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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/atom10full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" gd:etag="W/&quot;DUYCRXk9cCp7ImA9WhRUEkk.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414</id><updated>2012-01-22T07:46:04.768-08:00</updated><category term="DE &quot;EL LIBRO DE CRIFA&quot;" /><category term="REFLEXIONES" /><category term="DEL lIBRO &quot;FICCIONES IRRELEVANTES&quot;" /><category term="ESCRITORES INVITADOS" /><category term="LIBROS Y EVENTOS" /><category term="DE MIEDO" /><category term="DEL LIBRO &quot;CARIBE&quot;" /><category term="UN POCO DE POESÍA" /><category term="AL TALLER LITERARIO" /><category term="RESEÑAS" /><category term="DIVERTIMENTO" /><category term="El RELATO DEL MES" /><title>INSIDOR</title><subtitle type="html">"Acechar, observar, aguardar el momento propicio"</subtitle><link rel="http://schemas.google.com/g/2005#feed" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/posts/default" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/" /><link rel="next" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25&amp;redirect=false&amp;v=2" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><generator version="7.00" uri="http://www.blogger.com">Blogger</generator><openSearch:totalResults>44</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/atom+xml" href="http://feeds.feedburner.com/Insidor" /><feedburner:info uri="insidor" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><feedburner:emailServiceId>Insidor</feedburner:emailServiceId><feedburner:feedburnerHostname>http://feedburner.google.com</feedburner:feedburnerHostname><entry gd:etag="W/&quot;DEYMR3w6fyp7ImA9WhRTEkU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-7427964691161206236</id><published>2011-11-02T18:17:00.000-07:00</published><updated>2011-11-02T19:09:46.217-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-11-02T19:09:46.217-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El RELATO DEL MES" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="DE MIEDO" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="DEL lIBRO &quot;FICCIONES IRRELEVANTES&quot;" /><title>El espejo</title><content type="html">&lt;span style="color: red; font-size: 18pt; line-height: 120%; mso-ansi-language: ES-CL; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-language: #00FF;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-nvOxS2uS6Jg/TrHzkvAgm6I/AAAAAAAADhs/mXy5vaYS0Nk/s1600/venus+espej.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="218" ida="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-nvOxS2uS6Jg/TrHzkvAgm6I/AAAAAAAADhs/mXy5vaYS0Nk/s320/venus+espej.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style="color: black; font-size: small;"&gt;&lt;strong&gt;Basado en una leyenda que escuché en Ecuador&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;em&gt;Nunca te mires en los espejos si está oscuro porque te pueden salir los cuernos del Diablo&lt;/em&gt;. Le decía la abuela cuando Carlos era niño y se lo siguió diciendo hasta que se casó, dos meses atrás. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: black; font-size: small;"&gt;Hace una semana su esposa Felicia llegó a casa con un espejo de casi dos metros de alto y lo colocó cerca de la cama. Ella, nacida y criada en la costa, desconoce la leyenda de los cuernos del Diablo. Cuando Carlos entró al cuarto, de vuelta del trabajo, y vio el espejo, se le cayó el portafolio de las manos y la llamó a gritos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: black; font-size: small;"&gt;Qué tiene de malo, yo necesito mirarme entera y el del baño no me sirve, muy chico, y tú no has sido capaz de comprarme uno, argumentó Felicia, y su argumento fue irrevocable. Lo máximo que consiguió Carlos fue situarlo en la esquina derecha de la habitación mirando hacia la ventana para que fuera imposible reflejarse desde la cama o desde la puerta. Más tarde, a la hora de dormir, con el pretexto del calor veraniego, dejó ventanas y cortinas abiertas para que pudiera entrar la luz del farol de la calle.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: black; font-size: small;"&gt;Desde esa noche trata de racionalizar su miedo. Se repite que es la cosa más absurda y ridícula del mundo y le avergüenza comportarse como la abuela, a la que, si no recuerda mal, nunca la ha visto mirarse en un espejo ni en pleno día. Los cuernos del Diablo, ¡qué ridículo! De dónde habría sacado ella semejante historia, era tan natural oírsela repetir una y otra vez que nunca se lo preguntó. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: black; font-size: small;"&gt;Tiene que reconocer que la adquisición de Felicia le ha aportado satisfacciones nuevas: desde la cama la observa cuando sale del baño cubierta con la bata blanca; ve cómo se sitúa ante el espejo, cómo abre la bata y la deja caer, cómo contempla su desnudez por varios segundos para luego girar con lentitud contoneando las caderas y acariciándose los pechos. Él se pone de pie y se le acerca, la toma desde atrás y la acaricia entera mientras ve el reflejo de su linda cara, ansiosa y suplicante. Apaga la luz y hagámoslo aquí mismo, le pide ella entre jadeos. Él hace oídos sordos y tendidos a los pies del espejo continúan con la luz prendida. Cuando terminan él vuelve a la cama pero ella, en lugar de acompañarle, se dirige al interrumptor, apaga la luz y regresa ante el espejo. Carlos la vigila expectante: la luz que se cuela por la ventana le permite comprobar que al menos a Felicia no le salen cuernos, sólo una sonrisa ambigua que le sobrecoge. Luego de un par de minutos ella se mete en la cama, se acurruca bajo la sábana y Carlos no tarda en escucharle la respiración profunda y pausada del que está dormido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: black; font-size: small;"&gt;Si a Felicia le gusta tanto contemplarse en la oscuridad pronto le exigirá que hagan el amor ante el espejo con la luz apagada. Tal vez si él enfrenta su miedo pueda por fin exorcizarlo. El espejo está a tres pasos, a lo sumo cuatro. Felicia parece dormir profundamente y no podrá notarle el miedo ni la indecisión. Se sienta en la cama y apoya los pies en el suelo frío. Se incorpora y adelanta el pie derecho, luego el otro. Le parece captar un leve estremecimiento en el cristal del espejo. Por fin se sitúa enfrente y cierra los ojos. Ahora tendrá que abrirlos y lo hará de golpe, sin pensarlo, como el que se zambulle en las aguas heladas de un río. Lo hace y encuentra la imagen de un tipo con cara de susto y con la espalda encorvada. Qué pinta tan triste. Saca la lengua y arruga la nariz, sus facciones se relajan y endereza la espalda, levanta las manos y coloca los índices a cada lado de la cabeza a manera de cuernos. Estos son los únicos que me saldrán, murmura. Vuelve a reír, mueve los índices hacia adelante primero, hacia atrás después. Y sólo se percata de que en lugar de dos tiene cuatro cuernos, cuando el nuevo par alcanza la altura de los índices y los sobrepasa hasta duplicarles el tamaño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: black; font-size: small;"&gt;Nunca te mires en los espejos si está oscuro porque te pueden salir los cuernos del Diablo. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: black; font-size: small;"&gt;Pero su abuela no le dijo de dónde salían los cuernos, sólo ahora, cuando ya es tarde y el pánico lo invade con el peso de la inmovilidad, comprueba con sus propios ojos que no son los cuernos los que salen al contemplarse al espejo cuando está oscuro, sino el propio Diablo, que se coloca detrás.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
© Carolina Meneses Columbié &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Imagen&lt;/strong&gt;: &lt;em&gt;Venus del espejo&lt;/em&gt;. Diego Velázquez (Óleo sobre lienzo -&amp;nbsp;Barroco)&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-7427964691161206236?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/HRcaAcPiDOGeo4M4Ft98-nFtPgQ/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/HRcaAcPiDOGeo4M4Ft98-nFtPgQ/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/HRcaAcPiDOGeo4M4Ft98-nFtPgQ/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/HRcaAcPiDOGeo4M4Ft98-nFtPgQ/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/yq6Lmg3xwRg" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/7427964691161206236/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=7427964691161206236&amp;isPopup=true" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/7427964691161206236?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/7427964691161206236?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/yq6Lmg3xwRg/el-espejo.html" title="El espejo" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/-nvOxS2uS6Jg/TrHzkvAgm6I/AAAAAAAADhs/mXy5vaYS0Nk/s72-c/venus+espej.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2011/11/el-espejo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CU4MQ3kzeSp7ImA9WhRTEkU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-1524492106561274922</id><published>2011-10-23T08:13:00.000-07:00</published><updated>2011-11-02T18:33:02.781-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-11-02T18:33:02.781-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="AL TALLER LITERARIO" /><title>Para escribir y comer pescado, hay que tener cuidado</title><content type="html">&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 130%; margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-Gpvtrc7ns3I/TqQxe3Q_F7I/AAAAAAAADhg/bcPn6DjbgmA/s1600/Valpo+214.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" rda="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-Gpvtrc7ns3I/TqQxe3Q_F7I/AAAAAAAADhg/bcPn6DjbgmA/s320/Valpo+214.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span lang="ES" style="color: black;"&gt;Cuando&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;escribas, ¿qué podrías hacer&amp;nbsp;o dejar&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;de hacer para evitar los temidos gazapos? Te&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;aclaro&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;que&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;mis consejos nacen de la propia&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;experiencia,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;de muchas metidas de pata y de&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;algunos aciertos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 130%; margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 130%; margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES" style="color: black;"&gt;* Nunca jamás escribas bajo el efecto de las emociones, ni de las positivas ni de las negativas:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si presencias un accidente de tránsito y los heridos aterrizan a tus pies, ese día NO escribas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si el amor de tu vida te abandona, o te dice que sí o por fin da algún indicio de que le interesas, NO escribas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si peleaste con alguien, si te subieron el sueldo o si te ganaste la lotería, NO escribas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Escribe cuando tu mente se haya serenado y vuelva a ser capaz de analizar los hechos con objetividad. Si a pesar de todo decides escribir con la mente y el alma atormentada, hazlo pero no des a conocer el texto, guárdalo y revísalo más tarde. Tampoco escribas cuando el cansancio o el sueño te venzan, una cabeza en tal estado no se da cuenta ni de a quién pertenece. Si no te queda más remedio que escribir porque a alguien le urge el texto, tómate dos tazas de café negro bien negro, y cuando hablo de café no me estoy refiriendo al café instantáneo sino al verdadero café, de grano o en polvo, pero café-café. Es mucho más sano y, créeme, más efectivo. Sin embargo...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;* Que nadie te apure: escribir un texto es un trabajo de creación, de compromiso con uno mismo y con tus lectores. Tú eres la única persona que puede determinar qué tiempo te tomarás, y si no te queda más remedio que entregar un trabajo en un plazo determinado, organízate, fija las horas del día o de la semana que destinarás a escribir. Nunca, nunca, nunca dejes el trabajo para unas horas antes de. Recuerda que hay autores que dedicaron largos años de su vida a la creación de un solo libro, aunque si se trata de un informe de trabajo no te conviene darte semejante lujo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;* Cuando termines un texto, revísalo. Cuando termines de revisarlo, revísalo otra vez, y otra vez y otra más. Guárdalo. Al día siguiente vuelve a revisarlo, te sorprenderás de todos los errores que no habías pillado. Pero no lo revises en la pantalla del computador, mejor imprímelo. Los errores resaltan más en la hoja impresa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;* Si puedes pídele a alguien de confianza que lo lea, por algo dicen que cuatro ojos miran mejor que dos. A mí me ocurre: muchas veces le paso quince veces por arriba a un error de tipeo, de concordancia o de ortografía, y no me doy cuenta porque estoy más centrada en el contenido que en la forma.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;* Si escribes en computador trata de que el procesador de texto que usas tenga un buen corrector ortográfico, te aseguro que ni aun los grandes escritores están libres de faltas. Mantén abierto los sitios web de la &lt;a href="http://www.rae.es/"&gt;Real Academia de la Lengua Española&lt;/a&gt;&amp;nbsp;y de &lt;a href="http://www.wordreference.com/"&gt;Wordreference&lt;/a&gt;. Utiliza diccionarios de sinónimos, de antónimos y de ideas afines. Recuerda: al momento de escribir el uso de diccionarios es una regla elemental, independientemente del tipo de texto del que se trate.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;* Si tienes problemas de visión consulta al oculista. No estoy bromeando, a un par de ojos enfermos o cansados los errores se le filtran como lo haría el agua por un techo con goteras. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;* Revisa el estado de las teclas de tu computador o de tu máquina de escribir. No imaginas la cantidad de letras que no aparecerán o que aparecerán repetidas por teclas en mal estado. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;* Por último, consigue buenos lectores, capaces de corregirte con la mejor disposición cuando tu texto salga con errores por no aplicar los consejos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Nota&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;: Si mientras leías este post me pillaste uno o más errores te digo ya mismo que hoy por la tarde discutí con mi vecino a causa de su perro, que mis lentes se rompieron y todavía no fui al oculista, que a mi procesador de texto no le funciona el corrector ortográfico, que las teclas de mi computador siguen sueltas, que me muero de sueño porque ya es la una de la madrugada y que tengo que apurarme para terminar lo más pronto posible este post.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;© Carolina Meneses Columbié &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imagen: Gaviota comiendo pescado. Archivo personal.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-1524492106561274922?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; él la mire a los ojos y que le diga que lo va asumir todo ante todos mientras sostiene en la mano el último pedazo de pizza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; ella baje los párpados y que fije la vista en la taza de café tibio, que guarde silencio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; él encienda un cigarrillo, que le pregunte si lo escuchó y qué opina si es que lo escuchó.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; ella mantenga la mirada fija en la taza de café tibio y que no le responda nada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; él le explique que ella para él no es un tema intrascendente sino el gran tema de su vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; ella esté a punto de creerle y que se inquiete porque esto no es un juego.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; entre a la pizzería un hombre enjuto de cuellito blanco y de traje oscuro, que se detenga junto a la puerta y que busque con la mirada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; a él se le escape un &lt;em&gt;¡mierda, pero si es el Padre Juan!,&lt;/em&gt; y que se baje de la silla para acuclillarse detrás del mantel.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; ella le pregunte desconcertada quién es el Padre Juan y que él le susurre desde abajo &lt;em&gt;es el cura de la familia de mi esposa.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; a ella la acometa una risa nerviosa cuando lo ve avanzar a gatas rumbo al baño de caballeros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; el Padre Juan se acerque con cara de inquisidor y que le pregunte &lt;em&gt;dama, ¿y el caballero que estaba con usted?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; ella no pueda dejar de reír, que se afirme el vientre con las manos y que le señale con el mentón el pasillo que conduce al baño de caballeros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; el cura le diga &lt;em&gt;debería darle vergüenza, dama&lt;/em&gt; y que se aleje en la dirección señalada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; a ella la risa se le corte de pronto, que se ponga de pie y que salga de la pizzería.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; en la calle la ciegue el sol de la tres de la tarde y que descubra que tiene lágrimas que ni la risa ni la luz del sol provocaron.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que&lt;/em&gt; ésta sea una historia común con el más común de los finales.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
© Carolina Meneses Columbié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Imagen: &lt;/strong&gt;&lt;em&gt;Agostina Segatori en el Café&amp;nbsp; Du Tambourin, &lt;/em&gt;Vincent Van Gogh.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-4896570491394928373?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/vkjaQPfWJOCtDg1oqNMlcERL8CE/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/vkjaQPfWJOCtDg1oqNMlcERL8CE/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/vkjaQPfWJOCtDg1oqNMlcERL8CE/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/vkjaQPfWJOCtDg1oqNMlcERL8CE/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/cxKoH7mJWTE" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/4896570491394928373/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=4896570491394928373&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/4896570491394928373?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/4896570491394928373?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/cxKoH7mJWTE/lugares-comunes.html" title="Lugares comunes" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/-htlN_A_h0Gc/TrKHGh0qYQI/AAAAAAAADh0/_i8x6R52UuQ/s72-c/Agostina+Segatori.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2011/09/lugares-comunes.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkQDR3w5fCp7ImA9WhdWFk0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-2402300663461368123</id><published>2011-09-09T12:46:00.000-07:00</published><updated>2011-09-09T14:39:36.224-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-09-09T14:39:36.224-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="RESEÑAS" /><title>La grieta, de Doris Lessing</title><content type="html">&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-V1CHnwbXvXk/TmoNroap--I/AAAAAAAADhQ/cN-J3wzCIE8/s1600/La+Grieta.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" nba="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-V1CHnwbXvXk/TmoNroap--I/AAAAAAAADhQ/cN-J3wzCIE8/s320/La+Grieta.jpg" width="207" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el comienzo de los tiempos en la Tierra no había hombres, sólo mujeres a las que fecundaba la Luna. Eran seres marinos que vivían en "La Grieta", una cueva junto al mar. Los años transcurrían rutinarios y en completa calma: Ellas nadaban, tomaban sol tendidas sobre las grandes rocas de la costa y parían a más hembras. Así fue durante siglos, no existía otro orden de cosas y la posibilidad de alterarlo con la búsqueda de un destino diferente lejos de&amp;nbsp; la cueva no cruzaba por sus mentes. Hasta que nació un monstruo que tenía, en el mismo lugar en que las mujeres exhibían su grieta, unas protuberancias extrañísimas que parecían no servir para nada.&amp;nbsp;No había sitio en "La Grieta" para un monstruo repulsivo e inútil,&amp;nbsp; sin escrúpulos ni culpas las mujeres se deshicieron de él. Pero volvió a nacer otro y otro más, nacieron tantos que fue imposible eliminarlos a todos. La vida cambió para siempre, los hombres habían llegado para quedarse.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque es un tema que ya fue abordado por varias plumas, en la de &amp;nbsp;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Doris_Lessing"&gt;Doris Lessing &lt;/a&gt;alcanza otros matices. Con una escritura de enorme sensibilidad, nos entrega una visión sofisticada y certera de las diferencias macho-hembra y del punto donde por fin se encuentra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;© Carolina Meneses Columbié&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;Imagen&lt;/strong&gt;:&amp;nbsp; Lessing, Doris. &lt;em&gt;La grieta&lt;/em&gt;. Buenos Aires :&amp;nbsp;Lumen, 2007&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Si deseas adquirir este libro, puedes buscarlo aquí, escribiendo el título en la ventana de "Keywords":&lt;/strong&gt;&amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para lograrla:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No termines una frase con la expresión más corta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ejemplo:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Correcto&lt;/em&gt;: Separé &lt;u&gt;por colores&lt;/u&gt; las cartulinas que utilizaremos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Incorrecto&lt;/em&gt;: Separé las cartulinas que utilizaremos &lt;u&gt;por colores.&lt;/u&gt;&amp;nbsp; (En este caso, el sentido de la frase se vuelve ambiguo)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Debes dar prioridad al complemento más corto, no puede quedar&amp;nbsp;en la cola de la frase.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ejemplo:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Correcto&lt;/em&gt;: Ordenen &lt;u&gt;sus ideas&lt;/u&gt; antes de llevarlas al papel.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Incorrecto&lt;/em&gt;: Ordenen, antes de llevarlas al papel, &lt;u&gt;sus ideas&lt;/u&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-&amp;nbsp;Evita:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La cacofonía, que es la repetición de sonidos iguales o semejantes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La monotonía, que es la falta de variedad en las palabras.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las repeticiones de las mismas ideas. Denota pobreza de ideas, de vocabulario y una deficiente corrección del texto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las asonancias y las consonancias. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La &lt;a href="http://www.rae.es/rae.html"&gt;Real Academia de la Lengua Española&lt;/a&gt; define las &lt;strong&gt;asonancias&lt;/strong&gt; como:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;1. La correspondencia de un sonido con otro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;2. La correspondencia o relación de una cosa con otra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;3. La identidad de vocales en las terminaciones de dos palabras a contar desde la última acentuada, cualesquiera que sean las consonantes intermedias o las vocales no acentuadas de los diptongos. En los esdrújulos no se cuenta tampoco la sílaba penúltima.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;4.&amp;nbsp;En prosa o en poesía, uso inmotivado de voces que se corresponden unas con otras, hiriendo el oído.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;5.&amp;nbsp;Figura que consiste en emplear adrede, al fin de dos o más cláusulas o miembros del período, voces que terminan en sílaba o sílabas iguales.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y define las &lt;strong&gt;consonancias&lt;/strong&gt; como:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;1.&amp;nbsp;La identidad de sonido en la terminación de dos palabras desde la vocal que lleva el acento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;2.&amp;nbsp;El uso inmotivado, o no requerido por la rima, de voces consonantes muy próximas unas de otras.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;3. La&amp;nbsp;relación de igualdad o conformidad que tienen algunas cosas entre sí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;4. La. cualidad de aquellos sonidos que, oídos simultáneamente, producen efecto agradable.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dicho en palabras más sencillas: &lt;strong&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;¡Evita la rima!&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: #660000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;u&gt;Fuentes consultadas:&lt;/u&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Martín Vivaldi, Gonzalo. &lt;em&gt;Curso de Redacción. Teoría y Práctica de la Composición y del Estilo&lt;/em&gt;. Madrid: Paraninfo S. A., 2001&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Real Academia Española.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://www.rae.es/"&gt;http://www.rae.es/&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;© Carolina Meneses Columbié&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-1495414310917058041?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/OKzgtym1gFOPKAcdKdUUCRiWQSk/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/OKzgtym1gFOPKAcdKdUUCRiWQSk/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/OKzgtym1gFOPKAcdKdUUCRiWQSk/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/OKzgtym1gFOPKAcdKdUUCRiWQSk/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/dAvQbevvbhg" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/1495414310917058041/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=1495414310917058041&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/1495414310917058041?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/1495414310917058041?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/dAvQbevvbhg/la-armonia-en-el-texto.html" title="La armonía en el texto" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2011/09/la-armonia-en-el-texto.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkYEQ3Y_fCp7ImA9WhRTFE0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-2581377889380426118</id><published>2011-09-04T05:57:00.000-07:00</published><updated>2011-11-04T05:01:42.844-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-11-04T05:01:42.844-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="AL TALLER LITERARIO" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ESCRITORES INVITADOS" /><title>Citando a Charles Bukowski</title><content type="html">&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-XYL222aB5B8/TmN5n0ie2II/AAAAAAAADg0/m_4rGLH0SsI/s1600/Extinguished_Essence_01_by_Aleuranthropy.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320px" src="http://4.bp.blogspot.com/-XYL222aB5B8/TmN5n0ie2II/AAAAAAAADg0/m_4rGLH0SsI/s320/Extinguished_Essence_01_by_Aleuranthropy.jpg" width="213px" xaa="true" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
"Nada impedirá a un hombre escribir a menos que ese hombre se lo impida a sí mismo. Si un hombre desea verdaderamente escribir, lo hará. El rechazo y el ridículo no harán más que fortalecerle. Y cuanto más tiempo se le reprima, más fuerte se hará, como una masa de agua que se acumula contra una presa. No hay derrota posible en la escritura; hará que rían los dedos de tus pies mientras duermes; te hará dar zancadas de tigre; te encenderá los ojos y te pondrá cara a cara con la Muerte. Morirás como un luchador, serás honrado en el infierno. La suerte de la palabra. Ve con ella, envíala. Sé el Payaso de la Oscuridad. Es divertido. Es divertido. Otra línea más..."&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Bukowski"&gt;Charles Bukowski&lt;/a&gt;.&amp;nbsp;&lt;em&gt;El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco&lt;/em&gt;.&amp;nbsp;Barcelona : Anagrama, 2000&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Imagen tomada de:&amp;nbsp;&lt;a href="http://www.taringa.net/posts/imagenes/2858607/Increibles-Fotos-_Blanco-y-Negro_.html"&gt;Taringa&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-2581377889380426118?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/Mb_rL8sNuQVFSyxl98_xy6NN0dk/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/Mb_rL8sNuQVFSyxl98_xy6NN0dk/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/Mb_rL8sNuQVFSyxl98_xy6NN0dk/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/Mb_rL8sNuQVFSyxl98_xy6NN0dk/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/alnO0xhEj7g" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/2581377889380426118/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=2581377889380426118&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/2581377889380426118?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/2581377889380426118?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/alnO0xhEj7g/citando-charles-bukowski.html" title="Citando a Charles Bukowski" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/-XYL222aB5B8/TmN5n0ie2II/AAAAAAAADg0/m_4rGLH0SsI/s72-c/Extinguished_Essence_01_by_Aleuranthropy.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2011/09/citando-charles-bukowski.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkYASX04fyp7ImA9WhdWFUo.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-2440369911507407801</id><published>2011-09-03T18:47:00.000-07:00</published><updated>2011-09-09T06:15:48.337-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-09-09T06:15:48.337-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="RESEÑAS" /><title>El alma al diablo, de Marcelo Birmajer</title><content type="html">&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-RudFUeDg1xg/TmLYWoXRCuI/AAAAAAAADgk/480THcPtT0k/s1600/diablo.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://4.bp.blogspot.com/-RudFUeDg1xg/TmLYWoXRCuI/AAAAAAAADgk/480THcPtT0k/s320/diablo.jpg" width="211" xaa="true" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un libro bien escrito que trasciende los grupos de edades. En la contraportada dice que es “para jóvenes adultos”, sin embargo a mí, que ya abandoné a tan envidiable grupo, el libro de&amp;nbsp;&lt;a href="http://www.lecturalia.com/autor/3113/marcelo-birmajer"&gt;Marcelo Birmajer&lt;/a&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;me cautivó en la primera de sus 128 páginas y no lo solté hasta el punto final. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hijo de una familia de judíos practicantes, Mordejai es un chico de doce años que se prepara con el rabino Sender Musnak para celebrar su &lt;em&gt;baarmitzvá&lt;/em&gt;, la ceremonia en la que pasará a formar parte de la comunidad adulta. Mordejai vive en el barrio judío de Buenos Aires entre familias decentes y trabajadoras. Cerca de su hogar una misteriosa casa abandonada le llama poderosamente la atención: dicen los del barrio que allí es donde habita el Maligno. Cierto día regresan sus moradores, un matrimonio al que todos evitan. A Mordejai su padre le prohibe acercarse al lugar pero la atracción que siente hacia Tamara, la mujer del matrimonio, es más intensa que el respeto que le inspira la orden paterna. Por azares del destino que no voy a contar, Mordejai entra en contacto con la pareja. Al conocerlos mejor, se intensifican las dudas que ya gravitaban en su cabeza con respecto a la práctica de su religión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;© Carolina Meneses Columbié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Si deseas adquirir este libro, puedes buscarlo aquí, escribiendo el título en la ventana de "Keywords":&lt;br /&gt;
&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/Pl1Q3fZ_sHm5BHz-p9TuRrevsEY/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/Pl1Q3fZ_sHm5BHz-p9TuRrevsEY/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/Pl1Q3fZ_sHm5BHz-p9TuRrevsEY/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/Pl1Q3fZ_sHm5BHz-p9TuRrevsEY/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/058fTfe4Pqo" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/2440369911507407801/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=2440369911507407801&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/2440369911507407801?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/2440369911507407801?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/058fTfe4Pqo/prueba-de-publicacion.html" title="El alma al diablo, de Marcelo Birmajer" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/-RudFUeDg1xg/TmLYWoXRCuI/AAAAAAAADgk/480THcPtT0k/s72-c/diablo.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2010/05/prueba-de-publicacion.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;Ck8NSHgzeyp7ImA9WhdWFUQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-1542642466364484969</id><published>2011-09-01T18:40:00.000-07:00</published><updated>2011-09-09T10:54:59.683-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-09-09T10:54:59.683-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="AL TALLER LITERARIO" /><title>Cómo escribir una carta de amor</title><content type="html">&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hace unos días llegó a mi correo la convocatoria a un Concurso de Cartas de Amor. Tiene sentido, quien más quien menos escribió o escribirá una carta de amor, o de desamor, que a la larga viene a ser más o menos lo mismo. En todo caso, siempre es un tema de lo más oportuno, ya que las cartas de amor no pasan de moda.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un gran escritor amigo mío dice: "si quieres escribir sobre el amor no menciones la palabra amor", entonces, la escritura de una carta de amor sería un ejercicio mucho, pero mucho más difícil y más interesante de lo que suponemos. ¿Cómo podríamos escribirla y no pecar de ridículos provocando el efecto contrario al que deseamos? Te voy a dar algunos consejos que puedes tomar o dejar, porque como digo siempre, en este negocio de la escritura lo que cuenta es el impacto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No comiences la carta con: "Amor de mi vida", "Mi amor", "Mi cielo", "Mi único y gran amor", hace mucho que pasaron de moda y ya fueron usados hasta el cansancio. Tú quieres ser original, impresionar y lograr tu objetivo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si eres hombre trata de no comparar a la destinataria con el sol o con la luna, con las rosas rojas o con lindas margaritas de la campiña en Primavera, menos con el cielo, con el mar o con las estrellas, tampoco le digas que ella es lo más bello que viste en tu vida, las mujeres ya no creemos en tonterías. Y si eres mujer, no le digas que es el primer amor de tu vida o que, si bien no es el primero sí que es el gran amor. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jamás escribas "no puedo vivir sin ti".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No adules con &lt;em&gt;clichés.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No le prometas nada, ni tampoco se lo ofrezcas. Como bien dice el dicho: "Obras son amores y no buenas razones". &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La salida tendrá que ser tan original como la entrada, los "Te ama con la vida", "Tuyo para siempre", "Vives en mis pensamientos", elimínalos, son ridículos y para nada convincentes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A estas alturas te estarás preguntando qué escribir en tu carta. Aquí los consejos:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sé gracioso y sácale una risa, o mejor una carcajada. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sé osado, pero no confundas la osadía con la vulgaridad, y bueno, si sabes ser vulgar con sofisticación, bienvenido sea, hay para todos los gustos. En otras palabras, olvídate de San Valentín y asóciate con Eros, que en estos casos es el más indicado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Recuérdale algún momento especial, por ejemplo, lo que estabas haciendo el día que se conocieron o dile que si no te hubiera ayudado a pintar tu casa nueva seguirías viviendo en un agujero negro. O algo por el estilo, ¿captas la idea? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Muy, muy importante es aliñar la realidad con un toque de ficción, lo que no te convierte en un mentiroso sino en un escritor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
© Carolina Meneses Columbié&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-1542642466364484969?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/ABaeTrThaaMB3Ca55IChmrJovGo/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/ABaeTrThaaMB3Ca55IChmrJovGo/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/ABaeTrThaaMB3Ca55IChmrJovGo/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/ABaeTrThaaMB3Ca55IChmrJovGo/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/iYUqyc9wuo8" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/1542642466364484969/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=1542642466364484969&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/1542642466364484969?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/1542642466364484969?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/iYUqyc9wuo8/como-escribir-una-carta-de-amor.html" title="Cómo escribir una carta de amor" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2011/09/como-escribir-una-carta-de-amor.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkYGSHw4eip7ImA9WhRTFE0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-5070622407478938421</id><published>2011-08-30T06:10:00.000-07:00</published><updated>2011-11-04T05:02:09.232-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-11-04T05:02:09.232-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="AL TALLER LITERARIO" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ESCRITORES INVITADOS" /><title>Roald Dahl y la escritura</title><content type="html">&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;Maestro indiscutido del género infantil, su estilo irónico,&amp;nbsp;implacable,&amp;nbsp;ácido, con frecuencia cruel, lo convierte en uno de los escritores más leídos por los niños de varias generaciones. Y se equivocan los que piensan que ellos suspiran con las historias tiernas, moralistas,&amp;nbsp;plenas de contenido educativo.&amp;nbsp;A los chicos, como a los grandes, les gustan las emociones fuertes y cierta cuota de crueldad, sobre todo si se utiliza para reivindicar sus derechos. Pero &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Roald_Dahl"&gt;Roald Dahl&lt;/a&gt; también escribió para adultos con la misma calidad con que lo hizo para los niños. Fue un escritor de ficción en el más absoluto rigor de la palabra, y con respecto al arte de escribir dijo:&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"La vida de un escritor es un verdadero infierno comparada con la de un empleado. El escritor tiene que obligarse a trabajar. Ha de establecer sus propios horarios y si no acude a sentarse a su mesa de trabajo no hay nadie que le amoneste. Si es autor de obras de ficción, vive en un mundo de temores. Cada nuevo día exige ideas nuevas, y jamás puede estar seguro de que se le vayan a ocurrir. Dos horas de trabajo dejan al autor de ficción absolutamente exhausto. Durante esas dos horas ha estado a leguas de distancia, ha sido otra persona, en un lugar distinto, con gente totalmente distinta, y el esfuerzo de volver al entorno habitual es muy grande. Es casi una conmoción. El escritor sale de su cuarto de trabajo como aturdido. Le apetece un trago. Lo necesita. Es un hecho que casi todos los autores de ficción beben más whisky del que les conviene para su salud. Lo hacen para darse fe, esperanza y ánimo. Es un insensato el que se empeña en ser escritor. Su única compensación es la libertad absoluta. No tiene quien le mande, salvo su propio espíritu, y eso, estoy seguro, es lo que le tienta." &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
© Carolina Meneses Columbié&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-5070622407478938421?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/o6H9HFBn6ajp1teTw74tLNSEiZY/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/o6H9HFBn6ajp1teTw74tLNSEiZY/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/o6H9HFBn6ajp1teTw74tLNSEiZY/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/o6H9HFBn6ajp1teTw74tLNSEiZY/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/dDfir9vTEJM" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/5070622407478938421/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=5070622407478938421&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/5070622407478938421?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/5070622407478938421?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/dDfir9vTEJM/roald-dahl-y-la-escritura.html" title="Roald Dahl y la escritura" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2011/08/roald-dahl-y-la-escritura.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CU8FQX8zeCp7ImA9WhRTEkU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-8016233829463595111</id><published>2011-08-24T06:26:00.000-07:00</published><updated>2011-11-02T18:30:10.180-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-11-02T18:30:10.180-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El RELATO DEL MES" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="DE MIEDO" /><title>Fantasmas de bibliotecas</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;Sé de varios bibliotecarios que tienen entre sus historias personales la de alguna experiencia extraña ocurrida en pleno ejercicio de la profesión. Sucesos inexplicables que les han desconcertado, nunca hasta el punto de aterrarlos. Las presencias con las que se toparon eran la mayoría de las veces inofensivas, aunque sí escalofriantes. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una tarde invernal el profesor X le pide a R. S. un libro de historia del siglo XX. Los pasillos de las estanterías de la biblioteca son estrechos, mal iluminados y el material pedido no está en el lugar donde debiera. Al parecer el profesor se está comenzando a impacientar, tamborilea sobre el mesón y carraspea cada tanto. ¿Lo habrán cambiado de sitio? En una biblioteca un libro mal ubicado es un libro perdido, a menos que la casualidad quiera que pongas los ojos en el lugar indicado. En eso R. S. siente que alguien por detrás de ella le tira de la bufanda. No hay nadie allí, la bufanda se habrá enganchado en algún clavo de la estantería de madera, voltea para liberar la preciosa prenda de lana, que no se ha enganchado sino que cuelga libre por su espalda. Recorre con la mano el lugar donde calcula debería estar el clavo y sólo encuentra madera lisa. No le da mayor importancia y continúa buscando el libro. A los pocos segundos, otro tirón. Vuelve a mirar, donde siente que le tiran de la bufanda encuentra el libro solicitado por el profesor. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;J. H. llega&amp;nbsp;a la biblioteca cuando todavía no ha amanecido. Le pone doble cerrojo a la puerta&amp;nbsp; y luego se encierra en su oficina a terminar el informe que debe entregar por la tarde. Piensa que nadie la interrumpirá a semejantes horas, pero se equivoca, a los diez minutos escucha que en la sala de lectura alguien se ocupa de arrastrar las sillas. No puede ser que justo ese día a alguno de sus colegas se le haya ocurrido llegar tan temprano como a ella, se levanta del escritorio para enfrentar al inoportuno, que al menos podría no hacer tanto ruido. Al salir de la oficina ve la sala vacía y&amp;nbsp;las sillas en su lugar. ¿Escuchó mal? Tal vez el ruido vino del exterior, aunque ella sabe que escuchó muy bien porque ya le han contado historias parecidas. Vuelve a la oficina, seguir buscando explicaciones la pondría más nerviosa de lo que está, y continúa con el informe, del que depende su evaluación anual. Minutos más tarde la distrae un haz de luz que se filtra por debajo de la puerta. La abre. Todas las luces de la sala de lectura están encendidas y quien lo haya hecho se esfumó. J. H. llama con voz temblorosa y nadie responde. Haciendo un esfuerzo para mantener la mente en blanco atraviesa la sala a paso veloz. Llega a la puerta principal, que sigue cerrada con doble cerrojo. Se revisa los bolsillos de la chaqueta, por fortuna la llave está en uno de ellos, abre la puerta y sale a esperar a sus colegas. De pie, en plena calle, un escalofrío le recorre el cuerpo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
D. M. atiende la sala infantil. En el exhibidor de "Destacados" se aprecia, cuando está disponible,&amp;nbsp;un libro de fútbol para niños de portada muy llamativa.&amp;nbsp;Una usuaria lo solicita para su hijo. D. M le informa que el libro se encuentra&amp;nbsp;en la primera repisa del exhibidor y que no tendrá problemas en encontrarlo.&amp;nbsp;El libro no está, le responde la usuaria. Qué raro,&amp;nbsp;no lo han pedido prestado en los últimos días. Después de revisar&amp;nbsp; sin éxito cada rincón de la sala, D. M. concluye que alguien se lo llevó sin permiso, sólo espera que lo devuelva con el mismo sigilo para no tener que regañarlo por su falta. La usuaria se va con otro libro y D. M. regresa a lo suyo.&amp;nbsp;Nadie más vuelve a entrar en la media hora que D. M. tarde en levantarse del escritorio para ir a buscar café.&amp;nbsp;Al pasar por&amp;nbsp;el exhibidor alcanza a percibir la silueta del libro. Regresa sobre sus pasos y observa admirada: ¡Allí está! D. M. recorre la sala con la vista mientras murmura "gracias por devolverlo, quién hayas sido, pero no lo escondas cuando vengan por él".&amp;nbsp;Sonríe y una brisa cálida le alborota el pelo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A la bodega de la biblioteca escolar de C. T. van a parar los libros que ya nadie pide. Libros viejos, mohosos, desactualizados o mutilados. Libros que esperan por años el momento de ser dados de baja. La bodega es una habitación grande, oscura, de estanterías largas dispuestas una al lado de la otra, un espacio estrecho entre ellas permite el paso. El frío y la humedad se sienten en cuanto uno ingresa. Todos evitan visitar la bodega si no es absolutamente necesario, incluso el personal de aseo la limpia cuando ya no queda más remedio. Allí el pecho se aprieta, la tristeza y una soledad abrumadora invaden el ánimo. Dicen que la recorre el espíritu de una bibliotecaria que se suicidó por amor y que si todos en la biblioteca guardaran silencio al mismo tiempo, se podría escuchar claramente un gemido suave y suplicante. Tal vez por eso la biblioteca de C. T. es una de las más ruidosas de su tipo, sus bibliotecarios no exigen silencio y los lectores tampoco lo piden. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La última historia que escuché de este espíritu no vino de un bibliotecario sino de un profesor, que se había quedado en el colegio hasta tarde en la noche terminando un proyecto. La biblioteca escolar se encuentra en la ruta que conduce a la portería, todo aquel que quiera salir del colegio tendrá que pasar ante su frontis, y cuando el profesor pasaba por allí&amp;nbsp; vio a través de la puerta de cristal de la biblioteca a la mujer que ocupaba la oficina de C. T., el jefe de Biblioteca. Como la puerta estaba sin llave, el profesor ingresó pensando que se trataba de alguna de sus amigas bibliotecarias que estaría terminando algún trabajo atorado,&amp;nbsp;ya que&amp;nbsp;parecía muy afanada ante el computador encendido. Al acercarse&amp;nbsp; comprobó que se trataba de una desconocida. Le preguntó por el personal. &lt;i&gt;Ya se fueron&lt;/i&gt;, respondió ella con absoluta calma. A la mañana siguiente el profesor le comentó la anécdota a los bibliotecarios, quienes bastante sorprendidos le aseguraron que nadie se había quedado trabajando esa noche. C.T. solicitó los registros de uso del computador. Indicaban que éste se había apagado a las cinco de la tarde y que no se había vuelto a encender hasta las ocho de la mañana siguiente. Las sorpresas no terminarían allí, uno de los miembros más antiguos de la biblioteca le mostró al profesor&amp;nbsp;un catálogo del personal de hacía varios años. ¿Podría él&amp;nbsp;identificar a la mujer? Luego de observar con detenimiento cada una de las fotografías, señaló a la bibliotecaria muerta. Lo curioso del caso es que&amp;nbsp; ignoraba el trágico final de la mujer, y varios de los&amp;nbsp;presentes tampoco sabían que ésa había sido la oficina que ella ocupara en vida. Por muchos años&amp;nbsp;sirvió para&amp;nbsp;&amp;nbsp;almacenar las cajas de libros nuevos recién adquiridos, hasta que C. T. asumió la jefatura y decidió habilitarla para su uso. La hilera de ventanas que reemplaza a las paredes le proporciona una vista plena de casi todas las salas de lectura y de la puerta principal.&lt;br /&gt;
No estaría de más que otros bibliotecarios o asiduos visitantes de bibliotecas me enviaran sus propias experiencias, podríamos hacer un catálogo de lo escalofriante. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
© Carolina Meneses Columbié&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-8016233829463595111?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/CgAm05xPh41SsV2xdiax2TCKjDg/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/CgAm05xPh41SsV2xdiax2TCKjDg/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;Un paseo&amp;nbsp;no programado, el estado de ánimo propicio, la&amp;nbsp;época del año indicada&amp;nbsp;y la cámara de fotos siempre&amp;nbsp;lista para preservar la huella de&amp;nbsp;la belleza&amp;nbsp;breve&amp;nbsp;que nos sale al paso. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none; clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-iL9n60ftDmo/Tkp3g44G1YI/AAAAAAAADdk/2kjY7rliPVk/s1600/Naturaleza2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="300" src="http://2.bp.blogspot.com/-iL9n60ftDmo/Tkp3g44G1YI/AAAAAAAADdk/2kjY7rliPVk/s400/Naturaleza2.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-gG4kReEzcL4/Tkp5J0ozXvI/AAAAAAAADeM/IfjR7-9UnUE/s1600/Naturaleza3.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="300" src="http://3.bp.blogspot.com/-gG4kReEzcL4/Tkp5J0ozXvI/AAAAAAAADeM/IfjR7-9UnUE/s400/Naturaleza3.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
© Carolina Meneses Columbié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imágenes:&amp;nbsp;Archivo personal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-8235398484754086234?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/8ZWPNAk6adOuFT7tixJohhM7I6o/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/8ZWPNAk6adOuFT7tixJohhM7I6o/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
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"Hoy ya sé muy bien que nada en el mundo repugna tanto al hombre como seguir el camino que ha de conducirle hacia sí mismo."&lt;br /&gt;
Herman Hesse. &lt;em&gt;Demian&lt;/em&gt;. Pag. 42. Santiago: Centro Gráfico, 2002&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imagen: Tomada de &lt;a href="http://%22taringa%22/"&gt;"Taringa"&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-5312089438072816499?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/MndhEm9ldSDiXjXAuvJiq6Ns-BE/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/MndhEm9ldSDiXjXAuvJiq6Ns-BE/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/MndhEm9ldSDiXjXAuvJiq6Ns-BE/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/MndhEm9ldSDiXjXAuvJiq6Ns-BE/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/5u_ksq7eub0" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/5312089438072816499/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=5312089438072816499&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/5312089438072816499?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/5312089438072816499?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/5u_ksq7eub0/hoy-se-ya-muy-bien-que-nada-en-el-mundo.html" title="Una cita de Herman Hesse" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/-G-ISWR_P3MM/TkcH-8Q7UPI/AAAAAAAADc0/xWSGdwyvAB4/s72-c/BlancoyNegro_7.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2011/08/hoy-se-ya-muy-bien-que-nada-en-el-mundo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkENRXk6cSp7ImA9WhdWFk0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-3889130717684494933</id><published>2011-07-18T13:29:00.000-07:00</published><updated>2011-09-09T14:44:54.719-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-09-09T14:44:54.719-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="AL TALLER LITERARIO" /><title>El uso correcto de los guiones de diálogo</title><content type="html">Para el estudio de los guiones de diálogo suelo recomendar a mis alumnos el conocido artículo de Eduardo Scarletti: &lt;em&gt;Guiones de diálogo&lt;/em&gt;. Pero más de alguno me ha dicho que no lo entiende. El uso correcto de los guiones de diálogo puede parecer difícil al principio, así que te explicaré de la manera más sencilla posible cómo hacerlo y salir airoso.&lt;br /&gt;
&lt;div align="justify"&gt;El guión de diálogo es siempre una raya larga (—) que se logra usando el código ASCII Alt+0151. También se llama "guión largo" y sirve para indicar los parlamentos de los personajes y los incisos del narrador, o dicho en palabras más sencillas, las intervenciones del narrador para indicar quién habla y/o para ampliar la información, se hace sólo cuando es necesario.&lt;br /&gt;
Son diez los usos más frecuentes de los guiones de diálogo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;strong&gt;Uso 1&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;: En este caso el guión va pegado a la primera letra de la palabra inicial.&lt;br /&gt;
—Siempre le digo a mis alumnos que el uso del guión largo requiere de mucha práctica.&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Uso incorrecto:&lt;/span&gt; &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;
— Siempre le digo a mis alumnos que el guión largo requiere de mucha práctica.&lt;br /&gt;
Es incorrecto porque entre el guión y la primera letra de la palabra inicial he dejado un espacio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Uso 2&lt;/strong&gt;: Aquí tenemos dos guiones de diálogo. El primero abre el parlamento del personaje, recuerda: siempre va pegado a la primera letra de la primera palabra. El segundo guión indica la intervención del narrador, hay un espacio entre la última letra de la última palabra del personaje, pero va pegado a la primera letra de la primera palabra del narrador.&lt;br /&gt;
—Quiero que ejerciten los guiones de diálogo —le pidió el profesor a sus alumnos.&lt;br /&gt;
&lt;span style="color: red;"&gt;&lt;strong&gt;Uso incorrecto:&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
—Quiero que ejerciten los guiones de diálogo — le pidió el profesor a sus alumnos.&lt;br /&gt;
Es incorrecto porque entre el guión de diálogo y la intervención del narrador he dejado espacio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Uso 3: &lt;/strong&gt;Tenemos tres guiones de diálogo. El primero abre el parlamento del personaje, los otros dos la intervención del narrador, pero a diferencia del caso anterior en éste se sitúa dentro de lo expresado por el personaje, no al final. La fórmula sería: espacio etre la última letra de lo expresado por el personaje y el guión de diálogo que abre la intervención del narrador, que irá pegado a la primera letra de la primera palabra del narrador, guión de diálogo pegado a la última letra de la última palabra del narrador.&lt;br /&gt;
—Quiero —pidió el profesor— que ejerciten los guiones de diálogo.&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Uso incorrecto:&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;
—Quiero — pidió el profesor — que ejerciten los guiones de diálogo.&lt;br /&gt;
¿Cuál sería el error aquí?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Uso 4: &lt;/strong&gt;Fíjate que en este caso los guiones de diálogo que indican la intervención del narrador van dentro de una frase aclaratoria, la "coma" va pegada al último guión de diálogo que cierra la intervención del narrador.&lt;br /&gt;
—Estoy seguro que, si practican —afirmó el profesor—, no tendrán problemas.&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Uso incorrecto: &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;
—Estoy seguro que, si practican —afirmó el profesor— , no tendrán problemas.&lt;br /&gt;
¿Cuál sería el error aquí?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Uso 5: &lt;/strong&gt;Aquí tenemos un punto y seguido pegado al guión de diálogo que cierra la intervención del narrador. No lo olvides, siempre pegados.&lt;br /&gt;
—¡Muy bien! —celebró el profesor—. Por fin lo entendieron.&lt;br /&gt;
Creo que ya no necesitas más ejemplos de usos incorrectos. Continuemos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Uso 6: &lt;/strong&gt;Espacio entre el signo de interrogación que cierra la pregunta y el guión de diálogo que abre la intervención del narrador. El guión de diálogo que la cierra va pegado al punto y seguido.&lt;br /&gt;
—¿Alguna duda? —preguntó el profesor—. Podemos continuar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Uso 7: &lt;/strong&gt;Puntos suspensivos, espacio, guión de diálogo.&lt;br /&gt;
—Ya les he dicho que... —se interrumpió el profesor—. Mejor vamos a otra cosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Uso 8:&lt;/strong&gt; Fíjate bien. En este caso el punto y seguido antecede al guión de diálogo que abre la intervención del narrador, siempre hay un espacio entre ellos y la primera letra de la palabra que abre la intervención del narrador va con mayúscula, por supuesto, va después de un punto. También hay otro punto y seguido pegado, bien pegado, al guión de diálogo que cierra la intervención.&lt;br /&gt;
—Sí, creo que podemos continuar. —Concluyó el profesor—. Comenzaremos a estudiar el punto de vista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Uso 9: &lt;/strong&gt;Hay un punto y seguido en la intervención del narrador, viene el guión de diálogo y pegados a éste los dos puntos, espacio, primera letra del parlamento del personaje con mayúscula.&lt;br /&gt;
—Bueno, chicos, creo que podemos pasar a otra cosa —dijo el profesor. Abrió su libro y leyó—: El punto de vista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Uso 10:&lt;/strong&gt; Guión de diálogo pegado a los dos puntos, espacio, primera letra de la palabra en minúscula.&lt;br /&gt;
—El mejor consejo que les puedo dar es el siguiente —dijo el profesor—: lean con atención a los buenos autores y deténganse a observar el uso que hacen de los guiones de diálogo. Si hacen esto mejorarán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como ves, los espacios, o la ausencia de ellos, son fundamentales en el uso correcto de los guiones de diálogo. La práctica y la lectura atenta harán el resto. &lt;/div&gt;Escríbeme si las dudas continúan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
© Carolina Meneses Columbié&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-3889130717684494933?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/OgYgKVbZz158ZrWGCFtP_wsXGFg/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/OgYgKVbZz158ZrWGCFtP_wsXGFg/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/OgYgKVbZz158ZrWGCFtP_wsXGFg/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/OgYgKVbZz158ZrWGCFtP_wsXGFg/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/77W4u7MXXJQ" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/3889130717684494933/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=3889130717684494933&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/3889130717684494933?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/3889130717684494933?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/77W4u7MXXJQ/el-uso-correcto-de-los-guiones-de.html" title="El uso correcto de los guiones de diálogo" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2011/07/el-uso-correcto-de-los-guiones-de.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkMFSHg4fCp7ImA9WhdXGUU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-5935904988556394875</id><published>2011-07-16T16:27:00.000-07:00</published><updated>2011-09-02T10:26:59.634-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-09-02T10:26:59.634-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="REFLEXIONES" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="AL TALLER LITERARIO" /><title>¿Te aburre el libro?</title><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-a2KZDUxPD7k/TiIhzATm7jI/AAAAAAAADaU/tuSQBcRD62g/s1600/muchacha_leyendo-renoir.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5630099644305829426" src="http://3.bp.blogspot.com/-a2KZDUxPD7k/TiIhzATm7jI/AAAAAAAADaU/tuSQBcRD62g/s320/muchacha_leyendo-renoir.jpg" style="cursor: hand; display: block; height: 320px; margin: 0px auto 10px; text-align: center; width: 267px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
¿Te ocurre que no puedes avanzar en la lectura de algún libro? No porque te falte el tiempo, aunque el tiempo te falte siempre. No porque te esté apurando la persona o la biblioteca que te lo prestó. No porque el escritor no sirva o porque el libro no sea &lt;em&gt;de valor. &lt;/em&gt;No hay caso. Por la noche, mientras tratas a duras penas de avanzar en la lectura te despierta sorpresivamente el ruido que hace el libro al chocar contra el suelo cuando se te cae de las manos.&lt;br /&gt;
Dime:&lt;br /&gt;
¿Por qué aburre un libro &lt;em&gt;de valor &lt;/em&gt;cuyo autor conoce el oficio? ¿Será que lo que unos consideran &lt;em&gt;de valor&lt;/em&gt; para otros no lo es tanto? ¿Será que de tanto buscar termina por aburrirnos casi todo?&lt;br /&gt;
Para que un libro nos guste ¿lo tiene que haber escrito un autor con patrones mentales y emocionales similares a los nuestros?&lt;br /&gt;
Borges lo explica borgianamente:&lt;br /&gt;
&lt;em&gt;Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo; hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica&lt;/em&gt;. (Tomado de "Biblioteca personal", de Jorge Luis Borges. Alianza Editorial, 1997).&lt;br /&gt;
En el mundo hay demasiados libros como para estar sufriendo por uno, cuando te aburra, por muy &lt;em&gt;de valor&lt;/em&gt; que sea, ciérralo, guárdalo, devuélvelo o regálalo, y búscate otro. Si el nuevo libro tampoco te gusta, ciérralo, guárdalo, devuélvelo o regálalo y búscate otro. ¿Hasta cuándo? Sencillo, hasta que des con el que te vuelva insomne. Parecido al amor, ¿no?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
© Carolina Meneses Columbié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Imagen&lt;/strong&gt;: &lt;em&gt;Muchacha leyendo&lt;/em&gt;. Renoir&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-5935904988556394875?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/-AlyzMHeuPSg79l4JnwhrNxa1k0/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/-AlyzMHeuPSg79l4JnwhrNxa1k0/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
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* La &lt;strong&gt;cohesión:&lt;/strong&gt; Al escribir nunca olvides este ingrediente fundamental. La cohesión se consigue cuando todas las oraciones del párrafo se relacionan entre sí y forman un mensaje completo. Si en el párrafo te estás refiriendo al frío que en estos días te congela los pies, no puedes saltar y referirte a lo rico que cocinan en tu trabajo porque de repente recordaste la deliciosa y humeante sopa que almorzaste ayer.&lt;br /&gt;
* El &lt;strong&gt;estilo&lt;/strong&gt;: ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de estilo? Después de revisar mucha bibliografía me quedo con la definición de Middleton Murry:&lt;br /&gt;
&lt;em&gt;"El estilo es una cualidad del lenguaje que comunica con precisión emociones o pensamientos". "El estilo es perfecto cuando la comunicación del pensamiento o la emoción se alcanza exactamente."&lt;/em&gt;Cómo se logra el titánico objetivo de comunicar con precisión emociones o pensamientos:&lt;br /&gt;
* Sobre el escenario del buen estilo bailan una danza sincronizada cuatro importantes bailarinas:&lt;br /&gt;
La &lt;strong&gt;claridad&lt;/strong&gt;: Si quieres ser claro renuncia a la ambigüedad, tu pensamiento debe llegar al lector sin diques por el medio.&lt;br /&gt;
La &lt;strong&gt;concisión:&lt;/strong&gt; Utiliza las palabras justas y necesarias, no disgregues, no te vayas por las ramas, no agotes al lector. Como dice un gran escritor al que no le gusta ser citado, "no es lo mismo síntesis que omisión".&lt;br /&gt;
La &lt;strong&gt;sencillez:&lt;/strong&gt; No compliques al lector con un lenguaje decimonónico. No te engañes, escribir con sencillez es mucho más complicado que echarle mano a la retórica.&lt;br /&gt;
La &lt;strong&gt;naturalidad:&lt;/strong&gt; Es hermana de la sencillez, así que no te voy a repetir el sermón.&lt;br /&gt;
* Sé original. No es tan difícil como parece. Se sabe que no quedan nuevos temas sobre los que escribir en este mundo, el meollo de la cuestión no está en inventar sino en recrear. La originalidad depende de la forma de tratar el tema, de la manera en que se construyan las ideas, de las comparaciones, de las imágenes y de las emociones que seas capaz de provocar, y para eso tienes que buscar dentro de ti mismo. Mi libro de consulta habla de la &lt;strong&gt;sinceridad&lt;/strong&gt;: &lt;em&gt;"la originalidad no depende de la novedad del tema, sino del modo nuevo y sincero de tratarlo."&lt;/em&gt; O dicho en otras palabras, tienes que traer al exterior el particular y desbordante mundo que se agita dentro de tu cabeza.&lt;br /&gt;
Concluyo con el más elemental de los ingredientes: La &lt;strong&gt;persistencia&lt;/strong&gt;. Si quieres escribir, escribe, y escribe mucho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
© Carolina Meneses Columbié &lt;br /&gt;
&amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Bibliografía consultadas:&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Martín Vivaldi, Gonzalo. &lt;em&gt;Curso de Redacción. Teoría y Práctica de la Composición y del Estilo&lt;/em&gt;. Madrid: Paraninfo S. A., 2001&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-8465460203013777745?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/jfC6ry8NhtqC43Z0edCLGFMKy2k/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/jfC6ry8NhtqC43Z0edCLGFMKy2k/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/jfC6ry8NhtqC43Z0edCLGFMKy2k/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/jfC6ry8NhtqC43Z0edCLGFMKy2k/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/el68xJl7cWI" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/8465460203013777745/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=8465460203013777745&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/8465460203013777745?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/8465460203013777745?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/el68xJl7cWI/algunos-ingredientes-basicos.html" title="Algunos ingredientes básicos" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2011/07/algunos-ingredientes-basicos.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0UMSH4zfSp7ImA9WhdWFk0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-3232095797648632624</id><published>2011-06-25T12:10:00.000-07:00</published><updated>2011-09-09T14:54:49.085-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-09-09T14:54:49.085-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="AL TALLER LITERARIO" /><title>Tipos de alumnos del taller literario</title><content type="html">&lt;div align="justify" class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-0abxPo-mAZo/Tmpup2SsubI/AAAAAAAADhU/XIsbXXbc2PM/s1600/Valpo+175.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" nba="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-0abxPo-mAZo/Tmpup2SsubI/AAAAAAAADhU/XIsbXXbc2PM/s320/Valpo+175.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;Coordinar un taller literario no es nada fácil, principalmente por la diversidad de alumnos que llegan a él. Sé por experiencia, primero como alumna y luego como coordinadora, que muchos de los que se matriculan y presentan un texto, no lo hacen con la intención de aprender sino con la de &lt;em&gt;ser descubiertos, &lt;/em&gt;por lo que sufren una gran desilución cuando reciben como respuesta un sinnúmero de correcciones que interpretan como críticas o, en el peor de los casos, como ofensas. En este tipo de alumnos hay dos categorías: los que abandonan después de la primera clase y los que deciden continuar una vez que entienden que el coordinador no pretendía ofender sino enseñar.&lt;br /&gt;
&lt;div align="justify"&gt;Dentro del grupo que continúa hay varios subgrupos:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los que hacen caso omiso de las correcciones recibidas. Este subgrupo provoca gran impotencia en el coordinador, que siente que está perdiendo el tiempo después de volver una y otra vez sobre los mismos errores explicándolos de mil maneras distintas. Y nada, el alumno parece haber puesto una barrera infranqueable entre ambos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El subgrupo de los alegadores, ay, los alegadores: reclaman por todo y lo contradicen todo. Repiten de memoria párrafos de grandes escritores para demostrar que el autor consagrado hizo lo mismo que se les está criticando a ellos: "¿Por qué Cortazar puede saltar de un punto de vista a otro y Alejo Carpentier usar un lenguaje rebuscado y yo no puedo, ah?" La respuesta se cae de la mata: "Porque tú no eres Cortázar ni tampoco Carpentier".&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un subgrupo admirable es el de los "machucados". Son los que, a pesar de los progresos lentos y de los largos períodos de estancamiento, siguen perseverando hasta que logran superar las dificultades con las que se van topando. Ellos nunca alegan, nunca contradicen, escuchan calladitos los que se les señala y luego tratan de ponerlo en práctica. No le piden al coordinador que les haga la tarea ni que les dé las respuestas, ellos las buscan solos y cuando las encuentran, las estudian. Pueden entristecerse al sentir que no progresan, pero en lugar de hundirse en lamentaciones se aprietan el cinturón y continúan, indiferentes a los tiempos porque saben que algún día llegarán.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El subgrupo de los talentos natos tiene dos categorías. Los talentosos perezosos, tan talentosos que se duermen en los laureles y al final no logran nada; y los talentosos dedicados, de los que más temprano que tarde, hablarán los medios.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cierta vez una alumna del grupo de los alegadores me acusó de haberle matado la vocación. Yo me pregunto, partiendo del concepto de la palabra vocación: cuando ésta es verdadera, ¿cómo es posible matársela a alguien?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;© Carolina Meneses Columbié &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía&lt;/strong&gt;: Archivo personal. "Gaviotas". Caleta Portales, Valparaíso. Chile.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-3232095797648632624?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/SsfO-yltbJhwNi6goMuV83iDKDo/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/SsfO-yltbJhwNi6goMuV83iDKDo/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/SsfO-yltbJhwNi6goMuV83iDKDo/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/SsfO-yltbJhwNi6goMuV83iDKDo/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/oHV2WG0xRSY" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/3232095797648632624/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=3232095797648632624&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/3232095797648632624?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/3232095797648632624?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/oHV2WG0xRSY/tipos-de-alumnos-del-taller-literario.html" title="Tipos de alumnos del taller literario" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/-0abxPo-mAZo/Tmpup2SsubI/AAAAAAAADhU/XIsbXXbc2PM/s72-c/Valpo+175.JPG" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2011/06/tipos-de-alumnos-del-taller-literario.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEUFRH88cCp7ImA9WhRTEkU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-6350474712559759239</id><published>2011-04-12T08:25:00.000-07:00</published><updated>2011-11-02T19:10:15.178-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-11-02T19:10:15.178-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El RELATO DEL MES" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="DE MIEDO" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="DEL lIBRO &quot;FICCIONES IRRELEVANTES&quot;" /><title>El retorno</title><content type="html">&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-39MRn8sfTdM/TaSWeFh9J5I/AAAAAAAADZA/O00HCMl1rbw/s1600/noche_estrellada.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5594762080725837714" src="http://4.bp.blogspot.com/-39MRn8sfTdM/TaSWeFh9J5I/AAAAAAAADZA/O00HCMl1rbw/s320/noche_estrellada.jpg" style="cursor: hand; float: left; height: 250px; margin: 0px 10px 10px 0px; width: 320px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A &lt;em&gt;La que busca estrellas&lt;/em&gt; la fui a visitar el mismo día que le dieron de alta y regresó al edificio. No sé por qué esperé encontrarla en la cama si yo sabía que lo suyo no era un mal físico, sin embargo fue ella la que me abrió la puerta después del primer timbrazo. Seguía linda a pesar de los años en el sanatorio, como cuando éramos niños y me pedía que la acompañara por las noches de verano a la azotea del edificio a “chequear el cielo”. Nos acostábamos boca arriba sobre el piso de cemento y mientras ella chequeaba yo le miraba la silueta iluminada por el resplandor de las luces de los otros edificios. Nunca se me ocurrió preguntarle qué era lo que chequeaba tanto, sólo me interesaba estar a su lado aunque ella permaneciera en silencio y con la mirada fija, sin pestañear casi, en algún punto del firmamento hasta que abría la boca para decirme que ya era tiempo de bajar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después de darme un abrazo breve, de ésos en los que las manos se afirman como debe ser y en el lugar preciso, me llevó hasta el &lt;em&gt;living&lt;/em&gt;. La madre estaba en el sofá y yo fui a sentarme a su lado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;La que busca estrellas&lt;/em&gt; conversaba con tranquilidad, sentada en el sillón con las piernas cruzadas. Un vaso de jugo en una mano y un cigarrillo en la otra, y se los llevaba a los labios con una alternancia regular, demasiado regular. En vez de la expresión ausente que se le había instalado en los ojos un par de meses antes de que la ingresaran en el sanatorio, me fijaba la mirada y me preguntaba con interés sobre lo que había estado haciendo el último tiempo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Daba la impresión de haber puesto cable a tierra por fin, pero cuando la madre se fue a la cocina a preparar el almuerzo, de un salto vino a sentarse a mi lado. Atenta a la puerta de la cocina y sin hacer más pausas que las necesarias para tomar aire, me contó entre susurros su vida en el sanatorio. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Había decidido comportarse con normalidad el día que escuchó al doctor decirle a la enfermera jefe que tendría que usar con ella métodos más drásticos. Había visto en las películas lo que les hacían a las pacientes difíciles en esos lugares, por lo que suponía cuáles eran los métodos drásticos a los que se refería el doctor. Y ella podría soportar la camisa de fuerza y hasta los lengüetazos del enfermero degenerado que se aprovecha de las locas amarradas, podría soportar el aislamiento, incluso uno que otro electroshock. Pero no podría resistir el confinamiento en un cuarto sin ventanas. No. Cuando el doctor le volvió a preguntar sobre la Gran Estrella, en lugar de darle la espalda y de ignorarlo, le respondió: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Mi madre no me entiende la afición por la astronomía, es una mujer simple que lo confunde todo. Seguro que le dijo que la semana pasada traté de lanzarme de la azotea del edificio. Qué idea, suicida yo, si solamente estaba observando el cielo. Debieron haberla internado a ella, no a mí. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A partir de ese día y durante los tres años que permaneció internada nunca más se negó a comer ni a bañarse. Se movía entre el dormitorio, el despacho del doctor, la biblioteca, la sala de proyecciones y los jardines. Conversaba con las enfermeras sobre la última película que les había llegado o comentaba la telenovela de las dos de la tarde. Con los demás internos mantenía un trato formal, distante, condescendiente en ocasiones, como queriendo dejar en claro que se encontraban en la orilla opuesta a la que ocupaba ella. Durante las noches, antes de que la enfermera de turno apagara las luces de la sección de internos, leía lo que sacaba de la biblioteca y que se cuidaba muy bien de seleccionar. Adriana, la encargada de la biblioteca y la única interna con la que se relacionaba, le había dicho que el doctor solía preguntar sobre el tema de sus lecturas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Revistas, doctor, todas científicas —le respondía Adriana—. Literatura y libros de astronomía, le encanta la astronomía y se sabe de memoria el nombre de un montón de estrellas. Yo la veo muy bien, ¿no cree que podría venir a trabajar conmigo a la biblioteca, doctor, eh? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nadie podría dimensionar lo que había tenido que resistirse para no pasar las noches enteras observando el cielo. Lo hacía cuando estaba sola, y aun así era peligroso porque nunca sabía cuándo la enfermera de turno iba a espiar por la mirilla de la puerta. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Había mantenido la cordura gracias a las cartas que le escribía Adriana y que le pasaba escondidas en el interior de un ejemplar de &lt;em&gt;Astronomy Now&lt;/em&gt;. Las cartas se referían a la Gran Estrella, luminosa y plateada, la misma estrella que la había venido a buscar la noche en que la madre se interpuso. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Si no hubiera sido porque la vieja me agarró del camisón —dijo mientras dirigía una mirada furiosa hacia la cocina—. Pero no se saldrá con la suya porque la Gran Estrella visita la Tierra cada cierto tiempo. Debo permanecer alerta y cuando vuelva, sí que me llevará y no habrá nadie en el mundo que logre impedirlo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con otro salto se puso de pie y se acercó a la cocina para cerciorarse de que la madre no escuchaba. Regresó a mi lado y se me acercó más. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Por las cartas de Adriana supe que la Gran Estrella busca a sus partículas desparramadas por el universo y que yo soy una de esas partículas, que Adriana es otra partícula y que no estamos solas porque hay muchas más. La Gran Estrella —suspiró—, no podrías imaginar cómo brilla. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al llegar a este punto bajó más la voz. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—La vieja que está en la cocina lo sabe y se ha estado haciendo la tonta todo el tiempo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si se lo hubiera contado a la madre a &lt;em&gt;La que busca estrellas&lt;/em&gt; la habrían vuelto a internar al día siguiente y estaría ahora trabajando en la biblioteca del sanatorio, escribiendo cartas sobre estrellas fugaces. Quizás. Después de lo que me dijo, era de suponer que intentaría lanzarse de la azotea otra vez. Y fue anoche cuando me despertó el grito de la madre. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como vivo en el primer piso fui el segundo en llegar. A pesar de la altura de la que cayó el estropicio fue leve, no había cabeza reventada ni sesos desparramados. Yacía boca arriba sobre un charco de sangre, con los brazos a los costados del cuerpo, las piernas extendidas y los ojos muy abiertos. La madre, arrodillada a su lado, se mecía y se tapaba la cara con las manos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Me quedé dormida, diez minutos me quedé dormida —repetía con voz llorosa. Me acuclillé frente a ella. Algo en los ojos de &lt;em&gt;La que busca estrellas&lt;/em&gt; me llamó la atención. Hasta ese momento había creído que los de los muertos eran ojos opacos, pero a ella las pupilas le brillaban con una intensidad plateada y fría que se me metió por el cuerpo, lo recorrió primero y se me instaló en el pecho después. Sólo pude apartar la vista de esos ojos cuando la madre, que no parecía haberse dado cuento de su brillo anormal, le cerró los párpados. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La calle se había llenado de tantos curiosos que el vigilante de la ronda nocturna tuvo que abrirse paso a empujones para llegar al cuerpo, cuando lo logró me puse de pie y le cedí el sitio. Me fijé en las personas que estaban más próximas. Quería descubrir en ellas algún indicio de haber notado lo mismo que noté yo, pero sólo había expresiones de lástima y de estupefacción por el suicidio de la loquita, como escuché que comentaban algunas. Volví a la cama después de que la ambulancia se la llevó. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Amaneció hace rato y continúo despierto. No podrías imaginar cómo brilla, había dicho, pero a mí no se me va del pecho el brillo frío, plateado de sus ojos, más insondable y profundo que el cielo nocturno de verano. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con el el título de &lt;em&gt;La Estrella&lt;/em&gt;, este cuento resultó finalista del "Premio La Monstrua 2007" de Limbo Editorial, en Guadalajara, México.&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;© Carolina Meneses Columbié&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-6350474712559759239?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/k9ib0rvsbX6lvD49x6gQ9H0JHLc/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/k9ib0rvsbX6lvD49x6gQ9H0JHLc/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/k9ib0rvsbX6lvD49x6gQ9H0JHLc/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/k9ib0rvsbX6lvD49x6gQ9H0JHLc/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/STrtFTpzhfw" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/6350474712559759239/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=6350474712559759239&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/6350474712559759239?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/6350474712559759239?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/STrtFTpzhfw/el-retorno.html" title="El retorno" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/-39MRn8sfTdM/TaSWeFh9J5I/AAAAAAAADZA/O00HCMl1rbw/s72-c/noche_estrellada.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2011/04/el-retorno.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;C0QESXk_cCp7ImA9WhdXGUU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-8592816774563536689</id><published>2011-04-10T10:20:00.001-07:00</published><updated>2011-09-02T09:35:08.748-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-09-02T09:35:08.748-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="LIBROS Y EVENTOS" /><title>La monstrua: narraciones de lo innombrable</title><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-iN_lPUAkOek/TaHnBeEocwI/AAAAAAAADY0/4mR3wOf29iU/s1600/La%2BMonstrua.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5594006224609243906" src="http://1.bp.blogspot.com/-iN_lPUAkOek/TaHnBeEocwI/AAAAAAAADY0/4mR3wOf29iU/s320/La%2BMonstrua.jpg" style="cursor: hand; display: block; height: 320px; margin: 0px auto 10px; text-align: center; width: 207px;" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me sorprende descubrir en internet este libro en el que aparece un cuento mío. La historia es la siguiente:&lt;br /&gt;
En 2006 participé en un concurso de cuentos de terror en Guadalajara, México. Al año siguiente supe que había sido seleccionada como finalista. Al parecer el premio consistía en esta publicación, de la cual nunca supe nada hasta ahora.&lt;br /&gt;
A pesar de que &lt;em&gt;La estrella&lt;/em&gt; había sido seleccionada, a mí no me tenía conforme. Seguí trabajando el cuento hasta que mejoró un poco. Tiempo después lo publiqué con el nombre de &lt;em&gt;El retorno&lt;/em&gt; en mi propio libro &lt;em&gt;Ficciones Irrelevantes&lt;/em&gt;. Ahora, que he vuelto a leerlo, pienso que todavía le falta. Este trabajo es así, nunca te deja conforme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Datos:&lt;br /&gt;
Paperback, 142 pages.&lt;br /&gt;
Spanish.&lt;br /&gt;
Published February 2008 by Vavelia.&lt;br /&gt;
ISBN: 970955212&lt;br /&gt;
Guadalajara, Jalisco&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-8592816774563536689?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/uW4xhGgG-vnerQvmaM49dFIF_PY/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/uW4xhGgG-vnerQvmaM49dFIF_PY/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/uW4xhGgG-vnerQvmaM49dFIF_PY/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/uW4xhGgG-vnerQvmaM49dFIF_PY/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/N3bNLgQDOdc" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/8592816774563536689/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=8592816774563536689&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/8592816774563536689?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/8592816774563536689?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/N3bNLgQDOdc/la-monstrua-narraciones-de-lo.html" title="La monstrua: narraciones de lo innombrable" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/-iN_lPUAkOek/TaHnBeEocwI/AAAAAAAADY0/4mR3wOf29iU/s72-c/La%2BMonstrua.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2011/04/la-monstrua-narraciones-de-lo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0QCRHwzcSp7ImA9WhdXGUU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-6436392809467446712</id><published>2011-01-15T07:19:00.000-08:00</published><updated>2011-09-02T10:42:45.289-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-09-02T10:42:45.289-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="UN POCO DE POESÍA" /><title>El Hombre de mi vida</title><content type="html">&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_GjANzujVWJ0/TTG8tZN2DCI/AAAAAAAAC-4/7dXjdmfDC3g/s1600/Frano"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5562434502828362786" src="http://3.bp.blogspot.com/_GjANzujVWJ0/TTG8tZN2DCI/AAAAAAAAC-4/7dXjdmfDC3g/s320/Frano" style="cursor: hand; height: 240px; width: 320px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;Para Franco, el Hombre de mi Vida.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;(2007)&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div align="center"&gt;El Hombre de mi Vida&lt;br /&gt;
no llega al metro de estatura.&lt;br /&gt;
No tiene músculos de Hércules&lt;br /&gt;
ni melena de Sansón&lt;br /&gt;
ni talla de coloso&lt;br /&gt;
ni elocuencia de orador.&lt;br /&gt;
Tampoco discreción&lt;br /&gt;
ni recato ni pudor.&lt;br /&gt;
Es gordo, blandito&lt;br /&gt;
y de cabeza, pelón.&lt;br /&gt;
Emite sonidos extraños&lt;br /&gt;
que entiendo sólo yo.&lt;br /&gt;
No sabe nada de modales.&lt;br /&gt;
Grita cuando tiene hambre.&lt;br /&gt;
Llora cuando tiene sueño.&lt;br /&gt;
Si quiere amor&lt;br /&gt;
arrulla, acaricia y lame.&lt;br /&gt;
Así es el Hombre de mi Vida&lt;br /&gt;
y no hay otro mejor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
© Carolina Meneses Columbié&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-6436392809467446712?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/MiUJtwC5YWtlc6tuZCpU-W6iHw4/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/MiUJtwC5YWtlc6tuZCpU-W6iHw4/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/MiUJtwC5YWtlc6tuZCpU-W6iHw4/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/MiUJtwC5YWtlc6tuZCpU-W6iHw4/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/O5jEWnpLe-Q" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/6436392809467446712/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=6436392809467446712&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/6436392809467446712?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/6436392809467446712?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/O5jEWnpLe-Q/el-hombre-de-mi-vida.html" title="El Hombre de mi vida" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_GjANzujVWJ0/TTG8tZN2DCI/AAAAAAAAC-4/7dXjdmfDC3g/s72-c/Frano" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2011/01/el-hombre-de-mi-vida.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;C0UEQng-eip7ImA9WhdWFUQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-2156680224078279298</id><published>2010-09-25T12:08:00.000-07:00</published><updated>2011-09-09T11:00:03.652-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-09-09T11:00:03.652-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="AL TALLER LITERARIO" /><title>Los signos de puntuación</title><content type="html">Qué es lo que sabe sobre ellos una persona común: &lt;br /&gt;
&lt;div align="justify"&gt;Son herramientas usadas en el lenguaje escrito para ordenar un texto. &lt;br /&gt;
Son el punto, la coma, el punto y coma, los dos puntos, los signos de interrogación, de admiración y varios más. &lt;br /&gt;
Que si no los usa bien será víctima de malentendidos, a veces con consecuencias irreparables, como le pasó a un amigo. Después de engañar a la novia con una tal Camila, intentó reconciliarse con&amp;nbsp;ella escribiendo&amp;nbsp;una "breve pero efectiva carta de amor". Lo gracioso del caso es que&amp;nbsp; a&amp;nbsp;mi amigo nunca le interesó aprender el uso correcto de los signos de puntuación, pero igual se animó a usar el recurso escrito. &lt;br /&gt;
Cuando la novia&amp;nbsp;hubo terminado&amp;nbsp;de leer la carta,&amp;nbsp;lo enfrentó indignada para decirle que no quería volver a verlo jamás. Jamás.&lt;br /&gt;
Muy&amp;nbsp;desconcertado, mi amigo me preguntó qué podía haberla ofendido tanto. Cuando me mostró una copia de la carta, el mistero dejó de serlo. En ella expresaba lo contrario a lo que pretendía. Se la leí alto y claro:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
"Te quiero a ti y a Camila, no Dejarte por ella sería imposible, irreparable lo nuestro, es un sentimiento especial lo que ella me ofrece, no se compara con lo que tenemos, lo siento vivo, por ti sufro".&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo había que reacomodar los signos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
"Te quiero a ti, y a Camila no. Dejarte por ella sería imposible, irreparable. Lo nuestro es un sentimiento especial. Lo que ella me ofrece no se compara con lo que tenemos. Lo siento por ella. Vivo por ti. Sufro".&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sí, eso era lo que sentía. El pobre, estoy segura que a partir de ese momento cambió su actitud con respecto a los signo de puntuación y a la fidelidad.&lt;br /&gt;
Cuando escribir se convierte en algo habitual los signos de puntuación se usan con estilo, no existen dos escritores que puntúen igual, ni siquiera parecido. Dominarlos para despertar emociones es el arte de los grandes. Para los que queremos hacernos entender, nos basta con ponerlos donde corresponde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
© Carolina Meneses Columbié &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-2156680224078279298?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;div align="justify"&gt;—¿Cuál era la palabra, caramba, cuál era? ¡La tengo en la punta de la lengua!&lt;br /&gt;
No es que la palabra esquiva que necesita para cerrar la idea con broche de oro se niegue a despegársele de la punta de la lengua, no. Es que ni siquiera alcanzó a llegar hasta allí, y como el escritor no logra encontrarla, el momento sublime en el que consigue ser uno con la obra en gestación, se le esfuma como espejismo en el desierto.&lt;br /&gt;
El uso de un vocabulario fluido es un recurso importante para el que vive de sus historias como para el que lo hace por amor al arte, para el que escribe informes de trabajo o tesis de investigación.&lt;br /&gt;
Nuestro idioma tiene miles de vocablos y de ellos utilizamos un pequeño porcentaje. Tampoco se trata de aprender de memoria el diccionario, no pierdas el tiempo intentándolo, la capacidad creativa no se mide por ahí. Existen otros métodos para incorporar a tu vocabulario los que no utilizas comúnmente y, sin embargo, son los que necesitas para construir la idea que quieres comunicar.&lt;br /&gt;
Te voy a dar algunos trucos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lee mucho y variado, si lo haces encontrarás tres tipos de palabras (vocablos o términos):&lt;br /&gt;
-Las que entiendes pero que no usas.&lt;br /&gt;
-Las que no entiendes pero que alguna vez escuchaste o viste escritas.&lt;br /&gt;
-Las que nunca en tu vida escuchaste ni viste y que ignoras por completo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crea tu propio cuaderno-diccionario, ¿cómo? Consigue un cuaderno de varias páginas y divídelo en letras, dos o tres hojas para cada una. Durante la lectura mantenlo cerca, si puedes amárrale un lápiz. Cuando encuentres alguna palabra de los grupos antes mencionados, anótala en la letra correspondiente, busca su significado y anótalo también. Si no quieres seguir interrumpiendo la lectura, busca más tarde el significado, aunque te recomiendo que lo hagas enseguida, de esa forma no se te olvidará y comprenderás mejor lo que lees. Ya verás qué rápido crece tu cuaderno-diccionario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Repasa de vez en cuando el contenido de tu cuaderno-diccionario y trata de usar, cuando hables o cuando escribas, los términos consignados en él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lleva siempre una libretita para anotar las palabras poco usadas o desconocidas que escuches por ahí, incluso las que sospeches que se usaron mal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Que hacer todo esto es una soberana lata? Quizás, pero te aseguro que si lo haces no te quedarás permanentemente con la palabra en la punta de la lengua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
© Carolina Meneses Columbié &lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-4932538613946413229?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Del libro &lt;em&gt;CARIBE&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A medida que llegan, los cinco hombres se van congregando alrededor de la gallina degollada. La posición en que está y la ausencia de sangre delatan que el sacrificio fue hecho en otro lugar por alguien que se tomó el trabajo de traerla al taller y acomodarla en el piso: las alas blancas completamente extendidas y en la pata izquierda una cinta roja amarrada con doble lazo.&lt;br /&gt;
El murmullo general reemplaza el &lt;em&gt;run-run &lt;/em&gt;de las máquinas que en un día normal ya estarían en funcionamiento.&lt;br /&gt;
—¿Qué es lo que pasa? —grita el Gallego desde la entrada, se acerca al grupo y Raúl, un negro musculoso de casi dos metros de estatura, le abre paso—. ¡Pero qué coño es esto! ¿Qué hace esta inmundicia aquí?&lt;br /&gt;
—Es &lt;em&gt;un trabajo&lt;/em&gt;, jefe —responde Raúl.&lt;br /&gt;
—¿Un qué?&lt;br /&gt;
—&lt;em&gt;Un trabajo &lt;/em&gt;—se encorva hacia la oreja del Gallego y baja el tono—, brujería.&lt;br /&gt;
El Gallego levanta la cabeza y le sostiene la mirada, el negro no parece estar bromeando, tiene la boca semiabierta, el entrecejo fruncido, los hombros caídos. Al Gallego tres tics consecutivos le mueven la comisura derecha del labio. El murmullo general se va apagando hasta que cesa por completo.&lt;br /&gt;
—Alguien que saque ese bicho muerto antes de que comience a apestar —ordena el Gallego.&lt;br /&gt;
Da media vuelta y avanza unos pasos, voltea. Nadie del grupo se movió.&lt;br /&gt;
—Qué pasa, ¿están velando al muerto acaso? ¡Alguien que saque al bicho!&lt;br /&gt;
Raúl se aparta del grupo y lo encara.&lt;br /&gt;
—Jefe, nadie va a tocar a la gallina, &lt;em&gt;un trabajo &lt;/em&gt;no lo toca cualquiera.&lt;br /&gt;
—¿Ah, sí? No me digas —dice irónico el Gallego—, ¿y quién se supone que la va a sacar?&lt;br /&gt;
Raúl, que parece no haber notado el tono del Gallego, responde:&lt;br /&gt;
—El único que sabe manejar estas cosas es el &lt;em&gt;Babalao&lt;/em&gt;, hay que ir a buscarlo antes de que la gallina se descomponga.&lt;br /&gt;
—Qué &lt;em&gt;Babalao&lt;/em&gt; ni qué carajo, quiero a ese bicho de mierda fuera de aquí en este momento. ¡Llévatelo!&lt;br /&gt;
Raúl da un respingo y a sus espaldas se agita el resto de los hombres.&lt;br /&gt;
—Usted no tiene idea de lo que está pidiendo, yo cumplo con decirle que ni yo ni nadie de los presentes va a tocar a la gallina y le recomiendo que tampoco lo haga usted. El &lt;em&gt;Babalao&lt;/em&gt; está cerca, si usted me deja voy por él y lo traigo en menos de cinco minutos.&lt;br /&gt;
El Gallego enrojece, empuja a Raúl y avanza hasta el grupo.&lt;br /&gt;
—Díganme quién va a sacar al bicho, si no sale un voluntario lo designo yo.&lt;br /&gt;
Almeyda clava la vista en el suelo, López y Pérez secretean entre ellos, Silva contempla a la gallina como hipnotizado.&lt;br /&gt;
—¡Almeyda! —grita el Gallego.&lt;br /&gt;
Almeyda cierra los ojos en cuanto se escucha nombrado y pega la papada al cuello.&lt;br /&gt;
—¡López!&lt;br /&gt;
—No, jefecito, de ninguna manera, lo que sea menos eso.&lt;br /&gt;
—¡Pérez!&lt;br /&gt;
—Con &lt;em&gt;Mandinga&lt;/em&gt; no me meto.&lt;br /&gt;
—¡Silva!&lt;br /&gt;
Pero Silva no responde ni se mueve ni aparta los ojos de la gallina.&lt;br /&gt;
—Partida de maricones, miren que temerle a un pedazo de carroña, yo les voy a enseñar a qué hay que tenerle miedo. ¡Fuera de mi camino!&lt;br /&gt;
Empuja a Almeyda y a López, que son los que tiene por delante, y se acerca a la gallina, cuando se inclina para tomarla los hombres tratan de atajarlo a gritos.&lt;br /&gt;
—Cállense todos, ya van a ver ustedes con quién se vinieron a meter.&lt;br /&gt;
Ante las expresiones de espanto de los cinco hombres agarra a la gallina por la pata que tiene atada la cinta roja y camina hasta la puerta bamboleándola en la mano y advirtiendo:&lt;br /&gt;
—Al que yo vea dando vueltas por afuera lo despido por abandono de funciones.&lt;br /&gt;
El Gallego atraviesa el patio central y sigue hasta la nave de Administración, una vez adentro toma por el pasillo que conduce a la cocina y antes de atravesar las puertas abatibles quita de la pata del animal la cinta roja y se la guarda en el bolsillo del pantalón.&lt;br /&gt;
—Don Tito —le dice al jefe de cocina—, mire lo que le traigo para que le prepare a mis hombres ese &lt;em&gt;Arroz con Pollo&lt;/em&gt; que le queda tan sabroso.&lt;br /&gt;
—¿De dónde salió esa gallina? —pregunta don Tito que ha dejado de cortar la cebolla que sostiene en la mano para observar al animal&lt;br /&gt;
—La manda la Gerencia, es que quiere tener contentos a los chicos del trabajo rudo. Ah, y lo quiere para hoy.&lt;br /&gt;
—Y cuál es el apuro, el menú de hoy ya está en las ollas. ¿La Gerencia no puede esperar a mañana?&lt;br /&gt;
—Vamos, don Tito, no me diga que se va a poner a discutir las órdenes de la Gerencia. Mis hombres y yo vamos a almorzar en el taller, mándenos las raciones a la una en punto, ni un minuto más ni un minuto menos. Agarre ya a la gallina y transfórmemela en pollo.&lt;br /&gt;
—Déjela usted mismo sobre el mesón aquel, el de su derecha.&lt;br /&gt;
El Gallego atraviesa otra vez el patio central en dirección al taller pero en lugar de entrar sube por las escaleras externas que llevan hasta su oficina.&lt;br /&gt;
—Beatriz —le dice a su secretaria—, quiero que a la una y diez en punto me vayas a buscar al taller y que me digas en voz alta que el gerente me llama, me voy a enojar por la interrupción y tú me sigues la corriente. Recuerda, una y diez, no se te ocurra atrasarte.&lt;br /&gt;
Y regresa al taller. Los hombres trabajan en silencio detrás de las máquinas. La radio, por lo común a todo volumen, permanece apagada.&lt;br /&gt;
—Les aviso que acá vamos a almorzar todos para que no me pierdan tiempo en el comedor.&lt;br /&gt;
Raúl se le acerca y le pregunta en tono bajo, como para que los otros no escuchen:&lt;br /&gt;
—Jefe, ¿qué hizo con la gallina?&lt;br /&gt;
—Qué crees tú que hice —le responde el Gallego con el mismo tono.&lt;br /&gt;
—No me lo imagino.&lt;br /&gt;
—Entonces sigue sin imaginártelo, si querías conocer el destino del bicho te lo hubieras llevado tú.&lt;br /&gt;
—Jefe, con eso no se juega, por lo que más quiera dígame qué hizo con la gallina.&lt;br /&gt;
—Mira, te lo voy a decir para que no jodas más. Como la lancé por el triturador de don Tito supongo que en este momento estará hecha paté y quizás te la sirvan con el pan del almuerzo —y suelta la carcajada.&lt;br /&gt;
—Jefe, lo que sea que usted haya hecho con la gallina al &lt;em&gt;Babalao&lt;/em&gt; no le va gustar, yo que usted me preocuparía, nadie profana &lt;em&gt;un trabajo&lt;/em&gt; y se queda tan tranquilo.&lt;br /&gt;
—Basta Raúl, me caes bien, eres menos bruto que esos —señala con el mentón hacia el resto de los hombres—, pero no hagas que cambie de opinión. No quiero escuchar más nada de la dichosa gallina ni del &lt;em&gt;Babalao&lt;/em&gt; ese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la una en punto de la tarde aparece ante la puerta del taller don Tito empujando un carro bandejero con las seis raciones de &lt;em&gt;Arroz con Pollo&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;
—¡Don Tito en persona!, ¿no tenía a quién mandar? Y yo que creía que usted no dejaba su cocina ni por el presidente de la empresa —ironiza el Gallego mientras camina presuroso a recibirlo.&lt;br /&gt;
—Mi gente está ocupada sirviendo al personal y como usted dijo que la gallina la mandaba la Gerencia...&lt;br /&gt;
—¡Shist! Cállese don Tito, que no lo escuchen, ¿no ve que después se le suben los humos a mi gente?&lt;br /&gt;
—Bueno, usted sabrá, ahí le dejo el carro, me imagino que su gente puede servirse sola.&lt;br /&gt;
—Yo le envío de vuelta el carro con alguno —y volviéndose hacia los hombres—. Ustedes vengan a buscar sus bandejas.&lt;br /&gt;
Pero los hombres permanecen detrás de las máquinas, sólo Raúl se acerca al carro.&lt;br /&gt;
—Jefe, ¿de dónde salió el pollo de este arroz?&lt;br /&gt;
—Ya sé por dónde vienes, ahora te imaginas que es el bicho muerto. No seas idiota, tú y el resto ya me tienen cabrón con el tema, si no quieren almorzar allá ustedes pero de aquí no salen, y yo también me quedo para vigilarlos. Vamos a ver qué es más fuerte, si la estupidez o el hambre.&lt;br /&gt;
Agarra una bandeja y la lleva a uno de los mesones de trabajo. Camina hasta el lavabo que está al fondo y se lava las manos, se las seca con la toalla de papel que cuelga de un gancho empotrado a la muralla y regresa al mesón. Toma asiento, retira de encima algunas herramientas y las coloca en el suelo. Adivina sobre él las miradas de los hombres y está seguro de que a esta hora poco les importa de dónde salió el pollo del arroz. Con disimulo echa un vistazo al reloj pulsera, agarra el tenedor y el cuchillo y pica un trozo de carne. Cuando está a punto de echárselo a la boca se detiene y dice:&lt;br /&gt;
—Si no van a almorzar por lo menos quítenme esa cara de muertos de hambre o pónganse a hacer otra cosa.&lt;br /&gt;
Se vuelve a acercar el pedazo de carne y una vez más detiene el tenedor a un palmo de la boca, ya escucha a lo lejos el taconeo de Beatriz.&lt;br /&gt;
—¿Ustedes creen que si éste fuera el bicho muerto yo me lo iba a comer? Vamos hombre, no jodan más y agarren sus bandejas o hagan lo que les dé la gana, a mí me tiene sin cuidado.&lt;br /&gt;
Beatriz ingresa al taller con la respiración agitada.&lt;br /&gt;
—Jefe, lo llaman de la Gerencia, que vaya enseguida dicen.&lt;br /&gt;
—¿Ahora? No, no, ahora yo voy a almorzar.&lt;br /&gt;
—Tiene que ir ahora, el gerente lo dijo.&lt;br /&gt;
El Gallego lanza sobre el plato el cuchillo y el tenedor con el pedazo de carne ensartado.&lt;br /&gt;
—¡Carajo! Qué día el de hoy. Voy y vuelvo enseguida.&lt;br /&gt;
El Gallego permanece alrededor de veinte minutos encerrado en el baño de la Gerencia. Cuando sale y se acerca al taller, escucha carcajadas que vienen del interior.&lt;br /&gt;
Los hombres casi han terminando de almorzar las raciones de &lt;em&gt;Arroz con Pollo&lt;/em&gt; y lucen tranquilos, risueños, como si nada hubiera alterado su día.&lt;br /&gt;
—Vaya, qué bien —se burla el Gallego—. Me alegra mucho comprobar que se les quitó la estupidez y que se lo comieron todo.&lt;br /&gt;
Los hombres no responden y el Gallego continúa:&lt;br /&gt;
—Hubiera sido una pena desperdiciar una gallina tan gorda como la de hoy sólo porque algún degenerado nos la vino a tirar por acá. Tómenlo como un regalo, les apuesto a que mañana siguen vivos y menos brutos.&lt;br /&gt;
Ríe el Gallego con tanta fuerza que tiene que agarrarse el vientre con las manos. Ríe tanto que todavía no se dio cuenta de la reacción de los hombres: Raúl mastica lentamente con los ojos entornados el último bocado de su porción; Almeyda limpia los restos de la bandeja con un pedazo de pan; López, acostado sobre uno de los bancos del mesón, se soba la barriga con ambas manos; Pérez, sentado a su lado, lanza un eructo y luego otro; Silva, de pie ante una de las ventanas, se fuma un cigarro.&lt;br /&gt;
La risa del Gallego va declinando mientras recorre con la mirada a cada uno de los hombres.¡Don Tito le cambió el bicho! Está tan seguro de eso como de que dos y dos son cuatro. Fue un error haberlos dejado solos con el pretexto de que lo llamaban de la Gerencia, no era necesario haber recurrido a esa excusa para no comer la carne del bicho, para algo él era el jefe. Ése mismo debe de haber sido el momento que aprovechó alguno de los cinco hombres, capaz que el mismo Raúl, para ir a la cocina a avisarle al otro. Si entre negros se entienden a las mil maravillas.&lt;br /&gt;
—¡Partida de sinvergüenzas, haraganes! —les grita—. Aquí se quedan hasta después de las cinco y me recuperan todo el tiempo que perdieron por la mañana.&lt;br /&gt;
Y vuelve a salir. Lleva la intención de ir a la cocina a preguntarle a don Tito qué fue lo que hizo con el bicho que él le trajo, y si es verdad que se lo cambió por otro, que se prepare, ningún negro de éstos se va a venir a burlar de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suena la campana de las cinco que manda a detener la jornada, los hombres del taller permanecen en sus puestos. El Gallego, después de la última salida, no volvió a aparecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
—¿Qué hacemos? —le pregunta Almeyda a Raúl— ¿Lo esperamos?&lt;br /&gt;
Raúl no responde, se pone de pie y camina hasta la puerta, recorre con la mirada el patio central. El personal se dirige con paso presuroso hacia la garita del reloj control.&lt;br /&gt;
—¿Qué vamos a hacer? —insiste Almeyda.&lt;br /&gt;
Raúl fija la vista en la nave de Administración, don Tito, de punta en blanco, y sus cinco ayudantes, que caminan unos pasos más atrás, están saliendo de allí. Él también había sido su ayudante, hasta que don Tito se convirtió en &lt;em&gt;Babalao&lt;/em&gt; y utilizó quién sabe qué medios para convencer a la Administración de renovar al personal de cocina por uno de su elección. Raúl fue transferido al taller y a los demás los repartieron por otras dependencias de la empresa. Ninguno pareció ofenderse, y si alguno lo hizo lo disimuló bien. Un &lt;em&gt;Babalao&lt;/em&gt; debía rodearse de los suyos.&lt;br /&gt;
Raúl espera. Espera. Hasta que en el patio central ya no queda nadie. A la garita del reloj control ya llegó el guardia del último turno y está despidiendo al del turno anterior.&lt;br /&gt;
—Ya se fueron todos y nosotros vamos a hacer lo mismo. Eso haremos —le contesta Raúl a Almeyda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
—¡Hombre! Parece que anoche más de uno se fue de pachanga. Desde que conozco a don Tito siempre fue el primero en llegar al la cocina, y mira, ya es casi la hora de abrirla y nada —le dice Menéndez, el encargado de personal, a Raúl—, y ahora vienes tú a decirme que el Gallego tampoco apareció todavía por el taller. ¿El resto de los hombres llegó ya?&lt;br /&gt;
—Sí, Menéndez, ya están todos.&lt;br /&gt;
Raúl tiene en la cara una palidez tan marcada que no logra disimular ni el color negro subido de la piel.&lt;br /&gt;
—Si a las nueve no llegan los de la cocina la abro yo mismo y luego busco reemplazo de emergencia entre las mujeres del aseo.&lt;br /&gt;
—Yo voy con usted.&lt;br /&gt;
Menéndez lo mira y levanta las cejas.&lt;br /&gt;
—No veo para qué, a menos que quieras echarte algo a la panza —ríe con una risita forzada que no encuentra eco—. Okey, acompáñame, tú trabajaste allí alguna vez y puedes servirme para algo. Quizás hasta te deje a cargo mientras llega don Tito.&lt;br /&gt;
Cuando Menéndez abre las puertas abatibles e ingresa a la cocina se topa a boca de jarro con el cuerpo en cueros, completamente afeitado de un hombre que yace en el mesón central sobre un colchón de arroz crudo. Tiene los párpados cosidos con cordel de pita, las muñecas sobre el pecho, amarradas la una contra la otra, y en el tobillo izquierdo una cinta roja con doble lazo. La piel cubierta de aceite le brilla con matices dorados y un tomate verde y grande semienterrado en la boca le deforma las facciones.&lt;br /&gt;
Menéndez suelta un grito ronco y breve, deja caer las llaves de la cocina y se toma la cabeza con las manos.&lt;br /&gt;
—¡Ay mi madre, ay! ¿Quién es ése, Raúl, quién es?&lt;br /&gt;
Raúl se persigna, un temblor que no puede controlar le recorre de arriba abajo. Se acerca al cuerpo tendido del Gallego y lo mira a todo lo largo mientras murmura por lo bajo. Menéndez se le sitúa al lado.&lt;br /&gt;
—¿Pero si no es?&lt;br /&gt;
—Ése mismo es, Menéndez, ése mismo es, y lo han dejado listico pa la olla. Mire que se lo advertí, mire que le dije que con estas cosas no se podía jugar. Con estas cosas no se juega —se le quiebra la voz, toma aliento y continúa—. Más vale, Menéndez, que no siga esperando a nadie de la cocina, creo que no los verá más nunca por aquí.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
© Carolina Meneses Columbié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Imagen:&lt;/strong&gt; Wifredo Lam. "&lt;em&gt;Personaje".&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-7930905899009930742?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
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Quienes deseen tomarlo, o retomarlo en el caso de alumnos antiguos, me pueden escribir a mi correo para enviarles las bases:&lt;br /&gt;
&lt;a href="mailto:caromen_2000@yahoo.com"&gt;caromen_2000@yahoo.com&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
Requisitos:&lt;br /&gt;
Ganas de aprender.&lt;br /&gt;
Ganas de escribir.&lt;br /&gt;
Ganas de trabajar duro.&lt;br /&gt;
Paciencia.&lt;br /&gt;
Perseverancia.&lt;br /&gt;
Con esto es suficiente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-5209083093131550627?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/1REK4zOztNNp7FVZjil5e0H-C6M/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/1REK4zOztNNp7FVZjil5e0H-C6M/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/1REK4zOztNNp7FVZjil5e0H-C6M/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/1REK4zOztNNp7FVZjil5e0H-C6M/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/F86jy0hl100" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/5209083093131550627/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=5209083093131550627&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/5209083093131550627?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/5209083093131550627?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/F86jy0hl100/regresa-el-taller-literario-virtual.html" title="Regresa el Taller Literario Virtual" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_GjANzujVWJ0/S7I7nsIL_ZI/AAAAAAAAC3k/dmC1jEVlbGQ/s72-c/scriptorium_1_lg.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2010/03/regresa-el-taller-literario-virtual.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;Ck8BRnY5eip7ImA9WhdWFUQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-5352830638157137642</id><published>2010-03-14T15:12:00.000-07:00</published><updated>2011-09-09T10:54:17.822-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-09-09T10:54:17.822-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El RELATO DEL MES" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="REFLEXIONES" /><title>El secreto de los siete candados</title><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_GjANzujVWJ0/TB6v5A3XWyI/AAAAAAAAC4Y/q0DXGY9DKU8/s1600/Valpara%C3%ADso+168.JPG"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5485014790203464482" src="http://4.bp.blogspot.com/_GjANzujVWJ0/TB6v5A3XWyI/AAAAAAAAC4Y/q0DXGY9DKU8/s320/Valpara%C3%ADso+168.JPG" style="cursor: hand; display: block; height: 240px; margin: 0px auto 10px; text-align: center; width: 320px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casi amanece, Lucía apaga el computador y vuelve a la cama.&lt;br /&gt;
Rafael ronca, se sienta a su lado y lo observa.&lt;br /&gt;
A Lucía no le molestan los ronquidos ajenos desde que él la despertó la primera noche para decirle que roncaba como un hombre.&lt;br /&gt;
Yo no ronco, le contestó atontada por el sueño del que trataba de salir para defenderse de la acusación.&lt;br /&gt;
Y sí. Ronca.&lt;br /&gt;
En qué puede Lucía, que se cree tan diferente, ser diferente a Rafael si aparte de roncar, miente.&lt;br /&gt;
Lucía ronca, miente y utiliza simulacros, los mismos que utiliza Rafael, ¿no es el simulacro el aliño fundamental de todo romance?&lt;br /&gt;
Jamás asistiría ella a la primera cita sin maquillaje, del que se lleva por fuera y del que se lleva por dentro.&lt;br /&gt;
Desde la primera cita el &lt;em&gt;sin compromisos &lt;/em&gt;fue un acuerdo tácito.&lt;br /&gt;
A Lucía los compromisos le asustan tanto como a Rafael.&lt;br /&gt;
Para evitar el compromiso la ausencia es el mejor de los remedios.&lt;br /&gt;
La ausencia ahuyenta las preguntas desafortunadas que requieren de respuestas mentirosas.&lt;br /&gt;
La ausencia preserva la inviolabilidad de los secretos.&lt;br /&gt;
Si Lucía es tan parecida a Rafael ¿qué secretos le puede ocultar bajo siete candados?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
© Carolina Meneses Columbié.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Imagen:&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;Gato porteño&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;. Archivo personal&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-5352830638157137642?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/G9g5mEap92wUxEJw1mIMdCs1Vco/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/G9g5mEap92wUxEJw1mIMdCs1Vco/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/G9g5mEap92wUxEJw1mIMdCs1Vco/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/G9g5mEap92wUxEJw1mIMdCs1Vco/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/sGFRIhizVWA" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/5352830638157137642/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=5352830638157137642&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/5352830638157137642?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/5352830638157137642?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/sGFRIhizVWA/el-secreto-de-los-siete-candados.html" title="El secreto de los siete candados" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_GjANzujVWJ0/TB6v5A3XWyI/AAAAAAAAC4Y/q0DXGY9DKU8/s72-c/Valpara%C3%ADso+168.JPG" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2010/03/el-secreto-de-los-siete-candados.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkcFRXkzeip7ImA9WhRTEkU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-4161543150027325414.post-549417687660831721</id><published>2010-03-14T06:31:00.000-07:00</published><updated>2011-11-02T18:33:34.782-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-11-02T18:33:34.782-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="El RELATO DEL MES" /><title>Los de allá arriba</title><content type="html">&lt;div align="justify"&gt;Ingreso a una famosa librería de Santiago con la intención de comprarle el primer libro a mi hijo de doce meses. Me cuesta un poco ubicar la sección de párvulos hasta que, luego de mucho girar el cuello y de mirar con atención, la localizo en la pared del fondo, donde se encuentra una señora madura de espejuelos acomodando libros, empleada de la librería seguramente. Quién mejor para orientarme en la búsqueda. Hacia ella me dirijo.&lt;br /&gt;
-Señora, buenas tardes, ¿me puede ayudar?&lt;br /&gt;
Como respuesta una mirada huraña y esquiva que me borra al instante la sonrisa de la cara. Esto va a estar difícil, pienso, pero no me rindo.&lt;br /&gt;
-¿Sabe? Ando buscando libros apropiados para un bebé de doce meses.&lt;br /&gt;
La mirada, de esquiva se transforma en incrédula e irónica, y con un gesto rápido de cabeza me señala los estantes a su izquierda.&lt;br /&gt;
-Allí, ¿no los ve? -responde.&lt;br /&gt;
-Sí, sí, ya sé que están allí, pero quería saber cuál de ese montón de libros sería el más apropiado para un bebé de doce meses.&lt;br /&gt;
-Hay varios, búsquelos -y me da la espalda, toma una carpeta de arriba de una pila de libros, la abre y escribe algo en ella.&lt;br /&gt;
Me arrodillo e inicio la búsqueda, los libros están apretadísimos y al sacar uno se caen varios.&lt;br /&gt;
-¡Ejeeeeeem! -oigo a mis espaldas y aunque trato de ignorar la exclamación ya me estoy comenzando a enojar.&lt;br /&gt;
Reviso y reviso y ninguno me gusta, el libro que busco tiene que ser grande, manipulable, de tapas y hojas duras, de colores llamativos, de dibujos atrayentes, algo que le guste a mi pequeño, que le llame la atención y que le cueste destruir. Pero allí sólo veo libros chicos, de hojas blandas y pálidas, frágiles.&lt;br /&gt;
Al levantar la vista diviso en los estantes superiores, bien arriba, inalcanzables para mi metro sesenta de estatura, varios de los que estoy buscando. Como la empleada sigue escribiendo en la carpeta, trago saliva y me lleno de valor.&lt;br /&gt;
-¿Señora? -digo con la voz más suave que soy capaz de lograr.&lt;br /&gt;
La señora continúa escribiendo.&lt;br /&gt;
-¡Señora! -y la voz ya no es tan suave.&lt;br /&gt;
Deja de escribir, levanta la mirada de la carpeta y me la fija echando bruscamente para el lado la comisura derecha de su reseco labio. Los espejuelos que usa son de gran aumento, así que imagínate qué par de ojos tan grandes e intimidantes.&lt;br /&gt;
-Creo que los libros que estoy buscando están allá arriba -y los señalo con el índice-. No los puedo alcanzar, ¿cómo lo hago?&lt;br /&gt;
-¿Pero no ve que acá abajo hay un montón?&lt;br /&gt;
Trato de controlar la oleada de rabia que siento nacer con ímpetu en el ombligo.&lt;br /&gt;
-Sí, ya sé que hay un montón, pero de ese montón no me sirve ni uno. Yo-quiero-ver-los-libro-de- allá-arriba.&lt;br /&gt;
La señora, en lugar de responderme da media vuelta y se aleja. Impotente y sorprendida la sigo con la mirada. La oleada de rabia que estoy tratando de controlar está a punto de romper amarras. La señora se dirige a un joven alto, empleado de la librería también, le dice algo y me señala. El joven alto me mira con cara de pocos amigos. Me cruzo de brazos y trato de responderle con otra parecida, o peor. Por fin ambos caminan hacia mí.&lt;br /&gt;
-¿Qué quiere? -me pregunta el joven alto, pero es la señora la que responde.&lt;br /&gt;
-Quiere ver justo los libros que están allá arriba, pero yo le digo que acá abajo tiene un montón.&lt;br /&gt;
El joven mira los libros que yo quiero como si se tratara de la cima del Everest.&lt;br /&gt;
-¿No buscó acá abajo? -me pregunta el joven.&lt;br /&gt;
-Ya lo hice y no me sirven.&lt;br /&gt;
Y le explico cómo tiene que ser el libro que estoy buscando: duro, grande, atrayente, colorido, para bebé de doce meses.&lt;br /&gt;
Mientras le explico, la cara del joven alto se ilumina súbitamente, y cuando termino la descripción, me pide que lo espere.&lt;br /&gt;
Camina con paso rápido hacia otro rincón de la librería, se agacha pare recoger una caja y vuelve con ella.&lt;br /&gt;
-Nos acaba de llegar algo como lo que usted está buscando, mire.&lt;br /&gt;
Temerosa, meto las manos en la caja y reviso. Encuentro libros perfectos, preciosos, aptos para el ímpetu y los ojos de un bebé de doce meses. Me cuesta escoger entre tantos tan lindos, pero como lo que quiero es largarme pronto de allí, agarro dos y dejo el resto en la caja. Le hago una mueca a la empleada, que me mira con cara agria, le doy las gracias al joven y le pregunto:&lt;br /&gt;
-¿Qué harán con estos libros?&lt;br /&gt;
-Los colocaremos allá arriba, junto a los otros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Santiago, 2008)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div align="justify"&gt;© Carolina Meneses Columbié&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4161543150027325414-549417687660831721?l=carolinamenesescolumbie.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/9Pk0HwuxTJKb1cmKnzoeHfR75co/0/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/9Pk0HwuxTJKb1cmKnzoeHfR75co/0/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;
&lt;a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/9Pk0HwuxTJKb1cmKnzoeHfR75co/1/da"&gt;&lt;img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/9Pk0HwuxTJKb1cmKnzoeHfR75co/1/di" border="0" ismap="true"&gt;&lt;/img&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Insidor/~4/ApOKX-4OO7E" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="related" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2010/03/los-de-alla-arriba.html" title="Los de allá arriba" /><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/feeds/549417687660831721/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4161543150027325414&amp;postID=549417687660831721&amp;isPopup=true" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/549417687660831721?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/4161543150027325414/posts/default/549417687660831721?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~3/ApOKX-4OO7E/los-de-alla-arriba.html" title="Los de allá arriba" /><author><name>Carolina Meneses Columbié</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03276013612115889099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://1.bp.blogspot.com/-8vTtndneg6Y/ThsFRLJ3JxI/AAAAAAAADZc/7xympNmvv1w/s220/libro.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2010/03/los-de-alla-arriba.html</feedburner:origLink><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="enclosure" href="http://feedproxy.google.com/~r/Insidor/~5/djKS9r9F1S0/los-de-alla-arriba.html" length="0" /><feedburner:origEnclosureLink>http://carolinamenesescolumbie.blogspot.com/2010/03/los-de-alla-arriba.html#links</feedburner:origEnclosureLink></entry></feed>

