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	<title>Margen de error. Análisis sociopolíticos</title>
	
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		<title>Derecha e izquierda en la UE: ¿empieza el cambio?</title>
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		<pubDate>Thu, 24 May 2012 16:28:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Kindelán</dc:creator>
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<p><strong>El pasado 15 de mayo una foto ocupó las primeras de los medios internacionales: F. Hollande entra en El Elíseo. <em>Sarkozy c&#8217;est fini</em>. Tras la imagen, el fondo: ¿significa eso un simple cambio en un país miembro ‑importante, eso sí‑ o es el primer signo evidente de que se abre algo de más entidad y más allá de la política francesa?</strong></p>
<p>El triunfo del PSF ha impulsado, en efecto, todo tipo de juicios bienintencionados acerca de un eventual cambio de ciclo en la relación de fuerzas entre la derecha y la izquierda en la EU, al punto de que buena parte del mundo progresista empieza a recuperarse de la justificada depresión que le embargaba desde hace años.</p>
<p><a href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/05/24/derecha-e-izquierda-en-la-ue-empieza-el-cambio/traspaso/" rel="attachment wp-att-719"><img class="alignright  wp-image-719" title="Traspaso" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/05/Traspaso-300x162.jpg" alt="" width="371" height="199" /></a>No es fácil hacer un pronóstico sobre el futuro electoral europeo, ni siquiera el de apuntar genéricamente un cierto cambio de ciclo. En primer lugar, los grandes titulares oscurecen los pequeños detalles. Por ejemplo, que la elección de <strong>Hollande</strong> ha sido un triunfo por la mínima y ha coincidido con la falta de indicación de voto de <strong>Marie Le Pen</strong>, más pendiente en convertirse en la lideresa de la derecha a partir de las generales de junio que en ayudar a su vecino ideológico.</p>
<p>Han reforzado asimismo esa impresión las recientes derrotas de la CDU de <strong>A. Merkel</strong> en lánder de gran peso, especialmente en Renania del Norte-Westfalia, con un fracaso histórico cuyo beneficiario ha sido también el partido socialdemócrata (SPD) representado por <strong>Hannelore Kraft</strong>, de no menos carácter que la canciller. Sin embargo, estos resultados conviven con una amplísima popularidad que <strong>Merkel</strong> mantiene y que se granjea a costa de actuar como <em>cobrador del frac</em> ante buena parte de los países periféricos.</p>
<p>También por esos días, el Gobierno belga ponía fin, de momento, a la enquistada crisis, la más larga de los países europeos, y resultaba elegido Primer Ministro otro socialista, <strong>Elio Di Rupo</strong>, aunque presidiendo una auténtica e incalificable <em>melting pot</em> con media docena de partidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Cómo estaba esto hace una década….</strong></p>
<p>Una cosa parece cierta, nunca la expansión de la derecha y los partidos conservadores ha sido tan arrolladora. Unos pocos datos y gráficos lo puede poner en evidencia.</p>
<p>Aunque acepto de antemano cualquier crítica a las categorías convencionales de derecha e izquierda ‑o, si se quiere, conservadores y progresistas‑ el mapa electoral de hace diez años mostraba el apogeo de la socialdemocracia, aunque algunos de esos Gobiernos solo merecen tal calificación por el esfuerzo reductor a que obliga toda ilustración.</p>
<p>Lo primero que puede verse es que, a pesar de la asincronía de las elecciones nacionales y de la peculiar situación política de cada país, ha habido momentos estelares tanto para la derecha como para la izquierda. Por ejemplo, por estos días y hace una década, el panorama era muy distinto: la izquierda gobernaba en 16 de los 27 países miembros de la Unión que comprendían 340 millones de ciudadanos europeos (el 70%) frente a los 140 millones que vivían en los 11 países restantes gobernados por la derecha.</p>
<p><a href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/05/24/derecha-e-izquierda-en-la-ue-empieza-el-cambio/gobiernos-ue/" rel="attachment wp-att-704"><img class="aligncenter size-large wp-image-704" title="Gobiernos UE" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/05/Gobiernos-UE-640x356.jpg" alt="" width="640" height="356" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>…Y cómo está hoy</strong></p>
<p>Desde entonces las cosas han  dado muchas vueltas. Algunos países habían comenzado su tránsito a la derecha hace años, al hilo de agotamiento histórico de la socialdemocracia, pero el desencadenante de la crisis económica a partir de 2007-08 ha sido definitivo. Cuando escribo esto, 16 países de la Unión tienen Gobiernos conservadores, algunos muy conservadores, nada comparable a sus predecesores. Un vuelco total.</p>
<p>Peor aún, solo seis (incluyendo ya a Francia) tienen Gobiernos progresistas. Finalmente,  ahora además hay cinco que no me he atrevido a calificar, sea porque tienen fórmulas casi paraparlamentarias, como Italia, o porque la amalgama de partidos en coalición los hace inidentificables, como es el caso de Bélgica a pesar de que el Primer Ministro sea socialdemócrata. (En un repaso superficial, muchos verán en estos países más aproximación a la derecha, pero he preferido marcar su peculiaridad).</p>
<p>Más de 317 millones de europeos (63%) vivimos en países gobernados por la derecha. Solo 95 (el 19%) gobernados por la izquierda y 90 millones restantes (18%) viven en esos nimbos políticos incalificados, que reclaman la vuelta inmediata a las esencias del estado de derecho y la confrontación política.</p>
<p>Lo peor del panorama es que los países con Gobiernos conservadores no son cualesquiera: suponen el 62% del PIB de la Unión. De otra manera, entre los diez países con más PIB per cápita solo hay uno gobernado por la izquierda. Y eso se nota. Esta derecha, que al pregón del neoliberalismo se ha convertido en servidora de poderes económicos cada vez más invisibles, insiste en la religión del mercado. Pero no todo dura siempre todo el tiempo.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Cambio de ciclo político</strong></p>
<p>Naturalmente que estamos ante un cambio de ciclo político: no puede haber más derecha. De modo que, con toda probabilidad, la mayoría de los próximos procesos electorales tiene más posibilidad de conceder triunfos a la izquierda. Un hito fundamental lo marcarán, desde fuera, las presidenciales americanas de noviembre y, desde dentro, las elecciones alemanas de octubre del  año que viene.</p>
<p>Pero mientras esperamos, no olvidemos la verdadera pregunta: ¿este nuevo ciclo será un simple reinicio de la historia, como volver de nuevo a la casilla de salida? ¿Los protagonistas de antaño se heredarán a sí mismos?</p>
<p>Esto me ocupará a fondo en las próximas entradas, pero vayan por delante los principales titulares:</p>
<ul>
<li>Hay un riesgo nada despreciable de empeorar. Si se quiere saber a qué me refiero, ojéese el simple cuadro que sobre el avance de la ultraderecha en Europa publicó en su día un medio nada sospechoso. (Ver ABC: “<a href="http://www.abc.es/20120512/internacional/abci-mapa-extrema-derecha-europa-201205111335.html">Así es el mapa de la extrema derecha europea</a>”, del 13/05/2012).</li>
<li>La oleada de contestación que la crisis está provocando, sin duda más significativa que el mayo francés, carecerá de alternativas y propuestas pero es un veredicto definitivo sobre el agotamiento del sistema, que solo los ignorantes o los privilegiados pueden negar.</li>
<li>La cultura política que conocemos ‑y los propios partidos políticos tradicionales que la han protagonizado‑ han sufrido desperfectos de entidad. Bien estaría ser ambiciosos en renovar las nuevas fórmulas y actores.</li>
</ul>
<p>El gran reto social y político es crear un nuevo consenso que supere al de Roma de 1957, basado en una democracia avanzada, la integración y la cooperación. Aunque para eso haya que volver a los principios, a la preeminencia de la política. De la Política de Solón.</p>
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		<title>Hollande, Benzema: franceses por el cambio</title>
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		<pubDate>Fri, 04 May 2012 09:06:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Kindelán</dc:creator>
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<p><strong>¿Hay algo en común entre el debate electoral francés y el triunfo madridista en Bilbao? Además de la coincidencia temporal y los altos <em>shares</em> de audiencia en sus países, ambos pueden apuntar cambios de escenarios, impensados hace solo pocos meses. </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Una velada televisiva</strong></p>
<p>Seguí el debate Sarkozy-Hollande casi completamente. En realidad, lo gravé para después y en directo vi el otro gran acontecimiento del día: el tronante canto al futbol total que interpretaron el Athletic de Bilbao y el Madrid.  Curiosamente, al final, acumulado uno al otro, me asaltó una simple pero trascendental inquietud: ¿a ver si es que las cosas pueden cambiar?</p>
<p><a href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/05/04/hollande-benzema-franceses-por-el-cambio/benzema-3/" rel="attachment wp-att-677"><img class="size-full wp-image-677 alignright" title="Benzema" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/05/Benzema2.jpg" alt="" width="356" height="226" /></a>Me vino entonces a la cabeza K. Benzema: ese chico revelación del año futbolístico que representa al tiempo el cambio personal y el de su equipo. Porque el escenario futbolístico ha pasado por una larga fase de superioridad obsesiva y merecida del Barça en todos los planos: el juego, los resultados, el institucional, incluso en el de las simpatías, que es probablemente el más valioso activo que haya logrado en estos años, por encima de no sé cuántos trofeos. El mejor equipo del mundo parecía tener una vida interminable, sin sombras. Otro tanto sus mejores jugadores y hasta el propio entrenador. No es que yo no se lo reconozca, pero el panorama que hasta casi ayer parecía inmutable, ha cambiado.</p>
<p>Y Hollande. ¿Quién hubiera insinuado hace meses, incluso solo semanas, que fuera posible un vuelco de este calibre en Francia? No aseguro tampoco que su triunfo se consume el próximo domingo, tengo mis dudas; simplemente que lo extravagante hasta ayer, hoy es probable, e incluso para muchos deseable.</p>
<p><a href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/05/04/hollande-benzema-franceses-por-el-cambio/hollande-2/" rel="attachment wp-att-682"><img class="alignleft size-full wp-image-682" title="Hollande" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/05/Hollande1.jpg" alt="" width="340" height="257" /></a>Se pueden comentar muy diversos aspectos de ese debate electoral francés y se han dedicado a ello con fruición analistas de ambos hemisferios y todas las latitudes. Es la quinta economía mundial. Desde esta provincia al sur del norte, <em>lo que viene siendo España</em>, algo me resultó especialmente envidiable: cuando acabaron el debate creo que alcancé a entender sus distintas propuestas y cuál la Francia que cada uno propugnaba. Duros, en algún momento demoledores, pero ambos expusieron claramente sus compromisos electorales, con el arrojo de quien se sabe preso de ellos para un  futuro en el que les serán exigidos por la oposición y la ciudadanía en general. Aquí no hay bromas.</p>
<p>Pero insisto, terminé el día con la ingenua sospecha de que las cosas, todas, incluida la política, pueden cambiar. Ya casi me había olvidado de eso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El neoliberalismo y la ley de la gravedad</strong></p>
<p>Llevamos décadas de neoliberalismo y posmodernidad en las que todo matiz era improcedente y una idea original pura heterodoxia. Dicho de otra manera: el conservadurismo imperante había logrado extender la idea de que no solo era la mejor forma de organizar nuestras vidas, sino también la única. No se trataba de una opción política sino de una ley de la física.</p>
<p>A finales de los ochenta y mal cogiendo por los pelos la caída del comunismo, F. Fukuyama predicó <em>El fin de la historia y el último hombre</em>. Era el triunfo final del capitalismo. <em>Non plus ultra</em>.</p>
<p>Desde antes pero sobre todo desde entonces, la derecha asocia cada una de sus políticas al discurso tozudo de lo inevitable. Ninguna otra cosa se puede hacer y además es imposible. En mi modesto juicio, esta ha sido la batalla mejor ganada por la derecha occidental, más que ninguna medida política concreta por retardataria que fuera, da igual en qué país.</p>
<p>La llegada de la gran crisis hace un quinquenio y la generalización de gobiernos conservadores en Europa han revitalizado el peor thatcherismo. Desde entonces el catecismo neoliberal conduce a dos conclusiones: todo es culpa del estado de bienestar que paraliza las energías del mercado; hay que reformarlo y dejar la reforma en sus manos. El zorro guardando las gallinas.</p>
<p>Pero, por encima de eso, lo dicho: es, además, la única alternativa. Según ellos el fracaso del socialismo real es su prueba definitiva. Por lo demás, quienes podían interpretar otras sinfonías se avinieron al discurso tratando de minimizar los daños con terceras y cuartas vías. Les daban la razón.</p>
<p>Así, venimos viviendo ese economicismo materialista que curiosamente oficia hoy el neoliberalismo <em>urbi et orbi</em>. Su efecto directo es el paulatino desarme de conquistas ancestrales, por supuesto, pero  la secuela más trascendental es el determinismo histórico en el que nos han sumido. El reino de la apatía.</p>
<p>Necesitamos muchos Hollande. Y muchos Benzema.</p>
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		<item>
		<title>25M: La cara oculta de los resultados</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Mar 2012 13:04:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Kindelán</dc:creator>
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<p><strong>La liturgia se repite: nada más cerrar los colegios electorales, los partidos reciben los datos con todo tipo de parabienes. Todos contentos. No tiene esto nada anormal, por otro lado, y coincide con similares situaciones en otros órdenes de la vida social.</strong></p>
<p>Evoquemos dos casos notorios. A la hora de presentar balances, no hay empresa que no ofrezca un argumenatrio positivo, aunque esté en ley concursal o con su quinto ERE en marcha. Otrosí: cuando se publican los datos de audiencia de soportes o medios, tampoco hay quien no haya sido el primero en algo (en el dato absoluto de una memez, en alguna franja horaria aunque sea de minutos, en la tasa de crecimiento de lo irrelevante….). Este caso es aún más ridículo porque es el propio medio el que tiene que fantasear, directamente, sin intermediarios, sobre sí mismo.</p>
<p>¿Por qué iban a ser menos los partidos políticos? Y no los son. Como, según lo dicho, los partidos ya nos ofrecen sus caras más bondadosas,<strong> hagamos un repaso por los lados menos relucientes, por aquello en que no les gusta</strong> <strong>reparar</strong> pero que es exigido por un análisis completo y, sobre todo, para la mejora de la calidad democrática de los partidos y del propio sistema. Veamos hoy los tres principales protagonistas de estas elecciones.</p>
<p><span id="more-627"></span></p>
<p><span style="color: #ff6600;"><strong>PP</strong></span></p>
<p>Ya sabemos que el PP ha ganado en Andalucía, por primera vez, en escaños y votos, que han ganado unas docenas de votos en Asturias, que podrían formar Gobierno aquí…</p>
<p>Pero ¿qué hay de las expectativas? <strong>La práctica totalidad de las encuestas le daban mayoría absoluta y el propio partido así lo había asumido. (De las encuestas habrá que hablar pero, de momento, me ratifico en todo lo publicado a este respecto en las pasadas elecciones del 20N, en este mismo blog bajo el título &#8220;<a title="Los Sondeos a Examen" href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2011/11/20/los-sondeos-a-examen/" target="_blank">Los sondeos a examen</a>&#8220;).</strong> La pregunta que se deben hacer no es otra que la que se refiere a su propia incapacidad de alcanzar objetivos con todas las condiciones a favor: cansancio histórico del PSOE, triunfos recientes en locales y generales, el gobierno autonómico enfangado en escándalos de la peor naturaleza, un balance de gestión difícil de justificar con tasas de desempleo insoportables… Además, el PP ha puesto mucho interés en no arriesgar con propuestas comprometidas e incluso, por esta razón, el Gobierno Rajoy ha tenido que aguantar el chaparrón por no presentar a tiempo los presupuestos del año.</p>
<p>Muchos ya piensan que <strong>si no han echado al PSOE en estas circunstancias no lo harán nunca</strong>. Por mucha fanfarria que hagan sonar, el reto del PP sigue siendo el mismo desde hace treinta años. ¿Lo abordarán de una vez?</p>
<p>En Asturias, la cara negativa es aún más difícil de ocultar: <strong>ahora están obligados a lo que hace menos de un año repudiaban: dar su voto a Álvarez Cascos</strong>. Nadie entiende mucho ese conflicto PP‑Foro, salvo recurriendo a su clave sicológica (discúlpeseme el tópico) de asturiano frente gallego. Si la dirección del PP hubiera vadeado al crisis asturiana con un poco más de habilidad y no se hubiera encasquillado el aparato de Génova ante la primera impertinencia de Cascos, los acontecimientos habrían seguido otro curso, sin tener que castigar a sus propios electores, en una derecha que pierde votos de entonces a ahora.</p>
<p>Por último una reflexión de sentido común dirigida a partidos con pretensiones de Gobierno: los candidatos tienen que ser el epítome del mensaje que se quiere transmitir. Entonces, <strong>¿era la imagen “capillita” de J. Arenas ‑más antiguo que el propio J. A. Griñán‑ lo mejor que tenía a mano el PP para presentar como referencia del cambio en Andalucía?</strong> En el otro extremo peninsular, ¿era el insustancial mensaje de M. Fernández el contraplano más adecuado para el perfil enérgico de Cascos?</p>
<p><span style="color: #ff6600;"><strong>PSOE</strong></span></p>
<p>Dulce derrota. Tan dulce que sabe a triunfo. De pronto el PSOE puede seguir gobernando al menos en una Comunidad, quizá en dos y a medio plazo puede que en tres, contando con Extremadura. El Secretario General, aunque con toda prudencia, habla ya de cambio de ciclo, de brotes rojos. Quizá en su papel de <em>coach</em> de la organización deba incentivar la militancia, pero nada de eso puede esconder la envergadura de la crisis del PSOE y la larga marcha de la reconstrucción que no ha hecho sino emprender.</p>
<p>El PSOE, como el resto de partidos socialdemócratas en Europa, leyó mal la caída del muro de Berlín. Creyeron que eso era una simple crisis de comunismo tradicional que resolvía en favor de los socialdemócratas la escisión de los años 20. Y, entonces, se extendió sin oposición una visión oportunista de la política, conversión incluida a la nueva fe liberal y al mercado como su altar.</p>
<p>Solo que, en estos escenarios sin oposición por la izquierda, pudieron durante un tiempo combinar la nueva fe con algunos triunfos electorales significativos. Pero la asunción de programas de corte neoliberal y un modo convencional, conservador, de hacer política, le han ido restando apoyos hasta llegar al cruce del dos mil con una ristra de fracasos.</p>
<p>Visto esto, lo de Andalucía es lo de menos. El PSOE tiene que revisar las razones por las que ha cosechado sus perores resultados generales de la historia reciente. En qué medida, además, ello es parte de un fracaso compartido a nivel europeo y que solo tendrá salida repensándolo desde esa misma Europa.</p>
<p>La pregunta, pues, no puede ser otra: <strong>¿conseguirá el PSOE combinar una responsable pero exigente labor de oposición ante la crisis con la tarea compartida de reinventar un socialismo del siglo XXI que concite nuevas mayoría</strong>s<strong>?</strong></p>
<p>La duda es tan legítima como la esperanza.</p>
<p><span style="color: #ff6600;"><strong>IU</strong></span></p>
<p>Con respecto a IU, el destino histórico no puede ser más cruel. <strong>Reconocido el PCE como gloriosa organización en la oposición al franquismo e instrumento esencial en la transición a la democracia, se encuentra hoy sumida en un papel de apéndice inestable de la propia izquierda, reducto muchas veces de un doctrinarismo residual.</strong></p>
<p>Los resultados parecen buenos: incrementos, notables sobre todo en Andalucía donde decidirán el Gobierno. Pero los resultados tanto en allí  como Asturias ofrecen también la otra cara. Lara y Valderas no deben olvidar dos cosas. La circunstancial les obliga a recordar que, <strong>pese al innegable avance, están aún a mucha distancia del techo de diputados autonómicos que llegaron a tener</strong>. La otra, más de fondo, es que cualquier incremento de IU sigue haciendo inequívocamente a costa de desafecciones del PSOE de las que no siempre ellos son beneficiarios.</p>
<p>Al menos, la mayoría ha superado la doctrina <em>anguitista</em> de las dos orillas: en la de la izquierda, ellos; en la otra el resto, PSOE incluido. Todavía se pensaba en el <em>sorpasso</em> a la italiana, esto es, que el PCE/IU se convirtiera en el primer partido de la izquierda.</p>
<p>Desde luego este no parece ser el escenario común y menos en España. Definitivamente la reflexión que debe abordar IU es cómo romper ese maleficio, cómo hacer para que sus crecidas electorales lo sean también de la izquierda. <strong>Quizá sea solo cuestión de hacer una política razonablemente progresista, lejos de fundamentalismos, y hacerla con credibilidad.</strong></p>
<p>¿Estarán a la altura o esta pírrica victoria electoral les cegará de nuevo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Andalucía 25 M: Todas las posibilidades de Gobierno</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Mar 2012 12:16:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Kindelán</dc:creator>
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Por más que se publican encuestas, y no son muchas, las previsiones para el 25M en Andalucía parecen muy estables. Pero poco determinantes. No es una contradicción esto que digo. Desde hace meses, como si nada pasara, las encuestas reflejan pocos e imperceptibles movimientos en  la intención de voto entre los dos grandes partidos. Y [...]]]></description>
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<p>Por más que se publican encuestas, y no son muchas, las previsiones para el 25M en Andalucía parecen muy estables. Pero poco determinantes.</p>
<p>No es una contradicción esto que digo. Desde hace meses, como si nada pasara, las encuestas reflejan pocos e imperceptibles movimientos en  la intención de voto entre los dos grandes partidos.</p>
<p>Y ha llovido: los socialistas se han tenido que enfrentar a un declive sin precedentes, a un Congreso todavía sin digerir y, en fin, a unos postres de mal sabor (EREs, Invercaria…) que la oposición no cesa de blandir electoralmente. Entre tanto, el Gobierno remite al Congreso el decreto ley con la reforma laboral más agresiva de la España constitucional y es incapaz de contener los cálculos de copagos sanitarios.</p>
<p>Quizá porque los andaluces tengan descontado el voto desde hace tiempo o porque estas circunstancias se anulen mutuamente, el caso es que los últimos sondeos no parecen mover mucho las diferencias, si acaso incluso las reducen. Por primera desde hace tiempo, la distancia ha llegado a bajar de los 10 enteros y la convicción en la mayoría absoluta del PP es menos rotunda.</p>
<p>Los otros datos relevantes se reducen a dos: si IU seguirá su destino de sembrar mucho entre eriales del PSOE pero contemplar como la mayor parte de la cosecha se la arrebata el PP. Y también: si el sistema electoral andaluz, fuertemente aproporcional, permitirá la entrada de alguna de las formaciones minoritarias.</p>
<p><span id="more-602"></span></p>
<p>Así las cosas y teniendo como referencias los resultados más probables, podemos contemplar las grandes opciones de Gobiernos que se barajarán el 26 de marzo.</p>
<p>Hablaremos de tres escenarios más factibles a los que llamaremos: de <strong>mayoría absoluta</strong>, de <strong>mayoría relativa suficiente</strong>, de <strong>mayoría de ocasión</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>1.- Mayoría absoluta</strong>, se entiende que del PP.</p>
<p><a href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/03/16/andalucia-25-m-todas-las-posibilidades-de-gobierno/absoluta/" rel="attachment wp-att-603"><img class="aligncenter size-large wp-image-603" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/03/Absoluta-640x443.jpg" alt="" width="640" height="443" /></a></p>
<p>Los populares sacan 55 o más escaños. Se aplica en su versión más simple el artículo 118 del Estatuto de Autonomía y J. Arenas es nombrado Presidente en primera votación.</p>
<p>Poco que añadir, salvo redimensionar el cambio después de 30 años del PSOE en Andalucía y el que, como corolario de las autonómicas y locales del 12 de marzo de 2011, casi 40 de los 47 millones de españoles estarán gestionado por gobiernos autonómicos del PP. Sin precedentes.</p>
<p>Por su parte, el PSOE ya no podrá guardar sus vergüenzas y, aun descartando toda autoflagelación, deberá abordar una renovación que parecería quedar muy lejos de lo que hoy consta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>2.-</strong> Pero ¿y si el PP y, por supuesto, ningún otro partido alcanza esa mayoría absoluta? Ahora se abren unas primeras  posibilidades a las que hemos denominado con el denominador común de fórmulas de <strong>mayoría suficiente</strong>.</p>
<p>Esto ocurriría siempre que, de no llegar el PP a la mayoría absoluta, cualquier opción de Gobierno debiera contar con el apoyo expreso de más de un partido político.</p>
<p>El caso más verosímil podría ser un escenario en que PSOE e IU sumaran 55 o más parlamentarios y construyeran un Gobierno conjunto o, al menos, un pacto de legislatura.</p>
<p>Esa es una opción con pocas posibilidades en origen pero también porque IU parece que, al menos hasta hoy, a lo más que llegaría en un supuesto como ese es a votar en contra de la investidura de J. Arenas, pero difícilmente a favor e la de J.A. Griñán.</p>
<p>Otra modalidad de esta mayoría suficiente sería el eventual apoyo de alguna de las minorías entrantes ‑trátese de UPyD o del PA‑ a la investidura de J. Arenas.</p>
<p><a href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/03/16/andalucia-25-m-todas-las-posibilidades-de-gobierno/suficiente/" rel="attachment wp-att-604"><img class="aligncenter size-large wp-image-604" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/03/Suficiente-640x443.jpg" alt="" width="640" height="443" /></a></p>
<p><strong> 3.-</strong> De no darse la mayoría absoluta del PP, ganan terreno las <strong>mayorías de ocasión</strong>. Se producen estas cuando el partido que formará Gobierno está en minoría relativa que lo es simplemente porque alguno de los demás la facilita con su propia abstención.</p>
<p><a href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/03/16/andalucia-25-m-todas-las-posibilidades-de-gobierno/de-ocasion/" rel="attachment wp-att-605"><img class="aligncenter size-large wp-image-605" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/03/De-ocasión-640x445.jpg" alt="" width="640" height="445" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por ejemplo, imaginemos que el PP no tiene mayoría absoluta, que la izquierda menos aún y que aparecen uno o dos partidos minoritarios de centro del tipo UPyD o PA.</p>
<p>Es sabido que la investidura se consigue en segunda y siguientes votaciones con solo tener más votos a favor que en contra. Puede ser que PP no tenga la mayoría absoluta pero sí más que oposición natural del PSOE e IU. Entonces los minoritarios, ejerciendo de auténticos partidos bisagra, venden su abstención al partido que hubiera ganado las elecciones.</p>
<p>Lo más notable de esta fórmula es que, a diferencia de la mayoría absoluta e incluso de las relativas pero suficientes, conllevan un escenario siempre inestable. Según la hipótesis que hemos tomado como ejemplo, UPyD o PA pueden abstenerse y facilitar la investidura de J. Arenas, pero quedaría en su mano administrar las futuras derrotas parlamentarias del Gobierno, incluida la posibilidad de habilitar una moción de censura.</p>
<p><strong>Antonio Kindelán</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>25M: El laberinto andaluz</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Mar 2012 12:59:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Kindelán</dc:creator>
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Casi treinta años después del primer triunfo socialista en Andalucía, el Gobierno autonómico puede cambiar de signo. A ello apuntan los resultados locales de hace un año y, sobre todo, los de las Generales del 20N. La predicción de los sondeos de esta semana va también en esa dirección. Pero el panorama es bastante complejo [...]]]></description>
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<p><strong>Casi treinta años después del primer triunfo socialista en Andalucía, el Gobierno autonómico puede cambiar de signo. A ello apuntan los resultados locales de hace un año y, sobre todo, los de las Generales del 20N. La predicción de los sondeos de esta semana va también en esa dirección. Pero el panorama es bastante complejo y no todo parece estar decidido. </strong></p>
<p>La primera incógnita proviene del grado de participación que haya el próximo 25, aspecto sobre el que, curiosamente, no dicen nada los cuatro sondeos de esta pasada semana que hemos considerado.</p>
<p><a href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/03/01/25m-el-laberinto-andaluz/andalucia-1-historico-de-pa/" rel="attachment wp-att-573"><img src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/03/Andalucía-1-Histórico-de-pa.jpg" alt="" width="649" height="450" /></a></p>
<p><span id="more-568"></span></p>
<p>En el gráfico adjunto parece adivinarse <strong>una cierta correlación entre voto al PSOE y mayor concurrencia a las urnas</strong>. La participación media a lo largo de las ocho anteriores convocatorias se ha situado en el <strong>69,5% de modo que todo lo que esté por debajo de eso parecería un riesgo mayor para el PSOE</strong>.</p>
<p>Considerando el voto final a los partidos, nadie duda de que el término más verosímil será el de vuelco: ganara sobradamente el PP donde antes lo hacía el PSOE. Pero, ¿ese triunfo lo será por mayoría suficiente para asegurarse también el Gobierno?</p>
<div style="margin-bottom: 10px"><em><strong><span style="color: #ff6600">PRIMER PRONÓSTICO ELECTORAL</span></strong></em></div>
<p>Como se hizo con las pasadas elecciones generales, se ofrece un pronóstico que, para esta semana toma en consideración adecuada dos fuentes:</p>
<p>a)      Los <strong>resultados el pasado 20N en la Comunidad Andaluza</strong> porque, aún en distinta convocatoria, es el más reciente indicador objetivo de preferencias de voto.</p>
<p>b)      Los <strong>sondeos publicados en los últimos siete días</strong> que se ofrecen información suficiente como para intuir buenas prácticas de investigación.</p>
<p>Según ello, al día de hoy el pronóstico más consistente se refleja en el siguiente cuadro.</p>
<p><a href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/03/01/25m-el-laberinto-andaluz/andalucia-1-pronostico-2012/" rel="attachment wp-att-579"><img src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/03/Andalucía-1-pronóstico-2012-582x480.jpg" alt="" width="582" height="480" /></a></p>
<p>Es aquí donde empiezan las incógnitas<strong>. Para conseguir una mayoría absoluta (55 sobre un total de 109 diputados), el PP necesita situarse por encima del 46%, casi dos millones de votos y con una distribución adecuada por provincias</strong>. Estaría por encima de ese resultado si repitieran los resultados del PP en las pasadas autonómicas y, si eso fuera así, se consumaría sin más un cambio de mayoría absoluta. Con todas sus consecuencias.</p>
<p>Por el lado del PSOE, <strong>una derrota de esa envergadura no solo sumiría a los socialistas andaluces en una auténtica depresión, sino que dificultaría aún más la travesía del desierto y los esfuerzos de <em>aggiornamento</em> que las circunstancias les exigen a nivel nacional</strong>. Cabe intuir también que, cogida como está la organización andaluza con alfileres, rebroten luchas por el poder que aún no se han digerido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div style="margin-bottom: 10px"><em><strong><span style="color: #ff6600">LAS MINORÍAS</span></strong></em></div>
<p>Sobre la historia inmediata, pocas sorpresas más, al menos en su expresión de reparto de votos. IU sigue esclava de su destino histórico de ser el partido simplemente más a la izquierda, o la verdadera izquierda, como en un exabrupto doctrinal llevo a predicar J. Anquita. La inevitable consecuencia de ese posicionamiento es <strong>una matemática elemental: creen que la única forma de mejorar resultados es criticar al PSOE y, sin excepción, eso ha menguado en efecto los resultados de los socialistas pero fundamentalmente en beneficio del PP</strong>. ¡Infausto destino!</p>
<p>Por el centro, <strong>UPyD ejerce función parecida, aunque en momentos fundacionales y sin servidumbre doctrinales</strong>: persigue abiertamente el papel de partido bisagra; si se dan las circunstancias.</p>
<p>Por último, el andalucismo sigue ‑remedando una famosa expresión de autoría discutida‑ de triunfo en triunfo hasta la derrota final. Su descomposición interna (nunca tan poco dio para tanto en esto) puede llevarle a desaparecer irremediablemente de la escena política si no se confirma alguna esperanza de su bastión de Cádiz.</p>
<p>En cualquier caso, estos partidos minoritarios podrían jugar un papel importantísimo si no se confirma la mayoría absoluta popular y las opciones de Gobierno serían varias y de complicadas consecuencias. Esa hipótesis será el objeto del próximo post.</p>
<p><strong>Antonio Kindelán</strong></p>
<p><a href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/03/01/25m-el-laberinto-andaluz/evolucion-del-voto-en-auton/" rel="attachment wp-att-580"><img src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/03/Evolución-del-voto-en-auton.jpg" alt="" width="615" height="338" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Cada vez más viejos en la UE. La longevidad de la población es signo de avance …y de preocupación</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Feb 2012 17:42:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Kindelán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[envejecimiento]]></category>
		<category><![CDATA[eu]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[sociologia]]></category>
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<p>La población de la UE está alcanzando una cota de longevidad que es la mejor confirmación de su alto grado de desarrollo. ¿O no?  Porque el envejecimiento acelerado de los europeos obliga, también, a una redefinición de ese modelo de desarrollo o muchos riesgos se convertirán pronto en auténticas amenazas.</p>
<p>Lo peor es que, sumidos en la gestión diaria y en las urgencias de la crisis económica, las políticas estructurales pierden presencia en la agenda comunitaria. Se cumple así el principio, de autoría incierta, de que “<em>envejecer es lo más inesperado de todo lo que le sucede al hombre</em>”. <strong>La UE también aquí ha cumplido el protocolo: ha pedido a Eurostat que ofrezca los datos, al Eurobarómetro que sondee las opiniones y, por supuesto, ha declarado 2012 año del Envejecimiento Activo.</strong><br />
<span id="more-540"></span></p>
<div style="margin-bottom: 10px"><em><strong><span style="color: #ff6600">EUROPA, A LA CABEZA DEL ENVEJECIMIENTO GLOBAL&#8230;</span></strong></em></div>
<p>Como casi todas las regiones del mundo, la población de la UE vive más y con más salud. Pero en nuestro caso las cifras constituyen récord y son inapelables: hace solo quince años, la población de la UE27 que sobrepasaba los 65 años era 59 millones, un 12,8% del total. En 2010 ya eran 87 y representaban el 17,4% de la población. <strong>Desde 1960 la esperanza de vida ha aumentado 8 años y se prevé que aumentará otros cinco antes de mitad de siglo</strong>.</p>
<p>El factor más constante en esa evolución ha sido la mejora de las condiciones de vida de todo orden, pero el que convulsiona la estadística es el descenso radical de la tasa de natalidad de la sociedad europea. El resultado tiene una consecuencia inmediata sobre el corazón de la economía. <strong>Hasta hace poco ‑y esto ya era difícil de administrar‑ la relación entre población activa (de 15 a 64 años) y no activa (&gt;64 años) era de 4 a 1.</strong> A mediados de siglo no llegará a 2 a 1. En una lectura rápida y quizá burda, las cargas se duplicarán, en particular en torno a la década de los 20 en que empezarán  a jubilarse masivamente las cohortes del <em>babyboom</em> de posguerra.</p>
<p><a href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/02/14/cada-vez-mas-viejos-en-la-ue-la-longevidad-de-la-poblacion-es-signo-de-avance-y-de-preocupacion/poblacion-de-mas-de-64-anos/" rel="attachment wp-att-541"><img class="aligncenter size-large wp-image-541" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/02/Población-de-más-de-64-años-604x480.png" alt="" width="604" height="480" /></a></p>
<p><strong>Eurostat</strong> confirma que la <strong>mediana de la población europea (EU27) está en casi 41 años</strong>. Reténgase que se trata de la mediana, es decir, aquel valor que deja un 50% de la población por debajo y otro tanto por encima. Los países con<strong> mayor componente de personas mayores son Alemania (44,2%)</strong>, Italia, Finlandia, Austria y Grecia. <strong>Los que menos: Irlanda (34,3%)</strong>, Chipre, Eslovaquia, Polonia y Rumanía. Entre unos y otros diferencias notables que alcanzan los diez puntos.</p>
<p>Además, en algunos de ellos el envejecimiento acelerado es cosa reciente. <strong>En la Europa de los 27 esa mediana ha saltado 5,2 puntos</strong>. Pero otros países se han incorporado al fenómeno del envejecimiento con rapidez: Eslovenia (+7,4), Portugal, Lituania o España (siempre por encima de más de 6,5 años de incremento).</p>
<p>Enfocando aún más las cifras, <strong>en la EU27 hay ya un 4,7% de mayores de 80 años y Alemania, Italia, Suecia y Francia superan el 5%</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div style="margin-bottom: 10px"><em><strong><span style="color: #ff6600">&#8230;PERO MUY POCOS SE CONSIDERAN VIEJOS.</span></strong></em></div>
<p>Complementariamente, el <strong>Eurobarómetro</strong> muestra datos elocuentes acerca de la percepción del problema. Por ejemplo, <strong>como promedio la gente cree que se es viejo (o de la tercera edad, en el eufemismo nacional) cuando se alcanzan los 64 años y que no se puede considerar joven en ningún caso a quien supere los 42</strong>. Curiosamente, muchos de los que superan esta edad se siguen proclamando jóvenes e, igualmente, no todos los de más de 64 se consideran viejos.</p>
<p>Además, los estados de opinión van cambiando y la mayoría de los ciudadanos considera que las personas mayores juegan un papel importante en aspectos clave de la sociedad (las familias, la política, la comunidad y la economía), aún cuando las opiniones están divididas sobre si este papel tenderá a aumentar o disminuir en el futuro.</p>
<p>Que le edad no es un ingrediente totalmente asimilado lo refleja el que la mayoría siente que es o será en el futuro discriminado por ello. La <strong>edad es considerada como el factor de discriminación laboral más consistente, por delante del género, la raza o la condición social</strong>.</p>
<p>Por último, es muy extendida la opinón de que una mayor tasa de viejos es inevitable, que <strong>no es pensable a corto plazo una reactivación de las tasas de natalidad</strong> y que, en consecuencia, más nos convendría anticipar los problemas que el envejecimiento extremo nos pondrá delante de nuestras narices si es que no lo ha hecho ya.</p>
<p>Citemos algunos de los más evidentes:</p>
<ul>
<li>Implementar una <strong>nueva cultura de la distribución del trabajo</strong>, para que los mayores no se vean arrojados del mercado de trabajo en plenas condiciones físicas ni los más jóvenes los consideren como una barrera a su propia incorporación.</li>
<li><strong>Vigilar los sistemas de pensiones</strong> para cuya supervivencia es necesario asegurar que la relación entre activos‑contribuyentes y no activos‑perceptores  se mantenga en términos sostenibles.</li>
<li><strong>Igual tensión es fácil de prever sobre la seguridad social y demás los sistemas de protección</strong>.</li>
<li>Anticipar las <strong>reformas necesarias en los sistemas públicos de salud</strong>, previendo un notable incremento en servicios a patologías propias de la edad, que se constituirán en más que mayoritarias en un breve plazo.</li>
<li>La calidad de vida de la población mayor de 65 debe hacer pensar en nuevos tipos de empleos y  actividades relacionados con muy diversas formas de trabajo social. Debe desarrollarse <strong>un modelo que permita compatibilizar la jubilación tradicional con este tipo de servicios a la comunidad</strong>.</li>
</ul>
<p>Y otros muchos.</p>
<p>El fenómeno, pues, es trascendental y sus consecuencias enormes. <strong>¿Dejará la política con minúscula un tiempo para la reflexión o después de este 2012 dedicado al “Envejecimiento Activo” simplemente seremos todos un año más viejos?</strong>.</p>
<div style="margin-bottom: 10px"><em><strong><span style="color: #ff6600;text-decoration: underline"><span style="text-decoration: underline">REFERENCIAS</span></span></strong></em></div>
<p>Eurostat: <a title="Active ageing and solidarity between generations" href="http://epp.eurostat.ec.europa.eu/cache/ITY_OFFPUB/KS-EP-11-001/EN/KS-EP-11-001-EN.PDF">Active ageing and solidarity between generations</a></p>
<p>Eurobarometer: <a title="Active Ageing" href="http://ec.europa.eu/public_opinion/archives/ebs/ebs_378_en.pdf">Active Ageing</a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<item>
		<title>Presidenciales en Finlandia: otro giro a la derecha en la UE</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Feb 2012 17:16:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Kindelán</dc:creator>
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El conservador S. Niinistö es el nuevo Presidente de Finlandia, sin duda una muestra más del giro conservador generalizado que se vive en la Europa de la Unión pero también de la Crisis. No es muy seguro que la abrumadora mayoría de gobiernos conservadores permanezca por mucho en la UE (en las próximas contiendas electorales, [...]]]></description>
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<p><strong>El conservador S. Niinistö es el nuevo Presidente de Finlandia, sin duda una muestra más del giro conservador generalizado que se vive en la Europa de la Unión pero también de la Crisis.</strong></p>
<p>No es muy seguro que la abrumadora mayoría de gobiernos conservadores permanezca por mucho en la UE (en las próximas contiendas electorales, muchos de ellos no tienen muy probable la reelección), pero los últimos cambios no hacen sino confirmar que la derecha ha alcanzado un predominio desconocido desde la posguerra.</p>
<p>El cambio también ahora en Finlandia no puede ser más evidente. Lo expresa el propio perfil del candidato triunfador.<strong><span style="color: #ff6600"> S. Niinistö es un político de larga trayectoria que ha sido Ministro de Hacienda entre 1996 y 2003 y su gestión fue un anticipo de las políticas de austeridad</span></strong>, eso sí, en condiciones de expansión económica. Había probado ya las elecciones a la presidencia en el 2006, pero le derrotó por un estrecho margen (52% a 48%) la socialdemócrata <strong>T. Halonen</strong>, que repetía. Se han acabado así tres décadas de presidencias socialdemócratas.</p>
<p><a href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/02/06/presidenciales-en-finlandia-otro-giro-a-la-derecha-en-la-ue/presidenciales2/" rel="attachment wp-att-471"><img class="alignright  wp-image-471" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/02/Presidenciales2-640x373.jpg" alt="" width="428" height="250" /></a></p>
<p>Ahora, <strong><span style="color: #ff6600">en un escenario de incertidumbre marcado por la crisis, los temores a que la recesión y la pérdida de las entidades bancarias les alcanzara, los fineses han mirado, como buena parte de Europa, a la derecha</span></strong>. La campaña y los resultados finales son muy elocuentes. Los socialdemócratas han iniciado un declive difícil de contener.</p>
<p><span id="more-466"></span><br />
Finlandia es, probablemente, el país más europeísta de entre los nórdicos. Quizá, en buena medida, como reacción a la difícil relación que tuvo que soportar con la URSS durante toda la Guerra Fría. Además fue, junto a Suecia, pionera en la creación del Estado de Bienestar y su sistema educativo público es referencia en el mundo entero.</p>
<p>Pero las dudas sobre el modelo y las alarmas por la contaminación de la crisis han empezado a llegar también allí, y con ellas el declive del hasta entonces mayoritario partido socialdemócrata.</p>
<p>Hasta el punto de que <span style="color: #ff6600"><strong>el candidato socialdemócrata, P. Lipponen, ni siquiera ha pasado el corte</strong></span>: solo alcanzó un 7% de los votos cuando su partido tuvo casi un  20% en las pasadas elecciones generales de hace menos de un  año. El colocado ha sido el representante de la Liga Verde, <strong>P. Haavisto</strong>, que llegó a ser Ministro de Medio Ambiente en un gobierno del propio <strong>P. Lipponen</strong> en los noventa. Sin duda ha sabido representar la defensa del estado de bienestar de manera mucho más convincente que su antiguo padrino socialdemócrata.</p>
<p><a href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/02/06/presidenciales-en-finlandia-otro-giro-a-la-derecha-en-la-ue/generales-2011-2/" rel="attachment wp-att-483"><img class="alignleft  wp-image-483" style="border-style: initial;border-color: initial;float: left;border-width: 0px" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/02/Generales-20111-300x218.jpg" alt="" width="344" height="250" /></a></p>
<p><span style="text-decoration: underline"><strong>El antecedente de 2011</strong></span></p>
<p><strong></strong>Ya en las generales de la primavera de 2011, la Colación Nacional consiguió el triunfo aunque por poco más de un punto frente al Partido Social Demócrata. Eso obligó a constituir un Gobierno de coalición con la participación también de estos último.</p>
<p>Ahora las elecciones presidenciales acentúan el giro  a la derecha. La victoria de <strong>S. Niinistö</strong> ha sido rotunda: casi dos de cada tres votantes lo eligió en la segunda vuelta. Queda por ver si la alternativa ecologista que ha irrumpido en esta contienda es fruto de un día o la fuerte tradición socialdemócrata anima a estos a la recuperación.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<br />
<strong><span style="text-decoration: underline;color: #ff6600">El sistema electoral finlandés</span></strong><br />
<span style="color: #ff6600"> El sistema para la elección presidencial es mayoritario a dos vueltas. Si ninguno de los candidatos consigue el 50% en la primera, los dos mejor colocados se disputan la presidencia en la segunda vuelta.</span><br />
<span style="color: #ff6600"> El legislativo es unicameral y está formado por 200 escaños que se distribuyen por sistema proporcional entre 14 distritos. Produce un resultado altamente proporcional: solo un 5,5% de los diputados se asignan en modo en que no hubiera correspondido en un escrutinio proporcional. En España la desproporción es más del doble (11,1).</span><br />
&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-</p>
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		<title>PSOE: Después del Congreso ¿qué?</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 10:47:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Kindelán</dc:creator>
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Rubalcaba y Chacón andan echando sus últimas cuentas de los delegados de uno y otra, cien arriba cien abajo según versiones. De propuestas poco, diciendo que dicen sin decir, que no puede ser de otra forma, que ambos están en el mismo partido y por la unidad. Cada cual empeñado de mostrar su valor más [...]]]></description>
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<p><strong>Rubalcaba y Chacón andan echando sus últimas cuentas</strong> de los delegados de uno y otra, cien arriba cien abajo según versiones. De propuestas poco, diciendo que dicen sin decir, que no puede ser de otra forma, que ambos están en el mismo partido y por la unidad.</p>
<p>Cada cual empeñado de mostrar su valor más cotizado. Rubalcaba trata de convertir su pasado en experiencia y esta en el mejor atributo para encarar los tiempos difíciles. No es mal mensaje para un partido cuya edad media debe rondar la cincuentena. Chacón hace medido alarde de la obvia diferencia de edad para mostrar que el futuro pluscuamperfecto pasa por ella y proclama además su españolidad y que nacionalismo ni en broma. Si quiere pescar algo más acá del Ebro…</p>
<p><a href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/02/03/psoe-despues-del-congreso-que/rbcb/" rel="attachment wp-att-437"><img class="alignleft size-full wp-image-437" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/02/RbCb.jpg" alt="" width="140" height="163" /></a><a href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/02/03/psoe-despues-del-congreso-que/chacon/" rel="attachment wp-att-436"><img class="alignleft size-full wp-image-436" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/02/Chacon.jpg" alt="" width="140" height="163" /></a> <strong>Los más ridículos, sin embargo, los que no acaban de expresar sus preferencias</strong> ‑generalmente por un ingenuo tacticismo que antes o después les pasará factura; los congresos son así­‑ aunque hagan señas al compañero como un mal jugador de mus. <strong>Griñán</strong>, que tiene a la vista el hombre la opción de perder mucho o mucho más, no puede ‑y parece que tampoco quiere- poner orden en sus huestes, que se disponen a dar el último arreón en su particular derbi. O <strong>Gómez</strong>, que parece convencido de sacar más botín en el <em>last minute</em> de la votación.</p>
<p><span id="more-430"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline">A no se sabe dónde, pero muy deprisa</span></strong></p>
<p>En fin, que aunque los candidatos se esfuercen en la cortesía  y traten de apuntar algunas ideas programáticas, esto es <strong>lo que queda del precongreso: nombres, solo nombres. Un debate nominativo que es la prueba evidente de que el socialismo anda todavía un poco grogui después del feroz <em>crochet</em> de derechas del 20N</strong>.</p>
<p>El resultado de haber escogido el camino más inconveniente: el que lleva muy deprisa a no se sabe dónde. Fue tal el fracaso electoral que les ha podido la tentación de cerrar la crisis con una apariencia de puesta al día, han minimizado las excusas, nombran a alguien y a otra cosa. A pesar de que casi todos los argumentos apuntaban a meterse en faena de verdad.</p>
<p>En primer lugar la magnitud de la derrota electoral. El PSOE había perdido ya un millón y medio de votos entre las locales de 2007 y las de 2011. A la espera de lo que pase en Andalucía, han salido de todos los gobiernos autonómicos que tenían.</p>
<p>Después, en noviembre, el gran colapso: <strong>más de 4,3 millones de electores le dieron la espalda, nada menos que cuatro de cada diez antiguos votantes; de 169 a 110 diputados. El peor resultado desde la restauración de la democracia. Internamente, el PSOE ha perdido no menos de 4.000 cargos públicos, por supuesto la gran mayoría concejales. No es difícil reconocer que se ha ido adocenando, sustituyendo las ideas por el BOE y los méritos por el clientelismo</strong>.</p>
<p>Solapado en el tiempo, el propio cambio de época en que nos sume la crisis más importante desde al menos la segunda guerra mundial y la torpeza e improvisación con que se han presentado ante ella.</p>
<p>Por si faltaba algo, no es el PSOE el que está en crisis, es la propia socialdemocracia la que parece morir de éxito: después de décadas de gobierno en muchos países, de protagonizar el estado de bienestar, la universalización de los servicios esenciales y un concepto pacífico y cooperativo de las relaciones internacionales, todo parece irse al garete. <strong>La derecha triunfante ha vuelto a su “estado natural”: la hegemonía ideológica y el poder político.</strong></p>
<p>Muchos motivos, pues, para haber invertido las prioridades.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline">Vísteme despacio que tengo prisa</span></strong></p>
<p>Sí, había razones más que suficientes para apostar por la reflexión y el debate frente al trámite y el personalismo. Algunas voces lo apuntaron: pensemos primero la orientación, la renovación, la reinvención incluso, y luego vendrán las personas, las caras y el secretario y el candidato; hay tiempo.</p>
<p>Pero hoy estamos en Sevilla en lo que promete ser un congreso frio, también desde el punto de vista de las propuestas y las políticas.</p>
<p>A pesar de todo, es deseable el mejor de los resultados. El país no se puede permitir una oposición inconsistente, dubitativa. Pero, quieran los delegados o no, el lunes será el primer día de una nueva existencia para el PSOE. Qué esperanza de vida tenga el recién nacido va a depender de algunas cuestiones esenciales:</p>
<p><strong>1.-</strong> El objetivo del congreso -el <em>target</em> que dirían en la jerga del marketing- no es el millar de delegados con derecho a voto, es obvio, pero ni siquiera sus representados, es decir, los aproximadamente doscientos mil militantes.Sigamos y tampoco lo serían los casi siete millones de españoles que aún le dieron su voto el 20N, probablemente en un acto de fidelidad del que no deben abusar los dirigentes socialistas.Pues sí, los primeros destinatarios de las acciones y reflexiones del nuevo partido socialista deben ser esos más de cuatro millones de votantes que se han dejado en el camino. Entender por qué se alejaron, para revertir la situación. Será una tarea de envergadura porque, además de los decepcionados que se quedan en casa,  entre ellos hay ahora un nuevo sociotipo relevante: el de los que se  pasaron al PP. Y esto pone las cosas más difíciles.</p>
<p>Si el PSOE se obsesiona con los doce millones de electores potenciales que constituyen su base social principal y les ofrece un nuevo y convincente pacto social, empezará la travesía del desierto con garantías de llegar a algún sitio que merezca la pena.</p>
<p><strong>2.-</strong> El contenido del congreso es enciclopédico. El inventario de cuestiones pendientes es largo y ancho: diagnosticar la nueva sociedad, actualizar el estado de bienestar, pensar en un nuevo reencuentro con la Naturaleza y la Ciencia, volver a colocar el socialismo español y europeo en el liderazgo del debate de ideas…</p>
<p>Si se piensa en el colectivo al que debe hablarse y la relación de problemas que hay sobre la mesa,  el verdadero congreso debe comenzar el lunes. El partido socialista necesita una combinación virtuosa de la renovación de Suresnes y la gallardía ideológica del congreso extraordinario de 1979, ya en Madrid.</p>
<p><strong>En comparación a lo que queda por hacer, el fin de semana será solo un encuentro de compañeros para tomar unas copas y ponerse al día</strong>.</p>
<p><strong>3.-</strong> Pero, antes de nada, debe presentar disculpas a sus electores y ex­-electores, a esos doce millones con los que tiene que reconciliarse. Seguramente a la sociedad entera. Es un requisito imprescindible para el reencuentro, para una nueva confianza.</p>
<p>No es un acto de autoflagelación innecesaria, es solo una compensación inicial por el alcance de lo ocurrido. Los partidos políticos son instituciones esenciales en la vida democrática, por eso siempre ha sido, y seguirá siendo, sospechosa la literatura que toca arrebato contra ellos. <strong>Puede haber partidos o una apariencia de ellos y no haber democracia, pero no hay democracia representativa sin partidos</strong>. En la democracia representativa que tenemos por el menos malo de los sistemas, ellos son el adjetivo.</p>
<p>El estado de salud de los mismos se mide, precisamente, por su capacidad para representar a colectivos más o menos amplios. Y cuando uno pierde tal cantidad de representados, es que la crisis es mayúscula y no caben las faenas de aliño. Desde el 20N hasta hoy hemos conocido menos de media docena de aportaciones relevantes para explicar las razones de la pérdida. Es una tarea que está por hacer, sin cainismo pero a pecho descubierto.</p>
<p>El partido socialista necesita hacer las cosas bien pero, sobre todo, ganarse la credibilidad perdida, con toda generosidad. Rubalcaba o Chacón, a quien toque, debería presentarse en el escenario más solemne que tenga a mano y empezar por decir a todo el que quiera escuchar: “<em>C<strong>onciudadanos y amigos: en nombre del PSOE y en el mío propio, pido disculpas. No solo a los que nos han abandonado, sino incluso a los que han tenido la generosidad ilimitada de seguirnos. Os hemos defraudado y lo sabemos. No os pediremos de nuevo vuestra confianza, pero sabed que nosotros sí dedicaremos todas nuestras fuerzas a recuperarla…</strong></em>”</p>
<p>(Esto suena raro, casi ridículo en la cultura política española pero, para similares circunstancias,  sería absolutamente obligado en la norteamericana).</p>
<p><strong> Antonio Kindelán</strong></p>
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		<title>La ley electoral: una reforma tan necesaria como posible</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 15:50:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Kindelán</dc:creator>
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Desde 1977, el paisaje después de toda batalla electoral viene acompañado en nuestro país de un coro de lamentaciones sobre lo injusto de un sistema que premia a unos y castiga a otros; y mucho. Los grandes, beneficiarios principales de ese extraño principio, enseguida miran para otro lado. Los perjudicados, impotentes, lavan sus penas reclamando [...]]]></description>
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<div style="margin-bottom: 15px"><strong>Desde 1977, el paisaje después de toda batalla electoral viene acompañado en nuestro país de un coro de lamentaciones sobre lo injusto de un sistema que premia a unos y castiga a otros; y mucho. Los grandes, beneficiarios principales de ese extraño principio, enseguida miran para otro lado. Los perjudicados, impotentes, lavan sus penas reclamando el venerable principio de “un hombre, un voto”. A las pocas semanas, de nuevo el silencio.</strong></div>
<div style="margin-bottom: 30px"><strong>Este estudio tiene como objeto el fenómeno particular de la desproporcionalidad, evaluar su magnitud, sus antecedentes y su comparación con otros países; luego, diagnosticar qué variables del método electoral ocasionan esa distorsión y en qué medida real, es decir, <span style="text-decoration: underline"><em>si la reforma es necesaria</em></span>; de otro lado, indagar si se pueden introducir cambios en la legislación ordinaria, sin necesidad de reformas constitucionales, que mejoren sustancialmente la proporcionalidad y cuáles serían estos, es decir, <span style="text-decoration: underline"><em>si la reforma es posible</em></span>.</strong></div>
<p style="text-align: right"><strong><a href="http://docs.opinatica.com/Una%20reforma%20tan%20necesaria%20como%20posible.pdf">Descargar el artículo completo en .pdf</a></strong></p>
<p><span id="more-268"></span></p>
<div style="margin-bottom: 10px"><em><strong><span style="color: #ff6600">LOS ANTECEDENTES</span></strong></em></div>
<div>Como se sabe, los principios clave del sistema que ordena nuestras elecciones generales provienen de las Normas Electorales, de 23 <strong>de marzo de 1977</strong>. Ese decreto, junto a su antecedente de 8 de febrero por el que se regula el derecho de asociación política ‑y, a su amparo, la inminente legalización del PCE‑, exhibió, interna e internacionalmente, la inequívoca voluntad de instaurar una democracia plena en nuestro país. Habían pasado pocos meses, semanas, desde los trágicos asesinatos de los abogados de Atocha a finales de enero, pero la audacia del reformismo, la responsabilidad de los comunistas y la sensatez de todos los demócratas se dieron cita, felizmente, en los primeros comicios democráticos desde hacía 40 años.</div>
<div><strong>Refiero este encuadre para poner en su valor, que es mucho, ese sistema electoral que ha respondido sobradamente a las tres finalidades que la ciencia política exige: ha generado la <em>representación política</em> del país, ha <em>formado gobiernos</em> estables con alternancia en poder y, todo ello, recabando un grado de participación, es decir, de <em>legitimación</em> semejante al de cualquier democracia con solera. Hoy nos debemos felicitar por ello.</strong></div>
<div>Sin embargo esas normas se hicieron también con unas comprensibles prevenciones. La primera y principal, que reforzaran a los partidos políticos del sistema y, en particular a los mayores, facilitando la creación de gobiernos estables (esto fue especialmente importante en las primeras elecciones que tenían, de hecho, el carácter de constituyentes); también la de impedir la participación oportunista de grupúsculos de uno u otro signo ‑la famosa sopa de letras‑ que, fragmentando en exceso la distribución de escaños, dieran una apariencia exótica y frágil de nuestro régimen parlamentario.</div>
<div><strong>Aquellas normas ‑incorporadas solemnemente en la Constitución del 78 y asumidas después por las sucesivas leyes orgánicas del Régimen Electoral General hasta la última revisión de enero de este año‑ merecen tan sincero tributo como cruda revisión</strong>. Seguramente en no pocos aspectos: el derecho activo a constituir candidaturas, el carácter bloqueado y cerrado de las listas, un acceso a los medios públicos con carácter más igualitario y la regulación de debates en campaña, la sustitución del sistema mayoritario para el Senado, el control de los gastos electorales…</div>
<div>Pero, sobre todo, la desproporcionalidad, ese efecto perverso que es difícil no calificar como flagrante vulneración del principio “un hombre, un voto”. Según aquella discrecionalidad,<strong> poco más de 37 mil turolenses se bastan para elegir un diputado y en A Coruña se necesitan por encima de los 135 mil; la misma por la que al PP le cuesta como media 58.230 votos cada uno de sus diputados frente a los 152.801 de IU o a los 228.048 de UPyD, casi cuatro veces más</strong>.</div>
<div>El parámetro que mejor describe el grado de desproporcionalidad de un sistema electoral es un índice <strong>[1]</strong> que compara <strong>los escaños oficialmente obtenidos por cada partido con aquellos que le hubieran correspondido de adjudicárseles los resultantes de su exacto porcentaje de votos</strong>: a tal porcentaje de votos, el mismo porcentaje de escaños.</div>
<div>Se trata de medir, pues, cuántos diputados sacan algunos partidos por encima de sus porcentajes de votos, sabiendo que en esa misma medida habrán perjudicado a otros.</div>
<div style="margin-bottom: 30px">Veamos el ejemplo más actual: según los resultados de <strong>2.011, ha habido 39 escaños con los que se ha favorecido a unas formaciones y perjudicado a otras, es decir el 11,1% de los 350 de la Cámara. Este es el índice de desproporcionalidad. Recibieron por encima de lo que proporcionalmente le correspondía: el PP (28 diputados), PSOE (8), CiU (1) y AMAIUR (2). Estos “regalos” provienen de sustraérselos a IU (14) y a UPyD (12), sobre todo. También a EQUO (3) y hasta 10 entre otras ocho formaciones, para tres de las cuales hubiera supuesto, además, su entrada en el Parlamento</strong>.</div>
<div style="margin-bottom: 10px"><em><strong><span style="color: #ff6600">UN SISTEMA DEMASIADO DESIGUAL PARA SER JUSTO</span></strong></em></div>
<div>Esa desproporcionalidad es una constante de nuestra historia electoral desde 1977<strong>[2]</strong> y siempre ha favorecido al partido ganador: UCD, PSOE o PP. Eso sí, con algunas diferencias importantes. También ha aprovechado al segundo, pero en proporción mucho menor. De hecho, cuanto mayor es el resultado del primer partido, aumenta más que proporcionalmente la prima que recibe. Eso ha sido muy evidente en 1982, en 2000 y en las últimas en 2011.</div>
<div><a rel="attachment wp-att-278" href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/01/10/la-ley-electoral-una-reforma-tan-necesaria-como-posible/grafico-1-2/"><img class="aligncenter size-large wp-image-278" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/01/Gráfico-11-640x363.jpg" alt="" width="640" height="363" /></a></div>
<div><em>Gráfico 1: En el que se refleja cómo el partido ganador ha recibido siempre una relevante prima en diputados.</em></div>
<div>Es constatable que esa regla se modera cuando hay un tercer partido relevante, como fue el caso del PCE en 1977 y 1979, con 19 y 23 diputados, respectivamente. Pero, incluyendo esos casos, la desproporcionalidad se realiza a costa siempre de los terceros y cuartos partidos nacionales. El ejemplo más lacerante, el del propio <strong>PCE ‑luego IU‑ al que el sistema electoral le “debe” un total de 145 escaños en las 11 elecciones generales </strong>desde la restauración de la democracia; más de 13 por legislatura. Su mayor pecado: que su electorado, a veces rondante los dos millones, se halla disperso por todas las circunscripciones.</div>
<div>Cosa contraria pasa con los partidos nacionalistas, que concentran todos sus efectivos en las pocas circunscripciones de su correspondiente comunidad. Por eso, estas formaciones, a pesar de que solo excepcionalmente alguna ha alcanzado el 3% de votos nacionales, reciben un porcentaje de escaños muy por encima de lo “merecido”. Basta con recordar los últimos datos: CiU, con poco más del 4% nacional, ha cosechado 16 escaños; IU, con casi el 7%, solo ha conseguido 11. Y UPyD, que también tiene más votos que CiU, no ha alcanzado ni la tercera parte (5) de los diputados de aquélla. Peor todavía, ha sacado 2 diputados menos que AMAIUR y los mismos que el PNV, formaciones a las que más que triplica en votos.</div>
<div><a rel="attachment wp-att-281" href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/01/10/la-ley-electoral-una-reforma-tan-necesaria-como-posible/grafico-2/"><img class="aligncenter size-large wp-image-281" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/01/Gráfico-2-640x362.jpg" alt="" width="640" height="362" /></a></div>
<div><em>Gráfico 2: En el que se refleja cómo el índice de desproporcionalidad de nuestro sistema es consecuencia, sobre todo, de la prima que recibe el partido ganador.</em></div>
<div>Con todo, el efecto quizá de mayor relevancia es la facilidad que tiene el sistema para construir mayorías absolutas (176 o más diputados) o cuasi‑absolutas (cerca de 176 escaños, pero suficientes para gobernar sin una mayoría de bloqueo en contra). De hecho, en ninguna de las 11 elecciones estudiadas el partido ganador ha conseguido más del 50% de los votos y, sin embargo, en cuatro los ha convertido en mayoría absoluta. En otra más, el PSOE en el 89 y con solo el 39,6% de los votos, ha conseguido exactamente 175 diputados. Si concurre, pues, cierto tipo de dispersión del voto, el actual sistema actual otorga una mayoría parlamentaria con el 42-44% del voto válido.</div>
<div style="margin-bottom: 30px">Esta transgresión tiene un contracampo, igualmente perverso, cuando no se alcanza una mayoría suficiente. <strong>Dada la subrepresentación que, como se ha visto, reciben los terceros partidos nacionales, las políticas de alianzas del partido de gobierno deben mirar a otros partidos, de ámbito ‑e interés‑ nacionalista. La consecuencia más notable es la tensión centrífuga que ha estado presente, sobre todo, de 1993 a 2000 y de 2004 hasta hoy. Aunque no se dude de la legalidad del fenómeno, es fácil hacerlo de su legitimidad.</strong></div>
<div style="margin-bottom: 10px"><em><strong><span style="color: #ff6600">UNA DESPROPORCIONALIDAD &#8220;MUY NUESTRA&#8221; </span></strong></em></div>
<div>Aunque ese sea su principio rector, ni el pretendidamente más justo de los sistemas electorales consigue siempre una asignación de escaños absolutamente proporcional. Pero debe convenirse que en la actual geografía de países democráticos con sistema electoral proporcional es difícil encontrar uno con el grado de distorsión que ofrece el español.</div>
<div>Por supuesto, el siempre referido caso de la Knéset de Israel, en que 120 diputados se distribuyen en circunscripción única atendiendo al criterio proporcional, es el que más se acerca: por razón de restos no adjudicados, solo 3 diputados terminan “bailando”, lo que representa un 2,5% de desproporcionalidad.</div>
<div><a rel="attachment wp-att-288" href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/01/10/la-ley-electoral-una-reforma-tan-necesaria-como-posible/grafico-3/"><img class="aligncenter size-large wp-image-288" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/01/Gráfico-3-640x368.jpg" alt="" width="640" height="368" /></a></div>
<div><em>Gráfico 3: En que se observa cómo España se encuentra en el tramo de países de más desproporcionalidad, a veces mayor que el de un sistema mayoritario.</em></div>
<div><strong>La panorámica de países con sistema proporcional dice que la moda de ese indicador se sitúa entre el 5 y el 8 por ciento</strong>. No es fácil encontrar desproporciones más altas con esta técnica electoral. Por encima de esto puede pensarse que el declarado principio proporcional encubre en realidad desigualdades incompatibles con el mismo.</div>
<div><strong>Este es el caso de tres países observados: Polonia, Japón y, especialmente, España. Piénsese que, por ejemplo, un país de sistema mayoritario como el de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, tiene un grado de desproporcionalidad del 7%, dos puntos menos que el español.</strong></div>
<div>Además, estos sistemas ‑proporcionales en lo declarativo y casi mayoritarios en los resultados‑ tampoco justifican el motivo último de esa técnica correctora. Sus promotores sostienen que la proporcionalidad extrema conlleva fragmentación de partidos y, consiguientemente, inestabilidad política.</div>
<div><a rel="attachment wp-att-397" href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/01/10/la-ley-electoral-una-reforma-tan-necesaria-como-posible/grafico-4-2/"><img class="aligncenter size-full wp-image-397" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/01/Gráfico-41.jpg" alt="" width="635" height="458" /></a></div>
<div><em>Gráfico 4: En el que puede verse que el mayor número de partidos que entran en un parlamento no guarda relación especial con el hecho que el sistema sea más o menos proporcional.</em></div>
<div style="margin-bottom: 30px">Sin embargo, esos mismos países no parecen confirmar la hipótesis. Tenemos el caso de Brasil, muy proporcional y con numerosos partidos representados (22) pero altamente estable. Alemania tiene una alta proporcionalidad y, sin embargo, pocos partidos parlamentarios (5). Italia, finalmente, ya en el rango de alta desproporcionalidad, tiene solo 8 formaciones con diputados pero una notoria incertidumbre parlamentaria. En el mismo caso de España, el mayor grado de desproporcionalidad de las dos primeras legislaturas ‑en el 77 y el 79‑ no impidió que hubiera el mismo número de partidos con representación que ahora pero con una mayoría dramáticamente frágil.</div>
<div style="margin-bottom: 10px"><em><strong><span style="color: #ff6600">RAZONES Y SOLUCIONES</span></strong></em></div>
<div>Hemos constatado que el sistema electoral español se asienta sobre una alta desproporcionalidad entre votos y escaños, que esto es así desde el inicio de la restauración democrática y que tal grado de desajuste es difícil de encontrar en el derecho comparado. En la práctica, estamos lejos del principio proporcional constitucionalmente consagrado. Es el momento de la pregunta operativa: ¿qué elementos del sistema electoral actual producen esa desproporcionalidad y en qué medida? Y la más trascendente: ¿es posible corregir sustancialmente esa injusticia con cambios ordinarios, sin necesidad de tocar en ningún momento la Constitución?</div>
<div>Será bueno que recordemos resumidamente cómo se elige nuestro Congreso: <strong>350 diputados; se reparten entre 50 provincias<strong>[3]</strong>, a razón de un mínimo inicial de dos diputados y el resto en proporción a la población; en cada provincia se tienen en cuenta solo los partidos que hayan superado la barrera del 3% de los votos válidos; y entre estos se aplica una pauta matemática conocida como regla D’Hont para adjudicar los escaños a las listas</strong>.</div>
<div>Por lo tanto, las variables que intervienen en un resultado electoral son: <strong>el número total de escaños, la definición de circunscripción y el criterio según el cual se distribuya entre ellas el total de diputados, la existencia de una barrera legal o mínimo para entrar en el reparto y la regla matemática para distribuir los escaños entre las listas.</strong></div>
<div>Todo lo que sobre esto dice nuestra Constitución, además de declarar el principio proporcional, está en su artículo 68: que el número de diputados puede oscilar entre 300 y 400, que la circunscripción electoral es la provincia; y que los diputados se asignarán partiendo de una representación mínima inicial a cada circunscripción y distribuyendo los demás en proporción a su población.</div>
<div>La prueba que sigue pretende medir el efecto desproporcionalizador de cada una de aquellas variables del sistema y responde a una práctica muy extendida en el análisis de los sistemas electorales. Su procedimiento, reiterativo pero concluyente: <strong>se reproduce el escrutinio oficial, provincia a provincia, pero en cada ocasión variando uno y solo uno de los elementos que inducen a la desproporción, midiendo su efecto y comparándolo con el resto. Para variar cada factor se ha utilizado como alternativa la fórmula en principio más proporcional pero que fuera compatible con nuestra vigente Constitución.</strong></div>
<div style="margin-bottom: 10px"><a rel="attachment wp-att-290" href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/01/10/la-ley-electoral-una-reforma-tan-necesaria-como-posible/grafico-5/"><img class="aligncenter size-large wp-image-290" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/01/Gráfico-5-640x475.jpg" alt="" width="640" height="475" /></a></div>
<div>
<div style="margin-bottom: 10px"><em>Gráfico 5: En que se calcula la desproporción que causa cada uno de los factores del sistema electoral.</em></div>
<p><strong>a) </strong><strong>El número total de diputados</strong></p>
<div>Para medir el efecto de este elemento se ha tomado como hipótesis la máxima que permite la Constitución, 400 diputados, y se mantuvo el resto igual: dos diputados mínimo por provincia y el resto proporcional a la población, barrera del 3% y regla D´Hont. Aunque cualitativamente el cambio parezca relevante, de hecho se pasa solo de una circunscripción media de 7 a 8 diputados.</div>
<div>El caso es que, en este supuesto, <strong>la desproporcionalidad incluso aumenta levemente y pasa del 11,1% al 11,5%</strong>. Esto tiene una explicación relativamente sencilla en que los 50 nuevos diputados que hemos repartido, que en regla proporcional y sin barrera legal irían a partidos minoritarios, van en buena medida a realimentar la prima de los mayoritarios.</div>
<div style="margin-bottom: 10px">No parece pues que, por sí solo y a falta de otros cambios, el simple aumento del número de diputados sea una opción en la que merezca la pena insistir.</div>
<div><strong>b) </strong><strong>El criterio de distribución de escaños entre las provincias</strong></div>
<div>Porque damos por obligada la provincia como circunscripción electoral. De hecho, todos los que al calor de la pasada campaña electoral proponían renovar el sistema electoral con fórmulas que superaban la provincia como circunscripción electoral, deberían haber hecho un elemental ejercicio de coherencia y haber advertido que eso requería abrir inevitablemente la puerta de la reforma constitucional.</div>
<div>La Constitución dice que debe existir un mínimo por provincia, pero solo la ley electoral lo concreta en 2 diputados. La hipótesis, ahora, es que los 350 diputados se distribuyan a tenor de solo 1 por provincia y el reto proporcional. Con un escrutinio de este modo, la <strong>desproporcionalidad menguaría algo: en 3 décimas y se queda en 10,8%</strong>. El PP perdería tres escaños y otro el PSOE y el PNV, que irían a parar a CiU, IU y CC.</div>
<div style="margin-bottom: 10px">No debe minusvalorarse este factor porque su escaso efecto se debe a que ‑ceñidos solo a posibilidades constitucionales‑ hemos usado una alternativa de magnitud muy reducida. Además, se apreciará el auténtico alcance de esta variable cuando entre en combinación con otras.</div>
<div><strong>c) </strong><strong>Superar una barrera para entrar en el reparto</strong></div>
<div>Este es un elemento que no viene de la Constitución sino de la ley orgánica correspondiente. En ella se establece la barrera del 3% para las elecciones al Congreso pero nada impide que, por igual procedimiento, se anulara.</div>
<div style="margin-bottom: 10px">Se trata, además, de un <em>derroche legislativo</em>, porque no tiene efecto alguno en la actual realidad electoral de nuestro país. Hasta 7 diputados ‑nuestra circunscripción media‑ la barrera se debería situar por encima del 10% para que, dado determinado tipo de reparto de votos, tuviera algún efecto. <strong>En realidad, que algún partido sea excluido de un reparto solo es pensable, en circunstancias muy especiales, en las provincias con el mayor número de escaños como Madrid o Barcelona</strong>. También si, al tiempo, se cambiara el criterio de asignación de escaños a provincias o se sustituye la regla D´Hont por otra más proporcional, como se verá.</div>
<div><strong>d) </strong><strong>El extraño caso del señor D´Hont</strong></div>
<div>Este ‑por lo demás honorable‑ jurista y matemático belga propuso hace más de un siglo una regla para repartir magnitudes de manera proporcional, no solo pero sobre todo aplicada a la política. En realidad trataba de que se respetara el sistema proporcional, pero menos, con correcciones, tantas que, siguiendo la ocurrencia de D. Rae, ha terminado identificado con el Comisario de Nottingham, ya se sabe, aquél que, por oposición a Robin Hood, saqueaba a los pobres para dárselo a los ricos.</div>
<div>Hoy, el constructo es de aplicación en no menos de dos docenas de países democráticos y, aunque se dude de su legitimidad democrática, ha mostrado un altísimo grado de eficacia, esto es, siempre prima a los partidos mayoritarios a costa de los minoritarios.</div>
<div>Esto ha ocurrido en nuestro país en todas y cada una de las once últimas elecciones. Esa regla es la responsable mayor de las primas a los partidos ganadores que ha hecho, como ya se ha recordado, que ninguna mayoría parlamentaria haya provenido de una mayoría electoral. Además, el sistema exagera sus efectos cuando se combina, como es nuestro caso, con circunscripciones de bajo número de escaños.</div>
<div style="margin-bottom: 30px">Tal es así que si, continuando nuestra experimentación y manteniendo el resto de factores, sustituimos la regla D’Hont por la puramente proporcional conocida como “cociente entero y resto mayor”<strong>[4] la desproporcionalidad de los resultados de 2011 pasa a solo 5,7, reduciéndose en -5,4, es decir, en la mitad</strong>.</div>
<div style="margin-bottom: 10px"><em><strong><span style="color: #ff6600">EPÍLOGO PARA UNA REVISIÓN NECESARIA Y POSIBLE</span></strong></em></div>
<div>La alta desproporcionalidad de nuestro sistema raya lo incompatible con la calidad democrática y dura demasiado. Ya es hora de superar las prevenciones de hace tres décadas: el sistema electoral no es responsable de que tengamos una sociedad plural, ni tiene por qué combatirla. La fragmentación y, peor aún, la polarización se subsanan con otra cultura política, no con ingeniería electoral.</div>
<div><a rel="attachment wp-att-295" href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2012/01/10/la-ley-electoral-una-reforma-tan-necesaria-como-posible/grafico-6/"><img class="alignleft size-large wp-image-295" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2012/01/Gráfico-6-381x480.jpg" alt="" width="381" height="480" /></a>Sorprende aún más la inmutabilidad del sistema al comprobar, como hemos hecho, que los elementos perturbadores pueden ser mejorados sin tener que recurrir a obras legislativas mayores.</div>
</div>
<div>Y siendo más que prudentes. Por ejemplo, desde una óptica de pura equidad electoral, la mayor proporcionalidad se conseguiría con una reforma que, además de otros elementos, incluyera el aumento del número de diputados de los 350 actuales a los 400 que también permite la constitución. Sin embargo, en el escenario actual de crisis económica y de desapego a la institución parlamentaria, ¿sería razonable proponer algo así?</div>
<div><strong>En la propuesta con que se concluye ‑y hay otras varias‑ bastaría con lo siguiente: hacer que los 350 diputados actuales se asignaran a las provincias en razón de uno mínimo y el resto en proporción a su población, eliminar cualquier tipo de barrera legal y sustituir la regla D’Hont por la de resto mayor. </strong></div>
<div>Véanse ahora los resultados. Naturalmente los principales partidos recibirían menos escaños, pero aún alguno más de lo proporcional. IU no llegaría a sus 24 proporcionales pero sí a 21. UPyD alcanzaría 12, aún 4 menos de lo dicen sus votos…</div>
<div>Cambios modestos pero que caminan decididamente en la dirección de la equidad representativa. Nos colocarían en parámetros similares a Alemania o Suecia. No facilitarían, en efecto, las mayorías absolutas, pero invitarían al ganador a buscarlas en el ámbito de partidos que comparten compromisos nacionales.</div>
<div style="margin-bottom: 30px"><strong>Hay otras fórmulas que tampoco requieren cambios constitucionales y debemos dar con una que combata la idea extendida, cierta y decepcionante de que muchos votos se pierden o se malgastan</strong>. Dicho en su sentido positivo, hay que poner la técnica al servicio del principio democrático por excelencia: un hombre, un voto.</div>
<div><strong>Antonio Kindelán</strong> <strong>Jaquotot</strong><br />
Director General de Opinática<br />
Grupo Análisis e Investigación</div>
<div>
<p style="text-align: right"><strong><a href="http://docs.opinatica.com/Una%20reforma%20tan%20necesaria%20como%20posible.pdf">Descargar el artículo completo en .pdf</a></strong></p>
<p style="text-align: left">&nbsp;</p>
<hr size="1" />
<div>
<div><strong>[1]</strong> Usamos el índice Loosemore‑Hanby, el más sencillo y conocido, que responde a la siguiente formulación: <em>“<strong>D </strong></em>= [½ ∑<em>n</em>{<em>e<sub>r</sub>-e<sub>p</sub></em>}] <em>x </em>100 / <em>E”</em>, esto es, que la desproporcionalidad (<strong><em>D</em></strong>) es el porcentaje, sobre el total de escaños (<strong><em>E</em></strong>), que representa la mitad de la suma de las diferencias para cada partido entre los escaños recibidos (<strong><em>e<sub>r</sub></em></strong>) y los que le hubieran correspondido (<strong><em>e<sub>p</sub></em></strong>) en un reparto estrictamente proporcional.</div>
<div><strong>[2]</strong> Véase un análisis similar del autor en “<em>Guía electoral: la gran ocasión de 1986</em>”, de R. Tamames, A. Kindelán y otros (Plaza &amp; Janés, 1986).</div>
<div><strong>[3]</strong> Con el añadido de Ceuta y Melilla, en las que se elijen un diputado por cada una y a cuya peculiaridad se aludirá en adelante solo cuando sea estrictamente necesario.</div>
<div><strong>[4]</strong> En el sistema comúnmente conocido como resto mayor el número de votos totales se divide entre el número de escaños y se otorga inicialmente a cada partido tantos escaños como sus votos incluyan ese número de votos, excluyendo los restos. Los escaños no repartidos así se otorgan luego a las candidaturas que tengan mayores restos.</div>
</div>
</div>
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		<title>Los sondeos, a examen</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Nov 2011 17:02:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Kindelán</dc:creator>
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		<category><![CDATA[20N]]></category>
		<category><![CDATA[encuestas]]></category>
		<category><![CDATA[sondeos]]></category>

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<p><strong>He colgado esta entrada en pleno 20N, horas antes de cerrarse las urnas. No es, pues, sobre resultados electorales. Intencionadamente, porque muchos aspectos del análisis que prometí sobre las encuestas preelectorales deben hacerse “a ciegas”, antes de que los propios datos oficiales fuercen algunos argumentos y, desde luego, para evitar cualquier tentación ‑y acusación‑ de ventajismo. </strong></p>
<p>Se está extendiendo entre algunos colegas una <strong>postura “resultadista” a la hora de valorar la calidad de los estudios</strong> de intención de voto. Según ella, lo que deberíamos hacer cuando los resultados coinciden básicamente con los pronósticos, es sacar pecho y desplegar los mayores esfuerzos en resaltar la calidad de los institutos. En caso contrario, recurriremos a clásicos como el <em>voto oculto</em>, a la imposibilidad de interpretar el grado de movilización de unos u otros, a movimientos de última hora que no pudieron ser captados… cualquier cosa que sea suficientemente borrosa para retirarnos discretamente de la primera línea de actualidad.</p>
<p>No comparto esa actitud. <strong>Con lo que conocemos y deducimos de los estudios publicados con ocasión de estas elecciones ya podemos determinar si se han sujeto a las buenas prácticas de la investigación y a las metodologías apropiadas a los sondeos electorales. Lo podemos y lo debemos hacer antes de publicarse los resultados finales. Anticipo que el balance me resulta algo preocupante</strong>. Insisto, antes de conocer el grado de acierto de los sondeos o, mejor dicho, con independencia y a pesar de dicho acierto.</p>
<p><span id="more-218"></span></p>
<p>Sé que valorar el trabajo de las empresas con solo el material que se publica puede no ser suficiente. Existe una conocida y razonable tensión entre el medio y el instituto. El primero quiere recibir una información de calidad, por supuesto, pero enseguida está preocupado por el gran titular, por explotar la información al máximo, por la literatura asociada al estudio, por la notoriedad, la publicidad y la audiencia. Eso choca, a veces, con la preocupación del instituto porque se publique información detallada de la metodología y la técnica del estudio y porque no se alcancen más conclusiones que las razonablemente fundadas… Solo a veces, porque otras la tensión cede su sitio a la complicidad.<br />
<strong><br />
</strong><br />
<strong><span style="text-decoration: underline">Prácticas manifiestamente mejorables</span></strong></p>
<p>En las cuatro semanas anteriores al 20N he identificado y controlado 48 encuestas de intención de voto de ámbito nacional. Nueve de ellas las he tenido que excluir por carencia de elementos de credibilidad básicos: falta de autoría o autoría no identificable, por ejemplo. Las 39 restantes han tenido distintos grados de insuficiencia a las que, salvo excepción, haré referencias solo genéricas. Veamos un surtido no exhaustivo.</p>
<p>En algunas de ellas hay falta de referencias a la muestra, a las fechas de campo, al sistema de recogida o a una combinación de esos factores. En varias más cualquier ficha técnica se sustituyó por algún dato anecdótico de la operación.</p>
<p><a rel="attachment wp-att-223" href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2011/11/20/los-sondeos-a-examen/questionmark/"><img class="size-large wp-image-223 alignleft" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2011/11/questionmark-640x369.jpg" alt="" width="346" height="199" /></a>En un par de casos, aparece como muestra neta lo que a todas luces no es sino el acumulado móvil de lo que en la jerga denominamos un tracking. La muestra real del período de referencia no llega a la cuarta parte. Por consiguiente, los márgenes de error que se expresan tampoco son correctos. En cuanto a los márgenes de error, práctica menos trascendental pero muy extendida ha sido la de estimar el correspondiente a un muestreo aleatorio simple cuando previamente se habían declarado sistemas de afijación estratificada o no proporcional de la muestra.</p>
<p><strong>Una práctica casi generalizada ‑y esta de la máxima importancia‑ ha sido la de no informar de la pregunta directa sobre intención de voto; ni de su enunciado ni de sus resultados</strong>. A mi juicio, se trata de la clave de todo sondeo de intención de voto y tiene dos funcionalidades: de una sabemos, junto a las preferencias a los distintos partidos, qué porcentaje de personas no responde o no sabe aún qué votar. Como se puede entender, esa magnitud nos pone sobre la pista de lo que podrían aún moverse los resultados y, también, de lo que se juega el instituto porque tiene siempre que <em>probabilizarlos</em>, es decir, que inferir cuál será finalmente su actitud ante la urna.</p>
<p>De otro lado, al conocer la intención directa de voto junto a la estimación de voto válido, podemos deducir en qué dirección y con qué peso (con suerte, incluso por qué razón) el instituto ha hecho las correcciones que entendiera pertinentes, es decir, cuál ha sido la <em>cocina</em> de la encuesta.</p>
<p>Luego están las extralimitaciones y la más frecuente la de estimar los escaños según los datos de una encuesta. No se necesitan mucho comentarios, salvo reseñar que <strong>ha habido encuestas que han repartido el Congreso a partir de una muestra de 500 entrevistas que, en la mayoría de los casos, no serían suficientes casi ni para una sola provincia</strong>.<br />
<strong><br />
</strong><br />
<strong><span style="text-decoration: underline">El universo de los sondeos: el increible caso del universo menguante</span></strong></p>
<p>Está, por último, un fenómeno de los últimos años, sobre el que pasamos de puntillas una y otra vez. Me refiero a que, por diversas razones, cada vez el universo representado por una muestra de las que se utilizan en los sondeos preelectorales es menos representativo del universo teórico.</p>
<p>Veamos las características generales de estos sondeos: <strong>dicen representar al conjunto de individuos con derecho a voto; seleccionan una muestra de determinada cuantía y criterios de distribución; y con esos criterios se buscan teléfonos para hacer ‑y se hacen‑ las entrevistas necesarias</strong>. Pero la distancia entre la teoría y la práctica es muy distinta y se ve afectada cada vez por más limitaciones que merman su representatividad y su calidad. Sugiero que se siga el ejemplo aproximativo de cuadro siguiente: <strong>el increíble caso del universo menguante</strong>.</p>
<p><a rel="attachment wp-att-228" href="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/2011/11/20/los-sondeos-a-examen/tabla/"><img class="aligncenter size-large wp-image-228" src="http://blogs.lainformacion.com/margen-de-error/files/2011/11/Tabla-640x176.jpg" alt="" width="640" height="176" /></a></p>
<p>Casi 36 millones de españoles podríamos votar hoy, pero es notorio que las encuestas se hacen a una <strong>muestra solo de residentes en España; luego ya dejamos fuera casi 1,5 millones</strong> de españoles censados en el extranjero. A continuación debemos contar con un hecho sociológico nuevo pero muy relevante en la cuestión que debatimos: <strong>la cantidad de personas, casi todas disponiendo de móvil, que viven en hogares sin teléfono fijo</strong>. El prestigioso Estudio General de Medios establece el último dato en 24,2%. Es decir, que a los 34 millones de electores que nos quedaban, <strong>debemos ahora descontar nada menos que otros ocho millones</strong> a los que solo se podría acceder incorporando teléfonos móviles a nuestra muestra, cosa que, por muchas razones tediosas e explicar aquí, no se hace en estas ocasiones.</p>
<p>De los casi 36 millones potenciales, ya solo nos quedan 26. Pero, por lo general, para extraer los números telefónicos donde llamar, los institutos se basan en directorios o guías que sabemos que están incompletas (a veces faltan operadores) o no incorporan los teléfonos de personas que, atendiendo a su privacidad, no quieren constar en guías telefónicas. (Añádase a ello la práctica cada vez más frecuente de tener programado el aparato para que rechace llamadas procedentes de números ocultos…). Por unas razones u otras, los cálculos más prudentes dicen que <strong>no pasan del 80% los teléfonos de hogares que están en guías de uso público</strong>; entonces tendremos que descontar un nuevo 20% a nuestro universo menguante y <strong>estaríamos en solo el 62% del universo, es decir, en 22 de los casi 36 millones</strong> con derecho a voto.</p>
<p>Además, podemos darnos definitivamente un tiro en el pié si recordamos aquéllos que en la pregunta de intención directa de voto no expresaban preferencia por ningún partido, en torno a  otro 20% de nuestra muestra, ya bastante perjudicada. Tendríamos que descontar, por eso, otros 4,4 millones de electores y resultaría que <strong>nuestras estimaciones de voto se están basando en informaciones directas que recogemos de muestras (más o menos grandes) que no llegan a representar la mitad del universo</strong>.<br />
<strong><br />
</strong><br />
<strong><span style="text-decoration: underline">De la opacidad a la transparencia</span></strong></p>
<p>A pesar de su extensión, no tienen estas líneas el objetivo de resolver una problemática por lo que se ve de bastante calado. Sí el de incitar a su debate en los ámbitos profesionales en los que precede. El sector tiene madurez más que sobrada. Los clientes también.</p>
<p><strong>Porque este oscurantismo puede resultar más que sospechoso, no solo para los estudios preelectorales sino para el conjunto de la investigación social y de mercado. Conduce inevitablemente a pensar, cuando los sondeos &#8220;aciertan&#8221;, que es producto de prácticas ocultas, casi esotéricas; pero cuando se equivocan, que es la simple consecuencia de una insoportable impericia. </strong></p>
<p>Nada bueno, en todo caso, si miramos para otro lado.</p>
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