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	<title>Hislibris &#8211; Libros de Historia, libros con Historia</title>
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	<description>Libros de Historia. Libros con Historia.</description>
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	<title>Hislibris &#8211; Libros de Historia, libros con Historia</title>
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		<title>EL REGRESO DE ULISES. LA TRAVESÍA DE UN MITO – Mirella Romero Recio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[cavilius]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Sep 2026 06:08:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mitología]]></category>
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					<description><![CDATA[Homero, en definitiva, no nos dejó una crónica, pero sí una memoria poética, y esa memoria —precisamente por su carácter híbrido— resultó extraordinariamente adaptable. Por eso la Odisea no termina en Ítaca: su viaje continuará durante siglos en la literatura, en el arte y en la imaginación del mundo occidental. Odiseo vuelve a estar de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Homero, en definitiva, no nos dejó una crónica, pero sí una memoria poética, y esa memoria —precisamente por su carácter híbrido— resultó extraordinariamente adaptable. Por eso la <em>Odisea </em>no termina en Ítaca: su viaje continuará durante siglos en la literatura, en el arte y en la imaginación del mundo occidental.</p></blockquote>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/EL-REGRESO-DE-ULISES-Mirella-Romero-Recio.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-107095]"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-107094 alignleft" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/EL-REGRESO-DE-ULISES-Mirella-Romero-Recio.jpg" alt="" width="200" height="295" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/EL-REGRESO-DE-ULISES-Mirella-Romero-Recio.jpg 677w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/EL-REGRESO-DE-ULISES-Mirella-Romero-Recio-203x300.jpg 203w" sizes="(max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>Odiseo vuelve a estar de moda. Es asombroso el poder que tiene el cine: basta que un director afamado emprenda la aventura de rodar una película sobre la <em>Odisea</em> para que se reediten traducciones del poema de Homero, aparezcan nuevas versiones y el mito y el personaje se conviertan en negocio. A este movimiento de fuerzas del mercado los adictos a la cultura clásica en general y homérica en particular solo podemos decir: bienvenido sea, porque como efecto colateral los textos clásicos se ponen de nuevo de actualidad, y eso siempre es no solo bueno, sino necesario. Como dejó escrito (palabra más, palabra menos) Kierkegaard, la vida hay que vivirla mirando hacia delante, pero para comprenderla hay que mirar el pasado. Y poco importa que el motivo sea una película.<span id="more-107095"></span></p>
<p>En ese contexto, <em>El regreso de Ulises</em>, de Mirella Romero, se presenta como una propuesta que busca recorrer la larguísima historia cultural, literaria y artística del mito odiseico, para mostrar lo que cada época ha encontrado en él. Es un libro que se lee como un viaje, como una odisea en sí misma (no por lo sufrido, sino por lo largo y provechoso del trayecto), y que convierte al lector en una especie de acompañante de Odiseo a través de los siglos. Y a todo esto, ¿cómo es Odiseo? Para muchos, entre ellos el poeta y premio Nobel Yorgos Seferis, Odiseo es «el más griego de los héroes». Es un campeón de la astucia, un virtuoso del engaño («ingenioso» y «fecundo en ardides», como tradujo hace cien años Luis Segalà i Estalella los <em>πολύμητις</em> y<em> πολύτροπος</em> homéricos), capaz de la crueldad mejor calculada, del asesinato más frío, del adulterio más traicionero; y también es un modelo de inteligencia, de resiliencia, hábil y preparado para sobrevivir a todo y a todos. Un hombre pasional y racional al mismo tiempo, que se mueve siempre en los extremos. Un héroe incómodo, odiado y admirado por igual. Y ha sido esa ambivalencia la que ha permitido que cada época lo haya reinterpretado a su manera.</p>
<p>A partir de esa imagen odiseica, el libro se despliega como un recorrido cultural que nunca pierde de vista al personaje, pero tampoco se limita a seguirlo cronológicamente. La autora salta de Roma a la Edad Media, del Renacimiento al siglo XIX, de la arqueología decimonónica al cine contemporáneo, y lo hace con naturalidad y evitando la sensación de estar pasando lista. Fue con naturalidad como, en el cosmos romano, Livio Andrónico tradujo en el siglo III a.C. la <em>Odisea</em> homérica del griego al latín —y rebautizó a <em>Ὀδυσσεύς </em>como <em>Ulixes</em>—. Y dos siglos después el poeta Virgilio recibió un encargo de Octavio Augusto: el futuro emperador quería un poema que estuviera a la altura de los de Homero y que, de paso, legitimara la ascendencia divina de su familia. Virgilio aceptó el reto y compuso la <em>Eneida</em>, ese poema tan semejante a la <em>Odisea</em>; Eneas se convirtió en el Odiseo de los romanos y <a href="https://hislibris.com/de-troya-a-roma-la-historia-tras-el-mito-nestor-f-marques-pablo-aparicio/" target="_blank" rel="noopener">Roma obtuvo así su propio mito fundacional</a>.</p>
<p>Cuando Mirella Romero se adentra en la Edad Media descubrimos un periodo en el que Homero y todo lo griego dejaron de leerse. El famoso <em>graecum est, non legitur</em> que anotaban marginalmente los eruditos cada vez que encontraban algo escrito en griego en los textos clásicos, resume bien la situación. Desapareció Grecia, y con ella Homero, y con él Odiseo. Pero, paradójicamente, los primeros cristianos hicieron un aprovechamiento muy particular de él, como ejemplo de virtud y resistencia a las tentaciones: las sirenas se convirtieron en metáfora moral y el viaje, en peregrinación espiritual. Odiseo pudo sobrevivir así culturalmente en esos siglos de oscuridad para las letras griegas. Relatos como <em>La navegación de San Brandán</em> o la <em>Vida de San Amaro</em> se inspiran en el modelo de viaje virtuoso odiseico. Y luego llegó Dante, y Dante eliminó la virtud de Odiseo y situó al héroe griego en el octavo círculo del infierno, con los maestros del engaño y la malicia. Odiseo, como siempre, en los extremos.</p>
<p>En ese popurrí de temas y épocas que tienen como eje vertebrador al viajero Odiseo, el libro se abre a la arqueología con la figura de Heinrich Schliemann, personaje excesivo que en las últimas décadas del siglo XIX excavó en mil lugares: Troya, Micenas y también la isla de Ítaca (y quizá buscó el palacio de Odiseo en el lugar equivocado, a tenor de las <a href="https://www.labrujulaverde.com/2026/07/la-ciencia-descubre-la-localizacion-exacta-un-estudio-demuestra-que-la-itaca-de-odiseo-nunca-fue-una-isla" target="_blank" rel="noopener">últimas teorías al respecto</a>). El recorrido por el mundo micénico, los pueblos del mar, la Edad Oscura y la Edad Arcaica aparecen de manera fluida en las páginas de <em>El regreso de Ulises</em>, como intento de definir un telón de fondo que ayude a situar el nacimiento del mito en la historia. La panorámica de conjunto navega también hasta el Renacimiento y su recuperación entusiasta de lo griego, impulsada por la imprenta y por las traducciones de Homero a las lenguas europeas (la <em>Odisea</em> se volcó al castellano a mediados del siglo XVI). La fascinación por el arte clásico, los hallazgos arqueológicos de estatuas, la imitación masiva de modelos antiguos… todo eso fue el Renacimiento, y contribuyó a que Homero, Ulises, Circe, las sirenas, Penélope o Polifemo se convirtieran en temas recurrentes de la escultura, la pintura y la literatura. El libro se llena de ilustraciones en esos capítulos que, dispersos a lo largo de sus páginas, semejan el catálogo de un imaginario museo dedicado a las aventuras de Odiseo.</p>
<p>El siglo XVIII Grecia vence a Roma y la sustituye como modelo. A quienes hayan leído el fantástico libro de César Fornis <em><a href="https://hislibris.com/el-mito-de-esparta-un-itinerario-por-la-cultura-occidental-cesar-fornis/" target="_blank" rel="noopener">El mito de Esparta</a></em> les sonará esta revitalización de lo griego en el Siglo de las Luces. En esa línea se inscriben el Gran Tour, la Sociedad de Diletantes —cuyos exquisitos miembros combinaban la admiración por el arte griego con el placer de beber— y la enorme figura de Johann Joachim Winckelmann, quien señaló que el arte romano era una imitación del griego (¿de verdad nadie se había dado cuenta antes?, parece preguntarse el erudito alemán). Y llevado en volandas por el resurgimiento de lo heleno, la novela <em>Las aventuras de Telémaco</em>, del francés  François Salignac de la Mothe Fénelon se convierte en <em>best</em>&#8211;<em>seller</em> de la época. Y el viaje continúa, y el siglo siguiente, el XIX, deviene el momento en el que Grecia deja de ser un modelo estético para convertirse en algo más: un referente moral, identitario y nacional. Los ideales de libertad, los proyectos de regeneración cultural, los movimientos nacionalistas… todo eso encuentra en la Grecia antigua un espejo en el que inspirarse. Romero establece paralelismos muy interesantes entre la <em>Odisea</em> y obras como <em>Los viajes de Gulliver</em>, <em>El conde de Montecristo</em>, <em>Moby Dick</em>, <em>Veinte mil leguas de viaje submarino</em> o <em>El corazón de las tinieblas</em>. Incluso nos enteramos de que Víctor Hugo practicó espiritismo para hablar con Homero. El siglo XIX es también siglo de óperas, comedias, pinturas&#8230; y de las primeras fotografías. Y Odiseo aparece en todas partes, como si fuera un símbolo de la imaginación europea. En todos esos ámbitos de la cultura y el arte, y en algunos más de nueva aparición, Odiseo deja impronta a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI. Literatura, teatro, videojuegos, cine, series de televisión, el <em>Ulises</em> de James Joyce, la <em>Odisea</em> de Nikos Kazantzakis, <em>Las mocedades de Ulises</em> de Álvaro Cunqueiro, el musical <em>Epic, </em>el <em>Assassin&#8217;s Creed Odyssey</em>, la  <em>Penélope</em> de Joan Manuel Serrat y un larguísimo etcétera, suponen nuevas versiones, lecturas y reinterpretaciones del personaje y su universo. Romero menciona incluso la recién estrenada película de Christopher Nolan que subrepticiamente abría esta reseña —el actor Matt Damon se une así a la insigne lista de Odiseos cinematográficos, en la que figuran nombres como Kirk Douglas, Armand Assante, Sean Bean o Ralph Fiennes—, y muestra cómo el héroe puede adaptarse a nuevos lenguajes, nuevas estéticas, nuevos gustos.</p>
<p><em>El regreso de Ulises</em> es un libro apasionante, que se lee con gusto y sin esfuerzo y que nos acerca a la historia, la literatura, la pintura, la poesía, la escultura, el séptimo arte&#8230; Un libro que es un viaje en sí mismo y cuyo juego con el sentido de la palabra «regreso» en el título, no podría ser más coherente. Odiseo regresa finalmente a Ítaca <a href="https://elordenmundial.com/mapa-odisea-cartografia-mito/" target="_blank" rel="noopener">después de recorrer el Mediterráneo durante 10 años</a>, igual que regresa en cada época una y otra vez. Ahora regresa de nuevo a nosotros; en realidad podría decirse que nunca se marchó.</p>
<p>*****</p>
<p>Mireia Romero Recio, <em><a href="https://www.esferalibros.com/libros/el-regreso-de-ulises/" target="_blank" rel="noopener">El regreso de Ulises. La travesía de un mito</a></em><em>. </em>Madrid, La Esfera de los Libros, 2026, 368 págs.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>EL BUSCÓN &#8211; Francisco de Quevedo</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Sep 2026 06:30:06 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-1.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105242]" target="_blank" rel="noopener"><img decoding="async" class="alignleft wp-image-105241" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-1-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-1-200x300.jpg 200w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-1-683x1024.jpg 683w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-1-768x1152.jpg 768w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-1.jpg 1000w" sizes="(max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>En las postrimerías del siglo XVI, el poderoso imperio español comenzó a hacer aguas por todos los lados. Utilizando la manida imagen de un gigante de barro, la podredumbre iba corroyendo poco a poco sus raíces y anunciando ya la futura debacle. En estos años la península Ibérica contaba con unos siete millones de habitantes, pero las continuas guerras europeas, el azote de las mortales miasmas o la expulsión de los moriscos en 1609, tuvo como consecuencia un paulatino empobrecimiento y abandono de las ciudades y sobre todo de los pueblos. En ellos los jóvenes ya no veían un futuro y decidían lanzarse a las metrópolis más populosas de España como eran entonces Madrid o Sevilla, que ya contaban con unos 100.000 habitantes. Pero los que se prometían atar perros con longanizas pronto se daban de bruces con la realidad y se encontraban con que estas urbes no habían escapado del azote de la pobreza: allí hallaban calles sucias y malolientes, embarradas al ritmo de la lluvia y el ¡agua va!, sin aceras ni iluminación nocturna, proclives a ser tomadas por cofradías de delincuencia y pillería compuestas por otros emigrantes pretéritos que igualmente habían surcado el camino que va de la ilusión a la desilusión.<span id="more-105242"></span></p>
<p>De la misma manera, los caminos polvorientos se llenaron de mendigos y astutos timadores, y no es raro encontrar copia de jóvenes que se mueven al margen del sistema, ingeniándoselas para poder comer y subir en el escalafón social. Pero al igual que el loto surge del barro, de esta situación de tristeza generalizada nació uno de los géneros literarios netamente españoles por excelencia conocido –y exportado a otras latitudes– como la novela picaresca. Se cree que su nombre proviene o bien del verbo picar, ya sea por lo de picar alto o por lo de hendir las bolsas ajenas e introducir el dos de bastos en el de oros –como bien señala el protagonista de la novela que en breve procederé a reseñarles–, o por la imagen de la pica que portaban los soldados hispanos. Ya sea una cosa u otra, <em>a grosso modo</em> el protagonista de este tipo de novelas es un pícaro de origen servil que nos narra de forma autobiográfica su peculiar periplo desde que abandona su hogar debido al hambre y las estrecheces que pasa y decide correr los campos para ganarse la vida, sea de forma legal (las que menos) o mintiendo y robando (las que más), con el fin de ascender en la cucaña social y poder mirar a todo el mundo por encima del hombro. Un esquema de este tipo de novelas ya se pudo vislumbrar en el <em>Lazarillo de Tormes</em> (1554), y a partir de ahí comenzaron a surgir como setas otras grandes obras del género: <em>La vida del pícaro Guzmán de Alfarache</em> (1599) de Mateo Alemán, los ingeniosos <em>Rinconete y</em> <em>Cortadillo</em> (1613) de Miguel de Cervantes Saavedra, <em>Las aventuras del bachiller Trapaza</em> (1637) de Alonso del Castillo Solorzano, entre otros. Pero una de las más recordados por todos y para la posteridad fue sin duda <em>El Buscón</em>, de Francisco de Quevedo, publicado en 1626 cuya reseña, ahora sí, principio, humildemente, a pergeñarles.</p>
<p>Comenzaré señalando que el título del <em>Buscón</em> (que significa ladrón o pilluelo) como lo conocemos hoy en día es una abreviación de otro aun más largo, muy del estilo de los que se estilaban por entonces, que parecían más sinopsis que título en sí: <em>Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños</em>. Como he señalado antes, vio la luz en 1626 a través de una imprenta de Zaragoza, y llama la atención que fue el mismo Quevedo quien siempre renegó de su autoría. Quizás por no rendir cuentas a la Inquisición. Cosa sería en aquellos tiempos. La obra se divide en tres libros, tres partes, en la que el narrador, Pablos, ofrece una retrospectiva de sus desastradas aventuras. Comienza hablándonos de su niñez allá en Segovia (ciudad por aquellos años algo desierta) en donde nos explica que es hijo de un barbero ladrón y una madre alcahueta. Siempre, en una especie de estilo epistolar, refiriendo sus andanzas a una supuesta <em>señora</em> o <em>a vuestras mercedes,</em> alude a su milagrosa salida de la ciudad castellana debido por un lado al tóxico ambiente familiar y al hambre que casi acaba con él –literalmente–, para después hablarnos de su viaje hacia Alcalá de Henares, en donde se matricula en tan docto lugar pero no de erudito sino en ciencia picara <em>cum laude</em>. Tras poner pies en polvorosa de dicha ciudad debido a unos asuntillos con la justicia, vuelve de nuevo a Segovia y allí toma contacto con su tío, que es nada más y nada menos que el verdugo oficial. Viendo que éste le quiere hacer su sucesor y no queriendo profesar tan indigna profesión ni ser jinete de cogotes, le deja tirado en mitad de una borrachera y se encamina entonces a Madrid, en donde se hará amigo de un grupo de estafadores y falsos indigentes. Y como desea también picar más alto tras un breve paso por la cárcel, se hace pasar por un galán y así casarse con una alta dama que le aporte buenos dineros con los que vivir desahogadamente. Pero cuando está a punto de conseguirlo, todo se frustra y de nuevo ha de huir y se dirige a Sevilla, donde se junta con un grupo de matasietes que deciden, en una aciaga noche, matar a un corchete. Son perseguidos, y viendo que las autoridades están a punto de atraparle, decide embarcarse y poner un océano entre él y la justicia y acabar sus días en América. Aquí terminan las aventuras de Pablos –esto es en una pequeñísima muestra–,  y siento decirlo pero nunca se hizo una segunda parte con la que amenizar a los lectores y poder seguir las increíbles gestas de este pícaro redomado.</p>
<p>A diferencia de otras novelas del mismo género en las que abundan consideraciones morales, en <em>El Buscón</em> predomina sobre todo el tono satírico y humorístico, abandonando esa carga. Pablos, y por ende el mismo Quevedo, no busca dar lecciones a nadie, más bien ser un referente de la época. Esta obra es claramente un espejo de la sociedad, de aquella España que le tocó vivir al autor. En ella describe de manera magistral los tipos que andaban por las calles de las ciudades, grandes o pequeñas, los caminos y las ventas. Así por ejemplo, su lectura aporta un rosario de temas muy importantes. Como Pablos es de condición servil, pobre aunque no honrado, observamos a través de sus ojos el hambre que pasan las personas humildes provocando por ello la desesperada necesidad de ascender en la sociedad. Son pobres porque la sociedad los ha hecho así y por eso no les importa conseguir el dinero a través de embustes, robos o incluso enamoramientos falsos como el que intenta el protagonista en Madrid. Llama la atención también cómo Quevedo utiliza esa crítica al ascenso social para fustigar a los llamados judíos conversos. Hay que recordar que el autor sufría de auténtica judeofobia, y no le importaba utilizarla como arma al vituperar a sus enemigos del mundo literario como por ejemplo a Góngora. <em>El Buscón </em>es un espejo deformado de la sociedad del Siglo de Oro y por eso ridiculiza ese desprecio al mundo del trabajo del que se enorgullecen los falsos hidalgos. Les importan más la virtud, la honra, el dinero y el poder, las apariencias y el qué dirán, que la verdad y el orgullo de ser un buen trabajador. Vicios éstos que claramente llevaran, con el tiempo, a la ruina del país. Pero Pablos no se para ahí, pues de la misma forma satiriza la corrupción de la justicia, las instituciones civiles e incluso lanza dardos envenenados a la misma Inquisición. Tal vez por esto último renegó de su autoría. <em>El Buscón</em> no deja títere sin cabeza y a través de las hilarantes aventuras de Pablos nos muestra esa sociedad corrompida y podrida desde sus raíces.</p>
<p>Con los clásicos de la literatura universal es normal que pase como con los buenos vinos y los cremosos quesos. Que ganen con el paso del tiempo. Fui obligado a leerlo cuando estaba en el BUP (los que peinan canas como yo sabrán de lo que hablo, pero para los jóvenes que no lo sepan les informo que esas siglas pertenecen a Bachillerato Unificado Polivalente, lo que hace muchos años era el Bachillerato de ahora) y recuerdo que no me gustó nada. Pero ahora con la edad, al releerlo de nuevo, lo he apreciado sobremanera, tal vez porque entonces, en esa edad en la que las hormonas le salen a uno por las orejas y en las que no se tiene paciencia, un texto del siglo de Oro parece un galimatías; ahora, digo, más baqueteado por la edad y con miras culturales más amplias, lo he sabido degustar de principio a fin. Ahora me he dado cuenta que es fácil de leer, es directo, ejemplificante y sobre todo hilarante. Hay momentos en los que uno debe de parar un momento y secarse las lágrimas de la risa que provocan las ocurrencias y desventuras de Pablos. Así pues, les animo a leer <em>El Buscón</em> y dejarse acompañar por un pícaro, tunante por destino y por necesidad, que les irá mostrando, al andar por los polvorientos caminos, los vicios de aquella España de la que se decía que no se ponía el sol pero que de puertas para adentro era un hervidero odios y falsas hipocresías.</p>
<p>*******</p>
<p>Francisco de Quevedo, <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/literatura/el-buscon-francisco-de-quevedo-9788491049920/" target="_blank" rel="noopener"><em>El Buscón</em></a>. Madrid, Alianza Editorial, 2018, 240 páginas.</p>
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		<title>MITRA: UN DIOS DE ORIENTE A OCCIDENTE &#8211; Israel Campos Méndez</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Vorimir]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Sep 2026 06:30:40 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Mitra: Un dios de Oriente a Occidente de Israel Campos Méndez,  parte de una pregunta que parece sencilla pero que termina llevándonos bastante lejos: ¿Cómo acabó un dios de origen oriental teniendo sus propios templos en prácticamente todos los rincones del Imperio romano? El autor, doctor en Historia y profesor titular de Historia Antigua en [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="PDq2pG_selectionAnchorContainer" data-start="0" data-end="153">
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/81zqGnofZaL._SL1500_.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-107103]"><img decoding="async" class="alignleft wp-image-107104" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/81zqGnofZaL._SL1500_.jpg" alt="" width="106" height="150" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/81zqGnofZaL._SL1500_.jpg 1057w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/81zqGnofZaL._SL1500_-211x300.jpg 211w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/81zqGnofZaL._SL1500_-722x1024.jpg 722w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/81zqGnofZaL._SL1500_-768x1090.jpg 768w" sizes="(max-width: 106px) 100vw, 106px" /></a><em>Mitra: Un dios de Oriente a Occidente</em> de Israel Campos Méndez,  parte de una pregunta que parece sencilla pero que termina llevándonos bastante lejos: ¿Cómo acabó un dios de origen oriental teniendo sus propios templos en prácticamente todos los rincones del Imperio romano? El autor, doctor en Historia y profesor titular de Historia Antigua en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, lleva buena parte de su trayectoria investigando precisamente sobre Mitra y el mitraísmo y eso se nota. Aunque estamos ante un libro relativamente breve, el repaso que hace a la compleja historia de este dios resulta extraordinariamente completo y, sobre todo, muy bien documentado. Porque aquí hay mucha tela que cortar. ¿Estamos hablando realmente del mismo Mitra cuando nos referimos al dios védico, al Mithra persa y al Mithras romano? ¿Es una misma divinidad que va transformándose con el paso de los siglos o estamos utilizando el mismo nombre para divinidades que, aunque relacionadas, terminaron teniendo características propias? Esta obra recorre precisamente esta compleja evolución con bastante cuidado, evitando las simplificaciones que suelen acompañar a un tema tan dado a las teorías fáciles.<span id="more-107103"></span></p>
<p>El estudio del mitraismo comienza bastante antes de que los mitreos (por cierto, nombre decimonónico dado a los templos) aparezcan por las ciudades del Imperio romano. Nos lleva hasta los antiguos testimonios de Mitra en el mundo indoiranio para seguir la evolución de la divinidad y, sobre todo, explicar cómo ese antiguo dios terminó transformándose hasta convertirse en el Mitra que conocemos por los restos arqueológicos romanos, algunos de ellos en suelo peninsular. No estamos, por tanto, ante una religión que simplemente viaja desde Persia hasta Roma como quien cambia de tren. La divinidad cambia, se adapta y adquiere nuevos significados según los lugares y las sociedades que la incorporan. Funciona especialmente bien cuando nos permite contemplar esa diversidad religiosa sin mirar la Antigüedad desde el resultado final. Porque los romanos del siglo II o III no sabían que varios siglos después el cristianismo sería la religión dominante de Europa ya que para ellos, Mitra, Isis, Júpiter, los cultos tradicionales, los distintos movimientos mistéricos y el cristianismo convivían, competían y se influían mutuamente. Consigue además que el lector comprenda que estudiar una religión desaparecida no consiste simplemente en recopilar curiosidades sobre dioses antiguos. Y es que estudiar el mitraísmo sirve también para entender cómo funcionaba la sociedad romana, cómo circulaban las ideas y cómo las personas construían identidades religiosas dentro de un Imperio enorme y culturalmente diverso.</p>
<p>Quizás el principal inconveniente del libro sea precisamente el que encontramos en muchas obras sobre religiones antiguas: en ocasiones tenemos más preguntas que respuestas pues la falta de fuentes directas de los propios mitraístas obliga a moverse continuamente entre evidencias arqueológicas e interpretaciones, y algunos aspectos del culto siguen siendo necesariamente hipotéticos. Pero eso no es tanto un defecto del autor como una limitación de las fuentes. Aun así y pese a su brevedad (de sus 240 páginas una parte es bibliografía), el libro es exhaustivo en el uso de las mencionadas fuentes. El autor maneja con soltura las escritas, las evidencias arqueológicas y epigráficas y, por supuesto, una bibliografía amplísima sobre el tema. Desfilan por sus páginas desde los estudios clásicos de Franz Cumont hasta trabajos mucho más recientes, y entre ellos aparece también una autora a la que tengo especial cariño: <a href="https://hislibris.com/hipatia-celia-martinez-maza/">Clelia Martínez Maza</a>, que fue mi profesora y tutora durante mi fallida tesina de doctorado, precisamente sobre la evolución del culto de Mitra. Aquella tesina, como tantas otras cosas que se empiezan con entusiasmo y se terminan dejando por el camino, quedó aparcada por circunstancias personales cuando apenas había comenzado a tomar forma. Por algún rincón de casa conservo todavía, desde hace unos veinte años, aquel triste borrador que recuerda lo que pudo haber sido y no fue (aunque a lo mejor es bueno que no haya sido). Así que resulta inevitable leer un libro como este con una mezcla de interés académico y cierta sensación de melancolía. De nuevo termino escribiendo una reseña de <a href="https://hislibris.com/el-mejor-emperador-david-soria-molina/">otro</a> (sí, otro) libro que me habría gustado escribir a mí pero que han escrito antes y, sin duda alguna, bastante mejor.</p>
<p>*****</p>
<p>Israel Campos Méndez, <a href="https://almuzaralibros.com/fichalibro.php?libro=10844&amp;edi=16"><em>Mitra: Un dios de Oriente a Occidente</em></a>. Córdoba, Erasmus Ediciones, 2026, 240 páginas.</p>
<p><strong data-start="0" data-end="13">Lo mejor:</strong> Un estudio breve pero muy completo, riguroso y bien documentado sobre la evolución de Mitra y su culto desde Oriente hasta el mundo romano.<br />
<strong data-start="155" data-end="167">Lo menos bueno:</strong> La falta de fuentes directas de los propios mitraístas obliga a dejar algunas cuestiones fundamentales en el terreno de la interpretación.<br />
<strong data-start="308" data-end="333" data-is-last-node="">Nota: 8,5</strong></p>
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		<title>LA HAMBRUNA ESPAÑOLA: VICTORIA Y MUERTE EN LA POSGUERRA &#8211; Miguel Ángel del Arco Blanco</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sciurus]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Sep 2026 06:00:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia de Esp.]]></category>
		<category><![CDATA[Historia por épocas]]></category>
		<category><![CDATA[Historias especializadas]]></category>
		<category><![CDATA[cartillas de racionamiento]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra civil española]]></category>
		<category><![CDATA[hambruna]]></category>
		<category><![CDATA[Posguerra española]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/La-hambruna-espanola.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105679]"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-104649 alignleft" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/La-hambruna-espanola.jpg" alt="" width="200" height="294" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/La-hambruna-espanola.jpg 1020w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/La-hambruna-espanola-204x300.jpg 204w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/La-hambruna-espanola-696x1024.jpg 696w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/La-hambruna-espanola-768x1129.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>En estos tiempos que corren… Seguramente no será el primer texto que se haya empezado con estas palabras independientemente de la época en la que se haya escrito. Pero deben entenderme que justamente lo empiece de este modo. Y es que estamos ante un libro que no sólo dignifica la tarea del historiador; ya que hace que este oficio, tan necesario hoy, un eslabón más para que exista una democracia sana y viva. Quizá pensaréis que estoy exagerando, pero no, debe hacerse uso de la historia para que no haya abuso de la misma. Y este libro es un claro ejemplo de uso y se convierte en una herramienta, que no un arma, para que en nuestra sociedad no se enquisten medias verdades, bulos o <em>fakes</em>. El historiador, a su modo, debe velar por transmitirnos el pasado usando una metodología basada en la investigación de las fuentes (aparte de los vestigios), sean cuales sean éstas. No puede y no debe tergiversarlas, falsearlas u ocultarlas. La diferencia entre el uso y el abuso a los que refería hace un instante es palpable.<span id="more-105679"></span></p>
<p>Y en este libro, Miguel Ángel del Arco Blanco nos ofrece un ejercicio notable de lo que debe ser un ensayo histórico. Y dignificando su oficio hace también que la obra adquiera un compromiso con los valores de libertad que deben ser velados por todos los que la amamos. Más aún, cuando ciertos tics revisionistas parecen conquistar medios y opiniones. Y en este libro también se desmontan mitos y falsedades que han calado o que se han revisado para mostrarnos un franquismo <em>blando</em>. La introducción y el epílogo de esta obra son encomiables y deberían ser leídos en multitud de centros para enseñar a los jóvenes que no todo fue tan rosa como nos quieren hacer creer.</p>
<p><em>La hambruna española</em> se centra en el período en el que una parte de la población sufrió hambre durante la postguerra española, «los años del hambre» (1939-1952), y para ello estructura el libro en cuatro partes. La primera parte rebusca las causas de la hambruna. La principal para el autor hay que buscarla en la adopción, por motivos políticos e ideológicos, a la Autarquía franquista. Pero aparecen también otras causas como el envío de aceite o carne a Alemania e Italia durante la Segunda Guerra Mundial, pues los favores se pagan. También <em>al estira y afloja</em> de Inglaterra para que la ayuda a éstas cesara, pero sin querer abocar a España a la Guerra. Apretar, pero sin ahogar que diríamos. Tampoco hay que olvidar a la corrupción y al estraperlo más institucional. La segunda parte del libro radiografía la hambruna en sí: muertes por inanición, el incremento de enfermedades y la subida de precios.</p>
<p>La tercera parte es la respuesta del régimen al fenómeno. Hubo corrupción y hubo represión. Pero también es un modo de canalizar la ayuda para recordar a la gente de quién les hace llegar los alimentos. Sirva como ejemplo la instalación de imágenes del dictador o de símbolos franquistas en los Comedores del Auxilio. Un modo de reeducar a una sociedad que estaba fragmentada al acabar la guerra. Por otro lado, el franquismo dificultó la llegada de ayuda de ingleses <em>y estadounidenses. </em>La cuarta y última parte se centra en la respuesta de la sociedad que sufrió la hambruna. ¿Cómo sobrevivir? Y ¿Cómo reaccionar? Estremece leer algunos fragmentos de los testigos. Robos, ingenios, invenciones, intoxicaciones, protestas (especialmente de las mujeres), mendicidad, … dejaron huella en la música, en grafitis («Más pan blanco y menos Franco»), en la literatura o en el cómic (la figura de Carpanta al frente).</p>
<p>Dije más arriba que la obra era un ejercicio notable, pues el autor tal y como ya me paso con su ensayo previo, <em>Cruces de memoria y olvido. Los monumentos a los caídos de la guerra civil española (1936-2021)</em>, repite demasiado. Pienso y es una opinión que al texto le sobrarían un buen número de páginas y sería igual de bueno. Es reiterativo y pesado leer dos y tres veces el mismo argumento durante sus 344 páginas de texto. Aún así creo que estamos ante un libro imprescindible para seguir dignificando la Memoria Histórica de nuestro país.</p>
<p>*******</p>
<p>Miguel Ángel del Arco Blanco, <em>La hambruna española: victoria y muerte en la posguerra</em>. Barcelona, Editorial Crítica, 2025, 480 páginas.</p>
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		<title>LOS PERSAS. HISTORIA DE LA DINASTÍA AQUEMÉNIDA – Manel García Sánchez</title>
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		<dc:creator><![CDATA[cavilius]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 03 Sep 2026 06:30:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia por épocas]]></category>
		<category><![CDATA[Historias especializadas]]></category>
		<category><![CDATA[aqueménida]]></category>
		<category><![CDATA[Ciro]]></category>
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					<description><![CDATA[Yo soy Darío, el gran rey, rey de reyes, rey de los países de muchas razas, rey sobre esta tierra grande y ancha, hijo de Histaspes, un aqueménida. Inscripción de Elvend. Así reza en tres idiomas —elamita, babilonio y persa— la inscripción que Darío I mandó grabar sobre la roca del Elvend, una de las [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Yo soy Darío, el gran rey, rey de reyes, rey de los países de muchas razas, rey sobre esta tierra grande y ancha, hijo de Histaspes, un aqueménida.<br />
<em>Inscripción de Elvend.</em></p></blockquote>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/LOS-PERSAS-Manel-Garcia-Sanchez.jpeg" data-rel="prettyPhoto[image-107145]"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-107144 alignleft" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/LOS-PERSAS-Manel-Garcia-Sanchez.jpeg" alt="" width="200" height="288" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/LOS-PERSAS-Manel-Garcia-Sanchez.jpeg 589w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/08/LOS-PERSAS-Manel-Garcia-Sanchez-209x300.jpeg 209w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>Así reza en tres idiomas —elamita, babilonio y persa— la inscripción que Darío I mandó grabar sobre la roca del Elvend, una de las cimas de los montes Zagros, cerca de Ecbatana, la actual Hamadán, a unos 2000 metros de altura. Su hijo Jerjes no quiso ser menos y grabó a su lado palabras similares. Padre e hijo fueron dos de los grandes reyes que rigieron el destino del mayor imperio que conoció la Antigüedad: un territorio de unos 5,5 millones de kilómetros cuadrados que se desplegaba por tres continentes, del mar Egeo al río Indo, del Nilo al Cáucaso, del mar Negro al Golfo Pérsico.<span id="more-107145"></span></p>
<p>El imperio persa nació por obra y gracia de un hombre carismático, Ciro el Grande, y cayó bajo la lanza de otro que aún lo fue más, Alejandro Magno. Entre uno y otro transcurrieron doscientos años y una docena de reyes; unos gobernaron durante décadas, otros apenas semanas o meses. Unos lo hicieron con acierto, otros no tanto, pero todos ellos compartieron algo: pertenecieron a la misma saga familiar, que, según se decía, se remontaba a un antepasado común: Aquemenes, mítico fundador del pueblo de los persas. En honor al clan al que Aquemenes pertenecía, los pasargadas, Ciro fundó la ciudad de Pasargada, una de las cuatro capitales que tuvo el imperio; y en honor al pueblo persa del que todos formaban parte, Darío fundó otra capital: Persépolis. Las otras dos, Susa y Ecbatana, fueron heredadas del primer reino que cayó bajo el poder de los persas, el de los medos. Tras el esplendor aqueménida, Persépolis permaneció olvidada hasta que a principios del siglo XVI el soldado, diplomático y explorador extremeño García de Silva fue capaz de identificar sus ruinas. García de Silva murió pocos años después en algún lugar en alta mar camino de Lisboa, pero sus crónicas permitieron recuperar y ubicar la capital del olvidado imperio de los persas. Todo esto sucedió en un tiempo en que en el mundo dominaba otro imperio en su momento de máxima expansión, y que era seis veces mayor que el persa: el español.</p>
<p>Hablando de expansión, el imperio persa no pudo extenderse más hacia el oeste porque se topó con los griegos. A modo de irreductibles aldeas galas, las ciudades griegas supusieron un obstáculo insuperable contra el que los persas debieron aprender a jugar una baza diferente a las de las armas: su inagotable oro. No lo hicieron del todo mal y pudieron soñar en algún momento con extender su dominio por el mar Egeo, pero la aparición de Alejandro de Macedonia acabó no solo con esos sueños, sino también con la realidad persa, y su imperio dejó de existir. Desde entonces la percepción histórica de los persas ha sido la que los griegos han transmitido, ya que nuestra civilización occidental bebe directamente de la cultura griega. Los persas se han convertido en el símbolo de la barbarie por antonomasia: la locura de sus gobernantes, la encarnación de la avaricia, la jactancia, el orgullo, la molicie, la arrogancia, el lujo desmedido, la cobardía, el exceso. Por no hablar de sus costumbres ridículas, escandalosas o incluso abominables: usar pantalones, hablar una lengua ininteligible (<em>bar-bar</em>), cometer incesto, practicar la <em>proskynesis&#8230;</em></p>
<p>No hace mucho tiempo reseñábamos el magnífico libro del historiador británico Lloyd Llewellyn-Jones <em><a href="https://hislibris.com/los-persas-la-era-de-los-grandes-reyes-lloyd-llewellyn-jones/" target="_blank" rel="noopener">Los persas. La era de los grandes reyes</a></em>. En él se abogaba por reescribir una historia del imperio persa que no pasara por el tamiz de las fuentes griegas y bebiera directamente de las orientales. En esta línea se sitúa la obra que nos presenta la editorial Síntesis <em>Los persas. Historia de la dinastía aqueménida</em>, a cargo del profesor de Historia Antigua Manel García Sánchez. La alteridad persa, como la denomina su autor, fue representada por sus antagonistas griegos bajo intereses políticos, raciales e incluso psicológicos, en una especie de mecanismo de defensa para ridiculizar al enemigo y poder así enfrentarse a él. Esa representación es el punto de apoyo sobre el que se sostienen los prejuicios que se alinean bajo las etiquetas de eurocentrismo y orientalismo, concepto este del que se habló en la reseña de <em><a href="https://hislibris.com/esquilo-poeta-de-la-guerra-marta-gonzalez-gonzalez/" target="_blank" rel="noopener">Esquilo. Poeta de la guerra</a></em> de Marta González.</p>
<p>García Sánchez, especialista en el imperio persa, ha escrito un libro hasta cierto punto reivindicativo. La obra se alinea bajo los parámetros propios de un manual universitario —está publicada en la colección <em>Temas de Historia Antigua</em> que dirige David Hernández de la Fuente—, pero eso no le impide denunciar esa visión sesgada que tiñe las fuentes griegas y, a partir de ellas, la mayor parte de la bibliografía secundaria existente sobre el imperio persa. El mundo persa fue multicultural y multiétnico, repite varias veces el autor; tolerante con las costumbres de los pueblos sometidos, civilizado y civilizador. El imperio persa, que creó Ciro el Grande pero cuya fundación como máquina gubernamental habría que adjudicar a Darío I, gozó de moneda propia, de una red de calzadas que lo recorría de punta a punta, administró su territorio con la racional fórmula de las provincias o satrapías, contó con un servicio postal admirado incluso por los griegos, respetó e integró los cultos religiosos locales… Todas estas fueron medidas que nacieron desde la racionalidad y la coherencia, no desde el salvajismo que les atribuyeron los griegos. Lo mismo sucede con el perfil de sus gobernantes, tan alejado de los retratos que la historiografía tradicional ofrece.</p>
<p>El libro de García Sánchez recorre la cultura persa en sus aspectos más importantes. Nos ofrece un recorrido por la dinastía que ocupó el trono real en los poco más de doscientos años de existencia del imperio, un esbozo que forzosamente ha de ser breve y apresurado y que no hace sino abrir el apetito para profundizar en cada uno de los reinados. Se describe a grandes trazos la economía persa: pesos y medidas, monedas, tributos. También se aborda la sociedad persa, festividades, calendario… Se habla también, lógicamente, de la religión de los persas, el mazdeísmo con el dios Ahura Mazda a la cabeza, y sus diferencias y semejanzas con el zoroastrismo y el <em>Avesta</em>, los textos sagrados de la religión irania. De la educación de los persas —montar a caballo, tirar con arco, decir siempre la verdad—, del plurinacional ejército persa —con especial detención en el enfrentamiento con los griegos—, y unos breves apuntes sobre la arquitectura persa y otras artes menores. El libro cierra con una amplia selección de documentos que intenta mantener el equilibrio en cuanto a su procedencia, griega o persa.</p>
<p>La <em>persofilia</em> renació en Europa en el siglo XIX, con el desciframiento de la escritura cuneiforme en lengua persa. Pese a contar desde entonces con fuentes originales orientales, el interés por lo persa se situó siempre tras la lente deformada y sectaria del relato griego. No ha ayudado a abandonar ese prisma la situación internacional de las últimas décadas en relación al choque de culturas occidental y oriental. Hora es ya, gracias a obras como esta, de que se descarten prejuicios sin sentido y se comience a mirar hacia la cultura persa con la objetividad que merece.</p>
<p><strong>*****</strong></p>
<p>Manel García Sánchez, <em><a href="https://www.sintesis.com/libro/los-persas" target="_blank" rel="noopener">Los persas. Historia de la dinastía aqueménida</a></em><em>. </em>Madrid, editorial Síntesis, 2026, 250 págs.</p>
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		<title>AHMOSIS Y EL COMIENZO DE LA XVIII DINASTÍA &#8211; Cristophe Barbotin</title>
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		<dc:creator><![CDATA[APV]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Sep 2026 06:00:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia de Egipto]]></category>
		<category><![CDATA[Historia por épocas]]></category>
		<category><![CDATA[Historias especializadas]]></category>
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					<description><![CDATA[Lo mejor: Aporta una revisión de la visión historiográfica sobre el tema y una profundidad en el análisis del comienzo del Reino Medio. Hay una abundancia de fuentes primarias incluidas en el libro. Lo menos bueno: Es un libro para un público muy específico y requiere una lectura exigente; por ejemplo, en el tema de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Lo mejor: Aporta una revisión de la visión historiográfica sobre el tema y una profundidad en el análisis del comienzo del Reino Medio. Hay una abundancia de fuentes primarias incluidas en el libro.</p>
<p>Lo menos bueno: Es un libro para un público muy específico y requiere una lectura exigente; por ejemplo, en el tema de las pirámides.</p>
<p>Puntuación: 8,4</p>
<blockquote><p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/07/barbotin.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-104385]"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-106899" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/07/barbotin.jpg" alt="" width="100" height="145" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/07/barbotin.jpg 707w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/07/barbotin-207x300.jpg 207w" sizes="auto, (max-width: 100px) 100vw, 100px" /></a><em>«¿Sabéis vosotros a quien recuerdo? A Ramsestin, Tutanmacón y un primo suyo. Esos si que fueron hombres como mandaban los dioses».<br />
</em>Futurama<em>,</em> <em>episodio «Un faraón inolvidable»</em>.</p></blockquote>
<p>Ahmosis el victorioso (<em>nakht</em>), el campeón, el héroe, el liberador de Egipto&#8230; el valeroso monarca guerrero que expulsó tras duras batallas a los bárbaros hicsos, unos invasores asiáticos, salvajes y enemigos de los dioses; de esa manera, tomando la poderosa Avaris, restauró la gloria del Egipto milenario para iniciar una nueva etapa de grandeza. O al menos así es como suena de forma épica el relato fundacional del Reino Nuevo; pero en esta obra su autor, conservador del Museo del Louvre, nos va a tratar de mostrar que quizás todo ello no tuvo lugar de esa manera.</p>
<p>Así al llegar al trono Ahmosis el panorama político y cultural del mundo egipcio estaba atravesando una etapa de profundas transformaciónes, mostrando el libro en sus primeros capítulos el contexto existente con unos soberanos hicsos (los <em>hekau khatsut</em> o príncipes de territorios extranjeros) que proyectan su influencia sobre el valle del Nilo frente a los soberanos de Tebas, y cuyas fronteras son trazadas por los hallazgos de diversos tipos de cerámica, en una relación compleja que incluye tanto belicismo (ejemplificado en la muerte en combate del monarca Seqenenra Taa) como relaciones comerciales y cierto reconocimiento mutuo.</p>
<p>En los siguientes capítulos se aprecia el papel de las campañas de Kamosis, y la toma final de Avaris, una acción que el autor presenta, basándose en las fuentes, como un simple golpe de gracia sobre una ciudad ya aislada y evacuada, y que atribuye a la madre y regente de Ahmosis, que era un niño, la influyente reina Ahhotep (influencia que se apreciará también en su futura esposa la reina Ahmes Nefertari). Así el «faraón» guerrero, que se idealiza en el futuro, encabezando carros de guerra al estilo de Tutmosis III o Ramsés II no existe, ni tampoco estaban aún extendidos tales carros en Egipto.</p>
<p>En cambio, capítulo a capítulo podemos contemplar los diversos diversos aspectos políticos, sociales y culturales del reinado de Ahmosis: un periodo mayormente pacifico y estable, en el marco de la reestructuración de Egipto, con un intento de rememorar las glorias de la época de Sesostris III –aspecto que se aprecia en el arte y en las construcciones en Abydos–; y, al mismo tiempo con la introducción de innovaciones. Creó un legado en cuanto a la imaginería que asumieron posteriormente los monarcas del Reino Nuevo, con ese espíritu guerrero fruto del periodo intermedio, y a la ideología –de donde surgió la abstracción y la personificación de Egipto, que, más adelante convirtieron a los monarcas en el faraón–, además del papel asumido por importantes mujeres en la corte.</p>
<p>La obra complementa ese análisis con unos veinticinco documentos de la época traducidos, desde inscripciones a cuentos, algunos muy amplios como el relato de la guerra del año 3 de Kamosis o la biografía de Iahmes, que nos permiten obtener una visión más clara de ese mundo egipcio en los albores del Reino Nuevo.</p>
<p>En cuanto al aspecto gráfico del libro, de nuevo se debe destacar como se acompaña al texto con abundantes imágenes, croquis de las construcciones, grabados y mapas, añadiendo una veintena de fotografías en color que permiten apreciar con mayor detalle diversas piezas artísticas de la época, y con un papel de buena calidad en la impresión.</p>
<p>*****</p>
<p>Christophe Barbotin, <a href="https://www.editorialdilema.com/egipto/ahmosis-y-el-comienzo-de-la-xviii-dinastia.asp" target="_blank" rel="noopener"><em>Ahmosis y el comienzo de la XII dinastía</em></a>, traducción de José Manuel Parra<em>.</em> Madrid, Editorial Dilema, 2023, 283 páginas.</p>
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		<title>UN ESCÁNDALO EN KÖNIGSBERG. NOTICIAS FALSAS EN EL SIGLO XIX – Christopher Clark</title>
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		<dc:creator><![CDATA[cavilius]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Aug 2026 06:00:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencias auxiliares de la Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Historia de Alemania]]></category>
		<category><![CDATA[Christopher Clark]]></category>
		<category><![CDATA[difamación]]></category>
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					<description><![CDATA[Puntuación: 7.5 Lo bueno: el análisis pormenorizado de una historia mínima, pero de gran valor en la actualidad Lo menos bueno: se pierde un poco en cuestiones que tal vez no sean tan importantes para la historia que está contando «El informe afirmaba que Ebel y Diestel habían propagado una “peligrosa doctrina” irreconciliable con las [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Puntuación: 7.5<br />
Lo bueno: el análisis pormenorizado de una historia mínima, pero de gran valor en la actualidad<br />
Lo menos bueno: se pierde un poco en cuestiones que tal vez no sean tan importantes para la historia que está contando<br />
<a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/CHRISTOPHER-CLARK-Un-escandalo-en-Konigsberg.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105368]" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-105367" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/CHRISTOPHER-CLARK-Un-escandalo-en-Konigsberg-197x300.jpg" alt="" width="100" height="152" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/CHRISTOPHER-CLARK-Un-escandalo-en-Konigsberg-197x300.jpg 197w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/CHRISTOPHER-CLARK-Un-escandalo-en-Konigsberg-674x1024.jpg 674w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/CHRISTOPHER-CLARK-Un-escandalo-en-Konigsberg-768x1167.jpg 768w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/CHRISTOPHER-CLARK-Un-escandalo-en-Konigsberg.jpg 859w" sizes="auto, (max-width: 100px) 100vw, 100px" /></a></p>
<blockquote><p>«El informe afirmaba que Ebel y Diestel habían propagado una “peligrosa doctrina” irreconciliable con las enseñanzas oficiales de la Iglesia, y cuyos “efectos corruptores” se habían dejado sentir en la “conducta inmoral” de quienes predicaban y adoptaban la doctrina de los dos clérigos».</p></blockquote>
<p>Curioso trabajo el que acaba de publicar el catedrático de Historia Christopher Clark, sobre unos hechos que tuvieron lugar en el segundo cuarto del siglo XIX y de los cuales los periódicos de la época se hicieron eco, atrayendo así la atención de toda Europa durante unos cuantos años. Parece que el interés del historiador australiano afincado en Cambridge radica en cómo hace casi 200 años el gusto de la opinión pública por el morbo, las malas lenguas, la difamación y la hipocresía ya tenían suficiente poder como para destruir reputaciones.<span id="more-105368"></span></p>
<p>Christopher Clark nos es conocido por libros tan excelentes como <a href="https://hislibris.com/el-reino-de-hierro-christopher-clark/" target="_blank" rel="noopener"><em>El reino de hierro. Auge y caída de Prusia. 1600-1947</em></a>, <a href="https://hislibris.com/el-reino-de-hierro-christopher-clark/" target="_blank" rel="noopener"><em>El kaiser Guillermo II</em></a>, <em>Sonámbulos. Cómo Europa fue a la guerra en 1914</em> o <em>Primavera revolucionaria. La lucha por un mundo nuevo, 1848-1849</em>, obras todas ellas que orbitan en torno a la historia de la vieja Europa continental en la era moderna. En cuanto a <em>Un escándalo en Königsberg</em>, apunta el autor que conoció los hechos hace más de 30 años y desde entonces rondaban su cabeza, así como los posibles paralelismos con algunos aspectos del mundo actual. El ensayo que le dedica es ciertamente breve, pero suficiente para que cobremos conciencia de la preocupación que movió a Clark a escribirlo.</p>
<p>La ciudad portuaria de Königsberg, en el mar Báltico, fue durante mucho tiempo la capital de la Prusia Oriental. En la actualidad se llama Kaliningrado y es capital de un territorio mucho más modesto: una región llamada también Kaliningrado, suelo ruso desde el final de la Segunda Guerra Mundial y aislado del resto de Rusia por Lituania. A pesar de esa histórica capitalidad prusiana, al parecer Königsberg no fue, al menos en la época a la que Clark se refiere en el libro, una ciudad especialmente destacada. La escasa fama de que goza se debe en su mayor parte a dos cosas: a ser el lugar donde Immanuel Kant, uno de los filósofos más brillantes de la historia, nació y vivió prácticamente toda su vida, de 1724 a 1804; y ser además la sede del conocido problema de los siete puentes, propuesto por el matemático suizo Leonhard Euler en 1735: ¿es posible recorrer la ciudad de Königsberg pasando una sola vez por cada uno de sus siete puentes y acabar el paseo en el punto en que se inició? (La respuesta es que no, por cierto).</p>
<p>Aquella, el inicio del siglo XIX, fue al parecer una época especialmente sensible a las perturbaciones religiosas: dice Clark que en Prusia el evangelismo protestante tendía a buscar expresión más allá de los confines de la Iglesia institucional. Desde principios de siglo existieron movimientos evangelistas por toda Prusia, que movilizaban a sus fieles y desestabilizaban las comunidades religiosas oficiales. Si bien no parecían peligrosos ni siquiera desde un punto de vista ético y moral, sí generaban tensiones y preocupación en las instituciones más tradicionales. En medio de ese caldo de cultivo emergen en Königsberg las figuras de Johann Wilhelm Ebel, predicador de la iglesia de la Ciudad Vieja, y Heinrich Diestel, predicador y capellán de la iglesia de Haberberg.</p>
<p>Ebel fue seguidor de una especie de iluminado de la época llamado Schönherr, hasta que los desvaríos de este místico le hicieron alejarse de él. Sin embargo, Ebel también tenía una manera personal de entender los dogmas y las Sagradas Escrituras, que le propició numerosas simpatías en las altas clases entre las cuales predicaba, especialmente las damas (y antipatías de los caballeros, dicho sea de paso). En cuanto a Diestel, fue siempre un fiel seguidor y defensor de Ebel y su predicación se movió por sectores de menor enjundia social. Esta es la situación inicial a partir de la cual se generó un escándalo que sacudió la ciudad de Königsberg en las décadas de 1830 y 40, se proyectó a toda Prusia y de la que tuvo conocimiento la propia casa real prusiana. El telón de fondo del suceso fue, pues, ese repentino renacer religioso encarnado en esas nuevas tendencias alejadas de la tradicional iglesia prusiana, y la intensificación de la vigilancia oficial justamente para confinar esas tendencias.</p>
<p>No conviene decir mucho más para no desvelar los pormenores del escándalo. Solo cabe mencionar que fueron cuestiones nimias y alejadas del ámbito religioso las que prendieron la mecha en medio de un terreno lleno de pólvora. Sobre Ebel recayó una acusación cuyos términos fueron complejos, pero que en general tendía a decir que sus enseñanzas tenían como consecuencia un distanciamiento de las mujeres respecto de sus maridos. A Ebel, así como a su fiel defensor Diestel, se los consideraba una especie de consejeros espirituales y, por derivación, también matrimoniales. La materia de la acusación fue desvirtuada con rapidez, se elevó el tono de la polémica y los periódicos, entonces como ahora (o como hace unas décadas; ahora ese papel lo ocupan las redes sociales), contribuyeron a avivar la hoguera. La clave de la cuestión, siendo en un inicio de naturaleza religiosa, terminó derivando de lleno al terreno de lo sexual:</p>
<blockquote><p>Las aberraciones en materia de religión, las inmoralidades, las actividades insultantes para la fe cristiana [perpetradas por los ebelianos] son tales que una pluma casta no puede describirlas.</p></blockquote>
<p>La introducción del elemento sexual en el proceso judicial de que fueron objeto Ebel y Diestel, fue lo que ocasionó el morbo, la publicidad y el interés por toda Europa. Se decía que alguno de los defensores de Ebel, seguidor de su doctrina, pensaba que tener a Ebel al lado de su cama mientras mantenía relaciones con su esposa le ayudaría al coito. Las enseñanzas de Ebel aislaban de la sociedad a sus seguidores, a quienes se consideraban pertenecientes a una secta.</p>
<p>A lo largo de su detallado análisis Clark parece coquetear a menudo con la idea de la similitud en ciertos patrones de comportamiento de la sociedad en la actualidad y hace 200 años. No hemos cambiado nada, parece decir en alguna ocasión: la fabricación de prejuicios artificiosos, la oscura atracción que nos genera lo prohibido (es decir, en este caso: lo sexual), la aparente necesidad de introducir el morbo para despertar interés… La opinión pública de entonces, a nuestros ojos pacata y recatada, se excitaba fácilmente con las controversias sobre cuestiones religiosas, y no digamos si se añadía a la polémica el ingrediente sexual. En el fondo, ese ingrediente sigue produciendo el mismo efecto hoy en día.</p>
<p>En todo momento imperan el rigor y la meticulosidad en el libro de Clark, en especial en cuanto a la reconstrucción de las maneras de pensar de la época en el terreno religioso: algunas de ellas aparecen extraordinariamente detalladas. La investigación que lleva a cabo el catedrático de Cambridge, breve en cuanto a número de páginas pero profunda e intensa en cuanto a su contenido, es admirable, y el resultado merece  la pena. <em>Un escándalo en Königsberg</em> es una lectura interesantísima sobre los efectos de la difamación en tiempos tan alejados de los actuales, y permite descubrir que ciertas comportamientos sociales no son, necesariamente, resultado de la época en que vivimos sino que tal vez nacen de la propia naturaleza del ser humano.</p>
<p><strong>*****</strong></p>
<p>Christopher Clark, <a href="https://www.galaxiagutenberg.com/producto/un-escandalo-en-konigsberg/" target="_blank" rel="noopener"><em>Un escándalo en Königsberg. Noticias falsas en el siglo XIX</em></a><em>. </em>Traducción de Alejandro Pradera. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2026, 200 págs.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>PERDICIÓN &#8211; Jack Ketchum</title>
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		<dc:creator><![CDATA[HistoriaMilita]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Aug 2026 06:00:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Novelas de género]]></category>
		<category><![CDATA[Varios]]></category>
		<category><![CDATA[Desagradable]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Jack Ketchum]]></category>
		<category><![CDATA[La biblioteca de Carfax]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Perdición]]></category>
		<category><![CDATA[Pulp]]></category>
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					<description><![CDATA[Lo bueno: Es una novela fácil de leer, con una historia incómoda a la vez que atrayente Literatura de terror diferente que combina lo psicológico con el mal gusto Lo menos bueno: Está claro que no es un tipo de literatura para todos los públicos Nota: 9 Hace varios años un amigo personal me recomendó [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Lo bueno:</p>
<ol>
<li>Es una novela fácil de leer, con una historia incómoda a la vez que atrayente</li>
<li>Literatura de terror diferente que combina lo psicológico con el mal gusto</li>
</ol>
<p>Lo menos bueno:</p>
<ol>
<li>Está claro que no es un tipo de literatura para todos los públicos</li>
</ol>
<p>Nota: 9</p>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/61pGuVXwusL._SL1200_.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-106066]"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-106165" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/61pGuVXwusL._SL1200_.jpg" alt="" width="250" height="375" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/61pGuVXwusL._SL1200_.jpg 800w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/61pGuVXwusL._SL1200_-200x300.jpg 200w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/61pGuVXwusL._SL1200_-683x1024.jpg 683w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/06/61pGuVXwusL._SL1200_-768x1152.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 250px) 100vw, 250px" /></a>Hace varios años un amigo personal me recomendó visitar en la feria del libro la caseta de la editorial La Biblioteca de Carfax. Estos compañeros editores se han especializado en literatura de terror y, sinceramente, <span style="color: #0000ff;"><a style="color: #0000ff;" href="https://www.labibliotecadecarfax.com/" target="_blank" rel="noopener">darse una vuelta por su catálogo es una delicia</a></span>. Haciendo caso a mi amigo, que sabe de estos temas, me pasé por allí y me llevé <em>Perdición</em> (2022), novela del autor tristemente fallecido Jack Ketchum (1946-2018). Para que os hagáis una idea, de él el maestro Stephen King dijo que «es el tipo que da más miedo de América». Y la verdad es que puede que tenga mucha razón. Estamos ante una novela que combina ese género de terror con un aliño de lo grotesco mezclado a su vez con un ambiente <em>pulp</em> tardío enmarcado en la década de los sesenta. <em>Perdición</em> es una historia que se cocina como un buen guiso. Al principio un fogonazo para que los elementos suelten su jugo, luego el «chup, chup» en el que todo se prepara con lentitud y finalmente un desenlace que se sirve frío, obsesivo y sangriento.</p>
<p><span id="more-106066"></span></p>
<p>Como en otras ocasiones y sin querer destripar la trama de la obra, porque quiero que los lectores de esta reseña, hislibreños o no, la disfruten en casa, la historia comienza en el verano de 1965. Tres amigos (Ray, Tim y Jennifer) pasan un día agradable en el lago Turner. Allí, Ray, que es un pájaro de mucho cuidado, decide matar a tiros a dos jóvenes para saber que se siente al quitarle la vida a un ser humano. Las víctimas de tal majadería son dos chicas que, al igual que los tres colegas, estaban simplemente disfrutando de un apacible día estival. A partir de esta premisa, que corresponde con el primer capítulo de la obra, se va desarrollando todo lo que ocurre alrededor de este macabro hecho. Por un lado, tendremos las historias individuales de estos tres jóvenes y por otro, el de un policía que no sabe lo que ocurrió exactamente, pero está decidido a averiguarlo hasta las últimas consecuencias.</p>
<p>Esta parte inicial de la novela es el «fogonazo» del que hablaba al principio. La narración es intensa a más no poder con unos sucesos que ya nos mantienen atentos a las páginas, pegados porque queremos saber cómo acaba todo. También esa primera parte de la historia nos muestra qué tipo de relato vamos a leer y, sobre todo, la forma de escribir de Ketchum. A grandes rasgos, estamos ante un autor que no mira hacia otro lado cuando tiene que describir escenas lúgubres o grotescas que llegan a veces a lo gore. Cuando otro autor echa el freno porque piensa que se ha pasado de gráfico, Ketchum pisa el acelerador y los adelanta. La verdad es que me sorprendió para bien que el autor no se corte. Eso le da a toda la novela un halo distinto a lo que otros libros del género de terror pueden llegar a ofrecer.</p>
<p>Después de ese «fogonazo» pasamos al «chup, chup», la parte central de la historia donde descubrimos mucho más de la relación que mantienen los tres amigos, tanto de manera individual como con el entorno que les rodea. Por supuesto aparecen más personajes que complementan el paisaje del típico pueblo estadounidense donde todos se conocen. Así, durante los sucesivos capítulos la historia parece relajarse. Hay escenas costumbristas tradicionales de la vida estadounidense y conversaciones mundanas del día a día que <em>a priori</em> no dan ninguna pista de lo que va a suceder con posterioridad. Sin embargo, el autor no da puntada sin hilo. Mientras uno lee se da cuenta que detrás de todas esas escenas se halla el terrible suceso que ha desencadenado la historia, siempre está presente y se volverá cada vez más presente a medida que la narración continúa hacia un horizonte insospechado.</p>
<p>Todos los personajes que aparecen están bien desarrollados y descritos. Por supuesto, una de las piezas centrales es Ray, líder de la pandilla y que siempre está rozando lo delictivo con sus acciones, aunque, como buen macarra, sabe ingeniárselas para librarse (por ahora). Chulo, agresivo, petulante, peligroso, acomplejado e inestable son algunos de los adjetivos que bien podrían definir a este protagonista. Dependiendo de la página conoceremos a un Ray que va de una actitud a otra con suma facilidad, cosa que ya da miedo de por sí. Puesto que lo que subyace debajo de esa habilidad de aparentar, que a veces incluso nos parecerá divertido o amable y nos hace olvidar lo que hizo en el verano de 1965, es una personalidad psicótica y enfermiza. Este podría ser un buen hilo conductor de la parte central del libro. Cómo después del terrorífico evento al lado del lago la narración se encamina hacia un final que se entrevé aún peor, lo que ya es decir.</p>
<p>¿Qué es lo que ocurre cuando alguien –aunque quiera hacer el bien– arrincona a una persona como la descritas antes? Está claro que nada bueno. Este es el punto donde la historia se precipita. El policía que investigaba el caso halla nuevos indicios y decide «apretar» al culpable para que caiga por el propio peso de sus mentiras. Ahora bien, las cosas no van como a él le gustaría. Ketchum es experto en mostrarnos en la narración esa tensión, cómo se ejerce la presión que al final produce un estallido psicológico que lleva la novela a su cierre. El final es abrumador, malsano y con un gusto terrorífico. Cuando uno ha leído mucho de este género se puede intuir un poco el destripe (nunca mejor dicho), pero hay que reconocer que Ketchum es un artista en dar giros y vueltas que te dejan enganchado a la vez que mareado. En definitiva, te va a dejar mal cuerpo. Ya lo he adelantado antes: el autor no se corta. Allá donde algunos dicen «me he pasado», Ketchum replica: «espera, que todavía hay más».</p>
<p><em>Perdición</em> es una novela de terror magnífica. Empieza con ese suceso en el lago que ya nos deja helados, mantiene la tensión durante toda la historia y al final se vuelve obsesiva porque uno no levantará los ojos del papel hasta que la termine. Es una historia que tiende a volverse cada vez más incómoda y tétrica, pero tengo que dejar claro: todo tiene un sentido. Ketchum no es desagradable por que sí y ya está. No, todo en la novela tiene un por qué y eso es lo que mete más miedo, porque está bien desarrollado. No se llega a las escenas más violentas por el mero destino, sino que responden a ese movimiento de un delincuente que quiere librarse y un policía que hace lo que sea por atraparlo.</p>
<p>Para terminar, el libro está muy bien editado. Carfax hace un trabajo maravilloso. La traducción, en este caso de María Pérez de San Román, es genial, transmite a la perfección lo que Ketchum quería decirnos en su idioma. La tipografía es buena, siempre para no dejarnos los ojos, y, para acabar, la cubierta es arte: creada por Rafael Martín Coronel ilustra muy bien el centro de la historia y el rollo <em>pulp</em> que mencionaba. Que decir que es mucho mejor que cualquiera de las cubiertas que se le pusieron a la obra cuando apareció en 2001. Así que, sin más, enhorabuena a Carfax por la edición y felicidades por traer esta obra que me ha descubierto a un autor de estilo original, intenso y soberbio.</p>
<p>*****</p>
<p>Jack Ketchum. <span style="color: #0000ff;"><a style="color: #0000ff;" href="https://www.labibliotecadecarfax.com/libro/perdicion/" target="_blank" rel="noopener"><em>Perdición</em></a></span>, traducción de María Pérez de San Román. Madrid, La Biblioteca de Carfax, 2022, 413 páginas.</p>
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		<title>ESTO NO ESTABA EN MI LIBRO DE LA MAFIA &#8211; Giorgio Ballario</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Balbo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Aug 2026 06:00:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historias especializadas]]></category>
		<category><![CDATA[Varios]]></category>
		<category><![CDATA[Al Capone]]></category>
		<category><![CDATA[Cosa Nostra]]></category>
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					<description><![CDATA[Nota: 8 Lo mejor: Un libro histórico didáctico con el que conocer por primera vez no solo la historia de la Mafia desde sus comienzos hasta hoy en día, sino también para alejar los mitos que hay en torno a ella Lo peor: al ser un libro para un público generalista, peca de sintético en [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Nota: 8<br />
Lo mejor: Un libro histórico didáctico con el que conocer por primera vez no solo la historia de la Mafia desde sus comienzos hasta hoy en día, sino también para alejar los mitos que hay en torno a ella<br />
Lo peor: al ser un libro para un público generalista, peca de sintético en algunos momentos, quedándole al lector ganas de profundizar más (aunque eso también puede ser bueno como catapulta hacia otras lecturas)</p>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-scaled.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105219]" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-105218" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-190x300.jpg" alt="" width="100" height="158" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-190x300.jpg 190w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-647x1024.jpg 647w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-768x1215.jpg 768w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-971x1536.jpg 971w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-1295x2048.jpg 1295w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Portada-scaled.jpg 1618w" sizes="auto, (max-width: 100px) 100vw, 100px" /></a></p>
<blockquote><p>«Un hombre que no pasa tiempo con su familia nunca puede ser un hombre de verdad».<br />
<em>Don Corleone a Johnny Fontane en </em>El Padrino (1972).</p></blockquote>
<p>En torno a la creación y los hechos ocurridos durante el rodaje de <em>El Padrino</em> hay uno que a mí me llama la atención. Todos tenemos en mente la figura de Marlon Brando cuando se nos habla acerca del <em>capo di tutti capi</em> de los mafiosos; con su rosa clavada en el pecho de su impecable traje negro, misterioso a la contraluz de las persianas bajadas del despacho, susurrando palabras mientras acaricia  un gato, a la vez que concede dudosos favores en el día de la boda de su hija y a los que no se puede negar siendo la festividad de ese momento. Claramente es una imagen icónica clavada en nuestra mente y en la Historia del cine. Pues bien, la anécdota viene a que dicha figura pudo nunca existir ya que el propio Brando no estaba a gusto en la piel de don Vito Corleone, pues creía que interpretarlo era como romantizar la imagen de la Mafia y de sus integrantes, mostrándolos en algunos momentos como <em>robin hoods</em> contemporáneos.<span id="more-105219"></span></p>
<p>Y razón no le faltaba, pues desde entonces, por lo menos para el imaginario público, la película, que en un principio tanto temían los mafiosos de entonces, fascinó a millones de personas, suavizando y desvirtuando la verdadera historia existente tras esta organización criminal. Así pues, alejémonos de los focos cinematográficos, de los románticos códigos de hermandad y de los clichés que se nos han vendido sobre este grupo, y permítanme que para ello les recomiende un libro del periodista italiano Giorgio Ballario titulado <em>Eso no estaba en mi libro de la Mafia</em> (Almuzara, 2026) en el que nos narra cual fue su verdadera historia centenaria, su origen y su actual existencia, además de desmontar los mitos que giran en torno a esta organización criminal.</p>
<p>Es obvio –por no decir en roman paladino una perogrullada– que la Mafia o <em>Cosa Nostra</em> no nació con la película de <em>El Padrino</em> sino que, como bien nos indica el autor, su historia está enraizada en la antigüedad. Por un lado tenemos la aparición oficial de La Mafia en los registros escritos de la primera mitad de siglo XIX en el Reino de las Dos Sicilias, como una fuerza organizada de carácter rural que o bien actuaban como bandoleros en las zonas agrestes de Sicilia o bien eran utilizados por el poder del momento, de los terratenientes, como elemento represor por si alguien tenía la osadía de alzarse frente al poder establecido. Aun así, si escarbamos más en sus orígenes, también hay historiadores que lo retrotraen hasta la misma Edad Media como poder de la nobleza, e incluso a la mítica Garduña española proveniente de la Península Ibérica, diversificándose como mancha de aceite por toda Sicilia o por Italia con las denominaciones de, por ejemplo, `Ndrangheta (Calabria), Camorra (Campania) o la Sacra Corona Unita (Apulia). Sea una cosa u otra, ya desde la Unificación Italiana con Garibaldi (1861-1871) se conoce la existencia de la Mafia y sus acciones delictivas, y pronto fueron combatidas por las fuerzas del orden como la que realizó de forma expeditiva Cesare Mari en 1924 atacando directamente a los jefes, ejecutores y amigos que componían las distintas familias mafiosas.</p>
<p>Volviendo de nuevo a la película de Francis Ford Coppola, ya sea visionada en orden de aparición en pantalla o de forma cronológica (que gana bastante más), puede observarse cómo los pueblos sicilianos, Corleone por poner uno ellos, a finales del siglo XIX o durante el primer tercio del XX estaban bastante abandonados y empobrecidos, en algunos casos regidos por capos fuertemente armados (la imagen del entierro del padre de don Vito, Antonio Andolini, en un secarral, o las calles vacías y empinadas del pueblo de Corleone,  es un ejemplo claro de lo que señalo) pero también debido a la masiva emigración de sicilianos e italianos que buscaban una vida mejor en el extranjero. Aunque algunos emigraron a la Península y más allá de los Alpes, otros, en su gran mayoría optaron por surcar el Océano Atlántico y buscar residencia en Estados Unidos. Aunque antes debían pasar el célebre paso aduanero por la <a href="https://www.youtube.com/watch?v=xqQVD8GB5jI" target="_blank" rel="noopener">Isla de Ellis</a> –la Isla de las Lágrimas– en donde a muchos les cambiaron el <em>suo nomine</em> por el que mejor le sonaba a las autoridades fronterizas o por el topónimo de origen, y la consecuente cuarentena para los enfermos. Tras esa estadía (tres meses más o menos si habían pasado dicha cuarentena) es normal que la mayoría de la gente que ingresaba en Nueva York buscara integrarse con los suyos y en este caso residiendo en el conocido como Barrio de Little Italy. Pero a este lugar no solo acudía gente honrada buscando su oportunidad de labrarse un futuro, sino que también la Mafia supo desembarcar en Estados Unidos y expandirse no solo por la ciudad neoyorkina, sino también por otros lugares como Miami o Chicago, entre otros. Organizaciones como La Mano Negra supieron lucrarse con la emigración clandestina.</p>
<p>La influencia en Estados Unidos de la Mafia fue gradual, introduciéndose poco a poco en los resortes del poder, comenzando a destacar grandes Familias en las ciudades antes mencionadas, como por ejemplo los Bonanno, Gambino, Genovese… La Ley Volstead, comúnmente llamada <em>La Ley Seca</em> (1920-1933), hizo que la <em>Cosa Nostra</em> aumentase exponencialmente. Creció el crimen organizado y con ello el reino del terror de los gángsteres, en el que figuras prototípicas como Alphonse Gabriel Capone, Al Capone, al ritmo de los subfusiles Thompson, imponían su ley y su orden a cualquiera que quisiera comerciar al margen de sus despóticas leyes. Tanta era la influencia de la Mafia, no ya en Estados Unidos sino en Occidente, que incluso para que los ejércitos aliados actuasen y se moviesen por Sicilia o por los muelles neoyorkinos durante la Segunda Guerra Mundial, figuras como Lucky Luciano o Salvatore Giulano debían dar su aquiescencia. Pasado el conflicto militar, tras los ecos de las bombas, los tentáculos de la <em>Cosa Nostra</em> ya se extendieron por todo el mundo dándose en muchos casos auténticos conflictos con las autoridades de distintos países, sobre todo en Italia, donde las acciones contra ella eran el pan diario del país <em>azzurro</em>. Cuando el Estado intervenía, el otro Estado, el de la Mafia contraatacaba provocando auténticos atentados y matanzas, como las realizadas contra los magistrados Falcone y Borsellino en 1992, líderes del proceso de Palermo. Extorsiones, secuestros o amenazas eran comunes (y todavía lo son, por desgracia) no solo a nivel ciudadano sino también gubernamental, ejemplificando con ello el gran poder que esta organización todavía atesora. Se cree que genera unos 40.000 millones de euros anuales, y tienen unas 150.000 empresas controladas a su nombre. Y esto solo es una estimación.</p>
<p>Giorgio Ballario, en su libro <em>Eso no estaba en mi libro de la Mafia</em>, nos revela cómo es ese poder que se mueve en las sombras, tras las leyes y tras los negocios, y esclarece cuál ha sido su verdadera historia alejándola de mitos y clichés que se han ido acumulando con los años, convirtiéndola a veces en un icono pop. Aquí les recomiendo su último capítulo, en el que nos narra cómo es hoy la Mafia en la sociedad, la literatura, el cine y la televisión e incluso en el <em>merchandising</em> que lo convierte en ocasiones en productos de lo más <em>cool</em>. Este ensayo pone el foco en que, más allá de la película <em>El Padrino</em>, la Mafia sigue siendo una fuerza poderosa, intimidante, mayoritariamente muy rica, olvidándonos ya de aquellos rústicos pastores de boina calada y lupara con olor a pólvora que asolaban los montes sicilianos, y en la que de verdad impera un férreo secretismo trufado de arcanos códigos como <em>La Omertá</em>. No hay tentáculo al que no llegue la Mafia: narcotráfico, apuestas clandestinas, juegos de azar y usura, tráfico de armas y personas, prostitución, contrabando, blanqueo de empresas y capitales, eliminación ilegal de residuos (recuérdese a Tony el Gordo en <em>Los Simpson</em>), compra de diputados de partidos políticos e incluso alteración de los resultados de los partidos de futbol, una de las religiones italianas por excelencia. Como decía, los mafiosos ahora manejan millones, viajan por medio mundo en aviones privados o flamantes coches de marca y no dudan en actuar en cualquier lugar donde puedan obtener un beneficio. Les invito a conocer la historia de la Mafia, desde sus orígenes hasta la actualidad y los resortes que manejan, sus anécdotas más negras y todo aquello que la ha convertido en la mítica banda criminal que creemos conocer.</p>
<p><em>Buona lettura.</em></p>
<p>*****</p>
<p>Giorgio Ballario, <a href="https://almuzaralibros.com/fichalibro.php?libro=12315&amp;edi=6" target="_blank" rel="noopener"><em>Eso no estaba en mi libro de la Mafia</em></a>, traducción de Alberto Díaz-Villaseñor Cabrera. Córdoba, Almuzara, 2026, 302 páginas.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>EL PINTOR DE ICONOS &#8211; Joaquín Alonso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Valeria]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Aug 2026 06:00:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Novela histórica]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
		<category><![CDATA[crisis iconoclasta]]></category>
		<category><![CDATA[Imperio Bizantino]]></category>
		<category><![CDATA[Joaquín Alonso Vigil]]></category>
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					<description><![CDATA[Puntuación: 7.5 Lo más positivo: &#8211; Un complejo escenario histórico poco frecuentado en el género: la Crisis Iconoclasta que tuvo lugar en el Imperio Bizantino. &#8211; Unos personajes convincentes, coherentes e integrados en la historia. Lo menos positivo: &#8211; La historia se desarrolla de manera sosegada y extraordinariamente detallista al inicio del libro, pero los acontecimientos [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Puntuación: 7.5<br />
Lo más positivo:<br />
&#8211; Un complejo escenario histórico poco frecuentado en el género: la Crisis Iconoclasta que tuvo lugar en el Imperio Bizantino.<br />
&#8211; Unos personajes convincentes, coherentes e integrados en la historia.<br />
Lo menos positivo:<br />
&#8211; La historia se desarrolla de manera sosegada y extraordinariamente detallista al inicio del libro, pero los acontecimientos del final avanzan extraordinariamente  veloces.<br />
&#8211; Algunos términos en cursiva hubiesen requerido de alguna nota al pie o una nota final.</p>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/07/EL-PINTOR-DE-ICONOS.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-107065]" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-107064" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/07/EL-PINTOR-DE-ICONOS-196x300.jpg" alt="" width="100" height="153" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/07/EL-PINTOR-DE-ICONOS-196x300.jpg 196w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/07/EL-PINTOR-DE-ICONOS-668x1024.jpg 668w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/07/EL-PINTOR-DE-ICONOS-768x1177.jpg 768w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/07/EL-PINTOR-DE-ICONOS.jpg 783w" sizes="auto, (max-width: 100px) 100vw, 100px" /></a>En el Imperio bizantino, entre los siglos VIII y IX, tuvo lugar un episodio histórico tan trascendental como poco conocido: la llamada Crisis Iconoclasta. El emperador León III prohibió la creación y la veneración de imágenes sagradas, una medida que, con distintas intensidades, se mantuvo hasta el Segundo Concilio de Nicea. A lo largo de ese tiempo, la controversia atravesó dos grandes etapas de especial virulencia, separadas por un breve período de relativa tolerancia.</p>
<p>Aquella prohibición dividió a la sociedad bizantina entre <em>iconoclastas</em>, partidarios de destruir las imágenes religiosas, e <em>iconódulos</em>, defensores de su veneración. La decisión,  que en un principio respondió más a una reacción política y supersticiosa del emperador que a una auténtica convicción teológica, terminó generando un intenso debate doctrinal. Para los iconoclastas, representar a Cristo suponía una idolatría, pues consideraban imposible separar su naturaleza humana de la divina, y solo la primera podía plasmarse en una imagen. Los iconódulos, por el contrario, sostenían que la Encarnación legitimaba esa representación: si Dios se había hecho hombre, también podía ser pintado. La supervivencia de los iconos dependió entonces de una discreta red de monasterios cuyos monjes continuaron pintándolos y distribuyéndolos en secreto, aun a riesgo de sufrir prisión, destierro o muerte, además de la confiscación de los bienes del monasterio o incluso su destrucción. <span id="more-107065"></span></p>
<p>Es en ese contexto de tensión religiosa donde se sitúa la novela. Durante el reinado del emperador Teófilo, nieto de León III, el enfrentamiento entre iconoclastas e iconódulos coincidía además con la guerra que el Imperio bizantino mantenía contra el califato abasí de Bagdad por el control del Mediterráneo oriental. Ese complejo y la vez exótico escenario histórico, poco frecuentado por la novela histórica, constituye uno de los principales atractivos de la obra.</p>
<p>Los protagonistas de la novela son dos hermanos huérfanos acogidos en el monasterio de San Anastario de Constantinopla: Alexios y Bartolomé. Desde muy joven, Alexios siente que la vida monacal no está hecha para él y sueña con una existencia de aventuras, alimentada por los relatos de un viejo soldado borrachín al que escucha cada vez que consigue salir –o escaparse– del monasterio. Bartolomé, en cambio, encuentra su lugar entre los libros y descubre una inesperada vocación artística, aprendiendo en secreto el oficio de pintar iconos junto a un anciano monje que, de manera subrepticia, sigue manteniendo la tradición pictórica del monasterio. Uno anhela conquistar el mundo, el otro parece destinado a una vida de clausura.</p>
<p>Alexios abandonará el monasterio convencido de que alcanzará la gloria militar, aunque pronto comprobará que los sueños son más fáciles de imaginar que de realizar. Bartolomé, por su parte, verá cómo una travesura infantil acaba alterando por completo el rumbo de su vida.</p>
<p>La complejidad religiosa, social y política de este período histórico puede provocar un ligero desconcierto al lector en las primeras páginas, hasta que se sitúa y se habitúa a términos y a personajes históricos (en mi caso) poco conocidos, aunque el interés que despiertan los personajes y el mundo que habitan permite superar ese momento inicial. También hay combates y batallas en la novela, pero no son objeto de una atención narrativa especial. El verdadero centro de la historia reside en la evolución de sus protagonistas y en la forma en que los acontecimientos históricos y sus propias decisiones moldean sus vidas.</p>
<p>El autor consigue en algunos pasajes una prosa de notable fuerza evocadora y un tono casi poético que contribuye a recrear la espiritualidad y la belleza del universo bizantino. Solo en el tramo final la narración parece acelerarse en exceso: acontecimientos que habrían agradecido un desarrollo más pausado se suceden con una rapidez que contrasta con el ritmo sereno y detallista predominante en el inicio.</p>
<p>La combinación de rigor histórico, personajes bien construidos y un escenario insólito convierte la lectura en una propuesta atractiva para quienes buscan algo diferente dentro de la novela histórica, y para amantes de la historia de Bizancio.</p>
<p>Esta novela fue una de las cuatro novelas finalistas de la XIV edición del Premio de Novela Histórica «Ciudad de Úbeda», en 2025.</p>
<p>*****</p>
<p>Joaquín Alonso, <a href="https://edicionespamies.com/libros/el-pintor-de-iconos/" target="_blank" rel="noopener"><em>El</em><em> pin</em><em>tor</em></a><em> de iconos. </em>Madrid, Ediciones Pàmies, 2026, 400 páginas.</p>
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