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	<title>Hislibris &#8211; Libros de Historia, libros con Historia</title>
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		<title>ACRÓPOLIS – Antonio Penadés</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Oct 2026 06:00:18 +0000</pubDate>
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<p>Uno llega a Maratón y resulta complicado no ver correr a Filípides aunque Filípides, probablemente, tuviera mejores cosas que hacer; uno contempla el estrecho de Salamina e inmediatamente empieza a colocar trirremes donde ahora navegan barcos bastante menos belicosos; y si uno sube a la Acrópolis, entre japoneses, norteamericanos, españoles tostándose al sol y algún ciudadano del mundo antiguo reencarnado en guía turístico, ha de realizar cierto esfuerzo para recordar que el Partenón no siempre fue una de las fotografías más repetidas de la Historia.</p>
<p>Antonio Penadés tiene además un problema añadido: sabe demasiado. Quien haya leído <a href="https://hislibris.com/tras-las-huellas-de-herodoto-antonio-penades/" target="_blank" rel="noopener"><em>Tras las huellas de Heródoto</em></a> o <a href="https://hislibris.com/viaje-a-la-grecia-clasica-antonio-penades/" target="_blank" rel="noopener"><em>Viaje a la Grecia clásica</em></a> ya conoce de qué hablo. Penadés no viaja a un lugar, sino a todos los lugares que ese mismo lugar ha sido antes, y eso, que parece un trabalenguas digno de Heráclito después de un par de copas, constituye probablemente la mayor virtud de sus libros de viajes y, alguna vez, también su pequeño peligro.<span id="more-107412"></span></p>
<p><em>Acrópolis</em> cierra el recorrido iniciado en aquellos dos volúmenes con un viaje desde Tesalónica hasta Atenas, aunque decir esto es casi faltar a la verdad, porque por estas páginas circulan simultáneamente varias expediciones separadas por siglos. Está la de Penadés, naturalmente; están también los griegos y persas que convirtieron Maratón, Salamina y Platea en nombres que todavía pronunciamos dos mil quinientos años después; y está, sobre todo, la de Edward Dodwell, viajero irlandés que recorrió Grecia a comienzos del S. XIX, cuando aquello todavía no era exactamente Grecia, sino una provincia empobrecida del Imperio otomano sembrada de las ruinas de una civilización que media Europa empezaba a admirar con tanta pasión que, de vez en cuando, sentía la necesidad de llevársela a casa.</p>
<p>La incorporación de Dodwell resulta uno de los aciertos fundamentales del libro porque permite a Penadés hacer algo que siempre se le ha dado especialmente bien: observar el presente mediante el pasado y el pasado mediante otro pasado. Y le encanta, le fascina y nos lo transmite, y me encanta y me fascina leerlo. Nosotros contemplamos ahora lo que vio Dodwell; Dodwell contemplaba las ruinas de aquello que habían visto Heródoto, Jerjes, Temístocles o Pausanias; y todos, al cabo, vamos dejando nuestra propia capa de sedimento sobre un territorio que lleva milenios soportando que alguien llegue y explique lo que significa. Por fortuna, las piedras suelen tener bastante paciencia.</p>
<p>Hay además una incorporación inesperada en este tercer viaje: la joven hija del autor. Aquí el libro gana algo que los anteriores tenían en menor medida, porque viajar con Heródoto es muy cómodo —lleva muerto unos cuantos siglos y raramente protesta por el horario—, mientras que viajar con una adolescente obliga a contrastar el entusiasmo de quien sabe exactamente qué ocurrió en cada valle con la mirada de quien quizá contemple simplemente un valle.</p>
<p>No es asunto menor. Uno de los riesgos de quienes amamos demasiado la Historia consiste precisamente en creer que todo lugar necesita explicación. Vemos una playa y necesitamos colocar allí ejércitos; vemos una colina y levantamos encima templos; encontramos una piedra y, antes de comprobar si sirve para sentarse, queremos saber quién la puso. Penadés pertenece sin remedio a esa especie, y menos mal, porque <em>Acrópolis</em> funciona precisamente cuando la erudición deja de ser inventario y se convierte en mirada.</p>
<p>El autor conoce las fuentes, domina el periodo y lleva muchos años caminando por este territorio intelectual y físico. Pero lo más interesante no es que nos explique qué ocurrió en Maratón o cómo se desarrolló Salamina —para eso existen excelentes libros de Historia, y algunos pesan lo suficiente como para utilizarlos también en defensa propia—, sino que nos permita contemplar el escenario presente sabiendo qué ocurrió allí. Eso es literatura de viajes histórica: no sustituir el paisaje por una clase, sino conseguir que después de la clase el paisaje ya no sea exactamente el mismo.</p>
<p>Naturalmente, semejante procedimiento tiene un precio. En algunos momentos se percibe la tentación del historiador de contar una cosa más, y después otra, y, dado que estamos aquí, quizá convendría explicar también aquella. El lector interesado en Grecia disfrutará sin duda esas desviaciones; el que venga buscando únicamente carreteras, tabernas, conversaciones y peripecias viajeras puede descubrir en algún tramo que Heródoto ha vuelto a apoderarse del autobús. Tampoco debería sorprenderle demasiado: Penadés lleva tres libros intentando seguir sus pasos y, al final, algo tenía que pegársele, a mucha honra.</p>
<p>Hay, sin embargo, otro Penadés que me interesa tanto como el viajero y que a veces me convence bastante menos: el amante humanista. Y empleo el término en su sentido más noble, porque Penadés cree de verdad, con una sinceridad y un entusiasmo difíciles de fingir, que conocer a los griegos, recorrer sus lugares y conversar con sus textos puede ayudarnos a comprender mejor nuestro presente y, quizá, también a nosotros mismos.</p>
<p>No le falta razón, pero confieso que ahí soy algo más desconfiado. Hay en esa fe humanista una confianza casi pedagógica en que el conocimiento del mundo clásico conserva una capacidad de mejora moral, intelectual o cívica que a veces me resulta excesivamente luminosa. Los griegos formularon algunas de las preguntas esenciales de nuestra tradición cultural, sí, pero también fueron muchas otras cosas, algunas bastante menos edificantes que las que solemos colocar bajo el mármol blanco de la Acrópolis. Como casi todas las civilizaciones, por otra parte; tampoco conviene pedirles la santidad además de la democracia, la tragedia y la filosofía.</p>
<p>Sin embargo, esa cierta ingenuidad, despojada de un entusiasmo idealista, es también una de las virtudes del libro, y la comparto por completo, porque en las raíces está lo simple y, quizá por ello, la última —o la primera, más bien— de las razones. Porque Penadés no adopta el humanismo como pose intelectual ni como excusa para recitar una nómina de autores muertos, sino como forma de mirar. Cree realmente que esos textos todavía pueden dialogar con nosotros y que recorrer los lugares donde nacieron algunas de aquellas ideas añade algo a ese diálogo. Puede que yo comparta menos ese entusiasmo tan luminoso, pero coincido plenamente en la importancia de esa conversación como base del conocimiento, y sería difícil negar que buena parte del atractivo de <em>Acrópolis</em> nace precisamente de él.</p>
<p>Todo el recorrido conduce finalmente hacia Atenas y, dentro de Atenas, hacia esa roca que ha terminado simbolizando mucho más de lo razonable para un conjunto de edificios que llevan dos mil quinientos años recibiendo golpes, reformas, explosiones, saqueos, reconstrucciones y discursos sobre la civilización occidental.</p>
<p>La Acrópolis funciona así como lugar y como metáfora: lo fue para los atenienses que levantaron sobre ella sus templos después de que los persas destruyeran los anteriores; lo fue para quienes siglos más tarde contemplaron aquellas ruinas como prueba material de un mundo perdido; lo fue para los viajeros del <em>Grand Tour</em>, capaces de admirar apasionadamente la cultura griega mientras algunos de sus compatriotas arrancaban fragmentos de ella para adornar Londres; y continúa siéndolo hoy, cuando discutimos a quién pertenecen unas esculturas realizadas por hombres que difícilmente habrían entendido nuestros conceptos modernos de nación, museo o patrimonio universal.</p>
<p>Penadés no es neutral en el asunto de los mármoles del Partenón, ni pretende serlo, y está bien que así sea. Un libro de viajes no es una sentencia judicial ni una oposición a notarías. El viajero observa, compara, recuerda y finalmente opina; podemos discutir después con él, que para eso inventaron los griegos la dialéctica y nosotros los comentarios de Hislibris.</p>
<p>Quizá sea precisamente esa combinación la que mejor define <em>Acrópolis</em>: el libro posee algo de viaje, bastante de Historia, no poca reflexión y esa voluntad humanista —palabra peligrosa donde las haya— de establecer conversaciones entre personas que jamás pudieron conocerse. Heródoto conversa con Dodwell, Dodwell con Penadés, Penadés con su hija y nosotros, de rebote, acabamos conversando con todos ellos.</p>
<p>No sé si los antiguos griegos inventaron Occidente, la afirmación me parece demasiado grande, demasiado cómoda y seguramente demasiado occidental, pero sí formularon algunas de las preguntas con las que todavía seguimos molestándonos unos a otros: cómo debemos gobernarnos, qué significa ser libre, qué debemos a nuestra comunidad, qué permanece cuando desaparecemos y qué hacemos con el pasado cuando ya no podemos devolverlo a su sitio.</p>
<p>Tal vez por eso seguimos regresando a Grecia, a Heródoto, a sus ruinas y a sus preguntas. Antonio Penadés ha regresado tres veces en forma de libro y esta última alcanza finalmente la Acrópolis. Conociéndolo, cuesta creer que eso signifique haber terminado el viaje.</p>
<p>Autor: Antonio Penadés<br />
Título completo: <em>Acrópolis. Desde Tesalónica hasta Atenas. Un viaje por la Grecia central con Jerjes y Edward Dodwell</em><br />
Editorial: Almuzara<br />
Colección: Sotavento<br />
Año: 2026<br />
Páginas: 400<br />
ISBN: 979-13-7020-401-3</p>
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		<title>ODISEA – Milo Manara</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Oct 2026 06:00:41 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[«Telémaco no puede creer que por fin haya encontrado a alguien que le cuente esa guerra y que, sobre todo, le hable de su padre. Y así empieza a narrársela el viejo Quirón. En su lenguaje áulico y en su voz profunda resuena el eco de los poemas de Homero». Vamos primero con un dato [&#8230;]]]></description>
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<p>Vamos primero con un dato interesante sobre la <em>Odisea</em> de Homero: el sentimiento que embarga a Odiseo mientras permanece retenido por Calipso en la isla de Ogigia, una mezcla de pena y de recuerdo por la lejanía de su hogar y la imposibilidad de volver, no tuvo nombre propio hasta finales del siglo XVII, casi tres milenios después, cuando el médico Johannes Hofer unió <em>νόστος </em>y <em>ἄλγος</em>, <em>nóstos</em> y <em>álgos</em>, regreso y dolor, e inventó el término «nostalgia»: dolor por hallarse lejos del lugar deseado. La <em>Odisea</em> es, pues, un poema de aventuras, de viajes y enfrentamientos con seres mitológicos, pero sobre todo es un poema nostálgico.<span id="more-107156"></span></p>
<p>Arrastradas por una vorágine que lo engulle todo cual un Caribdis cualquiera, las editoriales se ponen también nostálgicas y vuelven a poner ante los ávidos ojos de los lectores obras que narran, adaptan, interpretan, versionan o transforman la obra de Homero. El sentido común de esta era nuestra, contemporánea y vieja al mismo tiempo, demoniza la discreción y el recogimiento y dicta que lo magnífico es estar ahí fuera, en el candelero. Así que bien por el ciego de Quíos, bien por la <em>Odisea</em> —esperemos que Odiseo logre sobrevivir a tanto tejemaneje, quién le iba a decir que la posteridad le marearía más que sus 10 años de <em>νόστος</em>—, y bien por nosotros que estamos al otro lado, en la cuarta pared de la escena, en la tercera dimensión de la página, observando y dejándonos interpelar por todas esas lecturas del poema. Odioso verbo, interpelar; más de uno dirá: déjenme en paz con tanta interpelación, olvídenme y hagan como yo, disfruten sin más de los versos del poeta.</p>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/odisea2.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-107156]"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-107152 alignleft" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/odisea2-237x300.jpg" alt="" width="237" height="300" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/odisea2-237x300.jpg 237w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/odisea2.jpg 490w" sizes="(max-width: 237px) 100vw, 237px" /></a>Lumen se ha zambullido de cabeza en el remolino odiseico y lo ha hecho, reconocerlo es de justicia, con una propuesta original y diferente. La versión que nos ofrece, o adaptación, o como se le quiera llamar, del poema de Homero, es la de un dibujante italiano octogenario que a muchos debería sonar, y a quien no ya va siendo hora de que lo conozca. Se trata de Milo Manara, maestro del cómic a quien un servidor siempre había identificado, en una apreciación parcial e inexacta, con cierto tipo de publicaciones erótico-festivas que tal vez le proporcionaron fama al dibujante, pero que opacaron otro tipo de trabajos en los que la calidad artística brillaba con luz propia. Manara es el hombre que ha colaborado con el cineasta Federico Fellini, el polímata Alejandro Jodorowsky, el escritor Neil Gaiman, el guionista de cómics Chris Claremont; que ha trabajado para la Marvel Comics Group y para la DC Comics; que ha llevado con brillantez al cómic la biografía de Caravaggio y ha hecho lo propio con <em>El nombre de la rosa</em> de Umberto Eco… Es el hombre que se consagró en los años 70 del siglo pasado con <em>La odisea de Giuseppe Bergman</em>, una especie de alter ego del propio Manara. Es el hombre que, en un proceso que en cierto modo recuerda a una odisea, ha elaborado su personal versión de la <em>Odisea</em> de Homero.</p>
<p>El prólogo de la obra —al cual por cierto pertenece la explicación sobre el origen del término «nostalgia» que abre esta reseña—, a cargo del dibujante italiano Boris Battaglia, nos aclara un poco, o eso creo, la génesis del libro. Fruto de varios proyectos fallidos que giraban todos ellos en torno a la <em>Odisea</em>, Milo Manara estuvo bastantes años relacionado con el poema de Homero. Ello le permitió ir elaborando un material que es el que ahora se ha publicado: textos e imágenes. Vayamos por partes. <a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/odisea3.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-107156]"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-107155 alignright" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/odisea3-207x300.jpg" alt="" width="207" height="300" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/odisea3-207x300.jpg 207w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/odisea3.jpg 489w" sizes="auto, (max-width: 207px) 100vw, 207px" /></a></p>
<p>Por un lado, una especie de guion a través del cual Manara relata su personal versión de la historia. Aquí el protagonista es el niño Telémaco —quien, no lo olvidemos, no llegó a conocer a su padre puesto que Odiseo marchó a Troya siendo él un bebé—. El muchacho, ayudado por ciertos personajes como el centauro Quirón, persigue el rastro de Odiseo. En realidad, Manara no hace sino ajustarse a la estructura de la <em>Odisea,</em> que en sus cuatro primeros cantos —a menudo llamados <em>Telemaquia</em>— relata el viaje de Telémaco para obtener noticias de su padre. La <em>Odisea</em> de Manara sería, por lo tanto, más bien la <em>Telemaquia</em> de Manara, pues la perspectiva del hijo de Odiseo no abandona el relato .</p>
<p>Por otro lado, las ilustraciones. Aquí el dibujante italiano no ofrece la presentación habitual de los cómics, el formato de viñetas —cuyo origen, por cierto, tiene que ver con las viñas, los manuscritos y la Edad Media—, sino imágenes a página completa o a doble página, de gran belleza algunas, semejantes a esbozos o a pruebas de dibujo otras, que acompañan la historia y que a su vez están acompañadas por fragmentos del poema de Homero.</p>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/odisea1.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-107156]"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-107153 aligncenter" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/odisea1-300x240.jpg" alt="" width="300" height="240" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/odisea1-300x240.jpg 300w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/odisea1-768x614.jpg 768w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/odisea1.jpg 932w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>El resultado es una obra que parece enfocada, o al menos adaptada, a un público menor de edad, como lo es el propio Telémaco. Una obra que, como la <em>Odisea,</em> también está impregnada de un cierto tipo de nostalgia: la de Telémaco, que desea el regreso de su padre a quien nunca conoció.</p>
<p>Proyecto interesante y original, aunque quizá algo falto de cohesión, con una cubierta bastante más provocativa que lo que luego encontramos en su interior. En cualquier caso, la obra permite admirar una vez más la estupenda calidad artística de los dibujos del maestro Milo Manara y su particular homenaje a la obra de Homero.</p>
<p><strong>*****</strong></p>
<p>Milo Manara, <a href="https://www.penguinlibros.com/es/novela-grafica/629189-libro-odisea-9788426434494" target="_blank" rel="noopener"><em>Odisea</em></a>. Traducción de Maria Pons Irazazábal. Madrid, Lumen, 2026, 110 págs.</p>
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		<title>LOS GUERREROS DEL INVIERNO &#8211; Olivier Norek</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Oct 2026 06:30:54 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[En los primeros compases del Libro Sagrado de Samuel aparece uno de las gestas más icónicas de la Biblia, y posteriormente exportada al imaginario popular cada vez que algo o alguien insignificante puede llegar a alcanzar la gloria. Nos habla de cuando entre el ejército filisteo surgió el gigante Goliat y, mofándose del ejercito de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/Los-guerreros-del-invierno.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105404]"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-104652 alignleft" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/Los-guerreros-del-invierno.jpg" alt="" width="200" height="305" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/Los-guerreros-del-invierno.jpg 984w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/Los-guerreros-del-invierno-197x300.jpg 197w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/Los-guerreros-del-invierno-672x1024.jpg 672w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/Los-guerreros-del-invierno-768x1171.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>En los primeros compases del Libro Sagrado de Samuel aparece uno de las gestas más icónicas de la Biblia, y posteriormente exportada al imaginario popular cada vez que algo o alguien insignificante puede llegar a alcanzar la gloria. Nos habla de cuando entre el ejército filisteo surgió el gigante Goliat y, mofándose del ejercito de Saúl, retó a que saliera algún paladín de entre sus tropas. Y para sorpresa suya avanzó no un fiero soldado de férrea armadura sino un joven pastor, David, de la tribu de Judá, de ajada túnica y armado solo con una simple honda. El final ya es conocido por todos: el gigantón filisteo le lanza una serie de enormes venablos, pero nuestro héroe los esquiva y de una certera pedrada le deja en el sitio dándole la victoria al ejército israelita. Pues bien, la lucha entre David y Goliat es extrapolable a muchos momentos de la Historia en el que un poderoso enemigo parece que va a tragarse a un, en principio, indefenso ejército, y ya sea por el destino, la bravura o la inteligencia del oponente, éste se les acaba atragantando. Lo hemos visto por ejemplo en las famosas Guerras Médicas, en épicas batallas medievales, en una abandonada misión tejana o en el siglo pasado al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en la llamada y algo desconocida Guerra de Invierno (1939).<span id="more-105404"></span></p>
<p>Este conflicto bélico (<em>talvisota</em> en finés) se produjo cuando la Alemania de Hitler y la Rusia de Stalin establecieron en ese año un Tratado de no Agresión por el que se repartían Polonia y el Istmo de Carelia, con lo que se dejó carta blanca a los rusos para invadir Finlandia. Pero lo que prometía ser un paseo para las abrumadoras fuerzas de Stalin, unas 30 divisiones junto con unas cuantas brigadas de carros de combate frente a las 14 divisiones finesas, con escasa artillería y un parque de carros enmohecido, al final, contra todo pronóstico, acabó convirtiéndose en un dolor de muelas y una humillación para el hombre fuerte ruso. Esta es la premisa, el marco, que el escritor francés Olivier Norek nos presenta en su novela <em>Los guerreros del invierno</em>, en el que por un lado recrea aquel breve conflicto –tres meses y pico- y por otro nos hace llegar la figura del mejor francotirador de todos los tiempos Simo Häyhä, con sus 500 bajas confirmadas realizadas a -30º, seguido muy de lejos por el héroe de Stalingrado, Vasily Zaitsev, a quien el enemigo soviético llegó a apodarle como <em>La Muerte Blanca</em>.</p>
<p>La novela, a través de sus breves y directos capítulos, nos lleva a aquel conflicto y nos muestra cómo ante la invasión rusa el pueblo finlandés, pequeño pero orgulloso de su pasado nacional, pone pie en pared y hace frente al gigante que está a punto de engullirles a base de hierro y sangre. Entre todos los campesinos que decidieron echar al enemigo destacó uno, Simo Hayha que pasó de ser un granjero discreto a convertirse en el arma más letal del ejército finés. Mientras que en su juventud había sido aleccionado para cazar animales y sobrevivir, ahora sus piezas a abatir son los soldados rusos, uno tras otro, convirtiéndose <em>de facto</em> en un símbolo de la resistencia del país. El autor, a través de sus páginas, nos muestra cómo fue aquella pequeña pero épica confrontación y cómo el enemigo se vio sorprendido no solo por la resistencia tenaz del pueblo, sino también por los veloces esquiadores que se introducían entre sus líneas como cuchillo caliente en mantequilla fresca: los por supuesto temibles francotiradores, entre los que se encontraba Simo Häyhä. Y por encima de todo el terrible invierno (-30º) que hubo entonces, y el espeso manto blanco que dejaba todo a la vista, sin posibilidad de huida, y en donde si el frio no te carcomía las extremidades ya lo haría un oscuro rifle en la distancia.</p>
<p>Al final del párrafo anterior he acabado mencionando el invierno, y es que este es uno de los personajes principales junto con el mismo pueblo finlandés y el símbolo nacional, Simo Häyhä. Este hecho nos indica que nos encontramos con una novela muy visual –es lo que ha pretendido Olivier Norek– en la que sentimos cómo fueron aquellos días en los que el blanco cegador fue el letal color con el que tuvieron que convivir los soldados. Episodios cortos y frases cortas hacen que el lector se sienta más cercano al combate, como ráfagas de ametralladoras, pues al autor le interesa que quien abra estas páginas se sienta en el centro de la acción y conozca al soldado que tiene a su lado, sus miedos y sus actos de valentía, el hambre que pasa y el frío que le corroe las entrañas en ese infierno helado, es decir, que además de la acción bélica aprecie el sentido humano de los combatientes, sobre todo los fineses.</p>
<p>En fin, nos encontramos con una novela histórica bien escrita, directa y fácil de leer, que aunque tampoco vaya a pasar a los anales de la literatura universal, sí sirve para lo que la concibió el autor: conocer un hecho histórico, algo difuminado en el gran teatro de la Segunda Guerra Mundial, pero que sirvió de inspiración no solo a un pueblo que tenía todas las papeletas de ser borrado de la faz de la tierra, sino también muchas personalidades de otros países que se dieron cuenta de que se podían enfrentar con valentía a las terribles tempestades que estaban a punto de descargarse sobre el mundo.</p>
<p>*****</p>
<p>Olivier Norek, <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-guerreros-del-invierno/424041" target="_blank" rel="noopener"><em>Los guerreros del invierno</em></a>. Traducción de Elia Maqueda. Barcelona, Istoría, 2025, 415 páginas.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>ROMANAS. VOCES RESCATADAS – Cristina Rosillo López</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Valeria]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Sep 2026 06:00:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Historia de Roma]]></category>
		<category><![CDATA[Historia por épocas]]></category>
		<category><![CDATA[Historias especializadas]]></category>
		<category><![CDATA[Imperio romano]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
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					<description><![CDATA[Estaba en medio de la lectura de este ensayo cuando descubrí en una red social el prólogo que Juan Manuel Macías escribió para su traducción de la Odisea, que amablemente difundió en abierto para solaz de los interesados, y una de sus frases me pareció que describía a la perfección el origen y el propósito [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/romanas.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-106122]"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-106123" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/romanas.jpg" alt="" width="200" height="302" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/romanas.jpg 800w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/romanas-199x300.jpg 199w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/romanas-679x1024.jpg 679w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/romanas-768x1158.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>Estaba en medio de la lectura de este ensayo cuando descubrí en una red social el prólogo que Juan Manuel Macías escribió para su traducción de la <em>Odisea</em>, que amablemente difundió en abierto para solaz de los interesados, y una de sus frases me pareció que describía a la perfección el origen y el propósito de este libro:</p>
<blockquote><p>«Y si hay una pulsión genuinamente humana que resuena de principio a fin en el poema es esa terca vindicación de la memoria contra el olvido, que deviene símbolo de la muerte: vivimos porque alguien se acuerda de nosotros, o piensa en nosotros. Esa vindicación está palmaria ya desde el primer verso, cuando el cantor invoca a la musa, que bien puede llamarse Memoria».</p></blockquote>
<p><span id="more-106122"></span></p>
<p>La vindicación de la Memoria: acordarnos de ellas, de las habitantes del Imperio. Rescatar sus voces, pues durante mucho tiempo la Historia solo tuvo en consideración las voces masculinas. La autora de este libro es especialista en la historia de las mujeres en el mundo antiguo, y entendió que quienes tenían que contar su historia eran las protagonistas, por lo que asumió el reto de emplear para ello únicamente fuentes escritas por mujeres. Esta ansia de dejar huella es también lo que posibilita este desafío, porque las mujeres dejaron sus nombres y sus mensajes en las tejas que fabricaron, en las paredes de sus tiendas, sus casas o sus calles, en los epitafios que redactaron, y en las estatuas o templos que costearon. Como dice la autora en uno de sus capítulos, «porque las personas mueren, pero quieren perdurar en el recuerdo». También podemos escucharlas, excepcionalmente, en las cartas que se conservaron en tablillas, en sus poemas, o en los objetos que poseyeron.</p>
<p>Con este ensayo no se trata únicamente de rescatar del olvido a una parte de la humanidad que se había quedado al margen de los estudios científicos; esa parte es imprescindible porque nos da una perspectiva del mundo en que vivieron, una visión de las instituciones que pone de manifiesto, como señala la autora, nuevas piezas para completar el puzle de lo que no sabemos sobre el pasado; es un elemento valioso para el estudio científico y la reconstrucción del mundo romano antiguo. Un colectivo que tiene voz propia, que en ocasiones nos deja pistas para ver más allá de los sesgos personales que nos han transmitido las miradas masculinas (¡Ay, Tácito, Tácito!).</p>
<p>Las voces rescatadas pertenecen a todos los estamentos sociales y nos facilitan información del mundo de la política (sí, sí, política; pensemos en mujeres cuya capacidad para incidir en los acontecimientos políticos nadie discute, como Cornelia, Livia, Cleopatra o la desconocida reina Amanirenas), de las instituciones jurídicas o de la economía y, sobre todo —lo más interesante—, nos dan información sobre la vida cotidiana, el día a día, tanto en Roma como en las fronteras del Imperio. Son voces de aristocráticas matronas, de libertas o trabajadoras libres. Hablando de familia, de negocios o de sexo. Las de Sulpicia Caleni, Amica y Detfri, Dusmia Numisila, Babatha y muchas más.</p>
<p>El ensayo es, quizás, un poco caótico en su estructura, porque va saltando de un tema a otro dentro de los cuatro amplísimos capítulos en los que se divide; pero este aparente caos redunda en la amenidad y agilidad de su lectura. Está escrito con un lenguaje accesible, con constantes referencias a temas de actualidad o asuntos que aparentemente nada tienen que ver con la antigua Roma para enganchar al lector, sin disminuir por eso un ápice el rigor científico. Al final de cada capítulo incluye un apéndice con notas y referencias a las fuentes utilizadas.</p>
<p>Un ensayo que, de paso, cuestiona muchas de las ideas preconcebidas sobre las mujeres en la antigüedad romana que siguen vigentes; por ejemplo, en relación con el acceso a la educación, con su capacidad de gestionar fábricas o negocios, su participación en la vida pública o con la vida en los campamentos militares.</p>
<p>Ha sido una lectura interesante que he disfrutado mucho. Si tuviera que objetar algo, haría una pequeña, muy pequeña, observación en relación con el estilo. El ensayo está escrito interpelando directamente al lector, utilizando el recurso del narrador en segunda persona; esto le da frescura al texto, pero la repetición de «querida lectora, querido lector», sustituida en ocasiones por «querido Watson», es una muletilla que, en mi opinión, no aporta nada a un contenido que es por sí solo atractivo y sobresaliente.</p>
<p>*******</p>
<p>Cristina Rosillo López, <a href="https://www.despertaferro-ediciones.com/revistas/numero/libro-historia-antigua-mujer-roma-cristina-rosillo-lopez-romanas-voces-rescatadas/" target="_blank" rel="noopener"><em>Romanas. Voces rescatadas</em></a>. Madrid, Desperta Ferro Ediciones, 2026, 355 páginas</p>
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		<title>HADROSAURÓPOLIS 3: LA SELVA INFINITA &#8211; Andoni Garrido</title>
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		<dc:creator><![CDATA[HistoriaMilita]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Sep 2026 06:00:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Épica]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Sagas y series]]></category>
		<category><![CDATA[Acción]]></category>
		<category><![CDATA[Andoni Garrido]]></category>
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					<description><![CDATA[Hoy regreso a nuestro querido tablón de Hislibris, la Papri, con una saga de novelas que han atraído mi interés en los últimos años: Hadrosaurópolis. En concreto, esta vez os hablaré de su tercera y última entrega: La selva infinita. Un volumen que cierra magistralmente la trilogía ideada por Andoni Garrido Fernández, divulgador y experto [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/71fUa65xfGL._SL1491_.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-106037]"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-106061" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/71fUa65xfGL._SL1491_.jpg" alt="" width="200" height="298" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/71fUa65xfGL._SL1491_.jpg 1000w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/71fUa65xfGL._SL1491_-201x300.jpg 201w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/71fUa65xfGL._SL1491_-687x1024.jpg 687w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/71fUa65xfGL._SL1491_-768x1145.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>Hoy regreso a nuestro querido tablón de Hislibris, <em>la Papri</em>, con una saga de novelas que han atraído mi interés en los últimos años: Hadrosaurópolis. En concreto, esta vez os hablaré de su tercera y última entrega: <em>La selva infinita</em>. Un volumen que cierra magistralmente la trilogía ideada por <span style="color: #0000ff;"><a style="color: #0000ff;" href="https://x.com/AndoniGarrido" target="_blank" rel="noopener">Andoni Garrido Fernández</a></span>, divulgador y experto en cine al que podéis encontrar en los canales <span style="color: #0000ff;"><a style="color: #0000ff;" href="https://www.youtube.com/@PeroesoesotraHistoria" target="_blank" rel="noopener">Pero eso es otra historia</a></span> y <span style="color: #0000ff;"><a style="color: #0000ff;" href="https://www.youtube.com/@AgujerosdeGuion" target="_blank" rel="noopener">Agujeros de guion</a></span>, que entre ambos suman más de 3 millones de suscriptores. A quien esta novela le pille de sorpresa le recomiendo de forma encarecida que lea las otras dos reseñas que publiqué sobre <em><span style="color: #0000ff;"><a style="color: #0000ff;" href="https://hislibris.com/hadrosauropolis-1-el-cataclismo-celestial-de-andoni-garrido/" target="_blank" rel="noopener">El cataclismo celestial</a></span></em> y <em><span style="color: #0000ff;"><a style="color: #0000ff;" href="https://hislibris.com/hadrosauropolis-2-la-nacion-flotante-andoni-garrido/" target="_blank" rel="noopener">La nación flotante</a></span></em>, la primera y segunda entrega respectivamente. Ahora terminadas y publicadas, puedo adelantar que los tres volúmenes cuentan una historia repleta de aventuras, acción, traición y redención rodeada de dinosaurios que tendrá enganchado a sus páginas al lector. Pero no quiero empezar por mis conclusiones, así que os hablaré de ella sin destripes, para que así podáis disfrutarla en toda su esencia.</p>
<p><span id="more-106037"></span></p>
<p>Las novelas de Hadrosaurópolis se enmarcan en un planeta tierra ficticio en el cual la raza humana como la entendíamos ha colapsado. Los adelantos tecnológicos del futuro no trajeron nada bueno, puesto que las sociedades modernas han desaparecido bajo ella. Si todo ello no fuera bastante, los supervivientes a la catástrofe deben lidiar con otros vecinos: los dinosaurios. Nadie sabe cómo, pero los grandes saurios volvieron y ahora son una parte fundamental de los estados que han renacido de las cenizas del antiguo mundo. Con esta premisa, Andoni desarrolla una historia donde las páginas nos llevan de la mano de los personajes mas variopintos, aunque hay un claro protagonista: Arken Branis, un joven arqueólogo.</p>
<p>El cataclismo celestial y en La nación flotante siguen de cerca a una comunidad que acaba por fragmentarse; similar a lo que ocurre en el Señor de los Anillos de Tolkien, lo que da lugar a varias tramas a lo largo y ancho de Terrasauria. Los personajes deben lidiar con guerras, terribles armas de un pasado ya casi olvidado y la vuelta de antiguos gobernantes que pretenden reclamar lo que consideran como suyo por derecho. Aun así, de fondo y mencionada en reiteradas ocasiones en los cientos de páginas que componen los dos primeros volúmenes se hace referencia a una ubicación exacta de la que se van dando datos gradualmente: la selva infinita. Esta es el entorno y paraje que acoge a los protagonistas en la tercera y última novela de Andoni.</p>
<p>¿Qué es la selva infinita? Para saberlo tendréis que leer con atención la saga, pero se pueden adelantar cosas; no queriendo destripar nada, puesto que merece la pena ir descubriéndolo poco a poco según transcurre la trama. Lejos, al norte de los países que han surgido en un área del mapa benigna para los seres humanos, hay un lugar donde la selva se extiende por cientos de kilómetros cuadrados. Allí habitan terribles dinosaurios carnívoros y todo rodeado de un halo de profundo misterio, puesto que nadie se ha atrevido a entrar en esos parajes y quienes lo han hecho no se les ha vuelto a ver. No obstante, entre esa densa espesura se hallan las respuestas a muchas de las preguntas que las altas mentes de Terrasauria se hacen: ¿Cómo llegaron a esa situación los humanos? ¿Por qué regresaron los dinosaurios? ¿Hay esperanza para los países existentes? ¿Quiénes son los legítimos <em>herederos</em> del planeta?</p>
<p>Una vez más, y como en las anteriores entregas, el autor nos describe un mundo en el que se combinan todo tipo de cuestiones. Hay países más democráticos, otros son autocracias e incluso viviremos revoluciones desde dentro. Andoni detalla muy bien las ciudades, sus peculiaridades y por supuesto los personajes. La verdad es que uno se siente dentro de la acción y de los paisajes que van surgiendo a medida que la historia se mueve. Aunque esto que menciono es un básico de la buena literatura, en la saga de Hadrosaurópolis uno percibe más cosas, algo que me ha parecido original, y es cómo el mundo donde se hallan nuestros protagonistas va transformándose. Al principio hay una tecnología concreta, pero en el tercer volumen se ve claramente que ha habido adelantos en ciertas áreas y que Terrasauria se encamina hacia otra época donde la tecnología vuelve a retomar esa trascendencia. Es un punto que me ha gustado mucho.</p>
<p>En cuanto a los dinosaurios, siguen siendo un elemento principal en todas las tramas. Hay que destacar como Andoni es capaz de darles seriedad y no son una mera pieza más del entramado. Uno nota que tienen hasta alma y su propia forma de actuar. Lo que quiero decir es que en <em>La selva infinita</em> el lector verá la cara más valiosa y terrorífica de estos seres que en la actualidad llevan desaparecidos 66 millones de años. Ya sea su uso en el transporte, en una batalla (os lo dice un historiador militar) o como animales salvajes, en todos los casos dan la impresión de estar vivos de verdad y acompañar en este viaje por cientos de páginas.</p>
<p>Si me meto en la narración, <em>La selva infinita</em> es la más frenética de las tres. Al fin y al cabo, es el cierre y me esperaba que los eventos transcurrieran con rapidez. Ahora bien, no es un libro que quiera correr, al contrario, todo tiene su por qué, pero el final se acerca y eso pesa en su desarrollo. Las tramas abiertas se van cerrando con satisfacción y con giros coherentes, nada raro ni tampoco usando <em>Deus ex machina</em>. En definitiva, asistimos a las grandes revelaciones que darán sentido la existencia de Terrasauria, ¿Qué esconde la selva? El origen de todo.</p>
<p>Para acabar, sigue siendo loable la capacidad de Andoni para seguir ampliando el mundo tan genuino que ha creado. Cuando ya llevas dos novelas sorprende para bien que en la tercera y última haya personajes tan memorables como Ziran Valcros, un aventurero, soldado de fortuna que en una producción audiovisual bien podría ser interpretado por Schwarzenegger, Stallone o Kurt Russell. Esto denota el cariño que el autor ha puesto en su desarrollo para que la trilogía sea redonda y que si juzgamos de forma independiente cada uno de los volúmenes sea auténtico.</p>
<p>Cerrando con lo técnico, los libros están autoeditados por Amazon, pero son buenas ediciones. Cada uno de ellos trae un apartado gráfico donde podemos ver ilustraciones de los personajes, así como de los dinosaurios (importante para no perdernos). También hay mapas. Además, si lo del libro no os vale,<a href="https://hadrosauropolis.com/" target="_blank" rel="noopener"> t<span style="color: #0000ff;">enéis disponible de manera gratuita su web oficial</span></a> donde encontraréis todo esto y más con mayor resolución y a todo color. Respecto a la tipografía es perfecta para no perdernos.  La lectura es muy amena, super disfrutable, y su estructura en forma de guion es curiosa y funciona bien a partes iguales.</p>
<p>Así que si uno quiere leer sobre un Juego de Tronos repleto de dinosaurios este esta es su obra. Como comentario final, lanzo el guante a Andoni: ¿habrá más historias sobre Hadrosaurópolis en el futuro? El mundo es lo suficiente amplio para que así sea. Así que lo esperaré con ganas.</p>
<p>*******</p>
<p>Andoni Garrido Fernández. <em>Hadrosaurópolis 3: La selva infinita</em>. Autoedición/Amazon, 676 páginas.</p>
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		<title>CINCO HORAS CON MARIO &#8211; Miguel Delibes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Balbo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Sep 2026 06:00:04 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Ahora os ha dado la monomanía de la cultura y andáis revolviendo cielo y tierra para que los pobres estudien, otra equivocación, que a los pobres les sacas de su centro y no te sirven ni para finos ni para bastos, les echáis a perder, convéncete, en seguida quieren ser señores y eso no puede [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Ahora os ha dado la monomanía de la cultura y andáis revolviendo cielo y tierra para que los pobres estudien, otra equivocación, que a los pobres les sacas de su centro y no te sirven ni para finos ni para bastos, les echáis a perder, convéncete, en seguida quieren ser señores y eso no puede ser, cada uno debe arreglárselas dentro de su clase como se hizo siempre.</p></blockquote>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/09/Cinco_horas_con_Mario2.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105442]"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-107342 alignleft" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/09/Cinco_horas_con_Mario2.jpg" alt="" width="300" height="456" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/09/Cinco_horas_con_Mario2.jpg 691w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/09/Cinco_horas_con_Mario2-197x300.jpg 197w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/09/Cinco_horas_con_Mario2-674x1024.jpg 674w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>No hace mucho escuché en un <em>podcast</em> a un filósofo español que al ser preguntado acerca de cuantas películas se podían ver a lo largo de una vida. Este venía a decirnos que cuando somos jóvenes y algo talluditos vemos cientos de ellas, pero que cuando nos vamos acercando a una edad más provecta vamos aminorando y, ya sea por nostalgia o porque nos volvemos más exquisitos, al final lo reducimos todo a un listado pequeño y exclusivo, quedándonos con las que creemos que son las mejores. Pues, por lo menos a mí, eso mismo me pasa con los libros de ficción –y, por descontado, también con el cine–: cada vez voy leyendo menos novelas actuales al considerarlas, muchas de ellas, como fotocopias unas de otras, y opto al final por los clásicos o por lecturas que me maravillaron en mi juventud. Así pues, con esta premisa me di cuenta que llevaba un tiempo sin volver a visitar la obra de Miguel Delibes (1920-2010) y, viendo que eso no era bueno, decidí enmendar el error y releer alguna de sus obras que me hubieran marcado entonces. Y a pesar de que había leído unas cuantas suyas, todas de alta calidad, al final me decanté por <em>Cinco horas con Mario</em> (1966) por ser la que más me impactó en su momento.<span id="more-105442"></span></p>
<p>El motivo de aquel impacto emocional no fue lo que contaba o cómo estaba construida, que también, sino uno de los elementos que considero más importantes en cualquier buena novela que se precie como tal: la hondura de los personajes. Siempre he considerado que una obra de ficción es brillante, ya sea clásica o no, cuando los personajes, sobre todo los principales, te remueven las tripas y la conciencia, bien de forma empática o bien de puro asco. Y esto es lo que me pasó –y me ha vuelto a pasar– con la figura de Carmen, la esposa del susodicho Mario, a la que considero como la hipocresía personificada. Alguien, por lo menos para mí, tan aborrecible como fue doña Perfecta en la novela homónima de Benito Pérez Galdós, o Dolores Umbridge en la saga de Harry Potter escrita por J. K. Rowling. Esta novela de Miguel Delibes nos lleva a una ciudad española (se desconoce su ubicación, aunque por algunos elementos que se desprenden de su lectura y por otros libros del mismo autor, debe ubicarse en Castilla y León) alrededor de los años 1960, en la que uno de sus vecinos, Mario, profesor y catedrático de profesión, ha muerto repentinamente, de madrugada, de un paro cardiaco fulminante. Al principio de la obra asistimos al final del velorio y cómo cuando por fin este termina, su viuda Carmen decide pasar la madrugada con su difunto marido hasta que se lo lleven por la mañana a la iglesia y posteriormente al campo santo. Y es en esa madrugada donde se va a producir uno de los monólogos más importantes de la literatura española, en donde Carmen  se va a despachar a gusto diciéndole a Mario todas las cosas que no le ha podido decir durante treinta años de matrimonio, provocando con ello que no solo veamos las entretelas y rincones más oscuros de esa familia sino también, derivado de sus palabras, un pequeño ejemplo de cómo era aquella España y aquella sociedad que se había embarcado en el Desarrollismo y en el que ya se podían ver pequeñas grietas de aperturismo.</p>
<p><em>Cinco horas con Mario</em> es, a mi modo de ver, una novela de tesis, de ideas y opiniones un tanto retorcidas, pues a través de un largo, maniático y machacón –a la vez que soberbio– monólogo surgen los temas clave para, como ya he mencionado anteriormente, sondear no solo las honduras de la familia Díez Sotillo, sino también para mirar cómo era aquella España. Para saber cuál es el punto de rotura en la relación entre Mario y Carmen, en primer lugar hemos de aclara que, ideológicamente, ambos son como el agua y el aceite, como la luz y la oscuridad, como los Lannister y los Stark. Muy distintos. Carmen, por un lado, es ultra conservadora, defensora de la monarquía y el orden establecido por Franco, todo ello debido a la educación de clase media alta que le fue dada por su familia, pues su padre era defensor del rey y personaje importante en el diario<em> ABC</em>, mientras que su madre era una gran señora, también conservadora y con grandes convicciones de clase alta. En cambio Mario, según se observa en la novela, era aperturista, librepensador y, creo yo, ferviente democristiano, que veía con agrado los nuevos vientos que empezaban a soplar en el país. Así pues, el choque de pensamientos entre ambos estaba servido y por eso los sordos rencores que Carmen había ido acumulando a lo largo de tantos años se desbordan como un oscuro torrente cuando tiene a Mario delante, difunto en su ataúd, y sin posibilidad de que éste pueda defenderse. Se entiende que Carmen tiene una Biblia a mano pues cada capítulo comienza con una cita del libro santo que sirve como disparadero para que esta comience a desbravar contra su finado cónyuge.</p>
<p>La obra de Miguel Delibes está trufada de simbolismos que muestran claramente la lucha ideológica de clases, las de las dos Españas. Algunos de los temas que saca Carmen pueden parecer baladís o naíf en algún momento, mientras que otros pueden ser de mayor enjundia, pero ya sean uno u otro, son esenciales para comprender la novela. Como indiqué anteriormente, Carmen es de clase conservadora y por eso da mucha importancia a las apariencias y al qué dirán, ya sean los rituales en el velatorio y posterior entierro, como en el vestir, en el pensar o en cómo comportarse ante las autoridades. Ordenar y obedecer, no hay otra. Todo tiene que ser calculado y medido, atendiendo a las tradiciones no vaya a ser que uno saque los pies del tiesto, diga alguna inconveniencia y no le inviten a los saraos de alto copete. Carmen da más importancia a lo material y superficial que a lo espiritual, al revés que Mario. Según ella, siempre se ha de ir a favor de corriente y tener lo que tiene todo el mundo, como el monomaniático reproche que le hace a su marido diciéndole que le negó la compra de un Seiscientos. Símbolo clave que ya nos habla de la época del desarrollismo y, como aduce ella de forma machacona, ya lo tienen hasta las criadas. El coche en sí es un grado de prosperidad, de estatus y el no tenerlo la condena a ser una cualquiera, una paleta, una cualquiera, alguien por debajo de su nivel (el que ella cree merecer).</p>
<p>De esto se observa que Carmen le da una importancia desmedida a las clases sociales. Los de arriba con los de arriba y los de abajo con los de abajo. Las capas sociales por tanto han de ser impermeables. Incluso además de clasista, hay momentos en que sus comentarios/reproches llegan hasta el puro racismo. Se observa por tanto un claro choque de las llamadas dos Españas, conservadurismo contra naciente progresismo. Y claro, si nadie puede salirse de su clase ni de lo que la vida le ha otorgado (a no ser que tengas mucho dinero), las mujeres han de ser femeninas, en casa con «la pata quebrá» y nada de estudiar porque esto último es, siempre desde el punto de vista de Carmen, de marimachos y listillas; en cambio los hombres han de ser proveedores de su hogar, trabajar en la oficina hasta deslomarse y ser recibidos por sus mujeres con las zapatillas de felpa y un <em>gin-tonic</em> como recompensa. Obviamente, todo lo contrario que Mario, que no hace más que preocuparse por los pobres y los afligidos, y considera que lo que hacía su marido, ser escritor, no es un trabajo sino un pasatiempo. Es decir, un haragán. Los hombres han de ser machos, de pelo en pecho, con olor a tabaco rubio, sin un atisbo de debilidad, mientras que las mujeres han de ser débiles féminas alejadas de cualquier trabajo que las pueda estigmatizar. Desde luego es una visión ultramontana, pero una visión que Carmen había recibido en su juventud por parte de sus padres.</p>
<p>Como pone en la <em>Biblia</em>, «por sus obras los conoceréis» (Mateo 7:15-20), y es que en los monólogos de Carmen aparecen gran copia de personajes representativos de la España de los años 1960. Por un lado tenemos a los arribistas y los que se han enriquecido en la postguerra, quienes curiosamente son del gusto de la protagonista (uno de ellos por ejemplo tiene un cochazo Tiburón que la vuelve loquita). El poderoso caballero, por tanto, a sus ojos, borraría cualquier distinción. Por otro tenemos a los que se quedan al socaire y no les importa vivir bajo el paraguas del régimen; y finalmente tenemos el tercer grupo, el que más odia Carmen, que son el conjunto de amigos y colaboradores de Mario, aquellos que son de izquierdas y quieren hacer una buena labor social. Estos trabajan en su mayoría en el periódico <em>El Correo</em>, regentado por don Nicolás, el cual había estado a punto de ser fusilado en las postrimerías de la guerra por ser comunista. Carmen se siente a gusto con los de su clase, con los de derechas, con los triunfadores del Régimen, y aborrece cualquier idea que tenga algún tufillo. La sombra de la Guerra Civil es larga y oscura todavía en aquel micro mundo de aquella pequeña localidad y, aunque muchos han perdido a sus seres queridos en la contienda, llama la atención que para la protagonista esa triste confrontación civil haya sido como una romería, una fiesta donde los soldados nacionales desfilaban con uniformes nuevos, las chicas eran guapas, y que incluso se lo pasaba bien hasta en los bombardeos sobre la ciudad. En resumidas cuentas: para Carmen es como si no hubiera habido desgracias y si alguien las nombra son puros inventos de los <em>rojos</em> y de los barbudos, que quieren desacreditar el orden establecido.</p>
<p>A mi modo de ver, lo que subyace por debajo de los machacones monólogos de Carmen es el miedo. Miedo a los nuevos cambios, que ella los identifica con la distorsión y la pérdida de las costumbres ancestrales. No se le ocurre la premisa lampedusiana de supervivencia y ve cualquier avance de la sociedad como un ataque a su estatus. Le gustaría quedarse en un idílico pasado, donde los pobres besaran las manos de sus amos cuando les dan un óbolo, cuando sabían quedarse donde estaban y se olvidaban de escalar la cucaña social, como Dios manda, y cuando estaba bien visto los roperos de las niñas bien que entre canapé y canapé recaudaban dinero para la beneficencia, para luego irse con la conciencia tranquila a casa. Carmen le tiene pavor incluso a los cambios que está suscitando el Concilio Vaticano II, pues en su ignorancia cree que si no hubiera pobres ¡¿cómo ellas podrían ejercer la caridad?! El mundo al revés. <em>Cinco horas con Mario</em> es una novela de reproches larvados durante décadas, un desquite de la protagonista contra su marido, el cual representa lo que más odia, lo que más le aterra: el futuro inexorable que algún día llegará.</p>
<p>*****</p>
<p>Miguel Delibes, <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-cinco-horas-con-mario/308044" target="_blank" rel="noopener"><em>Cinco horas con Mario</em></a>. Barcelona, Ediciones Destino, 2020, 264 páginas.</p>
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		<title>EL REGRESO DE ULISES. LA TRAVESÍA DE UN MITO – Mirella Romero Recio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[cavilius]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Sep 2026 06:08:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mitología]]></category>
		<category><![CDATA[Otras especialidades históricas]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Homero]]></category>
		<category><![CDATA[Mirella Romero]]></category>
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					<description><![CDATA[Homero, en definitiva, no nos dejó una crónica, pero sí una memoria poética, y esa memoria —precisamente por su carácter híbrido— resultó extraordinariamente adaptable. Por eso la Odisea no termina en Ítaca: su viaje continuará durante siglos en la literatura, en el arte y en la imaginación del mundo occidental. Odiseo vuelve a estar de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Homero, en definitiva, no nos dejó una crónica, pero sí una memoria poética, y esa memoria —precisamente por su carácter híbrido— resultó extraordinariamente adaptable. Por eso la <em>Odisea </em>no termina en Ítaca: su viaje continuará durante siglos en la literatura, en el arte y en la imaginación del mundo occidental.</p></blockquote>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/EL-REGRESO-DE-ULISES-Mirella-Romero-Recio.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-107095]"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-107094 alignleft" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/EL-REGRESO-DE-ULISES-Mirella-Romero-Recio.jpg" alt="" width="200" height="295" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/EL-REGRESO-DE-ULISES-Mirella-Romero-Recio.jpg 677w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/EL-REGRESO-DE-ULISES-Mirella-Romero-Recio-203x300.jpg 203w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>Odiseo vuelve a estar de moda. Es asombroso el poder que tiene el cine: basta que un director afamado emprenda la aventura de rodar una película sobre la <em>Odisea</em> para que se reediten traducciones del poema de Homero, aparezcan nuevas versiones y el mito y el personaje se conviertan en negocio. A este movimiento de fuerzas del mercado los adictos a la cultura clásica en general y homérica en particular solo podemos decir: bienvenido sea, porque como efecto colateral los textos clásicos se ponen de nuevo de actualidad, y eso siempre es no solo bueno, sino necesario. Como dejó escrito (palabra más, palabra menos) Kierkegaard, la vida hay que vivirla mirando hacia delante, pero para comprenderla hay que mirar el pasado. Y poco importa que el motivo sea una película.<span id="more-107095"></span></p>
<p>En ese contexto, <em>El regreso de Ulises</em>, de Mirella Romero, se presenta como una propuesta que busca recorrer la larguísima historia cultural, literaria y artística del mito odiseico, para mostrar lo que cada época ha encontrado en él. Es un libro que se lee como un viaje, como una odisea en sí misma (no por lo sufrido, sino por lo largo y provechoso del trayecto), y que convierte al lector en una especie de acompañante de Odiseo a través de los siglos. Y a todo esto, ¿cómo es Odiseo? Para muchos, entre ellos el poeta y premio Nobel Yorgos Seferis, Odiseo es «el más griego de los héroes». Es un campeón de la astucia, un virtuoso del engaño («ingenioso» y «fecundo en ardides», como tradujo hace cien años Luis Segalà i Estalella los <em>πολύμητις</em> y<em> πολύτροπος</em> homéricos), capaz de la crueldad mejor calculada, del asesinato más frío, del adulterio más traicionero; y también es un modelo de inteligencia, de resiliencia, hábil y preparado para sobrevivir a todo y a todos. Un hombre pasional y racional al mismo tiempo, que se mueve siempre en los extremos. Un héroe incómodo, odiado y admirado por igual. Y ha sido esa ambivalencia la que ha permitido que cada época lo haya reinterpretado a su manera.</p>
<p>A partir de esa imagen odiseica, el libro se despliega como un recorrido cultural que nunca pierde de vista al personaje, pero tampoco se limita a seguirlo cronológicamente. La autora salta de Roma a la Edad Media, del Renacimiento al siglo XIX, de la arqueología decimonónica al cine contemporáneo, y lo hace con naturalidad y evitando la sensación de estar pasando lista. Fue con naturalidad como, en el cosmos romano, Livio Andrónico tradujo en el siglo III a.C. la <em>Odisea</em> homérica del griego al latín —y rebautizó a <em>Ὀδυσσεύς </em>como <em>Ulixes</em>—. Y dos siglos después el poeta Virgilio recibió un encargo de Octavio Augusto: el futuro emperador quería un poema que estuviera a la altura de los de Homero y que, de paso, legitimara la ascendencia divina de su familia. Virgilio aceptó el reto y compuso la <em>Eneida</em>, ese poema tan semejante a la <em>Odisea</em>; Eneas se convirtió en el Odiseo de los romanos y <a href="https://hislibris.com/de-troya-a-roma-la-historia-tras-el-mito-nestor-f-marques-pablo-aparicio/" target="_blank" rel="noopener">Roma obtuvo así su propio mito fundacional</a>.</p>
<p>Cuando Mirella Romero se adentra en la Edad Media descubrimos un periodo en el que Homero y todo lo griego dejaron de leerse. El famoso <em>graecum est, non legitur</em> que anotaban marginalmente los eruditos cada vez que encontraban algo escrito en griego en los textos clásicos, resume bien la situación. Desapareció Grecia, y con ella Homero, y con él Odiseo. Pero, paradójicamente, los primeros cristianos hicieron un aprovechamiento muy particular de él, como ejemplo de virtud y resistencia a las tentaciones: las sirenas se convirtieron en metáfora moral y el viaje, en peregrinación espiritual. Odiseo pudo sobrevivir así culturalmente en esos siglos de oscuridad para las letras griegas. Relatos como <em>La navegación de San Brandán</em> o la <em>Vida de San Amaro</em> se inspiran en el modelo de viaje virtuoso odiseico. Y luego llegó Dante, y Dante eliminó la virtud de Odiseo y situó al héroe griego en el octavo círculo del infierno, con los maestros del engaño y la malicia. Odiseo, como siempre, en los extremos.</p>
<p>En ese popurrí de temas y épocas que tienen como eje vertebrador al viajero Odiseo, el libro se abre a la arqueología con la figura de Heinrich Schliemann, personaje excesivo que en las últimas décadas del siglo XIX excavó en mil lugares: Troya, Micenas y también la isla de Ítaca (y quizá buscó el palacio de Odiseo en el lugar equivocado, a tenor de las <a href="https://www.labrujulaverde.com/2026/07/la-ciencia-descubre-la-localizacion-exacta-un-estudio-demuestra-que-la-itaca-de-odiseo-nunca-fue-una-isla" target="_blank" rel="noopener">últimas teorías al respecto</a>). El recorrido por el mundo micénico, los pueblos del mar, la Edad Oscura y la Edad Arcaica aparecen de manera fluida en las páginas de <em>El regreso de Ulises</em>, como intento de definir un telón de fondo que ayude a situar el nacimiento del mito en la historia. La panorámica de conjunto navega también hasta el Renacimiento y su recuperación entusiasta de lo griego, impulsada por la imprenta y por las traducciones de Homero a las lenguas europeas (la <em>Odisea</em> se volcó al castellano a mediados del siglo XVI). La fascinación por el arte clásico, los hallazgos arqueológicos de estatuas, la imitación masiva de modelos antiguos… todo eso fue el Renacimiento, y contribuyó a que Homero, Ulises, Circe, las sirenas, Penélope o Polifemo se convirtieran en temas recurrentes de la escultura, la pintura y la literatura. El libro se llena de ilustraciones en esos capítulos que, dispersos a lo largo de sus páginas, semejan el catálogo de un imaginario museo dedicado a las aventuras de Odiseo.</p>
<p>El siglo XVIII Grecia vence a Roma y la sustituye como modelo. A quienes hayan leído el fantástico libro de César Fornis <em><a href="https://hislibris.com/el-mito-de-esparta-un-itinerario-por-la-cultura-occidental-cesar-fornis/" target="_blank" rel="noopener">El mito de Esparta</a></em> les sonará esta revitalización de lo griego en el Siglo de las Luces. En esa línea se inscriben el Gran Tour, la Sociedad de Diletantes —cuyos exquisitos miembros combinaban la admiración por el arte griego con el placer de beber— y la enorme figura de Johann Joachim Winckelmann, quien señaló que el arte romano era una imitación del griego (¿de verdad nadie se había dado cuenta antes?, parece preguntarse el erudito alemán). Y llevado en volandas por el resurgimiento de lo heleno, la novela <em>Las aventuras de Telémaco</em>, del francés  François Salignac de la Mothe Fénelon se convierte en <em>best</em>&#8211;<em>seller</em> de la época. Y el viaje continúa, y el siglo siguiente, el XIX, deviene el momento en el que Grecia deja de ser un modelo estético para convertirse en algo más: un referente moral, identitario y nacional. Los ideales de libertad, los proyectos de regeneración cultural, los movimientos nacionalistas… todo eso encuentra en la Grecia antigua un espejo en el que inspirarse. Romero establece paralelismos muy interesantes entre la <em>Odisea</em> y obras como <em>Los viajes de Gulliver</em>, <em>El conde de Montecristo</em>, <em>Moby Dick</em>, <em>Veinte mil leguas de viaje submarino</em> o <em>El corazón de las tinieblas</em>. Incluso nos enteramos de que Víctor Hugo practicó espiritismo para hablar con Homero. El siglo XIX es también siglo de óperas, comedias, pinturas&#8230; y de las primeras fotografías. Y Odiseo aparece en todas partes, como si fuera un símbolo de la imaginación europea. En todos esos ámbitos de la cultura y el arte, y en algunos más de nueva aparición, Odiseo deja impronta a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI. Literatura, teatro, videojuegos, cine, series de televisión, el <em>Ulises</em> de James Joyce, la <em>Odisea</em> de Nikos Kazantzakis, <em>Las mocedades de Ulises</em> de Álvaro Cunqueiro, el musical <em>Epic, </em>el <em>Assassin&#8217;s Creed Odyssey</em>, la  <em>Penélope</em> de Joan Manuel Serrat y un larguísimo etcétera, suponen nuevas versiones, lecturas y reinterpretaciones del personaje y su universo. Romero menciona incluso la recién estrenada película de Christopher Nolan que subrepticiamente abría esta reseña —el actor Matt Damon se une así a la insigne lista de Odiseos cinematográficos, en la que figuran nombres como Kirk Douglas, Armand Assante, Sean Bean o Ralph Fiennes—, y muestra cómo el héroe puede adaptarse a nuevos lenguajes, nuevas estéticas, nuevos gustos.</p>
<p><em>El regreso de Ulises</em> es un libro apasionante, que se lee con gusto y sin esfuerzo y que nos acerca a la historia, la literatura, la pintura, la poesía, la escultura, el séptimo arte&#8230; Un libro que es un viaje en sí mismo y cuyo juego con el sentido de la palabra «regreso» en el título, no podría ser más coherente. Odiseo regresa finalmente a Ítaca <a href="https://elordenmundial.com/mapa-odisea-cartografia-mito/" target="_blank" rel="noopener">después de recorrer el Mediterráneo durante 10 años</a>, igual que regresa en cada época una y otra vez. Ahora regresa de nuevo a nosotros; en realidad podría decirse que nunca se marchó.</p>
<p>*****</p>
<p>Mireia Romero Recio, <em><a href="https://www.esferalibros.com/libros/el-regreso-de-ulises/" target="_blank" rel="noopener">El regreso de Ulises. La travesía de un mito</a></em><em>. </em>Madrid, La Esfera de los Libros, 2026, 368 págs.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>EL BUSCÓN &#8211; Francisco de Quevedo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Balbo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Sep 2026 06:30:06 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-1.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105242]" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-105241" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-1-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-1-200x300.jpg 200w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-1-683x1024.jpg 683w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-1-768x1152.jpg 768w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-1.jpg 1000w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>En las postrimerías del siglo XVI, el poderoso imperio español comenzó a hacer aguas por todos los lados. Utilizando la manida imagen de un gigante de barro, la podredumbre iba corroyendo poco a poco sus raíces y anunciando ya la futura debacle. En estos años la península Ibérica contaba con unos siete millones de habitantes, pero las continuas guerras europeas, el azote de las mortales miasmas o la expulsión de los moriscos en 1609, tuvo como consecuencia un paulatino empobrecimiento y abandono de las ciudades y sobre todo de los pueblos. En ellos los jóvenes ya no veían un futuro y decidían lanzarse a las metrópolis más populosas de España como eran entonces Madrid o Sevilla, que ya contaban con unos 100.000 habitantes. Pero los que se prometían atar perros con longanizas pronto se daban de bruces con la realidad y se encontraban con que estas urbes no habían escapado del azote de la pobreza: allí hallaban calles sucias y malolientes, embarradas al ritmo de la lluvia y el ¡agua va!, sin aceras ni iluminación nocturna, proclives a ser tomadas por cofradías de delincuencia y pillería compuestas por otros emigrantes pretéritos que igualmente habían surcado el camino que va de la ilusión a la desilusión.<span id="more-105242"></span></p>
<p>De la misma manera, los caminos polvorientos se llenaron de mendigos y astutos timadores, y no es raro encontrar copia de jóvenes que se mueven al margen del sistema, ingeniándoselas para poder comer y subir en el escalafón social. Pero al igual que el loto surge del barro, de esta situación de tristeza generalizada nació uno de los géneros literarios netamente españoles por excelencia conocido –y exportado a otras latitudes– como la novela picaresca. Se cree que su nombre proviene o bien del verbo picar, ya sea por lo de picar alto o por lo de hendir las bolsas ajenas e introducir el dos de bastos en el de oros –como bien señala el protagonista de la novela que en breve procederé a reseñarles–, o por la imagen de la pica que portaban los soldados hispanos. Ya sea una cosa u otra, <em>a grosso modo</em> el protagonista de este tipo de novelas es un pícaro de origen servil que nos narra de forma autobiográfica su peculiar periplo desde que abandona su hogar debido al hambre y las estrecheces que pasa y decide correr los campos para ganarse la vida, sea de forma legal (las que menos) o mintiendo y robando (las que más), con el fin de ascender en la cucaña social y poder mirar a todo el mundo por encima del hombro. Un esquema de este tipo de novelas ya se pudo vislumbrar en el <em>Lazarillo de Tormes</em> (1554), y a partir de ahí comenzaron a surgir como setas otras grandes obras del género: <em>La vida del pícaro Guzmán de Alfarache</em> (1599) de Mateo Alemán, los ingeniosos <em>Rinconete y</em> <em>Cortadillo</em> (1613) de Miguel de Cervantes Saavedra, <em>Las aventuras del bachiller Trapaza</em> (1637) de Alonso del Castillo Solorzano, entre otros. Pero una de las más recordados por todos y para la posteridad fue sin duda <em>El Buscón</em>, de Francisco de Quevedo, publicado en 1626 cuya reseña, ahora sí, principio, humildemente, a pergeñarles.</p>
<p>Comenzaré señalando que el título del <em>Buscón</em> (que significa ladrón o pilluelo) como lo conocemos hoy en día es una abreviación de otro aun más largo, muy del estilo de los que se estilaban por entonces, que parecían más sinopsis que título en sí: <em>Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños</em>. Como he señalado antes, vio la luz en 1626 a través de una imprenta de Zaragoza, y llama la atención que fue el mismo Quevedo quien siempre renegó de su autoría. Quizás por no rendir cuentas a la Inquisición. Cosa sería en aquellos tiempos. La obra se divide en tres libros, tres partes, en la que el narrador, Pablos, ofrece una retrospectiva de sus desastradas aventuras. Comienza hablándonos de su niñez allá en Segovia (ciudad por aquellos años algo desierta) en donde nos explica que es hijo de un barbero ladrón y una madre alcahueta. Siempre, en una especie de estilo epistolar, refiriendo sus andanzas a una supuesta <em>señora</em> o <em>a vuestras mercedes,</em> alude a su milagrosa salida de la ciudad castellana debido por un lado al tóxico ambiente familiar y al hambre que casi acaba con él –literalmente–, para después hablarnos de su viaje hacia Alcalá de Henares, en donde se matricula en tan docto lugar pero no de erudito sino en ciencia picara <em>cum laude</em>. Tras poner pies en polvorosa de dicha ciudad debido a unos asuntillos con la justicia, vuelve de nuevo a Segovia y allí toma contacto con su tío, que es nada más y nada menos que el verdugo oficial. Viendo que éste le quiere hacer su sucesor y no queriendo profesar tan indigna profesión ni ser jinete de cogotes, le deja tirado en mitad de una borrachera y se encamina entonces a Madrid, en donde se hará amigo de un grupo de estafadores y falsos indigentes. Y como desea también picar más alto tras un breve paso por la cárcel, se hace pasar por un galán y así casarse con una alta dama que le aporte buenos dineros con los que vivir desahogadamente. Pero cuando está a punto de conseguirlo, todo se frustra y de nuevo ha de huir y se dirige a Sevilla, donde se junta con un grupo de matasietes que deciden, en una aciaga noche, matar a un corchete. Son perseguidos, y viendo que las autoridades están a punto de atraparle, decide embarcarse y poner un océano entre él y la justicia y acabar sus días en América. Aquí terminan las aventuras de Pablos –esto es en una pequeñísima muestra–,  y siento decirlo pero nunca se hizo una segunda parte con la que amenizar a los lectores y poder seguir las increíbles gestas de este pícaro redomado.</p>
<p>A diferencia de otras novelas del mismo género en las que abundan consideraciones morales, en <em>El Buscón</em> predomina sobre todo el tono satírico y humorístico, abandonando esa carga. Pablos, y por ende el mismo Quevedo, no busca dar lecciones a nadie, más bien ser un referente de la época. Esta obra es claramente un espejo de la sociedad, de aquella España que le tocó vivir al autor. En ella describe de manera magistral los tipos que andaban por las calles de las ciudades, grandes o pequeñas, los caminos y las ventas. Así por ejemplo, su lectura aporta un rosario de temas muy importantes. Como Pablos es de condición servil, pobre aunque no honrado, observamos a través de sus ojos el hambre que pasan las personas humildes provocando por ello la desesperada necesidad de ascender en la sociedad. Son pobres porque la sociedad los ha hecho así y por eso no les importa conseguir el dinero a través de embustes, robos o incluso enamoramientos falsos como el que intenta el protagonista en Madrid. Llama la atención también cómo Quevedo utiliza esa crítica al ascenso social para fustigar a los llamados judíos conversos. Hay que recordar que el autor sufría de auténtica judeofobia, y no le importaba utilizarla como arma al vituperar a sus enemigos del mundo literario como por ejemplo a Góngora. <em>El Buscón </em>es un espejo deformado de la sociedad del Siglo de Oro y por eso ridiculiza ese desprecio al mundo del trabajo del que se enorgullecen los falsos hidalgos. Les importan más la virtud, la honra, el dinero y el poder, las apariencias y el qué dirán, que la verdad y el orgullo de ser un buen trabajador. Vicios éstos que claramente llevaran, con el tiempo, a la ruina del país. Pero Pablos no se para ahí, pues de la misma forma satiriza la corrupción de la justicia, las instituciones civiles e incluso lanza dardos envenenados a la misma Inquisición. Tal vez por esto último renegó de su autoría. <em>El Buscón</em> no deja títere sin cabeza y a través de las hilarantes aventuras de Pablos nos muestra esa sociedad corrompida y podrida desde sus raíces.</p>
<p>Con los clásicos de la literatura universal es normal que pase como con los buenos vinos y los cremosos quesos. Que ganen con el paso del tiempo. Fui obligado a leerlo cuando estaba en el BUP (los que peinan canas como yo sabrán de lo que hablo, pero para los jóvenes que no lo sepan les informo que esas siglas pertenecen a Bachillerato Unificado Polivalente, lo que hace muchos años era el Bachillerato de ahora) y recuerdo que no me gustó nada. Pero ahora con la edad, al releerlo de nuevo, lo he apreciado sobremanera, tal vez porque entonces, en esa edad en la que las hormonas le salen a uno por las orejas y en las que no se tiene paciencia, un texto del siglo de Oro parece un galimatías; ahora, digo, más baqueteado por la edad y con miras culturales más amplias, lo he sabido degustar de principio a fin. Ahora me he dado cuenta que es fácil de leer, es directo, ejemplificante y sobre todo hilarante. Hay momentos en los que uno debe de parar un momento y secarse las lágrimas de la risa que provocan las ocurrencias y desventuras de Pablos. Así pues, les animo a leer <em>El Buscón</em> y dejarse acompañar por un pícaro, tunante por destino y por necesidad, que les irá mostrando, al andar por los polvorientos caminos, los vicios de aquella España de la que se decía que no se ponía el sol pero que de puertas para adentro era un hervidero odios y falsas hipocresías.</p>
<p>*******</p>
<p>Francisco de Quevedo, <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/literatura/el-buscon-francisco-de-quevedo-9788491049920/" target="_blank" rel="noopener"><em>El Buscón</em></a>. Madrid, Alianza Editorial, 2018, 240 páginas.</p>
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		<title>MITRA: UN DIOS DE ORIENTE A OCCIDENTE &#8211; Israel Campos Méndez</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Vorimir]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Sep 2026 06:30:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Historia de Roma]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
		<category><![CDATA[civilización romana]]></category>
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		<category><![CDATA[Historia de la religión]]></category>
		<category><![CDATA[Imperio persa]]></category>
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<p>El estudio del mitraismo comienza bastante antes de que los mitreos (por cierto, nombre decimonónico dado a los templos) aparezcan por las ciudades del Imperio romano. Nos lleva hasta los antiguos testimonios de Mitra en el mundo indoiranio para seguir la evolución de la divinidad y, sobre todo, explicar cómo ese antiguo dios terminó transformándose hasta convertirse en el Mitra que conocemos por los restos arqueológicos romanos, algunos de ellos en suelo peninsular. No estamos, por tanto, ante una religión que simplemente viaja desde Persia hasta Roma como quien cambia de tren. La divinidad cambia, se adapta y adquiere nuevos significados según los lugares y las sociedades que la incorporan. Funciona especialmente bien cuando nos permite contemplar esa diversidad religiosa sin mirar la Antigüedad desde el resultado final. Porque los romanos del siglo II o III no sabían que varios siglos después el cristianismo sería la religión dominante de Europa ya que para ellos, Mitra, Isis, Júpiter, los cultos tradicionales, los distintos movimientos mistéricos y el cristianismo convivían, competían y se influían mutuamente. Consigue además que el lector comprenda que estudiar una religión desaparecida no consiste simplemente en recopilar curiosidades sobre dioses antiguos. Y es que estudiar el mitraísmo sirve también para entender cómo funcionaba la sociedad romana, cómo circulaban las ideas y cómo las personas construían identidades religiosas dentro de un Imperio enorme y culturalmente diverso.</p>
<p>Quizás el principal inconveniente del libro sea precisamente el que encontramos en muchas obras sobre religiones antiguas: en ocasiones tenemos más preguntas que respuestas pues la falta de fuentes directas de los propios mitraístas obliga a moverse continuamente entre evidencias arqueológicas e interpretaciones, y algunos aspectos del culto siguen siendo necesariamente hipotéticos. Pero eso no es tanto un defecto del autor como una limitación de las fuentes. Aun así y pese a su brevedad (de sus 240 páginas una parte es bibliografía), el libro es exhaustivo en el uso de las mencionadas fuentes. El autor maneja con soltura las escritas, las evidencias arqueológicas y epigráficas y, por supuesto, una bibliografía amplísima sobre el tema. Desfilan por sus páginas desde los estudios clásicos de Franz Cumont hasta trabajos mucho más recientes, y entre ellos aparece también una autora a la que tengo especial cariño: <a href="https://hislibris.com/hipatia-celia-martinez-maza/">Clelia Martínez Maza</a>, que fue mi profesora y tutora durante mi fallida tesina de doctorado, precisamente sobre la evolución del culto de Mitra. Aquella tesina, como tantas otras cosas que se empiezan con entusiasmo y se terminan dejando por el camino, quedó aparcada por circunstancias personales cuando apenas había comenzado a tomar forma. Por algún rincón de casa conservo todavía, desde hace unos veinte años, aquel triste borrador que recuerda lo que pudo haber sido y no fue (aunque a lo mejor es bueno que no haya sido). Así que resulta inevitable leer un libro como este con una mezcla de interés académico y cierta sensación de melancolía. De nuevo termino escribiendo una reseña de <a href="https://hislibris.com/el-mejor-emperador-david-soria-molina/">otro</a> (sí, otro) libro que me habría gustado escribir a mí pero que han escrito antes y, sin duda alguna, bastante mejor.</p>
<p>*****</p>
<p>Israel Campos Méndez, <a href="https://almuzaralibros.com/fichalibro.php?libro=10844&amp;edi=16"><em>Mitra: Un dios de Oriente a Occidente</em></a>. Córdoba, Erasmus Ediciones, 2026, 240 páginas.</p>
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		<title>LA HAMBRUNA ESPAÑOLA: VICTORIA Y MUERTE EN LA POSGUERRA &#8211; Miguel Ángel del Arco Blanco</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sciurus]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Sep 2026 06:00:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia de Esp.]]></category>
		<category><![CDATA[Historia por épocas]]></category>
		<category><![CDATA[Historias especializadas]]></category>
		<category><![CDATA[cartillas de racionamiento]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra civil española]]></category>
		<category><![CDATA[hambruna]]></category>
		<category><![CDATA[Posguerra española]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/La-hambruna-espanola.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105679]"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-104649 alignleft" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/La-hambruna-espanola.jpg" alt="" width="200" height="294" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/La-hambruna-espanola.jpg 1020w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/La-hambruna-espanola-204x300.jpg 204w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/La-hambruna-espanola-696x1024.jpg 696w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/La-hambruna-espanola-768x1129.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>En estos tiempos que corren… Seguramente no será el primer texto que se haya empezado con estas palabras independientemente de la época en la que se haya escrito. Pero deben entenderme que justamente lo empiece de este modo. Y es que estamos ante un libro que no sólo dignifica la tarea del historiador; ya que hace que este oficio, tan necesario hoy, un eslabón más para que exista una democracia sana y viva. Quizá pensaréis que estoy exagerando, pero no, debe hacerse uso de la historia para que no haya abuso de la misma. Y este libro es un claro ejemplo de uso y se convierte en una herramienta, que no un arma, para que en nuestra sociedad no se enquisten medias verdades, bulos o <em>fakes</em>. El historiador, a su modo, debe velar por transmitirnos el pasado usando una metodología basada en la investigación de las fuentes (aparte de los vestigios), sean cuales sean éstas. No puede y no debe tergiversarlas, falsearlas u ocultarlas. La diferencia entre el uso y el abuso a los que refería hace un instante es palpable.<span id="more-105679"></span></p>
<p>Y en este libro, Miguel Ángel del Arco Blanco nos ofrece un ejercicio notable de lo que debe ser un ensayo histórico. Y dignificando su oficio hace también que la obra adquiera un compromiso con los valores de libertad que deben ser velados por todos los que la amamos. Más aún, cuando ciertos tics revisionistas parecen conquistar medios y opiniones. Y en este libro también se desmontan mitos y falsedades que han calado o que se han revisado para mostrarnos un franquismo <em>blando</em>. La introducción y el epílogo de esta obra son encomiables y deberían ser leídos en multitud de centros para enseñar a los jóvenes que no todo fue tan rosa como nos quieren hacer creer.</p>
<p><em>La hambruna española</em> se centra en el período en el que una parte de la población sufrió hambre durante la postguerra española, «los años del hambre» (1939-1952), y para ello estructura el libro en cuatro partes. La primera parte rebusca las causas de la hambruna. La principal para el autor hay que buscarla en la adopción, por motivos políticos e ideológicos, a la Autarquía franquista. Pero aparecen también otras causas como el envío de aceite o carne a Alemania e Italia durante la Segunda Guerra Mundial, pues los favores se pagan. También <em>al estira y afloja</em> de Inglaterra para que la ayuda a éstas cesara, pero sin querer abocar a España a la Guerra. Apretar, pero sin ahogar que diríamos. Tampoco hay que olvidar a la corrupción y al estraperlo más institucional. La segunda parte del libro radiografía la hambruna en sí: muertes por inanición, el incremento de enfermedades y la subida de precios.</p>
<p>La tercera parte es la respuesta del régimen al fenómeno. Hubo corrupción y hubo represión. Pero también es un modo de canalizar la ayuda para recordar a la gente de quién les hace llegar los alimentos. Sirva como ejemplo la instalación de imágenes del dictador o de símbolos franquistas en los Comedores del Auxilio. Un modo de reeducar a una sociedad que estaba fragmentada al acabar la guerra. Por otro lado, el franquismo dificultó la llegada de ayuda de ingleses <em>y estadounidenses. </em>La cuarta y última parte se centra en la respuesta de la sociedad que sufrió la hambruna. ¿Cómo sobrevivir? Y ¿Cómo reaccionar? Estremece leer algunos fragmentos de los testigos. Robos, ingenios, invenciones, intoxicaciones, protestas (especialmente de las mujeres), mendicidad, … dejaron huella en la música, en grafitis («Más pan blanco y menos Franco»), en la literatura o en el cómic (la figura de Carpanta al frente).</p>
<p>Dije más arriba que la obra era un ejercicio notable, pues el autor tal y como ya me paso con su ensayo previo, <em>Cruces de memoria y olvido. Los monumentos a los caídos de la guerra civil española (1936-2021)</em>, repite demasiado. Pienso y es una opinión que al texto le sobrarían un buen número de páginas y sería igual de bueno. Es reiterativo y pesado leer dos y tres veces el mismo argumento durante sus 344 páginas de texto. Aún así creo que estamos ante un libro imprescindible para seguir dignificando la Memoria Histórica de nuestro país.</p>
<p>*******</p>
<p>Miguel Ángel del Arco Blanco, <em>La hambruna española: victoria y muerte en la posguerra</em>. Barcelona, Editorial Crítica, 2025, 480 páginas.</p>
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