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	<title>Karen Online</title>
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	<description>Emprendedora aspirante a secretaria virtual.</description>
	<pubDate>Wed, 14 May 2008 18:11:14 +0000</pubDate>
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		<title>(24) ¡¿Yo: Poco Sensible?!</title>
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		<pubDate>Thu, 08 May 2008 00:26:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paola Diaz</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Estimados y no tanto&#8230; ¡también! Aprovecho el receso en este Congreso Internacional para continuar con mi plan: &#8220;¡Chau Srta. Perfecta!&#8221;. ¿De dónde les escribo? Bueno, si siguieran mi columna&#8230; ¡sí!, digo bien: ¡mi columna! Sabrán que tuve que viajar a Japón por negocios. Bueno, señores estimados, desde acá les estoy escribiendo y punto&#8230; tampoco puedo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estimados y no tanto&#8230; ¡también! Aprovecho el receso en este Congreso Internacional para continuar con mi plan: &#8220;¡Chau Srta. Perfecta!&#8221;. ¿De dónde les escribo? Bueno, si siguieran mi columna&#8230; ¡sí!, digo bien: ¡mi columna! Sabrán que tuve que viajar a Japón por negocios. Bueno, señores <em>estimados</em>, desde acá les estoy escribiendo y punto&#8230; tampoco puedo estar dos horas explicando mis variadas actividades (no dispongo de suficiente tiempo).</p>
<p>Ah&#8230; para aquéllos que continúan bombardeando mi casilla de e-mail, curiosos por el paradero de la Srta. Perfecta, vuelvo, una vez más (espero que ahora no sea en vano), a pedirles que desistan de la idea. Como lo leen: ¡de-sis-tan! Porque ella está muy bien, <em>demasiado</em> para preocuparse por sus <em>amigos</em> lectores. Disculpen los más sentimentales pero la cosa es así.</p>
<p>Y hablando de sentimentales&#8230; aún tengo mucho por decir, sobre todo cuando se me ha acusado de ser &#8220;poco sensible&#8221;. ¡¿A mí?! ¡¿Poco sensible?! Señores, sí, les hablo únicamente a los señores, ¿por qué siempre se nos acusa de poco sensibles? ¿Por aquello de que ellas son naturalmente maternales? ¡Je! ¡¿Maternales?! ¡Muy maternales, diría yo! Especialmente cuando emplean la ironía para explicarnos esas cosas que únicamente entienden ¡las mujeres!: &#8220;¡qué vas a entender: la amistad entre mujeres es una hermandad!&#8221;; después se sacan los ojos por quen lleva el vestido más corto en una fiesta, cuando no&#8230; se sacan el novio. ¿Otra?: &#8220;¡qué vas a entender: el amor, el verdadero amor, lo sentimos las mujeres!&#8221;; claro porque no cuenta las veces que la llamo por teléfono (por cierto, que YO la llamo), ni cuando cruzo la ciudad para verla (por cierto, que LA CRUZO, literalmente), ni que me preocupo porque no salga tarde con sus amigas (sólo porque no ande tarde por la calle). ¡Por favor!</p>
<p>Parece que nada cuenta, ¿acaso por qué piensan, <em>estimadas</em>, que hacemos todo esto y ¡más!? Ya sé, ¡porque somos poco sensibles! ¿Y cuando, aunque no tengo nada de tiempo, y leo sus columnas? ¡No cuenta! ¿Y cuando estoy muerto de cansancio y voy a verla en el lugar que<em> ella</em> quiera, a la hora que <em>ella </em>quiere, para hacer lo que <em>ella </em>quiere? ¡No cuenta! ¿Y cuando de golpe me cambia de planes -sabiendo que soy un hombre muy previsor y me manejo con agenda?- ¿Yo digo algo? Ni &#8220;mu&#8221;. Pero, claro, ¡eso no cuenta! ¡Que no le escribo nada! ¡Que no leo sus mails? Yo soy un hombre de hechos&#8230; <em>y escribo y leo con hechos</em>.</p>
<p>¿Poco sensibles? Amigos, ¿qué entenderán las mujeres por &#8220;sensibilidad&#8221;? Aún recuerdo cuando la cronisticucha me dejó esperándola por más de una hora. Yo desesperado sin saber qué podría haberle pasado. Luego, ella llegó lo más contenta, revoleando sus encantos y encima se enojó conmigo porque yo estaba molesto por esperarla ¡a ella! También recuerdo muchas veces que se le ocurre llegar sin aviso y <em>sorprenderme</em> (dice ella), justo en días de pésimo movimiento en el negocio. Y&#8230; cuando hemos tenido una cena encantadora y todo parece estar en orden, de pronto, ¡algo pasa!, ¡no sé qué!&#8230; pero su humor cambia radicalmente y, por supuesto, ahí estoy yo para recibir todos los palos, que son: ¡bombas!</p>
<p>Cronisticucha: estás muy bien dónde estás&#8230; quédate tranquilita porque aún tengo mucho más para contar a tus estimados lectores. La Srta. Perfecta, la Srta. Sensible&#8230; ¡por favor!</p>
<p>¡Ah!&#8230; tampoco cuenta que tomo sus &#8220;brebajes&#8221;, que ella suele llamar: &#8220;mates&#8221;. Pero, que para mí son los más ricos que pudiera probar. Perdón: ¡eran! ¡Qué ingenuidad la mía!</p>
<p>Los veo la próxima, su amigo el Sr. &#8220;Traicionado&#8221;.</p>
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		<title>(23) Ella: ¡La Srta. Perfecta!</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Apr 2008 16:06:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paola Diaz</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[¡Qué tal mis muy estimados amigos&#8230;! La verdad es que aunque lo intente, esto de entablar una linda amistad con personas que ni siquiera he visto alguna vez, se me hace bastante difícil. Y no entiendo a la cronisticucha, que se la da de tan simpática en cada una de sus entregas&#8230; ¡Claro!, un amigo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¡Qué tal mis muy estimados amigos&#8230;! La verdad es que aunque lo intente, esto de entablar una <em>linda</em> amistad con personas que ni siquiera he visto alguna vez, se me hace bastante difícil. Y no entiendo a la <em>cronisticucha</em>, que se la da de tan simpática en cada una de sus entregas&#8230; ¡Claro!, un amigo diría: &#8220;el viejo truco de ser un perfecto ¡hipócrita!&#8221;. Todo lo que vengo a descubrir sobre aquella mujer que sería madre de mis hijos&#8230; (ahora que lo pienso, creo que no se ha dado por aludida).</p>
<p>Por favor, a los seguidores de la cronista, lesp ido que no bombardeen la casilla de mail preguntando por ella porque de tal señora nada sé. ¡Está bien!, ¡está bien!, algo sé. No asumiré el triste papel de &#8220;aquí-no-ha-pasado-nada!&#8221; cuando yo mismo tomé por la fuerza esta columna. ¿Dónde está la cronista? Se imaginarán que no puedo develarlo, pero seguramente muy entretenida, tanto como para -aunque ustedes no lo crean- haya olvidado la columna y a sus &#8220;estimados&#8221; lectores ¿Ven? Lo que les acabo de decir, meses mostrando tanta simpatía, derrochando tanto glamour&#8230; (¡ja! ¿Glamour? Si supieran&#8230; pero aún no lo sabrán.</p>
<p>Con demasiada ira por los trapitos que la cronista decidió ventilar sobre mis hábitos de sueño, entre otros&#8230; imposible olvidarme de una segunda entrega de esta columna. Queda mucho por decir, y dije que &#8220;aún no lo sabrán&#8221;, ¿por qué? ¡Ahora lo sabrán! Antes de partir en un viaje de negocios a Japón, si bien no puedo <a href="http://www.lecantolas40.com.ar" title="Le canto las 40... un boletín online con ideas discutibles para emprendedores." target="_blank"><strong>cantarles las cuarenta</strong></a>, pero viendo que están tan de moda. &#8220;Les canto las 5&#8230;&#8221; con la mejor intención de la cronista. ¡Para alquilar balcones!</p>
<p>1) Su pasado la condena: no sé porqué se asombraba del pasado de Axel y Karen, cuando ella misma proviene del mismo pa-sa-do. Cuando la conocí era una chiquilina inquieta, muy joven para tanta experiencia; y para tanta experiencia, con muy pocas luces. ¿Glamour?&#8230; ¡por Dios!</p>
<p>2) Su familia: como esas series en las que sólo hay un protagonista que no se sabe de dónde viene ni a dónde va, así es la vida de la cronista. ¿Quiénes son sus padres? ¿Tiene hermanos? ¿Tíos? ¿Primos? ¿Qué saben ustedes de ella? ¡Está bien! ¡está bien!, no se molesten&#8230; alguna vez contó algo de su familia pero&#8230; ¿contó la verdad o era fruto de su imaginación? Algo de fantasía para su curiosos lectores.</p>
<p>3) Sus mascotas: ¿a quién se le ocurre convivir con ¡tanto perro! Si hay un animal que no gana ni la más mínima de mis simpatías es el perro. ¡Lo siento defensores del can! ¡Sé que no me gano amigos con esta confesión pero es la verdad! Y ella&#8230; siempre tan encantada de recoger a un perrito más&#8230; ¡por favor! Los perros por doquier, rompiendo las reglas de higiene que me gusta guardar en mi casa. Pelos por aquí y por allá, aromas, etc&#8230; ¡Ni contarles de la maternal ternura que le despiertan también esos pequeños malolientes! ¿Quiénes? Los niños. Se vuelve completamente loca (babeante, vulnerable y aniñada) cuando se encuentra con un niño.</p>
<p>4) Sus amigos: ¿cuáles?, ¿dónde están? Estamos hablando de los amigos de verdad. Está bien. Tiene una vida social muy agitada. Por algo, les digo que a ella deberían apodarla la Srta. Ocupada, pero&#8230; ¿acaso les contó por qué la invitan? ¡Porque el canje está a la orden del día! Y no me pidan que les explique el tema del &#8220;canje publicitario&#8221;, ¡por favor! Sí, amigos, es horrible que devele algo así, pero ¡me cansé! Yo no voy a ser un hipócrita más y que la gente me deje mensajitos en el contestador burlándose con: <em>&#8220;Osito Winn&#8230;, ¿comiste tu miel, ¿hoy?&#8221;</em>, o con: <em>&#8220;Osito, ¿seguís de romance con la king-size?&#8221;</em>, o con: &#8220;<em>Sr. Ocupado, ¿cuándo te desocupás?&#8221;</em>, o con: <em>&#8220;Sr. Ocupado, ¡qué vergüenza!, con una diosa al lado, y vos&#8230; ¡durmiendo 10 días!&#8221;</em>. ¡ME COLMÓ!</p>
<p>5) Y finalmente, señores, sus tratamientos de belleza. Un amigo me dijo que era lo peor que podía develar. Pero, ¡me colmó la paciencia! Esos estrambóticos tratamientos para mantenerse joven (ya les anticipo que es mucho, mucho mayor de lo que dice) que sólo yo puedo contar lo que se siente compartir la casa con una mujer que: apuesta al coliflor para la mascarilla diurna, al ajo para sus infusiones nocturnas, a la pimienta para pulir sus pies y a aceite de bacalao para suavizar su rostro, entre las más raras mixturas que no son aptas para este sitio. Amigo, comparta un día, sólo un día con ella y se dará cuenta que está muy lejos del reflejo que muestra en fiestas.</p>
<p>Pero, por supuesto, ella es la tierna, la dulce, la emprendedora, la simpática, la extrovertida, la divina, la romántica, la creativa, la proactica, la comprensiva, la tolerante, la flexible, la ¡madura!&#8230; en una palabra: ¡la PERFECTA! Acá podría cantarles 40, 50, 100 y más pero mi avión a Japón sale en dos horas.</p>
<p>Los veo la próxima.</p>
<p>Su amigo, el Sr. &#8220;Traicionado&#8221;.</p>
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		<title>(22) Yo: El Sr. Ocupado</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Mar 2008 01:25:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paola Diaz</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Amigos totalmente desconocidos para mí (ni siquiera sé si debería llamarlos amigos), me dirijo a ustedes porque todo ciudadano tiene su derecho a réplica. Por razones, ajenas a mí, me vi obligado a tomar este espacio de expresión por la fuerza. ¡Es verdad, lo acepto! Pero, sabrán entenderme cuando les comente el por qué de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Amigos totalmente desconocidos para mí (ni siquiera sé si debería llamarlos amigos), me dirijo a ustedes porque todo ciudadano tiene su derecho a réplica. Por razones, ajenas a mí, me vi obligado a tomar este espacio de expresión por la fuerza. ¡Es verdad, lo acepto! Pero, sabrán entenderme cuando les comente el por qué de tal hazaña.</p>
<p>Un hombre como yo, un hombre de negocios, no puede dejarse sorprender por una cronista -que se dice &#8220;profesional&#8221;- y ver expuesta toda su vida en una columna de un sitio web que ni siquiera es un sitio de negocios (sin ninguna animosidad en contra de su director/a, a quien no conozco ni deseo conocer en mi vida, mejores cosas tengo que hacer). Pero la verdad es que si hubiese querido sacar mis &#8220;trapitos al sol&#8221; hubisese elegido mejor sitio para ello. Insisto, que no es algo personal, sólo se trata de &#8220;clase&#8221;, de la cual carece este sitio, de lo contrario no hubiese permitido que una <em>cronisticucha</em> ventilara hábitos que pertenecen al ámbito privado de un reconocido ejecutivo.</p>
<p>Poco y nada conozco de esta columna, porque la cronista poco y nada me ha comentado al respecto. Desde que ella se ha unido a su equipo, poco sé qué hace, a dónde va, con quién se reúne, con qué fines, a cambio de qué, etc.. Sí puedo decir que, desde que se ha unido a este sitio -supuestamente &#8220;serio&#8221;- ella ha desaparecido del mapa, es decir, del mapa en el que yo pudiera encontrarla. Se ha vuelto sumamente escurridiza, con horarios extraorinarios para reuniones de trabajo, con fiestas exclusivas en bares de<em> sospechosa</em> reputación, con actividades laborales de fin de semana en quintas alejadas de la ciudad&#8230; en definitiva se ha vuelto una Sra. &#8220;Sospechosamente&#8221; Ocupada.</p>
<p>¿Se dan cuenta? Durante meses (¿por qué no decirlo: años?), se me tildó como el Sr. Ocupado. Y el boca a boca se encargó de que me difamaran con tal apodo. El boca a boca tenía un nombre, &#8220;su nombre&#8221;, el nombre de esta cronista en quien confiaba y a quién le solicité encarecidamente que me mantuviera alejado de eta columna amarillista, ordinaria, vulgar, inculta y ¡despreciable! Finalmente, ocurrió lo que me temía que algún día, yo caminaría por la vereda del sol, y sentiría la mirada de cientos de personas en mi nuca, además de cientos de dedos (o más de cientos, si calculo bien) señalándome y diciendo: &#8220;allí va el Sr. Ocupado&#8230; aquél que sostiene un romance con la king-size&#8221; ¡¿Cómo puedo tolerar esto?! ¡Nadie puede!</p>
<p>Amigos, creo que después de esto, empiezo a considerarlos así&#8230; amigos, me siento ¡trai-cio-na-do! Yo creía en la cronista, en esa mujer que me vio en las situaciones que cualquier ejecutivo preferiría olvidar: mi foto de 6 años, disfrazado de Ositio Winn&#8230;; otra foto de 15, sin un pelo en el rostro pero atacado por el acné. Nuestras primeras vacaciones juntos, cuando vio que no tenía el cuerpo atlético que había imaginado durante el invierno. Cuando descubrió que para mí -aún antes que mi madre- estaba ¡un buen descanso reparador! Esa misma mujer es la que conoció mi fanatismo por los ochentas, mi sensibilidad por las historias de amor, mi tentación por los chocolates, entra tantas cosas que sólo ella aprendió a conocer y aprendió a amar&#8230; Yo confiaba en esa mujer y ¡me traicionó!</p>
<p>Por eso, dije ¡Basta! Y decidí <em>tomar </em>la columna de Karen Online. Desde ahora, seré yo quien tome cartas en el asunto para que la cronista - que ni vale la pena mencionar su nombre- no vuelva a esta columna nunca más. Tan bonito sería que ahora yo empezara a contar aquellas cositas que pertenecen a su vida íntima, ¿no Srta. Cronista? Sería terrible para ella que develara tantos secretos para parecer joven, que publicara su edad -porque ¡señores, no tiene la edad que dice!-. ¿Qué tal si publicara aquellas fotos en Sierra Entraña cuando definitivamente perdiste la línea, Srta. Cronista? Estabas tan bebida que caiste rodando por la ladera y te enterraste de cabeza en un mandarino. ¡De-li-cio-so!</p>
<p>Pero no caeré en esa&#8230; ¡o sí! Después de todo, tomé esta columna y nada ni nadie podrá sacarme de aquí. Aunque vengan degollando&#8230;</p>
<p>Los veo la próxima, su amigo el Sr. <strong>&#8220;Traicionado&#8221;</strong>.</p>
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		<title>(21) El Sr. Ocupado y la King-Size</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Feb 2008 23:38:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paola Diaz</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Mis muy estimados, ¡mayor placer verlos una vez más! Imagínense cómo me siento después de unas merecidas vacaciones. Ya lo sé: ¡me envidian! (chicas: lo único que pueden envidiar, ¡aún no recupero del todo mi cutis de porcelana china!). Bueno&#8230; pero no se pongan así&#8230; es que ustedes saben muy bien la agitadísima vida que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mis muy estimados, ¡mayor placer verlos una vez más! Imagínense cómo me siento después de unas merecidas vacaciones. Ya lo sé: ¡me envidian! (chicas: lo único que pueden envidiar, ¡aún no recupero del todo mi cutis de porcelana china!). Bueno&#8230; pero no se pongan así&#8230; es que ustedes saben muy bien la agitadísima vida que llevo como cronista. Especialmente después de las últimas confesiones.</p>
<p>Los relaciones públicas me enloquecieron con los eventos sociales: presentaciones de libros (<em>&#8220;Kamasutra II: ¡ahora 1500 direcciones de emails!&#8221;</em>&#8230; la cultura antes que nada), inauguraciones de galerías de arte (pintura Radich, por suerte no apareció Abril), el debut teatral -como primera vedette- de Perlita &#8220;bomba sexy&#8221; García (¡¡horrible!!&#8230; te acordaste tarde del debut, Perli), y demás fiestas que hicieron de mí un esperpento (¿y esto?). En fin, demasiado humo de cigarrillos, demasiado alcohol en mis cócteles (¡contra mi voluntad!) y ya no estoy para esos trotes. Con decirles que, ni mi copita de brandy daba color a mi rostro, después de esas noches de excesivo glamour (color, lo que se dice color, tenía&#8230; ¡un lindísimo y conocido color verde musgo!).</p>
<p>Ahora me entienden por qué necesitaba detener el mundo para bajarme. Entonces decidí tomarme unas mini-vacaciones (¿20 días es mini?). Sí. Al día siguente tenía varios compromisos agendados (y no sólo se trataba de cosmética, ¡ojo!), pero nada me importó. En 15 minutos, llamé a quien correspondía y CANCELÉ todo. Eso sí, amigos, si esta vez me iba de vacaciones, a descansar, a relajarme, a distenderme, en una palabra: ¡a disfrutar&#8230; entonces no quiería irme ¡SOLA!</p>
<p>Por un instante, visualicé esta imagen: una encantadora mujer saliendo de una acogedora cabaña, rumbo a un bar de moda en medio de la nieve, una noche pro-me-te-do-ra, las luces del lugar la enceguecen, se choca a un par de camareros pero continúa, todos a su alrededor cenando en grata compañía y ella finalmente se sienta en una mesa y mientras bebe un trago se da cuenta que está a miles de kilómetros de la ciudad, con un vestido de lamé fucsia suave, pero&#8230; absolutamente ¡SOLA! ¡¡¡NOOOOOOOOOOO!!!</p>
<p>Es cierto, en otras épocas me hubiese simplemente encantado estar SOOOOOOOLA. Me hubiese puesto el vestido de gasa rojo y mis sandalias haciendo juego, de 15 centímetros, mis pestañas postizas, el lunar de Marilyn y ¡¡¡al ruedo!!! Eran otras épocas. Hoy, ¡¡¡NO PUEDO!!! Sin mi Sr. Ocupado no iba a dejar la ciudad. Mi decisión estaba tomada pero resultaría tan fácil por el famoso síndrome de los hombres: &#8220;mi-negocio-y-yo-somos-uno&#8221;. Por suerte, vivo para contarlo&#8230;</p>
<p>Decidida a dejar mi vida de cronista, dije adió a Karen y compañía por un par de días con el <em>conocido sin rostro</em> (aún me prohibe que publique su fotografía en la web&#8230; teme que lo confundan con el osito Winn&#8230; ¡qué bonito!). Fui corriendo a sorprenderlo&#8230; ¡con los pasajes en la mano! ¿Creen que fue demasiado? Tranquilos, ¡funcionó!</p>
<p>Como la mayoría de las veces que llego sin previo aviso, al verme en la puerta con una sonrisa de oreja a oreja, me dijo un simpatiquísimo: <em>&#8220;¿qué haces acá?&#8221;</em> (un perro doberman es un payaso del circo ruso al lado de su rostro de pocos amigos). ¡Qué importaba su bienvenida! Yo estaba tan contenta con mi emprendimiento, tan segura de que esta vez <em>definitivamente</em> se iba a ir conmigo en unas largas y merecidas vacaciones. Por supuesto, tuve que escuchar una también larga lista de excusas pero&#8230; ¿qué más da? ¿Acaso no estamos acostumbradas?: <em>&#8220;No puedo, el negocio me necesita&#8221;, &#8220;Es que la situación está muy difícil&#8221;, &#8220;Más adelante cuando me organice&#8221;, &#8220;Vamos a ver&#8230; pero no me acoses&#8221;, &#8220;Justo ahora iba a adelantar trabajo&#8221;, &#8220;Justo hoy empieza el campeonato&#8221;, &#8220;En este mismo instante me empezó a doler la panza&#8221;</em>, etc., etc., etc. ¡Caramba, muchachos! ¿oyeron hablar de la creatividad? Las mujeres son tan decididas, tan perseverantes (ellos dirán erróneamente tan &#8220;molestas&#8221;), tan ¡perfectas!</p>
<p>¡Qué injusta que soy! (¡ay, bendita culpa! ¡TERAPEUTA!). Después de poner caras largas, hacer esos gestos que tanto me gustan cuando se enoja y de continuar con otra lista de excusas, tomó los pasajes y cuando creí que iba a romperlos, se detuvo y se quedó en silencio. Un silencio tan tenso que se cortaba con un hilo. A esta altura, yo estaba dando marcha atrás pensando que o había nada más que hacer. Entonces, el hacedor de milagros, me hada madrina, el oráculo de nosdedonde o el mago Manuel me concedieron mi deseo. El Sr. Ocupado me miró a los ojos, me sonrió (con esa sonrisa pícara de: <em>&#8220;¡te saliste con la tuya!&#8221;</em>) y me abrazó (Sr. Ocupado: son esos momentos los que &#8220;deseo que sean eternos&#8221;).</p>
<p>Cuatro horas después partimos rumbo a la ciudad de las cumbres nevadas. Él viajó con un bolso mediano, yo con dos valijas grandes, mi bolso de mano y una carterita de lentejuelas doradas (¡ojo!, llevé lo indispensable). ¡Qué tierna imagen!: su carita adormecida apoyada en mi hombro druante el viaje. Como esas caritas sonrosadas de bebés recién bañados, entalcados y perfumados. ¿No es un primor? ¡¡¡LÁSTIMA QUE ESA CARITA LA VI DURANTE TODO EL VIAJE!!! Casi ni recuerdo el color de sus ojos (son claros, ¿no?&#8230; ¿o ése era otro señor?).</p>
<p>La cabaña era soñada, tal como la había visualizado. Ni bien entramos y el Sr. Ocupado<em> la vió</em>, cayó en tentación. ¡Por Dios! Una cama increíblemente seductora que lo incitaba a caer en sus redes (ya sabemos qué débiles son los hombres cuando tiene sueño, hambre o si están enfermos&#8230; ¡válgame!). Yo diría que la cama era ¡sexy!: grande, mullida, perfumada, king-size, con almohada antitortícolis, sábanas hipoalergénicas y frazadas térmicas. Entendible. El Sr. Ocupado dio un paso más dentro de la cabaña y, acto seguido: se tiró de cabeza en aquel mueble, el más sexy que él jamás haya visto. ¡¡SOCORRO!!</p>
<p>Los días se sucedían y mi &#8220;extraña compañía&#8221; continuaba en pleno romance con la king-size. Conocía algo sobre sus hábitos de sueño: que se pierde cuando ve una cama, lo sabía; que se tira de cabeza, lo sabía; que cuando duerme se recomienda no molestarlo, lo sabía&#8230; pero esto era, como dice una amiga: <em>&#8220;too much&#8221;</em>, demasiado. Tenían que verlo enroscado entre las frazadas, levantándose únicamente para lo indispensable (y si digo &#8220;indispensable&#8221;&#8230; así era), desayunando, almorzando y cenando en la cama, ¡y con los ojitos cerrados! Según él era para no perder tiempo.</p>
<p>Vivo para contarlo, ¡10 días así!: el Sr. Ocupado en fogoso romance con la king-size. A lo sumo, abría un ojo para constatar que aún la nieve no lo había tapado, o tanteaba la mesita de luz para tomar un cigarrillo y fumar dormido, o se levantaba cual sonámbulo e iba directo al baño o, en el mejor de los casos, al refrigerador. ¡Creí morir! ¡¿Dónde había quedado mi fantasía de galmour en la nieve?! Claro que, a veces, pero sólo a veces, realicé una que otra actividad social&#8230; ¡Y bueno!, yo iba a divertirme no a dormir (amiga, no te hubieses perdido esos dioses nevados&#8230;).</p>
<p>¿Vacaciones? La verdad, después de lo acontecido, me merezco otras, ¿o no? ¡Ah!, ¿qué pasó el resto de los días? Como les conté, 10 días me quise morir pero los otros 10 días fueron ¡maravillosos! ¿Lo ven al Sr. Ocupado bebiendo cócteles, departiendo con celebridades, dejándose envolver por la música y las luces nocturnas, cantando y bailando, cenando a la luz de la velas? Él y yo. Sr. Ocupado: ¡gracias por compartir conmigo estas vacaciones! Amiga, ¡perservera y trinfarás!</p>
<p>¡¡¿Por qué volvimos a la ciudad?!! Nos vemos la próxima.</p>
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		<title>(20) Karen: ¡la dulce Ofelia!</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jan 2008 19:29:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paola Diaz</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[capitulos]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Cómo están, amigos? ¡Y llegamos al número 20 de nuestra adorada Karen Online! Breve pero sentido discurso. ¡Gracias a todos por la cálida bienvenida a la Web y a todos los que hacen posible este emprendimiento! (No quiero llorar y hoy no tengo mi máscara de pestañas a prueba de agua). Pero si hay alguien [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Cómo están, amigos? ¡Y llegamos al número 20 de nuestra adorada Karen Online! Breve pero sentido discurso. ¡Gracias a todos por la cálida bienvenida a la Web y a todos los que hacen posible este emprendimiento! (No quiero llorar y hoy no tengo mi máscara de pestañas a prueba de agua). Pero si hay alguien que se merece mi entero reconocimiento y agradecimiento esa persona es: el Sr. Ocupado (¡¿quién más?!). Todo escritor juega con sus musas inspiradoras y yo tengo al &#8220;Sr. Muso&#8221;, primer admirador y fan de mis trabajos. Puede ser tan amoroso al alentarme a seguir pase lo que pase, dándome una mano para entregar a término mis notas y, más de una vez, cuidándome y mimándome con sus caseras galletas de miel, cuando estoy enferma. Tan amoroso, tan amoroso y otras veces&#8230; Mejor, tengamos la fiesta en paz.</p>
<p>Yo sí que estaba por hacer una fiesta con todo lo que me había contado Karen del pasado de Axel, más las noticias calientes sobre el pasado de la misma Karen, ¿sería una de las chicas de Costello? Les cuento cómo sigue la historia.</p>
<p>Aún en la casa de Karen, a propósito la veía bastante venida a menos respecto de la última vez que la visité (¿quién estaba venida a menos? ¡Las dos!: Karen y su casa). Eso sí fue bastante amable para su costumbre, me sirvió un café negro (¡petróleo puro, Karen!) y unas masitas secas (¡duras!&#8230; ¿de qué año, divina?). Más tarde, me convidó con un jugo de alcauciles y yema de huevo (¡cualquier cosa para pasar esas masitas!). Con el entremés temí por mi vida y, confieso, pensé en salir por el mismo lugar por el que había entrado (o tirarme por la ventana&#8230; ). Pero, el deber primero y Karen tenía que aclararme aquello del cambio de nombre. ¿Por qué Billy le sugería buscar un alias? Temía que necesitaba un alias para&#8230; Entonces ella continuó&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Ya he contado tanto, estimada cronista, que continuaré porque, si voy a llevar a cabo la Operación Arturo, tú serás mi testigo y tienes que saberlo todo. En una oportunidad, uno de los clientes de Axel, a  quien apodaban &#8216;El Canciller&#8217;, un multimillonario de la tercera edad, le pidió que hiciera un show especial para él y sus invitados en una de sus casas de fin de semana en el extranjero. Le pidió que armara un baile exótico con una pareja, con una mujer. El Canciller le pagaría la estadía completa en un hotel cinco estrellas de primerísimo nivel, además de sus honorarios triplicados y un bonus que nunca supe en qué consistió pero sí sé que Axel lo cobró, además de la posibilidad de repetirlo en otros lugares&#8221;.</p>
<p></em>¿El Canciller? Me siento en la película El Padrino. Entre nosotros, era una oferta difícil de rechazar, ¿o no? ¡Qué generosidad la del embajador.. digo del canciller! Veamos qué opinó Karen&#8230;</p>
<p><em>&#8220;A Costello se le ocurrió que Axel tenía que hacer ese show conmigo porque le daría más realismo y Billy quería una cara angelical en el acto. Primero habló con Axel y él aceptó sin dudarlo. Luego Axel me convenció de hacerlo. Dijo que sería un juego de niños y que por jugar, ambos ganaríamos mucho dinero, dinero que le permitiría retirarse de ese trabajo y, a futuro, podríamos casarnos. Acepté. Y el mismo Costello nos presentó al millonario como: Karen y Axel. Y nunca más ni Axel ni yo volvimos a usar nuestros nombres verdaderos&#8221;.</p>
<p></em>¡Ay, Karen&#8230; cuánta ingenuidad! La verdad es que el tema del casamiento es un número puesto. Nosotras escuchamos esa palabra y &#8220;clic&#8221;. ¿Será que nos imaginamos delante del sacerdote? porque automáticamente decimos: &#8220;Sí, acepto&#8221;. El amorrrrrrrrrrrrrr&#8230; Nuestra secretaria me contó sobre el debut&#8230;.</p>
<p><em>&#8220;Esa noche fue un éxito: ¡maravillosa! En realidad, todo parecía de cuentos, desde que salimos del país, la estadía en el fantástico hotel, nuestra actuación en la mansión del Canciller, el paseo por distintos lugares tan lejanos a mi rutinaria vida. El día del show, todos nos felicitaron. Me sentí reconocida, me gustó la mirada y la admiración de más de cien personas. Costello estaba tan feliz, además porque el millonario le había pagado más de lo que pautado&#8221;.</p>
<p></em>Si hubiesen visto la carita de Karen&#8230; ¿Qué pasó, bonita? ¿Tenemos una vocación oculta? Amigos, creo que si ahora mismo viene Costello y le ofrece un bailecito exótico, nuestra asistente da un sí rotundo. Porque sólo se trató de un baile aquella vez, ¿no? o&#8230; ¿hubo un algo más? Karen no se detuvo en su historia&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Aquella noche se trató de un baile exótico. Si bien varios magnates me propusieron &#8216;acompañarlos&#8217; en viajes de negocios alrededor del mundo y me ofrecían un mundo de lujos, nunca hubiese aceptado algo así. Por amor a Axel, entendía sus razones, pero yo&#8230; yo no podía. A partir de ahí, hubieron por lo menos una decena de fiestas en las que participé junto con Axel. En paralelo, él seguía siendo el chico preferido de Billy y los mismos magnates que me asediaban a mí, lo contrataban a él para servicios privados&#8221;.</p>
<p></em>¡La dulce Ofelia!&#8230; después de todo, resultó una chica enamorada y, ciega por el amor, soportó a Dientitos. ¡Admirablemente bueno para mi crónica! (lo siento Karen, va contra mis principios felicitarte por tu &#8220;aguante&#8221;). Se viene el final de historia, según Karen&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Pronto terminé la escuela y los bailes exóticos quedaron en el pasado. El ambiente se había vuelto irresistible. Axel encontró la posibilidad de entrar a la actual empresa en la que está. En una de esas fiestas, un ejecutivo lo recomendó. Axel había empezado a tender redes entre sus clientes, todos ejecutivos de las corporaciones más importantes. Si hay algo que nunca le faltó a Axel fue su elocuencia y persuasión. Así empezó su carrera como hombre de negocios&#8221;.</p>
<p></em>Bueno, amigos&#8230; a esta altura nadie duda de la persuasión de Axel. La historia de Karen Online es más de lo que podía pedir. Karen desistió de un mundo de lujos para buscar su carrera como secretaria. Axel desistió de un pasado de taxiboy para ir tras sus ambiciones. Cuando creí que este pasado era la &#8220;carta&#8221; para destruir a Axel, Karen volvió a sorprenderme&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Yo jamás hubiese sacado a la luz el pasado de Axel. Pero él fue muy cruel conmigo, engañándome con Abril, con el Dr. Racso y quién sabe con cuántos/as más, además queriéndome &#8217;sacar del medio&#8217;. Por eso digo: &#8216;basta&#8217; y voy a jugar mi mejor carta:, la vida de taxiboy no ha quedado en el pasado: ¡Axel aún es taxiboy!&#8221;.</p>
<p></em>¡Epa! ¡Maravilloso as en la manga de Karen! ¿De dónde sacaría eso Karen? ¡Tanta seguridad!&#8230;  un respiro, amigos. Nos vemos pronto.</p>
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		<title>(19) Axel: el pasado tan temido</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Sep 2007 22:43:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paola Diaz</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[¡Buenos días, buenas tardes, buenas noches! La columna de Karen On Line sigue fiel a sus fanáticos. Y en días como estos, necesito más que nunca de ustedes, amigos. ¿Por qué? Porque el sacrificio de una cronista no tiene límites&#8230; pero los sacrificios que hace una mujer enamorada&#8230; ¡son infinitos! La noche del sábado pasado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¡Buenos días, buenas tardes, buenas noches! La columna de Karen On Line sigue fiel a sus fanáticos. Y en días como estos, necesito más que nunca de ustedes, amigos. ¿Por qué? Porque el sacrificio de una cronista no tiene límites&#8230; pero los sacrificios que hace una mujer enamorada&#8230; ¡son infinitos! La noche del sábado pasado es una muestra de ello y dicen que &#8220;para muestra basta un botón&#8221;&#8230; ¡vaya que botoncito&#8230;!</p>
<p>Alguna vez ocurre que llega el dichoso día en el que tú y tu Sr. Ocupado salen a cenar con una &#8220;pareja amiga&#8221;. Y aunque ya conoces la historia de los susodichos, porque tu Sr. te ha contado vida y obra de la feliz pareja, aún no los conoces personalmente. Y, por los comentarios de tu amorcito, preferirías mantener la intriga. Pero bueno&#8230; después de todo, él también se ha sacrificado asistiendo a cada una de tus fiestas familiares. Amén de las veces que te acompaña de shopping: recorren 4 ó 5 centros comerciales, sus 200 ó 250 locales, y después de andar de aquí para allá durante todo el día, vuelves a casa sin comprarte ¡absolutamente nada! Entonces, aceptas conocerlos (¡ojalá no lo hubieses hecho!).</p>
<p>El sábado fue el día &#8220;D&#8221;. El Sr. Ocupado quería hacer negocios con ellos, aún no entendí bien de qué, dado que ellos son criadores de perros y él odia a los canes. Crían esa raza tan difícil de pronunciar o será que la conversación se tornó tan apasionante que no lo recuerdo. ¡Monotemáticos como pocos! Por momento sentí que estaba en un concurso de preguntas y respuestas: &#8220;¿Cuánto sabe usted sobre el mejor amigo del hombre?&#8221;. ¡Por Dios!, ellos estaban muy felices de ser criadores y yo los felicito pero ¡¿no podíamos hablar un minuto de otro tema?! Para la cena resultaba muy bonito enterarse de dónde son originarios, cómo les nacen los primeros dientecillos, cómo cortarles las uñas, cómo desparasitarlos, qué alimentos darles para que no se constipen, la edad a la que te conviene castrarlos, etc. etc. etc. Después de cuatro horas de amistoso y perruno encuentro, se fueron&#8230; más contentos que perro con dos colas.</p>
<p>Aún cuento el cuento después del episodio sabatino&#8230; Y queda tanto por contar sobre Karen, sus confesiones y su plan para desenmascarar a Axel. Después del video, nuestra asistente se explayó tanto  como para dejarme sin palabras&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Sí, es cierto lo que dice Abril en el video. Axel fue taxiboy, antes de ingresar a la compañía. Yo era una colegiala aún, él había terminado el colegio y buscaba su primer trabajo. No pasó mucho tiempo para que lo encontrara: barman en una discoteca, Transcurridos unos meses, y en ese mismo lugar, le ofrecieron trabajar como bailarín exótico, apelando a sus dotes artísticas. A mí no me gustaba ese ambiente, tampoco me dejaban salir de noche demasiado por mi edad y yo me abocaba bastante a mis estudios. Nos veíamos poco y nada. Los fines de semana él tenía shows nocturnos, y durante la semana yo tenía que hacer con mis actividades escolares, más los idiomas, mi actividad en el centro de estudiantes y las bellas artes&#8221;.</em></p>
<p>Imaginé que ese cuerpo, Dientitos, no lo habías logrado con extensas jornadas de oficina. Ahora ya sé a quien pedir que me prepare ciertos tragos. Por suerte Karen no sabía leer los pensamientos, ella continuó&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Axel, muy ambicioso, realmente quería crecer y salir de donde estaba a toda costa. La idea de bailarín exótico le resultaba divertida pero pronto se tornó aburrida y ‘poca cosa&#8217; para él: fue por más. En uno de los shows, Billy Costello, un hombre muy conocido del ambiente se fijó en las habilidades de Axel y le propuso unirse a su negocio. Billy era &#8216;manager de acompañantes&#8217;, en una palabra&#8230; contrataba chicos para trabajar como taxiboys. Él le ofreció más dinero, más beneficios y un trabajo menos sacrificado. Un departamento, un auto y una cuenta corriente con más dinero del que él hubiese soñado jamás. Pero hubo una condición de Costello para contratarlo: cambiarse el nombre. El mismo manager lo bautizó &#8216;Axel&#8217; y Arturo pasó a mejor vida&#8221;.</em></p>
<p>Bueno&#8230; tengo mi barman y también una grata compañía&#8230; ¡perdón! (Estos pensamientos no deberían salir al aire&#8230; ¡debería autocensurármelos!). Karen dio más datos sobre la historia del ex Arturo&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Por un par de años, trabajó para Costello y sobresalió entre sus chicos. Axel hizo dinero, no millones, pero salió de donde estaba que, si bien no era pobre, para los ojos de Axel era muy poco. Además de los beneficios que el mismo Costello le daba como premio a su trabajo, sus propios clientes le hacían obsequios y le compartían una vida que nunca había imaginado: viajes, ropa, fiestas, personalidades, excentricidades, etc.&#8221;.</em></p>
<p>¡Quién te ha visto y quién te ve! Uno lo ve tan elegante, tan intelectual, tan ejecutivo&#8230; ¿cómo adivinar un pasado así? Y qué exitoso en su trabajo, ¿no? (¡Qué curiosidad por probar el servicio!). Karen sabía suficiente de la vida pasada de Axel como para llevarlo de la cima del éxito empresario al total escándalo y fracaso. Ella sabía demasiado&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Billy Costello lo llevó de ser nadie en el ambiente del show business a ser la estrella más deseada de destacadas personalidades. También me llegaron rumores de que Billy y Axel mantenían relaciones más que comerciales. Versiones de fuentes allegadas a ambos, fuentes creíbles para el más escéptico. Incluso se lo involucró con el juego clandestino, otra unidad de negocios que administraba Billy&#8221;.</em></p>
<p>Bueno, Karen&#8230; ¿no será demasiado para Dientitos? ¿Ahora resulta que es estafador y criminal de guantes blancos? (Es que me cayó tan bien&#8230; ). Ah&#8230; querida&#8230; ¿y tú? ¿nada que ver con esta historia? Karen me respondió&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Durante esos dos años, yo terminaba mis estudios en el secundario y, si bien nunca dejamos de vernos, apenas teníamos tiempo juntos. Claro que él prefería su lujosa vida a estar con una colegiala como yo:  la dulce Ofelia. Pero el amor puede más y, siempre lo esperaba y hasta entendía porque lo hacía, entendía su ambición&#8221;.</em></p>
<p>Perdón, ¿dijo &#8220;Ofelia&#8221;? Estoy un poco perdida con tanto cambio de identidad. ¡Cierto!, Karen me aclaró, desde el primer momento, que se llamaba Ofelia pero que le decían Karen. Lo único que faltaba  que me anunciara era que ella cambió su nombre porque&#8230; Entonces&#8230; me dijo&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Sí, mi verdadero nombre es Ofelia. Pero también el mismo Costello me sugirió buscar un alias porque mi nombre verdadero no era para nada artístico&#8221;.</em></p>
<p>¿ARTÍSTICO?!&#8230; ¿qué les dije?, mi olfato no me falla. Pero ¿Karen? ¡¿Nuestra Karen también una chica de Costello?! ¡Pido tiempo! Nos vemos la próxima.</p>
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		<title>(18) Karen ve el video de Abril</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jun 2007 21:37:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paola Diaz</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[capitulos]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Bienvenidos, amigos! Es un recreo encontrarme con ustedes una vez más. Si hace poco dije que todo estaba sobre ruedas, ya pueden olvidarse de ello. En realidad, ni yo creía lo que escribía. ¡Es que lo bueno dura tan poco! ¿Y por qué &#8216;lo malo&#8217; se instala los fines de semana? Para el fin de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¡Bienvenidos, amigos! Es un recreo encontrarme con ustedes una vez más. Si hace poco dije que todo estaba sobre ruedas, ya pueden olvidarse de ello. En realidad, ni yo creía lo que escribía. ¡Es que lo bueno dura tan poco! ¿Y por qué &#8216;lo malo&#8217; se instala los fines de semana? Para el fin de semana pasado tenía trabajo pendiente, con fecha de entrega para ayer. Imaginé que precisamente por estar en casa, sin la presión del lunes a viernes, me pondría al día con algunas notas atrasadas y columnas especiales que me encargaron. Pues, ¡MAAAL! Porque siempre que haces este tipo de planes, siempre, pero siempre algo puede fallar, como dice nuestro amigo Murphy.</p>
<p>La relación con mi PC, podemos llamarla &#8220;normal&#8221;: la trato con cariño, la limpio, la alimento con información divertida y entretenida, la actualizo, la protejo de virus, la educo - es decir, le pongo límites -, le hablo, y si se porta muy bien, hasta la beso. Les dije &#8220;normal&#8221;. Claro que, cuando se porta mal, me veo obligada a ponerle coto, para que madure y crezca, para sea una mejor PC el día de mañana. ¡Pero justo se empacó cuando más la necesitaba! ¡¿POR QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ?! Plan A: llamé a mi técnico. No estaba en la ciudad. Plan B: llamé a un colega que sabe un poco más. No estaba para mí. Plan C: llamé a mi terapeuta. Cambió de número. Plan D: ¡¡elevé una plegaria a San Windows!! Conclusión: terminé usando mi máquina de escribir de mis comienzos. Resultado: uñas rotas y un terrible dolor de cabeza (me había desacostumbrado al clac, clac, clac, clac). Hoy, volví a mi laptop y puedo contar el cuento&#8230;</p>
<p>¡Karen va por la venganza! Eso me había dicho en el bar y sin siquiera ver el video con las confesiones de Abril. Aquella tarde en el bodegón, me dijo que se vengaría pero que haría <em>&#8220;algo bien hecho, nada del típico escandalete histérico del cual los hombres se ríen y nos toman el pelo&#8221;</em>. Eso sí que lo veía difícil. A mí nunca me sale esa parte tan meditada, tan estratégica. No sé por qué. ¡Son los genes, Karen! ¡No puedes contra la naturaleza femenina!</p>
<p>Así, Karen bautizó su venganza &#8220;Operativo Arturo&#8221;. Ya sé, raro, ¿no? pero muy sabroso para mi crónica. En nuestro primer encuentro, Karen me había contado que el verdadero nombre de Axel era Arturo y la misma Abril en el video hizo referencia a la vida de Arturo, aludiendo a su pasado de taxiboy. ¿Qué se traía Karen entre manos? Quise indagar pero me rogó que esperara, ya me enteraría a su debido tiempo, pues quería que fuese testigo de sus hechos. ¿Y Abril y el Dr. Racso?, ¿sin rencores, Karen? Me dijo:<em> &#8220;Tengo todo el tiempo del mundo y para todo el mundo&#8221;</em>, con sonrisita maliciosa (¡me asusté!).</p>
<p>Había llegado el momento. Era ahora o nunca. ¡Y fue ahora! Sin más dilaciones, le dije a Karen que Abril también había estado desaparecida, y que acababa de recibir un video de ella, que le iba a interesar mucho, especialmente ahora que daba inicio a su Operativo Arturo. Se le transformó la cara: &#8220;la Srta. Locura 2007&#8243;. Sus ojos poseían hambre de venganza, salían de sus órbitas, y arqueando sus cejas, exclamó: &#8220;¡quiero verlo ya mismo!&#8221;. Pagamos y nos fuimos directamente a su casa.</p>
<p>En su casa, se apuró a abrir la puerta, estaba nerviosa. Sus manos temblaban: le costó colocar la llave en la cerradura. Luego de probar tres o cuatro llaves, abrió y me empujó para que entrara rápidamente (los modales, Karen, no aprende más). Cerró la puerta de un golpe. Tiró su cartera por ahí (la revoleó). Se quitó su impermeable y sus sandalias, las corrió con el pie a un lado. Se apresuró a encender el televisor y la videograbadora. ¿Yo? Me acomodé en el sillón frente a la TV y estaba lista para presenciar cualquier cosa.</p>
<p>Terminó de acomodar los equipos, tomó el control remoto y se tiró en el sillón a mi lado. Sentada frente a la TV, encorvó un poco su espalda como agazapada, las piernas muy juntas, con ambas manos sostenía el control, como implorando algo, y estiraba el cuello hacia adelante, como ayudando a que apareciera la primera imagen del video. Mantenía sus ojos abiertos, expectantes y una media sonrisa, que dejaba la boca entreabierta y liberando una respiración agitada. Pensé que se iba a transformar, glup. Esta chica estaba muy mal, amigos.</p>
<p>¡Se hizo la luz! Allí: Abril y su confesión. Yo no quería quitar los ojos de Karen que era un espectáculo. Toda la confesión, permaneció con ese gesto<em> ávido de sangre</em>. Creo que buscaba un dato más para hundir a Axel hasta el fondo. Permanecía con su mirada fija en la pantalla. Se le caían algunas lágrimas porque casi no parpadeaba y sus ojos se secaban. A veces, ni se daba cuenta de esas lágrimas hasta que desembocaban en el control remoto, entonces lo secaba en su pantalón pero sin quitar la vista del video.</p>
<p>Yo comenzaba a acomodarme en el sillón, no temía de que pudiera convertirse en el lobizón y, por cierto, estaba bastante cansada, cuando terminó la confesión y Karen apagó todo. Se echó hacia atrás y se acurrucó en el sillón tomándose de las rodillas, quedándose pensativa por una par de minutos. Minutos que para mí eran siglos porque sólo quería que me dijera algo. Recordarán que cuando quiere, ella es capaz de quedarse muda y, cuando quiere, también ella es capaz de dar su mejor golpe, sino pregúntenselo a Abril (habrá que visitarla en la comunidad Radich). Afortunadamente, nadie salió lastimado y Karen pudo hablar. Y la cara de Karen volvió a la normalidad (lo normal para Karen, para un rostro bastante operado). Por fin, la palabra de Karen: <em>&#8220;Esto confirma lo que sospechaba&#8221;</em>. ¡¿Perdón?!, &#8220;sos-pe-cha-ba&#8221;, ¿dijiste Karen?.</p>
<p>Sí, amigos, me contó que tres años atrás, había empezado a sospechar de que Axel tenía una amante. Su versión&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Hace como tres años empecé a sospechar que había otra mujer. Axel siempre tenía excusas para llegar tarde. Me dejaba plantaba en los bares de moda, en las fiestas. Y cada vez que yo le pedía explicaciones, decía que era un hombre de negocios, un ejecutivo en ascenso y que se debía ocupar de muchas cosas, que no tenía horarios. Ahora entiendo por qué no le daban los horarios con ¡esta doble vida!&#8221;.</p>
<p></em>A cada mujer el toca su Sr. Ocupado. Por suerte a cada Sr. Ocupado no le toca una doble vida (¿o sí?). Karen comenzaba a angustiarse&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Axel me decía: &#8216;Me conociste como un hombre de negocios y eres parte del negocio, sabes cómo es esto&#8217;. Y la verdad tenía razón. Yo también, siendo secretaria en la empresa, me iba a cualquier hora. Axel me decía que yo veía cosas dónde no las había y que era por mis celos. Pero que él no tenía ojos más que para mí. Siempre me convencía&#8221;.</p>
<p></em>Capacidad de persuasión (yo me hubiese dejado convencer sin resistencia alguna). Mientras esta cronista alucinaba con Dientitos, Karen volvía a mostrar su mejor cara de vengadora&#8230;</p>
<p><em>&#8220;¡Fui una tonta! Esperé a encontrarlo en nuestra propia casa con otro para darme cuenta de la verdad, que había estado frente a mis ojos todo el tiempo. Ahora recuerdo cuando llegué de un viaje de negocios, bajé del taxi y más atrás estaba él despidiendo a una mujer que se iba en otro taxi. Ella sacó la mano por la ventanilla y él la besó amorosamente. Casi podría decir que eran los guantes de Abril. Entonces, no quise darme cuenta. Además del engaño, ¡quería  &#8216;quitarme del medio&#8217;!&#8221;.</p>
<p></em>Karen trató de contener su llanto y prosiguió&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Primero, pensé que era una mujer, con el hecho del taxi. Después lo encontré con un hombre: el Dr. Racso y entonces, supuse que la mujer era &#8216;él&#8217;. Con este video veo que sí hubo una mujer: Abril. Y quién sabe si no hubo otras u otros. Hoy, veo que fue y es capaz de todo. Hombre o mujer. Se trata de un engaño&#8221;.</p>
<p></em>¿Cómo otras u otros? Aclarando, Karen&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Al descubrir a Axel con el Dr. Racso, Axel me ofreció un proyecto laboral con el &#8216;doctorcito&#8217;, recordarás. Creo que esa fue una jugada de Axel para contentarme y mantener mi boca cerrada: temía que yo dijera la verdad sobre su pasado de taxiboy. Jamás lo hubiese hecho pero ahora ¡quiero quitarle la careta!&#8221;.</p>
<p></em>¡¡Confirmado!!! Las confesiones de Abril eran ciertas, por lo menos respecto del pasado de Axel. Mi olfato no falló. Dientitos: parece que se te viene la noche y ¡qué bueno que estaré ahí para verlo y publicarlo! Entérense cómo continúa el operativo de Karen en la próxima entrega.</p>
<p><a href="http://www.karenonline.com.ar/la-cronista/">La Cronista</a>.</p>
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		<title>(17) ¡Apareció Karen!</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jun 2007 21:22:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paola Diaz</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[¡Hola amigos!, ¿cómo están? Espero que se encuentren muy bien porque traigo más novedades de nuestra amiga Karen, que ¡por fin! decidió dar señales de vida. Y, ¡atención! porque son novedades de-mo-le-do-ras. Sí, claro, ustedes ya no se asombran de nada, después de la confesión de Abril. Para mí también fue asombroso. ¡Miren ustedes a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¡Hola amigos!, ¿cómo están? Espero que se encuentren muy bien porque traigo más novedades de nuestra amiga Karen, que ¡por fin! decidió dar señales de vida. Y, ¡atención! porque son novedades de-mo-le-do-ras. Sí, claro, ustedes ya no se asombran de nada, después de la confesión de Abril. Para mí también fue asombroso. ¡Miren ustedes a Dientitos y la dulce Hadita!, ¿quién lo hubiese imaginado? Con una historia tan shoqueante, necesito un clima inspirador para continuar. ¿Qué les parece? La casa tranquila. ¿El Sr. Ocupado? ¡Bien, gracias! (pronto, será el Sr. Desocupado, como los políticos: &#8220;sin comentarios&#8221;). Una tarde cálida, después de tantos días de lluvia y frío. Enciendo mi equipo de música. Hoy prefiero Vito Andreotti, el señor Bolero. ¿Richi Merengue?, me subió la glucosa.</p>
<p>Después de un fin de semana como el pasado, quiero sólo ¡paz! Más o menos a las siete de la mañana del sábado cayó la familia &#8220;unita&#8221; y sin avisar. Vinieron Dios y María Santísima: papi, mami, hermanita, hermanito, noviecitos respectivos, la nona, el nono y hasta Pentagrama, del que se dice que es el único perro cantor. ¡Socorro! Me sacaron de la cama, y con mi peor cara de sueño me besuquearon y se instalaron con facturas y comidas en mi casa hasta la noche. ¿El motivo? Ah, porque querían festejar que papi ganó el &#8220;Campeonato de Truco en Zona Oeste&#8221; (¿no podíamos festejar en otro momento?). ¿Y el domingo?: &#8220;Mi perro y yo&#8221;, Pentagrama se quedó, mejor dicho me lo encargaron y como es un perro acostumbrado a las casas, creyó que mi departamento era una. Cuando ya no había nada por romper, salimos a pasear y demostró que es un gran corredor, me di cuenta que perdí estado&#8230;</p>
<p>Para lo que no perdí estado es para la historia de Karen. Recordarán que recibí su llamado y fue como la vuelta de los muertos vivos. Me pidió que nos encontráramos en un bar, ¿el de moda?, no, un bodegón. Quería algo discreto, donde pasara inadvertida (querida, con tu mal gusto para vestirte y tus mechitas multicolor, ¡lo dudo!).</p>
<p>En dos horas, se dio la esperada cita. El bodegón era uno de esos lugares donde el glamour brilla por su ausencia, además del agua y jabón. Y donde no recomiendo pasar a los servicios ni pedir el plato del día (de lejos se veía que los alimentos no eran frescos y de cerca ¡ni les cuento!). Había tres personas: tres hombres. Los tres dormidos sobre sus mesas. Perdón, había un cuarto, que no estaba dormido, se sostenía de su botella de grapa. En fin, un lugar de ensueño&#8230;</p>
<p>Ni bien entré, oí un chistido. Giré y allí estaba la que, inmediatamente, advertí que era Karen a pesar de su camuflaje. Tenía puesto un impermeable negro hasta los tobillos, un sombrero también negro y unos anteojos&#8230; negros. Claro que no cuidaba ciertos detalles: por ejemplo, que debajo de sus pantalones de hombre grises, asomaban unas regias medias de red y unas sandalias doradas de tiritas finitas con tremendo taco aguja. ¡Más!: sus uñas de gata en color fucsia y sus extensiones azules escapándose de su sombrerito tan viril (Karen te hacía más viva).</p>
<p>Iba a pedir un vaso de agua pero no me animé por lo que tuve que sacrificarme con algo fuerte: un vaso de soda bien seca (chau brandy). Karen, una gaseosa light. Definitivamente Karen estaba en un operativo comando, según sus propias palabras. Y pasó a contarme qué aconteció al dejar la casa quinta, cuando se enteró que Abril y Axel estaban juntos, y que la propia Abril lo había encontrado con el Dr. Racso. Aunque moría por contarle sobre el famoso video y una información que me quemaba por dentro (¿o sería lo que me había servido el barman?), esperé a que me contara. Me intrigaba el operativo comando. Bebió su gaseosa light y comenzó su relato&#8230;<br />
<em><br />
&#8220;Aquella tarde, al enterarme de la relación entre Axel y Abril, creí fallecer. Nuevamente sentí ese tremendo dolor como cuando encontré a Axel con el Dr. Racso. ¡No podía entenderlo! ¿Él y Abril? Y, ¿ella era mi terapeuta? ¡Qué ridículo! ¡Qué triste! Disculpa, sé que mi comportamiento dejó mucho que desear en tu casa de fin de semana&#8230; discúlpame&#8221;.</p>
<p></em>Bueno, ¿ambas se habían puesto de acuerdo para el mea culpa? Mucha disculpa pero la que tuvo que dar la cara fui yo. Sí, su comportamiento dejó mucho que desear pero ¿qué iba decirle? ¿E interrumpirla? ¡Jamás! Siguió&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Mi corazón estaba partido en pedazos. Quería escaparme. Y salí a la calle sin rumbo conocido. En mitad de aquella ruta, empecé a andar, completamente aturdida. A tres horas de haber salido de la casa quinta, se detuvo un camión granjero y me ofreció acercarme a la ciudad. Fue una excelente idea porque la tarde empezaba a caer y la noche me encontraría en pleno desierto. A esa altura, necesitaba volver a casa y pensar&#8221;.</p>
<p></em>¡Momento! ¿Estábamos hablando del camión granjero?, ¿aquél con el cómodo cerdito de acompañante? ¡Sí, amigos! Pero me confirmó que ella viajó al lado del conductor, y el cerdito pasó atrás con el resto. Se trataba de la misma granja, los mismos animales, pero no el mismo conductor (¡chica afortunada!). Cambiamos un par de palabras sobre él: un joven apuesto, de espaldas anchas y brazos fuertes, nada intelectual pero a Karen mucho no le importó esa parte dado que estaba tan compungida&#8230; (ella: ¡como una reina! ¿y yo?, ¡como un porcino antes de pasar a la sección de embutidos!). Continuó&#8230;<br />
<em><br />
&#8220;El conductor hizo lo que pudo por llegar rápido a la ciudad.  ¡Él fue un gran consuelo! Le agradecí infinitamente por su contención. Llegué a la ciudad en un estado que nadie me hubiese reconocido: la cara hinchada, tú me has visto en ese estado y sabes de qué te hablo. La ropa sucia, el que me conoce sabe que yo no soy así. Ni mi encargado me reconoció. Bueno&#8230;  estaba profundamente dormido como siempre&#8221;</em>.</p>
<p>¡Y tan convincente me dijo que no sabía nada de ella! ¿Y el vecino tampoco sabía nada? ¿Dónde estaba Karen? Aclaró&#8230;</p>
<p><em>&#8220;El resto de los días no vi el sol. Me encerré en casa. Sólo quería meterme en mi frasco hasta germinar, como decís vos.  Me tiré en la cama y lloré desconsoladamente durante días. No tenía fuerzas para levantarme y, si lo hacía, iba hasta el placard, tomaba su ropa, olía su perfume, me probaba sus suéters y volvía a la cama a llorar con más bronca. Las noches fueron largas, muy largas. Revisaba nuestra caja de recuerdos: cartas, servilletas con &#8220;te quiero&#8221;, pétalos de rosas secas, envoltorios de golosinas, souvenirs de todo tipo, y cada uno representaba dagas en mi corazón&#8221;.</p>
<p></em>¡Ojalá Karen me hubiese contado algo diferente!, pero no. Somos todas iguales en esos momentos. Sin maquillaje que tolere esas lágrimas, sin fuerzas para pensar en nosotras mismas, sin ganas de seguir adelante, sin autoestima (¡¿por qué?!). Entonces, me acordé del Sr. Ocupado&#8230; (¿romanticismo? ¡No!, tengo que tener un banco de suplentes). Karen me contó más&#8230;</p>
<p><em>&#8220;Después de varios días, estaba totalmente abandonada. Hasta que una tarde, no sé cómo ni por qué, mientras me senté a los pies de la cama, vino a mi mente un apellido: ¡Racso! De pronto, recordé que tenía una reunión siempre postergada con él. Recordé que era una oportunidad importante para mí. Recordé mi proyecto y todo lo que había estado haciendo, y parecía que mi mente se aclaraba y mi corazón se sentía menos dolido. Me pare frente al espejo mientras seguía recordando las ganas que tenía de ser una asistente virtual&#8230; y ¡también &#8216;recordé&#8217; que el Dr. Racso era el hombre con el que había encontrado a Axel! y&#8230; ¡RECORDÉ que Axel debía pagar algunas cuentas!!&#8221;.</p>
<p></em>Amigos dicen que &#8220;la venganza es el placer de los dioses&#8221;. ¡Qué lindo se pone esto! Me gusta  más esta cara de Karen y no la otra: la pobrecita. ¡Y yo con el video entre manos! ¡Qué tentación! Mientras yo me relamía pensando en mis futuros titulares, Karen dijo: &#8220;¡Me vengaré!&#8221;.</p>
<p>Estimados, el placer de la venganza ¡pudo! Aún no sacaré el seguro a la granada. Los espero la próxima.<a href="http://www.karenonline.com.ar/la-cronista/"></p>
<p>La Cronista</a>.</p>
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		<title>(16) Repercusiones del video: hipótesis</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jun 2007 21:10:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paola Diaz</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[ Estimados seguidores, ¿cómo están? Ya lejos de mi resfrío, sólo una leve disfonía (muy seductora, por cierto) y un poco de nostalgia por las acogedoras tardes que pasaba escribiendo Karen en mi balcón, vuelvo a uno de mis placeres. Hoy no creo que sea una de esas &#8220;acogedoras&#8221; tardes: ¡mucho frío! (saquen las medias [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Estimados seguidores, ¿cómo están? Ya lejos de mi resfrío, sólo una leve disfonía (muy seductora, por cierto) y un poco de nostalgia por las acogedoras tardes que pasaba escribiendo Karen en mi balcón, vuelvo a uno de mis placeres. Hoy no creo que sea una de esas &#8220;acogedoras&#8221; tardes: ¡mucho frío! (saquen las medias de lana, camiseta de frisa y calzoncillos largos). Como si fuera poco, una ventisca. ¿Qué digo ventisca? ¡Ventarrón! Tanto que unas prendas íntimas mías aterrizaron en el balcón de mi vecino (nada premeditado, ¡jamás!). ¡Miren! Justo mi vecina sale a quitar unas enaguas del tendedero y se está peleando a capa y espada con una sábana que, de no sé dónde, la embolsa de pies a cabeza. ¡Uy!, un par de volteretas a ciegas y ¡cae al suelo, con tendedero y todo! Ok, me abstengo de balconear. Me instalo en el sillón, acerco la laptop, no sin antes, traer una taza de leche tibia con miel, para recuperar mi natural y dulce voz. Ahora sí, les cuento que&#8230;</p>
<p>Aún estoy recuperándome de las confesiones que hizo Abril, a través del video que dejó en la puerta de mi departamento. En tren de confesiones, debo decir que volví a ver el video para atar cabos y desatar otros (no es que no me dé la cabeza pero creo que el shampoo anticaspa nuevo es muy fuerte). Repasemos: Axel y Karen vivían felizmente. En un curso, él conoció a Abril y allí comienza la vida paralela de Axel. Pero ¡ojo!, de esto nunca se enteró Abril (la pobre creía que era la única) hasta que un día Axel se confiesa, le promete que dejará a Karen y que se casará con ella (amigas, sabemos que puede ser mentira pero ¿quién se resiste a esta propuesta?). Nuestro galán cuenta su propia historia: Karen es una loca fabuladora, que se resiste a dejarlo y que lo chantajea con su pasado tórrido. ¿Y qué mejor que sea otro el que se ensucie las manos?, o sea: Abril, que con sus “pases mágicos” (hierbas) iba a sacar del medio a Karen. ¡Clarito como el agua!<br />
Amigos, después de analizar el video, surgieron unas preguntas e intenté sus respuestas:</p>
<p>1- ¿Abril es o se hace? Quiero decir: ¡¿Tan ingenua es Abril como para no haber sospechado absolutamente nada?! Lo mismo aplíquese a Karen. Respuesta: A mí que me gustan tanto los refranes, uno viene a mi mente: “No hay peor ciego que aquél que no quiere ver, ni peor sordo que aquél que no quiere oír”. (¿No me digas amiga, amigo, que alguna vez no fuiste ciego, sordo y mudo?).</p>
<p>2- Cuando Abril se enteró de la doble relación de Axel, ¿cómo toleró quedarse con él y ayudarlo? (¡¿Cómo resistió no cocinarlo a fuego lento hasta convertirlo en una masa amorfa?  ¡perdón!). Respuesta: por aquello de “El amor es ciego”. (¡No consiguió una olla lo suficientemente grande para cocinarlo!).</p>
<p>3- ¿Por qué Axel quería sacar del medio a Karen? ¿Porque ella había descubierto su pasado? ¿O, quizás, porque su pasado era su presente? Respuesta: creo que Axel estaba viviendo muy contento su doble vida, con Abril y Karen. Pero además se entretenía bastante en sus encuentros con el Dr. Racso&#8230; o ¿quién sabe si habría otros Doctores Racso? ¿Quién sabe si su pasado era su presente? La cuestión, creo, era que Axel disfrutaba su vida pensando que reinaba el orden. Un día, Karen lo descubrió y, todo lo construido durante años, cayó. Esto debe haber enojado mucho a Axel. Y le debió dar miedo que sus relaciones sociales y laborales conocieran su verdadera vida. Ante el miedo, decidió atacar: sacó del medio a Karen, antes de que pudiera decir ni “A”. Así, prefirió blanquear su doble vida a Abril y la convenció de su versión, que conocimos en el video. Claro que nunca soñó que se derrumbaría por su propio peso cuando aquella tarde la mismísima Abril lo descubrió con el Dr. (¡Tan vivo que te creías!, ¿no, Dientitos?)</p>
<p>4- ¿Era sincera Abril en su relato? Respuesta: Sí. Mi intuición y experiencia periodística me dicen que los hechos ocurrieron como Abril los contó en el video. Abril, por amor a Axel fue capaz de entenderlo y hasta de ayudarlo. Inevitablemente, la verdad saldría a la luz y le abofeteó la cara de la peor forma. Ahora, la chica rosa pastel ya se habrá instalado en la comunidad de los Radich (y espero que no vuelva para torturarme con sus nuevos remedios vegetales, ¡salvo que haya radicheta antiedad, querida terapeuta!).</p>
<p>5- ¿Qué haría Axel ahora que sus dos chicas sabían la verdad? Respuesta: cuando lo descubrió Karen, hizo un petit viaje con el Dr. Racso a la islas de Caribe (mucho problema no se hizo&#8230; debemos decir). Claro que después le ofreció trabajo y con el Dr. Racso. Ahora entendemos el por qué de generoso gesto. Tal vez quería contentar a Karen de esa manera. No sabemos aún qué pasó con Abril, después de destaparse la olla. Habrá que investigar en esta variable. Creo que no se quedará quieto y que las chicas tampoco, especialmente Karen (¡se lo ruego por mi carrera profesional y mis fieles seguidores!).</p>
<p>6- ¿Cuál será la versión que conoce el Dr. Racso? Respuesta: creo que el muy vivillo estuvo siempre al tanto de todo, es decir: sabía de la existencia de Karen y de Abril, no así sobre el plan de Axel (igualmente, me pongo en campaña para buscar ollas tamaño “baño”). Y, ¿quién dice que las historias paralelas no fueran tres? Me parecería demasiado (aunque Dientitos es ¡un espléndido!).</p>
<p>7- ¿Y Karen? ¿Era conveniente que la pusiera al tanto de todo? Respuesta: aunque le causaría un gran dolor a Karen, más del que ya sintió con la lencería femenina, no me quedaría con este material impresionante en mis manos, por varias razones: a) porque correspondía que Karen conociera la verdad, b) me lo había pedido Abril y yo respeto a mis fuentes de información, y c) ¡PORQUE ERA UN BOOM PARA MI CRÓNICA!</p>
<p>Teniendo la historia un poco más clara y las hipótesis definidas, iría tras Karen. En realidad, quería ir corriendo a mostrarle el video ¡de-mo-le-dor! (y esperar que nuestra asistente virtual “se atacara” como de costumbre). Siempre y cuando la encontrara, ¿no? Probablemente el siguiente eslabón sería Axel. Justo, a tiempo, me sorprendió un llamado. Adivinen. ¡Karen! Pero eso es parte de la próxima entrega.</p>
<p><a href="http://www.karenonline.com.ar/la-cronista/">La Cronista</a>.</p>
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		<title>(15) El video de Abril: ¡la peor confesión!</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jun 2007 21:02:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paola Diaz</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[¡Amigos, todo sobre ruedas! Seguramente habrán experimentado esa sensación de realización al saber que la mayoría de &#8220;tus cosas&#8221; van por el camino correcto. Hace horas llegué de un fin de semana de locura con mis amigas del alma, ¿qué les parece unos días de descanso - y diversión - en las montañas? ¡Sí! Las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¡Amigos, todo sobre ruedas! Seguramente habrán experimentado esa sensación de realización al saber que la mayoría de &#8220;tus cosas&#8221; van por el camino correcto. Hace horas llegué de un fin de semana de locura con mis amigas del alma, ¿qué les parece unos días de descanso - y diversión - en las montañas? ¡Sí! Las tres necesitábamos recluirnos para definir nuestro nuevo negocio: un appart hotel entre las montañas que visitamos. Para continuar, el Sr. Ocupado sigue haciendo buena letra, tanto que habrá que ir pensando en otro apodo; hasta trajo una muda de ropa dado que pasa mucho tiempo en casa (¿eso es bueno o malo?) ¡Fiesta!, el próximo viernes asisto a la fiesta de ex-compañeros del secundario, ¡bellísima época! (mi noviecito del curso irá con mi enemiga del curso, quien además es ¡SU MUJER!). Por otro lado, mamá viene a visitarme en pocos días, ¡hace tanto que no nos vemos! Un detalle: el Sr. Ocupado nunca le cayó muy en gracia (¿todo sobre ruedas?). Pero&#8230; vayamos a lo nuestro: Karen y su paradero.</p>
<p>Si había dos personas que podrían ayudarme, ellos eran Axel y Abril. Pero, ¡¿qué mejor que recurrir a Abril?! La terapeuta era una de las últimas personas que, junto conmigo, había visto a Karen. Lo primero que hice fue buscar en la libreta de direcciones, sin buenos resultados (excepto un par de e-mails que había olvidado: contactos masculinos muy importantes). Luego, en mi agenda electrónica y en mi organizador, ¡¿para qué?! En el anotador de mano, mi diario íntimo, la carpeta de impuestos, la contratapa de mi libro de cabecera, el estuche de mi máscara facial, la caja de fósforos, pero ¡nada! En el bolsillo secreto de mi portafolios, en busca de una tarjeta personal, un papelito, una servilleta de bar, ¡un boleto capicúa!, ¡algo con un dato para encontrar a Abril! Tarde recordé que nunca había tenido un domicilio, teléfono, celular, casilla de correo postal, e-mail o señal de humo de Abril (¡Horror, nuevamente en cero!).</p>
<p>En el momento en el que entraba en una suerte de <em>ataque estilístico</em> (me arranqué un par de extensiones), golpearon a mi puerta. Miré por la mirilla y no había nadie. Por curiosidad periodística abrí y, a mis pies, un sobre tamaño oficio. Miré hacia ambos lados, levanté el sobre y entré a mi departamento rápidamente. Por fuera, un sobre común. Agarré el cortapapeles y lo abrí por el extremo. Y he ahí mi sorpresa: dentro había otro sobre de color ¡rosa pastel! Tal cual como ustedes imaginarán, yo también supuse que era un mensaje de Abril. Confirmado cuando vi el membrete impreso: una tortuga con cofia de enfermera y el slogan “Tortuterapia: el éxito lento pero seguro. Llámame hoy y te llevas una tortuga de regalo” (Esa cara era la de Pepa, no me caben dudas).</p>
<p>Dentro del sobre rosa pastel, una breve nota y ¡un video! La nota literalmente decía: <em>“Estimada cronista: si quieres saber qué será de mi vida, mira el video. Sé que, como profesional que eres, sabrás dar un tratamiento apropiado a su contenido. Casi me olvido: Recuerda tomar tus hierbas varias para mejorar tus problemas de digestión”</em>. Lo último que pensaba era en tomar las famosas hierbas que más que mejorar mi digestión me la empeoraban. Prendí el televisor y la videograbadora y eché a correr tan intrigante material. La primera imagen: Abril sentada en el borde de una cama, de lo que parecía la habitación de una sombría casa. Vestida como de costumbre y con un gesto acongojado, me pidió disculpas por el flor de lío que provocó en la casa-quinta (¡por fin alguien hace un mea culpa!). Después, continuó diciendo:</p>
<p><em>“Querida cronista, seguramente te sorprendiste al recibir este video. Primero, pensé desaparecer de esta macabra historia, donde Karen, Axel y yo somos los desafortunados protagonistas. Pero después, sentí que debía hacer mi descarga, para que se sepa mi verdad. Si tú la das a conocer, ‘te habrás ganado el cielo’. Deseo que sepas que, desde que Axel y yo nos conocimos en aquel curso que te conté,  no nos separamos nunca. Realmente hemos sido muy felices. Todas las personas que nos conocían, decían que formábamos una ‘pareja perfecta’ y que cuándo concretaríamos formalmente nuestra relación. Jamás supe, con una mano en el corazón y otra en mi centro de reflexión Pepa, de la existencia de Karen hasta que un día&#8230;”.</p>
<p></em>¡Momento!, ¡¿hablamos de Pepa la tortuga que yo conocí, que todos conocimos, aquella que huyó de la casa-quinta con mis sombras?! Sí, señoras y señores, la misma que viste y calza estaba en el video, en el regazo de Abril. Amigos, mis ojos no podían creer lo que veían.  Luego, del juramento “sino que la terapia y las santas tortugas me lo demanden”, Abril continuó:</p>
<p><em>“&#8230; hasta que un día Axel me confesó la verdad sobre la relación paralela que había estado llevando con Karen y conmigo, y que dejaría a Karen porque estaba enamorado de mí y quería que nos casáramos. Si bien me sentí traicionada, el amor pudo más. Axel me contó que Karen se había desquiciado con la noticia y que estaba haciendo lo imposible para retenerlo, hasta chantajearlo con develar su pasado de taxiboy bajo el nombre de Arturo, su verdadero nombre; lo que sería fatal para su vida de ejecutivo en ascenso. Axel se sentía totalmente desbordado. Karen se había convertido en una perfecta fabuladora hasta llegó a ‘inventar que había encontrado a Axel con un hombre’. Entonces, creí 100% lo que Axel me decía.  Me propuso que lo ayudara a quitarla del medio. Aprovechando que Karen creía en terapias extraordinarias, haría llegar a sus oídos las maravillas de la tortuterapia, mi especialidad, a través de otra secretaria de la empresa. El resto lo haría yo&#8230; y mis hierbas varias, tal vez le daría algo para que se olvidara de él”</em>.</p>
<p>Amigos, no lo podía creer. ¡El “divino dientitos de perlas” con ese pasado! (todos tenemos uno&#8230; mejor no cuento el mío) ¡y con esa conducta! (¡im-per-do-na-ble!). Jamás hubiese imaginado la perversión de la “divina hadita” (¡miren ustedes! ¿algo para que se olvidara de él? ¡Po-li-cia-les!). En el video, Abril guardó un par de vestiditos rosas, celestes y blancos en su maleta, y prosiguió con su relato&#8230; confesión:</p>
<p><em>&#8220;Como esperábamos, Karen me llamó y comencé a tratarla. Claro que cuando la conocí y tuvimos charlas interminables sobre sus &#8216;los males de su vida&#8217;, Karen era tan convincente en sus declaraciones que, más que desquiciada, me parecía dolida y angustiada, especialmente en el inicio de nuestra relación. Pero Axel siempre supo convencerme de que Karen era manipuladora como pocas personas. Y seguí creyendo y acercándome a ella. Pero un día llegué a mi casa y me pasó A MÍ lo mismo que le había pasado a Karen. ¡Y, no sólo se trataba del mismo Axel, sino también del mismo Dr. Racso! Esa historia de lencería femenina por la que Karen lloraba a mares, y que ¡Axel me había convencido que era una fábula inventada por la pobre Karen!, ¡ERA CIERTA! Me sentí la peor: ¡¿cómo acepté ser parte de esta horrible treta?! ¡PERDÓN, KAREN!”.</p>
<p></em>Estimados, demasiado, ¿no les parece? He quedado a-tó-ni-ta. Y, algo emocionada, reconozco (lágrimas de emoción con el giro que ha dado mi historia, ¡me puede el amarillismo!). Me niego a creer aquello de <em>el amor es ciego</em> pero por la confesión de Abril&#8230; La exhadita, en el final del video, expresa su decisión de unirse a los monjes Radich, místicos sanadores con radicheta; quienes viven en comunidad, alejados de la ciudad y que únicamente bajan para cumplir una misión que los gradúa como Maestros Radich, a los 100 años de edad. Yo necesito un respiro. Me voy de shopping y seguimos. THE END.</p>
<p><a href="http://www.karenonline.com.ar/la-cronista/">La Cronista</a>.</p>
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