<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/" xmlns:blogger="http://schemas.google.com/blogger/2008" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-32160658</atom:id><lastBuildDate>Sat, 07 Sep 2024 02:17:45 +0000</lastBuildDate><category>Leyenda Maya</category><category>Leyenda Totonaca</category><category>Leyendas Mexicanas</category><title>Leyendas y Mitos</title><description></description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (P)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>38</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-6163827838797929314</guid><pubDate>Wed, 07 Feb 2007 17:36:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-02-08T22:10:33.917-05:00</atom:updated><title>Nos cambiamos</title><description>&lt;span style=&quot;font-weight: bold;font-size:180%;&quot; &gt;&lt;br /&gt;&lt;a style=&quot;color: rgb(255, 102, 102);&quot; href=&quot;http://leyendas.uppered.com/&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/02/nos-cambiamos.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>8</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-8068784880492730939</guid><pubDate>Mon, 05 Feb 2007 17:07:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-02-05T12:12:11.671-05:00</atom:updated><title>El Espectro de la Puerta de Tierra</title><description>-Déme otro atolito, mamá Rita, pero bien caliente; ¿usted quiere otro compa?.&lt;br /&gt;-Si compadre; y póngale bastante canelita, mamita, que así me gusta más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este diálogo tenía lugar frente a la Puerta de Tierra, bajo el portal que existe en esa barriada. Mamá Rita era una viejecirta que, durante años, había vendido atole, tamales y demás antojitos a los parroquianos que frecuentaban el sitio, centro del movimiento comercial de la ciudad, que constituía una de las entradas y salidas hacia el interior. El portal estaba acondicionado como mesón rústico, y sus mesas casi siempre las ocupaban viajeros, negociantes y personas que disfrutaban contemplando la actividad que allí se desplegaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la hora en que conversaban los actores de esta historia, alrededor de la media noche, escasos clientes había en el mesón y ya no se veían transeúntes en la calle. El vigilante cabeceaba sentado sobre un madero adosado al portalón, y a la luz vacilante de los mecheros se adivinaba el perfil de la muralla. Los trasnochadores de marras, estimulados con el calor del atole e incitados por la soledad reinante, derivaron en su plática  al las consejas de ultratumba&lt;br /&gt;¿Ya estará por llegar el volán de Hampolol?&lt;br /&gt;-¿Por qué pregunta, compadre?&lt;br /&gt;-Le diré compa. Es que me acuerdo de que, cuando yo hacía viajes por esos pueblos, una vez me pasó algo que, nada más de pensarlo, me pone la carne de gallina&lt;br /&gt;-A ver, a ver, compadre, cuénteme, cuénteme.&lt;br /&gt;-Pues si, compa, de esto ya hace algunos años. Más o menos como ahora, venía yo de Bolonchenticul por el camino que usted seguramente conoce, con más piedras que el pellejo de un atacado de viruelas. Por suerte no era época de lluvias, porque de haber sido así no estaría yo contándoselo.&lt;br /&gt;--¡Siga, siga, compadre, que se pone interesante!&lt;br /&gt;-Pues, como le decía, venía por el bendito camino, cuando de repente veo adelante, como a unas cincuenta varas, una lucecita. Aunque yo no soy miedoso, como usted sabe, compa, me preparé por si se trataba de un salteador. Pero, mientras me acercaba, empecé a sentir que me temblaban las piernas. Yo no soy supersticioso, compa; pero como uno oye tantas cosas, pues pensé, a lo mejor es un espanto; porque dicen que así se tiembla cuando se aparece un alma. De todas maneras armándome de valor seguí por el mismo camino, pues no había otro, hasta que llegué a la lucecita. Y no lo va usted a creer, compa; había un hombre todo vestido de negro, acurrucado junto a la lucecita, al que yo no podía distinguir desde lejos; y, al querer bajarme para ver en que podía ayudarlo, él alzó la vista y.........&lt;br /&gt;-¿Qué pasa, compadre? ¿Se te olvidó el cuento?&lt;br /&gt;Antes de contestar, el compadre se tomó el resto de su atole ya frío, y dijo:&lt;br /&gt;-¡Otro atolito, mamá Rita, para que yo me calme!&lt;br /&gt;Pero la vendedora ya se había retirado a descansar de modo que el compadre tuvo que prescindir del paliativo del atole, y prosiguió:&lt;br /&gt;-¡Qué va compadre! ¡Si eso no se puede olvidar! ¡Y aquí viene lo mejor! Alzó la cabeza para mirarme, y haga usted de cuenta, compa, las brasas de un fogón, así eran sus ojos, que echaban chispas. Enseguida comprendí; ¡Era el demonio, compa! Los caballos se pusieron a relinchar y yo, muerto de susto, no me podía mover! Solamente pude decir: ¡Jesucristo! ¡Y vi cómo el Malo retrocedió tapándose la cara, como si alguien lo estuviese golpeando! Entonces, reaccionando, azucé a las bestias, que emprendieron una loca carrera. Pero felizmente, llegamos al próximo poblado sin novedad. Y ése es el cuento, compa; por eso preguntaba yo si habrá entrado el volán de Uayamón, no sea que al carretero le paso lo que a mí en Bolonchenticul.&lt;br /&gt;-Pues, mire, compadre, ahora yo le voy a contar lo que mi me sucedió. Y conste que es la primera vez que lo voy a decir.&lt;br /&gt;Entretanto, los conversadores se habían quedado solos en el mesón del portal, y en la calle desierta únicamente se veían las sombras de la muralla alargándose sobre el suelo al resplandor de los hachones colgados de la Puerta de Tierra.&lt;br /&gt;-Ahí le va el cuento, compadre. Como usted sabe, mi mamacita, que en paz repose, murió hace ya varios años. Y usted sabe también que Dios no nos mandó hijos; así que en la casa de usted no vivimos más que mi mujer y un servidor. Una noche, faltando poco para el cabo de año de la difunta, fui despertado por alguien que me llamaba. Sacudí a Eduviges, que estaba profundamente dormida, para preguntarle si ella me llamó; pero su respuesta, con perdón de la palabra, fue un insulto, que no quiero repetir, y siguió durmiendo. Cuando ya volvía yo a mi sueño, oí de nuevo que me llamaban. Me senté en la hamaca sorprendido, y miré hacia el rincón de donde salía la voz. ¡Y le juro por Dios, compadre, que allí estaba mi madre! Ya se imaginará usted que me quedé más mudo que una pared titiritando como un perro empapado. Se dirigió el fantasma a donde yo me encontraba, y me dijo: Hijo, siento asustarte, pero no te voy a causar daño, únicamente deseo que no olvides ofrecerme tres misas por mi cabo de año, aunque a tu mujer no le agrade. Y te prometo que ya no me volverás a ver. Y se esfumó. Al día siguiente puse a Eduviges al corriente de lo ocurrido, pero se rió y me dijo cuatro frescas. Y no se celebraron las misas que pidió mi mamacita.&lt;br /&gt;-¿Y que pasó después, compa?&lt;br /&gt;El compadre hablaba tenuemente, y de reojo observaba la calle quieta y obscura.&lt;br /&gt;-Pues esto fue lo que pasó. Que una noche Eduviges me despertó con gritos y, señalando al rincón, tartamudeaba: ¡Allí, allí! Y, efectivamente, era otra vez la difunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dominándome, le pregunté qué quería y ella me recordó que no me había ocupado de sus misas. Y regresó al otro mundo. Como pude, tranquilicé a Eduviges, que cayó presa de un acceso nervioso, y, luego de una semana de fiebre y convalecencia, fue ella quien me rogó que la llevara a la iglesia para solicitar las misas en sufragio del alma de mi mamacita. Y nunca más he vuelto a verla en el rincón de la casa.&lt;br /&gt;Por un instante los dos compadres callaron, pensativos. Y no era que temiesen a lo desconocido;  pero no intentaban levantarse de sus sillas. Con aprensión atisbaban hacia la calle que conducía a la Puerta de Mar, oscura como una boca de lobo. De pronto, los alertó un ruido que provenía del lado oriental de la calle de la muralla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pusieron atención y oyeron pasos: alguien se acercaba. Y no se equivocaban. Súbitamente surgió ante ellos una figura cadavérica que portaba un féretro sobre sus hombros. Sin percatarse de los trasnochadores, el macabro personaje desfiló frente a ellos, que no salían de su asombro. El enviado del inframundo se deslizó junto al guardia que dormía plácidamente y se perdió rumbo al castillo de San Juan.&lt;br /&gt;-¡Vámonos, compadre, antes de que regrese!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el compadre yacía en el suelo casi desmayado. El compa sacó arrastrado a su amigo de debajo de la mesa y, venciendo su terror, corrieron como venados perseguidos por un cazador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una media hora más tarde volvió a pasar por la Puerta de Tierra, ahora de occidente a oriente, el cadáver con su féretro a cuestas. Pero no era ningún fantasma. Simplemente se trataba de Chang, un chino carpintero que había llevado un ataúd de regalo a un compatriota suyo –porque, como sin duda estará informado el lector, los chinos tienen en gran estima un regalo de esa naturaleza-; pero, por supuesto, el conterráneo dormía a tales horas a pierna suelta, y por esa razón Chang se vio obligado a retornar a su carpintería con el fúnebre obsequio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero los compadres ya no visitaron más la Puerta de Tierra, porque no deseaban revivir la experiencia de encontrarse con el espectro que, según ellos, rondaba noche a noche por las calles de la muralla.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/02/el-espectro-de-la-puerta-de-tierra.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-3407862995722873763</guid><pubDate>Sun, 28 Jan 2007 01:18:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-27T20:21:46.230-05:00</atom:updated><title>Un etarra alerta de un posible atentado en centro comercial antes de Navidad</title><description>REPRODUCIMOS EL MENSAJE RECIBIDO QUE ALERTA DE LA POSIBILIDAD DE UN ATENTADO EN UN CENTRO COMERCIAL DE MADRID, SEGÚN DIJO EL PROPIO TERRORISTA A UNA MUJER COMO MUESTRA DE AGRADECIMIENTO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&quot;Lo que os voy a contar no es una broma.&lt;br /&gt;La semana pasada, una amiga de mi madre estaba en la cola del CARREFOUR de Las Matas. Al chico que estaba pagando delante la faltaban 50 céntimos y pidió que alguien se lo dejara. Esta señora se los dio, y él se lo agradeció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego pagó ella. Salió y fue al coche a dejar las bolsas.Entonces vio acercarse al chico de la caja. Ella pensó que iba a pedirle más dinero. Sin embargo, cuando llegó a su altura, lo único que hizo fue darle las gracias sin parar, diciendo que pocas personas hacer una cosa así, bla, bla, bla...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se marchó, pero se detuvo y volvió hacia la señora. Le dijo: - Señora, en señal de mi agradecimiento, sólo le comento, por su seguridad, que no debe acercarse a grandes superficies de aquí a finales de diciembre. A continuación desapareció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella, extrañada, se fue a hablar con un amigo suyo que trabaja en la Dirección General de Seguridad. Le dijo que por qué no se pasaba un día por la comisaría a ver si lo reconocía en alguna lista. Fue y le mostraron mil albunes de gente fichada. LA SEÑORA, EN CINCO FOTOS DIFERENTES, RECONOCIÓ, SIN LA MENOR DUDA, AL CHICO DE LA CAJA COMO UNO DE LOS INTEGRANTES DEL COMANDO MADRID DE ETA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INSISTO, ESTO NO ES NINGUNA BROMA: ETA PLANEA PONER UNA BOMBA EN UNA GRAN SUPERFICIE DE MADRID ANTES DE NAVIDAD. OS ESCRIBO ESTO COMO ADVERTENCIA (no es ninguna campaña contra los grandes almacenes). CREO QUE DEBÉIS PASAR ESTO A CUANTA MÁS GENTE DE MADRID MEJOR. A lo mejor, incluso de esta manera podríamos ayudar a localizar al etarra.&quot;</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/01/un-etarra-alerta-de-un-posible-atentado.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-2668534123591171684</guid><pubDate>Fri, 26 Jan 2007 02:12:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-25T21:23:03.556-05:00</atom:updated><title>El Tesoro del Pirata</title><description>Una noche del mes de Abril del año de gracia de 1592, desembarcó en las playas de Campeche un grupo de personajes misteriosos. La maniobra ocurría en la zona de los manglares, que ahora se hallan a un paso de la ciudad, pero que, en aquel entonces, estaban a considerable distancia del pequeño puerto y se perdían en la espesura tropical característica de la región.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La del desembarco era tierra de nadie, y la selva que allí crecía propicia para disimular diligencias de forajidos. De más está anotar que el silencio reinaba en el lugar y que, a excepción de las figuras que se agitaban en la playa, ningún otro ser humano podía localizarse a esas horas en las cercanías, ya que aquellos andurriales permanecían desiertos incluso de día. El grupo llegado del mar en la negrura de la noche lo componían cuatro sujetos; y, quien hubiera sido testigo de lo que acontecía, habría observado que dos de los personajes, por su atuendo y sus gestos, no eran sino filibusteros, y los dos restantes, prisioneros que los bandidos habían adquirido en alguno de sus abordajes oceánicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habiendo amarrado el bote en que desembarcaron, los cautivos, en acatamiento a las órdenes de los piratas que, sable en mano, dictaban peretorias disciplinas, pusiéronse en marcha hacia el interior cargando sobre sus hombros dos enormes cofres que, a juzgar por el lento paso de los porteadores, habían sido llenados a toda su capacidad de peso de varias decenas de kilos. La caravana se internó en la jungla y a poco arribó a las faldas del cerro en donde posteriormente fue construído el castillo de San José el Alto, subió por una vereda y desviándose en la cima se dirigió a un emplazamiento en que, traspuesto en seto de arbustos, apareció la boca de una caverna. Los piratas, que, por la seguridad con que se movían en medio de la obscuridad en esos parajes, indudablemente estaban familiarizados con la geografía del sector, mandaron a los cargadores penetrar en la gruta; y, caminando durante varios minutos por los pasillos de la misma y alcanzando un punto alejado de la entrada, ordenaron detener la marcha y depositar la carga en tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lector habrá comprendido ya que los cofres contenían oro y joyas en gruesas cantidades, producto de las depredaciones de los asaltantes, y que, siguiendo una tradición practicada en la hermandad, los ladrones del cuento habían llevado al sitio mencionado su botín para enterrarlo allí y agregarlo al caudal que periódicamente habían ido depositando en el refugio. Con los picos y palas que transportaron, los prisioneros, cumpliendo las indicaciones de sus captores, se dedicaron a cavar apresuradamente en el piso; y al cabo de una hora habían abierto ya una oquedad suficientemente amplia para recibir el precioso cargamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras los cavadores transpiraban copiosamente después de terminada su ruda tarea, el que se conducía como jefe, examinando la hondonada abierta, exclamó satisfecho: -Habéis hecho un buen trabajo por lo cual os felicito. Estoy contento de vosotros y, para demostraros mi reconocimiento, os permitiré que descanséis para ahuyentar todas las fatigas que os hemos obligado a pasar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, esto diciendo, lanzó una sonora carcajada que retumbó diabólicamente en la cueva. Los desgraciados presos se dieron cuenta de la sorna con que hablaba el desalmado solamente cuando vieron que se apoderaba de las pistolas que llevaba en bandolera sobre el pecho, y un rayo de luz iluminó sus embotadas conciencias: ¡estaban condenados a muerte!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de asesinar a sangre fría a sus víctimas, los truhanes arrojaron los cadáveres al foso preparado para el tesoro, bajaron los cofres colocándolos sobre los cuerpos sin vida y procedieron a ocultar los vestigios de su fechoría rellenando adecuadamente, con la tierra extraída, el marco de los acontecimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regularmente, en el transcurso de tres años, se repitieron escenas semejantes a la descrita; de manera que la caverna de la historia se almacenaba ya, en el subsuelo, una fortuna respetable, de cuya existencia únicamente los dos piratas del presente relato poseían el secreto. Y en el año de 1595, hacía el mes de Diciembre, encontramos nuevamente a los dos pillos, en el camarote del jefe, poco después de haber obtenido un cuantioso botín arrebatado a una nao mercante que, pertrechaba  con una fuerte dotación de oro en barras, se dirigía de Veracruz a España y ahora yacía en el fondo del Golfo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decía el cabecilla: -óye bien, dinamarqués: Como tú me has sido fiel en las buenas y en las malas, aunque sea yo un villano tengo también corazón, y quiero confiarte que éste será nuestro último viaje a Campeche. Has de saber que mañana, después de desembarcar y ejecutar lo acostumbrado, no volveremos a la nave. Proyecto establecerme en ese puerto como un honrado burgués, por lo cual tengo con qué. Y, por supuesto, tu, que has sido mi compañero leal, compartirás mi hacienda, pues no soy ingrato, para que te instales donde te plazca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo que el dinamarqués respondió: -De acuerdo, capitán, y no puedo menos que agradeceros vuestra generosidad y alabar vuestra decisión. Estoy presto a obedeceros como siempre. Pero ¿no creéis que la tripulación entrará en sospechas cuando no nos vea regresar?&lt;br /&gt;-¡Ca! ¡Descuida! Nuestros amigos tienen cuenta con la justicia, igual que nosotros, aunque hasta hoy no hayamos sido identificados; y si no nos ven volver, pensarán que las autoridades nos descubrieron; y, para evitarse dificultades, zarparán olvidándose de nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El danés conociendo la mentalidad bucanera, entendió que su jefe decía la verdad, y respondió: -Tenéis razón, capitán. Nuestros hombres no querrán sacrificarse por vos, pues por algo son piratas, a pesar de que siempre habéis tratado equitativamente en todo. Y no dudo que, convencidos de que caímos en manos del verdugo, no desaprovecharán la oportunidad para adueñarse de vuestro velero creyendo que son muy listos.&lt;br /&gt;-¡Adelante, pues! –dijo el jefe-. ¡Y no se hable más del asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, los bandidos desembarcaron en el sitio habitual y ordenaron a sus prisioneros marchar al escondite del tesoro. Ya en la gruta, abierta la cavidad para depositar el botín, el capitán sacó las pistolas para despachar a los infortunados porteadores; pero, al pretender disparar, las armas no funcionaron. Reaccionando, los prisioneros, quisieron escapar, pero fueron bloqueados en su intento de fuga por el danés que, de certeros mandobles, envió a los indefensos al otro&lt;br /&gt;mundo.&lt;br /&gt;-¡Bien hecho, dinamarqués! –gritó el capitán-. Y ahora procedamos a sepultar a éstos y repartirnos el tesoro para avecindarnos en Campeche.&lt;br /&gt;-¡Un momento, capitán! ¡Vos no iréis a ninguna parte! –dijo el danés-. ¡Tiempo ha que esperaba una ocasión como ésta, y ahora que se presenta no voy a desperdiciarla!.&lt;br /&gt;-¿Qué quieres decir, insensato?-, rugió el jefe.&lt;br /&gt;-Quiere decir, capitán –repuso resueltamente el danés-, que si creéis en Dios o en el diablo rezad vuestras oraciones a cualquiera que os convenga, pues ya sois hombre muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y vació sus pistolas sobre el sorprendido filibustero, que rodó exánime a los pies del facineroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varios años después, un personaje de rostro curtido por el sol, que había llegado al puerto en calidad de gran señor, contrajo matrimonio con una hermosa y aristocrática dama. Y, aunque por lo bajo se comentaba que el personaje tenía modales de rústico, que salpicaba su conversación con juramentos de mozo de cubierta y que, además de insolente, acusaba feroz aspecto, su riqueza garantizaba su elevada alcurnia. Y los desposados fueron el tronco de una de las más linajudas y renombradas familias que hubo en Campeche durante el período colonial.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/01/el-tesoro-del-pirata.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-3908375718039540175</guid><pubDate>Wed, 24 Jan 2007 00:40:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-23T19:42:27.639-05:00</atom:updated><title>El mito de Tetis</title><description>Tetis es una de las Nereidas. Su padre es Nereo, el Viejo del Mar y su madre es Dóride. Además, se le conoce por ser la madre de Aquiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una divinidad marítima e inmortal. Según otra versión es hija del centauro Quirón, pero esto no es lo más difundido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La crió la diosa Hera (esposa de Zeus, dios de dioses) con la que guarda un verdadero vínculo y por lo general se ayudan en las malas, y se acompañan en las buenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ejemplo, una vez en que Zeus arrojó a Hefesto (dios del fuego, llamado también Divino Cojo) de la cumbre del Olimpo, debido a que éste quiso intervenir en una discusión de la pareja en favor de Hera, Tetis recoge al pobre dios. También es por orden de Hera que Tetis se hace cargo de la nave Argo donde viajan los Argonautas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dice incluso que en una ocasión en que Zeus intentó conquistarla, la diosa se negó y lo rechazó para no molestar a Hera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre esto, hay otras teorías que dicen más bien que tanto Zeus como Poseidón (dios del océano) querían enamorar a la nereida, pero que por un oráculo se enteraron que el niño que ella tuviera sería más poderoso que su padre. Por eso para evitar derrocamientos y luchas de poder, prefirieron abstenerse y permitir que un mortal la amara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quirón se enteró de esto, y aconsejó a Peleo (su mortal protegido) que no desaprovechara la ocasión de emparentarse con una divinidad. Aunque la diosa se resistió, al final Peleo logró que ella accediera al amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez casados, Tetis dio a luz a Aquiles (el héroe de la Ilíada). Tetis intentó por todos los medios otorgarle la inmortalidad a su hijo, procedimientos que resultaban peligrosos. Se cuenta que introdujo a Aquiles en fuego, pero que Peleo logró llegar a tiempo y así sucesivamente hasta que un día, decidió introducirlo en laguas de la laguna Estigia, en el Hades. Para ello lo tomó del talón, pero no pudo terminar porque Peleo llegó y de nuevo la detuvo. Así, el talón de Aquiles quedó vulnerable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debido a estos intentos de otrogarle la inmortalidad a Aquiles, Peleo decide disolver el matrimonio con Tetis, pues el no comprende y cree que Tetis desea hacerle daño al niño. No obstante, Tetis se mantuvo siempre pendiente de Aquiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre lo protegió, y para la guerra de troya, ella intentó que él no fuera pues sabía que allí encontraría su final. Primero lo esconde entre las mujeres durante el reclutamiento de los soldados. Después, ya en la costa no lo deja desembarcar primero porque quien lo hiciera estaba destinado a morir. Le dio armas especiales, y después del amuerte de Patroclo (el amigo de Aquiles), Tetis le pide a Hefestos que fabrique unas armas para el joven héroe. Siempre loconsoló en momentos difíciles y trató de evitar que matara a Héctor, pues sabía que esa sería su propiacondena de muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez muerto Aquiles, Tetis se encargó de su nieto Neoptólemo.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/01/el-mito-de-tetis.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-6986855877451149610</guid><pubDate>Mon, 22 Jan 2007 23:33:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-22T18:36:58.195-05:00</atom:updated><title>El Mole Poblano</title><description>&lt;p&gt;&lt;span style=&quot;font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:85%;&quot;&gt;             Cuenta la leyenda, que en una ocasión Juan de Palafox, Virrey de la              Nueva España y Arzobispo de Puebla, visitó su diócesis, un convento              poblano le ofreció un banquete, para el cual los cocineros de la              comunidad religiosa se esmeraron especialmente.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;            El cocinero principal era fray Pascual, que ese día corría por toda              la cocina dando órdenes ante la inminencia de la importante visita.              Se dice que fray Pascual estaba particularmente nervioso, y que              comenzó a reprender a sus ayudantes, en vista del desorden que              imperaba en la cocina.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;            El mismo fray Pascual comenzó a amontonar en una charola todos los              ingredientes para guardarlos en la despensa, y era tal su prisa, que              fue a tropezar exactamente frente a la cazuela, donde unos              suculentos guajolotes estaban ya casi en su punto.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;            Allí fueron a parar los chiles, trozos de chocolate y las más              variadas especias, echando a perder la comida que debía ofrecerse al              Virrey.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;            Fue tanta la angustia de fray Pascual, que éste comenzó a orar con              toda su fe, justamente cuando le avisaban que los comensales estaban              sentados a la mesa.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;            Un rato más tarde, él mismo no pudo creer cuando todo el mundo              elogió el accidentado platillo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;               &lt;p&gt;&lt;span style=&quot;font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:85%;&quot;&gt;             Incluso hoy, en los pequeños pueblos, las amas de casa apuradas              invocan la ayuda del fraile con el siguiente verso: &quot;San Pascual              Bailón, atiza mi fogón&quot;. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/01/el-mole-poblano.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-6613014453093267851</guid><pubDate>Sat, 20 Jan 2007 23:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-20T18:41:48.512-05:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Leyendas Mexicanas</category><title>La Leyenda  del Murciélago</title><description>Cuenta la leyenda que el  murciélago una vez fue el ave más bella de la Creación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El murciélago al principio era tal y como lo conocemos hoy y se llamaba biguidibela (biguidi = mariposa y bela = carne; el nombre venía a significar algo así como mariposa desnuda).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día frío subió al cielo y le pidió plumas al creador, como había visto en otros animales que volaban. Pero el creador no tenía plumas, así que le recomendó bajar de nuevo a la tierra y pedir una pluma a cada ave. Y así lo hizo el murciélago, eso sí, recurriendo solamente a las aves con plumas más vistosas y de más colores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando acabó su recorrido, el murciélago se había hecho con un gran número de plumas que envolvían su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consciente de su belleza, volaba y volaba mostrándola orgulloso a todos los pájaros, que paraban su vuelo para admirarle. Agitaba sus alas ahora emplumadas, aleteando feliz y con cierto aire de prepotencia. Una vez, como un eco de su vuelo, creó el arco iris. Era todo belleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero era tanto su orgullo que la soberbia lo transformó en un ser cada vez más ofensivo para con las aves.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con su continuo pavoneo, hacía sentirse chiquitos a cuantos estaban a su lado, sin importar las cualidades que ellos tuvieran. Hasta al colibrí le reprochaba no llegar a ser dueño de una décima parte de su belleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el Creador vio que el murciélago no se contentaba con disfrutar de sus nuevas plumas, sino que las usaba para humillar a los demás, le pidió que subiera al cielo, donde también se pavoneó y aleteó feliz. Aleteó y aleteó mientras sus plumas se desprendían una a una, descubriéndose de nuevo desnudo como al principio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante todo el día llovieron plumas del cielo, y desde entonces nuestro murciélago ha permanecido desnudo, retirándose a vivir en cuevas y olvidando su sentido de la vista para no tener que recordar todos los colores que una vez tuvo y perdió.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/01/la-leyenda-del-murcilago.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-5357017507885174708</guid><pubDate>Fri, 19 Jan 2007 23:20:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-19T18:23:13.009-05:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Leyenda Totonaca</category><title>La casa del trueno</title><description>&lt;a onblur=&quot;try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}&quot; href=&quot;http://www.geocities.com/Athens/Forum/6413/leyendas/imgs/tajin.jpg&quot;&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px;&quot; src=&quot;http://www.geocities.com/Athens/Forum/6413/leyendas/imgs/tajin.jpg&quot; alt=&quot;&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;/a&gt;Cuentan los viejos que entre Totomoxtle y Coatzintlali existía una caverna en cuyo interior los antiguos sacerdotes habían levantado un templo dedicado al Dios del Trueno, de la lluvia y de las aguas de los ríos. Eran tiempos lejanos en los que aún no llegaban los hispanos ni las portentosas razas, conocidas hoy como Totonacas, que poblaron el lugar que después llamaron Totonacan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y siete sacerdotes se reunían cada tiempo en que era menester cultivar la tierra y sembrar las semillas y cosechar los frutos, siete veces invocaban a las deidades de esos tiempos y gritaban entonaban cánticos a los cuatro vientos o sea hacia los cuatro puntos cardinales, porque según las cuentas esotéricas de esos sacerdotes, cuatro por siete eran 28 y veintiocho días componen el ciclo lunar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos viejos sacerdotes hacían sonar el gran tambor del trueno y arrastraban cueros secos de los animales por todo el ámbito de la caverna y lanzaban flechas encendidas al cielo. Y poco después atronaban el espacio furiosos truenos y los relámpagos cegaban a los animales de la selva y a las especies acuáticas que moraban en los ríos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llovía a torrentes y la tempestad rugía sobre la cueva durante muchos días y muchas noches y había veces en que los ríos Huitizilac y el de las mariposas, Papaloapan, se desbordaban cubriendo de agua y limo las riberas y causando inmensos desastres. Y cuanto más arrastraban los cueros mayor era el ruido que producían los torrentes y cuanto más se golpeaba el gran tambor ceremonial, mayor era el ruido de los truenos cuanto más&lt;br /&gt;relámpagos significaba mayor número de flechas incendiarias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Pasaron los siglos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y un día arribaron al lugar grupos de gentes ataviadas de un modo singular, trayendo consigo otras costumbres, y otras leyes y otras religiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se decían venidos de otras tierras allende el gran mar de turquesas (Golfo de México) y tanto hombres, como mujeres y niños, tenían la característica de estar siempre sonriendo como si fueran los seres más felices de la tierra y tal vez esa alegría se debía a que después de haber sufrido mil penurias en las aguas borrascosas de un mar en convulsión habían por fin llegado a las costas tropicales, donde había de todo, así frutos como animales de caza, agua y clima hermoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Se asentaron en ese lugar al que dieron por nombre, en su lengua Totonacan y ellos mismos se dijeron totonacas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero los sacerdotes, los siete sacerdotes de la caverna del trueno no estuvieron conformes con aquella invasión de los extranjeros que traían consigo una gran cultura y se fueron a la cueva a producir truenos, relámpagos, rayos y lluvias y torrenciales aguaceros con el fin de amendrentarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llovió mucho y durante varios días y sus noches, hasta que alguien se dio cuenta de que esas tempestades las provocaban los siete hechiceros, los siete sacerdotes de la caverna de los truenos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No siendo amigos de la violencia, los totonacas los embarcaron en un pequeño bajel y dotándoles de provisiones y agua los lanzaron al mar de las turquesas en donde se perdieron para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ahora era preciso dominar a esos dioses del trueno y de las lluvias para evitar el desastre del pueblo totonaca recién asentado y para el efecto se reunieron los sabios y los sacerdotes y gentes principales y decidieron que nada podría hacerse contra esas fuerzas que hoy llamamos sencillamente naturales y que sería mejor rendirles culto y pleitesía, adorar a esos dioses y rogarles fueran magnánimos con ese pueblo que acababa de escapar de un monstruoso desastre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en ese mismo lugar en donde había el templo y la caverna y se ejercía el culto al Dios del trueno, los totonacas u hombres sonrientes levantaron el asombroso templo del Tajín, que en su propia lengua quiere decir lugar de las tempestades. Y no sólo se rindió culto al Dios del Trueno sino que se le imploró durante 365 días, como número de nichos tiene este monumento invocando el buen tiempo en cierta época del año y la lluvia, cuando es menester fertilizar las sementeras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy se levanta este maravilloso templo conocido en todo el mundo como pirámide o templo de El Tajín en donde curiosamente parecen generarse las tempestades y los truenos y las lluvias torrenciales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así nació la pirámide de El Tajín, levantada con veneración y respeto al Dios del Trueno, adorado por aquellas gentes que vivieron mucho antes de la llegada de los extranjeros, cuando el mundo parecía comenzar a existir.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/01/la-casa-del-trueno.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-739165190370007276</guid><pubDate>Tue, 16 Jan 2007 04:03:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-17T20:21:55.120-05:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Leyenda Maya</category><title>LOS ALUXE</title><description>&lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;Nos encontrábamos en el campo yermo donde iba a hacerse una siembra. Era un terreno que abarcaba unos montículos de ruinas tal vez ignoradas. Caía la noche y con ella el canto de la soledad. Nos guarecimos en una cueva de piedra, y para bajar utilizamos una soga y un palo grueso que estaba hincado en el piso de la cueva. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; La comida que llevamos nos la repartimos. ¿Qué hacía allá?, puede pensar el lector. Trataba de cerciorarme de lo que veían miles de ojos hechizados por la fantasía. Trataba de ver a esos seres fantásticos que según la leyenda habitaban en los cuyo (montículos de ruinas) y sementeras: Los ALUXES. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; Me acompañaba un ancianito agricultor de apellido May. La  noche avanzaba...De pronto May tomó la Palabra y me dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; -Puede que logre esta milpa que voy a sembrar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;es&quot;&gt; -&lt;/span&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt;¿Por qué no ha de lograrla?,  pregunté. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; -Porque estos terrenos son de los aluxes. Siempre se les ve  por aquí. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; ¿Está seguro que esta noche vendrán? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; Seguro, me respondió. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; -¡Cuántos deseos tengo de ver a esos seres maravillosos que tanta influencia ejercen sobre ustedes! Y dígame, señor may ¿usted les ha visto? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; -Explíqueme, cómo son, qué hacen. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; El ancianito, asumiendo un aire de importancia, me dijo: &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; -Por las noches, cuanto todos duermen, ellos dejan sus escondites y recorren los campos; son seres de estatura baja, niños, pequeños, pequeñitos, que suben, bajan, tiran piedras, hacen maldades, se roban el fuego y molestan con sus pisadas y juegos. Cuando el humano despierta y trata de salir, ellos se alejan, unas veces por pares, otras en tropel. Pero cuando el fuego es vivo y chispea, ellos le forman rueda y bailan en su derredor; un pequeño ruido les hace huir y esconderse, para salir luego y alborotar más. No son seres malos. Si se les trata bien, corresponden. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; -¿Qué beneficio hacen? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; -Alejan los malos vientos y persiguen las plagas. Si se les trata mal, tratan mal, y la milpa no da nada, pues por las noche roban la semilla que se esparce de día, o bailan sobre las matitas que comienzan a salir. Nosotros les queremos bien y le regalamos con comida y cigarrillos. Pero hagamos silencio para ver si usted logra verlos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; El anciano salió, asiéndose a la soga, y yo tras él, entonces vi que avivaba el fuego y colocaba una jicarita de miel, pozole cigarrillos, etc., y volvió a la cueva. Yo me acurruqué en el fondo cómodamente. La noche era espléndida, noche plenilunar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot;&gt; Transcurridas unas horas, cuando empezaba a llegarme el sueño, oí un ruido que me sobresaltó. Era el rumor de unos pasitos sobre la tierra de la cueva: Luego, ruido de pedradas, carreras, saltos, que en el silencio de la noche se hacían más claros. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/01/los-aluxe.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-4562128993160186956</guid><pubDate>Tue, 16 Jan 2007 03:55:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-15T23:02:29.542-05:00</atom:updated><title>La Virgen del Valle</title><description>&lt;span style=&quot;font-family:verdana, Arial, Helvetica;&quot;&gt;&lt;p&gt;&lt;span style=&quot;font-size:85%;&quot;&gt; La imagen de la Virgen del Valle es venerada en todas las provincias andinas.&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style=&quot;font-size:85%;&quot;&gt;El día de su festividad acuden al santuario del Valle millares de creyentes, muchos de los cuales han tenido que realizar un largo viaje para llegar allí.&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style=&quot;font-size:85%;&quot;&gt;La tradición ha conservado el recuerdo de sus numerosos milagros, entre los cuales figura el muy conocido de &quot;la cadena&quot;.&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style=&quot;font-size:85%;&quot;&gt;La santa imagen fue sacada de la Gruta de Choja (Catamarca), por el español Manuel Salazar, en el año 1618. Nadie sabe quién la llevó hasta ese punto y la escondió en la gruta de piedra, rodeada de peñascos, donde fue hallada por los indios, a principio del siglo XVII.&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style=&quot;font-size:85%;&quot;&gt;Estos la festejaban a escondidas, con danzas y fogones, creyendo que Dios mismo la había colocado allí.&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style=&quot;font-size:85%;&quot;&gt;Un indio, sirviente de Salazar, reveló a su amo el secreto de la Virgen, y Salazar, atento a las informaciones recibidas, encontró la imagen y la sacó de su nicho de piedra, a pesar de la oposición de los indios.&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style=&quot;font-size:85%;&quot;&gt;El español la llevó primero a Collagasta y luego a su residencia del Valle Viejo; pero durante aquella noche desapareció la imagen, y fue encontrada al siguiente día en el interior de la gruta. Salazar la llevó nuevamente a su casa, de donde desapareció por segunda vez. Los vecinos interpretaron estas ausencias de la Santa como una manifestación de su divina voluntad: la Virgen abandonaba la vivienda particular, porque no quería ser &quot;patrona de pocos&quot;, sino de muchos y de todos. Entonces, convencidos de este deseo, los vecinos edificaron una capilla, y allí colocaron la imagen milagrosa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/01/la-virgen-del-valle.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-6049019441833133476</guid><pubDate>Sun, 07 Jan 2007 18:54:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-07T13:54:44.872-05:00</atom:updated><title>La Atlántida</title><description>&lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;La leyenda de la Atlántida es Universal y todos los pueblos del mundo aceptan como hecho, la existencia hace milenios y milenios, de este maravilloso continente cuya cultura dejó escrita en vagos relatos Homero y los grandes escritores e historiadores de la antigüedad. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;El Océano Atlántico se conecta con la Atlántida, porque se dice y asegura que allí existió este enoerme continente hundido para siempre; Atl, que significa agua en lengua náhuatl, también se identifica con ese nombre fabuloso Atl-Atlántida y se cree que de allí vino su voz. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;Sin embargo, nadie hasta ahora ha podido ubicar con certeza el lugar del mar o de la tierra en donde estuvo La Atlántida, que aseguran fue un país de maravillas, de gran cultura y adelantos científicos. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;Se dice que la raza atlante desapareció para siempre tragada en forma inmisericorde por las aguas, en medio de un cataclismo espantoso, tan tremendo y destructor como el mismo diluvio y sin embargo, relatos y leyendas aventuradas hacen suponer que algunas de las razas y pueblos que llegaron a Mesoamérica -especialmente la maya-, fueron originarios del continente perdido. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;Esta aseveración se presta a discusiones y agrias polémicas puesto que asegura que los teotihuacanos fueron también atlantes y que los olmecas y que los mixtecos y que muchos habitantes de América, antes de la conquista llegaron de La Atlántida. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;El obstáculo principal para aceptar esta teoría, la presenta el lenguaje, pues la lengua hablada por mayas, toltecas, mixtecos, zapotecas, totonacas, teotihuacanos y olmecas eran y siguen siendo distintas y sus culturas también aunque se han encontrado ciertas semejanzas tanto en sus cuestiones políticas como religiosas. Pero es que tanto el antropólogo, como el arqueólogo, como el investigador, piensan en La Atlántida como un solo continente, con una misma cultura y un mismo idioma, unas mismas costumbres y una sola religión y no hay una cosa más equivocada, puesto que La Atlántida fue un continente inmenso que se sumergió en las aguas pero en el cual estaban asentadas varias naciones que hablaban distintas lenguas y tenían varias costumbres y culturas. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;Pueden ser entonces descendientes o supervivientes de aquellos atlantes, los pueblos que arribaron a Mesoamérica trayendo sus pasmosas culturas que aún hoy asombran a los más eruditos y los llenan de interrogantes con respecto a cómo pudieron hacer esto y como lograr a aquellos prodigios de edificios, de tallado escultórico, de transporte de pesadísimos monolítos y de material de construcción. Cómo llegaron al conocimiento de la astronomía y la aritmética, y el calendario y las artes y la orfebrería. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;Aceptado esto, debe echarse por tierra la idea de que los cultos y maravilloso pobladores de Mesoamérica, no fueron producto de la evolución, que no saltaron de las chozas o de las tribus nómadas a un asentamiento cultural asombroso, pus tal cosa no se logra en unos miles de años. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;¿En dónde estuvo y existió pues la Atlántida?  &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;Cuentan los viejos más viejos que los viejos, que allá en los tiempos remotos, cuando el mundo y el mar tenían otra forma, florecieron por el lado Poniente o sea el Mar Pacífico, una formidable cultura que se localizaba en el Continente de Lemuria. Los lemures fueron tipos que habían llegado a una casi perfección en leyes, artes, cultura, religión, sociedad, etc. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;Por el lado del Oriente o el pavoroso Mar Atlántico, estaba el inmenso continente de La Atlántida, en donde también se había alcanzado un alto grado de madurez cultural, artística, política y de organización social y religiosa. Se trabajaban los metales preciosos y las piedras finas. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;Entonces ocurrió el más formidable cataclismo de que se tenga memoria. Se levantaron los mares, se revolvieron las montañas, se hundieron los continentes y surgieron otras tierras y en medio de ese caos espantoso, algunos lograron sobrevivir, escapar entre los océanos tormentosos abordo de bajeles abordados a última hora y con gran premura. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;Como es lógico suponer, los lemures arribaron a las costas de lo que hoy es América, en sus costas del Océano Pacífico, que desde entonces yace quieto y azul. Llevaron sus costumbres y cultura y se asentaron en tierras que fueron de Incas, en la Isla de Pascua, a lo largo de las costas que les brindaron asilo y protección, lugar para un nuevo asentamiento. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;Por el Golfo de México que es hoy, arribaron varios grupos de La Atlántida, hombres miembros de pueblos de la misma tierra pero de distintas naciones y esos pueblos se llamaron olmecas, procedentes de Olman, tierra del hule, los mayas, los totonacas, los mixtecas o zapotecas. De allí ciertas diferencias étnicas y de lengua y de costumbres, de cultura. Los teotihuacanos se adentraron hasta el altiplano, por temor a un nuevo cataclismo que pudiera barrer las costas, buscando la seguridad de una altura que los mantuviera al margen de un nuevo desastre. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;Tal dicen los viejos más viejos que los viejos, que no dejaron crónicas escritas ni talladas de este suceso, porque todos estos pueblos lo sabían y conocían. No hay detalles de esta arribazón de gentes procedentes de La Atlántida y todos son atlantes como hoy pudieran ser europeos los alemanes, frenceses, ingleses, italianos, etc., que no son idénticos ni en lenguas, ni en costumbres, ni en sangre. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;De allí la divergencia también de las dos culturas correspondientes a las costas americanas, la peruana, la inca, los viricochas, los gigantes del Machu Pichu, la cultura del valle de Nasca, los colosales monolitos y construcciones de Tiahuanaco, en fin. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;Dicen los viejos más viejos que los viejos que todo esto sucedió mucho antes de que los chichimecas, los otomíes y esas tribus nómadas se unieran en un plan belicoso y destructor, para apoderarse de los grandes centros culturales y religiosos y destruir esas asombrosas civilizaciones de las que por fortuna aún nos quedan vestigios sorprendentes. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;Esta puede ser la explicación de las grandes incógnitas de los calendarios, de los numerales, de las cuestiones astronómicas de cómo pudieron trasladar enormes piedras, bloques, monolitos y construir altos edificios, haciendo uso de su gran conocimiento de la hidráulica, de la física, de la mecánica y de todos esos elementos que les facilitaron esas obras titánicas. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;Todo esto cuentan los viejos más viejos que los viejos y aseguran que lo contaban los olmecas, única raza de la cual no se conservan escritos, de la que se desconoce su lenguaje y sus caracteres ideográficos, porque decían con gran razón, que todos los pueblos sabían su origen, su tragedia y nadie olvidaba el gran cataclismo que los arrojó a estas playas. &lt;/p&gt; &lt;p align=&quot;justify&quot;&gt;Eran tiempos en que el mar no estaba en donde está y la tierra tenía diversas formas, unas formas distintas a las actuales. Esta es la leyenda que se va deformando y olvidando al paso de los siglos...&lt;/p&gt;</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/01/la-atlntida.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-2367126901968981159</guid><pubDate>Sun, 07 Jan 2007 18:52:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-08T21:21:32.933-05:00</atom:updated><title>El Chajá</title><description>&lt;span style=&quot;font-family:verdana,Arial,Helvetica;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family:verdana,Arial,Helvetica;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;;font-family:verdana,arial,helvetica,sans-serif;font-size:85%;&quot;  &gt; El anciano Aguará era el Cacique de una tribu guaraní. En su juventud, el valor y la fortaleza lo distinguieron entre todos; pero ahora, débil y enfermo, buscaba el consejo y el apoyo de su única hija, Taca, que con decisión acompañaba al padre en sus tareas de jefe.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Taca manejaba el arco con toda maestría, y en las partidas de caza, a ella correspondían las mejores piezas, constituyendo el trofeo de su arrojo ante el peligro. Todos la admiraban por su destreza y la querían por su bondad. Muchas veces había salvado a la tribu en momentos de peligro, reemplazando al padre que, por la edad y por la salud resentida, estaba incapacitado para hacerlo.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Aparte de todas estas condiciones, Taca era muy bella. De color moreno cobrizo su piel, tenía ojos negros y expresivos, y en su boca, de gesto decidido y enérgico, siempre brillaba una sonrisa. Dos largas trenzas negras le caían a los lados del rostro. Un tipoy cubría su cuerpo hasta los tobillos, y con una faja de colores que los guaraníes llamaban chumbé, lo ceñía a la cintura.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Las madres de la tribu acudían a ella cuando sus hijos se hallaban en peligro, seguras de encontrar el remedio que los salvara. Era la protectora dispuesta siempre a sacrificarse en beneficio de la tribu.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Los jóvenes admiraban su bondad y su belleza, y muchos solicitaron al Cacique el honor de casarse con tan hermosa doncella. Pero Taca rechazaba a todos. Su corazón no le pertenecía.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Ará-Naró, un valiente guerrero que en esos momentos se hallaba cazando en las selvas del norte, era su novio y pensaban casarse cuando él regresara. Entonces el viejo Cacique tendría, en su nuevo hijo, quien lo reemplazase en las tareas de jefe.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;La vida de la tribu transcurría serena; pero un día, tres jóvenes: Petig, Carumbé y Pindó, que salieron en busca de miel de lechiguana, volvieron azorados trayendo una horrible noticia. Al llegar al bosque en busca de panales, cada uno de ellos había tomado una dirección distinta. Se hallaban entregados a la tarea, cuando oyeron gritos desgarradores. Era Petig, que, sin tiempo ni armas para defenderse, había sido atacado por un jaguar cebado con carne humana y nada pudieron hacer los compañeros para salvarlo, pues ya era tarde. El jaguar había dado muerte al indio y lo destrozaba con sus garras. Carumbé y Pindó no tuvieron más remedio que huir y ponerse a salvo. Así habían llegado, jadeantes y sudorosos, a dar cuenta de lo sucedido.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Esta noticia causó estupor y miedo en la tribu, pues hasta entonces ningún animal salvaje se había acercado al bosque donde ellos acostumbraban ir a buscar frutos de banano, de algarrobo y de mburucuyá, que les servían de alimento.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Desde ese día no hubo tranquilidad en la tribu. Se tomaron precauciones; pero el jaguar merodeaba continuamente y muchas fueron las víctimas del sanguinario animal.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; El Consejo de Ancianos se reunió para tomar una determinación que pusiera fin a semejante amenaza de peligro para todos.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; Y decidieron: era necesario dar muerte a quien tantas muertes había producido.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Para conseguirlo, un grupo de valientes debía buscar y hacer frente a la terrible fiera, hasta terminar con ella.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;El Cacique aprobó la determinación de los Ancianos. Pidió a los jóvenes de la tribu que quisieran llevar a cabo esta empresa, se presentaran ante él.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; Grande fue la sorpresa del jefe cuando vio aparecer en su toldo a un solo muchacho: Pirá-U.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; De los demás, ninguno quiso exponer su vida.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Pirá-U sentía gran admiración y un gran reconocimiento hacia el viejo Cacique. En cierta ocasión, hacía muchos años, Aguará había salvado la vida de su padre, de quien era gran amigo. Fue un verdadero acto de heroísmo el cumplido por el valiente Cacique, con peligro de su propia vida.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Desde entonces, nada había que Pirá-U, agradecido, no hiciera por el viejo Aguará. Por eso, ésta era una espléndida oportunidad para demostrarlo. Él sería el encargado de librar a la tribu de tan terrible amenaza. Así fue que Pirá-Ú, sin ayuda de nadie, confiando en su valor y en la fuerza que le prestaba el agradecimiento, partió a cumplir tan temeraria empresa. Gran ansiedad reinó en la tribu al siguiente día. Todos esperaban al valiente muchacho, deseosos de verlo llegar con la piel del feroz enemigo.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; Pero las esperanzas se desvanecieron. Pasó ese día y otros más y Pirá-U no regresó.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Había sido una nueva víctima del jaguar. Nuevamente se reunió el Consejo y nuevamente se pidió la ayuda de los jóvenes guerreros. Pero esta vez nadie respondió... nadie se presentó ante el Cacique. Era increíble que ellos que habían dado tantas veces pruebas de valor y de audacia, se mostraran tan cobardes en esta ocasión.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; Taca, indignada, reunió al pueblo, y en términos duros y con ademán enérgico,  les dijo:&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Me avergüenzo de pertenecer a esta tribu de cobardes. Segura estoy de que si Ará-Naró estuviera entre nosotros, él se encargaría de dar muerte al sanguinario animal. Pero en vista de que ninguno de vosotros es capaz de hacerlo, yo iré al bosque y yo traeré su piel. Vergüenza os dará reconocer que una mujer tuvo más valor que vosotros, cobardes!&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Así diciendo entró en su toldo. El padre, que se hallaba postrado por la enfermedad, se oponía a que su hija llevara a cabo una empresa tan peligrosa.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;- Hija mía -le dijo- tu decisión me honra y me demuestra una vez más que eres digna de tus antepasa­dos. Mi orgullo de padre es muy grande. Te quiero y te admiro; pero la tribu te necesita. Mi salud no me permite ser como antes y sin tu apoyo no podría gobernar.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Padre, los dioses me ayudarán y yo volveré triunfante. Si permitimos que el sanguinario animal continúe con sus desmanes no podremos llegar al bosquecillo en busca de alimentos, y la vida aquí será imposible.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Hija mía; otros deben dar muerte al jaguar. Tú eres necesaria en la tribu y no es muy seguro que te libres de morir entre las garras de la fiera.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Padre... tus súbditos han demostrado ser unos cobardes. Creen que el yaguareté es un enviado de Añá para terminar con nosotros, y temen enfrentarlo. Yo debo salvar a la tribu. ¡Permite que vaya, padre mío!&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;El anciano tuvo que acceder. Las razones que le daba su hija eran justas y claras ­ y no había otra manera de librarse de enemigo tan cruel.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; Y Taca empezó los preparativos para ponerse en viaje ese mismo día al atardecer.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Cuando se disponía a partir, varios jóvenes trajeron la noticia de que los cazadores que partieran hacía una luna, se acercaban. Estaban a corta distancia de los toldos.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Fue para Taca una noticia que la lleno de placer y de esperanza. Entre los cazadores venía Ará-Ñaro, su novio, y él podría acompañarla para dar muerte al jaguar. Impacientes esperaban la llegada de los bravos cazadores, los que se presentaron cargados de innumerables animales muertos, pieles y plumas, conseguidos después de tantos sacrificios y de tantos peligros.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Fueron recibidos con gritos de alegría y de entusiasmo por toda la tribu que se había reunido cerca del toldo del Cacique. Junto a la entrada se encontraba éste con su hija Taca, rodeados por los ancianos del Consejo.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;El viejo Aguará saludó con todo cariño a los valientes muchachos, que se apresuraron a poner a sus pies las piezas más hermosas.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;- Ará-Naró, después de agasajar al Jefe, se dirigió a Taca, y como una prueba de su gran amor, le ofreció el presente que le tenía dedicado: una colección de las más vistosas y brillantes plumas de aves del paraíso, de tucán, de cisne, de garza y de flamenco. El gozo y la satisfacción se pintaron en el rostro de la doncella, que con una suave sonrisa agradeció el obsequio.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Después... cada uno se retiró a su toldo. Aguará, Taca y Ará-Naró quedaron solos. El sol se había ocultado detrás de los árboles del bosquecillo cercano. Un reflejo rojo y oro teñía las nubes, y como venido de lejos se oyó el grito lastimero del urutaú.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; En ese momento, el viejo Cacique comunicó a Ará-Naró la decisión de su hija.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;-Hijo mío- le dijo - un jaguar cebado con sangre humana ha hecho muchas víctimas entre nuestro pueblo. El primero fue Petig, que tomado desprevenido, murió deshecho por la fiera. Después Saeyú y otros que, confiados, fueron al bosque en busca de alimentos. Se decidió dar muerte al sanguinario animal; pero Pirá-Ú, encargado de ello, no ha vuelto. Fue, sin duda, una víctima más... Y ahora nadie quiere hacer frente a tan terrible enemigo. Todos le temen creyéndolo un enviado de Añá, imposible de vencer.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;             Taca, por su parte, ha decidido ser ella quien termine con el jaguar, y piensa partir ahora mismo.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;-Taca, eso no es posible- dijo resuelto Ara-Ñaro-. Esa no es empresa para ti. Y los guerreros de nuestra tribu: ¿qué hacen? ¿Cómo permiten que una doncella los aventaje en valor y los reem­place en sus obligaciones?. -Los jóvenes temen a Añá, y no quieren atacar a quien creen su enviado. -Taca, ¡no irás! Seré yo quien dé muerte al jaguar, y su piel será una ofrenda más de mi amor hacia ti.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;-No podrá ser, Ará-Ñaró. ¡He dado mi palabra y voy a cumplirla!... Dentro de un instante saldré en busca del jaguar, y cuando vuelva gritaré una vez más su cobardía a los súbditos del valiente Aguará.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; -No has de ir sola, Taca. Espera unos instantes y yo te acompañaré.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;             ­  Ya debo partir, Ará-Ñaro; “yahá!”…, “yahá!”…(¡vamos!, ¡vamos!).&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Pronto se reunió Ará-Ñaró a su prometida, y cuando la luna envió su luz sobre la tierra, ellos marchaban en pos del enemigo de la tribu. La esperanza de terminar con él los alentaba. Cuando llegaron al bosque, Ará-Ñaró aconsejó prudencìa a su compañera, pero ella, en el deseo de terminar de una vez por todas con el carnívoro, adelantándose, lo animaba:&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; - “yahá!”…, “yahá!”…&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Cerca de un ñandubay se detuvieron. Habían oído un rozamiento en la hierba. Supusieron que el jaguar estaba cerca. Y no se equivocaban. Saliendo de un matorral vieron dos puntos luminosos que parecían despedir fuego. Eran los ojos de la fiera, que buscaba a quienes pretendían hacerle frente. Con paso felino se iba acercando, cuando Ara­Naró, haciendo a un lado a su novia y obligándola á guarecerse detrás de un añoso árbol, se dirigió, decidido, hacia la fiera.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Fueron momentos trágicos los que se sucedieron. ¡El hombre y la fiera luchando por su vida! Ará-Naró era fuerte y valiente, pero el jaguar, con toda fiereza, lanzó un rugido salvaje. Taca, que desde su escondite seguía con ansiedad una lucha tan desigual, se estremeció.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; Un zarpazo desgarró el cuello del valiente indio y lo arrojó a tierra. Con él rodó la fiera enfurecida y poderosa.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Taca dio un grito, y de un salto estuvo al lado del animal ensangrentado, que se trabó en pelea con su nueva atacante.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; Pero fue en vano. En esa prueba de valientes, ninguno salió triunfante.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;             Taca, Ará-Ñaró y el jaguar pagaron con su vida el heroísmo que los llevó a la lucha.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; Pasaron los días. En la tribu se tuvo el convencimiento de la muerte de los jóvenes prometidos.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;-El viejo Cacique, cuya tristeza era cada vez mayor, fue consumiéndose día a día, hasta que Tupá, condolido de su desventura, le quitó la vida.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; Todos lloraron al anciano Aguará, que había sido bueno y valiente, y de quien la tribu recibiera tantos beneficios.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;             &lt;img src=&quot;http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/Narrativa/leyendas/index.2.jpg&quot; shapes=&quot;_x0000_s1026&quot; align=&quot;left&quot; height=&quot;229&quot; hspace=&quot;12&quot; width=&quot;333&quot; /&gt; Prepararon una gran urna de barro, y después de colocar en ella el cuerpo del Cacique, pusieron sus prendas y, como era costumbre, provisiones de comida y bebida.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;En el momento de enterrarlo, en el lugar que le había servido de vivienda, una pareja de aves, hasta entonces desconocidas, hizo su aparición gritando: -- “yahá!”…, “yahá!”…&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; Eran Taca y Ará-Naró, que convertidos en aves por Tupá, volvían a la tribu de sus hermanos.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Ellos los habían librado del feroz enemigo, y desde ahora serían sus eternos guardianes, encargados de vigilar y dar aviso cuando vieran acercarse algún peligro.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Por eso, el chajá, como le decimos ahora, sigue cumpliendo el designio que le impusiera Tupá, y cuando advierte algo extraño, levanta el vuelo y da el grito de alerta: ; &quot;Yahá!..., &quot; &quot;Yahá!&quot;...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/01/el-chaj.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-6100182212216056598</guid><pubDate>Sun, 07 Jan 2007 18:45:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-11T20:23:38.039-05:00</atom:updated><title>El Girasol</title><description>&lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;Caía la tarde. El sol, como un disco de fuego, transmitía su color rojo al cielo, que cubierto de nubes bordeadas de oro ofrecía los más variados tonos del índigo, del jacinto y del celeste en el crepúsculo estival.&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;    &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; Los indígenas de la tribu de Guazú-tí, susceptibles a las bellezas de la naturaleza, atribuían este espectáculo maravillosos a la creencia de que el sol lucía sus mejores galas para recibir el alma del angelito que acababa de morir.&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  Se trataba de Miní,  el último hijo del cacique nacido   hacía apenas tres lunas.&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  Cuando nada lo hacia suponer, una dolencia extraña había   producido la muerte de la criatura.&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  D&lt;img src=&quot;http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/Narrativa/leyendas/girasol.jpg&quot; align=&quot;right&quot; border=&quot;0&quot; height=&quot;264&quot; width=&quot;214&quot; /&gt;epositaron el cuerpecito del niño en una urna de barro que colocaron en la oga guasú de los padres. A ella iban llegando hombres y mujeres, viejos y jóvenes, para celebrar la muerte del angelito, cuya alma, por no haberse contaminado con los males y vicios de la tierra, estaba destinada a ocupar un lugar de privilegio en el reinado del sol. Subiendo por uno de los rayos que el astro envió con ese objeto, el alma ya había llegado al cielo.&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  En la tierra, en la casa de los padres, se dio comienzo a la   fiesta con motivo de este acontecimiento.  &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;Ya tenía Caranda-í   y Guazú-Ti quien rogara por ellos junto a sus dioses.&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; Los festejos comenzaron. La chicha corrió en abundancia y cuando se empezaron a notar sus efectos entre la concurrencia, se dio principio a los bailes y a los cantos entonados por los presentes.&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; En un claro del bosque, junto a la cabaña donde descansaba el cuerpecito del niño, se encendieron grandes fuegos alrededor de los cuales, acompañándose con gritos, mímica adecuada y movimientos de brazos, danzaban hombres y mujeres.&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  Toda la noche duró la celebración y continuó una vez   enterrado el &quot;muertito&quot;.&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; Guazú-tí y su tembirecó Caranda-í habían tenido varios hijos; pero todos habían muerto antes de llegar al eichú, atacados por la misma rara dolencia que Miní.&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; Caranda-í estaba muy triste. Ella soñaba con tener una hija que alegrara su vida y la acompañara a realizar las tareas propias de las mujeres de la tribu; le enseñaría a hilar y a tejer algodón, a labrar la tierra y a sembrar, a fabricar esteras, a tejer lindas chumbés... Hasta en su nombre había pensado. La llamaría Panambí porque iba a ser bonita y alegre, y como las mariposas iría de flor en flor...&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; Por su parte, Guazú-tí deseaba tener un hijo fuerte y valiente como sus antepasados, que los acompañara en sus excursiones de caza, que manejara con destreza el arco y la flecha, que supiera construir y dirigir una canoa, pescar los mejores peces y defender la tierra de sus antepasados con valor y con audacia. Él sería más tarde, a su muerte, el cacique de la tribu...&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  Pero contra estos deseos de ambos esposos,  estaban los   designios del Sol que se negaba a concederles el ansiado hijo.&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  Días más tarde conversaron Caranda-í y Guazú-í llegando a la   conclusión de que los dioses estaban enojados.&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; Decidieron entonces ofrecerles sacrificios y ofrendas que los reconciliaran con ellos. Al mismo tiempo les pedirían el hijo soñado.&lt;/p&gt; &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  Se hicieron importantes rogativas de las que participó toda   la tribu.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Las rogativas fueron oídas por el Sol. Un eichú después, en un día brillante, hacia mediodía, nació en el hogar del cacique una hermosa niña, hija de Caranda-í y de Guazú-tí a la que llamaron, tal como lo deseaba la madre, Panambí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Todos los cuidados les parecieron pocos para dedicarlos a la recién nacida, pensando siempre con temor, en que la pequeña, tal como sucediera con sus hermanos, podría contraer la grave dolencia que los había llevado a las regiones donde impera el Sol.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; Pasó el tiempo y la pequeña Panambí llegó a ser una hermosa criatura vivaz y juguetona. Sus ojos negros brillaban como dos cuentas de azabache y era muy gracioso oírla, en su media lengua, imitar el lenguaje de sus padres y de los niños que jugaban con ella.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;En todos los que la rodeaban, y sobre todo en sus padres, había quedado imborrable el recuerdo de la primera palabra pronunciada por la niña y que ellos esc&lt;/span&gt;&lt;img src=&quot;http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/Narrativa/leyendas/girasolleyenda.jpg&quot; align=&quot;right&quot; border=&quot;0&quot; height=&quot;213&quot; width=&quot;368&quot; /&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;ucharon   estupefactos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Se hallaban junto a su oga, en una mañana de yasí-mo-coí, cuando la chiquita, levantando sus ojitos al cielo, hacia el lugar donde el disco del Sol lucía en toda su brillantez, dijo con suma facilidad, como si estuviera acostumbrada a pronunciarlo: &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;—&lt;/span&gt;Cuarajhí...&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Todos se miraron asombrados, creyendo haber oído mal, pues eran muchas las dificultades que ofrecía la palabra para quien sólo había balbuceado hasta entonces.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Como para que no les quedara el menor   asomo de duda, la pequeña Panambí volvió a repetir:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;—Cuarajhí...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Desde ese momento, su leng&lt;/span&gt;ü&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;ita de trapo no cesó en sus intentos de reproducir el lenguaje de los que la rodeaban, consiguiendo hacerse entender con medias palabras o con sonidos más o menos parecidos a los que trataba de pronunciar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Sólo una palabra surgía perfecta de su   boquita a la que asomaban los primeros dientes:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;—Cuarajhí...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; La pequeña Panambí crecía sana y fuerte. Su carita mofletuda, de color cobrizo, era el más claro exponente de su buena salud; pero la madre, que vivía con el temor de que la pequeña, al igual que sus anteriores hijos, enfermara de pronto, multiplicó sus cuidados y la rodeó de innumerables atenciones.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;El invierno había llegado con sus fríos intensos y con sus vientos continuos, que silbaban al pasar entre los juncos y las totoras, encrespando las aguas del río y agitando con fuerza las ramas de los zuiñandíes, de los aguaribais, de los chañares y de los piquillines.&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;Entonces se aumentaron los cuidados a la pequeña: se evitaba sacarla al aire, se trataba de que no tomara frío, terminaron no dejándola salir de la oga guasú, donde pasaba sus días y sus noches.&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;El tiempo   desapacible pasó y la ará-ivotí llegó con su aire tibio y perfumes de   flores.&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Para la pequeña Panambí, sin embargo, la vida continuó como hasta entonces. En vista de los buenos resultados obtenidos merced a los cuidados a que se la sometiera durante esa temporada, decidieron continuar en la misma forma por temor de que el menor descuido fuera la causa de una enfermedad imprevista que les arrebatara a la hijita.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; Por esa causa, mientras todos los niños correteaban por la pradera cortando los jugosos frutos que les ofrecían abundantes el mburucuyá, el ñangapirí y el chañar, o recogiendo miel silvestre que gustaban con fruición, la pequeña Panambí, víctima de cuidados exagerados, estaba condenada a no salir de su oga guasú.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Pasaron así varios años. Caranda-í y Guazú-tí, felices al haber conseguido conservar a su hijita que ya tenía seis años, vivían para cuidarla, evitándole el frío, el aire muy directo, el sol fuerte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 0cm; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;La preciosa criatura que era Panambí   cuando apenas contaba un año&lt;/span&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;había sufrido un cambio por demás notable. Era una chica alta, muy delgada, pálida y de aspecto enfermizo, callada, taciturna e inapetente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 0cm; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Pasaba su vida quietecita, sentada en un rincón de la cabaña, y al contrario de lo que sucede con los niños de su edad, ella jamás sentía deseos de jugar ni de reír.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Día llegó en que no quiso levantarse   del lecho formado por una armazón de ramas, cubierta con hojas de palmera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Con la vista fija en la pared que quedaba frente a ella y de la que colgaban el arco y las flechas de su padre, miraba sin ver. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;El padre y la madre, al comprobar el decaimiento de la niña, temieron que hubiera llegado la hora en que los dioses la llamaran a su lado y, desesperados, trataron de reanimarla, consiguiendo, después de muchos ruegos, que se levantara.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Poco duró la alegría que les produjo esta determinación de la niña, porque al poco rato se hallaba echada en una de las hamacas de algodón colgadas en el interior de la oga guasú.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Convencidos de que el extraño mal había alcanzado a su hija a pesar de los cuidados prodigados, Guazú-tí mandó llamar al hechicero a fin de conjurar el mal que había atacado a su hija.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Fantásticas ceremonias realizó el hechicero frente a la hamaca donde descansaba la niña, hasta que por fin, con el rostro congestionado y la mirada ausente, dijo, dirigiéndose al padre:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; —Tu hija se muere víctima de su encierro. Ella te fue enviada por Cuarajhí y tú la privas de sus rayos que son para la niña, la vida y la salud. Panambí necesita aire, luz y sol... ¡sol en abundancia! No hay medicina ni cuidados que curen a tu hija. Panambí se muere porque le falta sol. Él es el único que puede devolverle la salud perdida...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Calló el hechicero y Guazú-tí, dispuesto a seguir cuanto antes sus consejos, llevó una de las hamacas y la colgó afuera, entre dos chañares cubiertos de flores amarillas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;En los brazos transportó a su hija y allí la depositó con cuidado. La madre, que seguía ansiosa las reacciones de la pequeña Panambí creyó descubrir en su rostro una imperceptible expresión de alegría al contacto del aire y del sol, que acariciaron su carita delgada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;También el padre notó el cambio en el semblante de su hija y sintió que, tal como lo predijera el hechicero, la salvación de la niña sería &lt;/span&gt;C&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;uarajhí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; En ese momento un rayo de sol, filtrándose por entre las ramas florecidas, llegó hasta el pobre rostro de Panambí para trasmitirle su calor y su energía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Desde ese instante la felicidad volvió a la oga guasu del cacique. La niña recuperó su lozanía y contrariamente a lo que hiciera hasta entonces, vivió en plena naturaleza, gozando del aire y del sol que la tonificaron y le devolvieron las fuerzas y la salud perdida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Tal como lo hacía cuando era pequeña, sus ojos buscaban afanosos el disco brillante del sol al que miraba sin pestañear, demostrando una disposición especial para resistir su potencia y su brillo enceg&lt;/span&gt;u&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;ecedor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Clavaba en él la vista con adoración, y   en un tono dulce y arrobado, susurraba:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;—&lt;/span&gt;C&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;uara&lt;/span&gt;j&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;hí...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; Poco hablaba con quienes la rodeaban limitándose casi a responder a las preguntas que le formulaban y sin demostrar mayor interés por nada que no se refiriera al sol.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;Al atardecer, cuando el astro se escondía en el ocaso, Panambí volvía a la cabaña de la que no salía hasta el día siguiente cuando los primeros rayos retornaban para iluminar la tierra.&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;Durante los días   nublados, nadie conseguía que la niña abandonara la oga guasú de sus padres.&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;Corrió el tiempo. La dulce niña se ha transformado en una doncella hermosa y atractiva a la que pretenden como esposa los más valientes guerreros de Guazú-tí y de otras tribus vecinas.&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;El cacique y su tembirecá temen ver llegar el día en que la cuñataí se decida a aceptar por esposo a alguno de los pretendientes y deba abandonar la oga guasú de sus padres.&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;Panambí, en cambio, parece no pensar en ellos, pues no demuestra interés por ninguno de los jóvenes que desean hacerla su esposa. Como siempre, los momentos más felices son, para ella, los que le permiten gozar de la tibia caricia de los rayos que le envía Cuarajhí.&lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;Un día en que el sol, brillante y espléndido, dora la tierra, llega a la cabaña del cacique en busca de Panambí, Yasí-ratá, una jovencita de su misma edad con la que ha sido muy amiga desde pequeña.&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;Viene la niña a   invitarla para hacer un paseo al bosque cercano donde recogerán apetitosos   frutos.&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;Para llegar a él, deben cruzar el río, pues los árboles más hermosos, crecen en la otra ribera, un poco más al sur que las tierras del cacique Guazú-tí.&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot; align=&quot;left&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Acepta Panambí complacida, y las dos,   con los cestos de fibras de&lt;/span&gt; p&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;alma enlazados en sus brazos, se dirigen a la&lt;/span&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;orilla donde está amarrada la canoa que han de   utilizar para cruzar el Paraná.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot; align=&quot;left&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot; align=&quot;left&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;El sol brilla esplendoroso,   reflejándose en las aguas del río que refulgen como espejo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot; align=&quot;left&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot; align=&quot;left&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Panambí, realmente feliz, levanta su cara al cielo y clavando sus ojos en el disco incandescente, recibe, con expresión complacida, la caricia de sus rayos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot; align=&quot;left&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot; align=&quot;left&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Suave se desliza la canoa sobre las aguas tranquilas, impulsada por los seguros golpes de pala que maneja con habilidad Yasí-ratá.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot; align=&quot;left&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Algo alejados de la costa, pasan los camalotes florecidos llevados por la corriente. Las altas riberas, bordeadas de ceibos cargados de flores rojas y de sauces cuyas ramas flexibles cubiertas de hojas angostas se inclinan sobre el río formando cascadas de verdor, se espejan en las aguas tranquilas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;En el interior, los árboles se multiplican en tupidos bosques cuyas copas unidas entre sí por lianas florecidas, por hispíos y helechos, constituyen el jardín natural y maravilloso de las riberas de nuestro gran río en esa región.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Cuando llegan al lugar propicio para bajar, las dos amigas acercan la canoa a la costa, desembarcando con pericia y habilidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;  Con cordeles hechos con fibras de hojas de caraguatá, la   amarran a uno de los árboles que crecen en la ribera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Contentas, gozando de un día tan hermoso, llevando enlazados en sus brazos los cestos de fibras de palmera, se internan en el bosque por caminos cubiertos de enredaderas en flor, de lianas trepadoras que se enroscan en los troncos fuertes y en las ramas, cayendo luego en guirnaldas florecidas o formando glorietas naturales que las flores engalanan con el variado colorido de sus pétalos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;El sol, abriéndose camino entre el follaje, consigue, aquí y allá, poner una mancha de luz en la umbría, alcanzando al mburucuyá y al taco de reina cuyas flores agradecidas le devuelven en colorido maravilloso el calor de sus rayos fecundos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; Junto a ellas, el guaviyú de flores blancas y el isipó de hermosas flores purpúreas, embalsaman, con sus perfumes delicados y persistentes, el aire agitado por suave brisa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Panambí, al igual que las flores, busca   la caricia del sol, y al conseguirla su rostro resplandece de felicidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Llegan, momentos después, al lugar donde   el &lt;/span&gt;ñ&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;angapirí, el chañar y el arasá les ofrecen sus frutos sabrosos que   ellas recogen con placer, depositándolos en los cestos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Cuando terminan de llenarlos, resuelven volver. Panambí desea llegar cuanto antes a un lugar abierto donde los rayos del sol no encuentren obstáculos que intercepten su llegada a la tierra y pueda ella recibirlos sin dificultad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Por eso se siente feliz cuando,   sentadas en la canoa, vuelven a surcar las aguas del río.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; Hace unos instantes que navegan, cuando Yasí-ratá, atenta a los ruidos y a los acontecimientos, nota que una embarcación dirigida por dos apuestos muchachos, se acerca a ellas, como queriendo darles alcance.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-indent: 13pt; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Panambí, por completo dedicada a mirar   al sol, nada ha notado, ni se interesa siquiera cuando su amiga le dice:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;—Mira, Panambí... esa canoa se acerca.   ¿Conoces a los que vienen en ella?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;La aludida, que continúa ensimismada, no   la oye. Yasí-ratá se ve obligada a repetir:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;—Panambí... ¡escúchame! ¿Conoces a los   que se acercan en esa canoa?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: justify; text-indent: 14pt; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Como de un sueño sale la cuñataí. Mira   al descuido, y sin mayor atención responde:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;  —No... no los conozco.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 0cm; margin-left: 0cm; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot; align=&quot;left&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;De inmediato vuelve a sumirse en la   contemplación de Cuarajhí, único &quot;ser&quot; capaz de despertar y mantener su   interés.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-align: left; text-indent: 0cm; margin-left: 0cm; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot; align=&quot;left&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Instantes después, la otra canoa, dirigida por brazos jóvenes y vigorosos, se les pone a la par y uno de los mozos, deslumbrado por la belleza de Panambí, cuyas trenzas negras como el Jacaranda caen sobre sus hombros y cuya expresión de arrobamiento impresiona al joven guerrero, dirigiéndose a ella le pregunta:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 14pt; margin-left: 18pt; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;—¿Quién es el cacique dichoso que   gobierna una tribu de mujeres tan hermosas?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 14pt; margin-left: 18pt; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Panambí ni le ha oído siquiera, tan ensimismada sigue en la contemplación del sol. Por eso Yasí-ratá se ve obligada a responder:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 13pt; margin-left: 16pt; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;—Somos de la tribu del cacique Guazú-tí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 13pt; margin-left: 16pt; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;—¿Quién es tu compañera? — pregunta a Yasí-ratá el joven, notando el desinterés de la hermosa cuñataí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 13pt; margin-left: 16pt; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  -Panambí es la hija del cacique que gobierna mi tribu&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 13pt; margin-left: 16pt; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  -¿Panambí es su nombre?&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 13pt; margin-left: 16pt; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  Inquiere el muchacho&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 13pt; margin-left: 16pt; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  -Así se llama...&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 13pt; margin-left: 16pt; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Llegadas frente al lugar donde se levanta la toldería a la que pertenecen, las dos amigas tuercen su canoa en esa dirección, desembarcando instantes después en la orilla cubierta de sauces y de zuiñandíes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Los dos muchachos han seguido en su igá, no sin antes dirigir una mirada de reconocimiento al lugar donde llegaron las dos cuñataís.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Yasí-ratá, parlanchina y comunicativa, cuenta en la tribu el encuentro tenido en medio del río, y todos, especialmente las otras doncellas, sienten gran interés y curiosidad por conocer quiénes han sido los desconocidos admiradores de sus amigas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Varios días después Guazú-tí se ve sorprendido por la llegada de dos emisarios del cacique Corocho, acérrimo enemigo de su pueblo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Su sorpresa es mayor cuando se entera de que los guerreros llegan como amigos, haciéndole entrega de valiosos regalos, consistentes en una coraza de cuero de pécari, pieles de jaguar y de venado, y para la dulce Panambí, ofrecen una chumbé de color púrpura, de la que pende una falda de blancas plumas de garza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; Este presente lo envía Pirayú, el hijo del cacique Corocho, quien, deslumbrado por la belleza de Panambí, a la que conoció días antes al encontrarse sus canoas en medio del río, desea hacerla su esposa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;El padre, al suponer que si su hija acepta deberá abandonar la tribu para seguir al esposo a sus lejanos dominios, va a responder con una negativa, cuando pensando que ésa puede ser la felicidad de la doncella, despojándose de todo egoísmo, decide que sea la niña quien responda a la demanda.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;La felicidad de su hija es más   importante para él que su propia ventura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Llama a Panambí, y en presencia de los   emisarios de Corocho le hace conocer los deseos de Pirayú.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Al ver que la doncella nada responde,   agrega para instarla a contestar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-left: 0cm; text-indent: 0cm;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; —Panambí... los emisarios de Corocho   esperan tu decisión. ¿Deseas ser la esposa de Pirayú? ¿Qué contestas, che   tayira?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;—Yo no deseo   casarme y menos con un enemigo de nuestro pueblo. Respóndele que no acepto,   padre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Volvieron los   emisarios con tan ingrata respuesta a los dominios de Corocho.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;La ira dominó a Pirayú al conocerla, y enceguecido por el despecho y la imposibilidad de realizar sus deseos, dejándose llevar por su carácter dominante y belicoso, convenció a su padre para que declarara la guerra a sus odiados enemigos.&lt;/span&gt; &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Una noche, cuando en la aldea indígena todos descansaban en sus toldos, llegaron a la orilla innumerables canoas repletas de guerreros que desembarcaron con presteza y cautela. Tenían el propósito de apoderarse de la bella Panambí, y en caso de ser descubiertos sin haberlo conseguido, presentar una lucha franca y decisiva que les permitiera lograr, para su jefe, la hermosa doncella de la que estaba enamorado&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;El oído aguzado de los guerreros de Guazú-tí, siempre alertas a las sorpresas desagradables, descubrió a los intrusos en momentos en que por la playa se acercaban a la toldería.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Pronto cundió la noticia por la aldea   indígena, entablándose un combate cruento y feroz entre los enemigos   implacables.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 0cm; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;La lucha, cada vez más cruel y   despiadada, tenía como único objetivo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;  apoderarse de Panambí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;Conocedor de esta finalidad y con la idea de salvar a su pueblo de enemigos tan crueles, Tatá, uno de los guerreros de guazú-tí busca a la hija del cacique proponiéndole que huya y ofreciéndose él mismo para ayudarla en la empresa.&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;Convencida la doncella de la razón que asiste al guerrero, y considerando que su desaparición proporcionará la tranquilidad a su pueblo, se resuelve a seguir a Tatá, pero antes desea despedirse de sus padres por lo que siente inmenso cariño.&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;Cuando llega a la oga guasú cree morir de desesperación, pues en su lecho de palmas yace su padre, herido de muerte por una flecha enemiga que le ha atravesado el corazón. A su lado , caranda-í y la hechicera, con infusiones, tisanas y pomadas, tratan de conjurar los efectos funesto de las armas enemigas.&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;El cacique, valiente, se había batido con arrojo en una lucha cruel que terminó con su vida. En un ultimo suspiro, cuando las palabras se negaban a brotar de sus labios, pudo con gran esfuerzo dedicar su postrer aliento a su hija tan querida, balbuceando apenas:&lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;-Panambí....&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;Se abrazó ella al cuerpo exánime de su padre y en ese momento se hizo el firme propósito de huir, siguiendo los consejos de Tatá, para salvar por lo menos lo poco que quedaba de lo que fuera la tribu del valiente Guazú-tí.&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;Corrió desesperada tratando de borrar de su mente el triste y doloroso espectáculo al que acababa de asistir y que la sumía en la más cruel desesperación.&lt;/p&gt;  &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Cruzó montes tupidos, atravesó grandes llanuras, corrió... corrió sin cesar, impulsada por una fuerza desconocida que le multiplicaba sus energías. No sentía cansancio, ni hambre, ni sed... Sólo deseaba alejarse... alejarse más y más... a un lugar donde se viera libre del asedio de su enemigo y en el cual hallara la paz para su espíritu.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Ignoraba la pobre Panambí que, enterado Pirayú de su huida por uno de sus guerreros, la siguió muy de cerca durante la larga distancia recorrida, con el propósito, cada vez más firme, de hacerla su esposa, tal como se lo propusiera al conocerla.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; La noche tocaba a su fin. Por oriente un resplandor de oro anunció el amanecer. Las estrellas se fueron borrando una a una y las nubes comenzaron a teñirse de lila y de rosado. El sol se abrió paso entre ellas pintando sus bordes con filetes dorados.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 14pt; margin-left: 2pt; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;El trino de los pájaros, en armonioso   concierto, despertó al bosque, y el sol llegó a la tierra con sus dardos de   oro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 14pt; margin-left: 2pt; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 14pt; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;En ese instante Pirayú estuvo muy cerca de Panambí. Ella, dándose cuenta recién del peligro que corría, quedó, perdido todo movimiento, como clavada en el lugar donde se hallaba, el cuerpo tenso, los brazos caídos y una expresión de horror en su rostro hermoso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;text-indent: 14pt; margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Sintiendo la caricia del sol sobre sus miembros desnudos, levantó Panambí los ojos al cielo, y en muda y desesperada plegaria pidió su ayuda al astro que jamás la había abandonado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;  Pirayú, tocado por el espectáculo que  tenía ante su vista,   no pudo dar paso más. Panambí levantó sus&lt;/span&gt; &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;  brazos, mientras sus ojos, fijos en el sol, repetían el anhelante pedido de   su alma:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;—¡Socorro...!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Varios haces de luz deslumbrante envolvieron a la niña. Cuando la luz desapareció, con ella había desaparecido la dulce Panambí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;En su lugar quedó, en cambi&lt;/span&gt;o&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;, &lt;/span&gt;una&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; planta de grandes y anchas hojas verdes y fuerte tallo, en cuyo extremo lucía una flor que semejaba un rostro vuelto hacia el sol y que debía seguirlo en su paso por el &lt;/span&gt;firmamento&lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt; como si no   le fuera posible sustraerse a su constante a&lt;/span&gt;tracción. &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;&quot;&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;Así nació el girasol que,&lt;/span&gt;  &lt;span lang=&quot;ES-TRAD&quot;&gt;a pesar del   tiempo transcurrido, continúa adorando al astro, al que sigue siempre fiel,   en su paso por la tierra.   &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/01/el-girasol.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-3969117071089834122</guid><pubDate>Sat, 06 Jan 2007 17:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-06T12:05:56.939-05:00</atom:updated><title>Leyenda de los Temblores</title><description>Por estas tierras se cuenta que, hace mucho tiempo, hubo una serpiente de colores, brillante y larga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era de cascabel y para avanzar arrastraba su cuerpo como una víbora cualquiera. Pero tenía algo que la hacía distinta a las demás: una cola de manantial, una cola de agua transparente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sssh sssh... la serpiente avanzaba. Sssh sssh... la serpiente de colores recorría la tierra. Sssh sssh... la serpiente parecía un arcoiris juguetón, cuando sonaba su cola de maraca. Sssh sssh...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen los abuelos que donde quiera que pasaba dejaba algún bien, alguna alegría sobre la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sssh sssh... ahí iba por montes y llanos, mojando todo lo que hallaba a su paso. Sssh sssh... ahí iba por montes y llanos, dándoles de beber a los plantíos, a los árboles y a las flores silvestres. Sssh sssh... ahí iba por el mundo, mojando todo, regando todo, dándole de beber a todo lo que encontraba a su paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo un día en el que los hombres pelearon por primera vez. Y la serpiente desapareció. Entonces hubo sequía en la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo otro día en el que los hombres dejaron de pelear. Y la serpiente volvió a aparecer. Se acabó la sequía, volvió a florecer todo. Del corazón de la tierra salieron frutos y del corazón de los hombres brotaron cantos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero todavía hubo otro día en el que los hombres armaron una discusión grande, que terminó en pelea. Esa pelea duró años y años. Fue entonces cuando la serpiente desapareció para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuenta la leyenda que no desapareció, sino que se fue a vivir al fondo de la tierra y que ahí sigue. Pero, de vez en cuando, sale y se asoma. Al mover su cuerpo sacude la tierra, abre grietas y asoma la cabeza. Como ve que los hombres siguen en su pelea, sssh... ella se va. Sssh sssh... ella regresa al fondo de la tierra. Sssh sssh... ella hace temblar... ella desaparece.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/01/leyenda-de-los-temblores.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-5358912453113181208</guid><pubDate>Sat, 06 Jan 2007 17:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-06T12:05:10.554-05:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Leyenda Maya</category><title>El chom</title><description>Cuenta la leyenda que en Uxmal, una de las ciudades más importantes de El Mayab, vivió un rey al que le gustaban mucho las fiestas. Un día, se le ocurrió organizar un gran festejo en su palacio para honrar al Señor de la Vida, llamado Hunab ku, y agradecerle por todos los dones que había dado a su pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rey de Uxmal ordenó con mucha anticipación los preparativos para la fiesta. Además invitó a príncipes, sacerdotes y guerreros de los reinos vecinos, seguro de que su festejo sería mejor que cualquier otro y que todos lo envidiarían después. Así, estuvo pendiente de que su palacio se adornara con las más raras flores, además de que se prepararan deliciosos platillos con carnes de venado y pavo del monte. Y no podía faltar el balché, un licor embriagante que le encantaría a los invitados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin llegó el día de la fiesta. El rey de Uxmal se vistió con su traje de mayor lujo y se cubrió con finas joyas; luego, se asomó a la terraza de su palacio y desde allí contempló con satisfacción su ciudad, que se veía más bella que nunca. Entonces se le ocurrió que ese era un buen lugar para que la comida fuera servida, pues desde allí todos los invitados podrían contemplar su reino. El rey de Uxmal ordenó a sus sirvientes que llevaran mesas hasta la terraza y las adornaran con flores y palmas. Mientras tanto, fue a recibir a sus invitados, que usaban sus mejores trajes para la ocasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los sirvientes tuvieron listas las mesas rápidamente, pues sabían que el rey estaba ansioso por ofrecer la comida a los presentes. Cuando todo quedó acomodado de la manera más bonita, dejaron sola la comida y entraron al palacio para llamar a los invitados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese fue un gran error, porque no se dieron cuenta de que sobre la terraza del palacio volaban unos zopilotes, o chom, como se les llama en lengua maya. En ese entonces, estos pájaros tenían plumaje de colores y elegantes rizos en la cabeza. Además, eran muy tragones y al ver tanta comida se les antojó. Por eso estuvieron un rato dando vueltas alrededor de la terraza y al ver que la comida se quedó sola, los chom volaron hasta la terraza y en unos minutos se la comieron toda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Justo en ese momento, el rey de Uxmal salió a la terraza junto con sus invitados. El monarca se puso pálido al ver a los pájaros saborearse el banquete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enojadísimo, el rey gritó a sus flecheros:&lt;br /&gt;—¡Maten a esos pájaros de inmediato!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al oír las palabras del rey, los chom escaparon a toda prisa; volaron tan alto que ni una sola flecha los alcanzó.&lt;br /&gt;—¡Esto no se puede quedar así! —gritó el rey de Uxmal— Los chom deben ser castigados.&lt;br /&gt;—No se preocupe, majestad; pronto hallaremos la forma de cobrar esta ofensa —contestó muy serio uno de los sacerdotes, mientras recogía algunas plumas de zopilote que habían caído al suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los hombres más sabios se encerraron en el templo; luego de discutir un rato, a uno de ellos se le ocurrió cómo castigarlos. Entonces, tomó las plumas de chom y las puso en un bracero para quemarlas; poco a poco, las plumas perdieron su color hasta volverse negras y opacas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, uno de los sacerdotes las molió hasta convertirlas en un polvo negro muy fino, que echó en una vasija con agua. Pronto, el agua se volvió un caldo negro y espeso. Una vez que estuvo listo, los sacerdotes salieron del templo. Uno de ellos buscó a los sirvientes y les dijo:&lt;br /&gt;—Lleven comida a la terraza del palacio, la necesitamos para atraer a los zopilotes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La orden fue obedecida de inmediato y pronto hubo una mesa llena de platillos y muchos chom que volaban alrededor de ella. Como el día de la fiesta todo les había salido muy bien, no lo pensaron dos veces y bajaron a la terraza para disfrutar de otro banquete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no contaban con que esta vez los hombres se escondieron en la terraza; apenas habían puesto las patas sobre la mesa, cuando dos sacerdotes salieron de repente y lanzaron el caldo negro sobre los chom, mientras repetían unas palabras extrañas. Uno de ellos alzó la voz y dijo:&lt;br /&gt;—No lograrán huir del castigo que merecen por ofender al rey de Uxmal. Robaron la comida de la fiesta de Hunab ku, el Señor que nos da la vida, y por eso jamás probarán de nuevo alimentos tan exquisitos. A partir de hoy estarán condenados a comer basura y animales muertos, sólo de eso se alimentarán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al oír esas palabras y sentir sus plumas mojadas, los chom quisieron escapar volando muy alto, con la esperanza de que el sol les secara las plumas y acabara con la maldición, pero se le acercaron tanto, que sus rayos les quemaron las plumas de la cabeza. Cuando los chom sintieron la cabeza caliente, bajaron de uno en uno a la tierra; pero al verse, su sorpresa fue muy grande. Sus plumas ya no eran de colores, sino negras y resecas, porque así las había vuelto el caldo que les aventaron los sacerdotes. Además, su cabeza quedó pelona. Desde entonces, los chom vuelan lo más alto que pueden, para que los demás no los vean y se burlen al verlos tan cambiados. Sólo bajan cuando tienen hambre, a buscar su alimento entre la basura, tal como dijeron los sacerdotes.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/01/el-chom.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-2921729838542598787</guid><pubDate>Tue, 02 Jan 2007 18:51:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-01-02T13:54:21.721-05:00</atom:updated><title>El Hombre del futuro</title><description>Fuentes de la Comisión de Seguridad y Cambio de Moneda de los EEUU confirman que Andrew Carlssin, de 44 años de edad, ofreció una extraña explicación al increíble exito conseguido en el mercado bursátil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podemos confiar en las afirmaciones de este señor. Sinceramente, creemos que se trata de un lunático y de un mentiroso compulsivo —afirmó un miembro del SCM. Pero el hecho es que, partiendo de un capital inicial de 800 $, este señor ha conseguido un margen de beneficios que supera los 350 millones de dólares. Cada inversión que ha realizado sufrió una inesperada e inexplicable subida de valor, lo cual no puede ser simple cuestión de suerte. La única manera de conseguir estos logros es a través de información ilegal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El señor Carlssin va a estar en una celda en la isla de Rikers hasta que acceda a confesar cuáles fueron sus fuentes de información. Los desastres bursátiles del año pasado dejaron a la mayoría de los inversores desesperados. Así que cuando Carlssin consiguió que todas y cada una de las 126 operaciones de alto riesgo que realizó terminaran en un completo éxito de ganancias, atrajo sobre sí todas las miradas de los caza oportunidades de Wall Street.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si, por ejemplo, los valores de una compañía subían debido a una unión o a una alianza de empresas tecnológicas que supuestamente debían ser acciones secretas, el Señor Carlssin lo sabía de antemano de alguna manera, nos confirmó la fuente del SCM encargada de la investigación. Una vez puesto bajo investigación, los encargados de desvelar el misterio del caso se encontraron con algo que no esperaban: una más que increíble confesión de más de cuatro horas de duración. Carlssin declaró haber viajado en el tiempo, y proceder del futuro, concretamente de una era 200 años posterior a la nuestra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afirma también que en su época es sabido que nuestra era fue una de las peores en lo que a caídas bursátiles se refiere, así que cualquiera con unos pocos conocimientos podría hacer aquí una fortuna. Era demasiado tentador como para resistirse, alegó Carlssin en su confesión grabada en vídeo. Había planeado hacer que pareciera todo natural, ya sabe, perder un poco aquí y allí para que no pareciera demasiado perfecto. Pero parece que me han cogido con las manos en la masa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con ánimos de negociar, Carlssin ofrece divulgar hechos de gran trascendencia histórica, como el paradero de Osama Bin Laden o una cura para el Sida. Todo lo que pide es poder volver a su tiempo en su máquina del tiempo. Sin embargo, rehúsa revelar la localización de dicha máquina, o explicar cómo funciona, supuestamente por miedo a que este tipo de tecnología avanzada pueda caer en manos equivocadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las autoridades son muy reticentes, y afirman que las declaraciones del Viajero del tiempo no son más que patrañas. Pero lo que es innegable es que el SCM admite que no ha podido encontrar ningún registro sobre ningún Andrew Carlssin antes de Diciembre del 2002. El Weekly World News continuará investigado esta historia hasta que se resuelva.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2007/01/el-hombre-del-futuro.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-1777314901012188152</guid><pubDate>Tue, 12 Dec 2006 23:10:00 +0000</pubDate><atom:updated>2006-12-12T18:12:12.286-05:00</atom:updated><title>El Nacimiento de Llania</title><description>Bazun no desechaba la alta tecnología; las computadoras, los scaners, las pócimas, los brebajes y los antiguos libros de magia, se mezclaban sin concierto en aquel descabellado laboratorio.&lt;br /&gt;      -¡El poder será mío!- gritaba Bazun.&lt;br /&gt;En el centro de la estancia la cámara secreta, el mayor invento del mago, científico y ocultista Bazun, hervía como un brebaje de bruja a punto de estallar.&lt;br /&gt;        -¡Es el momento! Al fin Terror descansará en mi hombro. No puedo fallar. ¡Ja, ja, ja!&lt;br /&gt;      La carcajada reventó al tiempo que retumbaba la cámara.&lt;br /&gt;La tormenta se desató en el subsuelo de la Gran montaña, allí donde Bazun ocultaba su oscura morada. La cámara se abrió y el mismo inventor se sintió subyugado por la fascinante belleza de su creación.&lt;br /&gt;Las carcajadas acallaron la tempestad, se impusieron al resonar de la roca de la montaña. Bazun parecía haber perdido el juicio ¿pero quien no lo hubiese perdido observando la enormidad de su criatura?&lt;br /&gt;Llania atravesó las paredes de hielo verde de la cámara de Bazun. Su piel era blanca, inmaculada, sus formas sinuosas y perfectas, sus pechos turgentes y esbeltos. Sus gruesos labios de sangre viva, se abrieron para que su sonrisa deslumbrara aún más al enloquecido creador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      -Llania- gritó este.- ¡Mi bella Llania!&lt;br /&gt;      Y de nuevo las carcajadas del loco atiborraron en el laboratorio.&lt;br /&gt;-¡Viejo profesor, Franquestein! Palidecerías contemplando la belleza de mi criatura. Ja, ja, ja. Sus ojos y su corazón son lo único importante, pero ¿porqué no encerrarlo en un cuerpo, envidia del mismo Adonis de Sidor? Ja ja ja ja ja. ¡Mi excelsa criatura! ¡Gracias a ti Terror será mío!&lt;br /&gt;La hermosísima Llania sonreía en silencio y respetuosamente dejaba que el creador diese rienda suelta a su euforia. Su aterciopelada piel, híbrido de la ingeniería genética y la magia negra de Bazun, se ruborizaba levemente ante las palabras de elogio.&lt;br /&gt;-Sólo tus ojos, bella Llania, pueden ver a Terror.- le dijo- Solo tu corazón creado con acero y mis mejores pócimas tiene capacidad para enfrentarse a su poder. ¡Solo tú, Llania! ¡Eres única en tu especie! Y yo soy tu amo y señor. ¡Ja, ja, ja! ¡Tu misión está ahí fuera! Lejos de las profundidades de la Gran montaña. ¡Sal al mundo y tráeme a Terror! ¡Todo su poder será mío! ¡Lo necesito y tu me lo entregarás!&lt;br /&gt;Llania sonrió a su amo y pronunció un delicado sí. Sus enormes ojos azabache observaron el extraño mundo que el científico le mostraba a través de las gruesas paredes de roca del laboratorio. En aquella lejana ciudad moraba Terror, descansado en el hombro de su dueño. Nadie podía verlo, nadie podía rozarlo siquiera, su presencia se delataba únicamente por los terribles efectos de su poder: el miedo más intenso que jamás alma humana hubiese experimentado. Pero ahora Llania había llegado a este mundo. Sólo sus ojos serían capaces de descubrir a Terror, sólo sus manos que no eran de carne y hueso, podrían atrapar a Terror y tan solo su fuerte corazón de hielo verde soportaría su presencia.&lt;br /&gt;      -¡Ve Llania!&lt;br /&gt;      Llania obedeció.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2006/12/el-nacimiento-de-llania.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-2292465486174096698</guid><pubDate>Sun, 03 Dec 2006 16:13:00 +0000</pubDate><atom:updated>2006-12-03T11:27:09.778-05:00</atom:updated><title>Canarias misteriosa</title><description>Las Islas Canarias tienen con relación al misterio un amplio historial: leyendas, tradiciones, luces misteriosas, extrañas apariciones, fantasmas, duende, seres alados, puertas dimensionales, OVNIS... sin olvidarnos de un supuesto origen atlante y, como no, de nuestra querida isla sirena, La Non Trubada, Aprósitus o San Borondón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Foto de archivo de noticias sobre catastrofes misteriosas canarias.&lt;br /&gt;En cualquier caso el porcentaje de experiencias insólitas, desde encuentros con OVNIs hasta apariciones fantasmales o sueños premonitorios, es ciertamente sobrecogedor. Dentro de los círculos de divulgación e investigación de toda España especializados en enigmas y anomalías científicas, las Islas Canarias siempre han sido vistas como un lugar privilegiado”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Canarias misteriosa” abre sus planteamientos exponiendo temas de siempre pero que, asimismo generan constante polémica, como puede ser la supuesta relación del archipiélago con la Atlántida. José Gregorio nos sorprende dando a conocer detalles muy interesantes pero, a veces silenciados, ignorados por la investigación oficial, sobre sorprendentes restos submarinos localizados en nuestros fondos marino. También el misterio de la isla de San Borondón tiene un amplio capítulo. La descripción sobre las extrañas “luces populares” que, desde siempre, se han podido divisar en diferentes puntos de nuestras islas. El recorrido escrito se inicia en Fuerteventura con la luz de Mafasca, “la madre de todas las luces”, siguiendo por Almáciga, La Matanza, Vilaflor, La Palma, el puerto de la Luz (Gran Canaria),.... Luces del misterio, del miedo,... Testigos que nos hablan de sus encuentros con esas luces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algún lector se podrá sonreír cuando citemos que, en el libro “Canarias misteriosa”, también se han incluido historias de duendes, de casas encantadas y fantasmas. Historias antiguas y muy bien documentadas, como “el alma de Tacande”, en La Palma, los espiritistas de Telde, el encantamiento de la Casa de Frías, en los altos de Güimar, los duendes Osorio, o relatos modernos con&lt;br /&gt;Foto de archivo de un ovni en el valle de Ucanca, Teide. Tenerife.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;apariciones fantasmales en centros oficiales y, también, casos recientes de casas donde se desatan toda clase de espectaculares fenómenos de poltergeist, con inexplicables movimientos de objetos, ruidos, presencias, etc. Después de leer ese capítulo, a lo mejor, deja de sonreír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los primeros lugares del mundo donde el misterio de la matanza de animales, especialmente perros y cabras, que hoy se achacan al denominado “chupacabras” y que se relaciona con la aparición de luces en el cielo, fue en Tenerife, concretamente en la zona de Taco, en el año 1979. Recordamos aquella extraña historia para la que, hasta hoy, no existe una lógica explicación. José Gregorio, en su libro, la recuerda con toda clase datos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Interesante capitulo dedicado a dos tragedias que guardan estrecha relación con Canarias. La desaparición, en 1919, en aguas del Caribe, del barco El Valbanera, con cientos de emigrantes canarios a bordo y el también terrible accidente en Los Rodeos, en marzo de 1977, cuando chocaron dos jumbos 747 en la pista de aterrizaje ocasionando cerca de 600 víctimas mortales. Y decimos interesante lo escrito, no por el triste recuerdo de lo acaecido, sino por las increíbles premoniciones que algunas personas hicieron, con antelación, de lo que iba a ocurrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente el autor nos ofrece varios casos, no muy difundidos, de avistamientos OVNIS en nuestras islas y que merecen toda nuestra atención por las manifestaciones de los testigos. Destaco, por su espectacularidad, el encuentro que tuvieron dos pescadores, en 1996, en la zona de Cueva Honda, cercana a la playa de Verodal, en El Hierro, con “humanoides” de alta estatura que levitaban sobre el suelo y que estuvieron a unos quince metros de distancia de los atemorizados testigos.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2006/12/canarias-misteriosa.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-8462785779927409619</guid><pubDate>Sat, 18 Nov 2006 23:24:00 +0000</pubDate><atom:updated>2006-11-18T18:26:11.945-05:00</atom:updated><title>El Espectro de la Puerta de Tierra</title><description>-Déme otro atolito, mamá Rita, pero bien caliente; ¿usted quiere otro compa?.&lt;br /&gt;-Si compadre; y póngale bastante canelita, mamita, que así me gusta más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este diálogo tenía lugar frente a la Puerta de Tierra, bajo el portal que existe en esa barriada. Mamá Rita era una viejecirta que, durante años, había vendido atole, tamales y demás antojitos a los parroquianos que frecuentaban el sitio, centro del movimiento comercial de la ciudad, que constituía una de las entradas y salidas hacia el interior. El portal estaba acondicionado como mesón rústico, y sus mesas casi siempre las ocupaban viajeros, negociantes y personas que disfrutaban contemplando la actividad que allí se desplegaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la hora en que conversaban los actores de esta historia, alrededor de la media noche, escasos clientes había en el mesón y ya no se veían transeúntes en la calle. El vigilante cabeceaba sentado sobre un madero adosado al portalón, y a la luz vacilante de los mecheros se adivinaba el perfil de la muralla. Los trasnochadores de marras, estimulados con el calor del atole e incitados por la soledad reinante, derivaron en su plática  al las consejas de ultratumba&lt;br /&gt;¿Ya estará por llegar el volán de Hampolol?&lt;br /&gt;-¿Por qué pregunta, compadre?&lt;br /&gt;-Le diré compa. Es que me acuerdo de que, cuando yo hacía viajes por esos pueblos, una vez me pasó algo que, nada más de pensarlo, me pone la carne de gallina&lt;br /&gt;-A ver, a ver, compadre, cuénteme, cuénteme.&lt;br /&gt;-Pues si, compa, de esto ya hace algunos años. Más o menos como ahora, venía yo de Bolonchenticul por el camino que usted seguramente conoce, con más piedras que el pellejo de un atacado de viruelas. Por suerte no era época de lluvias, porque de haber sido así no estaría yo contándoselo.&lt;br /&gt;--¡Siga, siga, compadre, que se pone interesante!&lt;br /&gt;-Pues, como le decía, venía por el bendito camino, cuando de repente veo adelante, como a unas cincuenta varas, una lucecita. Aunque yo no soy miedoso, como usted sabe, compa, me preparé por si se trataba de un salteador. Pero, mientras me acercaba, empecé a sentir que me temblaban las piernas. Yo no soy supersticioso, compa; pero como uno oye tantas cosas, pues pensé, a lo mejor es un espanto; porque dicen que así se tiembla cuando se aparece un alma. De todas maneras armándome de valor seguí por el mismo camino, pues no había otro, hasta que llegué a la lucecita. Y no lo va usted a creer, compa; había un hombre todo vestido de negro, acurrucado junto a la lucecita, al que yo no podía distinguir desde lejos; y, al querer bajarme para ver en que podía ayudarlo, él alzó la vista y.........&lt;br /&gt;-¿Qué pasa, compadre? ¿Se te olvidó el cuento?&lt;br /&gt;Antes de contestar, el compadre se tomó el resto de su atole ya frío, y dijo:&lt;br /&gt;-¡Otro atolito, mamá Rita, para que yo me calme!&lt;br /&gt;Pero la vendedora ya se había retirado a descansar de modo que el compadre tuvo que prescindir del paliativo del atole, y prosiguió:&lt;br /&gt;-¡Qué va compadre! ¡Si eso no se puede olvidar! ¡Y aquí viene lo mejor! Alzó la cabeza para mirarme, y haga usted de cuenta, compa, las brasas de un fogón, así eran sus ojos, que echaban chispas. Enseguida comprendí; ¡Era el demonio, compa! Los caballos se pusieron a relinchar y yo, muerto de susto, no me podía mover! Solamente pude decir: ¡Jesucristo! ¡Y vi cómo el Malo retrocedió tapándose la cara, como si alguien lo estuviese golpeando! Entonces, reaccionando, azucé a las bestias, que emprendieron una loca carrera. Pero felizmente, llegamos al próximo poblado sin novedad. Y ése es el cuento, compa; por eso preguntaba yo si habrá entrado el volán de Uayamón, no sea que al carretero le paso lo que a mí en Bolonchenticul.&lt;br /&gt;-Pues, mire, compadre, ahora yo le voy a contar lo que mi me sucedió. Y conste que es la primera vez que lo voy a decir.&lt;br /&gt;Entretanto, los conversadores se habían quedado solos en el mesón del portal, y en la calle desierta únicamente se veían las sombras de la muralla alargándose sobre el suelo al resplandor de los hachones colgados de la Puerta de Tierra.&lt;br /&gt;-Ahí le va el cuento, compadre. Como usted sabe, mi mamacita, que en paz repose, murió hace ya varios años. Y usted sabe también que Dios no nos mandó hijos; así que en la casa de usted no vivimos más que mi mujer y un servidor. Una noche, faltando poco para el cabo de año de la difunta, fui despertado por alguien que me llamaba. Sacudí a Eduviges, que estaba profundamente dormida, para preguntarle si ella me llamó; pero su respuesta, con perdón de la palabra, fue un insulto, que no quiero repetir, y siguió durmiendo. Cuando ya volvía yo a mi sueño, oí de nuevo que me llamaban. Me senté en la hamaca sorprendido, y miré hacia el rincón de donde salía la voz. ¡Y le juro por Dios, compadre, que allí estaba mi madre! Ya se imaginará usted que me quedé más mudo que una pared titiritando como un perro empapado. Se dirigió el fantasma a donde yo me encontraba, y me dijo: Hijo, siento asustarte, pero no te voy a causar daño, únicamente deseo que no olvides ofrecerme tres misas por mi cabo de año, aunque a tu mujer no le agrade. Y te prometo que ya no me volverás a ver. Y se esfumó. Al día siguiente puse a Eduviges al corriente de lo ocurrido, pero se rió y me dijo cuatro frescas. Y no se celebraron las misas que pidió mi mamacita.&lt;br /&gt;-¿Y que pasó después, compa?&lt;br /&gt;El compadre hablaba tenuemente, y de reojo observaba la calle quieta y obscura.&lt;br /&gt;-Pues esto fue lo que pasó. Que una noche Eduviges me despertó con gritos y, señalando al rincón, tartamudeaba: ¡Allí, allí! Y, efectivamente, era otra vez la difunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dominándome, le pregunté qué quería y ella me recordó que no me había ocupado de sus misas. Y regresó al otro mundo. Como pude, tranquilicé a Eduviges, que cayó presa de un acceso nervioso, y, luego de una semana de fiebre y convalecencia, fue ella quien me rogó que la llevara a la iglesia para solicitar las misas en sufragio del alma de mi mamacita. Y nunca más he vuelto a verla en el rincón de la casa.&lt;br /&gt;Por un instante los dos compadres callaron, pensativos. Y no era que temiesen a lo desconocido;  pero no intentaban levantarse de sus sillas. Con aprensión atisbaban hacia la calle que conducía a la Puerta de Mar, oscura como una boca de lobo. De pronto, los alertó un ruido que provenía del lado oriental de la calle de la muralla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pusieron atención y oyeron pasos: alguien se acercaba. Y no se equivocaban. Súbitamente surgió ante ellos una figura cadavérica que portaba un féretro sobre sus hombros. Sin percatarse de los trasnochadores, el macabro personaje desfiló frente a ellos, que no salían de su asombro. El enviado del inframundo se deslizó junto al guardia que dormía plácidamente y se perdió rumbo al castillo de San Juan.&lt;br /&gt;-¡Vámonos, compadre, antes de que regrese!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el compadre yacía en el suelo casi desmayado. El compa sacó arrastrado a su amigo de debajo de la mesa y, venciendo su terror, corrieron como venados perseguidos por un cazador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una media hora más tarde volvió a pasar por la Puerta de Tierra, ahora de occidente a oriente, el cadáver con su féretro a cuestas. Pero no era ningún fantasma. Simplemente se trataba de Chang, un chino carpintero que había llevado un ataúd de regalo a un compatriota suyo –porque, como sin duda estará informado el lector, los chinos tienen en gran estima un regalo de esa naturaleza-; pero, por supuesto, el conterráneo dormía a tales horas a pierna suelta, y por esa razón Chang se vio obligado a retornar a su carpintería con el fúnebre obsequio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero los compadres ya no visitaron más la Puerta de Tierra, porque no deseaban revivir la experiencia de encontrarse con el espectro que, según ellos, rondaba noche a noche por las calles de la muralla.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2006/11/el-espectro-de-la-puerta-de-tierra.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-4301969773348328047</guid><pubDate>Sun, 12 Nov 2006 21:49:00 +0000</pubDate><atom:updated>2006-11-12T16:52:37.548-05:00</atom:updated><title>La Mandioca</title><description>Ñasaindí debía tener quince años. Esbelta, graciosa y muy bonita, sus ojos negros y grandes miraban siempre con temor. Tenía los cabellos lacios adornados con flores de piquillín. Cubría su cuerpo con un tipoy tejido con fibras de caraguatá, ajustado en la cintura con una chumbé de algodón de vistosos colores.&lt;br /&gt; Sus pies descalzos parecían no tocar la tierra al caminar: tan suave y liviana era.&lt;br /&gt; Con el propósito de recoger tiernos cogollos de palmera, venía desde muy lejos, trayendo una cesta fabricada con tacuarembó.&lt;br /&gt;Muy dispuesta llegó al lugar donde crecían con profusión los pindós, confiada en que sola podría alcanzar los ansiados cogollos; pero al verlos tan altos comprendió que le iba a ser imposible realizar la tarea.&lt;br /&gt; Trató de llegar, subiendo por el tallo, pero se vio obligada a desistir.&lt;br /&gt;Un poco decepcionada, miró desde abajo el penacho verde de las palmeras tratando de hallar un medio que le permitiera conseguir los cogollos buscados.&lt;br /&gt;Ya desistía de su intento, cuando vio a un muchacho medio oculto por una cascada de isipós y de helechos. Sus manos recias empuñaban el arco y la flecha. Sus ojos miraban con atención hacia un lugar cercano.&lt;br /&gt;Dirigió Ñasaindí su vista hacia el mismo sitio y pudo divisar a la víctima a la que estaba destinada la flecha del desconocido: era un hermoso maracaná que, tranquilamente posado en la rama de un ñandubay, estaba completamente ajeno a su próximo fin.&lt;br /&gt;Sintió la niña una pena grande por el espléndido animal, cuyo intenso y brillante colorido era una nota de alegría y de luz entre los verdes del bosque, y sin darse cuenta dio un grito que desvió la atención del cazador hacia el lugar de donde él había partido. El maracaná, puesto sobre aviso, con vuelo un tanto pesado, se internó en la espesura.&lt;br /&gt;Salió el cazador de su escondite y ante la presencia de la niña quedó atónito, mirándola. Su belleza y su expresión lo hechizaron, haciéndole olvidar la pieza de caza que perdiera por su culpa.&lt;br /&gt; -¡Ma-era! -sólo atinó a decirle.&lt;br /&gt; Bajó la vista la muchacha, temerosa de merecer el reproche del cazador, cuando oyó que continuaba con su suave acento:&lt;br /&gt; -¿Quién eres, cuñataí?&lt;br /&gt; -Ñasaindí... -respondió apenas la niña.&lt;br /&gt; -¿De dónde vienes?&lt;br /&gt; -De la tribu del ruvichá Sagua-á...&lt;br /&gt; -¿A qué has venido a los dominios de mi padre, Ñasaindí?&lt;br /&gt;Miró la niña los penachos de las palmeras que la brisa convertía en grandes abanicos y el muchacho, adivinando la intención de la mirada, preguntó:&lt;br /&gt; -¿Querías alcanzar cogollos de palmera?&lt;br /&gt; -Neí... -respondió a media voz la niña.&lt;br /&gt; -Y... no alcanzas... -agregó intencionado el joven con expresión risueña.&lt;br /&gt; -Aní... ¿Tú me ayudarás? -preguntó esperanzada, levantando hacia él los ojos.&lt;br /&gt; -Nuné... -respondióle el muchacho divertido.&lt;br /&gt;Al tiempo que así decía, dejando en el suelo el arco y la flecha que aún conservaba en la mano, trepó al tallo de una de las palmeras y con movimientos rápidos de sus piernas ágiles acostumbradas a esos ejercicios, pronto llegó al lugar donde lños cogollos tiernos se ofrecían generosos y frescos. Desde arriba se los ajorraba a Ñasaindí que, plena de dicha, no dejaba de reír. En pocos minutos la cesta estuvo llena.&lt;br /&gt; El rostro de la joven reflejaba un gran placer. Gracias al servicial desconocido, su viaje no había sido infructuoso.&lt;br /&gt; Cuando el muchacho estuvo nuevamente a su lado, los ojos de Ñasaindí brillaban de alegría y de agradecimiento.&lt;br /&gt; -¿Jhoriva, yerutí? -preguntó satisfecho.&lt;br /&gt; -Neí... Pero yo no me llamo Yerutí... Mi nombre es Ñasaindí...&lt;br /&gt; -Ñasaindí te llamas, pero pareces una dulce yerutí, por eso te llamé por su nombre...&lt;br /&gt;Agradeció la niña con una sonrisa e intentó emprender el camino de regreso, pues la noche no tardaría en llegar. El sol comenzaba a hundirse en el ocaso.&lt;br /&gt; El muchacho detuvo su intención, preguntándole:&lt;br /&gt; -¿Tienes tanto apuro por irte? ¿Dónde queda tu roga, cuñataí?&lt;br /&gt; -Debo cruzar el río...&lt;br /&gt; -¿Sola?&lt;br /&gt;-Sola vine y sola debo volver. Hace tiempo, ya varias lunas, que los hijos de la mujer que me crió partieron hacia el norte con otros cuimba-é y tardan en volver. Ella me envió... Yo no tengo padres... Murieron en manos de los cambá, cuando yo era pequeña...&lt;br /&gt; -¿Y cómo cruzaste el río?&lt;br /&gt; -En una pequeña canoa que dejé amarrada en la orillla.&lt;br /&gt; -Pero tú eres muy joven para atreverte a andar sola por estos lugares...&lt;br /&gt; -Me mandaron y tuve que obedecer.&lt;br /&gt; -¿No eres miedosa, Ñasaindí?&lt;br /&gt;-¡Claro que lo soy! Muchas veces siento un miedo muy grande; pero debo cumplir lo que me ordenan. A nadie tengo que me pueda defender -agrgó la niña con su vocecita triste y los ojos brillantes de lágrimas.&lt;br /&gt;-Desde este momento, y si tú quieres, seré yo quien te sirva de amparo y de guía. ¿Aceptas, yerutí? -le ofreció el muchacho firme y decidido.&lt;br /&gt;-Ñasaindí lo miró. La alegría que le causó el ofrecimiento se transparentó en su dulce mirar y en su sonrisa agradecida, cuando respondió:&lt;br /&gt; -¡Oh, ya lo creo! ¡Muchas gracias!&lt;br /&gt; -¡Seremos amigos, Ñasaindí!&lt;br /&gt; -Bueno... pero no me has dicho tu nombre, ni quién eres... ¿cómo podría encontrarte?&lt;br /&gt; -¡Tienes razón! Soy Catupirí. Mi padre es el cacique Marangatú. ¿Sabes ahora a quién debes buscar? -terminó riendo.&lt;br /&gt; -Neí, Catupirí.&lt;br /&gt; Después Ñasaindí, con su cesta llena de cogollos de pindó, inició la marcha hacia la costa dispuesta a volver a su roga.&lt;br /&gt; La detuvo aún Catupirí. Tenía muy buen corazón y la niña le inspiraba una gran ternura.&lt;br /&gt;El bondadoso muchacho era el menor de los hijos del cacique Marangatú, poderoso y respetado en mucha distancia alrededor de sus posesiones. Desde pequeño, Catupirí había sido preparado en las artes de la guerra por un diestro guerrero de la tribu; pero su madre, que no lo descuidaba jamás, conservó su corazón tierno y su alma pura como cuando era pequeño y le pertenecía por entero. Su bondad era reflejo del tierno corazón de ella.&lt;br /&gt;En ese momento, Catupirí recordó a su madre. Recordó su gran bondad y el cariño que por él sentía y pensó llevar a Ñasaindí consigo, pues se había enamorado de ella y deseaba hacerla su esposa.&lt;br /&gt;Se detuvo un instante pensando en su padre. Él no vería con buenos ojos que su hijo llevara a la tribu a una extranjera, a una desconocida, y menos aún con la intención de casarse con ella.&lt;br /&gt;Pensó un instante, y decidió: la llevaría; pero al principio, por lo menos, la ocultaría a los ojos de su padre. Se la confiaría a su madre.&lt;br /&gt;Estaba seguro de que ella sabría comprender y sin duda llegaría a sentir gran cariño por la joven desamparada, al verla tan buena, tan inocente y tan hermosa... Sin pensarlo más se lo propuso:&lt;br /&gt;-¿Quieres venir a nuestra tribu, Ñasaindí? Mi madre te recibirá como a una hija y te brindará el cariño que hasta ahora te ha faltado. ¿Aceptas, yerutí?&lt;br /&gt; Llenos de agradecidas lágrimas los ojos, Ñasaindí preguntó con palabras entrecortadas por la emoción:&lt;br /&gt; -¡Oh, Catupirí! ¿Es verdad lo que me propones? ¿Tu madre me querrá?&lt;br /&gt;-Sin duda... ¡Puedo asegurártelo! Hay tanta bondad en tu mirar dulce y tanta ternura en tu voz suave, que mi madre se sentirá atraída por ti y serás para ella la hija que no tiene. ¡Ven, vamos!&lt;br /&gt;Tomaron los dos jóvenes el camino que conducía a la toldería y riendo y conversando, llegaron al lugar donde se levantaban los toldos de los súbditos del gran Marangatú.&lt;br /&gt;Atardecía. El cielo, con los más bellos rojos y dorados, parecía sumergirse en las tranquilas aguas del río. Los pájaros retornaban a sus nidos y la flor del irupé cerraba sus pétalos ocultando sus galas hasta que, al día siguiente, el sol, al alcanzarla con uno de sus rayos, volviera a despertarla. La paz y la tranquilidad reinaban sobre la tierra.&lt;br /&gt; Catupirí, ocultando a su compañera, fue hasta su toldo donde la dejó para ir a dar la noticia a su madre.&lt;br /&gt; Nadie los había visto llegar, de modo que le sería muy fácil ocultarla hasta que pudiera convencer a su padre.&lt;br /&gt;Pero Catupirí se equivocaba. Unos ojos que brillaban con maldad lo observaban desde muy cerca. Era Cava-Pitá, la hechicera, que, oculta detrás de un corpulento zuiñandí, no había perdido detalle de la llegada de los jóvenes.&lt;br /&gt;Sonrió con malicia la mujer, y guiada por su espíritu mezquino, se propuso dar cuenta de lo ocurrido al cacique. No podría hacerlo tan pronto como deseaba, pues el cacique había salido con sus guerreros y no volvería hasta la mañana siguiente; pero entonces, ella lo esperaría con una noticia muy especial. ¡Y ya vería la extranjera que su vocecita dulce y sus expresiones inocentes no serían suficientes para engañar al cacique como lo había hecho con el hijo!&lt;br /&gt; ¿Por qué pensaba tan mal la hechicera de una persona a quien no conocía?&lt;br /&gt; Es que Cava-Pitá era perversa y envidiosa y no toleraba que se diera preferencia a nadie más que a ella.&lt;br /&gt;Al día siguiente, muy de mañana, llegaron el cacique y sus acompañantes; toda la tribu los recibió con júbilo. Habían logrado importantes piezas de caza y traían también un hermoso guasú vivo.&lt;br /&gt;Con paciencia esperó Cava-Pitá que el cacique quedara solo, y en el momento oportuno se acercó a él, para referirle, a su manera, la llegada de Ñasaindí a la tribu. No conforme con esto, y gracias a la confianza que en ella tenía Marangatú, le fue muy fácil convencerlo de que la extranjera era una enviada de Añá, quién se valía de la joven para provocar la desgracia de la tribu.&lt;br /&gt;La sorpresa del cacique pronto se transformó en profunda indignación. Él no podía tolerar la intromisión de una desconocida en sus dominios y mucho menos sabiendo, gracias a los buenos oficios de la hechicera, que se trataba de una enviada del demonio.&lt;br /&gt; Poseído por una intensa cólera, Marangatú hizo llamar a su hijo a fin de recriminarle su indigno proceder y su desobediencia.&lt;br /&gt; Cuando Catupirí estuvo frente a él, lo increpó duramente:&lt;br /&gt; -¿Puede saberse por qué has traído a la tribu a una extranjera que nadie conoce y que tú encontraste por caualidad?&lt;br /&gt; -Ya pensaba explicártelo, padre... -respondió sorprendido Catupirí. Y agregó desconcertado:&lt;br /&gt; -¿Cómo has llegado a saberlo?&lt;br /&gt; -Eso nada importa. Sólo puedo decirte que todavía hay quien respeta mis deseos y obedece mis órdenes.&lt;br /&gt;-Yo soy el primero en hacerlo, padre mío, y pruebas te he dado en mil oportunidades; pero en este caso, deseaba hablar contigo primero, para explicarte lo sucedido. Sin embargo, hubo alguien, no sé con qué intención, que se me adelantó...&lt;br /&gt; -¿Dónde está la intrusa? -preguntó el padre, violento.&lt;br /&gt; -Está en mi toldo, padre, esperando que la traiga a tu presencia.&lt;br /&gt; -Pues ya puedes ir a buscarla. Si con malas artes se introdujo en mi tribu, bien pronto haré que la abandone.&lt;br /&gt;Catupirí quedó confundido. Su padre creía que, valiéndose de quién sabe qué poderes maléficos, Ñasaindí lo había obligado a traerla consigo; pero él sabía que no era así. Su padre, al verla, podría convencerse de que estaba equivocado.&lt;br /&gt; Corrió en busca de la hermosa doncella y pronto estuvieron ambos frente al temible Marangatú.&lt;br /&gt;Quedó el cacique maravillado al ver a la joven. Su hermoso rostro y la dulzura de su mirar lo conquistaron de inmediato. Debía haber una equivocación. Era imposible que una niña tan inocente, tan dulce y tan tímida, tuviera las malvadas intenciones que le atribuía Cava-Pitá.&lt;br /&gt;Conversó el ruvichá con Ñasaindí. Le contó la muchacha su niñez triste y sin afectos y su alegría al encontrar en el buen Catupirí que deseaba hacerla su esposa, el cariño y el apoyo que le faltaron siempre.&lt;br /&gt;Comprendió el gran Marangatú el noble sentimiento que acercaba a los jóvenes y dio su consentimiento para que unieran sus destinos como era el deseo y la voluntad de ambos.&lt;br /&gt; Y Ñasaindí fue la esposa de Catupirí, el muchacho de corazón generoso y noble que la encontró un día en el bosque...&lt;br /&gt;La maldad y la envidia de Cava-Pitá se acrecentaron al comprobar que su intervención había sido inútil y que, en cambio, los dos jóvenes habían llegado a realizar su deseo...&lt;br /&gt;A pesar de todo, no se desanimó la hechicera, proponiéndose por cualquier medio, conseguir que la extranjera fuera arrojada de la tribu. ¡Ya llegaría el momento en que se cumpliera su venganza! ¡Ella sabría esperar!&lt;br /&gt;Pasó el tiempo. La felicidad de Ñasaindí y de Catupirí era cada día mayor. Ningún mal había alcanzado a la tribu y todos habían olvidado por completo los vaticinios de la malvada Cava-Pitá.&lt;br /&gt;Un niño, hijo de ambos jóvenes, llegó para hacer más grande y efectiva la diche de que gozaban. El pequeño Chirirí era dulce y bueno como su padre y tenaz como su padre.&lt;br /&gt;Cuando tuvo edad de tener amigos, todos los niños de la tribu lo fueron de él y diariamente se los veía jugando en el bosque o en la costa del río, donde sentían gran placer en reunirse.&lt;br /&gt;El cacique, orgulloso de su nieto, le había regalado un arco y una flecha hechos expresamente para él, y entre los momentos más felices de su vida se contaban aquellos en que salía con el niño a ejercitarlo en el manejo de dichas armas.&lt;br /&gt;Todos vivían contentos en la tribu. Ya nadie consideraba a Ñasaindí como una extranjera a la que se debía despreciar, sino que, por el contrario, la joven, gracias a su bondad, se había granjeado la simpatía y el afecto de todos.&lt;br /&gt;La única que conservaba el odio que por ella había sentido desde un principio era Cava-Pitá, para quien la idea de venganza se afianzaba a medida que pasaba el tiempo, y que no abandonaría hasta ver a Ñasaindí arrojada de la aldea como se lo propusiera desde un principio.&lt;br /&gt;Tenía que convencer a la tribu de que la esposa de Catupirí bajo ese aspecto dulce y tierno encubría a una malvada enviada de Añá para hacer mal a la tribu y que sólo esperaba el momento oportuno para cumplir los mandatos del demonio.&lt;br /&gt; Para convencerlos, decidió ensayar una nueva acusación.&lt;br /&gt;Usando de sus sentimientos mezquinos y perversos divulgó la noticia de que el pequeño Chirirí se hallaba poseído por un mal espíritu, por el cual todos los niños que lo acompañaban en sus juegos estaban condenados a morir infaliblemente después de un corto tiempo.&lt;br /&gt;La noticia corrió por la tribu con la velocidad del rayo y todas las madres, temerosas del trágico fin que podrían tener sus hijos, los retuvieron con ellas prohibiéndoles que se acercaran al pequeño Chirirí.&lt;br /&gt;Sin embargo, esto no fue suficiente para la hechicera, ya que ella había querido levantar a toda la tribu contra la inocente Ñasaindí. En esa forma, considerándola culpable, la hubieran arrojado de la aldea indígena por temor al maleficio de que estaba poseída lo mismo que su hijo.&lt;br /&gt;Como no consiguiera su propósito, decidió poner en práctica un plan diabólico con el que, estaba segura, se cumpliría con creces su venganza.&lt;br /&gt; Preparó un brebaje dulce, exquisito, al que agregó una pequeña poción de activísimo veneno.&lt;br /&gt; Con zalamerías llamaba a los pequeños amigos de Chirirí y les daba a tomar el jarabe mortífero que ellos bebían golosos.&lt;br /&gt;Poco les duraba el placer, porque poco tiempo más tarde morían entre las más espantosas contorsiones, envenenados por la infame hechicera.&lt;br /&gt;Ignorantes las madres de la existencia del famoso jarabe, aceptaron como explicación de la muerte de sus hijos el maleficio del que suponían estaban poseídos el pequeño Chirirí y su madre, tal como lo predijera en tantas oportunidades la famosa Cava-Pitá.&lt;br /&gt;Ya no les cupo la menor duda: la extranjera era una enviada de Añá, llegada a la comarca para causar la desgracia de la tribu de Marangatú.&lt;br /&gt;Esta vez nadie dudó. Todos estuvieron en contra de Ñasaindí y de Catupirí, de quienes decidieron vengarse dando muerte a su hijito.&lt;br /&gt;La hechicera no cabía en sí de gozo. Había pasado un tiempo muy largo antes de lograr su propósito, pero por fin consiguió que la tribu entera odiara a la intrusa.&lt;br /&gt;Alentada por el triunfo fue levantando los ánimos de toldo en toldo, incitando a unos y a otros a dar muerte al pequeño Chirirí, único medio para librarse de los designios de Añá.&lt;br /&gt;En un grupo encabezado por la perversa Cava-Pitá, blandiendo palos y lanzas, hombres y mujeres se dirigieron al toldo de Catupirí.&lt;br /&gt;Llegaron, y tomando por la fuerza a los padres de la criatura, los llevaron al bosque donde los amarraron con fibras de caraguatá al tronco de un ñandubay para que fueran testigos impotentes de la muerte de su hijo.&lt;br /&gt;La dulce Ñasaindí dejaba oír desgarradores sollozos, gritando su inocencia y pidiendo piedad para su pequeño Chirirí, mientras el valiente Catupirí hacía desesperados esfuerzos por librarse de las ligaduras. Pero era en vano. Buen cuidado habían tenido sus verdugos.&lt;br /&gt;Mientras tanto, Cava-Pitá, la cruel y desalmada hechicera, saboreando el triunfo logrado después de tanto esperar, decidió ser ella misma quien diera muerte al pequeño, que, atado de pies y manos, yacía en el suelo, llorando y esforzándose por dejar sus manecitas en libertad.&lt;br /&gt;Preparó el arco y la flecha envenenada, y cuando se disponía a arrojarla al niño, que lloraba ante sus padres desesperados, un ruido espantoso atronó el bosque y una lengua de fuego bajó desde el cielo, que se había oscurecido de pronto, y dejó fulminada a la perversa hechicera, que rodó por el suelo dando un grito de espanto.&lt;br /&gt;Los que presenciaban la escena vieron en esto un castigo de sus dioses justicieros a la maldad y a la envidia y, convencidos de su error, desataron a los padres de la criatura que aún se hallaba en el suelo, a poca distancia de ellos.&lt;br /&gt;Ñasaindí corrió a levantar a su hijito, que medio desvanecido por el terror casi no podía moverse. Lo desató y lo abrazó estrechándolo contra su corazón, mientras las lágrimas corrían por sus pálidas mejillas.&lt;br /&gt;Con las cabezas gachas, avergonzados, con el paso vacilante, los que creyeron las calumnias de la perversa hechicera decidieron retornar a sus toldos, no sin antes dirigir una mirada triste al sitio donde el pequeño Chirirí estuviera momentos antes echadito en el suelo esperando la muerte de manos de la falsa y alevosa Cava-Pitá.&lt;br /&gt;La sorpresa de todos fue muy grande cuando observaron que crecía en ese mismo lugar una planta nueva, desconocida hasta entonces.&lt;br /&gt;La llamaron mandi-ó y en ella vieron la justicia de sus dioses buenos que sabían recompensar el bien y castigaban hasta con la muerte a los que procedían mal.&lt;br /&gt;La mandi-ó, regalo de Tupá a los hombres para que les sirva de alimento, posee el dulce corazón de Ñasaindí y de Chirirí, y da, al que la come, fortaleza y energía, como era fuerte y enérgico el valiente y esforzado Catupirí.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2006/11/la-mandioca.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-5070780169832840661</guid><pubDate>Thu, 12 Oct 2006 02:34:00 +0000</pubDate><atom:updated>2006-10-11T21:35:18.916-05:00</atom:updated><title>El Puente de los Perros</title><description>No viene al caso señalar los defectos de los campechanos, que son muchos, como corresponde a toda comunidad tropical heredera de una tradición que le permite vivir a costa del recuerdo; pero tampoco está de más mencionar que los alegres descendientes de una pintoresca mezcla de indígenas, comerciantes y piratas cultivan algunas virtudes singulares que, en el plano político, les han proporcionado siempre una estabilidad envidiable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Efectivamente, lo que en otros lugares se resuelve por medio de conflictos sangrientos, porque nadie está dispuesto a que su gremio sea humillado –y de las discusiones se pasa a las trompadas y a los garrotazos-, en Campeche se trueca en un mimetismo que ya quisiera para su coleto el más consumado camaleón. Y es así como, en tiempo de colonias, los porteños eran peninsularistas, y hasta los caballos pertenecían al partido español; en la época de la efervescencia insurgente, eran casi rebeldes; bajo la República, republicanos; durante el efímero imperio de Iturbide, monárquicos; y, cuando se enteraron de que la estrella del futuro Su Alteza Serenísima empezaba a fulgurar, se declararon satanistas. Esto último no obsta para que, en 1830, y para evitar fricciones innecesarias y tópicos mal entendidos, los campechanos fuesen paulistas; por aquello de que el comandante militar de la plaza, cuñado del esforzado caudillo veracruzano, se llamaba Francisco de Paula Toro, y porque sonaba más eufónico ese término que el de toristas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Pancho, en su calidad de jefe castrense de Campeche, no se sabe si poseía atribuciones administrativas propias del poder civil o se las tomaba por su cuenta; pero el hecho es que compartía la autoridad con el gobernador Don José Segundo Carvajal quien, nada celoso de los militares, prefería dejar a Don Francisco actuar, toda vez que el coronel se distinguía por su espíritu de progreso. Pues bien, quizá procurando la ventura de los campechanos, o por dar satisfacción a los deseos de su mujer, la virtuosa Doña Mercedes López de Santa Anna de Paula Toro, que gustaba de los paseos dominicales en el campo, héte que el comandante dispuso un día construir un puente sobre el canal de desagüe del suburbio de Santa Ana, vecindad a la que Doña Mechita le tenía particular afecto nacido probablemente de la homonimia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recibió el encargo de realizar la obra el afamado alarife Don José de la Luz Solís, que fue también al arquitecto de la Alameda; y en pocos meses, gracias al empeño y la diligencia del experto maestro, el puente quedó casi listo. Como se anotó Doña Mercedes era aficionada a pasear por la campiña; y en cierto ocasión llegó, en compañía de su marido, a inspeccionar los trabajos del puente. La señora se mostró entusiasmada con la mejora material, y creyó prudente comentar que, además de que sería de indudable beneficio para los habitantes del barrio, a ella le serviría de viaducto para disfrutar de un acogedor rincón de descanso en medio del monte. Examinando lo contraído, atrajeron su atención los cuatro extremos en que el puente remataba, por lo que preguntó al alarife: -¿Quiere usted decirme, Don Pepe, para qué son los remates del puente?&lt;br /&gt;-Tengo instrucciones de mi coronel aquí presente –contestó el aludido-, de colocar sobre los remates cuatro hermosos pebeteros, que han pedido a México y se encuentran ya en camino, y que simbolizarán respectivamente el fuego inextinguible de la ciencia, del arte, del pensamiento y del amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de oír tales palabras, la señora de Torno no preguntó más, pero guardó un silencio reflexivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transcurridos algunos días doña Mercedes, acompañada de un aya, se apeó de su carruaje frente al puente en ejecución, y tras ella bajo un mocetón que a duras penas sostenía una traílla a la que estaban sujetos dos magníficos e imponentes mastines.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dirigiéndose a Don José de la Luz, la primera dama interrogó: -¿Qué le parecería las estatuas de Aníbal y Alejandro para rematar el puente?&lt;br /&gt;A lo que respondió Don José: -Señora, creo que serían unos remates admirables; y, por otra parte, estarían acordes con la profesión de mi coronel, ya que tan augustos personajes fueron grandes guerreros.&lt;br /&gt;Dijo Doña Mechita: -No me he explicado claramente, Don Pepe; yo no estoy hablando de esos conquistadores franceses (Doña Mechita no era muy versada en historia universal) sino de perros, los que ve usted aquí; ¿no cree que quedarían soberbios como remates del puente?.&lt;br /&gt;Aunque cortesano, el señor Solís, que comprendió la intención de la de Toro, se atrevió a replicar: -¡Pero, Doña Merceditas! ¡No pretenderá usted que se modifique el proyecto de mi coronel! ¡El ha dicho que los pebeteros adornarán el puente, y que serán el símbolo de la constante aspiración de los campechanos, no importa que sean de este barrio, hacia lo alto! ¡Además, los pebeteros llegarán en el próximo barco!&lt;br /&gt;-Mire usted, Don Pepe –repuso Doña Mercedes-,  yo respeto mucho a mi esposo y sus ideas, pero también adoro a mis perros; y se me ha ocurrido que especímenes de raza tan pura y majestuosa como Aníbal y Alejandro deben pasar a la posteridad, y nada mejor para ello que aprovechar los remates del puente.&lt;br /&gt;Y agregó: -Le ruego, y conste que no acostumbro hacerlo, que en lugar del proyecto original, usted que es un escultor consagrado, se ocupe de modelar cuatro figuras de mis mastines en actitud de ladrar, para que, ya puestos en su sitio, ejerzan la vigilancia permanente de la ciudad. Estoy segura de que de sus hábiles manos saldrán los perros más bellos que jamás ha esculpido ningún artista!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Halagado por haber sido ascendido de albañil a escultor, Don José de la Luz ya no respingó, y prometió a Doña Mercedes que atendería su súplica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gananda la escaramuza por el lado del obrero, la dama se encaminó a ver a sí consorte; y ya de frente a él le dijo estas palabras, después de haber preparado con un cariñoso beso: -Panchito, hoy recibí carta de mi hermano Toño, y me ha recomendado que yo te salude con un fuerte abrazo. De esas cosas de política que no entiendo, dice que pronto substituirá al general Bustamante (éste era, en 1830, el Presidente de la República), y que yo te lo informe. Y también preguntó por Aníbal y Alejandro, los que, recordarás, él me obsequió; y me dice que le agradaría especialmente que se pusieran esfinges de los mastines en el puente en construcción.&lt;br /&gt;Don Francisco: -¡Mechota, querida mía, no faltaba más! No era necesario que le hablaras a Antonio del puente; basta que tu voluntad sea que las estatuas de tus perros se coloquen allí para que se cumpla tu deseo; y así se hará. Pensándolo bien, serán más artísticos los canes como remates del puente que los pebeteros. ¡Ah! Y cuando le escribas a tu hermano, dile que no se olvide de nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa forma, Aníbal y Alejandro, reproducidas por partida doble, quedaron perpetuados en piedra en el puente del cuento; aunque no salieron imponentes de la mano del escultor; ni su actitud se antoja de ladrido vigilante sino de lúgubre lamento causado por la visión de un alma en pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El puente fue inaugurado con el nombre de Puente de la Merced, según una placa conmemorativa en la que se lee la siguiente inscripción: “Año de MDCCCXXX. Se construyó este puente con el título de la Merced de Santa Ana, bajo la dirección del Alarife D. José de la Luz Solís”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gobernador Carvajal mandó poner otra placa en el ya desde entonces llamado Puente de los Perros, con la siguiente leyenda: “MDCCCXXX. Se hizo por disposición del Señor coronel C. Francisco Toro, habiendo contribuido en unión de todo el partido, esta benemérita guarnición gratuitamente a su construcción y la de la alameda. A pueblos tan virtuosos militares tan recomendable, José Segundo Carvajal reconocido, dedica este documento.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2006/10/el-puente-de-los-perros.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-2519191262782434523</guid><pubDate>Sun, 08 Oct 2006 01:25:00 +0000</pubDate><atom:updated>2006-10-07T20:28:58.811-05:00</atom:updated><title>El mono de la quebrada blanca</title><description>Cerca de san Juan de Colon, en un lugar llamado Peronilo había una hacienda semejante a un paraíso. Árboles frutales rodeaban la casa y más allá cafetales, palmas, palmas variadas y por entre peñas se deslizaban susurrante la Quebrada Blanca, de aguas frescas y limpias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- La señora Teresa envió a su hija Gladys con la muchacha del servicio a recoger unas chamizas secas entre los cafetales. Las dos niñas se entretuvieron cogiendo palitos secos mientras hablaban. Distraídas no se dieron cuenta que se habían alejado de la casa. Se disponían a tomar agua en la quebrada cuando vieron asustadas que detrás de unas rocas un mono corpulento y peludo les hacia señas con las manos de que se acercaran. Su cabeza casi humana, de cabellos largos y enmarañados le tapaban los ojos y la cara. Con gestos la llamaba insistentemente y lanzaba unos sonidos guturales que querían ser expresivos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Uuuuuuuhh... Uuuuuuhh.... Uuuuuuhh...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Las dos niñas salieron corriendo y llegaron a la casa azoradas. Una vez que se hubieron tranquilizado le contaron a doña Teresa que habían visto un mono grande peludo detrás de las rocas. Doña Teresa no hizo ningún comentario, esperaría a la noche cuando estuvieran todos reunidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- después de la cena, cuando la familia, los peones y los criados de la hacienda se reunieron en el pórtico de la casa, doña Teresa comento:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Esta mañana cuando las niñas Gladys y Rosalba buscaban chamizas, se llegaron hasta las rocas de la Quebrada Blanca. Detrás de una piedra vieron la cabeza de cabellos largos y revueltos como una tela de arañas que le cubría los ojos. Era alto. Sus ojos apenas se veían pero sus ademanes y gritos guturales eran semejantes a los humanos. Y continuo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Desde hace muchos años se comenta en esta zona la historia de Mariela. Era una muchacha joven y sencilla, bella y lozana como las flores de nuestras montañas. Sus dieciocho años lucían en todo su esplendor. Un día fue a lavar la ropa a la quebrada y desapareció misteriosamente. Sus hermanos encontraron la ropa lavada en una piedra de la orilla, pero de Mariela no pudieron saber nada. Desapareció sin saber como y nadie pudo averiguar su paradero. La buscaron por todas partes, la llamaron, pero todo fue en vano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Mariela había terminado de lavar la ropa y se dio cuenta que la observaban, levanto la cabeza y vio un mono corpulento y peludo que la alzaba y se la llevaba montaña arriba. Fue tal su estupor que no tuvo fuerzas para gritar ni para desprenderse de los poderosos brazos que la raptaban. Corrían entre los palmares montaña arriba y no se detuvo hasta llegar a una cueva que tapaba su abertura con una enorme piedra y gran variedad de palmeras. Desde lejos nadie podía imaginar que allá arriba hubiera un espacioso y caldeado recinto. Las paredes eran roca caliza y a un lado había una hendidura por donde penetraba la luz y el aire. En un rincón había un montón de hojas y ramas secas, semejantes a un mullido colchón. Al otro lado frutas frescas: dátiles, cambures, mamones, aguacates y mangos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Mariela se dio cuenta de la situación. Esa seria su casa y no sabia por cuanto tiempo, seria difícil escapar de las redes del simio. Este le decía por señas que comiera fruta. Le trajo un racimo de mamones y la empujo suavemente hasta el montón de hojas y la sentó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Paso mas de un año, la familia de Mariela la daba por muerta. No se imaginaban que ella estaba a pocos kilómetros de su casa, secuestrada por un mono que la mimaba y vigilaba con celo. Todos los días le traían frutas frescas y de vez en cuando prendas de ropa que cogía sin ser visto, de los tendederos en las haciendas cercanas. Ella había intentado escaparse, pero sin resultados. El mono vigilaba todos sus movimientos y cuando salía de la cueva volvía encendida. No había caminos ni senderos y todo a su alrededor parecía igual. Cerca había un manantial que iba a la quebrada. Allí iba a bañarse Mariela y a tomar agua. Cogía hojas anchas y escribía con un palito:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- &quot;Soy Mariela, estoy secuestrada por un mono grande en una cueva del cerro Los Palmares. Por favor, vengan a buscarme&quot;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Este mensaje lo escribía todos los días con la esperanza de que alguien lo leyera. Así pasaron los meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Sintió que su cuerpo iba perdiendo la forma y algunas veces sentía mareos. Al cabo de unos meses dio a luz dos monitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Un grupo de muchachos pescaba en un pozo del río. Uno de ellos tomo una hoja amarilla con una escritura borrosa y descifrando el mensaje pudo leer:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- &quot;Soy Mariela, estoy secuestrada por un mono grande en una cueva del cerro Los Palmares. Por favor, vengan a buscarme&quot;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;..- Paso la hoja a su amigo y siguieron pescando. Se olvidaron del asunto. Días después el mismo grupo de amigos se bañaba en el río. Uno de los jóvenes encontró otra hoja verde con el mismo mensaje. Cuando se la iba a mostrar a sus amigos estos le enseñaron otras con la misma leyenda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Notificaron a las autoridades y organizaron una expedición río arriba. Al llegar a la Quebrada Blanca estuvieron indecisos si seguir curso del río o el de la Quebrada. Conversando un rato y luego pensaron que la Quebrada venia de un cerro Los Palmares. Acamparon a la orilla y al amanecer continuaron la marcha en ascenso. La vegetación tupida por multitud de variedades de palmas, desde la enana hasta la corpulenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Cerca de la naciente encontraron a Marisela lavándose. Su cuerpo delgado y frágil no lucia la frescura de tiempos atrás. Su cabello greñudo y su tez pálida dejaba traslucir su mala alimentación. Los miro asustada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Ellos preguntaron:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- ¿ Eres Marisela?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Si, - dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿ Cuanto tiempo llevas aquí?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- No lo sé, mucho tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- ¿ Y el mono?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Debe estar por ahí cerca, sale siempre a las montañas a buscar frutos para nuestra alimentación. Si los ve se pondrá furioso, tengan cuidado, es corpulento y fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- ¿ Donde has vivido durante este tiempo?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Allá arriba. Detrás de aquella piedra hay una cueva, allí hay un espacio seco y tibio; de día y de noche tiene una temperatura agradable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Venimos a buscarte ¿ Vienes con nosotros?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Sí&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- ¿ Vamos?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- ¡ Vamos. ! Y levanto la cabeza en dirección a la gran piedra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- En esos momentos llegaba un gran primate. Al verlos comenzó a gritas desaforadamente a la vez hacia gestos. La cabellera enmarañada le caía sobre la cara y un tupido pelo le cubría todo el cuerpo. Cuando se dio cuenta de que se llevaban a Mariela fue a la cueva y saco a los dos monitos. Los levantaba y emitía sonidos guturales, así llamaba la atención de Mariela para despertar sus sentimientos maternales. Como ella y los jóvenes prosiguieron la marcha cogió a sus hijos y con las uñas los desgarro, luego ensangrentado, los mostraba a la muchacha. Mariela horrorizada seguía caminando casi sin fuerzas. El mono seguía gritando y desgarrando a sus hijos que luego levantaba. Ellos siguieron su camino. Mariela se desmayo y se la llevaron alzada hasta el pueblo. Con la mala alimentación y el sufrimiento había perdido sus fuerzas. No le quedaba nada de la frescura y lozanía de tiempos atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Cuando doña Teresa termina el relato todos quedaron mudos. Sabían que por aquellos contornos desde hacia muchos años merodeaba un mono de gran tamaño. Historias como esta se las había escuchado a sus padres y a sus abuelos.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2006/10/el-mono-de-la-quebrada-blanca.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-9012562174656460371</guid><pubDate>Wed, 04 Oct 2006 23:06:00 +0000</pubDate><atom:updated>2006-10-04T18:12:04.743-05:00</atom:updated><title>Dos Cosas</title><description>1. Muchos visitan este blog pero nadie comenta.. Que les parece si comentan un poco y discuten acerca de las leyendas que aqui se ponen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. Si alguien esta interesado en escribir Leyendas o simplente le gusta este blog y le gustaria ser parte de el poniendo leyendas que ya exsiten, solo tienen que escribir a &lt;span style=&quot;font-weight: bold;&quot;&gt;rufoblog@gmail.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Gracias y sigan visitando Leyendas y Mitos, estamos recibiendo mas de 200 visitas diarias, si quieren intercambiar enlaces no me opongo, solo pidanlo. Tambien visiten mis otros blogs &lt;a style=&quot;font-weight: bold;&quot; href=&quot;http://fotosdelosmejorescarros.blogspot.com/&quot;&gt;Fotos de los Mejores Carros&lt;/a&gt; y &lt;a style=&quot;font-weight: bold;&quot; href=&quot;http://tecnologianoticias.blogspot.com/&quot;&gt;Noticias de Tecnología&lt;/a&gt; que estan muy buenos.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2006/10/sugerencia.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-7643022225736708460</guid><pubDate>Tue, 03 Oct 2006 21:10:00 +0000</pubDate><atom:updated>2006-10-03T16:12:21.642-05:00</atom:updated><title>La Leyenda del Jinete sin Cabeza</title><description>La leyenda del jinete sin cabeza tiene un punto de partida portentoso, de tintes draculianos. Está ambientada en 1799, y si bien arranca en Nueva York, los vientos, las brumas y los cielos ominosos de Sleepy Hollow, a muchas millas de la Gran Manzana, ganan prontamente el centro de la escena. El detective Ichabod Crane (Johnny Depp) se interna en esa oscuridad –tan semejante a la de Transilvania– tras los pasos de un asesino serial que tiene en vilo a los lugareños. El patrón de la masacre es espeluznante: todos los cadáveres están descabezados. Los locales están convencidos de que un jinete legendario, que murió decapitado, es el autor de los crímenes. Lejos de amenguar con la llegada del policía, el raid sangriento se incrementa. Y el jinete sin cabeza empieza a ostentar su temeraria efigie por las cercanías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien dijo que el que escribe un gran poema es un gran poeta, y ha de ser así. Tim Burton es un gran director. Ahí está Ed Wood y, por si fuera poco, Marcianos al ataque. Pero también es un director muy desparejo. Acá tropieza con toda clase de problemas, la mayor parte de los cuales podrían considerarse &quot;típicamente hollywoodianos&quot;. El primero, el más constante, es que el perfil de Ichabod Crane no comulga ni de carambola con el tono de la trama. Esta es mayormente grave, a la altura de las horrendas muertes referidas con antelación. La actuación de Depp, en cambio, parece concebida para otro film, seguramente una comedia, y es de una ligereza tal que resulta imposible tomárselo en serio. Por supuesto que no es casualidad. Burton lo quiso así, acaso para contrapesar los tramos más truculentos. Pero la cosa no funciona. Y no sólo porque Depp hace al único gracioso, y por lo tanto desentona, sino porque todos o casi todos los chistes que lo rozan hacen vibrar la misma cuerda: su fragilidad. Verlo asustadizo como un pollo puede ser cómico la primera vez, jamás la décima. Y esto sepulta de antemano la posibilidad de acompañarlo después, mucho después, cuando la mano de Burton lo coloque nuevamente en el lugar que ocupaba al comienzo: el de un hombre cabal decidido a cumplir con su tarea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto que el humor puede ser incluido, y bienvenido, en una historia de terror (¡vean La momia si no!). Este mismo film ofrece un buen ejemplo: el detective Crane se considera un &quot;hombre de ciencia&quot; –adhiere al racionalismo por momentos con impertinencia– y recurre a los más absurdos adminículos para llevar a cabo sus diligencias forenses. Pero una cosa es ver a un detective examinando un cadáver con un monóculo payasesco, y otra verlo como un payaso a él. Este Ichabod Crane es el peor que podía tocarle a La leyenda del jinete sin cabeza; degrada su condición terrorífica sin elevarla como comedia. Algo parecido sucede con los rasgos más concretos de este &quot;horror&quot;: ruedan tantas cabezas que, al rato de andar, producen el efecto del pastor que gritaba falsamente la presencia del lobo. Nadie se la cree.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay muchos otros ingredientes en Sleepy Hollow (tal su nombre original) y ninguno, hecha excepción de la escenografía, los efectos especiales y la fotografía (¡esto hay que decirlo!), da en el blanco. Ahí está Christina Ricci, ese &quot;símbolo del tercer milenio&quot;... haciendo la doncella dieciochesca. ¡Qué afectada! Si hasta parece una colegiala recitando de memoria a Shakespeare para una fecha patria. Y no le han dado un papel menor sino el de Katrina Van Tassel, hija del hombre más acaudalado de la zona y festejante, o algo así, del detective neoyorquino. Algunos críticos quisieron ver en el contrapunto entre el &quot;cientificismo&quot; del protagonista y el &quot;espiritismo&quot; que ronda al jinete y su leyenda un hallazgo sublime, pero mejor sería llamar a las cosas por su nombre. El contrapunto es de lo más raquítico: de un lado el payasesco apego por la ciencia del personaje de Depp; del otro, una saga criminal-fantástica recostada largamente en los efectos especiales y absolutamente hermética. Es decir, insustancial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto nos lleva al desafío fundamental que enfrentaron Burton y su guionista al acometer la novela de Washington Irving. A diferencia del conde Drácula (entre otros), el jinete sin cabeza está floja o nulamente inserto en la memoria colectiva. Además de nutrirse del mito del decapitado-decapitador, el film, de alguna manera, tenía que fundarlo. Y esto es difícil, claro. Pero no imposible. Pienso en la estupenda Vampiros, de John Carpenter, que tenía a un mito poderoso, y muy famoso, en el que recostarse. A diferencia de La leyenda del jinete sin cabeza, Vampiros podría haber sido una buena película sin necesidad de fundar o refundar nada. Pero Carpenter fue mucho más allá. Combinó las populares leyes que rigen desde siempre a los muertos vivos con otras de su propia cosecha, de una potencia y una coherencia arrasadoras. ¡Cuánta distancia!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última –en todo sentido– clave de La leyenda... es una verborragia que hoy en día pocas, muy pocas películas se permiten. No hay un solo dato importante de la trama que no surja de engorrosas chácharas &quot;orientadas&quot; al espectador (sólo faltó que los personajes mirasen a cámara). Cada nuevo avance en las investigaciones de Ichabod Crane está presidido por copiosas explicaciones de esas que, más que aclarar, oscurecen, manifestando la profunda incapacidad del guión para generar las imágenes que hubieran debido reemplazar a las palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ay, Hollywood!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guillermo Ravaschino</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2006/10/la-leyenda-del-jinete-sin-cabeza.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32160658.post-513411475699526740</guid><pubDate>Sun, 17 Sep 2006 05:41:00 +0000</pubDate><atom:updated>2006-09-17T00:44:39.936-05:00</atom:updated><title>Acerca de la Atlantida</title><description>La Atlántida, ¿un mito?¿Un deseo de creer?¿Un recuerdo ancestral?¿Una fábula de Platón?¿Un enigma geológico? ¿Es la Atlántida algo más que un nombre tan acertado que cualquier experto en marketing daría su sueldo por encontrar uno de similar éxito? En las líneas que siguen vamos a contarles algo que quizá ya sepan, porque hay pocos temas de los que la Humanidad ha escrito tanto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El filósofo griego Platón escribió unas obras llamadas Diálogos en las que trataba de explicar su concepción del mundo. Dos misteriosos diálogos fueron los llamados Timeo y Critias. En ellos, en apenas unas líneas, unas veinte páginas de un libro normal, Platón escribió la noticia acerca de un continente gigantesco que había desaparecido en un sólo día y una noche, tragado enterito por el mar oceáno. Platón citaba como fuente al historiador Solón, quien habría oído en Egipto la historia de la desaparición de una &quot;isla del oeste&quot;. Eso ocurrió, según Platón, 9.500 años antes de su época (427-347 a.C.), y la isla tenía una superficie de once mil kilómetros cuadrados, más grande que China. Los atlantes constituyeron una sociedad superdesarrollada pero se alejaron de su dios y sobrevino el castigo divino, haciéndolos desaparecer para siempre. Al parecer Platón iba a escribir las razones de Zeus o su homólogo dios de los atlantes para condenarlos así, pero la muerte no le dejó terminar esa parte de sus Diálogos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El continente de la Atlántida estaba, como su nombre indica, en el océano Atlántico, entre la costa oeste del sur de Europa, y la del este de América. Curiosamente, Atl significa agua en lengua náhuatl. Cuentan las leyendas que hasta el primer siglo antes de Cristo no se podía navegar por las aguas que se extienden entre las costas de España y el Golfo de México. Las Columnas que Heraklés colocó en el Extrecho de Gibraltar y el &quot;Non plus ultra&quot; tenían una razón de ser: por toda el agua del océano flotaba una masa informe compuesta por lodo solidificado, como placas de piedra pómez, restos del fenómeno que hundió a la Atlántida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aceptemos la leyenda: el dios de los atlantes decide castigar a su pueblo. ¿Qué arma o herramienta usa para ello? Un cataclismo de dimensiones desacostumbradas origina un cráter en el suelo submarino tan profundo que el magma sale a la superficie arrojando chorros de materia incandescente y hundiendo el continente. Dicen algunos que el deslizamiento de las placas continentales confirma que si bien es posible comprobar que el continente americano se separó de Europa, Africa y la Antártida, pues sus siluetas parecen encajar como un puzle, en la zona correspondiente al Caribe y a España queda un espacio vacío de una extensión similar a la atribuida a la Atlántida. Otra teoría apunta la posibilidad de que un enorme meteorito fuera el causante de la perforación de la superficie marina que desencadenó todo el proceso, para lo que se basan en la concentración de cráteres existente en la zona de Carolina, ocasionados por los supuestos fragmentos de ese meteorito gigante que habría caído sobre el oceáno. Además de estas causas, se apuntan otras como la simple erupción volcánica como lo que sucedió con la isla de Krakatoa en 1883, la elevación del nivel del mar o la llamada subducción continental, es decir, una placa oceánica tragada bajo una placa continental. Todas estas hipótesis han sido rebatidas por los científicos y el enigma permanece. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A todo ello hay que sumar las que se han calificado como evidencias de la existencia de la Atlántida, los restos de la Atlántida, bien en forma de sus cumbres más elevadas, bien como restos arqueológicos, y las misteriosas despariciones en el triángulo de las Bermudas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que algunas islas son restos emergidos del antiguo continente, o bien, las cumbres más altas del mismo. Ocurriría con las Antillas, las Canarias o las Azores. Además, se añade otra leyenda a la ya existente: el triángulo de las Bermudas cobijaría en su seno restos de la avanzada tecnología de los atlantes, máquinas que en determinadas condiciones aún funcionarían, destruyendo o interfiriendo electrónicamente en los sistemas de barcos y aviones que pasan cerca de llamado Triángulo de la Muerte, entre Bermuda, Miami y Puerto Rico. Por último, se han llegado a identificar nada menos que auténticos caminos y paredes, el llamado Muro de Bimini, una construcción con un material difícil de hallar en la naturaleza, la micrita. Lógicamente, los geólogos aseguran que se trata del fenómeno conocido como roca de playa del que también existen otros, aunque escasos, como en Australia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los narradores de leyendas americanos cuentan que en tiempos remotos existieron no uno, sino dos continentes más. La Atlántida, por el lado del Oriente, y el Continente de Lemuria, por el Poniente. En los dos la sociedad había alcanzado cotas altísimas de desarrollo en todos los campos. Pero los mares se levantaron y lucharon contra las montañas. Algunos lemures se salvaron en potentes barcos, y arribaron a las costas americanas del Pacífico, llevando allí sus costumbres y creencias, y se asentaron en tierras de Incas y la Isla de Pascua. Por el otro lado, por el Golfo de México arribaron en oleadas grandes grupos de supervivientes de la Atlántida, miembros de las distintas naciones que la formaban, y que luego se llamaron mayas, totonacas, mixtecas o zapotecas. Algunos, como los teotihuacanos, llegaron hasta el altiplano, temerosos de que un nuevo cataclismo pudiera volver a hundir las costas de su nueva tierra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de esta manera legendaria se explica la divergencia de culturas de las costas americanas (peruanos, incas, viricochas...) y de manifestaciones (los gigantes del Machu Pichu, el valle de Nasca, los monolitos de Tiahuanaco...) Eso explica también los avanzados calendarios, los numerales, la astronomía y las técnicas arquitectónicas que les permitieron las grandes construcciones. Dicen que la leyenda la contaban los olmecas, una raza de la que no se conserva ningún escrito, porque sobrevivió a una tragedia imposible de olvidar.</description><link>http://leyendas-y-mitos.blogspot.com/2006/09/acerca-de-la-atlantida.html</link><author>noreply@blogger.com (P)</author><thr:total>0</thr:total></item></channel></rss>