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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/atom10full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" gd:etag="W/&quot;DkcMQ3gyeip7ImA9WxFWFk8.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191</id><updated>2010-06-03T22:01:22.692-06:00</updated><title>Desde un país que no cuenta...</title><subtitle type="html">Una recopilación de crónicas, reportajes y perfiles del periodista vasco-salvadoreño Roberto Valencia, publicados en medios de América Latina y España. Si están en este blog es porque todos ellos, con sus virtudes y sus errores, pretendieron encajar en esa entelequia llamada periodismo narrativo.</subtitle><link rel="http://schemas.google.com/g/2005#feed" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/posts/default" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email></author><generator version="7.00" uri="http://www.blogger.com">Blogger</generator><openSearch:totalResults>19</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/atom+xml" href="http://feeds.feedburner.com/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica" /><feedburner:info uri="experimentosconungrangnerolacrnica" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><entry gd:etag="W/&quot;A08CQXk7fCp7ImA9WxFQEEo.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-569358640672787904</id><published>2010-05-05T10:59:00.003-06:00</published><updated>2010-05-05T11:17:40.704-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-05-05T11:17:40.704-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Pobreza" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Quezaltepeque" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Miseria" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El Salvador" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El Faro" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="agua" /><title>El agua más cara es para los que menos tienen</title><content type="html">&lt;div&gt;El agua es como la salud; solo cuando falta uno cae en la cuenta de su importancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Salvador tiene un serio problema de acceso a agua potable. Lo dice la vivencia periodística y lo dicen también sesudos informes de Naciones Unidas, los de distintas ONG enraizadas en el país y hasta los apadrinados por el propio Gobierno. Según la gubernamental Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples presentada en junio de 2009, el 21% de los salvadoreños no tiene servicio de agua por cañería. Son casi 1.3 millones de salvadoreños. Otra vez: un millón trecientos mil salvadoreños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cifras macro, sin embargo, diluyen las historias micro. Así, para algunos pocos, el problema del agua se resume en no poder renovar la de la piscina con la frecuencia deseada; para algotros, supone que no salga todos los días del año líquido del chorro; para otro grupo, que las horas sin servicio sean más que las horas con; hay para quien el problema es poder cancelar la factura o que la que bebe sea realmente potable; y para los últimos de este listado, juntar unos pocos litros cada día representa toda una preocupación familiar. En esta categoría caerían los vecinos de la comunidad El Jabalí-La Meca, en Quezaltepeque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Irónicamente es en lugares como este, donde cualquier descripción de la miseria siempre se quedará corta, donde el metro cúbico de agua se paga más caro. Salvo cuando llueve, conseguir un galón de agua es más costoso para ellos que para el que no puede llenar la piscina con la frecuencia deseada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;—Si quiere ir a mi casa, puede ir; aquí arribita es, para que vaya a ver cómo vivimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su nombre, Rosa Amelia Canales, suena a telenovela. Los de sus hijas, Reina Elizabeth  y Ruth Esmeralda, a realeza, como si con ellas hubiera pretendido burlar su destino. Rosa es pequeña, compacta y tostada. Cuesta creer que tenga solo 24 años. Le gusta hablar y hablar. Ahora está junto a un barril vacío que una pipa pronto llenará. El camión no llega hasta su vivienda, el motorista dice que lleva llanta pacha, y ella ha tenido que mover el recipiente hasta la casa de Esteban Arias, un vecino. Aún no son las 9 de la mañana, pero el cielo se está encapotando. Parece que va a llover.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S-GnDBNTJCI/AAAAAAAAAX0/v-KLLu1Jnyw/s1600/_4225504.JPG"&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S-GnDBNTJCI/AAAAAAAAAX0/v-KLLu1Jnyw/s400/_4225504.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5467835092910154786" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 300px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#0000EE;"&gt;&lt;u&gt;&lt;br /&gt;&lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;Este champerío –pedrero lo llamará después el esposo de Rosa– es la comunidad El Jabalí-La Meca, pero por acá todos la conocen solo como La Meca. Pertenece a Quezaltepeque, en La Libertad, y está junto a la autovía que viene desde Sitio del Niño, sobre la lava que el volcán de San Salvador vomitó en 1917. El asentamiento dista no más de cinco minutos en carro del casco urbano quezalteco y un cuarto de hora de la capital del país, pero recorrer esas distancias es como atravesar un agujero en el tiempo: La Meca no tiene servicio de agua potable ni de energía eléctrica ni de recogida de desechos ni letrinas ni está adoquinada. Por no tener, ni siquiera han sido merecedores de la etiqueta de Asentamiento Urbano Precario (AUP) que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) utilizó en el Mapa de Pobreza Urbana y Exclusión Social que acaba de presentar. Para los autores del informe, un AUP debe estar compuesto por al menos 50 hogares, y en La Meca son en la actualidad 39.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cuál es aquí el problema que más les urge?&lt;br /&gt;—El agua, la luz, las casitas… –dice Rosa, ya en la puerta de su hogar, un montón de láminas ensambladas y oxidadas sobre un esqueleto de troncos, sin ventanas.&lt;br /&gt;—Fíjese que aquí, si me permite explicarle un poquito –se suma Salvador Miranda, el esposo–, nosotros tenemos todos esos problemitas, pero además quisiéramos que nos brindaran la ayuda para dejarnos acá, a vivir aquí. Que nos escrituraran porque aquí…&lt;br /&gt;—¿Quién es el dueño de esto?&lt;br /&gt;—El Estado, el Gobierno… Y el Medio Ambiente lo tiene como una zona protegida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Meca se creó cuando expiraba la guerra civil. Muchas familias llevan en estos terrenos de roca oscura sobre los que cuesta caminar 20 años o más, pero esto forma parte del área natural protegida Complejo El Playón. El mismo Estado que permitió que al otro lado de la autovía se construyera todo un autódromo –El Jabalí– quiere echarlos de aquí. Toda una ironía. En realidad, el municipio de Quezaltepeque parece una ironía. Tienen una de las tasas de homicidios más altas del país y se han autonombrado Cuna de la Convivencia y la Paz Social. Y lo del agua. Quezaltepeque está sobre algunos de los mantos acuíferos más productivos de El Salvador. De su subsuelo la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) extrae buena parte del líquido que se consume en el Área Metropolitana de San Salvador, pero al mismo tiempo Quezaltepeque está entre los 169 municipios salvadoreños que tienen al menos el 20% de sus hogares sin siquiera un chorro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Nuestras comunidades están sin agua, y allá, en San Salvador, la gente regando el pasto o lavando el carro con el agua de Quezalte”, se queja Nelson Alas, jefe de Servicios Públicos de la alcaldía. De hecho, como municipalidad tuvieron que invertir en la compra de una pipa para abastecer comunidades. Es un envejecido y ruidoso Dongfeng chino de color óxido y con capacidad para transportar 6 metros cúbicos de agua. Se mueve lento pero seguro, como un elefante, y tiene un adhesivo que dice Soluciones de Verdad. Este camión es el que hace unos minutos llegó a La Meca y rellenó el barril de Rosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ruidoso Dongfeng es siempre bienvenido en La Meca. Llena los barriles gratis, y eso es un aliviane para economías tan precarias. Rosa, Salvador y las dos hijas viven del campo: alquilan media manzana de terreno y siembran maíz y frijol. Si la cosecha es buena, garantizará comida para todo el año y todavía sobrará para vender. Los ingresos los complementa Rosa, que sabe echar pupusas y lo hace o en Quezaltepeque o en San Juan Opico. Gana 5 dólares por una jornada que le supone salir de casa a las 4 de la mañana y regresar a las 6 y media de la tarde. Los pasajes corren por su cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo trabajo pero ahorita, fíjese que, usted sabe la situación, ahorita no hay trabajo, y uno siempre necesita, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá por eso se agradece tanto la visita de la pipa municipal. El problema es que a veces se pasa un mes entero sin dar señales de vida y la sed no espera tanto. Entonces, casi siempre, toca pagar. La Meca está en el radar de tres piperos distintos. En el mejor de los casos, el barril se lo venden a 1 dólar, pero a veces toca pagarlo a $1.50. Como se necesitan cinco barriles para hacer un metro cúbico, lo están cancelando a un mínimo de 5 dólares. El pliegue tarifario de ANDA aprobado en febrero fue criticado con dureza porque dejaba de subsidiar a los grandes consumidores. Pues bien, en la actualidad a ningún cliente de ANDA, ni a las residencias ajardinadas más exclusivas ni a las empresas más derrochadoras, le cuesta arriba de $1.96 el metro cúbico consumido. En su miseria, Rosa, Salvador y el resto de residentes en La Meca o en cualquier otra comunidad que depende de piperos lo están pagando a 5 dólares. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Es correcto”, “tiene usted toda la razón”, responderá otro día el presidente de ANDA, Marco Antonio Fortín, cuando se le pongan los números delante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y no le parece una ironía trágica?&lt;br /&gt;—Sí, pero mire –se envalentonará–, ironía más grande es que ocurra eso mientras en la zona de viviendas más cara de San Salvador, la colonia Escalón, haya conexiones directas y paguen $2.29 al mes. ¡Esa sí es una ironía!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los excluidos, los que menos tienen, son quienes pagan el agua a granel más cara de todo el país. Y este problema, aunque se sufre en familia y casi siempre en el anonimato, es masivo. Sus cifras de acceso al agua son uno de los termómetros que año tras año pintan El Salvador como un país tercermundista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Desde los 17 años tengo yo de vivir en este pedrero –dice Salvador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cumplirá 37 años este mes de mayo, por lo que lleva 20 en La Meca. Es de los pioneros. Antes vivió en la comunidad Milagro de la Roca II, al otro lado de la carretera, y allí tampoco conoció ni el agua potable ni la luz domiciliar. En realidad, nunca ha vivido en una casa que tenga un chorro o paredes de bloque; quizá por eso en su orden de prioridades el primero está obtener las escrituras. Los últimos 10 años los ha pasado con Rosa, con quien se acompañó cuando ella tenía 14. Pronto nacieron Reina Elizabeth  y Ruth Esmeralda, de 7 y 5 años. La menor aún no ha puesto pie en una escuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cielo amenaza tormenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero enveces se va para otro lado –dice Norberto González, otro vecino, también de los pioneros, que se ha sumado a la conversación.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S-GnCkSeO0I/AAAAAAAAAXs/A_FOZtW7zXM/s1600/_4225500.JPG"&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S-GnCkSeO0I/AAAAAAAAAXs/A_FOZtW7zXM/s400/_4225500.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5467835085147224898" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 306px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#0000EE;"&gt;&lt;u&gt;&lt;br /&gt;&lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S-GnCkSeO0I/AAAAAAAAAXs/A_FOZtW7zXM/s1600/_4225500.JPG"&gt;&lt;/a&gt;No disponer de agua potable domiciliar obliga a tomar medidas. La champa, no importa qué tan destartalada esté, debe contar con algún sistema para que la lluvia que cae sobre el techo termine en un barril. La estación lluviosa es una aliada poderosa en La Meca. Cada familia también se las ingenia para estirar la vida útil de la poca agua de la que disponen. La necesidad impone el reciclaje. Así, incluso en las épocas más desahogadas, el sobrante del aseo personal sirve para lavar los trastes; y el sobrante del  lavado de los trastes, para regar las plantas. Cada gota sirve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos acá saben que lavarse las manos y el aseo en general son herramientas poderosas contra enfermedades como la gripe o la diarrea, o que cambiar el agua de los barriles evita los criaderos de zancudos, pero todos esos buenos consejos adquieren tono de insulto cuando el Estado que los da nunca ha hecho nada por evitar que los excluidos tengan que pagar $5 por metro cúbico de agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y una ironía más. Esta situación está ocurriendo en El Salvador, un país tropical en el que llueve a mares y cuyo subsuelo tiene la capacidad de almacenarla. El promedio nacional es de unos 1,800 milímetros de lluvia cada año. En El Cairo, la capital egipcia, solo caen 17 milímetros en el mismo período. Londres, ciudad con merecida fama de estar enemistada con el sol, rara vez supera los 600 milímetros. Y sin irse tan lejos para las comparaciones, México D.F. apenas sobrepasa los 700 milímetros en 12 meses. En El Salvador llueve y lo hace con ganas. Que 1.3 millones de personas no tengan cañería en su casa y que buena parte de los que la tienen convivan con racionamientos es un problema de mala gestión del recurso, no de falta de agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esto ocurre a pesar de que los dos últimos gobiernos dicen haber trabajado con sentido humano uno, y el otro, con la opción preferencial por los pobres como norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y el agua que les venden los piperos es buena? –pregunto.&lt;br /&gt;—Pues algunos enveces no lavan la pipa, solo la llenan y se vienen –dice Norberto.&lt;br /&gt;—Algunos la traen bien fea, que cuando uno la toma, sabe a lata –complementa Salvador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La figura del pipero resulta contradictoria. En comunidades como La Meca es la persona que les hace pagar el agua más cara del país, pero al mismo tiempo es la única persona que se la trae hasta sus viviendas. El propio presidente de ANDA me admitirá que hoy por hoy los piperos resultan imprescindibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué ocurriría si no existieran?&lt;br /&gt;—Se volviera un caos, porque ANDA no alcanza a dar el servicio a las comunidades. Sería tremendo, se manifestara la gente, saliera a las calles, hiciera desórdenes…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quien responderá así es un pipero. Se llama Óscar Rodríguez y, con algunos intervalos, trabaja desde que tenía 16 años en llevar y vender agua a quien la necesita. Hoy tiene 43 y es dueño de Transportes Rodríguez, una pequeña empresa con sede en San Salvador que tiene en su haber dos pipas de 8 metros cúbicos cada una y emplea a cuatro personas. Incluso le da para pagar un pequeño anuncio diario en la sección de Clasificados de El Diario de Hoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La suya es una historia de superación. Llegó al negocio del agua por necesidad. Se crió en la comunidad La Brisas de San Salvador cuando allí tampoco no había servicio. Su padre comenzó a subir barriles en el viejo pick up familiar para venderlos a vecinos, y pronto vieron que ahí había futuro. Así, hasta hoy. Los números son simples pero efectivos. Rodríguez llena sus pipas en planteles que ANDA tiene en La Chacra y en Los Chorros. Él paga $11.14 y la revende a $35 cuando es un único comprador, y saca hasta $40 cuando la coloca a barriladas. Lo que más le conviene, asegura, es la primera opción, es decir, trabajar con empresas o residencias que le compren la pipada entera. La entrega es rápida, y los costos de traslado son menores que ir pasaje por pasaje en comunidades perdidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trabajo no le falta. Obvio, la estación seca es cuando más movimiento hay, pero el negocio se mantiene saludable durante la estación lluviosa. Hay, sin embargo, una época que resulta especialmente beneficiosa para los piperos: los períodos de campaña electoral. “En San Marcos, por ejemplo, le dan prioridad a lo del agua solo cuando hay elecciones –dirá Rodríguez–. Ahí es seguro que me alquilan las pipas, le empiezan a poner logotipos y comienzan a regalar agua, pero solo es durante la campaña, y también les dicen que les van a introducir cañerías.” Esta práctica la realizan los principales partidos políticos sin distinción de ideologías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodríguez estima que, tan solo en la capital y alrededores, trabajan unas 60 pipas privadas. Ante la incapacidad estatal, vender agua a quien más lo necesita parece ser un buen negocio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la pipa que esta mañana llegó a La Meca es la municipal. El agua que dan es poca, pero es buena y es sobretodo gratis. Ha pasado más de una hora, y el camión debe estar terminando su minigira. Rosa acaba de poner unos frijoles al fuego. Su cocina, por llamarlo de alguna manera, es un barril ubicado fuera de la champa, carcomido por el óxido y abierto por un lado hasta la mitad. Ahí arden unos leños; sobre los leños, una estructura metálica; y sobre la estructura, la cazuela. Rosa pide a su hija mayor que me ofrezca un mango maduro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Los vamos a traer bien lejísimos –dice–, para tenerle algo a las niñas aquí.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S-GnCMxuaeI/AAAAAAAAAXk/KVlE0ub8-Uo/s1600/_4225497.JPG"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S-GnCMxuaeI/AAAAAAAAAXk/KVlE0ub8-Uo/s400/_4225497.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5467835078835857890" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 300px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#0000EE;"&gt;&lt;u&gt;&lt;br /&gt;&lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S-GnCMxuaeI/AAAAAAAAAXk/KVlE0ub8-Uo/s1600/_4225497.JPG"&gt;&lt;/a&gt;Rosa habla y habla, y menciona a Dios una y otra vez. Dice: “Con la ayuda de Dios salimos adelante”. Dice: “A mi esposo lo tuve bien grave, pero gracias a Dios ya está más o menos”. Dice: “Aquí muere la gente solo por voluntad de Dios”. En El Salvador, Dios parece ser el mejor aliado de los malos gobernantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El ruidoso Dongfeng está ya casi vacío. Solo le alcanza para un barril más, y será el de Benito Menjívar, un hombre de 79 años que reside en la entrada a La Meca. Pero antes de llegar se viene el mameyazo de agua. Es una tormenta corta, no más de 15 minutos, pero intensa. Afuera de la pipa, junto al tanque, viajan dos compañeros, y el motorista decide que es mejor pedir techo en alguna de las champas y esperar a que escampe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la enésima prueba de que humildad y hospitalidad suelen ir de la mano, dos señoras abren la puerta de su hogar, dan la bienvenida y ofrecen sillas. Adentro, el techo es de lámina y está lleno de agujeros. Cuesta encontrar un lugar en el que uno no se moje. Pero en La Meca han sabido hacer de la necesidad virtud. Además de la canaleta para llenar barriles, debajo de cada uno de los agujeros colocan cumbos y huacales para aprovechar el agua. Llueve y la lluvia es una buena noticia para quien menos preparado está para afrontarla. Una ironía más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Con este barril que les ha dado la alcaldía, no tendrán que comprárselo al pipero si llega esta tarde –me atreví a comentar a Rosa antes de despedirme.&lt;br /&gt;—¡Cómo no! Si viene otro en la tarde, le compramos –respondió enérgica–, porque la que me han traído ahorita es para tomar, pero necesito agua para lavar la ropa. Ya tengo mi Rinsito y lo que me falta es el agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los piperos lo saben, y a ninguno se le ocurriría ir a La Meca después de una tormenta como esta. Para los que pagan el agua más cara del país, la lluvia es ahorro.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-569358640672787904?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/rMA5qT423uoznJ8ksjElL94LDr0/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/rMA5qT423uoznJ8ksjElL94LDr0/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/rMA5qT423uoznJ8ksjElL94LDr0/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/rMA5qT423uoznJ8ksjElL94LDr0/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/OxL75YsN3sM" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/569358640672787904/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2010/05/el-agua-mas-cara-es-para-los-que-menos.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/569358640672787904?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/569358640672787904?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/OxL75YsN3sM/el-agua-mas-cara-es-para-los-que-menos.html" title="El agua más cara es para los que menos tienen" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S-GnDBNTJCI/AAAAAAAAAX0/v-KLLu1Jnyw/s72-c/_4225504.JPG" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2010/05/el-agua-mas-cara-es-para-los-que-menos.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DUENSH84eSp7ImA9WxFRGEQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-1648890230686263759</id><published>2010-05-03T08:25:00.004-06:00</published><updated>2010-05-03T08:41:39.131-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-05-03T08:41:39.131-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="crónica" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="elmundo.es" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Maras" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El Salvador" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Cárceles" /><title>Tras la mirada de un pandillero preso</title><content type="html">&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Siete pandilleros vestidos de un amarillo chillón con siete cámaras de fotos en sus manos salen a uno de los patios de la cárcel, y lo primero que hacen es acercarse a una estatua de la Virgen María para fotografiarse junto a ella. 1, 2, 3 fotografías… ¿Surrealismo? No, solo la enésima prueba de que la realidad es capaz de superar con creces la ficción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy es viernes, falta una hora para el mediodía y esto es una prisión salvadoreña. Se llama Izalco y está situada en el municipio homónimo, unos 60 kilómetros al occidente de San Salvador. El cuadro de los pandilleros fotógrafos ha sido propiciado por Klavdij Sluban, un prestigioso y laureado fotógrafo francés que estos días está de visita en Centroamérica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; "&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S97fp36VwhI/AAAAAAAAAXU/4bF7zz5ejkg/s1600/Pandilleros_02.JPG"&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S97fp36VwhI/AAAAAAAAAXU/4bF7zz5ejkg/s400/Pandilleros_02.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5467052908150637074" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 271px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:Georgia, serif;color:#0000EE;"&gt;&lt;u&gt;&lt;br /&gt;&lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; "&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S97fp36VwhI/AAAAAAAAAXU/4bF7zz5ejkg/s1600/Pandilleros_02.JPG"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;Respaldado por la Embajada de Francia en El Salvador, Sluban propuso a la Dirección de Centros Penales sumarse a un experimento que él había puesto ya en práctica en prisiones de Rusia, de Eslovenia, de Serbia, de Francia, de Georgia… La idea es simple: tras una pequeña charla explicativa, se entregan cámaras a un grupo de internos para que fotografíen lo que les permitan las autoridades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del área que acoge la estatua de la Virgen María pasan al patio central, donde está la cancha de baloncesto. No hay mucha actividad a pesar de la hora. La mayoría de los internos están en sus celdas, desde donde se asoman para ver qué sucede. 12, 13, 14 fotografías... Salvo los descamisados, todos tienen camisetas amarillas. Tras la explicación, unos pocos posan gesticulantes para sus compañeros de pandilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las dos principales pandillas juveniles o maras que operan en El Salvador –Mara Salvatrucha y Barrio 18– surgieron en Estados Unidos, desde donde se expandieron a Centroamérica como consecuencia de la deportación masiva que Washington institucionalizó en los noventa. Ambos grupos se profesan un odio a muerte, por eso en este penal solo hay integrantes del Barrio 18.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy es un día inusual en Izalco, y no solo por las sesiones de fotografía. La actividad ha permitido a los siete elegidos caminar por el penal sin grilletes y ahora les hará merecedores de un regalo inesperado. Cuando los conducen al área de visitas, los guardias los suben por las rampas que usan los familiares, y desde aquí se ve más allá de los muros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; font-weight: normal; "&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S97fpZHMb6I/AAAAAAAAAXM/0-SR7w-hwTs/s1600/Pandilleros_01.JPG"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S97fpZHMb6I/AAAAAAAAAXM/0-SR7w-hwTs/s400/Pandilleros_01.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5467052899883052962" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 285px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Apenas se ven lomas arboladas y verdes, pero saben a libertad para los que desde hace meses o años solo han visto cemento gris coronado. 18, 19, 20 fotografías… La agitación generada por el regalo no pasa desapercibida para Sluban. “Las prisiones son como el cuarto de baño de los países, lo que a las visitas nadie le gusta enseñar de su casa”, dirá luego. Está convencido de que el estado de sus cárceles muestra el nivel cultural de cada nación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El penal de Izalco es casi un hotel si se tiene en cuenta que esto es un penal centroamericano. Es la joya de la corona del sistema penitenciario salvadoreño, la que con más generosidad se muestra a la prensa. Se inauguró en 2007 con una capacidad para 786 internos y hoy alberga a 840. Un lujo si se tiene en cuenta que, en todo el país, los prisioneros triplican la capacidad instalada. “En tres años no hemos tenido ni un muerto”, dice orgulloso Juan José Zepeda, el director.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;El rally fotográfico continúa hacia el área de visitas, un rectángulo amplio en el que madres, esposas, novias e hijos se pueden sentar alrededor de mesas de cemento junto a los visitados, que mantienen su riguroso amarillo. El ambiente es silencioso. 23, 24, 25 fotografías… La caja de cartón del carrete decía que eran 24, pero Sluban ya advirtió de que siempre salían más fotografías. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;El Crazy es uno de los siete pandilleros. Purga ocho años de condena por haber robado a un hombre dos cadenas de plata, un reloj, unos lentes de sol y cuatro dólares. Todo su cuerpo está tatuado. Su cara es un lienzo. Se acerca, me da la cámara y me pregunta si quedan fotografías. A través de un visor se ve el número 28. El rollo, en efecto, se ha terminado y con él, lo más interesante de la actividad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; "&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S97fpNS4nqI/AAAAAAAAAXE/YkPNw0k2iKE/s1600/Copia+de+_4165456.JPG"&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S97fpNS4nqI/AAAAAAAAAXE/YkPNw0k2iKE/s400/Copia+de+_4165456.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5467052896710860450" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 212px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;“Estoy convencido de que hay muchos pandilleros en este penal que quisieran buscarle otro rumbo a su vida, fuera de la pandilla”, le comentará el director Zepeda a Sluban durante el almuerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las fotos se revelarán esta noche y a cada uno de los fotógrafos noveles mañana se les entregará una copia de su trabajo. Una experiencia similar a lo que ha ocurrido hoy se hará ocho veces en dos centros de internamiento diferentes. Después, Sluban hará una selección de las mejores imágenes, y se exhibirán del 26 de abril al 14 de mayo en el Museo Nacional de Antropología de San Salvador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mirada de los pandilleros saldrá por unos días de los muros, y la sociedad podrá conocer otra faceta de las maras, un fenómeno tan presente como desconocido para la mayoría de los salvadoreños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso será en unos días. Hoy, a la hora de la despedida del primer grupo, entrada ya la tarde, el Crazy tomará la palabra y en nombre de todos dirá a Sluban y a su comitiva unas palabras que sonarán sinceras: “Gracias por venir a este lugar, porque no todos tenemos estas oportunidades, así que les damos las gracias por haber hecho esta actividad”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-1648890230686263759?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/gh0jF1e7mAfvpoYKiREVxedlgGA/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/gh0jF1e7mAfvpoYKiREVxedlgGA/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/gh0jF1e7mAfvpoYKiREVxedlgGA/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/gh0jF1e7mAfvpoYKiREVxedlgGA/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/0y01r84-DGQ" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/1648890230686263759/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2010/05/tras-la-mirada-de-un-pandillero-preso.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/1648890230686263759?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/1648890230686263759?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/0y01r84-DGQ/tras-la-mirada-de-un-pandillero-preso.html" title="Tras la mirada de un pandillero preso" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S97fp36VwhI/AAAAAAAAAXU/4bF7zz5ejkg/s72-c/Pandilleros_02.JPG" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2010/05/tras-la-mirada-de-un-pandillero-preso.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;C0cHQ3c6cSp7ImA9WxFTGUs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-3208755611367650532</id><published>2010-04-10T22:21:00.003-06:00</published><updated>2010-04-10T22:43:52.919-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-04-10T22:43:52.919-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Talcigüines" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Semana Santa" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Texistepeque" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El Salvador" /><title>Semana Santa cerveza en mano</title><content type="html">&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S8FR2kdxerI/AAAAAAAAAVg/uyWMjFB6dKY/s1600/_3295164.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 235px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S8FR2kdxerI/AAAAAAAAAVg/uyWMjFB6dKY/s320/_3295164.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5458734221293091506" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: arial; "&gt;El otro día el padre Urías vio algo que le escandalizó. Se topó con un cartel promocional de un 'Bikini open' atravesado en la calle. Lo anunciaban para el 1 de abril, Jueves Santo, el día en que los cristianos creen que Jesucristo cenó por última vez. “¿Acaso no tiene días el año? A esas cosas sólo van los muertos en vida, los que tienen el alma oscurecida”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Son poco más de las 8 y media de la mañana del lunes, y el padre Urías celebra misa en la iglesia de San Esteban, en Texistepeque, un pequeño pueblo ubicado a 80 kilómetros al poniente de la capital salvadoreña. Delante de él, en las primeras bancas y vestidos de rojo sangre, hay un grupo de talcigüines, niños, jóvenes y no tan jóvenes disfrazados para representar el mal. Hace calor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los talcigüines de Texistepeque son la tradición más singular de la Semana Santa salvadoreña. Los estudiosos la presentan como una genuina muestra de sincretismo entre las costumbres de la población náhuat local y las que trajeron los conquistadores. La representación aspira a simbolizar el triunfo del bien –Jesucristo– sobre el mal –los talcigüines–.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se podría resumir así: tras la misa, una horda de talcigüines sale endiablada látigo en mano hacia la plaza del pueblo a fustigar a quien quiera redimir sus pecados y también a quien no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante tres horas hay carreras y latigazos, mientras Jesucristo intenta someter a algunos de ellos en las cuadras aledañas Lo conseguirá, siempre lo consigue, pero al final, pasado el mediodía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora aún hay calma dentro de la iglesia. El padre Urías habla del 'Bikini open' mientras sigue entrando gente en el templo. Cuando comenzó la misa, la mitad de las bancas estaban vacías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; "&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S8FR28gQpvI/AAAAAAAAAVo/cJ0A8U8Qjic/s1600/_3295111.JPG"&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S8FR28gQpvI/AAAAAAAAAVo/cJ0A8U8Qjic/s320/_3295111.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5458734227745974002" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 253px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#0000EE;"&gt;&lt;u&gt;&lt;br /&gt;&lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; "&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S8FR28gQpvI/AAAAAAAAAVo/cJ0A8U8Qjic/s1600/_3295111.JPG"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;Edgardo Sandoval tiene 40 años y es talcigüín desde hace 30. “Yo vengo de una familia de talcigüines”, dice orgulloso. Quizá por ello cuenta con resignación que, por haber tenido solo “dos hembritas”, su descendencia no podrá vestirse de rojo. Ser talcigüín parece ser cosa de hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sandoval es pragmático: “Del 2002 o 2003 para acá ha empezado a extenderse la tradición, y para mí está bien”. Garantiza la continuidad. Recuerda que en el siglo pasado hubo que rescatar del olvido a los talcigüines porque durante algunos años dejó de representarse. Entre masificación y olvido, no tiene dudas. Incluidos los niños, hoy se disfrazarán 37, el triple que hace apenas unos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre Urías no está tan convencido. Ahora dice que tampoco le hace gracia que haya jaripeos en Semana Santa: “Nosotros, los cristianos, no podemos divertirnos de esa manera”. Oriundo del vecino municipio de Metapán, es el párroco de la iglesia de San Esteban desde enero pasado. Ésta es la primera parroquia a su cargo. El padre Urías tiene 30 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Esto no se trata sólo de divertirse, sino que debería de tratarse de sentir el dolor en el alma”, dice, y sus palabras se apagan al interior de este templo largo, estrecho e incapaz de mantener el fresco. Hace calor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se trata sólo de divertirse, reitera el padre Urías, pero en un par de horas la plaza de Texistepeque estará tan llena que costará caminar. Estará llena de gente que quiere una fotografía junto a un talcigüín, de muchachas ceñidas que ensayan su mejor sonrisa, de escotes provocadores, de cumbia y de reguetón, de carretones de sorbetes y de comida rápida, de basura, de ventas de todo tipo, llena de periodistas y de turistas llegados de lejos para filmar las carreras. Estará llena de jóvenes que cerveza en mano piden más latigazos o gritan en coro culeros (homosexuales)a los talcigüines.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo eso será cuando terminen esta homilía y esta misa en las que el padre Urías aún se pregunta cuántos vendrán hoy a Texistepeque sólo por diversión, como si no estuviera claro. “Todos ellos han perdido lo más importante: a Dios”, se responde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo visto son pecadores. Pero Texistepeque es el lugar apropiado. Los latigazos que reparten a diestra y siniestra los talcigüines sirven, dice la tradición, para redimir pecados. Los látigos –también llamados aciales– son de cuatro largas correas de cuero atadas a un mago de madera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; "&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S8FR3IV0A_I/AAAAAAAAAVw/BeqarUEer3c/s1600/_3295160.JPG"&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S8FR3IV0A_I/AAAAAAAAAVw/BeqarUEer3c/s320/_3295160.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5458734230923379698" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;Los latigazos deben darse formando la señal de la cruz, y cuando se dan con ganas, se convierten en LATIGAZOS; así, con mayúsculas, porque duelen y dejan profundas marcas. Casi al final, un talcigüín con la capucha mojada por el sudor se arremangará el brazo derecho y me mostrará el zarpazo sanguinolento que un compañero le hará de forma involuntaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un plano teórico, El Salvador supura cristiandad desde su mismo nombre. El lema de su escudo dice Dios, Unión y Libertad. La capital se llama San Salvador; y las dos ciudades más importantes, San Miguel y Santa Ana. Sin olvidar que el salvadoreño más universal, Monseñor Romero, fue un obispo. Y sin embargo, como en casi todo el mundo, la Semana Santa cada vez se relaciona más con la playa y la cerveza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misa finaliza, y los talcigüines –los que comulgaron y los que no– se juntan a un costado de la iglesia. Al poco aparece el padre Urías, se toman unas fotos grupales, luego los bendice y les pide que no golpeen demasiado fuerte. Se regresa a la sacristía y uno minutos después reaparece en el atrio vestido de civil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Padre, ¿Usted cree que la tradición aún mantiene el espíritu religioso? &lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;—Yo creo que en los últimos años se ha visto un deterioro de la religiosidad en nuestro pueblo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;—¿A qué se refiere? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;—Se han ido secularizando las celebraciones, ¿verdad? Y ya la gente lo ve más como un aspecto de diversión. Se ha perdido un poco el sentido religioso; de hecho, muchas veces ni entran a la misa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en efecto, es a partir de ahora, justo cuando la misa termina, que Texistepeque se llenará.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-3208755611367650532?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/AT6WsEs44rnDgVxZAJ9n_b-Adfg/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/AT6WsEs44rnDgVxZAJ9n_b-Adfg/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/AT6WsEs44rnDgVxZAJ9n_b-Adfg/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/AT6WsEs44rnDgVxZAJ9n_b-Adfg/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/IUbXzLwFE04" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/3208755611367650532/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2010/04/semana-santa-cerveza-en-mano.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/3208755611367650532?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/3208755611367650532?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/IUbXzLwFE04/semana-santa-cerveza-en-mano.html" title="Semana Santa cerveza en mano" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S8FR2kdxerI/AAAAAAAAAVg/uyWMjFB6dKY/s72-c/_3295164.JPG" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2010/04/semana-santa-cerveza-en-mano.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CE4DQHo4eip7ImA9WxBQE0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-335945444394788185</id><published>2010-01-13T08:14:00.002-06:00</published><updated>2010-01-13T08:29:31.432-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-01-13T08:29:31.432-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Violencia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Autobuses" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El Salvador" /><title>Muerte de un motorista</title><content type="html">&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;Hace unas horas esta era una carretera cualquiera. A la derecha, una zanja y vegetación –árboles, arbustos, maleza–, sin casas. A la izquierda, unos metros de tierra, los cables del tendido eléctrico y el muro gris de una fábrica de colchones. El asfalto podría estar peor y las líneas blancas son pasado. Una carretera cualquiera. Pero ahora en el suelo está tirado el cadáver del motorista de un autobús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De América Latina se dice que es la región más violenta del mundo, y de El Salvador se sabe que es el país más violento de América Latina: 4.365 asesinatos durante 2009 en un territorio con poco más de 6 millones de habitantes. Doce al día. Entre tanto dolor, uno de los sectores más golpeados es el transporte público.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un total de 437 motoristas, cobradores o propietarios de autobuses fueron asesinados en los últimos cuatro años. Y 2010 ha comenzado con siete cadáveres en los primeros ochos días. Uno de ellos es el que está tirado ahora en esta carretera, a su paso por el cantón El Portezuelo de Santa Ana, la ciudad más grande de la zona occidental del país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se llamaba Samuel Antonio Alvarenga, Samuel para los conocidos. Tenía 37 años, una esposa, una madre y una hija de poco más de un año. Hace dos semanas estaba desempleado, pero le salió trabajo en la ruta de autobuses que hace el recorrido entre Santa Ana y la frontera con Guatemala. Con suerte, un motorista recibe de su patrón 300 dólares mensuales, sin prestaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; "&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S03V0CIbDHI/AAAAAAAAASE/EAzaT396eVU/s1600-h/Foto+01.JPG"&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S03V0CIbDHI/AAAAAAAAASE/EAzaT396eVU/s400/Foto+01.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5426228215953427570" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 311px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;A las 10:15 de la mañana, Samuel manejaba rumbo a la frontera cuando, en las afueras de la ciudad, dos jóvenes que iban entre el pasaje se levantaron, uno de ellos sacó su arma, se la puso a Samuel debajo de la oreja derecha y sin mediar palabra le atravesó la cabeza de un disparo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tiene un impacto en la región retroauricular derecha, el orificio de entrada. La salida está en la región retroauricular izquierda– me dirá el fiscal Billy Macall en unos minutos, justo antes de retirarse de la escena.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Sin gobierno, el bus se fue hacia la derecha y se detuvo contra la zanja. Este tramo de la carretera es cuesta arriba, y el golpe fue suave. Solo un hombre, asustado al ver las armas, saltó de la unidad antes de que se detuviera, pero lo hizo por el lado equivocado, el bus se le vino encima y hubo que hospitalizarlo. Los asesinos huyeron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Pandilleros? –preguntaré a Macall.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;—Es pronto, pero por la apariencia que han descrito y la forma de proceder, diría que sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde mediados de 2004 este tipo de asesinatos se suceden cada vez con más frecuencia en El Salvador. Buses y microbuses son la base del sistema de transporte público, y ser motorista y cobrador se ha convertido en una profesión de alto riesgo. ¿La razón principal? Policía Nacional Civil y las gremiales del transporte coinciden: las maras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante el aumento del acoso policial derivado de la implementación a finales de 2003 del Plan Mano Dura, las pandillas Mara Salvatrucha y Barrio 18 vieron en la extorsión una manera sencilla de obtener fondos, y comenzaron a exigir un pago a los buses que atravesaban las zonas bajo su control. Desde entonces esta práctica no ha hecho más que extenderse y las cantidades exigidas, aumentar. Cuando los empresarios se niegan, suele haber problemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Samuel ha muerto de inmediato, sobre el asiento, pero su cuerpo inerte lo han sacado del bus. Ahí tirado lo tienen, rodeado por un docena de personas, entre policías, investigadores y empleados de Instituto de Medicina Legal. Toman notas, hablan, van y vienen, ríen. Para ellos Samuel es un muerto más. También para los principales diarios del país, que mañana apenas le concederán unas líneas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Va a iniciar el ritual de la bolsa, el que el fotógrafo Christian Poveda registró en “La vida loca”, su documental sobre las pandillas. Un trabajador de Medicina Legal se pone unos guantes de látex y mete a Samuel, no sin pocas dificultades, dentro de una bolsa negra, como las que se usan para la basura, pero más grande. El bulto lo cargan en la parte trasera de un pick up y se lo llevan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; "&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S03V0YY25qI/AAAAAAAAASM/CPSbV_lnn4c/s1600-h/Foto+03.JPG"&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S03V0YY25qI/AAAAAAAAASM/CPSbV_lnn4c/s400/Foto+03.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5426228221927941794" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 304px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;La viuda y la madre de Samuel no han visto la escena porque están en la puerta de la fábrica de colchones, al otro lado del bus. Se abrazan. Además de perder a un hijo y a un marido, ni los patrones ni el Estado les darán indemnización o pensión alguna. Con suerte quizá les paguen el ataúd.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Estamos trabajando en un proyecto, una especie de Plan Padrino para ver de qué manera ayudamos a las viudas y sus niños, pero es algo que hay que hacerlo aún, porque el Estado no ha hecho nada”, me dirá esta tarde en San Salvador Catalino Miranda, líder de una importante gremial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de la familia, también ha venido un grupo de seis empleados de la misma ruta. Saben que el tema de las pandillas es delicado y prefieren no hablar mucho. Responden con evasivas. Samuel no es el primer motorista asesinado en esta ruta. En diciembre mataron a otro y al cobrador que lo acompañaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y se sabe ya quién lo hizo? –pregunto. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;Un cobrador al que le calculo no más de 24 años rompe la dinámica de los murmullos y eleva un tanto la voz para responder.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;—No, aquí nunca se sabe nada, aquí matar un motorista es como matar a un chucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la 1:25 de la tarde ya se han llevado el cuerpo embolsado de Samuel, se han ido el fiscal Macall, los de Medicina Legal, los policías, los pocos curiosos, la madre y la viuda. Una grúa remolca el autobús, y los sigue una camioneta cargada con los compañeros. El tráfico se reanudará en unos minutos, y el primer vehículo en aparecer será otro bus. Y la calle volverá a parecer una carretera cualquiera, como si aquí nada hubiera ocurrido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#0000EE;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="text-decoration: underline;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-335945444394788185?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/ehkHL678HjuCY97CH6dq62DFV08/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/ehkHL678HjuCY97CH6dq62DFV08/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/ehkHL678HjuCY97CH6dq62DFV08/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/ehkHL678HjuCY97CH6dq62DFV08/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/olE3OZ_IMic" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/335945444394788185/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2010/01/muerte-de-un-motorista.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/335945444394788185?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/335945444394788185?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/olE3OZ_IMic/muerte-de-un-motorista.html" title="Muerte de un motorista" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S03V0CIbDHI/AAAAAAAAASE/EAzaT396eVU/s72-c/Foto+01.JPG" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2010/01/muerte-de-un-motorista.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEIBRn0_eSp7ImA9WxBRFUU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-3489946265306783759</id><published>2009-12-15T15:54:00.003-06:00</published><updated>2010-01-04T00:29:17.341-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-01-04T00:29:17.341-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="La Campanera" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="crónica" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Gatopardo" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Barrio 18" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Christian Poveda" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El Salvador" /><title>¿Quién mató a Christian Poveda?</title><content type="html">&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-family:arial;"&gt;El fotógrafo y documentalista franco-español Christian Poveda murió el 2 de septiembre de 2009. Le dispararon a muy corta distancia dos veces en el rostro. No le robaron nada. Estaba solo cuando lo hallaron, tirado a tres metros de su vehículo, junto a la sinuosa carretera que une los municipios de Soyapango y Tonacatepeque, en el área metropolitana de San Salvador. Acababa de salir de una colonia llamada La Campanera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SygHWv3zMNI/AAAAAAAAAQw/ljeEnvWVxDY/s1600-h/San_Luis_Potos%C3%AD_Taller.jpg"&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SygHWv3zMNI/AAAAAAAAAQw/ljeEnvWVxDY/s320/San_Luis_Potos%C3%AD_Taller.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5415586639302045906" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 213px; height: 320px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;Tras un impasse de dos horas por un malentendido con su nombre, a las 5:30 de la tarde la Policía Nacional Civil (PNC) tenía ya la certeza de que el director de “La vida loca” había sido asesinado. La noticia tardó poco en propagarse, como si fuera una epidemia, y en cuestión de horas supo encontrar al escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya en su minúsculo apartamento del barrio Sangen-Jaya, en Tokio. Se enteró mientras navegaba en internet, con un titular de la Agencia Efe que dejaba poco margen para las ambigüedades: “Asesinan al fotógrafo Christian Poveda, director de un documental sobre pandillas”. Los 14 husos horarios que separan Japón y El Salvador habían convertido el miércoles en jueves, el hoy en ayer, el presente en pasado. Pero no amortiguaron la conmoción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los caminos de Christian y de Horacio se habían cruzado años atrás. Fue Christian quien lo buscó para proponerle que escribiera el prólogo de un libro de retratos sobre pandilleros que tenía pensando editar en México. La idea nunca cuajó, pero la comunicación se mantuvo porque tenía en mente un proyecto más ambicioso. En febrero de 2008 coordinaron un almuerzo en Madrid, España, en un restaurante de comida gallega del barrio de Malasaña. Horacio quedó sorprendido por el entusiasmo y por el conocimiento exhaustivo del fenómeno de las maras demostrado por su interlocutor. Resultó una reunión amena, de la que Horacio se despidió con una copia del documental “La vida loca”, con un sugestivo ofrecimiento para trabajar juntos y con la impresión de que Christian sabía demasiados nombres y apellidos; demasiados. La relación siguió estrechándose gracias a internet, pero nunca más lo volvió a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Horacio supo del asesinato un año y siete meses después de aquel encuentro. Aturdido como un boxeador castigado, apartó los ojos de la laptop y los dirigió hacia su cuaderno de apuntes. Agarró un lápiz y anotó lo primero que se le ocurrió: “El asesinato de Christian Poveda me ha conmocionado. Era evidente que lo terminarían matando, pero exhalaba tanta confianza y entusiasmo que todos creíamos en su invulnerabilidad”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;A Christian lo conocí el 16 de julio de 2008 en un restaurante chino de San Salvador llamado Hunan. Lo cité para una entrevista, y llegó puntual, cargado con su inseparable laptop. Para entonces Christian tenía 53 años, pero parecía más joven. Medía un metro ochenta de estatura, se conservaba bien, proporcionado, y llevaba el pelo en su sitio. Lo singularizaban sus lentes, un grueso anillo en el dedo gordo de la mano derecha y el eterno gesto de seriedad en su rostro, como si le costara sonreír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es que a mí las guerras me siguen por todos lados –me dijo con su castellano afrancesado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SygHWbggckI/AAAAAAAAAQo/AuFpWj7AhNQ/s1600-h/La_Vida_loca_01.jpg"&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SygHWbggckI/AAAAAAAAAQo/AuFpWj7AhNQ/s320/La_Vida_loca_01.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5415586633835639362" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 240px; height: 320px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;La palabra guerra aparece con demasiada frecuencia en la biografía de Christian. Nació en Argel en 1955, nieto de unos abuelos que huyeron a Argelia de la Guerra Civil Española e hijo de unos padres que huyeron a Francia de la Guerra de Argelia cuando él tenía seis años. Su afición por la fotografía está relacionada con la Guerra de Vietnam y con los disturbios del Mayo del 68 francés. Y apenas pudo escaparse de la casa, agarró una cámara y marchó a fotografiar guerras en Mauritania, Sierra Leona, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, la isla de Granada, Camboya, Irak y Líbano. Con estos antecedentes, no resulta tan extraño que terminara enamorado de la guerra abierta que en Centroamérica libran las pandillas Mara Salvatrucha (o MS -13) y Barrio 18.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La carrera de documentalista la desarrolló de forma paralela a la de fotógrafo. Antes de “La vida loca” había trabajado en otros 15 documentales con temas tan variados como el toreo, la lucha contra el sida o el ciclismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquella plática con rollitos de primavera de por medio me mostró fotografías impactantes, un repaso por algunos de los conflictos más sangrientos en el último cuarto de siglo. Me impresionaron su memoria y la precisión de los datos con los que enriquecía cada imagen. Así, una foto de unos soldados agazapados a la espera de los suministros de un helicóptero militar guardaba la historia de un operativo antiguerrilla, encabezado por el general Benedicto Lucas, entonces jefe del Estado Mayor guatemalteco, y realizado en febrero de 1982 en un pueblo del departamento de Santa Cruz del Quiché llamado San Juan Costal. Christian estaba consciente de que mil buenas palabras son el complemento perfecto para cualquier imagen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel día también me dijo que regresó a El Salvador en 2004, dos décadas después de haber cubierto la guerra civil, y que la elección no fue casual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Este país tiene una particularidad: es uno de los más pequeñitos del mundo, pero en lo malo está siempre en el pódium de los tres primeros. En homicidios son los primeros, medalla de oro; en pandillas, ahí van; en consumo de droga, medalla de bronce...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La crítica explícita era una herramienta que Christian usaba con frecuencia, y esto le supuso no pocas discusiones y enemistades. Nueve meses antes de que lo asesinaran dejó plasmada, en un foro de internet, su teoría acerca de la crítica como instrumento para el crecimiento profesional: “La crítica es imprescindible, y tiene que ser franca y directa, aunque no guste. Pero eso sí, tiene que ser argumentada, honesta y sincera”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa manera de ver la profesión hizo que Christian no fuera alguien muy querido entre el gremio de fotógrafos de El Salvador, un país en el que cuesta digerirlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Había muchos que decían que eso de hacer retratos de pandilleros es la cosa más fácil, que ese tal Poveda un par de retratos es todo lo que había hecho –dijo Edgar Romero, un fotógrafo salvadoreño de 41 años y mirada profunda.&lt;br /&gt;—¿Muchos? –pregunté.&lt;br /&gt;—La prueba está en que su círculo de amistades entre los fotoperiodistas en El Salvador era pequeño a pesar de ser un tipo que vino sin ninguna jactancia y a tratar de enseñar, pero pocos fueron los que lo escucharon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edgar Romero era uno de los pocos amigos que Christian tenía en el gremio. Su amistad se empezó a forjar una mañana de noviembre de 2005, en la que coincidieron a los pies de la catedral de San Salvador. Pandilleros del Barrio 18 habían tomado el edificio para protestar por las condiciones en las cárceles. Ese mismo día, en la tarde, Christian se presentó en el Photocafé, el negocio de Edgar Romero, un bar de luces cálidas y música baja que terminó convirtiéndose en su segundo hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo creo que los salvadoreños –escuché a Christian decir otro día– tienen una forma bastante oportunista de funcionar: se preocupan solamente de ellos mismos y nada más, pero no están funcionando de una manera cívica. Cada uno está en su casa y se preocupa de sus cosas. Y claro, cada uno contrata su propia seguridad, y no se piensa como sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Christian concibió “La vida loca” a finales de 2004, cuando viajó a El Salvador con la idea entre ceja y ceja de documentar el fenómeno de las maras. Confiado en sí mismo y con los conectes adecuados, apuntó alto: se reunió con líderes tanto de la Mara Salvatrucha como del Barrio 18 y logró los permisos para realizar sesiones fotográficas y entrevistas personales a pandilleros en las cárceles y fuera de ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La semilla para la película estaba sembrada, y comenzó a germinar en enero de 2006, cuando abandonó París para instalarse de forma definitiva en El Salvador. Como gran cocinero que era, se trajo el antiquísimo libro de recetas heredado de su abuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la buena experiencia con las fotografías, el objetivo ahora era la película. Se lo planteó de nuevo a los cabecillas de las dos pandillas, pero en esta ocasión sólo el Barrio 18 aceptó la propuesta. Se acordó que la filmación sería en La Campanera, Soyapango, una populosa colonia de clase media-baja ubicada a 20 minutos en carro desde el centro de San Salvador. Territorio del Barrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los motores narrativos de “La vida loca” es la panadería con la que los pandilleros tratan de demostrar que son capaces de sostener un proyecto productivo. Esa panadería es parte de esos ofrecimientos para lograr el sí del Barrio. Los hornos y todo el instrumental los tuvo que pagar Christian. Y el alquiler del local. Y la harina. Y la levadura. Y las piñatas. Y los abogados. Y los tratamientos médicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el tiempo que funcionó, uno de los gerentes de la panadería fue Moreno. Es quizás el pandillero con el que más relación creó de entre todos los personajes del documental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 29 de agosto de 2006, Christian llegó poco antes de las nueve de la mañana a la colonia Bella Vista, en Soyapango, a unos 10 minutos en carro de La Campanera. Entró en el mesón y cámara en mano se dirigió al cuarto en el que dormía Moreno. Ese martes cumplía 26 años y Christian tenía algo en mente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Puta, hijoeputa, mirá cómo te veo –dijo, fiel a su convicción de que las palabrotas disimulaban su acento francés.&lt;br /&gt;—¡Puta! ¡Come mierda! Dejá dormir, andate a la mierda –respondió una voz desde la cama.&lt;br /&gt;—Ah, qué culero. Vámonos, vámonos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No insistió. Cerró la puerta. Moreno dio medio vuelta y al poco se durmió. Moreno es José Luis Rosales, pandillero de la 18 desde los 12 años, amigo de Christian y uno de los personajes que más peso tienen en “La vida loca”. Tiene la piel clara, un bigote tímido en su rostro y por el cuello y el brazo derecho se le asoman tatuajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasada una hora, Christian regresó y comenzó a golpear de nuevo la puerta. Lo hizo con tanta fuerza que la destrabó. Entró, y le tiró un vaso con agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Levantate, que te vamos a celebrar el cumpleaños.&lt;br /&gt;—Hijoeputa, vos solo casaca sos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ofrecimiento iba en serio. Christian había ido a comprar una bolsada de carne, seis libras de arroz, tomates, cebolla y cilantro. También trajo dos garrafones de vodka Troika y cervezas para una tribu entera.&lt;br /&gt;—Y ahorita llamá a los homeboys.&lt;br /&gt;—¿Y qué vas a hacer?&lt;br /&gt;—Celebrar, y lo vamos a poner en la película.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante la filmación Christian pagó el alquiler del cuarto en la Bella Vista para evitar el acoso policial en La Campanera, le compró un teléfono celular, lo llevaba a restaurantes de la exclusiva colonia Escalón de la capital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En octubre de 2007, encarcelaron a Moreno por homicidio agravado y extorsión, pero no dejaron de verse. Incluso encarcelado. Un día antes de su asesinato Christian gestionó ante las autoridades de Centros Penales una visita en el de Quezaltepeque. Moreno la aceptó por escrito pocas horas antes de que asesinaran a su amigo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Quezaltepeque 2 de septiembre de 2009. por este medio ago constar que yo Jose Luis Rosales estoy de acuerdo para seguir con la segunda etapa de el documental de Crístian el periodista. yo estoy dispuesto a trabajar con el F. Jose luis Rosales.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un año antes, en aquel restaurante chino, había preguntado a Christian por qué tanto esfuerzo y tiempo en retratar este mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Porque a mí me interesa el trabajo sobre la marginación social –dijo–. Y las maras son un ejemplo universal para demostrar los efectos que generan la marginación y las malas políticas sociales.&lt;br /&gt;—¿Y qué tipo de relación mantienes con los personajes de tu documental?&lt;br /&gt;—Estoy en contacto permanente con ellos. Ahora que salgamos de esta entrevista me voy a ir a ver a algunos. Tú no puedes estar dos años con gente a diario y no establecer una relación. Ellos son lo que son, yo no me involucro en sus cosas, pero de ciertos personajes de mi película, claro, estoy siempre al tanto de si no les pasó algo o si los encarcelan, si siguen vivos… Ese tipo de cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otros acuerdos cruciales con el Barrio 18 para la filmación de la película eran, en primer lugar, que el documental sólo se iba a exhibir en el extranjero; en segundo, que iba a mostrar la vida de los pandilleros que ya no querían andar en la violencia, y en tercero, que una vez la película se hubiera exhibido en cines fuera del país, Christian entregaría una copia de buena calidad para que la pudieran vender en la calle como DVD pirata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Evitar que llegara al mercado negro se convirtió en una obsesión para Christian, al punto que, salvo excepciones como Horacio, no prestaba copias de la película ni siquiera a sus amigos. “Le tengo tanto miedo a la piratería que me asusta saber que hay algunas copias paseándose”, escribió alarmado a finales de 2008. Pero lo más que logró su recelo fue retardar lo inevitable. En agosto, unas semanas antes de su asesinato, “La vida loca” estaba en las calles del centro de San Salvador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los 16 meses de filmación había hecho amistad con varios de sus personajes, pero transcurridos dos años casi todos estaban ya muertos, o encarcelados o vivían en otras colonias. La Campanera a la que llegó el 2 de septiembre, no era la misma en la que él podía dejar el carro con las puertas abiertas dos años atrás. Él lo sabía mejor que nadie. ¿Por qué entonces alguien conocedor de que algo había fallado en su acuerdo con el Barrio 18 y que sabía como pocos del funcionamiento interno de las pandillas, encendió su carro y lo manejó hasta la boca del lobo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; "&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: arial; "&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Los datos fríos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos estima que el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha suman unos 24,000 pandilleros activos repartidos en 46 de los 50 estados. Están tan preocupados por la cifra que a finales de 2004, el FBI creó una unidad especial para monitorear y desarticular ambos grupos. La PNC de El Salvador, un país que tiene 0.2% del tamaño de Estados Unidos y su población representa 2%, tiene fichados en sus archivos a 17,000 pandilleros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y las pandillas siguen creciendo?&lt;br /&gt;—Sí, en mi opinión, sí.&lt;br /&gt;—¿Estamos peor que nunca?&lt;br /&gt;—Así es. Y el año pasado estábamos peor que nunca, y el anterior. Y en el año 2000 estábamos peor que nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Responde Augusto Cotto, el subdirector de Investigaciones de la PNC. Por su cargo, es el responsable de la investigación policial del asesinato. Está convencido de que el Barrio 18 le cobró a Christian desavenencias surgidas tras el rodaje, aunque no sabe –o no quiere– especificar cuáles. Cotto incluso señala quién es el pandillero que desde un penal dio la orden de ejecutarlo: Nelson Lazo Rivera, El Molleja. El papel que la policía le atribuye es el de encargado de tribu para las colonias de la zona norte y poniente de Soyapango, donde se ubica La Campanera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Molleja y Christian son viejos conocidos. Se vieron por primera vez a finales de 2004, durante el trabajo fotográfico que realizó antes del documental. El Molleja posó para Christian. Tiene una mirada triste y enigmática, y su cuerpo parece lienzo. En su cara hay más carne tatuada que sin tatuar. Destacan un gran “666” en la frente, la palabra “SUR” en su nariz, varios “18” y “13” –las dos pandillas en guerra respetan esta cifra porque los identifica como sureños de Los Ángeles– de distintos tamaños y una intimidante inscripción entre las cejas y los ojos: “GAME” a la derecha, “OVER” a la izquierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SygHWmAsgnI/AAAAAAAAAQ4/WGxAQV1ct1M/s1600-h/Molleja01.jpg"&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SygHWmAsgnI/AAAAAAAAAQ4/WGxAQV1ct1M/s320/Molleja01.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5415586636655002226" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 214px; height: 320px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;El joven al que la policía presentó como el autor intelectual del asesinato era como un imán para Christian. En su cuenta de Facebook, en el recuadrito donde debía ir su fotografía, lo que aparecía era el rostro tatuado de El Molleja. Además, y a pesar de no residir en La Campanera, no desaprovechó la oportunidad de incluirlo en “La vida loca”. Se le ve en uno de los velorios, junto al ataúd de uno de los pandilleros asesinados. Y más adelante, como uno de los detenidos tras una redada masiva, El Molleja aparece sentado entre docenas de dieciocheros en la presentación ante los medios de comunicación. Christian regaló a El Molleja dos planos, cinco segundos de gloria.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La última vez que vi a Christian fue dos meses antes de que lo asesinaran. La Alianza Francesa de San Salvador organizó el 30 de junio un debate titulado “Violencia juvenil, ¿qué soluciones?”, y él era uno de los ponentes. Llegó con su mejor sonrisa y sin recibir ni un dólar a cambio. La charla resultó un evento íntimo, con no más de 30 personas de público. Al terminar, recuerdo que me pidió el teléfono para hacer una llamada a su pareja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En sus intervenciones, Christian explicitó su postura personal sobre el fenómeno de las pandillas: las políticas represivas implementadas en El Salvador por la derecha fueron un fracaso, hay sectores de la sociedad que se lucran de la violencia, los medios de comunicación locales tienen una cuota de responsabilidad importante, y la única solución a corto plazo es que el gobierno se siente a negociar con los pandilleros y cree condiciones para una tregua entre la Mara Salvatrucha y el Barrio 18.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mensaje de “La vida loca” está en sintonía con ese planteamiento que dibuja a los miembros de pandillas más como víctimas que como victimarios. En el documental los represores son la policía y el ejército. Los pandilleros son una joven que intenta encontrar a su madre que la abandonó a los seis días de nacida, son una madre que amamanta a su hijo, son un niño de la calle agradecido con la familia que encontró en el Barrio. Son jóvenes que intentan ganarse la vida haciendo pan, pero que son perseguidos. En 90 minutos aparecen pandilleros que se divierten, bromean, bailan, trabajan, se drogan, se convierten al cristianismo o se tatúan, pero no hay ni un solo plano de alguno armado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante esta selección de la realidad que realizó Christian, no es de extrañar que la crítica de cine publicada por el diario francés Libération concluyera con esta frase: “Ha podido dibujar los contornos de los personajes, por lo que ahora es imposible negarles la condición de las víctimas”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un aporte fundamental sobre el fenómeno de las maras que hace el documental no está en un primer plano de lectura. La pandilla que retrata va más allá del estereotipo del grupo de jóvenes tatuados con predisposición al delito y a la violencia. Christian logra mostrar la complejidad del fenómeno, y es algo que se ve en los velorios. En el último que se muestra, el de la pandillera tuerta, los tatuados son minoría. Lo que abundan son rostros imberbes, adultos mayores, hasta niños se ven. Todo un entramado social. Con su cámara Christian dejó sin argumentos a los que opinan que las pandillas son un problema estrictamente delincuencial y no social.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unas semanas antes de que se estrenara, en septiembre de 2008, en el Festival Internacional de Cine de Donostia, en el País Vasco, pude preguntar a Christian qué opinaba él de “La vida loca”, y ésta fue su respuesta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La película es, como decimos en Francia, à double tranchant, a doble corte. Realmente yo he compartido la vida de estos locos, y hay algunos que los ves vivir… y los ves vivir y los ves vivir. Y es puro documental, no es como un actor que muere y ya sabes que lo vas a ver vivo en otra película. Aquí mueren de verdad. Y eso es algo impresionante y que le da fuerza a la película, pero al mismo tiempo asusta mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy todo son elogios para “La vida loca”, pero hasta ese 2 de septiembre de 2009 lo cierto es que no estaba funcionando comercialmente. Pasó sin pena ni gloria por los festivales en los que se proyectó, y su primer contacto con la gran pantalla fue una decepción. Se estrenó de manera comercial en España en diciembre de 2008, pero sólo en cuatro salas: dos de Madrid y dos de Barcelona.&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;—La película tuvo poca repercusión –me dijo Luis Ángel Bellaba, productor y distribuidor en España–. Fue tan leal con el tema de su película, las maras y con el dolor que representa esa vida, que filmó exactamente eso. Y lo describió tan bien que lo hizo a lo mejor muy duro. La gente hoy no está acostumbrada a ese tipo de películas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para el 30 de septiembre de 2009 estaba previsto el estreno en Francia, la tabla de salvación. Además de director, Christian era coproductor y había incluso vendido su casa en Francia para financiar el documental. Estaba también convencido de que la viabilidad de su nuevo proyecto dependía de que “La vida loca” obtuviera unos números aceptables. Christian quería dirigir una película de ficción sobre las maras. Y el guión lo iba escribir Horacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá por eso recibió con los brazos abiertos la propuesta que le hizo la revista francesa Elle de publicar un extenso reportaje sobre pandilleras justo la semana del estreno de la película en Francia. Una publicidad invaluable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Él quería hablar con nosotros –me dijo Moreno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Christian lo citaron en La Campanera. Fue porque ese regreso iba a servir para dos cosas: allanar el camino antes de la visita del equipo de Elle y explicar al nuevo liderazgo local del Barrio 18 que él no era el responsable de que el dvd se estuviera vendiendo en las calles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El miércoles 2 de septiembre Christian madrugó como de costumbre, y se sentó frente a su computadora. Navegó durante al menos dos horas, con constantes ingresos a Facebook, el portal al que dedicaba tanto tiempo en los últimos meses. De la casa salió con una camisa azul oscura para ser entrevistado por la inminente inauguración de la exposición fotográfica en el Photocafé que él había curado. Regresó pasadas las 10. A mediodía volvió a subirse en su Nissan Pathfinder plateada y se dirigió hacia La Campanera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SygHW-fMvpI/AAAAAAAAARA/yodBP_zLef8/s1600-h/Carro.jpg"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SygHW-fMvpI/AAAAAAAAARA/yodBP_zLef8/s320/Carro.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5415586643225394834" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 177px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Elle abortó su reportaje, pero Christian logró sin pretenderlo lo que se había propuesto: publicidad para “La vida loca”. El documental se estrenó el 30 de septiembre en Francia con éxito de crítica y de público, se reestrenó en España el 30 de octubre y con los años quizá se convierta en un documental de culto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Sonaba el Canon en re mayor de Johann Pachelbel cuando a las tres de la tarde del 9 de septiembre entré a la iglesia. A esa hora se cumplía una semana exacta desde el asesinato. Christian era un ateo confeso, pero la familia tuvo a bien organizar una misa católica para que amigos y colegas pudieran honrar su memoria y despedirse. Ésa era la idea. Madre y hermana, llegadas desde España, estaban sentadas en primera fila, cerca de la urna con las cenizas, una sencilla caja de madera dentro de una pequeña corona de flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La iglesia de Santa Elena forma parte del complejo funerario privado en el que incineraron a Christian. Es de reciente construcción, de paredes blancas e impecables, con capacidad para 450 personas sentadas y bien iluminada gracias a la luz que entra por las ventanas y por la ciclópea cristalera que hay detrás del altar. La decoración es parca: una gran cruz de madera, estatuas, un cuadro enorme de San Escrivá de Balaguer, la bandera de El Salvador. Lo que más llamó mi atención fue el aire acondicionado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Callados los violines, la misa inició con apenas un tercio de las bancas ocupadas y una veintena de fotógrafos y camarógrafos enfocando y revoloteando alrededor de la urna como avispas alteradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SygHXKOuGRI/AAAAAAAAARI/Q0kaJliO2Xc/s1600-h/Misa_03.jpg"&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SygHXKOuGRI/AAAAAAAAARI/Q0kaJliO2Xc/s320/Misa_03.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5415586646377502994" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 194px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;En sus discursos, la hermana de Christian, María José, rogó porque su muerte sirva para cambiar El Salvador; y Aída Santos, una ex juez que aparece en “La vida loca”, dijo que la paz en el país no se logrará entre resentimientos y egoísmos. Mientras se pronunciaban estas palabras, el avispero se peleaba por la mejor toma: ocuparon los pasillos, se sentaron junto a la urna con las cenizas, se aproximaron a la madre para fotografiarla… Ésa fue la despedida del gremio a pesar de que un día antes se hizo circular una solicitud expresa: “Todos y todas sabemos el respeto con que Christian asumía el trabajo periodístico y, por lo tanto, en un momento tan duro como éste, queremos ofrecer ese mismo respeto a su memoria y a su familia”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los días siguientes, una fracción de las cenizas voló hacia Alicante, la tierra de la que huyeron sus abuelos en 1939 y a la que regresó su madre. El resto, la porción mayor, por deseo del propio Christian se esparció en tres lugares distintos de El Salvador, el país que quiso tanto y por el que tanto dio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-3489946265306783759?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/L9YurwMAMwWrkBd1jAomU3xjYQk/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/L9YurwMAMwWrkBd1jAomU3xjYQk/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/L9YurwMAMwWrkBd1jAomU3xjYQk/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/L9YurwMAMwWrkBd1jAomU3xjYQk/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/wfJe_avhci8" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/3489946265306783759/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/12/quien-mato-christian-poveda.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/3489946265306783759?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/3489946265306783759?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/wfJe_avhci8/quien-mato-christian-poveda.html" title="¿Quién mató a Christian Poveda?" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SygHWv3zMNI/AAAAAAAAAQw/ljeEnvWVxDY/s72-c/San_Luis_Potos%C3%AD_Taller.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/12/quien-mato-christian-poveda.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;C0EHR3w5cCp7ImA9WxNaE00.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-4246437339281353384</id><published>2009-11-24T22:09:00.008-06:00</published><updated>2009-11-27T00:00:36.228-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-11-27T00:00:36.228-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="crónica" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Pavón" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Familia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Maras" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Barrio 18" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Guatemala" /><title>Jonathan no tiene tatuajes</title><content type="html">&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;El cuarto alguna vez fue blanco. Es un cuadrado casi perfecto, tres por tres. La puerta es de metal, negra y maciza, como si se quisiera esconder algo valioso. La ventana, alargada y estrecha, con barrotes. Entra poca luz. El moblaje es mínimo, solo una camilla oscura con apoyabrazos y cinturones que permite suponer que aquí hubo muertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las únicas tres condenas a muerte por inyección letal que se han ejecutado en América Latina se consumaron en esta salita de la Granja Modelo de Rehabilitación Pavón, en Guatemala. Un tal Manuel Martínez fue el primero, el 10 de febrero de 1998. Además de autoridades, periodistas y un pastor evangélico, su agonía la vieron a través de un cristal renegrido la esposa –con quien había contraído matrimonio unas horas antes– y los tres hijos de la pareja. Una familia completa reunida en el Módulo de la Muerte para ver morir al padre condenado por un séptuplo homicidio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Swyvx30hVHI/AAAAAAAAAPM/RpWOYCDvZao/s1600/Copia+de+M%C3%B3dulo+de+la+muerte.jpg"&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Swyvx30hVHI/AAAAAAAAAPM/RpWOYCDvZao/s320/Copia+de+M%C3%B3dulo+de+la+muerte.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407890523897812082" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 218px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Más de una década después, otra familia se reúne en el mismo lugar. La forman un pandillero llamado Neck –el rostro tatuado, 36 años de condena–, la esposa, la hija y Jonathan, el hijo que quiere ser como su papá. Como Pavón permite a las visitas quedarse el fin de semana, raro es el sábado en el que no duermen los cuatro sobre el mismo colchón en un cuarto contiguo al de la camilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hoy es miércoles y Jonathan no ha venido. A esta hora, cuarto para la 1, debe de estar preparándose para ir a clases. Estudia quinto grado. Acaba de cumplir 13 años y ya le sombrea el bigotillo. Es un muchacho despierto, de mirada fija y locuaz, con una voz que le ha desarrollado más que el cuerpo. Su profesora dice que es muy bueno dibujando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y vos que sos del Barrio –pregunto a Neck–, ¿no te llegaría que Jonathan también lo fuera?&lt;br /&gt;—Preguntáselo a ella –señala con la mirada a su esposa–, a ver qué te dice.&lt;br /&gt;—Es un problema que tenemos, porque a Jonathan le llama mucho la atención ser 18, igual que su papá. Incluso se pinta en las piernas el 1 y el 8.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jonathan no tiene tatuajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Su ficha en la Dirección General del Sistema Penitenciario asegura que nació un día 13, en septiembre de 1979. Pero Neck no siempre fue Neck. Durante 13 años se llamó Erick Gerardo Vallecillo Alarcón, sin más, el menor de tres hermanos, hijo de una alcohólica llamada Blanca Inés y de un padre de cuyo nombre no quiere acordarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neck nació sin tatuajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SwyvyE2TlYI/AAAAAAAAAPU/WKdibGbXluY/s1600/Copia+de+GUA-APREDE-072209-2810.JPG"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SwyvyE2TlYI/AAAAAAAAAPU/WKdibGbXluY/s320/Copia+de+GUA-APREDE-072209-2810.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407890527394960770" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 202px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Su primera casa –hogar es demasiado cálido– estaba en Guamilito, un céntrico barrio de San Pedro Sula. Después de saber de lo que ha sido capaz, cuesta imaginarse a Neck con camisita celeste y pantaloncitos gris plomo, su uniforme en la escuela José Trinidad Cabañas. Cuesta imaginarlo como un niño que sumó y restó, rió, traveseó, beisboleó, soñó. Todo eso duró demasiado poco. En 1992 su madre murió. Su padre se alcoholizó aún más. Lo corrieron de casa. Y se tiró a la calle. Ya solo podía prosperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Erick Gerardo cayó en la colonia Francisco Morazán, la Mora. Allí estaba bien parada la pandilla Barrio 18, y no había cumplido los 14 cuando ya caminaba con ellos. Con los meses, afloró la fidelidad hacia los dos números, lo golpearon durante 18 segundos y lo rebautizaron: Neck.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nueva vida ofrecía ventajas. Se movía dinero y el dinero movía todo lo demás: la comida, el alcohol, las prostitutas, la marihuana, el techo. Y había hermandad. Una vez cayó preso y un par de homeboys (compañeros de la pandilla) lo rescataron. Lo hicieron cuando lo trasladaban a pie hacia unos tribunales. Llegaron, cuadraron a los agentes y los amarraron con sus mismas esposas. Ni siquiera hubo que asesinarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Problemas con la justicia fueron los que lo obligaron a dejar su hogar en San Pedro Sula. Siempre protegido por los dos números, durante dos años estuvo rebotando entre Honduras, El Salvador y Guatemala, donde en el año 2000 lo condenaron a 21 años de prisión por homicidio en grado de tentativa, robo agravado y amenazas. Los minutos se hicieron horas; y las horas, días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El odio a muerte entre el Barrio 18 y Mara Salvatrucha (MS-13) suena eterno, pero comenzó a inicios de los noventa. Ambas son de la zona sur del condado de Los Ángeles (Estados Unidos), ambas rinden tributo a la Mafia Mexicana, y ambas llevan con orgullo el número 13 que las identifica como sureñas. En esa su guerra fratricida, de hecho, ha habido treguas, como las que aún mantienen en las cárceles estadounidenses; entonces se dice que se corre el Sur. Pero Centroamérica es otra historia. El 15 de agosto de 2005 la Mara Salvatrucha extendió su guerra con el Barrio 18 a los únicos lugares de Centroamérica donde aún se mantenía el pacto de no agresión: los centros penales de Guatemala. Se rompió el Sur, y Neck lo vivió en carne propia en una cárcel llamada El Infiernito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ese día solo los locos del Barrio fuimos los paganos, ¿mentendés?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A plena luz del día se le acercaron dos y con un cuchillo hechizo le abrieron el cuello y la cabeza una y otra y otra vez. Neck terminó siendo un número más en el balance oficial de 35 muertos y 80 heridos –casi todos dieciocheros– que resultó de ese primer día de guerra abierta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se recuperó a tiempo. El 22 de octubre 19 presos de El Infiernito se escaparon por un túnel de 120 metros que cavaron en 10 meses bajo el piso. Fue la fuga más sonada de la última década, en la que los fugados incluso dejaron escrito en la pared un mensaje para ridiculizar al Gobierno. Neck fue uno de esos 19.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El escándalo propició que se elaborara una baraja de cartas con los rostros y se repartiera entre los policías. A Neck lo recapturaron el 7 de noviembre en los suburbios de Ciudad de Guatemala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ese día, ¿mentendés? Estaba así, impaciente por querer salir, y todavía le pregunté a una bicha: ¿no hay juras? No, me dice. Ah, entonces voy a traer el fusil (un AK-47). Yo llevaba 30 tiros, ¿va? para el AK, ¿mentendés? Porque lo tenía a cargo, ¿mentendés? Yo ahora he cambiado bastante, pero era del pensar de que no me iban a agarrar vivo, ¿mentendés? Porque laneta, si yo iba a morir, me iba a llevar a por lo menos tres o cuatro puercos conmigo, ¿mentendés? Pues sí, yo iba para la casa del homeboy, y como a media cuadra me cuadraron dos juras. Que si la hacen bien, si hubiera entrado en la casa, ahí hubieran encontrado no solo el AK, ¿mentendés? Y yo hubiera tenido una gran bronca encima, hasta con el Barrio, ¿mentendés?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nada sirvió la baraja. A pesar de que estaba más cerca de los 30 que de los 20, la cédula que el Barrio le facilitó y su aire juvenil lograron que durante tres días uno de los más buscados permaneciera detenido pero anónimo en un centro para menores de edad. Cuando las autoridades al fin se enteraron de que era el Neck, hubo un motín para evitar el traslado. Lo tuvo que sacar el Ejército.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El balance de la fuga fueron 17 días de libertad, una mano huesuda tatuada en el rostro y un XVIII en la frente, 15 años más de condena por evasión y transporte de armas de fuego y una mal disimulada sensación de arrogancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces está encerrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Jonathan es muy bueno dibujando. Le fascina, dice Silvia Henríquez Orozco, su profesora de quinto grado en la escuela pública donde estudia. Por lo demás, se le atragantan casi todas las materias, con frecuencia falta a clases, y cuando asiste raro es que no se le haya olvidado algún cuaderno. En julio lo cambiaron de grupo porque fotografió debajo de la falda de una compañera con un teléfono celular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dibujos que hace no son paisajes ni flores ni familias felices ni santaclaus. Le gusta dibujar calaveras, letras y números góticos y una mano huesuda y con largas uñas que tiene el dedo índice extendido y los otros cuatro retorcidos para formar un ocho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la escuela Jonathan no saben que el padrastro es pandillero, que su condena concluye en el año 2036 y que esa mano huesuda que tanto dibuja es un íntimo tributo a Neck y a todo lo que representa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Brigitte De la Hoz nació en 1981 hija de un policía y de Delmi Castro. Su padre es hoy apenas un recuerdo; murió cuando tenía 3 años. Su madre es poco más que una voz distante y unos dólares remesados; cuando enviudó, huyó hacia Estados Unidos. Sin padre ni madre, Brigitte y su hermana menor se criaron con una tía abuela a la que comenzaron a llamar Mamá Corina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su niñez la pasó en La Chácara, una colonia marginal donde el Barrio 18 tenía y tiene presencia, pero su sentimiento hacia los dos números se quedó nomás en la simpatía. Sin padres y con un carácter como el suyo, Brigitte se propuso tomar desde muy joven las riendas de su vida, y la consecuencia fue su maternidad precoz: con 15 años ya había parido a Jonathan; con 16, a Susana. Pero ni siquiera esto suavizó su temperamento, sus malas palabras, su propensión a la violencia. Mamá Corina, que es un pedazo de pan, cree que solo ella la aguanta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Solo yo la aguanto porque ¡ja! la Brigitte tiene un carácter...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La persona con la que se casó en 2007 también la aguanta, a su manera. Pero antes está 2006, un año convulso. Lo inició encarcelada. Había estado presa ya, otras cuatro veces, entradas siempre de menos de siete días. Esta vez fueron casi cuatro meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y por qué, si puedo preguntar?&lt;br /&gt;—Porque le volé un pedazo de cabeza a una chava y le corté todo el cuello con un espejo.&lt;br /&gt;—¿Y ella murió?&lt;br /&gt;—No, gracias a Dios que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En marzo recobró la libertad. Pero al poco ella y Jonathan y Evelyn Susana y Mamá Corina tuvieron que dejar La Chácara. El cuñado de Brigitte asesinó a una persona y creyeron que irse era lo mejor. Se trasladaron a Chinautla, en la zona norte de la capital. Recién instalados supo del asesinato de la que era su pareja hasta entonces. El año no suspiró sin un nuevo ingreso en la cárcel, esta vez como visitante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Neck y Brigitte se conocieron en el Preventivo para Hombres de la Zona 18 a finales de 2006. Ella llegó vestida de luto: falda negra, suéter negro. Acababa de morir su pareja. Su estancia en la cárcel obedecía nomás al deseo de acompañar a su hermana menor, que visitaba al padre de sus hijos. Neck y Brigitte cruzaron miradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Brigitte lo contará así:&lt;br /&gt;—Llegamos al penal a ver a mi cuñado. Y cuando vi que él pasó… a mí sí me gustó desde que lo vi, y donde se dio la vuelta y le vi el tatuaje de la cara. ¡Ihhh…! Pero si es 18, sí ¿va? Y cabal, vi que era 18. Y en la misma me dijo mi hermana: mirá quién está ahí, el chavo de los tatuajes en la cara. ¿Y lo conocés?, le dije ¿Y no es el que salió en la tele, el que se hizo pasar por menor?, me dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neck lo contará así:&lt;br /&gt;—El cuñado de ella la anduvo ofreciendo, que ya estaba soltera, ¿mentendés? Que iba a venir una cuñada a verlo, y al que más miedo tenían en el sector era a mí. Y llegó y dijo hey, que va a venir mi cuñada, va a venir mi cuñada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Brigitte se convirtió en la haina de Neck. Así llaman en la pandilla a la pareja de un pandillero cuando ella no es miembro activo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero cuando está delante de otras personas le dice esposa. Entendido. Porque ella es su esposa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neck y Brigitte se casaron en el mismo penal en que se habían conocido cuatro meses atrás. Sucedió el 14 de febrero de 2007. Los casó un pastor evangélico, en un día de visita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ni cuarto nos dieron –dirá él.&lt;br /&gt;—Ajá –asentirá ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Ingresar en Pavón resultó menos complicado que lo que creía. Apenas un cacheo superficial, sin escáneres ni perros ni aparatos de esos que se alteran cuando sienten el metal cerca. Podría haber entrado con un par de gramos de cocaína en el bolsillo y nadie se habría dado cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy es un miércoles nublado de julio, día de visita. A este lado de la puerta principal hay pegados a las vallas un centenar de internos que esperan a una madre, a una esposa, a unos hijos. Detrás, a cien metros, están las oficinas administrativas, un edificio estirado y de una sola altura con una torre alta y acristalada a la mitad. Parece un aeropuerto de provincias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SwyvyzQBQhI/AAAAAAAAAPs/YCwPYZ5p-J4/s1600/IMG_5443.jpg"&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SwyvyzQBQhI/AAAAAAAAAPs/YCwPYZ5p-J4/s320/IMG_5443.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407890539850842642" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 222px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;Gustavo Cifuentes –pequeño, compacto, piel clara, pelo negro– saluda a diestra y siniestra. Gustavo es una de esas personas cuya biografía no cabría en un libro. Con 38 años encima, es un pandillero calmado del Barrio 18 al que todos conocen como Mish, su viejo nombre de guerra. Le entregó tanto al Barrio que pudo salirse de la pandilla sin bronca. Es generoso, extrovertido y le gusta bromear cuando está contento. Ahora trabaja para la Asociación para la Prevención del Delito (APREDE) y para el Ministerio de Cultura y Deportes. Desde esas dos trincheras lucha por un imposible: mejorar las condiciones de los conocidos que tiene dentro de los penales y evitar que los de afuera que están a un paso de convertirse en delincuentes lo den.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin Mish habría sido imposible conocer –conocer– a Neck.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre el gentío junto a la puerta de entrada reconozco la mano huesuda en el rostro debajo de una cachucha. Me acerco. Tiene cara de marido preocupado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahora no, carnal, que no quieren dejar entrar a… –su voz se aleja con él, que intenta buscar un mejor lugar para saber qué está pasando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera del penal, en la fila de entrada para las visitas, arranca un tumulto. Desde adentro comienzan los sueltalaijoeputa, los dejenlapasar. Parece como si se organizara un linchamiento. El detonante resulta ser Brigitte, que ahora grita con lágrimas en los ojos, sin saber contra quién descargar su furia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos minutos, cuando bajaba del taxi que la trajo, vio que se llevaban detenida a su hermana menor porque en el registro le habían hallado unas botellas de alcohol. Iracunda, se abalanzó como una leona sobre la agente que la escoltaba y le lanzó un manotazo en el rostro. Tuvieron que detenerla entre tres custodios. Por ese arrebato luego no querían dejarla entrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la visita se respeta en Pavón, es sagrada, y desde adentro se ve lo que ocurre en la fila de ingreso; por eso arrancó el tumulto, que solo se calma cuando permiten el ingreso de Brigitte y de todo lo que trae: comida, una mesa playera y unas sillas verdes de plástico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando más tarde la veo, sigue preocupada por lo de su hermana. Es la primera vez que nos saludamos y que puedo mirarla con detenimiento. No es muy alta y tiene el pelo y los ojos de un negro intenso. Carga unas libras de más, pero las mueve con sensualidad, como una buena bailarina de samba; tiene 28 años y la redondez aún le sienta bien. Ahora viste jeans y unas botas altas con tres dedos de tacón. Va escotada, una o dos tallas menos en el brasier, para que se vea bien su nombre tatuado en su pecho. Para Neck, Brigitte es la mujer más bonita del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha venido sola, sin Jonathan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Juan Francisco Escobar está sentado en una silla fuera del cuarto en el que duerme. Es un tipo enorme, con barba, el pelo amarrado y largo. Antes de dedicarse al narcotráfico había sido paracaidista, de las fuerzas especiales. Escobar juega con un mapache, su mascota. Lo enrabia, lo agarra con su manota por el cuello y lo agita como si fuera un trapo. Se llama Tuco. Dice que los mapaches son buena compañía, que ayudan a sobrellevar, que los consigue en un plis-plas cuando tiene un comprador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si querés uno, te lo vendo por 100 quetzales (unos 12 dólares). Los estoy dando por 150 o 200, pero a ti te haría precio. Dame 100 ahora y te lo tengo para cuando vengás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos dentro de la Granja Modelo de Rehabilitación Pavón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La revista Gatopardo publicó un artículo sobre Pavón en marzo de 2007. El llamado de portada era “La prisión donde mandaban los presos”. Así, en pasado. La nota narraba cómo a finales de 2006 más de 3,000 policías y soldados con tanquetas, ametralladoras y helicópteros ejecutaron el Operativo Pavo Real. El Gobierno vendió la idea de que todo regresaría a su cauce, de que Pavón volvería a ser un penal en el que las autoridades autorizan y los presos obedecen. Fue todo un golpe de efecto. Su promotor, el director del Sistema Penitenciario, Alejandro Giammattei, oficializó pocas semanas después su candidatura a la Presidencia. Como consecuencia de la avalancha mediática orquestada que acompañó al operativo, Pavón conserva aún hoy una imagen de que el Gobierno tiene el sartén por el mango. Nada más lejos de la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comparada con otras cárceles, Pavón es generosa con sus internos: sus cifras no indican hacinamiento, disponen de una radio interna, de talleres y tierras de cultivo, y se permiten visitas tres días por semana, con posibilidad incluso de que los familiares se queden los sábados. Los presos caminan a sus anchas y hay decenas de tiendas de comida, billares, milpas, un auditorio y una cancha de fútbol. También hay una regla no escrita que compromete a asesinos, narcotraficantes y violadores con una máxima: la visita se respeta. El resultado de ese orden, impuesto por los propios internos, es un aparente clima de tranquilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hay muchas mujeres que cuando vienen de visita se ponen las joyas al entrar y se las quitan al salir –dice satisfecho Noel de Jesús Beteta, uno de sus internos más famosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" color: rgb(0, 0, 238); font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SwyvydNCT8I/AAAAAAAAAPc/CetH_GpbcZg/s320/IMG_5465.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407890533932748738" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 226px; " /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;Pero de esa sensación a que el Estado tenga absoluto control hay un abismo. En los tres días que pude ingresar, además de que me intentaran vender un mapache, presencié consumo de marihuana y crack, me invitaron a tomar chicha, y comprobé que disponer de un teléfono celular es tan sencillo como tener un cepillo de dientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Está endiabladamente bien hecha y es como un imán. Se la mandó tatuar como mecanismo de defensa, para que no lo reconocieran cuando se fugó de El Infiernito. Por más que uno lo intente, cuesta dejar de mirar esa mano huesuda con forma de 18 tatuada en la cara. La tiene en su lado derecho. Nace de la yugular y se extiende sobre su pómulo con textura, profundidad y detalle. El dedo índice llega hasta encima de la ceja; y el dedo gordo, hasta los labios. Alguien podría considerarla una obra de arte, pero para él es una condena a ser inconfundible, a ser dieciochero a perpetuidad. Neck es un hombre pegado a una mano huesuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y tiene algún significado especial?&lt;br /&gt;—Mala suerte, ¿mentendés? –responde, una manera de decirme que deje de preguntar, que no conviene hablar de los tatuajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso en que Jonathan debe de dibujar realmente bien, como dice su maestra, si es capaz de replicar esta mano huesuda  en sus cuadernos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace más de una hora que los custodios nos encerraron en el Módulo de Aislados de Pavón, el sector en el que están algunos de los prisioneros más peligrosos y/o inadaptados de todo el penal. Casi todos son del Barrio 18 o de su entorno. Mish se ha echado a dormir, y ahora estoy con Neck y Brigitte sentado alrededor de la mesa de plástico verde. Ella pregunta la hora –faltan minutos para mediodía–, y pide permiso para levantarse y comenzar a preparar la comida. Al poco regresa, y deja un repollo sobre la mesa, justo delante de Neck.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No me lo vayas a deshojar todo –eleva la voz Brigitte, y sigue con lo suyo sobre una repisa que le sirve de mesa de cocina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neck me ofrece otro vaso de naranjada, y continúa con su vida. La conversación está resultando amena y fluida, como si agradeciera el simple hecho de que alguien se haya molestado en preguntar. Decide liarse un puro. Conseguirlos aquí adentro es tan sencillo como disponer de 2 quetzales ($0.25). Lo ofrece. Neck conserva ese rasgo de ruralidad que lo empuja a uno a compartir lo que tiene, por poco que sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—…entonces tiré el arma, ¿mentendés? –divaga Neck.&lt;br /&gt;—Mirá, Gordo –interrumpe Brigitte, casi un grito–, necesito aquel traste verdecito, porfa. Ah, y me traés una cebolla también, porfa.&lt;br /&gt;—Va.&lt;br /&gt;—Una así –extiende sus dedos–, más o menos, porque va a servir para la ensalada y para el chirimol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo llama Gordo nomás por molestar. Neck mide en torno al metro setenta y cinco, pero es delgado como cebollín. Si dejamos a un lado los tatuajes, es bien parecido, un cazador. Tiene una cara simétrica, imberbe, la sonrisa como gesto dominante y de cada una de sus orejas cuelga un arete. El pelo le gusta llevarlo corto, lo justo para tapar las marcas en su cabeza. Su cuello está también surcado por cicatrices y en el brazo derecho tiene un balazo calibre 22. Pese a sus 30 años de vida y 10 en prisión, conserva un aire adolescente en su mirada, en su vestir y en su caminar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—…pues ese día –retoma la plática y el repollo cuando regresa con el traste– perdimos una nueve milímetros, una Baby Glock, ¿va? Porque uno cuando…&lt;br /&gt;—¡Todo me lo deshojaste ya, vos! –grita Brigitte, el enojo en la mirada– ¡Medio repollo vamos a hacer!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neck calla y me mira cómplice, como pidiéndome disculpas. No replica. Se levanta y sale a buscar la cebolla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Los internos lo conocen como el Módulo de Aislados o simplemente el Módulo. Se trata de la estructura que el Gobierno de Guatemala construyó en 1997 para aplicar la inyección letal. Además del cuarto cuadrado tres por tres con la única camilla para inyecciones letales de América Latina, se construyeron una serie de salas adicionales: una amplia y acristalada para presenciar la ejecución; otra para que el reo pasara sus últimas horas; otra más como confesionario; otra chiquita para el verdugo… Y como si se avergonzaran, lo edificaron alejado de todo, en una esquina de Pavón, y lo rodearon con un muro gris de siete metros de altura. Entre 1998 y 2000 ejecutaron a tres: Manuel, Luis Amílcar y Tomás. La estructura luego cayó en desuso hasta inicios de 2008, cuando se rehabilitó para volver a recibir a condenados a muerte. Se pintó y se reacondicionó, pero la aplicación de la pena máxima volvió a congelarse. Entonces, alguien tuvo la idea de convertirlo en el lugar de confinamiento para presos problemáticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ingresar al Módulo hay que llamar a los custodios que están en la entrada del penal, a más de cien metros. Llegan, abren la puerta, se entra, ellos se van y cierran la puerta con llave. Mish es bien recibido aquí porque casi todos son del Barrio 18, como él, y por cosas como esta: cuando ayer vinimos por primera vez, trajimos cuatro gallinas vivas. Despescuezaron de inmediato a dos para el almuerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De los diez que están estos días de julio solo cuatro pueden salir y moverse por el resto de Pavón. Neck es uno de los privilegiados. Por eso y también por las visitas constantes. Rara es la semana en la que Brigitte no llega al penal tres días. Los hijos, Jonathan y Evelyn Susana, llegan los fines de semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué haces con tu familia cuando te visita?&lt;br /&gt;—Salimos –dice Neck– y vamos arriba, al campo, jugamos un cacho, hacemos algo de comer… Y nos venimos a dormir ya un poquito tarde, para que no se aburran tanto aquí adentro, ¿mentendés?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una familia se esfuerza por tener vida al interior de este edificio que el Estado guatemalteco construyó para matar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Huele a carne frita, suena a carne friéndose. Brigitte cocina en el pasillo. Lo hace sobre una resistencia eléctrica incrustada en medio bloque de concreto. Neck continúa hablando, sentado y con los brazos cruzados, en este cuarto del Módulo que hace las veces de vestíbulo. Ya me ha convencido con creces de que los delitos por los que está condenado son una fracción mínima de todo lo que ha hecho en su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por decírtelo así, no te pueden comprobar nada, ¿mentendés? ¿Cómo te lo van a comprobar si no te han encontrado en el hecho?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Brigitte llega con un pequeño plato blanco en su mano, y sobre el plato, una moronga humeante. Por la cara que pone Neck debe de ser uno de sus platos favoritos. Brigitte se sienta a la par de su esposo, le sujeta la mano que no usará para comer, y se la comienza a acariciar. Pregunto si han pensado en tener algún hijo. “En esas vueltas ando”, dice Neck, la boca llena. Si de elegir se trata, prefiere que sea varón, como Jonathan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la nada aparece Mish. Se apoya en el vano y se dirige a Neck.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Llecuneva hocunoras encerracunado, ¿no puecuneden sacunacar a Cocunoco un racunato?&lt;br /&gt;—No, no… No. Ahí que se quede, carnal. El vato ahí que se quede, mucha plancha ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mish no insiste. Da media vuelta y desaparece rumbo hacia las celdas. Ante mi gesto de desconcierto, Neck explica que con esas palabrejas le ha pedido que dejen libre un rato a Coco, uno de los internos del Módulo al que los demás han encerrado bajo llave. Los pandilleros operan aquí adentro igual que afuera, con rígidas normas de disciplina interna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Brigitte, sin ser pandillera activa, también ha entendido todo lo que dijo Mish.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Swyvyg6FX5I/AAAAAAAAAPk/L14n5_WGLFc/s1600/IMG_5451.jpg"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Swyvyg6FX5I/AAAAAAAAAPk/L14n5_WGLFc/s320/IMG_5451.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407890534926999442" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;La jerigonza se la volveré a escuchar en distintas situaciones durante los próximos días. Se trata de un sistema de comunicación entre pandilleros, compartido por dieciocheros y por salvatruchos, que garantiza intimidad en presencia de oídos extraños. Más preocupante que conocer o no lo que dicen, pienso, es el hecho de nunca antes haber tenido referencia alguna sobre este sistema, ni en libros o investigaciones supuestamente especializadas. Me pregunto cuánto se han molestado las sociedades centroamericanas en conocer el fenómeno de las maras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parecunece que pocunoco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Las noches que Brigitte pasa separada de su esposo transcurren en Tierra Nueva I, una colonia en el área metropolitana de Ciudad de Guatemala. Pertenece al municipio de Chinautla, pero está más volcada hacia Mixco. Ahí vive desde hace tres años junto a sus hijos y a Mamá Corina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La colonia no tiene mayores secretos. Es una carretera principal asfaltada y decenas de calles polvosas que salen de forma perpendicular y que lo llevan a uno a la escuela, al estadio de fútbol, al mercadito. A ambos lados de cada una de esas arterias, una casa tras otra, de bloque y tejado de lámina la mayoría, sin parques, sin árboles. La escuela de parvularia tiene en su muro un gran mural que dice En el alma del niño sembramos las doradas semillas del bien. Pero a pesar de esta siembra, Tierra Nueva I, como casi todo Mixco, es tierra de pandillas. Y Jonathan tiene 13 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y está fuerte el Barrio en Tierra Nueva? –pregunté a Brigitte.&lt;br /&gt;—Sí, pero gracias a Dios mis hijos no salen a la calle. De la escuela para la casa; y cuando no, en la casa de su tía pasan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá Corina tiene 81 años, el pelo blanco como la espuma y lucidez de sobra. Nunca se casó ni tuvo hijos, pero intentó criar a Brigitte y su hermana, y ahora hace lo propio con Jonathan y su hermana. Mamá Corina desde hace años mira a su alrededor, y en su propia casa se siente como la última de una estirpe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Antes no era así. Mi papá jamás –y remarca el jamás– trató mal a mi mamá. Cuando murió, mi mamá mi dijo que fue un hombre que nunca le dijo ni babosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora se queja de que Brigitte es muy enojada, de que levanta seguido la mano a sus hijos, de que Jonathan pega a su hermana, de que la hermana pega a Jonathan…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cuatro viven hacinados en un mesón. Alquilan por 500 quetzales ($60) al mes una pieza sin ventanas de apenas 5 por 4 metros. El baño es compartido con los vecinos. Algunas celdas del Módulo son más grandes que el cuarto en el que viven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;—No confío en nadie. He visto a muchos compadres asesinar a sus mismos compadres, ¿mentendés? Por una mujer, por varas, por vicio… Incluso adentro del Barrio ya no confío en nadie, ¿mentendés? Porque hasta tu homeboy… Si vos vas para arriba, ¿mentendés? Existe aquello de… ¡la maldita envidia! ¿Mentendés?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es lo que me respondió Neck hace un rato, justo antes de sentarnos a almorzar. Le había preguntado si no tiene algún homeboy al que considera un buen amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su familia es desde hace meses el único pilar emocional para sobrellevar el encierro, aunque quizá no sea él quien más se esté beneficiando de la relación. Brigitte ha conseguido una figura paterna para sus hijos, sobre todo para Jonathan. Neck se ha convertido en un referente al que escucha y al que llama papá cuando no tendría por qué hacerlo. Hay sintonía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Brigitte lo cuenta mientras recoge platos después del almuerzo. Se calla cuando aparece en el Módulo el director del penal, David Barillas, que asumió el cargo hace un par de meses. Tiene 37 años, pero parece mayor, quizá por su evidente sobrepeso. Es moreno y viste informal: camisa de botones, pantalón, tenis. Lo acompaña un joven agente uniformado y de gesto serio del Sistema Penitenciario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mish aprovecha para proponer una idea: que la dirección permita a los internos del Módulo montar una pequeña granja de conejos. Neck y Brigitte tienen su propia propuesta: instalar un puesto de venta de comida arriba, junto al resto de puestos. Brigitte cocina realmente rico, de eso se gana la vida. El director Barillas escucha con aparente atención, asiente y les invita a que envíen las propuestas por escrito, una manera elegante de evadir el tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En unas semanas tendré la oportunidad de preguntar al ministro de Cultura y Deportes, Jerónimo Lancerio, si cree en la rehabilitación. Responderá como un político: “Si bien es cierto que el porcentaje de personas que logran una reinserción social completa es bajo, todos los reclusos tienen el derecho a la oportunidad de rehabilitarse para retomar su puesto en la sociedad productiva y así mejorar sus condiciones de vida y las de sus familias”. Retomar su puesto en la sociedad, dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salimos del Módulo con el director Barillas poco antes de las 2 de la tarde. El matrimonio se queda adentro. A ella espero verla mañana en Tierra Nueva I, pero sé que pasará tiempo hasta que vuelva a ver a Neck.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Han transcurrido más de seis semanas desde mi última visita al Módulo. Aquí adentro ha habido cambios. La milpa que rodea el edificio está pidiendo ser doblada y junto a la entrada hay una mata de güisquil que florea. Ya no son 10 sino 13, y el aumento ha obligado a ocupar como dormitorio el cuarto cuadrado tres por tres de las inyecciones. A la camilla le han arrancado la parte acolchada para ablandar el suelo sobre el que uno de los nuevos duerme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el penal el director ya no es David Barillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También encuentro distinto a Neck. La mano huesuda sigue en su sitio, cautivadora siempre, pero él luce demacrado, el pelo más largo y desordenado, los ojos hinchados como solo los hinchan las lágrimas o el crack. Parece incluso más bajo, más poca cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pide que le describa cómo es Tierra Nueva I. Él no conoce las calles por las que a diario caminan su esposa y sus hijos. Hablamos sobre Jonathan, sobre la visita a su escuela, sobre los dibujos que escandalizan a su profesora. Resuenan las palabras que Brigitte dijo en la visita anterior: él le hace ver a Jonathan todas las consecuencias que trae ser pandillero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué tipo de consejos le das? –pregunto.&lt;br /&gt;—Que no ande con gente que anda tatuada, que no ande con gente que sabe que roba…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neck baja la mirada, se empequeñece, consciente quizá de que su siguiente frase debería ser: “Que no ande con gente como yo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A él le digo que como persona se tiene que desarrollar, ¿mentendés? Tiene que aprender a hablar y a expresarse.&lt;br /&gt;—¿Y qué te gustaría que fuera de mayor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neck calla un par de segundos, tres, cuatro. Baja la mirada de nuevo. Al fin responde que le gustaría que Jonathan se convirtiera algún día en médico o en arquitecto. Pero su respuesta me suena improvisada y hueca, como si nunca antes nadie le hubiera preguntado algo parecido, como si nunca antes hubiera pensado que existe un futuro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;--------------------------------------&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;* Los nombres de algunos personajes y lugares de este relato se han modificado por razones de seguridad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-4246437339281353384?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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De la casa de don Catarino, una de las pocas de ladrillo, apenas quedan los muros. Él estaba trabajando, pero a su esposa y a sus tres hijas las arrastró la correntada que la madrugada del domingo bajó del volcán Chichontepec, justo en el centro de El Salvador. Nadie aquí se explica cómo sobrevivió la gallina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;—Las tres niñas se murieron. Solo han hallado a una, la más grande, y es la que están velando. Las otras dos, a saber dónde estarán. La madre allá abajo la hallaron, golpeada, y la llevaron al hospital de San Vicente. Y dicen que allá murió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habla Mercedes Portillo, de 55 años y vecina de Don Catarino. Viste una vieja camiseta gris, falda verde y chancletas de piscina, todo prestado por su hija Teresa. Mercedes es enérgica y lleva la voz cantante en este corrillo de personas que hoy, mediodía del lunes, toman café y comen frijoles licuados y pollo con arroz que trajo una familia altruista llegada desde otro pueblo. La conversación, obvio, gira en torno a la tragedia ocurrida dos noches atrás en Verapaz.&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SvuhtjRWBxI/AAAAAAAAANk/g0gcG_ammv0/s320/_B092225.JPG" style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 235px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5403089981895214866" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;Situado a poco más de una hora al oriente de San Salvador, Verapaz es uno de esos pueblos que rarísima vez aparecen en los periódicos locales. Su caso urbano son –eran– apenas nueve cuadras de largo por seis de anchura, un lugar en el que todos se conocen y donde la palabra ruralidad aún tiene razón de ser. Los hombres llevan con orgullo el sombrero de ala y el corvo colgado del brazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este pueblo ignoto se convirtió de la noche a la mañana en el símbolo de la última tragedia que afecta a El Salvador, un pequeño país que en la última década ha sufrido dos terremotos, una erupción volcánica y las lluvias torrenciales provocadas por el huracán Stan en 2005 y ahora por Ida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cifras oficiales aún bailan, pero el último reporte habla de 144 fallecidos en todo el país, decenas de desaparecidos, unos 15.000 damnificados, 229 casas destruidas y más de 1.800 afectadas. Y cosechas perdidas, y puentes destruidos y carreteras inutilizadas. Verapaz aporta una cuota importante de tanta desgracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mercedes es de las afortunadas entre los residentes de la lotificación El Triunfo. De su casa no queda nada, pero ella, su hija Karla y su compañero de vida, José Isabel Romero, pudieron huir con lo puesto, y ahora están en la vivienda de otra de sus hijas. Perdieron todo: los documentos, la refrigeradora, la cocina, las dos camas y el televisor. Pero lo que más siente ella es que el deslave se llevara también la cosecha de maíz, la de frijoles y el pipián que José Isabel había sembrado. Se perdió el sustento para todo el año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mire, sí vamos a aguantar hambre aquí –dice resignada–. ¿Y ahora? Que ni trabajos hay, y ya uno de viejo que ni puede trabajar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alrededor, el panorama es desolador. El volcán está a unos 10 kilómetros, verde intenso bajo el sol radiante, y se ve con claridad el pedazo marrón que se desprendió y provocó un alud de fango, rocas y árboles que devastó esta zona. La lava, como llaman por aquí a estos fenómenos, arrasó con la docena de casas que conformaban la lotificación El Triunfo antes de arremeter e inundar el resto del municipio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parece hacerse una idea de lo que ocurrió aquí, basta reflexionar sobre un dato. El pluviómetro oficial ubicado en el volcán registró en seis horas –desde las 10 de la noche del sábado hasta las 4 de la madrugada del domingo– 293 litros por metros cuadrado. Esa es toda la lluvia que cae sobre Madrid en un año entero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que queda es un solar de lodo resecándose y los tres árboles gigantes que aguantaron la embestida. De las viviendas, apenas el muro de la de don Catarino y la gallina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transcurridas apenas 34 horas desde el deslave, las calles del resto del pueblo están llenas de lodo, de rocas y de troncos y raíces, pero también están llenas de curiosos, rateros, socorristas, militares y policías y funcionarios. Ha llegado hasta el presidente de la República, Mauricio Funes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mercedes quiso saludarlo cuando estuvo hace unos minutos en la colonia San Antonio, la inmediatamente inferior, pero ni siquiera pudo verlo de cerca. “Los soldados lo empujan a uno, como si le fuera a hacer algo malo”, se queja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" color: rgb(0, 0, 238); -webkit-text-decorations-in-effect: underline; font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SvuhuGuEbII/AAAAAAAAANs/gp0gy1aQuMo/s320/_B092240.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5403089991410936962" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 219px; " /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;En la parte baja de Verapaz, en el cruce de la 1.ª calle oriente con la 2.ª avenida norte, hay un tapón de escombros descomunal. Lo que más se ve son troncos y raíces, pero también hay pedazos de pared arrancados, rocas, un camión estrujado con un foco aún encendido y enseres varios: un televisor, un par de refrigeradoras, un paraguas abierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encima de todo eso hay un grupo de socorristas de la Ong Comandos de Salvamento con motosierras. Intuyen que debajo puede estar alguna de las 47 personas que siguen desaparecidas. Y junto a ellos, como si fuera parque de atracciones, pasan como pueden turistas que quieren ver los estragos o grabarlos con su celular. No importa que a ambos lados de la calle la Policía haya cruzado dos bandas amarillas con la inscripción “No cruzar”. La curiosidad y el morbo pueden más que el sentido común.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí arriba, en El Triunfo, sube menos gente. De hecho ayer domingo solo recibieron la visita de los rateros que vienen a ver qué encuentran para hurtarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora se acerca al corrillo otro vecino, Mauricio Ramos, un anciano de 74 años que también logró escapar del alud con lo puesto. Está delgado, algo encorvado y su rostro expresa cansancio, pero tiene el orgullo del campo en la mirada. Colgado en su hombro izquierdo, el corvo enfundado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pide por favor si le puedo prestar el teléfono para hacer una llamada a uno de sus hijos, que vive cerca de la capital. Han pasado 35 horas y aún no se ha podido comunicar con ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué pasó, hijo?&lt;br /&gt;—…&lt;br /&gt;—Por aquí estamos todos fregados, nos llevó todo la lava.&lt;br /&gt;—…&lt;br /&gt;—Aquí, donde vivíamos, pero en la mera lava estoy ahorita.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-1654674233854096797?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/nsdwx9h5SfHm0HJUin4wXXggnQw/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/nsdwx9h5SfHm0HJUin4wXXggnQw/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/nsdwx9h5SfHm0HJUin4wXXggnQw/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/nsdwx9h5SfHm0HJUin4wXXggnQw/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/76p_nyEmtqU" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/1654674233854096797/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/11/cementerio-verapaz.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/1654674233854096797?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/1654674233854096797?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/76p_nyEmtqU/cementerio-verapaz.html" title="Cementerio Verapaz" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SvuhtjRWBxI/AAAAAAAAANk/g0gcG_ammv0/s72-c/_B092225.JPG" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/11/cementerio-verapaz.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkQNR3k8cSp7ImA9WxNWGEQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-5817795852225529686</id><published>2009-10-18T14:14:00.011-06:00</published><updated>2009-10-18T14:39:56.779-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-10-18T14:39:56.779-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="manglar" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Jiquilisco" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Turismo" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="medio ambiente" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Puerto Parada" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El Salvador" /><title>Bahía de Jiquilisco. Tan cerca y tan lejos</title><content type="html">&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Todo era diferente hace unas horas. El agua ha sustituido al asfalto; hay lanchas y cayucos donde antes había autobuses y carros; manglar en vez de cemento; verde en lugar de gris; quietud y no zozobra. El hace unas horas eran las agresivas calles de San Salvador. Y el ahora es un lugar llamado bahía de Jiquilisco, reducto de exuberante naturaleza situado a poco más de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;st1:metricconverter productid="100 kil￳metros" st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;100 kilómetros&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:metricconverter&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt; de la capital de El Salvador. Tan cerca y tan lejos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Es una bahía paradisíaca pero no muchos lo saben.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;—¿Y el turismo lo ven como oportunidad o como amenaza?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;—Para nosotros sería una oportunidad todo y cuando el turista venga a observar nuestros recursos, no a dañar. La apuesta aquí es el turismo sostenible, el ecoturismo –dice Cristabel Flores, directora de Codepa, una ONG que trabaja en y por la bahía desde hace 11 años.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Turismo sostenible, dice.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Bautizado por &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;st1:personname productid="la Nobel" st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;la  Nobel&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt; chilena Gabriela Mistral como el Pulgarcito de América, El Salvador es el más chiquito país latinoamericano y también el más densamente poblado (una densidad seis veces superior a la de Panamá). Con estas variables no resulta tan sencillo hallar lugares donde el hombre no haya dejado su impronta. Situada en la zona oriental, en un departamento llamado Usulután, la bahía de Jiquilisco representa la mayor extensión de manglares de todo El Salvador. Estos son sus números: 635 km² repartidos entre seis municipios, temperatura promedio mensual superior todo el año a los &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;st1:metricconverter productid="20 ﾰC" st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;20 °C&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:metricconverter&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;, decenas de especies de reptiles y mamíferos, cientos de especies de aves. Esteros y canales laberínticos, playas blancas e infinitas, islas desiertas e islas habitadas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Stt5yQmmZrI/AAAAAAAAAMo/L0lbhLpAr3c/s1600-h/Copia+de+_7131171.JPG"&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Stt5yQmmZrI/AAAAAAAAAMo/L0lbhLpAr3c/s320/Copia+de+_7131171.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5394038883063588530" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 236px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;En su currículum destacan dos nombramientos. Desde 2005 forma parte del listado de humedales de importancia internacional Ramsar. Y en 2007 &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;st1:personname productid="la UNESCO" st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;la UNESCO&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt; le otorgó el título de Reserva de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;st1:personname productid="la Bi￳sfera. Pese" st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;la Biósfera. Pese&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt; a estas credenciales, y a que está a menos de dos horas de la capital, la bahía apenas está presente en la cada vez más competitiva oferta turística salvadoreña.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Walter Rojas, de la gerencia de áreas naturales protegidas del Ministerio de Medio Ambiente, prefiere destacar el importante papel ambiental que cumple la bahía, y le apuesta también a un turismo limitado: “Uno de los sueños es fomentar el ecoturismo, ese turismo que comparte con las comunidades, que ayuda a los pobladores y les genera fuentes de ingreso”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Amanece en la bahía. El sol no ha salido, pero ya clarea. En la comunidad &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;st1:personname productid="La Pirraya" st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La Pirraya&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt; comienza el vaivén de lanchas que singulariza a los asentamientos pesqueros. Para las más grandes y atrevidas es hora de regresar. Llegan una tras otra, cargadas con el fruto de una larga noche en mar abierto. Para las más pequeñas, al contrario, el amanecer es el arranque de la jornada, el momento ideal para adentrarse en la bahía y probar suerte. Pero todas, grandes y pequeñas, tienen en común la dependencia del mar y los vistosos colores.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El mar ahora está calmado y plateado. En la orilla los primeros en llegar desembarcan grandes peces. Hay bagres, jureles y pargos, pero en poca cantidad. La pesca, dicen todos por acá, está cada vez peor. Sentado sobre la arena, José Ovidio Perdomo, don Ovidio, observa, quizá añorando los largos años en los que él también fue pescador. Alguien muestra orgulloso un robalo de casi medio metro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;—¿Y aún puede ser más grandes?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;—Sí –responde–. Hay veces que hasta de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;st1:metricconverter productid="60 libras" st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;60 libras&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:metricconverter&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;. Por ahí tienen tendido uno de 25.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Stt5zJqUl9I/AAAAAAAAAM4/kgpWSCYShGY/s1600-h/Copia+de+_7141197.JPG"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Stt5zJqUl9I/AAAAAAAAAM4/kgpWSCYShGY/s320/Copia+de+_7141197.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5394038898380019666" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 242px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Don Ovidio nació junto al mar y todo indica que morirá junto al mar, en &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;st1:personname productid="La Pirraya. Tiene" st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La Pirraya.  Tiene&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt; 58 años, es bajito, los ojos claros y la piel requemada. Ahora trabaja como guardarrecursos, pero antes le tocó de pescador, camaronero, tortuguero y curilero. Es la voz de la experiencia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;—Don Ovidio, ¿y donde se compran estas lanchas?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;—Aquí mismo se la pueden fabricar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Rosendo Castillo –56 años, grueso y cachucha en la cabeza, como casi todos en la bahía– fabrica lanchas de fibra de vidrio, las más solicitadas. Su taller, por llamarlo de alguna manera, está sobre la línea de playa. Es una humilde construcción de palma y madera con techo de lámina que apenas sirve para proteger de la lluvia y el sol las lanchas en ciernes. Él y sus cuatro ayudantes están construyendo ahora una con nevera, para poder pasar varios días en altamar. Es de las que más trabajo requieren. Tardarán nueve días y cobrarán 3,500 dólares por el trabajo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;—A &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;st1:personname productid="La Pirraya" st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La  Pirraya&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt; –dice Rosendo, orgulloso– el primero que vino es un cuñado mío que por allí vive. Después me vine yo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;st1:personname productid="La Pirraya" st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La Pirraya&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;, de hecho, es una comunidad joven y a la que solo se puede llegar en lancha. Hasta hace unas décadas acá no había casas. Pero en los primeros años de la guerra civil que afectó a El Salvador en la década de los 80, decenas de familias desplazadas  terminaron aquí. Hoy la conforman más de 200 familias que en su gran mayoría dependen del mar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;En &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;st1:personname productid="La Pirraya" st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La  Pirraya&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt; no hay discotecas ni restaurantes de cinco tenedores ni polideportivos ni museos ni parques de atracciones. Lo que sobra es sol, playas, pescado y tranquilidad. Es un lugar ideal para eso que algunos llaman turismo antropológico. Eso sí, el billar que atiende Esperanza Rivas, el único en toda la comunidad, permite degustar al final del día, sobre la arena y por un dólar, la cerveza más fría y agradecida que uno pueda imaginar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El taller de Rosendo está a mitad de camino entre el singular muelle de madera y el vivero de tortugas. Desde hace años funciona en este sector de la bahía una red de guardarrecursos que entre mayo y diciembre están pendientes de los desoves de diferentes especies de tortuga marina: carey, golfina, prieta y baule. Don Ovidio fue por años el encargado del vivero, labor en la que hoy le ha sustituido un joven de 17 años –también de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;st1:personname productid="La Pirraya" st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La Pirraya&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– llamado Moisés García.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;—¿Y cuánto tarda en nacer la tortuga carey?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;—El manual que nos han dado –responde don Ovidio– dice que entre 55 y 60 días después de la puesta, pero, asegún la temperatura que tenemos actualito aquí, yo sé que nacen siempre a los 55 días. Eso yo lo tengo aquí –y se señala con satisfacción la sien.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Para dentro de cuatro días esperan que una nidada eclosione.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Debido a la merma en las poblaciones, El Salvador decidió el año pasado prohibir todo tipo de comercialización de los huevos de tortugas. Este vivero ofrece a los pobladores tres dólares por cada docena que llevan, y el 100% de las tortugas que nacen son liberadas al mar. Además del beneficio medioambiental, la precisión de don Ovidio para conocer las fechas de eclosión de los huevos han convertido las liberaciones de tortugas en un prometedor reclamo turístico.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Stt5y9zqQbI/AAAAAAAAAMw/GQ_ZInSfaqg/s1600-h/Copia+de+_7141196.JPG"&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Stt5y9zqQbI/AAAAAAAAAMw/GQ_ZInSfaqg/s320/Copia+de+_7141196.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5394038895197962674" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 209px; height: 320px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Algo similar está ocurriendo con los paseos en lancha o en kayak por el manglar. En coordinación con el Ministerio de Medio Ambiente, las distintas cooperativas y asociaciones comunitarias que conforman Codepa comienzan a ver el filón. Ya se está ofreciendo a los pocos turistas que llegan, por ejemplo, que sean ellos mismos los que recolecten entre el lodo las conchas para luego elaborar cócteles.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Adentrarse en el manglar es toda una experiencia. Con un buen guía y marea alta, uno puede llegar en lancha a canales de agua por los que apenas pasa la embarcación. Sea la hora que sea, ingresar en este laberinto de raíces supone un contacto directo con uno de los ecosistemas más productivos del planeta. La vida se respira. La temperatura baja de forma súbita y el sol se desvanece, al punto que las cámaras fotográficas comienzan a exigir el flash para garantizar imágenes iluminadas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;—Entre más caminemos para adentro, más cerrado –advierte Miguel Rodríguez, el lanchero.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Es hora de retirarse.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El manglar circunda Puerto Parada, el cantón al que se dirige la lancha y que funciona como una de las dos puertas de acceso y salida a toda la bahía. La otra es Puerto El Triunfo, otro municipio en el que tener una lancha es más codiciado que tener un carro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Stt5zkqac2I/AAAAAAAAANA/Kb6pVqnMMIA/s1600-h/Copia+de+_7141211.JPG"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Stt5zkqac2I/AAAAAAAAANA/Kb6pVqnMMIA/s320/Copia+de+_7141211.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5394038905628160866" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Al llegar a Puerto Parada, un grupo de jóvenes ha formado cadenas humanas que se tiran de forma vertiginosa pero sincronizada los cocos llegados a bordo de una barcaza. Hay bromas y buen humor. Los cocos, la única actividad agrícola en todo el sector oriental de la bahía, terminarán casi todos en San Salvador. Al fin de cuentas, la capital y su asfalto y sus carros y su cemento y su gris y su zozobra están a menos de dos horas. Tan cerca y tan lejos de la bahía.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-5817795852225529686?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/RRmksJ2PoC8G3abP4hM8069yn6E/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/RRmksJ2PoC8G3abP4hM8069yn6E/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/RRmksJ2PoC8G3abP4hM8069yn6E/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/RRmksJ2PoC8G3abP4hM8069yn6E/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/5HFubiJ9Qys" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/5817795852225529686/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/10/bahia-de-jiquilisco-tan-cerca-y-tan.html#comment-form" title="2 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/5817795852225529686?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/5817795852225529686?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/5HFubiJ9Qys/bahia-de-jiquilisco-tan-cerca-y-tan.html" title="Bahía de Jiquilisco. Tan cerca y tan lejos" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Stt5yQmmZrI/AAAAAAAAAMo/L0lbhLpAr3c/s72-c/Copia+de+_7131171.JPG" height="72" width="72" /><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/10/bahia-de-jiquilisco-tan-cerca-y-tan.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkUBQH0zcCp7ImA9WxFXF0w.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-2454922605109838604</id><published>2009-09-29T10:02:00.002-06:00</published><updated>2010-05-24T10:24:11.388-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-05-24T10:24:11.388-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Maras" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="La Vida Loca" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Christian Poveda" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Soitu.es" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El Salvador" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Zacatraz" /><title>Erick Boy, de La Vida Loca, interpreta su propio drama en la cárcel</title><content type="html">&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; "&gt;Hay aire acondicionado, pero José Heriberto Henríquez no ha dejado de sudar desde que inició la conversación. La tensión se dispara casi al final. Sucede cuando el periodista le pregunta si cree posible que podrá entrevistar también a los pandilleros que sobrevivieron al documental.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;—¿Sobrevivieron? Perate, perate; explicame eso. ¿Qué sucede? ¿Están matando también a otros de la película?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José Heriberto Henríquez –42 años, fornido, bigote generoso, cabeza rapada– es Erick Boy, uno de los personajes de “La vida loca”, el documental sobre pandillas centroamericanas (maras) que le costó la vida al fotoperiodista francoespañol Christian Poveda. Desde que supo del asesinato del que llama “un amigo”, teme por su propia vida y por la de su familia. Y por un momento cree que están ajusticiando –esa es la palabra que utiliza– a todos los que participaron. Se tranquiliza solo cuando el periodista le explica que se refería a los pandilleros que sobrevivieron a los meses de filmación, de febrero de 2006 a mayo de 2007.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Erick Boy no ha podido ver la película. Está encarcelado en un estricto penal de máxima seguridad de El Salvador desde hace más de tres años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Se dice que en el Barrio 18 creyeron que estaba lucrándose a costa del Barrio.&lt;br /&gt;—Sí, eso es lo que he oído yo también.&lt;br /&gt;—¿Y le das credibilidad?&lt;br /&gt;—Mira, es lógico que él iba a ganar por su trabajo. Todos los periodistas ganan por su trabajo, eso es normal. Ahora, ¿a qué iba enfocado su trabajo? Yo se lo planteé al Barrio como él me lo planteó a mí. Que lo que quería es ver cómo es que la pandilla vivía, cómo sobrevivían y hasta qué punto en realidad la pandilla solo era violencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta qué punto, dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Christian Poveda fue asesinado de dos disparos en el rostro el pasado 2 de septiembre. Murió en Centroamérica, en El Salvador, en un país donde cada día hay 12 homicidios, en Soyapango, en una calle desolada a poco más de un kilómetro de La Campanera, la colonia donde filmó “La vida loca”. En un sector donde opera el Barrio 18.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noticia de su muerte logró con creces algo que el autor se había propuesto conseguir con la difusión de su documental: que Europa y Sudamérica prestaran más atención al fenómeno de las pandillas Barrio 18 y Mara Salvatrucha. Originarias ambas de Los Ángeles, llegaron a Centroamérica a inicios de los 90, y fue en países como El Salvador, Guatemala y Honduras donde hallaron terreno fértil para su expansión y su radicalización.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Policía Nacional Civil de El Salvador y Fiscalía coinciden en señalar a un grupo de pandilleros del Barrio 18 como los que idearon y ejecutaron el homicidio de Poveda. Ya hubo incluso capturas. En El Salvador las versiones oficiales no son siempre de fiar, pero esta vez coincide con la versión de la calle, la que ha llegado a oídos de Erick Boy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Viernes, 25 de septiembre. Erick Boy y el periodista están sentados frente a frente en una sala del Centro Penal de Seguridad de Zacatecoluca, a 65 kilómetros de la capital. Vigilan dos custodios armados y ásperos, como si tuvieran órdenes de no ser amables. El entrevistado está esposado y lleva el traje de Zacatraz, que es como se conoce este penal: camiseta, calzoneta y calcetines blancos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; "&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S_qlslHAioI/AAAAAAAAAYs/55XHcxaSaiw/s1600/20090925_07.JPG"&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S_qlslHAioI/AAAAAAAAAYs/55XHcxaSaiw/s320/20090925_07.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5474870482316593794" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Llegó aquí en mayo de 2006, cuando fue condenado a 16 años de prisión por homicidio. La detención y el juicio forman parte medular de “La vida loca”. Él era –es, dice– el Director de Rehabilitación de Homies Unidos, una ong que se promociona como rehabilitadora de pandilleros. Erick Boy tiene tatuajes alusivos al Barrio en su espalda y en sus brazos. Se hizo pandillero a inicios de los 80 en Los Ángeles, California.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Es muy diferente la vida de pandillero en Estados Unidos y en El Salvador?&lt;br /&gt;—Sí, en todos los aspectos.&lt;br /&gt;—¿Por ejemplo?&lt;br /&gt;—Las pandillas allá existen desde mil novecientos treinta y algo. Es una clase de vida, La 18 viene desde los cincuenta, ¿me entiendes? Y la diferencia más visible es que en la pandilla aquí los jóvenes son más violentos. No hay en sí… ¿cómo te podría decir? No hay, lo que nosotros decimos, una escuela. Alguien que los sepa dirigir, ¿me entiendes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Erick Boy fue algo más que uno de los personajes de la película de Poveda. Ambos se conocieron desde 2004, cuando el fotoperiodista lo contactó para poder plantear a los palabreros (líderes) del Barrio 18 su deseo de fotografiar a pandilleros. Con ese trabajo no hubo mayores problemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos años después, se repitió el proceso con la película. Poveda sabía que sin el aval de la rueda de veteranos del Barrio sus proyectos eran inviables. Hubo aval y también hubo condiciones. Y uno de los puntos que el periodista plantea al entrevistado es algo que ya había escuchado en otros círculos: que una premisa para permitir la filmación fue que la película no se exhibiera en El Salvador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuando hablamos con él –responde Erick Boy al periodista, sudor en la frente– lo acordado fue esto: que él iba a enseñar en el extranjero la vida de los pandilleros que ya no querían andar en violencia. Y eso está bueno. Pero eso, no en El Salvador, iba a ser en el extranjero. Eso es lo que él me dijo.&lt;br /&gt;—Pero la película lleva semanas en todos los puestos de DVD piratas del país…&lt;br /&gt;—Exactamente. Ahora, alguien, no sé quién, ha tomado provecho de eso. Y tú sabes cómo son los piratas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mucho ha cambiado Erick Boy desde que fue detenido en mayo de 2006. Además de haber perdido casi 30 kilos, la relación con su pandilla se ha vuelto distante. Mientras en la película aparece aún como un miembro activo (“los dieciocheros no tenemos dos caras, homie, tenemos una”, llega a decir, primera persona), hoy ante el periodista utiliza la palabra ellos para referirse al Barrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Tú crees que lo mató el Barrio?&lt;br /&gt;—Mira, pues yo puedo tener una idea, y la puedo tener, pero es una idea.&lt;br /&gt;—¿Y el porqué?&lt;br /&gt;—Es que no te podría dar una respuesta concreta, ¿me entiendes? ¿Y por qué? Pues porque te voy a decir algo, o sea, cuando me contaron que mataron a Christian por mi mente pasaron un montón de cosas.&lt;br /&gt;—¿Tú te sientes en peligro?&lt;br /&gt;—Sííííííí.&lt;br /&gt;—¿Te tomarías como una buena noticia salir de este penal tan estricto hacia uno en el que solo haya pandilleros del Barrio?&lt;br /&gt;—Yo ya no puedo ingresar a esos penales, porque yo soy retirado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con 42 años encima, los tatuajes alusivos al 18 y poco más unen a Erick Boy con los jóvenes que siguen ingresando y escalando en el Barrio. Su teoría es que cada vez son más violentos, y que se integran más jóvenes. El estudio “Maras y pandillas, comunidad y policía en Centroamérica”, elaborado en 2007 con cientos de encuestas a pandilleros y ex pandilleros, cifró la fecha de ingreso a los 14 o 15 años, a lo que hay que sumar el tiempo que el joven acompaña al grupo en calidad de aspirante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Casi al final de la entrevista, Erick Boy abre una pequeña puerta al optimismo. Él está convencido de que muchos pandilleros que han cumplido ya los 24 o 25 años querrían dejar la vida de las pandillas. Pero faltan alternativas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y dónde queda la frase “Por mi madre vivo y por el Barrio muero”?&lt;br /&gt;—Es que te voy a decir una cosa. A veces mucha gente cuenta muchas fantasías, ¿me entiendes? Y la realidad es otra. La realidad es que muchos ya no quieren estar en las pandillas y solo andan buscando unas personas que los apoyen, pues. Simplemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; "&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S_qlsTVp2aI/AAAAAAAAAYk/_W3AjFL3WrI/s1600/20090925_12.JPG"&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S_qlsTVp2aI/AAAAAAAAAYk/_W3AjFL3WrI/s320/20090925_12.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5474870477546183074" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 239px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Son declaraciones que podrían generarle más problemas –si cabe– con el Barrio. Y las dice alguien que conoce bien cómo opera esa pandilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las casi dos horas de plática en el penal de Zacatecoluca incluyen un consejo para el periodista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eso te quería decir a ti, que tengas cuidado con esto. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-2454922605109838604?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/rz2DQtyL5WicUA_9Jb4R6fDU4Dg/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/rz2DQtyL5WicUA_9Jb4R6fDU4Dg/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/rz2DQtyL5WicUA_9Jb4R6fDU4Dg/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/rz2DQtyL5WicUA_9Jb4R6fDU4Dg/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/lzGnOuN_RxQ" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/2454922605109838604/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/09/erick-boy-de-la-vida-loca-interpreta-su.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/2454922605109838604?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/2454922605109838604?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/lzGnOuN_RxQ/erick-boy-de-la-vida-loca-interpreta-su.html" title="Erick Boy, de La Vida Loca, interpreta su propio drama en la cárcel" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/S_qlslHAioI/AAAAAAAAAYs/55XHcxaSaiw/s72-c/20090925_07.JPG" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/09/erick-boy-de-la-vida-loca-interpreta-su.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;C08HRHs4cSp7ImA9WxNbEEw.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-4496727887194932247</id><published>2009-09-09T09:30:00.005-06:00</published><updated>2009-11-12T01:43:55.539-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-11-12T01:43:55.539-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="socorrismo" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ONG" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Comandos de Salvamento" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El Salvador" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Amarillo" /><title>La respuesta amarilla</title><content type="html">&lt;div style="text-align: left;"&gt;A nadie parece importarle la muñeca quebrada. No hay sangre ni alaridos, y sin sangre ni alaridos la urgencia es menos en la Sala de Emergencias de este hospital público llamado Rosales, el mayor de El Salvador. Por eso la muñeca quebrada se aleja discreta hacia el fondo, donde aún quedan las sillas azules que nadie quiso. Antes de sentarse ha tenido que ver, aunque quizá ni siquiera ha mirado, las camas multifamiliares llenas de dolor, a la señora de vestido verde llorar recostada en la pared, al anciano descalzo botado en el suelo, a los guardias armados, a los evangélicos con termos de café. Sentada entre todos ellos, la muñeca quebrada es ahora un esperador más, la última en sumarse a un listado infinito.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Tintín y Guacaladita, los socorristas amarillos que la trajeron al hospital, sienten que su trabajo ha finalizado. Entregaron a la paciente estabilizada y rellenaron la ficha exigida. La ambulancia espera fuera. No hay tiempo para despedidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vámonos, que hay otro accidente… –ordena Tintín, el radio en la mano.&lt;br /&gt;—¿Adónde?&lt;br /&gt;—En el bulevar Constitución y calle al Volcán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y otra vez las luces. Y otra vez la sirena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Asociación Comandos de Salvamento Guardavidas Independientes de El Salvador nació jurídicamente el 20 de agosto de 1962, un lunes, día en que se publicaron sus estatutos en el Diario Oficial. Un par de años antes, el socorrista Edgar Cornejo Díaz y un grupo de conocidos habían decidido crear su propio cuerpo de socorro al margen de la disciplina de Cruz Roja, el único referente de la época. Para diferenciarse, tiñeron de verde la cruz. Y comenzaron.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Svu79k6HeiI/AAAAAAAAAOU/bYeq-uSc6U4/s1600-h/5.JPG"&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Svu79k6HeiI/AAAAAAAAAOU/bYeq-uSc6U4/s320/5.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5403118844514892322" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SqfLtombCZI/AAAAAAAAALo/4QADC9RLs88/s1600-h/3352650230_c1e9714733_b.jpg" style="text-decoration: none;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0); "&gt;“Comandos de Salvamento es una institución de servicio público, sin fines de lucro, que tiene por misión auxiliar a toda persona que está en peligro de sufrir daño en alguna parte o que requiere de algún otro tipo de auxilio.” Esta definición, tomada de una revista interna de 2001, pasa por alto una de principales particularidades de Comandos: el voluntariado. Desde sus inicios el grueso de las personas que trabajan por y para esta asociación lo hicieron sin recibir salario alguno. En los últimos años ha habido un esfuerzo por profesionalizar algunas áreas, pero el número de asalariados apenas ronda los 25 entre los más de 3,000 voluntarios que dicen tener en todo el país.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Tú dejarías esto por otro trabajo mejor pagado?&lt;br /&gt;—No, no lo dejo –dirá Jhonny Ramos “Caníbal”, 38 años, comando desde los 12–. Vendría a colaborar como puro voluntario. De hecho, ya tuve un trabajo en un hospital privado, de manejar ambulancias, y al salir del turno de allá me venía para acá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del grupo original no queda nadie, ni recuerdos casi. El más veterano hoy es Roberto Cruz “Cusuco”, quien llegó siendo un niño a mediados de los 70 y es el director ejecutivo. De su quinta son Efraín Méndez “Pingüino”, el tesorero; David Martínez “la Chancha” y Wilmer Lobo “Chileverde”. Todos ellos forman parte de la junta directiva por ser de los que más años han entregado. Todos ellos vivieron, por ejemplo, el gran cisma de 1980, cuando la institución se partió en dos. Por un lado, Comandos de Salvamento, por otro, Cruz Verde. Unos se quedaron con el nombre; los otros, con el logo. Aquella fue una separación mal avenida, y no faltaron pedradas y destrucción mutua de vehículos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Durante un tiempo llevábamos garrotes en las ambulancias para defendernos –dirá la Chancha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde 1986 la sede central de Comandos de Salvamento está en pleno Centro Histórico de San Salvador. Es una zona que alberga dos tipos de negocios: los que se dedican a comprar todo tipo de material reciclable y los prostíbulos. En las cuadras de alrededor está la mayor concentración de prostíbulos de todo el país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por el edificio principal pagan $645 de alquiler. Es una vieja casona de techos altos, suelos embaldosados y paredes forradas con madera. Una docena de ambulancias, la mayoría inútiles, singularizan la entrada al pasaje. Dentro de la casona hay un generoso pasillo con bancas que termina en un patio descubierto. Desde el pasillo se accede a la clínica de primeros auxilios, al cuarto de las camas, a la Sala de Radio, a un baño que huele a baño público, al centro de capacitación y a los despachos de Pingüino –que más parece sala de estar– y de Cusuco. Hay mucho movimiento de personas vestidas de amarillo. Y rara es la pared que no tiene colgados diplomas y fotografías, algunas de ellas descoloridas y acartonadas. Nadie las mira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aquí alquilamos –dirá Pingüino–, el local que hemos comprado es el que está enfrente. Y el sueño nuestro es construir una clínica ahí, ¿va? Estamos haciendo gestiones. Para comprar esta parte estamos intentando convencer a la dueña, pero ella quiere el dinero de un solo y no podemos pagar de un solo.&lt;br /&gt;—¿Cuánto les piden por esta propiedad?&lt;br /&gt;—Sería así como… Hace como cuatro años nos pidió un poquito más de un millón y medio de colones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El edificio de enfrente, el comprado, es una especie de almacén de desechos donde hay desde vehículos desvencijados hasta gallinas. Adentro viven algunos comandos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque aún no alcanza para dejar de alquilar, los mecanismos para obtener fondos sí han mejorado con los años. La cooperación internacional –en especial, la Noruega– ha cumplido su papel, pero el mayor desahogo se tuvo a partir de 1998, cuando comenzaron a recibir del Estado una balsámica partida anual. Los fondos permitieron la profesionalización de un pequeño grupo de comandos, la creación de unidades de rescate especializadas y ampliar la presencia a una treintena de ciudades, pueblos y cantones de todo el país. El crecimiento de la institución valió incluso para que Stephen Gleason, un asesor del presidente estadounidense Bill Clinton, propusiera en 2001 a Comandos de Salvamento como candidata para recibir el premio Nobel de la Paz.&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#0000EE;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style=""&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#0000EE;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="text-decoration: underline;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0); -webkit-text-decorations-in-effect: none; "&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Svu79XoHtCI/AAAAAAAAAOM/A7bTBDHzx8k/s1600-h/4.JPG"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Svu79XoHtCI/AAAAAAAAAOM/A7bTBDHzx8k/s320/4.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5403118840949748770" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Comandos tiene hoy un legado de casi medio siglo de servicio, una red de filiales por todo el país, un presupuesto anual que ronda el medio millón de dólares y un pequeño ejército de voluntarios amarillos entre los que hay jóvenes y viejos, católicos y cristianos, hombres y mujeres –pocas–, padres e hijos, ex guerrilleros y ex militares. Tiene una reputación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Apenas hay mujeres en Comandos de Salvamento. Nunca fueron multitud, y con el pasar de los años cada vez son menos porque vestirse de amarillo es muy exigente. Así lo cree Rosa María Gálvez, apodada “Chilindrina”, quien recaló a mediados de los noventa en la institución y se empleó como socorrista primero y en la clínica ahora. ¿Pero a qué se refiere cuando llama exigente la labor del socorrista?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No sé si se acuerda del último terremoto, en Santa Tecla. Estuvimos ocho días allí, ocho días sin llegar a la casa, sin cambiarnos. Y es más, yo ya ni comía, porque ya tenía penetrado en la nariz el olor a muerto. No le hallaba chiste a la comida. Para mí, eso fue lo más, lo más… este… escalofriante. Porque aparte, de primero sacábamos solo personas muertas, pero enteras, pero de los tres días para allá solo pedazos. Vísceras, o sea, ya no podíamos sacar nada entero. Sacábamos pedazos de pies, pedazos de manos… Las máquinas que metieron, aparte de que ya estaban podridos los cuerpos, los destripaban. Y es más, al final ya ni se recuperaba nada, porque los pedazos se los llevaba el camión de la tierra a botarlos, así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Exigencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Físicamente Chilindrina no se parece para nada al personaje televisivo. Es coqueta –anillos, pulseras, uñas pintadas– y extrovertida, y su mirada es poderosa. Acaba de cumplir 35 años y desde hace siete es madre soltera de Andrea Abigail. Es su familia, dice. La acompaña siempre. Incluso cuando tiene turno nocturno su hija duerme con ella en las camas de la sede central. A Andrea le gusta mirar cómo trabaja su madre. En un rato aparecerá Julio César Ventura, un niño también de siete que vendrá con su padre para hacerse ver los puntos debajo de su cachucha. Chilindrina se pondrá los guantes y los revisará. Todo en su lugar, pero pronto aún para descoser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Una colaboracioncita? –Chilindrina señalará una alcancía candada.&lt;br /&gt;—No, no tengo –responderá el padre, mirada al suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Raro es que alguien deposite algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El corazón de la sede central es la Sala de Radio. Aquí se reciben las llamadas y se coordina la atención de las emergencias. La sala es amplia, iluminada. El aire acondicionado cumple. No tiene ventanas. El mobiliario es parco: además de los equipos de comunicación hay un viejo televisor, gigantografías de rescates, archiveros, pizarras, mesas y sillas. Nada combina con nada. Detrás de una mesa, embutido en una camisola amarilla, está Carlos José Alvarado, apodado “Listo”. Es de los veteranos; lo delatan las canas que blanquean su cabello y su bigote. Llegó a Comandos en 1986. Antes estuvo en Cruz Roja y más antes fue Boy Scout. Trabajó como socorrista y hasta le concedieron la Medalla de Protección Civil. Hoy pasa nueve horas de lunes a viernes en la Sala de Radio. Dice que su fuerte es la comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Alguna novedad?&lt;br /&gt;—Negativo, estamos revisando la zona, y todo tranquilo –responde una voz metálica desde la filial de Comandos en Antiguo Cuscatlán.&lt;br /&gt;—¿Algún Alfadetango?&lt;br /&gt;—Negativo, negativo, ningún 10-42, ni 43. Todo tranquilo.&lt;br /&gt;—Okey, gracias, pendiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con sonrisa de satisfacción, traduce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué me dijo? ¿Qué me dijo? Pues que no tienen ningún reporte de accidente, y el 10-43 significa que no hay tráfico pesado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Listo le gusta platicar, explicar, ayudar. En un par de días me mostrará la menos desordenada de las habitaciones: el despacho del director ejecutivo. De sus paredes cuelgan algunas de las fotografías que más enorgullecen a la institución. Listo las fechará y sin pretenderlo improvisará un tour por las peores tragedias que marcaron la historia reciente de El Salvador: el deslave de Montebello, el terremoto de 1986, la ofensiva del 89, el Mitch, los terremotos de 2001, el huracán Stan.&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#0000EE;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style=""&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#0000EE;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="text-decoration: underline;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0); -webkit-text-decorations-in-effect: none; "&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Svu79J5_QGI/AAAAAAAAAOE/K11ctVkTL2M/s1600-h/3.JPG"&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Svu79J5_QGI/AAAAAAAAAOE/K11ctVkTL2M/s320/3.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5403118837266595938" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Le gusta platicar. Y cuando lo hace, ríe. Siempre ríe, excepto cuando recuerda a la madre de sus hijos, Marta Alicia, muerta hace un año. Entonces, Listo se pone rojo y no puede contener las lágrimas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ser comando significa valor, y el que no tiene valor mejor que no sea comando –dirá otro día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El despacho de Pingüino, el tesorero, más parece sala de estar que despacho. Siempre hay café caliente y pan dulce a veces, la excusa perfecta para que sea un vaivén de comandos todo el día. Tiene además un sofá-cama que invita cuanto menos a sentarse y platicar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la tarde de un miércoles de julio la plática deriva hacia el problema de violencia que afecta a El Salvador. Comandos de Salvamento trabaja en la calle, y las ambulancias –sus ocupantes– transitan por todo tipo de barrios y comunidades. En un país del que ya pocos cuestionan que sea el más violento del continente la pregunta obligada es cuáles creen que son las colonias más peligrosas a las que les toca ir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, no es que nos toque ir –dice el voluntario Roberto Pacheco “Yanqui”–, es que hay colonias donde ya no vamos. En el día no se niega una emergencia, pero en la noche, sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, Yanqui cuenta cuando unos pandilleros les salieron al paso años atrás en el cantón Plan del Pino, de Delgado. Era de noche. Habían ido porque una llamada les alertó de que una embarazada estaba a punto. El que tenía la escopeta les pidió descalzarse y entregar todo, pero otro de los pandilleros llegó para pedirle que los dejara marchar. Recordó que alguna vez una ambulancia amarilla lo había llevado a él al hospital. La embarazada allá quedó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Pesa más entonces la seguridad personal que la posibilidad de que haya alguien en peligro?&lt;br /&gt;—La situación es esta –explica Yanqui su extraña teoría–: las llamadas de ese tipo de lugares nunca son llamadas de emergencia, son llamados por enfermedad común, entonces en ese sentido se le dice a la Policía que lo lamentamos mucho, pero que no les vamos a poder apoyar.&lt;br /&gt;—A no se ser que ellos vayan también –matiza Pingüino.&lt;br /&gt;—Es que hoy se siente más temor que para la guerra –apostilla la Chancha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este despacho hay muchas rarezas, pero la más sorprendente es el fusil de asalto AK-47 inutilizado que Pingüino tiene sobre su cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;José Ricardo Leiva, apodado “Tintín”, es un aplicado socorrista que está ligado a Comandos desde 1993. Por aquel entonces intentaba ganarse la vida como zapatero, y lo de ayudar al prójimo era algo voluntario, con lo que suponía ser voluntario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuando yo vine a los Comandos en el 93, nosotros salíamos a recaudar con cajitas, va. Bueno, a mí me costaba porque me daba pena, me daba pena irle a pedir a la gente. Una vez fui al mercado y otra a la zona peatonal, que le llamamos nosotros. La gente colaboraba, sí, pero a mí me costaba, va, me costaba. Yo mejor me quedaba más en la base.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tintín tiene hoy 39 años y es uno de los pocos que dio el salto del voluntariado al profesionalismo. Gana $200 mensuales, menos de siete dólares al día. Por esa cantidad se pasa la jornada vestido de amarillo, como ahora que, dentro de una Toyota Land Cruiser, habla sobre los problemas que los socorristas tienen con los médicos de los hospitales a los que llevan los pacientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A veces los médicos protestan, va. Cuando llegamos con luces y con sirena. Esto no es emergencia, dicen ellos, y tal vez el paciente está fracturado, con una fractura grave, y ellos dicen ¿y esta es la emergencia que traen? Para nosotros es emergencia; si para ustedes no es emergencia, mala suerte, pero para mí sí es emergencia. Si ya usted la clasifica que no es emergencia, ya es problema muy suyo, va, pero ya nosotros le entregamos vivo el paciente, va.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entregar vivo el paciente, dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Me llamo Maggi Cristina del Carmen, tengo 25 años y no aguanto este dolor de muelas. Arrastro molestias desde hace días, pero ha sido hoy, a eso de las 5 y media de la tarde, cuando se ha convertido en tortura. Me he tomado una acetaminofén, pero por gusto. Y no he querido tomar nada más porque estoy embarazada. De cuatro meses. Para diciembre me lo han dejado.&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#0000EE;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style=""&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#0000EE;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="text-decoration: underline;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0); -webkit-text-decorations-in-effect: none; "&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Svu782NeIgI/AAAAAAAAAN0/F5X9kd109bI/s1600-h/1.JPG"&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Svu782NeIgI/AAAAAAAAAN0/F5X9kd109bI/s320/1.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5403118831979602434" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Algo así dice Maggi cuando a las 9 y cuarto de la noche de un sábado se presenta en la sede central. Pero esas palabras no salen de su boca como se leen, distantes y frías. Ella las pronuncia enlagrimada, balbuciendo, desgraciada de puro dolor, con los ojos rojos de tanto llanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La problemática aquí –Tintín trata de calmarla– es que le ha llegado al nervio, por eso el dolor. Y se lo tienen que cauterizar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ambulancia parte rauda hacia el Hospital de Maternidad. Esta vez va sin luces, sin sirena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El motivo, la hora y el lugar de cada salida y los nombres de paciente y acompañantes quedan registrados en un fajo de hojas anilladas que está en la Sala de Radio. La mayoría de los registros no son rescates milagrosos ni balaceras mortales ni accidentes múltiples. La mayoría son dramas anónimos que se sufren en primera persona: mareos, lesiones caseras, hipertensión, dolores de muela a los cuatro meses de embarazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las labores de Comandos es ayudar a calmar lágrimas como las de Maggi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Wilmer Alexander Lobo es alto y seco. Lo apodaron “Chileverde”. Llegó a la institución en 1979, con 19 años. Ahora tiene 48. Trabajó y estuvo al frente de la filial de Comandos en la problemática comunidad La Iberia, al oriente de la capital. Pero hace un par de años tuvieron que clausurarla. Por las pandillas. La filial estaba justo en la calle que dividía la zona controlada por la Mara Salvatrucha y la zona del Barrio 18.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Los vagos, los ladrones, los drogadictos… a nosotros nos respetaban, por años, pero los pandilleros nos acusaban de ayudar a la pandilla rival.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo balazos intimidatorios. Y asesinaron a Emmanuel, un socorrista. A Chileverde le tocó clausurar una de las filiales más carismáticas, con más de un cuarto de siglo de historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chileverde tiene esposa –Dora Elisabeth–, tres hijos y dos nietos. Y después de haber entregado tres décadas a Comandos de Salvamento, y de ser el presidente de la junta directiva, hoy vive en Jardines del Sel-Sut, en Ilopango, una colonia donde el agua solo cae de medianoche en adelante. Cuando cae.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está convencido de que ayudar a los demás es vivificante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vemos personas que es poquito a veces lo que les estamos ayudando, y son súper agradecidos, llegando al grado de que nos dan sus números y todo, y nos dicen que les busquemos para ayudarnos o agradecernos. Otros que hasta han venido aquí, a la base, a agradecernos, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El encargado del área de capacitación se llama Luis Adalberto Canales Kolatto. Fue afortunado en el reparto de apodos: “Kolatto”. Tiene la piel, el cabello y los ojos claros; si no abriera la boca podría pasar por europeo. Está separado, es padre de dos hijos, ha cumplido 40 años bien llevados y viste de amarillo desde los 15. Nunca ha tenido otro trabajo. A sus quehaceres de comando él agrega los de docente. Forma a los voluntarios y da clases también a estudiantes de la Universidad de El Salvador y de colegios privados con los que hay convenios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La principal ganancia que tenemos es que algunos se quedan de voluntarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guadalupe Guzmán y Brenda González, 20 y 18 años respectivamente, son dos estudiantes de enfermería que asisten a sus clases. Están en último año, pero hasta hace unos meses nadie –nadie– les había enseñado a reanimar, a dar masajes cardiovasculares, a hacer el boca a boca, a suturar…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Todo eso no lo aprenden en el liceo?&lt;br /&gt;—No –responden al unísono.&lt;br /&gt;—Habíamos visto los tipos de fractura que hay –agrega Guadalupe–, pero nadie nos había enseñado a inmovilizar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kolatto no ha dejado de formarse desde que ingresó en Comandos. Ha asistido a cursos de capacitación en Estados Unidos, Cuba, Costa Rica y Panamá. Desde esa pequeña atalaya se atreve con una dura crítica al endeble sistema de atención de emergencias que hay en El Salvador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hay gente que sí te agradece. Digamos: de diez, una. Las otras personas no valoran tu trabajo ni la forma en que tenés que capacitarte para trabajar con los pacientes ni nada de eso. Pero quizás es más por cultura, porque en otros países sos un paramédico y te respetan. Aquí sos un socorrista y la gente no te respeta. Aquí hay un gran problema cuando vamos a reunirnos con Protección Civil. Que los socorristas aquí, que los socorristas allá, que no están preparados… ¡Pero nadie les paga por eso! Aquí no es como en Estados Unidos, donde si vos te preparás para ser un paramédico o para andar en una ambulancia, vas a atrabajar y vas a ganar. Aquí no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El mismo sábado. Son las 6 de de la tarde. Todavía no anochece. Hace tres días fue día de pago y el turno que comenzará en breve se perfila movido. A la joven embarazada Maggi un dolor de muelas ya le está torturando, pero aquí nadie sabe nada aún. Todo está en calma.&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#0000EE;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style=""&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#0000EE;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="text-decoration: underline;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0); -webkit-text-decorations-in-effect: none; "&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Svu78zYVoiI/AAAAAAAAAN8/h_NgNFEU1Ew/s1600-h/2.JPG"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Svu78zYVoiI/AAAAAAAAAN8/h_NgNFEU1Ew/s320/2.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5403118831219876386" style="display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Orlando Antonio Villalobos “Lobo” es el radio-operador. Es un joven fornido, creyente y que durante un tiempo trabajó como DJ en una discoteca. Ahora va de riguroso amarillo. Lobo es un voluntario que, a pesar de llevar 12 de sus 25 años en Comandos, no recibe salario fijo alguno. Quizá por eso cuenta con entusiasmo la mayor propina que jamás ha recibido como socorrista. Trasladaron a un salvadoreño deportado desde el aeropuerto hasta Nueva Concepción, en Chalatenango, y recibieron $70 como gratificación. Repartido entre tres, $23 y fichas. Todo un tesoro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y creés que este trabajo está bien pagado?&lt;br /&gt;—De hecho, no, no está bien pagado, no está bien pagado ¿verdad? Pero a veces uno se siente bien con el simple hecho de que alguien venga y le diga a uno: “Okey, gracias por lo que has hecho, te agradezco mucho”. O que alguien te diga: “Salvó a mi hijo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otra plática dos días antes, en la tarde del jueves, Pingüino había detallado las condiciones laborales de un comando promedio, las condiciones que Lobo consideraría un sueño cumplido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cuánto gana un socorrista?&lt;br /&gt;—El que gana gana unos 200 dólares, digamos, son 100 dólares quincenales –respondió Pingüino.&lt;br /&gt;—¿Y tienen Seguro Social?&lt;br /&gt;—No, no, o sea, ese es un problema. Ese es uno de los reparos que tenemos ahorita de la Corte de Cuentas, que nos dice que nosotros tenemos que darle las prestaciones laborales ¿verdad? Entonces, estamos tratando de ajustar el presupuesto para ver si se meten al Seguro, y para las pensiones. En ese trámite estamos, pero ahora nadie de nosotros…&lt;br /&gt;—Y aquí nadie tiene vacaciones…&lt;br /&gt;—Sin vacaciones. Nosotros nunca tenemos vacaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía quedan lugares así, lugares donde el dinero aún no es lo más importante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Once de la noche, sábado. A la canchita de fútbol de la comunidad Santa Cecilia llega la unidad 029 de Comandos de Salvamento. Es una ambulancia de las nuevas, menos de dos años, una Kia K2700 acondicionada y equipada con lo básico: tanque de oxígeno, camilla blanda, camilla rígida, instrumental. Dentro van Tintín, el motorista Marlon y un voluntario al que llaman Guacaladita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Santa Cecilia esperan Yjaira Azucena Mejía –la muñeca quebrada– y Norma Nohemí Mejía. Forman una peculiar pareja de hermanas. Norma, la menos joven, lleva vestido largo, lentes y un pañuelo devoto esconde su pelo. Yjaira tiene el rostro limpio y bello, como el de una muñeca, el cabello cobrizo hecho cola, jeans y una sugerente chaquetilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quebró la muñeca mientras jugaban con una pelota en la cancha. Yjaira usó su mano para protegerse de un balonazo, pero se dobló de tal manera que un hueso brotó de la nada. Dice que no le duele. No hay sangre ni alaridos, pero para Tintín el diagnóstico es claro: fractura y traslado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Usted no está asegurada?&lt;br /&gt;—No. 15 años tengo.&lt;br /&gt;—Pues te toca el Rosales, porque lamentablemente…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tintín trata de inmovilizar el brazo con un cartón doblado y con una venda hecha jirones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo sientes? ¿Sientes zocado?&lt;br /&gt;—No.&lt;br /&gt;—Muy bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin apenas tráfico en San Salvador, en menos de ocho minutos la ambulancia irá desde la Santa Cecilia hasta el hospital público. Y Yjaira se quedará sentada en una silla azul, un esperador más en el drama colectivo que se vive en la Sala de Emergencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ahora, en esta noche de estrellas difusas, esa muñeca quebrada es lo más importante para el socorrista amarillo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-4496727887194932247?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/bLNxtDUr95Z221zkKjarTIG5xZQ/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/bLNxtDUr95Z221zkKjarTIG5xZQ/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/bLNxtDUr95Z221zkKjarTIG5xZQ/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/bLNxtDUr95Z221zkKjarTIG5xZQ/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/VjKLZq6CRIU" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/4496727887194932247/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/09/la-respuesta-amarilla.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/4496727887194932247?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/4496727887194932247?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/VjKLZq6CRIU/la-respuesta-amarilla.html" title="La respuesta amarilla" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Svu79k6HeiI/AAAAAAAAAOU/bYeq-uSc6U4/s72-c/5.JPG" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/09/la-respuesta-amarilla.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0ACRX49eCp7ImA9WxJXF0s.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-3757317970537916210</id><published>2009-05-30T22:10:00.009-06:00</published><updated>2009-06-11T18:16:04.060-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-06-11T18:16:04.060-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="fútbol" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Estadio Cuscatlán" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Vietnam" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="hinchada" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El Salvador" /><title>Pasión y orines en Vietnam</title><content type="html">Gooooool.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se han conocido hace unas horas y ahora míralos, abrazados como si fueran amigos de toda la vida. Son además abrazos sentidos, de esos que quizá ni se atreven a dar a sus madres. El grupito lo integran cuatro. Uno es un aspirante a filósofo del fútbol, huesudo, cuarentón y ojeras perpetuas; otro es un joven alto, gordo y con lentes, con cara de no haber roto un plato; hay también un periodista treintañero de ojos claros y gesto serio, de esos que viven obsesionados con su trabajo; y el cuarto es un alguien con camisola azul que subió de la fila de delante. Extraños abrazándose. Y no son los únicos. Todos alrededor gritan saltan celebran animan enloquecen. El Salvador ha marcado gol.&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡¡¡Increíble!!! ¡¡¡Sin palabras!!! ¡¡¡Increíble!!! ¡¡¡Increíble!!!...&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aspirante a filósofo se desgañita bandera en mano. Él es el más expresivo. Tiene los ojos desorbitados y la lengua azul.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La histeria colectiva se canaliza hacia gritos unánimes de El Salvador, El Salvador. Comienza a remitir de a poquito. Continúan las sonrisas, los arrumacos, las miradas de complicidad, mientras cada quien trata de recuperar su pedazo de cemento. También los cuatro. Por megafonía se escucha la Voz. Anuncia el autor del gol y el resultado. Un nuevo rugido. El estadio entero celebra, pero la celebración es más en este sector. La grada se ha transformado en una gran hermandad. Reina esa sensación que llaman felicidad. Nadie diría que son las mismas personas que hasta hace unos minutos estaban tirándose orines unos a otros, rifándose, vejando a las pocas mujeres que llegan, insultándose, irrespetando el himno contrario, degradando a los jugadores negros, descamisando a quien comete el pecado de no ir de azul o blanco.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;*****&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;Hasta se parece al verdadero. Las había desde dos dólares, pero por siete he conseguido una que incluso trae bordado el escudo. Tiene la corona de laurel, los cinco volcanes, el gorro frigio y el arco iris encima, aunque solo de cuatro colores. Meritorio si se tiene en cuenta que quien lo hizo quizá no podría ubicar El Salvador en un mapa. La camisola, más blanca que azul, es Made in China, y espero que sea mi salvoconducto en Vietnam. De casa salí con una que tiene EL SALVADOR inscrito en lo ancho del pecho, pero es de color añil, casi una provocación, me hace ver Wilson Carranza.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;Wilson –48 años, bigote, oscuro como café– es compañero de trabajo y amigo. Los partidos de la Liga Mayor no le entusiasman, pero es asiduo de las grandes citas de selección. Podría decirse que es un veterano de Vietnam. Hoy he tenido la suerte de ir con él, con su hijo homónimo y con su padre, Ángel. Tres generaciones que en Vietnam forman una escena familiar atípica. Después comprenderé que no es lo único atípico –atípico– en el comportamiento de Wilson.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Faltan dos horas y media para que empiece el partido, pero los cuatro sabemos que llegamos tarde. Los 400 metros desde el microbús hasta el estadio los hacemos raudos, solo la efímera parada por la camisola. Entre humos de carne asada y hot-dog, nos ofrecen camisolas, cerveza, banderas, pintura para la cara, más camisolas, entradas “Prohibida la reventa” al triple, cachuchas, camisolas... A Wilson incluso le han regalado un pase de cortesía para una barra-show. Lleva impresas dos mujeres ligeritas de ropa, las banderas de los equipos que se enfrentan y una sugerente invitación:&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Hoy sábado cerveza al 2x1 para toda la afición. De 10:00 a 12: P.M. Después del partido te esperamos para compartir! Habrán rifas de bebidas, privados y masajes eróticos. Use este volante como pase de cortesía y sea ud. bienvenido a Kara’s”.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me lo da y lo guardo. Mientras camino, pienso en el detalle de que no esperan para celebrar, sino “para compartir”. Parece que no hay mucha fe en una victoria.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subimos la escalinata, mostramos los tiquetes, manos a la nuca para el cacheo policial, y adentro. Vietnam.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;*****&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;Seguro que el “Che” Guevara no estaba pensando en este estadio cuando en abril de 1967 incitó a que florecieran dos, tres, muchos Vietnam. La consigna hacía referencia a la más mediática de cuantas guerras se libraron en la década de los sesenta. Un conflicto a más de 16,000 kilómetros fue pues el que hizo que Sol general se comenzara a llamar Vietnam. En los ochenta lo quisieron rebautizar desde algunas radios como Guazapa, el cerro en eterna disputa durante la guerra civil salvadoreña, pero la idea nunca cuajó.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SiIEvKpvJDI/AAAAAAAAALg/zGABuEy1nqo/s1600-h/estadiocuscatlan-3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SiIEvKpvJDI/AAAAAAAAALg/zGABuEy1nqo/s320/estadiocuscatlan-3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5341837316374602802" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;Vietnam en la actualidad es toda la grada oriente del Monumental Estadio Cuscatlán, frente a Tribuna. Son las entradas más baratas que se ponen en venta. Para este partido, cinco dólares, precio por el que el espectador obtiene, con suerte, un pedazo de concreto en el que poder sentarse, a merced del sol y de la lluvia. Determinar cuánta gente cabe no resulta tan sencillo. Los diarios esta mañana hablaban de 12,000 entradas vendidas. Pero la página web de la empresa propietaria del estadio consigna que la FIFA permite casi 14,000 espectadores. Y la empresa eleva la cifra a 18,000. Lo cierto es que esta tarde muchos verán el partido de pie.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y desde cuándo Vietnam se llama Vietnam? Pues depende de a quién se le pregunte. Ni siquiera hay consenso entre los periodistas deportivos veteranos. Roberto Águila (70 años, El Gráfico) y Sergio Gallardo (59 años, Telecorporación Salvadoreña) creen que el nombre se comenzó a utilizar con el estadio Cuscatlán ya en uso, es decir, a partir de 1975. Raúl Beltrán Bonilla (59 años, Radio YSKL) e Ismael Nolasco (66 años, Canal 12) dicen que el nombre se importó del Estadio Flor Blanca, donde desde finales de los sesenta ya se utilizaba el concepto de Vietnam. “Cuando el Alianza derrotó al Santos de Brasil, con Pelé incluido, fue cuando escuché por primera vez la palabra”, me escribirá desde Houston Ernesto Callejas, un salvadoreño que emigró hace 21 años a Estados Unidos.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lo que hay coincidencia absoluta entre los periodistas y aficionados veteranos es para señalar que el comportamiento ha ido de mal en peor. Del reporteo para esta crónica surgirán declaraciones como estas: “Meterse ahí es un atentado a la cordura.” “Se arman auténticas bacanales.” “No respetan ni a la madre de ellos mismos.” “Los salvadoreños nos comportamos como tribu todavía.” “Juré que no volvería a ese sector.” “Allí van los mareros.”&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Será para tanto?&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;*****&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;El partido comenzará pasadas las 7 de la tarde, aún no son las 5, pero Vietnam está ya cubierto por un agitado mar azul y blanco. Muchos llevan acá desde la mañana. Y es que madrugar tiene un codiciado premio, como lo es la elección de la ubicación. Aunque suene raro, los aficionados ocupan primero las gradas más alejadas de la grama, por pura lógica medieval. Apelan al mismo principio que se usaba para ubicar los castillos: desde lo alto se puede lanzar de todo y no recibir de casi nada.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No conviene caminar mucho ni siquiera enfundado en el salvoconducto. Nos sentamos en el primer claro que vemos. Wilson, hijo y padre, detrás. Yo, delante, entre un joven alto y gordo y un tal William Quijano. De 42 años y huesudo, Quijano lleva zapatillas tipo All Star, jeans, bandera amarrada al cuello y una cachucha con los colores de El Salvador. Viene a Vietnam desde los partidos clasificatorios para el mundial de 1982 y dice conocer al “Mágico” González. Quijano es un hombre al que le gusta filosofar sobre fútbol.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Independientemente de si gana o no, siempre hay que apoyar a la selecta.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un cartel que vi hace un rato parece darle la razón. Decía: “La afición es el apoyo de los que no pueden solos”.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SiIEnqmei5I/AAAAAAAAALY/0etS9yjOD5U/s1600-h/SV_07272.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 213px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SiIEnqmei5I/AAAAAAAAALY/0etS9yjOD5U/s320/SV_07272.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5341837187511913362" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;Mientras hablo con el filósofo, noto que algo cae sobre mi espalda. El calor es el elemento que con mayor precisión permite determinar el origen de los fluidos que le tiran a uno. Como la sensación suele ser compartida por un grupito, incluso genera conversación. “Está caliente.” “¡Puuuta madre!” “¡Guácala!” Siempre hay algún optimista: “Era agua, ¿no?” De todas maneras, este no es mi primer partido en Vietnam, y ya aprendí que levantarse desafiante a buscar culpables es contraproducente. “Tiran de todo porque al salvadoreño le encanta la patanería, joder al vecino, pasarla bien a costa de su hermano”, me escribirá días después Ángel Rivera desde Edmonton, Canadá, un salvadoreño que se fue del país en 1990.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un pequeño helicóptero de la Policía está suspendido a poca altura. Vietnam responde: “Culeeeeros, culeeeeros”. Es uno de los gritos que más escucharé hoy. Se lo gritarán al que lleva una camisa que no sea azul o blanca, a los que toman fotografías desde la grama, a los antidisturbios, al árbitro, a los linieres, al presidente Antonio Saca cuando saluda en la pantalla, al grupo de bailarinas y bailarines, al delegado de la FIFA, al equipo contrario, al que no se sumerge en la ola.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ola. La Voz se asoma desde su cabina, cree que falta pasión y pide por megafonía que inicie la ola. La Voz es alguien al que pocos ven pero muchos escuchan. Su nombre es Álvaro Magaña –43 años, chele, amplia sonrisa– y es la persona que desde 1987 recita las alineaciones, los goles y las sustituciones en el Estadio Cuscatlán. Hoy ha llegado a las 3 al estadio, vestido con camisa azul. Frente a frente, la Voz es muy elocuente al hablar, como si se hubiera tomado un huacal de café, le cuesta mantener quietas sus manos.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué haces para animar? –le preguntaré otro día.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;—Metemos música, metemos la de la selecta, ¿verdad? Arriba con la selección, arriba con la selección... Y le metemos ánimo, ¿verdad? Grito: ¿cómo están los ánimos de El Salvador? ¿Ganamos hoy? ¡Que se vea la ola!&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ola realmente impresiona. Y es el orgullo de Vietnam. A veces, como hace unos minutos, la Voz da la orden de salida. Otras surge de forma espontánea. Empieza en la esquina sur, debajo de la pantalla, y se desplaza en sentido contrario a las agujas del reloj. A esta que están queriendo organizar ahora, cuando falta más de una hora para el inicio del partido, le está costando dar la vuelta entera al estadio. Cuando la ola llega a Platea, se deshace como terrón de azúcar, como si pasar por ahí fuera una obligación. “Culeeeeros.” Ser los promotores de la ola genera cierto tipo de orgullo de clase. Y da la razón a los que creen que en Platea y en los palcos privados el fútbol se ve, pero en Vietnam se vive.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SiID0KdQbPI/AAAAAAAAALQ/iYkd_yKGPl4/s1600-h/Copy+of+fsep03052009svviet01.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 196px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SiID0KdQbPI/AAAAAAAAALQ/iYkd_yKGPl4/s320/Copy+of+fsep03052009svviet01.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5341836302709976306" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;—El partido hay que verlo aquí, no en casa, porque hay que apoyar a la selecta –dice el filósofo.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;—Para mí en Vietnam están los más fieles a la selección –me dirá la Voz.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;*****&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;Ni siquiera depende de la indumentaria del rival. Algo que suena tan inocente como vestir de cualquier color que no sea azul o blanco es interpretado como una provocación en Vietnam. Con suerte, al despistado le llueven bolsas de agua y orines hasta que se quita la camisola. Sin suerte, no faltan los voluntarios que se la arrancan ante el aplauso colectivo o el silencio cómplice. La misma escena se repite y se repite y se repite durante las horas previas, y uno no deja de preguntarse por qué sigue llegando gente vestida de otro color cuando es vox pópuli lo que aquí dentro ocurre.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo parecido sucede con las mujeres. Minoría absoluta, pero las hay. Vietnam las recibe con agua, con orines, con gritos ensayados de ¡Cuuuulo! ¡Cuuuulo! Algunos parecen tan desesperados que ganas me dieron de regalarles el pase de cortesía para Kara’s. “No dejaría ir a mi hija porque manosean a las mujeres y si uno se opone lo lincha la turba”, me escribirá desde Ciudad de Guatemala Fernando Sánchez, salvadoreño emigrado hace ocho años.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La psicología social tiene un nombre para explicar estos comportamientos: estado de desindividualización. Es más simple de lo que suena. Se resume en que cuando las personas integran grandes grupos aumentan las posibilidades de que incurran en conductas inmorales o agresivas, algo que no harían solas. Aplicado al Vietnam, la multitud es lo que ha institucionalizado actitudes como lanzar orines o irrespetar a las mujeres. Dicen los que saben, y suena bastante lógico, que si no estuviera detrás el grupo que tolera e impulsa la conducta rebañega –rebañega–, pocos se comportarían así.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;*****&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;Falta poco más de media hora y el equipo contrario sale a calentar. Vietnam hierve.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Parecen gladiadores –dice el filósofo.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al poco, el filósofo se levanta y bandera en mano comienza a saltar. Todos lo hacemos. La luz artificial domina ya por completo el estadio. Apenas se reconoce el perfil del volcán de San Salvador. “Vamos, salvadoreños, esta noche tenemos que ganar...” Hay batucada, saltos, olas, tumbos. Vietnam hierve. Justo enfrente, sobre los palcos, la luna creciente forma una sonrisa cómplice. Ambiente mágico, anoto en la libreta.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace una hora estaban volando una gran piscucha, corriéndola por la franja más cercana a la valla. Ahora sería imposible.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está full.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;—Sí, es porque bajaron los precios. Así me gusta ver a mí el estadio –me responde el filósofo, y se mete en la boca una especie de caramelo azul.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para llegar hasta su cliente, los vendedores hacen malabares. En términos generales, ellos sí son respetados, aunque sean mujeres o no vayan de azul o blanco. Es una regla no escrita de Vietnam. En lo que llevo aquí nos han ofrecido dos panes por el dólar, maní con chile, paletas Sabrosita a dos coras, y unas sospechosas hamburguesas de a dólar. Es la economía de Vietnam.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Voz anuncia al ganador del sorteo de un boleto aéreo, cortesía de TACA. El ganador es el 405 sur palco.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si has ido a Solón, te felicito, porque yo quisiera estar ahí –me insistirá la Voz.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, muy a su pesar, él está en una espaciosa cabina blanca, con aire acondicionado y silla reclinable. Allí arriba raro es que haya menos de cuatro personas, y celebran cuando hay que celebrar, pero no se tiran orines ni se insultan. La Voz parece echar eso de menos. Antes de ser la Voz, Álvaro Magaña fue un auténtico vietnamita.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y se lanzaban los orines?&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;—¡Claro! ¡Definitivamente! Si yo tengo hasta experiencia... –ríe– ¿Y sabés qué es lo cómico? Que cuando a vos te agarran para eso, papá, no es solo una bolsa la que te cae, te quiero ser sincero. Yo llegaba al extremo de que llevaba mi cachucha y debajo de la cachucha llevaba mi plastiquito.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todas las personas con las que hablé para esta crónica, la Voz será el único que cree que Vietnam cada vez es más respetuoso. Ha cambiado para bien, dice.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cánticos decaen un poco cuando faltan unos 20 minutos para comenzar. Algo así como dar un paso atrás para tomar impulso, para los himnos nacionales. El de El Salvador, obvio, se canta a pleno pulmón, pero igual o más energías se gastan mientras suena el del equipo contrario. Vietnam –casi– entero da la espalda: patalea abuchea abronca silba vocifera protesta insulta. Por el maldito estado de desindividualización resulta difícil ir contra el comportamiento rebañego. Yo aprovecho para simular que estoy tomando notas, pero el que más me sorprende es Wilson. Al girarme veo que se mantiene de cara a la grama, respetuoso. Atípico.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cervezas hoy ni se han vendido ni se venderán. Y menos cervezas significa menos orines. Incluso el acceso al agua ha estado y estará restringido. Supongo que esto, unido a lo vibrante del marcador, la amenaza de cierre sobre el estadio y los más de 520 agentes de la Policía desplegados harán de este un partido más seco y menos violento que de costumbre. Al menos en mi sector no hubo grandes peleas entre aficionados, y la Unidad de Mantenimiento del Orden de la Policía apenas tuvo que sacar a dos que tres. “Hoy en día me parece que el nombre de Vietnam ya no le va, tengo amigos vietnamitas y son gente muy pacífica”, me escribirá desde Cheongju Galileo Romero, un salvadoreño que el año pasado se trasladó a Corea del Sur.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya va a iniciar el partido.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Para mí Vietnam es la zona más importante de un estadio, te quiero ser sincero. Si yo fuera futbolista, yo fuera a celebrar primero a Solón –me dirá la Voz, sonriente.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;*****&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;Nos hemos visto por primera vez hace unas horas. No lo sabemos aún, pero el grupito lo formaremos William, el filósofo del fútbol; un joven alto y gordo con el que no he intercambiado palabra; un alguien con camisola azul que saltará desde la fila de delante; y yo, el periodista de gesto serio. Por la cercanía, hemos compartido cánticos, tumbos, olas, orines y otro gol que celebré, sí, pero a la europea.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vietnam lleva mil horas sin callar.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es el alma del Cuscatlán –me dirá días después la Voz.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Minuto veintiséis con doce segundos. El volante Julio Martínez saca de banda hacia Rodolfo Zelaya. A trompicones, el joven delantero se zafa de su marca, avanza por banda izquierda y logra un centro preciso. Cristian Castillo salta como gacela y cabecea...&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gooooool.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-SV"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Castillo corre, mira al cielo y se arrodilla frente a Tribuna. Vietnam se abraza.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-3757317970537916210?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/pLwn1XwWEzLYNgOltzOzpPjF7dU/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/pLwn1XwWEzLYNgOltzOzpPjF7dU/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/pLwn1XwWEzLYNgOltzOzpPjF7dU/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/pLwn1XwWEzLYNgOltzOzpPjF7dU/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/kdS58DE_iX4" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/3757317970537916210/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/05/pasion-y-orines-en-vietnam.html#comment-form" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/3757317970537916210?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/3757317970537916210?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/kdS58DE_iX4/pasion-y-orines-en-vietnam.html" title="Pasión y orines en Vietnam" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SiIEvKpvJDI/AAAAAAAAALg/zGABuEy1nqo/s72-c/estadiocuscatlan-3.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/05/pasion-y-orines-en-vietnam.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkMARXg5fyp7ImA9WxJTE04.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-1479130824896475263</id><published>2009-03-28T09:30:00.018-06:00</published><updated>2009-04-21T12:27:24.627-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-04-21T12:27:24.627-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="crónica" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Cartagena" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Caribe" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Paraíso" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Marlinda" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Miseria" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Colombia" /><title>El paraíso feo</title><content type="html">&lt;script type="text/javascript"&gt;&lt;br /&gt;var gaJsHost = (("https:" == document.location.protocol) ? "https://ssl." : "http://www.");&lt;br /&gt;document.write(unescape("%3Cscript src='" + gaJsHost + "google-analytics.com/ga.js' type='text/javascript'%3E%3C/script%3E"));&lt;br /&gt;&lt;/script&gt;&lt;br /&gt;&lt;script type="text/javascript"&gt;&lt;br /&gt;try {&lt;br /&gt;var pageTracker = _gat._getTracker("UA-8479277-1");&lt;br /&gt;pageTracker._trackPageview();&lt;br /&gt;} catch(err) {}&lt;/script&gt;Suspenda esta lectura unos segundos. Cierre los ojos primero y piense en el Caribe, imagíneselo...&lt;br /&gt;En serio, hágalo...&lt;br /&gt;[...]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Sc5H8dn2pkI/AAAAAAAAAKw/-2U5lbb9DbI/s1600-h/Cartagena.8.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5318267314040645186" style="margin: 0px auto 10px; display: block; width: 320px; height: 219px; text-align: center;" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Sc5H8dn2pkI/AAAAAAAAAKw/-2U5lbb9DbI/s320/Cartagena.8.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué imágenes vinieron a su mente? Déjeme intentarlo. Islas en medio de un mar imposible, verde, azul y transparente. Arenas blancas finas en playas infinitas vírgenes. Una barca de remos. Sosiego. Palmeras de troncos largos y curvos coronadas por penachos de grandes hojas. Y de los troncos cuelga una hamaca, y de los penachos cuelga la sombra sine qua non. Detrás, un sol perpetuo. Y un cielo intenso salpicado por nubes tímidas. Y una brisa agradecida que levanta olas diminutas. Y dos pelícanos.&lt;br /&gt;Otra opción es encender su computadora e introducir la palabra Caribe en el buscador de imágenes Google. El resultado será similar.&lt;br /&gt;Hay lugares consensuados en el imaginario colectivo. Incluso quien nunca los ha visitado se atrevería a describirlos. Ocurre con la Antártida, el Sahara o el altiplano andino, y pasa también con el Caribe, que es el que nos ocupa. En el reparto de estereotipos, al Caribe no le fue tan mal en realidad. En las agencias turísticas de Europa y Norteamérica se vende como lo más parecido al paraíso. Por eso el boom de cruceros y de hoteles “All Inclusive” y Cancún y Santo Domingo y Roatán y Cartagena de Indias. Millones de personas pagan cada año cientos, miles de dólares por unas vacaciones que les permitan regresarse con el mar imposible, las playas infinitas y el sol perpetuo en sus cámaras.&lt;br /&gt;Pero los lugares como Marlinda seguirán escondidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiene veinticinco años y se llama Juana Isabel Caicedo. Es alta, espigada, larga cabellera y poderosa dentadura, más blanca por el contraste. Ella y los demás acá son negros. Juana Isabel trabaja para una ONG holandesa que hace un par de años abrió un hogar para niños marginados. El edificio impone. Es blanco como nieve y tan grande que hace ver aún más desdichadas las casas de alrededor. Está en primerísima línea de playa. Apenas hay unos seis metros entre el punto donde esta tarde mueren las olas y la barrera de rocas que levantaron.&lt;br /&gt;—¿Y para qué las piedras?&lt;br /&gt;—Es por las inundaciones –dice Juana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por las inundaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caribe es el nombre del mar y, por extensión, las costas que salpica también son Caribe. Es un mar extenso, más que México. Sus aguas bañan 21 países y no menos de una docena de islas y archipiélagos aún bajo dominio europeo o estadounidense. Trampolín de la conquista española hace 500 años, el Caribe también tiene prensa por ser zona de huracanes, por sus añejas historias de piratas, por la belleza de sus mujeres y por el boom turístico de las dos últimas décadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Sc5IQTqAM6I/AAAAAAAAAK4/soYiJlxfEw8/s1600-h/Cartagena.1.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5318267654962688930" style="margin: 0px auto 10px; display: block; width: 320px; height: 226px; text-align: center;" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Sc5IQTqAM6I/AAAAAAAAAK4/soYiJlxfEw8/s320/Cartagena.1.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y dentro del Caribe está Cartagena de Indias. Cartagena es la ciudad colombiana que más turismo atrae. Su secreto radica en haber sabido complementar sus atributos caribeños –sol, playas, palmeras– con un vistoso conjunto histórico, con precios irrisorios para quien paga en euros o dólares y con una efectiva política gubernamental que la convirtió en un escaparate nacional para atraer también al turista de gran poder adquisitivo. Para lograrlo, la pobreza, que afecta a dos de cada tres cartageneros, se relegó hacia las barriadas, creando así dos ciudades superpuestas. Un artículo publicado el pasado 23 de enero en el Washington Post lo describió así: “Para el Gobierno del presidente Álvaro Uribe, Cartagena simboliza una nueva Colombia, vibrante y próspera. Pero fuera de los muros coloniales de 400 años y del encanto de esa ciudad histórica hay barrios tan miserables que los responsables de la salud pública comparan sus condiciones con las del África subsahariana (...). La mayor parte de sus residentes son negros, el tráfico de drogas es algo habitual, los niños están desnutridos y son comunes las epidemias de enfermedades curables”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y dentro de esa Cartagena está Marlinda. Situada hacia el norte, a apenas 20 minutos en carro del centro histórico, Marlinda es una comunidad conformada por unas 1,500 personas. A inicios de la década de los noventa, familias procedentes del vecino pueblo de La Boquilla se tomaron a la brava la franja de tierra –600 metros de largo por 150 de anchura– comprendida entre el mar y un humedal con graves problemas de contaminación llamado la ciénaga de la Virgen. Arnulfo y los demás ahí pusieron sus ranchos, y ahí siguen todavía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hollywood vino a Marlinda con sus cámaras, sus actores y sus dólares. Necesitaban un lugar indigente y soleado que con poco trabajo pudiera pasar por una comunidad rural cartagenera de hace un siglo. Aún hoy se recuerdan aquellos días de 2006 como los días de las ganancias aseguradas. Después me detallarán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún es mi primer día aquí, y falta un par de horas para que anochezca. Camino por la playa hasta que me topo con una casa sobre la arena. Es también de madera, pero grande, y la tienen pintada de rojo, blanco y azul. Colores vivos, como retando al mar. La familia que la habita tiene el Caribe literalmente en la puerta de casa. Si no fuera por la gruesa barricada que han levantado, las olas se colarían en la vivienda, que también funciona como tienda.&lt;br /&gt;—Este año estuvo menos lleno, pero hubo más tema porque la alcaldía se vino y comenzó a meter a la gente en los colegios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habla el padre de familia. Es un tipo cincuentón, desconfiado, capaz de inventarse que la directiva les prohibió dar los nombres a extraños. Se refiere a las inundaciones y al hecho de que el último noviembre, tras el desbordamiento, llegaron los albergados, los titulares en los periódicos, las visitas de la alcaldesa y luego del embajador estadounidense. Algo que no había pasado ni en los años en los que el agua subió más y tardó más en irse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marlinda está comprimida entre el Caribe y la ciénaga. Cada mes de noviembre, cuando finaliza la estación lluviosa, la ciénaga está llena a reventar. Esos días también ocurre lo que los colombianos llaman mar de leva, mareas altas. El resultado es siempre el mismo: casi toda la comunidad se inunda. Lo que varía de un año al otro es el número de semanas que pasan con el agua fétida dentro de las casas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dueño de la tienda dice que no le molesta mucho. La inundación afecta más a los que viven más cerca de la ciénaga, y él cree tener el problema bajo control añadiendo rocas a su improvisado rompeolas. Cuando le pregunto por el cambio climático y sus efectos, tampoco se inmuta, a pesar de que el pronóstico acuerpado por el Gobierno colombiano para la costa caribeña es que el mar subirá 40 centímetros para el año 2050.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y no ha pensado irse a otro lugar?&lt;br /&gt;—Para mí lo más bonito es todo esto de aquí, La Boquilla y Marlinda, y no soy nativo, ¿eh? Pero para salir de aquí tienen que llevarme con los piecitos palante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marlinda está marcada por eso que llamamos la miseria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero decir hoy miseria nomás es decir nada, una cortesía con el lector, una manera de disfrazar, una etiqueta fácil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se ha prostituido tanto que decir miseria, míseros, miserables nomás es como dar un porcentaje frío o como recitar los objetivos del milenio. Decir miseria nomás es ahorrarse las descripciones. Se ha convertido en eufemismo. Decir miseria nomás no evoca, por ejemplo, las condiciones de vida de Arnulfo y su hijo de nueve años; no evoca su hogar, con paredes hechas de tablas de madera y a dos pasos de una ciénaga putrefacta llena de mosquitos, un hogar que tiene cuatro metros de largo por dos de ancho –digo: 4 metros de largo por 2 de ancho–, sin cochera, sin cuartos, sin cocina, sin baño; un hogar en el que solo caben un catre y sobre el catre una colchoneta regalada y una hamaca ennegrecida y una silla de plástico y una mesita y un foco y un televisor estropeado; decir miseria nomás no evoca ver a Arnulfo cocinar durante 18 años con un fuego que enciende en la entrada, sobre el piso de tierra, y que intenta contener con tres ladrillos; no evoca tener nada que llevarse a la boca; no evoca pasar tres o cuatro semanas al año con agua hasta las rodillas dentro de eso que llaman hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decir miseria nomás no evoca la miseria.&lt;br /&gt;—¿Y dónde va usted cuando quiere mear?&lt;br /&gt;—Ahí, en el patio, en el patio del rancho, porque aquí no hay servicio de baño todavía ni nada de eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya es martes, segundo día en Marlinda. Ever Minota –veintipocos, fornido, colocho y bigotillo– está en la playa con su pequeño hijo, una pelota y dos amigos. Son de Olaya Herrera, uno de los barrios más peligrosos de Cartagena. Como sabe algo de albañilería, Ever ha venido a ayudar a su cuñado a levantar muros. Aún son minoría entre la maraña de ranchos de madera, pero en algunas casas ya dieron el salto al ladrillo. Con la obra intentan también elevar algunos centímetros el piso. Parece no haber mucho interés en irse de este tugurio. Mañana entenderé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para llegar a Marlinda en vehículo se maneja tres kilómetros sobre la playa. No hay carretera de acceso. Y no es esta la única rareza. En Marlinda no hay iglesia católica ni evangélica ni unidad de salud ni asfalto en las calles ni Pizza Hut ni instituto ni delegación policial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hay una mezquita.&lt;br /&gt;—¿Y cuántos musulmanes viven en Marlinda?&lt;br /&gt;—Aquí puede haber unos cuatro o cinco nomás –responde Arnulfo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hay un billar con siete mesas –siete– que, además de cervezas glaciales a $0.45, vende aceite para cocinar, pampers, papel higiénico y Gatorade.&lt;br /&gt;—¿Por qué tantas mesas en el billar?&lt;br /&gt;—Ahí se juega bastante y hay muchos de La Boquilla que se vienen van pa'cá –Arnulfo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daisuri Hernández es una Naomi Campbell de 16 años. Alta, proporcionada, grandes ojos y pelo largo y trenzado. Al mirarla, me pregunto hasta dónde podría haber llegado si hubiera nacido en otro lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La acabo de conocer gracias a John Luis, un muchacho de 12 años que no me llega ni a la cintura y que se acercó descalzo hace tres cuadras para preguntar qué hago en Marlinda. Me dijo que vende caracol, le pregunté por sus clases y le pedí que me escribiera su nombre en mi libreta. Acertó con la palabra John, pero en vez de Luis puso Laos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daisuri está en el rancho de Juana Iris, su hermanastra, pegadito a la ciénaga. Hiede. Hablamos largo de los problemas de la comunidad, de las inundaciones que se prolongan semanas en este sector y de los días en los que Hollywood vino a Marlinda con sus cámaras, sus actores y sus dólares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En octubre de 2006, la productora estadounidense Stone Village filmó aquí algunas escenas de “El amor en los tiempos del cólera”. Basada en el libro homónimo de Gabriel García Márquez, transcurre en la Cartagena de finales del siglo XIX y principios del XX. La protagoniza Javier Bardem. Los equipos de producción estuvieron llegando durante casi un mes, y para muchos fueron días de ganancias aseguradas. A Daisuri le pagaron $75 por un día de actuación como extra. El alquiler mensual de la casa en la que estamos no llegaría, me dicen, a los $12.&lt;br /&gt;—Teníamos que hacer como si estuviéramos conversando, pero sin que se oyera –dice, orgullo en la mirada, Juana Iris, quien también se disfrazó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La prosperidad momentánea llegó con los tiempos del cólera. La productora incluso tuvo el detalle de llevar postes de la luz hasta rincones de la comunidad donde aún no había.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El amor en los tiempos del cólera” se estrenó a finales de 2007.&lt;br /&gt;—¿Y ya la viste?&lt;br /&gt;—No –responde Daisuri, como si fuera la repuesta lógica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;John Luis –Laos– Jiménez dejó de ir a la escuela porque su tía Jenni Meléndez no pudo pagarle el uniforme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arnulfo es Arnulfo Guzmán Jiménez, un optimista. Físicamente se trae un aire al Don Ramón de El Chavo del Ocho, pero en negro. Delgado, nariz chata, bigote espeso, pocos y maltratados dientes. Vive en una casa miserable junto a su hijo Luis Enrique, de nueve, y un perro enclenque. Arnulfo habla de su papá Prisco con respeto. Murió hace años, pero lo cita en presente: mi padre dice...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Sc5Ik8STVJI/AAAAAAAAALA/YiK44Sz4XJc/s1600-h/Cartagena.6.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5318268009466516626" style="margin: 0px auto 10px; display: block; width: 320px; height: 243px; text-align: center;" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Sc5Ik8STVJI/AAAAAAAAALA/YiK44Sz4XJc/s320/Cartagena.6.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arnulfo tiene 48 años y 18 los ha pasado en Marlinda. Nacido en La Boquilla, fue de los primeros que se dejó convencer de que como nativos también tenían derecho a invadir la franja de tierra. Llegaron cuando no había nada. —Allá donde vivo yo es siempre la parte que vive más inundada y más llena –dice, resignado.&lt;br /&gt;—¿Y por qué eligió ese lugar si fue de los primeros en llegar?&lt;br /&gt;—A mí me gustó porque yo siempre he sido pescador, y ahí estamos en la orilla de la ciénega, y a mí me gusta tener mis criaderos de sábalos, aunque ahora no los tengo porque...&lt;br /&gt;—¿Criaderos de qué?&lt;br /&gt;—De sábalos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al igual que muchos en Marlinda, Arnulfo tiene en la puerta de su casa una especie de piscina hecha con tablones. Hiede. Aquí intenta criarlos. Los sábalos, explica, son un pescado que uno lo echa uno así, pequeñito, y lo saca de hasta 6 kilos, grande. Es la teoría que les enseñaron. En la práctica, nunca ha podido vender sus pescados porque la ciénaga se desborda cada noviembre y los peces se escapan de su rudimentario cerco. —El criadero lo hace uno en la ciénega, pero tiene uno que comprar madera, para meterle madera, y alzarlo, pero todo eso se hace con plata, y como yo no he tenido dinero, no he tenido para alzarla.&lt;br /&gt;—¿Y cuál era el negocio entonces?&lt;br /&gt;—Ninguno –y ríe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arnulfo ríe. Ríe cuando enseña su miserable casa, ríe cuando cuenta que lleva tres meses sin pagar la luz, ríe cuando explica que en la ciénaga ya casi no hay pesca, ríe cuando comenta que a él lo contrataron en la película para montar escenarios por $12 diarios, y ríe cuando contesta que tampoco la ha podido ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está a punto de cumplir medio siglo de vida y Arnulfo nunca ha viajado. Es muy probable que se muera sin haber salido de Cartagena.&lt;br /&gt;—¿Y no le gustaría conocer más?&lt;br /&gt;—Hombre, claro, a uno le gusta conocer Barranquilla y todas esas partes, pero a dónde... No hay.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegué a Marlinda por primera vez hace dos días lo hice en motocicleta-taxi. Un joven de nombre Vladimir me trajo por poco más de $2 desde el centro histórico de Cartagena. Carretera hacia Barranquilla, nos detuvimos primero en La Boquilla, preguntamos un par de veces, recorrimos los tres kilómetros de playa y me dejó aventado en una comunidad miserable. Solo. Temeroso, vine nomás con lo puesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy hasta me he traído la cámara digital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pobreza y la inseguridad no van siempre unidas de la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atardece. Tres días en esta comunidad han manchado mi libreta de anotaciones sobre la miseria y sobre lo que supone vivir con la certeza novembrina de las inundaciones. Un triste presente para quienes ponen rostro a esas cifras de pobreza que llenan los informes oficiales. Y un no futuro si se cumplen los augurios sobre el impacto del cambio climático en la costa caribeña. Visto así, el único atenuante para seguir viviendo en Marlinda es el relativo ambiente de seguridad que describen sus vecinos. Pero me suena insuficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regreso con Arnulfo a la playa justo cuando el sol comienza a ocultarse y el mar parece una bandeja de plata. Dentro del agua hay seis jóvenes. Los menos usan trasmayo; los más, un rudimentario artilugio de pesca compuesto por un anzuelo y una botella vacía sobre la que se enrosca el hilo. Al rato, uno sale, satisfacción en el rostro, con un pescadito que coloca dentro de una vieja y descolorida barca. Me acerco. Salvo el último que aún boquea, yacen inertes una veintena de distintas especies: matacaimanes, narizdemantecas, roncos, marulandas. Ninguno supera los 25 centímetros, pero cocinados con arroz, dicen, alimentan lo suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Sc5I4gwteUI/AAAAAAAAALI/M6c7FN9t9ds/s1600-h/Cartagena.9.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5318268345675249986" style="margin: 0px auto 10px; display: block; width: 320px; height: 240px; text-align: center;" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Sc5I4gwteUI/AAAAAAAAALI/M6c7FN9t9ds/s320/Cartagena.9.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentado y descalzo, José Miguel Ortega –85 años, cachucha, 7 de sus 13 hijos vivos– cuenta que era mucho más lo que se sacaba años ha.&lt;br /&gt;—Si la picada estaba caliente, tirarlo una vez bastaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empapado y sonriente, Hernán Martínez –26 años, cachucha, un hijo con Zuleima María– no se queja cuando saca su sexto pescadito. Hasta hace unas semanas más espaciado, pero ahora que está sin trabajo viene cada dos días. Son pueblo de pescadores. Y el mar todavía da de comer. Quizá por eso pocos ven su futuro fuera de Marlinda. El Caribe que los amenaza es también el Caribe que los alimenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;*****&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Este artículo apareció publicado por primera vez el 29 de marzo de 2009 en la revista Séptimo Sentido, de El Salvador. Puede verlo pulsando &lt;a href="http://www.laprensagrafica.net/epaper/SeptimoSentido/20090329/default.html"&gt;acá (páginas 12 a 17).&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-1479130824896475263?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/YS7ZpycQeX5qXhJ_rAuOxl3E9WY/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/YS7ZpycQeX5qXhJ_rAuOxl3E9WY/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/YS7ZpycQeX5qXhJ_rAuOxl3E9WY/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/YS7ZpycQeX5qXhJ_rAuOxl3E9WY/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/qhFYeG2QWIE" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/1479130824896475263/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/03/el-paraiso-feo.html#comment-form" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/1479130824896475263?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/1479130824896475263?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/qhFYeG2QWIE/el-paraiso-feo.html" title="El paraíso feo" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Sc5H8dn2pkI/AAAAAAAAAKw/-2U5lbb9DbI/s72-c/Cartagena.8.JPG" height="72" width="72" /><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/03/el-paraiso-feo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkIFQnk4fip7ImA9WxJTE04.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-5039897845092455050</id><published>2009-01-21T03:37:00.015-06:00</published><updated>2009-04-21T12:28:33.736-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-04-21T12:28:33.736-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Jon Sobrino" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Teología de la Liberación" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Iglesia católica" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="perfil" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El Salvador" /><title>Jon Sobrino, el obseso</title><content type="html">&lt;script type="text/javascript"&gt;&lt;br /&gt;var gaJsHost = (("https:" == document.location.protocol) ? "https://ssl." : "http://www.");&lt;br /&gt;document.write(unescape("%3Cscript src='" + gaJsHost + "google-analytics.com/ga.js' type='text/javascript'%3E%3C/script%3E"));&lt;br /&gt;&lt;/script&gt;&lt;br /&gt;&lt;script type="text/javascript"&gt;&lt;br /&gt;try {&lt;br /&gt;var pageTracker = _gat._getTracker("UA-8479277-1");&lt;br /&gt;pageTracker._trackPageview();&lt;br /&gt;} catch(err) {}&lt;/script&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;El nombre de un periodista no es algo importante para Jon Sobrino. En realidad, el periodismo en sí, tal y como está concebido en la actualidad, no es algo importante. “No me interesa todo eso, ese mundo de los millones, de los medios que son más o menos de derecha o un poquito de izquierda”, dijo la tercera vez que hablamos frente a frente. La segunda vez había sido el 30 de noviembre, poco después de oír cómo cantaba el “Cumpleaños feliz”. Me le acerqué una vez finalizada su misa, como habíamos acordado por teléfono.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;—A ver, ¿tú eres Antonio Valencia? –preguntó.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;—Roberto, padre, Roberto Valencia.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;—Roberto... ah, entonces sí te conozco. Vamos a ver –enérgico–, ya te dije que ahora no te voy a recibir, pero ¿qué es lo que quieres tú?&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Siete&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt; días después salió con eso de que no le interesa el mundo de los millones ni aparecer en los medios. Esa tercera plática fue más cordial. Fijamos una entrevista larga en su despacho para las 4 de la tarde del día siguiente y volvió a confundirme con Antonio. Se justificó diciendo que Antonio Valencia le sonaba a un portero que tuvo hace unos años el Athletic de Bilbao, el equipo de fútbol de &lt;?xml:namespace prefix = st1 /&gt;&lt;st1:personname productid="la Liga" st="on"&gt;la Liga&lt;/st1:personname&gt; española. Pero ese portero se llamaba Juanjo Valencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;“Yo soy diabético, de dos inyecciones diarias, para que lo pongas.” Su mala memoria selectiva –solo para nombres y rostros– la atribuye a la diabetes. Y es selectiva porque Sobrino, el jesuita salvadoreño amonestado hace ya un par de años por el Vaticano, tiene 70 años, pero es uno de los teólogos más leídos y traducidos en todo el mundo, continúa celebrando misa en la misma iglesia donde lo ha hecho por casi 20 años y se mantiene firme en lo que décadas atrás alguien bautizó como la opción preferencial por los pobres. Y sigue publicando cuanto puede. Y sigue con sus pensamientos enfocados en lo que él cree que es importante.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;En la entrevista de las 4 en su despacho, tras casi dos horas de plática, le pedí que me firmara un ejemplar de uno de sus libros. Lo abrió y con letra clara y legible, de estudiante aplicado, escribió: “Para Antonio Valencia. Con agradecimiento y esperanza. Jon Sobrino”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: center;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;?xml:namespace prefix = o /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Faltan segundos para las 8 de la mañana. Hoy es 30 de noviembre, domingo. Sobrino sale de la sacristía serio, mirada perdida, casulla morada de Adviento. Lleva pegada al pecho una Biblia verde con un cordelito rojo para separar páginas. Camina hacia el altar despacio, casi arrastrando los pies. El coro, nutrido y voluntarioso, está cantando una canción que dice que los pobres esperan el amanecer de un día sin opresión. Quizá eso llegue alguna vez, pero hoy se tienen que conformar con un día de cielo azul intenso pero fresco. Sobrino se frota las manos, se acomoda los lentes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Esta es la iglesia de El Carmen, en el centro de Santa Tecla, una ciudad que forma parte del área metropolitana de San Salvador, la capital del país. El párroco aquí desde 1991 es otro jesuita llamado Salvador Carranza, alto, barbado, septuagenario también. Al poco de su designación, pidió a su amigo Sobrino que le ayudara a celebrar. Y le aceptó. Salvo viaje al extranjero o quebranto serio de salud, todos los domingos a las 8 de la mañana inicia su misa, como está sucediendo en este instante. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Llamar templo a esto es una cortesía. La centenaria iglesia dedicada a &lt;st1:personname productid="la Virgen" st="on"&gt;la Virgen&lt;/st1:personname&gt; del Carmen quedó semiderruida por un terremoto en 2001. Las misas reiniciaron meses después en este improvisado, largo y estrecho galerón de láminas con ventanas por doquier, techo falso y luces fluorescentes. Lo levantaron a la par. Trajeron las bancas, un pequeño retablo, dos atriles de madera tallados y cuanta escultura sobrevivió al sismo. Y se logró un lugar acogedor, pero que está a años luz de la solemnidad de catedrales ciclópeas o milenarias. A Sobrino la sencillez que le rodea no parece incomodarle; al contrario. Y lo explicitará durante la homilía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Jesús jamás habló de que él estaría en una catedral bellísima...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;La frase entera la podrán leer más luego. Ahora el coro sigue cantando la canción que dice que los pobres esperan un día sin opresión, la primera de nueve. Las dos últimas serán “Las mañanitas” y “Cumpleaños feliz”. Hoy es el cumpleaños de Salvador Carranza, a quien acá todos conocen como padre Chamba. Cumple 72, una edad que dicen que es muy bíblica. Español de nacimiento, llegó al país en 1956, un año antes que Sobrino. Ambos forman parte de ese grupo de jesuitas sin el que resulta complicado explicar la historia reciente de El Salvador. Son los que crearon &lt;st1:personname productid="la Universidad Centroamericana" st="on"&gt;la Universidad Centroamericana&lt;/st1:personname&gt; (UCA), los que abrazaron &lt;st1:personname productid="la Teolog￭a" st="on"&gt;la Teología&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Liberaci?n" st="on"&gt;la Liberación&lt;/st1:personname&gt;, los que educaron, los que fueron llamados comunistas, los masacrados, los involuntarios protagonistas del Museo de los Mártires, los que al final de la misa estarán acá, septuagenarios, escuchando a 200 parroquianos cantar en una iglesia-galera algo tan poco eclesial como “Las mañanitas”. Juntos en el altar, el padre Chamba y Sobrino cantarán también, sonrientes. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: center;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;La sinopsis de sus primeros 68 años de vida sería así: Jon Sobrino Pastor Gaztañaga Larrazabal nació en plena Guerra Civil española, el 27 de diciembre de 1938. Nació en Barcelona. Sus padres –Juan y Rosario– habían escapado un año antes desde Barrika, un minúsculo pueblo del País Vasco. La familia regresó a su tierra cuando Jon tenía 10. Con apenas 17 años, ingresó en el noviciado de &lt;st1:personname productid="la Compa?￭a" st="on"&gt;la Compañía&lt;/st1:personname&gt; de Jesús en Orduña, cerca de Bilbao. Con apenas 18 años, fue enviado al noviciado de &lt;st1:personname productid="la Compa?￭a" st="on"&gt;la Compañía&lt;/st1:personname&gt; de Jesús en Santa Tecla, cerca de San Salvador. Fiel al espíritu jesuítico, tuvo una sólida formación en algunas de las mejores universidades del mundo. Estudió en Cuba, en Estados Unidos y en Alemania. Para 1973 ya tenía las carreras en Filosofía, Ingeniería Mecánica y Teología, de la que se doctoró. Regresó a El Salvador para instalarse de forma definitiva. Vivió la metamorfosis de Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Sufrió lo peor de la guerra. Se nacionalizó. La masacre. Se esperanzó con la firma de los Acuerdos de Paz en 1992. Sintió –siente– vergüenza por este mundo. Y mientras, publicó cuanto pudo sobre Cristología, sobre Romero, sobre los pobres, sobre liberación. Todo eso y más hizo en sus primeros 68 años de vida. Pero ahora tiene 70.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SXbv2XE8nHI/AAAAAAAAAKA/XSqJ_L8Yqw0/s1600-h/Copy+of+fsep21122008fcjon10.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293682129207336050" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: pointer; HEIGHT: 213px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SXbv2XE8nHI/AAAAAAAAAKA/XSqJ_L8Yqw0/s320/Copy+of+fsep21122008fcjon10.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt; &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;En noviembre de 2006 se aprobó &lt;st1:personname productid="la Notificaci?n. Tras" st="on"&gt;la Notificación. Tras&lt;/st1:personname&gt; largos años de estudio de dos de sus libros –“Jesucristo Liberador” (1991) y “La fe en Jesucristo” (1999)–, el papa Benedicto XVI mandó publicar el documento de &lt;st1:personname productid="la Congregaci?n" st="on"&gt;la Congregación&lt;/st1:personname&gt; para &lt;st1:personname productid="la Doctrina" st="on"&gt;la Doctrina&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Fe" st="on"&gt;la Fe&lt;/st1:personname&gt; que catapultó a Sobrino. De ser un teólogo respetado y reconocido en círculos religiosos pasó a encarnar la víctima del conservadurismo que se le achaca al Papa. No es que partiera de cero, pero lo convirtió en un fenómeno mundial. Si se busca entre las páginas en inglés que aparecen en Google, “Jon Sobrino” tiene más entradas que “Antonio Saca”, el presidente de &lt;st1:personname productid="la Rep￺blica" st="on"&gt;la República&lt;/st1:personname&gt; salvadoreño. En Wikipedia hay artículos sobre Sobrino en 10 idiomas diferentes. En inglés, en francés, en alemán, en japonés y hasta en húngaro siempre aparece como uno de los estandartes de &lt;st1:personname productid="la Teolog￭a" st="on"&gt;la Teología&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Liberaci?n" st="on"&gt;la Liberación&lt;/st1:personname&gt;, la corriente que irrumpió con fuerza a finales de la década de los sesenta y cuya filosofía podría resumirse en un principio: que &lt;st1:personname productid="la Iglesia" st="on"&gt;la Iglesia&lt;/st1:personname&gt; católica debe tener una opción preferencial por los pobres.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—¿Cuáles son las consecuencias exactas que tuvo &lt;st1:personname productid="la Notificaci?n" st="on"&gt;la Notificación&lt;/st1:personname&gt; para usted?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Bueno, consecuencias... &lt;st1:personname productid="la Notificaci?n" st="on"&gt;La Notificación&lt;/st1:personname&gt; es un texto, ¿verdad? Hacemos saber que el padre Jon Sobrino ha escrito unos libros que contienen tal y tal... ¿Qué consecuencias oficiales ha tenido? Pues a mí no me ha impuesto nada. Hombre, obviamente, para alguien que tiene sentido común es una llamada de atención seria, eso sí, pero consecuencias de por sí, oficiales, no. Otra cosa es todo lo que me colgaron.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Pero dejó de dar clases en la universidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Dejé de dar, pero eso no fue porque &lt;st1:personname productid="la Notificaci?n" st="on"&gt;la Notificación&lt;/st1:personname&gt; lo prohibiera expresamente. Ya estoy dando de nuevo, di un curso sobre identidad cristiana, y en marzo voy a dar otro sobre la teología de Ignacio Ellacuría. Pero indudablemente &lt;st1:personname productid="la Notificaci?n" st="on"&gt;la Notificación&lt;/st1:personname&gt; sí generó un ambiente, y eso es evidente, que no facilita el trabajo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—La impresión de sus libros ¿está permitida?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Sí, cómo no. Acaba de salir otro libro mío.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La realidad es que la tan traída y llevada Notificación, aun siendo un hecho extraordinario dentro de &lt;st1:personname productid="la Guerra Civil" st="on"&gt;la Congregación&lt;/st1:personname&gt;, fue un sopapo moral público, pero no acarreó sanción concreta alguna. Sobrino siguió haciendo lo que para él sí es importante: oficiar misa, publicar libros, denunciar lo denunciable, continuar como director del Centro Monseñor Romero de &lt;st1:personname productid="la UCA." st="on"&gt;la UCA.&lt;/st1:personname&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: center;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Buenos días tengan todas y todos ustedes. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Las palabras resuenan amplificadas en el galerón por un sistema de sonido rústico pero eficaz. Siempre repite las mismas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Sobrino apoya sus manos sobre una mesa hueca cubierta por un mantel blanco con bordados. Iluminada por dentro, sirve de sepulcro a un Jesucristo yaciente que el Adviento todavía no ha ocultado. La figura está detrás de un cristal, recostada sobre dos cojines y ensangrentada en rodillas, muslos, cuello y torso. Su rostro es de serenidad, ojos cerrados. No da sensación de sufrimiento. Es una de las esculturas sobrevivientes del terremoto, de una finura que contrasta con el ambiente espartano a su alrededor. Hay afiches colgados con las fotografías de Monseñor Romero y del sacerdote jesuita Rutilio Grande, asesinados ambos. La última vez que los dos y Sobrino coincidieron en un mismo lugar fue el 12 de marzo de 1977. Rutilio estaba dentro de un ataúd. “Yo creo –me dirá días después– que me bautizaron de verdad como cristiano el día que mataron a Rutilio Grande... y sé que es lenguaje provocativo, ¿verdad? Y además, ese día me bautizaron como ser humano.” La presencia de esas imágenes en la iglesia no es casual ni decorativa. Rutilio y Romero también están en su despacho de &lt;st1:personname productid="la UCA" st="on"&gt;la UCA&lt;/st1:personname&gt; y en el diminuto cuarto donde duerme. Son algo importante.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Ahora está leyendo con desgana las intenciones, que hoy son todas de acción de gracias: por la graduación de Ricardo, por los 15 años de Armando... “Y pedimos perdón a Dios por lo que hacemos mal y hace sufrir a los demás.” Silencio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Visto desde aquí, encanecido y delgado, parece poca cosa. Nadie diría que alguien así ha soliviantado durante años a Joseph Ratzinger, la persona que hoy rige el destino de la Iglesia católica bajo el nombre de Benedicto XVI. Ratzinger fue quien como prefecto le abrió los procesos y quien firmó la Notificación. &lt;st1:personname productid="la Notificaci?n. Y" st="on"&gt;Y&lt;/st1:personname&gt; aunque a Sobrino no le haga mucha gracia, esa representación de David contra Goliat que le ha tocado interpretar siempre ha sido muy atractiva para el “establishment” que él combate. Es discutible si convence, pero no hay duda de que su lucha seduce. En el popular portal de internet Facebook hay un grupo que se llama Friends of Jon Sobrino SJ. Del extranjero lo invitan con frecuencia para dar charlas y seminarios, es hombre de mundo y conoce algunos buenos hoteles. Y ni siquiera en El Salvador escapa a situaciones en las que él se siente como pez fuera del agua. En sus apariciones públicas, rara es la que no concluye con la firma de autógrafos o con él posando junto a admiradores frente a alguna microcámara de un teléfono celular. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Sobrino no cree que sea para tanto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Tú pon lo que quieras, pero yo creo que la gente que se acerca a mí no es por famoso. Es por amistad o quizá por agradecimiento, porque yo represento un poquito a los mártires; un poquito, ¿verdad? Desde luego, con Beckham no tengo nada que ver. Ni yo ni el padre Ellacuría ni Monseñor Romero.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: center;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Sobrino está vivo por conocer el idioma del imperio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;La segunda y la tercera, junto a la iglesia de El Carmen. Pero la primera vez que hablamos frente a frente fue el 24 de marzo de 2008. Sobrino entonces ni siquiera sabía que alguien llevaba tiempo siguiéndolo para este perfil. Aquella resultó una conversación imprevista, fugaz, recelosa y a tres bandas. El tercer interlocutor era Leonardo Boff, teólogo brasileño que se encontraba de visita en el país y me había aceptado una entrevista. Él es otro referente mundial de &lt;st1:personname productid="la Teolog￭a" st="on"&gt;la Teología&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Liberaci?n. Boff" st="on"&gt;la Liberación. Boff&lt;/st1:personname&gt;, franciscano hasta entonces, colgó los hábitos en 1992.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Aquella mañana de marzo, 28.º aniversario del asesinato de Monseñor Romero, entrevistado y entrevistador estábamos sentados en unos sofás de cuero que hay en el hall del Hotel Beverly Hills. Boff hablaba sobre el mal que el neoliberalismo está haciéndole al mundo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—¿No bastaría con hacer reformas al sistema? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Si limamos los dientes del lobo –respondió–, ¿desaparecerá su voracidad? No, porque el lobo es voraz por sí mismo. Lo mismo ocurre con el sistema neoliberal, que es malo para la humanidad, porque excluye a casi dos tercios del mundo...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;En ese momento, un taxi se paró frente a la entrada principal. De él bajó Sobrino. El rencuentro lo habían fijado para justo después de la entrevista. Y Sobrino, fiel a sí mismo, se adelantó a la hora fijada. Cruzó la puerta de vidrio con un portafolios bajo el brazo, se acercó despacio, casi arrastrando los pies. Vestía sencillo: pantalón, una chaqueta sobre la camisa y zapatos negros. Boff se levantó y salió a su encuentro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Caro Leonardo, caro Leonardo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SXbuyOzhNQI/AAAAAAAAAJw/7aP4q5O5sOo/s1600-h/Copy+of+fsep04012009fcfed11.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293680958755648770" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: pointer; HEIGHT: 238px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SXbuyOzhNQI/AAAAAAAAAJw/7aP4q5O5sOo/s320/Copy+of+fsep04012009fcfed11.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt; &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Los dos tienen la misma edad, estudiaron en Alemania e intimaron cuando en los ochenta participaron en un proyecto que pretendía sistematizar toda &lt;st1:personname productid="la Teolog￭a" st="on"&gt;la Teología&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Liberaci?n" st="on"&gt;la Liberación&lt;/st1:personname&gt; en 50 tomos. Pero además les une un vínculo especial. Cuando el 16 de noviembre de 1989 ocurrió la masacre de los seis jesuitas en &lt;st1:personname productid="la UCA" st="on"&gt;la UCA&lt;/st1:personname&gt;, Sobrino se encontraba fuera del país. Eso le salvó. La orden que tenían quienes ejecutaron la matanza era no dejar testigos. Uno de los cadáveres, el del padre Juan Ramón Moreno, lo arrastraron hasta la habitación de Sobrino. Pero él estaba en Tailandia. Lo habían invitado para impartir un curso sobre Cristología en inglés, el idioma de lo que él llama el imperio. Ese curso lo iba a dar Boff. Había recibido la invitación primero, pero la rechazó. “En esa invitación pedían inglés, y yo no lo podía bien, pero les dije a los organizadores que invitaran a Jon Sobrino.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Aquel rencuentro entre los dos teólogos fue cordial. Sonrisas y abrazo. Intercambiaron unas pocas palabras inaudibles.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Te veo, te veo, te veo –elevó el tono Sobrino, señalando con descaro la panza de Boff– Los ojos, eso no has cambiado. La vivacidad... y estás aquí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—... Termino aquí… –dijo, señalándome–, porque quiero hablar mucho contigo, Jon... Ah, Jon, él –por mí– me ha dicho que va a tu misa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—¿Perdón?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Que él va a tu misa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;No era el plan original, pero tuve que intervenir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Yo llego a la iglesia de El Carmen, padre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Ah, no me digas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Ayer estuve.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—¿Ayer a las 11? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Su misa había sido a las 8 de la mañana, pero supuse que me estaba probando. Meses después quise saber si mi suposición era acertada, pero me dijo que no recordaba haberme visto nunca antes. Su memoria en verdad es mala para los rostros y los nombres. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Hablamos un poco más, apenas un par de minutos. Y Sobrino se retiró para poder concluir la entrevista: “Sigan, sigan...”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—¿Mucho tiempo sin verse? –pregunté a Boff.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Sí, muchos años, más de 10.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="center"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;El joven Marcello Rodríguez se sienta en el suelo, saca la videocámara de su funda, la apoya sobre su rodilla derecha y comienza a grabar. La homilía de Sobrino está comenzando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Que el señor esté con ustedes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Y con tu espíritu.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Lectura del Evangelio, según San Marcos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Gloria a ti, señor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Marcello –16 años, voz sonora, guitarrista aficionado– llega todos los domingos a El Carmen y busca lugar en primera fila, cerca del atril de madera tallada que se usa para las lecturas. Lo acompañan su hermano Gabriello, de 15, y una cámara de video Samsung modelo SCL906. Desde hace unos cinco años –no saben precisar la fecha– graban la revolucionaria interpretación del Evangelio. A Sobrino no le entusiasma la idea, pero tampoco le molesta lo suficiente. Las decenas de cintas acumuladas desde entonces las conservan en cajas con naftalina. Los videos no los suben a YouTube ni nada por el estilo. De vez en cuando los ven en familia. Es algo para consumo propio, pero han creado un archivo que quizás algún día sea codiciado. Marcello y Gabriello, además, han sido testigos de la evolución del discurso. Dicen que antes de &lt;st1:personname productid="la Notificaci?n" st="on"&gt;la Notificación&lt;/st1:personname&gt; era todavía más incendiario.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Pero volvamos a la homilía. Sobrino también hoy está explicitando su opción preferencial por los pobres.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Jesús está –y señala con el dedo hacia adelante– en esos pobres de la puerta, de esta iglesia y de tantas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Una iglesia parece incompleta si no hay alguien en la entrada pidiendo limosna. En El Carmen este fenómeno roza el surrealismo. Un domingo de octubre había 24 personas suplicando unos centavos. Cuando Sobrino dice eso de pueden ir en paz, los pobres de la puerta se colocan en dos filas. En la formación hay muletas de madera, artritis, manos extendidas, vasos con vocación de monedero, delgadez extrema, canas sucias, olores, rostros cansados de la vida, arrugas infinitas, síndromes de abstinencia, sueño, insultos para el que toma fotografías y dioselopagues. La feligresía pasa en medio. La mayoría, con indiferencia; algunos sí tienen unas monedas, unas palabras o un saludo como recompensa. Esta es la pobreza que cada día respira Sobrino, la que le lleva a escribir frases como esta: “Que los multimillonarios pasen hambre alguna vez, para ver si eso los convierte”. Pero lo cierto es que son pocos, casi ninguno, los pobres de la puerta que entran a escucharlo. Parece que no les interesa oír al que se jacta de predicar por y para ellos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Mientras habla en la homilía Sobrino gesticula con los brazos. Se ve entusiasmado, como si lo hiciera por primera vez. Aún se le reconoce su acento de Bilbao. Sonríe, se muerde el labio inferior.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Jesús jamás habló de que él estaría en una catedral bellísima, y ojalá que las catedrales sean bonitas, que no tengo nada en contra de eso. Pero sí dijo que allá donde haya hambre y sed y enfermedad y gente que se muere de sida, nos guste o no nos guste, ahí estará él.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;El Evangelio de hoy es San Marcos 13:33-37. Es corto y se refiere a cuando Jesucristo pide a sus discípulos que estén alerta siempre, como cuando unos empleados esperan la llegada del dueño de la casa. Esta lectura le está sirviendo de excusa para hablar de los pobres de la puerta, de las catedrales, de los atentados en los hoteles de &lt;st1:personname productid="la India" st="on"&gt;la India&lt;/st1:personname&gt;, de El Mozote, de Monseñor Romero y de la masacre de los jesuitas. Raro es que su sermón baje de los 20 minutos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Pero hoy está comedido. El 2 de marzo dijo esto: “A Jesús yo sí lo comparo con Monseñor Romero. Hubo mucha gente que no les quería, que ni modo. Y nosotros decíamos: ¿Cómo es posible? Pero si Monseñor Romero está abriendo los ojos de la gente con su palabra, si está quitando la ceguera del pueblo, de tanta gente campesina que pensaba que los males venían porque Dios así lo quería. Pues no, decían ellos, pues no. ¡Ese es revolucionario! Sí, revolucionario, pero del bien, ¿verdad? Luego le llamaron más cosas, que era comunista, insultos... Pero lo que quiero decir es cuánto costaba que la gente de poder, de dinero, que la oligarquía y los militares reconocieran en Monseñor Romero a alguien que hizo el bien, que hizo grandes milagros, para que la gente tuviera DIG-NI-DAD (...) Y Monseñor Romero nos dio todo, se animó a decir verdades. ¡Qué silenciosa es &lt;st1:personname productid="la Iglesia" st="on"&gt;la Iglesia&lt;/st1:personname&gt; de hoy! De vez en cuando sale algún mensaje diciendo que hay pobreza en el país y que es un problema lo de los emigrantes. Pero en conjunto, ¡qué silencio! ¿Verdad?” &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;No debe de ser sencillo explicar la vida y obra de un hombre que vivió hace 2,000 años, aunque sea el protagonista del mayor best seller de la historia. Además del abismo temporal entre sus andanzas y el hoy salvadoreño existe otro abismo espacial de &lt;st1:metricconverter productid="12,000 kil?metros" st="on"&gt;12,000 kilómetros&lt;/st1:metricconverter&gt;. En el caso de Sobrino se añade la dificultad de tratar con una audiencia en la que no todos saben leer y escribir. Pero el autor de libros ásperos sobre los que discuten los teólogos más brillantes se convierte en misa en una especie de cuentacuentos. Ha desarrollado una habilidad para traducir y masticar términos desfasados, que hacen referencia a realidades distintas a la salvadoreña o a los que simplemente les agrega matices. Con sus explicaciones se podría confeccionar el diccionario bíblico jonsobriniano. Y estas serían algunas de sus entradas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Herodianos. En tiempo de Jesucristo, Herodes era rey en las provincias romanas de Judea, Galilea y Samaria, si bien su poder estaba supeditado al Imperio Romano. Los herodianos, dice Sobrino, eran la policía de Herodes, “como &lt;st1:personname productid="la Guardia Nacional" st="on"&gt;la Guardia Nacional&lt;/st1:personname&gt; de aquel entonces” , el cuerpo represivo durante &lt;st1:personname productid="la Guerra Civil" st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Guerra" st="on"&gt;la Guerra&lt;/st1:personname&gt; Civil&lt;/st1:personname&gt; salvadoreña.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Amor. “Amar es una actitud de salirnos de nosotros mismos, y para eso es igual que uno sea bautizado o musulmán o ateo o gringo o de Ahuachapán. Amar es no empezar el día diciendo: ‘Señor, te pido por mí y por mi bienestar y que yo lo pase bien’. ¡No! Hay que empezar de otra manera.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Publicanos. Eran las personas que recaudaban impuestos para Roma. El evangelio de Lucas destaca la figura de uno: Zaqueo. En la interpretación que hace Sobrino, hoy su trabajo sería como recaudar fondos para Estados Unidos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Ciego. Esta palabra suena accesible, pero la redimensiona. Ser ciego hace 2,000 años era ser “un pobre desgraciado”, como hoy lo son la madre soltera que no tiene para la educación de sus hijos o el señor que debe irse a Estados Unidos a ganarse la vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Guerra del Congo. En 1998 estalló en &lt;st1:personname productid="la Rep￺blica Democr￡tica" st="on"&gt;la República Democrática&lt;/st1:personname&gt; del Congo una guerra que causó 4 millones de muertos. Hubo firma de paz en 2003, pero la región aún es un polvorín, con decenas de miles de refugiados y milicias armadas hasta los dientes. ¿Y para qué?, se cuestiona: “Para que los países ricos, democráticos y con elecciones se roben el coltán”, de donde se extrae el tantalio para la elaboración de misiles, teléfonos móviles, televisores de plasma...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Sobrino se esfuerza por hacerse entender, por ejemplificar, por ilustrar el Evangelio. Y lo hace en función de sus convicciones personales que, si se midieran en clave política, son inequívocamente de izquierda. “¿Que el lenguaje que uso es distinto? Pues sí –dirá–. ¿Por qué? Yo no me suelo oír, pero sí procuro cuando hablo que la gente entienda, que no sé si entiende, y sobre todo que no me vean como alguien que quiere hablar raro o que lo que hace es repetir solo lo que han dicho los documentos de los obispos.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: center;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;El Salvador transpira cristianismo desde su mismo nombre. El lema de su escudo dice Dios, Unión y Libertad, en ese orden. La capital se llama San Salvador. Las dos ciudades más importantes fuera del área metropolitana tienen también nombre de santo: San Miguel y Santa Ana. El listado con los nombres de los municipios parece santoral. Hasta el salvadoreño con mayor proyección internacional fue obispo; sin embargo, al mismo tiempo es el país con la mayor tasa de asesinatos de todo el continente. Y con pobreza y desigualdad, el caldo de cultivo de &lt;st1:personname productid="la Teolog￭a" st="on"&gt;la Teología&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Liberaci?n. A￺n" st="on"&gt;la Liberación. Aún&lt;/st1:personname&gt; hoy, 30 años después del boom de la doctrina, este país centroamericano con casi 6 millones de habitantes presenta cifras oficiales que hablan de un 14% de analfabetismo, de una escolaridad promedio de seis años, de 173,000 niños que trabajan, de un 26% de hogares sin agua por cañería, de un 35% que vive bajo la línea de pobreza, 44% en el área rural. Y de casi 400,000 familias que reciben remesas de parientes que tuvieron que emigrar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Sobrino cayó en El Salvador hace más de medio siglo. Llegó sin pretenderlo, para cubrir el déficit de vocaciones en Centroamérica. Hoy no hay quien lo saque de aquí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Estoy convencido de que le han ofrecido la posibilidad de dar clases fuera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Sí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Pero sigue aquí. ¿Cómo se explica eso?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—A ver. Tu pregunta presupone que es raro. Que es raro que si una universidad un poco importante de Estados Unidos me ofrece una cátedra, que yo me quede aquí. Bueno, pues sí, he tenido algunas ofertas, pero nunca jamás se me ha ocurrido irme.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Él y muchos otros jesuitas del grupo obtuvieron sus papeles salvadoreños en 1989, en los días previos a la llegada al poder de ARENA. Este partido político de derecha, que lleva 20 años consecutivos en el poder, fue fundado por el Mayor Roberto d´Aubuisson, a quien &lt;st1:personname productid="la Comisi?n" st="on"&gt;la Comisión&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Verdad" st="on"&gt;la Verdad&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la ONU" st="on"&gt;la ONU&lt;/st1:personname&gt; identificó tras los Acuerdos de Paz como el autor intelectual del asesinato de Monseñor Romero. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Pero la nacionalidad de Sobrino va más allá de lo que diga su pasaporte. Cuando se le oye hablar, queda claro que en su concepto de Nosotros están los salvadoreños, los pobres, el Tercer Mundo. El Primer Mundo donde a él lo educaron lo encuadra en ideas como el Allá o el Ellos. A su país, El Salvador, dice que le debe haber aprendido a sentirse como un ser humano, algo que le permite comprender lo que ocurre en el Congo, por citar un su ejemplo recurrente. Y aquí también dice haber conocido a gente de mucho amor y a gente de esperanza, de esa esperanza honda tan difícil de ver en Europa o en Estados Unidos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Quizá por esa coherencia entre lo que escribe y su manera de vivir es que se haya ganado un notable grado de respeto y de admiración.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;“Yo puedo presumir de que el padre Jon me da misa aquí; ya quisieran tenerlo la mitad de las iglesias del mundo. Hay quien dice que estoy desperdiciando una joya para el pueblo humilde, pero su teología es para el pueblo, y para un pueblo sencillo.” Salvador Carranza, párroco de la iglesia de El Carmen.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;“Dentro de la gama de teólogos de &lt;st1:personname productid="la Liberaci?n" st="on"&gt;la Liberación&lt;/st1:personname&gt;, Jon Sobrino es para mí alguien que realmente supo sacarle el jugo más positivo a esta teología. Ha sabido administrar, con bastante coherencia y equilibrio, todo el patrimonio teológico de El Salvador y de América Latina.” Fernando Lugo, ex obispo y actual presidente del Paraguay.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;“Normalmente el teólogo es solo teólogo, reflexivo, al que no le importa mucho la espiritualidad. Pero Jon Sobrino es teólogo y lo que más hace es predicar de forma espiritual, sin abandonar el rigor muy jesuita, muy alemán, de la reflexión teológica. Por eso es peligroso.” Leonardo Boff, teólogo de &lt;st1:personname productid="la Liberaci?n." st="on"&gt;la Liberación.&lt;/st1:personname&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;“No es amigo de protagonismos, todo lo contrario a Leonardo Boff; son dos hombres muy diferentes. Sobrino es de diálogo más íntimo, así es como se siente a gusto. Pienso que en parte se debe a su manera de ser, reservada y más bien intimista.” Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;“Es una de esas personas que tienen una fe muy profunda en Jesucristo y en el Evangelio, una fe de la auténtica, de la que duele y causa dudas... no la fe anquilosada en unas normas y códigos de Derecho Canónico.” Jesús Bastante, periodista español.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: center;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Avanza la misa en El Carmen. Bajo la batuta de Sobrino los presentes ya le han rogado al Señor. Le han dado gracias. Algunos han dejado unas monedas en bolsas de trapo verde amarradas a un palo. Se ha cantado el padrenuestro. Y hace apenas unos segundos todos se daban fraternalmente la paz. Este acto resulta emotivo. Los parroquianos se dan abrazos o se agarran de las manos mirándose a los ojos. Y no se limitan a los que tienen alrededor. Hay movimiento de unas bancas a otras. Niños suben a abrazar a un Sobrino que corresponde el gesto con una sonrisa y con ligeras palmaditas en la cabeza. Luego baja a estrechar su mano a las personas que están en primera fila. Cuando presencié esto el 24 de agosto, anoté en la libreta unas palabras que entonces creí urgentes: “Hay algo en la atmósfera, posible entrada para la nota”. Aquí dentro, por un instante, uno se olvida de que está en el país más violento del continente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SXbvIXCsBcI/AAAAAAAAAJ4/69PjGhd4MiY/s1600-h/Copy+of+IMG_1672.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293681338923877826" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: pointer; HEIGHT: 244px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SXbvIXCsBcI/AAAAAAAAAJ4/69PjGhd4MiY/s320/Copy+of+IMG_1672.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt; &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Comienza la eucaristía con una canción de fondo que dice que el pueblo gime de dolor y que el pueblo está en la esclavitud. Sobrino reparte los cálices entre sus colaboradores y se sienta. Él no da las hostias. Hace meses, Salvador Carranza, el párroco, dijo que es por la diabetes, que se cansaba mucho. También me contaron que en la comunidad de jesuitas donde vive tuvo una vez una crisis, rompió una jarra de vidrio, se cayó sobre los cristales, se cortó la mano y hubo que llevarlo al hospital. A Sobrino no le gusta hablar mucho sobre su salud. En su humildad, cree que no le interesa a nadie más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Me habían dicho que estaba mal de salud, pero lo he visto muy activo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Hace cuatro años tuve un coma del que sobreviví. Fueron tres días en coma... Bueno, que sí es serio lo de la diabetes. Ahora, ¿en qué se nota para mí la enfermedad? Yo antes trabajaba ocho horas, por así decirlo, y ahora trabajo cuatro. ¿Y por qué? Pues porque no da para más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Regresemos a la misa, donde ya todos comulgaron. Está a punto de terminar. Están dando unos avisos. Uno invita a donar juguetes para niños pobres, otro ofrece a precios módicos el material que edita el Centro Monseñor Romero y el último es para que los feligreses se animen a comprar CD con música del coro. Solo queda cantar al padre Chamba “Las mañanitas” y el “Cumpleaños feliz”. Han pasado 65 minutos desde que inició la misa. Esto acaba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: center;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;El tramo final de la entrevista en su despacho fue el momento para cuestionarlo sobre el que parece ser el único punto débil dentro de su filosofía de vida: su fiel permanencia dentro de &lt;st1:personname productid="la Iglesia" st="on"&gt;la Iglesia&lt;/st1:personname&gt; católica, una institución cuyas máximas autoridades en El Salvador y en Roma lo han desacreditado en público. Y, quizá más importante, que tiene actitudes y actuaciones que cuestionan eso de que los pobres estén en el centro de todo, que cuestionan lo que para Sobrino es una obsesión. Su último libro se titula “Fuera de los pobres no hay salvación”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—¿Cómo encaja la opción preferencial por los pobres en una institución como &lt;st1:personname productid="la Iglesia" st="on"&gt;la Iglesia&lt;/st1:personname&gt; católica, dueña de tantas riquezas?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—La opción por los pobres no quiere decir: usted estudió un doctorado en Teología en Alemania, y gastó no sé cuánto dinero, y sabe mucho más que todos, ¿y usted quiere ser pobre? Pues olvídese de eso. ¡No! Sino ponga todo eso al servicio de los pobres.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—&lt;st1:personname productid="la Iglesia" st="on"&gt;La Iglesia&lt;/st1:personname&gt; posee acciones en grandes multinacionales y en la banca. Es parte activa del sistema.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Que las instituciones tengan acciones me parece inevitable en nuestro mundo. Eso sí, con mucho cuidado. Que no caigan en la mística de que cuanto más, mejor. Y que los beneficios se usen para proyectos a favor de los oprimidos. Acumular capital, para acumular poder y buen vivir, para irse de turismo o para comprar jugadores de fútbol a precios que representan un buen porcentaje del presupuesto del Chad, eso es caer en el dinamismo del capitalismo inhumano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—¿Y qué hace con las acciones su congregación?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—&lt;st1:personname productid="la Compa?￭a" st="on"&gt;La Compañía&lt;/st1:personname&gt; necesita recursos para formar a los jóvenes jesuitas que todavía no producen, por así decirlo. También patrocina servicios para refugiados, oficinas de derechos humanos, y los fondos que se necesitan para eso no caen del aire. Siempre queda la ambigüedad. Por lo que yo sé, no invertimos en empresas que fabrican armas, por ejemplo. Es capitalismo, pero digamos que de lo pecaminoso, pues lo menos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—No ve mayor problema, entonces.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—El dinero y la riqueza siempre me dan miedo. Pero si los defensores del capital nos atacan, entonces es porque quizás no lo estamos haciendo tan mal. En los últimos 30 años, 49 jesuitas han sido asesinados en el Tercer Mundo. Repito, todo lo que sea dinero y poder tenemos que usarlo con temor y temblor. Pero creo, espero, que esos mártires nos redimen de nuestras equivocaciones.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Es que también es aplicable a este edificio en el que estamos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Exactamente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Porque las cuotas para estudiar en &lt;st1:personname productid="la UCA" st="on"&gt;la UCA&lt;/st1:personname&gt; son bastante caras.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Para muchos son caras, indudablemente. Lo que también se aplica a la cámara de ese señor –y señala al fotoperiodista–, que no se la han regalado. ¿Me entiendes?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: center;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;La misa ha terminado, y Sobrino se retira a la sacristía. Ayer acordamos por teléfono que ahora me recibirá para que le explique cuál es mi interés en hacerle este perfil. Se acerca caminando, casi arrastrando los pies. Viene sin casulla y viste sencillo: pantalón, una chaqueta sobre la camisa y zapatos negros. No lleva anillos ni nada ostentoso. Lo único reseñable es su viejo reloj de pulsera. Sobrino, uno de los intelectuales salvadoreños más leídos y traducidos, no tiene carro, celebra misa en una iglesia de láminas y vive en comunidad con otros jesuitas. Su cuarto mide &lt;st1:metricconverter productid="20 metros cuadrados" st="on"&gt;20 metros cuadrados&lt;/st1:metricconverter&gt;, quizá menos. Es una cama, una computadora sobre una mesa y libros. No hay aire acondicionado ni televisor. Hay mosquitos. Pienso en que en efecto hay coherencia entre él y su discurso. Todo lo contrario a lo que pensé unas semanas atrás, cuando escuché a un pastor desgañitándose a favor de los pobres y de Monseñor Romero, pero calzado con unos zapatos relucientes, corbata de seda y un traje de no menos de $400.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—A ver, ¿tú eres Antonio Valencia? –pregunta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Roberto Valencia, padre, Roberto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Sentados en una de las bancas de madera frente al galerón, me comparte algunos de sus temores. Lo hace a su manera, con el sutil velo de reprimenda con el que envuelve sus argumentaciones. Dice que él es alguien al que Roma le ha dicho que es malo y que eso no es así nomás. Dice que el periodismo le ha generado ya algunos sinsabores. Y dice que en el arzobispado lo tienen en la mira. Me está sonando a que me pedirá algo que no podría cumplirle: que le baje el perfil a lo que le he escuchado y leído sobre el imperio, sobre el capitalismo, sobre los oligarcas, sobre el Congo. Para salir de dudas, le recuerdo que acaba de afirmar eso de que Jesús y las catedrales bellísimas no son el binomio ideal.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;—Sin duda, sin duda... Sí, sí, sí. Eso ponlo, por supuesto, sin dudarlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Empiezo a entender lo que para Jon Sobrino es importante.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="center"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;*****&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;Este perfil apareció publicado el 4 de enero de 2009 en la revista Séptimo Sentido, de El Salvador.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" face="arial"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;Una versión ligeramente más corta fue publicada el 25 de enero en Revista C, del diario argentino Crítica de la Argentina.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-5039897845092455050?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/3aByUrAxmEFVn6hynjZ4E7JMQxU/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/3aByUrAxmEFVn6hynjZ4E7JMQxU/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/3aByUrAxmEFVn6hynjZ4E7JMQxU/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/3aByUrAxmEFVn6hynjZ4E7JMQxU/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/wBXTXarJqZI" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/5039897845092455050/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/01/jon-sobrino-el-obseso.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/5039897845092455050?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/5039897845092455050?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/wBXTXarJqZI/jon-sobrino-el-obseso.html" title="Jon Sobrino, el obseso" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SXbv2XE8nHI/AAAAAAAAAKA/XSqJ_L8Yqw0/s72-c/Copy+of+fsep21122008fcjon10.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2009/01/jon-sobrino-el-obseso.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkIGSX8ycSp7ImA9WxJTE04.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-3700839105084504057</id><published>2008-07-05T22:19:00.018-06:00</published><updated>2009-04-21T12:28:48.199-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-04-21T12:28:48.199-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="crónica" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="&quot;Maravillas del mundo natural&quot;" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="&quot;El Salvador&quot;" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Turismo" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="&quot;Isla del Coco&quot;" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="&quot;Costa Rica&quot;" /><title>Crónica de un viaje a la Isla del Coco, en Costa Rica</title><content type="html">&lt;script type="text/javascript"&gt;&lt;br /&gt;var gaJsHost = (("https:" == document.location.protocol) ? "https://ssl." : "http://www.");&lt;br /&gt;document.write(unescape("%3Cscript src='" + gaJsHost + "google-analytics.com/ga.js' type='text/javascript'%3E%3C/script%3E"));&lt;br /&gt;&lt;/script&gt;&lt;br /&gt;&lt;script type="text/javascript"&gt;&lt;br /&gt;try {&lt;br /&gt;var pageTracker = _gat._getTracker("UA-8479277-1");&lt;br /&gt;pageTracker._trackPageview();&lt;br /&gt;} catch(err) {}&lt;/script&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Por &lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Roberto Valencia &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La isla es tan pequeña que cabe en una billetera. Es chiquita, y la empequeñece aún más su destierro en el más inmenso de los mares, el océano Pacífico. Una aguja de tierra en un pajar de agua. Está lejísimos de todo. No tiene hoteles ni carreteras ni buses ni estadios de fútbol ni puerto ni cementerio. No tiene casi nada. Lo único que sobra es vida. Y esa es su grandeza, aunque no se pueda apreciar en un billete.&lt;br /&gt;Desde 1997, y por decisión del Banco Central, los costarricenses ven el dibujo de una pequeña isla grabado en sus billetes de 2,000 colones. Aparece en el anverso, junto a la cara de un investigador llamado Clodomiro Picado Twight. En el reverso, nadan en el vacío un delfín y un tiburón que, por tener la cabeza como un martillo, lo llaman tiburón martillo. Son dos de los habitantes de un lugar donde el hombre no ha sabido asentarse en cinco siglos. Quizá a su aislamiento deba su grandeza.&lt;br /&gt;La isla cumple buena parte de las características que se suponen a una isla desierta. Hay cocos y cocoteros, cangrejos, sol, pájaros, revoloteos y hasta parches turquesa en el mar que la acorrala. Lo que estropea la estampa es que allí donde el estereotipo pide playa, lo que se ve son acantilados; allí donde pide arena fina y blanca, lo que se ven son paredes rocosas y verticales.&lt;br /&gt;Es la Isla del Coco, una isla natural, casi cruda. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5219756464810681826" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SHBM2WsW5eI/AAAAAAAAAGs/4cL1CB9ANwY/s320/Amanecer2804c.jpg" border="0" /&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Una definición enciclopédica diría lo que sigue: la Isla del Coco es un territorio insular que pertenece a Costa Rica desde 1869. Los colonizadores españoles la descubrieron en la primera mitad del siglo XVI, aunque hay divergencias sobre el año exacto. Lo seguro es que para 1542 apareció por primera vez en un mapa francés, bautizada ya como Ysle de Coques. Su nombre lo debe, según cronistas de la época, a la obviedad: abundaban los cocos y los cocoteros, mucho más que en la actualidad, que no es poco.&lt;br /&gt;Los tres siglos entre su descubrimiento y la izada de la bandera costarricense son décadas en las que se convierte en un estratégico punto de abastecimiento para piratas primero, para balleneros después y, más después, para buscadores de los tesoros quizá escondidos por los piratas.&lt;br /&gt;Cocos suena en El Salvador, suena a terremoto. Es la placa que se introduce debajo de la del Caribe, y genera sismos. La placa debe su nombre a la isla minúscula.&lt;br /&gt;Su superficie es de apenas 24 kilómetros cuadrados, un tercio de la extensión del lago de Ilopango, y tiene forma rectangular. De largo, lo máximo que llega a medir son 7.6 kilómetros y de ancho, 4.4 kilómetros.&lt;br /&gt;Si hubiera que elegir un elemento que la singularice, ese sería la lluvia. Caen entre 5,000 y 7,000 milímetros de agua al año. Para hacerse una idea basta señalar que en El Salvador no hay sitio alguno en el que se registren más de 2,500 milímetros. Esa cantidad, que se distribuye durante los 12 meses, es la que provoca todo lo demás: lo verde, los ríos, las cataratas, la vida.&lt;br /&gt;No se sabe con exactitud cuántas especies de plantas y animales hay. Lo que sí se sabe es que, entre las identificadas, hay un considerable porcentaje de endemismo, es decir, de especies que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo.&lt;br /&gt;Desde 1978 es Parque Nacional en Costa Rica, nombre que años después evolucionó a Área de Conservación Marina. En 1997, la UNESCO la declara Sitio Patrimonio de la Humanidad, y en 1998 le cae el reconocimiento de Área Ramsar. Este currículum le está sirviendo para ser seria aspirante a convertirse en una de las Siete Maravillas del Mundo Natural. La Isla del Coco se está codeando con referentes como el monte Everest o el río Amazonas, y es, del largo, la más fuerte representante centroamericana de la competencia. La excusa perfecta para ir a conocerla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;El barco lleva 34 horas huyendo del continente. Zarpó hace 500 kilómetros, y desde que abandonó el muelle lo único que ha hecho es adentrarse en el océano. Poco antes de las 5 de la mañana, la travesía está a punto de finalizar. El sol no asoma todavía, lo hará en unos minutos, pero clarea lo suficiente. Se identifica a lo lejos el perfil de la isla. Tierra firme, al fin.&lt;br /&gt;Se acerca un pájaro grande, marrón oscuro y de pecho blanco. Llegarán más, similares y diferentes. Algunos vuelan tan a ras que parece que la punta de sus alas golpeará la superficie del mar.&lt;br /&gt;—¿Qué pájaro es?&lt;br /&gt;—Sula leucogaster —responde Michel Montoya, consultor ambiental.&lt;br /&gt;A Montoya le gusta llamar por su nombre científico a los animales. Si ha conseguido una cara de asombro, lo traduce: “Piquero pardo”. Calza cachucha, es bajito y tiene barba canosa a lo Sean Connery. Nació hace 68 años, y 25 los ha pasado de una u otra manera relacionados con la isla. En su currículum se amontonan una veintena de artículos con títulos como “Sobre la formación de una colonia de Sula dactylatra en la Isla del Coco”. Él es uno de los dos instructores contratados en calidad de experto por los organizadores del viaje que recién inicia.&lt;br /&gt;Las aves son el verdadero comité de bienvenida, pero, cuando el barco entra en una bahía, una de nombre Wafer, también se acerca un poderoso motor fueraborda Honda. Dentro van un par de guardaparques del Ministerio de Medio Ambiente costarricense. Uno maneja, el otro se rasca el brazo derecho.&lt;br /&gt;Para entonces, el sol ha salido, y buena parte del cielo está ya azul. Donde no hay azul, hay nubes. Blancas, menos blancas, grises y más grises. Debajo, la isla, una inmensa roca compacta y elevada, sin espacio para playas, y verde, insultantemente verde. El francés Jacques Cousteau (1910-1997), quizá el oceanógrafo más famoso de la historia, también llegó con su buque Calypso aquí. Él lo describió así: “Emerge como un verdadero paraíso en medio del océano... es la Isla del Coco la más bella del mundo de todas cuantas he visitado”.&lt;br /&gt;Hoy es 28 de abril, aunque eso poco importará durante los próximos cuatro días. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Los costarricenses tienen una expresión que los singulariza: Pura vida. Es algo así como el Chico cubano o el Che argentino. Los ticos la usan para saludarse, para agradecerse o como señal de aprobación. Es una especie de comodín, muy extendida, pero de la que casi nadie conoce su origen. Por lo visto, comenzó a usarse a mediados de los cincuenta, después del estreno de una película mexicana titulada de esa forma: ¡Pura vida! Tardó unos años en popularizarse, pero hoy la expresión incluso sirve para promocionar turísticamente el país.&lt;br /&gt;La traducción no es fácil, pero la palabra “Vergón” es lo más parecido que hay en El Salvador a la Pura vida de Costa Rica. Hasta en detalles de este tipo pueden mirar por encima del hombro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Pasan unos pocos minutos de las 7 de la mañana del primer día en Isla del Coco. El barco, que hará también las veces de hotel, está fondeado ahora en la bahía Wafer. Desde aquí saldrán en unos minutos tres embarcaciones tipo zodiac para dar la vuelta a la isla. Incluidas las paradas constantes para escuchar las explicaciones de Montoya, circundarla tomará apenas tres horas y media. Es pequeña.&lt;br /&gt;Parece una fortaleza. Desde la misma línea de la costa, se alzan grandes precipicios, con dos únicas excepciones, las bahías Wafer y Chatam, que tienen unos pocos metros de playa y se puede desembarcar. En el resto, los acantilados son rocosos, pero cubiertos de vegetación. Ni la verticalidad de las paredes impide que el verde oculte al gris.&lt;br /&gt;Las zodiac avanzan alrededor en sentido contrario a las agujas del reloj, y una de las primeras paradas es frente a una catarata. De entre la espesa vegetación, surge un chorro que cae blanco y espumoso, y se estrella a pocos metros del mar. Dentro de eso que llaman paisaje, estas cascadas son lo más característico de la Isla del Coco, lo que más ha impresionado desde siempre a sus visitantes. Ya en el siglo XVI, recién descubierta, el español Gonzalo Fernández de Oviedo, uno de los primeros cronistas de América, lo plasmó así: “Tiene de circunferencia cuatro leguas, poco más o menos (...); descienden della muchos caños de agua muy altos, y encima es mucha parte della llano”.&lt;br /&gt;El salto de esta que está enfrente mide unos 100 metros. La llaman cascada Gissler. A unos pocos metros está la punta Gissler y también hay una roca Gissler. Augusto Gissler fue un alemán a partir de 1891, y en nombre del Gobierno de Costa Rica, encabezó el único intento serio de colonización. Dicen que solo pretendía encontrar tesoros piratas escondidos, pero lo cierto es que logró juntar a un puñado de familias en la isla y él mismo residió y se empobreció aquí hasta 1906.&lt;br /&gt;Avanzan las zodiac. Los pájaros se acercan a apenas dos metros, menos incluso. A los piqueros pardos de la llegada se suman otros parecidos, pero unos tienen las patas azuladas y otros la cara negra.&lt;br /&gt;—Son Sula nebouxii y Sula dactylatra —dice Montoya— piquero patiazul y piquero enmascarado.&lt;br /&gt;Se suceden una y otra y otra cascada. Y el verde. Y el cabo Lionel, la punta Turrialba, el cabo Dampier, la gigantesca cascada Yglesias, los cabos Descubierta y Atrevido, la roca Ulloa, bahía Chatam, el islote Manuelita y regreso a Wafer.&lt;br /&gt;Tres horas y media de homogénea belleza que compensan la piel que ni el factor 50 pudo proteger.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5219757240405425042" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SHBNjgAje5I/AAAAAAAAAG0/dl7Yuko5uME/s320/IslaDelCoco2804c.jpg" border="0" /&gt; &lt;/span&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;En cualquier referencia histórica a Isla del Coco, por muy superficial que sea, aparece relatos de piratas, de saqueos, de tesoros maravillosos, de grutas y de mapas.&lt;br /&gt;Lo cierto es que durante los siglos XVII y XVIII la isla fue utilizada como base de abastecimiento y descanso por navíos dedicados a la piratería. Alguno que otro incluso la convirtió en su base de operaciones. De esta realidad a que se crearan mitos sobre fabulosos tesoros escondidos el paso era muy pequeño, y se dio. A partir de mediados del siglo XIX y hasta bien entrado el XX, fue verdadera fiebre la que se desató. Se organizaron decenas las expediciones expresamente para la búsqueda de tesoros, un fenómeno sin precedentes en todo el planeta. Muchos aún creen que hay riquezas escondidas.&lt;br /&gt;Hoy, la fiebre por los tesoros no es tanta, pero la isla alimenta otro tipo de mitos. Un ejemplo es la relación con Parque Jurásico, obra escrita por Michael Crichton y llevada al cine por Steven Spielberg. El ficticio parque de atracciones, donde viven los dinosaurios está en la ficticia Isla Nublar, situada en el libro a 120 millas al oeste de Costa Rica. La distancia es menos de la mitad, pero están muy extendidas las creencias de que Crichton pensaba en la Isla del Coco cuando concibió Isla Nublar, y de que Spielberg rodó la película en la Isla del Coco. Lo primero solo el escritor lo podría aclarar; lo segundo es falso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5219757613672842594" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SHBN5OicRWI/AAAAAAAAAG8/_lS5Yfx3fNw/s320/IslaDelCoco2804h.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Robert Chaverri es el segundo de los dos instructores contratados en calidad de experto por los organizadores. Tiene 61 años, es alto, claro de piel y de ojos y derrotado por las canas. Nació en Estados Unidos, de padre costarricense. Dice que eso le ha permitido tener una mentalidad diferente, más crítica.&lt;br /&gt;—De la isla se pueden hablar muchas cosas, pero lo que me interesa contarles es lo que la hace peculiar.&lt;br /&gt;En las charlas educativas que impartió, Chaverri dibujará un cuadro crítico y pesimista. Dirá que antes de la llegada de los españoles ya la han habían habitado indígenas, dirá que los pescadores costarricenses se acabaron toda la pesca de Centroamérica, dirá que son paja la mayoría de las historias de tesoros, dirá que a la humanidad solo le quedan 120 años de existencia, dirá que el aleteo sigue diezmando la población de tiburones, dirá que la ballena azul en la zona bajó de 50,000 ejemplares a unos 30 en la actualidad.&lt;br /&gt;—¿Y usted votó por la Isla del Coco como maravilla natural?&lt;br /&gt;—Sí —asiente y sonríe.&lt;br /&gt;—¿Por qué, después de todo lo que ha dicho?&lt;br /&gt;—Porque la isla es como la bolsa genética de todo lo que había.&lt;br /&gt;Chaverri lleva una década buscando información sobre la Isla del Coco, y ahora pretende sacar provecho de tanto trabajo. El concurso de las siete maravillas naturales ha puesto la isla en la agenda, hay interés creciente en el país, y cree que es el momento oportuno para que salgan a la luz las cuatro versiones de un libro en las que recopila todo lo recabado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Segundo día en Isla del Coco. Diluvia. Empezó durante de madrugada, quién sabe a qué hora, y la claridad de la mañana confirma lo obvio: el cielo gris, triste, la cortina acuosa entre el barco y lo verde. Hoy estará lloviendo, más fuerte o más suave, hasta el atardecer. Esto se asemeja a un día de temporal en El Salvador, pero acá no es una situación excepcional. Acá puede caer así cualquier día del año. Solo así podrían sumar los 6,000 litros por metro cuadrado anuales.&lt;br /&gt;A mediodía, las cascadas de la isla se han multiplicado en número y el volumen de agua que expulsan al Pacífico es también mayor. Ya no es clara y espumosa, ahora desciende enlodada. Los caños que salen disparados son color tierra, y pronto toda la bahía Wafer estará achocolatada.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, el sol brillará, como si nada hubiese pasado. Y la bahía volverá a transparentarse, como si nada hubiese pasado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;El trabajo de guardaparque exige estar no menos de 30 días sin poder ver a la familia. Antes era peor. Raro era cuando alguno podía regresarse sin haber transcurrido dos meses.&lt;br /&gt;—¿Cómo termina uno en un trabajo así?&lt;br /&gt;—En el caso mío, fue algo que me llamaba la atención, y fui a solicitar trabajo y topé con la suerte de que estaban buscando gente para acá.&lt;br /&gt;—¿Lo considera una suerte?&lt;br /&gt;—Sí, porque a mí me gusta, aun cuando no deja de ser un inconveniente cuando hay familia e hijos de por medio. Pero una cosa compensa la otra, porque yo he podido traer a mis hijos a conocer esto.&lt;br /&gt;Responde Walter Madrid. Aparenta más juventud, pero tiene 49 años, y 15 los ha pasado yendo y viniendo a la isla. Hoy lleva 24 días sin ver a sus hijos: Vladimir, Mahyrrand, y Wolfgang Kalef. Tiene el pelo largo y recogido con una goma, la barba arreglada y viste camisola sin mangas, pantalón corto, sandalias y un reloj plateado en su muñeca derecha. Está solo, la señal de televisión se perdió hace semanas, y parece agradecer las visitas. Lleva desde ayer en la Base Chatam.&lt;br /&gt;Este nombre suena rimbombante, pero no es más que una amplia casa hecha de bloques y de madera y cubierta por un destartalado techo de láminas. Está junto a un mástil con la bandera de Costa Rica y un letrero de madera que da la bienvenida. Hay una hamaca de cuerdas negra recogida, dos bancas de madera y dos sillas plásticas, y a través de la ventana se ven un dispensador de agua, un botiquín y unos pocos libros. A un costado del edificio, está pintado el logo del Área de Conservación Marina Isla del Coco, en el que se destaca el tiburón martillo. Junto a Walter hay un gato dormido sobre una alfombra. Hay quien cree que los gatos deberían correr la misma suerte que los cerdos de la isla, pero de eso se hablará más luego.&lt;br /&gt;Guardaparques hay otros 13, pero raro es que en la isla se queden más de ocho al mismo tiempo. Su principal labor es evitar que los pescadores faenen a menos de 12 millas, donde la pesca está estrictamente prohibida. A veces lo consiguen, a veces no. Dicen que el grupo se ampliará, pero Walter aún no se lo termina de creer.&lt;br /&gt;—Pensamos que con el concurso de las maravillas habrá un boom y que va a traer más turistas, y yo no sé, la capacidad de carga de la isla...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Costa Rica tiene fama, en todo el mundo, de ser uno de los países más respetuosos con su medio ambiente. Distintos y variados informes avalan esa fama. Lo verde es el gancho, además, por el que llegan buena parte de sus turistas. Por todo eso, sorprendió escuchar una y otra vez, durante siete días, conversaciones entre ticos hablando con dureza de su Gobierno, de la pasividad para solucionar temas urgentes de la agenda ambiental. Y sorprende más cuando uno viene desde El Salvador.&lt;br /&gt;Ningún gobierno salvadoreño se ha atrevido a cerrar un hotel de una cadena internacional por no tratar sus aguas negras. Ningún gobierno costarricense ha otorgado permisos para construir una gigantesca planta que generará electricidad con la quema de carbón. En la carretera que desde San José baja hasta Puntarenas apenas se ve basura regada a ambos lados, los postes son de color poste, y los árboles son de color árbol. No son tricolores. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Tercer día en Isla del Coco. Toca abrirla, conocerla por dentro. Ayer, día del diluvio, se hizo una caminata de 2.5 kilómetros entre las bahías Wafer y Chatam, pero hoy el objetivo es más ambicioso: trepar el cerro Yglesias, el punto más alto de la isla. El sendero arranca en Wafer, junto a la base principal de los guardaparques. Ir y regresar llevará la jornada entera. Para quienes lo logren habrá merecido la pena.&lt;br /&gt;La primera sorpresa es un puente que hay apenas se abandona la Base Wafer. Se construyó, lógica pura, para atravesar un río, un río llamado Genio. No soporta el peso de más de cinco personas, hace un ruido de mil demonios y se siente inestable, pero es una obra de ingeniería que asombra. Salvando las distancias, su forma es como la del Golden Gate de San Francisco, pero en vez de acero se construyó con todos los materiales decomisados a los pescadores. Es un conjunto multicolor de boyas, redes enrolladas, cuerdas y flotadores puestos de tal manera que incomprensiblemente forman un bello puente.&lt;br /&gt;De ahí para adelante, verde. Dicen que los esquimales tienen varias palabras para nombrar el blanco. Su mundo es blanco, y no tuvieron más remedio que diferenciar entre blancos y blancos. En la Isla del Coco pasa algo parecido con el verde. En el recorrido se ven helechos que parecen hojas de marihuana, musgo suave como esponja que trepa los troncos, hojas grandes como un comal o chiquitas como una moneda, hojas secas y mojadas por doquier y raíces, resbaladizas raíces que apenas permiten que se reconozca el sendero. Y entre todo ese verde, asoman pájaros y más pájaros, y lagartijas y ratas y venados y cerdos.&lt;br /&gt;Después de cuatro horas de deleite y sacrificio, la cima. La cima es una pequeña explanada pelada de no más de seis por cinco metros. Hoy se ve inofensivo, pero alguna vez esto fue el cráter de un volcán. Tirado hay un viejo letrero de madera oscura con letras amarillas. Dice Cerro Yglesias. A unos seis metros, clavado en el suelo, hay otro viejo letrero también de madera oscura, y también con letras amarillas. Dice Cerro Yglesias 634 msnm. Está desfasado, la nueva altura oficial es 574 metros, pero no importa. Acá todos quieren una foto junto al viejo letrero.&lt;br /&gt;Hace calor, pero corre brisa, y el mar que desde abajo parece plateado se ve desde acá arriba más azul que nunca. A la belleza natural se suma esa satisfacción que se tiene cuando uno ha logrado lo que se proponía.&lt;br /&gt;—¿Acá se puede decir Pura vida?&lt;br /&gt;—Claro, este es el lugar ideal —responde alguien.&lt;br /&gt;En verdad, la isla está lejísimos de todo, cruda, y lo único que sobra es vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5219758221819071554" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SHBOcoDzTEI/AAAAAAAAAHM/QdderxcbRhs/s320/Amanecer3004c.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;De vez en cuando ocurren cosas que botan al traste cualquier razonamiento basado en las leyes de la probabilidad. Algo de eso sucedió en la Isla del Coco la tarde del 15 de octubre de 1943.&lt;br /&gt;Si en el Pacífico se trazara una circunferencia que tuviera en sus extremos la Costa Rica continental y las Islas Galápagos, el resultado sería un círculo de más de un millón de kilómetros cuadrados. Todo estaría cubierto por agua excepto el espacio ocupado por la diminuta isla. En números, sería un 99.998% de agua frente a un 0.002% de tierra firme.&lt;br /&gt;Pues bien, el 15 de octubre de 1943, en plena II Guerra Mundial, el piloto Lester R. Ackeberg y su copiloto Robert E. Moore empotraron contra el cerro Yglesias el bombardero “Little Fury”. Lester, Robert y los otros ocho tripulantes murieron. Lo tragicómico del caso es que el avión estrellado sobrevolaba la zona para localizar un hidroavión militar extraviado el día anterior.&lt;br /&gt;Algunos restos del “Little Fury” aún se encuentran en el cerro, ocultos entre lo verde. Es una zona de muy difícil acceso, sin ruta abierta. En 1943, pasaron 10 días desde que el ejército supo dónde se había estrellado hasta que pudieron rescatar los cuerpos.&lt;br /&gt;El avión era el número 799 de los 2,698 bombarderos de la serie B-24D, construidos entre 1940 y 1942, en su mayoría en San Diego, California. Cuatro motores de hélice, un volante similar al de un carro para pilotarlo y su inconfundible parte delantera, acristalada y armada con dos ametralladoras.&lt;br /&gt;Como suele ocurrir en este tipo de tragedias, a los 10 fallecidos les dieron una medalla póstuma, y hoy, 65 años después, no son más que una anécdota para contar a los turistas que pueden permitirse llegar a la isla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Cuarto día en Isla del Coco. Toca conocer lo más valioso de la isla. Toca snorkelear. Resulta curioso como, a pesar de tanto llamado desesperado a preservar el castellano, las palabras anglosajonas siguen ganando terreno. Y todo eso que ahora han convenido en llamar deportes extremos son un ejemplo claro: rafting, kayaking, jumping, surfing, snowboarding... snorkeling.&lt;br /&gt;Son pasadas las 2 de la tarde y llueve, pero eso no representa problema alguno para estar bajo el agua. La zodiac se dirige a la isla Manuelita, uno de los mejores lugares, aseguran, para esta práctica. El snorkeling es algo así como el buceo de los pobres. Consiste en ponerse una máscara en la cara, un tubo de plástico en la boca, aletas también de plástico en los pies y un chaleco salvavidas. Este último es opcional. En realidad, todo es opcional. Nada que ver con los costosos tanques de oxígeno y trajes de neopreno.&lt;br /&gt;Sumergidos hay peces con forma de trompeta a los que llaman trompeteros, hay peces regordetes de color amarillo y negro, los hay con forma de media luna y los hay planos. Los hay también plateados, negros, blancos, anaranjados y de todos esos colores mezclados. Apenas hay que moverse para contemplar todo eso y más. Morenas, erizos negros, langostas, cangrejos... tiburones.&lt;br /&gt;Aparecen tres juntos. Los tres son grises con las puntas de la cola y de la primera aleta dorsal blancas. Después alguien explicará que todos los de esa especie son así. Quien les eligió nombre no se rompió mucho la cabeza. Se llaman cazón punta blanca –Triaenodon obesus, diría Montoya–, pueden medir hasta dos metros y se les considera inofensivos si no son provocados. Steven Spielberg y su prodigiosa imaginación.&lt;br /&gt;Los dedos están arrugados después de dos horas de snorkeleada, pero sabe a poco. Además, la isla Manuelita es lugar de anidación de aves. Cuando uno saca la cabeza del agua, lo que ve son decenas de piqueros con sus polluelos. Y los picos de esas aves son azules, blancos, amarillos. Un orgasmo de vida y color dentro y fuera del agua. Pura vida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;En 1793, un barco llamado HMS Rattler llegó a Isla del Coco. Lo capitaneaba James Colnett, un marino inglés de 40 años. La Marina Real Británica le había encargado identificar en el océano Pacífico rutas y puertos de abastecimiento para la creciente flota de barcos balleneros, naves que permanecían meses, años enteros en alta mar. Entonces había mucho trabajo, había muchas ballenas. Ni siquiera se había escrito aún la novela “Moby Dick”.&lt;br /&gt;En su breve visita, Colnett tuvo tiempo de dibujar un rudimentario mapa del contorno de la isla, de bautizar las dos bahías principales, y de soltar cerdos. Aquí había agua potable, aves, pescado y marisco en abundancia, pero quizá creyó que los marineros, entre ballena y ballena asesinada, preferirían comer algo de chancho. Abandonó unos pocos, y esos pocos se convirtieron en más, en muchos, en plaga. Se estima que la población de cerdos cimarrones —así los llaman— ronda hoy los quinientos ejemplares.&lt;br /&gt;En la actualidad, se ejecuta un proyecto financiado por la cooperación internacional que tiene como uno de sus objetivos erradicar las “especies exóticas invasoras”. El cerdo es exótico en la Isla del Coco, si bien no se refieren solo al cerdo. En los últimos cinco siglos, sin querer queriendo, el hombre introdujo las únicas seis especies de mamíferos que habitan en isla. Además del cuche, hay cabras, gatos como el de Walter, venados cola blanca y dos tipos de rata, también exóticas. Con las plantas ocurrió algo parecido. En Costa Rica, sigue vivo el debate, incluso jurídico, entre quienes creen que hay que eliminarlos y quienes piensan, pasados dos siglos de subsistencia, que se han ganado el derecho a permanecer en la isla.&lt;br /&gt;Cuando dijeron todo esto se desvaneció por completo la idea original, la concebida antes de llegar, de titular esta crónica “La isla perfecta”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5219757989880035986" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SHBOPIBOepI/AAAAAAAAAHE/Y4yPj64tKyk/s320/IslaDelCoco2804m.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Cuesta más de un día llegar en barco, pero lo que vuelve la Isla del Coco inaccesible no es la lejanía. Para millones, la barrera infranqueable son los precios. El pasaje más barato en este viaje, el más económico de cuantos se ofertan en la actualidad, costó $1,815. Pura vida para unos pocos. Y en la cifra no se incluyeron los $25 diarios que cobra el Gobierno por día de permanencia, ni tampoco el vuelo hasta y desde San José.&lt;br /&gt;—¿Qué ocurre con las personas que no pueden gastarse $2,000 en una semana?&lt;br /&gt;—En realidad, no le tengo la respuesta. Cuando comenzamos a trabajar, trabajamos con el sector empresarial y con niños en el tema de sensibilización, con prioridad en las zonas costeras. No hemos pensado en abrir la isla a todos los costarricenses, lo que hemos pensado es en llevar la isla allá con afiches, videos, materiales lúdicos, títeres, sombreros con forma de tiburón martillo...&lt;br /&gt;Quien contesta es Álex Cambronero, gerente de proyectos de la Fundación Amigos de la Isla del Coco (FAICO), la institución que, junto a la Organización para Estudios Tropicales (OET), ha coordinado este viaje turístico etiquetado como Biocurso.&lt;br /&gt;FAICO se fundó en 1994, y se autoimpuso como misión conservar la biodiversidad del Área de Conservación Marina Isla del Coco. Para ello, recaudan fondos entre los estratos más altos de la sociedad costarricense. Además de viajes como este, organizan torneos de golf, vendes artículos promocionales y entregan un galardón anual a instituciones benefactoras, como el Banco de Costa Rica y la Corporación de Supermercados Unidos.&lt;br /&gt;Esta fundación fue también la que promovió la inscripción de la isla en el concurso de las maravillas.&lt;br /&gt;—Es lógico suponer que más turistas querrán venir. ¿No es eso una amenaza para un ecosistema tan pequeño?&lt;br /&gt;—Sí, sí lo es, si no se regula.&lt;br /&gt;—¿Sacarla de su relativo anonimato no será contraproducente?&lt;br /&gt;—Eso lo valoramos desde un inicio, pero con las regulaciones...&lt;br /&gt;—¿Regulaciones?&lt;br /&gt;—La Isla del Coco puede tener una capacidad de desarrollo mayor si se dan las condiciones. Por ejemplo, en un sendero solo se permite caminar a grupos de 20 personas; si hubiera 10 senderos, se podría atender a más personas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Víctor Acuña es la persona que está al frente del grupo de guardaparques asignados por el Gobierno a la Isla del Coco. Lleva nueve años en este parque nacional, y dice haberse encontrado con seres extraterrestres en numerosas ocasiones. Hasta cuatro veces por semana.&lt;br /&gt;Son las 8 de la noche del 2 de mayo, y Acuña está sentado junto a mí en la barra del Tortuga bar, en la cubierta del barco. Un empleado pasa el aspirador. Hay poca gente, abajo aún están sirviendo la cena. Tiene 37 años, la cabeza rapada al cero, es musculoso, lleva un reloj deportivo en su mano izquierda, y ahora está pidiendo un jugo. No toma nada que tenga alcohol.&lt;br /&gt;La conversación, que no entrevista, está al inicio dentro de lo que dicta la lógica entre un periodista y un funcionario. “No queremos más turistas, sino investigadores”, me dice. De repente, aparece el tema.&lt;br /&gt;—Estoy totalmente convencido de que hay vida en otros planetas.&lt;br /&gt;Ante la cara de extrañeza, se anima a dar el porqué de su convicción. Cuenta cómo entre todos los empleados está extendida la misma idea, cuenta cómo un día se les paró la patrulla en alta mar y un disco volante los iluminó, cuenta incluso que una vez lo regresaron en el tiempo, pero se recrea en especial con un suceso en concreto, el ocurrido el 26 de diciembre de 2004,&lt;br /&gt;—Fue cuando el tsunami. Aunque usted no lo crea, está relacionado. Apareció un disco sobrevolando Wafer, se detuvo y me dio la información: “Estamos extrayendo energía bajo tierra”. Lo estaban haciendo a seis millas de la isla y a 22 kilómetros de profundidad. Los compañeros que salieron a patrullar vieron luces esa noche a seis millas, y hay un historiador que estaba esos días por aquí que tomó una fotografía en la que aparece un disco raro.&lt;br /&gt;La teoría de Acuña, lo dice convencido y convincente, es que los extraterrestres amortiguaron esa noche posibles réplicas en este lado del Pacífico del poderoso terremoto que originó el tsunami en el Índico.&lt;br /&gt;—¿Y no te importa que publique esto?&lt;br /&gt;—Sé que la gente se ríe, pero todo lo que te he dicho es verdad.&lt;br /&gt;Víctor Acuña, repito, es la persona que está al frente del grupo de guardaparques asignados por el Gobierno a la Isla del Coco.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Son las 5 de la tarde en el aeropuerto Juan Santamaría de San José, la capital. El vuelo de regreso a El Salvador despegará dentro de 25 minutos por la puerta de embarque número 5. Cerca, frente a la puerta 4, hay una tienda llamada Britt Shop que vende recuerdos.&lt;br /&gt;Es un negocio bien iluminado, limpio y amplio. Tiene forma de L y para recorrerlo entero es necesario caminar 36 pasos. Venden variedad, con la única premisa de que identifique al país. Café, ropa con guiños nacionales, artesanías, bisutería, peluches de fauna autóctona. Entre todo eso, hay también muchos y variados objetos que tienen la inscripción “Pura vida”: imanes, camisetas naranjas para mujer, grises para hombre, cachuchas, una pegatina de una iguana surfeando, llaveros...&lt;br /&gt;Se acerca una de las dependientas.&lt;br /&gt;—De la Isla del Coco poco tienen, ¿no?&lt;br /&gt;—Sí, viene muy poco —responde ella con una blanca sonrisa.&lt;br /&gt;—Gracias.&lt;br /&gt;—Un gusto.&lt;br /&gt;La Isla del Coco está fuera del menú turístico que ofrece Costa Rica a sus visitas. No tiene hoteles ni carreteras ni buses ni estadios de fútbol ni puerto ni cementerio. Ahora ha salido del anonimato para convertirse en el estandarte regional de la competencia para la elección de las Siete Maravillas del Mundo Natural. Y lo ha conseguido manteniéndose como es: virginal, enigmática, verde, cruda. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Esta crónica fue publicada en la edición del &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.laprensagrafica.com/epaper/SeptimoSentido/20080706/default.html"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;6 de julio de 2008&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt; de la revista Séptimo Sentido (página 12).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-3700839105084504057?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/3mGS51TSDuNQcTBkpN_5vzRT0IQ/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/3mGS51TSDuNQcTBkpN_5vzRT0IQ/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/3mGS51TSDuNQcTBkpN_5vzRT0IQ/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/3mGS51TSDuNQcTBkpN_5vzRT0IQ/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/gDcahK2NhIQ" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/3700839105084504057/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2008/07/crnica-de-un-viaje-isla-del-coco.html#comment-form" title="11 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/3700839105084504057?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/3700839105084504057?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/gDcahK2NhIQ/crnica-de-un-viaje-isla-del-coco.html" title="Crónica de un viaje a la Isla del Coco, en Costa Rica" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SHBM2WsW5eI/AAAAAAAAAGs/4cL1CB9ANwY/s72-c/Amanecer2804c.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>11</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2008/07/crnica-de-un-viaje-isla-del-coco.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkEHR3Y9fyp7ImA9WxBRGEo.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-4713788457725939703</id><published>2008-05-24T15:24:00.013-06:00</published><updated>2010-01-07T09:37:16.867-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-01-07T09:37:16.867-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="crónica" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Acciona" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Cooperación española" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Morazán" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Entrecanales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Cacaopera" /><title>Una ejemplo de la cooperación española en El Salvador</title><content type="html">&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Un puente a ninguna parte&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Por &lt;strong&gt;Roberto Valencia.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;H&lt;/span&gt;asta el rey de España ha oído hablar del nuevo puente de Cacaopera.&lt;br /&gt;No es una exageración literaria. A Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, a Juan Carlos I, alguien le contó que un majestuoso puente comunica dos recónditos caseríos de Cacaopera. Desde hace seis meses, el río Torola ya no es obstáculo para los escasos –escasos– vecinos de esa zona. Quizá por eso, el rey sintió la necesidad de felicitarlos.&lt;br /&gt;—Quiero expresar mi calurosa enhorabuena a las comunidades salvadoreñas del departamento de Morazán, cuyas comunicaciones, economía agrícola, desarrollo turístico y bienestar social se verán multiplicados por la construcción del puente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La felicitación la oyeron las 300 personas que el 16 de enero en la mañana estaban en el Teatro Real de Madrid. Ramiro Cortez, Ramiro, la escuchó recostado en una silla de plástico negro y aluminio. Viajó desde Morazán hasta España, y lo sentaron a tres metros del rey. Como le habían sugerido-ordenado días atrás, iba vestido para la ocasión. Llevaba un saco azul marino, zapatos bien lustrados, una camisa blanca abotonada hasta el cuello y corbata a rayas.&lt;br /&gt;—El rey es grande, pero... será que yo no estoy acostumbrado a estar con personalidades así, yo lo miraba como que éramos iguales... en la sociedad. Le saludé, le di la mano, y hablamos un poquito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue muy poco lo que hablaron. No hubo tiempo para los detalles ni para la polémica. No hubo tiempo para contar la historia que hay detrás del puente de Cacaopera. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5204060119397018594" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SDiJGzZvq-I/AAAAAAAAAGQ/_VOMvDwjslU/s400/Picture+027.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;O&lt;/span&gt;í hablar por primera vez de ese puente el 4 de marzo en la mañana, mes y medio después de que lo elogiara en Madrid Juan Carlos I. Fue en la Embajada de España. Ante su inminente marcha del país, el embajador saliente, Jorge Hevia, invitó a desayunar a los periodistas que trabajamos en El Salvador y que tenemos pasaporte de aquel país. El puente de Cacaopera fue parte de lo comentado por Hevia. Lo citó como un ejemplo del poco eco mediático que tienen algunas obras construidas por la cooperación española. No fueron estas sus palabras, pero lo que quiso decir fue que la inauguración de un puente que lo conoce hasta el rey había pasado sin pena ni gloria por la agenda periodística nacional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cooperación española es de las que más coopera. Los números de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de 2006, los últimos que están consolidados, ubican a España como el país que más dinero destina al desarrollo de El Salvador: $53 millones en esos 12 meses. En segundo y tercer lugar están Estados Unidos y Japón. Juntos –juntos– suman $55 millones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cifras llegaron a mi correo electrónico dos meses después, pero desde el mismo día del desayuno en la embajada el puente de Cacaopera se perfiló como la excusa perfecta para abordar el poco explorado tema de la cooperación internacional, y para retratar si una obra de esta envergadura cambia la vida de sus beneficiarios. Así estaba concebido este artículo... hasta la llamada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto es lo que se escucha cuando uno marca el 2651-0206: “¡Presente por la patria! Se ha comunicado con la Alcaldía de Cacaopera. Si desea comunicarse con el señor alcalde, marque 20; enviar un fax, 21; secretaria...” Marqué el 20, y logré hablar con un señor que se llama José William Argueta Canales y es el alcalde. Gobierna este municipio de 11,000 habitantes bajo la bandera, obvio, del partido ARENA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos pocos minutos de plática telefónica con Argueta fueron suficientes. Debajo del discurso políticamente correcto –“Quiero agradecer al rey Juan Carlos...” “Es una obra de desarrollo más para mi pueblo”– había cierto de grado de resentimiento por su construcción, por haberse construido donde se ha construido y, sobre todo, por ser una obra que llegó al pueblo por la gestión de comunidades que simpatizan con el FMLN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una primera impresión. Semanas después, cuando entrevisté a Argueta en un restaurante de San Miguel, se disiparon las pocas dudas que quedaban.&lt;br /&gt;—¿No suena más sensato hacerlo donde lo use más gente? –le pregunté. Ya les ampliaré más luego, pero hay quien opina que el puente excede las necesidades de la zona.&lt;br /&gt;—Realmente suena más sensato, pero en realidad, si yo me hubiera puesto a hacer esas situaciones... De por sí es una comunidad contraria a mi persona y a mi ideología, así que si yo hubiera hecho eso, se habrían puesto peor, porque al principio manejaban que el FMLN era el que estaba haciendo el puente, y yo me paré y les dije: “Si es así, pues lo paramos”. Porque lo está haciendo la cooperación española.&lt;br /&gt;—Entonces, está metida la política en este asunto.&lt;br /&gt;—Claro, sí, sí.&lt;br /&gt;—¿Son comunidades que simpatizan más con el FMLN?&lt;br /&gt;—Un 90%.&lt;br /&gt;—¿Y cómo miden si una comunidad es más afín a un partido o a otro?&lt;br /&gt;—Mire, el territorio de Cacaopera está como marcado. Yo tengo mis cantones, como son el cantón Calavera, el cantón Ocotillo, cantón Sunsulaca, el área urbana... Y ellos son fuertes en Agua blanca, Guachipilín, Junquillo... pero son comunidades pequeñas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;o había visto ya en fotografías, pero no fue hasta el 9 de abril cuando pude admirarlo. Lo primero, precisar que llamarlo puente de Cacaopera es correcto, porque pertenece a Cacaopera. Pero, por lo escondido que está, su uso hoy por hoy se limita a los habitantes de dos caseríos: El Rodeo y Colón, al sur y al norte del río Torola, respectivamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay dos placas conmemorativas en la estructura. Las dos son doradas y relucen como si las limpiaran todas las mañanas. Parecen espejos. Aún nadie se las ha robado. Es Morazán. A una de ellas le han dado un par de pedradas –“Cipotadas”, me dijo un lugareño–. La otra revela la inversión total: $434,700. Mucha plata. Es, con diferencia, la obra más cara que se ha concluido en el municipio desde la llegada de Argueta a la alcaldía hace dos años, pero los méritos son de líderes de los cantones de la oposición. Quizá por eso el resentimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SDiJejZvq_I/AAAAAAAAAGY/9gYFb_BB6gY/s1600-h/Picture+030.jpg"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5204060527418911730" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SDiJejZvq_I/AAAAAAAAAGY/9gYFb_BB6gY/s400/Picture+030.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Con ese dineral se levantaron en apenas seis meses los 57 metros de longitud que tiene el puente. Es de concreto armado, pero lo nuevo y el sol casi consiguen que se vea blanco. Dentro de las vallas que lo delimitan a lo largo hay espacio para dos grandes arcos que lo singularizan, un amplio carril para vehículos, y dos zonas peatonales, una a cada lado del carril. Casi ningún peatón usa la zona peatonal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debajo está el Torola, el río al que solo el Lempa y el Grande de San Miguel le quitan el honor de ser el más extenso del país. El día anterior había llovido, y bajaba más cantidad de agua y más achocolatada que lo que se suele ver en abril. No había silencio, tampoco ruido. Allí suena a río. Alrededor no hay residenciales, ni centros comerciales, ni letreros que recuerdan el sentido humano ni nada por el estilo. Tampoco hay asfalto. Se mire hacia donde se mire, lo que se ven son grandes árboles en un primer plano, y detrás, cerros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un lugar idílico. Y el puente, me cuentan, está sirviendo como reclamo para que comience a llegar gente. Turistas, los llaman. La mañana de mi visita no vi ni uno solo, pero puedo afirmar que llega gente. En el suelo, regados alrededor de uno de los pilares de concreto que sostiene el puente conté una bolsa de Papasitas Bocadelli, una de Palitos Diana, un minipack Campero “Tierno, jugoso y crujiente”, un envoltorio de un helado Palykakao de Río Soto, una botella de Aqua Pura de 600 ml, un pamper usado, un vaso desechable y desechado, dos paquetes de cigarrillos Delta rojo, una tarjeta de Tigo de $1.50, dos bolsas de Buenachos, hormigas, una botella de Salvacola aplastada, otra tarjeta de Tigo de $1.50 y una botella de Coca-Cola de dos litros, entre otros elementos que en El Salvador parecen ser indispensables para disfrutar de un buen día de playa en un río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocho días antes de conocer ese tramo del Torola, me había reunido con Guillermo en Antiguo Cuscatlán, en su oficina-hogar de la residencial Lomas de San Francisco. Guillermo Candela García vive en El Salvador desde 1993, tiene esposa e hijos salvadoreños, pero él y su acento son españoles. Nació hace 42 años y es ingeniero de Caminos. Su especialidad, dice, los puentes. Él diseñó el de Cacaopera, y la empresa de la que él es director de ingeniería lo construyó. No solo eso; sin su intervención, nunca se podrían haber puesto en contacto los cooperantes con los cooperados.&lt;br /&gt;—¿Cuántos carros estarán usando el puente?&lt;br /&gt;—Pues muy pocos. A lo mejor pasan cuatro o cinco camioncitos diarios.&lt;br /&gt;—¿Y no le queda la espinita de haber hecho un puente que casi no se usa?&lt;br /&gt;—No, en absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esas preguntas fueron casi al final de la entrevista. Antes me había explicado algo que requería una explicación: cómo las personas que financiaron la obra supieron desde Madrid las necesidades de los caseríos El Rodeo y Colón, y el porqué de la generosa donación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En España hay un grupo empresarial que se llama Acciona. Hoy es un monstruo que aglutina a más de 100 empresas, que opera en los cinco continentes y que, pese a la tan traída y llevada crisis, en los tres primeros meses de este año tuvo ingresos brutos por casi $1,000 millones. A ver, de otra forma. Este grupo promedió del 1.º de enero al 31 de marzo ingresos brutos diarios por $11 millones, más de lo que el Gobierno salvadoreño le asigna al Hospital de Maternidad para todo un año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al frente del emporio está la familia Entrecanales. El presidente de Acciona se llama José Manuel Entrecanales y el vicepresidente, Juan Ignacio Entrecanales. Existe una fundación que lleva el nombre del abuelo –Fundación José Entrecanales Ibarra—, y que el año pasado creó el premio Cooperación al Desarrollo. Básicamente, consiste en que ellos entregan 300,000 euros, unos $470,000, para construir un puente en algún país subdesarrollado. No piden contraparte. Solo seriedad en la ejecución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guillermo, el ingeniero, trabajó años atrás para los Entrecanales. Sabían de él y de su trabajo, y lo llamaron para que les presentara algún proyecto. Él se puso en contacto con Ramiro –el que platicó con el rey–, y prepararon a la carrera la propuesta que a la postre resultó ganadora. Ambos se conocían de antes. A mediados de la década pasada, Guillermo diseñó otro puente en Cacaopera. Este está sobre el río Chiquito, un tributario del Torola, y es parte de la carretera –hoy– pavimentada que desde el centro urbano –es un decir– de Cacaopera se dirige al centro urbano –ídem– de Corinto. En aquella ocasión lo financió la cooperación francesa; hoy, la española.&lt;br /&gt;—Nosotros –dice– les apoyamos técnicamente e hicimos la intermediación, pero la propuesta debía ser de la asociación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que sobre el puente vehicular que diseñó casi no pasen vehículos no es algo que le quite el sueño a Guillermo. Dice que el que se inauguró en 1996 sobre el río Chiquito era –también– “un puente a ninguna parte”. Esas fueron sus palabras. Y hoy forma parte de la pavimentada a Corinto.&lt;br /&gt;—¿Un puente peatonal no habría sido suficiente?&lt;br /&gt;—Vamos a ver... Es que ese es el eterno dilema de la cooperación en todas las partes. ¿Cómo hago las cosas? ¿Medio mal, pero para todos, o las hago bien para unos pocos? ¿Le pongo una champita con cuatro palos a mil gentes o hago una casa un poquito más en condiciones para 50? El planteamiento mío ha sido dejar una obra de calidad que no sea pan para hoy y hambre para mañana, y que sirva como puerta de entrada para futuros proyectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;uesta llegar hasta donde está el puente. Nadie llega allí por casualidad. No hay buses ni microbuses ni mototaxis que se atrevan a echarse ese camino. No hay calles asfaltadas que lleguen a El Rodeo, el caserío ubicado al sur del río. Quizá por eso, la destartalada carretera Cacaopera-Corinto es todo un referente. A pesar de sus mil y un baches, la llaman con respeto La pavimentada. Pero está a más de tres kilómetros.&lt;br /&gt;—Para llegar al puente hay tres kilómetros de infarto –me había advertido Guillermo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es aún peor en el otro lado, del Torola hacia el norte. Cuando se deja el puente, hay un pequeño tramo terraceado hasta las primeras casas del caserío Colón. Después solo hay una estrecha vereda, transitable en todo caso por mulos y caballos. Si hubiera calle, aunque fuera polvosa, se podría llegar a Joateca, pero no la hay.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para la inauguración oficial de la obra, el pasado 1.º de diciembre, los invitados especiales llegaron en helicóptero. Y sí ameritaban el calificativo de especiales. El vicepresidente del emporio Acciona, Juan Ignacio Entrecanales, vino desde España para cortar la cinta, y para ver con sus propios ojos que el casi medio millón de dólares donado se había invertido bien. El puente lleva el nombre de su abuelo. Dicen quienes estuvieron allí que el nieto se regresó satisfecho, complacido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa inauguración es la que pasó casi inadvertida en la agenda mediática nacional, y la que originó, semanas después, el velado reclamo del ex embajador español Hevia. Pero no se trata solo de que apenas hubiera periodistas. Tampoco llegaron ministros ni diputados ni el gobernador departamental. Ni siquiera un representante de la Alcaldía de Cacaopera hizo acto de presencia. El territorio de Cacaopera está políticamente marcado. Fue, prácticamente, un evento para los españoles benefactores y para los vecinos beneficiados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conocí y platiqué con un buen número de estos últimos en mi visita al puente. Vicente Ramos Pereira –60 años, sombrero blanco, corvo envainado–, a quien la obra le permite ahora ampliar el recorrido de su paseo matutino. José Geovanny –mochila al hombro, quinto grado, camiseta de la selección argentina–, a quien se le facilita ir a la escuela de El Rodeo desde Colón. Santos Pérez –30 años, cachucha, bigote–, quien junto a su primo pasó toda la mañana llevando costales de arena sobre un mulo de nombre Canelo y un caballo llamado Oso, de un lado a otro del puente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Impensable hace tan solo un año. Antes, sobre todo durante la estación lluviosa, el río solo se podía atravesar con cable y garrucha. Ahora, se benefician de la inversión de $434,700 unos 600 pobladores de los dos caseríos y algún que otro visitante ocasional. ¿Mereció la pena? Hay repuestas para todos los gustos. Lo que sí parece más claro es que se le fue un poco la mano a quien escribió el comunicado oficial que emitió la Casa Real española: “La construcción de esta obra permitirá resolver los grandes problemas de desarrollo económico y social, educativo y sanitario del municipio de Cacaopera, derivados de su difícil acceso”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5204061038520019970" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/SDiJ8TZvrAI/AAAAAAAAAGg/q13OC0NBll0/s320/Picture+025.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;l número del celular de Ramiro me lo dio Guillermo. Ramiro Cortez nació hace 32 años en Cacaopera, y sigue viviendo allí. Quizá haya sido el primer vecino de ese municipio que saluda y platica con un rey. Es moreno de piel, bajito pero fornido, y un bigote es lo más distintivo que hay en su rostro. El deseo de entrevistarlo era por ser el director de Campesinos para el Desarrollo Humano (CDH), la organización no gubernamental que intenta amortiguar la práctica ausencia del Estado en la zona norte de Cacaopera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cita con él fue en la clínica comunal del caserío El Rodeo. Es una especie de unidad de salud con la salvedad de que no depende del Gobierno, sino que la sostiene la comunidad. Hay otra diferencia que salta a la vista. Está pintada de rojo y blanco, en vez del azul y blanco que caracteriza a los centros que dependen del Ministerio de Salud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí estaba Mónica Dhand, la doctora, y su apellido no engaña. Es extranjera. Tiene 28 años, voluptuosa y lleva piercing en la nariz. Nació en Filadelfia, y allí vivía hasta que el año pasado se interesó en un programa que la universidad en la que estudia ofrece a sus alumnos. La oferta se puede resumir en realizar las horas sociales en países subdesarrollados. Un grupo se fue a Tanzania; ella prefirió El Salvador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la habitación donde platiqué con Ramiro, dentro del edificio que alberga la clínica, me encontré con Monseñor Romero y Schafik Hándal. Fuera, sobre la fachada principal, se leía en grandes letras de colores Bienvenidos Feliz Navidad y próspero Año Nuevo. En abril.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante una hora, Ramiro me contó sobre los proyectos financiados por la cooperación internacional, sobre el puente, sobre la visita a Madrid, sobre la polémica con el alcalde. Y, viviendo tan cerca del puente, pensé que era la persona indicada para resolver de una vez por todas la pregunta.&lt;br /&gt;—¿Cuántos carros pasan por el puente al día?&lt;br /&gt;—Ahorita, quizá dos o tres, que van a traer o a dejar cosas al otro lado, y todo eso. Digamos que viéndolo así, a corto plazo, pues puede ser que no esté dando el gran beneficio por lo que costó, pero para nosotros sí, porque el simple hecho de que pasen más favorable los niños, y los ancianos también, eso ya es para nosotros ganancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La obra vino como caída del cielo. Todo fue muy rápido. Tanto que incluso se obviaron algunos requisitos legales, como el permiso ambiental, por citar un ejemplo. Ahora, hasta Ramiro admite que supera las expectativas que tenían.&lt;br /&gt;—Talvez en un momento no esperábamos ya tener un puente vehicular, sino que más que todo pensábamos en una pasarela.&lt;br /&gt;—¿Una peatonal?&lt;br /&gt;—Sí, correcto, una peatonal, pues por la cuestión de que no querían financiar...&lt;br /&gt;—¿Una de hamaca?&lt;br /&gt;—Correcto. Pero luego nos financian en su totalidad el proyecto, y se hizo el puente vehicular, que hasta el momento es el mejor que está aquí en El Salvador, según dicen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su solidez no está en discusión, pero sí su futuro. El puente se ha construido en una zona que se inundaría si alguna vez se concretan los planes de la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL). El agua lo cubriría por completo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si de represas se habla, el río Torola aparece ligado a la palabra Chaparral desde hace años. Este proyecto afecta a la zona norte del departamento de San Miguel, lejos de Cacaopera; sin embargo, no es el único embalse que la CEL tiene contemplado crear en ese afluente a medio y largo plazo. Y una de esas otras represas dejaría bajo agua el puente José Entrecanales Ibarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya llegaron incluso a El Rodeo algunos técnicos a hacer mediciones. Y un grupo de vecinos se desplazó después a pedir explicaciones en la CEL, y les confirmaron que el proyecto está ahí, engavetado porque hoy no es la prioridad, pero con la idea de realizarse. Lo sabe Ramiro –“Si hacen la represa, sí, se pierde”– y lo sabe Guillermo –“Habrá problemas cuando CEL decida hacer el total aprovechamiento hidroeléctrico del río”–, pero el puente se hizo, los $434,700 fueron invertidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;icen ahora que El Salvador es un país de renta media –casi– alta, pero Cacaopera sigue pobre, apagada, sedienta. Al municipio ya llegó Red Solidaria, el programa de entrega de bonos mensuales de $15 o $20 para que los niños estudien y vayan al médico. Es uno de los municipios más pobres de El Salvador, y los caseríos El Rodeo y Colón son dos de los más pobres de Cacaopera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya se ha dicho que no llegan el asfalto ni los buses. Tampoco hay agua potable. Los que han podido pagar cientos de metros de manguera la traen por cuenta propia desde el cerro El Boquerón. Junto al puente hay un puñado de esos tubos negros que cruzan suspendidos en los árboles el río Torola. Tampoco hay energía eléctrica. Unas pocas familias de El Rodeo han podido comprar un panel solar. La cooperación alemana los instaló en la clínica comunal, se ve que funcionan para lo básico, y cundió el ejemplo entre quienes se lo podían permitir. Tampoco hay instituto para estudiar bachillerato. Por no haber, no hay ni iglesias evangélicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que no parece faltar es el optimismo.&lt;br /&gt;—¿Aquí mucha gente tiene caballo? –pregunto a Ramiro.&lt;br /&gt;—Antes era más. Era una necesidad. Pero aquí ahora, aunque no llega el transporte, sí hay facilidades. A cualquiera se le pide un viaje y se le da aventón.&lt;br /&gt;—¿Y hay muchos carros en esta zona?&lt;br /&gt;—Sí, por lo menos hay unos cuatro vehículos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nacido en Cacaopera, el alcalde Argueta también irradia optimismo. A pesar del puente, aspira a ser reelegido. Cuando me lo encontré llevaba una camisa de botones con el emblema del partido. Lo había ido a buscar a la alcaldía, pero me dijeron que estaba en San Miguel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La alcaldía, en pleno centro, está recién remodelada. Gastaron $60,000 y la dejaron con un suelo embaldosado y brillante, tan brillante que parece mojado. Le añadieron una segunda planta, le redecoraron la fachada con pintura blanca, azul y roja, y compraron unas sillas plásticas para comodidad de los visitantes. Casualmente, son de los mismos tres colores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para la inauguración oficial, el pasado 24 de octubre, llegó el presidente de la República, Antonio Saca. También diputados y el gobernador departamental. Era miércoles, pero suspendieron las clases de algunos centros educativos para que los niños pudieran ver a su presidente. Una plaza llena luce más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mes y medio después, se inauguró el puente en El Rodeo. Y otro mes y medio más tarde fue el evento en el Teatro Real de Madrid con el rey.&lt;br /&gt;—Me dijeron –dice Argueta– que íbamos a ir a España a recibir el premio y después no me invitaron.&lt;br /&gt;—¿No le llegó invitación?&lt;br /&gt;—No.&lt;br /&gt;—Pero usted fue invitado a la inauguración, y no asistió.&lt;br /&gt;—Cierto, me invitaron, pero yo me disculpé porque estaba fuera del país, y puedo demostrarlo con el pasaporte y todo.&lt;br /&gt;—¿Y no pudo llegar nadie en su representación?&lt;br /&gt;—Yo delegué en el segundo concejal propietario, pero no fue, y ahí yo no podía obligarlo.&lt;br /&gt;—¿Y al acto de Madrid ni lo invitaron?&lt;br /&gt;—No.&lt;br /&gt;—¿Y cómo lo interpreta usted? ¿Una represalia por no haber asistido al primer evento?&lt;br /&gt;—Sinceramente, no sé. Yo, como creo mucho en Dios, pensé que si no me habían invitado era porque quizá algo me iba a pasar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablamos un poco más sobre el puente, sobre su mantenimiento y sobre las diferencias políticas al interior del municipio. Si en algo se mostró claro Argueta fue en asegurar que llevar el asfalto hasta la nueva estructura no es algo que pueda hacerse con los montos que maneja la alcaldía. Salvo que el Gobierno o la cooperación extranjera tomen cartas en el asunto, el de Cacaopera seguirá siendo un majestuoso puente a ninguna parte.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Vea mas imágenes del puente &lt;a href="http://robertogasteiz.spaces.live.com/photos/cns!FA70A41BAA121040!312/"&gt;aquí&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Esta crónica apareció publicada en la edición del &lt;a href="http://archive.laprensa.com.sv/20080525/enfoques/1064001.asp"&gt;25 de mayo de 2008&lt;/a&gt; de la revista Enfoques, de La Prensa Gráfica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-4713788457725939703?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/NweXMUojhZvdS-PTJgu09D_A7K0/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/NweXMUojhZvdS-PTJgu09D_A7K0/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
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"https://ssl." : "http://www.");&lt;br /&gt;document.write(unescape("%3Cscript src='" + gaJsHost + "google-analytics.com/ga.js' type='text/javascript'%3E%3C/script%3E"));&lt;br /&gt;&lt;/script&gt;&lt;br /&gt;&lt;script type="text/javascript"&gt;&lt;br /&gt;try {&lt;br /&gt;var pageTracker = _gat._getTracker("UA-8479277-1");&lt;br /&gt;pageTracker._trackPageview();&lt;br /&gt;} catch(err) {}&lt;/script&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/R8jY4qOy2sI/AAAAAAAAAFw/TcUxa2RDTmw/s1600-h/Picture+014.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172622639955630786" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/R8jY4qOy2sI/AAAAAAAAAFw/TcUxa2RDTmw/s320/Picture+014.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Abandonada a su propia suerte&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;em&gt;Si se concretara alguna vez la idea de crear una diócesis para La Libertad, su catedral sería la iglesia El Carmen de Santa Tecla. Hasta el 13 de enero de 2001 estaba claro. Pero lo ocurrido aquel día lo cambió todo. Hoy, más de siete años después, el centenario templo sigue malherido, con sus puertas cerradas y sin visos de que esto cambie, al menos a mejor.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Por &lt;span style="color:#000099;"&gt;Roberto Valencia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Él cree que poco se puede hacer ya. Han pasado más de siete años desde el terremoto de 2001 y el templo está igual. Igual de mal. Grietas, muebles apilados, láminas, maleza, soledad, decadencia. Por todo eso pidió como favor una copia de las fotografías que ilustran este reportaje. Es posible, dijo, que sean de las últimas que se hagan: “Las queremos por si se cae, para tener un recuerdo“. Aunque dolido por tratarse de una parte de su vida, él cree que ya poco se puede hacer para evitarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es la iglesia El Carmen, la de las dos torres que apuntan hacia el cielo, la que se ganó el honor de ser uno de los emblemas de Santa Tecla. En 2010 se cumplirán —se cumplirían— 100 años desde que se terminó su portada, en madera y de estilo neogótica, la que durante décadas ha convertido este edificio en el referente católico de la joven ciudad. Un siglo de primeras comuniones, de funerales, de coros, de bautizos y de bodas. Todo se detuvo aquel 13 de enero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, el templo está como está, y después de haber escuchado a los voceros de las instituciones que más tienen que decir sobre su futuro —Iglesia católica y Consejo Nacional para la Cultura y el arte (CONCULTURA)—, la metáfora que mejor se ajusta a la situación de El Carmen es pensar en ella como en uno de esos reos estadounidenses condenados a muerte, esos que esperan vestidos de naranja el día de su ejecución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quien pidió las fotografías como un recuerdo es Andrés Salvador Carranza Oña. Para sus feligreses y conocidos es simplemente el padre Chambita. Desde hace 17 años él es el párroco, pero está ligado a ella desde mucho tiempo antes. Nacido en Burgos —provincia española famosa por su imponente catedral gótica—, llegó a El Salvador en 1956. Él es parte de ese grupo de jesuitas sin los que resulta difícil explicar la historia reciente del país. Le gusta hablar, escarbar en sus recuerdos y llamar “mi hermano“ a sus interlocutores. Es alto, delgado y, a pesar de su espesa barba vencida por las canas, aparenta menos de los 71 años que tiene.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172621798142040722" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/R8jYHqOy2pI/AAAAAAAAAFY/LxBdli8b6t8/s320/Picture+039.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;Él fue el guía para el recorrido, para mostrar cómo está el templo siete años después de que se estremeció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incluso antes de entrar, El Carmen llama la atención. Sus torres pueden verse de varias cuadras a la redonda. La dirección es avenida Manuel Gallardo y 1.ª calle poniente, arteria que la alcaldía rebautizó como la calle Padres Jesuitas. En salvadoreño, es la que está dos cuadras al norte del parque Daniel Hernández, frente a la parada de bus del Banco Agrícola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde esa parada, a través de una puerta gris, se ve casi toda la fachada. La madera luce vieja y arrugada, como un papel que se ha secado después de estar mojado. Se echa en falta la imagen de la virgen, que la bajaron tras el terremoto. Ahora está junto al hangar anexo, donde el padre Chambita y otros jesuitas celebran misa todos y cada uno de los días de la semana. Salvo esa puerta gris, toda la verja que rodea lo que podría considerarse el atrio está cubierta con oxidadas láminas de zinc, como si se quisiera ocultar la decadencia. Al otro lado, hay helechos queriéndose adueñar de las agrietadas paredes exteriores, hay troncos, hojas y ramas secas esparcidas por el suelo, y hay un par de matas de guineo que uno no sabe bien qué hacen ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las láminas de zinc están rematadas con alambre de espino o alambre razor. Pero no sirvió de mucho. Desde hace poco más de un año el templo cuenta con alarma. La instalaron después de que unos ladrones se llevaron un buen número de bancas, la Carmela y poco faltó para que también desapareciera la Chaleca. Ellas son dos de las tres campanas que estaban en las torres. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172621819616877234" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/R8jYI6Oy2rI/AAAAAAAAAFo/qKCjvLy0qGY/s320/Picture+010.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;Una vez dentro de El Carmen, el panorama cambia. El padre Chambita lleva un casco plástico gris que de poco le serviría si el edificio se viene abajo, como teme, y narra con pasión cómo fue el día del terremoto. Por la pared que desapareció casi por completo, la oriental, salieron unos estudiantes que estaban de visita en el templo. El gigantesco hueco de 12 metros de longitud sigue ahí, cubierto por una endeble estructura de láminas. Se colocó en 2001, y nadie ha hecho nada más desde entonces. Sin ellas, se verían las matas de guineo de fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No están las alineadas bancas, y la nave parece por ello más larga y más desnuda. Se mire donde se mire, no hay más de tres metros de pared sin grietas o sin agujeros en toda la mitad inferior. La situación cambia en la mitad superior, la sostenida por las columnas, que no ha perdido su encanto. Si se mira a algunas partes del suelo, uno se encuentra con las evidencias de que algún animal ha estado arriba. Si se mira hacia arriba, se ven palomas de Castilla revoloteando. Ni el alambre de púas ni la alarma han frenado a estos animales, los que más ganaron con el tácito abandono de una iglesia que era la candidata número uno para convertirse en la catedral de Santa Tecla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En toda la estructura hay luz natural más que suficiente, y tiene mobiliario eclesiástico de madera amontando en la parte delantera. La sensación ahí dentro es también de decadencia, pero es distinta a la que se tiene fuera. La nave y sus 32 columnas mantienen intacto su poder de seducción, ese que durante más de nueve décadas estuvo al alcance de cualquier feligrés o visitante. Ahora está bajo llave. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/R8jXb6Oy2nI/AAAAAAAAAFI/45WvzsbL1mU/s1600-h/Picture+006.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172621785257138818" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/R8jYG6Oy2oI/AAAAAAAAAFQ/dZeOoOM-le4/s320/Picture+006.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;El recorrido termina en las entrañas del templo, que El Carmen las tiene en sus dos emblemáticas torres. Son, escribieron los entendidos, las que menos sufrieron aquel 13 de enero. Son de madera, y no de adobe o mampostería, como los muros colapsados. Pero que no les afectara tanto el terremoto no significa que gocen de buena salud. Un siglo es mucho tiempo para la madera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para subir, la entrada está en una puerta casi oculta y situada en la parte inferior de la torre derecha. Dentro, hay distintos bloques de escaleras y hay oscuridad. Sobra la oscuridad. Algunos peldaños se mueven, la madera está agujereada y cruje. Todo eso, unido al hecho de ser un edificio cerrado por peligro de colapso, hace que la incertidumbre sea difícil de vencer. Hay tramos, los más altos, en los que la oscuridad hace a uno ir a tientas. Y ni el sonido de las palomas ni su olor contribuyen a la tranquilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de llegar al primer nivel, si es que se puede llamar así, el padre Chambita explica la primera sorpresa: “La fachada que hoy vemos es una fachada añadida. La fachada principal es un triple arco, porque El Carmen iba a ser al principio mucho más baja, neocolonial, y la que se ve es la añadida“. En las entrañas se ve con claridad lo que quiere explicar: un muro macizo y oculto tras la estructura de madera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segundo nivel es el tejado de la nave, con láminas de zinc blancas marcadas por el óxido. Es el lugar donde estaban las campanas y la imagen de El Carmen. Desde ahí arriba, se ve el pecado que se cometió al construir las residenciales que trepan las cordillera del Bálsamo; se ve la renovada iglesia de la Inmaculada Concepción; se ve el bullicioso mercado; se ve el volcán de San Salvador; se ven decenas de tejados donde hay más láminas que tejas. En definitiva, se ve Santa Tecla, la ciudad creada vía decreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún se puede subir más, hasta las estilizadas cúpulas de las torres. Hay más escaleras, pero ya no merece la pena. Lo que se intuye arriba, entre la oscuridad, es solo una maraña de vigas y tablas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí termina el recorrido, y empiezan las preguntas. ¿Se puede salvar El Carmen? ¿Por qué no se ha hecho nada en siete años? ¿Y si ocurriera otro terremoto mañana? En función de a quién se le pregunte se obtienen respuestas distintas, contrapuestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay un chiste por ahí que dice que cuando en El Vaticano se va la luz, el dominico se sienta a reflexionar sobre la luz y las tinieblas, el franciscano se arrodilla y saluda a la hermana oscuridad, y el jesuita sale y arregla los fusibles.&lt;br /&gt;En 2001, la Compañía de Jesús, que administra El Carmen desde 1914, no se quedó de brazos cruzados. Allí han rezado, cantado y orado Ignacio Ellacuría, Jon Sobrino, Segundo Montes, Nacho Martín Baró, Chema Tojeira… También Jon Cortina. Ingeniero además de sacerdote, fue quien encabezó el equipo que evaluó los daños. “Después de haber estudiado la estructura, me vino el padre Jon, una persona que era todo corazón, y con unos lagrimones en su cara me dijo: ‘Chamba, el templo no se puede salvar’”, recuerda el párroco. Las conclusiones de este estudio fueron concluyentes: demoler la estructura existente, y recuperar los materiales decorativos para una nueva edificación. Entre lo salvable estaban la fachada y sus torres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En CONCULTURA no dan credibilidad a este estudio. Héctor Sermeño, director nacional de Patrimonio Cultural, dice tener otros tres que aseguran que, si se interviene, no habría que demoler nada. Cita como argumento lo ocurrido en 1986 con la basílica del Sagrado Corazón de San Salvador, la situada en la calle Arce. Muy parecida a El Carmen en cuanto a estilo y materiales, se dañó aquel fatídico 10 de octubre, se intervino, y hoy está más parada que nunca.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172621802437008034" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/R8jYH6Oy2qI/AAAAAAAAAFg/Jtatrl7hTF8/s320/Picture+027.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;Las acusaciones entre una y otra parte van más allá, bastante más allá. El padre Chambita afirma que un dinero que hizo llegar para El Carmen a través de CONCULTURA la estadounidense Fundación Getty se estaba consumiendo más en gastos de administración que en las necesarias obras. Sermeño, por su parte, no se queda atrás. Cuando se le preguntó por la pared que no existe, esta fue su respuesta: “Puede que la estén botando de noche. Piedra por piedra, y adobe por adobe. ¿Quién me asegura a mí que no han permitido el ingreso para hacerlo?“ Con esa insinuación, está acusando a los jesuitas de destruir el templo, su templo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así están las cosas entre los actores llamados a ayudar a El Carmen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por un lado, la comunidad jesuita, que es la usufructuaria de un templo que pertenece al arzobispado de San Salvador, dice no poder asumir los costos ni siquiera de lo que el estudio de Jon Cortina concluyó. Con cifras preliminares de 2001, era alrededor de $1 millón lo que había que invertir para demoler lo inservible, conservar lo conservable y levantar un edificio nuevo. “Antes del terremoto, el sueño era que terminara convirtiéndose en la catedral de Santa Tecla, pero hoy no merece la pena hacer un gasto de millones en invertir en una cosa que no va a poder ser iglesia“, se sincera el padre Chambita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Gobierno, a través de CONCULTURA, dice estar interesadísimo en su conservación, pero ese interés no se traduce en dólares. El artículo 32 de la Ley Especial de Protección de Patrimonio Cultural permite expropiar un bien “cuando el propietario o tenedor no cumpla con las medidas de conservación“ o “cuando haya sido declarado monumento nacional“, petición que en siete años no ha llegado a la Asamblea. “Los propietarios siguen sin presentarnos alternativa de reconstrucción“, responde Sermeño al sugerirle la pasividad de la institución que representa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lo que ambos están de acuerdo es en que para cualquier cosa que se quiera hacer por El Carmen habría que realizar más estudios, actualizar las cifras e invertir una desconocida pero elevada suma de dinero que ni la Compañía de Jesús ni CONCULTURA están, hoy por hoy, dispuestos a poner sobre la mesa. Se perdieron ya siete años, y este es un país en el que cualquier día puede temblar. Por eso la metáfora sobre el reo vestido de naranja esperando el día de su ejecución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre Chambita, 17 años de párroco y 51 desde que se instaló por primera vez en la residencia anexa a El Carmen, cree que poco se puede hacer ya, y no lo intenta ocultar.&lt;br /&gt;—A usted ¿que le gustaría que hubiera aquí dentro de 50 años?&lt;br /&gt;—Pues... un buen centro cultural, abierto a la religión y a los religiosos, algo así como una extensión de la UCA.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Puede ver más fotografías de la iglesia pulsando &lt;a href="http://robertogasteiz.spaces.live.com/photos/cns!FA70A41BAA121040!270/?startingImageIndex=3&amp;amp;commentsExpand=0&amp;amp;addCommentExpand=0&amp;amp;addCommentFocus=0&amp;amp;pauseSlideshow=0"&gt;aquí&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Este artículo se publicó en la edición del &lt;a href="http://www.laprensagrafica.com/dominical/1000936.asp"&gt;2 de marzo de 2008&lt;/a&gt; en Revista Dominical, de La Prensa Gráfica. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-4198798837367285454?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/kdQdTSKjuzVLqWW_mpX5BdmgWlU/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/kdQdTSKjuzVLqWW_mpX5BdmgWlU/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/kdQdTSKjuzVLqWW_mpX5BdmgWlU/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/kdQdTSKjuzVLqWW_mpX5BdmgWlU/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/KHSgVlRa28c" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/4198798837367285454/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2008/02/crnica-de-una-visita-la-desahuciada.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/4198798837367285454?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/4198798837367285454?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/KHSgVlRa28c/crnica-de-una-visita-la-desahuciada.html" title="Crónica de una visita a la desahuciada iglesia El Carmen" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/R8jY4qOy2sI/AAAAAAAAAFw/TcUxa2RDTmw/s72-c/Picture+014.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2008/02/crnica-de-una-visita-la-desahuciada.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkINRX05fSp7ImA9WxJTE04.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-3142864704432329121</id><published>2008-02-24T08:23:00.013-06:00</published><updated>2009-04-21T12:29:54.325-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-04-21T12:29:54.325-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="manglar" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="crónica" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="periodismo narrativo" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Punches" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="medio ambiente" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El Salvador" /><title>Crónica de un cangrejo en el Bajo Lempa.</title><content type="html">&lt;script type="text/javascript"&gt;&lt;br /&gt;var gaJsHost = (("https:" == document.location.protocol) ? "https://ssl." : "http://www.");&lt;br /&gt;document.write(unescape("%3Cscript src='" + gaJsHost + "google-analytics.com/ga.js' type='text/javascript'%3E%3C/script%3E"));&lt;br /&gt;&lt;/script&gt;&lt;br /&gt;&lt;script type="text/javascript"&gt;&lt;br /&gt;try {&lt;br /&gt;var pageTracker = _gat._getTracker("UA-8479277-1");&lt;br /&gt;pageTracker._trackPageview();&lt;br /&gt;} catch(err) {}&lt;/script&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Mucho que decir sobre los punches&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;em&gt;Incluso en un país al que llaman Pulgarcito hay zonas, como el Bajo Lempa, que suenan lejanas para quien vive en la capital. Ahí se está cuajando un conflicto que tiene al punche como involuntario protagonista, una disputa que suena lejana, distante, pero que ilustra por qué el medio ambiente está como está. Mal.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Por &lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Roberto Valencia&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Hay conversaciones que duelen. Esta tuvo lugar el 13 de febrero, tras haber pasado el día escuchando quejas de los pescadores artesanales en la desembocadura del río Lempa, en confianza. Aquella es zona que depende en gran medida del punche, un cangrejo que supo hacer del manglar su hábitat y que hoy en día intenta sobrevivir a sus principales enemigos: el mapache y el ser humano. Hay poco que decir sobre a quién debería tenerle más miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El mapache —habla José Mario Martínez— es listo. Cuando el punche está en la trampa, le hace así con una manita, mete la otra, y ya, saca el punche.&lt;br /&gt;-Solo le hace falta fabricar las trampas, ¿no?&lt;br /&gt;-Solo fabricarlas, sí, pero son buenos los mapaches. Yo, cuando los hallo, los mato y me los como asados, o en sopa.&lt;br /&gt;-Ah, pero se refiere a que son buenos de sabor.&lt;br /&gt;-Sí, ahhh.&lt;br /&gt;-Y, aparte del mapache, ¿qué hay por aquí? ¿Hay venados?&lt;br /&gt;-No, se los acabaron. Mire, cuando se dieron los Acuerdos de Paz aquí había una especie de venados... y se los acabaron los grandes, porque a veces nos piden a los pobres que respetemos el ambiente y los grandes no respetan.&lt;br /&gt;-¿A quién se refiere?&lt;br /&gt;-A los grandes, a los cuelludos. Cuando acabó la guerra venían hasta siete y ocho tiradores en grandes carros...&lt;br /&gt;-...a matar venados.&lt;br /&gt;-Sí, a matarlos, y se llevaban cinco o seis. Este muchacho —y señala a un hombre cuarentón que rápido asiente con una sonrisa— tiene una foto en la que hay tres venados colgados de un solo. A nosotros nos daban 50 pesos por arriarlos hacia donde estaban ellos disparando. Nos daban los 50 colones, y nos dejaban el animal después de quitarle las piernas, los brazuelos y el lomo. Y así mataron todo ese animalero que había.&lt;br /&gt;-Cuche de monte, ¿queda?&lt;br /&gt;-Nada.&lt;br /&gt;-Lo más grande que queda, ¿qué es?&lt;br /&gt;-Solo el mapache… y el gato de monte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José Mario tiene mucho que decir sobre lo que ocurre en el Bajo Lempa. Tiene 50 años, es un punchero de la comunidad La Chacastera, en Jiquilisco, y sus palabras, si bien se circunscriben a una zona concreta, ilustran por qué El Salvador está como está en términos medioambientales. Mal. Lo dice él y lo dice también la prestigiosa Universidad de Yale (Estados Unidos), que en enero hizo pública su actualización del llamado Índice de Desempeño Ambiental. De entre los 149 países evaluados en todo el mundo, en el apartado de Hábitat y Biodiversidad El Salvador tiene a 140 encima y solo 8 debajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El país —lo dice Yale— está mal, pero ni ese sombrío panorama impide que todavía haya algunos oasis de vida silvestre regados por el territorio. Una de esas excepciones es la ribera oriental de la desembocadura del río Lempa. Ahí es donde viven José Mario, un indeterminado número de mapaches y miles, decenas de miles, cientos de miles de punches. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172171887075619698" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/R8c-7Y5nc3I/AAAAAAAAADs/iV2r98Dpnjc/s400/Picture+068.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En Perú lo llaman cangrejo del manglar; en Ecuador, cangrejo rojo; y en Centroamérica, punche. Su nombre científico es Ucides occidentalis. Se reconoce con facilidad. Sus patas y sus tenazas son moradas, y su caparazón, anaranjado, puede llegar a medir lo mismo que una tarjeta de crédito. Su vida está ligada al mangle, al fango, y quienes los han estudiado afirman que se alimenta de hojas, que tarda un mínimo de dos años en desarrollarse, y que una hembra pone no menos de 120,000 huevos cada año. De esa cifra, con suerte, apenas un puñado llegará a la adultez.&lt;br /&gt;Así es, a grandes rasgos, la vida del punche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Si los de la isla Montecristo no se hubieran puesto a cuidar este cañón, no hubiera punches ahora, ni chimbolos hubiera”, exagera José Mario. Habla sobre El Izcanal, un canal de agua salobre que para los residentes en ese sector del Bajo Lempa se ha convertido estos días en motivo de preocupación, de tensiones, de conflicto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La isla Montecristo que menciona, en realidad, no es una isla. Se puede salir caminando hasta San Juan del Gozo, algo que toma unas cuatro horas, y desde allí hay una calle sin asfaltar que permite alcanzar la carretera El Litoral. Sobre un mapa, la mal llamada isla pertenece a Jiquilisco, pero ellos miran más hacia San Vicente. El caserío La Pita, de Tecoluca, lo tienen a apenas 15 minutos en lancha si atraviesan el Lempa, y hasta allí llegan buses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La comunidad Montecristo, sin embargo, sí es una comunidad, si como comunidad se entiende a un conjunto de personas que vive en un mismo lugar y bajo unas mismas normas. Son 37 familias, unas 120 personas. En su día se taló mucho, y hay espacio. Las casas están separadas unas de otras, y si hubiera que llamar plaza a algo, sería a la explanada situada frente al embarcadero principal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa plaza, lo que se ve cuando uno desembarca son gallinas que pasean libremente, troncos apilados en el suelo, unos pocos árboles —vivos— que dan una agradecida sombra, casas de bloque y casas de madera, niños, mujeres, perros, hombres, redes para la pesca, hamacas, un pozo, una letrina pública, una vaca tan delgada que se le pueden contar las costillas y un suelo reseco y polvoso en el que se quedan marcadas las huellas de las patas de las gallinas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5170556189098341122" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/R8GBdY5ncwI/AAAAAAAAACo/siCALZGFN6Q/s320/Picture+014.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Completan el cuadro la Tintorera I, la Sulmita II, las Conchas II y Brasil. Son lanchas, las que no habían salido a faenar. Casi todos se dedican a la pesca artesanal, pero en los espacios usurpados al manglar se cultiva maíz, pipián, ayote y hay una incipiente apuesta por el marañón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Montecristo, digan lo que digan las compañías telefónicas en sus campañas publicitarias, no hay señal de celular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reyes Cruz Parada también tiene mucho que decir sobre lo que ocurre en el Bajo Lempa. Tiene 48 años, punchea aunque no depende de ello para subsistir, usa una cachucha que le cubren las canas y es la persona que la comunidad Montecristo designó para ser su representante. Preside la asociación de desarrollo comunal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Da la impresión de ser una buena persona. En parte, porque admite errores propios, algo que no encaja muy bien en la forma de ser del salvadoreño promedio. Reyes no tiene reparo en reconocer que la comunidad que representa, la Montecristo, también se pasea en el medio ambiente: “A veces, nosotros mismos somos un poco farsantes, porque no somos todos 10, y es bueno reconocer los errores que estamos cometiendo para ir mejorando”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con idéntica claridad —“Aquí han venido a alborotar el panal”— señala al Gobierno, al Centro de Desarrollo de la Pesca y la Acuicultura (CENDEPESCA), como la entidad que causó la preocupación que se ha apoderado estos días de la ribera oriental de la desembocadura del Lempa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El conflicto se puede resumir así. El ya mencionado cañón El Izcanal ha representado desde hace décadas el sustento para muchas familias del sector. De ahí se extraen punches, también bagre y chimbera y pargo y róbalo... La Montecristo está justo en la entrada a este paradisíaco canal de agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace casi un año, y por iniciativa propia, la comunidad decidió proteger El Izcanal. La idea la apoyan personas de otras comunidades de la zona, y en todos se percibe un sentimiento de pertenencia sobre el cañón. Ante la cada vez más mayor presencia de pescadores foráneos, aprobaron que vigilarían la entrada y, de buenas maneras, explicarían a quienes lleguen que no se puede extraer recursos. Dicho y hecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo iba razonablemente bien hasta que CENDEPESCA llegó a “alborotar el panal”. Iba bien porque la medida parece haber beneficiado al ecosistema. Lo dicen los pescadores y lo dice también la Universidad de El Salvador. Un estudio del Instituto de Ciencias del Mar (ICMARES) avala la tesis de que El Izcanal generó más recursos que otros canales sin el acceso restringido. Los técnicos llegaron a esa conclusión después de pasarse buena parte de la segunda mitad el año pasado contando y midiendo punches y peces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese al comprobado éxito de la medida, CENDEPESCA aprobó y publicó en el Diario Oficial a mediados de enero la resolución de la discordia. En ella, se decreta una veda total en el cañón desde el 1.º de enero hasta el 31 de marzo. Pero a partir de esa fecha, cualquier pescador que tenga su licencia vigente podrá llegar a El Izcanal y llevarse cuanto quiera si usa las redes apropiadas y respeta los tamaños. Pueden llegar de La Libertad, de Acajutla, de El Cuco y hasta de Meanguera del Golfo; sin embargo, a los que más temen en la Montecristo, por la cercanía y por su número, son a los de San Luis La Herradura, en La Paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manuel Fermín Oliva Quezada también tiene mucho que decir sobre lo que ocurre en el Bajo Lempa. Él es el director general de CENDEPESCA, y es la persona que estampó su firma en la polémica resolución. Sentado en su despacho, ubicado en Santa Tecla, defiende lo que firmó, alegando que es inconstitucional que un grupo de personas se apodere de un cañón, y escudándose en un recién elaborado plan de manejo de los recursos pesqueros en el sector Estero de Jaltepeque-Bajo Lempa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque Oliva intenta matizarlo, lo cierto es que la resolución tiene un tufo a querer castigar a quienes decidieron cuidar, y beneficiar a quienes sobreexplotaron los recursos que tenían más cerca. Y en todas las conversaciones aparece Jaltepeque, que en su mayor parte pertenece a San Luis La Herradura. Allí, por la pesca descontrolada, hay muchos puncheros y pocos punches; muchos pescadores y pocos pescados. Hasta Oliva está consciente de eso: “Las comunidades grandes, de San Luis La Herradura, de La Zorra (un cantón), si se vienen para El Izcanal, sí va a ser un problema”. Aun así, firmó la polémica resolución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Izcanal es un cañón de agua que supera los seis kilómetros de longitud. Arranca en el Lempa, hace un giro curioso alrededor de la Montecristo, y se introduce, paralelo a la costa, en el municipio de Jiquilisco. Salvo algunos claros abiertos para cultivos en la primera mitad, todo lo que se ve a un lado y a otro es mangle, el hábitat del punche. Sin manglar, no hay punche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Surcar El Izcanal en lancha impresiona. Los últimos dos kilómetros, donde el cauce es más estrecho, son de una espesura tal que adentrarse da la sensación de que comienza a anochecer. El mangle es alto, de hasta 30 metros de altura, y pertenece, dicen quienes saben de esto, a la variedad mangle rojo espigado. Se asemeja a un árbol con dos ramajes: arriba, el tradicional, con sus hojitas; abajo, otro formado por las raíces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa parte inferior, que es la que caracteriza visualmente al manglar, es como si un gigante hubiera arrancado los árboles corrientes de otra parte, les hubiera quitado sus hojas una a una, y los hubiera clavado boca abajo en El Izcanal, dejando la mitad de las peladas ramas fuera del fango.&lt;br /&gt;Así es, a grandes rasgos, el lugar donde vive el punche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Ramírez también tiene mucho que decir sobre lo que ocurre en el Bajo Lempa. Tiene 56 años, vive en La Tirana y, aunque hay una veda de CENDEPESCA que lo impide, punchea. Lo lleva haciendo años. El 13 de febrero, a eso de las 4 de la tarde, salía del manglar embarrado, con su cachucha, descamisado, y con botas de hule. Junto a su perra Mika había llegado ahí remando en su humilde cayuco a las 7 de la mañana. En la retirada lo acompañaban dos costales llenos con seis docenas de punches. Con suerte, al día siguiente le pagarían unos $8. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5170556206278210354" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/R8GBeY5nczI/AAAAAAAAADA/bNCuQajiuVg/s320/Picture+103.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Pablo salía sonriente. Conoce a Reyes, el presidente de la Montecristo. Hay camaradería. Los dos son oriundos. Creen que pueden punchear sin poner en peligro el recurso, que pueden ignorar la veda de CENDEPESCA. El temor es a los de fuera, a los que se acabaron el estero de Jaltepeque. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El oficio de punchero no está al alcance de cualquiera. Hay que despertarse antes de que salga el sol, adentrarse en un canal, caminar sobre las estrechas pero resistentes raíces del mangle, saber dónde dejar las trampas, y al final, si un mapache no se ha adelantado, exponerse a un doloroso pellizco al agarrar el punche y o al amarrarle las tenazas con tul o un material al que llaman penca de caulote. Esta es la manera fácil. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La sufrida es sin las trampas, como lo hace Pablo. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El fango sobre el que se asientan las raíces del mangle es tan blando que con solo pararse uno se hunde hasta los tobillos. De ahí la importancia de saber caminar sobre las raíces. Cuando esto se domina, un punchero se enfrenta a cientos de agujeros en el lodo, y solo unos pocos tienen premio. Para acertar, hay que saber detectar finísimos aruñazos en la entrada. Con el tiempo, el punchero llega a conocer si es un ejemplar macho o hembra lo que hay en el fondo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Y la expresión “en el fondo” es literal. Sacar el punche a mano desnuda requiere la mayoría de las veces meter el brazo entero en el fango, hasta el sobaco. La misma operación, y dando por sentado que se acierta en la elección del agujero, hay que repetirla unas 80 o 90 veces para que el día se pueda considerar productivo. Así es, a grandes rasgos, como se captura el punche.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5170556201983243042" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/R8GBeI5ncyI/AAAAAAAAAC4/wa1sECjiR2g/s320/Picture+090.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Nathan Weller también tiene mucho que decir sobre lo que ocurre en el Bajo Lempa. Tiene 28 años, estudia en el Monterey Institute de California, y es alto, seco y chele, chelísimo. No le hace falta decir que es estadounidense para que uno infiera que es estadounidense. Llegó en enero al país para trabajar como voluntario de la Asociación Mangle, una ONG local, y lleva varias semanas encuestando a puncheros para radiografiar esta forma de ganarse la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su trabajo ha permitido conocer que en más de la mitad de las 70 familias de la comunidad Las Mesitas, siempre en Jiquilisco, hay algún punchero. Y que cada uno, en promedio, saca de El Izcanal más de 400 punches semanales desde enero a junio. Y que durante esos meses no tienen otra fuente de ingreso. Por eso el temor a la resolución de CENDEPESCA, a la oleada de pescadores foráneos. “No se llevan 10 ó 20 docenas; son lanchadas”, ilustra la preocupación colectiva el veterano Atlixco Funes Serrano, de la Montecristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos Giovanni Rivera también tiene mucho que decir sobre lo que ocurre en el Bajo Lempa. Él es uno de los investigadores del ICMARES que estuvo contando punches. Las conclusiones sorprenden. Son cálculos preliminares, advierte, pero en la porción de 30 kilómetros cuadrados en torno a El Izcanal se estima que hay 550,000 docenas. En otras palabras, en un pedazo de tierra poco más grande que Soyapango viven más punches que salvadoreños en todo El Salvador.&lt;br /&gt;Así son, a grandes rasgos, las estimaciones sobre cuánto punche queda en la zona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suena a abundancia, pero el propio Giovanni se encarga de contener la euforia. Si 120 puncheros extraen ocho docenas diarias en un año se habrán llevado 350,000 docenas. No hay que ser un experto matemático para suponer qué ocurriría se llegaran 200 puncheros al sector a partir del 1.º de abril. De ahí la preocupación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oliva, el de CENDEPESCA, cree que en la Montecristo se está sobreestimando el problema. Dice que a El Izcanal les esperan tiempos mejores por la veda —esa que no se está respetando—, por las disposiciones en cuanto a aperos de pesca que se permiten usar, y por haber decretado tamaños mínimos para poder sacar un punche o un pez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al preguntarle quién hará respetará todo eso, contesta que las comunidades, CENDEPESCA y la PNC. La respuesta está cargada de optimismo, pero amerita el calificativo de estúpida si se tiene en cuenta que los que en el discurso de Oliva deberían evitar que un punchero use más de 40 trampas —PNC, CENDEPESCA y comunidades— no han sabido poner freno a un fenómeno ilegal y estruendoso como es la pesca con explosivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José Mario, el que se come los mapaches asados o en sopa, lo ilustra así: “Es bombardeo lo que hay en la bahía de Jiquilisco”. Óscar Carranza, un biólogo que trabaja en la zona para la Asociación Mangle, es igual de explícito: “De la isla de Méndez hacia oriente (prácticamente toda la bahía), parece como que es feria, bomba tras bomba”. No está de más recordar que la onda expansiva que en el agua provoca el explosivo revienta a todo bicho viviente que esté cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Ministerio de Medio Ambiente es el tutor legal de las áreas naturales del país, pero su presencia en este sector es casi nula. Se limita a visitas esporádicas y a canalizar la ayuda de países cooperantes hacia algunos pequeños proyectos. Estados Unidos, a través del el Fondo de la Iniciativa para las Américas (FIAES) es uno de los países que invierten ahí. Ni el hecho de que la bahía de Jiquilisco sea área Ramsar y Reserva de la Biósfera parece haber cambiado mucho la falta de recursos. Basta señalar que este año el presupuesto que el Gobierno destinó al Ministerio de Medio Ambiente bajó un 20%.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que sí apadrina esta cartera son estudios y más estudios. En abril de 2004, en el documento elaborado para pedir que la bahía de Jiquilisco fuera área Ramsar, esto es lo que se constató: “Existe un gravísimo problema de pesca con explosivos a lo largo de toda la bahía (se estima que hay alrededor de 150 personas desarrollando esta técnica de pesca ilegal); existen graves amenazas a la biodiversidad, producidas porque los barcos arrastreros que se dedican a la pesca industrial del camarón faenan muy cerca de la costa, afectando a las tortugas que se aproximan a anidar a la playa, quedando atrapadas en las redes de arrastre. La sobreexplotación tanto de los recursos pesqueros como de las poblaciones de casco de burro y punches es un hecho constatado en toda la bahía.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi cuatro años después, ni el optimismo oficial que encarna Oliva puede afirmar que esas situaciones se han solucionado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José Mario, Reyes Cruz Parada, Pablo Ramírez, Nathan Weller y Carlos Giovanni Rivera tienen mucho que decir sobre lo que ocurre con los punches de El Izcanal. Todos saben que, ni siquiera respetándose las disposiciones de CENDEPESCA, se evitaría que decreciera el número de ejemplares. Están las cuentas del estudio de ICMARES y están los antecedentes. Lo que auguran ya ocurrió años atrás con el cangrejo azul, que prácticamente ha desaparecido en el Bajo Lempa, y temen que se vaya a repetir con el punche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CENDEPESCA, cuestionado sobre esta situación, dijo que lo que aprobaron no está escrito en piedra, que es posible que la resolución se revierta, y que El Izcanal no se abra el 1.º de abril para todo el que quiera llegar. Paradójicamente, esa posibilidad, que es lo que quisieran escuchar en la comunidad Montecristo, no dejaría de ser una nueva muestra de debilidad institucional y de falta de rigor en la toma de decisiones que incluso aparecen en el Diario Oficial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alfredo Guardado también tiene mucho que decir sobre lo que ocurre en el Bajo Lempa, aunque él no lo sepa. Tiene 23 años y trabaja en el puesto de mariscos “Gaby”, en el mercadito de Ciudad Merliot, en Antiguo Cuscatlán. Vende la docena de punches a $6. Los tiene vivos, con las tenazas amarradas con tul, igual a como los sacan del manglar. A Pablo, el de La Tirana, le pagan $1.50 la docena si son grandes, y solo —solo— por su traslado a la capital se multiplica por cuatro —por cuatro— su precio. Si los vende cocinados, con salsa de aiguashte y tortillas, Alfredo pide $1.25 por cada punche, $15 la docena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso también, por ser el que menos gana en toda esta cadena, por no tener alternativas, Pablo tiene que ir cada día con su perra Mika al manglar, a embarrarse, y a sacar seis o siete docenas de punches. O todas las que pueda.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Publicado en la edición de &lt;a href="http://www.laprensagrafica.com/enfoques/994055.asp"&gt;24 de febrero &lt;/a&gt;de 2008 en la revista Enfoques, de La Prensa Gráfica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-3142864704432329121?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/q3DkH3IoS0Hck-b4I8iE2qDrOMU/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/q3DkH3IoS0Hck-b4I8iE2qDrOMU/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/q3DkH3IoS0Hck-b4I8iE2qDrOMU/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/q3DkH3IoS0Hck-b4I8iE2qDrOMU/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/NQKHf2_MVg4" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/3142864704432329121/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2008/02/un-cangrejo-para-medir.html#comment-form" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/3142864704432329121?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/3142864704432329121?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/NQKHf2_MVg4/un-cangrejo-para-medir.html" title="Crónica de un cangrejo en el Bajo Lempa." /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/R8c-7Y5nc3I/AAAAAAAAADs/iV2r98Dpnjc/s72-c/Picture+068.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2008/02/un-cangrejo-para-medir.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkEESXc6eip7ImA9WxJTE04.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-2794649328295378876</id><published>2007-12-30T07:34:00.004-06:00</published><updated>2009-04-21T12:30:08.912-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-04-21T12:30:08.912-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="periodismo narrativo" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Universidad de El Salvador" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Honduras" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Moncada" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El Salvador" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Nobel" /><title>Semblanza de Salvador Moncada</title><content type="html">&lt;script type="text/javascript"&gt;&lt;br /&gt;var gaJsHost = (("https:" == document.location.protocol) ? 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Tanto es así que a Salvador Moncada, una de las pocas personas que encajan en la doble descripción, en Inglaterra lo llaman suramericano o le repreguntan que si de Misuri cuando responde que es de “Central America”. Nacido en Honduras y educado en El Salvador, este investigador —de quien se afirma que su trabajo sirvió para que otros ganaran el Premio Nobel— es lo más ilustre que ha salido de una región estéril en el ámbito de la ciencia. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Por &lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;Roberto Valencia&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Lo cuenta con resignación, como si no pudiera ser de otra manera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Dice que, hace unos meses, le dedicaron una caricatura en un diario hondureño. Dice que él aparecía bajando de un avión en Tegucigalpa, y que dos personas lo esperaban para recibirlo. Dice que uno comentaba que iban a recoger a Salvador Moncada, y que el otro le respondía: “Y ese, ¿en qué equipo juega?”. Así era la caricatura.&lt;br /&gt;Moncada es, con diferencia, el investigador centroamericano más prolífico, reconocido y galardonado. Nació en Honduras, y se crió y educó en El Salvador. Sus descubrimientos se presentan con las palabrejas poco accesibles del argot científico, pero sus aportes tienen beneficiarios con nombre y apellidos. Que a uno le receten la famosa aspirinita para aminorar el riesgo de infarto cardíaco es consecuencia directa del trabajo de este centroamericano, del trabajo de Moncada. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Por esa y otras investigaciones es uno de los científicos más citados en el mundo, y no hay explicación lógica para que su nombre no esté entre los ganadores del Premio Nobel de Medicina, que es algo así como ganar el Balón de Oro para un futbolista. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Si Moncada diera patadas a un balón en vez de pasar el día en un laboratorio, se lo estarían disputando el Barcelona, el Chelsea o el Inter de Milán. Pero no es futbolista. Es científico. Por eso la caricatura en el diario hondureño. Por eso no hay calles ni estadios con su nombre en El Salvador. Y por eso el desconocimiento generalizado sobre quién es y qué ha hecho desde, por y para Centroamérica, una región —su región— a la que llama “la periferia de la periferia” de un mundo cada vez más globalizado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Lo cuenta con resignación, como si no pudiera ser de otra manera. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;*****&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Ya es 17 de diciembre, y el calor del trópico es más llevadero. La cita para la entrevista es a las 5 de la tarde. La casa donde vacacionan Moncada y su familia es una más de la colonia San Benito, en la capital de El Salvador.&lt;br /&gt;Por fuera es una vivienda sin excesivo glamour. El visitante solo ve un muro de piedra y un portón metálico. Al otro lado está el entrevistado. Moncada —alto, ojos azules, pelo y barba canosas— aparece en polo azul Ralph Lauren, jeans y yinas. Está de vacaciones.&lt;br /&gt;-Pase —ofrece su mano—.&lt;br /&gt;-¿Qué tal? ¿Cómo está? Casi aterrizando lo agarro, ¿verdad?&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;Moncada vino un día antes desde Londres, la capital del Reino Unido. Allí reside desde hace más de tres décadas. En la actualidad es el director del Instituto Wolfson para la Investigación Biomédica, un proyecto ligado a la University College de Londres, centro en el que se graduaron personas como Alexander Graham Bell, el inventor del teléfono; y Mahatma Gandhi, el mayor exponente de la resistencia pasiva y la desobediencia civil.&lt;br /&gt;En el Instituto Wolfson unos 200 investigadores trabajan bajo su supervisión, y maneja unos $20 millones anuales, más del doble del presupuesto que El Salvador destinará en 2008 al Ministerio de Medio Ambiente. Por unos días se desconectará de todo eso, y para ello ha elegido la ciudad que lo vio llegar cuando era apenas un niño.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5159139203542683698" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/R5jxxXX0EDI/AAAAAAAAAB0/i-eKyK3lrMY/s320/KP1Q8521.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;La infancia de Moncada &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Salvador Enrique Moncada Seidner nació el 3 de diciembre de 1944 en el Hospital Viera, en Tegucigalpa. Primogénito, sus primeros años los pasó en La Hoya, un barrio de clase media situado junto al río Choluteca. Es hijo de Salvador Moncada —95 años, de izquierdas, médico— y de Jenny Seidner —judía, fallecida hace dos décadas—, y es hermano de su hermana: Lillian.&lt;br /&gt;De aquella etapa hondureña, a pesar de ser el período más largo que ha pasado en aquel país, apenas hay recuerdos propios. Cuando tenía cinco años, la familia se desplazó a la colonia América de San Salvador, cerca de la antigua Casa Presidencial, la del barrio San Jacinto. Por cuestión de cercanía, al niño Moncada lo inscribieron en el Colegio Bautista.&lt;br /&gt;-¿Por qué se llama Salvador usted? —La pregunta es para explorar si existe alguna relación entre la elección del nombre y el país en el que se instalaron—.&lt;br /&gt;-Yo me llamo Salvador —tira por tierra la hipótesis— porque mi bisabuelo se llamaba Salvador, mi abuelo se llamaba Salvador, y mi padre se llama Salvador.&lt;br /&gt;-Pero usted es hondureño, y elegir en Honduras el nombre de Salvador...&lt;br /&gt;-Es que no tiene nada que ver con el país. Salvador es un nombre latino, y en mi familia tiene que ver con el hecho de que, desde mi bisabuelo, todos se llamaron Salvador.&lt;br /&gt;Fiel a esa tradición familiar, Moncada bautizó con el nombre de Salvador Ernesto a su primer hijo varón, nacido en mayo de 1972. Pero, a los 10 años de edad, un accidente acabó con su vida, y trastocó la lógica de su árbol genealógico.&lt;br /&gt;Durante su infancia tuvo suerte. Al menos así lo cree él. Dice que los recuerdos son excelentes, que tuvo muchos amigos. Dice que a mediados del siglo pasado no se intuía aún que una guerra —2,000 vidas— enfrentaría a Honduras y El Salvador en 1969. Dice que en la colonia América había unas siete viviendas de un lado de la calle, y otras siete del otro. Y que los niños jugaban y comían un día en una casa, y otro día en la otra. Dice que era un ambiente muy agradable.&lt;br /&gt;La secundaria la hizo en el Instituto Nacional Francisco Menéndez (INFRAMEN), que aún era de lo más prestigioso de la ciudad. Pero no fue necesario llegar allí para hallar su vocación. Ya había decidido.&lt;br /&gt;-¿Por qué la medicina?&lt;br /&gt;-Porque me gustó desde muy niño. Yo a los cinco o seis años de edad lo tenía absolutamente claro, y nunca me gustó otra cosa para estudiar. Al punto que entrar en la universidad era muy difícil, especialmente a la Facultad de Medicina. Nos examinábamos alrededor de 500 cada año, y aceptaban a 45. Entonces, la mayor parte de la gente que aplicaba a Medicina lo hacía también a otras facultades.&lt;br /&gt;-Por si acaso...&lt;br /&gt;-Pero yo no apliqué más que a Medicina. Y dije: “Si no entro, hago también medicina”.&lt;br /&gt;Gracias a esa precoz claridad de ideas, años después el mundo entero sabría de sus descubrimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El legado de Moncada &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Prostaciclina, ácido acetilsalicílico y óxido nítrico. Son esos tres los campos en los que más frutos ha cosechado Moncada en su larga carrera profesional. Tiene ya unos bien llevados 63 años. Para el profano, esos nombres resultan casi un trabalenguas, pero basta interesarse un poco para averiguar el calado y la utilidad de sus aportes. El óxido nítrico, por ejemplo, es un elemento tóxico al que se le relaciona con la lluvia ácida. Pero saber que el cuerpo humano lo produce sirvió para explicar, entre otras cosas, los efectos de una medicina como el viagra.&lt;br /&gt;-Resultó difícil que fuera aceptado. Cuando se hizo la primera publicación sobre el óxido nítrico como una sustancia producida por células de mamífero, la reacción internacional fue de incredulidad. Fue de preguntarse cómo el cuerpo humano iba a estar formándolo. Tengo muchas cartas de gente que me escribió diciéndome: “Mire, muy bonito el artículo, pero usted está loco”. Lo que fue impresionante —y quiebra con una sonrisa su rostro serio— es que yo haya recibido todas esas cartas, y después se haya adjudicado a otra gente el descubrimiento.&lt;br /&gt;-Pero, a ver, se puede afirmar que, hasta que usted lo dijo, nadie en este mundo sabía que los mamíferos producían óxido nítrico.&lt;br /&gt;-Exacto.&lt;br /&gt;Mientras habla, Moncada sostiene sus lentes entre sus manos, con las que gesticula de manera ostensible. En otra ocasión será un lapicero o una hoja de papel doblada. Parece como si se sintiera incómodo sin algo que manosear.&lt;br /&gt;-Además del óxido nítrico, usted antes había trabajado con la prostaciclina y con la aspirina (ácido acetilsalicílico).&lt;br /&gt;-Así es.&lt;br /&gt;-Para esta entrevista, hablé con un compañero que toma la famosa aspirinita. Que se esté recetando en todo el mundo...&lt;br /&gt;-... es parte del trabajo nuestro. En 1976 descubrimos que una dosis pequeña de aspirina afecta a las plaquetas, que son las que producen los infartos, y que una dosis grande afecta a las plaquetas y a la pared vascular, de tal manera que protege más una dosis pequeña, y eso llevó a la idea de que había que recetar dosis pequeñas. Al principio tampoco nadie lo creyó, y ahora es aceptado que si se toma una aspirina pequeña todos los días, se gana protección cardiovascular.&lt;br /&gt;-Digamos que su trabajo está salvando vidas.&lt;br /&gt;-Bueno, la prostaciclina se usa en este momento para mujeres que necesitan un trasplante de pulmón, y que no pueden vivir si no tienen una infusión de prostaciclina.&lt;br /&gt;-¿Y cuál es la relación de sus investigaciones con el viagra?&lt;br /&gt;-Pues el óxido nítrico es el determinante fundamental de la erección del pene en el hombre. Y el viagra lo que hace es aumentar el efecto del óxido nítrico.&lt;br /&gt;-Pero ese medicamento es de otro laboratorio.&lt;br /&gt;-El viagra es de Pfizer, que estaba haciendo una investigación sobre un medicamento vasodilatador. Encontró en sus estudios clínicos que los pacientes, incluso los viejos, las enfermeras los encontraban con erecciones, y reportaron eso. Y empezaron a ver que la dilatación en la erección estaba relacionada con el hecho de que estaban aumentando el efecto del óxido nítrico, que nosotros acabábamos de descubrir. Es decir —a Moncada le gustan estas dos palabras y las usa con asiduidad—, nosotros no hicimos el trabajo del viagra.&lt;br /&gt;-Pero sin las publicaciones de ustedes...&lt;br /&gt;-Pues no hubiera habido explicación, porque fuimos los que descubrimos que en todo el cuerpo hay nervios que liberan óxido nítrico.&lt;br /&gt;-Entonces, hoy en el mundo le tienen qué agradecer muchas personas mayores...&lt;br /&gt;-...y menores, porque ahora se usa con fines recreativos.&lt;br /&gt;Durante su carrera profesional ha tenido suerte. Al menos así lo cree él. Dice que el trabajo que hizo tiene valor. En el campo del óxido nítrico, y en el de ciencia en general, es uno de los científicos más citados del mundo. Y dice que está completamente satisfecho por eso. Lo dice a pesar de no haber sido incluido entre los ganadores del Premio Nobel cuando en 1982 se reconocieron los estudios sobre prostaciclina y ácido acetilsalicílico; ni en 1998, cuando se premiaron los descubrimientos sobre óxido nítrico.&lt;br /&gt;Esa exclusión no es, asegura, algo que le quite el sueño. Le preocupa más comprobar que los recursos aumentan en el mundo, pero no baja la injusticia: “La relación entre el que tiene y el que no tiene es mucho mayor ahora que antes, y eso hace la evidencia más dolorosa”.&lt;br /&gt;Desde su juventud, tiene una de esas evidencias de la pobreza grabada en su mente.&lt;br /&gt;-Cuando era médico de emergencias en el Hospital Bloom, llegaban los niños y había tan pocos recursos que los poníamos en tres filas: los que tienen fiebre, los que tienen diarrea y los otros. Y a los médicos nos tomaba dos minutos examinar y recetar algo, sabiendo que se cometían errores, y que a uno se le podía escapar cualquier cosa, pero no había más. De hecho, hubo niños que fueron atendidos, a los que se les dio medicina, pero regresaron a morir al día siguiente.&lt;br /&gt;Esto ocurrió en los sesenta, durante sus años en la Universidad de El Salvador (UES). Su etapa de universitario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La juventud de Moncada&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Ni el hecho de estudiar para doctor evitó que Moncada fuera fumador. Fumó durante toda su juventud y bastante más allá. Dejó este vicio a los 39 años. Pero fue durante su ajetreada etapa como alumno de la Facultad de Medicina de la UES cuando seguramente más necesitó los supuestos efectos relajantes que se atribuyen a la nicotina. Sobre todo porque Moncada optó por participar de forma activa en la convulsión política que se acrecentaba a medida que avanzaba la década de los años sesenta.&lt;br /&gt;Como estudiante, fue brillante. También brilló como líder del movimiento estudiantil, y se convirtió en unos de los referentes de la Asociación General de Estudiantes Universitarios (AGEUS). En el plano más personal no faltaron los sucesos significativos. Con apenas 21 años, el estudiante Moncada se casó en abril de 1966 con la salvadoreña Dorys Lemus. Con ella tuvo dos hijos: Claudia Regina, quien en la actualidad tiene 41 años, también trabaja en Londres y también es médico; y el infortunado Salvador Ernesto.&lt;br /&gt;Su activismo político dentro de la izquierda salvadoreña lo hizo merecedor de representar a la politizada AGEUS en el IV Congreso Latinoamericano de Estudiantes, cita que se desarrolló del 29 de julio al 11 de agosto de 1966 en La Habana, Cuba. Junto a él fueron históricos de la izquierda salvadoreña como Héctor Oquelí Colindres y Domingo Santacruz.&lt;br /&gt;-Tuve —admite con gesto serio— alguna actividad política, por supuesto.&lt;br /&gt;-Viajó a Cuba en calidad de...&lt;br /&gt;-De representante de la AGEUS.&lt;br /&gt;-En la oposición había tendencias. ¿En cuál se ubicaba usted?&lt;br /&gt;-No, yo tuve una participación muy general. Estuve mucho más metido en la organización de los estudiantes de medicina, de educación y de formación.&lt;br /&gt;-Pero entiendo que a ese congreso fueron pocos.&lt;br /&gt;-Sí, no podían ir muchos. Era muy difícil viajar a Cuba...&lt;br /&gt;-Y que fuera usted el elegido...&lt;br /&gt;-La AGEUS nombró a su representante, y yo era visible porque trabajaba con la sociedad de estudiantes de medicina, que en ese momento tenía mucho prestigio dentro del estudiantado.&lt;br /&gt;Llegar desde San Salvador a La Habana, algo que tomaría unas dos horas en un vuelo directo, tomó varias semanas. De El Salvador a Suramérica; de Suramérica a Madrid; de Madrid a París; de París a Praga —donde tuvieron como anfitrión a Roque Dalton—; y de la capital de la actual República Checa a La Habana, con escala en Canadá. El vuelo trasatlántico lo hicieron en un avión de turbohélices, uno de los cuatro Bristol Britannia 318 que había adquirido Cubana de Aviación.&lt;br /&gt;Pero este es un tema sobre el que a Moncada no le gusta hablar mucho. Tampoco se le ve cómodo cuando se le pregunta por la vez en la que fue torturado. Finalizada la guerra entre Honduras y El Salvador, él era un hondureño en tierras salvadoreñas, y un activista de izquierdas.&lt;br /&gt;-Usted fue torturado...&lt;br /&gt;-Pero eso fue hace tanto tiempo que no tiene sentido recordar... Yo salí de El Salvador en julio de 1970.&lt;br /&gt;-Tengo entendido que lo recogió la Organización de Estados Americanos (OEA) en la frontera.&lt;br /&gt;-Sí, así fue.&lt;br /&gt;-¿Por qué la OEA?&lt;br /&gt;-Porque un año antes había habido la guerra, y la OEA estaba en la frontera del río Goascorán para separar a los dos ejércitos.&lt;br /&gt;-En ese punto de la frontera lo dejaron.&lt;br /&gt;-Me dejaron en medio del puente, y caminé hacia Honduras, porque ya no podía caminar de regreso a El Salvador.&lt;br /&gt;-¿Y quién intercedió por usted para que lo dejaran vivo?&lt;br /&gt;-La Facultad de Medicina se movilizó de inmediato. Tuve suerte de que, cuando me capturaron, iba con un ordenanza de la facultad, que inmediatamente dio aviso.&lt;br /&gt;-Perdona mi necedad, pero ¿cómo lo torturaron?&lt;br /&gt;-Me golpearon, me dieron una golpiza.&lt;br /&gt;-¿Y dónde ocurrió esa golpiza?&lt;br /&gt;-En la oficina de Migración, la que estaba una cuadra abajo de la Corte de Cuentas.&lt;br /&gt;Pese a episodios como este, durante su etapa como estudiante tuvo suerte. Al menos así lo cree él. Dice que conoció los años de oro de la Facultad de Medicina, y que el ambiente era excepcional en todos los sentidos.&lt;br /&gt;Dice que a los estudiantes les quedaba cerca la cervecería Aloha. Dice que en su vida ha conocido muchas universidades, pero ninguna como la UES de entonces. Dice que allí tuvo docentes de nivel mundial. Dice que ese ambiente creó las condiciones para hacer todo lo que hizo después. Dice que el piropo más grande que recibió de su profesor de postgrado en Londres, el británico John Robert Vane, fue que, con sus conocimientos, Moncada podría haber salido adelante en cualquier lado. Unos conocimientos adquiridos en una facultad salvadoreña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Moncada y El Salvador&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;La familia paterna —los Moncada— es de origen catalán. Moncada algo ha investigado sobre su apellido, y sitúa el origen de sus ancestros en el área de Tarragona, una provincia que está unos kilómetros al sur de Barcelona. De allá, de Europa, alguien emigró a Honduras hace ya varios siglos. El caso de la familia materna —los Seidner— es aún más complejo. Son judíos de Europa oriental que salieron de allá en 1937. Su abuelo era austríaco, su abuela era de Polonia, y su madre nació en una ciudad que entonces pertenecía a Rumania y hoy pertenece a Ucrania. Moncada se autodefine como ateo, pero le gusta mencionar el hecho de tener ascendencia judía.&lt;br /&gt;De este collage étnico y religioso surge una persona que nace en Tegucigalpa, y que logra echar raíces en San Salvador y en Londres.&lt;br /&gt;-Usted llega a El Salvador con cinco años de edad, y hoy, seis décadas después, esta entrevista me la está concediendo en El Salvador. ¿Qué lo une a este país?&lt;br /&gt;-El Salvador es el segundo lugar en el que más he vivido en mi vida. El primero es ahora Inglaterra, donde llevo ya casi 37 años.&lt;br /&gt;-¿Tiene nacionalidad allá?&lt;br /&gt;-Sí, tengo la británica.&lt;br /&gt;-¿Y conserva la hondureña?&lt;br /&gt;-La conservo, pero en El Salvador estuve desde los cinco años hasta 1970, alrededor de 21 años.&lt;br /&gt;-Hondureño de nacimiento, media vida en El Salvador y la otra media en Europa. ¿Se considera un ciudadano del mundo o hay algún país al que considere su patria?&lt;br /&gt;-Para mí es difícil definirme. No puedo decir que siento una sensación de nacionalidad muy fuerte.&lt;br /&gt;-¿Ciudadano del mundo?&lt;br /&gt;-Judío, por tradición genealógica, soy judío.&lt;br /&gt;Pero ni el hecho de haber salido del país como salió —torturado, expulsado— hizo que Moncada rompiera con El Salvador. Quedan aún lazos fuertes: un puñado de buenos recuerdos, un grupo de conocidos, su primera esposa y su hija mayor son salvadoreñas, la tranquilidad que da el anonimato, el sol que tanto gusta a sus hijos y una relación de amistad como la que lo une a la ex rectora de la UES, María Isabel Rodríguez. Quizá por eso regresó. Tardó, pero regresó. Lo hizo en 1997, 27 años después de que la OEA lo recogiera en el puente sobre el río Goascorán.&lt;br /&gt;-Yo estuve 27 años sin venir a San Salvador y, cuando iba a venir, me dijeron que no iba a conocer la ciudad. Pero vine, agarré un auto, y fui a donde quise en San Salvador sin perderme ni una sola vez.&lt;br /&gt;Desde entonces, viene con asiduidad, sobre todo en los últimos años. Y sí, ha visto cambios, pero no los que él quisiera haber encontrado. Dice que ahora hay centros comerciales y que se maneja dinero. Dice que hay una medicina privada excelente. Cambios, pero no los que él quisiera haber encontrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Moncada y el Reino Unido&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Uno de los responsables de que Moncada decidiera irse a Londres fue el británico Bertrand Russell. Nunca lo conoció en persona —“Murió un año antes de que yo llegara”—, pero las obras de este filósofo, matemático, historiador, pacifista y ganador del Premio Nobel en Literatura lo marcaron tanto que el deseo de conocerlo hizo que Gran Bretaña brillara más en el mapamundi.&lt;br /&gt;Tras ser expulsado de El Salvador, Moncada trabajó unos meses en Honduras. Pronto, gracias a un profesor guatemalteco que había conocido en la UES, surgió la posibilidad de ir a estudiar al Real Colegio de Cirujanos, en Londres, la capital del país donde nació y murió Russell. En tres años obtuvo su doctorado en Farmacología, tres años en los que tuvo como profesor al citado John Robert Vane, premio Nobel de Medicina en 1982.&lt;br /&gt;En 1974, el romanticismo lo llevó a querer labrarse una carrera como investigador en Centroamérica, y regresó a Honduras.&lt;br /&gt;-¿Y qué es lo que encuentra?&lt;br /&gt;-Nada. No había nada. Cuando yo iba a salir de Inglaterra pedí una ayuda financiera para investigación, y cuando fui a la entrevista, el personaje que me entrevistó me dijo: “Usted ha pedido 8,000 libras esterlinas, que en ese tiempo era mucho dinero, para investigación en Honduras, yo he visto lo que ha hecho, así que, si se queda en Inglaterra, le doy el doble de ese dinero”. Pero le dije que quería regresar, que nunca me perdonaría si no lo intentaba. Entonces, fui a Honduras y, 11 meses y 28 días después, regresé a Londres.&lt;br /&gt;Y en Londres comenzó a trabajar para Wellcome Research Laboratories, que entonces era una multinacional farmacéutica un tanto atípica, ya que los beneficios que obtenían iban a parar a una fundación de caridad. Ingresó como un investigador más, y sus méritos le permitieron escalar en la jerarquía hasta que en 1986 lo nombraron director de investigaciones, con 480 investigadores bajo su supervisión. Los 20 años que entregó a Wellcome son en los que hizo la mayoría de los descubrimientos que le han permitido ser un referente en el panorama científico mundial.&lt;br /&gt;-¿Y el trabajo de sus investigaciones en Wellcome no se traducía en patentes?&lt;br /&gt;-Sí, las investigaciones se registraban y se comportaba todo como cualquier otra compañía farmacéutica, excepto que las ganancias no iban a parar a inversionistas privados sino para una fundación estructurada para ayudar a la investigación, llamada Wellcome Trust.&lt;br /&gt;-Pero, si el funcionamiento era igual al de cualquier otra multinacional farmacéutica, ¿los beneficios no se ofrecían solo a quienes podían pagarlos?&lt;br /&gt;-Eso era de alguna manera suavizado por el hecho de que Wellcome Trust, por ejemplo, fundó laboratorios en países subdesarrollados para investigar enfermedades tropicales, y ponía parte del dinero de las ganancias en el mantenimiento de estos laboratorios. Hay en África, en Brasil, en el Lejano Oriente.&lt;br /&gt;-Y usted, visto su pasado izquierdista, ¿no llegó a tener problemas éticos?&lt;br /&gt;-No, al contrario. La gente que trabajaba en Wellcome lo hacía precisamente porque tenía problemas éticos en la industria farmacéutica convencional, pero aún quería hacer medicina.&lt;br /&gt;Moncada dejó Wellcome en 1995, cuando esta fue absorbida por GlaxoSmithKline, la empresa líder del sector en Reino Unido. Casi de inmediato se incorporó al Instituto Wolfson, el proyecto en que maneja un presupuesto que duplica lo que destinará El Salvador a su Ministerio de Medio Ambiente. Paralelo a este proyecto, y siempre desde Londres, Moncada se embarcó en 2001 en la creación del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares de España, iniciativa que se abortó en 2004 por diferencias con el Gobierno español, el principal patrocinador.&lt;br /&gt;Pero no todo en Inglaterra ha sido trabajar y trabajar. En su etapa en Londres también está teniendo suerte. Al menos así lo cree él. Dice que en ese país se casó por segunda vez. Eso ocurrió el 5 de abril de 1998, en Marlow, la pequeña ciudad donde la escritora Mary Shelley reescribió su novela “Frankenstein”. Dice que su esposa se llama María Esmeralda Adelaida Liliana Ana Leopoldina, y que es princesa de Bélgica y hermanastra del actual rey, Alberto II. Dice que tienen dos hijos: Alexandra Leopoldina, de nueve años, y Leopoldo Daniel, de seis años. Ambos —obvio— hablan inglés, pero dice que ya están aprendiendo español y francés. Y a ambos les gusta reventar piñatas.&lt;br /&gt;Con familia y pasaporte europeos, de donde salieron sus antepasados, Moncada sigue pendiente de Centroamérica, una región que poco —¿nada?— cuenta en el panorama científico internacional.&lt;br /&gt;-En muchas de las notas escritas sobre usted lo presentan como suramericano.&lt;br /&gt;-Sí, lo he visto.&lt;br /&gt;-¿No cree que es significativo ese detalle?&lt;br /&gt;-Es significativo desde el punto de vista de que Centroamérica no pinta nada. Cuando al principio decía en Londres que venía de “Central America”, creían que venía del centro de los Estados Unidos.&lt;br /&gt;“El problema de nuestros países —dirá otro día sin referirse a sí mismo, aunque aplica a la perfección— es que ocasionalmente producen gente excepcional, con ideas de nivel mundial.” Y con esas ideas vienen los premios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los Nobel y Moncada&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El apartado de reconocimientos de la hoja de vida de Moncada parece no tener fin. Tiene tantos doctorados honoris causa que ni recuerda cuántos son. Y los ha recibido de prestigiosas universidades de Francia, Bélgica, Estados Unidos, España, Italia, Reino Unido... “El 7 de abril —agrega— me darán otro doctorado en la Universidad de Praga”, la capital checa, la misma ciudad donde hace casi cuatro décadas Roque Dalton fungió como anfitrión.&lt;br /&gt;Las publicaciones en las que ha plasmado sus investigaciones superan las 700, muchas de ellas en la revista británica Nature. Esta cabecera y la estadounidense Science son los dos referentes mundiales en el ámbito científico. Tanto, que este año que expira fueron reconocidas en España con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.&lt;br /&gt;Moncada también tiene su propio Premio Príncipe de Asturias, pero en la rama de Investigación Científica y Técnica. Se lo dieron en 1990. Además, Holanda le ha otorgado el máximo galardón en medicina de la Real Academia de las Artes y las Ciencias, en el Reino Unido es miembro de Colegio Real de Físicos, en Estados Unidos forma parte de la Academia Nacional de Ciencias, etcétera, etcétera, etcétera.&lt;br /&gt;Pero no tiene, y no es algo que le importe mucho, Premio Nobel alguno. Y no lo tiene a pesar de que en los últimos 25 años la academia sueca premió en dos ocasiones —en 1982 y 1998— descubrimientos relacionados con la prostaciclina, los nuevos usos del ácido acetilsalicílico en cardiología y las revolucionarias teorías sobre la producción de óxido nítrico por mamíferos.&lt;br /&gt;-Es decir, la academia sueca —responde de manera casi automática la pregunta que le ha tocado responder decenas, cientos de veces— decide a quién le quiere dar el premio, y se lo dan a quien quieren.&lt;br /&gt;-Sobre todo en 1998 hubo protestas formales de parte de la comunidad científica por no haber sido usted incluido, pero usted, en las declaraciones que dio sobre ese asunto, siempre se ha mostrado muy prudente.&lt;br /&gt;-Y quiero que siga siendo así.&lt;br /&gt;-¿Por qué?&lt;br /&gt;-Porque es mucho más fuerte. Es que se confunde la gritería con la fuerza. Mi posición es que el trabajo que hice está hecho, que el trabajo que hice tiene el valor que tiene. Y estoy completamente satisfecho por eso, y que me den el Premio Nobel o no es una decisión de la academia sueca respecto a la que no tengo nada que hacer yo.&lt;br /&gt;En 1982 el Nobel se lo llevaron el británico John Robert Vane —su profesor de postgrado— y otros dos investigadores suecos. En 1998 se lo dieron a tres estadounidenses. Desde que se comenzaron a entregar en el año 1901, más de 200 personas han recibido el Nobel de Medicina, y solo tres son africanos, asiáticos o latinoamericanos. “Los países desarrollados —reflexiona Moncada— siguen pensando que ellos son los únicos capaces de generar ideas.” &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;*****&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Que lo reconozcan 1 ó 100,000 personas, o que haya o no calles, plazas o estadios bautizados con su nombre son cuestiones que no le quitan el sueño a Moncada. Está convencido de que lo realizado por él hasta la fecha tiene valor, mucho valor: “Yo estoy satisfecho con mi producción científica”. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Lo cierto es que cualquier enciclopedia que sea medianamente seria lo incluye entre sus entradas. Salvat, por citar una, se refiere a él como “licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de El Salvador (1970)” y, sobre la polémica suscitada, dice que fue “candidato al Premio Nobel de Medicina por los trabajos acerca del óxido nítrico”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Esta trascendencia de su obra, sin embargo, no se corresponde con la escasa proyección pública de su persona. El pasado 22 de diciembre, por ejemplo, dio en UES —su universidad— una improvisada conferencia a la que asistieron no más de 70 personas. Allí, casi en familia, se habló sobre impulsar la investigación como proyecto nacional, sobre la necesidad de invertir en ciencia y arte, y sobre el papel de meros consumidores en el que el Primer Mundo quiere encasillar a países como El Salvador.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Pero todo esto se dijo sin bombo y platillo, sin deseos de figurar. Y a que esto sea así contribuye la opción personal de Moncada por el anonimato, por diluirse entre la multitud, por la prudencia. Aunque lo han entrevistado medios como CNN, Le Monde, El País, BBC o Nature, no se puede decir que le entusiasme la idea de conceder entrevistas, sobre todo aquellas que trascienden lo estrictamente profesional. Su activismo político en la juventud y su matrimonio con la princesa han acentuado su natural vocación por la discreción.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-¿Formar parte de una familia real europea lo obliga a medir sus palabras?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-No, de ninguna manera. Es decir, mi posición es mesurada, y pretende ser clara y objetiva. Yo pienso que la mejor forma de decir las cosas es decirlas así como las digo yo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-¿La prudencia es siempre una buena consejera?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Seguro que sí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;“Yo tenía mucho interés —afirma sin dejar de mover sus manos, afectadas por la enfermedad de Dupuytren— en vivir una vida en la que yo fuera útil e hiciera cosas útiles, y lo de los reconocimientos es una cuestión realmente secundaria.” En el caso de Moncada, no se trata de falsa modestia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Este artículo se publicó en la edición del &lt;a href="http://www.laprensagrafica.com/enfoques/954264.asp"&gt;30 de diciembre de 2007 &lt;/a&gt;de la revista Enfoques de La Prensa Gráfica.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8622010543413801191-2794649328295378876?l=robertogasteiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/18d40EqZKNGeaTaB0Nni9fDnxcs/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/18d40EqZKNGeaTaB0Nni9fDnxcs/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/18d40EqZKNGeaTaB0Nni9fDnxcs/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/18d40EqZKNGeaTaB0Nni9fDnxcs/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~4/LwpCuFmQTCM" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/feeds/2794649328295378876/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://robertogasteiz.blogspot.com/2007/12/semblanza-de-salvador-moncada-cientfico.html#comment-form" title="7 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/2794649328295378876?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/8622010543413801191/posts/default/2794649328295378876?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/ExperimentosConUnGranGneroLaCrnica/~3/LwpCuFmQTCM/semblanza-de-salvador-moncada-cientfico.html" title="Semblanza de Salvador Moncada" /><author><name>Roberto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06159537017021003006</uri><email>robertogasteiz@gmail.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17093858555438818601" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/R8c9445nc1I/AAAAAAAAADc/zRv4KP39vsc/s72-c/moncada01.JPG" height="72" width="72" /><thr:total>7</thr:total><feedburner:origLink>http://robertogasteiz.blogspot.com/2007/12/semblanza-de-salvador-moncada-cientfico.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkEGQnw7cSp7ImA9WxJTE04.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-8622010543413801191.post-4725939751917921744</id><published>2007-10-31T12:58:00.002-06:00</published><updated>2009-04-21T12:30:23.209-06:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-04-21T12:30:23.209-06:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="periodismo narrativo" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Universidad de El Salvador" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Rectora" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="perfil" /><title>Semblanza de María Isabel Rodríguez</title><content type="html">&lt;script type="text/javascript"&gt;&lt;br /&gt;var gaJsHost = (("https:" == document.location.protocol) ? "https://ssl." : "http://www.");&lt;br /&gt;document.write(unescape("%3Cscript src='" + gaJsHost + "google-analytics.com/ga.js' type='text/javascript'%3E%3C/script%3E"));&lt;br /&gt;&lt;/script&gt;&lt;br /&gt;&lt;script type="text/javascript"&gt;&lt;br /&gt;try {&lt;br /&gt;var pageTracker = _gat._getTracker("UA-8479277-1");&lt;br /&gt;pageTracker._trackPageview();&lt;br /&gt;} catch(err) {}&lt;/script&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;strong&gt;Estudió, educó, batalló, naufragó, rio&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;em&gt;Enemiga irreconciliable de la mediocridad y amiga íntima del salón de belleza, &lt;strong&gt;María Isabel Rodríguez&lt;/strong&gt; dejó el viernes la rectoría de la Universidad de El Salvador (UES). La suceden quienes le imputaron ser imperialista y privatizadora. A ella, estudiante universitaria que traficó municiones en la huelga de &lt;strong&gt;1944&lt;/strong&gt; contra &lt;strong&gt;Maximiliano Hernández Martínez.&lt;/strong&gt; A ella, médica convencida de haber persuadido a &lt;strong&gt;Fidel Castro&lt;/strong&gt; para que dejara el cigarro. A ella, representante de la OPS que durante la guerra en &lt;strong&gt;El Salvador&lt;/strong&gt; viajaba con un pasaporte diplomático que le evitaba registros... “&lt;strong&gt;Schafik&lt;/strong&gt; sabía quién era yo”, sentencia, con ese aspecto tan frágil que no delata su robusta estatura académica. Tres universidades le han otorgado doctorados honoríficos. La UES —su universidad—, prácticamente dos expulsiones.&lt;/em&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Por &lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Roberto Valencia.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;F&lt;/span&gt;idel puso su mano izquierda &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;sobre el hombro de María Isabel, y ella se acercó cuanto pudo al impecable traje militar. Él sostenía con sus dedos el &lt;strong&gt;purito habano&lt;/strong&gt; que acababa de encender, pero tuvo cuidado de alejarlo lo suficiente del vestido. Sonrisa abierta ella y más disimulada la de él. Así les tomaron la fotografía.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Yo tengo la imagen —cuenta satisfecha— del último cigarro de Fidel.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Está convencida de que a partir de esa noche &lt;strong&gt;nunca&lt;/strong&gt; más volvió a fumar, y lo cree porque se comprometió públicamente en aquella conferencia internacional sobre educación médica. Solo él sabe si cumplió su palabra, pero lo que María Isabel sí pudo comprobar &lt;strong&gt;con sus propios ojos&lt;/strong&gt; es que Fidel ya no fumaba en las otras ocasiones en las estuvo con él después de aquel julio de &lt;strong&gt;1986&lt;/strong&gt;, cuando les tomaron la fotografía. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Él entonces nos decía que iba a durar 120 años, pero parece que no le va a salir. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;strong&gt;Fidel Castro&lt;/strong&gt; era el jefe de Estado cubano, y 21 años después, sigue siendo el jefe de Estado cubano. Y &lt;strong&gt;María Isabel Rodríguez&lt;/strong&gt; era consultora de la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.paho.org/default_spa.htm" target="_blank"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Organización Panamericana de la Salud &lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;(OPS), y hoy es rectora saliente de la &lt;/span&gt;&lt;a href="http://robertogasteiz.spaces.live.com/mmm2007-10-05_20.12/www.ues.edu.sv/" target="_blank"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Universidad de El Salvador &lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;(UES).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5128685036883786194" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3QJ0nnc5Qps/Ryy_3jxRudI/AAAAAAAAABc/jQYvRCDYdbk/s200/MariaIsabel-FidelOK.jpg" border="0" /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt; María Isabel le tocó derribar puertas desde que nació, y ya tiene 84 años. En &lt;strong&gt;1937&lt;/strong&gt; fue la primera en su familia que estudió en un instituto mixto; en &lt;strong&gt;1942&lt;/strong&gt;, la única mujer inscrita ese año en la carrera de Medicina; en &lt;strong&gt;1967&lt;/strong&gt; se convirtió en la primera salvadoreña que tomó las riendas de esa facultad; en &lt;strong&gt;1980&lt;/strong&gt; fue la primera mujer que la OPS nombró como máxima representante en un país latinoamericano; y en &lt;strong&gt;1999&lt;/strong&gt;, la primera rectora en 158 años de historia que acumulaba para entonces la universidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Detrás de esa imagen de abuela que todos los nietos quieren tener hay amontonados decenas de reconocimientos —llegados sobre todo de &lt;strong&gt;países extranjeros&lt;/strong&gt;—, una rigurosa fidelidad al método científico plasmada en 103 publicaciones, respeto y admiración en toda América Latina y también una amargura mal disimulada por la actual transición de autoridades en la UES.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;“Schafik y mucha gente del Frente ya sabían quién era yo —responde María Isabel en uno de los pocos momentos en que parece perder el control de la conversación—, pero hay una cantidad de animales de esos que están llegando ahora a la universidad que todavía me siguen considerando &lt;strong&gt;como una reaccionaria o como una imperialista&lt;/strong&gt;, aunque a mí eso no me importa.”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Tras varias horas de conversación, la pregunta había sido: “¿Cuándo se animará a hacer público lo que me ha contado bajo condición de ‘pero eso no lo vaya a poner’?”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;En la campaña de desprestigio en su contra, los calificativos de &lt;strong&gt;reaccionaria e imperialista&lt;/strong&gt; fueron tan solo una pequeña parte. También la presentaron como la persona designada por el partido ARENA para privatizar —privatizar— la única universidad pública del país. Y esos mensajes calaron en buena parte de una comunidad universitaria que en las elecciones acaba de despreciar a los candidatos que se mostraron como la continuidad a la gestión de María Isabel.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;De alguna manera se ha repetido lo que ya le tocó vivir en &lt;strong&gt;1972&lt;/strong&gt;, cuando aquellos que se consideraban los más progresistas la expulsaron de la universidad —su universidad—, acusándola de cientificista en tono despectivo. Ayer cientificista y hoy privatizadora. Es, está convencida, el peaje por tener como norte estimular el desarrollo científico y la investigación en un país como&lt;strong&gt; El Salvador.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Y sorprende, eso sí, que estos sinsabores los cuente entre risas, una risa particular que ha aprendido a fusionar con las palabras que en ese momento pronuncia. No se intuye rencor ni odio. Ni por lo que está ocurriendo ahora en su universidad ni por todo lo anterior.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;J&lt;/span&gt;oaquín Vanegas&lt;/strong&gt; —celular colgado en el cincho, tres veces decano de Ingeniería y barba y pelo canos— está entre los detractores confesos de María Isabel. Personas que opinan como él y lo declaran abiertamente son difíciles de encontrar fuera de la universidad, pero no tanto en su interior.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Yo creo —dice en un despacho de la facultad donde ha enseñado por tres décadas— que no le ha ido muy bien en la rectoría.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-¿Cree que en las elecciones la comunidad universitaria está rechazando su gestión?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Eso es obvio. La está rechazando porque el grupo que la rodea y la asesora se equivoca, y el problema de ella es que, aunque pasó tanto tiempo como rectora, quizá no conoció la idiosincrasia de la universidad. Para dirigir hay que conocer en qué mundo está. Uno no puede plantear una cosa que ha visto en otros países, pero que no cuadra con la forma de vida de la universidad, y no me refiero a mantener un statu quo, tampoco. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Además de detractor, &lt;strong&gt;Vanegas&lt;/strong&gt; es la persona que se quedó con las ganas de ser rector en &lt;strong&gt;1999&lt;/strong&gt;, cuando María Isabel sorprendió a casi todos, y agarró las riendas de la institución con el apoyo de estudiantes y profesionales no docentes. Ante la Asamblea General Universitaria (AGU), el candidato de los docentes fue &lt;strong&gt;Vanegas&lt;/strong&gt;, y llevaba como vicerrector a &lt;strong&gt;Rufino Quezada&lt;/strong&gt;, ahora sucesor de María Isabel.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;H&lt;/span&gt;onoris Causa es una expresión que las universidades han monopolizado para reconocer la trayectoria de personas que, a juicio de sus autoridades, merecen el elogio. La UES, por supuesto, también concede este tipo de reconocimientos. En los últimos años, por citar solo a los salvadoreños, los otorgó a &lt;strong&gt;Félix Antonio Ulloa,&lt;/strong&gt; a &lt;strong&gt;Camilo Minero&lt;/strong&gt; y a &lt;strong&gt;Schafik Jorge Hándal. &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Doctorados Honoris Causa, María Isabel posee dos, que mañana lunes serán tres, y viene un cuarto en camino. Ninguno es de la UES. El primero se lo otorgaron a 1,700 kilómetros de San Salvador. Ocurrió en mayo de 2005 en la Universidad de Guadalajara, en &lt;strong&gt;México&lt;/strong&gt;. El segundo se lo dieron mucho más cerca, a apenas seis kilómetros en línea recta desde su despacho. La Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) se lo entregó en noviembre de 2006. El tercer doctorado lo recibirá en la Universidad Nacional de Córdoba, en Argentina, mañana. Será un homenaje a 5,691 kilómetros de distancia. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Viernes, &lt;strong&gt;7 de septiembre de 2007.&lt;/strong&gt; 10:45 a. m.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Los órganos de gobierno de la UES se reúnen en el segundo nivel del edificio que también alberga —44 escalones arriba— el despacho de María Isabel. La reunión es en una sala circular, bien iluminada y amplia. Hay mesas alineadas, unas 70 personas, sillas para casi todos, 15 micrófonos inalámbricos y una cafetera metálica llena de café ralo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Le toca el turno, como cada viernes, a la AGU, el máximo organismo normativo y elector. Ellos —docentes, estudiantes y profesionales no docentes— discuten hoy si María Isabel es merecedora de un doctorado honoris causa en la UES. El punto se pretende introducir en la agenda, pero no parece generar interés: asambleístas ensimismados que leen cualquier cosa, asambleístas que van y asambleístas que vienen, asientos desocupados por una llamada o por un café —ralo—, y una voz que desde la junta directiva llama a votar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Tras dos intentos a tarjeta alzada, la AGU sentencia: “No hay votación suficiente en este punto para incluirlo”. Son 25 asambleístas a favor, cuando la AGU la componen 72. La universidad en la que se doctoró, en la que fue decana, y de la que durante ocho años fue su rectora, prefiere el no. Alguien ya dijo alguna vez que nadie es profeta en su tierra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Tras la negativa, y cuando no hay nada que hacer —al menos este día—, 2 de los 25 alzan su voz para cuestionar la democrática falta de interés. Se oye un “Hace ocho años daba penar entrar” y un “No desistiremos”, pero María Isabel no logra hoy ser causa de honor en su universidad. En la segunda planta de este edificio, y en pleno proceso electoral interno, son más quienes creen que no lo merece, como es el caso de &lt;strong&gt;Vanegas&lt;/strong&gt;, o simplemente callan. Callan y no otorgan.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;“Antes que a mí yo propondría que se lo dieran —se sincerará María Isabel 37 días después— al doctor&lt;strong&gt; Fabio Castillo. &lt;/strong&gt;No me gustaría que me lo dieran antes que a él.” Mentor, colega y ex amigo, &lt;strong&gt;Castillo&lt;/strong&gt; fue el rector en dos períodos complicados: &lt;strong&gt;1963-67 &lt;/strong&gt;y &lt;strong&gt;1991-95.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;l &lt;strong&gt;5 de noviembre de 1922&lt;/strong&gt; fue domingo. Ese día se proyectó la película “Jilmy” en el salón Orozco de Santa Tecla. Filomena Peña de Brown puso en venta su casa de San Martín, situada a una cuadra de la estación del ferrocarril, y la pierna de Modesto Valdés se fracturó tras ser atropellado por uno de los pocos automóviles que recorrían el barrio Santa Lucía. Ese día no fue uno más en la vida de María Isabel. Ella nació ese día en la casa familiar del barrio Concepción, en San Salvador. Apenas cuatro años antes había finalizado la Primera Guerra Mundial.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Cuando ella llegó al mundo, Quezaltepeque era el interior del país. Por eso venirse a San Salvador, “a la civilización”, fue toda una aventura para &lt;strong&gt;Concepción Rodríguez&lt;/strong&gt; —su madre—, &lt;strong&gt;Isabel Rodríguez &lt;/strong&gt;y &lt;strong&gt;Elena Rodríguez.&lt;/strong&gt; Esas tres mujeres —tres hermanas— marcaron los primeros años de vida de María Isabel. De la persona que embarazó a Concepción sabe que era “un señor abogado muy distinguido” casado con una tía de las tres. De él ni siquiera heredó el apellido. Fue hija de una madre soltera en el San Salvador de &lt;strong&gt;1922&lt;/strong&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;“Yo fui la única hija de mi madre quien, una vez que yo nací, por esa sensación de vergüenza que uno tiene, se aisló para cuidar de mí, muy sometida por sus hermanas”, recuerda. Le gusta decir que es hija de tres mamás, aunque en ese ambiente familiar, Concepción tenía un papel muy dócil, ante las fuertes personalidades de Isabel y Elena. Si Chabelita —así la llamaban de niña— recibía algún premio en la escuela, no era su madre la que iba, sino cualquiera de las hermanas: “Mi mamá aprendió a manejar la situación de ser yo su h
