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	<title>Nobleza Laucha</title>
	
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	<description>El blog de Laureano Herger</description>
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		<title>El cuento del tío</title>
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		<pubDate>Fri, 06 May 2011 22:25:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laureano</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando uno no tiene inspiración no puede escribir sobre lo que desconoce, esa facilidad se reserva para los momentos en los que uno siente que el teclado es la extensión de la idea, de la imagen que dispara un texto, de la anécdota graciosa que bien contada y estratégicamente diagramada, se deja leer por casi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando uno no tiene inspiración no puede escribir sobre lo que desconoce, esa facilidad se reserva para los momentos en los que uno siente que el teclado es la extensión de la idea, de la imagen que dispara un texto, de la anécdota graciosa que bien contada y estratégicamente diagramada, se deja leer por casi cualquiera.</p>
<p>Ganarle a la hoja en blanco sin llenarla de estupideces pretenciosas descarta mucho texto sin terminar, &#8220;tenés que volver a las bases&#8221; me dijeron, y si las bases son el asiento de un texto, si la base es alguien que pone los fundamentos de una transformación, no puedo dejar de hablar de mi tío Marcelo.</p>
<p>Marcelo es mi único tío, único porque mi viejo no tiene hermanos, y porque mi vieja tiene dos, pero Marcelo abarca todos los significados de &#8220;único&#8221;. Un tipo demasiado disfuncional para la adultez, que sabe desempeñarse como héroe entre los admiradores más pequeños.</p>
<p>Se crió en la Paternal, y cuenta los partidos de fútbol que se armaban en la vereda de Carranza como batallas épicas en las que figuras mitológicas como &#8220;El canario Roldán&#8221;, &#8220;Chiquito Giménez&#8221; y un tal &#8220;Pelusa&#8221; batallaban cuerpo a cuerpo contra las huestes que habitaban al otro lado del puente de la avenida San Martín.</p>
<p>Es una de las pocas personas con la capacidad de contar su más glorioso éxito con amargura en la voz, la ocasión en que se fue a probar al club Argentinos Juniors, y de un grupo de treinta enanos con botines, sólo quedaron seleccionados Pelusa y él. Más tarde me enteraría que Pelusa es Diego Maradona, y que él no pudo continuar en las inferiores del bicho porque la madre no podía comprarle las canilleras. &#8220;No me las quiso comprar por miedo a que me rompa una pierna&#8221;, cuenta lamentándose.</p>
<p>Traté de entender porqué mi abuela no le había comprado el equipo, pero me fue imposible reparar en ese detalle ante el encandilamiento de saber que en ese potrero que describía el cuartetero Rodrigo había estado mi tío, nada más y nada menos que con la definición personificada de la palabra &#8220;ídolo&#8221;.</p>
<p>Rey de los comentarios graciosos, Marcelo tiene la facilidad de exclamar lo que todos tenemos en la punta de la lengua. Por alguna razón mi vieja siempre le tuvo miedo, calculo que ese miedo que los adultos tienen, cuando no pueden comprender del todo  la vida de otro adulto y lo consideran irresponsable. Mi abuela dice que está enfermo, y tal vez tenga un poco de razón, pero la imagen de héroe me nubla el sentido común, y me duele la descripción sintética.</p>
<p>No tuve oportunidad de desdibujar la figura de mi tío, mi recuerdo de su persona está estancado en la navidad del 99&#8242;, cuando me enseñó cómo prender correctamente un tres tiros y recomendó que se la pusiera a todas las que me cruzara sin discriminar. No pude desarraigar durante mi crecimiento su carácter de mentor, no pude porque no volví a verlo desde esa navidad, y porque el hecho de que desapareciera lo ascendió de héroe a mito, y cuando uno es un mito, los rumores y las historias contadas de un sólo lado de la campana no tienen el peso suficiente para borrar la anécdota de Pelusa, o la fuerza para desactivar la capacidad de patear un tiro libre al ángulo con las manos en los bolsillos.</p>
<p>Supe que se separó, que en arranques de ira fue desgastando la relación con los más cercanos, que le era imposible trabajar en relación de dependencia, porque eso implicaría relacionarse y depender, llegaron a decir que durmió en una estación de tren, con los cirujas, que se peleó a los puñetazos con los cirujas y que en cada vez salió airoso.</p>
<p>Hace ya más de diez años que no lo veo, y sólo me entero cada tanto de alguna de sus aventuras por boca de mi abuela, mi abuela la que suele contar las cosas como si fuese testigo ocular del fin del mundo, de la degradación del universo.</p>
<p>Pienso que si fuera más como mi tío nunca estaría sin inspiración, tendría muchas anécdotas que contar, comentarios graciosos que exclamar, y cuando creo que ya no tengo nada que decir llega un mail: &#8220;Marcelo M. quiere ser tu amigo en Facebook&#8221;.</p>

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		<title>Brian y Malena</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Jan 2011 21:25:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laureano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente Noble]]></category>
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		<description><![CDATA[Brian y Malena son dos stickers en el vidrio de atrás de una Trafic. Son sinónimo de un padre orgulloso, son el equivalente a un viejo laburante, que reparte algo que no se ve en esa camioneta. El conductor de la chata es bastante joven, tendrá unos 30, pero aparenta un poco más. Es sabido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Brian y Malena son dos stickers en el vidrio de atrás de una Trafic. Son sinónimo de un padre orgulloso, son el equivalente a un viejo laburante, que reparte algo que no se ve en esa camioneta.</p>
<p>El conductor de la chata es bastante joven, tendrá unos 30, pero aparenta un poco más. Es sabido que los que laburan en el reparto se levantan temprano, que son de los que más hechos pelota llegan a sus casas.</p>
<p>Me pregunto que llevó a este repartidor a contarle a todo el que frena detrás suyo, que es el orgulloso papá de Brian, que seguramente ya habrá pateado alguna que otra pelota, y el flamante progenitor de Malena, Male, la beba.</p>
<p>No es la primera vez que veo algo así, la otra vez vi un hombre que en sus antebrazos -el izquierdo y el derecho respectivamente- tenía tatuados los nombres de sus dos hijos. &#8220;No se donde me voy a poner el nombre de la que está en camino&#8221; me dijo con una sonrisa que intuí, pero que la barba me impidió ver.</p>
<p>Lo más probable es que en algún momento Brian crezca, es casi seguro que alguna materia se llevará en el colegio. Cuando tenga algunos años en el conurbano tal vez se empiece a juntar con los pibes de la esquina, y nunca rinda esa materia que se llevó. ¿Cuanto tiempo pasará para que Malena tenga su primera vez con un pibe mucho más grande, que no la cuide, que Brian sea tío y el repartidor abuelo prematuro?</p>
<p>Probablemente el olor a porro que tendrá el varón, el más grande, no sea lo que ese repartidor de vaya uno a saber que cosa tenía pensado cuando pegó esas calcomanías, cuando el de barba se tatuó los antebrazos. Se levantó muy temprano por mucho tiempo para poder mandar a Malena al colegio bien desayunada, para comprarle el manual de 6to grado a Brian.</p>
<p>Lo cierto es que el muchacho de treinta años cree tener en esa camioneta el volante del destino de sus hijos, el motor que los impulse a salir adelante, y las calcomanías que le recuerdan cada vez que baja a descargar mercadería, porque se está rompiendo el lomo.</p>
<p>¿Creerá tal vez en un par de años que fue en vano tanto esfuerzo, el haberse alejado de la misma esquina que tal vez Brian frecuente? Con los años las calcomanías se desgastan, con las lluvias y los lavados de carrocería a veces pierden alguna letra, los tatuajes van perdiendo su color hasta dejar de ser objetos extraños que uno observa como ajenos mientras se ducha. Las marcas siempre quedan.</p>
<p>El vínculo que une al repartidor con sus dos hijos es irrompible, haga lo que haga no puede dejar de ser su papá. Aunque algún día Brian no lo reconozca porque está quemado, aunque Malena no quiera saber de él porque se siente avergonzada, porque dejó de ser la chica que se sacaba buenas notas para ser la que amamanta a un nene con alguno de esos nombres campestres que volvieron a ponerse de moda, ser la &#8220;señora&#8221; de un vago que se gasta lo que no tiene en alimentos para el alma con corta fecha de expiración.</p>
<p>El semáforo se pone en verde y las calcomanías se alejan, el muchacho de unos 30 años, pero que aparenta más, tiene que subir por cuarta vez en el día a la General Paz.</p>

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		<title>El aire condicionado</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Dec 2010 22:43:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laureano</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Aire acondicionado]]></category>

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		<description><![CDATA[Durante los noventa el aire acondicionado era un lujo, era la novedad. Nadie proyectaba sus tardes en base a la agradable sensación de que los de afuera son de palo, en que la realidad mejor se encuentre dentro de la casa,                en que el bienestar de las 12 cuotas sin interés sea irreverente para con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Durante los noventa el aire acondicionado era un lujo, era la novedad. Nadie proyectaba sus tardes en base a la agradable sensación de que los de afuera son de palo, en que la realidad mejor se encuentre dentro de la casa,                en que el bienestar de las 12 cuotas sin interés sea irreverente para con lo que sucede afuera.</p>
<p>Creo en el aire acondicionado como un invento revolucionador,  un hito político de control de masas,  mi primer contacto con el gas Freón lo tuve a la corta edad de 9 años. A esa edad me encantaba acompañar en su jornada laboral a mi abuela Ana, oficial mayor de escribanía; de esas personas que sin un título saben por experiencia. Que sin doctorados, saben como resolver un conflicto notarial, pero también en que lugar pedir la mejor pizza.</p>
<p>Lo que más me gustaba de la escribanía era la olivetti verde que quedaba libre, habían llegado las computadoras y a la pobre máquina de escribir no la habían jubilado, sino más bien la habían degradado a &#8220;úsese en caso de corte de luz&#8221;. No hay nada más placentero que el ruido de una olivetti cuando uno sabe teclear rápido. O cuando no sabe hacerlo, pero no le importan los errores ortográficos.</p>
<p>Por cada letra imprenta minúscula impresa en el revés de una carilla ya utilizada, mi cerebro liberaba una especie de<br />
endorfinas ligadas al chocolate kinder, y a autoguitarrearse (cosa que había descubierto poco tiempo antes). Con la llegada del aire acondicionado, las ganas de acompañar a mi abuela se multiplicaron; era la panacea del hedonista sonoro, el &#8220;taka taka&#8221; de la olivetti, en un ambiente fresco y con un dejo de olor a tabaco.</p>
<p>Con el tiempo, ya pasado el 2000, las costumbres fueron cambiando. Los chicos que solíamos disfrutar las tardes transpirando ese sudor inodoro de la infancia, ese agüita en la cara que refrescaba al correr escapando del loco de la inmobiliaria Nube, crecimos y nos encerrámos a ver dibujitos japoneses bajo el manto del frescor eléctrico.</p>
<p>Los chicos que debían reemplazarnos en las calles, torturando a los vecinos con maldades sin secuelas, empezaron a no salir tampoco.</p>
<p>Recuerdo las familias sentadas en la vereda, recuerdo los señores gordos en cuero tomando cerveza fría sentados en banquitos. La gente aprovechaba esos momentos para quejarse del calor, del país, de todo lo que no podían solucionar desde sus banquitos. Es que el calor promueve el malestar, es padrino del conflicto, es amigo del desgraciado, y enemigo íntimo del que no se enoja nunca.</p>
<p>Creo en los climatizadores como condicionantes del aire. Como creadores de una generación de cómodos, que solo se quejan, cuando se ven obligados a despojarse de su frescura para hacer algún trámite, o cuando tienen que viajar en el transporte público.</p>
<p>Las grandes reuniones y decisiones se desarrollan en ambientes climatizados, nadie quiere que las partes estén molestas. Cuando te echan del laburo, la noticia, y el cheque de la indemnización te los dan en una oficina fresca. Cuando el dentista te está por extirpar las muelas de juicio, pone el aire en 22°, y cuando te va a cobrar lo pone en 18°.</p>
<p>Nunca debimos llamar a la nube de mentiras disfrazadas de clima templado  &#8220;aire&#8221;, el aire es mucho más que la oferta de un local de elctrodomésticos, mucho más que el desinterés de algún banco.</p>
<p>Tal vez sea demasiado tarde para corregir este comportamiento en la sociedad, muchos de nosotros ya chivamos feo.</p>

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		<title>Las constantes de la vida</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Dec 2010 00:28:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laureano</dc:creator>
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		<description><![CDATA[6 años tenía cuando mamá me regaló mi primer diario íntimo, era de ositos, con las carillas perfumadas, con renglones de trazo irregular, una mariconada en otras palabras, era tan de nena ese diario que con 6 años me avergonzaba tenerlo. Nada interesante puede contarse a esa edad, al principio mis notas eran dedicadas al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>6 años tenía cuando mamá me regaló mi primer diario íntimo, era de ositos, con las carillas perfumadas, con renglones de trazo irregular, una mariconada en otras palabras, era tan de nena ese diario que con 6 años me avergonzaba tenerlo.</p>
<p>Nada interesante puede contarse a esa edad, al principio mis notas eran dedicadas al día que falté a la escuela porque me pinché un dedo del pie, la vez que mi abuela me regaló diez pesos y me los gasté en figuritas del chavo, o la ocasión en que me enfermé de gripe y me tuvieron que prestar una carpeta para no atrasarme en el colegio.</p>
<p>Después de un par de días, (8 para ser exactos) me aburrió y lo empezé a usar para escribir cuentos. Todos esos cuentos empezaban con &#8220;había una vez&#8221; y no duraban más de 10 renglones, no eran descriptivos, no tenían conflicto, y sus personajes vivían felices para siempre, o repentinamente se morían porque si.</p>
<p>De todas formas descubrí que me gustaba inventar cosas, me gustaba exagerar las que ya existían, y más que nada me gustaba verlas escritas en ese cuaderno.</p>
<p>Ya en la primaria, la clase de lengua era mi favorita, tenía que escribir historias y me ponían buenas notas por eso, muchos elegían la temática grande: el extraterrestre que vino a conquistar el mundo, el nene que se ve involucrado en una persecusión feroz, o el papá que tiene el trabajo más importante del mundo. A mi me gustaban las historias chiquitas, las que le podían pasar a cualquiera: la vieja que tiraba baldazos de agua caliente si le hacían ring raje, el encargado de edificio que tenía fichados a los malandras del barrio, o las señoras que dejaban que sus caniches toy ensuciaran las veredas.</p>
<p>Durante la secundaria descubrí el beneficio de escribir decentemente en las pruebas de historia, en las de filosofía, y en cada una en la que me dieran un espacio para desarrollar un conocimiento (que siempre era poco pero bien floreado). Me llevé en todos los cursos y sin excepción alguna las materias duras, en las que había que aplicar la memoria, fórmulas, o un análisis lo más parecido posible al del profesor de turno.</p>
<p>Mi primer beso lo conseguí por una carta bien redactada, en la que le declaraba mi amor incondicional y la posibilidad de compartir las tutucas en el recreo a Eva Sotomayor, la nena más alta del curso (incluyendo a los varones).</p>
<p>La época de la facultad fue casi un paraíso, uno podía elegir que materias cursaba, y dejar las tediosas para después. Me anoté en todas las que por su nombre parecían accesibles para quien abunda en contenidos inexistentes. Noté que la jugada no resultó demasiadobien al descubrir que para aprobar varias de ellas tenía que aplicar la lógica, o desarrollar algún contenido de esos que se aprenden específicamente de memoria.</p>
<p>Una vez intenté escribir una novela, estaba enojado con mis viejos, estaba molesto con mi vida, y decidí expresarlo en una hoja de Word 97&#8242;, escribí la frase &#8220;Es difícil convivir conmigo mismo&#8221; y cerré todo. No sé escribir enojado.</p>
<p>Después de vagabundear por carreras, decidí enfocarme en la escritura como modo de vida, siempre pensé que era algo imposible, que no había lugar en este mundo para gente como yo. Con el tiempo descubrí que si, pero que casi nunca se puede escribir sobre la vieja de los baldazos o del fenómeno del ring raje en la sociedad de los 90&#8242;.</p>
<p>Abrí un blog, pensando que era una buena forma de no perder los hábitos, de no perder la agilidad mental para contar cosas intrascendentes de la manera más agradable que pudiera lograr. Contar las cosas que a mí sólo me importan y que por algún fenómeno de la naturaleza, a muchos de ustedes también.</p>
<p>Creo en las constantes como una forma de autochequeo, de balance. Cuando uno es complejo y desordenado, todo lo que tiene en el mundo son las constantes, y estoy casi seguro de que los caniches toy siguen ensoretando las veredas.</p>

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		<title>Por la fuerza</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Dec 2010 21:11:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laureano</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Piloto de avión. &#8220;Piloto de avión&#8221; fue siempre la respuesta que dí a la tediosa pregunta que todos los adultos hacen. Desde chico tenía admiración por esas bestias del aire, y por como levantaban vuelo siendo tanto más grandes que una paloma. Me crié arriba de aviones, en mi cumpleaños número cinco mi viejo me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Piloto de avión. &#8220;Piloto de avión&#8221; fue siempre la respuesta que dí a la tediosa pregunta que todos los adultos hacen.<br />
Desde chico tenía admiración por esas bestias del aire, y por como levantaban vuelo siendo tanto más grandes que una paloma. Me crié arriba de aviones, en mi cumpleaños número cinco mi viejo me llevó de Buenos Aires a Mendoza<br />
en la cabina, para cuando tenía 9 ya había llegado hasta Ushuaia y conocía por primera vez la nieve.</p>
<p>Para ser piloto en Argentina uno tenía dos opciones: hacer un curso carísimo de piloto civil, o ingresar en la Fuerza Aérea, fumarse cuatro años para ser oficial, y otros tres para ser piloto. No era fácil entrar, no era fácil permanecer, no era fácil llegar. Cuando se es chico, los desafíos se ven como simples obstáculos que se van a ir sorteando de maneras misteriosas e improvisadas, cuando uno llega a los 18, los obstáculos, le dan fiaca.</p>
<p>&#8220;¿Porqué no probás un año como soldado, a ver si te gusta la vida militar?&#8221; me dijo Roberto, y así fue como me enrolé en la Fuerza Aérea como soldado voluntario. Así fue como lo conocí a Gorsky.</p>
<p>Alfredo Gorsky quería ser soldador. Gordo y petiso, con cara de simpático, pero a la vez con gesto de pocos amigos. Al principio no quise caer en la obviedad de que Gorsky había confundido las palabras &#8220;soldado&#8221; con &#8220;soldador&#8221;, pensé que al finalizar la instrucción tal vez tendría arreglado un destino en el departamento técnico, donde podría cumplir su sueño de fundir metales a fin de que quedaran solidificados.</p>
<p>Al cabo de dos semanas, sospeché lo primero.</p>
<p>Gorsky era el hazmerreir del pelotón, que digo pelotón, de toda la compañía histórica de la Fuerza Aérea, lugar donde se formaban los próximos defensores de la patria, o mejor dicho, donde formaban a los llevapapeles de las oficinas del edificio Cóndor.  El rechoncho era desalineado, rehusaba de cortarse el pelo, y no se afeitaba el bigote; ese bigote de lampiño que te sale a los 18, el impresentable, el inadmisible bigote de la pubertad.</p>
<p>&#8220;¿Estuvo soplando caños de escape?&#8221; le preguntaba con sorna el suboficial Benitez, &#8220;¿Se comió una araña y se dejó afuera las patitas?&#8221; insistía a fin de sacar una carcajada al grupo de 15 futuros militares con ganas de pagarse la facultad y estudiar cualquier otra cosa.</p>
<p>Recuerdo con exactitud el día en que Gorsky confundió el mingitorio con la ducha, y meó lo que un soldado antiguo había limpiado hacía cuestión de minutos, lo recuerdo con exactitud porque el castigo de nuestro instructor fue realizar una serie de flexiones de brazos infinita. Gorsky no confesó haberlo meado, pienso que no confesó no por falta de códigos, sino porque efectivamente pensó que no había meado en la ducha.</p>
<p>Tres días estuvimos sin poder llevarnos el tenedor a la boca por el dolor en los bíceps. Gorsky seguía con su sueño de unir hierros, y los demás nos replanteamos la necesidad de sufrir tanto calvario a fin de no tener que pedirle plata a papá para comprar en Levi&#8217;s.</p>
<p>Llegué a encariñarme con Gorsky, nada gracioso pasaba en la compañía de no ser por él y por &#8220;Gomero&#8221;, cuyo apellido real era Romero pero que al tener cierta dificultad para pronunciar la erre se ganó el mote.</p>
<p>Al mediar la instrucción, a Gorsky lo hicieron llorar. Las lágrimas caían en ese bigote que no se sabía si era bigote o mugre, se dio cuenta que era el hazmerreír de la Fuerza, se dio cuenta que en ningún momento nos enseñarían a soldar, y que no podría nunca realizar bajo el rótulo de personal militar, su sueño más preciado.</p>
<p>Gorsky pidió la baja, y yo estuve un año en la Fuerza, dándome cuenta que lo mío no era ser piloto de avión, o tal vez si, pero que la vida militar era un precio muy alto de pagar. Me tendría que pasar la vida diciendo &#8220;si, señor&#8221; a gente que no merecía tal respeto, me tendría que despojar de mi humanidad más de una vez, sólo porque alguien ingresó<br />
un año antes .</p>
<p>Después de un año pedí la baja, y me encaminé a cumplir otros sueños que no había descubierto aún, el de dejarme la barba y cortarme el pelo cuando se me diera la gana. Sueños menores, comparados con el de Gorsky, quien espero, esté fundiendo metales con un bigote más refinado.</p>

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		<title>Pito y gol</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Nov 2010 21:27:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laureano</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol 5]]></category>
		<category><![CDATA[Villa Urquiza]]></category>

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		<description><![CDATA[La foto data de julio del 93&#8242;, mi memoria ubica el hecho mucho después, pero la foto es irrefutable con la marca de la fecha impresa por la minolta semiautomática que papá Roberto trajo en uno de sus viajes. La imagen es clara, un nene medio gordito, con la camiseta suplente de Argentina, la azul [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La foto data de julio del 93&#8242;, mi memoria ubica el hecho mucho después, pero la foto es irrefutable con la marca de la fecha impresa por la minolta semiautomática que papá Roberto trajo en uno de sus viajes.</p>
<p>La imagen es clara, un nene medio gordito, con la camiseta suplente de Argentina, la azul oscura que tiene rombos negros sobre la derecha, había elegido la suplente porque ya a los 6 años tenía gustos propios. Chueco, pero no de esos que parecen haber bajado de un pony en el que anduvieron toda su vida. Chueco al revés, como si las piernas fueran dos paréntesis que se ubicaron en el orden incorrecto. El nene de la foto soy yo, aunque me duela reconocerme.</p>
<p>&#8220;Hoy empezás fútbol&#8221; dijo Roberto: yo a los 6 años tenía devoción por Mc Gyver y lo único que me importaba en la vida era desatornillar cosas. No me negué, hice algún que otro berrinche, pero accedí bastante fácil; Roberto nunca me pedía cosas, Roberto casi nunca estaba en casa, Roberto &#8220;volaba aviones&#8221;, y &#8220;traía regalos&#8221;.</p>
<p>Por esa época me avergonzaba mi nombre, y me fastidiaba el tener que corregir el &#8220;Lautaro&#8221; que la mayoría entendía, así que lisa y llanamente opté por decirles a todos en la clase de fútbol que me llamaba Gastón.</p>
<p>&#8220;Gastón jugá abajo&#8221;, &#8220;tocala Gastón&#8221;, &#8220;picá Gasti&#8221;, nunca me hice cargo. No es que no me hice cargo por no sentirme identificado con el nombre, sino porque era malísimo jugando al fútbol. Jugar abajo era, para mí lo mismo que no jugar. Veía pasar a los delanteros contrarios  esperando que por algún misterio de la física la pelota me llegara a mi, o mejor aún, le llegara a un compañero así no me equivocaba al pasársela.</p>
<p>Meses pasaron sin que entendiera el juego, pensaba que toda mi tarea era pararme cerca del área (la mía, la que tenía que defender) y circunstancialmente evitar con mi cuerpo algún que otro pelotazo al arco amigo.</p>
<p>Como todo en mi vida, lo hice con pibes más grandes, simplemente porque en mi categoría éramos tres. El Fede Santarín, gran habilidoso con el esférico, &#8220;El Colo&#8221; Frías, un arquero de grandes reflejos, y yo ,&#8221;Gastón&#8221;.</p>
<p>A los 6, capo era el que sabía chiflar, el que meaba más lejos, el que corría rápido, pero el galardón de capo en capos se reservaba para el que cumplía con todo lo anterior y encima jugaba bien a la pelota (hablo de mis 6, no tengo idea de en que andan los gurrumines ahora).</p>
<p>Juan Manuel Colombres era ese tipo. Alto, con el pelo medio larguito raya al medio, líder nato en la cancha, el único al que nadie le pedía un poco de su Cepita al final de la clase, el único al que la mamá no le recomendaba &#8220;no sacarse la remera de abajo&#8221; para &#8220;no tomar frío después de transpirar&#8221;.</p>
<p>Como en este y todos los deportes, tarde o temprano se termina compitiendo, y así fué como me enrolé en este, el equipo &#8220;Los Escorpiones de Villa Urquiza&#8221; para el campeonato interbarrial. Más que nervios tenía pánico, pánico de que perdiéramos y me echaran la culpa a mi.</p>
<p>La primer fecha la jugábamos con el combinado de un colegio de Belgrano, no se como se llamaba el equipo, pero metían miedo, no por su estatura, por su porte físico, ni siquiera por su indumentaria. Eran cancheros. La soberbia a los 6 años es un arma letal. Ese aire de seguridad, de saber que en casa tenés cable, que en la alacena tenés siempre golosinas, que nunca te va a costar bocha de mandados llenar el álbum de figuritas &#8220;Basuritas&#8221;, amedrenta a cualquier nene que se afana los vueltos para mantener sus vicios autoadhesivos.</p>
<p>El partido estaba 5 a 5, y no se si faltaba mucho o poco para que termine, me gusta más pensar que faltaba poco porque así es más emotiva la anécdota. Ellos jugaban bien, en equipo. Nosotros habíamos logrado los 5 tantos por jugadas individuales de Juan Manuel. Córner, &#8220;andá a buscarla al área Gastón&#8221; me grita el profe.</p>
<p>Era todo o nada, todo se resolvía en ese tiro de esquina a ejecutarse por mi ídolo personal, el pibe que no usaba otra remera abajo de la camiseta. Yo me paré a 10 centímetros de la línea de gol; en el fútbol temprano, el de las canilleras marca &#8220;Procer&#8221; no hay offside. La pelota hizo una parábola perfecta, el centro era pasado. Cerré los ojos y sentí un impacto en la ingle, la pelota se había desviado y había sido gol, que gol, golazo. Cuando corrí hacia mi área de vuelta, gritando desesperadamente, sentí una lágrima que no me salió del ojo, me salió del pecho y viajó hasta mi mejilla. Papá Roberto estaba mirando.</p>
<p>&#8220;Hiciste un gol con el pito&#8221; me dijo Juan Manuel Colombres, mi ídolo de todo el mundo, mientras me chocaba los cinco. Yo no me gasté en explicarle que había sido con la ingle cuando me compartió su Cepita de manzana, prefiero pensar que lo hice con el pito.</p>

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		<title>Lo que el ponja no sabía</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Nov 2010 21:43:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laureano</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La playstation es la excusa que tenemos los hombres para juntarnos a hablar de minas. Entre picado y picado, entre cada barca &#8211; Inter nos mandamos un puñado de maníes, un trago de cerveza, y exponemos un poco mas nuestra miseria amorosa, miseria amorosa que consiste básicamente en que &#8220;justo la que nos gusta no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La<em> playstation</em> es la excusa que tenemos los hombres para juntarnos a hablar de minas. Entre picado y picado, entre cada <em>barca &#8211; Inter</em> nos mandamos un puñado de maníes, un trago de cerveza, y exponemos un poco mas nuestra miseria amorosa, miseria amorosa que consiste básicamente en que &#8220;justo la que nos gusta no nos da bola&#8221; y que con los años va evolucionando a temas como &#8220;no se porque me dejó&#8221; , &#8220;no se porque la dejé&#8221;, &#8220;ya se porque me dejó&#8221; y &#8220;menos mal que la dejé&#8221;.</p>
<p>Mi primera <em>play</em> me la compré a los 13, hacía poco me había mudado a la provincia de Buenos Aires y tenia menos amigos que <em>Skeletor</em>, hacia calor, mucho calor en la provincia. En la casa nueva, estando en planta baja no corría el mismo viento que corría en ese piso 12 de Villa Urquiza, y yo estaba ahí, el verano entero sin ver la luz del sol, encerrado con los videojuegos.</p>
<p>Poco tiempo después empecé a hacer algunos amigos: uno por una abuela que reconoció cierta compatibilidad entre un jugador compulsivo (<em>de playstation</em>) como yo y un <em>gamer</em> adicto &#8220;que no hace mas que jugar al aparato ese con la televisión&#8221;. Otro, <em>el Javito, </em> por cercanía barrial, y por un singular parecido físico conmigo que hacía que en la calle la gente pensara que éramos hermanos. Por momentos jugábamos a la <em>play</em>,  por otros salíamos a callejear hasta que se hiciera de noche, y nos viéramos obligados a volver a <em>viciar</em>.</p>
<p>A los 17 <em>la playstation</em> ya era un ritual, el punto de encuentro, hacer algo mientras te entrelazás con tus amigos y les confesás lo que ni a tus viejos le dirías &#8211; a los 17 cualquiera sabe más de vos que tus viejos &#8211; y te entregás a los sabios consejos de alguien que tiene una experiencia nula, o simplemente parecida a la tuya, pero que en el fondo te entiende (Aunque a veces se aproveche de la cháchara para ganarte el partidito mientras le abrís tu corazón).</p>
<p>Ahora que me doy cuenta <em>la play</em> mas que una máquina era una compañía, y las minas nunca van a entender eso. Por eso, creo yo, que<em> la play</em> tuvo tanto éxito, porque llenaba ese vacío que muchos pibitos rechonchos teníamos. Era el cemento que llenaba el hueco de una mudanza, de un cambio de escuela,  el enduído que tapaba los agujeros de no ver nunca mas a la chica que te gustaba en 6to grado y que por fin te habías animado a escribirle esa cartita, la que te contestó con un beso en el cachete.</p>
<p>Para nosotros, los de veintipico, <em>la playstation</em> fue nuestra educadora, nuestro psicólogo. Es inaudito pensar en un proceso emocional, sin la playstation.</p>
<p>Cualquier amigo que te quiere hacer el aguante te invita unas chichas y a jugar a la play para que te desahogues. Nosotros no lloramos, nosotros mandamos un centro con Beckham (cuando estaba en el Real Madrid) y lo cabecea Ronaldo. Nosotros no nos abrazamos, le tiramos un pase habilitación al amigo que anda mal, cuando jugamos de a cuatro.</p>
<p>Creo que el ponja que la inventó pensó en términos de gráficos, de jugabilidad, de costo beneficio. Lo que el ponja no sabía, era que poner a Roberto Carlos a jugar de delantero te podía sanar una herida.</p>
<p></p>

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		<title>Un café, un abrazo.</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Oct 2010 22:44:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laureano</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Néstor Kirchner]]></category>

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		<description><![CDATA[Me hubiese gustado contarte que cuando vos asumías yo estaba terminando la secundaria. Que no me importaba la política, que por pocos meses no tuve la oportunidad de votarte. Votarte simplemente porque no lo quería al otro. Me hubiese encantado decirte, que mientras descolgabas los cuadros de quienes mancharon nuestra historia yo estaba trabajando con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me hubiese gustado contarte que cuando vos asumías yo estaba terminando la secundaria. Que no me importaba la política, que por pocos meses no tuve la oportunidad de votarte. Votarte simplemente porque no lo quería al otro.</p>
<p>Me hubiese encantado decirte, que mientras descolgabas los cuadros de quienes mancharon nuestra historia yo estaba trabajando con mucho esfuerzo para pagarme la universidad, que dormía muy poco, y que comía porquerías a las apuradas. Que a mis viejos siempre les costó mucho todo, pero que no hace falta corregir ese &#8220;todo&#8221; porque nunca nos faltó nada.</p>
<p>Hubiese querido hablarte de mi abuela, que hoy vive con nosotros porque perdió todo, porque toda su vida laburó en negro para sostener ella sola una familia. Contarte que hace poco se jubiló, y que se pone contenta cada vez que nos puede dar un gusto, regalarnos una pavada.</p>
<p>Quisiera haberme tomado un café con vos y decirte honestamente que siempre fui ambicioso, pero que nunca pensé llegar a este lugar en el que estoy ahora, decirte que me hiciste volver a creer en que los argentinos no somos los peores, que todo lo de afuera no es mejor.</p>
<p>Que en ese café, sentados los dos me contaras una idea, un proyecto de los tantos que tenías en mente y que por algún motivo vieras algo bueno en mí y me dejaras participar en él.</p>
<p>Nací en una época con coletazos de miedo, me crié en una de fantasías que nunca nos tocaban de cerca, dí mis primeras opiniones en medio de saqueos y muerte. Me hago hombre en un momento de esperanza, de reenamoramiento con lo que nunca debió dejar de ser.</p>
<p>Hubiese querido no tener que usar el pluscuamperfecto en estas frases y, aunque sea, darte un abrazo y decirte &#8220;Gracias&#8221;.</p>
<p>Ayer pensé que perdí la oportunidad de verte, de saludarte, pero me equivoqué. Me equivoqué porque estabas presente en cada uno de los pibes que hoy levanta una bandera, que grita con euforia estar a disposición de los ideales y del modelo que dejaste.</p>
<p>Pibes como yo, que nunca en su vida hubiesen imaginado este sentimiento de dolor y tristeza porque no nos pudimos tomar un café con vos y contarte como nos afectaste para bien.</p>
<p>Hoy estancado en el corazón está ese sentir de compromiso, de deuda. Y si hay algo que nos enseñaste en este tiempo, es que las deudas hay que pagarlas.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.nobleza-laucha.com.ar/wp-content/uploads/2010/10/nestor.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-702" title="nestor" src="http://www.nobleza-laucha.com.ar/wp-content/uploads/2010/10/nestor.jpg" alt="" width="640" height="384" /></a></p>

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		<title>La reina de la calle Andonaegui</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Oct 2010 21:13:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laureano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Personal]]></category>

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		<description><![CDATA[La ducha es para mi un lugar hermoso, el único lugar donde estoy obligado a cerrar los ojos al menos por unos instantes, para que no me entre shampoo, y donde los recuerdos y pensamientos me persiguen a mas no poder. Siempre disfruté la ducha, siempre imaginé mejores realidades en ella, me imaginé duchándome en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http%3A%2F%2Fwww.nobleza-laucha.com.ar%2F2010%2F10%2F22%2Fla-reina-de-la-calle-andonaegui%2F&amp;layout=standard&amp;show_faces=true&amp;width=450&amp;action=like&amp;font=verdana&amp;colorscheme=light&amp;height=80" scrolling="no" frameborder="0" style="border:none; overflow:hidden; width:450px; height:80px;" allowTransparency="true"></iframe><br />
La ducha es para mi un lugar hermoso, el único lugar donde estoy obligado a cerrar los ojos al menos por unos instantes, para que no me entre shampoo, y donde los recuerdos y pensamientos me persiguen a mas no poder.<br />
Siempre disfruté la ducha, siempre imaginé mejores realidades en ella, me imaginé duchándome en cualquier otro lado, me imaginé en un escenario, hasta imaginé que no era ducha, sino lluvia.</p>
<p>Hace una semana que no la puedo disfrutar, hay algo que parece querer reflotar en mi memoria, y es Carolina.</p>
<p>Las tardes en Villa Urquiza se hacían largas, mucho más cuando pasaste a cuarto grado en diciembre, y te encontrás en un fusilante enero, en el que tus viejos no tienen la costumbre de tomarse las vacaciones. La vereda de Andonaegui, casi llegando a Olazábal, era mi cancha de fútbol, mi pista de ciclismo, mi sendero para andar en rollers.</p>
<p>Lucas y Emiliano, no andaban en rollers. Andar en rollers era de nena, pero yo lo amaba. Cuando tenés 10 años, lo que más te importa en el mundo es que no piensen que sos nena, y mucho más cuando todos tus amigos te llevan, en promedio, 3 años.</p>
<p>Cuando salía a andar en rollers, dando la vuelta manzana, no les tocaba el timbre, simplemente bajaba solo, y andaba hasta que los tobillos fueran pelotas de tenis. Siempre anduve solo, y en la hora de la siesta, para que al momento en que ellos dos bajaban, ya me encontraran predispuesto a tirarle piedras a los del templo Hare Krishna, o ir a molestar al de la inmobiliaria Nube.</p>
<p>Fue agradable descubrir que en mi hora de los rollers, Carolina empezaba a dar sus primeros enviones en unos patines con rueditas amarillo flúor. Carolina era la hermana de Emiliano, y Emiliano estaba loco, y por sobre todas las cosas odiaba a Carolina.</p>
<p>Todas las tardes de enero, yo la esperaba ansioso por que me acompañe en sus patines colorinche, ella era muy dulce conmigo, y aunque prácticamente no hablábamos, estábamos unidos porque ambos le escondíamos algo a Emiliano. Ella, que se juntaba conmigo, y yo, que andaba en rollers.</p>
<p>Lo de tener amigos mas grandes, te lleva a hacer cosas de grandes, como jugar a la botellita, y ahí estábamos, Carolina, Emiliano, Lucas, dos chicas más que ni recuerdo, y yo. No se quien inventó ese juego macabro, en el que el destino del primer amor hacia una nena, se ve interrumpido por el azar de una botella de Coca girando en el pavimento.</p>
<p>Jugaba rogando que no me toque a mi, jugaba sabiendo que aunque me tocara, iba a arrugar, y ni un beso en el cachete le iba a dar a la desafortunada.<br />
Emiliano hizo girar la Coca a medio llenar sin gas, y los primeros que salieron favorecidos, fueron él y Lucas.<br />
Cuando pasaba esto, se suspendía, y se volvía a girar la botella, todavía eran los 90&#8242; y darse besos entre chicos no estaba muy bien visto.</p>
<p>Recuerdo esa botella girar enfurecida, y mis nervios pensando en que seguro me tocaría a mi. Carolina y yo, dictaminó el envase.<br />
Ella sonrojó sus pómulos, como lo hacía después de andar un rato en rollers, me mostró esa sonrisa de dientitos de leche alineados como un piano, y yo me asusté.</p>
<p>&#8220;Ni loco&#8221; dije haciéndome el canchero, &#8220;mirá si le voy a dar un beso a Carolina&#8221; exclamé con desesperación. Carolina empezó a llorar desconsoladamente, ahí me di cuenta que ella gustaba de mí. Que siempre lo hizo, desde el primer momento en que la llevé de la mano a andar en rollers. Y que yo, estaba enamorado de ella.</p>
<p>&#8220;Aunque sea un beso en el cachete&#8221; quiso negociar Lucas, yo sentí el peor de los miedos que puedo recordar, y me metí en el edificio, subí al ascensor que me llevaría al piso doce, y me metí en mi casa.</p>
<p>Nunca más volví a saber de Caro, nunca más bajó para andar en rollers. Al poco tiempo me mudé, y no supe tampoco más de Emiliano, o de Lucas. Hasta ahora, que Carolina se metió en mi cabeza, en mi ducha.</p>
<p>Hice un par de llamados, y me topé con la noticia .Emiliano había disparado accidentalmente a Carolina con el arma de su papá hacia mas de dos años. Carolina murió, y yo siempre voy a pensar que Emiliano la mató a propósito.</p>
<p>Sé que no cambia nada, pero me hubiese encantado decirle a Carolina que era hermosa. Que ella era dulce, y yo un tarado. Quisiera haberle dado ese piquito que nunca le dí, y hacerla sentir, tal vez, la reina de la calle Andonaegui.</p>

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		<title>Como hacer dinero en Internet</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Oct 2010 20:35:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laureano</dc:creator>
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<p>Este tipo tiene la respuesta y, claramente, no la quiere compartir.</p>
<p></p>

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