de champú, tinte para el cabello, perfumes, flores plásticas. Zapatos, perfumes, jabón, etc. No sé si cometa un error al mencionar a uno de los primeros marinos encarcelados por estar vinculados a negocios más fuertes, o sea, los que tienen que ver con la droga. Ya correría la década de los ochenta cuando apresaron al Capitán Rivero Castro por ese motivo, si es un error mío eso fue lo que se comentó en toda la flota. El resto de las numerosas detenciones ocurridas, fueron por el trasiego de toda esa bisutería mencionada.</p>
<p align="justify">A principios de los noventa y antes de desertar, alguien en la isla me propuso la venta de cocaína en el extranjero y estuve a punto de convertirme en traficante. Las cuentas sacadas eran muy simples, me jugaba la libertad por sacar cajas de tabaco en España para obtener de cien a ciento veinte dólares por cada una de ellas. El mismo bulto sería el de un kilo de coca y las ganancias serían infinitamente superiores. Poco me importaba el daño que pudiera producir entre los jóvenes que la consumieran, el dinero compra también escrúpulos y cuando te involucras en negocios tratas por todos los medios de que las ganancias aumenten. En aquellos tiempos las ventas al por menor se realizaban tratando de lograr una ganancia de un doscientos por ciento, nunca se perdía. El precio de un dólar estaba a unos quince pesos cubanos y siempre, siempre se trataba de vender el producto al doble de su costo de compra. No existía mercancía que dejara de venderse debido a lo desabastecido del mercado nacional, cualquier cosa que se llevara tenía salida.</p>
<p align="justify">Como todos los hombres se encontraban concentrados en sus negocios, los viajes terminaban sin tantos problemas, aunque siempre se puede encontrar una papa podrida dentro de cualquier saco. Esa vez, la única donde choqué de frente con un tripulante, ocurrió con un antiguo combatiente de la Sierra que abandonó su guardia estando el buque en operaciones. Cuando regresó le suspendí el franco para los puertos de Hull y Rostock y no crean ustedes que fue fácil convencerlo. Trató de amenazarme con todos sus antecedentes de guerrillero y se tomó el culo con la puerta. ¡Marino, la guerra terminó en el 59! Usted está sin franco por el resto del viaje, si no está de acuerdo, lo lanzaré a la comisión disciplinaria de la Empresa y no descansaré hasta que sea separado de la flota. ¿Qué le pareció? A Puig se le aflojaron las piernas y trató de convencerme para que cambiara mi postura, aquello me encendió aún más. El tipo se aconsejó y acató la medida que le había impuesto.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0537.jpg"/></p>
<p align="justify">¡Qué clase de jodienda para la salida del segundo viaje! Hay cosas tan sencillas, que cuando las cuentas, muy pocos las creerían. Cuando ya estaba próximo a finalizar las operaciones de carga y estando atracados en la base de contenedores de Regla, me dispuse a recibir cuatro contenedores refrigerados con una mercancía valorada en unos cincuenta mil dólares cada uno. Esos contenedores poseen dos compresores de refrigeración, uno eléctrico y el otro de combustible que es el que viene funcionando cuando es transportado por carretera. Bajé hasta el muelle y le ordené al chofer que apagara el compresor del primero, le dije después que lo pusiera a funcionar y el equipo trabajó sin problemas, di mi consentimiento para que fuera embarcado. Cuando repetí la misma orden para el segundo contenedor, éste no hizo el intento de arrancar y le dije al chofer que no lo recibiría a bordo en esas condiciones. No quieran imaginar el problemazo que se formó a esa hora y les hablo de la medianoche. Una hora después se apareció &quot;una&quot; dirigente en su Lada y trató de intimidarme, pero claro, el contenedor continuaba en el muelle perdiendo temperatura. Muy tranquilo llamé al operador de guardia y le informé sobre lo sucedido, por supuesto que yo tenía la razón y para darle solución al problema propuse aceptarlo a bordo con un acta de protesta donde se señalara con lujo de detalles todo lo que interesaba en ese caso y que la &quot;doña&quot; del Lada, aceptara los gastos por daños y prejuicios a terceras personas, etc., etc. La cosa fue que le habían robado la batería al compresor del contenedor, artículo fácil de conseguir en cualquier país menos en Cuba. Esa dichosa batería provocó una demora en la salida del buque superior a las veinticuatro horas, eso sí, no acepté salir sin ella porque en el caso de que el buque tuviera problemas con el suministro eléctrico, las pérdidas nos corresponderían por tenerlos a bordo. La &quot;doña&quot; se desinfló y se mantuvo muy mansita durante las tres horas que la mantuve en espera. </p>
<p align="justify">Nos rompimos en Rostock y tuvimos que esperar a que fabricaran una pieza para la máquina principal. Nos tomó un mes esa espera y rompimos el ciclo de rotación del buque en una línea fija. Para sustituirnos destinaron a un buque de construcción soviética modelo Dnieper, no recuerdo cuál de ellos. Contraje matrimonio (solo en apariencias) con una alemana de unos seis pies de estatura. Tenía dos hijos, una hembra de unos dieciocho años y el varón de quince, tan alto como la madre. Siempre desayunábamos casi desnudos y no hubo necesidad de darme cuerda para adaptarme. Viví como un rey ese mes y debía soportar todas las reclamaciones propias de cualquier matrimonio, resulta divertido. Las despedidas siempre son tristes y dejan huellas inolvidables, la alemana lloró muchísimo, se había acostumbrado a mi presencia y su hijo me aceptaba por el parecido a su difunto padre.</p>
<p align="justify">Nos destinaron carga en Barcelona y me pidieron cargar el máximo posible. El buque tenía programada reparaciones para el viaje siguiente y le pregunté a mi primo si limpiarían algún tanque de combustible. Como la respuesta fue positiva, le pedí que lastrara por gravedad esos tanques y los dejara lleno para que me ofrecieran mejor estabilidad. Cargué al buque como nadie había hecho hasta esos momentos y rompí su record de contenedores a bordo, unos doscientos cincuenta. No se podía observar la proa por el tier estibado a la altura misma del puente hasta la proa, repetí esos cálculos en varias oportunidades hasta estar convencido de que podía hacerlo.</p>
<p align="justify">Me reía de todo ese mito fabricado por los personajes que siempre rotaron en la flotilla de contenedores y se consideraban &quot;especialistas&quot;. Realmente todo era falso, la manipulación de carga general era mucho más exigente en conocimientos que los necesarios para trabajar contenedores. Los mismos granos llevan un cálculo especial mucho más complicados que los realizados por esos &quot;señoritos&quot;. Es cierto que deben tenerse cuidados especiales en cuanto la clasificación por pesos, tamaño, altura, contenido (sobre todo cuando se transporta mercancía peligrosa), etc. Nada de eso se acerca a la complejidad de una carga general heterogénea donde se debe tener en consideración cubicaje, factor de estiba, broken stowage, finos de las bodegas, ventilación, temperaturas, resistencias de cubiertas, etc.</p>
<p align="justify">Le tomé el gusto a esos viajes cortos, aunque esclavizantes para mi cargo y pensé continuar en el barco aún cuando Puig me anunciara su propósito en tomar vacaciones. Se pidió el relevo normal del personal que se quedaba de vacaciones, ¡ohhh!, debo decir que ya había logrado destruir viejos malos hábitos existentes y que la tripulación me aceptaba con virtudes y defectos. Las brigadas de guardia se encontraban bien distribuidas y organizadas, algunos protestaron cuando se vieron incluidos, pero no tuvieron otra opción que aceptar mi imposición, el relajo había llegado a su fin.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0538.jpg"/></p>
<p align="justify">-¿Usted es el Primer Oficial? Preguntó un muchacho después de pasar a mi oficina.</p>
<p align="justify">-Se supone, ¿qué deseas?</p>
<p align="justify">-Yo venía para informarle que el domingo se encuentra de guardia en el buque Abel Santamaría.</p>
<p align="justify">-¡No me digas! ¿Cómo es eso? Me asombró aquella información tan inesperada.</p>
<p align="justify">-¡Sí! El problema es que usted es el relevo de Arturo Escobar y yo soy el que se encuentra de guardia el sábado, por eso vine a avisarle.</p>
<p align="justify">-¡No me digas! Así que el domingo estoy de guardia en el Abel, ¿el buque se encuentra fondeado?</p>
<p align="justify">-¡Positivo! Yo deseo saber si usted irá a cubrir la guardia, la verdad es que no quiero quedarme embarcado un fin de semana.</p>
<p align="justify">-No te preocupes y espérame, yo te voy a relevar. El infeliz muchacho debe estar esperando por mí.</p>
<p align="justify">-Esteban Casañas Lostal, expediente 6264. Fidelito tenía la costumbre de saludar a todos los oficiales y capitanes de igual manera. Una memoria prodigiosa para guardar todos esos números en la cabeza, diría yo.</p>
<p align="justify">-¿Y ahora, qué? ¿Estoy sancionado? Ya sabes por qué te pregunto.</p>
<p align="justify">-Lo sé, Esteban, pero donde manda Capitán no manda soldado.</p>
<p align="justify">-Todo lo que tú quieras, Fidelito, pero alguien debe explicarme las razones por las cuales se me desenrola de un barco en servicio sin justificación para enviarme a otro fuera de servicio. ¡No jodas! Eso es una sanción aquí y en cualquier velorio.</p>
<p align="justify">-Son órdenes de arriba y te digo, yo te comprendo…</p>
<p align="justify">-¡Perfecto! Si me comprendes, dile al que dio esa orden que yo no voy para el Abel Santamaría porque no me sale de los cojones, se lo dices con las mismas palabras, Fidelito. </p>
<p align="justify">-¡Mira! Vamos a tratar de ahorrarte problemas, te están pidiendo desde el buque &quot;Aracelio Iglesias&quot;, ¿quieres ir para allá?</p>
<p align="justify">-¡Perfecto! Mañana vengo a enrolarme en ese barco.</p>
<p align="justify">Pasé por el Frank País a recoger mis pertenencias y solicitarle el desenrolo al Sobrecargo. No le hice acta de entrega a Arturo Escobar, no lo vi, ni regresé nuevamente al barco. Parte de la piña que pertenecía a Yero vino junto a él, encontré algunas caras conocidas.</p>
<p align="justify">Ese viaje regresaron cargados de autos comprados en Europa, luego de un largo proceso judicial, lograron quedarse con ellos. Me encontré con Yero en la puerta de la Empresa y se quejaba de que Escobar lo había abandonado. Fue una abierta invitación a enrolarme en su buque y me hice el desentendido. Mantuve buenas relaciones con él por medio de mi amigo Manolito Balsa, pero nunca simpaticé con esa ganguita que siempre arrastraba consigo.</p>
<p align="justify">Indudablemente había ganado algo, la experiencia en las operaciones con los contenedores. Atrás dejaba regada otro trozo de mi historia y un buque que me gustaba.</p>
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		<title>Mi barco (XXI) Motonave “Casablanca”</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Jun 2010 02:32:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El barco no se encontraba en condiciones de navegabilidad, ya lo he mencionado en otros trabajos y he hablado sobre el triste papel de los inspectores cubanos]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0509.jpg"/></p>
<p align="justify">Cuando ganas dos dólares diarios y te ofrecen una plaza donde ganarás ciento cincuenta al mes, solo se presenta una pregunta en tu mente, ¿a quién hay que matar? No pregunté mucho para aceptar inmediatamente la proposición que me hacían, incluso, llegué a pensar que me encontraba superando aquellos baches del pasado y mi carrera experimentaba un leve ascenso. Estos idiotas pensamientos llegaron a mi mente por una sola razón, eran muy pocos, contados, los llamados a integrar aquella flota fantasma con buques abanderados en diferentes países, han sido conocidos como buques con &quot;banderas de conveniencia&quot; a través de los años. Sacaba cuentas mientras cumplían todo ese ritual burocrático que consumía varias horas, llenarte toda la documentación exigida para un formal enrolo. En dos meses ganaría trescientos dólares, pensaba, si lo traduces al sistema de pago en Mambisa, esa cantidad equivale a cinco meses de navegación. Pero un barco no realiza viajes de dos meses pelados, trataba de consolarme y buscar más plata en mi mente. ¿Y si el viaje fuera de seis meses? ¡Coñóoooo! Hago el pan, 6X150=900, estamos hablando de plata en serio, billetes. Para ganar esa cantidad en los barcos con el machete en la chimenea, debía mantenerme a bordo unos quince meses, ¡más de un año! ¿Se imaginan la cantidad de pajas? Era sumamente feliz y no me enojaba por las demoras de aquellos lentos y sumamente pacientes funcionarios de nuestra empresa, un poco vagos también. Partí en horas de la tarde, casi en el horario donde cierran todas las operaciones del día. Me informaron que el buque &quot;Casablanca&quot; se encontraba descargando en uno de los muelles Sierra Maestra y hacía él me dirigí a toda la velocidad que dieron mis piernas.</p>
<p><span id="more-493"></span></p>
<p align="justify">¡Sorpresa! Desde que enfilé su proa lo reconocí y sentí deseos de regresar por el mismo camino, era un poco tarde para dar marcha atrás. Subí por la descuarejingada escala del que fuera &quot;Jade Islands&#8217; y luego &quot;Renato Guitart&quot;, ahora se llamaba &quot;Casablanca&quot;. Un nombre muy sugestivo que no aclaraba si se trataba de aquel puerto marroquí o el humilde caserío habanero enclavado a orillas de su bahía. Cualquiera de los dos me valía un pito, aunque el primero me devolvía a la figura de Humphrey Bogart y uno de mis viajes en el buque Habana. El segundo solo reflejaba en algo las miserias que se vivían en nuestra isla, se mantenía caprichosamente aferrada al único trencito eléctrico existente en el país. Elevo la mirada por encima de ella y encuentro un pedazo de mi infancia en la cima de su loma.</p>
<p align="justify">El viejo Vasallo se encontraba esa tarde de guardia, lo encontré con los pies desnudos sobre la mesita del salón y un vaso de ron encima de ella. El calor era insoportable y por la portilla del camarote penetraba el ruido que producen las maquinillas, moscas, mal olor y bastante luz. Nos conocimos en Ámsterdam cuando él se encontraba subordinado a Panchín en el Onyx Islands, estaban reparando en los astilleros de la ADM y yo arribé con el N&#8217;Gola. Los visité y compartimos un rato, Panchín había cambiado mucho, aquella rebeldía de su juventud había cedido ante los efectos del alcohol, ahora garantizado en cantidades excesivas como gastos de representación. Vasallo no había cambiado nada desde aquel encuentro, borrachín, dicharachero y bonachón, el clásico individuo que nunca se toma la vida en serio, todos respetan por su edad, nadie cree en lo que dice y al final todo se convierte en un serio relajo.</p>
<p align="justify">Me senté y le hice algunas preguntas sobre el cargo, sus respuestas me convencieron que no había mucho por decir, el estado de su camarote hablaba por él. Documentación totalmente desorganizada o inexistente, planos que se correspondían con los viejos papiros egipcios, cálculos sin realizar, inventarios nunca soñados, anarquía total. </p>
<p align="justify">Un breve recorrido por la cubierta andada tantas veces me demostraron lo que sospechaba, el buque estaba hecho mierdas y levantar aquel muerto exigiría demasiados sacrificios. No caminaba junto a un tonto, él lo supo o sospechó, tantos años de experiencia como timonel, pañolero y oficial de cubierta, me conducían por el buque con los ojos bien abiertos. De nada sirvieron sus explicaciones, yo no las escuchaba en la medida que observaba y aquella contemplación no pudo abarcar toda mi curiosidad. Contraostas guarnidas con cables de trincaje, ostas con cabos de una mena inferior al requerido, patecas que no giraban, cadenas de las tapas de bodega con tramos de diferentes longitudes y grueso de sus eslabones. Trancaniles alrededor de bodegas y superestructura con orificios que permitirían el paso del agua hacia esos compartimentos. Mierda de ratas a lo largo de todo el buque, sistema de ventilación de bodegas fuera de servicio, posiblemente desde que transportáramos las tropas para Angola en el año 75. No quise ver más y perder el tiempo en algo que conocía al dedillo, tal vez mejor que Vasallo. Nos despedimos y acordamos encontrarnos a la mañana siguiente para continuar el rito de la entrega. No lo volví a ver, todavía lo estoy esperando para que me entregue formalmente el cargo.</p>
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<p align="justify">Ese viaje el buque había arribado con serios problemas y la empresa decidió relevar a toda su tripulación, una historia muy parecida a mi primer enrolo en aquella nave. Esta vez se encontraba bajo el mando del Capitán Juanito Quintanar, hace unos años que vive exiliado en Holanda. El buque tuvo una colisión y estuvo a punto de hundirse en Singapur, eso nos contaron, no funcionaba el sistema de achique en las bodegas. Durante el viaje de regreso, el timonel apodado &quot;Tarzán&quot;, un jabao muy fuerte del barrio Alamar, golpeó a otro timonel llamado Fermín cuando lo sorprendió espiando tras la puerta del camarote del Capitán. El golpe fue bastante fuerte y requirió una arribada forzosa a las islas Hawaii, allí lograron salvarlo. Los antecedentes que me llegaron por terceras personas eran terribles, Juanito y Vasallo eran buenas gentes, mal presagio para los tiempos que corrían y la calidad humana que tripulaban nuestros barcos. La vida en esas condiciones se convierte en una descontrolada anarquía, donde la tripulación tiende a seguir a los líderes espontáneos y le pierde el respeto al mando. Generalmente esos líderes inoportunos suelen ser los secretarios de las organizaciones políticas, gente sin conocimientos técnicos en la mayoría de los casos, reina el caos y la vida toma un carisma muy peligroso cuando no se logra someter a la tripulación. Para garantizar la seguridad de las vidas a bordo de los barcos, el mando debe hacerse respetar en todo momento. Poco importa los métodos aplicados para lograr ese respeto, el subordinado debe sentir en todo momento la voz y presencia de su superior. Cuando eso no existe y una voz se eleva por encima del mando, el peligro se encuentra al doblar de la esquina. Un hombre con mando a bordo de una nave no puede sentir temor cuando imparte una orden, un jefe con miedo es lo peor que se puede encontrar en altamar. La vida del resto de la tripulación depende de sus acertadas decisiones y eso es algo que debe tener presente en todo momento un buen Capitán y Primer Oficial. En aquellos casos donde el Capitán asuma por su temperamento el papel de bonachón, debe existir un Primer Oficial que imponga la voluntad y respeto del mando aunque sea tildado de hijoputa por los tripulantes. Todas las veces que nuestras naves arribaron a La Habana con problemas graves, se debieron a debilidades de sus jefes a la hora de aplicar, sin extremismos, las regulaciones establecidas por el reglamento de la marina mercante. Nadie sabe cuántas veces se encontraron en peligro nuestros buques y sus tripulaciones por pendejadas de ese tipo. Estoy convencido de que el naufragio del buque Guantánamo tuvo sus orígenes en esas situaciones, poco poder de mando y miedo a tomar decisiones acertadas para el caso de peligro.</p>
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<p align="justify">Francisco Demares Navarro relevó a Juanito Quintanar, poco me importa que se encuentre en el exilio en estos momentos, ya le he dedicado bastantes líneas y pueden ser halladas en mi trabajo titulado &quot;La vuelta al mundo en una cafetera&quot;, no me abstengo o arrepiento de nada escrito. La historia de nuestra marina debe ser escrita tal y como sucedió, ¿fuiste un hijoputa e hiciste daño?, así debes aparecer aunque luego te revindiques. </p>
<p align="justify">Cancio ocupaba la plaza de Segundo Oficial, muy buen muchacho y bien preparado técnicamente. Hubo química entre nosotros y fui testigo de su boda al regreso. Creo deba agradecerme haberlo arrebatado de los brazos de una prostituta en Etiopía cuando se encontraba totalmente borracho. Estaba en víspera de su boda y las enfermedades en ese país las hallabas a la orden del día.</p>
<p align="justify">&quot;El Musi&quot; se encontraba de Tercer Oficial, fue alumno mío en la academia naval de el Mariel durante la promoción XVII. No lo conocí esa vez, perteneció al grupo más rebelde en toda la historia de esa escuela y sin embargo, no era masticado por ninguno de los tripulantes que dieron ese viaje. </p>
<p align="justify">Calixto Piedras era el Jefe de Máquinas, buena gente, chévere, compartidor, pero con dos caras. Me encontré con él por los años noventa en Montreal en casa de un marinero de cubierta, no había insistido por encontrarse conmigo sabiendo que yo vivía a media cuadra de distancia.</p>
<p align="justify">El enfermero-sobrecargo era un desastre de Santa Cruz del Norte, no puedo recordar el nombre de aquel idiota y cobarde. &quot;Si no aparece mi dinero te descojono&quot;, creo fueran las últimas palabras cruzadas con él en la acera frente a la entrada de la empresa un mes después de haberme desenrolado de aquel buque.</p>
<p align="justify">Henry, el prototipo del contramaestre buena gente y sonriente, no recuerdo si era de Isabela de Sagua o Caibarién, poco confiable y nadador de dos aguas. Hacía lo imposible por quedar bien con todo el mundo. </p>
<p align="justify">No podemos dejar de mencionar al secretario del partido, combatiente de la Sierra, bueno, tal vez no disparó un solo tiro, estuvo entre esa gente. Hijoputa como pocos, rancio comunista, extremista e ignorante como todos ellos. Ocupaba la plaza de ayudante de máquinas y fue la nota más desagradable durante ese infinito viaje, se llamaba o llama &quot;Rondón&quot;, Cuba le agradecería se pusiera el traje de palo si no lo ha hecho.</p>
<p align="justify">Algo muy importante no explicaron cuando me iluminaron con la cifra de $150 dólares mensuales, la tripulación era reducida, reducidísima, diría yo. En cubierta tenía solamente a cuatro hombres, el contramaestre, dos timoneles y un marinero. Ese personal debe dividirlo entre tres brigadas de guardia, las maniobras en proa y popa, además de atender un barco que disponía de siete bodegas de carga. ¡Imposible! Gritarán todos los que dominen esta profesión y debo darles la razón. ¿Cómo se resolvía la situación? Los oficiales teníamos que hacer guardias de bodegas como un marinero más, agarrar cabos en las maniobras y no les cuento sobre las labores de limpieza de bodegas. Para las maniobras debía completar con el cocinero y el único camarero a bordo, el resto del personal necesario era completado por la gente de máquina.</p>
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<p align="justify">El barco no se encontraba en condiciones de navegabilidad, ya eso lo he mencionado en otros trabajos y he hablado sobre el triste papel de los inspectores cubanos que trabajan para el Lloyd Register, Buró Veritas y Registro Cubano de Buques. Por encima de las decisiones que ellos tomen, la última palabra es la que ofrecen los organismos de inteligencia cubano. Siempre existió una frase muy temida y que nadie se atrevería a cruzar: &quot;Esto es un problema del Estado cubano&quot;. Después de escucharlas, todos esos funcionarios extendían prolongaciones de los certificados aún sabiendo que el buque podía hundirse. No dudo que en igualdad de condiciones haya partido el buque Guantánamo y todos conocemos el final de su tragedia.</p>
<p align="justify">El sistema de achique de bodegas no funcionaba y cuando destapamos las sentinas, que en el caso de aquellos viejos buques llegaban a superan en profundidad la altura de un hombre, nos vimos enfrascados en la tarea de extraer incontables barriles de porquería acumulada. Fue una tarea que nos tomó varios días de duro trabajar, aún después de destupidas, el sistema no funcionaba correctamente. Los botes salvavidas no arriaban por gravedad, ya lo he señalado en otros trabajos. Medio día a golpe de mandarrias y calor aplicado con antorchas de acetileno para destrabarlos. Tampoco se encontraban avituallados. Cuando ordenaba lastrar el Peak de proa, esa agua iba recorriendo todos los tanques hasta inundar el cuarto de máquinas y el problema grave venía después, ¿cómo deslastrarla? Técnicamente salíamos a jugarnos la vida en aquel tareco y lo hacíamos por la divisa que nos pagaban, un poco más del doble de la recibida en los buques cubanos.</p>
<p align="justify">Si a las pésimas condiciones técnicas le sumas el factor humano, entonces debes llegar a la conclusión de que fuiste enrolado en el mismísimo infierno. Demares fue uno de los capitanes más ruines con los que me tocó la desgracia de navegar, no era militante del partido y su servilismo hacia esa organización provocó que el cojo Rondón se hiciera dueño del escenario. Oportunidad muy bien aprovechada por algunos subordinados para ignorar al mando del buque, fatal para su normal funcionamiento. Cuando pasamos por el Canal de Panamá se negó a completar el avituallamiento de la nave, aún cuando el presupuesto asignado para nosotros era superior al de cualquier buque cubano. Teníamos también un Bond Store a bordo donde podíamos adquirir rones, cervezas y refrescos al precio de compra, o sea, nunca se le agregaba impuesto alguno y era un fondo fijo que no reportaba pérdidas o ganancias. Demares eran tan sumamente miserable, que se negaba comprar artículos para ese negocio que no afectaba los intereses o presupuestos del buque, lo hizo casi hasta finalizar el viaje.</p>
<p align="justify">Salimos de Cuba a finales de Diciembre y recuerdo que celebramos el día 31 antes de arribar a Panamá.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0513.jpg"/></p>
<p align="justify">La navegación nos tomó unos cuarenta y cinco días hasta Singapur, puerto al que llegué de guardia y no pude bajar a tierra las pocas horas tomadas para hacer agua, combustible y víveres. Durante el viaje tuvimos unas veinticinco paradas por averías en máquinas y la velocidad promedio fue de unos once nudos en todo el recorrido. La derrota seleccionada fue cercana a la zona del Ecuador, donde las temperaturas eran elevadísimas y como es de suponer, insufribles en un barco carente de aire acondicionado. Si le sumamos a eso el ejército de ratas existentes en el barco, el hambre padecida y la ausencia total de alimentos frescos desde una semana posterior a nuestra salida de Cuba. Puedo afirmar sin temor a equivocarme que, ese viaje estaba comprendido entre los peores realizados en barco cubano alguno. De Singapur continuamos viaje para Malasia y allí no nos permitieron bajar a tierra, formábamos parte de una lista de gente considerada peligrosa y compartíamos la misma suerte de israelitas y rusos. La descarga se realizaría fondeados y con los medios del buque, siempre con el temor de que faltara algún amantillo o amante y provocara un accidente. Casi un mes nos tomó descargar aquellas trece mil toneladas de azúcar a granel, o sea, corría el mes de Marzo y yo no había tenido contacto con tierra.</p>
<p align="justify">Nos destinaron a cargar arroz en sacos en el puerto de Wampoa, China. Eso representaba que debíamos baldear las bodegas en las condiciones antes mencionadas, poco personal y sistema de achique prácticamente fuera de servicio. Operación que nos tomaría otras dos semanas fondeados en aquel país, donde fueron rechazadas las bodegas para recibir ese cargamento. Después de decenas de horas baldeando las bodegas y otro centenar de ellas sacando el agua con barriles de las sentinas, logramos acercarnos al puerto y comenzar las operaciones de carga fondeados, corría el mes de Abril. ¡Ño! Al fin logro bajar a tierra.</p>
<p align="justify">Quedaban vacíos un entrepuente y la bodeguita número siete para completar carga en Etiopía, país en el que Cuba se vio involucrada en otra de sus guerras extraordinarias. Permanecimos fondeados varios días en el puerto de Asaab esperando por la carga y cuando finalmente pudimos atracar, las autoridades etíopes no nos permitían salir a la calle. Tuvo que viajar hasta el puerto la esposa del embajador cubano Humberto Pérez Herrero para resolver nuestra situación ante los hermanitos de Etiopía. ¿Y aquí no fue donde murieron algunos cubanos para defenderlos contra Somalia? ¡Vaya hermanitos que nos echamos!</p>
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<p align="justify">Partimos y nos detuvimos en Ceuta para hacer combustible, ya les dije que era malísimo para las fechas y apelaba a eventos ocurridos para situar en contexto muchos de mis pasos y escritos. Recuerdo que estando allí y sin salir a la calle por encontrarme de guardia, conversaba con uno de los trabajadores del puerto y me dijo, ¿te enteraste?, ya se declaró el primer caso de SIDA en Cuba, era un homosexual.</p>
<p align="justify">No solo le dimos la vuelta al mundo navegando por loxodrómicas solamente, Demares tomó como punto de recalada a la isla de Puerto Rico para dirigirse a Cuba. Cualquiera de nuestros navegantes comprendería que eso es una idiotez por dos razones principales, debe bajarse en latitud y la tierra de Puerto Rico es muy baja, vienes a observarla por radar prácticamente cuando te encuentras muy cerca de ella. O sea, se incurre en navegar millas de más innecesariamente y eso se traduce a gasto de combustible, pero nada de eso era controlado por nuestra Empresa y todo se dejaba a las decisiones tomadas por los capitanes, muchas veces desafortunadas. Si Demares hubiera sido un individuo incapacitado como Gabriel Sánchez o Remigio Aras entre muchos otros, yo lo comprendería, pero su caso era totalmente diferente, yo considero que era un individuo bien preparado técnicamente. ¿Por qué lo hacía? Sabe Dios, porque como ya expresé antes, tampoco era militante del partido y se comportaba como el más miserable de todos ellos. Entre las locuras realizadas ese viaje, se encuentra haber mandado a pintar sobre el óxido toda la banda de estribor del buque, solo esa. ¿Saben por qué? Porque esa era la banda que se mostraba al malecón a la entrada de la bahía de La Habana y precisamente donde radicaban las oficinas de los Prácticos, allí mismo estaba localizada el comité del partido de la marina mercante. </p>
<p align="justify">Atracamos para descargar algo de arroz en la capital y dio la orden de sacar de la carga algunos sacos para la gambuza del buque. Yo di la orden de regresar todos aquellos sacos robados a las bodegas y esperé a que se cumpliera mi orden. Si hubiera existido necesidad, estoy convencido de ser el primero en robar y alimentar a la tripulación, pero en nuestro caso esa situación no existía. Demares no quería gastar el dinero asignado a esos menesteres, sometía a sus tripulantes a sacrificios innecesarios, y luego, se aparecería con un informe ante el director de la empresa y el partido mencionando que había ahorrado tanta cantidad de divisas. Durante todo el viaje me convertí en su pesadilla y la de Rondón.</p>
<p align="justify">Me presenté inmediatamente ante Fidelito en el departamento de Cuadros y le pedí que me buscara un relevo inmediatamente, quedó pendiente el compromiso de enviarlo, no sería muy difícil encontrarlo cuando le mencionaran que ganaría $150 dólares mensuales. Partimos para Isabela de Sagua a continuar nuestra descarga y allí permanecimos fondeados varios días sin operaciones. Mi estado de rebeldía iba en aumento e intolerable. Uno de esos días, Demares, por tal de librarse de mi presencia, me dice que si deseo le entregue el cargo al Musi hasta que llegara mi relevo. El acta de entrega se encontraba lista desde antes de arribar a Cuba y no me detuve en explicarle nada, solo exigirle que firmara y lo hizo. Ya se había enrolado a bordo otro muchacho como relevo de Cancio, se llama Víctor Urquiola y desertó hace varios años en Canadá, creo que vive en Puerto Rico. Cuando me dirigía para Isabela en una lancha, nos cruzamos a mitad de camino con otra que se dirigía al barco. En ella viajaba un negro uniformado con charreteras de Primer Oficial y supuse fuera mi relevo.</p>
<p align="justify">Entregué los documentos en la Empresa y tomé unos días de descanso, habían transcurrido más de ocho meses desde que fuera enrolado en aquella cafetera. Fue la primera vez que le diera la vuelta al mundo a once nudos de velocidad y por el Canal de Suez. Atrás quedaba otra de mis grandes pesadillas, Cancio se casó y yo fui el testigo de su boda.</p>
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		<title>Mi barco (XX) Motonave “Aracelio Iglesias”</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Jun 2010 01:54:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Era una hermosa nave construida en la antigua Yugoslavia, pertenecía a un lote de tres buques gemelos adquiridos por el gobierno cubano en aquel país]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Era una hermosa nave construida en la antigua Yugoslavia, pertenecía a un lote de tres buques gemelos adquiridos por el gobierno cubano en aquel país. Los otros dos barcos similares eran el &quot;Jesús Menéndez&quot; y el &quot;Lázaro Peña&quot;, los tres fueron conocidos como &quot;Los Negritos&quot; por todos los integrantes de nuestra flota. El origen de ese mote se debe a que casualmente, los tres mártires de los que fueron tomados esos nombres para bautizar a los buques, eran de la raza negra.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0501.jpg"/></p>
<p align="justify">Con su proa de bulbo, el Aracelio ofrecía la imagen de una dinámica moderna bastante avanzada para su época. Contaba con cinco bodegas de carga y sus medios de izaje eran plumas de carga de unas cinco toneladas cada una. Poseía también un deep tank para transportar carga líquida, aunque nunca se me presentó el caso de hacerlo y se utilizaba para embarcar carga general. Tenía 148 metros de eslora y unos 20 metros de manga, su velocidad económica andaba por los 15 nudos en los viajes que realicé en él.</p>
<p><span id="more-491"></span></p>
<p align="justify">Se encontraba atracado en los muelles del mismo nombre del barco, creo que ha sido esa vez la de mayor tiempo amarrado en los muelles del puerto de La Habana, tuvo que haber superado los dos meses el tiempo utilizado en las operaciones de descarga.</p>
<p align="justify">El Capitán del buque en aquellos momentos era &quot;El Guajiro Marrero&quot;, no puedo recordar su nombre completo. Fue uno de los capitanes más nobles y originales con los que me tocó navegar en toda mi vida de marino. No puso obstáculo alguno para recibirme en su nave aún cuando le manifesté que era de reciente promoción, guardo muy buenos recuerdos y opinión sobre su persona.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0502.jpg"/></p>
<p align="justify">Relevé a Amarales en la plaza de Primer Oficial, no era del agrado de la tripulación por sus antecedentes alcohólico, algo déspota también en el trato con ellos según me contaron. Como Segundo Oficial estaba enrolado Polo Quintana, un muchacho al que conocí en la Academia Naval mientras se desempeñaba como profesor de Comunicaciones. Fue un magnífico oficial y amigo que formó un excelente trinomio junto al Tercer Oficial de cubierta, plaza ocupada por Miguel Cosme, antiguo alumno mío de la promoción XVII. Como Sobrecargo viajaría uno de los hermanos Nerey, demagogo, baboso, partidista y amante a la propiedad ajena, luego coincidiríamos en otro buque. La pieza más destacada de aquella lista de enrolo era el enfermero Manuel Castañeda, alias &quot;El Cabronazo&quot;. Ya le he dedicado líneas exclusivas a este buen hombre que quise mucho como amigo y padre, fue siempre la nota alegre por todos los barcos donde pasó.</p>
<p align="justify">Pascualito ocupaba el cargo de Jefe de Máquinas, ya nos conocíamos del Jiguaní y pudimos compartir con muchachas en Chile, pero el ascenso lo había cambiado demasiado y nos manteníamos a una distancia prudente, no recuerdo a quién llevaba de Segundo Maquinista ese viaje.</p>
<p align="justify">El camarote no era muy amplio, solo lo suficiente para colmar mis ambiciones y felicidad. Tenía su baño incluido y un pequeño refrigerador, el aire acondicionado funcionaba perfectamente, privilegio que no disfrutaba desde mi enrolo en el Viet Nam Heroico. Los camarotes del resto de la oficialidad eran más reducidos y no contaban con baños. Los salones eran confortables y acogedores, el comedor de oficiales estaba compuesto por una mesa larga que siempre era encabezada por el Capitán. Una de sus filas de asientos correspondía al personal de máquinas y la otra a cubierta, todos acomodados en orden descendente de acuerdo al rango.</p>
<p align="justify">El puente se encontraba bien equipado, poseía un bridge control desde donde se maniobraba directamente la máquina principal. Aún no le habían instalado el sistema de navegación por satélite y dependíamos de las observaciones astronómicas para determinar la posición durante las navegaciones de altura, no recuerdo si poseía uno o dos radares. Sí puedo afirmar algo, me encontraba muy complacido con la presencia de aquellos dos oficiales de cubierta subalternos, eran muy competentes y leales a las órdenes del Capitán y mías, nos convertimos en un círculo bien cerrado y sólido. </p>
<p align="justify">La tripulación era variopinta y en constante movimiento por las demoras del buque en puerto. Su contramaestre podía ser considerado la nota discordante, un hombre de seis pies de estatura y carente de huevos para mandar. Piri se enroló de camarotero y nos deleitaba con ese pan y panetelas que solo él sabía preparar. No era parte de sus funciones, disfrutaba hacerlo y era bien recibido por la tripulación.</p>
<p align="justify">¡Por fin soy Primer Oficial! Pensé muchas veces cuando finalmente me encontraba acomodado y con el control de todo lo concerniente al cargo. Ya habían transcurrido más de diez años desde que realizara mi primer viaje como oficial de cubierta y siete desde que adquirí el título de Piloto de Altura en la academia del Mariel. Demasiado tiempo condenado injustamente en el cargo de Segundo Oficial por bocón y no militar en el partido. ¡Se hizo algo de justicia! Volví a pensar sin imaginar nunca que ese sería el punto de partida de la etapa más dura y difícil de mi vida como marino.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0503.jpg"/></p>
<p align="justify">El tiempo atracado en los muelles &quot;Aracelio Iglesias&quot; y que como dije, superó los dos meses en unas operaciones de descarga que resultaban desesperante por su lentitud. Me sirvió para conocer a fondo los cálculos de estabilidad de aquel buque, ya mencioné alguna vez que durante ese período de tiempo, se realizaron en la isla aquellas famosas maniobras militares llamadas &quot;Fortaleza 84&quot;. En su afán por destruir y hundir a la isla como tantas veces han anunciado, nos pidieron a los primeros oficiales que realizáramos los cálculos para hundir al buque en tres condiciones, lastre, media carga y full de carga. Esos cálculos eran extremadamente largos y algo complicados, los que conocen de la materia saben de qué hablo. En aquellos tiempos solo contábamos con una simple calculadora para realizarlos, todo dependía de la habilidad y conocimientos del oficial a cargo. El encargado de supervisar esos trabajos y luego recogerlos para ser entregados al MINFAR, era nada más y nada menos que el Capitán Urquiola. En aquellos tiempos se presentaba como el hombre en desgracia que estaba sancionado y no podía navegar, el conocido en nuestro argot como &quot;congelado&quot;. Urquiola tenía la costumbre de despacharse hablando mal del gobierno en cada una de sus visitas, claro, después que se sonaba tres tragos con el Capitán en su camarote. Por fortuna, nunca se me ocurrió darle rienda a mi peligrosa lengua. Unos meses después, él era presentado junto al &quot;Gallego&quot; Meléndez como parte del grupo de agentes de la inteligencia cubana que habían trabajado para la CIA y el G2. Todos ellos fueron homenajeados como héroes en su largo peregrinaje por diferentes ciudades de la isla. Lo cierto es que ellos habían sido &quot;quemados&quot; por aquel alto oficial de la inteligencia cubana llamado &quot;Aspillaga&quot;, quien desertó e informó que los más de cien agentes de la CIA operando en Cuba eran realmente agentes de Castro. Yo lo conocí accidentalmente el día de mi boda, el Sobrecargo Lesmes, quien era vecino mío lo llevó a mi fiesta. Nunca navegué con él, tampoco gozaba de mala fama en la flota y por fortuna no tuve que arrepentirme por haber hablado de más ante él en aquellas circunstancias. Algo me había beneficiado aquellos trajines de hundir al buque para que no cayera en manos enemigas, me conocí al dedillo todos los cálculos de aquella nave y me encontraba listo para enfrentar el nuevo reto que la vida ponía ante mí.</p>
<p align="justify">Partimos un día para el puerto de Guayabal, cargaríamos azúcar a granel con destino a Finlandia, país al que arribaríamos finalizando ese año. Desde mi último viaje al norte de Europa a bordo del Pepito Tey, no había regresado nuevamente y no me sorprendió, cuando el Guajiro Marrero solicitó los servicios de practicaje para navegar desde Francia hasta Finlandia. Aquella dañina práctica se había convertido en una norma entre nuestros capitanes y cuando le pregunté las razones para tomarlo, su respuesta resultó lógica, pero indolente. -¡Vamos a cobrar lo mismo! Que se rompa otro la cabeza y dormimos tranquilos, ¿no crees? Realmente yo no lo aceptaba por una razón de orgullo netamente profesional, ese trabajo lo realizamos a bordo del N&#8217;Gola y lo hicimos cada oficial solo en sus guardias. ¿Éramos ahora más incompetentes? ¡Absolutamente, no! Tampoco existían razones para someterse a desvelos y sustos cuando no se recibía ningún tipo de estímulo. Terminé por sumarme al enorme ejército de indiferentes que derrochaban el dinero ganado con el corte de millones de cañas y las donaciones que inyectaban desde el campo socialista a la isla. También atentaba contra esa tranquilidad un hecho muy importante, nuestras cartas no se actualizaban con la frecuencia necesaria para garantizar una navegación segura.</p>
<p align="justify">En Guayabal los muchachos compraron todo el ron en existencia en el pequeño motelito de aquel pueblo, gracias a Dios que El Guajiro no era egoísta y me abasteció con una caja surtida de ron y vodka. La venta de esas bebidas reportaron buenas ganancias a nuestros bolsillos, recuerdo que vendí hasta el alcohol de inyectar para ayudar al enfermero Castañeda.</p>
<p align="justify">El mar se congeló alrededor del buque y las condiciones climáticas fueron verdaderamente duras para nosotros. Europa enfrentaba uno de los inviernos más crueles de los últimos tiempos de acuerdo a las informaciones que recibíamos y yo debía enfrentarme con una tripulación mal abrigada y alimentada para garantizar las operaciones. No estaba mal ese debut en circunstancias tan adversas, sería una dura prueba a vencer, debía permanecer con los ojos bien abiertos y no confiar en nadie, ni en mi sombra. En el caso de los primeros oficiales cubanos, creo que la desconfianza por todo lo que te rodea, haya sido una de las principales divisas que salvó a muchos hombres como yo. Situaciones tan aparentemente simples y que correspondían a otros miembros de la tripulación, podían conducirte a una sanción inevitable si eras demasiado confiado. ¿Un solo ejemplo? Tuvimos que hacer agua potable y esa operación debía ser controlada por el Contramaestre. Le indiqué hasta qué sonda se debía llenar el tanque y una hora después lo encuentro muy acurrucadito en la cama. No pueden imaginar la cojonera que le formé, poco me importaron sus seis pies de estatura. Si aquel tanque de agua se hubiera llenado a full, corría el riesgo de que se congelara y la dilatación del hielo lo deformara, abrí un poco más los ojos.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0504.jpg"/></p>
<p align="justify">Un rompehielos tuvo que romper alrededor del buque para poder zarpar, cientos de toneladas de nieve cubrían nuestras cubiertas y los tanques de lastres se encontraban totalmente congelados. Partimos con destino a Dinamarca para tomar algo de carga general, las condiciones en el puerto de Aalborg eran similares a las encontradas en Finlandia. Nuestra estancia fue muy breve y nuestra partida estuvo condimentada con una ocurrencia algo inesperada por parte de un Capitán. Con el Práctico a bordo y con un largo y spring a proa y popa, esperábamos por la presencia de El Guajiro para largarlo todo e iniciar la maniobra de salida. Estuve llamándolo en varias oportunidades por el sistema de comunicación interior y no respondía al puente. No recuerdo cuántas boberías le dije al Práctico para entretenerlo y demorar un poco la salida ante la ausencia de nuestro Capitán. Era de noche y como debe suponerse, el puente se encontraba totalmente oscuro. En uno de mis desplazamientos choco con la silla del Capitán y noto que hay un bulto encima de ella, aquel bulto se encontraba cubierto por una frazada de cama.</p>
<p align="justify">-¡Oye, no jodas más y continúa la maniobra! Por poco me orino de la risa al escucharlo.</p>
<p align="justify">-¡Proa y popa, largando todo! ¡Compadre, lo tuyo no tiene nombre!</p>
<p align="justify">-¡Hay un frío del carajo! Fue toda su explicación.</p>
<p align="justify">Nosotros encabezábamos un pequeño comboy que se dirigía a la salida del puerto, rompíamos el hielo encontrado a nuestro paso, pero solo pudimos hacerlo hasta un punto. El buque no avanzaba con media máquina avante y nos llamaron desde el departamento de máquinas para informar que las tomas de fondo se encontraban congeladas. El Páctico solicitó los servicios de un rompehielos para sacarnos del apuro y minutos después nuestra proa se enfilaba hacia las costas de Suecia, nuestra próxima parada. Pocas horas más tarde nos encontrábamos en maniobra de entrada al puerto de Uddevalla, allí tomaríamos unas enormes bobinas de papel. Desde ese puerto se reportó el espacio disponible para completar nuestro cargamento en Amberes, nuestro próximo destino.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0505.jpg"/></p>
<p align="justify">En Amberes funcionaba una agencia que se dedicaba a realizar los planos de carga y estabilidad de los buques. Este trabajo era ejecutado por capitanes titulares de ese país y Cuba, según me informaron a la mañana siguiente, era una de los distinguidos clientes de aquella compañía. Después de atracar fui llamado al camarote del Capitán, eran aproximadamente las diez u once de la noche.</p>
<p align="justify">-¡Aquí tienes el plano de carga! ¿Qué tú crees? Lo observé para no defraudar al visitante.</p>
<p align="justify">-¿Qué tú quieres que te responda? Yo no soy mago, tengo que revisarlo y comprobar si los cálculos son correctos.</p>
<p align="justify">-El problema es que las operaciones se inician a las siete de la mañana.</p>
<p align="justify">-Correcto, pero si existe un error y lo aceptamos, nuestra cabeza rodará en cuanto lleguemos a La Habana.</p>
<p align="justify">-¿Crees que esta noche lo puedas revisar?</p>
<p align="justify">-No tengo otra alternativa que esa, dile que me llevo el plano y me pongo a trabajar inmediatamente. La respuesta la obtendrá en cuanto lleguen los estibadores, yo creo que si él viene un poco antes es mucho mejor. Nos despedimos y venciendo todo el sueño y cansancio acumulado por la intensidad de trabajo de los últimos días, traté de relajarme y chequear punto por punto los detalles de las cargas distribuidas en el plano inicial. A las cuatro de la madrugada llamé a Castañeda para que me preparara un café con leche, no se puso bravo, no se molestó. Se lo pedí porque lo hacía muy parecido al que tomaba de niño en casa de mi abuela, estuvo un rato conmigo y se retiró a dormir.</p>
<p align="justify">¡Vaya sorpresa! Yo estaba claro, detecté que en una bodega donde se encontraba planificado cargar unas dos mil toneladas de leche en polvo, habían incluido también productos químicos que sin dudas la contaminaría. Un error como ése, me convertiría en un huésped distinguido de un calabozo cinco estrellas en el Combinado del Este con el cartelito o tatuaje de &quot;contrarrevolucionario&quot;. Disponía de muy poco tiempo y trabajé contra el reloj para hacer una nueva distribución de la carga entre varias bodegas. Es de suponer que al final debía realizar nuevos cálculos de calados y estabilidad, los que se dedican a esta profesión saben perfectamente que tres horas es un tiempo muy reducido.</p>
<p align="justify">-¡Buenos días! Era el Capitán belga, faltaban quince minutos para las siete de la mañana. ¿Iniciamos como estaba previsto?</p>
<p align="justify">-No procede, Ud. cometió un error en la distribución de la carga y yo he confeccionado un plano nuevo. Pude observar como su rostro cambiaba de colores al escucharme, inmediatamente le mostré el origen de su error y mi proposición para cargar.</p>
<p align="justify">-¿Puede acompañarme hasta la oficina para sacarle fotocopias al plano?</p>
<p align="justify">-Se encuentra fuera del puerto?</p>
<p align="justify">-No, está justamente a unos cincuenta metros del buque. Le indiqué al contramaestre cuáles bodegas abrir y dejé a Polito al frente de esas maniobras.</p>
<p align="justify">El hombre me presentó ante otras personas que allí trabajaban y en pocos segundos tenía una taza de café frente a mí. El que suponía fuera el jefe de aquel lugar me entregó un sobre sellado y me dijo que era un regalo de la compañía para que me tomara unas cervezas. No me molesté en abrirlo en su presencia, cualquier cosa que cayera en nuestras manos siempre era bien recibida, un rato después regresé al barco. Había doscientos dólares dentro de aquel sobrecito maravilloso, por supuesto, no pagaba la mala noche y menos aún una demanda por negligencia en contra de ellos, pero algo era algo.</p>
<p align="justify">-Capitán, trate de no deshacerse de ese Primer Oficial que tiene a bordo, es muy bueno. Ha sido el único de los que han pasado por acá que ha realizado correctamente su trabajo, todos los demás aceptan confiados y nunca revisan nuestros planos. Fueron las palabras del Capitán belga expresadas al Guajiro según me contó y yo estaba que no me cabía un alpiste donde ya saben.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0506.jpg"/></p>
<p align="justify">Cuando comenzaron a cargar cubertada llamé al jefe del equipo, yo sabía perfectamente que ellos le daban dinero a los primeros oficiales y capitanes, solo que desconocía la cantidad y no se me ocurrió preguntarles sobre cuánto era la mascada normal. Esa era una de las mil maneras de robar decentemente, les pedías plata y luego firmabas cuanto papel te cayera en las manos, eran facturas sobre la compra de material de trincaje. No me olvidé de mis subordinados y pedí de paso una caja de CocaCola para cada uno de ellos y una botella de whisky. Se pusieron muy contentos, los tiempos habían cambiado y esas costumbres de aquellos hombres con los que navegué diez años atrás habían desaparecido. Pedí la ridícula suma de trescientos dólares para mí, que sumados a los doscientos de regalía, me convertían en un hombre sumamente afortunado. Varios años después regresé más corrompido y la mascada fue mayor, siempre acordándome de mis subordinados. </p>
<p align="justify">A la altura del Golfo de Vizcaya comenzó a derretirse todo aquel hielo cargado en Finlandia, pero el mar se comportaba de acuerdo a la época. El cruce del atlántico lo realizamos sin poder trabajar en cubierta y pocos días después se observaba ese lagrimeo de óxido por todas partes. Deseaba calmar a la naturaleza, no quería entregar a la nave en peores condiciones a la recibida por un problema de orgullo personal, tuve que calmarme y conformarme. Los dos últimos días de navegación y calma, los dediqué totalmente al engrase de todo el sistema de plumas y tapas de bodegas, no disponía de tiempo para otras labores. Entramos por el puerto del Mariel una tarde cualquiera del mes de Febrero y Amarales se presentó al día siguiente, venía por algo que en apariencias le pertenecía. La tripulación lo recibió con apatía, le entregué el cargo y me presenté nuevamente en la empresa, no tenía mucho tiempo de descanso acumulado. Miguel Haidar relevó al Guajiro Marrero, él era cacique de ese buque desde hacía algún tiempo y contaba con una piñita de incondicionales. Nerey fue muy feliz con su regreso, ahora podía actuar a su gusto y antojo, nosotros le mantuvimos algo atadas las manos durante nuestro mandato en esa nave.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0507.jpg"/></p>
<p align="justify">Atrás dejaba de todo un poco, gente buena, mala y regular. Quedaban vagos y trabajadores, honrados y ladrones, chivatos y hombres. Los tiempos habían cambiado mucho y el trabajo se complicaba un poco. El cargo de Primer Oficial no se limitaba solamente a sus guardias de navegación, garantizar las operaciones de carga y descarga del buque, poco significaba cumplir todos los parámetros de mantenimiento y reparaciones. La labor principal de los primeros oficiales se desvió hacia una especie de guerra secreta entre gatos y ratones. Lidiar con la calidad humana de los hombres que integraban la flota, ocupó demasiado espacio de tiempo y paciencia para cualquiera de aquellos oficiales. Estábamos abordados por gente sin escrúpulos que robaba lo que encontrara a mano y entre los objetivos de sus fechorías no permanecían ignoradas las del propiedades del buque. Inventarios constantes y gastos en las compras de grandes candados que nunca garantizarían una seguridad absoluta. Por un lado los ratones tratando siempre de robar algo, sean comida, pintura, bienes del buque como su ropa de cama, colchones, etc. Del otro lado yo, el gato, tratando de que no me jodieran porque siempre pesaba sobre mi cabeza la espada de una auditoría realizada por la &quot;policía económica&quot;. No puedo ser injusto tampoco, siempre existieron hombres buenos y honestos, solo que en los últimos tiempos eran algo escasos. Cuando me encontraba de Segundo Oficial no vivía con esas preocupaciones, nadie se robaría una carta náutica y el puente siempre permanecía cerrado. El juego ahora era más serio y estaba obligado a cuidarme las nalgas si quería sobrevivir.</p>
<p align="justify">Había aprendido mucho ese viaje en condiciones tan difíciles, pero de todas las enseñanzas adquiridas, una de ellas la apliqué durante mi vida activa como Primer Oficial y me ayudó a saltar infinidad de trampas. Un Primer Oficial que se quiera, no debe confiar en absolutamente nadie, ni en su propia sombra.</p>
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		<title>Mi barco (XIX) Motonave “Moncada”</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Jun 2010 00:04:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[No recuerdo cuantos meses duró el curso para primeros oficiales y capitanes en la nueva academia naval de Baracoa, tampoco puedo olvidar el clima de humillación que imperó durante ese período de tiempo. Coincidimos con la formación del primer grupo de &#34;Comisarios Políticos&#34; que se adiestrarían con destino a las diferentes flotas, era una de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">No recuerdo cuantos meses duró el curso para primeros oficiales y capitanes en la nueva academia naval de Baracoa, tampoco puedo olvidar el clima de humillación que imperó durante ese período de tiempo. Coincidimos con la formación del primer grupo de &quot;Comisarios Políticos&quot; que se adiestrarían con destino a las diferentes flotas, era una de las últimas importaciones que realizábamos del campo socialista. Pocos años después caería por su propio peso y todos estos parásitos desaparecerían de la vida de nuestros marinos con el simple toque de una varita mágica. </p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0488.jpg"/></p>
<p align="justify">Muchas caras conocidas encontramos dentro de aquel numeroso grupo, alcohólicos, contrabandistas, bizneros, chivatos, oportunistas, vagos. Casi todos tenían un común denominador, militaban en el partido comunista y gozaban de muy bajo nivel educacional. Algunos de ellos eran oficiales de cubierta que fueron llamados a filas por el partido y no podían negarse. Unos cuantos de ellos, vieron aparecer otra luz con esta nueva plaza, eran aquellos frustrados que no podían ascender debido a su incompetencia. Como en la viña del señor, los hubo buenos, regulares y malos, tuve la desgracia de navegar con los peores. Para los oficiales de cubierta y máquinas que se consideraban competentes en sus plazas, ese llamado a la novedosa trinchera del partido tuvo que ser considerada una especie de castigo.</p>
<p><span id="more-489"></span></p>
<p align="justify">Resultaba humillante y hasta una burla contra todos nosotros, porque los capitanes, primeros oficiales, jefes de máquina y segundos maquinistas, debían madrugar y depender del siempre pésimo servicio de transporte público para desplazarse hasta esa distante centro de estudios. A los futuros comisarios políticos les pusieron un servicio de autobuses de la academia que los recogía en diferentes puntos de la capital. Era una burla, porque nuestras plazas a bordo de los barcos eran determinantes para su buena explotación y servicios, mientras que esos señores desarrollarían una vida parasitaria a bordo de nuestras naves. Recibirían el mismo salario que un Primer Oficial de cubierta, cuando su contenido de trabajo se limitaría a poner una película semanal, atender el mural del buque, ofrecer un círculo de estudio político mensual y controlar la biblioteca del barco. El resto del tiempo sería dedicado al control de la vida interna, no digo yo si debían ser fieles veladores del sistema imperante. En mi caso particular, solo los superaba en salario por la antigüedad, aunque algunos de ellos llevaban el mismo tiempo en la flota.</p>
<p align="justify">El curso lo vencí sin muchas dificultades, ya he manifestado que era muy autodidacta y siempre andaba en el nivel superior para evitar ser sorprendido por las casualidades. Mis calificaciones fueron por encima de cuatro puntos de cinco posibles sin necesidad de sacrificarme, mi esposa peleaba por ese conformismo ante las notas obtenidas, ella esperaba que volviera a destacarme, yo solo deseaba vencer aquella etapa de mi vida. Encontré muchas caras conocidas en el personal docente de la academia, viejos compañeros de trabajo, gente magnífica, nada había cambiado desde que la abandoné.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0489.jpg"/></p>
<p align="justify">Un día llegó el dichoso telegrama y me presenté ante el jefe de cuadros de la empresa. Según me dijo personalmente, yo iría enrolado para el buque Calixto García y debía presentarme al día siguiente para proceder a mi enrolo. Villabrille, un rubio que había dado su viaje de instrucción en el buque Jiguaní por los setenta, se encontraba trabajando en una de las dependencias de personal vinculadas al departamento de cuadros. Cometió el libretazo de enrolarme en la motonave Moncada, yo sabía que ambas eran del modelo SD14, desconocía que existían diferentes generaciones entre ellas e ignoraba quién era el capitán de cada nave, no me preocupó.</p>
<p align="justify">Me dieron el dinero de la dieta a consumir durante el viaje hasta Santiago de Cuba y una boleta para resolver pasaje por cualquier medio de transporte. La isla se encontraba de vacaciones y en plenos carnavales, corría el mes de Julio. Si en tiempos normales todos esos servicios eran pésimos, no quieran imaginar en qué se transforman cuando el pueblo se encuentra profundamente sumido a sus pachangas anuales. Regresé a la empresa al día siguiente para informar sobre la imposibilidad de trasladarme hacia Santiago y prometieron enviarme junto a otros tres tripulantes a bordo de un auto Volga.</p>
<p align="justify">Compramos varias botellas de ron que consumíamos a pico, el chofer también iba bebiendo y celebrábamos de esa manera tan irresponsable nadie sabe qué, apenas nos conocimos cuando embarcamos en aquel auto.</p>
<p align="justify">Paramos para comer en el pueblo Aguada de Pasajeros y en la pizzería, un guajiro estuvo a punto de romperme una guitarra en la cabeza. El hombre se acercó a nuestra mesa para cantarnos y de verdad, era preferible haber sido sordo en aquellos momentos. Cuando terminó de cantar le di diez pesos de propina, esa cifra era la que ganaba un ingeniero de aquellos tiempos en un día de trabajo.</p>
<p align="justify">-Compañero, ¿qué otra canción desea que le cante? Lo expresó muy alegre, nadie soltaría aquella plata en ese pueblo, él sabía que había hecho el pan. La pizzería estaba muy concurrida y todos a nuestro rededor pusieron atención a los movimientos de nuestra mesa. Éramos extraños y vestíamos un uniforme poco común en aquella tierra.</p>
<p align="justify">-¡No, hombre! Eso es para que te calles la boca. Una fuerte risotada explotó en todo el local.</p>
<p align="justify">-¡El coño de tu madre! Fue todo lo que escuché a mi espalda mientras el marino que se encontraba a mi lado saltó del asiento como una pantera.</p>
<p align="justify">-¡Compadre, se le va a joder la guitarra! Mientras el marino entretenía y se disculpaba con el guajiro, recogimos las pizzas y lo esperamos en el auto.</p>
<p align="justify">Uno de los pasajeros tenía un pariente en Palma Soriano y nos invitó a visitar a su familia, todos aceptamos. Esa noche la disfrutamos en los carnavales del pueblo y luego dormimos distribuidos sobre diferentes muebles de aquella humilde casa. El chofer y otro de los nuestros durmieron en el auto.</p>
<p align="justify">Nos demoramos dos días para llegar a Santiago y ya teníamos preparada la coartada, el auto se rompió en el camino y tuvimos que pagar la reparación con dinero de nuestros bolsillos. Todo era aceptable en Cuba, cualquier tipo de justificación era la adecuada en un país crónicamente enfermo por el descontrol, la indiferencia e indolencia. Yo era el primer indisciplinado que aceptaba toda aquella anormalidad y violación, sin embargo, ante los ojos de los demás nos convertíamos en &quot;unos compañeros sacrificados&quot; que hacían lo imposible por cumplir una misión. ¡Qué pachanga!</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0490.jpg"/></p>
<p align="justify">Me bajé junto al barco con el pie izquierdo, el Capitán era Juan Carlos Martínez Llamo, el mismo que se encontraba en el Camilo Cienfuegos. Por poco sufre un infarto al ver quién era el Primer Oficial asignado para su barco. El camarote era pequeñito y no estaba ocupado, el oficial saliente era un jabao de espejuelitos que si no me equivoco, su apellido era Paret. Como estaba haciendo vida con una camarera que viajó de Segunda Dama, había ocupado un camarote más amplio, creo que el destinado al Armador. Aquella dama era una mulata que no le caía muy bien a la tripulación según me contaron, militaba en el partido y era algo extremista. El aire acondicionado se encontraba roto y la atmosfera interior era infernal, Santiago siempre ha sido muy caluroso y encerrado en una armadura de acero ese calor se multiplicaba. El camarotico no tenía baño incluido y siempre he detestado poner las nalgas en un servicio público.</p>
<p align="justify">Conocía a varios tripulantes, Carlos Mendoza era el Jefe de Máquinas, ya habíamos navegado en el N&#8217;Gola y trabajamos en las microbrigradas, su mujer se encontraba a bordo y él no había cambiado nada, el mismo timorato de siempre.</p>
<p align="justify">Burro Triste estaba de Primer Electricista, lento, aburrido, comemierda y demasiado &quot;revolucionario&quot;, muy incompetente para su plaza. Era vecino mío también y perteneció a la misma microbricada. Su mujer era muy servicial, pero tenía la lengua más larga que un cable de remolque acoplada a la cadena del ancla. Diariamente teníamos un encontronazo en cubierta, cuando había cambios de turno en el puerto, siempre ofrecía otras manos disponibles para llevar la carga del buque simultánea en todas las bodegas. Todo resultaría muy normal en cualquier buque que no fuera cubano, durante esa hora de paro en las operaciones, Burro Triste debía cambiar los contactores de una a otra maquinilla de acuerdo al movimiento, o sea, canibaleaba una maquinilla para poner a funcionar otra por falta de piezas de respeto. Era tan lento que nunca se pudo comenzar a la hora fijada, cansaba verlo caminar por la cubierta, era desesperante.</p>
<p align="justify">El Lobo se encontraba enrolado de Telegrafista, le decían así porque cuando se emborrachaba le daba por aullar como aquellos animales, era un negro muy buena gente. No recuerdo el nombre del resto de la oficialidad y solo contaba con una persona de toda mi confianza, el camarero Germán Piri Bragado, ya le he dedicado unas líneas a este hombre fallecido hace un tiempo.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0491.jpg"/></p>
<p align="justify">En Santiago de Cuba se encontraba el Calixto García y fui a visitarlo en diferentes ocasiones. Allí tenía a varios conocidos, entre ellos a Evaristo Navarrete, el agregado que tuve en el Pepito Tey. Valerino se encontraba de Primer Electricista, le decían El Majá por esa costumbre suya en estar frotándose constantemente la lengua por los labios. Conocía también al Sobrecargo y su Capitán, el gordo Amaya. El ambiente allí respirado era muy diferente al del Moncada y su acomodación totalmente confortable.</p>
<p align="justify">También se encontraba atracado en puerto y cerca de nosotros el buque Donato Mármol, otro del grupo de SD14 que poseía la flota en aquellos tiempos. En ese barco tenía de conocidos al Jefe de Máquinas que era Jesús Rodríguez, fallecido hace muchos años, vecino mío y miembro de la misma microbrigada. Andaba de Tercer Oficial Roberto Capote, estudió conmigo, fue vecino y microbrigadista también, hace unos años vive en La Florida.</p>
<p align="justify">Las operaciones de carga eran lentísimas, muchos estibadores trabajaban borrachos, los carnavales de Santiago son continuos durante una semana y no les puedes reclamar nada. Santiago era un territorio que en apariencias daba la imagen de pertenecer a otro país, fueron siempre sometidos a incontables penurias y aún así, manifestaban abierta simpatía y orgullo por ser considerados &quot;la cuna de la revolución&quot;. Lo cierto es que yo no hubiera querido vivir allí por nada de la vida, las arbitrariedades que nadie encontraba en ninguna parte del país, allí eran tomadas como normas de vida que todos aceptaban sin protestar.</p>
<p align="justify">No era tan molesta la incomodidad del reducido camarote sin el baño dentro, ni el calor asfixiante que imposibilitaba poder conciliar un sueño como Dios manda. La presencia de Juan Carlos como Capitán podía superar esas deficiencias, pero eso no era lo peor. Cerca del setenta por ciento de la tripulación estaba integrada por nagüitos o palestinos, así le llamaban a los orientales en La Habana. Desde que observé el ambiente donde me tocaría desempeñar por primera vez mis labores como Primer Oficial, decidí no sacar la ropa de las maletas y la acomodé sobre el pequeño sofá disponible.</p>
<p align="justify">Nadie puede imaginar cómo se comporta este grupo de individuos sabiéndose con un rey de su tierra, algo similar experimenté en buques que tuvieron a capitanes negros y su tripulación se compusiera por una mayoría de esa raza. Forman una especie de piña, grupo, ganga, escolta, escudo, pandilla de incondicionales que responden ciegamente a las órdenes de su amo, porque en eso se convierten esos capitanes.</p>
<p align="justify">El cocinero de aquel buque tenía mucho más mando que yo y en ese aspecto siempre fui muy rebelde, solo reconocería por encima de mí al Capitán como establecía el reglamento. Increíblemente, ese cocinero era de La Habana y se encontraba como secretario del partido. Una noche le confesé a Piri mi intención de abandonar el barco antes de partir.</p>
<p align="justify">En esos días se apareció Villabrille en un Volga de la empresa y se llegó hasta el barco, aproveché la oportunidad para decirle que yo no saldría de viaje y que me procurara un relevo. Encontré algo de resistencia y le refresqué la memoria. -Yo no estaba destinado para este barco, eso fue un libretazo tuyo. Pasaron algunas damas del departamento de Atención a Tripulantes, andaban en otro Volga de la empresa, dicen que &quot;resolviendo&quot; problemas, yo creo que el gran problema eran los carnavales.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0492.jpg"/></p>
<p align="justify">-¡Oye! Corre la voz que vas a operar a la niña y abandona la casa por varios días. Le dije por teléfono a mi esposa. -¿Qué piensas hacer? Era muy normal que hiciera aquella pregunta.</p>
<p align="justify">-Por lo pronto voy a provocar una crisis argumentando esa situación para que envíen un relevo, yo no voy a salir en este buque, el Capitán es un hijo de puta y está repleto de palestinos. Si salgo estoy conciente de que voy a regresar preso, por eso te pido que vayas para casa de tu mamá por una semana o más. Ya les dije que en la isla todo era posible, enviarían a cualquiera para investigar y los vecinos se encargarían de ofrecer la información ofrecida por mi mujer. No la localizarían nunca porque no teníamos teléfono, ni ella dejó dicho que iría para casa de mi suegra.</p>
<p align="justify">La situación a bordo era insostenible con este individuo y las discusiones casi diarias. Fui hasta la delegación de la marina mercante y le dije a Gladys Venegas que me solicitara un relevo por las causas expuestas, ella prometió hacerlo. A la negra Carmen Rosa le dije la verdad, ¡mi negra!, yo no me voy a meter a ese santiaguero que está de capi en el barco. Los días pasaban y no recibía respuesta, llamaba diariamente a Gladys por VHF y trataba de calmarme dándome agua con azúcar.</p>
<p align="justify">Terminó la carga y nos fondearon cerca de la refinería, acomodé toda mi ropa dentro de la maleta. Estábamos demorados en la salida porque El Lobo se encontraba ausente, llamé por última vez a Gladys Venegas e insistí en que abandonaría la nave.</p>
<p align="justify">-¡Su atención, Moncada! Aquí Mambisa que te llama. Reconocí inmediatamente su voz.</p>
<p align="justify">-¡Adelante, Mambisa! Aquí Moncada.</p>
<p align="justify">-¡Mire! Le habla el Capitán del buque, acabo de hablar con La Habana y me informan que en camino se encuentra un Primer Oficial que está destinado al buque Calixto García, le comunico que usted debe continuar a viaje. Le escuché algo de sorna en la voz y aquello despertó inmediatamente mi temperamento sanguíneo.</p>
<p align="justify">-¡Oye, qué poco tú me conoces! Con esa misma satisfacción que acabas de darme la noticia, llama a La Habana y dile que en estos momentos estoy bajando las maletas del barco en una lancha, yo contigo no voy a dar un solo propelazo. Le colgué el VHF y sentí a mi espalda su insistente llamada. Fui al camarote y bajé con mis maletas ante la mirada asombrada de algunos incondicionales. Una hora después me encontraba en la oficina de Gladys Venegas.</p>
<p align="justify">-¡Aquí me tienes! Llama a Mambisa y dile que abandoné el barco, te lo vengo anunciando desde hace varios días.</p>
<p align="justify">-¡Pero fíjese, primero! Eso es una locura, usted no puede hacer eso.</p>
<p align="justify">-¿Sabes qué? Me importa un pito lo que pueda ocurrir, es más y para que no te quepa la menor duda. Además del problema de la operación de mi hija, yo no voy a viaje con ese hijoputa de Capitán, si así lo deseas, puedes dar también esa versión a La Habana.</p>
<p align="justify">Después de la discusión mantenida con ella, decidí llegarme hasta el buque Calixto García, el Sobrecargo tenía buenas relaciones en las oficinas de Cubana de Aviación y necesitaba resolver un pasaje con urgencia. Por la Alameda me encontré con Piri Bragado, se había desenrolado argumentando un ataque de esquizofrenia de su mujer, no se despegó de mí hasta que fui llamado a tomar el avión.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0493.jpg"/></p>
<p align="justify">-Esteban Casañas Lostal, expediente 6264. ¡Qué clase de candela has formado! Esas fueron las palabras expresadas por el actual Jefe de Cuadros, era una persona con la que nunca había tenido relación alguna, me caía mucho mejor que La Dama de Hierro y traté de serle lo más franco que pude. Unos minutos antes yo me había reunido con Villabrille a dos cuadras de la empresa, lo mandé a buscar con mi amigo Macías. Quise hablar con él porque supe que se encontraba pasando un mal momento y le estaban pidiendo la cabeza. Deseaba expresarle que yo no lo vincularía a mi desenrolo del buque Moncada y que asumiría todas las responsabilidades por mis actos. Se fue un poco más tranquilo, poco tiempo después era removido de su cargo por otras irregularidades que no guardaban relación conmigo. El Jefe de Cuadros me invitó a pasar al interior de su oficina para conversar sobre el tema.</p>
<p align="justify">-¡Jefe, no lo voy a engañar! Además del problema que tengo con mi hija, yo nunca hubiera salido a viaje en ese buque, su Capitán es un reverendo hijo de la gran puta. Asumo todas las responsabilidades y si se ve obligado a tomar medidas disciplinarias conmigo, no dude en hacerlo.</p>
<p align="justify">-Vamos a hacer una cosa, vete para la casa y resuelve el problema de tu hija. Cuando estés listo para navegar vienes y me lo dices. Me sorprendí cuando escuché aquellas palabras, no podía creerlo. Tomé otra semana de descanso y a la siguiente me presenté nuevamente ante él, fui enrolado en la motonave &quot;Aracelio Iglesias&quot;.</p>
<p align="justify">Muchas de las personas que me leen podrán considerar como exageraciones algunas de mis exposiciones, es lógico que piensen así. Por un acto de indisciplina como ese de abandonar un buque de salida, muy bien podías pagar un precio tan alto como la expulsión de la marina. Tuve suerte en muchas oportunidades y fui muy fatal en otras. Sin embargo, para muchos de los funcionarios que trabajaron en esa empresa, no existía la menor duda de que yo no había sido beneficiado por méritos políticos, actos de soborno muy común en nuestro giro, servilismo, chivatería, etc. Mi ascenso en la marina ocurrió de una manera muy lenta, llegó al tope cuando pude hacerme Primer Oficial, no sin antes vencer infinidad de contratiempos y trampas. No pude llegar a Capitán por las razones que ya he explicado en varias oportunidades, no era militante del partido. Existían también dos razones muy fuertes para que se toleraran situaciones como estas, debías ser una persona muy competente y la otra, después de tantos años saliendo y regresando al país, podías ser considerada una persona de confianza aunque no militaras en organizaciones políticas. De algo siempre estuve convencido, cuando asumes una posición varonil y reclamas con justicia tus derechos, logras ser respetado por el peor de tus enemigos. Nadie quiere a los pendejos.</p>
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		<title>Mi barco (XVIII) Motonave “Topaz Islands”</title>
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		<pubDate>Mon, 24 May 2010 07:50:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[La Blanquita tenía unas tetas descomunales, debían darle por el ombligo cuando se quitaba los ajustadores.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0476.jpg"/></p>
<p align="justify">No dispuse de mucho tiempo para contemplar La Habana como cada partida, una vez que doblamos en El Morro me llamaron con urgencia desde el puente. Llevaba una hora a bordo de aquella nave y debía comenzar por aprenderme el acceso a todos los pasillos y escaleras. Frente a la mesa de ploteo encontré a un Capitán algo enojado, solo tenía disponible el plano del puerto de La Habana. No existía otra carta lista para comenzar la navegación, y lo peor, yo desconocía dónde demonios se encontraba todo. No pudo descargar su mal humor conmigo, nos conocíamos de vista, pero enfrentaba una situación algo anormal, nadie me había hecho entrega del cargo. ¡Coño, Sapiche me embarcó! Pensé mientras abría una u otra gaveta. Yo sé que la expresión correcta es decir &quot;embaucó&quot;, también les pago en oro al cubano que lo exprese así.</p>
<p><span id="more-487"></span></p>
<p align="justify">Comencé por sacar las cartas que fueron utilizadas antes de arribar a puerto y con apremio tracé algunos rumbos para ganar tiempo. Ese tramo de derrota lo conocía de memoria, pude llegar hasta el faro de Maternillos, próximo a la entrada del puerto de Nuevitas.</p>
<p align="justify">-¡Segundo! El buque fue cargado con alambrón y tiene creado un campo magnético diferente al reflejado en la &quot;Tablilla de Desvío&quot;. Vamos a ignorar el desvío como error y trabajaremos solamente con la Variación Magnética. Al escuchar semejante animalada brotar con tanta facilidad de la boca de un Capitán, estuve a punto de sufrir un infarto. No olviden que hacía pocos años me había desempeñado como profesor de Navegación en la Academia Naval del Mariel. En otras oportunidades me he detenido en este punto, considero necesario volver a recordarlo.</p>
<p align="justify">-¿Usted está seguro, Capitán? Le pregunté con todo el respeto que imponía su jerarquía, mientras en el cuarto de derrota permanecían callados varios agregados de cubierta que en ese momento abrieron exageradamente los ojos. Estoy plenamente convencido de que aquellos muchachos conocían o dominaban correctamente el tema tratado. Desde la academia se les informaba que por encima de Cuba pasaba una línea &quot;agónica&quot;, o sea, un meridiano magnético con valor de 0 grados y que a partir de ella, los valores de la variación aumentarían hacia en Este u Oeste. Es de suponer entonces que mientras más nos alejáramos de ella con destino a Europa, el valor de la variación sería superior. Cada uno de esos muchachos sabía perfectamente que por cada aproamiento del buque, los valores del &quot;desvío residual&quot; serían diferentes y que para compensar ese error, se confeccionaban precisamente esa &quot;tablilla&quot; que ahora el Capitán me ordenaba ignorar. &quot;Error conocido, no es error&quot; Dice un viejo refrán que no fuera escuchado por este individuo.</p>
<p align="justify">-¡Usted, cumpla mis órdenes! Respondió con ese aire autoritario utilizado por algunos como él, trataba de imponer su voluntad a un precio muy alto, el absurdo.</p>
<p align="justify">-¡Por supuesto, donde manda Capitán, no manda soldado! Me dio la espalda y se dispuso a abandonar el puente, pero en su nuca rebotó unas palabras y ellas tuvieron que molestarlo mucho, demasiado. -¡Capitán, usted le hará un gran aporte a la navegación! Tiró la puerta y se fue, yo permanecí unos minutos más en el puente y luego regresé al camarote para sacar la ropa y libros de mis maletas.</p>
<p align="justify">El camarote era amplio y tenía su baño dentro, estaba exactamente al lado del Primer Oficial, plaza que ocupaba inexplicablemente Guillermo Alenas, otro miembro de mi promoción que pertenecía al grupo de los &quot;brutos&quot;. Recuerdo que estando en el buque N&#8217;Gola, coincidimos en el puerto de Szczecin en Polonia, él se encontraba navegando en el buque Agate Islands, comandado por el Capitán Cams si la memoria no me traiciona. Lazarito y yo lo mantuvimos bebiendo en mi camarote toda la noche, además de brindarle algunas botellas para que las llevara a su barco. Esa misma noche le entregué una parte de la canastilla destinada a mi hija por nacer, había entre los artículos un perro de peluche bien grande y hermoso. También le envié un estuche de perfumes para bebé que había comprado en España. Varios meses más tarde tuvo que ir mi amigo Eduardo Ríos a reclamar esas pertenencias sin entregar al destinatario, Alena vivía en Ayestarán para esa fecha. Cuando Ríos llegó a su casa, encontró al hijo de Alenas jugando con el perro de mi hija y los pomos de perfume y talco habían sido rellenados con productos nacionales marca &quot;Fiesta&quot;. Señalo este detalle para que tengan una idea sobre el personaje del que estoy hablando, porque vendrán sorpresas. Alenas y el Capitán hacían muy buena yunta, eran como dijéramos, muy buenos hermanitos, eran también &quot;camaradas&quot; del partido comunista.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0477.jpg"/></p>
<p align="justify">Esa tarde y para sorpresa mía, la comida se puso en varias mesitas del salón de tripulantes. Alguien había pescado un hermoso Dorado y se asó para disfrute de toda la tripulación entre cajas de cervezas. Como yo entraba de guardia a las doce de la noche y tratando de mantener una disciplina que me impuse siempre, solo consumí tres cervezas y me retiré al camarote. ¡Claro! Sin dejar de observar el paisaje que aparecía ante mis ojos. Aquel primer contacto con la tripulación me ofreció una imagen agradable del ambiente que se respiraba a bordo, todos compartían como si fueran una hermosa familia.</p>
<p align="justify">La Blanquita tenía unas tetas descomunales, debían darle por el ombligo cuando se quitaba los ajustadores. Las exhibía provocadoras y apetitosas con los escotes que usó durante todo el viaje. Iba haciendo pareja con El Blanquito, un apodo recibido por el color enfermizo de su piel y algo anacrónico en nuestra tierra. Nada alarmante como hombre, flaco, feo, algo descojonado, pero como toda cajita de sorpresa, nadie sabe cuál era el truco para satisfacer a su hembra, supongamos que tenía &quot;musiquita&quot;.</p>
<p align="justify">Adis tenía un culo descomunalmente exagerado, todavía no me explico como aquellas débiles piernas podían soportar su peso. Tenía espacio para mil jeringuillas en cada nalga, demasiado culo para un solo cuerpo, fue un acto de egoísmo dárselo todo a ella. Era mulata clara y simpática de rostro, algo madura sin llegar a podrirse, apetitosa fruta para largas navegaciones. Iba empatada con Sedgrañe, un Tercer Oficial natural de Matanzas. No había posibilidades de comer aquí tampoco.</p>
<p align="justify">Virginia era la mejor pieza enrolada en aquel viaje, su plaza no era común en ningún buque, su trabajo consistía en traducirle al Jefe de Máquinas ruso que viajaba con nosotros. No puedo recordar si era el mismo hijo de puta nieto de Stalin que explotó al Pepito Tey, creo que sí. Viajaba además otro Jefe de Máquinas que había pertenecido a la Flota Cubana de Pesca, no puedo recordar su nombre. Virginia vivía en el camarote del Práctico que estaba situado al lado del puente, razones para que coincidiéramos muchas veces en cualquiera de los alerones. Tenía los antebrazos superpoblados de vellos y aquel detalle me enloquecía, siempre fui amante de esa montaña de pelos que hoy se afeitan las mujeres y algunos hombres. Mientras transcurrían las singladuras, construía en mi mente una y mil maneras de llegar algún día a ponerme aquella careta de pelos en la cara, aunque corriera el riesgo de asfixiarme. Era alegre y bonita de cara, no puedo decir que fuera una reina de belleza, pero era la única que podía cargar esa corona en aquel viaje. Imagino haya tenido que soportar todo tipo de insinuaciones, declaraciones amorosas, proposiciones de matrimonio y cuanto piropo pasa por la mente de un hombre enfermo al sexo, hambriento, sediento, obsesionado. </p>
<p align="justify">-Anoche soñé contigo. Le dije un mediodía en el alerón de babor, su camarote tenía una puerta con salida al exterior y la mantenía muchas veces abierta. Tal vez para mostrar como se mantiene limpio y organizado un camarote cuando es atendido por una mujer. Quizás como una provocación o trampa que espera por su víctima.</p>
<p align="justify">-¿Y qué soñaste? Dirigió su mirada hacia mí y dejó al aire su hermosa dentadura.</p>
<p align="justify">-¿Te lo digo? Quería asegurarme de que no se sentiría ofendida con lo que se me acababa de ocurrir.</p>
<p align="justify">-¿Por qué, no? Noté que se sentía picada por la curiosidad.</p>
<p align="justify">-Porque no fue un sueño común y corriente.</p>
<p align="justify">-¡Dilo de todas maneras! ¿No tenías pensado hacerlo? Ya sabía que tenía el camino despejado y nada pudo detenerme.</p>
<p align="justify">-Anoche soñé que te estaba dando la mamada de bollo más grande que exista en este mundo, aparté con paciencia cada uno de los vellos y… No me dejó terminar, cortó mi inspiración con una maliciosa carcajada y se retiró, cerró la puerta de su camarote y me dejó con aquella inspiración que fuera el motivo de la siguiente masturbación. ¡Depende! Puede ser considerada por muchos como una vulgaridad o falta de respeto, yo no lo entiendo así. Muchas veces me funcionó con quienes menos lo esperaba, dentro de todas nuestras mentes existe un pequeño espacio donde se esconden nuestras ideas morbosas. Lo hice porque quise ser diferente a todos aquellos que se le acercaban con sus clásicos estoy enamorado de ti, te amo desde el primer día, etc., etc. Dimos el resto del viaje siendo buenos amigos, solo eso.</p>
<p align="justify">¿Creen que ya he terminado con todas las sirenas que llevábamos a bordo? Se equivocan, dejé para el final a la mejor de todas y ustedes la conocen. Para sorpresa mía, me encuentro en el salón con Mercedita, la misma camarera a la que Tamayo le cayera a trompones en el buque Pepito Tey. Esta vez no iba de Primera o Segunda Dama, realmente ninguna de las mujeres a bordo ocupaba esas plazas, lo cual no quiere decir que Mercedes se mantuviera alejada de la corte. La observé muy romántica y melosa con el Sobrecargo del buque, un individuo del que no recuerdo su nombre, pero de rostro muy parecido al de Tamayo. Esa mujercita no tenía un solo pelo de boba, se encontraba en la misma mata donde se controlaba el alcohol, la fuma, los víveres y la plata de la tripulación. Una vez me manifestó, eso ocurrió cuando se encontraba en el Pepito Tey: &quot;Lo que me queda de vida, es para templar y beber&quot;. Me lo manifestó con tanta sinceridad que a partir de entonces la admiré y respeté. Era mayor que yo y ahora ando por los sesenta, si se encuentra viva debe ser toda una ancianita que viva de sus recuerdos. Algo hay de cierto, no hay quién le pueda quitar lo bailado. Ella tenía algo que arrebataba a los hombres, tuvo que ser una actuación maravillosa en la cama, porque físicamente no era nada que pudiera deslumbrar a un hombre caminando por nuestras calles. Mercedita tenía cierta separación entre las piernas y daba la impresión de que se le había escapado un caballo. Mulata muy clarita y de origen oriental, divertida, con frecuente aliento etílico, dicharachera y muy buena amiga. Tenía embrujado al idiota del Sobrecargo, quien asumía en todo momento la actitud del buen esposo para inspirar respeto, algo que no logró entre el numeroso grupo de agregados que viajaban en ese barco. Una historia más detallada de este viaje se puede encontrar en mi trabajo titulado &quot;Los billetes del chino&quot;, razón por la que no me detendré mucho.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0478.jpg"/></p>
<p align="justify">Tal y como lo esperaba, las discrepancias entre las posiciones estimadas y las obtenidas por posiciones a los astros llegaron a superar las treinta millas. De muy poco sirvieron mis reclamos para considerar el desvío de la tablilla en los cálculos de nuestros rumbos. El buque tenía un solo radar y bastante antiguo, hablo de aquellos que requerían cierto tiempo de calentamiento antes de ponerlo a funcionar. El Capitán había dejado la orden de no encenderlo si la situación no lo exigía, pero esa orden era muy amplia a diferentes tipos de interpretaciones.</p>
<p align="justify">Después de tantos contratiempos y correcciones a la derrota, logramos pasar el Estrecho de Gibraltar y un poco más adelante soy llamado por el Tercer Oficial al puente. No encontraba la isla de Alborán y navegaba con el radar apagado por las causas que ya expliqué. Lo encendí inmediatamente, nos encontrábamos en una zona de bastante tráfico. Pocos minutos después de permanecer junto a él, logramos una posición y comprobamos haber pasado con la isla de Alborán por babor. Le sugerí que no volviera a apagar el radar y pocos días después enfilábamos la entrada al puerto de Alexandría. En una mala maniobra de aproximación, el Capitán le dio un golpe a una de las boyas de señalización y la hundió, yo me encontraba en la proa del buque. En este puerto nos descargaron fondeados y no se solicitó servicio de lancha para la tripulación, tampoco nos pagaron ni se compró víveres frescos. Continuamos viaje rumbo a Jordania a través del Canal de Suez y el Golfo de Aqaba.</p>
<p align="justify">Permanecimos fondeados durante varios días o semanas, no puedo recordar exactamente y allí se repitió la misma película del puerto anterior, o sea, tampoco llegaba el dinero para pagarle a la tripulación. Por gestiones o negocios realizados por el Capitán con el proveedor del buque, se logró que nos adelantaran $15.00 dólares de nuestro pago. Nos pusimos de acuerdo Sedgrañe y yo para ir a la playa, él lo haría con su prometida Adis y yo iría acompañado de la hermosa Virginia. Toda la historia de ese paseo se encuentra comprendido en el trabajo que les señalé, una aventura inolvidable donde despejé todo tipo de dudas. Desde el ombligo de Virginia caía como salvaje cascada un trillo de pelos bien oscuros que se perdían debajo del bikini que llevaba puesto. Como eran demasiados y mantenidos encarcelados dentro ese pedacito de tela, un enorme y triangular bulto, ofrecían la imagen de que la muchacha sufría una especie de paperas en esa parte de su cuerpo. Mis ojos se desorbitaron y buscaron más, lo encontraron. Muchos de aquellos negros y lacios vellos, gruesos, lo necesario para distinguirlos y contarlos a una distancia de tres metros, escapaban por los bordecitos de aquel pedacito de trapo. ¡Sensacional! Tan excitante que sentí deseos de entrar al agua a masturbarme, y no les cuento cómo se encontraba el chofer del taxi que nos condujo hasta ese paradero solitario y desierto. Adis no era peluda, más bien algo lampiña, pero si en el caso de Virginia resultaba imposible atrapar toda su pendejera, la mulata enseñaba tres cuarta parte de su culo fuera del pedacito de tela que usaba como bikini, era para volverse loco. Aquel dinerito cobrado lo gastamos en una botella de whisky que bebimos con jugo de piña, no había otra cosa que hacer en un pueblo donde no se encuentran mujeres por la calle y las pocas que salen, solo tienen una ranura para mostrar los ojos en esa enorme capucha donde su religión o maridos las encierran.</p>
<p align="justify">Dando tumbos de babor a estribor logramos cruzar el Mar Egeo, Dardanelos, Mar de Mármara, Bósforo y luego penetrar al Mar Negro. Nuestro puerto de carga sería Constanza en Rumania, no servía de nada que nos pagaran allí y tampoco podíamos acumular la divisa para el viaje siguiente. Todo un mecanismo diabólico pesaba sobre nuestras cabezas y por tal razón eran muy pocos los que deseaban realizar viajes al &quot;campo socialista&quot;. Ya había visitado ese puerto en ocasiones anteriores, hermosas mujeres, una prostitución silenciosa y clandestina. Un mercado negro como otro que conocía y te asediaba en cada esquina. El mismo aspecto oscuro, frío y sucio con rostro de tristeza que ofrece la austeridad. </p>
<p align="justify">Los tripulantes cuando lavaban sus ropas las colgaban en la cubierta de las calderas para secarla, hasta allí subieron los estibadores rumanos a robar. Arrasaron con todo lo encontrado a su paso, hasta los grilletes utilizados en las ostas y contraostas. Nunca imaginé que la situación de aquel hermoso país llegara a los límites de la desesperación, los suponía en mejores condiciones económicas que nosotros. La tripulación tuvo que gastar su plata en artículos de malísima calidad, yo le compré una muñeca a mi hija y tuve que lavarla cuando llegué al barco. El resto del dinero lo consumí en cervezas que compartí con algunos rumanos, todos se desahogaban conmigo y me contaban una historia que ya conocía perfectamente, la vivía.</p>
<p align="justify">Finalizada la carga, nos destinaron al puerto de Odessa para tomar combustible, allí permanecimos fondeados varios días, tiempo durante el cual, solo supe de la existencia de tierra por medio del radar. Un denso banco de niebla se mantuvo estacionario y en esas condiciones se acercó el barquito que nos suministraría combustible. Subí al puente a la hora de mi guardia y en la proa se escuchó el repiquetear de la campana. -¡Ancla en pendura! Escuché por el walky-talky que descansaba en uno de los ventanales. El Capitán y Alenas se encontraban dentro del cuarto de derrota. -¡Llévala al escobén y ponla lista para fondear! Le contesté a Sedgrañe, eran las doce de la noche. Lograron salir de la derrota, tal vez recordaron que se encontraban de maniobra, lo hicieron dando tumbos. El Capitán dijo algo con la lengua enredada y se marchó. Alenas quiso explicarme algo y no pudo, su aliento a alcohol era detestable a esa hora. Le respondí algo y le pedí que se marchara, necesitaba concentrarme y saber qué rayos haría. Fui hasta la carta para observar la última posición, el fondeadero se encontraba próximo a una zona de separación del tráfico y me dirigí al radar. Luego de plotear la posición le dije al agregado que pusiera &quot;Despacio Avante&quot; en el telégrafo, la máquina respondió y ordené un rumbo al timonel. En el puente reinaba un absoluto silencio, todos estaban concientes de la situación que atravesábamos con la ausencia del Capitán y el Primer Oficial. La niebla se mantuvo durante el resto de la noche y el día siguiente. Yo permanecí de guardia en el puente hasta el mediodía, Sedgrañe se mantuvo en la proa varias horas más y debía dejarlo descansar un poco.</p>
<p align="justify">Después del almuerzo subió Alenas tan fresco como una lechuga, no tenía ideas de lo sucedido la noche anterior. Era la hora en la cual yo debía entrar de guardia y le recordé que había permanecido en el puente desde la noche anterior, almorcé algo y caí rendido. Muy bien pude haber fondeado nuevamente el ancla y esperar a que se les pasara la borrachera a ambos. Técnicamente me entregaron un buque al pairo, pude haber evadido esa responsabilidad. De haberlo hecho, es muy probable que se disparara la guillotina sobre la cabeza de aquellos individuos. Afortunadamente y gracias a mi autosuficiencia, todo salió bien y ninguno de los dos me reclamó nada, tampoco me dieron las gracias.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0479.jpg"/></p>
<p align="justify">Regresamos por el mismo camino, Mar Negro-Bosforo-Mármara-Dardanellos-Mar Egeo. De acuerdo a la derrota planificada, puse proa al Cabo Spassero al sur de Sicilia, ya lo había hecho en viajes anteriores y me conocía el camino a casa. Continuábamos con aquella estupidez de no considerar el error del compás magnético, ahora no lo comprendía, no teníamos cargamento de alambrón a bordo desde que abandonamos Jordania. El resultado no se hizo esperar, fuimos a recalar a la isla de Malta. En &quot;Los billetes del chino&quot; explico con lujo de detalles este evento, solo puedo repetir que aquello colmó la copa y le reclamé nuevamente al Capitán, pero esta vez demostrándole con números las razones de nuestra recalada a Malta. ¡Tú estás encaprichao con esa dichosa tablilla! ¡Haz lo que te de la gana! Se retiró enojado del puente y los agregados le sonaron una trompetilla. Continuamos viaje realizando los cálculos de rumbo como Dios manda y nos enseñaran en la academia, todo regresó a la normalidad.</p>
<p align="justify">Durante el viaje hice un exhaustivo y bien detallado inventario de todas las cartas y publicaciones existentes en aquel desordenado puente. Tuve tiempo de realizar algunas correcciones a las cartas en uso y cuando el tiempo mejoró, me dediqué por entero a pintar los mamparos y pisos del puente y su derrota. Ese mes me propusieron de &quot;vanguardia&quot; en la asamblea de producción que realizaba el sindicato, yo lo hacía por placer y amor a mi trabajo.</p>
<p align="justify">Junto al Práctico de La Habana embarcó el agente de la seguridad cubana llamado Raidel, lo conocía hacía mucho tiempo y tuvimos un fuerte encontronazo en el Pepito Tey. Mal presagio cuando un individuo de estos embarca de esa manera, algo estaba pasando a bordo y yo nunca me enteré, no le dí mucha importancia. Como era costumbre, nos concentraron en el salón de oficiales y desde allí éramos llamados para realizarle sondeo al camarote. Cuando arribé al mío, varios soldados de guarda fronteras se encontraban desarmando mamparos y cuanto espacio ellos entendieran podía utilizarse como escondite de algún contrabando. Uno de ellos hojeaba uno a uno cada libro mío y el que aparentaba ser el jefe, me ordenó desvestirme.</p>
<p align="justify">Después de no encontrar absolutamente nada, fui conducido al camarote del Primer Oficial Alenas. Allí se encontraba el oficial de la seguridad cubana Raidel, frente a él y sobre la mesita de su salón, un grupo de billetes antiguos cubanos eran mostrado en orden de acuerdo su valor. Aquellos billetes yo se los había regalado al Capitán para un supuesto coleccionista amigo suyo.</p>
<p align="justify">-¿Cuántos de esos billetes vendiste en Jordania? Así comenzó el interrogatorio que se extendió por más de una hora y donde me sacaron en cara cada uno de los pasos dados por mí en el extranjero. No dudaba que parte de aquella información había sido ofrecida por Sedgrañe o algunas de las muchachas que salieron conmigo. Estuve en calidad de detenido hasta que sentí a la tripulación bajando por la escala.</p>
<p align="justify">-¿Para dónde me van a llevar? Necesito avisarle a mi familia. Le dije a ese repulsivo personaje, Alena no abrió la boca en todo el tiempo que estuve en su camarote y por mucho que me esforzara en observarlo, esquivó en todo tiempo mi mirada. -¡Vaya para su casa y manténgase localizado! Sin terminar apenas de hablar, corrí inmediatamente al camarote para tomar mi maletín y cerrarlo, pude tomar la lancha junto a los tripulantes.</p>
<p align="justify">-¡Estás puesto en la lista del curso para Primer Oficial que va a comenzar! Dijo contenta mi esposa después que los besé y abracé en medio del tumulto formado por los demás familiares. -Tremendo lío se formó hace un rato, resulta que vino el marido de una camarera a la que le dicen La Blanquita. Eso no fue todo, se apareció también la esposa del camarero que le dicen El Blanquito, ella tiene tremenda barriga. La parte más espectacular de esta película es que también vino a recibir al dichoso Blanquito otra mujer que se presentó como esposa y allí se formó. Para colmo y diversión de todos los presentes, el marido de La Blanquita gritó que estaba enterado de los tarros que le puso su mujer ese viaje y está esperando a que bajen. Yo la escuchaba y no le prestaba mucha atención, mi mente se encontraba detenida en la experiencia vivida hacía solo unos minutos, trataba de encontrarle una explicación.</p>
<p align="justify">-¡Olvida eso y vámonos, ninguno de los dos va a bajar del barco hoy! ¡Se jodió el curso de Primer Oficial!</p>
<p align="justify">-¿Por qué?</p>
<p align="justify">-Por culpa de aquellos cabrones billetes del chino que me regaló tu hermano, es probable que vaya preso. El resto del viaje hasta la casa lo di atendiendo a las preguntas de mis hijos, realmente yo no escuchaba nada.</p>
<p align="justify">Tres días después y al ver que no llegaba ninguna citación del Ministerio del Interior, decidí pasar por el departamento de Cuadros para averiguar sobre mi suerte con relación al curso que ya había comenzado. Ya no se encontraba La Dama de Hierro como Jefa de Cuadros, tal vez ese cambio fue el que influenció en el giro de mi suerte.</p>
<p align="justify">-¡Dígale al Capitán que ascienda al Tercer Oficial a su plaza y suba a uno de los agregados hasta que le enviemos su relevo. Aunque la orden fue oral, estaba convencido que no dudaría de ella.</p>
<p align="justify">Gabriel Sánchez se encontraba en su camarote acompañado de algunas mujeres que trabajaban en la Empresa. También estaba otro hombre uniformado con charreteras de Sobrecargo y unos documentos en las manos. Ya se encontraba ebrio y eran solamente las diez de la mañana.</p>
<p align="justify">-¡Usted no va para ningún curso de Primer Oficial! Aquellas palabras fueron escuchadas con desprecio y provocó cierto silencio entre los presentes. No insistí y me retiré al camarote. El nuevo Sobrecargo me pidió que pasara por su oficina, allí me explicó con lujos de detalles todo lo relacionado al caso de aquellos billetes. Lo escuché con mucha atención y me preguntaba ¿por qué él me cuenta esas cosas? Cuando terminó me excusé con pretexto de ir al baño y salí a la cubierta. El Sobrecargo me sorprendió con una gruesa llave de las utilizadas para levantar las tapas de las bodegas en las manos.</p>
<p align="justify">-¡Compadre, no haga eso! Yo voy a llenar varios documentos y entre ellos colocaré tu desenrolo, como ya se encuentra borracho los firmará y puedes abandonar el barco hoy mismo, ¡no te desgracies! Tenía lógica su proposición y me calmé, vi como llenaba mi hoja de desenrolo. Una hora después, bajaba con mis maletas ante la mirada intrigada de Sedgrañe. </p>
<p align="justify">-¿Quién me va a relevar?</p>
<p align="justify">-No sé, ese es tu problema, estoy desenrolado.</p>
<p align="justify">Han pasado más de veinte años y aún mantengo las mismas preguntas dentro de mi cabeza. ¿Dónde fallé?, ¿cuál fue mi error?, ¿qué les hice?, ¿por qué me delataron esos hijos de puta? Espero que Gabriel se esté pudriendo en el infierno, hace varios años que falleció en un accidente. No sé de la vida de Alena, ¡ojalá se encuentre en Cuba! Si está allá, debe estar sin trabajo. Si se halla en el exilio, solo deseo encontrarme un día con él para leerle estas historias, solo le refrescaré la memoria.</p>
<p align="justify">Al día siguiente me integraba al grupo de oficiales que iniciaron el curso en un aula de la Manzana de Gómez y culminó en la nueva academia. Varios de aquellos jóvenes se encuentran dispersos por el mundo, algunos navegan, otros como yo, decidimos colgar los guantes y contamos cada uno nuestras vidas. Todas pertenecen a una flota que se hundió junto al sueño de varios cubanos.</p>
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		<title>Mi barco (XVII) Motonave “Comandante Camilo Cienfuegos”</title>
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		<pubDate>Mon, 24 May 2010 06:00:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Era la primera vez que encontraba mi camarote situado en la banda de babor, los comunistas eran enemigos de los capitalistas hasta en este detalle tan ridículo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"><strong>INSTRUCCIÓN 15</strong></p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0464.jpg"/></p>
<p align="justify">Dormía en un catre que colocaba encima del portalón y a la altura de la cubierta 01 por la banda de babor, allí se encontraba mi camarote, resultaba imposible dormir en su interior. Todas las noches y después que arribaba la última lancha que distribuía a los marinos de los barcos fondeados en la bahía, el maquinista de guardia tenía la orden de apagar los generadores. Era la primera vez que encontraba mi camarote situado en la banda de babor, los comunistas eran enemigos de los capitalistas hasta en este detalle tan ridículo. Si la pasta de dientes del oeste era dulce, ellos la fabricaban salada. En la casi totalidad de los barcos del mundo, los camarotes de la oficialidad de cubierta se encuentran por estribor y los maquinistas en la banda contraria.</p>
<p><span id="more-485"></span></p>
<p align="justify">Yo era feliz, extremadamente dichoso, radiante en todo momento con el presente que me habían otorgado, solo en apariencias. No dormía mucho tampoco, me despertaba con frecuencia por las picadas de los mosquitos, no sé si en todos los países son igual a los nuestros, pero los mosquitos cubanos son insistentes, voraces, caprichosos. Volaban los cientos de metros que los separaban desde la orilla más cercana en la bahía para jodernos. Si no era por culpa de ellos, bien temprano en la mañana y antes de salir el sol por encima de la refinería, se escuchaba con algo de eco el canto de los gallos que tenía la gente de Casablanca en sus patios. Esa misma sensación la experimenté en el año 94 cuando dormí por primera vez en Hialeah, todo parece indicar que es un vicio crónico de los cubano ese de estar criando gallinas, y por supuesto, gallos incluidos para obtener huevos y pollitos. Los gallos siempre cantaban, eran más puntuales que nosotros. Los mosquitos veían afectadas sus malas intenciones cuando reinaba un poco de viento y los desviaba hacia otros lugares, posiblemente a los infernales solares de La Habana Vieja. Ese día, se escuchaba el canto de aquellos cabrones un poco más lejanos y se podía continuar durmiendo. Si no eran los gallos y los mosquitos, te despertaba el pito de cualquier remolcador maniobrando en el puerto o la campanita del tren Hersey cuando salía temprano de Casablanca con destino a Matanzas. Algunas veces nos llegaba el humo o los gases de la refinería Ñico López, en esas circunstancias había que recoger el catre y soportar el calor del camarote. Siempre había algo que provocara unas oscuras ojeras y sirvieran de motivo a tu mujer para recibirte peleando cuando llegabas a casa. -¿Te pasaste toda la noche templando, eh? La tirabas a mierda y la dejabas en medio de sus injustificadas protestas, buscabas urgentemente tu cama.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0465.jpg"/></p>
<p align="justify">A pesar de todos los inconvenientes era feliz, no puedo negarlo. Hacía veinticuatro horas de guardia y descansaba cuarenta y ocho. ¿Qué hacía en las guardias? Nada, comer un poco de lo que pica el pollo y llamar cada hora a Mambicuba por VHF para ver si tenía algún mensaje para nosotros. ¡Ni eso! ¿Quién carajo le va a enviar un mensaje a un barco que lleva roto varios meses frente al dique de Casablanca? ¡Nadie! Yo cumplía con mis guardias sagradamente, y no crean, el motivo de mi felicidad era otro. Habían implantado en la flota, eso ocurrió cuando me encontraba trabajando en las &quot;microbrigadas&quot;, un sistema de pago novedoso, le llamaban &quot;vinculación&quot;. ¡Olvídense del nombre! Como Segundo Oficial, yo ganaba más plata que dos ingenieros de cualquier especialidad en tierra. Consideraban en ese salario la lejanía, antigüedad, transportación de carga peligrosa, enrolo, salario base y hasta las masturbaciones en cada viaje, todo era perfecto. En la flota no se pagaban horas de trabajo extraordinarias, todas aquellas contempladas fuera de las cuarenta y cuatro contempladas por la ley que aceptaron los capitalistas, eran consideradas como &quot;voluntarias&quot;. La gente les llamaba &quot;voluntarias&quot; como el chino, ignoro su origen, sencillamente no las pagaban. Pues bien, todo el mundo debe imaginar que el régimen de trabajo en un barco deba ser continuo, eso se cae de la mata, el barco no va a detener su movimiento u operaciones para que los marinos duerman. Se trabaja ininterrumpidamente durante el tiempo que te encuentres enrolado, eso incluye sábados y domingos. Te pagaban también esos fines de semana trabajados, pero después estabas obligado a descansarlos sin cobrar, realmente ya los habías cobrado. Si sumas los sábados y domingos comprendidos en un año, encontrarás que existen en ese período de tiempo unas cincuenta y dos semanas. Cincuenta y dos domingos, más la mitad de esa cifra en sábados, hacen un total aproximado de dos meses y dieciocho días. Sumado al mes de vacaciones estipulado por la ley cada once meses, dan como resultado tres meses y medio de vacaciones con el pago de un solo mes. Ese descanso obligado de los sábados y domingos sin pago, fue identificado como &quot;Instrucción 15&quot;, los marinos se referían a él como &quot;Destrucción 15&quot;. ¿Por qué? La generalidad de los cubanos ha carecido de una cultura de ahorro a partir del 59, los salarios tan bajos no lo permitieron. En el caso de los marinos se agravaba por la simple razón de que esa gente estaba acostumbrada a vivir el presente. Mientras existiera dinero en la bolsa, se vivía con una intensidad de fiestas casi diarias, ¿después?, ya vendrían tiempos de lamentaciones o ventas de algunas pertenencias. Nunca se puso la mirada fija en el futuro, sencillamente no existió ante los ojos del hombre de mar. Yo no sufrí mucho esos efectos de la &quot;Destrucción 15&quot; porque jamás me faltaron barcos, y entre otras cosas, no existía la prontitud y exactitud de información suministrada por los servicios de Internet, todo se perdía en el camino y fui afortunado.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0466.jpg"/></p>
<p align="justify">Yo era feliz por varias razones, descontando la lejanía y carga peligrosa, era beneficiado por los puntos restantes de la nueva ley, salario base, enrolo y antigüedad, ofrecían un resultado envidiado por miles de profesionales en la isla. Ganaba un salario superior a los quinientos pesos por ir a comer y dormir en un buque.¿Por qué me sentía tan feliz? Entre otras cosas o la más importante, yo estaba reparando la casa de Manolito Balsa junto a Luís Valdés Arnaiz. Un día se apareció en Alamar y nos llevó a comer a la playa de Guanabo, bebimos también todo lo que nos dio la gana. Manolito era una persona muy habilidosa cuando trataba de persuadir a alguien y mucho más cuando conocía sus debilidades.</p>
<p align="justify">-Los otros días llevé a dos viejos albañiles para que vieran la casa y me pidieron $2 700 pesos por la reparación, pero no regresaron nunca más. El mensaje estaba claro, podíamos tomar como base esa cifra a la hora de pedir. Arnaiz se encontraba también de Instrucción 15, pero sufriéndolo de verdad en su casa, yo estaba escapando.</p>
<p align="justify">-¡Vamos a ver la casa! Dijo Arnaiz muy entusiasmado y tomamos nuevamente la Monumental con rumbo a La Habana.</p>
<p align="justify">-¡Ño, no es fácil! Fue todo lo que dije al entrar en su inmenso apartamento, había que desmantelarlo todo, construir dos baños y dos cocinas, además de pasarle la mano a cinco cuartos, sala y comedor. Fue tan amable que nos llevó nuevamente para Alamar, comenzamos a trabajar en muy pocos días. Con lo que me pagaba Manolito y lo que yo ganaba en el barco, mi salario neto era superior al de cualquier Capitán navegando, no digo yo si existían razones para ser feliz.</p>
<p align="justify">El elevador del edificio era antiquísimo, se trataba de aquellos operados por una palanca parecida a los telégrafos de los barcos. No tuve la menor duda de que era bueno, soportó el peso de aquella bañadera antigua que sacamos de uno de los baños. Era de hierro fundido y debió servir para asear al Padre Bartolomé de las Casas antes que incineraran al indio Hatuey. No solo el peso de ella, había que sumar el mío, que no era tanto y el de Arnaiz. Manos a la obra, avanzábamos mientras los materiales eran conseguidos en la bolsa negra, cerámica, cemento, arena, lozas, pintura, etc. Manolito sacaba todo lo que necesitábamos desde el fondo de la tierra, pero un día, de repente, se lo llevaron preso junto a los tripulantes del barco &quot;30 de Noviembre&quot;, Arnaiz se cagó.</p>
<p align="justify">Durdú El Loco, como le decíamos en la microbrigada, había sido combatiente en Angola. Dicen que andaba en una batería de cañones que fue eliminada totalmente por los sudafricanos, ¿cómo se salvó?, era una intriga permanente entre todos sus conocidos. ¡Ahhhh! Ese dí le dio diarreas, no cuando se llevaron a Manolito preso, la mierda llegó licuada varios días después. Le dije que habían estado investigando por nosotros en Alamar y que la luz me la había dado una del Comité de Defensa. ¡Pa&#8217;qué fue aquello! Le dio un ataque y la emprendió contra mí, estaba loco, yo también era investigado. Del tiro nos eliminaron de la lista para el curso de Primer Oficial y aquello le provocó otras cagaleras más. Se fue de casa de Manolito sin reclamar pago alguno y me dejó embarcado, tuve que terminar las reparaciones solo, mejor regreso al barco en cuestión. </p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0467.jpg"/></p>
<p align="justify">El día que me enrolaron y arribé en la lancha a entregar los documentos, observé que el barco había sido fondeado a &quot;barbas de gato&quot;. Era una práctica muy usual cuando el período de fondeadero sería largo. Ambas cadenas se encontraban trenzadas entre ellas por la cantidad de vueltas que el buque había dado, muy normal también dentro de aquella bahía con muy débiles cambios de marea, pero muy afectada por el ciclo diario de las brisas marinas y terrales. Para desenredar aquel rollo necesitarían estar dándole vueltas al buque por lo menos una semana, pensé. Ese mismo día me engancharon de guardia, siempre ocurre cuando llega carne fresca a cualquier nave. No recuerdo exactamente quienes eran los oficiales restantes ni su Capitán, los relevos los realizábamos prácticamente en el portalón para no perder la lancha, razones suficientes para no establecer muchos vínculos amistosos.</p>
<p align="justify">Ese día dieron el almuerzo acostumbrado para las naves surtas en puerto, arroz, frijoles y sardinas enlatadas. Otro día sería una ruedita de spam, ají relleno, carne rusa, etc., todo enlatado. Normalmente a las cuatro de la tarde se quedaba la brigada que se encontraba de guardia en el barco, era una norma en toda la flota. La gente pasaba por la nave y después de almuerzo partían a la calle para construir el futuro de la nación. Ese día, el sobrecargo del barco me entregó las llaves de la gambuza y neveras, las dejé guardada en mi camarote. Cuando sonaron la campana para la comida a las cinco y media de la tarde, el menú era el mismo del almuerzo y los miembros de la brigada se negaban a comerlo. Me invitaron también a que no lo hiciera y aparté mi plato, el cocinero abandonó la nave en la lancha de las seis de la tarde y fue cuando comenzó la función. Había en la brigada un engrasador jovencito de ojos verdes, muy flaco él y demasiado sonriente que me invitó a bajar a la gambuza. De los bolsillos de su overall sacó una llave ajustable y con mucha ecuanimidad se dispuso a sacar los tornillos de las bisagras de la puerta de la nevera. Cuando terminó su operación, me pidió ayuda para abrirla en la dirección del candado, era bien gruesa y pesada. Penetró en la nevera y luego apareció con un boliche de carne de res en las manos.</p>
<p align="justify">-¡Te lo dije, mi socio, no te comas esas sardinas de mierda! Ahora vamos a comer como Dios Manda. Colocamos la puerta nuevamente sin ponerle los tornillos, suponía que sería para guardar la carne restante, era un ladrón muy decente. Ya lo estaba esperando la brigada de guardia en la cocina con el fogón encendido.</p>
<p align="justify">-¡Qué bolá! ¿No nos vamos a tomar un lagarto? ¿Tienen miedo porque el Second es nuevo? ¡Sin lucha, muchachos! Los socios me pusieron la buena y dicen que el Second es hombre y no entra en chivaterías! Me dio algo de risa, solo que no me explicaba de dónde sacarían la cerveza. Era un negro fuerte pelado al estilo de Angela Davis o los Jackson Five, una gruesa capa de &quot;pasa&quot; tomaban la imagen de un casco con una redondez perfecta.</p>
<p align="justify">Dentro de la cocina había un pañol con la puerta de acero, se encontraba cerrada por una gruesa cadena y un enorme candado. Solo que la cadena estaba algo floja y permitía que la puerta se abriera unos quince centímetros. Todos me observaron esperando la aprobación de aquella iniciativa y como yo era amante de la cerveza no se hizo esperar.</p>
<p align="justify">-¿Dónde está el lagarto? Entró un marinero con un alargado alambrón jorobado en la punta como si fuera un garfio, el negro sostuvo separada la puerta mientras el marino penetraba el alambrón por la hendidura, yo me asomé por curiosidad para disfrutar la maniobra. La cerveza se encontraba estibada en columnas de cajas plásticas a unos tres metros de distancia y el marino trataba de enganchar a la caja que se encontraba pegada al piso con mucha maestría y habilidad. Fue acercando lentamente la columna de cajas hasta colocarla junto a la puerta, después y con mucha serenidad, vaciaría la primera caja extrayendo una a una las cervezas. Otro de los integrantes de la brigada había subido de la nevera un cubo con hielo que iba partiendo en pedazos dentro del fregadero, mientras el engrasador de los ojos verdes fileteaba el boliche de carne aún congelado, cada integrante de aquella pandilla, mi brigada, tenía asignada sus obligaciones. En la medida que las botellas de cerveza eran vaciadas, uno de ellos se encargaba de rellenarlas con agua y le colocaba nuevamente su tapa. Cuando sumaban veinticuatro, eran puestas otra vez dentro de su caja, pero esa operación requería el concurso de un hombre bien fuerte para bajar esa caja, llenarla de nuevo con las botellas y luego colocarla en el tope cuando terminaba la fiesta. Normalmente se consumían dos cajas de veinticuatro cervezas por guardia y antes de finalizar la rumba, la columna de cajas era empujada suavemente hacia su posición original con la ayuda del alambrón. </p>
<p align="justify">-¡Mira que querer meternos sardinas por partida doble! ¡Esto es pa&#8217;que nos respeten, coño! Todos reíamos mientras comíamos. A partir de esa guardia y todas las posteriores hasta mi desenrolo, me negué a aceptar las llaves de la gambuza y neveras cuando el sobrecargo abandonaba el barco.</p>
<p align="justify">-¡Lo siento, man! Yo no tengo nada que ver con gambuzas y neveras. Evadía de esa manera cualquier candela que estaba convencido se produciría algún momento.</p>
<p align="justify">Durante varias semanas continué realizando mi trabajo de albañil y oficial, gozaba de buena situación económica y no estaba apurado por volver a salir a navegar. Pocas semanas antes de mi desenrolo, se produce un cambio de capitanes a bordo del Camilo y se nos aguó la fiesta. El nuevo Capitán era de Santiago de Cuba y dormía a bordo del barco, realmente apenas salía y se pasaba el día entero jodiendo la pita. Como era de nueva graduación, se propuso una serie de metas estúpidas como si estuviera navegando, otra de las mil maneras de botar el dinero en la isla.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0468.jpg"/></p>
<p align="justify">El trabajo en casa de Manolito había llegado a su fin, uno de esos días antes de despedirme, pasé por el hospital de Emergencias de Carlos III para verlo. Se encontraba ingresado con un policía de escolta y eran muy pocos los que se arriesgaban a pasar por allí por temor a ser marcados. Mi esposa me había pedido con insistencia que abandonara aquel trabajo y yo le respondí que de hacerlo, estaba dando a entender que me encontraba envuelto en sus negocios y huía. Era medio loco, pero indudablemente muy buen socio y hombre a todo dar. Conversando una vez, mucho antes de ser detenido, Manolito me dijo algo que puso a trabajar todas y cada una de mis neuronas: ¡Hasta el millón, no paro! No sé si fue alarde suyo, le creí a medias, sabía perfectamente que manejaba buenas sumas de dinero y podía ser considerado lo que en la isla era identificado como &quot;Maceta&quot;. Sentí pena verlo en aquella condición y nunca imaginé que pudiera regresar a sus andadas, lo logró.</p>
<p align="justify">Se me escapaba buena entrada de plata y en el buque las cosas iban de mal en peor con el nuevo capitancito, solo un año después volví a chocar de frente con Juan Carlos Martínez Llamo. Comandaba en ese tiempo al buque &quot;Moncada&quot; y tuve la desgracia de ser enrolado como Primer Oficial con él, pero esto pertenece a otra historia. </p>
<p align="justify">Nos mantuvo sometidos al mismo menú en el almuerzo y la comida, la llave ajustable se le oxidó al divertido engrasador y para paliar la situación, llevábamos algo de comida de nuestras casas.</p>
<p align="justify">La bomba explotó un mediodía, el Comité del Partido Comunista de la Marina Mercante, acordó utilizar aquel barco como sede de una de sus asambleas de balance. Ellos podían realizarla en el espacioso teatro de nuestra Empresa, pero al trasladarla para cualquiera de nuestras naves, eso se traducía en el consumo de una opípara comida, bebidas, pinchitos y algo que se les pegara a los dirigentes. Cuando se encontraban en uno de esos intermedios meticulosamente estudiados y planificados como las escenas de cualquier película. El secretario del partido ordenó al Sobrecargo traer la cerveza que tenían en las neveras y estaban comprendidas entre las ofertas a la militancia allí reunida. Cuál no sería la sorpresa cuando comenzaron a abrir y repartir la bebida, la desilusión y sentimientos de burla fue general después de beber el primer sorbo, no encontraron una sola botella que no fuera rellenada con agua. Los canallas se reían y disfrutaban por cubierta, un rato después me mandaron a buscar.</p>
<p align="justify">-Yo no sé nada de eso, nunca quise tener la llave de la gambuza y nevera. Me observaron de pie a cabeza y me retiré, siempre queda la duda, no tengo cara de santo.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0469.jpg"/></p>
<p align="justify">Pasaron las semanas y aquellas contemplaciones del canal de entrada a la bahía a contraluz durante mis guardias, lograron despertar esa nostalgia por el mar que solo conoce el marino. Ya habían transcurrido varios meses y comenzaba a obstinarme el cruce lento de las lanchitas desde el muelle de Caballería hasta Casablanca. Las miradas que dirigí intencionalmente hacia el mirador de Triscornia, solo me devolvían un pedacito de aquella infancia escondida detrás de aquella loma. Viajé con mi abuelo hasta el Observatorio para contemplar cuando soltaban el globo sonda, él gastaba esos minutos de inocente adoración por una bola que se perdería entre las nubes, conversando animadamente con Millás, aparentemente eran viejos amigos. Aquel hombre cuyo rostro no recuerdo, era el meteorólogo principal de la isla, mi abuelo era el principal peleón de La Habana. Estaban construyendo el Cristo, lo unían en pedazos, como aquellos rompecabezas que yo armaba con mis primos. Hoy veía al sol esconderse después de pasearse a su lado, pocos minutos después encenderían el faro. Sentía unos deseos inmensos por volver a salir por aquel canal.</p>
<p align="justify">Lo he contado varias veces, pero me divierte repetirlo. Una mañana y mientras me disponía a tomar la lancha que me conduciría hasta el barco, soy abordado en el muelle por un entrañable amigo. Sapiche es medio tartamudo y algo ronco, se requiere un poco de esfuerzo para comprenderlo si no tienes adaptado el oído a su voz. Caso llora implorándome que lo sustituyera en el buque &quot;Topaz Islands&quot;, me pintó un cuadro tan dramático que ni el mismísimo Miguel Ángel sería capaz de llevarlo a un lienzo. La abuela, la tía, sus primos y hasta los vecinos estaban a punto de morir. Unos minutos después y conmovido en lo más profundo de mi corazón, viajaba yo en una moto con sidecar rumbo a la Empresa y luego a mi casa en busca de ropa. Llegué al barco varias horas después, las autoridades y el Práctico se encontraban a bordo. </p>
<p align="justify">Una larga pitada, niños corriendo por el malecón le gritaban a sus padres, manos y pañuelos que se agitaban. Guaguas que reducían la marcha para contemplar nuestra salida, una mirada hacia el Cristo que nos saludaba, siempre conservando la misma postura. Millás soltaba el globo y viajaba colgado de él, mi abuelo trataba de colgarse de sus piernas, yo descansaba un poco de aquel infierno. La ventana del apartamento de Manolito se encontraba abierta, tal vez nos observaban con los binoculares que un día pidió prestado en un barco. ¡Dios es grande! Oyó mis reclamos, eso pensé cuando caímos a estribor una vez vencido El Morro. El buque se estremeció cuando pusieron toda avante, una densa humareda escapada de la chimenea, ocultó de pronto lo que quedaba de mi ciudad por la aleta de estribor.</p>
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		<title>Mi barco (XVI) Motonave Pepito Tey.</title>
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		<pubDate>Thu, 20 May 2010 08:36:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[He saltado unos dos años y medio de mi vida que resultó una verdadera pesadilla. Después de abandonar al buque N&#8217;Gola en Santiago de Cuba en 1978, ingresé poco después al movimiento de &#34;microbrigadas&#34; inventadas por Castro con el fin de solucionar mi necesidad de vivienda. Ya he escrito sobre este tema y lo abandono, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">He saltado unos dos años y medio de mi vida que resultó una verdadera pesadilla. Después de abandonar al buque N&#8217;Gola en Santiago de Cuba en 1978, ingresé poco después al movimiento de &quot;microbrigadas&quot; inventadas por Castro con el fin de solucionar mi necesidad de vivienda. Ya he escrito sobre este tema y lo abandono, prefiero continuar con mi labor a bordo de los barcos.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0446.jpg"/></p>
<p align="justify">Luego de mudarme para un apartamento de tres cuartos en el año 1981, fui citado por la Oficina 404 para realizar el trabajo de &quot;clavista&quot; a bordo del buque Pepito Tey. Me sentí verdaderamente sorprendido, no hacía vida de militante de la Juventud Comunista desde mi regreso en aquel viaje a la guerra de Angola en el año 1976, y menos aún me había desempeñado en esta función de trabajar con las claves. Como habíamos borrado la palabra &quot;No&quot; de nuestro vocabulario y como no existían tampoco esas computadoras hoy tan comunes en nuestros hogares, era de suponer que los mecanismos de control tuvieran algunos escapes.</p>
<p><span id="more-483"></span></p>
<p align="justify">El Capitán del barco era el mulato Cordoví, yo lo había conocido de Tercer Oficial a bordo del refrigerado Minas del Frío por la década de los sesenta. Una persona muy noble y nada extremista a la hora de aplicar el reglamento o leyes existentes en nuestra flota. Recuerdo que el buque se encontraba atracado en el muelle de Casablanca descargando abono químico, ese día se hallaba de guardia el Segundo Oficial saliente. Un muchacho muy organizado en su trabajo este oficial, condición que facilitó mucho esa operación a veces complicada de una entrega formal. No recuerdo el tiempo que disponíamos para entregar y recibir el cargo, lo cierto es que ese mismo día me encontraba firmando el acta que se redacta para esos fines y la presentamos ante el Capitán. Este joven tenía el apellido &quot;Coto&quot; y unos años después desapareció misteriosamente en el Océano Pacífico muy cerca de las costas mexicanas. Según se filtró de aquellas investigaciones, participaban como agravantes la existencia de alcohol, faldas y varias hojas del diario de navegación arrancadas. Nadie fue condenado, el muerto al hoyo y el vivo al pollo, dice el refrán.</p>
<p align="justify">Como Primer Oficial se encontraba un individuo con amplio historial de hijoputa o mala fama, trataré de recordar su nombre en la medida que escriba, lo estoy viendo delante de mí, pero no logro recordarlo, era santiaguero. Como Tercer Oficial viajaría el mayor de los hermanos Cañolo, muchos guardiamarinas guardan malos recuerdos de su etapa como Alférez en la Academia Naval, sin embargo, yo opino todo lo contrario. Un excelente hombre, muy bien preparado y ante todo, hombre. Tuvimos muy buenas relaciones profesionales y humanas.</p>
<p align="justify">El barco salió para Cienfuegos donde cargaríamos azúcar a granel con destino a Japón y fondeados en ese puerto, es enrolado Wilfredo Tamayo como Primer Oficial. No lo hizo solo, venía acompañado de dos camareras que viajarían como Primera y Segunda Dama. Tamayo se encargó de facilitarle la mujer a Cordoví, lo mantenía entretenido y así lo dejaba de paso hacer de las suyas. Fuimos compañeros del mismo curso de estudios e inexplicablemente se convirtió en enemigo mío sin razón alguna, creo yo, le molestaría mi presencia a bordo por mi condición de haber sido el primer expediente de su promoción, no existía otra causa. Para completar su pequeño harén, Tamayo traía consigo a un agregado de cubierta de la promoción XIX llamado Agustín, nunca había visto perro más fiel que él con su amo. Tuve que detenerlo en varias oportunidades por creerse un Primer Oficial en funciones, fue del desagrado de toda la tripulación, así que mi antipatía por ese muchacho no fue accidental. Después nos enteramos que era yerno de la Segunda dama, Mercedita.</p>
<p align="justify">&quot;Camino&quot; iba como telegrafista, un muchacho graduado de la promoción XIX, muy bueno, creo que uno de los mejores telegrafistas con los que me tocó navegar y el mérito radicaba en su juventud e inexperiencia. Llevaba de agregado a otro compañero suyo de estudios y como eran tan pequeños, yo los llamaba &quot;Los Periquitos&quot;. Por Cubierta iba de agregado un ex alumno mío de la promoción XVII llamado Evaristo Navarrete. Llevaba también a otro muchacho de la promoción XIX, muy buena persona, pero ese viaje lanzó por la borda sus cuatro años de estudios con el robo de una bicicleta en Tokio, allí lo detuvo la policía y ya he escrito sobre esos eventos. Otro alumno mío viajaba de marinero de cubierta, subía cada mediodía a practicar algo con el sol. Las noches de Luna llena, yo lo invitaba al puente para tomar posiciones por las estrellas cuando la visibilidad lo permitía, su nombre es Jorge O&#8217;Farrill.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0447.jpg"/></p>
<p align="justify">La tripulación no era mala, todo lo contrario, muy laboriosa y divertida. Nunca he podido comprender esa facilidad que tienen algunos para desgraciar a los hombres y convertir radicalmente a gente que fueron buenas en malas. Tamayo gozaba de esa habilidad y la gente trataba de desquitarse a su manera, nadie es suficientemente carnero o comemierda. Diariamente subían cajas de cerveza y fuentes de comida al camarote del Primer Oficial o Capitán, indudablemente pertenecían a la cuota de los marinos y ni uno u otro, tenían asignaciones libres para consumir lo que no les pertenecía. Los capitanes disfrutaban de una asignación como gastos de representación, no así los primeros oficiales. Ninguno de los dos tenía derecho al uso desmedido y descontrolado de lo que pertenecía a la dieta de los marinos. Ellos, ni cortos o perezosos, se dieron pronta cuenta de los grandes bacanales celebrados en la cubierta 01 y aplicaron los métodos correctos para disponer de lo que les pertenecía, robar. Ahora que recuerdo, teníamos otro agregado de cubierta de la promoción XVII que era el entenado del contramaestre Camacho, su apellido es Quesada.</p>
<p align="justify">La gente de máquinas se llevaba muy bien, las relaciones entre maquinistas y engrasadores era excelente, todos ellos encabezados por el difunto Chamizo. Un mulato medio calvo, gritón y popular entre su gente. Muy alardoso y guapetón como la gente de los bajo mundos de nuestros barrios, simpático. Chamizo siempre tenía una tertulia estudiada y que sonaba a boca de jarro después de cada comida en el comedor de tripulantes, era su tribuna preferida. Debo aclarar que ese barco tenía tres comedores, el del Capitán tuvo que ser el más serio y aburrido. Le seguía el del Segundo Oficial, se encontraba a popa de la superestructura en el mismo nivel del comedor del Capitán. Allí, la máxima autoridad era yo y era atendido por Mercedita. El otro comedor era el de los tripulantes, se encontraba también en la superestructura, pero en la cubierta principal y no recuerdo cuál era el camarero que lo atendía. Chacha viajaba de Primera Dama y realizaba las funciones de camarotera. </p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0448.jpg"/></p>
<p align="justify">No recuerdo el nombre del personal de máquinas, han pasado muchos años y solo me llegan a la mente los personajes más destacados de esa época. El gordo Cruz viajaba como Tercer Maquinista, muy chévere y con la lengua bien suelta para protestar, su camarote se encontraba separado del mío por las duchas de uso común situadas en la misma crujía del barco. Como Segundo Maquinista viajaba un negro claro de unos seis pies de estatura, su apellido es Campos. Lo que tenía de altura era su precio en oro, este muchacho jugó un rol muy importante viajes posteriores durante una explosión a bordo. El tornero era un negro chillón y alardoso como Chamizo, le faltaba un dedo que fuera tragado por uno de los tornos.</p>
<p align="justify">Después de cruzar el Canal de Panamá nos quedamos sin comunicaciones, así navegamos todo el Océano Pacífico. Solo dos o tres días antes de recalar a Tokio, Camino logró enamorar al telegrafista de un barco griego arrendado por CUFLET y éste, aceptó recibir todo el tráfico de mensajes pendientes para nosotros en la C.L.A. Había que darle un premio al telegrafista griego, no imagino cuántas horas tuvo que pasar entre titití y tititá para vaciar el buzón de nuestro barco. La navegación en esos casos se hace muy aburrida, la ausencia de un radiograma, aunque contuvieran palabras sin importancia, es suficiente motivo para provocar la depresión de nuestros hombres de mar. Y no es cuento eso que les digo sobre la poca importancia de nuestros mensajes, pongo de ejemplo los que me mandaba mi esposa. Todos decían lo mismo: &quot;Cariño.- Estamos bien, besos de los niños. Te quiere.. Elena </p>
<p align="justify">De acuerdo a la longitud del viaje, yo podía sumar cómodamente entre setenta u ochenta radiogramas que decían las mismas palabras. Lo jodío del caso era que yo los pagaba, todos los mensajes recibidos por la C.L.A., se transmitían a los buques en carácter de Collet. ¿Se imaginan eso? Un día se lo dije, ¡oye, no jodas más! Escribe cualquier tontería, he gastado una fortuna para leer las mismas letras de mierda. ¡Coño! Dime comemierda, maricón, tarrúo, que el niño voló un culo, pero no me hagas gastar plata en la misma bobería. Cambió, cambió, solo que gastaba un poquito más.</p>
<p align="justify">El &quot;Pepito Tey&quot; era un barco construido en 1961 y llegó a Cuba con el nombre de &quot;Marble Islands&quot;. Creo haya sido una de esas naves marcadas con saña por la fatalidad, teniendo ese nombre tuvo que salir huyendo de Chile cuando el golpe de Estado de Pinochet, un primo mío llamado Pedro García Lostal se encontraba de camarero durante ese viaje. Poseía 148.4 metros de eslora y 18.8 de manga. Cinco bodegas de carga con puntales como medios de izaje. Una gran parte de la tripulación vivía en el alcázar del buque, donde existía de paso un salón de recreación para ellos. Solo los camareros y cocineros habitaban en la superestructura del buque. Mantenían cierta autonomía alejados de nosotros, quienes no nos enterábamos de las broncas o escandalosas celebraciones muy frecuentes entre la marinería.</p>
<p align="justify">En Tokio, experimenté por primera vez el amargo sabor que produce el rechazo de su población hacia los marinos cubanos. Había visitado en otras oportunidades esa ciudad y el trato de ellos hacia nosotros fue muy solidario y respetuoso. Esta vez, cuando entrábamos en grupo a una tienda nos expulsaban y yo no alcanzaba a encontrar las razones. Solo unos días después lo comprendí cuando nuestro agregado fue detenido por el robo de una bicicleta. No fue suficiente, salí con otro agregado y mientras fumaba un cigarrillo en la acera él entró a una tienda con el propósito de comprarse un reloj. </p>
<p align="justify">-¡Compadre, los tumbé! Mientras me cobraban, les robé otro reloj. Es de suponer que no lo delaté, solo que a partir de ese día comencé a salir vistiendo de traje y cargando una cámara fotográfica en el hombro. Dejé de ser cubano para siempre y me presentaba como un turista venezolano o puertorriqueño, evitaba por todos los medios el contacto con gente nuestra en la calle.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0449.jpg"/></p>
<p align="justify">Siempre sentí temor por la presencia de una galerna o ciclón, el miedo es muy natural también entre los hombres de mar. Esos miedos eran infantiles cuando no tienes conocimientos técnicos, aumentan y son exagerados cuando adquieres conciencia de todo lo que se mueve a tu alrededor. Yo dudaba profundamente de Tamayo, sabía que había sido ascendido por su condición de militante comunista, no tenía dudas sobre las bondades del sistema con ellos, pero lo conocía como estudiante, no era nada destacado. Si le sumaba a todo esto aquellos bacanales celebrados diariamente en su camarote, solo me quedaba una pregunta, ¿en qué momento, este hijo de puta hizo unos cálculos de estabilidad correctos?</p>
<p align="justify">Cuando superamos las islas Hawaii con proa a las costas mexicanas del Pacífico, aquella tranquilidad llegó a su fin y comenzamos a sufrir violentos bandazos. Barómetro y barógrafo marcaban 1040 milibares, no tenían error, estábamos en el centro de una profunda alta barométrica estacionaria de acuerdo al parte meteorológico emitido desde Hawaii. Los vientos eran violentos y la mar atravesada totalmente a nuestro rumbo, era imposible mantenerse sentado un solo segundo. El buque se balanceaba a ambas bandas con violencia y el clinómetro se acercaba a los cuarenta grados, la fiesta no se detenía en el camarote de Tamayo. Nadie se mareaba por los efectos del mar sobre el buque, todos continuaban emborrachándose con alcohol. Debo aclarar para los que no son navegantes, de cuerdo a la latitud geográfica, se considera normal una presión barométrica de 1013 milibares. ¡Ojo! Esa cifra puede resultar relativa también, si las presiones reinantes a su alrededor son muy superiores, lo que una vez fuera tomado como parámetro normal puede ser considerada como una baja. Influye mucho la dirección y velocidad de los cientos, ellos siempre se van a dirigir de las zonas de altas presiones a las de baja. Por supuesto, la marejada producida en esas circunstancias nada se aleja de las presentes en cualquier galerna, sufrimos a más no pedir.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0450.jpg"/></p>
<p align="justify">Llegamos sin comida al Canal de Panamá después de soportar unos doce días con la mar de través, escuché cuando el cocinero le entregaba dos bisteques al Capitán para que los guardara en su refrigerador. Lo hacía con la intención de garantizar la comida a los Prácticos que pasarían al buque por el Canal. La fortuna o buena suerte, quiso que se enredara una tortuga entre las pitas que yo había lanzado al mar. Tenía unos doscientos huevos dentro de ella, solo quedó el carapacho sobre cubierta.</p>
<p align="justify">Cuando arribamos a La Habana hice lo imposible por desenrolarme de aquel fatal barco, no pude hacerlo. Se encontraba de Jefe de Cuadros una mujer de tez negra que había sido dirigente de prisiones en Cuba, el vaquero había desaparecido hacía mucho tiempo, dejamos de ser considerados vacas para convertirnos de pronto en presidiarios. Ella era sumamente déspota y extremista, ya le he dedicado unas líneas y no merece ser recordada nuevamente. La llamaban &quot;La Dama de Hierro&quot;, su nombre era Cándida.</p>
<p align="justify">Durante la celebración de la Junta de Arribada, reunión obligatoria que se celebraba con la administración del barco y una representación del Armador, organismos políticos y talleres. Se abordó el tema de nuestra incomunicación durante la navegación, porque he olvidado decirles que el equipo fue reparado en Tokio, pero quedó fuera de servicio nuevamente unos dos días después de nuestra partida. Pues bien, aquel incidente de suma gravedad, fue tratado como una comedia, ¿asombroso, no? Los operadores del barco manifestaron con mucha tranquilidad que nos habían considerado &quot;perdidos&quot;, pero mucho ojo con esto que les cuento, nuestro silencio y posible naufragio no fue reportado a ningún organismo de rescate internacional. Hago hincapié en este detalle por una simple razón, algo similar le ocurrió a la motonave Guantánamo y el gobierno cubano mantuvo silencio, solo que en el caso de ellos pudo sobrevivir un tripulante, los demás no se encuentran vivos para narrar la experiencia de su muerte.</p>
<p align="justify">Cargando en el puerto de Matanzas azúcar a granel con destino a diferentes puertos argelinos, el gordo Cruz tuvo la brillante idea de llamar al inspector fitosanitario que se encontraba inspeccionando al buque para mostrarle su cama llena de excrementos de ratas. Iban a detener nuestra partida y la solución encontrada fue que miembros de la Seguridad del Estado amenazaran a ese hombre. La presencia de esos roedores en la nave, adquiría matices peligrosos como portadores de varias enfermedades. El los falsos techos se escuchaban sus correrías y orgías, supongo que incluían asaltos y violaciones a ratas menores de edad, no fueron pocas las madrugadas que me despertaba por gritos desesperados y aterradores. Los salientes de las guardias de las cuatro de la madrugada, teníamos la costumbre de colar café a esa hora y prepararnos algo de desayuno. Para entrar a la cocina debíamos hacer bastante ruido, era nuestro acostumbrado aviso a los ratones para que abandonaran el lugar. Aún así y después de demorarnos varios minutos en abrir la puerta, podíamos contar entre doce o quince ratas abandonando cualquier rincón de la cocina, incluyendo ollas con restos de comida que se encontraban encima del fogón. Era espeluznante aquel espectáculo y daban deseos de renunciar a ingerir cualquier tipo de alimentos. Estando en puerto y cubriendo la guardia de portalón, había que mantenerse en ese lugar con una escoba o palo para repelerlos, las ratas cuando andan en grupo se envalentonan y pueden atacar.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0451.jpg"/></p>
<p align="justify">El segundo viaje resultó una copia al carbón del anterior, continuaron las orgías y despotismo de Tamayo con la tripulación, cada minuto que pasaba aumentaba el desprecio de ellos por este individuo y escuchaba frecuentemente entre la marinería varias versiones posibles de venganza. La más común y aceptada por todos, templarle a Mercedita, fue una idea fija en la mente de muchos hombres para devolverle en algo todo el maltrato recibido por parte de ese individuo.</p>
<p align="justify">Chamizo había sido relevado por un ruso, pero no crean que uno cualquiera. Este individuo había sido concebido en la mismísima probeta de Stalin, no pudo ser más hijoputa y merecedor del desprecio de toda la tripulación. Cambiaron a varios miembros de la tripulación, pero siempre se mantuvo a bordo un setenta por ciento de la anterior.</p>
<p align="justify">Descargamos algo en Argel, continuamos el Annaba y terminamos de descargar en el puerto de Orán o Mostaganém, no puedo recordar con precisión. Largamos los cabos una madrugada y nos dirigiríamos a otro puerto del norte de Europa, creo que era Alemania nuestro punto de destino. Solo unos minutos después de la salida, el buque detuvo sus máquinas inesperadamente, yo me encontraba de guardia en el puente. Trataron de arrancarla unos minutos después y escuché un sonido anormal, llegas a acostumbrarte a todos los ruidos del buque de la misma manera que dominas los de tu auto. Un poco después, una gran explosión me hizo saltar del asiento, pide ver una densa y negra humareda cubriendo ambos alerones. Cuando al fin se disipó un poco el humo, vi por las portillas del cuarto de derrota que salían llamaradas por las lumbreras situadas a popa de la chimenea y tomé el teléfono de magnetos para llamar al cuarto de máquinas. -¡Tenemos incendio a bordo! Fue toda la información y colgaron inmediatamente. Llamé al Capitán para que subiera al puente y cuando lo hizo, algo asustado y con aliento etílico, le manifesté que inspeccionaría la situación. Ya he escrito en varias oportunidades sobre este accidente y creo que en un trabajo titulado &quot;Explosión a bordo&quot;, lo explico con lujos de detalles.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0452.jpg"/></p>
<p align="justify">Quedamos al garete en medio de una marejada fuerza cuatro o cinco y nos movimos a merced del viento y la corriente. Pocas horas después pasaríamos frente al faro y boca de la entrada al puerto de Argel, continuamos nuestra deriva al Este a muy pocas millas de la costa y sin determinar el final de ese recorrido. Asombrosamente algunos de los tripulantes que vivían en la superestructura no se enteraron de la explosión e incendio a bordo, supongo que dormían sus borracheras. No recuerdo la presencia de otro oficial en el puente tampoco, todo el tiempo estuvimos Cordoví y yo. Estaba justificada la ausencia de la marinería que vivía en el alcázar, ellos se enteraron a la mañana siguiente cuando despertaron fondeados frente a una playa argelina.</p>
<p align="justify">¡Gracias a Dios por regalarnos la presencia del negro Campos! Con una serenidad y profesionalismo impropio de cualquier joven, lo vi dirigir con autoridad y maestría todas las maniobras para extinguir el incendio. Cuando me asomé al cuarto de máquinas, las llamaradas se elevaban desde la cubierta de las culatas hasta las lumbreras.</p>
<p align="justify">Decenas de mensajes cruzaron el Atlántico en ambas direcciones, todos tenían un denominador común, evitar a toda costa los gastos por el servicio de un remolcador que nos sacara de aquella playa. El tiempo mejoró notablemente y pudimos dedicarnos a descansar con algo de tranquilidad. Unos tres días después de nuestro fondeo a pocos cables de la playa argelina, nos visitó e inspeccionó una lancha de las tropas de guardafronteras de ese país. Navegación Mambisa nos informó sobre la proximidad del buque &quot;30 de Noviembre&quot;, quienes tenían la orden de remolcarnos hasta Barcelona.</p>
<p align="justify">Fondearon paralelos a nosotros y enviaron uno de sus botes salvavidas, por los binoculares pude identificar que en dicho bote venía Manuel Balsa Larrinaga, amigo y compañero mío de estudios. No sé cuál cuento le metió a Cordoví que éste, con tremendo misterio, me dice que debo llegar hasta el otro buque. El Capitán de aquel barco era Carlos Yero, ya fallecido hace unos años. Entre tragos servidos en su camarote, me dicen que le habían metido miedo a Cordoví para que autorizara mi viaje hasta ellos y poder tomarnos unos tragos. Regresé medio borracho y se había levantado un poco de marejada, la operación para embarcar nuevamente al Pepito fue algo peligrosa, más aún cuando llevaba un bolso con varias botellas de ron para compartir con la marinería. </p>
<p align="justify">Después de una excelente maniobra de aproximación desarrollada por Yero para tomar nuestro cable de remolque, fuimos conducidos por él hasta Barcelona y durante todo el trayecto fui jodiendo a su Segundo Oficial Luís Valdés Arnaiz, hace unos años con residencia en Miami.</p>
<p align="justify">En Barcelona permanecimos tres meses reparando la máquina principal, período de tiempo durante el cual recibimos la visita de varios agentes de la inteligencia cubana para someternos a interrogatorios. Los gastos de los pasajes de esos individuos represivos, parece que fueron tomados del destinado a la compra de nuestros víveres. Nadie puede calcular el hambre y miseria que experimentamos en este período de tiempo, pero no hay mal que por bien no venga, como dice un viejo refrán. Le templaron la mujer a Tamayo como estaba previsto en los planes de la tripulación, lo simpático del caso, el elegido fue quién menos se podía imaginar. El chino era un engrasador que no sumaba ciento treinta libras de peso, muy bajo de estatura, pero jodedor como él había que mandarlo a fabricar. Se la templó y bien templada, tanto, que Tamayo al descubrir la infidelidad de la Segunda Dama, la emprendió a golpes con ella y estuvo varios días sin poder salir del camarote.</p>
<p align="justify">Fue sancionado por el partido y la administración, aquel castigo de ese hijoputa, provocó mi ascenso en Barcelona a la plaza de Primer Oficial. -¡Que te entregue el camarote y la jeva! Decían los tripulantes con sed de venganza. -¡Si no le quitas eso, no te vamos a respetar como Primer Oficial! Ni se imaginan todo lo que sufrió aquel cabrón por el resto del viaje, me las desquité todas de un solo golpe. Lo desenrolé inmediatamente que arribamos a La Habana, no le permití hacer guardias en el puente y tuvo que concluir su viaje disfrutando de un auto arresto, la gente no lo quería ver ni en pinturas.</p>
<p align="justify">Hice lo imposible por quedarme de vacaciones y la Jefa de Cuadros alegó que no podía desenrolarse el cien por ciento de la tripulación. </p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0453.jpg"/></p>
<p align="justify">Cordoví se quedó de vacaciones y fue sustituido por Jorge Torres Portela. Ya le he dedicado varias páginas a este personaje en mi relato titulado &quot;Al Garete&quot;, reincido en mencionar que fue uno de los capitanes más ineptos, extremista, estúpido, incompetente y degenerado con el que me tocó compartir suerte. Hace un tiempo se encuentra en el exilio, pero como dije una vez, su presencia en esta orilla no lo exime de todo el daño que produjo viviendo en Cuba. Como hacían la mayoría de los capitanes, trajo consigo a su Primer Oficial de nombre Artigas y yo regresé nuevamente a mi plaza de Segundo Oficial. Artigas era un muchacho preparado e inteligente, pero carente de algo que necesita tener muy presente todo aquel que pretenda dirigir o mandar hombres, me refiero a los huevos que se esconden debajo de los pantalones. Extremadamente timorato, aceptaba sin ningún tipo de obstáculo todas las arbitrariedades de Portela. Artigas viajaba con la que se presentara como su esposa y a la que yo conocía desde su origen a bordo del buque Africa-Cuba. Belkis era una muchacha bonita, joven y mucho más valiente que su marido. La guerra gratuita e injustificada que me declaró Portela desde que pisó el portalón del barco, se mantuvo sin ningún tipo de tregua hasta el momento de mi desenrolo. Toda esa pesadilla la pueden encontrar en el trabajo mencionado, donde no solo hago referencia a este individuo, conocerán de cerca las vicisitudes y miedos que se sufren en medio de una galerna con el buque totalmente apagado. Solo Dios puede explicar por qué nos permitió continuar vivos.</p>
<p align="justify">No tuve necesidad de insistir para tomar las vacaciones, Portela se encargó personalmente de buscarme el relevo, yo me había convertido en su pesadilla a bordo de ese barco. Sobre el Pepito Tey he escrito mucho, yo diría que demasiado, fue uno de mis peores buques y del que guardo quizás los más execrables recuerdos. Los marinos tienden a recordar con amor cada nave por donde pasan, este buque fue la excepción de esa regla.</p>
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		<title>Mi barco (XV) – Motonave “N’GOLA” (3) Final</title>
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		<pubDate>Wed, 19 May 2010 19:26:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Después de finalizadas nuestras aventuras en Polonia, comenzamos lo que sería el viaje Nr. 1 Sur. Fuimos destinados a cargar en el puerto de Rótterdam y Lazarito no había cumplido su condena a perpetuidad durante ese viaje. Usamos los mismos trucos para escapar del buque y nuestras correrías de madrugada parecían no tener fin. Una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Después de finalizadas nuestras aventuras en Polonia, comenzamos lo que sería el viaje Nr. 1 Sur. Fuimos destinados a cargar en el puerto de Rótterdam y Lazarito no había cumplido su condena a perpetuidad durante ese viaje. Usamos los mismos trucos para escapar del buque y nuestras correrías de madrugada parecían no tener fin. Una de esas mañanas la borrachera nos dio por alquilar una limusina para regresar al barco y no pueden imaginar el rostro del guardia de portalón angolano, suerte que eran bien hombres y cómplices nuestros.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0440.jpg"/></p>
<p align="justify">Estando atracado y sin comenzar las operaciones de carga, se produjo un acontecimiento que ya narré con lujos de detalles en otro trabajo. La tripulación se amotinó con toda su razón, Calero quiso actuar de buena fe aplicando las reglas existentes en nuestra flota, utilizó el dinero recaudado de las barreduras del café para comprarle equipos al buque. Ellos estaban acostumbrados a repartir ese dinero entre la marinería que limpiaba las bodegas y los privamos de pronto de un privilegio concedido por sus antiguos colonialistas portugueses. El factor sorpresa ayudó mucho a contener la ira de aquellos hombres y desafortunadamente yo era el oficial de guardia. Debí actuar con rapidez y sin temores para evitar males mayores.</p>
<p><span id="more-480"></span></p>
<p align="justify">Pude comprar todas las cartas náuticas especiales para explotar al sistema de navegación DECCA, ya me había estudiado el manual y me encontraba como un niño que recibe juguetes el día de Reyes. Calero me compró una Astro Navigator Computer marca Tamaya. Era una novedad en el mercado y su precio fue de $360 dólares, dediqué todo el tiempo libre para estudiarla. Tenía almacenada el almanaque náutico hasta el año dos mil y las operaciones de cálculos con los astros que normalmente me tomaban varios minutos, se reducían a unos quince nada más. Entre sus funciones útiles a mi trabajo como navegante, estaban comprendidos los cálculos de loxodrómicas y ortodrómicas, ofreciendo rumbos iniciales, distancias entre dos puntos y tiempos exactos de navegación en esos tramos de acuerdo a la velocidad, un juguete maravilloso que colmaba mi felicidad. Completé el inventario de cartas náuticas y publicaciones con los servicios de la agencia Observator de Rótterdam. Muy eficientes y con vasta experiencia en este mercado, me actualizaron también las cartas que fueron posibles salvar. Tenía bandera abierta para resolver todas las deficiencias encontradas en el puente y eso agregó otra pequeña fortuna a nuestras arcas como comisión.</p>
<p align="justify">Cargamos mercancías destinadas al Primer Congreso del MPLA, hay que ver los gastos en los que incurre un estado como el impuesto en Angola, copia fiel del nuestro, solo para ser derrochado en unos pocos días. Comida de todo tipo que incluía un lote de caviar, champán francés y otras bebidas exquisitas, pero ahí no se detenían, varios autos marca Mercedes Benz iban dentro de las bodegas y servirían para mover a los distinguidos invitados extranjeros. Angola era un país muy rico y esos lujos podían ser satisfechos. Tenían petróleo, exportaban cuarzo, sus aguas eran ricas en peces, pero su agricultura comenzaba a declinar y sus efectos eran sentidos prontamente por su pueblo. Por cierto, Cuba tenía un convenio de pesca con ese país donde la mayor parte de sus capturas eran desembarcadas en puertos angolanos. Nosotros, un país pobre, comenzábamos a mantener a un hijo bobo con las pretensiones de que ingresara en una universidad. Algo similar le ocurrió a la desaparecida Unión Soviética con una isla del Caribe que yo conozco.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0441.jpg"/></p>
<p align="justify">Vasquiño cumplió su primer añito en el viaje de vuelta y lo celebramos con una fiesta. Ya caminaba y se había adaptado perfectamente a los bandazos del buque, se relacionaba muy bien conmigo, yo asumí el papel de nodriza o baby sister cuando la pareja salía a la calle. No me gustaba mucho aquella idea a la hora de tener que cambiarle los pampers con caca, pero el matrimonio se portó muy bien conmigo durante la permanencia en Polonia. Amílcar comenzó a sufrir muy pronto esos sentimientos anticoloniales inyectados a los negros, era una persona con ciertas ideas izquierdistas, pero no dejaba de ser portugués y debía cargar con la culpa de todo lo que pudo haber hecho su pueblo contra los angolanos. Al menos, esa era la posición de todos aquellos negros, nos toleraban en apariencias, pero no lograban tragarse la presencia de Amilcar a bordo, él constituía un recuerdo del pasado que necesitaban borrar. La vida a bordo se la fueron convirtiendo en un yogur y solo podía refugiarse en la compañía mía y de Lazarito, aunque Calero se llevaba muy bien con el muchacho.</p>
<p align="justify">De nuestra gente casi siempre nos mantuvimos algo alejados, no confiábamos en ninguno de ellos. A Freixas lo desvinculamos de nuestras relaciones porque era un alcohólico agresivo, maltrataba mucho a los tripulantes y se creyó un colonialista de verdad.</p>
<p align="justify">La descarga en Luanda fue extremadamente dramática y lenta. Los primeros estibadores rompían el embalaje de las mercancías y terminaban borrachos. Fueron sustituidos por soldados del MPLA y se repitieron las escenas, solo que ahora resultaban algo peligrosas, ellos se encontraban armados. Al final, toda aquella mercancía tuvo que ser descargada por militares cubanos, uno que otro también se emborrachó, pero eran más dóciles y disciplinados que los anteriores.</p>
<p align="justify">Partimos para Lobitos a continuar nuestra descarga, mientras el grupo en el que yo había arribado comenzaba a reclamar su relevo. Allí me enteré por primera vez que, nuestro compromiso de permanencia en ese país era de seis meses solamente. -La compañía Angonave está muy satisfecha con tu trabajo, han llegado cartas del sindicato de marinos solicitando tu permanencia a bordo por otro período de tiempo más largo. Me dijo Calero esa mañana mientras nos encontrábamos recostados a la brazola de la cubierta de botes.</p>
<p align="justify">-¿De cuánto tiempo estamos hablando?</p>
<p align="justify">-Digamos que un año más, ellos proponen otorgarte una vivienda para que traigas a la familia.</p>
<p align="justify">-Diles que jueguen con el mono, pero que dejen la cadena tranquila. ¡Coño, Calero! Tú sabes bien que este país está podrido de enfermedades y es muy peligroso. ¿Cómo piensas que los voy a traer y luego me voy a largar a navegar dejándolos solos? -En eso tienes razón, pero necesito saber si deseas continuar trabajando un tiempo más conmigo. Debo enviar la lista de los relevos que se van a solicitar en La Habana hoy mismo.</p>
<p align="justify">-¿Quiénes se quedan además de mí?</p>
<p align="justify">-Miyares y Lazarito.</p>
<p align="justify">-Con Lazarito no tengo problemas, pero vuelve a leerle la cartilla a Miyares.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0442.jpg"/></p>
<p align="justify">El relevo de ese grupo arribó por avión a Lobitos, las operaciones de descarga continuaban extremadamente lentas. Nadie quería trabajar en ese país y era necesario importar desde Cuba mano de obra para realizar labores como constructores, estibadores, reparadores de carreteras etc. De aquel grupo ya conocía a un personaje muy famoso por sus posiciones extremistas, me refiero a Plácido Bosh, ya le he dedicado un trabajo y no merece la pena extenderme con él. Lo asombroso era que venía como Jefe de Máquinas de aquel barcazo cuando en realidad él solo había ocupado plazas de Cuarto Maquinista en buques pequeño. Nos librábamos de Collazo e importábamos uno de su misma especie. El resto del grupo era desconocido para mí, razones suficientes para mantener mucha cautela, la mayoría eran militantes del partido y venían fresquitos y cargados de consignas. Recuerdo de ellos a Malagón (alias El Paye) que ocuparía la plaza de telegrafista. Con su presencia ganábamos, llevábamos seis meses sin recibir mensajes de la casa. La justificación de Collazo era que el transmisor del buque era de muy pobre potencia, unos 200 watts de salida. Sin embargo, inmediatamente después de arribar El Paye se normalizaron las comunicaciones con La Habana. Ricardo viajaría de Segundo Maquinista, unos años después perdería la vida al explotarle una caldera y volarle la cabeza en un barco cubano. Rubén Graupier se enrolaba como Técnico de Refrigeración, lo ayudé muchísimo económicamente y se convirtió en enemigo mío estando en las microbrigadas de Alamar. Muy vago y demagogo, falleció hace unos años por un ataque de asma en el barrio. José Yanes Madruga (Pepito) iba como Primer Electricista, también lo ayudé muchísimo y se dejó arrastrar por el partido en Alamar hasta convertirse en enemigo mío. Después de mi deserción estableció relaciones con mi hijo y se disculpó. Veitía iba de Tercer Maquinista, ya nos conocíamos de otro barco, no recuerdo si del Jiguaní, mantuvimos distancia. Pepito el enfermero y casi guardaespaldas de Calero continuaba con nosotros, pero como les dije en un capítulo anterior, era una persona inofensiva y casi siempre con cuatro tragos en la cabeza. Por cubierta no se produjo ningún relevo. Miyares ocuparía la plaza de Inmediato dejada por Veloso, yo ocuparía la de Primer Piloto y Amílcar como Segundo Piloto.</p>
<p align="justify">De regreso a Luanda nos abarloaron al buque Sierra Maestra y no me dio tiempo decirle a Pedro que le pusiera candado a los pantries de oficiales y marineros. Esa misma noche nos robaron todo lo existente en sus refrigeradores, yo los comprendía. Llevaban varios meses en aquel puerto sin terminar de descargar el abono químico en sus bodegas y sin ser debidamente abastecidos. Creo que el Capitán era Leal, hace unos años se encuentra por Miami. </p>
<p align="justify">El grupo saliente que había sido relevado, fue llevado al predio que pertenecía al personal del Ministerio de Transporte mientras esperaban su vuelo para La Habana. Una tarde, Lazarito y yo decidimos acudir al edificio con dos botellas de ron para despedirlo, pero nuestras intenciones fueron frustradas por un hecho de sangre sobre el cual ya escribí. Freixas le dio dos balazos a Collazo en el elevador del edificio, la causa de ese incidente fue una evaluación del partido &quot;mala&quot; que Collazo le había hecho. Pueden remitirse al trabajo titulado &quot;La muerte del Secretario del Partido&quot;.</p>
<p align="justify">Lazarito y yo fuimos asignados con la tarea de visitar a Freixas en la prisión, también asistíamos a dos tripulantes del buque Sierra Maestra que se encontraban detenidos por robarse un auto Mercedes Benz de los adquirido por el gobierno. Salieron borrachos a disfrutar la vida y violaron varios códigos de la ley. Conducir en estado de embriaguez, hurto, no poseer licencia y violación del toque de queda. Se encontraban en la prisión de Petrangol, muy deplorable para cualquiera que la visita.</p>
<p align="justify">Nuestra permanencia al lado del Sierra Maestra resultó fatal para Lazarito, abandonó su trabajo y se dedicó, junto a algunos amigotes de aquella tripulación, a una larga jornada de bebederas y fumadera de mariguana. Hierba que era fácil de conseguir en ese país, se consumía en exceso por parte de los tripulantes de nuestro buque y me fuera ofrecida en varias visitas a barcos pesqueros cubanos surtos en cualquiera de los puertos visitados. Calero se enojó con razón y lo expulsó del barco, continuamos con Webber de Sobrecargo y Comisario Político. Me enteré que después de los ochenta, Lazarito murió en Miami por supuestos vínculos con la droga.</p>
<p align="justify">Maniobramos para abarloarnos al buque escuela José Martí, el capitán era Romay (alias El Conejo) Muy amigo de Calero y posterior Ministro en Cuba. El Jefe de Máquinas era Fausto Sardiñas Lostal, primogénito de todos mis primos y con el que mantuve siempre excelentes relaciones. El propósito de aquella maniobra era, tomar un cargamento de arroz en sacos traídos de Cuba para ser descargados en el puerto de Cabinda. Cuando pregunté si ya ese producto se encontraba &quot;por la libre&quot; en la isla, o sea, fuera de los controles de la libreta de racionamiento, me contestaron que la cuota había sido disminuida con la promesa de entregarle a la población harina de maíz, ni lo uno, ni lo otro.</p>
<p align="justify">Salimos con escasa carga con destino a Sao Tomé, un paraíso enclavado en el centro del Golfo de Guinea y hábitat de los negros más limpios y educados del mundo en aquellos tiempos, allí cargaríamos un poco de masa de coco en sacos. La presencia cubana en esas islas era muy limitada y tenían a un fuerte competente, los chinos. Mis paseos en esa isla fueron frecuentes, siempre acompañado de Pedro el pañolero, sentía mucha más confianza con él que con cualquiera de los cubanos. Por otra parte, él también era blanco de los ataques racistas de los tripulantes del buque por su condición de mulato y extranjero. Allí compramos y por sugerencia suya, doscientos cincuenta Periquitos y varios Papagayos para vender en Europa. Él tenía buena experiencia en la adquisición de esos animales y en su comercialización. Los Periquitos serían vendidos en Islas Canarias y los Papagayos continuarían viaje hasta Holanda. Ya tenía las jaulas dispuestas y las aves eran entregadas con sus alimentos por los vendedores.</p>
<p align="justify">En Las Palmas de Gran Canarias logramos venderlos a mil pesetas cada uno, una cifra algo respetable para nosotros. Estando atracados en el rompeolas de ese puerto y mientras hacíamos nuestra acostumbrada cantidad de víveres, Pedro me informan que estaban saqueando el pañol de proa.</p>
<p align="justify">-Me puedes explicar ¿Qué coño es esto? El canario se sintió sorprendido ante mi pregunta, yo era el oficial de guardia y vestía el uniforme reglamentario. Ya escribí sobre este acontecimiento y no quiero detenerme mucho.</p>
<p align="justify">-¡Joer! El asunto es que entre col y col va una lechuga. Me contestó algo nervioso.</p>
<p align="justify">-¡Pues fíjate, gallego de mi arma! Si yo no como de esa lechuga no me sacas nada más de este barco y vas a tener que embarcarlo todo. Indudablemente que el hombre se sintió amenazado y aceptó mi propuesta. Cuando terminaron de robar todo lo que estaba previsto entre artículos viejos o de uso, me entregó la parte necesaria para comprar mi silencio. Aquella operación había sido dirigida por Miyares y hasta el sol de hoy no sé a dónde carajo fue a parar la plata. Yo exigí un pago para el contramaestre, el pañolero y para mí.</p>
<p align="justify">Las cosas se complicaron cuando destaparon la máquina principal, todas las culatas se encontraban rajadas y la reparación superaría el millón de dólares. Afortunadamente no podía demostrarse si habían sido los portugueses o nosotros los autores de semejante avería. Yo inclinaba mi balanza en contra de Bosh por su incompetencia para operar una máquina de semejante caballaje, el individuo alegó estar enfermo y pidió ser enviado a La Habana. Calero lo complació y ese día celebramos su partida. Su plaza fue ocupada provisionalmente por Pérez Junco, se me había olvidado mencionarlo. Yo lo conocí cuando era engrasador del buque ganadero Luís Arcos Bergnes por los finales de los sesenta, muy buena persona. La Habana se había comprometido a enviar otro Jefe de Máquinas y varios días después llegó el mulato Taquechel.</p>
<p align="justify">Como era costumbre en aquella compañía, se libraba a una parte de los tripulantes durante el tiempo que el barco se encontraba reparando, tenían incluido el pasaje de ida y regreso a su país. Varios de ellos partieron rumbo a Portugal y no regresaron nuevamente, es a partir de esa fecha y me remonto a 1978, que se inician las primeras deserciones en la marina mercante angolana, no tengo idea si después se repitieron. En los astilleros ADM de Amsterdam, coincidimos con los buques cubanos Onyx Islands bajo el mando de Panchín Otero. Estuvo también el África-Cuba con Juarrero de Capitán, Garrido comandaba el Opal Islands y reparaban una avería producida en el Báltico cuando toparon con un objeto hundido. Se mantuvo a la par nuestra el XX Aniversario con Montada como Capitán y buena carga de mujeres.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0443.jpg"/></p>
<p align="justify">Estando en Rótterdam somos invitados a la fiesta de cambio de banderas del buque Hoji Ya Henda, era un barco modelo SD14 adquirido de uso por Angola y tripulado también con oficialidad cubana. Su Capitán era Hervitti (No sé cómo se escribe su nombre) y es de suponer, le aplicó a su tripulación ciertas restricciones en cuanto a los productos de consumo que nosotros teníamos asignados en el N&#8217;Gola. No sé si fue por orientación de la compañía Angonave, algo que dudo mucho. Me inclino a pensar por esos gestos y acciones de austeridad impuestas a sus tripulantes por parte de muchos capitanes cubanos, fueron aplicadas en busca de méritos personales. Lo cierto es que no tendrían el litro de vino diario, la cerveza semanal, ni el botiquín con productos de aseo personal. Tampoco comerían a la carta como nosotros, vivirían alejados de sus familias, se masturbarían hasta el agotamiento y disfrutarían de una extensión de aquel sistema que vivimos bajo el gobierno de Navegación Mambisa.</p>
<p align="justify">Amílcar no regresó y nos quedamos cojos, se encontraba atracado cerca de nosotros el Bahía de Cochinos, creo que el Capitán era Lapido, cuñado de El Paye y quien muriera hace unos años al estilo de los grandes capitanes de antaño, se hundió con su nave, muy buena persona. De esa nave importamos a un oficial de reciente graduación llamado Concepción (alias Conchito) y muy beneficiado por la influencia de su padre como agente de la Seguridad del Estado Cubana. Su debut entre nosotros fue entregarme una posición del buque totalmente falsa a la salida de Rótterdam y estuvimos a pocos metros de vararnos después de una reparación tan costosa. Ya escribí sobre ese evento en un trabajo titulado &quot;Perdidos en alta mar&quot;, lo peor de aquella situación tan embarazosa es que yo cargaría con toda la responsabilidad por ser el hombre que se encontraba de guardia en el puente. Estuve a punto de reventarlo y lo expulsé del puente mientras resolvía la situación y lograba definir la posición del barco.</p>
<p align="justify">Cuando arribamos a Luanda, Calero me gestionó un pasaje para Cuba en un vuelo militar. Saldríamos de vacaciones Miyares y yo, ya había transcurrido un año desde nuestra llegada a Angola, mi hija había nacido y estaba próxima a cumplir los ocho meses. Nadie que lo haya vivido, puede describir la emoción de ese encuentro luego de tanto tiempo desaparecido del hogar y con una criatura que ya comenzaba a caminar, cuando la dejaste a buen recaudo dentro de un vientre. El olor a orine del baño con su peste a mierda de vez en cuando, el calor, los mosquitos, los apagones, aquella bulla continua, las peleas entre familiares que se hacinan dentro de una pequeña casa, nada tiene defectos para el que regresa y le encuentra sabor a gloria. ¡Claro! Una semana después sientes deseos de largarte al carajo.</p>
<p align="justify">Volví para Angola exactamente al mes siguiente, el buque se encontraba listo para salir y no pudo cumplirse el programa trazado por mí y Pedro. Ya habíamos planificado que él se quedaría de vacaciones y yo sería el encargado de trasladar todo nuestro contrabando para Bélgica y Holanda. Me había presentado como un hermano suyo ante miembros de la comunidad de Cabo Verde en esos países y aunque algunos dudaron del blanquito, Pedro insistió en que yo era su hermano y única persona de confianza en aquel barco. Finalmente tuve que ser aceptado entre ellos y se leyeron delante de mí cuáles serían las reglas del juego. Este viaje el movimiento sería en grande y nos forraríamos de plata, atrás quedarían los recuerdos de aquellos periquitos y papagayos, sacos de café y obras de arte africanos. El paquete sería mucho más pequeño y fácil de esconder, los diamantes no hacen tanto bulto, estábamos jugando al duro y sin guantes.</p>
<p align="justify">Conchito fue expulsado hacia La Habana mientras yo disfrutaba de mis vacaciones, estando atracados en Lobitos, se dedicó en sus guardias a descargar los planes de las bodegas con cargas en los entrepuentes y por poco dan la vuelta de campana amarrados al muelle. Como su padre era quien era, poco tiempo después me cruzaría en un buque cubano durante el paso por el Canal de Panamá y Taquechel me dijo por el VHF, ¿no adivinas quién se encuentra de Primer Oficial en este buque?, Conchito. El viaje cambió radicalmente su destino y de la acostumbrada Europa nos emproamos hacia la Argentina dominada por una junta militar. Tanta mierda que se habla por la prensa y lo bien que se llevan todos ellos, dictadores de izquierdas y derechas, todos formando una gran plasta de porquería. Allí cargamos para Cuba frijoles blancos en saco, camiones y autos marca Chevrolet y Ford (norteamericanos) y varios coches de trenes marca Fiat. Supuestamente todos esos productos yanquis se encontraban restringidos por el bloqueo norteamericano, realmente todo se resumía en puros formulismos propagandísticos.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0444.jpg"/></p>
<p align="justify">Entramos por La Habana, nunca existió mejor oportunidad para mostrarle a los angolanos el futuro que le esperaba a su país con la implantación de esa maravilla conocida por &quot;socialismo&quot;. Ellos fueron afortunados, nosotros tuvimos que esperar varios años para poder conocer de cerca la realidad. </p>
<p align="justify">-¿Esto es socialismo? Me preguntó el camarero Tomás en el portalón un día.</p>
<p align="justify">-¡Esto es el socialismo, Tomás! Le respondí con tranquilidad, sabiendo que había aprendido la lección.</p>
<p align="justify">-¡El socialismo es una mierda! Me dijo con esa carga de ingenuidad del que acaba de descubrir algo de su desagrado.</p>
<p align="justify">-¡El socialismo es tremenda mierda, Tomás! Él esperaba una respuesta mía que nunca encontraría, coincidíamos en opinión y lo reflejé en otro de mis trabajos titulado &quot;Coincidencias&quot;.</p>
<p align="justify">En Santiago de Cuba recogí la poca ropa que tenía a bordo y le pedí mi liquidación a Webber el Sobrecargo. Mi esposa se encontraba conmigo esos días y una tarde partimos rumbo a La Habana en tren. Aquellos carísimos coches Fiat que transportamos desde Argentina, tenían los baños tupidos y no funcionaban los aire acondicionados, era un infierno sobre rieles que fueron pagados muy caros.</p>
<p align="justify">No me despedí de Calero, su familia es de Santiago de Cuba y no se encontraba a bordo. Varios tripulantes se quedaron llorando mientras me abrazaban en la despedida, uno de ellos fue Pedro, el otro, José Matuteo. Todos me saludaron desde el portalón, cada metro de aquel espigón me alejaba de un pedazo de mi vida. Abandoné a su suerte a unos hermanos de piel oscura, mi vida estaba destinada a abandonarlo todo. Varios años después, regresé a Luanda como Primer Oficial del buque &quot;Bahía de Cienfuegos&quot;. Con mucho dolor vi como se pudría varado en una de sus playas aquella magnífica nave que fuera buque insignia de la marina mercante angolana, dicen que estaba infestada de ratas. Pedro y yo nos fundimos en ese abrazo de aquellos hermanos separados por la desgracia, habían pasado once años.</p>
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Nos conocimos unos minutos antes de abordar  el auto que nos condujera hasta el aeropuerto de  ...</div></li></ul><div id="wp_thumbie_rl2"><a href="http://www.blogsdna.com"><small>By Blogsdna</small></a></div></div>]]></content:encoded>
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		<title>Orlando del Río</title>
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		<pubDate>Mon, 10 May 2010 20:24:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Casañas Lostal</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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<p align="justify">Pertenecía a ese grupo de cubanos que haría dudar a cualquier extranjero sobre su origen y esa estrecha vinculación existente entre nuestros habitantes y el color negro o mestizo. Orlando era un tipo alto, casi seis pies de estatura, pelo claro y algo rizado, pero nunca llegando a rubio. Sus ojos eran verdes como el mar en algunas zonas costeras, tenía todo lo singular que pudiera confundirlo con un norteamericano o canadiense. Recuerdo su rostro, algo parecido al del actor norteamericano Clint Eastwood, pero con un carácter mucho más tropical. Mujeriego hasta la médula de sus huesos, bebedor de cuanta botella apareciera en su camino y divertido como nadie, ese fue el Orlando con el que realicé muchos viajes a bordo del buque &quot;Jiguaní&quot;.</p>
<p><span id="more-477"></span></p>
<p align="justify">Ocupaba la plaza de Jefe de Máquinas sin haber desfilado por la academia naval, era empírico como casi todo el equipo que lo acompañaba. Recuerdo que hizo muy buena yunta con Raúl Romero, otro como él. Algo no tuvo lugar a dudas en cuanto a su competencia, aquel buque nunca paraba y fue muy eficiente, todos eran unos magníficos mecánicos.</p>
<p align="justify">Tenía varios hijos, no recuerdo si del mismo matrimonio, lo cierto es que la plata no le alcanzaba mucho para cubrir los gastos de sus aventuras. No me acuerdo, sin embargo, cuál fue el momento o viaje donde establecimos unas relaciones parecidas a las de padre e hijo. Teníamos un pacto, como él recibía dinero por concepto de &quot;representación&quot;, se encargaría del consumo nuestro en el extranjero. Tampoco era para alarmarse, nunca abusé de su confianza, pero no fueron pocas las veces que salimos a compartir en la calle. En pago, yo me encargaría de todas las averías que producían aquellas salidas con él en puertos nacionales, no fueron pocas tampoco.</p>
<p align="center"><img src="http://www.conexioncubana.net/images/2010/0415.jpg"/></p>
<p align="justify">Nuestras diferencias de edades no fue un obstáculo para que se desarrollara entre ambos una buena amistad, Orlando poseía un carácter alegre y bonachón que podía adaptarse al de un niño. Participaba junto a nosotros en cualquier travesura, como aquella de robarnos cajas de cerveza en la gambuza y enfriarlas con un extintor de CO2.</p>
<p align="justify">Recuerdo aquella vez que estuvimos en el bar situado en el faro del Morro de Santiago de Cuba, pidió dos cervezas y el camarero le respondió que debía consumir pan con croquetas. No se molestó y nos comimos las primeras, volvió a pedir dos cervezas más y se repitió la historia. Pasamos varias horas bebiendo y acumulando sobre una bandeja de aluminio todos los panes comprados. Nunca tuve idea de cuál sería el destino de aquellos trozos de harina resecos hasta que arribó otra guagua, sin ningún tipo de complejos abordó el transporte y comenzó a repartirle pan a cada uno de los viajeros. Cuando regresó al bar pidió dos cervezas más y continuamos la misma historia. Esa tarde regresamos borrachos para Santiago de Cuba y me invitó a visitar un lugar que en apariencias mantenía en secreto su existencia. Era una &quot;Piloto Clandestina&quot;, un bar ilegal asistido por hermosas muchachas y con una oferta de licores y comidas muy superiores a los de cualquier restaurante propiedad del estado. Orlando se asustó un poco cuando encontró a más de la mitad de la tripulación bailando y bebiendo, comiendo y tocando nalgas. Algunos desaparecían por ratos, era de suponer que iban a otros cuartos para deslastrar el contenido de sus testículos. Pasamos una noche divina, todo cubano sabe cuánto se disfruta lo que está prohibido. Al día siguiente y cuando doblábamos la esquina de la calle donde se encontraba aquel bar clandestino, chocamos de frente con una visión espantosa. En unos camiones de la policía montaban cajas de cerveza, muchachitas contentas, borrachos, un chivo que escapó ese día de la olla y a la vieja matrona o gerente del negocio, nos perdimos de allí.</p>
<p align="justify">Éramos locos, aventureros, divertidos sin horarios fijos, muy putañeros, como casi todos los marinos de aquellos tiempos. Ese día nos invitaron a pasear por Caracas, nuestro barco se encontraba en Puerto Cabello, varias horas de viaje hasta la capital venezolana. ¡Vámonos bien, de los pendejos no se ha escrito nada! Fuimos los primeros marinos cubanos en visitar aquella hermosa ciudad que nos había cerrado las puertas varios años atrás. Una parada amistosa en Valencia y una caja de ron Cacique al lado del asiento de Orlando. Una tras otras se fueron abriendo botellas, siempre tenía más sed que un camello atravesando el Sahara de norte a sur. Viajó hasta Caracas con la cabeza fuera de la ventanilla para aliviar la borrrachera y cuando llegamos se encontraba más fresco que una lechuga, así era él. </p>
<p align="justify">Nunca lo vi vestido de etiqueta ni con una muda de ropa que tuviera vergüenza, siempre andaba en Jeans, pullover y mocasines. Raras veces, solo cuando lo exigía el momento, se ponía uniforme y colgaba aquellas charreteras de cuatro rayas y una propela, creo que se acomplejaba al hacerlo. No fueron pocas las veces que me senté en su camarote junto a Romero para calcularles la cantidad de combustible en los tanques, no sabían hacerlo, tenían muy bajo nivel cultural, pero mecánicos como aquellos deben volver a parirlos, no los encontré jamás.</p>
<p align="justify">Yo me encontraba en Cuba cuando los acontecimientos del Mariel, estaba trabajando en la construcción de tres edificios de viviendas. Me enteré de los actos de repudios realizados en contra de gente nuestra y Orlando fue premiado con uno de ellos. Decidió abandonar el país y le dieron el mismo trato que a cualquier escoria. Lo que más me dolió de aquella triste comedia, fue saber que ese acto de repudio fue realizado por tripulantes de su propio barco, sus compañeros, los mismos con los que él compartía suerte y horas de trabajo. La miseria humana experimentada en nuestra isla también nos había abordado, qué pena sentí por él.</p>
<p align="justify">Hace unos años me enteré que había muerto en Miami, lo imagino por el cielo cargando una fuente repleta de panes con croquetas, seguro que se fue vestido con un Jean.</p>
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