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	<title>Mundo Libre Digital</title>
	
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	<description>"Para que una nación ame la libertad basta con que la conozca, y para que sea libre basta con que lo desee". Lafayette</description>
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		<title>EL IGUALITARISMO Y LA CORRUPCIÓN DE LA DEMOCRACIA, por Montesquieu</title>
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		<pubDate>Sun, 13 May 2012 12:06:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Nava</dc:creator>
				<category><![CDATA[ABECÉ DE LA DEMOCRACIA]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;El principio de la democracia se corrompe, no sólo cuando se pierde el sentido de la igualdad, sino también cuando se radicaliza el sentido de la igualdad extrema. El pueblo, al querer ejercer las funciones de los magistrados, deja de respetarlos. A todos les gustará esta licencia; no tendrán sumisión ante nadie. Y las buenas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>&#8220;El principio de la democracia se corrompe, no sólo cuando se pierde el sentido de la igualdad, sino también cuando se radicaliza el sentido de la igualdad extrema. El pueblo, al querer ejercer las funciones de los magistrados, deja de respetarlos. A todos les gustará esta licencia; no tendrán sumisión ante nadie. Y las buenas costumbres, el amor al orden y la virtud, desaparecerán. El pueblo cae en esta desgracia, cuando aquellos en quienes confía tratan de corromperlo para ocultar de este modo su propia corrupción. Para que el pueblo no vea su ambición, no le hablan más que de su grandeza; para que no se dé cuenta de su avaricia, halagan sin cesar la del pueblo. La corrupción aumentará en los corruptores, pero también en los que ya están corrompidos. El pueblo se repartirá los fondos públicos, y, del mismo modo que ha unido a su pereza la gestión de los asuntos, querrá unir a su pobreza las diversiones del lujo. Pero con su pobreza y su lujo, no habrá para él más que un objetivo: el tesoro público. No habremos de asombrarnos de que los votos se den por dinero. No se puede dar mucho al pueblo sin sacar aún más de él, pero de hacerlo hay que derribar el Estado.</strong></em> <em><strong>Cuanto más parezca beneficiarse de su libertad, más próximo está el momento en que habrá de perderla. Surgen entonces pequeños tiranos que tienen los vicios de uno solo, y pronto se hace insoportable lo que resta de libertad: surge un único tirano, y el pueblo lo pierde todo, hasta las ventajas de su corrupción.&#8221;</strong></em></p>
<p style="text-align: center;">* * * * * *</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>L</strong></span></span>a corrupción de cada Gobierno empieza casi siempre por la de sus principios.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>UNA DEMOCRACIA DEGENERA CUANDO LOS GOBERNANTES TRATAN DE CORROMPER AL PUEBLO, COMPRANDO SUS VOTOS CON LOS FONDOS PÚBLICOS, PARA OCULTAR DE ESTE MODO SU PROPIA CORRUPCIÓN</strong></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>l principio de la democracia se corrompe, no sólo cuando se pierde el sentido de la igualdad, sino también cuando se radicaliza el sentido de la igualdad extrema, y cuando cada uno quiere ser igual que aquellos a quienes escogió para gobernar. A partir del momento en que esto ocurre, el pueblo ya no podrá soportar el poder que él mismo confía a otros, y querrá hacer todo por sí mismo, deliberar y ejecutar en lugar del senado y de los magistrados, y despojar de sus funciones a todos los jueces.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2009/09/a-la-busca-del-voto-fdr.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-6617" title="A la busca del voto." src="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2009/09/a-la-busca-del-voto-fdr.jpg" alt="" width="350" height="272" /></a></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>n estas condiciones, la virtud en la República deja de existir. El pueblo, al querer ejercer las funciones de los magistrados, deja de respetarlos. Las deliberaciones del Senado carecen de peso y, por consiguiente, no se tienen consideraciones para con los senadores ni para con los viejos. Y si no se respeta a los viejos, tampoco se respetará a los padres, no se tendrá deferencia para con los maridos, ni sumisión para con los amos. A todos les gustará esta licencia: el peso del mando fatigará, como el de la obediencia. Las mujeres, los niños, los esclavos no tendrán sumisión ante nadie. Y las buenas costumbres, el amor al orden y la virtud, desaparecerán.<span id="more-803"></span></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>n el<em> Banquete</em>, de <strong>Jenofonte</strong>, podemos ver la pintura auténtica de una República cuyo pueblo ha abusado de la igualdad. Cada convidado expone la razón por la que está contento de sí mismo, y Carmides dice: <em>&#8220;Estoy contento de mí por mi pobreza. Cuando era rico tenía que adular a mis calumniadores, sabiendo que era más probable recibir algún mal de ellos que causárselo yo; la República me pedía continuamente nuevas cargas; no podía tampoco ausentarme. Desde que soy pobre he adquirido autoridad; nadie me amenaza, sino que soy yo quien amenaza a los demás; puedo irme o quedarme, según mi voluntad; los ricos se levantan y me ceden el paso; ahora soy un rey, antes era esclavo; antes pagaba un tributo a la República, ahora es ella la que me alimenta. Ya no temo perder, sólo espero adquirir&#8221;.</em></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>l pueblo cae en esta desgracia, cuando aquellos en quienes confía tratan de corromperlo para ocultar de este modo su propia corrupción. Para que el pueblo no vea su ambición, no le hablan más que de su grandeza; para que no se dé cuenta de su avaricia, halagan sin cesar la del pueblo.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>L</strong></span></span>a corrupción aumentará en los corruptores, pero también en los que ya están corrompidos. El pueblo se repartirá los fondos públicos, y, del mismo modo que ha unido a su pereza la gestión de los asuntos, querrá unir a su pobreza las diversiones del lujo. Pero con su pobreza y su lujo, no habrá para él más que un objetivo: el tesoro público.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>N</strong></span></span>o habremos de asombrarnos de que los votos se den por dinero. No se puede dar mucho al pueblo sin sacar aún más de él, pero de hacerlo hay que derribar el Estado. Cuanto más parezca beneficiarse de su libertad, más próximo está el momento en que habrá de perderla. Surgen entonces pequeños tiranos que tienen los vicios de uno solo, y pronto se hace insoportable lo que resta de libertad: surge un único tirano, y el pueblo lo pierde todo, hasta las ventajas de su corrupción.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>LA IGUALDAD, EN UNA DEMOCRACIA SOMETIDA A NORMAS, ESTÁ TAN ALEJADA DEL IGUALITARISMO EXTREMO, COMO EL CIELO LO ESTÁ DE LA TIERRA</strong></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>A</strong></span></span>sí pues, la democracia tiene que evitar dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la hará desembocar en la aristocracia, o en el Gobierno de uno solo, y el espíritu de igualdad extremada, que la llevará al despotismo de uno solo, al igual que el despotismo de uno termina por la sumisión.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>V</strong></span></span>erdad es que los que corrompieron las Repúblicas griegas no se convirtieron siempre en tiranos, porque se interesaban más por la elocuencia que por el arte militar, aparte de que en el corazón de todos los griegos había un odio implacable contra los que derribasen el Gobierno republicano. Por eso la anarquía degeneró en aniquilamiento, en lugar de transformarse en tiranía. [...]</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>l verdadero espíritu de igualdad está tan alejado del espíritu de igualdad extrema, como el cielo lo está de la tierra. El primero no consiste en arreglar las cosas de tal modo que todos manden, o que nadie sea mandado, sino en obedecer y mandar a sus iguales. No se trata de no tener un dueño, sino de tener por dueño sólo a los iguales.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>n estado natural, los hombres nacen iguales, pero no podrían conservar esta igualdad. La sociedad se la hace perder, y ya no volverán a ser iguales si no es en virtud de las leyes.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>L</strong></span></span>a diferencia entre la democracia sometida a normas y la que no lo está, es que en la primera, todos son iguales en cuanto ciudadanos, y en la otra lo son también en cuanto magistrados, senadores, jueces, padres, maridos o amos.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>l lugar natural de la virtud está al lado de la libertad, pero se encuentran tan lejos de la libertad extremada como de la esclavitud.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p><strong>MONTESQUIEU</strong>, <em>El espíritu de las leyes</em>. Primera parte, libro VIII, capítulos 1-3. Sarpe, 1984. Traducción de Mercedes Blázquez y Pedro de Vega. [FD, 13/09/2009]</p>
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		</item>
		<item>
		<title>HOMBRES MUY RAROS: TENÍAN HUMANIDAD, por Montesquieu (I)</title>
		<link>http://www.mundolibredigital.com/?p=706</link>
		<comments>http://www.mundolibredigital.com/?p=706#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 09 May 2012 19:39:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Nava</dc:creator>
				<category><![CDATA[DEMOSOFÍA]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Amaban a sus mujeres, que los querían entrañablemente. Todo su esmero lo cifraban en criar a sus hijos en la práctica de la virtud. Hacíanles particularmente palpable que siempre el interés de los particulares se halla en el común interés; que quien de él se quiere separar, se quiere perder; que no es la virtud [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>&#8220;Amaban a sus mujeres, que los querían entrañablemente. Todo su esmero lo cifraban en criar a sus hijos en la práctica de la virtud. Hacíanles particularmente palpable que siempre el interés de los particulares se halla en el común interés; que quien de él se quiere separar, se quiere perder; que no es la virtud cosa que cueste afanes; que no la hemos de mirar como un penoso ejercicio, y que la justicia con los demás es caridad consigo mismo&#8221;.</em></strong></p>
<p align="center"><em>* * * * * *</em></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>Y</strong></span></span>a has visto, Mirza querido, cómo su propia perversidad acabó con los trogloditas y fueron víctimas de su injusticia. Sólo quedaron dos familias, de tantas como eran, que evitaron las desgracias de la nación.</p>
<p align="center"><strong>¿POR QUÉ ES TAN RARA LA RECTITUD DE CORAZÓN?</strong></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>H</strong></span></span>abía en el país dos hombres muy raros que tenían humanidad, conocían la justicia, tenían apego a la virtud, y no menos estrechamente unidos por la rectitud de su corazón que por lo estragado del de los otros; eran testigos de la general desolación.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>C</strong></span></span>on recíproco celo se afanaban por el interés uno de otro; no tenían otras contiendas que las de una tierna y cariñosa amistad provenían; y en el rincón más remoto del país, separados de sus paisanos, que no eran dignos de su presencia, vivían serena y feliz vida, y parecía que cultivada la tierra por tan virtuosas manos daba espontáneamente frutos.</p>
<p style="text-align: center"><img id="image681" class="aligncenter" title="Hay que recordar al hombre el camino olvidado hacia su propia humanidad." src="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2006/09/pareja%20interrracial-FD.jpg" alt="Hay que recordar al hombre el camino olvidado hacia su propia humanidad." width="315" height="211" align="middle" /></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>A</strong></span></span>maban a sus mujeres, que los querían entrañablemente. Todo su esmero lo cifraban en criar a sus hijos en la práctica de la virtud. Sin cesar les contaban las desventuras de sus paisanos, poniéndoles a la vista su funesto ejemplo; hacíanles particularmente palpable que siempre el interés de los particulares se halla en el común interés; que quien de él se quiere separar, se quiere perder; que no es la virtud cosa que cueste afanes; que no la hemos de mirar como un penoso ejercicio, y que la justicia con los demás es caridad consigo mismo.<span id="more-706"></span></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>E</strong></span></span>n breve gozaron el consuelo de los padres virtuosos, que es tener hijos que se les parecen. El pueblo nuevo, que a su vista crecía, se aumentó con dichosos casamientos; multiplicóse el número de hombres, su unión siempre fue la misma; y lejos de enflaquecerse la virtud con la muchedumbre, se fue fortaleciendo con más y más reiterados ejemplos.</p>
<p align="center"><strong>LA VENTUROSA CONDICIÓN DE LOS QUE SIEMPRE ADORNA LA INOCENCIA</strong></p>
<p>¿<span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>Q</strong></span></span>uién pudiera pintar aquí la ventura de estos trogloditas? Tan justificado pueblo había de ser amado de los dioses. Así que abrió los ojos para conocerlos, aprendió a temerlos, y suavizó la religión lo áspero que en sus costumbres había dejado la naturaleza.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>A</strong></span></span>l anochecer, cuando volvían los ganados de la pradera y arrastraban los fatigados bueyes el arado, se juntaban, y en un frugal banquete cantaban la injusticia y las desventuras de los primeros trogloditas, así como la virtud y la felicidad que con un nuevo pueblo renacían; celebraban la grandeza de los dioses, su favor propicio siempre al hombre que los implora, y su inevitable enojo con el que no los teme; luego describían las delicias de la vida rústica y la venturosa condición de los que siempre adorna la inocencia. Entregábanse después al sueño, que nunca las preocupaciones ni los pesares interrumpían.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>N</strong></span></span>o menos abastecía la naturaleza sus deseos que sus necesidades. Era ignorada en este afortunado país la codicia; hacíanse mutuos regalos, y quien más daba se creía el más beneficiado.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>M</strong></span></span>irábase el pueblo troglodita como una sola familia; casi siempre andaban mezclados los ganados, y el único afán del que se desentendían era el de repartirlos”.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p><strong>MONTESQUIEU</strong><em>, Cartas persas,</em> 1721. Editorial Planeta, 1989. Traducción de José Marchena. [Primer fragmento sobre la utopía de los trogloditas. FD, 08/09/2006.]</p>
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		</item>
		<item>
		<title>LA DEMOCRACIA O SOBERANÍA DEL PUEBLO NO ES UNA UTOPÍA, por Jesús Nava</title>
		<link>http://www.mundolibredigital.com/?p=18</link>
		<comments>http://www.mundolibredigital.com/?p=18#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 30 Apr 2012 10:30:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Nava</dc:creator>
				<category><![CDATA[SANTO Y SEÑA]]></category>

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		<description><![CDATA[“No hay nada que la voluntad humana desespere de lograr por medio de la libre acción del poder colectivo de los individuos” (Tocqueville).  * * * * * * Animamos a todos los demócratas, es decir, a cuantos anhelan un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, a que aparquen temporalmente sus preferencias [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>“No hay nada que la voluntad humana desespere de lograr por medio de la libre acción del poder colectivo de los individuos”</em> (Tocqueville). </strong></p>
<p style="text-align: center;">* * * * * *</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>A</strong></span></span>nimamos a todos los demócratas, es decir, a cuantos anhelan <em>un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo</em>, a que aparquen temporalmente sus preferencias políticas o simpatías partidarias, y se unan a nosotros -o nos permitan unirnos a ellos, pues tanto monta, monta tanto- para trabajar por la democracia que España nunca ha tenido y que, hoy, podría conseguirse, pacífica y civilizadamente, sin convulsiones de ningún tipo y en medio del alborozo general con que sería recibida la libertad.</p>
<p><a title="tocqueville-busto-alcd.jpg" href="http://israelnava.com/democraciaconstitucionalblog/wp-content/uploads/2007/06/tocqueville-busto-alcd.jpg"><img style="margin-left: 10px; margin-right: 10px;" title="Busto de Alexis de Tocqueville." src="http://israelnava.com/democraciaconstitucionalblog/wp-content/uploads/2007/06/tocqueville-busto-alcd.jpg" alt="Busto de Alexis de Tocqueville." hspace="10" width="252" height="311" align="left" /></a></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>S</strong></span></span>i una <em>asociación política de ciudadanos</em> -que no se preste a ser otro apéndice del Estado oligárquico, a servir de plataforma para ninguna personalidad o a convertirse en correa de transmisión de ninguna ideología obsoleta- logra comprender con claridad, y extender suficientemente en la sociedad civil, la idea de que <em>no tenemos democracia</em>, sino partitocracia; de que <em>no elegimos</em> a nuestros representantes, sino que los eligen los aparatos de los partidos para que nosotros nos limitemos a votarlos; de que el parlamento <em>no legisla en beneficio de los ciudadanos</em>, sino contra ellos, puesto que no los representan realmente; de que <em>no hay separación de poderes</em>, como aconsejaba <strong>Montesquieu</strong>, para que se vigilen mutuamente y se prevenga o corrija la corrupción en el Estado, sino que actúan por consenso o cambalache repartiéndose el botín en proporción a los votos obtenidos en elecciones fraudulentas; de que nunca -gobierne la izquierda o gobierne la derecha- tendremos, con la actual Constitución partitocrática, un gobierno democrático, sino siempre un <em>gobierno de partido</em> instalado en la demagogia y la retórica de izquierdas o de derechas; etcétera…<span id="more-18"></span></p>
<p><a title="tocqueville-busto-alcd.jpg" href="http://israelnava.com/democraciaconstitucionalblog/wp-content/uploads/2007/06/tocqueville-busto-alcd.jpg"></a></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>S</strong></span></span>i logramos, digo, que esta idea penetre en la mente de suficientes españoles como para convertirla en <em>opinión hegemónica</em> en la sociedad civil -digan lo que digan los medios de comunicación y los partidos-, la exigencia ciudadana de un período constituyente de la democracia, para discutir y elaborar en unas Cortes constituyentes (integradas por diputados elegidos democráticamente para ese exclusivo cometido) una Constitución democrática, que sería sometida a referéndum, sería relativamente fácil de conseguir.<span id="more-15"> </span></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>L</strong></span></span>o difícil es convencer a los españoles de que el poder político y la soberanía -a pesar de lo que digan ciertos teóricos, que se dedican a jugar con palabras y a esconderse tras ellas-, en una democracia, reside en el pueblo o, por lo menos, puede y debe residir en él. <strong><a href="http://israelnava.com/filosofiadigital/?p=443" target="_blank"><span style="font-family: Tahoma; color: #c56131;">Tocqueville</span></a></strong> demostró que eso ocurría con toda naturalidad en los Estados Unidos de América que él conoció. Observó y levantó acta del glorioso hecho con estas palabras precisas: <em>“El pueblo participa en la elaboración de las leyes designando a los legisladores, y en su aplicación, eligiendo a los agentes del poder ejecutivo. Puede decirse que es él mismo quien gobierna, tan débil y restringida es la parte dejada a la administración. El pueblo reina sobre el mundo político americano como Dios sobre el Universo. El es la causa y el fin de todas las cosas; todo sale de él y todo se incorpora de nuevo a él”</em>.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>É</strong></span></span>sta es la prueba de que en España, y en cualquier lugar del mundo donde los ciudadanos se organicen colectivamente para lograrlo, es posible también. <em>La democracia no es una utopía</em>. Otros pueblos la tienen o la han tenido. Que no la hayamos disfrutado jamás en España, no es por culpa de un azar aciago o una cruel fatalidad; es debido únicamente a que <em>el pueblo español nunca ha sido persuadido para ser soberano, sino incitado a participar fanáticamente en revoluciones fratricidas</em> del odio a “los otros” (el Hacha afilada por el rencor, que denunciaba <strong><a href="http://israelnava.com/filosofiadigital/?p=429" target="_blank"><span style="font-family: Tahoma; color: #c56131;">León Felipe</span></a></strong>, siempre en alto, dispuesta a cortar cualquier germen de unión o atisbo de pequeña ligazón), o inducido a inclinarse servilmente ante dictaduras personalistas y de partidos de todos los colores.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>S</strong></span></span>i nos lo proponemos, y no miramos demasiado los riesgos, un puñado de demócratas podríamos despertar <em>el patriotismo de todos</em> y empezar a constituir un río de libertad<em>.</em> La fuerza tranquila y serena de los ciudadanos, unidos por el espíritu de concordia y movidos por un mismo propósito, como si fueran un “cuerpo” con una sola “mente”, es inmensa. Lamentablemente, una mayoría de españoles, incluyendo a casi todos los intectuales y a la totalidad de los políticos profesionales, <em>no creen en el poder de un pueblo para ser libre.</em> </p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>Y</strong></span></span> tú ¿también crees lo mismo? ¿Tampoco piensas hacer nada? ¿Vas a limitarte a recoger, del árbol de la libertad, la fruta madura de la democracia que otros habrán cultivado con su esfuerzo ciudadano? ¿No prefieres poder decir algún día a tus hijos, nietos o amigos, con un sentimiento de satisfacción: “Yo también trabajé duro por esta cosecha de libertad que a todos nos hizo dignos y nos llena de legítimo orgullo”?</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>C</strong></span></span>ontamos contigo para conseguir la democracia. Te necesitamos. Te esperamos. </p>
<p><em>MLD, 23/09/2007</em></p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p class="alt">&#8220;Digo el primordial santo y seña, hago el signo de la democracia. No aceptaré nada que no sea ofrecido a los demás en iguales condiciones.&#8221; WALT WHITMAN</p>
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		</item>
		<item>
		<title>EL BUEN MINISTRO, por Nicolás Maquiavelo</title>
		<link>http://www.mundolibredigital.com/?p=1431</link>
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		<pubDate>Wed, 25 Apr 2012 15:57:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Nava</dc:creator>
				<category><![CDATA[ABECÉ DE LA DEMOCRACIA]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;En un Estado corrompido por los partidos, la mínima cosa se reduce, entre los ministros, a una competencia. Publícanse los secretos; y así, tanto el bien como el mal, reciben favores y desfavores; los buenos, como los malos, son igualmente lastimados. Nadie cumple con su deber. Guárdese el ministro de los partidos, ya astutos, ya [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>&#8220;En un Estado corrompido por los partidos, la mínima cosa se reduce, entre los ministros, a una competencia. Publícanse los secretos; y así, tanto el bien como el mal, reciben favores y desfavores; los buenos, como los malos, son igualmente lastimados. Nadie cumple con su deber. Guárdese el ministro de los partidos, ya astutos, ya audaces, porque si al comienzo parecen buenos, luego, tratándose, resultan difíciles y terminan siendo perjudiciales&#8221;.</strong></em></p>
<p style="text-align: center;">* * * * * *</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>A</strong></span></span>quello que hace que un ministro sea maravilloso es la solicitud, la prudencia, la grandeza de alma, el buen ordenamiento del gobierno.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>S</strong></span></span>i el ministro no aconsejare a su príncipe las cosas útiles, sin miramientos, faltaría a su deber.</p>
<p><a href="http://www.filosofiadigital.com/wp-content/uploads/2007/02/saqueo-de-roma-fd.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-1122" style="margin-left: 10px; margin-right: 10px;" title="El buen gobernante debe guardarse de los partidos, tanto si son audaces como astutos, porque siempre acaban saqueando las arcas del Estado en provecho propio y de sus partidarios. [Obra: El saqueo de Roma.]" src="http://www.filosofiadigital.com/wp-content/uploads/2007/02/saqueo-de-roma-fd.jpg" alt="" width="324" height="316" /></a></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>Q</strong></span></span>uien aconseja a un príncipe ha de tomar moderadamente las cosas y ninguna por su propia cuenta, diciendo su opinión sin apasionamiento; y asimismo sin apasionamiento y con modestia ha de defenderla, de modo que el príncipe si la aceptare, lo haga gustoso y no pareciendo que fuese arrastrado a ello por la inoportunidad de su consejero.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>l ministro deberá defender su opinión con razones, sin querer usar autoridad o fuerza.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>l ministro deberá conocer los males con anticipación para no dejarlos crecer, o bien deberá en tal modo prepararse que, una vez crecidos, no le acarrearen agravio.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>U</strong></span></span>n ministro debe seguir adelante minuciosamente, solícitamente y sin miramientos.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>l buen ministro no se siente amedrentado por ninguna empresa en la que él reconozca el bien público.</p>
<p><span id="more-1431"></span></p>
<p><a title="saqueo-de-roma-fd.jpg" href="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2007/02/saqueo-de-roma-fd.jpg"></a></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>l ministro, por temor a una carga vana, no deberá dejar nunca de hacer obra de la que se desprenda una segura utilidad para el Estado.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>L</strong></span></span>a calumnia, hecha a quien se hubiere prodigado en importantes oficios de Estado, es un desorden que acarrea grave mal.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>l ministro deberá emplear todos los medios para no tener que justificarse nunca, porque la justificación presupone la existencia de un error o el convencimiento de que lo ha habido.<!--more--></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>stando el ministro en el deber de reprender a los demás, convendrá que él mismo evite la ocasión de ser reprendido.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>L</strong></span></span>a finalidad para la cual los ministros son enviados a una ciudad, es la de regir y gobernar a los súbditos con amor y justicia, y no perderse en recíprocas rivalidades y contiendas; tratar, en cambio, de bien entenderse, como hermanos y como ciudadanos regidos por un mismo príncipe.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>S</strong></span></span>i el ministro se preocupare más por él mismo que por el príncipe o por el Estado, no será jamás un buen ministro, porque aquel que tuviere entre manos el Estado de alguien no ha de pensar nunca en sí mismo, sino en su príncipe, ni recordarle a éste cosa alguna que no le pertenezca.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>l ministro debe hacer uso de su investidura para utilidad pública y no para la suya propia.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>Q</strong></span></span>uien se hallare atado por sus propias pasiones mal podrá servir a un tercero.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>R</strong></span></span>ara vez acontece que las pasiones individuales no sean una amenaza para el bien general.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>l ministro debe ser ajeno a las rapiñas y acrecentar el bien público.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>n un Estado corrompido por los partidos, la mínima cosa se reduce, entre los ministros, a una competencia. Publícanse los secretos; y así, tanto el bien como el mal, reciben favores y desfavores; los buenos, como los malos, son igualmente lastimados. Nadie cumple con su deber.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>G</strong></span></span>uárdese el ministro de los partidos, ya astutos, ya audaces, porque si al comienzo parecen buenos, luego, tratándose, resultan difíciles y terminan siendo perjudiciales.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>G</strong></span></span>uárdese el ministro de aquellos errores que no son conocidos sino junto con la ruina del Estado.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>L</strong></span></span>a desidia en los príncipes y la infidelidad en los ministros arruinan un imperio, aunque éste se hallare fundado sobre la sangre de muchos virtuosos.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>U</strong></span></span>n ministro extranjero deberá ser grato allí donde fuere enviado; y, además, práctico, prudente, solícito y amante de su soberano y de su patria.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>l ministro extranjero ha de saber discutir acerca de las condiciones de los Estados, de los humores de los príncipes y pueblos, y de aquello que es dado esperar en la paz o temer en la guerra.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>R</strong></span></span>ecuerde el ministro que no son los títulos que confieren lustre a los hombres, sino los hombres a los títulos, y que ni sangre ni autoridad podrán obtener reputación si faltare la virtud.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>l ministro debe morir siendo más rico en buena fama y en benevolencia que no lo fuere en caudales.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p><strong>NICOLÁS MAQUIAVELO</strong>, <em>La mente del hombre de Estado</em>, seleccionado por Gherardo Marone. Editorial Leviatán, Buenos Aires, 2005. [FD, 18/02/2007]</p>
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		<title>PRINCIPIOS Y PREJUICIOS DE THOMAS JEFFERSON, por Gabriel Jackson</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Apr 2012 18:27:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Nava</dc:creator>
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		<description><![CDATA[«Thomas Jefferson (1743-1826) deseaba ser recordado especialmente por tres de sus numerosas contribuciones a los nuevos EEUU: la redacción de la Declaración de Independencia de 1776, el Estatuto de Libertad Religiosa del Estado de Virginia y la fundación de la Universidad de Virginia. Pensaba que las mujeres habían de quedar confinadas a la realización de labores [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>«Thomas Jefferson (1743-1826) deseaba ser recordado especialmente por tres de sus numerosas contribuciones a los nuevos EEUU: la redacción de la Declaración de Independencia de 1776, el Estatuto de Libertad Religiosa del Estado de Virginia y la fundación de la Universidad de Virginia. Pensaba que las mujeres habían de quedar confinadas a la realización de labores domésticas y familiares y no debían participar en debates políticos; y que la esclavitud era una institución abominable que debía ser abolida, y que previsiblemente lo sería, en un futuro no demasiado lejano. Pero también que los blancos eran superiores mentalmente en algún grado a los negros y que la emancipación habría de ir acompañada del «traslado» a algún otro territorio diferente de los EEUU. Centenares de habitantes de Virginia sabían que Jefferson había tenido hijos con una criada mulata y que situaciones familiares como la suya no eran en absoluto inhabituales en el sur de EEUU en aquella época. Para Jefferson se habían producido en realidad dos revoluciones: la de 1776, por la independencia, y la de 1800, que había impedido que los federalistas convirtieran a los nuevos EEUU en una monarquía al estilo británico o una república dominada por la rica minoría conservadora. Él prefería abrir el gobierno a aquellos que abrazaban la energía y el espíritu de la gente corriente. Su definición de respetabilidad no era oligárquica. Durante gran parte de la década de 1790, hombres de origen humilde pasaron a ser políticamente activos. Estas personas encarnaban el movimiento jeffersoniano».</em></strong></p>
<p style="text-align: center;">* * * * * *</p>
<p style="text-align: center;"><img title="Monticello, la mansión de Jefferson, en primavera." src="http://www.mundolibredigital.com/wp-content/uploads/2012/04/Monticello-en-primavera.jpg" alt="" width="450" height="299" /></p>
<p>Thomas Jefferson (1743-1826) deseaba ser recordado especialmente por tres de sus numerosas contribuciones a los nuevos Estados Unidos: la redacción de la Declaración de Independencia de 1776, el Estatuto de Libertad Religiosa del Estado de Virginia y la fundación de la Universidad de Virginia. Millones de otros estadounidenses lo han ensalzado por la compra del territorio de Luisiana a Napoleón Bonaparte, lo que abrió la totalidad de los valles fluviales del Misisipí y el Misuri a los asentamientos estadounidenses; por la espléndida arquitectura y los jardines de Monticello, la residencia que se construyó en un hermoso paraje boscoso; por diversas mejoras técnicas de las herramientas agrícolas y domésticas, así como por su extraordinario conocimiento de las plantas y de las innovaciones científicas del siglo XVIII; por sus aptitudes como violinista; y por su fundación del partido Democrático-Republicano, el primer partido político de cualquier país que concedió representación directa a granjeros (varones) económicamente modestos y a trabajadores urbanos y domésticos.<span id="more-2640"></span></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.mundolibredigital.com/wp-content/uploads/2012/04/Monticello-en-primavera.jpg"></a></p>
<p><a href="http://www.mundolibredigital.com/wp-content/uploads/2012/04/Retrato-de-Sally-Hemings-esclava-cunada-y-amante-de-Thomas-Jefferson.jpg"></a></p>
<p>Pero existían también límites muy evidentes dentro de los principios democráticos de Jefferson. Pensaba que las mujeres habían de quedar confinadas a la realización de labores domésticas y familiares y, con toda certeza, no debían participar en debates políticos. Pensaba que la esclavitud era una institución abominable, tan mala en sus efectos sobre la conducta de los amos blancos como en su cruel injusticia para con los esclavos negros. Creía que la esclavitud debía ser abolida, y que previsiblemente lo sería, en un futuro no demasiado lejano. Pero al mismo tiempo estaba convencido de que los blancos eran superiores mentalmente en algún grado a los negros y que la emancipación habría de ir acompañada del «traslado» a algún otro territorio diferente de los Estados Unidos. Heredó esclavos de sus dos padres y, más tarde, de su suegro. Tenía la reputación de ser un amo amable, pero en su condición de propietario de diversas plantaciones en Virginia, su vida económica, y la de sus amigos y colegas, era completamente dependiente del trabajo de los esclavos negros.</p>
<p>A lo largo de los más de dos siglos de historia de Estados Unidos, Jefferson ha fascinado constantemente tanto a los historiadores profesionales como al público lector en general. La tradición biográfica desde sus contemporáneos hasta mediados del siglo XX puso el énfasis en su vida política e intelectual: su carrera como un legislador con mentalidad liberal en la Virginia colonial; sus numerosas lecturas de obras literarias inglesas, francesas, latinas y griegas; su servicio diplomático en Francia en cooperación con John Adams y Benjamin Franklin; su rivalidad con Alexander Hamilton en la primera administración del presidente George Washington; sus relaciones con James Madison y James Monroe, sus sucesores en la presidencia; su desigual balance como gobernador de Virginia durante la guerra revolucionaria y como presidente durante las guerras napoleónicas; su agricultura, su equitación, la manera de tratar a sus esclavos y su costosa y encantadora hospitalidad en Monticello.</p>
<p>Todos estos temas fueron tratados en detalle, valiéndose no solo de documentos gubernamentales oficiales y aparecidos en la prensa, sino de los miles de cartas y escritos que el propio Jefferson había redactado sobre todo tipo de temas, y que había catalogado cuidadosamente con los futuros investigadores en mente. También se prestó una atención considerable a sus difíciles relaciones con las mujeres en su juventud, así como a los años de gran felicidad personal en su matrimonio, que se vieron seguidos de meses de desesperación de resultas de la muerte de su adorada esposa.</p>
<p>Pero había otro aspecto importante de su vida del que apenas se hacía mención en sus biografías hasta los años setenta del pasado siglo. Thomas Jefferson, al quedarse viudo mediada la cuarentena, tomó también a una esclava como concubina y mantuvo con ella una relación íntima que se prolongó durante treinta y ocho años, hasta su muerte, y como consecuencia de la cual nacieron seis hijos, cuatro de los cuales alcanzaron la edad adulta y fueron liberados por su padre. Esta relación fue pública y notoria durante su vida, ya que fue revelada en 1802 por la prensa de la oposición. Pero Jefferson no dijo nunca ni personal ni públicamente una palabra sobre ella. Asimismo, sus numerosos biógrafos del largo período que va desde alrededor de 1800 hasta mediados del siglo XX no hicieron nunca más que brevísimas menciones de este vínculo tan prolongado, y la mayoría de ellos se esforzaron extraordinariamente para negar que un hombre del temperamento y la moral de Jefferson hubiera podido tener hijos con una esclava, y Dios quiera que no hubieran llegado nunca a amarse.</p>
<p>Pero la mujer en cuestión, Sally Hemings, pertenecía a una familia de mulatos de gran talento que habían sido leales criados domésticos y expertos artesanos tanto para John Wayles, el suegro de Jefferson, como para el propio Jefferson. Desde la muerte de este último en 1826 hasta mediados del siglo XX se habían aducido alegaciones creíbles por parte de miembros de la familia Hemings en el sentido de que algunos de sus antepasados fueron realmente los hijos de Thomas Jefferson y Sally Hemings. Los descendientes blancos de Jefferson lo negaron rotundamente y los historiadores estadounidenses no prestaron seriamente atención a la posibilidad de que la familia de Hemings pudiera estar diciendo la verdad hasta que los movimientos de los derechos civiles y de los derechos de la mujer dieron lugar en la segunda mitad del siglo XX a la aparición de historiadores blancos y negros que se dispusieron a aplicar sus métodos de investigación universitarios a las familias Jefferson y Hemings.</p>
<p>La primera biografía académica que abordó el tema de la relación de Jefferson con la familia Hemings fue la de Fawn M. Brodie, <em>Thomas Jefferson. An Intimate History</em>, publicada inicialmente en 1974, reimpresa en varias ocasiones y reeditada como libro de bolsillo por W. W. Norton en 2010, con una introducción de Annette Gordon-Reed, una historiadora y abogada negra, dos de cuyos propios libros serán comentados también en esta reseña. El padre de Brodie era un obispo mormón y la propia Brodie sentía una gran admiración, aunque no exenta de sentido crítico, por Sigmund Freud. Como tal, era especialmente sensible a las influencias familiares recibidas durante la infancia que podrían haber tenido un peso de manera plausible en su edad adulta en la persona que había elegido estudiar.</p>
<p>Por ejemplo, advirtió que en las miles de cartas personales de Jefferson eran poquísimas las menciones que hacía de su madre, y en ninguna de ellas podía percibirse cariño alguno. En su autobiografía, y con respecto a la familia de su madre, escribió que «remontan su linaje muy atrás en Inglaterra y Escocia, al que cada uno adscribe la fe y el mérito que le parece bien». Al mismo tiempo, Jefferson sentía una gran admiración por su padre, del que resaltaba sus valores individualistas y de frontera americanos.</p>
<p>Durante su propio noviazgo con la joven y acaudalada viuda Martha Wayles Skelton, Jefferson escribió a su agente comercial inglés, «con un dejo ligeramente irónico», que buscara en Londres las armas de su familia materna. «Tengo lo que me han dicho que fueron las armas familiares, pero desconozco en qué autoridad se apoyan. Es posible que no sea ninguna en absoluto. De ser así, pasaría a ser con vuestra ayuda un comprador, pues tengo la palabra de Sterne de que un escudo de armas puede comprarse tan barato como cualquier otro escudo». [Laurence Sterne fue un gran novelista satírico inglés y fue un autor predilecto tanto de Jefferson como de su prometida.] «En momentos posteriores de su vida escribió con dureza y desdén contra los hombres que asumían el derecho de tiranizar a otros debido al accidente de su alta cuna. Y al final se diseñó un escudo de armas que llevaba la inscripción “La rebelión contra los tiranos es la obediencia a Dios”» (Brodie, pp. 43-44).</p>
<p>El gran servicio que hizo Fawn Brodie en su «historia íntima» de Thomas Jefferson fue analizar con honestidad las extraordinarias cualidades intelectuales y humanas, así como las debilidades personales y los prejuicios, de un presidente cuya vida emocional había sido bien malinterpretada, bien desdeñada por las docenas de historiadores que habían ofrecido excelentes estudios de su carrera política. Brodie había analizado en detalle la bibliografía existente y se dispuso a escribir sobre los aspectos de la personalidad de Jefferson que eran, y son, relevantes para el entendimiento de las actitudes sexuales y raciales estadounidenses. Su biografía se publicó en una época en que el pueblo estadounidense en su conjunto estaba cobrando conciencia, y revisando de forma radical sus actitudes tradicionales hacia las mujeres y hacia sus compatriotas no blancos.</p>
<p><a href="http://www.mundolibredigital.com/wp-content/uploads/2012/04/Retrato-de-Sally-Hemings-esclava-cunada-y-amante-de-Thomas-Jefferson.jpg"><img class="alignleft" style="margin-left: 10px; margin-right: 10px;" title="Retrato de Sally Hemings, esclava, cuñada y amante de Thomas Jefferson, con la que tuvo, una vez viudo, una relación de más de 35 años y seis hijos." src="http://www.mundolibredigital.com/wp-content/uploads/2012/04/Retrato-de-Sally-Hemings-esclava-cunada-y-amante-de-Thomas-Jefferson.jpg" alt="" width="250" height="341" /></a></p>
<p>En lo que respecta a los aspectos específicamente raciales de la conducta de Jefferson y de su relación con la conducta estadounidense en general, los más importantes de los libros que estoy comentando son los de Annette Gordon-Reed, <em>Thomas Jefferson and Sally Hemings: An American Controversy </em>(Charlottesville, The University Press of Virginia, 1997), y <em>The Hemingses of Monticello: An American Family </em>(Nueva York, Norton, 2008). En la cubierta de mi edición de bolsillo del primero de estos libros hay un pequeño triángulo que contiene las palabras «ADN–La respuesta de la autora». ¿Respuesta a qué? El triángulo podría desconcertar a aquellos lectores potenciales que no estén al tanto del calendario exacto del debate polémico y de las pruebas de ADN. Habían pasado quince años desde la publicación del libro de Fawn Brodie en 1974 y se habían realizado diversas pruebas de ADN que sugerían con fuerza, aunque no demostraban con rotundidad, que el ADN de Thomas Jefferson estaba relacionado de alguna manera con el de los varones de la familia Hemings. Una prueba llevada a cabo en 1998 había proporcionado una prueba directa de que Jefferson debió de haber sido el padre de al menos uno de los hijos de Sally Hemings.</p>
<p>En la segunda mitad del siglo XX, numerosos historiadores que habían estudiado la cronología detallada de las idas y venidas de Jefferson en Monticello habían mostrado que había estado realmente en su casa nueve meses antes del nacimiento de cada uno de los hijos de Sally; y que no existía la más mínima prueba de que ni Thomas Jefferson ni Sally Hemings compartieran cama con otra persona. En realidad, muchos de los invitados de Jefferson en Monticello en los años de su jubilación quedaron impresionados por el extraordinario parecido existente entre los camareros que les atendían ocasionalmente en el comedor y su distinguido anfitrión. Pero las maneras de Jefferson, y la propia cortesía, o vergüenza, de los invitados les impedían hacer preguntas directas. El propio Jefferson debió de ser consciente seguramente de su sorpresa. Pero era una figura pública que siempre había dicho que la esclavitud era algo malo y que debía ser abolida (aunque no dijo cuándo). Asimismo, por una elemental consideración hacia los sentimientos de la madre de los hijos y de los jóvenes camareros ya adultos que eran sus hijos no reconocidos, nunca entabló al parecer conversación alguna o realizó afirmación de ningún tipo sobre la paternidad de los siervos mulatos que se parecían a él. Finalmente, docenas, si es que no centenares, de habitantes de Virginia sabían que Jefferson había tenido hijos con una criada mulata y que situaciones familiares como la suya no eran en absoluto inhabituales en el sur de Estados Unidos en aquella época.</p>
<p>Volvamos ahora al enigmático triángulo: en la página XIII de la Nota de la Autora introductoria de la reedición de 1999, Gordon-Reed había escrito lo siguiente: «Lo que espero que no se pierda con todo este énfasis en el ADN es el mensaje original de este libro: el tratamiento dado a Jefferson y Hemings revela el carácter contingente de la participación de los negros a la hora de moldear las verdades aceptadas de la vida estadounidense. Jefferson con una amante esclava e hijos era un concepto que aquellos que tenían confiado el poder de moldear “la verdad” de la historia estadounidense encontraron demasiado inconveniente para sus propósitos. A la vista de su malestar con esta verdad, la familia Hemings hubo de ceder su identidad e integridad. En un grado demasiado significativo, esta ha sido la historia de la vida de los negros en Estados Unidos». Una de las constantes características de este libro son las demostraciones por parte de la autora del hecho de que prácticamente todos los biógrafos de Jefferson anteriores a Fawn Brodie hubieran dado más peso a meros rumores, y a afirmaciones condescendientes, o abiertamente denigratorias, sobre los negros que la poderosa prueba circunstancial disponible desde mucho antes de que los científicos desvelaran los misterios del ADN.</p>
<p>Después de su estudio de la relación entre Thomas Jefferson y Sally Hemings, Gordon-Reed centraba su atención en la historia de la familia Hemings propiamente dicha. El «patriarca» de esta amplia y talentosa familia fue un inmigrante inglés de orígenes familiares modestos llamado John Wayles. Este empezó su vida americana como empleado para varios terratenientes de Virginia y más tarde fue abogado, cobrador de deudas, comerciante de esclavos y un próspero terrateniente. La eventual «matriarca» era la hija de un capitán de marina inglés llamado Hemings y una madre esclava negra africana. Según Madison Hemings –el hijo de Sally Hemings y Thomas Jefferson, que reproducía lo que su madre le había contado–, «el capitán Hemings quiso comprar a su hija, a la que había reconocido como su “propia carne”. A pesar de que ofreció un precio extraordinariamente alto por ella, el propietario de Hemings (identificado como “John Wales”, sin la “y”), se negó a vender a la niña» (Gordon-Reed, p. 49). Tras lo cual la madre africana advirtió a Wayles que el capitán Hemings estaba planeando raptar a la chica y Wayles se llevó entonces a la madre y a la hija a su propia casa. La niña era la Elizabeth Hemings que pasó a ser la concubina de John Wayles después de la muerte de su tercera esposa blanca. Más tarde ella tuvo seis hijos cuyo padre era también su amo. En su testamento, John Wayles legaba a Elizabeth Hemings y a sus hijos a su hija Martha, que se había convertido recientemente en la muy profundamente amada esposa de Thomas Jefferson.</p>
<p>Jefferson y Wayles se habían conocido, y aparentemente gustado, sin llegar nunca a ser íntimos amigos. Wayles era un «hacedor», no un escritor, por lo que no sabemos cuáles eran sus ideas íntimas sobre la raza. Pero el capitán Hemings había querido criar a su propio hijo mulato para ver cómo «funcionaba» el mestizaje (de acuerdo con la versión de Madison Hemings, el hijo de Sally, que era también un nieto de John Wayles y Elizabeth Hemings); y Wayles estaba también interesado al parecer en ver cómo maduraba un niño de raza mixta.</p>
<p>Al leer sobre la familia Hemings me vinieron a la cabeza ciertos paralelismos interesantes. John Wayles había perdido a tres esposas y encontró satisfacción sexual y probablemente un buen entendimiento personal con una esclava mulata de la que era el propietario, y que había estado a cargo de su casa. Thomas Jefferson había encontrado satisfacción sexual y probablemente una buena, o más que «buena», relación personal con una esclava mulata de la que era propietario y cuyos cometidos laborales habían sido, y siguieron siendo, estar a cargo de sus asuntos domésticos. ¿Cómo es posible entonces que varias generaciones de historiadores cualificados no se hubieran tomado en serio la posibilidad de que Jefferson se sintiera genuinamente atraído por una esclava a la que le unía exactamente la misma relación social-legal que la que había unido a su suegro con la madre de Sally Hemings?</p>
<p>Podría darse el caso de que algunas observaciones personales hubieran afectado también a las posteriores expectativas de la propia Sally en relación con la perspectiva de convertirse en la concubina de Thomas Jefferson. Ella era la hija pequeña de un amo blanco y su concubina mulata. Su padre había muerto siendo ella aún una niña, pero John Wayles había dejado a sus esclavos Hemings en testamento a su hija Martha, casada recientemente con Thomas Jefferson. Sally había pasado su primera infancia en el ambiente feliz de ese matrimonio y, según los recuerdos familiares de Hemings, había estado presente en el momento de la muerte de Martha Wayles Jefferson, por lo que había sido testigo de los amorosos cuidados que Jefferson dispensó a su esposa durante su última enfermedad y de la aflicción desesperada que lo embargó tras su muerte. Es cierto, por supuesto, que como esclava no tenía ninguna autoridad para elegir a su pareja, pero por aquel entonces las hijas de las familias blancas de clases media y alta tampoco tenían plena libertad para elegir a las personas con que querían casarse. Tampoco pudo haber dejado de saber –y Thomas Jefferson no podía haber dejado de saber– que era hermanastra de su recién fallecida esposa. Finalmente, en Monticello, y en general en Virginia, había muchas parejas mixtas de color que vivían juntas de forma monógama sin estar oficialmente «casadas».</p>
<p>Lo que es más importante, ella estaba en París a los catorce años como la doncella de las hijas del embajador Jefferson cuando él le prestó por primera vez una especial atención. La biografía de Brody (pp. 233-235) indica que tanto Thomas Jefferson como sus dos esclavos Hemings, Sally y su hermano mayor James (que estaba siendo educado como un experto cocinero al estilo francés), sabían que la esclavitud había sido abolida en la Francia continental. Ambos podían hablar francés, y habrían podido, de haberlo querido, liberarse simplemente permaneciendo en Francia una vez que el embajador Jefferson regresara a Estados Unidos. En el verano de 1789, por diversos motivos, Jefferson estuvo posponiendo sus reservas de barco y uno de los factores en juego era la incertidumbre sobre si Jamie y Sally lo acompañarían. Al final ambos accedieron a volver, pero como escribió Madison Hemings en las memorias relativas a su familia, Jefferson había prometido a Sally liberar a todos los hijos que tuviera con ella, y cumplió esa promesa en su cuidadosamente escrito testamento. Existen, por tanto, buenos motivos para suponer que Sally Hemings sí que disfrutó de un cierto grado de elección en relación con su futuro.</p>
<p>La curiosidad sobre la relación de Thomas Jefferson con su concubina, nunca reconocida públicamente, ha desatado, como es natural, el interés por sus relaciones con otras mujeres. En el libro bien documentado y claramente escrito <em>Mr. Jefferson’s Women </em>(Nueva York, Vintage, 2007), el historiador y director de biblioteca Jon Kukla nos ofrece un perspicaz relato de todas las mujeres por las que Jefferson mostró un serio interés personal. Se presta también especial atención a las relaciones de Jefferson con las mujeres en E. M. Halliday, <em>Understanding Thomas Jefferson</em> (Nueva York, HarperCollins, 2001). Halliday concede a Jefferson con más frecuencia que Kukla el beneficio de la duda. En ambos estudios hay grandes dosis de variedad, numerosas preguntas para las que no hay respuestas claras y muchos momentos difíciles.</p>
<p>El primero de los grandes amores ansiados de Jefferson, a los diecinueve años, fue una muchacha de dieciséis años llamada Rebecca Burwell, amiga y compañera de baile de varios de los amigos universitarios de Tom y considerablemente más madura socialmente que Tom Jefferson. Él consiguió concertar dos conversaciones privadas con ella en el curso de más de un año y se mostró incapaz, según escribe en sus propias cartas a sus amigos burlándose de sí mismo, de decir en persona las cosas que había previsto cuidadosamente decir. En el segundo encuentro ella rechazó simplemente su propuesta de matrimonio y él sufrió después uno de esos episodios de jaquecas de semanas o incluso meses de duración que pasarían a convertirse en una constante de su carácter emocional e intelectualmente intenso. Valiéndose de citas de numerosas cartas de los años posteriores a su desengaño, Kukla muestra a un joven claramente torturado por un deseo sexual insatisfecho y expresando sentimientos de hostilidad hacia las mujeres en general. «Después de 1764 tanto sus actitudes como su conducta hacia las mujeres fueron menos adolescentes y, a la larga, menos favorables […]. Está claro que durante los años solitarios antes de que encontrara una esposa, Jefferson se sentía tanto atraído por las mujeres como incómodo ante su presencia» (p. 40).</p>
<p>Betsy Walker, la segunda mujer a la que «cortejó», por así decirlo, era la esposa del amigo y compañero de universidad de Jefferson, Jack Walker. Walker admiraba los evidentes éxitos de Tom Jefferson como joven abogado. Nombró a Jefferson, que tenía por entonces veinticinco años, el principal ejecutor de su testamento. Eran vecinos (en términos coloniales), ya que vivían a unos diez kilómetros uno del otro, un fácil paseo a caballo de una casa a otra. En el verano de 1768, cuando llamaron a Walker para que viajara a Nueva York con objeto de participar en las negociaciones de tierras con las tribus indias, pidió a Jefferson que cuidara de Betsy y de su pequeña hija durante su ausencia, que acabaría prolongándose durante cuatro meses.</p>
<p>Tras el regreso de su marido, Betsy no dijo aparentemente nada sobre insinuaciones sexuales, pero sí que cuestionó la elección de Jefferson por parte de su marido como principal ejecutor de su testamento. No fue hasta dieciséis años después, en 1784, cuando ella habló a su marido sobre las insinuaciones sexuales de Jefferson, que, según su relato, se habían producido no solo en el verano de 1768, sino en numerosas ocasiones a lo largo de la década siguiente. No existen pruebas claras escritas o verbales de lo que sucedió o no sucedió durante las visitas de Jefferson a la casa de los Walker. Tampoco existen motivos claros de por qué Betsy decidió romper su prolongado silencio en 1784, aunque lo cierto es, por supuesto, que en 1784 el poco conocido abogado de 1768 se había convertido en el famoso autor de la Declaración de Independencia y es posible que Betsy quisiera que su marido supiese que el Gran Hombre la había cortejado. Tampoco contamos con pruebas claras de si Jefferson y Betsy llegaron a mantener alguna vez relaciones sexuales.</p>
<p>Jon Kukla señala en una interesantísima nota al pie (p. 236) que dos biógrafos que son más claramente favorables al carácter de Jefferson que él han llegado a conclusiones opuestas a partir de las mismas «pruebas». Dumas Malone, el decano de los biógrafos académicos de mediados del siglo XX, afirma que «Jefferson no era audaz con las mujeres […] su carácter era mucho más el de un marido devoto y un padre amable que el de un amante agresivo y resulta difícil creer que no cejara en sus deseos después de ser rechazado a cualquier edad». E. M. Halliday se hizo eco del punto de vista de Malone al aludir a «la certidumbre, por todo lo que se sabe de él, de que las insinuaciones sexuales agresivas a una mujer que no hubiera dado señal alguna de invitación eran contrarias a su carácter y a su código de conducta». En suma, si el comportamiento del agresor no era algo característico de su forma de ser, ¡entonces es la víctima quien tuvo que ser la responsable!</p>
<p>A partir de 1784, cuando Jefferson estaba a punto de irse a Francia, se produjeron al parecer algunos nerviosos intercambios entre Walker y Jefferson. Los dos habían perdido hacía mucho tiempo la intimidad de su amistad y ambos se mostraron deseosos de evitar que los desagradables rumores desembocaran en un escándalo. La amenaza de verdaderos problemas llegó en 1802, cuando Jefferson acababa de empezar su presidencia, con la publicación de los artículos de James Callender relativos a la esclava concubina del presidente «cuyo nombre es Sally». Los artículos incluían también la historia del supuesto acoso de Betsy Walker protagonizado por Jefferson y, de no abordarse con delicadeza, esa noticia podría haber obligado a Walker a retar a Jefferson a un duelo. Se intercambiaron las notas y los mensajes verbales privados necesarios para que pudiera salvarse el «honor» de la pareja y Jefferson escribió una carta admitiendo que «había ofrecido amor a una atractiva dama» cuando era joven, y que la acción había sido «incorrecta». Nunca llegó a revelar si la atractiva dama había aceptado el ofrecimiento.</p>
<p>La primera de las tres mujeres verdaderamente importantes en la vida amorosa de Jefferson fue Martha Wayles Skelton, hija de John Wayles, que había sobrevivido a tres esposas negras y luego tenido seis hijos cuya madre era la Elizabeth, o Betty, Hemings que dio su nombre a la familia Hemings. Martha Wayles se había casado a los diecinueve años, pero perdió a su marido, Bathurst Skelton, tres años después. Llegó a su segundo marido, Thomas Jefferson, como una viuda con un hijo pequeño y como una heredera cuya dote incluía miles de acres de tierra, más la familia Hemings, a la que le unían relaciones cariñosas, un adjetivo utilizado con la salvedad de que el cariño era entre una mujer blanca libre y una docena de esclavos de su propiedad.</p>
<p>Ningún biógrafo ha dudado del profundo amor y entendimiento mutuo que unió a Thomas y Martha Jefferson desde su matrimonio el 1 de enero de 1772 hasta la muerte de ella el 6 de septiembre de 1782. Martha era musical, tocaba la espineta y el clave, y tenía una voz agradable. Se entretenían, y amenizaban a sus invitados, con dúos tanto vocales como instrumentales, ya que Jefferson, además de cantar, era un aceptable violinista. Martha también se encargaba de la cocina, la compra, el almacenamiento, distribución y preparación de alimentos para una gran residencia. No sabemos hasta qué punto compartía ella sus intereses políticos y filosóficos, pero sí sabemos que se leían obras de los poetas y novelistas predilectos de Jefferson, especialmente Laurence Sterne. Y sabemos que sus colegas se sentían irritados por el hecho de que Jefferson no asistiera a muchas de las reuniones de la Virginia House of Burgesses porque estaba muy absorbido por la vida familiar (además de por la construcción de Monticello, sujeta a frecuentes alteraciones). Él podría haber aliviado su irritación explicando los difíciles embarazos de su mujer y los largos procesos de recuperación tras los partos, pero no lo hizo. Simplemente se quedaba en casa si su adorada esposa no se sentía bien.</p>
<p>Martha dio a luz en seis ocasiones en los diez años que estuvo con Jefferson. Tres de esos hijos murieron a las pocas semanas o meses de nacer. Los nacimientos se vieron seguidos de las recuperaciones cada vez más lentas de la madre, y únicamente dos hijas, Martha y Maria, vivieron hasta la edad adulta. La última hija, nacida el 8 de mayo, estuvo también destinada a morir en la niñez. Durante ese verano, marido y mujer releyeron juntos <em>Tristram Shandy</em> y ella empezó a copiar un pasaje favorito que él completó cuando su mujer se encontraba simplemente demasiado débil para poder continuar. Sabemos esto porque Jefferson depositó esta copia con sus recuerdos más preciados de toda una vida, junto con un rizo de su cabello, y fue descubierta por su hija Martha poco después de la muerte de su padre en 1826.</p>
<p>Gracias a los testimonios tanto de los Hemings como de los Jefferson sabemos que Jefferson apenas se apartó del lecho de su mujer durante sus últimas semanas. Las mujeres Hemings, que eran criadas de la casa en cualquier caso, le hicieron compañía sin dejarla un solo momento. Ellas fueron testigos de cómo Martha le pidió a su marido que no diera a otra mujer autoridad sobre sus hijos, esto es, que no volviera a casarse. Casi con certeza, la niña que cinco o seis años después se convertiría en la última mujer importante en la vida de Jefferson, Sally Hemings, que tendría a la sazón ocho o nueve años, estuvo presente en alguno de esos últimos días y debió de cobrar conciencia de la profundidad del amor que sentía su amo por su esposa.</p>
<p>La segunda mujer supuestamente importante en la vida de Jefferson fue una pintora angloitaliana llamada Maria Cosway. Ella y Jefferson se conocieron en París a finales de agosto de 1786, cuando ambos estaban examinando la espectacular cúpula de madera de la Halle au Bléd en compañía de un amigo mutuo, el pintor estadounidense John Trumbull. Por iniciativa de Jefferson estuvieron viéndose casi a diario durante las semanas siguientes, visitando los hermosísimos jardines que ya eran conocidos para su nuevo admirador. Cosway se sintió ciertamente halagada por estas atenciones, pero como una mujer casada que era dependiente tanto económica como profesionalmente de su marido artista, se mostraba más cautelosa que él cuando se hablaba del futuro. Jefferson tuvo también la desgracia de romperse la muñeca cuando intentaba saltar una valla en el que se convirtió en el último de sus paseos conjuntos por los jardines parisienses.</p>
<p>Después de que ella y su marido regresaran a Londres, Jefferson escribió para ella una hermosa carta filosófica que describió como «un diálogo entre mi Cabeza y mi Corazón». Su contenido revelaba en gran detalle estos sentimientos enfrentados, y en parte inconscientes, hacia Maria. Las breves cartas de respuesta de ella lo desilusionaron muy rápidamente en lo relacionado con la profundidad de su carácter y su intelecto. En febrero y marzo de 1787 él disfrutó de un viaje vacacional al norte de Italia, durante el cual ya no siguió escribiendo a Maria Cosway. Y en junio de 1787, cuando su hermana pequeña Maria (Polly) llegó a Londres, Abigail Adams –la mujer de John– esperaba que él acudiera en persona a acompañarla desde Londres a París. Pero no lo hizo y el motivo probable fue que Maria Cosway había oído que él iba a viajar a Inglaterra y que no deseaba volver a verla, al menos no en circunstancias en que se vieran involucrados su familia y sus íntimos amigos los Adams.</p>
<p>Muchos de los biógrafos anteriores a 1970 no dudaron en escribir sobre esta «aventura» como un gran amor, porque la dama era de la misma clase social que Jefferson y porque su formidable encaprichamiento inicial mostraba, por un lado, que él no había perdido su capacidad de amar; pero, al mismo tiempo, él no había insinuado siquiera el matrimonio, ya que con ello habría violado la promesa que había hecho a su esposa moribunda. Tanto Halliday como Kukla se toman muy en serio las emociones iniciales del viudo, que aparentemente no había tenido ninguna relación importante con mujeres durante cuatro años, y estaba manteniendo claramente su promesa a pesar de la tendencia francesa a no tomarse las promesas sexuales tan literalmente como lo hacían los anglosajones.</p>
<p>Hubo un extraordinario incidente en la correspondencia Jefferson-Cosway que, en opinión tanto de Kukla como de Halliday, apunta con fuerza a la posibilidad de que el espíritu de Jefferson se encontrara ya ocupado con la tercera mujer verdaderamente importante de su vida. Sally Hemings había estado viviendo y sirviendo en la embajada desde su llegada en julio de 1787, como la doncella-tutora de Polly Jefferson. En marzo-abril de 1788, Jefferson había realizado un viaje a los Países Bajos en el que había visitado un gran número de galerías de arte. A su vuelta se había encontrado con una carta de una enojada Maria Cosway en la que le acusaba de no haber respondido a su última carta. De la carta que él le escribió el día siguiente copio el pasaje que aparece citado por E. M. Halliday (p. 100) como indicador del sueño de Jefferson de ser un honrado patriarca que recibiera el regalo de una hermosa y joven concubina:</p>
<p><em>&#8220;En Dusseldorp [sic] tuve un gran deseo de que estuvierais allí. No he visto nunca seguramente una colección tan valiosa de pinturas. Por encima de todo, las de Van der Werff fueron las que más me afectaron. Su cuadro de Sara entregando a Agar a Abraham es delicioso. Yo habría accedido a haber sido Abraham aunque la consecuencia hubiese sido que ya debería llevar muerto cinco o seis mil años&#8221;.</em></p>
<p>Lo cual me lleva al más controvertido de los seis libros aquí reseñados, la novela histórica de Barbara Chase-Riboud, Sally Hemings (Nueva York, Viking, 1979), con numerosas ediciones de bolsillo posteriores. La autora es una estadounidense negra, artista, poeta y autora de libros en prosa que ha vivido tanto en Estados Unidos como en Francia. Su ambición en esta novela es retratar el mundo de la esclavitud y la libertad estadounidenses en la época de la familia Hemings y de Thomas Jefferson, que se convirtió en su amo por medio de su matrimonio y que les confió el cometido de ser los criados domésticos y los principales artesanos a cargo del mantenimiento de Monticello desde la década de 1770 hasta poco después de su muerte en 1826.</p>
<p>Dado que el libro está dedicado «Al enigma de la histórica Sally Hemings» y que la nota introductoria de la autora hace referencia a «documentos incluidos en esta novela», me valdré de mi limitado espacio para ofrecer al lector un único ejemplo de su interpretación de la historia. Durante la campaña presidencial de 1800, que se tradujo en la elección de Thomas Jefferson, se produjo una breve revuelta de esclavos en Virginia, cuyo gobernador por aquel entonces era uno de los discípulos políticos de Jefferson, James Monroe. Después de que juicios rápidos y linchamientos hubieran provocado la muerte de entre treinta y cuarenta prisioneros negros, el gobernador Monroe escribió a Jefferson pidiéndole consejo sobre si poner límite a ulteriores ejecuciones y con qué método.</p>
<p>Según Chase-Riboud (pp. 260-262), Jefferson enseñó a Sally Hemings la carta de Monroe. La primera reacción de ella fue: «No puedes matar a todos los esclavos de Virginia». Cito ahora de los siguientes párrafos del texto de Chase-Riboud, escritos desde el punto de vista de Sally:</p>
<p>&#8220;Se levantó de su escritorio y vino hacia mí.<br />
–No –dijo–, no puedes matar a todo el mundo […]. Cuándo detener la mano del verdugo es una cuestión importante. Quienes han escapado del peligro inminente deben de tener sentimientos que les predisponen a extender las ejecuciones&#8230;<br />
–Sigo diciendo que ya ha habido suficientes ahorcamientos. No puedes matar a todos.<br />
Pensé en la nueva semilla plantada en mi vientre. Un nuevo esclavo.<br />
–Debes comprender –empecé– que no se trata de felones o delincuentes comunes, sino de personas culpables de lo que nuestra sociedad nos obliga a tratar como un crimen, y que representan sus sentimientos de una forma muy diferente.<br />
–Ya lo sé –me interrumpió.<br />
Estaba apartado de mí, con la asustada e implorante carta del amo Monroe aún en su mano. Se volvió hacia mí, pero no se acercó. Me tenía miedo. Podía olvidar en privado, pero no podía olvidar en público. Más a él mismo que a mí, dijo:<br />
–Es cierto que el mundo en general nos condenará para siempre si nos mostramos indulgentes o vamos un paso más allá de la necesidad.<br />
Cuando oí la palabra «necesidad» le miré a los ojos, pero no dije nada.<br />
–Nuestra situación es realmente difícil –continuó–, porque dudo de que pueda permitirse que esas personas vayan por ahí sueltas entre nosotros con seguridad.<br />
–¡Mándalas al exilio entonces! Es lo que hacen los franceses y los británicos –le imploré. ¡«Esas personas» eran mi gente!<br />
Incluso mientras hablábamos, él olvidaba. Destierro. ¿No era esa la opción que barajaba James? Apreté mis manos contra mi vientre. Si yo pudiera salvar a uno… a solo uno de ellos. […]<br />
–Mándalos al exilio –susurré.<br />
En su rostró asomó el alivio. «Gracias», dijo, y sus ojos se llenaron de una ternura inefable. Por primera vez en su vida, él tenía un atisbo del terror de la esclavitud y, al amarme, había reconocido este terror. En esta montaña, parecían decir sus ojos, podemos mantener todo a raya, incluso esto.<br />
Alargó la mano tímidamente y me tocó. Parecía que aún seguía asustado de mí.<br />
– Ahora déjame trabajar –dijo.<br />
Dejé que me tocara, pero mi mente estaba ardiendo. Había tantas cosas que quería decirle.</p>
<p>Me volví y lo dejé con sus cartas. Subí la diminuta escalera a los pies de su cama hasta mi cuarto. No fue hasta que mi amo se fue a Filadelfia, con las votaciones para la presidencia aún dudosas, cuando me enteré de que el último de los rebeldes condenados había sido indultado y desterrado de Virginia por James Monroe. Mis súplicas no habían sido en vano&#8221;.</p>
<p>Muchos de mis colegas creen que es una especie de sacrilegio atribuir pensamientos y palabras concretos a un personaje histórico. Pero yo pienso que, siempre y cuando el autor o la autora deje perfectamente claro que está escribiendo ficción basada en hechos históricos, una novela histórica escrita con habilidad puede verdaderamente permitirnos comprender la experiencia de nuestros antepasados. Sally Hemings contiene numerosas escenas en las que Chase-Riboud retrata de forma convincente los pensamientos no solo de Sally, sino también de su madre Elizabeth y de su hermano mayor Jamie. Y he leído suficientes cartas y discursos de Thomas Jefferson como para admirar el modo en que esta autora ha captado el ritmo y el vocabulario de sus expresiones.</p>
<p>Un aspecto muy importante, y poco estudiado, de la vida intelectual de Jefferson es el de los papeles que desempeñaron las recomendaciones griegas, romanas y de la Ilustración en su propio pensamiento. Andrew Burstein, en Jefferson’s Secrets: Death and Desire at Monticello (Nueva York, Basic Books, 2005), subraya la importancia de los escritos clásicos, y de los de la Ilustración del siglo XVIII, en las obsesiones personales de Jefferson con la dieta, el ejercicio, la limpieza, los baños y el sueño. Tomó nota de las recomendaciones de los médicos suizos y franceses contemporáneos en relación con las virtudes de las frutas y vegetales frescos, así como de la moderación en el consumo de carne y de alcohol.</p>
<p>Por lo que respecta a la salud, el ejercicio y las relaciones con las mujeres, el ejemplo griego, tal y como lo estudiaron y reafirmaron los médicos de la Ilustración, puede que resultaran especialmente importantes para él. Para los griegos, las mujeres no estaban consideradas como las iguales intelectuales y morales de los hombres. Las esposas eran propiedad de sus maridos y los bastardos no recibían los nombres patronímicos de sus padres. Entre los atenienses se pensaba que una concubina que se mantenía para la producción de hijos libres desempeñaba un papel social positivo. Al mismo tiempo, como Jefferson leyó en la obra de varios autores franceses de la Ilustración, el coito era muy preferible a la masturbación. Es posible que todas estas lecturas justificaran para su espíritu interno los tipos de dieta, ejercicio y vida sexual que prefirió.</p>
<p>En relación con Sally Hemings, Burstein acepta la prueba del ADN de que ella dio a luz a los hijos de Thomas Jefferson. Pero evita las interpretaciones tanto romántica como racista de la relación. Por citar su propio resumen: «El enigma Jefferson-Hemings podría reducirse a algo bastante convencional. Suponiendo que Jefferson quedara convencido por los respetados fisiólogos cuyas obras poseía, habría considerado a su criada de un modo muy similar al de un aristócrata inglés que buscara placer en su casa con una criada joven, fértil, blanca y técnicamente libre pero completamente dependiente. El poder, en ambas situaciones, era muy real. Pero la situación de servidumbre de Sally en relación con otros esclavos, como la de toda la familia Hemings en general, se vio mitigada por una piel clara y la conexión genética con el suegro de Jefferson. Pero solo una fascinación más propia de la prensa amarilla debería inducirnos a concebir la relación Jefferson-Hemings como una gran historia de amor, largo tiempo escondida del público general y ahora revelada de repente por detectives forenses» (p. 158).</p>
<p>Para mí, el aspecto que más invita a la reflexión de la investigación de Burstein es su análisis de la determinación con que Jefferson, a lo largo de toda su vida adulta, acumuló los documentos, los recortes de periódico, las copias de las cartas que recibía de amigos y enemigos, con sus respuestas a esas cartas, todo ello con el propósito consciente de asegurar que su interpretación de la(s) revolución(ones) norteamericanas resultaran accesibles para las futuras generaciones. Para Jefferson se habían producido en realidad dos revoluciones: la de 1776, que había dado lugar a la independencia de las antiguas colonias británicas, y la de 1800, que había impedido, con el triunfo del partido Democrático-Republicano, que los federalistas convirtieran a los nuevos Estados Unidos en una monarquía al estilo británico o una república dominada por la rica minoría conservadora.</p>
<p>Por citar una vez más a Burstein: «Jefferson rehuyó una protoaristocracia de ese tipo, cuya dudosa demanda significaba constreñir la definición de “ciudadanos destacados” a ciudadanos con dinero. Él prefería, en cambio, abrir el gobierno a aquellos que abrazaban la energía y el espíritu de la gente corriente. Su definición de respetabilidad no era oligárquica; defendía las propiedades pequeñas e independientes de tierra más que la riqueza que estaba cuestionablemente ligada a las conexiones personales de alguien con aquellos situados en la cima del poder nacional. En Filadelfia, la capital de la nación durante gran parte de la década de 1790, hombres de origen humilde pasaron a ser políticamente activos, entre ellos impresores, comerciantes y fabricantes a pequeña escala. Estas personas encarnaban el movimiento jeffersoniano» (p. 192).</p>
<p>Estos fueron los ideales que mantuvo durante toda su vida el más intelectual y personalmente creativo de los presidentes estadounidenses, inexplicablemente retrógrado en su racismo y antifeminismo, pero aun así el más importante de los dirigentes políticos de finales del siglo XVIII, que insistió en que la nueva república estadounidense debía convertirse en una democracia verdaderamente representativa para el conjunto de la sociedad.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<div><strong>GABRIEL JACKSON</strong>, artículo especialmente escrito para <em><a href="http://www.revistadelibros.com/articulos/el-dr-jefferson-y-mr-thomas" target="_blank">Revista de Libros</a>,</em> con el título<em> El Dr. Jefferson y Mr. Thomas, </em>en diciembre de 2011. Traducción de Luis Gago.</div>
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		<title>¡AY DEL QUE SE SALGA DE LA FILA!, por Ludwig Harig</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Apr 2012 17:04:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Nava</dc:creator>
				<category><![CDATA[TRIBUNA LIBRE]]></category>

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		<description><![CDATA[“Estos jóvenes aprenderán a pensar como alemanes y a actuar como alemanes. Los niños pasarán de las agrupaciones infantiles a las Juventudes hitlerianas, allí nos los quedaremos otros cuatro años y no será para devolverlos después a quienes se dedican desde antiguo a recrear clases y categorías sociales, sino para hacerles ingresar de inmediato en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="storycontent"><strong><em>“Estos jóvenes aprenderán a pensar como alemanes y a actuar como alemanes. Los niños pasarán de las agrupaciones infantiles a las Juventudes hitlerianas, allí nos los quedaremos otros cuatro años y no será para devolverlos después a quienes se dedican desde antiguo a recrear clases y categorías sociales, sino para hacerles ingresar de inmediato en el Partido o en el Frente de Trabajadores, en las formaciones de asalto, las SA, o en las de élite, las SS, en las motorizadas de la NSKK, etc. Si aún no salieren convertidos en nacionalsocialistas de la cabeza a los pies, ingresarán en el Servicio de Trabajo Social obligatorio para pulirlos allí durante otros seis o siete meses. Y en el supuesto de que a alguno que otro le quedara todavía un resquicio de conciencia de clase o de orgullo social, será el Ejército el encargado de extirpárselo. Y después, para que no puedan sufrir una recaída, los haremos ingresar de nuevo en las SA, las SS, etc. Ya no se verán libres durante toda su vida.”</em> (Adolf Hitler, <em>Völkischer Beobachter,</em> 1938)</strong></p>
<p align="center">* * * * * *</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>D</strong></span></span>espués del primer proceso por crímenes de guerra estuve a punto de conseguir que padre mantuviera conmigo una conversación sobre los crímenes del Estado nazi.</p>
<p>-<em>No</em>- me contestó, -<em>no quiero hablar de eso porque yo no sabía nada.</em></p>
<p align="center"><a href="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2007/11/admiradores-de-hitler-fdr.jpg" title="admiradores-de-hitler-fdr.jpg"><img src="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2007/11/admiradores-de-hitler-fdr.jpg" alt="admiradores-de-hitler-fdr.jpg" /></a></p>
<p align="center"><a href="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2007/11/nazis-fdr.jpg" title="nazis-fdr.jpg"></a></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>S</strong></span></span>iguió argumentando que cuando él iba a la escuela aún les enseñaban a respetar la ley y el orden, que él había luchado bajo las órdenes del káiser cuando aún era honorable conducir a una patrulla por el campo de batalla, que durante años no había hecho otra cosa que trabajar,  pagar sus impuestos y no cometer ningún delito y ahora, de repente, pretendían que él se sintiera culpable de unos crímenes que habían cometido otros.<span id="more-68"></span></p>
<p>-<em>No encerrarían a nadie que fuese del todo inocente</em>- me insistió, -<em>que me cuenten lo que quieran. Desde que tengo capacidad de pensar, los delincuentes son los detenidos y no aquellos que los detienen.</em></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>D</strong></span></span>espués pegó un puñetazo en la mesa, un golpe tan fuerte que las tazas de café dieron un pequeño brinco y exclamó:</p>
<p>-<em>¡Cómo podría suponer yo que un gobierno alemán ordenara cometer esos crímenes que están saliendo ahora a la luz!</em></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>É</strong></span></span>l seguía alabando las normas de la época del káiser y no quería aprender las reglas de la democracia.</p>
<p>-<em>¿Qué quieren decir con eso de tener el valor de vivir en libertad, de estar obligado a la resistencia?</em>- preguntó, -<em>a mí me han enseñado a obedecer y ahora soy demasiado viejo para cambiar.</em></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>P</strong></span></span>adre creía profundamente en que cualquier revuelta no puede causar más que desorden, y cualquier desorden dará a su vez origen a una nueva revuelta. Ésta era su lógica, y como justo en aquel otoño fue publicado el escrito de <strong>Eugen Kogon</strong> <em>El Estado de las SS</em>, conseguí leer en dicho escrito por primera vez una argumentación que iba en favor del punto de vista de mi padre: <em>“Lo que no debe ser, no puede ser”</em>. ¿Por qué debía haberse opuesto él a las autoridades que hacían formar a sus hijos en fila, saludar la bandera, someterse a un <em>führer</em> que se había proclamado heredero del Reich, un imperio que a mi padre no le merecía más que veneración y respeto?</p>
<p align="center"><a href="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2007/11/sobrevivientes-jovenes-del-campo-de-concentracion-dachau-1945-fdm.jpg" title="sobrevivientes-jovenes-del-campo-de-concentracion-dachau-1945-fdm.jpg"><img align="middle" src="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2007/11/sobrevivientes-jovenes-del-campo-de-concentracion-dachau-1945-fdm.jpg" alt="Sobrevivientes jóvenes del campo de concentracion Dachau, 1945." title="Sobrevivientes jóvenes del campo de concentracion Dachau, 1945." /></a></p>
<p align="center"><a href="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2007/11/nazis-fdr.jpg" title="nazis-fdr.jpg"></a></p>
<p><strong><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>H</strong></span></span>itler</strong> nunca le había gustado, me argumentó, era un sujeto de cuidado, pero <em>“jamás fue traidor a su patria”</em>. Yo discutí con padre, pero fue una pelea inútil; él se atrincheró detrás de sus principios de fe y se mantuvo allí a cubierto, como un viejo solado raso que ha aprendido a resguardarse en la trinchera. ¿Y yo? ¿Qué pasaba conmigo? ¿Qué había sido de mi fe en el <em>führer</em>, el pueblo y la patria?</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>Y</strong></span></span>o me había deshecho de todo aquello como si jamás hubiese significado nada para mí. El “Mito del siglo XX” no había durado mucho, no había echado raíces tan profundas como la fe castrense de padre, había resultado ser espuma de jabón que después de hincharse mucho se deshace al primer golpe de viento. No ha quedado nada de aquello, ni una sola burbuja. ¿Me sentía yo liberado? ¿Liberado de qué? ¿Era yo libre? ¿Libre para qué? ¿Era yo el mismo que había sido aún hace un año? ¿Era otro?</p>
<p align="center"><a href="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2007/11/nazis-fdr.jpg" title="nazis-fdr.jpg"></a></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>E</strong></span></span>n su día ya me había ocupado de esos problemas, intenté entenderlos, responder a ellos, interpretarlos. El resultado fue nulo, junto con el Reich y su mito se hundió todo un mundo, pero las circunstancias de su hundimiento no me plantearon ningún problema. Me sentía libre y con eso me bastaba. […] El holocausto de Auschwitz y la bomba de Hiroshima se asentaron en mi memoria como un eco lejano de la guerra, y tan sólo en los años cincuenta empezaron a adquirir mayor peso en mi imaginación y mi conciencia.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>E</strong></span></span>n el primer decenio posterior a la guerra se fue orquestando en todos los cráneos el concierto de las nuevas posibilidades que se nos ofrecían. Cualquier salida era posible. Antes de que las insignias del Partido se oxidaran en los sumideros y las imágenes del <em>führer</em> se enmohecieran en las buhardillas, los viejos miembros del Partido pasaron a ocupar de nuevo sus antiguos puestos, cambiaron de chaqueta en un santiamén. <strong>Otto Früh</strong>, mi último profesor de primaria y cargo del Partido en Sulzbach, entró muy pronto a trabajar en la Escuela Normal para formar a los nuevos maestros y, con el tiempo, le nombraron incluso inspector de enseñanza. Aún me faltaba mucho para que yo mismo llegara a ser maestro cuando ya empezaban a oírse desde los púlpitos las voces francas y alegres de los cristianodemócratas, los demócratas liberales y los socialdemócratas, voces que incluso salían de la boca de los viejos nacionalsocialistas.</p>
<p align="center"><a href="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2007/11/admiradores-de-hitler-fdr.jpg" title="admiradores-de-hitler-fdr.jpg"></a></p>
<p>-<em>Yo sólo consentí en ser jefe de grupo para evitar cosas peores</em> -decía <strong>Otto Früh</strong>, mientras se pasaba la mano con agrado por el cabello donde se le veía una raya trazada con precisión. No tenía reparos en mencionar los valores humanistas que siempre le habían guiado.</p>
<p align="center"><a href="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2007/11/klaus-barbie-fd.jpg" title="klaus-barbie-fd.jpg"><img align="middle" src="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2007/11/klaus-barbie-fd.jpg" alt="Klaus Barbie sonríe durante el juicio en que fue condenado. Dijo que él había conseguido olvidar sus crímenes." title="Klaus Barbie sonríe durante el juicio en que fue condenado. Dijo que él había conseguido olvidar sus crímenes." /></a></p>
<p>-<em>Estamos dentro de la antigua tradición alemana</em>- me dijo un día en que me lo encontré delante de la misma escuela en la que me había enseñado a callar y a no moverme, -<em>el tercer Reich no fue más que un mal sueño que deberíamos olvidar cuanto antes</em>.</p>
<p>¿<span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>Q</strong></span></span>ué hacer, pues, recordar u olvidar? ¿Sacar a la luz o reprimir? Empecé a estudiar. Aprendí que la pedagogía le exige mucho al nuevo ser humano y que la psicología lo vuelve a rechazar todo; aprendí que la psicología exige una nueva forma de aprender que, a su vez, es rechazada por la pedagogía. […] “Según sea el caso”, nos dice la psicología, de modo que aprendía a decir “según el caso”, y también “por lo demás”, o “dadas las circunstancias”. Aprender se convirtió en algo facilísimo.</p>
<p>-<em>Yo he olvidado</em>- dijo <strong>Klaus Barbie</strong> a un reportero de la televisión boliviana que lo acompañó a Lyon después de haber sido detenido en La Paz. En qué estará pensando ahora, encerrado en una celda detrás de los muros altos y pelados de la cárcel de Montluc, sentado en el borde de su camastro e intentando luchar contra los recuerdos que le deben asaltar.</p>
<p><strong><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>B</strong></span></span>arbie</strong> afirma que él ha olvidado, y que si los demás no pueden olvidar es problema suyo. Nos dicen que se presentó en la sala del tribunal con una leve sonrisa, vestido con un traje de raya fina, el cabello largo le caía desde desde la parte posterior del cráneo sobre las orejas y torcía la boca en un gesto de asco insolente. […]</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>Y</strong></span></span>a es tarde, es de noche, pero no puedo dormir. Mis pensamientos vuelven atrás, cuarenta años, cincuenta años. No se me ha olvidado nada y me pregunto: ¿No tendré alguna culpa en que el pequeño <strong>Renée</strong> se saliera de la fila y malograra su vida en un orfelinato? ¿De que aquel vecino a quien no le gustaba trabajar fuese internado en un campo de concentración, le maltrataran y le cruzaran el rostro?</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>T</strong></span></span>ambién yo intervine en el juego, también yo canté la misma melodía.  Mientras me había lavado con jabón flotante me reía, y así asesinaba una vez más al viejo judío. También yo había entonado lleno de fe: <em>“La bandera es la patria y sus enemigos deben morir”</em> y contribuí con ello a torturar a <strong>Jean Moulins</strong> hasta la muerte.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt"><strong>N</strong></span></span>o, no puedo hacer nada por borrar lo sucedido.</p>
<p align="center">* * *</p>
<p><strong>LUDWIG HARIG</strong>, <em>¡Ay del que se salga de la fila!</em> Anaya &amp; Mario Muchnik, 1992. Traducido del alemán por Helga Pawlowsky. FD, 04/11/2007.</p>
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		<title>LA PAZ, HERMANOS, ES MEJOR QUE LA GUERRA, por Thomas Jefferson</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Apr 2012 15:54:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Nava</dc:creator>
				<category><![CDATA[ABECÉ DE LA DEMOCRACIA]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Hechos por el mismo Gran Espíritu, y viviendo en la misma tierra con nuestros hermanos, los pieles rojas, nos consideramos como de la misma familia; queremos vivir como un solo pueblo, y estimar sus intereses como los propios. Ya son suficientemente numerosos los males que por necesidad rodean la vida del hombre. ¿Por qué habríamos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>&#8220;Hechos por el mismo Gran Espíritu, y viviendo en la misma tierra con nuestros hermanos, los pieles rojas, nos consideramos como de la misma familia; queremos vivir como un solo pueblo, y estimar sus intereses como los propios. Ya son suficientemente numerosos los males que por necesidad rodean la vida del hombre. ¿Por qué habríamos de añadir a ellos los derivados de acosarse y destruirse recíprocamente? La paz, hermanos, es mejor que la guerra. Vivamos, pues, en paz y amistad, haciéndonos unos a otros todo el bien posible. Los sabios y buenos en ambos bandos lo desean, y debemos cuidarnos de que los necios y malvados entre nosotros puedan evitarlo&#8221;.</strong></em></p>
<p style="text-align: center;">* * * * * * </p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>H</strong></span></span>ermanos y amigos de los miamis, los pwtewatamies y weeauks:</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>R</strong></span></span>ecibo con gran satisfacción la visita que habéis tenido la gentileza de hacerme en este lugar, y doy gracias al Gran Espíritu que os ha conducido a nosotros con salud y seguridad.</p>
<p><a title="pompas-de-pluma-karen-noles-fd.jpg" href="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2007/07/pompas-de-pluma-karen-noles-fd.jpg"><img class="alignright" style="margin-left: 10px; margin-right: 10px;" title="Pompas de pluma, por Karen Noles." src="http://israelnava.com/filosofiadigital/wp-content/uploads/2007/07/pompas-de-pluma-karen-noles-fd.jpg" alt="Pompas de pluma, por Karen Noles." width="252" height="297" align="middle" /></a></p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>s bueno que los amigos se encuentren de cuando en cuando, abran sus mentes de modo mutuo y renueven el vínculo de afecto. Hechos por el mismo Gran Espíritu, y viviendo en la misma tierra con nuestros hermanos, los pieles rojas, nos consideramos como de la misma familia; queremos vivir como un solo pueblo, y estimar sus intereses como los propios. Ya son suficientemente numerosos los males que por necesidad rodean la vida del hombre. ¿Por qué habríamos de añadir a ellos los derivados de acosarse y destruirse recíprocamente?</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>L</strong></span></span>a paz, hermanos, es mejor que la guerra. En una guerra larga y sangrienta perdemos a muchos amigos y nada ganamos. Vivamos, pues, en paz y amistad, haciéndonos unos a otros todo el bien posible. Los sabios y buenos en ambos bandos lo desean, y debemos cuidarnos de que los necios y malvados entre nosotros puedan evitarlo.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>P</strong></span></span>or nuestra parte, nos esforzaremos en todo por ser justos y generosos hacia vosotros y en ayudaros a hacer frente a las dificultades que os está produciendo un cambio en las circunstancias.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>C</strong></span></span>on gran placer veremos que vuestro pueblo comience a cultivar la tierra, a criar rebaños de animales útiles y a tejer e hilar, a fin de procurarse alimento y ropa.</p>
<p><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 14pt;"><strong>E</strong></span></span>sos recursos son seguros; jamás os decepcionarán. Los de la caza, en cambio, pueden fracasar, exponiendo a vuestras mujeres e hijos a las miserias del hambre y el frío. Con placer os proporcionaremos herramientas para las funciones más necesarias, y personas capaces de enseñaros a hacerlas y usarlas.</p>
<p><em>Washington, 7 de enero de 1802.</em></p>
<p><strong>THOMAS JEFFERSON</strong>,  <em>Autobiografía y otros escritos</em>. Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia. FD, 24/07/2007. <strong><a href="http://www.firstpeople.us/" target="_blank">AMERICAN INDIANS, FIRST PEOPLE.</a></strong></p>
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