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	<title>Fuente y Cumbre</title>
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	<description>Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. (Sal 146)</description>
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		<title>Fuente y Cumbre</title>
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		<title>Nuestra selección de cantos para Cuaresma</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Voces de paz]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Feb 2020 16:02:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sugerencias musicales]]></category>
		<category><![CDATA[Cantos]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo A]]></category>
		<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
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					<description><![CDATA[Queremos compartir con ustedes una pequeña recopilación de los cantos de Entrada y Comunión apropiados para los domingos de Cuaresma del Ciclo A. Hemos seleccionado dos cantos de entrada del compositor litúrgico Joaquín Madurga. El primero ha sido compuesto especialmente para los primeros dos domingos de Cuaresma en cualquiera de los tres ciclos ya que &#8230; <a href="https://fuenteycumbre.com/2020/02/25/nuestra-seleccion-de-cantos-para-cuaresma/" class="more-link">Continuar leyendo <span class="screen-reader-text">Nuestra selección de cantos para&#160;Cuaresma</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Queremos compartir con ustedes una pequeña recopilación de los cantos de Entrada y Comunión apropiados para los domingos de Cuaresma del Ciclo A.</p>
<p>Hemos seleccionado dos cantos de entrada del compositor litúrgico Joaquín Madurga. El primero ha sido compuesto especialmente para los primeros dos domingos de Cuaresma en cualquiera de los tres ciclos ya que nos introduce a los temas de las Tentaciones y La Transfiguración, presentes todos los años.</p>
<p>El segundo fue compuesto para los siguientes tres domingos de Cuaresma del Ciclo A pues cada una de sus estrofas corresponde a los temas de La Samaritana, El Ciego y Lázaro.</p>
<p>Los siguientes cinco cantos pueden ser usados para el momento de la comunión, cada uno correspondiente a los temas cuaresmales de este camino cuaresmal.</p>
<p>Encontrarán en la carpeta un PDF con partituras y los audios originales de cada melodía.</p>
<p>Esperamos que sea de utilidad para ustedes.</p>
<p><a href="https://mega.nz/#F!zp9ExaaR!spEmg6sy0ErYwzcWOltW9A">Cantos para Cuaresma Ciclo A</a></p>
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		<title>Nuestra selección de cantos para Adviento</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Voces de paz]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Nov 2018 17:33:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sugerencias musicales]]></category>
		<category><![CDATA[Adviento]]></category>
		<category><![CDATA[Cantos]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo C]]></category>
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					<description><![CDATA[Ahora que hemos alcanzado el final del Ciclo B se marca la fecha hemos logrado compilar ya los cantos sugeridos más apropiados para la mayoría de los domingos de los tres ciclos litúrgicos, Solemnidades y algunas otras fiestas litúrgicas. Nuestra labor en las redes sociales no se detiene allí, pero cambiaremos nuestro enfoque. El objetivo &#8230; <a href="https://fuenteycumbre.com/2018/11/27/nuestra-seleccion-de-cantos-para-adviento/" class="more-link">Continuar leyendo <span class="screen-reader-text">Nuestra selección de cantos para&#160;Adviento</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Ahora que hemos alcanzado el final del Ciclo B se marca la fecha hemos logrado compilar ya los cantos sugeridos más apropiados <em>para la mayoría</em> de los domingos de los tres ciclos litúrgicos, Solemnidades y algunas otras fiestas litúrgicas.</p>
<p>Nuestra labor en las redes sociales no se detiene allí, pero cambiaremos nuestro enfoque. El objetivo de compilarlos en archivos editables era que aún después de elaborar las imágenes que se publican en Facebook nos fuera posible ampliar las sugerencias y estuvieran disponibles para quien las consultara. Los enlaces estarán siempre disponibles en la página fija de este blog: <a href="https://fuenteycumbre.com/sugerencias-de-cantos-para-cada-domingo/">Sugerencia de cantos para cada domingo</a>. De igual manera, las reflexiones para cada domingo se encuentran en el archivo de este blog y son fácilmente accesibles usando el buscador.</p>
<p>Comenzamos este Adviento con nuestra selección de cantos. Este será el esquema que Voces de Paz usará en las celebraciones dominicales de este ciclo, recopilado en un solo folleto para que esté siempre accesible.</p>
<p>La mayoría de los cantos son conocidos para nosotros pues los hemos ido incorporando poco a poco cada año. Unos pocos se han ido agregando para ir más acorde al día específico y este año será la primera vez que los entonaremos. Es seguro que en próximos años aún se haga una revisión más y poco a poco los cantos sean más apegados a las antífonas y momentos indicados.</p>
<p>Esperamos que sea de utilidad también para ustedes.</p>
<p><a href="https://drive.google.com/file/d/179ajeyo0dAPsdDEDzyb84221xY6ZnEA1/view?usp=sharing">Ver partituras</a></p>
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		<title>«Somos testigos del Resucitado» Fiesta Pascual</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Voces de paz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 30 Apr 2018 18:38:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Próximos eventos]]></category>
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					<description><![CDATA[Este sábado 5 de Mayo estamos invitados a celebrar la Pascua como Vicaría. Los cantos que se usarán en la misa son los siguientes: Letra de los cantos Reúnete con tu comunidad parroquial para llegar juntos a esta celebración. La Vicaría del Centro “Nuestra Señora de la Asunción” Abarca las siguientes zonas de la Ciudad &#8230; <a href="https://fuenteycumbre.com/2018/04/30/somos-testigos-del-resucitado-fiesta-pascual/" class="more-link">Continuar leyendo <span class="screen-reader-text">«Somos testigos del Resucitado» Fiesta&#160;Pascual</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;">Este sábado 5 de Mayo estamos invitados a celebrar la Pascua como Vicaría.</p>
<p style="text-align:center;"><img data-attachment-id="2334" data-permalink="https://fuenteycumbre.com/2018/04/30/somos-testigos-del-resucitado-fiesta-pascual/cof/" data-orig-file="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2018/04/img_20180429_095916.jpg" data-orig-size="2307,3450" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;2.2&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;VIE-L09&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;cof&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1524995958&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.5&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.025&quot;,&quot;title&quot;:&quot;cof&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="cof" data-image-description="" data-image-caption="&lt;p&gt;cof&lt;/p&gt;
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<p style="text-align:center;">Los cantos que se usarán en la misa son los siguientes:</p>
<div class="jetpack-video-wrapper"><iframe class="youtube-player" width="788" height="444" src="https://www.youtube.com/embed?version=3&#038;rel=1&#038;showsearch=0&#038;showinfo=1&#038;iv_load_policy=1&#038;fs=1&#038;hl=es&#038;autohide=2&#038;wmode=transparent&#038;listType=playlist&#038;list=PL_gzbH926hqMWm5zXTLdXH2EAfIi8v3sm" allowfullscreen="true" style="border:0;" sandbox="allow-scripts allow-same-origin allow-popups allow-presentation allow-popups-to-escape-sandbox"></iframe></div>
<p style="text-align:center;"><a title="Letra de los cantos" href="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2018/04/letra-de-los-cantos.pdf">Letra de los cantos</a></p>
<p>Reúnete con tu comunidad parroquial para llegar juntos a esta celebración.</p>
<p>La Vicaría del Centro “Nuestra Señora de la Asunción” Abarca las siguientes zonas de la Ciudad de Guatemala: Zona 1, 2, 3, 4, 5, 7, 8, 9, 10,11, 12, 13, 14, 15, 16. Y los siguientes municipios: Palencia, San José Pinula, Fraijanes.</p>
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			<media:title type="html">cof</media:title>
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		<item>
		<title>Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo &#8211; Ciclo A</title>
		<link>https://fuenteycumbre.com/2017/11/23/solemnidad-de-jesucristo-rey-del-universo-ciclo-a/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Voces de paz]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Nov 2017 16:44:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[2017]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo A]]></category>
		<category><![CDATA[Solemnidades]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo Ordinario]]></category>
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					<description><![CDATA[OVEJAS Y MACHOS CABRÍOS La narración que nos comparte el profeta Ezequiel es retomada directamente por el Señor Jesús en el Evangelio de san Mateo. Ezequiel exhibe una situación decadente, donde los fuertes (machos cabríos en la lógica de la narración) tratan a su antojo a los débiles (ovejas flacas). La imagen apunta a las &#8230; <a href="https://fuenteycumbre.com/2017/11/23/solemnidad-de-jesucristo-rey-del-universo-ciclo-a/" class="more-link">Continuar leyendo <span class="screen-reader-text">Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo &#8211; Ciclo&#160;A</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img data-attachment-id="1335" data-permalink="https://fuenteycumbre.com/2014/11/20/domingo-34-del-tiempo-ordinario-jesucristo-rey-del-universo-ciclo-a-2/34-dom-to/" data-orig-file="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2014/11/34-dom-to.jpg" data-orig-size="749,277" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="34 DOM TO" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2014/11/34-dom-to.jpg?w=300" data-large-file="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2014/11/34-dom-to.jpg?w=749" class="alignnone size-full wp-image-1335" src="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2014/11/34-dom-to.jpg?w=788" alt="34 DOM TO"   srcset="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2014/11/34-dom-to.jpg 749w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2014/11/34-dom-to.jpg?w=150&amp;h=55 150w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2014/11/34-dom-to.jpg?w=300&amp;h=111 300w" sizes="(max-width: 749px) 100vw, 749px" /></p>
<p style="text-align:center;"><strong>OVEJAS Y MACHOS CABRÍOS</strong></p>
<p><em>La narración que nos comparte el profeta Ezequiel es retomada directamente por el Señor Jesús en el Evangelio de san Mateo. Ezequiel exhibe una situación decadente, donde los fuertes (machos cabríos en la lógica de la narración) tratan a su antojo a los débiles (ovejas flacas). La imagen apunta a las relaciones abusivas y asimétricas que establecemos y padecemos en las instituciones humanas, centradas en el predominio de la fuerza sobre la razón, y del poder sobre el diálogo. En la historia prevalece de forma descarada o diplomática “la ley de la selva”; los verdugos pisotean a sus víctimas sin que prevalezcan la justicia y el derecho. Quienes no se adhieren a ese desorden, son presentados en el Evangelio de san Mateo como las personas compasivas que alimentaron al hambriento, vistieron al desnudo y visitaron al forastero. No consiguieron revertir la dinámica de la violencia institucionalizada, pero al menos, curaron las heridas de las personas que la padecían.</em></p>
<ol>
<li><strong>ORACIÓN COLECTA</strong></li>
</ol>
<p><strong>Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundamentar todas las cosas en tu Hijo muy amado, Rey del universo, concede, benigno, que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te alabe eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.</strong><span id="more-2326"></span></p>
<ol start="2">
<li><strong>Texto y comentario</strong>
<ul>
<li><strong>Del libro del profeta Ezequiel: 34, 11-12. 15-17</strong></li>
</ul>
</li>
</ol>
<blockquote>
<p style="text-align:left;"><strong>Esto dice el Señor Dios: “Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y velaré por ellas. Así como un pastor vela por su rebaño cuando las ovejas se encuentran dispersas, así velaré yo por mis ovejas e iré por ellas a todos los lugares por donde se dispersaron un día de niebla y oscuridad. Yo mismo apacentaré a mis ovejas, yo mismo las haré reposar, dice el Señor Dios. Buscaré a la oveja perdida y haré volver a la descarriada; curaré a la herida, robusteceré a la débil, y a la que está gorda y fuerte, la cuidaré. Yo las apacentaré con justicia. En cuanto a ti, rebaño mío, he aquí que yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos”. </strong></p>
</blockquote>
<p>Es un capítulo precioso éste de Ezequiel. Lo domina en toda su extensión la figura sugestiva -tan tradicional en la Biblia, tan llena de atractivo en el sentir del pueblo- del pastor al frente de las ovejas. El pastor conduce las ovejas de una parte a otra, ofreciéndoles tiernos y abundantes pastos que sacien su hambre y arroyos de aguas claras que calmen su sed. Él cuida de ellas; atiende con delicadeza a las débiles; a las enfermas cura con ternura.</p>
<p>El profeta echa mano de esta imagen tan expresiva para manifestar a sus contemporáneos la actitud y disposiciones divinas respecto a su pueblo. Ha habido en Israel pastores indignos; pastores que, en lugar de cuidar de las ovejas encomendadas, han sido ellos mismos los que las han conducido a la destrucción y a la ruina. No se han preocupado de atender a las débiles y de curar a las enfermas. Han devorado los mejores pastos y han ensuciado con sus pezuñas las aguas de las fuentes.</p>
<p>El juicio severo de Dios se cierne sobre estos pastores. Los va a des­truir. Él mismo -así lo ha dispuesto para siempre- va a actuar de forma más directa en este asunto. El pastor de las ovejas va a ser Él mismo -de ello ha­bla la lectura-.Él mismo va a cuidar personalmente de ellas: velará por ellas, las reunirá de entre todas las naciones, las apacentará; cuidará y atenderá a las enfermas y a las débiles de forma exquisita. Él va a juzgar entre ellas, según sus necesidades.</p>
<p>Al terminar el capítulo en los versículos 23 y 24 al lado de Dios, surge la figura del Siervo David, el Mesías. Dios sigue siendo el auténtico Pastor del re­baño; Él las dirigirá personalmente. Con Él el Mesías. Va a establecer la justicia.</p>
<p>Nótese la doble traducción probable del versículo 16: <em>exterminaré a la que está gorda</em>… <em>cuidaré a la que está…</em> La segunda es más probable. Si se admite la primera, habrá que pensar en aquellas que, como los falsos pasto­res, se han aprovechado de las demás. De ellas hará Dios justicia.</p>
<ul>
<li><strong>Del salmo 22 R/. El Señor es mi pastor, nada me faltará.</strong></li>
</ul>
<blockquote><p>El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas. R/.</p>
<p>Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes. R/.</p>
<p>Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término. R/.</p></blockquote>
<ul>
<li><strong>De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 15, 20-26. 28</strong></li>
</ul>
<blockquote><p><strong>Hermanos: Cristo resucitó, y resucitó como la primicia de todos los muertos. Porque si por un hombre vino la muerte, también por un hombre vendrá la resurrección de los muertos. En efecto, así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos volverán a la vida; pero cada uno en su orden: primero Cristo, como primicia; después, a la hora de su advenimiento, los que son de Cristo. Enseguida será la consumación, cuando, después de haber aniquilado todos los poderes del mal, Cristo entregue el Reino a su Padre. Porque él tiene que reinar hasta que el Padre ponga bajo sus pies a todos sus enemigos. El último de los enemigos en ser aniquilado, será la muerte. Al final, cuando todo se le haya sometido, Cristo mismo se someterá al Padre, y así Dios será todo en todas las cosas. </strong></p></blockquote>
<p>En este capítulo 15 de la primera Carta a los Corintios, desarrolla San Pablo el tema de la resurrección de los muertos en diversas direcciones.</p>
<p>Recuerda, en primer lugar, Pablo que la Resurrección de Cristo es un he­cho comprobado por muchos, entre los cuales se encuentra él mismo. Es el punto fundamental y primero de la predicación cristiana y, por tanto, de la nueva fe. En una fórmula de fe, que data de los años 40, vuelve de nuevo Pa­blo a transmitirles claramente esta verdad fundamental: Cristo ha resuci­tado.</p>
<p>De ahí pasa Pablo a hablar de la resurrección de los muertos en general. Cristo resucitado es causa de la resurrección de los muertos. Los muertos, en virtud del poder concedido a Cristo en su Resurrección, resucitarán un día. Esto es seguro; es tan cierto como la misma Resurrección del Señor. Es de fe. La muerte, que a todos amenaza, es consecuencia de un pecado, de una desobediencia. La muerte de Cristo, expresión de obediencia perfecta al Padre, destruye el pecado y vence a la muerte. En Cristo resucitarán todos. Él es el primero; tras Él todos los de­más. Él vendrá a dar cumplimiento a esta disposición divina; vendrá como Señor, como Rey. Todo poder opuesto a su persona será aniquilado. Todo quedará bajo sus pies. Hasta la misma muerte quedará arrollada por Él. Una vez Señor efectivo de todo, lo es ya de derecho por lo menos, lo pondrá todo a los pies de Dios, principio y fin de todas las cosas.</p>
<p>A continuación, habla de nuevo de la necesidad y seguridad de la resu­rrección de los muertos, para pasar al tema del modo de la resurrección de los muertos.</p>
<p>Nótese, en cuanto a lo que nos concierne, los títulos con que adorna Pablo a Cristo: Primicias, Rey. Cristo, pues, Señor, Cabeza de su Iglesia, Dueño de lo creado, pone todo su Reino a disposición del Padre. Cristo Hombre sujeto al Padre, Rey de todo.</p>
<ul>
<li><strong>Del santo Evangelio según san Mateo: 25, 31-46</strong></li>
</ul>
<blockquote><p><strong>En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme’. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?’. Y el rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron’. Entonces dirá también a los de la izquierda: ‘Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron’. Entonces ellos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?’. Y él les replicará: ‘Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo’. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”. </strong></p></blockquote>
<p><strong><em>Tema: El Juicio Final</em></strong></p>
<p>De tiempo atrás -un par de semanas más o menos- viene perfilándose cada vez más nítida y apremiante la escena del Juicio Final. Tanto en la pa­rábola de las Diez Vírgenes, como en aquella de los Talentos -el Esposo que viene, el Señor que pide cuentas- se nos advertía de la necesidad de la vigi­lancia en la primera, de la necesidad de las buenas obras en la segunda, como respuesta segura y digna al Señor que viene a ajustar cuentas en fe­cha no determinada. ¡<em>Cuidado! ¡Os</em> <em>van a exigir cuentas!</em></p>
<p>Pues bien, la lectura de hoy nos habla directamente de ese Día, en cuanto al Juicio se refiere. De forma plástica, sobre el fondo de una imagen pastoril, nos presenta el texto a Cristo, Hijo del Hombre, Señor y Rey, sentado en el Trono de Gloria, dispuesto a juzgar a los hombres. Adviértase, pues es de suma importancia, el tenor del Juicio, la norma. A unos, a los de la iz­quierda, los encuentra deficientes; a otros, a los de la derecha, los encuentra justos. En rígido paralelismo, muy del gusto de los semitas -nos encontramos en Mateo- se describe el formulario y la sentencia. Para unos, para los de la derecha, la Vida Eterna; para los otros la reprobación eterna. Los primeros han pertenecido, en este mundo, al reino de Cristo; Él los introduce ahora en el Reino de Dios, tan eterno como Dios mismo. Es el premio a sus buenas obras, obras de misericordia.</p>
<p>Puede parecernos, a primera vista, cándida y simple la pregunta que formulas los justos: <em>¿Cuándo te vimos hambriento…?</em> ¿No hacían las buenas obras por amor de Dios? Este versículo proyecta abundante luz sobre todo el pasaje. No se limita el Juicio a los cristianos. ¡Todos los hombres van a ser juzgados! El criterio son las obras de misericordia, no exclusivamente ellas, pero sí principalmente ellas; obras de misericordia, por otra parte, que han sido desinteresadamente ejecutadas. De ahí la sorpresa de los justos. Las han realizado por puro amor del prójimo. Prójimo aquí es el necesitado. Re­cuérdese para ello la Parábola del Buen Samaritano. El necesitado, el pobre, es el hermano del Señor. Es una afirmación de gran peso. Naturalmente no se excluye el amor a Dios expresado en otros actos humanos. Se pone de re­lieve la importancia de las obras de caridad -en todas sus formas- al mo­mento de rendir cuentas. De esta forma es fácil comprender la respuesta de los impíos. La caridad, pues, en todas sus formas tiene un valor supremo en la moral de Cristo. Cristo Rey pronuncia la sentencia según la norma de la caridad -obras de misericordia- desinteresada.</p>
<p>Reflexionemos:</p>
<p>En este domingo se celebra la tan sugestiva Fiesta de Cristo Rey. Es, al mismo tiempo, este domingo el último domingo del año litúrgico. Conviene por tanto no separar los temas que de ambos dimanan. No es por lo demás difícil unirlos. Es verdad que hay que mirar siempre al fin, éste, sin embargo, se encuentra estre­chamente vinculado a la persona de Cristo. Cristo es el principio y el fin de todo, alfa y omega, que dirá el Apocalipsis. Si Dios no creó el mundo sino por Cristo<em>, </em>no pensó en otro naturalmente al im­ponerle un fin <em>todo fue hecho por él y para él</em> (Col 1, 17). Afirmaciones de este tipo podrían espigarse sin esfuerzo en el amplio campo del Nuevo Testa­mento. Al hablar, pues, del fin del hombre y del fin del mundo, no puede uno menos de pensar en Cristo. Todo hay que referirlo a Él. Cristo es el Señor ante quien deben todas las criaturas doblar la rodilla; Cristo es el Rey a quien todos pertenecen; Cristo es el Juez ante quien todos han de rendir cuentas. Toda lengua se ve obligada a confesar que Él es el Cristo, el Señor de todo, sentado a la diestra de Dios, colocado por Él mismo para la salva­ción del mundo entero -no hay otro nombre por cuya invocación se nos dé la salvación que éste de Cristo-. El reino de Cristo -se atiende especialmente a su Humanidad- puede considerarse bajo varios aspectos. Veámoslo en las lecturas propuestas. Cristo es Rey:</p>
<p>a) <strong>Como el Buen Pastor</strong>. A esa afirmación conduce la consideración de la primera lectura. La alegoría que aparece en el Evangelio de San Juan –<em>Yo soy el Buen Pastor</em>, dice Cristo- no es sino la aplicación a Cristo, Dios y hom­bre, de lo que Ezequiel en el capítulo 34 de su obra dice de Dios principal­mente y secundariamente del Mesías. Si allí, a pesar de la estrecha unión entre ellos, aparecen dos personajes -Dios y Mesías-, aquí es sólo uno con los dos títulos, Dios y hombre (Mesías). He aquí descrito el reinado de Cristo: alimentar a las ovejas; cuidar de las enfermas, atender a las débiles; preo­cuparse de los pobres, hacer justicia. Es un reino de salvación y no de ruina; de buen gobierno, de pacificación, de paz y de justicia. Su amor a ellas es en­trañable.</p>
<p>b) <strong>Como Primicias de los muertos</strong>. Es el tema de la segunda lectura. Cristo es el primer resucitado y, al mismo tiempo, la causa de la resurrec­ción de todos. Es el suyo un reino de vivos, no de muertos. La Vida eterna nos viene de Él. Él ha conseguido, por su obediencia al Padre, un reino. Dios lo ha sometido todo a Él. Las potestades adversas, que hacían imposible la salvación al hombre, la Muerte misma, que tenía a todos atenazados y obs­curecía irremediablemente de forma trágicamente sombría el horizonte de las más profundas aspiraciones del hombre, han quedado destrozadas por Él. Ya no hay muerte; la muerte fue vencida por Él, cuando Él murió. De su muerte y resurrección surge ahora un mundo totalmente nuevo. Es la nueva creación, perfecta, limpia. Él es el Rey; Él es el Rey de la vida, Rey poderoso, Rey que vence la muerte. Toda su obra conduce a la vida. Unidos a Él al­canzaremos la Vida.</p>
<p>c) <strong>Como Juez Universal</strong>. Todos han de presentarse ante su tribunal. Todos somos siervos de Él. En su muerte y resurrección adquirió derecho sobre nosotros. Juzgará en propio derecho. Él dará la sentencia; sentencia definitiva, inapelable. Pero nótese la norma: amor al necesitado. Es Rey de amor, enemigo del odio, del egoísmo, de la codicia, de la avaricia, de la so­berbia, de la mala entraña. En este punto será muy severo.</p>
<p>Este es nuestro Rey. Rey por derecho. Rey de majestad. Rey de amor. Rey de vida. Rey de todo lo creado.</p>
<p>El claroscuro que nos presenta el Evangelio es razonable: las personas podemos asemejarnos a la categoría de la gente sensible y solidaria que supo hacer suyo el dolor y las necesidades de sus hermanos o a la opuesta, la de la gente pragmática que vivió mirándose al ombligo, es decir, pendiente solamente de sus propias preocupaciones e intereses. Cuando unos y otros comparecen ante Jesús resucitado, parecen desconocer la trascendencia de sus acciones terrenales. Ni los bienaventurados recuerdan haber favorecido a Jesús, ni tampoco los desventurados. Unos y otros recibirán una clave de lectura de la historia que descifrará todo el enredo: quien administra su tiempo y sus bienes de manera sensata, sabe compartirlos con los necesitados, que son el sacramento viviente del Señor Jesús. No se trata solamente de repartir lo que sobra, sino de acortar la brecha que separa a los hartos de los menesterosos.</p>
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		<title>Domingo 32 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo A</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Voces de paz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Nov 2017 14:32:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[2017]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo A]]></category>
		<category><![CDATA[Para la preparación]]></category>
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					<description><![CDATA[“La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean”. La liturgia de este domingo, intenta marcar la pauta de lo que es la apertura al último destino del hombre y de la vida. &#8230; <a href="https://fuenteycumbre.com/2017/11/06/domingo-32-del-tiempo-ordinario-ciclo-a-3/" class="more-link">Continuar leyendo <span class="screen-reader-text">Domingo 32 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo&#160;A</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img data-attachment-id="2033" data-permalink="https://fuenteycumbre.com/2017/01/09/ii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-a/ordinario/" data-orig-file="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg" data-orig-size="2081,770" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="ordinario" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=300" data-large-file="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=788" class="alignnone size-full wp-image-2033" src="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=788" alt="ordinario"   srcset="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg 2081w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=150&amp;h=56 150w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=300&amp;h=111 300w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=768&amp;h=284 768w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=1024&amp;h=379 1024w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=1440&amp;h=533 1440w" sizes="(max-width: 2081px) 100vw, 2081px" /></p>
<p><em>“La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean”.</em></p>
<p>La liturgia de este domingo, intenta marcar la pauta de lo que es la apertura al último destino del hombre y de la vida. Efectivamente, sin la sabiduría, que es la esencia de lo bueno, de la felicidad, de lo ético y estético, la vida perdería su hermosura y su dimensión escatológica (lo que la lleva más allá de la experiencia de la finitud y de la muerte). Por ello, ser sabio, en la Biblia, no es estudiar una carrera para aprender muchas cosas; no es cuestión de cantidad, sino de calidad; es descubrir constantemente la dimensión más profunda de nosotros mismo y de Dios.<span id="more-637"></span></p>
<p><strong>1.      </strong><strong>Oración Inicial:</strong></p>
<p>Dios, Padre nuestro, ayúdanos para que sepamos vivir con toda responsabilidad y esperanza, como nos enseñó Jesús, de manera que se alejen de nosotros el desánimo, la tristeza y la desesperanza y podamos trabajar libremente en la construcción de tu Reino. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.<span id="more-2321"></span></p>
<p><strong>2.      </strong><strong>Lecturas y comentarios</strong></p>
<p><strong>2.1.</strong><strong>Lectura del libro de la Sabiduría 6,12-16</strong></p>
<blockquote><p>La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean. Quien madruga por ella no se cansa: la encuentra sentada a la puerta, ella es prudencia consumada, el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones; misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen; los aborda benigna por los caminos y les sale al paso en cada pensamiento.</p></blockquote>
<p>El libro de la Sabiduría está incluido en el grupo de los que llevan el nom­bre de sapienciales. Son obra de sabios. Se distinguen netamente de los que llevan el nombre de históricos o proféticos. En cuanto a la forma externa, es­tos libros están escritos en verso, de muy elevada poesía a veces -muchos salmos, partes de Job, etc.- más prosaico el decir en otros. En todos es fun­damental, para su recta inteligencia, la ley del paralelismo. Excepto el Can­tar de los Cantares, que es poético y no sapiencial, y muchos salmos, estos libros tratan frecuentemente de la Sabiduría.</p>
<p>La sabiduría es el arte del bien vivir. Un vivir sano, recto, digno, par­tiendo por lo general de los datos de la experiencia. Para un israelita, el arte de vivir bien no puede caber sino dentro del cumplimiento de la Ley, al que van vinculadas las bendiciones divinas. S<em>o </em>quieres vivir bien, viene a decir el sabio, si quieres alcanzar la felicidad, la bendición divina, cumple los mandamientos. En ellos está la salvación. La Ley viene, pues, a estar estre­chamente relacionada con la Sabiduría. Vivir la Ley es poseer la Sabiduría. No sin motivo llegaron las especulaciones rabínicas a presentar la Ley como un ser perfectísimo, anterior a los tiempos y superior al mundo. La Sabidu­ría por su parte va tomando, en los últimos libros del Antiguo Testamento, una figura y relieve tales hasta presentarse como una personificación. La Sabiduría rige, gobierna, da vida; la Sabiduría desempeña un papel impor­tante en la creación; la Sabiduría es superior al mundo y está en Dios. La Sabiduría divina rige al mundo; Dios gobierna con Sabiduría; la Sabiduría, que está en Dios, da la vida, es inmortal. De todos modos no pasa de ser una abstracción.</p>
<p>El texto de la lectura forma parte de un contexto más amplio -capítulos 6-9 que habla del origen, naturaleza, etc.de la Sabiduría. En estos versículos se habla concretamente de la Sabiduría que se da y se deja hallar fácilmente. La Sabiduría es asequible. La Sabiduría es un bien supremo, conduce a la incorruptibilidad.</p>
<p>El tema es, pues, la Sabiduría se ofrece, se da. ¿Qué es o quién es la Sa­biduría? Para nosotros la Sabiduría es Cristo. Cristo es el Camino, la Ver­dad y la Vida; es la Luz que ilumina, el Pan que da la Vida, el Agua que sa­cia, la Palabra que desciende del Padre y revela al Padre. Él gobierna, Él rige, Él es antes de la creación del mundo. Él se da y manifiesta a los hom­bres: <em>Venid a mí todos</em>… Así lo han entendido los autores del Nuevo Testa­mento: Prólogo de San Juan; Hb 1, 3ss; Col 1, 15-20.</p>
<p>Según esto, la primera lectura nos presenta a Cristo-Sabiduría, que da la vida y la salvación, como oferta asequible fácilmente.</p>
<p><strong>2.2.</strong><strong>Salmo Responsorial sal 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8</strong></p>
<blockquote><p><strong> R- Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.</strong></p>
<p>Oh Dios, tu eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansía de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R.</p>
<p>¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloría! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R.</p>
<p>Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R.</p>
<p>En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo. R.</p></blockquote>
<p><strong>2.3.</strong><strong> Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-17</strong></p>
<blockquote><p>Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él. Esto es lo que os decimos como palabra del Señor: Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Señor, no aventajaremos a los difuntos. Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.</p></blockquote>
<p>El tema fundamental es la Venida del Señor:</p>
<p>1) Los tesalonicenses están preocupados por la suerte de los muertos res­pecto a la Venida del Señor. ¿Tomarán parte en su Parusía? La respuesta es afirmativa.</p>
<p>2) La palabra Parusía significa primero presencia, después venida, regreso. En el mundo helenista esta palabra tenía un significado bien concreto y recordaba acontecimientos bien determinados. Se trata de la venida o entrada triunfal del rey o del emperador en una ciudad. Todo el mundo salía al encuentro del rey que venía. Por todas partes, gritos de jú­bilo y de alegría. Los magnates revestidos de sus más ricos ornamentos. Los ganadores olímpicos con sus coronas; los sacerdotes, los niños, las jóvenes… Todos. Era un día de fiesta. Todo era júbilo y alegría por la venida del rey.</p>
<p>En la descripción que hace Pablo de la Parusía del Señor, aparece evi­dente el influjo de la fiesta helénica: ser arrebatados todos juntos al encuen­tro del Señor, estar siem­pre con el Señor, felicidad general con la presencia del Señor. Es el Gran Día de Fiesta. La apocalíptica judía había representado a su manera el Día del Señor, que viene sobre nubes y hace temblar la tierra. Es la Manifestación del Se­ñor -Apocalipsis-. En la descripción presente observamos también algún elemento proveniente de las descripciones de la apocalíptica judía: nubes, voz de mando, voz de arcángel, voz de trompeta, bajar del cielo… ¿Habría una evocación de la teofanía del Sinaí?</p>
<p>3) La distinción entre vivos y muertos no responde a la pregunta de si Pablo y los contemporáneos van a vivir el acontecimiento de la Venida del Señor. El pensamiento va por otro camino. La apocalíptica de aquel tiempo se preguntaba más bien si era deseable en aquel momento la suerte de los muertos; pues aquellos días -recuérdense las descripciones terroríficas apo­calípticas del Dios Tremendo que viene- serán terribles. Pablo responde re­sueltamente a esta preocupación: vivos y muertos sin temor, con gozo y ale­gría irán al encuentro del Señor.</p>
<p>4) La esperanza en la Parusía del Señor se fundamenta en la fe. Es de fe que han de resucitar los muertos, y esto para salir al encuentro del Señor. El cristiano tiene esperanza. Esta esperanza da sentido a su vida; es fuente de alegría y aleja la tristeza.</p>
<p>5) Palabra del Señor. Es también palabra del Señor que han de resucitar los muertos. La esperanza cristiana en la resurrección de los muertos tiene su origen en la promesa del Señor. No se especifica cuándo ni cómo Cristo anunció tal acontecimiento. Es seguro, con todo, que Él lo ha prometido. Pa­blo es extremadamente fiel a la doctrina de Cristo. La misma Resurrección es un anuncio vivo.</p>
<p>6) Obsérvese el tono de alegría y de gozo que impregna esta descripción y, por lo tanto, también la esperanza cristiana.</p>
<p><strong>2.4. Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13</strong></p>
<blockquote><p>En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: -«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo! Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas. “Pero las sensatas contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.” Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos.” Pero él respondió: “Os lo aseguro: no os conozco. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»</p></blockquote>
<p>Nos encontramos en el amplio contexto de los capítulos 24-25, donde ha recogido Mateo las palabras del Señor referentes a los últimos tiempos. Se trata del discurso escatológico en toda su extensión. Aparece con frecuencia la exhortación a la vigilancia. En las parábolas circundantes se alude de una u otra forma al fin. Se perfila el fin último.</p>
<p>En la parábola no son propiamente las vírgenes el término de la compa­ración, sino las bodas o, si se quiere, la fiesta nupcial. El esposo debe ir a re­coger a la esposa, que se encuentra en casa de sus padres desde los esponsa­les. Atentas a la llegada del esposo, dentro de la casa de la esposa o a las puertas de la misma, se halla un grupo de muchachas jóvenes, en número de diez, amigas de la esposa. Su deber es acompañar a la esposa en el cortejo nupcial y en la boda, cuando venga el esposo. Allí deben estar a la llegada del esposo. El esposo llega, toma a la esposa y, con todo el cortejo nupcial, la conduce a la propia casa. Allí celebran todos, esposo, esposa y acompañan­tes, la gran fiesta nupcial. Allí el júbilo y la alegría. Los que no se encontra­ban en el cortejo a la llegada del esposo no tienen que ver nada con la boda. Para ellos se cierra irremediablemente la puerta. El énfasis recae en la poca previsión de las vírgenes necias.</p>
<p>1) El Esposo de las bodas es Cristo. Lo sugiere suficientemente el versículo 13.</p>
<p>2) El tema principal es <em>Velad</em>. La vigilancia no se refiere, sin embargo, a la vigilia, a no dormirse. De hecho unas y otras se duermen en la tardanza del Esposo. La imprudencia y necedad está en no haber caído en la cuenta de que el Esposo puede tardar y de que, por lo tanto, necesitan mayor acopio de aceite. De hecho llega el Esposo y encuentra a unas no preparadas para seguirle. Han fallado en el cumplimiento de su misión. No pueden acompañarlo; a la vuelta encuentran la puerta cerrada. No hay entrada. No tienen que ver nada con la fiesta. El Esposo no las ha visto en el cortejo.</p>
<p>3) No hay por qué hacer hincapié en el detalle de que se duermen. Es un elemento necesario para el desarrollo de la parábola. Tampoco se alude aquí -todas duermen, la mitad están prontas, la otra mitad no- al estado de la Iglesia a la venida de Cristo. No es ese el tema. De la Esposa, la Iglesia, no se dice nada; ni siquiera se la nombra. La conducta de las prudentes, que aconsejan a las necias ir a comprar, sin proporcionarles ellas mismas, aceite para sus lámparas, no puede interpretarse como egoísmo. Es un detalle más de la parábola.</p>
<p>4) Se inculca la sabiduría cristiana; en este caso la prontitud. ¡Hay que estar preparados y dispuestos! El <em>No os conozco</em> significa «nada tenemos que ver el uno con el otro»,.</p>
<p>Consecuencia.- El fin puede llegar en cualquier momento. Cristo puede venir de un momento a otro. Debéis estar preparados. No podéis perder de vista esta venida, por más que tarde. Otras parábolas irán indicando cuál es la preparación necesaria (Parábola del Mayordomo; la de los talentos). Hay que estar preparados.</p>
<p>Reflexionemos: <strong>Tema fundamental: Cristo viene, el Señor viene.</strong></p>
<p>1) Primera venida. Bajo el nombre de Sabiduría -primera lectura- Cristo se presenta como fácilmente asequible. Él viene a los hombres -estamos en el Antiguo Testamento-. Él es la auténtica Sabiduría, que hace al hombre sabio, lo conduce a la Vida, lo hace inmortal e incorruptible. Esa Sabiduría, ese Cristo -Pablo dirá <em>Mi saber es Cristo</em>– sigue todavía ofreciéndose y ofreciendo sus dones de Vida eterna. Todavía es Hoy, dice la Carta a los Hebreos. Aún estamos a tiempo.</p>
<p>2) Las dos últimas lecturas nos hablan de Cristo que viene por segunda vez:</p>
<p>a) Cristo va a venir ciertamente. Todos resucitaremos. Estaremos con Él; gozaremos con Él; Él será para nosotros el gozo pleno. Su venida será mo­tivo inagotable de alegría y de algazara. ¡<em>El Señor, nuestro Señor, el Kyrios” </em>-nótese el tono afectivo y jubiloso- <em>viene! </em>Esto nos debe servir de consuelo en esta vida. Esta actitud de esperanza jubilosa, que se refleja -o debe refle­jarse- en nuestras vidas, nos distingue de los que no tienen esperanza. Para nosotros hay una alegría reservada. Para los otros todo es sombrío, triste y trágico -la tragedia de la vida-. ¿Quién dijo que el Cristianismo es triste y que no conoce la alegría?</p>
<p>b) La actitud de espera nos obliga a estar prontos a salir al encuentro del Señor que viene. Con las coronas, con el vestido nupcial, con las lámparas ardiendo. El cortejo sigue adelante. Quien no se encuentre en el cortejo no participará de la Fiesta y se verá condenado a no disfrutar de la presencia del Señor.</p>
<p>La esperanza de la venida del Señor produce gozo. El temor de una posi­ble imprudencia nos obliga a la vigilancia y a la vela.</p>
<p>c) ¿Gozamos ya con el pensamiento de ir al encuentro del Señor? Tal gozo será la mejor disposición para no olvidar el aceite para las lámparas. ¿Tememos el Día del Señor? Esto es ciertamente menos perfecto, pero lo su­ficientemente válido para mantener viva nuestra atención al alimento de las lámparas.</p>
<p><strong>3. Oración final:</strong></p>
<p>Dios Padre de toda la Humanidad, que nos invitas a vivir con intensidad nuestra corta vida, cuidando siempre de que el aceite arda en las lámparas de nuestros corazones: ayúdanos a amar a fondo a todo lo que vive y existe, y a ser dadores de vida y de esperanza. Esto nosotros te lo pedimos apoyados en Jesús, tu hijo, hermano nuestro. Amén.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p>MONICIÓN DE ENTRADA:</p>
<p>Nos reunimos aquí para participar de unos mismos bienes, que Dios nos da: su palabra, el alimento de la Eucaristía, que requieren de nosotros, la disposición de poner en común todo lo nuestro. El día de nuestro bautismo se nos entregó un cirio encendido y se nos dijo: “acrecentad esta luz para que perseverando en la fe, podáis salir al encuentro de Cristo, cuando él vuelva”. La celebración de este domingo igual que todos los domingos es como un eco de la primera y principal celebración del año: la vigilia pascual y celebramos también el feliz destino nuestro y de toda la humanidad, la resurrección de Cristo.</p>
<p>MONICION A LA PRIMERA LECTURA. (Sab. 6,12-16)</p>
<p>Jesús es la encarnación de la sabiduría divina que había de ser buscada sin descanso, velando por ella. Todos los que la buscan la encontrará en la puerta del corazón, porque los que la aman la verán fácilmente.</p>
<p>MONICION A LA SEGUNDA LECTURA. (Tesalo. 4, 13-17)</p>
<p>En esta carta primera  a los Tesalonicenses el Apóstol San Pablo, explica la esperanzadora doctrina cristina sobre los últimos tiempos y sobre la suerte de los difuntos.</p>
<p>MONICION AL EVANGELIO. (Mt. 25 1-13)</p>
<p>En vísperas de pasión, Jesús instruye a los discípulos sobre la manera de estar preparados para el final de los tiempos. La parábola de las doncellas prudentes, anima a los cristianos a mantener encendidas la luz de la fe y la gracia que recibieron en el bautismo.</p>
<p>MONICIÓN A LAS OFRENDAS:</p>
<p>Señor, con el pan y el vino queremos ofrecerte nuestra vida y decirte: A quienes somos cobardes, danos tu valentía; a quienes somos hipócritas, danos tu sinceridad de vida; a quienes somos comodones, danos tu látigo; a quienes somos egoístas y envidiosos, danos tu entrega; a quienes somos insensibles, danos tu vivencia sobre tu Padre. SEÑOR, HAZNOS OFRENDAS DE AMOR Y DE CONVERSIÓN.</p>
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		<title>Domingo 31 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo A</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Voces de paz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 30 Oct 2017 14:28:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[2017]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo A]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo Ordinario]]></category>
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					<description><![CDATA[Es  sumamente peligroso pretender ocupar el lugar de Dios. Hoy encontramos esta lección representada en los escribas y fariseos, quienes buscaban a Dios, si no nos examinamos en lo que hacemos y queremos, podemos terminar haciendo una caricatura de la fe. Por eso El papa Benedicto XVI nos invitó a ahondar en la fe y,  este &#8230; <a href="https://fuenteycumbre.com/2017/10/30/domingo-31-del-tiempo-ordinario-ciclo-a-3/" class="more-link">Continuar leyendo <span class="screen-reader-text">Domingo 31 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo&#160;A</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p align="left"><img loading="lazy" data-attachment-id="2033" data-permalink="https://fuenteycumbre.com/2017/01/09/ii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-a/ordinario/" data-orig-file="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg" data-orig-size="2081,770" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="ordinario" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=300" data-large-file="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=788" class="alignnone size-full wp-image-2033" src="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=788" alt="ordinario"   srcset="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg 2081w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=150&amp;h=56 150w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=300&amp;h=111 300w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=768&amp;h=284 768w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=1024&amp;h=379 1024w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=1440&amp;h=533 1440w" sizes="(max-width: 2081px) 100vw, 2081px" /></p>
<p align="left">Es  sumamente peligroso pretender ocupar el lugar de Dios. Hoy encontramos esta lección representada en los escribas y fariseos, quienes buscaban a Dios, si no nos examinamos en lo que hacemos y queremos, podemos terminar haciendo una caricatura de la fe. Por eso El papa Benedicto XVI nos invitó a ahondar en la fe y,  este evangelio dominical nos sitúa en el lugar que corresponde como oyentes y comunicadores de la Palabra de Dios. Este texto de Mateo 23,1-12, nos introduce a los siete “ayes” contra los escribas y fariseos, merece una lectura atenta de cada uno de sus detalles..<span id="more-664"></span></p>
<ol start="1">
<li><strong>Oración:</strong></li>
</ol>
<p align="left">Dios, Padre nuestro, haz que nuestro corazón esté cada día más abierto a tu Palabra, para que nuestra vida sea cada vez más conforme a lo que Tú nos dices, y así caminemos siguiendo tus pasos y vayamos construyendo, con tu ayuda, tu Reino entre nosotros, hasta el día en que Tú nos lo regales en toda su plenitud. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.<span id="more-2314"></span></p>
<ol start="2">
<li><strong>Lecturas y reflexiones de la Palabra de Dios</strong></li>
</ol>
<p><strong>Lectura del Profeta Malaquías 1,14b-2, 2b. </strong><strong>8-10.</strong></p>
<blockquote>
<p align="left"><strong><em>Yo soy el Rey soberano, dice el Señor de los ejércitos; mi nombre es temido entre las naciones. Y ahora os toca a vosotros, sacerdotes: Si no obedecéis y no os proponéis dar la gloria a mi nombre, -dice el Señor de los ejércitos- os enviaré mi maldición. Os apartasteis del camino, habéis hecho tropezar a muchos en la Ley, habéis invalidado mi alianza con Leví -dice el Señor de los ejércitos. Pues yo os haré despreciables y viles ante el pueblo, por no haber guardado mis caminos y porque os fijáis en las personas al aplicar la ley. ¿No tenemos todos un solo Padre? ¿No nos creó el mismo Señor? ¿Por qué, pues, el hombre despoja a su prójimo profanando la alianza de nuestros padres?</em></strong></p>
</blockquote>
<p align="left">El libro de Malaquías hay que colocarlo después de la vuelta del destierro. A mitad del siglo V quizás. En un tiempo en que ha decaído el fervor primitivo y se han introducido costumbres deplorables: escandaloso descuido en las funciones del culto (el clero principalmente) y abusos sociales (matrimonios mixtos y falta de fraternidad entre los fieles). Los dos aspectos, cultural y religioso-social, aparecen en la lectura.</p>
<p align="left">El contexto inmediato lo compone una serie de invectivas contra el sacerdocio de su tiempo. Los sacerdotes no cumplen su ministerio: no muestran el debido respeto y decoro en el culto, no observan las prescripciones de la Ley. Las víctimas sacrificadas, por ejemplo, son defectuosas; no guardan ni enseñan la ciencia de Dios. Han corrompido la Ley y la Alianza de Yahvé. Se pierden y extravían muchos por su negligencia y descuido. Muestran acepción de personas y no practican el bien.</p>
<p align="left">A Malaquías le interesa el esplendor del culto como expresión de religiosidad, no el mero culto externo; en los versículos 4 al 6 del capítulo 2 reconoce su origen divino y la validez de sus funciones. Es que el sacerdocio se ha envilecido: no cumplen bien con sus obligaciones. Y esto clama al cielo.</p>
<p align="left">El último versículo abriría otra sección dirigida a todos. Falta de hermandad y justicia. Las injusticias y abusos sociales se presentan más graves, si se advierte que a todos debiera unir un amor fraterno, pues tienen un mismo Padre. No es, pues, un mal social sin más; es una ofensa a Dios, Padre, y una profanación de la Alianza. Los abusos sociales revisten una malicia religiosa: ofenden al Dios de la Alianza. Este aspecto resulta interesante.</p>
<p align="left"><strong>SALMO RESPONSORIAL </strong><em>Sal 130, 1. 2. 3</em></p>
<blockquote>
<p align="left">R/. <strong>Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.</strong></p>
<p align="left"><strong><em>Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad.</em></strong></p>
<p align="left"><strong><em>Sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre. Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor. </em></strong><strong><em>Espere Israel en el Señor, ahora y por siempre.</em></strong></p>
</blockquote>
<p align="left">Breve y sencillo salmo de confianza. Sugestiva la expresión <em>como un niño en brazos de su madre</em>. El fiel -el cristiano- se sabe en las manos de Dios. Infancia espiritual, sencillez de pretensiones, desnudez. ¿Cuándo aprenderemos que sólo Dios basta? Hablamos de la riqueza del pobre de espíritu y de la pobreza del rico. ¿Sabemos lo que decimos, lo sentimos? Hay que hacerse pequeño para llegar y sentir a Dios. El evangelio confirmará esta postura del salmo. Es todo un plan de vida.</p>
<p align="left">
<p><strong>Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses 2,7b-9.13.</strong></p>
<blockquote>
<p align="left"><strong><em>Hermanos:</em></strong> <strong><em>Os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos.</em></strong> <strong><em>Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor.</em></strong> <strong><em>Recordad, si no, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no serle gravoso a nadie proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios.</em></strong> <strong><em>También, por nuestra parte, no cesamos de dar gracias a Dios porque al recibir la Palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como Palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes.</em></strong></p>
</blockquote>
<p align="left">Admirable y ejemplar la conducta de Pablo. Pablo <em>como una madre</em>. ¿Hay algo más emotivo y tierno? Cuidado exquisito, afecto maternal por los fieles. El corazón de Pablo se abre efusivamente. Pablo deseaba entregarse, junto con el evangelio, a sí mismo. Solícito de su bien, procuró no ser gravoso en el anuncio del Evangelio. Pablo cumplió con fidelidad el encargo divino de proclamar la Buena Nueva. Y lo hizo con entrañas de madre. La virtud de Dios acompañó su trabajo: los fieles acogieron su palabra, no como palabra humana, sino como palabra de Dios. Dios bendijo sus esfuerzos de madre, haciendo de aquellos hombres <em>hijos de Dios</em>, criaturas de la nueva creación.</p>
<p><strong>Lectura del santo Evangelio según San Mateo 23,1-12.</strong></p>
<blockquote>
<p align="left"><strong><em>En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos diciendo:</em></strong><em> <strong>-En la cátedra de Moisés se han asentado los letrados y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.</strong> <strong>Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros; pero no están dispuestos a mover un dedo para empujar.</strong> <strong>Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencia por la calle y que la gente los llame «maestro».</strong> <strong>Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.</strong> <strong>Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro padre, el del cielo.</strong> <strong>No os dejéis llamar jefes, porque uno solo es vuestro Señor, Cristo.</strong> <strong>El primero entre vosotros será vuestro servidor.</strong> <strong>El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.</strong></em></p>
</blockquote>
<p align="left">Mateo ha reunido aquí, al final del ministerio público de Jesús, unos dichos del Señor, como ya lo hizo al principio (5-7). También aquí como allí se notan las soldaduras y restaños. Conocemos ya el arte de componer de Mateo. Son los últimos días. Se avecina el drama de Jesús y la catástrofe del pueblo, que no quiso escuchar la voz del Mesías. Los dirigentes religiosos son los responsables inmediatos. Contra ellos las palabras de Cristo. Las anima cierto aire de polémica.</p>
<p align="left">Podemos distinguir dos partes: 1-7 y 8-12. La primera parte tiene por auditorio principal al pueblo; al fondo, los apóstoles. Las palabras van contra los letrados y fariseos. La finalidad actual, en el evangelio, es catequética: no los imitéis, no sigáis su ejemplo. Esto vale tanto para los discípulos del fondo como para el pueblo fiel que escucha. La segunda parte tiene más próximos a los discípulos y más al fondo al pueblo fiel (cristiano).</p>
<p align="left">La Cátedra de Moisés designa el oficio de enseñar. Son los encargados de la enseñanza religiosa en Israel. Enseñanza que tiene por objeto, además de la Ley, una larga serie de prescripciones legada de los antiguos. Más de una vez atacó Jesús la excesiva importancia que daban a éstas con detrimento de aquélla. En el caso presente, Jesús condena su proceder en la enseñanza más que el objeto de la misma. En primer lugar, no hacen lo que dicen. Sencillamente no dan fruto de buenas obras. Hacen insoportable, con tanta prescripción, la ya difícil carga de la Ley. No mueven un dedo para empujar. No ayudan ni auxilian en el cumplimiento de la Ley. Bien está hacer lo que dicen. La Ley, al fin y al cabo, viene de Dios. Muestran además una ostentación vana. Se muestran extraordinariamente piadosos en el porte exterior; por dentro, en cambio, no tienen nada. Más aún, buscan con afán los primeros puestos en las sinagogas y en los convites. Desean ser reverenciados y tenidos por maestros: ambicionan los títulos y honores. Jesús condena todo esto por insustancial y pernicioso, por irreligioso y carente de piedad.</p>
<p align="left">Jesús muestra y exige a sus discípulos y en ellos a todo cristiano, en especial a los dirigentes, un camino inverso. No los honores, no los títulos vanos en la evangelización y en el discipulado. El evangelizador es un siervo de los siervos, como todo fiel debe serlo de su hermano. Son hermanos entre sí. La única diferencia y distinción ha de ser el servicio mutuo. No hay más que un Maestro: Cristo. Ése es el que realmente enseña. Los demás son discípulos unos y otros al servicio del Reino, instrumentos torpes de la Salvación de Dios. Tampoco el título padre debe ser codiciado por los suyos, pues en realidad no hay más que un solo padre: el Padre que está en los Cielos. Él es quien nos engendra en realidad a una vida nueva. Somos sus hijos; y unos de otros, hermanos. Ni señor ni jefe. El Señor es Cristo, pues él nos ha redimido y salvado. El verdadero orden en el Reino (capítulo 18) consiste en ser el más pequeño, servidor de los demás.</p>
<p align="left">El evangelio propone unas máximas, que son exactamente el reverso de los usos rabínicos. La relación religiosa de los discípulos entre sí es de fraternidad, no de paternidad; de consiervos y siervos los unos de los otros, no de señores y súbditos; de discípulos, aprendices y seguidores del Maestro, no de seguidores y aprendices unos de los otros.</p>
<p><strong>Meditemos</strong></p>
<p align="left">Podríamos comenzar las consideraciones por la última parte del evangelio. La máxima <em>El primero entre vosotros será vuestro servidor</em> es la quintaesencia del evangelio. Ya apareció en Mateo (capítulo 18) <em>hacerse niño</em>; en el paralelo de Marcos; en Lucas 14, 11; 18, 14 y aquí y allá en diferentes textos. Juan lo trae, a su modo, tras el lavatorio de los pies. Las relaciones que deben existir entre los seguidores de Cristo, entre los miembros del Reino, son fraternales, de servicio mutuo. Pablo lo repetirá en mil ocasiones. Jesús es el ejemplo a imitar: Siervo de Dios, que da la vida por sus ovejas. No hay más título, no hay más cargo (<em>no debáis a nadie nada, sino el amor</em>), no hay otra condición más que la de hermanos unos de otros. Uno es el Padre (Malaquías), que nos ahíja y hermana; uno el Señor y Maestro, a quien en realidad seguimos y veneramos; uno el que nos puede salvar. Todo lo que no sea expresión de esa hermandad en Cristo Dios, de ese servicio mutuo en el Señor, de esa ayuda recíproca a seguir a Cristo Maestro, es ostentación, vanidad y soberbia. Quien no haya logrado entender esto, ése tal no ha logrado entender el evangelio. La fórmula, tan usual, «nadie más que nadie» y «nadie es menos que nadie» suena a inexacta por lo aséptica e insignificante. Valdría decir somos todo de todos y para todos en Cristo. En otras palabras, siervos unos de los otros.</p>
<p align="left">Esto supuesto, consideremos los títulos y cargos del Reino. La función de los dirigentes -su servicio- consiste en ayudar a los hermanos (y dejarse ayudar por ellos) en el seguimiento del Señor. El «sabio» cristiano no funda escuela, exactamente hablando; sirve a los hermanos para imitar a Cristo y para conseguir la vida eterna. El «maestro» cristiano es discípulo del Señor, como lo somos todos. El servicio lo distingue no en cuanto maestro, sino en cuanto sirviente. Salirse de esta línea es caer más o menos en los vicios que condena Jesús. Nadie es autor de la salvación. Somos humildes siervos: <em>Somos siervos inútiles; hacemos lo que teníamos que hacer</em>. Dirijamos la atención a los responsables del culto y de la enseñanza. Por ahí van las lecturas.</p>
<p align="left">a) ¿Cómo realizamos las funciones litúrgicas? ¿Destinamos a su realización lo mejor que poseemos: preparación interna y externa, dignidad y porte, preparación de las homilías, preparación de las ceremonias? ¿Dónde el recogimiento interior, el empeño afectivo en el misterio sacrosanto de la misa y de otras celebraciones? Debe transparentarse en ellas la fe y el fervor del que las preside. Somos ministros, servidores. Servimos al pueblo cristiano, como hermanos en Cristo. ¡Servimos!</p>
<p align="left">b) ¿Cómo cumplimos la obligación de educadores en la fe, de servidores de la palabra de Dios? Somos servidores de su palabra y de su plan de salvación, no de nuestras ocurrencias personales. ¿Cómo nos empeñamos en la enseñanza cristiana? ¿Confirma o debilita nuestra conducta lo que enseñamos de palabra? Debiéramos ser el evangelio. La conducta de Pablo sigue siendo ejemplar: como una madre que sólo mira el bien de sus hijos, sin ser gravoso a nadie. El título madre es aquí sinónimo de sierva solícita de los que ama. En esta dirección cabe cualquier título.</p>
<p align="left">¿Buscamos el renombre, los honores? ¿Nos dedicamos a mil cosas marginales? ¿Practicamos suficientemente la piedad, la unión con Dios de quien tenemos que hablar y a quien tenemos que predicar? ¿Profesamos verdadero amor a los fieles? ¿Escandalizamos más que edificamos? ¿Amontonamos preceptos insustanciales, olvidando lo más sagrado? Aquél, pues, que se disponga a servir a los hermanos, trate de adquirir una verdadera actitud de siervo dentro de la comunidad de hermanos. No somos más que los súbditos, somos menores que ellos, dedicados en Cristo a realizar la salvación. Esto vale, mutatis mutandis, para todo cristiano. Los pocos versículos del salmo deben hacernos reflexionar y suspirar por la sencillez.</p>
<p align="left">El que se humilla será enaltecido, y el que se enaltece será humillado. C<em>risto</em> -reza el himno de la Carta a los Filipenses- <em>se humilló hasta la muerte… por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre sobre todo nombre</em>. Cristo Siervo ha sido constituido Señor. El camino es válido -es único- para todos: dirigentes y fieles. Nada de pretensiones ni aspiraciones tontas. El sencillo, el humilde, el «niño» y «siervo», tendrá acogida ante el Señor.</p>
<ol start="3">
<li><strong><em>Oración final</em></strong></li>
</ol>
<p align="left"><strong><em>“Dios mío, yo no me creo más que nadie, ni miro a nadie con desprecio; no hago alardes de grandeza, ni pretendo hacer grandes maravillas, pues no podría llevarlas a cabo. Más bien, me he calmado; me he tranquilizado como se tranquiliza un niño cuando su madre le da el pecho. ¡Estoy tranquilo como un niño después de haber tomado el pecho!”</em></strong></p>
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		<title>Domingo 30 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo A</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Voces de paz]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Oct 2017 15:44:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[2017]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo A]]></category>
		<category><![CDATA[Para la preparación]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo Ordinario]]></category>
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					<description><![CDATA[EL MANDAMIENTO PRINCIPAL La pregunta capciosa que los fariseos dirigen a Jesús no es una cuestión trivial. En la sociedad judía de aquel tiempo, existía una infinidad de mandamientos y de interpretaciones que terminaban por abrumar la conciencia de las personas. ¿Cómo hacer para cumplir con tantos preceptos, sin desatender ninguno? El riesgo mayor era &#8230; <a href="https://fuenteycumbre.com/2017/10/24/domingo-30-del-tiempo-ordinario-ciclo-a/" class="more-link">Continuar leyendo <span class="screen-reader-text">Domingo 30 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo&#160;A</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
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<p><strong>EL MANDAMIENTO PRINCIPAL</strong></p>
<p>La pregunta capciosa que los fariseos dirigen a Jesús no es una cuestión trivial. En la sociedad judía de aquel tiempo, existía una infinidad de mandamientos y de interpretaciones que terminaban por abrumar la conciencia de las personas. ¿Cómo hacer para cumplir con tantos preceptos, sin desatender ninguno? El riesgo mayor era que se podían descuidar los mandatos fundamentales y obsesionarse por los accesorios. De ejemplos y casos de esta confusión tenemos noticia en los Evangelios. De ahí que la respuesta del Señor Jesús siempre seguirá siendo nuestro referente fundamental: tan importante es el amor a Dios como el amor al prójimo. El libro del Éxodo concreta de forma precisa el alcance del amor al prójimo al legislar a favor de los emigrantes, las viudas, los forasteros y los huérfanos.</p>
<ol>
<li><strong>ORACIÓN COLECTA</strong></li>
</ol>
<p>Dios todopoderoso y eterno, aumenta en nosotros la fe, la esperanza y la caridad, y para que merezcamos alcanzar lo que nos prometes, concédenos amar lo que nos mandas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.<span id="more-2306"></span></p>
<p dir="ltr"><strong>2. LECTURAS Y COMENTARIO</strong></p>
<p dir="ltr"><strong>2.1. Lectura del libro del Éxodo 22, 20-26</strong></p>
<blockquote>
<p dir="ltr"><em><strong>Así dice el Señor: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos. Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»</strong></em></p>
</blockquote>
<p dir="ltr">La liberación, con todo, no ha terminado en la salida de Egipto. El paso portentoso del Mar Rojo ha sido un momento importante. Le seguirán otros: el maná, el agua, el cruce del desierto… Destaca la imponente teofanía en el Sinaí: la majestuosa presencia de Dios en medio de su pueblo dentro del marco de una alianza. La verdadera liberación de Israel se verifica y consuma en la conviven cia, que Dios le ofrece gratuitamente, y en la responsable aceptación, que el pueblo hace de ella. El Decálogo señalará el cuadro elemental dentro del cual han de moverse los liberados para ser realmente libres. Libertad personal y comunitaria como participación de la libertad salvadora de Dios. Libertad responsable y creativa en la creatividad libre y responsable de Dios. El De cálogo viene ofrecido en función de la auténtica libertad del hombre. Resu mido sería así: amor a Dios de todo corazón y amor al prójimo como a uno mismo. Libertad para amar y amar para crecer en divina libertad. Dialéc tica vital.</p>
<p dir="ltr">Conviene leer el texto en esa perspectiva. De he cho intentan ser, a su modo, explicitación concreta de las exigencias de una convivencia liberadora con Dios. Imita a Dios, de quien eres imagen y seme janza, y serás, como él, hacedor del bien. Y al hacer el bien, crecerás, te multiplicarás y verás surgir, a tu paso y sombra, un sinfín de bondades que manifestarán e irradiarán la presencia bondadosa de Dios, tu Señor.</p>
<p dir="ltr">La lectura de hoy subraya las exigencias del segundo mandamiento: amor al prójimo. El color de las expresiones es más bien básico, fundamen tal, sin demasiados matices; el sabor, arcaico y la visión ceñida a los tiem pos antiguos: el huérfano, la viuda, el forastero, el pobre… Puede que entre nosotros hayan cambiado los nombres, pero no así las realidades: las mil ne cesidades y opresiones que padece el hombre de hoy en nuestra cercanía.</p>
<p dir="ltr">La presencia de Dios entre nosotros y en nosotros, con su carga de amor liberador, exige de nosotros una liberación de nosotros mismos en beneficio de una salvadora liberación a los demás. En Cristo se afirman y radicalizan las posiciones y se extiende hasta el infinito la visión. Tu Dios y tu prójimo son tú. No lo olvidemos; sería fatal.</p>
<p dir="ltr"><strong>2.2. Salmo Responsorial </strong><strong>Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 5lab(R.: 2)</strong></p>
<blockquote>
<p dir="ltr"><em><strong>R. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.</strong></em></p>
<p dir="ltr"><em><strong>Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R.</strong></em></p>
<p dir="ltr"><em><strong>Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos. R.</strong></em></p>
<p dir="ltr"><em><strong>Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador. Tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu Ungido. R.</strong></em></p>
</blockquote>
<p dir="ltr">Se trata de un Salmo puesto en boca de David, quien le agradece a Dios por haberlo librado de sus enemigos y más exactamente de Saúl (ver el episodio de 2 Samuel 22). De esta manera se nos da el esquema para orar una experiencia de salvación.</p>
<p dir="ltr">El Salmo combina imágenes de solidez y de fuerza (“escudo, roca, fortaleza”), con imágenes de liberación: Dios “fuerza salvadora”, “quedo libre de mis enemigos”, “diste gran victoria…”.  En medio del uso de términos fuertes, tomados del mundo militar, se nota también un lenguaje muy tierno. La idea de fondo es que Dios le permite al rey, y en consecuencia al pueblo del cual es responsable, vivir libremente y con espacio para prosperar. Dios es grande, fuerte y digno de toda confianza, en Él hay seguridad y paz.</p>
<p dir="ltr"><strong>2.3. Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10</strong></p>
<blockquote>
<p dir="ltr"><em><strong>Hermanos: Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios habla corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.</strong></em></p>
</blockquote>
<p dir="ltr">La primera carta a los Tesalonicenses es el primer escrito de Pablo y el primero también del Nuevo Testamento. Posturas fundamentales, líneas maestras, primeras experiencias en el apostolado. Entusiasmo en la predi cación, alabanza a Dios por el éxito, gozo del Espíritu en medio de las tribu laciones. Cierta frescura y sabor de inmediatez.</p>
<p dir="ltr">Sobresalen los últimos versículos; señalan el kerigma primitivo en su es tructura más elemental. Se hace irrenunciable: conversión del culto a los ídolos en obediencia a Dios; servicio leal al Dios de la vida -los otros dioses son dioses muertos-; tensión vital hacia el futuro -ojos abiertos, brazos ex tendidos, boca exultante hacia el Hijo de Dios que viene desde los cielos-; re surrección de los muertos y acción salvífica que nos libra de la intervención punitiva de Dios, supremo Juez.</p>
<p dir="ltr">No podemos dejar en el olvido ninguno de esos elementos: somos converti dos, en estado de vital y constante conversión; en progresivo -y a veces san grante- alejamiento de todo aquello que, de alguna manera, intente apartar nos del Dios revelado en Jesús; siempre en actitud servicial y en ejecución responsable de su santa voluntad, convencidos de que así nos configuramos con él. Después, la Resurrección gloriosa de su Hijo de entre los muertos, acontecimiento definitivo de salvación que nos introduce en la esperanza viva de una participación inefable en su exaltación, cuando venga desde los cielos, como Señor y Rey, a librarnos de la ira futura.</p>
<p dir="ltr">La comunidad cristiana, y el individuo en ella, debe edificarse sobre estas realidades so pena de caer desplomado en cualquier momento sobre su pro pia inconsistencia. Nos apoyamos en Cristo Jesús, Hijo de Dios, resucitado de entre los muertos, a la espera de un encuentro transformante con él al fi nal de los tiempos. La celebración eucarística lo recuerda.</p>
<p dir="ltr"><strong>2.4. Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40</strong></p>
<blockquote>
<p dir="ltr"><em><strong>En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:</strong></em><br />
<em><strong>-«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» Él le dijo: -«”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. ” Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»</strong></em></p>
</blockquote>
<p dir="ltr">Según todos los indicios, parece que hay que remontarse hasta Jesús para dar sentido y explicación de la formulación del mandamiento grande, tal como se encuentra en Mateo. El judaísmo, a pesar de ciertos balbuceos, no había llegado hasta ahí: ni a unir tan inseparablemente el amor de Dios con aquél referido al prójimo, por una parte, ni, por otra, a extender tan ampliamente el concepto de prójimo a todo hombre, por el mero hecho de ser hombre. Así lo recibió la Iglesia de Jesús y así ha de presentarlo en todo momento. También la Iglesia actual. Señalemos algunos detalles.</p>
<p dir="ltr">a) Comencemos, primeramente, por el último versículo: de estos manda mientos pende toda la Ley y los Profetas. El amor a Dios y el amor al prójimo son el compendio de toda la Ley y los Profetas. Dando un paso adelante, la Ley y los Profetas son explicitación de estos mandamientos. Por último, es tos mandamientos son el criterio auténtico de toda acción humana, que me rezca el nombre de tal; criterio, pues, para entender la Ley y los Profetas.</p>
<p dir="ltr">b) El segundo mandamiento -el amor al prójimo- es semejante al primero. Hay que admitir, por una parte, cierta distinción y evitar, por otra, toda se paración. Son en verdad uno y un solo mandamiento que, por nuestras natu rales relaciones –vertical-horizontal-, mira simultáneamente a dos objetos: a Dios y al hombre. No puede darse el uno sin el otro. Ni amaremos a Dios debidamente, si no amamos debidamente al objeto de sus amores, el hombre; ni amaremos con dignidad al hombre, si no es como objeto de los extremados amores de Dios. El amor al prójimo se encuentra involucrado en el amor a Dios y el amor a Dios involucra a los hombres. San Juan lo declara excelen temente: ¿Cómo dices que amas a Dios, a quien no ves, si no amas al her mano a quien ves? También Isaías lo manifestó suficientemente en el pre cioso Cántico de la viña: Esperaba justicia y he ahí crímenes (Is 5, 1-7). La falta de respuesta en la esposa a los amores del esposo es la negación de respeto al prójimo: crímenes. Jesús, por último, indicó a Pedro cuál había de ser la auténtica expresión de amor a su persona: Apacienta mis ovejas.</p>
<p dir="ltr">c) El amor a Dios compromete a toda la persona; también, por concomi tancia, el debido al prójimo: mente, alma y corazón; pensamiento, senti miento, voluntad y acción. De esta manera, el hombre se encuentra orien tado existencialmente hacia aquél de quien es, por definición, imagen y se mejanza. En el ejercicio del amor encontrará su madurez y perfección. En el amor al prójimo entra, sin duda alguna, el recto amor a sí mismo. La propia y personal experiencia de tu limitación y necesidad te ha de abrir a la per sonal necesidad del prójimo como propia y personal.</p>
<p dir="ltr">d) La raíz se encuentra en la manifestación amorosa que Dios hace de sí mismo en Cristo: Dios es insondable y desbordante misterio de amor; Dios es amor. Un Dios que ama tan entrañablemente al hombre no puede ser dig namente correspondido por él si éste, a su vez, no incluye en su amor a todo hombre. Así son las cosas. Ignorarlas y desatenderlas es ignorarse y des trozarse sin remedio. Por eso es el gran mandamiento. La Iglesia recibe como misión manifestar vitalmente con todo esplendor el amor a Dios y al prójimo. Fracasar aquí es negarse existencialmente a sí misma. Son, pues, de capital importancia para definir nuestra propia identidad.</p>
<p dir="ltr"><strong>Meditemos:</strong></p>
<p dir="ltr">Dios es libertad absoluta y absoluto amor. Jesús, el Verbo encarnado, se mueve en las coordenadas de extrema libertad y amor extremo. Tengo poder para poner mi vida y tengo poder para tomarla de nuevo, dice Jesús en Juan; y el evangelista: los amó hasta el extremo. Y en este mismo contexto incide el concepto de obediencia–mandato: Este mandato he recibido de mi Padre. Nosotros, inicial imagen y semejanza de Dios, llamados a crecer inde finidamente en la condición de hijos, disponemos, por creación y gracia, de libertad en el amor y de amor en libertad. En Cristo Jesús somos introduci dos de forma inefable en ese misterio de libertad amorosa. La Verdad -comunicación del Dios salvador en Cristo- nos hará libres. !Vivamos nuestro amor–libertad.!</p>
<p dir="ltr">Conviene, pues, tocar en las consideraciones, ya la raíz y naturaleza de nuestro amor–libertad como participación del libérrimo amor trinitario, ya las relaciones recíprocas que los definen como integración existencial perso nal de nuestro amor y libertad. El hombre de hoy, sensibilizado especial mente a estas realidades, no se siente con el poder suficiente para unirlas eficazmente: no vive en libertad de amor ni en amor que genere auténtica li bertad. Ahí entra nuestra misión. El momento eucarístico -libre amor del Padre en la libre entrega amorosa del Hijo- es el más apropiado para recor darlo, celebrarlo, beberlo y asimilarlo.</p>
<p dir="ltr">A partir del evangelio se impone la aplicación a casos concretos; ya en la liturgia: perdón mutuo de los pecados, oración de unos por otros, el apretón de manos, etc; ya en la vida diaria: en la familia, esposo–esposa (don de sí mismo en Cristo al otro; consideración del otro como don de Dios en Cristo), padres–hijos; en el trabajo, en la vecindad, en la política, en las relaciones humanas, tanto nacionales como internacionales…</p>
<p dir="ltr">Respecto a la segunda lectura, cabe señalar la importancia, siempre vi gente, de las realidades fundamentales de nuestra condición de hijos de Dios: el credo cristiano. Cualquiera de esas verdades puede ser objeto de conside ración, vinculado al tema del amor.</p>
<p dir="ltr"><strong>2.5. Releamos el evangelio con un Padre de la Iglesia</strong></p>
<p dir="ltr">La caridad está por encima de todo. San Agustín se pregunta: ¿Qué hay de más caro que la caridad?</p>
<p dir="ltr">“Bien, hermanos míos, interróguense a sí mismos, toquen la puerta de su interioridad: vean y dense cuenta si tienen alguna caridad, y aumenten lo que encuentren. Estén atentos a un tesoro de estos, de manera que sean ricos por dentro. Llamamos “caras” a aquellas cosas que tienen un precio elevado, y no es por acaso. Examinen su modo de hablar: ‘Esto es más caro que aquello’. ¿Qué quiere decir ‘más caro’ sino que es más precioso?</p>
<p dir="ltr">Si es caro aquello que es precioso, habrá algo más caro que la propia caridad, mis hermanos? ¿Cuál consideramos que es su precio? ¿Dónde se encuentra su valor? El precio del trigo es tu moneda; el precio del campo, tu plata; el precio de la piedra preciosa, tu oro; ¡el precio de tu caridad eres tú! (…)</p>
<p dir="ltr">Si procuras un campo para comprar, buscas dentro de ti. Si quieres tener caridad, ¡búscate a ti y encuéntrate! ¿Por ventura tienes miedo de darte para no gastarte? Por el contrario: si no te das, te pierdes.</p>
<p dir="ltr">Es tu propia caridad que habla por boca de la sabiduría y que te dice algo para que no te asustes con lo que te fue dicho: Date a ti mismo. Si alguien te quisiera vender un campo, te diría: ‘Dame tu oro’; y quien te quiera vender cualquier otra cosa dirá: “Dame tu moneda, dame tu plata’.</p>
<p dir="ltr">Oye lo que te dice al caridad por la boca de la Sabiduría: ‘Hijo, dame tu corazón’… Sea para mí, y no se pierda para ti”. (San Agustín, Sermón 34,7)</p>
<p dir="ltr"><strong>3. Oración final</strong></p>
<p dir="ltr">Dios, Padre nuestro: aumenta nuestra fe, nuestra esperanza y, sobre todo, aumenta nuestro amor y nuestro sentido de la justicia, de modo que vivamos siempre próximos a nuestros hermanos, especialmente a los más necesitados. Por Jesucristo.</p>
<h2><strong>Sugerencias y orientaciones para la celebración</strong></h2>
<p dir="ltr"><strong>MONICIÓN DE ENTRADA</strong></p>
<p dir="ltr">Un domingo más tenemos la suerte de reunirnos con los hermanos para celebrar el momento más importante de toda la semana: la eucaristía dominical. Nos ayuda a vivir este día dando gracias a Dios, examinando un poco más nuestro modo de vivir y teniendo un poco más en cuenta a los demás. ¡Qué la Palabra de Dios ilumine nuestro modo de proceder! ¡Que el pan eucarístico fortalezca nuestra fe para vivir con alegría!</p>
<p dir="ltr"><strong>MONICIÓN A LAS LECTURAS</strong></p>
<p dir="ltr">La Palabra de Dios siempre tiene algo que enseñarnos y, a veces, hace una llamada especial a nuestra vida. Estemos atentos al mensaje de este domingo. Dios es compasivo con los más necesitados y nadie debe oprimir y explotar a los pobres.</p>
<p dir="ltr"><strong>DESPEDIDA</strong></p>
<p dir="ltr">Desde la mesa de la eucaristía somos enviados para prolongar lo que aquí hemos vivido. La Carta a Diogneto, un escrito cristiano del siglo I decía que “los cristianos hemos de ser el alma del mundo”. El alma es el principio de la vida, lo que anima, lo que vivifica. Por tanto, hermanos, somos enviados a vivificar con nuestro testimonio el ambiente en el que vivimos.</p>
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		<title>Domingo 29 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo A</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Voces de paz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Oct 2017 14:14:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
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<p align="left">Una enseñanza, de grandes consecuencias, nos aguarda hoy. Está resumida en la frase de Jesús: “Lo del César, devolvédselo al César”.</p>
<p align="left">Los capítulos 21-23 de Mateo, que venimos leyendo de forma relativamente continua, constituyen una unidad temática importante. Con sus enseñanzas, Jesús pone a las autoridades judías y los fariseos en jaque. Esto se puede ver claramente en la conclusión de evangelio de hoy.<span id="more-629"></span></p>
<p align="left"><strong>1. Oración inicial<br />
</strong>Oh Dios que hiciste que el pueblo de Israel reconociera tu presencia bienhechora en el rey Ciro, más allá de los estrechos límites de su propia etnia y religión. Danos una mirada también amplia y abierta, para reconocer los muchos Ciros –de otras religiones o hasta no religiosos- en los que también hoy podemos descubrir tu oculta presencia bondadosa.<span id="more-2304"></span></p>
<p align="left"><strong>2. Lecturas y comentarios<br />
2.1. Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6<br />
Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano: «Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán. Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios. Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay otro. »</strong></p>
<p align="left">Para comentar este canto, podemos comenzar por el último verso: Yo soy el Señor y no hay otro. No hay más que un Dios; no hay más que un solo Señor. Y ése es el Dios de Israel. El Dios que habló a Moisés y habló a los profetas. Dios único, Creador y Señor del universo. La creación entera lo proclama alborozada, pues es su obra. También la historia: es Señor de la historia y la historia lo revela. Basta abrir los ojos de la fe. El profeta los abre y contempla. A su luz enjuicia e interpreta el «acontecimiento» Ciro.</p>
<p align="left">Ciro ha sido elegido por Dios. Dios lo ha encumbrado y le ha dado en posesión un extenso y poderoso reino. Le ha asistido en sus campañas y le ha abierto las puertas de las ciudades enemigas. Dios lo ha elegido pastor de pueblos; Dios lo ha ungido rey. Ciro es hechura de Dios. El profeta lo sabe y lo proclama. Entre esos pueblos que lo confiesan soberano se encuentra el pueblo de Dios, su siervo Jacob, escogido Israel. El amor de Dios a su pueblo es la razón profunda que ha movido a Dios a la decisión de elevar y asistir a Ciro. No es la primera vez que Dios elige a reyes extranjeros para la ejecución de sus planes con Israel. Lo hizo antes con Asur y Nabucodonosor, para castigar a Samaría y a Jerusalén respectivamente. La elección de Ciro, ahora, tiene un signo diverso: llevar la salvación a Israel. Por eso quizás, principalmente, se le considera ungido, como a los reyes de Israel, como a las personas elegidas por Dios para realizar un plan salvífico determinado.</p>
<p align="left">Dios dirige la historia. Dios controla los acontecimientos humanos. No siempre conocen los instrumentos la mano que los maneja. El profeta, que ve en Dios, sí. La historia humana guarda relación misteriosa con la historia de la salvación. Sólo Dios, y en su lugar el profeta, puede revelarlo. Interesante la elección de Ciro. Dios continúa la obra de la salvación.</p>
<p align="left"><strong>2.2. Salmo Responsorial:<br />
</strong>Salmo de alabanza. Salmo de Dios Rey. Dios, Rey de todos los pueblos y de todas las naciones. El único Dios verdadero. Él es el Creador del mundo -ha hecho el cielo- y el Señor de la historia -gobierna a las gentes rectamente-. La invitación va dirigida a todos. Estos salmos rezuman cierto universalismo. Puede que en el fondo cante o recuerde el salmo de forma particular la vuelta del destierro. Ahí se mostró -junto con la salida de Egipto- Señor de la historia, superior a todos los dioses y Dios único y verdadero. Honor a él: cante toda la tierra su alabanza. El pueblo de Dios debe celebrarlo como Dios Rey, en todo momento, especialmente en el culto. Dios Rey pasa en el Nuevo Testamento a Rey Dios: Cristo Jesús, una cosa con el Padre.</p>
<p align="left"><strong>Sal 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10a y e (R.: 7b)<br />
R. Aclamad la gloria y el poder del Señor.</strong></p>
<p align="left"><strong>Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. R.</strong></p>
<p align="left"><strong>Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Pues los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo. R.</strong></p>
<p align="left"><strong>Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R.</strong></p>
<p align="left"><strong>Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble en su presencia la tierra toda; decid a los pueblos: «El Señor es rey, él gobierna a los pueblos rectamente.» R.</strong></p>
<p align="left"><strong>Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b<br />
<em>Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.<br />
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.</em></strong></p>
<p align="left">Comienza la primera carta a los Tesalonicenses. Es la primera carta de Pablo. Y éstas, sus primeras palabras. Una breve dedicatoria, un breve saludo. Un saludo típicamente cristiano: en Dios y en Cristo el Señor, gracia y paz. Gracia y paz reveladas y concedidas como bienes escatológicos en Cristo Jesús, constituido Señor. Es un deseo, es una oración. La oración se alarga en una acción de gracias por los beneficios que Dios les otorga. Nótese la presencia de las tres virtudes teologales. Ellas informan por completo la vida del cristiano. Nótese también la presencia de las tres divinas personas, que son el arranque, la forma y el fin de la vida cristiana: ante Dios, nuestro Padre, en Jesucristo, nuestro Señor, por la fuerza del Espíritu Santo.</p>
<p align="left">La vida cristiana es una vida nueva. Se extiende y expresa hasta en los más mínimos detalles: en una carta, por ejemplo. En ella, como en el resto de la vida, operan las virtudes teologales: de fe, en su actividad; de esperanza, en su aguante; de caridad, en su esfuerzo. Todo ello en virtud del Espíritu Santo, al Padre, en el Señor Jesús. ¿Cuándo será así nuestra vida? ¿Cuándo serán nuestras acciones, hasta las más insignificantes, expresión de la fe, de la esperanza y de la caridad en Cristo Jesús? Sea nuestra oración, en comunión con los hermanos, una acción de gracias y una súplica por la gracia y la paz.</p>
<p align="left"><strong><em>2.3. Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21<br />
En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: -«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?» Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:<br />
-«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto. » Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?» Le respondieron: -«Del César.» Entonces les replicó: -«Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. »</em></strong></p>
<p align="left">Desde que Roma había extendido su imperio a Palestina. El pueblo hebreo se veía obligado a pagarle tributo. Un denario de plata por persona. Esto resulta enojoso a cualquier pueblo, mucho más al pueblo judío. La condición religiosa de este pueblo hacía la situación todavía más odiosa. Pueblo de Dios, destinado a ser encumbrado sobre todas las naciones, sentía sobre sí, intolerable, el dominio de un pueblo idólatra y gentil. Más aún la efigie del César en la moneda y en los lugares públicos era un bochorno y una provocación continuos.<br />
Así las cosas, los fariseos y los herodianos (enemigos unos, simpatizantes otros de la dominación romana) deciden presentar a Jesús una cuestión capciosa: ¿Es lícito dar tributo al César o no? El pago del tributo implicaba, para algunos, dificultades religiosas. Es fácil adivinar las consecuencias, en todo caso perniciosas, de un sí o un no claros. Si la respuesta es afirmativa, se presenta como inevitable la indisposición con el pueblo, máxime con los celotes. Si, en cambio, la respuesta es negativa, Jesús se indispone claramente con la autoridad romana. Los tentadores habrían sacado partido contra Jesús en cualquiera de los casos. Comienzan un tanto melosos, confesando la imparcialidad de Jesús. Es una gran confesión, aunque con fines perversos. Jesús no es aceptador de personas. Ese título es típico de Dios. En el fondo, confesaban lo que Jesús era sin darse cuenta.</p>
<p align="left">Jesús sale airoso de la trampa, sin evadir la respuesta. Jesús se hace mostrar un denario, la moneda del tributo. Lleva grabada la efigie del César. Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. A la pregunta teórica, de inmediata aplicación práctica, responde Jesús con una sentencia práctica de valor general. Sería así más o menos. Los fariseos -el pueblo entero- usan el denario. Con ello muestran en la práctica el reconocimiento del poder romano y se aprovechan de sus ventajas. Les toca, pues, pagar el tributo; deben contribuir con su aportación a los gastos que suponen las ventajas que disfrutan. Es la única solución práctica. ¿No lleva el denario grabada la efigie del César? Entonces, le pertenece: Dad al César lo que es del César.(Algunos autores notan la diferencia entre dar el tributo, de la pregunta, y el pagarlo, de la respuesta).</p>
<p align="left">La segunda parte de la sentencia y a Dios lo que es de Dios limita la primera. No es el estado romano, ni ningún otro estado, autoridad suprema. La autoridad suprema la detenta Dios. Dios es el primero y el Único; está por encima de todo. El elemento religioso que presentaba e implicaba con frecuencia el Imperio Romano no es aceptable. Dios está por encima del César. Lo pondrán de manifiesto las persecuciones. Por otra parte, no está reñido (contra los celotes) el pago del tributo al César con el servicio a Dios. En otras palabras, el servicio al César, en cuanto al tributo se refiere, no compromete los deberes religiosos. Jesús no discute la legitimidad o no de la presencia del Imperio Romano en Judea; ni tampoco la legitimidad o no de una oposición a ella. Es una solución práctica para aquel estado de cosas. El uso de la moneda implicaba una aceptación tácita del dominio romano y, por tanto, convenía obrar en consecuencia. Más no dice. La respuesta, con todo, es orientadora. San Pablo, en su Carta a los Romanos, añadirá algo a este pensamiento. Tertuliano dice Significa dar al César la imagen del César que lleva la moneda y a Dios la imagen de Dios que está en el hombre; da, pues, al César la moneda y a Dios a ti mismo. Interesante.</p>
<p align="left">2.4. Meditemos:</p>
<p align="left">Esta vez podríamos partir de la primera lectura. Tenemos como base la proclamación de Dios a través del profeta: Yo soy Dios y no hay otro. Aseveración solemne. El salmo lo canta: El Señor es el Rey, él gobierna a los pueblos rectamente. Y el evangelio lo ofrece el fondo. Dios, pues, Señor y Dueño único del universo entero, Señor de la historia. Él dispone y gobierna; nada se le escapa, de todo lleva cuenta y todo entra dentro de su plan. A él la aclamación, a él el honor, a él el respeto y la sumisión. Dios por encima de todo. Es una satisfacción cantarlo y celebrarlo; tanto más cuanto que se ha revelado Padre, Hijo y Espíritu Santo. Padre que ama, Hijo que redime, Espíritu que fortalece y anima. Ése es nuestro Dios y no hay otro. Todos los pueblos están sometidos a él. Servirle es reinar y obedecerle sabiduría y dicha supremas. Alabemos al Señor: sus planes son de salvación. Todos ellos para nuestro bien, si sabemos apreciarlos. El que tiene fe, como el profeta, lo ve y lo palpa. La historia humana, en el fondo, es sagrada. Dios está detrás de ella.</p>
<p align="left">a) Dios, por encima de las naciones, merece obediencia por encima de todo poder humano. Nada ni nadie puede retraernos de la obediencia a Dios: ni el Estado ni el monarca ni la nación ni la raza ni nada. Debemos dar a Dios lo que es de Dios: muestra persona, como dice Tertuliano, nuestro corazón, nuestros afectos y nuestras obras. No existe razón de Estado ni capricho de soberano ni exigencia de raza que pueda, bajo ningún concepto, separarnos de la sumisión a Dios. Ningún poder humano puede alegar el derecho de perdernos. Esto debe quedar siempre claro. Así el evangelio y el salmo formalmente. Todas las naciones deben rendirle culto. Es el primero y más grande de los mandamientos.</p>
<p align="left">b) Todo poder viene de Dios. Nadie reina sin su beneplácito. El Estado, como poder y reino terreno, tiene sus exigencias. El cristiano, que, aunque no es de este mundo, está en el mundo, se ve implicado en relaciones con él. Al César debemos dar lo que es del César. Quien disfrute de unas ventajas, es de derecho, ha de contribuir al mantenimiento de las mismas. Debemos completar el pensamiento con Rm 13, 7: pagar el tributo. Nada tiene que ver para ello, si es o no es laico el Estado. Pablo lo urgía para con el Imperio Romano; Jesús para con el César.<br />
El profeta llama a Ciro, gentil y quizás politeísta, su «mesías». Dios puede realizar la salvación a través de los potentados del mundo. El cristiano, como tal, se verá obligado en conciencia a oponerse o enfrentarse al poder estatal de forma cierta, cuando éste, sobrepasando sus atribuciones, exija algo que vaya contra la voluntad de Dios manifestada en Cristo. Son, pues, principios orientadores: Dios por encima de todo y el Estado, por más laico o infiel que sea, no implica de por sí en sus exigencias la obediencia a Dios. Más aún, puede que Dios actúe a través de él; con frecuencia, sin embargo, contra su voluntad. El cristiano sabe a qué atenerse.</p>
<p align="left">c) La vida teologal y trinitaria del cristiano se expresa hasta en la más insignificante acción: una carta. Todo lo que hacemos, pensamos o deseamos, debe estar impregnado de fe, esperanza y caridad, en el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Examinemos, por un momento, si nuestra vida responde a tal vocación de creer, esperar y amar en cualquier acción que realicemos; si el Dios Trino lo informa todo.</p>
<p align="left">Respondamos a las siguientes preguntas:</p>
<p align="left">1. ¿Con qué intención se aproximan los adversarios a Jesús? ¿Cómo denuncia Jesús sus intenciones?</p>
<p align="left">2. ¿Qué se dice de Jesús? ¿Es correcto?</p>
<p align="left">3. ¿Qué significa la frase: “Lo del César, devolvédselo al César”?</p>
<p align="left">4. ¿El reconocimiento de Dios nos exime de nuestras responsabilidades en el mundo civil?</p>
<p align="left">5. En un pasaje donde la hipocresía de los fariseos se repite en los discípulos de ellos, ¿Qué enseñanza nos da para la educación de los hijos en la familia?</p>
<p align="left">3. Oración final</p>
<p align="left">Oh Dios, Padre nuestro: ayúdanos a entregarnos a ti de todo corazón y a servirte con fidelidad en el prójimo, de modo que vivamos como verdaderos hijos tuyos y como hermanos de todas las personas. Por Jesucristo.<br />
Para quienes animan la liturgia dominical</p>
<p align="left">Entramos en la última parte del Tiempo Ordinario. En estos domingos finales, la segunda lectura está tomada del documento más antiguo escrito en el Nuevo Testamento: la 1ª Carta a los Tesalonicenses, que se distingue por la atención que le presta a temas escatológicos. En estos domingos la primera lectura se correlaciona con el Evangelio, profundizado en aspectos importantes de la moral evangélica, los tres siguientes enfocan el tema del juicio y de la vigilancia.</p>
<p align="left">ORACIÓN COLECTA<br />
Dios todopoderoso y eterno, te pedimos entregarnos a ti con fidelidad y servirte con sincero corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.<br />
“Te pedimos entregarnos a ti con fidelidad”. Es una súplica que no admite reservas, a tal grado que el apóstol san Pablo en la carta a los romanos les pide que se entreguen y sean perseverantes (Rom 12,9-18). Pablo había experimentado el profundo amor de Dios y fruto de esto es la entrega total al servicio en fidelidad al Señor (2 Cor 11,21).<br />
“Servirte con todo el corazón” Es una consecuencia directa de la primera petición, pues nos entregamos a aquél a quien queremos servir de corazón.</p>
<p align="left">Para los lectores.</p>
<p align="left">Primera lectura (Isaías 45,1.4-6). La lectura comienza con una larga introducción, una especie de titulatura. Hay una conexión entre la primera línea y el comienzo propiamente dicho de las Palabras del Señor. Mentalmente el lector lo tendrá claro: “Así habló el Señor a Ciro: (…) Por amor a Jacob”. La serie de títulos que aparece al principio debe ser proclamada con tensión, con la voz elevada. Después, viene otra voz. La lectura debe respetar sentido de la frase. Lea despacio y tome suficiente aire, controle la salida del aire para poder hacer las cesuras y las pausas en el lugar justo. El lector no está con la actitud de quien lee un texto, sino de quien proclama una palabra viva.</p>
<p align="left">Segunda lectura (1ª Tesalonicenses 1,1-5). La primera dificultad, para algunos, es ya el hecho de pronunciar la palabra “Tesalonicenses”. Entrene la pronunciación. Comienza con el nombre de Pablo y un saludo (“la gracia y la paz”). No deje caer el tono al final de la primera frase. Atención a la enumeración: fe, caridad, esperanza. Haga cesura en cada enunciado: “Nunca perdemos de vista / (baja el tono), hermanos muy amados de Dios / (retoma el primer tono), que él es quien los ha elegido”.</p>
<p align="left">Oración después de la comunión:</p>
<p align="left">La participación frecuente en esta eucaristía nos sea provechosa, Señor, para que disfrutemos de tus beneficios en la tierra y crezca nuestro conocimiento de los bienes del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.</p>
<p align="left">CANTOS<br />
Entrada: Reunidos en el nombre del Señor; Un pueblo que camina; Iglesia soy (Gabarain)<br />
Ofrendas: Un niño te acercó (Gabarain); Pan y vino de amor (Brotes de Olivo).<br />
Comunión: Una espiga (O-17); Dichoso el que ama (Gabarain); Hacia ti, morada santa;<br />
Final: Anunciaremos tu Reino.</p>
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		<title>Domingo 28 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo A</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Voces de paz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Oct 2017 18:31:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[2017]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo A]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<h1><img loading="lazy" data-attachment-id="2033" data-permalink="https://fuenteycumbre.com/2017/01/09/ii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-a/ordinario/" data-orig-file="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg" data-orig-size="2081,770" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="ordinario" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=300" data-large-file="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=788" class="alignnone size-full wp-image-2033" src="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=788" alt="ordinario"   srcset="https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg 2081w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=150&amp;h=56 150w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=300&amp;h=111 300w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=768&amp;h=284 768w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=1024&amp;h=379 1024w, https://fuenteycumbre.com/wp-content/uploads/2016/12/ordinario.jpg?w=1440&amp;h=533 1440w" sizes="(max-width: 2081px) 100vw, 2081px" /></h1>
<p>Es para todos bien sabido que para Jesús una de las comparaciones más usuales y socorridas a la hora de hablar del Reino y de la vida eterna es la figura del banquete nupcial. Parece que algo de lo que es esencial en un banquete nupcial es también esencial en la idea que Jesús se hace de lo que debe ser tanto este mundo nuestro como el Reino de Dios. Compartir la mesa y la vida.<br />
<span id="more-626"></span><br />
<strong>1. ORACION COLECTA</strong></p>
<p>Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos siempre dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor Jesucristo.</p>
<p>Para toda obra buena, necesitamos el estímulo y del acompañamiento de la gracia de Dios. Es lo que nos dice Jn 15, 1-17, Separados de mí no podéis hace nada (5). Que estemos siempre dispuestos a hacer el bien. Hacerlo sin descanso.<span id="more-2298"></span></p>
<p><strong><em>2. Lecturas y comentario</em></strong></p>
<p><strong><em>2.1. Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a</em></strong></p>
<blockquote><p><strong><em>Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. – Lo ha dicho el Señor -. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»</em></strong></p></blockquote>
<p>El autor intercala, en un himno de acción de gracias y un himno de alabanza, un cántico que celebra la bondad de Dios, Señor del universo, ofreciendo un suculento banquete. El tema de la perícopa es, pues, el festín que prepara Dios a los hombres que siguen su voluntad. La descripción es poética, fascinante. Solemnemente anuncia el profeta el contenido de la disposición divina bajo la figura de un festín:</p>
<p>a) Exquisitez, abundancia, finura, excelencia. No se limita el Señor a saciar el hambre y a calmar la sed. Va a calmar la sed y a saciar el hambre de una forma completa: abundancia de manjares exquisitos, derroche de vinos generosos.</p>
<p>b) Alejamiento y destierro de todo luto y duelo, de toda enfermedad y dolor, destrucción de la misma muerte. El velo que cubre la humanidad entera de dolor y de luto va a ser destruido para siempre. Ni llanto ni lágrimas ni muerte.</p>
<p>Dios ofrece, pues, un banquete digno, un banquete capaz de aquietar y satisfacer las ansiedades y apetencias más profundas y dignas del espíritu humano. No habrá hambre ni sed (azotes perennes de la humanidad); no habrá llanto ni lágrimas (trabajos duros, enfermedades, guerras…); no habrá muerte (enemigo ineludible de la humanidad entera). Toda necesidad, todo dolor, todo límite que constriñe al hombre y le obliga a llevar una existencia lamentable, ha sido definitivamente alejado. Al espíritu humano se le ofrece el objeto para el que ha sido creado. El verso noveno declara que es Dios mismo la fuente de la alegría y del regocijo. Dios mismo es nuestra salvación. Nótese de pasada la suerte de Moab. Para ellos no hay alegría ni regocijo; no hay banquete. Ellos se han levantado contra Dios. Para ellos no hay salvación; les queda la muerte, el escarnio y la vergüenza.</p>
<p>La promesa de Dios sigue en pie.</p>
<p><strong>2.2. SALMO RESPONSORIAL </strong><strong><em>Sal 22, 1-3a. 3b-4- 5. 6</em></strong></p>
<blockquote><p><strong>R. Habitaré en la casa del Señor por años sin término</strong></p>
<p><strong>El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. R.</strong></p>
<p><strong>Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R.</strong></p>
<p><strong>Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R.</strong></p>
<p><strong>Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R.</strong></p></blockquote>
<p>El salmo 22, uno de los más bellos de todo el salterio comienza con una afirmación atrevida: “El Señor es mi pastor, nada me falta”. Este creyente que se sabe guiado y acompañado por la mano firme y protectora del pastor, proclama con tranquila audacia su ausencia de ambiciones. Tiene todo lo que necesita: conducción, seguridad, alimento, defensa, escolta, techo donde habitar… Difícilmente anidarán en su corazón la agresividad, la envidia, la rivalidad, todas esas actitudes que amenazan siempre el convivir con los otros fraternalmente.</p>
<p><strong><em>2.3. Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19-20</em></strong></p>
<blockquote><p><strong><em>Hermanos: Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación. En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.</em></strong></p></blockquote>
<p>Es aleccionadora la postura que toma Pablo con motivo de un donativo que le han hecho los Filipenses. Pablo se alegra en el Señor, no precisamente por la necesidad superada posiblemente por el donativo de los de Filipos, sino por el afecto que a él le tienen, expresado en el donativo. La necesidad ocupa un plano muy secundario en la vida de Pablo. Está avezado a todo. No le inquietan las necesidades. La aspiración suma y única de su espíritu es Cristo. Todo lo demás sobra. Él lo puede todo, en Él encuentra su fuerza. Por eso se alegra en el Señor y da gracias a Dios, que aumentará el premio de los donantes. De la acción buena de los Filipenses se alegra Pablo en el Señor. Es Dios quien ha de proveer siempre. Él depende inmediatamente de Dios. Por eso está dispuesto a todo.</p>
<p><strong><em>2.4. Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14</em></strong></p>
<blockquote><p><strong><em>En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: – «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda. Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.” Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales reparo en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?” El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»</em></strong></p></blockquote>
<p>Cristo recuerda como inminente la promesa de Dios y la aplica a su persona. En Él, ofrece Dios a los hombres los bienes mesiánicos, bajo la figura de un banquete nupcial. En Él ofrece Dios la satisfacción de toda inquietud, la destrucción de toda calamidad, la vida eterna. Recuérdense las palabras de Cristo en San Juan: El que tenga sed que venga a mí y beba; Yo soy el Pan bajado del Cielo, quien come de este Pan no tendrá hambre jamás; Quien come mi carne y bebe mi sangre vivirá eternamente; Yo soy la Resurrección y la Vida, quien cree en mí no morirá jamás.</p>
<p>El llamamiento de Dios a participar de este banquete se extiende a todos. A los justos y a los pecadores, al mismo tiempo. Nótese que la invitación al banquete es signo de amistad. Dios ofrece su amistad a los hombres.</p>
<p>Unos, los que se tenían por justos -sentido histórico- desechan la invitación, la desestiman, la desprecian; no les interesa. Más aún, se indignan, se sublevan, se levantan contra Él y matan a los enviados. La amistad de Dios se convierte en ira. El Rey los destruye. En lugar de amistad, de banquete y alegría se encuentran con la destrucción y la muerte. (Recuérdese en este momento a los Fariseos y a todos aquellos que hacían depender su salvación exclusivamente de sus obras, del cumplimiento de la Ley. A éstos les sobra Cristo. Contra ellos reaccionará violentamente Pablo). Se consideran justos. Están satisfechos de sí mismos. Ellos se bastan a sí mismos. No se sienten necesitados -hambrientos-. El segundo grupo lo componen los pecadores. Éstos se dan cuenta de su necesidad. Sienten acuciante el hambre y la sed. Acuden a las bodas. A ellos les ofrece Dios el Pan de vida eterna y el Vino que quita la sed para siempre. Es necesario sentir hambre para suspirar por el pan; es necesario experimentar la sed para correr a la fuente. Es necesario sentirse pecador para acudir a la salvación. Es el primer paso para la salvación reconocer la situación de indigencia en que nos encontramos. San Lucas especificará los motivos de la repulsa de los primeros. Se prefieren un par de yuntas de bueyes a la amistad con Dios.</p>
<p>San Mateo añade a la parábola una cláusula muy importante. El hombre que no lleva el vestido de bodas. Sea cual fuere el uso de la antigüedad a este respecto, la intención de Mateo es clara. Mateo dirige la parábola a los cristianos de su tiempo. Los pecadores están dentro de la Iglesia -Monte de Sión, de Isaías-; no basta entrar a las bodas. Es menester comportarse bien. Hay que observar una conducta intachable. Al banquete hay que ir con dignidad. El descuido culpable de uno puede echarlo todo a perder. Mateo no especifica cuál ha de ser el vestido de las bodas. Le basta con indicar el peligro de descuido.(Quizás se pudiera hacer aquí mención de la vestidura blanca del Bautismo). No se pueden pasar por alto las tinieblas exteriores. Hay aquí una oferta, las Bodas, y una amenaza, la muerte. No se puede ser indiferente.</p>
<p>Hagámonos las siguientes preguntas a) ¿Quiénes representan a los invitados que rechazan la invitación? b) ¿Quiénes representan a los nuevos invitados encontrados por los caminos? c) ¿Quién representa al hombre sin traje nupcial? d) ¿Cuáles son en mi vida “los asuntos urgentes” que me impiden aceptar la invitación de Dios? e) ¿Cuál es el traje pedido por mí concretamente para poder</p>
<p>La invitación al gran banquete: Los profetas muchas veces anunciaron los bienes de la salvación y especialmente aquellos de los tiempos escatológicos con la imagen de un banquete. La primera lectura de la liturgia de este domingo (Is 25, 6-10a) es un ejemplo. Isaías, como también Jesús, habla de un banquete preparado por Dios para todos los pueblos, pero el pueblo de Israel y más específicamente la ciudad de Jerusalén, quedan al centro del proyecto de Dios, como mediadores de la salvación que Dios ofrece a todos. En el Nuevo Testamento, por el contrario, aún reconociendo que “la salvación viene de los judíos” (Jn 4, 22), el único mediador de la salvación es Jesús, que continúa ejerciendo su mediación a través de la comunidad de sus discípulos, la Iglesia.</p>
<p>Veamos que significa El traje nupcial Es una ofensa para quien te ha invitado, ir a la fiesta con un traje ordinario de trabajo. Es señal de que no tienes en la debida consideración la ocasión a la que has sido invitado. Esta imagen, utilizada en la parábola del banquete del reino, quiere significar que no se entra en el Reino sin estar preparado; el único modo de preparase a ello es la conversión. En efecto, cambiar vestido en lenguaje bíblico indica cambiar el estilo de vida o sea convertirse (ver por ejemplo, Rom 13,14; Gal 3, 27; Ef 4, 20,24).</p>
<p>De esta manera: “Muchos los llamados, pocos los elegidos” La expresión es un semitismo. En ausencia del comparativo, el hebreo bíblico usa expresiones fundadas en una drástica oposición. Por lo cual esta expresión no dice nada sobre la relación numérica entre los llamados en la Iglesia y los elegidos a la vida eterna. Sin embargo, es verdad que la parábola distingue entre la llamada a la salvación y la elección y perseverancia final. La generosidad del Rey es inmensa, pero es necesario tomar en serio las exigencias del Reino. La expresión es una acuciante llamada a no contentarse con una pertenencia formal al pueblo de Dios. No se puede tomar la salvación por descontado. En esto Jesús sigue de cerca la enseñanza de los profetas. Basta recordar a Jer. 7, 1-15 i Os 6, 1-6.</p>
<p><strong>Oración final</strong></p>
<p>Oh «Dios», misterio insondable que intuimos en el fondo y más allá del Ser y de la Vida, al que solemos imaginar como Padre y Padre, Origen, Fuente, Comienzo… Nos gozamos hoy, con Jesús, en imaginarte como quien ha invitado a todos los seres al banquete de la vida, a la fiesta de unas bodas de amor… Sustenta tú nuestro gozo y nuestra esperanza, para que como nos dice Jesús, consideremos nuestra vida toda, una invitación, un convite a la alegría, una participación en la Fiesta de la Vida. Nosotros te lo pedimos inspirados y movidos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.</p>
<p><strong>Moniciones</strong></p>
<p><strong>ENTRADA</strong></p>
<p>Hermanos: La Eucaristía es anticipo del banquete de bodas del Reino. El Señor nos ha invitado a su boda. Por eso nosotros debemos disponernos de la mejor forma que podamos para este acontecimiento de gracia, que es esta celebración dominical. Cristo nos da como alimento el pan de su Palabra, de su Cuerpo y de su Sangre. Por eso recibámosle gozosos y agradecidos. Celebremos con alegría y con fe la Eucaristía de este domingo.</p>
<p><strong>LECTURAS</strong></p>
<p>La parábola del banquete de bodas es hoy el centro de la Palabra que vamos a escuchar. El Buen Pastor nos conduce a fuentes tranquilas. Pablo confiesa que todo lo puede en Aquel que le conforta. Por tanto, estemos atentos y dispuestos a la proclamación de la Palabra de vida que el Señor nos dirige en este día.</p>
<p><strong>DESPEDIDA</strong></p>
<p>Hermanos: Hemos participado en la Eucaristía, banquete de salvación y de paz, sin mérito alguno por nuestra parte. Gratis hemos recibido, demos gratis. Que el amor que el Señor ha derramado sobre nosotros seamos capaces de trasladarlo a nuestras familias y ambientes. Que el Señor nos conceda un feliz domingo.</p>
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		<title>Domingo 27 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo A</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Voces de paz]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Oct 2017 18:29:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[2017]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo A]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo Ordinario]]></category>
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					<description><![CDATA[Somos la viña del Señor y su plantel preferido. Él espera de nosotros una buena cosecha, para que corra la justicia como un río y los hombres puedan vivir en paz y en fraternidad. Oración: Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso desbordas los méritos  y deseos de los que te suplican; derrama sobre &#8230; <a href="https://fuenteycumbre.com/2017/10/03/domingo-27-del-tiempo-ordinario-ciclo-a-4/" class="more-link">Continuar leyendo <span class="screen-reader-text">Domingo 27 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo&#160;A</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
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<p>Somos la viña del Señor y su plantel preferido. Él espera de nosotros una buena cosecha, para que corra la justicia como un río y los hombres puedan vivir en paz y en fraternidad.</p>
<ol>
<li><strong>Oración:</strong></li>
</ol>
<p><strong>Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso desbordas los méritos  y deseos de los que te suplican; derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra conciencia de toda  inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.</strong></p>
<p>“Con amor generoso desbordas los méritos y deseos de los que te suplican” (colecta). Esta oración se mueve en el Misterio, que es la realidad de Dios, donde nosotros nos hallamos inmersos. Dios es más grande que nuestros méritos y deseos. Es más grande que nuestra conciencia y nuestras súplicas. Y aquí radica nuestra confianza: “en caso de que nos condene nuestra conciencia, Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo” (1Jn 3, 20). Al fin y al cabo, el cristiano no descansa en sí mismo. El cristiano descansa en la bondad insondable del Padre que se nos ha manifestado en Jesús, el Señor. Y el mismo movimiento que lo lleva hacia el Padre no es obra suya: es el Espíritu del Padre y del Hijo quien lo causa: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; …intercede por nosotros” (Rm 8,26; d. 16.)<span id="more-2293"></span></p>
<ol start="2">
<li><strong>Lecturas y comentarios</strong></li>
</ol>
<p><strong><em>2.1. Lectura del profeta Isaías (5,1-7)</em></strong></p>
<blockquote><p><strong><em>Voy a cantar en nombre de mi amigo</em></strong><strong><em> un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar.</em></strong><em> <strong>Y esperó que diese uvas,</strong><strong> pero dio agrazones.</strong> <strong>Pues ahora, habitantes de Jerusalén,</strong><strong> hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña.</strong> <strong>¿Qué más cabía hacer por mi viña</strong><strong> que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?</strong></em> <strong><em>Pues ahora os diré a vosotros</em></strong><strong><em> lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen.</em></strong><em> <strong>La dejaré arrasada:</strong><strong> no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos, prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.</strong> <strong>La viña del Señor de los ejércitos</strong><strong> es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido.</strong> <strong>Esperó de ellos derecho,</strong><strong> y ahí tenéis asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.</strong></em></p></blockquote>
<p>Este canto de la viña, compuesto por Isaías al principio de su ministerio y recitado, probablemente, con ocasión de la fiesta de la vendimia, es una de las piezas líricas más hermosas de toda la Biblia. Se trata de lo que hoy llamaríamos una canción-denuncia, por lo que interesa mucho conocer la situación socio-política del momento. De esta situación podemos hacernos idea si leemos después las siete maldiciones que se pronuncian contra los acaparadores de tierras y fortunas, los especuladores del suelo y los estafadores, los jueces corrompidos, los campeones en beber vino y los que banquetean despreocupados, los que confunden el mal y el bien y los que son sabios a sus propios ojos… (vv. 8-24). Tengamos en cuenta que la denuncia y la amenaza atañe a toda la sociedad que bien pudiera ser la nuestra y que no se pretende simplemente la conversión individual de este o aquel pecador. No olvidemos tampoco que las uvas que Dios exige y le son negadas son la justicia social entre otras cosas. Isaías utiliza un motivo alegórico de gran tradición, el de la viña del Señor que es la casa de Israel. Pero esta alegoría logra en el canto de Isaías su versión más brillante, en la que se inspirará la parábola de Jesús que vamos a escuchar en el evangelio de hoy. El profeta, el poeta pronuncia un canto inocente, adaptado a la situación festiva del momento.</p>
<p>El amor, el amigo del profeta, eligió para su viña la mejor tierra: un collado de tierra grasa. La cavó y la plantó con las mejores cepas. Con las piedras que sacó del campo construyó una tapia, y coronó esa tapia de espinos (v. 5). Después levantó en medio de la viña una torre de vigilancia y excavó una bodega en la roca. No podía hacerse más con esa viña. Pero la viña no le dio al amo lo que era de esperar, sino agrazones. Por eso se querella contra su viña. Los habitantes de Jerusalén escuchan estas quejas y son requeridos para sentenciar en el pleito. Tenemos aquí un caso análogo al de Natán cuando invita al rey David para que juzgue sobre un asunto que resultaría ser el suyo (2 S 12. 1 ss.). Pues los habitantes de Jerusalén son “la viña del Señor”. ¿Qué podrán decir en su defensa? Nada, por eso no responden.</p>
<p>Y ante el silencio de la viña, de la casa de Israel, Yahvé pronuncia una sentencia sobre ella y contra ella. El amo derribará la tapia para que la coman los rebaños y la devasten, la dejará yerma para que crezcan de nuevo los cardos y mandará a las nubes para que pasen de largo. Sin matáfora: Dios abandonará a Israel a su propia suerte y lo entregará como fácil presa a los asirios. Pues esperaba uvas y le ha dado agrazones; quería que corriera el derecho y la justicia como un río y sólo corre la sangre inocente y los lamentos de los oprimidos.</p>
<p><strong>2.2. Salmo responsorial (</strong>Salmo 79)</p>
<blockquote><p>R/. <strong>La viña del Señor es la casa de Israel</strong></p>
<p><em><strong>Sacaste, Señor, una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste. Extendió sus sarmientos hasta el mar y sus brotes hasta el Gran Río.</strong></em></p>
<p><em><strong>¿Por qué has derribado su cerca, para que la saqueen los viandantes, la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas? Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa.</strong></em></p>
<p><em><strong>No nos alejaremos de ti danos vida, para que invoquemos tu nombre. Señor Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.</strong></em></p></blockquote>
<p>El salmo 79 es la oración de Israel ante una gran desgracia. El enemigo ha invadido el territorio nacional y ha destruido la ciudad y el templo, y Dios parece mostrarse indiferente y callado ante tamaña desgracia: «<em>Pastor de Israel, ¿hasta cuándo estarás airado?; mira desde el cielo, fíjate y ven a visitar tu viña</em>, suscita, Señor, un nuevo rey que dirija las victorias de tu pueblo, fortalece un hombre haciéndole cabeza de Israel y <em>que tu mano proteja</em>, a éste, <em>tu escogido</em>.» Con este salmo podemos hoy pedir por la Iglesia y sus pastores. También el nuevo Israel sucumbe frecuentemente ante el enemigo, y le falta mucho para ser aquella vid frondosa que atrae las miradas de quienes tienen hambre de Dios: «Tú, Señor, elegiste a la Iglesia para que llevara fruto abundante, tú la quisiste universal, quisiste que <em>su sombra cubriera las montañas</em>, que <em>extendiera sus sarmientos hasta el mar</em>; y, fíjate, sus enemigos <em>la están talando</em>, su mensaje topa con dificultades, su Evangelio, con frecuencia, es adulterado; pon tus ojos sobre tu Iglesia, <em>despierta tu poder y ven a salvarnos, que tu mano proteja </em>a los pastores, a nuestro obispo, e<em>l hombre que tú fortaleciste</em> para guiar a tu Iglesia. <em>Ven</em>, Señor Jesús, <em>y sálvanos</em>.</p>
<p><strong><em> 2.3.</em></strong> <strong>Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 4, 6-9.</strong></p>
<blockquote><p><em><strong>Hermanos: Nada os preocupe; sino que en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito tenedlo en cuenta.</strong></em> <em><strong>Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.</strong></em></p></blockquote>
<p>Pablo esboza aquí para sus amigos de Filipos un estilo de moral, una forma de comportamiento que no tiene nada que ver con la moral pagana, sino que camina en otra línea. Señala varios puntos de apoyo que los creyentes harán bien en tomar. El primero es que el actuar cristiano se desarrolla en la oración, en un clima de ternura en Cristo Jesús. La prescripción de toda moral queda desplazada por una visión de amor y esto lo expresa el creyente en la acción de gracias. Algo que cada domingo toda comunidad cristiana se esfuerza por poner de manifiesto.</p>
<p>Según el pensamiento de Pablo (Cf Rom 5), la paz no es algo que se caracteriza exclusivamente por la ausencia de guerra, no es siquiera una virtud moral, sino es el saberse salvado por Jesús. Esta es la paz fundamental de la que dimana toda otra paz. Pues bien, el creyente tendrá que esforzarse, si quiere ser consecuente con el hecho de Jesús, por ser un hombre de paz. El cristiano es, por definición, un pacifista, un no violento nato, un antimilitarista profundo, porque cree que el mejor medio para llegar al entendimiento entre dos personas es el camino de la paz. Construir la paz es querer infundir serenidad y coraje, simpatía y ánimo.</p>
<p>El creyente, dice también Pablo, se caracteriza por una gran humanidad. Queda superada la concepción del que se aleja de los hombres porque le defraudan y “se refugia” en Dios. Ciertamente ese Dios no lo es tal, porque el Dios de Jesús pasa por el hombre Jesús. Por eso se podría definir al creyente como un apasionado por todo lo humano, por mejorar lo que se pueda mejorar dentro de la vida del hombre, por hacer al hombre más hombre. Y todo ello por exigencias de la fe. Este es el fruto que Dios espera del derroche de amor que ha hecho con el hombre (cf 1. lectura).</p>
<p>Otras veces se ha propuesto Pablo a sí mismo como modelo de imitación en la lucha de la fe (3, 17; 1 Cor 4, 16; 1 Tes 4, 1). No es de ningún modo un orgullo fatuo sino la seguridad que da el mantenerse en fidelidad, la seguridad del profeta de verdad. El que desea avanzar por caminos de fe hará bien en animarse y tomar conciencia a través de los que se han lanzado a este trabajo de amor que es la fe en la más completa generosidad.</p>
<p><strong>2.4. Lectura del santo Evangelio según San Mateo 21,33-43.</strong></p>
<blockquote><p><em><strong>En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo:</strong></em> <em><strong>—Escuchad otra parábola:</strong></em> <em><strong>Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.</strong></em> <em><strong>Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.</strong></em> <em><strong>Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.»</strong></em> <em><strong>Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: «Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.»</strong></em> <em><strong>Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo ataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?</strong></em> <em><strong>Le contestaron:</strong></em> <em><strong>—Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen labradores que le entreguen los frutos a sus tiempos.</strong></em> <em><strong>Y Jesús les dice: —¿No habéis leído nunca en la Escritura:</strong></em><strong><em> «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el Reino de los Cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.</em></strong></p></blockquote>
<p>La parábola de los viñadores homicidas la pronunció Jesús en una versión muy sobria. Cabe la posibilidad de deslindar sus propias palabras comparando las tres versiones sinópticas con la versión del Evangelio apócrifo de Tomás. La comunidad primitiva habría “alegorizado” esa parábola, como, por lo demás, suele hacerlo, así algunos desarrollos sobre la viña de Israel y sobre la piedra rechazada, para descubrir en ella el sentido de la historia de Israel y las bases de la cristología.</p>
<p>a) En la versión elaborada probablemente por Cristo se trataba de un propietario de una viña que habitaba en el extranjero (v. 33) y se veía obligado a tratar con los viñadores por intermedio de sus servidores. El fracaso de estos le obliga a enviar a su propio hijo. Este cuadro está tomado de la situación económica de la época: el país estaba dividido en gigantescos latifundios cuyos propietarios eran en gran parte extranjeros. Los campesinos galileos y judíos que arrendaban esas tierras se dejaban influir por la propaganda de los zelotes y alimentaban un odio muy vivo para con el propietario. El asesinato del heredero es una manera de entrar en posesión de la tierra, puesto que el derecho concedía a los primeros ocupantes una tierra vacante. Pero los viñadores se equivocan: el propietario vendrá a tomar posesión personalmente de su tierra antes que quede vacante y se la confiará a otros (v. 41).</p>
<p>¿Qué ha querido decir Jesús al contar esta parábola? Sin duda establece una cierta distancia con relación a los zelotas; aun cuando la injusticia reine en el mundo, el Reino de Dios no puede venir por la violencia ni por el odio, sino por la muerte y por la Resurrección.</p>
<p>Al proponer esta parábola, Jesús se dirige a los jefes del pueblo (Mc 11, 27) que gustaban precisamente de compararse con los “viñadores”. Su finalidad es hacerles comprender que han estado por debajo de su misión y que su tierra será dada a otros, y, en particular, a los pobres (cf. Mt 5, 5). Jesús ha explicado muchas veces en sus declaraciones de alcance escatológico que la Buena Nueva, a falta de ser comprendida por los jefes y los notables, sería comunicada a los pequeños y a los pobres (Lc 14, 16-24; Mc 12, 41-44).</p>
<p>b) La Iglesia primitiva alegorizó rápidamente la parábola. En una primera etapa añadió las alusiones a Is 5, 1-5 al v. 33; introdujo igualmente una alusión a 2 Cr 24, 20-22, con el fin de extraer de la parábola el sentido de la historia de la viña-Israel, su repulsa constante de los profetas, su repulsa del Mesías y finalmente la atribución de las prerrogativas de sus jefes, los viñadores, a otros, los apóstoles.</p>
<p>c) Mateo, a su vez, transforma la parábola primitiva de Jesús en una alegoría destinada a explicar las razones y las repercusiones de la muerte de Cristo.</p>
<p>Mateo explica, pues, la muerte de Cristo mostrando que las predicciones mesiánicas ya la preveían: subraya igualmente que esa muerte repercute en la edificación de un Reino nuevo, ya que la piedra rechazada se convierte en la piedra angular del templo definitivo. Mateo asocia en particular la idea de la piedra rechazada con la de la muerte fuera de la ciudad (v. 39; cf. Heb 13, 12-13) con una finalidad escatológica: mostrar que el nuevo pueblo de viñadores se apoya en un nuevo sacrificio.</p>
<p>La muerte no es fuerte, sino en la medida en que el hombre se niega a darle un sentido integrándola en su condición de criatura. Rechazada, la muerte hace entonces su obra: abre las puertas al orgullo del espíritu. Aceptando, por el contrario, la muerte a la manera de Jesús, el cristiano mantiene en jaque su poder; la muerte no tiene la última palabra de la existencia humana. La muerte no desaparece, pero el hombre no solo puede quebrantar su cerco, sino que, además, por poco que la aborde en la obediencia del amor, puede hacer de ella el trampolín de una existencia nueva: la piedra rechazada se convierte en piedra angular.</p>
<p>Pero el cristiano sabe que la muerte recibe su poder del hombre mismo que se niega a integrarla en su condición de criatura y trata de divinizarse -como si la muerte no existiese- apoyándose sobre las únicas seguridades de la existencia individual y colectiva.</p>
<p>Enfrentándose a la muerte como lo ha hecho Jesucristo, los miembros de su Cuerpo no hacen que desaparezca; mantienen en jaque su poder y proclaman que, a pesar de las apariencias, la muerte no es la última palabra de la existencia humana. Los cristianos participan desde aquí abajo en la verdadera vida, la del Resucitado; y esa vida estalla con fuerza cada vez que la muerte trata de tocarla. El cristiano reconoce y acepta que, en sus distintas formas, la muerte le hiere: pero su fe le capacita para discutir su poderío. En este sentido es llamado, día tras día, a mortificarse, a actualizar concretamente en su existencia la muerte de Cristo. Conforme a la expresión de San Pablo, el cristiano es un “muerto”; pero, en realidad, “retorna” constantemente de la muerte, desposeída ya de su poder, y su muerte está “oculta con Cristo en Dios”. La mortificación cristiana quiere ser una fuente de verdadera vida en la fe. La Eucaristía permite a cada creyente proclamar y hacer suya la victoria de Cristo sobre la muerte; invita a cada uno a distinguir mejor los signos de la muerte en su vida y en la vida del mundo.</p>
<ol start="3">
<li><strong>Oración final</strong></li>
</ol>
<p>¡Señor, cuántas veces el amor es pagado con la ingratitud más negra! No hay nada tan destructivo como sentirse traicionado, verse burlado, saber que hemos sido engañado. Todavía más difícil es el constatar que tanto gestos de bondad, de generosidad, de apertura, de tolerancia, como tantas palabras dichas con sinceridad y hasta el empeño de ser solidarios y sinceros, no ha servido de nada. Señor, tú que has conocido la ingratitud de los hombres; Tú que has sido paciente con quien te ofendía; Tú que has sido siempre misericordioso, manso, ayúdanos a combatir nuestra inflexible dureza hacia los otros. También nosotros te dirigimos la invocación del salmista: “No abandones la viña que tu diestra ha plantado”. Nuestra oración, después de este encuentro con tu Palabra, se convierta en súplica siempre más penetrante hasta llegar a tu corazón. “Levántanos Señor, muéstranos tu rostro y seremos salvos”. Señor, tenemos mucha necesidad de tu misericordia y mientras que en nuestro corazón esté el deseo y la búsqueda de tu rostro, el camino de la salvación está siempre abierto. Amén.</p>
<p>&nbsp;</p>
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