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	<title>Homilía dominical</title>
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	<description>Lecturas diarias de la Palabra de Dios, comentarios y homilías, sugerencias para la liturgia y para la celebración de los sacramentos, Santoral...</description>
	<lastBuildDate>Fri, 05 Jun 2026 11:59:18 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Tener vida en abundancia</title>
		<link>https://homiliadominical.marianistas.es/tener-vida-en-abundancia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[lorenzo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Jun 2026 11:59:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CICLO A]]></category>
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					<description><![CDATA[7 de junio 2026- Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo Gracias a la medicina y la tecnología, en los países desarrollados la vida se ha prolongado de manera inimaginable hace setenta años. A pesar de ello, seguimos siendo vulnerables y no se ha logrado la ansiada calidad de vida. Sabemos cómo tratar y aliviar el [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong> 7 de junio 2026- Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Gracias a la medicina y la tecnología, en los países desarrollados la vida se ha prolongado de manera inimaginable hace setenta años. A pesar de ello, seguimos siendo vulnerables y no se ha logrado la ansiada calidad de vida. Sabemos cómo tratar y aliviar el dolor, pero resulta más difícil confrontarse con el sufrimiento. No se nos ha enseñado a <strong>dar sentido a los sufrimientos</strong> inherentes a la condición humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa calidad de vida no se puede reducir a tener una vida más confortable, en la que podamos consumir más, sino que debe ser una vida más plena, en la que todo lo que hagamos tenga más sentido porque está más conforme con nuestro <strong>ser auténtico</strong> y no simplemente con unas necesidades artificialmente creadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El pueblo de Israel, instalado en la tierra, viviendo sin problemas, corre el peligro de olvidar de dónde viene y adónde va. Por eso Dios le invita a recordar su paso por el desierto, en el que Dios se ocupó directamente de él para que no le faltara <strong>el alimento cotidiano</strong>, que nosotros seguimos pidiendo al Señor (Deut 8,2-3.14b-16). No debe sobre todo olvidar que el hombre vive no sólo de pan sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Además del hambre física, existen <strong>otras necesidades</strong> que saciar si queremos realizar la vocación humana. Como el hombre está destinado a vivir la vida de Dios, tiene que alimentarse de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los alimentos humanos no pueden garantizar una vida sin fin. Tan sólo un alimento espiritual puede darnos la vida eterna. Jesús prometió ese alimento y declaró que era <strong>su persona</strong>. Un hombre acosado, condenado a muerte, en vez de resistirse o de maldecir a sus enemigos, se entrega libremente en sus manos, da la vida por los demás. Y anticipa esa donación en ese gesto genial que es la eucaristía, instituida en la Última Cena. Jesús nos alimenta con su persona, su vida y su palabra. Nos alimenta incorporándonos a sí y haciendo que circule por nosotros su misma vida. Esa vida que Él ha recibido del Padre, una vida divina que dura para siempre (Juan 6,51-58).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús promete la resurrección en el último día. En realidad ese día definitivo ha llegado ya con su resurrección de manera que esa vida eterna está presente ya en nosotros y la vivimos en la fe, la esperanza y el amor. No es todavía la vida eterna en plenitud, pero son <strong>las primicias y la garantía</strong> de lo que un día seremos y ya se deja entrever esa vida en abundancia que brota de la entrega generosa de Jesús por todos nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Eucaristía es sacramento de <strong>comunión</strong>. Unión profunda con Cristo, que es nuestro alimento. En el proceso normal de la comida, somos nosotros los que asimilamos el alimento y lo incorporamos a nuestra vida. En la Eucaristía, por el contrario, somos nosotros los que nos incorporamos a Cristo y formamos uno con Él. Pero, al unirnos a Cristo, nos unimos también con el Padre. Es la vida del Padre la que anima la misión de Jesús y, a través de Él, la vida misma de Dios llega a nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todos los que comemos el mismo pan formamos <strong>un solo cuerpo</strong>, porque tenemos la misma vida, la vida de Jesús, que es la vida misma de Dios (1Cor 10,16-17). La vida humana nace y se desarrolla en el seno de la familia. La Familia Marianista quiere ser un reflejo del seno maternal de María. En familia podemos crecer espiritualmente en Cristo, alimentados por su cuerpo y su sangre. Que la celebración de la eucaristía construya nuestra Iglesia como Familia de Dios, que vive solidaria los problemas de todos los hombres.</p>
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		<title>Tanto amó Dios al mundo que entregó su Hijo</title>
		<link>https://homiliadominical.marianistas.es/tanto-amo-dios-al-mundo-que-entrego-su-hijo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[lorenzo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 26 May 2026 09:24:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CICLO A]]></category>
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					<description><![CDATA[31 de mayo de junio de 2026 &#8211; La Santísima Trinidad En tiempos de guerras, conviene recordarnos que toda la humanidad es una única familia, la familia de los hijos de Dios. Nuestro Dios no es un ser solitario, fundador del individualismo, sino una trinidad de personas que se aman. El amor tiende a comunicarse [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>31 de mayo de junio de 2026 &#8211; La Santísima Trinidad</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En tiempos de guerras, conviene recordarnos que toda la humanidad es una única familia, la familia de los hijos de Dios. Nuestro Dios no es un <strong>ser solitario</strong>, fundador del individualismo,  sino una trinidad de personas que se aman. El amor tiende a comunicarse y por eso el Dios- familia se abre a la creación y, de manera particular, a la humanidad. Es un contrasentido el que los hombres se maten entre sí. El misterio de la Trinidad no es otra cosa que el <strong>misterio del amor de Dios</strong>, que nos envuelve y acompaña, que se nos manifiesta y se nos da a lo largo de la historia de la salvación, que continúa hoy día.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dios ha ido revelando progresivamente su intimidad y algunos como Moisés pudieron experimentar esa amistad de Dios que se manifiesta como el Dios de la Alianza, que crea una familiaridad de Dios con su pueblo (Ex 34,4b-6.8-9). Es un Dios compasivo, de <strong>entrañas maternales</strong>, a la vez padre y madre. San Ireneo dirá que Dios actúa en el mundo mediante el Verbo y el Espíritu, que son las dos manos de Dios. La Palabra creadora es una mano masculina. El Espíritu de amor es la mano de Dios que da un toque femenino a todo lo que Dios hace (2 Co 13, 11-13.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ha sido el Hijo, enviado por el Padre, el que nos ha revelado el misterio de la Trinidad, el misterio del amor de Dios. Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenarlo sino para <strong>salvarlo</strong> (Jn 3,16-18). Dios ha enviado su Espíritu a nuestros corazones y con Él su amor, de manera que podemos participar en la vida misma de Dios. Desde esta realidad podemos incluso releer el Antiguo Testamento y descubrir varia figuras, como la Sabiduría y el Espíritu de Dios, que anuncian al Hijo y al Espíritu. Dios ha ido revelando progresivamente su intimidad, después de haber ido preparando pacientemente a su pueblo para que pudiera acoger esa revelación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dios no es un ser aislado encerrado en sí mismo. Es una comunidad de personas que mantienen entre ellas una serie de relaciones de amor, que traducimos con nuestras experiencias humanas de Padre, Hijo y Espíritu. La persona es apertura, es <strong>relación </strong>y se constituye y realiza sólo en la relación. El Padre se da totalmente al Hijo. El Hijo acoge este don y lo devuelve al Padre. Y en ese dar y recibir se constituye el Espíritu como el lazo de amor entre el Padre y el Hijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es el misterio de la Trinidad el que ilumina el misterio que somos cada uno de nosotros, creados a imagen y semejanza de la Trinidad. Tampoco el hombre es un ser aislado, cerrado en sí mismo, sino que somos una apertura a los demás. Nos constituimos y realizamos como personas, precisamente en relación con los demás, sobre todo en esa relación privilegiada que es el amor y que consiste en <strong>dar y recibir</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todos nosotros tenemos la capacidad de dar vida y amor, de salir de nosotros mismos para buscar el bien de los demás porque estamos hechos a imagen del Padre. Pero también somos capaces, como el Hijo, de acoger el don de los demás, su intimidad. Y en ese compartir nuestra vida, nuestra fe y nuestro amor, se constituye la comunidad humana y eclesial, verdadera familia de Dios. En ella el Espíritu anima la misión, haciendo que no nos quedemos encerrados en nosotros mismos como Iglesia sino que sea siempre una <strong>Iglesia misionera</strong> abierta y orientada hacia el mundo para salvarlo, para convertirlo en Reino de Dios. Eso es lo que queremos vivir en esta Eucaristía.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>El Espíritu renueva su Iglesia</title>
		<link>https://homiliadominical.marianistas.es/el-espiritu-renueva-su-iglesia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[lorenzo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 May 2026 12:05:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CICLO A]]></category>
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					<description><![CDATA[24 de mayo de 2026 – Domingo de Pentecostés Las críticas de Trump al Papa León no han atemorizado a este. No tengo miedo, ha dicho nuestro papa. Frente a la realidad de tantas guerras destructoras, el Papa sigue insistiendo en buscar una paz desarmada y desarmante. Sin duda, el papa está convencido de que Dios [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>24 de mayo de 2026 – Domingo de Pentecostés</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las críticas de Trump al Papa León no han atemorizado a este. No tengo miedo, ha dicho nuestro papa. Frente a la realidad de tantas guerras destructoras, el Papa sigue insistiendo en buscar una <strong>paz desarmada y desarmante</strong>. Sin duda, el papa está convencido de que Dios quiere un mundo en paz, que hay que construir a través del encuentro y el diálogo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es el Espíritu del Señor el que posibilitó el día de Pentecostés escuchar la Palabra de Dios y entenderla cada uno en su propia lengua. Se trata sin duda alguna del&nbsp;<strong>lenguaje del amor</strong>, que hace la unidad a partir de la diversidad, respetando a cada pueblo y a cada persona. Es la hora de que callen las armas que hacen ruido y confusión y hable el lenguaje del entendimiento y comprensión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata de construir la fraternidad universal, la amistad social, entre las personas y los pueblos. No podemos permitirnos el lujo de malgastar los recursos de los países en destruirse unos a otros. Necesitamos una nueva civilización del amor que se haga cargo de los descartados, de los pobres y los débiles, que son las víctimas de nuestro estilo de vida<strong> consumista</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Iglesia tiene que ser una Iglesia de los pobres y para los pobres. Sólo así será fiel al mensaje de Jesús y podrá ser&nbsp;<strong>fermento&nbsp;</strong>de nueva humanidad. Es precisamente el Espíritu Santo, el Espíritu del amor del Padre y del Hijo, enviado a la Iglesia el que hizo posible la unidad a partir de la diversidad de pueblos y culturas extrañas a la tradición judía, de la que procedían Jesús y sus discípulos. “El Espíritu renovó la faz de la tierra”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Espíritu hizo el milagro (Hechos 2,1-11). Él da fuerza a los apóstoles, que estaban encerrados en casa por miedo a los judíos, para salir a las plazas a dar testimonio de Jesús. Él abre el corazón y los oídos de los presentes para entender en su propia lengua las maravillas de Dios. Es decir, el Espíritu reúne la Iglesia, dándole&nbsp;<strong>unidad en la diversidad</strong>, para poder ser testigo ante todos los pueblos. Es el Espíritu el que pone en el corazón de los pueblos la búsqueda de la unidad, de la justicia y de la paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Iglesia nace de la proclamación del Evangelio, del anuncio de Jesús. No es que primero existe la Iglesia y después empiece a predicar. La Iglesia tan sólo existe en la medida en que anuncia y hace presente a Jesús en el mundo mediante su palabra y sus obras. Esta acción no es una simple acción humana sino que es el mismo Dios el que está actuando mediante su Espíritu. No es que la Iglesia tenga el monopolio del Espíritu, que “sopla donde Él quiere”, pero podemos decir que en la Iglesia actúa con una&nbsp;<strong>intensidad especial</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la comunidad eclesial todos somos&nbsp;<strong>protagonistas,</strong>&nbsp;porque todos hemos recibido el don del Espíritu, es decir, sus carismas (1 Cor 12,3-13). No tenemos que pensar sólo en dones extraordinarios, como el hablar lenguas extranjeras sin estudiarlas o hacer curaciones. Todos los dones y talentos que tenemos, sean de salud, de inteligencia, de arte y de bondad son dones del Espíritu. Cuando los reconocemos y los empleamos al servicio de la construcción del cuerpo de Cristo y de la comunidad humana, esas cualidades son verdaderos carismas. Cuando, por el contrario, las utilizamos para el provecho propio, para imponernos a los demás, las cualidades siguen siendo dones de Dios, pero no las usamos como Dios quiere.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nosotros experimentamos que el Espíritu está presente en nosotros porque sabemos que nuestros pecados han sido perdonados ya en nuestro bautismo, antes de que nosotros pudiéramos hacer nada de bueno (Jn 20,19-23). <strong>El perdón de Dios</strong> ha sido el gran signo de su amor y ha tenido lugar con el don del Hijo y del Espíritu. Éste derrama en nuestros corazones el amor de Dios. Pidamos en esta Eucaristía que el Espíritu sigue renovando su Iglesia para que sea siempre joven y promueva iniciativas nuevas según las necesidades de estos tiempos.</p>
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		<title>El Señor volverá</title>
		<link>https://homiliadominical.marianistas.es/el-senor-volvera-4/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[lorenzo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 May 2026 09:01:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CICLO A]]></category>
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					<description><![CDATA[17 de mayo de 2026 – La Ascensión del Señor Este año nos hemos ido acostumbrando a las guerras e invasiones de los poderosos para adueñarse de las riquezas de otros países e incrementar el negocio de las armas. Grupos poderosos especulan con las subidas de los combustibles. El mundo parece haber renunciado a la [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>17 de mayo de 2026 – La Ascensión del Señor</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Este año nos hemos ido acostumbrando a las guerras e invasiones de los poderosos para adueñarse de las riquezas de otros países e incrementar el negocio de las armas. Grupos poderosos especulan con las subidas de los combustibles.  El mundo parece haber renunciado a la diplomacia y se ha resignado a que sigan hablando las armas, como si ellas fueran capaces de traer la paz. Algunos tendrán la impresión de que Dios nos ha dejado de su mano y que Jesús efectivamente subió a los cielos y se desentendió de lo que pasa en la tierra. Sin embargo sabemos que Jesús subió a los cielos precisamente para que el Padre tenga ante sí la realidad dolorosa de la humanidad inscrita en las <strong>llagas del crucificado</strong> que ha resucitado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús resucitado de entre los muertos y sentado a la derecha de Dios intercede por nosotros. &nbsp;Jesús vive en la intimidad de Dios y por eso sigue vivo y presente en nuestra historia a través de la acción de su Espíritu y de las personas y acciones de sus &nbsp;seguidores. Jesús ha querido&nbsp;<strong>asociarnos a su misión&nbsp;</strong>de hacer presente la salvación de Dios en nuestro mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús mismo da un mandato a sus amigos de continuar su obra y promete estar siempre con ellos (Mt 28, 16-20). Se&nbsp; nos anticipa así&nbsp;<strong>la historia de la Iglesia</strong>&nbsp;en la que sigue vivo el Señor resucitado. La llamada ascensión es la exaltación del crucificado, al que Dios hace justicia, sentándolo a su derecha. Estando con Dios, no se ha alejado de la historia humana, sino que está más presente que nunca pues ya no existen para Él las barreras del espacio y del tiempo (Ef 1,17-23).</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hay pues ruptura sino continuidad entre Cristo y su Iglesia, presente ya en su vida pública en la persona de sus discípulos, que reciben el testigo y lo van pasando a las generaciones venideras. Entramos en&nbsp;<strong>el tiempo de la misión</strong>, en el que no se puede estar mirando al cielo sino que hay que anunciar el evangelio (Hechos 1,1-11). La persona de Jesús se convierte en la clave de la historia universal y de cada una de las personas. En la acogida o el rechazo de Jesús cada uno se juega su destino. La Iglesia se siente por tanto investida de una misión muy seria. Está en juego nada menos la salvación o la perdición de las personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Iglesia contempla la humanidad con el mismo amor de Dios Padre que tanto amó al mundo que le dio su propio Hijo, no para condenar al mundo sino para que se salve. La Iglesia quiere ser&nbsp;<strong>instrumento de salvación</strong>&nbsp;al servicio del mundo. En ella se anticipa esa salvación que es Cristo. La salvación no se refiere solamente a la otra vida, o a la vida del alma, sino que tiene que ver con la totalidad de la persona que experimenta ya ahora lo que significa ser salvada. Sin duda estamos salvados en esperanza, pero tenemos ya la garantía de lo que será la realidad definitiva que contemplamos ya en Cristo exaltado a la diestra del Padre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La celebración de la Ascensión no puede menos que provocar una alegría en todos nosotros por el triunfo de Cristo, nuestro hermano, que ha coronado ya la existencia. No se ha ido sino que sigue presente entre nosotros. No se trata de una presencia puramente estática, como la del espectador que contempla impasible la historia humana. Se trata de una <strong>presencia dinámica</strong> comprometida con el futuro de la historia del hombre. Ahora tenemos un hombre que puede hablar a los oídos de Dios en un lenguaje humano. El intercede constantemente por nosotros ante el Padre. Fijos nuestros ojos en él, tratamos de desplegar todo el dinamismo de la esperanza cristiana poniendo manos a la obra. Que la celebración de la eucaristía nos lleve a ser testigos creíbles de la presencia de Jesús en nuestro mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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			</item>
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		<title>No os dejaré huérfanos</title>
		<link>https://homiliadominical.marianistas.es/no-os-dejare-huerfanos-3/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[lorenzo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 May 2026 18:46:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CICLO A]]></category>
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					<description><![CDATA[ 10 de mayo de 2026 – 6 Domingo de Pascua Se ha hablado a veces de la orfandad espiritual de nuestro tiempo. No tanto por la falta física de los padres, que a veces están poco presentes en la vida de los hijos, sino sobre todo por la falta de personas que puedan servir de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong> 10 de mayo de 2026 – 6 Domingo de Pascua</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Se ha hablado a veces de la orfandad espiritual de nuestro tiempo. No tanto por la falta física de los padres, que a veces están poco presentes en la vida de los hijos, sino sobre todo por la falta de personas que puedan servir de puntos de referencia. En realidad la cultura actual rechaza cualquier punto de <strong>referencia normativa</strong>. Cada uno tendría que estar inventando en cada momento su propia vida. Eso supone una tarea difícil de asumir, incluso por un adulto, pues supone un tener que estar discerniendo constantemente lo que tiene que hacer en cada momento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Resulta, en cambio,  prácticamente imposible para un joven o un adolescente que no tiene esa capacidad de discernimiento por falta de puntos de referencia. De esa manera son las víctimas de la manipulación consumista. Nada extraño el que la mayoría de los jóvenes anden desorientados. Los discípulos experimentaron la ausencia de Jesús, arrebatado por la muerte en la cruz. Se encontraron desvalidos en la situación de un <strong>huérfano</strong> menor de edad (Juan 14,15-21).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante la presencia terrena de Jesús, éste era su defensor y consolador. Ahora será el Espíritu el que asuma esa misión. El es el abogado que nos defiende. Se sigue suponiendo que los discípulos y seguidores de Jesús se encuentran en <strong>situaciones difíciles</strong> y conflictivas en las que es necesario la ayuda, la defensa y el consuelo. Todo eso lo hace el Espíritu. Él es el Espíritu de la verdad, frente al espíritu del error en que yace el mundo. La verdad se abre camino por sí sola. Es el Espíritu el que irá reivindicado ante el mundo la persona de Jesús y su causa, ahora vivida por sus discípulos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta venida de Jesús en su Espíritu es una venida íntima, que acontece en el profundo del ser de la persona. No es un acontecimiento ostentoso visible para todos, aunque acontecía a través de la imposición de manos de los apóstoles (Hechos 8,5-8.14-17). Implica, por tanto, a la comunidad eclesial y a cada cristiano llamado a dar razón de su esperanza (Pedro 3,15-18). La falta de esperanza, como en el mundo antiguo, en buena medida viene de&nbsp;<strong>la ausencia de Dios</strong>&nbsp;y de la banalización de la existencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Iglesia es una madre que cuida siempre de sus hijos. Es ante todo un <strong>seno acogedor</strong> donde resulta posible vivir el evangelio. La Iglesia es madre y maestra que nos va formando y acompañando en nuestra vida de fe, mediante el alimento de la Palabra, los sacramentos y el compromiso misionero en el mundo. Es el Espíritu el que hace que la Iglesia no sea simplemente un tinglado humano sino un instrumento al servicio del Espíritu.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La experiencia del Espíritu se traduce en lo concreto de la vida. Es el Espíritu el que anima ese amor concreto que se traduce en obras al servicio, sobre todo de los más pobres.  No existe amor a Jesús sin la observancia de sus mandamientos, sobre todo del mandamiento del <strong>amor fraterno</strong>. Al que ama, Jesús se le va revelando poco a poco a través de la acción de su Espíritu y lo va introduciendo en el misterio de Dios. En la celebración de la eucaristía es el Espíritu el que transforma nuestras ofrendas del pan y del vino en el cuerpo y sangre de Cristo y el que reúne a la Iglesia extendida por toda la tierra. Pidamos que también nosotros podamos experimentar su acción transformadora en nuestras vidas.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El camino, la verdad y la vida</title>
		<link>https://homiliadominical.marianistas.es/el-camino-la-verdad-y-la-vida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[lorenzo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Apr 2026 09:22:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CICLO A]]></category>
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					<description><![CDATA[3 de mayo 2026 &#8211; 5 Domingo de Pascua Algunos amigos cristianos me dicen, a veces, que no sabemos qué hay después de la muerte, en el más allá, por que de allí nadie ha venido a contarnos nada. Tenemos la impresión de que caminamos hacia la muerte, mientras Teresa del Niño Jesús decía : [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>3 de mayo 2026 &#8211; 5 Domingo de Pascua</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos amigos cristianos me dicen, a veces, que no sabemos qué hay después de la muerte, en el más allá, por que de allí nadie ha venido a contarnos nada. Tenemos la impresión de que caminamos hacia la muerte, mientras Teresa del Niño Jesús decía : yo no muero, yo entro en la vida. Los cristianos sabemos de dónde venimos y adónde vamos porque Jesús vino de parte del Padre a revelarnos <strong>la vida eterna</strong> y a indicarnos el camino hacia ella. Él mismo nos precedió para prepararnos allí una morada en la casa del Padre (Juan 14,1-12). No es mérito nuestro el saber esto ni por ello somos superiores a los demás. Pero somos portadores de una esperanza para todo el mundo. No nos dejemos arrebatar la esperanza, como nos lo ha recordado el papa Francisco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El apóstol Tomás se hizo el portavoz de todos los inquietos y declaró que no conocíamos el lugar de destino y por tanto tampoco el camino. Jesús hizo entonces la gran revelación que despeja todas nuestras dudas e incógnitas. Él es el camino, la verdad y la vida. Queda claro que nuestro destino es <strong>el Padre</strong>. La única vía de acceso es <strong>Jesús mismo</strong>. Lo es porque Jesús es la revelación del Padre, la verdad. En Él se nos desvela el misterio de Dios, que es a la vez el misterio del hombre, el misterio de su amor por nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al revelársenos en Jesús la verdad auténtica del hombre, Él es la vida, la vida eterna. La persona de Jesús es pues <strong>la respuesta</strong> a todas nuestras preguntas e inquietudes. Como Él, también nosotros venimos de Dios y vamos a Dios con Cristo Jesús. Conocer íntimamente la persona de Jesús es conocer amorosamente la persona del Padre. La única manera de conocer al Padre, de tener trato íntimo con Él, es la persona de Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero de nuevo se manifiesta el despiste de los discípulos, en este caso de Felipe. Éste pide simplemente que le muestre a Dios y todo lo demás sobra. Jesús se da cuenta de que su vida y enseñanzas han ayudado poco a los discípulos. Todavía no han sido capaces de descubrir en su persona la persona del Padre. No se han dado cuenta de que la persona de Jesús tan sólo se entiende a partir de Dios, como <strong>revelación definitiva de Dios</strong>. Los discípulos hubieran debido darse cuenta de que a través de Jesús era el Padre el que estaba hablando con ellos. En la persona de Jesús era el Padre el que estaba actuando, realizando aquellas obras maravillosas y sobrehumanas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta unión indisociable entre Jesús y el Padre implica también la unión entre Jesús y el creyente. Éste hará las mismas obras de Jesús, y aún mayores, pues Dios actuará en él, al irse Jesús al Padre. La gran obra de Jesús se prolonga en <strong>la Iglesia</strong>, una Iglesia carismática y ministerial, sobre todo al servicio de los necesitados (Hechos 6,1-79. En ella todos somos miembros activos, que contribuyen a su edificación para el bien del mundo (1Pedro 2,4-9). Recordamos hoy con cariño a las madres que dan y cuidan de la vida. La Iglesia, para ser creíble, tiene que seguir realizando las mismas <strong>obras de liberación</strong> que hizo Jesús durante su vida mortal. Él actúa hoy a través de los creyentes que somos sus colaboradores en la obra de salvación de los hombres. De manera especial la Iglesia se construye en torno a la eucaristía porque en ella hacemos presente la salvación de Dios que irrumpe constantemente en la historia de los hombres.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Todos oramos por todos</title>
		<link>https://homiliadominical.marianistas.es/todos-oramos-por-todos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[lorenzo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2026 10:31:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CICLO A]]></category>
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					<description><![CDATA[26 de abril 2026 &#8211; 4 Domingo de Pascua “El descubrimiento interior del don de Dios” es el mensaje del Santo Padre para la 63 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones que se celebra el IV domingo de Pascua, “domingo del buen Pastor”, 26 de abril de 2026. “Es un momento de gracia para [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>26 de abril 2026 &#8211; 4 Domingo de Pascua</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“El descubrimiento interior del don de Dios” es el mensaje del Santo Padre para la 63 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones que se celebra el IV domingo de Pascua, “domingo del buen Pastor”, 26 de abril de 2026. “Es un momento de gracia para compartir algunas reflexiones sobre la dimensión interior de la vocación”, dice León XIV quien ya está preparando su viaje apostólico a España, en junio próximo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este mensaje el Pontífice reflexiona sobre el valor de la contemplación y la interioridad, para escuchar y atender al llamado vocacional desde la relación cercana con Dios en<strong> la vida cotidiana</strong>. Como un camino que refleje la belleza de Cristo, partiendo del conocimiento mutuo, la confianza, hasta la maduración de una respuesta plena. «Todos oramos por todos», nos recuerda el lema de la Conferencia Episcopal Española. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La llamada viene de contemplar la situación del mundo y el estado de abandono en que se encuentran tantas personas, descarriadas como ovejas, esperando poder encontrar al  pastor y guardián sus vidas (1 Pedro 2,20-25). Pedro aprendió del Maestro el oficio de pastor e intenta orientar las personas hacia Cristo para que tengan vida, viviendo en una <strong>comunidad de creyentes</strong> (Hechos 2,14a.36-41).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era lo que Jesús había anunciado con dos parábolas, la del pastor y la de la puerta. En ellas se presenta como pastor del rebaño y la puerta de la majada donde pasa la noche el rebaño (Jn 10,1-10). En este caso el pastor de las ovejas es una persona diferente de la del guardián nocturno. Éste conoce sin duda al pastor y le abre la puerta de la majada. En la Biblia, tanto el pastor como el guardián de Israel es el mismo Dios. Con esta imagen se evoca sobre todo el éxodo y la travesía del desierto. Dios apacienta a su pueblo mediante&nbsp;<strong>pastores humanos</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no todos los pretendidos pastores lo son de verdad. Los hay auténticos bandidos y ladrones. Éstos no entran por la puerta sino que, sin que se dé cuenta el guardián, escalan los muros para entrar dentro. Sólo Jesús es el <strong>verdadero pastor</strong> del rebaño. Él ha entrado verdaderamente por la puerta y no a hurtadillas. El buen pastor llama a las ovejas por su nombre y estas escuchan su voz  y lo siguen porque también él, como decía el Papa Francisco, huele a oveja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús se presentó como&nbsp;<strong>el buen pastor</strong>&nbsp;frente a todos los que habían venido antes, a los que considera ladrones y bandidos, que no han entrado por la puerta del aprisco, con conocimiento del guardián de las ovejas. Jesús es la puerta y los demás no han entrado por ella. Jesús ve en los pastores anteriores tan sólo salteadores que han sacado las ovejas por los muros para robarlas y degollarlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús es la verdadera puerta. Tan sólo a través de Él tenemos acceso a la majada de Dios. Las ovejas que salen y entran a través de Él, que es la puerta, se salvan y encuentran pastos, encuentran la vida. Jesús ha venido para que&nbsp;<strong>tengamos vida en abundancia</strong>. Tan sólo Él, enviado del Padre, puede darnos la verdadera vida. Él la ha puesto en nosotros en el bautismo como una semilla que va creciendo sin que nosotros sepamos cómo. Eso sucede también muchas veces con la vocación a la vida sacerdotal. Pidamos al Señor que nos dé los pastores que la Iglesia necesita para seguir alimentándonos con el pan de su palabra y con el sacramento de la eucaristía.</p>
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		<title>Lo reconocieron al partir el pan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[lorenzo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Apr 2026 19:51:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CICLO A]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>19 de abril de 2026  &#8211; 3 Domingo de Pascua</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La crisis económica agravada últimamente por las guerras provocadas por Israel y Estados Unidos va haciendo mella en el corazón de las personas, que poco a poco van perdiendo la esperanza, pues no ven salida a la situación. ¿De qué ha servido el Jubileo de la Esperanza convocado por el Papa Francisco y clausurado por el Papa León? Las guerras no se detienen, piensan algunas, con oraciones sino con más armas. Sin embargo el Papa León sigue empeñado en pedir una <strong>paz desarmada y desarmante</strong>, la paz que nos prometió y deseó Jesús. Sigue el camino marcado por el Papa Francisco que nos decía: “No os dejéis robar la esperanza. No permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para reanimar nuestra esperanza nos &nbsp;viene bien el evangelio de los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35). El punto de partida es la frustración humana que, a pesar de todo, sigue discutiendo sobre lo ocurrido, sigue buscando. No podemos resignarnos a que el mundo sea como es. <strong>Otro mundo es posible</strong>. Jesús se hace presente, aunque se experimenta la imposibilidad de reconocerlo. Jesús va a actuar de verdadero catequista. Empieza interesándose por sus experiencias humanas frustrantes. ¡Cuántas ilusiones perdidas!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para muchos los últimos cincuenta años son la experiencia del fracaso del cristianismo sobre todo en Europa. Los hombres han ido construyendo la historia y la sociedad de espaldas a Dios, como si Dios no existiera. La situación actual difícilmente era previsible en los comienzos. Habría que haber sido profeta como David para intuir el futuro (Hech 2,14.22-33), o quizás el futuro es siempre novedad y no se deja predecir. Jesús interpreta <strong>el fracaso de la cruz</strong> a la luz de la Palabra de Dios. Los planes de Dios no son los del triunfalismo y el éxito sino el pasar a través de la muerte a la resurrección. Los discípulos fueron sintiendo que sus corazones se caldeaban e iba desapareciendo la tristeza al escuchar a aquel desconocido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se hicieron tan amigos de aquel compañero de camino que le invitaron a quedarse con ellos pues estaba llegando la puesta de sol. Jesús aceptó la invitación y al sentarse a la mesa, fue él el que tomó la iniciativa de romper el pan para dárselo. Entonces se dieron cuenta de que no era la primera vez que lo hacía con ellos. Era Jesús en persona el que estaba allí. &nbsp;Entonces se produjo <strong>la apertura de los ojos de la fe</strong>, pero no pudieron ya detener a Jesús. Se fue para que ellos tuvieran libertad de acción. Enseguida se dieron cuenta de la tontería que habían hecho al marcharse de Jerusalén donde quedaba la comunidad de los discípulos. Volvieron inmediatamente y comentaron con los de allí lo que les había ocurrido. También en Jerusalén se habían encontrado con el Maestro resucitado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dios no le garantizó a Jesús el éxito, ni nos lo ha prometido tampoco a nosotros. No es en el triunfo humano en el que hemos puesto nuestra confianza sino que “habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza” (1 Ped 1,17-21). El éxito humano y numérico es muy relativo. Lo que cuenta es el bien que se hace. Pero ni tan siquiera tenemos garantía de que haremos una obra bien hecha. Tampoco a Jesús le salieron las cosas perfectamente bien. Hay sin duda muchas obras buenas y bien hechas en nuestro cristianismo español. Pero no es eso lo importante en la fe cristiana. Lo que cuenta es <strong>la fidelidad a la persona de Jesús y a su mensaje</strong>. Que la celebración de la eucaristía nos permita reconocer al Señor resucitado y nos una más íntimamente a la comunidad eclesial.</p>
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