<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/" xmlns:blogger="http://schemas.google.com/blogger/2008" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635</atom:id><lastBuildDate>Thu, 19 Dec 2024 03:25:03 +0000</lastBuildDate><category>amor</category><category>recuerdo</category><category>Ficción</category><category>Tiempo</category><category>pasión</category><category>fantasmas</category><category>mariposas</category><category>memoria</category><category>mirada</category><category>olvido</category><category>Claudia</category><category>Complicidad</category><category>Monterroso</category><category>Neruda</category><category>Punto G</category><category>RItual</category><category>Silva-Herzog Márquez</category><category>Una historia para comenzar</category><category>agruras</category><category>cafeína</category><category>circularidad</category><category>constantes</category><category>crisis</category><category>cursi</category><category>desamor</category><category>despedida</category><category>dios</category><category>dolor</category><category>encuestas</category><category>equivocación</category><category>espejo</category><category>esperanza</category><category>fado</category><category>ficción.</category><category>garrapata</category><category>gelatina</category><category>hogar</category><category>humo</category><category>incredulidad</category><category>lejanía</category><category>levedad</category><category>libertad</category><category>mal gusto</category><category>mañana</category><category>mediocridad</category><category>monstruos</category><category>muerte</category><category>nombre</category><category>odio</category><category>paredes</category><category>preguntas</category><category>pérdida</category><category>quimera</category><category>recorrido</category><category>recuerdos</category><category>reversa</category><category>rolitas</category><category>sedición</category><category>sensatez</category><category>servicio militar</category><category>silencio</category><category>sorpresa</category><category>sueños</category><category>tigres</category><category>tristeza</category><category>universo</category><category>volar</category><category>vulgaridad</category><title>La patafísica bizarra</title><description>Impulsado por la liviandad y la ligereza, este blog está dedicado a nada en particular, o quizá si, a una revoltura entre imaginación y frivolidad. En realidad ha sido el producto de una mezcla entre ocio, envidia, ganas por hacerlo y una veneración por la claridad de los cómics para dibujar al mundo.&#xa;&#xa;Nada es serio y todo importa. Eso resume el signo de los tiempos. No se espera que el Blog sea leído o sustituya al Prozac, al sexo o algún sucedáneo pacificador para hacer amena la existencia.</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (El R)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>37</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-3385437738511498762</guid><pubDate>Sat, 05 Jun 2010 04:55:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-06-05T16:33:16.457-05:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">olvido</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">recuerdo</category><title>Así, a veces</title><description>&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;A veces olvido recordarte. Porque si te recuerdo y no te encuentro, no sé si después recordaré que debo olvidarte.&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;A veces me gusta recordarte, porque me río contigo y recuerdo que me hace incompleto olvidarte.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;A veces me río, recuerdo el olvido y de nuevo empiezo a buscarte.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Dónde dejé el olvido, que de nuevo recuerdo que a veces me olvido de olvidarte.&lt;/p&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2010/06/asi-veces.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-3372796476024771333</guid><pubDate>Sun, 09 May 2010 17:18:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-05-10T13:18:56.194-05:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">reversa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Tiempo</category><title>El sweater gris</title><description>&lt;div&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;La verdad es que lo de él no era citar los aforismos o proverbios. Siempre se confundía, y lo peor de todo es que a pesar de saberse un poco incompetente se llenaba de una irresponsable falta de conciencia para proferirlos a la primera provocación. Por ejemplo el asunto de la tal “primera piedra”. Ya no sabía bien a bien si la máxima implicaba que aquellos libres de recuerdos aventaban piedras o si la cosa se trataba de que los que creyeran que no tenían pecados lo hicieran, pero en este último caso ¿cómo habrían de tener pecados si se la pasaban perdiendo el tiempo aventando piedras? Caramba, si ya vivir es lo suficientemente confuso y difícil, eso de andar catalogando los actos como pecados es casi incómodo y puede ser autocomplaciente, pero además agarrarse a pedradas es el colmo. Como sea, el caso es que lo suyo no era la cita textual de los dichos públicos, a veces voluntariamente los cambiaba y otras sólo de forma involuntaria. En todo caso sólo era un síntoma de una memoria que le protegía amorosamente y le cuidaba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;Aunque le parecía un misterio fascinante entender por qué la gente solía recordar cosas distintas a pesar de haber compartido una misma historia o simplemente haber coincidido en un mismo momento o lugar, le intrigaban aún más las posibilidades que los recuerdos asimétricos podían hacer. Era como haber estado y no al mismo tiempo como ejecutante y como público de la trama ¿Por qué no te acuerdas de nada a veces? ¿Se vive mejor así? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;Esa primavera era particularmente calurosa y quizá uno de sus efectos era provocar una reacción cerebral en la que el sobresalto de los recuerdos permitía atenuar el duro golpe del calor con la sombra del recuerdo. Ya sabes, como apagar el fuego con el fuego mismo. De todas las que recordaba, esa era una de las pocas ocasiones en las que, gracias tráfico de la ciudad, había llegado anticipadamente a una cita. Y mientras esperaba bebiendo una cerveza inició un periplo por los caminos de los aforismos hasta que la vio acercarse. Se aproximaba con una sonrisa escandalosamente radiante, ligera, casi reprochable. De esas sonrisas que anuncian la inminencia del desastre, cuando uno entiende que no hay defensa, que ya era tarde para no ver, no estar o continuar circunnavegando en los límites.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;Y como pasa cuando los viajeros se encuentran después de largas jornadas y de haber coincidido en el camino, cruzaron de golpe al pasado de alguna forma, apretando algún botón invisible que él nunca ha tenido o con un conjuro oculto atrás de los gerundios que usó ella, escondidos en su sonrisa o cerca del mesero que permanecía solícito en las proximidades. Y hasta ese momento, el del salto que esa sonriente viajera le regaló, comenzó a comprender que los recuerdos se hacen con los que uno forma, pero también con los que los demás le prestan a uno. El choque no fue menor, el orden del recuerdo siempre lo había creído de atrás hacia adelante, del pasado al presente y de ahí hacía el futuro. Pero la invitación que le hacía ella y su ligereza para reír desordenaba todo ¿Y si también se podían llenar los recuerdos al revés?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;-¿No te acuerdas que estuvimos muy cerca de niños? –Preguntó ella con una destructiva sonrisa que seguramente nunca le ha negado nada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;Y aunque lo que la elegancia dictaba retumbaba en la cabeza de él – di que sí, di que sí, di que sí. La imagen de su sonrisa se escuchaba como los Beatles en &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang=&quot;EN-US&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;I’m looking through you&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;, nunca más útil al verla reír: &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang=&quot;EN-US&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;I´m looking through you, where did you go? I thought I knew you, what did I know? You don’t look different but you have changed. I´m looking through you, you’re not the same!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;- La verdad, vagamente – Pensaba que no hubiera podido olvidar su sonrisa y que no guardaba detalle del balance de su rostro. ¿Qué tan cerca habían estado? No recordaba su cintura, no recordaba que lo hacía reír, no recordaba sus besos, no recordaba sus manos acariciando su rostro ¿Qué tan cerca estaba el recuerdo de ella de ser cierto? ¿Qué tan cerca ella de él?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;- ¿En verdad no te acuerdas? – Preguntaba buscando el flotador en el naufragio de la memoria ajena.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;Su propia sonrisa lo delató, el recuerdo de la adolescencia irrumpía impúdicamente – Maldito calor traicionero&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;-Bueno, sí. Te recuerdo ¿No usabas un sweater gris con el cuello alto? Pudo sonar a broma, pero él en verdad buscaba rápidamente en la desprolija caja de cosas al interior de la cabeza una reliquia indudable que uniera el pasado y el presente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;-¡Claro! Mi sweater gris – Dijo aliviada, aunque el alivio en verdad que fue mutuo ¿Así que en verdad era gris?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;- Seguro te acuerdas porque es el mismo sweater que usé el día que nos tomaron la foto del cole, cuando nos graduábamos. Esa de la que todos tenemos una copia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;En realidad no tuve corazón para decirle que la foto la perdí hace años, en alguno de los centésimos cambios de casa que tuve. Y que el problema de viajar ligero es que a veces no se extraña la añoranza. Salvo en un caso que afortunadamente no fue tema de conversación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;Llegó la noche y durante el resto de la velada reímos aliviados de lo que pudo ser un desastre memorístico digno del olvido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;Al llegar el momento de irse, mientras ella se adelantaba a pedir su camioneta. La vio detenidamente, como cuando inconfesablemente en la adolescencia él la vio por última vez con su sweater gris y pensaba que sería lindo besar a esa chica que usaba un sweater en plena época de calor. Y nunca más supo de ella después. Como impulsado por un resorte, viajó en el tiempo para alcanzarla antes de subir a su camioneta, ella se acercó y él entonces comenzó a formarse un recuerdo de su cintura, del balance de su rostro, del sabor de sus labios, de su mano acariciando su rostro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align:justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:small;&quot;&gt;Quién sabe, si el aforismo implica que aquellos libres de recuerdos arrojen la primera piedra. Él ya tendría una menos que aventar, o por lo menos, no tendría que hacerlo entre los primeros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-family:Calibri, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;line-height: 18px; font-size:small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2010/05/el-sweater-gris.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-4496246485306600571</guid><pubDate>Mon, 03 May 2010 14:48:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-05-04T19:13:37.295-05:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">gelatina</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">recuerdo</category><title>La huella de la gelatina</title><description>&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-family:verdana;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;A veces por la mañana era como estar en medio de ningún lado. Así pasaba a veces, una mezcla extraña entre sentir un vacío y sentir una ligera opresión que se alojaba justo ahí en su recuerdo. Pero ya comenzaba a acostumbrarse, lo mismo sucedía con asombrosa precisión cada vez que la veía, la recordaba o ella huía por las razones que fueran. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que la sentía como un vacío? No sabía, quizá un instante o no. Pero esa era su huella en él.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-family:verdana;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Un pequeño camión con música que anunciaba gelatinas se atravesó en sus cavilaciones. No ha existido un recuerdo más claro de ella que ese camión de gelatinas. ¿Hace cuánto dejó de pasar el camión que vendía gelatinas enfrente de él? No sabía, pero seguro que sólo existió en su vida una fracción cautivante de su infancia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-family:verdana;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Era extraño como se podían mezclar los recuerdos para inventar una plástica memorística más cercana a la gimnasia que a la colección de hechos que lo definían ahora, y que hacían que en la mayor parte de las fotografías en las que él aparecía después de ella, siempre aparecía con una sonrisa lenta, a punto de borrarse. El camión de gelatinas que recorría las calles de la ciudad anunciándose con una música insistentemente circense y apocalípticamente feliz, siempre se detenía. Y se podía omitir, no, se podía perdonar el mal gusto de su anunciada llegada cuando se abría la pequeña puerta lateral. Al ocurrir eso, salían mágicamente las mezclas de aromas más locas que uno pudiera imaginar y no había más, había que acercarse para llenarse de ese espectáculo, para bañarse y contagiarse de eso que fuera. Nunca recordó la desazón cuando se iba el camión que vendía las gelatinas, sólo recordaba su aparición.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style=&quot;line-height: 115%; &quot;&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-family:verdana;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Nunca se preguntó por la ruta del camión de gelatinas y tampoco intentó nunca seguirlo para descubrir el misterio de su aparición. Sólo lo esperaba, como algo irremediable. Como algo que ocurriría de verdad, aunque no fuera cierto más que en él. Así era ella aquellos días, iba y venía, iba y venía. Ya sonaría el móvil, ya aparecería un mensaje suyo, ya volvería a dejar su huella de gelatina. Aunque esta vez quería descubrir sus misterios y dejar atrás la mezcla de vacío y opresión en su recuerdo a la vez.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2010/05/la-huella-de-la-gelatina.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-3409898718091432781</guid><pubDate>Wed, 02 Apr 2008 08:23:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-04-02T02:30:50.398-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">recorrido</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">recuerdos</category><title>Un viaje en el estribo</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Como todo el mundo, a él le gustaba buscar entre los recuerdos. Sí, mira. Es cómo cuando te decides a hacer la limpieza de tu estudio, el cuarto de los trebejos, tu habitación o cualquiera de esas áreas de casa en las que habitan recuerdos, fotografías, documentos empolvados, en fin cosas que uno cree que han perdido utilidad y sentido de contemporaneidad. Por más aplicado y eficiente que uno se proponga el día, al tomar entre las manos esos montones de historias, propias o ajenas, uno siempre queda atado al polvo, a la remembranza, a la refundación de los hechos y, a veces, por qué no, al arrepentimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues sí, a él le gustaba revisar. Le gustaba regresar de vez en cuando en las historias como buscando mejores formas de adaptarse al mundo. No pocas veces se confesaba a sí mismo que limpiar y dejar atrás las cosas que en algún momento le fueron vitales a veces le hacían perder un poco el tiempo, aunque secretamente disfrutaba sus reencuentros. No, definitivamente no buscaba por nostálgico y, aunque le gustaba, no era un macabro propósito premeditado por prolijo. La búsqueda y la lectura de los recuerdos ocurrían aleatoriamente, siempre detonadas por un aroma, un color, un sonido, un sabor. En fin, una circunstancia cualquiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al conducir su automóvil aquella tarde por el extenso &lt;em&gt;campus&lt;/em&gt; central universitario se detuvo en una encrucijada. Aunque tenía varias cosas que hacer, el tiempo parecía estar de su lado. ¿Dirigirse a la izquierda o a la derecha? La vía en la que circulaba era poco transitada, de modo que tuvo tiempo suficiente para pensar en cuál de las dos direcciones conducir. Ambas podrían llevarle, con diferencias paisajísticas notables, al lugar al que deseaba dirigirse. Sin embargo, el golpe sobrevino. Sin poder remediarlo, los recuerdos se incrustaron en su mirada y la calle desierta en la que tendría que circular, en cualquier sentido, se convirtió en la parodia de su propio sentimiento de soledad sin ella. Sin esa silueta que a veces cobraba rostro y a veces se desdibujaba. Que a veces lo abrazaba y cobijaba. Pero otras, simplemente no y sólo se esfumaba como una sombra con la luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente optó por virar a la izquierda. Claro, nunca fue un propósito ideológico aunque conocía la literatura. Era sólo que virar a la derecha era demasiado fácil, era el mismo sentido de la circulación vehicular y el de las manecillas del reloj. Al ponerse en movimiento el auto, como queriendo bajar del mismo aquellos intempestivos recuerdos al tomarlos por sorpresa, se dio cuenta que lo siguieron acompañando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al continuar con su camino se vio enfrascado en una vorágine de recuerdos que se agolparon ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Cómo se había convertido en lo que la gente creía? ¿Cómo había logrado sobrevivir a las frustradas clases de natación, a las diabólicas sesiones de conducción automotriz, a la pérdida de los amigos, a los abandonos, a los adolescentes juegos de adulto, a las acciones generosas, a las irrenunciables mezquindades, a sus propias creencias y convicciones, a las traiciones propias y de terceros, a las agobiantes clases extraordinarias de álgebra, a la fe de los demás? ¿Cómo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el trayecto a casa, mientras conducía, se dibujaba una lánguida sonrisa en su cara. No era que el cinismo lo poseyera. No. Sonreía al pensar que el camino de recuerdos que había recorrido podría ser suficiente para que se autoflagelara  con el volante del auto, pero la sola imagen de un conductor golpeando su cabeza contra el auto en pleno calor tropical le parecía una caricatura dolorosa. ¿O a cuántos hemos visto que lo hagan sólo por recordar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Minutos después de haber iniciado el recorrido, finalmente arribó. Los recuerdos lo siguieron hasta que escuchó su nombre en una voz familiar. El encantamiento de las evocaciones se rompía así, por suerte, para regresar al mundo. Para dejar de viajar al borde de un precipicio con un pie en el estribo, atisbando el desfiladero que lo esperaba pero en el que se negaba a caer.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt; Al cerrar el auto se preguntaba ¿cuántas oportunidades más le daría la vida para volver a empezar y cambiar los recuerdos por nuevas esperanzas? ¿Cuántas veces más tendría que andar en el filo de la navaja con un pie en el estribo? No lo sabía. Pero en ese momento sus únicas certezas fueron que tenía sed y que deseaba besar a la mujer de sus nuevos recuerdos.&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/04/un-viaje-en-el-estribo.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>18</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-4864192156404560477</guid><pubDate>Mon, 31 Mar 2008 18:23:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-31T17:54:15.155-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">incredulidad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">recuerdo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">tristeza</category><title>El peso del recuerdo</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Cuántas veces tendría que repetírselo a sí mismo. No lo sabía. Sin embargo, la voz desde adentro le decía que estaba equivocado por centésima ocasión, que no siempre lo que se ve es lo que es. Que a veces lo que se ve es sólo una extraña representación de uno de los tantos mundos que pueden existir y que de hecho existen, aunque sólo los podamos sentir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella tarde se sentía bien. Ya sabes. Es uno de esos momentos de paz y sosiego que a veces te regala la vida en el que nada te disturba, nada te duele, nada te preocupa y uno se pregunta si por fin se ha encontrado ese remanso que uno cree haber ganado después de tanto andar el camino, de tanto besar y después recoger los besos, de tanto creer y después desdibujarse. Quién sabe si merecidamente, pero eso con la ansiedad no importa, el caso es que era una de esas esporádicas tardes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar a la plaza colindante con el viejo edificio de apartamentos en el que vivía, estacionó el auto y descendió para comprar unos cigarrillos y beber una cerveza en el bar de siempre, había tiempo antes de llegar a casa. Hoy se había desocupado antes y su soledad le aconsejaba gastar un poco de ese tiempo en mezclarse con la gente, hablar de nada, antes que se le olvidara cómo hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la vieja barra del bar, sintió su presencia inminente. Su aroma dulce, indudablemente dulce, empalagosamente dulce. Por fin su deseo de encontrarla de nuevo se cumplía, lo sabía. Ella abrazo su cintura por la espalda, beso su cuello. Él vio reflejada la imagen de ambos en el espejo del bar; juntos, como a veces ocurría cuando ella prometía nunca dejarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajó el tarro de la cerveza, miró el espejo y antes de girar para poder besarla una voz dentro de sí le decía que no volteara, que no todo lo que se ve está. Pero su recuerdo era más fuerte. Intentó besarla y se desplomó. Por centésima ocasión se derrumbaba ante lo que suponía pero se resistía a creer, que hay promesas que la muerte impide cumplir.&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/03/el-peso-del-recuerdo.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>5</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-6997853519331016343</guid><pubDate>Thu, 20 Mar 2008 01:24:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-19T19:40:49.061-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Claudia</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mirada</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">paredes</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">recuerdo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">sedición</category><title>La inmortalidad del cangrejo</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Cuando Claudia llegó para ayudar en lo que pudo, ya era demasiado tarde. A veces le pasaba así. No es que no tuviera voluntad o ganas por hacer las cosas, es que sólo se atrasaba. Pero lo que se llama ganas por ayudar al prójimo, lo que se dice ganas, pues siempre las tenía. En cuanto comité, organización o iniciativa colectiva existía o se fundara, ella siempre estaba presente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche comenzó como cualquiera otra. Sí. Coincidamos en el hecho que las historias que nunca se olvidan siempre aparecen de súbito. Las prefabricadas, las que se urden con estulticia, en el mejor de los casos sólo nos abochornan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varias veces habíamos caminado por esa misma calle, tan señorial y con tanta historia, en realidad nunca supo el nombre, pero de seguro que tenía nombre de héroe nacional ¿De qué otra forma se podría llamar una calle con adoquines y luminarias de hierro del siglo XIX? Después de esperarla para que bajara de su automóvil con toda la parsimonia que la caracterizaba, como si hubiese llegado a tiempo, le pedimos que nos diera la bolsa con las pinturas para poder terminar con las leyendas que adornarían algunas de las paredes de la ciudad a propósito de la asfixia en la que creíamos vivir. Y no es que fuera una sensación solamente, no. Eran días de tormenta y relámpago, días de una prolongada tristeza que nos embalsamaba y nos hacía reír casi nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cinco que tendrían que participar en aquella protesta urbana – clandestina por la noche, incluyendo a Claudia, sabían, o más bien creían saber, que lo que estaban a punto de hacer ponía en tensión la soga, que los acercaba a un pequeño precipicio si los atrapaban. Pero entonces, y parece que aún ahora, creían que valía la pena. Que callar y aceptar las cosas sin decir algo, nunca pudo parecer digno, nunca pudo parecer amoroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así fue. Los rondines policiales estaban perfectamente cronometrados para poder trazar algunas leyendas y tener tiempo suficiente para escapar sin ningún problema con los gendarmes. Ninguno había pensado en eso mientras se distribuían las latas de aerosol. La adrenalina al tope, los corazones se escuchaban latir por las paredes de aquella calle de la Ciudad de México. Claudia se había retrasado, pero finalmente había llegado.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;Así comenzaron una noche a escribir juntos. No era papel, eran paredes. No eran historias, eran ellos mismos. De aquella noche memorable, cuatro enajenados alcanzaron a escribir en diferentes muros:&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Al pueblo de México. El Presidente no es mi hijo, me apena. Atentamente. La gran puta”&lt;br /&gt;“Se vende país entero o por partes…interesados comunicarse al congreso”&lt;br /&gt;“Yo pisaré las calles nuevamente…sin pedir permiso y abrazado a su cintura”&lt;br /&gt;“Mi unicornio azul en verdad no se perdió…fue deportado al Usumacinta”&lt;br /&gt;“Sotana o condón: revolución”&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Claudia, la enorme Claudia, la recordada Claudia, la cosmopolita Claudia, la independiente Claudia, ella usó una pared para escribir:&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Morir, sólo se permite por amor”&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando lo leímos, no entendimos entonces. Antonio alcanzó a decir “o por atropellamiento”, antes que las sirenas de las patrullas nos alcanzaran. En el intento por huir, ella se quedó aterrada y paralizada. La sola imagen de Teresa, su mamá, y de las Hermanas del Perpetuo Socorro, que dirigían la escuela evidentemente confesional a la que asistía, le impidieron huir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La policía nos detuvo porque ella no pudo correr, aún ahora no lo hace. Ella siempre creyó que a algunos nos habían atrapado aquella noche por solidaridad con ella. En realidad, a los que leímos su consigna callejera nos atraparon porque comenzamos a creer esa noche que ella tenía razón y no pudimos dejar de mirar la pared que garabateó. Cuando llegamos a la prefectura de policía acusados de “sedición social” pidieron los documentos de identidad y se llenaron los expedientes. Los cinco, parados contra un muro en el que nos tomaban fotografías, tuvimos que responder varias preguntas. Al llegar el turno de ella, que mantenía la mirada perdida en algún lugar, y preguntársele la ocupación; Claudia, con una aterradora voz ausente que combinaba con su mirada, sólo dijo: &lt;em&gt;“Aprendiz de cangrejo inmortal”&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie rió cuando lo dijo aquella noche. Su inusual palidez nos lo impidió. Su voz había cambiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varios meses después, cuando fueron liberados y según el juez readaptados, regresaron a aquella misma calle y pusieron una plaquita de metal en la pared en la que ella había escrito aquella leyenda que los acompañaría por siempre. La placa decía: &lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Aquí unos locos acompañaron una noche a la descubridora de la Inmortalidad del Cangrejo. Que así sea por siempre”&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca volvimos a pasar por allí juntos. Pero hasta dónde sabemos, después de varios años, allí sigue todavía la placa. Y claro, aún existe esa noche de la que no podemos correr.&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/03/la-inmortalidad-del-cangrejo.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>7</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-6112598552859431565</guid><pubDate>Sat, 15 Mar 2008 17:36:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-15T11:39:46.199-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mariposas</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">quimera</category><title>La condena de las mariposas</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Las mariposas siempre le habían parecido un misterio. Primero orugas, después frágiles hojas voladoras. ¿Cómo es que podían acabar en el interior de la gente? No entendía y lo peor, él creía que nunca lo entendería. La última vez que pensó en ello fue cuando una sombra sólo dijo “ya no siento mariposas contigo”.&lt;br /&gt;¿Por dónde se le podían meter a la gente? ¿Cómo podían vivir allí dentro? ¿Tendría que buscar incesantemente mariposas? ¿Y si las orugas se transformaban en mariposas, era inevitable que éstas se convirtieran en recuerdo y en dolor?&lt;br /&gt;El teléfono móvil sonaba y las mariposas elevaron el vuelo. Él tomó la llamada, sonrío. Le dijo te amo y le pidió a ella inventar un conjuro para que lo liberara de la muerte de las mariposas, de su condena. Que no quería más mariposas, no más mariposas. A lo mejor sólo había que decirlo, a lo mejor sólo había que pedirlo para poder morir junto a ella sin ser oruga, mariposa o quimera.&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/03/la-condena-de-las-mariposas.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>10</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-5448797796366539</guid><pubDate>Thu, 13 Mar 2008 04:41:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-13T09:49:07.391-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">fantasmas</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">levedad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">pasión</category><title>La mesa de las sombras</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;strong&gt;Uno&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Cuando la tarde caía su instinto les convocaba a encontrarse. Ya sabes, es como si a través de una regla oculta, de un código no dicho, uno supiera que ahí estarían los cuatro. Cómo habían llegado a desarrollar ese código, en realidad no lo sabía. Fue sucediendo de la manera en la que ocurren las cosas simples de todos los días que después se vuelven complicadas de explicar.&lt;br /&gt;Al cruzar la plaza para llegar al café que los albergaba como una plaga urbana, la adrenalina se desataba. Intuitivamente sabíamos por separado que algo ocurriría, alguien propondría y amorosamente era una convocatoria para continuar nuestra complicidad.&lt;br /&gt;La mesa del café que daba a la plaza, bajo la sombra de los ancestrales árboles coloniales, aunque posiblemente anteriores a ella, era el escenario de un encuentro que nunca se sabría hacía dónde los conduciría. No es que no supieran hacía dónde querían ir cada uno. Claro que lo sabían. No sabían las aventuras en las que se enfrascarían colectivamente, porque claro, había que poner en tensión la soga. Había que llevar al límite las excusas. Había que descubrir el mundo con los ojos propios y no en la piel ajena. Tenían la certeza que el mundo, los mundos, no eran los que habían aprendido y en los que se sentían tan incómodos.&lt;br /&gt;Fueron tardes como cualquiera, en la que alrededor de esa mesa los cuatro se multiplicaron y pasaron a ser más. Fue la mesa de los debates acerca del amor, la muerte y las inolvidables mujeres.&lt;br /&gt;Fue la mesa en la que sin quererlo, construimos una larga lista de complicidades que supongo que aún nos duelen, ¿o no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Dos&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Sin decirlo, se decidió el lugar para nuestras reuniones consuetudinarias sólo asistiendo al encuentro, después del periplo que nos enfrascó en varios años de una vida azarosa. Bueno, supongo que ese es el peligro de creer en lo que uno piensa, al menos a veces.&lt;br /&gt;Una tarde, después de varias botellas de Tanat Roble, Antonio se levantó para decir que el amor era para las mascotas, para los hombres era la pasión. Recordarlo, siempre fue triste, aunque igualmente tentador.&lt;br /&gt;No sólo la pasión, o la interpretación que de ella hacían, se convertiría en el eje de las complicidades que llevaban a cabo, se volvió un estilo de vida o un estilo de muerte. También la ligereza y la insignificancia en la levedad eran parte de un juego que acabaría por extinguirlos. Con Calvino y Kundera, con Kundera y Calvino, entonces no había otra forma de intentar existir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Tres&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;¿Quién te recordará? ¿Quién se acordará de nosotros? ¿Por qué lo harían? Esas preguntas se habían discutido aquella tarde en la mesa del café, antes de decidir viajar al mar. No encontramos entonces una respuesta, ésta llegó sola cuando el auto patinó por la autopista.&lt;br /&gt;El reporte del servicio forense identificó cuatro cuerpos. La causa del accidente fue imputada al conductor. Nunca nos satisfizo el dictamen. Aún hoy, al reunirnos en la mesa de aquel café, discutimos y nos reímos, los cuatro estuvimos de acuerdo…en irnos al mismo tiempo.&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/03/la-mesa-de-las-sombras.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>6</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-3923412959684884596</guid><pubDate>Tue, 11 Mar 2008 16:11:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-11T10:16:10.326-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">fado</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">lejanía</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">recuerdo</category><title>Um fado com você</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Fue al abrazar tu cintura que todo entendí. Tu piel me anunciaba el frío sin ti. Volteaba, buscaba, andaba, soñaba. Pero no te vi.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Un fado en la orilla del río y un tinto en la noche brumosa, de nuevo me hicieron volver a morir junto a ti.&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/03/um-fado-com-voc.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>8</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-3971650853356457790</guid><pubDate>Tue, 11 Mar 2008 03:10:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-10T21:14:30.860-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">despedida</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">esperanza</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">hogar</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">volar</category><title>El aeropuerto</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Siempre le quedaba la idea de la falta de tiempo de su lado cuando llegaba al aeropuerto. En cualquiera, no importaba cuál. Juárez en la Ciudad de México, Ezeiza en Buenos Aires, Barajas en Madrid, Schipoll en Amsterdam, Fiumicino en Roma, De Gaulle en Paris. No importaba cuál. La sensación lo invadía como una sombra que asciende lentamente desde los pies hasta la cabeza, lenta pero inexorablemente. La sensación era breve, era siempre un aroma a despedida. Sí, los aeropuertos son las más de las veces un lugar para despedirse.&lt;br /&gt;A veces despedirse es necesario, él lo sabía bien. Despedirse de lo que uno deja atrás, de lo que uno fue en algún instante, de los recuerdos que uno se lleva y que los demás nunca reclaman. El aeropuerto es así. La gente corre y va siempre de prisa con caras de ansiedad, por el retraso, por las despedidas, por los arribos, por lo que vendrá.&lt;br /&gt;De pequeño le encantaba ir al aeropuerto para ver el despegue de los aviones. Le maravillaba ver a los aeroplanos tomar la pista, adquirir velocidad y de repente levantarse. Ver que se elevaba el poder del ingenio humano por los cielos y llevaba a la gente a tierras lejanas, a nuevas historias, seguramente a grandes aventuras. Él quería estar ahí y volar para ir allá, a dónde fuera que volaran esas máquinas.&lt;br /&gt;Ahora estaba sentado nuevamente en la sala de espera de un aeropuerto. Había crecido, había volado, había aprendido a ir por el mundo en un avión. Había crecido creyendo que los aviones lo transportarían al lugar que le correspondería en la vida, a casa. No tenía la certeza aún de haber encontrado ese lugar. Sin embargo, la voz en los altoparlantes del aeropuerto aquella madrugada le recordaba que sí, que siempre lo había tenido. Que Carroll tenía razón al haber escrito: &lt;em&gt;Home is where the heart is&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;De repente, el aeropuerto se volvió un lugar para el viaje de las esperanzas. Sólo eso. Pero para él, era más que suficiente.&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/03/el-aeropuerto.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-8344637806391446193</guid><pubDate>Thu, 28 Feb 2008 03:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-28T00:40:45.921-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">constantes</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">preguntas</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">sensatez</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">universo</category><title>A ojo de lombriz</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Sí, es posible que para un entomólogo la idea no sólo sea descabellada sino hasta estúpida. Sin embargo, reconozcamos que la idea de ser un buscador es atractiva aunque lo pueda llevar a uno al enloquecimiento. Cuando se busca, no hay mejor manera que hacerlo a ojo de lombriz.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;De las lombrices sabemos poco. Bueno, podría decir cualquiera, depende del tipo de lombriz. Existen las de lombricultura, las rojas californianas, las europeas &lt;em&gt;me-da-igual-el-tipo&lt;/em&gt;, y seguramente otra gran variedad. Pero el hecho, es que buscar a ojo de lombriz puede ser una afición poco considerada con la gente o con uno mismo. Sí, aunque la zoología diga que las lombrices no tienen ojos.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;Con la velocidad que sólo regala el haber ejecutado muchas veces el mismo acto, el hombre sentado junto a mí en el autobús urbano sacó de la bolsa interior de su chaqueta el librillo de sus notas que lo clasifica como un &lt;em&gt;earthworm&lt;/em&gt;. Aquellas eran el testimonio de una vida dedicada a escudriñar a ojo de lombriz, pero también eran su propio testimonio de haber vivido.&lt;br /&gt;Casi como un equivalente de alguna constante física, al más puro estilo de la velocidad de la luz o la constante de la gravitación universal en sus notas se podían leer preguntas, ninguna respuesta, sólo preguntas. Es curioso que al llegar a las páginas de los &lt;em&gt;por qué&lt;/em&gt;, en la primera página para dividir las secciones se encontrara un símbolo:&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;center&quot;&gt;ħ&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Y después había escrito sólo cinco preguntas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por qué todas las mujeres se creen que son gordas.&lt;br /&gt;-Por qué en las bolsas de las mujeres no se encuentra nunca nada cuando se le necesita.&lt;br /&gt;-Por qué las mujeres lavan en la regadera los calzones, las tangas o los boxers.&lt;br /&gt;-Por qué las mujeres son tan modernas y tan conservadoras al mismo tiempo en un contemporáneo cóctel &lt;em&gt;psicotizador&lt;/em&gt; (sic).&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;-Por qué las mujeres duelen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las preguntas rondaban en su cabeza y le golpeaban con brutalidad. Eran muy cercanas a su propio…a su propio recorrido de autobús. Se grabó, cómo sólo se puede hacer al copiar en un examen, no sólo las preguntas, pero también el símbolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afortunadamente para la columna vertebral y las compañías aseguradoras los viajes en el sistema de transporte urbano no son infinitos, aunque en el verano pareciera que sí. Tan pronto bajé del autobús busqué a ojo de lombriz el símbolo, hasta por fin hallarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;El símbolo era una letra griega &lt;em&gt;Eta modificada&lt;/em&gt;, que se usaba para referirse a constantes físicas. Ya sabes, a magnitudes invariables en el tiempo. Pero esta tenía una característica especial estaba atravesada por una línea en la parte superior. De modo que no podía ser la &lt;em&gt;Constante de Planck&lt;/em&gt;. La idea de la existencia filosófica de las constantes físicas empezaba a rondar en su cabeza como algo que parecía importante. Si las constantes no lo fuesen, entonces el universo tendría que ser radicalmente diferente y nosotros también, por supuesto.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Al buscar, de la única manera que creía que debería buscarse entre las cosas, encontró que el símbolo &lt;em&gt;Eta modificado&lt;/em&gt; que aparecía en el librillo de aquél extraño pasajero, era una representación de la &lt;em&gt;Constante de Dirac&lt;/em&gt; y que su implicación tenía que ver con el hecho que las constantes cambian conforme el universo envejece. ¿O sea qué, las preguntas que se hacía aquél hombrecillo y en las que él mismo había comenzado a creer al viajar juntos, tendrían menor importancia conforme envejeciera el universo? A veces buscar a ojo de lombriz puede ser insensato, pero si Dirac tenía razón, entonces en algún universo las mujeres no creerían que son gordas, siempre se encontraría todo lo necesario en cada bolso femenino, los calzones no quedarían colgados en la regadera, los cócteles emocionales serían bebibles y las mujeres no dolerían…nunca.&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/02/ojo-de-lombriz.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>15</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-4790882175858427659</guid><pubDate>Tue, 26 Feb 2008 03:54:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-25T22:37:06.619-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cursi</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">garrapata</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">recuerdo</category><title>Microbiología sorpresiva</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;No quiero ser injusto. Pero te busqué y te busqué por mucho tiempo. Sin esperar nada, una tarde decidí ir al diccionario: &quot; ...dícese de ácaros de varias patas que chupan la sangre de sus huéspedes...&quot; Mira nada más, fuiste una garrapata y me enteré después. Qué bueno que por fin te encontré. Quién iba a decir dónde lo haría.&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/02/microbiologa-sorpresiva.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-6003808821980954382</guid><pubDate>Sat, 23 Feb 2008 02:38:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-22T20:41:09.396-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">espejo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mirada</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">sorpresa</category><title>El ritual de la acuarela</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;A veces me gusta verla, sólo verla.&lt;br /&gt;En la mañana, siempre tiene prisa. Pero siempre hay tiempo para salir al mundo con los colores de la brisa. Se dibuja con delineador los ojos y después acostumbra colorear con sombras mis torpezas.&lt;br /&gt;Ella no me ve. Apenas hay espacio para ella en ese pequeño lienzo que dibuja. Pero me gusta verla, sólo verla. Como si pudiera recargarme sobre su hombro al inventarse todo el tiempo los matices que la acechan.&lt;br /&gt;Ella cree que elige los colores que la cubren de acuerdo con su ropa o su destreza.&lt;br /&gt;Un rosa&lt;br /&gt;Un café&lt;br /&gt;Un azul&lt;br /&gt;Un turquesa&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;A mí me gusta verla, sólo verla.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;La miro y no sé cómo, entiendo que el color que elige siempre está a tono con su risa y mi sorpresa&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/02/el-ritual-de-la-acuarela.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-4934457112534566624</guid><pubDate>Mon, 18 Feb 2008 20:01:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-18T14:04:14.288-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">desamor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">equivocación</category><title>La aritmética telefónica</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Al llegar al apartamento, obscuro, solitario y silencioso, encendió como siempre la máquina de los mensajes telefónicos.&lt;br /&gt;-         &quot;… eres un cabrón, no sólo te acostaste con mi amiga, sino en mi propia cama…&quot;&lt;br /&gt;Borró el mensaje y se quedó pensando que sí, que era un cabrón.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Lástima que ese no fuera su número de teléfono, ahora el destinatario del enojo de esa mujer no sabría por su propia voz que era un cabrón. Y por las lágrimas que dejó en la máquina de mensajes, parece que si lo era.&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/02/la-aritmtica-telefnica.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>10</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-9170875350277574165</guid><pubDate>Sat, 16 Feb 2008 19:34:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-16T13:39:52.153-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">ficción.</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">humo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">recuerdo</category><title>Un cigarrillo contigo</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Se sentó y encendió un cigarrillo. El humo hacía espirales, subía lento. El recuerdo de ella lo atrapó y sin saber cómo, él también se volvía humo y subía lento. Lento, lento.&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/02/un-cigarrilo-contigo.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>6</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-7424198611062865110</guid><pubDate>Sat, 16 Feb 2008 00:54:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-15T18:59:50.706-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">dolor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">recuerdo</category><title>Las visitas de la noche</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Antes de besarla y abrazarla como siempre hacía al llegar, escuchó su voz fatigada y profundamente triste decir al teléfono que no podía vivir más con su fantasma porque le dolía. Apenas lo pronunció, él desapareció.&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/02/las-visitas-de-la-noche.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>5</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-3772154287801015614</guid><pubDate>Thu, 14 Feb 2008 17:25:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-14T12:09:01.917-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mal gusto</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mediocridad</category><title>Un día de tantos, un día de santos.</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Siempre tuvo sus dudas, pero con el tiempo lo confirmaba. San Valentín, San Valientín, San Viagrentin, San Braguetín, San Briagotín. Un nombre se convertía en interminables filas en bares, restaurantes y hoteles.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Cualquier pretexto era bueno sin importar su origen. Pero qué devoción a la mediocridad sólo poder celebrar un día.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Con ese nombre, nadie pudo ser santo. Con un sólo día, ninguno aspirar a tanto.&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/02/un-da-de-tantos-un-da-de-santos.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-9016757091296843550</guid><pubDate>Tue, 12 Feb 2008 18:52:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-12T13:20:24.858-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">fantasmas</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">memoria</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">monstruos</category><title>Los monstruos, los fantasmas y tú</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Desde siempre le dijeron que los monstruos no existían. Pero entonces qué explicaba que de niño se cubriera la cara con el edredón cuando los escuchaba. Qué explicaba que al crecer los saludara y los cuidara abajo de la cama.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Desde siempre le dijeron que los fantasmas no existían. Pero entonces qué explicaba la sensación de compañía cuando caminaba o leía. Qué explicaba el que los resguardara en el closet para que estuvieran tibios y no lo abandonaran.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Desde siempre le dijeron que el amor no existía. Pero entonces qué explicaba que tus besos los sentía. Dónde pondré tus labios y tu risa ¿abajo de la cama, en el closet o sólo en mi memoria?&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt; &lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/02/los-monstruos-los-fantasmas-y-t.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>6</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-343902759314511935</guid><pubDate>Sun, 10 Feb 2008 08:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-11T02:23:25.074-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">muerte</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">odio</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">vulgaridad</category><title>Crónica de muerte, vulgaridad y odio</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Era normalmente en las noches que lo perseguían las obsesiones. No era que durante el día no lo acecharan pero eran menos visibles a la luz del día. Como los fantasmas, figuraciones translucidas que con la luz diurna no es que desaparecieran sino sólo que no se veían. Así le pasaba a él con frecuencia, eran las noches el escenario propicio para que irrumpieran las cavilaciones, las dudas y las preguntas obscenas de la vida, como la muerte, la vulgaridad o el odio .&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Durante esa misma noche había decidido que no convocaría más a los fantasmas que le agobiaban. Ja, ja. Como si hubiese tenido la opción de comandar y decidir el control sobre sus culpas y sus terrores. Pero él lo creía y actuaba como tal.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Pensaba que ocupando su cabeza al revisar la internet podría escapar a sus tribulaciones secretas, las que sólo él conocía, las que guardaba para sí y que explicaban por qué él era como era. Las que hablaban de dónde venía y cuál sería el camino más probable que tomaría para adelante. Pero la sorpresa y la internet se encargaron de derrumbar la certeza de su autocontrol y del dominio sobre sus fantasmas.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Revisando las páginas personales de internet durante el jueves de aquella semana descubría un mundo de fantasmas que le recordaban a los propios. Las frustrantes listas de amantes imaginarios que se han tenido, la página de un cibernético poeta chileno recientemente muerto y extrañado, las fotografías de cuerpos soezmente desnudos, la emergencia de una insurgencia contracultural de género más próxima a la &lt;em&gt;generofobia&lt;/em&gt; (sic) que a la emancipación del violento atavismo. Al final de cuentas sus fantasmas resurgían. La muerte, la vulgaridad y el odio...&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Durante el día del viernes siguiente a su viaje por internet, mientras conducía su automóvil por aquella congestionada vía del sur de la Ciudad de México, observó que la empresa de servicios funerarios instalada al lado derecho de la calle tenía un embotellamiento en su propio estacionamiento. Razón por la cual el tránsito vehicular se hacía lento en la calle. Casi como si fuera una estrategia de marketing deliberado, en la que se obligaba a que todo peaton o conductor, en resumidas cuentas clientes potenciales, para que voltearan a ver el lugar.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;- ¿Qué sucede en esta ciudad? ¿Por qué las funerarias son ostentosamente más concurridas en viernes y sábados que en otros días de la semana? ¿Acaso es la oportunidad para que la gente de las oficinas no regrese a sus trabajos después de derramar un poco de solidaridad con los deudos de alguien? ¿Acaso la muerte se apiada para no interrumpir las jornadas laborales y acontecer en el momento que la gente tiene un poco de tiempo libre?&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Su propia experiencia con la muerte de su padre le había obligado a observar neuróticamente las funerarias en fines de semana. Creía haber descubierto una regla empírica de carácter nacional &lt;em&gt;los viernes y los sábados se muere más gente&lt;/em&gt;. Y, bueno, morirse en fin de semana en el tercer mundo puede ser un problema burocrático importante. Por eso, una vez que él había hecho consciente su propia muerte, había decidido morirse en domingo. Varias eran las razones para eso, la primera es que el domingo era un día que le resultaba agobiante, un día triste. En un sentido, su decisión era como elegir una corbata con el traje y los zapatos que usaría cualquier día, es decir, un acto de buen gusto, de combinación. Por supuesto, también influía en su decisión el hecho pragmático de encontrar lugar en una funeraria.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Pero la muerte tiene algo de incierta. Una parte de ésta tiene que ver con las tribulaciones de los deudos, los trámites civiles y religiosos según sea el caso. Y otra parte tiene que ver con la memoria y el reconocimiento de una vida, paradójico ¿no? Siempre se pregunta uno ¿quién recordará su nombre después de muerto? ¿quién podrá pronunciar bien su nombre y de corrido? ¿quién podrá derramar una lágrima verdadera? ¿quién lo extrañará y por cuánto tiempo?&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Conducir a un costado de la funeraria le recordaba, sin embargo, que existe más de una forma de muerte. Una es la extinción brutal, absoluta y definitiva de la vida. Inexorable e inevitable. Pero otras eran las menos físicas y más emocionales. Las pequeñas muertes cotidianas en las parejas, en los amigos, en los trabajos, en uno mismo. Las despedidas continuas y recurrentes que hacemos siempre de nuestros afectos y nuestros detractores. Y para esas no había un ritual que aminorase la angustia, tampoco un lugar al que se pudieran llevar a los muertos. El tanatorio ocurría dentro de uno mismo y las preguntas aunque paradójicas eran ¿por cuánto tiempo más podrían vivir allí esos muertos? ¿A cuántos más podríamos llevar a cuestas? ¿A cuántos por las mismas causas? ¿A cuántos por nuestra responsabilidad? ¿A cuántos por eutanasia? ¿A cuántos por suicidio? ¿A cuántos por casualidad? Todas dolorosas.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Es la muerte una continua y recurrente advertencia de la vida, que confronta a quienes la tocan, la tientan, la han susurrado. Que lleva a pensar a más de uno que el miedo a la muerte, no es más que el miedo a vivir. Vivir una vida, vivir enamorado, vivir con amigos, vivir solo, vivir con elegancia, vivir cachondamente, vivir con los abrazos, vivir con el prozac.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;El desquiciante tráfico urbano del mediodía y cercano al fin de semana, bajo un sol invernalmente tropical, le hacían pensar extrañezas singulares. Las diferentes formas de muerte, que no de causar la muerte, le habían hecho considerar durante su trayecto para encontrarse con su amigo en la cita que mantenían desde varios años antes en la misma cantina; que quizá fuera posible encontrar una forma para medir las diferentes formas de morir. La medición cardinal como una respuesta exosomática para el diagnóstico de las muertes ¿se muere mucho o se muere poquito? Quién sabe, a lo mejor los griegos siempre tuvieron la razón: la gloria y la inmortalidad, los nombres por siempre, estaban reservados sólo a los héroes o a los dioses.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;El arribo a la cantina que generosamente tenían como un refugio para la complicidad y los juegos de una adolescencia que coexistía en ellos a pesar que había pasado mucho tiempo antes, detuvo su cínica búsqueda de una medida invariable del dolor, sin importar la despedida ¿quién sufre más el que se queda o el que se va? Era el tiempo de beber una generosa ronda de tequilas y cervezas, de otras preguntas, de otra vida, de otro recuerdo y de una nueva despedida.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;strong&gt;II&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;La llegada a la cantina no estuvo exenta de un recuerdo memorable. Para empezar casi no parecía una cantina, los parroquianos en realidad estaban conformados por personajes perfumados, mujeres hermosas conductoras de televisión, intelectuales prominentes, ciudadanos decentes con sus secretarias y sólo una que otra cínica oveja descarriada con legítima apetencia por un trago, sin afán de publicidad.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;A su arribo, un despliegue policial desproporcionado llamada la atención. Mientras su amigo lo recibía con la sonrisa de siempre en los portales de la cantina, tres mesas a la izquierda una mujer, adecuadamente borracha, cantaba con un desafinado trío alguna canción de las que te parten el corazón sólo al alcanzar el nirvana de Gay - Lussac. La policía había sido llamada por los meseros de la cantina debido a que el acompañante de la espóntanea intérprete desconocida quería, tal y como se diría en una cantina, partirle la madre a un mesero.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Previo a su llegada a la cantina, una pareja de parroquianos bebían en una de las mesas de la esquina de la cantina. La abundancia de alcohol mantuvo una relación inversamente proporcional con la inhibición del hombre y la mujer que ocupaban esa mesa. Conforme los tragos pasaron, también comenzaron a transcurrir las circunstancias que habrían de convertirse en la justificación de la presencia de la policía. La mujer, alentada por su acompañante, decidió pasar de sólo beber a tener una versión más proactiva de su propia intoxicación y decidió cantar. Y de cantar pasó a comenzar a encuerarse en plena cantina.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Vale la pena decir que no tengo una idea exacta de qué implica encuerarse cuando el atuendo es microscópico, pero el caso es que ella comenzó a desprenderse de su minúsculo atuendo. Cuando ello ocurrió un mesero se acercó a pedirle que por favor no lo hiciera. El acompañante le dijo que ella tenía derecho a hacer lo que quisiera y corrió al mesero. La aparente tensa normalidad se rompió cuando el mismo mesero regresó a servir a una mesa adyacente a la de la desinhibida pareja y dijo con una voz suficientemente deliberada e indiscreta que la mujer era vulgar. Aquello encendió el ánimo del acompañante masculino para querer golpear al mesero que fue escondido por sus compañeros. Mismos que llamaron a la policía y acusaron al sujeto de marras de portar un arma.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Al llegar la policía, comenzó una averiguación acerca de la existencia del arma y examinar las condiciones del alboroto dentro de la cantina. Mientras tanto, la mujer había decidido de manera autista cantar con el trío. Su chillona voz acompañó la discusión de cantina que mantenían en otra mesa un par de viejos amigos que se reencontraban nuevamente después de mucho tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Con la certeza de conocer las obsesiones de su amigo recién llegado, Antonio preguntó:&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;- ¿Cómo has estado viejo? ¿Cuáles son las cosas que has decidido cargar y pensar en todo el tiempo que no nos hemos visto?&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;- En realidad son las mismas de siempre. Pero he descubierto en la internet, en las páginas personales de mucha gente, la mayoría de ellas mujeres, la metáfora de la reivindicación del cambio en el perfil de la feminidad como un signo de modernidad cosmopolita que me ha llamado la atención.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Antonio sabía, y lo peor, estaba preparado, para escuchar y debatir divertidamente a su interlocutor.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;- He descubierto que una parte de la transición en el perfil de la feminidad sin duda tiene que ver con el empoderamiento decisorio y su expresión sexual y erótica, pero también que se omite que esa misma transformación está siendo acompañada por un desplazamiento cultural en la masculinidad.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;- ¿En qué sentido?&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;- Bueno, me parece que el viejo &lt;em&gt;clicé&lt;/em&gt; de la vulgaridad y el mal gusto como ámbitos de potestad masculina, también se convierten ahora en parte del mundo de las mujeres. Ningún cambio está exento de vacíos que se llenen, aunque sea involuntariamente. Los cambios y las muertes siempre duelen.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;El tequila y la cerveza continuaron fluyendo en su encuentro, las obsesiones se fueron mimetizando con el frío aire de la calle al obscurecer. Afuera, la gente se aprestaba a marcharse a sus casas. Adentro, en la cantina, dos viejos amigos se disponían ahora a discutir el amor y el desamor, el valor creador del amor y el poder destructivo de su versión igualmente colosal...el odio.&lt;/div&gt;</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/02/crnica-de-muerte-vulgaridad-y-odio.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-3233088622358361991</guid><pubDate>Thu, 07 Feb 2008 09:35:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-07T03:43:52.324-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Neruda</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">silencio</category><title>Poemínimo 15</title><description>Me gusta cuando callas,&lt;br /&gt;porque puedo escucharte.</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/02/poemnimo-15.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-6023000330362452415</guid><pubDate>Thu, 07 Feb 2008 09:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-07T03:41:30.163-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">nombre</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">olvido</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">recuerdo</category><title>La dolorosa confesión del recuerdo</title><description>Te lo juro. Ya no llores más, no es que no sepa tu nombre. No lo digo, para atesorarte. No lo digo, para no olvidarte.</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/02/confieso-que-no-olvido.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-3154779771935695984</guid><pubDate>Wed, 06 Feb 2008 17:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-06T12:04:04.743-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cafeína</category><title>Una impúdica verdad de tantas</title><description>Siempre tuvo razón. Secretamente ella lo había descubierto antes no sé cómo. Yo pensaba que era insomne por amor. Ella le llamaba cafeína. Después de su partida nunca la volvió a ver, sólo la pudo beber.</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/02/una-impdica-verdad-de-tantas.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>8</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-7380727172157526121</guid><pubDate>Wed, 06 Feb 2008 01:13:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-05T19:14:58.807-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">agruras</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mariposas</category><title>La irreparable verdad</title><description>Es cierto, reconozcámoslo. El amor causa agruras, no mariposas.</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/02/la-irreparable-verdad.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>5</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-426561365990426616</guid><pubDate>Tue, 05 Feb 2008 17:35:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-05T23:13:55.281-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">circularidad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">dios</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">pasión</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Tiempo</category><title>La trampa del tiempo</title><description>Siempre había creído que sus excesos eran una manifestación del mundo que habitaba. Como si no dormir por pensarse e inventarse, el beber un buen Tanat Roble y embelesarse con el cuerpo de ella fueran sólo la manifestación de la vida, de su vida, de sus vidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera en la calle, el frío le recordaba que el invierno no había pasado aún. Pero estaba bien. Esperarla era parte del tiempo que le gustaba regalarle al acompañarla de regreso a casa . No importaba si estaba en el trabajo o tenía que hacer algún trámite, siempre la acompañaba. Claro, no siempre era una presencia física de esas que cargan el equipaje de la mujer que se ama. No. A veces era sólo una evocación de compañía al recordarla y preguntarse por ella, por el color de los zapatos que traería, por aquello que la habría hecho sonreir sin que estuviera a su lado, por las cosas que habrían llamado su atención y podrían convertirse en sus nuevas obsesiones. Así era ella, era... era como los acordes de los Clash a veces lánguidos, clásicos, reconocibles; pero contemporáneos y agitados. Siempre extraños y al mismo tiempo imprescindibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última racha de viento helado sacudió su cabello y lo obligó a mirar al cielo. Las nubes grises le daban al día un tono generosamente invernal. Encendió un cigarrillo mientras esperaba a que saliera de su micromundo biotecnológico esa mujer que tenía vocación de personaje de Amin Maalouf, aunque sabía que en realidad era su propio y apasionante personaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras la esperaba recordaba, no porque olvidara, sino porque siempre quería tener presente; esas preguntas que la hacían fascinante y deseable, que la hacían ser la poseedora de un tash subyugante, que hacía que aun la gente que no la conocía volteara para verla, al conducir su auto, al caminar por la calle. Sonrío al pensar que una vez le preguntó qué era el tiempo para él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una bocanada de ese maravilloso y aromático tabaco en medio de un campus universitario gris por las nubes del invierno, le hizo recordar con una sonrisa que después de la pregunta que había lanzado al aire como si fuera una adusta y antediluviana profesora de historia, vendría una reclamación por el retraso que había tenido para encontrarla ese día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel momento, él no había entendido que no se trataba de una reclamación. Sino sólo de una forma de ser a la que no tardaría demasiado en adaptarse. Varias razones habrían para eso pero la primera, y quizá la más importante, es que sabedora de ser la dueña de un tiempo no común era la mujer más impuntual del mundo. De manera que la pregunta que lanzaba no podía ser otra cosa más que una forma de averiguar sobre sus reflejos. No. No era una prueba. Era mi entrada en su mundo de preguntas y respuestas. De intuiciones y complicidades a las que me sumaba sin decir agua va.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &quot;No lo sé amor. ¿Acaso una construcción humana que se manifiesta en los ciclos de rotación del planeta?&quot; Dijo con cara de perplejidad a la espera de una retahila de enfadosos comentarios acerca de la impuntualidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &quot;No. No me refiero a la expresión física del tiempo, ni a nuestra capacidad para observarlo directamente. No me refiero a la noche o al día, tampoco a los calendarios maya, azteca, gregoriano o chino. Tampoco me refiero al paso del tiempo por el cuerpo como las arrugas, las canas o la celulitis. Eso tiene que ver con la percepción de su existencia pero no con lo que es&quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cruzaron el campus para llegar al auto mientras los acompañaba la duda del tiempo. En la cena de aquella noche en la que él le cocinó Mejillones al Vino y Salmón con Hierbas Finas, el tema continuaba siendo el tiempo. De aquella noche, recuerda que antes de apagarse las velas que iluminaron la charla durante la cena, se arremangó la camisa, recogió los platos y los llevó a la cocina. Volteó a mirarla con el destello de la luz rojiza de las velas que agonizaban y vió dibujada su silueta en la sombra. De hecho, eran varias sombras al mismo tiempo, como si fueran muchas ellas que preguntaran. Y creyó por fin entenderla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así podía ser el tiempo. Podía ser un algo que tenía muchas imágenes y que permitía que una silueta pudiera tener diferentes sombras en muchas paredes en el mismo instante. ¿Cuál era el pasado, cuál el presente y cuál el futuro? O no. Quizá esa no era la forma de decirlo, más bien, si eran posibles muchas sombras también era posible que hubiesen muchos pasados, presentes y futuros. Era como la luz de las velas dibujando su sombra, así era el tiempo para mí con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche se quedó a dormir. Lo abrazó, lo besó, lo desnudó e hizo que el tiempo fuera infinito. Él tomó su rostro de incansable viajera por el mundo de las preguntas y de la fé en la ciencia y la besó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca más después de esa noche el tiempo habría de ser una pregunta que tuvieran que responder. Los dos tenían su propia definición que los hacía cómplices. Ella antes de dormir al acomodarse entre sus brazos dijo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &quot;El tiempo, debe ser como la luz de las velas pero circular. Es una dimensión en la que las sombras tienen sentido y se extiende al infinito. En las que existe un reinició permanente pero nunca es igual. El tiempo es el escenario de la vida y de la muerte, es el papel de la partitura, es el lienzo de la pasión&quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El frío de la invernal tarde lo regresó de sus recuerdos al patio del Instituto de Biotecnología, no había terminado aún de fumar su cigarrillo cuando se dió cuenta que se preguntaba qué fue primero un &lt;em&gt;hágase la luz aunque sea de las velas&lt;/em&gt; o un &lt;em&gt;hágase el tiempo infinito para que la luz de las velas puedan iluminar mientras duran&lt;/em&gt;. No lo sabía, pero tenía la intuición que en estricto sentido quien hubiese pronunciado algo así tuvo que haberlo hecho en ese orden, primero el tiempo, después la luz. De no haberlo hecho, la trampa del tiempo sería la obscuridad...Mmm, ya era como ella, se lo preguntaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mano se deslizó por su espalda y se quedó en su trasero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Esperaste mucho amor? Intenté no tardar demasiado...&lt;br /&gt;- No cielo. En realidad, sólo fumé un cigarrillo mientras esperaba y pensaba.&lt;br /&gt;- ¿Ah, sí?&lt;br /&gt;- Sí amor. Oye, ¿quién crees que creó el tiempo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con una risa tan ella, se acomodó el abrigo y me dijo al darme un abrazo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿El tuyo y el mío? Mmm. Si, sí, Ese lo creamos los dos al hacernos inseparables en la obscuridad...cuando no hay tiempo.</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/02/la-trampa-del-tiempo.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-1888130457254045635.post-951362518165636653</guid><pubDate>Tue, 05 Feb 2008 16:14:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-05T18:25:20.359-06:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Monterroso</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">recuerdo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">sueños</category><title>In memorian</title><description>Cuando despertó, los dinosaurios se habían extinguido...y nadie le había avisado.</description><link>http://eltricicloestelar.blogspot.com/2008/02/in-memorian.html</link><author>noreply@blogger.com (El R)</author><thr:total>7</thr:total></item></channel></rss>