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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/atom10full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" gd:etag="W/&quot;CkQBRH0zeip7ImA9WhVTFUw.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6924813717262035400</id><updated>2012-02-29T11:12:35.382+01:00</updated><category term="Libros" /><category term="Memorias" /><category term="Historia" /><category term="Confesiones" /><title>Hoy quiero confesar...</title><subtitle type="html" /><link rel="http://schemas.google.com/g/2005#feed" type="application/atom+xml" href="http://franciscoacedo.blogspot.com/feeds/posts/default" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://franciscoacedo.blogspot.com/" /><author><name>Francisco Acedo Fernández Pereira</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09349688286022149749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="24" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/-0c70eblhUVU/T0voKnNmRhI/AAAAAAAADb4/AV1F0jAq4nk/s220/Pereira.jpg" /></author><generator version="7.00" uri="http://www.blogger.com">Blogger</generator><openSearch:totalResults>7</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/atom+xml" href="http://feeds.feedburner.com/IdeasPeregrinas" /><feedburner:info uri="ideasperegrinas" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><feedburner:emailServiceId>IdeasPeregrinas</feedburner:emailServiceId><feedburner:feedburnerHostname>http://feedburner.google.com</feedburner:feedburnerHostname><entry gd:etag="W/&quot;A04ARnczeSp7ImA9WhVTE0U.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-6924813717262035400.post-6750740020216222447</id><published>2012-02-28T01:09:00.001+01:00</published><updated>2012-02-28T01:45:47.981+01:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2012-02-28T01:45:47.981+01:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Memorias" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Confesiones" /><title>Cinema Paradiso</title><content type="html">Acabo de ver Nuovo Cinema Paradiso, la obra maestra de Tornatore, veinte años después de la primera vez, allá en el 91 ó 92 en Falmer. Lo recuerdo como si fuera hoy, en la pequeña sala de proyecciones de la Universidad de Sussex que usábamos los miembros de la Cult Movie Society, aunque otras veces nos reuníamos en el Duke of York's, un club privado en el centro de Brighton, en las cercanías de Saint Peter bastante exclusivo, alternativo y algo underground donde pagabas una cuota mensual y podías ir cuantas veces quisieras y cenar y fumar mientras veías las películas. Al terminar aquel curso las reuniones las hacíamos en las casas de unos y otros, con sesiones dobles de cine independiente y experimental que comenzaban a la medianoche y terminaban al amanecer con un paseo hasta el observatorio, sobre las colinas, que por una de esas extravagancias británicas estaba pintado como una casa de los pitufos y por ese motivo era conocido como el mushroom. Allí veíamos salir el sol y tras ello nos retirábamos. Yo sólo tenía que bajar la loma y llegar a mi enmoquetadísima casa de Park Village, con mi cuarto repleto de libros, de grabados y de cachivaches varios comprados en mercadillos y anticuarios a precios británicos, que poco tienen que ver con los nuestros.&lt;br /&gt;
Me veo con diecinueve o veinte años llorando al final de la proyección y ahora, con cuarenta, he vuelto a llorar, pero por motivos muy diferentes. En aquellos años devoré libros, obras de teatro, óperas, conciertos, museos, exposiciones y películas en tal cantidad que no sé de dónde sacaba el tiempo para estudiar, divertirme y vivir, que también lo hice, y mucho. Incluso hacía mis pinitos escribiendo, en cuadernos rayados y a mano. Conservo todo, pero poco hay reciclable. Hace tiempo que no los releo, pero recuerdo que en ellos era demasiado evidente las influencias de lo que leía. Ciertamente hay que dejar pasar los años y permitir que repose cuanto se ha visto, leído y vivido para que lo sembrado germine o se marchite, según su importancia. Entonces era una esponja que todo absorvía, un asiduo a cuanto acto social hubiera, hoy soy un eremita que a duras penas se lo ve en sociedad, que sólo ve cine en casa y que se ha vuelto extremadamente selectivo en cuanto a lecturas, música y compañías se refiere. &lt;br /&gt;
Hace veinte años yo me veía reflejado en Totò, el protagonista de la película, adolescente. En ese Totò al que Alfredo asía en la estación mientras lo conminaba a no volver a Giancaldo, el pueblo siciliano que lo había visto nacer. Demasiadas razones me hacían reflejarme en él y en esa Sicilia que por entonces marcaba mi existencia, tan parecida a mi Extremadura en tantas, tantísimas cosas. Me juré no volver a mi tierra natal, pero tres años después la vida dio tal vuelco que dejé toda mi vida y mi futuro para volver a Cáceres. Poco duró mi juramento, y allí empecé a comprender la inutilidad de hacer planes a largo plazo. Soñaba romper con todo, desaparecer, hacer mi vida toda vez que en mis años británicos me había encontrado conmigo, tras un largo proceso en el que me di la libertad. Pensé en quedarme para siempre en Inglaterra, pero un miedo enorme, atroz, un vértigo ante el compromiso quiso que me fuera a Madrid. Ya no albergo, confieso, miedo al compromiso, porque el que he contraído sólo tiene a Dios por testigo y de ése únicamente lo mejor se puede esperar. Dejé Albión como los exiliados jacobitas, en barco desde Faulkstone hasta Bolonia sobre el Mar camino de París. Una foto recuerda ese momento: se me ve jovencísimo, con los rizos al viento y unas wayfarer que camuflan las lágrimas.&lt;br /&gt;
Ahora con cuarenta años comprendo al Totò adulto que se enfrenta a sus fantasmas a pesar de haber intentado huir de ellos durante años. Pero no me identifico con él, porque mis fantasmas conviven conmigo hace tiempo y los he asimilado y exorcizado de múltiples maneras. Asumo todo cuanto he hecho en mi existencia, sin ocultar nada, y vivo mis recuerdos sin sentir el dolor que antes me punzaba. Ahora lloro recordando con emoción aquellos años británicos, que pensé serían los más felices de mi vida, desde la altura de la cuarentena, sintiéndome más feliz que nunca en el lugar al que nunca juré volver. Ahora las notas de Morricone que llenaron mis pensamientos de nostalgias anticipadas suenan para mí de otra manera.                 &lt;div class="separator"style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh5.googleusercontent.com/-w1wuGYvoQBQ/T0wjk-wRWbI/AAAAAAAADck/mH32pjZmiZk/s640/blogger-image--308446365.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://lh5.googleusercontent.com/-w1wuGYvoQBQ/T0wjk-wRWbI/AAAAAAAADck/mH32pjZmiZk/s640/blogger-image--308446365.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6924813717262035400-6750740020216222447?l=franciscoacedo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;
Humano Dios colgado de un madero,&lt;br /&gt;
Dios mismo hecho hombre divino,&lt;br /&gt;
extraña senda es tu amargo destino&lt;br /&gt;
pues, por amor, te entregas a mí entero. &lt;br /&gt;
Tu pecho, traspasado ya de acero,&lt;br /&gt;
manando está la sangre que hoy es vino&lt;br /&gt;
y quiero caminar yo tu camino,&lt;br /&gt;
y ser tu amigo, amante y compañero. &lt;br /&gt;
Quisiera yo amar como tú me amas&lt;br /&gt;
-sin límite, sin tiempo y sin medida-&lt;br /&gt;
borracho de la sangre que derramas,&lt;br /&gt;
bebiéndola, sediento, de tu herida,&lt;br /&gt;
tu herida de amor, porque tú me amas,&lt;br /&gt;
tú me amas tanto, que me das tu vida. &lt;div class="separator"style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh3.googleusercontent.com/-Zs5oX3kIff0/TzoNO3d1c3I/AAAAAAAADak/uSnCmqO8OBY/s640/blogger-image--1040849337.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://lh3.googleusercontent.com/-Zs5oX3kIff0/TzoNO3d1c3I/AAAAAAAADak/uSnCmqO8OBY/s640/blogger-image--1040849337.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6924813717262035400-5617456487910951968?l=franciscoacedo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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En estos días las personas que quiero han soportado mis cuitas y soy consciente de que a alguno, en especial, lo he preocupado más de lo debido, sin darme cuenta, pensando más en mí que en quienes me rodean, sin caer en la cuenta de que la tristeza es una gran blasfemia y creyendo, lleno de egoísmo, que mis oraciones no se escuchan.&lt;br /&gt;
Son tiempos de crisis difíciles, demasiado duros, pero he pasado por peores momentos en mi vida y me doy cuenta de que no tengo derecho a quejarme y la confianza que deposito en ciertos sueños la debo depositar en las realidades, en lo palpable, en lo certero. Sólo eso importa, el resto es demasiado prescindible, y sé, con firme convicción, que nada me faltará. &lt;br /&gt;
Decía que he rezado mucho estas semanas pidiendo y pensaba, con soberbia, no haber sido escuchado. Cierto es que no suelo pedir para mí, y mucho menos cosas materiales, pero era mi sustento lo que estaba en juego. Me está costando escribir esto, lo confieso, pero quiero y necesito hacerlo. &lt;br /&gt;
La respuesta a mis oraciones la he encontrado esta noche en un correo electrónico, podría decir que por casualidad, pero no creo en las casualidades. Una imagen que reproduzco al final del post y que indica las tres respuestas que Dios tiene ante nuestras peticiones. La primera es "sí", la segunda "todavía no" y la tercera "tengo algo mejor en mente". Si no ha sucedido lo que deseaba es porque Él tiene otros planes para mí, aunque no atine bien a entenderlos, pero es difícil entender la lógica ilógica de Dios y por eso esta noche me abandono en Sus manos, sabiendo que ha dispuesto los medios para que nada me falte y me ha dado todo cuanto se necesita para ser feliz en esta tierra: Pobreza, Alegría y Amor.    &lt;div class="separator"style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh4.googleusercontent.com/-dcKVfZOHtps/Ty8HBeBXkOI/AAAAAAAADaM/ajipb-2A-_g/s640/blogger-image--543018371.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://lh4.googleusercontent.com/-dcKVfZOHtps/Ty8HBeBXkOI/AAAAAAAADaM/ajipb-2A-_g/s640/blogger-image--543018371.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6924813717262035400-1191733316714234826?l=franciscoacedo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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Tardé casi dos días en nacer, porque la prisa no ha sido nunca una de mis características más marcadas. Fue en la Clínica de Santa Ana, era martes, a las seis de la tarde (con lo que resulta que soy escorpio ascendente tauro), llovía y Papá se estaba comiendo un bocadillo de Jamón en la Marina, desesperado por mi tardanza. Usaron ventosa para sacarme y si a la deformación de la cabeza le unimos que tenía la frente llena de pelo, nadie me sacaba parecido en la familia. Bien empezó la cosa. Al único que le parecía guapo era a Abuelo Manolo, a quien además cogieron metiéndome una loncha de jamón en la boca mientras todavía estaba en la clínica. La clínica, que hoy es un bloque de edificios con multicines incluidos, todo cambia, pero mi gusto por el jamón se ha visto inalterado. &lt;br /&gt;
Lo que sí se alteró fue la costumbre familiar de poner el nombre del santo del día, cosa que agradecí porque si llegan a llamarme Francisco de Asís Margarito de Escocia me muero directamente. Me bautizaron el día del cumpleaños de Tía María Cruz, me presentaron a la Santísima Virgen de la Montaña y me llevaron a Badajoz, anunciándose todo ello en la correspondiente sección de ecos de sociedad con ese tono cursi y rimbombante de la época. &lt;br /&gt;
Mamá vivía en Badajoz desde que empezó la carrera. Ella quería estudiar arquitectura, algo normal teniendo en cuenta que su familia materna estaba vinculada a la construcción desde generaciones, pero los Abuelos lo encontraron poco femenino, esas cosas de entonces, así que se puso a estudiar perito mercantil y Papá lo mismo. Pero la pasión de Mamá por la arquitectura la ha proyectado en su afición por obras y reformas y en alguna que otra cuestión inmobiliaria. A lo que iba, Mamá se hizo cargo mientras estudiaba de los negocios familiares en Badajoz y en lo que Papá hacía la mili, se puso con el profesorado mercantil. Recién llegado de la mili se casaron y al año y medio nací yo, para tormento de este mundo. &lt;br /&gt;
Los tres primeros años de mi vida transcurrieron en Badajoz, aunque un incidente fronterizo casi hace que me viese envuelto en un conflicto internacional. En aquella época aún existían aduanas y pasar la frontera era una verdadera castaña. Pues hete aquí que sin tener ni un mes me llevaron a Portugal, tierra, junto a Italia, de mi familia materna, y a nadie se le ocurrió inscribirme en el pasaporte de nadie. Parece ser que no hubo problema alguno al pasar hacia allá, pero al volver a España el guardinha dijo que yo no aparecía por ninguna parte y que era un niño robado. Mamá lloraba como una Magdalena y Papá ponía conferencias, que era como entonces se llamaba a hablar por teléfono. Al final se presentaron en la aduana el cónsul portugués en Badajoz y el español en Elvas para deshacer el entuerto y todo resuelto. Otro anticipo de lo que sería mi futuro en cuestiones de pasaportes, nacionalidades y ciudadanías. &lt;br /&gt;
Pues aunque, como dije, mis primeros años pasaron junto al Guadiana no recuerdo absolutamente nada de lo que sería normal. No me acuerdo de la casa, de la calle, del despacho... Conste que Badajoz me encanta y que he ido muchísimo, incluso en ocasiones me he paseado por la Avenida de Colón, donde vivíamos, he ido hasta la Iglesia de San José, me he paseado Santo Domingo, Menacho, San Atón, es decir, los sitios donde transcurrió mi primera infancia. Y nada, que no recuerdo nada. &lt;br /&gt;
Mi primer recuerdo es absurdo. Parece, como si estuviera allí ahora mismo, que estoy viendo el supermercado donde Vale, la chica que estaba en casa, hacía la compra. Me veo sentado en la silla y, desde abajo, fijo los ojos en la vitrina llena de fiambres, embutidos y quesos y mi mirada se detiene en la carne de membrillo, brillante, magenta, llamativa... La memoria es tan nítida que puedo incluso sentir los olores de la charcutería mientras escribo, porque hay que decir que mi memoria olfativa ha sido siempre estupenda, y que a pesar de fumar como un turco desde los quince años no he perdido este sentido en absoluto. &lt;br /&gt;
Pues éste es mi primer recuerdo y me pregunto si no hay nada más apasionante en mis primeros años para recordar una porción de carne membrillo (que, por otra parte, no me apasiona) en una vitrina de charcutería. La única conclusión a la que llego (bastante barata, sin lugar a dudas) es que si ése es mi primer recuerdo, no me extraña que tenga la cabeza como la tengo. Que nadie después se lleve a engaño leyendo estas confesiones mías.   &lt;div class="separator"style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh5.googleusercontent.com/-o7GiAMOUSeo/TydCFBQVlHI/AAAAAAAADaE/JcA0O4Yt7DA/s640/blogger-image-330958161.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://lh5.googleusercontent.com/-o7GiAMOUSeo/TydCFBQVlHI/AAAAAAAADaE/JcA0O4Yt7DA/s640/blogger-image-330958161.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6924813717262035400-7405043218354899383?l=franciscoacedo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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Soy, en el fondo, un solitario y llevo dentro de mí las Geórgicas, la Bucólicas y más de un verso de Fray Luis. En Santo Antonio estoy conmigo, con Dios, con el Amor en su máxima expresión, con la sencillez de saberse nada, de admirar la maravilla de la Creación, con la certeza de la absoluta simplicidad de la pobre mesa y casa...&lt;br /&gt;
En Santo Antonio acampó sus tropas Alfonso V antes de cruzar la frontera con Castilla para defender los derechos de su mujer Doña Juana (mal llamada la Beltraneja) frente a la usurpadora Isabel. La Iglesia austera y franciscana fue privilegiada por Reyes y Prelados, arrasada por Don Juan José de Austria, cuna y sede del Real Capítulo de Caballeros de Santo Antonio, al que han pertenecido durante cinco siglos las primeras familias de la nobleza portuguesa. Pero por encima de eso, es el lugar que siento mi casa más que ningún otro, quizá porque allí he sido y soy profundamente feliz y me han sucedido algunas de las cosas más maravillosas e íntimas de mi existencia, y ocupo las estancias en las que durante siglos vivieron los ermitaños.  &lt;br /&gt;
Ahora me encargo de mantenerla, de conservarla, de mimarla, sabiendo que lo que se recibe se debe transmitir y uno sólo es un mero eslabón de una cadena centenaria. A veces, contemplando la Iglesia, pisando la tierra, puedo sentir una ligera idea de propiedad, pero no es así, no puedo sentirme más que un simple administrador, porque la propiedad la poseen Dios y los siglos. La Familia ha intentado poner en pie y mantener ese legado y no sé (por experiencia) que puede deparar el futuro a estos viejos Coutos de Santo Antonio.  &lt;br /&gt;
Casi dos años duró la rehabilitación de la Iglesia, y mereció la pena reconstruir la Casa de Dios y retomar el Culto en ese templo cinco veces centenario que dibujó Duarte das Armas en 1510. Estar a solas en la nave, hablar con el Señor a través de San Antonio me llena de paz. Cuántas veces habré pensado en retirarme allí y dedicarme completamente al campo, dejando todo. Sí sé, si lo estima oportuno mi Familia el día que muera, que quiero descansar allí, bajo el manto de San Antonio, que sólo se escriba mi nombre -sin más- sobre la lápida, en el suelo, para que se pisen mis despojos, y esperar allí, entre las suaves lomas del Alentejo el Día del Juicio, ese día en el que me examinarán del Amor.           &lt;br /&gt;
&lt;div class="separator"style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh6.googleusercontent.com/-vxij-G1iAJY/TyHOryiRqWI/AAAAAAAADZ0/_x5ErVA5Uss/s640/blogger-image-22580565.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://lh6.googleusercontent.com/-vxij-G1iAJY/TyHOryiRqWI/AAAAAAAADZ0/_x5ErVA5Uss/s640/blogger-image-22580565.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6924813717262035400-6295957596809856541?l=franciscoacedo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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Esa biblioteca era todo mi mundo de niño, un lugar fascinante para mí, lleno de libros perfectamente alineados y colocados, que abría al azar y me sumergía en ellos. En aquella lejana niñez mía sólo había dos canales de televisión, a saber, el UHF y el VHF. Si a ello unimos que, cuando yo tenía ocho años, murió Abuelo Manolo y el luto en que se sumió todo apagó la televisión durante un buen tiempo, encontraremos una clave más de mi temprana pasión por la lectura. Después del almuerzo y de la cena Abuela leía durante media hora en voz alta el Quijote y la Sagrada Biblia y cuando se llegaba a la última página, se volvía nuevamente a la primera sin solución de continuidad. El Quijote era de mi Bisabuela Serafina y está en casa, en la sección de literatura española, que ocupa buena parte del cuarto de invitados. La Biblia, que fue regalo de Tío Manuel, canónigo primo de Abuelo Manolo, lleva estampadas las firmas de Juan XXIII y Pablo VI (Pontífice por el que Abuela sentía pocas simpatías que todo hay que decirlo) la llevé a Santo Antonio años después y en cuya Iglesia está entronizada. Tengo repartidos miles de libros entre casa, Santo Antonio y algún otro sitio, pero éstos son dos de los que más aprecio, al tocarlos vuelve el recuerdo de aquel niño de ojos tristes que presidía, como hombre de la casa, la mesa y el Santo Rosario y que todavía, cada día al rezarlo, es el niño el que sigue desgranando las cuentas y recitando pausadamente las oraciones y las Letanías Lauretanas en latín, tal y como las aprendió entonces. &lt;br /&gt;
Pero aquel niño tímido de ojos tristes no se conformaba con aquellas dos lecturas y compraba cómix (que entonces se llamaban tebeos) y libros con la paga del fin de semana y deseaba que llegaran cumpleaños, onomásticas, Reyes, fines de curso o cualquier otra ocasión, para pedir libros de regalo. En mis estanterías iba naciendo el germen de mi biblioteca y uno de los mejores momentos de mi vida fue cumplir dieciocho años y recibir de Abuelo Narciso los más de mil volúmenes que reunió su Padre (con quien comparto nombre y apellido) apasionado por el teatro y la novela decimonónica. Esos libros que guardaba en su despacho solemne de muebles castellanos, cuajados de cabezas de guerreros y cristales emplomados, y que a nadie dejaba tocar los depositó en mis manos. Descubrí entonces una faceta del Bisabuelo que no podía intuir viendo el rictus severo y solemne que mostraba en retratos y fotografías: el Bisabuelo Francisco era aficionado a la literatura erótica... Cuando se lo dije a Abuelo Narciso se le cambió el semblante, no había apartado aquellos volúmenes. Sonrió pícaramente y me dio también su pequeña colección. Dicho sea de paso, esos libros que en su día serían subidísimos de tono, hoy no sonrojarían ni a una ursulina, aunque las monjas desde que dejaron la toca para colgarse el bolso, ya no son ni sombra de lo que eran. Cuando Abuela Vicenta se entero del asunto de los libros pícaros, para compensar, imagino, me entregó unos cuantos misales, devocionarios y libros piadosos, entre ellos uno cuyo nombre me impactó: Camino Recto y Seguro para ir al Cielo, de San Antonio María Claret, que se convirtió en mi libro de cabecera una buena temporada. Además me regaló un hermoso relicario en forma de cruz con dos Reliquias del Santo. Ése está a buen recaudo en una de mis Lipsanotecas. Me estoy yendo por las ramas...  &lt;br /&gt;
Vuelvo a la biblioteca de casa de Abuela Candela, donde nació mi pasión por la lectura, donde me refugiaba de noche cuando no podía dormir y me tumbaba en el sofá cubierto por mis mantas de viaje. Tal vez, por eso, cuando años después, ya muerta Abuela, volví a vivir en aquella casa, instalé mi cuarto en lo que había sido la biblioteca, el lugar donde me refugiaba de los fantasmas que ya empezaban a rondarme. El sofá pasó en ese momento a mi despacho (que instalé donde Abuela tenía el comedor) y me ha acompañado desde que lo heredé. En él estoy sentado ahora, con Pepón, mi eterno siamés, dormido sobre mis piernas, y mis mantas de viaje están colocadas sobre los sillones... El niño de ojos tristes me mira con curiosidad desde el retrato que le pintaron con ocho años e intenta averiguar que queda de él en mí: el fondo de tristeza en la mirada y mucho más de lo que imagina. Yo lo miro y me sonrío y para evitar que vuele el pensamiento fijo mis recuerdos en el tartán que entelaba en su día las paredes de la biblioteca de Abuela.  &lt;div class="separator"style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh5.googleusercontent.com/-DBsgG5aO1g0/TxzSTM_cphI/AAAAAAAADZo/zQqICWn8TeM/s640/blogger-image-35368124.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://lh5.googleusercontent.com/-DBsgG5aO1g0/TxzSTM_cphI/AAAAAAAADZo/zQqICWn8TeM/s640/blogger-image-35368124.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6924813717262035400-3212180460752993417?l=franciscoacedo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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Mantengo el nombre con el que bauticé a este blog en su segunda etapa, pasando página definitivamente de los vaivenes que traía consigo el primitivo y lo vacío de todo contenido previo. Ligero de alforjas, con un buen compañero de viaje, tomo la imagen del Quijote carlista de Ferrer-Dalmau (con la que tanto me identifico) e inicio mi periplo de confesión. No habrá política, ni cuestiones dinásticas, ni liturgias varias como líneas argumentales, quizá como fondo de alguna confesión, pero ni yo mismo sé de qué voy a escribir, aunque sí sé de qué no escribiré. Confesiones y sólo confesiones, y espero que así sea. No me impongo periodicidad ni obligación, será éste un ejercicio terapéutico y diletante, que es como siempre me ha gustado entender el hecho de la escritura. Escribiré de corrido y sin correcciones, algo habitual en mí, gana el texto en frescura y agilidad, aunque pierda en otros aspectos. &lt;br /&gt;
Creo que todo el proemio que debía hacer, hecho está, y sólo queda por añadir el porqué de este reinicio un 20 de enero. Hoy Papá habría cumplido sesenta y cinco años y sigo haciéndole las mil preguntas que dije que tenía que hacerle en aquel artículo de El Periódico Extremadura que escribí la noche posterior a su entierro. Hace ya quince años que decidió irse y he intentado hallar las respuestas a aquellas preguntas. Muchas las encontré y las conservaré en mi corazón silente, otras siguen sin contestación. En esa búsqueda obscura y tortuosa perdí años y -sobre todo- noches sin rumbo. No sé si de algo me sirvió el enfrentarme a ello, pero la verdad es más firme que el pensamiento o la elucubración, aunque, sin lugar a dudas, es mucho más hiriente. La muerte de Papá cambió mi vida por completo, y mi ser, y, todo cuanto vino detrás, no era ni parecido a cuanto pensé que iba a ser mi vida. Desde la altura de mis cuarenta años echo la vista atrás y pienso que me he desperdiciado demasiado inútilmente en muchos aspectos desde aquel fatídico día. Pero hoy me doy cuenta de que si no hubiese vivido estos años de aquella manera no sería como soy hoy, extrañamente feliz en estos tiempos de acusada incertidumbre. Hoy festejaríamos, tal vez, la jubilación de Papá, aunque no me lo imagino. Supongo que hubiese seguido al pie del cañón con los negocios y la vida pública. Él me enseñó el cumplimiento del deber, me apasionó por la actualidad, me inculcó esa pasión familiar de generaciones por la política... Nuestra relación, debo decirlo, fue demasiado correcta y puede ser que algo fría, conservando una respetuosa distancia, pero así era él, así lo hicieron y así quiso ser hasta el que él decidió que sería su último día. &lt;br /&gt;
Una carta y un diario fueron las únicas claves que nos dejó y en ellas ni una sola palabra para mí. Mencionó a muchos, pero a mí no. Ésa es una de las pocas preguntas a las que no he encontrado respuesta, sobre todo, sabiendo como él sabía, que yo podía enterderlo mejor que nadie. Tras su muerte todo mi mundo y mi familia se derrumbó, pero el tiempo fue poniendo todo y a todos en su sitio. Para encontrar el mío he tenido durante años a la soledad por compañera y, en algunas parcelas, ahí sigue estando. &lt;br /&gt;
La muerte de Papá fue el fin de aquella vida dorada y el inicio de otra existencia vital, de un viaje a Ítaca que espero haber terminado. Por eso, hoy, en el día en que hubiera cumplido sesenta y cinco años reabro el blog y le doy una nueva oportunidad, y quien tenga a bien hacerlo, hágalo y acompáñeme en estas confesiones, hoy -como no podía ser de otro modo- con banda sonora de fondo de Mercedes Sosa.&lt;div class="separator"style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh4.googleusercontent.com/-rvhbvRNAiK0/TxjumViSpvI/AAAAAAAADZg/g91FFPTgosE/s640/blogger-image--1297300691.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://lh4.googleusercontent.com/-rvhbvRNAiK0/TxjumViSpvI/AAAAAAAADZg/g91FFPTgosE/s640/blogger-image--1297300691.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6924813717262035400-5954752835166518198?l=franciscoacedo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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