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	<title>Microrevista</title>
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		<title>Los niños</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Apr 2020 12:52:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Recaredo Veredas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Creación]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[I Saben que a su lado crece la muerte como una planta amazónica. Saben que los cadáveres duermen en los pasillos y que la ruina atrapa las paredes con la soltura de la yedra. Saben, aunque no dispongan de valor [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>I</strong></p>
<p>Saben que a su lado crece la muerte como una planta amazónica.</p>
<p>Saben que los cadáveres duermen en los pasillos y que la ruina atrapa las paredes con la soltura de la yedra.</p>
<p>Saben, aunque no dispongan de valor ni de palabras. Preferimos creer en su ignorancia: nos asusta mirarles de frente y certificar los daños.</p>
<p><strong>II</strong></p>
<p>Extendemos culpas como si fueran cheques sin fondos o billetes falsos: papeles inocuos, anulados por el tiempo. Las palabras se convierten en un ruido informe, que nunca calla, que silba en sus cráneos como el eco en una cueva.</p>
<p><strong>III</strong></p>
<p>Nos perdemos en casas vacías y olvidamos su pánico: les aterra el despiste de quienes vigilan las puertas, que el aliento que domina las calles manche sus pisadas.</p>
<p>No queremos saber que nunca soltarán los ojos, ni siquiera durante el sueño. Su alerta se mantendrá siempre, incluso cuando la alegría les atienda.</p>
<p><strong>IV</strong></p>
<p>Tejemos una herida que no cerrará, pero no podemos detener el daño. Aunque nos esmeremos en negarlo, el miedo ha quemado nuestros corazones y pisa el campo de cenizas sin dudar su mando.</p>
<p>Al fondo, escondido tras los árboles negros, pequeño como una marioneta, se esconde el coraje. No podemos saber -porque hemos alzado ciudades para negarlo- que son ellos quienes nos cuidan.</p>
<p><strong>V</strong></p>
<p>Sufren en silencio, como los monjes que ardieron contra la guerra. Como ellos permanecen inmóviles, de cuclillas, mientras su cuerpo se quema. Caerán sin cambiar la postura y su corazón seguirá rojo, inmune al fuego.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/los-ninos/1578129661837_abstract-expressionism-abstract-painting-acrylic-18823593__75295-1579006070/" rel="attachment wp-att-4494"><img class="alignnone size-large wp-image-4494" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2020/04/1578129661837_abstract-expressionism-abstract-painting-acrylic-18823593__75295.1579006070-1024x687.jpg" alt="" width="1024" height="687" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2020/04/1578129661837_abstract-expressionism-abstract-painting-acrylic-18823593__75295.1579006070-1024x687.jpg 1024w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2020/04/1578129661837_abstract-expressionism-abstract-painting-acrylic-18823593__75295.1579006070-300x201.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2020/04/1578129661837_abstract-expressionism-abstract-painting-acrylic-18823593__75295.1579006070-768x515.jpg 768w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2020/04/1578129661837_abstract-expressionism-abstract-painting-acrylic-18823593__75295.1579006070.jpg 1280w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p><strong>VI</strong></p>
<p>Esconden sus deseos bajo la cesta de los juegos. Porque desean un sol puro, pisar la playa, mojar los pies y saltar sobre la arena ardiente, pero les obligan a curar con luz el pasado de los otros.</p>
<p><strong>VII</strong></p>
<p>No solo temen que nunca regrese el silencio de sus clases o la risa de los patios.  También temen un encierro eterno que devore los años, flaquee sus piernas y ciegue sus ojos. Y el miedo se graba en su piel con el tesón del arado. Allí seguirá, como siguen los infartos aunque el músculo parezca limpio. Afuera llueve sin descanso, como en el corazón de sus casas.</p>
<p><strong>VIII</strong></p>
<p>Algunos no recordarán el encierro, otros verán las señales pero no las causas, solo al alcance de la hipnosis y de la memoria inventada. Habrán pasado años, décadas y las capas, sólidas como cimientos, crecerán sobre la herida. Buscarán otros orígenes a su miedo a los cerrojos, a su anhelo de aire puro, a su huida del conflicto y a su devoción por la fuerza. No sabrán que aún responden a mil días encerrados.</p>
<p><strong>IX</strong></p>
<p>Los muertos no son ya piel fría sino un encaje de píxeles. Los padres hablarán a los niños con mentiras obvias y la falsedad de los tenores. Les dirán que los muertos viven lejos y les cuidarán siempre. Los niños no llorarán, solo se preguntarán, sin atreverse a preguntarlo, por qué no les dicen, de una vez por todas, que los muertos han muerto.</p>
<p><strong>X</strong></p>
<p>Pronto  volverán a las calles. Creemos que correrán sobre la luz, abrazarán a sus amigos y cantarán himnos al sol, pero  solo querrán volver a sus casas, con el temor latiendo entre las risas, para atender a sus padres, ocupados en sus rutinas y sus miedos sin fondo, en la fantasía de que cuidan a quienes les protegen.</p>
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		<title>Transhumanidad para adultos</title>
		<link>https://microrevista.com/transhumanidad-para-adultos/</link>
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		<pubDate>Thu, 08 Aug 2019 06:30:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Recaredo Veredas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Euphoria]]></category>
		<category><![CDATA[Hunter Schaffer]]></category>
		<category><![CDATA[micro-revista]]></category>
		<category><![CDATA[Sam Levinson]]></category>
		<category><![CDATA[Zendaya]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cada mes aparece una nueva serie del año, incluso de la historia. No es un fenómeno nuevo, lo causa la necesidad continua de noticias rompedoras, que marquen un antes y un después. Durante la era predigital se utilizaban las finales de campeonatos de fútbol y las bodas reales. Pasada una semana desaparecían para siempre. Ahora los aficionados más recalcitrantes pueden buscar y rebuscar en esa inmensa hemeroteca/archivo policial llamado Google.</p>
<p>En 2018 la ficción televisiva había entrado en una etapa oscura, se intuía un regreso a la vulgaridad que la caracterizó durante décadas, a direcciones mediocres e historias previsibles. Sin embargo esta temporada ha vuelto la esperanza. Ha ocurrido gracias a dos series de la misma productora, HBO, que condujo a las series a su época dorada. Una apela al pasado, la otra a un presente tan actual que para la mayoría parece futuro.</p>
<blockquote>
<h6>Protagonizada por adolescentes traumatizadas, presenta un mundo de una actualidad radical. Sus protagonistas viven en un lugar intermedio que no se sitúa ni en lo físico ni en lo virtual. Mantienen relaciones de amor puro con compañeros de clase a quienes ni siquiera llegan a ver y cuya identidad real ignoran. Incluso se cuestionan cuál es su identidad verdadera, si la virtual o la asignada en el mundo físico.</h6>
</blockquote>
<p>Sobre la primera ya se ha escrito demasiado. Se titula Chernobyl. Apela al pasado porque sus personajes están inspirados en las mejores novelas de Le Carré (sin duda el ciclo de Smiley, tan conspirativo, trágico y setentero) y su narrativa apela el cine de catástrofes. Desde una perspectiva tanto argumental como estética convoca a las referencias juveniles o infantiles de un porcentaje considerable de los abonados de la cadena.</p>
<p><a href="https://microrevista.com/transhumanidad-para-adultos/hunter-schafer-euphoria-season-1-episode-4-850x491/" rel="attachment wp-att-4473"><img class="size-full wp-image-4473 aligncenter" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2019/08/hunter-schafer-euphoria-season-1-episode-4-850x491.jpeg" alt="" width="850" height="491" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2019/08/hunter-schafer-euphoria-season-1-episode-4-850x491.jpeg 850w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2019/08/hunter-schafer-euphoria-season-1-episode-4-850x491-300x173.jpeg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2019/08/hunter-schafer-euphoria-season-1-episode-4-850x491-768x444.jpeg 768w" sizes="(max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000080;">Hunter Schaffer</span></p>
<p>La modernidad o su simulacro están, sin duda, en Euphoria. Protagonizada por adolescentes traumatizadas, presenta un mundo de una actualidad radical. Sus protagonistas viven en un lugar intermedio que no se sitúa ni en lo físico ni en lo virtual. Mantienen relaciones de amor puro con compañeros de clase a quienes ni siquiera llegan a ver y cuya identidad real ignoran. Incluso se cuestionan cuál es su identidad verdadera, si la virtual o la asignada en el mundo físico. Forman una comunidad integral, conectada las veinticuatro horas del día, donde lo privado se limita a aquello que se murmura. A lo excepcional. Cualquier acto íntimo, sobre todo sexual, puede ser grabado y publicado en la red. Contemplado por miles de espectadores anónimos, cuyo crecimiento es geométrico e imprevisible. Puede pararse en unos cientos o crecer hasta millones. Nadie sabe de qué depende. La exposición pública de lo vergonzante no es la mayor amenaza. Tal riesgo no les coarta ni limita el envío y reenvío de fotografías y vídeos que contienen actos sexuales o desnudos. De hecho lo consideran un riesgo asumible. ¿Por qué? Porque conocen la brevedad de cualquier escándalo. Saben que nada durará más de una semana, por muy terrible que parezca. Solo les asusta el delito, la intervención de la autoridad y, sobre todo, la marca digital que ese delito dejará en su futuro. La verdad ocupa un lugar secundario porque saben que el peso de una denuncia falsa es mucho mayor que el de su desmentido. No todo es negativo en el mundo fronterizo: las redes generan apoyo continuo frente a la disfuncionalidad familiar y el acoso. Lo vergonzante, el secreto, el tabú que tanto ha dañado a la psique de cientos de millones de occidentales, lo que, sin duda, está en el origen de la psicología moderna, disminuye hasta rozar el cero. Todas, o casi todas, las puertas quedan abiertas.</p>
<blockquote>
<h6>La manipulación existía antes de internet y el mundo era mucho más aburrido. Los padres de los y las protagonistas son distintos entre sí, pero con mínimas excepciones están tan tocados como sus descendientes. La diferencia en su contra: han hecho del disimulo su mayor propósito vital.</h6>
</blockquote>
<p>El espectador adulto, en primer lugar, se asusta ante el mundo que vivirán (o viven) sus hijos. Un mundo donde la intimidad no existe (tampoco la suya, sus hijos pueden grabarles también a ellos), donde drogas sintéticas de efectos desconocidos son omnipresentes y donde se ha perdido contacto con el concepto tradicional de realidad. Un mundo que combina sin reparo alguno el cuidado superficial con el individualismo salvaje. El adulto siente pavor pero también puede preguntarse si el mundo cerrado con cuatro candados que él mismo vivió fue mejor. Si alguna vez existió el país de las hadas. La respuesta es obvia para cualquiera que no idealice el pasado. La manipulación existía antes de internet y el mundo era mucho más aburrido. Los padres de los y las protagonistas son distintos entre sí, pero con mínimas excepciones están tan tocados como sus descendientes. La diferencia en su contra: han hecho del disimulo su mayor propósito vital.</p>
<p>Podría afirmarse que Euphoria no es una serie para adolescentes sino un simulacro de modernidad cuyo destinatario natural es un espectador de mediana edad que se considera a sí mismo moderno. La estilización propia de Hollywood tiene aquí un papel muy relevante. De hecho las dos protagonistas son dos nuevas estrellas: la actriz, cantante e influencer Zendaya y la activista trans y modelo Hunter Schafer. La primacía de la belleza arrincona a la fealdad real: incluso la supuesta marginada dispone de armas para salir adelante y ya en el tercer capítulo ha reivindicado su potencial.</p>
<p><a href="https://microrevista.com/transhumanidad-para-adultos/sam-levinson/" rel="attachment wp-att-4474"><img class="size-full wp-image-4474 aligncenter" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2019/08/sam-levinson.gif" alt="" width="1000" height="563" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #3366ff;">Sam Levinson</span></p>
<p>Existen, al menos, otros dos enlaces con el adulto. Por un lado se mantiene la universalidad de los traumas. Pese a todo el envoltorio cibernético, el sufrimiento de las protagonistas y de su entorno tiene el mismo origen y provoca las mismas consecuencias que en toda la narrativa de, al menos, el siglo XX: la violencia genera violencia, sea contra uno mismo, sea contra los demás. Se aprecia con claridad cristalina en la caracterización del villano, una especie de galán psicópata sacado de las masacres de Wes Craven. Su padre es la mayor fortuna de la ciudad y, a su vez, un depredador sexual que ha dejado la marca de la ira en sus hijos. Por otro lado la realización bebe desde el primer instante de varios referentes obvios y sólidamente instalados en la mente del espectador maduro: el David Fincher de El club de la lucha, la Sofia Coppola de Las vírgenes suicidas y, como influencia máxima, el majestuoso Paul Thomas Anderson de Magnolia. Es decir: utiliza una mirada casi omnisciente, en cierto modo decimonónica, que contempla sin piedad el caos de la naturaleza humana, mediante decenas de focos que se alternan sin desfocalización y un uso del melodrama efectista, casi operístico, que bordea lo inverosímil pero mantiene en niveles máximos la emoción. El auténtico talento de Sam Levinson, hijo del notable artesano Barry Levinson, está en que en ningún momento niega los referentes, incluso exhibe la influencia, pero la orienta hacia un lugar que ninguno de sus referentes había visitado: la adolescencia y lo transhumano. No sé si Euphoria es recomendable para adolescentes, tampoco si dentro de diez o veinte años seguirá reivindicándose. Sí sé que es reconfortante para cualquier adulto que quiera creerse más moderno de lo que realmente es. Y, por supuesto, para cualquiera que quiera disfrutar de un producto de una calidad altísima, tocado por una gracia casi extinguida: el auténtico talento.</p>
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		<title>Cadencia del mundo</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Oct 2015 09:16:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Serrano]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Editorial Díaz Pons]]></category>
		<category><![CDATA[El arte de pasear]]></category>
		<category><![CDATA[Karl Gottlob Schelle]]></category>

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		<description><![CDATA[El arte de pasear. Karl Gottlob Schelle. Editorial Díaz Pons, colección Vita Aesthetica. 185 páginas, 17 € Cualquiera que haya utilizado el paseo como método para dejar volar el pensamiento (es decir, cualquiera), sabe que hay diferencias entre la marcha, el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El arte de pasear. Karl Gottlob Schelle. Editorial Díaz Pons, colección Vita Aesthetica. 185 páginas, 17 €</strong></p>
<p>Cualquiera que haya utilizado el paseo como método para dejar volar el pensamiento (es decir, cualquiera), sabe que hay diferencias entre la marcha, el <em>trekking</em>, el <em>shinrin yoku</em> o el caminar con finalidad. El paseo debe ser intransitivo, de producirse alguna transición no debería ser sino espiritual: que el paseante cansado se vivifique. Más sería deseable un trascendimiento, una elevación del espíritu que venga apalancada en el fresno, el cortado, la avenida de tilos.</p>
<p>En ese diálogo, como impulsado por las piernas, el caminante de praderas altas, el descubridor de cuevas de sotobosque, el aventurero de estanque, han de descubrir entre el encanto de las moras o el saludo cortés a otros paseantes, su propia textura renovada.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/10/karl1.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4466" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/10/karl1.jpg" alt="karl1" width="587" height="768" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/10/karl1.jpg 587w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/10/karl1-229x300.jpg 229w" sizes="(max-width: 587px) 100vw, 587px" /></a></p>
<p>Gottlob fue un filósofo que trataba de bajar a tierra músicas del saber para hacerlas accesibles, y esta obrita suya, ilustrada y por la que el autor muestra preocupación por fundamentarla con aportaciones de otros pensadores, nos enseña las grandes diferencias que las estaciones, la orografía, la hora o el clima provocan en quien se lanza a un paseo. Es cierto que con los ojos de hoy el libro es un prodigio de inocencia: si alguien de nuestro tiempo quisiera remedar la obra de Gottlob debería incluir capítulos como la ausencia o presencia de cobertura para el móvil en las cumbres o el modo correcto de no saludar a las riadas de caminantes de los montes. Condiciones todas ellas del paseo de ahora.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/10/karl2.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4467" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/10/karl2-667x1024.jpg" alt="karl2" width="667" height="1024" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/10/karl2-667x1024.jpg 667w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/10/karl2-195x300.jpg 195w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/10/karl2.jpg 1042w" sizes="(max-width: 667px) 100vw, 667px" /></a></p>
<p>Pero el paseo, pautado en los parques y pretendidamente libre en las montañas más alejadas, ha perdido esa condición de sublimidad que tenía para los europeos de  principios de XIX. Esas imágenes de Caspar David Friedrich del caminante contemplador, los solitarios paseos del mejor Turner, la captura de lo gótico, la dominación de la Naturaleza en el ajardinamiento, los modelos de jardín: todo eso parece haber quedado superado por aplicaciones de móvil que nos guían incluso en los parajes más desolados. Por eso es una delicia leer este ensayo de Gotlobb, excelentemente completado por dos eruditos añadidos del editor, Federico L. Silvestre. Porque nos muestra un afán didáctico de algo que no deja de ser producto del ocio que se empieza a popularizar en esa época, en la que todavía era posible maravillarse ante los dones de la Naturaleza y los del ingenio humano.</p>
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		<title>entre culebras y extraños</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Aug 2015 07:43:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Recaredo Veredas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Celso Castro]]></category>
		<category><![CDATA[Editorial Destino]]></category>
		<category><![CDATA[entre culebras y extraños]]></category>
		<category><![CDATA[microrevista]]></category>
		<category><![CDATA[Recaredo Veredas]]></category>
		<category><![CDATA[Samanta Schweblin]]></category>

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		<description><![CDATA[Celso Castro* es nuestro Wes Anderson. El dandy texano adaptaría entre orgasmos entre culebras y extraños. Contiene en estado puro varias de sus obsesiones: el amor adolescente, los jóvenes monstruos salingerianos –desmesuradamente intelectuales-, las drogas a destiempo, los traumas familiares, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Celso Castro* es nuestro Wes Anderson. El dandy texano adaptaría entre orgasmos <em>entre culebras y extraños.</em> Contiene en estado puro varias de sus obsesiones: el amor adolescente, los jóvenes monstruos salingerianos –desmesuradamente intelectuales-, las drogas a destiempo, los traumas familiares, el incesto, un sentido del humor a la vez cruel y compasivo… Además Castro, como Anderson, tiene talento, pausado coraje, y convierte influencias ajenas (desde Bernhard a Ayesta, pasando por la Nouvelle Vague, en el caso del gallego) en una voz propia. Estas nobles cualidades son las que les diferencian, y distancian, de sus imitadores. Porque cualquiera puede narrar la historia de <em>entre culebras y extraños</em>, pero casi nadie resultará tan evocador, tan divertido, tan triste y, al mismo tiempo, tan inteligente.</p>
<p>Lo que más sorprende a quien nunca ha leído a Castro es la simple belleza de su lirismo, presente  en cada párrafo pero nunca cursi, siempre elegante y encajado sin disonancias con la narración.<em> entre culebras y extraños</em> es una historia de amor narrada mucho tiempo después de que ocurriera, pero no se aportan datos del presente, definido por datos en apariencia insustanciales. Castro maneja con maestría el vacío. No sabemos si Sofía y el protagonista son o no hermanos, ignoramos el desenlace de su historia de amor, aunque la intuimos deshecha por el tiempo, pero no importa, porque hemos asistido a un fragmento de vida. De pura vida. No es fácil trasladar, y respetar, la profundidad del dolor adolescente, siempre trivializado por el peso de los problemas adultos. La fama de Salinger proviene de tan preciado don. <em>entre culebras y extraños</em> tiene mucho de El guardián entre el centeno, por las idas y venidas del amor y, por supuesto, por los problemas familiares. También en la novela de Salinger aparece la herida imborrable de un hermano muerto.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/08/castro.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4455" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/08/castro-601x1024.jpg" alt="castro" width="601" height="1024" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/08/castro-601x1024.jpg 601w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/08/castro-176x300.jpg 176w" sizes="(max-width: 601px) 100vw, 601px" /></a></p>
<p><em>entre culebras y extraños</em> presenta a un joven tuberculoso, cuyo padre, fanático de la novela rusa, acaba de infartar y morir sobre un plato de brécol. El joven es ávido lector de filosofía pesimista/vitalista, sobre todo de Nietzsche y Schopenhauer, y se debate entre su nihilismo intelectual y unos sentimientos desbordantes. Entre ellos destaca el <em>amour fou</em> que siente por Sofía, una adolescente hija de una empleada de su difunto padre. Es este amor y su evolución el hilo básico de la novela (que si Sofía es contagiada de la tuberculosis, que si es enviada a estudiar inglés a Gran Bretaña, que si son hermanos como Luke y Leia) Pero la peripecia poco importa, lo que eleva a las alturas a esta novela es la capacidad, compartida por todos los grandes -sean trágicos, cómicos o tragicómicos, como Castro- para empatizar con el lector ayudándole a que rememore sentimientos que tuvo o tendrá, incluso descubriéndole facetas de su vida emocional cuya traslación en palabras ignora. También destaca la combinación de realismo duro –la adición de la hermana a las drogas, su relación tóxica con un profesor, la propia enfermedad del protagonista- con un lirismo que roza la magia pero, afortunadamente, no la traspasa (Castro sujeta la pulsión cursi del amor adolescente). La lógica subjetividad del narrador en primera persona demuestra su peculiar carácter y su particular visión de los hechos, pero el mimo con que está construido  -concretado, por ejemplo, en el racionalismo inherente a su formación filosófica- ayuda a que el lector pueda interpretar los hechos con objetividad, sin dejarse llevar por el lógico torrente hormonal de la adolescencia.</p>
<p>Aunque<em> entre culebras y extraños</em> pueda parecer una novela simple, coloquial, no lo es en absoluto. Castro domina la dosificación de los datos: lo demuestra cuando abofetea al lector con la muerte de la hermana sin contar las causas. También, como he indicado al inicio, emplea con soltura la elipsis y una expresividad coherente.</p>
<p>Este modesto reseñista había caído hace unos meses en la desesperanza. Dos autores tan distintos como Samanta Schweblin y Celso Castro (una joven argentina y un cincuentón gallego) le han devuelto la felicidad.  Ambos combinan el arte y la narración. Ambos conocen, siendo rematadamente cursi, los misterios y recovecos del corazón humano.</p>
<p>*Fotografía del autor de Paco Rodríguez.</p>
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		<title>Rubén o el camino del mal</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Aug 2015 20:38:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Recaredo Veredas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Chirbes]]></category>
		<category><![CDATA[Crematorio]]></category>
		<category><![CDATA[En la orilla]]></category>
		<category><![CDATA[Purgatorio]]></category>
		<category><![CDATA[Rafael Chirbes]]></category>
		<category><![CDATA[Recaredo Veredas]]></category>

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		<description><![CDATA[Si alguien, dentro de cien años, quiere conocer el espíritu que alentó a la borrachera de dinero sucio que sufrió España durante la primera década del nuevo milenio no solo deberá leer historia económica o política, también tendrá que hurgar [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Si alguien, dentro de cien años, quiere conocer el espíritu que alentó a la borrachera de dinero sucio que sufrió España durante la primera década del nuevo milenio no solo deberá leer historia económica o política, también tendrá que hurgar en el alma de los protagonistas. La historia puede describir los hechos y sus causas, pero se adentra con dificultad en el espíritu, tantas veces más importante que las cifras. Dentro de esos cien años el díptico de Chirbes (<em>Crematorio</em> y <em>En la orilla</em>) seguirá contando la vida privada, las causas íntimas que  acompañaron al torrente. En la primera describe la cogorza, en la segunda, la cruel resaca. No son novelas perfectas, pero la mirada de Chirbes hurga sin compasión tanto en el primer paso, pleno de corrupción, sexo sucio, destrucción de un paisaje idílico, ambición y complicidad del poder y los ciudadanos, como en el segundo, poblado por chalets a medio construir, ruina y agua podrida. Solo Joan Francesc Mira, en su particular versión de la Divina Comedia, titulada <em>Purgatorio</em>, describe con similar precisión el tsunami que arrasó la costa mediterránea durante la aciaga década dorada. Además Chirbes conoce el alma de su tierra, tan proclive a la exaltación de los vínculos familiares y al desprecio del estado.</p>
<p>Entre los personajes que habitan en ambas narraciones destaca, con brillo inigualable, Rubén, un arquitecto culto, idealista en su juventud, cínico hasta la extenuación en su madurez, liado con una joven arribista cuyo egoísmo conoce, incluso admira, despreciado por su familia, cuyos lujos asiáticos costea. Rubén es el vástago negro que toda dinastía precisa, quien desciende hasta el fondo del barro para que sus descendientes puedan permitirse el honor y la molicie. Chirbes acierta y arriesga porque no crea al constructor arquetípico, al putero, aficionado a los asadores, profundamente inculto y solo dotado de un fuerte instinto cazador que todos conocemos. No, Rubén fue un intelectual durante su paso por la universidad y sigue siéndolo tras su pacto faústico. Ambas facetas del personaje, en apariencia antitéticas, están combinadas sin una sola quiebra, conformando un protagonista mucho más carismático que el antagonista: su hermano, el hortelano comunista, ligeramente cursi, que mantiene la ética mientras todo se derrumba.</p>
<p>Rubén, interpretado por José Sancho, protagonizó la versión televisiva de Purgatorio. Una serie digna, que en nada se parece a la novela y minimiza la complejidad de un personaje mucho más parecido a Lorenzo de Medicis que a Jesús Gil.</p>
<p>Tras el impacto que me causó Rubén leí otras novelas de Chirbes. No puedo negar su dignidad pero en ninguna hallé la capacidad de arrastre de ese arquitecto que planta cara a Dios y decide tomar, con plena conciencia de sus actos y sus consecuencias, el camino del mal.</p>
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		<title>Steve Jobs o el triunfo eterno del American Dream</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Jul 2015 10:52:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Recaredo Veredas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[American Dream]]></category>
		<category><![CDATA[Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Recaredo Veredas]]></category>
		<category><![CDATA[Steve Jobs]]></category>
		<category><![CDATA[Walter Isaacson]]></category>

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		<description><![CDATA[Steve Jobs: la biografía. Walter Isaacson. Editorial Debate. Barcelona, 2011. 744 páginas, 23,90 €. Uno de los grandes estrenos de la próxima temporada cinematográfica es el biopic de Steve Jobs, dirigido por el irregular y acelerado Danny Boyle y apoyado [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Steve Jobs: la biografía. Walter Isaacson. Editorial Debate. Barcelona, 2011. 744 páginas, 23,90 €.</strong></p>
<p>Uno de los grandes estrenos de la próxima temporada cinematográfica es el biopic de Steve Jobs, dirigido por el irregular y acelerado Danny Boyle y apoyado en el tocho de Isaacson. Del guión se encarga el brillante, aunque a veces parlanchín, Aaron Sorkin. Dentro de la breve y compleja vida de Mr Jobs, Sorkin ha elegido como conflicto central la relación que mantuvo con su primera hija, fruto de una breve relación hippy/lisérgica. Nació cuando Jobs no había cumplido 25 y no asumió su paternidad hasta que fue obligado por el ADN. A lo largo de treinta años se quisieron, se odiaron y se distanciaron sucesivas veces. Es, tal vez, el aspecto más lacrimógeno de la vida de Jobs, cuyas relaciones personales y correrías empresariales dan para numerosas películas: la peripecia creativa con su primer socio y creador de la informática moderna, Steve Wozniak, la lucha a muerte con Bill Gates, su amigo y némesis, por su dominio del software separado del hardware, el desgarro entre sus padres genéticos y los adoptivos&#8230;</p>
<p>Steve Jobs no era un hombre convencional, ni en su visión, ni en su capacidad, ni en su carácter. Isaacson destaca su ausencia de filtros, concretada en un carácter voluble y una manera de incentivar a sus empleados y proveedores un tanto agresiva. Lo que resulta indiscutible es que su método de continuas revisiones y absoluto perfeccionismo le funcionó. Así ocurrió por su extraña combinación de inteligencia práctica y artística, porque se rodeó de los mejores y porque entendió como nadie el zeitgeist. No triunfó, pese a lo que muchos creen, porque fuera un capullo. La agresividad sin freno siempre perjudica.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/07/jobs.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4426" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/07/jobs.jpg" alt="jobs" width="501" height="768" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/07/jobs.jpg 501w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/07/jobs-196x300.jpg 196w" sizes="(max-width: 501px) 100vw, 501px" /></a></p>
<p>Jobs, como Hughes o Disney, como Hearst o su amigo Ellison, responde al arquetipo de emprendedor excéntrico estadounidense: cuya genialidad y cuya descomunal cuenta le evitan el sometimiento a las normas sociales. Tal genialidad sólo habría florecido en <em>The land of the free, home of the brave</em>. De hecho en las cientos de páginas de la bio de Isaacson no aparecen ni la seguridad social ni hacienda, que habrían protagonizado la vida de cualquier empresario europeo. Así pues, la película en cuestión es otra bonita pieza de propaganda capitalista. Al menos, es un alivio, saben hacerlas.</p>
<p>La biografía no es un género que me entusiasme. Las escritas por historiadores suelen incidir en aspectos significativos de la vida del biografiado, aunque bastante aburridos, como la vida de sus abuelos o su trayectoria escolar. pero Isaacson tiene sentido del espectáculo, sabe a dónde quiere llegar el lector y allí le conduce sin preámbulos. En pocas páginas vemos a Steve greñudo, ultravegano, tomando LSD y jugando a la ingeniería informática en un valle perdido que luego sería Sillicon Valley. Después, la sucesión de personajes célebres, los momentos históricos, el excelente pulso de Isaacson, su control narrativo, más propio de un novelista que de un historiador, y la ambigüedad de Jobs, que oscila entre el héroe y el villano, hacen el resto.</p>
<p>Muchas veces se califica a gentes con dones diversos como genios renacentistas. Jobs lo era, sin exageraciones. Sin su talento para elegir a los mejores, contemplar el futuro con visión sobrenatural y movilizarles el mundo no sería como lo conocemos, ni para lo malo ni para lo bueno. Además defendía a muerte sus principios estéticos, indiscutiblemente bellos. Tanto que, durante su agonía hospitalaria se negó a enchufarse el respirador por su fealdad y pidió ocho diseños alternativos. Fue un príncipe florentino y, como tal, un tirano. No puede crearse un imperio sin autoridad.</p>
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		<title>Samanta, reina de la entropía</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Jun 2015 10:25:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Recaredo Veredas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[páginas de espuma]]></category>
		<category><![CDATA[Premio Ribera del Duero]]></category>
		<category><![CDATA[Recaredo Veredas]]></category>
		<category><![CDATA[Samanta Schweblin]]></category>
		<category><![CDATA[Siete casas vacías]]></category>

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		<description><![CDATA[Siete casas vacías. Samanta Schweblin. Páginas de Espuma. Madrid, 2013. 128 páginas, 14 € Estos siete relatos consiguen lo que pretenden: mostrarnos a nosotros mismos. Carne, glándulas, neuronas lentamente fundidas. Muchos pensaréis que ya nos tenemos muy vistos, pero erráis: [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Siete casas vacías. Samanta Schweblin. Páginas de Espuma. Madrid, 2013. 128 páginas, 14 €</strong></p>
<p>Estos siete relatos consiguen lo que pretenden: mostrarnos a nosotros mismos. Carne, glándulas, neuronas lentamente fundidas. Muchos pensaréis que ya nos tenemos muy vistos, pero erráis: nuestra benefactora sociedad cataloga a la muerte y a la enfermedad, sea física o psíquica, dentro del ámbito de lo desagradable, de aquello que no debe ser mencionado en aras de la felicidad ejemplificada por Walt Disney. Es decir, niega nuestra condición animal, emplazándonos en una posición cibernética que, por suerte o desgracia, aún no poseemos. Schweblin, por fortuna, no solo no ha olvidado nuestra condición entrópica sino que la ha observado con fervor científico, anotando los distintos pasos de los procesos que ocurren cuando los caminos que conducen al éxito y la inmortalidad se obstruyen (es decir, siempre, otro cantar es que lo queramos reconocer). No es la única que lo ha intentado. De hecho, la historia de la literatura está construida con aventureros de esta calaña. Pero pocos alcanzan una descripción verosímil del derrumbe de las vísceras y del espíritu. Una descripción narrada desde dentro, desde el corazón de la persona que sufre, sin apoyos en otros tópicos que los que cimientan la realidad indiscutible de la vida. Los silbidos que salen de los pulmones de la protagonista de “La respiración cavernaria”, el relato central, son los silbidos de todos los bronquios podridos del mundo.</p>
<p>Sin embargo, no nos encontramos ante un estudio antropológico, psiquiátrico o sociológico, sino frente a un conjunto de narraciones que, como tales, contienen una historia. Es decir, los personajes poseen un afán y, en consecuencia, una progresión, aunque sea la impotencia para evolucionar al ritmo que la sociedad requiere. Es muy destacable el tratamiento de los espacios, perfectos correlatos del estado de ánimo de los personajes. Su omnipresencia delata los profundos conocimientos de praxis literaria de la autora: los relatos son relatos y no meditaciones filosóficas porque los personajes se mueven dentro de un espacio, generan escenas que se suceden, sea el intento de un coche de escapar del barro que le rodea, sea la lucha por la muerte y la memoria de la protagonista del relato central, sea la búsqueda de una farmacia por una ciudad vacía, llena de peligros cuya existencia ignoramos. Su prosa es casi perfecta. A veces su precisión geométrica alcanza una poesía extraña, próxima al Valente más abstracto.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/06/samanta.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4421" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/06/samanta-638x1024.jpg" alt="samanta" width="638" height="1024" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/06/samanta.jpg 638w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/06/samanta-187x300.jpg 187w" sizes="(max-width: 638px) 100vw, 638px" /></a></p>
<p>Alivia, por otro lado, que Schlewblin construya una épica de la normalidad, que sus protagonistas no sean, como resulta tristemente habitual, escritores, traductores, políticos… Son gente normal, con vidas normales, tan ordinarias como épicas en manos de un escritor de categoría, que sepa ver la épica de la cotidianeidad. Como me dijo una vez un poeta loco, hay más poesía en una peluquera de Getafe que en todos los volcanes del mundo. Pero pocos consiguen verla. El fuego es mucho más vistoso. En cuanto a sus referencias, están Bernhard y Jellinek, está la inmersión en la vejez –aunque con bastante más sentido del humor en el caso del nórdico- de Askildsen, están los encierros sin fin de Kafka, está el omnipresente realismo sucio americano y el horror cósmico, tan de moda por el revival de Lovecraft y por el éxito de <em>True Detective</em>. También podrían vislumbrarse referencias cinematográficas, como el dúo cómico Haneke/Bergman. Pero Samanta no es una nihilista a lo Houllebecq. No es ese su campo de batalla, su mirada no puede caer en tal fatuidad (fascinante fatuidad en ocasiones). Se limita a ver la obvia naturaleza animal del hombre, lo que no podemos contemplar por los sucesivos velos instalados por nuestra cultura, y narrarlo. No consigue la objetividad –falta amor, amistad, aquello que evita los suicidios colectivos- porque ella, la observadora, también es humana.</p>
<p>Schlewblin es la gran esperanza de la narrativa escrita en español. Por calidad, por juventud y por lo global de su mirada. Su futuro depende de su ambición y de su capacidad crítica. Es decir: debe huir de la autocomplacencia y de repetirse a sí misma. No echo las cartas ni tengo una bola de cristal, pero pronostico que si Schlewblin mantiene su nivel de autoexigencia ganará el Premio Nobel.</p>
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		<title>La vida enseña</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Jun 2015 12:04:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Serrano]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Alfabia]]></category>
		<category><![CDATA[Hjalmar Soderberg]]></category>
		<category><![CDATA[La juventud de Martin Birck]]></category>

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		<description><![CDATA[La juventud de Martin Birck. Hjalmar Söderberg. Alfabia, 2014. 190 páginas, 18 € Oh, sí, la vida enseña sus tripas y su maquillaje, y el disimulo, la mirada huidiza, no necesariamente salvan al espectador de entrever su mediocridad, la grisura de los días [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La juventud de Martin Birck. Hjalmar Söderberg. Alfabia, 2014. 190 páginas, 18 €</strong></p>
<p>Oh, sí, la vida enseña sus tripas y su maquillaje, y el disimulo, la mirada huidiza, no necesariamente salvan al espectador de entrever su mediocridad, la grisura de los días tras los días. Basta con el rabillo del ojo, casi siempre, para saber. La vida enseña pero el aprendizaje es de cada uno, el trampantojo es diseño del espectador: las cosas son lo que queremos que parezcan. Formarnos en el molde de la convención, no destacar en el grupo, no escandalizar ni dejarse ir por la furia o por saber lo cierto y verdadero: siempre hay una palabra o un pensamiento que nos dejan vivir en nuestro refugio. Y este trayecto, que casi todos viven en silencio, es nuestra propia, personal e intransferible <em>bildungsroman: </em>es esto lo que aprendemos aunque no nos guste.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/06/soderberg1.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4415" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/06/soderberg1.jpg" alt="soderberg1" width="258" height="398" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/06/soderberg1.jpg 258w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/06/soderberg1-194x300.jpg 194w" sizes="(max-width: 258px) 100vw, 258px" /></a></p>
<p>Martin Birck tiene una infancia blanca y prístina, no diré que feliz, pues avanza algunas inquietudes que le asaltarán de adolescente: el destino esperable, la religión que no es casa, el miedo a lo que se sabe que viene. Martin, cuando acaba su formación, acaricia en sus poemas esa incomodidad, sabedor además de que la poesía necesita de dosis de pureza y dignidad de las que no se siente poseedor. De modo que la aceptación de la vida burguesa no es una derrota, pues es simplemente la incorporación a la corriente. No es, por otra parte, consuelo alguno, pues las grandes preguntas que se hacen y se dejan sin respuesta nunca dejan de repetirse. Birck, enfangado en sus días de plomo, acepta hacer cosas que repugnan a su alma de poeta porque ésta ya ha muerto. Como en <em>El juego serio, </em>Söderberg nos brinda una explicación mediante el teatro al final de la obra: el yo social, en denominación más moderna, es perfectamente capaz de hacerse con la personalidad del hombre, que solo deberá aceptar la escena y finalmente un libreto que no escribe.</p>
<p>Es esta una novela lírica en su primera parte y que se desliza lentamente hacia la tragedia sin cargar las tintas, pues la tragedia interior, la muerte del joven que fuimos, se ve como una transición triste pero no dramática: al fin y al cabo, ¿cómo vencer a una sociedad hecha para aplastarnos?</p>
<p>“La felicidad, la alegría de la juventud, ¿adónde se habían ido? La vida está hecha para la gente mayor y por eso ser joven es un infortunio. Está hecha para los irreflexivos y apáticos, para quienes toman lo falso como verdadero y en realidad prefieren lo falso, por eso es una enfermedad pensar y sentir, una enfermedad infantil por la que se ha de pasar antes de hacerse un hombre”.</p>
<p>También es la primera novela del gran Söderberg, del que Alfabia emprende la tarea de traducir su obra completa. En ella, se apuntan algunos temas que desarrollará el autor sueco posteriormente. Una novela también de aprendizaje para el escritor.</p>
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		<title>La imperturbable levedad del ser</title>
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		<pubDate>Mon, 25 May 2015 09:06:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Serrano]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Alfaguara]]></category>
		<category><![CDATA[Cactus]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Ángel Serrano]]></category>
		<category><![CDATA[Rodrigo Muñoz Avia]]></category>

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		<description><![CDATA[Cactus. Rodrigo Muñoz Avia. Alfaguara. Madrid, 2015. 232 páginas. 17.90 € Conozco la trayectoria de Rodrigo Muñoz Avia desde hace muchos años, y he disfrutado siempre de su mirada irónica,  y en ocasiones sarcástica,  a la hora de enfrentarse a [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Cactus. Rodrigo Muñoz Avia. Alfaguara. Madrid, 2015. 232 páginas. 17.90 €</strong></p>
<p>Conozco la trayectoria de Rodrigo Muñoz Avia desde hace muchos años, y he disfrutado siempre de su mirada irónica,  y en ocasiones sarcástica,  a la hora de enfrentarse a personajes atrabiliarios y un tanto desnortados. En el caso de Agustín, el protagonista de <em>Cactus, </em>nos presenta a un profesor al borde de la nada. Despedido, abandonado por su pareja, decide aceptar la inscripción que por él hace una amiga para tomar un curso en Stanford acerca de plantas suculentas.</p>
<p>La nada del personaje le acompaña como una esencia: la virtud del nuevo emplazamiento (en realidad se parece más a un cactus trasplantado que a un hombre en busca de reparación o sentido) es que parece estar aún más vacío que el anterior en España.</p>
<p>La leyenda sobre el viajero es que en cada aventura cambia. La realidad del turista es que se hace un <em>selfie</em>. <em>Cactus </em>es un <em>selfie</em> muy divertido: como en esas abominables aglomeraciones de las ciudades turísticas de agosto, no es tanto contemplar, pongamos, un cuadro de Rafael, como demostrar por medio de la foto que se ha estado allí. Agustín ni siquiera se preocupa por eso o por dejar alguna huella: de hecho, cuando lo intenta, los dioses se conjuran contra él. O la tecnología, por lo menos. El legado de Agustín y sus compañeras de clase, el reacondicionamiento de un jardín de cactus, está en claro peligro por la presión inmobiliaria.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/05/cactus.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4407" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/05/cactus.jpg" alt="cactus" width="486" height="768" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/05/cactus.jpg 486w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/05/cactus-190x300.jpg 190w" sizes="(max-width: 486px) 100vw, 486px" /></a></p>
<p>Lo interesante de esta novela es que por un lado mantiene una peripecia debidamente intensa y alocada pero por otro sostiene una imperturbable fijación en un personaje que no cambia. No hay revelación, transformación o impulso por parte del protagonista. La tentación habría sido proponer un trayecto del alma, una redención. Pero, como ocurre con el Bartleby de Melville, por ejemplo, la tozudez en la nada conduce a Agustín a consumar ese paréntesis. No hay trayecto sino un cambio de escenario. Y el lector, que podría haberlo esperado, asume en realidad que la postura de Agustín es no preocuparse mucho de las consecuencias: no es solo “preferiría no hacerlo”, sino “la decisión que tome es irrelevante, en el fondo”.  Funciona muy bien, pese a la dificultad narrativa.</p>
<p>Por otro lado, el catálogo de personajes secundarios, y de escenas, dibujan una California de espejismo, irreal pero con capacidad de molestar. Un territorio sin sustancia en el que los cactus pueden crecer pero en el que no parece haber sitio para una frondosidad real: todo es rápido, uniformado, en ocasiones incomprensible y siempre lo suficientemente extraño como para provocar la sonrisa en el lector.  Y en ese sentido, dibuja una parábola sobre algunos aspectos nucleares del héroe moderno: la ausencia de momentos épicos, la uniformidad gris de los días, independientemente de dónde se pasen, la incomprensión de hechos y personas y la futilidad, divina futilidad, de casi todo lo que hacemos. No es poca cosa componer con eso una novela tan divertida e inquietante (sí, es inquietante) como esta.</p>
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		<title>Carlos Paterson: Quería ser como Freddie Mercury hasta que Bach se cruzó en el camino</title>
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		<pubDate>Thu, 21 May 2015 18:37:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanmartín]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Paterson]]></category>
		<category><![CDATA[piano]]></category>

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		<description><![CDATA[Alguien le encargó al joven ingeniero de telecomunicaciones James Paterson que dejara Edimburgo para viajar hasta Cádiz, donde debía cumplir una importante misión: instalar la línea telefónica. Allí, aunque él no podía saberlo, le estaba esperando una gaditana de la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Alguien le encargó al joven ingeniero de telecomunicaciones James Paterson que dejara Edimburgo para viajar hasta Cádiz, donde debía cumplir una importante misión: instalar la línea telefónica. Allí, aunque él no podía saberlo, le estaba esperando una gaditana de la que habría de enamorarse perdidamente, tanto que se quedó con ella para siempre y ya no regreso a su isla. Esto ocurrió a principios del siglo XX y James, que medía 2,13 metros y, siguiendo la moda, presumía de bigote, no renunció a la tradición de su linaje a pesar de haber cambiado de mar: su primer hijo fue un varón y, respetando la costumbre de las ocho generaciones que lo precedían, lo llamó Jaime.</p>
<p><a href="www.carlospaterson.es">Carlos Paterson</a> me cuenta la historia de su bisabuelo consciente de que tiene algo de leyenda, de material para una película. Es fácil intuir lo orgulloso que se siente de sus orígenes.</p>
<p>Se acerca el verano y la mañana no es excesivamente calurosa, así que voy paseando desde las Torres de Quart hasta el Conservatorio Joaquín Rodrigo, donde hemos quedado en la cafetería para hablar de música, de proyectos y de la extraña manera en que, sin darnos cuenta, se forjan las identidades. Carlos es Catedrático de Órgano en el Conservatorio, especialista en música antigua, sin embargo lo que presenta el sábado 23 en el Fórum de la Fnac de Valencia no es una sinfonía, sino un videoclip (quiere que sea el primero de una serie inspirada en las mejores canciones celtas) basado en un poema de Oscar Wilde,<em> If thou wilt, remember</em>.</p>
<p style="text-align: center;">[embedyt]http://www.youtube.com/watch?v=-KuHyTCKnWc[/embedyt]</p>
<p><em>En estos últimos años algo que llevaba mucho tiempo dormido se ha despertado dentro de mí y he empezado a componer. Mi trayectoria no es larga, mis composiciones son recientes, pero confío en ellas.</em></p>
<p>&#8211; Me extraña lo que me cuentas -le digo- porque había supuesto por tu currículum que llevabas toda una vida dedicada a la música.</p>
<p><em>¡Qué va! Hasta 2009 trabajé como abogado financiero. Llegó la crisis y me despidieron. Sólo entonces volví a recurrir a la música, a una clase de música que yo desconocía, el pop-rock de los grupos y las fiestas de los pueblos, nada que ver con mi formación de juventud, más académica, que había empezado en el Conservatorio de Teruel. De repente se me abrió todo un mundo: el de la música ligera y la interpretación de oído, un mundo de profesionales intuitivos que por lo general no saben leer ni escribir partituras, pero reaccionan con rapidez y también son muy capaces. Así volvió a saltar la chispa.</em></p>
<p>Durante el primer año de esta aventura, Carlos formó parte de la formación Clam, era el teclista. Luego pasó a Ágora, <em>que podía llegar a tener sesenta bolos anuales. Eran horarios duros, intempestivos, pero me permitían sacarme un sueldo, y además aprendí muchas cosas, conocí a mucha gente&#8230; recuperé fluidez a la hora de pensar la música. Recuperé la inspiración.</em></p>
<p>Paralelamente, se fue labrando una trayectoria sólida en el Conservatorio de Valencia, donde nos encontramos, y aunque, cuando le pregunto con qué faceta profesional de las que ha desarrollado se identifica más, me responde que allí donde ha recalcado lo ha hecho bien, es consciente de que ahora está donde quiere estar y no volvería a ejercer la abogacía.</p>
<p><em>Empezó a gustarme la música con ocho años, escuchaba los <a href="%20http://es.m.wikipedia.org/wiki/Max_Mix">Max Mix</a>; después llegó David Bowie y después el que sigue siendo mi ídolo, Freddie Mercury. Hubo un tiempo en que quería pertenecer a Queen. Al cumplir los once fui yo el que le pidió a mi madre estudiar música. Dicho y hecho, ingresé en el Conservatorio y aprobé el curso preparatorio entre marzo y junio. Por aquella época, vi &#8216;20000 leguas de viaje submarino&#8217; y aluciné con el órgano del capitán Nemo. Me fascinó. Fue entonces cuando se cruzó en mi camino Johann Sebastián Bach. Mis padres compraron una cinta con algunas de sus composiciones y caí rendido. </em></p>
<div style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/05/1.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4387" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/05/1.jpg" alt="1" width="732" height="547" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/05/1.jpg 732w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/05/1-300x224.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/05/1-280x210.jpg 280w" sizes="(max-width: 732px) 100vw, 732px" /></a></div>
<div></div>
<p>Me cuenta que la fuerza de Mercury no residía en su formación sino en su espíritu, en el carisma con el que se ganaba a las multitudes, ofreciendo una música nacida de la intuición. Eso es lo que admira y lo que ha empezado a perseguir en esta nueva etapa en la que se siente tan a gusto.</p>
<p>Junto con el videoclip, otra buena noticia, <strong>el domingo 31 de mayo a las 11:30 horas</strong>, en el marco de un concierto solidario en el Palau de la Música, organizado por el ICAV (Ilustre Colegio de Abogados de Valencia) no sólo interpretará al órgano piezas de los grandes maestros (Bach, Widor, Camille Saint-Saëns&#8230;), sino también su propia composición: <em>Alborada</em>, de seis minutos y medio, forma parte de la cantidad de ideas que, en esta última étapa, han empezado a surgir durante mis momentos de soledad frente al piano. Es componiendo como dejo salir mi yo más íntimo, ese que, paradójicamente, necesito compartir; y no se me ocurre mejor manera de hacerlo que a través de la música&#8221;.</p>
<p>Mientras le hago unas fotos en el aula donde imparte sus clases, toca en el clave una pieza de Bach. Me siento afortunada y también sorprendida, porque el currículum se queda corto a la hora de retratar a Carlos Paterson, él esconde detrás toda una historia. De los días duros, en los que le costó salir adelante, llegando incluso a trabajar como vendedor a puerta fría, ha sacado en claro que no basta con tener buen material entre las manos, también hay que saber mostrarlo, hacerlo atractivo. Por eso este músico que rara vez dice que no a una idea ha financiado al cien por cien el vídeo que se presenta el sábado, en el que cuenta con la ayuda del cantante Daniel Kavanagh, uno de esos intérpretes curtidos en escenarios ambulantes.</p>
<p>Carlos Paterson sabe que el primer paso es darse a conocer y cuenta con la mejor tarjeta de visita.</p>
<div style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/05/2.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4388" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/05/2.jpg" alt="2" width="732" height="547" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/05/2.jpg 732w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/05/2-300x224.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/05/2-280x210.jpg 280w" sizes="(max-width: 732px) 100vw, 732px" /></a></div>
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		<title>Éxodo</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Apr 2015 11:16:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Roberto Valencia]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Automática Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[Dj Stalingrad]]></category>
		<category><![CDATA[Éxodo]]></category>
		<category><![CDATA[Roberto Valencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dj Stalingrad. Automática, Madrid, 2015, 123 páginas, 15 €. En Cómo leer y por qué Harold Bloom cuenta que abandonó Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy, al no soportar la vorágine de violencia de sus páginas. Pero después retornó a [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Dj Stalingrad. Automática, Madrid, 2015, 123 páginas, 15 €.</strong></p>
<p>En <em>Cómo leer y por qué </em>Harold Bloom cuenta que abandonó <em>Meridiano de sangre</em>, de Cormac McCarthy, al no soportar la vorágine de violencia de sus páginas. Pero después retornó a la lectura y cayó admirado ante la novela. Algo similar le ocurrirá al lector de <em>Éxodo</em>: las peleas urbanas entre grupos juveniles de una Rusia traumatizada por la desesperanza estragarán cualquier sensibilidad, pero si el lector se muestra lo suficientemente paciente para que no le intimide este apocalíptico baño de sangre, hallará un texto mucho más matizado y proteico de lo esperado. Primera novela del escritor y activista ruso Dj Stalingrad, <em>Exodo </em>trabaja el retrato generacional de una generación postcomunista entregada a la más extrema brutalidad callejera –peleas con barras de hierro, navajas, detenciones policiales, supervivencia al límite–. Pero, al mismo tiempo, ofrece una reflexión muy pertinaz sobre la naturaleza de la violencia: a qué instintos responde, a qué finalidad purgativa y cómo los anchos –y aparentemente nobles– cauces de la razón se estrechan para permitir su salida en tromba. <em>Éxodo </em>proporciona varias lecturas sobre ello y, en lo formal, cumple el famoso requisito de William Faulkner de no mostrar interés explicíto por la moralidad de los acontecimientos que se narran, tan sólo traspasar al papel del modo más palpitante cómo se produce la vida en bruto, sin esa sofisticación o determinismo con los que el código moral del autor –o de la sociedad– adelgazarían su complejidad.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dj.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4382" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dj-634x1024.jpg" alt="dj" width="634" height="1024" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dj-634x1024.jpg 634w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dj-186x300.jpg 186w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dj.jpg 990w" sizes="(max-width: 634px) 100vw, 634px" /></a></p>
<p>La vida en bruto. En <em>Éxodo </em>la vida es una catástrofe social, resultado de la caída comunista, de la irrupción de un ultracapitalismo voraz y de la consolidación por otros cauces de la corrupción sistémica del Estado, lo que da como resultado una generación –o dos o tres– de ciudadanos rusos abandonados a su suerte. Sin cobertura social, sin esperanza, sin posibilidades de redención a través de la estructura de la sociedad, ejem, estable del bienestar. La vida, pues, para una juventud no necesariamente analfabeta se transforma en salir a la calle a destrozarle la cabeza a los miembros de la facción rival. Se opta por esto igual que se podrían contar obsesivamente los poros de la pared. La violencia es una escapatoria lúdica, una forma gratuita de pasar el rato. Pero, ¿gratuita? Gratuita porque no contempla un efecto social a medio plazo (no hay un programa, no hay un plan, no hay réditos, no hay la reflexión que proporciona el activismo de los movimientos sociales), pero, como mostró Hunter S. Thomson que hacían cierto tipo de excluidos sociales en los años 70 al reagruparse en los Ángeles del infierno y ejercer un comportamiento violento que no excluía la solidaridad grupal ni la organización, se consigue mucha autoprotección con ello. En la novela, los tres personales principales, el narrador y sus dos amigos, integrantes habituales de peleas, escenifican distintas posturas ante la hecatombe social. Los tres se partirán la cara sin motivo aparente y serán acuchillados, detenidos y apaleados, los tres se entregarán al odio hacia las bandas organizadas de neonazis –un fenómeno habitual en los años en Rusia, al parecer con conexiones con el estamento policíal– pero cada uno con su propio enfoque. Uno buscará una salida más bien deshonrosa al gris horizonte de la dureza y la precariedad laboral. El otro simplemente dará cauce a su locura congénita. Pero el tercero, el narrador, que saciará y alimentará ese instinto sádico que todo hombre anida, que exhibirá la coartada (¿seguro que válida?) de un cierto asco por el éxito capitalista y la brutalidad neonazi, que ejercerá esa violencia repugnante, habrá elegido un martirologio voluntario en su particular via crucis. En su poliédrica construcción, en su ambigua y desconcertante psicología, es donde la novela alcanza sus máximas cotas de calidad: en la conformación del personaje del narrador, alguien que, como el fallido cantante punk GG Allin –también presente por aquí–, busca autodestruirse y escupir a los demás esa destrucción –esa debilidad, ese asco–, y que así todos nos disolvamos en el ácido de este nihilismo social. Alguien que pretende estar del lado de los buenos porque tiene una barra de hierro y convicciones anárquicas, y porque detesta la corrupción política y la chulería de la policía, alguien que a mitad de novela cambiará la violencia por la asistencia social a los vagabundos de Moscú. Alguien que, de todos modos, no renunciará a la espiritualidad propia de todo martirio: la redención a través del éxtasis de la sangre, el perdón de los pecados, la limpieza que proporciona la piedad. Un rompecabezas filosófico, desesperado y algo ingenuo, como mejor modo de quemarse en la Rusia que bombardeó Chechenia para realzar la gloria de Vladimir Putin.</p>
<p>Cantábamos antes la excelencia que presenta la novela desde el punto de vista formal. Lo es porque su estilo heterodoxo, arrogante, sucio, fragmentario, veloz y nada displicente parece auténtico. No hay impostación ni imitación, no hay fidelidad a ningún canon. Como en las novelas más atmosféricas y misteriosas (pienso en <em>El corazón de las tinieblas</em>, por ejemplo), un telón de oscuridad parece adecuado para eludir interpretaciones fáciles, no permitir conclusiones inmediatas y aturdir la ética del lector. Narrada a través de fragmentos y saltos temporales, <em>Éxodo </em>no exhibe ninguna tesis sociológica que arruinaría su pulso. Su autor hace eso tan común en los escritores de raza: mantiene un uso propio del tempo narrativo. Adherido al pensamiento del narrador, dicho tempo no es lineal –la mente no siempre piensa según vectores de causa y efecto, ni se explica demasiadas cosas a sí misma–, lo que contribuye a la inmediatez y al misterio.</p>
<p>A su autor, Pior Siláiev, refugiado político en Finlandia, le será difícil separar en lo sucesivo su propia biografía del narrador de su novela. Tenderemos a confundirlo con el protagonista, demonio y martir, de este texto. Leyéndolo, y sabiendo que parte de los hechos narrados son autobiográficos, caeremos en la tentación de unificar a ambos, porque aquí el artificio literario resulta tan eficaz que fácilmente se mezclan realidad y ficción. Quizás baste con leer –entonces sí como un hecho real– el pasaje final de la novela, cuando se cuenta ese paso de la violencia callejera a la delincuencia organizada, de las peleas con barras de hierro a los tiroteos. Ahí es donde el protagonista, que vuelve a Moscú después de un alejamiento semiascético, declara su asco por la violencia. Ahí creemos identificar al auténtico autor, ya redimido, ya retirado de la calle, ahíto de sangre y tragedia, cambiando las navajas por la escritura de <em>Éxodo</em>.</p>
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		<title>Esto se acaba. Enésimo artículo sobre el fin de la novela</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Apr 2015 14:17:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Recaredo Veredas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[El mundo es incomprensible. Quien cree lo contrario cae en un autoengaño tan frecuente como lógico. El mundo es incomprensible porque no sabemos cuál es su fin, ni quién lo ha creado, ni cuál es nuestra función en este espectáculo. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El mundo es incomprensible. Quien cree lo contrario cae en un autoengaño tan frecuente como lógico. El mundo es incomprensible porque no sabemos cuál es su fin, ni quién lo ha creado, ni cuál es nuestra función en este espectáculo. Ni lo sabemos ni podemos saberlo.</p>
<p>Sin embargo, tal vez por un accidente genético, el hombre está obligado a buscar. Necesita entender. No posee la paz de espíritu de un caniche, una ballena azul o una hormiga. De su búsqueda provienen las religiones, la filosofía, la ciencia y las artes. Dentro de estas últimas destacaré la narrativa, pues regala una estructura a la vida, la dota de una progresión, una épica y un desenlace. La afición del hombre por la narrativa denota nuestra nula aceptación del caos. La necesidad de control.</p>
<p>Durante siglos la narrativa escrita no tuvo rival. La mayor parte de la población europea era analfabeta, pero las ventas de los triunfadores eran comparables a las actuales. Así ocurría porque, salvo contadas excepciones, siempre fue divertida y compensó la decisión de compra de un lector ávido de historietas.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4367" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens.jpg" alt="dickens" width="700" height="567" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens.jpg 700w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens-300x243.jpg 300w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /></a></p>
<p>Pero llegó el salvaje Siglo XX. En aquellos años crueles, condicionados tanto por el horror de las guerras como por mundo élfico creado por Freud y Marx, ocurrió un curioso fenómeno: la crítica (tumoración de la imprescindible figura del prescriptor) y el público se separaron. Los autores del XIX sabían narrar las pasiones humanas sin ser unos plomos, pero la crítica decidió que el mundo del Siglo XX precisaba monólogos interiores, páginas y páginas sin punto y aparte y la destrucción de todo aquello que había funcionado como un reloj suizo hasta entonces. El público, durante años, fingió que le interesaba la nueva narrativa. Pero mentía: Joyce y Proust siempre le parecieron insoportables. Faulkner -los americanos, todos los americanos, tienen sentido del espectáculo- un poco menos.</p>
<p>El tenderete se mantuvo durante años. Por un lado se situaban los autodenominados auténticos escritores –bastante pesados y muy poco leídos- por otro los vendedores. Por motivos casi mágicos las editoriales perdían dinero publicando a los autodenominados auténticos escritores. Les aportaban un curioso capital denominado prestigio. El hambre de prestigio es otra de las debilidades de los humanos desarrollados y una de las fortalezas de quienes saben convertirse en fuente de tan codiciado bien. También al Estado le fascinaba el prestigio y apoyó con múltiples prebendas a los escritores/escritores más avispados. Sobre todo a los moderadamente críticos, que les regalaban la imprescindible dosis de oposición que precisa toda democracia.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens1.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4368" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens1.jpg" alt="dickens1" width="620" height="387" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens1.jpg 620w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens1-300x187.jpg 300w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p>El declive comenzó con la llegada del cine, pero la narrativa lo sobrevivió. También superó el reto de la televisión más cutre, incluso a los primeros años de Internet. El viejo prestigio perdía fuelle, la lectura de los flagelos modernistas y postmodernos (inútil aproximación al caos) decrecía cada año, pero las cuentas más o menos cuadraban. No contaban con lo obvio: EL MUNDO NO ESPERA A NADIE. En un dormitorio de la Universidad de Harvard, un postadolescente disfuncional machacado por el acné tramaba la destrucción. Al mismo tiempo, Tony Soprano vinculaba sin piedad calidad y diversión. Sus planes han triunfado: las redes sociales y las series de televisión de <em>qualité</em> han destrozado sin piedad a la literatura. Las redes sociales han aprovechado nuestro inherente afán de notoriedad, nuestra (¿genética?) necesidad de socialización y han generado cientos de millones de adictos, rompiendo la concentración que precisa la lectura y robando el escaso tiempo libre. Además han permitido que cada uno construya cada día su propia obra, gracias a las aportaciones de sus <em>amigos</em> y sus fuentes de referencia. Customizada, sin las servidumbres del pret a porter. Por otro lado, la estrategia publicitaria de la HBO parió un producto mágico, que combina el prestigio de los plomos y la facilidad de los bestsellers. ¿Para qué va a leer nadie a Bernhard si consigue su cuota de prestigio y supuesto conocimiento de la naturaleza humana viendo, sin esfuerzo alguno, 45 minutos de <em>Breaking Bad</em> o <em>Juego de Tronos?</em> No sé si <em>Mad Men</em> aporta tanto como Samuel Beckett. Lo que sí sé, con total certeza, es que Samuel Beckett despreciaba olímpicamente a sus lectores y, además, tuvo suerte y talento para convertirse en un torrente de prestigio.</p>
<p>Cierto, la literatura siempre aportará matices pero, ¿quién tiene tiempo y ganas para matices en 2015? Los matices solo son una pérdida de tiempo que convierte a quien los valora en un pusilánime, incapaz de tomar las decisiones que reclaman los tiempos. El público del Siglo XXI solo busca paz, la que aportan la meditación o el craft, y certezas.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens2.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4369" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens2.jpg" alt="dickens2" width="900" height="900" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens2.jpg 900w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens2-150x150.jpg 150w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens2-300x300.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens2-70x70.jpg 70w" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" /></a></p>
<p>Además la hipercomunicación regala un alud de historias reales cuya potencia y complejidad resulta mucho mayor que la ficción. Por ejemplo: hace unos días vi, gracias a la plataforma filmin, la película <em>Paraíso perdido</em>, una entretenida recreación del encuentro entre un canadiense un poco tontito y Pablo Escobar. Inmediatamente compré en Amazon, gracias a mi imprescindible kindle, la biografía del capo que escribió por su hijo. Su escritura es deficiente, pero hay pocas novelas en el mundo capaces de competir con las juergas de Escobar, sus dos zoológicos y sus líos políticos, con su triunfo y tragedia.</p>
<p>¿Tiene algún futuro la novela? No dejará de existir pero, una vez muertas las generaciones predigitales, se convertirá en una disciplina minoritaria, superflua, devorada por la fragmentación, el vigor de la realidad y soportes narrativos mucho más digeribles. Los grandes grupos derivarán hacia la rentabilidad de otros sectores y la edición se convertirá en un oficio vocacional, solo al alcance de adinerados que puedan permitirse pérdidas permanentes. No ocurrirá así con géneros insustituibles, como la siempre marginal poesía o, con aún más razón, el teatro. Tampoco con el ensayo, que aporta la comprensión, siempre velada pero también inevitable, del continuo cambio del mundo.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens31.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4371" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens31.jpg" alt="dickens3" width="590" height="494" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens31.jpg 590w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/04/dickens31-300x251.jpg 300w" sizes="(max-width: 590px) 100vw, 590px" /></a></p>
<p>La caída en el olvido permitirá a la narrativa escrita recuperar la libertad. Cada uno escribirá como quiera, sin ansiedades comerciales, ni miedos o autocensuras. Para muchos será un desastre, para unos pocos, como todo abandono, será un alivio.</p>
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		<title>Antonio López o la neurosis de la perfección</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Mar 2015 09:54:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Daza]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cosas bellas]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio López]]></category>
		<category><![CDATA[Esther García Llovet]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Daza]]></category>

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		<description><![CDATA[La primera vez que supe de Antonio López fue el día que andando por la Gran Vía me lo encontré mientras pintaba el tramo de la esquina con la calle Clavel.  Me dejó impresionado la fuerza del cuadro. Estaba pintando [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La primera vez que supe de Antonio López fue el día que andando por la Gran Vía me lo encontré mientras pintaba el tramo de la esquina con la calle Clavel.  Me dejó impresionado la fuerza del cuadro. Estaba pintando exactamente lo que yo veía pero con ese aire sobrecogedor y vacío que le caracteriza. En ese momento todavía no era tan conocido como hoy y desde luego yo no tenía ni idea de quien era pero pensé que llegaría lejos, aunque no me imaginaba cuanto.</p>
<p>En esa época siempre que podía pasaba por allí y le buscaba. Unas veces me lo encontraba, otras no, pero cuando estaba me quedaba allí un buen rato embobado mirando como medía y encajaba cada detalle y como retocaba y retocaba color hasta dar con el que tono exacto que quería. Su meticulosidad y perseverancia me asombraban. Mi admiración iba creciendo tanto y era tal su concentración que nunca me atreví a interrumpirle con el más mínimo comentario.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/02.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4358" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/02.jpg" alt="02" width="578" height="547" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/02.jpg 578w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/02-300x284.jpg 300w" sizes="(max-width: 578px) 100vw, 578px" /></a></p>
<p>Un día desapareció y aunque seguí buscándole, nunca más le volví a ver allí. Me quedo la pena de no ver la obra terminada. Afortunadamente años más tarde tuve la oportunidad de volver a ver el cuadro de cerca otra vez. Creo que fue en Sevilla en la exposición del Hospital de los Venerables. Me gustó poder examinarlo sin la presión de molestarle porque todavía recordaba con precisión cómo pintaba algunas partes, sobre todo el perfil del número 16, que era un edificio emblemático que recordaba perfectamente por una maravillosa película de Iván Zulueta.</p>
<p>La alegría se transformó en una cierta desilusión al verlo inacabado. Con todo el trabajo que se había tomado en el resto del cuadro ¿por qué no lo había terminado? Durante muchos años fue una pregunta que no tuvo respuesta.</p>
<p>La segunda vez que le vi en persona fue en la presentación del libro de Recaredo Veredas, <em>Deudas Vencidas</em>, en una librería de Malasaña. Al acabar, algunos de los que estuvimos nos salimos un rato a la calle y fue cuando Esther García Llovet me hizo reparar en un señor que hurgaba a mi lado en un contenedor, buscando entre los restos de escombros de alguna obra. ―Es Antonio López― me dijo. Estaba junto a mí y no me había dado cuenta, pensaba que era un vagabundo buscado algo de valor. Y quizás no me equivocaba era alguien buscando algo de oculta belleza. Unas maderas, una silla antigua, vete a saber qué. Un vagabundo del arte. Y una vez más no me atreví a importunarle y menos para preguntar por qué no acabó aquel cuadro.</p>
<p>La tercera vez ya fue en su estudio. Otro maestro de la pintura, Antonio Montalvo, amigo común de los dos me ofreció que le acompañara a visitarle. No lo dudé ni un instante. Después de tantos años de seguirle desde aquel encuentro fortuito en la Gran Vía iba a tener oportunidad de charlar y conocerle en persona.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/03.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4359" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/03.jpg" alt="03" width="365" height="547" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/03.jpg 365w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/03-200x300.jpg 200w" sizes="(max-width: 365px) 100vw, 365px" /></a></p>
<p>Nos abrió la puerta él mismo, con su conocido aire desaliñado y nos invitó a sentarnos, dejándonos las mejores sillas a nosotros y quedándose él en un pequeño banco junto a un frigorífico rodeado de fotos clavadas en la pared. Algunas de cuadros de Velazquez, de los frisos del Partenón, la ultima cena de Leonardo y una crucifixión de Zurbarán. Entre otras me llamó la atención una foto suya en Tomelloso y le dije que era muy bonita. Enseguida nos respondió sin pensárselo mucho «Todas las fotografías son bonitas». Montalvo y yo nos miramos sin saber muy bien que quería decir y me sentí como ese momento de <em>El Sol del Membrillo</em> en que charla con Enrique Gran recordando un profesor que les decía ―Más entero, más entero― y no sabían que quería decir y no se atrevían a preguntárselo por respeto. Así me sentí yo, sin saber que quería decir y sin atreverme a preguntárselo, aunque me hizo pensar si una fotografía siempre reproduce con facilidad las proporciones de la belleza que pudiera haber delante de la cámara sin el esfuerzo de crearla pincelada a pincelada.</p>
<p>Después de preguntarle a Montalvo por las obras en las que trabajaba se interesó por mi, supongo que por pura cortesía «¿Y tú pintas?». Le respondí que hace años pero ya no. «¿Y por qué no?» Le expliqué que tenía otro trabajo y que no sabía hacer dos cosas a la vez. Muy serio afirmó «No hay problema en hacer varias cosas a la vez, solo es cuestión de organizarse». De pronto caí que estaba delante de una persona que pintaba, hacía escultura, dibujaba y había sacado tiempo hasta para hacer una película y allí estaba con casi ochenta años con su talento y lucidez intactos.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/04.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4360" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/04.jpg" alt="04" width="821" height="547" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/04.jpg 821w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/04-300x200.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/04-220x146.jpg 220w" sizes="(max-width: 821px) 100vw, 821px" /></a></p>
<p>Entre otros temas, Velazquez salió a relucir en la conversación, por algún comentario sobre la autoría de la Cruz de Santiago en Las Meninas. Y como el tiempo pasaba y llegaba la hora de irse decidí contarle que había coincidido con él en la Gran Vía. Para que me sirviera como excusa para preguntarle por qué no acabó el cuadro. La respuesta fue sencilla «Algo me pusieron delante que cambió lo que veía, no sé, una señal de tráfico, un luminoso, no recuerdo ahora»</p>
<p>Ahí tenía la solución después de tanto tiempo y la clave de casi toda su obra. Me acordé del cuadro del membrillo, que lo dejó porque la lluvia le impedía pintar, o el retrato de la familia real, porque Patrimonio se lo reclamaba «Ya no es mío, no puedo hacer más» nos dijo con una cierta amargura. Si por él fuera, probablemente, con cada cuadro seguiría y seguiría eternamente en una búsqueda obsesiva de la perfección imposible. Me acordé de aquella anécdota de alguien que preguntó a Borges por qué publicaba, a lo que el maestro contestó «Publicamos para dejar de corregir».</p>
<p>En estos tiempos fatuos donde la vanidad, el ego o la codicia son los auténticos motores que mueven a muchos creadores, que exista alguien que renuncie a ganancias fáciles para seguir buscando la composición y el color perfecto es un ejemplo y una brizna de esperanza.</p>
<p><em>Fotografías de Luis Daza. Prohibida su reproducción sin consentimiento del autor. </em></p>
<p><em> </em></p>
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		<title>La forma del mundo</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Mar 2015 12:26:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Serrano]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[b de bauhaus]]></category>
		<category><![CDATA[Deyan Sudjic]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Ángel Serrano]]></category>
		<category><![CDATA[Turner]]></category>

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		<description><![CDATA[B de Bauhaus. Un diccionario del mundo moderno. Deyan Sudjic. Traducción de Guillem Usandizaga. Turner Editores, 2014. 355 páginas Este libro de Deyan Sudjic, Director del Museo de Diseño de Londres, es una guía personal, a veces autobiográfica y sentimental, acerca de algunos diseños, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>B de Bauhaus. Un diccionario del mundo moderno. Deyan Sudjic. Traducción de Guillem Usandizaga. Turner Editores, 2014. 355 páginas</strong></p>
<p>Este libro de Deyan Sudjic, Director del Museo de Diseño de Londres, es una guía personal, a veces autobiográfica y sentimental, acerca de algunos diseños, objetos y polémicas que han conformado y conforman ciertos aspectos del mundo tal como lo conocemos. Arquitecto de formación, periodista y analista de variadostemas no solo relacionados con la forma, sino también con la función, Sudjic ofrece una mirada comprehensiva, y también afable, de toda suerte de viñetas y representaciones de edificios, diseños, polémicas, manifiestos o simples repasos históricos.</p>
<p>Es cierto que la arquitectura ocupa un lugar preeminente en el volumen, pero no lo es menos que como uno de los principales ejes de creación consciente, ideológica y política de las ciudades (y hablamos de la arquitectura de los arquitectos, no de la construcción en sí) y en realidad, como responsable de muchos de los contenedores culturales, desde museos y urbes al completo a más modestas soluciones, constituye una parte importante de la realidad que nos circunda. Además, con la autonomía que consigue al separarse de otras artes, y al aceptar el uso y la función industrial que debe también cumplir, se convierte en el campo de debate entre el funcionalismo y el adorno, de modo que reproduce, en su seno y con su terminología, un debate que la trasciende.</p>
<p>Como señala el propio Sudjic, siempre ha habido arquitectura y siempre ha habido diseño, pero del mismo modo que el mundo analógico sufrió una transformación enorme al abandonar la artesanía como el principal medio de producción de objetos y confiar a la serie industrial esa misión, y además multiplicada, el mundo en el que vivimos tiene que lidiar todavía con la comprensión completa de las implicaciones del paso a lo digital. En ese magma, y como corresponde a los tiempos, la indefinición y la confusión reinan: Sudjic propone el buen diseño como una parte importante de la clarificación y la mejora de la vida de las personas.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/b-de-Bauhaus-portada-libro.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4352" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/b-de-Bauhaus-portada-libro.jpg" alt="b-de-Bauhaus-portada-libro" width="621" height="975" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/b-de-Bauhaus-portada-libro.jpg 621w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/b-de-Bauhaus-portada-libro-191x300.jpg 191w" sizes="(max-width: 621px) 100vw, 621px" /></a></p>
<p>El volumen es muy iluminador incluso aunque el interés del lector no se dirija a las implicaciones del diseño más allá del objeto y la función, en tanto que aquel transporta muchos más significados: de status, sociales, de diferenciación e identidad. Para ello, el autor elige objetos que sean capaces de explicarnos sus propias implicaciones: desde ese punto de vista, hay una lucha ideológica entre la arquitectura posmoderna o la arquitectura racionalista, con Bauhaus a la cabeza, o entre las implicaciones morales del diseño de armas y su condición de objetos atados a la forma industrial, que el autor ilustra con la polémica generada cuando el Museo de Diseño de Londres adquirió para sus fondos un fusil de asalto AK47, el arma más vendida de todos los tiempos. Tales implicaciones permiten a Sudjic acercarse a análisis sobre estrategias empresariales, pasando por un amplio anecdotario de manifiestos y exabruptos, o descripciones de diseños exitosos y de fracasos evidentes. Por este tipo de mirada, y porque el autor escribe con amable variedad, el libro es muy entretenido para el lector.</p>
<p>Es cierto que se habría beneficiado de algún apoyo gráfico, pero la definición del mismo como diccionario, que no como enciclopedia, y entiende este crítico que la elección de una concepción analógica (pero tan robusta) como el libro, determinan la función y el manejo, y por lo tanto el diseño. Además, para la mayoría de temas tratados, las definiciones y vívidas descripciones de Sudjic cumplen la función de ilustrar los objetos tratados, la mayoría de los cuales, por otra parte, son iconos del diseño, desde el Museo Guggenheim de Bilbao a los objetos de la marca Braun. Como diccionario no exhaustivo que es, elegidos los términos por el autor, que no duda en incursiones sentimentales por su propia biografía, se debe confiar en la guía, exitosa sin duda, del observador sagaz que es Deyan Sudjic.</p>
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		<title>Tarjeta. Reverso</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Mar 2015 10:58:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Recaredo Veredas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Nada es ajeno a micro-revista. Tampoco el arte contemporáneo. Queremos convertirnos en escaparate de nuevos artistas y tendencias. Ayudar, en suma, a la libertad creativa. La primera obra ha sido creada por el escritor y crítico Recaredo Veredas. La metáfora [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Nada es ajeno a micro-revista. Tampoco el arte contemporáneo. Queremos convertirnos en escaparate de nuevos artistas y tendencias. Ayudar, en suma, a la libertad creativa.</p>
<p>La primera obra ha sido creada por el escritor y crítico <strong>Recaredo Veredas</strong>.</p>
<p><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/tarjeta1.jpg"><img class=" size-full wp-image-4340 aligncenter" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/tarjeta1.jpg" alt="tarjeta" width="859" height="644" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/tarjeta1.jpg 859w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/tarjeta1-300x225.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/tarjeta1-280x210.jpg 280w" sizes="(max-width: 859px) 100vw, 859px" /></a></p>
<p>La metáfora es obvia: la alienación, tras el caos, genera el vacío. Si la cara visible de una tarjeta de visita muestra la adaptación de nuestro yo a los patrones de éxito creados por el neocapitalismo y su salvaje invasión del ámbito del deseo, el reverso escenifica la fragilidad del decorado. Tras la dramaturgia, el lujo tipográfico, los matices del pantone y los conceptos comunes del éxito solo reina el vacío. En este corte de cartón blanco hay reminiscencias, evidentes, del minimalismo americano y del arte conceptual postduchamp. Las fuentes sociológicas se encuentran en ese clásico sobre el trabajo que es <em>La corrosión del carácter</em> -Richard Sennett-. Podría afirmarse que <em>Tarjeta. Reverso</em> lleva las tesis de Sennett a su extremo. Porque la necesidad de mostrar una brillantez impoluta, una disponibilidad sin límites de la cara A provoca, en cualquier ser pensante, el fin de la identidad, de la añorada vida íntima. Veredas remarca aún más el carácter social, necesario, de su obra con la elección del marco: madera vieja, gastada, que ni siquiera es madera. El conjunto trata con ironía, que no con sarcasmo, al clasicismo e incide en la vejez de cualquier concepto, en el intento vano de supervivencia en una sociedad que no admite la vieja coherencia.</p>
<p>Precio: 20.000 €. No negociables.</p>
<p style="text-align: center;">
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		<title>Wilfredo Prieto y la metáfora recurrente</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Mar 2015 08:46:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Serrano]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cosas bellas]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Damien Hirst]]></category>
		<category><![CDATA[Deyan Sudjic]]></category>
		<category><![CDATA[Ferran Barenbilt]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Ángel Serrano]]></category>
		<category><![CDATA[Wilfredo Prieto]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>No sin cierta diversión, trufada de hastío, asisto al escándalo provocado por la obra de Wilfredo Prieto en ARCO. Prieto es hombre empeñado en la busca, como todo artista. Pero no está tan claro el objetivo de esa pesquisa. Parecería que está intentando lograr un despojamiento de la significación connotada del lenguaje, también de la semiótica de la imagen, pero algo no cuadra en la operación, y trato de explicarme. Ha causado división de opiniones, que van desde la rendida admiración picaresca por su capacidad de “vender aire” hasta la indignación conservadora del “¿pero esto qué es?”, pasando obviamente por algunos análisis algo más profundos.</p>
<p>La obra de Prieto se basa en una simplicidad, que no simpleza, que trata de elevar mediante una operación metafórica encubierta y negada algunas realidades que a observadores desatentos pueden pasárseles por alto. Como él mismo indica, su obra surge de la experiencia cotidiana. Sin embargo, se apoya para ello en prestigios prestados, pues si lo hizo Duchamp… Algo es arte porque el artista así lo determina.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/prieto3.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4333" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/prieto3.jpg" alt="prieto3" width="640" height="480" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/prieto3.jpg 640w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/prieto3-300x225.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/prieto3-422x318.jpg 422w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/prieto3-280x210.jpg 280w" sizes="(max-width: 640px) 100vw, 640px" /></a></p>
<p>Esto es tramposo, porque pone en el declarante capacidades demiúrgicas un tanto coercitivas: del mismo modo, yo puedo afirmar lo contrario y será un careo de prestigios en el que sin duda el del artista (y el mercado que le rodea y arropa) tenderá a salir victorioso. Ferran Barenbilt narra en su texto para el catálogo de la exposición de Prieto “Amarrado a la pata de la mesa” cómo una agente de aduanas le hace pagar por una pieza del mecanismo de una obra de arte que es simplemente una realización industrial: el comisario puede determinar, en su museo, que algo es arte, pero no puede entonces negar el etiquetado más conveniente al aduanero en su reino. Conclusión: pagó tasas por una obra de arte, no un mecanismo en serie.</p>
<p>La constitución del artista como operador económico le conduce, sin embargo, a su propia trampa: los coleccionistas son también inversores y exigen un mantenimiento de la posición auto-conferida que ha colaborado al incremento de precios en el mercado y por tanto al posible valor futuro de la inversión. Prieto, como tantos otros, con Hirst a la cabeza, corre el riesgo de convertirse en un valor sometido a las tensiones del mercado, y a veces no será la obra, sino el discurso (y cierta capacidad teatral) la que sostenga el delicado equilibrio de un castillo de naipes construido con papel biblia.</p>
<p>Todo en el mercado responde al binomio escasez-posesión como frontera (lo que tengo yo no lo tiene otro, como explica soberbiamente Deyan Sudjic hablando de coleccionismo). A Hirst se le critica cierta serialización de taller porque eso puede hacer que bajen los precios de lo ya vendido, que necesita de la escasez para sostener el rango del valor de intercambio. La escasez, rareza en suma, puede verse también apoyada por la rareza del artista. <em>Post hoc ergo procter hoc,</em> probablemente.</p>
<p>Es el problema inherente al arte conceptual, por otro lado, que exige una carrera contra sí mismo para lograr la extrañeza de la desubicación. Que esto no es una pipa ya quedó claro, y que Duchamp nos descolocó a todos con su urinario también. El peligro está en que la ironía se desliza con cierta facilidad hacia el sarcasmo.</p>
<p><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/prieto.jpeg"><img class="alignnone size-large wp-image-4334" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/prieto-1024x593.jpeg" alt="prieto" width="1024" height="593" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/prieto-1024x593.jpeg 1024w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/prieto-300x174.jpeg 300w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>Con todo, Prieto, en sus operaciones de despojamiento, siendo probablemente la más notable de todas “Apolítico” (un desfile de banderas nacionales privadas de sus colores), alcanza ese umbral de extrañeza que rodea y enmarca muchas propuestas del arte moderno.</p>
<p>La capacidad adictiva de la <em>boutade </em>es un peligro, pero, dado que la constituyencia del artista como demiurgo es una operación mediada por el comercio, es el aparato mercadotécnico (catálogos, marchantes, galeristas) el que producirá las correspondientes defensas. Ahora bien, la literalidad buscada por ese despojamiento es una operación retórica apoyada en herramientas de disminución (apócopes del significado), pero retórica al fin y al cabo. La denotación pura que según Ferran Barenbilt trata de evitar toda metáfora en alguna obra de Prieto es una trampa: si bien es cierto que la neutralidad intencionada de la obra permite el poso de capas de significado, la propia operación se convierte en metáfora al insertarse en el circuito del dinero y el mercado, puesto que se ofrece precisamente como actante en el debate sobre la función del arte.</p>
<p><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/prieto2.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4335" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/prieto2.jpg" alt="prieto2" width="1000" height="667" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/prieto2.jpg 1000w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/prieto2-300x200.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/03/prieto2-220x146.jpg 220w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></a></p>
<p>Que el significado es adornado, exornado y definido por el receptor no es puesto en duda ni en el caso de los libros. La nada connotativa propuesta por Prieto es también rea de una interpretación literal: nada al fin. “Pan con pan”, una de sus obras, puede leerse (y valorarse) como algo sin poder metafórico, pero en ese caso la inserción en el mercado y el circuito del dinero negaría su condición en cuanto se traspasase el umbral del valor de uso, que no de cambio, del objeto.</p>
<p>Una última nota sobre su obra “Vaso de agua medio lleno”, de 2006, literalmente eso y del que el propio galerista afirma que no es una obra de arte, sino que lo es el certificado del artista. A vanas potencias y soberbias del alma, apunto tan solo que el vaso siempre está en tendencia de estar medio vacío, simplemente en aplicación de la entropía de la evaporación. Y así están algunos discursos del arte, en aplicación del vaciamiento connotativo, que no deja de ser entrópico.</p>
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		<title>Ejercicios para el endurecimiento del espíritu</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Feb 2015 13:14:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Lara Moreno]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Ejercicios para el endurecimiento del espíritu]]></category>
		<category><![CDATA[Gabriela Wiener]]></category>
		<category><![CDATA[La bella Varsovia]]></category>
		<category><![CDATA[Lara Moreno]]></category>

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		<description><![CDATA[Ejercicios para el endurecimiento del espíritu. Gabriela Wiener. La Bella Varsovia. Córdoba, 2015. 104 páginas, 12 €.  El eco de Agota Kristof. Una madeja roja en la boca de alguien. Una madeja roja que sale o que entra, seguramente un [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ejercicios para el endurecimiento del espíritu. Gabriela Wiener. La Bella Varsovia. Córdoba, 2015. 104 páginas, 12 €. </strong></p>
<p>El eco de Agota Kristof.</p>
<p>Una madeja roja en la boca de alguien. Una madeja roja que sale o que entra, seguramente un nudo en la lengua.</p>
<p>¿No es eso más que suficiente para que el milagro vuelva a darse? Pero no, no es tan fácil. Acostumbramos a leer con un inocente escepticismo, con el paso de los años. Así las cosas hacen más daño luego. Así tienen más sentido.</p>
<p>Estoy en estos momentos corrigiendo un ensayo que habla sobre el lujo donde leí esto el otro día: «El sujeto contemporáneo necesita la autenticidad para existir sin creer jamás completamente en ella». Cuando lo leí pensé que Gabriela Wiener existe a pesar de su autenticidad. Posiblemente a pesar de su descreimiento. Pero existe de una forma total, expansiva, irracional: Gabriela proyecta la más potente de las imágenes desde lo que escribe, y se construye, con total autenticidad y descreimiento, frente a nuestros ojos cuando la leemos. Estamos leyendo literatura en tres dimensiones. Estamos conviviendo mientras la leemos con un holograma de carne y hueso, un holograma en el que nos confundimos, donde nos solapamos, como siempre ocurre con las realidades: la estupefacción siempre deja paso a la simbiosis.</p>
<p>Yo empiezo a leer los <em>Ejercicios </em>y no sé a qué atenerme. Voy un poco a tientas y a la vez un poco predispuesta y a la vez con un poco de miedo. Hay algo en lo que escribe Gabriela que siempre me da miedo. Normalmente se tiende a buscar el «yo» en el poeta, se asoma uno al poema con esa curiosidad, en escritores que tratan con varios géneros, que no escriben exclusivamente poesía. Pero Gabriela es tan terrible y honesta y personal y personaliza de tal forma lo que hace que yo me asomo a su poesía buscando otra cosa: la fragilidad, el abismo, lo delicado. Y tengo un poco de miedo.</p>
<p>Y leo «me pasé aquella noche intentando no irradiar demasiada luz». Y leo «había aprendido que la duda es otra forma de certeza». Y leo «yo recordaba haber leído sus poemas como un murciélago recuerda a otro, el asco que produce en los demás, sus vuelos de mamíferos oscuros». Y me encuentro con una Gabriela más literaria que nunca. Y empiezo a sentir una extraña ansiedad por no saber (ahora que lo sabemos todo queremos saber más todavía). Y me encuentro poemas que son microrrelatos, bombas significantes que muestran realidades ajenas, «él me compraba ropa en el mercado de pulgas, cuando salía me encerraba con llave», construcciones pobladas de personajes que irradian también eso que Gabriela irradia, ese interior expansivo que hay que esquivar si no quieres que te ciegue, si quieres seguir leyendo.</p>
<p>Y sigo leyendo. Y yo buscaba el pequeño lugar íntimo de su alma y me encuentro con mil historias que vuelven a atraparme y la distancia no me sirve de nada y se amplía una vez más el proyector de la curiosidad y sigo leyendo.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/02/wiener3.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4324" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/02/wiener3-585x1024.jpg" alt="wiener3" width="585" height="1024" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/02/wiener3-585x1024.jpg 585w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/02/wiener3-171x300.jpg 171w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/02/wiener3.jpg 709w" sizes="(max-width: 585px) 100vw, 585px" /></a></p>
<p>Leo: «… así son las familias, lesionados por el tiempo y el amor iban mis hijos de plástico». Y llego a «Deconstrucción del padre» y sobre todo a «Violencia doméstica» y me doy cuenta de que el miedo (ese miedo sutil que siempre me dio leer a Gabriela) era por esto, era por encontrar esta desolación.</p>
<p>Pero ella tiene un poema que se llama «Pequeña hermana» y dice «no tengas miedo a las cosas que dan miedo, ten miedo a lo que no da miedo» y entonces yo le hago caso porque también soy la hermana mayor y decido no tener miedo y sigo adelante y soy capaz de llegar a «Canción de cuna», donde suena «el himno de mi casa, donde no tuve paz».</p>
<p>Dice «la poligamia es mi debilidad orgullosa, Big Love mi serie favorita, mi historia con Ricardo Badani la demostración de que la realidad siempre supera la no ficción […] un marido siempre es un profeta al que un día dejarás de seguir». No hay que tenerle miedo a Gabriela, hay que tener miedo de uno mismo, solamente, porque «no hay nada tan público y discreto», porque es tan difícil ser honesto, ser auténtico a pesar de nosotros mismos, porque por algo su «Arte poética» es una hoja en la boca, pero una hoja de afeitar. Hacerse sangre, a veces, es la única forma de salir adelante.</p>
<p>Y ya, de nuevo herida, llego al poema «Mi primera casa». Entonces me quedo casi sin aliento. ¿Qué es esto? No quiero. Quiero pichones, peces, floripondios (quiero <em>oír</em> todo eso), pero no quiero ver la hendidura. No quiero mirar. ¿Se puede ser más terrible, más sutil, más algo-inasible-abisal? Llamar hendidura a una casa, como ella hace, es un todo. Pero además: esa dejadez surrealista, cotidiana, atrevida. Esa vergüenza. Leo y a la vez escribo en los márgenes del libro, desde la cama, en medio de la noche, escribo eso, vergüenza, y de pronto llego al verso donde ella dice: «… algo debía estar secándose en el fondo / fue cuando me dio la vergüenza», y he escrito vergüenza apenas a tres centímetros de donde ella también había escrito vergüenza (a lápiz, en el margen). Y no puede ser. Esa es la simbiosis de la que hablaba antes. Pero la simbiosis no puede darse si no hay una realidad pura, y perfecta, un poema puro y perfecto, completamente vencido, sin vergüenza, y digo no puede ser, y apago la luz.</p>
<p>Puedo intentar analizarlo. Gabriela lo ha vuelto a hacer. Nos lo ha vuelto a contar todo, aunque no consigamos enterarnos de nada, o al revés, no nos ha contado nada y nos hemos enterado de todo, que es lo que pasa con los buenos libros. <em>Ejercicios</em> visita un país pasado, una huida, un destierro, visita, sobre todo, el concepto más absoluto de la raíz y sus tallos crecidos, sus amputaciones y sus floraciones: la familia. La familia desde la distancia necesaria, la construcción y la deconstrucción que en todos nosotros la familia supone, y metemos dentro de familia las familias pasadas y las futuras, los cadáveres nuestros de cuando éramos otra cosa, el padre, la madre, los hermanos, los amigos, los jirones de la memoria: en realidad con el paso del tiempo todo tiene ese calor de manicomio o ese frío de país abandonado. Gabriela nos lo cuenta con la sabiduría del que no pretende saber nada pero recoge el testigo de sí mismo. El viaje vertical del corazón: cada influencia y cada vértigo, la no oficialidad de las pasiones: la cultura y el sentimiento. Aparecen nuevos hitos en el recorrido. La sensualidad de la vida y la nostalgia, la sorpresa de la regeneración de las emociones si nos permitimos vivirlas, vivir las emociones, la vida y la nostalgia. Gabriela no habla de tomar decisiones sino de asumirlas. No enumera los pasos, sino calibra las huellas. Gabriela escribe un magnífico epílogo, un magnífico diálogo final con su otro yo: multiplicidad de códigos, complicidad, serenidad descarnada.</p>
<p>No sé si he sabido explicarme. Tengo subrayados versos, tengo apuntados el ritmo sordo de su prosa, el estilo no aritmético de sus figuras, de su rompiente. Pero eso es un complemento más. Algo que no hace sino reforzar sus cuadros, sus telas rasgadas, su hiperrealismo sucio y luminoso. He leído <em>Ejercicios para el endurecimiento del espíritu</em> y a mi pesar he aprendido la lección. Gabriela hace «una vida de puntillas» y llega a la transparencia. Al descaro del dolor. A esa corriente hipnótica. En este libro, Gabriela es tan Gabriela que no podemos leerlo sin temer el reflejo, la demasiada luz. Yo también he pasado «Un día en la vida de». Yo también amé a Claus y a Lucas y también pienso, ahora que ella me lo ha enseñado, que a veces esto es ganar la guerra y a veces es perderla. Lo mejor de todo es que hay que tener mucho, pero mucho valor, para estar en la edad de ser valiente y a pesar de todo, y con pesar de todo, serlo.</p>
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		<title>Gabriela Wiener, una naturaleza en contra</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Feb 2015 13:07:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanmartín]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Gabriela Wiener]]></category>
		<category><![CDATA[Llamadas perdidas]]></category>
		<category><![CDATA[Malpaso]]></category>
		<category><![CDATA[Marina Sanmartín]]></category>

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		<description><![CDATA[“No hablaré aquí del odio que le tengo a las escritoras que además de escribir bien son portentos femeninos. Tengo a una enterrada en mi jardín. La belleza mata” Gabriela Wiener, &#8216;Llamada perdida&#8217; &#160; Cuando Gabriela Wiener llegó a España, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">“<em>No hablaré aquí del odio que le tengo a las escritoras que además de escribir bien son portentos femeninos. Tengo a una enterrada en mi jardín. La belleza mata”</em></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Gabriela Wiener,<em> &#8216;Llamada perdida&#8217;</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando Gabriela Wiener llegó a España, Bolaño acababa de morir.</p>
<p>Fue en 2003. Una vez, no hace mucho, estuve en su fiesta de cumpleaños (la de Gabriela, no la de Bolaño muerto). Acompañé a un amigo. Había mucha gente, pero nadie nos presentó. Me limité a observarla de lejos, arropada por los que se acercaban a felicitarla en la penumbra del Café Galdós. Llevaba una americana negra y un vestido rojo. Parecía una mujer segura de sí misma, contenta de verdad. Sonreía a todo el mundo.</p>
<p>Por fin, he conocido a Gabriela hoy y ha confirmado mis sospechas: es una increíble versión <em>hardcore </em>de Natalia Ginzburg. Su libro de textos autobiográficos –importantísimo este apunte- <strong>&#8216;Llamada perdida&#8217; (Malpaso 2014)</strong> ha conseguido arrancarme del letargo periodístico en el que me encontraba y ponerme en marcha hacía su <em>nave </em>en Carabanchel, el lugar de nuestra cita.</p>
<p>***</p>
<p>Cojo el metro en Callao, dirección Marqués de Vadillo. Está nublado. La línea verde me recuerda una vieja historia de amor. Las mismas calles obreras que recorro para llegar hasta Gabriela, me sirvieron hace más de una década para llegar hasta un piso en ruinas, donde aprendí mucho sobre el sexo. Sobre el sexo, por la lectura de <em>‘Llamada perdida’</em>, deduzco que Gabriela también sabe un montón de cosas. Yo tengo preparada una larga lista de preguntas, pero pienso en romperla cuando me abre la puerta del antiguo bajo comercial que ella, Jaime, Rocio y Lena han convertido en su casa. Me sorprende el lugar de techos altos, sin más calefacción que una chimenea de palets y varias estufas, con el fregadero desbordado de cacharros por lavar y una de las paredes llena de dibujos.</p>
<p>Gabriela, con la melena suelta, lleva unos vaqueros ajustados, botas de caña alta con cordones, y se abriga con una manta roja. Tiene cara de sueño. Antes de invitarme a pasar al patio hace un alto en la nevera y saca una botella de zumo de maracuyá Don Simón. “Va a gustarte”, me dice; a continuación salimos y nos sorprendemos de un sol repentino que parece que hayamos contratado para la entrevista.</p>
<p>En el patio hay muchas plantas. La mitad están muertas. Ella me las enseña y, mientras yo las miro, me explica que el frío las mató. Hay también una mesa larga, con dos bancos. Nos sentamos frente a frente. Me fijo en las baldosas que abren caminos entre la tierra, en una caja de herramientas azul donde alguien ha escrito con pintura blanca “museo de china”; y comprendo que nunca había entrevistado a nadie que encajara tan bien con el entorno elegido para el encuentro.</p>
<p><strong>¿Quién se decida por &#8216;Llamada perdida&#8217; en una librería, qué tendrá entre las manos?</strong></p>
<p>Tendrá mi vida, tal cual. Sin más. Tendrá mi historia. Quién se acerque a este libro sabrá más de mí que los que me conocen personalmente y no me leen.</p>
<p><strong>Una amiga mía que se dedica a la política me habló de un ensayo donde se aseguraba que mentimos una media de veinte veces al día. Entiendo por lo que me dices que tu libro es una de las excepciones a esa regla. </strong></p>
<p>Soy periodista y tengo un compromiso con el lector: no inventarme nada. Recrear es posible, pero mentir, no. El terreno de la no ficción, eso sí, está lleno de subjetividad, de relatividad y, sobre todo, de mirada. En la medida en que escribo sobre aquellos con quien comparto mi intimidad, corro el peligro de pecar de ingenua. Las mentiras de los otros que yo me creo pueden convertirse sin intención en mis mentiras.</p>
<p><strong>¿La discreción está sobrevalorada? </strong></p>
<p>Sobrevalorada no sé, pero al menos me parece un cliché odioso, una manera más de encorsetarnos. No encaja conmigo lo que tenga que ver con las buenas formas y el saber estar, mi naturaleza va en contra y lo asumo, porque las consecuencias de esa rebeldía son terribles y muchas veces puedo acabar jodida.</p>
<p><strong>Le digo que las páginas de <em>&#8216;Llamada perdida&#8217;</em> están llenas de citas de poesía, de fragmentos de obras de autores de ficción, y ella me desafía, bromeando, a que lo pruebe. Me intereso por qué criterios guían la elección de sus lecturas, la de alguien inmersa aparentemente en una búsqueda ininterrumpida: </strong></p>
<p>Quien usa citas de algún modo revela cierta inseguridad, pero no hay escritor que escape a la tendencia de incorporar la mirada ajena a su propia literatura. Siempre ando en duda, precaria, cuando se trata de dictar sentencia sobre la certeza de las cosas. En ese caso las citas me sirven de auxilio. Tanto yo como quien escribe ficción trabajamos con lo real, ¿dónde investigar si no? Mi labor se parece a la del documentalista. Fragmento la realidad, la parto en piezas que utilizo luego no para “reconstruir”, sino para “construir” con ellas algo nuevo.</p>
<p><strong>¿Y la elección de tus lecturas?</strong></p>
<p>Como casi en todo, me cuesta ser organizada. No tengo gustos definidos. En mi habitación es idéntico el caos de ropa y el caos de libros. Lo que me pongo y no me gusta lo dejo tirado; hago lo mismo con lo que empiezo a leer y no me convence. A la hora de elegir, tanto si hablamos de cine como de libros, me decanto siempre por lo que despierta en mí una conexión emocional, que está ahí desde el principio, aunque finalmente no termine con el ejemplar sobre mi mesilla, bien por desidia o bien porque, como ya no soy periodista de planta, he dejado de recibir gratis los libros y no me da la pasta para comprármelos.</p>
<p><strong>Ese mencionar de refilón su pasado reciente, en apariencia voluntariamente perdido, otra vida en la que Gabriela y Jaime vivían con su hija Lena cerca de las Cortes, al lado del museo contra el aborto, que tiene dibujado en su persiana un cocodrilo devorando a un bebé, me lleva a preguntarle por el cambio que se intuye en las páginas del libro. ¿Qué  tiene que ocurrir para que alguien decida abandonar un piso de alquiler caro en el centro de la ciudad y mudarse a un <em>nave</em> en Carabanchel, sin tele ni calefacción, con un viejo letrero comercial sobre la puerta? ¿Cómo se mantiene ese equilibrio tan frágil entre el riesgo que todo escritor necesita para crear y la estabilidad que nos permite permanecer sin rendirnos junto a los seres que queremos? </strong></p>
<p>Todo puede ser un poco engañoso. Yo me siento bastante normal, aunque haya gente que no me lea así <strong>-sonríe, toma un sorbo de zumo de maracuyá y se explica-.</strong> En junio de 2014 renuncié a mi trabajo en &#8216;Marie Claire&#8217;. Tenía quince pagas, ejercía un periodismo tradicional, del que casi ya no queda, pero aún así renuncié, renuncié aun sabiendo lo arriesgado del panorama que me esperaba fuera&#8230; la precariedad de los medios digitales&#8230; provocar tú el despido en una época como esta es una acción claramente atrevida, y más si sólo cuentas con el apoyo de las colaboraciones <em>freelance</em> y con muy poca ayuda familiar, prácticamente nula porque todos están en Perú. Y sí, dejamos el centro, que era nuestro lugar, y nos vinimos a Carabanchel. Aquí, aunque tengas un patio como este, la gente no necesariamente te va a venir a buscar.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/02/wiener2.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4321" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/02/wiener2-1024x765.jpg" alt="wiener2" width="1024" height="765" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/02/wiener2-1024x765.jpg 1024w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/02/wiener2-300x224.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/02/wiener2-280x210.jpg 280w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/02/wiener2.jpg 1092w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p><strong>FOTO DEL PATIO</strong></p>
<p>En cuanto a la estabilidad en la pareja, Jaime y yo llevábamos un tiempo intentando construir un tipo de familia diferente cuando conocimos a Rocío, que nos vinculó a este barrio y ahora vive con nosotros. Estamos aprendiendo con ella a vivir de otra manera. Esto que te cuento es claramente un riesgo porque nadie es tan <em>open mind</em> como parece y ha habido reacciones muy sorprendentes cuando hemos compartido con los demás cada uno de estos cambios, incluida la reacción de mi hija, la primera; pero afortunadamente los niños son sabios y ella ha sido la que ha terminado sorprendiéndonos a nosotros <strong>-le agradezco la confianza y ella resta importancia a las confidencias-</strong>. No te preocupes, es inevitable que igual que me has preguntado sobre mis lecturas, después de leerte &#8216;Llamada perdida&#8217;, te intereses sobre mi vida.</p>
<p><strong>Comparto con ella mi creencia de que hay algo de “autoperiodismo” del corazón  en esa capacidad para desnudarse sin filtros sobre el papel y se queda mirándome muda durante unos segundos antes de sentenciar con desánimo:</strong> “es horrible eso que acabas de decir, pero comprendo por dónde vas”.</p>
<p>Lo que pretendo es que el lector no se quede sólo ahí, en ese morbo primerizo. No debería extrañarte el triunfo, la tendencia a la autoficción. En este momento a la gente le interesa en exceso la realidad. Ya no nos basta con Hollywood, queremos el vídeo del avión que se estrella sobre el puente o las imágenes que cada vez con más frecuencia difunde el Estado Islámico.</p>
<p><strong>Tampoco me extraña, es más, me gusta, la inclusión del mainstream en los ensayos de ‘Llamada perdida’, las referencias a películas americanas, a series y a cuentos infantiles. Gabriela Wiener bebe de todas las fuentes…</strong></p>
<p>Me resulta raro imaginar a alguien de mi generación que no consuma material audiovisual. Los que fuimos niños en los 80 tenemos obsesión por las series. Cuando éramos pequeños teníamos que esperar una semana entera entre capítulo y capítulo; incluso, en un país como el mío, a veces te ponían uno repetido y te dejaban al borde de la desesperación. Ahora hay gente que compara con el sexo poder ver una temporada entera de su serie favorita en un solo día.</p>
<p><strong>He leído por ahí que ese tipo de encierro es un síntoma claro de depresión. Ella se encoge de hombros:</strong></p>
<p>Qué sé yo… lo que está claro es que las series y los videojuegos están satanizados por los defensores de la “cultura tradicional” y eso es un grave error, porque son canales muy válidos para adentrarnos en mundos increíbles; canales tan válidos como el cine o la literatura. De hecho, siento que el ruido de fuera sea tan fuerte, porque así se hace muy difícil quedarte aislada, consumiendo ficciones, en tu habitación… yo una vez estuve a punto, pero me levantaron a hostias y ahora ya no veo nada. Ni siquiera <strong>–me confirma- </strong><em>tenemos televisión, hay una abajo, pero esta desenchufada En nuestra casa del centro, donde vivíamos antes, la tele presidía la sala y teníamos otra en nuestra habitación.</em></p>
<p><strong>¿Y no la echáis de menos?</strong></p>
<p>En absoluto, ahora cuando pasa algo ya no te enteras por el telediario, Twitter es más rápido.</p>
<p><strong>“LA CARA MUERTA DE ALGUIEN AL QUE AMO…</strong></p>
<p><strong>…esa es otra de las cosas que compiten en mi ranquin de cosas terroríficas”<em>. </em>Cambiemos de tercio. Me pareces una mujer valiente, sin embargo en lo que he leído he detectado muchos miedos.</strong></p>
<p>He tenido miedo a la muerte desde que era muy pequeña, un temor que se intensificó cuando nació mi hija Lena y ha derivado en auténtico pánico a volar. Supongo que es por eso que busco cosas en las que creer.</p>
<p>Me puse bastante mística a raíz de mi primera toma de ayahuasca. Me reveló la existencia de algo superior, y eso que yo soy atea. Mis padres eran marxistas y no me bautizaron, pero mis abuelas me llevaban a la iglesia a escondidas y se esforzaban por que aprendiera a rezar el rosario. En el libro hablo de mi fe diletante y de mi misticismo con las cosas. Soy de las que se persigna en el avión por si acaso. Cualquier superstición o superchería me sirve si me ayuda a darle un poco más de sentido a todo esto… la gente religiosa lo tiene más fácil, los que no lo somos debemos inventar símbolos y estratagemas para huir del miedo.</p>
<p><strong>Cuando nos despedimos –tiene que marcharse con Rocio y con Jaime a seguir con sus obligaciones de ese martes gris- hablamos durante unos segundos del cómic y los textos que cierran ‘<em>Llamada perdida’</em>: dos crónicas, uno sobre Corín Tellado, con la que se encontró en Gijón, y otra sobre Isabel Allende, a la que admira a pesar de no tenerla en sus estanterías; y un cómic breve sobre la inmigración, dibujado a partir de la experiencia de una amiga. La atemporalidad, como ella misma me explica, es lo que une cada una de las propuestas de este libro extraño. </strong></p>
<p>Mi búsqueda <strong>–me dice-</strong> es también una búsqueda de expresión. Acabo de publicar un libro de poemas con La Bella Varsovia, ‘<em>Ejercicios para el endurecimiento del espíritu’</em>; he realizado una performance con Jaime sobre nuestra vida de escritores perpetuamente al filo del hundimiento; y he compuesto una canción con Rocio, ella es música. Si supiera otros lenguajes también los usaría… ¿quieres que te la muestre?</p>
<p><strong>¿El qué?</strong></p>
<p>La canción.</p>
<p><strong>Me encantaría<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><strong>[1]</strong></a></strong></p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> <strong>‘Esto es hacer barrio’, canción de Gabriela y Rocío:</strong></p>
<p>Yo no era de aquí / Pero me trajeron / Tampoco él / Lo llamábamos “el maleante” / El hombre del pelo amarillo / Y camisa floreada / Que desalojó la ludoteca. / Hoy nos ha visto pasar. / Yo le tenía miedo / Pero esto es hacer barrio, dijo ella /Después de sonreír al carnicero.</p>
<p>Algún día nos preguntaremos / Por qué nunca llenamos la encuesta / Sobre el inconsciente del barrio / Por qué no hicimos el mapa / Con los lugares que nos importan / Y los que nos dan miedo.</p>
<p>Dormimos juntos después de la tempestad / En una enorme cama doble / La escalera de la rusa / Nos iba a servir para alcanzar / Algo demasiado alto para nosotros / O eso creímos / Y esto también es hacer barrio.</p>
<p><em>¿Un siglo más tarde recordaremos / Cuando nos preguntábamos / Si sabríamos cuándo parar / Si  resistiríamos / Si lo conseguiríamos / O nos tragaría un día / La cicatriz de la cama?</em></p>
<p>Bordear el río de noche / En su monumental fealdad / De edificios hipotecados / Y personas vestidas de deportistas / Agradecer que no sea el Sena / Que nada sea bello / Al cruzar el puente / Eso es hacer barrio.</p>
<p>Mucho después de esta noche / ¿Nos miraremos pensando por qué nunca / Supimos quién vivía en la casa de al lado / Si el viejo moriría o tendríamos que matarlo?</p>
<p>Ver crecer los frutos / Llenar el vacío / Abrir lo que está cerrado / No sé si quiero todo esto / Pero con mis dudas / Habré hecho barrio.</p>
<p><em>¿Un siglo más tarde recordaremos / Cuando nos preguntábamos / Si sabríamos cuándo parar / Si resistiríamos / Si lo lograríamos / O nos tragaría un día / La cicatriz de la cama?</em></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El balcón en invierno</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Feb 2015 17:30:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Serrano]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[el balcón en invierno]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Landero]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Ángel Serrano]]></category>
		<category><![CDATA[Tusquets]]></category>

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		<description><![CDATA[No es necesario ponderar el manejo del lenguaje del Sr. Landero, capaz de aquilatar el idioma con precisión de orfebre y metrónomo de maestro. En esta suerte de memorias, levemente trufadas de datación biográfica, el autor describe (pero con intención [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>No es necesario ponderar el manejo del lenguaje del Sr. Landero, capaz de aquilatar el idioma con precisión de orfebre y metrónomo de maestro.</p>
<p>En esta suerte de memorias, levemente trufadas de datación biográfica, el autor describe (pero con intención de fabulador, no puede olvidarse) su proceso de formación como escritor. Y es que, pese a su apariencia de recuento, el libro se lee como un <em>bildungsroman, </em>una novela de aprendizaje duro, como de excavar arena hasta dar con la rosa. Hay un tacto terso en la traída de la lista de lecturas, en la descripción de la relación con los libros, la conformación de la fibra y el descubrimiento, casi por casualidad, del destino que para sí se arroga el escritor: separado de la vida, asomado a un balcón que es alejamiento.</p>
<p>Goethe sostenía que se puede experimentar todo desde la habitación de uno, pero él mismo, cuando viaja a Italia, se deja rebosar por la luz, la alegría y cierta superioridad moral que nunca le abandona. No así en este libro del Sr. Landero: hay poesía, hay verdad, hay humildad y eso tiende una escala a su balcón que el lector agradece y sube sin esfuerzo.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/02/landero1.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4314" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/02/landero1-679x1024.jpg" alt="landero1" width="679" height="1024" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/02/landero1-679x1024.jpg 679w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/02/landero1-198x300.jpg 198w" sizes="(max-width: 679px) 100vw, 679px" /></a></p>
<p>Las descripciones de lo de diario ejercen un contrapunto para que el balcón no se eleve demasiado. Y son muy interesantes, puesto que constituyen la novela del desaprendizaje. La difuminación de un mundo que va perdiendo su sitio, mordido por la historia: palabras que se borran, objetos que no se atesoran porque se confunde uso y utilidad, aires de camino que ya no tienen a quien dar su conseja.</p>
<p>El viaje a Italia del Sr. Landero lo es a Madrid, donde todo se funde y apenas hay lugar para lo sublime. Allí se descubre que los libros, más que las calles y el asfalto, son cárcel y también refugio.</p>
<p>De modo que se lee por no dejar de recordar, y se escribe porque la memoria, ay, solo es deseo. Como decía Faulkner, la memoria cree antes de que el conocimiento recuerde. Y el libro acaba con esta frase poderosa, que tomo prestada para poner fin a esta reseña: un grano de alegría, un mar de olvido.</p>
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		<title>¿La fiesta ha terminado?</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Feb 2015 16:29:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Serrano]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Respuesta al artículo La fiesta ha terminado. Apuntes dispersos sobre la desaparición del libro &#160; Como sé que al señor Veredas le gusta polemizar, me gustaría hacer algunos comentarios a su reciente artículo sobre la muerte del libro en papel [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;">Respuesta al artículo <a href="https://microrevista.com/la-fiesta-ha-terminado-apuntes-dispersos-sobre-el-fin-del-libro/">La fiesta ha terminado. Apuntes dispersos sobre la desaparición del libro</a></h4>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como sé que al señor Veredas le gusta polemizar, me gustaría hacer algunos comentarios a su reciente artículo sobre la muerte del libro en papel y casi del papel del libro en nuestra cultura.</p>
<p>Vaya por delante que coincido en muchos planteamientos que se apuntan en el artículo, aunque solo sea porque las cifras, en efecto, son pavorosas: menos lectores, menos reflexión, más escritores, menos papel, más bits, más reseñas, menos críticos. El daño que esto supone para los lectores, finalmente, es incalculable, pero no se debería culpar al cliente: algo está fallando no tanto en la industria de la producción como en la consideración hacia los estamentos de mediación. Desde la crítica hasta la formación en las aulas.</p>
<p>Tengo para mí que este debate no es sobre los libros. Creo que es sobre el cerebro, en el fondo, y lo que nos espera si seguimos dándole comida rápida, como decía Bloom y no lo ejercitamos en su casi infinita y maravillosa potencia. Si lees mal piensas mal. Que el fundador de Facebook descubra los libros –él <em>dixit- </em>y se admire de la lentitud de la reflexión asociada no dice mucho de él mismo, en primer lugar. Pero sobre todo, que se arrogue (y se lo compren) el papel de prescriptor no dice mucho de todos los demás. Uno tiene que saber dónde quiere situarse y en este caso parece que lo que busca es moverle la silla a Oprah Winfrey. En fin.</p>
<p>El problema no es el soporte. El problema es lo que está en el soporte, como acertadamente ve (aunque admite la derrota muy pronto, creo yo) el señor Veredas. Que uno sea voraz devorador de papel, termita del espíritu, no le quita mérito a que otro sea eficaz drogadicto de la descarga, pues tan fácil lo tiene.</p>
<p>La acumulación de volúmenes no es asunto solo de los redadictos: invariablemente cuando alguien visita mi casa por primera vez dice que <em>qué de libros</em> y que si me los he leído todos. Y no. Pero me los compro por si acaso.</p>
<p>La convivencia será larga. Leer libros nos hace libres. Son superiores a los libros electrónicos porque no necesitan apellido. El libro es el libro. Y los diseñadores de este reino de ondas y electrones lo saben. El lector de ebooks no es la persona, como en el libro. <em>Es el aparato. </em>No se han atrevido a llamarlo biblioteca (eso es parte del software). La memoria del lector es todos los cuadros, renglones, Long Johnes Silvers que ha leído. La memoria del lector de ebooks es 256 k o algo así. Cualquiera que sea avisado caería en esto con suspicacia. Los que no, ya han sido avisados. Leer es acariciar, y acariciar máquinas es una cochinada.</p>
<p>Dice el señor Veredas que el papel quedará para el libro objeto. Y sí, también. Que las series son ahora la literatura… digamos que están mejor escritas y que han descubierto que el espectador es adulto. Siempre estamos hablando de la muerte del libro, de la novela, de la cultura. Y es verdad, están moribundas tal como las conocíamos. Pero como en el Don Juan, los muertos que vos matáis, maestro Veredas, gozan de buena salud.</p>
<p>La cultura no está para matar el tiempo y por eso los tiempos no pueden matarla. Los libros no están para calzar mesas sino para invitar al festín de las grandes obras literarias. Que el pago para los que lo intentan sea casi el escarnio es indiferente. Dejemos que otros sean los que se impongan la tarea de quemar el papel. Los que lo apreciamos, deberíamos dedicarnos a predicar, inequívocamente, que no queremos hablar como un libro electrónico abierto.</p>
<p>Yo me imagino a los juglares errantes clamando contra Gutenberg y a los literatos de cordel clamando contra el libro de lomo y a los establecimientos de cambio y alquiler de novelas clamando contra las librerías de barrio alto. Todo eso ha desaparecido. Pero no el libro, ni la literatura, ni la cultura.</p>
<p>Tal vez tenga razón el señor Veredas, por otra parte, pero uno es lo suficientemente viejo para no tener que cambiar según qué cosas. Internet, como las pipas, las copas o rascarse no es el problema. El problema es aprender a usarlo. Es decir, también puede usted llenar su lector de libros electrónicos de obras estupendas.</p>
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		<title>Superantipático</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Jan 2015 16:09:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Recaredo Veredas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Comic]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Aparicio Belmonte]]></category>
		<category><![CDATA[superantipático]]></category>

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		<description><![CDATA[El narrador Juan Aparicio Belmonte también dibuja. Con bastante mala leche, como en sus novelas y como los tiempos requieren. Muestra sus creaciones, diarias, en el blog Superantipático. Así justifica su nueva actividad: El mundo de las viñetas no es [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4283" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan-1024x767.jpg" alt="juan" width="1024" height="767" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan-1024x767.jpg 1024w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan-300x224.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan-280x210.jpg 280w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>El narrador Juan Aparicio Belmonte también dibuja. Con bastante mala leche, como en sus novelas y como los tiempos requieren. Muestra sus creaciones, diarias, en el blog <a href="http://superantipatico.blogspot.com.es/">Superantipático</a>.</p>
<p>Así justifica su nueva actividad:</p>
<p><em>El mundo de las viñetas no es del todo nuevo para mí. Hace años, en publicaciones sectoriales o generales no demasiado célebres, como Madrid Económico, Tribuna Inmobiliaria o Artículo 20, publiqué viñetas como guionista en compañía de dibujantes más expertos que yo (Malagón, por ejemplo).</em></p>
<p><em>He dibujado siempre, desde niño, pero “en la intimidad”. La publicación en internet de viñetas con mi propio trazo empezó a principios de este año como un juego después del buen sabor de boca que me dejó participar en el Museo de la Ilustración en una tertulia pública sobre humor con Forges, Moderna de pueblo y Cristóbal Fortúnez. Según lo veo, la viñeta es algo así como darle una vestimenta gráfica a un tuit ingenioso. Pero mis dibujos gustan, parece, tienen personalidad, me dicen, y por eso empiezo a tomarme en serio el juego, como si fuera una tonificante excrecencia de mi mundo narrativo (en septiembre saco novela con Siruela, por cierto).</em></p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan1.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4284" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan1-1024x758.jpg" alt="juan1" width="1024" height="758" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan1-1024x758.jpg 1024w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan1-300x222.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan1.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan2.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4285" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan2-1024x620.jpg" alt="juan2" width="1024" height="620" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan2-1024x620.jpg 1024w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan2-300x181.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/juan2.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
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		<title>La fiesta ha terminado. Apuntes dispersos sobre el fin del libro</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Jan 2015 09:56:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Recaredo Veredas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[El libro en papel agoniza. Nunca morirá, pero su presencia será residual. Algunos apuntes dispersos sobre el tema: *Hace 14 años estudié en la Escuela de Letras. Benet y Handke aún estaban en los altares. Dos escritores que ya no [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El libro en papel agoniza. Nunca morirá, pero su presencia será residual. Algunos apuntes dispersos sobre el tema:</p>
<p>*Hace 14 años estudié en la Escuela de Letras. Benet y Handke aún estaban en los altares. Dos escritores que ya no compra casi nadie y que dentro de veinte años solo leerá algún doctorando. El claustro pretendía que, como ellos, nos situáramos por encima del lector. Con soberbia. Pero el lector ya no tiene tiempo para bobadas. Me ha costado años desintoxicarme.</p>
<p>*En aquella época El País contaba con un suplemento de libros. Se llamaba así, Libros. Era temido. Ahora Babelia apenas publica reseñas y la crítica es pasto de blogs cuya repercusión en librerías es nula. La crítica avanza hacia la insignificancia. A día de hoy solo sirve para engordar el siempre enorme ego de los autores.</p>
<p>*El libro de papel como objeto de consumo masivo está acabado. Los editores esconden la cabeza bajo la tierra, pero los viejos lectores mueren y los jóvenes piratean o, en su inmensa mayoría, juegan a la play.</p>
<p>*Con el libro electrónico puedes comprar desde el sofá a las dos de la mañana. Domingos incluidos. Y leer las primeras páginas sin que un librero te mire por encima del hombro. Sus ventajas son invencibles. La apelación al olor del papel es una memez, con el mismo futuro que los chisporroteos de la aguja del tocadiscos. Además el libro electrónico admite el pirateo. Y el pirateo de libros es imparable. El único libro en papel que sobrevivirá es el de lujo, aquel que pueda regalarse con orgullo. Atalanta ejemplifica a la edición con futuro: objetos caros, bien editados y perdurables.</p>
<p>*El libro es inflexible. No puede escribirse una obra digital sobre papel. La narrativa postmoderna resucitará cuando halle un formato adecuado, que permita hipervínculos infinitos. Foster Wallace ha muerto, aburrido de sí mismo. Pynchon escribe clarito, clarito. Incluso Manuel Vilas se ha pasado al realismo.</p>
<p>*La narrativa que aspire a sobrevivir debe ser nítida y ágil. No es lo mismo nítida que estúpida. Quien se lo ponga difícil al lector fracasará, porque el lector solo se esfuerza por lo que le regale una rentabilidad inmediata.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/kindle.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4273" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/kindle.jpg" alt="kindle" width="500" height="482" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/kindle.jpg 500w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/kindle-300x289.jpg 300w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" /></a></p>
<p>*Cualquier obra narrativa que aspire a ser leída debe prescindir de la concentración y asumir una lectura entrecortada por los whatsapp y las redes sociales.</p>
<p>*Copiar a las series de televisión carece de sentido. La televisión siempre vencerá. Sin embargo, Mad Men, Los Soprano, Breaking Bad, Juego de Tronos y demás ralea definen el futuro de la narrativa. Nitidez, inteligencia, rebeldía dentro de la convención. El espectador quiere -anhela- sentirse inteligente.</p>
<p>*La ficción pura agoniza. Las historietas son eso, historietas. Triunfa el yo, la verdad.</p>
<p>*El éxito literario carece de relevancia social o económica. El éxito literario es un fracaso, salvo excepciones, irrelevantes desde una perspectiva estadística. Así que escribe con libertad, porque te van a leer los mismos.</p>
<p>*El onanismo mental, que nació en el modernismo y durante décadas ha definido el canon de calidad, está acabado. Narrar en cien páginas lo que puede contarse en un párrafo es un fracaso. La nueva belleza es la síntesis. Kafka lo sabía. Kafka es Dios.</p>
<p>*La narrativa joven no le interesa a casi nadie. Ni siquiera a los jóvenes, que no tienen mayor interés en contemplar sus miserias, ni en indagar en su voluble naturaleza. Quieren divertirse y ganar dinero. No les critico. Lo contrario sería suicida. La rebeldía juvenil solo llamará la atención si apuesta por el salvajismo (controlado, pero salvaje), si traspasa los límites de la corrección sin caer en el caos.</p>
<p>*Los cursos de creación literaria languidecen. Los antiguos maestros apenas convocan a dos alumnos. Sin embargo el público acude en masa a clases de meditación, yoga, bordado, cerámica o cup cakes. Necesitan paz, no llenarse la cabeza con conceptos que consideran inútiles.</p>
<p>*Gracias a Amazon dentro de menos de una década habrá más escritores que lectores.</p>
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		<title>Houellebecq</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Jan 2015 22:21:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Recaredo Veredas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Charlie Hebdo]]></category>
		<category><![CDATA[Michel Houellebecq]]></category>
		<category><![CDATA[Recaredo Veredas]]></category>

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		<description><![CDATA[Francia, paraíso de la provocación, posee una larga tradición de escritores ácrata-reaccionarios, adalides de la libertad para dañar, sea al otro, sea a uno mismo. Houellebecq es el último eslabón de una cadena habitada por aristócratas, parafílicos, médicos nazis o [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Francia, paraíso de la provocación, posee una larga tradición de escritores ácrata-reaccionarios, adalides de la libertad para dañar, sea al otro, sea a uno mismo. Houellebecq es el último eslabón de una cadena habitada por aristócratas, parafílicos, médicos nazis o adictos al opio. Además, como algunos de sus predecesores, es un excelente novelista y un agudo lector del zeitgeist occidental. Pero su éxito planetario no se debe solo a su condición de cliché galo o a su calidad narrativa. Si no fuera  por su dominio del marketing sería solo un novelista reputado, tal vez traducido, y más o menos polémico. Su mejor obra es la creación de un personaje-escritor llamado Michel Houellebecq, que a la vez ejerce de bufón de la tribu y de portavoz de sus miserias. Posee un vestuario demencial, entre rapero y yonqui, una manera de sujetar el pitillo más que difícil y un discurso incoherente y autoparódico. Ha creado un perfil público tan lamentable como atractivo. Su afán de protagonismo –o de mantener su posicionamiento en el mercado gracias a un excelente dominio de los medios- le llevó a protagonizar un documental más o menos cómico sobre su supuesto secuestro.</p>
<p>Su carrera narrativa comenzó con <em>Ampliación del campo de batalla</em>, certera descripción de la mercantilización de las relaciones amorosas. Siguió con <em>Las partículas elementales</em>, una compasiva mirada a las debilidades del ser humano y, al mismo tiempo, un ametrallamiento de los ideales del 68 y, sobre todo, de sus nefastas consecuencias en las relaciones paterno-filiales. Luego vino <em>Plataforma</em>, su primer golpe al islamismo, que contiene una insólita defensa del turismo sexual y una inmersión en las parafilias propias de las sociedades occidentales. Después vinieron <em>La posibilidad de una isla</em> –que no he leído- y la magistral <em>El mapa y el territorio</em>, una mirada a la trivialidad del arte contemporáneo, a la decadencia de Francia, al abismo existencial del ser humano y a la incomunicación inherente a los vínculos familiares.  Houellebecq es, como todos sus predecesores en la larga cadena de malditos franceses, un profeta de la oscuridad, un experto en hurgar en las miserias de la vida y mostrarlas de una manera comprensible por todos, incluso didáctica. Un hombre inteligente, sin duda, que ha sabido rentabilizar unos traumas familiares que podrían haberle amputado de por vida. Además sabe desarrollar una historia y construir personajes complejos –tal vez demasiado parecidos entre sí en su misantropía-. Pero la gran virtud de Houellebecq es su capacidad para interpretar y exponer la crisis de occidente. Como buen conservador, no posee otra solución que el regreso a los orígenes, a una tradición despedazada por la globalización. En tan utópica nostalgia de los bellos tiempos de vino y queso, en el olvido de los crímenes de occidente, coincide con todos los reaccionarios occidentales, ciertamente escasos en España (una de nuestras desgracias culturales es la extrema vulgaridad de nuestra intelectualidad derechosa, apenas representada por Juan Manuel de Prada y Fernando Sánchez Dragó).</p>
<p>La perspectiva de Houellebecq sobre el ser humano es incompleta, pues excluye la luz, pero su atractivo resulta innegable. A todos nos encanta hocicar sobre nuestras miserias, y más cuando son expuestas con tanta precisión. Como antes he indicado, Houellebecq es un maestro del marketing y un hombre moderno que, como tal, se pasa lo antes conocido como ética por la entrepierna. No he leído su última novela, pero la campaña orquestada por él mismo y la editorial muestra una distopía de muy difícil cumplimiento –la instauración de un gobierno islámico en Francia-, que aprovecha sin el menor rubor la creciente islamofobia de Europa y genera una polémica barata con el único fin de mantener su posicionamiento como líder del pensamiento libre. Por otro lado, es posible que, como <em>El mapa y el territorio</em>, sea una novela magistral. En cualquier caso –y siendo, repito, seguidor acérrimo de su obra- tengo claro que ha obrado como un hombre temeroso, que contempla la cercanía de la vejez y teme que la fuerza de los jóvenes le robe los focos.</p>
<p>Pero la jugada de Michel no contaba con la masacre de Charlie Hebdo (muertes estúpidas que revelan lo necio de la condición humana: unas caricaturas absurdas, pueriles, llevan a unos descerebrados a arruinar sus vidas y a matar, nada menos que matar, a doce seres humanos). Ha decidido cancelar la promoción,  que prometía convertirse en un torrente de titulares, perfectos para la era de Twiter. Se ignora la causa. Tal vez sea el miedo.</p>
<p>Mientras tanto, en Nigeria, anteayer, una niña de 10 años fue utilizada como arma suicida en un mercado, causando 20 muertos. Creo que ninguno sabía quién es Houellebecq, ni conocía la ilustre cadena de malditos de Francia.</p>
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		<title>Mr. Turner y el artista recluido</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Jan 2015 10:11:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Serrano]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Ángel Serrano]]></category>
		<category><![CDATA[Mike Leigh]]></category>
		<category><![CDATA[Mr. Turner]]></category>
		<category><![CDATA[Timothy Spall]]></category>

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		<description><![CDATA[Mr. Turner. Director: Mike Leigh. Guión: Mike Leigh. Reparto: Timothy Spall, Paul Jesson, DorothyAtkinson, Marion Bailey, Karl Johnson, Ruth Sheen. La película Mr. Turner, de Mike Leigh, es un retrato del hombre, que no el artista apenas, William Turner. Se [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Mr. Turner. Director: Mike Leigh. Guión: Mike Leigh. Reparto: Timothy Spall, Paul Jesson, DorothyAtkinson, Marion Bailey, Karl Johnson, Ruth Sheen.</strong></p>
<p>La película Mr. Turner, de Mike Leigh, es un retrato del hombre, que no el artista apenas, William Turner. Se le suele conocer como el pintor de la luz, aunque a mí siempre me ha parecido el pintor de la niebla, el humo, la lluvia rompiendo la nube. De hecho, los cielos de Turner suelen ser torturados, revueltos y amenazantes. Admirable por muchos conceptos, Turner es uno de los primeros pintores de la textura, alejado de la forma si ésta no es necesaria para contener el mensaje y amigo además de experimentos con el color que le granjearon no pocas críticas.</p>
<p>Turner es sobre todo un acuarelista extraordinario. Y la película deja ver actuaciones sobre el óleo (como escupir en él, por ejemplo) propias de la viveza de la acuarela. Esta técnica no perdona, mientras el óleo, por su capacidad de transparencia, permite el <em>pentimento. </em>Turner va a la naturaleza como un fotógrafo. De hecho, la película muestra su experiencia casi aterrada con los primeros daguerrotipos, en este caso como modelo, pero más interesado por la posibilidad que brinda la cámarade detenerla luz. La acuarela es la técnica por excelencia del paisajismo <em>in situ</em>: no exige grandes preparaciones y los materiales se transportan fácilmente, y además es muy apropiada para el pequeño formato. Turner, no obstante, fue un excelente pintor al óleo y en sus primeros años produjo muchos cuadros a la manera clásica que le granjearon una sólida posición económica y la aceptación en la Academia.</p>
<p>El Turner maduro, que es el más interesante y el que centra la mirada de Leigh, prefigura muchos movimientos posteriores, del impresionismo al futurismo, y nos deja ejemplos estremecedores como <em>Lluvia, vapor, velocidad: el gran ferrocarril del Oeste</em> o <em>La muerte en un caballo pálido.</em>Su obra <em>El «Temerario» remolcado a su último atraque para el desguaces </em>considerada por los británicos como el mejor cuadro nacional de la historia. En la película (se sabe que Turner vio la escena) se da una conversación entre el pintor y algunos amigos sobre el destino del roble del barco, remolcado por un vapor: cinco mil mesas y cinco mil sillas, una metáfora sobre la gloria y el arrumbamiento de lo viejo por lo nuevo.</p>
<p><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/turner1.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4263" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/turner1-1024x770.jpg" alt="turner1" width="1024" height="770" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/turner1-1024x770.jpg 1024w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/turner1-300x225.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/turner1-422x318.jpg 422w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/turner1-280x210.jpg 280w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>La película se apoya en la impresionante fotografía de Dick Pope, que compone esas atmósferas lechosas, llenas de una luz granulada y que inunda la escena como si la impusiera y en una interpretación poderosísima de Timothy Spall, que retrata a un Turner vulgar, enérgico y maleducado. Esa separación entre la persona y el artista que Leigh busca hace humana la película pero también la sitúa al borde de la caricatura. Es tradición francesa la expresión <em>“bêtecomme un peintre”</em> (bestia como un pintor), basada probablemente en la concepción burguesa y comercial de la pintura, que valora sobre todo “que se parezca a” y la artesanía, la habilidad de la mano. Eso tiene además un componente de clase, el del artista sometido. Es un tópico, por descontado, pero lo animalesco de la composición de Spall es en parte denuncia (otro de los clichés que se verterán sobre el impresionismo, del que <em>Lluvia, vapor, velocidad: el gran ferrocarril del Oeste</em> es considerado como el principal precedente es que “Turner está perdiendo la vista”) y en parte aceptación: ¿por qué el artista debería ser alguien elevado en maneras o sensibilidad? La excentricidad o mediocridad de la persona no deberían ser tenidas en cuenta.</p>
<p>Lo que perdonamos fácilmente al artista embebido, al poeta arrebatado, parece negársele al pintor. Leigh ahonda en ello: hay una escena en la que el padre de Turner, barbero de profesión, afeita una cabeza de cerdo de la que luego dan cuenta ambos, como si se estableciera un símbolo, pues toda la interpretación de Spall está llena de gruñidos. Las elecciones musicales de Turner (prefiere Purcell a Beethoven, por ejemplo) el modo de debatir con Ruskin, el discurso sobre el color… cada vez que debe mostrarse la espiritualidad del pintor, éste no sale bien parado. Pero Turner no era un iletrado, sino un hombre leído y que reflexiona sobre su propio proceso como pintor.</p>
<p>Lo mejor de la película, si limamos la zafiedad de determinadas elecciones estéticas, es que nos deja ver a un hombre apegado a su trabajo, a su caminata en busca de la escena, a su apresurado bosquejar, a la vida, en suma. A los pequeños placeres junto a su última mujer, el día mínimo y sin complicaciones. Como si la investigación solo tuviera lugar en su cabeza y negara otra expresión que no fueran sus cuadros. La negativa a debatir con Ruskinrebajando las preguntas de éste a símiles gastronómicos, y las risas ante los primeros cuadros de los prerrafaelitas, hijos espirituales del crítico, son exponentes de su burla a la teorización.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/turner.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4262" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/turner-785x1024.jpg" alt="turner" width="785" height="1024" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/turner-785x1024.jpg 785w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/turner-230x300.jpg 230w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2015/01/turner.jpg 1580w" sizes="(max-width: 785px) 100vw, 785px" /></a></p>
<p>El señor Turner es voraz, se mofa de los nobles, contiene sus opiniones, deja hablar a sus cuadros. Revienta la pintura académica. Se mata trabajando. Y Mike Leigh compone una película respetuosa, tal vez demasiado correcta en la factura, demasiado pegada a la forma, como si le faltara el arrebato que en contadas ocasiones ofrece el arte a sus ministros.</p>
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		<title>Entrevista a Guillermo Busutil</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Dec 2014 11:36:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Cristina Consuegra]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Cristina Consuegra]]></category>
		<category><![CDATA[Guillermo Busutil]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias del frente]]></category>
		<category><![CDATA[Tropo Editores]]></category>

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		<description><![CDATA[El periodismo y la literatura hace tiempo que apostaron por la evasión acostamos con la crisis -y sus mutaciones- trenzada a nuestra respiración. Despertamos de la misma manera, con el eco de la radio informando sobre nuevas miserias políticas. Los [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;">El periodismo y la literatura hace tiempo que apostaron por la evasión</h4>
<p>acostamos con la crisis -y sus mutaciones- trenzada a nuestra respiración. Despertamos de la misma manera, con el eco de la radio informando sobre nuevas miserias políticas. Los periódicos simulan advertencias, algunos apuestan por el rigor, todos luchan por un espacio propio. Real o ficticio. Con este escenario conocido, cotidiano, Guillermo Busutil ha elaborado <em>Noticias del frente</em> (Tropo editores, 2014), una antología de piezas periodísticas, a caballo entre la literatura más exquisita y elegante, y la efervescencia del mejor periodismo -el mismo que ha aprendido a medir las variables de la experiencia de la vida y que huye de la cultura de la mediocridad-, con la que mirar a los ojos de la realidad para traducir ese cara a cara en palabras que son muralla.</p>
<p>En <em>Noticias del frente</em>, el lector encuentra al Busutil más preciso, un título sostenido por el significado de conceptos tan poderosos como rigor, experiencia, justicia y memoria. Palabras que hacen de esta obra pura artesanía de ideas. Por ello, este título debe acompañarnos en nuestra cotidianeidad para diferenciarnos del cobarde, del político de pacotilla. De la indigencia cultural y de esta realidad tan injusta que quizá, con demasiada frecuencia, olvidamos que depende de nosotros, que podemos cambiarla en el momento que lo decidamos.</p>
<p><strong>Eliges <em>Noticias del frente</em> como relevo natural de <em>Vidas prometidas</em>, un conjunto de relatos que te ha concedido grandes alegrías. Esta opción implica cierto riesgo, ya que, a pesar de que la poética de Busutil está muy presente en ambas obras, conduces al lector de un territorio estrictamente ficcional a otro en el que la ficción y el aliento periodístico deben calibrarse con igual precisión. En relación con el lector, ¿qué comparten ambos títulos? ¿Qué te ha solicitado <em>Noticias del frente</em> que no te pidió <em>Vidas prometidas</em>?</strong></p>
<p>Los dos libros son complementarios. En <em>Vidas prometidas </em>quería que la ficción tuviese un profundo aliento de realidad y también abordar los primeros signos de la crisis, su amenazante presencia como sombra, como asfixia moral, psicológica, emocional. En cambio, en <em>Noticias del frente</em> parto de lo real, de las tragedias de la actualidad diaria y aunque las desgrano, las analizo y disecciono desde el periodismo las deslizo a lo ficcional, con la decisión de encontrar la historia humana con la que crear un relato rebelde, ético, combativo, con los pies metidos de lleno en la mierda, el sudor y la sangre de la crisis. <em>Vidas prometidas</em> me pidió trazar la emoción desde lo poético de la mirada de la memoria y de lo cotidiano. Noticias me exigió meterme dentro del desgarro e intentar suturar las heridas del presente.</p>
<p><strong>En ambos títulos, la realidad es la columna del esqueleto de las obras. Eso sí, la realidad, si me permites la expresión, <em>made in Busutil</em>, una realidad medida bajo el prisma de quien exige otro acontecer –más justo, más libre- y construida a partir de variables literarias. ¿En qué momento la realidad se convirtió en amenaza para el ciudadano? </strong></p>
<p>La realidad siempre es una amenaza para el individuo, para el ciudadano. La gente vive  una abstracción de lo real en función de su educación, de su cultura, de su economía de lenguaje y de análisis de lo que vive, de lo que anhela y de lo que teme. La evidencia es el espejismo del falso estado del bienestar, la burbuja económica, que nadie ha querido ver y sin embargo estaba a diario delante de los ojos. Hasta que un día lo real deja de ser una abstracción, una poética de la mirada, un discurso cultural, y nos estalla delante todo lo que era real: la corrupción, el poder económico, la depredación social del neoliberalismo, la falta de compromiso, el desguace filosófico, el paro, los desahucios, la demolición de antiguos derechos y la realidad convierte a los ciudadanos en víctimas, en rehenes de la macroeconomía, de la codicia de un grupo elitista. Es como si pensáramos en el agua. El agua escasea cada vez más y es un bien que deberíamos cuidar, culturizar, administrar. Lo sabemos pero no lo hacemos. Hasta que un día abrimos el grifo y no salga nada, y no haya dónde buscarla cerca.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/busutil1.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4256" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/busutil1.jpg" alt="busutil1" width="544" height="816" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/busutil1.jpg 544w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/busutil1-200x300.jpg 200w" sizes="(max-width: 544px) 100vw, 544px" /></a></p>
<p><strong>En este título, la mirada crítica, la observación meticulosa y honesta, sostiene buena parte de la estructura de <em>Noticias del frente</em>. ¿Qué le sucede a la sociedad actual para mostrarse tan frágil y vulnerable? </strong></p>
<p>Que durante décadas no ha sabido establecer diques de contención y estrategias de crecimiento, de progreso e incluso de defensa basadas en la educación, en la cultura, en la ética, en el compromiso, en el esfuerzo, en el diálogo, en la pluralidad. Cada término es la raíz de un árbol, que es el árbol de la libertad, y hace falta regarlas, valorarlas, fortalecerlas a diario. Una sociedad frágil y vulnerable es la que sólo se ha edificado sobre el pilar de lo económico y el cuento de la lechera que genera, incluso el espejismo que proyecta su auge temporal. Un ejemplo es Detroit, la ciudad que fue número uno en producción automovilística, un modelo del sueño americano, actualmente desierta y fantasmagórica. También una sociedad que no fundamenta su bienestar, su fuerza, su identidad, en las personas en lugar de en estrellas efímeras es una sociedad condenada al derrumbe.</p>
<p><strong>Uno de los elementos sobre los que pivota la poética de esta colección de piezas dominicales es la idea de periodismo. Camus publicó un manifiesto sobre el periodismo libre en tiempos de conflicto; en él, afirmaba que las señas de identidad de éste eran la lucidez, la desobediencia, la ironía y la obstinación, sin duda, puntos cardinales de <em>Noticas del frente. En tu obra, ¿hay más obstinación o más desobediencia?</em></strong></p>
<p>La voz del libro es un equilibrio entre el rigor del diagnóstico, la serenidad de la reflexión y la fuerza de la rebeldía y la desobediencia.</p>
<p><strong>Aunque hoy parezca una utopía, ¿cómo se logra un periodismo libre real, desligado del poder? </strong></p>
<p>Es difícil. El prestigio y la rentabilidad de una empresa de comunicación debería basarse en el rigor, en la credibilidad, en la calidad y en la independencia de la información que ofrece. Es la única manera. Si un medio, una empresa, se distingue por esto y consigue mantenerse logrará lectores, conseguirá publicidad y obtendrá respeto por parte del poder político. Pero lo normal es buscar la rentabilidad inmediata, no significarse. En este país, incluso en Europa, la cultura de la mediocridad ha hecho mucho daño. A nivel individual un periodista debe hacer igual, aunque mantenerse en esos principios es una batalla diaria. No obstante hay que poner empeño.</p>
<p><strong>Es realmente complicado mirar a la realidad para analizarla buscando el detalle, lo subjetivo, aquello que concede al acontecer un valor sentimental y distintivo. En tu caso, ese escudriñar se vuelve más complejo porque lo dotas de un armazón literario. ¿Cómo se logra ese punto exacto, entre el aliento del periodismo y la carne de lo literario?</strong></p>
<p>Depende de la mirada, de cómo escudriñas para encontrar en el detalle la rendija de lo poético, el pasillo hacia la ficción, el aleph del lenguaje. La pequeña historia a la que sacarle a la superficie su humanidad o a la que puedes dotarla de la misma. Yo aprendí de Cortázar que en lo insignificante, en lo pequeño, hay un mundo, que en un relámpago late también un corazón al que escucharle su relato. Y luego es necesario equilibrar los dos lenguajes, sus reglas, sus estructuras y exigencias, crear desde la frontera. Para mi es fácil. Todos los que hemos crecido en una frontera tenemos esa mirada fronteriza, ese saber cruzar de un mundo a otro, y ser los dos.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/busutil2.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4257" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/busutil2.jpg" alt="busutil2" width="259" height="400" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/busutil2.jpg 259w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/busutil2-194x300.jpg 194w" sizes="(max-width: 259px) 100vw, 259px" /></a></p>
<p><strong><em>Noticias del frente</em> reúne buena parte de tu trayectoria <em>periodisticoliteraria</em> más reciente. En todo este tiempo, habrás visto múltiples realidades, sus mutaciones y urgencias. ¿Cómo ha ido cambiando la labor del periodismo? ¿Y el valor de la literatura?</strong></p>
<p>Todo cambia para que siga igual, que diría Lampedusa. El periodismo se ha deslizado a la evasión, a lo anecdótico, a lo superficial, al efecto placebo de la realidad. Y la literatura ha hecho lo mismo. Ambos géneros, los dos lenguajes, han desertado de registrar e iluminar los ángulos oscuros de la realidad, de cuestionarla, de sacar a la superficie su alma y sus sombras. El periodismo y la literatura hace tiempo que apostaron por la evasión, el artificio, lo efímero, por anestesiar al lector y ponerlo a salvo de lo real, de lo doloroso, de lo que provoca que tenga que preguntarse y pensar.</p>
<p><strong>Quizá para muchos, el ejercicio de la palabra sea algo obsoleto, pero algo debe tener esta herramienta de trabajo para que siglos después del primer trazo sigamos creyendo en su poder. ¿Cómo se combate esta suerte de agnosticismos cultural? </strong></p>
<p>La palabra continúa siendo un arma cargada de vidas, una llave que abre la entrada a otros mundos posibles, la luz con la que uno se ilumina en la soledad y en su propia oscuridad. La palabra es magia y siempre habrá un chamán que sepa conjurarla. Aunque no haya libros ni teatro ni orquestas ni bailarines ni pintores ni público, siempre habrá alguien que haga de la palabra un grito, un canto, un dibujo, un susurro que moverá el viento, que moverá el mar y que alguien terminará escuchando en otro lado. La palabra ni si siquiera la amordaza el silencio. Otra cosa es que la cultura esté en la UVI por culpa de la instrumentalización política y la deseducación que promovió la imagen como un antídoto contra la palabra como lectura.</p>
<p><strong>El libro está estructurado en las secciones en las que se divide un periódico, homenaje formal que refuerza el aspecto argumental de cada pieza. ¿Cómo te has enfrentado a la selección de textos que componen cada bloque? ¿Y quienes respiran tras los mismos?</strong></p>
<p>Fue relativamente fácil. Una de las cosas que me gusta de Noticias es que ha sido un <em>work in progress</em>, he ido trabajando semana a semana su estructura, sus capítulos, los temas y luego sólo tuve que hacer una selección que hilvanase de forma natural cada pieza de cada sección. Incluso que haya piezas intercambiables. Y está claro que la respiración es la fotografía en blanco y negro del corresponsal gráfico y el latigazo emocional del cronista en el frente de batalla. Y ese equilibrio entre el rigor de la actualidad, de la noticia, su semilla humana y su deslizamiento hacia la crítica y la ficción como un golpe de mano combativo en lo político, lo económico, lo social, lo cultural.</p>
<p><strong>Una de esas secciones es la de Política, bloque en el que reflexionas sobre el poder, la inmigración, la corrupción, el compromiso,… Una de las piezas que lo componen es “La cultura de la mentira”, en ella escribes: «Incluso la prensa ha contribuido a que la mentira sea más sofisticada y modifique la naturaleza del lenguaje.» ¿Ha sido este culto a la mentira el mayor pecado del oficio?</strong></p>
<p>Sí, uno de ellos. Hace tiempo que el periodismo contribuye a extender e inculcar la propaganda oficial y también la contrainformación. Dos formas tóxicas hacia el lector y la ciudadanía.</p>
<p><strong>¿Ayuda <em>Noticias del frente</em> a entender lo que somos? ¿Y en el encuentro con el Otro, como diría Kapuściński?</strong></p>
<p>No soy yo el que debe responder. Sí que he intentado dejar en el libro, en cada relato, en cada crónica, un paisaje real, una respuesta moral, una forma de lucha y sobre todo una reivindicación de la dignidad, de lo que fuimos, lo que somos, lo que queremos ser. El encuentro con el otro está en el libro pero su última esencia, la que de verdad cuenta, está en el lector y en su encuentro con los demás, incluso consigo mismo, después de leer <em>Noticias del frente</em>.</p>
<p><strong>Me parece curioso la presencia del sueño en diversas piezas… ¿inconsciente aparición?</strong></p>
<p>No, el sueño es el cauce más íntimo de la esperanza, es una vía secreta que también conduce a la imaginación, a convertirnos en personas mejores. Es la cometa que nos eleva hacia la libertad más abierta a todas sus posibilidades. Es también una excelente manera de entender nuestros miedos. Si uno deja de soñar deja de combatir.</p>
<p><strong>Dices «Me gusta leer fotografías». Lo fotográfico está muy presente en <em>Noticias del frente</em>. ¿Consecuencia natural de ese mirar singular?</strong></p>
<p>Sí. La fotografía es la mirada que puede transformarse en palabras. Y cada fotografía es un relato, la historia de una sombra, de una luz, de una persona, de un espacio. El otro día escribía acerca de Cartier-Bresson y hablaba del cazador de instantes, del ladrón de miradas. Y los escritores también somos eso.</p>
<p><strong>Tienes muchas pieles, la de escritor, periodista, hombre de radio, crítico&#8230; Una de esas identidades es la de director de la revista <em>Mercurio</em>, una de las más prestigiosas en materia de crítica literaria. Desde esta atalaya privilegiada observas el futuro más próximo de la escena literaria nacional. ¿Por qué momento pasa la gestión editorial? </strong></p>
<p>La gestión editorial está en un momento muy complicado. Sobrevive entre una huida hacia delante editando más títulos de los que pude asumir la realidad del mercado de la lectura. Se conforman grandes grupos con la idea de etiquetar e inculcar una determinada literatura y los clásicos, la literatura que no sólo busca entretener y se compromete con el lenguaje, con otros modos de mirar y de contar se refugian en pequeñas editoriales. Pero pocos se preocupan de ir a la raíz: a la educación, a hacer otra relectura más eficaz del hecho de leer y su hábito.</p>
<p><strong>A modo de cierre. En <em>Noticias del frente</em>, afirmas «Vivir no se celebra. Se hace, se siente…» ¿Y escribir?</strong></p>
<p>Escribir es una forma de de ser y de estar. Es la cordura del rebelde. La vida perfecta en la frontera.</p>
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		<title>3 Cuentos de la Alhambra</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Dec 2014 10:58:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Daza]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Comic]]></category>
		<category><![CDATA[3 cuentos de la Alhambra]]></category>
		<category><![CDATA[Editorial Edilux]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Cuesta]]></category>
		<category><![CDATA[Washington Irving]]></category>

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		<description><![CDATA[3  Cuentos de la Alhambra. Washington Irving / Rubén Garrido. Editorial Edilux. 2014. 100 pags. Pasta blanda. Cosido. Color. 9 € Acaba de salir un curioso libro con un novedoso formato. Cuentos de Washington Irving en cómic en paralelo con [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>3  Cuentos de la Alhambra. Washington Irving / Rubén Garrido. Editorial Edilux. 2014. 100 pags. Pasta blanda. Cosido. Color. 9 €</strong></p>
<p>Acaba de salir un curioso libro con un novedoso formato. Cuentos de Washington Irving en cómic en paralelo con el texto original.</p>
<p>Hace años Editorial Bruguera sacó un formato que tuvo mucho éxito en su momento. <em>Historias Selección</em>. En su mayoría eran adaptaciones literarias que cada varias páginas incluía una en cómic de un pasaje de la historia. Aquello fue un boom editorial y es una imagen muy familiar los lomos de aquellos libros con cuadraditos que llevaban imágenes de los protagonistas. Una gran manera de iniciar a la lectura literaria y al cómic pero muy pobre y muy limitado como obra en si</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/2.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4242" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/2-1024x707.jpg" alt="2" width="1024" height="707" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/2-1024x707.jpg 1024w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/2-300x207.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/2.jpg 1131w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>La última edición de algunos <em>Cuentos de la Alhambra</em> nos recuerda aquel formato con la novedad de que el texto es integro, no es una adaptación y el cómic está completo, no son pasajes. A diferencia del formato de Bruguera, este es un producto muy sólido. El cómic te hace ver cosas en el texto que no te imaginarías y el cuento te hace que el cómic tenga más matices.</p>
<p>Dos obras independientes que tienen sentido por si solas, pero juntas se realimentan, hacen crecer la una a la otra y nos proporciona una curiosa experiencia.</p>
<p>Rubén Garrido, es uno de los más destacados historietistas de la escuela granadina que ahora, después de muchos años, vuelve al mundo del cómic con un proyecto muy pegado a su tierra.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/3.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4243" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/3-1024x783.jpg" alt="3" width="1024" height="783" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/3-1024x783.jpg 1024w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/3-300x229.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/3.jpg 1122w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>Le hemos pedido al autor que comparta con los lectores de micro-revista algunas de sus impresiones</p>
<p><strong>¿Cuál es el origen del proyecto?</strong></p>
<p>Empezó con Mariana una amiga común de Agustín, el editor, la que nos puso en contacto y que luego terminó escribiendo el prólogo del libro. Fue el factor determinante para poner en marcha el asunto.</p>
<p><strong>¿Tendrá continuidad con el resto de cuentos?</strong></p>
<p>Si el editor quiere, a ello. Pero en un principio no me lo planteo.</p>
<p><strong>Cuéntanos algo sobre tu sistema de trabajo</strong></p>
<p>Lo leí por encima y vi las posibilidades. Luego me puse a leerlo más detenidamente y estructuré página a página. Al empezar con la segunda página me dio una hernia en la columna y estuve 2 meses en el lecho del dolor y ahí estructuré las nueve páginas restantes. El resto del trabajo ya lo hice en la mesa. Con los otros cuentos iba terminando  página a página sin saber cómo iba a ser la siguiente.<br />
A medida que iba dibujando el último cuento, el más largo y el más realista, he ido publicando en mi blog bocetos con el proceso y páginas terminadas. Y por supuesto, también iba publicando collages realizados con esas páginas terminadas o dibujos y bocetos. Me gusta mucho el collage (unas veces muy simples y otras no tanto) y las páginas de esta adaptación tiene también algo de ello, como también de diseño.</p>
<p style="text-align: center;"> <a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/4.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4244" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/4.jpg" alt="4" width="976" height="734" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/4.jpg 976w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/4-300x225.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/4-422x318.jpg 422w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/4-280x210.jpg 280w" sizes="(max-width: 976px) 100vw, 976px" /></a></p>
<p><strong>¿Qué parte del dibujo es a mano y cual es digital?</strong></p>
<p>El color es digital. Dibujo a lápiz los bocetos de las páginas y para no borrar tanto e ir afinando los dibujos, calco ese primer boceto en otra hoja y así hasta, por fin, darla por terminada.</p>
<p><strong>Me da la impresión que hay un giro más realista en el estilo de dibujo que lo que conocemos de ti hasta ahora. ¿Puedes comentarnos un poco sobre esto?</strong></p>
<p>El giro se da en el propio libro. Los cuentos están publicados en el mismo orden en los que los dibujé y se ve la evolución a ese realismo que comentas.</p>
<p>Hacía tiempo que no me ponía a dibujar tantas páginas. Siempre he dibujado historietas cortas de quita y pon. Se puede decir que ni me acordaba de cómo se hacía esto y tampoco tenía el espacio apropiado, ahora ocupado por el ordenador etc… Empecé en el primer cuento con un dibujo más simple y cómico y a medida que avanzaba, los otros cuentos se iban haciendo más realistas y complejos. Lo mismo pasa con la composición. Desde el principio decidí evitar los marcos y las tiras de viñetas. De esta manera, coloco a los personajes y los decorados en otros sitios y la persona que lee recibe sensaciones distintas a las que recibe ante una página con tiras. También me salto en ocasiones el orden de lectura de izquierda a derecha y de arriba abajo.</p>
<p><strong>¿Qué esperabas conseguir?</strong></p>
<p>Me dedico al entretenimiento y quiero producir sensaciones y sorpresas. Primero para mí, por supuesto. Es un libro este con una narrativa distinta a lo común para un público común que ni siquiera tiene que ser aficionado al cómic. Me imagino al lector dando saltos por la página, viéndose rodeado de la historia, observando desde arriba, desde ras de suelo, viendo el “después” antes del “antes”.</p>
<p><strong>¿Te parece que puede haber alguna actualidad en los cuentos de Washington Irving?</strong></p>
<p>¿La genialidad en lo individual y la mezquindad, el amiguismo y la envidia en lo social?</p>
<p><strong>¿En qué trabajas ahora?</strong></p>
<p>Encargos de ilustración, diseño y alimento con sabrosas entradas mis blogs y junto con Inma Rodríguez, llevamos adelante TALLERES ANIMADOS. Impartimos talleres de dibujo, trabajos en papel, audiovisual…y yo sigo también con mis talleres de historieta. Nos interesa la pedagogía visual y nos dirigimos tanto a infancia como juventud y adultos: También impartimos clases a maestros y profesores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TALLERES ANIMADOS</p>
<p><a href="http://talleresanimados.wordpress.com/">http://talleresanimados.wordpress.com</a></p>
<p><a href="http://tallerdecineparaninos.blogspot.com.es/">http://tallerdecineparaninos.blogspot.com.es</a></p>
<p>BLOGS DE RUBÉN GARRIDO</p>
<p><a href="http://aprendeaver.blogspot.com.es/">http://aprendeaver.blogspot.com.es</a></p>
<p><a href="http://rubengg.blogspot.com.es/">http://rubengg.blogspot.com.es</a></p>
<p>PÁGINAS DE RUBÉN GARRIDO</p>
<p><a href="http://www.manualdelahistorieta.com/">http://www.manualdelahistorieta.com</a></p>
<p><a href="http://www.rubengg.com/">http://www.rubengg.com</a></p>
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		<title>3 Cuentos de la Alhambra</title>
		<link>https://microrevista.com/4240/</link>
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		<pubDate>Fri, 19 Dec 2014 10:55:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Recaredo Veredas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Comic]]></category>
		<category><![CDATA[3 cuentos de la Alhambra]]></category>
		<category><![CDATA[Editorial Edilux]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Daza]]></category>
		<category><![CDATA[Rubén Garrido]]></category>

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		<description><![CDATA[3  Cuentos de la Alhambra. Washington Irving / Rubén Garrido. Editorial Edilux. 2014. 100 pags. Pasta blanda. Cosido. Color. 9 € Acaba de salir un curioso libro con un novedoso formato. Cuentos de Washington Irving en cómic en paralelo con [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>3  Cuentos de la Alhambra. Washington Irving / Rubén Garrido. Editorial Edilux. 2014. 100 pags. Pasta blanda. Cosido. Color. 9 €</strong></p>
<p>Acaba de salir un curioso libro con un novedoso formato. Cuentos de Washington Irving en cómic en paralelo con el texto original.</p>
<p>Hace años Editorial Bruguera sacó un formato que tuvo mucho éxito en su momento. <em>Historias Selección</em>. En su mayoría eran adaptaciones literarias que cada varias páginas incluía una en cómic de un pasaje de la historia. Aquello fue un boom editorial y es una imagen muy familiar los lomos de aquellos libros con cuadraditos que llevaban imágenes de los protagonistas. Una gran manera de iniciar a la lectura literaria y al cómic pero muy pobre y muy limitado como obra en si</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/2.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4242" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/2-1024x707.jpg" alt="2" width="1024" height="707" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/2-1024x707.jpg 1024w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/2-300x207.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/2.jpg 1131w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>La última edición de algunos <em>Cuentos de la Alhambra</em> nos recuerda aquel formato con la novedad de que el texto es integro, no es una adaptación y el cómic está completo, no son pasajes. A diferencia del formato de Bruguera, este es un producto muy sólido. El cómic te hace ver cosas en el texto que no te imaginarías y el cuento te hace que el cómic tenga más matices.</p>
<p>Dos obras independientes que tienen sentido por si solas, pero juntas se realimentan, hacen crecer la una a la otra y nos proporciona una curiosa experiencia.</p>
<p>Rubén Garrido, es uno de los más destacados historietistas de la escuela granadina que ahora, después de muchos años, vuelve al mundo del cómic con un proyecto muy pegado a su tierra.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/2.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-4242" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/2-1024x707.jpg" alt="2" width="1024" height="707" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/2-1024x707.jpg 1024w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/2-300x207.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/2.jpg 1131w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>Le hemos pedido al autor que comparta con los lectores de micro-revista algunas de sus impresiones</p>
<p><strong>¿Cuál es el origen del proyecto?</strong></p>
<p>Empezó con Mariana una amiga común de Agustín, el editor, la que nos puso en contacto y que luego terminó escribiendo el prólogo del libro. Fue el factor determinante para poner en marcha el asunto.</p>
<p><strong>¿Tendrá continuidad con el resto de cuentos?</strong></p>
<p>Si el editor quiere, a ello. Pero en un principio no me lo planteo.</p>
<p><strong>Cuéntanos algo sobre tu sistema de trabajo</strong></p>
<p>Lo leí por encima y vi las posibilidades. Luego me puse a leerlo más detenidamente y estructuré página a página. Al empezar con la segunda página me dio una hernia en la columna y estuve 2 meses en el lecho del dolor y ahí estructuré las nueve páginas restantes. El resto del trabajo ya lo hice en la mesa. Con los otros cuentos iba terminando  página a página sin saber cómo iba a ser la siguiente.<br />
A medida que iba dibujando el último cuento, el más largo y el más realista, he ido publicando en mi blog bocetos con el proceso y páginas terminadas. Y por supuesto, también iba publicando collages realizados con esas páginas terminadas o dibujos y bocetos. Me gusta mucho el collage (unas veces muy simples y otras no tanto) y las páginas de esta adaptación tiene también algo de ello, como también de diseño.</p>
<p style="text-align: center;"> <a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/4.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4244" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/4.jpg" alt="4" width="976" height="734" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/4.jpg 976w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/4-300x225.jpg 300w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/4-422x318.jpg 422w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/4-280x210.jpg 280w" sizes="(max-width: 976px) 100vw, 976px" /></a></p>
<p><strong>¿Qué parte del dibujo es a mano y cual es digital?</strong></p>
<p>El color es digital. Dibujo a lápiz los bocetos de las páginas y para no borrar tanto e ir afinando los dibujos, calco ese primer boceto en otra hoja y así hasta, por fin, darla por terminada.</p>
<p><strong>Me da la impresión que hay un giro más realista en el estilo de dibujo que lo que conocemos de ti hasta ahora. ¿Puedes comentarnos un poco sobre esto?</strong></p>
<p>El giro se da en el propio libro. Los cuentos están publicados en el mismo orden en los que los dibujé y se ve la evolución a ese realismo que comentas.</p>
<p>Hacía tiempo que no me ponía a dibujar tantas páginas. Siempre he dibujado historietas cortas de quita y pon. Se puede decir que ni me acordaba de cómo se hacía esto y tampoco tenía el espacio apropiado, ahora ocupado por el ordenador etc… Empecé en el primer cuento con un dibujo más simple y cómico y a medida que avanzaba, los otros cuentos se iban haciendo más realistas y complejos. Lo mismo pasa con la composición. Desde el principio decidí evitar los marcos y las tiras de viñetas. De esta manera, coloco a los personajes y los decorados en otros sitios y la persona que lee recibe sensaciones distintas a las que recibe ante una página con tiras. También me salto en ocasiones el orden de lectura de izquierda a derecha y de arriba abajo.</p>
<p><strong>¿Qué esperabas conseguir?</strong></p>
<p>Me dedico al entretenimiento y quiero producir sensaciones y sorpresas. Primero para mí, por supuesto. Es un libro este con una narrativa distinta a lo común para un público común que ni siquiera tiene que ser aficionado al cómic. Me imagino al lector dando saltos por la página, viéndose rodeado de la historia, observando desde arriba, desde ras de suelo, viendo el “después” antes del “antes”.</p>
<p><strong>¿Te parece que puede haber alguna actualidad en los cuentos de Washington Irving?</strong></p>
<p>¿La genialidad en lo individual y la mezquindad, el amiguismo y la envidia en lo social?</p>
<p><strong>¿En qué trabajas ahora? </strong></p>
<p>Encargos de ilustración, diseño y alimento con sabrosas entradas mis blogs y junto con Inma Rodríguez, llevamos adelante TALLERES ANIMADOS. Impartimos talleres de dibujo, trabajos en papel, audiovisual…y yo sigo también con mis talleres de historieta. Nos interesa la pedagogía visual y nos dirigimos tanto a infancia como juventud y adultos: También impartimos clases a maestros y profesores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TALLERES ANIMADOS</p>
<p><a href="http://talleresanimados.wordpress.com/">http://talleresanimados.wordpress.com</a></p>
<p><a href="http://tallerdecineparaninos.blogspot.com.es/">http://tallerdecineparaninos.blogspot.com.es</a></p>
<p>BLOGS DE RUBÉN GARRIDO</p>
<p><a href="http://aprendeaver.blogspot.com.es/">http://aprendeaver.blogspot.com.es</a></p>
<p><a href="http://rubengg.blogspot.com.es/">http://rubengg.blogspot.com.es</a></p>
<p>PÁGINAS DE RUBÉN GARRIDO</p>
<p><a href="http://www.manualdelahistorieta.com/">http://www.manualdelahistorieta.com</a></p>
<p><a href="http://www.rubengg.com/">http://www.rubengg.com</a></p>
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		<title>En un metro de asombro</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Dec 2014 15:46:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Serrano]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[David George Haskell]]></category>
		<category><![CDATA[En un metro de asombro]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Ángel Serrano]]></category>
		<category><![CDATA[Turner]]></category>

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		<description><![CDATA[En un metro de bosque. Un año observando la naturaleza. David George Haskell. Turner. Madrid, 2014.  367 páginas, 21,90 €. David George Haskell es biólogo, pero también poeta. Este libro parte de una decisión mixta: entender el bosque como un [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>En un metro de bosque. Un año observando la naturaleza. David George Haskell. Turner. Madrid, 2014.  367 páginas, 21,90 €.</strong></p>
<p>David George Haskell es biólogo, pero también poeta. Este libro parte de una decisión mixta: entender el bosque como un mandala, un sentimiento que aúna el lenguaje, el símbolo, la comunidad y el paso del tiempo como un lento escultor y una observación que permite trasladar esa respetuosa mirada a lecciones sobre los habitantes de aquél. El bosque está en Tennesse y ha llegado a nuestros días razonablemente intacto y respetado por el hombre. Haskell toma una decisión de científico, la de estudiar un pequeño pedazo del bosque, siempre el mismo, pero la práctica es la del poeta: el asombro agradecido sobre lo que aprendemos y sobre lo que sentimos al hacerlo. La minucia como elemento del cosmos y su explicación.</p>
<p>Confieso que si Haskell no sale de su mandala, yo no salgo de mi asombro agradecido. No solo por lo que he aprendido de biología, que sería ya pago suficiente, sino porque he vuelto a pensar en el bosque como motor primordial de la poesía, el lugar donde sentimos nuestra poquedad e importancia. La decisión del poeta es la de conectar con el paisaje, la del científico, explicar lo poco que llevamos tallado de ese “bloque de ignorancia”.</p>
<p>Así, este libro no es un tratado científico y casi diríamos que ni divulgativo. Es un paseo quieto por el bosque en todos sus infinitos matices en el que entenderemos mejor el musgo, el liquen, la forma de las hojas, el subsuelo, la ecología en equilibrio o no, el santificado martirio al que se somete un biólogo que duda (es magistral el capítulo en el que el autor deja que los insectos le piquen para proporcionarles sales minerales con las que procrear), el movimiento de los árboles y los pájaros… la lucha en la que todo se transforma en el capítulo siguiente y nos deja ver que la eternidad está en el cambio constante y en la renuncia al protagonismo: eso es el mandala, que trabajosamente dibujan los monjes tibetanos para a continuación destruirlo.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/23HASK1-articleLarge.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4235" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/23HASK1-articleLarge.jpg" alt="23HASK1-articleLarge" width="600" height="360" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/23HASK1-articleLarge.jpg 600w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/23HASK1-articleLarge-300x180.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>El aluvión de informaciones reveladoras es enorme, con todo, y, aunque probablemente no es lo más importante, a veces éstas se enganchan como moléculas de aroma: por ejemplo, que algunas de éstas traspasan nuestro sentido del olfato y entran directamente a nuestro torrente sanguíneo. A eso los japoneses, que no han perdido su capacidad de contemplación y detenimiento, lo llaman <em>shinrin-yoku</em>o respirar el bosque. Eso es este libro, en el fondo: un paseo por las emociones y los sentidos pero que no renuncia al saber: conocer mejor el bosque es aprender a respetarlo. Entender las diferentes estrategias de los animales para sobrevivir, o de los árboles para soportar los vientos fuertes, hace que podamos mejorar nuestra capacidad de observación o simplemente, dejarlo para otro momento mientras respiramos bosque.</p>
<p>Resulta inevitable pensar en el Walden, de Thoreau y su experimentación de naturalista, más atento a los ritmos y vivencias que a la catalogación. Haskell, en cambio, no busca solo esa comunión con la naturaleza, sino también la comunicación con sus contemporáneos para dar aviso desde un ecologismo inteligente de los peligros que conlleva no respetar los bosques: no solo peligros económicos o medioambientales, sino también los que acarrea la renuncia estética y ética de tratar de conectarnos con el hombre que fuimos, más apegado al desorden de la naturaleza, incluso cuando es aterradora. Haskell, en medio de una tormenta feroz, siente una extraña claridad de mente en un cuerpo electrizado.</p>
<p>En su día escribí:</p>
<p><em>He salido de noche, como el frío,/a entreandar por las brañas,/dejando al bosque cercarme el aliento/y al espino sitio en mi carne.</em></p>
<p>Al paisaje se va a fundirse, o no se va. Y pensando en lo inclasificable que es este libro, se me ocurre que se parece a un volumen de biología aquejado de manierismo, a un largo poema trascendental, a un camino (<em>do </em>en japonés) que nunca acaba… a aquellos cromos sobre las maravillas de la naturaleza que coleccionábamos y, efectivamente, nos maravillaban. Si Haskell fuera pintor, su estilo sería el sublime, el que vemos en la pintura romántica de Caspar David Friedrich, por ejemplo: personajes maravillados ante la potencia inigualable de la naturaleza, pero, en este caso, sin dramatismos, como en una conversación de café.</p>
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		<title>El maestro de la luz, el genio arruinado y el truhán de los fogones</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Dec 2014 10:45:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Recaredo Veredas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Carlo di Palma]]></category>
		<category><![CDATA[Darius Khondji]]></category>
		<category><![CDATA[Ferrá Adriá]]></category>
		<category><![CDATA[Nikola Tesla]]></category>
		<category><![CDATA[Recaredo Veredas]]></category>
		<category><![CDATA[Woody Allen]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Es increíble la cantidad de conocimientos absurdos que poseo, saberes –más bien datos- que nunca van a servirme para ganar dinero, ni para conocer mejor las razones últimas de esta divertida broma llamada vida. Por ejemplo, sé quién es Darius Khondji, un maestro de la luz, que muestra de nuevo su talento en la última joyita de Woody. Le precedió Carlo Di Palma, que plasmó la luz invernal de Manhattan en obras maestras como Hannah y sus hermanas. La expresividad del trabajo de Khondji, su labor narrativa, más que estética, se evidencia en la llegada a la mansión provenzal. La cámara sigue los pasos de los protagonistas y se deslumbra, literalmente, con el fulgor del Mediterráneo. Manchas de luz la ciegan y definen la belleza que modificará para siempre al protagonista.</p>
<p>Hace años, no sé cuántos, viajé a Provenza. Las décadas ya se mezclan y comienzo a olvidar qué viaje ocurrió antes y cuál después. Por entonces sufría una de mis frecuentes, e insufribles para quienes me acompañan, crisis existenciales. En el cielo del sur de Francia brillan miles de estrellas, quietas y fugaces, formando un manto que abarca toda la mirada. Sentía un miedo sordo, continuo, que solo se detenía durante el sueño. Miedo a la muerte, a la desaparición. Como el que siente el mago de la película de Allen cuando contempla ese mismo cielo. Él la ama, aunque sea una estafadora, porque le muestra que el abismo puede ser maravilloso. Yo aún no lo he conseguido: conozco su belleza, pero no deja de resultarme aterradora.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/tesla1.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4225" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/tesla1.jpg" alt="tesla1" width="390" height="307" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/tesla1.jpg 390w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/tesla1-300x236.jpg 300w" sizes="(max-width: 390px) 100vw, 390px" /></a></p>
<p>Para vivir hay que creer, aunque se intuya que la creencia  es un simple placebo que permite la supervivencia. Creer en Dios, en el amor o en la belleza. El nihilismo sobrevalora la capacidad del hombre, incapaz de juzgar el mundo que les ha concedido el privilegio de la vida.</p>
<p>La decadencia de Allen es hermosa, regala perlas rohmerianas, tan reiterativas como reveladoras. Como el maestro francés, aborda temas de infinita trascendencia, e imposible solución, con admirable ligereza. Cuando muera y no haya más créditos blancos con fondo negro habré perdido una razón para sonreír.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/tesla2.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-4226" src="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/tesla2.jpg" alt="tesla2" width="350" height="300" srcset="https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/tesla2.jpg 350w, https://microrevista.com/wp-content/uploads/2014/12/tesla2-300x257.jpg 300w" sizes="(max-width: 350px) 100vw, 350px" /></a></p>
<p>Nikola Tesla fue un tipo deslumbrante, un extraterrestre que trazó los planos de un mundo feliz. Y acudió al único lugar donde sus planes podían ejecutarse: los Estados Unidos de América. Sin embargo, chocó de frente con la marrullería, con seres sin escrúpulos -o seres humanos, sin más- que aprovecharon su talento para forrarse. Conocía levemente su genio, pero lo confirmé ayer, en una visita a la exposición que la Fundación Telefónica ha dedicado a su vida y obra. Compartía espacio con la enésima muestra sobre la labor creativa de Ferrán Adriá. Solo una vez he comido sus manjares: en una boda, hace años. Su famosa tortilla deconstruida me pareció una cochinada. Rica, ingeniosa, pero cochina. Nunca he entendido el mérito de crear réplicas alambicadas de platos originales y hacer que sepan como esos mismos platos. Adriá representa lo contrario de Tesla: un hombre que conoce el mundo moderno y sus mecanismos, un auténtico vendedor de humo, tan neutro como el arte abstracto, un maestro del marketing, que ha sabido convertirse en referente de modernidad e investigación sin haber hecho nada relevante. Porque sus esferificaciones pueden ser divertidas, sabrosas, pero no han contribuido al bienestar del ser humano. Tesla murió arruinado en un hotel cochambroso. Adriá morirá rico, feliz y reconocido. El mundo es injusto, sí, injusto.</p>
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		<title>Entrevista a Constantino Bértolo</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Dec 2014 18:20:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Cristina Consuegra]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Caballo de Troya]]></category>
		<category><![CDATA[Constantino Bértolo]]></category>
		<category><![CDATA[Cristina Consuegra]]></category>

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		<description><![CDATA[El cortoplacismo transforma la crítica en publicidad &#160; Qué escribir sobre Constantino Bértolo, una de las mayores figuras del entramado editorial en nuestro país, que siempre ha pugnado por profundizar en la carne de la literatura, evitando lo epidérmico para [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align: center;">El cortoplacismo transforma la crítica en publicidad</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>Qué escribir sobre Constantino Bértolo, una de las mayores figuras del entramado editorial en nuestro país, que siempre ha pugnado por profundizar en la carne de la literatura, evitando lo epidérmico para intentar, así, entender el mundo, entender a uno mismo. Llegar al Otro. Qué decir para presentar esta entrevista y quedar a la altura de las respuestas certeras y beligerantes. Comprometidas. Qué opinar cuando, con su salida del tablero de juego, la escena literaria es menos literaria y más otra cosa rara cercana al intercambio de cromos. Quizá escribir, decir y opinar, que sin Bértolo la edición se queda aún más débil y temblorosa en una esquina de ese habitáculo enorme y ajeno que los grandes grupos están edificando. Sin más, pasen y lean.</p>
<p><strong>PRH te preparó una fiesta por tu jubilación a la que acudieron amigos y personas de diverso pelaje. Una curiosidad, ¿cuál fue el pensamiento que más te acompañó durante el evento?</strong></p>
<p>El motivo real de la celebración fue el décimo aniversario de la puesta en marcha de la editorial Caballo de Troya y no mi jubilación aunque se llegó al acuerdo de que durante su transcurso se comunicase oficialmente mi cese por jubilación  y por eso quise dejar claro,  y así se hacía ver en la invitación que se envió,  que en ningún caso asumía el acto como una celebración de carácter personal. Dicho esto no deja de ser cierto que aquel encuentro festivo con el entorno más cercano a la editorial inevitablemente, y ya conocida la noticia de mi cese, se transformé en un ágape un tanto paradójico durante el cual tuve la sensación de estar asistiendo de cuerpo presente a mi propio funeral. Una especie de postrimería irónica porque la jubilación no deja de ser al menos en teoría ese espacio temporal de descanso entre la muerte laboral y la muerte física o definitiva que el capitalismo nos ofrece a cambio de habernos explotado durante los mejores años, física e intelectualmente, de nuestra vida. Curiosamente la jubilación, que hoy la crisis ha teñido de privilegio generacional, además de un momento fúnebre es también un momento de fiesta lo que vendría a confirmar que el trabajo en sociedades como esta se sigue viviendo no como algo connatural a la condición del vivir sino como un castigo. En mi caso, y supongo que como en bastantes otros, esto dio lugar a un sentimiento esquizofrénico pues si por un lado con el cese de mi actividad en la empresa terminaba la explotación directa de mi fuerza de trabajo por otro también abandonaba – o me hacían renunciar-  el ejercicio de aquellas capacidades a través de las cuales me había venido relacionando con mi entorno social y construido parte decisiva de mi identidad personal y social. Además, y dado que yo no había elegido libremente la fecha de mi cese, la celebración, a pesar de resultar francamente amistosa y amable, no dejó de ser un acontecer irónico en el que solo la prudencia general evitó derivar hacia una especie de cinismo o sarcasmo laboral. No soy muy defensor de la ironía como recurso literario pero por una vez he de confesar que la ironía de tal situación resultó ser un territorio felizmente adecuado.</p>
<p><strong>Viajemos ahora al punto de partida. En la presentación de Caballo de Troya, hace de eso poco más de una década, Claudio López De Lamadrid dijo que el sello <em>surgía con espíritu y estrategia editorial independientes dentro de un gran grupo. Del recorrido realizado hasta la fecha, ¿qué ha sido más difícil mantener el matrimonio entre ‘espíritu’ y ‘estrategia’, o tener presente en todo momento la idea de gran grupo?</em></strong></p>
<p>Desde ese punto de vista conyugal que propones creo que la cosa resultó bastante comparable a lo que llamaríamos un arreglo matrimonial a la antigua: sin mucho amor, con escasa pasión compartida, sin demasiado interés ni demasiadas esperanzas pero sin engaños a la hora de hablar de la dote y la distribución de jerarquías en la convivencia. Matrimonio no solo de dos camas sino, diríamos, de habitaciones separadas aunque dentro de un mismo domicilio fiscal. La cosa quedó clara desde el principio: a Caballo de Troya se le adjudicaba un abrigo y techo editorial en el seno de la gran mansión en las condiciones de libertad y atención propias de quien tiene ante todo la obligación de molestar lo menos posible, es decir, a cambio de escasa atención comercial se le adjudicaba un alto grado de libertad en su programación. Un experimento que entiendo ha resultado positivo para ambas partes aun cuando ni el espíritu ni la estrategia fueron coincidentes en muchas ocasiones.</p>
<p><strong>A priori, la jugada parecía redonda, se publicaría a autores primerizos de los que el sello principal se podría nutrir. ¿Por qué RHM no apostó, con firmeza y contundencia, por Caballo de Troya?</strong></p>
<p>El hecho de que Caballo de Troya llegase a existir ya fue en sí mismo toda una apuesta y si esa apuesta se mantuvo durante diez años cabe pensar que fue una apuesta asumida con responsabilidad por PRH. Es evidente sin embargo que la editorial no gozó del apoyo decidido de la maquinaria editorial que un gran grupo editorial puede aportar. De ahí que en alguna ocasión definiera la editorial como el pariente pobre de una familia rica y de ahí, supongo, que Herralde antes de vender Anagrama a una multinacional italiana hablase en alguna ocasión de Caballo de Troya como una editorial “consentida”. En todo caso y por desgracia el consentimiento no conllevó ningún mimo estructural o económico sino todo lo contrario: sueldo discreto, presupuesto mínimo.</p>
<p>Luego del primer impulso que incorporó su aparición en el mundo editorial no se iba a lograr sostener ni la apuesta ni el espacio que la iniciativa posibilitaba. Hasta fechas muy recientes, por ejemplo, la editorial no contó con recursos definidos en el campo de la promoción y el marketing e incluso soportó carencias graves en ese sentido durante un largo período de su existencia. Personalmente entiendo que el grupo podría haber apostado más para dotar al sello de mayor relevancia y visibilidad en el mercado procurando que funcionasen adecuadamente las sinergias favorables que una economía editorial de escala proporciona, pero es obvio que en última y primera instancia es la rentabilidad a corto plazo la que en definitiva modula las estrategias empresariales y aun cuando la estrategia diseñada para Caballo de Troya no implicaba presión económica, esa ausencia de presión va a dar origen a que lo que llamo “sinergias negativas” hagan su aparición: la colocación se descuida o burocratiza, las tiradas decrecen de manera automática, el marketing y la promoción resultan inviables y el sello se vuelve marginal e inexistente en el interior de la estructura editorial de la propia empresa. Ni para bien ni para mal entra en la dinámica del grupo y aunque la dirección literaria del grupo mantenía su empatía  e interés hacia la labor de Caballo de Troya estuvo pronto claro que la dirección general apenas se implicaba en el proyecto  de un sello que aportaba en todo caso una cota de prestigio cultural en unos momentos en los que el prestigio que no pase por las cifras de ventas más que un valor es una rémora.  Conviene no engañarse y reconocer que la única ambición que la llamada cultura empresarial reconoce y homologa es la ambición económica.</p>
<p>Para más paradoja y como ya he señalado, entiendo que es precisamente esa falta de atención por parte del grupo empresarial lo que permite altas cotas de autonomía y libertad a la hora de programar y trazar las  señas de identidad a la editorial.</p>
<p><strong>¿Qué valoración haces de esta década?</strong></p>
<p>Bien podría resumirse afirmando que hemos pasado de un país donde la autosatisfacción parecía ser un sentimiento general a un país donde el descontento parece marcar el tono y la tonalidad sociocultural dominante. Creo sin embargo que esta valoración está reclamando óptica narrativa dotada de mayor capacidad de comprensión y precisión y a este respecto confío en que pronto aparezca alguna obra literaria que aborde con ambición esa tarea. Mientras tanto sí me gustaría señalar que ya en el 2005 apareció en Caballo de Troya un título ilustrativo de aquellos momentos: <em>El año que tampoco hicimos la revolución</em>, en el que el Colectivo Todoazen narraba, a su especial modo y estilo, un misterio social: cómo era posible que en una sociedad en la que los empresarios lograban tasas de beneficio cercanos al 30% y los salarios sólo se incrementaban un 3% no estallara el descontento. A través de un collage de datos económicos y sociales se daba cuenta también del alto grado de corrupción que a modo de contrapunto atravesaba toda la escala social  al tiempo que la banalidad y la frivolidad mediática y cultural campeaban por doquier. Por esos mismos tiempos también el catálogo daba cobijo y existencia a una serie de “novelas de la precariedad” como eran, entre otras, E<em>l malestar al alcance de todos</em> de Mercedes Cebrián,<em> Unas vacaciones baratas en el miseria de los demás</em> de Julián Rodríguez, <em>El esqueleto de los guisantes </em>de Pelayo Cardelús o <em>Cartas clandestinas de un cartero casi enamorado</em> de Pablo Caballero. Quiero hacer ver con esto que aquella autosatisfacción general llevaba dentro de forma clara y manifiesta una situación de crisis social y económica que al poco afloraría de manera radical provocando esa actual tonalidad de descontento que, aun sostenido en razones y causas tanto cualitativa como cuantitativamente insoslayables, no debería hacernos olvidar la necesidad de tener en cuenta, -contar, narrar, tomar en consideración- que en este país todavía el número de “contentos” acaso sigue siendo, intrahistóricamente hablando, más mayoritario de lo que desde algunos sectores de la vieja o nueva izquierda se piensa. Y aunque ojalá me equivoque, a ese respeto no deja de llamarme la atención el éxito de determinadas narrativas que han abordado en clave de tremendismo existencial el tema de la crisis desde ópticas un tanto miserabilistas que nada ofrecen más allá de la estética de la desgracia ajena. Es llamativo comprobar como tantos “ganadores” culturales de éxito nos venden una y otra vez  fracasos y desgracias de perdedores.</p>
<p><strong>Con un catálogo como el de Caballo siempre se tiende a relacionar los títulos que en él habitan con su efecto en el horizonte editorial. En ocasiones, obviamos u olvidamos el trayecto inverso, el efecto de ese catálogo en quien lo planifica y alimenta. ¿Qué te ha aportado Caballo de Troya?</strong></p>
<p>Comentaba antes la extraña esquizofrenia que produce el hecho de que la libertad y autonomía (acaso sería mejor hablar de indiferencia o condescendencia) a la hora de plasmar un catálogo se asentase de alguna manera en la escasa relevancia que el grupo editorial concedía a la editorial. Esa “libertad” que tenía como contraparte la escasa atención comercial al sello la viví durante mucho tiempo como la posibilidad de poder “leer editorialmente” de manera diferente a la de aquellas editoriales en las que la cuenta de resultados inevitablemente interfiere sobre los criterios de calidad y oportunidad. Sin embargo y con el paso de los años, esto, que en principio parece algo muy positivo me ha llevado a reflexionar sobre la dificultad de encontrar criterios de orientación en cualquier actividad, cultural o no, que tenga lugar en un contexto en el que la rentabilidad parece ser la única brújula posible. Fue precisamente esta última y sospechosa paradoja la que ocupó mi pensamiento y mi tarea en los últimos años como director y responsable de la programación, haciéndome tener la desagradable sensación de que más que estar “publicando” a nuevos autores quizá los estuviera condenando a ingresar en las filas de una posible y marginal lumpenaristocracia literaria. Lamento por eso que el cese de mi actividad como editor sea precisamente ahora, cuando en la sociedad española ha surgido un manifiesto sentimiento de rechazo o cuestionamiento de las rentabilidades meramente economicistas y han entrado en juego  y con fuerte presencia otras demandas y subjetividades menos mercantilizadas. Podría decir por tanto que la construcción de ese catálogo del que me siento bastante satisfecho me ha concedido a la vez la incómoda sospecha de haber estado “publicando en el desierto” y que más le hubiera valido a los escritores editados haber crecido en tierras con mejor sistema de regadío. Me consuelo pensando que en ese caso el catálogo no hubiera podido ser el mismo y se hubiera perdido la oportunidad de dar a conocer obras, autorías y voces que, aun en la reducida escala de recepción que han tenido, merecen ser escuchadas.</p>
<p><strong>Repasando los títulos que componen el ecléctico catálogo del sello son varios los conceptos que surgen del mismo: compromiso, riesgo, certeza,… Sin embargo, hay una idea que irrumpe entre esa maraña de conceptos, que Caballo de Troya ha intentado adaptar lo literario a la respiración del modelo social, es decir, ha intentado fomentar la concordancia entre literatura y sociedad. ¿Crees que has conseguido cierta aportación –intelectual, cultural- al entramado sociopolítico de la ciudadanía? </strong></p>
<p>Me limitaré a decir que como director literario he tratado de cuidar la salud semántica de nuestra sociedad procurando editar obras que además de cuestionar el imaginario dominante, tan determinado por la ley de la selva capitalista, tuviesen la capacidad de ampliar nuestros criterios de verosimilitud literaria.</p>
<p><strong>¿Por qué se teme, con tanta ferocidad, a la ideología en el terreno de la cosa literaria?</strong></p>
<p>Creo que la cuestión no es tanto el que se tema la ideología sino determinadas ideologías y no se trata tanto de que se las teme sino de que se las combate. ¿Por qué?: entiendo que se combaten aquellas ideologías que no aceptan que la literatura sea algo que está por encima de la materialidad social. El humanismo descansa sobre la concepción de “lo espiritual” como un excedente inmaterial e inmanente propio de una supuesta y eterna condición humana y nadie se deja arrebatar los excedentes que controla y gestiona. Y el humanismo menos.</p>
<p><strong>¿Es la obsesión por la inmediatez, por el cortoplacismo, lo que está restando musculatura a la escena editorial o es la falta de criterio?</strong></p>
<p>No se trata de falta de criterio sino de que ese criterio que se dice estético responde  en realidad a ese criterio dominante que el cortoplacismo provoca en todas las actividades, la literaria y la editorial incluidas.</p>
<p><strong>En relación con la anterior pregunta, y teniendo presente tu otra faceta, la de crítico, dos cuestiones: ¿Es esa suerte de tendencia hacia lo inmediato lo que resta carne al aparato crítico? ¿Qué efecto tiene esa obsesión por lo efímero en la mesa de novedades?</strong></p>
<p>Evidentemente el cortoplacismo transforma la crítica en publicidad y la publicidad convierte la mesa de novedades en el único terreno de juego posible al tiempo que se fusila y entierra contra el paredón de las estanterías lo poco vendible. La crítica literaria ha cedido frente al llamado “periodismo cultural” que lleva camino de convertirse en un sintagma gemelo de aquel famoso “pensamiento navarro” del chiste.</p>
<p><strong>¿Ha vencido la pantalla?</strong></p>
<p>No creo que sea útil hablar de victorias o derrotas al hablar de transformaciones tecnológicas que de manera inevitable provocan transformaciones culturales. Valga decir que la pantalla ha venido para quedarse. Estamos en ello, en su proceso de llegada.</p>
<p><strong>Dado el acontecer, ¿qué cualidades debe tener un editor?</strong></p>
<p>Las propias del perfil de un ejecutivo agresivo: capacidad para convencer al consejo de administración, para motivar a su grupo de trabajo, para comprometer o asustar a la estructura comercial y para crear complicidades y “ecos de sociedad” en el mundo de la prensa del corazón cultural. Y mejor si además es catalán (de nacimiento o vocación) y  rico (ídem de ídem) y tiene amistades o amigos o amiguetes  (que además son los mismos) en New York, Babelia y Buenos Aires.</p>
<p><strong>¿Hacia dónde debe dirigirse el entramado editorial actual?</strong></p>
<p>Debería dirigirse hacia políticas con mayor responsabilidad civil pero se dirige hacia el mayor beneficio con la menor inversión. Como casi siempre.</p>
<p><strong>A modo de cierre, ahora que te has jubilado, y si me permites la broma, ¿a qué vas a dedicar tu tiempo libre?</strong></p>
<p>A morir con moderación. A eso, siguiendo los consejos de mi cardióloga, dedicaré mi tiempo libre; el ocupado trataré de seguir dedicándolo a averiguar qué quieren de nosotros lo libros y qué queremos nosotros de ellos.</p>
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