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	<title>Hislibris &#8211; Libros de Historia, libros con Historia</title>
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	<description>Libros de Historia. Libros con Historia.</description>
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	<title>Hislibris &#8211; Libros de Historia, libros con Historia</title>
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		<title>LA MARIPOSA NEGRA – Radu Paraschivescu</title>
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		<dc:creator><![CDATA[cavilius]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Apr 2026 11:00:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Novela histórica]]></category>
		<category><![CDATA[Caravaggio]]></category>
		<category><![CDATA[Radu Paraschivescu]]></category>
		<category><![CDATA[Roma]]></category>
		<category><![CDATA[siglo XVI]]></category>
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					<description><![CDATA[Y así, proseguí con mi vida, con todo lo bueno y lo malo: peleas y reconciliaciones, borracheras y amores, duelos y caricias, terribles broncas y soledades no menos crueles. Me pegué y pinté, me reí y maldije a raudales, fui de cama en cama y de calabozo en calabozo. Me granjeé el doble de enemigos [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Y así, proseguí con mi vida, con todo lo bueno y lo malo: peleas y reconciliaciones, borracheras y amores, duelos y caricias, terribles broncas y soledades no menos crueles. Me pegué y pinté, me reí y maldije a raudales, fui de cama en cama y de calabozo en calabozo. Me granjeé el doble de enemigos que de amigos.</p></blockquote>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/LA-MARIPOSA-NEGRA-Radu-Paraschivescu.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105174]"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-105173 alignleft" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/LA-MARIPOSA-NEGRA-Radu-Paraschivescu-198x300.jpg" alt="" width="200" height="302" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/LA-MARIPOSA-NEGRA-Radu-Paraschivescu-198x300.jpg 198w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/LA-MARIPOSA-NEGRA-Radu-Paraschivescu-677x1024.jpg 677w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/LA-MARIPOSA-NEGRA-Radu-Paraschivescu-768x1161.jpg 768w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/LA-MARIPOSA-NEGRA-Radu-Paraschivescu.jpg 898w" sizes="(max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>Hay novelas que se leen con una mezcla de deleite y asombro: gustan, se disfrutan y al mismo tiempo se nota que se está ante un libro que se va a recordar durante años. <em>La mariposa negra</em>, de Radu Paraschivescu, pertenece justo a esa categoría. Es una obra cuidada, con momentos muy logrados, un protagonista potente y un trabajo de documentación impresionante. Qué más se puede pedir. ¿Tal ver la extensión justa? Pues también la tiene. Cuando llega el momento del final, cuando la historia ha dado todo de sí, cuando se corre el riesgo de la repetición, de caer en la monotonía o la pesadez, la novela termina. Es como retirarse cuando se ha llegado a la cumbre, y eso hay que saber hacerlo.<span id="more-105174"></span></p>
<p>La premisa es atractiva: contar la vida de Michelangelo Merisi. Para quien no lo sepa, se trata del famoso pintor Caravaggio, nacido en Milán en 1571 y muerto tan solo 38 años después en la pequeña localidad costera de Porto Ércole, en la Toscana. En la novela se le llama Merisi o Miche, y su historia se nos revela desde dentro y desde fuera. Desde dentro a través de una conversación interior en forma de larga carta imaginaria dirigida a su maestro Simone; desde fuera mediante un narrador omnisciente que reconstruye la Roma de su tiempo con una minuciosidad casi maniática. Esa doble vía es uno de los grandes aciertos de la novela, porque permite combinar la confesión íntima con el fresco histórico, la voz personal con la panorámica. La mirada interior con la exterior.</p>
<p>La carta de Merisi es, seguramente, la parte más viva del libro. Ahí el pintor habla en primera persona, sin filtros, con un tono que mezcla la fanfarronería, la autocrítica, el humor negro y una melancolía que asoma de vez en cuando. Cuenta sus peleas, sus borracheras, sus amores, sus duelos, sus estancias en la cárcel de Tor di Nona, el crimen que cometió, sus huidas, sus encargos, sus relaciones con los modelos que utilizó para sus pinturas —como la joven Fillide, que aparece con una luz muy particular—, sus broncas con medio mundo y su incapacidad para quedarse quieto. Un hombre que vive al límite, que se equivoca, que no sabe rebajar el tono ni cuando le convendría, pero que tiene una energía creativa que arrasa con todo. En esos pasajes, la novela se lee casi de un tirón. La voz de Merisi suena creíble y no cae en la solemnidad. No se presenta como un genio incomprendido, sino como un hombre con talento y mal carácter, con un orgullo enorme y una vida bastante desastrosa.</p>
<p>El otro hilo, el del narrador omnisciente, es muy ambicioso y también más irregular. Paraschivescu se propone retratar la Roma de finales del XVI y principios del XVII con un nivel de detalle que a veces roza lo enciclopédico. Y lo cierto es que el resultado es magnífico: la ciudad aparece como un organismo vivo, y el retrato de Roma se convierte en uno de los grandes atractivos del libro. La ciudad no es un simple decorado, sino un personaje más, con sus propias pulsiones: violenta, supersticiosa, bulliciosa, miserable y espléndida a la vez. Aparecen desde papas como Pablo V, hasta prostitutas. Esa mezcla de alturas y bajos fondos encaja muy bien con la figura de Merisi.</p>
<p>También alcanza ese grado de desmenuzamiento numerosas pinturas del artista, que son tema de conversación de unos y otros: en ese intercambio de palabras se enmascara un análisis profundo de las obras, encajándolas en su contexto social, mundanizándolas y haciéndolas de ese modo más vivas y reales:</p>
<blockquote><p>–¿Qué te parece? –preguntó el mercader, apuntando con el dedo hacia la <em>Crucifixión</em>. Tomassoni soltó un tenue bufido.<br />
–Los conozco a todos –dijo él–. Dos son de mi calle. El de la túnica roja hace pan y el otro, el de los pantalones verdes y camisa amarilla, se dedicaba a arrancar dientes con tenazas. Estos son los verdugos del santo: el panadero y el sacamuelas. Además de un pordiosero que se gana la vida debajo del puente Sant&#8217;Angelo.<br />
–¿Y el santo? ¿Quién es el santo?<br />
–¿Pues quién va a ser? El viejo Azeglio, el hermano del boticario.</p></blockquote>
<p>Ese es otro punto fuerte de la novela: la manera en que el autor habla de pintura sin volverse pedante. A veces parece que estemos leyendo un ensayo sobre Caravaggio, pero el tono se mantiene lo bastante ligero como para que no se convierta en una clase magistral. Ayuda mucho que el volumen incluya reproducciones de las obras mencionadas: poder ver los cuadros mientras se habla de ellos hace que las descripciones cobren sentido y que el lector pueda comprobar por sí mismo lo que el texto señala.</p>
<p>Ahora bien, esa misma vocación de historiador que tanto aporta en algunos momentos, en otros se le vuelve un poco en contra al autor. Hay pasajes en los que la acumulación de datos ralentiza el ritmo. No es que sean aburridos, porque están bien escritos y se nota que el autor sabe de lo que habla, pero sí dan la sensación de que la novela se detiene a explicarse a sí misma. El lector interesado en la época lo agradecerá; quien busque una narración más ágil quizá sienta que la historia se espesa un poco más de la cuenta.</p>
<p>La traducción de Rafael Pisot merece un aplauso. No soy ducho en esto de detectar buenas o malas traducciones, pero en este caso creo no errar: traducir del rumano al castellano y que el resultado parezca una novela escrita en nuestro idioma, tiene un mérito enorme.: «erre que erre», «salir escaldado», «qué mosca te ha picado», «traer por la calle de la amargura», «hacer sudar la gota gorda» y otras muchas, son expresiones y modismos muy españoles y aparecen  en la novela con frecuencia y sin chirriar. Eso plantea una duda interesante: o bien el rumano tiene un amplio repertorio de modismos y el traductor ha encontrado equivalencias perfectas, o bien Pisot ha hecho un trabajo de recreación que va más allá de la traducción literal. En cualquier caso, el resultado es muy satisfactorio: el libro se lee con fluidez pasmosa.</p>
<p>En resumen, <em>La mariposa negra</em> es una novela que se lee con interés y agrado, que ofrece un retrato sólido de Michelangelo Merisi, Caravaggio, y de la Roma de su tiempo, y que permite pasar unas horas en compañía de una buena historia y un gran pintor. Más que suficiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>*****</strong></p>
<p>Radu Paraschivescu, <em><a href="https://omenlibros.com/producto/la-mariposa-negra/" target="_blank" rel="noopener">La mariposa negra</a></em>. Traducción de Rafael Pisot. Madrid, Omen Ediciones, 2026, 218 págs.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>A ORILLAS DEL RUBICÓN &#8211; Francisco Uría y José Luis Hernández Garvi</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Balbo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Apr 2026 06:00:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia de Roma]]></category>
		<category><![CDATA[Novela histórica]]></category>
		<category><![CDATA[Julio César]]></category>
		<category><![CDATA[Roma]]></category>
		<category><![CDATA[Rubicón]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/12/Portada-A-orillas-del-Rubicon.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-103736]" target="_blank" rel="noopener"><img decoding="async" class="alignleft wp-image-103735" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/12/Portada-A-orillas-del-Rubicon-177x300.jpg" alt="" width="200" height="339" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/12/Portada-A-orillas-del-Rubicon-177x300.jpg 177w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/12/Portada-A-orillas-del-Rubicon-604x1024.jpg 604w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/12/Portada-A-orillas-del-Rubicon-768x1302.jpg 768w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/12/Portada-A-orillas-del-Rubicon-906x1536.jpg 906w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/12/Portada-A-orillas-del-Rubicon-1208x2048.jpg 1208w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/12/Portada-A-orillas-del-Rubicon.jpg 1438w" sizes="(max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>Roma, al final de la República, era un estado en franca descomposición. Un juguete en manos de codiciosos senadores y generales salva patrias que tras años de guerras intestinas habían terminado por roer sus raíces sin ningún pudor. Y a eso, de la misma manera, habría que sumar que la República era ya un sistema desfasado, bueno en otros tiempos pero que se quedaba pequeño para una Roma que por entonces daba claros síntomas de ser un futuro imperio. Por tanto las costuras se le rompían por todos los lados y los romanos, que veían estos signos de crisis, se agarraban como a un clavo ardiendo al triunvirato que les gobernaba en ese momento formado por Pompeyo Magno, el ambicioso Craso y el conquistador Cayo Julio Cesar. Aun así las tensiones entre estos tres gigantes eran claras y todo acabó por estallar con la muerte de Craso en Carras, en la lejana Partia, en el 53 a.C. Ya solo quedaban Pompeyo y César frente a frente, dos enormes carneros a punto de darse de topetazos y en medio los sufridos romanos que iban a ser sacrificados en uno u otro bando.<span id="more-103736"></span></p>
<p>Al saberse la muerte de Craso ambos, César y Pompeyo, se encontraban en lugares distintos. Pompeyo en Roma al mando de la maquinaria gubernamental, controlando el Senado y todos sus resortes, mientras que César se hallaba en la Galia, solo y al mando de sus propias legiones. Es por ello que el Senado, temeroso de ello, le conminó, entre otras cosas, a presentarse en solitario, dejar el cargo de procónsul y licenciar a sus tropas. Claro está César no aceptaba estas condiciones tan draconianas y se sentía además resentido porque no le habían ofrecido un triunfo, que bien se lo merecía. Solo había dos cosas que le impelían a coger sus legiones y marchar sobre Roma: el bloqueo institucional al que estaba sometido el propio Senado gracias a sus colaboradores Antonio y Casio y, curiosamente, un accidente geográfico y simbólico, el rio Rubicón (más bien arroyo) que ejercía de frontera natural entre la Galia Cisalpina e Italia. Quien traspasara este lugar junto con sus tropas sería considerado rebelde, perseguido y ejecutado. Se cree que César dudó unos días en si cruzarlo o no, en si Jugárselo todo a los dados de la diosa Fortuna o acatar las órdenes del Senado controlado por los pompeyanos Esos días de <em>inpass</em>, de bisagra histórica, de decisiones que iban a marcar el rumbo de la Historia, son el núcleo central de la novela histórica que humildemente les presento: <em>A orillas del Rubicón</em>, escrito a cuatro manos por Francisco Uría y José Luis Hernández Garvi (Almuzara, 2022)</p>
<p>El estilo en que está escrita esta novela histórica es epistolar pues para el argumento que trata y las intimidades que muestran los personajes se ajustan perfectamente. Como indicaba en los párrafos anteriores nuestra novela se centra en el preciso  momento en que Julio César, junto con sus leales legiones, llega a las inmediaciones que delimitan la provincia de la Galia Cisalpina, es decir el río Rubicón. Allí, al calor de su tienda –estamos en lo más crudo del Invierno – y de la diligente mano de un copista, al arrullo del cercano río, decide escribir a su antiguo maestro Manio Attelus, ya retirado, anciano y viejo, para que le asesore acerca del paso que va a realizar, es decir si salvar a la república romana de las garras de los codiciosos senadores que están siendo manipulados por Pompeyo y sus correligionarios, o bien entregarse como un cordero ante la benevolencia de los magistrados que le piden que abandone a sus tropas y que le niegan cualquier triunfo aunque haya expandido los territorios romanos hasta las mismas costas de la brumosa y misteriosa Britania. A partir de aquí comienza una serie de cartas cruzadas no solo entre Cesar y su maestro sino también entre las distintas facciones en liza con la que conoceremos cómo se encuentra Roma en ese momento, los personajes principales del momento, sus anhelos y sus miedos, y sobre todo los dobles y triples juegos que vemos surgir entre los bandos que reciben y envían cartas en tan critico momento.</p>
<p>Y es que en esta breve novela histórica no es oro todo lo que reluce. Al principio, en mi caso, y sobre todo observando lo correctas y educadas que eran las primeras cartas llegué a pensar que le faltaba calado al tema ya que es muy conocido, pero llegó un momento en que esas cartas tan versallescas comienzan a agriarse llegando a dar un vuelco en cierto punto, una sorpresa, que uno no se espera y que hace que el lector no pueda despegarse del libro para saber quién dice la verdad, quién manipula a quién, quién es sincero y quién realmente quiere salvar a la dichosa Roma. Y es que <em>A orillas del Rubicón</em>, aunque es deudora de la magnífica obra de Thorton Wilder, <em>Los idus de Marzo</em>, tiene –por lo menos para mí – un componente de juego pues muchos personajes se mueven como agentes dobles de uno u otro lado, diciendo la verdad o vendiéndose al mejor postor, siendo fieles a su amo o sopesando otras posibilidades más rentables y que se anuncian en la futura guerra fratricida. Y así hasta llegar al final el cual, ojo avizor, tiene algo inesperado. Por las páginas de esta novela histórica, por las cartas que circulan a la velocidad de uña de caballo, pasan grandes personajes de la historia de Roma: Cesar, Pompeyo, Cicerón… pero también asesinos a sueldo, centuriones traidores, soldados fieles, abnegados libertos, todo un abanico con el que conocer este momento histórico a través de sus labios.</p>
<p>En mi opinión, y concluyendo esta reseña, hay veces que es más gratificante hallar un libro y que te entretenga de principio a fin siendo totalmente desconocido, a pasar un buen rato con otro que a sabiendas ya sabías que te va a gustar. Pues es lo que me ha pasado con <em>A orillas del Rubicón</em>, que a pesar de que al principio tenía una trama epistolar un tanto trillada poco a poco va girando hacia un juego de mascaras del que es difícil sustraerse. El lenguaje y los diálogos están muy bien construidos, ágiles, con pullas políticas continuas, y sobre todo recreando un mundo que está a punto de terminar y en el que los personajes se retratan a sí mismos con sus palabras ofreciendo al lector sus pensamientos más íntimos a la vez que corruptos con los que intentan justificar cualquier medio con el que llegar al poder absoluto. Sea el Primer Hombre de Roma. <em>Alea jacta est</em>.</p>
<p>*****</p>
<p>Francisco Uría y José Luis Hernández Garvi, <em><a href="https://almuzaralibros.com/fichalibro.php?libro=6543&amp;edi=2" target="_blank" rel="noopener">A orillas del Rubicón</a>.</em> Córdoba, Almuzara, 2022, 176 páginas.</p>
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		<title>ATLAS MITOLÓGICO DE GRECIA – Pedro Olalla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[cavilius]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Apr 2026 06:00:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia de Grecia]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura de viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Mitología]]></category>
		<category><![CDATA[geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>
		<category><![CDATA[mitología]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Olalla]]></category>
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					<description><![CDATA[En otros lugares, las montañas son solo montañas, los ríos solo ríos, las cuevas solo cuevas; y, en Grecia, sin embargo, cada montaña, cada río, cada cueva, cada rincón de su paisaje es el escenario de un mito, de una de las historias más antiguas de nuestra civilización. Dice Pedro Olalla, y yo le creo, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>En otros lugares, las montañas son solo montañas, los ríos solo ríos, las cuevas solo cuevas; y, en Grecia, sin embargo, cada montaña, cada río, cada cueva, cada rincón de su paisaje es el escenario de un mito, de una de las historias más antiguas de nuestra civilización.</p></blockquote>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/PEDRO-OLALLA-Atlas-Mitologico-de-Grecia.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105328]"><img decoding="async" class="wp-image-105327 alignleft" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/PEDRO-OLALLA-Atlas-Mitologico-de-Grecia-205x300.jpg" alt="" width="200" height="293" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/PEDRO-OLALLA-Atlas-Mitologico-de-Grecia-205x300.jpg 205w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/PEDRO-OLALLA-Atlas-Mitologico-de-Grecia-698x1024.jpg 698w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/PEDRO-OLALLA-Atlas-Mitologico-de-Grecia-768x1127.jpg 768w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/PEDRO-OLALLA-Atlas-Mitologico-de-Grecia.jpg 938w" sizes="(max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>Dice Pedro Olalla, y yo le creo, que no hay un solo mito griego que pueda ser narrado sin referencia a una montaña o a una fuente, a un río, a una colina, a una gruta o a algún otro elemento geográfico. Parece entonces inconcebible que de entre los abundantísimos libros que existen sobre mitología griega, tantos que casi constituyen un género en sí mismo, ninguno que yo conozca venga acompañado de mapas, localizaciones geográficas, indicaciones cartográficas, imágenes siquiera del monte donde Zeus fue amamantado por la cabra Amaltea; del río junto al que Apolo desoyó y desolló las súplicas y el pellejo, respectivamente, de Marsias, por retarle a un duelo musical; o de la cueva donde Heracles mató a un enorme león que aterrorizaba toda la comarca.<span id="more-105328"></span></p>
<p>Esta carencia se ha mantenido (que se sepa) durante centurias hasta el advenimiento del siglo XXI, cuando en el primer año del nuevo milenio vio la luz un libro absolutamente inconmensurable: el <em>Atlas Mitológico de Grecia</em>. En esa soberbia obra se daban cita la mitología y la cartografía, los mapas y los mitos, los dioses, semidioses, héroes y seres legendarios, y los ríos, montes, cuevas, bosques y llanuras del universo griego. La obra era de una magnitud sobrecogedora: no solo aparecían cientos de personajes y lugares, sino que también estaban descritos los mitos a través de los cuales unos y otros entran en relación. Y no solo esto: esa información, de dimensiones enciclopédicas, se completaba con referencias exactas a los textos de la antigüedad en los que se mencionan esos mitos. El esfuerzo se intuye, entonces y ahora, abrumador, colosal, sobrehumano: un trabajo digno de añadirse a la lista de los doce que tuvo que llevar a cabo Heracles en penitencia por matar a su familia en un acceso de ira. ¿Y quién fue capaz de tamaña hazaña, que es casi un mito en sí misma? El perfil que más se adecuaría sería acaso el de un griego de mente aristotélica, buen conocedor de su tierra, de sus mitos y su geografía, de edad provecta, mente aguda y vasta experiencia. Pero no: el <em>Atlas Mitológico de Grecia</em> lo hizo realidad un ovetense de 35 años llamado Pedro.</p>
<p>Pedro Olalla González de la Vega no solo tiene aspecto de griego, sino que piensa, seguro, como un griego. Como uno de los de antes, de los de hace dos mil quinientos años. Cada frase que pronuncia o escribe destila un profundo amor por Grecia y por lo griego, amén de derrochar un vastísimo conocimiento de la historia y cultura helenas. No hace falta abundar en su biografía, de la cual se dieron algunas pinceladas en la reseña que hace un tiempo se hizo de su <a href="https://hislibris.com/palabras-del-egeo-el-mar-la-lengua-y-los-albores-de-la-civilizacion-pedro-olalla/" target="_blank" rel="noopener"><em>Palabras del Egeo</em></a>. Sí diré que en 1994 se fue a vivir a Atenas, cargó en una furgoneta de segunda mano los libros de los principales autores clásicos, griegos y latinos, y provisto de una brújula se dedicó a recorrer la geografía griega para poder escribir ese atlas de mitología que nació siete años después. A nosotros, mentes perezosas y acomodadas del siglo XXI, se nos antoja imposible la realización de una obra de tal envergadura sin el apoyo de internet o de un mísero sistema de GPS. Y sin embargo, ahí está. Honró aquella edición escribiendo el prólogo el periodista y viajero español Javier Reverte: allí alabó la obra por poseer «rigor, duración en el tiempo, perfume de historia y perfume de viaje». Como mortal que fue, el viajero Reverte emprendió su inevitable travesía hacia la pradera de los Asfódelos y los Campos Elíseos en 2020, y los libros de su biblioteca personal también iniciaron su particular periplo: al año siguiente podían encontrarse, doy fe, en las casetas de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Barcelona a precio de saldo, con la rúbrica del propio Reverte en sus primeras páginas. <em>Sic transit gloria mundi</em>. Es probable que su ejemplar del atlas mitológico corriera la misma suerte que sus compañeros de balda.</p>
<p>El caso es que el libro de Pedro Olalla se convirtió rápidamente en una especie de incunable, buscado y ansiado por todo aficionado, todo apasionado, todo interesado en los mitos de los helenos. Quienes no lograron hacerse con un ejemplar a tiempo se vieron abocados al pantano del mercado de libros de segunda mano, en el que algún <em>Atlas</em> emergía de vez en cuando a precio cada vez más astronómico. El autor de estas líneas tardó bastante tiempo en conseguir un ejemplar, pero finalmente lo logró y lo colocó en el lugar que le tenía reservado desde hacía lustros: junto a la <em>Mitología clásica</em> de Antonio Ruiz de Elvira, manual denso pero completísimo; también junto al clásico <em>Diccionario de mitología griega y romana</em> de Pierre Grimal y al recurrente <em>Diccionario de mitología clásica</em> de Falcón, Fernández Galiano y López Melero. Junto a <em>La mitología</em> de la alemana Edith Hamilton, a los libros de William Hansen, de Jean-Pierre Vernant, de Bernardo Souviron, de Carlos García Gual, y también junto a la excelente <em>Mitología clásica</em> de Mario Agudo y el grueso <em>Diccionario de Mitología Universal</em> de Giuseppina Sechi Mestica. Junto a los pequeños <em>Los dioses de Grecia</em> de Walter Otto y <em>Mitos griegos</em> de Jünger; junto al voluminoso y riquísimo <em>El gran libro de la mitología griega</em> de Robin Hard, a los tres tomos de la <em>Mitología Clásica Ilustrada</em> de Otto Seemann, a los libros sobre mitos griegos, el grande y el pequeño, de Robert Graves. Junto a la <em>Mitología</em> de Natale Conti escrita en el siglo XVI y recuperada por la Universidad de Murcia, y junto a los dos magníficos libros de Karl Kerényi, uno sobre dioses y otro sobre héroes. En medio de todos ellos y algunos más, rodeado por esos libros en ninguno de los cuales hay nada parecido a la riqueza geocartográfica que el <em>Atlas Mitológico de Grecia</em> proporciona, el libro de Pedro Olalla ocupó su lugar.</p>
<p>La demanda era, me consta, mucha, y la escasa oferta se cotizaba como el oro. El clamor era evidente: si hay libros que merecen una reedición, este lo es. Y por fin, veinticinco años después de su publicación, estamos de enhorabuena porque el <em>Atlas mitológico de Grecia</em> ha vuelto a nacer. Ha sido de la mano de Eclecta, una jovencísima editorial catalana (apenas tiene unos meses de vida) que se ha marcado como objetivo publicar obras escogidas, bien seleccionadas y de calidad. Y no podían haber hecho mejor elección. En esta nueva edición acompaña al prólogo de Javier Reverte el de Mario Agudo, periodista y escritor helenófilo que cuenta en su haber con obras como la antes citada <em>Mitología clásica</em>, <a href="https://hislibris.com/atenas-el-lejano-eco-de-las-piedras-mario-agudo-villanueva/" target="_blank" rel="noopener"><em>Atenas, el lejano eco de las piedras</em></a>, <a href="https://hislibris.com/el-bestiario-de-las-catedrales-mario-agudo-villanueva/" target="_blank" rel="noopener"><em>El bestiario de las catedrales</em></a> o <a href="https://hislibris.com/filipo-de-macedonia-mario-agudo-villanueva/" target="_blank" rel="noopener"><em>Filipo de Macedonia</em></a>. Y si el libro que se publicó en 2001 se antojaba difícil de superar, la edición de 2026 se ha propuesto mejorarlo incorporando algunos cambios en la estructura y organización de la información. Unos cambios que benefician la fluidez narrativa para quien busque en él una lectura literaria, y favorecen su utilización como guía de viajes para quien planee servirse de él y zambullirse en la mítica geografía griega.</p>
<p>En cuanto al aparato cartográfico, el nuevo atlas incorpora las coordenadas GMS de todos los lugares mencionados, para que puedan ser localizados sin posibilidad de error. Los más de 50 enormes mapas que incluía el atlas de 2001, semejantes a los de una guía de carreteras, se han simplificado en aras de la claridad: la geografía griega ahora queda recogida en 12 grandes mapas esquemáticos sin otra leyenda que los lugares referidos en el contenido del libro. Menos mapas, mayor eficacia cartográfica. Además, cada lugar del mapa va señalizado con una numeración que indica  su estado de conservación. Por otro lado, a lo largo de todo el libro hay un gran número de fotografías en blanco y negro (menos, eso sí, que en la primera edición), todas ellas obra del autor, quien, por si no fuera suficiente, también es un excelente fotógrafo.</p>
<p>Pero el cambio fundamental está en la organización del texto: la ordenación de los contenidos en 2001 se regía, por exigencia editorial, de acuerdo con el alfabeto griego, lo cual no fue una buena noticia para los lectores españoles (por decir lo más obvio, la última letra del alfabeto griego no es la Z de Zagreo o Zeus, sino la omega, Ω, de Orión). La ordenación actual obedece en cambio a la afinidad temática y cronológica de los personajes, lo cual aporta continuidad narrativa en el texto y rehúye el formato enciclopédico de 2001. Así, los tres primeros capítulos están dedicados a las divinidades principales, a las secundarias y a los semidioses, y a continuación siguen siete capítulos dedicados a los linajes más importantes de la mitología griega: la Casa de Ínaco, la Casa de Deucalión, la Casa de Cécrope… A continuación hay un capítulo final en el que tienen cabida otros personajes que no han hallado encaje en las páginas precedentes, y cierran el libro los anexos: mapas, índice de personajes (más de 900), de lugares y de fuentes antiguas utilizadas. Estos anexos son, ahora más que nunca, utilísimos para localizar topónimos y seres mitológicos en el interior del libro. Todo este esfuerzo clarificador ha supuesto que el atlas crezca en al menos un tercio con respecto a la primera edición.</p>
<p>Pocas veces la publicación de un libro ha despertado tanto entusiasmo en este humilde reseñador. Por eso, y ya para terminar, no puedo evitar mencionar el póster que, si en la edición anterior estaba integrado en las tripas del libro, ahora se halla impreso en la parte interior de la sobrecubierta, semioculto como un luminoso tesoro que ha de ser encontrado. El magnífico desplegable de 62,5 x 48,5cm. incluye el árbol genealógico de los dioses y héroes griegos, agrupados precisamente por los linajes en que está estructurado el libro. Un índice visual que bien merecería lucir en los axones del ágora de Atenas.</p>
<p>El <a href="https://youtu.be/tt771sEkChg?si=9JHW1c8yvFqGhDFi" target="_blank" rel="noopener"><em>Atlas mitológico de Grecia</em></a> de ese Pausanias del siglo XXI que es Pedro Olalla, reencarnación de Estrabón y Apolodoro en una sola persona, ha de tener larga vida. Se me antoja un libro que honraría cualquier estantería, por su buena planta exterior y por la riqueza que contienen sus páginas. Ideal para viajeros que quieran ir, y volver, y regresar una y otra vez a Grecia y conocer sus ríos y montañas a través de los mitos. También, sobre todo, para helenófilos de pro y amantes de lo griego en cualquiera de sus manifestaciones; a ellos este libro ha de resultarles indispensable. Pero también, seguro, para despertar el interés de quienes aún lo tienen dormitando en su interior, y que aún no son conscientes de aquello que dijo Goethe: que todos somos, cada uno a nuestra manera, griegos. Y que descubrir los mitos no es otra cosa que descubrir una pequeña parte de nosotros mismos.</p>
<p><strong>*****</strong></p>
<p>Pedro Olalla, <a href="https://eclectaeditorial.com/" target="_blank" rel="noopener"><em>Atlas mitológico de Grecia</em></a>. Barcelona, Eclecta Editorial, 2026, 670 págs.</p>
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		<title>CIUDADES DEL MUNDO ANTIGUO y PALACIOS IMPERIALES DE LA ROMA ANTIGUA &#8211; Jean-Claude Golvin et alii</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Farsalia]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Mar 2026 06:00:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arqueología]]></category>
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					<description><![CDATA[Arquitecto de oficio, Jean-Claude Golvin es autor de ocho libros, en colaboración con varios arqueólogos, en los que se plantea “evocar” en el lector la imagen de lugares de los que existen algunas ruinas (en el mejor de los casos) o sobre los cuales han surgido ciudades medievales y modernas. En Desperta Ferro Ediciones se [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Arquitecto de oficio, Jean-Claude Golvin es autor de ocho libros, en colaboración con varios arqueólogos, en los que se plantea “evocar” en el lector la imagen de lugares de los que existen algunas ruinas (en el mejor de los casos) o sobre los cuales han surgido ciudades medievales y modernas. En Desperta Ferro Ediciones se han publicado cinco de sus libros, y ya comentamos el dedicado a Egipto. De hecho, abrir cualquiera de sus volúmenes ilustrados supone viajar en el tiempo a través de sus acuarelas. Hoy comentaremos dos, en un viaje que va de lo más general a lo más concreto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En <strong><em>Ciudades del mundo antiguo</em></strong> (2015)  se reúne un centenar de <a style="color: #41a62a; outline: 0px;" href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/ciudades.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105185]"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-105186 size-medium alignleft" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/ciudades-212x300.jpg" alt="" width="212" height="300" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/ciudades-212x300.jpg 212w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/ciudades-724x1024.jpg 724w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/ciudades-768x1087.jpg 768w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/ciudades.jpg 800w" sizes="auto, (max-width: 212px) 100vw, 212px" /></a>imágenes de unas setenta ciudades del mundo antiguo, agrupadas en capítulos geográficos a la par que cronológicos, y Golvin (con la colaboración de Gérard Coulon, Aude Gros de Beler y Frédéric Lontcho) se propone «trasladarnos» a esos lugares tantas veces recreados en nuestra imaginación. Con los datos que las excavaciones arqueológicas aportan y que han sido interpretados por especialistas e historiadores, el lector puede iniciar «su» viaje particular a la Antigüedad a lo largo de treinta siglos, desde la construcción de las pirámides de Giza y el surgimiento de las principales ciudades sumerias, a algunas ciudades de la Germania y la Galia en pleno esplendor hasta el siglo V de nuestra era.</p>
<p>Por el camino, y como visita obligada, hacemos parada en la Grecia continental e insular, así como algunas ciudades griegas de la costa egea de Turquía; seguimos con localizaciones del norte de África (quizá un área menos conocida y que tuvo un especial período de esplendor, en cuanto a la construcción edilicia, en época de los Severos, dinastía de origen africano, precisamente); cómo no, Roma e Italia constituyen la siguiente etapa en nuestro tour, con especial incidencia en la bahía de Nápoles, zona del principal puerto romano (hasta la construcción de Portus en Ostia), residencias de lujo (una Riviera «romana» del momento) y escenario de la feroz erupción del Vesubio, que arrasara ciudades como Pompeya y Herculano; visitamos algunos lugares de la península Ibérica (antes y después de Augusto) y terminamos el viaje en la frontera germana y la Galia plenamente romanizada (y con el legado celta muy presente). El elemento visual predomina en un libro lleno de datos, de interesantes y precisas informaciones, que hará las delicias del lector que se deja llevar por esa «evocación» y que, a lo largo de las estupendas imágenes del libro, no deja de sentirse que «ve» el mundo antiguo cómodamente sentado en una muy peculiar alfombra mágica…</p>
<p>Centrémonos ahora en algo más concreto (si es posible considerarlo así). Hubo continuidades y rupturas en el tránsito de la «República» al Principado durante la época de Augusto. Del mismo modo que el nuevo <em>princeps </em>conservó los ropajes republicanos en un sistema ahora monárquico, también el centro de poder se mantuvo de una manera discreta en la casa del gobernante. Augusto vivió la doble esfera, pública y privada, desde su <em>domus</em> en el monte Palatino, donde muchos senadores habían poseído casas desde siglos atrás. Pero los tiempos habían cambiado y la <em>Domus Augustana</em> creció en tamaño, aglutinando algunas casas preexistentes, aunque Augusto mantuvo la esencia de la sobriedad en su «casa»; de hecho, a su muerte, su esposa Livia se retiró a su propia villa, al norte de la ciudad, mientras Tiberio, antes de retirarse a Capri, vivió en su residencia en la colina Palatina.</p>
<p>Pero los palacios, como los entendemos, llegarían con sus sucesores: Calígula reunió las diversas <em>domus</em> palatinas y creó un antecedente del palacio de los Flavios; y su sobrino Nerón, tras el Gran Incendio del año 64, levantó la fabulosa <em>Domus Aurea</em> –de la que apenas se conservan algunos restos– entre el Palatino y el Esquilino. La magnificencia de los nuevos palacios, a lo largo del siglo I d.C., era pareja al engrandecimiento del poder de los césares, que fueron dejando paulatinamente atrás la ficción republicana. Con palacios en la Urbe y villas en el campo, los emperadores romanos (y algunos de los más distinguidos senadores) crearon nuevas estructuras arquitectónicas, cada vez más extensas, lujosas y grandilocuentes, y en las que la vida pública y la vida privada –eco de la dicotomía clásica romana entre el <em>negotium </em>y el <em>otium</em>–, a menudo se fusionaban.</p>
<p><strong><em><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/palacios.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105185]"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-105187 size-medium alignleft" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/palacios-212x300.jpg" alt="" width="212" height="300" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/palacios-212x300.jpg 212w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/palacios-724x1024.jpg 724w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/palacios-768x1087.jpg 768w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/palacios.jpg 800w" sizes="auto, (max-width: 212px) 100vw, 212px" /></a>Palacios imperiales de la Roma antigua</em></strong> (2017), elaborado juntamente con Catherine Salles –autora, por cierto, de <em>Los bajos fondos de la Antigüedad</em> (Juan Granica Ediciones, 1983), magnífico y descatalogado volumen–, vuelve a seducir al lector con sus fascinantes dibujos, y de, que aporta al texto un pormenorizado análisis de la evolución de los palacios imperiales. César comprendió que Roma se había quedado pequeña. Pero del propio César, y su residencia en la Regia como pontífice máximo, a Augusto, y su «palacio» en el Palatino, se producen cambios que emperadores como Nerón, Domiciano y Adriano llevaron a nuevas cotas de majestuosidad. Sobre estos tres personajes y alrededor de los palacios y villas que construyeron dentro y fuera de Roma pivota el grueso del libro, no sin recrearse antes las villas de Tiberio en Capri (Villa Iovis) y en la costa meridional del Lacio (el palacio de Sperlonga y sus grutas). Nerón apenas pudo disfrutar de su Domus Aurea y de hecho no estaba terminada cuando se suicidó, pero comprendió que de las cenizas de la Roma destruida por el incendio podía surgir un nuevo centro de poder«palacial». Domiciano, en el Palatino, mantuvo formalmente una distinción entre el carácter político de la Domus Flavia que construyó (con el Aula Regia y el gran comedor central) y el retiro privado de la Domus Tiberiana y Augustea heredadas de sus antecesores, aunque todas las residencias formaban un conjunto.</p>
<p>La Villa de Adriano en Tívoli, con espacios que «recordaban» algunos de los viajes del césar por su imperio, sería la síntesis perfecta del gobierno y del ocio fuera de Roma, concentrando en un vasto espacio las riquezas del imperio. Golvin y Salles nos relatan esa evolución palaciega pero sobre todo «imperial» Los palacios que aparecen en este libro tienen una función política y «vivencial» en los siglos I y II d. C., y que no se volverán a repetir hasta la fundación de una Nueva Roma: Constantinopla. Palacios como los de Diocleciano en Spalato (Croacia), o residencias como la de Majencio en la Vía Apia ya tuvieron otro diseño; la propia distribución, cerrada sobre altos muros, del palacio de Diocleciano eran una evidencia de que el poder imperial, aunque fuera en un lugar de retiro, ya tenía otra función, menos «pública». Constantinopla recuperaría la senda de los palacios y la mantendría a lo largo de mil años más.</p>
<p>*******</p>
<p>Jean-Claude Golvin, con la colaboración de Gérard Coulon, Aude Gros de Beler y Frédéric Lontcho, <em>Ciudades del mundo antiguo</em>. Madrid, Desperta Ferro Ediciones, 2015 (5ª ed., 2022), 192 páginas.</p>
<p>Jean-Claude Golvin y Catherine Salles, <em>Palacios imperiales de la Roma antigua</em>. Madrid, Desperta Ferro Ediciones, 2016 (2ª ed., 2021), 141 páginas.</p>
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		<title>EL REGRESO &#8211; Stanisław Lem</title>
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		<dc:creator><![CDATA[cavilius]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Mar 2026 07:10:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Grandes contiendas]]></category>
		<category><![CDATA[Novelas de género]]></category>
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					<description><![CDATA[Estamos en el amanecer sombrío de la historia, ante la humanidad se abre un inimaginable abismo de tiempo; 8.000, quizá 10.000 millones de años de vida humana en la Tierra&#8230; Para esa gente, nosotros, con nuestras guerras, nuestra tuberculosis, nuestro fascismo, nuestras cámaras de gas, seremos unas criaturas tan incomprensibles como lo son para nosotros [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Estamos en el amanecer sombrío de la historia, ante la humanidad se abre un inimaginable abismo de tiempo; 8.000, quizá 10.000 millones de años de vida humana en la Tierra&#8230; Para esa gente, nosotros, con nuestras guerras, nuestra tuberculosis, nuestro fascismo, nuestras cámaras de gas, seremos unas criaturas tan incomprensibles como lo son para nosotros los trilobites y los amonites del Silúrico&#8230;</p></blockquote>
<p><span id="more-105099"></span></p>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/02/EL-REGRESO-Stanislaw-Lem.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105099]" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-105098" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/02/EL-REGRESO-Stanislaw-Lem-194x300.jpg" alt="" width="200" height="309" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/02/EL-REGRESO-Stanislaw-Lem-194x300.jpg 194w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/02/EL-REGRESO-Stanislaw-Lem-662x1024.jpg 662w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/02/EL-REGRESO-Stanislaw-Lem-768x1188.jpg 768w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/02/EL-REGRESO-Stanislaw-Lem-993x1536.jpg 993w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/02/EL-REGRESO-Stanislaw-Lem-1324x2048.jpg 1324w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/02/EL-REGRESO-Stanislaw-Lem.jpg 1655w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>Impedimenta ha publicado al fin la tercera parte de la trilogía <em>Tiempo no perdido</em> del autor polaco Stanisław Lem, escrita entre 1948 y 1950. Con <em>El regreso</em> Lem cierra el ciclo de novelas en torno a una serie de personajes que deambulan por el escenario de caos que se instaló en Polonia al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando la opresión y el terror del régimen nazi se vieron reemplazados por el clima de inseguridad y miedo del régimen comunista tutelado desde Moscú por Stalin.</p>
<p>Escrito cada volumen con un año de diferencia y no publicados hasta 1955, Lem nunca se sintió orgulloso de esta trilogía y solo defendió la primera entrega, <a href="https://hislibris.com/el-hospital-de-la-transfiguracion-entre-los-muertos-stanislaw-lem/" target="_blank" rel="noopener"><em>El hospital de la transfiguración</em></a>. Los otros dos libros fueron al parecer resultado de la presión de la censura comunista, que demandaba al escritor una historia aceptable desde el punto de vista ideológico. Pese a ello, la posteridad ha sabido reconocer el valor literario y testimonial de esas dos novelas, <a href="https://hislibris.com/el-hospital-de-la-transfiguracion-entre-los-muertos-stanislaw-lem/" target="_blank" rel="noopener"><em>Entre los muertos </em><span style="text-decoration: underline;">y</span><em> El regreso</em></a>, y ese estilo que podría definirse como realismo histórico, tan alejado (o quizá no tanto) del género de la ciencia ficción que Lem cultivaría con éxito durante el resto de su carrera.</p>
<p><em>El regreso</em> comienza en Varsovia y acaba en Cracovia, ciudades que encarnan el testimonio de un país absolutamente devastado por la guerra y que trata de recuperarse de una destrucción tanto material como intelectual y moral. La novela recupera personajes de las obras anteriores, lo cual permite dar así una sensación de continuidad. Destacan el joven médico Stefan Trzyniecki, superviviente del horror de los campos de concentración de Bełżec y Auschwitz, donde fue encerrado injustamente (¿acaso alguien estuvo allí justamente?) y ahora doctor en un paritorio de la ciudad. Y Bugoslaw Wieleniecki, intelectual que a duras penas puede resistir en la superficie ideológica en un mar en el que todos tratan de mantenerse a flote hundiendo a quien resulta mínimamente sospechoso de algo. Como trasfondo a sus historias y a las del resto de personas que pululan por la novela se sitúa la ominosa figura del Partido, ente político que vela de un modo siniestro y desde la distancia por el orden, la seguridad y la paz.</p>
<p>La ciudad ha sobrevivido a los alemanes y al fascismo y en ella se ha impuesto el comunismo más desatado, dependiente de las directrices de los soviéticos. Ello no impide en absoluto que los judíos sigan teniendo mala imagen (nunca la tuvieron buena, en realidad), y cualquiera que tenga un pasado político o religioso dudoso es puesto bajo observación. La reconstrucción y el deseo de supervivencia se asientan en el miedo, y sin embargo los numerosos seres que desfilan por la novela parecen convivir con la inseguridad con naturalidad, incluso en algún momento con frivolidad. De vez en cuando Lem pone en boca de uno u otro escenas que estremecen al lector pero no a quien las relata, quizá ya cauterizado por la convivencia con el horror. Puede que el mejor calificativo para <em>El regreso</em> sea que se trata de una novela de supervivencia: sus protagonistas son antiguos resistentes, burócratas del partido, oportunistas, supervivientes que tratan de organizar sus vidas en un país asolado por la guerra.</p>
<p>En la novela hay también lugar para sentimientos tan atemporales como el amor: la relación entre Halina y Stefan, descrita de modo algo intempestivo, se nos muestra gracias a eso cercana y actual, y tan cruel y descarnada como puede llegar a ser ese sentimiento. Lem también deja, como en sus anteriores novelas, abundantes muestras de su formación médica (en esto y en otros aspectos Stefan se revela como el alter ego del propio autor) en las páginas que dedica a las intervenciones en la unidad de obstetricia del hospital donde Stefan trabaja y se sacrifica por traer niños a un mundo que le ha dado pocas alegrías. También, aquí y allá, encontramos reflexiones del autor puestas en boca de otros personajes, sobre temas que después se revelaron recurrentes en la producción novelística de Lem: la ciencia, la filosofía, el futuro…</p>
<p><em>El regreso</em> es una novela viva, dinámica, de diálogos ágiles y descripciones profundas. Se aprecia una capa subterránea de pesimismo instalada en todos los personajes y en el ambiente en el que estos están obligados a vivir, que contrasta con un tono a veces fresco e incluso aderezado con una pizca de humor. Es, sin embargo y a poco que uno entre en la historia, una novela oscura, triste, fiel reflejo del mundo en que fue gestada.</p>
<p>Bienvenida sea pues esta obra de Stanisław Lem, una novela interesantísima, intensa y que nos recuerda que en muchos lugares el horror y el miedo no concluyeron con el fin de la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>*****</strong></p>
<p>Stanisław Lem, <a href="https://impedimenta.es/producto/el-regreso" target="_blank" rel="noopener"><em>El regreso. Tiempo no perdido, 3</em></a>. Traducción de Abdel Murcia y Katarzyna Moloniewicz. Madrid, Editorial Impedimenta, 2026, 352 págs.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>EL AMERICANO IMPASIBLE &#8211; Graham Greene</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Akane]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 07:07:30 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[He aquí una novela que he leído como media docena de veces; un par de ellas, al menos, con ánimo reseñador. Pero me costaba, me costaba decidirme. Imagino que debería empezar reconociendo lo difícil que me resulta comentar la obra de Greene. ¿Quién soy yo para atreverme a valorar al que considero el mejor novelista [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/americano.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-104707]" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-104706" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/americano-185x300.jpg" alt="" width="200" height="325" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/americano-185x300.jpg 185w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/01/americano.jpg 308w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>He aquí una novela que he leído como media docena de veces; un par de ellas, al menos, con ánimo reseñador. Pero me costaba, me costaba decidirme. Imagino que debería empezar reconociendo lo difícil que me resulta comentar la obra de Greene. ¿Quién soy yo para atreverme a valorar al que considero el mejor novelista del siglo XX, tanto en su obra seria como en sus productos más comerciales? Y si es que tales etiquetas pueden de verdad aplicarse a sus libros. Así las cosas, espero que sepan disculparme si en algún momento me abandono a la simple loa. Y ahora permítanme ponernos un poco en situación: Vietnam, principios de la década de 1950. Con los albores de la lucha por la descolonización de Indochina como telón de fondo, Fowler, un maduro periodista británico; Alden Pyle, un joven idealista norteamericano y Fuong, una muchacha vietnamita entablan un complicado triángulo amoroso de trágicas consecuencias.<span id="more-104707"></span></p>
<p><em>El americano impasible</em>, una de las novelas más icónicas de Greene, explora las eternas obsesiones del autor: la soledad, el amor, el deseo, la culpa, Dios. En este caso, el protagonista, Fowler, es un cínico periodista que, huyendo de sí mismo, recayó en el actual Vietnam y allí se quedó, esquivando las complicaciones políticas y personales de cualquier tipo por medio de unas piruetas cada vez más difíciles. Todo transcurre de manera plácida, al menos para él, hasta que irrumpe en escena un joven apasionado e idealista, el americano Pylen, y con sus tejemanejes obliga a Fowler a hacer justo aquello que más detesta: tomar partido. Con su tercera vía, con su nueva visión global, con su activismo tan honesto como destructor, el nuevo orden llama a la puerta dispuesto a quedarse, sin detenerse a contemplar las consecuencias.</p>
<p>Por supuesto, y sería un error no hacerlo, <em>El americano impasible </em>puede leerse en clave puramente alegórica: el viejo colonialismo que se ve superado por un imperialismo ¿nuevo?, más vigoroso, ávido por autojustificarse y ciego a sus flaquezas; el este colonizado que pugna por ser libre pero pasa de un poder a otro, incapaz de librarse de la opresión. En ese sentido, podríamos decir que, como todo buen clásico, <em>El americano impasible </em>es una novela de plena vigencia en la actualidad. Y sí, supongo que lo es. Pero también sería una lástima, pienso, dejarse arrastrar por la vertiente política y perder de vista la profunda corriente humanista que empapa la novela —las novelas— de Greene. Hablamos, siempre hablamos de seres humanos. Personas que viven solas, aun rodeadas de mucha gente, enfrentadas a sus propios fantasmas. Complicadas tensiones sacuden al protagonista: por un lado, la inacción y el conformismo, el quasi-derrotismo; por otro, el deseo como acicate de la vida, la lealtad; el arrepentimiento y la culpa; y, planeando sobre todo ello, la obsesión definitiva: la existencia de Dios. Cómo lidiar con una divinidad en la que uno no cree cuando suscita tantas dudas que la incertidumbre la convierte en algo real.</p>
<p>A Greene le aburría que le preguntaran sobre lo sutil. Y, sin embargo, no puedo definir su narrativa sin echar mano del término. Sutil. Sutil y poderosa. Sombría, en cierto modo; no, el suyo no es un estilo alegre, es más bien de tarde plomiza en la que sopla viento cargado de agua. También, incluso, en la atmósfera húmeda y sofocante de Indochina. Es una narrativa profunda, que se ancla en el lector conforme te adentras en sus páginas; que apela al corazón y a las tripas, que te implica quieras o no. Que te obliga a posicionarte. No es una lectura pasiva, Greene te exige un esfuerzo. Como dijo Somerset Maugham (y tengo la teoría de que Orson Welles estaba pensando en él cuando incluyó su famosa frase sobre el reloj de cuco en <em>El tercer hombre</em>), “prefiero ser derrotado que permanecer neutral [&#8230;]. Prefiero ser británico que suizo”.</p>
<p>No nos pongamos de lado. Reciban de frente a Greene y su magnífica obra, y disfruten de uno de los más grandes.</p>
<p>*****</p>
<p>Graham Greene, <em>El americano impasible</em>, traducción es de J.R. Wilcock. Barcelona, RBA ,1992, 252 páginas.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>EL DESDICHADO AMOR DEL FÜHRER – Jean-Noël Orengo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[cavilius]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2026 06:30:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Biografías]]></category>
		<category><![CDATA[Historia por épocas]]></category>
		<category><![CDATA[Albert Speer]]></category>
		<category><![CDATA[Alemania nazi]]></category>
		<category><![CDATA[genocidio judío]]></category>
		<category><![CDATA[Segunda Guerra Mundial]]></category>
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					<description><![CDATA[«–Si pudiera usted convencerse –insiste el guía– de que la guerra no está perdida… podría permanecer en el cargo… –Usted sabe que no puedo convencerme de tal cosa. La guerra está perdida. –Si creyera usted que la guerra aún puede ganarse… Si pudiera al menos creerlo, entonces todo estaría bien. –No puedo, ni aun poniendo [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/10/EL-DESDICHADO-AMOR-DEL-FUHRER-Jean-Noel-Orengo.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-45002]" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-45004" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/10/EL-DESDICHADO-AMOR-DEL-FUHRER-Jean-Noel-Orengo-199x300.jpg" alt="" width="200" height="301" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/10/EL-DESDICHADO-AMOR-DEL-FUHRER-Jean-Noel-Orengo-199x300.jpg 199w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/10/EL-DESDICHADO-AMOR-DEL-FUHRER-Jean-Noel-Orengo-681x1024.jpg 681w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/10/EL-DESDICHADO-AMOR-DEL-FUHRER-Jean-Noel-Orengo-768x1155.jpg 768w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/10/EL-DESDICHADO-AMOR-DEL-FUHRER-Jean-Noel-Orengo.jpg 997w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a></p>
<blockquote><p>«–Si pudiera usted convencerse –insiste el guía– de que la guerra no está perdida… podría permanecer en el cargo…<br />
–Usted sabe que no puedo convencerme de tal cosa. La guerra está perdida.<br />
–Si <em>creyera</em> usted que la guerra aún puede ganarse… Si pudiera al menos <em>creerlo</em>, entonces todo estaría bien.<br />
–No puedo, ni aun poniendo todo de mi parte».</p></blockquote>
<p>Albert Speer nació en Mannheim en 1905, así que la Segunda Guerra Mundial le pilló en mitad de la treintena. Arquitecto por vocación, en cierto modo el Führer se «encaprichó» de él y de sus diseños constructivos. Fue uno de los más jóvenes «hombres de Hitler», si no el que más. Acabó sentado en el banquillo de los acusados en los juicios de Núremberg al finalizar la guerra, y salió tan bien parado de ellos que aún viviría otros treinta y tantos años más.<span id="more-45002"></span></p>
<p>Speer es uno de los cabecillas nazis que ha generado más literatura (por ejemplo <a href="https://hislibris.com/speer-el-arquitecto-de-hitler-martin-kitchen/" target="_blank" rel="noopener">esta obra de Martin Kitchen que se reseñó en Hislibris</a> hace unos cuantos años), y ello se debe seguramente a que él mismo produjo una serie de libros en los que relataba su relación con Hitler y el Tercer Reich, así como <a href="https://hislibris.com/diario-de-spandau-albert-speer/" target="_blank" rel="noopener">su período de reclusión en la prisión de Spandau</a> donde cumplió veinte años de condena. La sinceridad, o la falta de ella, de Speer en sus <em>Memorias</em> ha generado muchos debates. Por otro lado, algunas de sus edificaciones aún siguen en pie, como el monumental complejo urbanístico Zeppelinfeld, construcción monumental inspirada en el altar de la antigua ciudad de Pérgamo, destinada a servir de púlpito a las arengas y discursos de Hitler a la nación alemana y con capacidad para casi un cuarto de millón de personas. Todo ello contribuye sin duda a que la figura de Albert Speer no haya acabado de hundirse en el pozo de olvido y desdén donde se haya el resto de sus colegas nazis.</p>
<p>El escritor francés Jean-Noël Orengo se suma ahora a esa estela que arrastra tras de sí Speer con un libro difícil de clasificar. Lo más cómodo es entenderlo como una novela (así lo ha hecho el jurado de los Goncourt, premios de los que el libro ha sido finalista, y así lo hace la editorial AdN en su edición en castellano); sin embargo, el asunto no es tan sencillo. <em>El desdichado amor del Führer</em>, título que hace referencia al modo en que algunos de los líderes nazis calificaban a Speer, cuenta la vida del arquitecto de Hitler a modo de pinceladas en un cuadro, incluso a veces los párrafos semejan brochazos en una pared, con los que va construyendo el personaje de Speer y su entorno de una forma un tanto particular.</p>
<p>El libro de Orengo no es exactamente una novela histórica ni una biografía, ni tampoco historia ficcionada. Es un relato de la vida de Speer envuelto en reflexiones, una especie de glosa dramatizada de lo que el propio Speer cuenta en sus <em>Memorias</em>, y de su vida posterior. El tono no es íntimo pero tampoco superficial, la información que aporta sobre la época y los hechos que abarca no es detallada pero tampoco escasa, la caracterización de los hombres y mujeres que aparecen (alguna hay) no es profunda pero tampoco insuficiente. El tiempo verbal imperante es el presente, una moda que cada vez cuenta con más adeptos, pero de vez en cuando encontramos un pasado e incluso un futuro. Apenas hay diálogos en sus páginas, pero la lectura fluye con comodidad y ligereza. La época es la comprendida en la vida de Albert Speer desde el momento en que, con apenas veintiocho años, conoció a Hitler. También se emplea un tono retrospectivo, situándose el autor como un lector de las <em>Memorias</em> de Speer y haciendo uso de datos y referencias del presente más reciente. Ese tono a menudo no suena al que emplearía el del narrador de una historia, sino al del individuo que reflexiona sobre ella a toro pasado.</p>
<p>El libro de Orengo cuenta la extraña relación de «amor» y «odio» entre Albert Speer y Hitler, «el guía», como se le llama a lo largo de la obra. El joven arquitecto, individuo de gran carisma (sin duda ese carisma contribuyó a su fama –sí, fama: entrevistas, apariciones en televisión…– una vez salió de la cárcel a los 61 años), se convirtió en el segundo nazi más importante del Reich después del dictador alemán. Quienes conozcan la trayectoria de Speer la encontrarán aquí jalonada con sus hechos más destacados: no sentía especial animadversión contra los judíos y no era tampoco un militar; sucedió como primer arquitecto de Hitler a Paul Troost, y a la muerte del Ministro de Armamentos y Munición del Reich Fritz Todt, Hitler le nombró su sucesor. Y con ese cargo llegó al final de la guerra, a los juicios de Núremberg y la condena en Spandau.</p>
<p>Los lectores de las voluminosas <em>Memorias</em> que Albert Speer publicó a su salida de prisión encontrarán que la obra de Orengo le debe mucho; el autor no lo oculta y con frecuencia las cita. La deuda llega al punto de parafrasear párrafos, escenas y diálogos, como si se tratara de un lector, el propio Orengo, que está leyendo el libro de Speer y reflexionando sobre lo que allí se dice, como jugando a que el narrador está ya a finales de los años 60 y tiene la obra en las manos. La cita que abre esta reseña, sin ir más lejos, puede encontrarse casi idéntica en las páginas escritas por Speer.</p>
<p>Estas reflexiones giran en buena parte de la obra en torno a la relación entre «el guía» y Speer. Pero en su tramo final (y no voy a desvelar nada que no se sepa) se aprecia un cambio: el <em>leit motiv </em>de <em>El desdichado amor del Führer</em> pasa a ser seguramente la cuestión que acompañó al propio Speer desde 1945 hasta su muerte: ¿estaba al corriente del exterminio de los judíos? ¿Sabía Speer que los judíos estaban siendo exterminados en Auschwitz, Treblinka, Sobibor…? ¿Conocía la «Solución Final» de Hitler? En Núremberg Speer asumió la responsabilidad colectiva que le correspondía como líder del gobierno nazi, pero no la individual, alegando su total desconocimiento de las matanzas. Al respecto de ellas se declaró «responsable, pero no culpable». Ello le valió el desprecio de sus colegas nazis y, seguramente, la benevolencia de quienes le juzgaron.</p>
<p>La pregunta de si Speer sabía o no del genocidio judío se adueña de la última parte, y de hecho uno se da cuenta de que lo hace del libro en su totalidad, hasta casi convertirse en la razón por la que Orengo ha escrito estas páginas. La relación de Speer con la periodista Gitta Sereny, quien escribió un libro con las conversaciones que ambos mantuvieron, sirve a Orengo para emitir su veredicto particular sobre el dirigente nazi.</p>
<p>Por momentos morosa y por momentos ágil y fluida, los capítulos son cortos y los párrafos largos alternan con los breves. Se trata, en fin, de una obra interesante y sugerente, Recomendable, en cualquier caso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*****</p>
<p>Jean-Noël Orengo, <a href="https://www.adnovelas.com/libro/el-desdichado-amor-del-fuhrer/" target="_blank" rel="noopener"><em>El desdichado amor del Führer</em></a>. Traducción de Juan Arranz. Madrid, editorial AdN, 2025, 388 páginas.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>EL INGENIOSO E INQUIETO OTEYZA EN CAMPO ENEMIGO &#8211; Guillermo Soler García de Oteyza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Iñigo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Mar 2026 07:00:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Biografías]]></category>
		<category><![CDATA[Historia de Esp.]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/71oAbvvZfdL._SL1500_.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-42914]"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-105288" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/71oAbvvZfdL._SL1500_-187x300.jpg" alt="" width="200" height="321" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/71oAbvvZfdL._SL1500_-187x300.jpg 187w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/71oAbvvZfdL._SL1500_-639x1024.jpg 639w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/71oAbvvZfdL._SL1500_-768x1231.jpg 768w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/71oAbvvZfdL._SL1500_.jpg 936w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>Agosto de 1922. Ciudad de Axdir. Ha pasado un año del desastre de Annual. Abd el-Krim mantiene a cientos de prisioneros españoles en la capital de la república que pretende instaurar en Marruecos. Un avezado periodista español, acompañado de dos fotógrafos, esquiva los controles de las tropas españolas para encontrarse con el líder rifeño y realizar una de las entrevistas periodísticas más importantes del primer cuarto de siglo en la prensa nacional. El nombre de aquel periodista, Luis de Oteyza, director del periódico madrileño <em>La Libertad</em>. Tomando como pilar central de esta crónica histórica publicada por la editorial Crítica, el periodista y antropólogo Guillermo Soler realiza una exhaustiva y detallada biografía de uno de los grandes periodistas españoles de la primera mitad del siglo XX. Mediante ella nos acercaremos al mundo periodístico y político de aquellas décadas cruciales y determinantes en España.<span id="more-42914"></span></p>
<p>El título de esta crónica histórica nos define sin tapujos, la interesante personalidad y presencia de Luis Oteyza en la historia periodística y literaria española, más allá de la relevancia de la entrevista mantenida, contra viento y marea, con Abd el-Krim. Oteyza se clasifica como un periodista de oficio que comenzó su carrera realizando ciclos de reseñas sobre momentos históricos de nuestra Historia, además de las dedicadas a obras literarias y sus autores, desde un componente ingenioso y satírico, gracias a su facilidad discernir con humor y cierto cinismo, aquellas situaciones y creaciones sobre las que escribía. Sin embargo, su inteligente personalidad venía acompañada de una inquietud por acometer nuevas peripecias periodísticas y aventuras personales, que le llevaron enfrentarse en importantes confrontaciones con otros escritores y periodistas de su tiempo. No son pocos los enfrentamientos acontecidos con algunos de ellos, incluidos algunos duelos prohibidos en la época, pero aceptados en una sociedad donde los extremos políticos de aquellos años, llevaban en volandas al país hacia una futura Guerra Civil.</p>
<p>De pensamiento y creencia republicana, se enfrentó en no pocas ocasiones a conservadores y nacionalistas, con ese tono satírico y en ocasiones algo faltón, que le llevó a encontrarse con situaciones comprometidas, primero durante su corta estancia en Cataluña y después en su paso y salida del periódico <em>El Liberal</em> tras apoyar la creación sindical entre los periodistas y sus peticiones. Todas estas circunstancias le llevaron a crear, junto a otros compañeros, el periódico <em>La Libertad</em>. Se codeó con grandes pensadores, periodistas y escritores de la época, llegando a ser nombrado embajador en Venezuela durante la II República. No podemos olvidar, tal y como nos cuenta el autor de esta pseudo biografía, la extensión de la creación literaria de Oteyza, tan variada como su vida, en una aportación literaria compuesta de poesía, artículos y reseñas, novelas de aventuras con cierto componente político, y libros de viajes herederos de esa inquietud que le llevó a realizar viajes a los EEUU, algunos países de frica, Japón o Filipinas.</p>
<p>Sin embargo, tal y como comentaba al inicio de esta reseña, su punto periodístico culminante fue la consecución de la entrevista de Abd el-Krim, realizada desde un punto de vista crítico con la participación militar española en Marruecos y recopilada a lo largo de varios artículos con acompañamiento fotográfico. Curiosamente al respecto de la opinión de la sociedad española sobre la Guerra de África, su diario promovió la publicación de cartas de opinión  de ciudadanos de a pie, provocando la censura del gobierno del momento.</p>
<p>En definitiva, un libro que sitúa a la figura del protagonista, periodísticamente importante y de referencia cultural, en el escenario complejo del fin de la monarquía, la dictadura del Primo de Ribera, con quien fue especialmente crítico, la llegada de la II República y la posterior Guerra Civil. Una crónica de lectura sabrosa, sin duda alguna.</p>
<p>******<!--more--></p>
<p>Guillermo Soler García de Oteyza. <em><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-ingenioso-e-inquieto-oteyza-en-campo-enemigo/388167" target="_blank" rel="noopener">El ingenioso e inquieto Oteyza en campo enemigo.</a></em> Barcelona, Editorial Crítica, 2024, 360 páginas.</p>
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		<title>ENTREVISTA A DAN JONES</title>
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		<dc:creator><![CDATA[H.E.A.]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Mar 2026 07:00:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Azincourt]]></category>
		<category><![CDATA[Dan Jones]]></category>
		<category><![CDATA[Enrique V]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra de los Cien Años]]></category>
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					<description><![CDATA[Dan Jones, el afamado autor medievalista cuya gran parte de su obra ha ido llegando al castellano de la mano de Ático de los Libros, estuvo en España hace unos días: en Madrid los días 10 y 11 de marzo, y en Barcelona el 12. Me animé a entrevistarlo desde la Ciudad Condal, pues he [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/dan-jones.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105247]"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-105249" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/dan-jones.jpg" alt="" width="200" height="348" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/dan-jones.jpg 485w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/dan-jones-172x300.jpg 172w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>Dan Jones, el afamado autor medievalista <a href="https://aticodeloslibros.com/autor/dan-jones" target="_blank" rel="noopener">cuya gran parte de su obra ha ido llegando al castellano de la mano de Ático de los Libros</a>, estuvo en España hace unos días: en Madrid los días 10 y 11 de marzo, y en Barcelona el 12. Me animé a entrevistarlo desde la Ciudad Condal, pues he leído algunas de sus monografías –<a href="https://hislibris.com/poder-y-tronos-una-nueva-historia-de-la-edad-media-dan-jones/" target="_blank" rel="noopener"><em>Poder y tronos. Una nueva historia de la Edad Media</em></a> y <em>La Guerra de las Dos Rosas</em>– y tenía pendiente su biografía de Enrique V, que compré en inglés cuando salió en el otoño de 2024. Autor también de una trilogía de novelas históricas, que se centran en un pelotón de soldados y arqueros ingleses durante los primeros años de la Guerra de los Cien Años –se reseñó también el primero, <a href="https://hislibris.com/los-perros-de-essex-dan-jones/" target="_blank" rel="noopener"><em>Los perros de Essex</em></a>, en esta casa–, Jones llama la atención por su cercanía, por ser alguien que parece una estrella del <em>rock</em> o del <em>heavy metal</em>, vistiendo chupas de cuero y con tatuajes en los antebrazos y las manos. Alguien apasionado por la historia, en particular los siglos medievales y los Plantagenet. Así pues, qué buena ocasión para pasar un rato charlando con él, aprovechando que se pasa por nuestro país para promocionar <em>Enrique V<span id="productTitle" class="a-size-large celwidget" data-csa-c-id="vf6sl0-1nrpws-si4uzk-tui2rt" data-cel-widget="productTitle">: El extraordinario ascenso del legendario rey guerrero de Inglaterra</span></em>, que justamente sale hoy a la venta por estos lares. Un personaje por el que tengo especial debilidad, gracias a la obra homónima de Shakespeare y la adaptación cinematográfica de Kenneth Branagh.</p>
<p>Llego al vestíbulo del hotel donde estaba concertada la entrevista, pero parece que he llegado pronto y no veo a Jones, Júlia, la traductora, y la persona de contacto de Ático. Casi en la entrada una chica me comenta sobre servicios de spa en el hotel, por lo que la atiendo mientras espero (nunca se sabe cuándo vas a necesitar un masaje en los pies o en el rostro&#8230;). Aparece Carme, de Ático de los Libros, que me conduce a una planta inferior, donde hay unos sofás. Jones se levanta (es alto) y con una permanente sonrisa en el rostro me saluda, nos intercambiamos las frases típicas en estos encuentros; saludo a Júlia y me excuso con el autor británico por mi torpe inglés verbal, sabiendo que en cualquier traspié (y alguno habrá) ella estará ahí para solucionarlo. Pero Júlia y Carme se dan cuenta pronto que, a pesar de mi deleznable <em>pronunciation</em>, no van a tener que intervenir demasiado.</p>
<p>Le  comento a Jones que tengo una serie de preguntas –las llevo impresas desde hace un par de días– y que acabaremos con nuestro habitual Fiki Test, a lo que responde con un carcajeado «¡ok!», acompañado por risas de Júlia y Carme. Y arranco.</p>
<p>—Hislibris es una página web de reseñas de libros para lectores interesados en la historia. No ficción y ficción.</p>
<p>—Fantástico.</p>
<p>—Imaginemos por un instante, aunque resulte imposible, que la mayoría de personas no te conoce, ni a ti ni tus libros.</p>
<p>—Puedo  imaginarlo, obviamente, sí.</p>
<p>—Para presentarte, pues, ¿quién es Dan Jones?</p>
<p>—Bueno, escribo historias sobre historia, libros de no ficción, novelas, podcasts, programas de televisión, películas. Me gusta trabajar en muchos medios diferentes, contar historias históricas, y me gusta que esas historias sean emocionantes, cautivadoras, que impliquen a la gente corriente, incluyendo a quienes creen que no les gusta la historia.</p>
<p>—Este libro llena el vacío entre tus obras sobre los Plantagenet y la Guerra de las Dos Rosas. Has aprovechado este hueco para abordar la figura de Enrique V, idealizada y mitificada, incluso hoy en día. ¿Por qué, en tu opinión, esta dinastía y el propio vencedor de Azincourt siguen generando tanto interés tanto dentro de como fuera de Inglaterra?</p>
<p>—Creo que, debido a esta gran historia de la Edad Media inglesa, hay algunas historias icónicas, pintorescas y emocionantes que se han vuelto casi canónicas en la historia inglesa y, por supuesto, algunas de las figuras también tocaban la historia europea. Tenemos a Shakespeare, de quien seguro hablaremos un poco más, que nos dio estos grandes corpus literarios sobre el siglo XV. Y hay cosas como <em>Juego de Tronos</em>, que han introducido a todo un nuevo público en la historia medieval. Así que creo que este es un gran periodo para contar historias históricas emocionantes. También es una época que produjo algunos de los fundamentos de la sociedad y cultura modernas, ya sabes, la forma de muchas naciones europeas, en Inglaterra desde luego, con la Carta Magna y el Estado de derecho, que también es tan importante en Estados Unidos, la Constitución estadounidense. Las universidades, las leyendas del rey Arturo… hay tantas cosas con las que vivimos hoy que surgieron de este periodo.</p>
<p>—Una de las cosas que sorprenderá a los lectores de este libro es que no encontramos a Hal, sino a Enrique: un joven príncipe de Gales que durante trece  años se prepara, educa y se forja para ser rey. ¿Hasta qué punto Hal sigue siendo el libertino, bebedor y mujeriego contrapunto de Henry en la imagen que tenemos hoy del personaje?</p>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/enrique-v.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105247]"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright wp-image-105250" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/enrique-v.jpg" alt="" width="200" height="307" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/enrique-v.jpg 783w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/enrique-v-196x300.jpg 196w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/enrique-v-668x1024.jpg 668w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/enrique-v-768x1177.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>—El personaje de Hal es una invención shakespeariana. Una invención necesaria en todos los sentidos del drama, ofrece un delicioso equilibrio al personaje a lo largo de las tres obras: las dos partes de  <em>Enrique IV</em> y <em>Enrique V</em>. Luego esta esa meditación sobre lo que significa transformarse, crecer. Así que el drama es precioso, pero, históricamente, esa no fue la forma de su vida. Este niño fue desde pequeño y recibió un duro aprendizaje sobre la realeza. siendo un guerrero, en pleno peligro en las guerras galesa, luchando en Shrewsbury con una flecha en la cara, cuando su padre enfermó, gestionando el consejo real, el Parlamento, la política exterior, la política interior, los impuestos, la Iglesia, ya sabes, todo eso. Es un joven serio y siempre tuvo un aprendizaje serio y largo. Sus hermanos, Thomas y John, tenemos pruebas de que bebían en bares, fueron arrestados, su padre los sacaba de la cárcel.</p>
<p>—Especialmente Thomas.</p>
<p>—Especialmente Thomas, esa cabeza hueca. Shakespeare tomó una referencia que varios cronistas escribieron de que, en la coronación de Enrique, este parecía haber tenido una especie de transformación. Parecía retraerse, tensarse, volverse aún más intenso que antes. Y así Shakespeare toma todos esos ingredientes y nos da esta increíble historia de niño a hombre. Pero no es cierto.</p>
<p>—Sí. En el cuarto acto del <em>Enrique V</em> de Shakespeare escuchamos a su protagonista decir: «No te acuerdes, no, de la falta que cometió mi padre al ceñirse la corona». Obviamente, se refiere a Ricardo II. ¿Es Ricardo un espejo en el que Enrique se ve a sí mismo en muchas cosas?</p>
<p>—Creo que es una relación muy interesante la que Enrique tiene con Ricardo. Cuando es un niño pequeño, está expuesto a Ricardo. Está allí en el Parlamento de la venganza, cuando Ricardo destruye a los nobles al comienzo de su tiranía en 1397-1399. Ricardo lo lleva a Irlanda en esa fatídica última misión. Así que observa a Ricardo de cerca. Ve cómo no ser rey. Ve el negativo fotográfico de la realeza. Pero también observa a su padre, Enrique IV,  como hace referencia la obra, luchando con esa terrible carga de haber depuesto a un rey reinante, por muy terrible que fuera Ricardo. Enrique IV cometió algún tipo de crimen profundo contra el universo y contra Dios y se opuso a él, un rey legítimamente ungido. Así que Enrique ve estos diferentes tipos de realeza, ninguna de las cuales funciona del todo bien. Mientras escribía el libro, sentí que aprendió más de Ricardo de lo que esperaba. Aprendió sobre la representación de la realeza, la importancia del espectáculo visual, cómo era la majestad, aunque su propio enfoque fuera diferente.</p>
<p>—Y en cierto modo, la muerte de Ricardo le afecta. A lo largo de su reinado parece que Enrique se vio afectado primero por el derrocamiento y después, especialmente, la muerte de Ricardo. Incluso exhuma el cadáver de donde estaba enterrado para llevarlo a otra iglesia.</p>
<p>—Eso es muy importante. Tiene una relación personal con Ricardo, este fue muy amable con él: tuvo la oportunidad, si hubiera querido, de matarle, pero no lo hizo, fue amable con él. Y creo que ese aspecto es personal. También están los problemas políticos que el padre de Enrique había experimentado debido a la deposición de Ricardo. Enrique entonces tiene la oportunidad casi de devolverle la bondad, de traer a Ricardo desde King&#8217;s Langley, donde nunca quiso ser enterrado, a Westminster, para la tumba que él mismo diseñó. Y eso es como una especie de cicatrización de la herida. Es sorprendente lo rápido que consigue empezar a poner en orden todos esos errores de 1399.</p>
<p>—Volviendo a Shakespeare, en el quinto acto, Enrique le dice a Catalina: «Si quieres a un hombre así, tómame; y cuando me tomes, tomarás a un soldado, tomarás a un rey». Enrique es un soldado. De hecho, a la hora de reconocer a Enrique como rey, soldado, político, quizá sea el soldado el que le defina muy bien.</p>
<p>—Pero también es el elemento que define a un rey. Y si pensamos en el gran sello de Inglaterra, tiene dos caras. Uno es el rey como juez, el otro es el rey como guerrero. Y no puedes comprender plenamente la realeza sin ser un guerrero. Volviendo a Ricardo II, este no quería combatir. Y esa era una carencia en su reinado. Así que depende de cómo interpretes esa frase. Quiero decir, esa frase, «toma a un soldado, toma a un rey», la leemos de tantas maneras y la transmitimos de muchas maneras. Sabes, podría ser «oye, soy un soldado y soy un rey». Esto es una progresión lineal de una cosa a otra. Podría ser una amenaza, ¿sabes? La muerte, ser un soldado, creo que da miedo. Mira cuántas muertes lleva sobre sus espaldas y esa mujer tiene que aceptar eso…</p>
<p>—Sí, es complicado porque era un periodo de guerra constante: una larga guerra en Gales, revueltas en Inglaterra, luego la guerra se traslada a Francia. Enrique siempre está haciendo la guerra.</p>
<p>—Hay elementos de Tamerlán en él.</p>
<p>—La crueldad.</p>
<p>—Y cuando la gente lo compara con Alejandro Magno, ya sabes, la implacabilidad, conquista tras conquista tras conquista, ¿qué les dices? Quiero decir, Tamerlán era un psicópata. Pero Enrique también tiene eso dentro.</p>
<p>—Por ejemplo, el asesinato de los prisioneros en Azincourt, algo que va en contra de las leyes de la guerra. Hoy se sigue debatiendo sobre qué necesidad hubo  de hacerlo en ese momento.</p>
<p>—Pero es parte de un patrón, ya sabes. Hablamos de los prisioneros en Azincourt como si fuera un incidente aislado, pero sucede lo mismo en el asedio de Ruán [de julio de 1418 a enero de 1419], con miles de civiles que mueren de hambre y Enrique no les permite pasar las líneas de sitio. En cierto modo, eso es una necesidad. Azincourt es matar o que te maten. No hay nada más,  Y nadie culpa a Henry por Azincourt. No entonces. Pero en Ruán tuvo mucho tiempo para escuchar a esa gente muriendo de hambre. Pero cuando desde Ruán le dicen que los deje salir, él solo comenta «¿quién los puso allí?».</p>
<p>—Precisamente lo interesante de este libro es que, aunque muchos esperen encontrar Azincourt, Azincourt, Azincourt, vemos a Enrique como rey desde un punto de vista global.</p>
<div id="attachment_105253" style="width: 510px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/azincourt.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105247]"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-105253" class="wp-image-105253" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/azincourt.jpg" alt="" width="500" height="416" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/azincourt.jpg 960w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/azincourt-300x250.jpg 300w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/azincourt-768x639.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px" /></a><p id="caption-attachment-105253" class="wp-caption-text"><em>La batalla de Azincourt en una miniatura de la St Albans Chronicle de Thomas Walsingham, siglo XV.</em></p></div>
<p>—Sí, Azincourt es un capítulo muy pequeño, pero tiene un enorme  peso sobre Shakespeare; no podemos pensar en Enrique sin Azincourt. Pero, mira, Enrique luchó en dos batallas: Shrewsbury [1403] y Azincourt, nada más. Azincourt marca el inicio de una campaña de siete años, pero es solo un día en siete años. Y en realidad, es la anomalía, nada más será como Azincourt; todo el resto son asedios, cañones, una diplomacia lenta e implacable, y un crimen militar. No es cuestión de juegos abiertos.</p>
<p>A partir de aquí dejo de seguir el guion marcado de las preguntas y planteo cuestiones que estaban en esas cuestiones, pero me adelanto a su orden.</p>
<p>—Al respecto de eso. Azincourt sucede en 1415, dos años después de acceder al trono, y cuando Enrique invade Francia pretende restituir el Tratado de Brétigny [1360, y recuperar las ganancias de entonces]. ¿Pero es en ese punto, tras Azincourt, cuando decide que no, que realmente quiere ser rey de Francia e Inglaterra?</p>
<p>—Creo que para Enrique Azincourt es el momento en el que, según su punto de vista,  Dios emite su juicio. Ya sabes, Harfleur es una buena victoria táctica, y ahora abre la posibilidad de volver y tal vez ir a por todas, quién sabe. Pero en Azincourt se dice a sí  mismo: «oh, Dios realmente quiere que haga esto». Y ves que en el triunfo posterior, él no dice «mirad muchachos, quiero esto [recuperar los territorios perdidos desde 1360] de vuelta». Él no es Ricardo. Enrique más bien dice: «dad gracias a Dios a través de mí». Tiene ahora una visión fatalista: «este es ahora el plan de Dios».</p>
<p>—Sí, parece lo que dijiste antes, bastante psicopático. [Jones ríe.] Esta visión de la imagen de Dios está en mí, y este plan es para mí, pero es la mentalidad de la época.</p>
<p>—Pero es la mentalidad del rey ungido. Por ejemplo, la semana pasada estaba leyendo un libro sobre Rasputín y Nicolás II era así. Fue un fatalista a principios del siglo XX. Creía que pasara lo que pasara, Dios lo decidía. Sabes, la gente moriría, pero Nicolás II no solo no lloraría, ni siquiera fingiría no haberse dado cuenta. Era como decir «esto es Dios, decidió Dios». Hay algo en tu comunicación indirecta con Dios, que una vez ha hecho algo, no se puede deshacer.</p>
<p>—Y Enrique es muy religioso. Lucha contra la herejía, pero también es muy pragmático en muchos sentidos. Podríamos decir que Enrique, en muchos aspectos, es un personaje poliédrico.</p>
<p>—Para nosotros, quizá, pero creo que es bastante difícil. En la sociedad actual, pensamos que hay religión aquí y razón allí, y que vivimos en el lado equivocado de la Ilustración para entender la mente medieval, ¿verdad? La Ilustración desgarra la religión y la razón. Pero entras en una universidad medieval, hablas con Tomás de Aquino o incluso con John Wycliffe, y la religión es razón, así que no son los opuestos que percibimos hoy en día.</p>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Henry_V_Miniature.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105247]"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-105251" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Henry_V_Miniature.jpg" alt="" width="200" height="270" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Henry_V_Miniature.jpg 440w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/Henry_V_Miniature-223x300.jpg 223w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>—Y tenemos a Enrique, un lector deslumbrante, lleva consigo libros a Francia junto a soldados y suministros. Toca el arpa e incluso le regala una a Catalina para tocar los dos juntos. Es un personaje muy interesante, de hecho.</p>
<p>—Sí, sí, estoy de acuerdo. Y me encantó escribir sobre esto en el libro, ya sabes, la tensión entre el belicista y el tipo que vuelve a casa y lee, ya sabes, las historias del rey Arturo o sobre las Cruzadas, escucha su música religiosa&#8230; Pero hay más facetas en él de las que creo que la gente suele imaginar.</p>
<p>—Y en este sentido, es muy medieval. Quiere ir a Jerusalén, en una nueva cruzada. No es del todo moderno, como a menudo se le ve en este siglo XXI.</p>
<p>—No, es un tipo de la Edad Media y busca, está intentando hacer grande a Inglaterra otra vez. Trata de recuperar tierras perdidas hace mucho tiempo. Y eso influyó en su idea de viajar a Jerusalén. No es un tipo que mire hacia el futuro. Es un tipo que busca restaurar el pasado. Pero quiero decir, muchos líderes son así. Incluso hoy, Putin y Trump.</p>
<p>Y entonces me apetece mezclar <em>Enrique V</em> de Shakespeare con el Enrique V histórico.</p>
<p>—Volviendo a la obra de Shakespeare… Me encanta <em>Enrique V</em> de Shakespeare. Leemos: «Un reino por escenario, príncipes actuando, y monarcas contemplando la escena prodigiosa». [Estuve a un pelo de recitarle en mi pésimo inglés el inicio de la obra: <em>O for a muse of fire that would ascend the brightest heaven of invention, A kingdom for a stage, princes to act and monarchs to behold the swelling scene!</em> y quedar como el <em>freak</em> que todo el mundo lleva dentro.] Enrique es todo un actor como rey…</p>
<p>—Sí… es interesante, ¿no? Quiero decir, Shakespeare, con todo el lenguaje que rodea esa obra, trata como de hacer una broma con el público. «Ahora vamos a tener una pequeña obra de Azincourt». Y sin embargo hay algo siniestro bajo todo eso… Este es un juego, ya sabes, para todos esos reyes, un juego en un escenario en el que se pavoneaban, pero míralo todo, mira los cuerpos. Sabes, tienes que entender que esto tiene consecuencias. Se puede interpretar de forma mucho más oscura; por ejemplo, el Enrique de Kenneth Brannagh. Todo es «¡vamos, vamos, vamos!». [Hace gestos con las manos.] Pero se puede interpretar como algo malo, muy oscuro, si hace falta.</p>
<p>—La metáfora del teatro dentro del teatro en, precisamente, la película de Branagh. Podemos ver que, en última instancia, la monarquía es una actuación y Enrique interpreta su papel con una visión muy interesante.</p>
<p>—Sí, es un hombre que llega a comprenderlo. Escucha a su público, ¿verdad? Y ese momento antes de Azincourt, va por ahí, disfrazado, escucha lo que dice el público. No el público del teatro, sino sus hombres quejándose de él. Aprende a escuchar, a recibir lo que se dice de él, a asumirlo y luego devolvérselo a su público. Es como gran parte de Shakespeare. El tema de la obra es la propia obra. Sabes, todo es autorreferencial. No tiene que haber una obra dentro de la obra formalmente, como ocurre en <em>Hamlet</em>, para que eso siempre ocurra.</p>
<p>—Por ejemplo, cuando se habla de la herejía en el libro, Enrique actúa según las reglas. En ese momento no es el jefe de la Iglesia inglesa, como con los Tudor, pero piensa, como rey, que debe supervisar la religión católica en Inglaterra a su manera.</p>
<p>—Sí, él lo entiende así. Hay una lucha abstracta de poder entre él y el arzobispo Arundel en el consejo, y luego el pobre John Badby, en su barril, realmente quemado vivo [como se comenta en el libro]. Enrique consigue convertir eso en un teatro de poder y aparta a Arundel diciendo: «Yo tengo el poder, yo decido, no tú. Y decido ofrecer a este hombre la oportunidad de redimirse». No es su trabajo, pero tiene la voluntad de dar un paso al frente y hacer de eso su trabajo. Es teatral. Y eso es de Ricardo.</p>
<p>—En la escena de Shakespeare del cortejo de Catalina, Enrique se muestra bastante torpe ante ella. De hecho, hasta su matrimonio con Catalina, no hay mujeres en la vida de Enrique.</p>
<p>—Entre su madre y Catalina, no.</p>
<p>—¿No le interesa el sexo?</p>
<p>—Solo le interesa combatir. [Ríe].</p>
<p>—Solo combate.</p>
<p>—Creo que sí. Quiero decir, es una persona curiosa, pero sin pasión en ese sentido. Y aunque esté casado con Catalina, solo hay cartas. Sabes, espera y espera y espera para casarse con ella, no porque esté profundamente enamorado de ella, sino porque esté profundamente enamorado de las oportunidades políticas que ella le ofrece. Eso es cierto para la mayoría de los matrimonios entre reyes y princesas en la Edad Media, pero es como si él fuera mucho más lejos al simplemente ocupar el papel de rey que cualquier otro. Esas pasiones humanas son como si se las hubieran extraído a la fuerza, así que él es todo él mismo.</p>
<p>En ese momento me doy cuenta de que ya casi he acabado con lo que tenía preparado, y llevamos unos veinte minutos de entrevista. Y no es que empiece a  improvisar, pero casi.</p>
<p>—Sobre las películas, las adaptaciones del <em>Enrique V</em> de Shakespeare. Tenemos a Laurence Olivier [1944], tenemos a Branagh [1989], quizá no haga falta que hablemos del Enrique de Timothée Chalamet [2019]&#8230;</p>
<p>—Oh, por favor, no…</p>
<p>—¿Cuál prefieres?</p>
<p>—Branagh.</p>
<p>—¿Branagh?</p>
<p>—Creo que sí. Me resultó curioso ver a Tom Hiddleston interpretarlo. [En uno de los capítulos de <em>The Hollow Crown</em> (2012), dedicado justamente a Enrique V].</p>
<p>—Sí, estuvo muy bien.</p>
<p>—Estuve en la universidad con Tom. Le veía todos los días así, él y yo éramos del mismo año, en la misma universidad. Éramos adolescentes juntos, y ahora él es como&#8230;</p>
<p>—Y eso que su Arenga de San Crispín no es nada épica.</p>
<p>—[Ríe.] Es divertido verle interpretar así. Hay una <a href="https://www.rsc.org.uk/henry-v/" target="_blank" rel="noopener">nueva producción de <em>Enrique V</em></a> en Stratford, la Royal Shakespeare Company, donde Alfred Enoch interpreta a Enrique. Vi ensayos el otro día, es sensacional. Así que, toda la oscuridad de la que he hablado, verás en esta obra, la cortan de tal manera que él es simplemente… es una tragedia. Es como si se convirtiera, capturaran la sensación de que está atrapado en su conquista, y el matrimonio es aterrador al final, lo cual rara vez ocurre. Quiero decir, no es el espíritu de la obra, pero de todos modos esta es otra época.</p>
<p>—Y tenemos claro que una cosa es la película y la obra de Shakespeare y otra es el Enrique histórico. No es lo mismo.</p>
<p>—No, pero de la misma manera que cada vez que las obras se recuperan se hace en función del momento en que se recuperan. <a href="https://www.nationaltheatre.org.uk/whats-on/henry-v/" target="_blank" rel="noopener">Vi a Kit Harrington interpretar a Enrique en Londres el día que Putin invadió Ucrania y lucía un vestuario moderno</a>, tenían pequeñas pistolas de plástico; lo interpretaban de un modo bastante divertido, aunque fue horrible verlo en aquel día. Pero así como reinventamos las obras a lo largo del tiempo, eso también es historia, ya sabes, la historia se recibe en un tiempo. Y esta historia de Enrique se veía hace veinte años de una manera diferente que hace cuarenta.</p>
<p>—Después de tu trilogía de novelas ambientada en los primeros años de la Guerra de los Cien Años, ¿has considerado escribir una novela sobre Enrique?</p>
<p>—No.</p>
<p>—¿Ya has tenido suficiente?</p>
<p>Ríe.</p>
<p>—Bueno, sí. En primer lugar, no me interesa escribir novelas sobre figuras históricas conocidas. Me interesaban las novelas en capturar la experiencia de la gente corriente, y si hubiera podido escribir a una «banda de hermanos» con diarios reales de soldados como una monografía, simplemente haría eso. Pero no era posible capturar la vida individual de la gente corriente en esa época a través de las monografías, así que usé la novela histórica. Pero este es un tipo de libro diferente a todos mis otros libros de ensayo. La biografía es psicológicamente cercana y es presente. Así que lo considero un libro bastante diferente a todos mis otros ensayos.</p>
<p>—La última pregunta antes del Friki Test. Si no te hubieras centrado en la época medieval, no solo en Inglaterra sino también en Europa, ¿qué otros periodos te habría gustado investigar?</p>
<p>—Acabo de terminar de escribir un <a href="https://www.amazon.es/Castles-Fortified-History-Bronze-Nuclear/dp/B0GLG2YYM4/ref=tmm_hrd_swatch_0" target="_blank" rel="noopener">gran libro sobre castillos</a>. Va mucho más allá de este periodo medieval. Comienza en la Edad de Bronce y termina en la era nuclear. Me interesaba mucho la Grecia de la Edad de Bronce. Me encanta, voy a Creta cada año y me encantaría escribir un libro sobre Creta de la época minoica a los nazis. Me interesa mucho la Guerra Civil estadounidense, Rusia y Japón en el siglo XVIII.</p>
<p>—Aún eres joven.</p>
<p>—[Ríe.] ¡Gracias!</p>
<p>—Tienes tiempo para investigar, ya sabes, otras culturas.</p>
<p>Cerramos la entrevista propiamente dicha, pero, ya sabéis, esto que no está todo. Lo saben los otros autores que hemos entrevistado y a ello se «enfrentarán» otros autores en el futuro. ¡Llega el Friki Test!</p>
<p>—Tus tres libros favoritos.</p>
<p>—<em>Guerra y paz</em> de Tolstói. [Se toma unos segundos para pensar.] Voy a sonar loco por <em>Anna Karénina</em> de Tolstói. [Ríe.] No voy a decir más Tolstói. Y supongo que hay un gran libro de James Ellroy llamado <em>América</em>, escrito en el 1995, que fue muy influyente en mí para escribir ficción. Era tan sórdido y y sucio. ¿Lo has leído?</p>
<p>—Sí.</p>
<p>No le interrumpo para decirle que me encanta esa Trilogía de los Bajos Fondos de Estados Unidos de Ellroy, formada por<em><a href="https://hislibris.com/america-james-ellroy/" target="_blank" rel="noopener"> América</a></em>, <em>Seis de los grandes</em> y <em>Sangre vagabunda</em>.</p>
<p>—Esa malvada imaginación del asesino de Kennedy. Me encanta Ellroy. Quizá no debería decir dos historias tan extensas. Veamos, <em>Guerra y paz</em>, <em>América</em> y&#8230;</p>
<p>Se lo piensa otro rato.</p>
<p>—Alguno inglés —sugiero.</p>
<p>—¿Por qué no <em>Cuentos de Canterbury</em> de Chaucer? Así tenemos algo medieval.</p>
<p>—Muy bien. Un libro inacabado.</p>
<p>—Un libro que no he terminado… ¿Has leído a Karl Ove Knausgård? [Niego con la cabeza.] Knausgård, el gran novelista noruego actual. ¿Está traducido Knausgård al español?</p>
<p>—Si, lo está. Muy buenos libros, según la crítica.</p>
<p>—La serie <em>Mi lucha</em>, son seis.</p>
<p>—Sí, sobre su vida.</p>
<p>—Es él haciendo tostadas o algo así. escuchando música o estando deprimido. Leí el un libro de la serie, dos, tres, cuatro, cinco, a mitad del sexto creo que ya no puedo aguantar más.</p>
<p>Reímos todos.</p>
<p>—Estuviste a nada de terminar la serie&#8230;</p>
<p>—Oh, lo sé, pero había un ensayo de 350 páginas sobre Hitler y me dije que ya tenía más que suficiente. ¡Basta!  Me gusta Knausgård, y su último libro, nuevo este año [<em>The School of Night</em>, salió en inglés en diciembre de 2025, después lo menciona], es uno de los mejores.</p>
<p>—¿Cuántos libros tienes? Más o menos.</p>
<p>—Miles. Tengo tantos que todas mis estanterías están apiladas con dobles filas.</p>
<p>—¡Como yo!</p>
<p>—Tengo tantos que he comprado una casa nueva para mis libros. Una pequeña cabaña que va a estar de pared a pared solo con libros. No tengo más espacio.</p>
<p>—Yo  he tenido que alquilar un trastero. [Ríe.] No me caben más libros en casa.</p>
<p>Asiente y yo me siento comprendido.</p>
<p>—Un libro que te haya gustado pero que te avergüenza admitirlo.</p>
<p>Esta vez su carcajada es estruendosa, acompañada por las de Júlia y Carme.</p>
<p>—¡Guau!</p>
<p>—Todos tenemos uno…</p>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/dan-jones_2.jpg" data-rel="prettyPhoto[image-105247]"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright wp-image-105255 size-medium" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/dan-jones_2-237x300.jpg" alt="" width="237" height="300" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/dan-jones_2-237x300.jpg 237w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2026/03/dan-jones_2.jpg 687w" sizes="auto, (max-width: 237px) 100vw, 237px" /></a>—Vaya, esta es una pregunta muy, muy buena. Creo que hay por ahí algo vergonzoso que he disfrutado. Me gustan bastante las autobiografías de futbolistas realmente cutres. Me encantan. ¿Recuerdas a un futbolista llamado Roy Keane?</p>
<p>—Sí. [Lo recuerdo, pero que no me pregunte en qué equipo de la Premier League jugaba&#8230;]
<p>—La <a href="https://www.amazon.es/Second-Half-Roy-Keane/dp/1780228821/ref=asc_df_1780228821?mcid=8b15c9544cfd3baf97c17bb6a973ee2f&amp;tag=googshopes-21&amp;linkCode=df0&amp;hvadid=699717042898&amp;hvpos=&amp;hvnetw=g&amp;hvrand=18034589398016873883&amp;hvpone=&amp;hvptwo=&amp;hvqmt=&amp;hvdev=c&amp;hvdvcmdl=&amp;hvlocint=&amp;hvlocphy=9072454&amp;hvtargid=pla-568068464052&amp;psc=1&amp;hvocijid=18034589398016873883-1780228821-&amp;hvexpln=0" target="_blank" rel="noopener">segunda autobiografía de Roy Keane</a>. Cuando era el entrenador del Sunderland. «Ganamos dos, perdimos uno». Menudo libro, yo pensé «¡anda ya!». [Ríe.] Fantástico…</p>
<p>—Eres muy futbolero… [Ríe.] ¿El último libro que has leído? O libros.</p>
<p>—Bien, siempre leo varios. Así que está el nuevo de Knausgård<em>, The School of Night</em>, que me encanta. Estoy escuchando en audiolibro titulado <em><a href="https://www.amazon.com/-/es/Jo-Harkin-ebook/dp/B0DKJ5JQN6/ref=sr_1_1?crid=34YOQQDI6UTTU&amp;dib=eyJ2IjoiMSJ9.NLWygUNnh8s1AXbjirJohg.mYRJ_tiB8njdXGZtISex8WWvUKEay7m47fGnbrXFw8U&amp;dib_tag=se&amp;keywords=the+pretender+jo+harkin&amp;qid=1773572554&amp;s=digital-text&amp;sprefix=the+pretender+%2Cdigital-text%2C218&amp;sr=1-1" target="_blank" rel="noopener">The Pretender de Jo Harkin</a></em>, que trata sobre Lambert Simnel, pretendiente al trono de los Tudor. Acabo de leer la biografía de Rasputín escrita por Antony Beevor. [<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-rasputin/448095" target="_blank" rel="noopener">Llegará esta primavera la traducción castellana a cargo de Editorial Crítica</a>]. Esos son los tres que tengo en marcha ahora mismo. Ah, también estoy leyendo un libro llamado <em><a href="https://www.penguin.co.uk/books/469085/self-help-from-the-middle-ages-by-jones-peter/9781529154863" target="_blank" rel="noopener">Selp-Help from the Middle Ages</a></em>, que reseñaré para un periódico y es bastante divertido.</p>
<p>—El último libro que has comprado.</p>
<p>Se lo piensa unos segundos.</p>
<p>—Habrá sido como ayer que compré, sé que lo que compré&#8230; eran los Diarios de guerra del príncipe Reprecht de Baviera porque quería encontrar la carta que escribió a Ludendorff en la que le suplicaba que no dinamitara el Castillo de Coucy. mientras los alemanes se retiraban de la batalla del Somme hacia la línea Hindenburg. Ludendorff simplemente lo destruyó todo. Y estaba el Castillo de Coucy, el castillo más grande de Francia. Ludendorff tenía 80.000 libras de dinamita alrededor y Rupprecht le escribió diciéndole que no lo destruyera. Así que quería esa carta.</p>
<p>—Uno de sus propios libros que te hace sentir orgulloso.</p>
<p>—Vaya…</p>
<p>—Uno o dos.</p>
<p>—Estoy muy orgulloso de… acabo de reeditar <em>Los Plantagenet</em>. Estoy orgulloso de ese libro, ya sabes, fue el primer libro que realmente despegó y que lo empezó todo.</p>
<p>—Cuando lees, ¿qué prefieres: tapa dura, bolsillo o e-book?</p>
<p>—Tapa dura.</p>
<p>—¿Dónde lees?</p>
<p>—En la cama. en el sofá de mi despacho… y siempre escucho audiolibros en el coche.</p>
<p>—¿Cómo organizas tus libros?</p>
<p>—Veamos… cada estantería es más o menos un tema. Así que tengo una estantería por siglo, una para el siglo XIII, una para las Cruzadas, una para historia moderna, y así puedo escoger.</p>
<p>—El libro más valioso de tu biblioteca.</p>
<p>—Oh, tengo un conjunto de crónicas de Jean Froissart del siglo XVIII. Están un poco gastadas. No compro libros valiosos, no los cuido muy bien.</p>
<p>—¿Qué usas como marcapáginas?</p>
<p>—Billetes de tren, bolígrafos, doblo las páginas…</p>
<p>Reímos.</p>
<p>—Sí, lo hacemos todos.</p>
<p>Llevo un rato mirando el reloj, pues Dan debe partir en breve hacia el aeropuerto. Le digo a Carme que quedan unas pocas preguntas.</p>
<p>—¿Escribes notas en tus libros?</p>
<p>—Sí. Leo con un bolígrafo en la mano, garabateo por todas partes.</p>
<p>—Subrayas, tomas notas&#8230;</p>
<p>—Uso la anotación de ajedrez, ya sabes, signos de exclamación y signos de interrogación, dos signos de interrogación significan «qué pesado». [Ríe.]
<p>—¿Has recibido mensajes extraños de tus lectores? ¿Alguna anécdota, quizá?</p>
<p>—Sí… Mensajes raros. Incluso me ha aparecido gente en la cocina. Un día llegué a casa y tenía a dos personas en mi cocina, unos completos desconocidos. Me dicen: «Hola, somos James y Mandy, de Facebook». ¡En mi casa! Sí, muy raro. Hubo un tipo que tenía un tatuaje de mi cara en el abdomen. Tío, no te creerías las rarezas que recibo, las fotos. Muy raro, sí.</p>
<p>—Y por último, la tortilla de patatas, un plato típico español. Supongo que lo has comido.</p>
<p>—La tortilla [Lo pronuncia en castellano], sí.</p>
<p>—La gran pregunta que tenemos en este país y que divide a unos y a otros. ¿Con o sin cebolla?</p>
<p>—Con. Con. ¿Sí? ¿No? [Nos mira a los tres.]
<p>Júlia responde que sin cebolla. Reímos todos.</p>
<p>—Es un tema que divide a este país por la mitad.</p>
<p>—No tenía ni idea. Si la estuviera haciendo ahora, caramelizaría la cebolla muy despacio para darle dulzura. Pero todos me estáis juzgando muy duramente… [Reímos todos.]
<p>—Siempre con —respondo.</p>
<p>Hace ver que respira aliviado, en broma.</p>
<p>Doy por finalizada la entrevista entre risas, me dice que ha disfrutado mucho. Nos hacemos un par de fotos y le pregunto si vio el partido del Manchester City contra el Real Madrid –estuvo de promoción en Madrid el día antes, miércoles–, sin insistirle con quién iba. Responde que en casa tiene tres hijos (dos chicas y un chico) y que ven bastante fútbol.</p>
<p>Recojo mis cosas, me despido de los tres y salgo del hotel en esa tarde de jueves 12 de marzo de 2026.</p>
<p>Hislibris Estuvo Allí.</p>
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		<title>POSESIÓN – A. S. Byatt</title>
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		<dc:creator><![CDATA[cavilius]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Mar 2026 06:48:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Novela histórica]]></category>
		<category><![CDATA[Novelas de género]]></category>
		<category><![CDATA[A. S. Byatt]]></category>
		<category><![CDATA[Época victoriana]]></category>
		<category><![CDATA[poesía inglesa]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XIX]]></category>
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					<description><![CDATA[No quiero hacer un daño irreparable a su vida. Me queda todavía el suficiente entendimiento racional para suplicarle –a despecho de mis deseos, de mi esperanza, de mi sincero amor– que piense antes y después. Si mediante alguna clase de invención se puede hacer satisfactoriamente, de suerte que después pueda usted vivir como quiere, en [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>No quiero hacer un daño irreparable a su vida. Me queda todavía el suficiente entendimiento racional para suplicarle –a despecho de mis deseos, de mi esperanza, de mi sincero amor– que piense antes y después. Si mediante alguna clase de invención se puede hacer satisfactoriamente, de suerte que después pueda usted vivir como quiere, en ese caso, si eso es posible, no es cosa para escribir.</p></blockquote>
<p><a href="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/08/popsesion-scaled-1.jpeg" data-rel="prettyPhoto[image-79559]"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-43376" src="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/08/popsesion-scaled-1-191x300.jpeg" alt="" width="200" height="314" srcset="https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/08/popsesion-scaled-1-191x300.jpeg 191w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/08/popsesion-scaled-1-652x1024.jpeg 652w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/08/popsesion-scaled-1-768x1206.jpeg 768w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/08/popsesion-scaled-1-978x1536.jpeg 978w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/08/popsesion-scaled-1-1304x2048.jpeg 1304w, https://hislibris.com/wp-content/uploads/2025/08/popsesion-scaled-1.jpeg 1630w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>No hay como empezar la reseña de una novela hablando de otra, así que allá vamos. Allá por el año 1980 el filósofo y semiólogo Umberto Eco, hasta entonces conocido tan solo por sus colegas del gremio, saltó a la fama con la publicación de la novela <em>El nombre de la rosa</em>. Novela histórica, novela policíaca, novela filosófica, todo eso era la narración de las investigaciones en una abadía benedictina italiana del siglo XIV, del franciscano fray Guillermo de Baskerville y su discípulo Adso de Melk, trasuntos de Sherlock Holmes y el doctor Watson. Tal fue el bombazo literario que Eco tardó ocho años en publicar otra novela. Y esa década ochentera, revolucionaria en tantos sentidos, también vivió la revolución del hasta entonces recatado, reducido y modesto sector de la narrativa histórica.<span id="more-79559"></span></p>
<p>Cuánto y cómo ha cambiado desde entonces la novelística histórica. A peor, casi diría, no solo por aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor sino también porque sí. Pero a lo que vamos: el influjo de la obra de Eco fue enorme, y una escritora y profesora universitaria se dejó imbuir por él y dedicó dos años a escribir una novela que tuvo en su carrera literaria el mismo efecto que <em>El nombre de la rosa</em> en la de Eco: en 1990 y con 54 años publicó <em>Possession. A Romance</em>, y con ella ganó el Irish Times Aer Lingus, uno de los más prestigiosos premios literarios irlandeses, y el Premio Booker, el más prestigioso premio literario en Gran Bretaña. Dos años después fue traducida al español por Anagrama, editorial que la reeditó en 2001 y de nuevo ahora, en 2025.</p>
<p>La novela, presumo, sin duda gozó de más fama en el mundo anglosajón que en el hispano, pero pese a todo se quedó lejos de la estela de <em>El nombre de la rosa</em>. La autora, A. S. Byatt, reconoció en 2009 (en un breve prólogo que la edición española actual ha incluido) la importancia de la novela de Eco en la suya. De él aprendió que, si la historia es sólida y robusta, «le puedes meter dentro todo lo demás que haya que meter». Y eso es lo que hizo. La novela cuenta una investigación, pero cuenta con un trasfondo quizá más importante que las pesquisas de los protagonistas. Estas se centran en torno a la vida y obra de un escritor y poeta inglés de la época victoriana, Randolph Henry Ash, y su relación con Christabel LaMotte, admiradora suya y a su vez poeta, pero de mucho menor calado e importancia que Ash. Quienes llevan a cabo la investigación son Roland Michell, un investigador (así hay que llamar a quien se dedica a recorrer bibliotecas y zambullirse en manuscritos antiguos en busca del pasado de sus autores, ¿no?), y una descendiente de Christabel, la doctora Maud Bailey, especialista en la poesía de su antepasada y profesora universitaria.</p>
<p>Los protagonistas dedican jornadas enteras a la lectura y escudriñamiento de una gran cantidad de textos escritos por Christabel y sobre todo por Ash: correspondencia, poemas, cuentos, diarios… en busca de una posible conexión entre ambos que fuera más allá del ámbito simplemente literario. Ash, hombre casado, fue un escritor de gran fama en su tiempo y en el siglo XX, por lo que el descubrimiento de una infidelidad con la también escritora Christabel LaMotte sería una noticia de gran relevancia en el mundo de los estudios literarios. Por ello, existe toda una serie de personajes secundarios que pululan por la novela tratando de sacar rédito de lo que sea que estén investigando los dos protagonistas.</p>
<p>Esta es la trama, que quizá pueda resultar algo insulsa al público acostumbrado (y adocenado, que la culpa hay que repartirla bien) a que en una historia haya sangre, muertos, tiros, misterios sobrenaturales o cosas así. En cuanto al trasfondo, probablemente es el aspecto más destacable de <em>Posesión</em>. Randolph Henry Ash y Christabel LaMotte son personajes ficticios, pero A. S. Byatt es capaz de realizar un ejercicio de reconstrucción asombroso, no solo de la época en la que supuestamente vivieron, la Inglaterra victoriana de Tennyson, Coleridge, Browning y compañía, sino de la obra que supuestamente escribieron tanto Ash como LaMotte. Dedica páginas y páginas a reproducir las cartas que se intercambiaron, plasmando en ellas el estilo y modo de escribir de aquellos tiempos; los diarios de personajes relacionados con Ash; incluso gran cantidad de poemas escritos tanto por Ash como por Christabel, que a menudo ocupan varias páginas. Según Byatt, «hay personas que escriben tesis sobre mis poetas imaginados». Y recuerda la anécdota de que un editor americano le sugirió que retirara todas esas «excrecencias» de la obra, que por lo demás tenía una buena intriga echada a perder por tanto poeta victoriano en sus páginas. El caso es que Byatt lleva a cabo un trabajo de orfebrería francamente encomiable.</p>
<p>Me atrevería a decir que <em>Posesión</em> es una novela exigente (como también lo es <em>El nombre de la rosa</em>). Sus descripciones son pormenorizadas y detallistas, y el porcentaje de páginas ocupadas por toda la documentación inventada es importante. ¿Por qué tanto espacio dedicado a transcribir unas cartas y poemas que jamás escribió un personaje que nunca existió? Está claro: para recrear, no solo al personaje sino también su manera de pensar, de sentir y de vivir. Lo mismo cabe decir, por supuesto, de Christabel. Para apreciar tal vez en esa documentación falsa una evolución, y sopesar la posibilidad de que esa evolución tal vez tiene algún paralelismo en los personajes que, más de cien años después, se están interesando por ella, Roland Michell y Maud Bailey.</p>
<p><em>Posesión</em> es una novela escrita con el aroma que tienen las novelas «de antes». Una novela para paladear y degustar, no un <em>fast food</em> tan habitual en los tiempos actuales de prisas y superficialidad. Existe película homónima, rodada en 2002 con presupuesto y actores americanos (Aaron Eckhart y Gwyneth Paltrow); estaría bien comprobar si el film simplifica / infantiliza la historia para hacerla apta al público palomitero actual, o si respeta la esencia de la novela.</p>
<p>*******</p>
<p>A. S. Byatt, <em><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/posesion/9788433946843/PN_246" target="_blank" rel="noopener">Posesión</a></em>, traducción de María Luisa Balseiro. Barcelona, Anagrama, 2025, 616 páginas.</p>
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