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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/rss2enclosuresfull.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" version="2.0"><channel><title>Mesitas de noche</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/</link><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/rss+xml" href="http://feeds.feedburner.com/Mesitasdenoche" /><description></description><language>en</language><managingEditor>noreply@blogger.com (rerc)</managingEditor><lastBuildDate>Mon, 27 Feb 2012 00:32:10 PST</lastBuildDate><generator>Blogger http://www.blogger.com</generator><openSearch:totalResults xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/">100</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/">1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/">25</openSearch:itemsPerPage><feedburner:info uri="mesitasdenoche" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><itunes:owner><itunes:email>noreply@blogger.com</itunes:email></itunes:owner><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:subtitle></itunes:subtitle><feedburner:browserFriendly></feedburner:browserFriendly><item><title>Pétrea</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2012/02/petrea.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Fri, 10 Feb 2012 12:20:40 PST</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-3829695548112548700</guid><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-8sGiwIw7Atk/TzV5KQjbMxI/AAAAAAAAAZg/4zDHKuptsOg/s1600/la-sombra-wallpapers-goticos-786418.jpeg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-8sGiwIw7Atk/TzV5KQjbMxI/AAAAAAAAAZg/4zDHKuptsOg/s320/la-sombra-wallpapers-goticos-786418.jpeg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707601319911174930" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Abría las alas e imaginaba que saltaría, pero no lo hacía. El huracanado viento frío golpeando su rostro era impedimento suficiente para tomar ese riesgo. Así que se mantuvo ahí, aterido e inmóvil esperando la oportunidad para saltar, dejarse caer y levantar vuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus alas, negras y venudas, eran brillantes y fuertes. Cuando las agitaba, recortaban el denso aire como cuchillas. Sus hombros, pesados y redondos, eran sólidos, de ellos nacían los músculos que sostenían sus alas. Al contrario de lo que la gente cree, las alas de las gárgolas no nacen de su espalda sino de sus hombros y, en su caso, estas eran particularmente hermosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si las desplegaba, rompiendo la luz del amanecer, el gélido amarillo del inicio del día las teñía con un velo verdoso, metálico, pero si las abría, invadiendo la noche, un hermoso brillo púrpura se posaba sobre ellas. Este color le agradaba más, consideraba él que hacía juego con los colores de los vitrales de la iglesia donde vigilaba, siempre al acecho, ante los frecuentes ataques de los demonios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los demonios hace mucho que no se acercaban, las brujas tampoco. Aparentemente, el descreimiento de los mortales había hecho mella en sus visitas, por lo cual tampoco las gárgolas se hacían necesarias; sin embargo, ahí seguía él, atrapado, suficientemente acobardado como para no levantar vuelo. Convirtiéndose en piedra poco a poco.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;object height="132" width="353"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=484ed4e" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" height="132" width="353"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-3829695548112548700?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2012-02-10T12:20:40.930-08:00</app:edited><media:thumbnail url="http://4.bp.blogspot.com/-8sGiwIw7Atk/TzV5KQjbMxI/AAAAAAAAAZg/4zDHKuptsOg/s72-c/la-sombra-wallpapers-goticos-786418.jpeg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=484ed4e" length="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=484ed4e" fileSize="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Abría las alas e imaginaba que saltaría, pero no lo hacía. El huracanado viento frío golpeando su rostro era impedimento suficiente para tomar ese riesgo. Así que se mantuvo ahí, aterido e inmóvil esperando la oportunidad para saltar, dejarse caer y leva</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> Abría las alas e imaginaba que saltaría, pero no lo hacía. El huracanado viento frío golpeando su rostro era impedimento suficiente para tomar ese riesgo. Así que se mantuvo ahí, aterido e inmóvil esperando la oportunidad para saltar, dejarse caer y levantar vuelo. Sus alas, negras y venudas, eran brillantes y fuertes. Cuando las agitaba, recortaban el denso aire como cuchillas. Sus hombros, pesados y redondos, eran sólidos, de ellos nacían los músculos que sostenían sus alas. Al contrario de lo que la gente cree, las alas de las gárgolas no nacen de su espalda sino de sus hombros y, en su caso, estas eran particularmente hermosas. Si las desplegaba, rompiendo la luz del amanecer, el gélido amarillo del inicio del día las teñía con un velo verdoso, metálico, pero si las abría, invadiendo la noche, un hermoso brillo púrpura se posaba sobre ellas. Este color le agradaba más, consideraba él que hacía juego con los colores de los vitrales de la iglesia donde vigilaba, siempre al acecho, ante los frecuentes ataques de los demonios. Los demonios hace mucho que no se acercaban, las brujas tampoco. Aparentemente, el descreimiento de los mortales había hecho mella en sus visitas, por lo cual tampoco las gárgolas se hacían necesarias; sin embargo, ahí seguía él, atrapado, suficientemente acobardado como para no levantar vuelo. Convirtiéndose en piedra poco a poco. </itunes:summary></item><item><title>Pablo</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2011/08/pablo.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Thu, 04 Aug 2011 18:50:11 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-4188933557499637246</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-BH_uWQJ8SaU/TjeKLhymDrI/AAAAAAAAAXM/FgHIUq4SBFY/s1600/P1040450.JPG"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-BH_uWQJ8SaU/TjeKLhymDrI/AAAAAAAAAXM/FgHIUq4SBFY/s320/P1040450.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5636125389331238578" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Describir a Pablo Ordaz puede ser una tarea difícil según sea quien lo describa, aunque para algunos, quizá para la mayoría de quienes lo veían en las calles, sea sencillo, un acto simple, silencioso y para algunos asqueroso: recogelatas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo, físicamente, era alto, con una cabeza desproporcionada en relación con su delgado, enjuto y pellejoso cuerpo trigueño, el cabello, que en algún momento debió ser hermoso, se repartía a duras penas en rizos cerrados y grises y marrones por una cabezota en forma de bombillo, unida débilmente a un cuello frágil, coronado por una manzana de Adán prominente y desde donde se proyectaba una voz gruesa pero cálida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rostro de Pablo no delataba su edad, pero no se engañen, no se veía más joven de lo que era sino más viejo, acabado, tal vez como lo que durante años fue: un muerto viviente. Un hombre muerto caminando descalzo y sucio por las calles, defendiéndose con mañas de vagabundo, durmiendo donde lo alcanzaba la noche y la policía se lo permitía, ocultando bajo un bigote cantinflesco una sonrisa, al igual que él, muerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo, el que yo conocí, en cambio, era un hombre amable, ansioso por querer y ser querido, desesperado por recordar o, mejor dicho, no olvidar cada uno de los detalles de su vida antes del 16 de diciembre de 1999. Pablo Ordaz, el padre y esposo, se ocultaba bajo el disfraz de vagabundo que la vida lo obligó a usar pero de vez en cuando salía y se despejaba de lo que no era para recordar lo que dejó de ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo, el que yo conocí, fue, cuando no lo conocía, el orgulloso padre de una joven parecida a su esposa y de un joven parecido a su papá. Pablo, el que yo conocí, fue, cuando yo no lo conocía, el esposo de la única novia que tuvo en su vida, la misma que nació del vientre de la mejor amiga de su madre cuando ella quería niño, exactamente 60 días después de que él nació del vientre de su madre cuando ella quería niña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo, el que conocí, fue, cuando no lo conocía, programador de vuelos en Viasa, un carajito que tenía una casa con vista al mar (construida con sus propias manos unas veces y con manos prestadas otras) en Carmen de Uría. Pablo, el que conocí, fue, cuando no lo conocía, un poeta, bailarín torpe pero entusiasta y un hombre completo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cambio Pablo, el que sí conocí, era un hombre solo, recogido de la calle por una misión “piadosa” y reinsertado (a medias) en una sociedad que jamás lo aceptaría de vuelta, al fin y al cabo una sociedad a la que él dejó de pertenecer cuando, bajo una lluvia endemoniada y cruel, el agua lo hizo soltar la mano del último miembro de su familia que sobrevivía -junto a él sobre una terraza- una venganza desproporcionada de la naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no recuerdo palabras exactas de Pablo, tampoco los nombres de la esposa (la primera víctima de la vaguada), su hijo mayor (el segundo que el agua tragó) o su hija, la favorita, ésa que el río de escombros le arrebató de la mano cuando la insignificante fuerza humana cedió ante la del cerro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no recuerdo un cuento específico de él: los recuerdo todos. Recuerdo, y quizás esta sea una manera en la cual Pablo aún viva, lo agradable que era, lo llena que fue su vida, lo hermoso que él recordaba fue su infancia cuando su papá (un catire de un metro 50) le regalaba a escondidas de su estricta mamá (una negra de un metro 80) un carrito de hojalata cada vez que sacaba buenas notas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo, y quizás así también la revivo a ella, que la primera vez que besó a su esposa ambos tenían cinco años y estuvieron toda la tarde en una feria mecánica que Pablo pudo pagar porque le robó del vuelto dos bolívares a su mamá. Pablo y su esposa tuvieron un primer beso sabor a refresco de colita, el mismo que comían en el raspado que bajo el sol varguense los hidrataba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que Pablo nació y creció en La Guaira, como su familia, pero no sé dónde murió, porque supongo que está muerto. Recuerdo que Pablo luchó con el alma partida por sobrevivir en las calles cuando ya no le quedaban razones para vivir, pues sus razones murieron destrozadas en un río de escombros y basura que el Ávila embravecido escupió sobre el estrecho litoral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quiero recordar que al final fui como cualquiera otro que ignora a “los de la calle” y que más nunca me preocupé por caminar cerca de El León en Altamira para ver si me lo tropezaba, para preguntarle si necesitaba algo, para darle algo de lo que él, sin saberlo, me dio alguna vez: un lindo recuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que sí quiero recordar es que tuve el honor de verlo unas pocas veces más y que una vez, habiéndomelo tropezado en las calles, pude abrazarlo, pude bloquear el hedor de vagabundo y pude hablar con él como se habla con un amigo querido. Quiero recordar que antes de esconderse en algún hueco en la ribera del Guaire Pablo corrió a una tienda del este caraqueño, caminó digno un centro comercial y me compró un anillo que aún conservo con el dinero que se ganó lavando carros en el tráfico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y más que recordar (o no recordar) quiero pensar, necesito creer, que Pablo murió al menos en un hospital antes que en una acera y que, alrededor de su cama, en medio de una visión maravillosa e idílica, pudo tomar una vez más la mano de su hija y esta vez no soltarla. Necesito creer que Pablo Ordaz esa noche, bajo la lluvia, sostuvo la mano de su hija así como la de su esposa e hijo. Necesito creer que esa noche la terraza no cedió, la lluvia cesó y el día aclaró rompiendo con el fuego del alba la resistencia de la noche y que Pablo, junto a su familia, vio los rayos del sol calentar de nuevo la tierra y sus cuerpos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Necesito creer que Pablo, en su lecho de muerte, pudo ver a sus muertos junto a él y tomar su mano para adentrarse en el inframundo, finalmente. Quiero pensar que, ante la muerte física a la que ya fue sometido, tuvo la epifanía prometida en el cristianismo de ser recibido en la otra vida, en su Paraíso personal, por aquellos que la naturaleza una vez le arrebató y que ahora es tan feliz como nunca debió dejar de serlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dedicado a Pablo Ordaz (La Guaira, 1956-¿?)&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=9079041" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-4188933557499637246?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-08-04T18:50:11.993-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/-BH_uWQJ8SaU/TjeKLhymDrI/AAAAAAAAAXM/FgHIUq4SBFY/s72-c/P1040450.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=9079041" length="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=9079041" fileSize="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Describir a Pablo Ordaz puede ser una tarea difícil según sea quien lo describa, aunque para algunos, quizá para la mayoría de quienes lo veían en las calles, sea sencillo, un acto simple, silencioso y para algunos asqueroso: recogelatas. Pablo, físicame</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> Describir a Pablo Ordaz puede ser una tarea difícil según sea quien lo describa, aunque para algunos, quizá para la mayoría de quienes lo veían en las calles, sea sencillo, un acto simple, silencioso y para algunos asqueroso: recogelatas. Pablo, físicamente, era alto, con una cabeza desproporcionada en relación con su delgado, enjuto y pellejoso cuerpo trigueño, el cabello, que en algún momento debió ser hermoso, se repartía a duras penas en rizos cerrados y grises y marrones por una cabezota en forma de bombillo, unida débilmente a un cuello frágil, coronado por una manzana de Adán prominente y desde donde se proyectaba una voz gruesa pero cálida. El rostro de Pablo no delataba su edad, pero no se engañen, no se veía más joven de lo que era sino más viejo, acabado, tal vez como lo que durante años fue: un muerto viviente. Un hombre muerto caminando descalzo y sucio por las calles, defendiéndose con mañas de vagabundo, durmiendo donde lo alcanzaba la noche y la policía se lo permitía, ocultando bajo un bigote cantinflesco una sonrisa, al igual que él, muerta. Pablo, el que yo conocí, en cambio, era un hombre amable, ansioso por querer y ser querido, desesperado por recordar o, mejor dicho, no olvidar cada uno de los detalles de su vida antes del 16 de diciembre de 1999. Pablo Ordaz, el padre y esposo, se ocultaba bajo el disfraz de vagabundo que la vida lo obligó a usar pero de vez en cuando salía y se despejaba de lo que no era para recordar lo que dejó de ser. Pablo, el que yo conocí, fue, cuando no lo conocía, el orgulloso padre de una joven parecida a su esposa y de un joven parecido a su papá. Pablo, el que yo conocí, fue, cuando yo no lo conocía, el esposo de la única novia que tuvo en su vida, la misma que nació del vientre de la mejor amiga de su madre cuando ella quería niño, exactamente 60 días después de que él nació del vientre de su madre cuando ella quería niña. Pablo, el que conocí, fue, cuando no lo conocía, programador de vuelos en Viasa, un carajito que tenía una casa con vista al mar (construida con sus propias manos unas veces y con manos prestadas otras) en Carmen de Uría. Pablo, el que conocí, fue, cuando no lo conocía, un poeta, bailarín torpe pero entusiasta y un hombre completo. En cambio Pablo, el que sí conocí, era un hombre solo, recogido de la calle por una misión “piadosa” y reinsertado (a medias) en una sociedad que jamás lo aceptaría de vuelta, al fin y al cabo una sociedad a la que él dejó de pertenecer cuando, bajo una lluvia endemoniada y cruel, el agua lo hizo soltar la mano del último miembro de su familia que sobrevivía -junto a él sobre una terraza- una venganza desproporcionada de la naturaleza. Yo no recuerdo palabras exactas de Pablo, tampoco los nombres de la esposa (la primera víctima de la vaguada), su hijo mayor (el segundo que el agua tragó) o su hija, la favorita, ésa que el río de escombros le arrebató de la mano cuando la insignificante fuerza humana cedió ante la del cerro. Yo no recuerdo un cuento específico de él: los recuerdo todos. Recuerdo, y quizás esta sea una manera en la cual Pablo aún viva, lo agradable que era, lo llena que fue su vida, lo hermoso que él recordaba fue su infancia cuando su papá (un catire de un metro 50) le regalaba a escondidas de su estricta mamá (una negra de un metro 80) un carrito de hojalata cada vez que sacaba buenas notas. Recuerdo, y quizás así también la revivo a ella, que la primera vez que besó a su esposa ambos tenían cinco años y estuvieron toda la tarde en una feria mecánica que Pablo pudo pagar porque le robó del vuelto dos bolívares a su mamá. Pablo y su esposa tuvieron un primer beso sabor a refresco de colita, el mismo que comían en el raspado que bajo el sol varguense los hidrataba. Recuerdo que Pablo nació y creció en La Guaira, como su familia, pero no sé dónde murió, porque supongo que está muerto. Recuerdo que Pablo luchó con el alma partida por sobrevivir en las calles cuando ya no le quedaban razones para vivir, pues sus r</itunes:summary></item><item><title>Querido mío, nos vemos en el infierno</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2011/05/querido-mio-nos-vemos-en-el-infierno.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Fri, 24 Jun 2011 20:30:39 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-2422077795190555892</guid><description>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-xEc7jMWG7pM/Td70cmIGfZI/AAAAAAAAAWw/JsSHrd3deds/s1600/demonio6.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-xEc7jMWG7pM/Td70cmIGfZI/AAAAAAAAAWw/JsSHrd3deds/s320/demonio6.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5611190957858258322" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La bestia me miraba desafiante, desde el otro lado de mi escritorio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre me sentí particularmente orgulloso de mi gusto al adquirir muebles. El dinero que he acumulado a lo largo de la vida me ha permitido comprarlos de diversos materiales, marcas, años e incluso antigüedades, como este &lt;em&gt;Jean Bérain &lt;/em&gt;de caoba pulida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la bestia que hoy me visita lo está babeando con su fétida y espesa saliva, la misma que deja escapar por los espacios entre sus puntiagudos e irregulares colmillos. Es curiosa la sonrisa (si se le puede dar este nombre) del animalejo. Es desagradable y aún así hipnótica. Me sonríe, espumajea y no deja de fruncir su nariz como si fuese yo quien produce asco y no ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Levanté, presa de un pánico repentino, la vista -hace no sé cuántos minutos- hacia la ventana de mi estudio, sólo para ver una extraña figura, con heridas supurantes sobre su piel arrugada e irregular. Ella, al mismo tiempo que yo, debió percibir mi mirada, porque instantáneamente volteó para posar sus pequeños ojos sobre mí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo estaba asustado mientras, aparentemente triunfante, se acercaba cojeando, arrastrando las largas y oscuras uñas en mi alfombra, mirándome fijamente. Curiosamente noté que, entretanto, en vez de bloquear la luz que se colaba por mis ventanales, conforme avanzaba hacia mí, la luz se hacía más brillante y cálida, como si ella la atrajera en vez de repelerla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí se sentó, posando sus codos desnudos sobre la mesa, y fijó su mirada cínica. Sin decir nada. Sin hacer ademán alguno que me indicara el motivo de su visita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;‘¿Quién eres?’, me atreví al fin a preguntarle. ‘¿Qué eres?’, me pareció más apropiado repreguntar. Y ella no respondía. De vez en cuando movía sus ojillos diabólicos desde los papeles que tenía bajo mis manos hasta mi cara. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba asustado, sí, pero por alguna razón que aún no comprendo, sentía que la conocía. Sentía que de alguna manera yo sabía quién y qué era y, lo que más me inquietaba, qué hacía allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esperé. Uno. Dos. Cinco. Diez. Veinte minutos. Y no respondía aún. Al contrario, me veía. Y yo a ella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;‘¿Quién… qué eres? ¡Exijo saber qué haces acá! ¿Sueño? ¡¿Qué broma de mierda es esta?!’, bramé. Ella sólo movía las puntiagudas orejas, sobresalientes de la parte posterior de su cabeza, a cada una de mis palabras. Viéndome.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, en un gesto que jamás creí que tendría, me habló, con una voz terroríficamente familiar. ‘¿No sabes quién soy?’, respondió. ‘El qué no me pertenece sino el quién’, añadió. ‘¿De verdad no sabes quién soy?’, sentenció exultante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como por obra del Diablo mismo vi, juro que la vi, mi cara en ella, y la cara de cientos de personas que he conocido a lo largo de mi vida. ‘¡Maldita sea! ¿Qué eres?’, grité desesperado mientras sentía caer un ardiente hilo de orina por mis pantalones. Salté de la silla con tal fuerza que los papeles cayeron al suelo, que me golpeé la cabeza contra la pared y que, de cierta forma, abrí la gaveta donde guardaba la Colt.45. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como si pensáramos lo mismo, la bestia multiforme y yo nos abalanzamos al mismo tiempo hacia el cajetín abierto, ella, empero a ser pesada y enorme, fue más rápida y ágil. La tomó en un suspiro y la levantó apuntándome.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alcé las manos rendido y cerré los ojos esperando el golpe mortal. No llegó. No escuché nada. Esperé. Esperé. Y con verdadero pánico, abrí los ojos lentamente para verla de nuevo sentada, babeando con mueca de placer sobre las costras que se arrancaba con los dedos cadavéricos. Cada costra negra dejaba tras de sí un rastro de pus verde y pestilente que inundaba cada rincón de mi oficina. Cada poro de mi piel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pistola estaba ahí, intacta, frente a ambos. Equidistante entre ella y yo, sobre la madera prístina. Como marcando una frontera entre su inhumanidad y la mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;‘Siéntate’, me ordenó, ‘siéntate’. ‘Yo no haré nada para dañarte, &lt;em&gt;aún&lt;/em&gt;’, dijo poniendo especial énfasis en esta última palabra. ‘Mantente sentado’, bufó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vi pararse y caminar hasta ponerse detrás de mí, entre la pared y mi silla. La escuché temblar y hacer espantosos ruidos mientras vomitaba un espeso (y dulzón) líquido rojo, que parecía ser sangre, junto a trozos babosos grisáceos, sobre el fino papel tapiz francés que protegía mis muros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;‘¿Qué haces?’, inquirí molesto. Y ella sólo se limitó a lanzar su furiosa mirada sobre mi cuerpo desencajado mientras con una mano (siempre viéndome fijamente) sacaba restos de esa mezcla purulenta de los espacios entre sus colmillos y con la otra rasguñaba, casi delicadamente, hasta romperlo, el &lt;em&gt;Matisse &lt;/em&gt;que adornaba la cabecera de lo que me gustaba llamar ‘mi centro de poder’, mi despacho, el lugar desde donde no sólo me hice rico, sino también poderoso y temido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;‘Pongo, querido mío, los últimos detalles de mi obra’, respondió casi en un chillido, alejándose orgullosa, caminando hacia atrás, sin dejar de ver la pared con la misma mirada con la cual estoy seguro Da Vinci admiraba sus obras una vez terminadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, yendo de espaldas, se sentó de nuevo en la silla que estuvo ocupando hasta hacía unos minutos. ‘Soy, para responder a tu pregunta, esa voz que te ha acompañado a lo largo de la vida, algunos me llaman &lt;em&gt;conciencia&lt;/em&gt;, tú siempre me llamaste &lt;em&gt;puta &lt;/em&gt;y tomo, querido mío, la forma del alma de quien me posee. Así, pestilente y supurante es tu alma. Así, pestilente y supurante eres tú. Asco das. Yo no.’, concluyó victoriosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en un gesto agresivo se me abalanzó y por medio de algún truco infernal se fundió con mi cuerpo. Una vez dentro la sentí rasgando mi alma con sus uñas, sentí que transpiraba su hedor y la escuché reír, gritar impaciente, directamente en mis oídos: ‘Mi vómito son tus sesos. Tu mano ahora es la mía. La Colt.45 te hará daño’. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentí cómo la bestia forzaba desde dentro, usando como una manga de carne y hueso mi brazo, mi voluntad, haciéndome tomar la pistola y acercarla a mi boca. Sentí cómo me hacía echar la cabeza atrás y la sentí estremecerse, presa de una sádica excitación, antes de decirme: ‘tras el disparo, querido mío, nos vemos en el infierno’.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=8795d52" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-2422077795190555892?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-06-24T20:30:39.313-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/-xEc7jMWG7pM/Td70cmIGfZI/AAAAAAAAAWw/JsSHrd3deds/s72-c/demonio6.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">5</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=8795d52" length="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=8795d52" fileSize="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> La bestia me miraba desafiante, desde el otro lado de mi escritorio. Siempre me sentí particularmente orgulloso de mi gusto al adquirir muebles. El dinero que he acumulado a lo largo de la vida me ha permitido comprarlos de diversos materiales, marcas, a</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> La bestia me miraba desafiante, desde el otro lado de mi escritorio. Siempre me sentí particularmente orgulloso de mi gusto al adquirir muebles. El dinero que he acumulado a lo largo de la vida me ha permitido comprarlos de diversos materiales, marcas, años e incluso antigüedades, como este Jean Bérain de caoba pulida. Y la bestia que hoy me visita lo está babeando con su fétida y espesa saliva, la misma que deja escapar por los espacios entre sus puntiagudos e irregulares colmillos. Es curiosa la sonrisa (si se le puede dar este nombre) del animalejo. Es desagradable y aún así hipnótica. Me sonríe, espumajea y no deja de fruncir su nariz como si fuese yo quien produce asco y no ella. Levanté, presa de un pánico repentino, la vista -hace no sé cuántos minutos- hacia la ventana de mi estudio, sólo para ver una extraña figura, con heridas supurantes sobre su piel arrugada e irregular. Ella, al mismo tiempo que yo, debió percibir mi mirada, porque instantáneamente volteó para posar sus pequeños ojos sobre mí. Yo estaba asustado mientras, aparentemente triunfante, se acercaba cojeando, arrastrando las largas y oscuras uñas en mi alfombra, mirándome fijamente. Curiosamente noté que, entretanto, en vez de bloquear la luz que se colaba por mis ventanales, conforme avanzaba hacia mí, la luz se hacía más brillante y cálida, como si ella la atrajera en vez de repelerla. Allí se sentó, posando sus codos desnudos sobre la mesa, y fijó su mirada cínica. Sin decir nada. Sin hacer ademán alguno que me indicara el motivo de su visita. ‘¿Quién eres?’, me atreví al fin a preguntarle. ‘¿Qué eres?’, me pareció más apropiado repreguntar. Y ella no respondía. De vez en cuando movía sus ojillos diabólicos desde los papeles que tenía bajo mis manos hasta mi cara. Estaba asustado, sí, pero por alguna razón que aún no comprendo, sentía que la conocía. Sentía que de alguna manera yo sabía quién y qué era y, lo que más me inquietaba, qué hacía allí. Esperé. Uno. Dos. Cinco. Diez. Veinte minutos. Y no respondía aún. Al contrario, me veía. Y yo a ella. ‘¿Quién… qué eres? ¡Exijo saber qué haces acá! ¿Sueño? ¡¿Qué broma de mierda es esta?!’, bramé. Ella sólo movía las puntiagudas orejas, sobresalientes de la parte posterior de su cabeza, a cada una de mis palabras. Viéndome. Finalmente, en un gesto que jamás creí que tendría, me habló, con una voz terroríficamente familiar. ‘¿No sabes quién soy?’, respondió. ‘El qué no me pertenece sino el quién’, añadió. ‘¿De verdad no sabes quién soy?’, sentenció exultante. Como por obra del Diablo mismo vi, juro que la vi, mi cara en ella, y la cara de cientos de personas que he conocido a lo largo de mi vida. ‘¡Maldita sea! ¿Qué eres?’, grité desesperado mientras sentía caer un ardiente hilo de orina por mis pantalones. Salté de la silla con tal fuerza que los papeles cayeron al suelo, que me golpeé la cabeza contra la pared y que, de cierta forma, abrí la gaveta donde guardaba la Colt.45. Como si pensáramos lo mismo, la bestia multiforme y yo nos abalanzamos al mismo tiempo hacia el cajetín abierto, ella, empero a ser pesada y enorme, fue más rápida y ágil. La tomó en un suspiro y la levantó apuntándome. Alcé las manos rendido y cerré los ojos esperando el golpe mortal. No llegó. No escuché nada. Esperé. Esperé. Y con verdadero pánico, abrí los ojos lentamente para verla de nuevo sentada, babeando con mueca de placer sobre las costras que se arrancaba con los dedos cadavéricos. Cada costra negra dejaba tras de sí un rastro de pus verde y pestilente que inundaba cada rincón de mi oficina. Cada poro de mi piel. La pistola estaba ahí, intacta, frente a ambos. Equidistante entre ella y yo, sobre la madera prístina. Como marcando una frontera entre su inhumanidad y la mía. ‘Siéntate’, me ordenó, ‘siéntate’. ‘Yo no haré nada para dañarte, aún’, dijo poniendo especial énfasis en esta última palabra. ‘Mantente sentado’, bufó. La vi pararse y caminar hasta ponerse detrás de mí, entre la pared y mi silla. La escuché temblar y ha</itunes:summary></item><item><title>El regreso (Nelvana 6)</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2011/04/el-regreso-nelvana-6.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Tue, 12 Jul 2011 14:22:34 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-7303155418860785085</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-KwSGqqKM9fg/TbPQ-e5vWAI/AAAAAAAAAVs/4Ep9CR40xzo/s1600/36979_Gypsy_f.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 288px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-KwSGqqKM9fg/TbPQ-e5vWAI/AAAAAAAAAVs/4Ep9CR40xzo/s320/36979_Gypsy_f.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599048533617367042" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;¿Qué tan oscuros pueden ser unos ojos para perderse en ellos? ¿Qué tan oscura tiene que ser una piel para manchar el alma? ¿Puede ser verdad que los gitanos tienen un pacto con el diablo y que Nelvana no es más que una maldita bruja que vino a llevarme al infierno?&lt;br /&gt;Una raza tan sucia, tan impura, siempre degradada a la limpieza y servidumbre y viene esta mujercita a tambalear mi mundo, a entrar en mis sueños y no permitirme comer, pensar, vivir o siquiera follar a mi novia.&lt;br /&gt;Nelvana me consume. Su olor a especias. Su pelo negro. Sus tetas llenas. Su nombre y su sabor. El trino de su voz. &lt;br /&gt;La gitana, perdida quién sabe en cuál chabola de las afueras, me persigue. Su recuerdo me quema, presiona mi estómago lleno de vodka y whisky. Todas las putas de las caminerías de Isar se parecen a ella, pero ninguna tiene la mirada altanera de Nelvana, ni su brillante piel, ni siquiera tienen los dientes completos o el cabello cuidado. &lt;br /&gt;Sin embargo, esta noche hay una nueva, una que no tendrá 15 años, cuyo cabello y figura es muy similar a las de la innombrable, aunque sus rasgos no son tan delicados sí son muy atractivos en conjunto. Suficiente como para llevármela.&lt;br /&gt;Una de las cosas que más me gusta de nuestra vieja casa señorial es que tiene habitaciones separadas de la estancia principal. Justo las habitaciones designadas a la servidumbre. &lt;br /&gt;Entré con la putita -buscando profanar su esencia- a la primera y única habitación de servicio donde durmió Nelvana antes de pasar a la alcoba de mi hermana en la casa familiar. &lt;br /&gt;Venía murmurando algo por el camino mientras la traía a rastras, su nombre (Sizma, me pareció que dijo), el precio de las cosas que estaba dispuesta a hacer, su edad (13, casi la edad de la hechicera cuando llegó), alabanzas vacías y palabras sucias que en vez de excitarme me molestaban.&lt;br /&gt;La arrojé a la cama sin cuidado, me eché sobre ella, levanté su falda y ni siquiera me sorprendi al ver que no llevaba calzones. Alcé su cadera, separé sus piernas y hundí mi nariz en su frondoso monte. Olía a poco uso. Como huele una mujer tan joven. Lamí con flojera, sin gusto. Cuando me aburrí alcé la cabeza y le arrebaté la ropa violentamente, haciendo que Sizma diera un gritito asustado (ahí noté que era nueva en esto). &lt;br /&gt;Me restregué contra su cuerpo prensado, chupé, mastiqué, amasé y palmeé sus tetas. Me recreé en los pezones oscuros. Mordí su cuello. Desordené su peinado jalando con saña su cabello. La manoseé lo más irrespetuosamente que pude. Incluso llegué a masturbarla con cuatro dedos, sin importarme que ya al meter el tercer dedo la muchacha se echaba atrás visiblemente adolorida. Violé su culo y la hice limpiarme con la boca los dedos.&lt;br /&gt;No me importó. Yo pagaba, yo mandaba.&lt;br /&gt;Me restregué sobre ella hasta que eyaculé en mis ropas. Bebí de su olor, de su sabor y aún así el olor y sabor de Nelvana me quemaba los sentidos. Nada amainaba la impresión ardiente del tamarindo en mis labios. Nada.&lt;br /&gt;Seguía duro a pesar de la eyaculación, así que me bajé los pantalones, la saqué de la cama y la hice comerme completo. Le metía el miembro en la boca mientras estaba arrodillada en la roca fría, casi asfixiándola, así continué empujando su cabecita oscura sobre mí hasta que descargué dentro, obligándola a tragar. &lt;br /&gt;Si yo no pude sentir un sabor distinto al de Nelvana con ella, entonces ella llevaría mi sabor varias horas. Seguramente tan agrio como mi corazón en ese momento. &lt;br /&gt;Cuando hubo tomado todo el líquido que le ofrecí, la alcé, la vestí como pude, le pagué metiendo los billetes en su vagina (de donde resbalaban graciosamente) y la arrojé a la calle. &lt;br /&gt;Creo que de nuevo murmuró algo, pero no le di importancia, le arrojé otros billetes (más de lo acordado) para pagarle las 'molestias' ocasionadas por la poca caballeresca rudeza y cerré la puerta tras de mí, sólo para sentarme a la orilla de &lt;span style="font-style:italic;"&gt;su &lt;/span&gt;cama a llorar y esperar que levantara el día.   &lt;br /&gt;Cuando el primer rayo del alba quemó mis ojos, enrojecidos e inmóviles desde hacía horas, me desperecé, acomodé mis ropas, arreglé como pude mi cabello y salí. &lt;br /&gt;Al cruzar del patio lateral hacia la entrada de servicio a la casa, alcé por instinto la mirada y la vi. &lt;br /&gt;Ahí estaba Nelvana, majestuosa ante la puerta.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=7481bdf" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-7303155418860785085?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-07-12T14:22:34.745-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/-KwSGqqKM9fg/TbPQ-e5vWAI/AAAAAAAAAVs/4Ep9CR40xzo/s72-c/36979_Gypsy_f.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=7481bdf" length="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=7481bdf" fileSize="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> ¿Qué tan oscuros pueden ser unos ojos para perderse en ellos? ¿Qué tan oscura tiene que ser una piel para manchar el alma? ¿Puede ser verdad que los gitanos tienen un pacto con el diablo y que Nelvana no es más que una maldita bruja que vino a llevarme a</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> ¿Qué tan oscuros pueden ser unos ojos para perderse en ellos? ¿Qué tan oscura tiene que ser una piel para manchar el alma? ¿Puede ser verdad que los gitanos tienen un pacto con el diablo y que Nelvana no es más que una maldita bruja que vino a llevarme al infierno? Una raza tan sucia, tan impura, siempre degradada a la limpieza y servidumbre y viene esta mujercita a tambalear mi mundo, a entrar en mis sueños y no permitirme comer, pensar, vivir o siquiera follar a mi novia. Nelvana me consume. Su olor a especias. Su pelo negro. Sus tetas llenas. Su nombre y su sabor. El trino de su voz. La gitana, perdida quién sabe en cuál chabola de las afueras, me persigue. Su recuerdo me quema, presiona mi estómago lleno de vodka y whisky. Todas las putas de las caminerías de Isar se parecen a ella, pero ninguna tiene la mirada altanera de Nelvana, ni su brillante piel, ni siquiera tienen los dientes completos o el cabello cuidado. Sin embargo, esta noche hay una nueva, una que no tendrá 15 años, cuyo cabello y figura es muy similar a las de la innombrable, aunque sus rasgos no son tan delicados sí son muy atractivos en conjunto. Suficiente como para llevármela. Una de las cosas que más me gusta de nuestra vieja casa señorial es que tiene habitaciones separadas de la estancia principal. Justo las habitaciones designadas a la servidumbre. Entré con la putita -buscando profanar su esencia- a la primera y única habitación de servicio donde durmió Nelvana antes de pasar a la alcoba de mi hermana en la casa familiar. Venía murmurando algo por el camino mientras la traía a rastras, su nombre (Sizma, me pareció que dijo), el precio de las cosas que estaba dispuesta a hacer, su edad (13, casi la edad de la hechicera cuando llegó), alabanzas vacías y palabras sucias que en vez de excitarme me molestaban. La arrojé a la cama sin cuidado, me eché sobre ella, levanté su falda y ni siquiera me sorprendi al ver que no llevaba calzones. Alcé su cadera, separé sus piernas y hundí mi nariz en su frondoso monte. Olía a poco uso. Como huele una mujer tan joven. Lamí con flojera, sin gusto. Cuando me aburrí alcé la cabeza y le arrebaté la ropa violentamente, haciendo que Sizma diera un gritito asustado (ahí noté que era nueva en esto). Me restregué contra su cuerpo prensado, chupé, mastiqué, amasé y palmeé sus tetas. Me recreé en los pezones oscuros. Mordí su cuello. Desordené su peinado jalando con saña su cabello. La manoseé lo más irrespetuosamente que pude. Incluso llegué a masturbarla con cuatro dedos, sin importarme que ya al meter el tercer dedo la muchacha se echaba atrás visiblemente adolorida. Violé su culo y la hice limpiarme con la boca los dedos. No me importó. Yo pagaba, yo mandaba. Me restregué sobre ella hasta que eyaculé en mis ropas. Bebí de su olor, de su sabor y aún así el olor y sabor de Nelvana me quemaba los sentidos. Nada amainaba la impresión ardiente del tamarindo en mis labios. Nada. Seguía duro a pesar de la eyaculación, así que me bajé los pantalones, la saqué de la cama y la hice comerme completo. Le metía el miembro en la boca mientras estaba arrodillada en la roca fría, casi asfixiándola, así continué empujando su cabecita oscura sobre mí hasta que descargué dentro, obligándola a tragar. Si yo no pude sentir un sabor distinto al de Nelvana con ella, entonces ella llevaría mi sabor varias horas. Seguramente tan agrio como mi corazón en ese momento. Cuando hubo tomado todo el líquido que le ofrecí, la alcé, la vestí como pude, le pagué metiendo los billetes en su vagina (de donde resbalaban graciosamente) y la arrojé a la calle. Creo que de nuevo murmuró algo, pero no le di importancia, le arrojé otros billetes (más de lo acordado) para pagarle las 'molestias' ocasionadas por la poca caballeresca rudeza y cerré la puerta tras de mí, sólo para sentarme a la orilla de su cama a llorar y esperar que levantara el día. Cuando el primer rayo del alba quemó mis ojos, enrojecidos e inmóviles desde hacía horas, me desperecé, acomodé mis </itunes:summary></item><item><title>Juego de poder</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2011/04/juego-de-poder.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Tue, 02 Aug 2011 13:15:26 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-4447509577084378251</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-4gEB6i27GDI/Ta_sx_smvmI/AAAAAAAAAVk/BLM36HJ71eI/s1600/1191597523_f.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 213px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-4gEB6i27GDI/Ta_sx_smvmI/AAAAAAAAAVk/BLM36HJ71eI/s320/1191597523_f.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5597953205501083234" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;"¡Penétrame!" Dijo desesperada. "¡Hazlo ya!" Me ordenaba alterada mientras se sobaba el cuerpo, la totonita húmeda, mientras me acercaba a ella, mientras tomaba mi miembro.&lt;br /&gt;Era como una versión femenina de Shivá, sus manos iban y venían por mi espalda, jalaban mi cabello, atraían mis labios a su boca... Me mordía, me arañaba, se retorcía debajo de mi cuerpo, alzaba sus caderas para frotarlas en mí y vaporizaba su aliento cálido sobre mi piel...&lt;br /&gt;Se comía mi polla con avidez durante los momentos que no se sobaba. Se movía rápidamente. Como una gata. A veces estaba encima de mí mamándomela y otras veces debajo, frotándose contra mi piel...&lt;br /&gt;Sus mamadas eran magistrales. Su lengua gruesa y rugosa recorría todo el tronco desde las bolas hasta el frenillo y se detenía ahí, se recreaba en el hoyito, saboreando los jugos que expulsaba involuntariamente... Magdalena me comía todo y yo quería ser devorado...&lt;br /&gt;La carajita tomaba mi pene con dureza y jugaba con él con crueldad, apretando más fuerte de lo normal, impidiendo la circulación de la sangre para liberarla luego en efluvios más placenteros... &lt;br /&gt;Repetidamente 'besaba' la cabeza ensalivada por ella mientras abría los labios lo suficiente como para envolverlo apretadamente en su boca y luego, como una ventosa, creando un vacío frío, bajaba por todo él hasta meterlo muy dentro de su garganta... Juro que disfrutaba cuando, incluso, creaba reflejos de vómito... Le gustaba su sabor, eso era claro...&lt;br /&gt;A veces solamente me masturbaba con sus manitos, coronadas en largas uñas pintadas de violeta, mientras hundía su naricita debajo de las bolas para lamer el espacio entre mis testículos y mi ano (y al descuido, el ano también)... De vez en vez, como si no fuera suficiente, succionaba con deleite (hasta torneaba los ojos ambarinos al hacerlo) testículo por testículo...&lt;br /&gt;Así estuvo hasta que no pude más y descargué en ella... Mejor dicho, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;dentro &lt;/span&gt;de ella mi semen... Eso, me di cuenta al momento, no le agradó mucho, pero no hizo ademán de retirarse ni yo se lo permití, la tomé por el cabello obligándola a tragar...&lt;br /&gt;"¿Ves lo que me haces, Magda?", le dije, "¿ves?", repetí aliviado pero no flojo. Y ella asentía mirándome fijamente, con algunos rizos cayendo fuera de mi mano en puño. Se veían lindos, casi tipo Lolita, esos rizos enmarcando su carita enrojecida... Sus fosas nasales abiertas y su pecho agitado... &lt;br /&gt;"¿Me lo metes ya?", preguntó con la voz entrecortada, "necesito que me cojas, ¡dame duro por favor!", remató anhelante mientras se extendía sobre la cama, arqueando la espalda y sobándose la entrepierna, regando su viscoso flujo por sus muslos canela...&lt;br /&gt;Allí me recreé largo rato. Comí. Lamí. Olí. Saboreé su concha como si fuera un amargo manjar, de fuerte olor, pero delicioso. Tan delicioso como ella. Pero no me provocaba penetrarlo con algún miembro distinto a mis manos o lengua.&lt;br /&gt;Estaba, supongo, cansado en ese momento de las vaginas. &lt;br /&gt;Mi precio era más alto y estaba cerca de 10 centímetros separado de la abertura. Allí, sequito y cerrado. Inocente de lo que iba a pasar. Así que disimuladamente lo empecé a lubricar con mi saliva y su flujo, alternativamente. Cuando estuvo preparado y yo ya estaba totalmente recuperado de la primera 'descarga', levanté una pierna de Magda al aire y le di vuelta, forzándola a cambiar de posición, de la misma manera que ella movía a su hermanito para untarle Crema Cero en el rabito antes de ponerle el pañal nuevo.&lt;br /&gt;Así la volteé de espaldas a mí. La levanté atrayendo sus caderas, abrí sus piernas lo más que pude, cerré de nuevo en un puño sus rizos y estampé su cara en sus sábanas de flores. Ella soltó un gritito de excitación y su vagina se agitó a la vez que su ano me observaba impávido. Tomé en dos dedos un poco más de su flujo y lo unté en mi pene y en su culo. &lt;br /&gt;En ese momento Magda se dio cuenta de hacia dónde iba y trató de zafarse, pero se lo impedí mientras coronaba violentamente sus nalgas. Los aullidos entre excitados y dolorosos sólo aumentaron mi violencia y así, con ella contorsionándose bajo mi peso y suplicando delicadeza, continué enfurecido, dándole nalgadas o apretando tanto hasta dejar mis uñas marcadas en su cuerpo o tomándola de los hombros o tetas como si fuera un potro salvaje, hasta que la descarga -más caliente y copiosa que la primera- le indicó a la putita de Magda que había acabado.&lt;br /&gt;Mi semen le indicó que en esa cama, y fuera de ella, mandaba yo.  &lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=a29fef6" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-4447509577084378251?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-08-02T13:15:26.926-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://3.bp.blogspot.com/-4gEB6i27GDI/Ta_sx_smvmI/AAAAAAAAAVk/BLM36HJ71eI/s72-c/1191597523_f.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=a29fef6" length="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=a29fef6" fileSize="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> "¡Penétrame!" Dijo desesperada. "¡Hazlo ya!" Me ordenaba alterada mientras se sobaba el cuerpo, la totonita húmeda, mientras me acercaba a ella, mientras tomaba mi miembro. Era como una versión femenina de Shivá, sus manos iban y venían por mi espalda, j</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> "¡Penétrame!" Dijo desesperada. "¡Hazlo ya!" Me ordenaba alterada mientras se sobaba el cuerpo, la totonita húmeda, mientras me acercaba a ella, mientras tomaba mi miembro. Era como una versión femenina de Shivá, sus manos iban y venían por mi espalda, jalaban mi cabello, atraían mis labios a su boca... Me mordía, me arañaba, se retorcía debajo de mi cuerpo, alzaba sus caderas para frotarlas en mí y vaporizaba su aliento cálido sobre mi piel... Se comía mi polla con avidez durante los momentos que no se sobaba. Se movía rápidamente. Como una gata. A veces estaba encima de mí mamándomela y otras veces debajo, frotándose contra mi piel... Sus mamadas eran magistrales. Su lengua gruesa y rugosa recorría todo el tronco desde las bolas hasta el frenillo y se detenía ahí, se recreaba en el hoyito, saboreando los jugos que expulsaba involuntariamente... Magdalena me comía todo y yo quería ser devorado... La carajita tomaba mi pene con dureza y jugaba con él con crueldad, apretando más fuerte de lo normal, impidiendo la circulación de la sangre para liberarla luego en efluvios más placenteros... Repetidamente 'besaba' la cabeza ensalivada por ella mientras abría los labios lo suficiente como para envolverlo apretadamente en su boca y luego, como una ventosa, creando un vacío frío, bajaba por todo él hasta meterlo muy dentro de su garganta... Juro que disfrutaba cuando, incluso, creaba reflejos de vómito... Le gustaba su sabor, eso era claro... A veces solamente me masturbaba con sus manitos, coronadas en largas uñas pintadas de violeta, mientras hundía su naricita debajo de las bolas para lamer el espacio entre mis testículos y mi ano (y al descuido, el ano también)... De vez en vez, como si no fuera suficiente, succionaba con deleite (hasta torneaba los ojos ambarinos al hacerlo) testículo por testículo... Así estuvo hasta que no pude más y descargué en ella... Mejor dicho, dentro de ella mi semen... Eso, me di cuenta al momento, no le agradó mucho, pero no hizo ademán de retirarse ni yo se lo permití, la tomé por el cabello obligándola a tragar... "¿Ves lo que me haces, Magda?", le dije, "¿ves?", repetí aliviado pero no flojo. Y ella asentía mirándome fijamente, con algunos rizos cayendo fuera de mi mano en puño. Se veían lindos, casi tipo Lolita, esos rizos enmarcando su carita enrojecida... Sus fosas nasales abiertas y su pecho agitado... "¿Me lo metes ya?", preguntó con la voz entrecortada, "necesito que me cojas, ¡dame duro por favor!", remató anhelante mientras se extendía sobre la cama, arqueando la espalda y sobándose la entrepierna, regando su viscoso flujo por sus muslos canela... Allí me recreé largo rato. Comí. Lamí. Olí. Saboreé su concha como si fuera un amargo manjar, de fuerte olor, pero delicioso. Tan delicioso como ella. Pero no me provocaba penetrarlo con algún miembro distinto a mis manos o lengua. Estaba, supongo, cansado en ese momento de las vaginas. Mi precio era más alto y estaba cerca de 10 centímetros separado de la abertura. Allí, sequito y cerrado. Inocente de lo que iba a pasar. Así que disimuladamente lo empecé a lubricar con mi saliva y su flujo, alternativamente. Cuando estuvo preparado y yo ya estaba totalmente recuperado de la primera 'descarga', levanté una pierna de Magda al aire y le di vuelta, forzándola a cambiar de posición, de la misma manera que ella movía a su hermanito para untarle Crema Cero en el rabito antes de ponerle el pañal nuevo. Así la volteé de espaldas a mí. La levanté atrayendo sus caderas, abrí sus piernas lo más que pude, cerré de nuevo en un puño sus rizos y estampé su cara en sus sábanas de flores. Ella soltó un gritito de excitación y su vagina se agitó a la vez que su ano me observaba impávido. Tomé en dos dedos un poco más de su flujo y lo unté en mi pene y en su culo. En ese momento Magda se dio cuenta de hacia dónde iba y trató de zafarse, pero se lo impedí mientras coronaba violentamente sus nalgas. Los aullidos entre excitados y dolorosos sólo aumentaron mi violenci</itunes:summary></item><item><title>Irresistible</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2011/04/irresistible.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Wed, 06 Apr 2011 23:53:08 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-6510250042531324675</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/--LUPJZIKVGk/TZ1bzNAeAsI/AAAAAAAAAVc/pOnVJCFKpw0/s1600/muerte-amor-odio.gif"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 227px;" src="http://2.bp.blogspot.com/--LUPJZIKVGk/TZ1bzNAeAsI/AAAAAAAAAVc/pOnVJCFKpw0/s320/muerte-amor-odio.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5592727247487107778" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La primera vez que vi un cadáver tenía 7 años. Lo recuerdo vívidamente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había sido un domingo de misa, paradójicamente esa mañana el padre había hablado sobre la resurrección, el Juicio Final y el perdón definitivo de Cristo Redentor. Él habló de la vida eterna y yo vi la muerte irremediable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la vereda del río, entre arbustos secos -esos que dejan los veranos del llano-, estaba el cuerpo inerte y frío de un hombre joven. Un negro. De ojos cristalinos, alguna vez tan negros como su piel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No vi signo que me indicara la razón de su fallecimiento, su 'excusa' para estar ahí. Sólo podía ver, parado desde donde estaba, que su camisa estaba sucia, que sus manos yacían como al descuido a cada lado de su torso y que su boca y ojos contemplaban abiertos y confiadamente vacíos el cielo despejado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los insectos todavía no habían invadido su materia, eso lo pude notar cuando me acerqué a tocarlo. La inspección fue rápida, temerosa, pero completa. Sobé su piel, hundía mi índice en sus cachetes y veía cómo la piel se quedaba arrugada largo rato, hasta que perezosamente volvía a su lugar, pero siempre dejando una mancha oscura en donde señalaba mi dedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No estaba frío ni tieso. Era extrañamente cálido y manejable. Varias veces levanté sus manos y las dejaba caer estrepitosamente. Tamborileé en su barriga sólo para escuchar el eco seco de las tripas vacías. Incluso, cuando levanté su pantalón para ver qué tan grande era su verga en comparación con la de papá, enredé mis dedos en los largos y cerrados pelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento percibí, primero muy sutilmente, pero después como una revelación su olor: dulzón, invasivo, con una pizca de acidez en la bocanada final. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Irresistible&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;'Morti' lo bauticé. Mi negro tenía nombre y era 'Morti'. Ahí lo dejé, decidí no decirle a nadie, ni a mamá ni a mi hermanita. Durante tres días lo visité. Acudí a la putrefacción de su carne hasta que el olor se hizo desagradable, la piel perdió su color original y los gusanos y líquidos lo deformaron. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tercer día dejé de tocarlo, sólo me limitaba a verlo a distancia. La distancia tuve que alargarla durante 4 semanas, hasta que las alimañas y la tierra reclamaron todos los órganos blandos. A Morti nadie lo extrañó. Únicamente yo cuando perdió el olor dulzón, aunque lo acompañé en su desaparición definitiva (al menos la de sus carnes).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde esa primera experiencia me dediqué a matar animales pequeños. Los pájaros eran los más fáciles de manejar y los que más rápido tomaban el delicado olor de la muerte reciente. A ellos los estrujaba contra mi nariz para absorber su aroma. Lo malo es que tan velozmente llegaba el perfume dulce, tan velozmente desaparecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando mi abuela murió, echada en su cama, la contemplé en silencio por horas antes de avisarle a mamá. La vieja no era tan bonita como Morti. Murió torcida, víctima de un infarto fulminante, botando espesa saliva por la boca. Su olor tampoco era tan exquisito. Aún así, repasé mi nariz por su piel gastada, hundí mis dedos en ella, pero el pellejo no era divertido. No cambiaba de color. No volvía perezosamente a su lugar. No hacía nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, el no hacer nada es quizá, desde siempre, lo que más me gusta de los muertos. Están ahí, disolviéndose lentamente. Perdiendo lo que los hizo humanos mientras nos recuerdan, en silencio, que todavía somos. Ellos están pero no son. Nosotros estamos y somos. Yo los huelo y los toco. Soy más humano, poderoso e invencible. Veo a la muerte a los ojos y le hago el amor con mi nariz. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Irresistible.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no se confundan. No soy algún sádico. No me gustan los mutilados, no me gustan los viejos ni los tullidos ni los deformes. Mucho menos los niños, la muerte de un niño tiene dos lamentos: el niño que ya no es, que está pero no es más, y la madre que lo perdió, la madre que es y está pero ya no vive. Muerta en vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muerte huele a caramelo avinagrado, pero no es siempre agradable a mis ojos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me considero (porque ya lo dije: no soy un sádico) un 'artista de la muerte'. A mi mesa llegan los cadáveres del pueblo. 20 años después los ya-no-son vienen a mí, involuntariamente arrastrados por sus dolientes. Frescos, recién perdida la rigidez inicial, con miradas perdidas y despedidas, cristalizadas en gris lechoso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inertes y exquisitamente dulzones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acá paso tiempo con ellos. Los peino. Los visto. Los maquillo. Los preparo. Los entrego. Ese es el proceso de embellecimiento, de esteticismo de los &lt;span style="font-style:italic;"&gt;mortis &lt;/span&gt;para sus abandonados en la tierra, quienes los lloran penosamente apoyados en el vidrio del ataúd. Ese es el proceso para los de afuera. Pero acá dentro, acá dentro, es otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo los recibo, los desnudo y lavo con agua. Dejo que el agua se seque sobre la piel helada, pero seco sus cabellos con toallas mullidas para luego peinarlo delicadamente. Al año de empezar como preparador descubrí casualmente que si -sentándonos en el extremo superior de la bandeja- tomamos los mechones y los peinamos desde la coronilla hasta las puntas, siempre viniendo hacia nosotros el peine, los primeros efluvios del dulce de vinagre flotan invasivos en el aire. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí, en ese sublime momento, empieza nuestra danza. El ya-no-es y yo empezamos a conocernos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los viejos, como los enfermos crónicos y quienes mueren de susto no huelen tan bien. Tampoco lo hacen quienes llegan ensangrentados. Empero, su aroma no me molesta. En cambio, los hombres y mujeres jóvenes, especialmente aquellos a quienes la muerte no reventó o laceró de alguna manera su carne, ¡oh!, esos, esos sí que huelen bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con ellos tardo más. A ellos los toco. En ellos froto mi nariz. A veces, cuando se trata de personas muy bonitas, repaso respetuosamente (con la humildad que todo artista de la muerte como yo debe tener ante estos dioses del inframundo físico) con la punta de mi lengua sus labios. Este ritual me deja un sabor consistente, sólido, un manjar metálico, en la boca por horas. Si se trata de una mujer tetona, sus pezones -especialmente los oscuros- también son visitados por mi boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También reviso, al vestirlos para la posteridad, sus pelos. No me gusta cuando las apretadas sortijas íntimas no están (eso es más común en las mujeres), es frustrante. No obstante, si hay arbustos, mis dedos recorren ávidos, felizmente enredados, su pubis. Pero sólo su pubis, porque masturbarlos sería sadismo y yo respeto a los &lt;span style="font-style:italic;"&gt;mortis&lt;/span&gt;, los venero. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero los &lt;span style="font-style:italic;"&gt;mortis&lt;/span&gt;, en su despedida final de este servidor, siempre dejan caer una mano un poco fuera de la camilla (esas irresistibles manos frías y duras), en agradecimiento por hacerlos bellos eternamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La dejan ahí, extendida, para que -mientras los termino de vestir, maquillar y peinar- mi pene duro e impaciente la roce, desde lo tímido a lo frenético, desde lo prudente a lo orgásmico, hasta desparramar sobre ellos un último y tibio tributo de vida. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;El mío&lt;/span&gt;.    &lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=49ee963" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-6510250042531324675?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-04-06T23:53:08.725-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/--LUPJZIKVGk/TZ1bzNAeAsI/AAAAAAAAAVc/pOnVJCFKpw0/s72-c/muerte-amor-odio.gif" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=49ee963" length="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=49ee963" fileSize="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> La primera vez que vi un cadáver tenía 7 años. Lo recuerdo vívidamente. Había sido un domingo de misa, paradójicamente esa mañana el padre había hablado sobre la resurrección, el Juicio Final y el perdón definitivo de Cristo Redentor. Él habló de la vida</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> La primera vez que vi un cadáver tenía 7 años. Lo recuerdo vívidamente. Había sido un domingo de misa, paradójicamente esa mañana el padre había hablado sobre la resurrección, el Juicio Final y el perdón definitivo de Cristo Redentor. Él habló de la vida eterna y yo vi la muerte irremediable. A la vereda del río, entre arbustos secos -esos que dejan los veranos del llano-, estaba el cuerpo inerte y frío de un hombre joven. Un negro. De ojos cristalinos, alguna vez tan negros como su piel. No vi signo que me indicara la razón de su fallecimiento, su 'excusa' para estar ahí. Sólo podía ver, parado desde donde estaba, que su camisa estaba sucia, que sus manos yacían como al descuido a cada lado de su torso y que su boca y ojos contemplaban abiertos y confiadamente vacíos el cielo despejado. Los insectos todavía no habían invadido su materia, eso lo pude notar cuando me acerqué a tocarlo. La inspección fue rápida, temerosa, pero completa. Sobé su piel, hundía mi índice en sus cachetes y veía cómo la piel se quedaba arrugada largo rato, hasta que perezosamente volvía a su lugar, pero siempre dejando una mancha oscura en donde señalaba mi dedo. No estaba frío ni tieso. Era extrañamente cálido y manejable. Varias veces levanté sus manos y las dejaba caer estrepitosamente. Tamborileé en su barriga sólo para escuchar el eco seco de las tripas vacías. Incluso, cuando levanté su pantalón para ver qué tan grande era su verga en comparación con la de papá, enredé mis dedos en los largos y cerrados pelos. En ese momento percibí, primero muy sutilmente, pero después como una revelación su olor: dulzón, invasivo, con una pizca de acidez en la bocanada final. Irresistible. 'Morti' lo bauticé. Mi negro tenía nombre y era 'Morti'. Ahí lo dejé, decidí no decirle a nadie, ni a mamá ni a mi hermanita. Durante tres días lo visité. Acudí a la putrefacción de su carne hasta que el olor se hizo desagradable, la piel perdió su color original y los gusanos y líquidos lo deformaron. El tercer día dejé de tocarlo, sólo me limitaba a verlo a distancia. La distancia tuve que alargarla durante 4 semanas, hasta que las alimañas y la tierra reclamaron todos los órganos blandos. A Morti nadie lo extrañó. Únicamente yo cuando perdió el olor dulzón, aunque lo acompañé en su desaparición definitiva (al menos la de sus carnes). Desde esa primera experiencia me dediqué a matar animales pequeños. Los pájaros eran los más fáciles de manejar y los que más rápido tomaban el delicado olor de la muerte reciente. A ellos los estrujaba contra mi nariz para absorber su aroma. Lo malo es que tan velozmente llegaba el perfume dulce, tan velozmente desaparecía. Cuando mi abuela murió, echada en su cama, la contemplé en silencio por horas antes de avisarle a mamá. La vieja no era tan bonita como Morti. Murió torcida, víctima de un infarto fulminante, botando espesa saliva por la boca. Su olor tampoco era tan exquisito. Aún así, repasé mi nariz por su piel gastada, hundí mis dedos en ella, pero el pellejo no era divertido. No cambiaba de color. No volvía perezosamente a su lugar. No hacía nada. Sin embargo, el no hacer nada es quizá, desde siempre, lo que más me gusta de los muertos. Están ahí, disolviéndose lentamente. Perdiendo lo que los hizo humanos mientras nos recuerdan, en silencio, que todavía somos. Ellos están pero no son. Nosotros estamos y somos. Yo los huelo y los toco. Soy más humano, poderoso e invencible. Veo a la muerte a los ojos y le hago el amor con mi nariz. Irresistible. Pero no se confundan. No soy algún sádico. No me gustan los mutilados, no me gustan los viejos ni los tullidos ni los deformes. Mucho menos los niños, la muerte de un niño tiene dos lamentos: el niño que ya no es, que está pero no es más, y la madre que lo perdió, la madre que es y está pero ya no vive. Muerta en vida. La muerte huele a caramelo avinagrado, pero no es siempre agradable a mis ojos. Me considero (porque ya lo dije: no soy un sádico) un 'artista de la muerte'. A mi mesa llegan </itunes:summary></item><item><title>Y con puño de hierro gobernarás</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2011/03/y-con-puno-de-hierro-gobernaras.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Tue, 29 Mar 2011 04:05:02 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-4250450049149191281</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-p3XWO52XWus/TZGCwtAUTNI/AAAAAAAAAVM/6PChSKpvOug/s1600/7tgPpTciHpulzhgeM22ZwOlio1_500.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 210px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-p3XWO52XWus/TZGCwtAUTNI/AAAAAAAAAVM/6PChSKpvOug/s320/7tgPpTciHpulzhgeM22ZwOlio1_500.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5589392385769753810" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La acorraló en el salón. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabiamente esperó a que todos se fueran para, arropado por la oscuridad del convento, atrapar entre su cuerpo y las pesadas puertas de madera, su figura pequeña y morena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La jovencita no opuso resistencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como él, ella también sentía la urgente y húmeda necesidad de saborear la sal de sus besos, de frotar su cuerpo al suyo, de unirse en un abrazo salvaje, irracional, animal y escandaloso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los besos fueron hambrientos de parte de ambos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero los de él eran hábiles, pecaminosos y expertos. Los de ella, en cambio, eran anhelantes y torpes. Sin embargo, el profesor los disfrutó. Disfrutó cada uno de sus entusiastas avances, de sus gemidos ahogados. Incluso disfrutó el sabor de cada mechón de cabello liso y negro escapado del moño de la pequeña indígena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ella gozaba sus gruesos dedos rugosos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Descubría el placer del dolor causado por las enormes manos llenas de tiza que, infames e irrespetuosas, llevaban una danza rítmica dentro de su cuerpo, alternando el calor de sus dedos con el frío mortecino de los anillos de seminarista. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María descubría la irrefrenable ansia de ser manoseada sin escrúpulos. El infinito gozo de ser violentada, mordida, utilizada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Descubrió que el pecado no es más, al contrario de lo que le enseñaba su sometedor en clases, que la liberación de las cadenas morales para ser un poquito más quienes somos y un poquito menos quienes debemos ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María, así fue llamada siguiendo la costumbre de todas las madres del pueblo, conocía de esta manera que el ardor de su vagina era una llamada divina y carnal para el seminarista que la educaba, y que estaba a pocos minutos de penetrarla montarazmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada jalón de cabello, cada caricia entre las espesas ropas de seminario de él y de estudiante de ella, cada mordisco, cada gritito excitado, cada nuevo rincón explorado en su cuerpo virgen eran gestos infernales que, paradójicamente, la acercaban al cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fray Luis, que así se llamaba el joven profesor, batía incontroladamente su cabellera rubia por debajo de la falda de colegiala de María, expuesta ante las imágenes de la Sagrada Familia que asistían sin quererlo a la entrega de dos cuerpos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fray Luis relamía a María y María empujaba con una mano su cabeza más adentro de la ropa y exponía y acariciaba sus senos con la otra. Fray Luis alternaba lengua y dedos. María gemía y ascendía al pecado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María levitó al pecado a horcajadas sobre el escritorio, con su falda de volantes grises levantada hasta su espalda. Mientras Fray Luis descendió al infierno ultrajando con permiso la selva indómita de las Américas que la indiecita le ofreció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Y con puño de hierro gobernarás en Cielo y Tierra" escribió algún fallecido sacerdote en letras doradas sobre el pizarrón testigo, junto a los santos católicos, del pecado de la carne. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del simple y divino placer del pecado permitido.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=c536c5b" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-4250450049149191281?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-03-29T04:05:02.393-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/-p3XWO52XWus/TZGCwtAUTNI/AAAAAAAAAVM/6PChSKpvOug/s72-c/7tgPpTciHpulzhgeM22ZwOlio1_500.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=c536c5b" length="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=c536c5b" fileSize="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> La acorraló en el salón. Sabiamente esperó a que todos se fueran para, arropado por la oscuridad del convento, atrapar entre su cuerpo y las pesadas puertas de madera, su figura pequeña y morena. La jovencita no opuso resistencia. Como él, ella también s</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> La acorraló en el salón. Sabiamente esperó a que todos se fueran para, arropado por la oscuridad del convento, atrapar entre su cuerpo y las pesadas puertas de madera, su figura pequeña y morena. La jovencita no opuso resistencia. Como él, ella también sentía la urgente y húmeda necesidad de saborear la sal de sus besos, de frotar su cuerpo al suyo, de unirse en un abrazo salvaje, irracional, animal y escandaloso. Los besos fueron hambrientos de parte de ambos. Pero los de él eran hábiles, pecaminosos y expertos. Los de ella, en cambio, eran anhelantes y torpes. Sin embargo, el profesor los disfrutó. Disfrutó cada uno de sus entusiastas avances, de sus gemidos ahogados. Incluso disfrutó el sabor de cada mechón de cabello liso y negro escapado del moño de la pequeña indígena. Pero ella gozaba sus gruesos dedos rugosos. Descubría el placer del dolor causado por las enormes manos llenas de tiza que, infames e irrespetuosas, llevaban una danza rítmica dentro de su cuerpo, alternando el calor de sus dedos con el frío mortecino de los anillos de seminarista. María descubría la irrefrenable ansia de ser manoseada sin escrúpulos. El infinito gozo de ser violentada, mordida, utilizada. Descubrió que el pecado no es más, al contrario de lo que le enseñaba su sometedor en clases, que la liberación de las cadenas morales para ser un poquito más quienes somos y un poquito menos quienes debemos ser. María, así fue llamada siguiendo la costumbre de todas las madres del pueblo, conocía de esta manera que el ardor de su vagina era una llamada divina y carnal para el seminarista que la educaba, y que estaba a pocos minutos de penetrarla montarazmente. Cada jalón de cabello, cada caricia entre las espesas ropas de seminario de él y de estudiante de ella, cada mordisco, cada gritito excitado, cada nuevo rincón explorado en su cuerpo virgen eran gestos infernales que, paradójicamente, la acercaban al cielo. Fray Luis, que así se llamaba el joven profesor, batía incontroladamente su cabellera rubia por debajo de la falda de colegiala de María, expuesta ante las imágenes de la Sagrada Familia que asistían sin quererlo a la entrega de dos cuerpos. Fray Luis relamía a María y María empujaba con una mano su cabeza más adentro de la ropa y exponía y acariciaba sus senos con la otra. Fray Luis alternaba lengua y dedos. María gemía y ascendía al pecado. María levitó al pecado a horcajadas sobre el escritorio, con su falda de volantes grises levantada hasta su espalda. Mientras Fray Luis descendió al infierno ultrajando con permiso la selva indómita de las Américas que la indiecita le ofreció. "Y con puño de hierro gobernarás en Cielo y Tierra" escribió algún fallecido sacerdote en letras doradas sobre el pizarrón testigo, junto a los santos católicos, del pecado de la carne. Del simple y divino placer del pecado permitido. </itunes:summary></item><item><title>El veneno del amor</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2011/02/el-veneno-del-amor.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Mon, 14 Feb 2011 08:37:37 PST</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-4348437491065561181</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-w64h9uWTtrw/TVlS2Cn3pYI/AAAAAAAAAVE/SsK0yOB4zZk/s1600/chica-melancolia5.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-w64h9uWTtrw/TVlS2Cn3pYI/AAAAAAAAAVE/SsK0yOB4zZk/s320/chica-melancolia5.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5573577102218208642" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando esa mañana Bella se levantó la luz del sol iluminaba toda la habitación, inundando de un brillo dorado las paredes de mármol y caliza. A su lado dormía calladamente Príncipe, los halos soleados iluminaban pálidamente su rostro, resaltando sus perfectas facciones y la sonrisa atontada con la que amanecía luego de cada sesión de sexo que tenía con ella.&lt;br /&gt;Sin mayor apuro, la delgada mujer se levantó de la cama, extendió sus brazos y alargó su cuerpo tratando de desperezarse; así que alzaba sus manos hacia el alto techo del castillo. Verla haciendo eso era uno de las mayores deleites de su esposo, quien detallaba cada una de las curvas de la campesina, sus teticas paradas y sus pezones rosados erizados, el culito empinado, como pidiendo nalgadas, y las largas piernas, ligeramente vellosas.&lt;br /&gt;Al caminar, Bella dejaba una sublime estela de vainilla y bayas tras ella. Este aroma hipnotizaba los animalillos del bosque, que la acompañaban cantando hermosas melodías, cada vez que la princesa salía a recoger manzanas, fresas y lirios. Pero, muy especialmente, cuando Bella cabalgaba a su marido y agitaba su larga y espesa melena chocolate, la fragancia embriagante y pesada hundía en fuertes sopores a Príncipe.&lt;br /&gt;Este aroma muchas veces mareaba al hombre-bestia. Siempre empezaba con un ligero ardor en la nariz, continuaba con un insistente dolor de cabeza -palpitante en las sienes- y luego un desconcertante vahído seguido de pasajeros instantes en que Príncipe perdía la conciencia. Cosa extraña, que él siempre atribuía al dulce efluvio.&lt;br /&gt;¡Bella! -dijo el rubio y perfecto joven cuando abrió los celestes ojos- acércate a mí –pidió cortésmente. Su esposa, algo tensa, obedeció pero en ese instante él creyó ver cierto ademán de desprecio y burla, seguido de un acerino brillo en los verdiazules ojos de la niña. Aún así, al acercarse lo suficiente, Príncipe tomó a la frágil mujer por la minúscula cintura, arropándola con sus enormes manos nervosas e impulsándola violentamente hacia él. &lt;br /&gt;Cuando tuvo a la joven desnuda adosada a su grande y fuerte pecho, dirigió su mano izquierda a la vagina e introdujo sin previo aviso dos de sus dedos en ella, moviéndolos rítmicamente para luego sacarlos y olerlos con su enorme nariz y lamerlos con una lengua tan rugosa como una lija; mientras con la otra mano tomaba la de Bella –tan delicada y sutil- y la llevaba hacia su pene, enorme, bestial y erecto.&lt;br /&gt;Le pareció por unos segundos que Bella se resistía, pero lo achacó al sopor que restaba de su sueño. Automáticamente y sin pensarlo tomó a su mujer por los hombros y la hizo arrodillarse ante él y entre sus piernas, se orilló en la cama y dirigió la cabeza de Bella directo hacia su miembro. &lt;br /&gt;Autoritariamente, sin piedad y sobre todo sin pedir permiso empujó hasta lo más profundo la cabecita avellanada hacia sí mismo, sabía –y eso lo excitaba más- que tal impulso provocaba arcadas en la muchachita, apenas respirando mientras saboreaba su atroz y agrio miembro. La boca pequeña y húmeda de la campesina que le fue vendida hace pocos años siempre era un refugio oscuro que le proveía los más salvajes orgasmos, eyectados directamente en la garganta femenina. &lt;br /&gt;Esta vez no fue tan buena como otras veces y hoy, por tercera vez en un mes, Bella se negó a tragar el ácido semen que expulsó, “me siento mal, mi amo” fue la escueta explicación dada por la jovencita.&lt;br /&gt;Sin embargo y de cualquier manera eso no le preocupaba, Bella cedía sin quejas a sus caprichos sexuales, como ayer cuando atada de manos y brazos, con sus rodillas a la altura de sus orejas recibió violentas estocadas sin siquiera pestañear. Lo que más le placía de su esposa era cuando se rendía a sus fantasías, alimentadas por años de encierro y caminatas solitarias, obligadas por el aislamiento al que lo llevó su condición de hombre-bestia.&lt;br /&gt;Anoche especialmente hubo un buen encuentro. Bella estaba agachada en el dintel anquilosado observando la luna llena sobre el bosque, miles de maripositas doradas aleteaban cerca de la princesita de cuento de hadas y el argentino brillo del satélite destacaba aún más sus provocativas curvas. &lt;br /&gt;Sin poder dejar atrás sus costumbres carnívoras aún en su forma humana Príncipe corrió hacia ella y embistió con su pesado cuerpo la figurita de su mujer, alzándola por los aires para luego arrojarla sobre la cama, saltar sobre ella y arrancar con los afilados dientes sus ropas de seda. &lt;br /&gt;Las teticas desnudas de la jovencita saltaron gloriosas fuera del corsé, redondas y compactas, el hombre-bestia las tomó en sus manos y lamió con hambre, mordiendo cruelmente las puntas enrojecidas. Cuando supo que Bella no podría ofrecer más resistencia, se desplomó sobre ella, abrió salvajemente sus piernas, las alzó por encima de sus cuadrados hombros y la penetró varios minutos en esa posición, forzando el poco elástico cuerpo de la mujer hasta el límite. &lt;br /&gt;Al saber que la campesina ya no podría tolerar más jaló sus cabellos, alzó su cadera y la giró con una sola mano para luego acuchillar su prensado culito, resistente aún a semejante violación. Las lágrimas ardientes de Bella caían tímidamente sobre las sábanas y sus quejidos rompían el silencio del Bosque Encantado. &lt;br /&gt;En esto se distrajo Bestia mientras la hermosa joven seguía arrodillada entre sus piernas arropando su falo con sus perfectos labios afrutados, plegados sobre el único órgano masculino que jamás había visto.&lt;br /&gt;Luego de que Bella le hubiera lamido los testículos, inmediatamente después de la eyaculación, la chiquilla decidió subirse sobre su bestia, de espaldas a él, bajó cuidadosamente sobre su pene aún dispuesto y muy, pero muy lenta y rítmicamente, movió su cuerpo arriba y abajo, adelante y atrás, batiendo incansablemente su cabellera sobre el rostro masculino.&lt;br /&gt;Ahí estaba -una vez más- el desconcertante aroma. Dulce y desesperante. Volvieron los mareos y las sienes inflamadas. Esta situación aceleró sus eyecciones y rindió su cuerpo, ya no dispuesto a seguir con el sexo. Príncipe dejó caer -agotado y abatido- su humanidad sobre el colchón relleno de plumas. Bella se paró y fríamente le dijo: "bajaré a hacerte el desayuno".&lt;br /&gt;Cuando Bella hubo bajado, se decidió a servirle una taza de té de grosellas al hombre que vivía con ella, pero -antes de añadir el azúcar- prefirió tomar unas gotas de la esencia de vainilla que la Bruja del Bosque le preparó, roció un poco más en su cabello y el restante lo echó en el brebaje de Príncipe. &lt;br /&gt;Un poco hoy, quizás el día de mañana otro poco más, y para finales de este mes la bestia al fin habrá muerto.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=a4ebe3b" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-4348437491065561181?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-02-14T08:37:37.751-08:00</app:edited><media:thumbnail url="http://3.bp.blogspot.com/-w64h9uWTtrw/TVlS2Cn3pYI/AAAAAAAAAVE/SsK0yOB4zZk/s72-c/chica-melancolia5.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=a4ebe3b" length="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=a4ebe3b" fileSize="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Cuando esa mañana Bella se levantó la luz del sol iluminaba toda la habitación, inundando de un brillo dorado las paredes de mármol y caliza. A su lado dormía calladamente Príncipe, los halos soleados iluminaban pálidamente su rostro, resaltando sus perf</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> Cuando esa mañana Bella se levantó la luz del sol iluminaba toda la habitación, inundando de un brillo dorado las paredes de mármol y caliza. A su lado dormía calladamente Príncipe, los halos soleados iluminaban pálidamente su rostro, resaltando sus perfectas facciones y la sonrisa atontada con la que amanecía luego de cada sesión de sexo que tenía con ella. Sin mayor apuro, la delgada mujer se levantó de la cama, extendió sus brazos y alargó su cuerpo tratando de desperezarse; así que alzaba sus manos hacia el alto techo del castillo. Verla haciendo eso era uno de las mayores deleites de su esposo, quien detallaba cada una de las curvas de la campesina, sus teticas paradas y sus pezones rosados erizados, el culito empinado, como pidiendo nalgadas, y las largas piernas, ligeramente vellosas. Al caminar, Bella dejaba una sublime estela de vainilla y bayas tras ella. Este aroma hipnotizaba los animalillos del bosque, que la acompañaban cantando hermosas melodías, cada vez que la princesa salía a recoger manzanas, fresas y lirios. Pero, muy especialmente, cuando Bella cabalgaba a su marido y agitaba su larga y espesa melena chocolate, la fragancia embriagante y pesada hundía en fuertes sopores a Príncipe. Este aroma muchas veces mareaba al hombre-bestia. Siempre empezaba con un ligero ardor en la nariz, continuaba con un insistente dolor de cabeza -palpitante en las sienes- y luego un desconcertante vahído seguido de pasajeros instantes en que Príncipe perdía la conciencia. Cosa extraña, que él siempre atribuía al dulce efluvio. ¡Bella! -dijo el rubio y perfecto joven cuando abrió los celestes ojos- acércate a mí –pidió cortésmente. Su esposa, algo tensa, obedeció pero en ese instante él creyó ver cierto ademán de desprecio y burla, seguido de un acerino brillo en los verdiazules ojos de la niña. Aún así, al acercarse lo suficiente, Príncipe tomó a la frágil mujer por la minúscula cintura, arropándola con sus enormes manos nervosas e impulsándola violentamente hacia él. Cuando tuvo a la joven desnuda adosada a su grande y fuerte pecho, dirigió su mano izquierda a la vagina e introdujo sin previo aviso dos de sus dedos en ella, moviéndolos rítmicamente para luego sacarlos y olerlos con su enorme nariz y lamerlos con una lengua tan rugosa como una lija; mientras con la otra mano tomaba la de Bella –tan delicada y sutil- y la llevaba hacia su pene, enorme, bestial y erecto. Le pareció por unos segundos que Bella se resistía, pero lo achacó al sopor que restaba de su sueño. Automáticamente y sin pensarlo tomó a su mujer por los hombros y la hizo arrodillarse ante él y entre sus piernas, se orilló en la cama y dirigió la cabeza de Bella directo hacia su miembro. Autoritariamente, sin piedad y sobre todo sin pedir permiso empujó hasta lo más profundo la cabecita avellanada hacia sí mismo, sabía –y eso lo excitaba más- que tal impulso provocaba arcadas en la muchachita, apenas respirando mientras saboreaba su atroz y agrio miembro. La boca pequeña y húmeda de la campesina que le fue vendida hace pocos años siempre era un refugio oscuro que le proveía los más salvajes orgasmos, eyectados directamente en la garganta femenina. Esta vez no fue tan buena como otras veces y hoy, por tercera vez en un mes, Bella se negó a tragar el ácido semen que expulsó, “me siento mal, mi amo” fue la escueta explicación dada por la jovencita. Sin embargo y de cualquier manera eso no le preocupaba, Bella cedía sin quejas a sus caprichos sexuales, como ayer cuando atada de manos y brazos, con sus rodillas a la altura de sus orejas recibió violentas estocadas sin siquiera pestañear. Lo que más le placía de su esposa era cuando se rendía a sus fantasías, alimentadas por años de encierro y caminatas solitarias, obligadas por el aislamiento al que lo llevó su condición de hombre-bestia. Anoche especialmente hubo un buen encuentro. Bella estaba agachada en el dintel anquilosado observando la luna llena sobre el bosque, miles de maripositas doradas aleteaban cerca</itunes:summary></item><item><title>Minotauro</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2011/01/minotauro.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Sat, 22 Jan 2011 20:28:55 PST</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-1732272003652019300</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TTKIl7G9HbI/AAAAAAAAAU4/mPmq6lVJcUo/s1600/304.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 222px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TTKIl7G9HbI/AAAAAAAAAU4/mPmq6lVJcUo/s320/304.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5562658674859384242" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Metió su mano en mis pantalones, así, sin más. Importándole poco o nada que estábamos en un lugar público. Escondidos apenas tras una columna dentro de su carro negro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera escuchábamos las risas de otros jóvenes como nosotros que salían de las discotecas del centro comercial. Unos quizás iban con los mismos planes de sexo hacia sus carros, otros pensaban tan sólo en dormir… Unos reían… Otros pasaban como un celaje y se paraban con la duda de si lo que veían era verdad o si simplemente el alcohol los hacía alucinar… Lo cierto es que pocos se quedaban mucho tiempo a averiguarlo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro del sedán un hombre enceguecido, cual Minotauro ante su presa, tenía atada de manos a una mujer con los pechos expuestos. Las cintas que ceñían sus muñecas eran las trenzas de los zapatos de gamuza negra de él. Cortaban el paso de las venas de sus brazos en su apretado camino hacia el nudo hecho alrededor de los manubrios de los asientos traseros del automóvil. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras estaba sometida e indefensa, él se servía caníbalmente de su carne. Mordía con maldad sus senos, oscureciendo aún más sus negros pezones mientras con una de sus manos la penetraba en dos orificios a la vez. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La otra mano, menos descarada que la otra pero aún más cruel, asfixiaba levemente a la mujer, ejerciendo presión, un poco más o menos cada vez, alrededor del cuello de ella. A veces, para demostrar quién mandaba, golpeaba su cara o jalaba su cabello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mano se movía ejerciendo presión, un poco más o menos cada vez, según el ritmo que la masturbación llevara dentro de su cuerpo con sobrepeso. Acompasadas ambas manos. Estremecidos ambos cuerpos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Minotauro, vestido con chaqueta de cuero, no se preocupó en quitarse alguna pieza de ropa. Simplemente disfrutaba sirviéndose de su amiga. A veces sólo degustaba el sabor de su carne entre sus labios. Absorbiendo con su lengua los rastros de sudor en su cuello. A veces, mezclando con su sabor el de la botella de vodka que los acompañó durante la noche. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La derramaba divertido sobre su cuerpo, para luego lamer el líquido con su lengua rugosa. La derramaba sobre sus labios cuando con crueldad la besaba. Mordiendo. A veces, incluso, dejaba que un poco del vodka bañara sus muñecas amoratadas, dejando correr el alcohol por sus brazos, para lamerlos también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abierta como estaba, el moreno y atractivo hombre mojó sus dedos con la bebida y, con ellos empapados, jugaba de nuevo con su vagina y ano. Haciéndola gemir de placer y dolor en un delicado y frágil equilibrio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esta manera continuó hasta que la excitación fue tal que la penetración ahora sólo podía ser totalmente carnal, con dos cuerpos juntos, enredados e indivisibles. Así que, dejó salir su pene del pantalón y, antes de empujarlo dentro de ella, la forzó a tomarlo en su boca. A beber ávidamente sus jugos mezclados con el líquido restante en la botella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él la probó con vodka y ella a él. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El acto fue simple. Un hombre sobre una mujer atada en un carro. Un pene inflamado en la vagina y la boca de una botella en el ano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaron al orgasmo con segundos de diferencia. Él satisfecho y ella rendida y sudorosa. Violentada pero complacida. Sometida pero entregada a la amalgama de sensaciones que el dolor y el placer le prodigaron a su cuerpo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agradecida. Agitada y nerviosa. Viendo cómo la luz del amanecer se colaba entre las rendijas del estacionamiento. Deseando, simplemente, que el minotauro no prendiera el motor y que su sonido rompiera la melodía de nuestras respiraciones entrecortadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recobrando con hormigueos incesantes la sensación en mis manos, que no paraban de masturbarme para prolongar el placer de la violencia en mi cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=0bf697a" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-1732272003652019300?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-01-22T20:28:55.070-08:00</app:edited><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TTKIl7G9HbI/AAAAAAAAAU4/mPmq6lVJcUo/s72-c/304.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=0bf697a" length="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=0bf697a" fileSize="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Metió su mano en mis pantalones, así, sin más. Importándole poco o nada que estábamos en un lugar público. Escondidos apenas tras una columna dentro de su carro negro. Afuera escuchábamos las risas de otros jóvenes como nosotros que salían de las discote</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> Metió su mano en mis pantalones, así, sin más. Importándole poco o nada que estábamos en un lugar público. Escondidos apenas tras una columna dentro de su carro negro. Afuera escuchábamos las risas de otros jóvenes como nosotros que salían de las discotecas del centro comercial. Unos quizás iban con los mismos planes de sexo hacia sus carros, otros pensaban tan sólo en dormir… Unos reían… Otros pasaban como un celaje y se paraban con la duda de si lo que veían era verdad o si simplemente el alcohol los hacía alucinar… Lo cierto es que pocos se quedaban mucho tiempo a averiguarlo… Dentro del sedán un hombre enceguecido, cual Minotauro ante su presa, tenía atada de manos a una mujer con los pechos expuestos. Las cintas que ceñían sus muñecas eran las trenzas de los zapatos de gamuza negra de él. Cortaban el paso de las venas de sus brazos en su apretado camino hacia el nudo hecho alrededor de los manubrios de los asientos traseros del automóvil. Mientras estaba sometida e indefensa, él se servía caníbalmente de su carne. Mordía con maldad sus senos, oscureciendo aún más sus negros pezones mientras con una de sus manos la penetraba en dos orificios a la vez. La otra mano, menos descarada que la otra pero aún más cruel, asfixiaba levemente a la mujer, ejerciendo presión, un poco más o menos cada vez, alrededor del cuello de ella. A veces, para demostrar quién mandaba, golpeaba su cara o jalaba su cabello. La mano se movía ejerciendo presión, un poco más o menos cada vez, según el ritmo que la masturbación llevara dentro de su cuerpo con sobrepeso. Acompasadas ambas manos. Estremecidos ambos cuerpos. Minotauro, vestido con chaqueta de cuero, no se preocupó en quitarse alguna pieza de ropa. Simplemente disfrutaba sirviéndose de su amiga. A veces sólo degustaba el sabor de su carne entre sus labios. Absorbiendo con su lengua los rastros de sudor en su cuello. A veces, mezclando con su sabor el de la botella de vodka que los acompañó durante la noche. La derramaba divertido sobre su cuerpo, para luego lamer el líquido con su lengua rugosa. La derramaba sobre sus labios cuando con crueldad la besaba. Mordiendo. A veces, incluso, dejaba que un poco del vodka bañara sus muñecas amoratadas, dejando correr el alcohol por sus brazos, para lamerlos también. Abierta como estaba, el moreno y atractivo hombre mojó sus dedos con la bebida y, con ellos empapados, jugaba de nuevo con su vagina y ano. Haciéndola gemir de placer y dolor en un delicado y frágil equilibrio. De esta manera continuó hasta que la excitación fue tal que la penetración ahora sólo podía ser totalmente carnal, con dos cuerpos juntos, enredados e indivisibles. Así que, dejó salir su pene del pantalón y, antes de empujarlo dentro de ella, la forzó a tomarlo en su boca. A beber ávidamente sus jugos mezclados con el líquido restante en la botella. Él la probó con vodka y ella a él. El acto fue simple. Un hombre sobre una mujer atada en un carro. Un pene inflamado en la vagina y la boca de una botella en el ano. Llegaron al orgasmo con segundos de diferencia. Él satisfecho y ella rendida y sudorosa. Violentada pero complacida. Sometida pero entregada a la amalgama de sensaciones que el dolor y el placer le prodigaron a su cuerpo. Agradecida. Agitada y nerviosa. Viendo cómo la luz del amanecer se colaba entre las rendijas del estacionamiento. Deseando, simplemente, que el minotauro no prendiera el motor y que su sonido rompiera la melodía de nuestras respiraciones entrecortadas. Recobrando con hormigueos incesantes la sensación en mis manos, que no paraban de masturbarme para prolongar el placer de la violencia en mi cuerpo. </itunes:summary></item><item><title>Lenora</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2010/12/lenora.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Sat, 18 Dec 2010 20:46:39 PST</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-2032612041362727119</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TQ2OCbacmxI/AAAAAAAAAUs/GRF9N7jILps/s1600/105.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 188px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TQ2OCbacmxI/AAAAAAAAAUs/GRF9N7jILps/s320/105.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5552250087987256082" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Fue fácil llegar a ese punto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya estaba excitada antes de abrir siquiera la puerta de la casa. El manoseo en el carro, camino al centro de la ciudad, ya había despertado su hambre. El paseo en el ascensor fue demasiado corto para su gusto: le hubiese gustado ver sus figuras reflejadas en el espejo de aluminio de la cabina durante más tiempo. Esa mano, varonil y rugosa metida debajo de su falda lucía más invasiva en el reflejo distorsionado del metal gastado.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrir las rejas y la pesada puerta de madera fue un proceso complicado si se tomaba en cuenta el hecho de que Lenora ya tenía las pantaletas húmedas por la insistencia de sus dedos en su vagina y que sus manos, a veces una, a veces la otra, casi siempre ambas, estaban distraídas jugueteando con su pene. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha de aclararse que hubo cierta confusion al dejar atrás la entrada al apartamento. Hubo ciertos besos y lamidas intermitentes en lugares poco ortodoxos -tanto del cuerpo como de la casa-. Finalmente, después de tumbar varios adornos, llegaron a su habitación, todavía con las paredes vestidas con carteles de ídolos adolescentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le causó gracia a Lenora verse observada por los muertos ojos de papel pegados a la pared mientras él, su amor platónico, le comía el coño con desesperación. Un coño pequeñito en una boca enorme. Un coño joven en una boca vieja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los lamidos y mordiscos (y las eventuales "estiradas" de sus labios internos) le producían a la flaca postadolescente sensaciones efervescentes. Sentía en ráfagas cómo un corrientazo subía desde su ano, pasaba por su vagina, recorría su vientre y quemaba mientras moría ahogado en su garganta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Más", gemía la pelinegra, "más", gritaba mientras empujaba la cabeza cana y casi calva dentro de sí. "Más, por favor, más, ¡papi!", rogaba a la vez que el cincuentón la penetraba con su lengua y dedos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El deseo del hombre crecía cuando la palabra "papi", morbosa y pecaminosa era pronunciada por la carajita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue fácil llegar a ese punto en el cual, apoyada en sus manos y rodillas, como la perra que siempre fue, Lenora recibió desde atrás los embates del hombre arrodillado detrás de ella. Una, dos, tres..., varias nalgadas se marcaban en su piel blanca mientras el enorme miembro negro la apuñalaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ratos se sentía una reina, a ratos una puta, pero lo que más le gustaba de estar en esa posición, con la cabeza estirada hacia atrás gracias a que el hombre jalaba su cabello como si montara una yegua salvaje, era que en ese momento, en ese lugar, era la dueña del macho cabrío que la jodía. Era ella quien mandaba y no él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era ella, allí, vulnerable y penetrada por pene por una cavidad y dedos por otra, la dueña del macho, la directora de la escena y la mejor actriz porno. "Así papi, así, por favor sigue, así" -gemía ya cansada, derrotada y complacida en lo más profundo Lenora-, "no pares... Dios... No... Por... Fav... Uuuuummmm...", alcanzó a decir antes del orgasmo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"No pares... Dios... No... Por... Fav... Uuuuummmm...", alcanzó a decir antes de recibir el espeso néctar lechoso que se escapó de él en su boca. Gota a gota tragó el divino líquido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Viejo y cansado", describió Margaret a su papá, pero a Lenora simplemente le parecía interesante y reflexivo. "Interesante", se dijo a sí misma, "es cómo su cabello se enreda en mis manos". Se repetía una y otra vez, "interesante es que se haya fijado en mí". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perversamente se felicitaba por haberle quitado, al fin, algo preciado a su mejor amiga, la pobre niña perfecta. "Que me tire a su papá es lo mínimo que me merezco", se decía mentalmente entre gemidos orales y estremecimientos físicos.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=5cf0908" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-2032612041362727119?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-12-18T20:46:39.349-08:00</app:edited><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TQ2OCbacmxI/AAAAAAAAAUs/GRF9N7jILps/s72-c/105.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=5cf0908" length="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=5cf0908" fileSize="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Fue fácil llegar a ese punto. Ya estaba excitada antes de abrir siquiera la puerta de la casa. El manoseo en el carro, camino al centro de la ciudad, ya había despertado su hambre. El paseo en el ascensor fue demasiado corto para su gusto: le hubiese gus</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> Fue fácil llegar a ese punto. Ya estaba excitada antes de abrir siquiera la puerta de la casa. El manoseo en el carro, camino al centro de la ciudad, ya había despertado su hambre. El paseo en el ascensor fue demasiado corto para su gusto: le hubiese gustado ver sus figuras reflejadas en el espejo de aluminio de la cabina durante más tiempo. Esa mano, varonil y rugosa metida debajo de su falda lucía más invasiva en el reflejo distorsionado del metal gastado. Abrir las rejas y la pesada puerta de madera fue un proceso complicado si se tomaba en cuenta el hecho de que Lenora ya tenía las pantaletas húmedas por la insistencia de sus dedos en su vagina y que sus manos, a veces una, a veces la otra, casi siempre ambas, estaban distraídas jugueteando con su pene. Ha de aclararse que hubo cierta confusion al dejar atrás la entrada al apartamento. Hubo ciertos besos y lamidas intermitentes en lugares poco ortodoxos -tanto del cuerpo como de la casa-. Finalmente, después de tumbar varios adornos, llegaron a su habitación, todavía con las paredes vestidas con carteles de ídolos adolescentes. Le causó gracia a Lenora verse observada por los muertos ojos de papel pegados a la pared mientras él, su amor platónico, le comía el coño con desesperación. Un coño pequeñito en una boca enorme. Un coño joven en una boca vieja. Los lamidos y mordiscos (y las eventuales "estiradas" de sus labios internos) le producían a la flaca postadolescente sensaciones efervescentes. Sentía en ráfagas cómo un corrientazo subía desde su ano, pasaba por su vagina, recorría su vientre y quemaba mientras moría ahogado en su garganta. "Más", gemía la pelinegra, "más", gritaba mientras empujaba la cabeza cana y casi calva dentro de sí. "Más, por favor, más, ¡papi!", rogaba a la vez que el cincuentón la penetraba con su lengua y dedos. El deseo del hombre crecía cuando la palabra "papi", morbosa y pecaminosa era pronunciada por la carajita. Fue fácil llegar a ese punto en el cual, apoyada en sus manos y rodillas, como la perra que siempre fue, Lenora recibió desde atrás los embates del hombre arrodillado detrás de ella. Una, dos, tres..., varias nalgadas se marcaban en su piel blanca mientras el enorme miembro negro la apuñalaba. A ratos se sentía una reina, a ratos una puta, pero lo que más le gustaba de estar en esa posición, con la cabeza estirada hacia atrás gracias a que el hombre jalaba su cabello como si montara una yegua salvaje, era que en ese momento, en ese lugar, era la dueña del macho cabrío que la jodía. Era ella quien mandaba y no él. Era ella, allí, vulnerable y penetrada por pene por una cavidad y dedos por otra, la dueña del macho, la directora de la escena y la mejor actriz porno. "Así papi, así, por favor sigue, así" -gemía ya cansada, derrotada y complacida en lo más profundo Lenora-, "no pares... Dios... No... Por... Fav... Uuuuummmm...", alcanzó a decir antes del orgasmo. "No pares... Dios... No... Por... Fav... Uuuuummmm...", alcanzó a decir antes de recibir el espeso néctar lechoso que se escapó de él en su boca. Gota a gota tragó el divino líquido. "Viejo y cansado", describió Margaret a su papá, pero a Lenora simplemente le parecía interesante y reflexivo. "Interesante", se dijo a sí misma, "es cómo su cabello se enreda en mis manos". Se repetía una y otra vez, "interesante es que se haya fijado en mí". Perversamente se felicitaba por haberle quitado, al fin, algo preciado a su mejor amiga, la pobre niña perfecta. "Que me tire a su papá es lo mínimo que me merezco", se decía mentalmente entre gemidos orales y estremecimientos físicos. </itunes:summary></item><item><title>El día del cerdo</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2010/09/cayo-ruidosamente-en-la-ceramica.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Thu, 23 Sep 2010 19:04:05 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-8193544897417242131</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TJuZfVmYcNI/AAAAAAAAAUk/WzLmmFIr_PA/s1600/1264485038955_f.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TJuZfVmYcNI/AAAAAAAAAUk/WzLmmFIr_PA/s320/1264485038955_f.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5520174531925799122" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cayó ruidosamente en la cerámica gastada. Desesperado rodeaba con sus manos gordas su casi inexistente cuello. Como un cerdo que recibe un golpe desangrante, el enorme hombre sudaba y se retorcía con dificultad sobre el piso verde. Los botones de su camisa estaban a punto de estallar por la fuerza de sus carnes, como a punto de estallar parecía su cara ya morada por la falta de aire.&lt;br /&gt;Respiraba con dificultad. A cada bocanada agonizante sus ojos saltaban más de sus órbitas, su cara se ponía más oscura, su sudor era más profuso y maloliente y los estertores de la muerte en su pecho eran más crueles.&lt;br /&gt;Luchaba por hablar. Levantaba la mano derecha hacia la niña como pidiendo ayuda, quizás perdón, pero seguramente aspaventando la manota para convencerla de darle el respirador. Allí, Lucía, desde la exagerada altura para su edad, lo miraba inmutable y sin embargo con una sonrisa maligna (quizás de alivio) en su carita mientras levantaba cruelmente el respirador sobre su cabeza, mucho más lejos aún del cerdo de su padre. &lt;br /&gt;“¿Lo quieres?”, pensaba decirle aunque siempre se decidía por mirarlo fija y silenciosamente mientras perdía la vida. &lt;br /&gt;“¿Lo quieres?”, le preguntó una vez él a ella, cuando tenía 10 años. “¿Lo quieres?”, le repitió mientras obligándola a sentarse en su regazo la penetraba incestuosamente. “Sí lo quieres”, le susurró a la cara con su aliento fétido a la vez que lamía de su carita sus lágrimas. “Sí lo quieres. Sí lo quieres. Sí lo quieres. Sí lo quieres. Sí lo quieres. Sí lo quieres. Sí lo quieres.” Gemía frente a ella, combando su espalda y poniendo en blanco sus ojos. “Lo quieres y te lo daré”, concluyó al expulsar su semen sobre su vientre. &lt;br /&gt;Asqueroso semen. Asqueroso sudor. Asqueroso padre. &lt;br /&gt;Y sin embargo allí estaba, tres años después, pidiendo desesperado su respirador. El asma había sido mucho más agresivo los últimos meses, poco a poco lo fue debilitando, incluso las escasas ristras de cabello rubio en su redonda cabeza cayeron con más rapidez que antes. &lt;br /&gt;Habían pasado varios años desde que los secos ojos castaños del hombre se veían tan abiertos. Tantas eran las carnes que tapaban su cara y arrugaban sus ojos hasta casi cerrarlos que incluso el color de ellos dejó de distinguirse entre los párpados sin pestañas. Hoy estaban abiertos, mirando suplicantes el respirador. Ya ni siquiera a la hija a quien ella adivinaba que veía fijamente como un lince vería a un conejo era vista en este momento. Ahora su vida era, el objeto de su deseo era, el respirador. Ese pequeño aparatito gris y azul que sostenía Lucía en sus manos largas.&lt;br /&gt;Gloriosa y hermosa como nunca, Lucía levantaba el respirador lejos del cerdo. Su cabello caoba caía sobre sus hombros, su vientre plano respiraba al compás de su pecho creciente y sus ojos, abiertos de par en par hacia el techo de la cocina amarilla, veían de nuevo en colores.&lt;br /&gt;Esos mismos ojos, del mismo color que los ojos del cerdo, ahora lo veían a punto de exhalar su último aliento. Un último respiro y todo habrá acabado. Aún así Lucía dobló lentamente su cuerpo al lado de la bestia, ya orinada por el susto de la muerte y el infierno que le esperaban, hasta arrodillarse. Esperó a que el animal la viera otra vez con los ojos pequeñitos y ya casi muertos. Acercó su pecosa cara a la de él y sonriendo abiertamente, mostrándole el respirador sin permitirle aún alcanzarlo, le preguntó: “¿lo quieres?”&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=0297efb" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-8193544897417242131?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-23T19:04:05.591-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://3.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TJuZfVmYcNI/AAAAAAAAAUk/WzLmmFIr_PA/s72-c/1264485038955_f.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=0297efb" length="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=0297efb" fileSize="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Cayó ruidosamente en la cerámica gastada. Desesperado rodeaba con sus manos gordas su casi inexistente cuello. Como un cerdo que recibe un golpe desangrante, el enorme hombre sudaba y se retorcía con dificultad sobre el piso verde. Los botones de su cami</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> Cayó ruidosamente en la cerámica gastada. Desesperado rodeaba con sus manos gordas su casi inexistente cuello. Como un cerdo que recibe un golpe desangrante, el enorme hombre sudaba y se retorcía con dificultad sobre el piso verde. Los botones de su camisa estaban a punto de estallar por la fuerza de sus carnes, como a punto de estallar parecía su cara ya morada por la falta de aire. Respiraba con dificultad. A cada bocanada agonizante sus ojos saltaban más de sus órbitas, su cara se ponía más oscura, su sudor era más profuso y maloliente y los estertores de la muerte en su pecho eran más crueles. Luchaba por hablar. Levantaba la mano derecha hacia la niña como pidiendo ayuda, quizás perdón, pero seguramente aspaventando la manota para convencerla de darle el respirador. Allí, Lucía, desde la exagerada altura para su edad, lo miraba inmutable y sin embargo con una sonrisa maligna (quizás de alivio) en su carita mientras levantaba cruelmente el respirador sobre su cabeza, mucho más lejos aún del cerdo de su padre. “¿Lo quieres?”, pensaba decirle aunque siempre se decidía por mirarlo fija y silenciosamente mientras perdía la vida. “¿Lo quieres?”, le preguntó una vez él a ella, cuando tenía 10 años. “¿Lo quieres?”, le repitió mientras obligándola a sentarse en su regazo la penetraba incestuosamente. “Sí lo quieres”, le susurró a la cara con su aliento fétido a la vez que lamía de su carita sus lágrimas. “Sí lo quieres. Sí lo quieres. Sí lo quieres. Sí lo quieres. Sí lo quieres. Sí lo quieres. Sí lo quieres.” Gemía frente a ella, combando su espalda y poniendo en blanco sus ojos. “Lo quieres y te lo daré”, concluyó al expulsar su semen sobre su vientre. Asqueroso semen. Asqueroso sudor. Asqueroso padre. Y sin embargo allí estaba, tres años después, pidiendo desesperado su respirador. El asma había sido mucho más agresivo los últimos meses, poco a poco lo fue debilitando, incluso las escasas ristras de cabello rubio en su redonda cabeza cayeron con más rapidez que antes. Habían pasado varios años desde que los secos ojos castaños del hombre se veían tan abiertos. Tantas eran las carnes que tapaban su cara y arrugaban sus ojos hasta casi cerrarlos que incluso el color de ellos dejó de distinguirse entre los párpados sin pestañas. Hoy estaban abiertos, mirando suplicantes el respirador. Ya ni siquiera a la hija a quien ella adivinaba que veía fijamente como un lince vería a un conejo era vista en este momento. Ahora su vida era, el objeto de su deseo era, el respirador. Ese pequeño aparatito gris y azul que sostenía Lucía en sus manos largas. Gloriosa y hermosa como nunca, Lucía levantaba el respirador lejos del cerdo. Su cabello caoba caía sobre sus hombros, su vientre plano respiraba al compás de su pecho creciente y sus ojos, abiertos de par en par hacia el techo de la cocina amarilla, veían de nuevo en colores. Esos mismos ojos, del mismo color que los ojos del cerdo, ahora lo veían a punto de exhalar su último aliento. Un último respiro y todo habrá acabado. Aún así Lucía dobló lentamente su cuerpo al lado de la bestia, ya orinada por el susto de la muerte y el infierno que le esperaban, hasta arrodillarse. Esperó a que el animal la viera otra vez con los ojos pequeñitos y ya casi muertos. Acercó su pecosa cara a la de él y sonriendo abiertamente, mostrándole el respirador sin permitirle aún alcanzarlo, le preguntó: “¿lo quieres?” </itunes:summary></item><item><title>Retrato en sepia</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2010/09/retrato-en-sepia.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Mon, 20 Sep 2010 18:33:37 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-2603740084032203435</guid><description>&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Foto: RERC&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TJeP_I7RRWI/AAAAAAAAAUc/zrxQhwjTXDY/s1600/segovia.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TJeP_I7RRWI/AAAAAAAAAUc/zrxQhwjTXDY/s320/segovia.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5519038183256442210" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Salimos cansados del cine. Encendemos un cigarro, yo de menta, tú sin filtro, y caminamos tomados de la mano sin sentirnos realmente la piel a través del cuero de los guantes. Los tuyos verdes, los míos negros. Maquinalmente nos paramos en las vitrinas y vemos las marquesinas del centro de Madrid. &lt;br /&gt;Yo veo de reojo otros hombres, como sé que tú ves mujeres. Concentro mi mirada en la vitrina de dulces para no tener que ver tu rostro apagado, lleno de barba y cansado. Creo. No. Estoy segura de que no podría ocultar una mueca de desagrado si te viera. &lt;br /&gt;Sin embargo, para evitar verte me veo a mí, dibujada en la escarcha que el invierno depositó sobre la ventana. Igual que tú: apagada y cansada. Tampoco puedo evitar una mueca de desagrado al verme. Ya no te quiero. Ya no nos quiero juntos. &lt;br /&gt;Insistes en tomar café. ¡Puta madre! Con este frío y tú queriendo café. “Ca… fé…”, repito aburrida, más por tratar de apurar el paso a casa que por reflexionar si me lo tomo o no. “Café”, digo finalmente resignada. “Tomemos café”. Fuerzo una mueca. Apuro el paso. No me beses. No quiero besos románticos (según tú) bajo el capote negro de la ciudad. Ya te tomé de la mano. ¿No basta eso acaso?&lt;br /&gt;Nos sentamos. Pides un cola-cao. Yo un espresso. Hablamos de la oficina. De los niños. De la crisis. Pero de ti y de mí no. Al parecer es tema tabú. &lt;br /&gt;Mientras hablas vuelvo a ver mi reflejo (sólo que esta vez es a colores en la puerta del restaurant). La mujer que veo me devuelve una mirada muerta. Unos ojos azules ¿tristes?, ¿anhelantes?, ¿tímidos? Como quiera que sean no son lo que solían ser. Unos labios gruesos (pintados de rojo no sé por qué) se arrugan en mi cara triangular. La nariz respingona hace larga sombra sobre mi barbilla partida. Y mi pelo rubio (y lleno de canas) me “adorna” el cuello en un revoltijo desesperante de rizos y nieve.&lt;br /&gt;Me acompaña un hombre atractivo a pesar de los años. De pelo gris (antes fue negro), ojos grandes y sonrisa sincera. Pero mal vestido, como siempre fue. Si bien me causaba gracia siendo joven, ya no es tan gracioso. Soy. Fui. Creo que sigo siendo hermosa. Atractiva más bien. (He ahí la razón por la cual mis, tus, nuestros hijos son hermosos). &lt;br /&gt;Atractiva y aburrida.&lt;br /&gt;Por más que busco en ese espejo (y en los que rodean el local) no logro ver a quiénes fuimos, sino a quienes nos tocó ser. Busco a dos jóvenes apasionados, tan embebidos el uno en el otro que no pueden dejar de tocarse, amarse y quererse. Tan alegres. Tan enamorados que estuvieron. Estuvimos. &lt;br /&gt;Busco a la hembra calentorra que fui. La busco bajo los kilos extra. Bajo las arrugas. En sus ojos azules. La busco y no la encuentro. Trato entonces de encontrar a la mujer ingenua que se enamoró de su profesor de parches en la chaqueta. Por lo menos a ella para que el café no sea una tortura. Para que tu cigarrillo sin filtro no me asfixie. Para que la cuarentona aburrida sentada en esta mesa deje de sentir el impulso de huir de su vida. Para que la cuarentona aburrida que soy por lo menos aguante las náuseas esta noche de cine y café cuando quieras llevarme a la cama. Cuando me toque cumplir mis deberes conyugales. Cuando me toque representar, una vez más, el papel que por cobardía me niego a abandonar.&lt;br /&gt;La busco a ella. Te busco a ti. O al que fuiste. Reviso desesperada todos los espejos. Todos los reflejos. Hasta en las cucharillas pulidas me busco. Te busco. La busco. Lo busco. Y sólo. Única y tristemente lo que veo es un descolorido retrato en sepia de quienes alguna vez fuimos. &lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=87f6556" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-2603740084032203435?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-20T18:33:37.241-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://3.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TJeP_I7RRWI/AAAAAAAAAUc/zrxQhwjTXDY/s72-c/segovia.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=87f6556" length="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=87f6556" fileSize="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle>Foto: RERC Salimos cansados del cine. Encendemos un cigarro, yo de menta, tú sin filtro, y caminamos tomados de la mano sin sentirnos realmente la piel a través del cuero de los guantes. Los tuyos verdes, los míos negros. Maquinalmente nos paramos en las </itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary>Foto: RERC Salimos cansados del cine. Encendemos un cigarro, yo de menta, tú sin filtro, y caminamos tomados de la mano sin sentirnos realmente la piel a través del cuero de los guantes. Los tuyos verdes, los míos negros. Maquinalmente nos paramos en las vitrinas y vemos las marquesinas del centro de Madrid. Yo veo de reojo otros hombres, como sé que tú ves mujeres. Concentro mi mirada en la vitrina de dulces para no tener que ver tu rostro apagado, lleno de barba y cansado. Creo. No. Estoy segura de que no podría ocultar una mueca de desagrado si te viera. Sin embargo, para evitar verte me veo a mí, dibujada en la escarcha que el invierno depositó sobre la ventana. Igual que tú: apagada y cansada. Tampoco puedo evitar una mueca de desagrado al verme. Ya no te quiero. Ya no nos quiero juntos. Insistes en tomar café. ¡Puta madre! Con este frío y tú queriendo café. “Ca… fé…”, repito aburrida, más por tratar de apurar el paso a casa que por reflexionar si me lo tomo o no. “Café”, digo finalmente resignada. “Tomemos café”. Fuerzo una mueca. Apuro el paso. No me beses. No quiero besos románticos (según tú) bajo el capote negro de la ciudad. Ya te tomé de la mano. ¿No basta eso acaso? Nos sentamos. Pides un cola-cao. Yo un espresso. Hablamos de la oficina. De los niños. De la crisis. Pero de ti y de mí no. Al parecer es tema tabú. Mientras hablas vuelvo a ver mi reflejo (sólo que esta vez es a colores en la puerta del restaurant). La mujer que veo me devuelve una mirada muerta. Unos ojos azules ¿tristes?, ¿anhelantes?, ¿tímidos? Como quiera que sean no son lo que solían ser. Unos labios gruesos (pintados de rojo no sé por qué) se arrugan en mi cara triangular. La nariz respingona hace larga sombra sobre mi barbilla partida. Y mi pelo rubio (y lleno de canas) me “adorna” el cuello en un revoltijo desesperante de rizos y nieve. Me acompaña un hombre atractivo a pesar de los años. De pelo gris (antes fue negro), ojos grandes y sonrisa sincera. Pero mal vestido, como siempre fue. Si bien me causaba gracia siendo joven, ya no es tan gracioso. Soy. Fui. Creo que sigo siendo hermosa. Atractiva más bien. (He ahí la razón por la cual mis, tus, nuestros hijos son hermosos). Atractiva y aburrida. Por más que busco en ese espejo (y en los que rodean el local) no logro ver a quiénes fuimos, sino a quienes nos tocó ser. Busco a dos jóvenes apasionados, tan embebidos el uno en el otro que no pueden dejar de tocarse, amarse y quererse. Tan alegres. Tan enamorados que estuvieron. Estuvimos. Busco a la hembra calentorra que fui. La busco bajo los kilos extra. Bajo las arrugas. En sus ojos azules. La busco y no la encuentro. Trato entonces de encontrar a la mujer ingenua que se enamoró de su profesor de parches en la chaqueta. Por lo menos a ella para que el café no sea una tortura. Para que tu cigarrillo sin filtro no me asfixie. Para que la cuarentona aburrida sentada en esta mesa deje de sentir el impulso de huir de su vida. Para que la cuarentona aburrida que soy por lo menos aguante las náuseas esta noche de cine y café cuando quieras llevarme a la cama. Cuando me toque cumplir mis deberes conyugales. Cuando me toque representar, una vez más, el papel que por cobardía me niego a abandonar. La busco a ella. Te busco a ti. O al que fuiste. Reviso desesperada todos los espejos. Todos los reflejos. Hasta en las cucharillas pulidas me busco. Te busco. La busco. Lo busco. Y sólo. Única y tristemente lo que veo es un descolorido retrato en sepia de quienes alguna vez fuimos. </itunes:summary></item><item><title>Bella</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2010/09/bella.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Sat, 18 Sep 2010 19:43:08 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-8333185660672994066</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TJRIa5s05dI/AAAAAAAAAUU/-KEuDg4oBno/s1600/96.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TJRIa5s05dI/AAAAAAAAAUU/-KEuDg4oBno/s320/96.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5518115070438335954" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;"Dime que no es muy tarde", le pedí.&lt;br /&gt;Y sin embargo sólo recibí como respuesta una mirada fría y ausente. Una mirada que ya ni siquiera deseaba despedirse de mí.&lt;br /&gt;"Sí es tarde. Fue tarde hace mucho", respondió mi bella antes de cerrar la puerta tras sí.&lt;br /&gt;Desolado no pude más que acercarme a la ventana para verla partir definitivamente. ¿Cuándo –me pregunto- todo se acabó? ¿En qué momento pude perderla?&lt;br /&gt;Recuerdo aún vívidamente el día que hicimos el amor por primera vez. Fuimos educados el uno con el otro, jugamos un juego perfecto de reconocimiento. De olores y sabores. De fluidos y gemidos. Ella era flexible y yo joven. Ella audaz y yo entregado. &lt;br /&gt;Me mordió. Le jalé el cabello. Lamió mi ser completo. Bebí de sus jugos. Me complació. La complací. Fue una perra. Y yo otro animal irreconocible. &lt;br /&gt;Ya durante varios meses había yo alimentado mi amor hacia ella. Finalmente, ese día en la playa, sobre sábanas de colores, estuvimos juntos. &lt;br /&gt;Ese día le dije “te amo”, tan clara y diáfanamente que expresarlo me quemaba el pecho. Se rió, abriendo su boca para dejarme ver sus desordenados dientes mientras echaba el largo cuello hacia atrás. La agitación de su risa hizo temblar su cuerpo, así que sus gloriosas y enormes tetas rosadas se agitaron también sobre mi cara. &lt;br /&gt;Luego de reírse, aún a horcajadas en mi cuerpo, acercó su cara a la mía (dejando caer sus largos mechones negros sobre mi rostro y pecho), la tomó entre sus manos y me dijo, a milímetros de distancia, “no me amas, no puedes, son tus hormonas hablando…”. Pero sí la amaba. Aún la amo.&lt;br /&gt;Rendida se desencajó de mi pene aún erecto, pasó sus piernas sobre mí y se acostó a mi lado, pegando su desnudo cuerpo al mío, tan cerca, tan caliente y tan sudado que no permitía que la excitación se ablandara, forzándome a penetrarla una vez más de costado. Y esta vez no fui tan gentil.&lt;br /&gt;Borrosas son las palabras y los recuerdos de aquel día y sin embargo jamás olvidé los contornos de su cuerpo, mismos que dibujé una y otra vez en el aire siguiendo la línea de sus caderas y el defecto de sus proporciones. Miles de veces repetí el patrón de sus formas con mis manos, como si manuipulara una masa invisible.&lt;br /&gt;La observé dormir la noche entera. Aprendí el ritmo de su respiración. El olor de su cuerpo. Las muecas de su rostro soñando. El largo exacto y la textura de su cabello. El tono de su piel. Las marcas de nacimiento. Sus lunares. Y sus cicatrices. La memoricé de tal manera que la tengo grabada a fuego, mientras ella hoy se va. &lt;br /&gt;Soy capaz de tomar barro y modelarla a la perfección. Como soy capaz de matar por ella. O de parar de respirar sin ella. Soy capaz de muchas cosas pero tristemente no soy alguna cosa. Extraña ironía. &lt;br /&gt;Mi bella se va. No sé si con otro. Pero se va sin mí.&lt;br /&gt;Y lo único que atino a hacer, frente al viento invernal, es moldear en el aire su cuerpo perfecto. Ella se va y se va sin mí.&lt;br /&gt;Ya es tarde. Lo fue hace mucho.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=e9913b8" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-8333185660672994066?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-18T19:43:08.584-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TJRIa5s05dI/AAAAAAAAAUU/-KEuDg4oBno/s72-c/96.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=e9913b8" length="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=e9913b8" fileSize="31329" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> "Dime que no es muy tarde", le pedí. Y sin embargo sólo recibí como respuesta una mirada fría y ausente. Una mirada que ya ni siquiera deseaba despedirse de mí. "Sí es tarde. Fue tarde hace mucho", respondió mi bella antes de cerrar la puerta tras sí. De</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> "Dime que no es muy tarde", le pedí. Y sin embargo sólo recibí como respuesta una mirada fría y ausente. Una mirada que ya ni siquiera deseaba despedirse de mí. "Sí es tarde. Fue tarde hace mucho", respondió mi bella antes de cerrar la puerta tras sí. Desolado no pude más que acercarme a la ventana para verla partir definitivamente. ¿Cuándo –me pregunto- todo se acabó? ¿En qué momento pude perderla? Recuerdo aún vívidamente el día que hicimos el amor por primera vez. Fuimos educados el uno con el otro, jugamos un juego perfecto de reconocimiento. De olores y sabores. De fluidos y gemidos. Ella era flexible y yo joven. Ella audaz y yo entregado. Me mordió. Le jalé el cabello. Lamió mi ser completo. Bebí de sus jugos. Me complació. La complací. Fue una perra. Y yo otro animal irreconocible. Ya durante varios meses había yo alimentado mi amor hacia ella. Finalmente, ese día en la playa, sobre sábanas de colores, estuvimos juntos. Ese día le dije “te amo”, tan clara y diáfanamente que expresarlo me quemaba el pecho. Se rió, abriendo su boca para dejarme ver sus desordenados dientes mientras echaba el largo cuello hacia atrás. La agitación de su risa hizo temblar su cuerpo, así que sus gloriosas y enormes tetas rosadas se agitaron también sobre mi cara. Luego de reírse, aún a horcajadas en mi cuerpo, acercó su cara a la mía (dejando caer sus largos mechones negros sobre mi rostro y pecho), la tomó entre sus manos y me dijo, a milímetros de distancia, “no me amas, no puedes, son tus hormonas hablando…”. Pero sí la amaba. Aún la amo. Rendida se desencajó de mi pene aún erecto, pasó sus piernas sobre mí y se acostó a mi lado, pegando su desnudo cuerpo al mío, tan cerca, tan caliente y tan sudado que no permitía que la excitación se ablandara, forzándome a penetrarla una vez más de costado. Y esta vez no fui tan gentil. Borrosas son las palabras y los recuerdos de aquel día y sin embargo jamás olvidé los contornos de su cuerpo, mismos que dibujé una y otra vez en el aire siguiendo la línea de sus caderas y el defecto de sus proporciones. Miles de veces repetí el patrón de sus formas con mis manos, como si manuipulara una masa invisible. La observé dormir la noche entera. Aprendí el ritmo de su respiración. El olor de su cuerpo. Las muecas de su rostro soñando. El largo exacto y la textura de su cabello. El tono de su piel. Las marcas de nacimiento. Sus lunares. Y sus cicatrices. La memoricé de tal manera que la tengo grabada a fuego, mientras ella hoy se va. Soy capaz de tomar barro y modelarla a la perfección. Como soy capaz de matar por ella. O de parar de respirar sin ella. Soy capaz de muchas cosas pero tristemente no soy alguna cosa. Extraña ironía. Mi bella se va. No sé si con otro. Pero se va sin mí. Y lo único que atino a hacer, frente al viento invernal, es moldear en el aire su cuerpo perfecto. Ella se va y se va sin mí. Ya es tarde. Lo fue hace mucho. </itunes:summary></item><item><title>One Question: London</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2010/08/one-question-london.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Sun, 08 Aug 2010 21:27:37 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-1253593867062272726</guid><description>&lt;object width="400" height="225"&gt;&lt;param name="allowfullscreen" value="true" /&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always" /&gt;&lt;param name="movie" value="http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2834087&amp;amp;server=vimeo.com&amp;amp;show_title=1&amp;amp;show_byline=1&amp;amp;show_portrait=1&amp;amp;color=&amp;amp;fullscreen=1&amp;amp;autoplay=0&amp;amp;loop=0" /&gt;&lt;embed src="http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2834087&amp;amp;server=vimeo.com&amp;amp;show_title=1&amp;amp;show_byline=1&amp;amp;show_portrait=1&amp;amp;color=&amp;amp;fullscreen=1&amp;amp;autoplay=0&amp;amp;loop=0" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" allowscriptaccess="always" width="400" height="225"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;p&gt;&lt;a href="http://vimeo.com/2834087"&gt;Fifty People, One Question: London&lt;/a&gt; from &lt;a href="http://vimeo.com/askyourself"&gt;Fifty People, One Question&lt;/a&gt; on &lt;a href="http://vimeo.com"&gt;Vimeo&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-1253593867062272726?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-08-08T21:27:37.214-07:00</app:edited><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2834087&amp;amp;server=vimeo.com&amp;amp;show_title=1&amp;amp;show_byline=1&amp;amp;show_portrait=1&amp;amp;color=&amp;amp;fullscreen=1&amp;amp;autoplay=0&amp;amp;loop=0" length="-1" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2834087&amp;amp;server=vimeo.com&amp;amp;show_title=1&amp;amp;show_byline=1&amp;amp;show_portrait=1&amp;amp;color=&amp;amp;fullscreen=1&amp;amp;autoplay=0&amp;amp;loop=0" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Fifty People, One Question: London from Fifty People, One Question on Vimeo.</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> Fifty People, One Question: London from Fifty People, One Question on Vimeo.</itunes:summary></item><item><title>Farewell adiós</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2010/06/farewell-adios.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Wed, 09 Jun 2010 19:50:21 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-8472810625346639045</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TA_25VrM8DI/AAAAAAAAAUE/nESsMD5pScc/s1600/127.png"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TA_25VrM8DI/AAAAAAAAAUE/nESsMD5pScc/s320/127.png" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5480870736464506930" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Nada es más doloroso que descubrir que estamos equivocados. Ver a alguien más, no solamente notar sino, señalar nuestros errores es una pesadilla. Voltaire dice que somos libres desde el momento en que deseamos serlo, pero ¿qué pasa si el deseo no queda en más que un deseo?, ¿si la realidad supera nuestros anhelos y, simplemente, la libertad pasa de lado? ¿Cómo vivir en la espera eterna de algo deseado pero jamás alcanzado? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amar y no ser amada, he ahí, la verdadera e irreductible pérdida del deseo de libertad. No de la libertad, sino del deseo de ser libre. Morir en la mengua del desprecio nos ata, nos esclaviza, nos vuelve títeres de una nostalgia gratuita y venenosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejar atrás un amor es dejar atrás la vida, los sueños y la necesidad de depender de quien ya no quiere ser nuestra defensa. Basados entonces en falsos argumentos caminamos por la vida solos y solitarios, sintiéndonos vacíos de un amor que ya no nos corresponde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que, sabio como es el tiempo, nuestro corazón se cura, nuestra alma se reverdece y de nuevo sentimos la necesidad de desperdiciar con otro el deseo de ser libre y la libertad recién adquirida. Sin embargo, mientras buscamos perder el impulso de hacer lo que se nos venga en gana, descubrimos que quien nos subyugaba, que quien se llevó nuestra libertad ya no es tan perfecto ni tan necesario como creíamos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En resumen, con el tiempo me di cuenta de que al final ni siquiera la tenías grande.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=a07376d" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-8472810625346639045?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-06-09T19:50:21.864-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://3.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/TA_25VrM8DI/AAAAAAAAAUE/nESsMD5pScc/s72-c/127.png" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=a07376d" length="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=a07376d" fileSize="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Nada es más doloroso que descubrir que estamos equivocados. Ver a alguien más, no solamente notar sino, señalar nuestros errores es una pesadilla. Voltaire dice que somos libres desde el momento en que deseamos serlo, pero ¿qué pasa si el deseo no queda </itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> Nada es más doloroso que descubrir que estamos equivocados. Ver a alguien más, no solamente notar sino, señalar nuestros errores es una pesadilla. Voltaire dice que somos libres desde el momento en que deseamos serlo, pero ¿qué pasa si el deseo no queda en más que un deseo?, ¿si la realidad supera nuestros anhelos y, simplemente, la libertad pasa de lado? ¿Cómo vivir en la espera eterna de algo deseado pero jamás alcanzado? Amar y no ser amada, he ahí, la verdadera e irreductible pérdida del deseo de libertad. No de la libertad, sino del deseo de ser libre. Morir en la mengua del desprecio nos ata, nos esclaviza, nos vuelve títeres de una nostalgia gratuita y venenosa. Dejar atrás un amor es dejar atrás la vida, los sueños y la necesidad de depender de quien ya no quiere ser nuestra defensa. Basados entonces en falsos argumentos caminamos por la vida solos y solitarios, sintiéndonos vacíos de un amor que ya no nos corresponde. Hasta que, sabio como es el tiempo, nuestro corazón se cura, nuestra alma se reverdece y de nuevo sentimos la necesidad de desperdiciar con otro el deseo de ser libre y la libertad recién adquirida. Sin embargo, mientras buscamos perder el impulso de hacer lo que se nos venga en gana, descubrimos que quien nos subyugaba, que quien se llevó nuestra libertad ya no es tan perfecto ni tan necesario como creíamos. En resumen, con el tiempo me di cuenta de que al final ni siquiera la tenías grande. </itunes:summary></item><item><title>Atrás</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2010/05/atras.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Thu, 10 Jun 2010 13:27:41 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-8732424412298514866</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/S_rSIkLCZfI/AAAAAAAAAT0/ydy4egypG_A/s1600/250.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 318px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/S_rSIkLCZfI/AAAAAAAAAT0/ydy4egypG_A/s320/250.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5474919341613016562" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Se llevó sus libros, sus lentes y sus corbatas. Se llevó sus fotos, su cámara fotográfica y su guitarra. Aún están sobre la mesa las manchas de donde ponía su vaso de ron. Aún se ven sobre la mesa las marcas de donde estaban sus escritos: el polvo aún no las ha tapado completamente. Se llevó también al gato, sus lentes para 3D y sus películas. Dejó el afiche de Scarface roto sobre la mesa. Dejó también su anillo de matrimonio. La persiana a medio cerrar deja pasar un triste rayo de amanecer. El polvo flota ante mí, el haz de luz se refleja en la caoba y rebota en los muebles de cuero gastado y entre las paredes amarillas. Se llevó sus discos de jazz, pero dejó los de blues. Se llevó su sonrisa y su amargura. Se llevó su cabello canoso pero me dejó a mí. Olvidada a media noche. Abandonada. Esperando su regreso.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=19a396c" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-8732424412298514866?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-06-10T13:27:41.545-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/S_rSIkLCZfI/AAAAAAAAAT0/ydy4egypG_A/s72-c/250.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=19a396c" length="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=19a396c" fileSize="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Se llevó sus libros, sus lentes y sus corbatas. Se llevó sus fotos, su cámara fotográfica y su guitarra. Aún están sobre la mesa las manchas de donde ponía su vaso de ron. Aún se ven sobre la mesa las marcas de donde estaban sus escritos: el polvo aún no</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> Se llevó sus libros, sus lentes y sus corbatas. Se llevó sus fotos, su cámara fotográfica y su guitarra. Aún están sobre la mesa las manchas de donde ponía su vaso de ron. Aún se ven sobre la mesa las marcas de donde estaban sus escritos: el polvo aún no las ha tapado completamente. Se llevó también al gato, sus lentes para 3D y sus películas. Dejó el afiche de Scarface roto sobre la mesa. Dejó también su anillo de matrimonio. La persiana a medio cerrar deja pasar un triste rayo de amanecer. El polvo flota ante mí, el haz de luz se refleja en la caoba y rebota en los muebles de cuero gastado y entre las paredes amarillas. Se llevó sus discos de jazz, pero dejó los de blues. Se llevó su sonrisa y su amargura. Se llevó su cabello canoso pero me dejó a mí. Olvidada a media noche. Abandonada. Esperando su regreso. </itunes:summary></item><item><title>Powerslave</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2010/04/powerslave.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Thu, 10 Jun 2010 13:19:51 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-2740794186434856652</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/S8aGDh7qFTI/AAAAAAAAATs/6sFrXSqmF8I/s1600/1368.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/S8aGDh7qFTI/AAAAAAAAATs/6sFrXSqmF8I/s320/1368.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5460198993439626546" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;¿Sabes cuál canción es esa?, le pregunté mientras la veía acercarse al equipo de sonido para subirle el máximo del volumen a los altavoces. -&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Powerslave&lt;/span&gt;, respondió sin siquiera volverse a mí, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Powerslave &lt;/span&gt;de Iron Maiden, añadió en voz baja.&lt;br /&gt;¿Sabes?, a veces estando desnuda (como ahora) escucho a Maiden e imagino que Bruce me hace el amor, así, lento, como tú, me dijo. &lt;br /&gt;Parada ante mí estaba mi diosa, una hermosa nena de carne y hueso, con algo de grasa sobre las caderas y varios tatuajes sobre su cuerpo, uno de ellos una serpiente demoníaca que corría desde su hombro derecho hasta su vientre redondo. Entre mi cama y mi guitarra bailaba al son de &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Powerslave&lt;/span&gt;, extrañamente seductora tomando en cuenta la canción que sonaba tras ella.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Why can’t live on?, when the Life Giver dies, all around is laid waste&lt;/span&gt; decía el coro a la vez que movía sus caderas al compás de la batería, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;and in my last hour I’m slave to the power of death&lt;/span&gt;, decía el coro a la vez que batía su largo cabello azul a la luz de la luna, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;when I was living this lie fear was my game, people would worship and fall&lt;/span&gt;, gritaba Dickinson mientras Eva simulaba masturbarse con el bajo de Steve Harris.&lt;br /&gt;Ella simulaba una masturbación &lt;span style="font-style:italic;"&gt;on air guitar&lt;/span&gt; y yo me masturbaba frente a ella, viéndola bailar, viéndola acariciarse, viendo cómo su cuerpo se estremecía en violentos espasmos provocados por el &lt;span style="font-style:italic;"&gt;heavy metal&lt;/span&gt; tal vez, provocados por su propia mano tal vez. Sus tetas bailaban, su serpiente movía la cola, su lengua lamía sus labios. Yo me masturbaba.&lt;br /&gt;Eva, lanzando al fin su mirada sobre mí, se acercó leonina para con su boca sustituir mi mano sobre mi pene, para así seguir con el ritmo trepidante de la pieza en su lengua. La cabeza bajaba y subía según indicaban los acordes de la canción, los hombros sincronizados con las voces del coro, Dickinson gritando en mi oído &lt;span style="font-style:italic;"&gt;but open the gates of my hell, I’ll strike from the grave&lt;/span&gt;. Eva llevándome al borde del cielo mismo.&lt;br /&gt;Súbitamente mi chica paró para seguir bailando entre mi guitarra y yo, simulando tener una en sus manos, cerraba los ojos tal vez para imaginarse ante un público, sobre un escenario o entregándose a la lujuria de la música con miles de desconocidos, arrobados como ella por el ritmo pesado del metal. &lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;When the Life Giver dies all around is laid waste and in my last hour I’m slave to the power of death&lt;/span&gt; gemía Eva sobre mis piernas, mientras con su cadera me elevaba al paraíso al ritmo de &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Powerslave&lt;/span&gt;. &lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Hell yeah!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=257f106" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-2740794186434856652?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-06-10T13:19:51.627-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/S8aGDh7qFTI/AAAAAAAAATs/6sFrXSqmF8I/s72-c/1368.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=257f106" length="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=257f106" fileSize="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> ¿Sabes cuál canción es esa?, le pregunté mientras la veía acercarse al equipo de sonido para subirle el máximo del volumen a los altavoces. -Powerslave, respondió sin siquiera volverse a mí, Powerslave de Iron Maiden, añadió en voz baja. ¿Sabes?, a veces</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> ¿Sabes cuál canción es esa?, le pregunté mientras la veía acercarse al equipo de sonido para subirle el máximo del volumen a los altavoces. -Powerslave, respondió sin siquiera volverse a mí, Powerslave de Iron Maiden, añadió en voz baja. ¿Sabes?, a veces estando desnuda (como ahora) escucho a Maiden e imagino que Bruce me hace el amor, así, lento, como tú, me dijo. Parada ante mí estaba mi diosa, una hermosa nena de carne y hueso, con algo de grasa sobre las caderas y varios tatuajes sobre su cuerpo, uno de ellos una serpiente demoníaca que corría desde su hombro derecho hasta su vientre redondo. Entre mi cama y mi guitarra bailaba al son de Powerslave, extrañamente seductora tomando en cuenta la canción que sonaba tras ella. Why can’t live on?, when the Life Giver dies, all around is laid waste decía el coro a la vez que movía sus caderas al compás de la batería, and in my last hour I’m slave to the power of death, decía el coro a la vez que batía su largo cabello azul a la luz de la luna, when I was living this lie fear was my game, people would worship and fall, gritaba Dickinson mientras Eva simulaba masturbarse con el bajo de Steve Harris. Ella simulaba una masturbación on air guitar y yo me masturbaba frente a ella, viéndola bailar, viéndola acariciarse, viendo cómo su cuerpo se estremecía en violentos espasmos provocados por el heavy metal tal vez, provocados por su propia mano tal vez. Sus tetas bailaban, su serpiente movía la cola, su lengua lamía sus labios. Yo me masturbaba. Eva, lanzando al fin su mirada sobre mí, se acercó leonina para con su boca sustituir mi mano sobre mi pene, para así seguir con el ritmo trepidante de la pieza en su lengua. La cabeza bajaba y subía según indicaban los acordes de la canción, los hombros sincronizados con las voces del coro, Dickinson gritando en mi oído but open the gates of my hell, I’ll strike from the grave. Eva llevándome al borde del cielo mismo. Súbitamente mi chica paró para seguir bailando entre mi guitarra y yo, simulando tener una en sus manos, cerraba los ojos tal vez para imaginarse ante un público, sobre un escenario o entregándose a la lujuria de la música con miles de desconocidos, arrobados como ella por el ritmo pesado del metal. When the Life Giver dies all around is laid waste and in my last hour I’m slave to the power of death gemía Eva sobre mis piernas, mientras con su cadera me elevaba al paraíso al ritmo de Powerslave. Hell yeah! </itunes:summary></item><item><title>Pecado Original</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2010/03/pecado-original.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Thu, 10 Jun 2010 13:34:07 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-6979991459113693130</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/S6pvh3RioCI/AAAAAAAAATk/NuU8PfN1t48/s1600/58.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/S6pvh3RioCI/AAAAAAAAATk/NuU8PfN1t48/s320/58.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5452292926449295394" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El carpintero llegó extenuado a casa. El calor de la calle y las arenas del desierto quemaron esta vez su rostro con más saña que en otras ocasiones, el cuero de sus sandalias, calentado al extremo, ampolló sus pies y el aire seco de Nazareth agrietó sus finos labios dolorosamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo llegar a casa de Simón era una bendición, allí bebería vino y comería uvas y pan mojado en aceite de oliva, siempre en compañía de sus discípulos, sus mujeres y el pueblo, último y único beneficiario de su verdad y vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jesús, así lo llamaban, era ciertamente un hombre atractivo. De piel mucho más clara que el resto de sus contemporáneos, y con unos ojos claros que muchos aseveraban reflejaba las aguas del Jordán, su físico atraía a mujeres y hombres tanto o más que sus palabras. La mitología tejida alrededor del profeta poco reducía los deseos que despertaba en algunos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de esto, el profeta mantenía puro su cuerpo, predicando con el ejemplo de todos los días lo que su verbo pregonaba: la pureza no sólo de alma sino física. Pero la tentación no dejaba escapar a nadie, ni siquiera a un autoproclamado hombre-dios. Y María Magdalena era su nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María Magdalena, llamada “la impura”, no era lo que muchos definirían como una mujer hermosa, empero era un espécimen sensual y atractivo, cuyos ojos verdiazules -enmarcados en una piel tan oscura como el pecado y sobre un rostro coronado con rizos tan rojos como el fuego del infierno- llevaban a los hombres al abismo del arrebato carnal, alejándolos del cielo prometido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puta vivía en esa casa gracias a la misericordia del galileo quien la salvó de morir apedreada y deforme bajo la rabia de los judíos, tan pecadores todos como ella misma. Consciente del agradecimiento infinito que sentía y debía prodigarle a este ángel encarnado Magdalena lo recibía siempre con óleos y perfumes, disueltos en un cuenco de arcilla lleno de agua limpia, para limpiar las heridas que el sol hacía en su piel y aliviar el calor del desierto, el cansancio de la prédica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que se iniciaba este ritual Jesús disfrutaba, con un delicioso apretón en su bajo vientre, de las atenciones de la mujer, tan rellena que a veces sus carnes curtidas saltaban rebeldes dentro del velo y las batas. El movimiento sensual de los senos de Magdalena, acompasados con los lentos toques de sus largas manos, emocionaban a Jesús, quien no podía (ni quería) dejar de verlos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus manos largas, expertas y cariñosas restregaban sus agotados pies y piernas, mientras el hermoso canto de su voz le dedicaba canciones de alabanza. El cabello brillante de la sierva caía en mechones fuera del velo obligatorio, proveyendo de una caricia extra las piernas del semidios, excitado sobre su silla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin querer evitar lo siguiente, Jesús tomó en sus manos el rostro de Magdalena, lo acercó al suyo y con una mano arregló los rebeldes cabellos. La cercanía con ella, el hipnotizante olor de piel oscura y los ojos suplicantes fueron una epifanía de lo que sucedería, un inicio al pecado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era Dios encarnado, sí, pero en definitiva era un dios en piel de hombre, con sus debilidades y el pecado original corriendo por sus venas.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=63e739f" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-6979991459113693130?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-06-10T13:34:07.652-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/S6pvh3RioCI/AAAAAAAAATk/NuU8PfN1t48/s72-c/58.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=63e739f" length="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=63e739f" fileSize="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> El carpintero llegó extenuado a casa. El calor de la calle y las arenas del desierto quemaron esta vez su rostro con más saña que en otras ocasiones, el cuero de sus sandalias, calentado al extremo, ampolló sus pies y el aire seco de Nazareth agrietó sus</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> El carpintero llegó extenuado a casa. El calor de la calle y las arenas del desierto quemaron esta vez su rostro con más saña que en otras ocasiones, el cuero de sus sandalias, calentado al extremo, ampolló sus pies y el aire seco de Nazareth agrietó sus finos labios dolorosamente. Sin embargo llegar a casa de Simón era una bendición, allí bebería vino y comería uvas y pan mojado en aceite de oliva, siempre en compañía de sus discípulos, sus mujeres y el pueblo, último y único beneficiario de su verdad y vida. Jesús, así lo llamaban, era ciertamente un hombre atractivo. De piel mucho más clara que el resto de sus contemporáneos, y con unos ojos claros que muchos aseveraban reflejaba las aguas del Jordán, su físico atraía a mujeres y hombres tanto o más que sus palabras. La mitología tejida alrededor del profeta poco reducía los deseos que despertaba en algunos. A pesar de esto, el profeta mantenía puro su cuerpo, predicando con el ejemplo de todos los días lo que su verbo pregonaba: la pureza no sólo de alma sino física. Pero la tentación no dejaba escapar a nadie, ni siquiera a un autoproclamado hombre-dios. Y María Magdalena era su nombre. María Magdalena, llamada “la impura”, no era lo que muchos definirían como una mujer hermosa, empero era un espécimen sensual y atractivo, cuyos ojos verdiazules -enmarcados en una piel tan oscura como el pecado y sobre un rostro coronado con rizos tan rojos como el fuego del infierno- llevaban a los hombres al abismo del arrebato carnal, alejándolos del cielo prometido. La puta vivía en esa casa gracias a la misericordia del galileo quien la salvó de morir apedreada y deforme bajo la rabia de los judíos, tan pecadores todos como ella misma. Consciente del agradecimiento infinito que sentía y debía prodigarle a este ángel encarnado Magdalena lo recibía siempre con óleos y perfumes, disueltos en un cuenco de arcilla lleno de agua limpia, para limpiar las heridas que el sol hacía en su piel y aliviar el calor del desierto, el cansancio de la prédica. Cada vez que se iniciaba este ritual Jesús disfrutaba, con un delicioso apretón en su bajo vientre, de las atenciones de la mujer, tan rellena que a veces sus carnes curtidas saltaban rebeldes dentro del velo y las batas. El movimiento sensual de los senos de Magdalena, acompasados con los lentos toques de sus largas manos, emocionaban a Jesús, quien no podía (ni quería) dejar de verlos. Sus manos largas, expertas y cariñosas restregaban sus agotados pies y piernas, mientras el hermoso canto de su voz le dedicaba canciones de alabanza. El cabello brillante de la sierva caía en mechones fuera del velo obligatorio, proveyendo de una caricia extra las piernas del semidios, excitado sobre su silla. Sin querer evitar lo siguiente, Jesús tomó en sus manos el rostro de Magdalena, lo acercó al suyo y con una mano arregló los rebeldes cabellos. La cercanía con ella, el hipnotizante olor de piel oscura y los ojos suplicantes fueron una epifanía de lo que sucedería, un inicio al pecado. Era Dios encarnado, sí, pero en definitiva era un dios en piel de hombre, con sus debilidades y el pecado original corriendo por sus venas. </itunes:summary></item><item><title>La caza</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2010/03/la-caza.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Fri, 11 Jun 2010 06:36:23 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-2700065002636089826</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/S6e1dUprwjI/AAAAAAAAATc/YNnqQWwBp5M/s1600-h/54.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/S6e1dUprwjI/AAAAAAAAATc/YNnqQWwBp5M/s320/54.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5451525389319651890" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Las bestias corrían detrás de él, gritando y alzando en sus pequeñas manos largas y oscuras armas. Feroces mostraban sus diminutos dientes mientras arrugaban esos terribles rostros lampiños, algunos de ellos mostraban cierta sombra de barba en sus caras, estos, los más viejos, guiaban a los menores por la selva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus gritos guturales lo perseguían a través de los arbustos, surcando los riachuelos, eran pequeños sí y no tan rápidos como él, y aún así la presa tenía la seguridad de que sus cazadores lo alcanzarían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocos kilómetros después el tiempo le dio la razón. Montados en otras bestias de metal, que parecían tragárselos, lo esperaban en el claro de la selva. La hierba, rubia y seca del escampado se convirtió en una trampa mortal en la cual todas las pequeñas y muticolores bestias lo tomaron. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo apresaron bajo una red, lo hirieron con sus armas largas y lo arrastraron, herido y asustado a la jaula de una de las bestias de metal. Celebraban su victoria entonando agudos cánticos, -“ni siquiera de sus diminutos pechos sale la verdadera voz de un animal”, pensó mientras se dejaba llevar por la tristeza de la separación de su tribu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las bestias -los cazadores- compartían una bebida edulcorada, de insoportable horror, que parecía exaltar sus ánimos violentos, pues luego de cada trago lo golpeaban con sus carabinas, sobre todo en la cabeza, o con palos y sus débiles dos patas en el resto del cuerpo. Quizás, pensó la presa, este es su círculo de iniciación y yo he sido la víctima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este era el consuelo que se daba a sí mismo: un joven de la tribu de las bestias sin pelo estaba allí iniciándose para ser aceptado entre los bravos y él, abatido y adolorido, era simplemente la prueba superada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, sabía que algo andaba mal pues no estaba siendo conducido hacia las cuevas de la tribu sino hacia el mar, el lejano y peligroso mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando sintió los primeros lengüetazos del mar sobre sus patas, todas las cuatro, se sintió aliviado, pensó que quizás lo liberarían, que las feas y malolientes bestias sin pelo lo dejarían a su suerte para volver a casa con sus cachorros. Poco duró el alivio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de ellos, con pintas grises en su cabellera, prendó un frío y pesado collar en su pescuezo unido a cientos de círculos enredados el uno con el otro y sostenido al final por una bestia de piel más clara y ojos aún más malignos. –“Por lo menos estaré en una jaula más grande”, volvió a consolarse cuando vio el lugar en el que sería transportado, sobre el mar hacia algún lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así pasaron los días mientras el león lloraba por su tierra perdida, por la tribu que ya no protegería y por la libertad que jamás volvería. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las bestias sin pelo, pequeñas y peligrosas, le habían arrebatado la vida.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=7c36a7b" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-2700065002636089826?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-06-11T06:36:23.928-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/S6e1dUprwjI/AAAAAAAAATc/YNnqQWwBp5M/s72-c/54.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=7c36a7b" length="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=7c36a7b" fileSize="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Las bestias corrían detrás de él, gritando y alzando en sus pequeñas manos largas y oscuras armas. Feroces mostraban sus diminutos dientes mientras arrugaban esos terribles rostros lampiños, algunos de ellos mostraban cierta sombra de barba en sus caras,</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> Las bestias corrían detrás de él, gritando y alzando en sus pequeñas manos largas y oscuras armas. Feroces mostraban sus diminutos dientes mientras arrugaban esos terribles rostros lampiños, algunos de ellos mostraban cierta sombra de barba en sus caras, estos, los más viejos, guiaban a los menores por la selva. Sus gritos guturales lo perseguían a través de los arbustos, surcando los riachuelos, eran pequeños sí y no tan rápidos como él, y aún así la presa tenía la seguridad de que sus cazadores lo alcanzarían. Pocos kilómetros después el tiempo le dio la razón. Montados en otras bestias de metal, que parecían tragárselos, lo esperaban en el claro de la selva. La hierba, rubia y seca del escampado se convirtió en una trampa mortal en la cual todas las pequeñas y muticolores bestias lo tomaron. Lo apresaron bajo una red, lo hirieron con sus armas largas y lo arrastraron, herido y asustado a la jaula de una de las bestias de metal. Celebraban su victoria entonando agudos cánticos, -“ni siquiera de sus diminutos pechos sale la verdadera voz de un animal”, pensó mientras se dejaba llevar por la tristeza de la separación de su tribu. Las bestias -los cazadores- compartían una bebida edulcorada, de insoportable horror, que parecía exaltar sus ánimos violentos, pues luego de cada trago lo golpeaban con sus carabinas, sobre todo en la cabeza, o con palos y sus débiles dos patas en el resto del cuerpo. Quizás, pensó la presa, este es su círculo de iniciación y yo he sido la víctima. Este era el consuelo que se daba a sí mismo: un joven de la tribu de las bestias sin pelo estaba allí iniciándose para ser aceptado entre los bravos y él, abatido y adolorido, era simplemente la prueba superada. Sin embargo, sabía que algo andaba mal pues no estaba siendo conducido hacia las cuevas de la tribu sino hacia el mar, el lejano y peligroso mar. Cuando sintió los primeros lengüetazos del mar sobre sus patas, todas las cuatro, se sintió aliviado, pensó que quizás lo liberarían, que las feas y malolientes bestias sin pelo lo dejarían a su suerte para volver a casa con sus cachorros. Poco duró el alivio. Uno de ellos, con pintas grises en su cabellera, prendó un frío y pesado collar en su pescuezo unido a cientos de círculos enredados el uno con el otro y sostenido al final por una bestia de piel más clara y ojos aún más malignos. –“Por lo menos estaré en una jaula más grande”, volvió a consolarse cuando vio el lugar en el que sería transportado, sobre el mar hacia algún lugar. Y así pasaron los días mientras el león lloraba por su tierra perdida, por la tribu que ya no protegería y por la libertad que jamás volvería. Las bestias sin pelo, pequeñas y peligrosas, le habían arrebatado la vida. </itunes:summary></item><item><title>Caída libre</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2010/03/caida-libre.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Fri, 11 Jun 2010 06:37:02 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-2476487773478879473</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/S5e-75vhF3I/AAAAAAAAATU/nB-CJEe817U/s1600-h/891.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 267px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/S5e-75vhF3I/AAAAAAAAATU/nB-CJEe817U/s320/891.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5447032210649585522" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Su vida empezó cuando la temperatura empezó a bajar. Poco a poco sus brazos empezaron a crecer con simetría y equidistancia del grano de arena sobre el cual decidió la naturaleza que él debería vivir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron quizás doce semanas desde el momento en que inició su crecimiento hasta el momento en que fue liberado al mundo. Sus hermanos crecían en belleza igual que él. Pero la forma hexagonal de su cuerpo, sus ocho delgados y largos brazos más el brillo prístino que lo atravesaba lo hacían, entre ellos, uno de los más atractivos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo, y conforme bajaba la temperatura, la solidez se fue apropiando de su cuerpo, haciéndolo inmutable y fuerte, preparándolo para la lluvia. Lo que más disfrutaba de su anatomía eran los millones de fragmentos en los cuales se refractaba la luz al atravesarlo, era quizás una sinfonía de color. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el copo de nieve notó que su cuerpo empezaba a pesar tanto que estaba a punto de caer se despidió de sus hermanos, todos distintos entre ellos, alzó sus brazos, pulió sus cristales de hielo, aguantó el aliento y se dispuso a caer junto a millones como él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transversalmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco a la tierra, bañándola de blanco.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=88db830" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-2476487773478879473?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-06-11T06:37:02.909-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/S5e-75vhF3I/AAAAAAAAATU/nB-CJEe817U/s72-c/891.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=88db830" length="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=88db830" fileSize="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Su vida empezó cuando la temperatura empezó a bajar. Poco a poco sus brazos empezaron a crecer con simetría y equidistancia del grano de arena sobre el cual decidió la naturaleza que él debería vivir. Pasaron quizás doce semanas desde el momento en que i</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> Su vida empezó cuando la temperatura empezó a bajar. Poco a poco sus brazos empezaron a crecer con simetría y equidistancia del grano de arena sobre el cual decidió la naturaleza que él debería vivir. Pasaron quizás doce semanas desde el momento en que inició su crecimiento hasta el momento en que fue liberado al mundo. Sus hermanos crecían en belleza igual que él. Pero la forma hexagonal de su cuerpo, sus ocho delgados y largos brazos más el brillo prístino que lo atravesaba lo hacían, entre ellos, uno de los más atractivos. Con el tiempo, y conforme bajaba la temperatura, la solidez se fue apropiando de su cuerpo, haciéndolo inmutable y fuerte, preparándolo para la lluvia. Lo que más disfrutaba de su anatomía eran los millones de fragmentos en los cuales se refractaba la luz al atravesarlo, era quizás una sinfonía de color. Cuando el copo de nieve notó que su cuerpo empezaba a pesar tanto que estaba a punto de caer se despidió de sus hermanos, todos distintos entre ellos, alzó sus brazos, pulió sus cristales de hielo, aguantó el aliento y se dispuso a caer junto a millones como él. Transversalmente. Poco a poco a la tierra, bañándola de blanco. </itunes:summary></item><item><title>Minicuentos en serie</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2009/08/minicuentos-en-serie.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Fri, 11 Jun 2010 06:45:50 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-9189679715891826982</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SpwZ6rWdC6I/AAAAAAAAASQ/9miaC_0ILw4/s1600-h/el+pecado+de+la+carne.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 234px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SpwZ6rWdC6I/AAAAAAAAASQ/9miaC_0ILw4/s320/el+pecado+de+la+carne.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5376200551033539490" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El pecado de la carne&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuenta la historia que Abenazur el Mago se enamoró de un joven, heredero al trono de su rey, hace muchos años. Consciente del pecado que cometía el gran hechicero renunció a su puesto de honor en la guardia del monarca, buscando alejarse de su tentación. Sin embargo, Abenazur de noche era acosado por los espíritus del bosque, quienes deseosos de sacarlo de sus dominios le recordaban en sueños la perfecta figura del niño-hombre. Su largo cabello negro, sus enormes ojos oscuros, su piel aceitunada, su larga espada pendiendo de la entrepierna. El pecado hecho príncipe. Enloquecido por la obsesión, Abenazur urdió un plan simple: una pócima tan poderosa que llevaría al rey a ofrecer su hijo en sacrificio a la pira, para acallar los rumores de rebelión y mantenerlo en el poder para siempre. En castigo por su perversidad, al morir Abenazur el Mago, los genios de las puertas al infierno impidieron su entrada forzándolo a vagar eternamente tras la sombra del príncipe sin poder alcanzarlo jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SpwaZxr-wSI/AAAAAAAAASg/vo8-JVqN5pQ/s1600-h/carta+de+amor.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 209px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SpwaZxr-wSI/AAAAAAAAASg/vo8-JVqN5pQ/s320/carta+de+amor.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5376201085310386466" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Carta de amor&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta mañana lucías hermosa. Esta mañana eras más del viento y de la vida que mía. Eras el susurro del tiempo, los besos de las mariposas, la vida que mana del agua. Eras el olor de las gardenias y la fuerza del café. Esta mañana tus ojos avellana, tu piel nívea y tus labios carmelitas fueron mi dios y mi fe. Cuando esta mañana corté las flores que te llevaría, las hadas lloraron al saber que la belleza de tu rostro superaría cualquier bouquet en tus manos. Eres mi templo, mi iglesia. Tu voz es mi credo, tus lágrimas mi cáliz y tus besos mi ostia. Soy tuyo, eternamente. Incondicionalmente tuyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SpwaqORYzzI/AAAAAAAAASo/iTfx7v8k6K8/s1600-h/un+trago+una+piedra.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 247px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SpwaqORYzzI/AAAAAAAAASo/iTfx7v8k6K8/s320/un+trago+una+piedra.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5376201367861382962" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Un trago, una piedra&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos hombres bajaban por la calzada. Borrachos y bañados en el sudor veraniego, aumentado por sus ropas gruesas, los cantaores exclamaban piropos a las mujeres, pellizcaban culos a las viejas al caminar y de vez en cuando se paraban ruidosos y felices a compartir otro trago de vino barato. Apretaban la bota para aumentar el flujo del líquido sangriento y dejaban que varios hilos del néctar salpicaran en sus barbas y camisas. De esta manera siguieron felices con sus cantos gitanos por las calles empedradas sin saber que a la vera del río uno de ellos mataría al otro de una pedrada para granjearse el último trago de vino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SpwbQ_YRZvI/AAAAAAAAASw/UfMMk8ZfuQM/s1600-h/la+sirena+y+el+pescador.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 206px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SpwbQ_YRZvI/AAAAAAAAASw/UfMMk8ZfuQM/s320/la+sirena+y+el+pescador.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5376202033878623986" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;La sirena y el pescador&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cayó al agua, arrastrado por una mano sudorosa y fría. El hermoso pescador luchaba con todas las fuerzas que le permitía su juventud por salir de las lúgubres aguas del lago pero una energía superior se lo impedía. A cada brazada de él mayor era la caída al fondo pedroso del lago. Finalmente, ya dejándose vencer, dejó de bregar permitiéndole a la sirena reclamar el cuerpo que hace años le había prometido como propio. Dejándola tomar venganza por el amor no correspondido y el corazón roto en pedazos por su engaño y avaricia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SpwbruYopjI/AAAAAAAAAS4/ogSp_P5QUv4/s1600-h/sangre+y+codicia.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 282px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SpwbruYopjI/AAAAAAAAAS4/ogSp_P5QUv4/s320/sangre+y+codicia.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5376202493173212722" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Sangre y codicia&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sangre salpicó caliente y pesada sobre su rostro, tan profusa que la mirada de la joven se veló por un momento. Sin embargo, ella –llena de adrenalina y experta en las armas como había sido su padre- sin soltar la espada limpió con la palma de su mano el líquido de su bella cara de princesa. Alzó una vez más el pesado filo para dejarlo caer cruelmente en la cabeza del contrincante. Distraída fue víctima de otros dos hombres quienes cayéndole con todo su peso lograron tumbarla y una vez allí trataron de violarla, pero ella, salvaje e indómita, logró castrarlos en un pestañeo, dejándolos casi inconscientes de dolor mientras se desangraban. Se paró de nuevo, tomó su espada y siguió el combate. Morir o triunfar, no había otra salida, no quería otro destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/Spwb5OLdL6I/AAAAAAAAATA/yOxJCa6z--k/s1600-h/lazos.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 262px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/Spwb5OLdL6I/AAAAAAAAATA/yOxJCa6z--k/s320/lazos.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5376202725046169506" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Lazos &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Alberto abrió la puerta del cuarto la emoción le impedía caminar con paso firme, así –tomando una bocanada de aire fresco- forzándose a entrar esbozó una sonrisa apremiada, no porque no pudiera o quisiera sonreír, sino porque los vuelcos en su corazón palpitaban con tal fuerza en sus oídos que lo mareaban, lo hacían errático y lo volvían indefenso. Empero, avanzó hasta el moisés donde reposaba su hijo recién nacido y descorrió el ligero velo para descubrir en su interior una pequeña criatura, gloriosa y arrugada, peleando por abrir los ojos, con una cara redondita, una sombra ligera de cabello rubio sobre su cabeza y una boca en botón, que ya esbozaba sonrisas. Sin saber qué pensar, sólo sintiéndose maravillado, Alberto atinó a tocar con su índice el pechito caliente del niño, quien al sentir el contacto de su padre tomó con fuerza el dedo, enlazándolo así para siempre a su vida, haciéndolo su esclavo, llenándolo de amor infinito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SpwcN2FiMMI/AAAAAAAAATI/JbUSH9QTjPE/s1600-h/la+primera+mujer.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 213px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SpwcN2FiMMI/AAAAAAAAATI/JbUSH9QTjPE/s320/la+primera+mujer.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5376203079356133570" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;La primera mujer&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lilith fue la primera mujer de Adán. Lilith fue la primera víctima de los hombres y la primera alma execrada por Dios, tan temeroso de su belleza como de su pasión. Reemplazada por la sosa Eva, Lilith se vio obligada a vagar por el Paraíso sin rumbo fijo. Los años de exilio la hicieron no sólo mayor sino más hermosa, demoníaca casi, audaz y vengativa. La tentación misma cedió paso ante la competencia de Lilith, perfecta e idílica. Su rostro angelical, su cuerpo picante, su olor embriagante y su larga cabellera roja la hacían poderosa –y peligrosa. Conminados por el Todopoderoso a no tener contacto con ella, Adán y Eva no supieron de la vampiresa hasta el momento en que, aprovechando una distracción, la lujuria misma se apareció ante Caín portando el cuerpo de Lilith, llenándolo de codicia por ella, capaz de matar a su hermano ante la promesa de poseerla.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=1f9ebb2" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-9189679715891826982?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-06-11T06:45:50.249-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SpwZ6rWdC6I/AAAAAAAAASQ/9miaC_0ILw4/s72-c/el+pecado+de+la+carne.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">3</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=1f9ebb2" length="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=1f9ebb2" fileSize="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> El pecado de la carne Cuenta la historia que Abenazur el Mago se enamoró de un joven, heredero al trono de su rey, hace muchos años. Consciente del pecado que cometía el gran hechicero renunció a su puesto de honor en la guardia del monarca, buscando ale</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> El pecado de la carne Cuenta la historia que Abenazur el Mago se enamoró de un joven, heredero al trono de su rey, hace muchos años. Consciente del pecado que cometía el gran hechicero renunció a su puesto de honor en la guardia del monarca, buscando alejarse de su tentación. Sin embargo, Abenazur de noche era acosado por los espíritus del bosque, quienes deseosos de sacarlo de sus dominios le recordaban en sueños la perfecta figura del niño-hombre. Su largo cabello negro, sus enormes ojos oscuros, su piel aceitunada, su larga espada pendiendo de la entrepierna. El pecado hecho príncipe. Enloquecido por la obsesión, Abenazur urdió un plan simple: una pócima tan poderosa que llevaría al rey a ofrecer su hijo en sacrificio a la pira, para acallar los rumores de rebelión y mantenerlo en el poder para siempre. En castigo por su perversidad, al morir Abenazur el Mago, los genios de las puertas al infierno impidieron su entrada forzándolo a vagar eternamente tras la sombra del príncipe sin poder alcanzarlo jamás. Carta de amor Esta mañana lucías hermosa. Esta mañana eras más del viento y de la vida que mía. Eras el susurro del tiempo, los besos de las mariposas, la vida que mana del agua. Eras el olor de las gardenias y la fuerza del café. Esta mañana tus ojos avellana, tu piel nívea y tus labios carmelitas fueron mi dios y mi fe. Cuando esta mañana corté las flores que te llevaría, las hadas lloraron al saber que la belleza de tu rostro superaría cualquier bouquet en tus manos. Eres mi templo, mi iglesia. Tu voz es mi credo, tus lágrimas mi cáliz y tus besos mi ostia. Soy tuyo, eternamente. Incondicionalmente tuyo. Un trago, una piedra Ambos hombres bajaban por la calzada. Borrachos y bañados en el sudor veraniego, aumentado por sus ropas gruesas, los cantaores exclamaban piropos a las mujeres, pellizcaban culos a las viejas al caminar y de vez en cuando se paraban ruidosos y felices a compartir otro trago de vino barato. Apretaban la bota para aumentar el flujo del líquido sangriento y dejaban que varios hilos del néctar salpicaran en sus barbas y camisas. De esta manera siguieron felices con sus cantos gitanos por las calles empedradas sin saber que a la vera del río uno de ellos mataría al otro de una pedrada para granjearse el último trago de vino. La sirena y el pescador Cayó al agua, arrastrado por una mano sudorosa y fría. El hermoso pescador luchaba con todas las fuerzas que le permitía su juventud por salir de las lúgubres aguas del lago pero una energía superior se lo impedía. A cada brazada de él mayor era la caída al fondo pedroso del lago. Finalmente, ya dejándose vencer, dejó de bregar permitiéndole a la sirena reclamar el cuerpo que hace años le había prometido como propio. Dejándola tomar venganza por el amor no correspondido y el corazón roto en pedazos por su engaño y avaricia. Sangre y codicia La sangre salpicó caliente y pesada sobre su rostro, tan profusa que la mirada de la joven se veló por un momento. Sin embargo, ella –llena de adrenalina y experta en las armas como había sido su padre- sin soltar la espada limpió con la palma de su mano el líquido de su bella cara de princesa. Alzó una vez más el pesado filo para dejarlo caer cruelmente en la cabeza del contrincante. Distraída fue víctima de otros dos hombres quienes cayéndole con todo su peso lograron tumbarla y una vez allí trataron de violarla, pero ella, salvaje e indómita, logró castrarlos en un pestañeo, dejándolos casi inconscientes de dolor mientras se desangraban. Se paró de nuevo, tomó su espada y siguió el combate. Morir o triunfar, no había otra salida, no quería otro destino. Lazos Cuando Alberto abrió la puerta del cuarto la emoción le impedía caminar con paso firme, así –tomando una bocanada de aire fresco- forzándose a entrar esbozó una sonrisa apremiada, no porque no pudiera o quisiera sonreír, sino porque los vuelcos en su corazón palpitaban con tal fuerza en sus oídos que lo mareaban, lo hacían errático y lo volvían indefenso. Empero, a</itunes:summary></item><item><title>Minicuentos 2: Alegría</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2009/07/minicuentos-2-alegria.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Fri, 11 Jun 2010 06:39:19 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-3308274680615507202</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/Sm8YmXxnOjI/AAAAAAAAASI/YL5Lim5sCms/s1600-h/juegos-de-luz.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/Sm8YmXxnOjI/AAAAAAAAASI/YL5Lim5sCms/s320/juegos-de-luz.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5363532728717752882" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Sus largos cabellos castaños flotaban en el viento al compás de su baile improvisado. El sol colándose por la ventana abrillantaba su piel, coloreaba sus mejillas e iluminaba hasta la ceguera sus enormes ojos café. Los dienticos de la niña, desordenados en su boquita, y sus labios rojos creaban una sonrisa hipnótica. Los vuelos tafetán de su vestido dibujaban graciosas figuras mientras los encajes de las mangas marcaban sus bracitos conforme los alzaba al cielo. La paleta con la cual dibujaba tenía manchas de óleo que cortaban la monocronía del salón pintando rayos de colores al vuelo. Su voz cantarina la siguió hasta el jardín, adonde salió para seguir proclamando la libertad y alegría que todos los niños como ella poseen en su alma. Feliz, la princesita de su madre se lanzó en la hierba para seguir dibujando con su alma e imaginación gigantes en las nubes de azúcar. El cielo inmenso y limpio como ella.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=74357cb" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-3308274680615507202?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-06-11T06:39:19.230-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/Sm8YmXxnOjI/AAAAAAAAASI/YL5Lim5sCms/s72-c/juegos-de-luz.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=74357cb" length="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=74357cb" fileSize="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Sus largos cabellos castaños flotaban en el viento al compás de su baile improvisado. El sol colándose por la ventana abrillantaba su piel, coloreaba sus mejillas e iluminaba hasta la ceguera sus enormes ojos café. Los dienticos de la niña, desordenados </itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> Sus largos cabellos castaños flotaban en el viento al compás de su baile improvisado. El sol colándose por la ventana abrillantaba su piel, coloreaba sus mejillas e iluminaba hasta la ceguera sus enormes ojos café. Los dienticos de la niña, desordenados en su boquita, y sus labios rojos creaban una sonrisa hipnótica. Los vuelos tafetán de su vestido dibujaban graciosas figuras mientras los encajes de las mangas marcaban sus bracitos conforme los alzaba al cielo. La paleta con la cual dibujaba tenía manchas de óleo que cortaban la monocronía del salón pintando rayos de colores al vuelo. Su voz cantarina la siguió hasta el jardín, adonde salió para seguir proclamando la libertad y alegría que todos los niños como ella poseen en su alma. Feliz, la princesita de su madre se lanzó en la hierba para seguir dibujando con su alma e imaginación gigantes en las nubes de azúcar. El cielo inmenso y limpio como ella. </itunes:summary></item><item><title>Minicuentos 2: La mácula</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2009/07/minicuentos-2-la-macula.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Fri, 11 Jun 2010 06:43:35 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-5324282680285628555</guid><description>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/Sm357A42kgI/AAAAAAAAASA/Q0DKfjbZIT8/s1600-h/delacama1_med.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 213px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/Sm357A42kgI/AAAAAAAAASA/Q0DKfjbZIT8/s320/delacama1_med.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5363217523514184194" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Empezó como un crujido, apenas audible. Parecía que la vieja casona de madera se quejara. Conforme subía el volumen de los lamentos una extraña oscuridad empezó a tomar su espacio en la mansión. Las luces de las velas eran más tenues en ciertos cuartos, en otros ya no representaban fuerza alguna en contra de la sombra. Parecía ésta llena de vida, incluso como si nos desafiara, casi como si tuviera cuerpo, uno invisible, allí, invadiéndonos. Poco a poco nos sentimos desplazados, refugiados en nuestra casa. La sombra ya era descarada, se postraba frente a nosotros como lo haría un perro guardián a los pies de su amo. Negados a abandonar nuestro lugar luchábamos contra ella, sin embargo su presencia era mayor que nosotros, nos abrumaba, nos extenuaba. Así, de a poco, con su paciencia infinita, pobló cada rincón, cada lugar, hasta que logró expulsarnos de nuestra vida, nuestra casa y nuestro cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=a00bd6e" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-5324282680285628555?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-06-11T06:43:35.003-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/Sm357A42kgI/AAAAAAAAASA/Q0DKfjbZIT8/s72-c/delacama1_med.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=a00bd6e" length="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=a00bd6e" fileSize="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Empezó como un crujido, apenas audible. Parecía que la vieja casona de madera se quejara. Conforme subía el volumen de los lamentos una extraña oscuridad empezó a tomar su espacio en la mansión. Las luces de las velas eran más tenues en ciertos cuartos, </itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> Empezó como un crujido, apenas audible. Parecía que la vieja casona de madera se quejara. Conforme subía el volumen de los lamentos una extraña oscuridad empezó a tomar su espacio en la mansión. Las luces de las velas eran más tenues en ciertos cuartos, en otros ya no representaban fuerza alguna en contra de la sombra. Parecía ésta llena de vida, incluso como si nos desafiara, casi como si tuviera cuerpo, uno invisible, allí, invadiéndonos. Poco a poco nos sentimos desplazados, refugiados en nuestra casa. La sombra ya era descarada, se postraba frente a nosotros como lo haría un perro guardián a los pies de su amo. Negados a abandonar nuestro lugar luchábamos contra ella, sin embargo su presencia era mayor que nosotros, nos abrumaba, nos extenuaba. Así, de a poco, con su paciencia infinita, pobló cada rincón, cada lugar, hasta que logró expulsarnos de nuestra vida, nuestra casa y nuestro cuerpo. </itunes:summary></item><item><title>Minicuentos 2: Embrujo</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2009/07/minicuentos-2-embrujo.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Fri, 11 Jun 2010 06:46:28 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-8817911704501683807</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SmiO9KFOm8I/AAAAAAAAAR4/frXsixHgzA4/s1600-h/20080105230156-23399-750953315-flamenco-h213312-l.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 243px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SmiO9KFOm8I/AAAAAAAAAR4/frXsixHgzA4/s320/20080105230156-23399-750953315-flamenco-h213312-l.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5361692537714023362" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Su nombre no importa. Lo que más recuerdo de ella es su pelo azabache apretado en ese moño alto que muchas de su raza llevan y el bamboleo afrodisíaco de sus caderas, amplias y generosas. Sus pechos enormes tratando de escapar del traje, sus manos largas y filosas, sus piernas de gacela y su baile pecaminoso. La gitana agita y restriega su cuerpo con la nada, con el morador invisible del aire que la lleva a danzar con fuego en sus entrepiernas, despertando a la vez el mío propio. Me altero, simulo compostura, pero su embrujo, su hechizo me enferma, me lleva al cielo y me hace caer al infierno, al recordar -cuando alza los brazos y castañetea- lo imposible de mi causa y el tiempo que ha de pasar para ver de nuevo a la gitana de la feria bailar sólo para mí.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=43efd44" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-8817911704501683807?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-06-11T06:46:28.562-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SmiO9KFOm8I/AAAAAAAAAR4/frXsixHgzA4/s72-c/20080105230156-23399-750953315-flamenco-h213312-l.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=43efd44" length="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=43efd44" fileSize="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Su nombre no importa. Lo que más recuerdo de ella es su pelo azabache apretado en ese moño alto que muchas de su raza llevan y el bamboleo afrodisíaco de sus caderas, amplias y generosas. Sus pechos enormes tratando de escapar del traje, sus manos largas</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (rerc)</itunes:author><itunes:summary> Su nombre no importa. Lo que más recuerdo de ella es su pelo azabache apretado en ese moño alto que muchas de su raza llevan y el bamboleo afrodisíaco de sus caderas, amplias y generosas. Sus pechos enormes tratando de escapar del traje, sus manos largas y filosas, sus piernas de gacela y su baile pecaminoso. La gitana agita y restriega su cuerpo con la nada, con el morador invisible del aire que la lleva a danzar con fuego en sus entrepiernas, despertando a la vez el mío propio. Me altero, simulo compostura, pero su embrujo, su hechizo me enferma, me lleva al cielo y me hace caer al infierno, al recordar -cuando alza los brazos y castañetea- lo imposible de mi causa y el tiempo que ha de pasar para ver de nuevo a la gitana de la feria bailar sólo para mí. </itunes:summary></item><item><title>Minicuentos 2: Surrendered</title><link>http://mesitasdenoche.blogspot.com/2009/07/minicuentos-2-surrendered.html</link><author>noreply@blogger.com (rerc)</author><pubDate>Fri, 11 Jun 2010 06:49:06 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-32124661.post-9146560553715080355</guid><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SmdDOa86ozI/AAAAAAAAARw/B-dqPiW3BzM/s1600-h/placer.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 232px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SmdDOa86ozI/AAAAAAAAARw/B-dqPiW3BzM/s320/placer.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5361327796439917362" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Ernesto es experto en el sexo. Disfrutarlo sin tabúes y dedicarse plenamente al placer de sus amantes, sean estos hombres o mujeres, es el mayor regalo que le da a quienes lo acompañan. Para Ernersto la más grande delicia reside en el cuerpo de ellos, su olor, sus movimientos, sus besos, su sabor, ellos son en sí el manjar más delicioso. Esta noche el negro de piel pulida -enorme, henchido de potencia y arrebatado de deseo- tomó a la pequeña mujer entre sus brazos, la alzó para lanzarla sobre el diván de cuero vino, separó con sus gruesas manos sus piernas y hundió su barbilla poderosa en ellas, para demostrarle a Patricia con la devoción de su lengua cálida el gusto por su piel y sabor.&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=ff3daea" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32124661-9146560553715080355?l=mesitasdenoche.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-06-11T06:49:06.209-07:00</app:edited><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/_exXuNblW4kY/SmdDOa86ozI/AAAAAAAAARw/B-dqPiW3BzM/s72-c/placer.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=ff3daea" length="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.goear.com/files/external.swf?file=ff3daea" fileSize="38153" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Ernesto es experto en el sexo. 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Esta noche el negro de piel pulida -enorme, henchido de potencia y arrebatado de deseo- tomó a la pequeña mujer entre sus brazos, la alzó para lanzarla sobre el diván de cuero vino, separó con sus gruesas manos sus piernas y hundió su barbilla poderosa en ellas, para demostrarle a Patricia con la devoción de su lengua cálida el gusto por su piel y sabor. </itunes:summary></item><media:rating>nonadult</media:rating></channel></rss>

