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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/atom10full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" gd:etag="W/&quot;CkIHRXk8eCp7ImA9WxNUGEs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991</id><updated>2009-11-10T10:42:14.770-03:00</updated><title>FIMBA Travel</title><subtitle type="html" /><link rel="http://schemas.google.com/g/2005#feed" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/posts/default" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/" /><link rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><author><name>FIMBA Maxibasketball</name><email>noreply@blogger.com</email></author><generator version="7.00" uri="http://www.blogger.com">Blogger</generator><openSearch:totalResults>23</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><link rel="self" href="http://feeds.feedburner.com/FimbaTravel" type="application/atom+xml" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com" /><entry gd:etag="W/&quot;DkADSXg6fCp7ImA9WxNVF0k.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-5295419389126818750</id><published>2009-10-28T00:43:00.004-03:00</published><updated>2009-10-28T12:46:18.614-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-10-28T12:46:18.614-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Colonia Sarmiento (Castellano)" /><title>(Colonia Sarmiento- Chubut-   1903-1983)</title><content type="html">&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_3yNa6PMVRj0/Suhmebs5RAI/AAAAAAAADqg/nY_r79Kw46I/s1600-h/sarmiento.JPG"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_3yNa6PMVRj0/Suhmebs5RAI/AAAAAAAADqg/nY_r79Kw46I/s320/sarmiento.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5397676826421707778" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CASIMIRO SZLAPELIS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...hoy me quedan algunos minerales&lt;br /&gt;y algo más que una milenaria astilla&lt;br /&gt;petrificada del cargamento que me&lt;br /&gt;mandó Don Casimiro con las&lt;br /&gt;identificaciones manuscritas de lo &lt;br /&gt;que es cada piedra. En el grabador&lt;br /&gt;escucho su voz firme contando su &lt;br /&gt;historia increíble...&lt;br /&gt;Francisco N.Juárez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nace el 1º de octubre de 1895 en el pueblo de Kupiskis, a orillas del río Levuo, en Lituania. Su padre Justino, ha tenido cuatro hijos con su primera mujer pero, después, se ha enamorado de nuevo y se ha casado con Sofía Yankaukas, por eso ya no le extraña ver ahora la cara de esta criatura recién nacida, tan arrugada, tan azulosa, tan parecida a todas las otras.&lt;br /&gt;El padre de Justino se llama Isidoro y vive sin su familia y muy lejos de su Lituania natal, en Gualeguaychú, Argentina. En 1897 Isidoro se cansa del litoral, del río y de los mosquitos y decide partir hacia la zona de Colonia Sarmiento.  Descubrirá que hay allí también un río, pero más angosto, con cisnes de cuello negro y sin mosquitos. Hay también viento. Hay dos lagos que, de a ratos, se embravecen. Hay caminos polvorientos, un bosque petrificado y una soledad más árida y más temible que la de Gualeguaychú, por eso se vuelve y le escribe una carta desgarradora a su hijo Justino pidiéndole que se encuentre con él en este final de mundo. &lt;br /&gt;Justino y toda su familia llegan a la Argentina. El pequeño Casimiro inaugura su segundo año de vida cerca del río caluroso y marrón, mientras su padre y su abuelo trabajan la chacra y su madre ha comenzado a dictar clases en la escuela de artes y oficios y va teniendo más hijos. &lt;br /&gt;En el verano de 1903 una manga de langostas les devora los campos y todos deciden radicarse definitivamente en Sarmiento, aun con la soledad.&lt;br /&gt;  Las aguas del Lago Musters están grises, heladas y con olas. Más lejos se ven los sauces bordeando el río Senguer. Casimiro y algunos de sus hermanos comienzan a ir a la escuela allí pero, luego,  él sigue estudiando pupilo en Comodoro Rivadavia. Todos saben que, en el colegio de los salesianos los huérfanos abandonados, los indígenas y los pobres de solemnidad, se admiten gratuitamente.&lt;br /&gt;Después, con los años, Casimiro será esquilador, peón, carrero, mecánico. También será el primer automovilista del lugar conduciendo un Buick de cuatro cilindros con palanca afuera. Para 1918 sigue soltero, compra su primer coche propio y se independiza.&lt;br /&gt;En el pueblo también vive Amalia Ramig, una joven rusa llegada con su familia de una colonia alemana en el Volga, protestante luterana.&lt;br /&gt;Estimada Amalia - le escribirá ardido de vergüenza y desesperación - no sé si usted habrá reparado alguna vez en una presencia temblequeante, casi desapercibida, que la ve pasar todas las tardes por la esquina del almacén. Esa presencia, mi querida, no es otra que la mía, tan temblequeante como esta mano - también mía - que en este justo instante se atreve a escribirle y a rogarle que me permita, alguna de estas tardes, mirarla a usted a los ojos para decirle, en presencia no desapercibida sino concreta, cuánto la amo.&lt;br /&gt;Casimiro se preguntará por muchos años qué fuerza había sido la que le permitió deslizar esa carta debajo de la puerta cancel de la casa de Amalia pero lo cierto es que ella accede a esperarlo y a escuchar su encendida declaración de amor de sus propios labios, un día particularmente ventoso a fines de octubre de 1918.&lt;br /&gt;Pero los padres de Amalia se oponen a semejante compromiso por asuntos religiosos y, sobre todo, porque la chica es todavía menor de edad. Casimiro delira con el rapto de la niña: se imagina llevándosela lejos, despeinando sus trenzas, persiguiéndola a las escondidas entre los álamos, incluso viajando a Lituania juntos en algún barco carguero; pero al fin resuelve con cordura esperar a que ella se haga mayor. El día de su cumpleaños la va a buscar con su sombrero de paja echado para atrás y su chaqueta de domingo. Amalia sale de su casa sólo con un atado con sus ropas, una carterita de cuero negro y la negativa de sus padres, que la miran partir detrás de la ventana entrecerrada. Se casarán, pero bastantes años después porque en Sarmiento no hay iglesia.&lt;br /&gt;   Casimiro trabaja como contratista pero también construye caminos y escuelas y, en 1922, compra una radio. Es muy difícil sintonizar una emisora desde esas latitudes pero, cuando consigue encontrar "Radio Cultura" que llega de Buenos Aires, pone el artefacto a todo volumen y la gente del pueblo se arremolina a las puertas de su casa siempre abierta, para poder escuchar y compartir. &lt;br /&gt;Con Amalia tienen seis hijos: Elena, Tula, Antena, Rosa, Alba y Febo. Todos conformarán más tarde un conjunto coral que cantará en todo acontecimiento importante de la zona. Es que Casimiro mismo es un personaje importante de la zona.&lt;br /&gt;En 1929 se le ocurre explotar una mina de hierro y cobre que ha descubierto en el Lago Fontana. La llaman "El solcito" y, en su inauguración, toca la banda municipal de Sarmiento.&lt;br /&gt;Casimiro también buscará uranio en las mesetas patagónicas, será operador de cine, dirigirá las obras de otras escuelas en Río Mayo, Aldea Beleiro, Apeleg; pero lo que él realmente quiere es volar. Volar como las águilas y los cóndores. Acortar distancias, difuminar fronteras, desvanecerse en el aire.&lt;br /&gt;En 1933 da sus primeros pasos en un planeador. Vuela por los cielos del sur como ha hecho todo siempre:  sin permiso y sin licencia. &lt;br /&gt;En 1951 recién consigue su brevet y entonces se compra un avión de segunda mano y funda un aeroclub. Tendrá tres aviones Casimiro en su vida. Al tercero lo llama Chimango. Es un pequeño Luscombe de 1947 y él usa la ruta 3 como guía para seguir el rumbo.&lt;br /&gt;Con ese avión traslada enfermos, acarrea materiales y hombres para seguir abriendo caminos en la Patagonia, lleva a  algunos chicos, también sin permiso, a volar sobre las casas y les arroja a otros, para que se repartan, bolsas de caramelos que estallan como bombas sobre los patios de las escuelas.&lt;br /&gt;       Todo sigue igual - le escribirá a Amalia alguna tarde melancólica de marzo - todo sigue como era entonces, como cuando fui a buscarte con mi sombrero de paja y te vi esperarme con tus zapatitos de taco a la puerta de la casa de ladrillo de tus padres. Siempre estaremos juntos y, alguna vez, volaremos entre los pasillos de la eternidad y cruzaremos todos los obstáculos.&lt;br /&gt;Tiempo después, y también con ese último avión, Casimiro tirará flores todos los domingos sobre el cementerio, tratando de hacer puntería para que las margaritas y los malvones y las rosas silvestres, caigan sobre la tumba de Amalia que ya hace algunos años no está con él. Entonces, nada es igual. Las visitas al cementerio se volverán casi cotidianas en el otoño y en el invierno de 1982, aun con frío y nieve. Solo, tantas veces sin la compañía de sus hijos o de sus innumerables nietos, continuará con la obsesiva limpieza del sepulcro matrimonial, del respaldo de yeso que lo espera como alargando los brazos en esa tierra firme tan diferente a los cielos patagónicos y abiertos.&lt;br /&gt;Casimiro se apaga la tarde del 10 de mayo de 1983, después de almorzar en el aeroclub mientras se adormece escuchando por la radio una melodía de Brahms con el diario en la mano.&lt;br /&gt;Mónica Soave&lt;br /&gt;NOTAS:&lt;br /&gt;Casimiro crió a su familia en la Chacra "El Labrador" a aproximadamente 10 km de Sarmiento, lugar que hoy puede visitar&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-5295419389126818750?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/5295419389126818750/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2009/10/colonia-sarmiento-chubut-1903-1983.html#comment-form" title="20 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/5295419389126818750?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/5295419389126818750?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2009/10/colonia-sarmiento-chubut-1903-1983.html" title="(Colonia Sarmiento- Chubut-   1903-1983)" /><author><name>FIMBA Maxibasketball</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17941088895178349560" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_3yNa6PMVRj0/Suhmebs5RAI/AAAAAAAADqg/nY_r79Kw46I/s72-c/sarmiento.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">20</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkAERH48fCp7ImA9WxNVF0k.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-4664861395071045595</id><published>2009-10-28T00:22:00.004-03:00</published><updated>2009-10-28T12:45:05.074-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-10-28T12:45:05.074-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Sarmiento. Chubut kolonija (lit)" /><title>(Sarmiento - Chubut kolonija 1903 - 1983)</title><content type="html">&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_3yNa6PMVRj0/Suhm2G68QlI/AAAAAAAADqo/ksFcE91OzkI/s1600-h/sarmiento.JPG"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_3yNa6PMVRj0/Suhm2G68QlI/AAAAAAAADqo/ksFcE91OzkI/s320/sarmiento.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5397677233160340050" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;CASIMIRAS SZLAPELIS (KAZIMIERAS ŠLAPELIS)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;...šiandien dar turiu likusius kelis mineralus&lt;br /&gt;ir vieną kitą suakmenėjusią tūkstantmečio senumo atskalą iš krovinio, kurį man atsiuntė Donas Casimiras su ranka rašytais kiekvieno akmens apibūdinimais. Garso įraše girdžiu jo ryžtingą balsą, pasakojantį savo neįtikėtiną istoriją.&lt;br /&gt;Francisco N. Juárez &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gimė 1895-ųjų metų spalio 1 dieną Kupiškio miestelyje prie Lėvens upės krantų, Lietuvoje. Jo tėvas Justinas susilaukė keturių vaikų su savo pirmąja žmona, tačiau vėliau įsimylėjo dar kartą ir vedė Sofiją Yankaukas, dėl to jam jau nebeatrodo keista dabar žvelgti į šios neseniai gimusios būtybės veidą, tokį susiraukšlėjusį bei pamėlusį, tokį panašų į visus kitus.&lt;br /&gt;Justino tėvas Isidorius gyvena labai toli nuo savo šeimos ir nuo gimtosios Lietuvos, Gualeguaychū vietovėje, Argentinoje. 1897-aisiais metais Isidorius galutinai pavargsta nuo pakrantės, nuo upės, nuo uodų ir nusprendžia leistis į kelionę link Sarmiento kolonijos vietų. Vėliau atras, jog ten taip pat yra upė, tačiau ne tokia plati, su juodosiomis gulbėmis ir be uodų. Ten taip pat pučia vėjas. Yra du ežerai, kurie retkarčiais tampa audringi. Yra dulkėti keliai, suakmenėjęs miškas ir vienatvė, dar labiau bejausmė ir grėsminga nei ta, kurią buvo radęs Gualeguaychū vietovėje. Dėl šios priežasties grįžta atgal ir rašo savo sūnui Justinui širdį draskantį laišką su prašymu, jog šis taip pat atvažiuotų į šį pasaulio kraštą.&lt;br /&gt;Justinas su visa šeima atvyksta į Argentiną. Jiems gyvenant šalia karštos ir rudos upės, kol jo tėvas ir senelis stato fermą, o jo motina pradeda vesti pamokas menų ir amatų mokykloje bei susilaukia daugiau vaikų, mažajam Casimirui sukanka du metai.&lt;br /&gt;1903-ųjų metų vasarą skėrių antplūdis sunaikina jų laukus ir tuomet visi galutinai nusprendžia įsikurti Sarmiento miestelyje, nors ir vis dar jausdamiesi vieniši.&lt;br /&gt;Musters ežero vandenys atrodo pilki, lediniai ir banguoti. Kiek toliau matosi gluosniai, augantys Senguer upės pakraščiu. Casimiras su kai kuriais savo broliais ten pradeda eiti į mokyklą, tačiau vėliau jis tęsia mokslus internatinėje mokykloje Comodoro Rivadavia miestelyje. Beglobiai našlaičiai, čiabuviai ir visiški vargšai į saleziečių mokyklą yra priimami nemokamai.&lt;br /&gt;Metams bėgant Casimiras dirbs avikirpiu, darbininku, vežiku, mechaniku. Jis taip pat taps pirmuoju gyvenvietės automobilistu, vairuojančiu keturių cilindrų Buick su išorine pavarų svirtimi. 1918-aisiais metais jis, vis dar viengungis, įsigyja savo pirmąjį automobilį ir tampa savarankišku.&lt;br /&gt;Tame pačiame miestelyje gyvena jauna rusaitė Amalia Ramig, protestantė liuterone,kuri su šeima čia atsikraustė iš vokiečiu kolonijos Volgoje&lt;br /&gt;Brangi Amalia, - jai rašys, degdamas iš gėdos ir nevilties, - nežinau ar Jūsų žvilgsnis kada nors užkliuvo už virpančio silueto, beveik nepastebimo, kurį kiekvieną popietę matote praslenkantįpro sandėlio kampą. Šis siluetas, brangioji, nėra kas kita kaip aš, toks virpantis, kaip ši mano ranka - kuri taip pat yra mano, ir kuri būtent šiuo momentu išdrįsta Jums rašyti bei maldauti, kad man leistumėte kurią nors iš tų popiečių pažvelgti Jums į akis bei ne nepastebimai, o užtikrintai ištarti, kaip aš Jus myliu.&lt;br /&gt;Casimiras daugelį metų savęs klaus, kokią jėgą pasitelkęs jis išdrįso įbrukti šį laišką po Amalios namų vidinėmis durimis, tačiau, kaip ten bebūtų, 1918-ųjų metų spaliui besibaigiant, vieną itin vėjuotą dieną ji nusprendžia jo palaukti ir atidžiai išklausyti uždegantį meilės prisipažinimą iš jo paties lūpų.&lt;br /&gt;Tačiau Amalios tėvai šioms sužadėtuvėms nepritaria dėl religinių priežasčių, ir ypač dėl to, kad mergaitė dar nėra pilnametė. Casimiras kliedi apie merginos pagrobimą, įsivaizduodamas kaip jis ją išsiveža toli, išpina jos kasas, slapčia vaikosi ją tarp tuopų, netgi keliauja kartu į Lietuvą kokiu nors krovininiu laivu; tačiau galų gale blaiviai nusprendžia palaukti iki kol Amalia bus pilnametė. Pasipuošęs sekmadieniniu švarku bei atgal atlenkta šiaudine skrybėle jos gimimo dieną išsiruošia jos sutikti. Amalia išeina iš namų tik su rūbų ryšulėliu, juodu odiniu rankinuku bei išsižadėta savo tėvų, kurie ją stebi iš už pusiau užvertų langų. Pora susituoks, tačiau tai įvyks praėjus keletui metų, nes Sarmiento miestelyje nėra bažnyčios.&lt;br /&gt;Casimiras dirba rangovu, tačiau taip pat stato kelius bei mokyklas ir 1922-aisiais metais įsigyja radijo imtuvą. Tose platumose labai sunku surasti radijo stotį, tačiau kai Casimiras pagaliau atranda "Radio Cultura", transliuojamą iš Buenos Airių, kiek įmanoma pradeda eiti į mokyklą, tačiau vėliau jis tęsia mokslus internatinėje mokykloje Comodoro Rivadavia miestelyje. Beglobiai našlaičiai, čiabuviai ir visiški vargšai į saleziečių mokyklą yra priimami nemokamai.&lt;br /&gt;Metams bėgant Casimiras dirbs avikirpiu, darbininku, vežiku, mechaniku. Jis taip pat taps pirmuoju gyvenvietės automobilistu, vairuojančiu keturių cilindrų Buick su išorine pavarų svirtimi. 1918-aisiais metais jis, vis dar viengungis, įsigyja savo pirmąjį automobilį ir tampa savarankišku.&lt;br /&gt;Tame pačiame miestelyje gyvena jauna rusaitė Amalia Ramig, protestantė liuterone,&lt;br /&gt;kuri su šeima čia atsikraustė iš vokiečiu kolonijos Volgoje&lt;br /&gt;Brangi Amalia, - jai rašys, degdamas iš gėdos ir nevilties, - nežinau ar Jūsų žvilgsnis kada nors užkliuvo už virpančio silueto, beveik nepastebimo, kurį kiekvieną popietę matote praslenkantįpro sandėlio kampą. Šis siluetas, brangioji, nėra kas kita kaip aš, toks virpantis, kaip ši mano ranka - kuri taip pat yra mano, ir kuri būtent šiuo momentu išdrįsta Jums rašyti bei maldauti, kad man leistumėte kurią nors iš tų popiečių pažvelgti Jums į akis bei ne nepastebimai, o užtikrintai ištarti, kaip aš Jus myliu.&lt;br /&gt;Casimiras daugelį metų savęs klaus, kokią jėgą pasitelkęs jis išdrįso įbrukti šį laišką po Amalios namų vidinėmis durimis, tačiau, kaip ten bebūtų, 1918-ųjų metų spaliui besibaigiant, vieną itin vėjuotą dieną ji nusprendžia jo palaukti ir atidžiai išklausyti uždegantį meilės prisipažinimą iš jo paties lūpų.&lt;br /&gt;Tačiau Amalios tėvai šioms sužadėtuvėms nepritaria dėl religinių priežasčių, ir ypač dėl to, kad mergaitė dar nėra pilnametė. Casimiras kliedi apie merginos pagrobimą, įsivaizduodamas kaip jis ją išsiveža toli, išpina jos kasas, slapčia vaikosi ją tarp tuopų, netgi keliauja kartu į Lietuvą kokiu nors krovininiu laivu; tačiau galų gale blaiviai nusprendžia palaukti iki kol Amalia bus pilnametė. Pasipuošęs sekmadieniniu švarku bei atgal atlenkta šiaudine skrybėle jos gimimo dieną išsiruošia jos sutikti. Amalia išeina iš namų tik su rūbų ryšulėliu, juodu odiniu rankinuku bei išsižadėta savo tėvų, kurie ją stebi iš už pusiau užvertų langų. Pora susituoks, tačiau tai įvyks praėjus keletui metų, nes Sarmiento miestelyje nėra bažnyčios.&lt;br /&gt;Casimiras dirba rangovu, tačiau taip pat stato kelius bei mokyklas ir 1922-aisiais metais įsigyja radijo imtuvą. Tose platumose labai pradeda eiti į mokyklą, tačiau vėliau jis tęsia mokslus internatinėje mokykloje Comodoro Rivadavia miestelyje. Beglobiai našlaičiai, čiabuviai ir visiški vargšai į saleziečių mokyklą yra priimami nemokamai.&lt;br /&gt;Metams bėgant Casimiras dirbs avikirpiu, darbininku, vežiku, mechaniku. Jis taip pat taps pirmuoju gyvenvietės automobilistu, vairuojančiu keturių cilindrų Buick su išorine pavarų svirtimi. 1918-aisiais metais jis, vis dar viengungis, įsigyja savo pirmąjį automobilį ir tampa savarankišku.&lt;br /&gt;Tame pačiame miestelyje gyvena jauna rusaitė Amalia Ramig, protestantė liuterone,&lt;br /&gt;kuri su šeima čia atsikraustė iš vokiečiu kolonijos Volgoje&lt;br /&gt;Brangi Amalia, - jai rašys, degdamas iš gėdos ir nevilties, - nežinau ar Jūsų žvilgsnis kada nors užkliuvo už virpančio silueto, beveik nepastebimo, kurį kiekvieną popietę matote praslenkantįpro sandėlio kampą. Šis siluetas, brangioji, nėra kas kita kaip aš, toks virpantis, kaip ši mano ranka - kuri taip pat yra mano, ir kuri būtent šiuo momentu išdrįsta Jums rašyti bei maldauti, kad man leistumėte kurią nors iš tų popiečių pažvelgti Jums į akis bei ne nepastebimai, o užtikrintai ištarti, kaip aš Jus myliu.&lt;br /&gt;Casimiras daugelį metų savęs klaus, kokią jėgą pasitelkęs jis išdrįso įbrukti šį laišką po Amalios namų vidinėmis durimis, tačiau, kaip ten bebūtų, 1918-ųjų metų spaliui besibaigiant, vieną itin vėjuotą dieną ji nusprendžia jo palaukti ir atidžiai išklausyti uždegantį meilės prisipažinimą iš jo paties lūpų.&lt;br /&gt;Tačiau Amalios tėvai šioms sužadėtuvėms nepritaria dėl religinių priežasčių, ir ypač dėl to, kad mergaitė dar nėra pilnametė. Casimiras kliedi apie merginos pagrobimą, įsivaizduodamas kaip jis ją išsiveža toli, išpina jos kasas, slapčia vaikosi ją tarp tuopų, netgi keliauja kartu į Lietuvą kokiu nors krovininiu laivu; tačiau galų gale blaiviai nusprendžia palaukti iki kol Amalia bus pilnametė. Pasipuošęs sekmadieniniu švarku bei atgal atlenkta šiaudine skrybėle jos gimimo dieną išsiruošia jos sutikti. Amalia išeina iš namų tik su rūbų ryšulėliu, juodu odiniu rankinuku bei išsižadėta savo tėvų, kurie ją stebi iš už pusiau užvertų langų. Pora susituoks, tačiau tai įvyks praėjus keletui metų, nes Sarmiento miestelyje nėra bažnyčios.&lt;br /&gt;Casimiras dirba rangovu, tačiau taip pat stato kelius bei mokyklas ir 1922-aisiais metais įsigyja radijo imtuvą. Tose platumose labai sunku surasti radijo stotį, tačiau kai Casimiras pagaliau atranda "Radio Cultura", transliuojamą iš Buenos Airių, kiek įmanoma&lt;br /&gt;sunku surasti radijo stotį, tačiau kai Casimiras pagaliau atranda "Radio Cultura", transliuojamą iš Buenos Airių, kiek įmanoma&lt;br /&gt;labiau pagarsina radijo imtuvą ir miestelio gyventojai ima buriuotis aplink jo namų duris, kurios visada yra atviros, klausydamiesi bei dalindamiesi žiniomis.&lt;br /&gt;Su Amalia susilaukia šešeto vaikų: Elenos, Antenos, Rosos, Albos ir Febo. Visi jie vėliau dainuos chore, kuris dalyvaus visuose svarbiuose vietos įvykiuose. Tiesą pasakius, pats Casimiras yra svarbi vietos asmenybė.&lt;br /&gt;1929-aisiais metais jis sugalvoja eksploatuoti geležies ir vario miną kurią neseniai atrado Fontaną ežere. Miną pakrikštija "Saulele" ir jos atidaryme groja municipalinis Sarmiento orkestras.&lt;br /&gt;Casimiras vėliau taip pat ieško urano Patagonijos plynaukštėse, dirba kino operatoriumi, vadovaus darbams kitose mokyklose Rio Mayo, Aldea Beleiro, Apeleg vietovėse, tačiau jis labiausiai trokšta skraidyti. Skraidyti kaip skraido ereliai ir kondorai. Sutrumpinti atstumus, išsklaidyti sienas, išnykti ore.&lt;br /&gt;1933-aisiais metais žengia pirmuosius žingsnius ir pakyla į orą sklandytuvu. Casimiras raižo pietų dangų taip, kaip darydavo viską ir visada - be leidimo ir be licencijos.&lt;br /&gt;1951-aisiais Casimiras, neseniai gavęs piloto licenciją įsigyja naudotą lėktuvą ir įsteigia oro klubą. Per visą savo gyvenimą Casimiras turės tris lėktuvus. Trečiąjį pakrikštija "Vanagu". Tai nedidelis, 1947-ųjų metų Luscombe lėktuvėlis ir Casimiras naudoja 3 maršrutą kaip orientyrą idant nenukrypti nuo rumbo.&lt;br /&gt;Šiuo lėktuvu jis gabena ligonius, perveža medžiagas bei žmones, tam, kad toliau tiesti kelius Patagonijoje, taip pat be leidimo skraidina vaikus virš jų namų, o kitiems mėto saldainių maišelius, kuriuos šie turi tarpusavyje pasidalinti ir kurie nukritę sprogsta lyg bombos mokyklų vidiniuose kiemuose.&lt;br /&gt;Niekas nesikeičia, - kurį nors melancholišką kovo vakarą rašys Amaliai, - Niekas nepasikeitė nuo to momento, kai ėjau tavęs pasitikti su savo šiaudine skrybėle ir pamačiau tave apsiavusią aukštakulniais bateliais, laukiančią prie tavo tėvų mūrinio namo. Visada būsime kartu ir kada nors skrisime amžinybės takais bei įveiksime visas kliūtis.&lt;br /&gt;Vėliau ir vis dar iš to paties paskutinio lėktuvo Casimiras kiekvieną sekmadienį mėtys gėles virš kapinių, stengdamasis pataikyti, kad ramunės, piliarožės ir laukinės rožės nukristų ant Amalios, kurios jau keletą metų nebėra šalia jo, kapo. Tuomet jau viskas buvo pasikeitę. 1982-ųjų metų rudenį ir žiemą netgi sningant ir spaudžiant šalčiui, apsilankymai kapinėse tampa kasdienybe. Vienišas, dažnai be vaikų ir nesuskaičiuojamų anūkų palydos, Casimiras&lt;br /&gt;be perstojo valo šeimyninį kapą ir gipsinę atramą, kuri jo laukia tartum ištiesusi rankas šioje tvirtoje žemėje, kuri taip skiriasi nuo atvirų Patagonijos dangaus mėlių.&lt;br /&gt;Casimiras užgęsta 1983-ųjų metų gegužės 10 dienos popietę, po priešpiečių oro klube, užmigdytas iš radijo imtuvo sklindančios Bramso melodijos, su laikraščiu rankoje.&lt;br /&gt;Mónica Soave&lt;br /&gt;PASTABOS.&lt;br /&gt;Casimiras su šeima gyveno fermoje "EI Labrador", maždaug 10 km nuo Sarmiento, kurią dabar galima aplankyti. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-4664861395071045595?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/4664861395071045595/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2009/10/sarmiento-chubut-kolonija-1903-1983.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/4664861395071045595?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/4664861395071045595?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2009/10/sarmiento-chubut-kolonija-1903-1983.html" title="(Sarmiento - Chubut kolonija 1903 - 1983)" /><author><name>FIMBA Maxibasketball</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="17941088895178349560" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_3yNa6PMVRj0/Suhm2G68QlI/AAAAAAAADqo/ksFcE91OzkI/s72-c/sarmiento.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEEHQHc7cSp7ImA9WxJbEU8.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-3105679018975351912</id><published>2009-07-20T17:40:00.002-03:00</published><updated>2009-07-20T17:43:51.909-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-07-20T17:43:51.909-03:00</app:edited><title>Premio Eduardo de Literatura 2009. Fallo del Jurado</title><content type="html">Informamos fallo del jurado a la Tercera edición de los Premios Eduardo de Literatura en Categoría Relatos de Viaje y Relatos de Deporte, concurso organizado conjuntamente por Umbrales Ediciones y FIMBA. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;En la ciudad de Praga, República Checa, se ha dado a conocer el fallo del jurado a la Tercera Edición de los Premios Eduardo de Literatura 2009.&lt;br /&gt;Categoría Relatos de Viaje:&lt;br /&gt;Primer Premio: Verde profundo- Claudia Viviana Parreño&lt;br /&gt;Segundo Premio: La verdad de Stephan- Juan Enrique Soto Castro&lt;br /&gt;Tercer Premio: En mi vida secreta- Patricia Suarez&lt;br /&gt;Primera Mención: Istambul- María José Domínguez García&lt;br /&gt;Segunda Mención: Vientos- Gustavo Eduardo Green&lt;br /&gt;Tercera Mención: Del riel- Anahí Flores&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Categoría Relatos de Deporte:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primer Premio: La muerte- Néstor Rubén Gímenez Arias&lt;br /&gt;Segundo Premio: De madrugada- Jorge Horacio Nieva&lt;br /&gt;Tercer Premio: La jugada maestra- Yesica Luciana Albornoz Trinquitella&lt;br /&gt;Primera Mención: Dios ayuda a quien lo necesita- Jorge De Stefano&lt;br /&gt;Segunda Mención: El juez de línea bajo el influjo del efecto doppler- Alejandro Rostagno&lt;br /&gt;Tercera Mención: La historia del reglamentario- Ignacio Raventós Cardús&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Felicitaciones a los ganadores y muchas gracias a todos por la participación de más de 134 relatos desde distintas ciudades del mundo. Esperamos seguir contándolos entre nuestros participantes en futuros concursos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Umbrales ediciones.&lt;br /&gt;FIMBA.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-3105679018975351912?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/3105679018975351912/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2009/07/premio-eduardo-de-literatura-2009-fallo.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/3105679018975351912?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/3105679018975351912?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2009/07/premio-eduardo-de-literatura-2009-fallo.html" title="Premio Eduardo de Literatura 2009. Fallo del Jurado" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CE8ERn8_fip7ImA9WxVTEk4.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-4655278915472394666</id><published>2008-12-25T17:02:00.008-02:00</published><updated>2008-12-25T17:20:07.146-02:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-12-25T17:20:07.146-02:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Puerto de Palos" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><title>Puerto de Palos (esp)</title><content type="html">&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SVPaxpbeM1I/AAAAAAAAAGg/-Y-6nffRdYw/s1600-h/puerto+de+palos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5283807334305248082" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 243px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SVPaxpbeM1I/AAAAAAAAAGg/-Y-6nffRdYw/s320/puerto+de+palos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;Un gato&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Tiempos agitados se viven por estos días, el humano se mueve de acá para allá sin detenerse. La calle que desemboca al puerto está colmada, vigorosos bueyes arrastran pesadamente y sin pausa todo tipo de pertrechos; entre el polvo, los gentiles van y vienen por doquier y sus gritos aturden la tarde. Yo, desde mi sitio, observo esta ralea de músculos sudorosos que cargan, encorvando sus espaldas, tremendos bagajes. Todos tienen un destino fijo, van hacia el puerto de Palos de Moguer; sus urgencias están justificadas. En el golfo, las tres naves ya están prontas, se mecen, susurrantes, nerviosas, prestas a comenzar el derrotero. La mar hoy está calma, desde aquí olfateo aromas que el viento me trae, son aromas de incertidumbre, de temor por el que vendrá. El humano es temeroso de lo nuevo, pero en su afán de poseer más, oculta su miedo, sólo lo oculta. Pero yo lo huelo por el aire; mis sentidos hoy están más agudos que nunca, una voz interna, incisiva, me llama a unirme a esa febril muchedumbre siguiendo su sino. Pero este sol, tibio, que abrasa mi cuerpo puede más, por ahora, que mi curiosidad. Sobre este tejado, me desperezo; lentamente, estiro mi cuerpo y, armoniosamente, mis huesos elásticos me devuelven esa agradable sensación de sentirme único. La tranquilidad del sitio calma mi libre espíritu.&lt;br /&gt;Entre el gentío, una figura destaca, ese rostro curtido por el sol de mil mañanas llama mi atención por conocido. Su porte es noble, de gran señorío, no así su ropaje áspero y raído; trae en bandolera su bolsa bien cargada, la cacería de hoy fue buena, viene de las marismas del río Tinto de entre los cañaverales, con su palo al hombro, y por detrás lo sigue su blanca perra, la “guasa”, le llama, ya vieja, pero todavía ducha para la tarea. Ratero, le dicen y su mercancía es muy bien recibida por estos lados, con una pinta de aceite de oliva, las ratas de la marisma saben a gloria para el humano. Mirando, a la lejanía llego a ver el campanario del monasterio franciscano de La Rábida; austeras paredes amarillentas entornan el misterio de sus interiores, donde los devotos, que a estas alturas son muchos, por estas yermas tierras, cantan novenas en interminables letanías, implorando para estar mejor, de lo que creen que están. Otros rezan por el alma de esos 120 audaces que a tamaña aventura se han de embarcar. La tarde cae, pero los murmullos no se apagan, y poco a poco escucho, bajo este techo, como la posada comienza a cobrar vida, llenándose de parroquianos, ávidos de esos cuencos rebosantes de potaje, acompañados de grandes jarras de vino, dos orejas, bien rojo y muy fuerte, el que tiene la particularidad de aligerar las lenguas y chispear los ánimos. Quien dice ser mi dueño atiende diligente a toda esta ralea de seres hambrientos, que en cuanto llenen sus tripas, comenzarán a parlotear en castellano, gallego, o genovés, de lo que sucede en esta aldea, que se convirtió, por estos tiempos, en el centro de atención de toda la Andalucía. Mi caminar es elegante, sigiloso, miles de años amoldaron mi cuerpo, y al bajar del tejado y adentrarme al solar, nadie se percata de mi andar por bajo de las mesas, entre las piernas del humano me restriego, con cuidado de no llamar demasiado de su atención, mantengo cierta distancia y sólo permito, muy de vez en cuando, una que otra palmada. Mi sitio está al costado del fogón, sobre unos trapos que sobrevivieron a los tiempos. El caldero comienza a hervir y los vapores vician el ambiente, entre eructos y agrios sudores, los candiles amarillentos parten la penumbra y ayudan a distinguir estos cuerpos, sentados los unos frente a otros. Esta noche están mas alterados que de costumbre, vibran de una forma especial y a mis agudos oídos llegan las palabras, imperativas algunas... Que hemos echado al Moro de Granada, y Fernando, en triunfal entrada, ha marchado por sus calles y por ello esta tierra ha sido liberada...; roncas, temerosas otras... Que la Santa Inquisición (que Dios en la Gloria la tenga) hoy tiene el poder de convertir al pagano y de echar al Judío; chillonas las más... Que las minas de cobre ya poco dejan, o que la sardina es muy flaca este año; susurrantes... Que nuestra majestad Isabel ha financiado al genovés. La palabra lo es todo por estos días en la península; el resentimiento esta mixturado con el temor, y la miseria camina a sus anchas por el poblado. Los reinos han estado guerreando por mucho tiempo y esta España del año del Señor de 1492 todavía sigue muy convulsionada. El caldero ya esta hirviendo y el desaguisado se torna real. Por un momento, la posada es el reflejo de esta tierra ibérica. Me rasco la cabeza con desgano, aplacando el escozor que dejó una indiscreta pulga, y de pronto me envuelve un sin fin de imprecaciones y amenazas, que me alertan... Por culpa de un maravedí, mal perdido. Motivo más que suficiente para la riña; al instante, salen a relucir las navajas, hambrientas de carne. El odio y la violencia apuran la partida, la sangre llega al piso triunfal, un cuerpo que cae en agonía, otro corre tomándose el vientre con ambas manos, gritando, mientras la vida se escapa por la fatal herida. Generalizado el tumulto, gano de un veloz salto la puerta. Mi estadía en la posada ha terminado, fueron gratos los años que pasé, y quien dice ser mi dueño me ha tratado de forma indiferente y le he servido como él me ha servido. Siempre me ocupé de mi alimento y con sólo mi presencia, mantuve alejada toda suerte de alimañas de la posada. La voz interior incisiva nuevamente al puerto me llama, y en esta ocasión, sí, me dejo llevar. Como sonámbulo, camino calle abajo a la vera del Odiel, entre abandonadas redes y viejos toneles. Atrás quedaron los griteríos, y el ruido, poco a poco, comienza a desvanecerse. Otros sonidos nuevos me envuelven. La cercanía de la mar se presiente, su tenue rumor llega a mis oídos, el sabor salado del aire que se hace más intenso, una bruma aceitosa cubre mi piel a medida que continúo mi marcha. La noche cerrada, envejece el entorno, pero mi vista se agudiza, como mis finos sentidos; a lo nuevo no le temo, soy muy cauteloso pero, sobre todo, un curioso natural. Pronto, en mi caminar diviso tres enormes siluetas, que se menean acompasadamente, llamando a mi atención, veo que en la gigantesca arboladura, cuelgan una maraña de sogas entreveradas con el velamen, dándoles un aspecto casi fantasmagórico. Las tres carabelas, hermanadas a la planchada, esperan ansiosas que terminen con el apresto; en sus entrañas, marinos de oficios diversos despliegan laboriosamente sus habilidades; el martillear de los carpinteros se amalgama con el de los herreros en un concierto atrayente a mis oídos; la noche aliada a mis deseos me ayuda en mi anonimato. Mido distancia y, de un salto, entro a la bodega de La Santa María. Entre las cuadernas, apiladas bolsas de grano, toneles para conserva y todo tipo de vituallas irritan mi olfato, me acomodo en la oscuridad e ignorando lo que en la borda sucede, enrosco mi cuerpo y, sin notarlo, gano el sueño.&lt;br /&gt;Una luz tenue se abre paso por la escotilla, el amanecer de este 3 de agosto, me encuentra adormilado, un poco mareado y asombrado por el rigor de los acontecimientos pasados. Que el humano mide todo es real; que tiene tiempos ya establecidos para comer, dormir, procrear o, como hoy, para conquistar nuevas rutas marinas es una verdad. Pero yo, que duermo cuando me lo pide el cuerpo, que la oscuridad de la noche o la luminosidad del día me son indiferentes, que no negocio con el hambre ni con el hombre, me encuentro acompañándolo por causas que desconozco, pero sé que esta voz intrigante a mi destino me conduce. Palos fue alejándose, lentamente; el contorno del puerto se pierde: las tres naves que, en caravana y a vela hinchada, entre la espuma de un mar templado, avanzan sin pausa, buscando el oeste, en tenaz derrotero, devoran leguas sin que nada las detenga. Ya no hay vuelta atrás.&lt;br /&gt;En la cubierta, los marinos, sin descanso, se mueven entre cabos y poleas, los unos atiesando velas entre órdenes y gritos; los otros reacomodando la carga. El entusiasmo es general, algo alienta al espíritu del hombre que tanto empeño pone en esta empresa, no es esta una simple travesía comercial, donde las ganancias ya están establecidas, ni tampoco una redada al bacalao. En la intimidad, cada marino sabe que encontrar un paso a las Indias significa riqueza y gloria de por vida, cuando el almirante del mar Océano, Cristóbal Colón, personalmente, el libro de embarque les hizo firmar, no dejó dudas al respecto: las promesas de grandes fortunas fueron las que sellaron este pacto.&lt;br /&gt;La garantía es la corona y la firma de las Capitulaciones de La Santa Fe, que lo reconocen como virrey y gobernador de las tierras que descubrieran. La avaricia mueve esta expedición y no la curiosidad, el deseo de conquistar se mezcla con el saqueo y la piratería.&lt;br /&gt;Ese sentimiento, tan extraño a mi naturaleza, de acumular, de poder, representado en oro, plata y propiedades, es condición del humano. Le resulta prácticamente irresistible sustraerse a tal deseo cometiendo toda suerte de bajezas a fin de lograr lo ansiado.&lt;br /&gt;La tripulación es una miscelánea de Íberos. Beréberes, castellanos hidalgos andaluces, aventureros genoveses, judíos conversos, acompañados por una ralea de errantes, sin ley ni país, reos y libertos. Por ello, representada en la vela mayor de las naves, una gran cruz echa un manto de cristiandad, cubriendo a estos seres. Soberbios pabellones en color oro y rojo cuelgan de la cangreja. En la punta de la verga del foque, picudos estandartes con el escudo de Castilla y Aragón flamean al compás del viento, otorgándole pinceladas de nobleza real, a tal empresa.&lt;br /&gt;Al cabo de nueve semanas de navegar y 750 leguas, que atrás quedaron, veo como los ánimos comienzan a mermar el entusiasmo primigenio. Se está poniendo tortuoso y pesado el ambiente. Por dentro, el clima se muestra nublado y muy borrascoso por fuera. La comida en conserva, único alimento en estos días, comienza a enfermar a los nautas, el escorbuto cobra sus primeras víctimas, y el sombrío semblante de la tripulación presagia tiempos de violencia.&lt;br /&gt;Ante las penurias, este ser, responde con agresión y es tal su naturaleza, que no repara en el daño que a su prójimo provoca, el robo de comida, y la pillería se hacen carne en él. La desconfianza al mando establecido gana adeptos, fomentando un inminente motín. Me es imposible entender tan traicionera actitud, luego de verlo, decidido y presto en la partida juramentándose fidelidad.&lt;br /&gt;Sólo el almirante y unos pocos conservan la postura inicial calmando al resto con esa vehemencia que sólo algunos elegidos poseen. Nombrando al supremo como eje rector de sus actos y apelando a la noble causa descubridora, luego de prometer una chaqueta con lujoso bordado en oro a quien tierra divisare, logra contener a la mayoría sublevada. Otros, los más rebeldes, son disciplinados por medio del azote. La estrella del Norte se muestra en todo su esplendor; sobre el paralelo 28, el astrolabio sólo le muestra su altura y ubicación dentro de un cielo lechoso y confuso.&lt;br /&gt;Cuando los instrumentos nada le dicen al navegante, la natura en forma de pluma le anticipa la proximidad de tierra; más tarde, el grito de un afortunado vigía confirma lo presentido. Ante los asombrados ojos del almirante, un nuevo mundo se presenta.&lt;br /&gt;Yo, que todo este tiempo conviví con estos seres, observando sus contradicciones y tratando de entender sus maneras, comienzo a darme cuenta de la magnitud del hallazgo.&lt;br /&gt;La plomada mide la profundidad y las brazadas poco a poco comienzan a descender; ante la proa de la Santa María, el horizonte se extiende, inundando con miles de matices verdes todo el panorama, fatigando la vista; olores agridulces de miles de especias mezcladas que la suave brisa trae saturan la nariz; el colorido de las aves y flores contrasta con sus costas de finas arenas blancas; toda la magnificencia de esta playa asemeja la entrada al paraíso perdido por los humanos.&lt;br /&gt;Aún no botan anclas, pero yo, a la borda salto y sin más, me dejo caer. La susurrante voz me lo demanda, algo que no domino controla mis movimientos y sin resistirme me dejo nuevamente llevar, el agua me recibe tibia en esta mañana de octubre, me hundo en las profundidades emergiendo en espasmódico movimiento, para luego emprender un rítmico nado hacia la orilla. La salobridad del agua empieza a irritarme las fauces; entonces exijo a mis músculos mayor movimiento y prestamente alcanzo la orilla. Tirándome al sol, sobre encumbrada loma, emprendo la tarea de secarme y acicalarme concienzudamente; es cuando a mis oídos llega lo que antes murmullos fueron, extraños sonidos nunca escuchados que de la selva inundan y completan tamaño panorama. Desde mi lugar, veo, sobre las naves, ya ancladas, los preparativos para el desembarco. Las chalupas son botadas al unísono y en lenta marcha los remeros se acercan a lo que creen su sueño dorado. Las quillas prontas encallan en la arena. De un salto, la bota del Almirante toca tierra; tras él, la horda lo acompaña expectante; el sol que a plomo cae resalta a viva luz los relucientes petos; alabardas y estandartes flamean, en inquietante danza; cañones y mosquetes desafiantes cierran la escena. Clavando la cruz, espada en mano, se hinca de rodillas y con simbólico ademán, sin pudor alguno, toma posesión, en nombre de Dios y la corona. Luego, se celebra una misa consagrando el acto ante improvisado altar. De la tupida flora, poco a poco, otros humanos aparecen en escena. Estos están completamente desnudos; su piel es cobriza; son más pequeños y lampiños; algunos llevan tocados de plumas engarzadas en plata y oro; otros, collares de piedras semipreciosas; ríen y hablan en melodioso idioma. Las mujeres y los niños traen en sus manos cestas repletas de coloridas frutas y peces a modo de ofrenda, en pacífica actitud. El encuentro es dispar, la inocencia de los unos choca con la mirada seria de los otros. Las rubias barbas y la tez blanca provocan una sana curiosidad entre los llamados “indios” que rodeando al conquistador intentan tocarlo; éstos, sin oponerse, fijan la vista en los relucientes tocados, y el brillo de los collares de oro despierta la codicia. Los jinetes del Apocalipsis comienzan a cabalgar por estas nuevas tierras. Un escalofrío recorre mi cuerpo y empiezo a comprender el porqué de la voz. Por miles de años, hemos acompañado al humano en su incensaste búsqueda; mis ancestros vieron al egipcio ser conquistado, al griego, al romano; cultura tras cultura ha sido diezmada en pos de la avaricia y el poder. Soy el testigo mudo del principio de un nuevo exterminio, ahora comprendo el significado de la voz y el porqué de mi andar.&lt;br /&gt;El cansancio atempera mis músculos, estiro mis garras relajando todo mi cuerpo y, enroscándome, plácidamente, duermo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mario Jorge Piro&lt;br /&gt;(Desde Buenos Aires)&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mención Premio Eduardo de Literatura 2007 &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Categoría Relatos de Viaje&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-4655278915472394666?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/4655278915472394666/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/12/puerto-de-palos-esp.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/4655278915472394666?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/4655278915472394666?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/12/puerto-de-palos-esp.html" title="Puerto de Palos (esp)" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SVPaxpbeM1I/AAAAAAAAAGg/-Y-6nffRdYw/s72-c/puerto+de+palos.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;A0YFRH48fSp7ImA9WxRbGU4.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-3164005122442896041</id><published>2008-12-10T17:49:00.004-02:00</published><updated>2008-12-10T17:58:35.075-02:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-12-10T17:58:35.075-02:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Uyuni" /><title>Uyuni (esp)</title><content type="html">&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SUAe8vE8AWI/AAAAAAAAAGY/ZcwwvB3QEj4/s1600-h/salar-de-uyuni.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5278252792056381794" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SUAe8vE8AWI/AAAAAAAAAGY/ZcwwvB3QEj4/s320/salar-de-uyuni.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;(Agosto 2004)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habíamos conocido a Mauricio y a Mika en el camino del Inca. Después, como sucede a veces cuando estás viajando, los dos se nos pegaron como estampillas, primero en Aguas Calientes, y en el regreso a Cuzco. Decidieron venir con nosotros a Coroico —el temible viaje en camión por el camino de la muerte— y después a Potosí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros no teníamos mucha plata ni crédito. Viajábamos a dedo y cocinábamos guisos; ni pensar en restaurantes ni siquiera fondines. Y por supuesto, nuestra carpa era nuestro hogar en la mayoría de los lugares donde parábamos. El plan era llegar al fin del mundo (Ushuaia) para fin de año; había que ajustarse los cinturones y, la verdad, le agregaba un encanto especial al viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mauricio y Mika eran un misterio. No tenían plata, pero tenían tarjetas de crédito. Así que con ellos fuimos al primer —y único— restaurante en el que Mauricio pagó con su tarjeta a cambio de nuestro efectivo. Eran los dos jovencitos y graciosos. Los dos vivían en Australia; Mauricio de origen chileno, Mika era finlandés. Nos pareció, desde el principio, que Mauricio se abusaba de la candidez de Mika, que le sacaba plata...; nos vimos envueltos en una situación extraña en Cuzco, tratando de cobrar los cheques viajeros de Mika, que parecía un chiquilín asustado, y por un momento, nos pareció que nos había adoptado de padres... ¡y nosotros a él de hijo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Potosí, decidimos hacer un tour a las minas del cerro Potosí. Un gran gasto, pero valía la pena. Ese cerro impecable, horadado como un hormiguero gigante en la búsqueda empecinada de los bolivianos por algo de plata; un brillito, apenas, en alguna roca, para seguir tirando. Con la plata del tour ayudábamos a los potosinos a subvencionar lo que ahora era una cooperativa, ya que el cerro, después de 500 años de arañazos, piquetazos y dinamita, estaba literalmente vacío, y a las compañías grandes había dejado de interesarles. Es más, una empresa japonesa le había ofrecido al gobierno boliviano comprarlo, por su tierra arcillosa, pero el gobierno rechazó la oferta por la única razón de que el cerro Potosí era un ícono que, de alguna manera, representaba a Bolivia. Es cierto... ¡está representado en la bandera y en el escudo de armas nacionales!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parte del tour era una visita a la feria de Potosí, donde, entre otras cosas, vendían productos que nos recomendaron llevarles de regalo a los mineros. Agua mineral, caramelitos de menta, cigarrillos, hojas de coca y cartuchos de dinamita. Nosotros optamos por lo seguro: compramos todo menos la dinamita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue un viaje al interior de la tierra, por túneles a veces de un metro de altura, donde los gringos agradecían los cascos que nos habían dado en la entrada. Los mineros potosinos sonrieron tímidamente ante nuestros regalos y nos mostraron el interior de su montaña, su representación de Zupay, con sus cabellos rubios de serpentinas de papel, su cigarrito en la boca, sus ojos azules de piedra y las ofrendas rodeándolo, botellas de aguardiente, cigarrillos y bolsas con hojas de coca para tenerlo contento y que, contento, los protegiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De vuelta en el hospedaje (que Mauricio insistió en pagar por todos con su tarjeta), mirando el mapa, decidimos que el próximo destino sería Uyuni, la laguna roja. Una laguna en medio del salar de Uyuni, un desierto blanco al límite con Chile. Roja por una extraña formación de algas que atrae a los flamencos. Una laguna roja colmada de flamencos en medio de un desierto blanco de sal. Por supuesto no pudimos pagar un tour. Nos hablaron de unos camiones que pasaban camino a Chile y nos podrían llevar hasta allí. Para eso había que tomar un tren de carga hasta una estación sin nombre, donde debíamos bajar y esperar al camión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el mercado de Uyuni, compramos provisiones para lo que sería una semana de viaje, y como Mauricio había pagado el hospedaje, hicimos el gasto extra y compramos vino en caja, un pequeño lujo que nos dábamos en raras ocasiones. El tren de carga salía de Uyuni a las 11 de la mañana. Hablamos con alguien en la estación y arreglamos el pago. Y nos dispusimos a esperar al tren, jugando con la zorra, sacando fotos y tomando de a poco el vino barato al sol boliviano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tren llegó a la estación a las 8 de la noche. Para entonces, Mika y Mauricio estaban completamente borrachos. Subimos y nos ubicamos en el único vagón que llevaba pasajeros. Una mujer y su hijo, que ya habían ocupado los únicos asientos, nos miraron con desconfianza, como miran los bolivianos a los gringos. Nos sentamos en el suelo con nuestras mochilas de almohadones. El conductor nos vino a cobrar y a querer cambiar el costo del pasaje. Hubo una discusión horrible porque no teníamos cambio y porque nos quería cobrar de más. Mauricio y yo éramos los únicos que hablábamos español, así que nos tocó a nosotros negociar. En realidad, me tocó a mí, porque Mauricio en su embriaguez, regateaba al revés y el precio subía cada vez que abría la boca. Mika lo calló de un golpe, y se terminó la discusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viaje se presentaba complicado y estábamos todos tensos. Mika se puso a llorar y a vomitar en el suelo. La mujer abrazaba a su hijo, y Mauricio nos decía a todos cuánto nos quería. Yo tapé el vómito con el aserrín que estaba en el vagón y quería desaparecer... o bien que desaparecieran ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tren paró en medio de la nada. La noche cerradísima y sin luna no nos dejaba adivinar los contornos del horizonte. Mauricio necesitaba ir al baño —algo así musitó antes de bajarse y desaparecer en la oscuridad—. El tren arrancó y se fue sin él. Nuestros gritos se perdían en la negrura de la noche. Paul bajó a llamarlo, y tuvo que correr y colgarse del tren para volver a subir. Tres eternas horas más tarde, llegamos a nuestra estación sin nombre donde bajamos confusos, los tres y las cuatro mochilas. Todavía estaba oscuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La estación no estaba desierta, ¡estaba abandonada! Hacía un frío de morirse, así que entramos por una ventana que tenía los vidrios rotos y dormimos un par de horas hasta que el sol nos despertó. Salimos a investigar. Afuera, en la galería de la estación preparamos el calentador y nos hicimos un café para despabilarnos. Mika encontró una zorra y se puso a jugar, arriba y abajo, sonriendo y saludándonos desde las vías. Cuando bajó para tomarse un café, nos dimos cuenta de que lo seguía un perrito, aparecido de la nada, como por arte de magia. Al rato, vimos a los que debían ser los dueños del perrito. En el horizonte neblinoso, la figura de tres hombres marchando hacia nosotros, en ese lugar absolutamente desierto, inmenso y blanco, parecía una alucinación. Tenían ropas militares, ojotas y una sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin Mauricio, la encargada de las relaciones sociales era yo. Eran conscriptos bolivianos que estaban cumpliendo el servicio militar obligatorio en lo que dimos en llamar La Segunda Base De Resistencia Boliviana Contra El Avance Chileno. Nos llevaron con su sargento al cuartel militar para que le explicáramos qué estábamos haciendo allí. Marchamos detrás de los soldaditos de juguete, cargando la mochila de Mauricio y conteniendo la risa como podíamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuartel era un chiste; con todo el respeto y cariño que siento por los bolivianos, no hay una mejor palabra para describirlo. Era una especie de fuerte camuflado en medio del desierto de sal, parecía salido de una película barata de la legión de honor francesa. En la puerta había, sobre una mesita, una maqueta representando la base, hecha en arcilla, con todo y banderita de papel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra vez la encargada de explicar fui yo. Anotaron nuestros nombres en un libro y nos explicaron que debíamos permanecer en el cuartel, donde nos alojarían y alimentarían, a esperar los camiones que, según el sargento, no pasarían hasta tres días después... con suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, vimos pasar los 4x4 del tour que no quisimos pagar, todos sonriendo con sus cámaras de fotos, saludando a estas tres figuras que los miraban desde el salar. Pasamos tres días tocando la guitarra de uno de los soldaditos, viéndolos formar con todo su atuendo y armas, saludando a la bandera a la mañana y revirtiendo a las cómodas ojotas a la tarde, cuando el sol pegaba fuerte. Hicimos esculturas de sal, corrimos carreras, contamos chistes, jugamos al fútbol con los soldados. Los turistas volvían alucinados y nosotros seguíamos en el cuartel.&lt;br /&gt;Al cuarto día volvió a pasar el tren de carga, trayéndolo a Mauricio en el vagón para pasajeros. Contento y limpio nos abrazó y nos contó cómo casi se muere de frío en las calles del poblado donde se encontró en medio de la noche, cómo llamó a una puerta cualquiera y cómo esa puerta se abrió salvándolo. Pasó en esa casa los tres días siguientes hasta tomar el tren que lo reunió con nosotros. Reencontrarnos con Mauricio fue un alivio al mismo tiempo que una pesadilla. Le contamos nosotros a él de la estación y los soldados, y el sargento inscribió el nombre de Mauricio en el libro. Al día siguiente era obvio que ningún camión pasaría por allí, y nosotros decidimos olvidarnos de la laguna ya que ese mismo día pasaba el tren que nos llevaría a Chile.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los postres (manzana asada), decidimos comentarle al sargento nuestro plan. En ese mismo tren, nos dijo, vendrían sus superiores a inspeccionar el cuartel. Se fue y volvió casi en seguida con un consejito: que dejáramos en Bolivia (con ellos) las hojas de coca, ya que en Bolivia es normal “achicar” coca y es legal, mientras que en Chile las califican de droga.&lt;br /&gt;—Y otras drogas que tengan —agregó riéndose—, les revisan hasta los calzones los chilenos, son muy exhaustivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No teníamos coca ni ninguna otra droga, pero Mauricio no estaba tranquilo. Al fin nos confesó que él había comprado para los mineros unos cartuchos de dinamita y que se había olvidado de dárselos así que todavía los tenía en la mochila. De pronto me congelé. ¡La mochila que dejó con nosotros en el tren, la que estuvo cuatro días en el cuartel sin ser revisada, tenía unos cartuchos de dinamita!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estábamos en un cuartel militar, ridículo como salido de una mala película, con sus soldaditos en ojotas y sus partidos de fútbol, pero no dejaba de ser un cuartel militar, con sargento incluido y los superiores que llegarían al día siguiente en el tren. Nos miramos preocupados, pero al rato, pensando en la cara risueña del sargento... y en la realidad de que tendríamos que dejar la dinamita allí, de todas maneras; decidimos contarle. Preferimos el sargento boliviano a los carabineros chilenos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mire, sargento, Mauricio tiene unos cartuchos de dinamita que compró en Potosí para los mineros, y como se olvidó de dárselos, todavía los tiene en la mochila, ¿vio? —Sonaba natural— ¿Se los damos a usted?&lt;br /&gt;—Mañana los hacemos explotar en el salar, ¿qué les parece?&lt;br /&gt;—Buenísimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se fue. Y nosotros nos reímos aliviados hasta que volvió, y algo en su cara no tan risueña ya, nos avisó que algún pensamiento oscuro se le habría cruzado. No era para menos. Habría pensado en la inspección del día siguiente y en que había tenido a estos tipos en el cuartel cinco días con dinamita en una de las mochilas. Tal vez era nomás para preocuparse un poquito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Me permitirían verlos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mauricio los sacó y todos nos quedamos boquiabiertos. Parecía el coyote del correcaminos, “dinamita marca ACME”. Seis cartuchos arreglados en forma de pirámide. Grandes eran. Notamos también el hielo en el sargento que se los llevó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando volvió era otro. Necesito hablar con ustedes, individualmente, los que hablan español primero. Allá fue Mauricio. Salió él de la oficina y entré yo. Le expliqué la historia de las minas, de la empresa que nos vendió el tour (todavía tenía en el bolsillo la tarjeta, guardaba todo para mi diario de viaje). Me preguntó si teníamos armas, qué más traíamos y si éramos guerrilleros. Le aseguré que la historia del tour era verdad, que llamara a la empresa. Pareció conforme, y le dije que me iba a preparar para el viaje. Fui al baño a ponerme las calzas debajo de los pantalones, el tren viajaría por el altiplano y las temperaturas a la noche serían bajo cero. Apenas me estaba poniendo las calzas se abrió la puerta del baño y apareció el sargento a preguntarme qué estaba haciendo. Me abrigo, le dije, tratando de comprender la situación en la que me encontraba. Paul y los demás afuera, y solo conmigo en el baño, este sargento a quien se le escapaba la única mujer que tuvo en su cuartel desde quién sabe cuándo. Cuando me vino a tocar las calzas —para ver de qué tela eran, se excusó—, me petrifiqué. Uno nunca sabe cómo va a reaccionar en estas situaciones hasta que se encuentra en una de ellas. Pero mi mirada le debió haber dolido como la cachetada que debí haberle dado, sonrió y se fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un par de horas en silencio, llegó por fin el tren. Por la misma puerta, bajaron el teniente y el mayor, y subimos nosotros, camino a Chile, sin mirar atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(En Arica, norte de Chile, nos deshicimos de Mauricio y Mika. No fue fácil.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paul y yo pusimos la carpa en el Parque Nacional Tierra del Fuego el 27 de diciembre de 2004 y nos quedamos a celebrar el fin de año.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;María Elisa Pelletti&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;(Desde Isle of Skye, Escocia)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Mención Premio Eduardo de Literatura 2007&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Categoría Relatos de Viaje&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-3164005122442896041?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/3164005122442896041/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/12/uyuni.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/3164005122442896041?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/3164005122442896041?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/12/uyuni.html" title="Uyuni (esp)" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SUAe8vE8AWI/AAAAAAAAAGY/ZcwwvB3QEj4/s72-c/salar-de-uyuni.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEUMQn46fSp7ImA9WxRUF0g.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-348226762716290835</id><published>2008-11-27T00:10:00.003-02:00</published><updated>2008-11-27T00:18:03.015-02:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-11-27T00:18:03.015-02:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="México DF" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><title>México DF (esp)</title><content type="html">&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SS4DP43wfRI/AAAAAAAAAGQ/JWPgVvJIGww/s1600-h/Mexico+DF.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5273155785196600594" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 208px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SS4DP43wfRI/AAAAAAAAAGQ/JWPgVvJIGww/s320/Mexico+DF.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;Dile que sí al viento&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;La mujer esperaba a Rafael con el niño en brazos y, de cuando en cuando, se llevaba las manos a la frente para limpiarse el sudor. No había pasado mucho desde que el pequeño al fin se había quedado en silencio, y ahora le producía una desazón extraña el otro ruido de la ciudad: estridente a su manera, casi leproso, un ruido que se pegaba también a sus narices como un mal olor. Desde el sitio donde se encontraba, podía ver la avenida con toda su amplitud, los edificios largos, un reloj de pedestal y un paradero urbano y sucio, del que cada cinco minutos salía un camión atiborrado de personas que volvían a sus casas. Miraba a toda esa gente preguntándose si era feliz, pero, al verlos apretados dentro de la unidad, sufriendo el calor imposible, se respondía que no, no era posible: era absurdo pensar en cualquier tipo de felicidad. Y miró al pequeño con las manos sucias después de jugar en el piso. Sus manos eran negras en los pulgares y, después, esa misma suciedad se había corrido hasta la palma, dejándosela un tanto más oscura, como si fuera un raspón producido por un golpe.&lt;br /&gt;Sí, la suciedad también era un golpe. Ansió ir a su casa —o lo que llamaba “casa”—, y meterse un rato a la regadera, más bien al cuarto donde se bañaba, y vaciarse sobre la coronilla las carretas de agua con el bote: el agua así, de golpe, era su felicidad en días bochornosos. Los otros baños del patio eran iguales, menos el de Rafael: el suyo era el único que contaba con esa dádiva de una regadera en forma, con su aspersor de agua y las llaves para el agua fría y la caliente; la regadera de Rafael era así gracias a los arreglos que guardaba con el patrón.&lt;br /&gt;Sólo había un detalle que asemejaba todos los baños: las puertas eran láminas o cortinas que a veces movía el aire y dejaban al descubierto muslos, pies, dedos que se arqueaban al contacto con el aire helado. Y había visto a veces a Rafael a la caza de esos momentos: se movía nervioso, tenso por divisar un poco más, como si quisiera extraerse los ojos por la ansiedad de ser descubierto, pero, también, con el deseo de poder apresar lo que se alcanzaba a vislumbrar en la cortina.&lt;br /&gt;La mujer alzó la mirada y buscó entre la gente, pero no encontró a Rafael ni su camioneta de redilas. Buscó la hora en el reloj de pedestal y se fastidió un poco al notar la tardanza. Ya iba para una hora. Siempre le pasaba eso. Siempre, Rafael la dejaba hasta el final: ella era la última en subirse a la camioneta de redilas. Terminó por acomodarse junto a los aparadores y, molesta, se puso en cuclillas, cuidando de que el pequeño no se balanceara demasiado y el movimiento lo despertara. Y lo hizo lentamente, muy lentamente, hasta que terminó por sentarse. No quiso ni saber de esa suciedad, pero terminó por aflojar el cuerpo: eran sus nervios distendiéndose con calma, y los huesos dejaron de crujirle de cansancio. Con los dedos, separó un poco la cobija y vio al niño: dormía sin prisa. Volvió a observar a la gente en los camiones: se los veía aturdidos y, después de que el camión pasó, el aparador de enfrente, donde se exhibían muchos televisores, capturó su atención. Se puso de pie, otra vez calculando los pasos, los movimientos, y decidió esperar del otro lado de la acera.&lt;br /&gt;No importaba el lugar, sólo que no se moviera de ese sitio; desde cualquier punto podría ver la camioneta de Rafael, no importaba desde qué lado de la acera lo hacía. Cruzó la avenida y el humo del esmog se le pegó a los cachetes, y los restregó con suavidad, como si se hiciera una caricia, y la imagen de los baños, de esas cortinas abiertas por el aire le produjeron escalofrío, como si tuviera, en ese momento, en la espalda y las nalgas y las piernas desnudas, mojadas, una mano de aire posándose en sus hombros.&lt;br /&gt;La mujer se detuvo frente a los televisores y volvió a mirar al pequeño, quien bostezó sin alcanzar a despertarse. Sentía que no soportaría otra jornada como esa, con el pequeño en llanto desde muy temprano, sólo aquietado durante la hora de comer. Había vendido rápido casi toda la mercancía pero, al caer la tarde, no había logrado vender nada. Le dolían los pies: había caminado demasiado. El niño tenía hambre, despertaría con hambre, y recordó cómo había dado cuenta del único biberón, exprimiéndolo con ansiedad.&lt;br /&gt;Trató de centrar su atención en los televisores y sólo encontró un partido de tenis. Rafael le había dicho que así se llamaba: tenis, como los zapatos, y le causó gracia cuando se lo dijo; él, siempre tan interesado en esas cosas. Simplemente debes regresar la pelota, le había dicho él una tarde en la que les explicó a ella y al resto de las mujeres sobre los deportes que le gustaban. Tenis, así había dicho, como en otras ocasiones les contaba de su vida. Se quedó mirando el partido: la pelota iba, venía, se alejaba con violencia, volvía al lado del campo. Tenis, qué cosa más extraña, se dijo, pero en un momento, se sintió interesada por el vaivén de la pelota pequeñísima. Vio al niño y después volvió de reojo al televisor. Se ve que esos tenistas son gente buena, y miró con esperanza al pequeño.&lt;br /&gt;Los hombres atléticos del televisor se limpiaban el sudor y, por un momento, la mujer quiso saber qué se sentiría con ese sudor en la piel, uno distinto al de los otros, aquel sudor percudido que perdían los hombres en los camiones apretados y que luego se limpiaban en regaderas con puertas hechas con cortinas, que el aire no tardaba en mover. Sudor. La mujer se chupó los labios y después se limpió la parte superior de ellos con la lengua, trayéndose un resabio salino con él. Nunca antes había pensado así en su sudor; pero sí en el niño: ¿qué sería de él? ¿Sería como otro que llenaba un camión? ¿Sería como Rafael, hurgando la mirada entre las cortinas? Acercó la nariz al pequeño y la mujer se dijo que nunca la había incomodado el sudor del niño: algo de ternura había en él, un sudor que sí podría lamer cuantas veces quisiera.&lt;br /&gt;En los televisores seguía el partido de tenis, y se acordó de Rafael y la vez que lo encontró espiándola. Tenía su fama el conductor del camión: mujeriego, algo bebedor, amante de los deportes. Tenía en el cuarto que el patrón le daba —gratis a cambio de cuidarlas, darles la mercancía, tenerlas cerca— una serie de banderolas de equipos y pelotas de fútbol y otros deportes. Los domingos era imposible encontrarlo, porque se iba desde temprano con la camioneta y recogía a los otros jugadores. Jugaban fútbol en un llano lejos, y el resto del domingo, Rafael hacía carnes asadas para los jugadores, y bebían en el patio de la pequeña vecindad: los niños corrían con libertad, algunos se caían, y ella se quedaba encerrada en su habitación, descansando, lavándose los pies con agua caliente y lista para el día de trabajo.&lt;br /&gt;Volvió a ver el partido de tenis y la pelota le produjo ansiedad: iba, venía, era golpeada con fuerza; a veces se detenía en la red a mitad de la cancha, pero volvía al juego, a ser golpeada, a ser un punto muerto en el aire. Quiso calcular cuál era el momento en el que la pelota alcanzaba su máxima altura y, por más que apuró los ojos, no lo encontró. Una pelota. Recordó de nuevo los baños, el futuro de su hijo, pero después, violentamente, recordó la noche anterior. Había visto a Rafael meterse a hurtadillas a la regadera contigua, con Martha. Apretó el gañote al recordar esos débiles pujidos y las risas. Oyó la réplica de Martha: Luisa está al lado, y después la voz de Martha se apagó con un caliente, pero, a la vez, débil susurrro: Deja que oiga. Y no había logrado dormir a causa de esas palabras, llegaban a la mujer durante el día, con el cansancio y la mercancía en las bolsas, y penaba que, al ver a Rafael, no lo vería a él sino un rostro que formaba esas palabras: Deja que oiga.&lt;br /&gt;El niño se movió un poco en sus brazos y volvió a verlo con alarma. Le tocó la frente, encontrándola un tanto más tibia a lo normal. Sólo falta que se enferme, y detuvo la presión de los dedos sobre las mejillas, pero después se dijo que sólo era el calor del día, la humedad, el sudor de un día de trabajo. Cuando volvió a ver la televisión de nuevo, centró su vista en el tenis, en la curva casi mágica que hacía la pelota y, sólo entonces, se dijo que ojalá su hijo fuera tenista o fuera cualquier cosa, menos como ella. Se dijo: soy como esa pelota, ando de un lado a otro, rebotándome con fuerza, nadie tiene compasión de mí; y después la pelota cayó al suelo, y la mujer empezó lentamente a doblarse, a buscar un punto de apoyo. Ella era la pelota y el niño una más pequeña: no había salvación; siempre estaría rebotando de un lado a otro, una constante su ir y venir sin encontrar nunca un alivio.&lt;br /&gt;Sintió que, en ese momento, se le caía el pequeño, resbalaba por sus brazos hasta amontonarse en el suelo, sobre la otra suciedad de miles de pisadas que arrastraban polvo, arena, mierdas, chicles y escupitajos. Fue en ese momento cuando vio la camioneta de redilas aparecer al fondo de la calle. Rafael se detuvo frente a ella y tocó el claxon, pero la mujer no se levantó. Anda, Remedios, se nos hace tarde. La mujer alzó la cabeza. Ahí estaba la camioneta de redilas que la llevaría a la vecindad, al cuarto donde amontonaba sus pequeñas cosas, al cuarto de baño con una cortina en la puerta y la mirada libidinosa de Rafael.&lt;br /&gt;Se sintió cansada, como si finalmente la suciedad de la calle la hubiera alcanzado y el sudor hubiera salido de las alcantarillas transpirando por el televisor hasta adherírsele como una costra maldita. Vio a Rafael bajarse de la camioneta: su camisa bien fajada, el pantalón de mezclilla, el tenis blanco, y Rafael la alcanzó, le tocó el pulso, la levantó de un jalón. Cruzaron la avenida, y la mujer alcanzó a oler el sudor del conductor y sintió ansiedad mientras la subía a la caja trasera del mueble. Háganle espacio, les dijo el conductor a las otras mujeres. La mujer oyó del fondo de la caja que Martha decía: es una muerta de hambre nomás, y, por un momento, deseó que la puerta de su regadera fuera una puerta bien maciza, que detuviera cualquier mirada o susurro.&lt;br /&gt;Dio una última hojeada a la tienda donde los televisores seguían escupiendo el partido de tenis, aunque sólo miraba una mancha verde sobre las pantallas. Entonces la mujer despertó al niño, lo movió despacio mientras el camión de redilas se alejaba, y sólo cuando escuchó el llanto del pequeño, pudo sentirse en paz: su hijo no sería tenista, ni practicaría ningún deporte, y lo imaginó grande, apretado en un camión de pasajeros como los demás, y al oír el llanto, sentía como si ese llanto la liberara y dejara de hacer dar vueltas, giros, curvas inesperadas en el aire. Vio a Martha de reojo y se dijo, a manera de venganza, que las cosas iban a cambiar y que pronto llegaría el aire y movería la cortina de su baño y Rafael la miraría y, al menos, si era poco o mucho esperar, ella iría ahora a la regadera y, también, que era todo lo que podía aguardar: ahí se limitaba su esperanza. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Antonio Ramos Revillas&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;(Desde México DF, México)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;(Mención Premio Categoría Relatos de Deporte)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Premio Eduardo de Literatura 2007&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-348226762716290835?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/348226762716290835/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/11/mxico-df-esp.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/348226762716290835?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/348226762716290835?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/11/mxico-df-esp.html" title="México DF (esp)" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SS4DP43wfRI/AAAAAAAAAGQ/JWPgVvJIGww/s72-c/Mexico+DF.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEUNR3k4cCp7ImA9WxRWGUw.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-2710992545108877613</id><published>2008-11-05T17:53:00.003-02:00</published><updated>2008-11-05T18:18:16.738-02:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-11-05T18:18:16.738-02:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="La Habana" /><title>La Habana (esp)</title><content type="html">&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SRH89gP41dI/AAAAAAAAAGI/xPjm2xO0e6M/s1600-h/la-habana-2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5265267572931614162" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SRH89gP41dI/AAAAAAAAAGI/xPjm2xO0e6M/s320/la-habana-2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Los gallegos miran con nostalgia el mar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Antoñico es un hombre común, de esos que cargan tristeza en la mirada. No&lt;br /&gt;muy alto, un poco delgado, buen mozo, blanco, de cabello corto, canoso y&lt;br /&gt;rizado, ojos color de miel y cachetes tan rojos como las fresas. Es un poco&lt;br /&gt;testarudo y desconfiado, pero muy trabajador. Fácilmente me dobla la edad.&lt;br /&gt;Cuando lo vi por primera vez, caminaba mirando al suelo con las manos en los bolsillos, como suelen caminar los gallegos.&lt;br /&gt;Él atravesaba el lobby de aquel hotel, yo sólo esperaba un rato porque afuera caía un torrencial aguacero. El piso estaba mojado, y me causó mucha risa ver aquel hombre que caminaba mirando al suelo cuando resbaló y casi se mata. Que rara combinación, un hombre que va mirando sin ver. No sé si fue por vergüenza o porque sintió mi reprimida carcajada que levantó la vista y nos cruzamos las miradas. Se sonrió, se acercó, muy gentilmente me invitó un café y yo lo acepté. Nos sentamos en una de las mesas, justo desde donde se podía apreciar la bonita vista de un malecón empapado.&lt;br /&gt;Estuvo un rato callado intentando romper su timidez, preguntó mi nombre y yo, usando una broma, le contesté:&lt;br /&gt;—No hay duda de que eres gallego.&lt;br /&gt;Primero se sorprendió pensando que yo era algo así como una especie de pitonisa o adivinadora; pero luego se molestó cuando le dije que sólo a un gallego se le ocurriría venir al Caribe en temporada de ciclones.&lt;br /&gt;Me disculpé porque imaginé que el chiste no le había gustado y me contó que había venido en busca de posibles familiares. Que simplemente quería conocer si en algún rincón de mi país su padre había dejado herencia consanguínea.&lt;br /&gt;De eso no tenía muchas dudas, porque su padre había arribado a esta isla junto a sus dos hermanos en 1930, había vuelto a Galicia treinta y siete años después y, por lógica, tenía que haber dejado alguna Penélope a la espera.&lt;br /&gt;Mientras conversábamos, miraba el mar con nostalgia, y eso llamó particularmente mi atención. Yo pensaba que todas las personas debían mirar el mar con alegría. Antoñico hablaba de sus familiares con tal añoranza que me enredé en dos palabras. En estos días, es muy difícil escuchar historias de búsqueda y reunificación. Por eso y por un montón de cosas, solidarizada por su mirada y por aquel extraño pero encantador misterio, me ofrecí como su guía. Así comenzamos una hermosa amistad y descubrimos juntos cosas inimaginables.&lt;br /&gt;Resulta que, efectivamente, su padre, Tomás, había salido de España con destino a Cuba a bordo del buque La Tormenta junto a sus dos hermanos Antonio y Xavier. Uno de ellos, Xavier, al parecer, se enfermó en la travesía, murió y sus restos fueron arrojados al mar.&lt;br /&gt;Los dos hermanos, Antonio y Tomás, se radicaron en un pequeño negocio que abrieron, con ayuda de un andaluz, frente a la antigua Plaza del Vapor y allí, como buenos gallegos, se dedicaron al legendario giro de la alpargatería. Pasaron mucho trabajo al principio pero, rápidamente, lograron una estabilidad: las alpargatas se convirtieron en el calzado de moda o necesidad y el negocio marchó como viento en popa, al punto que les permitió abandonar sus viejas boinas y hasta penetrar en determinados círculos sociales.&lt;br /&gt;En 1948, ya dirigían varias alpargaterías e, incluso, Tomás tenía la propiedad de una importante sala de fiestas donde tocaban las más afamadas orquestas de la época. Pero en junio de ese mismo año, Antonio tuvo un problema legal por una pelea callejera. Parece que el gallego tenía muy malas pulgas porque le propinó un puñetazo a un criollo y lo mandó directo al cementerio.&lt;br /&gt;La policía lo comenzó a buscar y, para no perder su libertad, decidió mudarse al centro de la isla, dedicarse al gremio de la carnicería y, con un sencillo cambio de papeles, adoptó la identidad del hermano fallecido. Años más tarde, Antonio, que a partir de entonces se llamó Xavier, se enamoró de una negra hermosa y decidió hacer familia por allá, por las afueras de Trinidad, hasta que murió de paludismo y su familia emigró a La Habana al amparo de Tomás.&lt;br /&gt;De todo esto nos enteramos averiguando un poco por aquí y preguntando otro poco por allá. Tomás no aportó mucha información porque, en 1967, cuando regresó a Galicia, llegó diagnosticado con la enfermedad de los recuerdos, eso que ahora llaman el mal de Alzheimer. Permaneció algunos meses ingresado pero incluso, mucho tiempo después, vivió con total demencia. Fue por eso que Antoñico se dedicó a revivir los rastros de su padre como si fueran las crónicas del paso de un gallego por La Habana. Y fue así que descubrimos que Tomasín el duende, como se le conocía en las noches de farra habanera, era la candela. No hubo mujer artista que no pasara por sus manos, porque al ingenuo Tomás, al sacrosanto padre de Antoñico, lo mismo le daban las altas que las bajitas, las gordas que las flaquitas, las negras, las chinas, las blancas, las pintas o las mulatas. Al parecer, el gallego era bastante calentico, y las alpargatas tenían alas porque cuentan las malas lenguas que el Tomasín saltaba de balcón en balcón con la misma ligereza que salta un gato montés. Señores, buscar los parientes de Antoñico fue como darle el pasaporte español a toda la República de Cuba, blancos, morenos y mestizos; hasta un chino de ochenta años juraba ser el hijo legítimo de Tomás. ¿Qué duende ni duende? Le debieron haber llamado Tomasín el Viagra.&lt;br /&gt;Pero toda historia tiene un pero. Unos cuentan que fue amor y otros dicen que por celos, el nombre de Tomasín terminó en una caldera con polvo de sapo seco, semillas de marañón, corteza palma mocha, piedras de un río profundo, arena, agua de mar y unas semillitas rojas que son buenas para atormentar.&lt;br /&gt;Susurran que fue el brebaje lo que borró sus recuerdos por haberse confundido con una mujer prohibida. ¡Oiga! Yo a eso le tengo espanto pero decidí ayudar.&lt;br /&gt;Nos fuimos juntos a las afueras de La Habana, a visitar a un conocido y experto en la materia del barrio que lleva por nombre Guanabacoa. Un anciano lo vio y le hizo una limpia. Luego le dijo: Oye mijo, como dice aquel refrán, no hay gallego que no duerma siesta ni cubano que no tenga un pariente español. Su padre no tiene ná, su padre está durmiendo una siesta por problemas de amoríos. Venga mañana a la media noche, tráigame dos girasoles, un huevo de paloma blanca, pimienta, miel, plumas de gallina prieta y azúcar parda.&lt;br /&gt;Yo ya había olvidado aquello, pero, a la siguiente noche, Antoñico me pidió que lo acompañara y regresamos a Guanabacoa con todos los encargos. Ellos entraron en un pequeño cuarto, y yo me quedé afuera aterrada. Permanecieron como dos horas, escuché gritos, rezos y mucho ruido. Cuando salieron, el viejo salió llorando, y Antonio, horrorizado. Se despidieron y regresamos.&lt;br /&gt;En todo el camino de regreso, no se habló ni media palabra; pasamos por un hospital y lanzó allí una bolsita; luego me dejó en casa y, en silencio, regresó a su hotel. Pasaron exactamente tres soles con sus tres lunas. Para cuando amaneció, tocaron a mi puerta y era Antoñico con los ojos brillosos, alegres y gritando sin parar que había llamado a España y que su padre recién despertaba de su ausencia mental. Nos pusimos tan contentos que, sin darnos cuenta, olvidamos que estaba amaneciendo, cantamos alto, bailamos, hicimos cuentos y reímos. Armamos tremendo rumbón pero, al parecer, a los vecinos les importaba poco lo de la recuperación de Tomasín porque, de algún lugar, nos lanzaron un potente chorro de agua fría que nos calmó un poco. Al rato, nos despedimos y él se marchó, caminaba sonriente mirando al suelo y con las&lt;br /&gt;manos en los bolsillos como suelen caminar los gallegos. Otra vez el piso estaba mojado, otra vez dio un resbalón que casi se mata y otra vez me causó mucha risa ver resbalar a un hombre que camina mirando al suelo.&lt;br /&gt;Levantó la vista y la volvió hacia mí, nuestras miradas se cruzaron y… No sé si fue por vergüenza, o porque sintió mi reprimida carcajada, o por alegría, o simplemente porque le dio la gana, pero Antoñico regresó sin parar de sonreír y me besó. Entonces dijo tres o cuatro palabrotas de esas que suelen decir los gallegos cuando están contentos hasta que, murmurando, se perdió a lo lejos.&lt;br /&gt;¿Qué sucedió después? Yo visité Galicia, conocí a la familia y hasta al viejo Tomasín. Una tarde de domingo salimos todos juntos a pasear cerca del mar. Se había hecho costumbre visitar la costa después de lo del Prestige. Nos sentamos sobre unas rocas, y me di cuenta de que el viejo miraba las olas con la misma nostalgia que su hijo. Entonces cometí el error —o la imprudencia—&lt;br /&gt;de preguntar si había dejado hijos en Cuba. Tomasín pegó un brinco de molestia, dio una patada en el suelo, cambió el color de su rostro y engurruñó las dos cejas. Lo que contestó lo voy a dejar en sus palabras, y usted le pone las zetas y el claro acento gallego.&lt;br /&gt;—Pero qué se cree usted, si yo hubiese tenido críos en Cuba, me los hubiese traído, cojones. Yo no dejo a nadie regado como si fueran pelotas de fútbol. Respete usted señorita que yo soy gallego.&lt;br /&gt;Todos me miraron con una sonrisa burlona de complicidad, como diciendo te ganaste la lotería. Después de la tremenda respuesta, pensé que se había acabado el paseo por la playa, pero no: los gallegos tienen mal genio pero no son rencorosos. Enseguida me tiró el brazo con un brusco cariño y me dijo sonriente: sigamos caminando y otro día hablamos de eso. A ver, muchachita, cuándo se casa usted con mi hijo que ya estamos necesitando nietos.&lt;br /&gt;Aquello me dio tremenda pena; Antoñico cerró los puños y los ojos de vergüenza, y se puso más colorado que un tomate pero, dos semanas después, nos estábamos casando en la hermosísima Catedral de Santiago de Compostela. Así fue que conocí a quienes son hoy mi familia gallega que, como todos los gallegos, miran con nostalgia el mar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Juan Juan Almeida García&lt;/div&gt;&lt;div&gt;(Desde La Habana, Cuba)&lt;br /&gt;Segundo Premio Categoría Relatos de Viaje&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Premio Eduardo de Literatura 2007&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-2710992545108877613?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/2710992545108877613/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/11/la-habana-esp.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/2710992545108877613?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/2710992545108877613?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/11/la-habana-esp.html" title="La Habana (esp)" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SRH89gP41dI/AAAAAAAAAGI/xPjm2xO0e6M/s72-c/la-habana-2.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CkcHQXk9cSp7ImA9WxRXF00.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-7515740690574426343</id><published>2008-10-22T16:23:00.004-02:00</published><updated>2008-10-22T16:27:10.769-02:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-10-22T16:27:10.769-02:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Santiago de Compostela" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><title>Santiago de Compostela (esp)</title><content type="html">&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SP9wXzBm94I/AAAAAAAAAFw/nhkZVb5P44Y/s1600-h/Santiago+de+Compostela.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260046443928287106" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SP9wXzBm94I/AAAAAAAAAFw/nhkZVb5P44Y/s320/Santiago+de+Compostela.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;LLUEVE SOBRE EL MAR DE PIEDRA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llueve. Llueve mansamente; siempre está lloviendo: con una infinita paciencia, con una monotonía abnegada, como toda la vida, llueve. Hace rato que miro llover desde la ventana de un bar. He pedido unas gambas con un vaso de Albariño. El vaso ya está vacío; de las gambas sólo queda una carcaza deforme, pero sigue lloviendo, y las gotas de lluvia aferradas sobre el vidrio han pintado un cuadro de Seurat. Llueve; como toda la vida, siempre está lloviendo en Santiago de Compostela.¿Qué sería del sutil encanto de Santiago sin la suavidad de su lluvia eterna? Claro que el sol existe: a su modo, existe. Pero cuando eso sucede, se trunca la poesía compostelana. El astro rey no puede llevarse bien con la misteriosa Santiago, con su pétrea solemnidad medieval, con el pudor de sus calles angostas recortadas en el tiempo. Sólo por la mañana, cuando a veces el sol alumbra, la ciudad de piedra aparece rociada de una cierta luz de ingenuidad. Pero ya han pasado las cuatro de la tarde, y está lloviendo mansamente; como toda la vida, llueve sobre Santiago. Este lugar en el mundo ha nacido para ser arrullado por la monótona percusión del agua de lluvia; ésa es su razón de ser. Por eso abandono mi punto de vista estático y salgo a caminar. Mi paraguas y mis botas chapoteando por los charcos siempre me acompañan por las calles en pendiente, y mi recorrido es gris sobre gris: el del cielo sobre la piedra macerada. No quiero caer en lugares comunes, pero la sensación de vivir este paisaje se parece bastante a una experiencia divina.Es verdad que Santiago es la capital de Galicia, y Galicia es una gran piedra de granito en la que se esculpe un mundo generoso e inevitable. Las piedras crecen, se levantan majestuosas por todos lados: en forma de hórreos, de cruceiros, de iglesias; y en Santiago, en forma de catedral. Pero si la piedra en Galicia se matiza con los verdes y azules del monte y de las rías, Santiago sólo tiene un destino gris, el más gris de todos los grises.He vuelto a esta ciudad huyendo de mí; he vuelto en busca de un silencio amable. Tal vez he vuelto porque intuyo que aquí voy a encontrar una caricia reconfortante que no desentone con la lentitud de la pena que arrastro. En el fondo, sé que he vuelto a Santiago intentando descubrir mi propio camiño. Uno que no tenga ruta visible, pero que me lleve a algún lugar. Entonces dejo que la lluvia me guíe en el laberinto de calles empedradas, y llego a la Plaza do Plateiros, a los lados de la catedral. Una plaza tan ancha que parece entrar a un mar, un mar de piedra. No hay un solo árbol en este corazón de la ciudad señorial. En esta plaza, la de la fuente de los cuatro caballos, absolutamente tapizada por grandes losas de piedra, las palomas picotean en sus juntas. En esta plaza bloqueada por un largo muro de piedra y por recovas en su frente, lo verde parece sacrilegio. Donde se queda la mirada, todo es hierro, piedra y gris. Y toda plaza en la ciudad vieja es vasta como un mar de piedra, desierta, cercada de murallas crestadas. Es que la quietud de extramuros de Santiago no admite la mirada al mar; entonces, el mar se transforma en piedra.Sigo caminando hacia la estampa esencial de la catedral de Santiago. La fachada de Obradoiro, mojada y rotunda, siempre me hechiza por primera vez. Me conmueve el olor silencioso de su piedra ocre color del tiempo. Lo meritorio de mi emoción es que no es la fe lo que la produce. O sí: después de todo, la fe está formada por pequeños motivos personales que las religiones luego intentan organizar. Por lo pronto, en la búsqueda de mi propio camino, he inventado un credo del que soy única devota, y no lo pienso negociar. No debo estar errada: O Pórtico da Gloria me da la bienvenida y suena en mis oídos la sabiduría de la copla popular, A Porta se abre a todos, enfermos e sans; non só a católicos, mas tamém a pagáns, a xudíos, herexes, ociosos e vans; e más brevemente, a bós e profanos. Es que por algo Compostela es un mar de piedra: la piedra ha sido objeto de culto pagano desde tiempos ancestrales; vínculo con lo sobrenatural, con lo sagrado y con lo inmortal. Y vaya si hay en Galicia piedras vinculadas a cultos: una de ellas está aquí mismo, la de O santo dos Croques: una efigie del Maestro Mateo, autor de este mismo pórtico con sus tres arcos. El central simboliza la Iglesia Católica; el de la derecha la Iglesia de los Judíos; y el de la izquierda, la Iglesia de los Paganos. El añejado mármol de las columnas ha tomado un lívido color de carne de pulpo, y está bordado hasta el zócalo de figuras de alucinación. Pero es inútil: en este excelso trabajo hasta las criaturas maléficas y desfiguradas se vuelven bellas. Por eso, fieles y descreídos van a cumplir con el rito de los “croques” en O Pórtico da Gloria. Esos tres cabezazos que piden al maestro algo de su sabiduría y de su inteligencia. Fieles y descreídos; nadie elude este acto: tampoco yo. La fe es un sistema de creencias personales, pero por algo hay que empezar.Compostela es mágica, y la catedral ofrece sus trucos para todos, para fieles y descreídos. El más efectivo es el del botafumeiro. Lo he visto y puedo dar fe de ello. El botafumeiro es el incensario más grande del mundo: el actual tiene un peso de cincuenta y tres kilos, y más de un metro y medio de altura; sólo se pone en funcionamiento en misas solemnes. Dicen aquí que su origen está relacionado con la necesidad de resolver un problema de salud pública: en la era medieval, se permitía a los peregrinos dormir en el interior de la catedral para resguardarse del frío y la lluvia. Entonces, monjes y canónigos decidieron encargar la fabricación de un enorme incensario que fuese capaz de desinfectar y disminuir el desagradable olor que producía el hacinamiento. Verlo para creer: el botafumeiro llega a balancearse a setenta kilómetros por hora, elevándose hasta veinte metros de altura. Los magos que practican este truco son los tiraboleiros. Van vestidos con una gran túnica roja, y para mover el botafumeiro tiran de unas cuerdas de esparto, apoyadas en una polea, que hacen que el incensario se balancee: la coordinación entre ellos y su fuerza física es muy importante a la hora de que todo salga bien. No hay más que oír el crujir de la cuerda en la roldana superior y el silbar del botafumeiro al pasar a toda velocidad junto a los fieles. Y también junto a los descreídos.Esta ciudad acumula tanta historia como moho en cada poro de sus piedras. Historia que, aunque la iglesia católica haya intentado apropiarse, nació mucho antes, cuando gentes inquietas se preguntaban qué habría al final de aquella mancha blanca en el cielo, y cuya estela siguieron no sólo hasta Santiago, sino en su etapa final hasta el Finis Terre, donde se acaba el mundo conocido. Por eso, aunque Santiago de Compostela integre junto con Roma y Jerusalén la trilogía de ciudades santas, aquí la mística no está vinculada sólo a lo religioso. Santiago es todo espiritualidad, y espiritualidad en Santiago es mezcla de religiosidad y magia. Esa magia con que la tradición gallega espanta a las meigas (porque habelas hainas, y vuelan a caballo de una estaca), preparando una buena queimada y recitando su conjuro. Dicen que el origen de esta práctica se remonta a los siglos XI o XII, coincidiendo con la construcción de la catedral.Mientras toco el manto plateado de Santiago Apóstol, evoco el encanto del fuego: ayer, en casa de unos parientes de Villanova de Arousa, hubo queimada. Un gran recipiente de barro cocido, con la forma de una gran paellera, le sirvió a mi primo para mezclar el aguardiente con el azúcar. Luego, con un cucharón, también de barro, tomó parte de la mezcla y le prendió fuego. Lentamente pasó el cucharón al recipiente hasta que las llamas se extendieron a todo el líquido; después removió con suavidad tomando cantidades pequeñas de bebida con el cucharón y dejándola caer, con mucha delicadeza, desde bastante altura: la visión del fuego fluyendo en medio de la noche, con las luces apagadas, fue maravillosa y fascinante. Es justo y necesario que a esta costumbre se le atribuyan infinidad de mitos y leyendas, incluyendo poderes curativos y sanadores. Después, hay que decirlo, la cata del líquido caliente servido en pequeños vasos también aporta lo suyo.Ya estoy fuera de la catedral y la noche larga envuelve otra vez el mar de piedra. La lluvia ha cesado, pero pronto volverá, como siempre, como toda la vida en Santiago. He vuelto a esta ciudad en busca de algún silencio amable, alguna caricia reconfortante que no desentone con mi tristeza. Y aquí, en la tierra en que ha nacido Rosalía de Castro, puedo escuchar la nostálgica música de sus versos en el aire. Y puedo compartir este banco de piedra con un Valle Inclán y amar el esplendor de la fachada del Obradoiro. Y sentada aquí, al anochecer, bajo las luces de la bohemia, miro el reflejo sobre la piedra húmeda y sólo puedo decir: cuando quiera mutar un lento dolor en belleza, cuando quiera volver a descubrir mi propio camino, uno que no tenga ruta visible, pero que me lleve a algún lugar, lo único posible es volver a Santiago.&lt;br /&gt;Mónica Ogando Ferreira&lt;br /&gt;(Desde Buenos Aires, Argentina)&lt;br /&gt;Mención Categoría Relatos de Viaje&lt;br /&gt;Premio Eduardo de Literatura 2007 &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-7515740690574426343?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/7515740690574426343/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/10/santiago-de-compostela-esp_22.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/7515740690574426343?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/7515740690574426343?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/10/santiago-de-compostela-esp_22.html" title="Santiago de Compostela (esp)" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SP9wXzBm94I/AAAAAAAAAFw/nhkZVb5P44Y/s72-c/Santiago+de+Compostela.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkICSHw4eSp7ImA9WxRQFE4.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-6045976333716728516</id><published>2008-10-07T23:39:00.004-03:00</published><updated>2008-10-07T23:56:09.231-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-10-07T23:56:09.231-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Mogadisco" /><title>Mogadisco</title><content type="html">&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SOwhMV6nWtI/AAAAAAAAAFg/Gxvoqpu_mFs/s1600-h/Mogadisco.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5254611361159666386" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SOwhMV6nWtI/AAAAAAAAAFg/Gxvoqpu_mFs/s400/Mogadisco.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;EL TAMAÑO DE LA DESESPERACIÓN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran las dos de la madrugada. En el desordenado despacho estaban Juanma, el Jefe de Redacción, Arturo, el Director del Dominical, y Elisabeth, una periodista joven e inexperta. La edición que saldría por la mañana tenía garantizado el amorfismo por la falta de noticias de interés. Al entrar en la sala Juanma me invitó a un café negro como la noche más auténtica...&lt;br /&gt;-Siéntate Ariadna y tómate un descanso -dijo mirando la humeante taza.&lt;br /&gt;Dejé la cámara fotográfica sobre un montón de legajos y advertí que estaban sumidos en el más completo ostracismo. Nuestro nivel de ventas había descendido en los últimos meses por una campaña orquestada quizá por poderes fácticos; ¡bah!, la verdad... no sé. Bueno..., sé que los hilos invisibles se habían movido (con la misma sutileza que el viento empuja las nubes), abriendo una fisura tras otra en nuestro pétreo código deontológico. Nuestros mejores periodistas, los de más entidad, se marcharon a otros medios de comunicación más rentables, con mayor proyección. Por ende, la última edición del periódico, antes de cerrar definitivamente, no pasaría a los anales de la Historia. Los ojos de los allí presentes estaban mojados de tristeza y por qué no decirlo... a caballo entre la desidia y la desesperación.&lt;br /&gt;-Háblanos de Mogadisco -inquirió Arturo-.El reportaje fotográfico que sale mañana en el Dominical es lo único a destacar entre un sinfín de jaculatorias sin el menor valor, incluso el editorial de la östpolitik -miró con un recelo injustificado a través de la gran cristalera al Director General del Periódico que estaba en el despacho contiguo inmerso, aparentemente, en la lectura de las noticias deportivas...- quedaba obsoleto.&lt;br /&gt;Me senté en una silla plegable de madera y comencé a relatarles mi travesía por aquellas tierras áridas y a veces inhóspitas...&lt;br /&gt;Comencé diciéndoles que aterricé en el aeropuerto de Mogadisco y al llegar a la ciudad me pareció que estaba en una capital occidental.&lt;br /&gt;-Os confieso que el reportaje fotográfico lo hice en tres días en el mismo corazón de Mogadishu. Mis otros diez días los pasé en una tribu muy cerca de la población de Bardera, junto al río Juba. En esa tribu, los nativos iban como Dios los trajo al mundo, pero a esa parte ya llegaremos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Observé como el interés de Elisabeth por el relato crecía como una llama en la noche. Sus ojos azules como un mar brillante titilaron vivarachos. Ella, espolvoreó su media melena rubia, se quitó sus gafas doradas y se incorporó de su asiento de cuero negro arreglándose su falda plisada. Arturo y Juanma sonrieron cómplices por el interés que Ariadna había despertado en la periodista principiante.&lt;br /&gt;Les expliqué que una vez en la capital, me acerqué a la Embajada Española y allí me proporcionaron un guía traductor y conductor de un jeep tan viejo como la República del Cuerno de Rinoceronte (Somalia). Los tres primeros días me instalé en la habitación de un hotel que, aunque de cuatro estrellas, tenía visitantes de ocho patas. Las vistas al Océano Índico, sin embargo, eran tan hermosas y doradas que a su lado el oro quedaba pálido...&lt;br /&gt;Amed, el guía de color, era un hombre ducho en la historia de su país, pero contaba las cosas como si tuviera en la cabeza una cinta magnética que reprodujera durante horas lo que había estudiado de memoria durante años. Cuando le preguntaba el &lt;&lt;¿por qué?&gt;&gt; de algo, se encogía de hombros hasta engullir el cuello.&lt;br /&gt;-Yo sólo conozco los hechos -me decía-. Para el análisis ya están los estadistas políticos y ustedes -advertí cierto desprecio aunado en su tono de voz y en su mirada recelosa&gt;&gt;.&lt;br /&gt;Todas las mañanas, cuando el alba despuntaba, me levantaba y me duchaba con agua tibia del color de la manzanilla. Me vestía con ropas vaporosas y llamaba a Amed. Recorríamos Mogadisco de punta a punta. Mi cámara se disparaba a ráfagas y todo lo que veía me parecía esencial para el reportaje de tipo social y político que tenía que desarrollar. Fotografiaba las pequeñas industrias textiles, las pequeñas industrias de caña de azúcar, las pequeñas industrias de curtido de pieles, todas familiares. A pesar de la designación de zona paupérrima, y a pesar del hervidero de gentes famélicas, la ebullición que burbujeaba en el fragor de Mogadisco capital daba la impresión superficial de que aquellas personas sobrevivirían a su destino. Luego, cuando me adentré en el interior supe que no era así.&lt;br /&gt;Tras la agotadora jornada, Amed y yo comíamos en el buffet libre del hotel. Amed, devoraba como si fuera la última vez que fuera a ver tanta abundancia. Después de comer me echaba una siesta soporífera. El calor abrasante de estar tan cerca del ecuador se dejaba sentir en mi piel. Luego venía Amed y nos sentábamos junto a la mesa camilla, mirando los maravillosos atardeceres fucsia del Índico. Amed me contaba la historia de su país con desgana y yo apuntaba en un bloc de notas con tedio. Primero me habló de sus productos principales: el sorgo, la mandioca, los aráquidos, el sésamo, incienso, mirra, y la goma arábiga. Posteriormente me habló sin orden de los antiguos tratados comerciales con los ingleses quedando reductos todavía en el establishment...&lt;br /&gt;Me explicó que habían sido colonia italiana hacia el 1908 y que cuando terminó la II Guerra Mundial perdieron sus derechos. Me dijo que el 1 de julio de 1960 se constituyó la República, que en 1969 al Presidente Abdi Rashid Ali Shermarke lo asesinaron...&lt;br /&gt;-Amed -le corté-, quisiera conocer las entrañas de este gran pueblo&gt;&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juanma, el Jefe de Redacción se levantó de un salto. La Agencia Efe mandaba por fax alguna noticia de última hora.&lt;br /&gt;-Ahora que se pone interesante... No continúes la historia hasta que vuelva -amenazó con una sonrisa amable.&lt;br /&gt;Arturo, el Director del Dominical se levantó a servir más café de un termo. Elisabeth se acercó hasta donde yo estaba y con cierto morbo me susurró al oído:&lt;br /&gt;-No pasaste miedo entre tantos hombres de color...&lt;br /&gt;Juanma entró de nuevo en la sala. Nos explicó que en Johannesburg habían muerto más de 30 personas en una manifestación, la mayoría zulús.&lt;br /&gt;-Las imágenes que mañana saldrán por televisión son escalofriantes. Un joven negro es apedreado hasta morir... Ya he encargado que Lauren, el especialista en asuntos surafricanos escriba el artículo.&lt;br /&gt;-Quieres continuar... -azuzó Elisabeth.&lt;br /&gt;El Director General, al otro lado de la cristalera, sudaba copiosamente...&lt;br /&gt;Amed se tomó mis palabras como un reto de espadas en alto. Yo, Ariadna, sabía que no caía bien al guía/traductor. Nos sostuvimos la mirada durante un buen rato, sin decirnos nada. Amed debería pensar que yo era una mojigata asustadiza como la inmensa mayoría de europeas que él había conocido. Amed se autocompadecía de sí mismo. Debía pensar que si hubiera nacido en cualquier otro lugar, ahora sería un profesor universitario. A mí, a veces me parecía inteligente, otras veces me parecía un estafermo, un badulaque ridículo y presuntuoso.&lt;br /&gt;-Si de verdad quieres conocer nuestro pueblo, iremos a Bardera bordeando el río Juba -me miró con auténtica provocación.&lt;br /&gt;Acepté. No pude pegar ojo durante toda la noche. La temperatura en el interior de la habitación alcanzaba los 35 grados, el aire acondicionado no funcionaba, la ducha se había estropeado y yo era un manojo de nervios.&lt;br /&gt;Intenté serenarme. La luz crepuscular era diáfana y permitía ver las aguas mansas del océano. Mi corazón todavía latía con fuerza inusitada. Pensar en las tribus indígenas -he de reconocerlo- me excitaba y soliviantaba a la vez.&lt;br /&gt;Llené mi zurrón de alimentos en conserva. Tenía la garganta seca como si tuviera las arenas del desierto de Ogaden dentro de mí. Agoté la botella de agua mineral pensando que no sabía cuando volvería a beber agua. Saqué fuerzas de flaqueza y me dije que pasara lo que pasara, nunca me volvería atrás...&lt;br /&gt;-He de deciros que yo ya intuía que el Periódico iba a cerrar irremisiblemente -hice un inciso; fijé la vista en el cabizbajo y cariacontecido Director General; luego miré a Elisabeth, hermosa y sin futuro...&lt;br /&gt;Continué. Al asomarme por la ventana observé junto al puerto a soldados americanos registrando con violencia a unos niños negritos. Busqué mi cámara y cuando iba a disparar, los soldados ya no estaban... La luna y mis pupilas serían los únicos testigos. El espectacular despliegue estadounidense era solamente una vitrina de colores de cara a la galería internacional. Lo vi tan claro como el agua...&lt;br /&gt;Amed y yo partimos al alba. Nos subimos al jeep y éste tosió dos veces antes de arrancar. En las afueras de Mogadisco había chabolas dispersas con andrajos tendidos. Hombres y mujeres de edad indefinida se acercaban a nuestro paso pidiendo algo que echarse a la boca. Amed aceleraba dándoles un pestilente chorro de humo...&lt;br /&gt;Un sol rojo se vislumbraba difuminado en el horizonte. Rodamos por una carretera empedregada bordeando una montaña con endémica vegetación. El sol apareció de nuevo colgando del cielo, como un limón encendido, plomizo, abrasador. Frente a nosotros, una inmensa llanura, seca, sin matorrales, sin senderos; parecía infinita. Perlas de sudor caían por mi espalda, mientras, Amed, conducía sin decir palabra. En la lejanía, un pastor llevaba un rebaño de cabras esqueléticas...&lt;br /&gt;-Se dirige al río... -comentó Amed, hablando por primera vez en lo que llevábamos de travesía-. El agua es un bien escaso.&lt;br /&gt;Durante el camino encontramos cebras muertas picoteadas por los carroñeros; encontramos ovejas disecadas; y hasta el esqueleto de un hombre aferrado a un bastón largo de desaliento. Amed paró el vehículo y sin bajarse dijo:&lt;br /&gt;-Ha muerto de sed -en sus ojos amaneció una lágrima, le tembló y se la tragó-. El río está tan sólo a unos tres quilómetros y no logró alcanzarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saqué del bolso la inédita fotografía y se la mostré a Elisabeth. La rubia, puso cara de repugnancia y se la pasó con avidez a Juanma. El Director General, con los ojos rojos de dolor, nos lanzó una esquiva mirada...&lt;br /&gt;Cuando llegamos al río Juba, Amed y yo nos bañamos con las ropas puestas. Amed salió y se secó al sol como si fuese una hoja de tabaco. Hizo una genuflexión y apoyó su espalda en un árbol grueso y renegrido de ramas retorcidas. Parecía que rezaba. De sus labios salían oraciones casi mudas que flotaban en el fragor del ambiente. Yo, me estiré a descansar al borde mismo del río. Corría una levísima brisa tan agradable, tan placentera que había que aprovecharla... Apenas faltaban unas decenas de quilómetros para llegar a la población de Bardera, pero necesitábamos descansar un momento. Mis ropas mojadas se habían pegado a mi cuerpo. Amed me miró... Me adormilé.&lt;br /&gt;Me despertó el rumor del río y los destellos irisados que provenían del sol aplastante reflejado en las aguas. A unos ochocientos metros hacia el interior oí cánticos tribales. Me asomé por encima de una colina... Después supe que era un grupo étnico llamado Guardafuí...&lt;br /&gt;Amed se apostó en la colina junto a mí. Me instigó a que volviéramos al jeep. &lt;&lt;esos&gt;&gt; El guía/traductor se amagó y me tiró de las mangas de la camisa para que le siguiera. El jeep tosió dos veces, pero esta vez no arrancó. Yo, ni corta ni perezosa, me lancé colina abajo, con mi sombrerito de paja en una mano y con el pañuelo de cuello en la otra; me lancé hacia la tribu. Escuché a mis espaldas que Amed me llamaba:&lt;br /&gt;-¡Ariadna, Ariadna!... ¿Estás bien de la cabeza?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo hice oídos sordos y seguí descendiendo hasta el valle, con el corazón en un puño, tal vez con imprudencia, pero con una firme decisión. Unos cuantos niños negros, desnudos, me recibieron cordialmente. El más pequeño me dio la mano y me acercó al poblado de no más de doce chozas. Los nativos pararon su cántico y me observaban con curiosidad. Los suspensorios apenas cubrían las partes pudendas -miré fijamente a Elisabeth y se avergonzó, pero no quedó decepcionada cuando le enseñé unas fotografías censuradas por el Director del Periódico-; las mujeres llevaban al descubierto sus pechos tostados y puntiagudos. Los demás niños saltaban alborotados a mi alrededor como si fueran abejas junto al panal. El negrito que me llevaba de la mano me acercó hasta un anciano, seco como la mojama. De pronto se formó un alboroto. Algunos nativos cogieron sus afiladas lanzas. Parecían auténticos guerreros en pie de guerra. Yo no entendía y la confusión se apoderó de mí. Sentí un pánico extremo. Tal vez hubiera debido hacer caso a las precauciones de Amed. Los nativos guerreros rodeaban al guía/traductor, blandiendo sus lanzas. Amed explicó en jerga de los Guardafuí que era el guía de Ariadna. El anciano levantó la mano y su palma apareció como una bandera blanca. Las lanzas se hundieron en la tierra seca formando un círculo. Amed habló con el anciano y le preguntó si podíamos quedarnos unos días con ellos. Sólo haríamos fotos si él lo permitía. El anciano accedió. Amed me dijo después que el anciano no era el jefe del poblado. Era el mago. Había accedido a que nos quedáramos con la única condición de que no visitáramos la última choza. Allí habitaba el jefe de la tribu. Reconozco que aquella prohibición me intrigó. Los niños nos ayudaron a montar la canadiense al principio del poblado. Un niño negro, delgado como el hilo de pescar y alto como un árbol me miraba receloso. - Es Alikhun, el hijo del jefe -Amed me tradujo las palabras del mago.- No debes molestarlo con preguntas-. Iba sin taparrabos y andaba renqueante. Amed me explicó mientras cubría con una lona el suelo de tierra de la tienda que Alikhun había sido víctima de los rituales de la circuncisión para pasar de la adolescencia a la madurez. Me acerqué al jeep y cogí el botiquín de emergencia. Al ofrecerle unas gasas a Alikhun para que dejara de sangrar, su mirada hacia mí cambió como de la noche al día. En sus pupilas negras como el azabache había agradecimiento...&lt;br /&gt;Tan cerca del ecuador, el sol del mediodía brillaba en bronce. Las chozas estaban distribuidas en dos hileras paralelas que convergían al final en una gran choza, la prohibida. El viejo mago, llamado Akhar, nos enseñó el poblado, la zona de pesca, las tierras de cultivo de sorgo y de mandioca. Íbamos acompañados de una nube de niños negros que saltaban alborotados a nuestro alrededor y que el viejo Akhar, con sus aspavientos, no conseguía disipar. Junto a nosotros pasó una jovencita embarazada. Sus pechitos desafiaban al sol y se quejaba dolorosamente colocando sus manos en el bajo vientre. Cuando quise acercarme para ayudarla, Amed me cogió del brazo. - La tradición Guardafuí dice que han de parir solas, sin ayuda de nadie -Amed traducía las palabras del mago-. Si no ocurre así, su honor será mancillado para siempre, y si nace vivo, su hijo será despreciado por los demás nativos-. - Duras palabras... -le dije directamente al mago.&lt;br /&gt;-Las palabras no son duras ni blandas -me contestó Akhar en su jerga-, es la vida la que es así.&lt;br /&gt;Alikhun pasó frente a mí a toda prisa. Me lanzó una sonrisa de dientes blancos que me emocionó, que me cautivó, que me embelesó; su cruel dolor debía haberse apaciguado...: su agradecimiento infinito lo pintaba en sus brillantes pupilas, lo irradiaba.&lt;br /&gt;La noche llegó de pronto con un chispazo en el cielo que lo abrió en dos partes. Comenzó a llover con goterones gruesos como granos de maíz. Durante diez minutos fue el diluvio universal. El cielo implacable se desahogaba. Amed y yo nos metimos en la canadiense. La verdad, temía más a Amed que a aquella tribu de nativos que luchaban por sobrevivir con uñas y dientes, con dientes y uñas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Director del Periódico que estaba en el despacho contiguo al nuestro se mesó los cabellos blancos. Mi mirada se fue directamente a sus enrojecidos ojos. Los tenía encharcados. No podía soportar que después de estar diez años levantando el diario, por culpa de una mano negra desapareciera de un plumazo y lo sumiera en la ruina, en el más completo de los ostracismos. Abatido, hundió sus lágrimas en las palmas de la mano. Juanma abrió la boca para decir que era un nostálgico; no lo decía para molestarlo, sólo quería solidarizarse con su tragedia que era la de todos. Por la cabeza del Director del Periódico reptaba la mordedura de la desesperación, pero aquello no era nada comparado con el sufrimiento de aquella tribu. Juanma hizo un gesto de invitación, pero él soslayó el ofrecimiento. Prefirió la Soledad...&lt;br /&gt;Arturo conminó a Juanma a que sirviera más café. Como nadie aceptó, le llevó una taza temblorosa sobre el platillo de porcelana al Director. Tal vez podría aliviar su desconsuelo... Juanma le puso una mano en el hombro, pero el pobre hombre, abatido, no reaccionó. La vida ya no tenía motivación para él. El café se enfrió, solidificándose en su mirada de hielo. Tampoco se sabía el destino final del edificio, pero el Director General intuía que una Inmobiliaria lo convertiría en un bingo o en un Hipermercado o en un bloque de apartamentos de élite...&lt;br /&gt;Elisabeth y Arturo me pidieron que continuara...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante seis días y seis noches Amed y yo estuvimos conviviendo con aquellas gentes tan sencillas y llenas de bondad como famélicas. Había días que no tenían nada para echarse a la boca y fue así como por primera vez conocí lo que es pasar hambre. Los nativos no son nada egoístas y cuando la cosecha de maíz o de mandioca da su fruto, lo comparten estableciendo el siguiente orden: primero, los niños y ancianos, segundo, los pescadores y agricultores, tercero, las mujeres, y al final, el Gran Jefe Menshu.&lt;br /&gt;El último día que estuve en la tribu de los Guardafuí fue patético. Al alba, me despertaron los horrendos gritos de la nativa embarazada. Salí de la canadiense y me moví en dirección al río Juba, lugar de procedencia de los gritos. Amed me seguía, cauteloso como un gato montés, astuto como una pantera. La nativa embarazada estaba acuclillada junto a un árbol frondoso...&lt;br /&gt;El río Juba era un espectador privilegiado de la ancestral y dolorosa tradición. Quise ayudarla a parir pero el omnipresente Amed me lo impidió sujetándome de los codos. - Si quieres que la desgracia circunde su vida para siempre... ¡ayúdela! -me increpó soltándome. Sólo pude llorar como una Magdalena ante la indefensión de aquella hermosa y adolescente nativa. Su rostro estaba cuarteado por el dolor, sus mandíbulas apretadas apuntaban todavía a la luna, el sudor en sus pechos brillaba como mercurio.&lt;br /&gt;Observé con ternura como nacía un hermoso varón. Observé como cortaba el cordón umbilical con los dientes. Vi como lanzaba la placenta al río. Tanta naturalidad me superaba. Sentí que me desgajaba... No oía llorar al recién nacido y ahogué un grito en la base del estómago. La pena me pintó un velo en los ojos... De pronto escuché el llanto del bebé. Sentí alegre el corazón. Quise correr y abrazarla con mi calor, pero no debía hacerlo. Nació en mí una felicidad tan grande como nunca había existido...&lt;br /&gt;-De cada diez niños que nacen en la tribu mueren seis -me explicaba el pertinaz Amed-. Éste ha tenido suerte, o tal vez no...&lt;br /&gt;Al volver al poblado hablé con el viejo mago Akhar. Le rogué que me dejara hablar con el Gran Jefe Menshu. El viejo mago negó con la cabeza, pero el hijo del Gran Jefe, Alikhun, cogiendo a Akhar por la mismísima tibia, intercedió por mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habíamos desmontado ya la canadiense...&lt;br /&gt;Nos acercamos a la choza principal y la sangre corría acelerada por mis venas, tenía el corazón revolucionado. Sería un colibrí frente a un águila imperial... Amed, mi sombra, también estaba inquieto. Por aquel pasillo de chozas, nos seguían todos los miembros de la tribu. El descomunal silencio abarcaba la bóveda del cielo...&lt;br /&gt;El viejo Akhar, con el rostro pintado de sangre fresca de serpiente, nos acompañaba. Al llegar frente a la gran choza nos detuvimos. El viejo Akhar nos dio unas indicaciones: - No levantar la cabeza hasta que el Gran Jefe Menshu hable, no elevar el tono de la voz...&lt;br /&gt;El corazón me iba a estallar de impaciencia...&lt;br /&gt;El Gran Jefe Menshu era alto como una montaña. Debía medir cerca de los dos metros treinta centímetros. Justo el tamaño de la desesperación. Tenía el rostro cadavérico y camuflado por una espesa barba ceniza. Tenía un solo ojo color avellana -el otro ojo lo había perdido en su juventud durante una disputa; el rey de la selva se lo había arrancado de cuajo -de un certero zarpazo- mientras se disputaban un pequeño ñu que el Gran Jefe había derribado con su lanza; su cuerpo desnudo estaba constituido por una piel negra y reseca que remarcaba todos sus huesos. Nos indicó que nos sentáramos en el suelo de su humilde choza. Con gestos torpes y cansados, el esquelético líder se sentó cruzando las piernas y apoyando los talones sobre sus genitales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegados a este punto, la intuición me empujó la cabeza hacia la cristalera. El Director del Periódico, mudo, doblado en su sillón, semiamodorrado, se hundía los dedos en el pelo: su personal agonía se le encaramaba en los ojos vidriosos.&lt;br /&gt;-¿Quieres continuar?... -me increpó Elisabeth.&lt;br /&gt;Así lo hice:&lt;br /&gt;-¿Qué queréis de mí?, extranjeros - el hilillo de voz (como el último chorrito de agua de una fuente) del Gran Jefe Menshu salió débil, agotado.&lt;br /&gt;-Dile que sólo queremos conocerle y que nos hable de su tribu -me acerqué a Amed para que tradujera.&lt;br /&gt;El Gran Jefe Menshu nos habló con palabras mojadas de desesperación. Una desesperación tan alta como él. Nos dijo que su tribu, como tantas otras, pasaba hambre por culpa de los rivales señores de la guerra: Mohamed Farah Aidid y Ali Mahdi Mohamed. Ellos sólo buscan poder en medio de la miseria... -empezó a decir con voz trémula-, y a pesar del acuerdo de paz firmado por ellos el 24 de Marzo en Nairobi (nunca lo pusieron en práctica), el hambre y la podredumbre seguirá en nuestras paupérrimas tierras. Soldados extranjeros han venido con la coartada... y permiten que la tierra se beba nuestra propia sangre... Nuestra pacífica tribu ha sido reducida a la mitad en muy poco tiempo por incursiones de unos y de otros con sus "tubos de fuego"... -su voz se fue apagando hasta caer desmayada en un pozo de silencio perpetuo&gt;&gt;.&lt;br /&gt;El viejo mago Akhar nos invitó a salir. Ya junto al jeep nos dijo que el Gran Jefe Manshu llevaba dos meses sin alimento. Pronto sería sustituido por su hijo Alikhun para preservar lo que quedaba de la tribu de los Guardafuí...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el aeropuerto de Mogadisco, Amed, me besó ardientemente en los labios. Sus ojitos negros estaban anegados por las lágrimas. Quince días después de mi regreso recibí una misiva de Amed comunicándome que el Gran Jefe Menshu había muerto de inanición...&lt;br /&gt;Elisabeth no podía contener las perlas azules que caían de sus ojos de mar. Juanma y Arturo estaban también conmovidos. Empezaba a amanecer y a lo lejos se oían los motores de las últimas furgonetas que trasladaban los últimos diarios antes de cerrar definitivamente. Nuestra tragedia no era nada comparada con la tragedia de aquellas tribus. Nos despedimos estrechándonos la mano. La brisa del amanecer era fría como una cuchilla de hielo. Escuché como se cerraba la puerta metálica del almacén. El Periódico moría para siempre con aquel ruido cimbreante. De pronto, a mi espalda, oí una estremecedora detonación...&lt;br /&gt;Quizá..., si hubiera conocido al Gran Jefe Menshu..., tal vez, y digo sólo tal vez, nuestro hombre de los dedos hundidos en el pelo, hubiera sabido graduar, mesurar, administrar... el tamaño de la desesperación.&lt;br /&gt;(Mención Categoría Relatos de Viaje)Eran las dos de la madrugada. En el desordenado despacho estaban Juanma, el Jefe de Redacción, Arturo, el Director del Dominical, y Elisabeth, una periodista joven e inexperta. La edición que saldría por la mañana tenía garantizado el amorfismo por la falta de noticias de interés. Al entrar en la sala Juanma me invitó a un café negro como la noche más auténtica...&lt;br /&gt;-Siéntate Ariadna y tómate un descanso -dijo mirando la humeante taza.&lt;br /&gt;Dejé la cámara fotográfica sobre un montón de legajos y advertí que estaban sumidos en el más completo ostracismo. Nuestro nivel de ventas había descendido en los últimos meses por una campaña orquestada quizá por poderes fácticos; ¡bah!, la verdad... no sé. Bueno..., sé que los hilos invisibles se habían movido (con la misma sutileza que el viento empuja las nubes), abriendo una fisura tras otra en nuestro pétreo código deontológico. Nuestros mejores periodistas, los de más entidad, se marcharon a otros medios de comunicación más rentables, con mayor proyección. Por ende, la última edición del periódico, antes de cerrar definitivamente, no pasaría a los anales de la Historia. Los ojos de los allí presentes estaban mojados de tristeza y por qué no decirlo... a caballo entre la desidia y la desesperación.&lt;br /&gt;-Háblanos de Mogadisco -inquirió Arturo-.El reportaje fotográfico que sale mañana en el Dominical es lo único a destacar entre un sinfín de jaculatorias sin el menor valor, incluso el editorial de la östpolitik -miró con un recelo injustificado a través de la gran cristalera al Director General del Periódico que estaba en el despacho contiguo inmerso, aparentemente, en la lectura de las noticias deportivas...- quedaba obsoleto.&lt;br /&gt;Me senté en una silla plegable de madera y comencé a relatarles mi travesía por aquellas tierras áridas y a veces inhóspitas...&lt;br /&gt;Comencé diciéndoles que aterricé en el aeropuerto de Mogadisco y al llegar a la ciudad me pareció que estaba en una capital occidental.&lt;br /&gt;-Os confieso que el reportaje fotográfico lo hice en tres días en el mismo corazón de Mogadishu. Mis otros diez días los pasé en una tribu muy cerca de la población de Bardera, junto al río Juba. En esa tribu, los nativos iban como Dios los trajo al mundo, pero a esa parte ya llegaremos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Observé como el interés de Elisabeth por el relato crecía como una llama en la noche. Sus ojos azules como un mar brillante titilaron vivarachos. Ella, espolvoreó su media melena rubia, se quitó sus gafas doradas y se incorporó de su asiento de cuero negro arreglándose su falda plisada. Arturo y Juanma sonrieron cómplices por el interés que Ariadna había despertado en la periodista principiante.&lt;br /&gt;Les expliqué que una vez en la capital, me acerqué a la Embajada Española y allí me proporcionaron un guía traductor y conductor de un jeep tan viejo como la República del Cuerno de Rinoceronte (Somalia). Los tres primeros días me instalé en la habitación de un hotel que, aunque de cuatro estrellas, tenía visitantes de ocho patas. Las vistas al Océano Índico, sin embargo, eran tan hermosas y doradas que a su lado el oro quedaba pálido...&lt;br /&gt;Amed, el guía de color, era un hombre ducho en la historia de su país, pero contaba las cosas como si tuviera en la cabeza una cinta magnética que reprodujera durante horas lo que había estudiado de memoria durante años. Cuando le preguntaba el &lt;&lt;¿por qué?&gt;&gt; de algo, se encogía de hombros hasta engullir el cuello.&lt;br /&gt;-Yo sólo conozco los hechos -me decía-. Para el análisis ya están los estadistas políticos y ustedes -advertí cierto desprecio aunado en su tono de voz y en su mirada recelosa&gt;&gt;.&lt;br /&gt;Todas las mañanas, cuando el alba despuntaba, me levantaba y me duchaba con agua tibia del color de la manzanilla. Me vestía con ropas vaporosas y llamaba a Amed. Recorríamos Mogadisco de punta a punta. Mi cámara se disparaba a ráfagas y todo lo que veía me parecía esencial para el reportaje de tipo social y político que tenía que desarrollar. Fotografiaba las pequeñas industrias textiles, las pequeñas industrias de caña de azúcar, las pequeñas industrias de curtido de pieles, todas familiares. A pesar de la designación de zona paupérrima, y a pesar del hervidero de gentes famélicas, la ebullición que burbujeaba en el fragor de Mogadisco capital daba la impresión superficial de que aquellas personas sobrevivirían a su destino. Luego, cuando me adentré en el interior supe que no era así.&lt;br /&gt;Tras la agotadora jornada, Amed y yo comíamos en el buffet libre del hotel. Amed, devoraba como si fuera la última vez que fuera a ver tanta abundancia. Después de comer me echaba una siesta soporífera. El calor abrasante de estar tan cerca del ecuador se dejaba sentir en mi piel. Luego venía Amed y nos sentábamos junto a la mesa camilla, mirando los maravillosos atardeceres fucsia del Índico. Amed me contaba la historia de su país con desgana y yo apuntaba en un bloc de notas con tedio. Primero me habló de sus productos principales: el sorgo, la mandioca, los aráquidos, el sésamo, incienso, mirra, y la goma arábiga. Posteriormente me habló sin orden de los antiguos tratados comerciales con los ingleses quedando reductos todavía en el establishment...&lt;br /&gt;Me explicó que habían sido colonia italiana hacia el 1908 y que cuando terminó la II Guerra Mundial perdieron sus derechos. Me dijo que el 1 de julio de 1960 se constituyó la República, que en 1969 al Presidente Abdi Rashid Ali Shermarke lo asesinaron...&lt;br /&gt;-Amed -le corté-, quisiera conocer las entrañas de este gran pueblo&gt;&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juanma, el Jefe de Redacción se levantó de un salto. La Agencia Efe mandaba por fax alguna noticia de última hora.&lt;br /&gt;-Ahora que se pone interesante... No continúes la historia hasta que vuelva -amenazó con una sonrisa amable.&lt;br /&gt;Arturo, el Director del Dominical se levantó a servir más café de un termo. Elisabeth se acercó hasta donde yo estaba y con cierto morbo me susurró al oído:&lt;br /&gt;-No pasaste miedo entre tantos hombres de color...&lt;br /&gt;Juanma entró de nuevo en la sala. Nos explicó que en Johannesburg habían muerto más de 30 personas en una manifestación, la mayoría zulús.&lt;br /&gt;-Las imágenes que mañana saldrán por televisión son escalofriantes. Un joven negro es apedreado hasta morir... Ya he encargado que Lauren, el especialista en asuntos surafricanos escriba el artículo.&lt;br /&gt;-Quieres continuar... -azuzó Elisabeth.&lt;br /&gt;El Director General, al otro lado de la cristalera, sudaba copiosamente...&lt;br /&gt;Amed se tomó mis palabras como un reto de espadas en alto. Yo, Ariadna, sabía que no caía bien al guía/traductor. Nos sostuvimos la mirada durante un buen rato, sin decirnos nada. Amed debería pensar que yo era una mojigata asustadiza como la inmensa mayoría de europeas que él había conocido. Amed se autocompadecía de sí mismo. Debía pensar que si hubiera nacido en cualquier otro lugar, ahora sería un profesor universitario. A mí, a veces me parecía inteligente, otras veces me parecía un estafermo, un badulaque ridículo y presuntuoso.&lt;br /&gt;-Si de verdad quieres conocer nuestro pueblo, iremos a Bardera bordeando el río Juba -me miró con auténtica provocación.&lt;br /&gt;Acepté. No pude pegar ojo durante toda la noche. La temperatura en el interior de la habitación alcanzaba los 35 grados, el aire acondicionado no funcionaba, la ducha se había estropeado y yo era un manojo de nervios.&lt;br /&gt;Intenté serenarme. La luz crepuscular era diáfana y permitía ver las aguas mansas del océano. Mi corazón todavía latía con fuerza inusitada. Pensar en las tribus indígenas -he de reconocerlo- me excitaba y soliviantaba a la vez.&lt;br /&gt;Llené mi zurrón de alimentos en conserva. Tenía la garganta seca como si tuviera las arenas del desierto de Ogaden dentro de mí. Agoté la botella de agua mineral pensando que no sabía cuando volvería a beber agua. Saqué fuerzas de flaqueza y me dije que pasara lo que pasara, nunca me volvería atrás...&lt;br /&gt;-He de deciros que yo ya intuía que el Periódico iba a cerrar irremisiblemente -hice un inciso; fijé la vista en el cabizbajo y cariacontecido Director General; luego miré a Elisabeth, hermosa y sin futuro...&lt;br /&gt;Continué. Al asomarme por la ventana observé junto al puerto a soldados americanos registrando con violencia a unos niños negritos. Busqué mi cámara y cuando iba a disparar, los soldados ya no estaban... La luna y mis pupilas serían los únicos testigos. El espectacular despliegue estadounidense era solamente una vitrina de colores de cara a la galería internacional. Lo vi tan claro como el agua...&lt;br /&gt;Amed y yo partimos al alba. Nos subimos al jeep y éste tosió dos veces antes de arrancar. En las afueras de Mogadisco había chabolas dispersas con andrajos tendidos. Hombres y mujeres de edad indefinida se acercaban a nuestro paso pidiendo algo que echarse a la boca. Amed aceleraba dándoles un pestilente chorro de humo...&lt;br /&gt;Un sol rojo se vislumbraba difuminado en el horizonte. Rodamos por una carretera empedregada bordeando una montaña con endémica vegetación. El sol apareció de nuevo colgando del cielo, como un limón encendido, plomizo, abrasador. Frente a nosotros, una inmensa llanura, seca, sin matorrales, sin senderos; parecía infinita. Perlas de sudor caían por mi espalda, mientras, Amed, conducía sin decir palabra. En la lejanía, un pastor llevaba un rebaño de cabras esqueléticas...&lt;br /&gt;-Se dirige al río... -comentó Amed, hablando por primera vez en lo que llevábamos de travesía-. El agua es un bien escaso.&lt;br /&gt;Durante el camino encontramos cebras muertas picoteadas por los carroñeros; encontramos ovejas disecadas; y hasta el esqueleto de un hombre aferrado a un bastón largo de desaliento. Amed paró el vehículo y sin bajarse dijo:&lt;br /&gt;-Ha muerto de sed -en sus ojos amaneció una lágrima, le tembló y se la tragó-. El río está tan sólo a unos tres quilómetros y no logró alcanzarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saqué del bolso la inédita fotografía y se la mostré a Elisabeth. La rubia, puso cara de repugnancia y se la pasó con avidez a Juanma. El Director General, con los ojos rojos de dolor, nos lanzó una esquiva mirada...&lt;br /&gt;Cuando llegamos al río Juba, Amed y yo nos bañamos con las ropas puestas. Amed salió y se secó al sol como si fuese una hoja de tabaco. Hizo una genuflexión y apoyó su espalda en un árbol grueso y renegrido de ramas retorcidas. Parecía que rezaba. De sus labios salían oraciones casi mudas que flotaban en el fragor del ambiente. Yo, me estiré a descansar al borde mismo del río. Corría una levísima brisa tan agradable, tan placentera que había que aprovecharla... Apenas faltaban unas decenas de quilómetros para llegar a la población de Bardera, pero necesitábamos descansar un momento. Mis ropas mojadas se habían pegado a mi cuerpo. Amed me miró... Me adormilé.&lt;br /&gt;Me despertó el rumor del río y los destellos irisados que provenían del sol aplastante reflejado en las aguas. A unos ochocientos metros hacia el interior oí cánticos tribales. Me asomé por encima de una colina... Después supe que era un grupo étnico llamado Guardafuí...&lt;br /&gt;Amed se apostó en la colina junto a mí. Me instigó a que volviéramos al jeep. &lt;&lt;esos&gt;&gt; El guía/traductor se amagó y me tiró de las mangas de la camisa para que le siguiera. El jeep tosió dos veces, pero esta vez no arrancó. Yo, ni corta ni perezosa, me lancé colina abajo, con mi sombrerito de paja en una mano y con el pañuelo de cuello en la otra; me lancé hacia la tribu. Escuché a mis espaldas que Amed me llamaba:&lt;br /&gt;-¡Ariadna, Ariadna!... ¿Estás bien de la cabeza?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo hice oídos sordos y seguí descendiendo hasta el valle, con el corazón en un puño, tal vez con imprudencia, pero con una firme decisión. Unos cuantos niños negros, desnudos, me recibieron cordialmente. El más pequeño me dio la mano y me acercó al poblado de no más de doce chozas. Los nativos pararon su cántico y me observaban con curiosidad. Los suspensorios apenas cubrían las partes pudendas -miré fijamente a Elisabeth y se avergonzó, pero no quedó decepcionada cuando le enseñé unas fotografías censuradas por el Director del Periódico-; las mujeres llevaban al descubierto sus pechos tostados y puntiagudos. Los demás niños saltaban alborotados a mi alrededor como si fueran abejas junto al panal. El negrito que me llevaba de la mano me acercó hasta un anciano, seco como la mojama. De pronto se formó un alboroto. Algunos nativos cogieron sus afiladas lanzas. Parecían auténticos guerreros en pie de guerra. Yo no entendía y la confusión se apoderó de mí. Sentí un pánico extremo. Tal vez hubiera debido hacer caso a las precauciones de Amed. Los nativos guerreros rodeaban al guía/traductor, blandiendo sus lanzas. Amed explicó en jerga de los Guardafuí que era el guía de Ariadna. El anciano levantó la mano y su palma apareció como una bandera blanca. Las lanzas se hundieron en la tierra seca formando un círculo. Amed habló con el anciano y le preguntó si podíamos quedarnos unos días con ellos. Sólo haríamos fotos si él lo permitía. El anciano accedió. Amed me dijo después que el anciano no era el jefe del poblado. Era el mago. Había accedido a que nos quedáramos con la única condición de que no visitáramos la última choza. Allí habitaba el jefe de la tribu. Reconozco que aquella prohibición me intrigó. Los niños nos ayudaron a montar la canadiense al principio del poblado. Un niño negro, delgado como el hilo de pescar y alto como un árbol me miraba receloso. - Es Alikhun, el hijo del jefe -Amed me tradujo las palabras del mago.- No debes molestarlo con preguntas-. Iba sin taparrabos y andaba renqueante. Amed me explicó mientras cubría con una lona el suelo de tierra de la tienda que Alikhun había sido víctima de los rituales de la circuncisión para pasar de la adolescencia a la madurez. Me acerqué al jeep y cogí el botiquín de emergencia. Al ofrecerle unas gasas a Alikhun para que dejara de sangrar, su mirada hacia mí cambió como de la noche al día. En sus pupilas negras como el azabache había agradecimiento...&lt;br /&gt;Tan cerca del ecuador, el sol del mediodía brillaba en bronce. Las chozas estaban distribuidas en dos hileras paralelas que convergían al final en una gran choza, la prohibida. El viejo mago, llamado Akhar, nos enseñó el poblado, la zona de pesca, las tierras de cultivo de sorgo y de mandioca. Íbamos acompañados de una nube de niños negros que saltaban alborotados a nuestro alrededor y que el viejo Akhar, con sus aspavientos, no conseguía disipar. Junto a nosotros pasó una jovencita embarazada. Sus pechitos desafiaban al sol y se quejaba dolorosamente colocando sus manos en el bajo vientre. Cuando quise acercarme para ayudarla, Amed me cogió del brazo. - La tradición Guardafuí dice que han de parir solas, sin ayuda de nadie -Amed traducía las palabras del mago-. Si no ocurre así, su honor será mancillado para siempre, y si nace vivo, su hijo será despreciado por los demás nativos-. - Duras palabras... -le dije directamente al mago.&lt;br /&gt;-Las palabras no son duras ni blandas -me contestó Akhar en su jerga-, es la vida la que es así.&lt;br /&gt;Alikhun pasó frente a mí a toda prisa. Me lanzó una sonrisa de dientes blancos que me emocionó, que me cautivó, que me embelesó; su cruel dolor debía haberse apaciguado...: su agradecimiento infinito lo pintaba en sus brillantes pupilas, lo irradiaba.&lt;br /&gt;La noche llegó de pronto con un chispazo en el cielo que lo abrió en dos partes. Comenzó a llover con goterones gruesos como granos de maíz. Durante diez minutos fue el diluvio universal. El cielo implacable se desahogaba. Amed y yo nos metimos en la canadiense. La verdad, temía más a Amed que a aquella tribu de nativos que luchaban por sobrevivir con uñas y dientes, con dientes y uñas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Director del Periódico que estaba en el despacho contiguo al nuestro se mesó los cabellos blancos. Mi mirada se fue directamente a sus enrojecidos ojos. Los tenía encharcados. No podía soportar que después de estar diez años levantando el diario, por culpa de una mano negra desapareciera de un plumazo y lo sumiera en la ruina, en el más completo de los ostracismos. Abatido, hundió sus lágrimas en las palmas de la mano. Juanma abrió la boca para decir que era un nostálgico; no lo decía para molestarlo, sólo quería solidarizarse con su tragedia que era la de todos. Por la cabeza del Director del Periódico reptaba la mordedura de la desesperación, pero aquello no era nada comparado con el sufrimiento de aquella tribu. Juanma hizo un gesto de invitación, pero él soslayó el ofrecimiento. Prefirió la Soledad...&lt;br /&gt;Arturo conminó a Juanma a que sirviera más café. Como nadie aceptó, le llevó una taza temblorosa sobre el platillo de porcelana al Director. Tal vez podría aliviar su desconsuelo... Juanma le puso una mano en el hombro, pero el pobre hombre, abatido, no reaccionó. La vida ya no tenía motivación para él. El café se enfrió, solidificándose en su mirada de hielo. Tampoco se sabía el destino final del edificio, pero el Director General intuía que una Inmobiliaria lo convertiría en un bingo o en un Hipermercado o en un bloque de apartamentos de élite...&lt;br /&gt;Elisabeth y Arturo me pidieron que continuara...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante seis días y seis noches Amed y yo estuvimos conviviendo con aquellas gentes tan sencillas y llenas de bondad como famélicas. Había días que no tenían nada para echarse a la boca y fue así como por primera vez conocí lo que es pasar hambre. Los nativos no son nada egoístas y cuando la cosecha de maíz o de mandioca da su fruto, lo comparten estableciendo el siguiente orden: primero, los niños y ancianos, segundo, los pescadores y agricultores, tercero, las mujeres, y al final, el Gran Jefe Menshu.&lt;br /&gt;El último día que estuve en la tribu de los Guardafuí fue patético. Al alba, me despertaron los horrendos gritos de la nativa embarazada. Salí de la canadiense y me moví en dirección al río Juba, lugar de procedencia de los gritos. Amed me seguía, cauteloso como un gato montés, astuto como una pantera. La nativa embarazada estaba acuclillada junto a un árbol frondoso...&lt;br /&gt;El río Juba era un espectador privilegiado de la ancestral y dolorosa tradición. Quise ayudarla a parir pero el omnipresente Amed me lo impidió sujetándome de los codos. - Si quieres que la desgracia circunde su vida para siempre... ¡ayúdela! -me increpó soltándome. Sólo pude llorar como una Magdalena ante la indefensión de aquella hermosa y adolescente nativa. Su rostro estaba cuarteado por el dolor, sus mandíbulas apretadas apuntaban todavía a la luna, el sudor en sus pechos brillaba como mercurio.&lt;br /&gt;Observé con ternura como nacía un hermoso varón. Observé como cortaba el cordón umbilical con los dientes. Vi como lanzaba la placenta al río. Tanta naturalidad me superaba. Sentí que me desgajaba... No oía llorar al recién nacido y ahogué un grito en la base del estómago. La pena me pintó un velo en los ojos... De pronto escuché el llanto del bebé. Sentí alegre el corazón. Quise correr y abrazarla con mi calor, pero no debía hacerlo. Nació en mí una felicidad tan grande como nunca había existido...&lt;br /&gt;-De cada diez niños que nacen en la tribu mueren seis -me explicaba el pertinaz Amed-. Éste ha tenido suerte, o tal vez no...&lt;br /&gt;Al volver al poblado hablé con el viejo mago Akhar. Le rogué que me dejara hablar con el Gran Jefe Menshu. El viejo mago negó con la cabeza, pero el hijo del Gran Jefe, Alikhun, cogiendo a Akhar por la mismísima tibia, intercedió por mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habíamos desmontado ya la canadiense...&lt;br /&gt;Nos acercamos a la choza principal y la sangre corría acelerada por mis venas, tenía el corazón revolucionado. Sería un colibrí frente a un águila imperial... Amed, mi sombra, también estaba inquieto. Por aquel pasillo de chozas, nos seguían todos los miembros de la tribu. El descomunal silencio abarcaba la bóveda del cielo...&lt;br /&gt;El viejo Akhar, con el rostro pintado de sangre fresca de serpiente, nos acompañaba. Al llegar frente a la gran choza nos detuvimos. El viejo Akhar nos dio unas indicaciones: - No levantar la cabeza hasta que el Gran Jefe Menshu hable, no elevar el tono de la voz...&lt;br /&gt;El corazón me iba a estallar de impaciencia...&lt;br /&gt;El Gran Jefe Menshu era alto como una montaña. Debía medir cerca de los dos metros treinta centímetros. Justo el tamaño de la desesperación. Tenía el rostro cadavérico y camuflado por una espesa barba ceniza. Tenía un solo ojo color avellana -el otro ojo lo había perdido en su juventud durante una disputa; el rey de la selva se lo había arrancado de cuajo -de un certero zarpazo- mientras se disputaban un pequeño ñu que el Gran Jefe había derribado con su lanza; su cuerpo desnudo estaba constituido por una piel negra y reseca que remarcaba todos sus huesos. Nos indicó que nos sentáramos en el suelo de su humilde choza. Con gestos torpes y cansados, el esquelético líder se sentó cruzando las piernas y apoyando los talones sobre sus genitales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegados a este punto, la intuición me empujó la cabeza hacia la cristalera. El Director del Periódico, mudo, doblado en su sillón, semiamodorrado, se hundía los dedos en el pelo: su personal agonía se le encaramaba en los ojos vidriosos.&lt;br /&gt;-¿Quieres continuar?... -me increpó Elisabeth.&lt;br /&gt;Así lo hice:&lt;br /&gt;-¿Qué queréis de mí?, extranjeros - el hilillo de voz (como el último chorrito de agua de una fuente) del Gran Jefe Menshu salió débil, agotado.&lt;br /&gt;-Dile que sólo queremos conocerle y que nos hable de su tribu -me acerqué a Amed para que tradujera.&lt;br /&gt;El Gran Jefe Menshu nos habló con palabras mojadas de desesperación. Una desesperación tan alta como él. Nos dijo que su tribu, como tantas otras, pasaba hambre por culpa de los rivales señores de la guerra: Mohamed Farah Aidid y Ali Mahdi Mohamed. Ellos sólo buscan poder en medio de la miseria... -empezó a decir con voz trémula-, y a pesar del acuerdo de paz firmado por ellos el 24 de Marzo en Nairobi (nunca lo pusieron en práctica), el hambre y la podredumbre seguirá en nuestras paupérrimas tierras. Soldados extranjeros han venido con la coartada... y permiten que la tierra se beba nuestra propia sangre... Nuestra pacífica tribu ha sido reducida a la mitad en muy poco tiempo por incursiones de unos y de otros con sus "tubos de fuego"... -su voz se fue apagando hasta caer desmayada en un pozo de silencio perpetuo&gt;&gt;.&lt;br /&gt;El viejo mago Akhar nos invitó a salir. Ya junto al jeep nos dijo que el Gran Jefe Manshu llevaba dos meses sin alimento. Pronto sería sustituido por su hijo Alikhun para preservar lo que quedaba de la tribu de los Guardafuí...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el aeropuerto de Mogadisco, Amed, me besó ardientemente en los labios. Sus ojitos negros estaban anegados por las lágrimas. Quince días después de mi regreso recibí una misiva de Amed comunicándome que el Gran Jefe Menshu había muerto de inanición...&lt;br /&gt;Elisabeth no podía contener las perlas azules que caían de sus ojos de mar. Juanma y Arturo estaban también conmovidos. Empezaba a amanecer y a lo lejos se oían los motores de las últimas furgonetas que trasladaban los últimos diarios antes de cerrar definitivamente. Nuestra tragedia no era nada comparada con la tragedia de aquellas tribus. Nos despedimos estrechándonos la mano. La brisa del amanecer era fría como una cuchilla de hielo. Escuché como se cerraba la puerta metálica del almacén. El Periódico moría para siempre con aquel ruido cimbreante. De pronto, a mi espalda, oí una estremecedora detonación...&lt;br /&gt;Quizá..., si hubiera conocido al Gran Jefe Menshu..., tal vez, y digo sólo tal vez, nuestro hombre de los dedos hun EL TAMAÑO DE LA DESESPERACIÓN&lt;br /&gt;Ginés Mulero Caparrós&lt;br /&gt;(Desde Barcelona, España)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran las dos de la madrugada. En el desordenado despacho estaban Juanma, el Jefe de Redacción, Arturo, el Director del Dominical, y Elisabeth, una periodista joven e inexperta. La edición que saldría por la mañana tenía garantizado el amorfismo por la falta de noticias de interés. Al entrar en la sala Juanma me invitó a un café negro como la noche más auténtica...&lt;br /&gt;-Siéntate Ariadna y tómate un descanso -dijo mirando la humeante taza.&lt;br /&gt;Dejé la cámara fotográfica sobre un montón de legajos y advertí que estaban sumidos en el más completo ostracismo. Nuestro nivel de ventas había descendido en los últimos meses por una campaña orquestada quizá por poderes fácticos; ¡bah!, la verdad... no sé. Bueno..., sé que los hilos invisibles se habían movido (con la misma sutileza que el viento empuja las nubes), abriendo una fisura tras otra en nuestro pétreo código deontológico. Nuestros mejores periodistas, los de más entidad, se marcharon a otros medios de comunicación más rentables, con mayor proyección. Por ende, la última edición del periódico, antes de cerrar definitivamente, no pasaría a los anales de la Historia. Los ojos de los allí presentes estaban mojados de tristeza y por qué no decirlo... a caballo entre la desidia y la desesperación.&lt;br /&gt;-Háblanos de Mogadisco -inquirió Arturo-.El reportaje fotográfico que sale mañana en el Dominical es lo único a destacar entre un sinfín de jaculatorias sin el menor valor, incluso el editorial de la östpolitik -miró con un recelo injustificado a través de la gran cristalera al Director General del Periódico que estaba en el despacho contiguo inmerso, aparentemente, en la lectura de las noticias deportivas...- quedaba obsoleto.&lt;br /&gt;Me senté en una silla plegable de madera y comencé a relatarles mi travesía por aquellas tierras áridas y a veces inhóspitas...&lt;br /&gt;Comencé diciéndoles que aterricé en el aeropuerto de Mogadisco y al llegar a la ciudad me pareció que estaba en una capital occidental.&lt;br /&gt;-Os confieso que el reportaje fotográfico lo hice en tres días en el mismo corazón de Mogadishu. Mis otros diez días los pasé en una tribu muy cerca de la población de Bardera, junto al río Juba. En esa tribu, los nativos iban como Dios los trajo al mundo, pero a esa parte ya llegaremos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Observé como el interés de Elisabeth por el relato crecía como una llama en la noche. Sus ojos azules como un mar brillante titilaron vivarachos. Ella, espolvoreó su media melena rubia, se quitó sus gafas doradas y se incorporó de su asiento de cuero negro arreglándose su falda plisada. Arturo y Juanma sonrieron cómplices por el interés que Ariadna había despertado en la periodista principiante.&lt;br /&gt;Les expliqué que una vez en la capital, me acerqué a la Embajada Española y allí me proporcionaron un guía traductor y conductor de un jeep tan viejo como la República del Cuerno de Rinoceronte (Somalia). Los tres primeros días me instalé en la habitación de un hotel que, aunque de cuatro estrellas, tenía visitantes de ocho patas. Las vistas al Océano Índico, sin embargo, eran tan hermosas y doradas que a su lado el oro quedaba pálido...&lt;br /&gt;Amed, el guía de color, era un hombre ducho en la historia de su país, pero contaba las cosas como si tuviera en la cabeza una cinta magnética que reprodujera durante horas lo que había estudiado de memoria durante años. Cuando le preguntaba el &lt;&lt;¿por qué?&gt;&gt; de algo, se encogía de hombros hasta engullir el cuello.&lt;br /&gt;-Yo sólo conozco los hechos -me decía-. Para el análisis ya están los estadistas políticos y ustedes -advertí cierto desprecio aunado en su tono de voz y en su mirada recelosa&gt;&gt;.&lt;br /&gt;Todas las mañanas, cuando el alba despuntaba, me levantaba y me duchaba con agua tibia del color de la manzanilla. Me vestía con ropas vaporosas y llamaba a Amed. Recorríamos Mogadisco de punta a punta. Mi cámara se disparaba a ráfagas y todo lo que veía me parecía esencial para el reportaje de tipo social y político que tenía que desarrollar. Fotografiaba las pequeñas industrias textiles, las pequeñas industrias de caña de azúcar, las pequeñas industrias de curtido de pieles, todas familiares. A pesar de la designación de zona paupérrima, y a pesar del hervidero de gentes famélicas, la ebullición que burbujeaba en el fragor de Mogadisco capital daba la impresión superficial de que aquellas personas sobrevivirían a su destino. Luego, cuando me adentré en el interior supe que no era así.&lt;br /&gt;Tras la agotadora jornada, Amed y yo comíamos en el buffet libre del hotel. Amed, devoraba como si fuera la última vez que fuera a ver tanta abundancia. Después de comer me echaba una siesta soporífera. El calor abrasante de estar tan cerca del ecuador se dejaba sentir en mi piel. Luego venía Amed y nos sentábamos junto a la mesa camilla, mirando los maravillosos atardeceres fucsia del Índico. Amed me contaba la historia de su país con desgana y yo apuntaba en un bloc de notas con tedio. Primero me habló de sus productos principales: el sorgo, la mandioca, los aráquidos, el sésamo, incienso, mirra, y la goma arábiga. Posteriormente me habló sin orden de los antiguos tratados comerciales con los ingleses quedando reductos todavía en el establishment...&lt;br /&gt;Me explicó que habían sido colonia italiana hacia el 1908 y que cuando terminó la II Guerra Mundial perdieron sus derechos. Me dijo que el 1 de julio de 1960 se constituyó la República, que en 1969 al Presidente Abdi Rashid Ali Shermarke lo asesinaron...&lt;br /&gt;-Amed -le corté-, quisiera conocer las entrañas de este gran pueblo&gt;&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juanma, el Jefe de Redacción se levantó de un salto. La Agencia Efe mandaba por fax alguna noticia de última hora.&lt;br /&gt;-Ahora que se pone interesante... No continúes la historia hasta que vuelva -amenazó con una sonrisa amable.&lt;br /&gt;Arturo, el Director del Dominical se levantó a servir más café de un termo. Elisabeth se acercó hasta donde yo estaba y con cierto morbo me susurró al oído:&lt;br /&gt;-No pasaste miedo entre tantos hombres de color...&lt;br /&gt;Juanma entró de nuevo en la sala. Nos explicó que en Johannesburg habían muerto más de 30 personas en una manifestación, la mayoría zulús.&lt;br /&gt;-Las imágenes que mañana saldrán por televisión son escalofriantes. Un joven negro es apedreado hasta morir... Ya he encargado que Lauren, el especialista en asuntos surafricanos escriba el artículo.&lt;br /&gt;-Quieres continuar... -azuzó Elisabeth.&lt;br /&gt;El Director General, al otro lado de la cristalera, sudaba copiosamente...&lt;br /&gt;Amed se tomó mis palabras como un reto de espadas en alto. Yo, Ariadna, sabía que no caía bien al guía/traductor. Nos sostuvimos la mirada durante un buen rato, sin decirnos nada. Amed debería pensar que yo era una mojigata asustadiza como la inmensa mayoría de europeas que él había conocido. Amed se autocompadecía de sí mismo. Debía pensar que si hubiera nacido en cualquier otro lugar, ahora sería un profesor universitario. A mí, a veces me parecía inteligente, otras veces me parecía un estafermo, un badulaque ridículo y presuntuoso.&lt;br /&gt;-Si de verdad quieres conocer nuestro pueblo, iremos a Bardera bordeando el río Juba -me miró con auténtica provocación.&lt;br /&gt;Acepté. No pude pegar ojo durante toda la noche. La temperatura en el interior de la habitación alcanzaba los 35 grados, el aire acondicionado no funcionaba, la ducha se había estropeado y yo era un manojo de nervios.&lt;br /&gt;Intenté serenarme. La luz crepuscular era diáfana y permitía ver las aguas mansas del océano. Mi corazón todavía latía con fuerza inusitada. Pensar en las tribus indígenas -he de reconocerlo- me excitaba y soliviantaba a la vez.&lt;br /&gt;Llené mi zurrón de alimentos en conserva. Tenía la garganta seca como si tuviera las arenas del desierto de Ogaden dentro de mí. Agoté la botella de agua mineral pensando que no sabía cuando volvería a beber agua. Saqué fuerzas de flaqueza y me dije que pasara lo que pasara, nunca me volvería atrás...&lt;br /&gt;-He de deciros que yo ya intuía que el Periódico iba a cerrar irremisiblemente -hice un inciso; fijé la vista en el cabizbajo y cariacontecido Director General; luego miré a Elisabeth, hermosa y sin futuro...&lt;br /&gt;Continué. Al asomarme por la ventana observé junto al puerto a soldados americanos registrando con violencia a unos niños negritos. Busqué mi cámara y cuando iba a disparar, los soldados ya no estaban... La luna y mis pupilas serían los únicos testigos. El espectacular despliegue estadounidense era solamente una vitrina de colores de cara a la galería internacional. Lo vi tan claro como el agua...&lt;br /&gt;Amed y yo partimos al alba. Nos subimos al jeep y éste tosió dos veces antes de arrancar. En las afueras de Mogadisco había chabolas dispersas con andrajos tendidos. Hombres y mujeres de edad indefinida se acercaban a nuestro paso pidiendo algo que echarse a la boca. Amed aceleraba dándoles un pestilente chorro de humo...&lt;br /&gt;Un sol rojo se vislumbraba difuminado en el horizonte. Rodamos por una carretera empedregada bordeando una montaña con endémica vegetación. El sol apareció de nuevo colgando del cielo, como un limón encendido, plomizo, abrasador. Frente a nosotros, una inmensa llanura, seca, sin matorrales, sin senderos; parecía infinita. Perlas de sudor caían por mi espalda, mientras, Amed, conducía sin decir palabra. En la lejanía, un pastor llevaba un rebaño de cabras esqueléticas...&lt;br /&gt;-Se dirige al río... -comentó Amed, hablando por primera vez en lo que llevábamos de travesía-. El agua es un bien escaso.&lt;br /&gt;Durante el camino encontramos cebras muertas picoteadas por los carroñeros; encontramos ovejas disecadas; y hasta el esqueleto de un hombre aferrado a un bastón largo de desaliento. Amed paró el vehículo y sin bajarse dijo:&lt;br /&gt;-Ha muerto de sed -en sus ojos amaneció una lágrima, le tembló y se la tragó-. El río está tan sólo a unos tres quilómetros y no logró alcanzarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saqué del bolso la inédita fotografía y se la mostré a Elisabeth. La rubia, puso cara de repugnancia y se la pasó con avidez a Juanma. El Director General, con los ojos rojos de dolor, nos lanzó una esquiva mirada...&lt;br /&gt;Cuando llegamos al río Juba, Amed y yo nos bañamos con las ropas puestas. Amed salió y se secó al sol como si fuese una hoja de tabaco. Hizo una genuflexión y apoyó su espalda en un árbol grueso y renegrido de ramas retorcidas. Parecía que rezaba. De sus labios salían oraciones casi mudas que flotaban en el fragor del ambiente. Yo, me estiré a descansar al borde mismo del río. Corría una levísima brisa tan agradable, tan placentera que había que aprovecharla... Apenas faltaban unas decenas de quilómetros para llegar a la población de Bardera, pero necesitábamos descansar un momento. Mis ropas mojadas se habían pegado a mi cuerpo. Amed me miró... Me adormilé.&lt;br /&gt;Me despertó el rumor del río y los destellos irisados que provenían del sol aplastante reflejado en las aguas. A unos ochocientos metros hacia el interior oí cánticos tribales. Me asomé por encima de una colina... Después supe que era un grupo étnico llamado Guardafuí...&lt;br /&gt;Amed se apostó en la colina junto a mí. Me instigó a que volviéramos al jeep. &lt;&lt;esos&gt;&gt; El guía/traductor se amagó y me tiró de las mangas de la camisa para que le siguiera. El jeep tosió dos veces, pero esta vez no arrancó. Yo, ni corta ni perezosa, me lancé colina abajo, con mi sombrerito de paja en una mano y con el pañuelo de cuello en la otra; me lancé hacia la tribu. Escuché a mis espaldas que Amed me llamaba:&lt;br /&gt;-¡Ariadna, Ariadna!... ¿Estás bien de la cabeza?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo hice oídos sordos y seguí descendiendo hasta el valle, con el corazón en un puño, tal vez con imprudencia, pero con una firme decisión. Unos cuantos niños negros, desnudos, me recibieron cordialmente. El más pequeño me dio la mano y me acercó al poblado de no más de doce chozas. Los nativos pararon su cántico y me observaban con curiosidad. Los suspensorios apenas cubrían las partes pudendas -miré fijamente a Elisabeth y se avergonzó, pero no quedó decepcionada cuando le enseñé unas fotografías censuradas por el Director del Periódico-; las mujeres llevaban al descubierto sus pechos tostados y puntiagudos. Los demás niños saltaban alborotados a mi alrededor como si fueran abejas junto al panal. El negrito que me llevaba de la mano me acercó hasta un anciano, seco como la mojama. De pronto se formó un alboroto. Algunos nativos cogieron sus afiladas lanzas. Parecían auténticos guerreros en pie de guerra. Yo no entendía y la confusión se apoderó de mí. Sentí un pánico extremo. Tal vez hubiera debido hacer caso a las precauciones de Amed. Los nativos guerreros rodeaban al guía/traductor, blandiendo sus lanzas. Amed explicó en jerga de los Guardafuí que era el guía de Ariadna. El anciano levantó la mano y su palma apareció como una bandera blanca. Las lanzas se hundieron en la tierra seca formando un círculo. Amed habló con el anciano y le preguntó si podíamos quedarnos unos días con ellos. Sólo haríamos fotos si él lo permitía. El anciano accedió. Amed me dijo después que el anciano no era el jefe del poblado. Era el mago. Había accedido a que nos quedáramos con la única condición de que no visitáramos la última choza. Allí habitaba el jefe de la tribu. Reconozco que aquella prohibición me intrigó. Los niños nos ayudaron a montar la canadiense al principio del poblado. Un niño negro, delgado como el hilo de pescar y alto como un árbol me miraba receloso. - Es Alikhun, el hijo del jefe -Amed me tradujo las palabras del mago.- No debes molestarlo con preguntas-. Iba sin taparrabos y andaba renqueante. Amed me explicó mientras cubría con una lona el suelo de tierra de la tienda que Alikhun había sido víctima de los rituales de la circuncisión para pasar de la adolescencia a la madurez. Me acerqué al jeep y cogí el botiquín de emergencia. Al ofrecerle unas gasas a Alikhun para que dejara de sangrar, su mirada hacia mí cambió como de la noche al día. En sus pupilas negras como el azabache había agradecimiento...&lt;br /&gt;Tan cerca del ecuador, el sol del mediodía brillaba en bronce. Las chozas estaban distribuidas en dos hileras paralelas que convergían al final en una gran choza, la prohibida. El viejo mago, llamado Akhar, nos enseñó el poblado, la zona de pesca, las tierras de cultivo de sorgo y de mandioca. Íbamos acompañados de una nube de niños negros que saltaban alborotados a nuestro alrededor y que el viejo Akhar, con sus aspavientos, no conseguía disipar. Junto a nosotros pasó una jovencita embarazada. Sus pechitos desafiaban al sol y se quejaba dolorosamente colocando sus manos en el bajo vientre. Cuando quise acercarme para ayudarla, Amed me cogió del brazo. - La tradición Guardafuí dice que han de parir solas, sin ayuda de nadie -Amed traducía las palabras del mago-. Si no ocurre así, su honor será mancillado para siempre, y si nace vivo, su hijo será despreciado por los demás nativos-. - Duras palabras... -le dije directamente al mago.&lt;br /&gt;-Las palabras no son duras ni blandas -me contestó Akhar en su jerga-, es la vida la que es así.&lt;br /&gt;Alikhun pasó frente a mí a toda prisa. Me lanzó una sonrisa de dientes blancos que me emocionó, que me cautivó, que me embelesó; su cruel dolor debía haberse apaciguado...: su agradecimiento infinito lo pintaba en sus brillantes pupilas, lo irradiaba.&lt;br /&gt;La noche llegó de pronto con un chispazo en el cielo que lo abrió en dos partes. Comenzó a llover con goterones gruesos como granos de maíz. Durante diez minutos fue el diluvio universal. El cielo implacable se desahogaba. Amed y yo nos metimos en la canadiense. La verdad, temía más a Amed que a aquella tribu de nativos que luchaban por sobrevivir con uñas y dientes, con dientes y uñas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Director del Periódico que estaba en el despacho contiguo al nuestro se mesó los cabellos blancos. Mi mirada se fue directamente a sus enrojecidos ojos. Los tenía encharcados. No podía soportar que después de estar diez años levantando el diario, por culpa de una mano negra desapareciera de un plumazo y lo sumiera en la ruina, en el más completo de los ostracismos. Abatido, hundió sus lágrimas en las palmas de la mano. Juanma abrió la boca para decir que era un nostálgico; no lo decía para molestarlo, sólo quería solidarizarse con su tragedia que era la de todos. Por la cabeza del Director del Periódico reptaba la mordedura de la desesperación, pero aquello no era nada comparado con el sufrimiento de aquella tribu. Juanma hizo un gesto de invitación, pero él soslayó el ofrecimiento. Prefirió la Soledad...&lt;br /&gt;Arturo conminó a Juanma a que sirviera más café. Como nadie aceptó, le llevó una taza temblorosa sobre el platillo de porcelana al Director. Tal vez podría aliviar su desconsuelo... Juanma le puso una mano en el hombro, pero el pobre hombre, abatido, no reaccionó. La vida ya no tenía motivación para él. El café se enfrió, solidificándose en su mirada de hielo. Tampoco se sabía el destino final del edificio, pero el Director General intuía que una Inmobiliaria lo convertiría en un bingo o en un Hipermercado o en un bloque de apartamentos de élite...&lt;br /&gt;Elisabeth y Arturo me pidieron que continuara...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante seis días y seis noches Amed y yo estuvimos conviviendo con aquellas gentes tan sencillas y llenas de bondad como famélicas. Había días que no tenían nada para echarse a la boca y fue así como por primera vez conocí lo que es pasar hambre. Los nativos no son nada egoístas y cuando la cosecha de maíz o de mandioca da su fruto, lo comparten estableciendo el siguiente orden: primero, los niños y ancianos, segundo, los pescadores y agricultores, tercero, las mujeres, y al final, el Gran Jefe Menshu.&lt;br /&gt;El último día que estuve en la tribu de los Guardafuí fue patético. Al alba, me despertaron los horrendos gritos de la nativa embarazada. Salí de la canadiense y me moví en dirección al río Juba, lugar de procedencia de los gritos. Amed me seguía, cauteloso como un gato montés, astuto como una pantera. La nativa embarazada estaba acuclillada junto a un árbol frondoso...&lt;br /&gt;El río Juba era un espectador privilegiado de la ancestral y dolorosa tradición. Quise ayudarla a parir pero el omnipresente Amed me lo impidió sujetándome de los codos. - Si quieres que la desgracia circunde su vida para siempre... ¡ayúdela! -me increpó soltándome. Sólo pude llorar como una Magdalena ante la indefensión de aquella hermosa y adolescente nativa. Su rostro estaba cuarteado por el dolor, sus mandíbulas apretadas apuntaban todavía a la luna, el sudor en sus pechos brillaba como mercurio.&lt;br /&gt;Observé con ternura como nacía un hermoso varón. Observé como cortaba el cordón umbilical con los dientes. Vi como lanzaba la placenta al río. Tanta naturalidad me superaba. Sentí que me desgajaba... No oía llorar al recién nacido y ahogué un grito en la base del estómago. La pena me pintó un velo en los ojos... De pronto escuché el llanto del bebé. Sentí alegre el corazón. Quise correr y abrazarla con mi calor, pero no debía hacerlo. Nació en mí una felicidad tan grande como nunca había existido...&lt;br /&gt;-De cada diez niños que nacen en la tribu mueren seis -me explicaba el pertinaz Amed-. Éste ha tenido suerte, o tal vez no...&lt;br /&gt;Al volver al poblado hablé con el viejo mago Akhar. Le rogué que me dejara hablar con el Gran Jefe Menshu. El viejo mago negó con la cabeza, pero el hijo del Gran Jefe, Alikhun, cogiendo a Akhar por la mismísima tibia, intercedió por mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habíamos desmontado ya la canadiense...&lt;br /&gt;Nos acercamos a la choza principal y la sangre corría acelerada por mis venas, tenía el corazón revolucionado. Sería un colibrí frente a un águila imperial... Amed, mi sombra, también estaba inquieto. Por aquel pasillo de chozas, nos seguían todos los miembros de la tribu. El descomunal silencio abarcaba la bóveda del cielo...&lt;br /&gt;El viejo Akhar, con el rostro pintado de sangre fresca de serpiente, nos acompañaba. Al llegar frente a la gran choza nos detuvimos. El viejo Akhar nos dio unas indicaciones: - No levantar la cabeza hasta que el Gran Jefe Menshu hable, no elevar el tono de la voz...&lt;br /&gt;El corazón me iba a estallar de impaciencia...&lt;br /&gt;El Gran Jefe Menshu era alto como una montaña. Debía medir cerca de los dos metros treinta centímetros. Justo el tamaño de la desesperación. Tenía el rostro cadavérico y camuflado por una espesa barba ceniza. Tenía un solo ojo color avellana -el otro ojo lo había perdido en su juventud durante una disputa; el rey de la selva se lo había arrancado de cuajo -de un certero zarpazo- mientras se disputaban un pequeño ñu que el Gran Jefe había derribado con su lanza; su cuerpo desnudo estaba constituido por una piel negra y reseca que remarcaba todos sus huesos. Nos indicó que nos sentáramos en el suelo de su humilde choza. Con gestos torpes y cansados, el esquelético líder se sentó cruzando las piernas y apoyando los talones sobre sus genitales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegados a este punto, la intuición me empujó la cabeza hacia la cristalera. El Director del Periódico, mudo, doblado en su sillón, semiamodorrado, se hundía los dedos en el pelo: su personal agonía se le encaramaba en los ojos vidriosos.&lt;br /&gt;-¿Quieres continuar?... -me increpó Elisabeth.&lt;br /&gt;Así lo hice:&lt;br /&gt;-¿Qué queréis de mí?, extranjeros - el hilillo de voz (como el último chorrito de agua de una fuente) del Gran Jefe Menshu salió débil, agotado.&lt;br /&gt;-Dile que sólo queremos conocerle y que nos hable de su tribu -me acerqué a Amed para que tradujera.&lt;br /&gt;El Gran Jefe Menshu nos habló con palabras mojadas de desesperación. Una desesperación tan alta como él. Nos dijo que su tribu, como tantas otras, pasaba hambre por culpa de los rivales señores de la guerra: Mohamed Farah Aidid y Ali Mahdi Mohamed. Ellos sólo buscan poder en medio de la miseria... -empezó a decir con voz trémula-, y a pesar del acuerdo de paz firmado por ellos el 24 de Marzo en Nairobi (nunca lo pusieron en práctica), el hambre y la podredumbre seguirá en nuestras paupérrimas tierras. Soldados extranjeros han venido con la coartada... y permiten que la tierra se beba nuestra propia sangre... Nuestra pacífica tribu ha sido reducida a la mitad en muy poco tiempo por incursiones de unos y de otros con sus "tubos de fuego"... -su voz se fue apagando hasta caer desmayada en un pozo de silencio perpetuo&gt;&gt;.&lt;br /&gt;El viejo mago Akhar nos invitó a salir. Ya junto al jeep nos dijo que el Gran Jefe Manshu llevaba dos meses sin alimento. Pronto sería sustituido por su hijo Alikhun para preservar lo que quedaba de la tribu de los Guardafuí...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el aeropuerto de Mogadisco, Amed, me besó ardientemente en los labios. Sus ojitos negros estaban anegados por las lágrimas. Quince días después de mi regreso recibí una misiva de Amed comunicándome que el Gran Jefe Menshu había muerto de inanición...&lt;br /&gt;Elisabeth no podía contener las perlas azules que caían de sus ojos de mar. Juanma y Arturo estaban también conmovidos. Empezaba a amanecer y a lo lejos se oían los motores de las últimas furgonetas que trasladaban los últimos diarios antes de cerrar definitivamente. Nuestra tragedia no era nada comparada con la tragedia de aquellas tribus. Nos despedimos estrechándonos la mano. La brisa del amanecer era fría como una cuchilla de hielo. Escuché como se cerraba la puerta metálica del almacén. El Periódico moría para siempre con aquel ruido cimbreante. De pronto, a mi espalda, oí una estremecedora detonación...&lt;br /&gt;Quizá..., si hubiera conocido al Gran Jefe Menshu..., tal vez, y digo sólo tal vez, nuestro hombre de los dedos hundidos en el pelo, hubiera sabido graduar, mesurar, administrar... el tamaño de la desesperación.&lt;br /&gt;Ginés Mulero Caparrós &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;(Desde Barcelona, España)&lt;br /&gt;(Mención Categoría Relatos de Viaje)&lt;br /&gt;Premio Eduardo de Literatura 2007 &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-6045976333716728516?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/6045976333716728516/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/10/mogadisco.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/6045976333716728516?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/6045976333716728516?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/10/mogadisco.html" title="Mogadisco" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SOwhMV6nWtI/AAAAAAAAAFg/Gxvoqpu_mFs/s72-c/Mogadisco.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEYARn08cCp7ImA9WxRREkQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-2189350620090707038</id><published>2008-09-24T18:30:00.002-03:00</published><updated>2008-09-24T18:35:47.378-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-09-24T18:35:47.378-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Yavi" /><title>Yavi (esp)</title><content type="html">&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SNqylJz24UI/AAAAAAAAAFY/Tt0Wj3uFtww/s1600-h/Yavi.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5249704667012063554" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SNqylJz24UI/AAAAAAAAAFY/Tt0Wj3uFtww/s400/Yavi.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;LAS PINTURAS MISTERIOSAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el valle de Yavi, sede del antiguo marquesado español del mismo nombre, hoy en la frontera de Argentina con Bolivia, se celebraba la Pascua de una manera excepcional. A pesar de que sólo había una aldea deshabitada, o quizá más bien por eso, los campesinos de las parroquias vecinas se daban cita allí para festejar la solemne fiesta, atraídos por la belleza del lugar y las viejas casas vacías de adobe que permitían la concurrencia de un millar de peregrinos, alojados durante toda la Semana Santa. Los volcanes recortaban el cielo, de un azul inmaculado que solamente se da en esos parajes de alta montaña, como gigantes triangulares y abstractos, cuyas cimas eternamente nevadas remedaban cabelleras fabulosas. La centenaria casona del Marqués del Valle, sobre una colina que domina el paisaje, lucía sus torrezuelas de piedra todavía intactas y un amplio patio donde se representaba la Pasión, al final de una via crucis que enlazaba las cruces elevadas al pie de los volcanes. El resto de las casas eran de barro sin calear y se mimetizaban con la tierra misma. En aquellos felices días de finales de los cincuenta del siglo pasado, era yo aprendiz de arqueólogo y acompañaba a uno de mis profesores en un viaje destinado a rescatar las curiosas muestras de arte rupestre (sobre piedra) de Yavi, en los cerros aledaños al valle, antes que terminaran de desaparecer por los fuertes sismos, frecuentes en la zona. Llegamos al sitio a lomo de mula, junto con las primeras procesiones, y nos alojamos, a cuenta del Gobierno Provincial de Jujuy, en una de las alas habitables de la casa del Marqués. El Juez de Paz del Distrito de Yavi nos ubicó lo mejor que pudo, con una cocinera a nuestra disposición y un farol de los que llaman sol de noche, de camisa incandescente. El resto de la iluminación era a vela o antorchas en todas las casas, amén de las fogatas para protegernos del frío, y donde los feligreses chamuscaban los pocos alimentos de que disponían. Había un solo cura, venido de la vecina ciudad de La Quiaca para oficiar el rito y supervisar las escenas del drama sagrado. Él ocupaba la habitación contigua a las nuestras, frente a la del Juez de Paz; dando todas a una galería cerrada que hacía las veces de capilla, donde se depositaban las imágenes traídas por las procesiones que bajaban de los cerros. El Sábado de Ramos, el Profesor Capdeville y yo partimos a lomo de mula para registrar las pictografías y petroglifos (pinturas y grabados) de Yavi, con sendas cámaras, escalas, lupas, enseres de andinismo y todo el resto de los útiles necesarios para calcar y fotografiar los dibujos en las rocas lo más fielmente posible. Llevábamos también una carpa y vituallas para varios días. Regresamos el Viernes Santo después de haber filmado o copiado casi todos los diseños, salvo los que se hallaban en lugares inaccesibles. En muchos de aquellos, el enigma de qué significaban se añadía al de cómo habían logrado hacerlos en sitios tan escarpados. En la mayoría de los casos encontramos las consabidas siluetas humanas y de animales, sobre todo llamas, y otras más simbólicas de difícil interpretación. Había, empero, una imagen pintada que superaba cualqier espectativa y nos dejó atónitos. Era la más nítida y bien conservada de todas, y parecía haber sido hecha ayer. Como probablemente se trataba de una pintura elaborada con elementos orgánicos, el Profesor envió muestras a Jujuy, que debían llegar a un laboratorio de la Capital Federal, para detectar su edad mediante la prueba del carbono 14, recién implementada entonces. La figura, de azul y rojo brillantes, representaba claramente la efigie de un astronauta, con escafandra, tubos a la espalda y una serie de extraños utensilios colgados del cinturón. Detrás suyo, se veía el perfil de uno de los volcanes y algo que parecía una nave espacial redonda sobre el cielo del mismo, de un celeste inconfundible. La nave, que remedaba la forma de dos platos superpuestos, llamada en esa época plato volador, era de tono dorado, y el volcán gris.&lt;br /&gt;- Demasiados colores para una pictografía indígena…-sentenció el Prof. Capdeville- demasiado perfecto el diseño, el doble plano de silueta y fondo y, sobre todo, el inusitado motivo. El carbono 14 disipará las dudas. Me imagino que es obra de un pintor actual o de principios de siglo.&lt;br /&gt;- Yo no estaría tan seguro…-dije con una audacia de la que después me arrepentí- Se han encontrado pinturas similares, de cierta antigüedad, en rocas del Desierto de Sahara y otros sitios aislados.&lt;br /&gt;- No con esta perfección; además, bien pueden haber representado brujos o chamanes con máscaras y utensilios sagrados o mágicos. ¿Ha tomado ya la fotografía infrarroja?&lt;br /&gt;- Sí, Profesor, disculpe, pero, con todo respeto, hay tantos indicios de la existencia e incluso aterrizaje de seres extraterrestres en lo que va de este siglo, y más últimamente, que su hallazgo no resultaría tan extravagante…&lt;br /&gt;- Son todas fantasías generadas por el ansia que provoca la guerra fría: ver cosas raras en el cielo para no ver lo que puede ocurrir aquí en la tierra; la vieja hipótesis de Jung, que todavía es válida. Mejor olvídese de todo eso…&lt;br /&gt;- Si Ud. lo dice…&lt;br /&gt;Y no volví a tocar el tema hasta que, de vuelta en Yavi, revelamos las fotos. Ya me había dado cuenta de que el Profesor Capdeville era de los que le niegan al alumno toda posibilidad de tener razón. Pero el revelado mostró otro elemento extraordinario: sobre la ladera del volcán, borrada por la erosión eólica y la lluvia, y por haber sido pintada de color amarillo, más vulnerable que los otros, había una cruz, como las de madera clara que plantaban los peregrinos al pie de los volcanes para señalar la via crucis.&lt;br /&gt;- La cruz confirma la relativa contemporaneidad del dibujo -afirmó el Profesor, exultante.&lt;br /&gt;- Si un margen de cuatro siglos le parece a Ud. contemporáneo…&lt;br /&gt;- ¿Qué quiere decir?&lt;br /&gt;- Que el cristianismo prevalece en esta zona desde mediados del siglo XVI, como Ud. bien lo sabe… -me atreví a insinuar retomando coraje.&lt;br /&gt;- Seguro que esto es muy reciente, apenas una década o menos; el amarillo se descolora rápido y aquí también nieva bastante en invierno, por la altura. No lo olvide, ¿estamos?&lt;br /&gt;No respondí a esto último y esperé una mejor oportunidad para rebatirle, cuando llegara el cómputo del carbono. Tenía la intuición de que la cosa no sería tan sencilla.&lt;br /&gt;Era, como se dijo, un Viernes Santo, y La Pasión estaba en su apogeo. El Profesor se retiró temprano, cansado por la expedición a las montañas y porque, como él mismo afirmó, no le interesaban esas paparruchadas religiosas. Yo me mezclé con los peregrinos y asistí a la teatralización de la muerte en la cruz, que fue impresionante. A diferencia del Profesor Capdeville, que era un arqueólogo absoluto y vivía en el mundo de la Prehistoria, a mí me interesaban también la Etnología y el Folklore, las costumbres actuales y los seres vivos que las matenían. El que hacía de Jesús era un indio coya* joven con el cabello largo hasta la cintura, apenas cubierto por un taparrabos y un corto poncho blanco y negro a rayas que no le aliviaba la presión de la cruz sobre la espalda. Tenía puesta una corona de espinas reales que se le clavaban en el cuero cabelludo. Había lágrimas en sus ojos y su rostro, dorado por el sol de la tarde, parecía resplandecer. Las Tres Marías y otras mujeres lloraban de verdad a cierta distancia de la cruz. Uno de los centuriones le clavó luego su lanza en el costado, y me pareció que salía sangre de verdad.&lt;br /&gt;Pero lo que vi después transformó todo el realismo de la escena bíblica: un mestizo alto, vestido con un mameluco cerrado azul y rojo, y una escafandra de vidrio soplado similar a la de la pictografía de Yavi, seguía a la figura del Nazareno a pocos pasos. Me quedé alelado, eran demasiadas coincidencias. Pensé volver a la casa del Marqués y despertar al Profesor, pero lo medité mejor y me abstuve de hacerlo; él, de todos modos. no le daría importancia. En cambio, hablé con el mestizo, pidiéndole permiso para tomarle una foto. Al principio se negó, pero ante mi promesa solemne de que publicaría la fotografía en un diario de la ciudad de Jujuy, comenzó a ablandarse, y aceptó que le sacara la foto, permitiéndome también hacer unas buenas tomas de toda la procesión. La sugestión final fue para él irresistible:&lt;br /&gt;- Tengo un buen aguardiente, si quiere lo compartiremos después de La Pasión…&lt;br /&gt;De su cinturón colgaban objetos similares a los de la pictografía, imitaciones hechas de madera y cartón, y detrás de él venía un anciano portando la cruz de la última estación de la via crucis. El volcán, al fondo, y el cielo parcialmente cubierto por las dos cruces tenían los mismos colores que en el dibujo de Yavi, y ahí logré la mejor instantánea de todas, para mostrársela luego al Profesor. La representación de ese día culminaba con la muerte de Jesús en la cruz, así como la de los ladrones a sus flancos, y concluía con el entierro de Cristo en la improvisada capilla de la casa del Marqués, escenas logradas con un realismo abrumador. Después nos fuimos con el astronauta, que respondía al nombre de Tupac, y la damajuana de aguardiente que nos había enviado el Juez de Paz por si teníamos frío, al otro lado de la semi-derruida mansión, bajo el alero de una galería en ruinas. Recién al vaciar la damajuana -tres cuartos él, un cuarto yo- se dignó a contestar a las reiteradas preguntas sobre su atuendo.&lt;br /&gt;- No lo sé del todo bien...Esto mismo, ropas y objetos, lo usaron mi padre, mi abuelo y mi tatarabuelo, quizás también sus propios antecesores, en Semana Santa. Parece ser que un espíritu, un ángel, o un Viracocha* así vestido, llegó para esta fecha hace muchos años, tal vez siglos, y salvó al jefe de mi familia de la muerte e hizo curas y milagros entre la gente enferma. Desde entonces, no sé cuándo, su imagen forma parte de la procesión.&lt;br /&gt;- ¿Sabe de dónde vino ese Viracocha?&lt;br /&gt;- Los Viracochas vienen del cielo...&lt;br /&gt;- Verdad. ¿Y sabe a qué se parece el disfraz?&lt;br /&gt;- Pues...Nunca he pensado en ello.&lt;br /&gt;- A un astronauta, como los que viajarán algún día a la luna; ¿no los ha visto en el cine, o la televisión?&lt;br /&gt;- Ahora que Usté lo dice, sí, una vez en el cine de La Quiaca. ¡Carajo, tiene razón! Nunca me había fijado en eso...&lt;br /&gt;No dijo más, pero con eso bastaba. Le dí las gracias y le pedí los datos del caserío donde vivía en los cerros, para enviarle por correo el periódico jujeño donde saldría la foto. Luego me fuí a verlo al cura, que estaba mateando** en su habitación. Le conté todo, y se quedó un buen rato callado. Luego destapó su propia damajuana de aguardiente, igual a la otra y obsequio de la misma persona; bebió un largo trago y finalmente me contestó:&lt;br /&gt;- Lo veo todos los años e ignoro qué significa. Pero ha de ser una superstición más de estos indios, de las que están plagados sin remedio...&lt;br /&gt;El viejo consejo de los buenos maestros arqueólogos que yo había oído alguna vez, incitaba a indagar en el folklore local como una fuente posible -si bien nunca segura- para interpretar el arte rupestre, cuando ya se han excavado, con o sin resultados, las cercanías de los grabados y pinturas. Esto último ya lo habíamos hecho arriba, con el Profesor Capdeville, antes de venirnos; mas no hallamos nada de valor en los sondeos practicados al azar. La alternativa, en cambio, aunque no contaba con el beneplácito del Profesor, me había dado buenos frutos: la presencia evidente de un personaje similar a una pintura rupestre, en la tradición del teatro popular semanasantero de la zona. En eso estaba, meditando sobre si se lo diría o no a Capdeville, cuando el anciano que portaba la cruz detrás del astronauta se acercó a mí, mascullando en baja voz:&lt;br /&gt;- Todos me conocen como el viejo Huáscar; soy de San Antonio de los Cobres y vengo todos los años. En mi familia se recuerda que un lejano antepasado portaba la cruz de la última estación de la via crucis, detrás del hombre de la máscara transparente, hace mucho tiempo; se hallaba muy enfermo, pero con sólo haber estado cerca de éste su dolencia desapareció para siempre. Vengo a decirle esto porque Tupac me contó la conversación que tuvo con Vuesa Mercé.&lt;br /&gt;- Gracias por su gentileza -le respondí, mientras le convidaba con unos cigarros de hoja que siempre llevo conmigo, preguntándole de inmediato cuánto tiempo creía él que había pasado desde aquella curación milagrosa de su antepasado.&lt;br /&gt;- No sabría decirle, Señor, pero fue hace mucho, tanto, que hasta el nombre de ese afortunado pariente se nos ha olvidado; mas no así su lugar en la procesión, detrás del Hombre de la máscara transparente.&lt;br /&gt;- ¿Quién cree Usted que era él ?&lt;br /&gt;Se quedó un buen rato elucubrando respuesta, hasta que al final, sin hesitar, respondió:&lt;br /&gt;- Quizá era un santo, uno de los apóstoles, aunque no podría decirle cuál...&lt;br /&gt;- ¿Y a qué se debe que la máscara de Tupac es como la de los astronautas?&lt;br /&gt;- Quizá bajó de alguna de esas naves misteriosas que surcan el cielo...&lt;br /&gt;- ¿Las ha visto, las ve a menudo?&lt;br /&gt;- Sólo las luces, en la noche; de día una sola vez; son como un pan redondo, dorado, recién salido del horno.&lt;br /&gt;Cuando ya se iba, le hice la última pregunta:&lt;br /&gt;- ¿Quién podría decirme algo más sobre el Hombre de la máscara transparente?&lt;br /&gt;- Amaru, el que dobla a Jesucristo –respondió a regañadientes.&lt;br /&gt;Después de agradecerme mucho por los cigarros, desapareció en la penumbra del crepúsculo, al encenderse las primeras hogueras. Tanto Tupac como él habían apreciado mucho mis regalos, y lamenté no tener mayor provisión de los mismos. Había podido comprobar la acentuada pobreza de esa gente: las tumbas del cementerio estaban rodeadas de botellas de alcohol medicinal, de noventa y cinco grados grados, y los había visto fumar las clásicas chalas,*** pero sin nada dentro. Para cerrar el ciclo tenía que hablar con el joven de la larga melena, depositario, por estirpe, del papel fundamental en aquella obra de imaginería popular cuyo origen estaba en los conventos de la época de la Colonia. No tenía qué obsequiarle, salvo unas latas de conservas que también provenían del Juez de Paz, en caso de que llegásemos a pasar hambre. Al principio no quiso aceptarlas, pero las dejé de todos modos, sabiendo que con ellas comerían esa noche él y los demás actores del drama. Lo llevé aparte, lejos de la fogata donde estaban también las Marías, los legionarios, y los dos ladrones crucificados. Le conté brevemente lo que me habían dicho Tupac y Huáscar, incluida la alusión de este último a su persona, e inquirí sin más prolegómenos:&lt;br /&gt;- ¿Quién, o qué era el Hombre de la máscara transparente?&lt;br /&gt;Amaru se tomó su tiempo, como los demás, y al final susurró quedamente, como si fuera un secreto celosamente guardado:&lt;br /&gt;- El era el propio Cristo, el INRI. En aquella lejana época de las primeras procesiones, se sacrificaba de verdad a los que hacían este papel, como reiterando el sacrificio del Señor, quien, como decían los frailes, había muerto por todos nosotros. Lo crucificaban en los cerros, donde están las pinturas, lejos de la vigilancia de los padrecitos, aunque ellos les habían enseñado aquel misterio. Pero el Hombre de la Máscara salvó a uno de mis antepasados, poniéndose en su lugar y cambiando sus ropas por las de Él, que otro no podía ser. Desde entonces comprendieron Su mensaje y no murió nadie más, sufriendo sólo algunos de Sus tormentos, como la corona de espinas, o la herida de la lanza en el costado, como lo habrá visto. Se lo agradecemos, hasta el día de hoy, incluyendo la figura del Hombre de la máscara transparente en la procesión; pero sólo los de mi familia sabemos toda la verdad.&lt;br /&gt;- ¿Y quién pintó la figura en la roca de Yavi?&lt;br /&gt;- Barrabás.&lt;br /&gt;- ¿Barrabás?&lt;br /&gt;- Sí, debería Usté saberlo, el ladrón que dejaron libre en lugar de Jesús...&lt;br /&gt;- Quiere Usted decir, ¿el que hizo de Barrabás en aquella representación?&lt;br /&gt;- Pues sí, el artista, el mejor pintor del Valle...&lt;br /&gt;- ¿Y hoy?&lt;br /&gt;- Ya nadie hace de Barrabás, ya no quedan pintores, hace mucho que se fueron para no morirse de hambre aquí. Tampoco vamos a las rocas de Yavi desde hace varios siglos.&lt;br /&gt;Alelado, le hice por fin, como a los otros, la pregunta clave:&lt;br /&gt;- ¿De dónde vino el Hombre de la máscara transparente?&lt;br /&gt;- De un plato volador que había aterrizado entre los cerros.&lt;br /&gt;- ¿Cómo lo sabe?&lt;br /&gt;- Como lo supo Usté, ¿o acaso no lo ha visto en la pintura de Barrabás?&lt;br /&gt;El Sábado de Gloria llegaron los datos del laboratorio. El Profesor Capdeville me los enseñó con un despectivo ademán:&lt;br /&gt;- Vea, tal como yo suponía, a esa imagen la han restaurado varias veces, ya que el carbono catorce señala fechas diferentes, la última hace sólo treinta años...&lt;br /&gt;- ¿Y la primera?&lt;br /&gt;- Es más antigua, pero sin duda se trata de un error debido a la superposición de capas de pintura erosionadas.&lt;br /&gt;- ¿Cuánto? –insistí.&lt;br /&gt;- Hasta trescientos ochenta años atrás, con un margen de error de cincuenta años. Aunque eso no prueba su teoría fantástica de viajeros extraterrestres y platos voladores.&lt;br /&gt;- ¿Se ha preguntado Usted porqué la han restaurado tantas veces?&lt;br /&gt;- No me interesa, que se ocupen de ello los etnógrafos y los diletantes. Para nosotros, los arqueólos de pura cepa, nada que no sobrepase los quinientos años o el límite de la Conquista, tiene importancia.&lt;br /&gt;Cuando ya nos íbamos, al mediodía del Domingo de Resurrección, todos los actores pascuales y otros peregrinos vinieron a despedirme.&lt;br /&gt;- ¡No sabía que Usted era tan popular! -exclamó el Profesor Capdeville, desdeñosamente- y subió a su mula sin saludar a nadie. Yo partí con la firme intención, y la promesa a mis nuevos amigos, de escribir todo esto en un diario de Jujuy y enviarles, a la dirección de Tupac, varios ejemplares y copias de todas las fotos. También les prometí volver, esta vez solo, para las próximas Pascuas. He cumplido ambas promesas. Ahora vivo en una de las casitas del Valle de Yavi, que ha pasado a ser de mi propiedad y he acondicionado a mi manera. Me casé con una peregrina, y el regalo de bodas fue la efigie de las rocas que, aún no sé cómo, ellos lograron arrancar intacta de su sitio. Me he hecho traer las más sofisticadas cámaras de rayos infrarrojos y otros artilugios, para ver si puedo descubrir los rasgos del Hombre de la máscara transparente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*Viracocha: dios indígena, de la época del Incario, señor del cielo.** Mateando: tomando mate: infusión de yerba mate, planta de origen sud- americano.*** Chalas: hojas de maíz.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;José Luis Najenson&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Tercer Premio Categoría Relatos de Viaje&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Premio Eduardo e Literatura 2007&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-2189350620090707038?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/2189350620090707038/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/09/yavi-esp.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/2189350620090707038?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/2189350620090707038?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/09/yavi-esp.html" title="Yavi (esp)" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SNqylJz24UI/AAAAAAAAAFY/Tt0Wj3uFtww/s72-c/Yavi.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkMDRH04eip7ImA9WxRSEEg.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-6777820016069685876</id><published>2008-09-10T10:46:00.001-03:00</published><updated>2008-09-10T10:47:55.332-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-09-10T10:47:55.332-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Río de Janeiro" /><title>Río de Janeiro</title><content type="html">&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SMfP_BCWBmI/AAAAAAAAAEg/USmHIc9f_r0/s1600-h/normal_brasil_rio-de-janeiro_3041_0.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5244388972613207650" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SMfP_BCWBmI/AAAAAAAAAEg/USmHIc9f_r0/s320/normal_brasil_rio-de-janeiro_3041_0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Es un carioca tocando el órgano y cantando boleros como Caetano en Fina estampa, mientras la gente bebe su Caipirinha y alguien fuma un cigarrito a escondidas detrás de la puerta del baño.&lt;br /&gt;Es el bar donde Vinicius escribió su Garota de Ipanema, las mesas de madera garabateadas y una librería de viejo donde revuelvo a gusto y trato de entenderme con la mujer que atiende y dejo mi dirección para quedar en contacto, y un negocio en una esquina con ángeles tallados y vestidos blancos, ocres, de novias de otra época, y es el sol, y también la sombra húmeda de las casas de la calle Vinicius.&lt;br /&gt;Es el trapo sucio con el que está vestida la chica negra que limpia las mesas en un Fast Food en Copacabana, y las palomas enormes que comen de las manos y las redes de pescadores expuestas en un día de feria.&lt;br /&gt;Es el trencito que sube al Corcovado entre las plantas con hojas gigantescas y el Cristo que turísticamente nos bendice y nos saluda con sus brazos abiertos.&lt;br /&gt;Es la salida de Río y el centro y los suburbios y la gente que espera los ómnibus para ir a trabajar y las casitas modestas de los morros.&lt;br /&gt;Es el viaje en el velero que sale de Angra y tirarme al sol en una isla cualquiera de la Costa Verde mientras un perro vagabundo y con tirones de pelos arrancados me hace gracias y se acuesta a mi lado y alguien me dice que esto es porque irradio un aura de bondad y yo, desesperadamente, quiero creerlo.&lt;br /&gt;Es el corazón en la boca, explotando de miedo en el cablecarril que nos lleva al Pan de Azúcar y la ciudad iluminada y un abrazo.&lt;br /&gt;Es el Arpoador y las olas rompiendo en las piedras y probar esa agua de coco que, definitivamente, no me gusta, y la farofa; y ahora este día nublado por la ventana y la música de Djavan en la radio después de caminar mucho más de una hora por la playa, por callecitas que bajan y suben y que tal vez nunca más vuelva a transitar, por la avenida que bordea Lagoa, con sus edificios de lujo, de cristales y mármoles, después de caminar- dije- y ahora esperarte.&lt;br /&gt;Es la Floresta da Tijuca y el mar en el otro costado y los caminos por los túneles que cortan en dos los morros; y es el colectivo equivocado que nos deja a la entrada de la Rocinha, mudos de sorpresa y curiosidad..&lt;br /&gt;Y es ahora de nuevo Buenos Aires en el mediodía de domingo, muy pocas horas de sueño, el reencuentro con la familia, el voto por legisladores, la estufa de nuevo encendida y el gato despatarrado sobre la alfombra.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-6777820016069685876?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/6777820016069685876/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/09/ro-de-janeiro_10.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/6777820016069685876?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/6777820016069685876?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/09/ro-de-janeiro_10.html" title="Río de Janeiro" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SMfP_BCWBmI/AAAAAAAAAEg/USmHIc9f_r0/s72-c/normal_brasil_rio-de-janeiro_3041_0.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CUYHQng8cCp7ImA9WxdaGEg.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-1901157922619771950</id><published>2008-08-27T12:59:00.004-03:00</published><updated>2008-08-27T13:05:33.678-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-08-27T13:05:33.678-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Valparaíso" /><title>Valparaíso</title><content type="html">&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SLV64bsFQ_I/AAAAAAAAAEQ/aw-4tyKnsyw/s1600-h/valparaiso.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5239228851439354866" style="FLOAT: left; 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Lo separan tan sólo las hirsutas montañas en cuyas cimas se levantan, como obeliscos, grandes cactus hostiles y floridos. Sin embargo, algo infinitamente indefinible distancia a Valparaíso de Santiago. Santiago es una ciudad prisionera, cercada por sus muros de nieve. Valparaíso, en cambio, abre sus puertas al infinito mar, a los gritos de las calles, a los ojos de los niños.&lt;br /&gt;En el punto más desordnado de nuestra juventud nos metíamos de pronto, siempre de madrugada, siempre sin haber dormido, siempre sin un centavo en los bolsillos, en un vagón de tercera clase. Eramos poetas o pintores de poco más de veinte años, provistos de una valiosa carga de locura irreflexiva que quería emplearse, extenderse, estallar. La estrella de Valparaíso nos llamaba con su pulso magnético.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Valparaíso es secreto, sinuoso, recodero. En los cerros se derrama la pobretería como una cascada. Se sabe cuánto come, cómo viste (y también cuánto no come y cómo no viste) el infinito pueblo de los cerros. La ropa a secar embandera cada casa y la incesante proliferación de pies descalzos delata con su colmena el inextinguible amor. Pero cerca del mar, en el plano, hay casas con balcones y ventanas cerradas, donde no entran muchas pisadas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pequeños mundos de Valparaíso, abandonados, sin razón y sin tiempo, como cajones que alguna vez quedaron en el fondo de una bodega y que nadie más reclamó, y no se sabe de dónde vinieron, ni se saldrán jamás de sus límites. Tal vez en esos dominios secretos, en estas almas de Valparaíso, quedaron guardadas para siempre la perdida soberanía de una ola, la tormenta, la sal, el mar que zumba y parpadea. El mar de cada uno, amenazante y encerrado: un sonido incomunicable, un movimiento solitario que pasó a ser harina y espuma de los sueños.&lt;br /&gt;En las excéntricas vidas que descubrí me sorprendió la suprema unidad que mostraban con el puerto desgarrador. Arriba, por los cerros, florece la miseria a borbotones frenéticos de alquitrán y alegría. Las grúas, los embarcaderos, los trabajos del hombre cubren la cintura de la costa con una máscara pintada por la fugitiva felicidad. Pero otros no alcanzaron arriba, por las colinas; ni abajo, por las faenas. Guardaron en su cajón su propio infinito, su fragmento de mar.&lt;br /&gt;Y lo custodiaron con sus armas propias, mientras el olvido se acercaba a ellos como la niebla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Valparaíso a veces se sacude como una ballena herida. Tambalea en el aire, agoniza, muere y resucita.&lt;br /&gt;Aquí cada ciudadano lleva en sí un recuerdo de terremoto. Es un pétalo de espanto que vive adherido al corazón de la ciudad. Cada ciudadano es un héroe antes de nacer. Porque en la memoria del puerto hay ese descalabro, ese estremecerse de la tierra que tiembla y el ruido ronco que llega de la profundidad, como si una ciudad submarina y subterránea echara a redoblar sus campanarios enterrados para decir al hombre que todo terminó.&lt;br /&gt;A veces, cuando ya rodaron los muros y los techos entre el polvo y las llamas, entre los gritos y el silencio, cuando ya todo parecía definitivamente quieto en la muerte, salió el mar, como el último espanto, la gran ola, la inmensa mano verdad que, alta y amenazante, sube como una torre de venganza barriendo la vida que quedaba a su alcance.&lt;br /&gt;Todo comienza a veces por un vago movimiento y los que duermen despiertan. El alma entre sueños se comunica con profundas raíces, con su hondura terrestre. Siempre quiso saberlo. Ya lo sabe.&lt;br /&gt;¡Valparaíso de mis dolores!... ¿Qué pasó en las soledades del Pacífico Sur? Estrella errante o batalla de gusanos cuya fosforescencia sobrevivió a la catástrofe.&lt;br /&gt;La noche de Valparaíso. Un punto del planeta se iluminó, diminuto, en el universo vacío. Palpitaron las luciérnagas y comenzó a arder entre las montañas una herradura de oro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cumbres de Valparaíso decidieron descolgar a sus hombres, soltar las casas desde arriba para que estas titubearan en los barrancos que tiñe de rojo la greda, de dorado los dedales de oro, de verde huraño la naturaleza silvestre. Pero las casas y los hombres se agarraron a la altura, se enroscaron, se clavaron, se atormentaron, se dispusieron a lo vertical, se colgaron con dientes y uñas de cada abismo. El puerto es un debate entre el mar y la naturaleza evasiva de las cordilleras. Pero en la lucha fue ganando el hombre. Los cerros y la plenitud marina conformaron la ciudad, y la hicieron uniforme, no como un cuartel, sino con la disparidad y la primavera, con su contradicción de pinturas, con su energía sonora. Las casas se hicieron colores: se juntaron en ellas el amaranto y el amarillo, el carmín y el cobalto, el verde y el purpúreo. Así cumplió Valparaíso su misión de puerto verdadero, de navío encallado pero viviente, de naves con sus banderas al viento. El viento del Oceáno Mayor merecía una ciudad de banderas.&lt;br /&gt;Yo he vivido en esos cerros aromáticos y heridos. Son cerros suculentos en que la vida golpea con infinitos extramuros, con caracolismo insondable y retorcijón de trompeta. En la espiral te espera un carrusel anaranjado, un fraile que desciende, una niña descalza sumergida en su sandía, un remolino de marineros y mujeres, una venta de la más oxidada ferretería, un circo minúsculo en cuya carpa sólo caben los bigotes del domador, una escala que sube a las nubes, un ascensor que asciende cargado de cebollas, siete burros que transportan agua, un carro de bomberos que vuelve de un incendio, un escaparate en que se juntaron botellas de vida o muerte.&lt;br /&gt;Pero estos cerros tienen nombres profundos. Viajar entre estos nombres es un viaje que no termina, porque el viaje de Valparaíso no termina ni en la tierra, ni en la palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Neruda. (Fragmentos de &lt;em&gt;Confieso que he vivido&lt;/em&gt;)&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-1901157922619771950?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/1901157922619771950/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/08/valparaso.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/1901157922619771950?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/1901157922619771950?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/08/valparaso.html" title="Valparaíso" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_5GJ5pCLhS-w/SLV64bsFQ_I/AAAAAAAAAEQ/aw-4tyKnsyw/s72-c/valparaiso.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0cHQHg8cSp7ImA9WxdUGUQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-1414187669680624934</id><published>2008-08-06T00:57:00.001-03:00</published><updated>2008-08-06T00:57:11.679-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-08-06T00:57:11.679-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="English" /><title>Athens</title><content type="html">&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SIJOsu5jjAI/AAAAAAAAAEA/oQW1uiu7Gwk/s1600-h/Atenas%5B1%5D.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5224825048113843202" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SIJOsu5jjAI/AAAAAAAAAEA/oQW1uiu7Gwk/s320/Atenas%5B1%5D.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;The city with the most glorious history in the world, a city worshipped by gods and people, a magical city. The enchanting capital of Greece has always been a birthplace for civilization. It is the city where democracy was born and most of the wise men of ancient civilization of ancient world flourished in Athens.&lt;br /&gt;Who hasn’t heard of the Acropolis of Athens? Photos and history of the most archaelogical monument in Europe have made the world tour causing feelings of admiration by thousands of people. Acropolis is nominated to be one of the seven wonders of the Modern World. In fact, the trademark of Athens is one of the favourites. The Holy Rock of Acropolis dates back to the 5th BC, the famous Golden Age of Periklis.&lt;br /&gt;The Propylaea are the monumental entrances to the sacred area dedicated to Athena, the patron goddess of the city. Built by the architect Mnesicles with Pentelic marble, their design was avant-garde. To the South West of the Propylae, on a rampart protecting the main entrance to the Acropolis is the Ionian Temple of Apteros Nike. The inscrptions on the numerous and precious offerings to the sanctuary of Athena (marble korai, bronze and clay statuettes and vases) indicate that the cult of the city’s patron goddess was established as early as the Archaic period (650- 480 BC)&lt;br /&gt;Athens met times of bloom and decline, but still shines under the Attic sky gazing the future. Still sparlkling like the marbles of the Parthenon and the limpid white of Pentelic marble.&lt;br /&gt;Athens is situated in the prefecture of Attica and extends to the Peninsula that reaches up to the Central Greece. It is surrounded by mountains. The sun is shining over Athens all year round.&lt;br /&gt;Athens is constantly inhabited since Neolithic Age. The 5th century was the time of its ultimate bloom, when moral values and civilization surpassed city limits and became the mother land of western civilization.&lt;br /&gt;In the centuries that followed, many conquerors tried to take over Athens. In 1834 Athens was chosen to be the capital of the newly established Greek State.&lt;br /&gt;The city that now hosts more than 4,5 million people was constructed around the Acropolis walls. Today is the political, social, cultural, financial and commercial center of Greece.&lt;br /&gt;Athens is a city of different aspects. Plaka, the old neighbourhoods, reveal the coexistence of different eras. Old mansions, well-preserved one and other worn down by time. Luxurious department stores and small intimate shops, fancy restaurants and traditional taverns. The heart of Athens beats in Syntagma Square where Parliament and most of the ministries are. Monastiraki, Kolonaki and Lycabettus Hill are also there. Athens and Attica in general have the most important archaelogical monuments (Acropolis, Odeion of Herodes Atticus, Olymbion, Roman Market, Panathinaiko Stadium, the Temple of Poseidon in Sounio)&lt;br /&gt;In the capital you will admire many imposing neoclassic buildings, true ornaments of the city (the Greek Parliament, Athens Academy and University) and the museums of our cultural inheritance (Archaelogical Museum, Military Museum, Byzantine Museum)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Homer (&lt;a title="Ancient Greek" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Ancient_Greek"&gt;ancient Greek&lt;/a&gt;: Ὅμηρος, Homēros) is an &lt;a title="Ancient Greek" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Ancient_Greek"&gt;ancient Greek&lt;/a&gt; &lt;a title="Epic poetry" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Epic_poetry"&gt;epic&lt;/a&gt; &lt;a title="Poet" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Poet"&gt;poet&lt;/a&gt;, traditionally said to be the author of the epic poems the &lt;a title="Iliad" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Iliad"&gt;Iliad&lt;/a&gt; and the &lt;a title="Odyssey" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Odyssey"&gt;Odyssey&lt;/a&gt;. The ancient Greeks generally believed that Homer was a historical individual, but some modern scholars are skeptical: no reliable biographical information has been handed down from &lt;a title="Classical antiquity" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Classical_antiquity"&gt;classical antiquity&lt;/a&gt;. According to &lt;a title="Martin Litchfield West" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Martin_Litchfield_West"&gt;Martin West&lt;/a&gt;, "Homer" is "not the name of a historical poet, but a fictitious or constructed name."&lt;a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/#cite_note-0"&gt;[1]&lt;/a&gt; The poems are now widely regarded as the culmination of a long tradition of &lt;a title="Oral poetry" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Oral_poetry"&gt;orally composed poetry&lt;/a&gt;, but the way in which they reached their final written form, and the role of an individual poet, or poets, in this process is disputed. By the reckoning of scholars like &lt;a title="Geoffrey Kirk" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Geoffrey_Kirk"&gt;Geoffrey Kirk&lt;/a&gt;, both poems were created by an individual genius who drew much of his material from various traditional stories. Others, like Martin West, hold that the epics were composed by a number of poets. &lt;a title="Gregory Nagy" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Gregory_Nagy"&gt;Gregory Nagy&lt;/a&gt; maintains that the epics are not the creation of any individual; rather, they slowly evolved towards their final form over a period of centuries and, in this view, are the collective work of generations of poets.&lt;br /&gt;The date of Homer was controversial in antiquity and is no less so today. &lt;a title="Herodotus" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Herodotus"&gt;Herodotus&lt;/a&gt; said that Homer lived 400 years before his own time, which would place him at about 850 BC;&lt;a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/#cite_note-1"&gt;[2]&lt;/a&gt; but other ancient sources gave dates much closer to the &lt;a title="Trojan War" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Trojan_War"&gt;Trojan War&lt;/a&gt;.&lt;a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/#cite_note-2"&gt;[3]&lt;/a&gt; For modern scholarship, "the date of Homer" refers to the date of the poems' conception as much as to the lifetime of an individual. The scholarly consensus is that "the Iliad and the Odyssey date from the extreme end of the 9th century BC or from the 8th, the Iliad being anterior to the Odyssey, perhaps by some decades."&lt;a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/#cite_note-3"&gt;[4]&lt;/a&gt;,i.e. somewhat earlier than &lt;a title="Hesiod" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Hesiod"&gt;Hesiod&lt;/a&gt;&lt;a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/#cite_note-4"&gt;[5]&lt;/a&gt;, and that the Iliad is the oldest work of western literature. Over the past few decades, some scholars have been arguing for a 7th-century date. Those who believe that the Homeric poems developed gradually over a long period of time, however, generally give a later date for the poems: according to Nagy, they only became fixed texts in the 6th century.&lt;a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/#cite_note-5"&gt;[6]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Alfred Heubeck states that the formative influence of the works of Homer in shaping and influencing the whole development of Greek culture was recognised by many Greeks themselves, who considered him to be their instructor.&lt;a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/#cite_note-6"&gt;[7]&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-1414187669680624934?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/1414187669680624934/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/08/athens.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/1414187669680624934?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/1414187669680624934?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/08/athens.html" title="Athens" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SIJOsu5jjAI/AAAAAAAAAEA/oQW1uiu7Gwk/s72-c/Atenas%5B1%5D.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkIMQH8_cCp7ImA9WxdVF0U.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-5898265492234697872</id><published>2008-07-23T00:43:00.001-03:00</published><updated>2008-07-23T00:43:01.148-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-07-23T00:43:01.148-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><title>BUENOS AIRES</title><content type="html">&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SIJOUvv_vRI/AAAAAAAAAD4/KePFN97-A74/s1600-h/la_boca_caminito%5B1%5D.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5224824636025322770" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SIJOUvv_vRI/AAAAAAAAAD4/KePFN97-A74/s320/la_boca_caminito%5B1%5D.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;ARRABAL&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El arrabal es el reflejo de nuestro tedio.&lt;br /&gt;Mis pasos claudicaron&lt;br /&gt;cuando iban a pisar el horizonte,&lt;br /&gt;y quedé entre las casas,&lt;br /&gt;cuadriculadas en manzanas&lt;br /&gt;diferentes e iguales&lt;br /&gt;como si fueran todas ellas&lt;br /&gt;monótonos recuerdos repetidos&lt;br /&gt;de una sola manzana.&lt;br /&gt;El pastito precario,&lt;br /&gt;desesperadamente esperanzado,&lt;br /&gt;salpicaba las piedras de la calle&lt;br /&gt;y divisé en la hondura&lt;br /&gt;los naipes de colores del poniente&lt;br /&gt;y sentí Buenos Aires.&lt;br /&gt;Esta ciudad que yo creí mi pasado&lt;br /&gt;es mi porvenir, mi presente;&lt;br /&gt;los años que he vivido en Europa son ilusorios,&lt;br /&gt;yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FUNDACIÓN MÍTICA DE BUENOS AIRES&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y fue por este río de sueñera y de barro&lt;br /&gt;que las proas vinieron a fundarme la patria?&lt;br /&gt;Irían a los tumbos los barquitos pintados&lt;br /&gt;entre los camalotes de la corriente zaina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensando bien la cosa, supondremos que el río&lt;br /&gt;era azulejo entonces como oriundo del cielo&lt;br /&gt;con su estrellita roja para marcar el sitio&lt;br /&gt;en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron&lt;br /&gt;por un mar que tenía cinco lunas de anchura&lt;br /&gt;y aún estaba poblado de sirenas y endriagos&lt;br /&gt;y de piedras imanes que enloquecen la brújula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,&lt;br /&gt;durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,&lt;br /&gt;pero son embelecos fraguados en la Boca.&lt;br /&gt;fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una manzana entera pero en mitá del campo&lt;br /&gt;expuesta a las auroras y lluvias y suestadas.&lt;br /&gt;La manzana pareja que persiste en mi barrio:&lt;br /&gt;Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un almacén rosado como revés del naipe&lt;br /&gt;brilló y en la trastienda conversaron un truco:&lt;br /&gt;el almacén rosado floreció en un compadre,&lt;br /&gt;ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el primer organito salvaba el horizonte&lt;br /&gt;con su achacoso porte, su habanera y su gringo.&lt;br /&gt;El corralón seguro ya opinaba Yrigoyen,&lt;br /&gt;algún piano mandaba tangos de Saborido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una cigarrería sahumó como una rosa&lt;br /&gt;el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,&lt;br /&gt;los hombres compartieron un pasado ilusorio.&lt;br /&gt;Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:&lt;br /&gt;la juzgo tan eterna como el agua y el aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BUENOS AIRES&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la ciudad, ahora, es como un plano&lt;br /&gt;de mis humillaciones y fracasos;&lt;br /&gt;desde esa puerta he visto los ocasos&lt;br /&gt;y ante ese mármol he aguardado en vano.&lt;br /&gt;Aquí el incierto ayer y el hoy distinto&lt;br /&gt;me han deparado los comunes casos&lt;br /&gt;de toda suerte humana; aquí mis pasos&lt;br /&gt;urden su incalculable laberinto.&lt;br /&gt;Aquí la tarde cenicienta espera&lt;br /&gt;el fruto que le debe a la mañana;&lt;br /&gt;aquí mi sombra en la no menos vana&lt;br /&gt;sombra final se perderá, ligera.&lt;br /&gt;No nos une el amor sino el espanto;&lt;br /&gt;Será por eso que la quiero tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Luis Borges&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-5898265492234697872?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/5898265492234697872/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/07/buenos-aires.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/5898265492234697872?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/5898265492234697872?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/07/buenos-aires.html" title="BUENOS AIRES" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SIJOUvv_vRI/AAAAAAAAAD4/KePFN97-A74/s72-c/la_boca_caminito%5B1%5D.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;C0MHRHY_fCp7ImA9WxdWF04.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-6866144168165923878</id><published>2008-07-09T16:20:00.003-03:00</published><updated>2008-07-10T20:10:35.844-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-07-10T20:10:35.844-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Santo Domingo" /><title>Santo Domingo (esp)</title><content type="html">&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SHUUZQle3UI/AAAAAAAAADI/qshhuPAwrrs/s1600-h/Santo+Domingo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5221101767187422530" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SHUUZQle3UI/AAAAAAAAADI/qshhuPAwrrs/s400/Santo+Domingo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Santo Domingo me remite siempre, más allá de sus calles, sus monumentos, sus paisajes y su gente, a la escritora Julia Alvárez. Ella tenía diez años cuando sus padres debieron exilarse a los Estados Unidos de Norteámerica, procedentes de República Dominicana, poco antes de que el General Trujillo fuera asesinado. Su novela En el tiempo de las mariposas, se basa en un hecho real ocurrido en su país.&lt;br /&gt;El 25 de noviembre de 1960 se encontraron los cuerpos de tres hermanas, al pie de un acantilado, en la costa. El diario oficial de la época, El Caribe, da cuenta de que ha ocurrido un accidente. No se menciona en ningún momento que las mujeres eran oponentes al régimen dictatorial del General Trujillo y que una cuarta hermana sigue con vida. Pero esto no resulta necesario porque todo el pueblo conoce a “las mariposas”.&lt;br /&gt;Después de varias décadas de este episodio, Julia Alvárez nos sumerge con su escritura en esos peligrosos años de la historia del Caribe Hispánico y recrea, en la ficción, las vidas de las hermanas Mirabal.&lt;br /&gt;Minerva, Patria, María Teresa y Dedé relatan sus historias desde su propia perspectiva, alimentadas con detalles de la vida cotidiana y doméstica, acontecimientos históricos y políticos, sentimientos, dolores y afectos. Dedé, la hermana sobreviviente, cuenta de qué forma Minerva desencadenó la tragedia de la familia al rechazar en público los avances de Trujillo, cómo Patria se unió al movimiento opositor desde la misma iglesia católica, cómo María Teresa llegó a la revolución por seguir a un amor, cómo ella misma se mantuvo alejada de la oposición clandestina y crió a los hijos de sus hermanas ausentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es el deporte, en nuestro caso, el que nos hace recorrer ciudades. Ciudades que nos hacen conocer la historia. Historia que nos remite a sus personajes. Personajes que, esta vez, nos encaminan hacia la literatura:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;... Recorre la casa rápidamente con la mujer. El dormitorio de mamá, el mío y de Patria, pero más tiempo mío, pues Patria se casó tan joven, el de Minerva y María Teresa. No dice que el otro dormitorio era el de su padre después de que él y su madre dejaran de dormir juntos. Allí están las fotografías de las tres muchachas, antiguas fotos favoritas que ahora resplandecían en los carteles cada noviembre, haciendo que esas instantáneas, antes íntimas, parecieran demasiado famosas para ser las hermanas que conoció.&lt;br /&gt;(...)&lt;br /&gt;Era el centenario de nuestra patria. Desde el día de la independencia, el 27 de febrero, había habido celebraciones y representaciones. Patria celebró su vigésimo cumpleaños ese día y dimos una gran fiesta en Ojo de Agua. Esa fue la manera en que nuestra familia organizó un acto patriótico para demostrar su apoyo a Trujillo. Simulamos que la fiesta era en su honor (...) No sólo mi familia hacía una gran demostración de lealtad sino todo el país. Ese otoño, de vuelta en el colegio, recibimos nuevos libros de historia con un retrato de ya saben quien grabado en relieve en la tapa, de modo que hasta un ciego se daba cuenta a quien se referían esas mentiras. Nuestra historia seguía el argumento de la Biblia. Los dominicanos habíamos aguardado durante siglos el advenimiento de Nuestro Señor Trujillo. Era un asco.&lt;br /&gt;(...)&lt;br /&gt;Hubo gritos y luego, cinco hombres camuflados vinieron corriendo a través del campo. Detrás de ellos avanzaban los campesinos que habíamos visto al llegar, seguidos de una docena de guardias armados con machetes y ametralladoras. Los hombres perseguidos se agazapaban y corrían en zig-zag mientras se dirigían a la protección del convento. Llegaron hasta la plataforma de madera a la entrada. Alcancé a ver claramente las caras ensangrentadas y frenéticas.&lt;br /&gt;(...)&lt;br /&gt;Por lo general, de noche, las oigo cuando me voy quedando dormida. A veces estoy en el borde mismo de la inconciencia, esperando como si su llegada fuera la señal para poder dormirme (...) Algunas noches, cuando estoy preocupada por algo, me quedo hasta después que llegan, y oigo algo más. El espectral, espeluznante crujido de botas de montar, una fusta que acaricia el cuero, un paso perentorio que me despierta de un sacudón y hace que encienda las luces de toda la casa. La única manera de ahuyentar la cosa mala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Extractos de En el tiempo de las mariposas de Julia Alvárez. Editorial Atlántida. Buenos Aires, 1995. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-6866144168165923878?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/6866144168165923878/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/07/santo-domingo-esp.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/6866144168165923878?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/6866144168165923878?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/07/santo-domingo-esp.html" title="Santo Domingo (esp)" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://bp2.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SHUUZQle3UI/AAAAAAAAADI/qshhuPAwrrs/s72-c/Santo+Domingo.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkECQXg6fSp7ImA9WxdXFE4.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-1243137907586057589</id><published>2008-06-25T20:08:00.005-03:00</published><updated>2008-06-25T21:04:20.615-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-06-25T21:04:20.615-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Christchurch" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="English" /><title>Christchurch (eng)</title><content type="html">&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SGLcoRFaAkI/AAAAAAAAAC4/G9szFkZnb8U/s1600-h/Avon+River.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5215973902787412546" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SGLcoRFaAkI/AAAAAAAAAC4/G9szFkZnb8U/s400/Avon+River.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SGLcRKSa5tI/AAAAAAAAACw/3ZrR8taQRHE/s1600-h/Avon+River.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5215973505825957586" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SGLcRKSa5tI/AAAAAAAAACw/3ZrR8taQRHE/s320/Avon+River.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Christchurch is a very special city. A wealth of attractions, festivals, entertaiment, heritage and culture combine to make it a wonderful place to live, work and spend time.&lt;br /&gt;Its Maori name is OTAUTHAI. Legends tell of early tribes who arrived by land or canoe of the Waitaha, Ngati Mamoe and, later, Ngai Tahu of Tautohi, one of the Ngai Tahu chiefs who built his “pa” more than 200 years ago on the banks of the Otakaro (Avon River.)&lt;br /&gt;By the time, European settlement began in the 1840’s, no more than 500 lived in Canterbury, as a result of fierce confrontations with the Northern Maori tribes. It was with their assistance that the first European colonists received food and shelter.&lt;br /&gt;The city of Chirstchurch today is New Zealand’s third largest city. It is a city built for people, known as the Garden City. At its centre are the expansive Hagley Park and the Avon River. Christchurch lies on the edge of the New Zealand largest plain, bounded to the East by the Pacific coastline and the hills of Banks Peninsula and looking inwards to the mountains of the Southern Alps.&lt;br /&gt;The early British colonists dreamed of establishing a Church of England settlement and their success is most evident in Cathedral Square, dominated by the Christchurch Cathedral. This place is a busy pedestrian area, well known for its market days and fruit and flowres vendors.&lt;br /&gt;Old stone buildings nestle beside modern shopping malls and high-rise office blocks, and it is this combination of the new and the historical that give Christchurch its unique character. The Canterbury Provincial Government Buildings are an example of High Victorian architecture. Nearly stands the Bridge of Remembrance, a proud monument to the soldiers of World War.&lt;br /&gt;New Regent St., a faithfully restored, pinturesque Spanish colonial styled mall is lined with cafés to suit all tastes. New Regent St. is a major feature of the 2,5 km. tram route that operates around the centre of Christchurch.&lt;br /&gt;Worcester Boulevard features attractions such the Antigua Boatsheds, the Robert Mc Dougall Art Gallery and the Canterbury Museum. Across the road from the museum is the Arts Centre, formerly the site of the University of Christchurch.&lt;br /&gt;In the Christchurch Botanical Gardens you will find the finest single collection of exotic and indigenous plants in New Zealand. The gardens cover 30 hectares and feature broad walking tracks, attractive vistas, floral features, trees, conservatories and statues encompassed by the Avon River.&lt;br /&gt;Across the river you will find Hagley Park, which covers 161 hectares and was declared a public reserve in 1856.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I remember now my few days in Christchurch and I know that each day that I spent there, there was something fresh for me to experience. Around every corner there were new surprises. Each day was a new and different adventure. But the most important memory that I brought in my heart was the beautiful banks of the Avon River, where I spent a lot of hours reading, relaxing, writing and missing my faraway children, in not a very good time. It gave me the peace and the serenity for continuing with a better and hopeful life.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-1243137907586057589?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/1243137907586057589/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/06/christchurch-eng.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/1243137907586057589?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/1243137907586057589?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/06/christchurch-eng.html" title="Christchurch (eng)" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://bp3.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SGLcoRFaAkI/AAAAAAAAAC4/G9szFkZnb8U/s72-c/Avon+River.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0cAR3w8fip7ImA9WxdQEkw.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-3460190921207896420</id><published>2008-06-11T16:53:00.006-03:00</published><updated>2008-06-11T17:10:46.276-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-06-11T17:10:46.276-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="San Juan" /><title>San Juan (esp)</title><content type="html">&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SFAwVMEnSnI/AAAAAAAAACo/UGYLkQxXP44/s1600-h/Puerto+Rico+2007+044.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5210717909443627634" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SFAwVMEnSnI/AAAAAAAAACo/UGYLkQxXP44/s320/Puerto+Rico+2007+044.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;SIN PENSARLO DEMASIADO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hay turistas y hay viajeros, dice Paul Bowles; turistas apurados por recorrer, ansiosos por volver y contar lo que recuerdan haber visto; viajeros apasionados que analizan, disfrutan, estudian y se desplazan con lentitud de un punto a otro de la tierra.&lt;br /&gt;Yo soy una viajera. Una viajera limitada por cuestiones laborales y por las políticas cambiarias de un país de sobresaltos. Soy una viajera, obligada, en los últimos años, al placer diferente de viajar sola, por eso de las vueltas de la vida, claro. Pero, soy una viajera, y dólar más, dólar menos, nada frena mis emociones y mis ganas de conocer.&lt;br /&gt;Hacía mucho que Puerto Rico, la Borinquen de los taínos, estaba en mis planes. Hacía poco que una línea aérea realizaba vuelos directos a precios atractivos. Buenos Aires – San Juan obviaba Miami, la espera y otras cuatro horas de vuelo.&lt;br /&gt;Una noche bastante incómoda y corta transformó al invierno de Buenos Aires, indiferente y gris, en un verano intenso, colorido y sofocante. Primeras impresiones, contundentes, para demostrarme que la intuición no me había fallado.&lt;br /&gt;Puerto Rico es un Estado Libre y Asociado a los Estados Unidos. Tiene un gobernador, elegido por el pueblo, un parlamento y un representante en el Capitolio, con voz, pero sin voto. Coexisten un partido político independentista, otro que quiere mantener el statu quo y otro que pretende ser una estrella más en la bandera americana. Por lo tanto, Puerto Rico es una isla del Caribe diferente, con una vida próspera y cómoda, similar a la de los Estados Unidos, con el sabor y el desorden y las ganas de vivir del latino. Entrar a la Isla es igual que entrar a la Unión; por lo tanto, hay un control riguroso de todos aquellos que quedamos de este lado del mundo, sobre todo de las pobrezas vecinas. Tan doloroso como imposible.&lt;br /&gt;Por suerte, mi trámite fue rápido. Eran épocas de “relaciones carnales”. Sólo algunas preguntas para asegurarse de mi regreso. Unos pocos minutos, varios sellos y los equipajes ya viajaban sobre la monotonía negra de las cintas, entre policías fornidos y perros que alardeaban de su gran sentido del olfato.&lt;br /&gt;Con mis bolsos a cuesta, me paré frente a una de las puertas, que se abrió, automáticamente. Fue mi primer contacto con el aire caliente, extraño, quizá por lo agobiante, que no dejaría de acompañarme nunca, y que se adueñó de mis narices, mojó mis manos y le dio a mi piel un instantáneo brillo de celofán. Vulgarmente, se podría hablar de un horno prendido a la temperatura máxima. Estás en el Caribe y es verano, me dije. Después de todo, a mí siempre me gustaron los veranos auténticos y ostentosos. Los veranos verdaderos, que ya no existen en nuestra Costa Atlántica. Veranos eran los de antes, decía mi abuela.&lt;br /&gt;Tenía una reserva en un pequeño hotel de Isla Verde. Allí descansaría y planificaría los días siguientes. Isla Verde está a pocos minutos del aeropuerto, es una zona de restaurantes, departamentos y hoteles, la mayoría con salida directa a la playa. Algunos, sencillos, como el mío. Otros, lujosísimos, como el espectacular Hotel San Juan. Todos comparten la misma franja de arena, el mismo mar transparente, las palmeras interminables.&lt;br /&gt;Lo primero que aprendí es que los hoteles son un punto de encuentro, de reunión social. En los bares y en los casinos de esos hoteles, los turistas se confunden con los boricuas, que se juntan a comer, a tomar tragos, a jugar, y muy fuerte. Ajena totalmente al cholulismo nacional, tengo que confesar que, una noche, en el San Juan, pasé una respetable cantidad de minutos esperando ver a Silvester Stallone. Gran desilusión y unos cuantos dólares perdidos, junto con el tiempo, en una mesa de ruleta. De todos modos, valió la pena compartir, un rato, un estilo de vida, que jamás estará a mi alcance. No creo en los milagros.&lt;br /&gt;Tomar el transporte público es una buena forma de sentirse parte de un lugar. Además es barato. Como la mayoría de la gente tiene auto, las “guaguas” no son tan numerosas como nuestros colectivos porteños, pero sí mucho más grandes, modernas, confortables y respetan los horarios, lo que facilita mucho más las cosas. Sentarme en una y recorrer la corta distancia que hay entre Isla Verde y el Viejo San Juan, fue saludable y reconfortante, por el aire acondicionado, por la prolijidad de las avenidas, por el mar que, cada tanto, aparecía para tentarme. Old San Juan, decía el cartel. Me sonreí con pena, tal vez, por el spanglish o por la pérdida de identidad, o porque recordé, de repente, una canción de Javier Solís, que, no sé en qué recoveco de mi memoria se había metido. Con un plano, a veces abanico improvisado, caminé calles empedradas, tarareando y armando como rompecabezas la letra olvidada. Casas coloniales, conventos que nunca pensaron ser hoteles de cinco estrellas, murallas con torretas, bares, restaurantes y negocios. El Parque de las Palomas, a un costado de la Calle del Cristo, fue un descanso, demasiado sucio y arrullado, camino a la Casa del Gobernador. Antes de seguir hasta el Castillo de San Felipe, el Morro, era necesario reponer fuerzas. Encontré un restaurante criollo. Ni probar, con ese sol y semejante temperatura, el arroz con habichuelas típico. Unos tostones, una ensalada y una cerveza helada me bastaron para seguir caminando, para recorrer la antigua fortaleza de piedra y sentirme un verdugo moderno de Sir Francis Drake. En la parte más alta, el aire era tan fresco y azul como el mar. No daban ganas de volver. Esperé que un crucero entrara en la enorme bahía, cerré los ojos, soñé y regresé en un tren turístico donde nadie hablaba español. El recorrido terminaba en los muelles, repleto de barcos de lujo. Para seguir soñando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me encanta levantarme temprano, caminar por la playa, meterme en el agua, sin sufrir por el frío, y leer tirada sobre la arena, pero desayunar frente al mar, a la sombra de las palmeras, sobre una enorme terraza, constituía un placer increíble. Era el momento para estudiar, entre café y café, los mapas y los folletos que iba acumulando. Preguntar y hablar con la gente es el mejor complemento de las guías y los empleados del hotel fueron generosos con las recomendaciones de sus lugares predilectos, de los sitios que recorrieron de niños, de playas lejanas vírgenes de extranjeros. El tamaño de la isla era risueño comparado con nuestras distancias. Dicen que en un día, siguiendo la autopista costera, se puede cerrar la vuelta.&lt;br /&gt;Armé un recorrido posible. Nada firme, todo lo contrario. Seleccioné algunos puntos clave, y de ahí en más, las ganas, lo imprevisto y la sorpresa.&lt;br /&gt;Llegué a Arecibo en busca del Observatorio, atraída por el proyecto SETI de búsqueda de inteligencia extraterrestre. Después de un camino de montaña, bastante deteriorado, abrupto y lleno de curvas, me encontré con el radiotelescopio más grande y más impresionante del mundo. Un plato enorme ubicado estratégicamente entre montañas, apuntando al espacio, y un centro de visitantes donde hacen crecer el entusiasmo. Muy cerca, entre las montañas calizas, hay otra maravilla, diferente, por lo natural: el sistema de cavernas del Río Camuy, el tercer río subterráneo más importante del mundo, que puede verse entre cuevas apasionantes, llenas de moho, de estalactitas y de murciélagos, rodeadas por una selva enmarañada y verde.&lt;br /&gt;La humedad, el calor y las alturas abruman, pero el mar, siempre cerca, estimula. Me habían recomendado Cabo Rojo. Hay varias playas, una más espectacular que otra, todas frente al Canal de la Mona, infectado de tiburones, por el que, a veces, pateras repletas de dominicanos intentan entrar al territorio americano.&lt;br /&gt;Me instalé en Boquerón, una enorme bahía de aguas demasiado tranquilas y playas ruidosas, donde la música es constante. Es el lugar que prefieren los puertorriqueños, y hay muchos hoteles y paradores económicos edificados sobre la mismísima arena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era temprano. Los coquís ya habían dejado de cantar. José caminaba solo, por la orilla. En ese momento, si me hubiera animado, podría haber cambiado algo de mi historia.&lt;br /&gt;José tenía la mirada intensa y el tono irresistible de los puertorriqueños. Me hizo reír a carcajadas, me enseñó a comer ostras con limón sobre los acantilados rojos cercanos al Faro, me contó anécdotas inquietantes, me volvió a la calma de sentirme cuidada y en compañía. Nunca entendió mi apuro y mi deseo de verlo todo en tan pocos días y me obligó a esperar una noche sin luna para ir a la bahía fosforescente de La Parguera. Conocer este pueblito de pescadores valió la pena. Esperar la noche más oscura, también. Fuimos en su bote hasta lo más profundo, llegamos cuando regresaban los barquitos de turistas. La soledad y el silencio asustaban, pero José me aseguró que no iba a arrepentirme. Nos metimos en la tranquilidad pasmosa del agua, negra como la noche y cálida como el aire. Al primer contacto con nuestros cuerpos, el agua pareció llenarse de estrellas que seguían nuestros movimientos. Son millones de microorganismos dinoflagelados que emiten luz cuando se los perturba.&lt;br /&gt;Nada perturbó nuestra noche en medio del Mar Caribe. Nada perturbó nuestro regreso a Boquerón y el amor que probamos en mil playitas solitarias.&lt;br /&gt;En mi mapa quedaron círculos pendientes: Ponce, el Parque Ceremonial Indígena, el Yunque y sus leyendas de bases extraterrestres, de desapariciones, de misiles apuntando al Sur. Quizás una próxima vez. Por lo pronto, comprobé que el mismo lugar se puede redescubrir una y mil veces, hasta el cansancio, y que, hasta lo más insignificante se puede volver fantástico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buenos Aires era una realidad cada vez más cercana. No me quedé en la Isla como José me propuso incansablemente. No pude. ¿Eso de las estructuras, eso de los amores de vacaciones? No lo sé, la cuestión es que me fui como escapando. Eso de la falta de coraje para cambiar la historia.&lt;br /&gt;Pero, bueno, tampoco hace tanto que hice este viaje y puedo volver en cualquier momento. Porque todavía las luces brillan en la bahía; porque todavía los coquís siguen derrotando el silencio de las noches; porque me espera; porque lo extraño. Porque acabo de decidirlo, sin pensarlo demasiado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;María Cristina Bernard&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Mención Categoría Relatos de viaje&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Premio Eduardo de Literatura, 2007&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-3460190921207896420?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/3460190921207896420/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/06/san-juan.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/3460190921207896420?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/3460190921207896420?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/06/san-juan.html" title="San Juan (esp)" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SFAwVMEnSnI/AAAAAAAAACo/UGYLkQxXP44/s72-c/Puerto+Rico+2007+044.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0cGRH45eyp7ImA9WxdQEkw.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-1707981520185756849</id><published>2008-05-28T14:22:00.001-03:00</published><updated>2008-06-11T17:10:25.023-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-06-11T17:10:25.023-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ljubljana" /><title>Ljubljana (esp)</title><content type="html">&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SD2WeandK_I/AAAAAAAAACY/Mua_g8NjWt8/s1600-h/ljubljana3.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5205482193595214834" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SD2WeandK_I/AAAAAAAAACY/Mua_g8NjWt8/s320/ljubljana3.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Los techos: rojos, negros y grises a dos aguas, con excéntricas viseras, cortas, simétricas, necesarias para que la lluvia y la nieve no interfieran en los vidrios y resguarden las ventanas. Enmarcados en suaves laderas, perdidos unos de otros en el escenario de un frondoso bosque teñido de verdes claros, oscuros, ocres y obscenos amarillos. Las torres de cada iglesia sobresaliendo del paisaje, acá y allá; terminadas todas en crestas negras, doradas, rojas o verdes, con su cruz impertérrita acercando el cristianismo como un imán a las cercanas viviendas de chimeneas humeantes aún en primavera. Así comienza el camino a Ljubljana que termina entrando a la ciudad de casas bajas, calles de nombres impronunciables, vías estrechas con muchas curvas, paredes de colores pálidos y ventanas floridas. Luego, el verde, los árboles, el Ljubljanica serpenteando en medio de la ancestral metrópoli, jugando en sus costados con las piedras, los sauces y los puentes. Esos de grandes dragones que permiten la entrada a la ciudad vieja, esos que acompañan el recorrido de su río y los pasos de los transeúntes que se maravillan con las delicias del entorno minimalista y el detalle de su castillo que espía desde arriba, en la ladera. Allí, en las puertas giratorias de ese castillo, donde por primera vez me enamoré de Ljubljana, alguna vez alguien se quedó encerrado por un buen rato al volver de Postojna, de esas cuevas únicas que enmarcan las historias de la resistencia entre estalagmitas, estalactitas y el tiempo del hombre y la naturaleza.&lt;br /&gt;Esa ciudad que, vista desde el aire es un mosaico de colores encerrados entre montañas cercanas y picos distantes, por ríos vivoreantes, que llegan hasta el sur, al Adriático, al pretencioso Portoroz y al norte de los lagos, con la fantasía del Bled que no parece, sino que es, un lugar mágico. Su belleza, la pacífica pantalla de colores diversos, su isla en medio mostrando con respeto y orgullo su iglesia medieval y el susurro del viento y el agua que mecen las ramas y las pequeñas olas como queriendo hacerlas dormir. Se lo ve desde el castillo a lo alto. Se lo siente con cada latido que, de tan cargado de emociones, se embriaga de incredulidad. Y todavía siguen los lagos.&lt;br /&gt;Ya no visito Ljubljana, simplemente &lt;em&gt;vuelvo&lt;/em&gt; a Ljubljana. Alberga al resto de mi familia que allí conocí. Donde en la misma mesa comieron algunos de mis hijos y otros hijos, donde bajo el mismo techo dormimos con mi mujer y otros hermanos, donde camino con mis afectos y no puedo evitar emocionarme en cada esquina, con cada historia, con las estatuas y leyendas, con la mujer enamorada como yo, que todavía espera, inmortalizada en una pared, mirando de reojo la catedral y la plaza de la ciudad vieja donde se reúne la juventud, donde todo lo nuevo se mimetiza con lo antiguo, donde todo lo antiguo protege lo nuevo, donde la música gana las tardes y las tardes se vuelven noches y las velas encienden las mesas iluminando las copas de vino y las risas que no cesan.&lt;br /&gt;Esa es &lt;em&gt;mi&lt;/em&gt; Ljubljana de Eslovenia. Mi necesidad de estar, mi destino de siempre volver. Mi necesidad de contarle al mundo de su belleza, de intentar compartirla con todos los que quiero, de extrañarla cuando pasa el tiempo y no la camino.&lt;br /&gt;El destino quiso que fuera la sede un campeonato de Maxi. Ese destino, aunque no parezca, la descubrió al mundo, para convertirla definitivamente en la ciudad más linda de Europa. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-1707981520185756849?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/1707981520185756849/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/05/ljubljana.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/1707981520185756849?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/1707981520185756849?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/05/ljubljana.html" title="Ljubljana (esp)" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SD2WeandK_I/AAAAAAAAACY/Mua_g8NjWt8/s72-c/ljubljana3.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0cERnk4cSp7ImA9WxdQEkw.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-3999733069077518482</id><published>2008-05-14T11:46:00.002-03:00</published><updated>2008-06-11T17:10:07.739-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-06-11T17:10:07.739-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Riga" /><title>Riga (esp)</title><content type="html">&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SCr7vg38vKI/AAAAAAAAACQ/7z53xdyaFew/s1600-h/riga_01_thmb.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5200245513449684130" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SCr7vg38vKI/AAAAAAAAACQ/7z53xdyaFew/s320/riga_01_thmb.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Salí del hotel de la calle Valdemara iela esa mañana soleada del 14 de junio y vi las casas y los edificios y los monumentos y los museos con enormes escarapelas cruzadas de luto. Ventanas cerradas. Ventanas abiertas. Persianas de metal y de madera, pero todas con crespones, con banderas moradas a media asta en los mástiles. - Hoy estamos en Riga - pensé refregándome los ojos con despertares recientes. Y esta ciudad no había tenido ese aspecto el día anterior, lo sabía, cuando habíamos llegado después de un viaje corto en avión desde Praga y habíamos caminado hasta los puentes frente al río, esperando un espectáculo de carreras de lanchas que al fin no vimos. Lo que vimos fueron juegos de kermesse con puestos con globos, chicas con helados, niñitos con copos de azúcar y una orquesta que seguía tocando desde un escenario improvisado. La gente buscaba desesperadamente estallidos de colores, tal vez por tanto tiempo añorados: mujeres con vestidos amarillos y negros con zoquetes fucsia, hombres en trajes de alpaca sin corbata y ojotas en los pies, ancianas sentadas al sol con pañuelos en la cabeza y sombreros de fieltro con flores.Al anochecer - un anochecer que nunca se haría noche del todo - habíamos seguido por las calles deshabitadas y oscuras hasta el restaurant Nostalgija iluminado por destellos y cristales, con reminiscencias del barroco ruso, en el centro de la ciudad. Habíamos comido salmón ahumado y Solanka: una sopa espesa, picante y roja y, en el Mc Donald's de enfrente, habíamos visto celebrarse una boda con eternas felicidades y brindis entre hamburguesas y French Fries. Cerca de la plaza, bandas de adolescentes alocados - acaso como todos los adolescentes del mundo - salían a festejar la noche del sábado con cervezas y baile. Una ambulancia paró a la puerta de un bar y se llevó a un viejo herido con una botella rota en una riña de alcohol habitual mientras las parejas miraban impávidas y seguían tomando café y Black Balsam en las mesitas de la vereda. -Oh, you have to taste the Black Balsam. Tienen que probar el Black Balsam- nos habían dicho en el restaurant.Y lo habíamos probado al Black Balsam, espeso, fuerte. Al llegar al hotel, las molduras de yeso de los techos comenzaron a darnos vueltas encima de la cabeza y nos quedamos dormidos sobre las almohadas a los pies de la cama ancha cubierta con edredones que no tuvimos que utilizar.Pero entonces ese sábado, en las esquinas y en los faroles y en las vidrieras y en los colegios, no habíamos visto los crespones negros empañando el morado de la bandera, esos crespones que recordaban con pavor - después lo sabríamos - la noche de ese mismo día de &lt;a href="http://www.occupationmuseum.lv/"&gt;1941 &lt;/a&gt;en la que se habían llevado deportadas a familias enteras a las estepas heladas de Siberia, a los campos de Vorkuta, de Povenecca, de Galanina -nombres, nombres difíciles que después nos resultarían familiares -; despertándolas a los gritos y entre bayonetas en la oscuridad. Eso no lo supe cuando esa mañana me quedé mirando desconcertada esos retazos de muerte en las ventanas y en los balcones y seguí caminando hasta el Bulevard Brivibas. Allí me encontré de frente con el Monumento a la Libertad, una mujer altísima y verde que sostenía en sus manos tres estrellas de oro.La base del monumento estaba cubierta de flores y un soldado custodiaba con una seriedad desmesurada todo el lugar. Un cartel pregonaba: No debe molestar al guardia. No se tolerará esta conducta. Las flores y la humedad del parque me hicieron olvidar de a poco de la triste impresión de las escarapelas negras. En la recepción del hotel me habían comentado sobre ciertos museos interesantes a los que podría recurrir para indagar en los años pasados –tal vez el Museo Histórico de Letonia o el Museo de Historia y Navegación-. Del Museo de Letonia me habían dicho que se encontraba en el Castillo de Riga, construido en el año 1330, que hallaría ahí la posibilidad de rastrear las raíces de su gente cerca del 9000 antes de Cristo, que vería de qué forma habían surcado los mares siguiendo a los vikingos para instalarse en esas tierras, que podría admirar las esculturas religiosas hechas en madera. El Museo de la Navegación me mostraría como la ciudad se había convertido de un pequeño poblado a las orillas del río Ridzeme en la que actualmente era. Pero, de cualquier modo, prefería ese día perderme por las calles que recién empezaba a conocer.Llegué a la Iglesia de St.Peter. Había leído que se la mencionaba en los documentos desde el 1200 pero que la torre se había agregado en 1690. Era la más elevada de toda Europa en ese tiempo y servía como observatorio de la ciudad. En lo alto de todas la cúpulas de las antiguas iglesias de Riga había visto que hay gallos y no cruces. – El gallo es un vigilante defensor contra el demonio- me habían advertido- y su canto en el amanecer puede ahuyentar los más terribles males y desgracias -. Según la tradición oral, luego de la restauración de la torre de St.Peter, el constructor debía sentarse sobre la espalda del gallo de piedra de la cúpula, beberse un buen vaso de vino y arrojarlo vacío desde esa altura. El número de astillas de vidrio en los que se rompiera el vaso correspondería al número de años que la torre se mantendría en pie. En 1745 el vaso había caído increíblemente sobre un carro con carga que pasaba por el camino y no había recibido daño alguno. La gente se aterrorizó y creyó que en poco tiempo la torre de la iglesia colapsaría pero fue recién durante la segunda guerra mundial - doscientos años después- cuando la torre se incendió junto con el resto del mismo edificio. En 1970, después de otra restauración, el arquitecto a cargo arrojó una copa vacía de champagne desde la espalda del gallo defensor y ésta se destrozó en mil pedazos sobre el asfalto así que, por supuesto, subí a la torre. Al bajar, seguí hasta Kalku iela. Ahí reconocí al restaurant de la noche anterior y al Mc Donald's enfrente, pero ya no estaban ni los adolescentes alocados ni el viejo herido ni ninguna botella rota. Tampoco ese olor dulzón a noche de verano. Estaba cansada.Me senté a la mesa de un bar también en la vereda y pedí en inglés un café. No era malo el café en Riga, suave, como el que se bebía en mi país. Abrí la guía de la ciudad. Leí: las tres estrellas doradas simbolizan tres de las cuatro regiones culturales e históricas del país: Latgale, Kurzeme y Vidzeme. Hasta con rima. ¿Quién lo hubiera imaginado? Yo más bien había pensado en los tres países bálticos unidos en su liberación del 91. ¿Y por qué razón el nombre Kurzeme me resultaba tan familiar? Tan lejano pero familiar. Como si alguna vez alguien lo hubiera mencionado: Kurzeme. Un lago cerca de Kurzeme. Pacífico. Calmo. Suave, como el café.Seguí leyendo en la guía turística: Swedish Gate: fue construida en 1698 en el antiguo muro que fortificaba la ciudad vieja y ahora forma parte del edificio de la Casa de los Arquitectos. Un fragmento del muro ha sido reciclado en la calle Torna. Volví a ponerme los anteojos y busqué en el mapa desplegado la calle Torna. Pagué mi café y me levanté despacio. No había ni una sola nube en el cielo. Me pedí a mí misma perdón por dejar de recordar el horror del pasado de ese país: ellos habían logrado seguir, y yo también. Se me acercó una frase que había leído hacía poco en una novela española: Ya no teme al futuro porque sabe que siempre podrá recordar esta noche... No pude remediar pensarme diez años antes. Imposible siquiera tratar de imaginarme que me imaginaba esa vida que ahora tenía, ese lugar en el que estaba. Siempre podría entonces recordar este día, esta noche, todos las noches y días que se entretejían en la trama. Como Riga, como toda Letonia, no le temía al futuro.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-3999733069077518482?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/3999733069077518482/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/05/riga.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/3999733069077518482?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/3999733069077518482?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/05/riga.html" title="Riga (esp)" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://bp2.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SCr7vg38vKI/AAAAAAAAACQ/7z53xdyaFew/s72-c/riga_01_thmb.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEYBQHg-eCp7ImA9WxdTF0o.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-8878126421408105856</id><published>2008-04-30T20:21:00.000-03:00</published><updated>2008-05-14T11:42:31.650-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-05-14T11:42:31.650-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Las Vegas" /><title>Las Vegas (esp)</title><content type="html">&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SBj_41wq4_I/AAAAAAAAACI/M2R4ikKG1m8/s1600-h/Las+Vegas+2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5195183522140840946" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SBj_41wq4_I/AAAAAAAAACI/M2R4ikKG1m8/s320/Las+Vegas+2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;LAS VEGAS 1993&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prólogo:&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Se nos invitó a escribir algo acerca del movimiento de veteranos, que es como nosotros les llamamos a los ex jugadores. La invitación nos planteaba escribir sobre algunas vivencias en viajes o competencias que nos hubieran dejado imborrables recuerdos en el corazón.&lt;br /&gt;En este relato, queremos además homenajear a aquellos compañeros que, por distintas razones, hoy no están con nosotros.&lt;br /&gt;El paso de los años ha sido severo para con algunos, ya sea por excesos en comidas y bebidas, o por simple sedentarismo. Los tobillos y las rodillas ya no responden como antaño.&lt;br /&gt;Mientras que a otros los trastornos funcionales les obligaron a dejar la práctica activa.&lt;br /&gt;Un amigo mío siempre me dice:&lt;br /&gt;Si después de los 50 y al levantarte por las mañanas no te duele algo del cuerpo, es porque estás con Tata Dios tocando el arpa a su lado.&lt;br /&gt;Para todos nosotros, entonces, es este relato. Espero lo disfruten.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Introducción: Uruguay&lt;br /&gt;Me gustaría comenzar este relato haciendo una pequeña introducción para aquellos que nos conocen poco. Y luego para contar como fue que me uní al movimiento del maxibaloncesto.&lt;br /&gt;Para quienes conocen poco del Uruguay, les comento que es un nombre de origen guaraní, (se tendría que escribir Uruguaí), y se ha traducido como ‘río de los pájaros pintados’.&lt;br /&gt;El país está ubicado al oriente del Río Uruguay. De ahí su denominación. El río nace en el monte Igrexa (en Serra do Mar, territorio brasilero) y vierte sus aguas al Río de la Plata. Es nuestra frontera natural con la República Argentina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Básquetbol.&lt;br /&gt;En Uruguay, durante la década del noventa, todavía se jugaba al básquetbol en primera división al aire libre. Hoy, si bien la segunda división exige tener gimnasios, no obliga a tener piso flotante. ¿Quiere presenciar algo inusual en el mundo? Los invito a disfrutar algún partido de nuestra tercera división. Quedan algunas canchas abiertas, y verá lo difícil que es jugar con frío y con viento.&lt;br /&gt;No era placentero practicar en pleno invierno en canchas abiertas. Pero pienso que eso fue forjando la personalidad de nuestros deportistas. Somos porfiados como buenos gallegos, arremetedores como buenos vascos y de sangre caliente como buenos italianos. Tales fueron nuestras raíces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi primer amor.&lt;br /&gt;Les cuento ahora como fue que abracé la profesión de basquetbolista.&lt;br /&gt;Con tan sólo nueve años, tuve la dicha de disfrutar la final de un Campeonato Invierno. Así se denominaba al campeonato de preparación que se disputaba antes del Torneo Federal.&lt;br /&gt;El entorno colorido y bullicioso me marcó de por vida.&lt;br /&gt;Fue un amor a primera vista. Amor furibundo por la naranja, ya que como buen uruguayo, siempre de niño jugaba al fútbol en mis ratos libres.&lt;br /&gt;Con diez años, empecé a practicar en un club que quedaba a media cuadra de mi casa paterna: la Institución Atlética Larre Borges, nombre dado en homenaje a un pionero de la aviación uruguaya, Teniente General Tydeo Larre Borges.&lt;br /&gt;A los diecisiete años, ascendí a la primera división de ese club que siempre anima los campeonatos de la segunda división del país.&lt;br /&gt;Con veintitrés años, tuve la posibilidad de jugar en un equipo de la primera división: el Club Atenas, decano del básquetbol nacional.&lt;br /&gt;Y ya en 1986, me uní al movimiento de maxibaloncesto y pude, finalmente, participar en mi primer campeonato de Veteranos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me integro a la Unión de Veteranos del Uruguay.&lt;br /&gt;Gracias a las iniciativas del Sr. Julio César Sánchez Padilla y de un medio gráfico, La Mañana y El Diario, se habían empezado a organizar los campeonatos. Aquellos basquetbolistas que se retiraban de la alta competencia, podían seguir jugando ahora sin las presiones de las grandes ligas,&lt;br /&gt;Hace más de veinte años que juego y no lo he dejado de hacer desde mi retiro de la alta competencia.&lt;br /&gt;Los que no conocen el movimiento de la Unión de Veteranos podrán pensar que es un grupo de viejos que se juntan para domar un rato. Doma es un término utilizado en nuestra jerga basquetbolística para indicar un juego informal de cinco contra otros cinco, sin cronometrar el tiempo de juego y sin esquemas tácticos, juego que finaliza al alcanzarse una determinada puntuación prefijada de antemano. Se corre más de lo que se juega.&lt;br /&gt;Pero los campeonatos locales de veteranos que tuve la suerte de disputar tienen orden y planificación.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Comienzan los viajes.&lt;br /&gt;La anécdota.&lt;br /&gt;Justo es decir que muchos de nosotros (y, en especial, me incluyo) pensamos que seguimos teniendo veinticinco años y pretendemos que nuestro cuerpo nos responda como antes.&lt;br /&gt;Por eso jugamos al límite del cansancio y de las fuerzas.&lt;br /&gt;Para los campeonatos locales, hacemos pocas prácticas, especialmente en esos días crudos del invierno.&lt;br /&gt;Pero para los viajes a los campeonatos, nos entrenamos a conciencia durante tres o cuatro meses previos al mundial, buscando llegar en las mejores condiciones.&lt;br /&gt;Si bien lo tomamos como algo lúdico, nuestra idiosincrasia nos lleva a querer ganar y no nos gusta que nos pinten la cara, expresión esta que usamos para definir cuando perdemos por más de veinte puntos.&lt;br /&gt;La verdadera motivación es el viaje. Es la posibilidad de conocer países y ciudades que, de no ser por los campeonatos, seguro no las visitaríamos. Ese es, en el fondo, el motivo principal por el que nos entrenamos: para tener la posibilidad de viajar con amigos y de intercambiar vivencias.&lt;br /&gt;Así que luego de participar en el mundial de Buenos Aires, se nos vino el año 1993 y, con ello, la posibilidad de conocer Las Vegas.&lt;br /&gt;Quienes no conocíamos Las Vegas quedamos deslumbrados con ese mundo de luces y colores. Yo conocía otras ciudades a través del deporte, pero pienso que Las Vegas es un lugar espectacular: tiene glamour, tiene lujo, se puede uno codear con gente famosa, y se disfruta también la calidad de los shows.&lt;br /&gt;Otra cosa que me llamó poderosamente la atención fue la actividad frenética dentro de los casinos que muchas veces nos hacía perder la noción del tiempo.&lt;br /&gt;Reitero que para muchos de nosotros era nuestra primera escala en Las Vegas.&lt;br /&gt;Cuando descendimos del avión que nos transportó desde Los Angeles, no pudimos apreciarla en su justa dimensión, porque llegamos en pleno día de verano y con un sol que calcinaba las calles.&lt;br /&gt;Más tarde, tuvimos el placer de ver el despliegue de luces y colores de la ciudad.&lt;br /&gt;Si bien teníamos reserva en otro hotel, el destino quiso que perdiéramos el asignado. Recalamos entonces en el Boardwalk Hotel.&lt;br /&gt;Era un hotelito de cuarta, como decimos nosotros vulgarmente. Un hotel que, ubicado en cualquier ciudad de nuestro país, no pasaría inadvertido, para Las Vegas, era de 3 estrellas. Pero lo pasamos muy bien todos juntos.&lt;br /&gt;Una de nuestras diversiones era ir conociendo uno a uno los principales hoteles. En ese ir y venir diario por la avenida principal, comúnmente llamada Strip, y cruzando varias avenidas, conocimos el Mirage, el Caesars Palace, el Flamingo´s, el Dunas, el Treasure Island y el Stardust, entre otros.&lt;br /&gt;El MGM estaba en plena construcción.&lt;br /&gt;Una de esas noches fue el turno del Excalibur. Es el castillo que recrea la época de la Edad Media; específicamente el tiempo de las Cruzadas del Rey Arturo y su corte de caballeros relucientes.&lt;br /&gt;A las 21, bajamos al lobby a juntarnos con el resto para ir a cenar. Como nos quedaba relativamente cerca, llegamos en seguida.&lt;br /&gt;Recuerdo que el puente de entrada al castillo nos llevaba al lobby, por un corredor hasta un cruce con otros pasillos. Y a través de dichos pasillos, accedíamos a los ascensores.&lt;br /&gt;Ahí ya tuvimos el primer recibimiento. Estando en ese cruce, sin decidirnos adónde ir primero, la duda nos gastó una broma. Éramos muchos y nos costó bastante decidirnos, porque no es fácil que más de veinte personas se pongan de acuerdo.&lt;br /&gt;Durante ese lapso, ninguno de nosotros le prestó atención a una armadura medieval recostada sobre una pared. Era del tipo de las que portaban los caballeros medioevales. En uno de sus brazos sostenía una lanza. Estaba montada sobre una pequeña tarima al lado de una puerta, y el hecho de estar por encima del nivel de la gente, le daba un aspecto imponente.&lt;br /&gt;Al cabo de un tiempo, decidimos primero ir a cenar y luego a conocer el casino. Nos alejamos a tomar el ascensor, pero uno de nuestros compañeros se quedó dubitativo, como si no estuviera convencido de ese itinerario.&lt;br /&gt;Nos habíamos alejado unos pasos cuando notamos su falta. Nos volvimos a llamarle.&lt;br /&gt;En ese momento la armadura cobró vida. Alguien que personificaba a la estatua bajó de golpe el brazo hacia nuestro amigo. Ese movimiento, acompañado de un rugido (tipo UUUUUAAAAAAAHHHHHH) que emitió, logró su efecto. Nuestro amigo dio un salto hacia delante del susto que se pegó.&lt;br /&gt;Salió disparado hacia nosotros al mismo tiempo que se daba vuelta agrediendo con palabras soeces al caballero que de tal parecía no tener nada. Nosotros, a la distancia, reíamos a más no poder al ver la reacción del bueno de Jorge.&lt;br /&gt;Creo que las palabrotas le siguieron brotando por un buen rato. Imagínense los disparates que llegó a decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Relato 2&lt;br /&gt;La cosa no quedó ahí, ya que, saliendo al corredor para tomar el ascensor para ir al restorán, recibimos la segunda sorpresa de la noche.&lt;br /&gt;Seguíamos aún riendo de la broma cuando nos dispusimos a subir, pero había una fila de propios y extraños que también esperaban el mismo ascensor.&lt;br /&gt;En los países civilizados hay que hacer una fila para todo y todos respetan. Nosotros no tenemos esa cultura, pero nos aprestamos a esperar el turno.&lt;br /&gt;Al subir, nos dimos cuenta de que algunos de los nuestros habían quedado sin lugar por otros turistas que subieron. Así que, al llegar al primer piso y como el grupo de turistas se bajó, decidimos volver al lobby por el resto de los compañeros que habían quedado ahí.&lt;br /&gt;Hago la aclaración de que era un ascensor grande, del tipo de carga, hermético y de puertas automáticas. Bien moderno. Y lo habíamos abarrotado de uruguayos dispuestos a ir a cenar. Algunos con físicos grandes, pesados, pasados en kilos.&lt;br /&gt;Volviendo al relato, el ascensor que sube un piso. Luego, entre el primero y el segundo empieza a funcionar mal. Finalmente se detiene, pero nos habíamos quedado entre dos pisos.&lt;br /&gt;Nuestra primera reacción fue dirigirnos al “conductor”, al que accionaba el panel. Se le pidió que no hiciera bromas y que reiniciara. Nos dijo que no había tocado nada, así que luego de volver a insistirle, llegamos a la conclusión de que el ascensor estaba fuera de servicio.&lt;br /&gt;Por suerte, era de esos modernos con teléfono en la cabina. Así que uno del grupo y obviamente el que mejor hablaba el inglés, tomó el teléfono y se comunicó con la operadora.&lt;br /&gt;Le contó que estábamos varados entre el primero y el segundo piso.&lt;br /&gt;La chica inmediatamente se comunicó con mantenimiento y nos dijo que mantuviéramos la calma. Le dijimos que, por el momento, estábamos bien, pero que se apresurara porque la cabina era hermética y pensábamos que nos iba a faltar el aire.&lt;br /&gt;A los pocos minutos, nos dijeron que ya venía el grupo de mantenimiento y otra vez que mantuviéramos la calma.&lt;br /&gt;Pero los minutos pasaban, y el grupo se intranquilizaba. Dos de los nuestros comenzaron a ponerse nerviosos. Tampoco ayudaba el hecho de que estuviéramos todos muy apretados. El ascensor iba repleto, y en el recinto casi no teníamos movilidad.&lt;br /&gt;No faltaron las bromas. Creo que hubo controles anónimos de próstata para con algunos. Pero con el correr de los minutos la cosa empezó a empeorar.&lt;br /&gt;Dos compañeros se tuvieron que quitar las camisas porque les faltaba el aire. Otro empezó a sufrir la baja en sus niveles de azúcar.&lt;br /&gt;Volvimos a contactarnos con la operadora que comunicó que seguían trabajando en el exterior.&lt;br /&gt;El tiempo pasaba, pues iba ya más de media hora. Nos molestaba sobremanera el calor y el encierro.&lt;br /&gt;Al rato, la operadora nos comunicó que la reparación mecanizada no funcionaba y que iban a traer más operadores para bajar el ascensor en forma manual.&lt;br /&gt;Al llegar a la hora del percance, podíamos escuchar las voces de los operadores del lado exterior. Sentíamos ruidos de aparatos, pero nada de empezar a moverse.&lt;br /&gt;A esa altura, habíamos dejado las bromas de lado. Los que se sentían mal estaban muy sensibles, y reinaba tal silencio que nos era posible escuchar las conversaciones del lado de afuera.&lt;br /&gt;Unos 25 minutos más tarde, nos avisaron que lo iban a empezar a mover y que no nos asustáramos. El descenso fue lento y nos pareció eterno. En realidad no duró más de 5 minutos.&lt;br /&gt;Finalmente, el ascensor se posó en la planta baja y lograron abrirlo.&lt;br /&gt;Grande fue nuestra sorpresa ya que nos aguardaban dos equipos de paramédicos, los bomberos, una patrulla policial, más los guardias de seguridad del hotel y ejecutivos de gerencia.&lt;br /&gt;Luego de los primeros auxilios, en tono amable llegaron los reproches: ¿cómo era que habíamos subido 18 en un ascensor con capacidad para 12 solamente?&lt;br /&gt;En ningún rincón del ascensor aparecía impresa la capacidad que tenía. Sobre el panel aparecía una cifra expresada en pounds. Y si bien éramos conscientes de que no cabía un alfiler en el ascensor, sinceramente ninguno tuvo noción de cuántos kilos permitía el máximo.&lt;br /&gt;De lo que sí estoy seguro es de que no estaba impresa la capacidad en cantidad de personas.&lt;br /&gt;Nos defendimos con que ninguno de nosotros conocía la equivalencia entre el kilogramo y el pound. Y que lo lógico era que hubieran puesto también la equivalencia en kilos. De lo contrario, el número de personas, ya que eso era más fácil de entender.&lt;br /&gt;Entonces, hicieron entrar a un guardia de seguridad del hotel, el que con una cámara Polaroid tomó instantáneas de la cabina y, en especial, de las inscripciones que había en las paredes del habitáculo.&lt;br /&gt;Nosotros, a todo esto, seguíamos esperando que los paramédicos terminaran, para irnos a cenar.&lt;br /&gt;Nuestro “delegado” Bernardo, seguía discutiendo con las autoridades del hotel. En un momento, pensé que nos iban a arrojar al foso de tan dura que estaba la negociación.&lt;br /&gt;Pero se hizo el humo blanco y le dijeron que si nos comprometíamos a no presentar demanda alguna, en compensación nos invitaban a cenar.&lt;br /&gt;Eso sí, redactaron el acuerdo de que no íbamos a reclamarles nada y luego de que Bernardo, en representación de los “damnificados”, lo firmara sellando el compromiso, nos entregaron los vouchers para el restorán.&lt;br /&gt;Recuerdo que nos fuimos felices de haber conseguido la cena “free”.&lt;br /&gt;Años después, Bernardo contó que un abogado de Las Vegas lo llamó para preguntarle si quería presentar demandas al hotel por aquel mal momento vivido. Se ofrecía a representarnos. Por supuesto les dijo que no.&lt;br /&gt;Fue una buena experiencia de momentos vividos durante los viajes a los campeonatos. Espero les haya gustado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Moraleja:&lt;br /&gt;Cuando subas a un ascensor junto a tres o cuatro grandotes gorditos, mejor será que desciendas y esperes el próximo turno. Lo mejor sería que utilizaras las escaleras, que, de paso, es un muy buen ejercicio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Oscar Morales López&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Mención Concurso Premio Eduardo de Literatura 2007 &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-8878126421408105856?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/8878126421408105856/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/04/las-vegas.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/8878126421408105856?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/8878126421408105856?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/04/las-vegas.html" title="Las Vegas (esp)" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://bp3.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SBj_41wq4_I/AAAAAAAAACI/M2R4ikKG1m8/s72-c/Las+Vegas+2.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEYDSHg7fSp7ImA9WxdTF0o.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-452905008034243322</id><published>2008-04-16T10:37:00.000-03:00</published><updated>2008-05-14T11:42:59.605-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-05-14T11:42:59.605-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Prague" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="English" /><title>Prague (eng)</title><content type="html">&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SAYBmjjVFTI/AAAAAAAAABo/ghYRTSBF6uo/s1600-h/Stare_Mesto_Praga.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5189837382481155378" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SAYBmjjVFTI/AAAAAAAAABo/ghYRTSBF6uo/s320/Stare_Mesto_Praga.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;I turn you in my fingers like amethyst. But no. I only have to walk about and, as though through a magic mirror of dusted crystal, which is Prague itself, I see a man, his expression all excitement, a man whose fate is to find himself and wander, a man whose fate is to find himself through wandering.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Vitezslav Nezval (Walker of Prague)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;For a thousand years stories have been told in Prague, magical, mysterious, romantic legends, stories of love and adventure. The foundation of Prague New Town is one of them:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Once of an evening the Bohemian king and Roman emperor of the House of Premyslides, Charles IV, sat by the window of Prague Castle and he and all his company gazed at the city, lovely in the light of early evening. Snow had touched the roofs with silver and the blanched beauty of the town was borne up to the castle windows.&lt;br /&gt;The Bohemian king looked with delight at the capital city of his kingdom, prophesying its glory, as the Princess Libuse, his ancestress, had done. Then he invited the astrologer to speak too about the future of Prague. The astrologer remained a moment in melancholy silence and then spoke.&lt;br /&gt;“If you command me to speak, my king, I will tell you what I know – but rather would I offer you – reconsider your request…”&lt;br /&gt;The king repeated it.&lt;br /&gt;“The fate of this city is written in the stars above our heads. In them, as in silver letters, its whole future is written and this sparkling inscrption, my king, bodes no good… Behold, the town below the castle, the Little Quarter, will be consumed by fire, look across the river to the Old Town – it will be destroyed by floods. The whole of Prague – so it is written in the stars, will perish…”&lt;br /&gt;The Bohemian king was silent for a while, reflecting.&lt;br /&gt;Then he looked round at his frightened listeners and said:&lt;br /&gt;“You are wrong, astrologer. My beloved Prague will not perish. Perhaps what yoy say you read in silver letters on the sky will come about. But I shall found a New Town of Prague, I shall found it above the Old Town of Prague – and that town, you shall know, will not perish!”&lt;br /&gt;And straightway he told his guests what the New Town that he would found would look like, where it would start and how far it would reach, where its gates would be – and his guests were amazed at the magnificence and magnanimity of the town that the king had dreamt up.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-452905008034243322?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/452905008034243322/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/04/prague.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/452905008034243322?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/452905008034243322?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/04/prague.html" title="Prague (eng)" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://bp3.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/SAYBmjjVFTI/AAAAAAAAABo/ghYRTSBF6uo/s72-c/Stare_Mesto_Praga.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEUEQ345fSp7ImA9WxdTF0o.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-5653643821695544997</id><published>2008-03-26T18:08:00.000-03:00</published><updated>2008-05-14T11:43:22.025-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-05-14T11:43:22.025-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Helsinki" /><title>Helsinki (esp)</title><content type="html">&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/R-q7vvwvC8I/AAAAAAAAABc/d-u4DWShvUc/s1600-h/Fin2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5182160750192298946" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/R-q7vvwvC8I/AAAAAAAAABc/d-u4DWShvUc/s320/Fin2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Nunca imaginé que, aquella tierra lejana de la que tanto escuché hablar cuando era chico y cuyo nombre me resultaba asimilado a hadas, gnomos, gacelas y a la marca de helados que se vendía a la vuelta de mi casa, fuera a ser el lugar donde, un coro de españolitas que habían ganado el campeonato europeo sub 19 de fútbol femenino, me cantaran con otros seis réferis de Alemania, Eslovenia, Estados Unidos y Finlandia, el feliz cumpleaños en varios idiomas a la vez. Tampoco imaginé que visitara nuevamente este país que aprendí a conocer por los cuentos y las historias de mi padre que con tanto orgullo repitió cientos de veces, cambiando el tono y la picardía a medida que fui creciendo, incluyendo cuentos de “intimidades” que sigo asociando a un pan untado con manteca galantemente ofrecido a una pulposa- según mi imaginación de entonces- señorita de pelo oscuro y piel muy blanca, seguramente mucho más atrevida y desinhibida que las mujeres que yo, hasta entonces, había conocido. Fantaseaba de niño con las historias exageradas o verídicas, con el Polo Norte, con Helsinki y, de sólo nombrarla, me hacía recordar al baño de vapor que mi padre confundía con los baños turcos y que no son otra cosa que los saunas.&lt;br /&gt;Ahora lo sé, ahora que ya visité este país tantas veces y que me sigue pareciendo lejano aunque lo sienta tan cerca y tan mío, con ese sentido de pertenencia que uno le da a las cosas que quiere o a los lugares donde, simplemente, se siente bien. Lo sé, los saunas son parte de la geografía de este país, de su cultura, de su necesidad de transpiración en los glaciales inviernos, cuando el verde se tapa con un manto blanco y helado que confunde el paisaje y las calles, con el Báltico. Sí, Helsinki me sigue haciendo sentir bien, y su nombre- no el de Finlandia, que tanto fascinó a mi padre y a mí desde sus cuentos – me vuelve, cada vez que la nombro, a causar esa primera impresión de desconcierto y extrañeza. Estar en Helsinki no es lo mismo que estar en cualquier otro lado. No quiero hacer comparaciones pero Finlandia es Finlandia. Y si no hubiera sido porque papá repitió tantas veces sus anécdotas, no hubiera tenido el significado que tuvo cuando, en mi primera visita, quedé solo y encerrado en el aeropuerto o como, cuando el día anterior a que las españolitas y los réferis me cantaran en el restorante Mama Rosa el feliz cumpleaños, en otra cena, un grupo compuesto por un croata, un ucraniano, dos rusos, un norteamericano, seis finlandeses, dos lituanos, un estonio, dos argentinos (de los cuales uno era yo) - y a la que un moldavo, un griego y un español faltaron- , también intentaran cantar en un inglés obligado, el mismo feliz cumpleaños- pero esta vez mucho más inarmónico- compartiendo una torta lituana de regalo.&lt;br /&gt;Sí, Finlandia sigue siendo un lugar encantador y sigo volviendo. Nunca creí que viniera y ahora que, desde aquí me percato de que esta es la cuarta vez que he venido, a este lugar tan distante, de alces, de Laponia- como los helados de la vuelta de casa de mi infancia-, de cuentos de hadas, de gente corriendo en círculos en un estadio que conocí en una maqueta de plástico marrón y blanca, de ese estadio olímpico que he visto cientos de veces y en el que he plasmado más de una esperanza y más de una iusión, ahora, que caigo en cuentas, me encanta estar aquí. Me encanta pasear por las calles de Helsinki, caminarlas de arriba abajo, tomar el tranvía 3T que me enseñó a tomar alguien a quien amo tanto, y oler ese aroma tan particular de Helsinki que todavía no descubro a qué especie huele, y subirme a uno de esos trenes – a los mejores que he subido – para ir a Karjaa y de ahí a Tammisaari y recorrer sus calles que, aunque suban o bajen, siempre dan al mar, con playas de arena y parques, con marinas, con casas de madera y con historias del 1600. O, desde un micro, ver el verde de los bosques interminables, permanentes, en un continuo ondular, camino a Porvoo. Y en la iglesia de la ciudad vieja, descubrirme descansando, sentado frente a la estatua de Agrícola, que fue quien inventó y difundió el difícil idioma finés. O tomar una Lapin Kulta, la cerveza nacional, en algún pequeño lugar en la ruta a Turku, donde el idioma sueco se hace más visible y donde, en verano, el sol nunca desaparece del todo y, en invierno, casi no se deja ver. Y descubrir iglesias cavadas en piedra, techos rojos sin tejas, paredes de madera amarilla, de madera roja, ventanas dobles, cuadradas, alargadas, semiredondas, y entradas de mar en todos lados, islas, islotes, archipiélagos, lagos, agua, agua, agua. Y ver los grandes barcos en el puerto de Helsinki, donde está el mercado que se llena de gente los días soleados y los fines de semana y desde donde se ve, espléndida, la estatura de la Iglesia Ortodoxa y sus capiteles verdes, la más grande de occidente; y la blanca torre central de la Catedral protestante en la Plaza del Senado. Y seguir viendo los barcos que zarpan hacia Estocolmo, o a recorrer la costa cercana o que van hacia el resto de Europa o a América, barcos y buques y yates de todos los tamaños mezclándose a la distancia con otros que viajan a Tallin. Y, sin darme cuenta, pasar frente a la embajada argentina y sorprenderme con los colores de nuestra Policía Federal en el escudo de su entrada y sentirme raro, caminando por esas veredas de calles de piedra y rieles de tranvías verdes, sin inspectores que controlen boletos. Y entrar a Stockman o a Sokos, las dos tiendas que se erigen como pilares en el centro amplio, limpio, pedregoso, cuadrado; y escuchar kiitos, que significa gracias, con ese sonido extraño que le imprimen los fineses, terminándolo con un seseo de serpiente, y tomar un barquito frente al restorante Aurora- les encantan las palabras latinas y en español – que lleva a una isla donde antes un fuerte o un linna – así se dice castillo – custodiaba la entrada al puerto y que, ahora, se ha convertido en un restorante inclinado. Un restorante en el mismo lugar donde se desplazaban, de arriba abajo, las balas de los cañones. Y cenar, entonces, mirando el horizonte siempre acuático o la costa que, a fuerza de irse muy lentamente el día, se enciende en luces pronunciando su contorno. Como si fuera un tango, ese tango que es también pasión finlandesa y por el que más de treinta mil apasionados se reúnen, una vez al año, en un festival inacabable de jueves a domingo, a 400 kilómetros al norte de Helsinki y a sólo 200 de Turku, para cantar, bailar y escuchar el “tango nacional”.&lt;br /&gt;Quedan en Helsinki mis recuerdos, las palabras aprendidas a fuerza de verlas y verlas, ravintola, kavhe, las katus debajo de los nombres en sueco de los carteles de las calles, algunos amigos, risas, la concreción de la mayor apertura de mis locas ideas, hoy definitivamente plasmadas y concretadas; el sonido de la falta de ruido y los siempre tranvías con su paso esforzado y su música inconfundible, los cambios de temperatura intempestivos, un verde contrastante con el otro verde del agua, que en algunos lados es azul y, en otros, cobrizo; y el blanco de la nieve y el cielo de invierno y ese frío que se las rebusca para entrar por cualquier rendija aunque uno esté abrigado; y los veranos de días tan largos, y mis jet-lags, mis corridas, mis reuniones, mis continuos momentos de amor y mi ambición por volver. Todo eso queda en Finlandia, con el recuerdo de mi padre y su 1952 y sus Juegos Olímpicos y su Helsinki enseñada y aprendida, y sus cuentos, sus historias, su orgullo por haber estado allí y la alegría por su regreso en 1977 y mucho, mucho más, aunque todavía no me haya ido y, aunque, en realidad, me empuje la ilusión por besar a mis hijos y volver a mirar a Helsinki otra vez desde lejos, como siempre ha sido.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-5653643821695544997?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/5653643821695544997/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/03/helsinki.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/5653643821695544997?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/5653643821695544997?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/03/helsinki.html" title="Helsinki (esp)" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/R-q7vvwvC8I/AAAAAAAAABc/d-u4DWShvUc/s72-c/Fin2.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEUGRHo6eSp7ImA9WxdTF0o.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-284985459740326991.post-7921675428415823695</id><published>2008-02-28T18:12:00.000-02:00</published><updated>2008-05-14T11:43:45.411-03:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-05-14T11:43:45.411-03:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Castellano" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Montevideo" /><title>Montevideo (esp)</title><content type="html">&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/R8deTh4qwDI/AAAAAAAAAAM/uQcbQAQLD7U/s1600-h/imagen25.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172206386664882226" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/R8deTh4qwDI/AAAAAAAAAAM/uQcbQAQLD7U/s320/imagen25.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;... si por la noche, a través de las ventanas abiertas que derraman en las calles torrentes de luz y de armonía, oís el canto de los pianos o los gemidos del arpa, los trinos alegres de las cuadrillas o las notas melancólicas de las romanzas, es que estáis en Montevideo”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Montevideo no es solamente una ciudad; es un símbolo. No es solamente un pueblo; es una esperanza.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Alejandro Dumas&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Montevideo es la ciudad capital ubicada más al sur del planeta. Fue Bruno Mauricio de Zavala quien decidió levantar, en 1724, una plaza-fuerte que asegurara el dominio español. Una de las primeras menciones literarias de la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo la da un viajero llamado Concolorcorvo quien, en 1773 y de paso por allí, escribe sobre sus 1000 habitantes y el gran número de &lt;em&gt;desertores de mar y tierra y algunos polizontes&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Es justamente la Ciudad Vieja la que conserva hoy una importante marca de cuando Montevideo era una plaza fortificada: la Puerta de la Ciudadela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;En el tiempo de la dominación española&lt;/em&gt; – escribe Isidoro de María- &lt;em&gt;como en la lusoimperial hasta el año 1828, era costumbre abrir y cerrar los portones de la plaza amurallada a determinadas horas. (Con) ... llaves históricas...que pasaron por tantas manos y tuvieron tantos dueños. Españoles, ingleses, argentinos, orientales, lusitanos, imperiales, hasta que, después de tantas peripecias, vinieron a dar en poder de los orientales uruguayos constituidos en estado oriental independiente y soberano, que no quisieron saber más de portones cerrados, y las arrojaron a un rincón...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Es en el siglo XIX cuando se inicia el flujo inmigratorio desde Europa, &lt;em&gt;fabricando escobas de maiz de Guinea, secadores para los pañales y mantillas y canastas o jaulitas...Otros, con arcos de fierro viejo, sus parrillas y trébedes para la calderita del mate...Las pobres viejas pisando el maiz para la mazamorra, haciendo sus cigarros de Virginia...Los muchachos lecheros con sus botijas en el macarrón – &lt;/em&gt;enumera Isidoro de María las tareas de los pobladores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mayoría de estos recién llegados se instala en la Villa del Cerro. La leyenda dice que fue ese cerro el que dio nombre al lugar. Parece que un marinero de Magallanes o de Solís pudiera haber gritado “Monte vidi eu” (he visto un monte), aunque algunos aseguran que, tal vez en las anotaciones cartográficas de la época, alguien mencionó en números romanos su posición, resultando “Monte VI de E a O”. En cualquier caso, el Cerro es un símbolo, sin discusión, de la ciudad.&lt;br /&gt;Otro símbolo es el Mercado del Puerto. También una leyenda asegura que su estructura de cristal y hierro fue una estación de trenes que se estaba llevando desmantelada hacia algún puerto sobre el Pacífico en un barco que naufragó frente a las costas uruguayas. La construcción del mercado es de 1868.&lt;br /&gt;Cuando todavía no era costumbre considerar a Montevideo como una ciudad también balnearia, los capitalinos encontraban su lugar de esparcimiento en el Parque del Prado. &lt;a href="http://sololiteratura.com/ben/benedettiprincipal.htm"&gt;Mario Benedetti &lt;/a&gt;escribe:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Montevideo era verde en mi infancia&lt;br /&gt;absolutamente verde y con tranvías...&lt;br /&gt;...y el Prado con caminos de hojas secas&lt;br /&gt;y el olor a eucaliptus y a temprano.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El Prado fue inicialmente proyectado como un jardín privado pero, a fines del siglo XIX se convirtió en un parque público al que se le agregaron, más tarde, el Rosedal y el Jardín Botánico.&lt;br /&gt;Frente al río se abren los barrios Sur, Parque Rodó, Punta Carretas, Pocitos, Buceo, Malvín, Punta Gorda y Carrasco.&lt;br /&gt;El Parque Rodó debe su nombre al monumento que Belloni esculpiera al escritor José Enrique Rodó. Violento casi siempre, Rodó, cuando escribía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No se puede transitar por las calles. Las hogueras y barricas de alquitrán calientan y abochornan la atmósfera y la llenan de un humo apestoso. Los judas populares cuelgan grotescamente de las bocacalles. Los cohetes estallan entre los pies del desprevenido transeúnte... La chiquillada, salida de quicio, estorba el tránsito con sus desbordes...&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El barrio de Pocitos se llama así por los pozos de agua que las lavanderas cavaban para lavar la ropa cerca de la playa. Vecina, está Punta Carretas donde, desde ese punto, otra vez Mario Benedetti, describe un itinerario de su adolescencia:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Desde Punta Carretas, al viejo le quedaba relativamente cerca su trabajo. Pero a mí no me ocurría lo mismo con el Liceo Miranda. Tenía que tomar dos líneas de autobús, o un autobús y un tranvía, de modo que, salvo cuando llovía o estaba muy ventoso, prefería regresar a pie. Tomaba por Sierra, Jackson, Bulevar España, 21 de septiembre, Ellauri hasta la Penitenciaria... Alguna que otra tarde cambiaba mi itinerario y venía por Agraciada, Rondeau, hasta la Plaza Cagancha...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Bautizaron de esta forma al barrio del Buceo por unos buzos que buscaban ahí los tesoros de un barco que había naufragado en 1752.&lt;br /&gt;Hacia el este, se extiende Malvín donde, por los años 20 acostumbraba Carlos Gardel a pasar sus veranos.&lt;br /&gt;Luego de trasponer el promontorio de Punta Gorda – donde se hallaron, aquí sí, las riquezas del galeón “El Preciado”, hundido en el siglo XVIII- la rambla se desliza por Playa Verde y llega a Carrasco&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt; Sebastián Carrasco, un tío de Artigas, fue uno de los primeros pobladores de la zona.&lt;br /&gt;En los barrios&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;Sur y Palermo&lt;strong&gt;,&lt;/strong&gt; las &lt;a href="http://es.youtube.com/watch?v=pU3CGZ4pJg0"&gt;comparsas&lt;/a&gt; desbordan las calles en los carnavales montevideanos, al son de los tamboriles y, muchas veces, de las canciones de Jaime Roos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;..&lt;/em&gt;.&lt;em&gt;que no se apague nunca el eco de los bombos&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;que no se lleven los muñecos del tablado&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;quiero vivir en el reinado de dios Momo&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;quiero ser húsar de su ejército endiablado.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Que no se apaguen las bombitas amarillas&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;que no se vayan nunca más las retiradas&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en las mañanas de domingo se despliega la Feria de Tristán Narvaja, donde se juntan antiguos libros, candelabros de bronce, botellas de vidrio, joyas, herraduras, naranjas, cebollas, postales, cuadros, platos de porcelana, puerros, manzanas, peinetones.&lt;br /&gt;La columna, el eje de Montevideo es la Avenida 18 de julio . Es bueno mirar hacia arriba aquí para ver ventanas y cúpulas, miradores abiertos o acristalados desde donde se observaba la llegada de los barcos.&lt;br /&gt;Jorge Luis Borges situó uno de sus cuentos en Montevideo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El hecho aconteció en Montevideo en 1897. Cada sábado los amigos ocupaban la misma mesa lateral en el Café del Globo, a la manera de los pobres decentes que saben que no pueden mostrar su casa o que rehuyen su ámbito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Y también Rubén Darío le dedicó algunos de sus versos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Montevideo, copa de plata&lt;br /&gt;llena de encantos y primores,&lt;br /&gt;flor de ciudades, ciudad de flores,&lt;br /&gt;de cielos mágicos y tierra grata.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;En Juan Carlos Onetti, tal vez hallamos marcas, signos, recuerdos de un Montevideo que se cruza en su imaginaria ciudad de Santa María; y también en las letras de Eduardo Galeano. Pero nos gusta volver a Benedetti, volver, como él escribe &lt;em&gt;porque se vuelve aquí, siempre se vuelve...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nostalgia se escurre de los libros&lt;br /&gt;se introduce debajo de la piel&lt;br /&gt;y esta ciudad sin párpados&lt;br /&gt;este país que nunca sueña&lt;br /&gt;de pronto se convierte en el único sitio&lt;br /&gt;donde el aire es mi aire... &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;&lt;/p&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/284985459740326991-7921675428415823695?l=fimbatravel.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://fimbatravel.blogspot.com/feeds/7921675428415823695/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/02/montevideo.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/7921675428415823695?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/284985459740326991/posts/default/7921675428415823695?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://fimbatravel.blogspot.com/2008/02/montevideo.html" title="Montevideo (esp)" /><author><name>alina reyes</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16646428197788481630</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="10463976358084594725" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://bp1.blogger.com/_5GJ5pCLhS-w/R8deTh4qwDI/AAAAAAAAAAM/uQcbQAQLD7U/s72-c/imagen25.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry></feed>
