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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/atom10full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" gd:etag="W/&quot;C0cFR3c8fSp7ImA9WhRVGUk.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-7554079269449403729</id><updated>2012-01-18T18:43:36.975-08:00</updated><category term="Figuras literarias" /><category term="Teatro Quechua" /><category term="Novelas" /><category term="Drama incaico" /><category term="Abraham Valdelomar" /><category term="Literatura" /><category term="Crónicas" /><category term="Tradiciones Peruanas" /><category term="Cuentos andinos" /><category term="Julio Ramón Ribeyro" /><category term="Cuentos costeños" /><category term="Mitos andinos" /><category term="Poesía" /><category term="Comentarios Reales" /><category term="Literatura quechua" /><category term="Exámenes" /><category term="César Vallejo" /><title>HARAVICUS</title><subtitle type="html">Literatura preincaica, incaica y peruana</subtitle><link rel="http://schemas.google.com/g/2005#feed" type="application/atom+xml" href="http://haravicus.blogspot.com/feeds/posts/default" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://haravicus.blogspot.com/" /><link rel="next" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/7554079269449403729/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25&amp;redirect=false&amp;v=2" /><author><name>Juan César</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="28" height="32" src="http://4.bp.blogspot.com/-IcjldRwXdjQ/Ti-I3OrGd5I/AAAAAAAABf8/4BBsVgxfjm4/s220/1.jpg" /></author><generator version="7.00" uri="http://www.blogger.com">Blogger</generator><openSearch:totalResults>52</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/atom+xml" href="http://feeds.feedburner.com/Haravicus" /><feedburner:info uri="haravicus" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><entry gd:etag="W/&quot;A08GR3w7eyp7ImA9WhRVFkk.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-7554079269449403729.post-3984590446303208152</id><published>2012-01-15T09:50:00.000-08:00</published><updated>2012-01-15T09:50:26.203-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2012-01-15T09:50:26.203-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Cuentos costeños" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Julio Ramón Ribeyro" /><title>La insignia - Julio Ramón Ribeyro</title><content type="html">&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-6KoQAvMTawc/TrSCOhCO7CI/AAAAAAAAEkw/gq98SoMrYA8/s1600/silhouette%2Billustrations%2Brelating%2Bto%2BRussian%2Bpoet%252C%2BAlexander%2BPushkin_Pushkin%2Bsilhouettes%2Be.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;img alt="haravicus.blogspot.com" border="0" height="166" src="http://3.bp.blogspot.com/-6KoQAvMTawc/TrSCOhCO7CI/AAAAAAAAEkw/gq98SoMrYA8/s200/silhouette%2Billustrations%2Brelating%2Bto%2BRussian%2Bpoet%252C%2BAlexander%2BPushkin_Pushkin%2Bsilhouettes%2Be.jpg" title="haravicus.blogspot.com" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hasta ahora recuerdo aquella tarde en que al pasar por el malecón divisé en un pequeño basural un objeto brillante. Con una curiosidad muy explicable en mi temperamento de coleccionista, me agaché y después de recogerlo lo froté contra la manga de mi saco. Así pude observar que se trataba de una menuda insignia de plata, atravesada por unos signos que en ese momento me parecieron incomprensibles. Me la eché al bolsillo y, sin darle mayor importancia al asunto, regresé a mi casa. No puedo precisar cuánto tiempo estuvo guardada en aquel traje, que por lo demás era un traje que&amp;nbsp; usaba poco. Sólo recuerdo que en una oportunidad lo mandé a lavar y, con gran sorpresa mía, cuando el dependiente me lo devolvió limpio, me entregó una cajita, diciéndome: «Esto debe ser suyo, pues lo he encontrado en su bolsillo». &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Era, naturalmente, la insignia y este rescate inesperado me conmovió a tal extremo que decidí usarla. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Aquí empieza verdaderamente el encadenamiento de sucesos extraños que me acontecieron. Lo primero fue un incidente que tuve en una librería de viejo. Me hallaba repasando añejas encuadernaciones, cuando el patrón, que desde hacía rato me observaba desde el ángulo más oscuro de su librería, se me acercó y, con un tono de complicidad, entre guiños y muecas convencionales, me dijo: «Aquí tenemos libros de Feifer». Yo lo quedé mirando intrigado porque no había preguntado por dicho autor, el cual, por lo demás, aunque mis conocimientos de literatura no son muy amplios, me era enteramente desconocido. Y acto seguido añadió: «Feifer estuvo en Pilsen». Como yo no saliera de mi estupor, el librero terminó con un tono de revelación, de confidencia definitiva: «Debe usted saber que lo mataron. Sí, lo mataron de un bastonazo en la estación de Praga». Y dicho esto se retiró hacia el ángulo de donde había surgido y permaneció en el más profundo silencio. Yo seguí revisando algunos volúmenes maquinalmente pero mi pensamiento se hallaba preocupado en las palabras enigmáticas del librero. Después de comprar un librito de mecánica salí, desconcertado, del negocio. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Durante algún tiempo estuve razonando sobre el significado de dicho incidente pero como no pude solucionarlo acabé por olvidarme de él. Mas, pronto, un nuevo acontecimiento me alarmó sobremanera. Caminaba por una plaza de los suburbios, cuando un hombre menudo, de faz hepática y angulosa, me abordó intempestivamente y antes de que yo pudiera reaccionar, me dejó una tarjeta entre las manos, desapareciendo sin pronunciar palabra. La tarjeta, en cartulina blanca, sólo tenía una dirección y una cita que rezaba: SEGUNDA SESIÓN: MARTES 4. Como es de suponer, el martes 4 me dirigí a la numeración indicada. Ya por los alrededores me encontré con varios sujetos extraños, que merodeaban, y que por una coincidencia que me sorprendió, tenían una insignia igual a la mía. Me introduje en el círculo y noté que todos me estrechaban la mano con gran familiaridad. En seguida ingresamos a la casa señalada y en una habitación grande tomamos asiento. Un señor de aspecto grave emergió tras un cortinaje y, desde un estrado, después de saludarnos, empezó a hablar interminablemente. No sé precisamente sobre qué versó la conferencia ni si aquello era efectivamente una conferencia. Los recuerdos de niñez anduvieron hilvanados con las más agudas especulaciones filosóficas, y a unas digresiones sobre el cultivo de la remolacha fue aplicado el mismo método expositivo que a la organización del Estado. Recuerdo que finalizó pintando unas rayas rojas en una pizarra, con una tiza que &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;extrajo de su bolsillo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Cuando hubo terminado, todos se levantaron y comenzaron a retirarse, comentando entusiasmados el buen éxito de la charla. Yo, por condescendencia, sumé mis elogios a los suyos, mas, en el momento en que me disponía a cruzar el umbral, el disertante me pasó la voz con una interjección, y al volverme me hizo una seña para que me acercara.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—Es usted nuevo, ¿verdad? —me interrogó, un poco desconfiado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—Sí —respondí, después de vacilar un rato, pues me sorprendió que hubiera podido identificarme entre tanta concurrencia—. Tengo poco tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—¿Y quién lo introdujo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Me acordé de la librería, con gran suerte de mi parte.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—Estaba en la librería de la calle Amargura, cuando el...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—¿Quién? ¿Martín?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—Sí, Martín.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—¡Ah, es un gran colaborador nuestro!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—Yo soy un viejo cliente suyo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—¿Y de qué hablaron?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—Bueno... de Feifer.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—¿Qué le dijo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—Que había estado en Pilsen. En verdad... yo no lo sabía&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—¿No lo sabía?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—No —repliqué con la mayor tranquilidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—¿Y no sabía tampoco que lo mataron de un bastonazo en la estación de Praga?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—Eso también me lo dijo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—¡Ah, fue una cosa espantosa para nosotros!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—En efecto —confirmé—. Fue una pérdida irreparable.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Mantuvimos luego una charla ambigua y ocasional, llena de confidencias imprevistas y de alusiones superficiales, como la que sostienen dos personas extrañas que viajan accidentalmente en el mismo asiento de un ómnibus. Recuerdo que mientras yo me afanaba en describirle mi operación de las amígdalas, él, con grandes gestos, proclamaba la belleza de los paisajes nórdicos. Por fin, antes de retirarme, me dio un encargo que no dejó de llamarme la atención.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—Tráigame en la próxima semana —dijo— una lista de todos los teléfonos que empiecen con 38.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Prometí cumplir lo ordenado y, antes del plazo concedido, concurrí con la lista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—¡Admirable! —exclamó—. Trabaja usted con rapidez ejemplar. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Desde aquel día cumplí una serie de encargos semejantes, de lo más extraños. Así, por ejemplo, tuve que conseguir una docena de papagayos a los que ni más volví a ver. Mas tarde fui enviado a una ciudad de provincia a levantar un croquis del edificio municipal. Recuerdo que &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;también me ocupé de arrojar cáscaras de plátano en la puerta de algunas residencias escrupulosamente señaladas, de escribir un artículo sobre los cuerpos celestes, que nunca vi publicado, de adiestrar a un mono en gestos parlamentarios, y aun de cumplir ciertas misiones confidenciales, como llevar cartas que jamás leí o espiar a mujeres exóticas que generalmente desaparecían sin dejar rastros. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De este modo, poco a poco, fui ganando cierta consideración. Al cabo de un año, en una ceremonia emocionante, fui elevado de rango. «Ha ascendido usted un grado», me dijo el superior de nuestro círculo, abrazándome efusivamente. Tuve, entonces, que pronunciar una breve alocución, en la que me referí en términos vagos a nuestra tarea común, no obstante lo cual, fui aclamado con estrépito. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En mi casa, sin embargo, la situación era confusa. No comprendían mis desapariciones imprevistas, mis actos rodeados de misterio, y las veces que me interrogaron evadí las respuestas porque, en realidad, no encontraba una satisfactoria. Algunos parientes me recomendaron, incluso, que me hiciera revisar por un alienista, pues mi conducta no era precisamente la de un hombre sensato. Sobre todo, recuerdo haberlos intrigado mucho un día que me sorprendieron fabricando una gruesa de bigotes postizos pues había recibido dicho encargo de mi jefe. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Esta beligerancia doméstica no impidió que yo siguiera dedicándome, con una energía que ni yo mismo podía explicarme, a las labores de nuestra sociedad. Pronto fui relator, tesorero, adjunto de conferencias, asesor administrativo, y conforme me iba sumiendo en el seno de la organización, aumentaba mi desconcierto, no sabiendo si me hallaba en una secta religiosa o en una agrupación de fabricantes de paños. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;A los tres años me enviaron al extranjero. Fue un viaje de lo más intrigante. No tenía yo un céntimo; sin embargo, los barcos me brindaban sus camarotes, en los puertos había siempre alguien que me recibía y me prodigaba atenciones, y los hoteles me obsequiaban sus comodidades sin exigirme nada. Así me vinculé con otros cofrades, aprendí lenguas foráneas, pronuncié conferencias, inauguré filiales&amp;nbsp; a nuestra agrupación y vi cómo extendía la insignia de plata por todos los confines del continente. Cuando regresé, después de un año de intensa experiencia humana, estaba tan desconcertado como cuando ingresé a la librería de Martín. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Han pasado diez años. Por mis propios méritos he sido designado presidente. Uso una toga orlada de púrpura con la que aparezco en los grandes ceremoniales. Los afiliados me tratan de vuecencia. Tengo una renta de cinco mil dólares, casas en los balnearios, sirvientes con librea que me respetan y me temen, y hasta una mujer encantadora que viene a mí por las noches sin que yo la llame. Y a pesar de todo esto, ahora, como el primer día y como siempre, vivo en la más absoluta ignorancia, y si alguien me preguntara cuál es el sentido de nuestra organización, yo no sabría qué responderle. A lo más, me limitaría a pintar rayas rojas en una pizarra negra, esperando confiado los resultados que produce en la mente humana toda explicación que se funda inexorablemente en la cábala. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="margin-bottom: 2.0pt; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 3.0pt; text-align: right; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;(Lima, 1952)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;Comparte este cuento en:...&lt;a href="http://www.addthis.com/bookmark.php" target="_blank" title="Bookmark and Share"&gt;&lt;img alt="Bookmark and Share" border="0" height="16" src="http://s9.addthis.com/button1-addthis.gif" width="125" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-3984590446303208152?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/rSy9Jmf3vGQeHxirl_xEtpm0eSc/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/rSy9Jmf3vGQeHxirl_xEtpm0eSc/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/rSy9Jmf3vGQeHxirl_xEtpm0eSc/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/rSy9Jmf3vGQeHxirl_xEtpm0eSc/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Haravicus/~4/s3l-i60wU5g" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://haravicus.blogspot.com/feeds/3984590446303208152/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://haravicus.blogspot.com/2012/01/la-insignia-julio-ramon-ribeyro.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/7554079269449403729/posts/default/3984590446303208152?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/7554079269449403729/posts/default/3984590446303208152?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Haravicus/~3/s3l-i60wU5g/la-insignia-julio-ramon-ribeyro.html" title="La insignia - Julio Ramón Ribeyro" /><author><name>Juan César</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="28" height="32" src="http://4.bp.blogspot.com/-IcjldRwXdjQ/Ti-I3OrGd5I/AAAAAAAABf8/4BBsVgxfjm4/s220/1.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/-6KoQAvMTawc/TrSCOhCO7CI/AAAAAAAAEkw/gq98SoMrYA8/s72-c/silhouette%2Billustrations%2Brelating%2Bto%2BRussian%2Bpoet%252C%2BAlexander%2BPushkin_Pushkin%2Bsilhouettes%2Be.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://haravicus.blogspot.com/2012/01/la-insignia-julio-ramon-ribeyro.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;A0YCR389eip7ImA9WhRVFkk.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-7554079269449403729.post-993215663283896539</id><published>2012-01-15T09:39:00.000-08:00</published><updated>2012-01-15T09:39:26.162-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2012-01-15T09:39:26.162-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Cuentos costeños" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Julio Ramón Ribeyro" /><title>La botella de chicha - Julio Ramón Ribeyro</title><content type="html">&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://t1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRrwvMaE2_Gnpd3muIeW52qWiSM4cZ00xxAKC-Zkfe3afTQZMgSpUM2DJgd" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://t1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRrwvMaE2_Gnpd3muIeW52qWiSM4cZ00xxAKC-Zkfe3afTQZMgSpUM2DJgd" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 12pt; line-height: 115%;"&gt;En una ocasión tuve necesidad de una pequeña suma de dinero y como era imposible procurármela por las vías ordinarias, decidí hacer una pesquisa por la despensa de mi casa, con la esperanza de encontrar algún objeto vendible o pignorable. Luego de remover una serie de trastos viejos, divise, acostada en un almohadón, como una criatura en su cuna, una vieja botella de chicha. Se trataba de una chicha que hacía más de quince años recibiéramos de una hacienda del norte y que mis padres guardaban celosamente para utilizarla en un importante suceso familiar. Mi padre me había dicho que la abriría cuando yo –me recibiera de bachiller–. Mi madre, por otra parte, había hecho la misma promesa a mi hermana, para el día –que se casara–. Pero ni mi hermana se había casado ni yo había elegido aun que profesión iba estudiar, por lo cual la chicha continuaba durmiendo el sueño de los justos y cobrando aquel inapreciable valor que dan a este género de bebidas los descansos prolongados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 12pt; line-height: 115%;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;Sin vacilar, cogí la botella del pico y la conduje a mi habitación. Luego de un paciente trabajo logre cortar el alambra y extraer el corcho, que salió despedido como por el ánima de una escopeta. Bebí un dedito para probar su sabor y me hubiera acabado toda la botella si es que no la necesitara para un negocio mejor. Luego de verter su contenido en una pequeña pipa de barro, me dirigí a la calle con la pipa bajo el brazo. Pero a mitad del camino un escrúpulo me asalto. Había dejado la botella vacía abandonada sobre la mesa y los menos que podía hacer era restituirla a su antiguo lugar para disimular en parte las trazas de mi delito. Regrese a casa para tranquilizar aun mas mi conciencia, llene la botella vacía con una buena medida de vinagre, la alambre, la encorche y la acosté en su almohadón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;Con la pipa de barro, me dirigí a la chichería de don Eduardo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–Fíjate lo que tengo–dije mostrándole el recipiente–. Una chicha de jora de veinte años. Solo quiero por ella treinta soles. Esta regalada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;Don Eduardo se echo a reír.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;¡A mí!, ¡a mí!– exclamo señalándose el pecho–. ¡A mí con ese cuento! Todos los días vienen a ofrecerme y no solo de veinte años atrás. ¡No me fío de esas historias! ¡Como si las fuera a creer!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–Pero yo no te voy a engañar. Pruébala y veras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–¿Probarla? ¿Para qué? Si probara todo lo que me traen a vender terminaría el día borracho, y lo que es peor, mal emborrachado. ¡Anda, vete de aquí¡ Puede ser que en otro lado tengas más suerte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;Durante media hora recorrí todas las chicherías y bares de la cuadra. En muchos de ellos ni siquiera me dejaron hablar. Mi última decisión fue ofrecer mi producto en las casas particulares pero mis ofertas, por lo general, no pasaron de la servidumbre. El único señor que se avino a recibirme me pregunto si yo era el mismo que el mes pasado le vendiera un viejo Burdeos y como yo, cándidamente, le replicara que si, fui cubierto de insultos y de amenazas e invitado a desaparecer en la forma menos cordial.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;Cuando llegue a la casa había oscurecido y me sorprendió ver algunos carros en la puerta y muchas luces en las ventanas. No bien había ingresado a la cocina cuando sentí una voz que me interpelaba en la penumbra. Apenas tuve tiempo de ocultar la pipa de barro tras una pila de periódicos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–¿Eres tu el que anda por allí? –Pregunto mi madre, encendiendo la luz–. ¡Esperándote como locos! ¡Ha llegado Raúl! ¿Te das cuenta? ¡Anda a saludarlo! ¡Tantos años que no ves a tu hermano! ¡Corre! que ha preguntado por ti.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;Cuando ingrese a la sala quede horrorizado. Sobre la mesa central estaba la botella de chicha aun sin descorchar. Apenas pude abrazar a mi hermano y observar que le había brotado un ridículo mostacho, era otra de las circunstancias esperadas. Y mi hermano estaba allí y estaban también otras personas y las botella y minúsculas copas, pues una bebida tan valiosa necesitaba administrarse como un medicina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–Ahora que todos estamos reunidos –hablo mi padre–, vamos al fin a poder brindar con la vieja chicha –y agracio a los invitados con una larga historia acerca de la botella, exagerando, como era de esperar, su antigüedad. A mitad de su discurso, los circunstantes se relamían los labios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;La botella se descorcho, las copas se llenaron, se lanzo una que otra improvisación y llegado el momento del brindis observe que las copas se dirigían a los labios rectamente, inocentemente, y regresaban vacías a la mesa, entre grandes exclamaciones de placer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–¡Excelente bebida!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–¡Nunca he tomado algo semejante!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–¿Cómo me dijo? ¿Treinta años?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–¡Es digna de un cardenal!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–¡Yo que soy experto en bebidas, le aseguro, Don Bonifacio, que como esta ninguna!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;Y mi hermano, conmovido por tan grande homenaje, añadió:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–Yo les agradezco, mis queridos padres, por haberme reservado esta sorpresa con ocasión de mi llegada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;El único que, naturalmente, no bebió una gota, fui yo. Luego de acercármela a las narices y aspirar su nauseabundo olor a vinagre, la arroje con disimulo en un florero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;Pero los concurrentes estaban excitados. Muchos de ellos dijeron que se habían quedado con la miel en los labios y no falto uno más osado que insinuara a mi padre si no tenía por allí otra botellita escondida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;¡OH no! –Replico–.¡De estas cosas solo una! Es mucho pedir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;Note, entonces, una consternación tan sincera en los invitados que me creí en la obligación de intervenir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–Yo tengo por allí una pipa con chicha.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–¿Tu? –pregunto mi padre, sorprendido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–Si, una pipa pequeña. Un hombre vino a venderla…Dijo que era muy antigua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–¡Bah! ¡Cuentos!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–Y yo se la compre por cinco soles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–¿Por cinco soles? ¡No has debido pagar ni una peseta!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–A ver, la probaremos –dijo mi hermano–. Así veremos la diferencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–Sí, ¡Que la traiga! –pidieron los invitados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;Mi padre, al ver tal expectativa, no tuvo más remedio que aceptar y yo me precipite hacia la cocina. Luego de extraer la pipa bajo el montón de periódicos, regrese a la sala con mi trofeo entre las manos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;¡Aquí esta! –exclame, entregándosela a mi padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–¡Hummm...! –dijo él, observando la pipa con desconfianza–. Estas pipas son de última fabricación. Si no me equivoco, yo compre una parecida hace poco –y acerco la nariz al recipiente–. ¡Qué olor! ¡No! ¡Estos es una broma! ¿Dónde has comprado esto, muchacho? ¡Te han engañado! ¡Qué tontería! Debías haber consultado –y para justificar su actitud hizo circular la botija entre los concurrentes, quienes ordenadamente la olían y, después de hacer una mueca de repugnancia, la pasaban a su vecino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–¡Vinagre!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
–¡Me descompone el estomago!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–Pero ¿es que esto se puede tomar?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–¡Es para morirse!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;Y como las expresiones aumentaban de tono, mi padre sintió renacer en si su función moralizadora de jefe de familia y, tomando la pipa con una mano y a mí de una oreja con la otra, se dirigió a la puerta de la calle.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;–Ya te lo decía ¡Te has dejado engañar como un bellaco! ¡Veras lo que se hace con esto!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;span lang="ES-CR" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-size: 11.0pt;"&gt;Abrió la puerta y, con gran impulso, arrojo la pipa a la calla, por encima del muro. Un ruido de botija rota estallo un segundo. Recibiendo un coscorrón en la cabeza, fui enviado a dar una vuelta por el jardín y mientras mi padre se frotaba las manos, satisfecho de su proceder, observe que en la acera pública, nuestra chucha, nuestra magnifica chicha norteña, guardada con tanto esmero durante quince años, respetada en tantos pequeños y tentadores compromisos, yacía extendida en una roja y dolorosa mancha. Un automóvil la piso alargándola en dos huellas; una hija de otoño naufrago en su superficie; un perro se acerco, la olio y la meo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Comparte este cuento en:&amp;nbsp;&lt;a href="http://www.addthis.com/bookmark.php" target="_blank" title="Bookmark and Share"&gt;&lt;img alt="Bookmark and Share" border="0" height="16" src="http://s9.addthis.com/button1-addthis.gif" width="125" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-993215663283896539?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;A esta hora el viejo don Santos se pone la pierna de palo y sentándose en el colchón comienza a berrear:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡A levantarse! ¡Efraín, Enrique! ¡Ya es hora!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Los dos muchachos corren a la acequia del corralón frotándose los ojos legañosos. Con la tranquilidad de la noche el agua se ha remansado y en su fondo transparente se ven crecer yerbas y deslizarse ágiles infusorios. Luego de enjuagarse la cara, coge cada cual su lata y se lanzan a la calle. Don Santos, mientras tanto, se aproxima al chiquero y con su larga vara golpea el lomo de su cerdo que se revuelca entre los desperdicios.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Todavía te falta un poco, marrano! Pero aguarda no más, que ya llegará tu turno.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Efraín y Enrique se demoran en el camino, trepándose a los árboles para arrancar moras o recogiendo piedras, de aquellas filudas que cortan el aire y hieren por la espalda. Siendo aún la hora celeste llegan a su dominio, una larga calle ornada de casas elegantes que desemboca en el malecón.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Ellos no son los únicos. En otros corralones, en otros suburbios alguien ha dado la voz de alarma y muchos se han levantado. Unos portan latas, otros cajas de cartón, a veces sólo basta un periódico viejo. Sin conocerse forman una especie de organización clandestina que tiene repartida toda la ciudad. Los hay que merodean por los edificios públicos, otros han elegido los parques o los muladares. Hasta los perros han adquirido sus hábitos, sus itinerarios, sabiamente aleccionados por la miseria.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Efraín y Enrique, después de un breve descanso, empiezan su trabajo. Cada uno escoge una acera de la calle. Los cubos de basura están alineados delante de las puertas. Hay que vaciarlos íntegramente y luego comenzar la exploración. Un cubo de basura es siempre una caja de sorpresas. Se encuentran latas de sardinas, zapatos viejos, pedazos de pan, pericotes muertos, algodones inmundos. A ellos sólo les interesan los restos de comida. En el fondo del chiquero, Pascual recibe cualquier cosa y tiene predilección por las verduras ligeramente descompuestas. La pequeña lata de cada uno se va llenando de tomates podridos, pedazos de sebo, extrañas salsas que no figuran en ningún manual de cocina. No es raro, sin embargo, hacer un hallazgo valioso. Un día Efraín encontró unos tirantes con los que fabricó una honda. Otra vez una pera casi buena que devoró en el acto. Enrique, en cambio, tiene suerte para las cajitas de remedios, los pomos brillantes, las escobillas de dientes usadas y otras cosas semejantes que colecciona con avidez.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Después de una rigurosa selección regresan la basura al cubo y se lanzan sobre el próximo. No conviene demorarse mucho porque el enemigo siempre está al acecho. A veces son sorprendidos por las sirvientas y tienen que huir dejando regado su botín. Pero, con más frecuencia, es el carro de la Baja Policía el que aparece y entonces la jornada está perdida.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Cuando el sol asoma sobre las lomas, la hora celeste llega a su fin. La niebla se ha disuelto, las beatas están sumidas en éxtasis, los noctámbulos duermen, los canillitas han repartido los diarios, los obreros trepan a los andamios. La luz desvanece el mundo mágico del alba. Los gallinazos sin plumas han regresado a su nido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos los esperaba con el café preparado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-A ver, ¿qué cosa me han traído?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Husmeaba entre las latas y si la provisión estaba buena hacía siempre el mismo comentario:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-Pascual tendrá banquete hoy día.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Pero la mayoría de las veces estallaba:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Idiotas! ¿Qué han hecho hoy día? ¡Se han puesto a jugar seguramente! ¡Pascual se morirá de hambre!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Ellos huían hacia el emparrado, con las orejas ardientes de los pescozones, mientras el viejo se arrastraba hasta el chiquero. Desde el fondo de su reducto el cerdo empezaba a gruñir. Don Santos le aventaba la comida.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Mi pobre Pascual! Hoy día te quedarás con hambre por culpa de estos zamarros. Ellos no te engríen como yo. ¡Habrá que zurrarlos para que aprendan!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Al comenzar el invierno el cerdo estaba convertido en una especie de monstruo insaciable. Todo le parecía poco y don Santos se vengaba en sus nietos del hambre del animal. Los obligaba a levantarse más temprano, a invadir los terrenos ajenos en busca de más desperdicios. Por último los forzó a que se dirigieran hasta el muladar que estaba al borde del mar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-Allí encontrarán más cosas. Será más fácil además porque todo está junto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Un domingo, Efraín y Enrique llegaron al barranco. Los carros de la Baja Policía, siguiendo una huella de tierra, descargaban la basura sobre una pendiente de piedras. Visto desde el malecón, el muladar formaba una especie de acantilado oscuro y humeante, donde los gallinazos y los perros se desplazaban como hormigas. Desde lejos los muchachos arrojaron piedras para espantar a sus enemigos. El perro se retiró aullando. Cuando estuvieron cerca sintieron un olor nauseabundo que penetró hasta sus pulmones. Los pies se les hundían en un alto de plumas, de excrementos, de materias descompuestas o quemadas. Enterrando las manos comenzaron la exploración. A veces, bajo un periódico amarillento, descubrían una carroña devorada a medios. En los acantilados próximos los gallinazos espiaban impacientes y algunos se acercaban saltando de piedra en piedra, como si quisieran acorralarlos. Efraín gritaba para intimidarlos y sus gritos resonaban en el desfiladero y hacían desprenderse guijarros que rodaban hacía el mar. Después de una hora de trabajo regresaron al corralón con los cubos llenos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Bravo! -exclamó don Santos-. Habrá que repetir esto dos o tres veces por semana.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Desde entonces, los miércoles y los domingos, Efraín y Enrique hacían el trote hasta el muladar. Pronto formaron parte de la extraña fauna de esos lugares y los gallinazos, acostumbrados a su presencia, laboraban a su lado, graznando, aleteando, escarbando con sus picos amarillos, como ayudándoles a descubrir la pista de la preciosa suciedad.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Fue al regresar de una de esas excursiones que Efraín sintió un dolor en la planta del pie. Un vidrio le había causado una pequeña herida. Al día siguiente tenía el pie hinchado, no obstante lo cual prosiguió su trabajo. Cuando regresaron no podía casi caminar, pero don Santos no se percató de ello, pues tenía visita. Acompañado de un hombre gordo que tenía las manos manchadas de sangre, observaba el chiquero.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-Dentro de veinte o treinta días vendré por acá -decía el hombre-. Para esa fecha creo que podrá estar a punto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Cuando partió, don Santos echaba fuego por los ojos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡A trabajar! ¡A trabajar! ¡De ahora en adelante habrá que aumentar la ración de Pascual! El negocio anda sobre rieles.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;A la mañana siguiente, sin embargo, cuando don Santos despertó a sus nietos, Efraín no se pudo levantar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-Tiene una herida en el pie -explicó Enrique-. Ayer se cortó con un vidrio.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos examinó el pie de su nieto. La infección había comenzado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Esas son patrañas! Que se lave el pie en la acequia y que se envuelva con un trapo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Pero si le duele! -intervino Enrique-. No puede caminar bien.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos meditó un momento. Desde el chiquero llegaban los gruñidos de Pascual.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-Y ¿a mí? -preguntó dándose un palmazo en la pierna de palo-. ¿Acaso no me duele la pierna? Y yo tengo setenta años y yo trabajo... ¡Hay que dejarse de mañas!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Efraín salió a la calle con su lata, apoyado en el hombro de su hermano. Media hora después regresaron con los cubos casi vacíos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡No podía más! -dijo Enrique al abuelo-. Efraín está medio cojo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos observó a sus dos nietos como si meditara una sentencia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-Bien, bien -dijo rascándose la barba rala y cogiendo a Efraín del pescuezo lo arreó hacia el cuarto-. ¡Los enfermos a la cama! ¡A podrirse sobre el colchón! Y tú harás la tarea de tu hermano. ¡Vete ahora mismo al muladar!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Cerca de mediodía Enrique regresó con los cubos repletos. Lo seguía un extraño visitante: un perro escuálido y medio sarnoso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-Lo encontré en el muladar -explicó Enrique -y me ha venido siguiendo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos cogió la vara.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Una boca más en el corralón!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique levantó al perro contra su pecho y huyó hacia la puerta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡No le hagas nada, abuelito! Le daré yo de mi comida.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos se acercó, hundiendo su pierna de palo en el lodo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Nada de perros aquí! ¡Ya tengo bastante con ustedes!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique abrió la puerta de la calle.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-Si se va él, me voy yo también.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;El abuelo se detuvo. Enrique aprovechó para insistir:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-No come casi nada..., mira lo flaco que está. Además, desde que Efraín está enfermo, me ayudará. Conoce bien el muladar y tiene buena nariz para la basura.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos reflexionó, mirando el cielo donde se condensaba la garúa. Sin decir nada, soltó la vara, cogió los cubos y se fue rengueando hasta el chiquero.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique sonrió de alegría y con su amigo aferrado al corazón corrió donde su hermano.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Pascual, Pascual... Pascualito! -cantaba el abuelo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-Tú te llamarás Pedro -dijo Enrique acariciando la cabeza de su perro e ingresó donde Efraín.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Su alegría se esfumó: Efraín inundado de sudor se revolcaba de dolor sobre el colchón. Tenía el pie hinchado, como si fuera de jebe y estuviera lleno de aire. Los dedos habían perdido casi su forma.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-Te he traído este regalo, mira -dijo mostrando al perro-. Se llama Pedro, es para ti, para que te acompañe... Cuando yo me vaya al muladar te lo dejaré y los dos jugarán todo el día. Le enseñarás a que te traiga piedras en la boca.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;¿Y el abuelo? -preguntó Efraín extendiendo su mano hacia el animal.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-El abuelo no dice nada -suspiró Enrique.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Ambos miraron hacia la puerta. La garúa había empezado a caer. La voz del abuelo llegaba:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Pascual, Pascual... Pascualito!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Esa misma noche salió luna llena. Ambos nietos se inquietaron, porque en esta época el abuelo se ponía intratable. Desde el atardecer lo vieron rondando por el corralón, hablando solo, dando de varillazos al emparrado. Por momentos se aproximaba al cuarto, echaba una mirada a su interior y al ver a sus nietos silenciosos, lanzaba un salivazo cargado de rencor. Pedro le tenía miedo y cada vez que lo veía se acurrucaba y quedaba inmóvil como una piedra.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Mugre, nada más que mugre! -repitió toda la noche el abuelo, mirando la luna.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;A la mañana siguiente Enrique amaneció resfriado. El viejo, que lo sintió estornudar en la madrugada, no dijo nada. En el fondo, sin embargo, presentía una catástrofe. Si Enrique enfermaba, ¿quién se ocuparía de Pascual? La voracidad del cerdo crecía con su gordura. Gruñía por las tardes con el hocico enterrado en el fango. Del corralón de Nemesio, que vivía a una cuadra, se habían venido a quejar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Al segundo día sucedió lo inevitable: Enrique no se pudo levantar. Había tosido toda la noche y la mañana lo sorprendió temblando, quemado por la fiebre.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¿Tú también? -preguntó el abuelo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique señaló su pecho, que roncaba. El abuelo salió furioso del cuarto. Cinco minutos después regresó.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Está muy mal engañarme de esta manera! -plañía-. Abusan de mí porque no puedo caminar. Saben bien que soy viejo, que soy cojo. ¡De otra manera los mandaría al diablo y me ocuparía yo solo de Pascual!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Efraín se despertó quejándose y Enrique comenzó a toser.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Pero no importa! Yo me encargaré de él. ¡Ustedes son basura, nada más que basura! ¡Unos pobres gallinazos sin plumas! Ya verán cómo les saco ventaja. El abuelo está fuerte todavía. ¡Pero eso sí, hoy día no habrá comida para ustedes! ¡No habrá comida hasta que no puedan levantarse y trabajar!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;A través del umbral lo vieron levantar las latas en vilo y volcarse en la calle. Media hora después regresó aplastado. Sin la ligereza de sus nietos el carro de la Baja Policía lo había ganado. Los perros, además, habían querido morderlo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Pedazos de mugre! ¡Ya saben, se quedarán sin comida hasta que no trabajen!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Al día siguiente trató de repetir la operación pero tuvo que renunciar. Su pierna de palo había perdido la costumbre de las pistas de asfalto, de las duras aceras y cada paso que daba era como un lanzazo en la ingle. A la hora celeste del tercer día quedó desplomado en su colchón, sin otro ánimo que para el insulto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Si se muere de hambre -gritaba -será por culpa de ustedes!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Desde entonces empezaron unos días angustiosos, interminables. Los tres pasaban el día encerrados en el cuarto, sin hablar, sufriendo una especie de reclusión forzosa. Efraín se revolcaba sin tregua, Enrique tosía. Pedro se levantaba y después de hacer un recorrido por el corralón, regresaba con una piedra en la boca, que depositaba en las manos de sus amos. Don Santos, a medio acostar, jugaba con su pierna de palo y les lanzaba miradas feroces. A mediodía se arrastraba hasta la esquina del terreno donde crecían verduras y preparaba su almuerzo, que devoraba en secreto. A veces aventaba a la cama de sus nietos alguna lechuga o una zanahoria cruda, con el propósito de excitar su apetito creyendo así hacer más refinado su castigo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Efraín ya no tenía fuerzas para quejarse. Solamente Enrique sentía crecer en su corazón un miedo extraño y al mirar a los ojos del abuelo creía desconocerlo, como si ellos hubieran perdido su expresión humana. Por las noches, cuando la luna se levantaba, cogía a Pedro entre sus brazos y lo aplastaba tiernamente hasta hacerlo gemir. A esa hora el cerdo comenzaba a gruñir y el abuelo se quejaba como si lo estuvieran ahorcando. A veces se ceñía la pierna de palo y salía al corralón. A la luz de la luna Enrique lo veía ir diez veces del chiquero a la huerta, levantando los puños, atropellando lo que encontraba en su camino. Por último reingresaba en su cuarto y se quedaba mirándolos fijamente, como si quisiera hacerlos responsables del hambre de Pascual.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;La última noche de luna llena nadie pudo dormir. Pascual lanzaba verdaderos rugidos. Enrique había oído decir que los cerdos, cuando tenían hambre, se volvían locos como los hombres. El abuelo permaneció en vela, sin apagar siquiera el farol. Esta vez no salió al corralón ni maldijo entre dientes. Hundido en su colchón miraba fijamente la puerta. Parecía amasar dentro de sí una cólera muy vieja, jugar con ella, aprestarse a dispararla. Cuando el cielo comenzó a desteñirse sobre las lomas, abrió la boca, mantuvo su oscura oquedad vuelta hacia sus nietos y lanzó un rugido:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;¡Arriba, arriba, arriba! -los golpes comenzaron a llover-. ¡A levantarse haraganes! ¿Hasta cuándo vamos a estar así? ¡Esto se acabó! ¡De pie!...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Efraín se echó a llorar, Enrique se levantó, aplastándose contra la pared. Los ojos del abuelo parecían fascinarlo hasta volverlo insensible a los golpes. Veía la vara alzarse y abatirse sobre su cabeza como si fuera una vara de cartón. Al fin pudo reaccionar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡A Efraín no! ¡Él no tiene la culpa! ¡Déjame a mí solo, yo saldré, yo iré al muladar!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;El abuelo se contuvo jadeante. Tardó mucho en recuperar el aliento.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-Ahora mismo... al muladar... lleva los dos cubos, cuatro cubos...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique se apartó, cogió los cubos y se alejó a la carrera. La fatiga del hambre y de la convalecencia lo hacían trastabillar. Cuando abrió la puerta del corralón, Pedro quiso seguirlo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-Tú no. Quédate aquí cuidando a Efraín.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Y se lanzó a la calle respirando a pleno pulmón el aire de la mañana. En el camino comió yerbas, estuvo a punto de mascar la tierra. Todo lo veía a través de una niebla mágica. La debilidad lo hacía ligero, etéreo: volaba casi como un pájaro. En el muladar se sintió un gallinazo más entre los gallinazos. Cuando los cubos estuvieron rebosantes emprendió el regreso. Las beatas, los noctámbulos, los canillitas descalzos, todas las secreciones del alba comenzaban a dispersarse por la ciudad. Enrique, devuelto a su mundo, caminaba feliz entre ellos, en su mundo de perros y fantasmas, tocado por la hora celeste.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Al entrar al corralón sintió un aire opresor, resistente, que lo obligó a detenerse. Era como si allí, en el dintel, terminara un mundo y comenzara otro fabricado de barro, de rugidos, de absurdas penitencias. Lo sorprendente era, sin embargo, que esta vez reinaba en el corralón una calma cargada de malos presagios, como si toda la violencia estuviera en equilibrio, a punto de desplomarse. El abuelo, parado al borde del chiquero, miraba hacia el fondo. Parecía un árbol creciendo desde su pierna de palo. Enrique hizo ruido pero el abuelo no se movió.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Aquí están los cubos!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos le volvió la espalda y quedó inmóvil. Enrique soltó los cubos y corrió intrigado hasta el cuarto. Efraín apenas lo vio, comenzó a gemir:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-Pedro... Pedro...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¿Qué pasa?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-Pedro ha mordido al abuelo... el abuelo cogió la vara... después lo sentí aullar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique salió del cuarto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Pedro, ven aquí! ¿Dónde estás, Pedro?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Nadie le respondió. El abuelo seguía inmóvil, con la mirada en la pared. Enrique tuvo un mal presentimiento. De un salto se acercó al viejo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¿Dónde está Pedro?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Su mirada descendió al chiquero. Pascual devoraba algo en medio del lodo. Aún quedaban las piernas y el rabo del perro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡No! -gritó Enrique tapándose los ojos-. ¡No, no! -y a través de las lágrimas buscó la mirada del abuelo. Este la rehuyó, girando torpemente sobre su pierna de palo. Enrique comenzó a danzar en torno suyo, prendiéndose de su camisa, gritando, pataleando, tratando de mirar sus ojos, de encontrar una respuesta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¿Por qué has hecho eso? ¿Por qué?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;El abuelo no respondía. Por último, impaciente, dio un manotón a su nieto que lo hizo rodar por tierra. Desde allí Enrique observó al viejo que, erguido como un gigante, miraba obstinadamente el festín de Pascual. Estirando la mano encontró la vara que tenía el extremo manchado de sangre. Con ella se levantó de puntillas y se acercó al viejo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Voltea! -gritó-. ¡Voltea!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Cuando don Santos se volvió, divisó la vara que cortaba el aire y se estrellaba contra su pómulo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Toma! -chilló Enrique y levantó nuevamente la mano. Pero súbitamente se detuvo, temeroso de lo que estaba haciendo y, lanzando la vara a su alrededor, miró al abuelo casi arrepentido. El viejo, cogiéndose el rostro, retrocedió un paso, su pierna de palo tocó tierra húmeda, resbaló, y dando un alarido se precipitó de espaldas al chiquero.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique retrocedió unos pasos. Primero aguzó el oído pero no se escuchaba ningún ruido. Poco a poco se fue aproximando. El abuelo, con la pata de palo quebrada, estaba de espaldas en el fango. Tenía la boca abierta y sus ojos buscaban a Pascual, que se había refugiado en un ángulo y husmeaba sospechosamente el lodo. Enrique se fue retirando, con el mismo sigilo con que se había aproximado. Probablemente el abuelo alcanzó a divisarlo pues mientras corría hacia el cuarto le pareció que lo llamaba por su nombre, con un tono de ternura que él nunca había escuchado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;¡ A mí, Enrique, a mí!...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡Pronto! -exclamó Enrique, precipitándose sobre su hermano -¡Pronto, Efraín! ¡El viejo se ha caído al chiquero! ¿Debemos irnos de acá!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¿Adónde? -preguntó Efraín.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¿Adonde sea, al muladar, donde podamos comer algo, donde los gallinazos!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;-¡No me puedo parar!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique cogió a su hermano con ambas manos y lo estrechó contra su pecho. Abrazados hasta formar una sola persona cruzaron lentamente el corralón. Cuando abrieron el portón de la calle se dieron cuenta que la hora celeste había terminado y que la ciudad, despierta y viva, abría ante ellos su gigantesca mandíbula.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: white; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Desde el chiquero llegaba el rumor de una batalla.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" style="background-color: white;"&gt;&lt;span style="color: maroon;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" style="background-color: white;"&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=7554079269449403729&amp;amp;postID=6512805639816972178" name="1" style="color: maroon; font-size: small; text-align: -webkit-auto;"&gt;1&lt;/a&gt;&lt;span style="color: maroon; font-size: x-small; text-align: -webkit-auto;"&gt;. Gallinazo: Especie de buitre de plumaje totalmente negro.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-6512805639816972178?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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Se sentaron en las tapias de una rúa, a ver pasar a las gentes que iban y venían de la aldea. Después, se lanzaron a caminar por las calles, al azar. Sentían un bienestar inefable, en presencia de las cosas nuevas y desconocidas que se les revelaban: las casas blanqueadas, con sus enrejadas ventanas y sus tejados rojos: la charla de dos mujeres, que movían las manos alegando o escarbaban en el suelo con la punta del pie completamente absorbidas: un viejecito encorvado, calentándose al sol, sentado en el quicio de una puerta, junto a un gran perrazo blanco que abría la boca, tratando de cazar moscas… Los dos seres palpitaban de jubilosa curiosidad, como fascinados por el espectáculo de la vida de pueblo, que nunca habían visto. Singularmente Juncio experimentaba un deleite indecible. Analquer estaba mucho más sorprendido. A medida que penetraban al corazón de la aldea empezó a azorarse, presa de un pasmo que le aplastaba por entero. Las numerosas calles, entrecruzadas en varias direcciones, le hacían perder la cabeza. No sabía caminar este Analquer. Iba por en medio de la calzada y sesgueaba al acaso, por todo el ancho de la calle, chocando con las paredes y aún con los transeúntes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;–¿Qué cosa? –exclamaban las gentes–. Qué indios tan estúpidos. Parecen unos animales.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Analquer no les hacía caso. No se daba cuenta de nada. Estaba completamente fuera de sí. Al llegar a una esquina, seguía de frente siempre, sin detenerse a escoger la dirección más conveniente. A menudo, se paraba ante una puerta abierta, a mirar una tienda de comercio o lo que pasaba en el patio de una casa. Juncio lo llamaba y lo sacudía por el brazo, haciéndole volver de su confusión y aturdimiento. Las gentes, llamadas a sorpresa, se reunían en grupos a verlos:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;–¿Quiénes son?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;–Son salvajes del Amazonas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;–Son dos criminales, escapados de una cárcel.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;–Son curanderos del mal del sueño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;–Son dos brujos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;–Son descendientes de los Incas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Los niños empezaron a seguirles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;–Mamá –referían los pequeños con asombro–, tienen unos brazos muy fuertes y están siempre alegres y riéndose.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Al cruzar por la plaza, Juncio y Analquer penetraron a la iglesia, donde tenían lugar unos oficios religiosos. El templo aparecía profundamente iluminado y gran número de fieles llenaban la nave. Los soras y los niños que les seguían, avanzaron descubiertos, por el lado de la pila de agua bendita, deteniéndose junto a una hornacina de yeso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Tratábase de un servicio de difuntos. El altar mayor se hallaba cubierto de paños y crespones salpicados de letreros, cruces y dolorosas alegorías en plata. En el centro de la nave aparecía el sacerdote, revestido de casulla de plata y negro, mostrando una gran cabeza calva, cubierta en su vigésima parte por el solideo. Lo rodeaban varios acólitos, ante un improvisado altar, donde leía con mística unción los responsos, en un facistol de hojalata. Desde un coro invisible, le respondía un maestro cantor, con voz de bajo profundo, monótona y llorosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Apenas sonó el canto sagrado, poblando de confusas resonancias el templo, Juncio se echó a reír, poseído de un júbilo irresistible. Los niños, que no apartaban un instante los ojos de los soras, pusieron una cara de asombro. Una aversión repentina sintieron por ellos, aunque Analquer, en verdad, no se había reído y, antes bien, se mostraba estupefacto ante aquel espectáculo que, en su alma de salvaje, tocaba los límites de lo maravilloso. Mas Juncio seguía riendo. El canto sagrado, las luces en los altares, el recogimiento profundo de los fieles, la claridad del sol penetrando por los ventanales a dejar chispas, halos y colores en los vidrios y en el metal de las molduras y de las efigies, todo había cobrado ante sus sentidos una gracia adorable, un encanto tan fresco y hechizador, que le colmaba de bienestar, elevándolo y haciéndolo ligero, ingrávido y alado, sacudiéndole, haciéndole cosquillas y despertando una vibración incontenible en sus nervios. Los niños, contagiados, por fin, de la alegría candorosa y radiante de Juncio, acabaron también por reír, sin saber por qué. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Vino el sacristán y, persiguiéndoles con un carrizo, los arrojó del templo. Un individuo del pueblo, indignado por las risas de los niños y los soras, se acercó enfurecido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;–Imbéciles. ¿De qué se ríen? Blasfemos. Oye –le dijo a uno de los pequeños–, ¿de qué te ríes, animal?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;El niño no supo qué responder. El hombre le cogió por un brazo y se lo oprimió brutalmente, rechinando los dientes de rabia, hasta hacerle crujir los huesos. A la puerta de la iglesia se formó un tumulto popular contra Juncio y Analquer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;–Se han reído –exclamaba iracundo el pueblo–. Se han reído en el templo. Eso es insoportable. Una blasfemia sin nombre…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Y entonces vino un gendarme y se llevó a la cárcel a los dos soras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-2592747205548700281?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;a href="http://t2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSWB3s_UFU4WllQ-pVKTMaKoNArYlwLHCkiSZF2BkOT7DHKN2eFGg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://t2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSWB3s_UFU4WllQ-pVKTMaKoNArYlwLHCkiSZF2BkOT7DHKN2eFGg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Un incidente de manos en el recreo llevó a dos niños a romperse los dientes a la salida de la escuela. A la puerta del plantel se hizo un tumulto. Gran número de muchachos, con los libros al brazo, discutían acaloradamente, haciendo un redondel en cuyo centro estaban, en extremos opuestos, los contrincantes: dos niños poco más o menos de la misma edad, uno de ellos descalzo y pobremente vestido. Ambos sonreían, y de la rueda surgían rutilantes diptongos, coreándolos y enfrentándolos en fragorosa rivalidad. Ellos se miraban echándose los convexos pechos, con aire de recíproco desprecio. Alguien lanzó un alerta:&lt;/div&gt;
&lt;span style="text-align: justify;"&gt;–¡El profesor! ¡El profesor!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
La bandada se dispersó.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–Mentira. Mentira. No viene nadie. Mentira...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
La pasión infantil abría y cerraba calles en el tumulto. Se formaron partidos por uno y otro de los contrincantes. Estallaban grandes clamores. Hubo puntapiés, llantos, risotadas.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–¡Al cerrillo! ¡Al cerrillo! ¡Hip!... ¡Hip!... ¡Hip!... ¡Hurra!...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Un estruendoso y confuso vocerío se produjo y la muchedumbre se puso en marcha. A la cabeza iban los dos rivales.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
A lo largo de las calles y rúas, los muchachos hacían una algazara ensordecedora. Una anciana salió a la puerta de su casa y gruñó muy en cólera:&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–¡Juan! ¡Juan! ¡A dónde vas, mocito! Vas a ver...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Las carcajadas redoblaron.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Leonidas y yo íbamos muy atrás. Leonidas estaba demudado y le castañeteaban los dientes.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–¿Vamos quedándonos?&amp;nbsp;
–le dije.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–Bueno&amp;nbsp;
–me respondió–&amp;nbsp;. ¿Pero si le pegan a Juncos?...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Llegados a una pequeña explanada, al pie de un cerro de la campiña, se detuvo el tropel. Alguien estaba llorando. Los otros reían estentóreamente. Se vivaba a contrapunteo:&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–¡Viva Cancio! ¡Hip!... ¡Hip!... ¡Hip!... ¡Hurraaaaa!...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Se hizo un orden frágil. La gritería y la confusión renacieron. Pero se oyó una voz amenazadora:&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–¡Al primero que hable, le rompo las narices!&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–Voy a Juncos.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–Voy a Cancio.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Se hacían apuestas como en las carreras de caballos o en las peleas de gallos.
Juncos era el niño descalzo. Esperaba en guardia, encendido y jadeante. Más bien escueto y cetrino y de sabroso genio pendenciero. Sus pies desnudos mostraban los talones rajados. El pantalón de bayeta blanca, andrajoso y desgarrado a la altura de la rodilla izquierda, le descendía hasta los tobillos. Tocaba su cabeza alborotada un grueso e informe sombrero de lana. Reía como si le hiciesen cosquillas. Las apuestas en su favor crecían. Por Cancio, en cambio, las apuestas eran menores. Era este un niño decente, hijo de buena familia. Se mordía el labio superior con altivez y cólera de adulto. Tenía zapatos nuevos.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–¡Uno!... ¡Dos!... ¡Tres!&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
El tropel se sumió en un silencio trágico. Leonidas tragó saliva. Cancio no se movía de su guardia, reduciéndose a parar las acometidas de Juncos. Un puñetazo en el costado derecho, esgrimido con todo el brazo contrario, le hizo tambalear. Le alentaron. Recuperó su puesto y una sombra cruzó por su semblante. Juncos, finteando, sonreía.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Cancio empezó a despertar mi simpatía. Era inteligente y noble. Nunca buscó camorra a nadie, Cancio me era simpático y ahora se avivaba esa simpatía. Leonidas también estaba ahora de su parte. Leonidas estaba colorado y se movía nerviosamente, ajustando sus movimientos a los trances de la lucha. Cuando Cancio iba a caer por tierra, a una puñada del héroe contrario, Leonidas, sin poder contenerse, alargó la mano canija y dio un buen pellizcón a Juncos. Yo le dije:&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–Déjalo. No te metas.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–¡Y por qué le pega a Cancio!&amp;nbsp;
–me respondió, poniéndose aun más colorado. Bajó luego los ojos como avergonzado.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
La lucha se encendió en forma huracanada. A un puntapié trazado por Juncos, a la sombra de un zurdazo simulado, respondieron los dos puños de Cancio, majando rectamente al pecho, a las clavículas, al cuello, a los hombros de su enemigo, en una lluvia de golpes contundentes. Juncos vaciló, defendiéndose con escaramuzas inútiles. Corrió sangre. De una pierna de Cancio manaba un hilo lento y rojo. La tropa lanzó murmullos de triunfo y de lástima.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–¡Bravo! ¡Bravo, Juncos!&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravo, Cancio!&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–¡Uyuyuy! ¡Ya va a llorar! ¡Ya va a llorar!&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–¡Déjenlo! ¡Déjenlo!&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Volaron palmas. Crujió un despecho en alto.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Cancio se enardecía visiblemente y cobró la ofensiva. De una gran puñada, asestada con limpieza verdaderamente natural, hizo dar una vuelta a la cabeza contraria, obligando a Juncos a rematar su círculo nervioso, poniéndose de manos, a ciegas, contra el cerco de los suyos. Entonces sucedió una cosa truculenta. Un niño más grande que Cancio saltó del redondel y le pegó a este y un segundo muchacho, mayor aun que ambos, le pegó al intruso, defendiendo a Cancio. Durante unos segundos, la confusión fue inextricable, unos defendiendo a otros y aquellos a estos, hasta que volvió a oírse estas palabras de alerta, que pusieron fin al caos y a los golpes:&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–¡El profesor! ¡El profesor!...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Juncos estaba muy castigado y parecía que iba a doblar pico. El humilde granuja, al principio tan dueño de sí mismo, tenía el pabellón de una oreja ensangrentado y encendido, a semejanza de una cresta de gallo. Un instante miró a la multitud y sus ojos se humedecieron. El verle, trajeado de harapos, con su sombrerito de payaso, el desgarrón de la rodilla y sus pequeños pies desnudos, que no sé cómo escapaban a las pisadas del otro, me dolió el corazón. Al reanudarse la pelea, di una vuelta y me pasé a los suyos.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Acezaban ambos en guardia.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–Pega...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–Pega nomás...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Juncos hizo un ademán significativo. El verdor de las venas de su arañado cuello palideció ligeramente. Entonces le di la voz con todas mis fuerzas:&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–¡Entra, Juncos! ¡Pégale duro!...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Le poseyó al muchacho un súbito coraje. Puso un feroz puñetazo en la cara del inminente vencedor y le derribó al suelo.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
El sol declinaba. Había pasado la hora del almuerzo y teníamos que volver directamente a la escuela. A Cancio le llevaban de los brazos. Tenía un ojo herido y el párpado muy hinchado. Sonreía tristemente. Todos le rodeaban lacerados, prodigándole palabras fraternales. También yo le seguía de cerca, tratando de verle el rostro. ¡Cómo le habían pegado!&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
El grupo de pequeños avanzaba, de vuelta a la aldea, entre las pencas del camino. Hablaban poco y a media voz, con una entonación adolorida. Hasta juncos, el propio vencedor, estaba triste. Se apartó de todos y fue a sentarse en un poyo del sendero. Nadie le hizo caso. Le veían de lejos, con extrañeza, y él parecía avergonzado. Bajó la frente y empezó a jugar con piedrecillas y briznas de hierba. Le había pegado a Cancio este Juncos...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–Vámonos&amp;nbsp;
–le dijo Leonidas, acercándose.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Juncos no respondió. Hundió su sombrero hasta las cejas y así ocultó el rostro.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–Vámonos, Juncos.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Leonidas se inclinó a verle. Juncos estaba llorando.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
–Está llorando&amp;nbsp;
–dijo Leonidas. Le arregló el estropeado sombrero y le asentó el pelo, por sobre la oreja, donde la sangre aparecía coagulada y renegrida.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-7210953084866671274?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/vCPRFp-DBUFmgff7RQj7krFTYig/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/vCPRFp-DBUFmgff7RQj7krFTYig/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="http://t3.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTCALhYFKZJ4KV51noL0Ft3Tx8MUwntyMPdOmhHzYla551mu3w9" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://t3.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTCALhYFKZJ4KV51noL0Ft3Tx8MUwntyMPdOmhHzYla551mu3w9" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Nacido en Ica en 1888, y muerto en Ayacucho en 1919, Abraham Valdelomar es, de alguna manera, un escritor símbolo de la literatura peruana del siglo XX. Antes que él, hubo escritores notables, como Ricardo Palma o González Prada, pero ninguno vivió exclusivamente de su pluma. Valdelomar es el primer escritor profesional de la historia de la literatura peruana. Valdelomar vivió su infancia en Pisco. La vida en ese pequeño puerto y en sus alrededores influyó considerablemente en su visión del mundo. Esto puede advertirse tanto en su poesía como en su prosa de ficción. Cuando Valdelomar nace a la literatura, un movimiento literario, el modernismo de Rubén Darío, predominaba en América. En sus comienzos el modernismo había cantado a princesas y países lejanos. Había una contradicción importante en la conducta diaria y en la escritura de los modernistas de primera hora, pues de un lado tenían clara conciencia de su estirpe hispanoamericana, eran concientes de que debían escribir de un modo diferente a sus homólogos españoles, pero al mismo tiempo preferían escribir de paisajes y conductas que imaginaban y no que conocían. Valdelomar, forma parte de un conjunto de escritores que en cierto sentido dan un carácter provinciano, local, al modernismo. Así ocurrió con los versos del uruguayo Herrera y Ressig, con el argentino Lugones y con el peruano César Vallejo. Sin conexión directa con ninguno de ellos, Valdelomar exalta la vida familiar que bien conocía. Así ocurre con su célebre cuento El caballero Carmelo, que aparece en el libro El caballero Carmelo y otros cuentos de 1918. En ese cuento se narra las aventuras de un gallo que lleva ese nombre y que es un paladín en las luchas con otros animales de su especie. Pero detrás de esta afición están las relaciones familiares sumamente intensas, el vivo retrato de una sociedad peruana que cambiaba muy lentamente y que mantenía valores como la solidaridad, el afecto entre los familiares y la extensión de este afecto a los mismos animales como el gallo.
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Pero a la luz de una porción importante de su poesía y de su obra de ficción, que hemos reseñado, haríamos mal en señalar a Valdelomar como un escritor provinciano y costumbrista, si con estos términos queremos señalar a escritores apartados del tráfago mundial de la literatura. Valdelomar, fue, al mismo tiempo, un abanderado de lo cosmopolita. Siendo un adolescente estudió en el colegio Guadalupe de Lima, ingresó a la Escuela de Ingenieros y a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Y aunque no terminó ninguna profesión, adquirió en los claustros universitarios y en las redacciones de los periódicos una pericia en la escritura que le sería proverbial. Ganado por la actividad política se vinculó al presidente Billinghurst y en 1912 fue director del diario oficial El Peruano. En 1913 fue secretario de la legación peruana en Italia. A su regreso emprende una vigorosa actividad periodística en el diario La Prensa donde labora entre 1915 y 1918. Quienes puedan leer sus crónicas parlamentarias, disfrutarán, como en ningún otro caso, de un periodismo literario de muy alto nivel. Al mismo tiempo Valdelomar está decidido a convertirse en una figura pública que zahiera a los espíritus dormidos, a la amodorrada sociedad limeña y escoge escandalizar. Luis Alberto Sánchez lo recuerda paseándose por el jirón de la Unión con una insolente camisa amarilla, escarpines y monóculo. Otros lo recuerdan en el local del Palais Concert, en el mismo jirón de la Unión, en esquina de la calle Cuzco, diciendo sus célebre frase: El Pero es Lima, Lima es el jirón de la Unión, el jirón de la Unión es el Palais Concert, el Palais Concert soy yo.
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
En 1916, Valdelomar animó con otros amigos como Percy Gibson o Pablo Abril de Vivero, la revista literaria Colónida. De esa publicación, dijo, años más tarde, José Carlos Mariátegui, que era vagamente iconoclasta, imprecisamente renovadora.
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
El carácter cosmopolita de Valdelomar, puede advertirse de modo especial en sus Cuentos yanquis donde con una intuición muy profunda capta el sinsentido de muchos de los actos de la sociedad contemporánea. En uno de esos cuentos se narra cómo un empresario convence a los potenciales suicidas para que cumplan su trágico destino en un circo, dando un espectáculo público y dejando dinero para sus familiares. Los Cuentos incaicos de Valdelomar lo vinculan con nuestra historia y los Cuentos chinos son una punzante sátira de nuestra vida política.
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Valdelomar fue poeta, periodista, novelista, dramaturgo, pero su contribución decisiva es el cuento. Puede considerársele el fundador del cuento moderno en el Pero en distintas vertientes: el cuento de tema familiar, la narración fantástica como Hebaristo, el sauce que murió de amor o El hipocampo de oro, el cuento satírico, el cuento cosmopolita. Cuando murió con sus 31 años, había escrito cerca de 5000 páginas, muchos más que otros escritores que llegan a una apacible senectud. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Por Marco Martos&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-4780693366269850309?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/R6aEdjimsO3T5qhHwdXfaZA17h8/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/R6aEdjimsO3T5qhHwdXfaZA17h8/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/R6aEdjimsO3T5qhHwdXfaZA17h8/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/R6aEdjimsO3T5qhHwdXfaZA17h8/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Haravicus/~4/9xAZ7jlMRCo" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://haravicus.blogspot.com/feeds/4780693366269850309/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://haravicus.blogspot.com/2012/01/abraham-valdelomar-biografia.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/7554079269449403729/posts/default/4780693366269850309?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/7554079269449403729/posts/default/4780693366269850309?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Haravicus/~3/9xAZ7jlMRCo/abraham-valdelomar-biografia.html" title="Abraham Valdelomar - Biografía" /><author><name>Juan César</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="28" height="32" src="http://4.bp.blogspot.com/-IcjldRwXdjQ/Ti-I3OrGd5I/AAAAAAAABf8/4BBsVgxfjm4/s220/1.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://haravicus.blogspot.com/2012/01/abraham-valdelomar-biografia.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEcFSHo4fCp7ImA9WhRVEUs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-7554079269449403729.post-8126272600464175305</id><published>2012-01-09T19:26:00.001-08:00</published><updated>2012-01-09T19:26:59.434-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2012-01-09T19:26:59.434-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Abraham Valdelomar" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Poesía" /><title>El hermano ausente en la cena pascual - Abraham Valdelomar</title><content type="html">La misma mesa antigua y holgada, de nogal,
Y sobre ella la misma blancura del mantel
Y los cuadros de caza de anónimo pincel
Y la oscura alacena, todo, todo está igual…

&lt;/br&gt;&lt;/br&gt;
Hay un sitio vacío en la mesa hacia el cual
mi madre tiende a veces su mirada de miel
y se musita el nombre del ausente; pero él
hoy no vendrá a sentarse en la mesa pascual.
&lt;/br&gt;&lt;/br&gt;

La misma criada pone, sin dejarse sentir,
la suculenta vianda y el plácido manjar;
pero no hay la alegría ni el afán de reir
&lt;/br&gt;&lt;/br&gt;
que animaran antaño la cena familiar;
y mi madre que acaso algo quiere decir,
ve el lugar del ausente y se pone a llorar…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-8126272600464175305?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/eCaNbcHD8uYE2aVzIVm2xyjLPF4/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/eCaNbcHD8uYE2aVzIVm2xyjLPF4/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/eCaNbcHD8uYE2aVzIVm2xyjLPF4/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/eCaNbcHD8uYE2aVzIVm2xyjLPF4/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Haravicus/~4/j3DBftFzHNg" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://haravicus.blogspot.com/feeds/8126272600464175305/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://haravicus.blogspot.com/2012/01/el-hermano-ausente-en-la-cena-pascual.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/7554079269449403729/posts/default/8126272600464175305?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/7554079269449403729/posts/default/8126272600464175305?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Haravicus/~3/j3DBftFzHNg/el-hermano-ausente-en-la-cena-pascual.html" title="El hermano ausente en la cena pascual - Abraham Valdelomar" /><author><name>Juan César</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="28" height="32" src="http://4.bp.blogspot.com/-IcjldRwXdjQ/Ti-I3OrGd5I/AAAAAAAABf8/4BBsVgxfjm4/s220/1.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://haravicus.blogspot.com/2012/01/el-hermano-ausente-en-la-cena-pascual.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D04HRXw7fip7ImA9WhRVEUs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-7554079269449403729.post-5795485963604850932</id><published>2012-01-09T19:25:00.000-08:00</published><updated>2012-01-09T19:25:34.206-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2012-01-09T19:25:34.206-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Abraham Valdelomar" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Poesía" /><title>Tristitia - Abraham Valdelomar</title><content type="html">&lt;/br&gt;

Mi infancia que fue dulce, serena, triste y sola
se deslizó en la paz de una aldea lejana,
entre el manso rumor con que muere una ola
y el tañer doloroso de una vieja campana.
&lt;/br&gt;&lt;/br&gt;
Dábame el mar la nota de su melancolía;
el cielo, la serena quietud de su belleza,
los besos de mi madre una dulce alegría
y la muerte del sol una vaga tristeza.
&lt;/br&gt;&lt;/br&gt;
En la mañana azul, al despertar, sentía
el canto de las olas como una melodía
y luego el soplo denso, perfumado del mar.
&lt;/br&gt;&lt;/br&gt;
Lo que él me dijera, aún en mi alma persiste;
mi padre era callado y mi madre era triste
y la alegría nadie me la supo enseñar...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-5795485963604850932?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/9XfsmX7zhtNhs025i54cmrlWWe0/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/9XfsmX7zhtNhs025i54cmrlWWe0/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/9XfsmX7zhtNhs025i54cmrlWWe0/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/9XfsmX7zhtNhs025i54cmrlWWe0/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Haravicus/~4/uM4wM_0r-vQ" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://haravicus.blogspot.com/feeds/5795485963604850932/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://haravicus.blogspot.com/2012/01/tristitia-abraham-valdelomar.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/7554079269449403729/posts/default/5795485963604850932?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/7554079269449403729/posts/default/5795485963604850932?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Haravicus/~3/uM4wM_0r-vQ/tristitia-abraham-valdelomar.html" title="Tristitia - Abraham Valdelomar" /><author><name>Juan César</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="28" height="32" src="http://4.bp.blogspot.com/-IcjldRwXdjQ/Ti-I3OrGd5I/AAAAAAAABf8/4BBsVgxfjm4/s220/1.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://haravicus.blogspot.com/2012/01/tristitia-abraham-valdelomar.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D08ESH0-fip7ImA9WhRVEUs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-7554079269449403729.post-8546752636554472143</id><published>2012-01-09T19:23:00.000-08:00</published><updated>2012-01-09T19:23:29.356-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2012-01-09T19:23:29.356-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Cuentos costeños" /><title>Hebaristo, el sauce que murió de amor</title><content type="html">&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_edZogZUw-4s/TCt2pAuonsI/AAAAAAAAAWk/QhWi02N6Efc/s1600/SAUCE+BLANCO.JPG" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/_edZogZUw-4s/TCt2pAuonsI/AAAAAAAAAWk/QhWi02N6Efc/s1600/SAUCE+BLANCO.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Inclinado al borde de la parcela colindante con el estéril yermo, rodeado de "yerbas santas" y "llantenes", viendo correr entre sus raíces que vibraban en la corriente, el agua fría y turbia de la acequia, aquel árbol corpulento y lozano aún, debía llamarse Hebaristo y tener treinta años, porque había el mismo aspecto cansino y pesimista, la misma catadura enfadosa y acre del joven farmacéutico de "El amigo del pueblo", establecimiento de drogas que se hallaba en la esquina de la Plaza de Armas, junto al Concejo Provincial, en los bajos de la casa donde, en tiempos de la Independencia, pernoctara el coronel Marmanillo, lugarteniente del Gran Mariscal de Ayacucho, cuando presionado por los realistas, se dirigiera a dar aquella singular batalla de la Macacona. Marmanillo era el héroe de la aldea de P. porque en ella había nacido, y, aunque a sus puertas se realizara una poco afortunada escaramuza, en la cual caballo y caballero salieron disparados al empuje de un puñado de chapetones, eso, a juicio de las gentes patriotas de P ., no quitaba nada a su valor y merecimientos, pues era sabido que la tal escaramuza se perdió porque el Capitán Crisóstomo Ramírez, dueño hasta el año 23 de un lagar y hecho capitán de patriotas por Marmanillo, no acudió con oportunidad al lugar del suceso. Los de P. guardaban por el coronel de milicias recuerdo venerado. La peluquería llamábase "Salón Marmanillo", la encomendería de la calle Derecha, que después se llamó "28 de Julio" tenía en letras rojas y gordas, sobre el extenso y monótono muro azul, el rótulo "Al descanso de Marmanillo" y por fin en la sociedad "Confederada de Socorros Mutuos", había un retrato al óleo, sobre el estrado de la "directiva", en el cual aparecía el héroe con su color de olla de barro, sus galones dorados y una mano en la cintura, fieles traductores de su gallardía miliciana.
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Digo que el sauce era joven, de unos treinta anos y se llamaba Hebaristo, porque como el farmacéutico tenía el aire taciturno y enlutado, y como él, aunque durante el día parecía alegrarse con la luz del sol, en llegando la tarde y sonando la "oración" caía sobre ambos una tan manifiesta melancolía y un tan hondo dolor silencioso, que eran "de partir el alma", Al toque de ánimas Hebaristo y su homónimo el farmacéutico, corrían el mismo albur. Suspendía éste su charla en la botica, caía pesadamente sobre su cabeza semicalva el sombrero negro de pano, y sobre el sauce de la parcela posaba el de todos los días gallinazo negro y roncador, Luego la noche envolvía a ambos en el mismo misterio y, tan impenetrable era entonces la vida del boticario cuanto ignorada era la suerte de Hebaristo, el sauce...
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
II
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Hebaristo Mazuelos, el farmacéutico de P, y Hebaristo, el sauce fúnebre de la parcela, eran dos vidas paralelas; dos cuerdas de una misma arpa; dos ojos de una misma misteriosa y teórica cabeza; dos brazos de una misma desolada cruz; dos estrellas insignificantes de una misma constelación. Mazuelos era huérfano y guardaba, al igual que el sauce, un vago recuerdo de sus padres. Como el sauce era árbol que sólo servía para cobijar a los campesinos a la hora cálida del medio día, Mazuelos sólo servía en la aldea para escuchar la charla de quienes solían cobijarse en la botica; y así como el sauce daba una sombra indiferente a los gananes mientras sus raíces rojas jugueteaban en el agua de la acequia, así él oía con desganada abnegación la charla de otros, mientras jugaba, el espíritu fijo en una idea lejana, con la cadena de su reloj, o hacía con su dedo índice gancho a ía oreja de su botín de elástico, cruzadas, una sobre otra, las enjutas magras piernas.
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Habíase enamorado Mazuelos de la hija del Juez de Primera Instancia, una chiquilla de alegre catadura, esmirriada y raquítica, de ojos vivaces y labios anémicos, nariz respingada y cabello de achiote, vestida a pintitas blancas sobre una muselina azul de Prusia, que pasó un mes y días en P. y allí los hubiera pasado todos si su padre el doctor Carrizales no hubiera caído mal al secretario de la subprefectura, un tal De la Haza, que era, aun tiempo, redactor de la "La Voz Regionalista!, singular decano de la prensa de P. El doctor Carrizales, magüer de su amistad con el jefe de la región, hubo de salir de P. y dejar la judicatura a raíz de un artículo editorial de "La Voz Regionalista" titulado" ¿Hasta Cuándo?", muy vibrante y tendencioso, en el cual se recordaban, entre otras cosas desagradables, ciertos asuntos sentimentales relacionados con el nombre, apellido y costumbres de su esposa, por esos días ya finada, desgraciadamente. La hija del juez había sido el único amor del farmacéutico cuyos treinta años se deslizaron esperando y presintiendo a la bienamada. Blanca Luz fue para Mazuelos la realización de un largo sueno de veinte años y la ilustración tangible y en carne de unos versos en los cuales había concentrado Hebaristo, toda su estética.
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Los versos de Mazuelos era, corno se verá, el presentido retrato de la hija del doctor Carrizales; y empezaban de esta manera:
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Como una brisa para el caminante ha de ser
la dulce dama a quien mi amor entregue
quiera el fúnebre Destino que pronto llegue
a mis tristes brazos, que la están esperando, la dulce mujer...
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Bien cierto es que Mazuelos desvirtuaba un poco la técnica en su poesía; que hablando de sus brazos en el tercer pie del verso les llama "tristes" cosa que no es aceptable dentro de un concepto estricto de la poética; que la frase "que la están esperando" está íntegramente demás en el último verso, pero ha de considerarse que sin este aditamento, la composición carecería de la idea fundamental que es la idea de espera, y, que el pobre Hebaristo, habí a pasado veinte años de su vida en este ripio sentimental: esperando.
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Blanca Luz era pues, al par, un anhelo de farmacéutico. Era el ideal hecho carne, el verso hecho verdad, el sueño transformado en vigilia, la ilusión que, súbitamente, se presentaba a Hebaristo, con unos ojos vivaces, una nariz respingada, una cabellera de achiote; en suma: Blanca Luz era, para el farmacéutico de "El amigo del pueblo", el amor vestido con una falda de muselina azul con pintitas blancas y unas pantorrillas, con medias mercerizadas, aceptables desde todo punto de vista...
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
III
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Hebaristo, el melancólico sauce de la parcela, no fue, como son la mayoría de los sauces, hijo de una necesidad agrícola; no. El sauce solitario fue hijo del azar, del capricho, de la sin razón. Era el fruto arbitrario del Destino. Si aquel sauce en vez de ser plantado en las afueras de P., hubiera sido sembrado como era lógico, en los grandes saucedales de las pequeñas pertenencias, su vida no resultara tan solitaria y trágica. Aquel sauce, como el farmacéutico de "El amigo del pueblo", sentía, desde muchos anos atrás, la necesidad de un afecto, el dulce beso de una hembra, la caricia perfumada de una unión indispensable. Cada caricia del viento, cada ave que venía a posarse en sus ramas florecidas hacía vibrar todo el espíritu y cuerpo del sauce de la parcela. Hebaristo, que tenía sus ramas en un florecimiento núbil, sabía que en las alas de la brisa o en el pico de los colibrís, o en las alas de los chucracos debían venir el polen de su amor, pero los sauces que el destino le deparaba debían estar muy lejos, porque pasó la primavera y el beso del dorado polen no llegó hasta sus ramas florecidas.
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Hebaristo, el sauce de la parcela, comenzó a secarse, del mismo modo que el joven y achacoso farmacéutico de "El Amigo del Pueblo". Bajo el cielo de P., donde antes latía la esperanza, cernió sus alas fúnebres y estériles la desilusión.
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
IV
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Envejeció Hebaristo, el enamorado boticario, sin tener noticia de Blanca Luz. Envejeció Hebaristo, el sauce de la parcela viendo secarse, estériles, sus flores en cada primavera. Solía, por instinto, Mazuelos, hacer una excursión crepuscular hasta el remoto sitio donde el sauce, al borde del arroyo, enflaquecía. Sentábase bajo las ramas estériles del sauce, y allí veía caer la noche. El árbol amigo que quizás comprendía la tragedia de esa vida paralela, dejaba caer sus hojas sobre el cansino y encorvado cuerpo del farmacéutico.
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Un día el sauce, familiarizado ya con la compañía doliente de Mazuelos, esperó y esperó en vano. Mazuelos no vino. Aquella misma tarde un hombre, el carpintero de P ., llegó con tremenda hacha e hizo temblar de presentimientos al sauce triste, enamorado y joven. El del hacha cortó el hermoso tronco de Hebaristo, ya seco, despojándolo de las ramas lo llevó al lomo de su burro hacia la aldea, mientras el agua del arroyo lloraba, lloraba, lloraba: y el tronco rígido, sobre el lomo del asno, se perdía en los baches y lodazales de la Calle Derecha, para detenerse en la "Carpintería y confección de ataúdes de Rueda e hijos".
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Por la misma calle volvían ya juntos, Mazuelos y Hebaristo. El tronco del sauce sirvió para el cajón del farmacéutico. "La Voz Regionalista", cuyo editorial" ¿Hasta Cuándo?", fuera la causa de la muerte prematura, lloraba ahora la desaparición del "amigo noble y caballeroso, empleado cumplidor y ciudadano integérrimo", cuyo recuerdo no moriría entre los que tuvieron la fortuna de tratarlo y sobre cuya tumba, (el joven de la Haza) ponía las siemprevivas, etc. El alcalde municipal seFIor Unzueta, que era a un tiempo propietario de "El amigo del pueblo", tomó la palabra en el cementerio y su discurso, que se publicó más tarde en "La Voz Regionalista", empezaba: "Aunque no tengo las dotes oratorias que otros, agradezco el honroso encargo que la Sociedad de Socorros Mutuos ha depositado en mí, para dar el último adiós al amigo noble y caballeroso, al empleado cumplidor y al ciudadano integérrimo, que en este ataúd de duro roble". ..y concluía: "Mazuelos. Tú no has muerto. Tu memoria vive entre nosotros. Descansa en Paz"
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
V
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Al día siguiente el dueño de la "Carpintería y confección de ataúdes de Rueda e hijos", llevaba al señor Unzueta una factura:
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
"El señor N. Unzueta a Rueda e hijos... Debe... Por un ataúd de roble... soles 18.70".
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
-Pero si no era de roble -arguyó Unzueta- Era de sauce...
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
-Es cierto -repuso la firma comercial "Rueda e hijos"- es cierto; pero entonces ponga Ud. sauce en su discurso... y borre el duro roble...
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
-Sería una lástima -dijo Unzueta pagando- sería una lástima; habría que quitar toda la frase: "al ciudadano integérrimo que en este ataúd de duro roble"... Y eso ha quedado muy bien, lo digo sin modestia. ..¿No es verdad Rueda?
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
-Cierto, señor Alcalde -respondió la voz comercial "Rueda e hijos". &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-8546752636554472143?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;a href="http://www.portalinca.com/inca2.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://www.portalinca.com/inca2.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Por quanto; yo don Diego de Castro Titu Cussi Yupangui, nieto de Guaina Cápac é hijo de Mango Inga Yupangui, señores naturales que fueron de los rreynos y prouinçias del Pirú, he rreciuido muchas merçedes y fauor del muy Ille. señor el Liçenciado Lope Garçia de Castro, Gobernador que fué destos rreinos por su Magd. del rrei don Phelipe nuestro señor, me ha pereçido que pues su Sa. va destos rreinos a los de España y es persona de valor y gran xpiandad, no podría yo hallar quién con mejor titulo y voluntad me favoresçiese en todos mis negoçios que ante Su Magd. haya de presentar y tratar, ansí en cosas a mi neçesarias como a mis hijos y desçendientes, para lo qual, por el gran crédito que de su señoría tengo, no dexaré de ponerlos todos en su mano para que ansi en uno como en otro, pues en todo hasta aqui me ha hecho tanta merçed, en esta tan prençipal me la haga como yo espero de su muy Ille. persona.

&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
En el tiempo que los españoles aportaron á esta tierra del Pirú, que llegaron al pueblo de Caxamarca, çiento y noventa leguas poco más o menos de aquí, mi padre Mangó Inga estaba en la ciudad del Cuzco, en esa era con todo su poderío y mando, como su padre Guaina Cápac se lo hauta dexado, donde tuvo nueva por ciertos mensajeros que vinieron de allá de un hermano suyo mayor, aunque bastardo, llamado Atavallpa, y por vnos indios yungas tallanas que rresiden á la orilla del Mar del Sur, quince ó veinte leguas del dho. Caxamallca, los quales decían que habían visto llegar a su tierra çiertas personas muy differentes de nuestro hábito y traje, que pareçían viracochas, ques el nombre con el qual nosotros nombramos antiguamente al Criador de todas las cosas, diçiendo Tecsi Viracochan, que quiere deçir prençipio y haçedor de todos; y nombraron desta manera a aquellas personas que habían visto, lo uno porque diferenciaban mucho nuestro traje y semblante, y lo otro porque veían que andaban en vnas animalías muy grandes, las quales tenían los pies de plata: y ésto decían por el rrelumbar de las herraduras. Y también los llamaban ansí, porque les hauían visto hablar a solas en vnos paños blancos como vna persona hablaba con otra, y ésto, por el leer en libros y cartas; y avn les llamauan Viracochas por la excelençia y paresçer de sus personas y mucha differençia entre vnos y otros, porque vnos eran de barbas negras y otros bermejas, é porque les veían comer en plata; y también porque teníanyllapas, nombre que nosotros tenemos para los truenos, y ésto decían por los arcabuçes, porque pensaban que eran truenos del cielo.
&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;
&lt;a href="http://www.megaupload.com/?d=82VYLYCI"&gt;DESCARGA TEXTO COMPLETO&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-311424043592049091?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;b&gt;AVILA, Francisco de 1598/1987 Ritos y tradiciones de Huarochiri del siglo XVII&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;&amp;nbsp;(Dioses y Hombres de Huarochiri) 
&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;
&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;
&lt;i&gt;Taylor, Gerald, ed. 
&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;
&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;
&lt;i&gt;Lima: Instituto de Estudios Peruanos/Instituto Frances de Estudios Andinos. 
&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
041 001 &lt;b&gt;Introduccion&lt;/b&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Si en los tiempos antiguos, los antepasados de los hombres 
llamados indios hubieran conocido la escritura, entonces todas sus tradiciones no se 
habrian ido perdiendo, como ha ocurrido hasta ahora. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
041 002 Más bien se habrian conservado como se conservan las tradiciones y (el 
recuerdo de) la valentia antigua de los huiracochas que aun hoy son visibles. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
041 003 Pero como es asi, y hasta ahora no se las ha puesto por escrito, voy a relatar aquí las tradiciones de los antiguos hombres de Huarochirí, todos protegidos por el mismo padre, la fe que observan y las costumbres que siguen hasta nuestros dias. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
043 004 Enseguida, en cada comunidad serán transcritas las tradiciones que se 
conservan desde su origen. 
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
045 001 &lt;b&gt;Capitulo 1&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
045 001&amp;nbsp;/Dicen que/&amp;nbsp;en los tiempos muy antiguos había unos huacas llamados 
Yananamca y Tutanamca.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
045 002 A estos, en una época posterior, los venció otro huaca llamado Huallallo 
Carhuincho. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
045 003 Después de haberlos vencido, era Huallallo quien animaba a los hombres a los 
cuales no consentía que engendrasen más de dos hijos. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
045 004 Uno se lo comía. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
047 005 El otro --el preferido-- era criado por los padres. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
047 006 En aquella&amp;nbsp;época, los hombres resucitaban sólo cinco dias despues de morir&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&amp;nbsp;047 007 y los cultivos también maduraban solo cinco dias después de haber sido 
sembrados. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
047 008 Todas estas comunidades estaban pobladas por yuncas. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
047 009 Los hombres proliferaban tanto que, (faltándoles espacio para sus 
sembradíos), vivían en gran estrechez. (Fue así como subieron a los cerros donde,) para hacer sus chacras, solo escarbaban y raspaban las crestas y laderas. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
047 010 /Dicen que,/ aun hoy, se ven estas chacras, grandes y pequeñas, sobre todos los cerros. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
047 011 En aquel tiempo, los pájaros eran todos muy hermosos, los loros y los caquis deslumbrantes de amarillo y rojo. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
049 012 Cuando más tarde apareció otro huaca llamado Pariacaca, esos pájaros fueron expulsados, junto con todas las&amp;nbsp;demás&amp;nbsp;obras de Huallallo Carhuincho hacia la region de los antis. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
049 013 Narraremos más adelante la lucha que hubo entre estos dos y el origen de 
Pariacaca. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
049 014 Había también otro huaca que se llamaba Cuniraya. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
049 015 No sabemos muy bien si este existía antes o después de Huallallo y de 
Pariacaca. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
051 016 Sin embargo, /sabemos que/ su culto está estrechamente asociado con el de 
Huiracocha, &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
051 017 ya que los hombres, cuando adoraban a Cuniraya, le dirigían el rezo 
siguiente: "Cuniraya Huiracocha, animador de la tierra y del hombre, todas las cosas 
son tuyas; tuyas son las chacras, tuyos son los hombres". &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
051 018 En los tiempos muy antiguos, antes de empezar cualquier tarea difícil, los 
hombres de antaño arrojaban su coca al suelo y, sin ver a Huiracocha, rezaban asi: "Haz que me acuerde de como realizar esta tarea y que sea hábil en su ejecución, oh 
Cuniraya Huiracocha". &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
051 019 Especialmente los tejedores de ropa fina, cuando tenían que tejer algo muy 
dificil, lo adoraban y lo invocaban. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
051 020 Por eso, primero vamos a escribir sobre Cuniraya y después sobre Pariacaca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
053 001 &lt;b&gt;Capitulo 2 &lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
053 001 Una tradición sobre Cuniraya Huiracocha. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
053 002 /Dicen que/ en los tiempos muy antiguos, Cuniraya
Huiracocha, convertido en hombre muy pobre, andaba paseando con su capa y su
cusma hechas harapos.&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
053 003 Sin reconocerlo, algunos hombres lo trataban de
mendigo piojoso. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
053 004 Ahora bien, este hombre animaba a todas las
comunidades. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
053 005 Con su sola palabra preparaba el terreno para las
chacras y consolidaba los andenes. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
053 006 Con nada más que arrojar una flor de cañaveral
llamado pupuna abría una acequia desde su fuente. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
055 007 Así realizando toda clase de hazañas andaba
humillando a los demás huacas locales con su saber. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
055 008 Había una vez una mujer llamada Cahuillaca que también
era huaca. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
055 009 Esta Cahuillaca era todavía doncella. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
055 010 Como era muy hermosa todos los huacas y huillcas
deseaban acostarse con ella. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
055 011 Pero ella siempre los rechazaba. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
055 012 Sucedió que esta mujer, que nunca se había dejado
tocar por un hombre, estaba tejiendo debajo de un lucumo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
055 013 Cuniraya, gracias a su astucia, se convirtió en pájaro
y subió al árbol. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
055 014 Como había allí una lucuma madura, introdujo su
semen en ella y la hizo caer cerca de la mujer. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
055 015 Ella, muy contenta, se la trago. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
055 016 Así quedo preñada sin que ningún hombre hubiera
llegado hasta ella. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
057 017 Nueve meses más tarde, como suelen hacer las
mujeres, Cahuillaca también dio a luz, aunque fuese todavía doncella. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
057 018 Durante un año más o menos, crio sola a su hijo, amamantándolo.
Siempre se preguntaba de quien podía ser hijo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
057 019 Al cumplirse el ano&amp;nbsp;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 12pt; line-height: 115%;"&gt;–&lt;/span&gt;el niño ya andaba a gatas&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 12pt; line-height: 115%;"&gt;–&lt;/span&gt;&amp;nbsp;hizo
llamar a todos los huacas y los huillcas a fin de saber quién era el padre. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
057 020 Cuando oyeron el mensaje, todos los huacas se
regocijaron mucho y acudieron vestidos con su ropa más fina, cada uno
convencido de ser el que Cahuillaca iba a amar. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
057 021 Esta reunión tuvo lugar en Anchicocha. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
057 022 Cuando llegaron al lugar donde residía esa mujer,
todas los huacas y los &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
huillcas se sentaron; entonces ella les hablo: "¡Miradlo!
varones, señores, ¡reconoced a este niño! ¿Quién de vosotros es el
padre?". Y a cada uno le pregunto si había sido él. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
059 023 Pero ninguno dijo que era su hijo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
059 024 Cuniraya Huiracocha --como suelen hacer los muy
pobres--se había sentado a un lado; despreciándolo, Cahuillaca no le pregunto a
él, pues le parecía imposible que su hijo hubiera podido ser engendrado por
aquel hombre pobre, habiendo tantos varones hermosos presentes. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
059 025 Como nadie admitía que el niño era su hijo, le dijo
a este que fuera el mismo a reconocer a su padre; antes, les explico a los
huacas que, si el padre estaba presente, su hijo se le subiría encima.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
059 026 El niño anduvo a gatas de un lado a otro de la
asamblea pero no se subió encima de ninguno hasta llegar al lugar donde estaba
sentado su padre. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
059 027 Enseguida, muy alegre, se trepo por sus piernas. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
059 028 Cuando su madre lo vio, muy encolerizada, grito:
"Ay de mi! ¿Cómo habría podido yo dar a luz el hijo de un hombre tan
miserable?" y, con estas palabras, cargando a su hijito, se dirigió hacia
el mar. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
061 029 Entonces Cuniraya Huiracocha dijo: "¡Ahora si
me va a amar!" y se vistió con un traje de oro y empezó a seguirla; al
verlo todos los huacas locales se asustaron mucho. "Hermana
Cahuillaca" la llamo, "mira aquí! Ahora soy muy hermoso" y se enderezo
iluminando la tierra. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
061 030 Pero Cahuillaca no volvió el rostro hacia él; se dirigió
hacia el mar con la intención de desaparecer para siempre por haber dado a luz
el hijo de un hombre tan horrible y sarnoso; llego al sitio donde, en efecto, todavía
se encuentran dos piedras semejantes a seres humanos, en Pachacamac mar
adentro. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
061 031 Al momento mismo en que llego allí, se transformo en
piedra. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
061 032 Como creía que Cahuillaca iba a verlo, que iba a
mirarlo, Cuniraya &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
Huiracocha la seguía a distancia gritándole y llamándola
continuamente. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
061 033 Entonces se encontró con un cóndor. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
063 034 "Hermano, ¿dónde te encontraste con esa
mujer?" le preguntó. "Aquí cerca esta, ya casi la vas a
alcanzar" respondió el cóndor. Entonces, Curinaya le dijo: "Siempre vivirás
alimentándote con todos los animales de la puna; cuando mueran, ya sean huanacos,
vicuñas o cualquier otro animal, tu solo te los comerás; y, si alguien te mata,
el también morirá a su vez". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
063 035 Enseguida se encontró con una zorrina. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
063 036 "Hermana" le preguntó, ¿dónde te
encontraste con esa mujer?" Ella le respondió: "Ya no la alcanzaras;
ya está muy lejos". "Por lo que me has contado, no caminaras de día
sino de noche, odiada por los hombres y apestando horriblemente". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
Así la maldijo, con mucho odio. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
063 037 Enseguida se encontró con un puma. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
065 038 Este le dijo: "Ella todavía anda por aquí; ya
te estás acercando". "Serás muy querido" le prometió Cuniraya,
"y las llamas, sobre todo las llamas del hombre culpable, te las comerás
tu; y, si alguien te mata, primero te hará bailar en una gran fiesta, poniéndote
sobre la cabeza; todos los años te sacara y, después de haberte sacrificado una
llama, te hará bailar". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
065 039 Enseguida se encontró con un zorro. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
065 040 El zorro le dijo que ella ya iba lejos y que no iba
a alcanzarla. Entonces le dijo Cuniraya: "Aunque andes a distancia, los
hombres llenos de odio, te trataran de zorro malvado y desgraciado; cuando te
maten, te botaran a ti y tu piel como a algo sin valor". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
065 041 Fue así también como se encontró con un halcón. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
067 042 Cuando el halcón le aseguró que Cahuillaca andaba todavía
muy cerca y que ya casi la iba a alcanzar, Cuniraya le prometió: "Tendrás
mucha suerte; y cuando comas, primero almorzarás, y después otros pájaros; el
hombre que te mate, llorará tu muerte sacrificándote una llama y bailará poniéndote
sobre su cabeza para que resplandezcas allí". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
067 043 Enseguida se encontró con unos loros. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
067 044 Los loros le dijeron que Cahuillaca iba muy lejos y
que ya no iba a alcanzarla. "Andaréis gritando muy fuerte y, cuando
escuchen vuestro grito, y sepan que tenéis la intención de destruir sus
cultivos, sin tardar los hombres os ahuyentaran y así habréis de vivir con
mucho sufrimiento, odiados por ellos".&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
067 045 Así, cada vez que se encontraba con alguien que le
diera buenas noticias, le establecía un porvenir dichoso y seguía su camino. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
067 046 Pero si alguien le daba malas noticias, lleno de
odio le maldecía. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
067 047 De esta forma llego hasta la orilla del mar; desde
allí, regreso hacia Pachacamac. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
069 048 Llegó al sitio donde se encontraban dos hijas de
Pachacamac bajo la custodia de una serpiente. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
069 049 Poco antes, la madre de las dos jóvenes había
entrado en el mar para visitar a Cahuillaca. Se llamaba Urpayhuachac. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
069 050 Aprovechando su ausencia, Cuniraya Huiracocha violo
a la hija mayor. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
069 051 Cuando quiso hacer lo mismo a la otra, esta se
transformó en paloma y alzó el vuelo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
069 052 Por eso su madre se llamaba Urpayhuachac (la que
pare palomas) &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
069 053 En aquella época, no había ni un solo pez en el mar.
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
071 054 Solo Urpayhuachac los criaba en un pequeño estanque
dentro de su casa. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
071 055 Cuniraya, encolerizado porque Urpayhuachac había ido
a visitar a Cahuillaca, los arrojó a todos al mar. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
071 056 Por esto, ahora el mar también está lleno de peces. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
071 057 Después, Cuniraya Huiracocha huyó hacia la orilla
del mar. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
071 058 Cuando sus hijas le contaron cómo Cuniraya las había
violado, Urpayhuachac, furiosa, lo persiguió. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
071 059 Llamándolo continuamente fue siguiéndolo. Entonces,
Cuniraya aceptó esperarla. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
071 060 "Sólo quiero quitarte las pulgas, Cuni",
le dijo y empezó a espulgarlo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
071 061 Al mismo tiempo, hizo crecer una gran pena para que
le cayera encima. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
073 062 Pero Cuniraya, gracias a su astucia, pudo adivinar
su intención y, diciéndole que quería retirarse unos momentos para defecar, huyó
de nuevo hacia estas tierras. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
073 063 Entonces anduvo mucho tiempo por estos parajes engañando
a numerosos huacas locales y hombres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
075 001 &lt;b&gt;Capítulo 3&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
075 001 Aquí vamos a volver a lo que se contaba sobre los
hombres muy antiguos. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
075 002 He aquí este relato. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
075 003 /Se dice que/ en los tiempos antiguos, este mundo
estaba por acabarse. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
075 004 Entonces, una llama, sabiendo que el mar iba a
desbordar, no comía y se lamentaba como si sufriera mucho aunque su dueño la hacía
pastar en un lugar donde la hierba era muy buena. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
075 005 Entonces, el dueño, muy enojado, le arrojó la tusa
del choclo que estaba comiendo y le dijo: "¡Come, perro! Hay tanta hierba
aquí donde te he puesto a pastar". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
075 006 Entonces, la llama se puso a hablar como un ser
humano. "¡Imbécil! ¿Dónde está tu juicio? Dentro de cinco días, el mar va
a desbordar; entonces, el mundo entero se va a acabar" le dijo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
077 007 El hombre se espantó. "¿Qué será de nosotros?
¿A dónde iremos a salvarnos?" dijo. La llama respondió: "Vamos al
cerro de Huillcacoto; allí nos salvaremos. Lleva suficiente comida para cinco
días". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
077 008 Entonces, sin tardar el hombre se fue llevando él
mismo la llama y su carga. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
077 009 Cuando llegó al cerro de Huillcacoto, todos los
animales, el puma, el zorro, el huanaco, el cóndor, todos los animales sin excepción,
ya lo habían ocupado. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
077 010 Tan pronto como llegó, el mar desbordó. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
077 011 Estaban allí, apretujados unos contra otros.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
077 012 Cuando todos los cerros ya estaban inundados, sólo
la puntita misma del cerro de Huillcacoto no fue cubierta por el agua. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
077 013 Entonces el agua mojó la cola del zorro &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
077 014 que se ennegreció. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
077 015 Después de cinco días, las aguas empezaron a bajar
de nuevo y a secarse. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
079 016 Así el mar se retiró hacia abajo exterminando a
todos los hombres. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
079 017 Entonces, el hombre&amp;nbsp;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 12pt; line-height: 115%;"&gt;–&lt;/span&gt;que se había salvado en
Huillcacoto&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 12pt; line-height: 115%;"&gt;–&lt;/span&gt;&amp;nbsp;comenzó a multiplicarse de nuevo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
079 018 Por eso existen todavía los hombres. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
079 019 Nosotros los cristianos consideramos que este relato
se refiere al tiempo del diluvio. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
079 020 Ellos atribuyen su salvación a Huillcacoto.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
081 001 &lt;b&gt;Capítulo 4&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
081 001 Ahora vamos a contar una historia sobre la muerte
del sol. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
081 002 /Se dice que/ en los tiempos antiguos, murió el sol.
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
081 003 La obscuridad duró cinco días. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
081 004 Entonces, las piedras se golpearon unas contra otras
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
081 005 y los morteros, así como los batanes, empezaron a
comerse a la gente. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
081 006 De igual manera, las llamas comenzaron a perseguir a
los hombres. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
081 007 Nosotros los cristianos consideramos que se trata de
la obscuridad que acompañó la muerte de nuestro señor Jesucristo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
083 008 Estos dicen que lo creen también posible.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
085 001 &lt;b&gt;Capítulo 5&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
085 001 Aquí empieza el relato del origen de Pariacaca. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
085 002 Ya hemos hablado en los primeros capítulos de las
tradiciones que se refieren a los tiempos antiguos. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
085 003 Sin embargo, no sabemos cuál fue el origen de los
hombres de aquella época ni de dónde provenían. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
085 004 (Los hombres que vivían en aquellos tiempos no hacían
otra cosa que guerrear y luchar entre sí, &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
085 005 y reconocían como sus curacas sólo a los valientes y
a los ricos. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
085 006 A estos llamamos los purum runa). &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
085 007 /Sabemos que/ en aquella época, Pariacaca nació de
cinco huevos en el cerro de Condorcoto. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
087 008 Un solo hombre, un pobre que se llamaba Huatiacuri,
quien era también, según se dice, hijo de Pariacaca, fue el primero en ver y en
saber de este nacimiento. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
087 009 Vamos a hablar de cómo supo –del nacimiento de
Pariacaca– y de los muchos misterios que realizó. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
087 010 /Se dice que/ la gente de aquella época lo llamaba
Huatiacuri porque, siendo muy pobre, se sustentaba sólo con papas huatiadas. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
087 011 Había entonces un hombre llamado Tamtañamca, un muy
poderoso y gran señor. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
087 012 Su casa entera estaba cubierta de alas de pájaros de
las especies llamadas casa y cancho. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
087 013 Poseía llamas amarillas, rojas y azules, es decir,
de todas las variedades imaginables. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
089 014 Cuando se daba cuenta de la excelente vida de este
hombre, la gente llegaba de todas las comunidades para honrarlo y venerarlo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
089 015 Y él, fingiendo ser un gran sabio, no obstante sus
conocimientos limitados, vivía engañando a muchísima gente. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
089 016 Entonces, este hombre, Tamtañamca, que se fingía
adivino y dios, contrajo una enfermedad muy grave. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
089 017 Muchos años pasaron y la gente se preguntaba cómo
era posible que un sabio tan capaz, que animaba a la gente y a las cosas,
estuviese enfermo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
089 018 Entonces, así como los huiracochas recurren a sus
adivinos, a sus doctores, este hombre, que deseaba curarse, hizo llamar a todos
los sabios. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
089 019 Sin embargo, ninguno supo –la causa de– su
enfermedad. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
089 020 Huatyacuri, que en aquel tiempo estaba viniendo del
mar, subió al cerro que bajamos cuando vamos a Cieneguilla. Allí se adormeció. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
091 021 Este cerro lleva hoy el nombre de Latausaco. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
091 022 Mientras dormía, un zorro que subía se encontró a
mitad del camino con otro que bajaba. El primero preguntó al otro:
"Hermano, ¿cómo está la situación en la huillca de arriba?". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
091 023 "Lo que está bien está bien" le contestó
el otro, "aunque un señor, un huillca de Anchicocha, que finge ser un gran
sabio, un dios, se ha enfermado. Por esto, todos los adivinos hacen sortilegios
para descubrir el origen de una enfermedad tan grave, pero nadie llega a
saberlo. He aquí por qué se enfermó. Un grano de maíz de varios colores saltó
del tiesto donde su mujer estaba tostando y tocó sus vergüenzas; después, ella
lo recogió y se lo dio de comer a otro hombre. Este acto ha establecido una
relación culpable entre ella y el hombre que comió el maíz. Por eso, ahora se
la considera adúltera. Por esta culpa una serpiente vive encima de aquella casa
tan hermosa y se los está comiendo. Hay también un sapo con dos cabezas que se
encuentra debajo de su batán. Y nadie sospecha ahora que son éstos quienes se
los están comiendo". Después de haber contado esto al zorro que venía de
abajo, &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
093 024 el de arriba le preguntó sobre los hombres de la
huillca de abajo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
093 025 Entonces, el otro a su vez le contestó: "Hay
una mujer –la hija de ese gran señor– que, a causa de un pene, casi se
muere". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
093 026 (Este cuento, hasta el restablecimiento de la mujer,
es muy largo. Lo transcribiremos después. Ahora vamos a volver al relato
anterior). &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
093 027 Mientras conversaban, Huatiacuri escuchaba todo lo que
estaban diciendo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
093 028 Este tan gran señor, que estaba enfermo por haber
fingido ser dios, tenía dos hijas. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
093 029 Había unido a la mayor con un hombre muy rico de su
ayllu. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
093 030 Entonces, Huatiacuri llegó al lugar donde se
encontraba el señor enfermo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
093 031 Cuando estaba cerca de la casa de éste se puso a
preguntarles a todos si no había alguien en aquella comunidad que estuviera
enfermo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
095 032 La hija menor de –Tamtañamca– le respondió que era
su padre el enfermo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
095 033 "Quédate conmigo", le dijo Huatiacuri.
"Por ti, voy a sanar a tu padre". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
095 034 (Comentario añadido al texto: No sabemos el nombre
de esta mujer pero se dice que, más tarde, la llamaban Chaupiñamca). &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
095 035 La mujer no aceptó enseguida su propuesta. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
095 036 Le contó a su padre que un pobre le había dicho que
iba a sanarlo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
095 037 Los sabios, que estaban allí, cuando escucharon sus
palabras, se echaron a reír y dijeron: "¿Estaríamos nosotros aquí curándolo,
si un pobre como éste fuera capaz de hacerlo?" &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
095 038 El señor enfermo, sin embargo, deseaba ante todo
librarse de su enfermedad e hizo llamar a Huatiacuri–. "¡Que venga
cualquiera –que se diga capaz de curarme–!" les dijo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
095 039 Huatiacuri entró y dijo al enfermo: "Padre, si
deseas, voy a curarte. Pero me tienes que dar a tu hija". El otro, muy
contento, aceptó. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
097 040 El marido de la hija mayor, al oír dicha propuesta,
se puso furioso: "¿Cómo podría aceptar que la cuñada de un hombre tan
poderoso como yo se una a semejante pobre?" dijo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
097 041 Vamos a contar más adelante la lucha entre este
hombre y Huatiacuri. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
097 042 Por ahora, vamos a volver al –relato de cómo
Huatiacuri curó al enfermo–. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
097 043 Huatiacuri empezó a curar a Tamañamca.
"Padre", le dijo, "tu mujer es adúltera. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
097 044 Su culpa te ha hecho enfermar. Encima de tu casa tan
espléndida hay dos serpientes que te están comiendo. Y hay también un sapo de
dos cabezas debajo de tu batán. Tenemos que matarlos a todos para que te cures.
Cuando ya te hayas curado, tendrás que adorar a mi padre por encima de todo. Sólo
pasado mañana nacerá. En cuanto a ti, tú no eres un auténtico animador de
hombres. Si lo fueras, no te habrías enfermado de esta manera". Al oír sus
palabras, –Tamtañamca– se espantó. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
099 045 Le dio mucha pena que –Huatiacuri– fuera a destruir
su casa tan hermosa. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
099 046 A su vez, la mujer gritó: "Este miserable me
insultó sin motivo. No soy adúltera". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
099 047 Pero como el enfermo tenía muchas ganas de curarse,
mandó destruir su casa. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
099 048 Entonces, sacaron a las dos serpientes &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
099 049 y, enseguida, las mataron. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
099 050 Pues era verdad lo que Huatiacuri había contado
sobre la mujer de Tamtañamca, a saber que, cuando el grano de maíz de varios
colores saltó del tiesto y tocó sus vergüenzas, lo recogió y se lo dio de comer
a otro hombre. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
099 051 Y entonces la mujer también reconoció que era
culpable. "–Todo lo que ha contado– es la pura verdad" confesó. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
099 052 Enseguida –¿Huatiacuri?– mandó levantar el batán. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
099 053 Un sapo con dos cabezas salió y echó a volar hacia
la quebrada de Anchicocha. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
101 054 /Se dice que/ aún se encuentra allí en un manantial.
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
101 055 Cuando los hombres llegan a este lugar, a veces los
hace desaparecer, a veces los enloquece. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
101 056 Después que Huatiacuri hubo cumplido todo esto, el
enfermo sanó. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
101 057 Entonces, {una vez}, el día señalado, Huatiacuri fue
a Condorcoto. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
101 058 Allí estaba Pariacaca en forma de cinco huevos. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
101 059 Cerca de él, el viento empezó a soplar. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
101 060 En los tiempos antiguos, el viento no había
aparecido. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
101 061 El día que Huatiacuri iba a salir a Condorcoto, el
hombre ya sano le dio a su hija. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
101 062 Mientras los dos caminaban solos por el paraje donde
se encuentra este cerro, pecaron. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
101 063 Cuando el primer cuñado se enteró de este hecho
empezó a desafiar a &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
Huatiacuri con el propósito de cubrirlo de vergüenza. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
103 064 Así, un día, ese hombre le dijo a Huatiacuri–:
"Hermano, vamos a competir en distintas pruebas. ¿Cómo te atreviste tú, un
miserable, a casarte con la cuñada de un hombre tan poderoso como yo?" &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
103 065 El pobre aceptó el desafío y fue a contarle a su
padre lo que el otro le había dicho. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
103 066 "Muy bien" le dijo su padre,
"cualquier cosa que te proponga, ven enseguida a verme". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
103 067 He aquí la –primera– prueba. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;o:p&gt;&amp;nbsp;&lt;/o:p&gt;103 068 Un día –su cuñado– le dijo: "Vamos a medir
nuestras fuerzas bebiendo y bailando".&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
103 069 Huatiacuri, el pobre, fue a contárselo a su padre. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
105 070 Este le dijo: "Vete a la otra montaña donde,
convirtiéndose en huanaco, te echarás –como si estuvieras– muerto; entonces,
por la mañana temprano, un zorro y su mujer, una zorrina, vendrán a verme; –la
zorrina– traerá chicha en un poronguito y traerá también su tambor; al verte,
creyendo que eres un huanaco muerto, pondrá estas cosas en el suelo, el zorro
hará lo mismo con su antara, y empezarán a comerte; allí, te convertirás –de
nuevo en hombre y, gritando con todas tus fuerzas, te echarás a volar; ellos
huirán, olvidándose de sus cosas y así iras a la prueba". Estas fueron las
palabras de su padre, Pariacaca. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
105 071 Entonces, el hombre pobre hizo todo conforme a sus
instrucciones. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
105 072 Al empezar la competición, el hombre rico fue el
primero en bailar. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
105 073 Aproximadamente doscientas mujeres bailaron para él;
cuando acabó, &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
Huatiacuri, el pobre, entró solo con su mujer, los dos
solitos. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
105 074 Cruzaron el umbral y bailaron acompañados por el
tambor de la zorrina; entonces, en toda la región, la tierra tembló. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
107 075 De esta manera, –Huatiacuri– venció en todo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
107 076 Después, empezaron a beber. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
107 077 Como suelen hacer aún los huéspedes, que en las
asambleas se sientan en el sitio más alto, también Huatiacuri y su mujer fueron
a sentarse solos en el puesto de honor. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
107 078 Entonces, todos los hombres, que estaban sentados
allí, vinieron a servirle chicha sin dejarle respirar. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
107 079 Huatiacuri bebió tranquilamente todo lo que
sirvieron. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
107 080 Enseguida le tocó a él; empezó a servirles la chicha
que había traído en su &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
poronguito. Los demás, cuando vieron lo pequeño que era el
porongo para saciar a tanta gente, se rieron a carcajadas. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
107 081 Pero apenas se puso a servirles, yendo de un extremo
al otro de la asamblea, cayeron todos sin sentido. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
107 082 Como –Huatiacuri– había vencido en esta prueba–, al
día siguiente, el otro quiso desafiarlo de nuevo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
107 083 Esta vez, la competición consistía en ataviarse con
las más finas –plumas de–casa y cancho. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
109 084 Nuevamente, Huatiacuri fue a consultar a su padre. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
109 085 Este le dio un traje de nieve. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
109 086 Así venció á su rival, deslumbrándolos a todos. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
109 087 El otro le desafió a traer pumas. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
109 088 Quiso vencer trayendo los que poseía. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
109 089 Según las instrucciones de su padre, el hombre pobre
fue muy temprano a un manantial de donde trajo un puma rojo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
109 090 ((Cuando se puso a bailar con el puma rojo, apareció
en el cielo un arco iris semejante a los que vemos de nuestros días)). &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
109 091 Entonces, –su rival– quiso competir con él en la
construcción de una casa. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
109 092 Como ese hombre tenía mucha gente a su servicio,
casi acabó en un solo día la construcción de una casa grande. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
111 093 El pobre no colocó más que los cimientos y pasó todo
el día paseando solo con su mujer. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
111 094 Pero, por la noche, todos los pájaros así como las
serpientes, todas las que había en el mundo, construyeron su casa. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
111 095 Entonces, cuando al día siguiente, –su rival– la vio
ya acabada, se asustó mucho. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
111 096 Desafió a Huatiacuri a una nueva competición: esta
vez debían techar las casas. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
111 097 Todos los huanacos, todas las vicuñas traían la paja
–para el techo del hombre rico–. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
111 098 Huatiacuri esperó encima de una peña el paso de las
llamas que llegaban cargadas –con la paja–. Contrató la ayuda de un gato montés
y, asustándolas, destruyó e hizo caer todo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
111 099 Así también venció en esta prueba. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
111 100 Después de haberle ganado en todo, el pobre,
siguiendo el consejo de su padre, dijo á su rival–: "Hermano, tantas veces
ya he aceptado tus desafíos; ahora te toca a ti aceptar el desafío que voy a
hacerte yo". El hombre rico– aceptó. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
111 101 Entonces, Huatiacuri le dijo: "Ahora vamos a
bailar vestidos con una cusma azul y huara de algodón blanco". El otro
aceptó. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
113 102 El hombre rico– bailó primero como siempre solía
hacer. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
113 103 Mientras bailaba, Huatiacuri entró corriendo y
gritando. El hombre –rico– se asustó, se convirtió en venado y huyó. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
113 104 Entonces, su mujer se fue tras él. "Voy a morir
al lado de mi marido" dijo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
113 105 El hombre pobre se enojó mucho. "Vete, imbécil;
vosotros me perseguisteis tanto que también a ti te voy a matar" le dijo
y, a su vez, se fue tras ella. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
113 106 La alcanzó en el camino de Anchicocha. "Todos
los que bajan o suben por este camino verán tus vergüenzas" le dijo y la
colocó boca abajo en el suelo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
113 107 Enseguida se convirtió en piedra. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
115 108 Esta piedra, parecida a una pierna humana completa
con muslo y vagina, aún existe. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
115 109 Hasta hoy, por cualquier motivo, la gente pone coca
encima de ella. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
115 110 Entonces el hombre que se había convertido en
venado, subió al cerro y desapareció. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
115 111 Antiguamente el venado comía carne humana. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
115 112 Después, cuando los venados ya eran muchos, un día –mientras
bailaban una cachua diciendo: "¿Cómo haremos para comer hombres?", &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
115 113 una criatura se equivocó y dijo: "¿Cómo van a
hacer los hombres para comernos?". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
115 114 Al oír estas palabras, los venados se dispersaron. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
115 115 A partir de entonces, los venados habían de ser
comida para los hombres. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
115 116 Cuando Huatiacuri hubo terminado todas estas hazañas,
Pariacaca –y sus hermanos– salieron de los cinco huevos en forma de cinco
halcones. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
117 117 Estos se convirtieron en hombres y se pusieron a
pasear. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
117 118 Entonces, cuando se enteraron de cómo se había
comportado la gente de aquella época y de cómo ese hombre llamado (Tamtañamca)
fingiendo ser dios, se había hecho adorar, se enojaron mucho a causa de esos
pecados y, convirtiéndose en lluvia, los arrastraron con todas sus casas y sus
llamas hasta el mar sin dejar que uno solo se salvase. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
117 119 Había también en aquella época un pullao que crecía
en el cerro Llantapa y llegaba hasta el cerro de Huichoca formando un arco. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
117 120 Este pullao era un árbol muy grande. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
117 121 Encima se encontraban monos, caquis y todas las
variedades de pájaros. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
117 122 También todos estos fueron arrastrados hasta el mar.
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
119 123 Al cumplir –su castigo–, Pariacaca subió al cerro –que
llamamos hoy–&amp;nbsp;Pariacaca.&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
119 124 De esto hablaremos en el capítulo siguiente.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
121 001 &lt;b&gt;Capítulo 6&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
121 001 /Se dice que/ Pariacaca, convertido en hombre, ya
grande, se puso a buscar a su enemigo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
121 002 El nombre de éste era Huallallo Carhuincho. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
121 003 Solía comerse a los hombres y beberse –¿su sangre?–.
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
121 004 Vamos a hablar de estos hechos más adelante cuando
narremos la lucha que &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
hubo entre los dos–. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
121 005 Ya hemos hablado en el primer capítulo de las
tradiciones acerca de Huallallo &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
Carhuincho, de cómo se comía a la gente y de todo lo que hacía.
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
121 006 Ahora vamos a hablar de lo que –Pariacaca– hizo en
Huarochirí y en sus alrededores. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
121 007 He aquí este relato. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
121 008 Cuando ya era un hombre grande, se encaminó hacia
Pariacaca de Arriba donde se situaba la morada de Huallallo Carhuincho. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
121 009 En la quebrada más abajo de Huarochirí había una
comunidad de yuncas llamada Huayquihusa. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
123 010 En esa época, los miembros de esa comunidad
celebraban una fiesta importante con una gran borrachera. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
123 011 Mientras bebían, llegó Pariacaca. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
123 012 Se sentó a un lado como suelen hacer los pobres. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
123 013 Ninguno de los huayquihusa le sirvió de beber. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
123 014 Pasó el día entero así. Finalmente una mujer, que
era también miembro de esa comunidad, exclamó: "¡Añañi! ¿cómo es posible
que no le hayan convidado a nada a este pobrecito?" y llevándole un gran
poto blanco de chicha se lo ofreció. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
123 015 Entonces, él le dijo: "Hermana, te alegrarás de
haberme brindado esta chicha; dentro de cinco días, verás que algo –muy grave– le
sucederá a esta comunidad; por eso, no debes estar aquí en ese día; tendrás que
irte lejos de aquí; si no, podría equivocarme y matarte también a ti y a tus
hijos. Mucho me ha enojado esta gente". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
123 016 Y, enseguida, añadió: "No hagas saber ni una
palabra de lo que te he dicho a esta gente sino te voy a matar a ti también".
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
125 017 Entonces, cinco días más tarde, la mujer, sus hijos
y sus hermanos, se retiraron de aquel lugar. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
125 018 Los –demás– miembros de la comunidad seguían
bebiendo tranquilamente. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
125 019 Pariacaca subió al cerro que está arriba de
Huarochirí. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
125 020 Este cerro se llama hoy día Mataocoto. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
125 021 Más abajo hay otro cerro llamado Puypuhuana, por
donde bajamos cuando vamos a Huarochirí. Así se llaman –los dos cerros–. En ese
cerro –¿de Mataocoto?–, Pariacaca –se transformó en– tempestad de lluvia &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
125 022 y –bajo la forma de– granizo amarillo y rojo,
arrastró a toda aquella gente hasta el mar sin perdonar a nadie. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
125 023 Entonces, esta gran cantidad de agua, hecha
torrentes, cavó las quebradas de las alturas de Huarochirí. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
125 024 Ya acabado –su castigo–, Pariacaca atravesó el río y
se fue hacia las chacras de los cupara sin visitar a las otras comunidades
yuncas ni hablar con sus habitantes, los cuales, aunque habían visto lo que pasó,
no lo comprendieron ni supieron –su causa–. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
127 025 Los miembros de la comunidad de los cupara sufrían
mucho por la falta de agua, que hacían llegar a sus chacras a partir de un solo
manantial. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
127 026 /Sabemos que/ dicho manantial brotaba en un cerro grande
que domina el pueblo actual de San Lorenzo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
127 027 Este cerro se llama hoy Sunacaca. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
127 028 /Se dice que/ allí no había más que una laguna
grande. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
127 029 Conducían el agua de esta laguna para que llenase
una serie de estanques más abajo que les servían para regar las chacras. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
127 030 Había entonces en esta comunidad una mujer muy
hermosa de nombre Chuquisuso. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
127 031 Como el agua era muy poca y su maíz se estaba
secando, esta mujer regaba su chacra llorando. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
127 032 Cuando Pariacaca vio esto, cubrió la bocatoma de la
pequeña laguna con su manta. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
129 033 Al darse cuenta –de que el agua seguía disminuyendo–,
la mujer lloraba todavía más fuerte. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
129 034 "Hermana, ¿por qué lloras tanto?" le
preguntó Pariacaca. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
129 035 "Mi maicito se está secando por falta de
agua" le contestó. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
129 036 "No te aflijas" le dijo Pariacaca.
"Voy a hacer salir una gran cantidad de agua de tu laguna; pero antes,
vamos a acostarnos juntos". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
129 037 "Primero tienes que hacer salir el agua y
cuando mi chacra ya esté regada, aceptaré acostarme contigo". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
129 038 Pariacaca aceptó e hizo salir una cantidad enorme de
agua. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
129 039 Muy feliz la mujer regó todas sus chacras. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
129 040 Cuando acabó, –Pariacaca– de nuevo insistió en
acostarse con ella &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
131 041 pero ella aún se negaba: "Ahora no. Uno de
estos días". Pariacaca deseaba mucho a esa mujer y, para que se entregase
a él, le prometió todo lo que deseara. "Voy a hacer llegar el agua del río
a tu chacra" le dijo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
131 042 "Hazlo primero" le contestó, "y sólo
entonces dormiremos juntos". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
131 043 Pariacaca aceptó y agrandó la acequia de los yuncas ––que
antes había sido sólo una acequia muy pequeña que procedía de la quebrada de
Cocochalla y llegaba hasta un cerrito más arriba de San Lorenzo– y la hizo
llegar hasta las chacras de los cupara de abajo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
131 044 Pumas, zorros, serpientes y todas las variedades de
pájaros limpiaron y arreglaron la acequia. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
131 045 /Sabemos que/ para realizar esto, los pumas, los
otorongos y los demás discutieron entre ellos quién iba a ser el primero en
trazar el curso de la acequia. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
131 046 /Se dice que/ todos querían asumir esta carga. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
133 047 Venció el zorro: "Soy yo el jefe; yo voy a ir
adelante". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
133 048 Así se adelantó el zorro. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
133 049 Había llegado a medio camino cuando, allí en el
cerro arriba de San Lorenzo, inesperadamente, alzó el vuelo una perdiz
cuchichiando. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
133 050 El zorro se asustó y, dando un ladrido, cayó cerro
abajo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
133 051 Entonces, los otros ánimales, muy encolerizados,
escogieron a la serpiente para seguir trazando la acequia. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
133 052 Si no hubiera caído el zorro, la acequia pasaría por
más arriba. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
133 053 Ahora va un poco más abajo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
133 054 En efecto, las huellas de la caída del zorro se
pueden ver aún hoy &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
133 055 y el agua baja por el camino abierto por su caída. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
135 056 Cuando acabó todo eso, Pariacaca pidió de nuevo a
Chuquisuso –que se acostara con él. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
135 057 Ella le contestó: "Vamos a la peña allí arriba;
allí estaremos juntos". &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
135 058 Esta peña se llama hoy Yanacaca. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
135 059 /Se dice/ que allí se unieron. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
135 060 "Vayamos los dos a algún lado" dijo la
mujer. Y Pariacaca: "¡Vamos!" y se la llevó a la bocatoma de la
acequia de Cocochalla. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
135 061 Cuando llegaron, la mujer llamada Chuquisuso le
dijo: "Aquí en mi acequia me voy a quedar" y se transformó en piedra.
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
135 062 Pariacaca la dejó allí y siguió subiendo. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
135 063 Vamos a hablar de eso más adelante. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
135 064 La mujer llamada Chuquisuso aún se encuentra,
petrificada, en la bocatoma de esta acequia de Cocochalla. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
137 065 Cuniraya también se había convertido en piedra y se
encuentra más arriba en otra acequia, de nombre Huincompa. &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
137 066 Fue allí donde Cuniraya acabó; &lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
137 067 hemos de contar todo lo que hizo en los capítulos
que siguen.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Actualizando hasta llegar al capítulo 50...&lt;/div&gt;
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Yo Don Joan de Santacruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Cristiano por la gracia de Dios Nuestro Senor, natural de los pueblos de Sanctiago de Hananguaygua y Huringuaiguacanchi de Orcusuyo, entre Canas y Canchis de Collasuyo, hijo legitimo de Don Diego Felipe Condorcanqui y de Dona Maria Guayrotari; nieto legitimo de Don Baltasar Cacyaquivi y de Don Francisco Yamquiguanacu, cuyas mujeres, mis aguelas, estan vivas; y lo mismo soy bisnieto de Don Gaspar Apoquivicanqui y del general Don Gaspar Apoquivicanqui y del general Don Joan Apoyngamaygua; tataranieto de Don Bernabe Apohilas Urcunipoco y de Don Gonzalo Pizarro Tintaya y de Don Carlos Huanco, todos caciques principales que fueron en la dicha prouincia y cristianos profesos en las cosas de nuestra santa fe catolica. Como digo, fueron los primeros caciquez que acudieron en el tambo de Caxamarca a hacerse cristianos, negando primero todas las falsedades y ritos y cerimonias del tiempo de la gentilidad enventados de los enemigos antigos del genero humano, que son los demonios y diablos, en la lengua general se llaman hapinunu, achacalla; porque como aquellos sacerdotes, primeros predicadores apostolicos que entraron con la ley evangelica de Nuestro Senor Jesucristo a esta nobilisima provincia de Tauantinsuyo, con el celo santo de ganar un alma para Dios Nuestro Senor, como buenos pescadores con sus atalayas |batarrayas|c de suaves y amorosas palabras, predicandoles y catetizandoles el misterio de nuestra santa fe catolica; y despues, cando fueron los dichos mis antepasados ya declarados y ya bien ynstruydos es las cosas de nuestra santa fe catolica, fueron baptizados, al fin los negaron diziendo: abrenunciamos Satanas y a todos sus secuaces y promecas falsas y a todos sus ritos. De modo, despues de haberse hecho cristianos. hijos adobtiuos de Jesucristo Nuestro Senor, y asi con aquesta santa fe catolica se acabaron haziendose berdaderos cristianos, mostrandose ser enemigos de todas las ydolatrias y rritos antiguos, y como tales los perciguieron a los hechiceros, destruyendoles y derribandoles a todos los guacas y ydolos, manifestandolos a los ydolatras, castigandoles a sus subditos y basallos de toda aquella provincia, y como a tales Nuestro Senor Dios los concerbaron a los susodichos mis antepasados y a nosotros sus nietos y descendientes masculinos y fimininos nos an dado su santa bendicion.&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div align="center"&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align="center"&gt;
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&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://books.google.com/books?id=3A_XTV7I9ZwC&amp;amp;printsec=frontcover&amp;amp;img=1&amp;amp;zoom=1" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="200" src="http://books.google.com/books?id=3A_XTV7I9ZwC&amp;amp;printsec=frontcover&amp;amp;img=1&amp;amp;zoom=1" width="135" /&gt;&lt;/a&gt;El puerto de Pisco aparece en mis recuerdos como unamansísima aldea, cuya belleza serena y extraña acrecentaba elmar. Tenía tres plazas. Una, la principal, enarenada, con unasuerte de pequeño malecón, barandado de madera, frente al cualse detenía el carro que hacía viajes "al pueblo"; otra, la desolada plazoleta donde estaba mi casa, que tenía por el lado de orienteuna valla de toñuces; y la tercera, al sur de la población, en la quehabía de realizarse esta tragedia de mis primeros años.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el puerto yo lo amaba todo y todo lo recuerdo porque allítodo era bello y memorable. Tenía nueve años, empezaba elcamino sinuoso de la vida, y estas primeras visiones de las cosas,que no se borran nunca, marcaron de manera tan dulcementedolorosa y fantástica el recuerdo de mis primeros años que asíformóse el fondo de mi vida triste. A la orilla del mar se piensasiempre; el continuo ir y venir de olas; la perenne visión delhorizonte; los barcos que cruzan el mar a lo lejos sin que nadiesepa su origen o rumbo; las neblinas matinales durante las cualeslos buques perdidos pitean clamorosamente, como buscándose unos a otros en la bruma, cual ánimas desconsoladas en unmundo de sombras; las "paracas", aquellos vientos que arrojan ala orilla a los frágiles botes y levantan columnas de polvomonstruosas y livianas; el ruido cotidiano del mar, de tanextraños tonos, cambiantes como las horas; y a veces, en laapacible serenidad marina, el surgir de rugidores animalesextraños, tritones pujantes, hinchados, de pequeños ojos yviscosa color, cuyos cuerpos chasquean las aguas al cubrirlos desordenadamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En las tardes, a la caída del sol, el viaje de los pájaros marinosque vuelven del norte, en largos cordones, en múltiples líneas,escribiendo en el cielo no sé qué extrañas palabras. Ejércitosinmensos de viajeros de ignotas regiones, de inciertos parajes quevan hacia el sur agitando rítmicamente sus alas negras, hastaesfumarse, azules, en el oro crepuscular. En la noche, en la profunda oscuridad misteriosa, en el arrullo solemne de lasaguas, vanas luces que surgen y se pierden a lo lejos como vidasestériles... En mi casa, mi dormitorio tenía una ventana que dabahacia el jardín cuya única vid desmedrada y raquítica, de hojascarcomidas por el salitre, serpenteaba agarrándose en los barrotesoxidados. Al despertar abría yo los ojos y contemplaba, tras el jardín, el mar. Por allí cruzaban los vapores con su plomizacabellera de humo que se diluía en el cielo azul. Otros llegaban al puerto, creciendo poco a poco, rodeados de gaviotas que flotabana su lado como copos de espuma y, ya fondeados, los rodeaban pequeños botecillos ágiles. Eran entonces los barcos comocadáveres de insectos, acosados por hormigas hambrientas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Levantábame después del beso de mi madre, apuraba el caféhumeante en la taza familiar, tomaba mi cartilla e íbame a laescuela por la ribera. Ya en el puerto, todo era luz y movimiento.La pesada locomotora, crepitante, recorría el muelle. Chirriabancomo desperezándose los rieles enmohecidos, alistaban los pescadores sus botes, los fleteros empujaban sus carros en loscuales los fardos de algodón hacían pirámide, sonaba la alegrecampana del "cochecito"; cruzaban en sus asnos pacientes ylanudos, sobre los hatos de alfalfa, verde y florecida en azul, las mozas del pueblo; llevaban otras en cestos de caña brava la pescade la víspera, y los empleados, con sus gorritas blancas de viserasnegras, entraban al resguardo, a la capitanía, a la aduana y a laestación del ferrocarril. Volvía yo antes del mediodía de laescuela por la orilla cogiendo conchas, huesos de aves marinas, piedras de rara color, plumas de gaviotas y yuyos que eran cintasmulticolores y transparentes como vidrios ahumados, quearrojaba el mar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;II&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi padre que era empleado en la Aduana tenía un hermosotipo moreno. Faz tranquila, brillante mirada, bigote pródigo. Losdías de llegada de algún vapor vestíase de blanco y en la falúarápida, brillante y liviana, en cuya popa agitada por el vientoondeaba la bandera, iba mar afuera a recibirlo. Mi madre eradulcemente triste. Acostumbraba llevarnos todas las tardes a mihermanita y a mí a la orilla a ver morir el sol. Desde allí se veíael muelle, largo con sus aspas monótonas, sobre las que seelevaban las efes de sus columnas, que en los cuadernos, en laescuela, nosotros pintábamos así:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;f f f f xxxxxxx&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pues de los ganchitos de las efes pendían los faroles por lasnoches. Mi padre volvía por el muelle, al atardecer, nos buscabadesde lejos, hacíamos señales con los pañuelos y él perdíase unmomento tras de las oficinas al llegar a tierra para reaparecer anuestro lado. Juntos veíamos entonces "la procesión de las luces"cuando el sol se había puesto y el mar sonaba ya con el cantonocturno muy distinto del canto del día. Después de la procesiónregresábamos a casa y durante la comida papá nos contaba todolo que había hecho en la tarde.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquel día, como de costumbre, habíamos ido a ver la caída delsol y a esperar a papá. Mientras mi madre sobre la orillacontemplaba silenciosa el horizonte, nosotros jugábamos a sulado, con los zapatos enarenados, fabricando fortalezas de arenay piedras, que destruían las olas al desmayarse junto a sus muros,dejando entre ellos su blanquísima espuma. Lentamente caía latarde. De pronto mamá descubrió un punto en el lejano límite delmar. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Ven ustedes? -nos dijo preocupada- ¿no parece un barco? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Sí, mamá, respondí. Parece un barco... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Vendrá papá? -interrogó mi hermana. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Él no comerá hoy con nosotros, seguramente, agregó mimadre. Tendrá que recibir ese barco. Vendrá de noche. El mar está muy bravo. Y suspiró entristecida...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El sol se ahogó en sangre en el horizonte. El barco se divisó perfectamente recortado en el fondo ocre. Sobre el puerto cayó lanoche. En silencio emprendimos la vuelta a casa, mientrasencendían el faro del muelle y desfilaba "la procesión de lasluces".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Así decíamos a un carro lleno de faroles que salía de lacapitanía y era conducido sobre el muelle por un marinero, quiena cada cincuenta metros se detenía, colocando sobre cada posteun farol hasta llegar al extremo del muelle extendido y lineal;mas, como esta operación hacíase entrada la noche, sólo se veíanavanzando sobre el mar, las luces, sin que el hombre ni el carroni el muelle se viesen, lo que daba a ese fanal un aspecto extrañoy quimérico en la profunda oscuridad de esas horas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Parecía aquel carro un buque fantasma que flotara sobre lasaguas muertas. A cada cincuenta metros se detenía, y una luzsuspendida por invisible mano iba a colgarse en lo alto de un poste, invisible también. Así, a medida que el carro avanzaba, lasluces iban quedando inmóviles en el espacio como estrellas sangrientas; y el fanal iba disminuyendo su brillor y dejando susluces a lo largo del muelle, como una familia cuyos miembrosfueran muriendo sucesivamente de una misma enfermedad. Por fin la última luz se quedaba oscilando al viento, muy lejos, sobreel mar que rugía en las profundas tinieblas de la noche.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando se colgó el último farol, nosotros, cogidos de la manode mi madre, abandonamos la playa tornando al hogar. La criadanos puso los delantales blancos. La comida fue en silencio.Mamá no tomó nada. Y en el mutismo de esa noche triste, yoveía que mamá no quitaba la vista del lugar que debía ocupar mi padre, que estaba intacto con su servilleta doblada en el aro, sucubierto reluciente y su invertida copa. Todo inmóvil. Sólo se oíael chocar de los cubiertos con los platos o los pasos apagados dela sirviente, o el rumor que producía el viento al doblar losárboles del jardín. Mamá sólo dijo dos veces con su voz dulce ytriste: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Niño, no se toma así la cuchara... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Niña, no se come tan de prisa...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;III&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Papá debió volver muy tarde, porque cuando yo desperté en micama, sobresaltado al oír una exclamación, sonaron frías, lejanas,las dos de la madrugada. Yo no oí en detalle la conversación, demis padres; pero no puedo olvidar algunas frases que se me hanquedado grabadas profundamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Quién lo hubiera creído! &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-decía papá-. Tú conoces a Luisa,sabes cuán honorable y correcto es su marido... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡No es posible, no es posible! &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-respondió mi madre, con vozmedrosa. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Ojalá no lo fuese. Lo cierto es que Fernando está preso; el juez cogió al niño y amenazó a Luisa con detenerlo si ella nodecía la verdad, y ya ves, la pobre mujer lo ha declarado todo.Dijo que Fernando había venido a Pisco con el exclusivo objetode perseguir a Kerr, pues había jurado matarlo por una viejacuestión de honor...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Y ella ha delatado a su marido? ¡Qué horrible traición, quéhorrible! &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Y qué cuestión ha sido esa?... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–No ha querido decirlo. Pero, admírate. Esto ha ocurrido a lascuatro de la tarde; Kerr ha muerto a las cinco a consecuencia dela herida, y cuando trasladaban su cadáver se promovió en lacalle un gran tumulto, oímos gritos y exclamaciones terribles,fuimos hacia allí y hemos visto a Luisa gritar, mesarse loscabellos y, como loca, llamar a su hijo. ¡Se lo habían robado! &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Le han robado a su hijo?Sentí los sollozos de mi madre. Asustado me cubrí la cabezacon la sábana y me puse a rezar, inconsciente y temeroso, por todos esos desdichados a quienes no conocía. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor escontigo, Bendita eres...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al día siguiente, de mañana, trajeron una carta con un margende luto muy grande y papá salió a la calle vestido de negro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;IV&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Recuerdo que al salir de la población, pasé por la plazuela queestá al fin del barrio "del Castillo" y empecé a alejarme en lacurva de la costa hacia San Andrés, entretenido en coger caracoles, plumas y yerbas marinas. Anduve largo rato y prontome encontré en la mitad del camino. Al norte, el puerto ya lejanode Pisco aparecía envuelto en un vapor vibrante, veíanse lascasas muy pequeñas, y los pinos, casi borrados por la distancia,elevábanse apenas. Los barcos del puerto tenían un aspecto deabandono, cual si estuvieran varados por el viento del Sur. ElMuelle parecía entrar apenas en el mar. Recorrí con la mirada lacurva de la costa que terminaba en San Andrés. Ante la soledaddel paisaje, sentí cierto temor que me detuvo. El mar sonabaapenas. El sol era tibio y acariciador. Una ave marina apareció alo lejos, la vi venir muy alto, muy alto, bajo el cielo, sola y serena como una alma; volaba sin agitar las alas, deslizándosesuavemente, arriba, arriba. La seguí con la mirada, alzando lacabeza, y el cielo me pareció abovedado, azul e inmenso, como sifuera más grande y más hondo y mis ojos lo miraran más profundamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El ave se acercaba, volví la cara y vi la campiña tierra adentro, pobre, alargándose en una faja angosta, detrás de la cualcomenzaba el desierto vasto, amarillo, monótono, como otro mar de pena y desolación. Una ráfaga ardiente vino de él hacia elmar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En medio de esa hora me sentí solo, aislado, y tuve la idea dehaberme perdido en una de esas playas desconocidas y remotas, blancas y solitarias donde van las aves a morir. Entonces sentí eldivino prodigio del silencio; poco a poco se fue callando el rumor de las olas, yo estaba inmóvil en la curva de la playa y alapagarse el último ruido del mar, el ave se perdió a lo lejos. Nadaacusaba ya a la Humanidad ni a la vida. Todo era mudo y muerto.Sólo quedaba un zumbido en mi cerebro que fue extinguiéndose,hasta que sentí el silencio, claro, instantáneo, preciso. Pero sólofue un segundo. Un extraño sopor me invadió luego, me acostéen la arena, llevé mi vista hacia el sur, vi una silueta de mujer que aparecía a lo lejos, y mansamente, dulcemente, como unasonrisa, se fue borrando todo, todo, y me quedé dormido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;V&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desperté con la idea de la mujer que había visto al dormirme, pero en vano la buscaron mis ojos, no estaba por ninguna parte.Seguramente había dormido mucho, y durante mi sueño, ladesconocida, que tenía un vestido blanco, había podido recorrer toda la playa. Observé, sin embargo, los pasos que venían por laorilla. Menudos rastros de mujer que el mar había borrado enalgunos sitios, circundaban el lugar donde yo me había dormidoy seguían hacia el puerto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pensativo y medroso no quise avanzar a San Andrés. El sol ibaa ponerse ya, y restregándome los ojos, siguiendo los rastros dela desconocida, emprendí la vuelta por la orilla. En algunos puntos el mar había borrado las huellas, buscábalas yo,adivinándolas casi, y por fin las veía aparecer sobre la arenahúmeda. Recogí una conchita rara, la eché en mi bolsillo y mimano tropezó con un extraño objeto. ¿Qué era? Una medalla dela Purísima, de plata, pendiendo de una cadena delgada, larga yfría. Examiné mucho el objeto y me convencí de que alguien lohabía puesto en mi bolsillo. Tuve una sospecha, la mujer; quisearrojarle, pero me detuve.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Guardé la medalla y cavilando en el hallazgo, llegué a casacuando el sol se ponía. Mi curiosidad hizo que callara y ocultarael objeto; y al día siguiente, martes de Semana Santa, a la mismahora, volví. El mar durante la noche había borrado las huellasdonde me acostara la víspera, pero aproximadamente elegí unsitio y me recosté. No tardó en aparecer la silueta blanca. Sentíun violento golpe en el corazón y un indecible temor. Y sinembargo tenía una gran simpatía por la desconocida que vestidade blanco se acercaba.El miedo me vencía, quería correr y luchaba por quedarme. Lamujer se acercaba cada vez más. Me miró desde lejos, quise irmeaún; pero ya era tarde. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El miedo y luego la apacible mirada deaquella mujer me lo impedían. Acercóse la señora. Yo, de pie,quitándome la gorra le dije:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Buenas tardes, señora... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Me conoces?... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Mamá me ha dicho que se debe saludar a las personasmayores... La señora me acarició sonriendo tristemente y me preguntó: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Te gusta mucho el mar? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Sí, señora. Vengo todas las tardes. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Y te quedas dormido?... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Usted vino ayer señora?...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–No; pero cuando los niños se quedan dormidos a la orilla delmar, y son buenos, viene un ángel y les regala una medalla. ¿A tite ha regalado el ángel?...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Yo sonreí incrédulo; la dama lo comprendió, y conversando, perdido el temor hacia la señora vestida de blanco, cogido de sumano, emprendí la vuelta a la población.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al llegar a la plazuela del Castillo, vimos unos hombres quelevantaban una especie de torre de cañas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Qué hacen esos hombres? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-me preguntó la señora. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Papá nos ha dicho que están preparando el castillo paraquemar a Judas el sábado de gloria. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿A Judas? ¿Quién te ha dicho eso? Y abriódesmesuradamente los ojos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Papá dice que Judas tiene que venir el sábado por la noche yque todos los hombres del pueblo, los marineros, los trabajadoresdel muelle, los cargadores de la Estación, van a quemarlo, porqueJudas es muy malo... Papá nos traerá para que lo veamos... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Y tú sabes por qué lo queman?... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Sí, señora. Mamá dice que lo queman porque traicionó alSeñor... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Y no te da pena que lo quemen?... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–No, señora. Que lo quemen. Por él los judíos mataron anuestro Señor Jesucristo. Si él no lo hubiese vendido, ¿cómohabrían sabido quién era los judíos?...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La señora no contestó. Seguimos en silencio hasta la población. Los hombres se quedaron trabajando y al despedirsela señora blanca me dio un beso y me preguntó: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Dime, ¿tú no perdonarías a Judas?... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–No, señora blanca; no lo perdonaría.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La dama se marchó por la orilla oscura y yo tomé el camino demi casa. Después de la comida me acosté.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;VI&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estuve varios días sin volver a la playa, pero el sábado degloria en que debían quemar a Judas, salí a la playa para dar un paseo y ver en la plaza el cuerpo del criminal, pues según papá,ya estaba allí esperando su castigo el traidor, rodeado demarineros, cargadores, hombres del pueblo y pescadores de SanAndrés. Salí a las cuatro de la tarde y me fui caminando por laorilla. Llegué al sitio donde Judas, en medio del pueblo, seelevaba, pero le tenían cubierto con una tela y sólo se le veía lacabeza. Tenía dos ojos enormes, abiertos, iracundos, pero sin pupilas y la inexpresiva mirada se tendía sobre la inmensidad delmar. Seguí caminando y al llegar a la mitad de la curva, distinguía la señora blanca que venía del lado de San Andrés. Pronto llegóhasta mí. Estaba pálida y me pareció enferma. Sobre su vestido blanco y bajo el sombrero alón, su rostro tenía una palidez demarfil. ¡Era tan blanca! Sus facciones afiladas parecían no tener sangre; su mirada era húmeda, amorosa y penetrante. Hablamoslargo rato. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Has visto a Judas? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Lo he visto, señora blanca... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Te da miedo?... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Es horrible... A mí me da mucho miedo... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Y ya le has perdonado?... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–No, señora, yo no lo perdono. Dios se resentiría conmigo si le perdonase... ¿Usted viene esta noche a verlo quemar?... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Sí. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿A qué hora?... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Un poco tarde. ¿Tú me reconocerías de noche?... ¿No teolvidarías de mi cara? Fíjate bien &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-y me miró extrañamente&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Fíjate bien en mi cara... Yo vendré un poco tarde... Dime, ¿le hasvisto tú los ojos a Judas?... –Sí, señora. Son inmensos, blancos, muy blancos... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Dónde miran?... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Al mar... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Estás seguro? ¿Miran al mar? ¿Te has fijado bien?... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Sí, señora blanca, miran al mar...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sobre la arena donde nos habíamos sentado, la señora mirólargamente el océano. Un momento permaneció silenciosa yluego ocultó su cara entre las manos. Aún me pareció más pálida. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Vamos &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-me dijo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Yo la seguí. Caminamos en silencio a través de la playa, peroal acercarnos a la plazuela donde estaba el cuerpo de Judas, laseñora se detuvo y mirando al suelo, me dijo: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Fíjate bien en él... Me vas a contar adónde mira. Fíjate bien...Fíjate bien.Y al pasar ante el cuerpo, ella volvió la cara hacia el mar, parano ver la cara de Judas. Parecía temblar su mano, que me teníacogido por el brazo, y al alejarnos me decía: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Fíjate adónde mira, de qué color son sus ojos, fíjate, fíjate...Pasamos. Yo tenía miedo. Sentí temblar fuertemente a laseñora, que me preguntó nuevamente: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Dónde miran los ojos? –Al mar, señora blanca... Bien lejos, bien lejos...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya era tarde. La noche empezó a caer y las luces de los barcosse anunciaron débilmente en la bahía. Al llegar a la altura de micasa, la señora me dio un beso en la frente, un beso muy largo, y me dijo: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Adiós!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La noche tenía un color brumoso, pero no tan negro comootras veces. Avancé hasta mi casa pensativo, y encontré a mimadre llorando, porque debía salir un barco a esa hora y papádebía ir a despacharlo. Nos sentamos a la mesa. Allí se oía rugir el mar, poderoso y amenazador. Madre no tomó nada y me atrevía preguntarle: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Mamá, ¿no vamos a ver quemar a Judas?... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Si papá vuelve pronto. Ahora vamos a rezar... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nos levantamos de la mesa. Atravesarnos el patiecillo. Mihermana se había dormido y la criada la llevaba en brazos. Laluna se dibujaba opacamente en el cielo. Llegamos al dormitoriode mi madre y ante el altar, donde había una virgen del Carmenmuy linda, nos arrodillamos. Iniciamos el rezo. Mamá decía ensu oración:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Por los caminantes, navegantes, cautivos cristianos y encarcelados...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sentimos, inusitadamente, ruidos, carreras, voces ylamentaciones. Las gentes corrían gritando y de pronto oímos unsonido estridente, característico, como el pitear de un buque perdido. Una voz gritó cerca de la puerta: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Un naufragio!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Salimos despavoridos, en carrera loca, hacia la calle. El pueblocorría hacia la ribera. Mamá empezó a llorar. En ese momentoapareció mi padre y nos dijo: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Un naufragio. Hace una hora que he despachado el buque.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Seguramente ha encallado...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El buque llamaba con un silbido doloroso, como si se quejarade un agudo dolor, implorante, solemne, frío. La luna seguíaopacada. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Salimos todos a la playa y pudimos ver que el barcohacía girar un reflector y que del muelle salían unos botes en su ayuda.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El pueblo se preparaba. Estaba reunido alrededor de la orilla,alistaba febrilmente sus embarcaciones, algunos habían sacadolinternas y farolillos y auscultaban el aire. Una voz ronca recorríala playa como una ola, pasaba de boca en boca y estallaba: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Un naufragio!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Era el eterno enemigo de la gente del mar, de los pescadores,que se lanzaban en los frágiles botes, de las mujeres que losesperaban temerosas, a la caída de la tarde; el eterno enemigo detodos los que viven a la orilla... El terrible enemigo contra el queluchan todas las creencias y supersticiones de los puebloscostaneros; que surge de repente, que a veces es el molinodesconocido y siniestro que lleva a los pescadores hacia unvórtice extraño y no los deja volver más a la costa; otras veces el peligro surge en forma de viento que aleja de la costa lasembarcaciones para perderlas en la inmensidad azul y verde delmar. Y siempre que aparece este espíritu desconocido ysorpresivo las gentes sencillas vibran y oran al apóstol pescador,su patrón y guía, porque seguramente alguna vida ha sido sacrificada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aún oímos el rumor de las gentes del mar. Cuando empezó aretirarse, se apagaron los reflectores y el piteo cesó. Nadiecomprendía por qué el barco se alejaba; pero cuando éste se perdía hacia el sur, todo el pueblo, pensativo, silencioso einmenso, regresó por las calles y se encaminó a la plaza en la queJudas iba a ser sacrificado. Mamá no quiso ir, pero papá y yofuimos a verle.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Caminamos todo el barrio del Castillo y al terminarlo y entrar a la plazoleta, la fiesta se anunció con una viva luz sangrienta. Alos pies de Judas ardía una enorme y roja llamarada que hacíanubes de humo y que iluminaba por dentro el deforme cuerpo delcondenado, a quien yo quería ver de frente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero al verlo tuve miedo. Miedo de sus grandes ojos que seiluminaban de un tono casi rosado. Busqué entre los que nosrodeaban a la señora blanca, pero no la vi. La plaza estaba llena,el pueblo la ocupaba toda y de pronto, de la casa que estaba a laespalda de Judas y que daba frente al mar, salieron varioshombres con hachones encendidos y avanzaron entre la multitudhacia Judas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Ya lo van a quemar! -gritó el pueblo. Los hombres llegaron.Los hachones besaron los pies del traidor y una llama inmensaapareció violentamente. Acercaron un barril de alquitrán y lallamarada aumentó.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entonces fue el prodigio. Al encenderse el cuerpo de Judas, losojos con el reflejo de la luz tornáronse rojos, con un rojoiracundo y amenazador; y como si toda aquella gente semi- perdida en la oscuridad y en las llamas, hubiera pensado en losojos del ajusticiado, siguió la mirada sangrienta de éste que fue adetenerse en el mar. Un punto negro había al final de la miradaque casi todo el pueblo señaló. Un golpe de luz de la lunailuminó el punto lejano y el pueblo, que aquella noche estabacomo poseído de una extraña preocupación, gritó abandonando la plaza y lanzándose a la orilla: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Un ahogado, un ahogado!...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se produjo un tumulto horrible. Un clamor general que teníaalgo de plegaria y de oración, de maldición pavorosa y detragedia, se elevó hacia el mar, en esa noche sangrienta. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Un ahogado!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El punto era traído mansamente por las olas hacia la playa. Algrito unánime siguió un silencio absoluto en el que podía percibirse el nudo manso del mar. Cada uno de los allí presentesesperaba la llegada del desconocido cadáver, con un presentimiento doloroso y silente. La luna empezó a clarear.Debía ser muy tarde y por fin se distinguió un cadáver ya muycerca de la orilla, que parecía tener encima una blanca sábana. Laluna tuvo una coloración violeta y alumbró aún el cadáver que poco a poco iba acercándose. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Un marinero!, gritaron algunos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Un niño!, dijeron otros. –¡Una mujer!, exclamaron todos. Algunos se lanzaron al mar ysacaron el cadáver a la orilla. El pueblo se agrupó al derredor. Leclavaban las luces de las linternas, se peleaban por verle, perocomo allí en la orilla no hubiese luz bastante, lo cargaron y lollevaron hacia los pies de Judas que aún ardía en el centro de la plaza. Todo el pueblo volvía a ella y con él yo -cogido siemprede la mano de papá-. Llegaron, colocaron en tierra el cadáver yardió el último resto del cuerpo de Judas quedando sólo lacabeza, cuyos dos ojos ya no miraban a ningún lugar sino atodos. Yo tenía una extraña curiosidad por ver el cadáver. Mi padre seguramente no deseaba otra cosa, hizo abrir sitio y comolas gentes de mar lo conocían y respetaban, le hicieron pasar yllegarnos hasta él.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vi un grupo de hombres todos mojados, con la cabezainclinada teniendo en la mano sus sombreros, silenciosos,rodeando el cadáver, vestido de blanco, que estaba en el suelo. Vilas telas destrozadas y el cuerpo casi desnudo de una mujer. Fueuna horrible visión que no olvido nunca. La cabeza echada haciaatrás, cubierto el rostro con el cabello desgreñado. Un hombre deesos se inclinó, descubrió la cara y entonces tuve la más horrible sensación de mi vida. Di un grito extraño, inconsciente, y meabracé a las piernas de mi padre. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Papá, papá, si es la señora blanca! ¡La señora blanca, papá!...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Creí que el cadáver me miraba, que me reconocía; que Judas ponía sus ojos sobre él y di un segundo grito más fuerte y terribleque el primero. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Sí; perdono a Judas,señora blanca, sí, lo perdono!...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Padre me cogió como loco, me apretó contra su pecho, y yo,con los ojos muy abiertos, vi mientras que mi padre me llevaba,rojos y sangrientos, acusadores, siniestros y terribles, los ojos de Judas que miraban por última vez, mientras el pueblo sedesgranaba silencioso y unos cuantos hombres se inclinabansobre el cadáver blanco.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ocultábase la luna...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-2317886076477603851?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/j4oht_BHsq9AfL-OcPDM_JkXmQA/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/j4oht_BHsq9AfL-OcPDM_JkXmQA/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://img413.imageshack.us/img413/1623/cuento.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="198" src="http://img413.imageshack.us/img413/1623/cuento.jpg" width="140" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;CUENTOS DE LA COSTA&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;* El Caballero Carmelo:&lt;/span&gt; Abraham Valdelomar&lt;br /&gt;
* &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Los Ratones de Fray Martín:&lt;/span&gt; Ricardo Palma&lt;br /&gt;
* &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El Soldadito Desconocido:&lt;/span&gt; Jogag&lt;br /&gt;
* &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;La Familia Pichilín:&lt;/span&gt; Carlos Camino calderón&lt;br /&gt;
* &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El Alacrán de Fray Gómez:&lt;/span&gt; Ricardo Palma&lt;br /&gt;
* &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Los Churres se van a los Manglares:&lt;/span&gt; Joan Gabriel&lt;br /&gt;
* &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Centella, El Caballito de Totora:&lt;/span&gt; Jogag&lt;br /&gt;
* &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El Vuelo de los Cóndores:&lt;/span&gt; Abraham Valdelomar&lt;br /&gt;
* &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El Globo Rojo:&lt;/span&gt; Jogag&lt;br /&gt;
* &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El Trompo:&lt;/span&gt; Jossé Giez Canseco&lt;br /&gt;
* &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;La Tripita: &lt;/span&gt;Angélica Palma&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;
Formato: PDF | Idioma: Español | Tamaño 13.52 MB&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.megaupload.com/?d=2H358F4J" target="blank"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i550.photobucket.com/albums/ii410/Objetos/Descarga-gif-LHP2.gif" style="cursor: pointer; display: block; height: 80px; margin: 0px auto 10px; text-align: center; width: 150px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;div align="justify"&gt;Sus pobladores son sencillos labriegos que todas las manañas salen a trabajar a la campiña. Van por las estrechas callejuelas conversando sobre el estado del tiempo, de las semanteras y de los animales.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div align="justify"&gt;Los gritos de las pastoras arreando el ganado, los bramidos de los bueyes y los ladridos de los perros, rompen la quietud de la aldea en las primeras horas de todas las mañanas. Cuando pastoras, gañanes y ganado se pierden en el largo sendero de tierra rojiza que conduce a la campiña, la tranquilidad impera hasta el crepúsculo. A esa hora. nuevamente, el bullicio invade el pueblo hasta que las pastoras encierran el ganado, y los gañanes realizan la última tarea del día: desuncir las yuntas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div align="justify"&gt;Así, monótona, se deslizaba la vida. Los hombres curvados, día a día, en la dura tarea de labranza, y las mujeres y los niños en el pastoreo de sus escasas ovejas y sus aún más escasas reses.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div align="justify"&gt;Pero un día regresó de Lima, a turbar la paz de mi aldea, el hijo de un viejo labrador, que dos años antes, en un viaje que rlizó a la capital de la provincia, había sido reclutado para el ejército. Por todo el pueblo se propaló la noticia de su regreso. Las mozas. noveleras y curiosas, coqueteaban con Vicente Salas que se paseaba orgulloso luciendo una gran corbata colorada. Nosotros, los muchachos, también lo admirábamos y nos reuníamos por las tardes en el atrio de una pequeña capilla para escuchar las narraciones que de sus aventuras nos hacía el ex soldado. Aprendíamos muchas cosas que no habíamos estudiado en la escuela. Nos asombró con la descripción que hizo de las casas de cinco o más pisos y de otras que estaban rodeadas de bellos jardines. Pero lo que más nos deslumbró fue el relato que hizo del mar y de los «buques grandazos del tamaño de cinco cuadras». Hay que imaginarse el deslumbramiento de nosotros, niños aldeanos, que sólo conocíamos nuestro apacible río Mantaro y, a la distancia, el ferrocarril que cruzaba el valle.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.addthis.com/bookmark.php" target="_blank" title="Bookmark and Share"&gt;&lt;img alt="Bookmark and Share" border="0" height="16" src="http://s9.addthis.com/button1-addthis.gif" width="125" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-7174245205917781964?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/Li7BlsPBzVKJ29DMKwRbMl57QlA/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/Li7BlsPBzVKJ29DMKwRbMl57QlA/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/Li7BlsPBzVKJ29DMKwRbMl57QlA/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/Li7BlsPBzVKJ29DMKwRbMl57QlA/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Haravicus/~4/wmEadLXzJic" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://haravicus.blogspot.com/feeds/7174245205917781964/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://haravicus.blogspot.com/2011/08/el-retono-de-juian-huanay-fragmento.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/7554079269449403729/posts/default/7174245205917781964?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/7554079269449403729/posts/default/7174245205917781964?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Haravicus/~3/wmEadLXzJic/el-retono-de-juian-huanay-fragmento.html" title="El retoño de Julián Huanay (Fragmento)" /><author><name>Juan César</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="28" height="32" src="http://4.bp.blogspot.com/-IcjldRwXdjQ/Ti-I3OrGd5I/AAAAAAAABf8/4BBsVgxfjm4/s220/1.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://haravicus.blogspot.com/2011/08/el-retono-de-juian-huanay-fragmento.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEcMQ3wzcSp7ImA9WhdaGU4.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-7554079269449403729.post-5381484644840499662</id><published>2010-12-24T09:57:00.000-08:00</published><updated>2011-10-29T16:48:02.289-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-10-29T16:48:02.289-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Cuentos andinos" /><title>La agonía de Rasu Ñiti (completo)</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hola amigos. Hoy comparto con ustedes una recopilación de cuentos del gran escritor José María Arguedas.&lt;br /&gt;
A más de 30 años de su muerte, muchos de aquellos que antes "basurearon" su obra hoy se inclinan para reconocerlo. Es cierto que el rechazo del que fue objeto, tuvo que ver con la coyuntura política de entonces, cuando estaba en boga la famosa Guerra Fría. Entonces, los críticos literarios criollos desprestigiaron su obra no tanto porque fuera de cariz indígena, sino porque Arguedas había declarado a los medios su adhesión al socialismo, grave pecado para un provinciano que intentaba abrirse un lugar en la Lima elitista de los años cincuenta y sesenta,  lo que provocó, más adelante, la determinación de acabar con su vida.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fragmento del cuento:&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote class="tr_bq"&gt;&lt;table bgcolor="#F4D3CC"&gt;&lt;tbody&gt;
&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Estaba tendido en el suelo, sobre una cama de pellejos. Un cuero de vaca colgaba de uno de los maderos del techo. Por la única ventana que tenía la habitación, cerca del mojinete, entraba la luz grande del sol; daba contra el cuero y su sombra caía a un lado de la cama del bailarín. La otra sombra, la del resto de la habitación, era uniforme. No podía afirmarse que fuera oscuridad; era posible distinguir las ollas, los sacos de papas, los copos de lana; los cuyes, cuando salían algo espantados de sus huecos y exploraban en el silencio. La habitación era ancha para ser vivienda de un indio.&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;
&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div align="center"&gt;&lt;img alt="haravicus.blogspot.com" src="http://4.bp.blogspot.com/_bfit8l4I16c/Smxi5w5er9I/AAAAAAAADbI/qvv2dSZZLqQ/s400/agonia%2520rasuniti.jpgg" style="height: 253px; width: 180px;" title="haravicus.blogspot.com" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;1.- Agua&lt;br /&gt;
2.- La muerte de los Aranco&lt;br /&gt;
3.- Hijo solo&lt;br /&gt;
4.- El barranco&lt;br /&gt;
5.- La agonía de Rasu Ñiti&lt;br /&gt;
6.- El sueño del pongo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;PDF | Español | Biblioteca Dig. Aquiles J. | 790 Kb | 64 Pág.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/fUnuVuY_93NS2zKbJDwCuj3LJX4/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/fUnuVuY_93NS2zKbJDwCuj3LJX4/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Haravicus/~4/FIuHKAarvmk" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://haravicus.blogspot.com/feeds/2922920044248930441/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://haravicus.blogspot.com/2010/12/agua-de-jose-maria-arguedas.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/7554079269449403729/posts/default/2922920044248930441?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/7554079269449403729/posts/default/2922920044248930441?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Haravicus/~3/FIuHKAarvmk/agua-de-jose-maria-arguedas.html" title="&quot;Agua&quot; y &quot;Los Escoleros&quot; de Jose María Arguedas" /><author><name>Juan Flores</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="16" height="16" src="http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://haravicus.blogspot.com/2010/12/agua-de-jose-maria-arguedas.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0EMQH88cSp7ImA9WxBTEU8.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-7554079269449403729.post-2763894017790473153</id><published>2009-12-06T09:39:00.000-08:00</published><updated>2009-12-06T10:54:41.179-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-12-06T10:54:41.179-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Cuentos andinos" /><title>Warma kuyay - Amor de niño  (Texto completo)</title><content type="html">&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_vjLOThBHCtI/Sxv9rrq8i7I/AAAAAAAABCU/g-05Yt3IIR4/s1600-h/Justina.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5412198304114838450" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 214px; CURSOR: hand; HEIGHT: 185px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_vjLOThBHCtI/Sxv9rrq8i7I/AAAAAAAABCU/g-05Yt3IIR4/s320/Justina.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div align="justify"&gt;Noche de luna en la quebrada de Viseca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;Pobre palomita por dónde has venido, &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;buscando la arena por Dios, por los suelos.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;—¡Justina! ¡Ay, Justinita!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;En un terso lago canta la gaviota,&lt;br /&gt;memorias me deja de gratos recuerdos.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;—¡Justinay, te pareces a las torcazas de Sausiyok!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Déjame, niño, anda donde tus señoritas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y el Kutu? ¡Al Kutu le quieres, su cara de sapo te gusta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Déjame, niño Ernesto! Feo, pero soy buen laceador de vaquillas y hago temblar a los novillos de cada zurriago. Por eso Justina me quiere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cholita se rió, mirando al Kutu; sus ojos chispeaban como dos luceros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ay, Justinacha!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Sonso, niño, sonso! —habló Gregoria, la cocinera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Celedonia, Pedrucha, Manuela, Anitacha... soltaron la risa; gritaron a carcajadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Sonso, niño!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se agarraron de las manos y empezaron a bailar en ronda, con la musiquita de Julio, el charanguero. Se volteaban a ratos, para mirarme, y reían. Yo me quedé* fuera del círculo, avergonzado, vencido para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me fui hacia el molino viejo; el blanqueo de la pared parecía moverse, como las nubes que correteaban en las laderas del Chawala. Los eucaliptos de la huerta sonaban con ruido largo e intenso; sus sombras se tendían hasta el otro lado del río. Llegué al pie del molino, subí a la pared más alta y miré desde allí la cabeza del Chawala: el cerro, medio negro, recto, amenazaba caerse sobre los alfalfares de la hacienda. Daba miedo por las noches; los indios nunca lo miraban a esas horas y en las noches claras conversaban siempre dando las espaldas al cerro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Si te cayeras de pecho, tayta Chawala, nos moriríamos todos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio del witron (1)*, Justina empezó otro canto: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;Flor de mayo, flor de mayo,&lt;br /&gt;flor de mayo primavera,&lt;br /&gt;por qué no te libertaste&lt;br /&gt;de esa tu falsa prisionera.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cholos se habían parado en círculo y Justina cantaba al medio. En el patio inmenso, inmóviles sobre el empedrado los indios se veían como estacas de tender cueros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ese puntito negro que está al medio es Justina. Y yo la quiero, mi corazón tiembla cuando ella se ríe, llora cuando sus ojos miran al Kutu. ¿Por qué pues me muero por ese puntito negro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los indios volvieron a zapatear en ronda. El charanguero daba vueltas alrededor del círculo, dando ánimos, gritando como potro enamorado. Una paca-paca empezó a silbar desde un sauce que cabeceaba a la orilla del río; la voz del pájaro maldecido daba miedo. El charanguero corrió hasta el cerco del patio y lanzó pedradas al sauce; todos los cholos le siguieron. Al poco rato el pájaro voló y fue a posarse sobre los duraznales de la huerta; los cholos iban a perseguirle, pero don Froylán apareció en la puerta del witron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Largo! ¡A dormir!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cholos se fueron en tropa hacia la tranca del corral; el Kutu se quedó solo en el patio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡A ése le quiere!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los indios de don Froylán se perdieron en la puerta del caserío de la hacienda, y don Froylán entró al patio tras ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Niño Ernesto! —llamó el Kutu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me bajé al suelo de un salto y corrí hacia él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vamos, niño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subimos al callejón por el lavadero de metal que iba desmoronándose en un ángulo del witron; sobre el lavadero había un tubo inmenso de fierro y varias ruedas enmohecidas, que fueron de las minas del padre de don Froylán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kutu no habló nada hasta llegar a la casa de arriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La hacienda era de don Froylán y de mi tío; tenia dos casas. Kutu y yo estábamos solos en el caserío de arriba; mi tío y el resto de la gente fueron al escarbe de papas y dormían en la chacra, a dos leguas de la hacienda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subimos las gradas, sin mirarnos siquiera; entramos al corredor, y teníamos allí nuestras camas para dormir alumbrados por la luna. El Kutu se echó callado; estaba triste y molesto. Yo me senté al lado del cholo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Kutu! ¿Te ha despachado Justina?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Don Froylán la ha abusado, niño Ernesto!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Mentira, Kutu, mentira!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ayer no más la ha forzado; en la toma de agua, cuando fue a bañarse con los niños!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Mentira, Kutullay, mentira!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me abracé al cuello del cholo. Sentí miedo; mi corazón parecía rajarse, me golpeaba. Empecé a llorar, como si hubiera estado solo, abandonado en esa gran quebrada oscura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Déjate, niño! Yo, pues, soy “&lt;em&gt;endio&lt;/em&gt;”, no puedo con el patrón. Otra vez, cuando seas “&lt;em&gt;abugau&lt;/em&gt;”, vas a fregar a don Froylán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levantó como a un becerro tierno y me echó sobre mi catre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Duérmete, niño! Ahora le voy a hablar a Justina para que te quiera. Te vas a dormir otro día con ella ¿quieres, niño? ¿Acaso? Justina tiene corazón para ti, pero eres muchacho todavía, tiene miedo porque eres niño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me arrodillé sobre la cama, miré al Chawala que parecía terrible y fúnebre en el silencio de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Kutu, cuando sea grande voy a matar a don Froylán!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Eso sí, niño Ernesto! ¡Eso sí! &lt;em&gt;¡Mak tasu!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz gruesa del cholo sonó en el corredor como el maullido del león que entra en el caserío en busca de chanchos. Kutu se paró; estaba alegre, como si hubiera tumbado al puma ladrón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mañana llega el patrón. Mejor esta noche vamos a Justina. El patrón seguro te hace dormir en su cuarto. Que se entre la luna para ir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su alegría me dio rabia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y por qué no matas a don Froylán? Mátale con tu honda, Kutu, desde el frente del río, como si fuera puma ladrón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Sus hijitos, niño! ¡Son nueve! Pero cuado seas “&lt;em&gt;abugau&lt;/em&gt;” ya estarán grandes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Mentira, Kutu, mentira! ¡Tienes miedo, como mujer!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No sabes nada, niño. ¿Acaso no he visto? Tienes pena de los becerritos, pero a los hombres no los quieres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Don Froylán! ¡Es malo! Los que tienen haciendas son malos; hacen llorar a los indios como tú; se llevan las vaquitas de los otros, o las matan de hambre en su corral. ¡Kutu, don Froylán es peor que toro bravo! Mátale no más, &lt;em&gt;Kutucha&lt;/em&gt;, aunque sea con galga, en el barranco de Capitana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡”&lt;em&gt;Endio&lt;/em&gt;” no puede, niño! ¡”&lt;em&gt;Endio&lt;/em&gt;” no puede!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Era cobarde! Tumbaba a los padrillos cerriles, hacía temblar a los potros, rajaba a látigos el lomo de los aradores, hondeaba desde lejos a las vaquitas de los otros cholos cuando entraban a los potreros de mi tío, pero era cobarde. ¡Indio perdido!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le miré de cerca: su nariz aplastada, sus ojos casi oblicuos, sus labios delgados, ennegrecidos por la coca. ¡A éste le quiere! Y ella era bonita: su cara rosada estaba siempre limpia, sus ojos negros quemaban; no era como las otras cholas, sus pestañas eran largas, su boca llamaba al amor y no me dejaba dormir. A los catorce años yo la quería; sus pechos parecían limones grandes, y me desesperaban. Pero ella era de Kutu, desde tiempo; de este cholo con cara de sapo. Pensaba en eso y mi pena se parecía mucho a la muerte. ¿Y ahora? Don Froylán la había forzado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Mentira, Kutu! ¡Ella misma, seguro, ella misma!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un chorro de lágrimas salió de mis ojos. Otra vez el corazón me sacudía, como si tuviera más fuerza que todo mi cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Kutu! Mejor la mataremos los dos a ella ¿quieres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El indio se asustó. Me agarró la frente: estaba húmeda de sudor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Verdad! Así quieren los &lt;em&gt;mistis.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Llévame donde Justina, Kutu! Eres mujer, no sirves para ella. ¡Déjala!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Como no, niño, para ti voy a dejar, para ti solito. Mira, en Waylara se está apagando la luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cerros ennegrecieron rápidamente, las estrellitas saltaron de todas partes del cielo; el viento silbaba en la oscuridad, golpeándose sobre los duraznales y eucaliptos de la huerta; más abajo, en el fondo de la quebrada, el río grande cantaba con su voz áspera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Despreciaba al Kutu; sus ojos amarillos, chiquitos, cobardes, me hacían temblar de rabia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Indio, muérete mejor, o lárgate a Nasca! ¡Allí te acabará la terciana, te enterrarán como a perro! —le decía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el novillero se agachaba no más, humilde, y se iba al Wiltron, a los alfalfales, a la huerta de los becerros, y se vengaba en el cuerpo de los animales de don Froylán. Al principio yo le acompañaba. En las noches entrábamos, ocultándonos, al corral; escogíamos los becerros más finos, los más delicados; Kutu se escupía en las manos, empuñaba duro el zurriago, y les rajaba el lomo a los torillitos. Uno, dos, tres... cien zurriagazos; las crías se torcían en el suelo, se tumbaban de espalda, lloraban; Y el indio seguía, encorvado, feroz. ¿Y yo? Me sentaba en un rincón y gozaba. Yo gozaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡De don Froylán es, no importa! ¡Es de mi enemigo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablaba en voz alta para engañarme, para tapar el dolor que encogía mis labios e inundaba mi corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ya en la cama, a solas, una pena negra, invencible, se apoderaba de mi alma y lloraba dos, tres horas. Hasta que una noche mi corazón se hizo grande, se hinchó. El llorar no bastaba; me vencían la desesperación y el arrepentimiento. Salté de la cama, descalzo, corrí hasta la puerta; despacio abrí el cerrojo y pasé al corredor. La luna ya había salido; su luz blanca bañaba la quebrada; los árboles, rectos, silenciosos, estiraban sus brazos al cielo. De dos saltos bajé al corredor y atravesé corriendo el callejón empedrado, salté la pared y llegué junto a los becerritos. Ahí estaba Zarinacha, la víctima de esa noche; echadita sobre la bosta seca, con el hocico en el suelo; parecía desmayada. Me abracé a su cuello; la besé mil veces en su boca con olor a leche fresca, en sus ojos negros y grandes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Niñacha, perdóname! ¡Perdóname, mamaya!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junté mis manos y, de rodillas me humillé ante ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ese perdido ha sido, hermanita, yo no. ¡Ese Kutu canalla, indio perro!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sal de las lágrimas siguió amargándome por largo rato. Zarinacha me miraba seria, con su mirada humilde, dulce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Yo te quiero, niñacha, yo te quiero!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y una ternura sin igual, pura, dulce, como la luz en esa quebrada madre, alumbró mi vida.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;*** &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente encontré al indio en el alfalfar de Capitana. El cielo estaba limpio y alegre, los campos verdes, llenos de frescura. El Kutu ya se iba, tempranito, a buscar “daños” en los potreros de mi tío, para ensañarse con ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Kutu, vete de aquí —le dije—. En Viseca ya no sirves. ¡Los comuneros ríen de ti, porque eres maula!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus ojos opacos me miraron con cierto miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Asesino también eres, Kutu! Un becerrito es como criatura. ¡Ya en Viseca no sirves, indio!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Yo no más, acaso? Tú también. Pero mírale al tayta Chawala: diez días más atrás me voy a ir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resentido, penoso como nunca, se largó a galope en el bayo de mi tío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos semanas después, Kutu pidió licencia y se fue. Mi tía lloró por él, como si hubiera perdido a su hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kutu tenía sangre de mujer: le temblaba a don Froylán, casi a todos los hombres les temía. Le quitaron su mujer y se fue a ocultar después en los pueblos del interior, mezclándose con las comunidades de Sandondo, Chacralla... ¡Era cobarde!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo solo me quedé junto a don Froylán, pero cerca de Justina, de mi Justinacha ingrata. Y no fui desgraciado. A la orilla de ese río espumoso, oyendo el canto de las torcazas y de las tuyas, yo vivía sin esperanzas; pero ella estaba bajo el mismo cielo que yo, en esa misma quebrada que fue mi nido. Contemplando sus ojos negros, oyendo su risa, mirándola desde lejos, era casi feliz, porque mi amor por Justina fue un “warma kuyay" y no creía tener derecho todavía sobre ella; sabía que tendría que ser de otro, de un hombre grande, que manejara ya zurriago, que echara ojos roncos y peleara a látigos en los carnavales Y como amaba a los animales, las fiestas indias, las cosechas, las siembras con música y jarawi, viví alegre en esa quebrada verde y llena de calor amoroso de sol. HaSta que un día me arrancaron de mi querencia, para traerme a este bullicio, donde gentes que no quiero, que no comprendo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El Kutu en un extremo y yo en otro. Quizá habrá olvidado: está en su elemento; en un pueblecito tranquilo, aunque maula, será mejor novillero, el mejor amansador de potrancas, y le respetarán los comuneros. Mientras yo, aquí, vivo amargado y pálido, como un animal en los llanos fríos, llevado a la orilla del mar, sobre los arenales candentes y extraños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(José María Arguedas)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(1) Patio grande (WK, 1933). .&lt;br /&gt;El witron estaba recubierto de lajas y era destinado originalmente al acopio de material para extraer metales. Esta palabra deriva, sin duda, de la española buitrón (nc)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FICHA ESCRITA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recomendaciones:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Trata de que tus respuestas sean lo más claras posibles. Responder "sí" o "no" debe estar acompañado de frases que expliquen o aclaren tu respuesta.&lt;br /&gt; No te preocupes por la ortografía, la redacción o tu vocabulario.&lt;br /&gt; Puedes escribir en cada respuesta la cantidad de palabras, ejemplos y explicaciones que consideres necesarios; no hay ninguna limitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;WARMA KUYAY Y MI REALIDAD&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. ¿Qué emociones despertó en ti la lectura del cuento? Puedes señalar más de una.&lt;br /&gt;A. Alegría ( ) F. Arrepentimiento ( ) K. Ninguna ( )&lt;br /&gt;B. Pena ( ) G. Rechazo ( ) L. Verguenza ( )&lt;br /&gt;C. Rabia ( ) H. Asco ( ) M. Indiferencia&lt;br /&gt;D. Indignación ( ) I. Preocupación ( ) N. Otra _____________________&lt;br /&gt;E. Satisfacción ( ) J. Orgullo ( ) O. Ninguna&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. Explica por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. ¿Qué personaje te resultó más simpático? ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. ¿Te identificas con él? ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. Si en la respuesta anterior respondiste que no, ¿a qué otro personaje te sientes más cercano? ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. Describe las sensaciones y reacciones de los personajes ante los sucesos ocurridos en el cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7. ¿Crees que la historia sigue presentándose de alguna forma en el mundo que te rodea? (familia, barrio, colegio, comunidad, país, etc.) ¿Por qué? Explica tu respuesta con uno o más ejemplos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8. ¿Alguna vez has vivido una experiencia similar? Describe los acontecimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9. Si tu respuesta anterior fue negativa, ¿Alguna vez alguien que tú realmente conozcas la ha vivido? ¿Fuiste testigo o te la contaron? Describe los acontecimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10. ¿Cómo te afectó esa experiencia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11. ¿Cuál fue tu reacción ante la situación? Si te encontrases de nuevo en una situación parecida, ¿qué harías?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12. ¿Alguna vez dejarán de ocurrir historias como ésta? ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13. ¿A quién le recomendarías que leyera el cuento? ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14. Haz un dibujo inspirado en tu lectura, en el que te incluyas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://docs.google.com/Doc?docid=0Aa_GNmZSHxyNZGYyZnZkNXNfMWdibm13NHh2&amp;amp;hl=en"&gt;Más preguntas para un examen&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="Bookmark and Share" onclick="window.open('http://www.addthis.com/bookmark.php?wt=nw&amp;amp;pub=juanydj&amp;amp;url='+encodeURIComponent(location.href)+'&amp;amp;title='+encodeURIComponent(document.title), 'addthis', 'scrollbars=yes,menubar=no,width=620,height=520,resizable=yes,toolbar=no,location=no,status=no,screenX=200,screenY=100,left=200,top=100'); return false;" href="http://www.addthis.com/bookmark.php" target="_blank"&gt;&lt;img height="16" alt="Bookmark and Share" src="http://s9.addthis.com/button1-addthis.gif" width="125" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-2763894017790473153?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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Son relatos cortos de ficción histórica que narran de forma entretenida y con el lenguaje propio de la época, sucesos basados en hechos históricos de mayor o menos importancia, propios de la vida de las diferentes etapas que pasó la historia del Perú, sea leyenda como explicando costumbres existentes. Su valor como fuente histórica es limitado y no confiable. Su valor literario es grande.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;img style="WIDTH: 127px; HEIGHT: 173px" height="221" src="http://www.librosgratis.org/files/2008/07/ricardo_palma2.jpg" width="127" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: center"&gt;INDICE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los duendes del Cuzco&lt;br /&gt;Los polvos de la condesa&lt;br /&gt;El justicia mayor de Laycacota&lt;br /&gt;Racimo de horca&lt;br /&gt;Amor de madre&lt;br /&gt;Lucas el sacrílego&lt;br /&gt;Rudamente, pulidamente, mañosamente&lt;br /&gt;El resucitado&lt;br /&gt;El corregidor de Tinta&lt;br /&gt;La gatita de Mari-Ramos que halaga con la cola y araña con las manos&lt;br /&gt;¡A la cárcel todo Cristo!&lt;br /&gt;Nadie se muere hasta que Dios quiere&lt;br /&gt;El fraile y la monja del Callao&lt;br /&gt;Por beber una copa de oro&lt;br /&gt;Una excomunión famosa&lt;br /&gt;Aceituna, una&lt;br /&gt;Oficiosidad no agradecida&lt;br /&gt;El alma de fray Venancio&lt;br /&gt;La trenza de sus cabellos&lt;br /&gt;De asta y rejón&lt;br /&gt;Los argumentos del corregidor&lt;br /&gt;La niña del antojo&lt;br /&gt;La llorona del Viernes Santo&lt;br /&gt;¡A nadar, peces!&lt;br /&gt;Conversión de un libertino&lt;br /&gt;El Rey del Monte&lt;br /&gt;Tres cuestiones históricas sobre Pizarro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.gutenberg.org/files/21282/21282-8.zip"&gt;DESCARGA&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span id="formatbar_Buttons" style="DISPLAY: block"&gt;&lt;span onmouseup="" class="down" onmousedown="CheckFormatting(event);FormatbarButton('richeditorframe', this, 11);ButtonMouseDown(this);" id="formatbar_JustifyCenter" onmouseover="ButtonHoverOn(this);" title="Alineación al centro" style="DISPLAY: block" onmouseout="ButtonHoverOff(this);"&gt;&lt;img class="gl_align_center" alt="Alineación al centro" src="http://www.blogger.com/img/blank.gif" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://es.wikisource.org/wiki/Tradiciones_peruanas"&gt;Si deseas más&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;!-- AddThis Button BEGIN --&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="Bookmark and Share" onclick="window.open('http://www.addthis.com/bookmark.php?wt=nw&amp;amp;pub=juanydj&amp;amp;url='+encodeURIComponent(location.href)+'&amp;amp;title='+encodeURIComponent(document.title), 'addthis', 'scrollbars=yes,menubar=no,width=620,height=520,resizable=yes,toolbar=no,location=no,status=no,screenX=200,screenY=100,left=200,top=100'); return false;" href="http://www.addthis.com/bookmark.php" target="_blank"&gt;&lt;img height="16" alt="Bookmark and Share" src="http://s9.addthis.com/button1-addthis.gif" width="125" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;!-- AddThis Button END --&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-3351157115771083427?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/UmBclIAtKBMzxQ6Ri2BYqFhDL2M/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/UmBclIAtKBMzxQ6Ri2BYqFhDL2M/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Haravicus/~4/c0nXAOjkpa0" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://haravicus.blogspot.com/feeds/4837374562116572652/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://haravicus.blogspot.com/2009/07/el-retono-de-julian-huanay.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/7554079269449403729/posts/default/4837374562116572652?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/7554079269449403729/posts/default/4837374562116572652?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Haravicus/~3/c0nXAOjkpa0/el-retono-de-julian-huanay.html" title="El retoño de Julian Huanay" /><author><name>Juan Flores</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="16" height="16" src="http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://haravicus.blogspot.com/2009/07/el-retono-de-julian-huanay.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkQDSXk6eSp7ImA9WxNQGUQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-7554079269449403729.post-725324578740405693</id><published>2009-04-25T10:16:00.000-07:00</published><updated>2009-09-26T13:52:58.711-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-09-26T13:52:58.711-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Exámenes" /><title>Examen de la obra Ollantay</title><content type="html">Amigos que siguen este blog, previas disculpas por el abandono en que lo tengo, publico este examen que elaboré y apliqué no hace mucho. Espero les sirva. Más abajo lo pueden encontrar en formato .doc&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PLAN LECTOR: OLLANTAY&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MES: MARZO CUARTO GRADO DE SEC.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;APELLIDOS Y NOMBRES:_______________________________________________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I. RELACIONA AMBAS COLUMNAS:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Túpac Yupanqui&lt;br /&gt;2.- Ollantay&lt;br /&gt;3.- Ima Súmac&lt;br /&gt;4.- Cusi Coyllur&lt;br /&gt;5.- Mama Cacca&lt;br /&gt;6.- Huillca Huma&lt;br /&gt;7.- Rumi Ñahui&lt;br /&gt;8.-Orcco Huaranca&lt;br /&gt;9.-.Pitu Salla&lt;br /&gt;10.- Ancco Huallu&lt;br /&gt;11.- Piqui Chaqui.&lt;br /&gt;12.- Coya&lt;br /&gt;13.- Pachacútec&lt;br /&gt;14.- Anónimo ( ) Mejor amigo de Ollantay.&lt;br /&gt;( ) Sumo sacerdote&lt;br /&gt;( ) Autor de la obra&lt;br /&gt;( ) El rey&lt;br /&gt;( ) La hija del rey&lt;br /&gt;( ) La nieta del rey&lt;br /&gt;( ) Nodriza, nana de la hija de Ollantay.&lt;br /&gt;( ) Carcelera.&lt;br /&gt;( ) General, amigo de Ollantay.&lt;br /&gt;( ) Engaña y captura a Ollantay&lt;br /&gt;( ) Padre de Ima Súmac&lt;br /&gt;( ) Esposa del Rey.&lt;br /&gt;( ) Hermano de Cusi Coyllur&lt;br /&gt;( ) Anciano, amigo de Ollantay.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II. MARCA LA RESPUESTA CORRECTA:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.-Ollantay compara a Cusi Coyllur con…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) brillante flor b) dulce miel c) estrella fugaz d) dulce vino&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Es agorero y vaticina el infortunio:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Huillca Uma b) Piqui Chaqui c) Pachacútec d) Huayna Cápac&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- Vestía de negro y tenía un cuchillo en la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Huillca Uma b) Piqui Chaqui c) Pachacútec d) Huayna Cápac&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- Adivina, que Ollantay está enamorado de cusi Coyllur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Huillca Uma b) Piqui Chaqui c) Pachacútec d) Huayna Cápac&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- Se había dormido y soñó con una llama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Cusi Coyllur b) Piqui Chaqui c) Pachacútec d) Ima Sumac&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6.- General de los antis:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Orcco Huaranca b) Ollantay c) Rumi Ñahui d) Huayna Cápac&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7.- Uno de estos lugares aparece en la lectura:&lt;br /&gt;a) Sacsahuaman b) Machupicchu c) Pisac d) Baños de Cajamarca&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8.- Cusi Coyllur ha sido encerrada y encadenada en…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Acllahuasi b) Chullpa c) Huasi d) Sacsahuaman&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9.- Pachacutec ordena a ____________ que atrape a Ollantay.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Huillca Uma b) Rumi Ñahui c) Pachacútec d) Huayna Cápac&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10.- Ollantay nació en…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Contisuyo b) Antisuyo c) Collasuyo d) Chinchaisuyo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11.- Finge y traiciona a Ollantay.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Huillca Uma b) Rumi Ñahui c) Orcco Huaranca d) Huayna Cápac&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12.- No quiere quitarse la ropa vieja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Coya b) Mama Cacca c) Ima Suma d) Huayna Cápac&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13.- Revela a Ima Sumac el secreto de su nacimiento:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Pitu Salla b) Cusi Coyllur c) Piqui Chaqui d) Mamma Cacca&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14.- Ima Sumac tiene aproximadamente ____ años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) 4 b) 10 c) 15 d) 18&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;15.- Perdona a Ollantay y Cusi Coyllur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Coya b) Mama Cacca c) Ima Suma d) Huayna Cápac&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;16.- Desafía al mismo diablo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Pachacútec b) Ollantay c) Huiracocha d) Piqui Chaqui&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“QUIEN LEE MÁS, SABE MÁS”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://plantillasblogger.googlepages.com/EXAMENDELPLANLECTOROLLANTAY.doc"&gt;DESCARGA EN FORMATO WORD&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="Bookmark and Share" onclick="window.open('http://www.addthis.com/bookmark.php?wt=nw&amp;amp;pub=juanydj&amp;amp;url='+encodeURIComponent(location.href)+'&amp;amp;title='+encodeURIComponent(document.title), 'addthis', 'scrollbars=yes,menubar=no,width=620,height=520,resizable=yes,toolbar=no,location=no,status=no,screenX=200,screenY=100,left=200,top=100'); return false;" href="http://www.addthis.com/bookmark.php" target="_blank"&gt;&lt;img alt="Bookmark and Share" src="http://s9.addthis.com/button1-addthis.gif" width="125" border="0" height="16" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-725324578740405693?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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Muy niño Martincito, llevóle su padre a guayaquil, donde en una escuela, aprendió a leer y escribir. Dos o tres años más tarde su padre regresó con él a Lima y púsolo a aprender el socorrido oficio de barbero y sangrador, en la tienda de un rapista de la calle de Malambo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mal se avino Martín con la navaja y la lanceta, si bien salió diestro en su manejo, y optando por la carrera de santo, que en esos tiempos era una profesión como otra cualquiera, vistió a los veintiún años de edad, el hábito de lego o donado en el convento de Santo Domingo, donde murió el 3 de noviembre de 1639 en olor de santidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestro paisano Martín de Porres, en vida y después de muerto, hizo milagros por mayor. Hacia milagros con la facilidad con que otros hacen versos. Uno de sus biógrafos (no recuerdo si es el padre Manrique o el médico Valdés) dice que el prior de los dominicos tuvo que prohibirle que siguiera milagreando (dispénsenme el verbo). Y para probar cuán arraigado estaba en el siervo de Dios el espíritu de obediencia, refiere que en momento de pasar fray Martín frente a un andamio, cayóse un albañil desde ocho o diez varas de altura, y que nuestro lego lo detuvo a medio camino gritando: ¡Espere un rato, hermanito! Y el albañil se mantuvo en el aire hasta que regresó fray Martín con la superior licencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Buenazo el milagrito, eh? Pues donde hay bueno hay mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ordenó el prior al portentoso donado que comprase, para consumo de la enfermería, un pan de azúcar. Quizá no le dio el dinero preciso para proveerse de la blanca y refinada, y presentósele fray Martín trayendo un pan de azúcar mascabada.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No tiene ojos, hermano? -díjole el superior-o ¿No ha visto que por lo prieta más parece chancaca que azúcar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No se incomode su paternidad -contestó con cachaza el enfermero-. Con lavar ahora mismo el pan de azúcar se remedia todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin dar tiempo a que el prior le arguyese, metió en el agua de la pila el pan de azúcar, sacándolo blanco y seco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ea! no me haga reír, que tengo partido un labio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Crecer o reventar. Pero conste que yo no le pongo puñal al pecho para que crea. La libertad ha de ser libre, como dijo un periodista de mi tierra. Y aquí noto que, habiéndome propuesto sólo hablar de los ratones sujetos a la jurisdicción de Fray Martín, el santo se me estaba yendo al cielo. Punto con el introito y al grano, digo, a los ratones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fray Martín de Forres tuvo especial predilección por los pericotes, incómodos huéspedes que nos vinieron casi junto con la conquista, pues hasta el año de 1552 no fueron esos animalejos conocidos en el Perú. Llegaron de España en uno de los buques que, con cargamento de bacalao, envió a nuestros puertos un don Gutierre, obispo de Falencia. Nuestros indios bautizaron a los ratones con el nombre de hucuchas, esto es, salidos del mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los tiempos barberiles de Martín, un pericote era todavía casi una curiosidad, pues, relativamente, la familia ratonesca principiaba a multiplicar. Quizá desde entonces encariñóse por los roedores, y viendo en ellos una obra del Señor es de presumir que diría, estableciendo comparación entre su persona y la "de esos chiquitines, seres, lo que dijo un poeta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic;"&gt;El mismo tiempo malgastó en mí Dios &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic;"&gt;que en hacer un ratón, o a lo más, dos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando ya nuestro lego desempeñaba en el convento las funciones de enfermero, los ratones campaban, como moros sin señor en celdas, cocinas y refectorio. Los gatos, que se conocieron en el Perú desde 1537, andaban escasos en la ciudad. Comprobada noticia histórica es la de que los primeros gatos fueron traídos por Montenegro, soldado español, quien vendió uno en el Cuzco y en dos cientos pesos a don Diego de Almagro el Viejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aburridos los frailes con la invasión de roedores inventaron diversas trampas para cazarlos, lo que rarísima vez lograban. Fray Martín puso también en la enfermería una ratonera, y un ratonzuelo bisoño, atraído por el tufillo del queso, se dejó atrapar en ella. Libertólo el lego, y colocándolo en la palma de la mano, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Váyase, hermanito, y diga a sus compañeros que no sean molestos ni nocivos en las celdas; que se vayan a vivir en la huerta, y que yo cuidaré de llevarles alimento cada día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El embajador cumplió con la embajada, y desde ese momento la ratonil .muchitanga abandonó el claustro y se trasladó a la huerta. Por supuesto que fray Martín los visitó todas las mañanas llevando un cesto de desperdicios o provisiones, y que los pericotes acudían como llamados con campanilla.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mantenía en su celda nuestro buen lego un perro y un gato, y había logrado que ambos animales viviesen en fraternal concordia. Y tanto, que comían juntos en la misma escudilla o plato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mirábalos una tarde comer en sana paz, cuando de pronto el perro gruñó y encrespó se el gato. Era que un ratón, atraído por el olorcillo de la vianda, había osado asomar el hocico fuera de su agujero. Descubriólo fray Martín, y volviéndose hacia el perro y gato, les dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cálmense, criaturas del Señor, cálmense. Acercóse en seguida al agujero del muro y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Salga sin cuidado, hermano pericote. Paréceme que tiene necesidad de comer: apropíncuese, que no le harán daño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y dirigiéndose a los otros dos animales añadió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vaya, hijos, denle siempre un lugarcito al convidado, que Dios da para los tres. Y el ratón, sin hacerse rogar, aceptó el convite, y desde ese día comió en amor y compañía con perro y gato.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Tradiciones peruanas&lt;br /&gt;&lt;!-- AddThis Button BEGIN --&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.addthis.com/bookmark.php" onclick="window.open('http://www.addthis.com/bookmark.php?wt=nw&amp;amp;pub=juanydj&amp;amp;url='+encodeURIComponent(location.href)+'&amp;amp;title='+encodeURIComponent(document.title), 'addthis', 'scrollbars=yes,menubar=no,width=620,height=520,resizable=yes,toolbar=no,location=no,status=no,screenX=200,screenY=100,left=200,top=100'); return false;" title="Bookmark and Share" target="_blank"&gt;&lt;img src="http://s9.addthis.com/button1-addthis.gif" alt="Bookmark and Share" border="0" width="125" height="16" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;!-- AddThis Button END --&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7554079269449403729-4162345652176226832?l=haravicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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