<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/rss2full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642</atom:id><lastBuildDate>Sun, 28 Nov 2010 12:09:57 +0000</lastBuildDate><title>La Patrulla del Infierno</title><description>Un relato bélico de ficción,
donde la guerra 
es una excusa para desnudar 
al animal humano</description><link>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>22</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/rss+xml" href="http://feeds.feedburner.com/LaPatrullaDelInfierno" /><feedburner:info uri="lapatrulladelinfierno" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-3650679429655700524</guid><pubDate>Thu, 28 Oct 2010 09:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-11-28T04:09:57.077-08:00</atom:updated><title>Capítulo 14</title><description>&lt;div align="CENTER" style="line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt;&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="CENTER" style="font-style: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;b&gt;Hola, fusilero. Adiós, periodista.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="CENTER" style="line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="CENTER" style="font-style: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Si algo tenía claro era que mi lugar estaba en el ejército de tierra.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Con el océano sólo tengo, por así decirlo, una relación del tipo poético-filosófica. Es decir, contemplarlo desde una roca acompañado de un cigarrillo, está muy bien y escuchando música en mi vieja radio portátil a pilas o charlando con algún amiguete, es aún mejor. Aparte de eso, nunca sentí el hipnótico llamado de las sirenas arrastrándome hacia las olas o el impulso de conocer tierras lejanas. Sin embargo, los viajes marítimos siempre me resultaron altamente relajantes, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;con la&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; condición de no ser tan largos como para echar de menos la tierra firme. Incluso, cuando me paso con las copas, cabe la posibilidad de escucharme alardear de no conocer el mareo o la náusea en alta mar. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Pero las interminables y onduladas superficies me inspiran un profundo respeto. Resulta difícil, por no decir imposible, alejar el tenebroso pensamiento de que siempre se navega sobre un inmenso cementerio. Ahí abajo, en su lecho de arena y algas, sumidos en la quietud eterna, miles de barcos que otrora surcaban orgullosos la delgada línea divisoria entre el arriba y el abajo, entre el oxígeno y la asfixia, yacen en lo más profundo, condenados por el capricho de los dioses. “Bicho iracundo e imprevisible” solía decir mi abuelo mirando con desconfianza los estallidos de espuma en los diques del puerto de &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Galmäj&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, cada vez que visitábamos sus ramblas. Una cosa es segura: un simple berrinche del gigante azul y ya estás formando parte de la cadena alimenticia submarina. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tampoco me atraía la idea de combatir dentro de una palangana metálica, por muy tecnológica que fuese. Estar ahí, esperando la llegada de un obús o de un torpedo no era lo mío. Necesitaba algo más “personal”. En mi cabeza rondaba la estúpida idea de que el combate como tal, requería verle el rostro al enemigo, a la vieja usanza. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Más tarde lamentaría este razonamiento, porque en el mundo real, cuando le “ves el rostro al enemigo”, este está &lt;/span&gt;&lt;i&gt;demasiado&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; cerca. En mi defensa diré que aún me faltaba sentir en mis carnes el significado del término “cuerpo a cuerpo”. Desde el punto de vista de un guerrero formado y entrenado, yo no sólo estaba en pañales, más bien flotaba en la &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;cómoda&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; placenta de la vida civil y desde esa condición de “soldado no nato” especulaba tonterías.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Continuando con mi selección, la fuerza aérea fue rápidamente descartada. Para empezar, volar me aterraba, lisa y llanamente. Generalmente las alturas me dan un vértigo insoportable. Si tenía que viajar lejos, el avión era mi última elección y cuando no tenía más remedio que subirme a uno de esos malditos cacharros, sufría como un condenado. ¿Me imaginaba de piloto, haciendo filigranas en el aire? Bueno, si se descubría un método para expulsar el vómito de la máscara de oxígeno en pleno combate, tal vez si. ¿Paracaidista? Probablemente llegara a tierra con la bota de mi jefe de sección metida en el culo, porque para que saltase al vacío iba a tener que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;patearme&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; hasta quedarse descalzo. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;De forma que a la tierra, vieja y querida. Cuánto más pegado a la superficie del planeta, mejor.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Llegué al segundo piso algo agitado, mi forma física distaba mucho de ser la óptima; los últimos peldaños habían resultado todo un desafío. Al final de la escalera me aguardaba un pasillo escasamente iluminado, &lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;el cono amarillento de una sucia bombilla &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;apenas si conseguía vencer la oscuridad generada por la falta de ventanas. A mi izquierda tenía una hilera de puertas, claramente identificadas con sus cuidados carteles impresos: “Ejército del Aire”, Ejército de Tierra” y “Armada Imperial” (la marina conservaba su antigua denominación, a los marinos les encantan esas pijadas aristocráticas).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;En la segunda puerta, un oficial de reclutamiento (creo recordar que era un teniente segundo) me recibió cual dueño del burdel a su primer cliente del día. Me presentó las diferentes opciones de estudio con la soltura de cualquier bedel de universidad mostrándole a los posibles candidatos los diversos planes y cursos lectivos. Uno casi se olvidaba del hecho de que, al final del proceso, estrenarías tu título dándote un paseíllo por la “picadora de carne”. En ningún momento se mencionó la posibilidad de morir o el privilegio, como oficial, de enviar a otra gente a perder la vida o quizás a algo peor, por intentar cumplir alguna ocurrencia tuya. “Un contable se equivoca y hay que rehacer el balance de la empresa”, escuché en mi interior, “un oficial se equivoca y habrá gente recibiendo pedazos de sus familiares en bolsas de plástico”. Masajeé mi entrecejo para despejarme, otra vez la maldita vocecilla independiente y molesta interviniendo cuando menos lo necesitas. “Concéntrate o mas te vale dar la vuelta y volver al hospital”, me reproché.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Mi interlocutor no se percató de nada, lógicamente. Creo que si hubiese saltado en calzoncillos sobre el escritorio tampoco lo habría notado. Él seguía en piloto automático, realizando una cuidada introducción donde trató la caballerosidad, los valores, la tradición y el honor. Posteriormente, levantando los ojos de mi historial académico, elogió mis capacidades intelectuales...tanto que cualquiera entendería que el ejército sería incapaz de alcanzar la victoria si mi reclutamiento no se llevaba a cabo de forma inmediata y en carácter de urgente. Yo le agradecía las exageraciones inclinando la cabeza y sonriendo de forma estúpida. Pero a mí ya se me había despertado el viejo sistema defensivo: el mismo que me prevenía de las ofertas extremadamente generosas y de los vendedores excesivamente sonrientes.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;En la etapa final pasamos al &lt;/span&gt;&lt;i&gt;rollo colegas&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, es decir, a la fase donde se intenta “asegurar la venta”. Con un tono más cercano al de un fanático de los deportes extremos que al de un oficial en funciones, describió la gozada de darle gas a un carro de combate&lt;/span&gt;&lt;i&gt; Jaguar TPC-2,&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt; abrir fuego con una ametralladora pesada o hacer saltar cosas por los aires con cargas de demolición. Yo empezaba alucinar. Casi esperaba escuchar la banda sonora y ver aparecer un técnico diciéndome que, efectivamente, estábamos dentro del próximo anuncio televisivo del ejército.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;Como suele pasar con la gente que no puede parar de hablar, mi silencio era toda la aprobación que necesitaba, le acicateaba a soltarse de la lengua y a volverse cada vez menos formal. Probablemente creía de corazón todo lo que decía. “Un niño pijo divirtiéndose con los juguetes más caros y peligroso del mundo”, pensé tratando no sonreír, temía hacer algún gesto que prolongase su discurso. Acto seguido recibí una clase sobre cómo ligan con la chicas los oficiales con su flamante uniforme de gala y sus guantes blancos, de cómo uno se vuelve automáticamente el centro de las miradas y de lo importante que es diferenciarse de la soldadesca. Según él, los botones, hebillas y galones no eran más que un afrodisíaco de efectos milagrosos. “Ya te gustaría a ti” , me burlé para mis adentros. El monólogo estaba  dejando de aburrirme para pasar a desesperarme, lo soportaba esperando recibir, de una buena vez, la información &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;real&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Entonces, después de tanta tontería vacua, me viene a decir que el curso de oficiales duraba &lt;i&gt;dos años&lt;/i&gt;. Sentí que me pateaban el hígado. ¡Dos años mínimo! Menuda desilusión. Si iba a ponerme en plan guerrero tenía que ser &lt;i&gt;ya&lt;/i&gt;. “En dos años igual ya no hay más guerra”, protesté mentalmente. Recogí la documentación y con mucha dificultad logré despedirme de mi interlocutor, quien al parecer había calentado motores nuevamente y no había como pararlo. “Huye, Matheo, huye”, me dije renunciando a mis modales y dejándolo con la palabra en la boca. “¡Hasta luego!”, escuché  mientras cerraba la puerta.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;Profundamente contrariado me planté &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;bajo el cono de luz del pasillo,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt; mirando los papeles llenos de líneas punteadas a rellenar. Lancé un bufido y mis hombros cayeron hacia adelante, torciéndome la espalda y estirando mis cicatrices. Sorpresivamente una voz cavernosa llegó desde el fondo del corredor. Poco me faltó para cagarme en lo pantalones.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¡Enderézate, coño!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Instintivamente corregí mi postura, una especie de vergüenza de niño pillado en una travesura me atenazó la garganta.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Qué diablos, q-quién...?– pregunté entornando los ojos. En la parte más lejana y tenebrosa del pasillo, la brasa redonda y roja de un puro taladró la penumbra, como una señal de peligro. La pequeña luz alcanzó su punto máximo y luego menguó casi hasta desaparecer. Un fuerte soplido lanzó un anillo de humo hacia mi. Tabaco fuerte y del bueno.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Vale, ahora balbuceas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;El calor empezó treparme por las orejas y las mejillas. Carraspeé.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Veo que no todos son educados aquí.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Un risa, o más bien, el sonido de guijarros cayendo en cascada por una pendiente, fue la respuesta.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Educados? ¿Esta panda de mentirosos? –dijo aclarando la voz–. Prefiero la sinceridad a la educación. Aún así perdóneme. Creo que le dicen deformación profesional. Tantos años poniendo derechos a hombres y mujeres que verlo así, todo torcido me arruinaba el descanso, no se ofenda.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No, por favor, disculpe usted haberle arruinado su mierda de descanso con mi postura.  La próxima vez que me caiga una&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt; bomba araña&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt; encima trataré de que no me recorte un tercio del pellejo, así puedo enderezarme para los posibles gilipollas con los que me pueda encontrar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Como el ojo furioso de una locomotora, el rojo botón del puro avanzó hacia mi, en medio de una espesa nube. Escuché sus tacones contra las tablas del piso, aplastándolas cuidadosamente. Por un momento pensé que un puñetazo saldría desde las sombras para aplastarse en mi cara. Es el problema de los que tenemos más grande la boca que el coraje.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;Tras unos segundos interminable&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;s, fue&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; surgiendo de las sombras&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;el pecho abotonado más grande que había visto jamás. Cuando desveló la totalidad de su silueta, la parte superior de la boina púrpura casi tocaba la bombilla. Reconocí los galones que cubrían las mangas de su uniforme: suboficial mayor maestro, el grado máximo al que puede aspirar un soldado en la escala subalterna, es decir, no siendo oficial. De su hombro izquierdo colgaba el &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;uratha-roffer&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;, el “cordón del sacrificio”, una hermosa trenza de cuatro hilos, a las que se le hace un nudo por cada campaña militar importante. Delante tenia un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;uratha-roffer &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;con tres nudos, algo realmente impresionante. Sobre los bolsillos frontales resaltaba una colección de medallas y cintas de acción en combate y servicios distinguidos. En su totalidad aquello parecía un edificio hecho de músculo uniformado más que un hombre. Bajo la boina inclinada cuidadosamente hacia la izquierda, se descolgaba una cabeza cuadrada rematada en una mandíbula dura como un yunque. Mordía el grueso puro mostrando los dientes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No me intimida, si eso pretende–, dije tragando saliva.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Cambió el puro de lado con una hábil ondulación de labios. Sus brazos se cruzaron sobre su pecho formando un poderoso nudo.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿De veras? Pues sería el primero, la verdad– dijo ocultando una mueca socarrona tras el cigarro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Siempre había tenido el mismo problema, mi genio se calentaba rápidamente y se lo transmitía a mi lengua, a la que poco le importaba mis posibilidades de salir indemne de las situaciones. Ante aquella mole mi bravuconearía perdía toda base científica, entrando en la categoría de suicidio.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Alguna vez tenía que tocarle, no?– repliqué tragando saliva.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tranquilo, chico rudo –dijo extendiendo las enormes y callosas palmas ante mí–, ¿tengo cara de matón de bar? ¿Ves estos galones? No me los he ganado dando puñetazos en un callejón sino sirviendo a mi país, entrando con bayoneta calada en las trincheras y volando nidos de ametralladoras. En cambio tú pareces un tanto furioso, quizás tú si andes buscando un callejón donde desahogarte...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Es que sus palabras sonaron algo insultantes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Naaa –dijo, empujando el aire con una de sus manazas – nada de eso, me refiero a la bronca que te se sale por las orejas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ni idea de lo que me habla–, mentí. Empezaba a cansarme el tema. Todos parecían ver algo terrible manando por alguna parte de mi cuerpo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿De verdad? No era una crítica en realidad, así que ya puedes adoptar posición de “descanso”, quiero decir...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ya entendí, no necesito traducción.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ah, conoces la jerga militar, interesante...¿algún pariente?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Mi abuelo, en paz descanse, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;357º de Mangnam&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¡Los demonios me arrastren a su cueva! Unidades de montaña, soldados duros. ¿&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;Guerra de la Unificación&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;, verdad? Si ya decía yo que algo había en usted, quizás el orgullo heredado de su abuelo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No sé si él opinaría lo mismo. Nunca hablaba mucho del asunto y cuando lo hacía no parecía muy orgulloso que digamos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Pero, ¿qué esperaba? La guerra es horrible. Pero el honor del soldado se lleva para siempre.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Lo que usted diga –dije torciendo un poco el labio superior.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Me gusta esa rabia. Soy experto en encauzarlas, en volverlas productivas. Tiene usted muchos huevos provocando a un enemigo al que todavía no ha visto. Eso tendremos que corregirlo si pretende sobrevivir a esta guerra. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;Tendremos&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;? ¿Qué le hace pensar que iría con usted a alguna parte?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Porque para eso está aquí, ¿no? Seguramente salió decepcionado de ese despacho pensando que lo que más deseaba era machacar al enemigo con sus propias manos, no mandar a alguien a hacerlo en su lugar, ¿verdad? Tiene usted pinta de orgulloso, si me permite. A pesar de  estar hecho un guiñapo se le nota en el porte.  Sé que no tiene ni puta idea de cómo llevarlo a cabo, pero si algo es seguro es que en cuanto lo averigüe los bekkos se va a arrepentir. Para usted es personal. Su patriotismo no es más que odio puro. Mi trabajo es refinarlo, para que no lleve a sus compañeros de escuadra a una muerte segura en el intento.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Rehusé contestar, más que nada por no darle la razón.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Le impresiona mi tamaño? Los &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;bekkos&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt; miden de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;promedio&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt; 178cm –dió un larga calada a su puro–, vaya haciéndose una idea de lo que se puede encontrar. Son guerreros educados desde la cuna en el arte de matar y odiar. Con esos tíos uno debe asegurarse de que estén bien muertos. Yo le pu&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;edo enseñar a olvidarse&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt; del tamaño de sus enemigos. Déjeme envolver ese fuego que lo está carcomiendo en un bloque de hielo llamado disciplina. ¿Empezamos de nuevo? Suboficial mayor maestro, E. G. Juseff, para servirlo –dijo saludando militarmente– ¿y su &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;“gracia”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt; es?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;“&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Gracia” era un término del año de la patata, erradicado de la vida moderna, pero mantenido dentro de la vida militar como un estándar para preguntar el nombre. Al menos eso me decía mi abuelo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;Matheus&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;Vinterjäus– respondí, aliviado de que los acontecimientos tomaran un cauce menos agresivo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;Antes de darme cuenta el suboficial &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;Juseff&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt; ya estaba girando a mi alrededor, inspeccionándome.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Vaya, hermoso tatuaje. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Gracias, me lo hizo...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tengo claro de dónde ha salido. Mis padres intentaron sin éxito contagiarme sus creencias. No es un tatuaje cualquiera, ¿lo sabe?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Eso me dijeron.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Un resucitado y un guerrero...me gusta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Lo de guerrero no lo tengo claro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Pues mariconenado en la escuela de oficiales no va a averiguarlo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Quizás tenga razón.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Puede apostarlo...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;De pronto se escuchó una voz saliendo del despacho contiguo.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Pero, ¿quién cojones está fumando?– un oficial medio calvo abrió la puerta furioso–¿no han leído el...?–, cuando sus ojos se cruzaron con los de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;Juseff&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;, que saboreaba lentamente su infracción bajo el cartel de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;“prohibido fumar”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;, su indignación mudó rápidamente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Buenos días teniente– dijo apenas cuadrándose ante su superior.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;B-buenos días, suboficial &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;Juseff&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;– y sin más bajó los ojos y cerró la puerta más rápido de lo que la había abierto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Nos quedamos en silencio un largo segundo.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Por dónde estábamos?– continuó, ignorando el pequeño incidente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Que la escuela de oficiales es una mariconada.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No he dicho eso. Intento decirle que eso no es para usted. Tiene que haber oficiales. Gente que piense, que organice y tome decisiones jodidas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Eso puedo entenderlo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Y también gente que salga a dar caña, que hagan que la máquina de aplastar cabezas funcione. Ahí entramos nosotros. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Nosotros?– contesté enarcando las cejas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Somos los &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;fustreks, &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;los &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;fusileros&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;. La tropa más aguerrida, sacrificada y temible del ejército. Ninguna unidad sufre tantas bajas como una unidad de fusileros. Vamos donde nadie quiere ir con una sonrisa en la cara. Tenemos una tradición intachable, nuestra bandera de división tiene más estandartes de campañas que ninguna otra de todas las armas de tierra, mar y aire. ¿Cómo le suena eso? ¿Suena más a “&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;nosotros”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt; que lo que el pijillo ese del despacho le intentaba vender?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Puede. Aunque, ¿no está usted en plan vendedor también?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Error. Yo estoy seleccionándolo. Mi trabajo es traer lo mejor a mi unidad. Usted parece encajar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Acepto el halago.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No se confunda, tendrá que ganarse ser un fusilero. Nuestra humilde insignia de latón exige un alto precio antes de poder llevarla en el cuello de la guerrera. Un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;fustrek&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt; es el arma más sofisticada que existe en todo el mundo. ¿Qué dice, quiere aprender a matar rápida y eficientemente o llenar formularios tras un escritorio?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Qué cojones– dije lanzando los papeles que tenía en la mano en una papelera que hasta entonces no había visto–. Me apunto a lo primero.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Excelente elección. Sígame, hay ciertos formulismos que debemos dejar en orden para que pueda empezar su entrenamiento.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Vamos allá.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-3650679429655700524?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/qIIqub5NzvY" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/qIIqub5NzvY/capitulo-14.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/10/capitulo-14.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-8832353148439828535</guid><pubDate>Tue, 28 Sep 2010 09:41:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-10-07T05:25:12.090-07:00</atom:updated><title>Capítulo 13</title><description>&lt;div align="CENTER" style="font-style: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;b&gt;El triste llamado a las armas&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="CENTER" style="line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="CENTER" style="font-style: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;El otoño empezó a acorralar al verano, fue arrastrándolo por plazas y paseos hasta dejarlo convertido en unos pocos flecos de calor. Sólo en las horas del mediodía y cuando el cielo se despejaba de nubes, podía uno obtener el cálido rastro de la estación pasada. Yo, por mi parte, que nunca fui un fanático de los bronceados ni las playas y, tomando en cuenta que me había faltado un canto de moneda para terminar achicharrado por una bola de fuego, le di la bienvenida al tiempo fresco. No me venía nada mal, me daba una sensación general estimulante, hacía todo un poco más soportable.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;A la vista de que todas mis pertenencias se habían convertido en cenizas, el hospital se encargó de proporcionarme vestimenta. Y cuando digo vestimenta me refiero a ropa donada por la gente a la &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Estrella de Plata&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;&lt;i&gt;18&lt;/i&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; , que en esos días trabajaba a manos llenas para ayudar a las primeras víctimas civiles. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Tal y como venían las cosas, me limité a rebuscar aquella montaña de cajas lo mejor que pude para cubrir mi desnudez. Pero, a pesar de sentirme profundamente agradecido con la solidaridad de mi pueblo, al mismo tiempo me acuciaba una gran incomodidad. Porque, aún dejando de lado el palo que es para el orgullo de cualquiera verse obligado a aceptar cosas de la beneficencia, el hecho contundente de que ni siquiera los calzoncillos que llevaba puestos me pertenecían, imprimían en mi piel el tacto amargo del desarraigo.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Mientras alisaba las arrugas de mi “nuevo” pantalón con la mano, casi sin venir a cuento empecé a recordar a mi madre, planchando la ropa, mi padre apoyado en el marco de la puerta, enfundado en su mono de trabajo y con una taza de café en la mano, las palabras de ambos cruzándose en el aire, la música de las mañanas en mi casa de la infancia, una familia como tantas, comenzando el día armados de rutinas y palabras amables. Tragué saliva, no quería llorar. Es más, debía acostumbrarme a pensar en todo eso como vapor, una parte de mi vida que vagaría por el éter hasta encontrar su sito, uno donde el dolor fuese más una onda en un lago que un relámpago en una tormenta. Entretanto, la rabia que bullía dentro de mí cubriría los huecos restantes.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Recogí un pequeño atado de cosas, incluyendo mis documentos y me preparé para abandonar la “casa blanca” como solíamos llamarle al viejo hospital. Tenía un humor de perros, pero la educación me obligaba a despedirme de mis compañero antes de marchar y así lo hice.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;En el ala estaban todos menos Cama 9. Intrigado le pregunté Carlen, cuya segunda habilidad después de protestar, consistía en enterarse de todos lo cotilleos del hospital.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Veo que aun no te has enterado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Por eso te pregunto, Carlen, no empieces con tus rodeos, no tengo tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Mientras estuviste tramitando del alta, hicieron una “inspección de rutina”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿De rutina, inspecciones? ¿Desde cuándo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tu sabes, dicen eso cuando van a por ti y quieren disimular que alguien ha dado un soplo. Pues eso, dieron una revisión general a las pertenencias de todos pero se concentraron en las de Cama 9. El tío se puso del color de la leche cuando encontraron un alijo de pastillas en un doble fondo de uno de sus cajones.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Alijo de p...? ¿Cama 9 trafica  pastillas?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No, qué va. Se fue haciendo el montón con las medicinas que no se tomaba. El muy gilipollas no se porqué cojones no has tiró por el inodoro. Igual es como dicen los loqueros y “quería ser atrapado”, qué se yo, apenas soy un técnico electricista que...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Carlen –, lo detuve en seco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Vale, no me enrollo. La costumbre, tío.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Me dices que no se tomaba la medicación?– pregunté, Carlen negó con la cabeza y el bigote–, ¿alguien sabe porqué?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Tú qué crees? Todos siempre pensamos que Cama 9 estaba bendito. No recordar nada de esto no es ninguna patología, es la puta solución a todos nuestros problemas– bajó la mirada, su bigote adoptó una postura fláccida y triste–. Se lo llevaron a psiquiatría, para encaminarlo y empezar el tratamiento de una buena vez. El problema es que necesitaron tres enfermeros y un celador para arrastrarlo. Parecía que llevaban al patíbulo en vez de a un consultorio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Esos cabrones lo han agredido?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Por dios, no. Cama 9 es más bueno que el pan, todo el mundo lo conoce. A todos se nos llenaron los ojos de lágrimas, personal hospitalario incluido. No veas la tristeza que daba. Paleteaba y berraba como un crío... sólo un &lt;/span&gt;&lt;i&gt;tzusbekko&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; no se apiadaría de esa pobre alma... él sólo quiere pasar página. Y por lo visto  los putos matasanos no lo van a dejar.. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;El “refugio del olvido” como dice la canción...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Joder, si me dieran a mi un billete para ese sitio...tú no, ¿verdad? Tú eres de esos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿”Esos”?– pregunté algo incómodo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Sí, esos que no van a olvidar una mierda. Lo veo en tus ojos, a veces parecen carbones a punto de incendiarse. Los tíos de tu clase me dan pena y miedo, viven atrapados en un círculo y nunca se rinden hasta que los matan...o matan todo lo que se les pone a tiro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Vale, gracias, yo también te aprecio, Carlen.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Aunque en el fondo os envidio un poco. Al final sois los que tienen los cojones de hacer lo que hay que hacer, es decir lo que los demás dejamos sin hacer, o sea...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Venías bien, pero ya me has liado y ahora mismo no se si te caigo mal o bien o qué narices.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Respondió extendiendo la mano maciza y peluda.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Te deseo lo mejor, Matheo, dame esos cinco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Fue como estrechar un pequeño ladrillo forrado de piel humana.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Gracias, colega–, contesté.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Patea algunos culos de parte del viejo Carlen.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Les daré recuerdos de tu parte.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No, dáselos de parte de mi hijo Jesell y mi hija Alva.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;No contesté, la mirada de aquel hombre reflejaba un dolor tan profundo que cualquier palabra lo habría profanado. Él se concentró en mis ojos, como buscando alguna clase de conexión. Entonces pareció haberla encontrado, sonrió ligeramente, una especie de alivio ablandó sus rasgos.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Buena suerte– agregó. Yo me dí la vuelta y me fui.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Me lancé a caminar por el viejo centro, mi vanidad me mantuvo alejado de los escaparates y los cristales de los coches aparcados junto a la acera, no necesitaba espejos para deprimirme más. Pero al final, un enorme y lustroso tablero publicitario de acrílico junto a una farmacia, acabó devolviéndome el reflejo de un hombre falco, demacrado y sin pelo, flotando dentro de unas prendas dos tallas más grandes. “Dioses”, pensé, “he visto mendigos con mejor aspecto.” Entonces recordé los cuerpos fundidos como velas, esparcidos por las calles e inmediatamente me tragué todas mis frivolidades.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Aquella parte de la ciudad aún conservaba la actividad febril de la preguerra: los comercios no parecían tener dificultades para captar clientes, las calles mantenían su limpieza acostumbrada. Es más si uno no miraba hacia alguna de las “zonas cero” que las &lt;/span&gt;&lt;i&gt;spr-D8&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; nos habían regalado, se hacía difícil creer que aquella fuese una metrópoli castigada por la guerra. Sin embargo, si se observaba detenidamente, podía detectarse cierto cambio en los rostros de los transeúntes, un sutil rictus de tensión oculto a medias, el temor y la incertidumbre disfrazados en los gestos cotidianos, como cuando se es niño y se piensa que cerrando fuerte los ojos, el monstruo desaparecerá.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Paseé sin prisas mi recién estrenada libertad. Algo me decía que quizás no gozara de ella durante  mucho tiempo. Así fui dando un rodeo hasta la oficina de reclutamiento, rodeo que también tenía algo de buscar el valor para hacer lo que había prometido con tanta hidalguía. “Entre decir y hacer, hay mucho para ver” decía mi madre. Pero mi naturaleza terca y orgullosa me impulsaba a continuar, dar marcha atrás era algo poco común entre los Vinterjaüs, lo que no  nos había acarreado pocos problemas. Apreté los puños en los bolsillos del raído chaquetón y dejé que un pie siguiese al otro.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;La oficina en cuestión estaba instalada a unas doce calles del hospital, en un viejo edificio de corte imperial, de ladrillo naranja y detalles en beige. Un par de carteles custodiaban la entrada, meneándose en sus soportes metálicos de tres patas bajo los efectos de la brisa otoñal. Una escalera de mármol llevaba a la entrada elevada sobre el nivel de la calle, por ella subían y bajaban civiles y militares. Trepé lentamente los trece escalones. Al llegar junto a la puerta de doble hoja, un PM que no había visto, me hizo el saludo militar y me dijo: “bienvenido”, al mismo tiempo manipuló rápidamente el pestillo para dejarme pasar. Agradecí el gesto inclinando la cabeza y me perdí en el interior.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Dentro se escondía un verdadero hormiguero humano. Uniformes de todo tipo cruzaban el recinto en todas las direcciones posibles. En mi imaginación me había hecho un cuadro del ambiente que me estaría esperando. Lo anticipaba formal, casi fúnebre. Menuda sorpresa tuve al encontrarme con aquel entorno relajado, casi festivo, donde los diferentes cuerpos de ejército (tierra, mar y aire) se disputaban adeptos, como una manada de vendedores de seguros lanzándose sobre sobre sus víctimas. Estaba ante un verdadero laberinto de oficinas que rezumaba voces, comentarios y risas, todo hilvanado en el constante martilleo de las teclas de los ordenadores –los muy precarios de aquellos días – rellenado páginas enteras con datos de gente que parecía ansiosa por entregarse a los brazos de la &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Gran Destructora&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;&lt;i&gt;19&lt;/i&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Me acerqué a un mostrador que ponía “información”. El soldado que se encontraba a cargo ni siquiera me dejó separar los labios.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Nivel de educación, por favor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Emmh...secundario completo, universidad técnica casi completada...pero yo...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Califica para escuela de oficiales, señor. Si le parece puede dirigirse al segundo piso, por esa escalera. Siga los carteles, no tiene pérdida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Oiga, no me ha dejado ni preguntarle – inquirí algo molesto. Sin dar muestras de sorpresa miró a ambos lados y se encogió de hombros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Vaya por un momento pensé que tenía una tienda de churros aquí montada– soltó curvando los labios hacia abajo –, no, espere, debo tener poderes mentales, por alguna razón pensé que venía a enrolarse, como los últimos doscientos que han pasado por aquí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Se inclinó bajo el mostrador. Al levantarse apareció con un montón de folletos. Necesité la ayuda del mentón para evitar esparramarlos por el suelo.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ahí tiene, señor, nada de lo que yo diga estará mejor explicado que en esos papeles. Segundo piso, siga los carteles.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Alguien tiene un mal día, parece –acoté, pero el otro no pareció escucharme.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;Estrella de Plata&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;18&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;: institución benéfica mundial cuyo símbolo es una estrella plateada de siete puntas.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;Gran Destructora&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;19 &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;:antiguo nombre de la mitología dakk para la tercera deidad suprema encargada de la devastación del universo. Junto a la Sagrada Creadora y la Santa Igualadora, forman una de las trinidades religiosas más antiguas.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-8832353148439828535?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/obEZa41iuwU" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/obEZa41iuwU/capitulo-13.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/09/capitulo-13.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-4837524734894098213</guid><pubDate>Mon, 13 Sep 2010 15:49:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-09-13T08:49:05.145-07:00</atom:updated><title>Capítulo 12</title><description>&lt;div align="CENTER" style="font-style: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt; &lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;b&gt;Los resucitados&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="CENTER" style="line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt; &lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="CENTER" style="line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt; &lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ya se fue...¿a quien le toca ahora?– dijo “Cama 9”, desde su puesto de vigilancia en el quicio de la puerta sur. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Creo que a Carlen –, contestó otro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¡Ni que fuera el único con dos piernas sanas, mierda!– protestó Carlen, un tipo bajo y regordete que solía menear su grueso bigote rojo cuando estaba en desacuerdo con algo, que era casi siempre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No seas tan llorica y ponte manos a la obra, yo te cubro–, replicó “Cama 9”. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Le llamábamos “Cama 9” porque una contusión cerebral le había cerrado temporalmente el acceso a su memoria a largo plazo y no recordaba nada, ni siquiera su nombre. La enfermera jefe nos contó que lo encontraron vagabundeando entre las ruinas de una cafetería, sin documentación alguna. Todos pensábamos que era, en realidad, una persona con suerte.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Con el bigote flameándole bajo la nariz como una señal de peligro, Carlen se deslizó sigilosamente hasta la pared oeste. Sin dejar de murmurar maldiciones, colocó una silla junto a un viejo armario y trepó hasta lo más alto, cogió el enchufe que colgaba de un grueso cable negro y de un certero giro de muñeca lo puso nuevamente en la toma de corriente de la pared. Colgado de su soporte, el deteriorado televisor emitió un breve chasquido y volvió a la vida. Todos aplaudimos discretamente, Carlen se volvió y levantó los brazos con aire victorioso, luego agradeció nuestra ovación con una breve pero firme reverencia. Acto seguido regresó a su cama.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Es el precio de ser bueno – le soltó un compañero mientras le daba palmaditas en la espalda. No escuché la respuesta, pero aquel bigote empezó a moverse como si dos gatos pelearan debajo de él.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Volvimos a nuestros camastros, listos para contemplar el fruto prohibido: los telediarios. Por alguna extraña razón nos dejaban ver todos los programas menos los informativos. Pasados unos días, llegó a nosotros el rumor de que un conocido chupatintas del departamento psiquiátrico había tenido la genial idea de no dejarnos ver las noticias. El objetivo: favorecer nuestra recuperación evitándonos el impacto negativo de la realidad. Luego de un breve y acalorado debate entre los miembros más destacados del ala 12, llegamos a la conclusión de que en el fondo la teoría no estaba del todo mal e incluso habría funcionado... con niños de cinco años.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Como respuesta a ese burdo intento de aislamiento –consistente en desconectar los televisores al mediodía y al caer la tarde, hora y media cada vez– los pacientes organizábamos cuadrillas de vigilancia y “reconexión”. Resumiendo, jugábamos al escondite con las enfermeras y nos lo pasábamos pipa. Claro que lo bueno siempre se acaba y cuando la directora del hospital se enteró de aquella “medida sanitaria”, se apresuró a borrar todo rastro de la misma, no sin antes echar unas buenas broncas al personal encargado, que se escucharon desde la planta de abajo de su despacho. Recuperamos, en el mismo día, nuestra libertad televisiva y el aburrimiento de siempre. Pero fue bello mientras duró.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Dos veces al día nos atrincherábamos en nuestras camas para contemplar la modesta pantalla. Nos metíamos en aquel rectángulo lleno imágenes mal enfocadas, nos paseábamos por los lugares y los rostros de la desgracia. En blanco y negro el mundo parecía más patético, más hostil y grotesco.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Por ese método, inyectándonos una mezcla de morbo publicitario y verdades a medias, fuimos completando un mapa de la situación, empezamos a hacernos una idea de lo que pasaba más allá de las paredes del hospital. Supimos que al menos una de las ciudades había sido atacada con la variante química de la “bomba araña” –una especie de gas paralizante del sistema respiratorio– y se especulaba con otra de naturaleza biológica, aunque los datos eran confusos y los expertos no conseguían llegar a una conclusión al respecto, así que todo quedaba flotando en el limbo de la leyenda urbana, como otras tantas cosas en los primeros meses de la guerra, cuando nadie sabía bien cómo reaccionar ante lo que nos estaba cayendo encima. Desde el frente llegaban reportes sobre la intensificación de los enfrentamientos, que habían pasado de simples escaramuzas a batallas propiamente dichas. La &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Alianza&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; había aprovechado la primera semana de confusión y había penetrado unos 125 kilómetros desde el sureste, y ya tenía posiciones medianamente establecidas en un enorme frente de 1.270 kilómetros. Las fuerzas &lt;/span&gt;&lt;i&gt;kriglaundesas&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; de tierra, mar y aire habían sido movilizadas en su totalidad, incluyendo los reservistas. El alistamiento voluntario había sido aprobado por el senado de forma unánime. En las calles el ciudadano común era llamado a filas; porque si bien nuestras fuerzas armadas triplicaban en efectivos a las del &lt;/span&gt;&lt;i&gt;EAT&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, su bajo nivel tecnológico, sus escasos recursos y su falta de actualización estratégico-táctica, las convertían en un pobre rival, en un gigante tonto y torpe contra uno más pequeño, rápido y letal. Si se pensaba que el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;EAT&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; había aplastado ya las defensas de seis países, quedaba clarísmo que no les dábamos nada de miedo, más bien lo contrario. En una guerra en la que nuestros generales se verían en la necesidad de suplir con carne y tendón lo que nos faltaba en sabiduría y equipo, cada soldado era importante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Cada vez se hacía más obvio el empeño del gobierno en usar los medios de comunicación para enardecer el fervor patriótico y el odio hacia los invasores. Al principio  toda aquella parafernalia mediática me provocó el típico &lt;/span&gt;&lt;i&gt;“esto ya lo viví”.&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; Entonces recordé: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; todo lo que en ese momento saturaba los periódicos, la radio y la televisión había sido, meses antes, el objeto central de una de mis mejores monografías. En un pasado que ahora me parecía tremendamente lejano, casi ajeno, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;cuando mi máxima preocupación eran las notas, las chicas y dónde beberíamos la próxima cerveza, yo, el convencido pacifista, el guerrero de la pluma y el dialecto había conseguido una nota de 10/10 diseccionando de forma crítica los mecanismos de la propaganda de guerra. Ahora era como estar viviendo dentro de una de mis propias redacciones. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Como siempre, el destino, experto en retorcerlo todo, me había convertido en un hombre muy distinto, uno al que ya no le hacían falta ninguna clase de acicates para salir a luchar. Es más, las arengas y eslóganes –las mismas que siempre había vilipendiado en mis discursillos de bar –sólo reafirmaban mis pensamientos y mis decisiones. Dicho de otra forma, sólo reconcentraban mi rabia y acentuaban el profundo sentimiento racista que se puso de moda a medida que el miedo empezó a acorralar los corazones. Cierto que a veces me asaltaba un debate interno, el pulso entre el periodista frustrado y el patriota herido, entre el análisis objetivo y el desprecio sin restricciones. Pero nunca dudé. Estaba convencido de que me había llegado el momento, ese del que muchos dicen que definen al hombre. Había un póster propagandístico muy popular donde se mostraban dos figuras, la de la derecha recogida en actitud miserable y otra de pié, a la izquierda, con gesto orgulloso y valiente, alzando un fusil. &lt;/span&gt;&lt;i&gt;“¿De qué lado estás tú?”&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; rezaba el título, en gruesa tipografía, &lt;/span&gt;&lt;i&gt;“¡un hijo de Kriglaund está donde se lo necesita!”&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, remataba. Yo estaba totalmente seguro de cuál era mi lugar en aquel cartel. Sólo más adelante entendería la gravedad del camino que había elegido. Como de costumbre, la sabiduría llega justo cuando ya no hay vuelta atrás.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Poco a poco fui recuperando la salud, las fuerzas y las ganas de patear culos &lt;/span&gt;&lt;i&gt;tzusbekkos&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;. Mis heridas fueron desapareciendo. La fisioterapia fue dura pero efectiva, devolviéndome el control de mi cuerpo en largos y dolorosos capítulos. Ya podía respirar con normalidad, el aire había dejado de ser una cuchilla dilatándose en mis pulmones. La nueva piel tironeaba de lo lindo, sobre todo en las manos, pero había movimiento y el movimiento es la forma que tiene el universo de decirte que la cosa no va tan mal como podría parecerte. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; De lo único que no pude librarme fue de una especie de fotofobia, secuela de aquel flash de la muerte cayendo sobre el edificio de correos. El psicólogo me dijo que era en parte físico, en parte una reacción de mi inconsciente, con lo cual había poco para hacer más que usar gafas oscuras y evitar los destellos fuertes. Esto último iba a ser difícil teniendo en cuenta a dónde me iba a meter.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Empezó a correrse la bola de que a los supervivientes de las poblaciones atacadas se nos llamaba “los resucitados”. Cuando vimos en la tele a los periodistas usando el término para describir a gente en nuestra misma situación, entendimos que el apodo ya había adquirido carácter oficial. La mayoría nos encogimos de hombros y seguimos con nuestras vidas.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Cierta tarde, saliendo de la sala de rehabilitación, observé un movimiento anormal en el pasillo principal. Arrastrando perezosamente mis pantuflas me allegué hasta un pequeño cubículo destinado a primeros auxilios del que salía una hilera de hombres y mujeres de edades variadas. Una especie de zumbido, como el de un insecto rabioso venía desde el fondo del estrecho habitáculo en el que solía ponerse una camilla que apenas dejaba espacio para que el personal médico trabajase a su lado. Menuda sorpresa me llevé cuando al asomarme vi a ¡un tatuador en plena faena!&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; El artista, mejor dicho, &lt;i&gt;la&lt;/i&gt; artista, era una mujer con más pintas de profesora de ciencias económicas que de la típica tatuadora del quiosco mitad cutre, mitad tenebroso de las afueras de la ciudad. Esta era otra clase de tatuadora. Tenía una enorme venda en la cabeza cubriéndole la casi totalidad del cabello. Su rostro redondo acababa en un mentón afilado y grácil, lucía concentrada y serena, podía decirse que le rodeaba un cierto aire de nobleza. Alzó la mirada y clavó unos ojos color zafiro perfectos, casi hipnóticos. Simultáneamente la maquinilla de tatuar dejó de zumbar. Me contempló intrigada un par de segundos y volvió a su trabajo en la nuca de una quinceañera que apretaba los labios con gesto de dolor.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ya está –dijo la tatuadora –, jabón y pomada tres veces al día durante diez días. Ni sol, ni mar, ni rascarte las postillas que se te formen, ¿has entendido?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Si, gracias &lt;/span&gt;&lt;i&gt;nadrizët&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Quedé duro en mi sitio. Una &lt;/span&gt;&lt;i&gt;nadrizët&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; (“hermana superiora” en &lt;/span&gt;&lt;i&gt;dakk&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;) justo en frente de mi. Estas mujeres pertenecientes a la mas alta casta de la religión &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Sacrenmaterfilenn (Hijos de la Sagrada Madre),&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; vivían prácticamente apartadas de la vida social normal. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Necesito un descanso –dijo apoyando su herramienta en una pequeña mesilla llena de frasquitos con diferentes tintas. La fila se relajó, las personas dejaron paso a la &lt;/span&gt;&lt;i&gt;nadrizët &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;que salió quitándose los guantes de látex sin quitarme los ojos de encima.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Tienes un cigarrillo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Lo siento, no fumo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No, aun no, claro...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Perdona?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Nada, olvídalo. Vamos fuera, necesito humo para quitarme el sabor a hospital de la boca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Yo seguía alucinando. Una religiosa de élite y encima fumando ¿no lo tenían prohibido junto con una batería de placeres mundanos? Obviamente, mantuve mi boca cerrada.  Aquello era el mundo al revés. Salimos por la puerta principal. Cruzó unas palabras con el policía de guardia en la caseta que acabó extendiéndole un paquete de cigarrillos rubios. Hubo un clic y el humo del tabaco se elevó en la delicada brisa vespertina. Ahí mismo caí en la cuenta de que era la primera vez que me asomaba al exterior en meses.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; El sol caía oblicuo pero con fuerza, cometí el error de mirar en su dirección y sentí un estremecimiento, saqué velozmente mis gafas de sol y me las puse.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ven, siéntate –dijo señalando una de las bancas de la entrada. Su voz era firme pero serena, tenía algo en ella, alguna clase de vibración, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;un matiz eliminando toda oposición a lo que me pidiese. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Se sentó junto a mi.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Muéstrame tus manos –dijo arrastrándomelas con fuerza hacia su regazo, como quien abre un revista vieja y gastada y se pone a mirarla con desdén, el pitillo colgando de su bien dibujada boca, los ojos entrecerrados por el humo. Inmediatamente pareció darse cuenta de mi gesto. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Lo siento, espero no haberte hecho daño– agregó con cierta frialdad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No pasa nada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Sabes lo que estoy haciendo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;i&gt;Taipay&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, lectura de manos, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;i&gt;Taipay&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, sí. Pero no es lectura de manos como la gente cree. Es mucho, mucho más.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Devolvió mis manos a mis muslos y continuó con las orejas, ladeando suavemente mi cráneo de un lado a otro. Me causaba intriga y diversión a la vez, ¿qué podía encontrar allí más que quemaduras, cicatrices y un par de buenos orejones? Luego, teniendo el cuidado de dejar el sol a mi espalda levantó mis gafas para estudiar mis ojos en profundidad. Con un largo suspiro dio por finalizada la sesión de &lt;/span&gt;&lt;i&gt;taipay&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Bueno, ¿encontraste algo de interés? –pregunté disimulando mi nerviosismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Ella tiró el cigarrillo y lo aplastó con el tacón del zapato, una pequeña voluta de humo señaló el lugar de la muerte. Levantó el rostro y me encañonó con aquellos ojos, como dos disparos de hielo azul. El índice de su mano derecha se apoyó en mi esternón.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tú no naciste en &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Pretnatz&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, pero resucitaste en &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Pretnatz&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Es una forma de decirlo, sí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Fuiste feliz en esta ciudad, o todo lo que una persona puede pretender, pero ahora no hay nada para ti aquí –hizo una pausa, negando con la cabeza–, cuando te vayas será para siempre, soldado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Te has confundido, no soy soldado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Aun no. Pero falta poco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Vale, hay muchos de mi edad que piensan en alistarse, no hace falte ser una &lt;/span&gt;&lt;i&gt;nadrizët  &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;para adivinarlo...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ay un fuego atrapado dentro de ti– sentenció sombría, ignorando mi sarcasmo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Un fuego? ¿Qué quieres decir?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tu alma. Arde constantemente, no se detiene. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No tengo ni pajolera idea de qué me estás hablando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Seguro?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Segurísimo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿No lo sientes?– su dedo empezó a taladrarme.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Déjalo ya, ¿quieres?– respondí librándome de su presión con el dorso de la mano– dí lo que tengas que decir o me voy a mi camastro, la luz de aquí ya me está jorobando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Me cogió con fuerza del mentón, como cuando una madre le llama la atención a su hijo.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Qué manía de apretujar tienes, ¡me estás calvando las uñas!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ese fuego va a salir pronto, por suerte estarás lejos y con el enemigo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No sé si estás totalmente pirada o te estás quedando conmigo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;Abrió su mano, soltó mi mentón pero al instante cubrió mis ojos. Sus dedos me parecieron más calientes de lo normal. Su cuerpo parecía despedir una electricidad intensa, a esa distancia, el aire que nos separaba parecía chisporrotear. Comencé a creer que el aire libre, sin éteres ni desinfectantes, me estaba causando alguna clase de trastorno.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tus padres han muerto...tu novia te ha dejado por otro...hace poco has hecho un amigo del que era tu enemigo...¿quieres que siga?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; La pregunta era retórica, una bala de plata directa a mi escepticismo.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Está bien, ya vale– dije conteniendo un escalofrío– mensaje recibido. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Abre los ojos, soldado –ordenó deslizando las palabras.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Obedecí sin discutir, soldado o no, ya me apetecía salir escopeteado de ahí y buscar refugio bajo las sábanas. Aquella mujer me estaba poniendo extremadamente nervioso.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;En mi fe, los tatuajes además de contar una historia, son un testimonio, &lt;/span&gt;&lt;i&gt;La Madre Celestial&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; siempre mira las heridas y las marcas de sus hijos, así los reconoce. Por eso estoy aquí. Como las puertas del averno se han abierto, yo he abierto la puerta de la celda de mi templo y traigo el ritual de las marcas para aquellos que buscan protección y consuelo. Quizás sea la última vez que se vea algo así– desvió un momento la mirada hacia una enfermera que pasaba, aunque creo que miraba sin ver. Era como si estuviese buscando algo en el horizonte, algo perdido vaya uno a saber dónde.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Cuando volvió el rostro hacia mi, parecía sumida en un tristeza insondable.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Bien, eso carece de importancia ahora, pequeño mío. Vente en una hora y tatuaré tu marca. Te la has ganado...o te la ganarás.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Pero, aun creyendo lo que me dices...¿qué porras hice aparte de salvar el pellejo del mismo infierno? Por más que me gustaría creerlo,&lt;/span&gt;&lt;i&gt; sé &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;que no soy nada especial.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Una tosca barra de metal entra en el fuego para salir convertida en el corazón de una espada. Pero aun le faltan los martillazos del maestro herrero para alzarse tan bella como mortal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Hoy me sentía confundido por no entenderte, ahora que lo estoy consiguiendo me estás asustando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Hizo un hueco con sus manos y puso mi desconcertada cara en medio.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No temas a lo terrible. El camino se hace más duro cuanto más te opones a caminarlo. Además, en tu caso &lt;/span&gt;&lt;i&gt;tienes&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; que hacerlo o te consumirás. A veces el labrador tiene que quemar las malezas para salvar su plantación y llevar el pan a su mesa. Tú serás ese fuego, o parte de él. Es hora de entender que no se ha desatado una guerra, se ha desatado el mal &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;sobre la tierra de  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;Nuestra Madre.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Cuanto más me dices que no tema...más miedo me das...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Acarició mi cráneo lleno de cicatrices.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Es la parte dura de ser madre, dejar ir a sus hijos al peligro. Pero el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Malvado&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; está aquí y sólo lo mejores guerreros podrán detenerlo...en una hora, donde me viste. Ahora déjame sola, necesito mirar dentro de mí un momento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Me levanté como un autómata, deshaciendo el camino hacia mi habitación. Veinte metros después, justo frente a los ascensores un tipo con aspecto de paciente algo descentrado me interceptó.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Conoces tú a esa mujer? ¿De qué hablabais?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;En todo caso la conozco un poco más que a ti y lo que yo hable o deje de hablar es asunto mío, ¿no crees?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Pero ¿sabes tú quién es esa mujer?–dijo deteniéndome desde el hombro con una mano huesuda y fría. Yo había tenido suficientes agarrones y manoseos para un solo día. Sentí que se me formaban puños al final de los antebrazos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Es una &lt;/span&gt;&lt;i&gt;nadrizët&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, ¿qué pasa?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿&lt;/span&gt;&lt;i&gt;Nadrizët? &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ja, ja, esa no es una&lt;/span&gt;&lt;i&gt;  nadrizët.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿No?–, contesté midiendo el puñetazo a la boca de su estómago.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¡Por todos los sagrados códices, no! Esa es una &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Vestalker&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, una adivina del templo y para colmo la más famosa del país. ¿No leíste sobre ella en los periódicos? Había pronosticado un ataque desde del cielo para el día 8, el día de los bombardeos, pero nadie la escuchó. Dicen que abandonó su religión al día siguiente y que se retiró a meditar. ¡Es por eso que he olvidado mis modales, tiene que haberte dicho algo importante!¡Soy un gran devoto, necesito hablar con ella!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Estás como una cabra, macho, como una puta chotacabra de las montañas. No hablamos de nada. Sólo me pidió fuego. Ahora suéltame o van a tener que traer a alguien para reanimarte.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; El otro se hizo a un lado. Empezó a reír en plan enajenado.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¡Mientes, jajaja, mentiroso! Una &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Vestalker &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;fumando, ja,ja, ja. Dónde se ha visto. A mí no puedes mentirme, ¡porque soy un gran devoto!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Siguió diciendo sandeces a mi espalda pero ya no lo escuché. El latido de mis sienes y en mis muñecas sonaban como un gong aislándome de todo.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Los sesenta minutos siguientes se me hicieron eternos. Un vendaval de ideas me azotaba por dentro. No podía evitar pensar en que aquello era demasiado raro hasta para mi.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Como siempre que llego a un callejón sin salida, desconecto el cerebro y me dejo llevar en los plácidos brazos del azar. Yendo por el pasillo hacia los escalones que me depositarían en la planta baja, el sonido de mis pasos me recordaban los golpes de un fúnebre tambor ceremonial. Sacudí la cabeza y traté de relajarme.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Delante del cubículo no había nadie, ni se oía el ruido de la maquinilla de tatuajes, lo que me produjo cierto cosquilleo en la boca del estómago.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Vas a pasar o tengo que salir a buscarte?–escuché.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Hola, ya estoy aquí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Me miró de soslayo.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Bien, pero dile a tu miedo que se quede fuera, ¿vale?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Haré lo mejor que pueda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Pasa, siéntate y relájate... o te vas a resquebrajar como el hielo en verano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Ocupé mi posición. Sentado a horcajadas en una vieja silla de hospital, con los codos apoyados en una camilla, esperé a que el ritual diese comienzo.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Sus dedos enguantados untaron mi nuca con algo frío y pegajoso. Inmediatamente sentí el filo de una navaja de afeitar borrando todo rastro de vello de la zona. El fuerte olor a alcohol inundó mis fosas nasales cuando procedió a esterilizar el campo operatorio.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Al entrar me pareció que no estaba la máquina de tatuar– comenté para romper el silencio y reducir los nervios.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Será porque no la traje.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Cómo dices?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Obtuve una respuesta sin palabras. Se limitó a poner delante de mí un bello maletín, hecho en lo que me pareció madera de caoba, con punteras de metal dorado en sus esquinas y un regio tallado adornando la parte superior. Al abrirlo descubrió una serie de pequeños rastrillos, de un material muy parecido al oro, sujetos al extremo por largos mangos de madera. El color de los instrumentos destacaba sobre el rojo del forro aterciopelado que cubría el interior. Los había de  diversos tamaños, ordenados de menor a mayor; en la tapa opuesta una especie de mazo dorado estaba amarrado con unas correas de cuero. “Qué mala pinta tiene la cosa”, pensé.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Y ahora no te muevas, futuro guerrero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Hasta ese día yo no sabía la diferencia entre un tatuaje ritual y uno moderno. Pero aprendí de forma muy eficaz que el tiempo de confección aumenta exponencialmente, junto con cantidades ingentes de dolor. Una hora después de que el mazo golpease los rastrillitos empapados en tinta, el sudor me bañaba la frente.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;A las iniciadas de mi culto las tatúo con más fuerza– comentó como al pasar, sin detenerse un segundo, precisa como una máquina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Genial, ahora no sólo me duele el pescuezo, también te has cargado mi maltrecho orgullo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;i&gt;La Sagrada Madre&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; dice: “los guerreros machos aunque fuertes, deben ser educados por las hembras en la senda de la resistencia”. Déjate de orgullos inútiles. Y no te muevas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Media hora mas después, cuando ya había aceptado al universo como una intermitente punzada de dolor escuché la mejor frase del día:&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Acabamos. Ponte de pié.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Obedecí, un poco entumecido. Ella se puso delante de mí y cruzó sus manos (ahora libres de látex) sobre mi pecho. Cerró los ojos y comenzó a recitar:&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;­&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;–&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;a Sagrada Madre&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; dice: un cuerpo sin marcas es un cuerpo vacío, una página sin historias que contar. Recibe esta, tu primera marca, en santo oficio, ungido en la pureza del dolor voluntario. Llévala sin otra cosa que orgullo y alegría, porque la &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Madre&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; ya podrá leer en tí, has dejado de ser una página en blanco. &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Bahat&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;i&gt;Bahat – &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;contesté de forma instintiva. Inmediatamente un vocecita me reprochó “¿y eso a qué ha venido, si tú eres ateo?”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Te gustaría verlo?&lt;/span&gt;&lt;i&gt;–&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; dijo sosteniendo un espejo junto al otro más grande de la pared del cubículo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;La verdad, sí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Con la ayuda del reflejo combinado de ambos espejos pude darle la bienvenida a mi primer tatuaje. Allí estaba, una bella fili&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;grana estampada en mi nuca,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; quemando y a la vez embelleciendo un cuerpo lleno de heridas. El motivo central era una letra “R” primorosamente tallada, rodeada de líneas decorativas que descendían hasta abrazar un número “3”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;La “R” es por tu resurrección.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Lo suponía...¿y el tres?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ese es tu número, hijo mío –dijo soltando el espejo sobre una mesilla y girándome lentamente para que la viese directamente a la cara.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Mi número?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Suspiró profundamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Si. Escucha con atención.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Me acojonas cuando empiezas con ese tono.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Qué te dije antes de entrar?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Vale, miedo fuera, chuf, chuf. Ya está. Continúa, por favor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tres veces conocerás el amor y tres te dejará, pero te devolverá por triplicado el cariño vertido. Tres veces te besará la muerte, pero guardará su abrazo para el final. Tres veces pasarás por el lugar en el que acabarás tus días: una lo verás lleno de vida, otra lleno de muerte y la última&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; llena de luz. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No diré nada más.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Vosotros los místicos siempre igual. Me dejas confundido y con más preguntas que respuestas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Sonrió y comprendí que asistía a un espectáculo poco común, que no solía regalar a cualquiera, porque la habitación vibró como una cuerda de plata pulsada por una mano invisible.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Mi criaturita del fuego– dijo posando su mano en mi mejilla–. Prepárate para el mundo y su mal. Hay mucho trabajo por delante. Grábate mis palabras. Llegará el día en que todo  aparecerá claro ante tus ojos. Hasta entonces vive con honor y haz de la paciencia el mejor de tus escudos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Había un silencio grave y oficioso rodeándonos y yo, como siempre, tuve la irresistible necesidad de llenarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Te llevaré en mi corazón allí donde vaya, ¿lo sabes no?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Lo se. Lo supe desde que te vi. Ahora nos despedimos. Tú necesitas descansar y yo... &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Un rato para mirar dentro de ti?– dije completándole la frase y guiñando un ojo. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Sonrió complacida.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; La abracé con fuerza sin importarme si rompía alguna clase de protocolo religioso. Ella correspondió dándome palmaditas de consuelo en los omóplatos. Pasados unos segundos me separó con delicadeza y me mostró la salida. Antes de irme la saludé con la mano, un adiós de niño tonto.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Esa fue una de la pocas noches, durante la guerra, que recuerdo haber dormido tan plácidamente. En cuanto me fue posible bajé a buscar a la misteriosa tatuadora: sabía que las probabilidades de que me soltase algo más de lo dicho el día anterior eran pocas, pero tenía que intentarlo, mi inquietud &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;era grande. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Pero mi sorpres&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;a fue mayor aun. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No logré encontrarla por ningún lado. Al preguntar en recepción, nadie parecía recordarla y los pacientes que ella había tatuado no recordaban ningún dato útil. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Resultó tan desconcertante que necesité tocarme la nuca para ver si realmente no había soñado todo el asunto. Con mis dedos recorrí delicadamente la abultada superficie de piel lacerada. Durante un corto intervalo de tiempo recuperé su presencia, su voz y el cariño que se escondía detrás de la dureza de sus gestos. Presa de la frustración empecé a vagar sin rumbo, como un perro extraviado intentando recuperar la ruta de vuelta al hogar.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Acabé yéndome a la banca de la entrada y allí sentado, el día me pareció triste. A pesar de que el cielo no tenía una sola nube y la brisa del sureste traía el olor de las flores del parque &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Danubinic&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, el hueco en mi alma no daba señales de querer llenarse.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt; Estuve un buen rato así, pensando en ella y en su amor, lo más parecido al amor de una madre que tendría jamás.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-4837524734894098213?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/fsBLHjz3PKY" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/fsBLHjz3PKY/capitulo-12.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/09/capitulo-12.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-2469254317216543888</guid><pubDate>Mon, 16 Aug 2010 20:41:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-08-22T07:07:42.470-07:00</atom:updated><title>Anexo 4</title><description>&lt;meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="CONTENT-TYPE"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)" name="GENERATOR"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;style type="text/css"&gt;
	&lt;!--
		@page { margin: 2cm }
		P { margin-bottom: 0.21cm }
		P.sangría-de-primera-línea { text-indent: 0.5cm }
	--&gt;
	
&lt;/style&gt; &lt;br /&gt;
&lt;div align="CENTER" class="sangría-de-primera-línea" style="font-style: normal; text-decoration: none;"&gt;&lt;b&gt;El caso “Mandrágora” (una crisis de inteligencia)&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-style: normal;"&gt;Dos meses después de los bombardeos que dieron comienzo a la guerra, cierta documentación de carácter altamente clasificado se filtró a la prensa, generando un profundo malestar popular. Los responsables de la defensa nacional y la clase dirigente en general tuvieron que enfrentarse a una de las peores crisis políticas de la historia. El &lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;kriglaundés&lt;/span&gt; medio, altamente politizado pero desconfiado por naturaleza del poder instituido, cogió las pancartas y se lanzó a las calles en masa exigiendo una explicación.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-style: normal;"&gt;La fuente que, por razones obvias, quiso mantenerse anónima bajo el nombre clave &lt;i&gt;“Mandrágora”,&lt;/i&gt; expuso con todo lujo de detalles cómo &lt;i&gt;Inteligencia Militar (IM)&lt;/i&gt; había recibido informes sobre movimientos de tropas los días previos a la invasión, pero éstos habían sido desestimados por razones de política exterior.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-style: normal;"&gt;Los principales argumentos para esta descalificación recaían en el hecho de que los informes procedían del &lt;i&gt;MRU*&lt;/i&gt;, de la ocupada &lt;i&gt;Confederación de Urdania  &lt;/i&gt;(país limítrofe con &lt;i&gt;Kirglaund&lt;/i&gt; y la última de las conquistas de la &lt;i&gt;Alianza&lt;/i&gt;).  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-style: normal;"&gt;Desde el comienzo de la ocupación de &lt;i&gt;Urdania&lt;/i&gt;, delegados del &lt;i&gt;MRU&lt;/i&gt; intentaron por todos los medios que la &lt;i&gt;NUK&lt;/i&gt; rompiese su neutralidad. Una y otra vez advirtieron la necesidad de unir fuerzas ya que antes o después la sed expansionista de la &lt;i&gt;Alianza&lt;/i&gt; acabaría golpeando en las puertas de la propia &lt;i&gt;NUK&lt;/i&gt;.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-style: normal;"&gt;El gobierno &lt;i&gt;kriglaundés&lt;/i&gt;, en parte temeroso del poder militar de &lt;i&gt;tzusbekko&lt;/i&gt;, en parte reacio a meterse en un conflicto que, además de un alto coste en vidas, dilapidase rápidamente los recursos de una economía endeble, había adoptado la postura de negarse de lleno a una intervención armada directa. Seguramente por estas razones los funcionarios encargados de evaluar la información, se sintiesen presionados a rechazar el abundante material fotográfico y las decenas de transcripciones de los reportes de observación de campo.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-style: normal;"&gt;Como resultado de tales acontecimientos hubo destituciones, traslados y cambios de destino en las más altas esferas del gobierno y los ministerios vinculados, significando para muchos el fin de su carrera. Pero el caso más dramático sería, sin duda, el del secretario de defensa &lt;i&gt;Igor Jaün&lt;/i&gt;. Tres días después de haberse iniciado el proceso de investigación, el cuerpo sin vida del dignatario fue encontrado por su secretaria colgando del techo de su despacho principal, junto con una carta de suicidio.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-style: normal;"&gt;Ocho largos días tardó el gobierno en acallar las encendidas protestas de los ciudadanos que al final tuvieron que dejar sus puestos de lucha social para enfrentarse a una invasión que amenazaba con destruir no sólo cualquier rastro de libertad sino el más mínimo rasgo de identidad.   &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;*Movimiento de Resistencia Urdana: grupo guerrillero que presentó oposición hasta el último día de ocupación de su territorio. Sus integrantes, sometidos a una brutal persecución, cuyo final solía ser la tortura y la ejecución sumaria, alcanzaron una reputación de despiadados y letales guerrilleros. Tal fue la ferocidad con la que combatieron que en determinado momento las patrullas tzusbekkas se mostraron reacias a entrar sin apoyo aéreo o de artillería a las zonas controladas por el MRU. Era típico encontrar estas zonas con la macabra señalización de un cadáver  desnudo, decapitado, colgado de los pies con la inscripción en bekko tallada a punta de cuchillo en la piel: “el no volverá a casa, ¿ y  tú?”.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/THEulmO8GKI/AAAAAAAAAFc/wlfy-bS7Wj4/s1600/lanzador_bomba_foto.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="300" src="http://2.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/THEulmO8GKI/AAAAAAAAAFc/wlfy-bS7Wj4/s400/lanzador_bomba_foto.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-weight: normal;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-weight: normal;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-weight: normal;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-weight: normal;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;Instantánea de un camión pesado Volqui-V7 en maniobras de posición y cálculo de lanzamiento&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;,&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt; en las proximidades del antiguo complejo de casamatas fronterizo de Gale&lt;/i&gt;&lt;i&gt;icanus.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/THEu4WA2fJI/AAAAAAAAAFk/tKnM17yGOkk/s1600/lanzador_bomba_foto_2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="300" src="http://3.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/THEu4WA2fJI/AAAAAAAAAFk/tKnM17yGOkk/s400/lanzador_bomba_foto_2.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt; Misil spr-D8 desplegado en posición de tiro desde la plataforma móvil&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt; Volqui-V7.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;Se cree que la foto fue tomada en las afueras de Ligarian a 120 km de la frontera. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-2469254317216543888?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/ADlXATCBeNI" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/ADlXATCBeNI/anexo-4.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/THEulmO8GKI/AAAAAAAAAFc/wlfy-bS7Wj4/s72-c/lanzador_bomba_foto.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/08/anexo-4.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-3781891156526140003</guid><pubDate>Wed, 11 Aug 2010 23:11:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-08-11T16:14:38.063-07:00</atom:updated><title /><description>&lt;meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="CONTENT-TYPE"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)" name="GENERATOR"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;style type="text/css"&gt;
	&lt;!--
		@page { margin: 2cm }
		P { margin-bottom: 0.21cm }
	--&gt;
	
&lt;/style&gt; &lt;br /&gt;
&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;No es fácil crear ni mucho menos hacerlo mateniendo un ritmo y una calidad aceptables. Llevo unos días difíciles para lograr actualizar mi blog y tengo miedo de perder a los 2 o 3 que me aun me leen. Estoy sumando material gráfico por diversión, por placer y ademas por mantener vuestro interés. Un blog de estas características es bastante duro de llevar. Además que como todo lo que hago me lo tomo a pecho, antes de agregar nada, me documento, lo estudio...pos nada me ha llevado una semana acabar el lanzador de la spr D8 y tejer una mini historia detrás y encima tratarlo gráficamente para darle cierta "veracidad".¡Ojala me tengáis paciencia!  &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-3781891156526140003?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/lJx_f221oDI" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/lJx_f221oDI/no-es-facil-crear-ni-mucho-menos.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/08/no-es-facil-crear-ni-mucho-menos.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-3301564006992083074</guid><pubDate>Tue, 03 Aug 2010 11:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-08-03T04:16:15.275-07:00</atom:updated><title>Capítulo 11</title><description>&lt;meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="CONTENT-TYPE"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)" name="GENERATOR"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;style type="text/css"&gt;
	&lt;!--
		@page { margin: 2cm }
		P { margin-bottom: 0.21cm }
	--&gt;
	
&lt;/style&gt; &lt;br /&gt;
&lt;div align="CENTER" style="line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Visitas inesperadas.&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="CENTER" style="line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="CENTER" style="line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Luego de mi rimbombante epifanía y mi mortal promesa...vino el aburrimiento. El cuerpo tiene la mala costumbre de curarse más lento de lo que&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; uno quisiera&lt;/span&gt;, transformando las horas en días y los días en semanas.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Lo peor de todo, con diferencia, eran las noches. Me despertaba sudoroso, con el corazón en la garganta. La mayoría de las veces no recordaba mis sueños y yo cantaba loas a los dioses por ello. Otras no tenía tanta suerte y las imágenes de cuerpos calcinados o de rostros derretidos como figuras de cera me atormentaban hasta despegarme de la almohada con un grito, para la delicia de mis compañeros de sala, que solían expresar su agradecimiento recorriendo mi árbol genealógico con toda clase de elogios y buenos deseos. Alguna que otra vez voló un vaso. &lt;i&gt;La Sagrada Luz&lt;/i&gt; bendiga al que decidió que la vajilla del hospital fuese de plástico.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Con el transcurso de los meses las pesadillas sobre el bombardeo se irían debilitando  lo suficiente como para dejarme dormir medianamente bien (curiosamente en el campo de batalla no tendría problemas de insomnio).&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Si estar confinado a una cama tiene alguna ventaja es esta: tiempo de sobra para rumiar las cosas. Inventaba interminables debates mentales para pasar el rato.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Ejemplo: ¿es parte del castigo de ser humano no apreciar las cosas hasta que ya no las tenemos? Porque al parecer nos pasamos gran parte de nuestras vidas quejándonos de lo que nos falta, entonces...¡pam!, una bofetada del destino y descubres que si te faltaba algo era la capacidad de ver cuán afortunado eras, de apreciar la cantidad de cosas que tenías. Más de una vez hice un detallado repaso de todas mis quejas anteriores al bombardeo. Hay que ver lo estúpido y malagradecido que suele ser uno cuando tiene de todo en abundancia.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Un día como cualquier otro, me dijeron que tenía visitas.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;La enfermera &lt;span style="font-style: normal;"&gt;–&lt;/span&gt; me había soltado la noticia de la manera más impersonal que su oficio se lo permitía&lt;span style="font-style: normal;"&gt;– se dio la vuelta y salió disparada cual blanco bólido con cofia, si dejarme chance de preguntarle nada&lt;/span&gt;. A mí se me debió haber quedado la cara como para una foto, porque mi compañero de la cama de la izquierda me preguntó si me pasaba algo. Levanté una mano para tranquilizarlo y de paso evitar que me atosigase a preguntas &lt;span style="font-style: normal;"&gt;– &lt;/span&gt;lo que tenía de convaleciente lo tenía de pesado, el pobre.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Yo me quedé estudiando la entrada al pabellón de quemados, con una mezcla de ansiedad y nervios. Bajo las vendas, mis manos sudaban.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Tras una agónica espera de dos minutos, una silueta encorvada rompió el uniforme  rectángulo de luz que entraba por la puerta principal. Reconocí inmediatamente el polo a rayas horizontales blancas y rojas: Loken Alkunkaum.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Lo miré y sonreí meneando la cabeza, incrédulo. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;“&lt;span style="font-style: normal;"&gt;De todos los posibles, tú, amigo mío”, musité por lo bajo mientras&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; verticalizaba la espalda lo más que podía&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;El chaval que caminaba hacia mí, arrastrando perezosamente su reflejo en el espejado suelo de la sala, había sido, en últimos dos semestres del curso, el objeto de las bromas y novatadas más pesadas que se recuerden en la &lt;/span&gt;&lt;i&gt;ETGV. &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Mis compis y yo nos habíamos encargado de ello. Es curioso como a veces un grupejo se ensaña con un individuo. Creo que los gamberros buscamos a los débiles o a los demasiado nobles para pasárnoslo bien a su costa. Incluso podría afirmar que cuanto más pasivo se mostraba Loken, más saña se nos despertaba. Estévanus –generalmente un tío correcto y respetuoso– le había puesto &lt;/span&gt;&lt;i&gt;“Moratón”&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, en un arranque de crueldad racista y prejuiciosa. Me avergüenza confesar que en esa época todos tendíamos a perpetuar la tradición de burlarse de la piel oscura de los norteños... además, claro está, de llamarles paletos, pueblerinos, destripaterrones y otras delicadezas por el estilo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Para ser más gráficos, Loken &lt;/span&gt;&lt;i&gt;“Moratón” &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Alkunkaum podría haber llegado hasta mi y darme un puñetazo en medio de la boca sin que nadie pudiese reprocharle absolutamente nada. Pero creo que ni su mejor golpe habría borrado mi sonrisa. Así de feliz estaba de verlo. Que me aspen si no hervía de felicidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Creo que él también lo estaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Caminó con esa especie de tranco sincopado tan característico y que tantas burlas le habían costado. Extendió su puño derecho hacia adelante y como pude envolví con mi mano abierta sus nudillos, como si intentase detener un golpe. Era el saludo tradicional entre colegas. Cosa que hasta entonces nunca habíamos intentado.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Qué tal Math? ¿Cómo vas?– dijo balanceando la cabeza como si cada frase necesitase un empujoncito.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Tú cómo me ves, Loken?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿La verdad?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Si, jeje, la verdad. Podré soportarlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Pues... pareces una puta momia que la han tirado por unas escaleras.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Joder, ¿tan mal?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Loken hundió las manos en los bolsillos. No parecía muy seguro de que su intento de confraternización con “el enemigo” le fuese a llevar a buen puerto. Clavó los ojos en el triste florero junto a mi cama. La punta de su zapatilla derecha subía y bajaba intermitentemente.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tranqui, tío –le solté . Me siento mejor de lo que parezco. ¿Sabes algo de alguien más?...de la escuela digo...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Se encogió de hombros, volvió a mirarme.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Sólo sé de dos. Rabel, la chica de segundo de artes gráficas...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿La rubia de ojos verdes y el culo como un último deseo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Seee– dijo asintiendo con el brillo adolescente asomándole en la mirada–, ella está ingresada en los &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Santos Maestros,&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; no me dejaron entrar pero hablé con el hermano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Y cómo está?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Jodida, como tú, pero a salvo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Dijiste dos, ¿quién más?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Fizz, el profe de mates de cuarto curso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Un cabronazo, jeje, me pasaba suspendiendo los exámenes. Se tomaba muy a pecho que copiasen en su clase– reímos juntos, la carcajada triste del que recuerda algo muy, muy lejano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Fizz está chungo, chungo de cojones. No saben si recupera la visión o si podrá caminar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Vaya mierda, tío.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ya te digo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Y ¿cómo me encontraste?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Por las listas de los periódicos. Ah, vale, no lo sabes...los periódicos publican cada semana un listado de personas ingresadas sin reclamo familiar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Me viste por casualidad supongo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No, que va. Te venía buscando hace un mes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Y eso?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Puedo?– dijo señalando el borde de la cama.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Sí, tío, siéntate. Ahora cuéntame.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Bueno, verás...¿no te llama la atención que no tenga un sólo rasguño?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ahora que lo dices...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;El caso es que yo no estaba en la escuela. Ese día tenía una misión especial...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Déjate de pausas, ¡me estás matando!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Llevaba... llevaba una semana planeando putearte, pero bien puteado. Un amigo me armó un chisme que combinaba una bomba fétida con unas bolas de pintura. Hasta un temporizador tenía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Coño. Sí que había conseguido cabrearte.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No tienes ni idea macho – dijo hamacando el mentón y disimulando una sonrisa. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Y el plan era...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ponértela bajo el pupitre, clase de literatura antigua. En el &lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;descanso&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; de las once me colaría para activarla, entonces...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¡Zum! ¡Pas! Pringado de pintura y oliendo a perro muerto, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ya. Ese era el plan. Pero, cuando me faltaban dos calles para llegar a la escuela, ¡me di cuenta de que me había olvidado de ponerla en mi portafolios! Imagínate. Regresé a la pensión y me metí al sótano donde escondía mi artefacto. Estaba allí debajo cuando cayeron las bombas. Una de las neveras cayó sobre la entrada y me aisló totalmente del fuego. Claro que salir fue un asunto, aunque ya ves, igual de moreno y sin heridas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Increíble. ¿Y qué pasó?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Bueno, entre otras cosas la vibración del bombardeo activó mi juguetito y...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No, espera–empecé a reírme y no pude parar–acabaste, jaja...tú, jaja, no me lo creo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Créetelo. Pringado de pintura y oliendo a perro muerto. Hay que joderse, jajaja.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¡Ay, que me van a tener que vendar otra vez, noooo!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Nos reímos tanto que la enfermera jefa vino expresamente a exigirnos silencio. Seguimos hablando de que rara es la vida, esa vida que recién empezábamos y ya nos regalaba ese tipo de cosas. Se quedó un rato, luego miró el reloj y dijo:&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Me tengo que ir, vuelvo el viernes– yo no le creí en ese momento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No sé cómo agradecerte, Lok y perdóname ser tan...capullo, ¿vale?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Vale, tío, sin problemas. Pero hazme un favor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Lo que sea.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Dime&lt;/span&gt;&lt;i&gt; “Moratón”&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, ¿quieres?– dijo guiñando un ojo. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;En la otra existencia que hasta entonces había llevado, la del joven talentoso y lleno de orgullo injustificado, habría pensado que Loken estaba majara, desequilibrado. Pero en la actual, sumergido hasta el pescuezo en aquel agitado mar de circunstancias, el pedido de ese chico de diecisiete años no sólo tenía sentido, era prácticamente &lt;i&gt;obligatorio&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Cuenta con ello. Hasta el viernes, &lt;/span&gt;&lt;i&gt;“Moratón”.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;Como dije, &lt;/span&gt;yo no le había creído. Pero el viernes se apareció con unas revistas.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Así durante las cinco semanas que duró mi convalecencia.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Nos hicimos amigos.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Cuando estuve en condiciones fuimos juntos a enrolarnos. El mismo día, él entro en la fuerza aérea y yo en el ejército.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Dos años más tarde, el bombardero &lt;i&gt;Junno-BM23&lt;/i&gt; en el que él volaba como navegante sería derribado en una incursión sobre territorio hostil. Fue, exactamente, el 26 del segundo mes del 5309.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;En una fría mañana, cuando volvía de ser relevado de un “&lt;i&gt;POA”&lt;/i&gt; (puesto de observación avanzada) recibí el papel amarillo de las defunciones de la mano temblorosa de un ordenanza novato. Tuve un escalofrío por toda la espalda que superó con creces el entumecimiento de las húmedas horas de guardia. Cogí el papel y lo desplegué, el encabezado era el típico: &lt;i&gt;“El Ministro de Guerra lamenta informarle...”. &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Continué leyendo mientras un frío gélido se apoderaba poco a poco de mis extremidades “...&lt;/span&gt;&lt;i&gt;el alférez de vuelo Loken Alkunkaum, ha caído en el campo del honor en el sagrado cumplimiento del deber...”&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Bajo el bla-bla-bla burocrático y la descripción de las circunstancias de la muerte, había una escueta nota de su jefe de escuadrón, un capitán cuyo nombre siempre se me escapa, describiéndolo como&lt;/span&gt;&lt;i&gt; “un soldado alegre pero disciplinado, siempre dispuesto a intervenir como voluntario allí donde se necesitasen un par de manos más. La misión era tan arriesgada que sólo se admitieron voluntarios, como era de esperar, el alf. de vuelo L. Alkunkaum se presentó el primero. Si sirve de algo, me tomo la libertad de decir que su muerte no fue en vano, el objetivo fue destruido y las bajas enemigas resultantes fueron importantísimas”.&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; Más abajo y retomando el lenguaje oficial, se me  notificaba que era &lt;/span&gt;&lt;i&gt;“...el único autorizado a recibir las pertenencias del fallecido, por su expreso consentimiento, tal como consta en el formulario FCPM15.”&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Aquel fue uno de los pocos días que recuerdo haber llorado. Un año después  la guerra ya me habría dejado los lacrimales prácticamente secos.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Actualmente, las cosas de  “Moratón” tienen un lugar de honor en mi casa, y todos los aniversarios las saco, las limpio y me quedo un rato contemplándolas mientras bebo un buen vaso de aguardiente azul. Generalmente lustro su &lt;i&gt;Medalla al Mérito Póstumo&lt;/i&gt; mientras trato de olvidar al héroe y recupero fragmentos del pasado, de aquel chaval de pelo crespo y andar gracioso, del que yo me burlé cobardemente dos semestres y del que tengo el honor de haber sido su mejor amigo.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-3301564006992083074?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/nQHXaIptW78" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/nQHXaIptW78/capitulo-11.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/08/capitulo-11.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-3621133335738558205</guid><pubDate>Wed, 28 Jul 2010 20:15:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-07-28T14:37:44.695-07:00</atom:updated><title>Anexo 3</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;b&gt;La Bomba Araña&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/TFCTduyATWI/AAAAAAAAAE0/qNxgBnkymQY/s1600/comparativa-tama%C3%B1o-spdr-8.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/TFCTduyATWI/AAAAAAAAAE0/qNxgBnkymQY/s320/comparativa-tama%C3%B1o-spdr-8.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Comparativa dimensional del misil de medio alcance &lt;i&gt;spr-D8&lt;/i&gt;. A la izquierda vemos la pintura estándar del arma, a la derecha vemos la usada en los bombardeos del "día más negro". En un arranque de cinismo, las armas utilizadas para devastar las ciudades de la &lt;i&gt;NUK&lt;/i&gt;, se pintaron con los colores nacionales &lt;i&gt;kriglaundeses&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-3621133335738558205?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/8IoEc9O4cms" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/8IoEc9O4cms/anexo-3.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/TFCTduyATWI/AAAAAAAAAE0/qNxgBnkymQY/s72-c/comparativa-tama%C3%B1o-spdr-8.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/07/anexo-3.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-2423103728109358877</guid><pubDate>Wed, 21 Jul 2010 21:49:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-07-23T03:35:31.657-07:00</atom:updated><title>Capítulo 10</title><description>&lt;meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="CONTENT-TYPE"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)" name="GENERATOR"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;style type="text/css"&gt;
	&lt;!--
		@page { margin: 2cm }
		P { margin-bottom: 0.21cm }
	--&gt;
	
&lt;/style&gt; &lt;br /&gt;
&lt;div align="CENTER" style="line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;b&gt;De entre las cenizas, las ascuas.&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;Pretnatz &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;ardió durante tres días y dos noches. El brutal bombardeo había arrasado sus  zonas y lugares más emblemáticos, volviéndola extraña, casi irreconocible, como a una persona a la que le han arrancado la nariz y las orejas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;La cuidad donde todos solían comer, dormir, amar y reír se había convertido en un páramo sin identidad, en un lugar ajeno y triste.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Pero en el casco viejo y a pesar de haber recibido lo peor del castigo, aun quedaba un vestigio del pasado esplendor metropolitano. Allí, como un blanco hueso que las llamas habían sido incapaces de roer, se elevaba la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;Catedral del Alba&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;16&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;,&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;el prodigio arquitectónico más antiguo, bello y famoso del sureste del país. Construido quinientos años atrás con lo mejor de las canteras de las &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;Islas de Anna&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;17&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;, &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;sus cansados cimientos continuaban soportando el paso del tiempo y el peso de la guerra.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Verla así, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;incólume, envuelta en la silenciosa dignidad que dan los siglos, mientras a su alrededor se apilaban ruinas sobre ruinas, era algo que te estrujaba el corazón. Sus naves laterales, rematadas en dos hermosos minaretes hechos de mármol y lapislázuli, parecían abrirse paso entre las omnipresentes columnas de humo, como los potentes brazos de un  gigante bondadoso, separando las tinieblas de la luz, imponiéndose orgulloso y brillante entre los restos ennegrecidos de la ciudad.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Cuentan – y yo lo creo– que durante un tiempo todas las miradas, tarde o temprano,  se dirigían a la &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Catedral;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; que bomberos, rescatistas y supervivientes buscaban el consuelo de su perfil desde cualquier sitio, como quien busca un ancla para no ser arrastrado hacia lo desconocido. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Su imponente mole dejó de ser una simple referencia turística o un icono religioso para  transformarse en una presencia, en el símbolo de la resistencia de su gente. Tanto fue así que la &lt;/span&gt;&lt;i&gt;5ta División Acorazada “Puño de Hierro”&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, con base en la provincia, la adoptó como estandarte de guerra con el lema &lt;/span&gt;&lt;i&gt;“Ink glever ink fhorger”&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; (“ni olvidamos ni perdonamos”) y muchos de sus combatientes se la tatuaron en el lado izquierdo del pecho (esta división&lt;/span&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;sería conocida por su furia en el campo de batalla y su fama haría temblar a los soldados &lt;/span&gt;&lt;i&gt;tzusbekkos &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;más duros).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;La &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Catedral &lt;/i&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;del Alba&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;también era conocida por otra cosa. En la base de su cúpula encebollada tenía un texto en bajorrelieve que aparecía en todas las postales y enciclopedias,  cuyos gruesos caracteres parecían desafiar el polvo y el hollín que flotaban en el aire de esos días y lanzar al mundo una promesa y una adveretencia: &lt;/span&gt;&lt;i&gt;“De tus propias cenizas renacerás”.&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Fue de niño cuando la vi por primera vez. Cuarto o quinto curso, no recuerdo bien, en  una visita escolar (cuando &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Pretnatz&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; todavía no estaba en mis planes, ni siquiera en los más descabellados). Sobrecogido por la magnitud de la &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Catedral&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, me aparté del grupo sin querer, miré hacia arriba y leí la famosa frase. Mi profesora se acercó y se sentó a mi lado, sin decir palabra. Luego de unos segundos me llevo de la mano hasta la majestuosa escalinata principal desde donde se podía apreciar aun mejor y me dijo algo así como que en aquella frase podíamos encontrarlo todo: consuelo para nuestro sufrimiento, elogio para nuestro valor y estímulo para reforzar nuestra voluntad de seguir adelante. &lt;/span&gt;&lt;i&gt;“De tus propias cenizas renacerás”. &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Cuando regresamos al colegio tuvimos que hacer una redacción sobre esas hermosas palabras.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Obviamente, el ayer había quedado muy atrás y aunque la sabiduría no caduca, nosotros sí. Porque si las cenizas te escupen al mundo de los vivos con el sesenta por ciento de tu cuerpo quemado, tus pulmones deshechos y medio ciego; si una mañana cualquiera un funcionario de &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Defensa Civil,&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; con cara de circunstancia, te comunica que la casa de tus padres es ahora un puñado de polvo y sus cuerpos no han podido ser hallados; si con el paso de los días se va pintando ante ti un cuadro en el que ninguna persona cercana ha conseguido escapar de la masacre, entonces la frase ya no parece tan auspiciosa. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;Entonces te da por pensar que sí, que la ciencia médica ha triunfado, pero tú has perdido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;¡Oh, maldita rueda de la fortuna! Tus designios siempre tan caprichosos, inapelables y crueles. Tanto dejas morir a cientos que ansían la vida, como resucitas a uno que prefería el descanso eterno. El universo no puede ser más aleatorio. ¿Será por eso que erigimos catedrales y templos a prueba de todo, será que por eso filosofamos y tallamos ostentosas frases como herencia?  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Tres días después de mi ingreso, cuando la muerte dejó de rondar mi lecho, los médicos decidieron trasladarme de cuidados intensivos a sala de quemados, donde, a modo de bienvenida, me esperaba una seguidilla de malas noticias. Un día sí y el otro también, me enteraba de algo terrible. El coma, que había actuado como un dique conteniendo la furia del mar, ya no existía y las compuertas de mis párpados y mis oídos estaban abiertas de par en par. El mundo real entró a chorros en mi cerebro, dispuesto a no dejar nada en pie.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Por suerte me habían atiborrado de drogas y sus efecto sólo me dejaban los grandes titulares, los subtítulos a duras penas traspasaban la barrera química y los detalles, acababan disueltos en una esponjosa y agradable amnesia. De esa manera la locura y la desesperación fueron mantenidos a raya.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Una tras otra se fueron agotando, las malas nuevas fueron disminuyendo numéricamente, dejaron de acudir en hordas salvajes hasta el borde de mi lecho hospitalario. Pasaron de ser una tempestad a convertirse en las últimas gotas de una lluvia negra y perniciosa.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Hasta que llegó la  última de todas.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Mi “última gran mala noticia” la recibí en forma de una pequeña bolsita de plástico. Contenía únicamente un anillo de oro con una piedra incrustada y una medalla atada a una cadena de plata, todo en un lamentable estado semi carbonizado.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;La detective de policía –una cuarentona de cara avinagrada, gafas de carey y pelo entrecano –, llevaba unos minutos al pié de la cama, las manos cruzadas a la espalda, esperando pacientemente mi respuesta.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Jugué con los objetos entre mis lastimados dedos. Me habría arrancado las vendas si hubiese podido, necesitaba sentirlos, captar algo, despedirme como correspondía. Pero mis yemas en carne viva sólo habrían logrado sumar dolor al dolor.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Sí– mi propia voz sonaba ajena–, son sus cosas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;La detective descruzó su manos, la libreta y el bolígrafo que respetuosamente había ocultado entraron en acción.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Lo identifica positivamente?– dijo presionando el botón del boli.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿&lt;/span&gt;&lt;i&gt;Positivamente&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;? ¿Usáis esa palabra en estos casos?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Ella levantó la mirada por encima del gastado armazón. Se le notaba el cansancio. Posiblemente llevaba varios días a turno completo haciendo esa mierda de trabajo, paseándose con lo poco que las bombas habían dejado de las víctimas con la esperanza de ponerle un nombre a un expediente y poder pasar a otro. Suspiró levemente.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tendrá que disculparme, deformación profesional que le dicen. Ejem, ¿identifica &lt;/span&gt;&lt;i&gt;afirmativamente&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; los objetos? &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Sí–, contesté sin desviar la mirada de la bolsita.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Podría decirme a quién pertenecían, si fuese tan amable?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Gallak. Estévanus Gallak– dije y apenas su nombre salió de mi boca, el tenue rumor de la sala se apoderó de él, desbaratándolo contra las blancas y asépticas paredes del hospital, amplificando la contundencia de su muerte, lo irreversible de su ausencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Gracias, señor Vinterjaüs... – y luego agregó, mientras se quitaba las gafas – mi más sentido pésame. Ya lo he molestado lo suficiente, lo dejo descansar – dicho lo cual giró rumbo a la salida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Espere, se olvida esto –dije balanceando el envase transparente–, algún familiar querrá conservarlo, creo yo...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Giró y se quedó mirándome como si no entendiese de qué le estaba hablando.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Yo... yo sólo era su colega, ¿comprende?, su amigo. Lo quería, claro, quería a ese cabrón, pero... supongo que alguien tendrá mas derecho a sus pertenencias.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Pestañeó lentamente como si buscase algo dentro de sí. Quiso dedicarme una sonrisa pero sólo consiguió torcer los labios hacia arriba, una mueca amarga.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;–&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ahora mismo, &lt;/span&gt;&lt;i&gt;nadie&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; tiene más derecho que usted,  señor Vinterjaüs. Si me lo permite –dijo inclinando la cabeza – debo irme. Buena suerte.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;“&lt;i&gt;Si un árbol cae en el bosque y nadie esta ahí para oírlo, ¿ha caído realmente?”&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; Esa vieja pregunta, con la que jugábamos a confundirnos en la primaria y a la que nunca había encontrado el sentido, estaba ahora rebotando dentro de mi cráneo, acompañando cada golpe de tacón de la detective, como un eco fúnebre e interminable.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Fue tremendo quedarse a solas con todo ese vacío. El vacío de una vida arrancada de cuajo sin apenas testigos, de gente sin parientes, de muertos sin deudos.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Pasaron lo días y un pensamiento comenzó a torturarme sin descanso. ¿Fueron los dioses, el destino u  otra clase de fuerza cósmica lo que me había arrancado de la muerte? ¿Porqué ni las mismísimas llamas del infierno habían conseguido acabar con mi miserable existencia? Yo siempre me mofaba de los perseguidores de mensajes ocultos, de los “&lt;/span&gt;&lt;i&gt;encajapiezas&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;” que no paran de buscar el sentido al sinsentido. A decir verdad, la sola idea de un universo mirando por encima de tu hombro y velando por ti me hacía arrugar la nariz. Pero  cuando tu mundo cambia, todo cambia. Se altera el orden y la estructura. Nuestra mente, diseñada para no caer, busca el punto de apoyo y si no lo halla, lo inventa. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Quizás yo también inventaba, no podría asegurarlo. Tenía corriendo por mis células demasiados medicamentos, demasiados dolores y sin duda demasiados pensamientos. Sentí la imperiosa necesidad de asumir un compromiso, un pacto, conmigo mismo y con los que ya no estaban, con los cientos de miles que se pudrían en las calles bajo el glamoroso sol veraniego. La sangre empezó a hormiguear en brazos y piernas, una desconocida furia por vivir parecía estar electrificando mi cuerpo de arriba a abajo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Me &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;incorporé&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; en la cama todo lo que las heridas me permitían y mirando el cuadriculado trozo de cielo que asomaba por una de las ventanas, juré en silencio no descansar hasta encontrar alguna clase de justicia o una terrible forma de venganza, la que cuadrase primero. A partir de entonces &lt;/span&gt;– &lt;span style="font-style: normal;"&gt;prometí para mis adentros–&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; cada día de mi vida significaría un día de vida menos para el enemigo, un día más cerca de su derrota. &lt;/span&gt;&lt;meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="CONTENT-TYPE"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)" name="GENERATOR"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;style type="text/css"&gt;
	&lt;!--
		@page { margin: 2cm }
		P { margin-bottom: 0.21cm }
	--&gt;
	
&lt;/style&gt; &lt;br /&gt;
&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tenía la garganta reseca por la rabia y el entrecejo hecho un nudo, me palpitaban las sienes.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Entonces aquella extraña sensación irrumpió en mi, desalojando todo lo demás. Una especie de certeza cayendo en capas, un dibujo que no acababa de completarse. Hasta que se completó. Cuando miré en derredor lo entendí todo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Supe, con claridad meridiana, que en muchas camas como la mía, en ese preciso instante, en cada hospital y centro sanitario estaba ocurriendo exactamente lo mismo. Cerré los ojos y vi el mismo ritual, replicándose a sí mismo una y otra vez, reclutando a hombres y mujeres hartos de sufrimiento y de agitar los puños en el vacío. Lo imaginaba como un reguero de pólvora,  como una promesa de sangre y rabia saltando de cama en cama, de corazón en corazón.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tan claro como el agua de una fuente, pude ver que &lt;/span&gt;&lt;i&gt;ya&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; éramos un ejército.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Sí, una hueste a punto de cambiar las vendas, los apósitos y las escayolas por el frío acero de los fusiles; una columna de almas ardiendo en el fragor de la indignación, marchando imparables hacia la libertad o la muerte.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;De pronto ya no estaba solo, ahora éramos miles, millones tal vez y en algún arsenal nuestras armas nos esperaban, repletas de odio. El tiempo de la misericordia había acabado, la piedad nos sería desconocida. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Las palabras del poeta &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Djall&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; acudieron a mi:&lt;/span&gt;&lt;i&gt;“...y ahora sólo soy un lobo, vagando en eterna batalla, sin conocer otro alimento que la carne de su enemigo ni otro licor que las lágrimas de sus viudas”.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Un ligero dolor me hizo abrir la mano y dejar de exprimir la pequeña bolsa. A la altura de la palma las vendas se había tintado de rojo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="CONTENT-TYPE"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)" name="GENERATOR"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;style type="text/css"&gt;
	&lt;!--
		@page { margin: 2cm }
		P { margin-bottom: 0.21cm }
	--&gt;
	
&lt;/style&gt; &lt;br /&gt;
&lt;meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="CONTENT-TYPE"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)" name="GENERATOR"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;style type="text/css"&gt;
	&lt;!--
		@page { margin: 2cm }
		P { margin-bottom: 0.21cm }
	--&gt;
	
&lt;/style&gt; &lt;br /&gt;
&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Catedral del Alba&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;&lt;i&gt;16&lt;/i&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/b&gt;&lt;i&gt;:edificio religioso erigido en el 4800 por orden el Supermo Maese de la Orden de La Luz, Tito Luseey IV. Llevó 11 años construirlo y una cantidad ingente de dinero. A punto estuvo de perder su financiación y quedar a medias, pero la oportuna intervención del rey Juhan de Kirgstag “El Pío”, conocido devoto de la Orden, consiguió reunir los fondos necesarios. Durante 100 años, mientras sus paredes fueron custodias del Sephieret (una esfera dorada supuestamente perteneciente al profeta Vanderumanni) fue centro de peregrinación. El traslado de la reliquia al Templo Mayor de la Orden de Gesellkieg (la capital) mermó notoriamente el flujo de devotos pero acentuó el de turistas y estudiantes de arquitectura ávidos de belleza y armonía. Su estructura se compone de: una nave central octogonal que soporta una cúpula encebollada (similar a las catedrales rusas de nuestra era) con incrustaciones de bronce y oro en escamas (lo que produce unos efectos lumínicos característicos); dos alas perpendiculares a la nave central, cada una rematada en su final por un minarete de 35 metros de altura, orientados al este y al oeste, respectivamente (señalando la salida y la puesta del sol). El material básico utilizado fue el mármol de Anna, específicamente la variedad “perla del monarca”, la más cara del mundo, con un acabado casi de espejo. Para las decoraciones se empleó el lapislázuli, la piedra y el color de la Orden. Dentro de su nave principal los juegos de luces son aún más impresionantes. En un alarde de habilidad ingeniera, sus constructores consiguieron producir tres eventos lumínicos al año, coincidiendo con las Tres Fechas Sagradas. Ha sido declarado Patrimonio Cultural Universal.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; widows: 2;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Islas de Anna&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;&lt;i&gt;17&lt;/i&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/b&gt;&lt;i&gt;: archipiélago de tres islas en el Mar Occidental a 30 millas náuticas al oeste del Golfo de la Muerte. Su fama reside en sus preciadas canteras de mármol y granito.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-2423103728109358877?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/580KbAfAgEQ" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/580KbAfAgEQ/capitulo-10.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/07/capitulo-10.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-1202087032350726992</guid><pubDate>Fri, 16 Jul 2010 12:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-07-16T05:23:56.893-07:00</atom:updated><title>Anexo 2</title><description>&lt;meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="CONTENT-TYPE"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)" name="GENERATOR"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;style type="text/css"&gt;
	&lt;!--
		@page { margin: 2cm }
		P { margin-bottom: 0.21cm }
		P.sangría-de-primera-línea { text-indent: 0.5cm }
	--&gt;
	
&lt;/style&gt; &lt;br /&gt;
&lt;div align="CENTER" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/TEBOGIOsCcI/AAAAAAAAAEc/9S-dWbbkwXM/s1600/bandera_AT_flameando.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/TEBOGIOsCcI/AAAAAAAAAEc/9S-dWbbkwXM/s320/bandera_AT_flameando.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="CENTER" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="CENTER" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="CENTER" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;La Enseña de la Alianza&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="CENTER" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;En el año 5287,  un comando integrante del &lt;i&gt;Frente Armado para la Liberación del Tzusbekkiñân&lt;/i&gt; (también conocido por &lt;i&gt;FALT&lt;/i&gt;) se abrió paso a tiros por los pasillos de la &lt;i&gt;Tribuna Gubernamental*.&lt;/i&gt; Al llegar al despacho del &lt;i&gt;Primer Canciller &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;se encontraron una improvisada barricada que rápidamente destruyeron con bombas de mano. Una vez eliminada la resistencia de la &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Guardia Blanca**&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; entraron en el majestuoso salón hexagonal, apresaron al &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Canciller Tilochijôvich&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;y &lt;/span&gt;y tras un breve discurso en el que se invocaba la voluntad popular, uno de los integrantes gritó “¡traidor!” descerrajándole un disparo en la sien con su pistola. En ese instante, mientras el cuerpo sin vida de &lt;i&gt;Tilochijôvich&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;y caía sin ruido&lt;/span&gt; en la gruesa alfombra del despacho de la cancillería, todas las radios  y cadenas televisivas emitían el anuncio de que el gobierno había sido derrocado.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;De esa manera acababa la &lt;i&gt;República Popular Tzusbekka&lt;/i&gt;, 150 años después de su creación. Había nacido la &lt;i&gt;Alianza del Tzusbekkiñân Libre&lt;/i&gt; o &lt;i&gt;ATL&lt;/i&gt;, una nación que se convertiría en el símbolo de la opresión y la conquista salvaje.&lt;br /&gt;
Primero orientaron su expansión hacia los territorios que históricamente le habían pertenecido, pero la ambición nunca acaba donde empieza y continuaron su intento por controlar todo el continente antiguo.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;También esgrimían razones religiosas como refuerzo de si ideología totalitaria. Si el resto del mundo quería ser merecedor de su respeto debería abrazar el &lt;i&gt;“divinariupit”&lt;/i&gt;, el &lt;i&gt;“credo sagrado de la raza elegida”. &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;La inmediata conversión (además de la sumisión absoluta a su poder político-militar) era la única forma conocida de escapar a su fanática intolerancia.Cualquier clase de oposición era castigada sin demora.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;La bandera que conoció el mundo y que agrupó a las naciones aterrorizadas bajo su yugo portaba un haz de flechas dentro de un triángulo. Las flechas representaban la fuerza de la unión y el triángulo su de gobierno, el triunvirato, formado por los tres mariscales más poderosos y despiadados (llamados también “el triángulo de acero”).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Las tres bandas de color horizontales, repetidas arriba y abajo son los colores tradicionales de la tribu tzuskalî, supuesta antepasada política del &lt;/span&gt;&lt;i&gt;FALT&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; y grupo étnico primigenio que según la leyenda  consiguió reunir a las demás tribus nómadas bajo el mensaje del &lt;/span&gt;&lt;i&gt;divinariupit”. &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Esto ocurrió en la región considerada sagrada del  &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Tzusbekkiñân, &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;delimitada por tres ríos (de ahí las tres bandas): el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Río del Lamento&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Girlusk&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; y el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Gran Trueno. &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Con estos colores se decoran también las &lt;/span&gt;&lt;i&gt;stâlvedis&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; o templos &lt;/span&gt;&lt;i&gt;divinarius. &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;El amarillo-dorado representa el “oro ideológico” de la Alianza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/TEBONnkGe6I/AAAAAAAAAEk/mYduHEcCqFM/s1600/bandera-Tsuzbekka.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/TEBONnkGe6I/AAAAAAAAAEk/mYduHEcCqFM/s320/bandera-Tsuzbekka.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;*Tribuna Gubernamental: imponente edificio de forma semicircular en el que se agrupan los despachos del los integrantes más importantes del gobierno. Es famoso por sus 111 columnas de mármol labrado. En sus bajorelieves se detallan los hechos históricos más destacados de los últimos 150 años. Cuando asumió el FALT parte de sus más hermosos decorados fueron retirados por ser considerados decadentes, antireligiosos o simplemente contrarios a los deseos totalitarios del régimen.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;**Guardia Blanca: selecto grupo de guerreros encargado de la custodia de los grandes dignatarios, entre ellos el Primer Canciller. Tras el golpe de estado, desaparecieron todas las figuras políticas y administrativas de ña anterior democracia. La Guardia fue disuelta y sus jefes ejecutados sumariamente. En su lugar se creó la Escolta del Pueblo, formada por asesinos fanáticos, seleccionados por su extraordinaria capacidad para el combate.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-1202087032350726992?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/vzsm6qv3L34" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/vzsm6qv3L34/anexo-2.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/TEBOGIOsCcI/AAAAAAAAAEc/9S-dWbbkwXM/s72-c/bandera_AT_flameando.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/07/anexo-2.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-4048862925296439932</guid><pubDate>Mon, 12 Jul 2010 14:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-07-16T02:18:26.325-07:00</atom:updated><title>Anexo 1</title><description>&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/TDz69plWXhI/AAAAAAAAAEE/9Rxp6_9R0aM/s1600/bandera_nuk_flameando.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/TDz69plWXhI/AAAAAAAAAEE/9Rxp6_9R0aM/s320/bandera_nuk_flameando.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="sangría-de-primera-línea" style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;La Krigflaggun&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="CONTENT-TYPE"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)" name="GENERATOR"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;style type="text/css"&gt;
	&lt;!--
		@page { margin: 2cm }
		P { margin-bottom: 0.21cm }
		P.sangría-de-primera-línea { text-indent: 0.5cm }
	--&gt;
	
&lt;/style&gt; &lt;br /&gt;
&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;El día 25 del onceavo mes del 5227 se presentó al mundo el diseño de la bandera destinada a transformarse en el nuevo pabellón de la &lt;i&gt;Nación Unificada de Kriglaund (NUK). &lt;/i&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;Cinco meses atrás, el país había sufrido una cruenta guerra civil. El falso barniz de tolerancia que escondía la violencia acabó desgastándose con los años de incompetencia y arrogancia política. Un gobierno excesivamente centralizado que no se dignó a salir de su refugio capitalino para enfrentar el problema, fue el catalizador perfecto para el desastre: facciones secesionistas decidieron que era el momento ideal para golpear y golpear duro.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;Al final la negligencia inicial pudo ser corregida por las armas y el extremismo consiguió ser derrotado. Pero las cicatrices resultantes o mejor dicho, la forma de atenderlas, sería lo que realmente dictaría el éxito o el fracaso. Los cañones estaban en silencio, pero las ideas, naturalmente seguían allí.  &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;El entonces presidente,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;  Lord Ayurmen Paelengraü, &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;que había asumido el mando tras la dimisión de la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Junta Gubernamental&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; y a quien no le había temblado el pulso para aplastar la revolución separatista, sabía muy bien que para edificar la nueva de nación había que hacerla desde todos los planos. Y sobre todo debía &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;hacerse encontrando&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; alguna fórmula que inhibiese el concepto de vencedores y vencidos. Sólo así eran factibles paz y estabilidad duraderas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Este pensamiento puede resumirse en una de sus más famosas y brillantes alocuciones, al acabar la Guerra de la Unificación, en la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Plaza de Armas del Palacio Imperial*:&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;“...no me veréis alegre en este día, tan sólo veréis en mi el alivio. Porque un padre no se alegra de que un hijo viva y mientras entrega al otro a la muerte; ni un hombre verdadero puede ser feliz con la desgracia de su propio hermano. Todos hemos ganado y todos hemos perdido. Volvemos a ser una nación donde todos podremos ser felices, eso es lo único que importa.”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;omo parte inicial de este proceso decidió implementar la creación de una nueva simbología nacional, más representativa, más acorde con el nuevo rumbo y los nuevos compromisos asumidos en  &lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;El Congreso del Monte de la Esquina, &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;casi cinco meses antes&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-style: normal; font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;A toda prisa se abrió concurso para el diseño de los símbolos nacionales. El jurado se formó con las figuras más destacadas de la esfera artística, académica y política. Quedaron tres finalistas, los que fueron sometidos a votación popular en las urnas. &lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Ferdus Veylh&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;, un poco conocido ilustrador y diseñador, fue el autor de los bocetos elegidos por el pueblo, entrando así en la historia y acreditándose uno de los honores más altos que un artista puede ostentar: crear la imagen de su propio país.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Los colores fueron elegidos basándose en la antigua tradición &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;krig&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;, con orígenes en los antiguos códigos usados por los belicosos reinos medievales, cuando la nación era apenas una vaga idea. El negro es el color del honor y el rojo el del respeto a los antepasados. La estrella y la corona almenada proceden del antiguo pabellón (esta vez en el centro en lugar de una esquina). Una escolta de dos dragones (símbolo nacional, supuestamente derivado de los primeros clanes reales y que simbolizan el valor y la nobleza de espíritu) representan la dualidad y su armonía, las dos ideas que habían llevado sus diferencias hasta el campo del honor ahora velaban juntas a misma patria, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;reflejando&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; la unión y la paz.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Hasta ahora nadie ha creído necesaria cambiarla, por lo que sigue siendo la bandera de la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;NUK&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; y un símbolo imprescindible para toda su gente: la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Kriglfaggun&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;, la divisa o bandera de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Krig, &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;también conocida como&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; “La Pacificadora”.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea" style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;&lt;i&gt; &lt;br /&gt;
&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/TDz7MF-AI3I/AAAAAAAAAEM/diytMweYUIU/s1600/bandera-NUK2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/TDz7MF-AI3I/AAAAAAAAAEM/diytMweYUIU/s320/bandera-NUK2.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="sangría-de-primera-línea" style="text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; &lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" class="sangría-de-primera-línea"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Plaza de Armas del Palacio Imperial*: sitio donde hasta la actualidad se realizan llamamientos y declaraciones de carácter excepcional por parte del presidente o del primer ministro, nadie más está autorizado para ello. Dicha Plaza de Armas está ubicada en el frente mismo del Palacio Imperial, mide 250m de ancho por unos 400 de largo, rodeada de los Jardines Ilustrados y alineada con la Avenida del Regreso Triunfal.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-4048862925296439932?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/NKAAUkC8-Sw" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/NKAAUkC8-Sw/la-kriegflaggun.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_xYHQma7zP3A/TDz69plWXhI/AAAAAAAAAEE/9Rxp6_9R0aM/s72-c/bandera_nuk_flameando.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/07/la-kriegflaggun.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-3097851932028024124</guid><pubDate>Wed, 07 Jul 2010 23:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-07-07T16:22:38.259-07:00</atom:updated><title>Capítulo 9</title><description>&lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt; 	&lt;/style&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt; &lt;b&gt;capítulo 9&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt; &lt;i&gt;&lt;b&gt;Mi &lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;b&gt;día más largo&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Tenía veintidós años y a esa altura de la mañana me tocaba entrar a mi clase en la &lt;i&gt;Escuela de Técnicas Gráficas y Visuales&lt;/i&gt; de &lt;i&gt;Pretnatz. &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Cursaba tercero y sólo me faltaba un semestre para obtener mi diploma oficial de periodista. Aunque, honestamente, ese día mi futuro académico me importaba un pimiento. Maneful, la chica con la que estaba saliendo en secreto desde hacía doce meses y medio había roto conmigo la semana anterior y eso me tenía sumido en una brutal depresión amorosa. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; “&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Te lo dije” me reprochaba mi mejor amigo de entonces, Estevanus. “¿A qué mierda te metes &lt;/span&gt;&lt;i&gt;'con esa gente'&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;?” Por &lt;/span&gt;&lt;i&gt;“esa gente”&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, Estevanus se refería a los &lt;/span&gt;&lt;i&gt;oblipostva&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, una congregación religiosa con una tradición que se remontaba unos dos mil quinientos años –tal vez más– famosa por ser profundamente sectaria. Esto significaba que, entre otras cosas, si no eras un &lt;/span&gt;&lt;i&gt;oblipostva&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; no podías ni acercarte a una de sus mujeres, ¡solían ponerse violentos incluso! (¡oh!, esa maravillosa capacidad para la hipocresía, para volver compatibles el amor universal y el odio fundamentalista, nunca dejará de sorprenderme). Pero ni la posible amenaza, ni los gritos al cielo que echaba Estévanus, fueron capaces de detenerme en mi aventura. Así que jugué a las escondidas, tuve mi amor prohibido, tuve mi sexo prohibido. Tenía su encanto, lo confieso. Por amor hice un sincero –aunque breve– intento de entender los intrincados textos sagrados (el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Obliptam I&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; y el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;II&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, menudos ladrillos por cierto). Intenté sin éxito transformarme en una persona contraria a mi naturaleza (uno de los pocos fracasos de los que me enorgullezco) y sólo un milagro evitó que perdiese a mi mejor amigo... y todo para nada. Porque al final, la presión rompió las cosas por su esquina más frágil: Maneful no se veía llevando una vida de infracción moral junto a un profano. Fanatismo religioso: 1; amor incondicional: 0. Fin del partido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Hoy reconozco que quizás fue pedirle demasiado a una chica de su edad, sobre todo si desde el nacimiento te bombardean con la idea de que el mundo exterior es una amenaza, un monstruo listo a comerse tu pureza espiritual apenas te descuides. El amor encuentra difícil germinar en un terreno abonado por la culpa y la represión. Claro que en aquel momento no contaba con el blindaje que te dan los años y sólo era capaz del dolor, de la rabia...y de cansar a Estévanus con mi letanía de macho traicionado (miro atrás y me doy vergüenza). Para empeorar las cosas había llegado hasta mi el rumor de que mi “ex” estaba saliendo con un grandullón del &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Liceo Naval&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;&lt;i&gt;15&lt;/i&gt;&lt;/sup&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;y que al parecer cumplía con todos los requisitos, incluyendo los religiosos. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Existen muchos sentimientos inútiles en el ser humano, pero los celos están en lo más alto de mi lista de inutilidades. No sólo te transforman en un absoluto imbécil, en un despojo autocompasivo que se pasa el día en un círculo de comparaciones absurdas; también salpicas con todo esto a quienes te rodean, te vuelves insoportable y ruin y al final, quienes más quieren ayudarte acaban siendo los más perjudicados. Pero, afortunadamente &lt;/span&gt;&lt;i&gt;todo tiene un límite&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;. Esta es para mí una ley física, la manera que tiene la naturaleza de sacarnos de situaciones estúpidamente prolongadas. Una ley que por alguna razón nunca aplicamos a las relaciones y quizá por eso nos resulte tan fácil destruirlas. En realidad aun las amistades más incondicionales necesitan de &lt;/span&gt;&lt;i&gt;alguna&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; condición para su supervivencia. Como, por ejemplo, la de no convertirte en un absoluto energúmeno intratable. Pronto conocería el límite de Estévanus.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Por la mañana, al despertarnos en nuestro austero cuarto de pensión estudiantil, la situación estalló.  Quizás la trasnochada en el bar y su correspondiente resaca influyesen en el asunto, quizás algo que dije o hice. Fuera lo que fuese a mi amigo se le colmó la cuota del aguante. Ahí nomás me puso, como se suele decir, &lt;/span&gt;&lt;i&gt;a parir&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;. Tenía un cabreo de tal magnitud que me llevó en una nube de insultos las cinco calles que nos separaban de la escuela. A mi no me quedaba más remedio que soportar el chaparrón porque, blasfemias aparte, tenía razón. Y ante la razón es de caballeros rendirse –además de no estar seguro que no me estrangularía si lo interrumpía.  &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Cuando ya teníamos a la vista el portaló&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;n enrejado&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; del instituto detuvo su verborrea. Jadeaba como el perro de un cazador, tenía las venas del cuello como sogas y los ojos inyectados en sangre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Vale –le dije apoyando la mano en su hombro– has dejado claro que te tengo harto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Se sacudió mi agarre con fastidio.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Es que, &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;macho&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, me lo pones muy difícil. Todo el día con el tema. Que Mane, esto, que Mane aquello, que si tal, que si cual...Uno al principio puede entenderlo, pero luego de un tiempo...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Lo sé, he estado un poco machacón, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Un &lt;/span&gt;&lt;i&gt;poco&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;? ¿Sólo un poco?– resopló mientras echaba hacia atrás su largo flequillo– ¡menudo coñazo me has dado! ¿No piensas madurar de una puta vez?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Valeeeee, ¿no irás a empezar otra vez, eh? Creo que ya te despachaste a gusto, me has dejado a la altura del betún, colega– repliqué volviendo la mano a su hombro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Buf...has estado imposible estos días... que una &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;cosa&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;es ser amigo y otra mártir. Lo siento, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;tronco&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;... igual me he pasado de la raya en alg&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;o de lo dicho... ¡pe&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;ro me has hecho perder los nervios, joder!. Mira, no sé si el rumor del grandote ese del &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Liceo Naval&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; es verdad o no. Ya sabes que la gente adorna lo que sabe y lo que no sabe se lo inventa. Ahora,  tema aparte, ¿no sabías en el fondo cómo acabaría esto? Y no me salgas con lo del amor, que está bien, tío, pero el coco uno lo tiene para pensar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Supongo... que... me engañé a mi mismo. A veces, como dices tú, el final está presente en el comienzo y uno no lo quiere ver. Lo siento de veras. Pero es que esto me ha partido en dos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Sabes que te quiero como a un hermano y te va a joder lo que te voy a decir, pero lo voy a hacer igual... el mar está plagado de peces, ¿lo pillas? Pla-ga-do. Sólo tienes que mirar a tu alrededor, ¡mira cuántos bomboncitos! –dijo señalando a un grupo de chicas que inmediatamente empezaron a reírse y a cuchichear entre ellas–. Eres un buen tío, tienes un gran corazón. Pero para las mujeres... sólo hay un modo elegante de decir esto: ¡tienes el gusto en el culo! ¿No puedes elegirlas menos complicadas? Tampoco es la primera vez que nos sucede esto, ¿verdad Math? No-no-no, tranquiiiilo –exclamó mostrándome las palmas–, no voy a revolver el pasado, aunque... ¡empiezas a asustarme! Además...–. Giró bruscamente, un amiguete común le había dado un palmetazo en la espalda a modo de saludo. Era mi oportunidad, o desplegaba alguna maniobra evasiva o me tendría toda la mañana con el discurso del amigo preocupado. Cuando volvió la vista hacia mí, yo ya tenía mi mejor cara de cordero degollado. Estévanus masculló algo sobre una causa perdida, cogió el paquete de tabaco del bolsillo izquierdo de su camisa, extrajo un cigarrillo y empezó a golpearlo por el filtro como si intentase sacarle una confesión. Cuando se lo llevó a los labios mi mechero y su llama azul estaban esperándolo. Aspiró el humo, su gesto mezclaba desilusión y alivio. Nos sentamos en la escalinata, de espaldas a la &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;fachada de vidrio y madera del edificio,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; como siempre que teníamos algo importante para conversar. Pero no conversamos, no hacía falta porque todo estaba dicho y además, todo estaba hecho. Maneful, no era para mi; los dioses, cualquiera fuese la secta a la que estuviesen afiliados, habían estado en nuestra contra desde el inicio. Claro que eso decía mi cerebro. El corazón aún recordaba su olor y su sabor a fruta recién arrancada, la sedosa experiencia de descubrir un nuevo rincón en su cuerpo, su risa como &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;cristales&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; acariciados por el viento. Hasta la raíz de su nombre, &lt;/span&gt;&lt;i&gt;maene-engful&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, “luna llena”, hacía que cada noche despejada me trajese su recuerdo. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tío, enamorarse es una mierda.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Menuda novedad– dijo pasándome el pitillo, la mano envuelta en humo gris, como si me estuviese dando un salvoconducto o una llave hacia un mundo sin decepciones.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Eso es lo último que recuerdo de él. No lo mejor por supuesto, pero si lo último.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Cuando las sirenas empezaron a rasgar la paz de la mañana con sus tétricos aullidos, todos, si excepción, buscamos el cielo abierto para ver de que se trataba; algo totalmente estúpido si se piensa que una sirena sirve para justamente lo contrario. Ninguno de nosotros había sido entrenado para reaccionar correctamente a una alarma antiaérea y eso explicaba el hecho de que media escuela estuviese parada en los patios y en la entrada principal, como polillas atraídas por el foco mortal. Por unos momentos sólo se escucharon las sirenas, como si éstas hubiesen absorbido todos los demás sonidos de la ciudad. Una capa de silencio se formó  debajo de aquel berrido monocorde, tornándose cada vez más y más tenebrosa, más y más opresiva. “Esto no pinta nada bien” se oyó y por más que nos giramos no pudimos encontrar al dueño de la voz. El trance duró un par de minutos, hasta que un policía pasó corriendo frente a &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;entrada&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, con la cara desencajada y gritando a voz en cuello:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿¿Se puede saber que coño estáis haciendo ahí fuera?? ¿No escucháis? –dijo poniendo una mano tras su oreja y señalando con la otra al cielo– ¡¡iros de aquí cagando leches!!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; A partir de ese momento todo lo que puedo recuperar de mi memoria sale a cámara lenta. Recuerdo con claridad el chirrido de las suelas girando contra el embaldosado del patio, los talones buscando la alineación correcta, las rodillas empujando el peso del cuerpo hacia la huida probable, los brazos como alas de una bandada de flamencos asustados. Recuerdo el miedo. El gusto metálico del miedo en la boca y la parálisis. Mis piernas, como las de los demás, decían “corre”, pero mis ojos decían “ya es tarde”.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;A unos doscientos cincuenta metros de distancia, sobre los tanques de agua que coronaban el recién estrenado edificio de correos, una enorme y estilizada saeta, pintada de negro y rojo, colgaba mágicamente de sus tres paracaídas plateados. Recortada contra el cielo limpio de la mañana no parecía diseñada para otra cosa que no fuese despertar admiración. Así, con el sol descansando pacíficamente en el filo de sus alerones, se asemejaba más a la creación de un juguetero delirante que a un arma. Pero el engaño duró un pestañeo. Cerca de la punta del enorme proyectil apareció un anillo de luz, separando la parte delantera del resto. Casi al mismo tiempo que la potente ojiva descendía empujada por la gravedad, ocho brazos de humo surgieron de los paneles posteriores, cada uno en una dirección, como las ocho patas de un insecto o el esqueleto de un paraguas chamuscado por un rayo. Esa era una &lt;/span&gt;&lt;i&gt;“bomba araña”. &lt;/i&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Su apodo aun me eriza la piel&lt;/span&gt;&lt;i&gt;. &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Sabía de ella por los periódicos y por algún que otro documental. Encabezaba la lista negra de armas prohibidas por la &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Liga Internacional,&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; clasificándola como “arma de ataque masivo no discriminatorio”. Una &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Spr-D8&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; lanza una carga central de un poderoso compuesto incendiario que genera una bola de fuego capaz no sólo de abrasar con miles de grados todo lo que se encuentre a su paso, también consume todo el oxígeno de modo provoca un efecto vacío que te succiona hacia el centro de su infierno. Por si fuese poco, ocho misiles con cabezas de guerra convencionales amplían aun mas el radio de destrucción. (Más de una vez me he preguntado, ¿y si una de esas cayese sobre la ciudad donde vive la familia del que la diseñó, le parecerá tan gracioso como cuando le dio forma en el papel?)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Cuando detonó la carga principal hubo menos ruido del esperado. Primero se formó un blando globo de luz que creció hasta tragarse totalmente al edificio de correos y los cuatro que estaban cerca. Luego el globo dio paso a un brillo cegador como si un segundo sol hubiese amanecido entre la &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Avenida de la Victoria&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; y &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Plaza Djaal&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Entonces vino el fuego.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Probablemente no existan palabras exactas para describir lo que vi. Una terrible nube incandescente se expandió a una velocidad irreal, su color evolucionó del blanco brillante al amarillo rojizo. En décimas de segundos el pulso térmico llegó hasta mí. Primero sentí los pelillos de mis cejas torciéndose y soltando olor a quemado, luego a los seis botones metálicos de mi flamante camisa vaquera convirtiéndose en seis remaches al rojo, a punto para clavarse en el mismo acero si hiciese falta.  Por último, aquel gigantesco muro de aire caliente me dio de pleno lanzándome cual muñeco de trapo contra uno de los pilares de la entrada, donde reboté secamente para acabar en el s&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;uelo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; con los pulmones bloqueados por la temperatura. Alzando defensivamente la mano ante mi rostro intenté hacerme una idea de lo que pasaba a mi alrededor. Desde esa posición pude ver cómo un bus lleno de gente impactaba contra el enrejado de la escuela, convirtiéndose en un amasijo de metal y gente luchando por sus vidas. Justo frente a mí la tormenta de fuego barría las calles indiscriminadamente con la fuerza de un huracán, las &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;personas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; ardían como cerillas al ser alcanzadas, los vehículos estallaban casi al instante escupiendo a su vez desechos hirvientes. Por &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;todas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; partes volaban trozos de metal, cemento, plástico, vidrio, la ciudad entera se había convertido en una granada de fragmentación, hiriendo y matando a sus habitantes. La atmósfera empezó a saturarse de los sonidos del holocausto: cada vez más, el ruido de las roturas y las explosiones daba paso a una macabra sinfonía de gritos de horror y súplicas inútiles. Nadie podía ayudar a nadie en ese momento, sólo nos quedaba el azar y la muerte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Finalmente vino la implosión. Todo el oxígeno de los alrededores se había consumido convirtiendo la zona en una descomunal bomba de vacío. Ahora los objetos empezaban a bailar en la dirección contraria, rumbo al epicentro de la destrucción a velocidades espeluznantes. Yo pasé de no poder respirar por culpa del calor, a no poder respirar...¡porque no había &lt;/span&gt;&lt;i&gt;qué&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;! Horrorizado comprobé cómo aquella fuerza invisible me arrastraba de espaldas por el caliente patio lleno de escombros&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; hacia sus&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; fauces. Luché como un animal herido contra lo inevitable, quise ponerme de pie, resistir. Pero cuando parecía que nada podía empeorar, una de las patas negras de la araña cayó en un bloque de edificios cercanos, partiéndolo a la mitad; de forma tal que la onda expansiva me lanzó hacia adelante, por el aire mismo, cinco largos metros, hasta impactar contra el bus del enrejado. Percibí un “¡clonk!” cuando mis huesos fueron recibidos por el chasis recalentado y mis manos aferrándose como garfios al mismo. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Antes de desmayarme, antes de que el sonido de los lamentos desgarradores, el ruido infernal de los estallidos y la espantosa temperatura diesen paso a la confortable sombra de la inconsciencia, comprendí que sobreviviría, que la explosión me aplastó contra el autobús convirtiéndolo en mi parapeto, mi salvavidas, el único obstáculo entre la mortal succión y yo.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Fuera luces.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Cuando todo acabó, en realidad, no había hecho más que empezar.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Pasó una hora, tal vez más.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Recobré el sentido cuando intentaban separar la piel de mis manos del metal del autobús. Voces, de las que sólo distinguía el tono tranquilizador, entraban en mi cerebro a duras penas, empujadas por ramalazos de dolor provenientes de cada rincón de mi cuerpo. Ya por milagro, ya por coincidencia, uno de los equipos voluntarios de rescate había dado conmigo. Habían entrado en la zona del patio buscando supervivientes y ya se iban cuando a uno de ellos, vaya uno a saber guiado porqué, le da por tomarme el pulso. De no ser por ese acto reflejo me habría quedado formando parte de la triste alfombra de cadáveres en la que se había convertido la entrada de la &lt;/span&gt;&lt;i&gt;ETGV&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;. (Siempre me preguntaré de qué madera desconocida estaba hecha esa gente, qué los volvió inmunes a la rendición y al desastre. Personas comunes que no se lo pensaron dos veces antes de lanzarse a deambular entre el fuego y las ruinas; los derrumbes o las explosiones secundarias no les parecieron importantes, simplemente enfrentaron su tarea. ¿Cómo se le llama a una persona capaz de inclinar la balanza de la tragedia hacia el lado de la vida? Y lo más intrigante: ¿hay un gen para eso?)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Sentí que me alzaban con más prisas que delicadezas y me ponían sobre algo plano – más tarde supe era una vieja &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;camilla&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; plegable con ruedas, recuperada de una ambulancia destruida. Tenía quemaduras de primer y segundo grado en todo el cuerpo, respirar era un martirio, la hipertermia me había regalado una batería de calambres, estaba deshidratado, las mucosas destrozadas por el efecto de los gases y los botones de mi camisa consiguieron fundirse hasta dejarme tres lunares en línea, entre el esternón y el ombligo, como recordatorio. Aferrado a unas pocas hilachas de vida fui llevado a los tumbos rumbo hasta un hospital de campaña levantado por &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Defensa Civil, &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;dos calles más abajo. Dos calles entre desechos y escombros equivalían en mi estado a dos largos kilómetros. Boca arriba, sujeto por las correas  de la &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;camilla&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, abrí mis ojos y, tras la &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;niebla&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; rosa que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;se había instalado en&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; mi visión, comprendí que la hermosa y clara mañana había desaparecido, devorada por una cortina negra de humo; el sol ya no estaba y la única fuente de luz en el mundo parecía provenir de los furiosos incendios. La otrora capital cultural de la provincia, &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Pretnatz&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; , &lt;/span&gt;&lt;i&gt;“La Reluciente&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;”, famosa por sus teatros y bibliotecas, por sus colegios y academias, se elevaba al cielo transformada en una nube de negras cenizas; convertida en una antorcha gigantesca con sólo cinco “bombas araña”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Comencé a notar con más claridad las voces de mis rescatadores, aunque entre las heridas y las ataduras intentar ver sus caras era una tarea absurda.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tranquilo, chaval, saldrás de esta, te lo prometo...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Nadie vio el respirador? De un momento a otro éste entra en choque. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Quieres callarte, Nahl? Lo tienes aquí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Sentí el beso de plástico del respirador manual e inmediatamente una corriente de aire hinchándome el pecho.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;El pulso está disparado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tendrá taquicardia, su cuerpo ha luchado el equivalente a una maratón.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Cómo cojones se ha salvado?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tengo una teoría: el bus hizo de deflector, tanto para la onda térmica como para la de vacío.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Caprichos de la física o de...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Dios?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Iba a decir “o de la puta suerte”. ¿Por qué leches iba a nombrar a dios es este momento? Eh, Rodi, ¿ves tú algún dios por aquí?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Joderrrr...el jardín de infancia, ¡me cagooooennn...!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¡Maldita sea, hijos de puta! ¡No dejes que lo vea, Nahl!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Quien fuera que sostenía el respirador había aflojado la presión sólo un instante y un pequeño salto de la camilla colaboró en que mi cabeza girase a la izquierda. Entre el humo pegajoso y acre distinguí la fachada de lo que hasta esa mañana había sido el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Instituto Infantil Arco Iris, &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;uno de los centros educativos más prestigiosos de la ciudad. Me costó entender qué eran aquellos montones ennegrecidos en forma de pirámide en la puerta principal. ¿Qué eran aquellas siluetas retorcidas extrañamente? ¿Eran los muñecos que alguien había descartado y arrojado al fuego sin contemplaciones? No, no lo eran. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Imaginad unos dolores terribles instalados en cada una de vuestras terminales nerviosas. Ahora imaginaros un dolor más fuerte aún, partiendo desde el centro del cerebro, sustituyendo todo lo demás.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Años atrás, preparando una tesis basada en reportajes de crímenes famosos, había llegado a la convicción de que lo peor del ser humano era manteniendo a raya dentro de una delicada membrana –como una cápsula tóxica flotando en medio de un estanque de agua pura– y que era más fácil &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;romperla cuanto más débil era el armazón moral del delincuente. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;Me equivocaba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Durante un espantoso segundo creí escuchar algo dentro mi, a una profundidad desconocida hasta entonces. Una especie de chasquido y la idea de una &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;fisura&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, de una minúscula hendija en la vieja cápsula. El veneno estaba libre, podía sentirlo. Poderoso, inexorable, recorriéndome como una sombra, apoderándose de todo, clamando venganza, pidiendo sangre. La rabia se me salió por la garganta llena de llagas. Grité.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Grité como nunca.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¡Mierda, te dije que...!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¡Sólo tengo dos manos, Rodi, sólo dos!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¡Dejadlo y apurad, o este tío se nos va a quedar por el camino!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Después de aquello fue como si hubiese ingerido un hipnótico. Cada percepción llegaba en una especie de ola, golpeaba sin ruido ni profundidad para retirarse y dejar paso a la siguiente. Mi pensamiento parecía haberse instalado en una especie de caparazón translúcido desde el que registraba cómodamente el exterior sin implicarse. Calles incendiadas, el olor dulzón a la carne humana incinerada, las sirenas, todo parecía una simple película, carecía del peso de la realidad. Antes de llegar al improvisado hospital –poco más que un puesto avanzado de atención primaria y de clasificación de heridos, formado por tres enormes tiendas tipo militar–, pude ver algo insólito: el contorno de una persona tatuada en la pared. Eso era todo lo que la explosión había dejado de ella, apenas una mancha gris indefinida.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Mis salvadores me entregaron al encargado de la recepción de víctimas. Dentro de la tienda el olor a alcohol se mezclaba con los lamentos y las órdenes a viva voz, pero era el olor y el sonido de la vida luchando a patadas con la muerte que intentaba colarse a toda costa ahí dentro.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Por el rabillo del ojo pude ver al jefe del equipo de rescate. Era un hombre medio calvo, regordete, de estatura media tirando a baja y manos anchas. Estaba cubierto de hollín de arriba abajo salvo por el antifaz blanco alrededor de los ojos que sus gafas de soldador le habían dejado. La tenía sujetas a la frente y le daban ese aspecto de antiguo pionero de la aviación, con la diferencia que su viaje era al mismísimo infierno. Delante de él estaba una mujer joven con gesto agotado, tenía una bata de médico llena de manchas negras y rojas.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Éste lo pillasteis a tiempo. Se recuperará.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Necesito algo fresco, doctora.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Aquí tienes Gerardus, –dijo extendiéndole un botellín de agua– adminístrala, no nos sobra. ¿Se puede saber por qué diablos llevas un arma al cinto?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Tú qué crees?–dijo sacando un viejo &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Tunquel&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; del .38. Empujó el pestillo con el pulgar, liberando el cilindro del arma hacia la izquierda. Distinguí el olor la pólvora quemada. Se aseguró que lo estuviese mirando cuando vació los seis alvéolos del revólver. Vi como dejaba caer cinco casquillos vacíos y escuché su tintineo al alcanzar el suelo. La sexta bala, aun entera me la puso delante de la cara, para que la examinara bien; sonrió y luego me la dejó sobre el pecho.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Un recuerdo, chaval– me dijo inclinándose cerca de mi oreja. Me guió un ojo y luego se volvió a la doctora– Carla, ¿tú crees en la misericordia?–la mujer se volvió con los brazos en jarra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Tú qué crees?–respondió con tono de reproche.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Entonces, por favor, ve y consígueme más balas. El día aún no ha acabado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Liceo Naval&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;15&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;centro educativo de nivel secundario, dependiente del Ministerio de la Marina Militar (MMM). Fundado en en el 5199, su intención era de la de comenzar la formación en las artes marineras y militares desde muy temprana edad. De esta forma actuaba como filtro vocacional a la vez que aseguraba a sus graduados una mejor preparación al ingresar a la Academia Naval Militar. Grandes figuras históricas pasaron por éste instituto, entre ellas el almirante Heribert Larr Yosen (5189-5264), héroe del sito de Sevastalina, reconocido cartógrafo y responsable entre otras cosas, de las mejoras del compás magnético para la navegación.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-3097851932028024124?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/Bqq32_qGQ74" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/Bqq32_qGQ74/capitulo-9.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/07/capitulo-9.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-4625814022189396691</guid><pubDate>Mon, 28 Jun 2010 21:47:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-07-02T08:37:42.035-07:00</atom:updated><title>Capítulo 8</title><description>&lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt; 	&lt;/style&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt; &lt;b&gt;Parte II&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="RIGHT"&gt; “&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Se tardan veinte o más años de paz
&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="RIGHT"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;para hacer a un hombre,&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="RIGHT"&gt; &lt;i&gt;y bastan veinte segundos de guerra para destruirlo. ”&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="RIGHT"&gt; &lt;i&gt;Balduino I&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="RIGHT"&gt; “&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Los hombres se cansan antes
&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="RIGHT"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;de dormir, de amar,&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="RIGHT"&gt; &lt;i&gt;de cantar y de bailar que de hacer la guerra.”&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="RIGHT"&gt; &lt;i&gt;Homero &lt;/i&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt; &lt;b&gt;capítulo 8&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt; &lt;b&gt;El día más negro&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; El día 8 del doceavo mes del año 5307, sería recordado como &lt;i&gt;“el día más negro”&lt;/i&gt; en la historia de la humanidad. Cuando el reloj marcó las 9:34 horas, trece de las cincuenta y cinco capitales provinciales del país, fueron reducidas prácticamente a cenizas.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; La flor y nata del arsenal enemigo, lo último en tecnología de destrucción masiva, fue lanzado sin ningún tipo de miramientos, fría y sistemáticamente, contra nuestros principales núcleos urbanos. Este derroche de violencia sin precedentes &lt;span style="font-style: normal;"&gt;–&lt;/span&gt;inscrito para siempre en los anales de la humanidad como uno de los actos de guerra más viles jamás perpetrados contra un objetivo civil&lt;span style="font-style: normal;"&gt;– &lt;/span&gt;no perseguía una victoria militar. Ninguna de las ciudades contaba con una presencia importante de tropas, ni representaba amenaza alguna para la &lt;i&gt;Alianza.&lt;/i&gt; Era, ante todo, un manifiesto filosófico de su tiranía expansionista, una declaración de intenciones destinada a sembrar en las mentes y en los corazones la certeza de que la única opción al sometimiento era el exterminio. Como cualquier banda de matones ambiciosos, trataban de asegurarse de que el mensaje sonase alto y claro: la esperanza era tan inútil como la resistencia. Siete años les llevaría darse cuenta de su error.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;  Pero en ese lóbrego día, la anciana &lt;i&gt;Kriglaund&lt;/i&gt;, tierra de reyes poetas y sacerdotes guerreros, se estremeció hasta sus cimientos, la vieja patria desgarrada, sus entrañas expuestas bajo un cielo rojo de sangre.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; En cuestión de minutos, nada más, todo el país &lt;span style="font-style: normal;"&gt;–&lt;/span&gt;un enorme país, el más grande del  continente&lt;span style="font-style: normal;"&gt;–&lt;/span&gt; quedó sumido en un caos: las instituciones civiles, desarticuladas; los servicios públicos, comprometidos; su sistema de defensa sorprendido con los pantalones por las rodillas. La invasión a gran escala que le siguió fue cosa de niños.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; A escasos sesenta minutos de haber comenzado el ataque el saldo de muertos ya alcanzaba la espeluznante cifra de 128.000. Cientos de miles de personas, borradas de la faz del planeta como quien se deshace de una molesta capa de polvo. ¿La cantidad de heridos?Imposible saberlo con certeza &lt;span style="font-style: normal;"&gt;–i&lt;/span&gt;ncluso el número redondo de las bajas daba la sensación de que en algún momento alguien se había cansado de contar.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Superado por la magnitud de la tragedia, el frágil y poco preparado sistema sanitario llegó rápidamente al colapso. Muchos murieron en las salas de espera, ya por la falta de personal, ya por falta de medicamentos. Periódicos y cadenas de televisión mostraban dolorosas escenas: calles repletas de cuerpos a los que nadie podía identificar o siquiera darle un sepultura digna; en las zonas cercadas por los escombros, los equipos de salvamento contemplaban impotentes la agonía de quienes habían quedado atrapados. Ambulancias y carros de bomberos parecían juguetes inútiles.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Pocos días más tarde empezaría la moda del cartel casero con una foto y el encabezado &lt;i&gt;“¿lo has visto?”.&lt;/i&gt; Personas buscando las piezas faltantes de su vida o, golpeando el vacío en busca de respuestas. Cada columna, farola o trozo de muro abandonado se vería invadido por esos anuncios llenos de desesperación. No faltó quien les encontrase un nombre: “los fantasmas de papel”. Uno podía pasearse calles enteras con aquellos rostros en blanco y negro mirándote desde todas direcciones, flotando desde un limbo de lo incierto. ¿Había alguna definición mejor y más tenebrosa  para la palabra &lt;i&gt;fantasma&lt;/i&gt;?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; En el otro extremo estaban quienes ya no albergaban dudas. Estos eran los afortunados, los dueños del dolor concreto, los que podrían comenzar de nuevo. Eran ellos lo que dejaban pequeños grupos de velas encendidas en esquinas o rincones de cada ciudad, junto a alguna casa en ruinas o cerca de una mancha en el suelo que alguna vez había sido alguien. Durante un largo período escasearon las flores, hasta las silvestres. El aroma del duelo lo impregnaba todo.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Si, había dado comienzo &lt;/span&gt;&lt;i&gt;“La Gran Devastación”. &lt;/i&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Y a pesar de que el paso de los años acabarían dejando de ella nada más que un rastro impreso en los libros de historia, las futuras generaciones continuarían bajando la voz y entornando los ojos en señal de respeto cada vez que se pronunciase su nombre, como si fuese una vergüenza no haberla presenciado, no haber estado allí para sentir en las propias carnes la mordedura de la atrocidad y la vileza humana. &lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt;&lt;/style&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Una especie de complejo de culpa patriótica&lt;/span&gt;  fomentado por nuestra clase política, que esperó a que el peligro se desvaneciese en el horizonte para abandonar su madriguera dialéctica y empezar a glorificar esa aberración. Transformarían el infierno de otros en &lt;i&gt;su&lt;/i&gt; herramienta multiuso, endulzando el recuerdo de las victimas, disfrazándolas de héroes, comprando su dolor con aplausos y medallas. Ellos y quienes les mandaban a ellos –es decir, los de siempre, haciendo lo de siempre–, adormecerían a los jóvenes con fanfarrias y protocolos, les inyectarían mentiras envueltas en un iridiscente cascarón de propaganda barata, cambiarían cifras y mil cosas más, con un único fin, con un sólo objetivo: no perder clientela para su próxima guerra, no quedarse sin las fichas de su tablero.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; ¿Quién lo dirá alguna vez?, llegaría a preguntarme. ¿Quién tendría el valor de confesar que la devastación siempre va más allá del cemento y de la carne, que no sabe o no puede detenerse en un sitio, que los hombres somos criaturas más frágiles de lo que nuestras fantasías nos hacen creer,que el guerrero invencible es un anciano con trastorno de estrés postraumático, que moja la cama y no puede dormir?  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Cierto, ese día pasaron muchas cosas terribles. Y según lo vi yo, una de las peores fue que en cada corazón &lt;/span&gt;&lt;i&gt;kriglaundés &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;se abrió&lt;/span&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;una autopista de alta velocidad hacia la penumbra. Puede que parezca algo secundario, pero no. A partir de ese momento a todos nos asignaron una mochila cargada de miedo y odio y con esos compañeros de viaje – terriblemente peligrosos y nada recomendables, capaces de envenenar el destino de una nación y de arrastrarla hacia el desastre– siempre se llega a un lugar peor del que has salido. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Pero como decía mi padre “cuando el averno abre sus puertas no hay alma que no se queme”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Se acerca otro aniversario&lt;span style="font-style: normal;"&gt; y, como siempre, empieza esa extraña inquietud mental.&lt;/span&gt; Mi cerebro intenta un desvío automático, anular los recuerdos con imaginaciones, como cuando se quiere apagar un incendio usando un cartucho de explosivo. Me sumerjo en una intrincada red de suposiciones, me transformo en un testigo fantasma, en un reportero de la fragilidad de la vida. ¿Cómo habrían sido los últimos minutos de aquellas pobres almas? ¿Qué testimonio había quedado de su paso por este mundo? ¿Era posible, podían 128.000 historias evaporarse sin dejar un mínimo rastro? Cierro los ojos y suelto las imágenes en mi cabeza.  Es un viaje en el tiempo y a la suposición, una especie de travesía enfermiza, compulsiva y sin final feliz. Nadie me manda recuperar ni rescatar nada, es sólo un impulso, quizás un acto de negación. Suelo imaginarme a muchos de ellos desayunando, mirando el periódico y comiendo sus tostadas, esperando a que la cafetera les devolviese el preciado elixir con el que enfrentar la jornada. Otros, los más pequeños, estarían siendo llevados por sus padres a la guardería &lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;o al&lt;/span&gt; colegio, unos arrastrados de la mano envueltos en una nube de mocos y llantos, otros pensando en la excusa ideal para los deberes no hechos. Tampoco faltarían los del turno de la noche, regresando a sus hogares con la promesa de un descanso reparador. Los imagino con las manos en los bolsillos, esquivando a las típicas viejas de barrio que se ufanan en dejar como un jaspe el trozo de acera frente a sus portales, con su furia de agua y cepillo. Muchos vendrían y otros estarían marchándose. Todos tendrían un plan para la hora siguiente, para el día después, para las vacaciones del mes entrante.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Pero por más intentos, divagues y reflexiones no consigo una buena barricada, el pasado es más fuerte, es un gigante invencible, nada lo puede detener. Entonces regreso inevitablemente a &lt;i&gt;mi&lt;/i&gt; día más negro, o debería decir &lt;i&gt;el más largo&lt;/i&gt;, el que me tocó vivir directamente, cuando todo mi universo se puso de patas arriba.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Siempre en esas fechas.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Maldita sea.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-4625814022189396691?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/kO07NKKml6g" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/kO07NKKml6g/capitulo-8.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/06/capitulo-8.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-7767585357618991438</guid><pubDate>Mon, 28 Jun 2010 09:47:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-06-28T03:04:20.782-07:00</atom:updated><title>pequeño retraso</title><description>si, me he retrasado algo más de la cuenta, espero no haya decaído vuestro interés...la vida es dura y no contempla al artista, o a los que intentamos serlo jeje...&lt;br /&gt;de todas fromas creo que el inicio de la segunda parte merecía un trabajo más detallado, espero no decepcionaros.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-7767585357618991438?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/gMjow1RjQYY" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/gMjow1RjQYY/pequeno-retraso.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/06/pequeno-retraso.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-8858173823718255342</guid><pubDate>Thu, 17 Jun 2010 19:41:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-07-03T23:38:03.346-07:00</atom:updated><title>Capítulo 7</title><description>&lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt;&lt;/style&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt; &lt;b&gt;El círculo vicioso&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Tal como me había adelantado mi enorme amigo, lo&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;s autocares q&lt;/span&gt;ue cubrían los trayectos entre provincias estaban bastante mejor en aspecto y funcionamiento. Por supuesto no carecían de los signos que la posguerra deja en cualquier cosa, viviente o inanimada. Pero las diferencias eran notables: de apoyar el culo en un asiento mullido y cómodo en lugar de un cacho de plástico pretendidamente anatómico o de sentirse arrullado por el zumbido de un motor bien ajustado en vez quedarte medio sordo con el tronar distorsionado de una máquina a punto de morir, había un salto considerable.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; El conductor &lt;span style="font-style: normal;"&gt;–afeitado, el uniforme sin arrugas ni remiendos–&lt;/span&gt; me devolvió la &lt;i&gt;tav&lt;/i&gt; con una sonrisa que sólo servía para marcar las distancias. &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Busqué un lugar entre los veintisiete disponibles, puse mis petates en el portaequipajes superior y me dejé caer en el asiento de cuero sintético que me recibió con un bufido. Las ventanillas ahumadas y un primitivo sistema de conducción de aire mantenían el interior en una ligera y fresca penumbra. Apuntalé el hombro derecho contra el cristal de la ventanilla y saqué un mapa carretero que había comprado en Nublegg. Empezaba el juego llamado “¿a dónde rayos vamos a ir a parar?”. Y yo sin dados ni fichas... Aquellas ciudades y lugares no eran más que puntos de diferente diámetro para mí; las letras que los acompañaban tampoco significaban mucho. Es curioso como actúan los nombres. Sólo funcionan &lt;/span&gt;&lt;i&gt;después&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; de que conoces algo. No te ahorran ningún trabajo, no capturan la esencia de nada. Básicamente los nombres no sirven para una mierda, salvo para señalar cosas en un mapa o en una foto, son simples “localizadores”. ¿Qué dice “Matheo” de mi? ¿Qué historia pueden resumir esas seis letras? Pero, de todas formas, allí estaba yo, ante un pedazo de papel lleno de líneas rojas y negras, intentando buscar un nombre en el que meter el mío. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Cuando empezó a dolerme la cabeza plegué el mapa y me dediqué a mirar el paisaje que  se movía a toda velocidad más allá del cristal tintado. Árboles, pastos y cerros se repetían como un mantra verde-marrón. Me acordé de los telones pintados de los teatros, esos que un tramoyista tiene el trabajo de hacer correr a golpe de manivela para crear ilusión de movimiento en el escenario. ¿Me estaba moviendo realmente o sólo era un espejismo? ¿Realmente estaba yendo a alguna parte? Si el Dr. Nicolai no era un mentiroso compulsivo, entonces la parte más terrible de su descubrimiento no había sido que los hombres no están dispuestos a que la verdad atacase a sus viejas creencias, ni que antes de nosotros existiese otra humanidad prácticamente idéntica aplastada por un desastre cósmico y guerras impensables. Lo peor de todo era la sugerencia de que no importa cuándo ni dónde, todo se repite; como si nuestra raza cargase un destino en las venas, que nos exigía llegar &lt;/span&gt;&lt;i&gt;siempre&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; al mismo punto, terminar &lt;/span&gt;&lt;i&gt;siempre &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;de la misma forma y arrastrar con nosotros todo lo que nos es posible. &lt;/span&gt;&lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt; 	&lt;/style&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;De ser aquello verdad, aun mínimamente, hacía mejor en relajarme y abrir de nuevo el mapa. Porque entonces, al final, no sólo vivíamos en un círculo, &lt;/span&gt;&lt;i&gt;éramos&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; el círculo en sí. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Y como se sabe, de los círculos es muy, muy difícil escapar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt; &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-8858173823718255342?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/W2iB5FTNq1M" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/W2iB5FTNq1M/capitulo-7.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/06/capitulo-7.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-3312923516694249475</guid><pubDate>Thu, 10 Jun 2010 08:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-06-30T03:22:59.973-07:00</atom:updated><title>Capítulo 6</title><description>&lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt; 	&lt;/style&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt; &lt;b&gt;Rompiendo el lazo
&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Como si viniesen desde el otro lado del mundo, el sonido de los débiles golpes llegó a mi cerebro, abriéndose paso entre una confusa nube de malos sueños hasta despertarme. Uno de los empleados del &lt;i&gt;Perro Rojo, &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;que&lt;/span&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;iba por los pasillos llamando a los remolones a desayunar, llevaba un buen rato al otro lado de mi puerta intentando obtener alguna señal de vida&lt;/span&gt;. Probablemente le contesté con alguna clase de gruñido mientras manoteaba el reloj de pulsera de encima de la mesita de noche.. lo que casi me hace caer de la cama. Intenté ver la hora, pero las agujas no dejaban de duplicarse ante mis ojos. Con un gran esfuerzo logré adueñarme de mi cuerpo y vestirme lo mejor que pude. Quería llegar a tiempo para los bollos caseros, el recuerdo de su tibia caricia en mi paladar actuaba como un par de espuelas en mi alma.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; El comedor estaba considerablemente silencioso. Salvo por el chocar de la vajilla y el crujir de alguna tostada, cualquiera diría que allí no había nadie. Un suave murmullo, un oleaje de suaves sonidos rompiendo contra los muelles de las mesas, una fragancia a cosas buenas y seguras flotando en el aire, de cosas hechas con las manos y el corazón. Lenta y tranquilamente fui reponiendo mis fuerzas. Mantequilla y mermelada de frambuesas. Café con leche y zumo de melocotón. El paraíso bien podría oler a pan recién horneado.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Aproveché para coger un ejemplar del periódico local. El &lt;i&gt;“Oteador”&lt;/i&gt; de Nublegg resultó ser una especie de pasquín con todos los anuncios rurales de la zona recubierto por un par o dos de páginas de verdadera información. Allí encontré el origen de la preocupación de Ottar. En todo el pueblo sólo habían dos bares (de muy mala fama al parecer) abiertos hasta altas horas de la noche y entre ambos, en lo que iba del mes, ya sumaban ocho muertos, seis de ellos ex-combatientes. La causa principal eran las reyertas entre borrachos y tahúres...alcohol, mujeres, apuestas, lo típico. En su reportaje, el periodista proponía una reflexión sobre un asunto que podía considerarse grave dada las dimensiones geográficas de Nublegg: “&lt;i&gt;...nuestros guerreros, aquellos que han dado su sangre por nuestro pueblo, ¿cómo es que vienen a morir a un sucio callejón? ¿Hace algo el gobierno para detener esta sangría absurda? Sospecho que los veteranos son devueltos a la vida civil sin ninguna clase de apoyo que les permita insertarse de nuevo en la civilización.” &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Lo de &lt;/span&gt;&lt;i&gt;civilización&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; me hizo gracia: la mayoría no se entera de cuánta brutalidad exige mantener una forma de vida pacífica. En el resto no podía menos que estar de acuerdo. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; El reloj  de cuco de la recepción dio las once y yo salí a toda mecha hacia la parada. No podía dejar al viejo Ottar con la duda. Llegué justo a tiempo. El&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; monstruo rojo&lt;/span&gt; llegaba a su hora, en medio de una nube de polvo.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; En la cola de pasajeros me puse para subir el último, como si fuese una especie de postre.&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; Una vez dentro, &lt;/span&gt;Ottar me miró meneando la cabeza, satisfecho.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Me alegro de ver que has seguido mis consejos.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Pan comido – alardeé – hemos estado en trincheras más mojadas.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Bueno, reconozco que eres un soldado en toda regla.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Técnicamente ya no lo soy, ¿recuerdas lo de la baja y todo eso? –. Él se rió y movió su mano en círculos como si me diera la razón por no discutir, como si supiese algo que yo ignoraba.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Algunos son soldados por accidente, otros porque están locos. Unos aman la guerra y su caos y otros odian ambos. Pero por alguna razón, unos pocos nunca dejan de ser soldados.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Ottar, me encantaría poder seguirte las meditaciones pero tengo una mañana difícil luego de una noche con sobredosis de lectura.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Volvió a reírse, no sé si burlándose, no sé si compadeciéndose de mi. Lo ignoré y ocupé mi puesto, en el primer asiento en la fila de al lado. &lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt; 	&lt;/style&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Volvió a reírse, no sé si burlándose, no sé si compadeciéndose de mi. Lo ignoré y ocupé mi puesto, en el primer asiento en la fila de al lado. O sea, el que se transformaría en &lt;i&gt;mi asiento&lt;/i&gt; durante los próximos siete días.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Siete días. Una semana entera en la que me lo pasé subiendo y bajando de aquel &lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;autobús&lt;/span&gt;: charlando con Ottar de la vida y otras tonterías, trabando amistad con personas a las que jamás volvería a ver (casi como cuando estaba en la guerra), conociendo puebluchos y rincones que me habían recomendado como interesantes (y al final no lo eran tanto). Todos los días me bajaba en algún lugar distinto a la ida, pero a la vuelta siempre regresaba a Nublegg y a su &lt;i&gt;Perro Rojo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Al final de este período, una mañana, al subirme nuevamente al&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; destartalado vehículo &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;me encontré a Ottar con una cara de pocos amigos. Tenía el hinchado y sudoroso arco de sus cejas torcido de una forma extraña. Incluso daba un poco de miedo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Creo que tu y yo vamos a tener que hablar, Matheo.– dijo y entonces supe que estaba en un aprieto, porque nadie empieza con &lt;/span&gt;&lt;i&gt;“creo que tu y yo vamos a tener que hablar”&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; para terminar dándote un elogio o una buena noticia. Ocupé mi sitio y me preparé para el chaparrón lo mejor que pude.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Dime, amigo mío, ¿soy yo o este &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;cacharro&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; con ruedas se ha convertido en una especie de cordón umbilical para tí?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No estoy... seguro de entenderte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Sí que entiendes. Y perfectamente. Sólo que le estás dando largas a algo que ambos sabemos que tiene que pasar de todas formas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Bueno, yo...– no pude seguir, me interrumpió alzando su gruesa mano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Me encanta tu compañía. Para ser honestos has hecho de mi jornada algo fácil de sobrellevar. Pero, compañero, esto no puede seguir así. Entiendo lo difícil que es. Lo fue para mí aun estando menos tiempo que tú en servicio. Incluso con la mejor mujer del mundo esperándome, no fue nada y recalco, &lt;/span&gt;&lt;i&gt;nada&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; sencillo. Como dicen por ahí “el único día fácil fue &lt;/span&gt;&lt;i&gt;ayer&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;”. Sé que esa frase te suena, ¿no? En este momento pareces un niño dando miles de vueltas a la manzana antes de entrar a su casa: no importa cuánto miedo tenga, ni siquiera si le apetece o no hacerlo ¡deberá entrar alguna vez! Son las reglas, ya las conoces.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Quizás tengas razón.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;La tengo, eso ni lo dudes. Esto se tiene que acabar y se va a acabar &lt;/span&gt;&lt;i&gt;ahora&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; mismo. Tus días de satélite orbitando el “&lt;/span&gt;&lt;i&gt;planeta vida real”&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; han llegado a su fin. Si te parece que estoy siendo duro...–.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;... Es porque hacer lo que se debe casi siempre lo es. Lo sé. Me jode pero lo sé. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Sentí la caliente palma de su mano en mi hombro. Empezó a zarandearme a modo de consuelo.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Mejor deja tus zarpas en el volante, a ver si este &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;pedazo de latón&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; se va a tomar por culo antes de que me baje.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¡Ja, ja, ja! Ese humor, Matheo, ese humor te salvará, ¡recuérdalo siempre!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Déjate de premios de consolación, ¿quieres? A ver, ¿dónde me vas a tirar? ¿Aquí en medio de la carretera? Mira, ¿en esa cuneta?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Vale, vale. No te me pongas sentimental. No voy a tirarte en ningún lado. A los amigos no se los tira. Se los deposita delicadamente en algún sitio seguro para que puedan emprender su camino.– dijo haciendo trotar el índice y el anular en el aire.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Bromeamos un rato más a sabiendas de que eran los últimos chistes, las últimas historias que compartiríamos en mucho tiempo, quizás no volveríamos a vernos las caras jamás. Nuestra amistad, nosotros mismos, nos transformaríamos a su vez en otro cuento, en otro relato que contar en una cena o en un paseo, con amigos diferentes en un lugares diferentes, quizás no tan leales o profundos, pero amigos al fin. Sin saberlo empezábamos a despedirnos y, por lo tanto, a ser un fantasma en el futuro del otro, pero un fantasma bueno, de los que te hacen mirar atrás y sonreír.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Pasaron los minutos y los kilómetros. Pasaron las palabras y los buenos deseos. El bufido hidráulico del viejo bus sonó a sentencia: habíamos llegado.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Ves aquella caseta sobre la carretera pavimentada? Esa es la carretera nacional, la CN-115, cruza medio suroeste, o lo hacía antes de que los bombardeos enemigos se hicieran cargo de ella, claro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Bueno, al menos dejamos los caminillos de tierra y grava...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Y los &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;autobuses&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; echos polvo. Los interporvinciales tienen mejores unidades, asientos sin agujeros y todo eso, así que no te asustes cuando te subas a uno, ¿vale?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Vale trataré de no impresionarme. Aunque aún no me dices a dónde carajos debería ir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No puedo decirte dónde &lt;/span&gt;&lt;i&gt;deberías&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; ir. Puedo hacerte una recomendación nada más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Venga, recomiéndame entonces.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Mi consejo es: vete hacia el norte todo lo que puedas, aléjate lo más posible de las zonas afectadas por la guerra. El sureste no es buen lugar para ti. Ver el infierno después del infierno no te va  ayudar en nada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;¿Eso es todo?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –No. Una cosa más. Vigila tus espaldas y confía en tu instinto, nunca olvides que él te trajo hasta aquí...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Si ya acabaste con las recetas...–dije fingiendo impaciencia. Él echó el freno de mano y bajó detrás de mí. Allí, donde se cruzaban el camino y la carretera, Ottar se elevaba como una montaña por encima de mi cabeza. Era la primera vez que lo veía fuera de su asiento. Extendió el brazo y nos estrechamos las manos, mientras el clavaba profundamente sus ojos en mi alma.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ojalá algún día la vida nos reúna – dijo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;i&gt;Bahat&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; – contesté yo. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Y así, sin otra ceremonia me di la vuelta y me fui. Una vez más dejaba todo lo conocido por el abismo de lo desconocido. Atrás quedaban la cálida sensación de sentirme acompañado y la frágil seguridad de mi nido móvil. Adiós a Ottar y al&lt;/span&gt;&lt;i&gt; Perro Rojo&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; y al Rancho de Martha. Hola a lo que fuese que me esperase. Sólo dios o el diablo lo sabían.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-3312923516694249475?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/ZpudZ9cdcNU" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/ZpudZ9cdcNU/sexto-capitulo.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/06/sexto-capitulo.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-2278014579386142479</guid><pubDate>Wed, 09 Jun 2010 07:46:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-06-09T00:49:52.253-07:00</atom:updated><title>cambio de colores</title><description>Hola amig@s, para que veáis que os escucho y os considero, he cambiado el fondo del blog, que mas de uno tuvo problemas con el contraste blanco sobre negro. ¿Espero os resulte mas comodo ahora!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-2278014579386142479?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/MYF0VddmXfs" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/MYF0VddmXfs/cambio-de-colores.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/06/cambio-de-colores.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-3843147525867505148</guid><pubDate>Mon, 31 May 2010 09:32:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-06-28T11:20:30.470-07:00</atom:updated><title>Capítulo 5</title><description>&lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 		A:link { so-language: zxx } 	--&gt; 	&lt;/style&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none; text-align: right;"&gt; “&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Lo que ha sido creído por todos&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none; text-align: right;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; siempre y en todas partes,&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none; text-align: right;"&gt; &lt;i&gt;tiene todas las posibilidades de ser falso.”&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none; text-align: right;"&gt;  &lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Paul Valéry&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt; &lt;b&gt;Sobre cafés, bollos y leyendas&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; El pánico aflojó. No volví a encender un cigarrillo de la misma forma que no regresé al campamento a rogarle al O.I. que me devolviesen los galones. En combate muchas veces te asalta el miedo, el que diga lo contrario miente o está majara; el único secreto, lo único verdaderamente útil es evitar la parálisis. Movimiento es vida. De modo que tiré de mi hasta conseguir salir de la estación. Una vez fuera me sentí más aliviado.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Desde lo más alto el sol del mediodía lanzaba poderosos chorros de luz entre retazos de nubarrones que aún ofrecían resistencia. El  resplandor  era intenso, mis viejas y rayadas gafas oscuras entraron en acción.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; A primera vista Nublegg resultó un pueblecito de lo más interesante y pintoresco. Calles estrechas, adoquinadas al &lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;viejo&lt;/span&gt; estilo imperial y bastante limpias. Como a todo pueblo, la avenida principal lo dividía en dos hemisferios al tiempo que agrupaba los comercios y servicios más destacados. En su empedrado aun se veían lo&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;s &lt;/span&gt;&lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt;&lt;/style&gt;raíles usados por los tranvías y me pregunté si aún funcionaría alguno; de pequeño siempre me habían fascinado. Cuando me di cuenta el arcaico impulso infantil ya me había hecho decidir: mi alojamiento se podía posponer un rato.
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;De manera que, ignorando el peso de mi equipaje, comencé a seguir las cintas de metal &lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;lo bueno de las vías es que siempre acaban en algún sitio. Internándome en los vericuetos del poblado me llamó un poco la atención la ausencia de signos de batalla, a pesar de que esa zona había sido bastante castigada. “Un pueblo afortunado, tal vez”,  pensé. Seguí calle tras calle, prácticamente sin levantar la vista ni interesarme por nada de lo que me rodeaba. Al cabo de un buen rato el aire empezó a traerme un fuerte olor a flores pudriéndose bajo el calor del mediodía. Entonces levanté la vista y me topé con mi objetivo.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Había encontrado los tranvías. A los tres, para ser exactos. Estaban al final del recorrido en lo que supuse sería su lugar de salida. Era difícil saberlo porque estaban rodeados por una especie de cerco formado por pequeños mojones unidos por cadenas, ambos pintados de riguroso blanco. El espacio entre el cerco y los tranvías estaba literalmente lleno de flores, como si un jardín hubiese estallado debajo de los adoquines. Sorprendido, me acerqué alzando mis gafas de sol. Sin el oscuro filtro ante mis ojos pude ver que los tranvías estaban –y cuesta encontrar una frase mejor– convertidos en un colador. Personalmente nunca había visto nada parecido (que en mi caso ya es decir). Agujeros de diverso diámetro cubrían cada centímetro de aquellos vagones, los cristales que aun colgaban de sus marcos aparecían astillados alrededor de decenas de orificios. Intentaba entender los motivos de semejante gasto de saña y munición cuando tropecé con un pequeño pedestal que hacía de soporte para una placa de bronce.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; “El día 29 del año 5313 del calendario &lt;i&gt;argento&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;13&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;i&gt; , &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;a las 6:27 horas, tropas del 83º de granaderos del &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;EAT&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;14&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;, invadieron el pueblo como represalia por una serie de ataques guerrilleros perpetrados contra su retaguardia. Sacaron de la cama a su habitantes y los dirigieron a este sitio donde 47 hombres, mujeres y niños escogidos al azar fueron encerrados en los tranvías para luego ser ametrallados sin piedad ni consciencia, en clara actitud criminal. Nublegg recordará siempre a sus mártires”. Debajo seguía la lista de los 47 desdichados.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; “&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Tú y tu turismo de los cojones”, me reproché mientras volvía sobre mis pasos y trataba de recordar las instrucciones de Ottar para llegar a la posada antes de que el olor a flores muertas se me metiese por la nariz hasta el alma.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;En &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;El Perro Rojo&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; la recomendación de mi amigo el chófer me abrió puertas y sonrisas. No era una posada del otro mundo pero estaba limpia, el menú era variado y sus raciones generosas y además ¡tenía un baño para mi solito! Si señor, esto compensaba todas las penas desde que había puesto pié en Nublegg. Blanca, suave y fresca porcelana acariciando mi trasero. Sublime. Incluso uno podía ducharse con agua caliente una vez al día, siempre que fuese entre las diez y las once de la mañana (que era todo lo que podían permitirse encender las calderas dada la escasez de combustible). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Sus pisos de madera y su mobiliario rústico, sus cortinados de flores, sus pequeñas ventanas protegidas por típicos postigos barnizados, sus empleados afables y sin miedo a una conversación, todo en &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;El Perro Rojo&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; destilaba ese encanto rural que crea el espejismo de un hogar. Un hogar fabricado con olor a lavanda y sábanas suaves, con&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; vapor de sopa casera&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; y gestos amables. Mi habitación estaba en la segunda planta, casi en la esquina del edificio. La administradora me había asegurado que era el mejor punto para ver el amanecer entre las sierras. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Luego de un delicioso almuerzo – sopa de verduras de primer plato y &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;estofado&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; de cerdo salvaje con coles de segundo– pensé en darle una segunda oportunidad a mis ansias turísticas. Eran cerca de las tres de la tarde y a esa hora las gentes caminaban aletargadas por las aceras. Bajo el leve calor de la primavera las siluetas parecían deslizarse en un suave bamboleo, apareciendo y desapareciendo bajo las islas de sombra fabricados por los toldos multicolores de los comercios. Necesité un esfuerzo para recordar las instrucciones de Ottar sobre cómo llegar a la cafetería, el vino de la casa con el que había regado tan generosamente mi comida me traía un poco en esa nube anestésica que te pone en el punto cero de las preocupaciones (y en el punto nulo de la orientación) . Flotando calle abajo llegué a mi destino. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; El local ocupaba casi toda la esquina; sobre el tejado tenía un enorme cartel de madera en el que algún artesano provisto de mucha paciencia y habilidad había calado &lt;i&gt;“El rancho de Martha”&lt;/i&gt;. Tenía dos plantas, la inferior en la que destacaba la terraza de la entrada, con sus mesas y sillas de hierro forjado a cielo descubierto y la superior, con una verja de diseño y material similar al de las sillas, delimitando el balcón y convirtiéndolo en un excelente mirador. La elección estaba clara: allí sería donde relajaría mis cansados hemisferios cerebrales frente a una mesa con un buen café y, quién sabe, quizás hasta un periódico.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Entré saludando educadamente a los parroquianos y me fui directo hacia arriba para  asegurarme el mejor sitio posible. Había poca gente así que no me dio trabajo encontrarlo: en un lateral, junto a la verja misma. Desde allí tenía una vista perfecta de la placita de enfrente la que, con su fuente bronce, sus cuatro asientos de piedra y una escolta de árboles floridos, casi parecía una versión de juguete de una plaza real, pero con un encanto capaz de arrastrarte a esa sensación minimalista, a esas ganas de volverte pequeño. Resoplando de satisfacción en aquel aire mezcla de jazmín y pan recién salido del horno, me repatingué en la silla. Una sonriente camarera me dejó la carta en la mesita y yo la deslicé hasta tenerla bajo mis ojos. Al abrirla entendí porqué Ottar me había recomendado ese lugar. “He muerto y estoy en el cielo”, fue lo primero que pensé. Frente a mí tenía la versión escrita del paraíso de un cafeinómano. Allí tenía a mi disposición cuatro tipos de café: el tostado norteño, el mixto de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Harr&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;, el negro de la estepa y el torrado suave. Todos a su vez se ofrecían en seis formas diferentes de preparación. Estaba &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;“el marinero muerto”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;, con unas gotas esencia de cereza y un trozo de chocolate flotando en él. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;“El reposo del monje”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; constaba de dos partes de café y una de licor de nuez. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;“Nube blanca”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; tenía partes iguales de café,  leche espumosa y nata montada decorada con canela. Le seguían &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;“la bomba”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;: dos partes de café con una de crema de chocolate y el &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;“bota de soldado”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; con sus dos partes de ron blanco, una de café, cacao amargo y virutas de chocolate sobre una capa de leche espumosa. Y claro, el clásico café con leche aparecía huérfano y solitario al final de la lista, casi como un hermano bastardo de la familia real...pero cuya gran virtud era, ¡costar la mitad! Sacudí mi cabeza para alejar todos esos espejismos de seducción, llamé con la mano a la camarera y me pedí un café negro de la estepa doble con un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;cuerno de búfalo&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;El dichoso &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;cuerno de búfalo&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; resultó una exquisitez en forma de cono de masa hojaldrada en mantequilla, relleno de crema de fresas y avellanas. En ese momento no lo sabía, pero jamás conseguiría repetir en mi boca la sensación de placer de aquel día. Fue como un primer beso, el ósculo sagrado del regreso a la vida luego de tanto tiempo saboreando barro y pólvora.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Volvía con la tripa llena y la cartera algo más vacía, intentando una ruta alternativa de regreso a la posada cuando me tropecé con un pobre hombre que acomodaba algo a la entrada de su comercio.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¡Mis disculpas, buen hombre!&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –No pasa nada. Mi nombre es Sigmund, soy el librero del pueblo y este mi local – dijo con jovialidad comercial haciendo un arco con la mano hacia la puerta desconchada que a duras penas se mantenía sujeta a sus bisagras. Desde adentro salía un tufo a encierro y a papel mohoso.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Encantado, soy Vinterjaüs. ¿Seguro que no le he hecho daño?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Tranquilo, estoy perfectamente. ¿Le gusta leer señor Vinterjaüs? &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Bueno, siempre que el enemigo me dejaba o tenía algo a mano... puede decirse que sí, que me gusta.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Casualmente estaba preparando la exhibición del nuevo éxito de ventas de la posguerra. Ya es la segunda edición – había separado una copia del montón y la sostenía entre sus manos como si se tratase de un objeto de cristal – una lectura ligera pero interesante.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –“&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;La leyenda de los cinco continentes, la verdad detrás del mito”. Uhmm... no sé.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Precio lanzamiento de 15 libras reales, 20% de descuento con tu &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;tav&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;. No se lo piense amigo mío. No abundan los entretenimientos por ese precio en estos días.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Un par de argumentos más y el dinero cambió de manos dejándome esa sensación que  todos los ilusos tenemos inmediatamente después de darnos cuenta que hemos cometido un error. “Qué diablos”, pensé mientras acomodaba las doscientas treinta y cinco páginas en el bolsillo superior de mi guerrera. Al fin de cuentas me picaba algo de sueño y nada me seducía más que dormirme en mi cómoda cama de alquiler con mi flamante libro de ciencia ficción.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Ya dentro de la habitación desaté con rapidez mis botas y las dejé en un rincón, cogí el libro con las dos manos y me zambullí sobre el florido cubrecama. Oscilando al impulso de los cansados muelles del colchón examiné con detenimiento la portada. Un planeta tierra con una extraña disposición de sus continentes reforzaba la idea del título. Lo rodeaba un halo luminoso  del que salían haces hacia abajo que interceptaban figuras humanas con raros tocados, envueltos en togas o túnicas llenas de color plata y oro. “Dr. Nicolai Quesh” aparecía en gruesos caracteres, como para que nadie dudase de su autoría. En general tenía un diseño hortera, casi  ingenuo, típico de los libros de ciencia ficción de esa época. Pero ya se sabe lo que se dice de juzgar las cosas por sus tapas.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Contrario a lo esperado el tal Nicolai no era el típico delirante armado con una teoría descabellada y un buen olfato para el negocio. No. El doctor Quesh era doctor en geología y antropología aplicada, catedrático de la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Universidad de Mígüell&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; de la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;República Democrática de Nánila&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;. Habiendo recorrido medio globo terráqueo durante seis años, el resultado de su investigación fue tan desconcertante que, nomás exponerlo al mundo científico, su prestigio, sus credenciales y sobre todo, la financiación para sus investigaciones, se fueron al garete en fila india. Al poco tiempo empezó a recibir amenazas anónimas. Eso lo llevó a optar por una maniobra defensiva doble: cruzar la frontera y hacerlo público. ¿Sería aquello cierto o sólo un montaje para vender libros? Me daba igual, con aquella brisa entrando por la ventana... prefería que fuese interesante a verdadero. Ya había tenido mi buena dosis de veracidad los últimos años.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Para ser honestos lo de los cinco continentes no era nada nuevo. En las trincheras hablábamos de esa leyenda, junto a muchas otras. A veces, metidos en algún agujero inmundo y  aburridos de esperar a que el enemigo se decidiese a acabar con nosotros, alguien sacaba el tema y activaba unos debates interminables. Por alguna razón a la sabiduría popular &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;siempre&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; le han parecido poco nuestros cuatro continentes y&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; desde el principio de los tiempos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; se ha estado inventando un quinto. La tradición perpetuaba la historia de una gran civilización cuyo nivel tecnológico sólo se podía comparar a su altura espiritual, una raza de semidioses que había desaparecido en el corto espacio de una noche y un día. A todo esto el Dr. Nicolai le ponía un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;no&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; delante.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Según el viejo catedrático todo había empezado de forma accidental. “&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Nuestra expedición se encontraba cerca del polo norte, en la región conocida como Mar Rocoso de Saúl (que de mar no tiene nada salvo el nombre dado por el pionero que cien años antes pensó que era una superficie acuática congelada). Con nuestra máquina perforadora trabajábamos en la extracción de muestras del subsuelo como parte de un estudio sobre el comportamiento de las placas tectónicas. De pronto se escuchó un chasquido, seguido de un estruendo. Una enorme grieta se abrió tragándose la perforadora, uno de los generadores y a tres operarios. Dos de ellos consiguieron escapar ilesos pero el tercero cayó de mala manera y tuvimos que bajar a rescatarlo ayudados por un arnés con cuerdas para izarlo. Justo al acabar la operación escuchamos un sonido muy particular. Uno de mis asistentes siguió el ruido hasta una hendija, cerca del final de la grieta abierta; allí encontró el detector de radiaciones que se había desprendido del panel de mandos de la perforadora. El aparato indicaba niveles de radiación totalmente anormales. Acicateado por la curiosidad, &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;decidí &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;investigar. Despejamos el área e instalamos un pequeño sonar&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; para realizar&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; un barrido de ondas. Los resultados dejaron perplejos a todos los presentes: si el aparato no sufría un desperfecto, estábamos sobre alguna clase de estructura, de origen artificial y de proporciones impresionantes. Luego de pensarlo un momento dí la orden de excavar con delicadeza los tres metros y medio que nos separaban del misterio: no quería más derrumbes ni más heridos. Una hora más tarde los zapapicos encontraron algo mucho más duro que la nieve. Un golpe de más hizo ceder el desconocido material, pero esta vez las cuerdas de seguridad impidieron al técnico caer al negro abismo que se abrió bajo sus pies. El contador de radiación que llevaba en su cinturón empezó a sonar de forma alarmante. Parecía haber un tenue resplandor fosforescente surgiendo de alguna parte, &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 		A:link { so-language: zxx } 	--&gt;&lt;/style&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;atravesando las profundidades hasta llegar nosotros&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;. Alzamos al técnico y le dimos la cámara instantánea con flash sujeta a un soporte especial que solemos usar para fotografiar cuevas estrechas. Volvimos a bajarlo a ver si podíamos desvelar, aunque fuese en parte lo que ocurría ahí debajo. Era una tarea engorrosa, la cámara era bastante primitiva, había que disparar, quitar la foto, cargar un nuevo negativo y volver a disparar, pero Carl era un tipo hábil. A la quinta foto ordené subirlo de un tirón. Cuando preguntó qué rayos había pasado le enseñamos las fotos. En la primera no se veía casi nada, la segunda y la tercera mostraban unas formas que vagamente recordaban estalactitas. Pero la cuarta le hizo pestañear varias veces. El flash había perfilado una forma cónica y puntiaguda rematando lo que parecía ser un enorme pilar cilíndrico. ¿Cómo podía estar eso allí? La última foto mostraba una suerte de grieta en la negra silueta del pilar que despedía un resplandor amenazante. También había un rayado en los bordes superiores e inferiores que sólo podían deberse a una cosa: un alto nivel de radiación estaba afectando a la película. Ahora entendía porqué lo había sacado de los pelos. Nadie se atrevía a decir nada, el estupor atenazaba nuestras gargantas. Un estupor que no duró mucho, porque segundos después una especie de gemido comenzó a subir desde el hueco, algo parecido a un tren chirriando las ruedas lentamente contra los raíles pero en un tono más grave. Impotentes y aterrados vimos cómo parte del suelo en el que estábamos apoyados se vino abajo. Las uñas, los dientes y la suerte impidieron que acabásemos en el fondo de aquella fosa maldita. Un par de reflectores quedaron colgando como lamparas de feria,  taladrando con haces bamboleantes la tiniebla, revelando lo impensable. Al final las estalactitas no eran tales, eran parte de un sistema de soportes metálicos. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt;&lt;/style&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Y el pilar de punta cónica era (y aún hoy me cuesta creerlo) sin lugar a dudas, un misil de dimensiones desconocidas para la tecnología de esos años. Un artefacto que  portaba material radiactivo (que ahora se escapaba por una rotura en su fuselaje), ¡quince años antes que nuestra civilización  usara la energía nuclear con fines bélicos! Aquello era demasiado aun para las mentes más abiertas. No podía ser una instalación secreta, el deterioro del silo de lanzamiento mostraba un abandono de décadas o quizás (me da miedo decirlo) siglos. Volvió a temblar el suelo bajo nuestras botas y todos supimos que era mala señal. Con un chasquido brutal un gran trozo de lo que debería ser el techo del silo cayó justo sobre el gigantesco misil. Creo que todos gritamos. Nos veíamos vaporizados, entrando a la historia como las primeras víctimas de una explosión atómica. Es obvio que eso no pasó, pero el escombro partió en dos la carcasa exponiendo gran parte del material radioactivo, lanzándolo en todas direcciones. En cuestión de segundos los contadores clavaron sus agujas en la zona roja de sus escalas. Toda la curiosidad científica del mundo no podía contra el instinto de supervivencia que nos decía que debíamos salir sin demora. Sigo sin poder recordar cómo llegué al exterior. Estábamos todos bañados en sudor y felices de estar vivos. Escuchamos un poderoso temblor y entendimos que nuestro hallazgo había sido sepultado bajo una montaña de escombros, nieve y roca.”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;A partir de entonces el Dr. Nicolai se enfrascó en la búsqueda de ciertas respuestas. Estudió ancianas leyendas tribales, hizo excavaciones, realizó cálculos. De los antiguos códices de las tribus &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Ópec&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; extrajo el boceto de un mapa terrestre bastante distinto al que vemos en las escuelas: los continentes Mayor, Menor, Antiguo y Nuevo eran sustituidos por cinco masas de tierra perfectamente diferenciadas. En los jeroglíficos de la poderosa civilización &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Janari&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; encontró el relato de cierta catástrofe, llamada &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;“Gran Agua”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; o &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;“Agua Grande”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; en la que supuestamente &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;“los dioses habían resuelto sus diferencias jugado una partida de cien años con la altura de las aguas”.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; Los &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Mau-mau&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; de las Islas Verdes cantaban a los &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;upi-lempi &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;o &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;“los que miran hacia arriba”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;, una raza de seres avanzados que siempre estaban mirando el cielo, habían volado a las estrellas y conocido mundos, pero a cambio habían descuidado el suyo, por lo que fueron castigados con el agua y el fuego. Encontró también muchos (y recalcaba &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;muchos&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;) restos de vegetación fósil de tipo tropical en los polos y del tipo opuesto en regiones ecuatoriales. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;“Me preguntaba cómo podrían haber llegado ahí, la única respuesta era la de un mundo al revés, un mundo con los polos cambiados de sitio. Era la única respuesta razonable a todos los indicios y cálculos. Ahora entendía cuando los Ópec decían: 'el sol y la luna cambiaron su lugar de nacimiento y muerte'. Era increíble, pero en algún momento, los polos que hoy conocemos formaban parte del ecuador. La pregunta era ¿qué clase de evento astronómico podía haber generado esto? Y quizás había otra más importante aún: ¿podría esto repetirse? El universo tiene un gusto macabro por los ciclos...”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Tuve que detener mi lectura porque aporreaban mi puerta llamándome a cenar. ¡No podía creer cómo se me había pasado el rato! Lógicamente llevé el libro conmigo para leerlo mientras comía, ante la mirada desaprobatoria de la cocinera. Al final el Dr. Nicolai había sufrido la persecución de “la secta del velo negro”, una organización secreta &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt;&lt;/style&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;cuya misión es, al parecer,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; ocultar&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; todo lo que se aparte de lo ortodoxo. La mayoría de las pruebas físicas con las que contaba fueron misteriosamente “desaparecidas” o muchas veces, directamente destruidas. Consciente de representar una amenaza para todo el saber establecido y de que esa gente no se andarían con chiquitas, optó por autoexiliarse a &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Wadiland&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;. Allí elaboró el manuscrito con la esperanza de que al publicarlo renunciaran a matarlo para no levantar sospechas, cosa que resultó como él esperaba, aunque, por otro lado, fue profesionalmente aniquilado. El autor se despedía con una serie de lóbregas conclusiones. Por un lado habían pruebas suficientes de la existencia de una civilización más avanzada que la actual y cuya desaparición parecía deberse a la verticalización de los ejes de la tierra, provocada por alguna clase de evento astronómico aún no definido. Confesaba tener a buen recaudo otras pruebas físicas, vestigios increíbles, según él, pero había optado por no revelarlos para no darle a la “secta del velo negro” una excusa para visitarlo. Eso  agregaba el elemento humano de miedo a la verdad. “&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Nuestros 'antepasados', por llamarlos de algún modo, se habían preparado para la guerra haciendo uso de la más avanzada tecnología. Desconozco si fueron capaces de usarla, pero la sola voluntad de fabricar un arma porta el germen del odio, del miedo y  de la destrucción. Vale decir: la vieja leyenda sobre los seres iluminados alcanzando el secreto de una sociedad basada en la sabiduría y el amor puede quedar tristemente descartada, junto con su desaparición espontánea. Dicha raza se extinguió de forma paulatina, en un largo proceso de recomposición planetaria. Quizás lo peor de todo es ver que la curva del aprendizaje humano, independientemente de los siglos o la época, de a cuántos grados esté el eje de su planeta acaba siempre en el mismo sitio: en encontrar la forma más eficaz y aterradora de librarse de aquellos que no comparten su forma de pensar. ” &lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Cerré el libro mientras revolvía el tazón de té rojo. Tenía que coincidir con el doctorsucho: ciertamente era deprimente eso de saberse condenado al mismo resultado una y otra vez, como si hubiese que cumplir ese destino a rajatabla... ¿qué clase de bicho éramos? Supongo que durante siglos los filósofos y sabios se había hecho esta misma pregunta sin llegar a una conclusión decente.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Agradecí los efectos relajantes del té. Esa noche la almohada me recibió con la cabeza llena de imágenes extrañas pero la infusión logró paliar sus efectos. Las sábanas olían a lavanda, a abrazo materno, a “que le den por saco a esta puta humanidad hasta mañana”. Buenas noches.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Argento&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;13&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; :nombre del calendario creado por el emperador Yumendarahi IV, “el magnánimo” quien, según la leyenda, recibió la inspiración de crear un calendario a la sombra de su árbol favorito: el álamo plateado gigante (de ahí el nombre, argento = plateado). Estableció ese día como año cero y desarrolló un sólido sistema de cálculos para establecer una medida de tiempo anual que hasta la actualidad no ha encontrado rival, transformándose en el calendario estándar.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;EAT &lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;14&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt; :&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; Ejército de la Alianza Tzusbekka. Nombre genérico que englobaba a toda la fuerza invasora, es decir, ejércitos de tierra, mar y aire.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-3843147525867505148?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/iyzwTQONE7w" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/iyzwTQONE7w/quinto-capitulo.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/05/quinto-capitulo.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-510754086044274617</guid><pubDate>Tue, 25 May 2010 16:09:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-06-24T04:41:28.375-07:00</atom:updated><title>Capítulo 4</title><description>&lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	-- 	&lt;/style&gt;  &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt; &lt;b&gt;Próxima estación: &lt;/b&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Niputaidea&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;br /&gt;&lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Encaramado en su asiento el conductor semejaba un enorme y gordo insecto balanceándose al extremo de una frágil pieza de metal. La oscura piel de su rostro brillaba bajo una fina capa hecha a base de polvo y vapores diésel, de kilómetros y trabajo duro.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Bienvenido a bordo, soldado –dijo tirando ligeramente hacia atrás su gorra y desenfundando una dentadura llena de huecos (que me hizo pensar en que ojalá la vida no me fuese a sonreír de esa manera de ahí en adelante). Su desgastado uniforme, rojo con vivos negros, a duras penas lograba rodear el descomunal perímetro de aquel bonachón vocacional. Iba a responder el saludo cuando, en una asombrosa combinación de manos, el chófer cerró la puerta con la izquierda y colocó la primera marcha con la derecha;  logrando, en un solo gesto, darme un susto de muerte con el portazo y reventarme el hombro izquierdo contra el pasamanos con la brusca acelerada.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¡Hombre, joder! – bramé– ¿intentas matarme o sólo romperme los huesos?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Disculpe usted mi ímpetu– contestó tocándose la visera con el pulgar y el índice, aunque sin quitar la vista del camino– pero hay que andarse con ojo en estas tierras y cualquier precaución es poca.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Precaución?–pregunté tirando mis bártulos hacia el pasillo para poder defenderme mejor de los brutales bandazos–¿de qué? ¿de zumbados con un volante en la mano?  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Soltó una carcajada profunda que se elevó sobre la sonata de hierros y chapas que entrechocaban enloquecidos. Continuó exprimiendo el pedal del acelerador como si en ello le fuera la vida.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Es usted muy gracioso, casi lloro de la risa– fingió secarse una lágrima con el grueso pulgar–. Claro que no debe estar al tanto de que por estos lares hay grupos de desarrapados que esperan una ocasión para el saqueo.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Un segundo,– me dejé caer en el primer asiento que vi, continuar de pie se estaba volviendo peligroso–  ¿estás de guasa, no?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –No,  mi joven amigo, no estoy de broma. Lamentablemente no tiene nada de gracioso.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Pero, ¿cuando dices saqueos te refieres a...?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –A saqueos en toda regla. No es en toda la ruta, claro. Pero hay “zonas negras” como solemos decir en el gremio. Esa escoria no duda en usar cualquier medio para asaltar, robar o simplemente destruir lo que se le ponga a tiro.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Hay que joderse. No me lo puedo creer...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –A veces incluso te dejan una tarjeta de visita– dicho lo cual bajó unos centímetros el cuello de su camisa: una larga y pálida culebra se descolgaba en diagonal desde su oreja izquierda hacia su clavícula derecha, resaltando en la oscura piel.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Menudo tajo.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Una bayoneta no muy bien afilada, para mi suerte.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Y mala suerte del otro supongo.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Digamos que ya no entregará más tarjetas de visita–dijo frunciendo su pequeña y redonda nariz.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –De todas formas la suerte siempre ayuda...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Y también el tener un buen pescuezo.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Lo he notado. Casi tienes mas carne ahí que yo en el culo.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Muy observador, sí. Pero, ¿por qué se asombra? Dos tercios del país está sembrado de material militar, en parte operativo, en parte fácilmente reparable. ¿Porqué los delincuentes de siempre iban a perderse la oportunidad?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Supongo que algunos ven en la paz un alivio y otros una oportunidad.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;i&gt;Bahat&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;&lt;i&gt;11&lt;/i&gt;&lt;/sup&gt;&lt;i&gt;–&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;sentenció.&lt;/span&gt;“Pues si empezamos con estas noticias, estamos arreglados, Matheo”, pensé mientras resoplaba con desilusión. Puede que la guerra hubiese acabado, &lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;pero la tradición humana de estropearlo todo a la primera de cambio continuaba intacta. El universo seguía en orden. Un chasquido de dedos me trajo a la realidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Disculpa... si no tienes inconveniente, ¿me puedes mostrar tu &lt;/span&gt;&lt;i&gt;T.A.V. &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Mi qué?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Joder, ¿no te lo han dicho antes de salir?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –A decir verdad, aparte de tocarme las pelotas intentando realistarme y darme unas señas de mierda para llegar hasta la parada, no me han dicho nada de ninguna tarjeta...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Mira entre los documentos que te dieron al salir.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Empecé a buscar como un poseso en mi bolsa. Saqué los papeles que ni había mirado y se los iba poniendo en su perímetro visual.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Tiene que estar grapada a una copia rosa y otra amarilla. No esa no. No esa tampoco, es la del seguro médico...Esa, esa es. Ahí en una esquina tiene que estar. Bien. Ahora quítala de ahí y métela en este chisme–señalaba una especie de contador con una ranura horizontal. Deslicé la tarjeta dentro hasta que sentí como un golpecillo que hizo vibrar ligeramente el plástico entre mis dedos. “Así que para esto era la foto de la semana pasada”.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Perfecto. Esa es tu &lt;/span&gt;&lt;i&gt;T.A.V.&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, tu “Tarjeta de Asignación para Veteranos”, con ella puedes hacer muchas cosas gratis como viajar en bus y otras podrás hacerlas más baratas, como ir a un prostíbulo o al teatro. Esa tarjeta es hoy tu mejor amiga. Veo que como buen soldado no le das importancia a los papeles, pero déjame decirte algo: en el mundo real los papeles lo son todo. Todo tiene que estar firmado y sellado correctamente si quieres sobrevivir, soldado. No lo olvides. Ah, y tampoco la dejes demasiado a la vista. Más de uno podría ponerse violento con tal de hacerse con una &lt;/span&gt;&lt;i&gt;TAV&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Vaya, esto mejora por momentos–dije alzando el rectángulo de plástico amarillo con mi cara en un ángulo– suena como que para ir a la farmacia tendré que ir con guardaespaldas.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –No se desanime, amigo mío–, me dijo. Pero ya era tarde.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Miré hacia el fondo del vehículo con la esperanza de no ser el único pasajero. A tres asientos de distancia había una anciana durmiendo profundamente recostada en la ventanilla. Su cabeza rebotaba rítmicamente contra el cristal sin alterar un solo músculo de su cara. Tocada con un sombrero ocre y un abrigo de paño azul que seguro había conocido mejores épocas, daba la imagen típica de esas abuelas eternas y humildes que aun no conocían el descanso de la jubilación.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Pocos clientes, ¿eh?– comenté a los gritos . El conductor movió los ojos debajo de la visera hacia el espejo que le permitía ver la totalidad del contenido del bus. Sonrió.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –La señora Delin es de las pocas que viajan en festivo. Más adelante esto se pondrá más concurrido.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Festivo? No recuerdo ningún festivo nacional por estas fechas, es alguno de esta provincia?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –No, amigo mío. Son lo &lt;i&gt;nuevos&lt;/i&gt; festivos nacionales. Los políticos se han dedicado a llenar el calendario de ellos luego de firmada la paz. Hoy es el “día del veterano”, casualmente – me lanzó una mirada que no pude definir&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;– así que: ¡feliz día veterano!&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¡Venga, ya! ¿Te burlas de mi, verdad?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –No, en serio.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿No serás tu uno de esos pacifistas que les gusta darle caña a los que estuvimos luchando, no? Porque si es así te pido que pares este cacharro del demonio y me bajes aquí mismo.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¡Que no, hombre! Relájate, ¿quieres? ¿Cómo coño voy a ser pacifista si yo también soy un veterano? Sería como escupir mi propia cara. Mira&lt;span style="font-style: normal;"&gt;– descubrió su antebrazo izquierdo, en la parte interna había un triángulo en llamas con seis balas de cañón formando una pirámide invertida– escuadra 66, 3º Grupo Autopropulsado, 8º Cuerpo de Artillería.&lt;/span&gt; Esa sí que no me la esperaba.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Entonces...¡feliz día para ti también!– dije intentando arreglar mi desliz paranoico. El me miró y se encogió de hombros. Parecía estar acostumbrado a las reacciones desproporcionadas, cosa que me hizo sentir un poquito mas avergonzado todavía.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Gracias, aunque no es una fecha pensada para nosotros. Es puro artilugio publicitario, según lo veo yo. Está pensada para ensalzar las cosas que les conviene al estado. Como dije antes, no soy un pacifista. Cuando alguien entra a tu casa a robar, violar y matar a todo lo que encuentra no hay pacifismo que valga. Pero de ahí a volvernos unos adoradores del “espíritu guerrero nacional” hay un trecho largo.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿El “espíritu guerrero nacional”? ¿Qué cojones se supone que significa eso? ¿De veras usan esa frase? Dime que te lo estás inventando para tomarme el pelo.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Qué más quisiera, amigo mío. Usan esa misma frase. Entiendo que en política todo vale, que nuestro país necesita estar más unido que nunca para salir de este holocausto y se echa mano a cualquier recurso y bla, bla, bla. Hay miedo a que surja otra vez el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;separatismo&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Bueno, los &lt;/span&gt;&lt;i&gt;separatistas&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; siempre han estado ahí, al asecho. A mí no me preocupa eso tanto como el miedo que tú dices. Cada vez que un gobierno ve amenazado su poder siempre empieza a sufrir gente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Si. Ahí llevas razón... en resumen, cuando veas tú como manipulan lo que ha pasado, cómo lo deforman, lo empaquetan y se lo venden a la gente... no te va a gustar, soldado. No te va a gustar ni un pelo.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Macho, estoy empezando a creer que no fue buena idea subirme a este autobús. Cada vez que abres la boca me acojonas con algo distinto. Igual me iba mejor con los saqueadores o como se llamen los gilipollas esos.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Su risa volvió a estallar, esta vez con más fuerza; su rollizo cuerpo, recorrido por una cadena de oscilaciones, daba la sensación de derrumbe inminente. Esta vez no tuvo que fingir las lágrimas de risa. Y yo pensé “como te caigas del asiento, cabrón, a ver quién coño te levanta”.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Tal y como había dicho, al pasar de los kilómetros el bus empezó a recoger más gente. Yo repartía mi tiempo mirando por la ventanilla, observando a los pasajeros y claro, charlando con Ottar. Ese era su nombre: Ottar Calkumbekum. Su apellido lleno de “kas” delataba su origen norteño, concretamente de la provincia de &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Mat-umi-baken&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, tierra de gentes fuertes de piel oscura y cuna de uno de los mejores quesos de cabra del mundo, el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;tchiki&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;). Así, palabra va, palabra viene, fuimos intercambiando los resúmenes que cada uno podía hacer de su vida, aunque la suya resultaba, con diferencia, mucho más interesante. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Me contó que había cumplido algo más de dos años en la escuadra 66 y luego fue dado de baja con honores por una serie de  heridas que no quiso detallar. En la cúspide de su servicio ostentó el rango de cabo de escuadra al mando de un OAT-155-“Mamut”, el obús autopropulsado por excelencia, flor y nata de nuestra artillería. A los OAT-155 les llamábamos “el dedo de dios”, porque podían poner una granada de 155 milímetros de diámetro y 40 kilos de peso con diabólica precisión a 35 kilómetros. Ver llover aquellos “pepinos” sobre el enemigo era algo que acojonaba y mucho. Todavía recuerdo el temblor bajo mis pies.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;Pero hacía ya tiempo que Ottar había cambiado el estruendo de los cañones por el de su cascado bus. No más volver a la vida civil se casó con el amor de su vida, Talma, una bella mujer de la mitad de su diámetro, que un año más tarde dio a luz a su único hijo varón,  Leo. Desde entonces residían en una pequeña casita de alquiler en las afueras de &lt;/span&gt;&lt;i&gt;La'dorada&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Cuando Ottar empezaba a hablar de su familia todo en él cambiaba. Su voz, su mirada, hasta la postura de su cuerpo. Era como si todo lo hecho o sido hasta el momento fuese apenas un mero tránsito a lo que verdaderamente quería ser, como soltar máscaras hasta quedarse con la verdadera cara, la de padre y esposo, la de un hombre cansado y feliz llegando a su minúsculo feudo, a su pedacito de cielo en la tierra. Debo confesarlo: sus relatos me hacían oscilar entre la más sana de las admiraciones y la más asquerosa de las envidias. Las simplezas cotidianas –tan fácil de subestimarlas cuando no has estado en una trinchera llena de cadáveres rezando por que la próxima granada de mortero no te caiga encima – me sonaban a milagro, a cosa inalcanzable. Empezó a torturarme la idea de que no veía nada en mi vida que pudiese dirigirme en esa dirección. Resultaba raro porque, ¿cómo podía yo saber si ese era también mi camino? La razón me decía, “te estás fabricando un espejismo, un compresa para taponar el agujero por el que se te escurre la esperanza, causas el señuelo con el que ir tirando, intentas ganar tiempo hasta averiguar qué rayos significaba una vida normal." Y ni todas estas razones pudieron evitarlo. Eso que sonaba a roto en mi interior decidió aferrarse a la ilusión de un hogar, o al decir del poeta Djaal, &lt;i&gt;“ese lugar donde descargamos el peso de haber existido un día mas”.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Tres horas de traqueteo insoportable y doscientos veinte kilómetros más tarde, el cuerpo y la mente empezaron a reclamar un alto. Durante esas horas mi ventanilla había sido el proyector de una interminable película de miserias. Largas colas de gente en improvisados puestos de alimentación; niños al borde de la carretera con la mirada de la infancia robada pintada en sus rostros sucios, ramilletes de lápidas salpicando el paisaje, policías repartiendo porrazos para evitar un saqueo; palas mecánicas empujando decenas de cadáveres a una fosa común; críos jugando en un carro de combate abandonado, probablemente con toda su munición activa; prostitutas con pintas de amas de casa; vacías manos extendidas al vacío; campos cubiertos de tiendas de campaña llenas de refugiados; ruinas de ladrillo y cemento, de piel y de huesos, el rictus del que ya no tiene nada. Y eso que no alcanzamos a pasar por las zonas realmente devastadas. Esta era la otra cara de la victoria: hambre, entierros apresurados, calaveras blanqueándose el sol, el anverso de la medalla del “espíritu guerrero nacional”. Tenía que bajarme. El problema era que no tenía ni la más pajolera idea de dónde. Ottar me vio venir.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Ya es suficiente por hoy soldado. Te voy a echar una mano. El próximo pueblo se llama Nublegg, te vas a bajar en la estación y de ahí caminas tres calles hacia la derecha, casi en la esquina hay una posada, “El Perro Rojo”. Dile que vas de mi parte, te harán buen precio.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Pero, ¿qué haré ahí, Ottar?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Nada. O quizás todo. Yo que sé. A veces simplemente sirve parar un rato y aclarar la mente. Es un poblado pequeño pero bonito. No te dejaría en un mal lugar.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Eso lo doy por descontado, es sólo que...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Toma –dijo extendiéndome un papel marrón– es una tabla de horarios de esta línea. Te he marcado las horas en las que yo paso por aquí –cuando intenté cogerlo me lo alejó de mis dedos– prométeme que vas a relajarte, aléjate de las cantinas y los burdeles, no te conviertas en el cliché del soldado que sobrevive al infierno y muere como un perro apuñalado por un borracho.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Vale, nada de copas ni putas.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Veinticuatro horas. Si sobrevives veinticuatro horas sin meterte en problemas tendrás una oportunidad. Te estoy dando el consejo de tu vida. Ya he visto esto otras veces así que confía en mí.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Vale, veinticuatro horas. Seré&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; una santa del&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; templo. ¿Me dejarás tomar café al menos?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Busca “El rancho de Martha”, hacen un café mixto estupendo y tienen una bollería...– se besó la punta de los dedos–, pide “cuernos de búfalo”.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿“Cuernos de búfalo”?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;No preguntes y pídelos. El médico me los tiene prohibidos– dijo señalándose la inmensidad de su barriga&lt;/span&gt;–,&lt;span style="font-style: normal;"&gt; maldita sea. Bueno, aquí te quedas. Hasta mañana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Hasta mañana.  No sé cómo agradecerte las atenciones.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Tu has como te dije, mantente de una pieza hasta mañana y me consideraré agradecido.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Nos estrechamos la mano y me apeé del bus.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; La estación era apenas un galpón, una especie de cobertizo cerrado por tres de sus lados con paneles de madera unidos por listones del mismo material y coronado por un techo inclinado de chapas metálicas onduladas. Del lado abierto unas breves tarimas de hormigón formaban los tres carriles donde los buses aparcaban. Al fondo se veía una pequeña construcción de aspecto reciente que supuse eran las oficinas (por llamarle de algún modo) donde la gente conseguiría pasajes e información.  &lt;/p&gt;&lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt; 	&lt;/style&gt;  &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Lo primero que atrajo mi atención fue el gran movimiento de gentes y bultos para un pueblo tan pequeño. Todo a mi alrededor estallaba en olores y sonidos. El humo de tabaco negro me llegaba enredado con el de los motores diésel, el sudor campesino se mezclaba sin complejos con la colonia de dos reales&lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;12&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt; el frasco. Voces en el aire, acentos familiares y otros que jamás había escuchado, algunas gritando, otras en sordo murmullo. Nadie se percató de mi presencia, ni tenía porqué. En esos días miles de soldados regresaban a su hogar, lo que me transformaba en un uniforme más, bien planchado y limpio, rumbo a alguna parte.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;De pronto una especie de vértigo empezó a ablandarme las rodillas y a hormiguearme en la boca del estómago. Tuve que buscar un hueco en una de las bancas del andén. Sentado, con la espalda encorvada, fabriqué un oscuro rincón con mis manos y hundí la cara en él. Una verdad me había golpeado con la fuerza de un ferrocarril. La paz no sólo era ausencia de guerra, también era &lt;i&gt;ausencia&lt;/i&gt; en sí. Ausencia de interés y de contacto. Ahora, en la tierra de “cada cual a lo suyo”, tendría que acostumbrarme a las nuevas reglas.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Comencé a masajearme las sienes, necesitaba aliviar la presión. ¿No había estado yo cargo de todo un pelotón? ¡Veinticinco hombres y mujeres! Casi me dio la risa. Qué rápido se decía. Veinticinco personas que confiaban en ser devueltas de una pieza a sus familias mientras yo los llevaba de la mano pateando todos los culos enemigos que nos era posible. Allí no cabían las ausencias. Nos conocíamos perfectamente los unos a los otros, vaya que sí. Sabíamos muy bien quién estaba a nuestra espalda cuando las cosas se torcían. Aun podía pasar lista mentalmente de todos ellos, de los vivos y los muertos.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Pero eso se había terminado. Iba a tener muchísima suerte si encontraba algo parecido de ahí en adelante. Y me daba un miedo de cojones. Creo que si un extraterrestre hubiese sido abandonado por sus colegas en medio de una selva no se habría sentido más desconcertado y solo. Porque cuando cambias tu vida, los bordes de la vieja casi nunca encajan con los de la nueva, quedan huecos difíciles de rellenar.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt; 	&lt;/style&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Apenas un mes atrás había fumado mi último cigarrillo, sobre el esqueleto metálico de aquel &lt;i&gt;Huk, &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;fue&lt;/span&gt; como si ese el militar y el fumador hubiesen llegado a alguna clase de pacto macabro, decidiendo acabar el uno con el otro.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;  Pero en esa estación de mala muerte, rodeado de desconocidos, casi empiezo a suplicar por un pitillo, casi me lanzo a por el viejo rescate de nicotina, casi hago la única cosa que no suelo perdonarme: dar un paso hacia atrás.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Casi. Qué palabra maravillosa.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;11&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Bahat&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;: amén en dakk&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;12&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;real&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;: designación coloquial de la libra real, moneda en curso de la NUK, con un valor equivalente a 1,19 €.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-510754086044274617?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/utd-ZAe9FOs" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/utd-ZAe9FOs/cuarto-capitulo.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/05/cuarto-capitulo.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-7275447541485472226</guid><pubDate>Fri, 21 May 2010 09:13:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-06-20T17:55:36.263-07:00</atom:updated><title>Capítulo 3</title><description>&lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt; 	&lt;/style&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt; &lt;b&gt;Capítulo 3&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt; &lt;b&gt;Una flor en tu fusil&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;  Bastó poner un pié en la ancha cinta de grava que unía la entrada con la carretera para que el cielo comenzara a perder su brillo. El año entraba a tientas en la primavera y en el sureste eso siempre significa clima inestable y traicionero, así que decidí apretar el paso rumbo a la parada del autobús. No me apetecía mojarme en mi primer día de civil y para ser honestos, la sola idea de verme obligado a extraer el chubasquero desde el fondo de la abarrotada mochila me daba una pereza enorme.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Desviándome un poco a la izquierda encontré, tal como me habían dicho, el típico sendero fabricado por las ruedas de los carros: dos largas huellas separadas por matojos de hierbas adentrándose en la reverdecida campiña. Tenía que recorrer kilómetro y medio hasta desembocar en una carretera nacional donde, con un poco de suerte, cogería el bus antes del mediodía.“Pan comido”, susurré y cual buen infante me enganché al camino como un tranvía a su raíl; la sabiduría de mis piernas se encargaría del resto. “¡Las piernas del soldado de infantería tienen mente propia!”, solía espetarnos el cabronazo de nuestro sargento instructor, “¡mirando la cara de alguno de ustedes incluso diría que será la &lt;i&gt;única&lt;/i&gt; mente con la que contarán! Algunas veces os dirán que carguéis contra el enemigo y otras que salgáis cagando leches. Así que cuando os fallen vuestros inútiles cerebros de mosquito escuchadlas y quizás, sólo quizás no cometáis la cagada de morir sin antes haber matado por lo menos tres &lt;i&gt;bekkos&lt;/i&gt; de mierda, cosa que no estáis autorizados a hacer, maldita sea, a no se que queráis que os desentierre con mis propias manos y me mee en las cuencas de vuestros agusanados ojos!”  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Las últimas dos semanas había fantaseado con ese momento unos setenta millones de veces. ¿Cómo sería no sentirse amenazado por nada? ¿Cómo sería dejar de mirar a tu alrededor buscando formas, destellos o peligros? Intentaba imaginarme caminando fuera del perímetro defensivo sin preocuparme del ruido de mis botas, con la espalda recta –no como un gato agazapado todo el maldito día– y sólo eso ya me parecía alucinante. ¡Hasta hacía planes para el espacio mental que liberaría mi viejo fusil! Porque, para quien no lo sepa, un fusil es para un soldado en tiempo de guerra, lo que a un padre su hijo. Debes cuidarlo, alimentarlo, mantenerlo limpio y saludable si quieres llegar vivo al final del día. No puedes perderle de vista y siempre, siempre tienes que tenerlo a mano. ¿Alguien conoce a algún ex-combatiente que no haya tenido la pesadilla del fusil encasquillado? Pues eso. ¡Cuánto espacio en mi torturada cabeza tendría a partir de entonces!  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Setenta millones de veces. Tumbado en mi litera, usando la desvencijada parrilla de la cama de arriba como lienzo para darle pinceladas a esa viñeta de mi futuro. Durante minutos, a veces horas. Llegué a convencerme de que sería algo extraño y maravilloso. Tenía un estado de ansiedad tan grande que cuando quería remendar un calcetín me era imposible enhebrar la aguja de tanto que me temblaban las manos.  “Extraño y maravilloso”. Ese era mi mantra, el escudo de mi fe.  “Extraño y maravilloso”.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Pero en ese campo, rodeado por los sonidos de la vida común y corriente, la realidad se guardó lo maravilloso y me dejó a solas con lo extraño; ese día, que lo tenia todo para ser perfecto –porque cualquier día que te deja andar por él, vivo y de una pieza por definición lo es–, acabó decolorándose, tragado por la nebulosa de una promesa fallida. Todo había sonado más fácil en mi imaginación, tirado en un catre o cosiendo calcetines.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Estaba claro: si existía un camino hacia a la normalidad sería bastante más largo que ese sendero rodeado de flores y arbustos pasando bajo mis pies. Como casi siempre, entre lo que yo creía y lo que serían las cosas había un abismo insalvable. Mis delirios color de rosa se iban todos, en fila india, a tomar por saco. Entonces, ¿porqué no me deprimía? ¿Porqué me sentía casi aliviado? ¿Sería que eso ya se parecía más a lo que estaba acostumbrado? ¿Qué pasa cuando a una persona le consuela más la certeza de un combate largo y difícil que una felicidad incierta. O simplemente estaba perdiendo los papeles. Sacudí mi cabeza y casi sonreí. Daba un poco igual. Al final no importa lo que tengas o hagas...siempre te quedas a solas con el camino. Así que caminé, a paso vivo, concentrado en cada zancada, sin siquiera intentar espantar mis pensamientos más oscuros.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;  Por la derecha apareció una hilera de añosos y retorcidos árboles, debilitando la brisa que llegaba desde las mesetas del norte. Veinte metros después se le sumó otra desde la izquierda, haciéndome pasar bajo una sucesión de arcos verdes. Enredadas por el viento las copas de los árboles soltaron un murmullo de hoja contra hoja y a mi se me antojó que quizás hablaban de mí, que desde las alturas criticaban mi pequeñez o mi soledad.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; No pude evitar pensar en mi abuelo Lukbe...en él y en la historia que me reveló a los doce años y que yo nunca olvidé. Contaba que, acabada la &lt;i&gt;Guerra de la Unificación&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;&lt;i&gt;10&lt;/i&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt; volvía con su unidad de montaña, el 357º de Mangnam, rumbo a su ciudad natal, tan extenuado y feliz como puede estarlo un chaval de dieciocho años que había logrado salvar el pellejo en los campos de la muerte. Pero al empezar a cruzar el primer pueblucho contemplaron algo realmente curioso: a cada lado de la calle principal había una fila de mujeres y niñas de todas las edades, en absoluto silencio. Sus sucias caras y sus ajados ropajes mostraban el maltrato de la guerra. Una especie de escalofrío colectivo recorrió las cansadas filas. Habían luchado hermano contra hermano, dos bandos  repartidos de forma aleatoria por todo el territorio. Una provincia podía autodeclararse &lt;i&gt;separatista&lt;/i&gt; y seguir teniendo condados leales al gobierno, destruyendo una línea del frente y formando otras tantas. Lo mismo pasaba con las provincias &lt;i&gt;unionistas&lt;/i&gt;. Y cuando los odios se dividen por simpatías que no pueden ponerse claramente en un mapa, un tratado de paz resulta menos tranquilizador. Podía esperarse cualquier cosa en cualquier parte. Aquellos veteranos lo sabían. Pudiera ser que estuviesen pasando por dentro de un poblado que el día anterior había estado enviando combatientes contra ellos. Mi abuelo no sabía si les arrojarían tomates, piedras o peor, una de esas temibles bombas caseras hechas de botellas con gasolina. Lo que sí sabía era que él ya había agotado su cuota de gloria y su único deseo era volver a los brazos de su esposa que lo esperaba en casa con un embarazo de siete meses. El capitán a cargo de la compañía, un viejo hombre de armas, consciente de aquella paz tan precaria y la repercusión que podría tener cualquier tipo de incidente, hizo uso de toda su sabiduría para mantener a raya los nervios de su tropa, yendo de fila en fila y repartiendo breves órdenes, asegurándose de que todos los seguros estuviesen en su lugar y todos los dedos lejos de los disparadores. Muchos, al igual que el abuelo, respetaban a ese oficial casi como a un padre. “Cumplía con su deber militar exigiéndonos el máximo y con el deber moral de devolvernos vivos a nuestras madres dentro de lo posible, así se gano nuestra profunda lealtad” decía enarcando las gruesas cejas, “recuérdalo cuando quieras ganarte la confianza de un hombre al que enviarás a una muerte probable”.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Inesperadamente una niña pequeña, de unos diez años, corrió hasta mi abuelo y le hizo señas para que se agachase. Lukbe, inquieto, miró a su sargento quien inclinó la cabeza en señal afirmativa. Al doblarse, la niña le colocó una flor en la boca de su fusil y acto seguido le estampó un beso en su barba de tres días, ante la mirada atónita de la soldadesca. Inmediatamente esto acto se repitió con las otras mujeres y niñas, como una reacción en cadena, hasta que ya no quedaron fusiles que rellenar, ni besos por dar. No hubo vítores. Sólo un callado recibimiento hecho de susurros y roces de prendas. Las suelas de los zapatos en el cemento húmedo marcaban un ritmo de arrastre, un lóbrego baile de pies cansados. “Por un momento fui hijo, padre y hermano postizo” contaba con lágrimas en los ojos, “sentí el amor de aquellos que ya no volverían a ver a sus seres queridos. Cuando salí de allí estuve una semana sin dormir pensando que quizás yo había dejado un lugar vacío en alguna mesa de aquel pueblo...o de cualquier otro. Miraba el vientre de tu abuela y rogaba en silencio para que ese hijo o hija nunca tuviese que pasar por cosa semejante.” Luego se enteraron de que esa ceremonia se había replicado en muchos sitios. “La verdadera firma de la paz fue esa, querido nieto, la fuerza de los abrazos y los besos devolviéndonos nuestra vergüenza, una vergüenza que al final no es más que otra forma del honor”.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Mi abuelo era a todas luces un hombre taciturno y retraído, con una mirada que a veces parecía perderse en un secreto inaccesible para el resto del mundo. Hoy yo podía entenderlo, había pagado el precio que me permitía comprender cada uno de sus gestos, aunque ya no sirviese de nada, porque si algo no le hace falta a los muertos es comprensión. Pero para los que volvíamos de esta guerra no habría flores. No, a nosotros nos esperaba la turbia y pasajera alegría de no haber sido exterminados. “Qué bueno que no estés, abuelo y no puedas ver en qué me he convertido. Si al final la muerte ha servido para ahorrarte una pena”.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Lancé un rápido vistazo al cielo. Las nubes habían dejado de ser simples lunares de vapor azulado para adoptar una cerrada formación de combate. No iba a tener suerte. Rodilla en tierra y a sacar el chubasquero. Acabé de envolverme en el poncho de plástico camuflado justo a tiempo para recibir las primeras gotas. El agua empezó a caer en ráfagas cortas y firmes apenas desviadas por el viento. “Lluvia de primavera, amor de juventud” decía mi madre, “viene por sorpresa, se va con prontitud”. Y ahí la tenía, toda para mí, azotándome la capucha del impermeable, repiqueteando en mis hombros como la caricia violenta y apasionada de una amante inexperta. Repasé las palabras de mi madre. &lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;¿No éramos todos un poco eso,&lt;/span&gt; un breve chaparrón destinado a desaparecer; frágiles y efímeros, como un amor de juventud? De pronto me dí cuenta de que tenía los brazos extendidos, un resorte invisible había tirado de ellos y ahora avanzaba cortando la lluvia con mis pegajosas alas de plástico. Crucé el campo así, quién sabe por cuánto tiempo, convertido en un crucifijo andante bajo la espesa cortina bautismal. Si alguien me hubiese visto seguro habría pedido mi encierro preventivo. Intentaba lavar algo en mí, aunque no tenía muy claro qué, pero cada gota parecía arrancarme un trozo del alma y devolverla a la tierra con un grito. Quizás llevaba los ojos cerrados o mirando al vacío, no sabría decirlo, lo cierto es que tropecé con algo y mi cuerpo trazó una curva hacia adelante, a cámara lenta. Sentí el abandono de la caída y luego cómo el planeta me daba en  todo el pecho. No hubo dolor. Sólo un clic en el cerebro y la conciencia del arriba y el abajo sustituyendo todo lo demás, la impresión de ser un emparedado de carne triste, con una rebanada de cielo y otra de tierra apretándome hasta quitarme todo el jugo que empezó salírseme por los ojos para perderse entre el goteo infernal de aquello que empezaba a parecerse mucho a un diluvio. Allí, tendido como un idiota, me pasaron por la mente otras caídas, un poco más serias. Tres veces había aterrizado de bruces en el campo de batalla y tres veces conseguí levantarme. De la última tardé unos cuatro días. Al menos eso fue lo que me dijo el médico cuando salí del coma. Por eso las tres calaveras tatuadas en mi antebrazo, por las ocasiones en que la muerte me había besado sin reclamarme. “Se te está yendo la olla, hermano”, me dije, “tienes que levantarte, joder, el autobús, la hora...” Volví a mi cuerpo. O mejor dicho, acepté de mala manera adueñarme una vez más de él, una vez más tirar de aquel montón de huesos y tendones, alzarlo y sacarlo de allí.  Me levanté como si me estuviesen construyendo por piezas. Continué la marcha, abriéndome paso entre moras silvestres.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; No tardé mucho en notar una mancha roja destacando bajo la monocromática cortina de agua: la destartalada parada del bus. Era poco más que un techo de madera y latas apoyado precariamente en dos postes enclenques y una banca compuesta de tablones desiguales; pero estaba seco y atajaba la lluvia, lo que lo convertía en uno de los lugares más acogedores de mis últimos años. Parecía haber sido pintada recientemente, y a toda prisa; aunque las toscas pinceladas de “rojo bus” la llenaban de esa dignidad que tienen las cosas reconstruidas. Siempre pensé que reconstruir es tener fe. Fe en lo que nos espera y en lo que podemos lograr. Reconstruir es una declaración de voluntad, la voluntad de dejar atrás el pasado y comenzar desde cero. Entonces supe que mi pueblo se levantaría de sus cenizas. Si alguien era capaz de enderezar ese triste chabolo y convertirlo en un refugio, estábamos salvados.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Dejé mi bolsa en la banca para poder quitarme el chubasquero y con una pañoleta (cuyo origen no recordaba en ese momento) me sequé la cara y las manos, mientras el tintineo del techo transmitía la acogedora sensación de estar a salvo. Según mi reloj el autobús llegaría de un momento a otro, aunque yo no tenía a dónde ir. Mi antigua casa, es decir la de mis padres, había sido arrasada en la primera oleada de ataques y familia directa conocida ya no me quedaba. Yo era del sur y me estaba yendo hacia el oeste. Si toda persona tiene un rumbo, en mi caso no tenía ni pajolera idea. De lo que estaba seguro era de que no lo encontraría sentado en un rincón. Cuando estás demasiado tiempo preparándote  para la muerte la supervivencia puede tomarte por sorpresa y terminar transformándose en confusión y dolor. Mi cabeza era, por decirlo de una forma amable, un lío constante. Pero tenía una teoría: si en el combate la movilidad aumenta tus posibilidades éxito, ¿no pasa lo mismo con la vida en sí?, ¿no es la inmovilidad una versión abreviada de la muerte, o al menos un adelanto? Cuanto más lo pensaba más me creía que era una teoría cojonuda, sobre todo porque no tenía ninguna otra de la que agarrarme.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt; 	&lt;/style&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Desde la curva tras la que se perdía la carretera llegó el ronroneo de un motor. Al cabo de un par de minutos el viejo bus se acercó dando tumbos por la N-237. La lluvia empezó a amainar. Cogí mi equipaje y me acerqué, todo lo que el improvisado techo me dejó, al borde de la carretera. Con un bufido de hidráulicos mal ajustados el enorme trasto rojiblanco detuvo su marcha justo en frente de mí. La puerta delantera se plegó escandalosamente para dejarme pasar. Antes de subir, volví mi cabeza para despedirme en silencio de esos ondulados campos, como si adivinara que jamás los volvería a pisar.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; “Aquí vamos,”, recité al tiempo que trepaba por el estribo metálico, “pan comido Matheo, pan comido”.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;sup style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;10&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Guerra de la unificación: (&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;5224-5227), guerra civil que llevó a la República de Kriglaund al borde del colapso cuando un desorganizado y violento movimiento secesionista encendió viejas ansias independentistas de algunas provincias que siglos antes eran feudos o naciones que acabaron uniéndose por razones políticas y económicas. Los bandos se llamaron “unionistas” y “separatistas”. Durante tres años se sucedieron  salvajes combates, persecuciones ideológicas y diversas atrocidades perpetradas por ambas partes. El creciente descontento popular, la falta de coherencia en las propuestas separatistas y el creciente miedo al hambre y bancarrota generalizada  empezó a inclinar la balanza a favor de los “unionistas” que contaban con la ventaja una larga tradición de gobierno. Al alcanzarse las condiciones propicias, los “separatistas”, ya temiendo por un exterminio sistemático o a una derrota  política de la que nunca pudiesen recuperarse, elaboraron un memorándum con las demandas necesarias para firmar la paz. Luego de una semana de negociaciones en lo que se llamó El Congreso del Monte de la Esquina, se puso fin a la confrontación, el día 13 del séptimo mes del año 5227. A partir de ese día el país cambió su nombre a Nación Unificada de Kriglaund (NUK)&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-7275447541485472226?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/N2OjxnYUiwc" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/N2OjxnYUiwc/tercer-capitulo.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/05/tercer-capitulo.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-6489829677666351169</guid><pubDate>Fri, 14 May 2010 09:02:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-06-25T01:55:56.337-07:00</atom:updated><title>Capítulo 2</title><description>&lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt;&lt;/style&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="CENTER"&gt; &lt;b&gt;Decir adiós es morir un poco&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; En sólo dos semanas nos desmovilizaron, yo fui dado de baja con honores y me asignaron una pensión, una cantidad ridícula de dinero a cambio de siete años, a jornada completa, de esquivar balas y comer mierda. Pero al menos, estaba vivo, de una pieza y el trámite había sido asombrosamente rápido. Ya podía sonreír sabiendo que mi culo estaba libre de los cuarenta y cinco días de aparcamiento extra en el maravilloso catre del regimiento. Una rapidez, cabe aclarar, que no había llegado ni por mi foja de servicio ni por mis condecoraciones, sino por haber lubrificado la pesada maquinaria burocrática con algunos cartones de tabaco rubio, reclamar antiguos favores, repartir apretones de mano y palmadas en la espalda y hostigar estratégicamente los escritorios adecuados. Un claro ejemplo de lo que en la jerga militar solemos llamar “método de ascensión dinámica” o “palanca” y define el sistema por el cual una carpeta en la parte inferior de una montaña de expedientes atrasados consigue,  sorpresivamente, alcanzar la cima de ésta, pasar rápidamente a formar parte del listado de licencias prioritarias y de ahí al sello y la firma que te ponen en la calle en menos de lo que canta un gallo. Ingeniería administrativa básica.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Me costaba trabajo disimular mi excitación. Por fin se acababan el encierro y la expectativa  y no dejaba de ser agradable poder acabar con el chismorreo, las mentiras y las especulaciones sin sentido sobre el mundo que nos esperaba más allá de la alambrada, del que por cierto, nadie tenía idea de cómo podía estar. O mejor dicho de que &lt;i&gt;tan&lt;/i&gt; jodido podía estar.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Pocas cosas podré evocar de forma tan clara y precisa como el momento del adiós definitivo a mi unidad, el  117º regimiento de fusileros de Ulvengar. El 117º era una tropa que había alcanzado su estatus de élite a base de enormes sacrificios, de la que yo siempre estaría orgulloso de haber pertenecido y de la que no veía el momento de dejar de pertenecer.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Aquel primer martes del segundo me&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;s, la&lt;/span&gt; mañana había despuntado algo más fresca de lo normal y yo, en lugar de estar marchando hacia la parada del autobús, empezaba mi día en el  improvisado despacho que un  “O.R.” había montado detrás de la cocina.  “O.R.”  era la sigla que designaba a un &lt;i&gt;oficial de reenganche&lt;/i&gt;, cuyo trabajo consistía tratar de mantener alistados a los soldados veteranos con cualquier promesa, aunque la tropa los había rebautizado como “ojetes rojos”, aludiendo a que se la pasaban todo el día aplastando las nalgas contra una silla mientras el trabajo duro les tocaba a los demás. Como un tormento personal asignado por alguna mano negra del destino, el dichoso  “O.R.” me había estado respirando en la nuca toda la semana. Y aunque yo casi había agotado las formas educadas de decir que no, él, tenaz como un vendedor de seguros, hay que reconocerlo, quiso tener su última chance. Técnicamente yo seguía siendo un militar hasta que cruzase la puerta de la entrada, así que no me quedaba otra que sentarme en una destartalada e incómoda silla y escucharle, por enésima vez, soltar sus argumentos, o sea, una serie de frases recortadas del manual, hiladas en una voz monocorde y aburrida.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Intentando no dormirme, me dediqué a observarlo, a diseccionarlo con los ojos.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Ahí estaban su distintivo de alférez recién estrenado en la solapa de la impecable camisa, el pelo perfectamente peinado, la raya de su pantalón como el filo de una bayoneta, la cara lampiña con huellas de granitos muertos frente al espejo. No era más que un oficinista disfrazado de soldado, un chaval que todo lo que sabía de la guerra lo había aprendido atrincherado detrás de un libro en alguna academia militar. Un suertudo ignorante de su fortuna, al fin de cuentas.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Suboficial mayor, el ejército necesita profesionales como usted. Comprendo que ya no quiera estar en primera línea, tómese un merecido descanso y cuando vuelva podría realizar una gran tarea, digamos, entrenando a las nuevas tropas.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Entrenar? No, señor, no creo que sirva para eso.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¡Qué me dice! ¡Un instructor como usted podría salvar vidas!&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Le parece? No veo cómo...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Compartiendo su experiencia en combate, por supuesto.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Usted dice que comparta mi experiencia, lo que he vivido estos últimos años? ¿Que me pare delante de los reclutas y les diga de qué va la cosa? ¿Pretende quedarse sin ejército? Si quiere salvar vidas no me necesita para eso. Alcanza con que nadie se meta en una guerra.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Tengo la impresión de que no me está tomando en serio, suboficial.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Con todo respeto, señor, esto me lo tomo muy en serio. ¿Alguna vez h&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;a&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; matado a alguien con sus propias manos?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Cómo dice?  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Si alguna vez ha matado a alguien, señor, no de un tiro a cien metros, ni arrojando una bomba desde una avión, sino con sus manos como única herramienta, con la cara de su enemigo a un palmo de distancia.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –N-no... no tengo experiencia en combate, si a eso se refiere, sargento – dijo revolviéndose en su silla, visiblemente disgustado por lo retórico de la pregunta.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Suponga que se ha quedado sin balas y un enemigo ha saltado a su pozo de tirador, usted sólo atina a cogerlo del cuello, están luchando cada uno por sobrevivir, pero usted tiene la ventaja y aprieta con todas sus fuerzas hasta que siente el chasquido de la tráquea entre sus dedos, ve en los desorbitados ojos de su víctima el horror, la certeza del fin, la lengua hinchada como un globo...entonces él muere y usted comprueba por el calor en su pierna que se ha meado encima de puro miedo.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Está usted intentando incomodarme? – se había puesto pálido, el sudor le decoraba la frente.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Incomodarle? No, señor, más bien ilustrarle, señor.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –No entiendo a dónde quiere llegar.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –A que la guerra es siempre acto denigrante y horrible...con el que no me apetece seguir involucrado...yo tengo que vivir con cosas como esas, señor, lo que no tiene vuelta atrás. Pero viene usted y me pide que las reviva, que todos los días me levante, me afeite, me cepille los dientes, me vista y empiece mi jornada laboral sacando todos mis muertos del armario, ¿para qué? ¿para transmitírselo a otros, para  perpetuar lo peor de mí en otra gente?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Vale, vale, sargento, creo que lo capto...aun así...  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Perdone usted, señor, pero no creo que lo capte, no creo que nadie pueda... Usted  todavía piensa que es como en los textos, donde las buenas causas logran suavizar la atrocidad y volverla poética, pero no es así. Las personas no están hechas para eso y se quiebran por dentro, señor. Yo alcancé mi cuota...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿No es algo tarde para volverse un objetor de conciencia, sargento? – dijo revolviéndose nervioso, dando palos de ciego, buscando un argumento. Casi me dio la risa.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;¿Conciencia? Con todo respeto, señor, si no hubiese amordazado a esa desdichada hace tanto tiempo, me habría volado la tapa de los sesos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Intento explicarle que no entré a la guerra por vocación, no me chiflan los uniformes ni las banderas y mi madre no me crió para andar matando gente. Gracias a los dioses no vive para ver en que me he convertido... Las razones que me mantenían luchando han desaparecido, así que lo dejo. Usted hace su trabajo, eso lo respeto. Pero yo me marcho. Ahora si me autoriza, señor ... &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;–&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;le dije poniéndome en pie y extendiendo la mano con la deferencia que su absurdo cargo superior exigía. Se vio obligado a incorporarse también para responder al saludo. De mala gana estiró el brazo hacia adelante, su frágil y sudorosa mano de niño entró en la mía como un cordero entra en la boca del lobo. Un violento apretón y una sonrisa: el juego había terminando. Cogí el petate &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;–&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;donde cabía toda mi vida y aún le sobraban algunos huecos&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;–&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; y llevé mis pasos hacia los barracones, donde mis compañeros esperaban ociosos su turno de colgar el uniforme.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span lang="es-ES"&gt;Era el momento de la&lt;/span&gt; despedida y la clase de situación que yo siempre trataba de evitar.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Al final despedirse no es otra cosa que una&lt;span lang="es-ES"&gt; forma de agonía, la dolorosa antesala de algo más doloroso aun; es aferrarse a un trocito de tiempo que se te va resbalando como agua entre los dedos. Me habría resultado mucho más fácil seguir de largo, pasar frente a la puerta del barracón 42, girar a la izquierda, enfilar hacia la salida y saltarme toda la ceremonia. &lt;/span&gt;Pero &lt;span lang="es-ES"&gt;aquellos&lt;/span&gt; hombres y mujeres&lt;span lang="es-ES"&gt; eran mucho más que mis camaradas de armas. Juntos habíamos   atravesado un mar de fuego y sangre y esquivado a la muerte&lt;/span&gt; tantas veces como para dejar de contarlas. Compartimos ese extraño amor nacido en las trincheras, &lt;span lang="es-ES"&gt;como esas plantas que sólo crecen en los lugares más oscuros y sórdidos, hijas del infortunio y la desesperación. No, no podía irme así, sin más&lt;/span&gt;. Los lazos hay que respetarlos y el nuestro era uno indisoluble que nos uniría para siempre &lt;span lang="es-ES"&gt;(&lt;/span&gt;aunque, más adelante lo supe, sólo nos mantendría atados en la dimensión paralela de los recuerdos, porque en la paz, en la realidad sin fusiles ni cazabombarderos, nos repelería como a imanes del mismo polo y serían raras las ocasiones en la que los veteranos buscásemos a otros&lt;span lang="es-ES"&gt;)&lt;/span&gt;.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Abrazos y besos nos supieron amargos, aunque todos disimulamos&lt;span lang="es-ES"&gt; lo mejor que pudimos&lt;/span&gt;. Intercambiamos posibles direcciones y algún teléfono, aunque nadie sabía a ciencia cierta si su casa o su barrio no sería un hueco lleno de escombros o si alguna central telefónica &lt;span lang="es-ES"&gt;se habría salvado de unos&lt;/span&gt; bombardeos que nos habían devuelto&lt;span lang="es-ES"&gt; &lt;/span&gt;prácticamente a la edad de las cavernas  &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;– &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;no se nombró “la Gran Devastación” a &lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;esta&lt;/span&gt; guerra por que sí&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;–&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;. Flotaba una alegría que se parecía muchísimo al miedo, me miraban como si en vez de marcharme a casa, a una vida pretendidamente normal, me fuese a una incursión detrás de las líneas enemigas. La ansiedad en sus rostros, el deseo de querer adivinar a través de mí lo que pudiera encontrarse del otro lado del universo agregaba un poco más de miedo al que ya tenía. Hoy sé que solamente deseaban saber qué les esperaba a ellos también en ese mundo en el que la muerte parec&lt;span lang="es-ES"&gt;ía&lt;/span&gt; más lejana y menos violenta. Porque lo cierto era que al acabar la guerra, la burbuja invisible de nuestras existencias se había roto y con ella las reglas que las gobernaban, ese era el sentido dentro del sin sentido. La mayoría ni siquiera habían tenido adolescencia fuera del campo de batalla y los que la tuvimos apenas lográbamos recordarla. Habíamos sido una colonia de hormigas, pero ahora la paz nos separaba, nos dejaba solos ante la vida común y corriente, ante un tablero en el que no sabíamos jugar. Ese cosmos maravilloso y complejo (del que nunca nadie debiera salir) nos estaba esperando, confiaba en nuestro regreso… y nosotros no hacíamos más que temblar. Conseguimos escapar del averno, sí, pero cuando las puertas se cerraron a nuestras espaldas, muchos quisimos girar sobre nuestros talones y pedir a golpes que nos dejaran entrar otra vez.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Cuando se agotaron las palabras puse mi bolsa al hombro y di mis primeros pasos de civil, las voces y los gritos de mis camaradas me escoltaron unos metros hasta que se disolvieron entre otros ruidos. No miré hacia atrás, ese mundo quedaba ya fuera de mi alcance y con cada paso mi antigua vida se desgarraba como un pellejo inútil, jirones de un pasado que pretendía arrastrar hasta la salida o hasta donde hiciese falta con tal de poder empezar de nuevo. De pronto las instalaciones del regimiento me parecieron terriblemente silenciosas. &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Acariciadas por un sol perezoso las tejas de los barracones soltaban chispas de luz donde el rocío aun no se había evaporado. Al acercarme al puesto de guardia de la entrada la brisa pareció más helada al chocar contra mi rostro recién afeitado, así que levanté las solapas de la guerrera para atajarla. Llevaba mis permisos en la mano para no perder tiempo. Junto a la caseta principal había una policía militar de tez oscura con un subfusil &lt;i&gt;R66 &lt;/i&gt;&lt;sup&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;5&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/sup&gt; terciado ante el pecho que al verme llegar quitó el seguro, algo que me pareció excesivo dadas las circunstancias, la paz y todo eso.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Yo hice como que no la veía, pero no le quité los ojos de sus hombros,&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; s&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;i&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; a&lt;/span&gt;lguien va a dispararte con un subfusil va a tener que alinear sus hombros hacia ti y en los de ella podía ver una cierta tensión para nada tranquilizadora. Continué mi camino hasta que me dio el alto. Bajo el casco típicamente amarillo de la “PM”, sus negros ojos, clavados en mí,  brillaban como ascuas, perforándome.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¡Documentación!&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;– &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;exigió con severidad – y nada de tonterías &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;– &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;agregó, como si yo no supiese lo que puede hacer un &lt;i&gt;R66&lt;/i&gt; a esa distancia. Entonces apareció por detrás otro policía militar, un muchacho alto, de no más de veinte, enjuto de cuerpo y cobrizo de pelo que se apresuró a &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;palmearle la espalda al tiempo que le decía:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Tranquil&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;a &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Sereh, que este es de los buenos. – y con esas mágicas palabras el seguro del subfusil y mis pulsaciones volvieron a su lugar – venga, submayor&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;6 &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; – dijo extendiendo la mano en dirección a la caseta de vigilancia – sígame, por favor.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Cruzamos el umbral casi al mismo tiempo, yo un poco detrás de él, los tablones del suelo rechinaron bajo el peso de nuestras botas. Las desconchadas paredes rebosaban con las habituales fojas de guardias y ordenanzas, dejando unos pocos espacios libres que alguien se había apresurado a ocupar con detalles menos  reglamentarios. Como, por ejemplo, en la pared sur, donde un ajado y vistoso calendario recordaba que aun podía existir una playa llena de palmeras o en la del este, en la que una chincheta azul sostenía una foto antigua y descolorida de una pareja y un pequeño niño posando en riguroso atuendo dominical. Unos recortes de periódico sobre un partido de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;haffi &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;5  &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;y poco más. Simples retazos de intimidad, el hogar en su versión de bolsillo, los mismos parches usados por todos para contrarrestar el hundimiento del alma en la oscura noche del olvido. Pero lo más interesante, lo que aplastaba cualquier reflexión o pensamiento, era que olía a café, lo que para mí, que no hacía mucho me conformaba con que el agua no tuviese lodo, fue más o menos como el perfume del paraíso. Y no era el café soluble de las raciones de combate, no; era el de verdad, ese que recorre el aire hasta donde estés para devolverte al hogar y a las cosas amables, que es capaz de torcer el tiempo y restañar las viejas heridas. Giré la cabeza y allí estaba, en el rincón más alejado de aquel austero habitáculo,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; u&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;na vieja y machacada cafetera resoplando sobre un hornillo eléctrico. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Me volví hacia mi acompañante e intenté acercarle las autorizaciones, pero me indicó con un ademán que los dejase sobre el desvencijado escritorio del fondo, como quien aleja de sí la peste. Estiró un brazo hacia el estante que tenía enfrente y bajó un par de tazas de aluminio – no las clásicas de combate sino otras algo mejores, esas que usa la gente pobre, con un ligero esmaltado en el borde para evitar que el sabor del metal arruine la bebida, es decir, vajilla de lujo–. Alineó las tazas, cogió la cafetera y escanció el maravilloso líquido oscuro con cierta ceremonia, trazando elegantes semicírculos. Fue entonces cuando vi que su mano izquierda había sido reemplazada por un garfio articulado. Me guardé comentarios y preguntas, las amputaciones siempre tienen historias  largas y yo no estaba de humor.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Debe disculpar a mi compañera – dijo extendiéndome una de las tazas – anteayer un soldado perdió los nervios y quiso salir sin autorización, cuando intentaron impedirlo apuñaló a un guardia. Ese guardia es el hermano de Sereh.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Ahora entiendo la mirada asesina...  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Si, je, je,  Sereh es muy impulsiva, pero tampoco sobrevivió a la guerra cortando rosas, no sé si me entiende.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Una chica dura, eso se nota... Espero que esté bien el muchacho ése, su hermano quiero decir.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Ha perdido mucha sangre, pero se recuperará. También fue triste tener que reducir a golpes a un veterano. Estoy seguro que no tenía intenciones de hacer daño, de que sólo quería salir. Una locura, ¿no?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Espero que le hayáis dado una buena – dije entrecerrando los ojos sobre el vapor de la taza –  ¡Imagínate si todos los que tienen una crisis empiezan a apuñalar a los demás!&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Pues, mirado así...  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Créeme, en esos barracones hay gente más buena que el pan y gente con la que no puedes darte el lujo de mostrarte blando.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Es verdad, sargento...–dijo asintiendo lentamente con la cabeza– Y por cierto, no me he presentado – extendió la mano después de limpiarla en el faldón de su guerrera – Cabo mayor Bruni, Piper Bruni, pero todos me llaman Pip.   &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Encantado, cabo Pip  –contesté estrechándosela – Yo soy Vinterjaüs, Matheo Vinterjaüs,  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Usted no necesita presentaciones, por aquí es prácticamente una leyenda...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Bah, las leyendas son sólo exageraciones que se cuentan alrededor de una fogata...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Entonces yo he asistido a demasiadas en los últimos tiempos, ja, ja, ja.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Es lo que pasa cuando no se tiene un televisor a mano, a la gente se le da por ponerse creativa...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Ja, ja, muy cierto, sargento.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Alzamos las tazas a modo de saludo y bebimos. Aquello fue el paraíso perdido y reencontrado. Me dio la impresión de que el cabo apenas había mojado los labios cuando preguntó.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Espero que le guste el café...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Estás de broma? – contesté tratando de no relamerme como un gato – es de lo mejor que he probado en años.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿De veras?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Lo juro – dije alzando la mano con solemnidad.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Pues me alegro – respondió vacilante, sin levantar los ojos del aluminio – no es fácil conseguir este tipo de café... bueno, la verdad es no es fácil conseguir de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;ningún&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; tipo... son tiempos duros y falta de todo. Mi tía lo envió hace dos días, desde  Nueva Caleé. Un pequeño tesoro... No se ni cómo ha llegado intacto hasta mi, ¡debe haber venido en un furgón blindado!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Reímos, bebimos y charlamos. Yo brindé por Nueva &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Caleé&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; y la buena de su tía mientras él trataba de esconderse tras las palabras, de ganar tiempo en esa suerte de maniobra de retención, un ir y venir de frases huecas y risas calculadas que no podía durar mucho. Al final sobrevino el vacío, la imposibilidad de conectar una trivialidad con la siguiente. Nos quedamos en blanco, los rostros paralelos apuntando a la ventana, sumergidos en la gelatinosa incomodidad del silencio. Él me observaba de reojo, pero yo disimulé. Disimulé y me concentré en el café, en su sabor amargo y lento, en esa breve devolución a lo humano. Entonces descubrí a una urraca bicolor balanceándose en el cable telefónico de la entrada y por un segundo mi mente saltó hacia atrás, hacia mi infancia, cuando era un niño que atrapaba pájaros y los canjeaba por unos céntimos en el mercado de aves del pueblo. Lo hacía &lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;rápidamente&lt;/span&gt; y luego me alejaba de la tienda de animales a paso ligero haciendo sonar las monedas en mi bolsillo, sin volver nunca la vista hacia la jaulas porque los barrotes son inevitablemente tristes y algunas veces tenía que sacudir muy fuerte el dinero, porque el animal trinaba como si me insultara, entonces pensaba sólo en la cara de mi madre, en el alivio simbólico de unos pocos níqueles rebotando en la mesa de la cocina y su cara redonda y fresca y su mano con rastros de cebolla o puerro acariciando mi mejilla y yo, como si hubiese matado un dragón para la cena.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; La urraca empezó a graznarle a la mañana, su áspero reproche se perdió entre la niebla. Cuchillas de sol atravesaron con dificultad la gruesa bruma, cayendo como cintas de gasa delante de la barrera roja y blanca de la entrada y todo, absolutamente todo parecía más lento en ese baño de luz difusa. Mi compañero pareció encontrar las palabras que hacía rato llevaba buscando.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Veo que no me recuerda, submayor &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;– dijo y su voz sonó cansada, apenas un hilo de palabras atravesando la barrera de aquellos labios tensos, desdibujados.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Así que era eso...&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;– contesté alzando una ceja&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;  &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Piper me miró y se encogió de hombros. Su cara neutra no me ayudaba en nada a elegir mi próxima frase.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Siento desilusionarte – fue todo lo que se me ocurrió.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Es una tontería. No se preocupe.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Oye, tampoco dije que fuera una tontería. Han sido tantos años y tantas caras... últimamente las caras de los muertos me resultan más fáciles de recordar... se congelan en el tiempo y en tu cabeza, como una foto.  Pero los rostros de los vivos cambian, se limpian, se afeitan, se peinan, sonríen de nuevo. La paz lo vuelve todo más complicado, ¿no te parece?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Supongo que sí. Yo también tengo mi buena ración de muertos, sargento... no le estoy reprochando nada.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;  – &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Me sacó la taza vacía de la mano y empezó a llenarla, ahora sin la ceremonia de la primera vez. Ya no sonreía. Sus labios se apretaron aún más, arrugándole ligeramente el mentón. Giró sus espaldas hacia mi, las vi subir y bajar en lo que me pareció un gran suspiro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Fue en el invierno del trescientos once... sudeste del país, en la cordillera de Santa Esperanza... &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;– dijo, atropellando las palabras unas con otras.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Cómo dices?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –El Valle de los Perdidos. &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;¿Lo recuerda, sargento?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;  Un páramo a más de dos mil metros de altitud con temperaturas de -12 grados no es algo que se olvide así como así. Dos mil setecientos de los nuestros yacían aún en aquella gigantesca tumba de nieve, la mayoría muertos antes de poder entrar en combate. Junto a ellos unos mil ochocientos tzusbekkos compartían el silencio eterno de las alturas. El alto mando la llamó “operación Alud”, pero los que sobrevivimos la rebautizamos como “operación Ataúd”. &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Tres años es poco tiempo para olvidar aquello, ¿no te parece?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Ni tres vidas, creo yo, sargento. Ni tres vidas.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Menuda paliza nos dieron, ¿eh soldado?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;  –Sí, sargento, una de las buenas.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Por mi parte pensé que saldría en una bolsa de plástico de allí. ¿En qué unidad estabas tú?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –En el  3º regimiento, 22º batallón de paracaidistas, compañía Búfalo &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;– respondió en tono neutro. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; No pude evitar dar un respingo.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¡Que me cuelguen de un árbol! ¿Estabas con los “Halcones Verdes”?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Cuesta creerlo, ¿verdad? Un poli militar, un lisiado, ...  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –No, hombre, no. Sólo que me has pillado con la guardia baja, no todos los días se topa uno con un  “Halcón Verde”... joder, si sois de lo mejor.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Ya –  susurró con tristeza – lo &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;fuimos&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Es cierto, lo siento – dije mordiéndome el labio inferior –, sufristeis una cantidad horrible de bajas allí arriba...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Un noventa por ciento, muerto más, muerto menos. El 22º como tal ha desaparecido. No reconstruirán el batallón. Pondrán una lápida enorme en la base de entrenamiento de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Campf Lemi, &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;con los nombres de todos los caídos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; A mi me pareció un detalle por parte del ejército, que no suele tener muchos, la verdad. Le dije que me parecía una bella forma de homenaje.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Y también de propaganda – replicó –, los ejércitos siempre andan escasos de mártires...– se masajeó la frente con la mano.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;  –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Qué más da – continuó –, de todas formas ni el honor y ni el homenaje reviven a los muertos...y a mí me alivia más que mi nombre no esté haciendo fila en esa lápida... ¿es eso asqueroso, sargento? ¿Es asqueroso pensar “qué bueno que no me estoy pudriendo en la nieve junto a mis amigos, junto a mis hermanos”?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;   Lo observé detenidamente. Tenía los ojos empañados y parecía estar haciendo un gran esfuerzo por no derrumbarse.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Todos queremos vivir, es la mejor excusa que encontrarás. No puede evitarse, no puedes evitar el alivio de estar vivo. Yo también me alegro de no tener una lápida &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;creciendo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; sobre mi cabeza.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Ya, es que...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Qué? ¿Que has perdido a tus camaradas? De mi batallón original sólo he quedado yo. ¿Y del regimiento entero? Cinco, contándome a mi. Cinco de tres mil. Esto más que una guerra ha sido una picadora de carne humana... Fíjate la cantidad de sangre que llevó acabar con algo que nunca debió haber empezado... el precio por esta paz ha sido cuando menos absurdo –. Apoyé mi mano en su hombro. – Mira, Pip, no voy a engañarte y hacerme el tío duro... muchos de esos camaradas se llevaron un pedazo de mi alma cuando murieron. Pero que me cuelguen si no agradezco seguir caminando sobre esta tierra.  Al final somos pura estadística. Dicen que por cada uno de nosotros hay cinco bajo tierra. Es decir que alguien ocupó tu lugar donde cayó la granada de mortero, o pisó la mina que te tocaba o se llevó en el cuerpo la bala que te estaba esperando. No le des más vueltas. Lo único que te queda es tratar de respetar su memoria viviendo con honor y recordándolos siempre que puedas. Un día más de vida es un regalo inapreciable, creo que lo sabes. Y te guste o no, eres lo que ha quedado de los “Halcones”, andar de lloriqueos no sería muy apropiado.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Lentamente acomodó su guerrera y carraspeó, si hubo alguna lágrima nunca lo supe, aunque esperaba no haber sido demasiado duro, la guerra ya nos había dejado lo bastante mal.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Lo siento, sargento.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –No lo sientas, no hay razón para que te disculpes.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –A veces es difícil...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Siempre&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; lo es.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;  Dejó la taza sobre el escritorio y levantó lentamente el garfio, el metal se clavó en el chorro de luz que venía del exterior, un relámpago blanco dio de lleno en mis ojos haciéndome pestañear dos veces.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Lo que realmente cuenta – dijo observando su prótesis con esa especie de asombro que viene de muy lejos, como si acabase de descubrirla al extremo de su antebrazo – es que la razón por la que no estoy enterrado la nieve allá arriba es... por usted, sargento.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;  &lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Por primera vez tenía sus ojos directamente enfocados hacia los míos, sus pupilas dilatadas le devoraban todo el iris. Tragué saliva.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Creo que no estoy siendo justo con usted. Aquello fue un caos y de los guapos. Balas, obuses y para rematar nos cayó encima una tormenta de cojones. Nieve por todas partes, el cielo estaba negro por las nubes y el humo, las pocas luces eran bengalas o explosiones. Gritos. Pánico. Para serle sincero, si recordase mi rostro yo sería el primer sorprendido. Lo verdaderamente importante es esto: usted me salvó la vida...– dijo separando las últimas cinco palabras, cinco remaches de fuego estampándose contra el metal de mi amnesia. Creo que se dio cuenta, porque inclinó la cabeza y se rascó la nuca con el garfio, como si tuviese las palabras enterradas en algún rincón oscuro y que eso le ayudase a sacarlas – ¿Nunca le ha parecido raro como alguna gente está a nuestro lado durante años sin dejar apenas una marca en nuestra vida y a otras les basta apenas un instante para cambiarlo todo?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Supongo que a eso le llaman “destino”.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Pues a mi me sigue pareciendo raro, le ponga el nombre que le ponga. Esta conversación por ejemplo, podría no haber existido nunca, mi nombre podría estar siendo tallado ahora mismo en la lápida de honor de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Campf Lemi&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;. ¿Sabe?, hace tiempo tenía una lista de cosas que podrían o no podrían ser si usted no se hubiese aparecido ese día; era una lista larga porque cada tantos días escribía algo en ella, crecía como esas bufandas que tejen las abuelas y parecen no acabar nunca... hasta que me di cuenta que si seguía pensando en ello podía acabar en el loquero. Ahí lo tiene, pues. Toda esta... – dibujó círculos con la mano buscando el adjetivo – torpe estrategia sólo tenía la finalidad de que no se fuese usted de aquí sin saberlo.  Espero que me entienda y que no esté enfadado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –No estoy enfadado – dije en voz baja, mientras buscaba un punto de apoyo en el destartalado escritorio y me quedaba así, sentado a medias, con las manos aferradas al borde de  madera. Un ejército de recuerdos intentaba salir en estampida por mi entrecejo, donde al parecer alguien les había dibujado una puerta demasiado pequeña&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Tenía todos los datos aunque no conseguía reunirlos en una sola imagen coherente. “La memoria, esa maldita zorra”, solía decir Viggs cada vez que yo me burlaba de su facilidad para olvidarlo casi todo y ahora me pasaba a mi; a mi que desde pequeño siempre había alardeado de mi memoria.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; En la escuela, por ejemplo, absorbía los datos con la misma facilidad con la que fallaba en los cálculos. Mi materia favorita era geografía y allí lo aprendí todo del lugar en el que años mas tarde miraría a la muerte a la cara: el Macizo de Las Imperiales. “Frontera natural imponente, con sus 3.500 kilómetros de largo cruzando desde el noroeste hacia el sureste, cortando en partes desiguales el mapa nacional”... con esa frase me había asegurado un sobresaliente en mi último examen de 7º año.“De todos sus picos, el Derom-Kül (6.700 metros) y el Tirannus (8.945 metros) han sido y serán la máxima aspiración de todo montañista.” ¿Cómo podía recordar eso y a la vez tener lo de Piper en una nebulosa? “Las Imperiales: colosal espinazo vertebrando a todo un país, definiendo el clima, la economía y la cultura.” Los &lt;i&gt;antiguos&lt;/i&gt; la veneraban atribuyéndole poderes místicos. Y, superchería o no, la verdad es que fue su titánica estructura la única causa de que se ralentizase el avance de la Alianza, estancando sus operaciones lo suficiente como para darnos un respiro y permitirnos un mínimo de iniciativa y de esperanza. La gente rebautizó a la cordillera como “El Gran General”, en parte por eso, en parte como sutil insulto a los “otros” generales que no habían sido capaces de detener lo que desde un principio fue una aplanadora militar que se comía los territorios a bocados.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Pero una montaña es al final sólo eso...o era un viejo dios cansado de hacer nuestro trabajo. Pasados unos meses en los que parecía que por fin le echaríamos las manos al cuello a los tzusbekkos, éstos, con maestría y a un costo enorme, lograron revertir la situación, haciéndose con una posición altamente estratégica, en uno de los brazos menores de la cadena montañosa, la Cordillera de Santa Esperanza, más concretamente, el Valle de los Perdidos. El Valle era una especie de meseta a 2000 metros, rodeada de picos y acantilados. Allí establecieron una base desde la que controlaban los dos principales pasos por tierra y la totalidad del tráfico aéreo de la zona, todo gracias a una red de búnkeres y torretas antiaéreas. Unas sofisticadas instalaciones de radar de alerta temprana hacían del complejo una fortaleza prácticamente inaccesible desde el aire y el clima terrible, los vientos salvajes y el terreno escarpado se encargaban del resto. Lograron volver al “Gran General” en nuestra contra: ahora no detenía al enemigo sino que lo protegía de cualquier intento serio de recuperar los territorios conquistados, dejando casi un tercio del país librado a su suerte. Aquel cuello de botella tenía que desaparecer, era una cuestión de supervivencia. Al final, como todos temíamos, se ordenó un ataque combinado. Las suerte de miles de hombres de ambos bandos estaba echada. Los hilos que cruzarían las vidas de Piper Bruni con la mía ya estaban siendo tejidos. Por tierra intervendrían tres batallones y desde el aire dos, sumando casi 5.000 hombres. Las tropas aerotransportadas usarían, por primera vez,  planeadores en vez de paracaídas, porque saltar en aquellas condiciones era un suicidio. Pipin integró la primera oleada. Me contó que el objetivo era entrar por un estrecho corredor en el que el radar enemigo tendría más dificultades &lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt;en&lt;/span&gt; obtener una señal limpia.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Yo estaba un poco acojonado, nunca había operado en uno de esos pajarracos. Bueno, en entrenamiento sí pero nunca bajo fuego real y ya sabe, hay una diferencia ... ¿Alguna vez anduvo en uno? ¿No? Pues es como una lata de sardinas, incómoda y fría. No están presurizados, así que hay que ponerse las mascarillas y tener cuidado de no vomitarlas si te mareas.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Qué salió mal?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –El viento. Una ráfaga de viento descomunal nos empujó fuera de rumbo. Nuestro objetivo estaba al oeste... ahí el terreno era diabólico pero al menos...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Estabais lejos de las casamatas y su cortina de plomo y metralla...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Sí. El caso es que en mitad de la operación todos nos dimos cuenta de que algo no iba nada bien. El planeador empezó a zarandearse más de lo normal. Se notaba el esfuerzo del piloto maniobrando para neutralizar el viento, pero era una batalla perdida. Nos mirábamos entre nosotros, interrogándonos con gestos ya que hablar con aquel ruido era inútil y de oírnos tampoco hubiese servido de nada; las caras de tus compañeros eran el espejo de tu propio miedo. De repente sentimos varios golpes. Un sonido metálico, ping-ping-ping, como el de un xilofón desafinado. Eran proyectiles de 8 mm, lo que quería decir que no sólo estábamos donde no debíamos, estábamos además a tan baja altura que las ametralladoras ligeras podían alcanzarnos con facilidad. Unos veinte proyectiles pasaron sin tocar a nadie. La adrenalina ya me rebotaba en el cerebro cuando la luz roja de salto brilló dentro de la cabina y poco me faltó para perder los nervios, ¡si no llevábamos paracaídas! Al mirar por la ventanilla semicongelada supe que estábamos demasiado alto para saltar “a pelo” y demasiado bajo para abrir un paracaídas. Entonces comprendí: el piloto usaba la luz como señal de emergencia. ¿Nunca se fijó en lo raro de ese instante en el que uno se da cuenta de que esta realmente jodido y no puede hacer una puta mierda para evitarlo?  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Bromeas? – dije enarcando las cejas –, acabas de describir lo últimos siete años de mi vida.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Pues eso... la estructura empezó a crujir espantosamente, parecía el lamento de una bestia agonizando. Nunca estuve ni estaré tan aterrado, eso puedo asegurarlo. De repente ¡pam! Todo se volvió blanco en la cabina. Aquello había sido una ojiva explosiva de 25 mm, algo mucho más serio. Cuando pude abrir los ojos había un boquete frente a mi y dos compañeros decapitados. Un tercero se estaba inclinado inconsciente y con un brazo reducido a hilachas de carne y tela ensangrentada Los que estábamos enfrente quedamos cubiertos de sangre, fragmentos de hueso y sesos. Empezamos a gritar horrorizados. En seguida la sección de cola se separó del resto y caímos sin control, presas del pánico. El aire se llenó de plegarias y maldiciones. Tuvimos suerte. Un buen ángulo de impacto y mucha nieve suelta impidió que todo el aparato se desintegrase. Cuando pudimos ponernos en pié contamos las bajas y recuperamos el material; habíamos quedado diecisiete en condiciones de continuar de los veinticinco del pelotón original. Los heridos graves los dejamos allí con un sanitario, lo que con aquel frío casi equivalía a una condena a muerte.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Dejó su taza a un costado y cruzó los brazos sobre el pecho; su entrecejo se había convertido en un salvaje nudo de arrugas, robándole la juventud del rostro. Sus ojos flotaban en la humedad mortecina de la fatiga de combate, atrapados en “la mirada de las mil millas”, viendo sin ver lo que tienen delante, mientras las palabras le brotaban como lava ardiente, imparables, desbaratándolo todo a su paso, haciendo crecer en mí la ansiedad del que espera a ser tocado por una sombra.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Al final, el maltrecho pelotón había decidido continuar la operación, fuese como fuese. No era que tuviesen muchas opciones: podían morir con un fusil en las manos o tiritando de frío. Un enardecido sargento mayor les recordó a gritos que, desde su creación, los “&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Halcones Verdes”&lt;/span&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;n&lt;/span&gt;unca habían dejado de cumplir una misión y que él no estaba dispuesto a soportar la vergüenza de ser el primero, de un par de zancadas se subió al ala rota del planeador y alzando el fusil al cielo gritó el lema del regimiento:&lt;i&gt;“¡tijj finalet!”&lt;/i&gt; (¡hasta el final! en &lt;i&gt;dakk&lt;/i&gt;). Todo el que estaba en condiciones de sostener un arma se puso entonces de pié, y el coro de sus voces taladró el rugido brutal de la ventisca. Luego se lanzaron con decisión tras él.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Los intensos vientos habían cumplido con puntualidad el pronóstico que el alto mando había ignorado: azotaron con tal furia que desperdigaron los planeadores y con ellos la capacidad de la fuerza operativa. Antes de tocar tierra ya se contaban muertos y heridos, se habían perdido mandos intermedios y la confusión y el pánico se apoderó de las tropas. El ataque masivo que pretendía abrir una brecha en el flanco oeste había alcanzado, en menos de una hora, la categoría militar de &lt;i&gt;“India-Sable”&lt;/i&gt; ( “Imposible-Sostener” ), una forma elegante de decir que todo está perdido y a ver cómo te las apañas para salir de esa. El menguado regimiento quedó repartido en puñados de hombres y mujeres que antes de pensar en reagruparse tuvieron que luchar con uñas y dientes para conseguir mantenerse con vida. A las 0-540 horas (cuarenta minutos después del fracasado aterrizaje) todos los jefes de pelotón se habían coordinado por radio para llevar acabo cautelosos &lt;i&gt;golpes de mano&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;9&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/sup&gt;. Dos horas más tarde el enemigo se encontró con una serie de asaltos sobre los que no podía concentrar todo su poder de fuego, si bien el número de bajas crecía de forma alarmante. Increíblemente aquello se había transformado en una guerra de guerrillas, la resolución y el ingenio de los paracaidistas habían inclinado la balanza ligeramente a su favor, aunque no por mucho tiempo. Grupos de zapadores empezaron a dar cuenta de sus objetivos, uno a uno (antenas de comunicación, casamatas y sobre todo instalaciones antiaéreas), pero a un precio demasiado elevado. Enseguida se tornó evidente que si las tropas de tierra que intentaban distraer desde el norte no hacían algo, aquello sería el fin de todos. Entre esas tropas estaba yo. Eran las 0-715 cuando a fuerza de artillería conseguimos penetrar en aquel infierno, también a costa de grandes pérdidas.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Estábamos acabados – dijo en tono neutro –, lo supe enseguida. Recuerdo que ya no sentía miedo ni nada. Era como estar liberado, o insensibilizado. Tenía rabia sí, pero no miedo. En cuanto había doblado el dedo en el disparador y mi fusil dio sus primeras coces en mi hombro, el miedo se fue. Había estado media mañana viendo cómo mis compañeros caían uno tras otro. Yo pensaba, “ya voy, hermanos, ya voy con vosotros, sólo dejadme cargarme un cabrón más y ya voy”, ¿de locos no? Cuando sentimos el bombardeo de nuestra artillería en la entrada del valle nos pusimos eufóricos, eso significaba que vosotros entraríais a por todas y quizás salvábamos el pellejo. Continuamos la lucha. Tomamos una última batería antiaérea y la volamos. La suerte no estuvo de mi lado y una saliente de roca se desprendió con la explosión y se me cayó encima...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Con aquella frase se destapó precaria fosa común de mi memoria. Levanté la mano para detener su relato. Yo también necesitaba dejar salir mi parte de la historia.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Recuerdo que tardamos un par de horas en infiltrarnos – dije mientras bajaba la mano hasta su posición original en el borde del escritorio. – Nos tiraron con todo lo que tenían, aquellos hijoputas parecían dispuestos a morir antes que rendirse. Todo alrededor era humo, fuego y confusión. El valle parecía una de aquellas antiguas arenas donde los guerreros luchaban cada uno por su vida: la idea de grupo o pelotón se desvaneció. Fue un cuerpo a cuerpo despiadado, usamos granadas incendiarias para sacarlos de sus madrigueras, en determinado momento podías oler la carne quemada a pesar del frío. Hacia las 0-930 empezaron a desesperarse, se vieron entre dos fuegos: por el oeste donde sus instalaciones empezaban a volar en pedacitos y por el norte donde rompían su perímetro. Nuestros observadores de artillería pidieron fuego de apoyo, pero luego de la primer andanada desistimos; los obuses caían tanto sobre ellos como sobre nosotros.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Es que no había línea de ataque alguna, ni frente, ni nada.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Eso nos dejaba por nuestra cuenta, había que hacerlo a la vieja usanza, a mano, artesanalmente, agujero por agujero. Joder, ahora mismo están apareciendo imágenes en mi cabeza que ni sabía que estaban allí... No pudimos, no hubo forma humana de llegar a tiempo y rescataros, lo siento mucho.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Para mí llegasteis más que a tiempo.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Eso era un hecho. Pero hoy, treinta y seis meses después no me resultaba nada fácil enfrentarme a todo aquello. Porque una cosa es un recuerdo y otra un recuerdo que puede devolverte la mirada.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –He pensado mucho en que habría hecho yo en su lugar –  dijo en voz baja&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Perdona?   &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Giró su rostro hacia mí, lentamente, como cuando no se quiere romper algo, tanteando el espacio, calculando distancias.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –He pensado en... bueno, si &lt;span style="font-style: normal;"&gt;yo&lt;/span&gt; hubiese tenido lo que hay que tener para tomar  decisiones como esas. En la vida normal cualquiera puede hacer una elección medianamente razonable y salir airoso, pero allí...de esa forma... ¿Qué habría hecho yo en su lugar? Si el destino, como usted le llama, hubiera intercambiado nuestros papeles...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;  Entré en un estado de simulación. Mi cuerpo estaba parado frente a él y mis oídos recibían perfectamente el sonido de su voz,  pero todo era simulado porque mi mente había dado un enorme paso atrás, una salto cuántico hacia el pasado. Inesperadamente el hueco de mi mano se llenó con la forma de la empuñadura de mi antiguo machete de selva. Sentía su peso balanceándose entre mis dedos. Muchas veces aquel día me pregunté porqué rayos no me había tomado la molestia de quitarlo de mi mochila de combate. Era una herramienta para otros climas, otros lugares; maldije su peso extra cada vez que estuve a punto de despeñarme en la escalada hasta el maldito valle. Podía ver claramente, delante de mi, a un muchacho con el brazo atrapado bajo un montón de rocas que al parecer se habían derrumbado luego de una detonación. Miré instintivamente por encima de mi hombro: de un momento a otro caerían sobre nosotros. El ímpetu de nuestro ataque inicial empezaba a ceder y los tzusbekos no perdieron el tiempo con formalidades, nos echaron encima a su infantería de reserva para empujarnos fuera del perímetro y restablecer su posición defensiva. No estábamos en condiciones de soportar un contraataque de ese calibre sin ser exterminados. Había que salir de allí y había que hacerlo cagando leches. Los “bekkos” eran famosos por lo que le hacían a los prisioneros. A mis pies el chaval se retorcía de dolor pero intentaba no gritar. Su orgullo me conmovió: tan digno e inútil. Prácticamente un niño, soportando lo insoportable con un valor que muchos hubiesen querido tener en su hora final. Y ahí, sin más, lo decidí. “Morirás algún día, hermano, pero hoy no” me escuché gritar, o quizás sólo lo pensé. Le ordené a Viggs que le vaciara una ampolla de &lt;span style="font-style: normal;"&gt;V4&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;7&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt; en la carótida y de pronto vi caer la hoja del machete, un borrón de acero abriéndose paso entre la carne y el hueso hasta la nieve, un movimiento ajeno, como de otro.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Sabes cuál es el lema de mi unidad?&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Nop.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –&lt;i&gt;Allünt zimerum&lt;/i&gt;.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿”Todos juntos”? Mi &lt;i&gt;dakk&lt;/i&gt; es malísimo...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Afirmativo... Los lemas son algo raro, no sé si te has dado cuenta. Aparentan ser sólo unas palabras vacías hasta que un día las cosas se ponen negras y vienen a ti como un ferrocarril... Todos juntos, todos juntos. Pronto llegarían decenas de enemigos con ganas de revancha. Todos juntos, todos juntos. No podía dejarte ahí y que esos cerdos te pillaran. No encontré valor para pegarte un tiro entre ceja y ceja así que...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Me cortó la mano.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Sí. Eso me temo.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –No tenga miedo a decirlo. Me cortó la mano...y me salvó la vida. &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Sonaba terriblemente sencillo en sus labios, sobre todo porque mientras lo decía agitaba el garfio en el aire, como un alegato metálico.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Con la sangre caliente por la batalla parecía tan lógico...tres años después y en una mañana soleada como ésta suena tan...atroz...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; No agregó nada y eso me hizo sentir mejor. A veces la ausencia de explicaciones alivia más que las explicaciones en sí. Si él parecía no necesitar ninguna, entonces debería ser suficiente para mi, para apagar el fuego de la duda y el remordimiento.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Del otro lado de las paredes nos llegó el graznido de la urraca bicolor; al parecer seguía ahí fuera,  peleada con el mundo. Es decir, como yo, pero con la ventaja de un par de alas.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¿Más tranquilo? – dijo esbozando una sonrisa.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Asentí con la cabeza, aunque no era cierto. Pero no era cierto desde hacía tanto, tanto tiempo que ya había perdido relevancia. Piper pareció conformarse y dejó el tema.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Fuera del pequeño recinto el día no se había detenido, como no se detiene nunca por ninguna cosa: el sol entibiaba las charcas y borraba los rastros de rocío, la tierra crujía recorrida por un montón de bichos que comerían todo lo que pudiesen antes de ser comidos, el universo entero seguía su perpetuo círculo egocéntrico, indiferente al nudo que atenazaba mi garganta; el universo, esa especie de espalda gigantesca contra la que choca nuestra pequeñez, que siempre nos deja en soledad.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Sólo hay una cosa que puedo decir con la esperanza de que se olvide de mis vergonzosos artificios: gracias.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –No tienes porqué darlas, sólo hice lo que, ya sabes...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Me sorprendió el abrazo. Los huesos de aquel soldado larguirucho se me incrustaron por todas partes. Una abrumadora sensación de pacto sellado, un vacío solemne donde todo parecía más frágil llenó de pronto el breve espacio que nos contenía. Nos separarnos y al darme cuenta que me miraba como un hijo mira a un padre me atacó una profunda vergüenza. Así que busqué una excusa para bajar mis ojos: revisé mis bártulos, acomodé las correas y repasé los broches. Entonces Piper dio dos pasos hacia atrás , adoptó la postura de firmes y alzó la mano al pecho en riguroso saludo militar. Su rostro, ahora sereno y digno, parecía más joven, más lejos de la vejez de la batalla.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¡Buena y larga vida, sargento mayor de brigada! – exclamó empezando el &lt;i&gt;vaiten-komrad&lt;/i&gt;, el  tradicional “adiós camarada” (las tropas paracaidistas eran muy afectas a los saludos marciales antiguos) – ¡contaremos sus batallas y cantaremos sus hazañas!&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¡Os dejo mi fusil y mi recuerdo! – respondí siguiendo la fórmula – ¡aceitad el uno y avivad el otro!&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Bajamos las manos. Me extendió los papeles.&lt;span style="background: none repeat scroll 0% 0% transparent;"&gt; Notaba el aire cargado de cierta intensidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Documentación en regla, señor, puede usted abandonar la unidad, señor.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Gracias, cabo. Ha sido un honor servir con usted.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –El honor me lo reservo para mi, sargento.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Nos estrechamos las manos a la antigua, cogiéndonos por los antebrazos, la señal de los hermanos de sangre, del lazo indestructible. Me acompañó camino la puerta con toda formalidad y yo lo seguí marcando su paso con perfección, un desfile de dos hombres bajo la luz hiriente de la mañana, como si hubiésemos decidido cederle al protocolo una responsabilidad que las palabras no podían asumir en aquel momento en que la ternura necesitaba un ritual. Frente a la caseta de guardia golpeó sus tacones y volvió a saludar. Con una leve inclinación de cabeza indicó a Sereh que alzase la barrera.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –Buena suerte soldado – dije al pasar junto a ella – y que su hermano se recupere pronto.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; –¡Gracias, señor! – contestó terciando el fusil a modo de saludo.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Seguí hacia adelante, sin volverme, no hacía falta.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Todo lo dicho estaba dicho, todo lo hecho estaba hecho.  &lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Si algo aprendí de la guerra es a decir adiós.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; Tras de mi escuché el chirrido de la barrera volviendo a su lugar. Al frente me esperaba el mundo. Inspiré profundamente y me metí en el.&lt;/p&gt;
&lt;br /&gt;&lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;b&gt;5&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;haffi:&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt; juego de campo, siete jugadores por equipo y dos balones, uno rojo y otro amarillo; quien posee el balón rojo puede atacar y el amarillo da derecho a la defensa; el equipo que logra pasar al menos 5 jugadores al “área negra” del equipo contrario gana el punto. Poseer los dos balones es punto en contra. Están permitidos todo tipo de “placajes”, pero nunca golpes.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;6&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;submayor: &lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;apócope de “suboficial mayor”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;7 &lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Campf Lemi:&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt; situado en el noroeste de la provincia de Triblikan es el campo de entrenamiento por antonomasia, famoso por la complejidad y dureza de sus instalaciones. Es el lugar de graduación tradicional de las tropas de élite. Se supone un honor ser admitido en él y de sus egresados siempre ha salido algún personaje relevante en el mundo político o militar.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;8 &lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;V4:&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;droga derivada de alcaloides vegetales de potente acción analgésica aunque altamente adictiva si se prolonga su uso.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.2cm; margin-bottom: 0cm; font-weight: normal; line-height: 150%; widows: 2; orphans: 2; text-decoration: none;" align="JUSTIFY"&gt; &lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;9&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;golpes de mano: &lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;acción de guerra rápida y por sorpresa hecha por una fuerza reducida; también, cualquier tipo de acción rápida con que se sorprende a un rival. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/725835182511392642-6489829677666351169?l=patrulladelinfierno.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~4/5jiunItIXVY" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/LaPatrullaDelInfierno/~3/5jiunItIXVY/segundo-capitulo.html</link><author>noreply@blogger.com (Fernando Veira)</author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://patrulladelinfierno.blogspot.com/2010/05/segundo-capitulo.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-725835182511392642.post-4046885156675315496</guid><pubDate>Tue, 11 May 2010 16:42:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-07-29T18:24:40.760-07:00</atom:updated><title>LA PATRULLA DEL INFIERNO 1er capitulo</title><description>&lt;meta content="text/html; charset=utf-8" equiv="CONTENT-TYPE"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta content="OpenOffice.org 3.0  (Win32)" name="GENERATOR"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;style type="text/css"&gt;
 	&lt;!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt;
&lt;/style&gt;   &lt;br /&gt;
&lt;div align="CENTER" style="font-weight: bold; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;Parte I&lt;/div&gt;&lt;div align="RIGHT" style="font-weight: bold; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; orphans: 2; text-decoration: none; text-indent: 1.2cm; widows: 2;"&gt;“&lt;i&gt;Nuestra vida se cimenta en la muerte 
