<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/" xmlns:blogger="http://schemas.google.com/blogger/2008" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994</atom:id><lastBuildDate>Sun, 25 Oct 2026 09:04:31 +0000</lastBuildDate><category>Progresismo</category><category>Democracia</category><category>Marxismo cultural</category><category>Liberalismo</category><category>Libertarismo vulgar</category><category>Coronavirus</category><category>Crónicas de un occidente degenerado</category><category>Intelectuales</category><category>Derecha</category><category>Cultura</category><category>Señorita Rand</category><category>Arte</category><category>Capitalismo</category><category>El suicidio de occidente</category><category>Estado</category><category>Moral</category><category>Nacionalismo</category><category>Reacción</category><category>Socialdemocracia</category><category>Tradicionalismo</category><category>marxismo</category><title>Expresión Reaccionaria</title><description>Este blog no es apto para progres.</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Cronos)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>25</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-7278495038250690977</guid><pubDate>Wed, 27 May 2020 02:34:00 +0000</pubDate><atom:updated>2020-05-28T12:36:59.838-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Cultura</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Derecha</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Progresismo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Reacción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Tradicionalismo</category><title>Conservadurismo, tradición y reacción</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhr6ik_pyKckvHcv1iABWeX2FEujumtRC41BqAixalBUHEf1n5Ma3cGk5Guavm9aV4_vUh2q92l8xk4kDXZmbRl-e96PvKqah-3gBPTkR19F6MhUSi5VKoguCDuPFOujvaLReu3RCE-Gkx8/&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;310&quot; data-original-width=&quot;640&quot; height=&quot;310&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhr6ik_pyKckvHcv1iABWeX2FEujumtRC41BqAixalBUHEf1n5Ma3cGk5Guavm9aV4_vUh2q92l8xk4kDXZmbRl-e96PvKqah-3gBPTkR19F6MhUSi5VKoguCDuPFOujvaLReu3RCE-Gkx8/w640-h310/ex-parodia.jpg&quot; width=&quot;640&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2020/05/el-discurso-ridiculo-de-la-modernidad.html&quot;&gt;El ridículo&lt;/a&gt; no es una magnitud estática en la historia. Es una fuerza voraz, creciente, que busca perfeccionarse. Y lo hace de manera exponencial. Llega un instante en que el espectador de la metamorfosis se ve obligado a decir: Basta, ha sido suficiente. La epifanía más amarga de todas consiste en darse cuenta de que todo es deriva y que no hay nada inmutable y trascendente a lo que aferrarse. Durante el naufragio también llega la conclusión más devastadora: nada, ni lo inmaterial ni lo humano, escapa de la ley de la decadencia.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Quien se ve en una situación semejante no puede evitar preguntarse en qué momento la realidad entera, y con ella los hombres, perdió sentido y devino parodia, abyección y vileza. Vivir consciente del absurdo cotidiano anima a remover las piedras gastadas de la civilización en el ánimo de hallar el punto de inflexión. Tristemente, decodificar la historia, a pesar de su linealidad, no es tan sencillo como hallar la derivada de una función. Por eso el mito resulta conveniente. Resulta más fácil decir que venimos arrastrando el error de los primeros hombres y que, en lo subsecuente, no hemos hecho más que sofisticar nuestra miseria con la vana esperanza de reconquistar el cielo. Si esto es verdadero, entonces Dios fue generoso: no nos dio solo la tierra y los animales, sino que también nos otorgó la historia para que la trabajáramos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Hay dos grandes momentos en la literatura de Vargas Llosa que dan cuenta de este momento en que la incredulidad, el asco, la furia y la indignación se encuentran. Uno de ellos, el más citado —y peor entendido—, corresponde al paseo de Zavalita que antecede su entrada al bar La Catedral. Mientras ve y padece la podredumbre limeña se pregunta en qué momento se había jodido su país. Cuando entendemos que la historia se cuenta en retrospectiva, comprendemos que conocíamos el final de antemano. Y con lo que nos encontramos es lamentable: lo que sea que haya pasado tornó a Zavalita en un personaje mediocre, derrotado e impotente. La segunda instancia se halla al inicio de &lt;i&gt;Historia de Mayta&lt;/i&gt;, cuando el narrador, alter ego del propio Vargas Llosa, elogia el hábito de correr por las mañanas como antesala de una de las más amargas diatribas sobre la inmundicia ya no del tercer mundo sino del proyecto humano:&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;blockquote&gt;Es una buena manera de comenzar el día […], a condición de centrar la mirada en los elementos y los pájaros Porque lo que ha hecho el hombre, en cambio, es feo. Son feas estas casas, imitaciones de imitaciones, a las que el miedo asfixia de rejas, muros, sirenas y reflectores. Las antenas de televisión forman un bosque espectral. Son feas estas basuras que se acumulan detrás del bordillo del malecón y se desparraman por los acantilados. ¿Qué ha hecho que en este lugar de la ciudad, el de mejor vista, surjan muladares? La desidia […]. Si uno vive en Lima tiene que habituarse a la miseria y a la mugre o volverse loco o suicidarse.&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Vargas Llosa escribió Conversación en La Catedral cuando era un típico intelectual latinoamericano, casado con las modas ideológicas marxistas. Historia de Mayta es la primera novela que escribe tras desencantarse del comunismo. Ambas exploran el tema de la corrupción moral. En Conversación, se pretende hacer un examen global de los efectos del totalitarismo sobre la sociedad en su conjunto. Mayta constituye una alegoría de los ideales rotos de una generación que lo apostó todo a una ideología miserable y violenta. En cada uno de los casos la lucha se traduce en caída. Después de todas las batallas, de las derrotas y los sacrificios vanos, uno se ve tentado a compartir la desazón de los personajes: el mundo al que se enfrentaron no ha hecho sino degradarse, la acción humana, siempre insuflada de grandes ideales, parecería encaminada a acelerar la decadencia.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Quedan, sin embargo, dos demonios: la esperanza y la nostalgia. Quien oye sus voces empieza a añorar un pasado de glorias, o cuando menos un tiempo menos nefasto, y a pensar que es posible volverlo a construir. Ésta es la dialéctica de la decadencia. Si la materia y el espíritu van a corromperse se necesita de la frustración humana. Pero para que alguien sea capaz de ella tiene que albergar cierto anhelo por la grandeza y el bien. La apatía y el desinterés solo estacan el decurso del tiempo. Hay dos formas generales de encausar la esperanza y la nostalgia ardiente en un proyecto político. Uno es el conservadurismo, el otro la reacción. Decidirse por uno u otro supone emitir un juicio categórico sobre la historia.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El conservador extraña un mundo anterior, pero en cierto modo cercano, táctil, oculto, como un animal tímido, en una leve borrasca que, da la impresión, puede disiparse. Tal vez haya visto con sus propios ojos esa realidad, en cuyo caso añora lo que ya se desmoronaba en su infancia. No todo está perdido. El conservador no duda de la nobleza del actual proyecto civilizatorio, tan solo cree que se ha desvirtuado y por eso quiere rescatarlo. Considera que sus instituciones son en general las correctas, que en el espíritu fundacional de su tiempo se halla el ápice de la mente humana. Los más tibios apuestan al sueño de Popper, confiando que en el diálogo abierto se llegará al consenso y que triunfarán la razón, la nobleza y el orden. Los representantes más extremos del conservadurismo quisieran purgar a la civilización de sus peores elementos y arrancar de raíz las ideas que subvirtieron lo que hasta entonces se había construido. Recuerdan que hay una cultura y hacen énfasis en que sin un destino común y acaso trascendente toda sociedad individualizada hasta el absurdo está condenada a vagar como Caín en los desiertos de la historia.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El reaccionario es un personaje multifacético y heterogéneo que abjura de la Modernidad y el espíritu ilustrado. Tal actitud constituye, para la mente democrática (incluida la conservadora), un auténtico anatema. El rechazo no es a una perversión propia de los tiempos que corren, sino al paradigma en su totalidad. El reaccionario considera que la Tradición no es el pasado sino lo eterno. Derechas e izquierdas representan dos cabezas de la misma criatura. Ambas son progresistas a su modo. La izquierda, en el más puro espíritu trotskista, ambiciona la revolución permanente, mientras que la derecha prefiere tomárselo con calma aunque finalmente acepte los cambios. Un reaccionario no se sorprende al constatar que, tras unas cuantas décadas o incluso pocos años, las innovaciones de la izquierda son defendidas por la derecha. Acaso se deba a que el conservadurismo se deja guiar por el principio de la maximización de los beneficios y sabe que la agenda progresista complace a las masas, o bien porque los conservadores, debido a los vicios propios de su pensamiento, no son capaces de concebir un mundo que no se ajuste al imaginario ilustrado, democrático y progresista. En suma, la actitud reaccionaria no busca poner en orden el caos, recoger los vidrios del suelo y reparar lo que se ha roto. Desea, en cambio, recuperar la eternidad y, con ella, sus valores y su espíritu. Entonces los hombres podrán perseguir metas que superen el diminuto claustro que su ego ha construido.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La anterior, sin duda, es una esquematización limitada. En los siguientes artículos intentaré ofrecer un panorama general, si bien introductorio, a ambas posturas, así como apuntes críticos a los mismos. Éste ha sido un simple comentario a propósito de la nostalgia y la esperanza en tiempos en que la ridiculez progresista alcanza cuotas que hacen imposible la apatía. Quisiera, por el momento, terminar con una nota elevada. Si fuera cierto que no hay escape a la ley de la decadencia, también sería cierto que no hay freno al ímpetu humano de rebelarse contra lo miserable de su condición.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2020/05/nostalgia-y-esperanza-entre.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhr6ik_pyKckvHcv1iABWeX2FEujumtRC41BqAixalBUHEf1n5Ma3cGk5Guavm9aV4_vUh2q92l8xk4kDXZmbRl-e96PvKqah-3gBPTkR19F6MhUSi5VKoguCDuPFOujvaLReu3RCE-Gkx8/s72-w640-h310-c/ex-parodia.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-5809319719506991141</guid><pubDate>Mon, 18 May 2020 00:40:00 +0000</pubDate><atom:updated>2020-05-17T17:40:50.151-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Coronavirus</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Crónicas de un occidente degenerado</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Democracia</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Intelectuales</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Progresismo</category><title>El discurso ridículo de la modernidad</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgKabvCfxCbnwN1-Mba4MRKuDndElZWpHuuGAADjz-Mk6CzFqn8y27U_CwQXady1Sgz1izMgObrTrn1ZF9nyEbjrIov1U-zyIqZvyMgbWHX0Jl0pXTB8bYWK3hoxzpABdHe3yGWdONlyCmR/&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;310&quot; data-original-width=&quot;640&quot; height=&quot;310&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgKabvCfxCbnwN1-Mba4MRKuDndElZWpHuuGAADjz-Mk6CzFqn8y27U_CwQXady1Sgz1izMgObrTrn1ZF9nyEbjrIov1U-zyIqZvyMgbWHX0Jl0pXTB8bYWK3hoxzpABdHe3yGWdONlyCmR/w640-h310/ex-ridiculo.jpg&quot; width=&quot;640&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Tal parece que, conforme se despliega, la modernidad se manifiesta como la reducción al absurdo del proyecto humano. Las nuevas formas que adopta deberían inspirar al observador atento una de dos emociones: el aburrimiento o la risa. Tal vez una combinación de ambos. La rabia y la indignación es para quienes, en su fuero interno, aún tienen fe en el miserable programa del progresismo: o bien confían en que la continua metamorfosis de las formas sociales no sea tan vertiginosa y que un buen capitán ponga orden la noble idea que los pasados líderes desvirtuaron en el camino, o es que no están conformes con lo tímido de la revolución y piensan que siempre hay algo más por trastocar.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En concreto, los occidentales han dejado atrás el tiempo de lo abyecto para entrar de lleno en el imperio de lo ridículo. No es casual que la perspectiva que hoy domina la academia y los discursos políticos haya nacido de una parodia. Años después de pergeñar ese libelo ilegible de &lt;i&gt;La condición posmoderna&lt;/i&gt;, Lyotard admitió que se lo había inventado casi todo, que no había leído prácticamente ni un libro de los que había citado —lo cual es revelador si se tiene en cuenta que hay casi más notas al pie que texto original—. En cierto modo, el chiste literario de Lyotard es una perversa obra maestra que logró, primero, engañar al gobierno canadiense que le encargó el texto y más tarde al mundillo académico.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El problema es que, a pesar de no pueda considerarse &lt;i&gt;La condición posmoderna&lt;/i&gt; como un esfuerzo intelectual legítimo, Lyotard de verdad creía en su parodia. Qué es la sátira si no una verdad exagerada. También hay que ser honestos y reconocer que, entre toda la sopa de letras, uno puede hallar un par de observaciones agudas. Lyotard proponía desechar los metarrelatos (los grandes discursos sociales) en favor de una multitud de minirrelatos. O lo que es lo mismo: había que rechazar la tradición, los consensos, la percepción de una verdad trascendente, por medio de la articulación de verdades relativas. En otras palabras, Lyotard invitaba a deconstruir la normalidad para suplantarla por lo que fuera. Una masa amorfa de pensamientos, de maneras de autopercibirse, donde todo menos la razón es válido.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Desde luego, no admitía, tal vez porque ni siquiera era consciente de ello, que pugnaba por el establecimiento de una nueva hegemonía. Dicho y hecho, el relativismo progresista ha devenido en el discurso predilecto de las élites. Es el himno de los gobiernos democráticos. No porque crean en la retórica posmoderna con el fervor del sociólogo y activista de Harvard que escribe sendos &lt;i&gt;papers&lt;/i&gt; sobre las identidades líquidas y las nuevas masculinidades. El Poder, &lt;a href=&quot;http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2020/05/conspiraciones-y-la-naturaleza-del-poder.html&quot;&gt;como habíamos apuntado&lt;/a&gt;, se sirve de lo que le conviene para crecer. Esta agenda nebulosa es la que hoy día genera mayores dividendos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Lo vemos sobre todo hoy, cuando en contra de todas las promesas de autonomía, originalidad y autodeterminación de los pueblos, los gobiernos del mundo y sus voceros en los medios de comunicación —privados o públicos, da igual— tienen la audacia de hablar, todos al unísono y sin que medie la vergüenza, del retorno a la nueva normalidad. Como si no contando con un Delorean fuese posible regresar al futuro. Las élites se pueden permitir vomitar semejantes improperios lingüísticos porque su público está efectivamente anestesiado, ha perdido la dimensión de lo que es sensato y ahora todo lo interpreta a través del filtro de lo ridículo.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En tanto que reaccionario de la lengua, me serviré de la pedantería para apuntar que la pretensión de nuestros dirigente y órganos internacionales no es volver a lo que hasta hace unos meses se tenía por normal. El espíritu progresista no se asoma al espejo retrovisor, ni tiene porqué hacerlo. Esa es la actitud reaccionaria. La conservadora es apretar el pedal de freno. De lo que se trata, en rigor, es de reformular lo cotidiano y de entregar a los gobernados una parodia de lo que ya era una parodia. La gente que no ha extraviado toda la sensatez y almacena un poco de nostalgia por lo decente quisiera que esta potenciación de lo absurdo tuviera las propiedades de los signos en una ecuación, que al multiplicarse dos magnitudes negativas emergiera una positiva. Lo que sucede es lo contrario. El ridículo se presenta como una hidra que todo lo devora.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El resto tímido, la masa apática y el pueblo adoctrinado aceptan las nuevas condiciones. No es tanto que se resignen a conformarse con los cambios, sin importar cuán absurdos sean, sino que en ocasiones ellos mismos tocan las fanfarrias, golpean los tambores e incluso colman de libaciones al enemigo que entra triunfante. No hay nada que defender. La normalidad como la conocíamos carecía de importancia. Todo es sujeto de enmienda y formulación, incluso lo que en días pasados se tenía como vital. Estas actitudes son el resultado inequívoco de una sociedad casada con la inmanencia. Y por eso es que la evolución de lo ridículo no debería sorprender a nadie: lo extraño sería que se detuviera el crecimiento orgánico de lo absurdo.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Una cosa sí que debería dar pena: el lastimoso festejo de los ingenuos que celebran el retorno a la “nueva normalidad” pensando que se trata de una vuelta genuina a la forma de vida que dejamos en pausa (que nos dejaron en pausa, más bien). Va de nuevo, la historia no tiene un botón de&lt;i&gt; reset&lt;/i&gt; para la mente progresista. Debería ser motivo de asco, no de festejo o tímido alivio, que los gobiernos hablen oficialmente de la &quot;nueva normalidad&quot;. Aceptar esa retórica equivale a creer que, desde el escritorio de un burócrata, se puede hacer borrón y cuenta nueva a la historia. Después de todo, nada es definitivo, nada es seguro, los metarrelatos están muertos; la realidad, la historia, las costumbres, los consensos, el lenguaje y la verdad son líquidos.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;No hace mucho los liberales se ufanaban de defender eso que alguien llamó el orden espontáneo. Era una cosa concreta, nacida de una lenta evolución de códigos y acuerdos sociales. Comprendía tradiciones, modos de actuar, de desenvolverse, de interpretar nuestro entorno y a nosotros mismos. Era un &lt;i&gt;ethos&lt;/i&gt;. Hoy se mira con recelo y se tilda de paranoico a quien rechaza que la realidad pueda y deba manipularse al antojo de Dios sabrá qué. Se habla de la banalidad del mal en el caso de los funcionarios que, incluso bostezando, firmaban una orden de exterminio. Nosotros deberíamos hablar de la banalidad de la burocracia, de la ingeniería social o del relativismo, de esa facilidad y abulia con que intelectuales, organismos internacionales, medios de comunicación y políticos —&lt;a href=&quot;https://www.unqualified-reservations.org/2008/04/open-letter-to-open-minded-progressives/&quot;&gt;La Catedral, en la terminología de Moldbug&lt;/a&gt;—, pueden de golpe decretar cambios a los patrones sociales. Cuando la gente está obnubilada renuncia a su cualidad de persona, se vuelve masa, y entonces el edicto del tirano o la propuesta ridícula del intelectual son vistos con indiferencia, y a veces con cierta alegría.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2020/05/el-discurso-ridiculo-de-la-modernidad.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgKabvCfxCbnwN1-Mba4MRKuDndElZWpHuuGAADjz-Mk6CzFqn8y27U_CwQXady1Sgz1izMgObrTrn1ZF9nyEbjrIov1U-zyIqZvyMgbWHX0Jl0pXTB8bYWK3hoxzpABdHe3yGWdONlyCmR/s72-w640-h310-c/ex-ridiculo.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-834075522914050783</guid><pubDate>Sat, 09 May 2020 01:54:00 +0000</pubDate><atom:updated>2020-05-11T08:54:03.319-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Coronavirus</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Democracia</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Estado</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Liberalismo</category><title>Conspiraciones y la naturaleza del poder</title><description>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgB8GLpsusyJpjHgoP1zCMrOk8StvORyqIBMU8QXlglXOHCzdz70tLE7Vc2_c7DtCVPAK7hrTrQ3NoCRbaeWpcIQjtNEW1_Q0InXBxe3rDBc8F3xGCtv1Gs6GrRtge-9RT6l6JFtazbiUCV/&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;310&quot; data-original-width=&quot;640&quot; height=&quot;310&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgB8GLpsusyJpjHgoP1zCMrOk8StvORyqIBMU8QXlglXOHCzdz70tLE7Vc2_c7DtCVPAK7hrTrQ3NoCRbaeWpcIQjtNEW1_Q0InXBxe3rDBc8F3xGCtv1Gs6GrRtge-9RT6l6JFtazbiUCV/w640-h310/ex-min.jpg&quot; width=&quot;640&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
No es posible indagar en la naturaleza del Poder sin antes preguntarse sobre el origen de la obediencia. Cuando se analiza de cerca el fenómeno, la cuestión que emerge no es tanto por qué existen y se articulan diversas formas de sometimiento sino por qué, como seres humanos, las buscamos. Porque, a menos que uno se haya dejado deslumbrar por las más vulgares teorías libertarias, resulta evidente, axiomático incluso, que en la naturaleza del hombre conviven el anhelo de la libertad y la necesidad del orden.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Bertrand de Jouvenel (1943) dedica el primer capítulo de su obra magna a desentrañar la cuestión. ¿Obedecemos por costumbre o es que acatar órdenes es algo que nos viene de la sangre? Una vez que se establece la sociedad y participamos de ella (incluso con nuestra indiferencia), emergen otro par de preguntas: ¿cuánto es lo que estamos dispuestos a transigir?, ¿dónde se traza la línea y se determina que lo justo deviene tiránico? Más en concreto, ¿cuándo pierde legitimidad el Poder y la desobediencia se vuelve no ya una opción sino un imperativo moral? A primera vista ninguna de estas preguntas tiene una respuesta definitiva. De ahí que los grados de tolerancia ante la dominación estén en función del individuo. Solo entonces podremos decir que se llega a un punto en la historia en que hay una masa crítica que exige la subversión de la forma específica del poder. Pero, contra los clichés del romanticismo rebelde, lo que sucede, en rigor, no es un desmantelamiento completo de la estructura de dominación como un cambio de aspecto. Bien dice de Jouvenel que «[l]a sucesión de gobiernos de una misma sociedad a lo largo de siglos puede considerarse como un solo gobierno que subsiste siempre y que se enriquece constantemente» (p. 40).&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Sirvan estas palabras de prefacio a un tema menos sofisticado, más plañidero. Hoy día constato con repugnancia que los carteles en las paradas me acusan de ser un asesino de masas. Regreso a casa pensando que el gobierno de la ciudad realmente se ha esforzado en su más reciente campaña de publicidad. Cuando enciendo la computadora y me asomo a ese mundo ficticio del internet constato que hay un señor compartiendo las peores noticias imaginables y otro que, montado en su púlpito virtual, reparte admoniciones y se burla, llamando «conspiranoicos», a quienes miran con sospecha y cierto asco la obediencia ciega de las masas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Hay dos epítetos que se han erigido en el cliché predilecto de las dos facciones que protagonizan la más reciente lucha dialéctica: conspiranoico y borrego.&amp;nbsp;Cuando la narrativa social no favorece a una de las partes, recurrir a la descalificación quizá no represente la mejor ni la más honesta herramienta retórica, pero por lo menos sirve de bálsamo para el ego lastimado. Más aún cuando las profecías trágicas no se cumplen y los modelos estadísticos que presagiaban la extinción masiva de la humanidad son un fiasco. Acusar de conspiranoico a quien mira con suspicacia, curiosidad intelectual o repugnancia la actitud de rebaño es un intento desesperado por conquistar eso que todos buscamos por medio del lenguaje: el estatus social, la aceptación.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Pensemos en términos evolutivos. Es la edad de piedra. Una amenaza misteriosa se cierne sobre nuestra comunidad. Existen elementos que nos permiten suponer que podemos evitarla (por medio de brujería, sacrificios humanos o encerrándonos en nuestras cuevas). Si, por algún motivo, tenemos acceso a la información, ¿cuál es curso correcto de acción? ¿Ocultar la verdad, salvarse uno mismo? Desde luego que no. Esto es la edad de piedra, no el Occidente capitalista. La cooperación es necesaria para la supervivencia. Hay que anunciar el peligro a los cuatro vientos. Si la peste no nos mata y si después de sacrificar a unas cuantas vírgenes la pesca es abundante, el alarmista ganará en estatus, subirá en la jerarquía, obtendrá mayor estima. Y no hay sensación más grata que el saberse valorado por alguien más.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Los mecanismos que nos permitieron sobrevivir siguen operando. Seguimos temiendo al leopardo que merodea en la sombra. O al virus que no vemos. De modo que sobrerreaccionar ante la amenaza ES, en un primer momento, la elección correcta. Hay un viejo adagio en nuestra lengua. Más vale pájaro en mano. Ustedes conocen el resto. Por el otro lado, suponer que no hay un leopardo y seguir como sin nada, o reconocer la existencia de la bestia y bailar en sus narices es, evolutivamente, una insensatez. Burlarse de ese idiota que provocó al animal es, en términos evolutivos, decir: esos genes no sirven, nos llevarán a la ruina.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Claro está que en la edad de piedra no conocíamos la estadística. De hecho, parece que ni en Stanford entienden bien cómo funcionan los números. O los entienden tan bien que los hacen decir lo que a los investigadores se les da la gana. Yo prefiero creer en la honesta estupidez porque va más acorde con mi concepción de los procesos humanos. De ahí que las conspiraciones no me merezcan muchas palabras ni enojos. Ellos se desprestigian solos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Aterricemos esta pesada alegoría, que no todos aquí son poetas. Conspiración es que creer que un virus se ha manufacturado para esclavizar a los pueblos. O que en el momento en que se decretó el estado de la alerta, por motivo de una amenaza real y fortuita, las élites globales decidieron, ahora sí, poner en marcha el plan último de dominación. Las teorías de la conspiración requieren de una fe inmensa en la capacidad humana. Lo prudente, me parece, es ser escéptico.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;No es conspiración reconocer la naturaleza creciente del Poder y el gusto humano por el someterse a una voluntad mayor. Verán, el Minotauro SIEMPRE quiere crecer. Lo hará cuando tenga oportunidad. No requiere de planes sofisticados. Es un desarrollo orgánico, genérico, ciego incluso. Esta es la enseñanza que de Jouvenel le legó al mundo. El Minotauro vive en su laberinto esperando sacrificios. El Leviatán, por el contrario, se concebía como un tirano bondadoso. Nació en el momento en que la gente se dio cuenta de que no se soportaba a sí misma. Al Minotauro lo único que le interesa es alimentarse de las vírgenes que le ofrecen; no porque las desprecie o sea lujurioso, él solo quiere crecer. El Leviatán, en cambio, quiere controlarnos porque asume que lo que hace es bueno.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Aquí una de las citas más infames del reconocido filósofo Baruch Spinoza: «Estamos obligados a ejecutar absolutamente todo lo que ordene el soberano, incluso cundo sus órdenes sean las más absurdas del mundo» (&lt;i&gt;Los fundamentos del Estado&lt;/i&gt;). Razona de este modo: el hombre solo es esclavo cuando actúa en interés del amo. El Estado, para Spinoza, Hobbes y pensadores de la misma calaña, ha emergido de la voluntad comunal. El soberano encarna este antiguo interés público. Por lo tanto, lo que manda el Poder no puede ser nunca contrario a la voluntad del individuo.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Pareciera una idea inverosímil y deleznable. Pero, históricamente, ha tenido un gran éxito. Y no solo porque los poderosos se coluden para oprimir al pueblo. En ocasiones las masas exigen este tipo de gobiernos. La autonomía y la responsabilidad individual son bellas ideas, pero costosas. Son muchos los que prefieren la vía fácil, que otros decidan y cuiden de ellos. El Poder, después de todo, conoce lo que es mejor para el pueblo, porque Él encarna la voluntad general.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Ya reconocimos que el Poder quiere crecer y refinarse a sí mismo. ¿Qué hay del otro lado de la ecuación? En contra de lo que piensan y quisieran los libertarios, la gente, en promedio, prefiere obedecer cuando el costo de tomar decisiones es muy elevado. No sorprende que la naturaleza humana reclame la existencia del Poder. El hombre y el Minotauro se necesitan el uno al otro. Respiran el mismo aire. No creo que reconocer esta realidad sea una conspiración.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
En algo se parecen los conspiranoicos y los bien portados que se someten al discurso dominante: hablar del Poder en términos orgánicos (diría dejouvenelenianos, pero esto es un trabalenguas asqueroso) requiere de una abstracción que pocos están dispuestos a hacer. ¿Quién necesita semejante gasto neuronal?&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El conspiranoico sobrestima la inteligencia de los políticos, le resulta fácil creer que el mundo está en su contra, intenta compensar su insignificancia existencial imaginando que él es una pieza integran de un oscuro plan maestro.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El bien portado que se cree científico y que ridiculiza a quien encuentra vomitiva la sumisión generalizada (quizá porque leyó demasiado a de Jouvenel y entiende que el Poder es como una célula que crece y se perfecciona por inercia, y no porque cree que hay un plan de dominación global), es un buen ciudadano que ha caído en la trampa de la iluminación: piensa haber trascendido, tener acceso a los anteojos de Dios, desde su púlpito virtual puede mirar con la ceja levantada a todos los se atreven a no estar de acuerdo con él.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
----&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Referencias:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Bertrand de Jouvenel, &lt;i&gt;Sobre el poder: historia natural de su crecimiento&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2020/05/conspiraciones-y-la-naturaleza-del-poder.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgB8GLpsusyJpjHgoP1zCMrOk8StvORyqIBMU8QXlglXOHCzdz70tLE7Vc2_c7DtCVPAK7hrTrQ3NoCRbaeWpcIQjtNEW1_Q0InXBxe3rDBc8F3xGCtv1Gs6GrRtge-9RT6l6JFtazbiUCV/s72-w640-h310-c/ex-min.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-7932754091052800661</guid><pubDate>Fri, 24 Apr 2020 16:26:00 +0000</pubDate><atom:updated>2020-04-25T00:41:12.824-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Coronavirus</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Democracia</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Liberalismo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Progresismo</category><title>Normalidad después de la pandemia</title><description>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEitkErSv-S0k_SvQuu0eMvmeSYW9gKH5vN6Py383bhqjhA7f3Dn8VlBDm_Xjzn1tGtoxNgBWYBlx27U160AIyAUmedwLAHlgn0StfLnhMXjvQPW0HGZe4IdUK7CTH15NulBITAS5IWwLUxC/s1600/printer.png&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;324&quot; data-original-width=&quot;680&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEitkErSv-S0k_SvQuu0eMvmeSYW9gKH5vN6Py383bhqjhA7f3Dn8VlBDm_Xjzn1tGtoxNgBWYBlx27U160AIyAUmedwLAHlgn0StfLnhMXjvQPW0HGZe4IdUK7CTH15NulBITAS5IWwLUxC/s1600/printer.png&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
Decía Joseph Brodsky que las civilizaciones sobreviven en una nota a pie de página. Lo que no comentó es que los momentos históricos se inauguran y se sostienen en el cliché. La reiteración vuelve soportable el paso del tiempo y alivia el sentimiento de extravío. Con lo habitual dejamos de caer de las nubes y hundirnos en las aguas. En la tierra firme de lo predecible se puede respirar mejor, se puede incluso tener algo de fe. El día a día parece tener sentido. Cuando se habla de estabilidad psíquica, social y económica, en realidad reconocemos y agradecemos que el tedio y la monotonía sean la quintaesencia de la vida. Por lo demás estamos aquí, en la tierra, para repetir.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
La sociedad es un gran relato y la normalidad su cliché. Proliferan los obtusos que, creyéndose transgresores, valientes, originales y libertarios dicen que debemos rechazar lo norma, renovarnos constantemente, atrevernos a ser distintos. Solo de esta manera podremos derribar los muros del &lt;i&gt;statu quo&lt;/i&gt;. No entienden estos vanos revolucionarios que ellos mismos luchan por establecer una nueva norma.&amp;nbsp; De hecho, &lt;i&gt;atrévete a ser distinto&lt;/i&gt; es un buen eslogan. Y no es casual que tal lema se haya erigido en la cantaleta preferida de las agencias que, en la posmodernidad, moldean la mentalidad de las masas. La fluidez de las identidades individuales, el relajamiento de las pautas sociales y la negación de los valores rígidos ha dejado de ser un desafío al &lt;i&gt;establishment&lt;/i&gt; para convertirse en la bandera con que el mismo sistema progresista se abre paso por la historia. Las corporaciones, las universidades, los medios de comunicación, el poder económico y los políticos no tienen problema en aceptar y beneficiarse de los nuevos relatos. En ocasiones no les queda más opción. Ser relegado a los márgenes constituye una de las mayores fobias sociales. Tiene sentido evolutivo que así sea: el conformismo hace mucho más sencillo que un gen sobreviva y se perpetúe. Pero no solo es el miedo de quedarse a la zaga de las normas del pensamiento, el costo económico de no ceñirse a ellas puede ser brutal. Es perfectamente racional que una empresa se sume&amp;nbsp; a la promoción de ideas progresistas. Ahí maximizan sus funciones de beneficio. Ahí está el &lt;i&gt;bísnes.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
De manera análoga, son muchas las voces que afirman que todo tiempo pasado fue mejor. Si no aspiran a la reconstrucción de los viejos paradigmas se enquistan en una vana melancolía. Muchos de los que se proclaman conservadores añoran menos la tradición y el &lt;i&gt;ethos &lt;/i&gt;de la trascendencia que la normalidad con la que se criaron y que ahora se les escurre por las manos, los relatos que les contaron sus mayores o la vaga memoria de una época que se desvaneció ante sus ojos. No todos los hombres están hechos para las travesías y los naufragios. ¿Para qué arriesgarse al extravío cuando es más conveniente permanecer en Ítaca, recitando poemas grandiosos a las hazañas de los viejos héroes?&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Desafiar la normalidad contemporánea es más que abogar por el progreso democrático o proponer una vuelta radical al pasado. Sin acción la letra nace muerta. Pierdan cuidado, lo que sigue no es un manifiesto ni una declaración contundente acerca de cuál debería ser nuestra actitud frente a la norma. Se trata de una modesta descripción y de un paseo por nuestros miedos e histerias. Me parece, por lo pronto, lo más pertinente de cara a las reconfiguraciones sociales a las que nos enfrentamos. Bien decía Spengler que en los últimos momentos de una civilización la decadencia se acelera a ritmo vertiginoso. Como si el organismo tuviera prisa por morir para así aliviarse de toda agonía. A menos que estemos al borde de la extinción —no es este el caso, pese que el enemigo sea hoy una enfermedad— no hay tal cosa como un fin definitivo de la historia. El tiempo es un reciclaje circular, las civilizaciones y los paradigmas se derrumban para dar paso a uno nuevo periodo. Y esta no es una sentencia profética, pesimista o triunfante, como las de Marx, Fukuyama y toda la caterva de historicistas cuyas letras se apilan en el vertedero de las ciencias sociales. Pero el que la historia no tenga, como tal, una dirección fija no niega que a cada nacimiento le siga la euforia social. La normalidad, entendida como un fenómeno normativo, exige de una constante actualización. Los hombres pueden organizarse para cambiar el curso de la historia o aprovechar la oportunidad que les brinda la providencia. Una pandemia fortuita que sacude un paradigma moribundo es trágica para los individuos que mueren de ella, para los nostálgicos y los acomodaticios, pero no para la Historia.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://expresionreaccionaria.blogspot.com/2020/04/capitalismo-y-estado-despues-de-la.html&quot;&gt;En un artículo anterior&lt;/a&gt; me pregunté por el papel que jugarán el Estado y el capitalismo una vez se calmen las aguas y se reorganice el sistema. La conclusión a la que llegué es menos emocionante de lo que les gustaría a los catastrofistas y a los teóricos de la conspiración; desoladora para los marxistas que creen que el capitalismo tiene un pie en la tumba; triste para la derecha que sueña con vueltas al Edén; alentadora para el progresista. Es casi seguro que cuando salgamos del encierro domiciliario nos encontremos con una crisis económica a escala global. De qué magnitud, no puedo decirlo. Solo sé que no debería sorprendernos. No es que el mercado haya fallado, como quieren hacernos creer los izquierdistas y los derechistas analfabetas que se regocijan de los cataclismos financieros. Cuando alguien lea los libros de historia y se remonte a nuestra época se encontrará con el más delirante de los cuentos: hubo un momento en que casi todos los gobiernos del mundo se pusieron de acuerdo para enmascarar a sus ciudadanos y hundir por decreto sus economías. Habrá historiadores que, con lagrimones en el rabillo del ojo, ensalcen la gallardía de nuestros líderes y le canten a la dignidad. Otros, al estudiar las cifras, les echarán en cara a nuestros cadáveres el haberse dejado llevar por la insensatez y las fobias animales. Pero no nos preocupemos por lo que dirán los escritores del futuro. Mejor pensemos que, a la vuelta de la esquina, nos aguardan días de confusión, bajas tasas de interés, créditos fáciles, subsidios al desempleo, déficits públicos, billetes frescos de la imprenta. A los desempleados y los que vieron quebrar sus pequeñas empresas habrá que darles una palmada en la espalda, pedirles que lo miren por el lado bueno: el mundo es una zanja a la espera de que alguien la rellene. Podríamos incluso volver a construir pirámides. Hay que movilizar la demanda, librar la trampa de la liquidez, producir.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Quizá barrer los escombros del mundo moderno le venga bien a nuestro espíritu. Parecerá que tenemos un propósito, que somos héroes de una épica que apenas empieza a narrarse, un mito que transmitiremos a nuestros nietos incrédulos. Será el momento de atrevernos, una vez más, a escribir buenas novelas. La esterilidad del arte es el precio que hay que pagar por la paz y la tranquilidad. En ocasiones sentarse frente a una página en blanco es todo cuanto podemos hacer para intentar reconciliarnos con lo insensato y abyecto.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Habrá una nueva normalidad pero no seré yo quien se acostumbre a ella. Una lástima, porque apenas voy por la treintena y la sola idea de tragar la amargura otro par de décadas no es una perspectiva apetecible. Serán otros quienes asuman la norma mientras que yo me encuentre refiriéndome con nostalgia a esos tiempos dorados, que yo creí decadentes, cuando no eras un asesino potencial por no cubrirte la boca, cuando los vecinos no se denunciaban los unos a los otros por caminar juntos, cuando resultaba fuera de toda proporción la idea de llamar a la policía para impedir las reuniones privadas de amigos, cuando los gobiernos no tenían el suficiente descaro para recomendar por redes sociales que nos vigilemos los unos a los otros. Quizá esté exagerando —mejor que así sea—, pero lo hago con la consciencia de que no han sido pocas las veces en que lo impensable deviene en norma. Y si pinto estos cuadros distópicos no es porque crea en conspiraciones —sinceramente dudo de que seamos tan brillantes—, sino por la razón de que esta crisis ha expuesto con una asombrosa elocuencia la naturaleza del hombre y del poder.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Los organismos biológicos, cuando pueden, se rigen por el principio de la conservación de energía. La responsabilidad individual es más costosa que la obediencia ciega. Si sobrerreaccionamos y acatamos las órdenes de la autoridad podremos lavarnos las manos sea cual sea el escenario final. Si todo se va al carajo, seguiremos siendo buenos ciudadanos, no habremos perdido estatus. El fin último de todo sistema de gobierno es la creación de buenos ciudadanos, gente que aplauda mucho y proteste poco. Las mayorías reclaman la vigilancia por dos motivos simples: 1) es más fácil delegar las decisiones a quienquiera que detente el poder (y si el poder tiene un panel de expertos o un grupo que se presenta como tal, mejor aún); 2) desconfiamos de la inteligencia de la especie en su conjunto. No solo tenemos la intuición de que la ineptitud y la imprudencia abundan, contamos con pruebas empíricas: hay gente lamiendo inodoros, bebiendo cloro y quemando hospitales. En un escenario así, es razonable asumir que, dado que la gente no puede cuidarse a sí misma, estamos expuestos a un mayor riesgo aún cuando la gran mayoría se comporte prudentemente. Y en vista de que el propósito de los organismos no es una vil supremacía del más fuerte, sino la supervivencia del reservorio genético (Dawkins 101), no podemos darnos el lujo de cometer un suicidio masivo tan solo por respetar la libertad de otros a comportarse como los imbéciles que son.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Así como no basta con advertir a la población sobre el peligro que suponen los virus y los malos hábitos higiénicos, nunca es ocioso advertir sobre las implicaciones oscuras de la vigilancia, ni está de más llamar la atención sobre los incentivos perversos que se presentan tanto a los líderes como a los oportunistas. No se trata de temer únicamente a la posibilidad de que un tirano se haga del gobierno, sino de tener presente que en la puerta de al lado puede haber un dictadorzuelo y, en el piso de arriba, un idiota que se somete fácilmente a cualquier orden. Esos personajes son los mismos que no reflexionan, los que aceptan como verdad los dogmas que les recitan los medios, los que en tiempos inicuos conforman el ejército de reserva de la tiranía, son la sangre misma de la decadencia. Hay otros, los que aspiran a llevar una vida soportable, sin sobresaltos; resignados sin carácter que aceptan sin alegría las circunstancias porque saben o intuyen que toda protesta individual es vana. Están aquellos que, asfixiados en sus buenas intenciones, repiten los mantras de su tiempo. Androides y NPCs que cacarean los lemas en boga. Abundan los sentimentales que anteponen lo que les dice su líder de opinión a su propia inteligencia (que es casi inexistente), y aquellos que, hundidos en el &lt;i&gt;pathos&lt;/i&gt; que les transmiten esos mismos medios melifluos, no hacen sino ver la catástrofe y suponer que de ahora en adelante estaremos sitiados por oleadas de enfermedades incurables. Y está Karen, curioso apodo que el internet le ha dado a la vanguardia del sistema: un batallón de voluntarios dispuestos a dar la vida (esto es una metáfora, lo que hacen es jugarse el estatus) en la guerra de la vigilancia y la formación. El sistema valora los servicios de Karen, pero no en la misma medida en que Karen idolatra al Leviatán y al Minotauro. Karen no ha leído a Bertrand de Jouvenel, ni a Hobbes; Karen se conforma con las noticias de la tarde, las ruedas de prensa del gobierno, los tuits de los reporteros con palomitas azules en su &lt;i&gt;handle&lt;/i&gt;&amp;nbsp;y tal vez, si se cree intelectual, con los artículos del &lt;i&gt;Washington Compost&lt;/i&gt;. Todos hemos conocido una o un Karen. Es la vecina que se asoma por la ventana para ver si alguien camina a cuatro metros de su amigo y no a seis. Es el mismo bobalicón que en la primaria acusaba a todos con el director y que hoy te dice «Hay que aplanar la curva, &lt;i&gt;boomer&lt;/i&gt;» si te atreves no ya a cuestionar sino a analizar los datos estadísticos oficiales.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
No, estos no son tiempos de control total y esta no es una conspiración de los ojos rasgados. A lo que asistimos es a un reacomodo orgánico y espontáneo de los patrones sociales. Ya solo por eso es justo preguntarse adónde nos llevarán el miedo, esta nueva devoción de las masas por lo que les dicen sus gobiernos, esta sensación de extravío que a tantos ha dejado vulnerables y al borde de un quiebre nervioso. Es justo especular sobre qué clase de normalidad se tendrá que asumir. Es justo tomarse un momento para pensar.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2020/04/normalidad-despues-de-la-pandemia.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEitkErSv-S0k_SvQuu0eMvmeSYW9gKH5vN6Py383bhqjhA7f3Dn8VlBDm_Xjzn1tGtoxNgBWYBlx27U160AIyAUmedwLAHlgn0StfLnhMXjvQPW0HGZe4IdUK7CTH15NulBITAS5IWwLUxC/s72-c/printer.png" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-4100659945119480795</guid><pubDate>Tue, 14 Apr 2020 02:12:00 +0000</pubDate><atom:updated>2020-04-14T11:09:51.650-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Capitalismo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Coronavirus</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Liberalismo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">marxismo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Progresismo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Socialdemocracia</category><title>Capitalismo y Estado después de la pandemia</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh5wojMIeLBxtkxllutMMOVrTPvnw1xKheRTtBSJtI8KXYngIrbMLO6AMrS3DfYRpNodFqMsR5sFaW74pN4SRVjY5YdgbtUdNS_6VxOdyfxBxhcmsEhBLgFMbeKxWZc2jpTKp-lqyFgDlFD/s1600/police-state.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;457&quot; data-original-width=&quot;689&quot; height=&quot;265&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh5wojMIeLBxtkxllutMMOVrTPvnw1xKheRTtBSJtI8KXYngIrbMLO6AMrS3DfYRpNodFqMsR5sFaW74pN4SRVjY5YdgbtUdNS_6VxOdyfxBxhcmsEhBLgFMbeKxWZc2jpTKp-lqyFgDlFD/s400/police-state.jpg&quot; width=&quot;400&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El debate que, a propósito de la pandemia,&amp;nbsp; protagonizaron dos de los más famosos filósofos pop del momento, Slavoj Žižek y Byung-Chul Han, me devolvió a hacia una época bastante patética de mi juventud tardía. Entonces era un entusiasta del libre mercado que, sin pena alguna, naufragaba entre las corrientes de la educación pública. Yo, que había nacido el mismo año que cayó el Muro de Berlín, no concibía el anacronismo en que vivían y siguen viviendo las universidades. El catecismo al que nunca asistí de niño lo padecería en la licenciatura, con la diferencia de que el libro sagrado no era la Biblia sino El Capital. El maestro de economía política, troglodita de dos metros de alto,&amp;nbsp; saco de cuero y pelo a la cintura, acarreaba con orgullo su infamia: exconvicto, había participado en un sinfín de huelgas, traficado con marihuana y luchado con afán incansable contra las fuerzas de lo que él daba en llamar el «capitalismo salvaje de credo neoliberal».&amp;nbsp; Tan bien conocía al enemigo que estaba convencido de algo que sus camaradas se empecinaban en negar: el capitalismo no se va a caer nunca por sí solo; hay que tirarlo. La candidez de Žižek, un convencido de que el modo de producción capitalista vive sus últimos estertores,&amp;nbsp; habría provocado en mi maestro un largo bostezo seguido de un episodio de reflujo gástrico. No es en el auge, sino en la crisis donde triunfa el capitalismo. Sus fuerzas internas son menos endebles de lo que habían teorizado sus adversarios de los siglos XIX y XX.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Marx profetizaba el derrumbe del capitalismo como resultado de la profundización de sus contradicciones. Las crisis cíclicas de superproducción serían cada vez más frecuentes y más hondas debido a un creciente aumento en la composición orgánica del capital y de la pauperización de las clases trabajadoras.&amp;nbsp; La revolución es solo cuestión de tiempo.&amp;nbsp; El problema de la ortodoxia marxista, y en esto habría que disculpar a su profeta, que no tenía suficientes datos para replantear su teoría, radica que se olvida de tomar cuenta que, ahí donde reina, el capitalismo se erige en el más recio de los organismos. De ahí su aparente y, para muchos, frustrante inmortalidad.&amp;nbsp; Desde luego, los marxistas tradicionales no podrían concebir un capitalismo eterno pues la sola idea viola las leyes históricas del materialismo dialéctico. La suya es una filosofía insostenible sin la fe en la catástrofe.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
La pregunta que hoy todos parecen hacerse es si el capitalismo liberal sobrevivirá a la más reciente y aguda crisis de los tiempos actuales: el surgimiento de un virus que se ha propagado por el mundo entero. No vale la pena malgastar el tiempo analizado los delirios de Žižek, que más que un análisis riguroso son una plegaria. Byung-Chul Han, por el contrario, entiende bien la fluidez del espíritu del capitalismo: así como el agua se amolda a la estructura que la contiene, el capitalismo puede adquirir un acento particular según la exigencia de los tiempos; en ocasiones se presenta abierto —lo que unos llaman “neoliberalismo”—, en otros cerrado sin que por ello devenga en socialismo pleno. Aquí no interesan las refutaciones dogmáticas delos liberales ni tampoco los baños de pureza ideológica. La realidad es una, y esta demuestra que la estructura económica de la civilización occidental moderna descansa sobre las bases de un sistema híbrido que alterna entre distintos grados de intervención y propiedad. A esta madeja de formas modernas de pensar la economía llamémosla, por conveniencia, capitalismo. Cuando no se trata de ingenuidad pueril o franca oligofrenia, suponer que los intervencionistas del último siglo y los socialdemócratas actuales pretenden la erradicación del sistema económico basado en la propiedad privada y los intercambios libres constuye un acto de deshonestidad intelectual. Los más cursis, humanistas que quisieran la socialización pero que no tienen los arrestos para asimilar por completo el ideario socialista, hablan de imprimir un rostro humano al capitalismo. A la luz de las múltiples advocaciones de la superestructura económica, para ponerlo en términos marxistas, no se equivoca Byung-Chul Han cuando afirma que la pandemia actual no representa el tiro de gracia al sistema, sino una oportunidad de insuflarle nuevo aire.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El coreano, por supuesto, lo lamenta. Si Žižek es la voz de una intelectualidad furiosa y fallida, los artículos de Byung-Chul Han rezuman el &lt;i&gt;pathos&lt;/i&gt; desolado de una generación a la deriva de la historia, compuesta de sujetos atomizados para quienes el futuro, más que negro, se presenta como un muro: el sueño de la sociedad abierta no habría sido la última y prístina nota en la sinfonía de nuestra especie, sino un patético fade-out. Žižek, como todos los marxistas, cuenta con el consuelo del optimismo. Lo profetizado tiene que complirse. Si no es el virus, será otro evento. El hombre que está más allá de la posmodernidad misma se estremece ante la posibilidad de mayores controles dentro del marco de la economía de mercado. El futuro estará regido por un Estado policial creciente, fronteras cerradas, vigilancia constante. El mañana es la asfixia del sujeto presente.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
No deja de llamar la atención que Byung-Chul Han, ciudadano alemán nacido en Corea, se muestre por un lado antipático ante la respuesta laxa tanto de los gobiernos como de los ciudadanos occidentales frente a la crisis y que, por el otro, envidie la obediencia colectiva de sus hermanos orientales ante las medidas de sus gobiernos. Él lo achaca, correctamente, a una tradición milenaria de raigambre colectivista. Cuando Hannah Arendt se refiere a la monotonía de los totalitarismos orientales evoca su inusual estabilidad. Podrían citarse los cambios dinásticos, las revoluciones y, más recientemente, la adopción de la democracia como contraejemplos, pero lo cierto es que, a través de sus diversas expresiones, la naturaleza del modelo asiático de poder se ha manteido congruente con una tradición según la cual el individuo se expresa como una función del grupo y no a la inversa. Apunta Byung-Chul Han que la obediencia ordenada de los orientales no podría concebirse si no se la toma como un producto de un largo historial de homogeneidad y rigidez. Él mismo denuncia y hasta exagera los extremos absurdos a los que ha llegado el gobierno chino, pero admite la envidia que le produce la actitud dócil de los ciudadanos asiáticos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
La disonancia cogntivia de Byung-Chul Han es la del individuo que quisiera pertencer a algo más grande y que, por motivos históricos, ha quedado reducido hasta su más pura y soltiaria materia. Este individuo observa con horror las expresiones que adopta el poder ahí donde la mentalidad de manada deviene piedra angular de los discursos sociales, al tiempo que anhela una forma de cooperación que solo es posible donde el individuo delega sus responsabilidades a la autoridad. Hacia el final de &lt;a href=&quot;https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/byung-chul-coronavirus-lleva-nueva-sociedad-disciplinaria-_0_KQsMIZCqa.html&quot;&gt;un artículo publicado el 7 de abril de 2020&lt;/a&gt; se pregunta:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;blockquote class=&quot;tr_bq&quot; style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
¿hemos de temer que a raíz de la pandemia también Occidente acabe regresando al estado policial y a la sociedad disciplinaria que ya habíamos superado? Por culpa del virus ¿el liberalismo y el individualismo occidentales serán ya pronto cosa del pasado? O ¿la epidemia descontrolada y sus incontables muertos son el precio que tenemos que pagar por la libertad?&lt;/blockquote&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
La retórica del filósofo es tramposa. El adjetivo «incontable» remite a una idea catastrófica que no tiene base en la realidad observable pero que es congruente con el tono empleado por los medios masivos de comunicación y los políticos. La elección de palabras no es un asunto menor. Las hegemonías comienzan en la lengua. Sin idea ni relato el poder deja de ser viable. Incluso el terror más crudo, menos meditado y bestial tiene origen y progresa en la idea. Emparejar el concepto de la libertad con una imagen devastadora e inconmensurable denota el temor, la desinformación o, en el peor de los casos, la deshonestidad intelectual. Elegir un lenguaje matizado sería ceder el terreno a la posibilidad de que la libertad, como se la concibe en el Occidente moderno, se reivindique. Y este no es un problema exclusivo de Byung-Chul Han o de un par de intelectuales, sino de la sociedad en su conjunto. La conversación sobre la pandemia ha degenerado en vil cacofonía, un diálogo de sordos.&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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Como la gente sensata, hago lo posible por sobrevivir la incertidumbre. Esta vez he procurado hacerlo en silencio. Ha sido sencillo habida cuenta este carácter introvertido que, tal parece, no ha sido un error evolutivo.&amp;nbsp; Francamente, no tengo ánimos de comentar el presente ni de sumarme a un relato de la pandemia. Me aburren los diálogos, conozco mi postura, hace mucho he decretado &lt;a href=&quot;https://expresionreaccionaria.blogspot.com/2015/04/de-la-inutilidad-del-debate.html&quot;&gt;la inutilidad de los debates &lt;/a&gt;y la verdad es que no escribo con la intención de convencer sino de ventilar ideas por el placer de hacerlo, con la modesta esperanza de que quizá resulten valiosas. Me intriga, sin embargo, especular sobre el mundo que resultará de la crisis. ¿A qué se debe la persistencia de este pensamiento inquietante? ¿Por qué insistimos en ver la crisis actual como un parteaguas de la historia? Acaso la razón esté en que, hasta ahora, habíamos vivido en un tedioso equilibrio. Las vicisitudes a las que nos enfrentábamos se presentaban más como profecías cumplidas que como sorpresas. Para el derechista, la decadencia moral no era ya una sorpresa sino una conclusión lógica de la sociedad progresista. ¿T&lt;a href=&quot;https://expresionreaccionaria.blogspot.com/2019/07/cronicas-de-un-occidente-degenerado-la.html&quot;&gt;ravestis aleccionando a niños en las bibliotecas públicas&lt;/a&gt;? Una raya más al tigre. Para el progresista, que el presente no fuera lo suficientemente revolucionario era apenas un inconveniente: la mesa de la historia estaba servida para ellos, habían librado los mayores obstáculos, era cuestión de tiempo para concretar sus proyectos. Hoy, sin embargo, el virus nos ha confrontado de nuevo a nuestra condición finita, y es gracias a lo tangible de esta vulnerabilidad que nos abate la sensación de que un terremoto ha sacudido los cimientos de una estructura que pensábamos inamovible. En las calles vacías y tras las puertas cerradas se hallan los signos de un futuro ominoso, cerrado, donde el miedo (al Estado o la infección) es la moneda de cambio. Nos preguntamos ¿este mundo endeble fue el límite del gran proyecto liberal? ¿Los occidentales tendremos que echar marcha atrás, aceptar que nos engañábamos, que no buscábamos la libertad individual sino la comodidad y la seguridad? Si es así, habrá que recibir con los brazos abiertos o bien con la cabeza agachada a la sociedad cerrada y vigilante del futuro.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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Si la normalidad no se renueva y al terminar este episodio volvemos al &lt;i&gt;status quo&lt;/i&gt;, por lo menos podemos agradecerle al virus que nos recordara nuestra naturaleza, que es también la naturaleza del poder. Y el poder, lo sabemos, se embriaga de sí mismo. No deja de asombrarme y producirme asco la obediencia colectiva ante medidas cuya sola mención algunos meses atrás habría resultado absurda. Enternece, hasta cierto punto, la desazón de los estadounidenses y algunos europeos ante la posible escalada en los controles sociales, mientras que en la América hispana los gobiernos han recurrido a medidas cuartelarias para contener a su población, y todo con el aval de millones de personas, intelectuales incluidos, zurdos y derechistas por igual, que tal vez nunca valoraron como ellos creían los dogmas de la libertad y la responsabilidad individual. Ellos también, los alarmistas y salvadores morales de este tiempo, han quedado reducidos al utilitarismo: la cárcel temporal es un escenario preferible a cualquiera de los estragos psicosociales y económicos que se deriven del encierro. Saldremos adelante, algún día. Es lo que hacemos como seres humanos. Si es así, si tanta fe tenemos en el futuro y en la resiliencia de los hombres, qué más da tentar al minotauro. Siempre podremos escapar del laberinto.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiPozQucDyfJCq0J1lNY33csl2Ci84K1QfWn4_Q_unxUETzlhyACqZbS3SbOb2-dQeLt8yfsk15qlXg0s6wc0ZLDdfS_jh2OZassGGDM2pFE2asICxi4lyUwOjAPcu4JEuRG9BT1iO36Vzv/s1600/corona1.png&quot; imageanchor=&quot;1&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;800&quot; data-original-width=&quot;640&quot; height=&quot;320&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiPozQucDyfJCq0J1lNY33csl2Ci84K1QfWn4_Q_unxUETzlhyACqZbS3SbOb2-dQeLt8yfsk15qlXg0s6wc0ZLDdfS_jh2OZassGGDM2pFE2asICxi4lyUwOjAPcu4JEuRG9BT1iO36Vzv/s320/corona1.png&quot; width=&quot;256&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2020/04/capitalismo-y-estado-despues-de-la.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh5wojMIeLBxtkxllutMMOVrTPvnw1xKheRTtBSJtI8KXYngIrbMLO6AMrS3DfYRpNodFqMsR5sFaW74pN4SRVjY5YdgbtUdNS_6VxOdyfxBxhcmsEhBLgFMbeKxWZc2jpTKp-lqyFgDlFD/s72-c/police-state.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-7677569193336017162</guid><pubDate>Wed, 04 Sep 2019 01:49:00 +0000</pubDate><atom:updated>2019-09-09T10:01:22.476-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Arte</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Cultura</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Democracia</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Intelectuales</category><title>La fragilidad de los intelectuales</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEirqfeIh7E4IqE8bA_jAzqWQEfSTBdy3zWZ3Qz3rj04-NnU2xuHcY9GttXYO26aBbjC0vAuH20wpznyFsqQqLHZouhz1zoEHxSb_JCwuPA4I2W-54WUac5-PzHWPvfabY-WUA_4nwMERThf/s1600/exp-in1.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;308&quot; data-original-width=&quot;944&quot; height=&quot;208&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEirqfeIh7E4IqE8bA_jAzqWQEfSTBdy3zWZ3Qz3rj04-NnU2xuHcY9GttXYO26aBbjC0vAuH20wpznyFsqQqLHZouhz1zoEHxSb_JCwuPA4I2W-54WUac5-PzHWPvfabY-WUA_4nwMERThf/s640/exp-in1.jpg&quot; width=&quot;640&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
La vida en los claustros de la mente concede al intelectual una engañosa sensación de presencia. La idea, entendida como una categoría, modela al mundo social en la medida en que no hay grupo humano que soporte un devenir sin discursos comunes. Aun si el individuo pertenece a la estirpe de los solitarios, el relato es lo que en última instancia determina su postura: negación, afirmación o indiferencia, las actitudes son una respuesta al hilo conductor del existir cotidiano. A diferencia del hombre común, que recibe las ideas como algo dado, el intelectual se asume como parte activa de la conformación de una realidad social que, dadas sus dimensiones, lo excede. El intelectual está llamado a trascender su tiempo. El precio de esta suerte de «mandato histórico» o «consigna de clase» es la tendencia al aislamiento. El personaje de ideas se traslada a un plano paralelo, a su torre de marfil, donde la contundencia de los hechos queda diluida para ser reemplazada por la levedad de los discursos. No solo es trágico que el mundo concreto desaparezca efectivamente para estos personajes que no se manchan las manos si no es con tinta, la verdadera catástrofe de su condición estriba en que deben afrontar el hecho de que solo algunas ideas son fértiles y que el grueso de los discursos, en el mejor de los casos, sirven nada más para replicar una narrativa mucho más grande. Por lo mismo, más bien es raro el intelectual imprescindible. En la mayoría de los casos, quienes se consideran intelectuales son en realidad mercenarios y maquiladores de la idea en boga. Mientras dura la ilusión, en tanto no se derrumbe el paradigma que ellos han contribuido a modelar, pueden permitirse el lujo de vivir en el ensueño que los protege de ver con sus propios ojos y sentir con su carne la realidad tangible. Cuando se agotan los discursos al hombre de ideas no le quedará más remedio que abrir los ojos para contemplar su pobre fundo: la tierra baldía del pensamiento gastado. El intelectual no es menos prescindible que el peón. Las ideas, al igual que las hortalizas, además de fecha de caducidad tienen en común que pueden ser cultivadas por tantas personas como mano de obra haya disponible.&amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Vivimos, al menos en Occidente, tiempos de inusual gentileza. Acaso se deba a que las democracias liberales ablandan el ethos de quienes las padecen. En tiempos más brutales, previa explosión del humanismo como eje rector de los discursos de las élites, el exilio y el campo de trabajo representaban buenas opciones para que el poder se hiciera cargo de sus desechos orgánicos. Que se sigue matando por pensar en lo indebido es un hecho del que no tiene sentido dudar; sociópatas y paranoides en puestos de poder los hay en todas las épocas. La diferencia está en que el presente democrático, y más en épocas en que el flujo de información no se detiene, reclama la elaboración de subterfugios sofisticados. Existen, asimismo, el ostracismo, la humillación y la &lt;i&gt;damnatio memoriae&lt;/i&gt;, el viejo castigo romano que consistía en condenar el recuerdo de un muerto con miras a borrarlo de la historia. Porque no son el asesinato ni la humillación lo que borra la dignidad —la enaltecen, por el contrario—, solamente el olvido total puede cristalizar tales pretensiones. Resulta ingenuo postular que solo en las tiranías el poder —el Estado y otros poderes fácticos, sean corporaciones o academias— gusta de contratar a un ejército de mercenarios con teclado a los efectos de ensuciar el nombre de los elementos más incómodos de la sociedad. Además de que lo vemos en las democracias, este se ha erigido en el método predilecto de quienes no tienen la vía libre de la violencia cuando se trata de acallar una voz incómoda o una idea perniciosa. Basta con echar un vistazo a los periódicos digitales y los conductores de programas noticiosos para constatar que la originalidad del pensamiento y la libertad de palabra son mitos de los cuales se valen los gobiernos modernos para legitimarse. De ahí que no sea para nada infrecuente que, en un breve lapso, aparezcan piezas casi idénticas sin otro fin que el de reiterar una idea, por ejemplo la de que cierto personaje no merece la dignidad debido al peligro que suponen sus planteamientos. ¿Alguien podría afirmar que semejantes cacareos en coro son reacciones espontáneas? ¿Se puede negar que la maquila de ideas es una práctica más bien usual y que la indignación ante ciertas formas de pensar no es fabricada y dirigida? Se suele argüir que semejantes prácticas son antidemocráticas. Nada más erróneo: no es que escribir artículos consensuados con tal de complacer a la hegemonía sea antidemocrático; es que es característico del sistema.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Allá donde la violencia y la censura se han legitimado, las diatribas de otros intelectuales en contra de alguien de su gremio son, por un lado, una muestra de benevolencia de parte del poder y, por otro, un mecanismo para preservar el estatus. Se equivocan los liberales cuando afirman que los totalitarismos degradan al individuo y en su lugar encumbran al colectivo. En rigor, por encima del hombre y de los grupos las tiranías —y en realidad todo sistema de poder— elevan a la idea abstracta. Puesto que no hay hegemonía sin discurso, es a partir de este que el poder puede consolidarse y aspirar a la permanencia. El intelectual, en tanto que instrumento de la narrativa de su sociedad, verá muy pronto que no hay mejor estrategia que sumarse al furor de los tiempos. Sucede en épocas «gloriosas» y en las eras decadentes. Reconocerlo es lo mínimo que debería hacer todo aquel que, sin importar sus filiaciones ideológicas, aspira a examinar con honestidad intelectual los engranajes de una estructura social e histórica dada.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh4FFTlkJZ-if3Qjk5BzttVo1wWZ7mh3S3ChBFIHx6Flz_OsnDksLsrLeeN9pvju6D2aK9PPwJXkJu1VKGZoaLixyVhO3LgDvLX8llJklwzv7soHLon15lGjk9t3Vj9HTwD4U2uzSYOWjDq/s1600/Herta3.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;966&quot; data-original-width=&quot;1400&quot; height=&quot;220&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh4FFTlkJZ-if3Qjk5BzttVo1wWZ7mh3S3ChBFIHx6Flz_OsnDksLsrLeeN9pvju6D2aK9PPwJXkJu1VKGZoaLixyVhO3LgDvLX8llJklwzv7soHLon15lGjk9t3Vj9HTwD4U2uzSYOWjDq/s320/Herta3.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;No siempre el Estado tiene el tiempo ni la paciencia o la sofisticación de base que se requieren para condenar la memoria de todos los elementos incómodos. En tales circunstancias la violencia se vuelve frontal. En vez de una coalición de escribidores manchando la honra del pensador criminal, la policía o los servicios secretos se hacen cargo de la voz impertinente. En tiempos soviéticos, el gulag era el destino de los disidentes que se salvaban de morir de un tiro en la espalda, una sesión de interrogatorios con tortura incluida o la faramalla de un suicidio. No se puede erradicar toda la mala hierba dado que no hay totalitarismo sin vocación didáctica: nunca está de más contar con un ejemplo visual —hombres apilando piedras, mujeres segando un campo estéril, todos muriéndose de hambre— que al tiempo que insufla el miedo inspire la colaboración de los que de otra forma se rebelarían o permanecerían indiferentes. Acuden a la imaginación casos de poetas ejemplares, como Osip Mandelstam o Joseph Brodsky, exiliados por escribir los versos equivocados. Se los recuerda por la heroicidad de su resistencia, uno en la muerte y el otro en la fuga. Menos atractivo es hablar de voluntades despedazadas porque entonces tenemos que tragar la píldora amarga de la verdad: no hay arte que salve a un espíritu roto.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
En ninguna otra persona como en el poeta Oskar Pastior resuena con tanta fuerza la afirmación que hizo a varias décadas de haber sido liberado de los campos de trabajo soviéticos: «Los intelectuales fueron los que primero abandonaron su moral en el campo de trabajo, mucho antes de que la gente sin educación». Lo sabe él, que tras purgar la condena y volver a su país natal, Rumanía, no consiguió resistir la presión a que fue sometido por la policía secreta. En su ensayo &lt;i&gt;Di que tienes quince&lt;/i&gt;, Herta Müller expande la observación de Pastior apuntando que&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;blockquote class=&quot;tr_bq&quot; style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Los intelectuales estaban acostumbrados a mostrarse en sociedad. Dado que la realidad del campo de prisioneros era justo lo contrario, es decir, la disolución de la sociedad para transformarse en muerte por trabajo, hambre o frío, el sistema moral se viene abajo enseguida. En cambio, la llamada gente sencilla conservaba una sola frase en la cabeza: «Eso no se hace».&amp;nbsp;&lt;/blockquote&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Cuando Pastior hizo el comentario, probablemente en un encuentro privado, Herta Müller ignoraba que su colega y amigo había pasado los últimos años de su vida entregando informes al régimen de Ceausescu. Entonces imaginó, o se forzó a imaginar, que la fragilidad de la que hablaba el poeta se refería únicamente a aquella que caracteriza a los hombres de ideas que, por la naturaleza de su profesión, no habían pasado por las mismas penurias que los campesinos, los obreros o los comerciantes anónimos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
No sorprende el cristal delgado del que están hechas las voluntades intelectuales. El hombre de ideas que cae de la gracia se enfrenta a una desolación inmediata que acaso sea más profunda que aquella de los que nunca fincaron su vida en los recintos de su mente. El oprimido corriente verá en su infortunio una prolongación de la tragedia que lo signó desde el principio. El intelectual, espíritu hipersensible, será como un Adán que ha recibido el veredicto de su crimen. Quizá sea cierto que en la sumatoria del sufrimiento, si es que cuantificar el dolor es lícito, el intelectual caído padece mucho menos que el anónimo. Lo que de algún modo salva a la gente sencilla de la desesperación no es tanto su falta de sensibilidad innata como el hecho no menos ominoso de que la maldad obnubila los sentidos, y esto, por otro lado, es lo que tiende a forjar virtudes tales como la resistencia y la gallardía. Müller plantea cuatro escenarios sobre la situación de los intelectuales en las tiranías —que erróneamente en todos sus ensayos, discursos y novelas denomina dictaduras—:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;ol&gt;
&lt;li&gt;La persona se pone a disposición del régimen sin que se lo pidan. «Quiere alcanzar una posición y los privilegios que van aparejados a ella (…). En el caso del que se presta voluntario, no entra en juego el miedo, sino el deseo de reconocimiento y autoridad. El voluntario quiere mandar sobre todos a pesar de su mediocridad, de la que es consciente, pero que jamás reconocerá ante los demás (…). Después afirmará seguir creyendo que actuó de forma correcta y que quería el bien de todos. Y que aquello realmente era el bien, solo que se entendió mal y se tradujo en lo que no debía ser».&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;La persona se presta a colaborar sin que el régimen se lo pida expresamente. La motivación es el miedo, «así como cierta inseguridad y un poco de mala conciencia». La antipatía de Müller hacia los «verdugos con miedo» se pone de manifiesto en afirmaciones como esta: «El que colabora se da cuenta de que ha valido la pena (…). Después afirmará que lo único que hizo fue cumplir órdenes. Que de nada le habría servido negarse a colaborar». Pastior es un buen ejemplo de esto. De ahí que, cuando se enterara de la verdad, Müller lo encontrara insoportable. ¿Podría desdecirse o al menos matizar un poco este punto? Pareciera que en instancias del terror el oficio de la supervivencia puede ser indigno, más aún cuando quien cede es un artista.&amp;nbsp;&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Hay quien está dispuesto a colaborar sin que nadie se lo pida. Viven a la espera de un momento que jamás llega. Cuando cae la tiranía, pueden sonreír y mostrar al juez de la historia sus manos limpias. Esta clase de individuos, inocentes por pura casualidad, tampoco despiertan simpatía a Müller porque, a decir de ella, con su silencio se vuelven de facto simpatizantes. La indiferencia, más que una vía de preservar la vida, equivale a colaborar con lo inicuo. Un régimen tiránico aprecia a los que callan tanto como a los que aplauden.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Habrá quien no se preste a colaborar. Müller escribe una rápida autobiografía en este párrafo: «Se le pide y él se niega. O ni siquiera se le pide, porque el Estado considera que ya es demasiado tarde. Es un renegado y se convierte en enemigo (…). Si tras la caída del régimen no le han quedado secuelas importantes, es que está muerto».&lt;/li&gt;
&lt;/ol&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Los cuatro, argumenta, pueden convertirse en escritores. No se equivoca, es algo que se ve con regularidad. Aunque el objeto de estudio de Müller son los totalitarismos modernos, sus observaciones son válidas para la sociedad democrática y ayudan a explicar el porqué de la anexión de la clase intelectual al pensamiento hegemónico. Cuando el miedo ya no es el campo de trabajo, lo es el desprestigio. La nuestra, después de todo, es una especie volcada a conseguir la mayor cantidad posible de estima. Existe una conclusión adicional, y esta es que, al contrario de lo que pregonan los creadores, el arte no es por naturaleza ni neutral ni opositor al &lt;i&gt;statu quo&lt;/i&gt;. Argumentar lo opuesto, y sostener que el único arte auténtico es aquel que transgrede los atavismos, es caer en la trampa del idealismo ingenuo. Después de una primera revuelta, el arte revolucionario tiende a hundirse en la complacencia y el lugar común. Incluso se llega al punto de que su fealdad, su falta de espíritu y oportunismo resultan útiles para conformar el relato oficial de su tiempo. De un lado, el realismo socialista en la literatura y la arquitectura soviética que volvía de las ciudades cuarteles; de otro, el arte moderno y los bloques uniformes y acristalados que se elevan en las metrópolis congestionadas del capitalismo. El cansino despliegue de formas abyectas, que más que horror provoca bostezos, es muestra de cómo el tedio y la monotonía son el aliento de lo hegemónico. Del mismo modo, y para ahondar en la desdicha, la autenticidad de las obras contemporáneas a su época poco dice de su postura ante el discurso preponderante. Sucede con frecuencia que una obra ingenua y sincera, en la connotación positiva de los términos, es funcional al discurso de turno. Resuenan las palabras de Hannah Arendt: «en la Época Moderna, los filósofos (…) pasaron a ser lo que Hegel quería que fueran: órganos del &lt;i&gt;Zeitgeist&lt;/i&gt;, portavoces que expresaran con conceptual claridad el talante de la época». Filósofos es, tal vez, un exceso. Intelectuales y creadores son términos que se adecuan mejor a lo que observamos en la modernidad.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Este examen cínico, que ubica el grueso de las expresiones artísticas como espejos de la hegemonía, no niega en modo alguno la realidad de la subversión ni implica que un arte contestatario sea imposible, como tampoco asume que lo insurrecto, lo que contradice al &lt;i&gt;statu quo&lt;/i&gt;, es por sí mismo virtuoso. Mi intención no es, por lo pronto, elaborar un paradigma que permita dilucidar el valor de las expresiones artísticas. Grandes clásicos han nacido del furor de su época. Lo que se argumenta es que sortear los muros del pensamiento omnímodo, sea a través del arte o de la articulación de ideas, supone la que, a nivel de la mente, es la más compleja y peligrosa de las hazañas. Acaso por esta pequeña pero real posibilidad y por el hecho de que aún hay creaciones que anteponen la búsqueda de lo sublime —en sus dimensiones gloriosas y trágicas—, que no sea una pérdida de tiempo vagar por los médanos del arte. Si el horizonte contemporáneo se hace insoportable y las energías se agotan, queda un consuelo: los clásicos siempre lo estarán esperando a uno.&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2019/09/la-fragilidad-de-los-intelectuales.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEirqfeIh7E4IqE8bA_jAzqWQEfSTBdy3zWZ3Qz3rj04-NnU2xuHcY9GttXYO26aBbjC0vAuH20wpznyFsqQqLHZouhz1zoEHxSb_JCwuPA4I2W-54WUac5-PzHWPvfabY-WUA_4nwMERThf/s72-c/exp-in1.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-8019490741261469886</guid><pubDate>Tue, 06 Aug 2019 18:47:00 +0000</pubDate><atom:updated>2019-08-06T11:47:12.739-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Crónicas de un occidente degenerado</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Democracia</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Nacionalismo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Progresismo</category><title>Masacre en El Paso y una civilización desesperada</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhs2OoL8GeYh6DQsMPKiUt6LLeHEg6V1raaDstaxswpUjEATKh6-nIHoVQIG2binFkeMM7_BT5LV2yRqa6sS57OdCktbeGHrnGAMlODdsfy-Cxyp2i-BA45h2pHEDti8AmIX6oBdfEoEbVl/s1600/El-Paso-shooting-15.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;900&quot; data-original-width=&quot;1600&quot; height=&quot;360&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhs2OoL8GeYh6DQsMPKiUt6LLeHEg6V1raaDstaxswpUjEATKh6-nIHoVQIG2binFkeMM7_BT5LV2yRqa6sS57OdCktbeGHrnGAMlODdsfy-Cxyp2i-BA45h2pHEDti8AmIX6oBdfEoEbVl/s640/El-Paso-shooting-15.jpg&quot; width=&quot;640&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El mundo, su iniquidad y desesperación a lo que invitan no es tanto al desarraigo como al hastío. En una realidad de lectura fácil, la reformulación del mal apenas estremece a sus más fríos espectadores. Nada más lamentable en el imaginario popular que se llegue a este punto, pues el que lo terrible resulte aburrido confirmaría la derrota de todo cuanto teníamos por noble. Por fortuna y también por desgracia, la inestabilidad emocional de las criaturas mundanas sirve de contrapeso a la ubicuidad del absurdo. Y es que en la capacidad del sufrimiento anida la esperanza.&amp;nbsp; Antes de proseguir, valga una anotación a los mitos clásicos con el fin de que no se califiquen estas reflexiones de alta cursilería: el último de los elementos en la caja de Pandora no constituía una bendición; la esperanza era, en realidad, el más atroz de los males que asolan al hombre. Quiero decir que en la esperanza de cambiar para bien la naturaleza del ser humano y de moldear el mundo a fin de condicionarlo yace la posibilidad de engendrar una situación aún más amarga.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;i&gt;It’s all so tiresome&lt;/i&gt;, dicen los anglófonos. Nunca, como en estos tiempos tan mediatizados y ruidosos en que ya no tenemos el privilegio de la ignorancia invencible, se ha vuelto tan aburrido y predecible el escrutinio de la actividad humana. Un manifiesto anónimo, un tiroteo, equis número de muertos, politiquería, piezas de opinión y la vulgaridad narrativa como telón de la realidad. Por lo mismo y porque no pretendo contribuir a los lugares comunes de nuestros escribidores y pensadores de tres al cuarto, quisiera enfocar el asunto —y, por extensión, los males que habrán de seguir—, desde otro ángulo y argumentar que la desesperación engendra la violencia. No es un pensamiento muy original, pero es el único a la mano. De lo contrario nos rendiríamos a la retórica de la hegemonía y no haríamos sino dar vueltas alrededor de sus conceptos, otorgándoles en el proceso la victoria. En otras palabras, &lt;b&gt;la violencia entre grupos es corolario de la proximidad&lt;/b&gt;. Si de algo me sorprendo es del asombro de quienes no dan crédito a las matanzas en el contexto de una cercanía artificial. Exagero, en realidad no me causa impresión que aún haya personas que no pueden asir un concepto que instintivamente debería resultar obvio. Tal es el estado de esta psique moderna cercada por la utopía igualitaria.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Habida cuenta de que este es un comentario general, no me interesa investigar a quién pertenecía la tierra donde sucedió la más reciente masacre. Quisiera que esto se leyera sin necesidad de un contexto preciso y que pudiera echar luces sobre las catástrofes futuras. De todas formas seguirá habiendo matanzas por territorios y por la animosidad entre huéspedes, visitantes e invasores. Mientras se buscan explicaciones y los opinadores centran sus teorías en los males de la información —hoy, en los tiempos del capitalismo tardío, es el internet y los &lt;i&gt;chans&lt;/i&gt;, donde antes fueron los periódicos, la prensa y los libros—, en la nueva oleada de intolerancia y en el fácil acceso a las armas, mejor será que el lector ponga en perspectiva lo patético de un tiempo en que establecer lo evidente causa inquietud —y de ahí que se prefiera dar rodeos—, cuando lo más sencillo sería echar un vistazo a los milenios de historia para comprobar que si bien la vida comunitaria perfecta no existe, lo cierto es que resulta menos insoportable tan pronto se establecen barreras a la entrada de poblaciones hostiles. Lo que, desde luego, no equivale a postular que los muros bloquean la perversidad. Los asesinos ajusticiarían hasta a su gemelo, las guerras entre hermanos constituyen un lugar común.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Tras las ráfagas y los cuerpos hollados duerme la desesperación de una civilización. Podrían hacerse apuntes sobre las políticas públicas y las libertades, argumentarse que así como el obeso seguirá excediendo su cuota calórica sin necesidad de tenedor y cuchillo, que para algo tiene manos, el inestable encontrará la herramienta para cometer su crimen. Anotaciones superfluas que no servirían de mucho, salvo para añadir líneas a un debate cuyos elementos conocemos de memoria. Una disputa que, en rigor, no corresponde a nadie más que los habitantes del país de los tiroteos. Acaso sea por la falsa noción de hermandad que impone el globalismo, la creencia absurda de que los extranjeros deberían tener injerencia en los asuntos internos de otro territorio, existe la tentación intelectual de entrometerse ahí donde nadie nos ha llamado. Habría que ver el símbolo y entender que el recrudecimiento de la violencia es uno de los dos síntomas ante el declive de una civilización. El otro, la pasividad, la resignación, el hastío, la entrega.&amp;nbsp; Quien no está dispuesto a aceptar el derrumbe y el reemplazo de una vieja estructura por otra solo tiene entre sus manos la acción como posibilidad. La acción como reflejo de lo desesperado. La postura del sujeto asfixiado de cara al colapso. De ahí que, aunque la lamentemos y reprobemos, no debiera sorprendernos la reacción virulenta de quien se siente amenazado.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Mencionaba los males de la esperanza en el entendido de que las acciones individuales no son independientes de la colectividad. Y cuando se desafía una estructura queda latente la tentación de regenerar al hombre: el colmo del optimismo, la perversidad de las buenas intenciones está en la fe en que es posible modelar los elementos imperfectos del ser humano. Un Estado, movido por su raigambre perversa o sus buenos deseos, nada más ver las masacres querrá confiscar a los inocentes de sus medios de defensa o bien podría acelerar los procesos de falsa integración para, en teoría, acostumbrar a los reemplazados al que será su futuro ahora como minoría. Muchos lo aceptarán, resignados o entusiasmados. El espíritu de combate tiene su límite.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Allá de 1940, en una Europa sitiada por la guerra, escribía Albert Camus un comentario pertinente para toda etapa histórica. «Nos encontramos en una época trágica. Pero es asimismo cierto que demasiadas gentes confunden lo trágico con lo desesperado». Donde unos se tiran a padecer el desarraigo y otros observan impotentes, los hay quienes empuñan las armas en un intento por corregir la perversión de los tiempos. Las transformaciones, físicas o intelectuales, requieren de una masa crítica. A título personal, soy un tanto escéptico. Creo que hay algo en la modernidad, la democracia, el progreso y la comodidad que ha sabido drenar el ethos general de la lucha. Podría equivocarme. Mientras tanto, Camus nos alienta a entender la naturaleza de la realidad al afirmar, correctamente, que «este mundo está envenenado de desgracias en las que parece complacerse». Un mundo que se regodea de sus tragedias porque la existencia, en sí misma, es trágica. ¿Qué hacer entonces? Llorar por el espíritu, dice Camus, es vano. Habrá que trabajar en él por medio de «la firmeza de carácter, el gusto, la clásica felicidad, la dura altivez, la fría frugalidad del sabio». En otras palabras, no sucumbir a la desesperación, pues como diría Houellebecq «una civilización muere por hastío, por asco de sí misma». Por falta de carácter, habría que añadir. Virtud cada vez más rara en Occidente, no porque no sea propia a su cultura, sino porque la ha cedido.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2019/08/masacre-en-el-paso-y-una-civilizacion.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhs2OoL8GeYh6DQsMPKiUt6LLeHEg6V1raaDstaxswpUjEATKh6-nIHoVQIG2binFkeMM7_BT5LV2yRqa6sS57OdCktbeGHrnGAMlODdsfy-Cxyp2i-BA45h2pHEDti8AmIX6oBdfEoEbVl/s72-c/El-Paso-shooting-15.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-6921455713288959063</guid><pubDate>Tue, 23 Jul 2019 01:52:00 +0000</pubDate><atom:updated>2019-08-03T16:22:29.079-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Crónicas de un occidente degenerado</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Marxismo cultural</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Moral</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Progresismo</category><title>La normalización de la pedofilia</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhbjpn_VDpTfZhs7t-uyzCQow680wuLu19M64wAVJg-qW1CUJlgIg4sLRxSNYzuPZsX5w4FmTUGge3ROz7h55B_SRWl64SG_XuAuSlTqMcPWzgNbGNW0bHobJaWpLvhNTl8BYF4UydNS73R/s1600/Desmond.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;253&quot; data-original-width=&quot;750&quot; height=&quot;212&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhbjpn_VDpTfZhs7t-uyzCQow680wuLu19M64wAVJg-qW1CUJlgIg4sLRxSNYzuPZsX5w4FmTUGge3ROz7h55B_SRWl64SG_XuAuSlTqMcPWzgNbGNW0bHobJaWpLvhNTl8BYF4UydNS73R/s640/Desmond.jpg&quot; width=&quot;640&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Tiempo atrás, cuando no pude soportar la indiferencia moral entre los libertarios y los progresistas —mejor dicho, los progresistas de libre mercado y los izquierdistas tradicionales—, escribí &lt;a href=&quot;https://expresionreaccionaria.blogspot.com/2014/09/libertarismo-vulgar-entre-cursis-y.html&quot;&gt;un artículo&lt;/a&gt; que me granjeó no pocos odios —y simpatías— entre mis correligionarios. Era &lt;a href=&quot;https://slate.com/culture/2013/07/you-are-you-looks-at-a-gender-nonconforming-camp-for-boys-photos.html&quot;&gt;el caso de un campamento, con cede en los Estados Unidos, donde los padres enviaban a sus hijos sin otro propósito que travestirlos&lt;/a&gt;. Se organizaban pasarelas, en las que los niños desfilaban con tacones, vestidos y maquillados. Pero ya que el campamento era privado y puesto que los padres tienen la potestad en la crianza de sus hijos, una facción del libertarismo encontró inadmisible que uno de los suyos ejerciera una crítica moral a prácticas que se llevaban a cabo a puertas cerradas. Quizá sea repugnante, pero no es asunto nuestro, decían. Razonaban de este modo: una vez que los liberales emitan recomendaciones morales, nada los detendrá de volcarse al conservadurismo social y, por consiguiente, al autoritarismo. No es del todo falso. La sociedad puede entenderse en dos dimensiones. La más evidente se refiere al conjunto de individuos que comparten un lugar en la geografía y que están unidos mediante un conjunto de instituciones, tradiciones y modos generales de asir el mundo y la experiencia que de este se deriva. Una dimensión más abstracta nos permite entender que, más allá de la cuestión cuantitativa y las demostraciones públicas del carácter general de los pueblos, la sociedad es en buena medida una forma de control sobre los impulsos de nuestra especie. La sociedad, sus leyes y tradiciones son una estrategia evolutiva. El corazón de las ideologías tiende a ser menos noble de lo que suponen los filósofos: en última instancia, no pretenden sino regular los grados de intervención admisibles sobre el comportamiento del hombre.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Escribí el artículo sobre el campamento de niños travestis con una intención triple. Me interesaba, en primer lugar, advertir al público general, tanto a mis simpatizantes como adversarios, sobre un proceso social en puerta: no la degeneración de los niños sino el establecimiento y normalización de la idea de que todo lo humano es maleable, con lo cual se pretende dar el paso final hacia un abandono completo a la naturaleza. En segundo lugar, no pretendía rendir un informe frío sobre la decadencia contemporánea sino, por un lado, sacar de su indiferencia a los liberales, y, por otro, romper o al menos fragmentar las ilusiones de los enamorados del mundo moderno, mostrarles que el progreso social no es virtuoso en sí mismo y que, en efecto, existe una clara distinción entre lo perverso, lo bueno y lo deseable. Por último, necesitaba revelarme ante mis lectores tal cual era, declarar sin ambages en qué consistían mis bases morales.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
A decir verdad, no me sorprendí en lo absoluto cuando leí la noticia que me inspiró el artículo de marras. No estropeo la experiencia lectora de nadie si revelo que detento una visión poco romántica de la naturaleza humana. Debería ser evidente. Estaba consciente de que aquella no sería la primera ni la última nota que leería sobre pervertidos que se divierten con niños, haciéndoles creer que todo es un juego. Seguro de que en el pasado se ha caído más bajo, de que en el presente alguien está hudiéndose y de que en el futuro alguien alcanzará nuevos abismos, me sorprendieron la actitud, la tranquilidad y hasta el júbilo de medios de comunicación, padres, organizadores y personajes del medio intelectual. Tales reacciones ponían de manifiesto, y con gran elocuencia, hasta qué punto había llegado el actual mundo moderno sujeto a lo que algún sabio teólogo llamó la dictadura del relativismo. Quizá al observador cínico no sorprendan ni la maldad ni la corrupción, pero sí debería descolocarlo la indolencia.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Precisamente porque siempre se conocieron las flaquezas de la carne es que se erigieron los sistemas morales. Solo para recalcar lo que ya se anunciaba en &lt;a href=&quot;https://expresionreaccionaria.blogspot.com/2019/07/cronicas-de-un-occidente-degenerado.html&quot;&gt;el prólogo&lt;/a&gt;: no olvidamos que la sociedad premoderna era terrible. En algún lado escribí que Farinelli fue el producto más bello de una época degenerada. Podría mencionar las prácticas barbáricas de los asiáticos, los africanos o los amerindios, pero será mejor quedarme en Occidente. Es lo que me compete y, además, esta civilización no está escasa de prácticas vergonzosas que en algún tiempo fueron validadas por el poder oficial. La modernidad, por su parte, se presenta a sí misma como el estadio último de la evolución social. «La democracia no es el sistema perfecto, pero es el mejor que tenemos» es un eslogan que ya no sabemos a quién adjudicar porque todo mundo lo repite. Con esa misma aura de superioridad, se recrimina al pasado por la actitud barbárica de quienes detentaban el poder. Se cita la opresión femenina, el ataque encarnizado a los homosexuales, el racismo, etcétera. Pero en el discurso del moderno hay un aliciente que se traga con una píldora de condescendencia: el bárbaro del pasado no conocía nada mejor, trabajaba con lo que tenía, no había quien propagara los beneficios de los derechos humanos y detuviera sus prácticas terribles; aquel hombre en estado embrionario era poco menos que una bestia que apenas aprende a reconocer su reflejo en las superficies brillantes. Exagero, desde luego, con la esperanza de que el discurso hiperbólico eche algunas luces sobre la ceguera actual. Un hipotético hombre premoderno al menos contaba con la esperanza de un mundo distinto, el moderno está condenado porque, aunque no quiera aceptarlo, ya vive en su utopía y cree que no hay nada más allá de la modernidad. El progreso, en el contexto de una sociedad regida por la democracia y sus instituciones, es solo un mejoramiento a la máquina. O para decirlo en posmoderno: equivale a sacudir el hardware e instalar actualizaciones al software.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
De los progresistas no espero nada sino la coherencia con su agenda, que se mantengan firmes e inventivos en su obsesión por desmantelar los fundamentos de la sociedad tradicional. Que aplaudan ante semejantes despliegues decadentes resulta aburrido por cuanto es lo típico en ellos. Eran otras personas las que me decepcionaban. Si la displicencia de los liberales devenía ya lo bastante incómoda, más amargo resultó comprender que, en esencia, adoptar una actitud distante y mantenerse indiferente a las convulsiones culturales de la civilización que en primer lugar hizo posible el surgimiento de nuestra filosofía —y no al contrario: Occidente no nació gracias ni al paradigma liberal ni a la economía de mercado, si bien esta lo hizo prosperar en términos materiales—, demostraba en última instancia una pasividad que en sí misma contradecía los valores fundamentales que ellos propugnan. Situaciones como las del campamento travesti no eran espontáneas ni se trataba de simples iniciativas privadas, nacidas de la preocupación de padres de hijos con disforia y empresarios comprometidos con la libertad sexual. Eran actos de ingeniería social, respaldados por la academia y empresas en connivencia con los Estados, cuyo fin nunca fue otro que alterar deliberadamente los paradigmas tradicionales de Occidente, como lo son la familia y los roles de género. Marxismo cultural lo llamábamos y se nos acusaba de conspiranoicos. Creo que «progresismo cultural» es un término más adecuado porque muchos de quienes implementan estas transformaciones no han leído las propuestas hedonistas con que Marcuse proponía la subversión a la sociedad tardocapitalista con el fin último de precipitar el advenimiento de la sociedad igualitaria y sin clases. Quizá los actores de la nueva era ya no sepan con qué motivo aspiran a desmantelar las instituciones de antaño. Hoy por hoy, el progresismo cultural trasciende la dialéctica marxista en la medida en que muchos de sus actores no difieren demasiado a los derechistas tímidos —conservadores, democristianos, neocones, Ben Shapiros y personalidades afines—: como ellos, son proponentes de la globalización, la economía de mercado o cuando menos de un estado de bienestar donde sigan existiendo, aunque limitadamente, la competencia y la propiedad privada. Acólitos, en fin, de los sistemas híbridos, más bien eficientes, quizá no óptimos, del primer mundo occidental. Y es que la holgura económica en matrimonio con la lasitud moral genera una dupla infalible para el progresismo contemporáneo. Donde los plañidos de Marcuse revelaban un anhelo por el ideal marxista decimonónico, las arengas posmodernas demuestran la conformidad, cuando no el entusiasmo, con la sociedad unidimensional que criticaba el intelectual de la escuela de Frankfurt.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
La prosperidad material es, por la mayor parte, independiente de las alturas o abismos morales de una sociedad. Y aunque no sobran los melancólicos del experimento comunista y los estúpidos que aún de cara a la evidencia lo ambicionan, lo cierto es que la mayoría de los modernos aspiran a vivir en un mundo democrático, donde en virtud de las leyes y la supremacía de los derechos humanos no parezca que existe el dirigismo. De ahí que los ingenieros sociales de la sociedad posmoderna presten menos atención a la economía que a los comportamientos y a las emociones. No hay estrategia más progresista que el desmantelamiento de concepciones tradicionales porque todo avance presupone la deconstrucción del paradigma previo en pro de la entronización de una nueva idea hegemónica. El resultado puede sentirse a mediano plazo. La normalidad social, opuesta a la normalidad natural —que existe y que culturalmente favorecen las sociedades pese a que los relativistas afirmen lo contrario—, es tan maleable que bastan unas generaciones para que nuevos modelos y discursos se acepten. Consíderese el caso de la pedofilia.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhRdpWIOf_TA8XszN5VqHXz7b6R0nkS2DckCMHoAuK4xoDWPVA94KP2ZNapQX-jd7Tt9NubCaWEphp26P6KWJickOOu_Jqi4ah9BHyMuEhBfdE-mCrOOeuFbcFAFYAJwmsNDS1PeblyREiV/s1600/pedotuit.png&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;960&quot; data-original-width=&quot;942&quot; height=&quot;320&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhRdpWIOf_TA8XszN5VqHXz7b6R0nkS2DckCMHoAuK4xoDWPVA94KP2ZNapQX-jd7Tt9NubCaWEphp26P6KWJickOOu_Jqi4ah9BHyMuEhBfdE-mCrOOeuFbcFAFYAJwmsNDS1PeblyREiV/s320/pedotuit.png&quot; width=&quot;314&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
A cinco años de mi artículo sobre el campamento de travestis, un tal Grossman, del senado argentino, declaraba a viva voz, sin que le temblara una sola sílaba, que «[h]ay pedófilos que tienen conciencia moral y buenos frenos y saben que llevar adelante su deseo genera un daño en otros, abusadores son quienes carecen de frenos: esas personas no se recuperan porque no tienen intención de recuperarse». No espero que las mentes calientes estén de acuerdo conmigo cuando afirmo que, en lo fundamental, el argumento es sólido. De ahí, precisamente, el peligro. La lógica y la retórica son armas terribles en la guerra cultural. Un par de décadas atrás, cuando aún no se dejaba sentir todo el peso de la acometida de los discursos de género y estos eran vistos como simples alegatos que exaltaban la tolerancia, difícilmente un ciudadano promedio de Occidente hubiera imaginado que un congresista y su equipo de comunicación social hubiesen tenido la audacia de declarar y promocionar la idea de que la atracción que un adulto siente por los niños es algo normal, inofensivo. Ciertamente, aquel que ha fantaseado con asesinar a alguien a quien odia pero que, por sus buenos frenos y conciencia moral, no comete el acto es tan buen ciudadano como un oficinista que paga sus impuestos o el pedófilo que no se atreve a abordar a los niños del vecindario y que se consuela imaginando. Legalmente, no hay manera de afirmar que alguno de ellos, por virtud de sus inclinaciones, sea criminal. El delito, para ser tal, requiere de la acción. El peligro de este tipo de razonamientos es que, aunque correctos desde el más puro rigor argumental, conllevan a obviar lo que debería resultar evidente si a lo que aspiramos es a la construcción y mantenimiento de una sociedad soportable: cuando no existen las presiones sociales, si no se proyecta una sombra de vergüenza y repugnancia sobre determinadas tendencias y prácticas, estamos a un paso de que lo que en principio horrorizaba se acepte y se normalice.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Niños en drag, claramente sexualizados, bailando frente a las cámaras para satisfacer las perversiones de adultos, siendo aplaudidos por sus padres y políticos, validados por los discursos de las academias occidentales, auspiciados por los medios masivos de comunicación. Una escena de pesadilla que pareciera sacada de las paranoias de una mente reaccionaria propensa a las conspiraciones, pero que en realidad se halla a un botón de distancia, en la televisión y los periódicos más cercanos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;table align=&quot;center&quot; cellpadding=&quot;0&quot; cellspacing=&quot;0&quot; class=&quot;tr-caption-container&quot; style=&quot;margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;&quot;&gt;&lt;tbody&gt;
&lt;tr&gt;&lt;td style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj4yUdmHQK03UZm7ojYSh5WMNChWvoNR-yVMlOZV-ZyZVrSk-MMx80ZgJ9w2x1WA17k1imF2GacABQo7MjVh9-zoCyB0Dx7vke7LrLp-2tAGzDpY1B6uDrwxz4SBONBv6XDsWJt846HtW_4/s1600/dragkids.png&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: auto; margin-right: auto;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;480&quot; data-original-width=&quot;849&quot; height=&quot;180&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj4yUdmHQK03UZm7ojYSh5WMNChWvoNR-yVMlOZV-ZyZVrSk-MMx80ZgJ9w2x1WA17k1imF2GacABQo7MjVh9-zoCyB0Dx7vke7LrLp-2tAGzDpY1B6uDrwxz4SBONBv6XDsWJt846HtW_4/s320/dragkids.png&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;
&lt;tr&gt;&lt;td class=&quot;tr-caption&quot; style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://www.youtube.com/watch?v=4zoWwvzI1hc&quot;&gt;Drag Kids, propagada canadiense, disfrazada de documental&lt;/a&gt;, sobre los beneficios de travestir a su hijo varón.&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;
&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El auténtico mensaje de los drag kids, nos dicen los progresistas, es el de la tolerancia y la libertad de expresión. Quienquiera que argumente la existencia de un componente sexual en las pasarelas donde desfilan, se pavonean y retuercen niños ataviados con ropas extravagantes solo demuestra su miedo. Muchos conservadores se ven tentados a decir que sus reparos no son miedo a lo diferente, a la homosexualidad, al travestismo, etcétera. Un argentino bastante famoso se ha cansado de repetir en los últimos años que afirmar que dos más dos no es cinco no lo convierte en cincofóbico. Y aunque estos argumentos resulten simpáticos y tienen como fin dejar en evidencia que el conservador en cuestión no se siente amenazado por quienes lo desafían, en la articulación de respuestas de este género se deja entrever la caída en la trampa retórica de los progresistas, la aceptación sus términos y la validación de su discurso. Mejor será decir que, en efecto, hay desviaciones que inquietan y que asustan, y afirmar que tales reacciones demuestran que uno no ha perdido la sensatez, que cree en una verdad objetiva, que se rebela ante la dictadura del relativismo moderno afirmando que el bien, el mal, así como lo bello y lo abyecto, son categorías discernibles.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Oponerse a los progresistas flagrantes no supone mayor problema. Es con los indiferentes con quienes hay que ajustar los términos, recordarles que las civilizaciones mueren cuando se derrumban sus estructuras morales. Si insisten en que no hay motivos para defender las tradiciones, la solución es sencilla; a ellos también habría que considerarlos como adversarios de la civilización.&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2019/07/cronicas-de-un-occidente-degenerado-la.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhbjpn_VDpTfZhs7t-uyzCQow680wuLu19M64wAVJg-qW1CUJlgIg4sLRxSNYzuPZsX5w4FmTUGge3ROz7h55B_SRWl64SG_XuAuSlTqMcPWzgNbGNW0bHobJaWpLvhNTl8BYF4UydNS73R/s72-c/Desmond.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-3112576011869161335</guid><pubDate>Thu, 11 Jul 2019 01:43:00 +0000</pubDate><atom:updated>2019-08-03T16:22:43.287-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Crónicas de un occidente degenerado</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Democracia</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Libertarismo vulgar</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Marxismo cultural</category><title>Crónicas de un Occidente degenerado: Prólogo</title><description>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhHNA4i3Qo0iZV5sSmyefZw5Ipbf0XcFHzb2wNqF0UEOEuD-DJabWZiHSoj-MCOCH1ETt9tF33AIiv4HiaB2VziHzPgIZYwXkT4Iulx58fUSHyELPRV3H8akghnNza485_g8rXaZ_iSQdBe/s1600/Europa.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;1403&quot; data-original-width=&quot;1600&quot; height=&quot;280&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhHNA4i3Qo0iZV5sSmyefZw5Ipbf0XcFHzb2wNqF0UEOEuD-DJabWZiHSoj-MCOCH1ETt9tF33AIiv4HiaB2VziHzPgIZYwXkT4Iulx58fUSHyELPRV3H8akghnNza485_g8rXaZ_iSQdBe/s320/Europa.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
Eso que llamamos degeneración no es un rasgo único de la modernidad ni está más presente en el ser humano hoy que cuando se formaron las primeras tribus. Se trata, más bien, de lo que nace ahí donde se entrecruzan determinados rasgos innatos a la naturaleza humana y las convenciones sociales, surgidas estas de manera espontánea o institucionalizadas, generalmente por medio de la coerción y el ejercicio de los discursos intelectuales. Peligroso como puede ser, toda vez que el rechazo y la así llamada fobia —que no es tal, pero concedamos por un segundo el término— tienden a derivar en actos violentos, el horror, el desagrado y la repugnancia son herramientas de supervivencia. Una sociedad que no imponga límites sobre las atrocidades tiene garantizado su colapso. Las reacciones colectivas contra la estela decadente que a su paso deja el progresismo señalan mucho más que el recelo, el atraso o el miedo por la novedad, son signo también de sociedades y civilizaciones que no están dispuestas a ceder su terreno en la historia.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Lo que diferencia la degeneración moderna de la que prevalecía en estadios anteriores del desarrollo humano no son tanto los actos ni las modalidades en particular como el pedestal desde el cual pontifican los intelectuales de turno. Si en el pasado inmediato de Occidente los discursos morales estaban anclados en la idea divina y a estos los revestía un halo de urgencia soteriológica, en la modernidad, por fuerza del secularismo y la razón, los discursos se fincan en la necesidad del progreso, la apertura y la conquista de nuevos paradigmas. Esto se ve reflejado en el disgusto moderno ante las melancolías conservadoras y reaccionarias: habiéndose entronizado la inmanencia, en tanto rasgo «espiritual» de los tiempos, una idea será virtuosa solo en la medida en que sea vanguardista y responda a las necesidades de un progreso que, por necesidad, ha de interpretarse como subversión y rotura de los viejos modos de entendimiento. O dicho de otro modo, ya no es tiempo de suspirar por glorias pasadas. En primer lugar, aquellas glorias nunca fueron tales. En el mejor de los casos se trató de espejismos bellos de la barbarie o de elementos precursores a las glorias de las que hoy gozamos. Desde luego, este es un resumen vulgar e incompleto del pensamiento presente que omite la mención a pensadores que, sin abjurar por completo del paradigma presente, lamentan la pérdida gradual y constante de nociones vetustas: el heroísmo, la bravura, la consecución por lo sublime, la &lt;i&gt;vita contemplativa&lt;/i&gt;. Por lo pronto, me interesan menos las aristas que el punto focal de la idea hegemónica a partir de la cual surgen el resto de los relatos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
«Todo pasado es mejor» es una idea que prevalece en las narrativas humanas. El hombre sitúa las utopías en un horizonte donde no puede alcanzarlas, elegías de un pasado irrecuperable y ensoñaciones de un futuro imposible de conseguir. El mito fundacional del Occidente cristiano parte de esta misma idea: la historia comenzó en la gloria y terminará en ella. El intermedio, la vida en la tierra, es ese periodo insoportable e imperfecto en el que a veces, como pobre consuelo, encontramos señales de lo sublime. Aferrarse a este calibre de ideas, y más desde la perspectiva secular, conlleva grandes riesgos. Además de falible, la suposición de que todo tiempo presente palidece ante el pasado es una premisa muy pobre. Si la tesis se sostuviera, un análisis transitivo mostraría, en un primer vistazo, que mientras más remota más gloriosa deviene la etapa histórica. Desarrollando el silogismo y llevándolo hasta sus últimas consecuencias, estamos a un paso de afirmar que la humanidad perdió la gloria incluso antes de que las células del primero de nuestros ancestros surgieran del caldo primordial. Se sigue entonces que todo avance hacia el futuro es, por definición, una carrera hacia el precipicio. Una vez que renunciamos a la posibilidad divina, cuando en el horizonte no se asoma la promesa del reino venidero sino la insensibilidad del vacío, qué le queda al hombre si no afrontar los miasmas del absurdo. En la práctica, semejantes argumentos y silogismos son inservibles cuando se trata de defender conceptos y tradiciones que creímos eternos. El progresista siempre tendrá al alcance de la mano una réplica satisfactoria desde una perspectiva lógica, y más cuando se recuerda que el hombre moderno trabaja bajo el paradigma de la inmanencia. Es decir, no hay más mundo que el mundo que vemos ni otra ley que las fuerzas elementales, de modo que cualquier argumento basado en nociones trascendentes —que incluyen pero que no se acotan a Dios— no tiene cabida en la mesa de debate. Y en todo caso, los reaccionarios incurrirían en el crimen de la deshonestidad intelectual si no aceptaran que también en las épocas que idealizan el demonio de la degeneración estaba rampante.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Por más que en mi calidad de enemigo del mundo moderno me empeñe en idealizar las viejas condiciones, yo mismo echaría por la borda mis argumentos y diatribas si, intoxicado por la melancolía y —diría Camus— mi nostalgia del absoluto, me negase a aceptar que nunca la humanidad había experimentado de una existencia tan confortable como la actual. Quizá la placidez no sea el propósito evolutivo de las especies pero no es en modo alguno un mal resultado. Por lo menos es mejor que una existencia descarnada donde todos, literalmente, se devoran los unos a los otros. De manera que esta no es una loa irracional a un pasado salvaje donde la hambruna y la tisis eran causas comunes de muerte y donde el conocimiento solo estaba al alcance de unos pocos afortunados. Pero tampoco es una exaltación de lo material. Mi principal discrepancia con el liberalismo como filosofía que pretende dar una respuesta a las problemáticas modernas yace en su vulgar énfasis economicista. Que existe un medio óptimo de asignar recursos no hay duda. Acotar todo análisis a una mera cuestión de intercambios demuestra en el mejor de los casos una cortedad de miras, en el peor un desprecio por otros elementos que fundamentan la experiencia humana. La cultura es uno de ellos. Cuando un proceso civilizatorio está en jaque o atraviesa por una crisis, difícilmente la alocación de bienes y capitales enmendará un sentimiento general de vacuidad. No todos están dispuestos a vivir en la utopía de la eficiencia.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Una semana antes de que me decidiera a escribir este texto me interceptó a mitad de la calle un viejo conocido de la preparatoria. Nunca he sido lo suficientemente rápido para escaparme y de todas formas no era la primera vez que coincidíamos en lo que iba de este año. Tal parece que vivimos más cerca que cuando compartíamos las aulas. Apreté los puños y lo acompañé en su recorrido por una de esas avenidas cuyo nombre solo cobra sentido cuando se las examina desde la perspectiva histórica. Hay tres puentes a lo largo del recorrido, pero la tierra debajo de ellos está seca. El río, sin embargo, aún existe, entubado y sucio. Resurge en toda su cochina gloria, como un canal de aguas negras, a los pies de una capilla consagrada a San Antonio Abad en la calle Francisco Sosa, cerca del centro de Coyoacán. Avanzábamos por la ruta del río subterráneo, intercambiando datos irrelevantes de nuestras vidas adultas, cuando él planteó la pregunta consabida de las almas añejas: qué te parece el gobierno. Es lamentable, dije para no quedarme callado. ¿Tú crees que se avecina una Tercera Guerra Mundial?, preguntó. Bueno, dije, las piezas se están alineando, Trump acaba de cruzar la frontera de Corea del Norte, Israel lo presiona para entrar en guerra con Irán e incluso, con tal animarlo, han nombrado unas montañas en su honor. Trump es un pendejo, dijo, pero yo creo que sus políticas contra la inmigración tienen lógica, se basan en el miedo. ¿A que una tribu hostil reemplace a la población local y trastoque su cultura?, pensé. El miedo a que entre los latinos se geste un grupo guerrillero que ponga en jaque al gobierno norteamericano, aclaró. Madre de Dios, dije para mis adentros. Viendo que yo no opinaba sobre sus teorías me hizo otra pregunta: ¿Cómo ves el tema de la marcha gay? El día anterior se había llevado a cabo una, bastante lejos de mi casa. Salgo poco. No veo televisión. Procuro no leer los periódicos locales. Utilizo &lt;i&gt;proxies&lt;/i&gt; para navegar por internet. Así es como prevengo a mi organismo de caer en la trampa de los ansiolíticos. Es lo que debería hacer mi padre, un izquierdista de la vieja guardia a quien no le agrada ver travestis tomando las calles. Él tuvo que soportar algo peor que los atascos provocados por la marcha: el enriquecimiento cultural y los pavoneos de criaturas velludas en el espejo retrovisor. Respondí a la pregunta de mi compañero como lo hubiera hecho en mis tiempos liberales: no es mi asunto lo que la gente haga a puertas cerradas. No quedé conforme, de modo que, traicionando mi prudencia usual —no tanto por miedo a lo que provoquen mis opiniones sino porque &lt;a href=&quot;https://expresionreaccionaria.blogspot.com/2015/04/de-la-inutilidad-del-debate.html&quot;&gt;no me interesan los debates&lt;/a&gt; y la voz de las personas suele aburrirme—, rematé con una pincelada de sinceridad: Me inquieta el empleo de expresiones contraculturales como herramienta de control. Se mostró de acuerdo, para mi sorpresa. No sabía que tuviera opiniones propias. Argumentó que la noción contemporánea de libertad no era sino la nueva cara del fascismo. Ya no se trata de reivindicar las preferencias sexuales sino de atomizar a las personas para ponerlas las unas contra las otras. Nos hallamos en el desamparo conceptual donde ya nadie sabe qué demonios es el otro, el mundo y sus criaturas se han vuelto inasibles. Cuando nos damos cuenta ya solo entendemos el odio: una vez que los individuos dejan de reconocerse los unos a los otros y no son capaces de establecer un vínculo con su medio —la sociedad, sus instituciones públicas y privadas— lo natural es adoptar una actitud de defensa y recelo. De tal manera que mientras los individuos pelean entre sí las autoridades pueden ejercer con mucha mayor comodidad el control totalitario.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Una novela distópica se beneficiaría de las ideas de mi compañero. El arte especulativo encuentra su cenit en la creación de mundos alegóricos que, aunque exageran los rasgos del verdadero, lo desnudan con suficiente precisión para que, al menos por un instante, pensemos que semejante horror es posible. Más allá de los excesos, me pareció que su discurso reflejaba bien uno de los problemas torales de nuestro tiempo: la degeneración del lenguaje como prueba inequívoca de que quien domina los discursos detenta el poder. En la actualidad el fascismo ha dejado de significar lo que era antes —un régimen nacionalista, autóctono, basado en la sumisión del individuo al colectivo— para trocarse en un sinónimo del autoritarismo. En la actualidad, Occidente es en buena medida un conglomerado de naciones globalistas, de identidad cada vez más diluida, mayormente volcadas al capitalismo de Estado, regidos por el furor democrático y las ansias por mostrarse como ejemplos de vanguardia en los ámbitos de la cultura. Los nacionalismos, sobre todo aquellos que surgen en las naciones de primer mundo, son la respuesta popular contra el relativismo según el cual todas las culturas y los individuos son intercambiables y maleables; es por ello que tienden a ser conservadores en lo que concierne a las tradiciones y escépticos ante los beneficios del libre mercado. La forma que el control adopta bajo el fascismo es directa, brutal, ausente de subterfugios. El control en la sociedad democrática se da por la vía de la máscara y el espejismo. Las correas en un Occidente inserto en los procesos globales, donde el credo son los derechos humanos, el multiculturalismo y los discursos de género, han de ser confortables antes que contundentes. No se oprime ya por la bota militar como por el canto de sirena que resulta de la articulación de los discursos progresistas.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Queda la posibilidad de que mi compañero no estuviera del todo equivocado y que, al centro de la promoción violenta, rayana en la adoctrinación, de las más variopintas expresiones de la sexualidad humana, esté una dialéctica de la confrontación: el progresismo solo puede existir en el contexto de los contrastes, las pugnas y el encono; si no hay inercia a superar, el progresismo pierde su propósito y sentido filosófico. Sinceramente, considero que solo un puñado de intelectuales tienen la inteligencia que se requiere para instrumentalizar semejantes tácticas. La mayor parte de los políticos modernos basan sus actos en el oportunismo. Son, por lo general, personajes vacíos que carecen de ideas y discursos propios. Hay que temer de las academias y los intelectuales, que es de donde surgen los relatos que más tarde hallan un correlato en la praxis política. No tantas décadas atrás un tal Marcuse, marxista de formación, perdía la esperanza en las luchas obreras. Simplemente, las hallaba poco viables en el contexto de la prosperidad material que se deriva de las economías de libre mercado.&amp;nbsp; En cambio, proponía la exaltación del eros como medio de subversión en el Occidente capitalista. Todo progreso requiere del desmantelamiento de las viejas estructuras. Así caen las tradiciones, surgen nuevas formas de entendimiento y se normaliza lo que antes se tenía por abyecto. Quizá el propósito de quienes lideran el Occidente moderno no sea engendrar el odio entre las distintas facciones que conforman la sociedad para así hacerse de un mayor poder. Quizá sean, en su mayoría, idiotas útiles que ejercen una maldad ingenua y no sean muy distintos a los ciudadanos embrutecidos por las promesas del credo progresista.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Al final de la avenida, a mano derecha, hay un Wal-Mart y frente a él una parada ilegal de camiones y un metro. Había llegado la mejor de las horas, la despedida, el momento en que uno puede retomar su ruta, ponerse los audífonos, pretender que uno está solo. Me confesó que después de trabajar en el sector financiero el abismo al que había estado viendo terminó por verlo de vuelta y que, como resultado de sus temores nietzscheanos, se dedicó a bregar por profesiones más nobles. La última de ellas, un puesto en la administración de un hotel que duró poco debido a una tragedia ambiental. Ahora estaba desempleado. Me propuso llevar a cabo un golpe de estado. Me tomé el chiste quizá un poco demasiado en serio, ya sea porque en otras ocasiones había hecho pública mi fantasía de imitar el teatro de Mishima solo que en Palacio Nacional y reemplazando el tanto —la daga japonesa con que se corta el vientre— por un objeto más autóctono —un cuchillo de obsidiana, como el que empleaban los aztecas en sus sacrificios—, o porque no estaba hablando con un don nadie sino con el sobrino de quien en 2006 fuese uno de los candidatos a la presidencia. No diré cuál, porque él, a sus diecisiete años, no parecía particularmente cómodo con el apellido y lo cierto es que nadie en el salón tenía el valor de hacerle burlas. El miedo al cacique es un rasgo del carácter nacional. Me propuso ser su secretario de hacienda, habida cuenta de que había estudiado economía. Prefiero estar tras bambalinas, dije. Las cuentas me aburren, me asola el pánico escénico, no sirvo para la diplomacia ni para apretar manos. Sí, no tenías amigos, dijo. Fingí reírme y él se dio la vuelta. Aceptaría escribirte los discursos, le dije antes de que se hundiera en el subsuelo que lo llevaría al metro.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
¿Cuántas veces alguien, al pasear por unos rumbos que cada día le parecen más feos, se preguntó si estaría atestiguando el momento preciso en que colapsan los muros de su civilización? Demasiados como para creer que la amargura de uno es especial. Fuimos condenados al sino de la insatisfacción y malditos por un demonio que nos inspira a anticipar las catástrofes. No tengo intenciones de decretar finales ni últimos tiempos, como tampoco me interesa tocar las fanfarrias del optimismo y suponer ingenuamente que el resurgimiento es posible. Mi objetivo es observar y dejar un registro. Sirvan las presentes reflexiones como prólogo a lo que podría ser una serie de artículos y viñetas de este mundo cambiante, progresista, degenerado.&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2019/07/cronicas-de-un-occidente-degenerado.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhHNA4i3Qo0iZV5sSmyefZw5Ipbf0XcFHzb2wNqF0UEOEuD-DJabWZiHSoj-MCOCH1ETt9tF33AIiv4HiaB2VziHzPgIZYwXkT4Iulx58fUSHyELPRV3H8akghnNza485_g8rXaZ_iSQdBe/s72-c/Europa.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-550509902409761210</guid><pubDate>Fri, 10 Apr 2015 23:44:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-04-10T16:44:59.540-07:00</atom:updated><title>De la inutilidad del debate</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;http://i1.kym-cdn.com/photos/images/original/000/220/150/R4WJHSH5TJ4EXVZ4IWS2A6VYE3LL3FM6.gif&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;http://i1.kym-cdn.com/photos/images/original/000/220/150/R4WJHSH5TJ4EXVZ4IWS2A6VYE3LL3FM6.gif&quot; height=&quot;240&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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Recientemente un progresista de Holanda decidió debatir conmigo a propósito de &lt;a href=&quot;https://www.goodreads.com/review/show/777432031?book_show_action=false&quot;&gt;una reseña que hice en Goodreads&lt;/a&gt; acerca de ese panfleto de poca monta, pero que tanto ha calado en la academia y en Tumblr, sobre &lt;a href=&quot;https://www.youtube.com/watch?v=9qk9R3u0r00&quot;&gt;el privilegio blanco&lt;/a&gt;. El sujeto en cuestión invirtió una hora o más escribiendo su contraargumento, con datos, gráficas y todo, solo para encontrar una hora después que su comentario había desaparecido. Para desgracia suya, de toda la izquierda, de la mayor parte de los sectores libertarios e incluso de varios otakus (no soy conocido en &lt;a href=&quot;http://seventhstyle.com/&quot;&gt;el séptimo estilo&lt;/a&gt; por interesarme en las opiniones de los demás acerca del moe), hace cosa de dos años que yo renuncié por completo al debate.&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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Idealismos aparte, por lo general debatimos no para cambiar nuestras ideas sino para reforzar nuestras convicciones. Lo más sensato, en ese sentido, es asumir que el contrario no es alguien a quien le interese adoptar las ideas de uno. Quien entra al campo de batalla con ganas de caer ante el otro es porque o se trata de un suicida o de un imbécil. Hay algo noble, nos dice nuestra cultura democrática, en el intercambio de ideas y el diálogo entre los que piensan distinto. Tal vez sea cierto para muchos, pero es claro que para mí no. Debatir, sobre todo en internet, consume tiempo y reditúa muy pocos beneficios. &amp;nbsp;&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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Cabe la posibilidad del desencanto de las ideas propias. Si ese es el caso, existen mejores medios para revalorar las ideologías —los libros o este blog, por ejemplo—. Pensemos en un valioso concepto que nos ha dejado la ciencia económica: la división del trabajo. Diferentes personas cumplen con distintos roles en la sociedad. Hablando en estos términos, están aquellos que proveen información y los que la reciben. No debería extrañar a nadie que, desde hace un tiempo, yo me dedique únicamente a escribir &lt;a href=&quot;https://unam.academia.edu/KrishnaAvenda%C3%B1o&quot;&gt;ensayos que no necesito defender &lt;/a&gt;(ya que la mera argumentación debería bastar) cuando quiero ser serio al respecto de ciertos temas. Hay una razón por la que algunas personas se dedican solo a desarrollar y transmitir información. Se trata de un talento que no todos tienen ni pueden adquirir. El hecho de que dos personas compartan las mismas ideas no las convierte en iguales. Uno tendrá una mejor pluma para ponerlas por escrito. Si esto no fuera así, entonces todos serían excelentes escritores. Pero así no funciona la naturaleza humana: nunca fuimos una especie destinada a la igualdad ni de condiciones ni de resultados. De ahí que los reaccionarios reconozcamos las jerarquías, con todo el narcisismo que esto conlleva.&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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No es difícil adelantarse a los argumentos del contrario. Aquellas personas como el holandés a quien le borré el comentario seguramente pensarán que lo mío se trata de cobardía. Yo lo llamo simple pereza. Pero no importa cuál sea la verdad: el tulipán no cambiará de ideas y yo no perderé el tiempo intentando convencerlo de que se equivoca. Hay cosas más productivas por hacer, y lo cierto es que todo ese anime no se va a ver solo.&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2015/04/de-la-inutilidad-del-debate.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-3525903102881593987</guid><pubDate>Wed, 28 Jan 2015 01:38:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-01-27T17:38:49.086-08:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Derecha</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Progresismo</category><title>Syriza, equidad de género y la derecha disfuncional</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi3UfrHhMI9DUHsVufiWvP4bbAgdZPY4fbQjtWgN7AZcna6GvIXvJeyPsiJpI-gKtnZdUEBO4W0nx7f1pmy4MTykoKhdMYr53Me7PiZi58CA3tH00AGeGjHeMK4IkBrk7uWXqehCvD4w3nb/s1600/syriza-m.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi3UfrHhMI9DUHsVufiWvP4bbAgdZPY4fbQjtWgN7AZcna6GvIXvJeyPsiJpI-gKtnZdUEBO4W0nx7f1pmy4MTykoKhdMYr53Me7PiZi58CA3tH00AGeGjHeMK4IkBrk7uWXqehCvD4w3nb/s1600/syriza-m.jpg&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
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Ya no solo es patético, es de risa. Los comunistas griegos de Syriza no tardaron en sorprender al mundo con la más terrible de las noticias. No estamos hablando de su programa económico ni del desplome en los mercados financieros a raíz de la llegada de los rojos. Se trata de algo mucho peor: &lt;a href=&quot;http://www.eldiario.es/politica/Yanis-Varufakis-prestigioso-economista-Gobierno_0_350315543.html&quot;&gt;la falta de mujeres en el gabinete de gobierno&lt;/a&gt;. No es que esa sea una novedad. Aunque la señora Luxemburg cacareara demasiado en sus tiempos y sus viudos la reivindicaran en toda oportunidad, lo cierto es que al comunismo siempre le gustaron más las barbas y bigotes tupidos. Lo que ya se ha vuelto ridículo no es la actitud de la izquierda, sino la de esa derecha disfuncional que no se ha tardado en poner el grito en el cielo al enterarse del exceso de testosterona en los puestos de poder.&lt;/div&gt;
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Queda clara una cosa: al conservador disfuncional le encanta ese juego que hasta entonces era reservado solo para los zurdos; se llama “yo soy más progre que tú”. Apto para los necesitados de atención y los que quieren quedar bien con la sociedad de los modernos, este juego es tan sencillo que apenas se necesita repetir una frase hecha al gusto de la izquierda. El objetivo es ver quién de los participantes es el más comprometido con la equidad, que a su vez se trata del valor más importante en el mundo. Sin embargo hay un inconveniente: este no es un juego del todo justo, porque incluso si el conservador lo gana tiene que perder. Eso, sin embargo, no es impedimento para que nuestro conservador contemporáneo siga insistiendo con la esperanza de que algún día alguien lo tome en serio.&lt;/div&gt;
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No sorprendería que un hashtag como #SinMujeresNoHayDemocracia fuera utilizado por los guerreros de la justicia social de siempre —el empujar la equidad forzosa de género es parte de su agenda—, pero sí resulta cuando menos cómico que los anticomunistas se subieran en masa a ese barco. Alguien dirá: no seas idiota, no lo hacemos porque en realidad apoyemos las cuotas de género, nuestra intención es demostrar la hipocresía de la izquierda. Eso se entiende, pero en este juego los motivos se vuelven irrelevantes a la luz de un hecho ridículo: esa necesidad patológica de la derecha disfuncional por validar moralmente las ideas del progresismo, haciéndolas ver no solo deseables sino necesarias para la sociedad. &amp;nbsp;&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2015/01/syriza-equidad-de-genero-y-la-derecha.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi3UfrHhMI9DUHsVufiWvP4bbAgdZPY4fbQjtWgN7AZcna6GvIXvJeyPsiJpI-gKtnZdUEBO4W0nx7f1pmy4MTykoKhdMYr53Me7PiZi58CA3tH00AGeGjHeMK4IkBrk7uWXqehCvD4w3nb/s72-c/syriza-m.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-4377585165455605403</guid><pubDate>Wed, 07 Jan 2015 18:17:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-01-07T14:50:35.216-08:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">El suicidio de occidente</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Progresismo</category><title>Apuntes sobre la muerte de occidente: Atentados islamistas en Francia</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;http://2kpcwh2r7phz1nq4jj237m22.wpengine.netdna-cdn.com/wp-content/uploads/2015/01/HebdoEnglish.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;http://2kpcwh2r7phz1nq4jj237m22.wpengine.netdna-cdn.com/wp-content/uploads/2015/01/HebdoEnglish.jpg&quot; height=&quot;210&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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Sucede a veces que no es a los conservadores sino a los progresistas a quienes les explota en la cara la pirotecnia que ellos mismos ponen frente a sí. No habría que sorprenderse por las noticias acerca del terror, después de todo este es el mismo occidente que, en aras de las sonrisas y las buenas intenciones, hace décadas que camina hacia el desfiladero. Un día un novelista publica una ficción acerca de una Francia en la que un musulmán gana la presidencia, al siguiente la élite intelectual lanza sus ataques en contra del escritor, pocos días después, al grito de Alá es grande, un grupo de inmigrantes, seguramente con una ciudadanía que se les otorgó ciegamente, se plantan frente a las oficinas de una revista progresista de sátira y matan a una docena de personas, periodistas y policías incluidos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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De nuevo: no nos alarmemos, esto es occidente. Un occidente que, cargando el fardo de una absurda culpa autoimpuesta y acusado por unas ansias suicidas, parece más preocupado por la creciente popularidad de alguna política de derecha que ha hecho su carrera advirtiendo sobre los problemas de la inmigración masiva, que por los ya comunes actos de violencia que a modo de hobby perpetran los mahometanos. El novelista que causó escándalo por su novela de tintes proféticos, Michel Houellebecq, ya lo advertía: Le Pen podrá parar la inmigración, pero no la islamización de Francia.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjmy-Em1rDdlIyDmrpggv1BZWCoB5xVyOnq1R6DVoG-1PDwREuswFKzcWBDJbouD5UIzPIAc_hncwQj7P4pM8WIlR8A_V3zOpb-U_iPoyJcdODtP7ZTL5ZfexICaZbgzwjzvC8hxEIe7qbz/s1600/dailynews.png&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjmy-Em1rDdlIyDmrpggv1BZWCoB5xVyOnq1R6DVoG-1PDwREuswFKzcWBDJbouD5UIzPIAc_hncwQj7P4pM8WIlR8A_V3zOpb-U_iPoyJcdODtP7ZTL5ZfexICaZbgzwjzvC8hxEIe7qbz/s1600/dailynews.png&quot; height=&quot;237&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
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No hay que desestimar el hecho de que las víctimas fueron los biempensantes. La misma publicación de poca monta que incurrió en el error de provocar a sus huéspedes por medio de una caricatura que ridiculizaba al profeta, hacía lo propio con la figura central del cristianismo. Mientras que los de la media luna no han escondido la cimitarra, hace mucho tiempo que los creyentes en Jesús olvidaron cuando Él proclamó: &lt;i&gt;No he venido a traer paz, sino espada&lt;/i&gt;. Véase la patética reacción de un periódico estadounidense, censurando la imagen que desató la ira de las bestias por temor a la ofensa de los salvajes. No hace falta recurrir al imaginario heroico de los cruzados para entender el sentido de la sentencia que aparece en Mateo 10:34. Hay un abismo entre dar la otra mejilla y ofrecer la yugular al enemigo.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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No es un asunto solo de fronteras. La paranoia de los occidentales es tan grande que más vale no proclamar el diagnóstico correcto, porque de hacerlo se corre el riesgo de ser declarado anatema en la religión del progresismo. Sonarán los balazos, estallarán las bombas, pero los que ya tienen su nicho de poder y una narrativa fija, basada en el concepto tan europeo de la tolerancia patológica, no pedirán una reconquista moral y cultural para su continente. Esa no es posibilidad en la civilización de los que mueren por garantizarle a otro el derecho a destruirlos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2015/01/apuntes-sobre-la-muerte-de-occidente.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjmy-Em1rDdlIyDmrpggv1BZWCoB5xVyOnq1R6DVoG-1PDwREuswFKzcWBDJbouD5UIzPIAc_hncwQj7P4pM8WIlR8A_V3zOpb-U_iPoyJcdODtP7ZTL5ZfexICaZbgzwjzvC8hxEIe7qbz/s72-c/dailynews.png" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-7761375302603591329</guid><pubDate>Sun, 09 Nov 2014 21:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-11-09T13:30:07.397-08:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Intelectuales</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Libertarismo vulgar</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Progresismo</category><title>A 25 años de la caída del Muro. No ganamos nada.</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj_3fxpmMMvozxSuYBHMHQ0YPJAEB0XnmrZCLvBwRb3tYYnf5DiByNGEdScGkkXSfh6VnCdpD7M5uKGIyGirbli2a8BiwxeX5wab13aQvXG_j25qJjPb5c1Varwzsrqs1Y5yqMbCQgzK8c3/s1600/thewallmoe.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj_3fxpmMMvozxSuYBHMHQ0YPJAEB0XnmrZCLvBwRb3tYYnf5DiByNGEdScGkkXSfh6VnCdpD7M5uKGIyGirbli2a8BiwxeX5wab13aQvXG_j25qJjPb5c1Varwzsrqs1Y5yqMbCQgzK8c3/s1600/thewallmoe.jpg&quot; height=&quot;300&quot; width=&quot;400&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
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Se ganó tan solo una breve ilusión. Ese fantasma anunciado por un obeso barbado nacido en Tiers en el siglo XIX sigue presente, en formas por lo general más sutiles allá en el viejo continente y de manera abierta en buena parte de los países tercermundistas. Cayó un muro, un símbolo, pero no la idea ni mucho menos la cultura del colectivismo. Los cursis festejan un montón de escombros y piedras que no dicen nada de la afrenta contra la libertad y el sentido común en la época actual. Mientras que ellos veneran esos cascajos, los Estados continúan avanzando hacia una senda de la que jamás se desviaron. En el mejor de los casos redujeron la marcha y, como los ciudadanos e intelectuales demócratas ingenuos, se engañaron a sí mismos. Todos los vicios acarreados por la cultura del socialismo persisten, abanderados incluso por las derechas disfuncionales del mundo civilizado.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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Esto es lo que sucede en un mundo donde el relativismo es ley. Esos liberales confusos no entienden que una tregua temporal o un aparente cese al fuego no es una conquista. ¿Cómo celebrar la aparente caída del andamiaje socialista si en Europa surgen cada vez con más fuerza partidos contrarios a la idea de la libertad? Y lo que es peor: su aceptación, como en el caso de Podemos en España, no es poca. &amp;nbsp;Bastaron veinticinco años para que los enemigos de occidente fuesen capaces de exponer las ideas revolucionarias ya sin la necesidad de esconderlas tras el velo de los eufemismos. Ante el hartazgo de las masas, no producido por una aplicación irrestricta de los principios liberales sino por el híbrido del corporativismo y las modas progresistas, hoy las izquierdas más irracionales no tienen que hacer demasiado para convencer a la gente de que sus ideas no son peligrosas. Si fuera cierto que la libertad triunfó, entonces esos personajes estarían de facto desacreditados.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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Como sucede con muchas cosas que son tomadas como conquistas sociales, este es un asunto de cursis. Hace cinco años gané una mención honorífica en un &lt;a href=&quot;http://www.caminosdelalibertad.com/&quot;&gt;concurso&lt;/a&gt; cuyo tema era “La libertad a veinte años de la caída del Muro de Berlín”. Yo fui el único que escribió un ensayo al respecto. El segundo lugar se lo llevó un &lt;a href=&quot;http://www.caminosdelalibertad.com/resources/uploads/pdf/20130409_221712_caminos_jovenesescrita_2o_lugar.pdf&quot;&gt;poema de corte arjoniano&lt;/a&gt;. Lo más memorable fue el espectáculo cutre con que dio inicio la ceremonia de premiación. Un gran muro en el escenario fue derribado al momento de que una banda versátil cantaba el famoso estribillo de &lt;i&gt;Another Brick in The Wall&lt;/i&gt;, quizá sin entender que ese disco más bien mediocre de Pink Floyd hablaba en realidad de otras cosas. Y entre tantas luces y humo, podríamos ser más apropiados con esas ideas románticas de victoria y seguir escuchando en un loop infinito aquella canción de los Scorpions, incluso en su &lt;a href=&quot;https://www.youtube.com/watch?v=UPQge1FkqeU&quot;&gt;infame versión cantada en el peor ruso que el oído humano ha registrado&lt;/a&gt;. Mientras, afuera del sótano donde se lleva a cabo la fiesta de la cursilería, los enemigos de la libertad no han desperdiciado ni un minuto en construir otros muros, acaso transparentes para que los idiotas útiles sigan festejando sus ilusiones.&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2014/11/a-25-anos-de-la-caida-del-muro-no.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj_3fxpmMMvozxSuYBHMHQ0YPJAEB0XnmrZCLvBwRb3tYYnf5DiByNGEdScGkkXSfh6VnCdpD7M5uKGIyGirbli2a8BiwxeX5wab13aQvXG_j25qJjPb5c1Varwzsrqs1Y5yqMbCQgzK8c3/s72-c/thewallmoe.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-8525109288609740551</guid><pubDate>Fri, 07 Nov 2014 00:28:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-11-06T16:28:35.940-08:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Marxismo cultural</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Progresismo</category><title>No le haga caso a los escritores progresistas</title><description>&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEimCFzXuVjLN2Ic3nOQBfe60SPnHJfUVC4t6m4MEF-RV-e6dPscwrEjeX6_maSwmNuhFeymdqCAxzE8Wky9Z5uHUb9cwQdj65CVR9DS7IrvtualRw-I9AXS_XDS2WpPeRrk9BwDyo_wED0r/s1600/Michel-Houellebecq.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEimCFzXuVjLN2Ic3nOQBfe60SPnHJfUVC4t6m4MEF-RV-e6dPscwrEjeX6_maSwmNuhFeymdqCAxzE8Wky9Z5uHUb9cwQdj65CVR9DS7IrvtualRw-I9AXS_XDS2WpPeRrk9BwDyo_wED0r/s1600/Michel-Houellebecq.jpg&quot; height=&quot;213&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #181818; font-family: Georgia, Times, &#39;Times New Roman&#39;, serif; font-size: 14px; line-height: 18.2000007629395px;&quot;&gt;Empecemos por tomar este texto como lo que es: una simple diatriba posmoderna cuyo subtítulo podría ser “por qué dejé de seguir a escritores por Twitter” o “por qué dejé de interesarme por lo que los autores y sus novias, parejas o viudas tienen que decir sobre cualquier otra cosa que no sea su obra”.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: #181818; font-family: Georgia, Times, &#39;Times New Roman&#39;, serif; font-size: 14px; line-height: 18.2000007629395px;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #181818; font-family: Georgia, Times, &#39;Times New Roman&#39;, serif; font-size: 14px; line-height: 18.2000007629395px;&quot;&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;line-height: 18.2000007629395px;&quot;&gt;Los escritores no tienen nada que decir si no es a través de la literatura. Alguna vez cometí el error de sentir curiosidad por los comentarios que los autores hacen al margen de sus letras. Lo que en la gran mayoría de los casos uno escucha no es más que lugar común. Curioso, porque quienes entienden de estilo literario evaden como la plaga cualquier rastro de cliché. No así al momento de las opiniones, que son siempre moldeadas de acuerdo al relato único de los intelectuales. Son vanos pero se sienten profundos; creen transgredir algo pero solo reiteran las ideas de la masa; muchos se enemistan entre sí pero no dicen nada esencialmente distinto. Esos autores van por millares hacia el mismo sitio, a su catedral del pensamiento unitario. Si alguien en serio cree que hay algo interesante en el regodeo de los progresistas, que se una a la procesión donde seguramente recibirán muchas palmadas en la espalda y abrazos grupales.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/span&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: #181818; font-family: Georgia, Times, &#39;Times New Roman&#39;, serif; font-size: 14px; line-height: 18.2000007629395px;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #181818; font-family: Georgia, Times, &#39;Times New Roman&#39;, serif; font-size: 14px; line-height: 18.2000007629395px;&quot;&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;line-height: 18.2000007629395px;&quot;&gt;Podría ser una falta de compromiso de mi parte. No lo dudo, si es que por esa palabrucha manida del compromiso se entiende la adhesión a ese tipo de ideas y no a otras convicciones con peor prensa. Por ejemplo, cuarenta delincuentes, en medio de una protesta social, secuestran e incendian un camión. El idiota útil, es decir el escritor comprometido, sale rápido a relativizar el terrorismo de igual manera que lo hace la manada. Pero si mencionar el contexto mejicano le molesta a los sensibles, pensemos que esa misma estirpe de escribidores se comporta de manera similar en cualquier otro lado, ya sea tendiendo más simpatía por los terrucos que por los militares en el Perú o los que aun consideran que los Montoneros de la Argentina eran simples idealistas.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;line-height: 18.2000007629395px;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/span&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: #181818; font-family: Georgia, Times, &#39;Times New Roman&#39;, serif; font-size: 14px; line-height: 18.2000007629395px;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #181818; font-family: Georgia, Times, &#39;Times New Roman&#39;, serif; font-size: 14px; line-height: 18.2000007629395px;&quot;&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;line-height: 18.2000007629395px;&quot;&gt;Hacia el final de&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://www.goodreads.com/book/show/1351141.Plataforma&quot; style=&quot;color: #666600; line-height: 18.2000007629395px;&quot; title=&quot;Plataforma by Michel Houellebecq&quot;&gt;Plataforma&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;line-height: 18.2000007629395px;&quot;&gt;&amp;nbsp;de&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://www.goodreads.com/author/show/32878.Michel_Houellebecq&quot; style=&quot;color: #666600; line-height: 18.2000007629395px;&quot; title=&quot;Michel Houellebecq&quot;&gt;Michel Houellebecq&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;line-height: 18.2000007629395px;&quot;&gt;&amp;nbsp;—a este sí hay que hacerle caso— un grupo de musulmanes perpetra un acto de terror en contra del resort que han creado los protagonistas. La prensa se pone del lado de la indignación de los radicales, que veían en esa empresa un atentado a su identidad y moral. No solo se vuelve víctima el criminal, sino también se victimizan las ideas que tienen los idiotas o los potenciales criminales. Al francés le cayeron un par de demandas, pero si su literatura tiene hoy en día gran arraigo es porque quizá hay gente que, como yo —es decir, los que no tenemos ese compromiso chapucero con la irracionalidad y las ideas revolucionarias—, está harta de las reiteraciones vanas de todos los demás autores. Será mejor ignorarlos. Uno no se pierde de nada que no oiga en la explanada de alguna universidad o de boca de un pariente oligofrénico al que la cerveza le ha sacado de la garganta la indignación por el mal gobierno.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/span&gt;</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2014/11/no-le-haga-caso-los-escritores.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEimCFzXuVjLN2Ic3nOQBfe60SPnHJfUVC4t6m4MEF-RV-e6dPscwrEjeX6_maSwmNuhFeymdqCAxzE8Wky9Z5uHUb9cwQdj65CVR9DS7IrvtualRw-I9AXS_XDS2WpPeRrk9BwDyo_wED0r/s72-c/Michel-Houellebecq.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-5645338119968490475</guid><pubDate>Thu, 23 Oct 2014 20:17:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-10-23T13:17:48.332-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Señorita Rand</category><title>Señorita Rand, (no) necesitamos una izquierda verdadera</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi0Q_neoL5hQwdxIvKuIxDJWzyCK_uDq1H3HJJCnpqN5OZVB7halc9BPkYjb4cacxL_HVLyTfICaGbOaAbEUrz0HhfoOvhcWYGTUo7RSHsLdvqq05p1zkrHV6y5wwzNqWr5mmwVQNgq-GNo/s1600/rand-consultorio.png&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi0Q_neoL5hQwdxIvKuIxDJWzyCK_uDq1H3HJJCnpqN5OZVB7halc9BPkYjb4cacxL_HVLyTfICaGbOaAbEUrz0HhfoOvhcWYGTUo7RSHsLdvqq05p1zkrHV6y5wwzNqWr5mmwVQNgq-GNo/s1600/rand-consultorio.png&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
En la nueva edición del Consultorio de la Señorita Rand tenemos la pregunta de Zurdo Dueñas (52 años), que parece estar preocupado por la falta de opciones políticas:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;blockquote class=&quot;tr_bq&quot; style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Estimada señorita Rand, estoy muy preocupado por la situación política de mi país y, en general, por la de América Latina. Yo, como todo buen ciudadano comprometido con los ideales de la libertad, soy un demócrata convencido, pero aunque me declaro como un liberal-libertario moderado, centrista y minarquista, veo con tristeza que no hay una verdadera izquierda en esta nación. Lo que tenemos es una izquierda populista y autoritaria, no una moderna, moderada y modernizadora como sí la hay en Uruguay (soy fan de Pepe Mujica) o en Chile (¿ya le dije que admiro a Lagos y respeto profundamente a Bachelet?). Todos sabemos que en la democracia necesitamos pluralidad y contrapesos, y la verdad es que yo no me fío de ninguna derecha paleoconservadora que se dice liberal para salvaguardar mis libertades sociales, como mis abortos o mis matrimonios gays.&lt;/blockquote&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote class=&quot;tr_bq&quot; style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Me parece que lo menos importante es de dónde venga el cambio. La izquierda moderna puede muy bien acompañarnos en el camino hacia las reformas, como ya lo han hecho en los países recién mencionados. Yo la verdad es que ya estoy harto de tanto antizquierdismo.&amp;nbsp;&lt;/blockquote&gt;
&lt;blockquote class=&quot;tr_bq&quot; style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Besos y abrazos, señorita.&lt;/blockquote&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Querido Zurdo, he leído con atención tu carta y me parece que, en efecto, eres un gran y ejemplare&amp;nbsp;&lt;i&gt;liberal&lt;/i&gt;, así con itálicas. Lo cual está bien, supongo, si es que esos son tus intereses y estás dispuesto a sincerarte, escribiendo bien la palabra u optando por su equivalente en castellano. Está claro que eres un liberal comprometido con los (según tú) nobles valores de la igualdad y eso te hace sentirte bien, como un ciudadano del mundo que desafía los estándares y que incomoda a los malos reaccionarios. Eres una amenaza al &lt;i&gt;establishment&lt;/i&gt; y al pensamiento único, sí que sí, incluso si tú eres ese pensamiento único. Pero no te asustes, en realidad hay muchos como tú y eso es lo que se espera del buen ciudadano; que su ideología pueda moldearse bien a las necesidades que, en teoría, tiene el mundo moderno. En fin, que eres muy &lt;i&gt;mainstream&lt;/i&gt;. Pero eso no está mal, porque te garantiza el aplauso de los bobos, que son mayoría como bien sabemos. A fin de cuentas los que de verdad desafían a La Catedral del pensamiento unitario están por otro lado.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Creo que, &amp;nbsp;como muchos otros —desde «liberales» hasta socialdemócratas—, te has contagiado de la fiebre pluralista, tan propia de estos tiempos extraños en los que me ha tocado regresar como consultora de dudas online. Sucede que hay cosas que son menos malas que otras, pero que siguen siendo una enfermedad. Nadie quiere estar enfermo, a menos que tenga un caso de gusto patológico por lo que está mal. No podrías decir, objetivamente hablando, que un resfriado es algo más o menos bueno. Claro, lo puedes comparar con una pulmonía y entonces sentirte aliviado de que no tienes algo peor. Pero lo que nos interesa es que, en el fondo, no estamos bien; hay algo que estorba y que sería mejor no tener.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Es fácil cuando lo ponemos en términos clínicos, pero al momento de traducir el símil, que ya debería ser bastante obvio, corremos el riesgo de que algún buenagente nos acuse de ser malvados antidemócratas. Lo que te digo, querido Zurdo, es que tanto eclecticismo es peligroso y que solo lleva a un lado, y ese destino, me temo, no es el de la libertad ni el de la responsabilidad. En los moderados izquierdistas quedará siempre la tentación igualitaria, que es la que tú tienes porque eres un &lt;i&gt;liberal&lt;/i&gt;, no un liberal. A lo que voy, para decirlo con lenguaje de pueblo: la izquierda no hace falta, sea estalinista o moderna.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Te voy a decir algo más, un secreto de esas personas que admiras. ¿Sabes por qué a veces los modernos izquierdistas aplican algunas medidas capitalistas? Fácil: ellos saben y se dan cuenta de que funcionan. Ya con la legitimidad que les da ese híbrido (que obviamente sería mejor tenerlo en estado puro), tienen el terreno libre para avanzar en su agenda igualitaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí en mi consultorio también somos de mente abierta y llamamos a que todo el mundo asuma sus tendencias, su realidad &amp;nbsp;y que no aparente lo que no es. Tal vez necesitas que te lo diga alguien más, aunque pueda ser incómodo. Mientras los tibios avalan esa fachada que, en el fondo, sabes que es un eufemismo que suena bien para no decir las cosas como son, aquí tenemos la obligación moral de enfrentarte a tu realidad. Y tú, mi estimado Zurdo, aplaudes a Mujica por estatizar la marihuana, no por liberalizar el mercado. Tú respetas a una Bachelet que, no siendo todo lo allendista que ella quisiera, sí empieza a aplicar medidas para retroceder en los avances liberales de su país, solo porque sus acciones se acomodan a tus prioridades igualitarias y de vanguardia. Tú eres un &lt;i&gt;liberal&lt;/i&gt; con cursivas, que en inglés quiere decir progresista.&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2014/10/senorita-rand-no-necesitamos-una.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi0Q_neoL5hQwdxIvKuIxDJWzyCK_uDq1H3HJJCnpqN5OZVB7halc9BPkYjb4cacxL_HVLyTfICaGbOaAbEUrz0HhfoOvhcWYGTUo7RSHsLdvqq05p1zkrHV6y5wwzNqWr5mmwVQNgq-GNo/s72-c/rand-consultorio.png" height="72" width="72"/><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-3854247540462103456</guid><pubDate>Fri, 17 Oct 2014 22:23:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-10-17T15:23:25.047-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Marxismo cultural</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Progresismo</category><title>La RAE y la desvirilización del lenguaje</title><description>&lt;table align=&quot;center&quot; cellpadding=&quot;0&quot; cellspacing=&quot;0&quot; class=&quot;tr-caption-container&quot; style=&quot;margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;&quot;&gt;&lt;tbody&gt;
&lt;tr&gt;&lt;td style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjbaqExOwwOc90C0Zm7yzHcyFXFMfgiHZ8e9RZtM_NBTZtnf6Yq-NZv9rOBDH7DUXQ-nVOczp5zdvfdaAjJx2xYKhc-lyb03fZmzSmaGHU5yhrudOoPSZVwPJZwexrZnPOuneYghVoNxSmP/s1600/but-hes-a-guy.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: auto; margin-right: auto;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjbaqExOwwOc90C0Zm7yzHcyFXFMfgiHZ8e9RZtM_NBTZtnf6Yq-NZv9rOBDH7DUXQ-nVOczp5zdvfdaAjJx2xYKhc-lyb03fZmzSmaGHU5yhrudOoPSZVwPJZwexrZnPOuneYghVoNxSmP/s1600/but-hes-a-guy.jpg&quot; height=&quot;226&quot; width=&quot;400&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;
&lt;tr&gt;&lt;td class=&quot;tr-caption&quot; style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;More femenine than any woman... &lt;a href=&quot;https://www.youtube.com/watch?v=WXsYUa3JJwI&quot;&gt;But he&#39;s a guy&lt;/a&gt;.&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;
&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
De pronto despertamos y nos hemos dado cuenta de que asistimos, o más bien somos llevados empujones, a la orgía totalizadora del progresismo. Si ya en el Sínodo bergogliano resonaban ecos proféticos sobre la banalización de lo tradicional, toda vez que parece sugerirse que es la eternidad lo que ha de ajustarse a los modos novedosos del hombre y no este a lo que le ha sido desde siempre común y natural, hoy vemos que no hay resquicio que se libre de la fiebre revolucionaria de lo que en épocas mejores considerábamos como la norma. Pero antes de que esto devenga un argumento teológico, baste hacer notar que estos eventos tan solo ayudan a constatar con indudable claridad la dirección de la deriva del mundo occidental. Si la estructura que los ingenuos, los alarmistas y sobre todo los modernizadores impacientes creían monolítica ha visto sacudidos sus cimientos, con más razón deberíamos dejar de dudar cuando se afirma que se vive un proceso de cambio no solo en las costumbres de los mundanos, sino también en el modo de entender la natura humana a la luz de la sociedad actual.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Qué mejor forma de consolidar la agenda que actuando sobre el lenguaje. Mientras que algunos académicos salen de vez en cuando a la defensa del sentido común y demuestran la idiotez intrínseca del lenguaje de género, la Real Academia Española, como toda buena institución neoconservadora, se apresura a salir al escenario como aquel anciano que se viste de pantalones cortos. De la mano de los &lt;a href=&quot;http://www.animalpolitico.com/2014/10/amigovio-papichulo-feminicidio-homoparental-las-palabras-que-acepto-la-rae-este-ano/&quot;&gt;amigovios y el papichulo&lt;/a&gt; que de tan bobos no ameritan escarnio, se reitera como válido y relevante en el mamotreto inefable el feminicidio, término que es propio de las mentes trastornadas que ven mayor gravedad en el asesinato de la mujer que en el del hombre, como si fuese posible establecer una diferencia cualitativa en el valor de la vida de ambos. Así nos va en nuestros tiempos posmodernos: la vida humana relativizada en un mundo donde el horror del homicidio es importante no por la condición de humanidad sino por las motivaciones, reales o interpretadas de acuerdo al humor del juez en turno, de quien perpetra el crimen.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Nada más patético que el beta humillado que, postrado y con la cabeza agachada, es incapaz de entender que &amp;nbsp;&lt;a href=&quot;http://www.enfemenino.com/feminismo-derechos-igualdad/feminismo-deja-de-ser-un-termino-sexista-para-la-rae-s1077197.html&quot;&gt;para la feminista &lt;/a&gt;y, en general, para el progresista nada será suficiente, siempre habrá algo que reformar, enmendar y volver a cambiar. Es la espiral del absurdo en la que ha caído el hombre derrotado, sobre quien los jerarcas de la lengua afirman que &lt;a href=&quot;http://www.publico.es/actualidad/550781/lo-femenino-deja-de-ser-debil-y-endeble-para-la-rae&quot;&gt;no hay en su masculinidad nada de viril ni enérgico&lt;/a&gt;. Quizá sea cierto lo que el ganado sagrado afirma cuando se analiza a fondo la naturaleza disminuida del hombre de nuestros tiempos, a quien la dignidad solo le alcanza no para asumirse como lo que debería ser sino para exigir compensaciones nimias: ahí, en la esquina de la vergüenza, están todos esos especímenes tristes que claman por la celebración de un día mundial del hombre o por la inclusión del masculinicidio en el libro de las definiciones.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Es probable que, en el gran panorama de nuestra caída, tengan una incidencia mucho menor que la de aquellos leguleyos que empezaron a usar un término absurdo antes de que la autoridad central de la lengua lo reconociera como válido. Y mientras que la RAE trata de correr a toda marcha para alcanzar los tiempos, quedarán en el tintero acciones más relevantes. A final de cuentas un idioma no es lo que dictan sus intelectuales sino lo que interpreta la mente de quien lo habla.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2014/10/la-rae-y-la-desvirilizacion-del-lenguaje.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjbaqExOwwOc90C0Zm7yzHcyFXFMfgiHZ8e9RZtM_NBTZtnf6Yq-NZv9rOBDH7DUXQ-nVOczp5zdvfdaAjJx2xYKhc-lyb03fZmzSmaGHU5yhrudOoPSZVwPJZwexrZnPOuneYghVoNxSmP/s72-c/but-hes-a-guy.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-1523373264033993479</guid><pubDate>Sun, 12 Oct 2014 23:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-10-12T16:10:54.935-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Liberalismo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Libertarismo vulgar</category><title>Un paria reaccionario en la patria libertaria</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEioiERsYnyMU-RBpRka_g2woly_WjIghZ0WzE90jkKbfhP094d6eDbe0gTgyOvItkaiH-YEKxsOlHZX50KHbv3W_dNFerqZo2HztxkJzwwl8p_-crBwAiHXE_31CJgJH9F5ua2ceRYBd5gI/s1600/See_You_Space_Cowboy_by_Carmessi.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEioiERsYnyMU-RBpRka_g2woly_WjIghZ0WzE90jkKbfhP094d6eDbe0gTgyOvItkaiH-YEKxsOlHZX50KHbv3W_dNFerqZo2HztxkJzwwl8p_-crBwAiHXE_31CJgJH9F5ua2ceRYBd5gI/s1600/See_You_Space_Cowboy_by_Carmessi.jpg&quot; height=&quot;320&quot; width=&quot;203&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Parece que la batalla por el buen uso del lenguaje corresponde a un juego del que uno ha aceptado formar parte a pesar de haberlo perdido en un inicio. Sucede con tal frecuencia que, ante la inevitabilidad, uno tiende a pensar que no hay más fin que la resignación. Será una deficiencia en la educación, una tara en la capacidad de pensamiento de los demás o un error que tiene que ver con la ingenuidad propia, pero nada de lo que uno hace parece disuadir a la gente cuya visión, en el mejor de los casos, abarca tan solo dos metros. El resultado es que uno queda como un paria en la nación de los que sufrieron la cruz de no aprobar satisfactoriamente sus cursos primarios de compresión de lectura, gastando inútilmente las palabras en tratar de que ellos capten el mensaje: no soy libertario ni escribo para contribuir a esa ideología difusa. Y a pesar de esa aclaración que no deja lugar a dudas, no son pocos los que insisten en decir que lo que sea que piensa uno tiene también un sitio dentro de la quimera abyecta del libertarismo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
De vez en cuando aparecen personajes cándidos que acusan de no ser libertarios a los que concuerdan con muchos puntos de lo que en este espacio se defiende. Aunque su juicio pueda parecer correcto, habría que decir que no lo es porque asumen que uno intenta pasar por uno de ellos. Nada más alejado de la verdad. Lo que se busca es la sana distancia de la enfermedad del relativismo y de la pandemia de la vulgaridad de las ideas. De ahí que juzguemos patológico el eclecticismo de los tibios: nada bueno sacamos en pensar que, solo porque tenemos un par de puntos en común, es buena idea compartir la casa con los progresistas de libre mercado, los que no distinguen su izquierda de su derecha, los objetivistas recalcitrantes, los ateos militantes, los socialdemócratas que creen ser minarquistas, los guerreros de la justicia social, los anarquistas que odian más al Estado de lo que aman la libertad, los globalistas suicidas de las fronteras abiertas y los ciudadanos del mundo antioccidentales.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Podría ser muy específico y decir que soy parte de eso que en el mundo de habla inglesa se llama la derecha disidente, la derecha alternativa, el paleoliberalismo o el postliberalismo (¡el espacio común entre el liberalismo y el conservadurismo clásicos!). Si eso no convence a nadie, entonces lo que hace falta es hablar en buen criollo: si existe este blog no es por la necesidad de enmendar el libertarismo —suponiendo que es posible hacerlo, que no lo es—, sino porque considero que lo único que vale la pena sobre este tema es sacar a la luz su absurdo. Nadie dijo que tomar la píldora roja fuera grato. Quien lo haga se dará cuenta de que el fin de su pensamiento libertario no era más que el devenir de todas las ideologías fallidas: un lugar en el vertedero filosófico. Por eso es que hace mucho abandoné la idea de construir un libertarismo con lindos adjetivos. Todos sabemos que sigue sin ser bueno vivir con un poquito de cáncer; lo deseable es no tenerlo. Antes de que prolifere más hay arrancarlo de raíz, echarlo al fuego y dejar de ver con solemnidad las cenizas de la decadencia. Solo entonces seremos liberales y conservadores clásicos decentes.&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2014/10/un-paria-reaccionario-en-la-patria.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEioiERsYnyMU-RBpRka_g2woly_WjIghZ0WzE90jkKbfhP094d6eDbe0gTgyOvItkaiH-YEKxsOlHZX50KHbv3W_dNFerqZo2HztxkJzwwl8p_-crBwAiHXE_31CJgJH9F5ua2ceRYBd5gI/s72-c/See_You_Space_Cowboy_by_Carmessi.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-9161486975183303548</guid><pubDate>Fri, 03 Oct 2014 23:02:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-10-03T16:02:52.809-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Marxismo cultural</category><title>Breve apología liberal al derecho a la ofensa</title><description>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;http://en.metapedia.org/m/images/7/7c/1890watermelonpic.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;http://en.metapedia.org/m/images/7/7c/1890watermelonpic.jpg&quot; height=&quot;320&quot; width=&quot;219&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
Defender la libertad de expresión como la conciben los socialdemócratas es fácil, cómodo e incluso redituable en términos políticos, mientras que hacerlo desde la óptica del liberalismo auténtico en muchas ocasiones supone un suicidio. Los primeros tienen el amparo de lo que en la actualidad llamamos la opinión pública, monopolizada hoy en día por todo lo que es políticamente correcto, nuestras buenas consciencias contemporáneas, las verdades inefables de esta era. Los segundos, en cambio, van siempre contra corriente porque deben reivindicar el derecho a expresar aquello que en la actualidad se considera que debe censurarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Solo pregúntese lo siguiente: ¿Cuántas veces hemos oído de peticiones para que el Estado regule lo que puede o no decirse en los medios de comunicación porque algunas opiniones pueden ser ofensivas para determinado grupo, llámese gays, negros, inmigrantes o la &quot;minoría&quot; que a usted más le guste? En el contexto actual, ¿qué pasaría si alguien públicamente, en un canal de televisión con gran audiencia, se denostara sin ambages a una determinada raza o si alguien filmara un programa en el que se cataloga a la homosexualidad como un trastorno mental o si una cadena hace un documental revisionista para negar el Holocausto y reivindicar los objetivos del nacionalsocialismo? ¿Lo soportaríamos o veríamos surgir miles de voces exigiendo la censura de dichos contenidos porque resultan ofensivos e injuriosos y, por lo tanto, es justificable que el Estado pase por encima de los derechos de quienes emiten tales opiniones? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema de la libertad, cuando se lo analiza desde esta perspectiva, puede ser particularmente incómodo. Hoy en día aquellos que osan saltar los cánones de la corrección política son sometidos al escarnio público y quienes defienden el derecho a la ofensa, es decir los liberales consecuentes, son también perseguidos y, encima de todo, son tildados de apologistas del odio y la violencia. No se dan cuenta los apóstoles de las buenas consciencias contemporáneas que incurren en la vieja tentación totalitaria de negar la libertad de aquellos cuyas opiniones pueden generar enojo entre determinados sectores que han sido sacralizados —no heterosexuales, discapacitados, enfermos, gente no blanca, pobres, etc.— porque suelen ser considerados como víctimas de la historia, del patriarcado, de la sociedad eurocéntrica o de lo que usted quiera. ¿Quién, entonces, defiende a los ofendidos? La respuesta liberal es sencilla: ellos mismos. De la misma manera que debemos garantizar el derecho a tener opiniones incómodas también debemos reivindicar la legítima defensa. Pero solo eso. Como bien dice Albert Esplugas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote class=&quot;tr_bq&quot;&gt;
&lt;span class=&quot;userContent&quot;&gt;Al fin y al cabo, se puede ser homófobo y 
liberal. Uno puede sentir aversión hacia los homosexuales y
 defender que tienen pleno derecho a hacer lo que quieran mientras no 
infrinjan la libertad de nadie. También se puede ser racista y liberal. O
 machista y liberal. Y por supuesto cualquier individuo tiene derecho a 
discriminar a quien quiera en el ámbito privado, o a proferir opiniones controvertidas. La libertad ampara cualquier expresión de
 desprecio u odio al prójimo, lo mismo que ampara la contestación, la 
humillación y el ostracismo de los intolerantes.&lt;/span&gt;&lt;/blockquote&gt;
&lt;br /&gt;
Pensemos en las implicaciones de permitir que el Estado regule las expresiones ofensivas. En primer lugar estamos aceptando de manera explícita que se viole la propiedad privada. Si el conductor de un programa de televisión declara su desprecio por las mujeres debería ser responsabilidad única de la empresa el decidir si es conveniente expulsar a ese trabajador. En cambio cuando se pide que el Estado, a través de algún organismo censor, obligue a la empresa a despedir a dicha persona estamos aceptando que, después de todo, es legítimo establecer reglas sobre una propiedad que no es la nuestra. Luego, si somos consecuentes, deberíamos permitir que el Estado regule lo que nosotros decimos al interior de nuestras casas y que nos obligue a aceptar que entre gente indeseable porque la propiedad privada no es más importante que un tercero. En segundo lugar, si aceptamos la necesidad de regular la ofensa entonces habría que permitir que cualquier ofendido, por la razón que sea, incluso por la más estúpida —digamos, el conductor comentó lo ridículo que es combinar un nombre en sánscrito con un apellido castellano, como Krishna Avendaño—, pida que se censure a quien se nos dé la gana, quizá ni siquiera por razones legítimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La disyuntiva es sencilla: o cedemos a la tentación totalitaria o defendemos la libertad aunque sea incómoda y pueda agraviarnos incluso a nosotros.&amp;nbsp; &lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2013/02/breve-apologia-liberal-al-derecho-la.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><thr:total>7</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-7024998525718716203</guid><pubDate>Wed, 01 Oct 2014 22:48:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-10-01T16:20:17.477-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Derecha</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Progresismo</category><title>La enfermedad crónica de la derecha</title><description>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjRbm1RL_RZmURAXRU7a_QUNHwVWMTMfiWGih3LG4WEWXfCxn0s2QhfT6F1aj_ru7SQZCXhZpkI6mdoEjXQ0vF83ot1UHWplitygk0he-CLXf_fZ8amE_ocBCnRdSG6jNy3BHGFT0zrUytz/s1600/izqder.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjRbm1RL_RZmURAXRU7a_QUNHwVWMTMfiWGih3LG4WEWXfCxn0s2QhfT6F1aj_ru7SQZCXhZpkI6mdoEjXQ0vF83ot1UHWplitygk0he-CLXf_fZ8amE_ocBCnRdSG6jNy3BHGFT0zrUytz/s1600/izqder.jpg&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
Hundida bajo el peso de su propia medianía, la derecha contemporánea, más deslavada que nunca y temerosa de sí misma, parece tener más connotaciones míticas que auténticas. Los medios, los intelectuales y los políticos no dudan en invocar su nombre, todos menos los que, supuestamente, se encuentran ubicados en ese sector de las ideologías. A la luz pública es mejor negar cualquier filiación con ella y quienes, ingenuos, creen que desafían al sistema y se arrogan la investidura del conservadurismo o del libre mercado tardan muy poco en parchar su discurso, prestos en todo momento a hallar la salida retórica más rápida. Entonces aparecen varias palabras cuya sola mención ya nos revela la tragedia: derecha moderada, centroderecha, economía social de mercado, capitalismo popular o con rostro humano, etcétera. Términos que denotan la necesidad patológica de los supuestos derechistas contemporáneos de desligarse de sus raíces y de querer mezclarse, hasta quedar indistinguibles en esencia, con sus congéneres de la izquierda deslactosada que se presenta ante la sociedad como la única opción viable en estos tiempos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Qué mejor para el progresismo cultural y sus líderes que esto suceda. No habrá de qué preocuparse mientras la derecha sea mantenga mansa —un poco gruñona, no importa— y deseosa de participar de un juego político que perdieron antes de que sonara la primera campanada. Cabe preguntarse si fueron tan brillantes los progresistas o tan idiotas los de esa derecha timorata que poco ha logrado y que no consigue echar cimientos firmes. Mientras que los primeros han sido exitosos al momento de construir un relato aceptado y deseado por grandes sectores de la sociedad, los segundos son culpables no solo de ser incapaces de combatirlo sino de caer en la trampa propuesta por sus adversarios. &amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
De allí que muchos aboguen hoy en día por el punto medio, tan de moda en estas fechas donde correrse al centro parece la decisión más sensata, toda vez que la tibieza es la zona preferida de los perezosos y la que tanto seduce a jóvenes apáticos y de cortas ideas, más ansiosos de un discurso ecléctico que de un programa sin ambigüedades. Y ya que la batalla cultural se va perdiendo de calle, los modernos izquierdistas, al menos los que tienen esa amigable fachada de la institucionalidad y que se prestan siempre a la alternancia, no tienen por qué alarmarse cuando la derecha parece ganar algo de fuerza. Esa calma radica en un hecho muy simple y de suyo trascendente: no existen condiciones para que esa derecha que por momentos goza de los favores de la gente se enraíce en los niveles más profundos de la sociedad, a no ser que haya algo que detone un cambio cultural significativo; y esto no parece un escenario probable, no hoy cuando la derecha tiene miedo a ser llamada derecha, cuando el conservadurismo es el peor de los epítetos y cuando los capitalistas no quieren ser capitalistas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Habrá que acusar de insalvable ingenuidad a quien no haya previsto el estado actual y raquítico de la derecha, tanto a los alarmistas tontos de la izquierda que ven en cualquier rastro de libre mercado la derrota a su utopía, pero sobre todo a los derechistas bobalicones que creyeron que una privatización o un muro hecho escombros bastarían para asegurar la permanencia de los valores liberales. Esta &lt;i&gt;naïveté&lt;/i&gt;, propia de una generación que de tan iluminada por los destellos de los nuevos tiempos terminó por deslumbrarse, habría de devenir estertor y derrota. &amp;nbsp;Nunca fueron más vigentes las palabras que en 1953 el preclaro teólogo y filósofo &lt;a href=&quot;http://in-exspectatione.blogspot.mx/2014/06/muy-la-derecha-de-francisco.html&quot;&gt;Francisco Canals&lt;/a&gt; pusiera por escrito en una de sus más memorables piezas: &lt;i&gt;&lt;a href=&quot;http://elmatinercarli.blogspot.com.es/2010/05/tradicionalismo-o-conservadurismo-ii.html&quot;&gt;El derechismo y su inevitable deriva izquierdista&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;blockquote class=&quot;tr_bq&quot;&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Mientras la izquierda proclamaba que nada le parecería demasiado revolucionario, la derecha se esforzaba siempre por poner de relieve lo “moderado” y “prudente” de su actitud antirrevolucionaria, y se gloriaba por ello de poder mostrar, como testimonio de su amor a la libertad y al progreso, que no dejaba de ser considerada ella misma como revolucionaria por los “extremistas de la derecha”, por los “reaccionarios”.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El resultado necesario de esta situación fue el constante desplazamiento hacia la izquierda, no sólo de la opinión y de los partidos, sino de la norma de valoración con que se juzgaba del derechismo y del izquierdismo de tal o cual actitud.&lt;/div&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
No sorprende en modo alguno que muchas banderas que antes eran propiedad exclusiva de la izquierda, ahora también son asumidas por los políticos e ideólogos de la derecha. La excusa no podría ser más conveniente, aunque no por ello sensata, y es que «tenemos que ajustarnos a los nuevos tiempos» —y con ello su fatal corolario: rendirse a la fatalidad de que no queda más opción que recoger gran parte del discurso progresista—. No anticiparon estos personajes que la derecha iría con un rezago y que los electores verían en estas actitudes una mala calca de lo que los políticos progresistas ofrecían.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
La genialidad de Canals radica en el hecho de que, mucho antes de que este fenómeno empezara a ser tangible, en una época en la que hoy en día se asume que el sector político al que él pertenecía y criticaba tenía una actitud bien definida e inamovible ante ciertos temas, supo identificar que el problema de la derecha era estructural, que no estaba acotado por un momento histórico y que este no detendría su marcha en un futuro previsible. A Canals no le faltaba razón. Una vez dentro del juego del progresismo, nada evitaría el desplazamiento poco a poco hacia la izquierda. Y, por supuesto, en una sociedad donde el pensamiento cultural está formado por los intelectuales orgánicos del igualitarismo, parece poco probable que liberales y conservadores tengan la capacidad para dar una auténtica batalla. Máxime si los primeros gastan sus energías en tratar de convencerse inútilmente a sí mismos y a los pocos que los escuchan de que no son de derecha —de ahí, mal que les pese, la insistencia de este texto de incluirlos en este espectro—, o si los segundos insisten en sumarse a la carrera del estatismo.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Queda como premonición la frase de cierto presidente de trágica memoria y líder de una nación al sur de los Estados Unidos que, siendo identificado como una figura de la derecha tradicional y de esa quimera que han dado a llamar el neoliberalismo, afirmara en su campaña que «rebasaría a la izquierda por la izquierda». &amp;nbsp;Enferma, temerosa de sí misma, de lo que fue y de lo que se supone que debería ser, la derecha ha dejado ya de competir en un campo parejo. Tanto así que asistimos, cada vez con mayor frecuencia, al espectáculo ridículo de los otrora liberales y conservadores queriendo mimetizarse con el buen progre.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2014/10/la-enfermedad-cronica-de-la-derecha.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjRbm1RL_RZmURAXRU7a_QUNHwVWMTMfiWGih3LG4WEWXfCxn0s2QhfT6F1aj_ru7SQZCXhZpkI6mdoEjXQ0vF83ot1UHWplitygk0he-CLXf_fZ8amE_ocBCnRdSG6jNy3BHGFT0zrUytz/s72-c/izqder.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-5487027819589095936</guid><pubDate>Wed, 24 Sep 2014 00:58:00 +0000</pubDate><atom:updated>2019-07-22T19:14:53.559-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Liberalismo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Libertarismo vulgar</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Marxismo cultural</category><title>Libertarismo vulgar: entre cursis y relativistas morales </title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjPWfMKBauaSz5xCJ2HHbU49Icy9uLlHmIY_6knqHs-kJVFrOjbNVMFg7MNFmpqoZJfo8RZLM7SKj8VbGR8PWklUfeWxYT-iaC5fxBNOdQd4IkWTSUGpHYMELndfwGRGW5Dmwe4J67Hqn5R/s1600/nap.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;236&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjPWfMKBauaSz5xCJ2HHbU49Icy9uLlHmIY_6knqHs-kJVFrOjbNVMFg7MNFmpqoZJfo8RZLM7SKj8VbGR8PWklUfeWxYT-iaC5fxBNOdQd4IkWTSUGpHYMELndfwGRGW5Dmwe4J67Hqn5R/s320/nap.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Si usted ha estado en la escena libertaria por un buen tiempo seguramente conocerá al típico ridículo que en las redes sociales agrega a su nombre apellidos como “Rothbard”, “Bastiat”, “Mises” para después sazonarlos con la bendita palabra “Libertad”. Los resultados pueden ser de una cursilería tal que uno está tentado a pensar que semejantes afrentas al buen gusto constituyen una violación del sacrosanto e incuestionable NAP. No siempre sucede, pero encontrar a un sujeto así es muchas veces indicativo de que podemos estar ante algún libertario vulgar, un liberchairo, si se me permite el neologismo, uno de esos cándidos especímenes vertebrados que no conocen algo más allá que el mantra del principio de no agresión. Muchos de ellos, amparados en su purismo pueril, suelen creer que, en la medida en que haya decisiones libres e individuales, los libertarios no deberían criticar aquellas acciones que a nivel moral puedan encontrar reprobables. Escondida detrás de esta actitud está la retórica del relativismo moral.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Recientemente en un grupo de Facebook compartí &lt;a href=&quot;http://www.slate.com/blogs/behold/2013/07/15/_you_are_you_looks_at_a_gender_nonconforming_camp_for_boys_photos.html&quot;&gt;un artículo sobre un campamento en el que básicamente travisten a los niños&lt;/a&gt; para que de este modo se encuentren a sí mismos, sin las presiones que ejerce el patriarcado y los valores conservadores, ya que el género, de acuerdo a la concepción posmoderna, es tan solo un constructo social. Huelga decir que todo este espectáculo proviene de la iniciativa privada, de modo que, por principio, los libertarios no se opondrían a su realización. Hasta ese punto nadie que suscriba tan ideología estaría en desacuerdo. No sería extraño que alguien a nivel personal, como quien escribe este artículo, encuentre este circo como un show que aplaude la depravación y el summun del mal gusto de la agenda progresista. Es claro que un liberal, independientemente de los principios de su filosofía, amparado en la libertad de expresión, puede ejercer los juicios morales que considere pertinentes y externar su condena por semejante show. El libertario vulgar, en cambio, dirá que, en la medida en que esto no afecta ni el NAP ni mi libertad individual, no deberíamos emitir ningún juicio porque entonces nos estaríamos rebajando a ser simples neoconservadores. Por supuesto, cuando coloqué el enlace un señorito de apellido Rothbard, disertó en dos sapientes líneas acerca de las tendencias de género que existen desde el nacimiento, así como de la impertinencia de todos aquellos neoconservadores que se creen liberales al momento de externar su reprobación por los actos de libertad de los demás.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgWvYM5n-NrMOuplPUPw6y0XgQJKJ4zTTZDTQGG8fB9BjhV6ltMd7bChaIc3fYwGEmWKLAUZyH9HZWzwabkn5JtDXUg_mUmcPfUkfX1bEcE1sZGm7Mic-D9Y2PUlyuSdlxwQ-41mXWUqXsf/s1600/trav.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;188&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgWvYM5n-NrMOuplPUPw6y0XgQJKJ4zTTZDTQGG8fB9BjhV6ltMd7bChaIc3fYwGEmWKLAUZyH9HZWzwabkn5JtDXUg_mUmcPfUkfX1bEcE1sZGm7Mic-D9Y2PUlyuSdlxwQ-41mXWUqXsf/s400/trav.jpg&quot; width=&quot;400&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;Eres un neocón reaccionario si opinas en contra de la libertad de orillar a este niño a travestirse&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Esto último no deja de ser un buen ejemplo del nivel de simpleza que pueden alcanzar muchos libertarios, que típicamente son los que nuestros enemigos intelectuales aprovechan, con justa razón, para poner en ridículo la ideología de la libertad. La defensa a ultranza del NAP, como único pilar de una tradición filosófica mucho más rica, puede devenir en un libertarismo tan caricaturesco como ridículo. No hay deshonestidad más grande que abstraerse de uno mismo, de su individualidad innata, con tal de externar un discurso simplista y políticamente correcto que satisfaga a los obtusos que, por desgracia, también están entre nuestras filas. Se equivocan todos aquellos libertarios vulgares que abogan por la autocensura. Es falso que a nosotros no nos corresponda hacer juicios, incluso si estos van en contra de las decisiones que otras personas han tomado. Sucumbir ante la pretensión de negar nuestra moralidad equivale a desconocer el principio fundamental de la libertad de expresión.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Sujetos como el señorito cursi que en Facebook se hace llamar Rothbard y todos los libertarios vulgares y relativistas tan solo generan hacia el exterior la impresión de que el liberalismo no es más que un culto, una secta vacía en la que los miembros han de repetir como autómatas un mantra que, ironías de la vida, termina por desindividualizarnos al negar la posibilidad de ejercer una crítica a partir de consideraciones meramente personales. A final de cuentas no son distintos a los zurdos y toda esa fauna chairomamerta que, si no estás de acuerdo con ellos y sus dogmas, tildan a cualquiera de fascista neoliberal.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El liberalismo es también un compromiso con los individuos que forman una sociedad. Caer en el discurso del relativismo moral, de que existen millones de discursos igualmente válidos, es hacerle un favor a todos aquellos que pugnan por el progresismo. Prescribir una sociedad amoral a través de una ideología monolítica, incapaz de aceptar los matices del pensamiento individual, negar nuestras dudas y comentarios hacia la erosión de una cultura que valoramos y de la que surgió nuestra ideología, significa un suicidio en términos de filosofía, es hundirse en el más vulgar de los nihilismos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2014/09/libertarismo-vulgar-entre-cursis-y.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjPWfMKBauaSz5xCJ2HHbU49Icy9uLlHmIY_6knqHs-kJVFrOjbNVMFg7MNFmpqoZJfo8RZLM7SKj8VbGR8PWklUfeWxYT-iaC5fxBNOdQd4IkWTSUGpHYMELndfwGRGW5Dmwe4J67Hqn5R/s72-c/nap.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>8</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-7981629469123497237</guid><pubDate>Fri, 19 Sep 2014 19:49:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-09-19T12:54:39.038-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Libertarismo vulgar</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Progresismo</category><title>El perfecto idiota libertario</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjlGrMFTP7jSGpiTEjsKjSE37JljMogyMM7nGlj7aheD1p1ngCk1U5QBbPTDXoWMiDhr_i7ct2F4ICDVbfNXnyRLCzyn0JJbE5v2xsX6a-lI8HktNffpFVnrTMmB_yYat-SEanY2PO0h8lZ/s1600/libertariorata.png&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjlGrMFTP7jSGpiTEjsKjSE37JljMogyMM7nGlj7aheD1p1ngCk1U5QBbPTDXoWMiDhr_i7ct2F4ICDVbfNXnyRLCzyn0JJbE5v2xsX6a-lI8HktNffpFVnrTMmB_yYat-SEanY2PO0h8lZ/s1600/libertariorata.png&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Más nos vale ser prudentes y no asumir que los libertarios son, en promedio, gente muy brillante. Dos o tres coincidencias en el campo ideológico no vuelven al vecino una persona a la que haya que tomar en serio, ni siquiera si ese individuo se pone la máscara de racional o de muy prudente. Que para eso cualquiera es bueno: vea usted a los sandios guerreros de la justicia social que escriben para la Rational Wiki.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
¿Qué piensa usted cuando los neonazis y los neofachos les dicen que “no son ni de izquierda ni de derecha”? Seguramente le da un ataque de risa o los tira de locos. Y es que al gran público poco le interesa la sofisticación o las huidas retóricas de los miedosos, a nadie le interesa que entre ellos se crean que de verdad existe la tercera posición como un paradigma novedoso. Lo mismo pasa con esos libertarios cuyo deporte favorito es insistir en sus clubes privados que no son ni de izquierda ni de derecha. Serán de cuarta posición entonces o extremocentristas, o vaya usted a saber. &lt;a href=&quot;http://expresionreaccionaria.blogspot.mx/2014/07/senorita-rand-un-progre-me-dijo-que-soy.html&quot;&gt;Mejor pregúntele al brillante Nolan&lt;/a&gt;, que parece ser el único soporte teórico que tienen los libertarios vulgares.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
¿Han conseguido algo estos personajes que buscan desligarse a como dé lugar de la derecha? Nada, y no lo harán. Jamás. Pero no importa, porque están muy cómodos en su &lt;i&gt;&lt;a href=&quot;http://www.urbandictionary.com/define.php?term=circle+jerk&quot;&gt;circle jerk&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;, en sus grupos irrelevantes, en sus conferencias que no atraen a más de treinta personas en los días que hace buen clima y se ofrece vino gratis. En suma, nunca convencieron a nadie que no sea a ellos. Por eso es que son irrelevantes tanto en el mundo de las ideas como en la praxis. Tan altos intelectuales son ellos que, desde las alturas, no pueden ver lo que pasa a nivel de tierra.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
A veces da buenos resultados inventar una nueva retórica y tatuarla en la consciencia de la gente, si no pregúnteles a los grandes actores del progresismo cultural. Pero, perdón, eso no existe y son paranoias derechistas (&lt;a href=&quot;http://pages.gseis.ucla.edu/faculty/kellner/essays/culturalmarxism.pdf&quot;&gt;aunque haya intelectuales de la izquierda que se declaran abiertamente como marxistas culturales y afirman y defienden su existencia&lt;/a&gt;). No es verdad que muchas banderas que típicamente eran propiedad exclusiva de la izquierda hayan sido adoptadas plenamente por los racionales libertarios. Al menos eso es lo que dicen los tan brillantes como irrelevantes libertarios, que están muy cómodos haciendo de aguadores para el equipo rojo (o rosa, para que no suene tan alarmista ni delirante este párrafo), porque, después de todo, los zurdos no son nuestros enemigos y no tiene nada de provechoso atacarlos. Lástima que los izquierdistas jamás fueron tan bobos. Hoy vemos los resultados: su retórica antiliberal, simplista pero tan efectiva, les ha servido muy bien y ha calado en la cultura, tan hondo que a nadie le interesa lo que tenga que decir un vulgar left libertarian de internet.&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2014/09/el-perfecto-idiota-libertario.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjlGrMFTP7jSGpiTEjsKjSE37JljMogyMM7nGlj7aheD1p1ngCk1U5QBbPTDXoWMiDhr_i7ct2F4ICDVbfNXnyRLCzyn0JJbE5v2xsX6a-lI8HktNffpFVnrTMmB_yYat-SEanY2PO0h8lZ/s72-c/libertariorata.png" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-2531171468885458115</guid><pubDate>Mon, 15 Sep 2014 06:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-09-14T23:21:43.928-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Democracia</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Progresismo</category><title>La democracia y la parábola de Cthulhu y su amigo el Leviatán</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjkpM1dYs-z3_LY5l2a6YkaAwi47sf-2yPE5bxgMdLwiQknARCf5_g6qrsUm3aXCpyUEP6_J4Pcocby_grfQ2BUpVB_TjXqwkqf_XWLWf0JVw6bOOT1fSv3F-aZzE45NpgFwn1IjLI2Cvn5/s1600/sweden.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjkpM1dYs-z3_LY5l2a6YkaAwi47sf-2yPE5bxgMdLwiQknARCf5_g6qrsUm3aXCpyUEP6_J4Pcocby_grfQ2BUpVB_TjXqwkqf_XWLWf0JVw6bOOT1fSv3F-aZzE45NpgFwn1IjLI2Cvn5/s1600/sweden.jpg&quot; height=&quot;315&quot; width=&quot;400&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;i&gt;Suecia, Suecia, querida amiga:&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;i&gt;Un tigre que se avergüenza.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;i&gt;Sé cómo se siente eso&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;i&gt;Cuando la realidad se vuelve una broma.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&lt;b&gt;Joakim Berg, &lt;i&gt;Sverige&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Regocijaos, hombres del mundo civilizado, que hemos vuelto a asistir a la gran fiesta. Olvidad los ecos de la mitología, los rumores del ya lejano &lt;i&gt;Midsommar&lt;/i&gt;, pues aquello que nos reúne es acaso la cumbre de un lento proceso de evolución institucional. Sucedió lo que sucede cada cierto tiempo en la vieja Suecia. La gente acudió a las urnas y el resultado no pudo ser más impactante: l&lt;a href=&quot;http://www.eluniversal.com.mx/el-mundo/2014/oposicion-izquierda-gana-elecciones-suecia-1038180.html&quot;&gt;os socialdemócratas vestidos de azul que detentaban el poder han sido derrotado por los socialdemócratas de camisetas rojas&lt;/a&gt;. Regocijaos, hombres del mundo civilizado y de aquel otro mundo ensombrecido aún por las tinieblas de la barbarie, hemos asistido a la fiesta de la democracia.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Nadie que no sea decente se atrevería a poner en duda que este sistema es el mejor al que pueden aspirar las naciones. Sin embargo aquí en &lt;i&gt;Expresión reaccionaria&lt;/i&gt; no somos gente decente ni aspiramos a serlo. No es que aquí se piense que la democracia no funciona o que sea una idea fallida. En realidad tenemos muy en claro que, por sí misma, y con las condiciones institucionales bien establecidas, es un sistema altamente eficaz. Eficaz para un fin que a nosotros, como indecentes reaccionarios, no nos interesa en absoluto.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Ya sabemos la dirección hacia la que siempre nadan Cthulhu y su pequeño amigo el Leviatán —grande o chico, importa poco siempre que se desplace al lado de su compañero—. ¿Por qué la deidad habría de detenerse y pensar que las leguas recorridas fueron todas en vano? Dicen que las corrientes de la izquierda son siempre más cálidas, incluso si estas cruzan los mares nórdicos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
La parábola de Cthulhu y su amigo el Leviatán ya debería ser bastante obvia por sí misma, aunque para efectos de claridad habrá que traducirla, no sea que algún personaje con pocas luces tenga problemas en descifrar un recurso literario. Lo vimos en las elecciones suecas: la socialdemocracia azul, es decir la seudoderecha moderada encabezada por Fredrik Reinhardt luego de ocho años de gobierno ha perdido en contra del partido hegemónico, los &lt;i&gt;Socialdemokraterna&lt;/i&gt;. ¿Había una diferencia esencial entre ambos bandos? Ninguna, porque mientras estén montados en el mismo barco, que a su vez navega sobre la espalda de nuestro Cthulhu, irán hacia la misma dirección. ¿O es que debemos creernos el cuento de que la centroderecha sueca —y para los mismos efectos casi todas las derechas decentes del mundo— no navega hacia el progresismo? Acaso estas derechas blandas, apoyadas por ingenuos conservadores y liberales muy cómodos, lleven un rezago en un camino cuyo destino está bien trazado. Nadie hoy, desde el armatoste del sistema, duda de los grandes pilares del bienintencionado credo secular de nuestros tiempos: el igualitarismo. No, dirán los libertarios furiosos, nosotros creemos en el individuo, pero buena parte de sus políticos fracasados, sus intelectuales de voces diminutas, sus inocuos think tanks, no difieren en lo esencial de estos credos. Y la razón es simple: no pueden permitírselo si aspiran a tener un lugar en este juego de la democracia.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Supongamos que Cthulhu se despierta de buen humor y que el capitán del barco es uno de esos centroderechistas buena onda, con ganas de ver un nuevo sol. Ese día se arma de valor y le pregunta a su dios democracia si no le apetecería ir más lento para disfrutar de paisaje. Cthulhu dirá que sí, que no hay prisa por llegar al destino. El centroderechista creerá que ha hecho algo notable y sus intelectuales y defensores echarán palomas al vuelo —y claro, los socialdemócratas de camisetas rojas se molestarán porque tienen más prisa que ninguno en llegar a la Arcadia progresista—. Hay un pequeño problema para la tripulación, y ese es que, a pesar de los esfuerzos por conseguir el mando del barco, Cthulhu en ningún momento se ha dado la vuelta o ha cambiado de dirección, por más que el capitán y los grumetes centroderichistas hayan creído que dieron un golpe de timón.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Regocijaos sin reservas, hombres decentes del mundo civilizado, y vosotros, indecentes reaccionarios, zarpad ya hacia otro lado, que no sois dignos de estas aguas.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2014/09/la-democracia-y-la-parabola-de-cthulhu.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjkpM1dYs-z3_LY5l2a6YkaAwi47sf-2yPE5bxgMdLwiQknARCf5_g6qrsUm3aXCpyUEP6_J4Pcocby_grfQ2BUpVB_TjXqwkqf_XWLWf0JVw6bOOT1fSv3F-aZzE45NpgFwn1IjLI2Cvn5/s72-c/sweden.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-3851289725298187004</guid><pubDate>Mon, 28 Jul 2014 21:28:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-07-28T14:28:33.908-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Intelectuales</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Marxismo cultural</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Progresismo</category><title>Querido intelectual contemporáneo</title><description>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Querido intelectual contemporáneo:&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Todos sabemos que ser progre paga muy bien. Serlo es sin duda una elección racional. ¿Quién querría suicidarse antes de comenzar su carrera? Nos queda claro que nadie, mucho menos si aspira a algo importante: sea la literatura, el cine o un nicho en los periódicos y en los programas de opinión. Me temo, sin embargo, que esta afirmación le pueda parecer un tanto ofensiva. Lo más seguro es que yo me esté equivocando y que usted no sea un progre por conveniencia, porque tiene que hacerlo para encajar en el sistema y porque de esa manera se llevará los aplausos tanto del público como de sus congéneres, sino porque está realmente convencido y tiene un fuerte compromiso social.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Si ese es el caso, usted es un héroe y no me queda más que aplaudir su honestidad intelectual. Está claro que ese es un valor en sí mismo, tal y como siempre dicen de Ernesto Guevara: fue un poco sanguinario, pero vivió de acuerdo a sus ideales; qué gran hombre. O también piense en Pablo Neruda, el poeta sentimental chileno que aplaudía el régimen del nada sádico Stalin. Tal vez dicha ideología fue un poco perversa, pero eso no importa porque esos dos y tantos otros eran idealistas, querían un mundo diferente. El romanticismo es siempre un atenuante a la hora de defender doctrinas disfuncionales. Esto, claro, solo aplica a la izquierda y no es el caso en la derecha. Por ejemplo, al pobre Knut Hamsun, Nobel de literatura, jamás le perdonaron que fuera simpatizante de Hitler, ni a Ezra Pound que fuera fascista. Ya sé que me estoy yendo a los extremos. Tampoco crea que estoy sugiriendo que usted es un comunista. Nada más quería mostrar que muchos intelectuales y artistas tienen ideales con los que siempre son consecuentes, aunque solo a algunos se les aplauda. Sospecho que si tenemos algún buen recuerdo de esos escritores de la derecha es porque surgieron en una época distinta, cuando se podían garantizar un espacio en las estanterías y en los medios sin tener que responder a la exigencia de los discursos bienintencionados del progresismo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
¿Seré muy insidioso si le pregunto, querido intelectual contemporáneo, si en la actualidad un joven Knut Hamsun tendría espacio en el mundo de las artes? Tiendo a pensar que no, que lo bloquearían porque su opinión es incomoda —no como la de un tibio, onda Vargas Llosa, que es soportable, sino como la de alguien que está por completo fuera del sistema—, pero eso debe ser porque soy un reaccionario.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Lamento las referencias literarias, porque al parecer en esta época vale como intelectual un actor o un productor de teleseries dizque muy polémicas (si son de narcos o políticos corruptos mejor y tienen un par de homosexuales, eso suma puntos). Volvamos al tema que me interesa, que es el de la &lt;i&gt;intelligentsia &lt;/i&gt;y el progresismo. Lo que el público quiere escuchar es que —por decir un nombre— Gael García opine sobre temas económicos o una Ana de la Reguera nos dé su visión sobre la política fiscal. Basta con que el personaje sea muy crítico, muy contestatario, muy políticamente correcto, muy amigo de la diversidad, muy altermundista, muy del pueblo, y si es blanco mucho mejor, porque entonces así estará expiando los pecados originales de su raza.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Hace poco, a propósito del mundial, vi unos tuits bastante curiosos de un escritor mexicano al que admiro. Fue un día horrible. El equipo nacional se relajó y le entraron dos goles, uno de ellos mediante un penal dudoso que trajo nefastas consecuencias: que los mejicanos de internet, tan sagaces y graciosos como siempre, nos sodomizaran virtualmente por semanas con el mantra del &quot;no fue penal&quot;. En ese contexto, cuando la selección fue eliminada de los octavos de final, una aerolínea holandesa publicó el siguiente tuit:&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;table align=&quot;center&quot; cellpadding=&quot;0&quot; cellspacing=&quot;0&quot; class=&quot;tr-caption-container&quot; style=&quot;margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;&quot;&gt;&lt;tbody&gt;
&lt;tr&gt;&lt;td style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhev_8y2ZfrnzW0nyf9yGR33s8U3r48BXbEP9_ekSSE90YYeVcuaa_wnpS3vMQd_fLFZsf5teomM6n_nrXkyosiZKqEH7378nFURIwmxMBkjxWtd2awbSSWsOKGA29KB242DPK7W751D7T6/s1600/Akari-holanda.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: auto; margin-right: auto;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhev_8y2ZfrnzW0nyf9yGR33s8U3r48BXbEP9_ekSSE90YYeVcuaa_wnpS3vMQd_fLFZsf5teomM6n_nrXkyosiZKqEH7378nFURIwmxMBkjxWtd2awbSSWsOKGA29KB242DPK7W751D7T6/s1600/Akari-holanda.jpg&quot; height=&quot;300&quot; width=&quot;400&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;
&lt;tr&gt;&lt;td class=&quot;tr-caption&quot; style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;Akari y el moe al servicio del racismo.&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;
&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El gran escritor tuiteó por dos horas que ese chiste gráfico era racista (quizá porque el sombrero es genético). También a las protestas se sumó Gael García, que amenazó con jamás volar en la aerolínea, poniendo en jaque la economía holandesa que depende de los ingresos de un actor. Supongo que usted, como intelectual contemporáneo que es, también se sintió ofendido (y eso que dicen que los meshicas saben burlarse de sí mismos) y dejó de comprar tulipanes. Lo felicito, está usted comprometido con su país. Aunque hay algo que como reaccionario no me termina de cuadrar. ¿No eran ustedes, los intelectuales contemporáneos, los que se habían comprado la falacia de Lewontin? O es que yo no estaba enterado de que los mexicanos eran una raza. Supongo que los guatemaltecos serán otra. En fin, eso no es lo importante. Ustedes son muy progres y lo que importa no es la certeza sino los sentimientos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Seré sincero, que se me acaba el espacio y esto se vuelve cansino.&amp;nbsp;No creo que usted sepa muy bien lo que significa racismo, incluso si su profesión está relacionada con las letras. Siempre que algo lo moleste y desentone con los lineamientos de la narrativa de la que hace eco, puede invocar este tema y así sentirse satisfecho consigo mismo por ser un verdadero luchador social. Todos lo van a aplaudir aunque no tenga ni idea de lo que está hablando. Y aquí dejé de referirme a un solo tema. Lo que pienso, querido intelectual contemporáneo, es que usted no tiene mucha idea de nada, pero a cambio de eso sabe muy bien qué decir acerca de todo. Con eso es suficiente para garantizarse su nicho, al fin que el discurso del progresismo es muy sencillo, por no decir burdo. La idea es quedar bien, ser muy progre, muy buena onda, muy políticamente correcto.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Usted ha elegido ser un buen intelectual contemporáneo y lo hace muy bien.&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2014/07/querido-intelectual-contemporaneo.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhev_8y2ZfrnzW0nyf9yGR33s8U3r48BXbEP9_ekSSE90YYeVcuaa_wnpS3vMQd_fLFZsf5teomM6n_nrXkyosiZKqEH7378nFURIwmxMBkjxWtd2awbSSWsOKGA29KB242DPK7W751D7T6/s72-c/Akari-holanda.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-7226893736148599717</guid><pubDate>Thu, 24 Jul 2014 22:33:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-07-24T15:44:19.259-07:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Señorita Rand</category><title>Señorita Rand, un progre me dijo que soy de derecha. ¿Qué hago?</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjLia8O-AFiD5NDzGe6jfWj0uU7DD67U-EeWXl-ojORgBrd4Fnx057qTjxlPDZGT83lHI_yPdg8JrDfGkN9ILBrzJsvTM0I-gG4yK57SNAp_FCt44t4dYnn70Jng5E7JlAvmyc3lZvlVftg/s1600/rand-consultorio.png&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjLia8O-AFiD5NDzGe6jfWj0uU7DD67U-EeWXl-ojORgBrd4Fnx057qTjxlPDZGT83lHI_yPdg8JrDfGkN9ILBrzJsvTM0I-gG4yK57SNAp_FCt44t4dYnn70Jng5E7JlAvmyc3lZvlVftg/s1600/rand-consultorio.png&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Como parte de las novedades en Expresión reaccionaria les traemos una sección imperdible: &lt;i&gt;El consultorio de la Señorita Rand&lt;/i&gt;, en donde Ayn Rando-sensei contestará sus dudas, no importa si son liberales clásicos confusos, libertarios vulgares, progres o incluso nazis. Este es un espacio abierto al diálogo. Sin más los dejamos con la pregunta del día, que nos llega desde algún rincón de Facebook:&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
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Señorita Rand:&lt;/blockquote&gt;
&lt;br /&gt;
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Mi nombre es Ramón Bastiat Libertad y, como todos los días, estaba yo defendiendo la libertad en Facebook. Ya sabe, compartiendo citas suyas y de Rothbard. Entonces sucedió algo que hasta el día de hoy me afecta. Tuve un debate con el administrador de una página de &lt;i&gt;left libertarians&lt;/i&gt; y anarcoindividualistas. Creí que podría llevarme bien con ellos. Es decir, nosotros creemos en lo mismo, ¿no? Libertad de mercado, libertad personal, propiedad privada, amamos la diversidad, somos ateos y, sobre todas las cosas, odiamos al estado (lo odio tanto que lo escribo con minúsculas). Pero, después de bloquearme de su página por sugerir que Israel no es tan malo, publicó un estado en el que se nos acusaba a mí y a mis amigos de ser &quot;libertarios de derecha&quot;. ¿Cómo es eso posible? No sé qué pensar. ¿Acaso hice algo mal? Yo no soy de izquierda ni de derecha, soy libertario. ¡El gráfico de Nolan me lo dijo! Ayúdeme, por favor.&lt;/blockquote&gt;
&lt;br /&gt;
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Siempre suyo, Ramón Bastiat Libertad.&lt;/blockquote&gt;
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Estimado Ramón Bastiat, ¿has pensando que todos queremos sentirnos especiales? Es un poco bochornoso recordarlo, pero hubo un tiempo en el que yo pensaba como tú. Ya sabes cómo es la vida: una escapa de un país totalitario y, en el barco de camino a Estados Unidos, tiene la idea de crear una nueva ideología. A mí se me ocurrió algo así como un liberalismo secular, pero pensé que eso no tendría &lt;i&gt;punch&lt;/i&gt;. El resultado lo conoces. Pasé largos años desgastándome, diciendo que lo mío no era liberalismo, sino objetivismo. ¿Y todo para qué? Para que los zurdos y el mundo entero me siguieran llamando derechista. Me cansé de eso, así que ahora lo acepto. Por eso decidí colaborar en este blog de conservadores y reaccionarios.&lt;/div&gt;
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No dudo que seas un buen chico, como lo son también esos que escriben en la Metapedia y que dicen que no son de izquierda ni de derecha sino todo lo contrario. Da igual, para la prensa y hasta para ti seguro son miembros de la extrema derecha. Es normal que consideres que solo tú eres especial, que has reinventado algo, que estás por encima de la geometría. Seguro pensarás algo como: ¡Vete al carajo, Euclides, y llévate contigo tus nociones lineales, porque yo soy un ser diferente, original, novedoso! ¡Lo de hoy es la geometría política parabólica y, te aseguro, pronto conquistaremos los espacios hiperbólicos también! Además, ¿cómo podría haberse equivocado Nolan en su asignación de coordenadas? Es tan objetivo poner el libertarismo encima de todo. Y mira que te lo digo yo, que si de algo sé es de objetividad.&lt;/div&gt;
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Tienes varias opciones. La primera es ser racional y aceptar que, quizá, el liberalismo es una ideología de derecha que siempre ha encontrado sus mayores coincidencias con el conservadurismo tradicional (el de Burke, no el de los republicanos de hoy en día). La segunda es seguir sintiéndote especial y negar en todo momento tu filiación con ese sector malévolo. Seguramente algún día convencerás a zurdos y progres de que eres un chico diferente y único. Ya sé que los liberales tibios y timoratos no lo han conseguido en dos siglos, ¿pero quién te asegura que mañana no será el día en que todos cambien y acepten que tú no eres ni de derecha ni de izquierda sino todo lo contrario, de la misma manera en que les hacen caso a los fascistas actuales que aseguran lo mismo que tú?&lt;/div&gt;
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Claro que si tanto te incomoda que te digan derechista, incluso si eres un marxista cultural que vive tratando de ganarse una palmadita en la cabeza por parte de los progres, te tengo una sorpresa. Para empezar este nuevo programa del Consultorio de la Señorita Rand, hemos decidido regalarte una nueva ideología (o regresarte a tus orígenes). ¡Sí, Ramón Bastiat Libertad, ahora, como puedes ver en el siguiente gráfico, sin duda más preciso que todos los que habías visto antes, eres de extrema izquierda!&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi0YhaCb51QHqsCGTalQ9e37UkicG11D5ZdSzFJhpp_u0EPm8Nz5TLop0cdQT-Afu-_eye-TqWetlLEwPn_ldmdTYFWGDjVsYxf-noEyH243JCE33bBleF8Xp-fOa_LmaG6zT0_wAK8rOC4/s1600/nolan1.png&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi0YhaCb51QHqsCGTalQ9e37UkicG11D5ZdSzFJhpp_u0EPm8Nz5TLop0cdQT-Afu-_eye-TqWetlLEwPn_ldmdTYFWGDjVsYxf-noEyH243JCE33bBleF8Xp-fOa_LmaG6zT0_wAK8rOC4/s1600/nolan1.png&quot; height=&quot;320&quot; width=&quot;250&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2014/07/senorita-rand-un-progre-me-dijo-que-soy.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjLia8O-AFiD5NDzGe6jfWj0uU7DD67U-EeWXl-ojORgBrd4Fnx057qTjxlPDZGT83lHI_yPdg8JrDfGkN9ILBrzJsvTM0I-gG4yK57SNAp_FCt44t4dYnn70Jng5E7JlAvmyc3lZvlVftg/s72-c/rand-consultorio.png" height="72" width="72"/><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5951685065797423994.post-4558765189485004554</guid><pubDate>Wed, 23 Jul 2014 19:19:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-07-23T15:29:16.595-07:00</atom:updated><title>Expresión reaccionaria</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhVhwiBSBQ8xE7vXKCetKooBuJsL1vV8SfT6iXnLzJrZNQK6TNyngDpLnk08KGFJ0FF-udjAM5qmFWlQq1Vw_V8VS6pOm8CWjJnIPgfYoRxlE12eikDMW2pCIZMy7Vl1PLMYQWT1Adn_W1e/s1600/nyaruko.jpeg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhVhwiBSBQ8xE7vXKCetKooBuJsL1vV8SfT6iXnLzJrZNQK6TNyngDpLnk08KGFJ0FF-udjAM5qmFWlQq1Vw_V8VS6pOm8CWjJnIPgfYoRxlE12eikDMW2pCIZMy7Vl1PLMYQWT1Adn_W1e/s1600/nyaruko.jpeg&quot; height=&quot;356&quot; width=&quot;640&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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Hubo un tiempo en el que me tomé muy en serio el libertarismo. No solo gané varios c&lt;a href=&quot;http://www.caminosdelalibertad.com.mx/&quot;&gt;oncursos de ensayo sobre temas liberales&lt;/a&gt;, los monopolicé por cuatro años seguidos. También, mientras estaba en el sótano de mi casa, adorando como siempre a algún personaje de anime, junto con otros libertarios de internet se nos ocurrió la idea de iniciar un &lt;a href=&quot;http://www.libertarios.info/&quot;&gt;movimiento &lt;/a&gt;en México. Algo así como la Ron Paul Revolution pero más charra, al menos en intención. El volverse un joven activista del libertarismo parecía la culminación de algún sueño pueril que tuve por allá del 2006, cuando descubrí que había algo más que las ideas socialdemócratas. Fue por eso que un año más tarde, en 2007, lancé el blog Expresión liberal. La idea, aunque bienintencionada, no era para nada original: buscaba convertir ese espacio en una bitácora genérica que sirviera de referente para el liberalismo en México. Por suerte llegó el 2012, con todos los disturbios asociados a la toma de poder de Peña Nieto, para darme cuenta de que ya llevaba mucho tiempo harto del libertarismo.&lt;/div&gt;
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Digo libertarismo porque considero injusto meter en el mismo saco a esos personajes y a los liberales y conservadores clásicos. ¿Quiénes son ellos? Si usted es un liberal o incluso un progre extraviado en esta página seguro los conoce: individuos de internet que en las redes sociales aliñan sus nombres con los apellidos de liberales famosos —Rothbard, Bastiat, Mises— y que por avatar llevan la foto de uno de esos intelectuales o de una serpiente o un puercoespín; sujetos cuyo único argumento es gritar ¡NAP! ante cualquier provocación y acusar de estatista a todo mundo; personas que llenan su perfil de Facebook y su cuenta de Twitter con citas y estampitas de, quién más, los inefables intelectuales antes mencionados. Haga de cuenta que son como los metaleros que no paran de invocar a Vikernes en sus muy autóctonos nombres anahuacas, así de ridículos.&lt;/div&gt;
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No me habría distanciado de ellos si el problema fuera solo una foto de perfil o un nombre. Debe haber una razón válida. Son tres, aunque están incluidas en el mismo paquete. La primera es que me di cuenta de que la gran mayoría de esos libertarios vulgares odian más al Estado de lo que aman la libertad. El ejemplo perfecto es la actitud suscitada a partir de los disturbios del primero de diciembre de 2012: muchos de estos personajes se pusieron del lado de los vándalos. La segunda es que me harté de suavizar el hecho de que siempre he sido un conservador. La tercera es que tanto libertarios vulgares como muchos liberales clásicos que respeto han cedido a la llamada de Cthulhu.&lt;/div&gt;
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Tomo prestada la metáfora lovecraftiana de &lt;a href=&quot;http://unqualified-reservations.blogspot.mx/2009/01/gentle-introduction-to-unqualified.html&quot;&gt;Mencius Moldbug&lt;/a&gt;, lord sith del movimiento neorreaccionario, porque es conveniente cuando se toma en cuenta que los liberales ya invocaban a otra criatura mítica para referirse al gran Estado. Me refiero al Leviatán. Nuestro monstruo es mucho más grande: no solo es una abominación marina, es una deidad. ¿Cuál es el llamado de Cthulhu? El progresismo. Es decir, tanto libertarios políticamente correctos, conservadores mainstream y por supuesto todos los sectores de la izquierda, avanzan hacia la dirección que Cthulhu les marca: la izquierda.&lt;/div&gt;
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No hace mucho logré algo que me propuse: que un libertario vulgar me llamara reaccionario. Fue gratificante porque mostró la verdadera cara de ese movimiento. De nada sirve hacerle concesiones al progresismo y a sus causas. Ni una sola. Mucho menos es sensato jugar en su cancha o en sus términos. De ahí que el grito de reaccionario no me incomode. Por eso también el nombre del blog. Y si alguien buscaba solemnidad o grandes desarrollos teóricos, espero que la imagen que encabeza esta introducción eche por la borda sus ilusiones. Después de todo nadie debería tomarse demasiado en serio el internet.&lt;/div&gt;
</description><link>http://expresionreaccionaria.blogspot.com/2014/07/expresion-reaccionaria.html</link><author>noreply@blogger.com (Cronos)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhVhwiBSBQ8xE7vXKCetKooBuJsL1vV8SfT6iXnLzJrZNQK6TNyngDpLnk08KGFJ0FF-udjAM5qmFWlQq1Vw_V8VS6pOm8CWjJnIPgfYoRxlE12eikDMW2pCIZMy7Vl1PLMYQWT1Adn_W1e/s72-c/nyaruko.jpeg" height="72" width="72"/><thr:total>7</thr:total></item></channel></rss>